© Libro N° 7613. Diario De Moscu. Benjamin, Walter.
Emancipación. Agosto 8 de 2020.
Título original: © Diario
De Moscu. Walter Benjamin
Versión Original: © Diario
De Moscu. Walter Benjamin
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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DIARIO DE MOSCU
Walter Benjamin
Diario De Moscu
Walter Benjamin
Diario de Moscú narra las vivencias de Walter
Benjamin de su viaje a Rusiaentre diciembre de 1926 y febrero de 1927 para
tomar la decisión de afiliarseo no al Partido Comunista ruso. Es el único
documento íntimo que dejó estegran filósofo, e incluye narraciones de vida
cotidiana, desencuentrosamorosos, problemas con amistades y reflexiones sobre
la historia y lapolítica rusas.
WALTER BENJAMIN
DIARIO DE MOSCU
Editado a partir del texto
manuscrito y acompañado de notas de
GARY SMITH
Prólogo de
GERSHOM
SCHOLEM
Versión castellana de
MARISA DELGADO
De esta
edición:
© 1990, AguiJar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. de
ediciones Beazley 3860, 1437 Buenos Aires ISBN: 950-511-084-7
Impreso en
la Argentina
Hecho el depósito que indica la ley 11.723 Primera
edicion: Abril 1990
Nota de los editores
Diario de
Moscú representa, para nosotros, un hito
como editorial. En primerlugar, porque hasta el momento no habíamos publicado
ningún libro que fuerasiquiera asimilable a un diario. En segundo término,
porque pensamos que rescatarlos testimonios más vívidos de un filósofo como
Walter Benjamin es importante paracomprender integralmente su filosofía.Las
vivencias reproducidas en Diario de
Moscú, de hecho, surgen de lanecesidad, confesada por Benjamin, de viajar a
Moscú para decidir si se incorporaríao no al Partido Comunista Alemán. El libro
reúne todas las experiencias vividas porBenjamin desde su llegada a Moscú, el 6
de diciembre de 1926, hasta su partida, el 1de febrero de 1927. Lo más
interesante es que, por ser un diario, el texto se presentaal lector despojado
de cualquier tipo de autocensura, libre de todo tipo de posiblestrabas
autoimpuestas por el autor para evitar represalias por parte del régimen nazi.Por
último, nos gustaría invitar a los lectores a sumergirse en la experiencia
devida de Benjamin, un filósofo que seguramente alguna vez leyeron, y al que
ahorapueden reencontrar, apoyado más en su ser pasional que en su ser
intelectual.
PRÓLOGO
El Diario de Moscú, de Walter Benjamín, que recoge
su estancia de dos meses en Moscú, del6 de diciembre de 1926 hasta finales de
enero de 1927, en la medida en que me lo permite el conocimiento que tengo de
sus escritos, puede considerarse algo completamente único en su obra.
Indiscutiblemente es, con mu-cho, el documento más personal y de la franqueza
más absoluta y despiadada que poseemos de un per(odo muy importante de su vida.
Ninguno de sus intentos conocidos de realizar apuntes a modo de diario, que se
interrumpen siempre al cabo de algunas páginas, puede compararse con éste; ni
siquiera aquellas confi-dencias de carácter tan personal hechas por él en 1932,
cuando pensaba en el suicidio.
Con esta obra poseemos, pues, un todo acabado
acerca de un período de su vida muy importante para él que se nos presenta
completamente libre de censura, o, dicho más precisamente: libre de
autocensura. Todas las cartas que conocemos y conservamos, escritas por él a
otras personas, tienen siempre una orientación determinada, incluso podda
decirse que una tendencia en función del o de los destinatarios. Todas ellas
carecen de esa dimensión exclusivamente inherente a un debate interno franco y
sincero, y al autoexamen de conciencia que se inicia con él. Sólo aquí se habla
de cosas que, por lo demás, no han tenido una sedimentac ción explícita en sus
escritos. Es cierto que, de vez en cuando -en alusiones aforísticas
ocasionales, por ejemplo-, encontra-mos en su obra referencias a tales cosas,
pero siempre en un tono cauteloso, «aséptico», filtradas por la autocensura.
Aquí. en cam-bio, aparecen de forma detallada en todo su contexto original, del
que las pocas cartas conservadas escritas por él desde. Moscú -una a mí y otra
a Jula Radt-, nada permiten adivinar.
7
Tres son las circunstancias que determinan el viaje
de Benja-mín a Moscú. En primer lugar, su pasión por Asia Lacis; luego,
también, su deseo de calibrar más de cerca la situación rusa e, incluso. de
establecer quizá, de algún modo, una vinculación con ella y, en este sentido
también,' tomar una decisión resp.eel.O a SJJ posible ingreso en el Partido
Comunista de Alemania, que él ven{a considerando desde hacia ya más de dos
años. Finalmente, es bien sabido el papel que desempeña también a este respecto
su atención a los compromisos literarios adquiridos con anteriori-dad al inicio
del viaje. que le ofrecfan la ocasión de formarse una idea cabal de la .ciudad
y de la vida en ella; de la «fisonomia», pues, de i\1osczí. La financiación de
su estancia la habian hecho posible, entre otras cosas, los anticipos obtenidos
por algunas páginas de trabajos relacionados con este viaje que habrfa de
entregar posteriormente. Resultado directo de tales compromisos son cuatro
publicaciones de comienzos de 1927, principalmente el extenso articulo
«Moscú;;, acordado con Buber para la revista Die Kreatur 1• Este articulo
constituye una reelaboración, a me-nudo mu.v amplia, de los primeros apuntes
del diario, siendo asombrosa su increíble precisión, en fa que se conjugan la
obser-vación y la imaginación con una intensidad poco frecuente.
Las vivas descripciones de sus. t.entativ.as,
finalmente frustra-das, de establecer un contacto frucrifero para si mismo con
los representantes de la vida literaria y artistica, y con los funciona-rios
que desempeñaban un papel importante en ella, ocupan aqui gran extension. Su
intención de conseguir tales vinculaciones, con carácter sólido, como
corresponsal en publicaciones rusas sobre literatura y pensamiento alemanes
resultó fracasada. Con ello corren paralelas sus reflexiones (que sólo aqui
aparecen expues-tas en detalle) acerca de su ingreso en el KPD * !JU.e., con
sus. pros y sus contras, le habrfan de conducir, finalmente, a renunciar a ello
de manera definitiva. El pudo ver claramente los limites que no estaba
dispuesto a traspasar.
Existe una gran diferencia entre las expectativas
optimistas abt:igadas por Benjamin al inicio del viaje en lo relativo a la
configuración de sus relaciones con el medio literario de lvfoscú y las duras
decepciones que luego sufriria al encontrarse con la realidad. Al¡;o muy caractedslico de su optimismo
es la carta, hasta el momento sin publicar. que me escribiera 1:'/ JO de
diciem-bre de 1926. tan scílo cuatro dfas después de su llegada, _v que he
ofrecido para su inc/usion en este volumen: la zínica carta que me escribió
desde Moscú. Ahora, su diario nos permite conocer, con todos los pormenores del
proceso, qué se hizo de tales expectati-vas. Poco a poco. aunque el hecho no
resultase por ello menos deprimente para él, fue perdiendo todas las ilusiones
cf111.C.e-bidas.
_______
1 En
Gesammelte Schrijien. de Benjamin, IV, pp. 316-348, asi como la obser-vación
del editor de este volumen, Tillmann Rexroth, ojJ. cit., pp. 987-990.
* KPD: Kommunistische Partei Deutschlands (Partido
Comunista de Alema-nia). (N. de la T.j
La valoración de sus experiencias en Jl,foscú
podemos apre-ciarla, por otro lado. de una manera muy precisa en la carta
escrita por Benjamin a Martín Buher (el 23 de(ebrero de 1927), sólo tres
semanas después de su re!{reso, y en la cual le anunciaba la inminente
conclusión de su arfl(·u/o «Mosczí» para la revista de Buber Die Kreatur. El
resumen de Benjamin en esta carta mere-ce, en mi opinión, ser dado a conocer.
Escrihe: «En mi exposición evitaré toda clase de leona. Y con ello justamente
e!Jpero lograr que sea lo humano lo que hable: en la medida, por supuesto, en
que me ha sido posible comprender _r retener esta lengua, tan nueva y e.'araña.
_que resuena en la máscara vibrante de un entor-no totalmente transformado.
Quiero dar en este momento una visión de la ciudad de Moscú en la que
"todo lo fáctico [es] ya teoda" y que. con ello. se substrae a !Oda
clase de abstracciones deductivas. a toda clase de pronóstico e incluso. con
ciertos /(mi-tes, a toda clase de juicios. que - y ésta es mi convicción irrefuta-ble-
no pueden darse conjuntamente en este caso a partir de "datos"
intelectuales. sino únicamente a partir de hechos econó-micos de los que en la
propia Rusia sólo los menos poseen una visión general lo bastante amplia.
Moscú, tal como se nos presen-:a ahora,· en este momento, permite conocer,
abreviadas de forma ?squemática. todas las posibilidades: principalmente las
del fra-~aso y el éxito de la revolución. Pero en ambos casos habrá algo
'mprevisible cuya imagen será muy distinta de todas las fantasfas
7rogramáticas. y esto se destaca hoy, cruda y claramente, en las 7ersonas y en
su entorno» 2.
Para el lector de 1980, a esto se añade también la
evidencia ntensificada, que en el diario sólo aparece en estado embriona-·io,
de que casi todas las personas con las. .que fue capaz de esta.-1/ecer algún
tipo de relación -que. por otro lado e independien temente de que él lo supiese
o no, eran judt'as casi .<>m excepción- pertenedan a la oposición, la
polftica o la artt5tica, que por entonces aún p.o.dian ambas mantenerse más o
menas dzferenciadas. Aquéllas, en la medida en que he podido rastrear su destino,
habdan de convertirse, tarde o temprano. acusadas de trostskistas o por otros
indicios, en v(ctimas del dominio ya inci-piente de StalinJ bajo el cual habria
de pasar luego muchos años en un campo de concentración, en el curso de las
«depuraciones», hasta su Jliapia amiga Asia Lacis. Benjamín tampoco pudo
esca-par del nnnrf?¡nismo -observado por él cada vez con mayor in-tens?-~.ad. y
determinado por el miedo o el cinismo- de algunos de sus interlocutores más
importantes, que, finalmente, le llevó a violentos estallidos, incluso frente a
Asia Lacis.
-
2 Walter
BENJAMIN, Cartas, editadas y comentadas por Gershom Scholem y heodor W. Adorno,
Frankfurt am Main, 1966, pp. 442-443.
9
En estos pasos dados por él tuvo una gran
importancia su relación, no exenta, por otra parte, de tensiones, con el
inteligente director de teatro Bernhard Reich (del Deutsches Theater de Berlin
en otro tiempo), compañero de Asia Lacis (y, finalmente, en sus últimos mios.
marido suyo) y más interesante también para su situación espiritual que la
mantenida con su amiga, que no dispon(a de los contactos que. como prueba el
diario, posez'a
( Reich. Pero también con Reich se habr{a de
producir ya en enero de 1927 una ruptura interior dij(cil de ocultar.
Ahora bien, el corazón de este diario lo constituye
sin duda -como es mamjiesto- la relaciá1:1. siempr-e pr.ab.Lemática. con Asia
Lacis (1 891-1979), quien hace algunos años publicó sus me-morias: Revolutionar
im Beruf*, en las que dedica un capitulo a ~Va/ter Benjamín. Para el lector de
este capitulo. el presente do-cumento constituirá una deprimente y amarga
sorpresa.
Benjamín conoció a Asia Lacis en Capri, en mayo de
1924. En las cartas que me envió desde Capri hablaba de ella, srn mencionar su
nombre, como de «una letona bolchevique de Riga», y, en el contexto de un
«examen intenso de la actualidad de un comunismo radical», como de una
«revolucionaria rusa de Riga, una de las mujeres más extraordinarias que he
conocido». No hay duda de que, desde entonces hasta por lo menos 1930. ella
desempeñó un papel decisivo en su vida. Todavia escaria con ·ella en Berlin, en
1924, y en Riga, en 1925, e incluso, qui::á, otra vez en Ber/rn antes del viaje
a Moscú, motivado sobre todo por ella. que. después de Dora Kellner y de lula
Cohn. fue la tercera mujer de capital importancia para él. Su vinculación
erótica a ella iba
unida a la fuerte influencia intelect_ual que ésta ejerció sobre él, a juzgar
por la dedicatoria de su libro Einbahnstrasse *: ((Esta calle se llama calle de
Asia Lacis por la que, cual ingeniero, ella abrió en el autor». Pero es
justamente sobre este aspecto intelectual de la mujer amada por él sobre el que
el diario nos deja.. completamente a oscuras. Como historia de un galantea,
frustrado casi hasta el final de su estancia, el diario resulta de una
insistencia poco menos que desesperada. Asia, en efecto, está enferma e
internada en un. sanatorio cuando él llega a Moscú, y casi hasta el momento de
su partida; aunque nada se nos diga acerca de la naturaleza de su enfermedad. Y
así, la mayoría de las veces sus encuentros tienen lugar en la habitación del
sanato-rio; sólo en unas cuantas ocasiones va ella a visitarle al hotel. Su
hija. de una relación anterior, y calculo que de ocho o nueve años de edad, se
encuentra asimismo enferma en un hospital infantil jilera de Moscú. Asia Lacis
no aparece. pues, como copartícipé activa de sus empresas, sino que se limita a
ser la receptora de sus noticias, el objetivo, casi siempre malogrado, de su
asedio amoroso y, por último, y no pocas veces, su interlocutora en agrias e,
incluso, desafortunadas discusiones. Su esperarla en vano, et ei.e.l'.llO
r.echazo y, finalmente, incluso un grado no peque-ñQ de cinismo erótico, todo'
ello, anotado en la crónica con-deses-perada· exactitud, hace doblemente
enigmática la ausencia de todo posible perfil intelectual convincente.
Concuerda con ello el hecho de que todas las personas que vieron juntos a
Benjamín y a Asia Lacis. y me han comentado su impresión, convienen en
ex-presar su asombro jrenle .a la paJCeja, f}ue constantemente se esta-ba
peleando. ¡Y todo ello en los años 1929 y 19 30, cuando ella fi¡e a Berlín y
Francfort, y Benjamín se divorció por causa suya! Nos encontramos, pues, frente
a un residuo de hechos inexplicables que tienen perfecta cabida en una
existencia como la de Walter Ben-jamín.
* De profes1ón:
revolucionario. [N de la T]
10
GERSHOM SCHOLEM
Jerusalén, 1
de febrero de 1980
*Calle de dirección
única. [N. de la T]
9 DE DICIEMBRE
Llegué el 6 de diciembre. En el tren, había tomado
nota mental del nombre delhotel y de la dirección, por si acaso no hubiera
nadie esperándome en la estación. Enla frontera me habían hecho pagar un extra
por viajar en primera clase, bajo pretextode que no quedaban asientos en
segunda. Fue un alivio ver que no había nadie en elandén viéndome bajar del
coche-cama. Tampoco había nadie en la estación, siquiera;pero no fue algo que
me desilusionara demasiado. Luego, cuando ya dejaba la estación
Bielorrusa-Báltico, apareció Reich [1]. El tren había llegado a horario, ni
unsegundo más tarde. Nos subimos a un trineo, con las dos maletas; era un día
dedeshielo, estaba cálido. Apenas habíamos recorrido unos minutos por la
ampliaTverskaya, con su mezcla de nieve y barro, cuando vimos a Asja [2] saludándonos delotro lado de la calle. Reich
se bajó y caminó la poca distancia que quedaba hasta elhotel, nosotros seguimos
en el trineo. Asja no se veía muy linda, hundida en su gorrode piel ruso y con
la cara todavía hinchada, después de haber pasado varios días encama.Tuvimos
una breve parada en el hotel y luego fuimos a tomar el té a unaconfitería que
quedaba cerca del sanatorio [3]. Allí la puse al día acerca de Brecht [4]
yluego Asja, que se había escabullido del sanatorio durante la hora de
descanso,decidió regresar por una puerta lateral para evitar ser vista,
mientras Reich y yoingresamos por las escaleras principales. Allí, por segunda
vez, accedimos a lacostumbre local de sacarse las botas. La primera había sido
en el hotel, pese a quesolamente pasamos para que nos recibieran el equipaje y
nos prometieran unahabitación para la noche. La compañera de habitación de
Asja, una robusta obreratextil, no se encontraba allí, y la vería por primera
vez el día siguiente. Ahíestábamos, juntos y solos durante unos minutos bajo el
mismo techo por primera vez.Asja me miró muy afectuosamente e hizo alusión a
aquella decisiva conversación quetuvimos en Riga. Después Reich me acompañó de
regreso al hotel, donde comimosalgo en mi habitación para luego ir al teatro
Meyerhold[5], donde veríamos el primerensayo general de El revisor [6] . A pesar de los esfuerzos de
Asja, no pude conseguirun ticket . Así que deambulé por Tverskaya en dirección
al Kremlin durante mediahora, y otro tanto de regreso, leyendo atentamente los
carteles de los negociosmientras caminaba con cuidado sobre la vereda
congelada. Luego, muy cansado, eimaginablemente triste, volví a mi habitación.
_______
1 Benjamín
escribió primeramente Diario de Moscú, como puede leerse, a pesar de la
tachadura. La cuestión de si el posterior cambio de titulo, efectuado quizá
años más tarde. por Viaje a España se debió a motivos de seguridad, personal o
política, o se trata de una caracterización metafórica de las experien-cias
realizadas en Moscú. o bien de una alusión literaria o de una combinación de
todos estos y otros motivos imaginables. tal cuestión. sujeta a
interpretaciones, es algo que sólo puede plantearse, pero a lo que no es
posible dar una respuesta con pretensiones de validez..
2 Bernhard Reich ( 1880-1972), dramaturgo, director
y crítico teatral. Benja-mín le conoció en Berlín en 1924, cuando Reich ejercía
su actividad en el Deuts-ches Theater de esta ciudad. En 1925, Benjamín y Reich
escribieron conjunta-mente el artículo «Revue oder Theater» (publicado
actuaimente en: Gesamme!Le
Schrifien IV. 796-802). A partir de 1926. Reich vivió en la Unión
Soviética.
3 Asia Lacis (
1891-1979), actriz y directora de teatro letona. fue la compañera sentimental
de Bernhard Reich. «Una letona bolchevique de Riga -le escribía pocos pasos que
faltaban hasta el hotel; nosotros segu-imos en el vehículo. Asia no estaba
bella; el gorro ruso de piel le daba un aire agreste, y tenía el rostro algo
ensanchado debido a su larga permanencia en cama. En el hotel no nos quedamos
mucho tiempo, y estuvimos tomando té en uno de esos sitios a los que aquí
llaman «cafés», cerca del sanatorio 4 • Les hablé de Brecht. Asia, que se había
marchado durante la hora de descanso para pasar inadvertida, se fue luego al
sanatorio, erltrando por una puerta lateral; Reich y yo subimos por la escalera
principal. Aquí, por segunda vez, nos hacemos a la costumbre de quitarse las
galochas. La primera vez había sido en el hotel, donde, por cierto, sólo se
hicieron cargo de las maletas, prometiéndonos una habitación para la noche. A
la compañera de habitación de Asia, una obrera textil ancha de proporciones, no
la vi hasta el día siguiente, aún no había llegado. Aquí nos quedamos. por
prime-ra vez, algu11os minutos a solas bajo el mismo techo. Asia me miró muy
afectuosamente. Alusíón a la decisiva conversación de Riga. Reich me acompañó
después al hotel; comimos algo en mi habitación y luego nos fuimos al Teatro
Meyerhold 5• Era el pri-mer ensayo general del Revisor 6 • No pudieron
conseguirme en-trada, a pesar de la tentativa de Asia. Estuve, pues, andando
todavía media hora por la Tverskaya, subiendo en dirección al Kremlin y otra
vez de vuelta, deletreando con cuidado, al pasar, los rótulos de las tiendas y
avanzando sobre el hielo. Llegué a mi ha_bitaeiG.n muy cansado (y,
probablemente, triste).
El 7 por la mañana vino a buscarme Reich.
Recorrido: Pe-trovka (a inscribirme en la policía), Instituto de la Kameneva 7
Benjamín a Scholem después de conocerla en Capri,
en 1924- es la más intere-sante[ ... ] He estado hablando con la bolchevique
hasta las doce y media>> (Briefe, 347-348). Segun las memorias e:~ Lacis,
ésta se vio varias veces con Benjamín en Berlín en el otoño de 1924 (ver: A.
L., Revolwionlir im Berut: Munich, 1971 ). Un año más tarde, él la visitó en
Riga, donde ella dirigía un teatro ilegal de agitación. Durante la estancia de
Lacis en Berlín entre 1928 y 1930, Benjamín vivió con ella cerca de dos meses.
4 Después de
una depresión nerviosa, padecida en septiembre de 1926, Lacis estuvo viviendo
en el Sanatorio Rott, próximo a la calle Gorkij.
5 En 1923 se
puso a disposición del actor, realizador y director teatral Vsevo-lod
Emilievich Meyerhold ( 1874-1942) un teatro propio, el «Teatri meni
Meyer-holda» (TIM).
6 El montaje
de Meyerhold de la obra de Nicolai Gogol El revisor. escrita en 1836, duró año
y medio. Ver sobre el tema: Vsevolod MEYERHOLD, Theaterarbeil 1917-1930.
editado por Rosemarie Tietze, Múnich, 1974.
7 Se trata de
la VOKS (Vsesyuznoe obscestvo
kult'turnoj svjazi s zagranicej
14
(para una plaza de 1,50 rublos en el Instituto de
Investigadóres; allí estuve hablando también con el encargado de alemán, lih
verdadero asno), luego por la ulitsa Gerzena, haGia .el Kremlin; pasando por el
Mausoleo de Lenin, un completo fracaso, hasta divisar la Catedral de San Isaac.
Yueltc. por la Tverskaya, entran-do en el bulevar Tverskoi en dirección al Dom
Gerzena 8 , sede de la organización de escritores proletarios Vap 9 • Buena
comida, de la que la fatiga causada po{ andar con tanto frio me permitió
disfrutar poco. Me presentaron a Kogan 10, que me dio una con-ferencia sobre su
gramática rumana y su diccionario ruso-rumano. Las informaciones de Reich, que,
con frecuencia, du-rante los largos paseos, sólo puedo seguir a medias debido
al cansancio, son increíblemente vivas, llenas de testimonios y anécdotas,
agudas y simpáticas. Historias de un funcionario de Hacienda que en Pascua se
toma unas vacaciones y dice misa en su pueblo, oficiando de pope. Así como las
sentencias contra la modista que mató a su marido, alcohólico, y contra el
hoofigan que atacó en la calle a dos estudiantes, un chico y una chica. Y
también la historia de la obra de Stanislavski sobre la Guardia Blanca 11 : de
cómo llega a manos de la censura, donde sólo uno toma nota de ella,
desenvolviéndola con la observación de que habría que introducir algunos
cambios. Meses más tarde, una vez hechos tales cambios, representación,
finalmente, ante la censura. Prohibición. Stanislavski va a ver a Stalin: le
dice que está arruinado, pues ha invertido en la obra todo su capital. Y a
Stalin se le ocurre que «no es peligrosa». Estreno, con la oposi-ción de
comunistas que son desalojados por la milicia. Historia
[ 1925-1958] = Unión de Sociedades Soviéticas de
Amistad y Relaciones Cultura-les con Otros Países). dirigida, desde su
fundación en 1923 hasta 1929. por Ol'ga Kameneva (1883-1941). hermana de
Trotskii.
8 Dom (Casa)
Gercena, llamada así por el escritor Aleksandr Gercen ( 1812-1870). era en este
tiempo, entre otras cosas, el centro de reunión de la VAPP.
9 Vap = YAPP: Yserossijskaja associacija
proletarskich pisatelej =Asociación Soviética de Escritores Proletarios
(fundada en 1920).
10 Petr Semenovich Kogan ( 1872-1932). Historiador
y crítico literario, cate-drático de Filología Alemana y Románica en las
Universidades de San Petersbur-go y Moscú: presidente de la Academia de
Ciencias Artísticas desde su fundación en 1921. (Dado que Benjamin escribe a
menudo la «O» átona del ruso como «a». en ocasiones aparece también «Kagan».)
11 Se
refiere a la obra puesta en escena por Konstantin Stanislavski ( 1863-1938) Los
dias de los Turhin (Dni Turbinich). versión teatral de la novela La Guardia
Blanca ( !924). De Mijail Bulgakov ( 1891-!940). Ver: GS 11. 746: «Dni Turbini
... halten wtirde».
15
de la novela corta en clave que trata del «Caso
Frunse» 12• 13, ope-rado, al parecer contra su voluntad, por orden de Stalin
... luego la información política: alejamiento de la oposición de los pues-tos
rectores. Idéntico a: alejamiento de numerosos judíos, sobre todo de los cargos
medios. Antisemitismo en Ucrania. Desde la Vap, completamente agotado, me
dirijo, solo por eT momento, a ver a Asia. La habitación no tarda en llenarse
de gente. Llega una letona, que se sienta en la cama junto a ella; Shestakoff
14 y su mujer; entre estos últimos, por un lado, y Asia y Reich, por el otro,
surge, en ruso, una disputa violentísima sobre la representa-ción del Revisor
de Meyerhold. La disputa se centra en la utiliza-ción de terciopelo y seda:
catorce trajes para su mujer 15; la repre-sentación, por cierto, dura 5 horas y
media 16 • Después de comer viene a verme Asia; Reich también está en mi
habitación. Antes de marcharse, Asia cuenta la historia de su enfermedad. Reich
la acompaña al sanatorio y luego regresa. Yo estoy en la cama; él quiere
trabajar. Pero mtiy pronto se interrumpe y hablamos de la situación de los
intelectuales -aquí y en Alemania-, así como de la técnica literaria
actualmente al uso en ambos países. Y también acerca de las dudas de Reicb
respecto a su ingreso en el Partido. Su tema permanente es el giro reaccionario
del Partido desde el punto de vista cultural. A los movimientos de izquierda,
utilizados en los tiempos del comunismo de guerra, se les da completamente de
lado. Hace muy poco que se ha reconocido oficialmente como tales (con la
oposición de Trotski) a los escri-tores proletarios, aunque haciéndoles ver, al
mismo tiempo, que en ningun caso han de contar con recibir ayuda estatal.
Luego, el caso Lélevich 17 , la actuación contra el frente cultural de izquier-
12 Mijail
Vasilievich Frunze ( 1885-1925), general y funcionario destacado del Partido:
fue finalmente Comisario del Pueblo de Guerra y Marina.
13 Ver:
GS IV, 326: «Aneinem hohen ... letzten Jahren».
14 Viktor
A. Shestakov (1898-1957), escenógrato principal entre 1922 y 1927 del Teatro de
la Revolución, y luego en el Teatro Meyerhold (hasta su clausura en 1937).
15 Zinaida
Raich ( i 894-1945), ex-esposa de Sergei Esenin, interpretó frecuen-temente uno
de los papeles principales en montajes de Meyerhold.
16 La duración de la representación se debió, sobre
todo, a la adición de escenas de otras obras de Gogol.
17 Grigorii Lelevich ( 190 1-1945), pseudónimo de
Labori Gilelevich Kalman-son. Lelevich fue poeta, crítico y uno de los editores
de la revista Na postu (En guardia). así como co-fundador del grupo del mismo
nombre nacido en 1923. En 1926 se produjeron cambios entre las altas jerarquías
a raíz de los cuales Lelevich perdió su posición dominante. En 1928 fue
expulsado del Partido: murió en un campo de concentración en 1946. Ver: GS 11,
744.
16
das. Lélevich ha realizado un trabajo sobre el
método de crítica literaria marxista. En Rusia se da muchísima importancia a
una toma de postura política rigurosamente matizada. En Alemania bastará, tal
vez, con un fondo político vago y general que, no obstante, también allí
[debería] exigirse como algo indispensable. El mé.t.odo para escribir en Rusia
18 consiste en: una exposición amplia de material y, en lo posible., nada más.
El nivel de forma-ción del público es tan bajo, que necesariamente constituye un
obstáculo para la comprensión de algunas formulaciones. En Alemania, en cambio,
lo único que se pide es esto: resultados. Y a nadie le interesa saber cómo se
ha llegado a ellos. Esto guarda también relación con el hecho de que los
periódicos alemanes sólo pongan un espacio insignificante a disposición del
articulis-ta, en tanto que aquí los artículos de 500 y 600 líneas no son una
excepción. Esta conversación se prolongó largo rato. Mi habita-ción está bien
caldeada y es espaciosa; la estancia en ella, agra-
dable. ·
8 DE DICIEMBRE
Por la mañana vino a verme Asia. Le di regalos, le
mostré fugazm~~ mi libro con la dedicatoria 19 • Aquella noche, ella no había
dormido bien por causa de las palpitaciones. También le enseñé (y regalé) la
cubierta del libro, hecha por Stone 20 . Le gustó mucho. Luego llegó Rei.ch.
Después fui con él a cambiar dinero al Banco Estatal. Allí hablamos un momento
con el padre de Neumann. 10 de diciembre.. Luego, atravesando un pasaje de
IS JO/ método para escrihir en Rusia ... en ella.
agradable: Estas frases se en-cuentran entre los 39 pasajes de Benjamín
marcados con lápiz. la mayoria de los cuales -en parte. casi literalmente: en
parte. muy modificados, y en parte, modi-ficados tambien en cuanto al
contenido- se incluyeron más tarde en el ensayo
.Hoskau (&S IV. 31 ó-34X) y en otras obras. En
estas publicaciones surgidas del viaje a Moscú se han incluido. no obstante.
los pasajes del diario que no aparecen señalados de manera particular en el
manuscrito.
[En las notas sucesivas. los pasajes del manuscrito
del diario subrayados con lápiz se podrán reconocer. respectivamente. por la
cita de las primeras y de las últimas palabras. asi como por la
abreviatura(marc.)= marcado].
19 Einháhnsfra.1se
(Berlin. !92X). La dedicatoria reza: «Esta calle se llama "calle de Asia
Lacis" por la que. cual ingeniero. ella abrió en el autor.>>
20 El
conocido fotógrafo Sasha S tone fotografió la Cahe:::a de Benjamín mode-lada
por Jula Radt: a el se debe tamhit'n la foto de la cubierta de Unhahnstras-se.
17
construcción reciente, entramos en la Petrovka. En
el pasaje hay una exposición de la fábrica de porcelanas. Pero Reich no se
detiene en ningún sitio. En la calle donde se encuentra el Hotel Liverpool veo,
por segunda vez, los cafés. (Aquí referiré la histo-ria de la estancia de
Taller 21 en Moscú que me contaron el pri-mer dia. Fue recibido con increíbles
preparativos. Por toda la ciudad hay carteles anunciando su llegada. Ponen a su
disposi-ción a todo un equipo de personal, traductoras, secretarias, mu-jeres
guapas. Se anuncian conferencias suyas. Pero en ese mo-mento se está celebrando
en Moscú un conf;reso de la Komin-tern. Entre los representantes alemanes se
encuentra Werner, el enemigo mortal de Taller 22 • Éste manda escribir, o
escribe él mismo, un artículo en Pravda: Taller ha traicionado a la
revolu-ción, es el culpable del fracaso de una república soviética alema-na. La
redacción de Pravda añade, a continuación, brevemente: lo sentimos; no lo
sabíamos. Después de esto, la estancia de Ta-ller en Moscú es inaceptable. Se
dirige a un lugar de reunión para pronunciar una conferencia anunciada con
mucho bombo, pero el edificio está cerrado. El Instituto de la Kameneva le
comunica: lo sentimos; ha sido imposible conseguir la sala para hoy. Se han
olvidado de avisarle por teléfono.) Al mediodía, otra vez en la Vap. La botella
de agua mineral cuesta un rublo. A continua-ción, Reich y yo vamos a ver a
Asia. Pensamos en su salud, Reich organiza, contra su voluntad y contra la mía,
una partida de dominó entre ella y yo en la sala de juegos del sanatorio.
Sentado junto a ella, me veo a mí mismo como un personaje de las novelas de
Jacobsen. Reich juega al ajedrez con un viejo co-munista conocido, un hombre
que perdió un ojo en la guerra, o en la guerra civil, y que está completamente
acabado y gastado, como muchos de los mejores comunistas de esa época, si no se
han muerto ya. Cuando aún no hace mucho. que Asia y yo he-mos vuelto a su
habitación, Reich viene a .bus(;ar:me para ir con-
2l Ernst Toller (1893-1939) estuvo en Moscú entre
marzo y mayo de 1926. Sus obras de teatro fueron representadas frecuentemente
en escenarios rusos du-rante los años veinte.
l1 Paul Werner es el pseudónimo de Paul Fróhlich (
1884-1953). Su invectiva «Pravda ob Ernst Tollere» («La verdad sobre Ernst
Toller») en el Pravda del 20 de marzo de 1926 fue contestada por Toller seis
días despues: «Pis"mo v redakci-ju» («Carta a la redacción»). La réplica
crítica de Werner «Nas otvet Tollcru» (<<Nuestra respuesta a Tollem).
impresa en la misma pagina. concluye. en tono reconciliador, con la enumeración
de las aportaciones de Toller a la causa revolu-cionaria.
18
migo a casa de Granovski 23 • Asia nos acompaña un
trecho ba-jando por la Tverskaya. Le compro ha/va* en una confitería y luego se
vuelve. Granovski es un judío letón, de Riga. Su obra consiste en un teatro
bufo muy exagerado y antirreligioso, y, a primera vista, un tanto antisemita,
producto de una hiperboliza-ción de la opereta costumbrista. Produce una
impresión total-mente occidental; se muestra hasta cierto punto escéptico
frente al bolchevismo, y nuestra conversación gira principalmente en torno al
teatro y a cuestiones relativas a los honorarios. Tocamos el tema de la
vivienda, que aquí se paga por metro cuadrado. El precio del metro cuadrado se
determina en razón del sueldo del inquilino. Por otra parte, el precio asciende
al triple, tanto en lo que se refiere al alquiler como a la calefacción,
siempre que se excedan los 13m2 por persona. Ya no nos esperaban y, en vez de
una gran comida, nos ofrecieron una cena fría improvisada. Conversación con
Reich en mi habitación sobre la Enciclope-dia R.
9 DE DICIEMBRE
Asia vino de nu.e.\1.0 por la mañana. Le di algunas
cosas; nos fuimos en seguida a pasear. Asia habló sobre mí. Al llegar al
«Liverpool» nos dimos la vuelta. Me fui entonces a casa, donde ya estaba Reich.
Estuvimos trabajando una hora: yo, en la redac-ción del artículo sobre Goethe..
A .continuación, al Instituto de la Kameneva a solicitar una reducción del
precio del hotel. Luego, a comer. En esta ocasión, no a la Vap. La comida fue
estupenda, especialmente una sopa de remolacha. Luego, al «Liverpool»,
23 A!eksandr
Granovski ( 1890-1935), director del teatro académico judío de Moscú. Producto
de un posterior encuentro de Benjamin con Granovski es el informe «Granowski
erzáhlt», donde, refiriéndose al encuentro en Moscú, escri-be: «Todavía hoy
sigue irradiando esa calma tan seductora que me cautivó hace año y medio en su
casa de Moscú. Pero entonces yo aún no había visto ninguno de sus montajes
teatrales, y su interés por las primeras impresiones que Moscú había producido
sobre su invitado posiblemente fuese más preciso que el mío por un teatro en
yiddish que, por entonces, no era para mí sino una idea un tanto vaga.»
(Literarische Welt, 27-4-1928; actualmente en GS IV, 518-522).
• Ha/va: dulce
de azúcar y semillas tostadas de sésamo y girasol. [N de la T.}
24 Antes de su viaje a Moscú,
Benjamin había recibido -posiblemente por
mediación de Reich- el encargo de redactar un
artículo sobre Goethe para la nueva Gran Enciclopedia SrJI'iélica (Bo/shaja
sovetskaja enciklopedija). Ver tam-
bién: GS 11, 1465-1475. -
19
con su amable propietario, un letón. Estábamos a
unos 12 gra-dos. Después de comer estaba bastante agotado y ya no me sentí
capaz de ir a pie a ver a Lélévich, tal como había sido mi inten-ción. Tuvimos
25 que hacer un corto trecho en coche. En seguida se llega a un gran jardín, o
parque, que hay que atravesar y por todo el cual se alzan complejos de
viviendas. Al fondo del todo, una hermosa casa de madera blanca: y negra en
cuya primera planta se encuentra el piso de Lélevich. Al entrar en la casa nos encontramos
con Besmensky 26, que sale en ese momento. Una escalera empinada de madera y,
tras una puerta, primero la coci-na, con chimenea. Luego, un vestíbulo muy
sencillo, lleno de abrigos; atravesando un cuarto, al parecer una alc;oba, se
llega al despacho de Lélevich. Su aspecto es difícil de describir. Bastante
alto, lleva un blusón ruso azul, se mueve poco (la propia habita-ción, muy
pequeña y llena de gente, le retiene en la silla de delante del escritorio). Lo
curioso en él es su cara, larga y aparen-temente inarticulada, con amplias
superficies. Tiene una barbilla muy larga, como no la he visto en ningún otro
hombre a excep-ción del enfermo Grommer 27 , y apenas hendida. Da la impre-sión
de ser una persona muy tranquila, pero se percibe en él toda esa actitud
taciturna en la que se consume el fanático. Le pre-guntó a Reich repetidas
veces por mí. Enfrente. sobre la cama. hay dos personas sentadas, una de ellas,
con blusón negro. joven y de gran belleza. Aquí sólo se hallan congregados
representantes de la oposición literaria que han venido a pasar con él la
última hora antes de su partida. Lo deportan. Al principio. la orden lo
destinaba a Novosibirsk. <<Usted», le dijeron, «no necesita una ciudad,
cuyo círculo de influencia es, al fin y al cabo, limitado. sino toda una
provincia». Pero él consiguió disuadirles y ahora le envían, para ponerse «a
disposición del Partido». a Saratov, a veinticuatro horas de Moscú, sin que él
sepa todavía en qué se
25 Tu1·imo.1 ... algunas pa/ahras amahles por medio
de Reich (marc.): en rela-Ción con este pasaje. ver la explicación acerca de Na
pus/u, de Lelevich. en <<Die politische Gruppierung der russischen
Schriftstellem. CS 11. 744.
