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Libro N° 7613. Diario De Moscu. Benjamin, Walter.

 


© Libro N° 7613. Diario De Moscu. Benjamin, Walter. Emancipación. Agosto 8 de 2020.

Título original: © Diario De Moscu. Walter Benjamin

 

Versión Original: © Diario De Moscu. Walter Benjamin

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://www.academia.edu/33639348/Diario_de_Moscu_-_Walter_Benjamin

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DIARIO DE MOSCU

Walter Benjamin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario De Moscu

Walter Benjamin

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario de Moscú narra las vivencias de Walter Benjamin de su viaje a Rusiaentre diciembre de 1926 y febrero de 1927 para tomar la decisión de afiliarseo no al Partido Comunista ruso. Es el único documento íntimo que dejó estegran filósofo, e incluye narraciones de vida cotidiana, desencuentrosamorosos, problemas con amistades y reflexiones sobre la historia y lapolítica rusas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

WALTER BENJAMIN

 

 

 

 

DIARIO DE MOSCU

 

 

 

Editado a partir del texto

 

manuscrito y acompañado de notas de

 

GARY  SMITH

 

Prólogo de

 

GERSHOM  SCHOLEM

 

Versión castellana de

 

MARISA DELGADO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De  esta edición:

© 1990, AguiJar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. de ediciones Beazley 3860, 1437 Buenos Aires ISBN: 950-511-084-7

Impreso  en la Argentina

 

Hecho el depósito que indica la ley 11.723 Primera edicion: Abril 1990

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota de los editores

 

 Diario de Moscú  representa, para nosotros, un hito como editorial. En primerlugar, porque hasta el momento no habíamos publicado ningún libro que fuerasiquiera asimilable a un diario. En segundo término, porque pensamos que rescatarlos testimonios más vívidos de un filósofo como Walter Benjamin es importante paracomprender integralmente su filosofía.Las vivencias reproducidas en  Diario de Moscú, de hecho, surgen de lanecesidad, confesada por Benjamin, de viajar a Moscú para decidir si se incorporaríao no al Partido Comunista Alemán. El libro reúne todas las experiencias vividas porBenjamin desde su llegada a Moscú, el 6 de diciembre de 1926, hasta su partida, el 1de febrero de 1927. Lo más interesante es que, por ser un diario, el texto se presentaal lector despojado de cualquier tipo de autocensura, libre de todo tipo de posiblestrabas autoimpuestas por el autor para evitar represalias por parte del régimen nazi.Por último, nos gustaría invitar a los lectores a sumergirse en la experiencia devida de Benjamin, un filósofo que seguramente alguna vez leyeron, y al que ahorapueden reencontrar, apoyado más en su ser pasional que en su ser intelectual.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

 

 

El Diario de Moscú, de Walter Benjamín, que recoge su estancia de dos meses en Moscú, del6 de diciembre de 1926 hasta finales de enero de 1927, en la medida en que me lo permite el conocimiento que tengo de sus escritos, puede considerarse algo completamente único en su obra. Indiscutiblemente es, con mu-cho, el documento más personal y de la franqueza más absoluta y despiadada que poseemos de un per(odo muy importante de su vida. Ninguno de sus intentos conocidos de realizar apuntes a modo de diario, que se interrumpen siempre al cabo de algunas páginas, puede compararse con éste; ni siquiera aquellas confi-dencias de carácter tan personal hechas por él en 1932, cuando pensaba en el suicidio.

 

Con esta obra poseemos, pues, un todo acabado acerca de un período de su vida muy importante para él que se nos presenta completamente libre de censura, o, dicho más precisamente: libre de autocensura. Todas las cartas que conocemos y conservamos, escritas por él a otras personas, tienen siempre una orientación determinada, incluso podda decirse que una tendencia en función del o de los destinatarios. Todas ellas carecen de esa dimensión exclusivamente inherente a un debate interno franco y sincero, y al autoexamen de conciencia que se inicia con él. Sólo aquí se habla de cosas que, por lo demás, no han tenido una sedimentac ción explícita en sus escritos. Es cierto que, de vez en cuando -en alusiones aforísticas ocasionales, por ejemplo-, encontra-mos en su obra referencias a tales cosas, pero siempre en un tono cauteloso, «aséptico», filtradas por la autocensura. Aquí. en cam-bio, aparecen de forma detallada en todo su contexto original, del que las pocas cartas conservadas escritas por él desde. Moscú -una a mí y otra a Jula Radt-, nada permiten adivinar.

 

 

7

 

Tres son las circunstancias que determinan el viaje de Benja-mín a Moscú. En primer lugar, su pasión por Asia Lacis; luego, también, su deseo de calibrar más de cerca la situación rusa e, incluso. de establecer quizá, de algún modo, una vinculación con ella y, en este sentido también,' tomar una decisión resp.eel.O a SJJ posible ingreso en el Partido Comunista de Alemania, que él ven{a considerando desde hacia ya más de dos años. Finalmente, es bien sabido el papel que desempeña también a este respecto su atención a los compromisos literarios adquiridos con anteriori-dad al inicio del viaje. que le ofrecfan la ocasión de formarse una idea cabal de la .ciudad y de la vida en ella; de la «fisonomia», pues, de i\1osczí. La financiación de su estancia la habian hecho posible, entre otras cosas, los anticipos obtenidos por algunas páginas de trabajos relacionados con este viaje que habrfa de entregar posteriormente. Resultado directo de tales compromisos son cuatro publicaciones de comienzos de 1927, principalmente el extenso articulo «Moscú;;, acordado con Buber para la revista Die Kreatur 1• Este articulo constituye una reelaboración, a me-nudo mu.v amplia, de los primeros apuntes del diario, siendo asombrosa su increíble precisión, en fa que se conjugan la obser-vación y la imaginación con una intensidad poco frecuente.

 

Las vivas descripciones de sus. t.entativ.as, finalmente frustra-das, de establecer un contacto frucrifero para si mismo con los representantes de la vida literaria y artistica, y con los funciona-rios que desempeñaban un papel importante en ella, ocupan aqui gran extension. Su intención de conseguir tales vinculaciones, con carácter sólido, como corresponsal en publicaciones rusas sobre literatura y pensamiento alemanes resultó fracasada. Con ello corren paralelas sus reflexiones (que sólo aqui aparecen expues-tas en detalle) acerca de su ingreso en el KPD * !JU.e., con sus. pros y sus contras, le habrfan de conducir, finalmente, a renunciar a ello de manera definitiva. El pudo ver claramente los limites que no estaba dispuesto a traspasar.

 

Existe una gran diferencia entre las expectativas optimistas abt:igadas por Benjamin al inicio del viaje en lo relativo a la configuración de sus relaciones con el medio literario de lvfoscú y las duras decepciones que luego sufriria al encontrarse con la realidad. Al¡;o muy caractedslico de su optimismo es la carta, hasta el momento sin publicar. que me escribiera 1:'/ JO de diciem-bre de 1926. tan scílo cuatro dfas después de su llegada, _v que he ofrecido para su inc/usion en este volumen: la zínica carta que me escribió desde Moscú. Ahora, su diario nos permite conocer, con todos los pormenores del proceso, qué se hizo de tales expectati-vas. Poco a poco. aunque el hecho no resultase por ello menos deprimente para él, fue perdiendo todas las ilusiones cf111.C.e-bidas.

 

_______

1 En Gesammelte Schrijien. de Benjamin, IV, pp. 316-348, asi como la obser-vación del editor de este volumen, Tillmann Rexroth, ojJ. cit., pp. 987-990.

* KPD: Kommunistische Partei Deutschlands (Partido Comunista de Alema-nia). (N. de la T.j

 

 

 

 

La valoración de sus experiencias en Jl,foscú podemos apre-ciarla, por otro lado. de una manera muy precisa en la carta escrita por Benjamin a Martín Buher (el 23 de(ebrero de 1927), sólo tres semanas después de su re!{reso, y en la cual le anunciaba la inminente conclusión de su arfl(·u/o «Mosczí» para la revista de Buber Die Kreatur. El resumen de Benjamin en esta carta mere-ce, en mi opinión, ser dado a conocer. Escrihe: «En mi exposición evitaré toda clase de leona. Y con ello justamente e!Jpero lograr que sea lo humano lo que hable: en la medida, por supuesto, en que me ha sido posible comprender _r retener esta lengua, tan nueva y e.'araña. _que resuena en la máscara vibrante de un entor-no totalmente transformado. Quiero dar en este momento una visión de la ciudad de Moscú en la que "todo lo fáctico [es] ya teoda" y que. con ello. se substrae a !Oda clase de abstracciones deductivas. a toda clase de pronóstico e incluso. con ciertos /(mi-tes, a toda clase de juicios. que - y ésta es mi convicción irrefuta-ble- no pueden darse conjuntamente en este caso a partir de "datos" intelectuales. sino únicamente a partir de hechos econó-micos de los que en la propia Rusia sólo los menos poseen una visión general lo bastante amplia. Moscú, tal como se nos presen-:a ahora,· en este momento, permite conocer, abreviadas de forma ?squemática. todas las posibilidades: principalmente las del fra-~aso y el éxito de la revolución. Pero en ambos casos habrá algo 'mprevisible cuya imagen será muy distinta de todas las fantasfas 7rogramáticas. y esto se destaca hoy, cruda y claramente, en las 7ersonas y en su entorno» 2.

 

 

Para el lector de 1980, a esto se añade también la evidencia ntensificada, que en el diario sólo aparece en estado embriona-·io, de que casi todas las personas con las. .que fue capaz de esta.-1/ecer algún tipo de relación -que. por otro lado e independien temente de que él lo supiese o no, eran judt'as casi .<>m excepción- pertenedan a la oposición, la polftica o la artt5tica, que por entonces aún p.o.dian ambas mantenerse más o menas dzferenciadas. Aquéllas, en la medida en que he podido rastrear su destino, habdan de convertirse, tarde o temprano. acusadas de trostskistas o por otros indicios, en v(ctimas del dominio ya inci-piente de StalinJ bajo el cual habria de pasar luego muchos años en un campo de concentración, en el curso de las «depuraciones», hasta su Jliapia amiga Asia Lacis. Benjamín tampoco pudo esca-par del nnnrf?¡nismo -observado por él cada vez con mayor in-tens?-~.ad. y determinado por el miedo o el cinismo- de algunos de sus interlocutores más importantes, que, finalmente, le llevó a violentos estallidos, incluso frente a Asia Lacis.

-

 

 

2 Walter BENJAMIN, Cartas, editadas y comentadas por Gershom Scholem y heodor W. Adorno, Frankfurt am Main, 1966, pp. 442-443.

 

 

9

 

 

En estos pasos dados por él tuvo una gran importancia su relación, no exenta, por otra parte, de tensiones, con el inteligente director de teatro Bernhard Reich (del Deutsches Theater de Berlin en otro tiempo), compañero de Asia Lacis (y, finalmente, en sus últimos mios. marido suyo) y más interesante también para su situación espiritual que la mantenida con su amiga, que no dispon(a de los contactos que. como prueba el diario, posez'a

 

( Reich. Pero también con Reich se habr{a de producir ya en enero de 1927 una ruptura interior dij(cil de ocultar.

 

Ahora bien, el corazón de este diario lo constituye sin duda -como es mamjiesto- la relaciá1:1. siempr-e pr.ab.Lemática. con Asia Lacis (1 891-1979), quien hace algunos años publicó sus me-morias: Revolutionar im Beruf*, en las que dedica un capitulo a ~Va/ter Benjamín. Para el lector de este capitulo. el presente do-cumento constituirá una deprimente y amarga sorpresa.

 

Benjamín conoció a Asia Lacis en Capri, en mayo de 1924. En las cartas que me envió desde Capri hablaba de ella, srn mencionar su nombre, como de «una letona bolchevique de Riga», y, en el contexto de un «examen intenso de la actualidad de un comunismo radical», como de una «revolucionaria rusa de Riga, una de las mujeres más extraordinarias que he conocido». No hay duda de que, desde entonces hasta por lo menos 1930. ella desempeñó un papel decisivo en su vida. Todavia escaria con ·ella en Berlin, en 1924, y en Riga, en 1925, e incluso, qui::á, otra vez en Ber/rn antes del viaje a Moscú, motivado sobre todo por ella. que. después de Dora Kellner y de lula Cohn. fue la tercera mujer de capital importancia para él. Su vinculación erótica a ella iba unida a la fuerte influencia intelect_ual que ésta ejerció sobre él, a juzgar por la dedicatoria de su libro Einbahnstrasse *: ((Esta calle se llama calle de Asia Lacis por la que, cual ingeniero, ella abrió en el autor». Pero es justamente sobre este aspecto intelectual de la mujer amada por él sobre el que el diario nos deja.. completamente a oscuras. Como historia de un galantea, frustrado casi hasta el final de su estancia, el diario resulta de una insistencia poco menos que desesperada. Asia, en efecto, está enferma e internada en un. sanatorio cuando él llega a Moscú, y casi hasta el momento de su partida; aunque nada se nos diga acerca de la naturaleza de su enfermedad. Y así, la mayoría de las veces sus encuentros tienen lugar en la habitación del sanato-rio; sólo en unas cuantas ocasiones va ella a visitarle al hotel. Su hija. de una relación anterior, y calculo que de ocho o nueve años de edad, se encuentra asimismo enferma en un hospital infantil jilera de Moscú. Asia Lacis no aparece. pues, como copartícipé activa de sus empresas, sino que se limita a ser la receptora de sus noticias, el objetivo, casi siempre malogrado, de su asedio amoroso y, por último, y no pocas veces, su interlocutora en agrias e, incluso, desafortunadas discusiones. Su esperarla en vano, et ei.e.l'.llO r.echazo y, finalmente, incluso un grado no peque-ñQ de cinismo erótico, todo' ello, anotado en la crónica con-deses-perada· exactitud, hace doblemente enigmática la ausencia de todo posible perfil intelectual convincente. Concuerda con ello el hecho de que todas las personas que vieron juntos a Benjamín y a Asia Lacis. y me han comentado su impresión, convienen en ex-presar su asombro jrenle .a la paJCeja, f}ue constantemente se esta-ba peleando. ¡Y todo ello en los años 1929 y 19 30, cuando ella fi¡e a Berlín y Francfort, y Benjamín se divorció por causa suya! Nos encontramos, pues, frente a un residuo de hechos inexplicables que tienen perfecta cabida en una existencia como la de Walter Ben-jamín.

 

 

* De profes1ón:  revolucionario. [N  de la T]

 

 

10

 

 

 

 

GERSHOM SCHOLEM

 

Jerusalén,     1 de febrero de  1980

 

 

 

 

 

 

 

 

*Calle de dirección  única.  [N. de la T]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

9 DE DICIEMBRE

 

Llegué el 6 de diciembre. En el tren, había tomado nota mental del nombre delhotel y de la dirección, por si acaso no hubiera nadie esperándome en la estación. Enla frontera me habían hecho pagar un extra por viajar en primera clase, bajo pretextode que no quedaban asientos en segunda. Fue un alivio ver que no había nadie en elandén viéndome bajar del coche-cama. Tampoco había nadie en la estación, siquiera;pero no fue algo que me desilusionara demasiado. Luego, cuando ya dejaba la estación Bielorrusa-Báltico, apareció Reich [1]. El tren había llegado a horario, ni unsegundo más tarde. Nos subimos a un trineo, con las dos maletas; era un día dedeshielo, estaba cálido. Apenas habíamos recorrido unos minutos por la ampliaTverskaya, con su mezcla de nieve y barro, cuando vimos a Asja [2]  saludándonos delotro lado de la calle. Reich se bajó y caminó la poca distancia que quedaba hasta elhotel, nosotros seguimos en el trineo. Asja no se veía muy linda, hundida en su gorrode piel ruso y con la cara todavía hinchada, después de haber pasado varios días encama.Tuvimos una breve parada en el hotel y luego fuimos a tomar el té a unaconfitería que quedaba cerca del sanatorio [3]. Allí la puse al día acerca de Brecht [4] yluego Asja, que se había escabullido del sanatorio durante la hora de descanso,decidió regresar por una puerta lateral para evitar ser vista, mientras Reich y yoingresamos por las escaleras principales. Allí, por segunda vez, accedimos a lacostumbre local de sacarse las botas. La primera había sido en el hotel, pese a quesolamente pasamos para que nos recibieran el equipaje y nos prometieran unahabitación para la noche. La compañera de habitación de Asja, una robusta obreratextil, no se encontraba allí, y la vería por primera vez el día siguiente. Ahíestábamos, juntos y solos durante unos minutos bajo el mismo techo por primera vez.Asja me miró muy afectuosamente e hizo alusión a aquella decisiva conversación quetuvimos en Riga. Después Reich me acompañó de regreso al hotel, donde comimosalgo en mi habitación para luego ir al teatro Meyerhold[5], donde veríamos el primerensayo general de  El revisor [6] . A pesar de los esfuerzos de Asja, no pude conseguirun ticket . Así que deambulé por Tverskaya en dirección al Kremlin durante mediahora, y otro tanto de regreso, leyendo atentamente los carteles de los negociosmientras caminaba con cuidado sobre la vereda congelada. Luego, muy cansado, eimaginablemente triste, volví a mi habitación.

_______

1 Benjamín escribió primeramente Diario de Moscú, como puede leerse, a pesar de la tachadura. La cuestión de si el posterior cambio de titulo, efectuado quizá años más tarde. por Viaje a España se debió a motivos de seguridad, personal o política, o se trata de una caracterización metafórica de las experien-cias realizadas en Moscú. o bien de una alusión literaria o de una combinación de todos estos y otros motivos imaginables. tal cuestión. sujeta a interpretaciones, es algo que sólo puede plantearse, pero a lo que no es posible dar una respuesta con pretensiones de validez..

2 Bernhard Reich ( 1880-1972), dramaturgo, director y crítico teatral. Benja-mín le conoció en Berlín en 1924, cuando Reich ejercía su actividad en el Deuts-ches Theater de esta ciudad. En 1925, Benjamín y Reich escribieron conjunta-mente el artículo «Revue oder Theater» (publicado actuaimente en: Gesamme!Le

Schrifien IV. 796-802). A partir de  1926. Reich vivió  en la Unión  Soviética.

 

3 Asia Lacis ( 1891-1979), actriz y directora de teatro letona. fue la compañera sentimental de Bernhard Reich. «Una letona bolchevique de Riga -le escribía pocos pasos que faltaban hasta el hotel; nosotros segu-imos en el vehículo. Asia no estaba bella; el gorro ruso de piel le daba un aire agreste, y tenía el rostro algo ensanchado debido a su larga permanencia en cama. En el hotel no nos quedamos mucho tiempo, y estuvimos tomando té en uno de esos sitios a los que aquí llaman «cafés», cerca del sanatorio 4 • Les hablé de Brecht. Asia, que se había marchado durante la hora de descanso para pasar inadvertida, se fue luego al sanatorio, erltrando por una puerta lateral; Reich y yo subimos por la escalera principal. Aquí, por segunda vez, nos hacemos a la costumbre de quitarse las galochas. La primera vez había sido en el hotel, donde, por cierto, sólo se hicieron cargo de las maletas, prometiéndonos una habitación para la noche. A la compañera de habitación de Asia, una obrera textil ancha de proporciones, no la vi hasta el día siguiente, aún no había llegado. Aquí nos quedamos. por prime-ra vez, algu11os minutos a solas bajo el mismo techo. Asia me miró muy afectuosamente. Alusíón a la decisiva conversación de Riga. Reich me acompañó después al hotel; comimos algo en mi habitación y luego nos fuimos al Teatro Meyerhold 5• Era el pri-mer ensayo general del Revisor 6 • No pudieron conseguirme en-trada, a pesar de la tentativa de Asia. Estuve, pues, andando todavía media hora por la Tverskaya, subiendo en dirección al Kremlin y otra vez de vuelta, deletreando con cuidado, al pasar, los rótulos de las tiendas y avanzando sobre el hielo. Llegué a mi ha_bitaeiG.n muy cansado (y, probablemente, triste).

 

El 7 por la mañana vino a buscarme Reich. Recorrido: Pe-trovka (a inscribirme en la policía), Instituto de la Kameneva 7

 

 

Benjamín a Scholem después de conocerla en Capri, en 1924- es la más intere-sante[ ... ] He estado hablando con la bolchevique hasta las doce y media>> (Briefe, 347-348). Segun las memorias e:~ Lacis, ésta se vio varias veces con Benjamín en Berlín en el otoño de 1924 (ver: A. L., Revolwionlir im Berut: Munich, 1971 ). Un año más tarde, él la visitó en Riga, donde ella dirigía un teatro ilegal de agitación. Durante la estancia de Lacis en Berlín entre 1928 y 1930, Benjamín vivió con ella cerca de dos meses.

 

4 Después de una depresión nerviosa, padecida en septiembre de 1926, Lacis estuvo viviendo en el Sanatorio Rott, próximo a la calle Gorkij.

 

5 En 1923 se puso a disposición del actor, realizador y director teatral Vsevo-lod Emilievich Meyerhold ( 1874-1942) un teatro propio, el «Teatri meni Meyer-holda» (TIM).

 

6 El montaje de Meyerhold de la obra de Nicolai Gogol El revisor. escrita en 1836, duró año y medio. Ver sobre el tema: Vsevolod MEYERHOLD, Theaterarbeil 1917-1930. editado por Rosemarie Tietze, Múnich, 1974.

 

7 Se trata de la  VOKS (Vsesyuznoe obscestvo kult'turnoj svjazi  s zagranicej

 

 

14

 

(para una plaza de 1,50 rublos en el Instituto de Investigadóres; allí estuve hablando también con el encargado de alemán, lih verdadero asno), luego por la ulitsa Gerzena, haGia .el Kremlin; pasando por el Mausoleo de Lenin, un completo fracaso, hasta divisar la Catedral de San Isaac. Yueltc. por la Tverskaya, entran-do en el bulevar Tverskoi en dirección al Dom Gerzena 8 , sede de la organización de escritores proletarios Vap 9 • Buena comida, de la que la fatiga causada po{ andar con tanto frio me permitió disfrutar poco. Me presentaron a Kogan 10, que me dio una con-ferencia sobre su gramática rumana y su diccionario ruso-rumano. Las informaciones de Reich, que, con frecuencia, du-rante los largos paseos, sólo puedo seguir a medias debido al cansancio, son increíblemente vivas, llenas de testimonios y anécdotas, agudas y simpáticas. Historias de un funcionario de Hacienda que en Pascua se toma unas vacaciones y dice misa en su pueblo, oficiando de pope. Así como las sentencias contra la modista que mató a su marido, alcohólico, y contra el hoofigan que atacó en la calle a dos estudiantes, un chico y una chica. Y también la historia de la obra de Stanislavski sobre la Guardia Blanca 11 : de cómo llega a manos de la censura, donde sólo uno toma nota de ella, desenvolviéndola con la observación de que habría que introducir algunos cambios. Meses más tarde, una vez hechos tales cambios, representación, finalmente, ante la censura. Prohibición. Stanislavski va a ver a Stalin: le dice que está arruinado, pues ha invertido en la obra todo su capital. Y a Stalin se le ocurre que «no es peligrosa». Estreno, con la oposi-ción de comunistas que son desalojados por la milicia. Historia

 

 

 

[ 1925-1958] = Unión de Sociedades Soviéticas de Amistad y Relaciones Cultura-les con Otros Países). dirigida, desde su fundación en 1923 hasta 1929. por Ol'ga Kameneva (1883-1941). hermana de Trotskii.

 

8 Dom (Casa) Gercena, llamada así por el escritor Aleksandr Gercen ( 1812-1870). era en este tiempo, entre otras cosas, el centro de reunión de la VAPP.

 

9 Vap = YAPP: Yserossijskaja associacija proletarskich pisatelej =Asociación Soviética de Escritores Proletarios (fundada en 1920).

 

10 Petr Semenovich Kogan ( 1872-1932). Historiador y crítico literario, cate-drático de Filología Alemana y Románica en las Universidades de San Petersbur-go y Moscú: presidente de la Academia de Ciencias Artísticas desde su fundación en 1921. (Dado que Benjamin escribe a menudo la «O» átona del ruso como «a». en ocasiones aparece también «Kagan».)

 

11       Se refiere a la obra puesta en escena por Konstantin Stanislavski ( 1863-1938) Los dias de los Turhin (Dni Turbinich). versión teatral de la novela La Guardia Blanca ( !924). De Mijail Bulgakov ( 1891-!940). Ver: GS 11. 746: «Dni Turbini ... halten wtirde».

 

 

15

 

de la novela corta en clave que trata del «Caso Frunse» 12• 13, ope-rado, al parecer contra su voluntad, por orden de Stalin ... luego la información política: alejamiento de la oposición de los pues-tos rectores. Idéntico a: alejamiento de numerosos judíos, sobre todo de los cargos medios. Antisemitismo en Ucrania. Desde la Vap, completamente agotado, me dirijo, solo por eT momento, a ver a Asia. La habitación no tarda en llenarse de gente. Llega una letona, que se sienta en la cama junto a ella; Shestakoff 14 y su mujer; entre estos últimos, por un lado, y Asia y Reich, por el otro, surge, en ruso, una disputa violentísima sobre la representa-ción del Revisor de Meyerhold. La disputa se centra en la utiliza-ción de terciopelo y seda: catorce trajes para su mujer 15; la repre-sentación, por cierto, dura 5 horas y media 16 • Después de comer viene a verme Asia; Reich también está en mi habitación. Antes de marcharse, Asia cuenta la historia de su enfermedad. Reich la acompaña al sanatorio y luego regresa. Yo estoy en la cama; él quiere trabajar. Pero mtiy pronto se interrumpe y hablamos de la situación de los intelectuales -aquí y en Alemania-, así como de la técnica literaria actualmente al uso en ambos países. Y también acerca de las dudas de Reicb respecto a su ingreso en el Partido. Su tema permanente es el giro reaccionario del Partido desde el punto de vista cultural. A los movimientos de izquierda, utilizados en los tiempos del comunismo de guerra, se les da completamente de lado. Hace muy poco que se ha reconocido oficialmente como tales (con la oposición de Trotski) a los escri-tores proletarios, aunque haciéndoles ver, al mismo tiempo, que en ningun caso han de contar con recibir ayuda estatal. Luego, el caso Lélevich 17 , la actuación contra el frente cultural de izquier-

 

 

12       Mijail Vasilievich Frunze ( 1885-1925), general y funcionario destacado del Partido: fue finalmente Comisario del Pueblo de Guerra y Marina.

 

13       Ver: GS IV, 326: «Aneinem hohen ... letzten Jahren».

 

14       Viktor A. Shestakov (1898-1957), escenógrato principal entre 1922 y 1927 del Teatro de la Revolución, y luego en el Teatro Meyerhold (hasta su clausura en 1937).

 

15       Zinaida Raich ( i 894-1945), ex-esposa de Sergei Esenin, interpretó frecuen-temente uno de los papeles principales en montajes de Meyerhold.

16 La duración de la representación se debió, sobre todo, a la adición de escenas de otras obras de Gogol.

17 Grigorii Lelevich ( 190 1-1945), pseudónimo de Labori Gilelevich Kalman-son. Lelevich fue poeta, crítico y uno de los editores de la revista Na postu (En guardia). así como co-fundador del grupo del mismo nombre nacido en 1923. En 1926 se produjeron cambios entre las altas jerarquías a raíz de los cuales Lelevich perdió su posición dominante. En 1928 fue expulsado del Partido: murió en un campo de concentración en 1946. Ver: GS 11, 744.

 

 

16

 

das. Lélevich ha realizado un trabajo sobre el método de crítica literaria marxista. En Rusia se da muchísima importancia a una toma de postura política rigurosamente matizada. En Alemania bastará, tal vez, con un fondo político vago y general que, no obstante, también allí [debería] exigirse como algo indispensable. El mé.t.odo para escribir en Rusia 18 consiste en: una exposición amplia de material y, en lo posible., nada más. El nivel de forma-ción del público es tan bajo, que necesariamente constituye un obstáculo para la comprensión de algunas formulaciones. En Alemania, en cambio, lo único que se pide es esto: resultados. Y a nadie le interesa saber cómo se ha llegado a ellos. Esto guarda también relación con el hecho de que los periódicos alemanes sólo pongan un espacio insignificante a disposición del articulis-ta, en tanto que aquí los artículos de 500 y 600 líneas no son una excepción. Esta conversación se prolongó largo rato. Mi habita-ción está bien caldeada y es espaciosa; la estancia en ella, agra-

dable.  ·

 

 

8 DE DICIEMBRE

 

Por la mañana vino a verme Asia. Le di regalos, le mostré fugazm~~ mi libro con la dedicatoria 19 • Aquella noche, ella no había dormido bien por causa de las palpitaciones. También le enseñé (y regalé) la cubierta del libro, hecha por Stone 20 . Le gustó mucho. Luego llegó Rei.ch. Después fui con él a cambiar dinero al Banco Estatal. Allí hablamos un momento con el padre de Neumann. 10 de diciembre.. Luego, atravesando un pasaje de

 

 

IS JO/ método para escrihir en Rusia ... en ella. agradable: Estas frases se en-cuentran entre los 39 pasajes de Benjamín marcados con lápiz. la mayoria de los cuales -en parte. casi literalmente: en parte. muy modificados, y en parte, modi-ficados tambien en cuanto al contenido- se incluyeron más tarde en el ensayo

 

.Hoskau (&S IV. 31 ó-34X) y en otras obras. En estas publicaciones surgidas del viaje a Moscú se han incluido. no obstante. los pasajes del diario que no aparecen señalados de manera particular en el manuscrito.

 

[En las notas sucesivas. los pasajes del manuscrito del diario subrayados con lápiz se podrán reconocer. respectivamente. por la cita de las primeras y de las últimas palabras. asi como por la abreviatura(marc.)= marcado].

 

19       Einháhnsfra.1se (Berlin. !92X). La dedicatoria reza: «Esta calle se llama "calle de Asia Lacis" por la que. cual ingeniero. ella abrió en el autor.>>

 

20       El conocido fotógrafo Sasha S tone fotografió la Cahe:::a de Benjamín mode-lada por Jula Radt: a el se debe tamhit'n la foto de la cubierta de Unhahnstras-se.

 

 

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construcción reciente, entramos en la Petrovka. En el pasaje hay una exposición de la fábrica de porcelanas. Pero Reich no se detiene en ningún sitio. En la calle donde se encuentra el Hotel Liverpool veo, por segunda vez, los cafés. (Aquí referiré la histo-ria de la estancia de Taller 21 en Moscú que me contaron el pri-mer dia. Fue recibido con increíbles preparativos. Por toda la ciudad hay carteles anunciando su llegada. Ponen a su disposi-ción a todo un equipo de personal, traductoras, secretarias, mu-jeres guapas. Se anuncian conferencias suyas. Pero en ese mo-mento se está celebrando en Moscú un conf;reso de la Komin-tern. Entre los representantes alemanes se encuentra Werner, el enemigo mortal de Taller 22 • Éste manda escribir, o escribe él mismo, un artículo en Pravda: Taller ha traicionado a la revolu-ción, es el culpable del fracaso de una república soviética alema-na. La redacción de Pravda añade, a continuación, brevemente: lo sentimos; no lo sabíamos. Después de esto, la estancia de Ta-ller en Moscú es inaceptable. Se dirige a un lugar de reunión para pronunciar una conferencia anunciada con mucho bombo, pero el edificio está cerrado. El Instituto de la Kameneva le comunica: lo sentimos; ha sido imposible conseguir la sala para hoy. Se han olvidado de avisarle por teléfono.) Al mediodía, otra vez en la Vap. La botella de agua mineral cuesta un rublo. A continua-ción, Reich y yo vamos a ver a Asia. Pensamos en su salud, Reich organiza, contra su voluntad y contra la mía, una partida de dominó entre ella y yo en la sala de juegos del sanatorio. Sentado junto a ella, me veo a mí mismo como un personaje de las novelas de Jacobsen. Reich juega al ajedrez con un viejo co-munista conocido, un hombre que perdió un ojo en la guerra, o en la guerra civil, y que está completamente acabado y gastado, como muchos de los mejores comunistas de esa época, si no se han muerto ya. Cuando aún no hace mucho. que Asia y yo he-mos vuelto a su habitación, Reich viene a .bus(;ar:me para ir con-

 

 

2l Ernst Toller (1893-1939) estuvo en Moscú entre marzo y mayo de 1926. Sus obras de teatro fueron representadas frecuentemente en escenarios rusos du-rante los años veinte.

 

l1 Paul Werner es el pseudónimo de Paul Fróhlich ( 1884-1953). Su invectiva «Pravda ob Ernst Tollere» («La verdad sobre Ernst Toller») en el Pravda del 20 de marzo de 1926 fue contestada por Toller seis días despues: «Pis"mo v redakci-ju» («Carta a la redacción»). La réplica crítica de Werner «Nas otvet Tollcru» (<<Nuestra respuesta a Tollem). impresa en la misma pagina. concluye. en tono reconciliador, con la enumeración de las aportaciones de Toller a la causa revolu-cionaria.

 

 

 

18

 

migo a casa de Granovski 23 • Asia nos acompaña un trecho ba-jando por la Tverskaya. Le compro ha/va* en una confitería y luego se vuelve. Granovski es un judío letón, de Riga. Su obra consiste en un teatro bufo muy exagerado y antirreligioso, y, a primera vista, un tanto antisemita, producto de una hiperboliza-ción de la opereta costumbrista. Produce una impresión total-mente occidental; se muestra hasta cierto punto escéptico frente al bolchevismo, y nuestra conversación gira principalmente en torno al teatro y a cuestiones relativas a los honorarios. Tocamos el tema de la vivienda, que aquí se paga por metro cuadrado. El precio del metro cuadrado se determina en razón del sueldo del inquilino. Por otra parte, el precio asciende al triple, tanto en lo que se refiere al alquiler como a la calefacción, siempre que se excedan los 13m2 por persona. Ya no nos esperaban y, en vez de una gran comida, nos ofrecieron una cena fría improvisada. Conversación con Reich en mi habitación sobre la Enciclope-dia R.

 

 

9 DE DICIEMBRE

 

Asia vino de nu.e.\1.0 por la mañana. Le di algunas cosas; nos fuimos en seguida a pasear. Asia habló sobre mí. Al llegar al «Liverpool» nos dimos la vuelta. Me fui entonces a casa, donde ya estaba Reich. Estuvimos trabajando una hora: yo, en la redac-ción del artículo sobre Goethe.. A .continuación, al Instituto de la Kameneva a solicitar una reducción del precio del hotel. Luego, a comer. En esta ocasión, no a la Vap. La comida fue estupenda, especialmente una sopa de remolacha. Luego, al «Liverpool»,

 

 

23       A!eksandr Granovski ( 1890-1935), director del teatro académico judío de Moscú. Producto de un posterior encuentro de Benjamin con Granovski es el informe «Granowski erzáhlt», donde, refiriéndose al encuentro en Moscú, escri-be: «Todavía hoy sigue irradiando esa calma tan seductora que me cautivó hace año y medio en su casa de Moscú. Pero entonces yo aún no había visto ninguno de sus montajes teatrales, y su interés por las primeras impresiones que Moscú había producido sobre su invitado posiblemente fuese más preciso que el mío por un teatro en yiddish que, por entonces, no era para mí sino una idea un tanto vaga.» (Literarische Welt, 27-4-1928; actualmente en GS IV, 518-522).

 

Ha/va: dulce de azúcar y semillas tostadas de sésamo y girasol. [N de la T.}

24 Antes de su viaje a  Moscú,  Benjamin había recibido -posiblemente por

mediación de Reich- el encargo de redactar un artículo sobre Goethe para la nueva Gran Enciclopedia SrJI'iélica (Bo/shaja sovetskaja enciklopedija). Ver tam-

bién: GS 11, 1465-1475.  -

 

 

19

 

 

con su amable propietario, un letón. Estábamos a unos 12 gra-dos. Después de comer estaba bastante agotado y ya no me sentí capaz de ir a pie a ver a Lélévich, tal como había sido mi inten-ción. Tuvimos 25 que hacer un corto trecho en coche. En seguida se llega a un gran jardín, o parque, que hay que atravesar y por todo el cual se alzan complejos de viviendas. Al fondo del todo, una hermosa casa de madera blanca: y negra en cuya primera planta se encuentra el piso de Lélevich. Al entrar en la casa nos encontramos con Besmensky 26, que sale en ese momento. Una escalera empinada de madera y, tras una puerta, primero la coci-na, con chimenea. Luego, un vestíbulo muy sencillo, lleno de abrigos; atravesando un cuarto, al parecer una alc;oba, se llega al despacho de Lélevich. Su aspecto es difícil de describir. Bastante alto, lleva un blusón ruso azul, se mueve poco (la propia habita-ción, muy pequeña y llena de gente, le retiene en la silla de delante del escritorio). Lo curioso en él es su cara, larga y aparen-temente inarticulada, con amplias superficies. Tiene una barbilla muy larga, como no la he visto en ningún otro hombre a excep-ción del enfermo Grommer 27 , y apenas hendida. Da la impre-sión de ser una persona muy tranquila, pero se percibe en él toda esa actitud taciturna en la que se consume el fanático. Le pre-guntó a Reich repetidas veces por mí. Enfrente. sobre la cama. hay dos personas sentadas, una de ellas, con blusón negro. joven y de gran belleza. Aquí sólo se hallan congregados representantes de la oposición literaria que han venido a pasar con él la última hora antes de su partida. Lo deportan. Al principio. la orden lo destinaba a Novosibirsk. <<Usted», le dijeron, «no necesita una ciudad, cuyo círculo de influencia es, al fin y al cabo, limitado. sino toda una provincia». Pero él consiguió disuadirles y ahora le envían, para ponerse «a disposición del Partido». a Saratov, a veinticuatro horas de Moscú, sin que él sepa todavía en qué se

 

 

 

 

25 Tu1·imo.1 ... algunas pa/ahras amahles por medio de Reich (marc.): en rela-Ción con este pasaje. ver la explicación acerca de Na pus/u, de Lelevich. en <<Die politische Gruppierung der russischen Schriftstellem. CS 11. 744.

26       Aleksandr  llich. Bezymenski  ( 1898-1973).  poeta  lírico y  funcionario.  En

 

1926 pertenecía. dentro de la VAPP. a la misma fracción literaria que Lelevich. Ver: Waltcr Benjamín. <<Die politische Gruppierung der russischen Schriftste-llem. (iS 11. 744.

 

27       Jakoh (irommer. nacido en Rusia en 1879: después de estudiar Matemáti-cas en i\kmania fue. temporalmente. avudante de Albert Einstein. El extraño aspecto de su rustro (del que tamhién da testimonio Scholem) se debía a una enfermedad. prohahkmente acromegalia.

 

 

20

 

 

convertirá á!lí, si en redactor, en vendedor de alguna cooperativa de producción estatal o en qué otra cosa. En el cuarto de aliado, trodeada de otros visitantes, permanece casi todo el tiempo su

1

\mujer, una persona de expresión sumamente enérgica, a la vez que armónica, de estatura pequeña y exponente del tipo ruso meridional. Le acampanará los tres primeros días. Lélevich po-see el optimismo del fanático: lamenta no poder escuchar el dis-curso que habrá de pronunciar Trotski al día siguiente ante la Komintern en favor de Sínovietrc~; opjna que eJ Partido se halJa ante un profundo cambio. Al despedirnos en el pasillo le digo algunas palabras amables por medio de ·Reich. Luego vamos a ver a Asia.. Tal vez fuese en esta ocasión cuando estuvimos ju-gando al dominó. Por la noche querían venir a verme Reich y Asia. Pero sólo vino Asia. Le di los regalos: la blusa, el pantalón. Hablamos. Noto que, en el fondo, ella no olvida nada de lo que nos .atañe..,_ (Por la tarde me dijo que a elfa le parece que yo me encuentro bien. Que no es cierto que esté pasando una crisis.) Antes de marcharse le leo el pasaje de las arrugas de la Einbahns-

Luego  la  ayudo  a  ponerse  las  galochas.   Reich llegó

 

 

28 Trotski ( 1879-1940), Grigori Zinoviev ( 1883-1936) y Lev Kameriev ( 1883-

1936) constituían en aquel momento la cúspide de la «oposicióm> contra Stalin.

 

29 Este pasaje reza: Wer liebt. der hangt nicht nur an «Fehlern» der Geliebten, nicht nur an Ticks und Schwachen einer Frau, ihn binden Runzeln im Gesicht und Leberflecken. vernutzte Kleider und ein schiefer Gang viel dauernder und unerbittlicher als alle Schónheit. Man hat das langst erfahren. Urid warum? Wenn eine Lehre wahr ist. welche sagt. dass die Empfindungen nicht im Kopfe nistet. dass wir ein Fenster, eine Wolke, einen Baum nicht im Gehirn, vielmehr an jenem Ort, wo wir sie sehen. empfinden. so sind wir auch im Blick auf die Geliebte ausser uns. Hier aber qualvoll· angespannt und hingerissen. Geblendet flattert die Empfindung wie eín Schwarm von Vógeln in dem Glanz der Frau. Und wie Vógel Schutz in den laubigen Verstecken des Baumes suchen. so flüch-ten die Empfindungen in die schattigen Runzeln, die anmutlosen Gesten und unscheinbaren Makel des geliebten Leibs, wo sie gesichert im Versteck sich duc-ken. Und kein Vorübergehender errat, dass gerade hier. im Mangelhaften. Ta-delnswerten die pfeilgeschwinde Liebesregung des Verehrers nistet.» ( GS. IV, 92).

 

[El que ama. no sólo siente apego por los «defectos» de la amada. por las manías y las flaquezas de una mujer. sino que las arrugas de su rostro y los lunares. sus vestidos gastados y su andar ladeado. le atan a ella de una forma más duradera e inexorable que toda su posible belleza. Es algo más que sabido. ¿Y por qué? Si es cierta la teOiia que dice que las sensaciones no anidan en la cabeza. que la impresión de una ventana. de una nube. de un árbol. no se siente en el cerebro. sino. antes bien. en el lugar donde la percibimos: en tal caso. también en lo que se refiere a nuestra visión de la amada nos encontramos fuera de nosotros mismos. Si bien. en este caso. dolorosamente atentos y maravillados. La sénsación revolo-

 

 

21

 

cuando ya estaba durmiendo, cerca de medianoche, a informar-me para que, a la mañana siguiente, yo pudiese tranquilizar a Asia. Había hecho los preparativos para su mudanza. Pues vive con un loco y los asuntos relativos a la vivienda, de por sí ya difíciles, se complican por ello de modo insoportable.

 

 

10 DE DICIEMBRE

 

Por la mañana vamos a ver a Asia. Como las visitas por la mañana temprano. no están permitidas, hablamos un minuto con ella en el vestíbulo. Se encuentra [fatigada] después del baño de ácido carbónico que ha tomado por primera vez y que le ha sentado muy bien. A continuación, nuevamente al Instituto de la Kameneva. El papel por el que se me concede la reducción en los hoteles debería estar listo, pero no lo está. En la antesala de costumbre mantenemos, en cambio, una dilatada conversación sobre cuestiones de teatro con el señor desocupado y con la seño-rita. Al día siguiente me recibirá la Kameneva, y para la noche tratamos de conseguir entradas para el teatro. Por desgracia no quedan ya para la opereta. Reich me d€já .e.n la Vap; yo me quedo allí dos horas y media con mi gramática de r_uso; vuelve a aparecer con Kogan para ir a comer. Por la tarde, sólo estoy un momento con Asia. Tiene una discusión con Reich por cuestio-nes relativas a la vivienda y me dice que me vaya. Permanezco en mi habitación leyendo a Proust y devorando mazapán. Por la noche voy al sanatorio; en la entrada me encuentro con Reich, que había salido a comprar cigarrillos. Esperamos unos minutos en el pasillo; luego llega Asia. Reich nos deja en cl tranvía y nosotros nos dirigimos al estudio musical. Nos recibe el adminis-trador. Nos muestra un escrito de reconocimiento, en francés, de Casella 30 ; nos lleva por todas las salas (en el vestíbulo se ha con-gregado ya numeroso público mucho antes del comienzo: es gen-

 

. te que ha ido al teatro directamente desde sus centros de trabajo);

 

 

tea. deslumbrada. como una bandada de pájaros, en el resplandor de la mujer. Y del mismo modo que los pájaros buscan cobijo en los frondosos escondrijos del árbol. también las sensaciones se refugian en las sombrías arrugas. en los gestos torpes y en los defectos insignificantes del cuerpo amado, donde encuentran un escondrijo seguro. Y nadie, al pasar, podrá adivinar que es justamente aquí. en lo imperfecto y reprochable, donde anida la arrebatada emoción amorosa del amante.]

 

30 Alfredo Casella ( 1883-1947). Músico  y compositor italiano.

 

 

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. estíbulo hay una

también nos enseña la sala de conciertos. En el V    bonita. Pro-

alfombra extraordinariamente llamativa  Y no  ~~~s paredes hay

 

bablemente una «Aubusson» de mucho valor. E Al igual que en cuadros antiguos auténti~os (uno, sin enrnarcari· iones Cultura-

 

la sala oficial de recepciones del Instituto de Re t~ muY valiosos. les con el Extranjero, también aquí se ven mueb ~a fila. Dan La Nuestras localidades se encuentran en la. seguo , pera puesta en

 

novia del zar, de Rimski-Korsakoff, la pnrnera 0 ción sobre To-escena recientemente por Stanislavski. Conv~r~a quiso hacer un

ller: de cómo A:si_a_ le ll~vó p~r to~as partes Y el ~as oecias ~bser­

regalo, y ella ehg10 el cmturon mas barato,  Y d~   os al  vestJbulo.

 

vaciones de éste.  En uno _de los  descanso~ sah~tiga. Conversa-

~~ro hay tres. Son_ d~masiado largos  y  Asia  se   lleva. Yo ~e _do_y

cwn sobre el chal Italiano de color ocre que ell~      En el ult1mo

mi opinión; ella se muestra avergonzada  co~rn;; 0bla con él. Me

descanso se nos acerca el administrador. Asta ~n) Al final nos invita a la siguiente reposición (Eugenio Oneg~tt pl~ados del tea-

resulta muy difícil recuperar los abrigos. Dos ernfín de regular la tro forman un cordón en mitad de la escalera a \as del guarda-afluencia de la gente a las diminutas dependenc eño tranvía sin rropa. Vuelvo a casa como fui al teatro: en el pea u

 

calefacción  y con las ventanas heladas.

 

 

11  DE DICIEMBRE                                  

Algo sobre las características de Moscú.       e        }OS  P rimeros días,

  Jl>;_,n        ~~     osturnbrarse a

lo que más  me condiciona es  la dificultad  de                  prestar  tanta

anda~ _por  calles  completamente      heladas.      J-I e do       ver lo que me

atencwn a los pasos que doy,  que  apenas     pue    la  mañana  (es-

ro_dea. La cosa_ha mejorado desde que, ayer por~¡}ochas .. No fue cnbo esto el dia 12), Asia me comprara unas g itectómco de la t~n difícil como ha_bía creído Reich. El estilo ara:;e una y de d_os cmdad se caractenza por las numerosas casas notelitos verame-

plantas. Le dan la apariencia de una ciudad  de       .A  menudo se

gos, y al contemplarla se siente doblemente  t?      1 fíl0  .

                     obre  todo: a_un-

encuentran pinceladas de colores tenues:  roJ_o,     \arnbién  Reich)

que  también  hay azul,  amarillo  y  (con'lo   dlcenas: son tan taca-

verde. Las aceras son sorprendentemente estrec      cío aéreo. A ello

ños con el suelo como derrochadores con  el  espa ado  al I?orde de

se añade el hecho de que el hielo queda tart pegacera. Esta, por las casas, que hace inutilizable una parte de la.

 

 

23

 

 

'otra parte, rara vez se diferencia claramente de la calzada: la nieve y el hielo nivelan las distintas capas de la calle. Con gran frecuencia se ven cosd.ones .dclante de las tLendas estatales~ para comprar mantequilla y otros artículos importantes hay que hacer cola. Hay un sinnúmero de tiendas y aún más vendedores que no ofrecen otra cosa que un canasto de la ropa con manzanas, man-darinas o cacahuetes. Para proteger la mercancía del frío, la cu-bren con un paño de lana sobre el cual se pueden ver dos o tres ejemplares de muestra. Abundancia de panes y de otras clases de bollos: panecillos de todos los tamaños, rosquillas y, en los cafés, tartas suntuosas. Con baño de azúcar hacen construcciones o flores fantásticas 31 • Ayer por la tarde estuve con Asia en un café. Allí tienen vasos de nata montada. Ella cogió un vaso de meren-gue; yo, café. Nos sentamos en una mesita en medio de la sala. uno frente al otro. Asia.recordó mi intención de escribir contra la psicología y una vez más hube de constatar hasta q.ué punto depende del cCllltacto con ella mi posibilidad de abGfdar tales temas. Pero la hora en el café no la pudimos dilatar tanto como habíamos esperado. No había llegado del sanatorio a las cuatro, sino a las cinco. Reich quería que le esperásemos; no sabía con seguridad si tendría reunión o no. Finalmente nos fuimos. En la Petrovka estuvim<>s mirando escaparates. Me llamó la atención una tienda maravillosa de artículos de madera. En ella, y a peti-ción mía, Asia me compró una pipa muy pequeña. Más adelante corrrpr.rré allí j<ttguetes para Stefan ~ [)agaY. Tienen esos huevos rusos de varias capas, cajitas que se introducen unas en otras, animales tallados de una hermosa y blanca madera. En otro esca-parate podían verse encajes rusos y paños bordados en los que, según me dijo Asia, las campesinas reproducen las rosetas de escarcha de las ventanas. Esto ya fue el día de nue.s.tm segundo paseo. Asia había venido por la mañana; había escrito primero a Daga y luego, con un tiempo muy bueno, anduvimos algunos pasos por la Tverskaya. A la vuelva nos detuvimos frente a una tienda donde había velas navideñas. Asia habló de ello. Después, con Reich, nuevamente en el Instituto de la Kameneva. Por fin me conceden la reducción para el hotel. Por la noche me querían

 

 

 

3l Algo sobre ... flores fantásticas (marc.): Ver: GS IV. 3 l 7: «(gleichzeiting also zu bewegen)»: «an den der schmale ... gewóhnt hat», 318: <<Ein buntes ... liegen obenauf».

 

32 Stefan ( 1919-1972) era el nombre del hijo de Benjamín: Daga es la hija de Asia Lacis.

 

 

24

 

mandar desde allí a ver El cemento 33 . A Reich le pareció luego mejor una obra de Granovski, pues Asia quería ir al teatro y El cemento habría sido demasiado emocionante para ella. Pero cuando todo estaba arreglado, Asia no se encontró lo bastante bien, de modo que fui yo solo mientras Reich y e1Ia se iban a mi habitación. Eran tres piezas de un solo acto, las dos primeras de las cuales eran algo espantoso; la tercera, una asamblea de rabi-nos, una especie de comedia corística sobre melodías judías, pa-recía ser mucho mejor, pero yo no entendí el asunto, y estaba tan cansado del día y de aquellos interminables descansos, que me dormí en algunas partes. Reich durmió esa noche en mi habita-ción. Mi peio tiene aquí mucha electricidad.