26 Aleksandr llich. Bezymenski ( 1898-1973).
poeta lírico y funcionario.
En
1926 pertenecía. dentro de la VAPP. a la misma
fracción literaria que Lelevich. Ver: Waltcr Benjamín. <<Die politische
Gruppierung der russischen Schriftste-llem. (iS 11. 744.
27 Jakoh
(irommer. nacido en Rusia en 1879: después de estudiar Matemáti-cas en i\kmania
fue. temporalmente. avudante de Albert Einstein. El extraño aspecto de su
rustro (del que tamhién da testimonio Scholem) se debía a una enfermedad.
prohahkmente acromegalia.
20
convertirá á!lí, si en redactor, en vendedor de
alguna cooperativa de producción estatal o en qué otra cosa. En el cuarto de
aliado, trodeada de otros visitantes, permanece casi todo el tiempo su
1
\mujer, una persona de expresión sumamente
enérgica, a la vez que armónica, de estatura pequeña y exponente del tipo ruso
meridional. Le acampanará los tres primeros días. Lélevich po-see el optimismo
del fanático: lamenta no poder escuchar el dis-curso que habrá de pronunciar
Trotski al día siguiente ante la Komintern en favor de Sínovietrc~; opjna que
eJ Partido se halJa ante un profundo cambio. Al despedirnos en el pasillo le
digo algunas palabras amables por medio de ·Reich. Luego vamos a ver a Asia.. Tal
vez fuese en esta ocasión cuando estuvimos ju-gando al dominó. Por la noche
querían venir a verme Reich y Asia. Pero sólo vino Asia. Le di los regalos: la
blusa, el pantalón. Hablamos. Noto que, en el fondo, ella no olvida nada de lo
que nos .atañe..,_ (Por la tarde me dijo que a elfa le parece que yo me
encuentro bien. Que no es cierto que esté pasando una crisis.) Antes de
marcharse le leo el pasaje de las arrugas de la Einbahns-
Luego
la ayudo a
ponerse las galochas. Reich llegó
28 Trotski ( 1879-1940), Grigori Zinoviev (
1883-1936) y Lev Kameriev ( 1883-
1936) constituían en aquel momento la cúspide de la
«oposicióm> contra Stalin.
29 Este pasaje reza: Wer liebt. der hangt nicht nur
an «Fehlern» der Geliebten, nicht nur an Ticks und Schwachen einer Frau, ihn
binden Runzeln im Gesicht und Leberflecken. vernutzte Kleider und ein schiefer
Gang viel dauernder und unerbittlicher als alle Schónheit. Man hat das langst
erfahren. Urid warum? Wenn eine Lehre wahr ist. welche sagt. dass die
Empfindungen nicht im Kopfe nistet. dass wir ein Fenster, eine Wolke, einen
Baum nicht im Gehirn, vielmehr an jenem Ort, wo wir sie sehen. empfinden. so
sind wir auch im Blick auf die Geliebte ausser uns. Hier aber qualvoll·
angespannt und hingerissen. Geblendet flattert die Empfindung wie eín Schwarm
von Vógeln in dem Glanz der Frau. Und wie Vógel Schutz in den laubigen
Verstecken des Baumes suchen. so flüch-ten die Empfindungen in die schattigen
Runzeln, die anmutlosen Gesten und unscheinbaren Makel des geliebten Leibs, wo
sie gesichert im Versteck sich duc-ken. Und kein Vorübergehender errat, dass
gerade hier. im Mangelhaften. Ta-delnswerten die pfeilgeschwinde Liebesregung
des Verehrers nistet.» ( GS. IV, 92).
[El que ama. no sólo siente apego por los
«defectos» de la amada. por las manías y las flaquezas de una mujer. sino que
las arrugas de su rostro y los lunares. sus vestidos gastados y su andar
ladeado. le atan a ella de una forma más duradera e inexorable que toda su
posible belleza. Es algo más que sabido. ¿Y por qué? Si es cierta la teOiia que
dice que las sensaciones no anidan en la cabeza. que la impresión de una
ventana. de una nube. de un árbol. no se siente en el cerebro. sino. antes
bien. en el lugar donde la percibimos: en tal caso. también en lo que se
refiere a nuestra visión de la amada nos encontramos fuera de nosotros mismos.
Si bien. en este caso. dolorosamente atentos y maravillados. La sénsación
revolo-
21
cuando ya estaba durmiendo, cerca de medianoche, a
informar-me para que, a la mañana siguiente, yo pudiese tranquilizar a Asia.
Había hecho los preparativos para su mudanza. Pues vive con un loco y los
asuntos relativos a la vivienda, de por sí ya difíciles, se complican por ello
de modo insoportable.
10 DE DICIEMBRE
Por la mañana vamos a ver a Asia. Como las visitas
por la mañana temprano. no están permitidas, hablamos un minuto con ella en el
vestíbulo. Se encuentra [fatigada] después del baño de ácido carbónico que ha
tomado por primera vez y que le ha sentado muy bien. A continuación, nuevamente
al Instituto de la Kameneva. El papel por el que se me concede la reducción en
los hoteles debería estar listo, pero no lo está. En la antesala de costumbre
mantenemos, en cambio, una dilatada conversación sobre cuestiones de teatro con
el señor desocupado y con la seño-rita. Al día siguiente me recibirá la
Kameneva, y para la noche tratamos de conseguir entradas para el teatro. Por
desgracia no quedan ya para la opereta. Reich me d€já .e.n la Vap; yo me quedo
allí dos horas y media con mi gramática de r_uso; vuelve a aparecer con Kogan
para ir a comer. Por la tarde, sólo estoy un momento con Asia. Tiene una
discusión con Reich por cuestio-nes relativas a la vivienda y me dice que me
vaya. Permanezco en mi habitación leyendo a Proust y devorando mazapán. Por la
noche voy al sanatorio; en la entrada me encuentro con Reich, que había salido
a comprar cigarrillos. Esperamos unos minutos en el pasillo; luego llega Asia.
Reich nos deja en cl tranvía y nosotros nos dirigimos al estudio musical. Nos
recibe el adminis-trador. Nos muestra un escrito de reconocimiento, en francés,
de Casella 30 ; nos lleva por todas las salas (en el vestíbulo se ha
con-gregado ya numeroso público mucho antes del comienzo: es gen-
. te que ha ido al teatro directamente desde sus
centros de trabajo);
tea. deslumbrada. como una bandada de pájaros, en
el resplandor de la mujer. Y del mismo modo que los pájaros buscan cobijo en
los frondosos escondrijos del árbol. también las sensaciones se refugian en las
sombrías arrugas. en los gestos torpes y en los defectos insignificantes del
cuerpo amado, donde encuentran un escondrijo seguro. Y nadie, al pasar, podrá
adivinar que es justamente aquí. en lo imperfecto y reprochable, donde anida la
arrebatada emoción amorosa del amante.]
30 Alfredo Casella ( 1883-1947). Músico y compositor italiano.
22
. estíbulo hay
una
también nos enseña la sala de conciertos. En el V bonita. Pro-
alfombra extraordinariamente llamativa Y no
~~~s paredes hay
bablemente una «Aubusson» de mucho valor. E Al
igual que en cuadros antiguos auténti~os (uno, sin enrnarcari· iones Cultura-
la sala oficial de recepciones del Instituto de Re
t~ muY valiosos. les con el Extranjero, también aquí se ven mueb ~a fila. Dan
La Nuestras localidades se encuentran en la. seguo , pera puesta en
novia del zar, de Rimski-Korsakoff, la pnrnera 0
ción sobre To-escena recientemente por Stanislavski. Conv~r~a quiso hacer un
ller: de cómo A:si_a_ le ll~vó p~r to~as partes Y
el ~as oecias ~bser
regalo, y ella ehg10 el cmturon mas barato, Y d~ os
al vestJbulo.
vaciones de éste.
En uno _de los descanso~
sah~tiga. Conversa-
~~ro hay tres. Son_ d~masiado largos y
Asia se lleva. Yo ~e _do_y
cwn sobre el chal Italiano de color ocre que ell~ En el ult1mo
mi opinión; ella se muestra avergonzada co~rn;; 0bla con él. Me
descanso se nos acerca el administrador. Asta ~n)
Al final nos invita a la siguiente reposición (Eugenio Oneg~tt pl~ados del tea-
resulta muy difícil recuperar los abrigos. Dos
ernfín de regular la tro forman un cordón en mitad de la escalera a \as del
guarda-afluencia de la gente a las diminutas dependenc eño tranvía sin rropa.
Vuelvo a casa como fui al teatro: en el pea u
calefacción
y con las ventanas heladas.
11 DE
DICIEMBRE
Algo sobre las características de Moscú. e }OS P rimeros días,
Jl>;_,n ~~ osturnbrarse
a
lo que más
me condiciona es la dificultad
de prestar tanta
anda~ _por
calles completamente heladas. J-I
e do ver lo que me
atencwn a los pasos que doy, que
apenas pue la
mañana (es-
ro_dea. La cosa_ha mejorado desde que, ayer
por~¡}ochas .. No fue cnbo esto el dia 12), Asia me comprara unas g itectómco
de la t~n difícil como ha_bía creído Reich. El estilo ara:;e una y de d_os
cmdad se caractenza por las numerosas casas notelitos verame-
plantas. Le dan la apariencia de una ciudad de .A menudo se
gos, y al contemplarla se siente doblemente t? 1
fíl0 .
obre todo: a_un-
encuentran pinceladas de colores tenues: roJ_o, \arnbién Reich)
que
también hay azul, amarillo
y (con'lo dlcenas: son tan taca-
verde. Las aceras son sorprendentemente estrec cío aéreo. A ello
ños con el suelo como derrochadores con el espa
ado al I?orde de
se añade el hecho de que el hielo queda tart
pegacera. Esta, por las casas, que hace inutilizable una parte de la.
23
'otra parte, rara vez se diferencia claramente de
la calzada: la nieve y el hielo nivelan las distintas capas de la calle. Con
gran frecuencia se ven cosd.ones .dclante de las tLendas estatales~ para
comprar mantequilla y otros artículos importantes hay que hacer cola. Hay un
sinnúmero de tiendas y aún más vendedores que no ofrecen otra cosa que un
canasto de la ropa con manzanas, man-darinas o cacahuetes. Para proteger la
mercancía del frío, la cu-bren con un paño de lana sobre el cual se pueden ver
dos o tres ejemplares de muestra. Abundancia de panes y de otras clases de
bollos: panecillos de todos los tamaños, rosquillas y, en los cafés, tartas
suntuosas. Con baño de azúcar hacen construcciones o flores fantásticas 31 •
Ayer por la tarde estuve con Asia en un café. Allí tienen vasos de nata
montada. Ella cogió un vaso de meren-gue; yo, café. Nos sentamos en una mesita
en medio de la sala. uno frente al otro. Asia.recordó mi intención de escribir
contra la psicología y una vez más hube de constatar hasta q.ué punto depende
del cCllltacto con ella mi posibilidad de abGfdar tales temas. Pero la hora en
el café no la pudimos dilatar tanto como habíamos esperado. No había llegado
del sanatorio a las cuatro, sino a las cinco. Reich quería que le esperásemos;
no sabía con seguridad si tendría reunión o no. Finalmente nos fuimos. En la
Petrovka estuvim<>s mirando escaparates. Me llamó la atención una tienda
maravillosa de artículos de madera. En ella, y a peti-ción mía, Asia me compró
una pipa muy pequeña. Más adelante corrrpr.rré allí j<ttguetes para Stefan ~
[)agaY. Tienen esos huevos rusos de varias capas, cajitas que se introducen
unas en otras, animales tallados de una hermosa y blanca madera. En otro
esca-parate podían verse encajes rusos y paños bordados en los que, según me
dijo Asia, las campesinas reproducen las rosetas de escarcha de las ventanas.
Esto ya fue el día de nue.s.tm segundo paseo. Asia había venido por la mañana;
había escrito primero a Daga y luego, con un tiempo muy bueno, anduvimos algunos
pasos por la Tverskaya. A la vuelva nos detuvimos frente a una tienda donde
había velas navideñas. Asia habló de ello. Después, con Reich, nuevamente en el
Instituto de la Kameneva. Por fin me conceden la reducción para el hotel. Por
la noche me querían
3l Algo sobre ... flores fantásticas (marc.): Ver:
GS IV. 3 l 7: «(gleichzeiting also zu bewegen)»: «an den der schmale ...
gewóhnt hat», 318: <<Ein buntes ... liegen obenauf».
32 Stefan ( 1919-1972) era el nombre del hijo de
Benjamín: Daga es la hija de Asia Lacis.
24
mandar desde allí a ver El cemento 33 . A Reich le
pareció luego mejor una obra de Granovski, pues Asia quería ir al teatro y El
cemento habría sido demasiado emocionante para ella. Pero cuando todo estaba
arreglado, Asia no se encontró lo bastante bien, de modo que fui yo solo
mientras Reich y e1Ia se iban a mi habitación. Eran tres piezas de un solo
acto, las dos primeras de las cuales eran algo espantoso; la tercera, una
asamblea de rabi-nos, una especie de comedia corística sobre melodías judías,
pa-recía ser mucho mejor, pero yo no entendí el asunto, y estaba tan cansado
del día y de aquellos interminables descansos, que me dormí en algunas partes.
Reich durmió esa noche en mi habita-ción. Mi peio tiene aquí mucha
electricidad.
12 DE DICIEMBRE
Por la maflana, Reich fue a pasear con Asia. Luego
vinieron a verme; yo no había acabado aún de vestirme. Asia se sentó en la
cama. Me produjo una gran alegría que deshiciera y ordenara mis maletas,
quedándose con un par de corbatas que le gustaron. Luego estuvo hablando de
cómo había devorado literatura bara-ta cuando era niña. Escondía los libritos
bajo los libros escolares para que no los viera su madre, pero una vez le
dieron una novela larga, Laura. que cayó en manos de su madre. En otra ocasión
salió de casa en plena noche para ir a buscar a casa de una amiga la
continuación de una novela por entregas. El padre abrió muy sobresaltado y le
preguntó qué deseaba, y ella, al darse cuenta de la que había organizado, le
respondió que ni ella mis-ma lo sabía. Al mediodía, con Reich, en la tabernita.
La tarde en el desolado sanatorio fue un suplicio. Con Asia, nuevamente,
constante alternancia entre el «tú» y el «l.LSted>). No se sentía bien.
Después estuvimos paseando por la Tvers"kaya. Más tarde, cuando ya nos
habíamos sentado en un café, se produjo una gran discusión .eP.ti:e R.eiGh
}'Asia en la que se puso de manifiesto la esperanza de Reich de concentrarse
exclusivamente en objetivos rusos con la consiguiente pérdida de los vínculos
con Alemania. Por la noche, con Reich en mi habitación, solos: yo estuve
estu-diando la guía, y él escribiendo notas para una recensión del
33 El
cl'menw.· novela escrita en 1925 por Fedor Gladkov ( 1883-1958). En junio de
192 7 apareció el comentario de Benjamin a la traducción de esta novela (GS
III. 61-63). Ver también: «Neue Dichtung in Russland». GS 11 .. 762.
25
Revisor. En Moscú no hay camiones ni coches de
reparto, etc. Tanto las compras más insígníficantes como los envíos más
im-portantes se han de despachar, por medio de los istvoschik 34 , en los
diminutos trineos.
13 DE DICIEMBRE
Por la mañana mejoré mi orientación en la ciudad
dando un largo paseo por los bulevares interiores en dirección a la central de
Correos y volviendo por la Plaza Liubianka hacia el Dom Ger-zena. Descubrí 35
ei misterio del vendedor con el tablón de letras: éstas se ponen en las
galochas para evitar que se confundan con las de otra perso::a. Durante el
paseo me volvieron a llamar la atencion aquí las numerosas tiendas de adornos
navideños que ya había visto también por toda la Yamskaya Tverskaya, una hora
antes, a lo largo de un breve paseo con Asia. Detrás de las lunas de los
escaparates, a veces parecen más brillantes aún que en el árbol. En ese paseo
por la Yamskaya Tverskaya nos encon-tramos a un grupo de komsomolzen 36
marchando con música. Ésta parece estar compuesta, de manera semejante a la de
las tropas soviéticas, de una combinación de silbidos y canto. Asia habló de..
fu:icb. Me encargó que le llevase el último número de Pravda. Por la tarde,
Reich nos leyó en la habitación de Asia su conferencia preliminar sobre el
montaje de Meyerhold del Revi-sor. Es muy buena. Mientras él (antes de esto) se
dormía en la silla, en la habitación de Asia, yo le estuve leyendo a ella un
poco
de Einbahnstrasse.
Durante 37 mi largo recorrido de la mañana observé
también a las vendedoras del mercado, campesinas con un cesto de mer-cancías al
lado (a veces se trata de un trineo de esos que en invierno sirven aquí de
cochecito de bebé). Los cestos contienen manzanas, caramelos, nueces. figuritas
de azúcar, semiocultos bajo el paño. Uno se pone a pensar en una
ab'íela_ca_riñosa que.
34 «Carretero». <<cochero» ..
35 Descubr( .. en el árbol. Ver: GS IV. 320: «Lange war... Galoschen
befestig-
te».
36 Miembros
del Komsomol (Kommunisticheskij Soyuz Molodezhi). organi-zación juvenil del
Partido Bolchevique de la URSS.
37 Durante
mi ... para dncansar un poco: Ver: GS 1V. 318: <<Si e haben . Strasse
stehen».
26
antes de salir, ha buscado por la casa todo lo qu~
pudría sorpren-der a su nietu. Y, después de haberlo empaquetado, ahora, de
camino, se para en la calle a descansar un poco. Volví a ver a los chinos 38
que venden flores artificiales de papel como las que le compré a Stefan en
Marsella. Aunque aquí parecen ser aún más frecuentes los animales de papel en
forma de exóticos peces abi-sales. Hay también hombres con cestos llenos de
juguetes de madera, de coches y de palas; los coches son amarillos y rojos; amarillas
o rojas, las palas infantiles. Otros van de un lado para otro llevando sobre
los hombros haces de molinillos de colores. Y todo ello trabajado de una manera
más sólida y sencilla que en Alemania, siendo bien visible su procedencia
rústica. En una esquina encontré a una mujer que vendía adornos para el árbol
de Navidad. Las bolas de cristal, amarillas y rojas, brillaban al sol; era como
un cesto de manzanas encantado en donde el rojo y el amarillo se han
introducido en los diferentes frutos. La rcla-cion de madera y color también
aquí es más inmediata que en otros sitios. Y eso se ve tanto en los juguetes
más primitivos como en los esmaltados más artísticos. Junto al muro 39 de Kitai
Gorod 40 hay mongoles. En su tierra, el invierno no es, probable-mente, menos
riguroso, ni sus andrajosas pieles peores que las de la gente de aquí. No
obstante, son los únicos que aquí despiertan una compasión espontánea por el
clima. Se encuentran a no más de cinco pasos de distancia los unos de los
otros, y venden carpe-tas de cuero; todos ofrecen la misma mercancía. Deben de
estar respaldados por alguna organización, pues hacerse así, unos a otros, tan
inútil competencia sería cosa de broma. Aquí 41 , al igual que en Riga, los
letreros de las tiendas están pintados en un estilo primitivo muy bonito.
Zapatos cayendo de un cesto; un lulú que huye con una sandalia en la boca.
Delante de un restau-rante turco hay dos letreros que hacen juego y que
representan a unos caballeros con fez, adornado con la media luna, ante una mesa
dispuesta para comer. Asia tiene razón al decir que es algo característico el
hecho de que, en todas partes, incluso tratándose
38 Volvf a ver ... esmaltados más artfsticos
(marc.): Ver: GS IV. 319-320: <<Chi-
nesen verkaufen - deutlich sichtbar»: 332
<<Es ist ... als ein Bild».
39 Junto al muro... cosa de broma: Ver: GS IV. 325:
<<Ein páar ... Mitleid hat».
4 0
Literalmente «Ciudad China»: viejo barrio de Moscú que circunda la Plaza Roja y
el Kremlin.
41 Aqui.
·al igual... una mesa dispuesta paw comer: Ver GS IV. 340: <<Auch finden
... einem Tischchem>.
27
de anuncios, el pueblo desee ver representada
alguna actividad real. Por la noche, con Reich en casa de llesh 42 • Luego se
nos unió también el director del Teatro de la Revolución 43 , que el 30 de
diciembre ofrecerá el estreno de la obra de Ilesh. Este director es un antiguo
general rojo que participó decisivamente en el ani-quilamiento de Wrangel 44 ,
siendo mencionado dos veces en la orden del día del ejército de Trotski. Más
tarde cometió una torpeza política que paralizó su carrera, y, como en otro tiempo
había sido literato, le dieron este puesto directivo en el teatro, en el que,
sin embargo, no debe de rend{r gran cosa. Parece bastante tonto. La
conversación no estuvo especialmente animada. Por indicación de Reich, yo me
mostré, por otro lado, muy cauteloso con mis palabras. Se estuvo hablando sobre
la teoría del arte de Plejanoff. En la habitación sólo hay unos cuantos
muebles, y lo que más llama la atención es una cuna destartalada y una bañe-ra.
Cuando nosotros llegamos, el niño aún estaba despierto; más tarde se lo llevan
a la cama llorando, pero no se duerme en todo el rato que nosotros permanecemos
allí.
14 DE DICIEMBRE
(escrito e/ 15)
Hoy no veré a Asia. La situación en el sanatorio se
agrava; ayer por 1a noche sólo le permitieron salir después de parlamen-tar
durante largo rato, y hoy por la mañana no ha venido a buscarme, tal como
habíamos acordado. Queríamos comprar tela para su vest1do. Sólo hace una semana
que llegué y ya he de contar con dificultades cada vez mayores para verla, por
no ha-blar de verla a solas. Ayer por la mañana vino a verme con mucha prisa,
nerviosa, trastornando más que trastornada. como tantas veces, y como si tuviese
miedo de permanecer un solo minuto en mi habitación. La acompañé a la sede de
una comi-sión ante la que había sido citada. Le conté lo que había averi-guado
la noche anterior: que Rcich tiene en perspectiva un nue-vo puesto como critico
teatral en una revista muy importante.
4 : Bc:la Illés ( 1X4'-l '17-1 l. L'snitm hunt(an>
4 ·1 Y. S.
St;¡rudHn.
44 ciiiÍ</IIÍillllll<"ll/11 c/1· 1·rangd Barnn
Pinrt Wrant(d 11 X7X-142X l. gt:neral ruso
qut.' apoyú la
lt:ntati,·a Jc Knrni!,n tk dcrnll·ar
:.~1 Sn' i.:t Jc P.:trogr:.~do.
Fue
vencido .:n
1420. por Trot~)..i ,. Stal1n . .:n b ultim:.~
hat:.~lla 1rnponante J.: la revo-
lución. ·-
28
Anduvimos por la Sadovaya. En total hablé muy poco;
ella me habló muy excitada de su trabajo con los niños en la guardería.
Escuché, por segunda vez, la historia de un niño de su guardería al que otro le
abrió el cráneo. Curiosamente, hasta ahora no había comprendido esa historia
tan simple (que para Asia podría haber tenido consecuencias negativas; pero los
médicos pensaron que el niño podría salvarse). Es algo que me ocurre cun
frecuen-cia: la miro de una forma tan intensa. que apenas oigo !.o _que dice.
Ella expuso sus ideas acerca de la necesidad de dividir a los nínos en grupos,
pues en ningún caso es posible entretener a los más revoltosos· - a los que
ella llama «los más dotados»- jun-tándolos con los demás. Les aburren cosas que
llenan por com-pleto a los niños normales. Y es evidente que Asia, como ella
dice, consigue los mayores éxitos con los niños más revoltosos. También habló
Asia de las cosas que está escribiendo: tres artícu-los en el periódico
comunista letón que se publica en Moscú y que llega a Riga por vías ilegales;
ser leída allí, en ese periódico, es muy útil para ella. El edificio de la
comisión estaba en la plaza donde convergen el bulevar Strasnoi y la Petrovka,
por: la que yo estuve caminando más de media hora mientras la· esperaba. Cuando
por fin salió, nos dirigimos al Gosbank 45 , donde yo tenía que cambiar dinero.
Esta mañana me sentía con muchas fuerzas, y así logré hablar franca y
sosegadamente de mi estancia en Moscú y de sus escasísimas posibilidades. Eso
le impresionó. Contó que el médico que la ha tratado y salvado le había
prohi-bido terminantemente quedarse en la ciudad, ordenándole que fuese a un
sanatorio en el bosque. Pero ella se había quedado por temor a la triste
soledad del. bosque y porque yo llegaba. Nos detuvimos frente a una tienda de pieles
en la que Asia se había parado ya en nuestro primer paseo por la Petrovka.
Colgado en la pared había un maravilloso traje de piel, adornado con perlas de
colores. Entramos a preguntar el precio y así averiguamos que se trataba de una
labor tungús (no era, pues, un traje «esquimal)), como había creído Asia).
Costaba doscientos cincuenta rublos; Asia quería comprarlo. Yo le dije: «Si te
lo compro, tendré que marcharme inmediatamente.>> Pero me hizo prometerle
que al-gún día, más adelante, le haría un gran regalo que pudiera co.n-servar
toda la vida. Al Gosbank se llega desde la Petrovka atrave-sando un pasaje en
el que hay un gran co.mer.cio comisionista de
45 Banco estatal (Gos = abreviatura de gosudarstvcnniJ)-
29
antigúedades. En el escaparate había un armario de
estilo Impe-rio singularmente bello, un trabajo de marquetería. Más adelante
estaban empaquetando, o desempaquetando, porcelana al lado de estanterías de
exposición de madera. Mientras regresábamos a la parada del autobús, unos
minutos muy bu_e.nos. A continua-ción, mi audiencia con la Kameneva. Por la
tarde. ando vagando por la ciudad: no puedo ir a ver a Asia; está con Knorin 46
, un comunista letón muy importante, miembro del organismo supe-rior de
censura. (Y ho~, lo mismo; mientras escribo esto! Reich está solo con ella.) La
tarde acaba en el café francés que hay en Staleshnikov, frente a una taza de
café. Acerca de la ciudad: la iglesia bizantina no parece haber desarrollado
una forma propia de ventana. Una impresión mágica y poco familiar; las
ventanas, profanas y sencillas, de las torres y rotondas de las iglesias de
estilo bizantino que dan a la caile producen la impresión de que éstas están
habitadas. El sacerdote ortodoxo vive en ellas como un bonzo en su pagoda. La
parte inferior de la Catedral de San Basilio podría ser muy bien la planta baja
de una magnífica casa de boyardos 47 . Pero las cruces de las cúpulas
frecuentemente parecen pendientes colgados del cielo 48 . Lujo arraigado en
esta depauperada y doliente ciudad como el sarro en una boca enfer-ma; la
tienda de chocolates de N. Kraft; el elegante almacén de modas de la Petrovka,
donde se ven, entre las pieles, grandes jarrones de porcelana, fríos y
espantosos . .La mendicidad 49 no es agresiva como en el sur, donde la
insistencia del andrajoso sigue poniendo de manifiesto un resto de vitalidad.
Aquí constituyen una corporación de moribundos. Las esquinas de las calles, por
lo menos las de los barrios donde realizan sus negocios los ex-tranjeros,
aparecen cubiertas de hatillos de trapos viejos, a modo de camas, dentro del
gran lazareto al aire libre llamado «MoscÚ)).
La mendicidad 50 en los tranvías está organizada 4~
manera dis-tinta. Ciertas líneas circulares tienen largas paradas durante el
46 Wilgelm
(Vilis) Knorin ( 1890-1938). alto funcionario estatal y del Partido: director
de departamento de propaganda política del Comité Central del Partido entre
1926 y 1927.
. 47 Miembros de la alta nobleza de la antigua
Rusia.
4 ~ La
igll!sia bizantina ... p!!ndil!ntl!s colgados del cielo (marc.): Ver: GS !V,
345 «Byzanz scheint... feuriger Sonnen».
49 La mendicidad... al aire libre. Ver: GS !V. 324:
«Der Bette\... Himmel da-liegt».
50 La mendicidad. .. el trayecw (marc. desde «Dann
schieben»): Ver: GS IV.
325: «Andere
haben ... sammeln Kopeken».
30
trayecto. Los mendigos 51 avanzan abriéndose paso,
o bien un niño se sitúa en un rincón del coche y empieza a cantar. Luego
colecta kopeks. Es muy raro que la gente les dé algo. La mendici-dad ha perdido
su base más sólida: la mala conciencia socialJ que abre los bolsillos mucho más
que la compasión. Pasajes. A dife-rencia de otros lugares, son de varios pisos,
galerias altas que acostumbran a estar tan vacías como las de las catedrales.
El gran taller de calzado de fieltro por el que se pasean los campesinos y las
señoras de buena posición muestra la bota ajustada como si se tratase de una
prenda íntima, con todo el embarazoso detallis-mo del corsé. Las valinkis 51
s.a.n las ropas de gala de los pies. Algo más sobre las iglesias 53 : en
general parecen descuidadas; tan vacías y frias como encontré yo el interior de
la Catedral de San Basilio. Pero el resplandor que algún altar hace brillar
esporádi-camente en la nieve parece conservarse en el mercado de tende-retes de
madera. En sus angostos pasmos, cubiertos de nieve, reina el silencio; sólo se
escucha la suave jerga de los judíos ven-dedores de confección que tienen allí
su puesto junto a las mer-caderías de la vendedora de papel, que parece
sentarse sobre un trono, tapada por cajas plateadas y con el rostro cubierto
por el espumillón y las figuritas de Papá Noel del mismo modo que una oriental
se cubre con el velo. Los tenderetes más bonitos los vi en la Arbatskaya
Plóscktad 54 . Hace unos días, en mi habitación, con-versación con Reich sobre
el periodismo. Kisch 55 le ha revelado algunas reglas de oro a 1as que yo añado
otras nuevas: 1) Un artículo debe contener tantos nombres como sea posible. 2)
La primera y la última frase han de ser muy buenas; lo del medio, no importa.
3) Utilizar la imagen evocada por un nombre como fondo de la descripción que lo
representa como realmente es. Me gustatia escribir aquí con Reich el programa
de una enciclopedia matecialistá sobre la que él tiene__excelentes ideas. Asia
vino pasa-das las siete. (Pero Reich nos acompañó al teatro.) Daban Los
de Stanislavski.
Los decorados, de estilo
51 Los
mendigos... más que la compasión (marc.): Ver: GS IV, 325: «Andere haben ...
sammeln Kopekem>, «Aber sehr. .. Taschen ótfnet.»
52 Botas
de fieltro (valenki).
53 Algo
más sobre las iglesias ... Arbatskaya
Plóschad (marc.): Ver: GS IV,
346: (Niele
Kirchen ... ihren Schleiem.
54 Plaza
Arbatskaya.
55 Egon
Erwin Kisch ( 1885-1948) viajó por la Unión Soviética desde el otoi'lo de 1925
hasta la primavera de !926.
56 Ver nota en la página 15: <da obra de
Stanislavski sobre la Guardia Blanca».
31
naturalista, extraordinariamente buenos; la
interpretación, sin fallos ni méritos destacables; el drama de Bulgakoff, una
provo-cación absolutamente subversiva. Sobre todo el último acto, donde la
Guardia Blanca «se convierte)) al bolchevismo, es tan insulso en lo que se
refiere al argumento dramático como falaz en cuanto a la idea. La oposición de
los comunistas a la represen-tación es obvia y fundada. La cuestión de si este
último acto fue anadido a instancias de la censura, como sospecha Reich, o exis-tía
ya originariamente, no es relevante para la valoración de la obra. (El público
se diferenciaba notablemente del que pude ver en los otros dos teatros. Se
puede decir que no había allí ningún comunista; en ninguna parte podía verse
ningún blusón negro o azul.) ba.s butacas estaban separadas y yo sólo estuve
sentado jun-to a Asia durante el primer cuadro. Después se sentó Reich a mi
lado; dijo que traducir era algo demasiado fatigoso para ella.
15 DE DICIEMBRE
Después de levantarse, Reich salió un momento y yo
tuve la esperanza de poder saludar a Asia a solas. Pero ní síquíera vino. Por
la tarde, Reich se enteró de que se había sentido mal por la mañana. Pero
tampoco me dejó ir a verla por la tarde. Pasamos una parte de la mañana juntos;
él me tradujo el discurso pronun-ciado por Kameneff ante la Komintern. Un lugar
no se conoe_e · hasta no haberlo vivido en el mayor número posible de
rlimen-sioru:.s. Para poseer un sitio hay que haber entrado en él desde los cuatro
puntos cardinales, e incluso haberlo abandonado en esas mismas direcciones. De
lo contrario le puede saltar a uno, inopi-nadamente, tres o cuatro veces, en
mitad del camino antes de haberse preparado para toparse con él. En un segundo
estadio, uno ya lo busca y lo utiliza como punto de orientación. Lo mis-mo
ocurre con las casas. Uno no conoce lo que hay en su interior hasta que no
trata de encontrar una concreta pasando junto a otras. Desde los arcos de las
puertas 57, junto a los quicios, en letras de diverso tamaño, negras, azules,
amarillas o rojas, en
forma de flecha, en la imagen de unas botas o de
ropa recién planchada, como peldaño gastado o sólido escalón, se nos viene
encima una vida calladamente obstinada y beligerante. Hay que
5? Desde los arcos de fas puertas ... obstinada y
beligerante: Ver GS IV, 340:
«Aus den Torbogen ... vor Augen».
32
haber recorrido también las calles en tranvía para
captar la pro-Jongación de esta lucha a través de los pisos hasta llegar, por
fin,
eñ los tejados, a su estadio decisivo. Hasta ese
punto sólo aguan-tan las consignas más fuertes y viejas o los letreros de las
empre~
sas, y sólo desde el avión se logra tener ante los
ojos a la élite industrial de la ciudad (aquí, algunos nombres). Por la mañana,
en la Catedral de San Basilio. El lado exterior 58 se proyecta sobre la nieve
con colores cálidos e íntimos. La planta del edificio, de
• disposición
regular, ha generado una construcción cuya simetría no es perceptible
desde ningún punto. Siempre se reserva
alguna cosa, y la contemplación sólo
podría sorprender a este edificio desde la altura de un avión, del cual
se olvidaron sus con~tructo res de salvarse. Su interior no sólo ha sido vaciado,
sino también destripado como una pieza de caza para poderlo presentar, en
forma de «museo», como algo apetecible a la cultura popular. Al despojarlo de
su decoración interior, en parte artística, pero en su mayor parte carente de
valor - a juzgar por los altares bar;rocos conservados-, la maraña vegetal y
multicolor que prolifera por pasillos
y bóvedas como
si de pintura
mural se tratase
queda desconsoladoramente puesta en ridículo; la piedra pintada, sin duda hace mUcho tiempo, que en"'los
espacios interiores despier-ta ligeramente el recuerdo de las cromáticas
espirales de l<ts cú-pulas, lo ha desfigurado triste[mente] convirtiéndolo
en un diver-timento rococó. Los
pasillos abovedados son
angostos ·y se ensanchan de
pronto en altares o capillas redondas donde la es-casa luz que penetra por arriba, a través de las altas ventanas, impide prácticamente
reconocer los objetos religiosos
que han quedado. Hay, sin embargo, una habitacioncita clara,
recorrida por una alfombra
roja. En ella se
han expuesto iconos de
las escuelas de Moscú y Novgorod, además de algunos evangeliarios,
probablemente de un valor incalculable; tapices que representan a Adán y a
Cristo desnudos, aunque sin órganos
sexuales, blan-quecinos sobre un fondo verde. La vigilante es una mujer
gorda con aspecto de campesina: me habría gustado oír las explicacio-nes que
daba a algunos proletarios que entraron acerca de estos cuadros. Antes
di un breve
paseo por los
pasajes que llaman «lineas
comerciales a1!as>>. Traté de comprar, sin éxiLo, unas figu-ras muy
interesantes del escaparate de una juguetería. unos jine-tes de arcilla
pintadi Para comer, viaje en
tran Via a orillas del
58 El
lado ex1enor. 'Hneas curnercia/es a/ws"(marc.): Ver: GS IV, 345-346:
<<lmmer bchalt ... erkennbar sind».