 

 

12 DE DICIEMBRE

 

Por la maflana, Reich fue a pasear con Asia. Luego vinieron a verme; yo no había acabado aún de vestirme. Asia se sentó en la cama. Me produjo una gran alegría que deshiciera y ordenara mis maletas, quedándose con un par de corbatas que le gustaron. Luego estuvo hablando de cómo había devorado literatura bara-ta cuando era niña. Escondía los libritos bajo los libros escolares para que no los viera su madre, pero una vez le dieron una novela larga, Laura. que cayó en manos de su madre. En otra ocasión salió de casa en plena noche para ir a buscar a casa de una amiga la continuación de una novela por entregas. El padre abrió muy sobresaltado y le preguntó qué deseaba, y ella, al darse cuenta de la que había organizado, le respondió que ni ella mis-ma lo sabía. Al mediodía, con Reich, en la tabernita. La tarde en el desolado sanatorio fue un suplicio. Con Asia, nuevamente, constante alternancia entre el «tú» y el «l.LSted>). No se sentía bien. Después estuvimos paseando por la Tvers"kaya. Más tarde, cuando ya nos habíamos sentado en un café, se produjo una gran discusión .eP.ti:e R.eiGh }'Asia en la que se puso de manifiesto la esperanza de Reich de concentrarse exclusivamente en objetivos rusos con la consiguiente pérdida de los vínculos con Alemania. Por la noche, con Reich en mi habitación, solos: yo estuve estu-diando la guía, y él escribiendo notas para una recensión del

 

 

33       El cl'menw.· novela escrita en 1925 por Fedor Gladkov ( 1883-1958). En junio de 192 7 apareció el comentario de Benjamin a la traducción de esta novela (GS III. 61-63). Ver también: «Neue Dichtung in Russland». GS 11 .. 762.

 

 

25

 

 

Revisor. En Moscú no hay camiones ni coches de reparto, etc. Tanto las compras más insígníficantes como los envíos más im-portantes se han de despachar, por medio de los istvoschik 34 , en los diminutos trineos.

 

 

13 DE DICIEMBRE

 

Por la mañana mejoré mi orientación en la ciudad dando un largo paseo por los bulevares interiores en dirección a la central de Correos y volviendo por la Plaza Liubianka hacia el Dom Ger-zena. Descubrí 35 ei misterio del vendedor con el tablón de letras: éstas se ponen en las galochas para evitar que se confundan con las de otra perso::a. Durante el paseo me volvieron a llamar la atencion aquí las numerosas tiendas de adornos navideños que ya había visto también por toda la Yamskaya Tverskaya, una hora antes, a lo largo de un breve paseo con Asia. Detrás de las lunas de los escaparates, a veces parecen más brillantes aún que en el árbol. En ese paseo por la Yamskaya Tverskaya nos encon-tramos a un grupo de komsomolzen 36 marchando con música. Ésta parece estar compuesta, de manera semejante a la de las tropas soviéticas, de una combinación de silbidos y canto. Asia habló de.. fu:icb. Me encargó que le llevase el último número de Pravda. Por la tarde, Reich nos leyó en la habitación de Asia su conferencia preliminar sobre el montaje de Meyerhold del Revi-sor. Es muy buena. Mientras él (antes de esto) se dormía en la silla, en la habitación de Asia, yo le estuve leyendo a ella un poco

 

de Einbahnstrasse.

 

Durante 37 mi largo recorrido de la mañana observé también a las vendedoras del mercado, campesinas con un cesto de mer-cancías al lado (a veces se trata de un trineo de esos que en invierno sirven aquí de cochecito de bebé). Los cestos contienen manzanas, caramelos, nueces. figuritas de azúcar, semiocultos bajo el paño. Uno se pone a pensar en una ab'íela_ca_riñosa que.

 

 

 

34 «Carretero». <<cochero» ..

35 Descubr( .. en el árbol.  Ver: GS IV. 320: «Lange war... Galoschen befestig-

te».

 

36       Miembros del Komsomol (Kommunisticheskij Soyuz Molodezhi). organi-zación juvenil del Partido Bolchevique de la URSS.

 

37       Durante mi ... para dncansar un poco: Ver: GS 1V. 318: <<Si e haben . Strasse stehen».

 

 

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antes de salir, ha buscado por la casa todo lo qu~ pudría sorpren-der a su nietu. Y, después de haberlo empaquetado, ahora, de camino, se para en la calle a descansar un poco. Volví a ver a los chinos 38 que venden flores artificiales de papel como las que le compré a Stefan en Marsella. Aunque aquí parecen ser aún más frecuentes los animales de papel en forma de exóticos peces abi-sales. Hay también hombres con cestos llenos de juguetes de madera, de coches y de palas; los coches son amarillos y rojos; amarillas o rojas, las palas infantiles. Otros van de un lado para otro llevando sobre los hombros haces de molinillos de colores. Y todo ello trabajado de una manera más sólida y sencilla que en Alemania, siendo bien visible su procedencia rústica. En una esquina encontré a una mujer que vendía adornos para el árbol de Navidad. Las bolas de cristal, amarillas y rojas, brillaban al sol; era como un cesto de manzanas encantado en donde el rojo y el amarillo se han introducido en los diferentes frutos. La rcla-cion de madera y color también aquí es más inmediata que en otros sitios. Y eso se ve tanto en los juguetes más primitivos como en los esmaltados más artísticos. Junto al muro 39 de Kitai Gorod 40 hay mongoles. En su tierra, el invierno no es, probable-mente, menos riguroso, ni sus andrajosas pieles peores que las de la gente de aquí. No obstante, son los únicos que aquí despiertan una compasión espontánea por el clima. Se encuentran a no más de cinco pasos de distancia los unos de los otros, y venden carpe-tas de cuero; todos ofrecen la misma mercancía. Deben de estar respaldados por alguna organización, pues hacerse así, unos a otros, tan inútil competencia sería cosa de broma. Aquí 41 , al igual que en Riga, los letreros de las tiendas están pintados en un estilo primitivo muy bonito. Zapatos cayendo de un cesto; un lulú que huye con una sandalia en la boca. Delante de un restau-rante turco hay dos letreros que hacen juego y que representan a unos caballeros con fez, adornado con la media luna, ante una mesa dispuesta para comer. Asia tiene razón al decir que es algo característico el hecho de que, en todas partes, incluso tratándose

 

 

 

38 Volvf a ver ... esmaltados más artfsticos (marc.): Ver: GS IV. 319-320: <<Chi-

nesen verkaufen - deutlich sichtbar»: 332 <<Es ist ... als ein  Bild».

39 Junto al muro... cosa de broma: Ver: GS IV. 325: <<Ein páar ... Mitleid hat».

 

4 0 Literalmente «Ciudad China»: viejo barrio de Moscú que circunda la Plaza Roja y el Kremlin.

 

41       Aqui. ·al igual... una mesa dispuesta paw comer: Ver GS IV. 340: <<Auch finden ... einem Tischchem>.

 

 

27

 

de anuncios, el pueblo desee ver representada alguna actividad real. Por la noche, con Reich en casa de llesh 42 • Luego se nos unió también el director del Teatro de la Revolución 43 , que el 30 de diciembre ofrecerá el estreno de la obra de Ilesh. Este director es un antiguo general rojo que participó decisivamente en el ani-quilamiento de Wrangel 44 , siendo mencionado dos veces en la orden del día del ejército de Trotski. Más tarde cometió una torpeza política que paralizó su carrera, y, como en otro tiempo había sido literato, le dieron este puesto directivo en el teatro, en el que, sin embargo, no debe de rend{r gran cosa. Parece bastante tonto. La conversación no estuvo especialmente animada. Por indicación de Reich, yo me mostré, por otro lado, muy cauteloso con mis palabras. Se estuvo hablando sobre la teoría del arte de Plejanoff. En la habitación sólo hay unos cuantos muebles, y lo que más llama la atención es una cuna destartalada y una bañe-ra. Cuando nosotros llegamos, el niño aún estaba despierto; más tarde se lo llevan a la cama llorando, pero no se duerme en todo el rato que nosotros permanecemos allí.

 

 

14 DE DICIEMBRE  (escrito e/ 15)

 

Hoy no veré a Asia. La situación en el sanatorio se agrava; ayer por 1a noche sólo le permitieron salir después de parlamen-tar durante largo rato, y hoy por la mañana no ha venido a buscarme, tal como habíamos acordado. Queríamos comprar tela para su vest1do. Sólo hace una semana que llegué y ya he de contar con dificultades cada vez mayores para verla, por no ha-blar de verla a solas. Ayer por la mañana vino a verme con mucha prisa, nerviosa, trastornando más que trastornada. como tantas veces, y como si tuviese miedo de permanecer un solo minuto en mi habitación. La acompañé a la sede de una comi-sión ante la que había sido citada. Le conté lo que había averi-guado la noche anterior: que Rcich tiene en perspectiva un nue-vo puesto como critico teatral en una revista muy importante.

 

 

 

4 :       Bc:la  Illés ( 1X4'-l '17-1 l. L'snitm hunt(an>

4 ·1 Y. S. St;¡rudHn.

44 ciiiÍ</IIÍillllll<"ll/11 c/1·  1·rangd  Barnn Pinrt Wrant(d 11 X7X-142X l. gt:neral ruso

qut.'    apoyú la  lt:ntati,·a  Jc     Knrni!,n      tk  dcrnll·ar  :.~1  Sn' i.:t  Jc  P.:trogr:.~do. Fue

 

vencido .:n  1420. por Trot~)..i ,. Stal1n . .:n b        ultim:.~ hat:.~lla 1rnponante J.: la revo-

lución. ·-

 

 

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Anduvimos por la Sadovaya. En total hablé muy poco; ella me habló muy excitada de su trabajo con los niños en la guardería. Escuché, por segunda vez, la historia de un niño de su guardería al que otro le abrió el cráneo. Curiosamente, hasta ahora no había comprendido esa historia tan simple (que para Asia podría haber tenido consecuencias negativas; pero los médicos pensaron que el niño podría salvarse). Es algo que me ocurre cun frecuen-cia: la miro de una forma tan intensa. que apenas oigo !.o _que dice. Ella expuso sus ideas acerca de la necesidad de dividir a los nínos en grupos, pues en ningún caso es posible entretener a los más revoltosos· - a los que ella llama «los más dotados»- jun-tándolos con los demás. Les aburren cosas que llenan por com-pleto a los niños normales. Y es evidente que Asia, como ella dice, consigue los mayores éxitos con los niños más revoltosos. También habló Asia de las cosas que está escribiendo: tres artícu-los en el periódico comunista letón que se publica en Moscú y que llega a Riga por vías ilegales; ser leída allí, en ese periódico, es muy útil para ella. El edificio de la comisión estaba en la plaza donde convergen el bulevar Strasnoi y la Petrovka, por: la que yo estuve caminando más de media hora mientras la· esperaba. Cuando por fin salió, nos dirigimos al Gosbank 45 , donde yo tenía que cambiar dinero. Esta mañana me sentía con muchas fuerzas, y así logré hablar franca y sosegadamente de mi estancia en Moscú y de sus escasísimas posibilidades. Eso le impresionó. Contó que el médico que la ha tratado y salvado le había prohi-bido terminantemente quedarse en la ciudad, ordenándole que fuese a un sanatorio en el bosque. Pero ella se había quedado por temor a la triste soledad del. bosque y porque yo llegaba. Nos detuvimos frente a una tienda de pieles en la que Asia se había parado ya en nuestro primer paseo por la Petrovka. Colgado en la pared había un maravilloso traje de piel, adornado con perlas de colores. Entramos a preguntar el precio y así averiguamos que se trataba de una labor tungús (no era, pues, un traje «esquimal)), como había creído Asia). Costaba doscientos cincuenta rublos; Asia quería comprarlo. Yo le dije: «Si te lo compro, tendré que marcharme inmediatamente.>> Pero me hizo prometerle que al-gún día, más adelante, le haría un gran regalo que pudiera co.n-servar toda la vida. Al Gosbank se llega desde la Petrovka atrave-sando un pasaje en el que hay un gran co.mer.cio comisionista de

 

 

 

45 Banco estatal (Gos =  abreviatura de gosudarstvcnniJ)-

 

 

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antigúedades. En el escaparate había un armario de estilo Impe-rio singularmente bello, un trabajo de marquetería. Más adelante estaban empaquetando, o desempaquetando, porcelana al lado de estanterías de exposición de madera. Mientras regresábamos a la parada del autobús, unos minutos muy bu_e.nos. A continua-ción, mi audiencia con la Kameneva. Por la tarde. ando vagando por la ciudad: no puedo ir a ver a Asia; está con Knorin 46 , un comunista letón muy importante, miembro del organismo supe-rior de censura. (Y ho~, lo mismo; mientras escribo esto! Reich está solo con ella.) La tarde acaba en el café francés que hay en Staleshnikov, frente a una taza de café. Acerca de la ciudad: la iglesia bizantina no parece haber desarrollado una forma propia de ventana. Una impresión mágica y poco familiar; las ventanas, profanas y sencillas, de las torres y rotondas de las iglesias de estilo bizantino que dan a la caile producen la impresión de que éstas están habitadas. El sacerdote ortodoxo vive en ellas como un bonzo en su pagoda. La parte inferior de la Catedral de San Basilio podría ser muy bien la planta baja de una magnífica casa de boyardos 47 . Pero las cruces de las cúpulas frecuentemente parecen pendientes colgados del cielo 48 . Lujo arraigado en esta depauperada y doliente ciudad como el sarro en una boca enfer-ma; la tienda de chocolates de N. Kraft; el elegante almacén de modas de la Petrovka, donde se ven, entre las pieles, grandes jarrones de porcelana, fríos y espantosos . .La mendicidad 49 no es agresiva como en el sur, donde la insistencia del andrajoso sigue poniendo de manifiesto un resto de vitalidad. Aquí constituyen una corporación de moribundos. Las esquinas de las calles, por lo menos las de los barrios donde realizan sus negocios los ex-tranjeros, aparecen cubiertas de hatillos de trapos viejos, a modo de camas, dentro del gran lazareto al aire libre llamado «MoscÚ)).

 

La mendicidad 50 en los tranvías está organizada 4~ manera dis-tinta. Ciertas líneas circulares tienen largas paradas durante el

 

 

 

46       Wilgelm (Vilis) Knorin ( 1890-1938). alto funcionario estatal y del Partido: director de departamento de propaganda política del Comité Central del Partido entre 1926 y 1927.

. 47  Miembros de la alta nobleza de la antigua Rusia.

 

4 ~ La igll!sia bizantina ... p!!ndil!ntl!s colgados del cielo (marc.): Ver: GS !V, 345 «Byzanz scheint... feuriger Sonnen».

 

49 La mendicidad... al aire libre. Ver: GS !V. 324: «Der Bette\... Himmel da-liegt».

 

50 La mendicidad. .. el trayecw (marc. desde «Dann schieben»):  Ver:  GS IV.

 

325:    «Andere haben ... sammeln Kopeken».

 

 

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trayecto. Los mendigos 51 avanzan abriéndose paso, o bien un niño se sitúa en un rincón del coche y empieza a cantar. Luego colecta kopeks. Es muy raro que la gente les dé algo. La mendici-dad ha perdido su base más sólida: la mala conciencia socialJ que abre los bolsillos mucho más que la compasión. Pasajes. A dife-rencia de otros lugares, son de varios pisos, galerias altas que acostumbran a estar tan vacías como las de las catedrales. El gran taller de calzado de fieltro por el que se pasean los campesinos y las señoras de buena posición muestra la bota ajustada como si se tratase de una prenda íntima, con todo el embarazoso detallis-mo del corsé. Las valinkis 51 s.a.n las ropas de gala de los pies. Algo más sobre las iglesias 53 : en general parecen descuidadas; tan vacías y frias como encontré yo el interior de la Catedral de San Basilio. Pero el resplandor que algún altar hace brillar esporádi-camente en la nieve parece conservarse en el mercado de tende-retes de madera. En sus angostos pasmos, cubiertos de nieve, reina el silencio; sólo se escucha la suave jerga de los judíos ven-dedores de confección que tienen allí su puesto junto a las mer-caderías de la vendedora de papel, que parece sentarse sobre un trono, tapada por cajas plateadas y con el rostro cubierto por el espumillón y las figuritas de Papá Noel del mismo modo que una oriental se cubre con el velo. Los tenderetes más bonitos los vi en la Arbatskaya Plóscktad 54 . Hace unos días, en mi habitación, con-versación con Reich sobre el periodismo. Kisch 55 le ha revelado algunas reglas de oro a 1as que yo añado otras nuevas: 1) Un artículo debe contener tantos nombres como sea posible. 2) La primera y la última frase han de ser muy buenas; lo del medio, no importa. 3) Utilizar la imagen evocada por un nombre como fondo de la descripción que lo representa como realmente es. Me gustatia escribir aquí con Reich el programa de una enciclopedia matecialistá sobre la que él tiene__excelentes ideas. Asia vino pasa-das las siete. (Pero Reich nos acompañó al teatro.) Daban Los

 

de Stanislavski.  Los decorados,  de estilo

 

 

51       Los mendigos... más que la compasión (marc.): Ver: GS IV, 325: «Andere haben ... sammeln Kopekem>, «Aber sehr. .. Taschen ótfnet.»

52       Botas de fieltro (valenki).

 

53       Algo más  sobre las iglesias ... Arbatskaya Plóschad (marc.): Ver: GS IV,

 

346:    (Niele Kirchen ... ihren Schleiem.

54       Plaza Arbatskaya.

 

55       Egon Erwin Kisch ( 1885-1948) viajó por la Unión Soviética desde el otoi'lo de 1925 hasta la primavera de !926.

56 Ver nota en la página 15: <da obra de Stanislavski sobre la Guardia Blanca».

 

 

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naturalista, extraordinariamente buenos; la interpretación, sin fallos ni méritos destacables; el drama de Bulgakoff, una provo-cación absolutamente subversiva. Sobre todo el último acto, donde la Guardia Blanca «se convierte)) al bolchevismo, es tan insulso en lo que se refiere al argumento dramático como falaz en cuanto a la idea. La oposición de los comunistas a la represen-tación es obvia y fundada. La cuestión de si este último acto fue anadido a instancias de la censura, como sospecha Reich, o exis-tía ya originariamente, no es relevante para la valoración de la obra. (El público se diferenciaba notablemente del que pude ver en los otros dos teatros. Se puede decir que no había allí ningún comunista; en ninguna parte podía verse ningún blusón negro o azul.) ba.s butacas estaban separadas y yo sólo estuve sentado jun-to a Asia durante el primer cuadro. Después se sentó Reich a mi lado; dijo que traducir era algo demasiado fatigoso para ella.

 

 

 

15 DE DICIEMBRE

 

Después de levantarse, Reich salió un momento y yo tuve la esperanza de poder saludar a Asia a solas. Pero ní síquíera vino. Por la tarde, Reich se enteró de que se había sentido mal por la mañana. Pero tampoco me dejó ir a verla por la tarde. Pasamos una parte de la mañana juntos; él me tradujo el discurso pronun-ciado por Kameneff ante la Komintern. Un lugar no se conoe_e · hasta no haberlo vivido en el mayor número posible de rlimen-sioru:.s. Para poseer un sitio hay que haber entrado en él desde los cuatro puntos cardinales, e incluso haberlo abandonado en esas mismas direcciones. De lo contrario le puede saltar a uno, inopi-nadamente, tres o cuatro veces, en mitad del camino antes de haberse preparado para toparse con él. En un segundo estadio, uno ya lo busca y lo utiliza como punto de orientación. Lo mis-mo ocurre con las casas. Uno no conoce lo que hay en su interior hasta que no trata de encontrar una concreta pasando junto a otras. Desde los arcos de las puertas 57, junto a los quicios, en letras de diverso tamaño, negras, azules, amarillas o rojas, en

 

forma de flecha, en la imagen de unas botas o de ropa recién planchada, como peldaño gastado o sólido escalón, se nos viene encima una vida calladamente obstinada y beligerante. Hay que

 

 

5? Desde los arcos de fas puertas ... obstinada y beligerante: Ver GS IV,  340:

«Aus den Torbogen ... vor Augen».

 

 

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haber recorrido también las calles en tranvía para captar la pro-Jongación de esta lucha a través de los pisos hasta llegar, por fin,

 

eñ los tejados, a su estadio decisivo. Hasta ese punto sólo aguan-tan las consignas más fuertes y viejas o los letreros de las empre~

 

sas, y sólo desde el avión se logra tener ante los ojos a la élite industrial de la ciudad (aquí, algunos nombres). Por la mañana, en la Catedral de San Basilio. El lado exterior 58 se proyecta sobre la nieve con colores cálidos e íntimos. La planta del edificio, de

 

• disposición  regular, ha generado una construcción cuya simetría no es perceptible desde ningún  punto. Siempre se reserva alguna cosa, y  la contemplación  sólo  podría sorprender a este edificio desde la altura de un avión, del cual se olvidaron sus con~tructo­ res de salvarse. Su interior no sólo ha sido vaciado, sino también destripado como  una  pieza de caza para poderlo presentar, en forma de «museo», como algo apetecible a la cultura popular. Al despojarlo de su decoración interior, en parte artística, pero en su mayor parte carente de valor - a juzgar por los altares bar;rocos conservados-, la maraña vegetal y multicolor que prolifera por pasillos  y  bóvedas  como  si  de  pintura  mural  se  tratase  queda desconsoladoramente puesta en ridículo; la  piedra pintada,  sin duda hace mUcho tiempo, que en"'los espacios interiores despier-ta ligeramente el recuerdo de las cromáticas espirales de l<ts cú-pulas, lo ha desfigurado triste[mente] convirtiéndolo en un diver-timento  rococó.   Los  pasillos  abovedados  son  angostos ·y  se ensanchan de pronto en altares o capillas redondas donde la es-casa luz que  penetra por arriba,  a través de las altas ventanas, impide  prácticamente  reconocer los objetos  religiosos que  han quedado.  Hay, sin embargo, una habitacioncita clara, recorrida por  una  alfombra  roja.  En  ella se  han  expuesto  iconos de  las escuelas de Moscú y Novgorod, además de algunos evangeliarios, probablemente de un valor incalculable; tapices que representan a Adán y a Cristo desnudos, aunque sin órganos  sexuales, blan-quecinos sobre un fondo verde. La vigilante es una mujer gorda con aspecto de campesina: me habría gustado oír las explicacio-nes que daba a algunos proletarios que entraron acerca de estos cuadros.  Antes  di  un  breve  paseo  por  los  pasajes que  llaman «lineas comerciales a1!as>>. Traté de comprar, sin éxiLo, unas figu-ras muy interesantes del escaparate de una juguetería. unos jine-tes de arcilla pintadi  Para comer,  viaje en  tran Via a orillas del

 

 

58       El lado ex1enor. 'Hneas curnercia/es a/ws"(marc.): Ver: GS IV, 345-346: <<lmmer bchalt ... erkennbar sind».

 

 

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Moscova, pasando por la Catedral del Salvador y cruzando la Plaza Arbatskaya. Por la tarde, volviendo otra vez en la oscuri-dad, paseo por las hileras de tenderetes de madera; luego, por la calle Frunse, pasando frente al Ministerio de la Guerra, que se alza muy elegante,'\hasta acabar perdiéndome. A casa, en tranvía. (Reich quería ir éf solo a ver a Asia.) Por la noche, a casa de Panski, sobre hielo reciente. Nos tropezamos con él en la puerta de su casa, a punto de irse al teatro con su mujer. Debido a un malentendido que no se despejará hasta el día siguiente, nos pide que en los próximos días vayamos por su despacho. Nos dirigi-mos a continuación a la casa grande de la Plaza Strasnoi a buscar a un conocido de Reich. En el ascensor nos encontramos con su mujer, que nos dice que su marido está en una asamblea. Pero dado que en esa misma casa, una especie de boardinghouse gi-gantesca, vive la madre de Sophia 59 , decidimos acercarnos a dar las buenas noches. Al igual que todas las demás habitaciones que

 

he podido ver hasta el momento (en casa de Granovski, de llesh),

 

también ésta es una pieza con pocos muebles. Su deplorable as-pecto 60 pequeñobugués causa una impresión aún más deprimen-te al estar la habitación pobremente amueblada. Cuando lo pro-pio del estilo pequeñoburgués es el que no falte ningún detalle: las paredes han de estar cubiertas de cuadros; el sofá, de cojines; los cojines, de pañitos; las consolas, de bibelots; las ventanas, de cristales de colores. Y aquí sólo se conserva, indiscriminadamen-te, lo uno olo otro. En estas habitaciont;s, semeja~tes a un laza-reto después de la última inspección, la gente aguanta porque, debido a su forma de vida, les resultan ajenas. Viven en la ofici-na, en el club, en la calle. Basta con dar el primer paso en el interior de esta habitación para reconocer en la asombrosa limi-tación del carácter resoluto de Sophia el legado de esta familia. de la que se ha emancipado, aunque no renegado. En el camino de regreso, Reich me cuenta su historia. Sophia es hermana del general Kriienko, que primeramente tomó partido por los bol-cheviques, haciendo servicios inestimables a la revolución. Dado que sus dotes políticas eran escasas, posteriormente [le] dieron el puesto representativo de Fiscal Superior del Estado. (Él fue tam-bién el acusador en el proceso Kindermann.) 61 Parece ser que la

 

 

59 Sofya Krilenko, hermana del comisario de j~sticia Nicolai Krilenko. Estu-vo en Capri en 1924, al mismo tiempo que Benjamin y Lacis.

 

60       Su deplorable aspecto ... en la calle (marc.): Ver: GS IV. 327-328: «weil das Zimmer ... entfremdet sind)) .

 

. 6l  Karl  Kindermann ·fue  el  principal  acusado  en  un  simulacro de  proceso

 

 

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madre también está organizada. Debe de tener unos setenta, anos y aún se perciben en ella rastros de una gran energía. Ahora la han de sufrir los hijos de Sophia, que son traídos y llevados de las manos de la abuela a las de la tía, y que hace ya anos que no han visto a su madre. Los dos son de su primer matrimonio con un aristócrata que en la guerra civil estuvo al lado de los bolchevi-ques y murió. Cuando llegamos estaba allí la hija menor. Es extraordinariamente bella, sumamente decidida y encantadora en su forma de moverse. Parece muy introvertida. Acababa de llegar una carta de su madre y estaba discutiendo con su abuela por haberla abierto. A pesar de ir dirigida a ella. Sophia escribe que no le permiten prolongar su estancia en Alemania. La fami-lia sospecha de su trabajo clandestino; es una calamidad, y su madre se muestra inquieta. Desde la habitación se tiene una vista magnífica del bulevar Tverskoi sobre una gran hilera de luces.

 

 

16 DE DICIEMBRE

 

Estuve escribiendo el diario y no creía ya que Asia fuese a venir aún. Entonces llamó a la puerta. Cuando entró, traté de besarla. Como de costumbe1 no lo logré. Saqué la tarjeta 62 que había empezado a escribirle a Bloch y se la di para que le pusiera unas letras. Nuevo Intento en -vano rlc: darle un beso. Leí lo que había escrito. A su pregunta respondí: «Mejor que cuando me escribes a mí.» Y, ante tal «desvergüenza», por fin me fuesó, e incluso me abrazó al hacerlo. Cogimos un trineo en dirección a la dudad y entramos en numerosas tiendas de .la Petrovka a comprar tela para su vestido, para su uniforme. Lo llamo así porque quiere que el nuevo tenga exactamente la misma hechura que el viejo, procedente de París. Entramos primero en unos almacenes estatales; en la mitad superior de sus paredes longitu-dinales se podían ver cuadros de figuras de cartón que hacían propaganda en pro de la unión de obreros y campesinos. La forma de representarlo 63 tenía ese gusto empalagoso tan extendí-

 

 

contra tres jóvenes alemanes que fueron detenidos en octubre de 1924. acusados de haber planeado un atentado contra Lenin. Kindermann fue condenado a muerte, pero no ejecutado.

 

62       Esta tatjeta no le llegó a Bioch. Fue devuelta a Benjamin por desconocerse el destinatario. Ver la carta de Benjamin a Siegfrid Kracauer. del 23-2-1927. reproducida en el apéndice.

 

63       La forma de represen/arlo ... a precios exorbitantes (marc.): marcado en el

 

 

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do aq_uí: la hoz y el martillo, una rueda dentada y otras herra-mientas reproducidas (cosa indeci.blemente contradictoria) en cartón aterciopelado. En aquella tienda sólo había artículos para campesinos y proletarios. En los últimos tiempos, con el «régi-men de economía» 64 , son los únicos que se producen en las fábricas estatales. Los mostradores están sitiados. Otras tiendas, que están vacías, sólo venden tejidos a cambio de bonos o, en venta libre, a precios exorbitantes. A un vendedor callejero le compro por medio de Asia una muñequita, stanka-wanka 65 , para Daga, sobre todo para, aprovechando la oportunidad, com-prarme yo también una. Y a otro, después, una paloma de cñstal para el árbol de Navidad. Creo recordar que no hablamos mu-cho. Luego, con Reich, al despacho de Panski. Pero el nos había citado pensando que se trataba de asuntos de trabajo. Como ya estaba allí, me llevó a la sala de proyecciones, don<:le estaban mostrándoles películas a dos periodistas americanos. Desgracia-damente, cuando logré llegar allí después de una infinidad de preliminares, estaba terminando la proyección del Potemkin 66 ; sólo vi el último acto. Luego pusieron Conforme a la ley 67 , pelí-cula basada en un relato de London. El estreno, que había tenido lugar en Moscú unos días antes, había sido uñ fraéáso. Técnica-mente, la película es buena; su director, KulÍshoff, tiene muy buen nombre. Pero el asunto reduce su motivo al absurdo tras un cúmulo de atrocidades. Según parece, esta película debía te-ner una orientación anarquista contra el derecho en general. Al final de la proyección. el propio Panski subió a la sala, condu-ciéndome finalmente a su despacho. La conversación se hubiera prolongado todavía de no haber temido yo perder la posibilidad de v_er a Asia. Para ir a comer, de todos modos ya se había hecho demasiado tarde. Cuando ilegué al sanatorio, Asia ya había sali-do. Me fui a casa y muy pronto llegó también Reich. y, poco

 

 

 

manuscrito del diario. pero. al parecer. no se incluyó en ninguno .de los articulas fruto de su estancia en Moscú.

 

64 Benjamin alude aqui a la NEP (Nueva Politica Económica). La NEP fue introducida por Lenin en 1921 para animar la economia. arrumada por la guerra. mediante la autorización restringida de una gerencia de empresa de indoie capita-lista.

 

65       <<Tentetieso».

 

66       Poremkin: f.·/ ucow::ado  P(}fem/.:ur (8roneno.li'l.l"  PO!em/.:in).  1925. pelicula

 

de Scrgei Eisenstein ( 1898-1948).

 

67 Po ::akonu. pe1icula de Lev Kuh:shm ( 1~\'19-1948). rodada en 1926 y basa-da en un relato de Jack London.

 

 

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después, Asia. Habían comprado, entre otras cosas, va/inki para Daga. Estuvimos hablando en mi habitación, y a lo largo de la conversación tocamos la cuestión del piano como mueble que en lá vivienda ,Pequeñoburg_uesa constituye el centro _propiamente dinámico de la tristeza en ella reinante, y el centro de todas las catástrofes de la casa. Asta se sentía electrizada por esta idea; quería escribir conmigo un articulo acerca de ello, y Reich desa-rrollar el asunto en un sketch. ·Asia y yo nos quedamos unos-. minutos a solas. Yo ya sólo recuerdo que pronuncié las palabras: «para la eJernidad, lo más precioso», y que ella se rió entonces tanto1 que pensé: lo ha entendido. Por la noche estuve con Reich en un res!aurante vegetariano cuyas paredes estaban cubiertas de inscripciones propagandísticas. «Dios no existe -la religión es un invento-, no hay creación». etc. Muchas de las cosas que hacían referencia al capital no pudo traducírmelas Reich. Luego, ya en casa, logré por fin hablar por teléfono con Roth 68 por medi~ción de Reich. Me dijo que salia de viaje al.día siguiente por la tarde y, después de pensarlo un momento, no me quedó otro remedio que aceptar su invitación para cenar' a las once y media en un hotel. De lo ~ontrario, difícilmente hubiera podido ya contar con la posibilidad de hablar con él. Hacia las once y cuarto me monté, muy fatigado, en un trineo: Reich me había estado leyendo toda la tarde partes de sus trabajos. Su ensayo sobre el humanismo, que, sin duda. se encuentra todavía en un primer estadio, descansa en el fértil planteamiento de cómo la intelectualidad francesa, precursora de la gran Revolución, pudo ser relegada inmediatamente después de 1792 para convertirse en instrumento de la burguesía. A lo largo de la conversación sobre esta cuestión se me ocurrió la idea de queJa historia de los «inte.-lectuales» debería ser planteada, desde er p_unto .de !iÍSta materia-lista,. de un modo funcional, rélacionándola estrechamente con

 

.una- «His-mria de la incultura». Sus comienzos se sitúan en la Edad Moderna, dado que las formas medievales de poder dejan de convertirse en formas de cultura (eclesiástica) de los domina-dos con independencia de cómo estén configuradas. El cuius re-gio eius religio derriba la autoridad espiritual de las formas secu-lares de poder. U na historia de la incultma de tales característi-·

 

 

68       Joseph Roth ( !894-1939) viajó por la Unión Soviética desde finales de agosto hasta finales de diciembre de 1926 por encargo del Frank/ilrler Zeil!'íng La serie de articulas «Reise in Russland» aparece publicada en !8 entregas/en el FZ de1!4-9-1926 al 19-1-1927.

 

 

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cas enseñaría la manera en que, entre las capas incultas, un proceso de siglos genera la energía revolucionaria a partir de su meramo-rfosis religiosa, y los intelectuales no aparecerían siem-pre como un simpfe ejército de renegados de la burguesía, sino como línea de avanzada de la «incultura>>. El viaje en trineo me despejó bastante. Roth ya estaba sentado en el espacioso come-dor. Con su ruidosa música de orquesta, dos palmeras gigantes que sólo alcanzan hasta media altura de la sala, con barras y bufetes coloridos, y mesas dispuestas de una forma sobria y ele-gante, acoge al visitante como si se tratase de un hotel europeo de lujo muy adentrado en el Este. Bebí vodka por primera vez en Rusia; comimos caviar, carne fría y compota. Si repaso toda la velada, la impresión que Roth me deja no es tan positiva como la que me causó en París. O puede ser - y esto es lo más proba-ble- que en París yo ya me percatase de esas mismas cosas, entonces aún ocultas y cuya salida a la luz me ha supuesto ahora un golpe. En su habitación proseguirnos luego, más a fondo, una conversación iniciada en la mesa. Comenzó leyéndome un largo artículo sobre el sistema educativo ruso 69 • Observé la habitación; sobre la mesa aún estaban los restos de un té, al parecer abun-dante, que habían debido de tomar en ella al menos tres perso-nas. Parece que Roth vive a lo grande; la habitación del hotel

 

- de una decoración tan europea como la del restaurante- debe de ser bastante cara, al igual que su largo viaje informativo, que le llevó hasta Siberia, el Cáucaso y Crimea. Durante la conversa-ción que siguió a su lectura le insté a confesarme su color políti-co. El resultado se puede resumir en una frase: llegó a Rusia como bolchevique (casi) convencido y la deja corno monárquico. Como suele ocurrir, el país ha de sufragar los gastos del cambio de color ideológico de aquellos que llegan aquí como políticos de un tono rosa-rojizo (en nombre de una oposición «de izquier-das» y de un necio optimismo). Su rostro aparece recorrido por numerosas arrugas y tiene un desagradable aspecto de husmea-dor. De esto me di cuenta dos días después, cuando le volví a encontrar en el Instituto de la Kameneva (había tenido que apla-zar el viaje). Acepté su invitación de volver en trineo, regresando ai hotel hacia las dos. A trechos, frente a los grandes hoteles y delante de un café de la Tverskaya, hay vida nocturna en la .calk El frío obliga a la gente a concentrarse en manada en estos puntos.

 

 

69       El articulo de Roth ((Die Schule und die Jugend» apareció en el Frankjúrter Zeilllng del 18 y 19 de enero de 1927.

 

 

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17 DE DICIEMBRE

 

Visita a Da_ga. Tiene mejor aspecto del que yo nunca le había visto antes. La disciplina del hogar infantil ejerce una fuerte in-fluencia sobre ella. Su mirada es tranquila y segura; su rostro, más rertondo y menos nervioso. Ha disminuido el asombroso parecido que gu<!rdaba con Asia. Me estuvieron enseñando el centro. Me parecieron 70 muy interesantes las aulas, con partes de sus paredes cubiertas enteramente de dibujos y figuras de cartón. Semejantes al muro de un templo al qP~ los niños donan sus propios trabajos como regalo a la colectividad. El rojo es el color· predomi_nante en estas superficies. Están cuajadas de estrellas so-viéticas y de cabezas de Lenin. En las clases, los niños no se sientan en pupitres escolares, smo en mesas, sobre largos bancos. Cuando entra alguien, dicen «strastveitíe» 71 • Al no ser vestidos por la institución, muchos tienen un aspecto mísero. En las cer-canías del sanatorio juegan otros niños de las alquerías vecinas. El viaje de ida y vuelta desde Mitischi 72 , en trineo, con el viento de cara. Por la tarde, en el sanatorio, con Asia, de muy mal humor. Partida de dominó, a seis, en la sala de juegos. Cena con Reich en un ·Café: una taza de café y tarta. Me acuesto tem-prano.

 

 

18 DE DICIEMBRE

 

Asia vino por la mañana. Reich se había ido ya. Fuimos a comprar la tela y, antes, a cambiar dinero al Gosbank. Ya en la, habitación, le hable a Asia de su mal humor del día anterior. Esta mañana todo ha ido bien, dentro de lo que cabe. La tela era muy cara. En el camino de regreso llegamos a un lugar en donde estaban rodando. Asia me contó cómo habría que describirlo: la gente pierde en seguida la cabeza y se pasa horas siguiendo al equipo de filmación en su trabajo; luego llegan aturdidos al Mi-nisterio sin poder decir dónde han estado. Es algo que a cual-quiera puede suceder si se observa cuán[tas] veces se ha de prepa-rar aquí una sesión para poder llevarla finalmente a término. El

 

 

70       Me parecieron muy interesantes ... y de cabezas de Lenin: Ver: GS IV, 340-

 

34I: «Wer ein ... und Leninkópfem>.

71       Forma habitual de saludo (zdravstvuite) equivalente a «buenos días».

 

72       Aldea junto al río Uchá (distrito de Moscú).

 

 

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hecho de que nada salga como estaba preparado y previsto, esta expresión tan banal en la forma en que se desenvuelve la vida, domina de una manera tan absoluta y tan intensa en cada caso particular, que uno no tarda en comprender el fatalismo ruso. Cuando dentro del colectivo empiece a imponerse el cálculo civi-lizatorio, el resultado, de entrada, no será sino una complicación todavía mayor en la existencia de cada individuo. En una casa donde sólo tengan velas estarán mejor abastecidos que en otra en la que dispongan de luz eléctrica si la central está constantemen-te averiada. También hay aquí gente que no se preocupa de las palabras y se. torna las cosas como son, tranquilamente; por ejemplo, los niños que se abrochan los patines en la calle. Lo azaroso que resulta 73 aquí viajar en tranvía. A través de los cris-tales helados, uno nunca es capaz de distinguir dónde se encuen-tra. Y, en el caso de hacerlo, encontrará cerrado e! camino hacia la salida por una masa de gente apretujada. Pues como hay que subir por detrás, pero apearse por delante, uno ha de abrirse paso a través de la masa. dependiendo de la suerte y del uso desconsi-derado de la fuerza física cuándo pueda conseguirlo. Frente a esto existe un cierto confort desconocido en Europa Occidental. Las tiendas estatales de alimentación están abiertas hasta las once de la noche, y los portales hasta medianoche, o áún más tarde. Hay demasiados inquilinos y subarrendados como para poderles dar una llave de la casa a cada uno. Se ha observado que la gente anda aquí por la calle «en serpentinas». Esto es la simple consecuencia de la. aglomeración en sus estrechas aceras, tan es-trechas como la~ que a veces se encuentran en Nápoles. Las ace-ras le dan a Moscú un aire de ciudad provinciana, o, mejor aún: el carácter de una gran ciudad improvisada que, de la noche a la mañana, se ha visto elevada a tal rango. Compramos una tela marrón muy buena. Yo me fui después al «Instituto» a pedir un pase para Meyerhold, encontrándome también a Roth. Después de comer estuve jugando con Reich al ajedrez en el Dom Gerze-na. Se nos acercó Kogan con el reportero. Me inventé que pensa-ba escribir un libro sobre el arte bajo la dictadura: la italiana, bajo el régimen fascista, y la rusa, bajo la dictadura del proleta-riado. Hablé también de los libros de Scheerbart y de Emil Lud-wig. Reich se quedó muy descontento de la entrevista y me dijo que, con unas discusiones teóricas superfluas, me había puesto

 

 

73 Lo azaroso ... una llave de la casa a cada uno (marc.): Ver: GS IV. 330-331:

«Durch die vereisten ... Kórperkrafte ab».

 

 

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peligrosamente al descubierto. Hasta ahora, todavía no han 'PU~ blicado la entrevista (escribo esto el día 21); habrá que espenir a ver qué efecto causa. Asia no se encontraba bien. En la habita-ción vecina a la suya habían ingresado a una enferma que se ha vuelto loca a consecuencia de una meningitis cerebroespinal, y a quien ella conocía ya del hospital. Por la noche, Asia organizó una protesta con las otras mujeres, logrando que se llevasen a esa enferma de allí. Reich me llevó al Teatro Meyerhold, donde me encontré con Fanny Yelovia 74 . Pero el Instituto no mantiene buenas relaciones con Meyerhold: he ahí que no le llamasen por teléfono y que nosotros no consiguiéramos entradas. Tras una breve parada en mi hotel fufmos a la zona de Krasnie vorota 75 a ver una película que, según me había dicho Panski, habría de superar el éxito del Potemkin. De momento no quedaban locali-dades. Compramos entradas para la sesión siguiente y nos fui-mos a tomar té a la habitación en Yelovia, que vive cerca de allí. Era tan fría como todas las que he podido ver hasta aKora. En la pared, de color gris, la fotografía de gran tamaño que muestra a Lenin leyendo el Pravda. Había algunos libros en una estantería estrecha; en la pared menor, junto a la puerta, dos cestas de viaje, y junto a las dos paredes mayores, una cama, y, enfrente, una mesa y dos sillas. La estáncia en aquella habitación, con una taza de té y un pedazo de pan, fue lo mejor de la noche. Pues la película resultó ser un bodrio insoportable, y, por añadidura, la pasaron a tal velocidad, que no se podía ver ni entender nada. Nos fuimos antes de que acabase. El regreso en tranvía fue como un episodio de los tiempos de la inflación. En mi habitación encontré todavía a Reich, que volvió a quedarse a dormir.

 

 

19 DE DICIEMBRE

 

Ya no recuerdo muy bien cómo transcurrió la mañana. Creo que vi a Asia y luego, después de llevarla al sanatorio. quise ir a la Galería Tretiakoff. Pero no la encontré, y anduve vagando, con un frío que me traspasaba, por la orilla izquierda del Mosco-va, entre obras. campos de maniobras e iglesias. Vi a soldados del Ejército Rojo haciendo prácticas y a niños jugando al fútbol en

 

 

74 Fanny Yc/11\'ia. se retiere probablemente a Ni na Ermolaeva, que interpretó el papel de A \'do(ja en el Rel'isor de Meyerhold.

75 Puerta Roja u.:rasnl't' \'orola).

 

 

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medio de ellos. Salieron niñas de un colegio. Frente a la parada del tranvía, que tomé finalmente para regresar, había una iglesia de un rojo brillante con un largo muro rojo por el lado de la calle, con torre y cúpulas. Aún me fatigó más el vagar de un lado a otro debido a que llevaba un incómodo paquetito con tres casitas de papel de colores que había adquirido, con muchísimo esfuerzo, por el increíble precio de 30 kopeks cada una en una tienda de una calle importante de la orilla izquierda. Tarde con Asia. Salí a comprarle tarta. Al llegar junto a la puerta, dispuesto para salir, me fijé en la extraña conducta de Reich, que no res-pondió cuando le dije «adiós». Lo achaqué al mal humor. Pues, en un momento en que se ausentó unos minutos de la habita-ción, yo le había dicho a Asia que seguramente había ido a com-prar tarta, y luego, al volver, ella se quedó decepcionada. Cuando regresé, unos minutos después, con la tarta, Reich estaba en la cama. Había sufrido un ataque al corazón. Asia estaba muy ner-viosa. Me di cuenta de que su comportamiento ante el malestar de Reich era análogo al mío, en otro tiempo, cuando Dora estaba enferma. Protestaba, trataba de ayudar de una forma imprudente y provocadora, y se conducía como una persona que quiere que otra tome conciencia de hasta qué punto es injusta poniéndose enferma. Reich se fue recuperando poco a poco. Pero al Teatro Meyerhold tuve que ir yo solo debido a este contratiempo. Asia trajo luego a Reich a mi habitación. Él durmió en mi cama, y yo en el sofá que Asia me había preparado. El Revisor, pese a haber sido acortado después del estreno, duró, sin embargo, desde las ocho menos cuarto hasta las doce. La obra tenía tres partes, con un total (si no me equivoco) de 16 cuadros 76 • Por los numerosos comentarios de Reich, yo ya tenía, más o menos, una idea de conjunto de esta obra. Me asombró. no obstante, el tremen'do esfuerzo realizado. Y no fue su rico vestuario 77 lo que me pareció más destacable, sino su decorativa escenografía. Salvo unas pocas excepciones, las escenas se desarrollaban so-bre el exiguo espacio de un plano inclinado decorado, en cada ocasión, con elementos de estilo Imperio en caoba y mobiliarios distintos. El resultado de ello era un gran número de encanta-dores cuadros de género acordes con la orientación fundamen-

 

 

76       En realidad. la obra se compone de  !5 cuadros o episodios.

 

77       El «rico vestuario» de la puesta en escena del Revisor fue diseñado por la modista moscovita M. Lamanova. y la «decorativa escenografía» fue realizada por V. P. Kiselev. según un proyecto de Mejerchol'd.

 

 

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tal de la obra, que no era dramática, sino de análisis socioló-gico. Aquí se le ha dado gran importancia como adaptación de una obra clásica al teatro revolucionario, pero ,el intento se consi-dera, al mismo tiempo, frustrado. El Partido ha dado así consig-nas contra el montaje, y el comentario moderado del crítico tea-tral ha sido rechazado por la redacción de Pravda. Los aplausos

 

· que se escucharon en el teatro fueron escasos, pero es muy posi-ble que esto se deba en mayor medida a la consigna oficial que a la impresión causada inicialmente en el público. Pues la repre-sentación fue, sin duda, un deleite para la vista. Pero algo así 78 se halla relacionado, posiblemente, con la cautela general aquí rei-nante a la hora de manifestar la opinión en público. Cuando uno le pregunta a una persona a quien conoce poco por su impresión sobre una obra de teatro o una película intrascendente, lo único que averigua es: «Aquí se dice que es así y asá>>, o bien: «En general, la idea que se tiene es tal o cual». El principio de direc-ción teatral, la cOncentracion del acontecer escénico en un espa-cio muy reducido, da lugar a una acumulación sumamente lujo-sa de todos los valores, y no en último término del material interpretativo. Esto llegó a su apogeo 79 en una escena de fiesta que constituyó una obra maestra de dirección. En aquel pequeño recuadro, entre pilastras de papel tan sólo insinuadas, se congre-gaban, en apretado grupo, unas quince personas. (Reich habló de la supresión de la disposición lineal.) El efecto de conjunto es el de una tarta (un símil muy moscovita: sólo aquí existen las ta11as que lo harían comprensible), o, mejor aún: el de un grupo de muñequitas que bailan sobre un reloj de música constituida por el texto de Gogol. La obra tiene además mucha música adecua-da, y un pequeño rigodón ejecutado al final podría convertirse en la atracción de cualquier teatro burgués; uno no se lo espera en un teatro proletario, cuyas formas se ponen, sobre todo, de mani-fiesto en una escena en la que el escenario se halla dividido por una larga balaustrada; delante de ésta se encuentra el revisor, y detrás la masa que sigue todos sus movimientos, desarrollando un juego muy expresivo con su abrigo, ya sujetándolo con seis u ocho manos, ya echándoselo por encima al _revisor, que está apo-yado en la baranda. La noche sobre la dura cama transcurrió bastante bien.

 

 

78       «Pero algo ase es tal o cual»: Ver: GS IV. 334: «Es wáre ... die Uberzeugung>>.

 

79       Esto llegó a su apogeo ... en un teatro proletario (marc.): Ver la desc"ripción de Benjamin del montaje del Revisor en GS IV. 481.

 

 

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20 DE DlClEMBRE

 

Escribo el día 23 y ya no recuerdo nada de la mañana. En vez de escribir acerca de ello, lo haré sobre Asia y nuestra relación, a pesar de que Reich está sentado a mi lado. Me encuentro ante una fortaleza casi inexpugnable. Me digo, no obstante, que mi simple aparición frente a esta fortaleza que es Moscú ya constitu-ye un primer éxito. Pero lograr alguno más que sea decisivo me parece algo de una dificultad casi insuperable. Los evidentes éxi-tos logradus por Reich, uno tras otro, después de medio año sumamente difícil, a lo largo del cual, y sin dominar la lengua, ha pasado frío y tal vez, incluso, hambre, hacen que tenga una posi-

 

ción muy fuerte. Esta manana me ha dicho [·él] que para dentro de medio año espera tener un empleo. Aunque con menos pa-sión, se acomoda más fácilmente que Asia a la situación laboral de Moscú. En los primeros tiempos, después de llegar de Riga, Asia pensó incluso en regresar a Europa de inmediato; tan falto de perspectivas le pareció el intento de encontrar trabajo aquí. Cuando por fin lo consiguió, y después de trabajar algunas sema-nas en una guardería, la enfermedad la echó para atrás. De no ser porque uno o dos días antes había obtenido el ingreso en un sindicato, se habría quedado sin cuidados y tal vez hubiera muer-to. No hay duda de que aún sigue sintiéndose atraída por Europa Occidental. Y no se trata únicamente del deseo de viajar, de

 

visitar ciudades desconocidas o del encanto de una bohemia mundana; es también por la influencia del desarrollo liberador que sus ideas han experimentado en Europa Occidental, sobre todo en su trato con Reich y conmigo. Como deda hace poco Reich, realmente es casi un misterio cómo Asia pudo siquiera llegar aquí, en Rusia, a planteamientos tan lúcidos como los que tenía ya al llegar a Europa Occidental. Para mí, Moscú es ahora una fortaleza; el duro clima, que, por muy sano que me resulte, me afecta también mucho, el desconocimiento de la lengua. la presencia de Reich y la forma de vida tan limitada de Asia son

 

otros tantos bastiones. y sólo la imposibilidad total de avanzar, la enfermedad de Asia, o. por lo menos. su debilidad. que relega a un segundo plano todas las cosas personales que puedan afectar-la. sólo eso hace que toda esta situación no me deprima por completo. En que medida podré alcanzar el objetivo secundario de mi viaje: escapar a la mortal mdancolia navideña. es algo que aún esta por ver. El que me mantenga bastante fuerte se debe también al hecho de que. a pesar de todo. descubro una cierta

 

 

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vinculación de Asia conmigo. Parece que e( tuteo se va impo-niendo entre nosotros, y su mirada, cuando me mira largo rato -no recuerdo que ninguna mujer me haya concedido nunca unas miradas y unos besos tan largos-, no ha perdido ni un ápice de su fuerza sobre mí. Hoy le he dicho que ahora me gustaría tener un hijo con ella. Algunos gestos, raros pero espon-táneos y no carentes de importancia, si se tiene en cuenta el dominio que ella se impone ahora en asuntos eróticos, me dicen que le gusto. Así, cuando para evitar una pelea quise abandonar su habitación, ella me agarró con fuerza y me pasó la mano por el pelo. También dice con frecuencia mi nombre. Uno de estos días me dijo que era únicamente culpa mía que ahora no estuvié-semos viviendo en una «isla desierta}) y tuviésemos ya dos hijos. Hay en ello algo de verdad. Directa o indirectamente son ya tres o cuatro las ocasiones en que me he sustraído a un futuro en común: cuando no «huí» con ella, estando en Capri; pero ¿cómo? -me negué a acompañarla, desde Roma, ·a Asís y a Orvieto-; y cuando en el verano de 1925 no quise irme con ella a Letonia, y [en el] invierno no quise comprometerme a esperar-la en Berlín. No se trataba únicamente de consideraciones de tipo económico, ni tampoco de mi fanática manía de viajar, que en los dos últimos años ha disminuido; fue también por temor a elementos hostiles en ella que sólo hoy me siento capaz de afron-tar. Le tlije también que si ent0nces nos hubiéramos ligado el uno al otro, no sabría si ahora no haría ya tiempo que nos ha-bríamos separado. Todo lo que sucede dentro y fuera de mí tiene como consecuencia el que la idea de vivir separado de ella me resulte menos soportable de lo que hasta ahora me había pareci-do. Esto, por supuesto, está determinado sobre todo por el temor de que más adelante, cuando Asia se ponga bien y viva aquí en una relación más afianzada con Reich, sólo pueda chocar, con grandes sufrimientos, contra los límites de nuestra relación. Y aún no sé si podría eludirla. Pues para separarme de ella total-mente no tengo ahora ningún motivo concreto, y eso [en el] caso de que fuese capaz de hacerlo. Lo que más me gustaría sería estar ligado a ella por un hijo. Pero lo que no sé es si, incluso hoy, podría enfrentarme a una vida con ella, con su asombrosa dureza y, pese a toda su dulzura, su desapego también. La vida en in-vierno 80 tiene aquí una dimensión más: el espacio se transforma

 

 

 

 

 

 

 

80       La vida en invierno ... a comprar algo: Ver: GS IV, 347: «In Moskau ... zu kimfen».

 

 

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literalmente, según haga frío o calor. Se vive en la calle como en una gélida sala de espejos; el cumplimiento de cualquier compro-miso o cualquier tipo de reflexión se hacen increíblemente difíci-les: para echar simplemente una carta en el buzón, uno necesita habérselo estado proponiendo durante medio día, y a pesar del rigor del frío constituye ya un logro de la fuerza de voluntad el entrar en una tienda a comprar algo. Salvo una gigantesca tienda de alimentación que hay en la Tverskaya donde se pueden ver magníficas comidas preparadas, que yo sólo conozco de las ilus-traciones de los libros de cocina de mi madre y que ni siquiera en los tiempos de los zares pudieron ser más opíparas, tampoco las tiendas están hechas para quedarse en ellas. Además de ser muy provincianas 81 • Es m u y raro encontrar letreros donde aparezca bien legible el nombre de la empresa, tan corrientes en las calles principales de las ciudades occidentales; la mayoría de las veces sólo consignan el tipo de producto y, en ocasiones, en ellos apa-recen pintados relojes, maletas, botas, pieles, etc. En las tiendas de cuero, también aquí aparece dibujada, sobre un letrero de hojalata, la tradi[ci]onal piel extendida. Las camisas están pinta-das normalmente en una placa en la que pone «Kitaiskaya Pra-cheshnaya)): lavandería china. Se ve 82 a muchos mendigos supli-cando con largos discursos a los viandantes. Cada vez que pasa a su lado un transeúnte del que espera recibir algo, uno de ellos inicia un tenue lloriqueo. Vi también a un mendigo en actitud idéntica a la del infeliz al que San Martín le corta con la espada la mitad de su capa: arrodillado y con un brazo extendido. Poco antes de Navidad había en la Tverskaya dos niños sentados en la nieve, siempre en el mismo sitio, junto al muro del Museo de la Revolución, cubiertos de andrajos y gimoteando. Una expresión de la invariable miseria de estos mendigos, aunque también es posible que sea el resultado de una sabia organización, es, por otra parte, el que sólo sean de fiar los que están delante de todas las instituciones moscovitas, manteniéndose siempre en su sitio. Pues, por lo demás, aquí todo está bajo el signo de la remonta 83 • En las desnudas habitaciones, los muebles se cambian de lugar

 

 

 

81       Ademds de ser... pieles. etc.: Ver: GS IV, 340: «Hier gibt... den Firmenna-men».

 

8 2 Se ve ... con que éste se paga (marc.): Ver: GS IV, 324: «Lange flehende ... sie wimmertem>. 325: «1m übrigen ... alles verschiebt»; 325: «Diese erstaunliche ... ist russisch>>: 328: «Ailwóchentlich werden ... zu vertreibem>.