33
Moscova, pasando por la Catedral del Salvador y
cruzando la Plaza Arbatskaya. Por la tarde, volviendo otra vez en la
oscuri-dad, paseo por las hileras de tenderetes de madera; luego, por la calle
Frunse, pasando frente al Ministerio de la Guerra, que se alza muy
elegante,'\hasta acabar perdiéndome. A casa, en tranvía. (Reich quería ir éf
solo a ver a Asia.) Por la noche, a casa de Panski, sobre hielo reciente. Nos
tropezamos con él en la puerta de su casa, a punto de irse al teatro con su
mujer. Debido a un malentendido que no se despejará hasta el día siguiente, nos
pide que en los próximos días vayamos por su despacho. Nos dirigi-mos a
continuación a la casa grande de la Plaza Strasnoi a buscar a un conocido de
Reich. En el ascensor nos encontramos con su mujer, que nos dice que su marido
está en una asamblea. Pero dado que en esa misma casa, una especie de
boardinghouse gi-gantesca, vive la madre de Sophia 59 , decidimos acercarnos a
dar las buenas noches. Al igual que todas las demás habitaciones que
he podido ver hasta el momento (en casa de
Granovski, de llesh),
también ésta es una pieza con pocos muebles. Su
deplorable as-pecto 60 pequeñobugués causa una impresión aún más deprimen-te al
estar la habitación pobremente amueblada. Cuando lo pro-pio del estilo
pequeñoburgués es el que no falte ningún detalle: las paredes han de estar
cubiertas de cuadros; el sofá, de cojines; los cojines, de pañitos; las
consolas, de bibelots; las ventanas, de cristales de colores. Y aquí sólo se
conserva, indiscriminadamen-te, lo uno olo otro. En estas habitaciont;s,
semeja~tes a un laza-reto después de la última inspección, la gente aguanta
porque, debido a su forma de vida, les resultan ajenas. Viven en la ofici-na,
en el club, en la calle. Basta con dar el primer paso en el interior de esta
habitación para reconocer en la asombrosa limi-tación del carácter resoluto de
Sophia el legado de esta familia. de la que se ha emancipado, aunque no
renegado. En el camino de regreso, Reich me cuenta su historia. Sophia es
hermana del general Kriienko, que primeramente tomó partido por los bol-cheviques,
haciendo servicios inestimables a la revolución. Dado que sus dotes políticas
eran escasas, posteriormente [le] dieron el puesto representativo de Fiscal
Superior del Estado. (Él fue tam-bién el acusador en el proceso Kindermann.) 61
Parece ser que la
59 Sofya Krilenko, hermana del comisario de
j~sticia Nicolai Krilenko. Estu-vo en Capri en 1924, al mismo tiempo que
Benjamin y Lacis.
60 Su
deplorable aspecto ... en la calle (marc.): Ver: GS IV. 327-328: «weil das
Zimmer ... entfremdet sind)) .
. 6l
Karl Kindermann ·fue el
principal acusado en
un simulacro de proceso
34
madre también está organizada. Debe de tener unos
setenta, anos y aún se perciben en ella rastros de una gran energía. Ahora la
han de sufrir los hijos de Sophia, que son traídos y llevados de las manos de
la abuela a las de la tía, y que hace ya anos que no han visto a su madre. Los
dos son de su primer matrimonio con un aristócrata que en la guerra civil
estuvo al lado de los bolchevi-ques y murió. Cuando llegamos estaba allí la
hija menor. Es extraordinariamente bella, sumamente decidida y encantadora en
su forma de moverse. Parece muy introvertida. Acababa de llegar una carta de su
madre y estaba discutiendo con su abuela por haberla abierto. A pesar de ir
dirigida a ella. Sophia escribe que no le permiten prolongar su estancia en
Alemania. La fami-lia sospecha de su trabajo clandestino; es una calamidad, y
su madre se muestra inquieta. Desde la habitación se tiene una vista magnífica
del bulevar Tverskoi sobre una gran hilera de luces.
16 DE DICIEMBRE
Estuve escribiendo el diario y no creía ya que Asia
fuese a venir aún. Entonces llamó a la puerta. Cuando entró, traté de besarla.
Como de costumbe1 no lo logré. Saqué la tarjeta 62 que había empezado a
escribirle a Bloch y se la di para que le pusiera unas letras. Nuevo Intento en
-vano rlc: darle un beso. Leí lo que había escrito. A su pregunta respondí:
«Mejor que cuando me escribes a mí.» Y, ante tal «desvergüenza», por fin me
fuesó, e incluso me abrazó al hacerlo. Cogimos un trineo en dirección a la dudad
y entramos en numerosas tiendas de .la Petrovka a comprar tela para su vestido,
para su uniforme. Lo llamo así porque quiere que el nuevo tenga exactamente la
misma hechura que el viejo, procedente de París. Entramos primero en unos
almacenes estatales; en la mitad superior de sus paredes longitu-dinales se
podían ver cuadros de figuras de cartón que hacían propaganda en pro de la
unión de obreros y campesinos. La forma de representarlo 63 tenía ese gusto
empalagoso tan extendí-
contra tres jóvenes alemanes que fueron detenidos
en octubre de 1924. acusados de haber planeado un atentado contra Lenin.
Kindermann fue condenado a muerte, pero no ejecutado.
62 Esta
tatjeta no le llegó a Bioch. Fue devuelta a Benjamin por desconocerse el
destinatario. Ver la carta de Benjamin a Siegfrid Kracauer. del 23-2-1927.
reproducida en el apéndice.
63 La
forma de represen/arlo ... a precios exorbitantes (marc.): marcado en el
35
do aq_uí: la hoz y el martillo, una rueda dentada y
otras herra-mientas reproducidas (cosa indeci.blemente contradictoria) en
cartón aterciopelado. En aquella tienda sólo había artículos para campesinos y
proletarios. En los últimos tiempos, con el «régi-men de economía» 64 , son los
únicos que se producen en las fábricas estatales. Los mostradores están
sitiados. Otras tiendas, que están vacías, sólo venden tejidos a cambio de
bonos o, en venta libre, a precios exorbitantes. A un vendedor callejero le compro
por medio de Asia una muñequita, stanka-wanka 65 , para Daga, sobre todo para,
aprovechando la oportunidad, com-prarme yo también una. Y a otro, después, una
paloma de cñstal para el árbol de Navidad. Creo recordar que no hablamos
mu-cho. Luego, con Reich, al despacho de Panski. Pero el nos había citado
pensando que se trataba de asuntos de trabajo. Como ya estaba allí, me llevó a
la sala de proyecciones, don<:le estaban mostrándoles películas a dos
periodistas americanos. Desgracia-damente, cuando logré llegar allí después de
una infinidad de preliminares, estaba terminando la proyección del Potemkin 66
; sólo vi el último acto. Luego pusieron Conforme a la ley 67 , pelí-cula
basada en un relato de London. El estreno, que había tenido lugar en Moscú unos
días antes, había sido uñ fraéáso. Técnica-mente, la película es buena; su
director, KulÍshoff, tiene muy buen nombre. Pero el asunto reduce su motivo al
absurdo tras un cúmulo de atrocidades. Según parece, esta película debía te-ner
una orientación anarquista contra el derecho en general. Al final de la
proyección. el propio Panski subió a la sala, condu-ciéndome finalmente a su
despacho. La conversación se hubiera prolongado todavía de no haber temido yo
perder la posibilidad de v_er a Asia. Para ir a comer, de todos modos ya se
había hecho demasiado tarde. Cuando ilegué al sanatorio, Asia ya había sali-do.
Me fui a casa y muy pronto llegó también Reich. y, poco
manuscrito del diario. pero. al parecer. no se
incluyó en ninguno .de los articulas fruto de su estancia en Moscú.
64 Benjamin alude aqui a la NEP (Nueva Politica
Económica). La NEP fue introducida por Lenin en 1921 para animar la economia.
arrumada por la guerra. mediante la autorización restringida de una gerencia de
empresa de indoie capita-lista.
65 <<Tentetieso».
66 Poremkin:
f.·/ ucow::ado P(}fem/.:ur
(8roneno.li'l.l" PO!em/.:in). 1925. pelicula
de Scrgei Eisenstein ( 1898-1948).
67 Po ::akonu. pe1icula de Lev Kuh:shm (
1~\'19-1948). rodada en 1926 y basa-da en un relato de Jack London.
36
después, Asia. Habían comprado, entre otras cosas,
va/inki para Daga. Estuvimos hablando en mi habitación, y a lo largo de la
conversación tocamos la cuestión del piano como mueble que en lá vivienda
,Pequeñoburg_uesa constituye el centro _propiamente dinámico de la tristeza en
ella reinante, y el centro de todas las catástrofes de la casa. Asta se sentía
electrizada por esta idea; quería escribir conmigo un articulo acerca de ello,
y Reich desa-rrollar el asunto en un sketch. ·Asia y yo nos quedamos unos-.
minutos a solas. Yo ya sólo recuerdo que pronuncié las palabras: «para la
eJernidad, lo más precioso», y que ella se rió entonces tanto1 que pensé: lo ha
entendido. Por la noche estuve con Reich en un res!aurante vegetariano cuyas
paredes estaban cubiertas de inscripciones propagandísticas. «Dios no existe
-la religión es un invento-, no hay creación». etc. Muchas de las cosas que
hacían referencia al capital no pudo traducírmelas Reich. Luego, ya en casa,
logré por fin hablar por teléfono con Roth 68 por medi~ción de Reich. Me dijo
que salia de viaje al.día siguiente por la tarde y, después de pensarlo un
momento, no me quedó otro remedio que aceptar su invitación para cenar' a las
once y media en un hotel. De lo ~ontrario, difícilmente hubiera podido ya
contar con la posibilidad de hablar con él. Hacia las once y cuarto me monté,
muy fatigado, en un trineo: Reich me había estado leyendo toda la tarde partes
de sus trabajos. Su ensayo sobre el humanismo, que, sin duda. se encuentra
todavía en un primer estadio, descansa en el fértil planteamiento de cómo la
intelectualidad francesa, precursora de la gran Revolución, pudo ser relegada
inmediatamente después de 1792 para convertirse en instrumento de la burguesía.
A lo largo de la conversación sobre esta cuestión se me ocurrió la idea de
queJa historia de los «inte.-lectuales» debería ser planteada, desde er p_unto
.de !iÍSta materia-lista,. de un modo funcional, rélacionándola estrechamente
con
.una- «His-mria de la incultura». Sus comienzos se
sitúan en la Edad Moderna, dado que las formas medievales de poder dejan de
convertirse en formas de cultura (eclesiástica) de los domina-dos con
independencia de cómo estén configuradas. El cuius re-gio eius religio derriba
la autoridad espiritual de las formas secu-lares de poder. U na historia de la
incultma de tales característi-·
68 Joseph
Roth ( !894-1939) viajó por la Unión Soviética desde finales de agosto hasta
finales de diciembre de 1926 por encargo del Frank/ilrler Zeil!'íng La serie de
articulas «Reise in Russland» aparece publicada en !8 entregas/en el FZ
de1!4-9-1926 al 19-1-1927.
37
cas enseñaría la manera en que, entre las capas
incultas, un proceso de siglos genera la energía revolucionaria a partir de su
meramo-rfosis religiosa, y los intelectuales no aparecerían siem-pre como un
simpfe ejército de renegados de la burguesía, sino como línea de avanzada de la
«incultura>>. El viaje en trineo me despejó bastante. Roth ya estaba
sentado en el espacioso come-dor. Con su ruidosa música de orquesta, dos
palmeras gigantes que sólo alcanzan hasta media altura de la sala, con barras y
bufetes coloridos, y mesas dispuestas de una forma sobria y ele-gante, acoge al
visitante como si se tratase de un hotel europeo de lujo muy adentrado en el
Este. Bebí vodka por primera vez en Rusia; comimos caviar, carne fría y
compota. Si repaso toda la velada, la impresión que Roth me deja no es tan
positiva como la que me causó en París. O puede ser - y esto es lo más
proba-ble- que en París yo ya me percatase de esas mismas cosas, entonces aún
ocultas y cuya salida a la luz me ha supuesto ahora un golpe. En su habitación
proseguirnos luego, más a fondo, una conversación iniciada en la mesa. Comenzó
leyéndome un largo artículo sobre el sistema educativo ruso 69 • Observé la
habitación; sobre la mesa aún estaban los restos de un té, al parecer
abun-dante, que habían debido de tomar en ella al menos tres perso-nas. Parece
que Roth vive a lo grande; la habitación del hotel
- de una
decoración tan europea como la del restaurante- debe de ser bastante cara, al
igual que su largo viaje informativo, que le llevó hasta Siberia, el Cáucaso y
Crimea. Durante la conversa-ción que siguió a su lectura le insté a confesarme
su color políti-co. El resultado se puede resumir en una frase: llegó a Rusia
como bolchevique (casi) convencido y la deja corno monárquico. Como suele
ocurrir, el país ha de sufragar los gastos del cambio de color ideológico de
aquellos que llegan aquí como políticos de un tono rosa-rojizo (en nombre de
una oposición «de izquier-das» y de un necio optimismo). Su rostro aparece
recorrido por numerosas arrugas y tiene un desagradable aspecto de husmea-dor.
De esto me di cuenta dos días después, cuando le volví a encontrar en el
Instituto de la Kameneva (había tenido que apla-zar el viaje). Acepté su
invitación de volver en trineo, regresando ai hotel hacia las dos. A trechos,
frente a los grandes hoteles y delante de un café de la Tverskaya, hay vida
nocturna en la .calk El frío obliga a la gente a concentrarse en manada en
estos puntos.
69 El
articulo de Roth ((Die Schule und die Jugend» apareció en el Frankjúrter
Zeilllng del 18 y 19 de enero de 1927.
38
17 DE DICIEMBRE
Visita a Da_ga. Tiene mejor aspecto del que yo
nunca le había visto antes. La disciplina del hogar infantil ejerce una fuerte
in-fluencia sobre ella. Su mirada es tranquila y segura; su rostro, más
rertondo y menos nervioso. Ha disminuido el asombroso parecido que gu<!rdaba
con Asia. Me estuvieron enseñando el centro. Me parecieron 70 muy interesantes
las aulas, con partes de sus paredes cubiertas enteramente de dibujos y figuras
de cartón. Semejantes al muro de un templo al qP~ los niños donan sus propios
trabajos como regalo a la colectividad. El rojo es el color· predomi_nante en
estas superficies. Están cuajadas de estrellas so-viéticas y de cabezas de
Lenin. En las clases, los niños no se sientan en pupitres escolares, smo en
mesas, sobre largos bancos. Cuando entra alguien, dicen «strastveitíe» 71 • Al
no ser vestidos por la institución, muchos tienen un aspecto mísero. En las
cer-canías del sanatorio juegan otros niños de las alquerías vecinas. El viaje
de ida y vuelta desde Mitischi 72 , en trineo, con el viento de cara. Por la
tarde, en el sanatorio, con Asia, de muy mal humor. Partida de dominó, a seis,
en la sala de juegos. Cena con Reich en un ·Café: una taza de café y tarta. Me
acuesto tem-prano.
18 DE DICIEMBRE
Asia vino por la mañana. Reich se había ido ya.
Fuimos a comprar la tela y, antes, a cambiar dinero al Gosbank. Ya en la,
habitación, le hable a Asia de su mal humor del día anterior. Esta mañana todo
ha ido bien, dentro de lo que cabe. La tela era muy cara. En el camino de
regreso llegamos a un lugar en donde estaban rodando. Asia me contó cómo habría
que describirlo: la gente pierde en seguida la cabeza y se pasa horas siguiendo
al equipo de filmación en su trabajo; luego llegan aturdidos al Mi-nisterio sin
poder decir dónde han estado. Es algo que a cual-quiera puede suceder si se
observa cuán[tas] veces se ha de prepa-rar aquí una sesión para poder llevarla
finalmente a término. El
70 Me
parecieron muy interesantes ... y de cabezas de Lenin: Ver: GS IV, 340-
34I: «Wer ein ... und Leninkópfem>.
71 Forma
habitual de saludo (zdravstvuite) equivalente a «buenos días».
72 Aldea
junto al río Uchá (distrito de Moscú).
39
hecho de que nada salga como estaba preparado y
previsto, esta expresión tan banal en la forma en que se desenvuelve la vida,
domina de una manera tan absoluta y tan intensa en cada caso particular, que
uno no tarda en comprender el fatalismo ruso. Cuando dentro del colectivo
empiece a imponerse el cálculo civi-lizatorio, el resultado, de entrada, no
será sino una complicación todavía mayor en la existencia de cada individuo. En
una casa donde sólo tengan velas estarán mejor abastecidos que en otra en la que
dispongan de luz eléctrica si la central está constantemen-te averiada. También
hay aquí gente que no se preocupa de las palabras y se. torna las cosas como
son, tranquilamente; por ejemplo, los niños que se abrochan los patines en la
calle. Lo azaroso que resulta 73 aquí viajar en tranvía. A través de los
cris-tales helados, uno nunca es capaz de distinguir dónde se encuen-tra. Y, en
el caso de hacerlo, encontrará cerrado e! camino hacia la salida por una masa
de gente apretujada. Pues como hay que subir por detrás, pero apearse por
delante, uno ha de abrirse paso a través de la masa. dependiendo de la suerte y
del uso desconsi-derado de la fuerza física cuándo pueda conseguirlo. Frente a
esto existe un cierto confort desconocido en Europa Occidental. Las tiendas
estatales de alimentación están abiertas hasta las once de la noche, y los
portales hasta medianoche, o áún más tarde. Hay demasiados inquilinos y
subarrendados como para poderles dar una llave de la casa a cada uno. Se ha
observado que la gente anda aquí por la calle «en serpentinas». Esto es la
simple consecuencia de la. aglomeración en sus estrechas aceras, tan es-trechas
como la~ que a veces se encuentran en Nápoles. Las ace-ras le dan a Moscú un
aire de ciudad provinciana, o, mejor aún: el carácter de una gran ciudad
improvisada que, de la noche a la mañana, se ha visto elevada a tal rango.
Compramos una tela marrón muy buena. Yo me fui después al «Instituto» a pedir
un pase para Meyerhold, encontrándome también a Roth. Después de comer estuve jugando
con Reich al ajedrez en el Dom Gerze-na. Se nos acercó Kogan con el reportero.
Me inventé que pensa-ba escribir un libro sobre el arte bajo la dictadura: la
italiana, bajo el régimen fascista, y la rusa, bajo la dictadura del
proleta-riado. Hablé también de los libros de Scheerbart y de Emil Lud-wig.
Reich se quedó muy descontento de la entrevista y me dijo que, con unas
discusiones teóricas superfluas, me había puesto
73 Lo azaroso ... una llave de la casa a cada uno
(marc.): Ver: GS IV. 330-331:
«Durch die vereisten ... Kórperkrafte ab».
40
peligrosamente al descubierto. Hasta ahora, todavía
no han 'PU~ blicado la entrevista (escribo esto el día 21); habrá que espenir a
ver qué efecto causa. Asia no se encontraba bien. En la habita-ción vecina a la
suya habían ingresado a una enferma que se ha vuelto loca a consecuencia de una
meningitis cerebroespinal, y a quien ella conocía ya del hospital. Por la
noche, Asia organizó una protesta con las otras mujeres, logrando que se
llevasen a esa enferma de allí. Reich me llevó al Teatro Meyerhold, donde me
encontré con Fanny Yelovia 74 . Pero el Instituto no mantiene buenas relaciones
con Meyerhold: he ahí que no le llamasen por teléfono y que nosotros no
consiguiéramos entradas. Tras una breve parada en mi hotel fufmos a la zona de
Krasnie vorota 75 a ver una película que, según me había dicho Panski, habría
de superar el éxito del Potemkin. De momento no quedaban locali-dades.
Compramos entradas para la sesión siguiente y nos fui-mos a tomar té a la
habitación en Yelovia, que vive cerca de allí. Era tan fría como todas las que
he podido ver hasta aKora. En la pared, de color gris, la fotografía de gran
tamaño que muestra a Lenin leyendo el Pravda. Había algunos libros en una
estantería estrecha; en la pared menor, junto a la puerta, dos cestas de viaje,
y junto a las dos paredes mayores, una cama, y, enfrente, una mesa y dos
sillas. La estáncia en aquella habitación, con una taza de té y un pedazo de
pan, fue lo mejor de la noche. Pues la película resultó ser un bodrio
insoportable, y, por añadidura, la pasaron a tal velocidad, que no se podía ver
ni entender nada. Nos fuimos antes de que acabase. El regreso en tranvía fue
como un episodio de los tiempos de la inflación. En mi habitación encontré
todavía a Reich, que volvió a quedarse a dormir.
19 DE DICIEMBRE
Ya no recuerdo muy bien cómo transcurrió la mañana.
Creo que vi a Asia y luego, después de llevarla al sanatorio. quise ir a la
Galería Tretiakoff. Pero no la encontré, y anduve vagando, con un frío que me
traspasaba, por la orilla izquierda del Mosco-va, entre obras. campos de
maniobras e iglesias. Vi a soldados del Ejército Rojo haciendo prácticas y a
niños jugando al fútbol en
74 Fanny Yc/11\'ia. se retiere probablemente a Ni
na Ermolaeva, que interpretó el papel de A \'do(ja en el Rel'isor de Meyerhold.
75 Puerta Roja u.:rasnl't' \'orola).
41
medio de ellos. Salieron niñas de un colegio.
Frente a la parada del tranvía, que tomé finalmente para regresar, había una
iglesia de un rojo brillante con un largo muro rojo por el lado de la calle,
con torre y cúpulas. Aún me fatigó más el vagar de un lado a otro debido a que
llevaba un incómodo paquetito con tres casitas de papel de colores que había
adquirido, con muchísimo esfuerzo, por el increíble precio de 30 kopeks cada
una en una tienda de una calle importante de la orilla izquierda. Tarde con Asia.
Salí a comprarle tarta. Al llegar junto a la puerta, dispuesto para salir, me
fijé en la extraña conducta de Reich, que no res-pondió cuando le dije «adiós».
Lo achaqué al mal humor. Pues, en un momento en que se ausentó unos minutos de
la habita-ción, yo le había dicho a Asia que seguramente había ido a com-prar
tarta, y luego, al volver, ella se quedó decepcionada. Cuando regresé, unos
minutos después, con la tarta, Reich estaba en la cama. Había sufrido un ataque
al corazón. Asia estaba muy ner-viosa. Me di cuenta de que su comportamiento
ante el malestar de Reich era análogo al mío, en otro tiempo, cuando Dora
estaba enferma. Protestaba, trataba de ayudar de una forma imprudente y
provocadora, y se conducía como una persona que quiere que otra tome conciencia
de hasta qué punto es injusta poniéndose enferma. Reich se fue recuperando poco
a poco. Pero al Teatro Meyerhold tuve que ir yo solo debido a este
contratiempo. Asia trajo luego a Reich a mi habitación. Él durmió en mi cama, y
yo en el sofá que Asia me había preparado. El Revisor, pese a haber sido
acortado después del estreno, duró, sin embargo, desde las ocho menos cuarto
hasta las doce. La obra tenía tres partes, con un total (si no me equivoco) de
16 cuadros 76 • Por los numerosos comentarios de Reich, yo ya tenía, más o
menos, una idea de conjunto de esta obra. Me asombró. no obstante, el tremen'do
esfuerzo realizado. Y no fue su rico vestuario 77 lo que me pareció más
destacable, sino su decorativa escenografía. Salvo unas pocas excepciones, las
escenas se desarrollaban so-bre el exiguo espacio de un plano inclinado
decorado, en cada ocasión, con elementos de estilo Imperio en caoba y
mobiliarios distintos. El resultado de ello era un gran número de encanta-dores
cuadros de género acordes con la orientación fundamen-
76 En
realidad. la obra se compone de !5
cuadros o episodios.
77 El
«rico vestuario» de la puesta en escena del Revisor fue diseñado por la modista
moscovita M. Lamanova. y la «decorativa escenografía» fue realizada por V. P.
Kiselev. según un proyecto de Mejerchol'd.
42
tal de la obra, que no era dramática, sino de
análisis socioló-gico. Aquí se le ha dado gran importancia como adaptación de
una obra clásica al teatro revolucionario, pero ,el intento se consi-dera, al
mismo tiempo, frustrado. El Partido ha dado así consig-nas contra el montaje, y
el comentario moderado del crítico tea-tral ha sido rechazado por la redacción
de Pravda. Los aplausos
· que se
escucharon en el teatro fueron escasos, pero es muy posi-ble que esto se deba
en mayor medida a la consigna oficial que a la impresión causada inicialmente
en el público. Pues la repre-sentación fue, sin duda, un deleite para la vista.
Pero algo así 78 se halla relacionado, posiblemente, con la cautela general
aquí rei-nante a la hora de manifestar la opinión en público. Cuando uno le
pregunta a una persona a quien conoce poco por su impresión sobre una obra de
teatro o una película intrascendente, lo único que averigua es: «Aquí se dice
que es así y asá>>, o bien: «En general, la idea que se tiene es tal o
cual». El principio de direc-ción teatral, la cOncentracion del acontecer
escénico en un espa-cio muy reducido, da lugar a una acumulación sumamente
lujo-sa de todos los valores, y no en último término del material
interpretativo. Esto llegó a su apogeo 79 en una escena de fiesta que
constituyó una obra maestra de dirección. En aquel pequeño recuadro, entre
pilastras de papel tan sólo insinuadas, se congre-gaban, en apretado grupo,
unas quince personas. (Reich habló de la supresión de la disposición lineal.)
El efecto de conjunto es el de una tarta (un símil muy moscovita: sólo aquí
existen las ta11as que lo harían comprensible), o, mejor aún: el de un grupo de
muñequitas que bailan sobre un reloj de música constituida por el texto de
Gogol. La obra tiene además mucha música adecua-da, y un pequeño rigodón
ejecutado al final podría convertirse en la atracción de cualquier teatro
burgués; uno no se lo espera en un teatro proletario, cuyas formas se ponen,
sobre todo, de mani-fiesto en una escena en la que el escenario se halla
dividido por una larga balaustrada; delante de ésta se encuentra el revisor, y
detrás la masa que sigue todos sus movimientos, desarrollando un juego muy
expresivo con su abrigo, ya sujetándolo con seis u ocho manos, ya echándoselo
por encima al _revisor, que está apo-yado en la baranda. La noche sobre la dura
cama transcurrió bastante bien.
78 «Pero
algo ase es tal o cual»: Ver: GS IV. 334: «Es wáre ... die Uberzeugung>>.
79 Esto
llegó a su apogeo ... en un teatro proletario (marc.): Ver la desc"ripción
de Benjamin del montaje del Revisor en GS IV. 481.
43
20 DE DlClEMBRE
Escribo el día 23 y ya no recuerdo nada de la
mañana. En vez de escribir acerca de ello, lo haré sobre Asia y nuestra
relación, a pesar de que Reich está sentado a mi lado. Me encuentro ante una
fortaleza casi inexpugnable. Me digo, no obstante, que mi simple aparición
frente a esta fortaleza que es Moscú ya constitu-ye un primer éxito. Pero
lograr alguno más que sea decisivo me parece algo de una dificultad casi
insuperable. Los evidentes éxi-tos logradus por Reich, uno tras otro, después
de medio año sumamente difícil, a lo largo del cual, y sin dominar la lengua,
ha pasado frío y tal vez, incluso, hambre, hacen que tenga una posi-
ción muy fuerte. Esta manana me ha dicho [·él] que
para dentro de medio año espera tener un empleo. Aunque con menos pa-sión, se
acomoda más fácilmente que Asia a la situación laboral de Moscú. En los
primeros tiempos, después de llegar de Riga, Asia pensó incluso en regresar a
Europa de inmediato; tan falto de perspectivas le pareció el intento de
encontrar trabajo aquí. Cuando por fin lo consiguió, y después de trabajar
algunas sema-nas en una guardería, la enfermedad la echó para atrás. De no ser
porque uno o dos días antes había obtenido el ingreso en un sindicato, se
habría quedado sin cuidados y tal vez hubiera muer-to. No hay duda de que aún
sigue sintiéndose atraída por Europa Occidental. Y no se trata únicamente del
deseo de viajar, de
visitar ciudades desconocidas o del encanto de una
bohemia mundana; es también por la influencia del desarrollo liberador que sus
ideas han experimentado en Europa Occidental, sobre todo en su trato con Reich
y conmigo. Como deda hace poco Reich, realmente es casi un misterio cómo Asia
pudo siquiera llegar aquí, en Rusia, a planteamientos tan lúcidos como los que
tenía ya al llegar a Europa Occidental. Para mí, Moscú es ahora una fortaleza;
el duro clima, que, por muy sano que me resulte, me afecta también mucho, el
desconocimiento de la lengua. la presencia de Reich y la forma de vida tan
limitada de Asia son
otros tantos bastiones. y sólo la imposibilidad
total de avanzar, la enfermedad de Asia, o. por lo menos. su debilidad. que
relega a un segundo plano todas las cosas personales que puedan afectar-la.
sólo eso hace que toda esta situación no me deprima por completo. En que medida
podré alcanzar el objetivo secundario de mi viaje: escapar a la mortal
mdancolia navideña. es algo que aún esta por ver. El que me mantenga bastante
fuerte se debe también al hecho de que. a pesar de todo. descubro una cierta
44
vinculación de Asia conmigo. Parece que e( tuteo se
va impo-niendo entre nosotros, y su mirada, cuando me mira largo rato -no
recuerdo que ninguna mujer me haya concedido nunca unas miradas y unos besos
tan largos-, no ha perdido ni un ápice de su fuerza sobre mí. Hoy le he dicho
que ahora me gustaría tener un hijo con ella. Algunos gestos, raros pero
espon-táneos y no carentes de importancia, si se tiene en cuenta el dominio que
ella se impone ahora en asuntos eróticos, me dicen que le gusto. Así, cuando para
evitar una pelea quise abandonar su habitación, ella me agarró con fuerza y me
pasó la mano por el pelo. También dice con frecuencia mi nombre. Uno de estos
días me dijo que era únicamente culpa mía que ahora no estuvié-semos viviendo
en una «isla desierta}) y tuviésemos ya dos hijos. Hay en ello algo de verdad.
Directa o indirectamente son ya tres o cuatro las ocasiones en que me he
sustraído a un futuro en común: cuando no «huí» con ella, estando en Capri;
pero ¿cómo? -me negué a acompañarla, desde Roma, ·a Asís y a Orvieto-; y cuando
en el verano de 1925 no quise irme con ella a Letonia, y [en el] invierno no
quise comprometerme a esperar-la en Berlín. No se trataba únicamente de
consideraciones de tipo económico, ni tampoco de mi fanática manía de viajar,
que en los dos últimos años ha disminuido; fue también por temor a elementos
hostiles en ella que sólo hoy me siento capaz de afron-tar. Le tlije también
que si ent0nces nos hubiéramos ligado el uno al otro, no sabría si ahora no
haría ya tiempo que nos ha-bríamos separado. Todo lo que sucede dentro y fuera
de mí tiene como consecuencia el que la idea de vivir separado de ella me
resulte menos soportable de lo que hasta ahora me había pareci-do. Esto, por
supuesto, está determinado sobre todo por el temor de que más adelante, cuando
Asia se ponga bien y viva aquí en una relación más afianzada con Reich, sólo
pueda chocar, con grandes sufrimientos, contra los límites de nuestra relación.
Y aún no sé si podría eludirla. Pues para separarme de ella total-mente no
tengo ahora ningún motivo concreto, y eso [en el] caso de que fuese capaz de
hacerlo. Lo que más me gustaría sería estar ligado a ella por un hijo. Pero lo
que no sé es si, incluso hoy, podría enfrentarme a una vida con ella, con su
asombrosa dureza y, pese a toda su dulzura, su desapego también. La vida en
in-vierno 80 tiene aquí una dimensión más: el espacio se transforma
80 La
vida en invierno ... a comprar algo: Ver: GS IV, 347: «In Moskau ... zu
kimfen».
45
literalmente, según haga frío o calor. Se vive en
la calle como en una gélida sala de espejos; el cumplimiento de cualquier
compro-miso o cualquier tipo de reflexión se hacen increíblemente difíci-les:
para echar simplemente una carta en el buzón, uno necesita habérselo estado
proponiendo durante medio día, y a pesar del rigor del frío constituye ya un
logro de la fuerza de voluntad el entrar en una tienda a comprar algo. Salvo
una gigantesca tienda de alimentación que hay en la Tverskaya donde se pueden
ver magníficas comidas preparadas, que yo sólo conozco de las ilus-traciones de
los libros de cocina de mi madre y que ni siquiera en los tiempos de los zares
pudieron ser más opíparas, tampoco las tiendas están hechas para quedarse en
ellas. Además de ser muy provincianas 81 • Es m u y raro encontrar letreros
donde aparezca bien legible el nombre de la empresa, tan corrientes en las
calles principales de las ciudades occidentales; la mayoría de las veces sólo
consignan el tipo de producto y, en ocasiones, en ellos apa-recen pintados
relojes, maletas, botas, pieles, etc. En las tiendas de cuero, también aquí
aparece dibujada, sobre un letrero de hojalata, la tradi[ci]onal piel
extendida. Las camisas están pinta-das normalmente en una placa en la que pone
«Kitaiskaya Pra-cheshnaya)): lavandería china. Se ve 82 a muchos mendigos
supli-cando con largos discursos a los viandantes. Cada vez que pasa a su lado
un transeúnte del que espera recibir algo, uno de ellos inicia un tenue
lloriqueo. Vi también a un mendigo en actitud idéntica a la del infeliz al que
San Martín le corta con la espada la mitad de su capa: arrodillado y con un
brazo extendido. Poco antes de Navidad había en la Tverskaya dos niños sentados
en la nieve, siempre en el mismo sitio, junto al muro del Museo de la
Revolución, cubiertos de andrajos y gimoteando. Una expresión de la invariable
miseria de estos mendigos, aunque también es posible que sea el resultado de
una sabia organización, es, por otra parte, el que sólo sean de fiar los que
están delante de todas las instituciones moscovitas, manteniéndose siempre en
su sitio. Pues, por lo demás, aquí todo está bajo el signo de la remonta 83 •
En las desnudas habitaciones, los muebles se cambian de lugar
81 Ademds
de ser... pieles. etc.: Ver: GS IV, 340: «Hier gibt... den Firmenna-men».
8 2 Se ve ...
con que éste se paga (marc.): Ver: GS IV, 324: «Lange flehende ... sie
wimmertem>. 325: «1m übrigen ... alles verschiebt»; 325: «Diese erstaunliche
... ist russisch>>: 328: «Ailwóchentlich werden ... zu vertreibem>.
8 3 Remonta:
reparación, renovación general.
46
todas las semanas; éste es el único lujo que uno
puede permitirse con ellos, y es también, al mismo tiempo, un medio rad!cal
para alejar de la casa el «calor hogareño» junto con la melancolía con que éste
se paga. Los organismos oficiales, los museos y los insti-tutos están
constantemente cambiando de emplazamiento, y también los vendedores callejeros
aparecen cada día en un lugar diferente al que les ha sido destinado. Todo 84 :
crema de zapatos, libros ilustrados, objetos de escritorio, tartas y pan, e incluso
pañuelos, se vende en plena cal1e, como si en vez de un invierno moscovita de
25° bajo cero reinase un verano napolitano. Por la tarde, en la habitación de
Asia, dije que quería escribir sobre teatro en la revista Literarische Welt.
Tuvimos una breve discu-sión, pero luego le pedí que jugase conmigo al dominó.
Y final-mente dijo: «Bueno, si me lo pides ... Me encuentro muy débil. No puedo
negarme a nada que se me pida.» Pero después, cuan-do llegó Reich, Asia volvió
a referirse nuevamente a aquel asun-to, produciéndose un altercado muy
violento. Sólo antes de mar-charme, cuando me levanté de un rincón junto a la
ventana para seguir a Reich a la calle, Asia me cogió por fin la mano y me
dijo: «No es tan grave ... » Por la noche, todavía discutimos breve-mente
acerca de ello en mi habitación. Luego, él se fue a casa.
21 DE
DICIEMBRE
Recorrí todo el Arbat hasta llegar al mercado que
está junto al bulevar Smolensk. Hacía mucho frío aquel día. Mientras ca-minaba
fui comiendo chocolate que me había comprado por el camino. La primera hilera
del mercado 85, que se extendía a-lo largo de la calle, estaba llena de
tenderetes navideños y de pues-tos de juguetes y papelería. Detrás vendían
artículos de ferretería y para el hogar, zapatos, etc. Se parecía un poco al
mercado de la Arbatskaya Plóschtad, sólo que aquí, me parece, no había pro-ductos
de alimentación. Pero antes siquiera de alcanzar los ten-deretes, el camino
está orlado de cestos de comida, de adornos _para los árboles y de juguetes,
tan pegados unos a otros, que es casi imposible acceder a la acera desde la
calzada. En un tendere-
84 Todo:
crema de zapatos ... verano napolitano: Ver: GS IV, 320: «Schuhcrem und ...
neapolitanischer Sommem.
85 La
primera hilera ... desde/a calzada (marc.): Ver: GS IV, 321: «Der
Stras-senhandel... der Alteisenhándlem.