 

8 3 Remonta: reparación,  renovación  general.

 

 

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todas las semanas; éste es el único lujo que uno puede permitirse con ellos, y es también, al mismo tiempo, un medio rad!cal para alejar de la casa el «calor hogareño» junto con la melancolía con que éste se paga. Los organismos oficiales, los museos y los insti-tutos están constantemente cambiando de emplazamiento, y también los vendedores callejeros aparecen cada día en un lugar diferente al que les ha sido destinado. Todo 84 : crema de zapatos, libros ilustrados, objetos de escritorio, tartas y pan, e incluso pañuelos, se vende en plena cal1e, como si en vez de un invierno moscovita de 25° bajo cero reinase un verano napolitano. Por la tarde, en la habitación de Asia, dije que quería escribir sobre teatro en la revista Literarische Welt. Tuvimos una breve discu-sión, pero luego le pedí que jugase conmigo al dominó. Y final-mente dijo: «Bueno, si me lo pides ... Me encuentro muy débil. No puedo negarme a nada que se me pida.» Pero después, cuan-do llegó Reich, Asia volvió a referirse nuevamente a aquel asun-to, produciéndose un altercado muy violento. Sólo antes de mar-charme, cuando me levanté de un rincón junto a la ventana para seguir a Reich a la calle, Asia me cogió por fin la mano y me dijo: «No es tan grave ... » Por la noche, todavía discutimos breve-mente acerca de ello en mi habitación. Luego, él se fue a casa.

 

 

21  DE DICIEMBRE

 

Recorrí todo el Arbat hasta llegar al mercado que está junto al bulevar Smolensk. Hacía mucho frío aquel día. Mientras ca-minaba fui comiendo chocolate que me había comprado por el camino. La primera hilera del mercado 85, que se extendía a-lo largo de la calle, estaba llena de tenderetes navideños y de pues-tos de juguetes y papelería. Detrás vendían artículos de ferretería y para el hogar, zapatos, etc. Se parecía un poco al mercado de la Arbatskaya Plóschtad, sólo que aquí, me parece, no había pro-ductos de alimentación. Pero antes siquiera de alcanzar los ten-deretes, el camino está orlado de cestos de comida, de adornos _para los árboles y de juguetes, tan pegados unos a otros, que es casi imposible acceder a la acera desde la calzada. En un tendere-

 

 

84       Todo: crema de zapatos ... verano napolitano: Ver: GS IV, 320: «Schuhcrem und ... neapolitanischer Sommem.

 

85       La primera hilera ... desde/a calzada (marc.): Ver: GS IV, 321: «Der Stras-senhandel... der Alteisenhándlem.

 

 

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te compré una postal kitsch; en otro sitio, una balalaika y una casita de papel. También aquí me encontré calles con rosas de Navidad, grupos de flores heroicas que irradian una luz muy intensa de nieve y hielo. Me fue difícil, cargado como iba, encon-trar el Museo del Juguete. Lo habían trasladado del bulevar Smolensk a la Ulitsa Krapotkina 86 , y, cuando por fin lo encon-tré, me sentía tan agotado que casi estuve a punto de darme media vuelta en el umbral: pensé que la puerta, que no cedió de inmediato, estaba cerrada. Por la tarde, con Asia. Por la noche, a una obra muy mala (Alejandro 1 e Iván Kusmich) en el Teatro Korsh 87 . El autor descubrió a Reich en un descanso -dijo que el protagonista de su obra estaba emparentado espiritualmente con Hamlet-, y sólo a duras penas logramos escaparnos de los últimos actos burlando su vigilancia. Después del teatro creo re-cordar que aún compramos comida. Reich durmió en mi habi-tación.

 

 

 

22 DE DICIEMBRE

 

En mis conversaciones con Reich descubro cosas importan-tes. Por la noche, con frecuencia hablamos largo rato acerca de Rusia, del teatro y del materialismo. Reich está muy desencanta-do de Plejanoff. Traté de exponerle la oposición existente entre la forma de representación materialista y la universalista. La uni-versalista es siempre idealista, dado que no es dialéctica. Pues la dialéctica avanza necesariamente en unadirección tal, que cada tesis o antítesis con la que se encuentra la vuelve a representar como una síntesis de estructura triádica, penetrando por este camino, cada vez más, en el interior del objeto, y representando al universo únicamente en él mismo. Cualquier otro concepto de universo carece de objeto, es idealista. Traté también de demos-trar el carácter no materialista del pensamiento de Plejanoff por el papel que en él desempeña la teoría apoyándome en una opo-sicion entre teoría y método. En su afán de representar lo gene-ral, la teoría flota por encima de la ciencia, mientras que lo ca-racterístico del método es el que todo estudio general de principio vuelve a encontrar de inmediato un objeto que le es

 

 

86       Calle.

 

87       Temro Korsh: teatro fundado por Fedor Korsh ( 1852-1923); incorporado de 1925 a 1926 a la red de teatros nacionales; cerrado en 1932.

 

 

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propio. (Ejemplo del estudio. de la relación entre los conceptos de tiempo y espacio en la teoría de la relatividad.) En otra ocasión hablamos del éxito como criterio decisivo para el escritor «me-diano» y de la estructura peculiar de la «grandeza» en los gran-des escritores: son «grandes>> porque su influjo es histórico, y no al contrario, porque a través de su poder relativo posean un in-flujo histórico. Sobre el hecho de que a estos «grandes» escritores sólo se les vea a través de las lentes de los siglos, que se dirigen a ellos ampliando y coloreando. Y también: sobre cómo esto pro-picia una actitud absolutamente conservadora frente a las autori-dades, actitud conservadora que justamente sólo puede explicar-se sobre la única y exclusiva base del materialismo. En otra ocasión habiamos de Proust 88 (yo le leí algo de la traducción); luego, sobre política cultural rusa: el «programa educativo» para los obreros, partiendo del cual se les intenta hacer llegar toda la literatura universal; el abandono de los escritores de izquierdas, que en los tiempos del comunismo heroico desempeñaron el pa-pel rector; el fomento del arte rústico reaccionario (la exposición de la Acher) 89 . Todo ello me volvió a parecer muy actual des-pués de ir con Reich ese día por la mañana a la oficina de la Enciclopedia. Este proyecto deberá estructurarse en treinta o cuarenta tomos, reservando uno en exclusiva para Lenin. Senta-do tras su escritorio (cuando [fuimos] por segunda vez; nuestra primera visita resultó fallida) había un joven muy agradable al que Reich me presentó ponderándole mis conocimientos. Cuan-do luego le expuse el esquema de mi «Goethe», no tardó en ponerse de manifiesto su inseguridad intelectual. Algunos aspec-tos de este esbozo le intimidaron y finalmente acabó por pedirme una semblanza de tinte sociológico. Aunque, en el fondo, no es posible caracterizar la vida de un poeta desde el punto de vista materialista, sino sólo su influencia histórica. Pues, haciendo abstracción de su influencia sobre las generaciones posteriores, la

 

 

 

88       Pro11.1L. 1raducción: según se infiere de su correspondencia con la editorial Die Schmiede. Benjamín estaba trabajando en ese momento en la traducción del tercer volumen de «A la recherche du temps perdu» (Le cúlé de Guerrnames). Anteriormente. Benjamín ya habia realizado la traducción del segundo tomo (A /'umbre des wunes tilles en (leurs. conjuntamente con Franz Hessel) y del cuarto

(Sudome er .Gumorrhe).  .

 

89       Acher: Asociación de Artistas de la Rusia Revolucionaria ACHRR (Asso-ciaciia chudozhnikov revolucionnoi Rossii). La ACHRR ( 1922-1932) se conside-ra la sucesora de los «pintores ;¡mbulantes» ( 1870-1923). Luchó contra el forma-lismo y defendió una pintura de genero realista-naturalista.

 

 

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existencia, e incluso la mera obra temporal de un artista, no ofrece objeto alguno de estudio al análisis materialista. Probable-mente nos encontramos aquí también ante la misma universali-dad e inmediatez carentes de método que caracteriza a los plan-teamientos completamente idealistas y metafísicos de la Intro-ducción al materialismo histórico de Bujarin 90 • Por la tarde, con Asia. En su habitación está últimamente una comunista judía que le cae muy bien y con la cual habla mucho. A mí, su presencia me resulta menos agradable, pues ahora, aunque no esté Reich, tam-poco puedo hablar ya a solas con Asia. Por la noche, en casa.

 

 

23 DE DICIEMBRE

 

Por la mañana estuve en el Kustarny Museum 91 • De nuevo pude ver juguetes muy bonitos; la exposición está organizada aquí también por el director del Museo del Juguete. Lo más bonito son, tal vez, las figuras de cartón piedra. Se encuentran a menudo sobre un pequeño pedestal, que puede ser bien un dimi-nuto organillo al que se puede hacer girar, bien un plano inclina-do que, al presionarlo, emite un sonido. También hay figuras muy grandes de esta misma pasta que representan a personajes ligeramente rayanos en lo grotesco y que pertenecen ya a un período de decadencia. En el museo había una chica muy simpá-tica y pobremente vestida conversando en francés sobre los ju-guetes con dos niños de los cuales era institutriz. Los tres eran rusos. El museo tiene dos salas. En la mayor, donde están los juguetes, hay también muestras de trabajos en madera lacada, y tejidos; en la pequeña, tallas antiguas en madera [y] cajas en forma de patos u otros animales, herramientas, etc., así como trabajos de forja. Fracasé en mi intento de encontrar alguno~ objetos del carácter de los juguetes antiguos que hay en el alma-.. cén alojado abajo, en una sala muy grande aneja al museo. Pero en él pude ver también el mayor depósito de adornos para el árbol de Navidad que he visto nunca. Luego estuve en el Institu-to de la Kameneva a buscar entradas para Lies 92 , encontrándo-

 

 

. 90 Nicolai Bujarin ( 1888-1938). presidente de ·la Komintern entre 1926 y 1930. redactor jefe de l::vestia. Teorfa del materialismo histlirico ( 1922).

 

91 Museo de Artes Aplicadas.

 

92       Les (El bosque). drama de Aleksandr Ostrovski ( 1823-1886 ). La puesta en escena de Mayerhold a la que asistió Benjamin fue estrenada el 19 de enero

de 1924.·

 

 

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me con Basseches 93 • Anduvimos un trecho juntos, y ya eran las tres y media cuando por fin llegué al Dom Gerzena. Reich llegó todavía más tarde, cuando yo ya había acabado de comer. Volví a pedir café, como ya había hecho en otra ocasiqn, y me juré no volver a probarlo. Por la tarde hubo una partida de dominó, a cuatro, jugando yo con Asia por primera vez y ganando brillan-temente a Reich y a la compañera de habitación. Con ésta me encontré yo luego en el Teatro Meyerhold mientras Reich iba a la sesión de la «Vapp». Para entenderse conmigo estuvo hablando en yiddish. Con algo más de práctica, la cosa hubiera funciona-do, pero, de momento, no me sirvió de mucho. La velada me fatigó bastante, pues ya fuese por un malentendido, o también, posiblemente, debido a su impuntualidad, llegamos demasiado tarde, por lo que el primer acto lo tuvimos que ver de pie, en las gradas. A esto se añadía el ruso. Asia no se durmió hasta que no llegó su compañera de habitación. Aunque luego, según me con-tó al día siguiente, la respiración regular de ésta la había hecho dormirse. La famosa escena de la armónica en Lies 94 es real-mente muy bella, pero la imagen que me había formado de ella a partir del relato de Asia era ya tan maravillosamente sentimental y romántica, que necesité algún tiempo para familiarizarme con la realidad escénica de este episodio. La obra, por lo demás, está llena de las ideas más maravillosas: la interpretación del come-diante excéntrico que pesca con caña, creando la ilusión de los coletazos del pez con la mímica de las contracciones de la mano; la escena de amor que tiene lugar en los pasos de gigante y toda la actuación sobre la pasarela que va desde un andamio al esce-nario. Por primera vez entendí claramente la función de la dispo-sición constructivista de la escena, y de una forma mucho más clara que cuando Tairoff 95 actuó en Berlín, por no hablar de lo que había visto, por ejemplo, en fotografía.

 

 

 

 

 

 

 

93       Nikolaus Basseches ( 1895-1961 ). ingeni~ro y periodista ruso.

 

94       En la versión original de Les no hay ninguna «escena de la armónica>>. La escena digna de tal nombre surgió como resultado de la adaptación de Meyer-hold. Con independencia de la adición de la armónica. esta escena responde a la

 

que tiene lugar entre Piotr y Axinia (acto 4. 0 •  escena 5. 3 ).

95 La compañía teatral de Tairov actuó  en Berlín en 1923.

 

 

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24 DE DICIEMBRE

 

Algo acerca de mi habitación. Todos los muebles llevan una chapa en la que pone: «Hostelería de Moscú», y luego, el núme-ro del inventario. Todos los hoteles pertenecen a la administra-ción estatal (¿o, tal vez, municipal?). Las ventanas dobles de mi habitación, ahora, en invierno, están hermetizadas con masilla. Sólo se puede abrir una trampilla que hay en lo alto. El pequeño lavabo es de chapa, esmaltado por debajo y muy pulido por arri-ba, y con un espejo. La pila tiene un desagüe en el fondo que no se puede tapar. Hay un grifo del que sale un hilillo de agua. La pieza se caldea desde fuera de ella, pero, debido a un especial emplazamiento de la habitación, también está caliente el suelo, por lo que, cuando el frío es moderado y el ventanuco está cerra-do, el calor se hace agobiante. Por la mañana, antes de las 9, cuando ya han encendido la calefacción, un empleado llama siempre a la puerta preguntando si está cerrada también la tram-pilla. Es lo único de lo que uno puede estar aquí seguro. El hotel no tiene cocina, por lo que ni siquiera se puede pedir una taza de té. Y una vez que pedimos que nos despertasen, la víspera del día en que fuimós a ver a Daga, entre el schweitzer *(este es el nom-bre ruso de los empleados de hotel) y Reich tuvo lugar una con-versación shakespeariana sobre el tema «despertar». A la pregunta de si nos podrían despertar, el hombre respondió: «Si pensamos en ello, les despertaremos. Pero si no pensamos en ello, no les despertaremos. La verdad es que, por lo general, solemos pensar en ello; y entonces despertamos. Pero claro, a veces nos olvida-mos; cuando no pensamós en ello 96 . Y entonces no desperta-mos. No tenemos obligación de hacerlo, pero si nos acordamos a tiempo, pues lo hacemos. ¿Cuándo quieren que les despertemos? A las siete. Lo apuntaremos. Aquí dejo la nota, como pueden ver; ¿la verá él? Porque, si no la ve, lógicamente no le despertará. Pero la mayoría de las veces despertamos.)) Al final, lógicamente, no nos despertaron, diciéndonos después: «Es que como ya esta-ban Vds. despiertos, ¿cómo les íbamos a despertar?)) Parece que en el hotel hay un montón de «suizos)) así. Se alojan en un cuartito de la planta baja. Hace poco, Reich preguntó si había llegado alguna carta para mí. El hombre dijo que no, a pesar de

 

 

96       Cuando no pensamos..: p11es lo hacemos: Ver GS IV, 329-330: «Einmal muss ich ... wecken wir ja».

 

*«Suizo», en alemán  [N.  de la  T.].

 

 

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tener las cartas delante de sus narices. Otra vez alguien trató de localizarme por teléfono en el hotel, le dijeron: «Ya no vive aquí.» El teléfono está en el pasillo y desde la cama puedo oír a menudo conversaciones en voz alta hasta pasada la una de la madrugada. La cama tiene un gran hoyo en el medio y cruje al menor movimiento. Teniendo en cuenta que Reich ronca a me-nudo por la noche tan fuerte que me despierta, me resultaria muy difícil dormir si no fuese porque siempre me acuesto muer-to de cansancio. A la hora de la siesta suelo quedarme aquí dor-mido. La cuenta hay que pagarla a diario, pues a toda suma que pase de los 5 rublos se le carga un impuesto del 10%. Es obvio el increíble derroche de tiempo y energías que esto supone. Reich y Asia se habían encontrado en la calle y llegaron juntos. Asia se sentía mal y había cancelado su cita con Birse para la noche. Querían quedarse en mi habitación. Ella se había traído la tela y salimos. La llevé a la modista antes de ir a! Museo del Juguete. De camino, entramos en una relojería. Asia entregó mi reloj. El relojero era un judío que sabia alemán. Después de despedirme de Asia tomé un trineo para ir al museo. Temía llegar demasiado tarde, pues aún no me he acostumbrado a la noción que los rusos tienen del tiempo. Visita al museo acompañado de un guía. El director, tov. 97 Bartram, me regaló su obra Del juguete al teatro

 

.infantil, que sería mi regalo de Navidad para Asia. fuego, a la Academia; pero Kogan se había ausentado. Me había apostado en la parada del autobús para regresar, cuando vi tina puerta abierta con el letrero de «Museo», no tardando en averiguar que me hallaba ante la «segunda colección del nuevo arte occiden-tal». Aquel museo no figuraba en mi plan de visitas, pero, como lo tenía delante, entré. Ante un CJJadro extraordinariamente be-llo de Cézanne me vino a la cabeza la idea de hasta qué punto es incluso lingüísticamente erróneo el uso del término «Einfüh-lung» *.Me pareció que, por mucho que se abarque una pintura, no por ello se penetra en su espacio; sucede más bien que el espacio se expande primariamente en algunos puntos concretos y diferentes, abriéndosenos en ángulos y rincones donde creemos poder localizar importantes experiencias del pasado; en esos puntos hay algo inexplicablemente conocido. Este cuadro se ha-

 

 

97 Abreviatura de tovarishch: compailero;camarada.

* Yocablo alemán utilizado en la estética. y comúnmente traducidb por «en-dopatía» o «empatía>>, para significar la participación afectiva de un sujeto en

algo exterior a él IN.        T.].    ·

 

 

 

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liaba en la pared central de la primera sala de las dos dedicadas a Cézanne, justo enfrente de la ventana, a plena luz. Representaba una carretera a través de un bosque. En uno de sus lados aparece un grupo de casas. No tan extraordinaria como la de Cézanne es la colección de Renoir de este museo. En ella hay, no obstante, cuadros muy beilos también, sobre todo de su primera época. Pero lo que más me impresionó de las primeras salas fueron, ante todo, dos cuadros de los bulevares de París, colgados uno frente al otro, como haciendo juego. El uno es de Pissarro, y el otro, de Monet. Ambos representan la ancha calle desde un lugar elevado que, en el primero, se sitúa en el centro y, en el segundo, en un lateral. La posición es tan lateral, que las siluetas de dos señores asomados a la calle tras las rejas de un balcón se introdu-cen lateralmente en el cuadro como si estuviesen casi pegados a la ventana desde la cual se está pintando. Y mientras que la mayor parte de la superficie del cuadro de Pissarro aparece cu-bierta por el gris del asfalto, transitado por un gran número de carruajes, en el de Monet está ocupada en su mitad por la pared luminosa de una casa que resplandece entre árboles de color amarillo otoñal. Al pie de la casa, casi tapadas enteramente por el follaje, se adivinan las sillas y mesas de un café, que parecen muebles rústicos en medio de un bosque soleado. Pero Pissarro refleja lo que da fama a París, la línea de los tejados cubiertos de chimeneas. Sentí su nostalgia de esta ciudad. En un gabinete de la parte posterior, junto a dibujos de Louis Legrand y de Degas, un cuadro de Odilon Redón. Tras el viaje en autobús comenzó un largo vagar hasta alcanzar, una hora después de lo acordado, la tabernita donde me había citado con Reich. Como ya eran cerca de las cuatro tuvimos que separarnos en seguida, quedando en encontrarnos en la gran tienda de alimentación de la Tverska-ya. Sólo faltaban unas horas para la Nochebuena, y la tienda estaba abarrotada de gente. Cuando estábamos comprando ca-viar, salmón y fruta, nos encontramos con Basseches, cargado de paquetes. De un humor muy bueno. El de Reich, en cambio, era malo. Estaba muy enfadado por mi retraso, y el pez chino de papel que había comprado por la mañana en la calle y que me veía obligado a arrastrar conmigo, junto con todas las otras co-sas, como testimonio de mi manía de coleccionar no sirvió preci-samente para ponerle de mejor humor.' Al final habíamos com-prado también tarta y dulces, así como un arbolito adornado con lazos, y con todo ello me fui a casa en trineo. Ya hacía rato que había anochecido. El avanzar por entre tanta gente, cargado con

 

 

 

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el árbol y con los paquetes, me había fatigado. Ya en mi habita-ción, me eché en la cama, leí a Proust y comí nueces azucaradas de las que habíamos comprado porque le gustan a Asia. Pasadas las siete llegó Reich, y algo más tarde Asia. Se pasó toda la velada echada en la cama, y sentado en una silla, a su lado, Reich. [Cuando], después de mucho esperar, llegó también un samo-var 98 -al principio lo habíamos pedido inútilmente, pues, al parecer, un huésped los había encerrado todos en la habitación y se había marchado-, y cuando su murmullo me llenó con la sensacion de estar en una habitación rusa y pude contemplar, muy de cerca, el rostro de Asia, que estaba tumbada enfrente, sólo entonces, por primera vez desde hacía muchos años, sentí calor en la Nochebuena cerca del pequeño abeto metido en el tiesto. Hablamos del trabajo que Asia debería aceptar, y, luego, de mi libro acerca de la tragedia; leí con voz alta el prólogo, dirigido contra la Universidad de Francfort 99 • Para mi puede

 

 

 

98 Tetera tradicional rusa que se calienta con carbón        vegetal.

 

99 Como es sabido, Benjamin quería opositar a una cátedra de la Universidad de Francfort con su trabajo de investigación Ursprung des deutschen Trauerspie/s (Berlín, 1928), pero tuvo que retirar su trabajo ante su previsible rechazo. El prólogo de cuya lectura habla aqui Benjamin no es el «Erkenntniskritische Vo-rrede» del libro sobre la tragedia. sino una nota preliminar incluida en la versión impresa del libro que describe en forma de «cuento» del «espinoso» contacto de Benjamin con la «ciencia» institucionalizada:

 

«lch móchte ,das Marchen vom Dornróschen zum zweiten M ale erzahlen. Es schlaft in seiner Dornenhecke. Und dann, nach so und so viel Jahren wird

 

es wach.

Aber nicht vom Kuss eines glücklichen  Prinzen.

 

Der Koch hat es aufgeweckt, als er dem Küchenjungen die Ohrfeige gab, die, schallend von der aufgesparten Kraft so vieler Jahre, durch das Schloss hallte.

 

Ein schónes Kind schlaft hinter der dornigen Hecke der folgenden Seiten. Dass nur kein Glücksprinz im blendenden Rüstzeug der Wissenschaft ihm

nahe kommt. Denn im brautlichen Kuss wird es zubeissen.

 

Vielmehr hat sich der Autor, es zu wecken, als Küchenmeister selber vorbe-halten. Zu lange ist schon die Ohrfeige fallig, die schallend durch die Halle der Wissenschaft gellen sol!. Dann wird auch diese arme Wahrheit erwachen, die am altmodischen Spinnrocken sich gestochen hat, als sie, verbotnerweise, in der Rumpelkammer einen Professorentalar sich zu weben gedacht.» (Briefe, 418).

 

[Desearía contar, por segunda vez, el cuento de la Bella Durmiente.

· Duerme en su seto de zarzas. Y luego, al cabo de equis años,  se despierta.

 

Pero no la despierta el beso de un príncipe feliz.

 

La ha despertado el cocinero al darle al pinche la sonora bofetada que retum-bó por todo el palacio con la fuerza acumulada durante tantos años. Una hermo-sa criatura duerme tras el seto espinoso de las páginas siguientes.

Que no se le acerque ningún príncipe azul pertrechado con las deslumbrantes armas de la ciencia. Pues, al darle el beso, le ha de clavar los dientes.

 

 

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llegar a ser Importante el que Asia diJera que, a p ... -:.u de todo, tengo que escnb1r: rechazado por la Umversidad de ~rancfort del

 

Meno. Esa noche nos sentimos muy umdos. Asia se nó mucho de algunas cosas que le dije. Y otras, tales como la idea de escri-bir un artículo sobre la filosofía alemana como instrumento de la política interior de Alemania, la animó a manifestar Impetuosa-mente su conformidad. No acababa de decidirse a marchar; se sentía bien y cansada. Pero finalmente se fue cuando aún no eran las once. Yo me acosté en seguida, pues, a pesar de haber sido tan breve, mi noche estaba cumplida. Comprendí que la soledad no existe para nosotros cuando la persona que amamos está también sola, aunque se encuentre en un lugar diferente donde no podemos alcanzarla. Parece, pues, que en el fondo el sentimiento de soledad es un fenómeno reflexivo que sólo nos afecta cuando refleja sobre nosotros a personas conocidas - la mayoría de las veces, a personas que amamos- divirtiéndose en compañía de otros. sin nosotros. E mcluso el que está solo en la vida, sólo lo está al pensar en la muJer, aunque sea desconocida, o en una persona que no está sola y en cuya compañía tampoco se encuentra él.

 

 

 

 

25 DE DICIEMBRE

 

Me he resignado a arreglármelas con el poco ruso que soy capaz de chapurrear y a no segmr estudiándolo de momento, pues necesito demasiado mi tiempo aquí para otras cosas: para traducir y para escribir artículos. Si vuelvo otra vez a Rusia, no podré hacerlo sin algunos conocimientos linguísticos que habría de adquirir previamente. Pero como de momento no estoy pla-neando ninguna ofensiva para el futuro, aún no tengo plena se-guridad de ello: en otras circunstancias todavía más desfavora-bles que las presentes, tal vez me resultase demasiado difíciL Un segundo viaje a Rusia debería cimentarse, por lo menos, en un contexto literario y económico. El desconocimiento del ruso nunca me había resultado tan molesto y torturante como el día

 

 

 

 

Es, antes b1en, el autor quien. como Jefe de cocma, se ha reservado para s1 el derecho de despertarla Ya va siendo hora de que la bofetada resuene por las estancias de la nenc1a. Entonces despertara tamb1en esa pobre verdad que se pmcho con la anticuada rueca cuando se d1spoma. mdeb1damente. a teJerse en el desvan un talar profesora!.)

 

 

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áe Navidad.  Estuvimos comiendo en  casa de la compañera  de

· habitación de Asia: yo había dado el dinero para comprar un ganso. Jo cual había sido, uno~ días antes, motiv? de disputa 'éntre Asia y yo. Por fin nos traJeron el ganso, servido ya en los platos, en raciones individuales. Estaba mal cocido, duro. Comi-mos en un escritOJio en torno al cual nos encontrábamos unas seis u ocho personas. No hablaban nada más que ruso. La entra-aa, un pescado frío al estilo judío, estuvo muy buena, y también

 

.la sopa. Después de comer, yo me retiré a la habitación contigua

 

.y me dormí. Luego permanecí aún despierto un rato, echado en ·'el sofá, sintiéndome muy triste; como luego me ha sucedido con tanta frecuencia, se me aparecieron imágenes de la época en que, siendo estudiante, me marché de Múnich a Seeshaupt. Más tar-de, Reich y Asia intentaron traducirme, en ocasiones, retazos de la conversación. pero eso sólo sirvió para hacer que me sintiera ·doblemente fatigado. Hablaron durante un rato 100 de un general que había pertenecido en otro tiempo a la Guardia Blanca y que

 

.mandó ahorcar a todos los soldados del Ejército Rojo que había hecho prisioneros en la guerra civil, y que ahora era profesor en la Academia Militar. Discutieron acerca de cómo habría'que juz-·gar e~to. La más ortodoxa y fanática a lo largo de la conversación ·fue una joven búlgara. Por tin nos marchamos: Reich, •delante, con la búlgara, seguidos por Asia y por mí. Y o estaba completa-mente agotado. Ese día no había tranvías. Y como nosotros, Reich y yo, no podíamos ir con ellas en autobús, no nos quedó :otro remedio que hacer a pie el largo trayecto hasta el segundo ?Michad 101 . Reich quería ver la Orestfada para completar su ma-rterial acerca de «La contrarrevolución en la escena>>. Nuestras localidades se hallaban en el centro de la segunda fila. Nada más ·entrar en la sala. percibí olor a perfume. No vi a un solo comu->nista con blusón azul. y sí a algunos que podrían encontrar aco-gida en cualquier álbum de George Grosz. La obra respondía "enteramente al estilo de un teatro cortesano completamente apo-clíllado. El director carecía no sólo de toda posible capacidad pro-fesional. sino también de la reserva más elemental de mforma-ción imprescindible para abordar una tragedia de Esquilo. Su

 

escasa  imaginación parece  estar  ocupada  enteramente  por  un

 

.l

 

 

.. ~00 Hahlaron durante un ralo   de la Guard1¡1 Blanw  Ver  ¡,,\  IV,  126  ;<So

wurde Um~tande hangen»

.~·~ 101 El segundo estudiO del Teatro Academtco de Artt~ta~ de M<l\lU (Mo\"-ovs-ki ChudozheMvennyl Teatr. abrevmdo como MCHA 1)

 

 

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descolorido helenismo de salón. La música sonó casi ininterrum-pidamente, predominando, entre otras cosas, Wagner: Tristán, el fuego mágico.

 

 

26 DE DICIEMBRE

 

La estancia de Asia en el sanatorio parece tocar a su fin. El haber estado tumbada al aire libre durante los últimos días, le ha sentado bien. Le encanta estar echada dentro del saco y oír los graznidos de los cuervos en el aire. Está convencida de que los pájaros están perfectamente organizados, siendo informados por su jefe de lo que han de hacer; dice que ciertos graznidos precedi-dos de una larga pausa son las órdenes que todos han de obede-cer. En los últimos días, apenas he podido hablar a solas con Asia, pero en las escasas palabras que intercambiamos creo sen-tirla tan unida a mí, que me siento tranquilizado y bien de áni-mo. Apenas sé de nada que ejerza un efecto tan intensamente curativo sobre mí como las preguntas más insignificantes que ella me hace acerca de mis asuntos. Cierto es que no lo hace muy a menudo. Pero aquel día, por ejemplo, quiso saber en mitad de la comida, durante la que, por lo demás, sólo se habló ruso, qué cartas había recibido el día anterior. Antes de comer habíamos jugado al dominó, formando tres equipos. Después de la comida, la cosa marchó, sin embargo, mucho mejor que el día anterior. Cantaron adaptaciones comunistas (aunque apenas se trataba de parodias, como yo creí) de canciones en yiddish. Parece que, excepto Asia, todos los que nos encontrábamos en la habitación éramos judíos. Había también un secretario sindical de Vladivos-tok que había venido aquí, a Moscú, para asistir al VII Congreso Sindical. En torno a la mesa se había reunido, pues, toda una colección de judíos, desde Berlín hasta Vladivostok. A Asia le. llevamos a casa antes de la hora. Luego invité a Reich a tomar una taza de café antes de ir a casa. Éste empezó a decir que cuanto más mira a su alrededor, más le parece que los niños son como una gran plaga. En casa de la camarada estaba también de visita un niño pequeño, muy obediente, por cierto, pero que al final, cuando estábamos todos jugando al dominó y ya llevába-. mos dos horas esperando la comida, se había puesto. a-llorar. Pero en quien Reich pensaba en realidad era en Daga. Habló de las angustias crónicas de Asia, relacionadas con Daga la mayoría de las veces, y volvió a referirme toda la historia de su estancia en

 

 

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Moscú. Y o ya había admirado frecuenteménte su gran paciencia en el trato con ella. Y lo que ahora manifestaba no era ninguna clase de disgusto o resentimiento, sino simplemente la tensión acumulada, de la cual se descargó en su conversación conmigo. Lamentaba que, justamente ahora, cuando para ella todo depen-de de dejar que las cosas sigan su curso y ver qué pasa, el «egoís-mo» de Asia fallara. La inquietud por su futura residencia, la idea del traslado que posiblemente tendria que afrontar, era algo que la atormentaba. En el fondo, sus aspiraciones actuales se centran en unas semanas de tranquila y cómoda existencia bur-guesa que, lógicamente, tampoco Reich le puede proporcionar en Moscú. La verdad es que yo no había notado su inquietud. No la percibirla hasta el día siguiente.

 

 

27 DE DICIEMBRE

 

La habitación de Asia en el sanatorio. Estamos allí casi a diario desde las cuatro hasta la siete. Generalmente, hacia las cinco, una paciente se dedica a tocar la cítara en una habitación vecina durante una o media hora. Nunca toca otra cosa que unos tristes acordes. La músicá no está nada a tono con esas frias paredes. Pero a Asia no parece molestarle demasiado ese punteo tan monótono. Cuando llegamos, ella suele estar, normalmente, echada en la cama. Frente á ella, sobre una mesita, hay leche, pan y un plato con azúcar y huevos, que, por lo general, compar-te con Reich. Este día le dio uno para mí, escribiendo en él «Benjamín». Encima del vestido, Asia lleva una bata del sanato-rio de lana gris. Por lo demás, en la parte más confortable de la habitación, reservada a ella, hay tres sillas de diferentes tipos, entre las cuales se encuentra el sillón hondo en el que suelo sentarme casi siempre, y también una mesita de noche con revis-tas, libros, medicamentos, un pequeño cuenco de colores, proba-blemente suyo, la cold cream que le traje de Berlín, un espejo de mano que le regalé en una ocasión y, durante algún tiempo, también estuvo encima el esbozo para la cubierta de Einbahn-strasse que me hizo Stone. Asia trabaja a menudo en una blusa que quiere confeccionarse sacando hilos de una tela. Focos lumi-nosos de las calles moscovitas 102 . Son: la nieve. que refleja la

 

 

102     Focos luminosos de las . . para desplazarse (marc.): Ver: GS IV. 319: «Aber in Moskau ... durchs Dunkeb>.

 

 

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iluminación hasta tal punto, que casi todas las cailes tienen clari-dad; las potentes lámparas de carburo de los tenderetes y los faros deslumbrantes de los automóviles, que emiten su luz por las calles hasta cientos de metros de distancia. En otras grandes ciudades, los coches tienen prohibido llevar estas luces: aquí no se les ocurre nada más atractivo que esta acentuación tan desca-rada de los pocos vehículos que, puestos al servicio de algunos «Nep» (y, por supuesto, también de los gobernantes), superan la dificultad general para desplazarse. Sobre este día son pocas las cosas importantes que reseñar. Por la mañana, trabajando en casa. Después de comer estuve jugando con Reich al ajedrez; me venció en dos partidas. Este día, Asia estaba de peor humor,

 

poniéndose de manifiesto mucho más claramente de lo que yo había podido observar hasta entonces esa agudeza malévola que ha de hacer tan convincente su interpretación de Hedda Gabler. Ni siquiera toleró la menor pregunta sobre su estado de salud. Al final no quedó otro remedio que dejarla sola. Pero nuestra espe-ranza -mía y de Reich- de que nos siguiera para jugar al dominó no se cumplió. En vano nos dábamos la vuelta cada vez que entraba alguien en la sala de juegos. Después de la partida volvimos a su habitación, pero yo no tardé en regresar a la sala de juegos con un libro, para no reaparecer sino hasta poco antes de las siete. Asia me despidió de un modo muy desagradable, pero luego me mandó, por medio de Reich, un huevo en el que había escrito «Benjamin». Aún no hacía mucho que habíamos llegado a mi habitación, cuando entró ella. Su humor se había

 

transformado; volvía a ver las cosas de una forma más positiva y, sin duda, lamentaba su comportamiento de por la tarde. Pero, si doy un repaso general a los últimos tiempos, creo que su mejo-ría, al menos la del estado de sus nervios, apenas ha progresado desde que llegué. Por la noche, Reich y yo mantuvimos una larga conversación acerca de mi actividad literaria y sobre el rumbo que había de tomar en el futuro. Me dijo que yo acabo las cosas en un estadio demasiado tardío. Dentro del mismo orden de cosas expresó con mucho acierto la idea de que, en la literatura importante. la proporción entre el número de frases y la cantidad de frases sustanciales y pregnantes formuladas es. aproximada-mente. de 1:30; en .mi caso, de 1:2. Todo eso es cierto. (Y esto último tal vez sea el residuo de la fuerte int1uencia que en otro tiempo ejerciera Philipp Keller sobre mí 101 .) Tuve. sin embargo,

 

 

101 Benjamín conocía a Philipp Keller de sus tiempos de· estudiante en Fribur-

 

 

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que oponerle algunas ideas de las que nunca he dudado desde que escribiera, hace ya tanto tiempo, aquel trabajo sobre «Spra-che überhaupt und die Sprache des Menschen)) 104 *: le llamé la atención sobre la polaridad de toda entidad lingüística: ser a un tiempo expresión y comunicación. Aquí hubo de salir a colación lo que tantas veces hemos discutido acerca de la «destrucción de la lengua)) como una tendencia de la literatura rusa actual. Pues la formación despreocupada del comunicante respecto a la len-gua conduce necesariamente a su destrucción. Y, por otra vía, la exaltación a lo absoluto de su carácter expresivo acaba en algo parejo al silencio místico. La tendencia más actual de las dos me parece ser en este momento la dirigida a la comunicación. Pero, de alguna forma, siempre es necesario encontrar una fórmula de compromiso. Reconocí, no obstante, la situación crítica en que se encuentra mi propia condición de autor. Le dije que, dado que sólo me podrían hacer avanzar realmente tareas y dificulta-des concretas,. y no meras convicciones, ni tampoco qecisiones abstractas, en este sentido no veo ninguna salida. Aunque, en este punto, me llamó la atención sobre mis descripciori'es de ciu-dades. Esto fue para mi muy alentador. Empecé a pensar de una forma más optimista en una posible caracterización· de Moscú. Para concluir, le estuve leyendo mi retrato de Karl Kraus 105 , pues también habíamos estado hablando de él.

 

 

28 DE DICIEMBRE

 

Creo que en ninguna ciudad hay tantos relojeros 106 como en Moscú. Cosa tanto más extraña cuanto que la gente aquí no se

 

 

go. Acerca de su relación de entonces ver Brie(i!. 51-52: «lch bin der Gegenpol von Keller und befreie die Leute von ihm. nachdem ich mich selbst von ihm befreite. lch kann dies nur. weil ich ihn achte · als Kunstler (nicht als Bohémien

 

denn das ist er nicht)».                                                                  ' [Y o soy el polo opuesto de Keller, y libero a la gente de el después de haberme liberado de él yo mismo. Si lo puedo hacer es porque lo respeto· como artista (no

 

como bohemio. cosa que él  no es).]

104 «Sprache ziberhaup!  zmd die Sprache des Menschen.''·  Extenso trabajo' de

Benjamin sobre teoria del  lenguaje de \916. no publicado en  vida. (GS 11,  \40-

 

157).

*«La lengua en general y el lenguaje humano [.N de la T].

 

105     Ver el retrato escrito en 1926. «Krügerdenkmal)}, en Einbahnstrasse (GS IV, l21).

 

lOó Creo que ... alta aworidad: Ver:  GS IV, 329: <<Seit jeher... den Russen».

 

 

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toma el tiempo demasiado en serio. Pero deben existir razones históricas. Si se observa cómo se mueven por la calle, rara vez se verá a nadie con prisas; tendría que estar haciendo muchísimo frío. Andan en serpentinas por pura rutina. (Algo muy significa-tivo, según me contó Reich, es el que en un club haya un letrero en la pared en el que, a modo de advertencia, aparece lo siguien-te: Lenin dijo que el tiempo es dinero. Para expresar una banali-dad como ésa han tenido que recurrir, pues, a la más alta autori-dad.) Este día fui a recoger mi reloj, que ya estaba arreglado. Por la mañana nevó, y también cayó a menudo nieve a lo largo del día. Luego hubo algo de deshielo. Comprendo que Asia echase de menos la niéve cuando estaba en Berlín y que sufriera al ver el asfalto desnudo. El invierno va aquí cubierto de una espesa piel de nieve, del mismo modo que un campesino se cubre con la lana blanca de oveja. Por la mañana nos despertamos tarde y luego fuimos a la habitación de Reich, un trozo de casa pequeño-burguesa de las peores que uno pueda imaginarse. Apenas se puede respirar de la asfixia que produce el contemplar los cientos de pañitos, consolas, muebles tapizados y cortinas; el aire debe de estar lleno de polvo. En uno de los rincones de la ventana había un árbol de Navidad muy alto. Y hasta él era feo, con sus ramas descarnadas y un m u ñeco de nieve informe a modo de corona. El fatigoso camino desde la parada del tranvía y el susto que me produjo esta habitación me hicieron perder la visión de conjunto de la situación, llevándome a aceptar, de forma precipi-tada, la propuesta de Reich de irme a vivir con él a aquella habitación. Esas habitaciones pequeñoburguesas son como cam-pos de batalla por los que ha pasado, victoriosa, la devastadora embestida del capital mercantil, impidiendo que en ellas pueda desarrollarse nada que sea humano. Pero teniendo en cuenta mi inclinación por las cavernas, tal vez no me costase demasiado realizar mi trabajo en esta pieza. Habrá que plantearse la conve~ niencia de renunciar a la excelente posición estratégica de mi habitación actual o conservarla al precio, incluso, de reducir el contacto diario con Reich, tan importante para mí por la infor-mación que me proporciona. Anduvimos luego largo rato por las calles de las afueras: me quería enseñar una fábrica en la que producen principalmente adornos navideños. La «pradera de la arq uitectunm 107 , como Reich ha llamado a Moscú, tiene en estas

 

 

 

107     La <<pradera de la arquitecwra» ... de Lucca. por ejemplo (marc.): Ver: GS IV. 344: «In den Vorstadtstrassen ... das überwintert»: ver también p. 345.

 

 

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calles un carácter todavía más agreste q1,1e en el centro. A ambos lados de la amplia avenida, los edificios del estilo de las-casas rústicas de madera alternan con hotelitos modernistas o con la sombría fachada de una casa de seis plantas. La capa de nieve era muy alta, y de pronto se hizo un silencio tal, que uno podría haber creído hallarse en un pueblo del interior de Rusia pasando el inverno. Tras una hilera de árboles había una iglesia de cúpu-las azules y doradas, y, como siempre, con las ventanas del muro que da a la calle enrejadas. Las iglesias de aquí todavía conser-van, por cierto, en la fachada imágenes de santos como las que, en Italia, sólo se pueden ver ya en las más antiguas. (En la de Sto. Freginiano de Lucca 108, por ejemplo.) Casualmente, la obrera se había ausentado, por lo que no pudimos visitar la fábrica. Nos separamos muy pronto. Yo bajé por el Kusnetski-Most 109 mi-rando librerías. En esta calle se encuentra la librería más grande de Moscú (a juzgar por su aspecto). En los escaparates vi también literatura extranjera, pero a unos precios escandalosos. Los libros rusos puede decirse que, casi sin excepción, sólo salen al merca-do sin encuadernar. El papel, principalmente importado, es aquí tres veces más caro que en Alemania, y, por lo que vi, ahorran en la confección tipográfica de los libros~ Me compré en el camino -después de haber ido al banco a cambiar dinero- una empa-nada caliente de esas que venden por todas partes en la calle. No había dado nada más que unos pasos, cuando un niño se [me] vino encirna; le di un trozo una vez que pude entender que no era dinero lo que quería, sino pan. Al mediodía le gané a Reich la partida de ajedrez. La tarde, con Asia, tan insípida como todos estos últimos días; teniendo en cuenta que Asia se encuentra muy apática debido a sus angustias, cometí el gr_an error de de-fender a ·Reich de algunos reproches bastante necios. Me dijo que al día siguiente iría solo a ver a Asia. Por la noche, en cambio, pareció querer comportarse con mucha amabilidad. Ya se había hecho demasiado tarde para ir al ensayo general de la obra de Ilesh, tal como lo habíamos planeado, y, dado que Asia no vino ya, nos fuimos a ver un <<juicio>) 110al Club Krestanski 111 • Cuan-do llegamos allí eran las ocho y media, y nos dijeron que había empezado hacía ya una hora. La sala estaba repleta y no dejaban

 

 

 

108 San Frediano. construida en 1112 y 114 7.

I09 Kusnetski-Most: Puente de la Herrería.

110     Nos fuimos ... en el campo: Ver: GS IV, 342: «Bisweilen gibt... errichten, hin».

 

111     Krestanski-Ciub: club de campesinos (en la Plaza Trubnaya).

 

 

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entrar a nadie. Pero una mujer muy lista se aprovechó de mi presencia. Al darse cuenta de que yo era extranjero, nos presentó a mi y a Reich como a unos extranjeros con Jos que iba de guía, consiguiendo de esta manera un sitio para mí y para ella. Entra-mos en una sala tapizada de rojo, con capacidad para unas tres-cientas personas. Estaba llena a rebosar y muchos estaban de pie. En un nicho, un busto de Lenin. La vista tenía lugar en el estra-do del escenario. flanqueado a derecha y a izquierda por figuras de proletarios pintadas: un campesino y un obrero industrial. En la parte superior del marco del escenario, los emblemas soviéti-cos. Cuando entramos nosotros, ya había finalizado la proposi-ción de la prueba~ un perito había tomado la palabra. Estaba sentado con su compañero en una mesita. frente a la mesa del defensor. dando ambas hacia el lado más estrecho del escenario. La mesa del tribunal estaba cara al público, y sentada ante ella, en una silla, con un bastón muy grueso entre las manos. la acusa-da, una campesina. Todos ios actuantes iban bien vestidos. La acusación era de curanderismo con consecuencias mortales. La campesina había intervenido en un parto (o un aborto) causando por error el desgraciado desenlace. La argumentación se movía por derroteros sumamente primitivos en torno al incidente. El perito presentó su informe: la culpa de la muerte de la mujer sólo era imputable a la intervención. El defensor pronunció su alega-to de defensa: la no existencia de mala voluntad~ en el campo se carece de ayuda e información sanitarias. El fiscal pidió la pena de muerte. Última palabra de la campesina: la gente siempre se muere. A continuación, el presidente del tribunal se dirige al público: ¿alguna pregunta? Aparece en el estrado un komsomolz que aboga por un castigo muy severo. El tribunal se retira luego a deliberar; hay un descanso. La lectura de la sentencia la escuchan todos puestos en pie. Dos años de prisión por reconocerse la existencia de atenuantes. Razón por la que se prescinde del aisla-miento celular. El presidente, por su parte, alude a la necesidad de crear en el campo centros de previsión y educación higiénica. La gente se dispersa. Nunca hasta ese momento había visto con-gregado en Moscú a un público tan sencillo. Entre los asistentes había. probablemente, muchos campesinos, ya que este club se halla especialmente al servicio de los campesinos. Me enseñaron las dependencias. En la sala de lectura 112 me llamó la atención,

 

 

112 En la sala de lectura ..  en la ciudad: Ver:  GS .IV,  347:  <•.Auch  in  dem ...

Stadt bekommen haben».

 

 

ó4

 

al igual que en el sanatorio infantil, el,hecho de que las paredes estuviesen enteramente cubiertas de material visual, que aquí lo constituían, sobre todo, estadísticas elaboradas por los propios campesinos e ilustradas, en parte, con dibujitos de colores (cróni~ cas aldeanas, desarrollo agrario, estado de la producción e insti-tuciones culturales era lo que allí aparecía consignado), aunque también habían expuesto en todas las paredes piezas de herra-mientas y de maquinaria, retortas con productos químicos, etc. Movido P,Or la curiosidad me acerqué a una consola desde la que sonreían burlonamente dos máscaras de negros. Pero que luego, de cerca, resultaron ser mascarillas de gas. También me conduje-ron, por último, a los dormitorios del club. Éste ha sido pensado para el uso de campesinos y campesinas que, en grupos indivi-duales o en grandes grupos, hacen una kommandirovka 113 en la ciudad. En las habitaciones grandes hay, por lo general, seis ca-mas; por la noche, cada uno deja la ropa encima de la,suya. Los cuartos de aseo deben de estar en otro sitio. En las habitaciones mismas no hay lavabos. En las paredes hay fotos de Lenin, Kali-nin, Rykov y otros. El culto con fotos de Lenin 114 , en 'particular, llega aquí a extremos insospechados. En el Kusnetski-Most hay una tienda especializada en este artículo, siendo posible adquirir-lo en todos los tamaños, posturas y material. En la sala de recreo del club, donde en ese momento podía escucharse un concierto radiofónico, hay un cuadro en relieve, muy expresivo; en el que aparece un orador en tamaño natural, hasta la cintura,~Pero taro· bién en las cocinas, en los roperos, etc., de los centros públicos hay siempre alguna foto suya más modesta. El edificio tiene ca-pacidad para más de cuatrocientos huéspedes. En la compañía cada vez más molesta de la guía que nos había ayudado a entrar salimos de allí, decidiendo, cuando por fin nos quedamos solos, buscar aún una pivna.va 115 en la que en ese momento ofrecían un espectáculo. Cuando nosotros entrábamos, nos encontramos con gente en la puerta que trataba de sacar a un borracho. En d local. que a pesar de no ser excesivamente grande no estaba del todo lleno. había algunas personas, solas o en grupos pequeños, tomando cerveza. Nos sentamos muy cerca del estrado de tari-ma. cerrado por detrás por un prado dulzonamente difuminado,

 

 

11       >C o m ision de servicio: viaje de servicio prolongado.