47
te compré una postal kitsch; en otro sitio, una
balalaika y una casita de papel. También aquí me encontré calles con rosas de
Navidad, grupos de flores heroicas que irradian una luz muy intensa de nieve y
hielo. Me fue difícil, cargado como iba, encon-trar el Museo del Juguete. Lo
habían trasladado del bulevar Smolensk a la Ulitsa Krapotkina 86 , y, cuando
por fin lo encon-tré, me sentía tan agotado que casi estuve a punto de darme
media vuelta en el umbral: pensé que la puerta, que no cedió de inmediato, estaba
cerrada. Por la tarde, con Asia. Por la noche, a una obra muy mala (Alejandro 1
e Iván Kusmich) en el Teatro Korsh 87 . El autor descubrió a Reich en un
descanso -dijo que el protagonista de su obra estaba emparentado
espiritualmente con Hamlet-, y sólo a duras penas logramos escaparnos de los
últimos actos burlando su vigilancia. Después del teatro creo re-cordar que aún
compramos comida. Reich durmió en mi habi-tación.
22 DE DICIEMBRE
En mis conversaciones con Reich descubro cosas
importan-tes. Por la noche, con frecuencia hablamos largo rato acerca de Rusia,
del teatro y del materialismo. Reich está muy desencanta-do de Plejanoff. Traté
de exponerle la oposición existente entre la forma de representación
materialista y la universalista. La uni-versalista es siempre idealista, dado
que no es dialéctica. Pues la dialéctica avanza necesariamente en unadirección
tal, que cada tesis o antítesis con la que se encuentra la vuelve a representar
como una síntesis de estructura triádica, penetrando por este camino, cada vez
más, en el interior del objeto, y representando al universo únicamente en él
mismo. Cualquier otro concepto de universo carece de objeto, es idealista.
Traté también de demos-trar el carácter no materialista del pensamiento de
Plejanoff por el papel que en él desempeña la teoría apoyándome en una
opo-sicion entre teoría y método. En su afán de representar lo gene-ral, la
teoría flota por encima de la ciencia, mientras que lo ca-racterístico del
método es el que todo estudio general de principio vuelve a encontrar de
inmediato un objeto que le es
86 Calle.
87 Temro
Korsh: teatro fundado por Fedor Korsh ( 1852-1923); incorporado de 1925 a 1926
a la red de teatros nacionales; cerrado en 1932.
48
propio. (Ejemplo del estudio. de la relación entre
los conceptos de tiempo y espacio en la teoría de la relatividad.) En otra
ocasión hablamos del éxito como criterio decisivo para el escritor «me-diano» y
de la estructura peculiar de la «grandeza» en los gran-des escritores: son
«grandes>> porque su influjo es histórico, y no al contrario, porque a
través de su poder relativo posean un in-flujo histórico. Sobre el hecho de que
a estos «grandes» escritores sólo se les vea a través de las lentes de los
siglos, que se dirigen a ellos ampliando y coloreando. Y también: sobre cómo
esto pro-picia una actitud absolutamente conservadora frente a las
autori-dades, actitud conservadora que justamente sólo puede explicar-se sobre
la única y exclusiva base del materialismo. En otra ocasión habiamos de Proust
88 (yo le leí algo de la traducción); luego, sobre política cultural rusa: el
«programa educativo» para los obreros, partiendo del cual se les intenta hacer
llegar toda la literatura universal; el abandono de los escritores de
izquierdas, que en los tiempos del comunismo heroico desempeñaron el pa-pel
rector; el fomento del arte rústico reaccionario (la exposición de la Acher) 89
. Todo ello me volvió a parecer muy actual des-pués de ir con Reich ese día por
la mañana a la oficina de la Enciclopedia. Este proyecto deberá estructurarse
en treinta o cuarenta tomos, reservando uno en exclusiva para Lenin. Senta-do
tras su escritorio (cuando [fuimos] por segunda vez; nuestra primera visita
resultó fallida) había un joven muy agradable al que Reich me presentó
ponderándole mis conocimientos. Cuan-do luego le expuse el esquema de mi
«Goethe», no tardó en ponerse de manifiesto su inseguridad intelectual. Algunos
aspec-tos de este esbozo le intimidaron y finalmente acabó por pedirme una
semblanza de tinte sociológico. Aunque, en el fondo, no es posible caracterizar
la vida de un poeta desde el punto de vista materialista, sino sólo su
influencia histórica. Pues, haciendo abstracción de su influencia sobre las
generaciones posteriores, la
88 Pro11.1L.
1raducción: según se infiere de su correspondencia con la editorial Die
Schmiede. Benjamín estaba trabajando en ese momento en la traducción del tercer
volumen de «A la recherche du temps perdu» (Le cúlé de Guerrnames).
Anteriormente. Benjamín ya habia realizado la traducción del segundo tomo (A
/'umbre des wunes tilles en (leurs. conjuntamente con Franz Hessel) y del
cuarto
(Sudome er .Gumorrhe). .
89 Acher:
Asociación de Artistas de la Rusia Revolucionaria ACHRR (Asso-ciaciia
chudozhnikov revolucionnoi Rossii). La ACHRR ( 1922-1932) se conside-ra la
sucesora de los «pintores ;¡mbulantes» ( 1870-1923). Luchó contra el
forma-lismo y defendió una pintura de genero realista-naturalista.
49
existencia, e incluso la mera obra temporal de un
artista, no ofrece objeto alguno de estudio al análisis materialista.
Probable-mente nos encontramos aquí también ante la misma universali-dad e
inmediatez carentes de método que caracteriza a los plan-teamientos
completamente idealistas y metafísicos de la Intro-ducción al materialismo
histórico de Bujarin 90 • Por la tarde, con Asia. En su habitación está
últimamente una comunista judía que le cae muy bien y con la cual habla mucho.
A mí, su presencia me resulta menos agradable, pues ahora, aunque no esté
Reich, tam-poco puedo hablar ya a solas con Asia. Por la noche, en casa.
23 DE DICIEMBRE
Por la mañana estuve en el Kustarny Museum 91 • De
nuevo pude ver juguetes muy bonitos; la exposición está organizada aquí también
por el director del Museo del Juguete. Lo más bonito son, tal vez, las figuras
de cartón piedra. Se encuentran a menudo sobre un pequeño pedestal, que puede
ser bien un dimi-nuto organillo al que se puede hacer girar, bien un plano
inclina-do que, al presionarlo, emite un sonido. También hay figuras muy
grandes de esta misma pasta que representan a personajes ligeramente rayanos en
lo grotesco y que pertenecen ya a un período de decadencia. En el museo había
una chica muy simpá-tica y pobremente vestida conversando en francés sobre los
ju-guetes con dos niños de los cuales era institutriz. Los tres eran rusos. El
museo tiene dos salas. En la mayor, donde están los juguetes, hay también
muestras de trabajos en madera lacada, y tejidos; en la pequeña, tallas
antiguas en madera [y] cajas en forma de patos u otros animales, herramientas,
etc., así como trabajos de forja. Fracasé en mi intento de encontrar alguno~
objetos del carácter de los juguetes antiguos que hay en el alma-.. cén alojado
abajo, en una sala muy grande aneja al museo. Pero en él pude ver también el
mayor depósito de adornos para el árbol de Navidad que he visto nunca. Luego
estuve en el Institu-to de la Kameneva a buscar entradas para Lies 92 ,
encontrándo-
. 90 Nicolai Bujarin ( 1888-1938). presidente de
·la Komintern entre 1926 y 1930. redactor jefe de l::vestia. Teorfa del
materialismo histlirico ( 1922).
91 Museo de Artes Aplicadas.
92 Les
(El bosque). drama de Aleksandr Ostrovski ( 1823-1886 ). La puesta en escena de
Mayerhold a la que asistió Benjamin fue estrenada el 19 de enero
de 1924.·
50
.
me con Basseches 93 • Anduvimos un trecho juntos, y
ya eran las tres y media cuando por fin llegué al Dom Gerzena. Reich llegó
todavía más tarde, cuando yo ya había acabado de comer. Volví a pedir café,
como ya había hecho en otra ocasiqn, y me juré no volver a probarlo. Por la
tarde hubo una partida de dominó, a cuatro, jugando yo con Asia por primera vez
y ganando brillan-temente a Reich y a la compañera de habitación. Con ésta me
encontré yo luego en el Teatro Meyerhold mientras Reich iba a la sesión de la
«Vapp». Para entenderse conmigo estuvo hablando en yiddish. Con algo más de
práctica, la cosa hubiera funciona-do, pero, de momento, no me sirvió de mucho.
La velada me fatigó bastante, pues ya fuese por un malentendido, o también,
posiblemente, debido a su impuntualidad, llegamos demasiado tarde, por lo que
el primer acto lo tuvimos que ver de pie, en las gradas. A esto se añadía el
ruso. Asia no se durmió hasta que no llegó su compañera de habitación. Aunque
luego, según me con-tó al día siguiente, la respiración regular de ésta la
había hecho dormirse. La famosa escena de la armónica en Lies 94 es real-mente
muy bella, pero la imagen que me había formado de ella a partir del relato de
Asia era ya tan maravillosamente sentimental y romántica, que necesité algún
tiempo para familiarizarme con la realidad escénica de este episodio. La obra,
por lo demás, está llena de las ideas más maravillosas: la interpretación del
come-diante excéntrico que pesca con caña, creando la ilusión de los coletazos
del pez con la mímica de las contracciones de la mano; la escena de amor que
tiene lugar en los pasos de gigante y toda la actuación sobre la pasarela que
va desde un andamio al esce-nario. Por primera vez entendí claramente la
función de la dispo-sición constructivista de la escena, y de una forma mucho
más clara que cuando Tairoff 95 actuó en Berlín, por no hablar de lo que había
visto, por ejemplo, en fotografía.
93 Nikolaus
Basseches ( 1895-1961 ). ingeni~ro y periodista ruso.
94 En la
versión original de Les no hay ninguna «escena de la armónica>>. La
escena digna de tal nombre surgió como resultado de la adaptación de
Meyer-hold. Con independencia de la adición de la armónica. esta escena
responde a la
que tiene lugar entre Piotr y Axinia (acto 4. 0
• escena 5. 3 ).
95 La compañía teatral de Tairov actuó en Berlín en 1923.
51
24 DE DICIEMBRE
Algo acerca de mi habitación. Todos los muebles
llevan una chapa en la que pone: «Hostelería de Moscú», y luego, el núme-ro del
inventario. Todos los hoteles pertenecen a la administra-ción estatal (¿o, tal
vez, municipal?). Las ventanas dobles de mi habitación, ahora, en invierno,
están hermetizadas con masilla. Sólo se puede abrir una trampilla que hay en lo
alto. El pequeño lavabo es de chapa, esmaltado por debajo y muy pulido por
arri-ba, y con un espejo. La pila tiene un desagüe en el fondo que no se puede
tapar. Hay un grifo del que sale un hilillo de agua. La pieza se caldea desde
fuera de ella, pero, debido a un especial emplazamiento de la habitación,
también está caliente el suelo, por lo que, cuando el frío es moderado y el
ventanuco está cerra-do, el calor se hace agobiante. Por la mañana, antes de
las 9, cuando ya han encendido la calefacción, un empleado llama siempre a la
puerta preguntando si está cerrada también la tram-pilla. Es lo único de lo que
uno puede estar aquí seguro. El hotel no tiene cocina, por lo que ni siquiera
se puede pedir una taza de té. Y una vez que pedimos que nos despertasen, la
víspera del día en que fuimós a ver a Daga, entre el schweitzer *(este es el
nom-bre ruso de los empleados de hotel) y Reich tuvo lugar una con-versación
shakespeariana sobre el tema «despertar». A la pregunta de si nos podrían
despertar, el hombre respondió: «Si pensamos en ello, les despertaremos. Pero
si no pensamos en ello, no les despertaremos. La verdad es que, por lo general,
solemos pensar en ello; y entonces despertamos. Pero claro, a veces nos
olvida-mos; cuando no pensamós en ello 96 . Y entonces no desperta-mos. No
tenemos obligación de hacerlo, pero si nos acordamos a tiempo, pues lo hacemos.
¿Cuándo quieren que les despertemos? A las siete. Lo apuntaremos. Aquí dejo la
nota, como pueden ver; ¿la verá él? Porque, si no la ve, lógicamente no le
despertará. Pero la mayoría de las veces despertamos.)) Al final, lógicamente,
no nos despertaron, diciéndonos después: «Es que como ya esta-ban Vds.
despiertos, ¿cómo les íbamos a despertar?)) Parece que en el hotel hay un
montón de «suizos)) así. Se alojan en un cuartito de la planta baja. Hace poco,
Reich preguntó si había llegado alguna carta para mí. El hombre dijo que no, a
pesar de
96 Cuando
no pensamos..: p11es lo hacemos: Ver GS IV, 329-330: «Einmal muss ich ...
wecken wir ja».
*«Suizo», en alemán
[N. de la T.].
52
tener las cartas delante de sus narices. Otra vez
alguien trató de localizarme por teléfono en el hotel, le dijeron: «Ya no vive
aquí.» El teléfono está en el pasillo y desde la cama puedo oír a menudo
conversaciones en voz alta hasta pasada la una de la madrugada. La cama tiene
un gran hoyo en el medio y cruje al menor movimiento. Teniendo en cuenta que
Reich ronca a me-nudo por la noche tan fuerte que me despierta, me resultaria
muy difícil dormir si no fuese porque siempre me acuesto muer-to de cansancio.
A la hora de la siesta suelo quedarme aquí dor-mido. La cuenta hay que pagarla
a diario, pues a toda suma que pase de los 5 rublos se le carga un impuesto del
10%. Es obvio el increíble derroche de tiempo y energías que esto supone. Reich
y Asia se habían encontrado en la calle y llegaron juntos. Asia se sentía mal y
había cancelado su cita con Birse para la noche. Querían quedarse en mi
habitación. Ella se había traído la tela y salimos. La llevé a la modista antes
de ir a! Museo del Juguete. De camino, entramos en una relojería. Asia entregó
mi reloj. El relojero era un judío que sabia alemán. Después de despedirme de
Asia tomé un trineo para ir al museo. Temía llegar demasiado tarde, pues aún no
me he acostumbrado a la noción que los rusos tienen del tiempo. Visita al museo
acompañado de un guía. El director, tov. 97 Bartram, me regaló su obra Del
juguete al teatro
.infantil, que sería mi regalo de Navidad para
Asia. fuego, a la Academia; pero Kogan se había ausentado. Me había apostado en
la parada del autobús para regresar, cuando vi tina puerta abierta con el
letrero de «Museo», no tardando en averiguar que me hallaba ante la «segunda
colección del nuevo arte occiden-tal». Aquel museo no figuraba en mi plan de
visitas, pero, como lo tenía delante, entré. Ante un CJJadro
extraordinariamente be-llo de Cézanne me vino a la cabeza la idea de hasta qué
punto es incluso lingüísticamente erróneo el uso del término «Einfüh-lung» *.Me
pareció que, por mucho que se abarque una pintura, no por ello se penetra en su
espacio; sucede más bien que el espacio se expande primariamente en algunos
puntos concretos y diferentes, abriéndosenos en ángulos y rincones donde
creemos poder localizar importantes experiencias del pasado; en esos puntos hay
algo inexplicablemente conocido. Este cuadro se ha-
97 Abreviatura de tovarishch: compailero;camarada.
* Yocablo
alemán utilizado en la estética. y comúnmente traducidb por «en-dopatía» o
«empatía>>, para significar la participación afectiva de un sujeto en
algo exterior a él IN. T.]. ·
53
liaba en la pared central de la primera sala de las
dos dedicadas a Cézanne, justo enfrente de la ventana, a plena luz.
Representaba una carretera a través de un bosque. En uno de sus lados aparece
un grupo de casas. No tan extraordinaria como la de Cézanne es la colección de
Renoir de este museo. En ella hay, no obstante, cuadros muy beilos también,
sobre todo de su primera época. Pero lo que más me impresionó de las primeras
salas fueron, ante todo, dos cuadros de los bulevares de París, colgados uno frente
al otro, como haciendo juego. El uno es de Pissarro, y el otro, de Monet. Ambos
representan la ancha calle desde un lugar elevado que, en el primero, se sitúa
en el centro y, en el segundo, en un lateral. La posición es tan lateral, que
las siluetas de dos señores asomados a la calle tras las rejas de un balcón se
introdu-cen lateralmente en el cuadro como si estuviesen casi pegados a la
ventana desde la cual se está pintando. Y mientras que la mayor parte de la
superficie del cuadro de Pissarro aparece cu-bierta por el gris del asfalto,
transitado por un gran número de carruajes, en el de Monet está ocupada en su
mitad por la pared luminosa de una casa que resplandece entre árboles de color
amarillo otoñal. Al pie de la casa, casi tapadas enteramente por el follaje, se
adivinan las sillas y mesas de un café, que parecen muebles rústicos en medio
de un bosque soleado. Pero Pissarro refleja lo que da fama a París, la línea de
los tejados cubiertos de chimeneas. Sentí su nostalgia de esta ciudad. En un gabinete
de la parte posterior, junto a dibujos de Louis Legrand y de Degas, un cuadro
de Odilon Redón. Tras el viaje en autobús comenzó un largo vagar hasta
alcanzar, una hora después de lo acordado, la tabernita donde me había citado
con Reich. Como ya eran cerca de las cuatro tuvimos que separarnos en seguida,
quedando en encontrarnos en la gran tienda de alimentación de la Tverska-ya.
Sólo faltaban unas horas para la Nochebuena, y la tienda estaba abarrotada de
gente. Cuando estábamos comprando ca-viar, salmón y fruta, nos encontramos con
Basseches, cargado de paquetes. De un humor muy bueno. El de Reich, en cambio,
era malo. Estaba muy enfadado por mi retraso, y el pez chino de papel que había
comprado por la mañana en la calle y que me veía obligado a arrastrar conmigo,
junto con todas las otras co-sas, como testimonio de mi manía de coleccionar no
sirvió preci-samente para ponerle de mejor humor.' Al final habíamos com-prado
también tarta y dulces, así como un arbolito adornado con lazos, y con todo ello
me fui a casa en trineo. Ya hacía rato que había anochecido. El avanzar por
entre tanta gente, cargado con
54
.
el árbol y con los paquetes, me había fatigado. Ya
en mi habita-ción, me eché en la cama, leí a Proust y comí nueces azucaradas de
las que habíamos comprado porque le gustan a Asia. Pasadas las siete llegó
Reich, y algo más tarde Asia. Se pasó toda la velada echada en la cama, y
sentado en una silla, a su lado, Reich. [Cuando], después de mucho esperar,
llegó también un samo-var 98 -al principio lo habíamos pedido inútilmente,
pues, al parecer, un huésped los había encerrado todos en la habitación y se había
marchado-, y cuando su murmullo me llenó con la sensacion de estar en una
habitación rusa y pude contemplar, muy de cerca, el rostro de Asia, que estaba
tumbada enfrente, sólo entonces, por primera vez desde hacía muchos años, sentí
calor en la Nochebuena cerca del pequeño abeto metido en el tiesto. Hablamos
del trabajo que Asia debería aceptar, y, luego, de mi libro acerca de la
tragedia; leí con voz alta el prólogo, dirigido contra la Universidad de
Francfort 99 • Para mi puede
98 Tetera tradicional rusa que se calienta con
carbón vegetal.
99 Como es sabido, Benjamin quería opositar a una
cátedra de la Universidad de Francfort con su trabajo de investigación Ursprung
des deutschen Trauerspie/s (Berlín, 1928), pero tuvo que retirar su trabajo
ante su previsible rechazo. El prólogo de cuya lectura habla aqui Benjamin no
es el «Erkenntniskritische Vo-rrede» del libro sobre la tragedia. sino una nota
preliminar incluida en la versión impresa del libro que describe en forma de
«cuento» del «espinoso» contacto de Benjamin con la «ciencia» institucionalizada:
«lch móchte ,das Marchen vom Dornróschen zum
zweiten M ale erzahlen. Es schlaft in seiner Dornenhecke. Und dann, nach so und
so viel Jahren wird
es wach.
Aber nicht vom Kuss eines glücklichen Prinzen.
Der Koch hat es aufgeweckt, als er dem Küchenjungen
die Ohrfeige gab, die, schallend von der aufgesparten Kraft so vieler Jahre,
durch das Schloss hallte.
Ein schónes Kind schlaft hinter der dornigen Hecke
der folgenden Seiten. Dass nur kein Glücksprinz im blendenden Rüstzeug der
Wissenschaft ihm
nahe kommt. Denn im brautlichen Kuss wird es
zubeissen.
Vielmehr hat sich der Autor, es zu wecken, als
Küchenmeister selber vorbe-halten. Zu lange ist schon die Ohrfeige fallig, die
schallend durch die Halle der Wissenschaft gellen sol!. Dann wird auch diese
arme Wahrheit erwachen, die am altmodischen Spinnrocken sich gestochen hat, als
sie, verbotnerweise, in der Rumpelkammer einen Professorentalar sich zu weben
gedacht.» (Briefe, 418).
[Desearía contar, por segunda vez, el cuento de la
Bella Durmiente.
· Duerme en su seto de zarzas. Y luego, al cabo de
equis años, se despierta.
Pero no la despierta el beso de un príncipe feliz.
La ha despertado el cocinero al darle al pinche la
sonora bofetada que retum-bó por todo el palacio con la fuerza acumulada
durante tantos años. Una hermo-sa criatura duerme tras el seto espinoso de las
páginas siguientes.
Que no se le acerque ningún príncipe azul
pertrechado con las deslumbrantes armas de la ciencia. Pues, al darle el beso,
le ha de clavar los dientes.
55
llegar a ser Importante el que Asia diJera que, a p
... -:.u de todo, tengo que escnb1r: rechazado por la Umversidad de ~rancfort
del
Meno. Esa noche nos sentimos muy umdos. Asia se nó
mucho de algunas cosas que le dije. Y otras, tales como la idea de escri-bir un
artículo sobre la filosofía alemana como instrumento de la política interior de
Alemania, la animó a manifestar Impetuosa-mente su conformidad. No acababa de
decidirse a marchar; se sentía bien y cansada. Pero finalmente se fue cuando
aún no eran las once. Yo me acosté en seguida, pues, a pesar de haber sido tan
breve, mi noche estaba cumplida. Comprendí que la soledad no existe para
nosotros cuando la persona que amamos está también sola, aunque se encuentre en
un lugar diferente donde no podemos alcanzarla. Parece, pues, que en el fondo
el sentimiento de soledad es un fenómeno reflexivo que sólo nos afecta cuando
refleja sobre nosotros a personas conocidas - la mayoría de las veces, a
personas que amamos- divirtiéndose en compañía de otros. sin nosotros. E mcluso
el que está solo en la vida, sólo lo está al pensar en la muJer, aunque sea
desconocida, o en una persona que no está sola y en cuya compañía tampoco se
encuentra él.
25 DE DICIEMBRE
Me he resignado a arreglármelas con el poco ruso
que soy capaz de chapurrear y a no segmr estudiándolo de momento, pues necesito
demasiado mi tiempo aquí para otras cosas: para traducir y para escribir
artículos. Si vuelvo otra vez a Rusia, no podré hacerlo sin algunos
conocimientos linguísticos que habría de adquirir previamente. Pero como de
momento no estoy pla-neando ninguna ofensiva para el futuro, aún no tengo plena
se-guridad de ello: en otras circunstancias todavía más desfavora-bles que las
presentes, tal vez me resultase demasiado difíciL Un segundo viaje a Rusia
debería cimentarse, por lo menos, en un contexto literario y económico. El
desconocimiento del ruso nunca me había resultado tan molesto y torturante como
el día
Es, antes b1en, el autor quien. como Jefe de cocma,
se ha reservado para s1 el derecho de despertarla Ya va siendo hora de que la
bofetada resuene por las estancias de la nenc1a. Entonces despertara tamb1en
esa pobre verdad que se pmcho con la anticuada rueca cuando se d1spoma.
mdeb1damente. a teJerse en el desvan un talar profesora!.)
56
áe Navidad.
Estuvimos comiendo en casa de la
compañera de
· habitación
de Asia: yo había dado el dinero para comprar un ganso. Jo cual había sido,
uno~ días antes, motiv? de disputa 'éntre Asia y yo. Por fin nos traJeron el
ganso, servido ya en los platos, en raciones individuales. Estaba mal cocido,
duro. Comi-mos en un escritOJio en torno al cual nos encontrábamos unas seis u
ocho personas. No hablaban nada más que ruso. La entra-aa, un pescado frío al
estilo judío, estuvo muy buena, y también
.la sopa. Después de comer, yo me retiré a la
habitación contigua
.y me dormí. Luego permanecí aún despierto un rato,
echado en ·'el sofá, sintiéndome muy triste; como luego me ha sucedido con
tanta frecuencia, se me aparecieron imágenes de la época en que, siendo
estudiante, me marché de Múnich a Seeshaupt. Más tar-de, Reich y Asia
intentaron traducirme, en ocasiones, retazos de la conversación. pero eso sólo
sirvió para hacer que me sintiera ·doblemente fatigado. Hablaron durante un
rato 100 de un general que había pertenecido en otro tiempo a la Guardia Blanca
y que
.mandó ahorcar a todos los soldados del Ejército
Rojo que había hecho prisioneros en la guerra civil, y que ahora era profesor
en la Academia Militar. Discutieron acerca de cómo habría'que juz-·gar e~to. La
más ortodoxa y fanática a lo largo de la conversación ·fue una joven búlgara.
Por tin nos marchamos: Reich, •delante, con la búlgara, seguidos por Asia y por
mí. Y o estaba completa-mente agotado. Ese día no había tranvías. Y como
nosotros, Reich y yo, no podíamos ir con ellas en autobús, no nos quedó :otro
remedio que hacer a pie el largo trayecto hasta el segundo ?Michad 101 . Reich
quería ver la Orestfada para completar su ma-rterial acerca de «La
contrarrevolución en la escena>>. Nuestras localidades se hallaban en el
centro de la segunda fila. Nada más ·entrar en la sala. percibí olor a perfume.
No vi a un solo comu->nista con blusón azul. y sí a algunos que podrían
encontrar aco-gida en cualquier álbum de George Grosz. La obra respondía
"enteramente al estilo de un teatro cortesano completamente apo-clíllado.
El director carecía no sólo de toda posible capacidad pro-fesional. sino
también de la reserva más elemental de mforma-ción imprescindible para abordar
una tragedia de Esquilo. Su
escasa
imaginación parece estar
ocupada enteramente por un
.l
.. ~00
Hahlaron durante un ralo de la Guard1¡1
Blanw Ver ¡,,\
IV, 126 ;<So
wurde Um~tande
hangen»
.~·~ 101 El segundo estudiO del Teatro Academtco de
Artt~ta~ de M<l\lU (Mo\"-ovs-ki ChudozheMvennyl Teatr. abrevmdo como
MCHA 1)
57
descolorido helenismo de salón. La música sonó casi
ininterrum-pidamente, predominando, entre otras cosas, Wagner: Tristán, el
fuego mágico.
26 DE DICIEMBRE
La estancia de Asia en el sanatorio parece tocar a
su fin. El haber estado tumbada al aire libre durante los últimos días, le ha
sentado bien. Le encanta estar echada dentro del saco y oír los graznidos de
los cuervos en el aire. Está convencida de que los pájaros están perfectamente
organizados, siendo informados por su jefe de lo que han de hacer; dice que
ciertos graznidos precedi-dos de una larga pausa son las órdenes que todos han
de obede-cer. En los últimos días, apenas he podido hablar a solas con Asia,
pero en las escasas palabras que intercambiamos creo sen-tirla tan unida a mí,
que me siento tranquilizado y bien de áni-mo. Apenas sé de nada que ejerza un
efecto tan intensamente curativo sobre mí como las preguntas más
insignificantes que ella me hace acerca de mis asuntos. Cierto es que no lo
hace muy a menudo. Pero aquel día, por ejemplo, quiso saber en mitad de la
comida, durante la que, por lo demás, sólo se habló ruso, qué cartas había
recibido el día anterior. Antes de comer habíamos jugado al dominó, formando
tres equipos. Después de la comida, la cosa marchó, sin embargo, mucho mejor
que el día anterior. Cantaron adaptaciones comunistas (aunque apenas se trataba
de parodias, como yo creí) de canciones en yiddish. Parece que, excepto Asia, todos
los que nos encontrábamos en la habitación éramos judíos. Había también un
secretario sindical de Vladivos-tok que había venido aquí, a Moscú, para
asistir al VII Congreso Sindical. En torno a la mesa se había reunido, pues,
toda una colección de judíos, desde Berlín hasta Vladivostok. A Asia le.
llevamos a casa antes de la hora. Luego invité a Reich a tomar una taza de café
antes de ir a casa. Éste empezó a decir que cuanto más mira a su alrededor, más
le parece que los niños son como una gran plaga. En casa de la camarada estaba
también de visita un niño pequeño, muy obediente, por cierto, pero que al
final, cuando estábamos todos jugando al dominó y ya llevába-. mos dos horas
esperando la comida, se había puesto. a-llorar. Pero en quien Reich pensaba en
realidad era en Daga. Habló de las angustias crónicas de Asia, relacionadas con
Daga la mayoría de las veces, y volvió a referirme toda la historia de su
estancia en
58
Moscú. Y o ya había admirado frecuenteménte su gran
paciencia en el trato con ella. Y lo que ahora manifestaba no era ninguna clase
de disgusto o resentimiento, sino simplemente la tensión acumulada, de la cual
se descargó en su conversación conmigo. Lamentaba que, justamente ahora, cuando
para ella todo depen-de de dejar que las cosas sigan su curso y ver qué pasa,
el «egoís-mo» de Asia fallara. La inquietud por su futura residencia, la idea
del traslado que posiblemente tendria que afrontar, era algo que la
atormentaba. En el fondo, sus aspiraciones actuales se centran en unas semanas
de tranquila y cómoda existencia bur-guesa que, lógicamente, tampoco Reich le
puede proporcionar en Moscú. La verdad es que yo no había notado su inquietud.
No la percibirla hasta el día siguiente.
27 DE DICIEMBRE
La habitación de Asia en el sanatorio. Estamos allí
casi a diario desde las cuatro hasta la siete. Generalmente, hacia las cinco,
una paciente se dedica a tocar la cítara en una habitación vecina durante una o
media hora. Nunca toca otra cosa que unos tristes acordes. La músicá no está
nada a tono con esas frias paredes. Pero a Asia no parece molestarle demasiado
ese punteo tan monótono. Cuando llegamos, ella suele estar, normalmente, echada
en la cama. Frente á ella, sobre una mesita, hay leche, pan y un plato con
azúcar y huevos, que, por lo general, compar-te con Reich. Este día le dio uno
para mí, escribiendo en él «Benjamín». Encima del vestido, Asia lleva una bata
del sanato-rio de lana gris. Por lo demás, en la parte más confortable de la
habitación, reservada a ella, hay tres sillas de diferentes tipos, entre las
cuales se encuentra el sillón hondo en el que suelo sentarme casi siempre, y
también una mesita de noche con revis-tas, libros, medicamentos, un pequeño
cuenco de colores, proba-blemente suyo, la cold cream que le traje de Berlín,
un espejo de mano que le regalé en una ocasión y, durante algún tiempo, también
estuvo encima el esbozo para la cubierta de Einbahn-strasse que me hizo Stone.
Asia trabaja a menudo en una blusa que quiere confeccionarse sacando hilos de
una tela. Focos lumi-nosos de las calles moscovitas 102 . Son: la nieve. que
refleja la
102 Focos
luminosos de las . . para desplazarse (marc.): Ver: GS IV. 319: «Aber in Moskau
... durchs Dunkeb>.
59
iluminación hasta tal punto, que casi todas las
cailes tienen clari-dad; las potentes lámparas de carburo de los tenderetes y
los faros deslumbrantes de los automóviles, que emiten su luz por las calles
hasta cientos de metros de distancia. En otras grandes ciudades, los coches
tienen prohibido llevar estas luces: aquí no se les ocurre nada más atractivo
que esta acentuación tan desca-rada de los pocos vehículos que, puestos al
servicio de algunos «Nep» (y, por supuesto, también de los gobernantes), superan
la dificultad general para desplazarse. Sobre este día son pocas las cosas
importantes que reseñar. Por la mañana, trabajando en casa. Después de comer
estuve jugando con Reich al ajedrez; me venció en dos partidas. Este día, Asia
estaba de peor humor,
poniéndose de manifiesto mucho más claramente de lo
que yo había podido observar hasta entonces esa agudeza malévola que ha de
hacer tan convincente su interpretación de Hedda Gabler. Ni siquiera toleró la
menor pregunta sobre su estado de salud. Al final no quedó otro remedio que
dejarla sola. Pero nuestra espe-ranza -mía y de Reich- de que nos siguiera para
jugar al dominó no se cumplió. En vano nos dábamos la vuelta cada vez que
entraba alguien en la sala de juegos. Después de la partida volvimos a su habitación,
pero yo no tardé en regresar a la sala de juegos con un libro, para no
reaparecer sino hasta poco antes de las siete. Asia me despidió de un modo muy
desagradable, pero luego me mandó, por medio de Reich, un huevo en el que había
escrito «Benjamin». Aún no hacía mucho que habíamos llegado a mi habitación,
cuando entró ella. Su humor se había
transformado; volvía a ver las cosas de una forma
más positiva y, sin duda, lamentaba su comportamiento de por la tarde. Pero, si
doy un repaso general a los últimos tiempos, creo que su mejo-ría, al menos la
del estado de sus nervios, apenas ha progresado desde que llegué. Por la noche,
Reich y yo mantuvimos una larga conversación acerca de mi actividad literaria y
sobre el rumbo que había de tomar en el futuro. Me dijo que yo acabo las cosas
en un estadio demasiado tardío. Dentro del mismo orden de cosas expresó con
mucho acierto la idea de que, en la literatura importante. la proporción entre
el número de frases y la cantidad de frases sustanciales y pregnantes
formuladas es. aproximada-mente. de 1:30; en .mi caso, de 1:2. Todo eso es
cierto. (Y esto último tal vez sea el residuo de la fuerte int1uencia que en
otro tiempo ejerciera Philipp Keller sobre mí 101 .) Tuve. sin embargo,
101 Benjamín conocía a Philipp Keller de sus
tiempos de· estudiante en Fribur-
60
que oponerle algunas ideas de las que nunca he
dudado desde que escribiera, hace ya tanto tiempo, aquel trabajo sobre
«Spra-che überhaupt und die Sprache des Menschen)) 104 *: le llamé la atención
sobre la polaridad de toda entidad lingüística: ser a un tiempo expresión y
comunicación. Aquí hubo de salir a colación lo que tantas veces hemos discutido
acerca de la «destrucción de la lengua)) como una tendencia de la literatura
rusa actual. Pues la formación despreocupada del comunicante respecto a la len-gua
conduce necesariamente a su destrucción. Y, por otra vía, la exaltación a lo
absoluto de su carácter expresivo acaba en algo parejo al silencio místico. La
tendencia más actual de las dos me parece ser en este momento la dirigida a la
comunicación. Pero, de alguna forma, siempre es necesario encontrar una fórmula
de compromiso. Reconocí, no obstante, la situación crítica en que se encuentra
mi propia condición de autor. Le dije que, dado que sólo me podrían hacer
avanzar realmente tareas y dificulta-des concretas,. y no meras convicciones,
ni tampoco qecisiones abstractas, en este sentido no veo ninguna salida.
Aunque, en este punto, me llamó la atención sobre mis descripciori'es de
ciu-dades. Esto fue para mi muy alentador. Empecé a pensar de una forma más
optimista en una posible caracterización· de Moscú. Para concluir, le estuve
leyendo mi retrato de Karl Kraus 105 , pues también habíamos estado hablando de
él.
28 DE DICIEMBRE
Creo que en ninguna ciudad hay tantos relojeros 106
como en Moscú. Cosa tanto más extraña cuanto que la gente aquí no se
go. Acerca de su relación de entonces ver Brie(i!.
51-52: «lch bin der Gegenpol von Keller und befreie die Leute von ihm. nachdem
ich mich selbst von ihm befreite. lch kann dies nur. weil ich ihn achte · als
Kunstler (nicht als Bohémien
denn das ist er nicht)».
' [Y o soy el polo opuesto de Keller, y libero a la gente de el después
de haberme liberado de él yo mismo. Si lo puedo hacer es porque lo respeto·
como artista (no
como bohemio. cosa que él no es).]
104 «Sprache ziberhaup! zmd die Sprache des Menschen.''· Extenso trabajo' de
Benjamin sobre teoria del lenguaje de \916.
no publicado en vida. (GS 11, \40-
157).
*«La lengua en general y el lenguaje humano [.N de la T].
105 Ver el
retrato escrito en 1926. «Krügerdenkmal)}, en Einbahnstrasse (GS IV, l21).
lOó Creo que ... alta aworidad: Ver: GS IV, 329: <<Seit jeher... den
Russen».
61
toma el tiempo demasiado en serio. Pero deben
existir razones históricas. Si se observa cómo se mueven por la calle, rara vez
se verá a nadie con prisas; tendría que estar haciendo muchísimo frío. Andan en
serpentinas por pura rutina. (Algo muy significa-tivo, según me contó Reich, es
el que en un club haya un letrero en la pared en el que, a modo de advertencia,
aparece lo siguien-te: Lenin dijo que el tiempo es dinero. Para expresar una
banali-dad como ésa han tenido que recurrir, pues, a la más alta autori-dad.)
Este día fui a recoger mi reloj, que ya estaba arreglado. Por la mañana nevó, y
también cayó a menudo nieve a lo largo del día. Luego hubo algo de deshielo.
Comprendo que Asia echase de menos la niéve cuando estaba en Berlín y que
sufriera al ver el asfalto desnudo. El invierno va aquí cubierto de una espesa
piel de nieve, del mismo modo que un campesino se cubre con la lana blanca de
oveja. Por la mañana nos despertamos tarde y luego fuimos a la habitación de
Reich, un trozo de casa pequeño-burguesa de las peores que uno pueda
imaginarse. Apenas se puede respirar de la asfixia que produce el contemplar
los cientos de pañitos, consolas, muebles tapizados y cortinas; el aire debe de
estar lleno de polvo. En uno de los rincones de la ventana había un árbol de
Navidad muy alto. Y hasta él era feo, con sus ramas descarnadas y un m u ñeco
de nieve informe a modo de corona. El fatigoso camino desde la parada del
tranvía y el susto que me produjo esta habitación me hicieron perder la visión
de conjunto de la situación, llevándome a aceptar, de forma precipi-tada, la
propuesta de Reich de irme a vivir con él a aquella habitación. Esas
habitaciones pequeñoburguesas son como cam-pos de batalla por los que ha
pasado, victoriosa, la devastadora embestida del capital mercantil, impidiendo
que en ellas pueda desarrollarse nada que sea humano. Pero teniendo en cuenta
mi inclinación por las cavernas, tal vez no me costase demasiado realizar mi
trabajo en esta pieza. Habrá que plantearse la conve~ niencia de renunciar a la
excelente posición estratégica de mi habitación actual o conservarla al precio,
incluso, de reducir el contacto diario con Reich, tan importante para mí por la
infor-mación que me proporciona. Anduvimos luego largo rato por las calles de
las afueras: me quería enseñar una fábrica en la que producen principalmente
adornos navideños. La «pradera de la arq uitectunm 107 , como Reich ha llamado
a Moscú, tiene en estas
107 La
<<pradera de la arquitecwra» ... de Lucca. por ejemplo (marc.): Ver: GS
IV. 344: «In den Vorstadtstrassen ... das überwintert»: ver también p. 345.
62
calles un carácter todavía más agreste q1,1e en el
centro. A ambos lados de la amplia avenida, los edificios del estilo de
las-casas rústicas de madera alternan con hotelitos modernistas o con la
sombría fachada de una casa de seis plantas. La capa de nieve era muy alta, y
de pronto se hizo un silencio tal, que uno podría haber creído hallarse en un
pueblo del interior de Rusia pasando el inverno. Tras una hilera de árboles
había una iglesia de cúpu-las azules y doradas, y, como siempre, con las
ventanas del muro que da a la calle enrejadas. Las iglesias de aquí todavía
conser-van, por cierto, en la fachada imágenes de santos como las que, en
Italia, sólo se pueden ver ya en las más antiguas. (En la de Sto. Freginiano de
Lucca 108, por ejemplo.) Casualmente, la obrera se había ausentado, por lo que
no pudimos visitar la fábrica. Nos separamos muy pronto. Yo bajé por el
Kusnetski-Most 109 mi-rando librerías. En esta calle se encuentra la librería
más grande de Moscú (a juzgar por su aspecto). En los escaparates vi también
literatura extranjera, pero a unos precios escandalosos. Los libros rusos puede
decirse que, casi sin excepción, sólo salen al merca-do sin encuadernar. El
papel, principalmente importado, es aquí tres veces más caro que en Alemania,
y, por lo que vi, ahorran en la confección tipográfica de los libros~ Me compré
en el camino -después de haber ido al banco a cambiar dinero- una empa-nada
caliente de esas que venden por todas partes en la calle. No había dado nada
más que unos pasos, cuando un niño se [me] vino encirna; le di un trozo una vez
que pude entender que no era dinero lo que quería, sino pan. Al mediodía le
gané a Reich la partida de ajedrez. La tarde, con Asia, tan insípida como todos
estos últimos días; teniendo en cuenta que Asia se encuentra muy apática debido
a sus angustias, cometí el gr_an error de de-fender a ·Reich de algunos
reproches bastante necios. Me dijo que al día siguiente iría solo a ver a Asia.
Por la noche, en cambio, pareció querer comportarse con mucha amabilidad. Ya se
había hecho demasiado tarde para ir al ensayo general de la obra de Ilesh, tal
como lo habíamos planeado, y, dado que Asia no vino ya, nos fuimos a ver un
<<juicio>) 110al Club Krestanski 111 • Cuan-do llegamos allí eran las
ocho y media, y nos dijeron que había empezado hacía ya una hora. La sala
estaba repleta y no dejaban
108 San Frediano. construida en 1112 y 114 7.
I09 Kusnetski-Most: Puente de la Herrería.
110 Nos
fuimos ... en el campo: Ver: GS IV, 342: «Bisweilen gibt... errichten, hin».
111 Krestanski-Ciub:
club de campesinos (en la Plaza Trubnaya).
63
entrar a nadie. Pero una mujer muy lista se
aprovechó de mi presencia. Al darse cuenta de que yo era extranjero, nos
presentó a mi y a Reich como a unos extranjeros con Jos que iba de guía,
consiguiendo de esta manera un sitio para mí y para ella. Entra-mos en una sala
tapizada de rojo, con capacidad para unas tres-cientas personas. Estaba llena a
rebosar y muchos estaban de pie. En un nicho, un busto de Lenin. La vista tenía
lugar en el estra-do del escenario. flanqueado a derecha y a izquierda por figuras
de proletarios pintadas: un campesino y un obrero industrial. En la parte
superior del marco del escenario, los emblemas soviéti-cos. Cuando entramos
nosotros, ya había finalizado la proposi-ción de la prueba~ un perito había
tomado la palabra. Estaba sentado con su compañero en una mesita. frente a la
mesa del defensor. dando ambas hacia el lado más estrecho del escenario. La
mesa del tribunal estaba cara al público, y sentada ante ella, en una silla,
con un bastón muy grueso entre las manos. la acusa-da, una campesina. Todos ios
actuantes iban bien vestidos. La acusación era de curanderismo con
consecuencias mortales. La campesina había intervenido en un parto (o un
aborto) causando por error el desgraciado desenlace. La argumentación se movía
por derroteros sumamente primitivos en torno al incidente. El perito presentó
su informe: la culpa de la muerte de la mujer sólo era imputable a la
intervención. El defensor pronunció su alega-to de defensa: la no existencia de
mala voluntad~ en el campo se carece de ayuda e información sanitarias. El
fiscal pidió la pena de muerte. Última palabra de la campesina: la gente
siempre se muere. A continuación, el presidente del tribunal se dirige al
público: ¿alguna pregunta? Aparece en el estrado un komsomolz que aboga por un
castigo muy severo. El tribunal se retira luego a deliberar; hay un descanso.
La lectura de la sentencia la escuchan todos puestos en pie. Dos años de
prisión por reconocerse la existencia de atenuantes. Razón por la que se
prescinde del aisla-miento celular. El presidente, por su parte, alude a la
necesidad de crear en el campo centros de previsión y educación higiénica. La
gente se dispersa. Nunca hasta ese momento había visto con-gregado en Moscú a
un público tan sencillo. Entre los asistentes había. probablemente, muchos
campesinos, ya que este club se halla especialmente al servicio de los
campesinos. Me enseñaron las dependencias. En la sala de lectura 112 me llamó
la atención,
112 En la sala
de lectura .. en la ciudad: Ver: GS .IV,
347: <•.Auch in dem
...
Stadt bekommen haben».
ó4
al igual que en el sanatorio infantil, el,hecho de
que las paredes estuviesen enteramente cubiertas de material visual, que aquí
lo constituían, sobre todo, estadísticas elaboradas por los propios campesinos
e ilustradas, en parte, con dibujitos de colores (cróni~ cas aldeanas,
desarrollo agrario, estado de la producción e insti-tuciones culturales era lo
que allí aparecía consignado), aunque también habían expuesto en todas las
paredes piezas de herra-mientas y de maquinaria, retortas con productos químicos,
etc. Movido P,Or la curiosidad me acerqué a una consola desde la que sonreían
burlonamente dos máscaras de negros. Pero que luego, de cerca, resultaron ser
mascarillas de gas. También me conduje-ron, por último, a los dormitorios del
club. Éste ha sido pensado para el uso de campesinos y campesinas que, en
grupos indivi-duales o en grandes grupos, hacen una kommandirovka 113 en la
ciudad. En las habitaciones grandes hay, por lo general, seis ca-mas; por la
noche, cada uno deja la ropa encima de la,suya. Los cuartos de aseo deben de
estar en otro sitio. En las habitaciones mismas no hay lavabos. En las paredes
hay fotos de Lenin, Kali-nin, Rykov y otros. El culto con fotos de Lenin 114 ,
en 'particular, llega aquí a extremos insospechados. En el Kusnetski-Most hay
una tienda especializada en este artículo, siendo posible adquirir-lo en todos
los tamaños, posturas y material. En la sala de recreo del club, donde en ese
momento podía escucharse un concierto radiofónico, hay un cuadro en relieve,
muy expresivo; en el que aparece un orador en tamaño natural, hasta la
cintura,~Pero taro· bién en las cocinas, en los roperos, etc., de los centros
públicos hay siempre alguna foto suya más modesta. El edificio tiene ca-pacidad
para más de cuatrocientos huéspedes. En la compañía cada vez más molesta de la
guía que nos había ayudado a entrar salimos de allí, decidiendo, cuando por fin
nos quedamos solos, buscar aún una pivna.va 115 en la que en ese momento
ofrecían un espectáculo. Cuando nosotros entrábamos, nos encontramos con gente
en la puerta que trataba de sacar a un borracho. En d local. que a pesar de no
ser excesivamente grande no estaba del todo lleno. había algunas personas,
solas o en grupos pequeños, tomando cerveza. Nos sentamos muy cerca del estrado
de tari-ma. cerrado por detrás por un prado dulzonamente difuminado,
11 >C
o m ision de servicio: viaje de servicio prolongado.
114 1:.'/
ndlo con/iJios. mas modesta (marc.):
Ver: GS IV. 348: <<Schon heute ...
Waschckammern.
Vorratsraumem>.
115 Cerveceria.
65
con un pedacito de ruina que parecía deshacerse en
el aire. Pero este telón no daba para cubrir toda la longitud del escenario.
Después de dos números musicales 116 venía la atracción princi-pal de la noche,
una inszenirovka: material adaptado al teatro pero que, en el fondo, proviene
de un ámbito distinto, del épico o del lírico. En ella parecía darse el marco
dramático idóneo para un sinfín de canciones de amor y campesinas. Primero
salió una mujer sola escuchando a un pájaro. Luego salió de entre bastido-res
un hombre, y así sucesivamente hasta llenar todo el escena-rio, acabando la
cosa en un canto coral acompañado de baile. Todo esto no se diferenciaba
demasiado de una entretenida reu-nión familiar, pero, en la realidad, la
desaparición de tales actos probablemente los hace aún más atractivos en el
escenario para el pequeñoburgués. Para tomar con la cerveza hay cosas de co-mer
muy peculiares: diminutos trocitos de pan blanco seco, pan negro con una costra
de sal y guisantes secos en agua salada.
29 DE DICIEMBE
Rusia empieza a tomar forma 117 para el hombre del
pueblo. Se anuncia una gran película propagandística: La sexta parte del mundo
118• En la calle, sobre la nieve, hay mapas de la SSSR apilados por los
vendedores callejeros, que los ofrecen al público. Meyerhold utiliza este mapa
en Dayosh-Europa 119; Occidente aparece representado en él como un complicado
sistema de pe-queñas penínsulas rusas. Este mapa está también a punto de
convertirse en otro centro de la nueva iconolatría rusa semejante a los retratos
de Lenin. El antiguo continúa, sin embargo, en las iglesias. Este día entré 120
durante mi paseo en la iglesia de Nues-
116 Despw?s
de dos ... · en agua salada (marc.): Ver: GS IV. 346-347: «Zum Bier. ..
aufgeteilte Volksgesange».
117 Esta
construcción tan extraña podría haber surgido de la combinación de dos
locuciones normales: «En Rusia, el hombre del pueblo comienza a configu-rarse»
y «Rusia comienza a conferir forma al hombre del pue.Pio>>.
, 118 Una
sexia parte de la lierra (Ses/aja i'ast ·mira). Guión y dirección: Dziga Vertov
(1896-1954). Estrenada en Moscú el 31 de diciembre de 1926.
119 «D.
E.>> (Daesh Evropu') =¡"Venga Europa-' Obra teatral de M. Podgaeckij
basada en las novelas Trust D.E.. de l. Ehrenburg, v Der Tlinnel. de B.
Keller-mann. Estreno de Meyerhold el 15 de junio de 19-24-.
120 Este
dia entré ... arquilectura profana (marc.): Ver: GS IV. 345: <<Betritt
man ... Oldrucke ausgelegt>>: 344: <<Es stossen ... ihm
ertraumt>>.
66
tra Señora de Kazán, de la que Asia me había dicho
que le- en-cantaba. Se encuentra en una esquina de la Plaza Roja. Primero se
entra en una amplia antesala con algunas imágenes de santos. Parece estar
fundamentalmente al servicio de una mujer que guarda la iglesia. Es un lugar
sombrío; su penumbra es la más adecuada para realizar conspiraciones. En estas
salas se puede deliberar sobre los asuntos más sospechosos, y hasta de pogroms,
si viene al caso. Pegando a ella se encuentra el lugar para el culto propiamente
dicho. Al fondo hay unos escaloncitos para subir al estrado, estrecho y bajo,
sobre el que uno se desplaza pasando junto a las imágenes de santos. Los
altares se suceden a muy corta distancia unos de otros, y señalados por una luz
rojiza. Las superficies laterales están ocupadas por imágenes de gran tama-ño.
Todas las zonas de pared no ocupadas por tales imágenes aparecen recubiertas de
oro brillante. Una araña de cristal pende del techo, pintado en un estilo
dulzón. Contemplé las ceremo-nias desde una de las sillas que hay en la
entrada. Se trata de las propias del antiguo culto a las imágenes. A las
imágenes grandes se les saluda haciendo la señal de la cruz, seguida de una
genufle-xión en la que la frente ha de rozar el suelo, y, persignándose de nuevo,
el orante, o penitente, se dirige a la siguiente. En las imá-genes pequeñas,
que están solas o dispuestas en hilera sobre pe-queños fascistoles, bajo un
cristal, se suprime la genuflexión; hay que inclinarse hacia ellas y besar el
cristal. Me acerqué y vi que, al lado de piezas antiguas muy valiosas, y sobre
un mismo atril, había también toda una quincalla de oleografías sin valor
alguno. Moscú tiene muchas más iglesias de lo que al principio se piensa. El
europeo occidental trata de descubrirlas por sus torres, en lo alto. Uno se
tiene que acostumbrar a reunir los largos muros y un montón de pequeñas cúpulas
hasta formar los grandes com-plejos de monasterios o capillas. Y es entonces
cuando compren-de el porqué de que Moscú parezca en muchos puntos tan cerra-do
como una fortaleza: las torres bajas caracterizan en Occidente a la
arquitectura profana. Venía de Correos; luego había puesto un telegrama y, por
último, había dado un largo paseo por el Museo Politécnico 121 buscando
inútilmente una exposicion de dibujos realizados por enfermos mentales. Me
desquité con un paseo a lo largo de los tenderetes que están junto al muro de
121 El Museo Politécnico era la central de la
Sociedad Soviética para la Difu-sión de Conocimientos Políticos y Científicos:
allí se celebraron numerosos actos literarios de Majakovskij.
67
Kitai-Gorod. Éste es el centro-del mercado de
anticuarios. Resul-taría infructuoso tratar de descubrir aquí nada interesante
rela-cionado :eon :literatura que n.o .sea rusa. Aunque tampoco se en-cuentran
ediciones. antiguas en ruso .(a juzgar por la encuaderna-ción). Y, sin embargo,
en .el transcurso de los últimos años han debido de desalojarse inmensas
bibliotecas. ¿Habrá sido sólo en Leningrado y no en Moscú, donde seguramente
eran más raras? En .uno de los tender.etes del Kitai-Proyo m compré una armóni-
.ca para Stefan. Algo más 123 acerca de la venta
ambulante. Los artículos navideños (espumillón, velas, candeleros, adornos para
el árbol, y también árboles de Navidad) se siguen vendiendo in-cluso
-desp).lés'del 24 de diciembre. Creo que hasta la segunda festividad religiosa
navideña. Relación de precios entre los tende-retes y las tiendas estata:les.
El Berliner Tageblatt del 20 de no-viembre Jo compré el día 8 de diciembre. En
el Kusnetski-Most hay un niño que se dedica a golpear vasijas de arcilla, platos
y cuencos diminutos, unos contra otros, para demostrar su solidez. En Ochotni
Riad 124 , una curiosa aparición: mujeres que ofrecen a los transeúntes, sobre
una capa de paja, en la palma de la mano, un simple trozo de carne cruda, un
pollo, o cosas por el estilo. Son· vendedoras sin licencia. No tienen el dinero
para pa-gar el permiso para un puesto, ni tiempo para apostarse durante todo el
día o una semana. Si se acerca un miliciano, desaparecen simplemente de allí
con su mercáncía. De la tarde, ya no recuer-do nada. Por la noche, con Reich, a
ver una película muy mala
{¡-:on Hinski en
las proximidades de mi hotel.
30 DE DJCIEMBRE
El árbol de Navidad aún está en mi habitación. Poco
a poco voy también sistematizando los ruidos de mi entorno. La obertu-ra se
inicia por la mañana temprano con toda una serie de leit-motivs: primeramente,
las pisadas en la escalera que hay frente a mi habitación y que conduce al
sótano. Probablemente, el perso-nal sube al trabajo desde allí. Luego empieza a
sonar el teléfono
122 Kitaiski
Proye::.d =lit.: Calleja o Travesía China.
123 Algo
más acerca .de ... fesrividad religiosa
navideña (marc.): Ver:
GS JV.
331: «Weihnachten
isL. Kalender feiern».
124 En
Ochotni ... con su mercancia ( marc.):
Ver: GS IV. 32 l:
«Frauen. ín...
einfach davon».
125 lgor
Vladimirovich llinski, nacido en !901. famoso intérprete de. princi"
palmente, papeles cómicos. De 1920 a 1935 trabajó con Meyerchold.
68
del pasillo, y rara vez deja de hacerlo hasta cerca
de la una o las dos de la madrugada. En Moscú es excelente; mejor que en Berlín
o en París. En tener línea no se tarda más de tres o cuatro segundos. Con
especial frecuencia oigo una voz infantil hablan-do muy alto por teléfono. Las
largas cifras hacen que el oído que las escucha se acostumbre a los números
rusos. Después, hacia las nueve, un hombre va de puerta en puerta preguntando
si está cerrada la trampilla. A esa hora encienden la calefacción. Reich cree
que, aunque la trampilla esté cerrada, por ella pasan a mi habitación pequeñas
cantidades de monóxido de carbono. Es muy posible, pues por la noche, el aire
de mi habitación es real-mente asfixiante. Por cierto que el suelo también
despide calor; tiene puntos muy calientes, como la tierra volcánica. Si aún se
está en la cama, el sueño se ve perturbado por un golpeteo rítmi-co, como si
estuviesen preparando unos bistecs gigantescos: par-ten leña en el patio. Y
pese a todo, mi habitación respira tranqui-lidad. Rara vez he vivido en un
lugar en el que me resulte tan fácil trabajar. Notas sobre la situación en
Rusia. En las conversa-ciones con Reich he ido exponiendo las disparidades que
pr:esen-ta actualmente la situación rusa. Hacia el exterior. el Gob.ierno busca
la paz para firmar tratados comerciales con los estados imperialistas; pero
ante todo 126 trata de suspender en el interior la actividad del comunismo
militante, empeñándose en lograr una paz social a plazo fijo. en despolitizar
la vida burguesa en la
. medida de lo posible. Por otra parte, en las
asociaciones d~ pio-neros, en el Komsomolz. se da a la juventud una educación
«re-volucionaria». Lo cual significa que lo revolucionario no les llega como
experiencia, sino en forma de consignas. Se intenta supri-mir la dinámica del
proceso revolucionario dentro de la vida estatal: queriendo o sin querer, se ha
iniciado la restauración. pero tratan de almacenar en la juventud la
desacreditada energía revolucionaria como energía eléctrica dentro de una pila.
Y eso no funciona. A partir de ello tiene que desarrollarse en la gente 'joven,
a menudo de la primera generación y a la que se da una formación más que
suficiente, ese orgullo comunista para cuya designación existe ya una palabra
propia en Rusia. Las extraordi-narias dificultades 127 que conlleva la
restauración se manifiestan
126 Pero.
ante iodo ... en Rusia: Ver: es IV. 322: «lm Strassenbilde... roten Schlips»:
322-323: «Dass hergebrachte ... Kinder zusammenstimmt>>.
127 Las
exlraordinarias ... de Meverhold: Ver:
es !l. 481: «Eine der letzten ...
~Revisor" verloren>>. .
69
también, de una forma palpable, en el problema
educativo. Para afrontar la tremenda incultura imperante se ha dado la consigna
de difundir el conocimiento de los clásicos rusos y de Europa Occidental. (Ésta
es la principal razón, dicho sea de paso, por la que se ha concedido tanto
valor al montaje y al fracaso del «Re-visor», de Meyerhold.) La importancia
dada 128 a esta consigna se puede apreciar cuando se oye que recientemente, en
un debate, Lebidinski 129 le dijo a Reich, hablando de Shakespeare, que éste
vivió con anterioridad a la invención de la imprenta. Por otra parte, al
descomponerse la sociedad burguesa, estos mismos va-lores culturales han
entrado en una fase crítica. En su estado actual, y tal como se han ido
configurando a lo largo de los últimos cien años en manos de la burguesía, no
se pueden expro-piar sin perder, al mismo tiempo, su último -aunque tan
dudo-so, e incluso nefasto- significado. En cierto modo, al igual que el
cristal de precio, estos valores han de someterse a un largo transporte que no
podrán resistir si no van convenientemente embalados. Ahora bien, embalarlos
significa hacerlos invisibles, cosa, en definitiva, opuesta a la popularización
de esos valores fomentada oficialmente por el Partido. En la Rusia Soviética
130 se pone ahora de manifiesto que estos valores se están populari-zando
justamente en esa forma adulterada y lamentable que, en último término, deben
al imperialismo. A un hombre como Walzel 131 lo han nombrado miembro de la
Academia, y en el Vechernie Moskva, Kogan, su presidente, escribe un artículo
so-bre literatura occidental que reúne aquello que le place de una forma
absolutamente ignorante (¡Proust y Bronnen!), tratando de dar «información»
acerca del extranjero sobre la base de unos cuantos nombres. Probablemente, las
únicas manifestaciones
128 La
importancia dada ... de la impren/a: Ver: GS IV, 338: «Wenn abe~ einer. ..
begriffen werden».
12 9
Jurii Libedinski (1898-1959), funcionario literario y escritor. miembro
destacado de diferentes asociaciones de escritores proletarios. Libedinski se
dio a conocer con su !lo vela Nede/ia ( 1922), trad. alem.: Die Woche. 1923.
l30 En la Rusia Soviélica ... chervonetz
(marc.): Ver: GS IV, 337: «Jetzt
zeigt...
danken haben»; 338: «Die russische Akademie ...
Europaisches erscheint».
u 1 Oskar Walzel ( 1864-1944), historiador de la
literatura. Walzel. miembro honorífico de la Academia rusa obtuvo, tras el
rechazo de la exposición de Benja-mín sobre este escritor, el encargo de
realizar el artículo sobre Goethe para la Enciclopedia Soviética. Ver:
Apéndice. p. 162. Para conocer la opinión de Wal-zel le merecía a Benjamín.
véase su crítica del Wurtkunstwerk. de Walzel (Leip-zig. 1926). en GS Ill,
50-51, y su carta a Hofmannsthal del 30-10-1926 (Bri~fi'. 436).
70
culturales de Occidente por las que Rusia muestra
una compreiV sión tan viva como para que merezca la pena ocuparse de ellas, son
las de Estados Unidos. El entendimiento cultural entre los pueblos como tal,
esto es, sin la base de unas relaciones económi-cas concretas, constituye un
interés propio de la técnica del juego imperialista, siendo en el caso de Rusia
un fenómeno de la res-tauración. Por otra parte, la desvinculación de Rusia del
extran-jero hace que la dificultad de informarse se acreciente. Dicho de un
modo más preciso: el contacto con el extranjero, en lo esen-cial, pasa por el
Partido y atañe principalmente a cuestiones polí-ticas. La alta burguesía ha
sido aniquilada y la pequeña burgue-sía incipiente no está, ni material ni
espiritualmente, en condi-ciones de hacer de mediadora en las relaciones con el
exterior. En la actualidad, un visado para realizar un viaje al extranjero que
no se haga por encargo estatal, o del Partido, cuesta 200 rublos. No hay duda
de que en Rusia se sabe del exterior mucho menos que en el exterior de Rusia
(exceptuando, tal vez, a los países románicos). Aunque la mayor preocupación
que aquí se tiene es la de establecer dentro del propio territorio, tan
inmenso, el contacto entre las distintas nacionalidades y, sobre todo, entre
obreros y campesinos. Con lo poco que en Rusia se sabe de cultura foránea, se
puede decir lo que del chervonetz 132 : dentro de Rusia es una moneda muy
apreciada, pero en el extranjero no se cotiza. Algo sumamente significativo 133
es el hecho de que un actor de cine ruso bastante mediocre, Ilinski, imitador
sin escrú-pulos y sin gracia de Chaplin, tenga aquí la fama de gran cómico sólo
porque las películas de Chaplin son tan caras que no las traen. Pues, en
general, el Gobierno ruso invierte muy poco en películas extranjeras. Cuenta
con el interés de industrias rivales por conquistar para sí el mercado ruso,
comprando en saldos y dejándose casi regalar las películas, como si fuesen
muestras pu-blicitarias. El propio cine ruso, exceptuando las grandes obras
maestras, tampoco es, en conjunto, demasiado bueno, Tiene que luchar por la
temática. Pues la censura cinematográfica es muy severa; contrariamente a lo
que ocurre con la censura teatral, probablemente por consideración hacia el
extranjero, se le recor-ta la esfera temática. A diferencia de lo que sucede
con el teatro,
l32 Moneda equivalente a 10 rublos.
133 Algo sumamente... propaganda
antirrevolucionaria: Ver: GS 11, 747-748: «es fehlt... den Film)); 750-751:
«Bei dem leidenschaftlichen ... grobsten Exzes-se)).
71
en el cine no es posible hacer una crítica seria a
los polítlcos soviéticos. Pero tampoco es posible describir la vida burguesa.·
Igualmente escaso es aquí el espacio dedicado a la comedia gro-tesca americana.
Ésta se basa en un juego brutal con la técnica. Aquí, todo lo técnico es
sagrado; no hay nada que se tome más en serio que la técnica. Y sobre todo: el
cine ruso desconoce por. completo el erotismo. La trivialización de las
relaciones amoro-sas y sexuales es, como bien es sabido, algo inherente al credo
comunista. El presentar en el cine, o en el teatro, enredos amoro-. sos
trágicos sería considerado como propaganda contrarrevolu-. cionaria. Queda la
posibilidad de realizar una comedia social de
carácter satírico cuyo blanco sería esencialmente
la nueva bur-guesía. La importante cuestión que se plantea es hasta qué punto
pueda, sobre esta base, expropiarse el cine, una de las maquina~ rias más
adelantadas para el dominio imperialista de las masas ....
Por la mañana estuve trabajando; a continuación,
con Reich, al Gosfilm. Pero Panski se había ausentado. Fuimos todos al Mu-seo
Politécnico. La entrada a la ex.posición de pintura de enfer-mos mentales se
encontraba en una calle lateral. La exposición' en sí misma no ofrecía excesivo
interés; desde el punto de vista artístico, el material, casi sin excepción,
era poco interesante, ' aunque estaba bien estructurado, y, sin duda, es útil
desde er. punto de vista científico. Mientras estábamos allí tuvo lugar una/
breve visita con guía, aunque lo único que se pudo averiguar fue.
lo que aparecía ya reseñado en unas hojitas que
había junto a las cosas expuestas. Desde allí, Reich se marchó al Dom Gerzena:
yo fui más tarde, pasándome antes por el Instituto a buscar entradas para ir a
ver por la noche a T airoff. La tarde con Asia, nueva~; mente monótona. A Reich
le prestaron en el sanatorio (un ucra:; niano) una piel para el día siguiente.
Aún pudimos llegar a tiem-po al teatro. Daban El deseo bajo los olmos. de
O'Neill 134 • La· representación era muy mala: la Koonen 135 , particularmente
de-cepcionante y carente por completo de interés. Lo que sí resultó
interesante (aunque, como Reich señaló
acertadamente. equivo-cado) fue el desmembramiento en diferentes escenas
(filmiza-ción) mediante la bajada del telón y el cambio de iluminación. El
134 El estreno de la obra de Eugene O'Nei\1 (
1888-!953) El deseo óajo los olmos, montada por Tairov, tuvo lugar en noviembre
de 1926 en el Teatro Ka-mernyi (de Cámara).
135 Alicia Koonen ( !889-1974), actriz de
procedencia belga; antiguo miembro.
del MChA T de Stanislavski; casada con Tairov.
72
:~[riitmo era muchll mas rápido del que. por Jo
general, es habitual '~aquí. viéndose toda\la más acelerado por el dinamismo de
los :\decorados. Hahia simultáneamente tres espacios transversales: a ita's 1
del suelo. una gran sala con vista al exterior y salida. En tcliertas partes de
la obra podia verse cómo se alzaban sus paredes ;¡~n un ángulo ·de 1X0°.
introduciéndose el espacio exterior por
ttodas partes en el interior. En el primer piso
había otras dos ,;habitaciones. y la escalera para subir se encontraba en un
enreja-;do de listones frente al publico. Era muy interesante seguir con la
;imirada las subidas y bajadas de los personajes. en diagonal. a ~;través de
esta verja. El telón de asbesto muestra en seis apartados jel plan de
representaciones de los días sucesivos. (Los lunes des-
.cansa la compañía.) A ruegos de Reich pasé la
noche en el sofá, ;prometiéndole despertarle a la mañana siguiente.
'JIDE DICIEMBRE
Este día, Reich fue a ver a Daga. Asia llegó hacia
las diez (yo aun no estaba listo) y fuimos a la modista. Toda esta excursión
resultó insulsa y deslucida. Comenzó. con reproches: que llevo a Reich de un
lado para otro y lo fatigo. Después me confesó que durante todos estos días se
ha sentido furiosa com'nigo por la blusa de seda que le traje. Se desgarró la
primera vez que se la puso. Cometí la tontería de decirle, además, que la había
com-prado en Wertheim 136 . (Una verdad a medias, cosa siempre bas-tante
tonta.) Por otra parte, yo me sentía aun menos capaz de decir nada debido a que
la agotadora y permanente espera de alguna noticia de Berlín empezaba ya a
afectarme. Finalmente
.nos sentamos unos minutos en un café. Pero fue
como si no lo hubiéramos hecho. Asia no pensaba en otra cosa que en volver
puntualmente al sanatorio. No sé a qué sea debido el que en los ultimos días
haya desaparecido todo lo que había de vivo en nuestros encuentros para dar
paso a otra clase de miradas. Pero la inquietud que me domina, me impide
disimularlo. Y Asia exige una atención suplicante y sin reservas que yo no me
siento capaz de prestarle sin alguna clase de estímulo y de amabilidad por su
pa.rte. Ella tampoco se encuentra bien por causa de Daga, de quien Reich trajo
noticias que a ella, por lo menos, no le
136 Grandes almacenes de Berlín.
73
satisfacieron. Estoy pensando en espaciar mis
visitas de la tarde. Pues el cuartito, en el que sólo raramente hay tres
personas
- lo más
habitual es que sean cuatro y, cuando la compañera de habitación de Asia tiene
visita, incluso más-, me deprime: oigo mucho ruso, no entiendo nada, me duermo
o leo. Por la tarde le llevé tarta a Asia. No hizo más que protestar; estaba de
un hu-mor pésimo. Reich había llegado media hora antes (yo había querido
terminar de escribir una carta a Hessel 137), y lo que contó de Daga la puso
muy excitada. El ambiente resultó todo el tiempo muy deprimente. Yo me marché
pronto a sacar entradas para ella y para mí al Teatro Meyerhold, donde aquella
noche se íepresentaba Dayosh Evropa. Antes fui un momento al hotel para dejar
recado de que comenzaba a las ocho menos cuarto. Aproveché la ocasión para ver
si tenía correo: no había llegado nada. Al mediodía, Reich me había puesto en
contacto con Me-yerhold, que me había proporcionado entradas. Con grandes
es-fuerzos logré llegar hasta donde estaba el segundo director para recogerlas.
Asia llegó puntual, cosa sorprendente. Se había vuelto a poner el pañuelo amarillo.
Su rostro tiene estos días una tersura increíble. Cuando nos encontrábamos
delante de un cartel anun-ciador, antes del inicio de la representación, yo
dije: «La verdad es que Reich es un tipo fabuloso.» «¿?» «Si esta noche hubiera
tenido que quedarme en alguna parte solo, me habría ahorcado de congoja.» Pero
ni siquiera estas palabras sirvieron para ani-mar nuestra charla. La revista
era muy interesante, y durante un momento -ya no recuerdo en qué parte de la
obra- nos volvi-mos a sentir más próximos. ¡Ah, sí! Fue en la escena del Café
Riche, con música y bailes apaches. «Hace ya quince años -le dije a Asia-:- que
este romanticismo apache recorre toda Europa, y allí adonde llega, se gana
enteramente a la gente.» En los descansos hablamos con Meyerhold, quien,
durante el segundo de éstos, le pidió a una señora que nos acompañase al
«museo>>, donde se
137 Franz Hessel ( 1880-1941 ), escritor,
traductor. Benjamin y Hessel traduje-ron conjuntamente el segundo y el tercer
tomo de la obra de Proust «Á la recher-che du temps perdu». El resultado fue la
publicación de !m Schauen junger Madchenblüte (Berlín, 1927) y Die Her=ogin von
Guermames (Múnich. 1930). La traducción de Benjamin en solitario de Sudome el
Gomorrhe se ha perdido. Tal como se desprende de una carta de Franz Hessel a la
Piper Verlag. de 14-7-1928, parece que también se inició la traducción del
quinto libro (La JrF.wnnii!-re). Incluso se había proyectado «dass der gesamte
Proust von Hessel. .. und mir gemacht wird» (que Proust sea hecho en su
totalidad por Hessel... y por mi) (Briefe. 431 ).
74
guardan las maquetas de sus decoraaos. En él vi el
excelente mobiliario de Le cocu magnifique 138 , los famosos decorados de
con su revestimiento de bambú (las cañas acampanan
la salida y la entrada en escena de los actores, al
igual que todas las partes importantes de la obra, con golpes de diferente
intensi-dad), la proa de Rishi Katai 140, con agua en el primer plano del
escenario, y otras cosas. Firmé en un libro. A Asia le molestó el tiroteo del
último acto. Durante el primer descanso, cuando está-bamos buscando a Meyerhold
(al que no encontramos hasta el final de éste), yo me adelanté un poco al subir
las escaleras. En-tonces sentí en el cuello la mano de Asia. La solapa de la
chaque-ta se me había metido para dentro y ella me la estaba colocando. Al
sentir aquel contacto, me di cuenta del tiempo. que había pasado sin notar el
roce amable de una mano. A. las once y media estábamos nuevamente en la calle.
Asia me reprochó que no hubiese comprado nada; entonces, dijo, hubiera venido a
mi casa a celebrar la Nochevieja. En vano traté de animarla a que entrásemos
todavía en un café. Tampoco pude convencerla di-ciéndole que tal vez Reich
hubiera comprado comida. La acam-pané a casa, triste y taciturno. La nieve
tenía esa noche brillo de estrellas. (En otra ocasión ya había visto cri~tales
de nieve en su abrigo, que probablemente nunca se ven en Alemania.) Al llegar
ante la casa le pedí que me diera un beso antes de acabar el año viejo, casi
por despecho y más por sondeada que porque real-
. mente lo sintiese. Pero no
me lo dio. Me volví, pues, hacia
el Año Nuevo, solo, pero no triste. Pues sabía que Asia también estaba sola. Al
llegar frente a mi hotel escuché el débil tañer de una campana. Me detuve un
momento a escucharla. Reich abrió la puerta decepcionado. Había comprado muchas
cosas: oporto, ha/va, salmón y embutidos. El que Asia no hubiese venido a mi
casa hizo que me volviese a disgustar. Pero una animada conver-sación nos hizo
pasar el rato. Echado en la cama, estuve comien-do mucho y bebiendo unos buenos
tragos de oporto, por lo que,
13 8 Los
decorados y el vestuario del montaje de Meyerhold de Le Cocu magni· fique, de
Fernand Crommelynck. fueron realizados por la constructivista Liubov S. Popova
( 1889-1924).
139 La
obra de Mejerchol'd, basada en El maestro Bu bus ( ['chitel Bubus). de A.
Faiko, fue decorada por E. Slepanov y por el propio Meye'rhold. Estrenada el
29-1-1925.
140 Rishi Kilai: (¡·Grita. China.0. de Sergei
Tretiakov. Escenografía: Sergei Efi-menko (nacido en 1896). Estrenada
el2Jcll-l926). Dirección: V. Federov. disci-pulo de Meyerhold.
75
al final, ya sólo pude mantener la conversación de
una forma penosa y maquinal.
1 DE ENERO
En las calles 141 venden ramos de Año Nuevo.