114     1:.'/ ndlo con/iJios.  mas modesta (marc.): Ver: GS IV. 348: <<Schon heute ...

 

Waschckammern.  Vorratsraumem>.

115     Cerveceria.

 

 

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con un pedacito de ruina que parecía deshacerse en el aire. Pero este telón no daba para cubrir toda la longitud del escenario. Después de dos números musicales 116 venía la atracción princi-pal de la noche, una inszenirovka: material adaptado al teatro pero que, en el fondo, proviene de un ámbito distinto, del épico o del lírico. En ella parecía darse el marco dramático idóneo para un sinfín de canciones de amor y campesinas. Primero salió una mujer sola escuchando a un pájaro. Luego salió de entre bastido-res un hombre, y así sucesivamente hasta llenar todo el escena-rio, acabando la cosa en un canto coral acompañado de baile. Todo esto no se diferenciaba demasiado de una entretenida reu-nión familiar, pero, en la realidad, la desaparición de tales actos probablemente los hace aún más atractivos en el escenario para el pequeñoburgués. Para tomar con la cerveza hay cosas de co-mer muy peculiares: diminutos trocitos de pan blanco seco, pan negro con una costra de sal y guisantes secos en agua salada.

 

 

29 DE DICIEMBE

 

Rusia empieza a tomar forma 117 para el hombre del pueblo. Se anuncia una gran película propagandística: La sexta parte del mundo 118• En la calle, sobre la nieve, hay mapas de la SSSR apilados por los vendedores callejeros, que los ofrecen al público. Meyerhold utiliza este mapa en Dayosh-Europa 119; Occidente aparece representado en él como un complicado sistema de pe-queñas penínsulas rusas. Este mapa está también a punto de convertirse en otro centro de la nueva iconolatría rusa semejante a los retratos de Lenin. El antiguo continúa, sin embargo, en las iglesias. Este día entré 120 durante mi paseo en la iglesia de Nues-

 

 

 

116     Despw?s de dos ... · en agua salada (marc.): Ver: GS IV. 346-347: «Zum Bier. .. aufgeteilte Volksgesange».

 

117     Esta construcción tan extraña podría haber surgido de la combinación de dos locuciones normales: «En Rusia, el hombre del pueblo comienza a configu-rarse» y «Rusia comienza a conferir forma al hombre del pue.Pio>>.

, 118 Una sexia parte de la lierra (Ses/aja i'ast ·mira). Guión y dirección: Dziga Vertov (1896-1954). Estrenada en Moscú el 31 de diciembre de 1926.

 

119     «D. E.>> (Daesh Evropu') =¡"Venga Europa-' Obra teatral de M. Podgaeckij basada en las novelas Trust D.E.. de l. Ehrenburg, v Der Tlinnel. de B. Keller-mann. Estreno de Meyerhold el 15 de junio de 19-24-.

 

120     Este dia entré ... arquilectura profana (marc.): Ver: GS IV. 345: <<Betritt man ... Oldrucke ausgelegt>>: 344: <<Es stossen ... ihm ertraumt>>.

 

 

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tra Señora de Kazán, de la que Asia me había dicho que le- en-cantaba. Se encuentra en una esquina de la Plaza Roja. Primero se entra en una amplia antesala con algunas imágenes de santos. Parece estar fundamentalmente al servicio de una mujer que guarda la iglesia. Es un lugar sombrío; su penumbra es la más adecuada para realizar conspiraciones. En estas salas se puede deliberar sobre los asuntos más sospechosos, y hasta de pogroms, si viene al caso. Pegando a ella se encuentra el lugar para el culto propiamente dicho. Al fondo hay unos escaloncitos para subir al estrado, estrecho y bajo, sobre el que uno se desplaza pasando junto a las imágenes de santos. Los altares se suceden a muy corta distancia unos de otros, y señalados por una luz rojiza. Las superficies laterales están ocupadas por imágenes de gran tama-ño. Todas las zonas de pared no ocupadas por tales imágenes aparecen recubiertas de oro brillante. Una araña de cristal pende del techo, pintado en un estilo dulzón. Contemplé las ceremo-nias desde una de las sillas que hay en la entrada. Se trata de las propias del antiguo culto a las imágenes. A las imágenes grandes se les saluda haciendo la señal de la cruz, seguida de una genufle-xión en la que la frente ha de rozar el suelo, y, persignándose de nuevo, el orante, o penitente, se dirige a la siguiente. En las imá-genes pequeñas, que están solas o dispuestas en hilera sobre pe-queños fascistoles, bajo un cristal, se suprime la genuflexión; hay que inclinarse hacia ellas y besar el cristal. Me acerqué y vi que, al lado de piezas antiguas muy valiosas, y sobre un mismo atril, había también toda una quincalla de oleografías sin valor alguno. Moscú tiene muchas más iglesias de lo que al principio se piensa. El europeo occidental trata de descubrirlas por sus torres, en lo alto. Uno se tiene que acostumbrar a reunir los largos muros y un montón de pequeñas cúpulas hasta formar los grandes com-plejos de monasterios o capillas. Y es entonces cuando compren-de el porqué de que Moscú parezca en muchos puntos tan cerra-do como una fortaleza: las torres bajas caracterizan en Occidente a la arquitectura profana. Venía de Correos; luego había puesto un telegrama y, por último, había dado un largo paseo por el Museo Politécnico 121 buscando inútilmente una exposicion de dibujos realizados por enfermos mentales. Me desquité con un paseo a lo largo de los tenderetes que están junto al muro de

 

 

121 El Museo Politécnico era la central de la Sociedad Soviética para la Difu-sión de Conocimientos Políticos y Científicos: allí se celebraron numerosos actos literarios de Majakovskij.

 

 

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Kitai-Gorod. Éste es el centro-del mercado de anticuarios. Resul-taría infructuoso tratar de descubrir aquí nada interesante rela-cionado :eon :literatura que n.o .sea rusa. Aunque tampoco se en-cuentran ediciones. antiguas en ruso .(a juzgar por la encuaderna-ción). Y, sin embargo, en .el transcurso de los últimos años han debido de desalojarse inmensas bibliotecas. ¿Habrá sido sólo en Leningrado y no en Moscú, donde seguramente eran más raras? En .uno de los tender.etes del Kitai-Proyo m compré una armóni-

 

.ca para Stefan. Algo más 123 acerca de la venta ambulante. Los artículos navideños (espumillón, velas, candeleros, adornos para el árbol, y también árboles de Navidad) se siguen vendiendo in-cluso -desp).lés'del 24 de diciembre. Creo que hasta la segunda festividad religiosa navideña. Relación de precios entre los tende-retes y las tiendas estata:les. El Berliner Tageblatt del 20 de no-viembre Jo compré el día 8 de diciembre. En el Kusnetski-Most hay un niño que se dedica a golpear vasijas de arcilla, platos y cuencos diminutos, unos contra otros, para demostrar su solidez. En Ochotni Riad 124 , una curiosa aparición: mujeres que ofrecen a los transeúntes, sobre una capa de paja, en la palma de la mano, un simple trozo de carne cruda, un pollo, o cosas por el estilo. Son· vendedoras sin licencia. No tienen el dinero para pa-gar el permiso para un puesto, ni tiempo para apostarse durante todo el día o una semana. Si se acerca un miliciano, desaparecen simplemente de allí con su mercáncía. De la tarde, ya no recuer-do nada. Por la noche, con Reich, a ver una película muy mala

 

{¡-:on Hinski en las proximidades de mi hotel.

 

30 DE DJCIEMBRE

 

El árbol de Navidad aún está en mi habitación. Poco a poco voy también sistematizando los ruidos de mi entorno. La obertu-ra se inicia por la mañana temprano con toda una serie de leit-motivs: primeramente, las pisadas en la escalera que hay frente a mi habitación y que conduce al sótano. Probablemente, el perso-nal sube al trabajo desde allí. Luego empieza a sonar el teléfono

 

 

122     Kitaiski Proye::.d =lit.: Calleja o Travesía China.

 

123     Algo más  acerca .de ... fesrividad religiosa navideña  (marc.):  Ver:  GS JV.

 

331:    «Weihnachten isL. Kalender feiern».

124     En Ochotni ...  con su mercancia ( marc.): Ver:  GS IV.  32 l:  «Frauen. ín...

 

einfach davon».

 

125     lgor Vladimirovich llinski, nacido en !901. famoso intérprete de. princi" palmente, papeles cómicos. De 1920 a 1935 trabajó con Meyerchold.

 

 

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del pasillo, y rara vez deja de hacerlo hasta cerca de la una o las dos de la madrugada. En Moscú es excelente; mejor que en Berlín o en París. En tener línea no se tarda más de tres o cuatro segundos. Con especial frecuencia oigo una voz infantil hablan-do muy alto por teléfono. Las largas cifras hacen que el oído que las escucha se acostumbre a los números rusos. Después, hacia las nueve, un hombre va de puerta en puerta preguntando si está cerrada la trampilla. A esa hora encienden la calefacción. Reich cree que, aunque la trampilla esté cerrada, por ella pasan a mi habitación pequeñas cantidades de monóxido de carbono. Es muy posible, pues por la noche, el aire de mi habitación es real-mente asfixiante. Por cierto que el suelo también despide calor; tiene puntos muy calientes, como la tierra volcánica. Si aún se está en la cama, el sueño se ve perturbado por un golpeteo rítmi-co, como si estuviesen preparando unos bistecs gigantescos: par-ten leña en el patio. Y pese a todo, mi habitación respira tranqui-lidad. Rara vez he vivido en un lugar en el que me resulte tan fácil trabajar. Notas sobre la situación en Rusia. En las conversa-ciones con Reich he ido exponiendo las disparidades que pr:esen-ta actualmente la situación rusa. Hacia el exterior. el Gob.ierno busca la paz para firmar tratados comerciales con los estados imperialistas; pero ante todo 126 trata de suspender en el interior la actividad del comunismo militante, empeñándose en lograr una paz social a plazo fijo. en despolitizar la vida burguesa en la

 

. medida de lo posible. Por otra parte, en las asociaciones d~ pio-neros, en el Komsomolz. se da a la juventud una educación «re-volucionaria». Lo cual significa que lo revolucionario no les llega como experiencia, sino en forma de consignas. Se intenta supri-mir la dinámica del proceso revolucionario dentro de la vida estatal: queriendo o sin querer, se ha iniciado la restauración. pero tratan de almacenar en la juventud la desacreditada energía revolucionaria como energía eléctrica dentro de una pila. Y eso no funciona. A partir de ello tiene que desarrollarse en la gente 'joven, a menudo de la primera generación y a la que se da una formación más que suficiente, ese orgullo comunista para cuya designación existe ya una palabra propia en Rusia. Las extraordi-narias dificultades 127 que conlleva la restauración se manifiestan

 

 

126     Pero. ante iodo ... en Rusia: Ver: es IV. 322: «lm Strassenbilde... roten Schlips»: 322-323: «Dass hergebrachte ... Kinder zusammenstimmt>>.

127     Las exlraordinarias ... de Meverhold: Ver:  es !l. 481: «Eine der letzten ...

~Revisor" verloren>>.     .

 

 

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también, de una forma palpable, en el problema educativo. Para afrontar la tremenda incultura imperante se ha dado la consigna de difundir el conocimiento de los clásicos rusos y de Europa Occidental. (Ésta es la principal razón, dicho sea de paso, por la que se ha concedido tanto valor al montaje y al fracaso del «Re-visor», de Meyerhold.) La importancia dada 128 a esta consigna se puede apreciar cuando se oye que recientemente, en un debate, Lebidinski 129 le dijo a Reich, hablando de Shakespeare, que éste vivió con anterioridad a la invención de la imprenta. Por otra parte, al descomponerse la sociedad burguesa, estos mismos va-lores culturales han entrado en una fase crítica. En su estado actual, y tal como se han ido configurando a lo largo de los últimos cien años en manos de la burguesía, no se pueden expro-piar sin perder, al mismo tiempo, su último -aunque tan dudo-so, e incluso nefasto- significado. En cierto modo, al igual que el cristal de precio, estos valores han de someterse a un largo transporte que no podrán resistir si no van convenientemente embalados. Ahora bien, embalarlos significa hacerlos invisibles, cosa, en definitiva, opuesta a la popularización de esos valores fomentada oficialmente por el Partido. En la Rusia Soviética 130 se pone ahora de manifiesto que estos valores se están populari-zando justamente en esa forma adulterada y lamentable que, en último término, deben al imperialismo. A un hombre como Walzel 131 lo han nombrado miembro de la Academia, y en el Vechernie Moskva, Kogan, su presidente, escribe un artículo so-bre literatura occidental que reúne aquello que le place de una forma absolutamente ignorante (¡Proust y Bronnen!), tratando de dar «información» acerca del extranjero sobre la base de unos cuantos nombres. Probablemente, las únicas manifestaciones

 

 

128     La importancia dada ... de la impren/a: Ver: GS IV, 338: «Wenn abe~ einer. .. begriffen werden».

 

12       9 Jurii Libedinski (1898-1959), funcionario literario y escritor. miembro destacado de diferentes asociaciones de escritores proletarios. Libedinski se dio a conocer con su !lo vela Nede/ia ( 1922), trad. alem.: Die Woche. 1923.

l30 En la Rusia Soviélica ... chervonetz (marc.):  Ver: GS IV, 337: «Jetzt zeigt...

 

danken haben»; 338: «Die russische Akademie ... Europaisches erscheint».

 

u 1 Oskar Walzel ( 1864-1944), historiador de la literatura. Walzel. miembro honorífico de la Academia rusa obtuvo, tras el rechazo de la exposición de Benja-mín sobre este escritor, el encargo de realizar el artículo sobre Goethe para la Enciclopedia Soviética. Ver: Apéndice. p. 162. Para conocer la opinión de Wal-zel le merecía a Benjamín. véase su crítica del Wurtkunstwerk. de Walzel (Leip-zig. 1926). en GS Ill, 50-51, y su carta a Hofmannsthal del 30-10-1926 (Bri~fi'. 436).

 

 

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culturales de Occidente por las que Rusia muestra una compreiV sión tan viva como para que merezca la pena ocuparse de ellas, son las de Estados Unidos. El entendimiento cultural entre los pueblos como tal, esto es, sin la base de unas relaciones económi-cas concretas, constituye un interés propio de la técnica del juego imperialista, siendo en el caso de Rusia un fenómeno de la res-tauración. Por otra parte, la desvinculación de Rusia del extran-jero hace que la dificultad de informarse se acreciente. Dicho de un modo más preciso: el contacto con el extranjero, en lo esen-cial, pasa por el Partido y atañe principalmente a cuestiones polí-ticas. La alta burguesía ha sido aniquilada y la pequeña burgue-sía incipiente no está, ni material ni espiritualmente, en condi-ciones de hacer de mediadora en las relaciones con el exterior. En la actualidad, un visado para realizar un viaje al extranjero que no se haga por encargo estatal, o del Partido, cuesta 200 rublos. No hay duda de que en Rusia se sabe del exterior mucho menos que en el exterior de Rusia (exceptuando, tal vez, a los países románicos). Aunque la mayor preocupación que aquí se tiene es la de establecer dentro del propio territorio, tan inmenso, el contacto entre las distintas nacionalidades y, sobre todo, entre obreros y campesinos. Con lo poco que en Rusia se sabe de cultura foránea, se puede decir lo que del chervonetz 132 : dentro de Rusia es una moneda muy apreciada, pero en el extranjero no se cotiza. Algo sumamente significativo 133 es el hecho de que un actor de cine ruso bastante mediocre, Ilinski, imitador sin escrú-pulos y sin gracia de Chaplin, tenga aquí la fama de gran cómico sólo porque las películas de Chaplin son tan caras que no las traen. Pues, en general, el Gobierno ruso invierte muy poco en películas extranjeras. Cuenta con el interés de industrias rivales por conquistar para sí el mercado ruso, comprando en saldos y dejándose casi regalar las películas, como si fuesen muestras pu-blicitarias. El propio cine ruso, exceptuando las grandes obras maestras, tampoco es, en conjunto, demasiado bueno, Tiene que luchar por la temática. Pues la censura cinematográfica es muy severa; contrariamente a lo que ocurre con la censura teatral, probablemente por consideración hacia el extranjero, se le recor-ta la esfera temática. A diferencia de lo que sucede con el teatro,

 

 

l32 Moneda equivalente a 10 rublos.

 

133 Algo sumamente... propaganda antirrevolucionaria: Ver: GS 11, 747-748: «es fehlt... den Film)); 750-751: «Bei dem leidenschaftlichen ... grobsten Exzes-se)).

 

 

 

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en el cine no es posible hacer una crítica seria a los polítlcos soviéticos. Pero tampoco es posible describir la vida burguesa.· Igualmente escaso es aquí el espacio dedicado a la comedia gro-tesca americana. Ésta se basa en un juego brutal con la técnica. Aquí, todo lo técnico es sagrado; no hay nada que se tome más en serio que la técnica. Y sobre todo: el cine ruso desconoce por. completo el erotismo. La trivialización de las relaciones amoro-sas y sexuales es, como bien es sabido, algo inherente al credo comunista. El presentar en el cine, o en el teatro, enredos amoro-. sos trágicos sería considerado como propaganda contrarrevolu-. cionaria. Queda la posibilidad de realizar una comedia social de

 

carácter satírico cuyo blanco sería esencialmente la nueva bur-guesía. La importante cuestión que se plantea es hasta qué punto pueda, sobre esta base, expropiarse el cine, una de las maquina~ rias más adelantadas para el dominio imperialista de las masas ....

 

Por la mañana estuve trabajando; a continuación, con Reich, al Gosfilm. Pero Panski se había ausentado. Fuimos todos al Mu-seo Politécnico. La entrada a la ex.posición de pintura de enfer-mos mentales se encontraba en una calle lateral. La exposición' en sí misma no ofrecía excesivo interés; desde el punto de vista artístico, el material, casi sin excepción, era poco interesante, ' aunque estaba bien estructurado, y, sin duda, es útil desde er. punto de vista científico. Mientras estábamos allí tuvo lugar una/ breve visita con guía, aunque lo único que se pudo averiguar fue.

 

lo que aparecía ya reseñado en unas hojitas que había junto a las cosas expuestas. Desde allí, Reich se marchó al Dom Gerzena: yo fui más tarde, pasándome antes por el Instituto a buscar entradas para ir a ver por la noche a T airoff. La tarde con Asia, nueva~; mente monótona. A Reich le prestaron en el sanatorio (un ucra:; niano) una piel para el día siguiente. Aún pudimos llegar a tiem-po al teatro. Daban El deseo bajo los olmos. de O'Neill 134 • La· representación era muy mala: la Koonen 135 , particularmente de-cepcionante y carente por completo de interés. Lo que sí resultó

 

interesante (aunque, como Reich señaló acertadamente. equivo-cado) fue el desmembramiento en diferentes escenas (filmiza-ción) mediante la bajada del telón y el cambio de iluminación. El

 

 

 

134 El estreno de la obra de Eugene O'Nei\1 ( 1888-!953) El deseo óajo los olmos, montada por Tairov, tuvo lugar en noviembre de 1926 en el Teatro Ka-mernyi (de Cámara).

135 Alicia Koonen ( !889-1974), actriz de procedencia belga; antiguo miembro.

del MChA T de Stanislavski; casada con Tairov.

 

 

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:~[riitmo era muchll mas rápido del que. por Jo general, es habitual '~aquí. viéndose toda\la más acelerado por el dinamismo de los :\decorados. Hahia simultáneamente tres espacios transversales: a ita's 1 del suelo. una gran sala con vista al exterior y salida. En tcliertas partes de la obra podia verse cómo se alzaban sus paredes ;¡~n un ángulo ·de 1X0°. introduciéndose el espacio exterior por

 

ttodas partes en el interior. En el primer piso había otras dos ,;habitaciones. y la escalera para subir se encontraba en un enreja-;do de listones frente al publico. Era muy interesante seguir con la ;imirada las subidas y bajadas de los personajes. en diagonal. a ~;través de esta verja. El telón de asbesto muestra en seis apartados jel plan de representaciones de los días sucesivos. (Los lunes des-

 

.cansa la compañía.) A ruegos de Reich pasé la noche en el sofá, ;prometiéndole despertarle a la mañana siguiente.

 

 

'JIDE DICIEMBRE

 

Este día, Reich fue a ver a Daga. Asia llegó hacia las diez (yo aun no estaba listo) y fuimos a la modista. Toda esta excursión resultó insulsa y deslucida. Comenzó. con reproches: que llevo a Reich de un lado para otro y lo fatigo. Después me confesó que durante todos estos días se ha sentido furiosa com'nigo por la blusa de seda que le traje. Se desgarró la primera vez que se la puso. Cometí la tontería de decirle, además, que la había com-prado en Wertheim 136 . (Una verdad a medias, cosa siempre bas-tante tonta.) Por otra parte, yo me sentía aun menos capaz de decir nada debido a que la agotadora y permanente espera de alguna noticia de Berlín empezaba ya a afectarme. Finalmente

 

.nos sentamos unos minutos en un café. Pero fue como si no lo hubiéramos hecho. Asia no pensaba en otra cosa que en volver puntualmente al sanatorio. No sé a qué sea debido el que en los ultimos días haya desaparecido todo lo que había de vivo en nuestros encuentros para dar paso a otra clase de miradas. Pero la inquietud que me domina, me impide disimularlo. Y Asia exige una atención suplicante y sin reservas que yo no me siento capaz de prestarle sin alguna clase de estímulo y de amabilidad por su pa.rte. Ella tampoco se encuentra bien por causa de Daga, de quien Reich trajo noticias que a ella, por lo menos, no le

 

 

 

136 Grandes almacenes de         Berlín.

 

 

73

 

satisfacieron. Estoy pensando en espaciar mis visitas de la tarde. Pues el cuartito, en el que sólo raramente hay tres personas

 

- lo más habitual es que sean cuatro y, cuando la compañera de habitación de Asia tiene visita, incluso más-, me deprime: oigo mucho ruso, no entiendo nada, me duermo o leo. Por la tarde le llevé tarta a Asia. No hizo más que protestar; estaba de un hu-mor pésimo. Reich había llegado media hora antes (yo había querido terminar de escribir una carta a Hessel 137), y lo que contó de Daga la puso muy excitada. El ambiente resultó todo el tiempo muy deprimente. Yo me marché pronto a sacar entradas para ella y para mí al Teatro Meyerhold, donde aquella noche se íepresentaba Dayosh Evropa. Antes fui un momento al hotel para dejar recado de que comenzaba a las ocho menos cuarto. Aproveché la ocasión para ver si tenía correo: no había llegado nada. Al mediodía, Reich me había puesto en contacto con Me-yerhold, que me había proporcionado entradas. Con grandes es-fuerzos logré llegar hasta donde estaba el segundo director para recogerlas. Asia llegó puntual, cosa sorprendente. Se había vuelto a poner el pañuelo amarillo. Su rostro tiene estos días una tersura increíble. Cuando nos encontrábamos delante de un cartel anun-ciador, antes del inicio de la representación, yo dije: «La verdad es que Reich es un tipo fabuloso.» «¿?» «Si esta noche hubiera tenido que quedarme en alguna parte solo, me habría ahorcado de congoja.» Pero ni siquiera estas palabras sirvieron para ani-mar nuestra charla. La revista era muy interesante, y durante un momento -ya no recuerdo en qué parte de la obra- nos volvi-mos a sentir más próximos. ¡Ah, sí! Fue en la escena del Café Riche, con música y bailes apaches. «Hace ya quince años -le dije a Asia-:- que este romanticismo apache recorre toda Europa, y allí adonde llega, se gana enteramente a la gente.» En los descansos hablamos con Meyerhold, quien, durante el segundo de éstos, le pidió a una señora que nos acompañase al «museo>>, donde se

 

 

 

137 Franz Hessel ( 1880-1941 ), escritor, traductor. Benjamin y Hessel traduje-ron conjuntamente el segundo y el tercer tomo de la obra de Proust «Á la recher-che du temps perdu». El resultado fue la publicación de !m Schauen junger Madchenblüte (Berlín, 1927) y Die Her=ogin von Guermames (Múnich. 1930). La traducción de Benjamin en solitario de Sudome el Gomorrhe se ha perdido. Tal como se desprende de una carta de Franz Hessel a la Piper Verlag. de 14-7-1928, parece que también se inició la traducción del quinto libro (La JrF.wnnii!-re). Incluso se había proyectado «dass der gesamte Proust von Hessel. .. und mir gemacht wird» (que Proust sea hecho en su totalidad por Hessel... y por mi) (Briefe. 431 ).

 

 

 

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guardan las maquetas de sus decoraaos. En él vi el excelente mobiliario de Le cocu magnifique 138 , los famosos decorados de

con su revestimiento de bambú (las cañas acampanan

la salida y la entrada en escena de los actores, al igual que todas las partes importantes de la obra, con golpes de diferente intensi-dad), la proa de Rishi Katai 140, con agua en el primer plano del escenario, y otras cosas. Firmé en un libro. A Asia le molestó el tiroteo del último acto. Durante el primer descanso, cuando está-bamos buscando a Meyerhold (al que no encontramos hasta el final de éste), yo me adelanté un poco al subir las escaleras. En-tonces sentí en el cuello la mano de Asia. La solapa de la chaque-ta se me había metido para dentro y ella me la estaba colocando. Al sentir aquel contacto, me di cuenta del tiempo. que había pasado sin notar el roce amable de una mano. A. las once y media estábamos nuevamente en la calle. Asia me reprochó que no hubiese comprado nada; entonces, dijo, hubiera venido a mi casa a celebrar la Nochevieja. En vano traté de animarla a que entrásemos todavía en un café. Tampoco pude convencerla di-ciéndole que tal vez Reich hubiera comprado comida. La acam-pané a casa, triste y taciturno. La nieve tenía esa noche brillo de estrellas. (En otra ocasión ya había visto cri~tales de nieve en su abrigo, que probablemente nunca se ven en Alemania.) Al llegar ante la casa le pedí que me diera un beso antes de acabar el año viejo, casi por despecho y más por sondeada que porque real-

 

. mente lo sintiese.  Pero no  me lo dio.  Me volví, pues, hacia el Año  Nuevo,  solo, pero no triste.  Pues sabía que Asia también estaba sola. Al llegar frente a mi hotel escuché el débil tañer de una campana. Me detuve un momento a escucharla. Reich abrió la puerta decepcionado. Había comprado muchas cosas: oporto, ha/va, salmón y embutidos. El que Asia no hubiese venido a mi casa hizo que me volviese a disgustar. Pero una animada conver-sación nos hizo pasar el rato. Echado en la cama, estuve comien-do mucho y bebiendo unos buenos tragos de oporto, por lo que,

 

 

13       8 Los decorados y el vestuario del montaje de Meyerhold de Le Cocu magni· fique, de Fernand Crommelynck. fueron realizados por la constructivista Liubov S. Popova ( 1889-1924).

 

139     La obra de Mejerchol'd, basada en El maestro Bu bus ( ['chitel Bubus). de A. Faiko, fue decorada por E. Slepanov y por el propio Meye'rhold. Estrenada el 29-1-1925.

 

140 Rishi Kilai: (¡·Grita. China.0. de Sergei Tretiakov. Escenografía: Sergei Efi-menko (nacido en 1896). Estrenada el2Jcll-l926). Dirección: V. Federov. disci-pulo de Meyerhold.

 

 

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al final, ya sólo pude mantener la conversación de una forma penosa y maquinal.

 

 

 

1 DE ENERO

 

En las calles 141 venden ramos de Año Nuevo. Pasando por la Plaza Strasnoi vi a uno con unas varas muy largas en la mano con flores de papel, verdes, blancas, azules y rojas, pegadas hasta la punta; cada rama era de un color diferente. Me gustaria escri-bir sobre «flores» en Moscú, refiriéndome no sólo a las heroicas rosas de Navidad, sino también a las inmensas malvarrosas de las tulipas de las lámparas que los vendedores transportan por la ciudad, orgullosamente alzadas. Y de los dulces adornos de azú-car de las tartas. Aunque también hay tartas que parecen cornu-copias y de las que salen en tromba triquitraques o bombones envueltos en papel de colores. Tortas en forma de lira. El «confi-tero» de los viejos libros juveniles sólo parece sobrevivir aún en Móscú. Sólo aquí se encuentran figuras hechas exclusivamente de azúcar hilada, dulces conos con los que la lengua se toma la revancha contra el horrible frio. También habria que hablar de todo lo que la escarcha sugiere aquí; de los pañuelos de las cam-pesinas, cuyas cenefas, cosidas con lana azul, reproducen las ro-setas de hielo de las ventanas. El inventario de las calles es inago-table. Observé las gafas de las ópticas, a través qe las cuales el cielo se tiñe, de pronto, de color meridional. Y de los anchos trineos, con sus tres casillas: para cacahuetes, avellanas y semich-. ki (pipas de girasol, que ahora, por disposición del Soviet, ya no se pueden comer en sitios públicos). Luego vi a un vendedor de· pequeños trineos para muñecas. Y. por último, las papeleras de aluminio: está prohibido tirar nada a la calle. Y también algo· más acerca de los letreros: algunos rótulos en caracteres latinos:. café, sastre. Los rótulos de las cervecerías: pivnaya, pintado sobre un fondo en el que un verde descolorido en el borde superior se convierte paulatinamente, al borrarse, en un amarillo sucio. Mu-· chos de los letreros de las tiendas se prolongan hacia la calle en. ángulo recto. La mañana de Año Nuevo me quedé mucho tiempo en la cama. Reich no se levantó tarde. Debimos de estar hablan-

 

 

141     En  las  calles ..  a  la  mi/e (marc.):  Ver:  (iS !V,  333:  <<Andere Strausse ...

 

schadlos hall>>: 340: <<Dann die hrL'ltt'n ... werden durfen»: 346: <<"Tschainaja" "Piwnaja" ... Geld verlauft».

 

 

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do más de dos horas. Pero ya no recuerdo de que. Sa:J'irn·os fiací'i: er mediodía. Al encontrar cerrada la tabernita en l'a qu·e sdle'mó·s· c0mer los días de fiesta, fuimos al hotel LiverpooL Ese· dí•a n'<l:cíé; muchísimo frío; me costaba trabajo andar. En !'a mesa nte· senté' en un rincón muy acogedor, a la derecha, junto a fa ventana, que· da a un patio cubierto de nieve. Ya he logrado no echar de :menos la bebida en la mesa. Pedimos él' menú pequeñO\ Lástíma que to sirviesen tan deprisa, pues a mf aún' me fl:ubiera· gustado· quedarme otro rato sentado en aquel lugar recubierto de madera y con pocas mesas. En el establecimiento no· había ninguna mu~ jer. Eso me hizo mucho bien. Noto cómo esa gran necesidad de descanso que ahora me invade· al tibranne de la tort'u•rante· de .. pendencia de Asia encuentra fuentes- donde saciarse en~ todas partes. Como· es lógico y sabido, comida y bebida, principafmen·-te. La idea misma del largo víaje de regreso se me aparece: cúm:o· algo benéfico (siempre y cuando no· empiece a preocl:lparm€' por las' cosas de casa, como me ha ócurido durante· los últimos;.d'ías);. como la idea de leer una novela policiaca (apenas lo suelo: hacer ya, pero la cosa me ronda por la cabeza)' y el jugar diariamente· aJ dominó en el sanatorio, que a veces sirVe para eliminar mi ten-sión frente a Asia. Pero, que yo recuerde, este día no-jugamos. Le pedí a Reich que me comprase urtas mandarinas que· le cruería llevar a Asia. No tanto porque la noche anteáor me· hobiáa• pedido que se las nevase al dla siguiente ~en aqud m:o·rrien'ro; incluso me había negado~ cuanto· por tener la oporfurtiqad: d'e descansar de nuestra apresurada marcha a· través cfel'flio~ Pero Asía cogió la bolsa (sobre la que, sin decírsel'o; [yo] habfa' escrito «Feliz Año NueVO>>) hosca mente (y sin fijarse' en la inscripóón}. Por la noche, en casa, escribiendo· y hablando. Reich comen::zó a l'eer el libro sobre el Barroco.

 

 

2'DE ENERO

 

Desayuné copiosamente. Pues, dado que no podíamos.contar con el almuerzo, Reich había hecho algunas compras, A la una: había comenzado la presentación a la prensa, en el reatro de Ia Revolución, de la obra de llesh: Atentado 142 . Por una falsa cansí:. &ración con la necesidad de sertsacionalismo def público, le ha'-

 

 

142     Kupite revo/"ver. Estreno: 30- 12-1·926. Dingida· por s: D. K oro leva: esce-nografía: S. Efimenko.

 

 

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bían dado el sobretítulo de Compre Vd. un revólver, estropeando así, desde el principio, el golpe de efecto final, donde un terroris-ta de la Guardia Blanca trata, por lo menos, de venderles el revólver a los comunistas que descubren su atentado. La obra tiene una escena muy efectista al estilo del Grand Guignol 143 y, por lo demás, grandes ambiciones político-teóricas. Pues en ella se intenta describir la situación sin salida de la pequeña burgue-sía. La representación, que trata de congraciarse con el público, sin principios, insegura y llena de cientos de pequeños efectos, no logró sus propósitos, arruinando, incluso, los grandes triunfos que de antemano 1~ aseguraba el sugestivo entorno en el que se desarrollaba: un campo de concentración, un café y un cuartel en la decadente, sucia y desolada Austria de 1919. Nunca había visto un espacio escénico cuya disposición fuese hasta tal punto exagerada: las entradas y salidas perdían necesariamente todo su efecto. Se podía ver claramente en qué se convierte el escenario de Meyerhold cuando trata de hacerse cargo de él un director ignorante. Las entradas se habían agotado. En esta ocasión se podía ver, incluso, algo parecido a vestidos de gala. Hicieron salir a Ilesh. Hacía mucho frío. Yo llevaba puesto el abrigo de Reich, pues, por razones de prestigio, él quería ir bien vestido al teatro. En el descanso nos presentaron a Gorodetski 144 y a su hija. Por la tarde, en la habitación de Asia, me vi envuelto en una intermi-' nable discusión política en la que también participó algo Reich. El ucraniano y la compañera de habitación de Asia formaban causa común contra ésta y Reich. El asunto fue, una vez más, la oposición dentro del Partido. Pero en aquelia discusión no fue posible llegar a entendimiento alguno; ni menos todavía a un acuerdo; los otros no se mostraron nada comprensivos con la opinión de Asia y de Reich respecto a la pérdida de prestigio ideológico que supondría para la oposición su salida del Partido. Pero hasta que no me encontré abajo con Reich, fumando un cigarrillo, no logré enterarme de qué trataba realmente toda la discusión. La conversación de cinco personas hablando en ruso (también estaba una amiga de la compañera de habitación de

 

 

143     Grand Guignol: Guignol era el nombre de un personaje del teatro de ma-rionetas francés. En París, su nombre se asociaba a los cabarés, principalmente a los pequeños teatros de Montmartre, tales como el Théatre du Grand Guignol ( 1899-1962), donde se representaban, sobre todo, obras caracterizadas por el ase-sinato, los crímenes sexuales, etcétera.

 

144     Sergei M. Gorodecki ( 1884-1967), lírico, libretista de ópera; hasta 1932, en la sección de literatura de lzvestija.

 

 

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ASia), que volvió a relegarme, me había vuelto a deprimir y ·a fatigar. Estaba decidido a marcharme si continuaba. Pero, cuan-do volvimos a subir, se convino en jugar al dominó. Reich y yo jugamos contra Asia y el ucraniano. Era el domingo siguiente a Año Nuevo. Estaba de guardia la erfermera «buena», por lo que nos quedamos hasta después de la cena y jugamos varias partidas muy reñidas. Me sentí muy bien jugando; el ucraniano había dicho que yo le caía bien. Cuando por fin nos marchamos, aún bebimos algo caliente en el café. En casa seguimos hablando largo rato acerca de mi situación de escritor independiente, al margen de cualquier partido o profesión. Lo que Reich me dijo era cierto; yo le hubiera respondido lo mismo a cualquiera que me hubiese explicado a mí lo que yo dije. Y se lo manifesté abiertamente.

 

 

 

3 DE ENERO

 

Salimos temprano 145 de casa para ir a la fábrica donde traba-ja la patrona de Reich. Había mucho que ver; nos quedamos allí unas dos horas. Comenzaré con el rincón de Lenin. Una sala encalada de blanco con la pared del fondo en rojo y, colgando del techo, una borla roja con flecos dorados. A la izquierda, so-bre este fondo rojo, está el busto de escayola de Lenin: tan blan-co como las encaladas paredes. Desde la sala contigua, en la cual se fabrica el espumillón, una transmisión se introduce en la es-tancia. La rueda gira y las poleas de cuero se deslizan por un agujero practicado en la pared. En las paredes hay carteles propa-gandísticos y retratos de revolucionarios famosos, o cuadros con un resumen taquigráfico de la historia del proletariado ruso. El período entre 1905 y 1907 aparece tratado al estilo de una gigan-tesca tarjeta postal paisajística en la que se solapan las luchas en las barricadas, celdas de prisión, la revuelta de los ferroviarios, el «domingo negro» frente al Palacio de Invierno. Muchos de los carteles condenan el alcoholismo. El periódico mural también trata este tema. Estos periódicos son de aparición mensual, según lo programado, pero, en realidad, lo hacen de una forma más espaciada. Su estilo es en todo semejante a las coloreadas revistas infantiles de humor: ilustraciones, prosa o rimas intercaladas dis-

 

 

145     Salimos... a alta tempera/lira (marc.): Ver: GS IV, 341: «Jede Leninecke ...

 

Kolben kommt>).

 

 

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tribuidas de.una forma muy variada. Pero, fundamentalmente, el periódico pretende ser una crónica del colectivo de esta fábri. ca. De ahí que, además de registrar satíricamente diferentes suce~ sos escandalosos, presente también ilustraciones estadísticas de la labor cultural realizada en el último período de tiempo. Otros de los carteles que hay en la pared tratan de la educación higiénica; aconsejando la utilizacion de gasas contra las moscas o expo. niendo las ventajas del consumo de leche. En la fábrica trabajan (en tres turnos) un total de 150 personas. Los principales produc~ tos son: cintas elásticas, carretes de hilo de coser, cordones, galo. nes plateados y adornos navideños. Es la única fábrica de Moscú de tales características. Pero su estructura no es tanto el resultado de una organización «vertical>) cuanto el-testimonio del bajo ni-vel existente en lo que se refiere a la diferenciación industrial. Separados por muy pocos metros, y en una misma sala, uno puede observar aquí un mismo proceso de trabajo realizado me. cánica y manualmente. A la derecha, una máquina devana lar.' gos hilos en pequeñas canillas: a la izquierda, la mano de una obrera hace girar una gran rueda de madera: ambas cosas dentro del mismo proceso. La gran mayoría de las trabajadoras son campesinas, y muy pocas sún miembros del Partido. No llevan uniforme, ni siquiera delantales de trabajo, sino que están senta· das en su sitio como si estuviesen realizando algún quehacer doméstico, inclinando la cabeza, cubierta por un pañuelo de lana, sobre el trabajo como buenas madres de familia. Pero se hallan rodeadas de carteles que conjuran todos los horrores del trabajo mecánico. En ellos se ve a un obrero cuyo brazo ha que. dado atrapado entre los dientes de una rueda de engranaje; otro cuya rodilla ha quedado atrapada entre dos pistones; un tercero que provoca un cortocircuito por manejar mal un conmutador debido a su estado de embriaguez. La fabricación de los adornos navideños más finos se hace en su totalidad de forma manual. En un estudio con mucha luz hay tres mujeres. Una de ellas corta hilos plateados en trocitos pequeños, forma un haz y lo sujeta con un alambre que va devanando lentamente de un rollo. El alambre atraviesa sus dientes pareciendo como si los partiese en dos. Luego forma una estrella con el brillante haz, pasándolo así a una compañera que le pega encima una mariposa, un pája-ro o un Papá Noel de papel. En otro de los rincqnes de la sala se encuentra una mujer que fabrica, de manera semejante, cruces de espumillón, a razón de una por minuto. Al inclinarme sobre la rueda que hace girar para observarla, ella no puede contener la

 

 

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k risa. En otro lu~ar se bhricán galones· plateados. Este producto , está destinadu a b R us1a cxotica~ se trata de galones para lurbatf" :..t¿s persas. (Ahajo. b producciún de espumillón: un hombre tra"

 

· bajando el hilu cun pil'(lra de afilar. Los trozos de alambre que-dan reducidos a un;¡ doscenksima o trescentésima parte de su espesor. y luego se platean o se recubren con algún otro color metálico. A continuactún los transportan al desván del edificio, donde se secan a alta temperatura.) Luego pasé por la bolsa de trabajo. En la entrada se instalan al mediodía cantinas donde venden bollos calientes y salchichas fritas en rodajas. Desde la fábrica nos fuimos a ver a Gnedin 146 • Indudablemente, ya no tiene el mismo aspecto juvenil de hace dos años, cuando le co-nocí en la velada de la embajada rusa. Pero sigue siendo una persona inteligente y simpática. Respondí cautelosamente a sus preguntas. No sólo porque la gente, en generaL sea aquí muy susceptible, y Gnedin, en particular, muy afecto a las. ideas co-munistas, sin:o porque el expresarse con cautela· es la manera que aquí se considera más adecuada para acreditarse como interlocu-tor serio. Gnedin es el encargado del Ministerio de .Exteriores para Europa Central. Su carrera, en absoluto despreciable (ya ha rechazado una oportunidad mejor), se encuentra, al parecer, re-lacionada con el hecho de ser hijo de P. Lo que más aplaudió fue el que yo destacase la imposibilidad de comparar, en sus aspectos particulares, las condiciones de vida rusas con las de Europa Occidental. En la Petrovka me concedieron una prórroga de es· tancia de seis semanas. Por la tarde, Reich quiso ir solo a ver a Asia. Yo m.e quedé, pues, en casa; comí algo y escribí. Reich llegó hacia las siete. Fuimos juntos al Teatro Meyerhold, donde nos encontramos con Asia. La velada, en lo que a ella y a Reich se refiere, estuvo determinada por las palabras que, por deseo suyo, éste debía pronunciar para suscitar el debate. Pero no fue posible. De cualquier modo, él tuvo que aguantar más de dqs horas en el podio con el grupo de los otros que se habían apunta-do al debate. En una larga mesa verde se encontraban Luna-charski 147 , Pelshe 148 , el director del departamento artístico del

 

 

 

 

146     Evgeni Gnedin (nacido en 1898). conocido diplomático soviético, pretendido hijo de Alesandr Celfand (Parvus), encargado de la financiación de los ho/sheviki.

147 Anatoli Lunacharski ( 1875-1933), escritor e investigador literario, Comisa-rio del Pueblo de instrucción de 1917 a 1929.

 

148     Robert Pelshe ( 1880-1955), critico comunista y estudioso de Historia del Arte. En 1926 publicó en unión de Lunacharski Vias de/teatro contemporáneo (Pllli sovremennogo teatra).

 

 

 

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Glav-Polit-Prosvet 149 ,   moderador, Mayakovski Andre

 

Biely 151 , Levidoff 152 y otros muchos 153 • En la primera fila de butacas, el propio Meyerhold. Asia salió en el descanso y yo la acompañé aún un trecho, pues, solo, no podía comprender de qué estaban hablando. Cuando volví estaba hablando con gran fervor demagógico un orador de la oposición. Pero, a pesar de que en la sala eran mayoría los adversarios de Meyerhold, no logró ganarse al público. Y cuando finalmente intervino Meyer-hold, fue acogido por una calurosa ovación. Éste, sin embargo, se dejó llevar enteramente, para desgracia suya, por su tempera-mento lucuaz, poniendo de manifiesto un encono que repugnó a todos. Y cuando finalmente quiso hacer a uno de los críticos sospechoso de haberle atacado únicamente por las diferencias que, como antiguo empleado de Meyerhold, había tenido con su jefe, el contacto con la masa desapareció por completo. De nada le sirvió ya refugiarse en su dossier y en una serie de justificacio-nes profesionales de algunas de las partes atacadas de la represen-tación. Ya eran muchos los que se habían marchado durante su discurso, y el propio Reich comprendió que ahora sería ya impo-sible intervenir, por lo que se vino a mi lado antes de que Meyer-hold acabase. Cuando por fin terminó, los aplausos fueron míni-mos. Nosotros no quisimos esperar a lo que venía después, que no podía ofrecer ya gran' cosa, ~i, por supuesto, nada nuevo, y nos fuimos.

 

 

4 DE ENERO

 

Fecha de vencimiento de mi v1s1ta a Kogan. Pero, por la mañana, Niemen me llamó por teléfono para decirme que tenía que ir al Instituto a la una y media; organizaban una visita al

 

 

149 Valerian Pletnev ( 1886-1942), entre 1920 y 1932. presidente del Comité Central del Consejo Soviético de Cultura-Proletaria. A partir de 1921, director del Comité Superior de Formación Política.

 

150     El discurso de Vladimir Mayakovskii (1893-!930) en torno a la disputa sobre el montaje del Ret·isor aparece en: MAJAKOWSKI. l-Verke. voL V (Publi:::is-tik), Frankfurt a. Main, 1980. 230-235. Ver el informe de Benjamín «Disputation bei Meyerhold». en GS IV. 481-483.

 

151     Andrei Bielyj, pseudónimo de Boris Nikolaevich Bugaev ( 1880-1934).

15       2 Michail Levidov ( 1891-1941 ), escritor y periodista ruso:·

 

153     Por ejemplo: S. Tretjakov. J. Grossman-Roshchin, A. Slonimski. N. Vol-konski, l. Aksenov. De esta discusión se dio información en el Pravda del 9 de enero de 1927.

 

 

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Kremlin. La mañana la pasé en casa. ,E; el Instituto nos junta~. mos cinco o seis personas; al parecer, todos ingleses, menos yo. Nos dirigimos a pie al Kremlin, guiados por un señor poco sim-pático. La marcha era muy rápida y me costó muchísimo seguir-les; al final, el grupo tuvo que esperarme a la entrada del Krem-lin. Lo primero que choca dentro del recinto de la muralla es el aspecto excesivamente cuidado de los edificios del Gobierno. Para mí es sólo comparable a la impresión que producen todas las construcciones de la ciudad modélica de Mónaco, colonia privilegiada en la vecindad más próxima a los gobernantes. Se le asemeja hasta en la misma pintura de sus fachadas, de un blanco luminoso o un amarillo crema. Aunque, mientras que allí todo se ve implicado en un juego de luces y de sombras, lo que aquí domina es la claridad equilibrada de un campo de nieve en el que los colores sólo destacan de una forma desapasionada. Y cuando empezó a oscurecer, este campo pareció ensancharse más y más. Junto a las brillantes ventanas de los edificios oficia-les, las torres y las cúpulas se alzan al cielo de la noche como monumentos vencidos que hacen guardia ante las puertas de los vencedores. La oscuridad 154 se ve atravesada también aquí por los haces de luz de los faros de los coches, exageradamente cla-ros. Su luz espanta a los caballos de los soldados de caballería, que tienen aquí, en el Kremlin, un gran campo de entrenamien-to. Los peatones han de abrirse paso con esfuerzo por entre los coches y los rebeldes percherones. Largas hileras de trineos para retirar la nieve; algunos jinetes. Sobre la nieve se han posado silenciosas bandadas de cuervos. A las puertas del Kremlin, en mitad de una luz cegadora, se encuentra la guardia, cubierta con sus insolentes pieles de color ocre amarillo. Sobre ella destaca la luz roja que regula el tráfico de la entrada. Todos los colores de Moscú se disparan prismáticaménte en este lugar, centro ruso del poder. El club de los soldados del Ejército Rojo da a este campo. Entramos en él antes de abandonar el Kremlin. Sus salas son limpias y claras, y parecen más sencillas y severas que las de otros clubs. En la sala de lectura hay muchas mesas de ajedrez. El ajedrez fue fomentado en Rusia por Lenin, que también jugaba a él. En la pared 155 hay un relieve de madera: el mapa de Europa,

 

 

154     La oscuridad. ... centro ruso del poder: Ver: GS IV, 319: «Vorm Kremltor. ..

 

sich niedergelassen».

 

155     En la pared. .. se deteriore: Ver: GS IV, 336: «lm Klub ... schematisch gehaltem>: 341: «lm Ausleihraum ... verderben lasst».

 

 

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con un contorno esquematizado de manera simplista. Al girar una manivela que hay junto a él, van iluminándose, uno tras otro, y por orden cronológico, los lugares de Rusia y del resto de Europa donde vivió Lenin. Pero el aparato estaba estropeado y siempre se iluminaban varios lugares a la vez. El club tiene una biblioteca de préstamo. Me agradó un anuncio en el que se expli-caba mediante un texto y bonitos dibujos de colores de cuántas maneras se puede evitar que un libro se deteriore. Por lo demás, la visita estuvo mal organizada. Cuando llegamos al K.remlin, ya eran cerca de las dos y media, y al entrar por fin en las iglesias, después de visitar la Oruscheinaya Palata 156, la oscuridad en su interior era tal que ya no se podía distinguir nada. Aunque, debi-do a sus diminutas y altas ventanas, de cualquier modo depen-den de la iluminación interior. Entramos en dos catedrales: la del Arcángel y la de Uspenski. Esta última es el templo donde se coronaba a los zares. En sus numerosas y pequeñas salas debió de estar representado el poder en su máxima expresión. La ten-sión que esto daría a las ceremonias es algo difícil de imaginar hoy en día. Aquí, en las iglesias, el pesado organizador de la visita se retiró, y unos viejos y simpáticos vigilantes fueron ilumi-nando lentamente las paredes con velas. A pesar de ello, no se podía ver mucho. La gran variedad de imágenes, de aspecto ex-terno probablemente idéntico, tampoco le dicen nada al lego en la materia. De cualquier modo, la claridad aún bastaba para ver el exteriór de las maravillosas iglesias. Recuerdo, en particular, una galería vecina al gran palacio del Kremlin, cubierta de pe:.. queñas cúpulas de brillantes colores; creo que en ella se encon-traban los aposentos de las princesas. En otro tiempo, el K.remlin fue un bosque: iglesia del Salvador en el Bosque 157 es el nombre de la más antigua de sus capillas. Más tarde se convirtió en un bosque de iglesias y, como los últimos zares también talaron para hacer sitio a nuevas construcciones, totalmente desprovistas de interés, aún queda más que suficiente para crear todo un laberin-to de iglesias. También aquí 158 montan guardia en el exterior, en la fachada, numerosas imágenes de santos que, desde las cornisas más elevadas, miran hacia abajo como pájaros huidizos, protegi-dos por el tejadillo de hojalata. Sus inclinadas cabezas de retorta ·

 

 

156 Armeria del     Kremlin de Moscú,  construida entre 1844 y l 851.

15 7 ((Sobor Spasa na Boru» (((en el bosque»). capilla construida en 1330.

!58 También aqu(.. expresan congoja: Ver: GS IV, 345: ((Viele Heilígenbil-der... spricht Trúbsal».

 

 

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expresan congoja. Desgraciadamente, la mayor parte de la tan:l_e se dedicó a las grandes colecciones de la Oruscheinaya Palata. Su esplendor es deslumbrante, pero sólo sirven para distraer, cuan-do lo que uno desearía es concentrar todas sus energías en la magnífica topografía y en la arquitectura misma del Kremlin. Es fácil que quede inadvertida una de las causas fundamentales de su belleza: en ninguna de sus espaciosas plazas se ve monumento alguno. En Europa 159 , en cambio, apenas existe plaza alguna que no haya sido profanada y vulnerada en su estructura más íntima, a lo largo del siglo XIX, con algún monumento. De las coleccio-nes me llamó especialmente la atención una calesa, regalo de un príncipe Rasumofski 160 a una hija de Pedro el Grande. Su ampu-losa y ondulante ornamentación podria provocarle a uno el ma-reo sin necesidad de moverse, antes siquiera de imaginarse su balanceo por carretera, y si uno se entera además de que fue enviada desde Francia por mar, el malestar ya es completo. Toda esta riqueza se adquirió de una forma que ya no tiene futuro: no sólo ha muerto su estilo, sino también la manera misma de ad-quirirla. Deben de haber sido un peso para sus últimos propieta-rios y [es] bien imaginable que la sensación de disponer de todo ello pudiera volverlos casi locos. Pero ahora, en la entrada a estas colecciones se ha colgado un retrato de Lenin de la misma mane-ra que unos paganos conversos habrían podido colocar una cruz en el lugar donde antes se ofrecían sacrificios a los dioses. El resto del día fue bastante desafortunado. Ya no quedaba tiempo para comer; eran cerca de las cuatro cuando salí del Kremlin. ·A pesar de ello, cuando fui a ver a Asia, ésta aún no había vuelto de la modista. Sólo estaban Reich y la inevitable camarada. Pero Reich no podía esperar más, y poco después apareció Asia. Des-graciadamente, la conversación fue a parar luego al libro sobre el Barroco. Dijo las mismas cosas de siempre. Después estuve le-yendo un poco de Einbahnstrasse. Por la noche nos habían invi-tado a casa de Gorodinski (?). Pero, al igual que en casa de Gra-novski, también aquí nos quedamos sin cena. Pues antes de salir vino Asia para hablar aún con Reich, y cuando llegamos al lugar en cuestión, con una hora de retraso, sólo encontramos a la hija.

 

Esa noche fue imposible tratar de hacer nada con Reich. Anduvi-mos vagando mucho tiempo en busca de un restaurante en el

 

 

l59 En Europa ... algún  monumento: Ver: GS IV, 343: «kaum einer. .. worden.

ware».

 

160 Andrej   Kirillovich Razumovski (1752-1836).

 

 

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que yo pudiera comer algo todavía, encontrando un reservado sumamente primitivo, con tabiques de madera sin desbastar, y al final entramos en una desagradable pivnaya de la Lubianka don-de nos sirvieron una comida muy mala. Luego, media hora en casa de llesh -él no estaba; y su mujer nos hizo un té excelen-te-, y luego, a casa. Aún me habría gustado ir al cine con Reich a ver la Sexta parte de la tierra, pero él se encontraba muy cansa-do.

 

 

 

5 DE ENERO

 

Moscú 161 es la más silenciosa de todas las grandes ciudades, y, con nieve, doblemente. El instrumento principal de lá orques-ta de la calle, la bocina de los coches, aquí solo se halla débilmen-te representado; hay pocos coches. Asimismo, comparado con otros centros, hay muy pocos periódicos; de hechO·; sólo un pe-riódico sensacionalista, único diario de la tarde, que aparece to-dos los días a las tres. Por último, los gritos de los vendedores tampoco son aquí muy fuertes. La venta callejera es ilegal y trata de pasar inadvertida. Y para dirigirse a los transeúntes se sirven menos de gritos que de palabras reposadas, cuando no susurra-das, en las cuales subyace un residuo del tono suplicante del mendigo. Sólo hay una casta 162 que pasa haciendo ruido por las calles: la de los traperos, con su saco a la espalda; su llamada melancólica recorre todas las calles de Moscú una o varias veces por semana. Ocurre algo curioso 163 con estas calles: la aldea rusa juega en ellas al escondite. Al atravesar uno cualquiera de los grandes portones - a menudo disponen de verjas de hierro forja-do, pero yo no he visto nunca ninguno cerrado-, uno se en-cuentra en la entrada de un espacioso poblado que a menudo ocupa tal extensión, que parece como si el espacio de esta ciudad no costase nada. Se nos abre así una alquería o una aldea. El piso es desigual; se ve a niños en trineo, quitando la nieve con palas;

 

 

 

161  Mosczí  es ...  del mendigo (marc.):  Ver:  GS IV,  319:  «Das winterliche  ...

wenig Autos»: 321-322: «All das ... Bettlerdemut liegb>: 321: «Der Strassenhan-del... jedes Aufsehem>.

I6 2 Sólo       ha_v una casta ...  por semana: Ver:  GS IV,  321:  «Nur eine Kaste ...

jedes Vierteb>.

 

l63 Ocurre algo ... miseras tahernas (marc.): Ver: GS IV, 343: «Mit Moskaus ...

der Landschaft»: «Nirgens sieht... Teilen an».

 

 

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los rincones están llenos de cobertizos panr la leña, las herra-mientas o el carbón; los árboles crecen por todas partes; primiti-vas escaleras de madera o construcciones adosadas dan a los late-rales o a las espaldas de las casas, de aspecto muy urbano porel lado de la calle, un aire de casa campesina rusa. De este modo, la calle se prolonga en una dimensión paisajística. Moscú, sin duda, no parece ser la ciudad misma por todas partes, sino, más bien, su extrarradio. En los lugares más céntricos de la ciudad se puede encontrar piso reblandecido, barracones, transportes de materias primas, ganado camino del matadero y míseras tabernas. Lo vi 164 claramente este día cuando recorría la Suyarevskaya. Que-ría ver el famoso parque Sujarev, heredero, con sus más de un centenar de tenderetes, de una feria importante. Entré en él des-de el barrio de los chatarreros. Es el lugar más cercano a la iglesia (la catedral de San Nicolás) cuyas cúpulas azules se alzan por encima del mercado. Aquí, la gente deja simplemente su mer-cancía sobre la nieve. Hay cerrojos viejos, varas de medir, herra-mientas, utensilios de cocina, material electrotécnico y muchas cosas más. En el mismo lugar se efectúan también reparaciones;

 

vi        cómo soldaban algo con un soplete. No se ven asientos por ninguna parte; todo el mundo está de pie, derecho, charlando o vendiendo. El mercado baja hasta la Sujarevskaya. Al avanzar 165 por las numerosas plazas y avenidas de tenderetes, vi con clari-dad hasta qué punto determina a gran parte de las calles de Mos-cú toda esta disposición de mercado y feria aquí reinante. Hay una zona de relojeros y un barrio de prendas de confección, centros de venta de material electrotécnico y de maquinaria, y luego, nuevamente, tramos de calle donde no se encuentra ni una sola tienda. Aquí, en el mercado, las mercancías permiten reconocer su función arquitectónica: los pañuelos y las telas for-man pilastras y columnas; las hileras de zapatos y valinki que cuelgan sobre los mostradores, sujetos por los cordones, se con-vierten en el tejado de los tenderetes; grandes garmoshkas for-man ruidosos muros, como una especie de muralla de Memnón. Aquí, en la zona de los bazares de juguetes, encontré también, finalmente, mi samovar como elemento decorativo para el árbol de Navidad. Por primera vez en Moscú vi puestos con imágenes de santos. Estáh recubiertas en su mayoría de hojalata plateada,

 

 

164 Lo vi ... la Suyarevskaya: Ver: GS IV, 321: «U nd an der... oder handelt>>.

16 5 Al avanzar... entre gendarmes (marc.): Ver: GS IV, 321-322: «A uf diesem Markt ... zwei Gendarmen».

 

 

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al estilo antiguo, en la cual aparecen estampados con troquel los pliegues del manto de la Virgen. Sólo la cabeza y las manos son superficies coloreadas. También hay cajitas de cristal en las que, guarnecida con brillantes flores de papel, se puede ver la cabeza de San José(?). E igualmente, estas flores, en libertad, formando grandes ramos. Brillan mucho más que las mantas de colores o la carne cruda sobre la nieve. Pero, dado que este ramo de ventas pertenece al comercio del papel y de los cuadros, los tenderetes de imágenes de santos se encuentran situados junto a los puestos de papelería, por lo que siempre aparecen flanqueados por retra-tos de Lenin, como un detenido entre gendarmes. También hay rosas de Navidad 166 • Al no tener un lugar propio, pueden apare-cer rodeadas de productos de alimentación, tapices o tenderetes de utensilios de cocina. Pero ellas lo eclipsan todo: carne cruda, mantas de colores y brillantes cuencos. Al llegar a la Sujarevska-ya, el mercado se estrecha, formando un pasillo entre los muros. Allí hay niños que venden artículos para el consumo doméstico, pequeñas cuberterías, manteles y cosas por el estilo; vi a dos de ellos de pie, cantando junto al muro. Por primera vez también desde que estuve en Nápoles vi a un vendedor de cosas mágicas. Tenía delante una botellita en cuyo interior había un mono muy grande de trapo sentado. No se entendía cómo había podido meterlo allí. En realidad, sólo había que introducir en la bote-lla un animalito de trapo como los que vendía aquel hombre. El agua hacía que se hinchase. Un napolitano vendía ramos de flores del mismo tipo. Todavía estuve paseando un rato por la Sadovaya, y luego, hacia las doce y media, fui a ver a Basseches. Cuenta muchas cosas, algunas de ellas muy instructivas, pero acompañadas de constantes repeticiones y de noticias carentes de interés que sólo sirven para expresar su afán de reconocimiento. Pero es muy atento y, para mí, de gran utilidad con sus informa-ciones, su préstamo de revistas alemanas, y con su ofrecimiento de proporcionarme una secretaria. Por la tarde no fui en seguida a ver a Asia: Reich quería hablar con ella a solas y me pidió que fuese a las cinco y media. En los últimos tiempos, apenas puedo hablar nada con Asia. En primer lugar, porque su salud se había vuelto a resentir. Tiene fiebre. Aunque esa circunstancia, tal vez la hubiera podido predisponer a una charla tranquila, si no fuese porque, junto a la presencia mucho más discreta de Reích, la

 

 

166     También  hay rosas .. brillantes cuencos: Ver:  GS IV,  333: «Es leuchtet...

 

glánzende Schüsselm>.

 

 

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presencia paralizadora de su compañera de habitación, que habla con voz muy fuerte y acaiorada; no determinase la orientación de todas las conversaciones; aparte de lo cual entiende tanto ale-mán que inmoviliza todo lo que pudiera quedarme de energía. En uno de los raros minutos en que nos quedamos a solas, Asia me preguntó si volvería otra vez a Rusia. Yo le dije que, sin saber algo de ruso, no. Y aun así, dependería de algunas otras cosas: del dinero, de mi estado de salud, de sus cartas. Éstas -dijo evasiva- dependerian, a su vez, de cómo se encontrase ella. A instancias suyas, yo salí aún a comprar mandarinas y halva, que le entregué abajo a la enfermera. Reich me pidió la habitación para pasar en ella la velada trabajando con su traductora. No pude decidirme a ir solo a ver Dench y Noch de Tairoff 167 • Fui a ver La sexta parte de la tierra (en el cine del Arbat). Pero se me escaparon muchas cosas.

 

 

 

6 DE ENERO

 

La tarde anterior le había enviado un telegrama a Dora para felicitarla por su cumpleaños. Luego subí por la Miasitskaya has-ta llegar a la Puerta Roja, doblando a continuación por una de las amplias calles laterales que parten de allí. Durante este paseo, cuando ya había anochecido, descubri el paisaje de patios de Moscú. Hacía un mes que estaba en Moscú. Este día transcurrió de una forma bastante insípida, por lo que apenas hay riada que apuntar. Por la mañana tomé el desayuno en el pequeño y sim-pático café del que, probablemente, aún me habré de acordar a menudo; Reich me explicó el contenido de la cartelera de cine que había comprado la noche anterior. Luego fui a dictar a casa de Basseches. Puso a mi disposición a una mecanógrafa bonita y simpática, y que trabaja de maravilla. Pero cuesta tres rublos la hora. Aún no sé si podré costeármelo. Después de dictar me acompañó ai Do m Gerzena. Comimos los tres juntos. Nada más comer, Reich se fue a ver a Asia. Yo todavía hube de quedarme un rato con Basseches. consiguiendo también una cita con él para ir a ver Storm 168 al dia siguiente por la noche. Finalmente me acompanó aún hasta el sanatorio. El panorama que encontré

 

 

167     Diu .l' nochE' (Den l nuch). representada por Tairov en el Teatro Kamernyi.

 

168     Stonn: ( T anpcstad): pieza teatral estrenada por flill  Belocerkovski ( l 885-

 

1970) en  1925: producción:  E.  Liubinov-Lanskoi.

 

 

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al llegar arriba era desolador. Todo el mundo se abalanzó sobre las revistas alemanas que yo, imprudentemente, había subido. Por último, Asia dijo que quería ir a la modista, y Reich, que la acompañaría allí. Yo le dije «adiós» a Asia a través de la puerta y me fui hacia casa. Mi esperanza de verla aparecer todavía por la noche en mi habitación se vio frustrada.

 

 

7 DE ENERO

 

El capitalismo 169 de Estado ha conservado en Rusia muchos de los rasgos de la inflación. Sobre todo, la inseguridad legal en el interior. Por una parte se ha autorizado la NEP, pero, por otra, sólo se admite en interés del Estado. Cualquier «Nep» puede convertirse, sin previo aviso, en víctima de un cambio radical de la política económica e, incluso, de una declaración oficial tran-sitoria. No obstante, en algunas manos se acumulan -visto des-de la óptica rusa: increíbles- fortunas. He oído hablar de gente que tiene que pagar más de tres millones de rublos de impuestos. Estos ciudadanos son el contrapunto del comunismo heroico de guerra: la especulación heroica*. En la mayoría de los casos se ven abocados a seguir estos derroteros con total independencia de sus propios planes. Pues aquello que caracteriza a la época de la NEP es justamente la limitación de las directrices estatales en lo que se refiere al comercio interior, a los artículos de estricta necesidad. Esto da lugar a una coyuntura muy favorable para el «Nep». Otro de los rasgos de la inflación son también los vales, el único medio para adquirir muchos productos en las tiendas esta-tales; de ahí las colas. La moneda es firme, pero el papel sigue ocupando un espacio muy importante en la vida económica, en la forma de estos vales, en las listas de precios de muchos escapara- . tes. El mismo hecho del descuido en el vestir sólo se ha dado a · conocer en Europa Occidental bajo el signo de la inflación. No hay duda de que la convención del traje informal empieza a tambalearse. De ser el uniforme de la clase dominante, amenaza con convertirse en el símbolo del más débil en la lucha existen-cial. En los teatros, ya se van atreviendo a salir tímidamente los

 

 

 

l69 El capitalismo ...        traje nacumal campesino: en él  manuscrito aparece mar-

 

cado. pero, al parecer. no ha sido incluido en ningún  ensayo.

*Juego de palabras: NEP y Nepp (en alemán: <<estafa», «especulación>)) [N. de

la Tl

 

 

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primeros vestidos de gala, como la paloma de Noé tras largas semanas de lluvia. Pero aún sigue habiendo mucha uniformidad de aspecto proletario: al parecer ha desaparecido por completo la forma europea occidental de cubrirse la cabeza: el sombrero, rígi-do o flexible. Lo que predomina es el gorro ruso de piel o la gorra deportiva, utilizada también por algunas jóvenes en versiones elegantes, pero atrevidas (con unas viseras muy grandes). En ge-neral, la gente no suele descubrirse en los lugares públicos: el saludo, por otra parte, se ha hecho también más informal. En cuanto al resto de la indumentaria, predomina ya la variedad oriental. Tanto en hombres como en mujeres se observa una mezcolanza de cazadoras de piel, chaquetas de cuero y terciope-lo, elegancia cosmopolita y traje típico aldeano. De vez en cuan-do -como ocurre también en otras grandes ciudades-, aún se puede ver (en mujeres) el traje nacional campesino. Este día me quedé, por la mañana, mucho tiempo en casa. Luego, a ver a Kogan, el presidente de la Academia. No me afectó su insignifi-cancia; en todas partes me habían advertido de ello. En la oficina de la K,ameneva cogí entradas para el teatro. Durante un tiempo de espera que parecía no querer acabar nunca estuve hojeando un libro sobre el cartel revolucionario ruso, con numerosas y ·excelentes ilustraciones, algunas en color. Me llamó la atención el hecho de que -por muy eficaces que sean estos carteles- no hay nada en ellos que no pueda explicarse, sin gran esfuerzo, a partir de los elementos estilísticos de un arte industrial burgués en parte ni siquiera muy avanzado. No encontré a Reich en el Dom Gerzena. Con Asia estuve a solas al principio; se encontra-ba muy decaída, o quizá sólo lo simulaba, de modo que no enta-blamos conversación. Luego apareció Reich. Yo me marché para acordar con Basseches nuestra salida al teatro aquella noche, y, al no poder localizarlo por teléfono, tuve que ir a su casa. Toda la tarde, con dolor de cabeza. Después fuimos con su novia, una cantante de opereta, a ver Storm. La novia parecía muy tímida y, además, no se encontraba bien, por lo que se fue a casa nada más acabar el teatro. Storm expone situaciones del comunismo de guerra agrupadas en torno a una epidemia de tifus en el campo. Basseches me tradujo todo abnegadamente, y la interpretación fue mucho mejor de lo habitual, de modo que le saqué un gran provecho a la velada. La obra, como todas las rusas (según Reich) carece de trama. Me pareció que sólo tenía el interés informativo de una buena crónica; interés que, sin embargo, no es de índole dramático. Hacia las 12 fui a cenar con Basseches al

 

 

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kruyok 170 de la Tverskaya. Pero, como era la primera festividad navideña (según el antiguo calendario), el club no estaba dema-siado animado. La comida fue excelente; el vodka lo habían mezclado con una esencia de hierbas aromáticas que le daba un color amarillo y lo hacia más fácil de beber. Comentamos el proyecto de un reportaje sobre arte y cultura franceses para algu-nas publicaciones rusas.

 

 

 

8 DE ENERO

 

Por la mañana, a cambiar dinero, y luego, a dictar. La reseña sobre la discusión del Meyerhold creo que me salió más o menos bien; en cambio no logré avanzar con mi informe sobre Moscú para el Diario. Por la mañana temprano tuve una discusión con Reich por haber ido [con] Basseches (de una manera algo irrefle-xiva) al Dom Gerzena. Me volvió a aleccionar sobre la gran cau-tela que hay que tener aquí. Éste es uno de los síntomas más evidentes de la fuerte politización de la vida. Me alegré mucho de no ver a Basseches en la legación cuando fui a dictar; estaba aún en la cama. Para no tener que ir al Dom Gerzena. me compré caviar y jamón, y comí en casa. Cuando fui a ver a Asia, hacia las cuatro y media, Reich no había llegado aún. Tardó todavía una hora, y luego me dijo que, de camino al sanatorio, había vuelto a darle un ataque al corazón. Asia se encontraba peor y tan preo-cupada consigo misma, que apenas se dio cuenta del retraso de Reich. Vuelve a tener fiebre. La camarada, que ya empieza a resultarme insoportable, estuvo casi todo el tiempo en la habita-ción, recibiendo luego ella misma visita también. Su comporta-miento, por lo demás, es siempre amable ... , si no fuese por su presencia en torno a Asia. Le estuve leyendo a Asia el esbozo del Diario. sobre el cual hizo algunas observaciones muy acertadas. Al final, la conversación rezumaba un cierto tono amable. Luego estuvimos jugando al dominó en la habitación. Llegó Reich. Se-guimos jugando los cuatro. Reich tenía reunión por la noche.

 

Hacia las siete tomé un café con él en el sitio de siempre; luego me fui a casa. Cada vez veo más claramente que en los próximos tiempos necesitaré una armazón sólida para mi trabajo. Y. desde luego. ésta no puede ser la traducción. La condición previa para

 

 

 

170 Club.      circulo (km:::iwk).

 

 

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construirla es, a su vez, una toma de postura. Á fin de cuentas, sólo son dudas externas las que me impiden ingresar en el K. P.D. Ahora sería el momento adecuado, y tal vez sea pelígroso dejarlo pasar. Pues el hecho, justamente, de que mi pertenencia al Partido sea para mí, posiblemente, un simple episodio hace que no sea aconsejable aplazarlo. Ha sido y sigue siendo la pre-sión de las dudas externas lo que me obliga a preguntarme si no existe la posibilidad de dar veladuras prácticas y económicas a una posición de izquierdas, al margen del Partido, mediante un trabajo intensivo que me siguiera garantizando la posibilidad de una producción más amplia dentro del que hasta ahora ha sido mi ámbito de trabajo. La cuestión es hasta qué punto se puede conducir esta produccíón a un nuevo estadio sin provocar una ruptura. Y aun en tal caso, la «armazón» debería contar con alguna apoyatura externa, como, por ejemplo, un empleo de re-dactor. Sea como fuere, la nueva etapa iniciada parece diferen-ciarse de las anteriores en que empieza a estar menos condicio-nada por lo erótico. En tomar conciencia de ello ha inflÚ¡do, en cierta medida, el observar Ia relación entre Reich y Asia. Me doy cuenta de que Reich se muestra más firme frente a la inestabili-dad de Asia y no se deja (o no parece dejarse) influir tanto por formas suyas de comportamiento que a mí me enfermaí;an. Y ya esto último me parece mucho. Esto se debe a la «armazón» que él ha encontrado aquí para su trabajo. A los contacto's reales

 

.que éste le proporciona, se viene a añadir, sin duda, el hécho de que aquí él forme parte de la clase dominante. Esta nueva confi-guración 171 de toda una jerarquía de poder es, en definitiva, lo que hace que la vida aquí sea tan extraordinariamente rica en contenido. Pues está tan encerrada en sí misma y tan llena de acontecimientos. es tan pobre y, al mismo tiempo, tan-llena de perspectivas como la vida de los buscadores de oro de K.Jondi-ke. Desde la mañana hasta la noche no se hace otra cosa que escarbar en busca de poder. Todas las posibilidades combinato-rias en la existencia de los intelectuales de Europa Occidental son extremadamente pobres comparadas con las innumerables cons-telaciones con que se encuentra aquí un solo individuo a lo largo de un mes. La consecuencia de ello puede ser, sin duda, una especie de estado de embriaguez que hace absolutamente impen-sable una vida sin reuniones y comisiones, debates, resoluciones

 

 

171     Esw nueva conjlguración .. deseo de poder: Ver: GS. IV, 335-336: «Diese Urriformung... vorstellen lásst».

 

 

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y votaciones (y todo esto son guerras, o, por lo menos, manio-bras del deseo de poder). Pero es[ ... ] 172 éste el [objetivo final] 173 que insta de una forma tan categórica a tomar postura, que plan-tea la pregunta de hasta qué· punto se está dispuesto a soportar el papel de espectador en una sala hostil y peligrosa, inhóspita y expuesta alas corrientes de aire, o bien a aceptar, de una manera u otra, el papel que se ha de intepretar en el estruendoso escena-rio.

 

 

9 DE ENERO

 

Sigo considerando mi ingreso en el Partido. Ventajas decisi-vas: una posición segura, la virtualidad de un mandato. La ga-rantía de un contacto organizado con gente. Argumentos en con-tra: ser comunista en un Estado bajo el dominio del proletariado supone renunciar completamente a la independencia personal.

 

U no, por así decirlo, delega en el Partido la tarea de organizar la · propia vida. Pero, en países donde se oprime al proletariado, eso significa  ponerse  de  parte  de  la clase  oprimida,  con  todas las consecuencias que,  tarde  o temprano,  esto  pueda acarrear.  La posición  de pionero sería tentadora si no existieran en ella com-pañeros  cuya  actuación  le  demostrase  a  uno  mismo,  en  todo momento, lo dudoso de tal posición.  Dentro del Partido: la tre-menda ventaja de poder proyectar las propias ideas en una espe-cie de campo de fuerzas dado de antemano. Sobre la posición independiente y su licitud decide finalmente la cuestión  de si es posible quedarse fuera obteniendo un provecho personal y efecti-vo demostrable sin pasarse a la burguesía, o en detrimento del propio trabajo. De si podré dar en lo sucesivo cuenta precisa de mi trabajo, principalmente del científico, con sus bases formales y metafísicas. Qué hay de «revolucionario)) en su forma y en qué medida se da en él.  De si mi situación de incógnito  ilegal entre los autores burgueses tiene algún  sentido.  Y de si es absoluta-mente imprescindible para mi trabajo evitar ciertos extremos del «materialismo)),  o  bien  he  de  tratar de  afrontarlos dentro  del Partido. Lo que aquí se debate son, en definitiva, las restricciones inherentes al trabajo especializado realizado por mí hasta el mo-

 

 

172     [ ... ] Aqui hay una palabía totalmente ilegible por causa de una arruga en el,

 

papel.

173     [Objetivo fmal]: de lectura dudosa.

 

 

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mento. Y tiene que acabar en el ingreso en el Partido ---'al meno~ con carácter experimental-, en el caso de que 174 este trabajo no: pueda seguir el ritmo de mis convicciones ni organizar mi exis-tencia sobre una base tan reducida. Aunque, mientras siga viajan-do, prácticamente no podré plantearme el ingreso en el Partido.

 

Era domingo. Por la mañana estuve traduciendo. Al mediodía, en un pequeño restaurante de la Bolshaya Dimitrovka. Por la tarde, con Asia, que se sentía muy mal. Por la noche, solo en mi habitación, traduciendo.

 

 

10 DE ENERO

 

Por la mañana tuve una discusión muy desagradable con Reích. Recordó mí sugerencia de leerle la reseña 175 acerca de la discusión en el Meyerhold. Eri ese momento, yo ya no tenía la necesidad de hacerlo, pero me avine a ello con una resistencia instintiva. Después de nuestras charlas anteriores sobre las rese-ñas enviadas al Literarische We!t, era evidente que de ello tam-poco podía salir nada bueno. Leí, pues, muy deprisa. Pero yo me había sentado en la silla en una posición tan desafortunada -la luz me daba directamente en los ojos-, que esta mera circuns-tancia debería haberme permitido prever ya el resultado. Reich me escuchaba con una actitud de calma forzada y, cuando hube terminado, no necesitó de muchas palabras. El tono empleado por él bastó para desencadenar, de modo instantáneo, una dispu-ta, tanto más insoluble cuanto que ya no era posible aludir a lo que la había motivado. Cuando estábamos en pleno altercado llamaron a la puerta; era Asia. Se volvió a marchar en seguida.

 

En el tiempo que permaneció allí, yo hablé poco: estuve tradu-ciendo. Me fui de un humor pésimo a dictar cartas y un artículo a casa de Basseches. La secretaria me resulta muy simpática, aunque también bastante «señorita». Cuando la oí decir que

 

 

174     En el manuscrito: «wenn sich auf». Al parecer, Benjamín quería escribir primeramente: «wenn sich auf dieser schmalen Basis diese Arbeit nicht al! mei-nen Intentionen ... [organisieren lassen kann]», pero luego tachó «all meinen Intentionen» y prosiguió la frase de otra manera, sin revisar, no obstante, el inicio de la frase convenientemente.

 

175 Esta reseña se publicó el 11-2-1927 en Literarische Welt con el titulo «Der Regisseur Meyerhold - in Moskau erledigt? Ein literarisches Gericht wegen der Inszeníerung von Gogols Revisor». Ver: «Disputation bei Meyerhold», GS IV, 481-483.

 

 

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quería volver a Berlín, le di mi tarjeta. Yo no tenía el menor interés en encontrarme con Reich al mediodía. Así que compré algunas cosas y comí en mi habitación. Me tomé un café de camino al sanatorio y volví a tomarme otro de vuelta a casa. Asia se encontraba mal; en seguida le entró sueño, de modo que la dejé sola para que pudiese dormir. Pero durante unos minutos estuvimos en la habitación a solas (o, al menos, ella hizo como si lo estuviéramos). Me dijo que, si volvía a Moscú en otra ocasión y ella estaba sana, yo no tendria que andar dando vueltas por ahí tan solo. Peró, si no se curaba, iría a Berlín -le tendría que hacer un hueco en mi habitación con un biombo- para que la tratasen médicos alemanes. Por la noche estuve solo en casa. Reich llegó tarde y aún me contó algunas cosas. Pero una cosa estaba clara después del incidente de la mañana: yo ya no podía pretender contar con Reich para nada de lo que proyectaba ha-cer durante mi estancia, aunque sin él no pudiera organizarla de manera provechosa; lo único sensato era marcharse.

 

 

 

11 DE ENERO

 

A Asia tienen que volver a ponerle inyecciones. Quería ir a la clínica ese día, y el día anterior habíamos quedado en que iría a recogerme para que la acompañase allí en trineo. Pero no llegó hasta cerca de las doce. La inyección se la habían puesto ya en el sanatorio. Estaba muy excitada a consecuencia de ello, y, cuando nos encontrábamos solos en el pasillo (los dos teniamos que tele-fonear), se agarró a mi brazo en un arrebato de antígua espontac neidad. Reich estaba escribiendo cartas en la habitación y no mostró intención de marcharse. Y, aunque Asia volvió de nuevo a mi habitación esa mañana, todo fue completamente inútil. De nada sirvió que yo retrasara mi salida unos minutos. Dijo que no quería venirse conmigo. Los dejé, pues, solos, a ella y a Reich. y me fui a la Petrovka (aunque todavía no pude conseguir mi pasa-porte), y, después, al Museo de Cultura Pictórica. Este pequeño incidente me llevó a decidir definitivamente mi regreso, cuya fe-cha, por otro lado, ya se iba acercando. En el museo no había gran cosa que ver. Más tarde me dijeron que Larionoff y Gon-charova 176 son nombres conocidos. Pero sus cosas carecen de

 

 

176 Mijail F. Larionov ( 1881-1964) y Natalia Goncharova ( !881-1962). pintoc' res "vanguardistas" (rayonismo. orfismo, etc.), compañeros sentimentales: entre

 

 

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interés. Al igual que las otras cosas que hay en las tres salas;.· parecen totalmente influidas por las pinturas pansinas y berline-sas coetáneas, que copian sin ninguna habilidad. Al mediodía me pasé varias horas en la oficina de Cultura esperando conseguir entradas para ir al Teatro Malaia 177 con Basseches y su novia. Pero como no logré avisar simultáneamente al teatro por teléfo-no, por la noche no aceptaron el pase. Basseches había ido sin su novia. A mí me habría gustado ir al cine, pero él quería cenar, de modo que le acompañé al Savoy 178 • Es mucho más modesto que la Bolshaia Moskovskaya. Por otra parte, me aburrí mucho con él. Es incapaz de hablar de otra cosa que no sean sus asuntos más personales; y lo hace con la clara conciencia de demostrar lo muy informado que está y lo bien que sabe informar a los demás. No paró de hojear y de leer Bandera Roja. Luego le acompañé un trecho en coche y me dirigí directamente a casa, donde todavía estuve traduciendo. Ese día 179 por la mañana compré la primera caja lacada (en la Petrovka). Hacía ya algunos días que, como suele ocurrírme a menudo, cuando iba por la calle sólo me fijaba en una cosa: en este caso, en las cajas lacadas. Un enamoramien-to breve y apasionado. Quisiera comprar tres; aún no tengo muy clara la adjudicación de las dos que ya tengo. Ese día compré la cajita de las dos muchachas sentadas junto al samovar. Es muy bonita; aunque sin que ese negro intenso que es con frecuencia lo más bello de estos trabajos aparezca por ninguna parte ..

 

 

12 DE ENERO

 

Ese día 180 compré en el Museo Kustarny una caja mayor en cuya tapa aparecía pintada, sobre fondo negro, una cigarrera. A su lado hay un arbolito muy delgado y, junto a éste, un niño. Es una escena invernal, pues en el suelo hay nieve. La de las dos muchachas también podría hacer pensar en un ambiente nevoso, pues el cuarto en el que están sentadas tiene una ventana por la

 

 

 

19 l 5 '! 1929. colaboradores de escenografía anística para los montajes del Ballet Ruso de Diaghilev (en Francia).

177     El  pequerío teatro (académico  nacional) (/1./a/l•i lealr).

 

l78 Dos conocidos hoteles de Moscu.

 

179     Ese dia .. por ninguna parle.· Ver: (jS IV. 624: «Von den einfachen ... an Lacten».

 

180     Ese dia ...  "Mosselprom»  Ver: (jS lV . .132: <<lch sah ... den Zigaretteni>:

 

 

97

 

que parece verse un aire azul helado. Pero no es seguro. Esta nueva caja me ha resultado mucho más cara. La elegí de entre un gran surtido; había también muchas cosas feas: copias serviles de antiguos maestros. Especialmente caras parecen ser las cajas que tienen una capa dorada (que se remontan, al parecer, a modelos más antiguos), pero a mí no me gustan. El motivo de las cajas mayores debe de ser bastante reciente; en el delantal de la vende-dora, por lo menos, pone «Mosselprom)) 181 • Recuerdo que una vez ya estuve parado largo rato frente al escaparate de una tienda muy elegante de la Rue du Faubourg Saint-Honoré mirando ca-jas como éstas. Pero entonces rechacé la tentación de comprar una con la idea de que fuese Asia quien me la regalase, o que, al menos, procediese, tal vez, de Moscú. Esta pasión mía proviene de la gran impresión que siempre me causó una caja semejante que había en la casa 182 que Bloch tenía con Else en Interlaken; desde entonces puedo imaginarme la impresión tan imborrable que dejan en los niños tales imágenes sobre fondo lacado de color negro. Pero el motivo de la caja de Bloch ya lo he olvidado. Ese mismo día encontré también unas postales fantásticas que llevaba buscando desde hacía mucho tiempo, viejo género inven-dible de la época de los zares; ilustraciones en cartulina prensada

 

.de colores, principalmente, además de vistas de Siberia (con una de las cuales trato de mistificar a Ernst), etc. Fue en una tienda de la Tverskaya, y, como el propietario habla alemán, no tuve que hacer el esfuerzo que normalmente me exige el comprar aquí, pudiendo tomarme mi tiempo. Ese día, por cierto, me habíá levantado y salido pronto de casa. Luego, hacia las 10, había aparecido Asia, encontrando aún a Reich en la cama. Se quedó una media hora, caricaturizándonos a actores y parodian-do al cantante que había compuesto la canción cabaretística de San Francisco y del que ella había oído hablar, probablemente, muy a menudo. Yo ya conocía la canción de cuando estuvimos en Capri, donde ella la solía cantar a veces. En un principio había esperado poderla acompañar por la mañana e ir luego jun-tos a un café. Pero se hizo demasiado tarde. Salí con ella, la dejé en el tranvía y me fui luego solo. Esta visita matinal tuvo un

 

 

 

181     Unión de Empresas Moscovitas para la Transformación de Productos Agrícolas. La Mosselprom se dio a conocer en gran medida por los versos publici-tarios de Mayakovski y Rodchenko en favor de estas empresas.

 

18       2 Ernst  Bloch  vivió  con  su  primera  mujer.  Else  Bloch  von  Stritzki { 1883-

 

1921 ). en  Interlaken desde la primavera de  1917 hasta 1919.

 

 

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efecto benéfico sobre todo el día. Primero, es cierto, me sentí algo insatisfecho en la Galería Tretiakoff. Pués las dos salas que más deseaba ver estaban cerradas. En compensación, las otras salas resultaron ser para mí una maravillosa sorpresa: pude reco-rrer '83 el museo como nunca hasta entonces lo había hecho tra-tándose de una colección desconocida; completamente relajado y entregado al disfrute de una especie de contemplación pueril de lo que los cuadros narraban. Pues la mitad del museo la integran cuadros de pintura rusa de género; su fundador comenzó a hacer adquisiciones hacia 1830 (?), interesándose casi exclusivamente por cosas contemporáneas. Posteriormente, el ámbito de su co-lección se ha visto ampliado hasta 1900. Y teniendo en cuenta que las cosas más antiguas -exceptuando los iconos- parecen ser de la segunda mitad del siglo XVIII, este museo refleja, en su totalidad, la historia de la pintura rusa del siglo XIX. Fue ésta una época determinada por la pintura de género y paisajística. Lo que yo vi me hace suponer que, de entre todos los pueblos euro-peos, son los rusos los que han cultivado de una forma más intensa la pintura de género. Y aquellas paredes llenas de cua-dros narrativos, de representaciones de escenas de la vida de los estamentos más diversos, convierten a esta galería en un gran libro ilustrado. Por otra parte había aquí también muchos más visitantes que en las otras colecciones que había ido a ver. Basta con ver cómo se mueven [por] las salas, en grupo - a veces, en. torno a un guía, o también, en solitario-, con percibir esa gran despreocupación en la que no se advierte ni un ápice del triste abatimiento de los escasos proletarios que pueden verse en los museos occidentales, para darse cuenta: en primer lugar, de que, aquí, el proletariado ha empezado realmente a entrar en pose-sión de los bienes de la cultura burguesa y, en segundo lugar, de que esta colección, precisamente, le resulta muy familiar e inte-resante. En ella encuentra temas de su historia: <<La pobre insti-tutriz llega a la casa del rico comerciante», «Conspirador sor-prendido por los gendarmes», y el hecho de que tales escenas estén imbuidas enteramente del espíritu de la pintura burguesa no sólo no es perjudicial, sino que además se la hace aún más accesible. La educación artística (como ya lo da a entender Proust en ocasiones) no se fomenta precisamente con la contem-plación de las «obras maestras». Antes bien sucede que el edu-

 

 

ISJ Pude recorrer ... no me inleresaban (rnarc.): Ver: GS IV, 323: «Nichts übe-

 

rraschL.  linden kónnen»:  323-324: «Da ist die ... KJasse beziehen».

 

 

99

 

 

cando, nmo o proletario, considera, y con razón, como obras maestras a cosas muy diferentes de las consideradas como tales por el coleccionista. Esos cuadros tienen para él un significado muy transitorio, pero sólido, y el criterio más riguroso sólo se justifica aplicándolo al arte actual que hace referencia a él mis-mo, a su clase social y a su trabajo. En una de las primeras salas me detuve largo rato frente a dos cuadros de Schedrin 184 : el puerto de Sorrento y otra pintura de aquel lugar; en ambos se veía la inefable silueta de Capri, que para mí siempre estará liga-do a Asia. Quise escribirle unas líneas, pero había olvidado el lápiz. Y esta inmersión en la temática nada mas iniciar la visita al museo determinó también el espíritu de mi contemplación posterior. Vi retratos muy buenos de Gogol, Dostoyevski, Os-trovski, T olstoi. En una planta baja a la que se bajaba por unas escaleras había muchas cosas de Vereschaguin 185 • Pero a mí no me interesaban. Salí muy alegre del museo. La verdad es que había entrado ya con ese estado de ánimo, y la culpa de ello la tuvo, más que nada, la iglesia de color ladrillo que se encuentra junto a la parada d€1 tranvía. Era un día de frío; aunque quizá no tan frío como aquel en que estuve aquí por primera vez, buscan-do el museo sin poderlo encontrar, a pesar de estar a dos pasos de él. Y finalmente, aún pasé también ese día un rato agradable con Asia. Reich se había marchado poco antes de las siete; ella le había acompañado abajo, quedándose allí bastante tiempo, y cuando por fin volvió, a pesar de que yo seguía estando solo, ya no nos quedaban nada más que unos pocos minutos. Ya no recuerdo lo que sucedió: de pronto fui capaz de mirar a Asia con mucho cariño y noté que se sentía atraída por mí. Durante un momento le estuve contando lo que había hecho a lo largo del día. Pero tenía que marcharme. Le di la mano y ella la retuvo entre las suyas. Le hubiera gustado seguir hablando conmigo y yo le dije que si podíamos quedar con seguridad en encontrarnos en mi casa, prefería no ver la obra de Tairoff, a la que había pensado ir. Pero, finalmente, ella tuvo dudas sobre si el médico la dejaría salir. Quedamos en que Asia vendría a verme una de las noches siguientes. La obra de TairotT era D[a J' noche 186 , basada en una opereta de Lecocq 187 • Me encontré con el arneri-

 

 

 

1x4 Silvcstr Feodosicvich Shchedrin ( i 79!-18 .10). paisaJista ruso.

1X) Yasíli V creshchagin ( 1R42-l904 ). pmtor ruso conocido principalmente por sus cscen<Js ht'liras.

 

lXI> "{)¡{¡    ¡- "''c'Íif""   Va nota  lfo7.

1x7 Alcxandre-Ch<Jrks l.ecnn¡ ( l X.r:!-19 PO.

 

 

100

 

cano con el que estaba citado. Pero su traductora no me sin:íó;de·

mucho: sólo se dirigía a él. y como la acción era un: tanto e~~" pl~ja, tuve que conformarme con las bonitas escenas de ballet.. ·.

 

 

!JDE ENERO

 

El día fue un completo fracaso, a excepc10n de la noche. Ahora, además, empieza a hacer mucho frío: la temperatura me-dia es de unos 26° Reaumur. Pasé un frío horrible. Ni siquiera tc:Js guantes me sirvieron. de nada, pues estaban agujereados. La ~::osa todavía funcionó por la mañana: encontré la agencia de viajes de la Petrovka cuando [yo] ya había renunciado a ello, y también me informé de los precios. Luego quise ir en el autobús

 

. 9 al Museo del Juguete. Pero, como el vehículo tuvo una avería en el Arbat y yo creí (equivocadamente) que se quedaría allí mucho tiempo parado, me apeé. Acababa de contemplar con añoranza, al pasar por delante, el mercado de la Arbatskaya, donde vi por primera vez los hermosos tenderetes navideños de Moscú. En esta ocasión, la suerte me sonrió de otra manera: a! llegar a casa la noche anterior, cansado y tenso, esperando hacer:-lo antes que Reich, éste ya estaba Ilí. Me sentí malhumorado por no poder estar solo tampoco en ese momento (desde que''Oiscuti-mos sobre mi artículo acerca de Meyerhold, la presencia de Reich me salia irritar) e inmediatamente me fui hacia la lifmpara para ponerla en una silla junto a mi cama, cosa que ya había logrado hacer otras veces. El [empalme] provisional con la con-ducción eléctrica volvió a romperse una vez más; impaciente, me incliné sobre la mesa para, en tan incómoda postura, tratar de yolverlo a conectar,. provocando un cortociFcuito después·de ha-ber estado un buen: rato maniobrando con los cables. Que vinie-sen a arreglarlo era algo impensable en ese hotel. Con la luz del techo era imposible trabajar, y así volvía a cobrar actualidad la cuestión de los primeros días. Estando en la cama, de pronto se me encendió la «velita>>. Pero eso era también muy difíciL Ha-cerle encargos a Reich era un asunto cada vez más difícil; él mismo tenía una infinidad de cosas que hacer y, además, estaba de mal humor. No me quedaba más remedio que ponerme solo en camino, armado de un vocablo. Pero hasta ese mismo voca-blo tendría que habérmelo proporcionado antes Asía. Por eso fue una verdadera suerte que allí, en el escaparate de una tienda, encontrase, de forma inesperada, velas, que pude comprar seña-

 

 

1:01

 

lándolas simplemente con el dedo. Pero con esto concluyó la parte feliz del día. Tenía mucho frío. Quise ver la exposición de obras gráficas del Dom Pechat 1xx: cerrada. Y lo mismo con el Museo Iconográfico. E.ntonces caí en la cuenta: era Nochevieja de acuerdo con el antiguo calendario. Nada mas bajar del trineo que había cogido después de ir al Museo Iconográfico, pues se encontraba en un lugar alejado que yo no conocía y el frío ape-nas me dejaba avanzar, vi que estaba cerrado. En casos así, en los que sólo por impotencia lingüística se tiene que hacer cualquier cosa absurda, es cuando uno se da doblemente cuenta de la in-creíble pérdida de tiempo y energía que este hecho supone. El tranvía en otra dirección lo encontré mucho más cerca de lo que había pensado, y me fui a casa. En el Dom Gerzena estuve antes que Reich. Y cuando él llegó, me saludó diciendo: «¡Tiene Vd. mala suerte!» Había ido a la oficina de la Enciclopedia a entregar mi exposición sobre Goethe. En ese momento había llegado ca-sualmente Radek 189 , que vio el manuscrito sobre la mesa y lo cogió. Mostrándose desconfiado quiso saber de quién era. «En cada página aparece "lucha de clases" diez veces por lo menoS.)) Reich le demostró que eso no era cierto y le dijo que, por otra parte, es imposible estudiar la obra de Goethe, que coincide con una época de grandes luchas sociales, sin emplear esa palabra. Radek: «Lo único que importa es que aparezca en el sitio ade-cuadO.)) En consecuencia. las esperanzas de que acepten mi ex-posición son extremadamente escasas. Pues los infelices directo-res de este proyecto se sienten demasiado inseguros como para permitirse siquiera la posibilidad de expresar la propia opinión frente al peor chiste de cualquier autoridad. Este incidente le resultó a Reich más desagradable que a mí. Para mí lo fue mu-cho más por la tarde, cuando hablé de ello con Asia. Pues en seguida empezó con que algo habría de cierto en lo que decía Radek. Seguro que había hecho algo mal: yo no sabía cómo se debían abordar aquí estas cuestiones., y cosas por el estilo. Enton-ces le dije a la cara que sus palabras no eran más que el producto de su cobardía y de la necesidad de moverse, a cualquier precio, en la dirección en que soplase el viento. Después de que Reich llegase; no tardé en salir de la habitación. Pues, como sabía que

 

 

18& «Casa de la Prensa». una especie de club de periodistas.

 

189 Karl Radek ( 1885-1939). funcionario destacado del Partido, miembro del Presidium de la Komintern en 1920; desterrado en 192711928 acusado de «trots-

 

kista>>.

 

 

102

 

hablaría de ello, no quería que lo hiciese en mi presencia. Aque-lla noche esperaba la visita de Asía. Y por eso. a pesar de estar Reich delante, aún hice alusión a ello desde la puerta. Compré de todo: caviar, tarta, dulces; también para Daga, a quien Reich iría a ver al día siguiente. Luego me senté en mi habitación, cené y escribí. Poco después de las ocho ya había abandonado las espe-ranzas de que Asia llegara. Pero hacía tiempo que no la esperaba así (y, por todas las circunstancias, que no debía esperarla ya). Y

 

· no había hecho nada más que empezar a apuntarte tates expecta-tivas en un cuadro esquemático, cuando llamaron a la puerta. Era ella, y su primera noticia fue que no la habían querido dejar venir a verme. Al principio creí que se refería a mí hotel. Pues, al parecer, hay un nuevo sovietdushi 190 muy estricto. Pero se refe-ría a Ivan Petrovich. Y así, también esa noche, o, mejor dicho, esa hora escasa, quedó recortada por todos lados, y yo me vi enzarzado en un combate contra el tiempo. Yo fui, sin duda, el vencedor de la primera ronda. Hice rápidamente el esquema que tenía en la cabeza y, cuando se lo expliqué, ella apretó con fuerza su frente contra la mía. Luego le leí la exposición, y también esto resultó muy bien; le gustó, encontrándola incluso extraordinaria-mente clara y objetiva. Hablé con ella de lo que considero real-mente interesante del tema «Goethe»: el hecho de que un hom-bre que, como Goethe, tuvo que vivir sujeto a tantos compromi-sos pudiera, sin embargo, realizar cosas tan extraordinarias. Mi respuesta a ello es que tal cosa sería impensable tratándose de un autor proletario. Pero la lucha de clases de la burguesía fue radi-calmente distinta a la proletaria. Por eso no se pueden equiparar esquemáticamente el significado de «infidelidad» o «compromi-so» en ambos movimientos. Mencioné la tesis de Lukács 191 , a saber: que el materialismo histórico, en el fondo, sólo se puede aplicar a la historia del movimiento obrero. Pero Asia se cansó muy pronto. Entonces cogí el Diario de Moscú y le leí, por las buenas, lo primero que vi. Pero eso fue peor. Se trataba precisa-mente de mis comentarios acerca de la educación comunista. «Todo eso es absurdo>>, dijo Asia. Estaba insatisfecha 192 y me

 

 

190 Denominación para el portero acuñada  por Benjarnin y Lacis.

 

191     La tesis de Lukács. a saber: que el materialismo histórico, en el fondo, sólo se puede aplicar a la historia del movimiento obrero: Ver sobre el terna: Georg LuKAcs. HisiOria y conciencia de clase ( 1923) y la breve recensión de este libro

 

realizada por Benjarnin en GS !11,  171.

l92 Estaba insatisfecha ... malos ratos: Ver: GS IV, 348: (<.Jetzt rnacht~ .. deutli-

 

cher herausgestellt».

 

 

103

 

dijo que no conozco Rusia en absoluto Yo     corr.                                                                              

  .                                     .                                     Y entonces empezó        .        '  •uO  es ló  .                                                

se lo d1scut1.         ·                           a hablar ella· d..                       glco, no

·                                                                                                                  ·                   .                  .        lJO  Cos                                                             

Importantes,                    pero el hablar la exc       1tó  mucho.  Me e           . as muy

·   ·      ·                                                                                                                                                                          onto q                                                       

pnnc1p10, tampoco ella había entendido a Rusia·· du rante 1ue, al

meras semanas después de su lleoada había deseado                                     as Pri-

                                                                                                                             .  e                                              vo 1ver       a tu-

ropa y pensado que, en Rusia, todo había acabado  q        ue      1      

                   ·                                    b                          1                                                                  '                           a o                                 ·

cton tema a                                         so utamente toda la razón.  Pero,       poco                       Pos1-

· ·d                d       an      d ·                                                                                   a Poco         ' se

h a b 1a         1.?                                 o cue~ta de lo q~e estaba sucediendo allí: la  1                

formacwn  del  trabaJO  revolucronario en trabajo técn·                                rans-

  .d      a        d                                                                         1   .             .                                                lCO.  C       n        1

actual1                   , cua qmer comumsta comprende que el trab                  ·                                      a

·          ·                           d       e        1                                                                                                        a.Jo   rev    o-

luCionano                                                    momento  no es la lucha,  la guerra civil           .                                    

  ·fi                         ··                          1                          ·                                                                   ' stno 1

e1ectn Icacwn,  a construcctón de canales, la creación  d  e        .                                      a

.                                       .                                                        d                 .                                                                                     tndu  s-

tnas,    menCionan           o ella _mtsma,  en  esta  ocasión,       a Scheerb            

por cuya causa ella y Re1ch me habían hecho ya pasar aq          . art,

malos r~tos: ning~n auto~,        dijo, había. sabi~o poner de     ma~~fitan

to tan bten como el el caracter revoluc10nano del trabajo téc               ~es­

(Es una pena que yo no me valiera de esta fórmula tan     ace~lco.

en la entrevista.) Con todas estas cosas se entretuvo unos m·ada tos más de lo debido. Luego se marchó y, como suele oc~n~­

 

cuando se ha sentido unida a mí, no me pidio que la acompar:_nr se. Me quedé en la habitación. Durante todo ese tiempo hab~a­

estado sobre la mesa las dos velas que, desde la noche del cort n circuito, tengo siempre encendidas en la habitación. Desput

cuando ya me había acostado, llegó Reich.    s,

 

 

14 DE ENERO

 

Este día y el siguiente fueron muy desagrad~bl:s. El reloj ya

marca la hora de «salida». El frío es cada vez mas mtenso (siem~ pre se mantiene sobre los veinte grados, por lo men~s), ~_e~ cum- ·

 

plimiento de las obligaciones pendientes ~esul;a mas dtflcll. Los síntomas de la dolencia de Reich, converttda anora en una enfer~ medad declarada (aunque aún no sé muy bien lo que tiene), se hicieron también más evidentes, de modo que cada vez es menos lo que puede hacer por mí. Este dia fue a ver a Daga, ~uy bien abrigado. Yo aproveché la mañana para ver las tres estacwnes de la Plaza Kalanchevskaya: la de Kursk 193 • la de Octubre, de la que

 

 

193 La estación de Kursk no es una de las tres estaciones que se encuentran en la Plaza Kalanchevskaya. Benjamin se referia. probablemente. a la estac10n de

 

Kazán.