Pasando por la Plaza Strasnoi vi a uno con unas varas muy largas en la mano con
flores de papel, verdes, blancas, azules y rojas, pegadas hasta la punta; cada
rama era de un color diferente. Me gustaria escri-bir sobre «flores» en Moscú,
refiriéndome no sólo a las heroicas rosas de Navidad, sino también a las
inmensas malvarrosas de las tulipas de las lámparas que los vendedores
transportan por la ciudad, orgullosamente alzadas. Y de los dulces adornos de
azú-car de las tartas. Aunque también hay tartas que parecen cornu-copias y de
las que salen en tromba triquitraques o bombones envueltos en papel de colores.
Tortas en forma de lira. El «confi-tero» de los viejos libros juveniles sólo
parece sobrevivir aún en Móscú. Sólo aquí se encuentran figuras hechas
exclusivamente de azúcar hilada, dulces conos con los que la lengua se toma la
revancha contra el horrible frio. También habria que hablar de todo lo que la
escarcha sugiere aquí; de los pañuelos de las cam-pesinas, cuyas cenefas,
cosidas con lana azul, reproducen las ro-setas de hielo de las ventanas. El
inventario de las calles es inago-table. Observé las gafas de las ópticas, a
través qe las cuales el cielo se tiñe, de pronto, de color meridional. Y de los
anchos trineos, con sus tres casillas: para cacahuetes, avellanas y semich-. ki
(pipas de girasol, que ahora, por disposición del Soviet, ya no se pueden comer
en sitios públicos). Luego vi a un vendedor de· pequeños trineos para muñecas.
Y. por último, las papeleras de aluminio: está prohibido tirar nada a la calle.
Y también algo· más acerca de los letreros: algunos rótulos en caracteres
latinos:. café, sastre. Los rótulos de las cervecerías: pivnaya, pintado sobre
un fondo en el que un verde descolorido en el borde superior se convierte
paulatinamente, al borrarse, en un amarillo sucio. Mu-· chos de los letreros de
las tiendas se prolongan hacia la calle en. ángulo recto. La mañana de Año
Nuevo me quedé mucho tiempo en la cama. Reich no se levantó tarde. Debimos de
estar hablan-
141 En las
calles .. a la
mi/e (marc.): Ver: (iS !V,
333: <<Andere Strausse ...
schadlos hall>>: 340: <<Dann die
hrL'ltt'n ... werden durfen»: 346: <<"Tschainaja"
"Piwnaja" ... Geld verlauft».
76
do más de dos horas. Pero ya no recuerdo de que.
Sa:J'irn·os fiací'i: er mediodía. Al encontrar cerrada la tabernita en l'a qu·e
sdle'mó·s· c0mer los días de fiesta, fuimos al hotel LiverpooL Ese· dí•a
n'<l:cíé; muchísimo frío; me costaba trabajo andar. En !'a mesa nte· senté'
en un rincón muy acogedor, a la derecha, junto a fa ventana, que· da a un patio
cubierto de nieve. Ya he logrado no echar de :menos la bebida en la mesa.
Pedimos él' menú pequeñO\ Lástíma que to sirviesen tan deprisa, pues a mf aún'
me fl:ubiera· gustado· quedarme otro rato sentado en aquel lugar recubierto de
madera y con pocas mesas. En el establecimiento no· había ninguna mu~ jer. Eso
me hizo mucho bien. Noto cómo esa gran necesidad de descanso que ahora me
invade· al tibranne de la tort'u•rante· de .. pendencia de Asia encuentra
fuentes- donde saciarse en~ todas partes. Como· es lógico y sabido, comida y
bebida, principafmen·-te. La idea misma del largo víaje de regreso se me
aparece: cúm:o· algo benéfico (siempre y cuando no· empiece a preocl:lparm€'
por las' cosas de casa, como me ha ócurido durante· los últimos;.d'ías);. como
la idea de leer una novela policiaca (apenas lo suelo: hacer ya, pero la cosa
me ronda por la cabeza)' y el jugar diariamente· aJ dominó en el sanatorio, que
a veces sirVe para eliminar mi ten-sión frente a Asia. Pero, que yo recuerde,
este día no-jugamos. Le pedí a Reich que me comprase urtas mandarinas que· le
cruería llevar a Asia. No tanto porque la noche anteáor me· hobiáa• pedido que
se las nevase al dla siguiente ~en aqud m:o·rrien'ro; incluso me había negado~
cuanto· por tener la oporfurtiqad: d'e descansar de nuestra apresurada marcha
a· través cfel'flio~ Pero Asía cogió la bolsa (sobre la que, sin decírsel'o;
[yo] habfa' escrito «Feliz Año NueVO>>) hosca mente (y sin fijarse' en la
inscripóón}. Por la noche, en casa, escribiendo· y hablando. Reich comen::zó a
l'eer el libro sobre el Barroco.
2'DE ENERO
Desayuné copiosamente. Pues, dado que no
podíamos.contar con el almuerzo, Reich había hecho algunas compras, A la una:
había comenzado la presentación a la prensa, en el reatro de Ia Revolución, de
la obra de llesh: Atentado 142 . Por una falsa cansí:. &ración con la
necesidad de sertsacionalismo def público, le ha'-
142 Kupite
revo/"ver. Estreno: 30- 12-1·926. Dingida· por s: D. K oro leva:
esce-nografía: S. Efimenko.
77
bían dado el sobretítulo de Compre Vd. un revólver,
estropeando así, desde el principio, el golpe de efecto final, donde un
terroris-ta de la Guardia Blanca trata, por lo menos, de venderles el revólver
a los comunistas que descubren su atentado. La obra tiene una escena muy
efectista al estilo del Grand Guignol 143 y, por lo demás, grandes ambiciones
político-teóricas. Pues en ella se intenta describir la situación sin salida de
la pequeña burgue-sía. La representación, que trata de congraciarse con el público,
sin principios, insegura y llena de cientos de pequeños efectos, no logró sus
propósitos, arruinando, incluso, los grandes triunfos que de antemano 1~
aseguraba el sugestivo entorno en el que se desarrollaba: un campo de
concentración, un café y un cuartel en la decadente, sucia y desolada Austria
de 1919. Nunca había visto un espacio escénico cuya disposición fuese hasta tal
punto exagerada: las entradas y salidas perdían necesariamente todo su efecto.
Se podía ver claramente en qué se convierte el escenario de Meyerhold cuando
trata de hacerse cargo de él un director ignorante. Las entradas se habían
agotado. En esta ocasión se podía ver, incluso, algo parecido a vestidos de
gala. Hicieron salir a Ilesh. Hacía mucho frío. Yo llevaba puesto el abrigo de
Reich, pues, por razones de prestigio, él quería ir bien vestido al teatro. En
el descanso nos presentaron a Gorodetski 144 y a su hija. Por la tarde, en la
habitación de Asia, me vi envuelto en una intermi-' nable discusión política en
la que también participó algo Reich. El ucraniano y la compañera de habitación
de Asia formaban causa común contra ésta y Reich. El asunto fue, una vez más,
la oposición dentro del Partido. Pero en aquelia discusión no fue posible
llegar a entendimiento alguno; ni menos todavía a un acuerdo; los otros no se
mostraron nada comprensivos con la opinión de Asia y de Reich respecto a la
pérdida de prestigio ideológico que supondría para la oposición su salida del
Partido. Pero hasta que no me encontré abajo con Reich, fumando un cigarrillo,
no logré enterarme de qué trataba realmente toda la discusión. La conversación
de cinco personas hablando en ruso (también estaba una amiga de la compañera de
habitación de
143 Grand
Guignol: Guignol era el nombre de un personaje del teatro de ma-rionetas
francés. En París, su nombre se asociaba a los cabarés, principalmente a los
pequeños teatros de Montmartre, tales como el Théatre du Grand Guignol (
1899-1962), donde se representaban, sobre todo, obras caracterizadas por el
ase-sinato, los crímenes sexuales, etcétera.
144 Sergei
M. Gorodecki ( 1884-1967), lírico, libretista de ópera; hasta 1932, en la
sección de literatura de lzvestija.
78
ASia), que volvió a relegarme, me había vuelto a
deprimir y ·a fatigar. Estaba decidido a marcharme si continuaba. Pero, cuan-do
volvimos a subir, se convino en jugar al dominó. Reich y yo jugamos contra Asia
y el ucraniano. Era el domingo siguiente a Año Nuevo. Estaba de guardia la
erfermera «buena», por lo que nos quedamos hasta después de la cena y jugamos
varias partidas muy reñidas. Me sentí muy bien jugando; el ucraniano había
dicho que yo le caía bien. Cuando por fin nos marchamos, aún bebimos algo caliente
en el café. En casa seguimos hablando largo rato acerca de mi situación de
escritor independiente, al margen de cualquier partido o profesión. Lo que
Reich me dijo era cierto; yo le hubiera respondido lo mismo a cualquiera que me
hubiese explicado a mí lo que yo dije. Y se lo manifesté abiertamente.
3 DE ENERO
Salimos temprano 145 de casa para ir a la fábrica
donde traba-ja la patrona de Reich. Había mucho que ver; nos quedamos allí unas
dos horas. Comenzaré con el rincón de Lenin. Una sala encalada de blanco con la
pared del fondo en rojo y, colgando del techo, una borla roja con flecos
dorados. A la izquierda, so-bre este fondo rojo, está el busto de escayola de
Lenin: tan blan-co como las encaladas paredes. Desde la sala contigua, en la
cual se fabrica el espumillón, una transmisión se introduce en la es-tancia. La
rueda gira y las poleas de cuero se deslizan por un agujero practicado en la
pared. En las paredes hay carteles propa-gandísticos y retratos de
revolucionarios famosos, o cuadros con un resumen taquigráfico de la historia
del proletariado ruso. El período entre 1905 y 1907 aparece tratado al estilo
de una gigan-tesca tarjeta postal paisajística en la que se solapan las luchas
en las barricadas, celdas de prisión, la revuelta de los ferroviarios, el
«domingo negro» frente al Palacio de Invierno. Muchos de los carteles condenan
el alcoholismo. El periódico mural también trata este tema. Estos periódicos
son de aparición mensual, según lo programado, pero, en realidad, lo hacen de
una forma más espaciada. Su estilo es en todo semejante a las coloreadas revistas
infantiles de humor: ilustraciones, prosa o rimas intercaladas dis-
145 Salimos...
a alta tempera/lira (marc.): Ver: GS IV, 341: «Jede Leninecke ...
Kolben kommt>).
79
tribuidas de.una forma muy variada. Pero,
fundamentalmente, el periódico pretende ser una crónica del colectivo de esta
fábri. ca. De ahí que, además de registrar satíricamente diferentes suce~ sos
escandalosos, presente también ilustraciones estadísticas de la labor cultural
realizada en el último período de tiempo. Otros de los carteles que hay en la
pared tratan de la educación higiénica; aconsejando la utilizacion de gasas
contra las moscas o expo. niendo las ventajas del consumo de leche. En la
fábrica trabajan (en tres turnos) un total de 150 personas. Los principales
produc~ tos son: cintas elásticas, carretes de hilo de coser, cordones, galo.
nes plateados y adornos navideños. Es la única fábrica de Moscú de tales
características. Pero su estructura no es tanto el resultado de una
organización «vertical>) cuanto el-testimonio del bajo ni-vel existente en
lo que se refiere a la diferenciación industrial. Separados por muy pocos
metros, y en una misma sala, uno puede observar aquí un mismo proceso de
trabajo realizado me. cánica y manualmente. A la derecha, una máquina devana
lar.' gos hilos en pequeñas canillas: a la izquierda, la mano de una obrera
hace girar una gran rueda de madera: ambas cosas dentro del mismo proceso. La
gran mayoría de las trabajadoras son campesinas, y muy pocas sún miembros del
Partido. No llevan uniforme, ni siquiera delantales de trabajo, sino que están
senta· das en su sitio como si estuviesen realizando algún quehacer doméstico,
inclinando la cabeza, cubierta por un pañuelo de lana, sobre el trabajo como
buenas madres de familia. Pero se hallan rodeadas de carteles que conjuran
todos los horrores del trabajo mecánico. En ellos se ve a un obrero cuyo brazo
ha que. dado atrapado entre los dientes de una rueda de engranaje; otro cuya
rodilla ha quedado atrapada entre dos pistones; un tercero que provoca un
cortocircuito por manejar mal un conmutador debido a su estado de embriaguez.
La fabricación de los adornos navideños más finos se hace en su totalidad de
forma manual. En un estudio con mucha luz hay tres mujeres. Una de ellas corta
hilos plateados en trocitos pequeños, forma un haz y lo sujeta con un alambre
que va devanando lentamente de un rollo. El alambre atraviesa sus dientes
pareciendo como si los partiese en dos. Luego forma una estrella con el
brillante haz, pasándolo así a una compañera que le pega encima una mariposa,
un pája-ro o un Papá Noel de papel. En otro de los rincqnes de la sala se
encuentra una mujer que fabrica, de manera semejante, cruces de espumillón, a
razón de una por minuto. Al inclinarme sobre la rueda que hace girar para
observarla, ella no puede contener la
80
k risa. En otro lu~ar se bhricán galones·
plateados. Este producto , está destinadu a b R us1a cxotica~ se trata de
galones para lurbatf" :..t¿s persas. (Ahajo. b producciún de espumillón:
un hombre tra"
· bajando el
hilu cun pil'(lra de afilar. Los trozos de alambre que-dan reducidos a un;¡
doscenksima o trescentésima parte de su espesor. y luego se platean o se
recubren con algún otro color metálico. A continuactún los transportan al
desván del edificio, donde se secan a alta temperatura.) Luego pasé por la
bolsa de trabajo. En la entrada se instalan al mediodía cantinas donde venden
bollos calientes y salchichas fritas en rodajas. Desde la fábrica nos fuimos a
ver a Gnedin 146 • Indudablemente, ya no tiene el mismo aspecto juvenil de hace
dos años, cuando le co-nocí en la velada de la embajada rusa. Pero sigue siendo
una persona inteligente y simpática. Respondí cautelosamente a sus preguntas.
No sólo porque la gente, en generaL sea aquí muy susceptible, y Gnedin, en
particular, muy afecto a las. ideas co-munistas, sin:o porque el expresarse con
cautela· es la manera que aquí se considera más adecuada para acreditarse como
interlocu-tor serio. Gnedin es el encargado del Ministerio de .Exteriores para
Europa Central. Su carrera, en absoluto despreciable (ya ha rechazado una
oportunidad mejor), se encuentra, al parecer, re-lacionada con el hecho de ser
hijo de P. Lo que más aplaudió fue el que yo destacase la imposibilidad de
comparar, en sus aspectos particulares, las condiciones de vida rusas con las
de Europa Occidental. En la Petrovka me concedieron una prórroga de es· tancia
de seis semanas. Por la tarde, Reich quiso ir solo a ver a Asia. Yo m.e quedé,
pues, en casa; comí algo y escribí. Reich llegó hacia las siete. Fuimos juntos
al Teatro Meyerhold, donde nos encontramos con Asia. La velada, en lo que a
ella y a Reich se refiere, estuvo determinada por las palabras que, por deseo
suyo, éste debía pronunciar para suscitar el debate. Pero no fue posible. De
cualquier modo, él tuvo que aguantar más de dqs horas en el podio con el grupo
de los otros que se habían apunta-do al debate. En una larga mesa verde se
encontraban Luna-charski 147 , Pelshe 148 , el director del departamento
artístico del
146 Evgeni
Gnedin (nacido en 1898). conocido diplomático soviético, pretendido hijo de
Alesandr Celfand (Parvus), encargado de la financiación de los ho/sheviki.
147 Anatoli Lunacharski ( 1875-1933), escritor e
investigador literario, Comisa-rio del Pueblo de instrucción de 1917 a 1929.
148 Robert
Pelshe ( 1880-1955), critico comunista y estudioso de Historia del Arte. En
1926 publicó en unión de Lunacharski Vias de/teatro contemporáneo (Pllli
sovremennogo teatra).
81
Glav-Polit-Prosvet 149 , moderador, Mayakovski Andre
Biely 151 , Levidoff 152 y otros muchos 153 • En la
primera fila de butacas, el propio Meyerhold. Asia salió en el descanso y yo la
acompañé aún un trecho, pues, solo, no podía comprender de qué estaban
hablando. Cuando volví estaba hablando con gran fervor demagógico un orador de
la oposición. Pero, a pesar de que en la sala eran mayoría los adversarios de
Meyerhold, no logró ganarse al público. Y cuando finalmente intervino
Meyer-hold, fue acogido por una calurosa ovación. Éste, sin embargo, se dejó
llevar enteramente, para desgracia suya, por su tempera-mento lucuaz, poniendo
de manifiesto un encono que repugnó a todos. Y cuando finalmente quiso hacer a
uno de los críticos sospechoso de haberle atacado únicamente por las
diferencias que, como antiguo empleado de Meyerhold, había tenido con su jefe,
el contacto con la masa desapareció por completo. De nada le sirvió ya
refugiarse en su dossier y en una serie de justificacio-nes profesionales de
algunas de las partes atacadas de la represen-tación. Ya eran muchos los que se
habían marchado durante su discurso, y el propio Reich comprendió que ahora sería
ya impo-sible intervenir, por lo que se vino a mi lado antes de que Meyer-hold
acabase. Cuando por fin terminó, los aplausos fueron míni-mos. Nosotros no
quisimos esperar a lo que venía después, que no podía ofrecer ya gran' cosa,
~i, por supuesto, nada nuevo, y nos fuimos.
4 DE ENERO
Fecha de vencimiento de mi v1s1ta a Kogan. Pero,
por la mañana, Niemen me llamó por teléfono para decirme que tenía que ir al
Instituto a la una y media; organizaban una visita al
149 Valerian Pletnev ( 1886-1942), entre 1920 y
1932. presidente del Comité Central del Consejo Soviético de
Cultura-Proletaria. A partir de 1921, director del Comité Superior de Formación
Política.
150 El
discurso de Vladimir Mayakovskii (1893-!930) en torno a la disputa sobre el
montaje del Ret·isor aparece en: MAJAKOWSKI. l-Verke. voL V (Publi:::is-tik),
Frankfurt a. Main, 1980. 230-235. Ver el informe de Benjamín «Disputation bei
Meyerhold». en GS IV. 481-483.
151 Andrei
Bielyj, pseudónimo de Boris Nikolaevich Bugaev ( 1880-1934).
15 2
Michail Levidov ( 1891-1941 ), escritor y periodista ruso:·
153 Por
ejemplo: S. Tretjakov. J. Grossman-Roshchin, A. Slonimski. N. Vol-konski, l.
Aksenov. De esta discusión se dio información en el Pravda del 9 de enero de
1927.
82
Kremlin. La mañana la pasé en casa. ,E; el
Instituto nos junta~. mos cinco o seis personas; al parecer, todos ingleses,
menos yo. Nos dirigimos a pie al Kremlin, guiados por un señor poco sim-pático.
La marcha era muy rápida y me costó muchísimo seguir-les; al final, el grupo
tuvo que esperarme a la entrada del Krem-lin. Lo primero que choca dentro del
recinto de la muralla es el aspecto excesivamente cuidado de los edificios del
Gobierno. Para mí es sólo comparable a la impresión que producen todas las construcciones
de la ciudad modélica de Mónaco, colonia privilegiada en la vecindad más
próxima a los gobernantes. Se le asemeja hasta en la misma pintura de sus
fachadas, de un blanco luminoso o un amarillo crema. Aunque, mientras que allí
todo se ve implicado en un juego de luces y de sombras, lo que aquí domina es
la claridad equilibrada de un campo de nieve en el que los colores sólo
destacan de una forma desapasionada. Y cuando empezó a oscurecer, este campo
pareció ensancharse más y más. Junto a las brillantes ventanas de los edificios
oficia-les, las torres y las cúpulas se alzan al cielo de la noche como
monumentos vencidos que hacen guardia ante las puertas de los vencedores. La
oscuridad 154 se ve atravesada también aquí por los haces de luz de los faros
de los coches, exageradamente cla-ros. Su luz espanta a los caballos de los
soldados de caballería, que tienen aquí, en el Kremlin, un gran campo de
entrenamien-to. Los peatones han de abrirse paso con esfuerzo por entre los
coches y los rebeldes percherones. Largas hileras de trineos para retirar la
nieve; algunos jinetes. Sobre la nieve se han posado silenciosas bandadas de
cuervos. A las puertas del Kremlin, en mitad de una luz cegadora, se encuentra
la guardia, cubierta con sus insolentes pieles de color ocre amarillo. Sobre
ella destaca la luz roja que regula el tráfico de la entrada. Todos los colores
de Moscú se disparan prismáticaménte en este lugar, centro ruso del poder. El
club de los soldados del Ejército Rojo da a este campo. Entramos en él antes de
abandonar el Kremlin. Sus salas son limpias y claras, y parecen más sencillas y
severas que las de otros clubs. En la sala de lectura hay muchas mesas de
ajedrez. El ajedrez fue fomentado en Rusia por Lenin, que también jugaba a él.
En la pared 155 hay un relieve de madera: el mapa de Europa,
154 La
oscuridad. ... centro ruso del poder: Ver: GS IV, 319: «Vorm Kremltor. ..
sich niedergelassen».
155 En la
pared. .. se deteriore: Ver: GS IV, 336: «lm Klub ... schematisch gehaltem>:
341: «lm Ausleihraum ... verderben lasst».
83
con un contorno esquematizado de manera simplista.
Al girar una manivela que hay junto a él, van iluminándose, uno tras otro, y
por orden cronológico, los lugares de Rusia y del resto de Europa donde vivió
Lenin. Pero el aparato estaba estropeado y siempre se iluminaban varios lugares
a la vez. El club tiene una biblioteca de préstamo. Me agradó un anuncio en el
que se expli-caba mediante un texto y bonitos dibujos de colores de cuántas
maneras se puede evitar que un libro se deteriore. Por lo demás, la visita
estuvo mal organizada. Cuando llegamos al K.remlin, ya eran cerca de las dos y
media, y al entrar por fin en las iglesias, después de visitar la Oruscheinaya
Palata 156, la oscuridad en su interior era tal que ya no se podía distinguir
nada. Aunque, debi-do a sus diminutas y altas ventanas, de cualquier modo
depen-den de la iluminación interior. Entramos en dos catedrales: la del
Arcángel y la de Uspenski. Esta última es el templo donde se coronaba a los
zares. En sus numerosas y pequeñas salas debió de estar representado el poder
en su máxima expresión. La ten-sión que esto daría a las ceremonias es algo
difícil de imaginar hoy en día. Aquí, en las iglesias, el pesado organizador de
la visita se retiró, y unos viejos y simpáticos vigilantes fueron ilumi-nando
lentamente las paredes con velas. A pesar de ello, no se podía ver mucho. La
gran variedad de imágenes, de aspecto ex-terno probablemente idéntico, tampoco
le dicen nada al lego en la materia. De cualquier modo, la claridad aún bastaba
para ver el exteriór de las maravillosas iglesias. Recuerdo, en particular, una
galería vecina al gran palacio del Kremlin, cubierta de pe:.. queñas cúpulas de
brillantes colores; creo que en ella se encon-traban los aposentos de las
princesas. En otro tiempo, el K.remlin fue un bosque: iglesia del Salvador en
el Bosque 157 es el nombre de la más antigua de sus capillas. Más tarde se
convirtió en un bosque de iglesias y, como los últimos zares también talaron
para hacer sitio a nuevas construcciones, totalmente desprovistas de interés,
aún queda más que suficiente para crear todo un laberin-to de iglesias. También
aquí 158 montan guardia en el exterior, en la fachada, numerosas imágenes de
santos que, desde las cornisas más elevadas, miran hacia abajo como pájaros
huidizos, protegi-dos por el tejadillo de hojalata. Sus inclinadas cabezas de
retorta ·
156 Armeria del Kremlin
de Moscú, construida entre 1844 y l 851.
15 7 ((Sobor Spasa na
Boru» (((en el bosque»). capilla construida en 1330.
!58 También aqu(.. expresan congoja: Ver: GS IV,
345: ((Viele Heilígenbil-der... spricht Trúbsal».
84
expresan congoja. Desgraciadamente, la mayor parte
de la tan:l_e se dedicó a las grandes colecciones de la Oruscheinaya Palata. Su
esplendor es deslumbrante, pero sólo sirven para distraer, cuan-do lo que uno
desearía es concentrar todas sus energías en la magnífica topografía y en la
arquitectura misma del Kremlin. Es fácil que quede inadvertida una de las
causas fundamentales de su belleza: en ninguna de sus espaciosas plazas se ve
monumento alguno. En Europa 159 , en cambio, apenas existe plaza alguna que no
haya sido profanada y vulnerada en su estructura más íntima, a lo largo del
siglo XIX, con algún monumento. De las coleccio-nes me llamó especialmente la
atención una calesa, regalo de un príncipe Rasumofski 160 a una hija de Pedro
el Grande. Su ampu-losa y ondulante ornamentación podria provocarle a uno el
ma-reo sin necesidad de moverse, antes siquiera de imaginarse su balanceo por
carretera, y si uno se entera además de que fue enviada desde Francia por mar,
el malestar ya es completo. Toda esta riqueza se adquirió de una forma que ya
no tiene futuro: no sólo ha muerto su estilo, sino también la manera misma de
ad-quirirla. Deben de haber sido un peso para sus últimos propieta-rios y [es]
bien imaginable que la sensación de disponer de todo ello pudiera volverlos
casi locos. Pero ahora, en la entrada a estas colecciones se ha colgado un
retrato de Lenin de la misma mane-ra que unos paganos conversos habrían podido
colocar una cruz en el lugar donde antes se ofrecían sacrificios a los dioses.
El resto del día fue bastante desafortunado. Ya no quedaba tiempo para comer;
eran cerca de las cuatro cuando salí del Kremlin. ·A pesar de ello, cuando fui
a ver a Asia, ésta aún no había vuelto de la modista. Sólo estaban Reich y la
inevitable camarada. Pero Reich no podía esperar más, y poco después apareció
Asia. Des-graciadamente, la conversación fue a parar luego al libro sobre el
Barroco. Dijo las mismas cosas de siempre. Después estuve le-yendo un poco de
Einbahnstrasse. Por la noche nos habían invi-tado a casa de Gorodinski (?).
Pero, al igual que en casa de Gra-novski, también aquí nos quedamos sin cena.
Pues antes de salir vino Asia para hablar aún con Reich, y cuando llegamos al
lugar en cuestión, con una hora de retraso, sólo encontramos a la hija.
Esa noche fue imposible tratar de hacer nada con
Reich. Anduvi-mos vagando mucho tiempo en busca de un restaurante en el
l59 En Europa
... algún monumento: Ver: GS IV, 343:
«kaum einer. .. worden.
ware».
160 Andrej Kirillovich
Razumovski (1752-1836).
85
que yo pudiera comer algo todavía, encontrando un
reservado sumamente primitivo, con tabiques de madera sin desbastar, y al final
entramos en una desagradable pivnaya de la Lubianka don-de nos sirvieron una
comida muy mala. Luego, media hora en casa de llesh -él no estaba; y su mujer
nos hizo un té excelen-te-, y luego, a casa. Aún me habría gustado ir al cine
con Reich a ver la Sexta parte de la tierra, pero él se encontraba muy
cansa-do.
5 DE ENERO
Moscú 161 es la más silenciosa de todas las grandes
ciudades, y, con nieve, doblemente. El instrumento principal de lá orques-ta de
la calle, la bocina de los coches, aquí solo se halla débilmen-te representado;
hay pocos coches. Asimismo, comparado con otros centros, hay muy pocos
periódicos; de hechO·; sólo un pe-riódico sensacionalista, único diario de la
tarde, que aparece to-dos los días a las tres. Por último, los gritos de los
vendedores tampoco son aquí muy fuertes. La venta callejera es ilegal y trata
de pasar inadvertida. Y para dirigirse a los transeúntes se sirven menos de
gritos que de palabras reposadas, cuando no susurra-das, en las cuales subyace
un residuo del tono suplicante del mendigo. Sólo hay una casta 162 que pasa
haciendo ruido por las calles: la de los traperos, con su saco a la espalda; su
llamada melancólica recorre todas las calles de Moscú una o varias veces por
semana. Ocurre algo curioso 163 con estas calles: la aldea rusa juega en ellas
al escondite. Al atravesar uno cualquiera de los grandes portones - a menudo
disponen de verjas de hierro forja-do, pero yo no he visto nunca ninguno
cerrado-, uno se en-cuentra en la entrada de un espacioso poblado que a menudo
ocupa tal extensión, que parece como si el espacio de esta ciudad no costase
nada. Se nos abre así una alquería o una aldea. El piso es desigual; se ve a
niños en trineo, quitando la nieve con palas;
161 Mosczí es ...
del mendigo (marc.): Ver: GS IV,
319: «Das winterliche ...
wenig Autos»: 321-322: «All das ... Bettlerdemut
liegb>: 321: «Der Strassenhan-del... jedes Aufsehem>.
I6 2 Sólo ha_v
una casta ... por semana: Ver: GS IV,
321: «Nur eine Kaste ...
jedes Vierteb>.
l63 Ocurre algo ... miseras tahernas (marc.): Ver:
GS IV, 343: «Mit Moskaus ...
der Landschaft»: «Nirgens sieht... Teilen an».
86
los rincones están llenos de cobertizos panr la
leña, las herra-mientas o el carbón; los árboles crecen por todas partes;
primiti-vas escaleras de madera o construcciones adosadas dan a los late-rales
o a las espaldas de las casas, de aspecto muy urbano porel lado de la calle, un
aire de casa campesina rusa. De este modo, la calle se prolonga en una
dimensión paisajística. Moscú, sin duda, no parece ser la ciudad misma por
todas partes, sino, más bien, su extrarradio. En los lugares más céntricos de
la ciudad se puede encontrar piso reblandecido, barracones, transportes de
materias primas, ganado camino del matadero y míseras tabernas. Lo vi 164
claramente este día cuando recorría la Suyarevskaya. Que-ría ver el famoso
parque Sujarev, heredero, con sus más de un centenar de tenderetes, de una
feria importante. Entré en él des-de el barrio de los chatarreros. Es el lugar
más cercano a la iglesia (la catedral de San Nicolás) cuyas cúpulas azules se
alzan por encima del mercado. Aquí, la gente deja simplemente su mer-cancía
sobre la nieve. Hay cerrojos viejos, varas de medir, herra-mientas, utensilios
de cocina, material electrotécnico y muchas cosas más. En el mismo lugar se
efectúan también reparaciones;
vi cómo
soldaban algo con un soplete. No se ven asientos por ninguna parte; todo el
mundo está de pie, derecho, charlando o vendiendo. El mercado baja hasta la
Sujarevskaya. Al avanzar 165 por las numerosas plazas y avenidas de tenderetes,
vi con clari-dad hasta qué punto determina a gran parte de las calles de Mos-cú
toda esta disposición de mercado y feria aquí reinante. Hay una zona de
relojeros y un barrio de prendas de confección, centros de venta de material
electrotécnico y de maquinaria, y luego, nuevamente, tramos de calle donde no
se encuentra ni una sola tienda. Aquí, en el mercado, las mercancías permiten
reconocer su función arquitectónica: los pañuelos y las telas for-man pilastras
y columnas; las hileras de zapatos y valinki que cuelgan sobre los mostradores,
sujetos por los cordones, se con-vierten en el tejado de los tenderetes;
grandes garmoshkas for-man ruidosos muros, como una especie de muralla de
Memnón. Aquí, en la zona de los bazares de juguetes, encontré también,
finalmente, mi samovar como elemento decorativo para el árbol de Navidad. Por
primera vez en Moscú vi puestos con imágenes de santos. Estáh recubiertas en su
mayoría de hojalata plateada,
164 Lo vi ... la Suyarevskaya: Ver: GS IV, 321: «U
nd an der... oder handelt>>.
16 5 Al avanzar... entre gendarmes (marc.): Ver: GS
IV, 321-322: «A uf diesem Markt ... zwei Gendarmen».
87
al estilo antiguo, en la cual aparecen estampados
con troquel los pliegues del manto de la Virgen. Sólo la cabeza y las manos son
superficies coloreadas. También hay cajitas de cristal en las que, guarnecida
con brillantes flores de papel, se puede ver la cabeza de San José(?). E
igualmente, estas flores, en libertad, formando grandes ramos. Brillan mucho
más que las mantas de colores o la carne cruda sobre la nieve. Pero, dado que
este ramo de ventas pertenece al comercio del papel y de los cuadros, los tenderetes
de imágenes de santos se encuentran situados junto a los puestos de papelería,
por lo que siempre aparecen flanqueados por retra-tos de Lenin, como un
detenido entre gendarmes. También hay rosas de Navidad 166 • Al no tener un
lugar propio, pueden apare-cer rodeadas de productos de alimentación, tapices o
tenderetes de utensilios de cocina. Pero ellas lo eclipsan todo: carne cruda,
mantas de colores y brillantes cuencos. Al llegar a la Sujarevska-ya, el
mercado se estrecha, formando un pasillo entre los muros. Allí hay niños que
venden artículos para el consumo doméstico, pequeñas cuberterías, manteles y
cosas por el estilo; vi a dos de ellos de pie, cantando junto al muro. Por
primera vez también desde que estuve en Nápoles vi a un vendedor de cosas
mágicas. Tenía delante una botellita en cuyo interior había un mono muy grande
de trapo sentado. No se entendía cómo había podido meterlo allí. En realidad,
sólo había que introducir en la bote-lla un animalito de trapo como los que
vendía aquel hombre. El agua hacía que se hinchase. Un napolitano vendía ramos
de flores del mismo tipo. Todavía estuve paseando un rato por la Sadovaya, y
luego, hacia las doce y media, fui a ver a Basseches. Cuenta muchas cosas,
algunas de ellas muy instructivas, pero acompañadas de constantes repeticiones
y de noticias carentes de interés que sólo sirven para expresar su afán de
reconocimiento. Pero es muy atento y, para mí, de gran utilidad con sus
informa-ciones, su préstamo de revistas alemanas, y con su ofrecimiento de proporcionarme
una secretaria. Por la tarde no fui en seguida a ver a Asia: Reich quería
hablar con ella a solas y me pidió que fuese a las cinco y media. En los
últimos tiempos, apenas puedo hablar nada con Asia. En primer lugar, porque su
salud se había vuelto a resentir. Tiene fiebre. Aunque esa circunstancia, tal
vez la hubiera podido predisponer a una charla tranquila, si no fuese porque,
junto a la presencia mucho más discreta de Reích, la
166 También hay rosas .. brillantes cuencos: Ver: GS IV,
333: «Es leuchtet...
glánzende Schüsselm>.
88
presencia paralizadora de su compañera de
habitación, que habla con voz muy fuerte y acaiorada; no determinase la
orientación de todas las conversaciones; aparte de lo cual entiende tanto
ale-mán que inmoviliza todo lo que pudiera quedarme de energía. En uno de los
raros minutos en que nos quedamos a solas, Asia me preguntó si volvería otra
vez a Rusia. Yo le dije que, sin saber algo de ruso, no. Y aun así, dependería
de algunas otras cosas: del dinero, de mi estado de salud, de sus cartas. Éstas
-dijo evasiva- dependerian, a su vez, de cómo se encontrase ella. A instancias
suyas, yo salí aún a comprar mandarinas y halva, que le entregué abajo a la
enfermera. Reich me pidió la habitación para pasar en ella la velada trabajando
con su traductora. No pude decidirme a ir solo a ver Dench y Noch de Tairoff
167 • Fui a ver La sexta parte de la tierra (en el cine del Arbat). Pero se me
escaparon muchas cosas.
6 DE ENERO
La tarde anterior le había enviado un telegrama a
Dora para felicitarla por su cumpleaños. Luego subí por la Miasitskaya has-ta
llegar a la Puerta Roja, doblando a continuación por una de las amplias calles
laterales que parten de allí. Durante este paseo, cuando ya había anochecido,
descubri el paisaje de patios de Moscú. Hacía un mes que estaba en Moscú. Este
día transcurrió de una forma bastante insípida, por lo que apenas hay riada que
apuntar. Por la mañana tomé el desayuno en el pequeño y sim-pático café del
que, probablemente, aún me habré de acordar a menudo; Reich me explicó el
contenido de la cartelera de cine que había comprado la noche anterior. Luego
fui a dictar a casa de Basseches. Puso a mi disposición a una mecanógrafa
bonita y simpática, y que trabaja de maravilla. Pero cuesta tres rublos la
hora. Aún no sé si podré costeármelo. Después de dictar me acompañó ai Do m
Gerzena. Comimos los tres juntos. Nada más comer, Reich se fue a ver a Asia. Yo
todavía hube de quedarme un rato con Basseches. consiguiendo también una cita
con él para ir a ver Storm 168 al dia siguiente por la noche. Finalmente me
acompanó aún hasta el sanatorio. El panorama que encontré
167 Diu
.l' nochE' (Den l nuch). representada por Tairov en el Teatro Kamernyi.
168 Stonn:
( T anpcstad): pieza teatral estrenada por flill Belocerkovski ( l 885-
1970) en
1925: producción: E. Liubinov-Lanskoi.
89
al llegar arriba era desolador. Todo el mundo se
abalanzó sobre las revistas alemanas que yo, imprudentemente, había subido. Por
último, Asia dijo que quería ir a la modista, y Reich, que la acompañaría allí.
Yo le dije «adiós» a Asia a través de la puerta y me fui hacia casa. Mi
esperanza de verla aparecer todavía por la noche en mi habitación se vio
frustrada.