 

 

104

 

salen los trenes para Leningrado, y la de Yaroslavski, de donde salen los que van a Siberia. El comedor de la estación está lleno de palmeras y da a una gran sala de espera pintada de azul. Eso hace que uno se sienta como en el zoo, en la casa de los antílo-pes. Estuve tomando té y pensando en el regreso. Tenía frente a mí una bonita bolsa roja con un tabaco de Crimea estupendo que había comprado en uno de los tenderetes que hay delante de la estación. Luego estuve comprando más juguetes. En el Ochot-ni Riad había un vendedpr de juguetes de madera. Me llama la atención el que ciertos artículos salgan por tandas a la venta callejera. Y así, por primera vez, pude ver aquí unas hachas de madera para niños, con pirograbado, de las que un día después vería un cesto lleno. Compré un gracioso modelo en madera de máquina de coser cuya «aguja» se pone en movimiento girando una manivela, y una muñeca de cartón piedra que se columpia sobre una caja de música, un ejemplar deficiente de un tipo de juguete que había visto en los museos. Después ya no pude aguantar el frío y, con paso vacilante, me dirigí a un café. P<J.recía ser un local de un tipo muy especial: en la pequeña sala había algunos muebles de junco; los alimentos llegaban de la co~ina a través de una ventana corredera, y sobre un gran mostrador se veían sakuskas 194: embutidos, pepinos, pescado. Había también una vitrina, como en los restaurantes franceses e italianos. Y o no conocía el nombre de ninguna de las cosas que me hul¿iesen apetecido y me calenté con una taza de café. Luego salí y me puse a buscar por las «líneas comerciales altas» el escapar~te de la tienda donde me habían llamado la atención, uno de los pri-meros días, las muñecas de barro. Aún estaban allí. Al pasar por el pasaje que comunica la Plaza de la Revolución con la Plaza Roja, me fijé mejor en los vendedores ambulantes tratando de tomar nota de algunas cosas que hasta entonces me habían pasa-do inadvertidas: venta de ropa interior de señora (corsés), de corbatas y chales, de perchas para la ropa. Finalmente, hacia las dos, llegué, completamente agotado, al Dom Gerzena, en donde, por otra parte, no se puede comer hasta cerca de las tres y media. Después de comer fui a casa para librarme del paquete de jugue-tes. Llegué al sanatorio hacia las cuatro y media. Cuando subía por la escalera, me encontré con Asia, lista para salir. Quería ir a la modista. Por el camino le conté lo que ya me había dicho Reich (que había llegado a mi habitación justo detras de mí)

 

 

194     Piscolabis («tapas»).

 

 

105

 

acerca de la salud de Daga, que parecía ser positivo. Y así segui-mos avanzando hasta que, de pronto, Asia me preguntó si no le podría dar dinero. Pero el día anterior yo había estado hablando precisamente con Reich para pedirle que me prestase 150 marcos para el viaje de vuelta; le dije, pues, que no tenía, sin saber para qué lo necesitaba. Ella me contestó que nunca se podía contar conmigo cuando se necesitaba dinero, y empezó a hacerme re-proches hablando de la habitación de Riga que debería haberle alquilado, etc. Ese día, yo estaba muy fatigado y, además, suma-mente irritado por la conversacion iniciada por ella de una for-ma tan torpe. Resultó que el dinero lo quería para coger un piso que, por lo que había oído, estaba disponible. Quise tomar otro camino, pero ella me retuvo, agarrándose a mí como casi nunca lo había hecho, aunque siguió hablando del mismo tema. Final-mente, sin poderme controlar de rabia, le dije que me había engañado, pues me había prometido por carta restituirme en seguida el dinero de los gastos de Berlín y, hasta el momento, ni Reich ni ella habían dicho una palabra del asunto. Eso la afectó mucho. Yo me excité todavía más y seguí atacándola hasta que ella, acelerando el paso, me dejó con la palabra en la boca. Y o no la seguí; me di media vuelta y me fui a casa. Por la noche estaba citado con Gnedin. Iba a venir a buscarme para llevarme a su casa. Y efectivamente vino, pero nos quedamos en mi habita-ción. Me pidió disculpas por no llevarme a su casa: su mujer estaba preparando un examen y no tenía tiempo. Nuestra con-versación se prolongó hasta cerca de las once, por espacio de unas tres horas. Yo empecé manifestándole mi pesar y mi disgus-to por haber conocido de Rusia aún menos de lo que esperaba. Y no tardamos en ponernos de acuerdo sobre el hecho de que la única manera de hacerse una idea de la situación era hablar con el mayor número posible de personas. Por otra parte mostró mucho empeño en hacerme accesible tal o cual cosa antes de mi partida. Y así concertó conmigo una cita, para dos días después -un domingo a mediodía- para ir al Teatro del Proletkult. Pero cuando fui, no le encontré y me tuve que· volver a casa. También me prometió invitarme a una representación del club, pero aún no se había fijado la fecha. El programa previsto consis-tía en una especie de exhibición experimental de nuevas ceremo-nias 195 para la imposición de nombre. enlaces matrimoniales.

 

 

 

195     Nuevas cert>monias ... t>nlaces malrimonialcs. l:'lc (rnarc.): Ver: GS IV. 325: «Neue Zeremonien ... Yersuchsanstalten vorgefuhr1».

 

 

106

 

etcétera. Aquí desearía 196 añadir lo que Reich me contó hace ·algún tiempo sobre los nombres de los bebés dentro de la jerar-quía comunista. Desde el momento en que pueden señalar con el dedo el retrato de Lenin se les llama oktiabrs. Aquella noche aprendí también otro vocablo raro. Es la expresión «los de an-tes» 197 para referirse a los grupos de ciudadanos desposeídos por la revolución que no se han podido adaptar a la nueva situación. Gnedin habló también del interminable cambio organizativo, que aún habría de prolongarse durante años. Todas las semanas se introducen nuevas modificaciones en la organización con el afán de descubrir cuáles puedan ser los métodos idóneos. Tam-bién hablamos de la desaparición de la vida privada. Por falta de tiempo. Gnedín me contó que durante la semana no ve nada más que a las personas con las que se relaciona en el trabajo, y a su mujer y a su hijo. Y la vida social que queda para los domin-gos es muy fluctuante, pues con sólo estar tres semanas sin con-tacto con conocidos, uno puede estar ya totalmente convencido de no volver a saber nada de ellos durante mucho tiempo, ya que, entretanto, nuevas amistades habrán venido a reemplazar a las antiguas. Luego acompañé a Gnedín al tranvía, y en la calle estuvimos hablando aún de cuestiones aduaneras.

 

 

 

15 DE ENERO

 

Paseo en vano hasta el Museo del Juguete. Estaba cerrado, a pesar de que, según la guia, abre Jos sábados. Por la mañana me llegó, por fin, el Líterarische Welt - a través de Hessel-, que yo había estado esperando con tal impaciencia, que cualquier día habría telegrafiado a Berlín pidiendo que me lo enviasen. Asía no entendió el Almanaque 198 ; a Reich no pareció gustarle dema-

 

 

IY6 Aqui desearia ... «oktiabrs»: Ver: GS IV. 322: «"Oktjabr" (Oktobers) ... deu-ten kónnen>>.

19 7 «Los de antes»: bvvshie liudi.

 

198     «Almanaque» del. Literarische Welt para 1927, con versos de Walter Ben-jamin y dibujos de Rudolf Grossmann. En el mismo número del Literarische Welt (24-12-1926) aparecía también el comentario de Benjamin a las Cartas a Máximo Gorki, 1908-1913. de Vladimir ll"jic Lenin. (Los versos de Benjamin para el Almanaque aparecieron en el tome 6 de las GS: el comentario de Lenin se encuentra en GS lll, 51-53.) Después de recibir e.l Almanaque, Benjamin le escri-bió a Grossman la siguiente carta, aún no publicada (original en el Leo Baeck Institute, Nueva York):

 

 

107

 

siado. Por la mañana anduve nuevamente vagando; traté de pe-netrar, por segunda vez, inútilmente en la exposición de arte gráfico y, fina]mente, otra vez medio congelado, me metí en la Galería Schukin 199 • El fundador, al igual que su hermano, fue un empresario textil multimillonario. Ambos eran mecenas. A uno se le debe la construcción ,del Museo de Historia (así como una parte de sus ,colecciones); al otro, esta magnífica galería de arte francés moderno. Cuando uno sube por la escalera, totalmente

 

 

Sehr geehrter Herr·Grossmann

 

endlich, mit .drei Wochen Verzógerung, üt mir nun die «Literarische Welt» mit den .vorzüglichen Kópfen und Bildern zugekomen, die Sie zu meinen Vers-chen gemacht haben. lch freue mich sehr, dass unsere Sache so gut gel ungen ist. und auch ich würde es sehr schón linden, wenn wir gelegentlich wieder ahnlich zusammen arbeiten kónnten. Dann sage ich Ihnen den schónsten Dank für die Zeilen an SchatTer. Als ich mich damit zu ihm aufmachen wollte, hórte ich leider, dass er abgereist sei, und so werden Sie ihn wohl schon gesproéhen haben. lch selber gedenke Ende des Monats zurückzukommen und werde mir dann erlau-ben, Sie anzurufen. Mit Vergnügen las ich das schóne Barbette-Stück von Coc-teau im letzten Querschnitt und sah, dass die Übersetzung von Ihrer Frau ist. lch habe es deutsch ebenso gut gefunden wie vor dreiviertel Jahren franzósisch.

 

Ihnen und lhrer Frau die freundlichsten Emfehlungen und Grüsse

Ihr Walter Benjamín

 

13.      Januar 1927 Moskau

 

Sadowaja Triumfalnaja Gost. «Tyrol»

 

(Estimado Sr. Grossmann:

 

Por fin he recibido, con tres semanas de retraso. el Lilerarische We/1 con las excelentes cabezas e ilustraciones realizadas por Vd. para mis versitos. Me.alegro mucho de que nuestro asunto.haya resultado tan"bién e igualmente me agradaría poder trabajar en alguna otra ocasión con Vd ..de manera semejante. :Quisiera expresarle también mi mayor agradecimiento por las lineas dedicadas a SchatTer. Cuando quise ir. a verle con este motivo, tuve desgraciadamente noticia de que. se encuentra de viaje, por lo que supongo que Vd. ya habrá hablado con éL Yo mismo pienso regresar a fin de mes. y entonces me tomaré la libertad de llamarle a Vd. Leí con placer el hermoso fragmento de Barbette, de Cocteau, en el último Querschnill, comprobando que la traducción es de su esposa. Me ha-parecido tan bueno en .alemán como, hace nueve meses, en francés.

 

Reciban Vd. y su esposa mis recuerdos y saludos más amistosos.

Walter Benjamin

13 de enero 1927

Moscú

 

Sadovaya Triumfalnaya

Gost. «Tyrol»]

 

199     Sergei lvanovich Shchukin (1854-1936). Su colección de Picasso, reunida entre 1908 y 1914, se componía de 54 cuadros.

 

 

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congelado, puede ver en lo alto de la escalinata los famosos mue

.raJes de Matisse: figuras desnudas, en disposición rítmica, sobre un fondo rojo intenso, tan cálido y brillante como el que se encuentra en los iconos rusos. Las grandes pasiones de este colec-cionista fueron Matisse, Gauguin y Picasso. En una sala hay veintinueve cuadros de Gauguin apretados como sardinas. (Por mi parte, volví a comprobar, una vez más - y en la medida en que el fugaz recorrido por esta gran colección permite emplear tal expresión-, que los cuadros de Gauguin me provocan hosti-lidad y que en ellos percibo todo lo que de aborrecible pueda sentir un no judío frente a los judíos.) Probablemente, en ningún otro lugar se puede, ni con mucho, seguir como aquí la trayecto-ria de Picasso, desde sus primeros cuadros de veinteañero hasta 1914. Debió de pintar, a menudo durante meses, sólo para Schu-kin, por ejemplo a lo largo del «período amarillo» 200 • Sus cua-dros llenan tres gabinetes contiguos. En el primero oe ellos, su primera época, y de esta obra temprana había, por 10'1Uenos, dos cuadros que me llamaron la atención: un hombre vestido de pierrot que sostiene en la mano algo parecido a uri' vaso, y la Bebedora de absenta. Luego, el período cubista, en torno a 1911, en los orígenes de Montparnasse, y, por último, el período ama-rillo, con la Amitié y esbozos de ésta, entre otras cosas. No lejos de allí hay una sala entera dedicada a Derain. Junto a cuadros muy bellos, en su estilo habitual, vi uno completamente extraño, Le samedi. Este cuadro, grande y sombrío, muestra, .reunidas en torno a una mesa, a mujeres vestidas con el traje típico de Flan-des ocupadas en tareas domésticas. Los personajes y la forma de expresión recuerdan sobremanera a Memling. Las salas son muy claras, exceptuando la pequeña con pinturas de Rousseau. Las ventanas, de grandes vidrieras de una hoja, dan a la calie y al patio del edificio. Aquí, por primera vez, pude hacerme una vaga idea de pintores tales como Van Dongen 201 o Le Faucon-nier 202 • En un cuadrito de Marie Laurencin 203 , una cabeza de

 

 

200     Poco usual como expresión técnica; Benjamín se refiere, al parecer, a los cuadros característicos por tonalidades amarillas y ocres de la fase del «cubismo sintético» (1 911/1912 a 1914).

 

20t Cornelius Theodor Marie «Kees» Van Dongen (1877-1968). pintor fran-co-holandés; perteneció a principios de siglo al movimiento «Fauve».

202 (Victor-Gabriel)-Henri Le Fauconnier ( 1881-1 946), pintor francés, cubista y expresionista.

203 Pintora francesa ( 1885-1 956), influida por Matisse y por el cubismo. Dise-ñó vestuarios para la Comédie Francaise y los «Ballets russes>> de Diaghilev.

 

 

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mujer con la correspondiente mano femenina introduciéndose en el cuadro y de la cual sale una flor, me recorqó a M unchhau-sen 204 en su configuración fisiológica, haciéndome evidente su pasado amor por Marie Laurencin. Al mediodía supe por Nie-men que ya había aparecido mi entrevista 205 • Fui, pues, a ver a Asia con el «Vechernie Moskva)) y el Literarische Welt. La tarde, sin embargo, no resultó nada agradable. Reich no llegó hasta mucho después. Asia me tradujo la entrevista. Yo ya me había dado cuenta, no de que pudiera parecer «peligrosa», como había creído Reich, pero sí de que su conclusión resultaba un tanto endeble; no tanto por mencionar a Scheerbart cuanto por la ma-nera tan insegura e imprecisa de hacerlo. Y esta endeblez se ponía desgraciadamente de manifiesto; mientras que el comien-zo, la confrontación con el arte italiano, sí salió bien. No obstan-te creo que, en conjunto, ha sido útil que apareciera. Asia se sintió fascinada por el comienzo, pero el final le desagradó, con razón. Lo mejor es que ha salido en lugar destacado. En el cami-no, por causa de la disputa del día anterior, yo había comprado tarta para Asia. Se la tomó. Luego me dijo que ese día, después de separarnos, ya no había querido saber nada más de mí, y había pensado que no nos veríamos nunca más (o en mucho tiempo). Pero, por la noche y para asombro suyo, había visto las cosas de una forma muy distinta, dándose cuenta de que no era capaz de estar mucho tiempo enfadada conmigo. Dijo que, siem-pre que ocurría algo, la cosa acababa en que, al final, ella me preguntaba si me había ofendido. Desgraciadamente, a pesar de estas palabras -ya no sé por qué-, terminamos peleándo-

 

nos 206.

 

 

 

 

204 Thankmar von Münchhausen ( 1892-1979). fue dado a conocer por el his-toriador del Arte Wilhelm Uhde con su «descubrimiento» de Marie Laurencin; su intercambio epistolar con Benjamin, al que conoció, al parecer, a través de Hofmannsthal o Rilke, no ha sido publicado.

 

205 Emrevista: la entrevista con Benjamin en Vecherniaya Moska no se ha archivado en Occidente y el editor no ha tenido acceso a la Biblioteca Lenin de Moscú.

 

206     Peleándonos.. 15 de enero (continuación): en este pasaje aparece en el manuscrito un espacio libre de aproximadamente 1 3/4 páginas. Benjamin que-ría, tal vez, insertar en este pasaje, a posteriori. la entrevista anteriormente citada, que acababa de publicarse. Pero también es posible que, a la hora de continuar las anotaciones del diario relativas al 15 de enero, no dispusiera de la hoja redac-tada en último lugar.

 

 

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15 DE ENERO (continuación)

 

Resumiendo: después de haberle enseñado a Asia el periódico y la revista, la conversación volvió a recaer sobre el fracaso de mi estancia aquí, y, al surgir de nuevo el tema de mis compras de Berlín y empezar Asia a ponerles pegas 207 , yo perdí el dominio de mí mismo y salí corriendo de la habitación como un desespera-do. Pero en el pasillo recapacité - o mejor dicho: no me sentí con fuerzas para marcharme- y volví de nuevo diciendo: «Me gustaría quedarme aún un poco, muy tranquilo.» Luego volvi-mos, incluso, a entablar, poco a poco, conversación, y cuando llegó Reich, los dos estábamos, sin duda, agotados, pero tranqui-los. Después de esto me propuse no permitir que, por ningún concepto, volviese a producirse una pelea así. Reich dijo que no se sentía bien. De hecho persistía, o había empeorado, la contrac-ción de la mandíbula. Ya no podía masticar. Tenía las encías inflamadas y no tardó en formársele una úlcera. A pesar de lo cual, dijo, tenía que ir aquella noche al club alemán. Le habían nombrado mediador entre el grupo alemán del Vapp y los dele-gados culturales en Moscú de los alemanes del Volga. Al encon-trarnos a solas en el vestíbulo, me dijo que también tenía fiebre. Yo le toqué la frente y le dije que de ningún modo podía ir al club. Me mandó, pues, a mí para disculparle. La casa no estaba lejos, pero yo me las tuve que ver con un viento tan gélido que apenas conseguía avanzar. Y al final no la encontré. Volví agota-do y me quedé en casa.

 

 

16 DE ENERO

 

El viaje de regreso lo había fijado para el viernes, día 21. La proximidad de la fecha hizo mis días muy fatigosos. Eran mu-chas las cosas que había que resolver, una tras otra y sin apenas intervalo. Para el domingo me había propuesto dos distintas: no sólo encontrarme hacia la una con Gnedin en el Teatro del Pro-letkult 208 , sino también ir antes al Museo de Pintura e Iconogra-

 

 

207     Ponerles pegas (eines  daran ausste/lte): formulación  de difícil compren-

 

sión: probablemente quiso decir <<einiges daran aussetzte» o «einíges daran he-rausstellte».

 

208     Abreviatura de Proletarskaya kultura = organización que se consideraba instrumento para el desarrollo de la «energia creadora oculta» del proletariado.

 

 

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fía (Astraujoff) 209 . Logré, finalmente, mi primer propósito, pero no el segundo. Volvía a hacer mucho frío; los cristales del tranvía estaban totalmente cubiertos por una gruesa capa de hielo. Pri-meramente. me pasé bastante de la parada donde debía apearme. Tuve que volver atrás. En el museo se dio la feliz circunstancia de que uno de los vigilantes hablase alemán y me acompañase en el recorrido. A la planta baja 210, donde hay pintura rusa de fina-les del siglo pasado y comienzos de éste, sólo le dediqué unos minutos al final. Hice bien en ir antes que nada a la colección de iconos. Está en el primer piso del edificio más bajo, en unas salas muy claras. El propietario de la colección aún vive. La revolu-ción no ha introducido ningún cambio en el museo; se lo ha expropiado, pero dejándole como director de la colección. El tal Astraujoff es pintor e hizo sus primeras adquisiciones hace cua-renta años. Era multimillonario y viajó por todas partes, y cuan-do finalmente quiso empezar a coleccionar obra plástica rusa en madera, estalló la guerra. La pieza más antigua de la colección, una imagen de santo bizantina pintada con cera sobre una plan-cha de madera, procede del siglo XVI. La mayor parte de los cuadros son del xv y del XVJ. Por las explicaciones de mi guía averigüé cuáles son las principales diferencias entre las escuelas de Stroganoff y de Novgorod, recibiendo también algunas infor-maciones sobre iconografía. Me fijé, por primera vez, en la alego-ría de la muerte vencida al pie de la cruz, tan frecuente en los iconos de aquí. Una calavera (que parece reflejarse en un charco de lodo) sobre fondo negro. Unos días después, en el Museo de Historia, vi también otras representaciones .iconográficas muy curiosas. U na especie de bodegón de instrumentos del martirio; en el altar en torno al cual se encuentran agrupados se pasea el Espíritu Santo en forma de paloma sobre un paño pintado en un maravilloso color rosa. Y también dos horribles carátulas. con aureola a ambos lados de Cristo: sin duda, los dos ladrones, que, se supone, han entrado en el Paraíso. Otra representación, la de tres ángeles a la mesa, bastante frecuente y en la que aparece

 

 

Creada en J 9 l 7, perdería en 1921 su independencia en cuanto a su organización política, pasando a depender directamente del Narkompros. Subsistió has-ta 1932.

 

209     Ilya Semenovich Ostroúchov (1858-1929), pintor ruso: entre 1905 y 19iJ, administrador de la Galería Tretiakov.

 

210     A la planta baja ... iconográ_ficas muy curiosas (marc.): marcado en el ma-nuscrito, pero, al parecer, no se ha incluido en ninguno de los trabajos fruto de sti estancia en Moscú.

 

 

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siempre en primer plano el degüello de un cordero en tamaño reducido y presentado a modo de emblema, me resultó -muy poco clara. Totalmente incomprensibles para mí desde el punto de vista temático son, como es lógico, las leyendas que aparecen pintadas. Cuando volví a bajar de aquella planta tan fría habían encendido un fuego en la chimenea, en torno al cual se encontra-ba el escaso personal pasando aquella mañana de domingo. Me habría gustado quedarme, pero tuve que salir de nuevo al frío. El último trecho desde la oficina de Telégrafos -donde me había apeado- hasta el Teatro del Proletkult fue horrible. Luego estu-ve una hora apostado en el vestíbulo. Pero mi espera fue comple-tamente en vano. Unos días más tarde me enteré de que Gnedin había estado esperándome en ese mismo lugar. Resulta casi inex-plicable cómo pudo suceder tal cosa: es muy pensable que yo, agotado como estaba y con mi mala memoria para las fisono-mías, no lo reconociese por ir tapado con el abrigo y ~~ gorro, pero parece increíble que a él le ocurriese exactamente lo mismo. Regresé, pues, con la intención de comer, en principio, en nues-tra tabernita de los domingos, pero me pasé de parada y, al final, me senti tan decaído, que preferí renunciar completamente a la comida antes que hacer un trecho a pie. Aunque luego hice aco-pio de ánimos para abrir, en la Plaza Triumfalnaya. la puerta de una sta!ovaya 211 que no conocía. Tenía un aspecto muy acoge-dor y la comida que pedí no estuvo mal: pero el horsch. induda-blemente, no era comparable al que solíamos comer los domin-gos. De este modo gané tiempo para descansar un buen rato antes de ir a ver a Asia. No me sorprendió que me dijese. nada más entrar en la habitación, que Reich estaba enfermo. La noche anterior ya no había venido al hotel. sino que se había ido a la habitación de la compañera de Asia del sanatorio. Estaba, pues, en cama y Asia se fue en seguida a verle con Manya. Me separé de ellas a la entrada del sanatorio. Asia me preguntó entonces qué pensaba hacer por la noche. «Nada -le dije-. me quedaré en casa». Ella no dijo nada. Fui a ver a Basseches. No estaba en casa; encontré una nota en la que me pedía que le esperase. Me pareció muy bien: me senté en el sillón de espaldas a la vecina estufa, tomé un té y estuve mirando revistas alemanas. No llegó hasta una hora después. Pero luego me pidió que me quedase a pasar la velada. Yo hice mis cálculos. muy inquieto. Por un lado, me apetecía sahcr L'l)mn transcurriría aquella velada, para la que

 

211     «Cantina».

 

 

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se esperaba a otro invitado. Por otro lado, Basseches me estaba dando algunas informaciones de gran utilidad sobre cine ruso. Y además esperaba poder cenar algo. (Esta expectativa se vena frustrada.) Fue imposible telefonear a Asia para decirle que me quedaba en casa de Basseches; nadie cogía el teléfono en el sana-torio. Finalmente enviamos a un mensajero. Yo temía que llega-se demasiado tarde, aunque sin saber, lógicamente, si Asia iría a mi casa (al día siguiente me dijo que había pensado hacerlo). Pero, en cualquier caso, recibió la carta a tiempo. Decía: «Queri-da Asia: Esta noche estaré en casa de Basseches. Iré mañana a las

 

4.        Walter.» «De Basseches» resultaba prácticamente ilegible, por lo que, en un primer momento, Asia entendió que aquella noche estaria en casa. Vino luego un tal Dr. Kroneker, un austriaco que trabaja aquí en una importante sociedad ruso-austríaca. Basse-ches me dijo que es socialdemócrata. Pero me causó la impresión de ser una persona inteligente; ha viajado mucho y hablaba con bastante objetividad. La charla recayó sobre el tema de la guerra química. Yo hablé de ello, causándoles a ambos una gran impre-sión.

 

 

 

17 DE ENERO

 

Lo más importante de mi visita a Basseches el día anterior fue el poderle dar ocasión de serme útil en las formalidades nece-sarias para mi viaje de regreso. Me dijo que fuese a buscarle el lunes (día 16) por la mañana temprano. Cuando llegué, todavía estaba en la cama. Fue muy difícil conseguir que se levantase. Y eran las doce y cuarto cuando llegamos, finalmente, a la Plaza Tríumfalnaya; yo había llegado a su casa a las once. Antes de ir había estado desayunando café y tarta en el pequeño café de costumbre. Hice bien, pues con todo lo que tuve que despachar, aquel día me quedé sin almuerzo. Primero fuimos a un banco de la Petrovka, porque Basseches tenía que sacar dinero. Yo tam-bién cambié dinero, quedándome con sólo 50 marcos. Después, Basseches me condujo a un pequeño gabinete para presentarme.· a un director de banco conocido suyo. Un tal Dr. Schick 212,; director del departamento de extranjero. Este hombre había viví-;

 

 

 

212     Maximilian Schick ( 1884-1968). poeta, adaptador de obras literarias. tra0.:1 ductor de Briusov, Gorki y otros en Alemania, entre 1892 y 1907: colaborador}

de la revista simbolista  Vesy (Balan;a).        • ·

 

 

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do mucho tiempo en Alemania, donde había estudiado; proce-día, sin duda, de una familia muy rica y, paralelamente a su formación en lo relacionado con los asuntos de su profesión, siempre había cultivado intereses artísticos. Había leído mi en-trevista en Vechernie Moskva. Dio la casualidad de que conocía personalmente a Scheerbart de sus tiempos de estudiante en Ale-mania. El contacto se estableció, pues, de inmediato, y la breve charla acabó con una invitación para comer el día 20. Luego, en la Petrovka, donde me dieron el pasaporte. A continuación, en trineo, al Narkompros 213 , donde hice que me sellaran los papeles para cruzar la frontera. Aquel día logré también, por fin, mi principal propósito: convencí a Basseches de que subiese nueva-mente a un trineo y me acompañase al almacén estatal «Gum», en las «líneas comerciales altas», donde vendían las muñecas y jinetes que tanto ansiaba. Entre los dos adquirimos todas las existencias, y yo elegí los diez mejores ejemplares. Costaban sólo lO kopeks cada uno. Mi agudo sentido de la observación no me había fallado: en la tienda nos dijeron que aquella mercancía, fabricada en Viatka 214 , ya no la envían a Moscú: ya no está a la venta. Los que nosotros compramos fueron, pues, los diez últi-mos ejemplares. Basseches compró también tela campesina. Él fue, con sus paquetes, a comer al Savoy, en tanto que yo sólo tuve el tiempo justo para ir a dejarlo todo en casa. Ya eran las cuatro y tenía que ir a ver a Asia. No nos quedamos mucho tiempo en su habitación, sino que nos fuimos a ver a Reich. Manya 215 ya estaba allí. Pero, de otra manera, pudimos volver a disponer de unos minutos para estar a solas. Le pedí a Asia que fuese a verme por la noche -yo estaba libre hasta las diez y media-, y ella me prometió hacerlo si podía. Reich se encontra-ba mucho mejor. Ya no recuerdo de qué hablamos. Nos fuimos hacia las siete. Después de cenar estuve esperando inútilmente a Asia, y hacia las once menos cuarto me dirigí de nuevo a casa de Basseches. Pero allí tampoco había nadie. Me dijeron que no había vuelto en todo el día. Las revistas que allí había ya las conocía, o me causaban repugnancia. Tras media hora de espera, y cuando estaba a punto de bajar las escaleras, apareció su novia,

 

 

 

2l3 Narkompros:    Narodny     komissariat prosveshcheniya  -  Comisariado  del

 

Pueblo de Instrucción  (director: Lunacharski).

2 14 En la actualidad. K.irov. Ver ilustración 29 del ensayo sobre «Russische Spielsachen», GS IV, 623-625.

2l5 Compañera       de habitación  de Lacis.

 

 

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quien -no sé muy bien por qué: quizá porque no quería ir al club sola con él- insistió en que esperase un poco. Lo hice. Por fin llegó Basseches; había tenido que asistir a la conferencia de Rykov 216 en el congreso de los aviachim 211 • Le pedí que me rellenase el formulario para la solicitud del visado y luego nos fuimos. En el tranvía me presentaron a un dramaturgo, un co~ mediógrafo que también se dirigía al club. Apenas acabábamos de encontrar una mesa en el local, que estaba a rebosar, y de sentarnos los tres a ella, cuando las luces se apagaron en señal de que el concierto iba a comenzar. Tuvimos que levantarnos. Yo me senté con Basseches en el vestíbulo. A los pocos minutos

 

-vestido de smoking y recién llegado de una cena organizada · por una importante sociedad inglesa en la Bolshaia Moskovska-ya- apareció el cónsul general de Alemania. Se había citado con dos señoras a las que había encontrado allí, pero como éstas no aparecieron, se quedó con nosotros. U na señora -al parecer una ex-princesa- cantó canciones populares con una voz muy bella. Yo me quedé, ora de pie ·en el oscuro comedor, junto a la puerta que daba a la iluminada sala de conciertos, ora sentado en el vestíbulo. Hablé de algunas cosas con el cónsul general, que estu-vo sumamente atento conmigo. Pero tenía un rostro tosco y al que la inteligencia sólo había pulido de modo muy superficial, y respondía enteramente a la imagen que yo tenía de los represen-tantes alemanes en el extranjero desde mi viaje por mar 213 y a través de las figuras gemelas de Frank y Zorn. Para cenar nos juntamos cuatro, pues también se sentó con nosotros el secreta-l. río de la embajada, lo que me permitió observarle a mis anchas. La comida era buena; volvieron a servirnos vodka aromatizado',' entremeses, dos platos y helado. Lo peor fue el público. Pocos artistas -independientemente de la clase que fueran- y muchí-: sima burguesía Nep. Llama la atención lo mal considerada que está esta nueva burguesía incluso entre Jos representantes extran•. jeros. a juzgar por las palabras del cónsul general al respectO\ que. en este caso. me parecieron expresadas con sinceridad. Toda

 

 

 

216 Aleksei Rykov ( 18R I-193X). sucesor de Lenin cntrt: 1924 v 1930 como presidente del Consejo de Com1sarios dd Puehlo de la Unión Sovieuca.

 

2!7 Abreviatura de Obshcheslvo sod<:JStVIJ:.I aviatsion-noJimicheskomu strm-telstvu y SSSR ~ Sociedad para la Colahor~Kilm al Desarrnllo de la Aviación de:

 

la URSS.

 

218 Benjamin se refiere prohahlem.:nte al viaJe en har.:o de Hamburgo a lta'liá~ pasando por Barcelona. en 1925 (ver: Bridi·. 402).

 

 

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la miseria de esta clase se puso claramente de manifiesto :en ;el baile que se celebró a continuación, semejante a un repugnante baile de candil provinciano. Bailaban muy mal. Desgraciada-mente, el deseo de bailar de la novia de Basseches hizo ,que Ja diversión se prolongase hasta las cuatro. A mí, el vodka me había dado muchísimo ·sueño, el café no me había reanimado y sentía, además, dolor de vientre. Me sentí feliz cuando me vi por fin sentado en el trineo, de camino al hotel; me fui a la cama hacia las cuatro y media.

 

 

 

18DE ENERO

 

Por :la mañana fui a ver a Reich a la habitación de Manya. Tenía que llevarle algunas cosas. Aunque también llegué con Ja intención de suavizar con mi amabilidad los roces de los días antes de caer enfermo. Logré ganármelo siguiendo con atención la lectura del informe que quiere publicar en una editorial rusa en un libro sobre política y teatro 219 • Hablamos también del proyecto de un libro sobre arquitectura teatral como el que ha-bría podido escribir con Poelzig 220, y que ahora, después de las múltiples investigaciones realizadas por la Ciencia del Teatro so-bre escenografía y vestuarios, despertaría un gran interés. Antes de marcharme salí aún a comprarle cigarrillos a la calle y quedé en hacerle una gestión en el Dom Gerzena. Luego fui al Museo de Historia. Me quedé más ,de una hora viendo la colección de iconos, extraordinariamente rica, encontrando tamién un gran número de obras tardías .de los siglos XVII y xvm. Es increíble el tiempo que necesita el Niño Jesús para lograr, en brazos de la Virgen, la libertad de movimientos que consigue en esas ~pocas. E igualmente habrían de pasar siglos para que las manos del Niño y de la Virgen llegasen a encontrarse: los pintores de Bizan-cio sólo las pintan una frente a la otra. Luego reconi rápidamen-te el departamento de Arqueología, deteniéndome tan sólo frente

 

 

 

2 19 Un libro de tales características, de Reich. apareció mucho más tarde; primeramente. en alemán, en 1970 (!m Weulau( mil der Zeil) y luego en ruso, en 1972.

 

220 Hans Poelzig ( 1869-1936), arquitecto y catedrático influyente en la Tech-nische Hochschule Charlottenburg. Poelzig transformó, entre otras cosas, el Cir-co Schumann. convirtiéndolo en el Max Reinhardts Grosses Schauspielhaus (Berl[n, 1919).

 

 

 

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a algunas tablas anteriores a las pinturas del monte Athos. A la salida del museo descubrí un poco más el secreto del efecto asombroso que produce la catedral de Blagoveschenski, mi pri-mera gran impresión en Moscú especialmente digna de destacar. Se debe al hecho de que, viniendo de la Plaza de la Revolución, la Plaza Roja queda un poco más alta, por lo que las cúpulas de la catedral van apareciendo paulatinamente, como si salieran de detrás de una montaña. Era un día soleado y hermoso y, una vez más, volví a sentir un gran placer al divisarla. En el Dom Gerze-na no tne dieron el dinero para Reich. Al llegar a las cuatro y media ante la puerta de la habitación de Asia, vi que no había luz. Llamé dos veces con suavidad y, como no respondió nadie, me fui a la sala de juegos a esperar. Estuve leyendo las «Nouve-lles Littéraires». Pero, al no recibir tampoco respuesta un cuarto de hora más tarde, la abrí, no encontrando a nadie. Disgustado de que Asia se hubiera marchado tan pronto ya sin esperarme, fui a casa de Reich para, a pesar de ello, hacer el intento de quedar con ella por la noche. De mis planes de ir juntos al Teatro Malaia me hizo desistir Reich al mostrarse, por la mañana, con-trario a ello. (Y cuando Juego hube conseguido entradas para aquella noche, no pude hacer uso de ellas.) Al llegar arriba, ni siquiera me quité el abrigo, quedándome muy silencioso. Manya estuvo explicando alguna cosa, con mucho interés y en voz ho-rriblemente alta. Le enseñó a Reich un atlas estadístico. De pron-to, Asia se volvió hacia mí y me dijo inesperadamente que la noche anterior no había ido porque había tenido fuertes dolores de cabeza. Yo estaba echado en el sofá, con el paletó puesto, fumando la pequeña pipa que utilicé todo el tiempo en Moscú. Finalmente encontré la forma de convencer a Asia para que vi-niese después de cenar; saldríamos de casa o le leería la escena lesbiana 221 . Y Juego me quedé todavía unos minutos para que no diera la impresión de que sólo había ido para decirle aquello. No tardé, pues, en levantarme, diciendo que me iba. «¿Adónde?» «A casa.>> «Pensaba que me acompañarías al sanatorio.» «¿Pero no os vais a quedar aquí hasta las siete?», pregunté un tanto hipócri-tamente, pues por la mañana había oído que la secretaria de Reich no tardaría en llegar. Al final me quedé, pero no fui con Asia al sanatorio. Pensé que sería más probable que fuese a ver-

 

 

 

221  Probablemente.        la escena en  la que el  narrador observa a  Mademoiselle

 

Vinteuil  y  a su  amiga  acariciándose  (Maree!  PROU~T.

ver!orenen Zeit J.  In Swanns  Welt.  Frankfurt am Main,  I<Í67, pp. 214 y ss.).

 

 

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me por la noche si ahora le daba tiempo para descansar. En .el ínterin compré caviar, mandarinas, dulces y tarta para ella. Tenía también dos muñecas de barro sobre el alféizar de la ven-tana, donde voy apilando los juguetes, de las cuales quería que eligiese una. Y, en efecto, vino; Jo primero que dijo fue: «Sólo me puedo quedar cinco minutos; tengo que volver en seguida.» Pero esta vez se trataba sólo de una broma. Cierto es que, en los últimos días -inmediatamente después de nuestras violentas disputas-, yo había notado que se sentía más atraída por mí, pero no sabía en qué medida. Cuando llegó, yo estaba de muy buen humor, pues acababa de recibir muchas cartas, con algunas noticias agradables, de Wiegand 222 , Müller-Lehning 223 , Else Heinle 224• Las cartas estaban aún sobre la cama, donde las había estado leyendo. También había escrito Dora 225 diciéndome que me había enviado dinero, por lo que decidí prolongar un poco mi estancia. Se lo dije, y ella se me echó entonces a los brazos. Debido al conjunto de circunstancias tan difíciles que se habían dado a lo largo de toda la semana, yo me encontraba a tantas leguas de distancia de esperar aquel gesto, que necesité algún tiempo para que me llegase a producir felicidad. Me sentía como un recipiente de cuello estrecho en el que echan líquido de un cubo. Me había ido cerrando voluntariamente de tal modo, que apenas resultaba accesible para las impresiones fuertes que pu-dieran llegar del exterior. Pero eso fue desapareciendo a lo largo de la velada. Primeramente le pedí a Asia que me diera un beso, con las aseveraciones de siempre; Pero, de pronto, fue como si se accionase un interruptor de la luz, siendo ahora ella la que me p_edía repetidamente que la besara, mientras yo hablaba o trataba de leerle algo, haciendo que surgiera de nuevo una ternura casi

 

 

 

222     Wiliy Wiegand ( 1884-1961 ), ca-fundador de la Bremer Presse; impresor y tipógrafo. Las Neue Deutsche Beitrdge, en las que apareció en 1924 y 1925 el trabajo de Benjamín sobre las Afinidades electivas, fueron editadas por la Bremer Presse.

22 3 Arthur Müller-Lehning, nacido en 1899, autor, editor de la revista i JO. Revista internacional (Amsterdam), en la que Benjamín publicó a comienzos de 1927 la primera .versión de un texto de la Einbahnstrasse («Kaiserpanorama») y, algunos meses despu~s .de su regreso, el artículo «Neue Dichtung in Russland» (GS II, 755-762).

 

~         224 Esposa de Wolf Heinle ( 1899-1923). Benjamín estimaba mucho las com-posiciones poéticas de Wolf Heinle y de su hermano Friedrich (1892-1914), y tenía la intención de editarlas.

 

225 Dora Sophie Pollak-Benjamin ( 1890-1964), esposa de Benjamín entre 1917 y 1930.

 

 

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olvidada. Mientras tanto le ofrecí las cosas de comer que había comprado, y las muñecas; eligió una que ahora tiene en el sana-torio, frente a su cama. También volví a referirme a mi estancia en Moscú. Y, como el día anterior, cuando íbamos a ver a Reich, me había dicho realmente las palabras decisivas, yo sólo tuve que repetir: «Moscú está situado ahora en mi vida de tal manera, que sólo puedo vivirlo a través de ti; es cierto, con total independen-cia de historias amorosas, sentimentalismos, etc.» Pero, claro - y también esto me lo había manifestado ella antes-, seis se-manas son, sin duda, el tiempo justo para familiarizarse un poco con una ciudad, máxime cuando no se conoce la lengua y uno encuentra a cada paso la resistencia de ésta. Asia me dejó recoger las cartas y se echó en la cama. Nos besamos mucho. Pero la emoción más intensa me la hicieron sentir las caricias de sus manos, de las que ella ya me había dicho también, en otro tiem-po, que todos los que habían estado ligados a ella habían sentido que de allí era de donde partían las fuerzas más intensas. Puse la palma de mi mano derecha muy pegada a la izquierda de ella, permaneciendo así largo rato. Asia recordó la bella y diminuta cartita que yo le di una noche en la Via Depretis de Nápoles una noche en que nos encontrábamos sentados en una mesa, frente a un pequeño café, en la calle vacía de gente. Miraré en Berlín a ver si la encuentro. Luego le leí la .escena lesbiana de Proust. Asia comprendió el feroz nihilismo contenido en ella: la forma en que Proust 226 penetra, por así decirlo, en el gabinete bien ordenado del interior del burgués que lleva el rótulo de «sadismo» para, despiadadamente, hacerlo todo añicos, de modo que no quede nada de toda esa idea tan reluciente y arreglada de perversión, y haciendo, antes bien, que la maldad ponga claramente de mani-fiesto, a través de los puntos de fractura, la «humanidad», inclu-so «bondad», que constituye su verdadera esencia. Y en el mo-mento en que se lo estaba explicando a Asia, a mí se me hizo evidente hasta qué punto concuerda todo esto con la orientación de mi libro sobre el Barroco. De la misma manera que la noche anterior, cuando me encontraba solo en mi habitación leyendo y llegué a la extraordinaria exposición sobre la caritas de Giotto, se me hiciera también evidente que, en ella, Proust desarrolla una concepción que coincide con todo lo que yo mismo trataba de reunir bajo el concepto de alegoría.

 

 

226     Proust ... sobre la caritas del Giollo: Ver: Proust. In Swanns Welt. en el lugar citado, pp. 112 y ss.

 

 

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!9 DE ENERO

 

De este día no hay apenas nada que destacar. Dado que el viaje de regreso se había pospuesto, me pude recuperar un poco de las gestiones y de las visitas de los últimos días. Reich volvió a dormir, por primera vez, en mi habitació11. Por la mañana vino Asia. Pero tuvo que irse a una entrevista relacionada con su empleo. En el corto espacio de tiempo que permaneció allí, man-tuvimos una conversación sobre la guerra química. Primero me contradijo con vehemencia; pero Reich intervino. Al final me dijo que tenía que escribir lo que había dicho, y me propuse redactar un artículo sobre esta cuestión para la Weltbühne. Poco después de marcharse Asia, me fui yo también. Me encontré con Gnedin. Tuvimos una breve charla durante la cual constatamos el contratiempo del domingo; me invitó a ir al Vajtangoff 227 el domingo siguiente por la noche, dándome también algunas indi-caciones relativas a la declaración del equipaje en la aduana. En el camino de ida y vuelta a casa de Gnedin pasé por d~lante del edificio de la checa 228 • Delante.de éste se pasea siempre un solda-do con la bayoneta calada. Luego a Correos: telegrafié para pedir dinero. Al mediodía comí en nuestra tabernita de los domingos; Juego me fui a casa y descansé. En el vestíbulo del sailatorio me salieron al encuentro, por un.Iado, Asia y, a continuación, por el otro, Reich. Asia tenfa que bañarse. Durante ese rato··-estuve ju-gando con Reich al dominó en su habitación. Luego Hegó Asia, que nos habló de las perspectivas que se le habían presentado por la mañana, de la posibilidad de conseguir el empleo de ayudante de dirección en un teatro de la Tverskaya en el que se representa-ban obras para niños proletarios dos veces por semana. Reich fue por la noche a casa de Ilesh. Y o no fui. Apareció en mi habita-ción hacia las once, pero ya no daba tiempo para ir al cine, como habíamos pensado. Mantuvimos una conversación muy poco fructífera sobre el cadáver en el teatro preshakesperiano.

 

 

 

 

 

 

227     Evgenij Yachtangm ( 1KX3-J '}22). El teatro de su nombre nació del tercer estudio del MChA T. fundado en 1921. Yachtangov fue tambien temporalmente director del «Habimah» (Teatro Hebreo).

 

228     Cheka: ChrezvyrhaiB.aya k,omissiya ~ policía política .secreta .(lit.: «Comi-sión Extraordinaria>>)

 

 

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20 DE ENERO

 

Por la mañana estuve mucho tiempo escribiendo en mi habi-tación. Quise aprovechar la ocasión de que [Reich] tuviera que ir a hacer algunas cosas a la Enciclopedia, a la una, para ir yo también; no tanto para tratar de imponerles mi exposición sobre Goethe (sobre lo cual no me hacía ninguna clase de ilusiones) cuanto por acceder a una propuesta de Reich y no aparecer ante sus ojos como una persona indolente. Pues, de lo contrario, po-dría haberle echado la culpa del rechazo de esta exposición sobre Goethe a falta de celo por mi parte. Cuando por fin me encontré sentado frente al catedrático encargado, a duras penas pude con-tener la risa. Nada más oír mi nombre se levantó de un salto y fue a buscar mi exposición, y tambien a un secretario para que le apoyase. Empezó a ofrecerme artículos sobre el Barroco. Yo su-pedité toda posible colaboración futura a que me fuese adjudica-do el lema «Goethe». Empecé luego a enumerar mis publicacio-nes; saqué mi patrimonio a la luz, según me había indicado Reich; en el momento en que lo estaba haciendo, llegó éste. Pero se sentó lejos de mí y se puso a hablar con otro funcionario. Me dijeron que me informarían pasados unos días. Reich y yo aún tuvimos que esperar bastante tiempo en la antelasa. Finalmente nos fuimos; él me contó que se estaba considerando 229 la posibi-lidad de ofrecerle el artículo a Walzel. Fuimos a ver a Panski. Resulta inverosímil -aunque, no obstante, posible- que, por lo que luego me dijo Reich, tenga veintisiete años. La generación que fue activa durante la revolución se va haciendo mayor. Es como si la estabilización de la situación estatal hubiese traído a su vida una tranquilidad, e incluso una indiferencia como la que~ de ordinario, sólo se alcanza con los años. Panski, por cierto, no es nada amable; parece que los moscovitas, en general, no suelen serlo. Para el lunes siguiente, me propuso la proyección de algu-nas películas que yo quería ver antes de escribir el artículo contra Schmitz 230 que me había solicitado el Litérarische Welt. Fuimos a comer. Después del almuerzo me fui a casa, pues Reich quería hablar antes con Asia a solas. Me estuve luegÓ una hora allí, y a continuación me dirigí a casa de Basseches. La velada en casa de Maximilian Schick, el director de banco, me produjo la gran

 

 

229     Ver acerca de ello la nota sobre Walzel ( 130).

 

230     Ver acerca de ello la nota 242: Por la noche es/11\'e trabajando en/a réplica al articulo de Schmit::. sobre el aPotemkin».

 

 

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decepción de que no ofrecieran cena. Apenas había comido nada al mediodía y estaba muerto de hambre. Y cuando por fin sirvie-ron el té, comí pastas con el mayor descaro. Schick procede de una familia muy rica; estudió en Múnich, Berlín y París, y sirvió en la guardia rusa. Ahora vive con su mujer y su hijo en una habitación de la que, por supuesto, han hecho tres por medio de guardapuertas y tabiques divisorios. Él es probablemente un buen ejemplo de lo que aquí llaman «los de antes». Y lo es, no sólo en el aspecto sociológico (en este sentido, ni siquiera lo es del todo, pues, sin duda, ocupa una posición nada desdeñable). «De antes» es más su período productivo. Escribió poemas, por ejemplo en Zukunfi, y artículos en revistas actualmente casi olvi-dadas. Pero persevera en sus viejas pasiones y tiene en su despa-cho una biblioteca, no demasiado extensa, aunque selecta, de obras francesas y alemanas del siglo XIX. El precio que pagó por algunos de estos libros, de gran valor, demuestra que el vendedor los consideró papel de desecho. Durante el té traté de recabar, a través de él, información sobre la nueva literatura rusa. Mis es-fuerzos fueron completamente inútiles. Sus conocimientos ape-nas van más allá de Briussoff. Todo el tiempo estuvo sentada con nosotros una mujer pequeña y encantadora cuyo aspecto permi-fe adivinar que no trabaja. Tampoco le interesan los libros, por lo que estuvo muy bien que Basseches se ocupase un poco de ella. A cambio de algunos favores que espera de mí en Alemania, me cargó con un montón de libros infantiles, siri valor ni interés alguno, que no pude rechazar en su totalidad. Solamente me agradó uno de ellos, también de escaso valor, pero muy bonito. Al marchamos, Basseches me sedujo con la promesa de enseñarme un café de putas que, por suerte, se encontraba en la Tverskaya. En el café no vi, ciertamente, nada digno de mención, pero, al menos, aún pude comer algo de pescado frío y un cangrejo. Lue-go me llevó en un trineo de gala hasta el cruce de la Sadovaya con la Tverskaya.

 

 

 

 

21  DE ENERO

 

Hoy es el aniversario de la muerte de Lenin. Todos los luga-res de diversión están cerrados. Pero, en consideración con el Regime economie. las tiendas y oficinas no celebran la fiesta has-ta el día siguiente, un sábado, día en el que, de todos modos, sólo se trabaja media jornada. Fui temprano a ver a Schick al banco Y

 

 

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allí supe que la visita a Muskin 231 , en cuya casa debía ver una colección de libros infantiles, había quedado fijáda para el sába-do. Cambié dinero y me dirigí al Museo del Juguete. En esta. ocasión logré, por fin, avanzar un paso más. Me prometieron que el martes me darían información sobre las fotografías que yo quería que me hiciesen. Pero luego me enseñaron las fotos de las que existen negativos. Y como cuestan mucho menos, encargué unas veinte. En esta ocasión estudié también, especialmente, las cerámicas de Viatka. La noche anterior, cuando ya estaba a pun-to de marcharme, Asia me había animado a ir con ella, a las dos,. al teatro infantil cuyas representaciones tienen lugar en la Tvers'" kaya, en el edificio del cine «Ars». Pero, cuando llegué, el teatro estaba completamente desierto; me di cuenta de que aquel día sería difícil que hubiese función. Finalmente, el vigilante me hizo salir de un vestíbulo donde yo prentendía entrar en calor con la observación de que el teatro estaba cerrado. Después de perma-necer fuera un buen rato, de pie, apareció Manya con una nota de Asia. En ella me decía que se había equivocado y que la representación no era el viernes. sino el sábado. A continuación fui a comprar velas con la ayuda de Manya. Y o ya tenía los ojos bastante hinchados de la luz de Úts velas. Como quería ganar tiempo para trabajar, no fui al Dom Gerzena (que, por otra par-te, era probable que estuviera cerrado aquel día), sino a la stolo-va_va que está cerca del hotel. La comida fue cara, pero no estuvo mal. Pero en la habitación no trabajé en Proust 232 , tal como me había propuesto, sino en una réplica a la pésima y desvergonzada

 

 

231 Director del departamento de literatura infantil de la editorial estatal (el nombre «Muskim> no es del todo seguro, ya que Benjamín escribe en otros lugares «Muksim>).

 

" 3" No uabajé en Proust: es probable que Benjamín se refiera aquí al proyecto largamente acariciado de escribir un trabajo sobre Proust. En una carta del 18 de septiembre de 1926 dice acerca de ello: <dch gehe auch schon wer weiss wie lange mit einer Aufzeichnung "'En traduisant Maree! Proust" in Gedanken um und habe eben jetzt in Marseille von den dortigen "Cahiers du Sud" die Zusage erhal-ten. sie zU bringen. Nur mit der Abfassung wird es noch gute Weile haben. lm Grunde wird sie über das Übersetzen eigentlich wenig erhalten: sie wird von Proust handeln.>> (Ende. 431).

 

[Yo también acaricio ya desde ní se sabe cuanto tiempo la. idea de escribir un artículo con el titulo de "En traduisant Maree! Proust"'. y acabo de recibir en Marsella la confirmación por parte de los '"Cahíers du Sud" de esta ciudad de publicarlo. Ahora bien. su redacción .aún me ocupará un buen rato. En e! fondo será poco lo que contenga acerca de la traducción: tratará de Proust.]

 

El proyecto no se hi:co. sin embargo. realidad hasta 1929 (ver: GS ll. 310-324)

 

 

 

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necrología que Franz Blei 233 había escrito sobre Rilke. Más tarde se la leí a Asia, y los comentarios que ella hizo me dieron pie para reelaborarla aquella misma noche y durante el día siguiente. Por cierto, no se sentía bien. Luego cené con Reich en el mismo restaurante en el que había estado a mediodía. Era la primera vez que él iba allí. Después fuimos a comprar algunas cosas .. Esa noche se quedó conmigo hasta cerca de las once y media, enfras'-cándonos en una conversación en la que ·nos contamos en detalle todo lo que recordábamos de nuestras lecturas infantiles. Él esta-ba sentado en el sillón, y yo echado en la cama. A lo largo de esta conversación descubrí el curioso hecho de que, en mi infancia, yo ya me había mantenido, en lo relativo a la lectura, al margen de lo que constituía el material de lectura al uso. El Neuer deuts-cher Jugendfreund, de Hoffmann, es casi la única lectura juvenil típica de entonces que yo también leí. Además, lógicamente, de los excelentes libros de Hoffmanri, Lederstrumpf y las sagas de la Antigüedad clásica de Schwab. Pero no leí más de un·Jomo de Karl May, ni tampoco conozco Kampfum Rom *ni la~ novelas de aventuras por mar de Wórishóffer. De Gerstacker tampoco leí nada más que un tomo, DieRegulatoren von Arkansas, en el que

 

· debe de aparecer una historia de amor un tanto «fuerte» (o pue-de ser que sólo lo leyera por haber oído algo así refePi.do a un libro de este autor). Descubrí. también que todos mis conoci-mientos de literatura dramática clásica datan de la época del círculo de lectura 234 •

 

 

 

233 El artículo de Blei (Literarische We/1. 7-l-1927) aparece incluido en las notas de GS IV. 1025-1027. La «réplica» de Benjamín (GS IV. 453-454) no se publicó entonces, por motivos que se desconocen.

 

"'Novela de Felix Dahn. [N de la T.]

 

234     Ver sobre ello una nota de Gershom Scholem en las Briefe. 39. de Walter Benjamín: «Benjamín, (Herbert) Belmore, (Aifred) Steinfeld, Franz Sachs und Wi!li Wolfradt (der spatere Kunstschriftstel!er), die a!le Klassengenossen waren, hatten von 1908. als Walter Benjamín aus Hanbinda zurückkam und in die Kaiser-Friedrich-Schule wieder eintrat. bis zum Anfang des ersten Weltkrieges einen wóchentlichen Leseabend. in dem mit verteilten Rollen Stücke von Sha-kespeare. Hebbel. lbsen. Strindberg. Wedekind u.a. gelesen wurden. Die Teilneh-mer Jasen sich,auch Kritiken vor. die sie nach Theaterbesuchen schrieben, "die oft druckreif waren. aber ni e gedruckt wurden" ( Brief von Dr. Franz Sachs, Jo-hannesburg).»

 

[Benjamin (Herbert) Belmore (Aifred) Steinfeld. Franz Sachs y Willi Wolfradt (posteriormente escritor), todos ellos compañeros de colegio desde 1908, año en que Walter Benjamin regresó de Hanbinda y volvió a incorporarse a la Kaiser-Friedrich-Schule, hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial, celebraban semanalmente una velada de lectura en la que, repartiéndose los papeles. leían

 

 

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22 E>E-ENERG-

 

Aún no me había lavado, pero ya estaba escribiendo en la mesa, cuando llegó Reich. Esa mañana, yo aún me sentía menos predispuesto que otras a ser sociable. No permití, por tanto, que me distrajera demasiado de mi trabajo. Pero cuando me disponía a salir, a eso de la una y media, y Reich me preguntó «adónde», supe que también él iba al teatro infantil al que Asia me había invitado. Así pues, todas las preferencias mostradas por mí se reducían a haber tenido que esperar ya, un día antes, media hora, en vano, delante de la entrada. No obstante, me fui delante para tomar algo caliente en el café de siempre. Pero también los cafés habían cerrado aquel día, y éste además estaba metido en refor-mas. Me fui, pues, lentamente por la Tverskaya en dirección al teatro. Luego llegó Reich, y después Asia en compañía de Man-ya. Al habernos convertido en un cuarteto, mi interés por aquel asunto era ya bastante escaso. De cualquier modo no podía que-darme hasta el final, porque a las tres y media debía encontrarme con Schick. No me esforcé tampoco en sentarme junto a Asia, sino que lo hice entre Reich y Manya. Asia le pidió a Reich que me tradujera lo que se decía. La obra parecía tratar de la creación de una fábrica de conservas y tener un fuerte matiz chovinista anglófobo. Me marché en el descanso. Asia me había llegado a ofrecer el sitio al lado suyo para que me animase a quedarme, pero no quería llegar demasiado tarde a casa de-Schick, y, sobre todo, no agotado. Él no estaba aún del todo listo. En el autobús me habló de sus tiempos de París; de que, en una ocasión, había visitado a Gide, etc. La visita a Muskin mereció la pena. En realidad no vi nada más que un libro infantil interesante, un calendario suizo de 1837: un tomito delgado con tres láminas bellamente coloreadas, pero vi libros infantiles rusos más que suficientes para poderme hacer una idea del estado de la ilustra-ción al respecto. Ésta depende en alto grado de la alemana. Las ilustraciones de numerosos libros han sido, incluso, realizadas en establecimientos litográficos alemanes. Se han copiado muchos libros alemanes. Las ediciones rusas del Struwwe/peter * que

 

 

 

 

 

obras de Shakespeare. Hebbel. lbsen. Strindberg, Wedekind y otros. Los partici-pantes leían también en voz alta las críticas que escribían después de haber visto una obra de teatro y que "a menudo habrían podido dar directamente a impren-ta, si bien nunca llegaron a imprimirse" (Carta del Dr. Franz Sachs, Johannes-burg).l

 

• Libro clásico infantil alemán de índole moralizante. [N.  de la T.]

 

 

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pude_\ler allLson bastante tGscas-y nada-benitas:-Muskin puso en los distintos libros notas con los datos que yo le había dado. Es director del departamento de literatura infantil de la editorial estatal. Me enseñó algunos ejemplares de su producción, entre los cuales se encontraba un libro cuyo texto había escrito él mis-mo. Le expuse mi gran proyecto sobre la obra documental Die Phantasie 235 • No me pareció que entendiese mucho del asunto y, por lo demás, me causó una impresión de mediocridad. Fue una verdadera tortura ver cómo tiene la biblioteca. No había sitio para colocar debidamente los libros, que estaban hacinados, de cualquier manera, en unas estanterías que había en el pasillo. La mesa del té estaba muy bien surtida y yo comí bastante sin nece-sidad de que me animasen, pues aquel día no había almorzado ni cenado. Nos quedamos cerca de dos horas y media. Al final, todavía me dio dos libros de la editorial que yo prometí a Daga para mis adentros. Por la noche estuve en casa trabajando en Rilke y en el diario. Pero - al igual que en este momento- con un material para escribir tan malo, que no se me ocurría nada.

 

 

 

23 DE ENERO

 

(Hace mucho que no escribo el diario y tendré que resumir.) Este día, Asia hizo todos los preparativos para dejar el sanato-rio. Se fue a casa de Rachlin, y con ello, por fin, a un ambiente agradable. En el curso de los días sucesivos, yo pude darme cuen-ta de las posibilidades que se me habrían ofrecido en Moscú si se me hubiesen abierto antes las puertas de una casa como la suya. Pero ya era demasiado tarde para aprovechar cualquiera de esas posibilidades. Rachlin vive en el edificio del Archivo Central, en un cuarto espacioso y muy limpio. Está unida sentimentalmente a un estudiante que, al parecer, es muy pobre y no vive con ella por orgullo. Al día siguiente de conocernos -eso fue el miérco-les-,  ya  me  regaló  un  puñal  caucasiano,  un  trabajo en  plata, muy  bello,  aunque  no  de  mucho  valor  y pensado  para niños. Asia dijo que ese regalo se lo debía a ella. Pero en lo que se refiere

 

 

 

 

235 Este proyecto no se llevó a cabo; hasta ahora, por lo menos, no se conoce ninguna obra de tales características. Tal vez Benjamín aspiraba a reunir una documentación más amplia de fenómenos tales como las «Phantasiesatzen, von einem elfjahrigen Madchen nach gegebenen Worten gebildet» (frases imaginarias de una niña de once años hechas con palabras dadas) (GS IV, 802-803).

 

 

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a mis encuentros con Asia, los dias de su estancia en casa de Rachlin no fueron tampoco mucho mejores que los del sanato-rio. Pues siempre estaba presente un general del Ejército Rojo que, aunque hacía tan sólo dos meses que se había casado, no dejaba de hacerle la corte a Asia de todas las maneras imagina-bles, pidiéndole también que se fuera con él a Vlactivostok, don-de le habían destinado. A su mujer, dijo, la dejaría en Moscú. Uno de estos días -el lunes, para ser más exactos-, Asia reci-bió una carta de Astajoff, de Tokio, que Elvira había enviado desde Riga. El jueves, cuando dejamos juntos a Reich, ella me contó detalladamente su contenido;'y ese día por la noche siguió hablando de ello conmigo. Parece que Astajoff piensa mucho en ella, y como ella le había pedido un chal con flores de cerezo, lo más probable -le dije yo- era que durante el medio año en Tokio no se hubiera dedicado a mirar otra cosa en los escapara-tes que chales con flores de cerezo. Ese día por la mañana estuve dictando la nota contra Blei y varias cartas. Por la tarde me sentí de muy buen humor; estuve hablando con Asia, pero ya sólo recuerdo que, cuando me disponía a salir de su habitación para irme a casa con su maleta, Asia volvió a salir a la puerta y me dio la mano. No sé qué esperaba de mí; tal vez nada en absoluto. Hasta el día siguiente no me di cuenta de que Reich había urdido toda una intriga para que fuese yo quien llevase la maleta, por-que él no se sentía bien. Dos días después de la mundanza de Asia, él tuvo que meterse en cama en la habitación de Manya. Pero no tardó en reponerse de la gripe. En lo que se refiere a los asuntos de mi viaje de regreso, yo seguí dependiendo completa-mente de Basseches. Nos encontramos en la parada del autobús, una hora después de salir del sanatorio. Y o estaba citado por la noche con Gnedin en el Teatro Vajtangoff, pero antes tenía que pasarme con Reich por casa de su traductora para pedirle que me acompañase, si podía, a la mañana siguiente, a la proyección de las películas que me iban a mostrar en el cine estatal. El resultado fue positivo. A continuación, Reich me dejó en un trineo en el que me dirigí al Vajtangoff. Gnedin y su mujer llega-ron un cuarto de hora después de comenzar la representación. Y o ya estaba a punto de tomar la decisión de marharme definiti-vamente, y, al recordar lo sucedido el domingo anterior en el Teatro del Proletkult, me había empezado a preguntar si Gnedin no estaría loco. Ya no había entradas. Por último logró hacerse todavía con algunas; pero no pudimos sentarnos juntos, produ-ciéndose a lo largo de los diferentes actos todas las permutado-

 

 

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nes iV'}aginables entre nosotros, pues teníamos dos localidades juntas y una separada. La mujer de Gnedin era ancha de propor-ciones, amable y callada, y, a pesar de lo equilibrado de sus fac-ciones, tiene también cierto encanto. Después del teatro, Jos dos me acompañaron aún hasta la Smolensk-Plóschtad, donde tomé el tranvía.

 

 

24 DE ENERO

 

Este día fue sumamente agotador y enojoso, a pesar de haber logrado alcanzar mis objetivos en casi todas partes. Comenzó con una espera interminable en el cine estatal: dos horas hasta el inicio de la proyección. Vi Mati 2 36 , Potemkin y una parte del Proceso por tres millones 237 • La cosa me costó un chervonetz, pues, por consideración a Reich, quería darle algo a la.mujer que me había proporcionado, pero ella no me indicó cantioad alguna y, después de todo, había estado cinco horas a mi d.Ísposición. Fue bastante agotadqr tenerse que pasar tanto tiempo en aquella pequeña sala en la que, en casi todo momento, fuimos los únicos espectadores, viendo pasar ante nuestros ojos tantas cintas sin ningún acompañamiento m¡,¡sical. Me encontré con .Reich en el

 

Dom Gerzena. Él se fue a ver a Asia después de comtir: yo espe-raba que los dos vinieran iuego para acompañarles;;:~ casa de

 

Rachlin. Pero, en principio, sólo vino Reich. Entonce§ me fui a Correos, que está muy cerca, para .recoger la carta con el dinero. Esto me llevó cerca de una hora. La escena que allí tuvo Jugar merecería ser descrita. La funcionaria se comportó con aquella carta como si yo le quisiera quitar al hijo de sus entrañas, y de no haber llegado a la ventanilla, después de algún tiempo, una mu-jer que sabía algo de francés, me habría tenido que marchar sin lograr mis propósitos. Llegué al hotel rendido. Pasados unos mi-nutos, partimos cargados con maleta, abrigos y manta a casa de Rachlin. Asia había ido directamente. Allí, pues, nos juntamos un grupo bastante numeroso, pues, además del general rojo, esta-ba también una amiga de Rachlin que quería darme un encargo para una amiga parisina, una pintora. La cosa siguió resultando

 

 

236     Mati.· A1at (La madre). basada en la novela del mismo nombre de Gorki, de los años 1906-1907; dirección: Ysevolod l. Pudovkin (1926).

 

237     Proceso por tres millones. Película soviética (comedia policíaca) de Yakov Protazanov ( 1926 ).

 

 

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agotado~,a. Pues Rachlín -una persona no carente de simpa-tía- me estuvo contando muchas cosas;--entretanto, yo noté va-gamente el interés del general por Asia, por lo que todo el tiempo estuve pendiente de lo qUe ocurría entre ambos. A esto había que añadir la presencia de Reich. Tuve que renunciar a mis esperan-zas de poder hablar unas palabras a solas con Asia; las pocas que intercambiamos al marcharme yo fueron intranscendentes. Acto seguido me pasé todavía un momento por casa de Basseches para comentar algunos aspectos técni~os relacionados con mi viaje, y luego, a casa. Reich durmió en la habitación de Manya.

 

 

25 DE ENERO

 

La escasez de viviendas 238 tiene aquí un efecto curioso: cuan-do uno va de noche por la calle, a diferencia de lo que sucede en otras ciudades, ve, tanto en las casas grandes como en las peque-ñas, casi todas las ventanas iluminadas. De no ser porque la luz que sale de estas ventanas es de distinta intensidad, se podría pensar en una iluminación decorativa. En los últimos días he notado también otra cosa: no es únicamente la nieve lo que po-dría hacerle a uno añorar Moscú, sino también el cielo. En nin-guna otra gran ciudad se tiene tanto cielo sobre la cabeza. Esto se debe a la altura de las casas, con frecuencia muy bajas. En esta

 

ciudad se siente siempre el amplio horizonte de la llanura rusa. Algo nuevo y rego~ijante fue el niño que vi en la calle transpor-

tando una tabla con pájaros disecados. Así pues, también se ven-den aquí esos pájaros en la calle. Todavía más curioso me resultó ese día encontrarme en la calle con un entierro «rojo». Tanto el ataúd como el coche y los jaecd de los caballos eran de color rojo. En otra ocasión pude ver un coche del tranvía pintado con propaganda política, pero, por desgracia, iba lleno, de modo que no pude distinguir los detalles. Sigue siendo asombrosa la canti-dad de cosas exóticas que ofrece esta ciudad. Rostros mongoles ya veo cuantos me apetece todos los días en mi hotel. Pero hace poco vi frente a él, en la calle, a unos personajes con capas rojas y amarillas que, según me dijo Basseches, eran monjes budistas que en ese momento celebraban un congreso en Moscú. Las

 

 

238     La escasez de viviendas ... en sus trineos (marc.): Ver: GS IV, 330: «Die Schatfnerinnen - dem Schlitten»; 339: «Hin, und ... sehen sind>>; 344: <<Sehnsucht nach ... sich zu haben».

 

 

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revisoras del tranvía me recuerdan, en cambio, a los pueblos primitivos d~} norte. Van de píe en su sitio del tranvía, cubiertas con sus pieles, como las mujeres samoyedas 239 en sus trineos. Ese día pude resolver favorablemente algunos asuntos. La maña-na se me fue en preparativos para el viaje. Yo había cometido la estupidez de mandar que me sellaran las fotos del pasaporte, por lo que tuve que ir a haceirne otras a un fotógrafo de servicio rápido del bulevar Strasnoi. Luego, otras salidas. La noche ante-rior había llamado a Ilesh desde casa de Rachlin, quedando con él en pasar a buscarle hacia las dos al Narkompros. Le encontré, no sin algún esfuerzo. Perdimos mucho tiempo yendo a pie des-de el Ministerio al cine estatal, donde Ilesh tenía que hablar con Panski. Poco antes se me había ocurrido la infeliz idea de conse-guir a través del cine estatal fotos de La sexta parte del mundo, exponiéndole mi deseo a Panski. Me vi obligado a escuchar en-tonces las cosas más abstrusas: que aquella película no debía mencionarse para nada en el extranjero; en ella se habían inserta-do fragmentos de películas extranjeras; ni siquiera se sabía de cuáles en realidad, por lo que era de temer que surgieran contra-riedades; en resumen: le dio mucho bombo al asunto. A ello se añadió su intento de conseguir por todos los medios que Ilesh se pusiera inmediatamente en camino con él por la cuestión del rodaje de «Atentado». Pero Ilesh perseveró cortésmente en su negativa, por lo que, finalmente, pude mantener en un café cer-cano (Lux) una conversacion con él que dio el fruto apetecido: me proporcionó un esquema muy interesante de los grupos lite-rarios que actualmente existen en Rusia, basado en la orienta-ción política de los diferentes autores. A continuación me fui directamente a ver a Reich. Por la noche fui de nuevo a casa de Rachlin; Asia me lo había pedido. Y o me sentía sumamente agotado y cogí un trineo. Encontré arriba al inevitable Iliusha 240 , que había comprado un montón de dulces. Yo no había llevado el vodka que Asia me había pedido, pues ya no pude comprarlo, pero sí oporto. Aquel día y, sobre todo, el siguiente, sostuvimos largas conversaciones telefónicas muy semejantes a las de Berlín. A Asia le encanta decir cosas i"mportantes por teléfono. Me dijo que quería vivir conmigo en Grunewald, sintiéndose muy desilu-sionada de que yo le dijera que la cosa no funcionaría. Esa noche

 

 

239     Pueblo de la tundra y la taiga subártica de la Rusia europea y del noroeste de Siberia; grupo lingüístico urálico.

240     Nombre del general rojo y galán  de Asia.

 

 

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fue cuando Rachlin me regaló el sable caucasiano. Me quedé hasta que se fue también Iliusha: la verdad es que no me sentía demasiado contento; cuando más a gusto me sentí fue después, en el momento en que Asia se sentó junto a mí en un canapé de esos en los que cada uno se da la espalda. Pero ella se arrodilló en su sitio y se puso alrededor del cuello mi sobrecuello de seda de París. Por desgracia, ya había cenado en casa, de modo que no pude comer gran cosa de los muchos dulces que había sobre la mesa.

 

 

 

26 DE ENERO

 

Todos estos días estuvo haciendo un tiempo maravilloso. Moscú me vuelve a resultar más familiar. Tengo ganas de apren-der ruso, al igual que durante los primeros días de mi estancia. Como hace calor y, por otra parte, el sol no deslumbra, puedo mirar mejor las calles y cada día me parece un doble y triple regalo por ser tan hermoso, porque ahora me siento con mucha más frecuencia unido a Asia y por habérmelo concedido a mí mismo alargando el tiempo de estancia previsto. Veo, pues, tam-bién muchas cosas nuevas. Sobre todo 241 vuelvo a ver a otros tipos de vendedores: a un hombre que lleva colgándole por de-lante, de los hombros, una gavilla de pistolas de juguete, hacien-do sonar de vez en cuando una que sostiene en la mano y cuyo disparo resuena por toda la calle, atravesando el aire, tan diáfa-no. Y a muchos vendedores de cestos de mimbre con toda clase de cestos: de colores, semejantes a los que vende!1 por todo Ca-pri; cestos dobles con asas y minuciosas cenefas cuadradas, en el centro de las cuales aparecen sentadas cuatro figuras de colores. Vi también a un hombre con una gran cesta de viaje cuyo entra-mado aparecía recorrido por cintas de paja teñida de color verde y rojo: pero no era un vendedor. Esa mañana traté inútilmente de consignar mi maleta en la aduana. Como no llevaba el pasa-porte (lo había entregado para solicitar el visado de salida), se hicieron cargo de la maleta, pero no la consignaron. Por lo ma-ñana, por lo demás, no pude resolver nada: comí en la tabernita y por la tarde fui a ver a Reich. a quien llevé manzanas por deseo de Asia. A ella no la vi ese día. pero por la tarde y por la noche

 

 

 

2 ~ 1 Sohr(' wdo .. figuras de colores (marc.): Ver: GS IV. 320: <<E in Korbverkau-fer. .. im Innern».

 

 

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mantuve con ella dos largas conversaciones telefónicas. Por la noche estuve trabajando en la réplica al .artículo de Schmitz so-bre el Potemkin 242 •

 

 

242 La «Erwiderung an Oskar A. H. Schmitz», de Benjamín, fue publicada junto con el artículo de Schmitz en el Literurische We/t de 1 1 de marzo de 1927 con el título: «Eine Diskussion über russische Filmkunst und kollektivistische Kunst überhaupt» (ver: GS 11, 751-755 y 1486-1489).

 

En la última página del manuscrito del diario se encuentra la primera versión de este artículo:

 

«Es gibt Erwiderungen, die beinahe eine Unhóflichkeit gegen das Publikum sind. Sollte man eine Argumentation mit derart schartigen Begriffen nicht am besten der Stellungnahme ihrer Leser überlassen? Si e brauchten ja wirklich nicht (wie zufállig der Schreiber dieser Zeilen) in Russland sie zu Gesicht zu bekom-men, brauchten, u m ihre Leerheit zu durchschauen, noch nicht einmal den «Po-temkin» gesehen zu haben. Genau so wenig, wie Schmitz selber ihn gesehen zu haben brauchte. Denn soviel Material, wie er hier beibringt, kónnte die erste beste Zeitungsmeldung ihm geliefert haben, nur wáre es ein exakteres. Aber das unterscheidet ja eben den Bildungsphilister von dem gewóhnlicher Spiesser: Die lesen die Notíz in íhrem Blatt und halten sích für gewarnt. Er abethat den Stolz der eigenen Meínung, geht hin und glaubt damit sich in den Stand zu setzen, seinen Verdruss in sachliche Erkenntnis umzuwandeln. Sachlich liesse sich über den "Potemkín" sowohl vom Standpunkt des Polítikers wie von dem des Film-kenner recten. Schmitz tut aber keines von beíden. Er redet von seiner jüngsten Lektüre. Nun haben soziale Romane von Wassermann (oder von andern) mit dem sozialen lnhalt des "Potemkin" ganz genau soviel zu tun, wie' eine Marine von Stówer (oder von anderen) mít den Manóvern dieses Panzerkreuzers im Schwarzen Meere. Es kommt garnichts bei solchem Vergleich heraus. Der Ein-wurf "Tendenzkunst" ergibt da schon mehr. Denn, um es deutsci;t. und deutlich auszudrücken: wáre es nicht hoch an der Zeit, mit diesem Popanz, diesem Bür-gerschreck nun endlich aufzuráumen? Was sol! der Jammer über die politísche Entjungferung der Kunst, seitdem man a!le Sublimierungen und Odipuskomple-xe, libidinósen Restbestánde, infantile Regressionen in einer Produktion von zwei Jahrtausenden aufspürte. So aber íst die bürgerliche Theorie der Entartung-sepoche: mag doch die Kunst in den verrufensten Gásschen sich auskennen, wenn sic nur in politicis die hóhere Tochter bleibt, und sich vom Klassenkampf nichts tráumen lásst. Es hilft nichts: sic liess es sich immer tráumen. Wichtig ist nur, dass die sogenannte «Tendenz» mit dem Erwachen neuer Bewusstseinsregío-nen aus einem sehr verborgenen Element der Kunst zu einem gánzlich offenkun-digen geworden ist. Und damit sind wir denn endlich beim Film.»

 

 

[Hay réplicas que casi constituyen una descortesia para con el público. ¿No sería mejor dejar que fuesen los lectores quienes tomasen postura. en vez de argumentar con criterios tan obtusos? Éstos no tuvieron que verlo en Rusia (como, casualmente, el autor de estas líneas), ni tampoco tuvieron siquiera que ver el Potemkin para percibir su vaciedad. Tan poco como necesitó verlo el propio Schmitz. Pues el material que éste ofrece se lo podría haber proporciona-do igualmente cualquier noticia del periódico, e incluso de una forma más exac-ta. Pero eso es, justamente, lo que distingue al filisteo de la cultura del pequeño-burgués normal: éste lee la noticia en su diario y se considera avisado. En tanto que aquél se siente orgulloso de tener opinión propia, y va y cree estar en condi-

 

 

 

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27 DE ENERO

 

Sigo llevando el abrigo de Basseches. Éste fue un día impor-tante. Por la mañana volví a-ir al Museo del Juguete; parece que, por fin, existe la posibilidad de resolver el asunto de las fotogra-fías. Vi los objetos que Bartram tiene en su despacho. Me llamó mucho la atención un mapa rectangular, estrecho y alargado, que representaba la Historia alegóricamente como una serie de ríos en distintas bandas de colores con muchas curvas. En el cauce de los ríos aparecían, respectivamente, los datos y los nom-bres en sucesión cronológica. El mapa era de principios del si-glo XIX; yo lo habría situado ciento cincuenta años antes. Junto a éste había un interesante mecanismo: un paisaje colgado de la pared dentro de una caja de cristal. Estaba partido y también se había desprendido el reloj a cuyas campanadas se habían puesto en marcha, en otro tiempo, molinos de viento, norias, batientes de ventanas y personajes. A ambos lados, protegidos también por un cristal, había composiciones semejantes en relieve: el incen-dio de Troya y Moisés haciendo brotar agua de la roca. Pero no eran articuladas. Y además: libros infantiles, una colección de naipes y muchas otras cosas. El museo no abría ese día (jueves) y yo accedía a Bartram por un patio. Al lado hay una antigua iglesia particularmente bella. En lo que se refiere 243 a las torres

 

 

ciones de transformar su disgusto en datos objetivos. Sobre el Potemkin se podria hablar de un modo objetivo tanto desde la perspectiva del político como desde la del experto en cine. Pero Schmitz no hace ninguna de ambas cosas. Habla de su lectura más reciente. Ahora bien. las novelas sociales de Wassermann (u otros) tienen exactamente lo mismo que ver con el contenido social del Potemkin como una marina de Stówer (y otros) con las maniobras de este acorazado en el Mar Negro. De tal comparación no se saca nada en claro. La acusación de «arte tendencioso)) da ya mucho más de sí. Pues, por decirlo en buen alemán: ¿no va siendo ya hora de acabar de una vez por todas con ese espantajo, con ese asusta-burgueses~ ¿A qué lamentarse tanto del desfloramiento político del arte cuando ya hemos descubierto todas las sublimaciones y complejos de Edipo, remanentes libidinosos, regresiones infantiles de una producción de dos milenios? Pero ésa es la teoria burguesa de la fase de degeneración: no importa que el arte conozca las callejas de peor fama mientras siga siendo la hija buena in politicis y no se le pase por la imaginación la lucha de clases. Pero de nada le ha de servir. pues le ha pasado por la imaginación. Lo cierto importante es que. con el despertar de nuevas regiones de la conciencia, la llamada «tendencia)), de ser un elemento muy escondido del arte se haya convertido en uno completamente evidente. Y con ello llegaremos por fin al tema del cine.]

 

243 En lo que se refiere ... arquiteccónicamente sobrio (marc.): Ver: GS IV, 344:

«die allerorten ... ihr lnkognito)); 343: «Kirchen stehen DorfplatZ».

 

 

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de las iglesias hay aquí una variedad estilística realmente sor" prendente. Supongo que las estilizadas y gráciles, en forma de. obelisco, deben de proceder del siglo XVIII. Estas iglesias se en-cuentran en los patios como las iglesias de los pueblos en medio de un paisaje arquitectónicamente sobrio. Acto seguido me fui a casa para deshacerme de una lámina muy grande: una hoja vo-lante bastante singular, aunque deteriorada y, por desgracia, pe-gada sobre cartón, que Bartram me había regalado por ser un duplicado de su colección. Después, a ver a Reich. Se encontra-ban allí Asia y Manya, que acababan de llegar (a la encantadora Dascha, una judía ucraniana que esos días le preparaba la comí~ da a Reich, no la conocí hasta mi visita siguiente). Me encontré con un ambiente tenso que sólo con esfuerzo pude evitar que se descargase sobre mí. Percibí lps conatos, pero el asunto era de-masiado banal como para que me apetezca recordarlo. Y, por lo mismo, no tardó en producirse el estallido entre Reich y Asia cuando ésta, mohína y enfadada, le estaba haciendo la cama. Por fin nos marchamos. Asia sólo pensaba en las diferentes gestiones que estaba realizando para conseguir trabajo, y estuvo hablando de ello durante el camino, que sólo recorrimos juntos hasta la parada más próxima del tranvía. Existía una cierta esperanza de vernos por la noche, pero esto lo debía decidir una conversación telefónica previa por la que sabría si había de quedar o no con Knorin. Y o ya me había acostumbrado a poner las menores es-peranzas posibles en tales citas. Y cuando me llamó por la noche para decirme que se había disculpado con Knorin alegando que se sentía muy fatigada, pero que, inesperadamente, había recibi-do recado de la modista diciéndole que fuese esa misma noche a recoger su vestido, pues al día siguiente ya no habría nadie en el piso - la modista iba a ser ingresada en el hospital-, yo ya no me hice ningunas ilusiones de verla aquella noche. Pero las cosas sucedieron de forma muy distinta: Asia me pidió que nos encon-trásemos frente a la casa de la modista y me prometió que luego iríamos juntos a algún sitio. Habíamos pensado en un local del Arbat. Llegamos casi al mismo tiempo a casa de la modista, que está junto ill Teatro Revoluzie 244 • Allí tuve que esperarla cerca de una hora; ai final, yo estaba casi convencido de haber perdido a Asia por haberme ausentado brevemente para mirar uno de los patios de la casa, que por lo menos tenía tres. Cuando ya llevaba diez minutos repitiéndome que mi espera era completamente

 

 

244 «Teatro de la RevoluCión».

 

 

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absurda, por fin apareció. Fuimos al Arbat en tranvía. Una vez allí, y tras un momento de vacilación, entramos en un restauran-te llamado «Praga». Subimos por la amplia escalera que, descri-biendo una curva, conducía de la planta baja al primer piso, entrando en un salón muy iluminado y lleno de mesas, en su mayoría vacías. Al fondo, a la derecha, se alzaba un estrado de donde, con largos intervalos, nos llegaba música de orquesta, la voz de un animador o canciones de un coro ucraniano. Nada más llegar nos cambiamos de mesa; a Asia le apetecía sentarse junto a la ventana. Se sentía avergonzada de haber ido a un sitio tan «elegante» con los zapatos destrozados. En casa de la modis-ta se había puesto el vestido nuevo, hecho de una tela negra, vieja y apolillada. Le sentaba muy bien; se asemejaba en todo al azul. Al principio hablamos de Astajoff. Asia pidió shash/yk y un vaso de cerveza. Estábamos sentados el uno frente al otro; pensa-mos varias veces en mi partid2, hablamos de ello y nos miramos. Aquí fue donde Asia me dijo por primera vez, quizá, de forma rotunda, que durante algún tiempo le habría gustado casarse conmigo. Y que si no había sucedido, el que peor salía parado, en su opinión, era yo, no ella. (Tal vez no emplease exactamente una expresión tan fuerte: «salir peor parado»; ya no lo recuerdo.) Yo le dije que en ese deseo de casarse conmigo habían andado por nredio sus demonios. Sí, ella ya habia pensado en lo curioso que habría resultado aparecer ante mis amistades como esposa mía. Pero ahora, después de la enfermedad, ya no tenía demo-nios. Se sentía completamente pasiva. Pero en este momento ya no había ninguna posibilidad en este sentido. Le dije: Pero yo no puedo desprenderme de ti, y, si estás en Vladivostok, también iré a Vladivostok. ¿Es que también quieres seguir haciendo el papel de amigo de la casa en casa del general rojo? Si él es tan tonto como Reich y no te echa, yo no tengo nada en contra. Y si te echa, tampoco tengo nada en contra. En otro momento dijo: «Me he acostumbrado ya muchísimo [a ti].» Pero al final le dije: «En los primeros días nada más llegar aquí, te dije que me podría casar contigo de inmediato. Pero no sé si lo haría. Creo que no lo aguantaría.» Entonces, ella dijo algo muy bonito:¿ Y por qué no? Yo soy un perro fiel. Sé que me comporto de una forma muy bárbara cuando vivo con un hombre, y que eso está mal, pero no puedo evitarlo. Pero, si estuvieras conmigo, no conocerías toda esa angustia, o tristeza, que sientes tan a menudo. Y así seguimos hablando de muchas otras cosas. De si yo no querría estar siem-pre contemplando la luna y pensando en Asia mientras tanto. Le

 

 

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dije que esperaba que las cosas fuesen mejor cuando nos viése-mos la próxima vez. ¿Para pasarte, otra vez, las veinticuatro ho-ras del día sobre mí? Le dije que no era en eso en lo que estaba pensando en ese momento, sino en estar más cerca de ella, en hablar con ella. Cuando estuviéramos más juntos sería cuando volvería aquel otro deseo. «Muy agradable)), dijo. Esta conversa-ción hizo sentirme muy inquieto todo eldía siguiente, e incluso durante la noche. Pero mi voluntad de viajar era, sin duda, más fuerte que la atracción que sentía por ella, aunque, probablemen-te, por culpa únicamente de las numerosas trabas con que ésta se encontraba. Con las que todavía se sigue encontrando. La vida en Rusia, dentro del Partido, me resulta muy difícil y, al margen de él, con muy poco futuro y no menos dificultades. Ella, sin embargo, tiene muchos motivos para sentirse enraizada aquí, en Rusia. No hay duda de que también siente nostalgia de Europa, nostalgia muy vinculada con lo que ella pueda encontrar de atra-yente en mL Y el vivir con ella en Europa, si pudiese convencerla de ello, podría ser algún día lo más importante para mí, lo más lógico. Pero, en Rusia ... , no lo creo. Fuimos a su casa·'en trin'eo, muy apretados el uno al otro. Estaba muy oscuro. Fue la única oscuridad que compartimos en Moscú: en plena calle y sentados en el estrecho asiento de un trineo.

 

 

 

28 DE ENERO

 

Salí temprano, con un maravilloso tiempo de deshielo, para conocer las calles del lado derecho del Arbat, tal como lo había planeado hacía tiempo. Llegué, pues, a la plaza donde en otros tiempos habían estado las perreras de los zares. La forman casas bajas, algunas de las cuales tienen soportales sostenidos por co-lumnas. Pero en uno de los lados aparecen intercaladas casas altas y feas, de construcción más reciente. Aquí se encuentra el «Museo de Costumbres de los Años 40)); resumiendo: una casa baja de tres plantas con salas decoradas con muy buen gusto en el estilo de las viviendas de la alta burguesía de la época. Hay allí bellos muebles que recuerdan mucho el estilo Luis Felipe, caji-tas, candelabros, trumeaus 245 , biombos (uno de ellos, muy curio-so, tiene un grueso vidrio entre la armazón de madera). Todas estas salas aparecen dispuestas como si aún estuviesen habitadas,:

 

 

245 Espejo de         pared, trumó.

 

 

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sobre las mesas, o colgando de las sillas, hay papeles, notas, cami-sones y chales. En cualquier caso, se ve todo muy deprisa. Me asombró 246 no ver ningún cuarto infantil (y, por lo mismo, tam-poco juguetes); ¿será que no tenían ningún cuarto de juegos especial en aquellos tiempos?, ¿o sería que faltaba, o bien estaba, cerrada al público, en el piso superior? Seguí luego paseando por las calles laterales. Por último regresé al Arbat, en donde me detuve junto a un puesto de libros en el cual encontré uno de Víctor Tissot del año 1882:. La Russie et les Russes. Lo compré por 25 kopeks, pues, en cualquier caso, me ofrecía una posibili-dad de averiguar algunos datos y nombres de utilidad para mi conocimiento de Moscú y para el artículo que pensaba escribir sobre esta ciudad. Dejé el libro en casa y fui a ver a Reich. Esta vez, nuestra conversación resultó mejor; yo me había propuesto firmemente evitar que se produjeran tensiones. Hablamos de Metrópolis 247 y del rechazo que esta película había provocado en Berlín, por lo menos entre los intelectuales. Reich trató de echar-le toda la culpa del fracaso del experimento a las excesivas exi-gencias de los intelectuales, que incitan a tales osadías. Yo le rebatí. Asia no vino: no llegaría hasta última hora de la tarde. Pero durante un rato estuvo Manya con nosotros. En la habita-

 

. ción  estuvo también  Dascha, una pequeña judía ucraniana que vive allí y que ahora cocina para Reich. Me cayó  muy bien. Las dos muchachas hablaron en yiddish, pero yo no entendí lo que decían. De nuevo en casa llamé  a Asia pidiéndole que fuese  a verme después de dejar a Reich. Y, en efecto, luego vino. Estaba muy cansada y se echó inmediatamente en la cama. Al principio me sentí muy cohibido, incapaz de decir siquiera una sola pala-bra por temor a verla marchar acto seguido. Fui por la lámina arratonada que Bartram me había regalado y se ia enseñé.  Luego hablamos también del domingo: le prometí acompañarla a ver a Daga. Nos volvimos abesar y hablamos de vivir juntos en Berlín, de casarnos,  de  viajar juntos al  menos  una  vez.  Asia dijo que nunca le había .costado tanto despedirse de una ciudad· como de Berlín: ¿no tendría que  ver eso conmigo? Tomamos juntos un trineo  para ir a casa de  Rachlin.  Pero  ni siquiera  había nieve suficiente  en  la  Tverskaya  como  para  permitirle  al  trineo  un

 

 

· 246 Jvfe asombró, .. en aquellos tiempos (marc.): aparece marcado en el manus-crito del diario, pero, al parecer, no se ha recogido en ninguno de los artículos

 

fruto de su estancia en Moscú.   '         ·

247 Película dirigida en  1926 por Fritz Lang ( 1890-1976).

 

 

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avance rápido. Mucho mejor pudimos avanzar por las calles late-' rales: tomó un camino que yo no conocía; pasamos junto a unos-. baños y vimos un rincón maravillosamente apartado de -Moscú. _ Asia me habló de los baños rusos, que son los verdaderos centros de la prostitución, al igual que lo fueran en Alemania durante la Edad Media; yo ya lo había oído. Le hablé de Marsella. Al llegar nosotros, poco antes de las diez, en casa de Rachlin no había nadie de visita. Disfrutamos de una hermosa y tranquila velada. Ella contó toda clase de detalles referentes al archivo. Entre otras muchas cosas, que en los pasajes cifrados de las cartas de algunos miembros de la familia de los zares se había descubierto la por-nografía más indescriptible. Conversación acerca de la conve-niencia o no de publicarlas. Me di cuenta 248 de cuán acertada había sido la inteligente observación de Reich, quien había in-cluido a Rachlin y a Manya dentro de la categoría de los comu-nistas «moralistas» que siempre habrán de ocupar los puestos medios, sin que nunca se les haya de presentar la oportunidad de acceder a los realmente «políticos». Estuve sentado en el diván grande, muy cerca de Asia. Tomamos sémola con leche y té. Me fui hacia las once y cuarto. Por la noche también hizo un tiempo maravillosamente cálido.

 

 

 

29PE ENERO

 

El día resultó un fracaso en casi todos los aspectos. Hacia las once de la mañana me presenté en casa de Basseches; contraria-mente a lo esperado, lo encontré ya despierto, trabajando. Pero, a pesar de ello, no pude librarme de la consabida espera. El retra-so se debió en esta ocasión a que le habían extraviado el correo, y, hasta que lo encontraron, transcurrió media hora por lo me-nos. Después, aún tuvimos que esperar a que estuviera lista una copia a máquina, y en el ínterin me dieron para leer, como de costumbre, los manuscritos recién acabados de algunos editoria-les. Resumiendo: las formalidades relativas al viaje de regreso, de por sí ya difíciles, todavía se hacen más penosas al tratar de resolverlas por esta vía. A lo largo de estos días se puso claramen-te de manifiesto cuán desacertado había sido el consejo de Gne-

 

 

248     Me di cuenta ... maravillosamente cálido (marc.): marcado en el manuscri, .. to del diario, pero sin que, al parecer, se haya recogido en ninguno de los artícu-los fruto de su estancia en Moscú.

 

 

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din de realizar los trámites aduaneros en Moscú. Y, al pensar en él, en medio de todás aquellas trabas y dificultades inimaginables a las que me veía expuesto por su culpa, tuve que reafirmarme más que nunca en mi vieja máxima de viaje: no seguir nunca el consejo de una persona que te lo da sin que se le haya pregunta-do. Y, naturalmente, de ello forma también parte la praxis de, una vez que uno ha puesto sus asuntos en manos de otra persona (como hice yo), seguir estrictamente sus consejos. Y así ocurrió que, finalmente, Basseches me dejó plantado el día último y de-cisivo de la partida, lo que me obligó, el 1 de febrero, pocas horas antes de la salida, a realizar un esfuerzo ímprobo para facturar la maleta con la ayuda de un sirviente. Aquella mañana no pudi-mos hacer casi nada. Fuimos a la milicia a recoger el pasaporte con el visado de salida. Y o caí demasiado tarde en la cuenta de que era sábado, por lo que las perspectivas de que la aduana estuviese abierta hasta después de la una eran muy escasas. Cuando llegamos, por fin, al Narkomindel 249 , ya eran las dos. Habíamos bajado paseando por la Petrovka con toda tranquili-dad, luego habíamos entrado aún en el edificio de administra-ción del Teatro Bolshoi, donde, por mediación de Basseches, me prometieron entradas para el ballet del domingo, y por último habíamos ido al banco estatal. Cuando llegamos, por fin, a la Plaza Kalanchevskaya, hacia las dos y media, nos dijeron que los funcionarios se acababan de marchar. Me subí a un coche con Basseches hasta una parada del tranvía para ir desde allí a casa de Rachlin, Habíamos quedado en que yo la iría a recoger a las dos y media par~ subir juntos a las montañas de Lenin. Ella y Asia estaban en casa. La noticia de que me iban a proporcionar entra-das para el ballet no complació a Asia tanto como yo había esperado. Dijo que sería más importante conseguirlas para el lunes. En el «Gran Teatro» ponían el Revisor. Yo me sentía tan agotado y nervioso después de los fracasos de la mañana, que no fui capaz de responder nada. No obstante, Rachlin me invitó a comer en su casa al regresar de nuestro paseo. Acepté la invita-ción y me aseguré de que Asia aún estaría allí. Pero la cuestión del paseo resultó de la siguiente manera: el tranvía se nos escapó en las proximidades de la casa, délante de nuestras narices. Se-guimos a pie hacia la Plaza de la Revolución; Rachlin pensaba, tal vez, que esperásemos allí, donde tendríamos más líneas a

 

 

249 Abreviatura de «Narodnii komissariat instrannych del» ~ Comisariado del Pueblo para Asuntos Extranjeros ~ (Ministerio de Asuntos Exteriores).

 

 

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nuestra disposición. Aunque no estoy seguro. Andar aquellos po-' cos pasos no me fatigó, ciertamente, pero sí lo hizo nuestra char-'"' la, con sus malentendidos y entendidos a medias, hasta el puntó de que, cuando ella me preguntó si no deberíamos saltar a un tranvía que pasaba en aquel momento, yo le dije que sí de pura debilidad. Mi error había radicado ya en desviar su atención con mi mirada hacia aquel vehículo en el que, de lo contrario, segu-ramente ni se habría fijado. Cuando ella se subió a la plataforma y el tranvía aumentó, acto seguido, la velocidad, yo la seguí toda-vía unos pasos, pero no salté. Ella me gritó: «[Le] espero allí», y yo crucé despacio la Plaza Roja en dirección a la parada del tranvía que se encuentra en el centro del ésta. Ellá debió de esperar que yo llegase un poco antes, pues, al llegar allí, ya no estaba. Por lo que luego supe, me había estado buscando. Y o me quedé allí siri entender dónde podría estar ella. Finalmente llegué a la siguiente conclusión acerca de sus palabras: quería esperar-me en la última parada del tranvía; me subí en el próximo vehículo de la línea en cuestión e hice el trayecto, de cerca de media hora, en línea bastante recta, atravesando la parte de la ciudad de la otra orilla del Moscova, en dirección a la última parada. Es posible que, en el fondo, me apeteciera aquel viaje en solitario. Lo que sí es cierto es que, probablemente, me hubiera resultado mucho menos placentero en su compañía, indepen-dientemente de adónd~ me hubiese podido conducir. Me sentía demasiado fatigado para eso. Pero en aquel momento, .el viaje impuesto, y casi sin meta, a través de una parte de la ciudad que para mí era totalmente desconocida, me hizo sentirme muy feliz. Sólo entonces 250 me di cuenta de la total similitud de ciertos arrabales con las calles del puerto de Nápoles. Vi también la gran estación de radio de Moscú, de estructura muy distinta'a la de las que yo conocía. La calzada por donde avanzaba el tranvía tenía, a la derecha, algunas casas señoriales, y, a la izquierda, casitas o cobertizos aislados, pero, en general, discurría por pleno campo. Todo lo que Moscú tiene de pueblo aparece de pronto entera-mente al desnudo, y de una forma evidente y categórica, en las calles de las afueras. Tampoco existe, quizá, ninguna otra ciudad donde las inmensas plazas ofrezcan un aspecto tan informe como las de los pueblos, y siempre como descompuesto por él mal tiempo, el deshielo o la lluvia. En una de aquellas plazas,

 

 

 

250     Sólo  entonces ...  o la  lluvia  (marc.):  Ver:  GS IV,  343:  «Mit  Moskaus...

geraumigen Siedlung>>.  ·

 

 

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que, sin embargo, no era ni urbana ni apenas tampoco aldeana, delante de una taberna, se encontraba el final de trayecto; como era lógico, Rachlin no estaba allí. Y o regresé de inmediato con la energía justa para volver a casa, en vez de dirigirme a la suya para corresponder a la invitación a comer que me había hecho .. Y en lugar de un almuerzo me comí unas cuantas galletas estata-les. Nada más llegar a casa, me llamó Rachlin. Y o estaba enfada-do con ella, sin motivo, y adopté, en cierto modo, una actitud defensiva, viéndome, por lo mismo, doble y agradablemente sor-prendido por sus palabras amables y contemporizadoras. Y, so-bre todo, me permitieron inferir que aquel incidente no llegaría a oídos de Asia de una forma que me hiciera quedar en ridículo. Pero decliné la oferta de ir inmediatamente a su casa a comer; para eso, yo me sentía demasiado cansado. Quedamos en que iría a las siete. Recibí la agradabilísima sorpresa de encontrarme a solas con Asia y con ella. Ya no recuerdo de qué estuvimos_ hablando. Sólo sé que, al marcharme -Rachlin había salido de la habitación antes que yo-, Asia me mandó un beso con la mano. A continuación, intento, en vano, de comer algo caliente en un restaurante del Arbat. Yo quería pedir sopa y me trajeron dos Ionchitas de queso.

 

 

 

 

30 DE ENERO

 

Añadiré 251  algunas cosas acerca de Moscú  de las que no me había dado cuenta  hasta ahora,  aquí, en  Berlín (donde acabo, con  el  día 29  de  enero,  las  anotaciones  iniciadas  el  día 5  de febrero). Para el que llega de Moscú,  Berlín es una ciudad muer-- ta. Las personas que van por la calle, le parecen a uno ir descon-soladoramente en solitario, a g;:-::n distancia las unas de las otras, y solas en mitad de un amplio trecho de la calle. Por otra parte, el lugar por el que tuve que pasar para ir de la Estacion del Zoo a Grunewald  me  pareció  muy limpio y reluciente, desmesurada-mente pulcro y desmesuradamente confortable. Con la imagen de la ciudad y de la gente ocurre lo mismo que con la imagen de los estados del espíritu: la nueva óptica con la que uno las perci-be es el resultado más incuestionable de la estancia en Rusia. Por muy poco que se llegue a conocer este país, uno aprende a obser-

 

 

 

25 1 Añadiré ... llega un europeo (marc.): Ver: GS IV, 316-317: «Für einen ... zu

wah1en»; 317: «Heimkenrend findet. .. um sich)).

 

 

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var y a enjuiciar a Europa con ef conocimiento consciente de lo que acontece en Rusia. Esto es lo primero que le llega de Rusia a cualquier europeo inteligente. Por eso también, la estancia en Rusia es, por otro lado, una piedra de toque tan precisa para el visitante extranjero .. Obligará a cualquiera a elegir y precisar con toda exactitud su punto de vista, que, en general, será tanto más fértil en la producción de sus precipitadas teorías cuanto más alejado y circunscrito a la esfera personal y cuanto menos se adecúe al formato del acontecer ruso. Aquel que penetre en ma-yor profundidad dentro de la situación rusa se sentirá mucho menos impulsado a realizar las abstracciones a las que tan fácil-mente llega un europeo. En los últimos días de mi estancia t~ve la impresión de que los vendedores mongoles de artículos de papel de colores volvían a aparecer con más frecuencia. Vi a un hombre -aunque no mongol, sino ruso- que, además de ces-tos de mimbre, ofrecía también pequeñas jaulas hechas de papel brillante y con pajaritos de papel en su interior. Pero también descubrí un papagayo de verdad, un aro blanco: estaba en la Miasnitskaya, sobre un cesto en el que una mujer guardaba artículos de lencería para venderlos a los transeúntes. En otro lugar 252 vi columpios infantiles puestos a la venta en la calle. Puede decirse que Moscú se encuentra liberado del tañer de las campanas, que hace que las grandes ciudades se sientan invadi-das, de costumbre, por una irresistible tristeza. Esto es también algo que sólo se nota y se aprende a estimar tras el regreso. Cuan-do llegué a la estación de Yaroslavski, Asia ya estaba allí. Me había retrasado por haber tenido que esperar un cuarto de hora el tranvía, y los domingos por la mañana no hay autobuses. Ya no nos quedaba tiempo para desayunar. El día, o, por lo menos, la mañana, transcurrió entre ataques de congoja. Sólo en el viaje de regreso del sanatorio pude disfrutar enteramente del maravi-lloso recorrido en trineo. Hacía una temperatura muy suave y nos daba el sol en la espalda; al poner la mano en la de Asia, pude incluso notar que calentaba. Nuestro istvoschik era hijo del hombre que solía llevar a Reich. Fue en esta ocasión cuando averigüé que las preciosas casitas por las que pasamos al princi-pio no eran dachas, sino casas de campesinos acomodados. Asia se sintió muy feliz durante el viaje y, por lo mismo, aún más

 

 

252 En otro lugar... irresistible tristeza: Ver: GS IV, 320: <<Es gibt... der Kin~ dem, «Ein Korbverkaufer... der Vogel»; 344: «Die Stadt... Traurigkeit verbrei-tet».