7 DE ENERO
El capitalismo 169 de Estado ha conservado en Rusia
muchos de los rasgos de la inflación. Sobre todo, la inseguridad legal en el
interior. Por una parte se ha autorizado la NEP, pero, por otra, sólo se admite
en interés del Estado. Cualquier «Nep» puede convertirse, sin previo aviso, en
víctima de un cambio radical de la política económica e, incluso, de una
declaración oficial tran-sitoria. No obstante, en algunas manos se acumulan
-visto des-de la óptica rusa: increíbles- fortunas. He oído hablar de gente que
tiene que pagar más de tres millones de rublos de impuestos. Estos ciudadanos
son el contrapunto del comunismo heroico de guerra: la especulación heroica*.
En la mayoría de los casos se ven abocados a seguir estos derroteros con total
independencia de sus propios planes. Pues aquello que caracteriza a la época de
la NEP es justamente la limitación de las directrices estatales en lo que se
refiere al comercio interior, a los artículos de estricta necesidad. Esto da
lugar a una coyuntura muy favorable para el «Nep». Otro de los rasgos de la
inflación son también los vales, el único medio para adquirir muchos productos
en las tiendas esta-tales; de ahí las colas. La moneda es firme, pero el papel
sigue ocupando un espacio muy importante en la vida económica, en la forma de
estos vales, en las listas de precios de muchos escapara- . tes. El mismo hecho
del descuido en el vestir sólo se ha dado a · conocer en Europa Occidental bajo
el signo de la inflación. No hay duda de que la convención del traje informal empieza
a tambalearse. De ser el uniforme de la clase dominante, amenaza con
convertirse en el símbolo del más débil en la lucha existen-cial. En los
teatros, ya se van atreviendo a salir tímidamente los
l69 El capitalismo ... traje nacumal campesino: en él manuscrito aparece mar-
cado. pero, al parecer. no ha sido incluido en
ningún ensayo.
*Juego de palabras: NEP y Nepp (en alemán:
<<estafa», «especulación>)) [N. de
la Tl
90
primeros vestidos de gala, como la paloma de Noé
tras largas semanas de lluvia. Pero aún sigue habiendo mucha uniformidad de
aspecto proletario: al parecer ha desaparecido por completo la forma europea
occidental de cubrirse la cabeza: el sombrero, rígi-do o flexible. Lo que
predomina es el gorro ruso de piel o la gorra deportiva, utilizada también por
algunas jóvenes en versiones elegantes, pero atrevidas (con unas viseras muy
grandes). En ge-neral, la gente no suele descubrirse en los lugares públicos:
el saludo, por otra parte, se ha hecho también más informal. En cuanto al resto
de la indumentaria, predomina ya la variedad oriental. Tanto en hombres como en
mujeres se observa una mezcolanza de cazadoras de piel, chaquetas de cuero y
terciope-lo, elegancia cosmopolita y traje típico aldeano. De vez en cuan-do
-como ocurre también en otras grandes ciudades-, aún se puede ver (en mujeres)
el traje nacional campesino. Este día me quedé, por la mañana, mucho tiempo en
casa. Luego, a ver a Kogan, el presidente de la Academia. No me afectó su
insignifi-cancia; en todas partes me habían advertido de ello. En la oficina de
la K,ameneva cogí entradas para el teatro. Durante un tiempo de espera que
parecía no querer acabar nunca estuve hojeando un libro sobre el cartel
revolucionario ruso, con numerosas y ·excelentes ilustraciones, algunas en
color. Me llamó la atención el hecho de que -por muy eficaces que sean estos
carteles- no hay nada en ellos que no pueda explicarse, sin gran esfuerzo, a
partir de los elementos estilísticos de un arte industrial burgués en parte ni
siquiera muy avanzado. No encontré a Reich en el Dom Gerzena. Con Asia estuve a
solas al principio; se encontra-ba muy decaída, o quizá sólo lo simulaba, de
modo que no enta-blamos conversación. Luego apareció Reich. Yo me marché para
acordar con Basseches nuestra salida al teatro aquella noche, y, al no poder
localizarlo por teléfono, tuve que ir a su casa. Toda la tarde, con dolor de
cabeza. Después fuimos con su novia, una cantante de opereta, a ver Storm. La
novia parecía muy tímida y, además, no se encontraba bien, por lo que se fue a
casa nada más acabar el teatro. Storm expone situaciones del comunismo de
guerra agrupadas en torno a una epidemia de tifus en el campo. Basseches me
tradujo todo abnegadamente, y la interpretación fue mucho mejor de lo habitual,
de modo que le saqué un gran provecho a la velada. La obra, como todas las
rusas (según Reich) carece de trama. Me pareció que sólo tenía el interés
informativo de una buena crónica; interés que, sin embargo, no es de índole
dramático. Hacia las 12 fui a cenar con Basseches al
91
kruyok 170 de la Tverskaya. Pero, como era la
primera festividad navideña (según el antiguo calendario), el club no estaba
dema-siado animado. La comida fue excelente; el vodka lo habían mezclado con
una esencia de hierbas aromáticas que le daba un color amarillo y lo hacia más
fácil de beber. Comentamos el proyecto de un reportaje sobre arte y cultura
franceses para algu-nas publicaciones rusas.
8 DE ENERO
Por la mañana, a cambiar dinero, y luego, a dictar.
La reseña sobre la discusión del Meyerhold creo que me salió más o menos bien;
en cambio no logré avanzar con mi informe sobre Moscú para el Diario. Por la
mañana temprano tuve una discusión con Reich por haber ido [con] Basseches (de
una manera algo irrefle-xiva) al Dom Gerzena. Me volvió a aleccionar sobre la
gran cau-tela que hay que tener aquí. Éste es uno de los síntomas más evidentes
de la fuerte politización de la vida. Me alegré mucho de no ver a Basseches en
la legación cuando fui a dictar; estaba aún en la cama. Para no tener que ir al
Dom Gerzena. me compré caviar y jamón, y comí en casa. Cuando fui a ver a Asia,
hacia las cuatro y media, Reich no había llegado aún. Tardó todavía una hora, y
luego me dijo que, de camino al sanatorio, había vuelto a darle un ataque al
corazón. Asia se encontraba peor y tan preo-cupada consigo misma, que apenas se
dio cuenta del retraso de Reich. Vuelve a tener fiebre. La camarada, que ya
empieza a resultarme insoportable, estuvo casi todo el tiempo en la
habita-ción, recibiendo luego ella misma visita también. Su comporta-miento,
por lo demás, es siempre amable ... , si no fuese por su presencia en torno a
Asia. Le estuve leyendo a Asia el esbozo del Diario. sobre el cual hizo algunas
observaciones muy acertadas. Al final, la conversación rezumaba un cierto tono
amable. Luego estuvimos jugando al dominó en la habitación. Llegó Reich.
Se-guimos jugando los cuatro. Reich tenía reunión por la noche.
Hacia las siete tomé un café con él en el sitio de
siempre; luego me fui a casa. Cada vez veo más claramente que en los próximos
tiempos necesitaré una armazón sólida para mi trabajo. Y. desde luego. ésta no
puede ser la traducción. La condición previa para
170 Club. circulo
(km:::iwk).
92
construirla es, a su vez, una toma de postura. Á
fin de cuentas, sólo son dudas externas las que me impiden ingresar en el K.
P.D. Ahora sería el momento adecuado, y tal vez sea pelígroso dejarlo pasar.
Pues el hecho, justamente, de que mi pertenencia al Partido sea para mí,
posiblemente, un simple episodio hace que no sea aconsejable aplazarlo. Ha sido
y sigue siendo la pre-sión de las dudas externas lo que me obliga a preguntarme
si no existe la posibilidad de dar veladuras prácticas y económicas a una posición
de izquierdas, al margen del Partido, mediante un trabajo intensivo que me
siguiera garantizando la posibilidad de una producción más amplia dentro del
que hasta ahora ha sido mi ámbito de trabajo. La cuestión es hasta qué punto se
puede conducir esta produccíón a un nuevo estadio sin provocar una ruptura. Y
aun en tal caso, la «armazón» debería contar con alguna apoyatura externa,
como, por ejemplo, un empleo de re-dactor. Sea como fuere, la nueva etapa
iniciada parece diferen-ciarse de las anteriores en que empieza a estar menos
condicio-nada por lo erótico. En tomar conciencia de ello ha inflÚ¡do, en
cierta medida, el observar Ia relación entre Reich y Asia. Me doy cuenta de que
Reich se muestra más firme frente a la inestabili-dad de Asia y no se deja (o
no parece dejarse) influir tanto por formas suyas de comportamiento que a mí me
enfermaí;an. Y ya esto último me parece mucho. Esto se debe a la «armazón» que
él ha encontrado aquí para su trabajo. A los contacto's reales
.que éste le proporciona, se viene a añadir, sin
duda, el hécho de que aquí él forme parte de la clase dominante. Esta nueva
confi-guración 171 de toda una jerarquía de poder es, en definitiva, lo que
hace que la vida aquí sea tan extraordinariamente rica en contenido. Pues está
tan encerrada en sí misma y tan llena de acontecimientos. es tan pobre y, al
mismo tiempo, tan-llena de perspectivas como la vida de los buscadores de oro
de K.Jondi-ke. Desde la mañana hasta la noche no se hace otra cosa que escarbar
en busca de poder. Todas las posibilidades combinato-rias en la existencia de
los intelectuales de Europa Occidental son extremadamente pobres comparadas con
las innumerables cons-telaciones con que se encuentra aquí un solo individuo a
lo largo de un mes. La consecuencia de ello puede ser, sin duda, una especie de
estado de embriaguez que hace absolutamente impen-sable una vida sin reuniones
y comisiones, debates, resoluciones
171 Esw
nueva conjlguración .. deseo de poder: Ver: GS. IV, 335-336: «Diese
Urriformung... vorstellen lásst».
93
y votaciones (y todo esto son guerras, o, por lo
menos, manio-bras del deseo de poder). Pero es[ ... ] 172 éste el [objetivo
final] 173 que insta de una forma tan categórica a tomar postura, que plan-tea
la pregunta de hasta qué· punto se está dispuesto a soportar el papel de
espectador en una sala hostil y peligrosa, inhóspita y expuesta alas corrientes
de aire, o bien a aceptar, de una manera u otra, el papel que se ha de
intepretar en el estruendoso escena-rio.
9 DE ENERO
Sigo considerando mi ingreso en el Partido.
Ventajas decisi-vas: una posición segura, la virtualidad de un mandato. La
ga-rantía de un contacto organizado con gente. Argumentos en con-tra: ser
comunista en un Estado bajo el dominio del proletariado supone renunciar
completamente a la independencia personal.
U no, por así decirlo, delega en el Partido la
tarea de organizar la · propia vida. Pero, en países donde se oprime al
proletariado, eso significa ponerse de
parte de la clase
oprimida, con todas las consecuencias que, tarde
o temprano, esto pueda acarrear. La posición
de pionero sería tentadora si no existieran en ella com-pañeros cuya
actuación le demostrase
a uno mismo,
en todo momento, lo dudoso de tal
posición. Dentro del Partido: la
tre-menda ventaja de poder proyectar las propias ideas en una espe-cie de campo
de fuerzas dado de antemano. Sobre la posición independiente y su licitud
decide finalmente la cuestión de si es
posible quedarse fuera obteniendo un provecho personal y efecti-vo demostrable
sin pasarse a la burguesía, o en detrimento del propio trabajo. De si podré dar
en lo sucesivo cuenta precisa de mi trabajo, principalmente del científico, con
sus bases formales y metafísicas. Qué hay de «revolucionario)) en su forma y en
qué medida se da en él. De si mi
situación de incógnito ilegal entre los
autores burgueses tiene algún
sentido. Y de si es
absoluta-mente imprescindible para mi trabajo evitar ciertos extremos del
«materialismo)), o bien
he de tratar de
afrontarlos dentro del Partido.
Lo que aquí se debate son, en definitiva, las restricciones inherentes al
trabajo especializado realizado por mí hasta el mo-
172 [ ...
] Aqui hay una palabía totalmente ilegible por causa de una arruga en el,
papel.
173 [Objetivo
fmal]: de lectura dudosa.
94
mento. Y tiene que acabar en el ingreso en el
Partido ---'al meno~ con carácter experimental-, en el caso de que 174 este
trabajo no: pueda seguir el ritmo de mis convicciones ni organizar mi
exis-tencia sobre una base tan reducida. Aunque, mientras siga viajan-do,
prácticamente no podré plantearme el ingreso en el Partido.
Era domingo. Por la mañana estuve traduciendo. Al
mediodía, en un pequeño restaurante de la Bolshaya Dimitrovka. Por la tarde,
con Asia, que se sentía muy mal. Por la noche, solo en mi habitación,
traduciendo.
10 DE ENERO
Por la mañana tuve una discusión muy desagradable
con Reích. Recordó mí sugerencia de leerle la reseña 175 acerca de la discusión
en el Meyerhold. Eri ese momento, yo ya no tenía la necesidad de hacerlo, pero
me avine a ello con una resistencia instintiva. Después de nuestras charlas
anteriores sobre las rese-ñas enviadas al Literarische We!t, era evidente que
de ello tam-poco podía salir nada bueno. Leí, pues, muy deprisa. Pero yo me
había sentado en la silla en una posición tan desafortunada -la luz me daba
directamente en los ojos-, que esta mera circuns-tancia debería haberme
permitido prever ya el resultado. Reich me escuchaba con una actitud de calma
forzada y, cuando hube terminado, no necesitó de muchas palabras. El tono
empleado por él bastó para desencadenar, de modo instantáneo, una dispu-ta,
tanto más insoluble cuanto que ya no era posible aludir a lo que la había
motivado. Cuando estábamos en pleno altercado llamaron a la puerta; era Asia.
Se volvió a marchar en seguida.
En el tiempo que permaneció allí, yo hablé poco:
estuve tradu-ciendo. Me fui de un humor pésimo a dictar cartas y un artículo a
casa de Basseches. La secretaria me resulta muy simpática, aunque también
bastante «señorita». Cuando la oí decir que
174 En el
manuscrito: «wenn sich auf». Al parecer, Benjamín quería escribir primeramente:
«wenn sich auf dieser schmalen Basis diese Arbeit nicht al! mei-nen Intentionen
... [organisieren lassen kann]», pero luego tachó «all meinen Intentionen» y
prosiguió la frase de otra manera, sin revisar, no obstante, el inicio de la
frase convenientemente.
175 Esta reseña se publicó el 11-2-1927 en
Literarische Welt con el titulo «Der Regisseur Meyerhold - in Moskau erledigt?
Ein literarisches Gericht wegen der Inszeníerung von Gogols Revisor». Ver:
«Disputation bei Meyerhold», GS IV, 481-483.
95
quería volver a Berlín, le di mi tarjeta. Yo no
tenía el menor interés en encontrarme con Reich al mediodía. Así que compré
algunas cosas y comí en mi habitación. Me tomé un café de camino al sanatorio y
volví a tomarme otro de vuelta a casa. Asia se encontraba mal; en seguida le
entró sueño, de modo que la dejé sola para que pudiese dormir. Pero durante
unos minutos estuvimos en la habitación a solas (o, al menos, ella hizo como si
lo estuviéramos). Me dijo que, si volvía a Moscú en otra ocasión y ella estaba
sana, yo no tendria que andar dando vueltas por ahí tan solo. Peró, si no se
curaba, iría a Berlín -le tendría que hacer un hueco en mi habitación con un
biombo- para que la tratasen médicos alemanes. Por la noche estuve solo en
casa. Reich llegó tarde y aún me contó algunas cosas. Pero una cosa estaba
clara después del incidente de la mañana: yo ya no podía pretender contar con
Reich para nada de lo que proyectaba ha-cer durante mi estancia, aunque sin él
no pudiera organizarla de manera provechosa; lo único sensato era marcharse.
11 DE ENERO
A Asia tienen que volver a ponerle inyecciones.
Quería ir a la clínica ese día, y el día anterior habíamos quedado en que iría
a recogerme para que la acompañase allí en trineo. Pero no llegó hasta cerca de
las doce. La inyección se la habían puesto ya en el sanatorio. Estaba muy
excitada a consecuencia de ello, y, cuando nos encontrábamos solos en el
pasillo (los dos teniamos que tele-fonear), se agarró a mi brazo en un arrebato
de antígua espontac neidad. Reich estaba escribiendo cartas en la habitación y
no mostró intención de marcharse. Y, aunque Asia volvió de nuevo a mi
habitación esa mañana, todo fue completamente inútil. De nada sirvió que yo
retrasara mi salida unos minutos. Dijo que no quería venirse conmigo. Los dejé,
pues, solos, a ella y a Reich. y me fui a la Petrovka (aunque todavía no pude
conseguir mi pasa-porte), y, después, al Museo de Cultura Pictórica. Este
pequeño incidente me llevó a decidir definitivamente mi regreso, cuya fe-cha,
por otro lado, ya se iba acercando. En el museo no había gran cosa que ver. Más
tarde me dijeron que Larionoff y Gon-charova 176 son nombres conocidos. Pero
sus cosas carecen de
176 Mijail F. Larionov ( 1881-1964) y Natalia
Goncharova ( !881-1962). pintoc' res "vanguardistas" (rayonismo.
orfismo, etc.), compañeros sentimentales: entre
96
interés. Al igual que las otras cosas que hay en
las tres salas;.· parecen totalmente influidas por las pinturas pansinas y
berline-sas coetáneas, que copian sin ninguna habilidad. Al mediodía me pasé
varias horas en la oficina de Cultura esperando conseguir entradas para ir al
Teatro Malaia 177 con Basseches y su novia. Pero como no logré avisar
simultáneamente al teatro por teléfo-no, por la noche no aceptaron el pase.
Basseches había ido sin su novia. A mí me habría gustado ir al cine, pero él
quería cenar, de modo que le acompañé al Savoy 178 • Es mucho más modesto que
la Bolshaia Moskovskaya. Por otra parte, me aburrí mucho con él. Es incapaz de
hablar de otra cosa que no sean sus asuntos más personales; y lo hace con la
clara conciencia de demostrar lo muy informado que está y lo bien que sabe
informar a los demás. No paró de hojear y de leer Bandera Roja. Luego le
acompañé un trecho en coche y me dirigí directamente a casa, donde todavía
estuve traduciendo. Ese día 179 por la mañana compré la primera caja lacada (en
la Petrovka). Hacía ya algunos días que, como suele ocurrírme a menudo, cuando
iba por la calle sólo me fijaba en una cosa: en este caso, en las cajas
lacadas. Un enamoramien-to breve y apasionado. Quisiera comprar tres; aún no
tengo muy clara la adjudicación de las dos que ya tengo. Ese día compré la
cajita de las dos muchachas sentadas junto al samovar. Es muy bonita; aunque
sin que ese negro intenso que es con frecuencia lo más bello de estos trabajos
aparezca por ninguna parte ..
12 DE ENERO
Ese día 180 compré en el Museo Kustarny una caja
mayor en cuya tapa aparecía pintada, sobre fondo negro, una cigarrera. A su
lado hay un arbolito muy delgado y, junto a éste, un niño. Es una escena
invernal, pues en el suelo hay nieve. La de las dos muchachas también podría
hacer pensar en un ambiente nevoso, pues el cuarto en el que están sentadas
tiene una ventana por la
19 l 5 '! 1929. colaboradores de escenografía
anística para los montajes del Ballet Ruso de Diaghilev (en Francia).
177 El pequerío teatro (académico nacional) (/1./a/l•i lealr).
l78 Dos conocidos hoteles de Moscu.
179 Ese
dia .. por ninguna parle.· Ver: (jS IV. 624: «Von den einfachen ... an Lacten».
180 Ese
dia ... "Mosselprom» Ver: (jS lV . .132: <<lch sah ... den
Zigaretteni>:
97
que parece verse un aire azul helado. Pero no es
seguro. Esta nueva caja me ha resultado mucho más cara. La elegí de entre un
gran surtido; había también muchas cosas feas: copias serviles de antiguos
maestros. Especialmente caras parecen ser las cajas que tienen una capa dorada
(que se remontan, al parecer, a modelos más antiguos), pero a mí no me gustan.
El motivo de las cajas mayores debe de ser bastante reciente; en el delantal de
la vende-dora, por lo menos, pone «Mosselprom)) 181 • Recuerdo que una vez ya
estuve parado largo rato frente al escaparate de una tienda muy elegante de la
Rue du Faubourg Saint-Honoré mirando ca-jas como éstas. Pero entonces rechacé
la tentación de comprar una con la idea de que fuese Asia quien me la regalase,
o que, al menos, procediese, tal vez, de Moscú. Esta pasión mía proviene de la
gran impresión que siempre me causó una caja semejante que había en la casa 182
que Bloch tenía con Else en Interlaken; desde entonces puedo imaginarme la
impresión tan imborrable que dejan en los niños tales imágenes sobre fondo
lacado de color negro. Pero el motivo de la caja de Bloch ya lo he olvidado.
Ese mismo día encontré también unas postales fantásticas que llevaba buscando
desde hacía mucho tiempo, viejo género inven-dible de la época de los zares;
ilustraciones en cartulina prensada
.de colores, principalmente, además de vistas de
Siberia (con una de las cuales trato de mistificar a Ernst), etc. Fue en una
tienda de la Tverskaya, y, como el propietario habla alemán, no tuve que hacer
el esfuerzo que normalmente me exige el comprar aquí, pudiendo tomarme mi
tiempo. Ese día, por cierto, me habíá levantado y salido pronto de casa. Luego,
hacia las 10, había aparecido Asia, encontrando aún a Reich en la cama. Se
quedó una media hora, caricaturizándonos a actores y parodian-do al cantante que
había compuesto la canción cabaretística de San Francisco y del que ella había
oído hablar, probablemente, muy a menudo. Yo ya conocía la canción de cuando
estuvimos en Capri, donde ella la solía cantar a veces. En un principio había
esperado poderla acompañar por la mañana e ir luego jun-tos a un café. Pero se
hizo demasiado tarde. Salí con ella, la dejé en el tranvía y me fui luego solo.
Esta visita matinal tuvo un
181 Unión
de Empresas Moscovitas para la Transformación de Productos Agrícolas. La
Mosselprom se dio a conocer en gran medida por los versos publici-tarios de
Mayakovski y Rodchenko en favor de estas empresas.
18 2
Ernst Bloch vivió
con su primera
mujer. Else Bloch
von Stritzki { 1883-
1921 ). en
Interlaken desde la primavera de
1917 hasta 1919.
98
efecto benéfico sobre todo el día. Primero, es
cierto, me sentí algo insatisfecho en la Galería Tretiakoff. Pués las dos salas
que más deseaba ver estaban cerradas. En compensación, las otras salas
resultaron ser para mí una maravillosa sorpresa: pude reco-rrer '83 el museo
como nunca hasta entonces lo había hecho tra-tándose de una colección
desconocida; completamente relajado y entregado al disfrute de una especie de
contemplación pueril de lo que los cuadros narraban. Pues la mitad del museo la
integran cuadros de pintura rusa de género; su fundador comenzó a hacer
adquisiciones hacia 1830 (?), interesándose casi exclusivamente por cosas
contemporáneas. Posteriormente, el ámbito de su co-lección se ha visto ampliado
hasta 1900. Y teniendo en cuenta que las cosas más antiguas -exceptuando los
iconos- parecen ser de la segunda mitad del siglo XVIII, este museo refleja, en
su totalidad, la historia de la pintura rusa del siglo XIX. Fue ésta una época
determinada por la pintura de género y paisajística. Lo que yo vi me hace
suponer que, de entre todos los pueblos euro-peos, son los rusos los que han
cultivado de una forma más intensa la pintura de género. Y aquellas paredes
llenas de cua-dros narrativos, de representaciones de escenas de la vida de los
estamentos más diversos, convierten a esta galería en un gran libro ilustrado.
Por otra parte había aquí también muchos más visitantes que en las otras
colecciones que había ido a ver. Basta con ver cómo se mueven [por] las salas,
en grupo - a veces, en. torno a un guía, o también, en solitario-, con percibir
esa gran despreocupación en la que no se advierte ni un ápice del triste
abatimiento de los escasos proletarios que pueden verse en los museos
occidentales, para darse cuenta: en primer lugar, de que, aquí, el proletariado
ha empezado realmente a entrar en pose-sión de los bienes de la cultura
burguesa y, en segundo lugar, de que esta colección, precisamente, le resulta
muy familiar e inte-resante. En ella encuentra temas de su historia: <<La
pobre insti-tutriz llega a la casa del rico comerciante», «Conspirador
sor-prendido por los gendarmes», y el hecho de que tales escenas estén imbuidas
enteramente del espíritu de la pintura burguesa no sólo no es perjudicial, sino
que además se la hace aún más accesible. La educación artística (como ya lo da
a entender Proust en ocasiones) no se fomenta precisamente con la
contem-plación de las «obras maestras». Antes bien sucede que el edu-
ISJ Pude recorrer ... no me inleresaban (rnarc.):
Ver: GS IV, 323: «Nichts übe-
rraschL.
linden kónnen»: 323-324: «Da ist
die ... KJasse beziehen».
99
cando, nmo o proletario, considera, y con razón,
como obras maestras a cosas muy diferentes de las consideradas como tales por
el coleccionista. Esos cuadros tienen para él un significado muy transitorio,
pero sólido, y el criterio más riguroso sólo se justifica aplicándolo al arte
actual que hace referencia a él mis-mo, a su clase social y a su trabajo. En
una de las primeras salas me detuve largo rato frente a dos cuadros de Schedrin
184 : el puerto de Sorrento y otra pintura de aquel lugar; en ambos se veía la
inefable silueta de Capri, que para mí siempre estará liga-do a Asia. Quise
escribirle unas líneas, pero había olvidado el lápiz. Y esta inmersión en la
temática nada mas iniciar la visita al museo determinó también el espíritu de
mi contemplación posterior. Vi retratos muy buenos de Gogol, Dostoyevski,
Os-trovski, T olstoi. En una planta baja a la que se bajaba por unas escaleras
había muchas cosas de Vereschaguin 185 • Pero a mí no me interesaban. Salí muy
alegre del museo. La verdad es que había entrado ya con ese estado de ánimo, y
la culpa de ello la tuvo, más que nada, la iglesia de color ladrillo que se
encuentra junto a la parada d€1 tranvía. Era un día de frío; aunque quizá no
tan frío como aquel en que estuve aquí por primera vez, buscan-do el museo sin
poderlo encontrar, a pesar de estar a dos pasos de él. Y finalmente, aún pasé
también ese día un rato agradable con Asia. Reich se había marchado poco antes
de las siete; ella le había acompañado abajo, quedándose allí bastante tiempo,
y cuando por fin volvió, a pesar de que yo seguía estando solo, ya no nos
quedaban nada más que unos pocos minutos. Ya no recuerdo lo que sucedió: de
pronto fui capaz de mirar a Asia con mucho cariño y noté que se sentía atraída
por mí. Durante un momento le estuve contando lo que había hecho a lo largo del
día. Pero tenía que marcharme. Le di la mano y ella la retuvo entre las suyas.
Le hubiera gustado seguir hablando conmigo y yo le dije que si podíamos quedar
con seguridad en encontrarnos en mi casa, prefería no ver la obra de Tairoff, a
la que había pensado ir. Pero, finalmente, ella tuvo dudas sobre si el médico
la dejaría salir. Quedamos en que Asia vendría a verme una de las noches
siguientes. La obra de TairotT era D[a J' noche 186 , basada en una opereta de
Lecocq 187 • Me encontré con el arneri-
1x4 Silvcstr Feodosicvich Shchedrin ( i 79!-18
.10). paisaJista ruso.
1X) Yasíli V creshchagin ( 1R42-l904 ). pmtor ruso
conocido principalmente por sus cscen<Js ht'liras.
lXI> "{)¡{¡ ¡-
"''c'Íif"" Va nota lfo7.
1x7 Alcxandre-Ch<Jrks l.ecnn¡ ( l X.r:!-19 PO.
100
cano con el que estaba citado. Pero su traductora
no me sin:íó;de·
mucho: sólo se dirigía a él. y como la acción era
un: tanto e~~" pl~ja, tuve que conformarme con las bonitas escenas de
ballet.. ·.
!JDE ENERO
El día fue un completo fracaso, a excepc10n de la
noche. Ahora, además, empieza a hacer mucho frío: la temperatura me-dia es de
unos 26° Reaumur. Pasé un frío horrible. Ni siquiera tc:Js guantes me
sirvieron. de nada, pues estaban agujereados. La ~::osa todavía funcionó por la
mañana: encontré la agencia de viajes de la Petrovka cuando [yo] ya había
renunciado a ello, y también me informé de los precios. Luego quise ir en el
autobús
. 9 al Museo del Juguete. Pero, como el vehículo
tuvo una avería en el Arbat y yo creí (equivocadamente) que se quedaría allí
mucho tiempo parado, me apeé. Acababa de contemplar con añoranza, al pasar por
delante, el mercado de la Arbatskaya, donde vi por primera vez los hermosos
tenderetes navideños de Moscú. En esta ocasión, la suerte me sonrió de otra
manera: a! llegar a casa la noche anterior, cansado y tenso, esperando
hacer:-lo antes que Reich, éste ya estaba Ilí. Me sentí malhumorado por no
poder estar solo tampoco en ese momento (desde que''Oiscuti-mos sobre mi
artículo acerca de Meyerhold, la presencia de Reich me salia irritar) e
inmediatamente me fui hacia la lifmpara para ponerla en una silla junto a mi
cama, cosa que ya había logrado hacer otras veces. El [empalme] provisional con
la con-ducción eléctrica volvió a romperse una vez más; impaciente, me incliné
sobre la mesa para, en tan incómoda postura, tratar de yolverlo a conectar,.
provocando un cortociFcuito después·de ha-ber estado un buen: rato maniobrando
con los cables. Que vinie-sen a arreglarlo era algo impensable en ese hotel.
Con la luz del techo era imposible trabajar, y así volvía a cobrar actualidad
la cuestión de los primeros días. Estando en la cama, de pronto se me encendió
la «velita>>. Pero eso era también muy difíciL Ha-cerle encargos a Reich
era un asunto cada vez más difícil; él mismo tenía una infinidad de cosas que
hacer y, además, estaba de mal humor. No me quedaba más remedio que ponerme
solo en camino, armado de un vocablo. Pero hasta ese mismo voca-blo tendría que
habérmelo proporcionado antes Asía. Por eso fue una verdadera suerte que allí,
en el escaparate de una tienda, encontrase, de forma inesperada, velas, que
pude comprar seña-
1:01
lándolas simplemente con el dedo. Pero con esto
concluyó la parte feliz del día. Tenía mucho frío. Quise ver la exposición de
obras gráficas del Dom Pechat 1xx: cerrada. Y lo mismo con el Museo
Iconográfico. E.ntonces caí en la cuenta: era Nochevieja de acuerdo con el
antiguo calendario. Nada mas bajar del trineo que había cogido después de ir al
Museo Iconográfico, pues se encontraba en un lugar alejado que yo no conocía y
el frío ape-nas me dejaba avanzar, vi que estaba cerrado. En casos así, en los
que sólo por impotencia lingüística se tiene que hacer cualquier cosa absurda,
es cuando uno se da doblemente cuenta de la in-creíble pérdida de tiempo y
energía que este hecho supone. El tranvía en otra dirección lo encontré mucho
más cerca de lo que había pensado, y me fui a casa. En el Dom Gerzena estuve
antes que Reich. Y cuando él llegó, me saludó diciendo: «¡Tiene Vd. mala
suerte!» Había ido a la oficina de la Enciclopedia a entregar mi exposición
sobre Goethe. En ese momento había llegado ca-sualmente Radek 189 , que vio el
manuscrito sobre la mesa y lo cogió. Mostrándose desconfiado quiso saber de
quién era. «En cada página aparece "lucha de clases" diez veces por
lo menoS.)) Reich le demostró que eso no era cierto y le dijo que, por otra
parte, es imposible estudiar la obra de Goethe, que coincide con una época de
grandes luchas sociales, sin emplear esa palabra. Radek: «Lo único que importa
es que aparezca en el sitio ade-cuadO.)) En consecuencia. las esperanzas de que
acepten mi ex-posición son extremadamente escasas. Pues los infelices
directo-res de este proyecto se sienten demasiado inseguros como para
permitirse siquiera la posibilidad de expresar la propia opinión frente al peor
chiste de cualquier autoridad. Este incidente le resultó a Reich más desagradable
que a mí. Para mí lo fue mu-cho más por la tarde, cuando hablé de ello con
Asia. Pues en seguida empezó con que algo habría de cierto en lo que decía
Radek. Seguro que había hecho algo mal: yo no sabía cómo se debían abordar aquí
estas cuestiones., y cosas por el estilo. Enton-ces le dije a la cara que sus
palabras no eran más que el producto de su cobardía y de la necesidad de
moverse, a cualquier precio, en la dirección en que soplase el viento. Después
de que Reich llegase; no tardé en salir de la habitación. Pues, como sabía que
18& «Casa de la Prensa». una especie de club de
periodistas.
189 Karl Radek ( 1885-1939). funcionario destacado
del Partido, miembro del Presidium de la Komintern en 1920; desterrado en
192711928 acusado de «trots-
kista>>.
102
hablaría de ello, no quería que lo hiciese en mi
presencia. Aque-lla noche esperaba la visita de Asía. Y por eso. a pesar de
estar Reich delante, aún hice alusión a ello desde la puerta. Compré de todo:
caviar, tarta, dulces; también para Daga, a quien Reich iría a ver al día
siguiente. Luego me senté en mi habitación, cené y escribí. Poco después de las
ocho ya había abandonado las espe-ranzas de que Asia llegara. Pero hacía tiempo
que no la esperaba así (y, por todas las circunstancias, que no debía esperarla
ya). Y
· no había
hecho nada más que empezar a apuntarte tates expecta-tivas en un cuadro
esquemático, cuando llamaron a la puerta. Era ella, y su primera noticia fue
que no la habían querido dejar venir a verme. Al principio creí que se refería
a mí hotel. Pues, al parecer, hay un nuevo sovietdushi 190 muy estricto. Pero
se refe-ría a Ivan Petrovich. Y así, también esa noche, o, mejor dicho, esa
hora escasa, quedó recortada por todos lados, y yo me vi enzarzado en un
combate contra el tiempo. Yo fui, sin duda, el vencedor de la primera ronda.
Hice rápidamente el esquema que tenía en la cabeza y, cuando se lo expliqué,
ella apretó con fuerza su frente contra la mía. Luego le leí la exposición, y
también esto resultó muy bien; le gustó, encontrándola incluso extraordinaria-mente
clara y objetiva. Hablé con ella de lo que considero real-mente interesante del
tema «Goethe»: el hecho de que un hom-bre que, como Goethe, tuvo que vivir
sujeto a tantos compromi-sos pudiera, sin embargo, realizar cosas tan
extraordinarias. Mi respuesta a ello es que tal cosa sería impensable
tratándose de un autor proletario. Pero la lucha de clases de la burguesía fue
radi-calmente distinta a la proletaria. Por eso no se pueden equiparar
esquemáticamente el significado de «infidelidad» o «compromi-so» en ambos
movimientos. Mencioné la tesis de Lukács 191 , a saber: que el materialismo
histórico, en el fondo, sólo se puede aplicar a la historia del movimiento
obrero. Pero Asia se cansó muy pronto. Entonces cogí el Diario de Moscú y le
leí, por las buenas, lo primero que vi. Pero eso fue peor. Se trataba
precisa-mente de mis comentarios acerca de la educación comunista. «Todo eso es
absurdo>>, dijo Asia. Estaba insatisfecha 192 y me
190 Denominación para
el portero acuñada por Benjarnin y
Lacis.
191 La
tesis de Lukács. a saber: que el materialismo histórico, en el fondo, sólo se
puede aplicar a la historia del movimiento obrero: Ver sobre el terna: Georg
LuKAcs. HisiOria y conciencia de clase ( 1923) y la breve recensión de este
libro
realizada por Benjarnin en GS !11, 171.
l92 Estaba insatisfecha ... malos ratos: Ver: GS
IV, 348: (<.Jetzt rnacht~ .. deutli-
cher herausgestellt».
103
dijo que no conozco Rusia en absoluto Yo corr.
. . Y entonces
empezó . ' •uO es ló
.
se lo d1scut1. · a hablar ella· d.. glco, no
· · . . lJO Cos
Importantes, pero
el hablar la exc 1tó mucho.
Me e . as muy
· · · onto
q
pnnc1p10, tampoco ella había entendido a Rusia·· du
rante 1ue, al
meras semanas después de su lleoada había deseado as Pri-
. e vo
1ver a tu-
ropa y pensado que, en Rusia, todo había
acabado q ue 1
.· · b 1 ' a o ·
cton tema a so
utamente toda la razón. Pero, poco Pos1-
· ·d d an d · a Poco '
se
h a b 1a 1.? o cue~ta de lo
q~e estaba sucediendo allí: la 1
formacwn
del trabaJO revolucronario en trabajo técn· rans-
.d a d 1 . . lCO. C n 1
actual1 ,
cua qmer comumsta comprende que el trab · a
· · d e 1 a.Jo rev o-
luCionano momento no es la lucha, la guerra civil .