 

 

 

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doloroso habría de ser el revés que sufrió al llegar. Daga no esta-baJuera, con los otros niños que jugaban bajo el cálido sol, sobre la nieve en deshielo. Dentro la llamaron. Bajó al vestíbulo por la escalera de piedra con el rostro lloroso y .Jas medias y los zapatos rotos, poco menos que descalza. Resultó que no había recibido el paquete con medias que se le había enviado y que, en los últimos catorce días, apenas se habían ocupado de ella. Asia estaba tan nerviosa, que apenas acertaba a hablar, y tampoco pudo enfren· tarse con la médica tal como hubiera deseado. Se quedó casi todo el tiempo junto a Daga, seatada en- un banco de madera de la entrada, cosiendo desesperadamente los zapatos y las medias.

 

Pero también esto se lo estuvo reprochando luego a sí misma: el~ ha]?er tratado de remendar los zapatos. Eran unas zapatillas to-talmente deshechas que ya no podían abrigar a la niña. Y ella temía que se las volviesen a poner en vez de dejarla correr en zapatos o en valinki. Teníamos pensado darnos un paseo de cin-co minutos en trineo, con Daga, pero no pudo ser. Cuando ya · hacía rato que éramos los últimos visitantes que quedaban, Asia aún seguía sentada cosiendo, y a Daga la llamaron para comer. Nos fuimos; Asia, desconsoladísima. Dado que llegamos justo a los pocos minutos de la salid2 de un tren, tuvimos que esperar casi una hora. Estuvimos jugando durante un rato a ver dónde nos sentábamos. Asia se empeñó en hacerlo en un sitio en el que yo no quería sentarme de ningún modo. Pero, cuando al fin cedió, yo me puse tozudo e insistí en quedarme en el sitio que había elegido ella. Pedimos huevos, jamón y té. En el viaje de vuelta estuve hablando del tema del drama que me había sugeri-do la obra de llesh: el montaje de la historia de un transporte de mercancías durante el tiempo de la revolución (un envío de víve-res destinado a los prisioneros, por ejemplo). Desde la estación nos dirigimg~ en trineo a ver a Reich, que ya se había mudado a su nuevo a!lf)jamiento. Al día siguiente se mudó también Asia. Nos quedamos mucho tiempo arriba, esperando la comida. Reich me volvió a preguntar por el artículo sobre el humanismo, y yo le expliqué el porqué, en mi opinión, había que prestar una atención muy especial al hecho de que, con la victoria propia-mente dicha de la burguesía y el derrumbamiento de la posición de los literatos coincida también la separación de estos dos tipos que en otro tiempo formaron una unidad (al menos en la figura del erudito): el literato y el erudito. Hay que insistir en que, en el tiempo en que se estaba.gestando la revolución, los literatos más influyentes fueron, al menos, en la misma proporción eruditos y

 

 

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escritores. Sí, e incluso es probable que fuesen los eruditos quie-nes tuvieran un papel preponderante. Empecé a sentir el dolor de espalda que empezó a importunarme en mis últimos días en Moscú. Por fin apareció la comida, que nos trajo una vecina. Estaba muy buena. Luego nos fuimos Asia y yo, cada uno a su casa, para encontrarnos por la noche en el ballet. Pasamos junto a un borracho que estaba tendido en la calle, fumando un ciga-rrillo. Dejé a Asia en el tranvía y me fui al hotel. Allí me dieron las entradas para el teatro. El programa de la noche consistía en: «Petruschka», de Stravinski; Las sílfides 253 : ballet de un compo-sitor poco importante, y el Capricho español, de Rimski-Korsakoff. Llegué muy pronto y, mientras esperaba a Asia en el vestíbulo -con la conciencia de que aquélla era, de momento, la última noche en Moscú en la que podríamos hablar a solas-, mi único deseo era sentarme con ella en seguida en el teatro y esperar largo rato hasta que se alzase el telón. Asia llegó tarde, pero, a pesar de ello, aún pudimos ocupar nuestras localidades justo a tiempo. Detrás de nosotros estaban unos alemanes, y en nuestra misma fila un matrimonio japonés con sus dos hijas, con su brillante pelo negro peinado al estilo japonés. Nos encontrá-bamos en la fila siete de butacas: En el segundo ballet aparecía la famosa bailarina Gelzer 25\ ahora ya algo mayor, a quien Asia había conocido en Orel 255 • Las sílfides es un ballet a menudo insípido, pero que sirve para hacerse una idea excelente del estilo que en otro tiempo tenía este teatro. Esta obra data, tal1vez, de la época de Nicolás l. Hay un divertimento que se asemeja muchí-simo al de los desfiles militares. Finalmnte, el ballet de Rimski-Korsakoff, maravillosamente estudiado y ejecutado a una veloci-dad vertiginosa. Hubo dos descansos. En el primero, yo me separé de Asia para tratar de conseguir todavía un programa delante del teatro. Al volver, la vi hablando con un hombre, de pie junto a la pared. Me dije a mí mismo con horror con cuánto descaro le había mirado cuando Asia me dijo que se trataba de

 

 

253 Las s(/jides; título original ruso: Chopiniana; coreografía: M. Fokine, Músi-

ca: F. Chopin (la idea de Benjamin de que se trata de un «compositor poco importante» se debe quizá al hecho de que la música de Chopin fuese instrumen-tada por A. Glasunov).

 

254 Ekaterina Vasilevna Geltser ( 1876-1962), famosa bailarina; galardonada en 1925 con el título de «Artista popular de la RSFSR».

 

255 Los primeros experimentos de Asia Lacis dentro del ámbito del teatro infantil y <;le la pedagogía tuvieron lugar en 1918/19, en Ore!, donde iba a traba-jar como directora en el teatro municipal.

 

 

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Knorin. Él se empeña siempre en tutearla y a ella no le queda má~ remedio que tutearle también. A su pregunta de si había ido sola al teatro, ella le había dicho que no, que había ido con un periodista de Berlín. Ya le había hablado de mí en otra ocasión. Asia llevaba aquella noche el vestido nuevo cuya tela le había regalado yo. [Se] cubría los hombros con el chal amarillo- com-prado en Roma y que yo le llevé a Riga. Dado que su rostro también tenía aquel día un tinte amarillento, en parte, natural y, en parte, debido a la enfermedad y a la excitación de aquel día,

con el cual no se mezclaba la menor sombra de rojo, todo su aspecto constituía la frontera de tres tc111alidades cromáticas muy próximas. Después del. teatro no tuve sino el tiempo justo para quedar con ella en vernos la noche siguiente. Pues, como tendría que ausentarme todo el día si efectivamente quería hacer la ex-cursión a Troitsa 256 , sólo disponíamos de la noche. Pero ella no quería salirde casa, ya que, al día siguiente, muy temprano, que-ría ir de nuevo a ver a Daga. Quedamos, pues, en que yo iría, con toda seguridad, por la noche, pero incluso esto lo acordamos a duras penas. Asia quiso saltar a un tranvía, en mitad de la conversación, pero luego desistió. Nos encontrábamos en medio del bullicio de la gran plaza del teatro. Los sentimientos de enojo y amor me invadían alternativamente, a velocidad de vértigo; por último nos despedimos [:] ella, desde la plataforma del tran-vía y yo, en )a calle, o, más bien, considerando si no debería seguirla, saltando yo también a él.

 

 

31 DE ENERO

 

Con la reserva de asiento que yo había dispuesto el día 30, mi viaje de regreso había quedado irrevocablemente fijado para el día l. Finalmente logré despachar la maleta en la aduana. A las siete y cuarto llegué, pues, según lo convenido, a casa de Basse-ches para dirigirnos a la oficina de aduanas con el tiempo sufi-ciente para llegar a la estación antes de la salida del tren, que [era] a las diez. Éste no salió, en realidad, hasta las diez y media. Pero esto no lo supimos lo bastante a tiempo como para haber podido aprovechar aún esa media hora. Aunque a ella le debi-mos el poder realizar siquiera nuestra excursión a Troitsa. Pues si

 

 

25 6 Se refiere al monasterio de Troitse-Sergieva, de Sergiev (a partir de       1930·.

((Zagors\o) ). ·

 

 

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el tren hubiese salido, efectivamente, a las 10, ya no lo hubiéra-mos cogido. Las formalidades exigidas en la oficina de aduanas se prolongaron de un modo angustioso y ni siquiera pudimos acabarlas aquel día. Lógicamente tuve que volver a pagar un taxi. Todo aquel ajetreo resultó innecesario, pues ni se fijaron en los juguetes, y en la frontera seguramente tampoco les habrían interesado mucho más que aquí. Nos acompañó el sirviente para recoger allí mi pasaporte y dirigirse acto seguido al consulado de Polonia, a fin de conseguirme un visado. Así pues: no sólo cogi-mos el tren, sino que además tuvimos que esperar veinte minu-tos en el vagón a que saliera. Pero yo me dije para mis adentros, no sin enfado, que en ese tiempo habríamos podido acabar de resolver los trámites de la aduana. Si bien no lo dejé traslucir excesivamente, pues Basseches ya estaba lo bastante disgustado. El viaje resultó monótono. Yo me había olvidado de llevarme alguna lectura y pasé durmiendo una parte del trayecto. Llega-mos al cabo de dos horas. Aún no le había hablado de mi inten-ción de comprar allí juguetes. Temía que se le agotase la pacien-cia. Y sucedió que, cuando sólo habíamos andado unos pocos pasos, nos encontramos delante de un almacén de juguetería. Hice una alusión a él. Pero no podía pedirle que entrásemos de inmediato en el almacén. Frente a nosotros, subiendo un poco en cuesta, se encontraba el gran complejo del monasterio 257 , se-mejante a una fortificación. Su contemplación aún resultaba más impresionante de lo que yo me había imaginado. Por su enclaustramiento de recinto fortificado podía hacer pensar en Asís, pero, curiosamente, a mí me recordó, en un primer. mo-mento, a Dachau, donde la montaña con la iglesia se alza a modo de corona sobre la ciudad de manera semejante a como lo hacen aquí los largos edificios de viviendas, con la gran iglesia en el centro. Aquel día, todo estaba un poco muerto: los numerosos tenderetes de sastres, relojeros, panaderos y zapateros que se ex-tienden al pie de la colina del monasterio estaban cerrados en su totalidad. También hacía aquí un hermosísimo y cálido tiempo invernal, aunque sin que en ningún momento se pudiera ver el sol. El descubrimiento del almacén de juguetería había hecho pasar a un primer plano mi deseo de comprar en él nuevos ju-guetes, y durante la visita al tesoro del monasterio ya empecé a impacientarme; yo tenía las manías de un tipo de viajero que, por lo demás, a nadie le podía resultar más odioso qHe a mí.

 

 

257 Ver nota anterior.

 

 

147

 

Tanto más amable era nuestro guía, el director del museo en que

 

. había sido transformado el monasterio. Mis prisas se debían tam-bién, sin duda, a otras causas. En la mayoría de las salas, en las cuales se conservaban, dentro de vitrinas cuyas cortinas y paños iba retirando un empleado que nos precedía, tapices, utensilios de plata y oro, manuscritos y devocionarios de un valor incalcu-lable; hacía un frío intensísimo y fue probablemente a lo largo de aquella hora de recorrido cuando cogí los gérmenes de un grave resfriado que se manifestó en Berlín, a mi regreso. Por último, toda aquella cantidad imprevisible de cosas preciosas, cuyo ver-dadero valor artístico en la mayoría de los casos sólo pueden conocerlo expertos muy especiales, produce un cierto embota-miento, fomentando, por así decirlo, una especie de brutalidad en su visita. Para colmo, Basseches tenía un afán increíble para pasar revista «completa» a todo lo que había que ver, y se hizo conducir incluso a la cripta, donde se encuentra, cubierto por un cristal, el esqueleto de San Sergio, fundador del monasterio. No me es posible enumerar, ni siquiera del modo más incompleto, todo lo que se podía ver allí. Apoyado contra un muro estaba el famoso cuadro de Rubloff que ha acabado por convertirse en emblema de este monasterio. Dentro de la catedral vimos luego también el lugar vacío del iconostasio donde había estado colga-do y del cual se había retirado al objeto de su conservación. Los murales de la catedral se encuentran seriamente amenazados, pues, al no utilizarse la calefacción central, en primavera se pro-duce un calentamiento repentino de los muros, dando lugar a que aparezcan en ellos quiebras y grietas por las que penetra la humectad. En un armario empotrado vi el gigantesco revesti-miento de metal dorado, recubierto de piedras preciosas, donado más tarde para el cuadro de Rubloff. Sólo deja libre del cuerpo de los ángeles las zonas desnudas: el rostro y las manos. El resto queda cubierto por esa capa de oro macizo, y el cuello y los brazos, como comprimidos por pesadas cadenas metálicas cuan-do se coloca la plantilla sobre el cuadro, deben de dar a los ánge-les un cierto aspecto de malhechores chinos expiando sus fecho-rías en el virote. La visita finalizó en la ·habitación de nuestro guía. El anciano estuvo casado. pues nos mostró los retratos al óleo de su mujer y de su hija. que colgaban de la pared de la habitación. Ahora vive solo en esta saía monacaL grande y clara, aunque no completamente apartado del mundo. pues son mu-chos los extranjeros que van a visitar el monasterio. Sobre una mesita había un paquete recién abierto de libros científicos llega-

 

 

148

 

 

dos de Inglaterra. Aquí también firmé en el libro de visitantes. Esta costumbre parece haberse conservado en Rusia, incluso en-tre la burguesía, durante mucho más tiempo que aquí, al menos si se me permite extraer una conclusión del hecho de que tam-bién en casa de Schick me presentasen uno de estos álbumes para que estampase mi firma. Pero no menos magnífico que todo Jo que había en su interior era también el emplazamiento del mo-nasterio. Antes de entrar en el espacioso lugar amurallado, nos habíamos detenido en el pórtico. A derecha y a izquierda había dos planchas de bronce con los datos imprescindibles que se co-nocen sobre la historia del monasterio. Más bellas y sobrias que la iglesia, de tonalidad salmón y de estilo rococó, que se alza en mitad del patio, rodeada de pequeños edificios más antiguos

 

- entre ellos, el mausoleo de Boris Godunoff 258- , más sobrias son las largas edificaciones destinadas a actividades domésticas y a vivienda construidas rectangularmente en torno a la inmensa

 

plaza abierta. La más bella es el gran refectorio polícromo. La vista desde sus ventanas da, ya a esa plaza abierta, ya a fosos~ a

 

pasillos entre los muros, un laberinto de parapetos de piedrá a modo de fortificación. También hubo aquí un pasillo subterrá-neo que dos monjes hicieron volar por los aires para salvar al monasterio cuando se encontraba sitiado, pagándolo con su .vi-da. Comimos en una stolovaya que está casi enfrente de la entra-da al patio del monasterio. Sakuska, vodka, sopa y carne: Había varias salas grandes llenas de gente. Se veían verdaderos protóti-pos de la aldea rusa o de la ciudad de provincias: Sergeyevo ha sido declarada ciudad recientemente; Mientras estábamos co-miendo llegó un buhonero que vendía estructuras de alambre que, en un abrir y cerrar de ojos, se podían transformar en tulipa para una lámpara, en un plato o en un frutero. Basseches dijo que esta artesanía procedía de Croacia. Al ver aquel divertimen-to, más bien feo, surgió en mí un viejo recuerdo. Cuando yo era niño, mi padre debió de comprar, en una ocasión, algo parecido durante un veraneo (¿en Freudenstadt?). Mientras comíamos, Basseches le preguntó al camarero por direcciones de jugueterías, e inmediatamente nos pusimos en camino. Pero aún no había-

 

 

258     Boris GodunofT ( J 552-l 605). zar ruso; confidente del zar lván IV (el Terri-

 

ble): elegido regente oficial en medio de la confusión creada por la muerte de lván, y zar en 1598. Su lucha por el poder se convirtió en el tema de un drama de Pushkin (1825) y de una ópera de Mussorgskij (1874) adaptada por Rimski-Korsakov ( 1896 ).

 

 

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mos avanzado nada más que diez minutos, cuando una breve inforrñación recabada por Basseches hizo que nos diéramos la vuelta para subir a un trineo que pasaba vacío en ese mismo momento. El andar después de la comida me había fatigado, de modo que ni siquiera pude preguntarle qué era lo que le había motivado, en realidad, a dar la vuelta. Lo que al menos parecía seguro era que en los almacenes cercanos a la estación existían las mejores posibilidades de realizar mi deseo. Los dos se encon-traban muy próximos. En el primero había artículos de madera. Al entrar nosotros, encendieron la luz; ya estaba oscureciendo. Tal como me había imaginado, un almacén de juguetes de made-ra no podía ofrecern:ie demasiadas cosas desconocidas. Compré algunas piezas, ~más a instancias de Basseches que por decisión propia, pero ahora me alegro de haberlo hecho. También perdi-mos tiempo aquí; tuve que esperar mucho para que cambiaran un chervonetz en las cercanías. Yo estaba muerto de impaciencia por ver el almacén de juguetes de cartón piedra; temía que ya hubieran cerrado. Pero no fue así. Ocurrió, sin embargo, que, cuando nos encontramos felizmente allí, el interior de la casa ya estaba completamente a oscuras, y en el almacén no había nin-guna clase de iluminación. Tuvimos que rebuscar al albur por las estanterías. De vez en cuando encendía una cerilla. Así cayó en mis manos alguna que otra cosa de gran belleza que, de lo con-trario, no hubiera conseguido, pues, lógicamente, al hombre no pudimos hacerle entender qué era lo que yo buscaba. Cuando nos encontramos por fin en el trineo, cada uno de nosotros iba cargado con dos grandes paquetes; Basseches llevaba además un montón de folletos que había comprado en el monasterio para reunir material para un artículo. La larga espera en el sombrío restaurante de la estación la volvimos a abreviar con té y sakus-

 

ka. Yo me sentía fatigado y empezaba también a encontrarme un poco mal. Ello se debía 259, no en último término, a la angu~­

 

tia que me producía el pensar en las muchas cosas que aún me quedaban por resolver en Moscú. El viaje de regreso fue muy pintoresco. En el vagón había un farol encendido cuya estearina fue robada durante el trayecto. No !~jos de nuestros asientos había una estufa de hierro. Bajo los bancos había grandes leños, desparramados de cualquier manera. De vez en cuando, alguno

 

 

259     Ello se debia ... ~ás combustible: aparece marcado en el manuscrito del diario, pero, al parecer, nb se incluyó en ninguno de los artículos fruto de su estancia en Moscú.

 

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de los integrantes del personal se dirigía a un asiento, los alzaba y, de aquella especie de arcón en el que éste se convertía al abrirlo, sacaba más combustible. Cuando llegamos a Moscú eran las ocho. Era mi última noche; Basseches tomó un taxi. Le hice parar frente a mi hotel para, antes que nada, dejar allí los jugue-tes que había comprado y coger rápidamente los manuscritos que debía entregarle a Reich una hora después. En casa de Basse-ches, larguísimas instrucciones al sirviente, al que prometí ír a buscar hacia las once y medía. A continuación cogí el tranvía; por suerte acerté con la parada donde tenía que apearme para ir a casa de Reich, llegando antes de lo que había supuesto. Induda-blemente habría preferido coger un trineo, pero me fue imposi-ble: ni sabía el nombre de la calle donde vivía Reich ni tampoco encontré en el plano el de la plaza que está cerca de allí. Asia ya estaba en la camá. Me dijo que me había estado esperando mu-cho tiempo, pero que ya no contaba con que fuese. [Le] hubiera gustado salir inmediatamente conmigo para enseñarme una ta-berna que había descubierto casualmente cerca. También había unos baños no lejos de allí. Había dado con todo aquello al desviarse del camino y haberse metido en patios y calles laterales, hasta llegar a casa. Reich también estaba en la habitación; se estaba dejando crécer la barba. Yo me encontraba muy fatigado, hasta tal punto que, a una de las habituales preguntas angustia-das de Asia (dónde estaba su esponjita, etc.), le respondí de un modo bastante brusco, destacando expresamente mi gran can-sancio. Pero en seguida quedó todo arreglado. Le hablé de mi excursión, abreviando lo más posible. Luego me dieron los en-cargos para Berlín: llamadas telefónicas a los más diversos cono-cidos. Reich salió después dejándome ,un rato a solas con Asia y escuché la retransmisión por radio de la representación del Revi-sor, interpretado por Chejov 260 en el Gran Teatro. Asia iba a la mañana siguiente a ver a Daga, por lo que tenía que contar con la posibilidad de no verla ya antes de mi partida. La besé. Cuan-do volvió Reich, Asia se fue a la habitación contigua a escuchar la radio. Yo ya no me quedé mucho tiempo. Pero, antes de mar-charme, le enseñé aún las tarjetas postales que me había traído del monasterio.

 

 

 

 

260 Mijail Aleksandrovich Chejov ( 1891-1955). actor. director y pedagogo tea-tral (emigrado en !928).

 

 

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1 DE FEBRERO

 

 

 

 

 

Por la mañana volví a ir al café de siempre; pedí café y me tomé una empanada. Luego, al Museo del Juguete. No habían hecho todas las fotos que yo había pedido. Pero no me importó demasiado, pues, de esa manera, me encontraba con 1O

 

netz en el momento en que más falta me hacía el dinero. (Las fotografías, las había pagado ya.) No me entretuve mucho en el Museo del Juguete, sino que, por el contrario, me fui lo más deprisa posible al Instituto de la Kameneva, donde me despedí del Dr. Niemen. De allí, en trineo, a casa de Basseches. Y de aJlí, con el sirviente, a \,lna oficina de viajes y luego, en coche, a la aduana. No se puede describir todo lo que hube de pasar de nuevo allí. Me hicieron esperar veinte minutos en una ventanilla de caja en la que en ese momento estaban contando billetes de mil. En toda la casa no había nadie que pudiera cambiarme cinco rublos. Era absolutamente necesario que aquella maleta, en la que no sólo iban los hermosos juguetes, sino también todos mis manuscritos, alcanzase el mismo tren para el cual tenia yo el billete. Pues, dado que no se podía consignar nada más que hasta la frontera, era imprescindible que yo estuviese allí en el momen-to de su llegada. Por fin lo logré. Pero una vez más hube de comprobar hasta qué punto tiene aquí la gente todavía el servilis-mo metido hasta los tuétanos. Tal era la indefensión de aquel sirviente frentt: a todas las vejaciones e indolencia de los funcio-narios de aduanas. Respiré cuando pude despedirle con un cher-vonetz. El nervi~ismo me había vuelto a producir dolores de espalda. Me sentil contento de poder disponer aún de unas horas de tranquilidad. Me fui caminando muy despacio a lo largo de la hermosa hilera de tenderetes de la plaza; volví a comprar una bolsa roja con tabaco de Crimea y pedí luego el almuerzo en el restaurante de la estación de Yaroslavski. Aún me quedaba tam-bién dinero suficiente para telegrafiar a Dora y para comprarle a Asia un dominó. Hice este último recorrido por la ciudad con-centrando toda mi atención en ello; me produjo un gran placer, pues pude dejarme llevar mucho más de lo que había sido el caso durante el tiempo de mi estancia alll. Volví al hotel poco antes de las tres. El «suizo» me dijo que había ido a verme una señora.

 

Había dicho que volvería más tarde. Me dirigí a mi habitación y, acto seguido, subí a pagar a administración. Hasta que no volví a bajar, no me di cuenta de que en el escritorio había una nota de Asia. Me había estado esperando, aún no había comido nada y

 

 

!52

 

estaba en la stolovaya de al lado. Me decía que fuese a buscarla. Me apresuré a bajar a la calle y entonces la vi venir hacia mí. No había comido nada más que un trozo de carne, aún estaba ham-brienta, y, antes de conducirla a mi habitación, volví a bajar a la plaza a comprar mandarinas y golosinas. Con las prisas me llevé la llave de mi habitación; Asia estaba en el vestíbulo. Le dije: «¿Por qué no has entrado? ¡La llave está puesta en la cerradura!» Me llamó la atención la rara amabilidad con que me sonrió al decirme que no. En esa ocasión, Daga se encontraba bien de ánimos y Asia había tenido unas palabras bien dichas con la médica, con buenos resultados. Una vez en mi habitación, se echó en la cama; se sentía cansada, pero bien. Y o me senté, bien a su lado, bien en la mesa, donde estuve escribiendo sobres con mi dirección, o me acercaba a la maleta para guardar los jugue-tes, mi compra del día anterior, mostrándoselos antes de hacerlo. Le gustaron muchísimo. Mientras tanto -debido, entre otras cosas, a mi gran agotamiento-, las lágrimas pugnaban por sal-társeme. Aún hablamos de algunas cosas. De cómo podía escri-birle y de cómo no. Le pedí que me hiciera una bolsa para,el tabaco. Que me escribiera. Finalmente, cuando ya sólo nos que-daban unos minutos, mi voz empezó a sonar vacilante y Asia se dio cuenta de que estaba llorando. Al final dijo: «No llores, pues, si no, yo también acabaré llorando, y cuando yo empiezo a llorar no acabo tan pronto como tú.» Nos abrazamos muy fuerte·. Lue-go subimos a recepción, donde ya no tuvimos que hacer nada (pero yo no quería esperar al sovietdushi); entonces apareció la camarera, pero yo me deslicé hacia la puerta del hotel con mi maleta sin darle propina, y Asia me siguió con el abrigo de Reich bajo el brazo. Acto seguido llamé a un trineo. Pero, cuando fui a subirme a él, después de haberme vuelto a despedir, le pedí que me acompañase hasta la esquina de la Tverskaya. Allí se bajó y, cuando el trineo ya volvía a ponerse en marcha, tiré de su mano, en plena calle, y me la llevé a los labios. Ella se quedó aún parada un largo rato, diciéndome adiós. Yo le hice adiós desde el trineo. Primero pareció como si anduviese de espaldas; luego dejé de verla. Con mi voluminosa maleta sobre las piernas, me dirigí llorando a la estación a través de las calles, en las que ya empeza-ba a anochecer.

 

 

 

 

 

 

 

 

153

 

APÉNDICE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1O de diciembre de 1926 Moscú

 

Querido Gerhard:

 

Aprovecho media hora, inesperadamente libre, para darte, por fin, nuevamente noticias mías. Creo que en estos momentos, y debido, por otra parte, a una singular casualidad, estoy com-partiendo mi estancia en Moscú con tu hermano, que, según me dijeron ayer, es uno de los representantes de la «oposición» ale-mana invitados al congreso de la Komintern que se celebra aquí y cuya duración se ha prolongado. Te tranquilizaré inmediata-mente diciéndote que no me encuentro aquí en mjsión oficiaL Pero, como es lógico, me estoy enterando de muchas cosas cuyo conocimiento me resulta muy útil e interesante. Las informacio-nes principales proceden de un amigo de aquí, el Dr. Reich, que trabaja en esta ciudad desde hace un año de periodista, sobre todo en periódicos rusos y, principalmente, sobre cuestiones de teatro. Llegué el día 6, tras un viaje de dos días, y son tantas las cosas que veo y oigo a diario que por la noche caigo medio muerto en la cama. Lógicamente, ello se debe, en igual medida, a la intensidad de las impresiones recibidas, a mi desconocimiento del ruso y al frío. Aún no sé con exactitud cuánto tiempo me quedaré. Pero, dado que mis libros no tardarán en editarse, por fin, en Rowohlt, no puedo ausentarme de Berlín por tiempo indefinido. (Para Navidades, sólo saldrá un tomo de la traduc-ción de Proust, que inmediatamente se te enviará.) Me alegré mucho de que me enviaseis los artículos de tu mujer. Me gusta-ron muchísimo: tanto la hermosa y acertada crítica a la novela

 

 

157

 

como la nota sobre Dorothea Schlegel. En Berlín, antes de mi partida. tuve una breve conversación con Mirjam Hóflich. De mi estancia aquí no espero todavía ninguna tentativa de relato. Hace muy poco que he llegado y aún hay demasiadas cosas que me causan dificultades. Lo mejor sería que nos viésemos, real-mente, el año próximo en París; para hablar de todo esto y de muchas cosas más. Hasta entonces, sigue dándome noticias tu-yas y envíame lo que publiques. Yo me presentaré próxima.men-te con una pequeña nota: «Gruss in Marseille». Las cosas que publico en el «Literarische Welt» supongo que te llegarán; esto es, pues, Rusia auténtica. En medio de las difíciles y duras condi-ciones de vida de este invierno, uno no pierde la conciencia de que ésta es la única y verdadera gran ciudad en muchos kilóme-tros a la redonda (habitantes: entre 2 112 y 3). Y este número de habitantes se manifiesta, sin duda alguna, desde el punto de vista político, como un factor increíblemente importante y dinámico; aunque, desde el punto de vista de la civilización, también como una fuerza natural difícil de dominar. La carestía de la vida es inimaginable y, para mí, que no presto oídos, por principio, a los relatos de los señores <(ViajeroS)) e «Informadores», ha constitui-do una sorpresa realmente desagradable. Sabiendo algo de ruso y dedicando todo el tiempo a trabajar, se pueden obtener unos ingresos relativamente bueno!>. Como creo que ya te escribí, es-toy colaborando con iá Enciclopedia Soviética oficial y pienso abordar aquí, entre otras muchas cosas, algunos artículos desti-nados a ella. De momento no mandaré ninguna información a los periódicos. Si bien, Buber (!) me ha pedido una extensa rese-ña sobre Moscú para Die Kreatur. Sucedió que, en su última estancia en Berlín, me animó a colaborar con él y, por diversas consideraciones, acepté. Esto fue, más o menos, por chanukah. Espero que lo pasaseis bien. Dora y Stefan se encontraban muy bien en él momento de mi partida. De ella me imagino que no tardarás en tener noticia directa acerca de su marcha de Ullstein. Y de que la han nombrado redactora jefa de la Praktische Berli-nerin, que ha sido comprada por otro consorcio. Yo hablé antea-yer aquí con Alexander Granovski, director de nuestro teatro judío. ¿Le conoces? Mañana tengo una entrevista con la Kame-neva (la hermana de Trotski), encargada de asuntos extranjeros. Me quieren organizar una conferencia. Creo, incluso, que tienen la intención de entrevistarme para conocer mis «impresiones so-bre Moscú». Todo esto se Jo he de agradecer al frío, que actual-mente está congelando un tanto la afluencia de intelectuales.

 

 

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(Sobre la estancia de Taller aquí, con tan brusco final, he conoci-do algunos detalles muy curiosos.) ¿Qué hay de nuevo con Buch?

 

Contéstame, por favor, a mi dirección de Berlín. Escnbeme tam-bién algo acerca de las perspectivas de tu viaje a P~rís. Y o creo

que estaré allí por marzo.

 

Saludos muy afectuosos para ti y para Escha.

 

Walter

 

 

[POSTAL]

 

Querido Sr. Kracauer:

 

Podría darle más de una razón para explicar mi largo silen-cio. Y ninguna mejor que la conclusión de su última carta: «Pero ¿para quién se escribe? ¿Conoce Vd. la respuesta?>> Sobre una respuesta así, uno puede reflexionar, efectivamente, dos meses cumplidos sin dar con elÍa. Más cercano a la verdad es, sin em-bargo, el hecho de haber tenido que arreglármelas aquí, durante semanas, con el hielo exterior y el fuego interior; espero que no en vano. Pero apenas me quedaban fuerzas para el trabajo diario que he de realizar. Mi regreso es inminente. Escríbame, por fa-vor, a Grunewald. En cualquier caso, de aquí no habría podido ofrecerle ninguna noticia sustancial, pues, hasta el último mo-mento, he de observar y meditar para presentar al final un resu-men de mi estancia medianamente transmitible; que, sin embar-go, nunca podrá ser mucho más que un simple retratito de Moscú. Indudablemente, uno no se cansa tan pronto de ver la ciudad. ¿Ha hablado Vd. con Roth? Le habrá dado artículos para mí; le estaría muy agradecido si pudiera enviármelos a Grune-wald. Esperando, entre otras cosas, encontrar allí también sus últimos trabajos (Ornament der Masse), reciba mis saludos más cordiales.

 

Walter Benjamín

 

Rte.: Dr. W. Benjamín

Moscú

. Gost. «Tyrol»

Sadovaya Triumfalnaya

[Enero de 1927]

 

 

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Su recensión sobre Kafka la conservo para leerla después de co-nocer la novela El castillo.

 

 

Querido Sr. Kracauer:

 

J'ai été un peu long a vous écrire. Pero también encontré mucho que resolver en mi pequeña redacción particular de ju-guete; entre otras cosas, una gripe. Desde hace varios días estoy trabajando en la clasificación de mi dossier «Moscú». Quizá se encuentre con algunas reseñas menores en el Literarische Welt. Ahora ya le habrá llegado a casa, a Francfort, una bonita colec-ción de fotos (juguetes de procedencia rusa). Se las he ofrecido a la Jllustriertes Blatt; yo le habría encargado esta gestión a Vd. (que, virtualmente, ya estará viendo ante sus ojos el texto escrito por mí pgra estas fotos) mejor que a nadie, de no ser porque, a l'improviste, un amigo me llevó a casa de Otten, que se ha ocu-pado de enviar las cosas a Francfort. Por último tengo también la intención de escribir una «síntesis» de Moscú. Pero, como suele suceder tratándose de mí, ésta quedará fraccionada en notas es-pecialmente pequeñas y dispares, y dependerá del propio lector el poderle sacar el mayor partido. Con independencia de lo que resulte y de lo mucho o poco que me sea posible transmitir a los amigos, en lo que a mí se refiere. estos dos meses han sido una experiencia absolutamente incomparable. El volver enriquecido, no teóricamente, sino sólo como observador fue la meta pro-puesta y, por lo mismo, lo considero muy provechoso. Comprue-bo cuán involuntariamente me aproximo así a una de las carac-terísticas de sus notas sobre París, que, de hecho, me parecieron magníficas. Puedo decir que mis «observaciones» parisinas se corresponden en esencia con las suyas. «La gloria por encima de los enredos» es una definición excelente de aquello que hace que las cosas y la vida en esa ciudad parezcan hermosas. incluso después del análisis más despiadado. No sé si V d. habrá seguido en el NRF el diario de Gide de su viaje por África. Pero ¡no es de extrañar que el embajador francés tuviese que dimitir por causa de lo que en él se contaba (y además ¡de qué manera más autén-tica y ponderada!) sobre los horrores de las. colonias francesas! Trate Vd. de construir el caso paralelo alemán. O mejor dicho: fíjese en los hechos empíricos y muéstreme, desde la elección de Hindenburg, un proceso por malos tratos a niños, en Alemania, en el que la condena no haya consistido en una multa o en

 

 

 

 

160

 

catorce días de arresto. Espero que muy pronto podamos hablar de algunas cosas a este respecto. Pues a mediados de marzo quie-ro ir unos días a Francfort. Me gustaría mucho encontrarle allí. Precisamente por eso no le escribo hoy de forma más detallada. Acabaré con la relación de escritos de entre los «libros recibidos» cuya recensión me interesaría. Se trata de: Hamann, Die Übersee-le - Grundzüge einer Morphologie der deutschen Literaturges-chichte; Larissa Reissner: Oktober (ambos en el n.0 6), y la bilo-gía del romanticismo berlinés editada por Helmut Rogge (en el n. 0 7); también debería llegar en los próximos días el libro de Paul Hankamer: Die Sprache, ihr Begriff und ihre Deutung im XVI. und XVII. Jahrhundert, anunciado en el n. 0 8. Por encon-trarse muy próximos a mi campo de trabajo, sería muy impor-tante para mí y daría un valor especial a poderlos anunciar. Por favor, dígame algo al respecto. Si viese a Ernst Bloch, le rogaría le dijera que me han sido devueltas dos cartas que le envié desde Moscú y que me envíe, a la mayor brevedad, sus noticias ~,direc­ ción.

 

_ Con afectuosos saludos,

Walter Benjamín

 

 

23 de febrero de 1927

Berlín-Grunewald

Delbrückstr.  23

 

[Los originales de las cartas de Benjamín a Kracauer se encuen-tran en el Deutsches Literaturarchiv/Marbach.]

 

 

A. Lunacarskij

Carta a la redacción  de la Gran Enciclopedia Soviética

 

29 de marzo de 1929

 

Estimados camaradas:

 

Les ruego disculpen el que no haya respondido, en tanto tiempo, ni a su carta ni al material que me enviaron sobre Goe-the. Hasta ahora no me ha sido posible darles una cierta valora-ción al respecto.

 

Estoy totalmente conforme con la caracterización del articulo

 

 

161

 

d~_B61jamin contenida en la carta al redactor jefe. No se trata de qüe'el artículo sea inadecuado por su carácter no enciclopédico (po svoef<meenciklopedicnosti» ). Denota mucho talento y contie-ne a veces observaciones asombrosamente acertadas, pero no ex-trae ningún tipo de conclusión. Por otro lado, ni explica el lugar que Goethe ocupa dentro de la historia de la cultura europea, ni su lugar entre nosotros, en -por decirlo así- nuestro panteón cultural. A ello se añade el hecho de que el trabajo contenga algunas tesis sumamente dudosas.

 

No sé si Vds. desean hacer uso de este artículo, pero, sea como fuere, quisiera hacer algunas observaciones personales. Lo que aparece en las páginas tercera y cuarta, entre paréntesis, debe omitirse. No se deben admitir las frases que aparecen en la pági-na cinco: «Los revolucionarios alemanes no eran ilustradores; los ilustradores alemanes no eran revolucionarios.» Esta afirmación, completamente equivocada, es rebatida, más adelante, por el propio autor al hablar de la firme conciencia de clase de Lessirig, que, naturalmente, fue un ilustrador. La manifestación contra toda clase de revolución y contra el Estado, en la misma página, es muy difusa, y tampoco se menciona, en ningún momento, la motivación más profunda de la antipatía de Goethe por la visión materialista del mundo de Holbach. En la página sexta se cues-tiona ~1 que la protesta de Goethe surgiera, en gran medida, de la clara concepción de la vida dentro de la naturaleza que le era propia, concepción que guarda un extraordinario parentesco con la interpretación dialéctica. El contenido de los paréntesis de las páginas 8 y 19 debería omitirse; de paso he ido corrigiendo diver-sas faltas ortográficas y de otra índole. La idea expresada en el interior del paréntesis de la p. 59 es muy poco clara. En la p. 2 del segundo apartado es difícil poder coincidir con la opinión del autor en el sentido de que las conversaciones de Goethe con Eckermann constituyen una de las mejores obras de la literatura del siglo XIX. En la página sexta, el traductor ha olvidado, evi-dentemente, poner algo; este pasaje debe ser completado.

 

Por lo demás, vuelvo a aconsejar que no se imprima el artícu-lo de Benjamín.

 

Menos adecuado es todavía el artículo dé Oskar Walzel. Re-sulta sumamente difícil comprender una vida tan problemática y polifacética como la de Goethe de modo que, por un lado, se haga justicia a toda esa variedad de facetas y, por otro, se ponga de manifiesto la profunda unidad que subyace en Goethe, su vida y sus obras poéticas y científicas. Con independencia de que

 

 

162

 

Walzel opine que su artículo es, por decirlo así, una prolonga-ción de la obra de Gundolf, con algunas correcciones, su trabajo no sólo es inaceptable para una enciclopedia marxista, sino, ade-más, completamente incoherente.

Desagradable.

 

No puedo hacer nada al respecto. La Enciclopedia Literaria quería confiarme el articulo de Goethe y yo fui Jo bastaRte débil como para aceptar. Pero he llegado a la .conclusión de que sería sencillamente irresponsable por mí parte, dado mi excesivo tra-bajo, abordar una tarea que conlleva tanta responsabilidad 1•

 

Ahora bien, la bibliografía adjunta al artículo de Walz:el es, ciertamente, muy valiosa y puede utilízarse, sin duda, con éxito,

Comisariado del Pueblo de Instrucción.

[A. Lunaéarski]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 El artículo .sobre Goethe .del tomo J6 de la :Gran Enciclopedia _5o~iética (1929) se compone .de ;yarias partes. Los autores: W. Benjamin, V. K.l'kov, 8. l. Purisev, V. P. Zubov., S. L Sobol', A. A. Tumerman. El.articulo so¡,.re Goethe para la Enciclopedia Literaria {Vol. 2, M~ 1930), lo e.scribió B. J. P.urí:sev.. :[Nota

del editor.]    ·

 

:[La carta de Lunacarsk:i :ha sido traducida .de la primera publicacjpn.,en r.uso

.en Líteraturnoe ·nas!edst-1'0, t. 82, Moscú,  1970, p.p. '534c535.

 

Traducida ,al .alemán por Rau! ,G, RlihfJ.

 

 

163

 

NOTA EDITORIAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El presente texto es la transcripción de las anotaciones del diario de Moscú de Walter Benjamin que se encuentran en el

 

Benjamin-Archiv, Francfort del Main. Lo constituyen 56 pági-"'

nas  (formato:  21 ,O cm   13,4 cm), entre  las cuales  hay casi dos

 

vacías (pp. 39-40); ver nota 206: «[continuación])). El papel es de escasa calidad; la tinta que Benjamín utilizó en Moscú es de color violeta; la empleada en Berlín es, sin embargo, negra (se trata de las anotaciones que comienzan con el 29 de enero de 1927). El amplio margen y el espacio, relativamente amplio, en la parte superior e inferior del texto que se encuentra en las primeras páginas desaparece muy pronto en las páginas siguien-tes, donde la escritura de Benjamín empieza a hacerse cada vez más pequeña. A partir de la página 11 faltan por completo los espacios libres. Con ello, la cantidad de palabras por hoja au-menta, de unas 5 18 en las primeras tres páginas, a 1.151 en las tres últimas. Los pliegos utilizados por Benjamin se encuentran repartidos en cuatro páginas y numerados sucesivamente. 41 pa-sajes aparecen marcados con lápiz; evidentemente, con el fin de destacarlos para su posterior tratamiento. (Ver nota 18.) A la hora de editarlo, se ha atendido, sobre todo, a respetar la forma originaria del diario, dado que no existía la intención de publi-carlo. Por lo mismo, no se ha variado la puntuación elegida por Benjamin, ni siquiera cuando es inusual o no responde a las reglas actualmente vigentes. Las faltas ortográficas menores se han corregido sin mencionarlo expresamente. Entre ellas se en-cuentran, por ejemplo, la escritura incorrecta de nombres no rusos, tales como Worrishofer, en lugar de la forma correcta: Wórishoffer. Asimismo se han unificado los nombres de acuerdo

 

 

165

 

can su escritura más frecuente. En caso de anacoluto o de cam-bios ert la construcción de la frase mediante tachaduras en los que .Benjamin no modificó el inicio, se ha omitido, sin destacar-lo, alguna palabra superflua. Por el contrario, las palabras o síla-bas omitidas en tales casos han sido suplidas y marcadas con el símbolo f ]. En el caso de adícíones más amplías, éstas se han comentado expresamente. Se ha conservado la transcripción de núrnbres rusos realizada por Benjamín, a pesar de que, en oca-siones; sólo responde a una reproducción fonética aproximada. En las notas se ha utilizado la transcripción científica.

 

- En las notas y en el apéndiée se ha intentado contrastar todos los escritos disponibles relacionados con el viaje a Moscú, po-niendo así de manifiesto las diferencias lingüísticas, estilísticas y de cúntenido; las cartas ya publicadas no se han contrastado. Además del diario, este volumen contiene una serie de escritos de Benjamin hasta ahora desconocidos: el primer esbozo de su réplica a Osear A. H. Schrnitz; cartas enviadas desde Moscú~ y Berlín a Rudolf Grossman, Siegfried Kracauer y Gershom Scho-lern. En el apéndice se encuentra también una carta de Anatolij Lunacarskij a la redacción de la Gran Enciclopedia Soviética.

El editor debe un especial agradecimiento a Karla Hielscher, Winfried Mennínghaus, Gershom Scholem y Rolf Tiedemann por la ayuda y el apoyo prestados a la edición del texto. La res-ponsabilidad de los posibles errores es, sin embargo, del editor.

 

ÜARY SMITH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

166

 

ÍNDICE ONOMÁSTICO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Astajoff, 128, 136 Astraujoff, véase Ostraúchov

 

Bartram, N., 53, 134, 135, 138 Basseches, Níko1aus, 51, 54, 88,

89,      91,     92,    95,    97,    113-117,

122,    123,   128,  130,  134   139

140, 146-152                   ,        '

Benjamín,  Dora  Sophíe  42     89

119                                  '         '         '

Benjamín, ~tefan, 24, 27, 68     

Bezymenski, A1eksandr   20    

Bírse, 53                          '                 

Bíely, Andreí, 82                               

Bleí, Franz,   125, 128                       

Bloch, Ernst, 35, 98                  

Bloch von Stritzkí  Else  98     

Brecht, Bertolt, 14           '                 

Bronnen, Arnolt, 70

Bujarin, Níkolaí, 50

Bulgakoff, Mijail, 32

 

· Casella, Alfredo, 22 Cézanne, Paul, 53, 54 Chaplin, Charlíe, 71 Chejov, Míjaíl A., 151

 

Degas, Edgar, 54 Dostoyevski, Fedor, lOO

 

Erm~?laeva, Nina, 41

Esqmlo, 57

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fauconníer, Henri, Le 109 Fróhlich, Paul, 18 Frunze, Mijaíl, 16

 

 

Gauguin, Paul, 109 Gelzer, Ekaterina, 145 G~rsüicker, Friedrich, 125

Gwtto, 120

Gnedín,        Evgeni,       81,    106,  107,

111, 113, 121, 128, 139

Godunoff, Boris, 149

Goethe, Johann Wolfgang, 19, 49,

102, 103, 122

Gogol, Niko1ai, 14, 43, 100 Goncharova, Natalia, 96 Gorodecki, Sergei, 78, 85 Granovski, Aleksandr, 19 25 34

85       '         '         '

 

Grommer, Jakob, 20 Grosz, George, 57

 

 

Heínle, Else, 119 Hessel, Franz, 74, 107 Hoffmann, Franz, 125

 

 

Ilínski, lgor, 68, 71

Illésh, Béla, 28, 34, 63, 77, 86, 131, 144

 

Jacobsen, Jens Peter, 18

 

 

167

 

Kalinin, Mijail, 65

Kameneff, L., 32

Kameneva,  Oiga,   14,    18,    19,  22,

24, 30, 38, 50, 91,  152

Keller, Philipp, 60, 61

Kindermann, Karl, 34, 35

Kisch, Egon Erwin, 31

Knorin, Vilis, 30, 135, 146

Kqgan, Petr S., 15, 22, 40, 53, 70,

82, 91

Koonen, Alicia, 72

Korsh. Fedor, 48

Kraft, N., 30

Kraus, Karl, 61

Krilenko, Nikolai, 34

Krilenko, Sophia, 34, 35

Kulishoff, L., 36

 

 

Lacis, Daga, 24, 36, 39, 52, 58, 73,

74,      103,   104,  106,  127,  138,

144, 146,  (51

Larionoff, Mijail, 96

Laurencin, Marie,  109,  1 10

Lecocq, Alexandre Charles,  100

Legrand, Louis, 54

Lélevich,. Grigori,  16, 20, 21

Lenin, Vladimir I., 15, 41, 49, 62,

64-66, 79, 83, 84, 88, 107, 123

Levidoff, Mijail, 82

Libedinski, Juri, 70

London,Jack, 36

Ludwig, Emil, 40

Luis Felipe,  13 7

Lukács, Georg,  103

Lunacharski, Anatoli, 81

 

 

Matisse, Henri,  109

May, Karl,  125

Mayakovski, Vladimir, 82

Memling, Hans,  109

Meyerhold,   Vsevolod  E.,       14,    16,

26,  40-42,    51,    66,    70,    74,    75,

78, 81, 82, 92, 95,  101

Monet, Claude, 54 Müller-Lehning, Arthur, 119 Münchhausen, Thankmar von,

110

Muskin,  124, 126,  127

 

 

Nicolás l, 145

 

O'Neill, Eugene, 72 Ostraúchov, llya, 112 Ostrovski, Aleksandr, 100

 

 

Panski, 34, 36, 41, 72, 122, 131 Parvus (Alesandr Gelfand), 81 Pedro el Grande, 85

 

Pelshe, Robert, 81 Picasso, Pablo, 109

 

Pissarro, Camille, 54 Pleyanoff, Georgi, 28, 48 Poelzig, Hans, 117 ,

 

Proust, Maree!, 22, 49, 55, 70, 99, 118, 120, 124

 

 

Rachlin,  127-131,  138-142

Radek, Karl,  102

Raich, Zinaida,  16

Rasumofski, Andrei K., 85

Redon, Odilon, 54

Renoir, Auguste, 54

Rilke; Rainer Maria,  125,  127

Rimski-Korsakoff, Nikolai, 23, 145

Roth, Joseph, 37, 38, 40

Rousseau, Henri,  109

Rubloff, Andrei,  148

Rykov, Aleksei, 65,  116

 

 

Schedrin, Silvestr,  100

Scheerbart,   Paul, 40,    l 04,  11 O,

115

Schick, Maximilian, 114, 122, 123,

126

Schmitz, Oskar A. H., 122,  133

Schukin, Sergei I., 108,  109

Shakespeare, William, 70,  121

Shestakoff, Viktor,  16

Sinovieff, Grigori, 21

Stalin, Josif, 15,  16

Staniskavski,  Konstantin, 15,  23,

31

Staruchin, V. S., 28

Stone, Sasha,  17, 59

Stravinski, Igor,  145.

 

 

168

 

TairotT, Alexandr, 51, 72, 89,  100     Wagner, Richard, 58

Tissot, Víctor, 138  Wa1zel, Oskar, 70,  122

Toller, Ernst,  18, 23        Werner,  Paul,  véase  Paul  Froh-

Tolstoi, Aleksei,  100       lich

Trotski, Leon,  16, 21, 28 Wiegand, Willy,  119

  WórishótTer,  Sophie,  125

VajtangotT, E vgeni,  121,  128 Wrangel, Piotr, 28

 

Van Dongen, Kees,  109 

Vereschaguin, Vasili,  100         Yelovia, Fanny, véase Ermolaeva

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

 

PRóLOGO  

  EL DIARIO DE MOSCÚ                

(9 de diciembre de 1926- 1 de febrero de 1927)

 

APÉNDICE          

Walter Benjamín a Gershom Scholem, 10 de diciembre de        

1926 

Walter Benjamín a Siegfried Kracauer, enero de 1927

Walter Benjamín a Siegfried Kracauer,  23 de febrero  de

1927 

Analotij Lunacharskij a la redacción  de la Gran Enciclo-

pedia Soviética, 29 de marzo de 1929

NOTA EDITORIAL

ÍNDICE ONOMÁSTICO 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este libro se terminó de imprimir en el mes de abril de 1990 en los talleres gráficos de INDUGRAF S.A.

 

Sánchez de Loria 2251, Bs. As. República Argentina.

 

 

 

 

 

Esta  obra,    fruto  de  la estancia de su  autor en Moscú  desde  el 6 de diciembre  de  1926 hasta finales  de enero de  1927,      constituye un documento  personal revelador de  los debates  interiores  de  Walter Benjamín entre  sus  proyectos  creativos y su adecuación al  entorno .ideológico.   Es también  un  testimonio  de  las tensiones  en la  política cultural soviética,        nueve  años después  de  la Revolución   de Octubre, plasmado en las  observaciones  sobre  la vida moscovita vertidas  por un espectador

de  excepción.        Y al  mismo  tiempo Diario de Moscú arroja  nueva luz sobre  el influjo  que su vinculación amorosa a la  actriz  y directora teatral Asia  Lacis  pudo  haber  ejercido en ciertas orientaciones de su pensamiento.

 

Filosofía

 

 

 

 

 

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