·fi ·· 1 · ' stno 1
e1ectn Icacwn,
a construcctón de canales, la creación
d e . a
. . d . tndu s-
tnas, menCionan o ella _mtsma, en
esta ocasión, a Scheerb
por cuya causa ella y Re1ch me habían hecho ya
pasar aq . art,
malos r~tos: ning~n auto~, dijo, había. sabi~o poner de ma~~fitan
to tan bten como el el caracter revoluc10nano del
trabajo téc ~es
(Es una pena que yo no me valiera de esta fórmula
tan ace~lco.
en la entrevista.) Con todas estas cosas se
entretuvo unos m·ada tos más de lo debido. Luego se marchó y, como suele oc~n~
cuando se ha sentido unida a mí, no me pidio que la
acompar:_nr se. Me quedé en la habitación. Durante todo ese tiempo hab~a
estado sobre la mesa las dos velas que, desde la
noche del cort n circuito, tengo siempre encendidas en la habitación. Desput
cuando ya me había acostado, llegó Reich. s,
14 DE ENERO
Este día y el siguiente fueron muy desagrad~bl:s.
El reloj ya
marca la hora de «salida». El frío es cada vez mas
mtenso (siem~ pre se mantiene sobre los veinte grados, por lo men~s), ~_e~ cum-
·
plimiento de las obligaciones pendientes ~esul;a
mas dtflcll. Los síntomas de la dolencia de Reich, converttda anora en una
enfer~ medad declarada (aunque aún no sé muy bien lo que tiene), se hicieron
también más evidentes, de modo que cada vez es menos lo que puede hacer por mí.
Este dia fue a ver a Daga, ~uy bien abrigado. Yo aproveché la mañana para ver
las tres estacwnes de la Plaza Kalanchevskaya: la de Kursk 193 • la de Octubre,
de la que
193 La estación de Kursk no es una de las tres
estaciones que se encuentran en la Plaza Kalanchevskaya. Benjamin se referia.
probablemente. a la estac10n de
Kazán.
104
salen los trenes para Leningrado, y la de
Yaroslavski, de donde salen los que van a Siberia. El comedor de la estación
está lleno de palmeras y da a una gran sala de espera pintada de azul. Eso hace
que uno se sienta como en el zoo, en la casa de los antílo-pes. Estuve tomando
té y pensando en el regreso. Tenía frente a mí una bonita bolsa roja con un
tabaco de Crimea estupendo que había comprado en uno de los tenderetes que hay
delante de la estación. Luego estuve comprando más juguetes. En el Ochot-ni Riad
había un vendedpr de juguetes de madera. Me llama la atención el que ciertos
artículos salgan por tandas a la venta callejera. Y así, por primera vez, pude
ver aquí unas hachas de madera para niños, con pirograbado, de las que un día
después vería un cesto lleno. Compré un gracioso modelo en madera de máquina de
coser cuya «aguja» se pone en movimiento girando una manivela, y una muñeca de
cartón piedra que se columpia sobre una caja de música, un ejemplar deficiente
de un tipo de juguete que había visto en los museos. Después ya no pude
aguantar el frío y, con paso vacilante, me dirigí a un café. P<J.recía ser
un local de un tipo muy especial: en la pequeña sala había algunos muebles de
junco; los alimentos llegaban de la co~ina a través de una ventana corredera, y
sobre un gran mostrador se veían sakuskas 194: embutidos, pepinos, pescado.
Había también una vitrina, como en los restaurantes franceses e italianos. Y o
no conocía el nombre de ninguna de las cosas que me hul¿iesen apetecido y me
calenté con una taza de café. Luego salí y me puse a buscar por las «líneas
comerciales altas» el escapar~te de la tienda donde me habían llamado la
atención, uno de los pri-meros días, las muñecas de barro. Aún estaban allí. Al
pasar por el pasaje que comunica la Plaza de la Revolución con la Plaza Roja,
me fijé mejor en los vendedores ambulantes tratando de tomar nota de algunas
cosas que hasta entonces me habían pasa-do inadvertidas: venta de ropa interior
de señora (corsés), de corbatas y chales, de perchas para la ropa. Finalmente,
hacia las dos, llegué, completamente agotado, al Dom Gerzena, en donde, por
otra parte, no se puede comer hasta cerca de las tres y media. Después de comer
fui a casa para librarme del paquete de jugue-tes. Llegué al sanatorio hacia
las cuatro y media. Cuando subía por la escalera, me encontré con Asia, lista
para salir. Quería ir a la modista. Por el camino le conté lo que ya me había
dicho Reich (que había llegado a mi habitación justo detras de mí)
194 Piscolabis
(«tapas»).
105
acerca de la salud de Daga, que parecía ser
positivo. Y así segui-mos avanzando hasta que, de pronto, Asia me preguntó si
no le podría dar dinero. Pero el día anterior yo había estado hablando
precisamente con Reich para pedirle que me prestase 150 marcos para el viaje de
vuelta; le dije, pues, que no tenía, sin saber para qué lo necesitaba. Ella me
contestó que nunca se podía contar conmigo cuando se necesitaba dinero, y
empezó a hacerme re-proches hablando de la habitación de Riga que debería
haberle alquilado, etc. Ese día, yo estaba muy fatigado y, además, suma-mente
irritado por la conversacion iniciada por ella de una for-ma tan torpe. Resultó
que el dinero lo quería para coger un piso que, por lo que había oído, estaba
disponible. Quise tomar otro camino, pero ella me retuvo, agarrándose a mí como
casi nunca lo había hecho, aunque siguió hablando del mismo tema. Final-mente,
sin poderme controlar de rabia, le dije que me había engañado, pues me había
prometido por carta restituirme en seguida el dinero de los gastos de Berlín y,
hasta el momento, ni Reich ni ella habían dicho una palabra del asunto. Eso la
afectó mucho. Yo me excité todavía más y seguí atacándola hasta que ella,
acelerando el paso, me dejó con la palabra en la boca. Y o no la seguí; me di
media vuelta y me fui a casa. Por la noche estaba citado con Gnedin. Iba a
venir a buscarme para llevarme a su casa. Y efectivamente vino, pero nos
quedamos en mi habita-ción. Me pidió disculpas por no llevarme a su casa: su
mujer estaba preparando un examen y no tenía tiempo. Nuestra con-versación se
prolongó hasta cerca de las once, por espacio de unas tres horas. Yo empecé
manifestándole mi pesar y mi disgus-to por haber conocido de Rusia aún menos de
lo que esperaba. Y no tardamos en ponernos de acuerdo sobre el hecho de que la
única manera de hacerse una idea de la situación era hablar con el mayor número
posible de personas. Por otra parte mostró mucho empeño en hacerme accesible
tal o cual cosa antes de mi partida. Y así concertó conmigo una cita, para dos
días después -un domingo a mediodía- para ir al Teatro del Proletkult. Pero
cuando fui, no le encontré y me tuve que· volver a casa. También me prometió
invitarme a una representación del club, pero aún no se había fijado la fecha.
El programa previsto consis-tía en una especie de exhibición experimental de
nuevas ceremo-nias 195 para la imposición de nombre. enlaces matrimoniales.
195 Nuevas
cert>monias ... t>nlaces malrimonialcs. l:'lc (rnarc.): Ver: GS IV. 325:
«Neue Zeremonien ... Yersuchsanstalten vorgefuhr1».
106
etcétera. Aquí desearía 196 añadir lo que Reich me
contó hace ·algún tiempo sobre los nombres de los bebés dentro de la jerar-quía
comunista. Desde el momento en que pueden señalar con el dedo el retrato de
Lenin se les llama oktiabrs. Aquella noche aprendí también otro vocablo raro.
Es la expresión «los de an-tes» 197 para referirse a los grupos de ciudadanos
desposeídos por la revolución que no se han podido adaptar a la nueva
situación. Gnedin habló también del interminable cambio organizativo, que aún habría
de prolongarse durante años. Todas las semanas se introducen nuevas
modificaciones en la organización con el afán de descubrir cuáles puedan ser
los métodos idóneos. Tam-bién hablamos de la desaparición de la vida privada.
Por falta de tiempo. Gnedín me contó que durante la semana no ve nada más que a
las personas con las que se relaciona en el trabajo, y a su mujer y a su hijo.
Y la vida social que queda para los domin-gos es muy fluctuante, pues con sólo
estar tres semanas sin con-tacto con conocidos, uno puede estar ya totalmente
convencido de no volver a saber nada de ellos durante mucho tiempo, ya que,
entretanto, nuevas amistades habrán venido a reemplazar a las antiguas. Luego
acompañé a Gnedín al tranvía, y en la calle estuvimos hablando aún de
cuestiones aduaneras.
15 DE ENERO
Paseo en vano hasta el Museo del Juguete. Estaba
cerrado, a pesar de que, según la guia, abre Jos sábados. Por la mañana me
llegó, por fin, el Líterarische Welt - a través de Hessel-, que yo había estado
esperando con tal impaciencia, que cualquier día habría telegrafiado a Berlín
pidiendo que me lo enviasen. Asía no entendió el Almanaque 198 ; a Reich no
pareció gustarle dema-
IY6 Aqui desearia ... «oktiabrs»: Ver: GS IV. 322:
«"Oktjabr" (Oktobers) ... deu-ten kónnen>>.
19 7 «Los de antes»: bvvshie liudi.
198 «Almanaque»
del. Literarische Welt para 1927, con versos de Walter Ben-jamin y dibujos de
Rudolf Grossmann. En el mismo número del Literarische Welt (24-12-1926)
aparecía también el comentario de Benjamin a las Cartas a Máximo Gorki,
1908-1913. de Vladimir ll"jic Lenin. (Los versos de Benjamin para el
Almanaque aparecieron en el tome 6 de las GS: el comentario de Lenin se
encuentra en GS lll, 51-53.) Después de recibir e.l Almanaque, Benjamin le escri-bió
a Grossman la siguiente carta, aún no publicada (original en el Leo Baeck
Institute, Nueva York):
107
siado. Por la mañana anduve nuevamente vagando;
traté de pe-netrar, por segunda vez, inútilmente en la exposición de arte
gráfico y, fina]mente, otra vez medio congelado, me metí en la Galería Schukin
199 • El fundador, al igual que su hermano, fue un empresario textil
multimillonario. Ambos eran mecenas. A uno se le debe la construcción ,del
Museo de Historia (así como una parte de sus ,colecciones); al otro, esta
magnífica galería de arte francés moderno. Cuando uno sube por la escalera,
totalmente
Sehr geehrter Herr·Grossmann
endlich, mit .drei Wochen Verzógerung, üt mir nun
die «Literarische Welt» mit den .vorzüglichen Kópfen und Bildern zugekomen, die
Sie zu meinen Vers-chen gemacht haben. lch freue mich sehr, dass unsere Sache
so gut gel ungen ist. und auch ich würde es sehr schón linden, wenn wir
gelegentlich wieder ahnlich zusammen arbeiten kónnten. Dann sage ich Ihnen den
schónsten Dank für die Zeilen an SchatTer. Als ich mich damit zu ihm aufmachen
wollte, hórte ich leider, dass er abgereist sei, und so werden Sie ihn wohl
schon gesproéhen haben. lch selber gedenke Ende des Monats zurückzukommen und
werde mir dann erlau-ben, Sie anzurufen. Mit Vergnügen las ich das schóne
Barbette-Stück von Coc-teau im letzten Querschnitt und sah, dass die
Übersetzung von Ihrer Frau ist. lch habe es deutsch ebenso gut gefunden wie vor
dreiviertel Jahren franzósisch.
Ihnen und lhrer Frau die freundlichsten Emfehlungen
und Grüsse
Ihr Walter Benjamín
13. Januar
1927 Moskau
Sadowaja Triumfalnaja Gost. «Tyrol»
(Estimado Sr. Grossmann:
Por fin he recibido, con tres semanas de retraso.
el Lilerarische We/1 con las excelentes cabezas e ilustraciones realizadas por
Vd. para mis versitos. Me.alegro mucho de que nuestro asunto.haya resultado
tan"bién e igualmente me agradaría poder trabajar en alguna otra ocasión
con Vd ..de manera semejante. :Quisiera expresarle también mi mayor
agradecimiento por las lineas dedicadas a SchatTer. Cuando quise ir. a verle
con este motivo, tuve desgraciadamente noticia de que. se encuentra de viaje,
por lo que supongo que Vd. ya habrá hablado con éL Yo mismo pienso regresar a fin
de mes. y entonces me tomaré la libertad de llamarle a Vd. Leí con placer el
hermoso fragmento de Barbette, de Cocteau, en el último Querschnill,
comprobando que la traducción es de su esposa. Me ha-parecido tan bueno en
.alemán como, hace nueve meses, en francés.
Reciban Vd. y su esposa mis recuerdos y saludos más
amistosos.
Walter Benjamin
13 de enero 1927
Moscú
Sadovaya Triumfalnaya
Gost. «Tyrol»]
199 Sergei
lvanovich Shchukin (1854-1936). Su colección de Picasso, reunida entre 1908 y
1914, se componía de 54 cuadros.
108
congelado, puede ver en lo alto de la escalinata
los famosos mue
.raJes de Matisse: figuras desnudas, en disposición
rítmica, sobre un fondo rojo intenso, tan cálido y brillante como el que se
encuentra en los iconos rusos. Las grandes pasiones de este colec-cionista
fueron Matisse, Gauguin y Picasso. En una sala hay veintinueve cuadros de
Gauguin apretados como sardinas. (Por mi parte, volví a comprobar, una vez más
- y en la medida en que el fugaz recorrido por esta gran colección permite
emplear tal expresión-, que los cuadros de Gauguin me provocan hosti-lidad y que
en ellos percibo todo lo que de aborrecible pueda sentir un no judío frente a
los judíos.) Probablemente, en ningún otro lugar se puede, ni con mucho, seguir
como aquí la trayecto-ria de Picasso, desde sus primeros cuadros de veinteañero
hasta 1914. Debió de pintar, a menudo durante meses, sólo para Schu-kin, por
ejemplo a lo largo del «período amarillo» 200 • Sus cua-dros llenan tres
gabinetes contiguos. En el primero oe ellos, su primera época, y de esta obra
temprana había, por 10'1Uenos, dos cuadros que me llamaron la atención: un
hombre vestido de pierrot que sostiene en la mano algo parecido a uri' vaso, y
la Bebedora de absenta. Luego, el período cubista, en torno a 1911, en los
orígenes de Montparnasse, y, por último, el período ama-rillo, con la Amitié y
esbozos de ésta, entre otras cosas. No lejos de allí hay una sala entera
dedicada a Derain. Junto a cuadros muy bellos, en su estilo habitual, vi uno
completamente extraño, Le samedi. Este cuadro, grande y sombrío, muestra,
.reunidas en torno a una mesa, a mujeres vestidas con el traje típico de
Flan-des ocupadas en tareas domésticas. Los personajes y la forma de expresión
recuerdan sobremanera a Memling. Las salas son muy claras, exceptuando la
pequeña con pinturas de Rousseau. Las ventanas, de grandes vidrieras de una
hoja, dan a la calie y al patio del edificio. Aquí, por primera vez, pude
hacerme una vaga idea de pintores tales como Van Dongen 201 o Le Faucon-nier
202 • En un cuadrito de Marie Laurencin 203 , una cabeza de
200 Poco
usual como expresión técnica; Benjamín se refiere, al parecer, a los cuadros
característicos por tonalidades amarillas y ocres de la fase del «cubismo
sintético» (1 911/1912 a 1914).
20t Cornelius Theodor Marie «Kees» Van Dongen
(1877-1968). pintor fran-co-holandés; perteneció a principios de siglo al
movimiento «Fauve».
202 (Victor-Gabriel)-Henri Le Fauconnier ( 1881-1
946), pintor francés, cubista y expresionista.
203 Pintora francesa ( 1885-1 956), influida por
Matisse y por el cubismo. Dise-ñó vestuarios para la Comédie Francaise y los
«Ballets russes>> de Diaghilev.
109
mujer con la correspondiente mano femenina
introduciéndose en el cuadro y de la cual sale una flor, me recorqó a M
unchhau-sen 204 en su configuración fisiológica, haciéndome evidente su pasado
amor por Marie Laurencin. Al mediodía supe por Nie-men que ya había aparecido
mi entrevista 205 • Fui, pues, a ver a Asia con el «Vechernie Moskva)) y el
Literarische Welt. La tarde, sin embargo, no resultó nada agradable. Reich no
llegó hasta mucho después. Asia me tradujo la entrevista. Yo ya me había dado
cuenta, no de que pudiera parecer «peligrosa», como había creído Reich, pero sí
de que su conclusión resultaba un tanto endeble; no tanto por mencionar a
Scheerbart cuanto por la ma-nera tan insegura e imprecisa de hacerlo. Y esta
endeblez se ponía desgraciadamente de manifiesto; mientras que el comien-zo, la
confrontación con el arte italiano, sí salió bien. No obstan-te creo que, en
conjunto, ha sido útil que apareciera. Asia se sintió fascinada por el
comienzo, pero el final le desagradó, con razón. Lo mejor es que ha salido en
lugar destacado. En el cami-no, por causa de la disputa del día anterior, yo
había comprado tarta para Asia. Se la tomó. Luego me dijo que ese día, después
de separarnos, ya no había querido saber nada más de mí, y había pensado que no
nos veríamos nunca más (o en mucho tiempo). Pero, por la noche y para asombro
suyo, había visto las cosas de una forma muy distinta, dándose cuenta de que no
era capaz de estar mucho tiempo enfadada conmigo. Dijo que, siem-pre que
ocurría algo, la cosa acababa en que, al final, ella me preguntaba si me había
ofendido. Desgraciadamente, a pesar de estas palabras -ya no sé por qué-,
terminamos peleándo-
nos 206.
204 Thankmar von Münchhausen ( 1892-1979). fue dado
a conocer por el his-toriador del Arte Wilhelm Uhde con su «descubrimiento» de
Marie Laurencin; su intercambio epistolar con Benjamin, al que conoció, al
parecer, a través de Hofmannsthal o Rilke, no ha sido publicado.
205 Emrevista: la entrevista con Benjamin en
Vecherniaya Moska no se ha archivado en Occidente y el editor no ha tenido
acceso a la Biblioteca Lenin de Moscú.
206 Peleándonos..
15 de enero (continuación): en este pasaje aparece en el manuscrito un espacio
libre de aproximadamente 1 3/4 páginas. Benjamin que-ría, tal vez, insertar en
este pasaje, a posteriori. la entrevista anteriormente citada, que acababa de
publicarse. Pero también es posible que, a la hora de continuar las anotaciones
del diario relativas al 15 de enero, no dispusiera de la hoja redac-tada en
último lugar.
110
15 DE ENERO (continuación)
Resumiendo: después de haberle enseñado a Asia el
periódico y la revista, la conversación volvió a recaer sobre el fracaso de mi
estancia aquí, y, al surgir de nuevo el tema de mis compras de Berlín y empezar
Asia a ponerles pegas 207 , yo perdí el dominio de mí mismo y salí corriendo de
la habitación como un desespera-do. Pero en el pasillo recapacité - o mejor
dicho: no me sentí con fuerzas para marcharme- y volví de nuevo diciendo: «Me
gustaría quedarme aún un poco, muy tranquilo.» Luego volvi-mos, incluso, a
entablar, poco a poco, conversación, y cuando llegó Reich, los dos estábamos,
sin duda, agotados, pero tranqui-los. Después de esto me propuse no permitir
que, por ningún concepto, volviese a producirse una pelea así. Reich dijo que
no se sentía bien. De hecho persistía, o había empeorado, la contrac-ción de la
mandíbula. Ya no podía masticar. Tenía las encías inflamadas y no tardó en
formársele una úlcera. A pesar de lo cual, dijo, tenía que ir aquella noche al
club alemán. Le habían nombrado mediador entre el grupo alemán del Vapp y los
dele-gados culturales en Moscú de los alemanes del Volga. Al encon-trarnos a
solas en el vestíbulo, me dijo que también tenía fiebre. Yo le toqué la frente
y le dije que de ningún modo podía ir al club. Me mandó, pues, a mí para
disculparle. La casa no estaba lejos, pero yo me las tuve que ver con un viento
tan gélido que apenas conseguía avanzar. Y al final no la encontré. Volví
agota-do y me quedé en casa.
16 DE ENERO
El viaje de regreso lo había fijado para el
viernes, día 21. La proximidad de la fecha hizo mis días muy fatigosos. Eran
mu-chas las cosas que había que resolver, una tras otra y sin apenas intervalo.
Para el domingo me había propuesto dos distintas: no sólo encontrarme hacia la
una con Gnedin en el Teatro del Pro-letkult 208 , sino también ir antes al
Museo de Pintura e Iconogra-
207 Ponerles
pegas (eines daran ausste/lte):
formulación de difícil compren-
sión: probablemente quiso decir <<einiges
daran aussetzte» o «einíges daran he-rausstellte».
208 Abreviatura
de Proletarskaya kultura = organización que se consideraba instrumento para el
desarrollo de la «energia creadora oculta» del proletariado.
111
fía (Astraujoff) 209 . Logré, finalmente, mi primer
propósito, pero no el segundo. Volvía a hacer mucho frío; los cristales del
tranvía estaban totalmente cubiertos por una gruesa capa de hielo.
Pri-meramente. me pasé bastante de la parada donde debía apearme. Tuve que
volver atrás. En el museo se dio la feliz circunstancia de que uno de los
vigilantes hablase alemán y me acompañase en el recorrido. A la planta baja
210, donde hay pintura rusa de fina-les del siglo pasado y comienzos de éste,
sólo le dediqué unos minutos al final. Hice bien en ir antes que nada a la
colección de iconos. Está en el primer piso del edificio más bajo, en unas
salas muy claras. El propietario de la colección aún vive. La revolu-ción no ha
introducido ningún cambio en el museo; se lo ha expropiado, pero dejándole como
director de la colección. El tal Astraujoff es pintor e hizo sus primeras
adquisiciones hace cua-renta años. Era multimillonario y viajó por todas
partes, y cuan-do finalmente quiso empezar a coleccionar obra plástica rusa en
madera, estalló la guerra. La pieza más antigua de la colección, una imagen de
santo bizantina pintada con cera sobre una plan-cha de madera, procede del
siglo XVI. La mayor parte de los cuadros son del xv y del XVJ. Por las
explicaciones de mi guía averigüé cuáles son las principales diferencias entre
las escuelas de Stroganoff y de Novgorod, recibiendo también algunas
infor-maciones sobre iconografía. Me fijé, por primera vez, en la alego-ría de
la muerte vencida al pie de la cruz, tan frecuente en los iconos de aquí. Una
calavera (que parece reflejarse en un charco de lodo) sobre fondo negro. Unos
días después, en el Museo de Historia, vi también otras representaciones
.iconográficas muy curiosas. U na especie de bodegón de instrumentos del martirio;
en el altar en torno al cual se encuentran agrupados se pasea el Espíritu Santo
en forma de paloma sobre un paño pintado en un maravilloso color rosa. Y
también dos horribles carátulas. con aureola a ambos lados de Cristo: sin duda,
los dos ladrones, que, se supone, han entrado en el Paraíso. Otra
representación, la de tres ángeles a la mesa, bastante frecuente y en la que
aparece
Creada en J 9 l 7, perdería en 1921 su
independencia en cuanto a su organización política, pasando a depender
directamente del Narkompros. Subsistió has-ta 1932.
209 Ilya
Semenovich Ostroúchov (1858-1929), pintor ruso: entre 1905 y 19iJ,
administrador de la Galería Tretiakov.
210 A la
planta baja ... iconográ_ficas muy curiosas (marc.): marcado en el ma-nuscrito,
pero, al parecer, no se ha incluido en ninguno de los trabajos fruto de sti
estancia en Moscú.
112
siempre en primer plano el degüello de un cordero
en tamaño reducido y presentado a modo de emblema, me resultó -muy poco clara.
Totalmente incomprensibles para mí desde el punto de vista temático son, como
es lógico, las leyendas que aparecen pintadas. Cuando volví a bajar de aquella
planta tan fría habían encendido un fuego en la chimenea, en torno al cual se
encontra-ba el escaso personal pasando aquella mañana de domingo. Me habría
gustado quedarme, pero tuve que salir de nuevo al frío. El último trecho desde
la oficina de Telégrafos -donde me había apeado- hasta el Teatro del Proletkult
fue horrible. Luego estu-ve una hora apostado en el vestíbulo. Pero mi espera
fue comple-tamente en vano. Unos días más tarde me enteré de que Gnedin había
estado esperándome en ese mismo lugar. Resulta casi inex-plicable cómo pudo
suceder tal cosa: es muy pensable que yo, agotado como estaba y con mi mala
memoria para las fisono-mías, no lo reconociese por ir tapado con el abrigo y
~~ gorro, pero parece increíble que a él le ocurriese exactamente lo mismo.
Regresé, pues, con la intención de comer, en principio, en nues-tra tabernita
de los domingos, pero me pasé de parada y, al final, me senti tan decaído, que
preferí renunciar completamente a la comida antes que hacer un trecho a pie.
Aunque luego hice aco-pio de ánimos para abrir, en la Plaza Triumfalnaya. la
puerta de una sta!ovaya 211 que no conocía. Tenía un aspecto muy acoge-dor y la
comida que pedí no estuvo mal: pero el horsch. induda-blemente, no era
comparable al que solíamos comer los domin-gos. De este modo gané tiempo para
descansar un buen rato antes de ir a ver a Asia. No me sorprendió que me
dijese. nada más entrar en la habitación, que Reich estaba enfermo. La noche
anterior ya no había venido al hotel. sino que se había ido a la habitación de
la compañera de Asia del sanatorio. Estaba, pues, en cama y Asia se fue en
seguida a verle con Manya. Me separé de ellas a la entrada del sanatorio. Asia
me preguntó entonces qué pensaba hacer por la noche. «Nada -le dije-. me
quedaré en casa». Ella no dijo nada. Fui a ver a Basseches. No estaba en casa;
encontré una nota en la que me pedía que le esperase. Me pareció muy bien: me
senté en el sillón de espaldas a la vecina estufa, tomé un té y estuve mirando
revistas alemanas. No llegó hasta una hora después. Pero luego me pidió que me
quedase a pasar la velada. Yo hice mis cálculos. muy inquieto. Por un lado, me
apetecía sahcr L'l)mn transcurriría aquella velada, para la que
211 «Cantina».
!!3
se esperaba a otro invitado. Por otro lado,
Basseches me estaba dando algunas informaciones de gran utilidad sobre cine
ruso. Y además esperaba poder cenar algo. (Esta expectativa se vena frustrada.)
Fue imposible telefonear a Asia para decirle que me quedaba en casa de
Basseches; nadie cogía el teléfono en el sana-torio. Finalmente enviamos a un
mensajero. Yo temía que llega-se demasiado tarde, aunque sin saber,
lógicamente, si Asia iría a mi casa (al día siguiente me dijo que había pensado
hacerlo). Pero, en cualquier caso, recibió la carta a tiempo. Decía: «Queri-da
Asia: Esta noche estaré en casa de Basseches. Iré mañana a las
4. Walter.»
«De Basseches» resultaba prácticamente ilegible, por lo que, en un primer
momento, Asia entendió que aquella noche estaria en casa. Vino luego un tal Dr.
Kroneker, un austriaco que trabaja aquí en una importante sociedad
ruso-austríaca. Basse-ches me dijo que es socialdemócrata. Pero me causó la
impresión de ser una persona inteligente; ha viajado mucho y hablaba con
bastante objetividad. La charla recayó sobre el tema de la guerra química. Yo
hablé de ello, causándoles a ambos una gran impre-sión.
17 DE ENERO
Lo más importante de mi visita a Basseches el día
anterior fue el poderle dar ocasión de serme útil en las formalidades
nece-sarias para mi viaje de regreso. Me dijo que fuese a buscarle el lunes
(día 16) por la mañana temprano. Cuando llegué, todavía estaba en la cama. Fue
muy difícil conseguir que se levantase. Y eran las doce y cuarto cuando
llegamos, finalmente, a la Plaza Tríumfalnaya; yo había llegado a su casa a las
once. Antes de ir había estado desayunando café y tarta en el pequeño café de
costumbre. Hice bien, pues con todo lo que tuve que despachar, aquel día me
quedé sin almuerzo. Primero fuimos a un banco de la Petrovka, porque Basseches
tenía que sacar dinero. Yo tam-bién cambié dinero, quedándome con sólo 50
marcos. Después, Basseches me condujo a un pequeño gabinete para presentarme.·
a un director de banco conocido suyo. Un tal Dr. Schick 212,; director del
departamento de extranjero. Este hombre había viví-;
212 Maximilian
Schick ( 1884-1968). poeta, adaptador de obras literarias. tra0.:1 ductor de
Briusov, Gorki y otros en Alemania, entre 1892 y 1907: colaborador}
de la revista simbolista Vesy (Balan;a). • ·
114
do mucho tiempo en Alemania, donde había estudiado;
proce-día, sin duda, de una familia muy rica y, paralelamente a su formación en
lo relacionado con los asuntos de su profesión, siempre había cultivado
intereses artísticos. Había leído mi en-trevista en Vechernie Moskva. Dio la
casualidad de que conocía personalmente a Scheerbart de sus tiempos de
estudiante en Ale-mania. El contacto se estableció, pues, de inmediato, y la
breve charla acabó con una invitación para comer el día 20. Luego, en la
Petrovka, donde me dieron el pasaporte. A continuación, en trineo, al
Narkompros 213 , donde hice que me sellaran los papeles para cruzar la
frontera. Aquel día logré también, por fin, mi principal propósito: convencí a
Basseches de que subiese nueva-mente a un trineo y me acompañase al almacén
estatal «Gum», en las «líneas comerciales altas», donde vendían las muñecas y
jinetes que tanto ansiaba. Entre los dos adquirimos todas las existencias, y yo
elegí los diez mejores ejemplares. Costaban sólo lO kopeks cada uno. Mi agudo
sentido de la observación no me había fallado: en la tienda nos dijeron que
aquella mercancía, fabricada en Viatka 214 , ya no la envían a Moscú: ya no
está a la venta. Los que nosotros compramos fueron, pues, los diez últi-mos
ejemplares. Basseches compró también tela campesina. Él fue, con sus paquetes,
a comer al Savoy, en tanto que yo sólo tuve el tiempo justo para ir a dejarlo
todo en casa. Ya eran las cuatro y tenía que ir a ver a Asia. No nos quedamos
mucho tiempo en su habitación, sino que nos fuimos a ver a Reich. Manya 215 ya
estaba allí. Pero, de otra manera, pudimos volver a disponer de unos minutos
para estar a solas. Le pedí a Asia que fuese a verme por la noche -yo estaba
libre hasta las diez y media-, y ella me prometió hacerlo si podía. Reich se
encontra-ba mucho mejor. Ya no recuerdo de qué hablamos. Nos fuimos hacia las
siete. Después de cenar estuve esperando inútilmente a Asia, y hacia las once
menos cuarto me dirigí de nuevo a casa de Basseches. Pero allí tampoco había
nadie. Me dijeron que no había vuelto en todo el día. Las revistas que allí
había ya las conocía, o me causaban repugnancia. Tras media hora de espera, y
cuando estaba a punto de bajar las escaleras, apareció su novia,
2l3 Narkompros: Narodny komissariat prosveshcheniya -
Comisariado del
Pueblo de Instrucción (director: Lunacharski).
2 14 En la actualidad. K.irov. Ver ilustración 29
del ensayo sobre «Russische Spielsachen», GS IV, 623-625.
2l5 Compañera de
habitación de Lacis.
115
quien -no sé muy bien por qué: quizá porque no
quería ir al club sola con él- insistió en que esperase un poco. Lo hice. Por
fin llegó Basseches; había tenido que asistir a la conferencia de Rykov 216 en
el congreso de los aviachim 211 • Le pedí que me rellenase el formulario para
la solicitud del visado y luego nos fuimos. En el tranvía me presentaron a un
dramaturgo, un co~ mediógrafo que también se dirigía al club. Apenas acabábamos
de encontrar una mesa en el local, que estaba a rebosar, y de sentarnos los
tres a ella, cuando las luces se apagaron en señal de que el concierto iba a
comenzar. Tuvimos que levantarnos. Yo me senté con Basseches en el vestíbulo. A
los pocos minutos
-vestido de smoking y recién llegado de una cena
organizada · por una importante sociedad inglesa en la Bolshaia Moskovska-ya-
apareció el cónsul general de Alemania. Se había citado con dos señoras a las
que había encontrado allí, pero como éstas no aparecieron, se quedó con
nosotros. U na señora -al parecer una ex-princesa- cantó canciones populares
con una voz muy bella. Yo me quedé, ora de pie ·en el oscuro comedor, junto a
la puerta que daba a la iluminada sala de conciertos, ora sentado en el vestíbulo.
Hablé de algunas cosas con el cónsul general, que estu-vo sumamente atento
conmigo. Pero tenía un rostro tosco y al que la inteligencia sólo había pulido
de modo muy superficial, y respondía enteramente a la imagen que yo tenía de
los represen-tantes alemanes en el extranjero desde mi viaje por mar 213 y a
través de las figuras gemelas de Frank y Zorn. Para cenar nos juntamos cuatro,
pues también se sentó con nosotros el secreta-l. río de la embajada, lo que me
permitió observarle a mis anchas. La comida era buena; volvieron a servirnos
vodka aromatizado',' entremeses, dos platos y helado. Lo peor fue el público.
Pocos artistas -independientemente de la clase que fueran- y muchí-: sima
burguesía Nep. Llama la atención lo mal considerada que está esta nueva
burguesía incluso entre Jos representantes extran•. jeros. a juzgar por las
palabras del cónsul general al respectO\ que. en este caso. me parecieron
expresadas con sinceridad. Toda
216 Aleksei Rykov ( 18R I-193X). sucesor de Lenin
cntrt: 1924 v 1930 como presidente del Consejo de Com1sarios dd Puehlo de la
Unión Sovieuca.
2!7 Abreviatura de Obshcheslvo sod<:JStVIJ:.I
aviatsion-noJimicheskomu strm-telstvu y SSSR ~ Sociedad para la Colahor~Kilm al
Desarrnllo de la Aviación de:
la URSS.
218 Benjamin se refiere prohahlem.:nte al viaJe en
har.:o de Hamburgo a lta'liá~ pasando por Barcelona. en 1925 (ver: Bridi·.
402).
116
la miseria de esta clase se puso claramente de
manifiesto :en ;el baile que se celebró a continuación, semejante a un
repugnante baile de candil provinciano. Bailaban muy mal. Desgraciada-mente, el
deseo de bailar de la novia de Basseches hizo ,que Ja diversión se prolongase
hasta las cuatro. A mí, el vodka me había dado muchísimo ·sueño, el café no me
había reanimado y sentía, además, dolor de vientre. Me sentí feliz cuando me vi
por fin sentado en el trineo, de camino al hotel; me fui a la cama hacia las cuatro
y media.
18DE ENERO
Por :la mañana fui a ver a Reich a la habitación de
Manya. Tenía que llevarle algunas cosas. Aunque también llegué con Ja intención
de suavizar con mi amabilidad los roces de los días antes de caer enfermo.
Logré ganármelo siguiendo con atención la lectura del informe que quiere
publicar en una editorial rusa en un libro sobre política y teatro 219 •
Hablamos también del proyecto de un libro sobre arquitectura teatral como el
que ha-bría podido escribir con Poelzig 220, y que ahora, después de las múltiples
investigaciones realizadas por la Ciencia del Teatro so-bre escenografía y
vestuarios, despertaría un gran interés. Antes de marcharme salí aún a
comprarle cigarrillos a la calle y quedé en hacerle una gestión en el Dom
Gerzena. Luego fui al Museo de Historia. Me quedé más ,de una hora viendo la
colección de iconos, extraordinariamente rica, encontrando tamién un gran
número de obras tardías .de los siglos XVII y xvm. Es increíble el tiempo que
necesita el Niño Jesús para lograr, en brazos de la Virgen, la libertad de
movimientos que consigue en esas ~pocas. E igualmente habrían de pasar siglos
para que las manos del Niño y de la Virgen llegasen a encontrarse: los pintores
de Bizan-cio sólo las pintan una frente a la otra. Luego reconi rápidamen-te el
departamento de Arqueología, deteniéndome tan sólo frente
2 19 Un libro de tales características, de Reich.
apareció mucho más tarde; primeramente. en alemán, en 1970 (!m Weulau( mil der
Zeil) y luego en ruso, en 1972.
220 Hans Poelzig ( 1869-1936), arquitecto y
catedrático influyente en la Tech-nische Hochschule Charlottenburg. Poelzig
transformó, entre otras cosas, el Cir-co Schumann. convirtiéndolo en el Max
Reinhardts Grosses Schauspielhaus (Berl[n, 1919).
117
a algunas tablas anteriores a las pinturas del
monte Athos. A la salida del museo descubrí un poco más el secreto del efecto
asombroso que produce la catedral de Blagoveschenski, mi pri-mera gran
impresión en Moscú especialmente digna de destacar. Se debe al hecho de que,
viniendo de la Plaza de la Revolución, la Plaza Roja queda un poco más alta,
por lo que las cúpulas de la catedral van apareciendo paulatinamente, como si
salieran de detrás de una montaña. Era un día soleado y hermoso y, una vez más,
volví a sentir un gran placer al divisarla. En el Dom Gerze-na no tne dieron el
dinero para Reich. Al llegar a las cuatro y media ante la puerta de la
habitación de Asia, vi que no había luz. Llamé dos veces con suavidad y, como
no respondió nadie, me fui a la sala de juegos a esperar. Estuve leyendo las
«Nouve-lles Littéraires». Pero, al no recibir tampoco respuesta un cuarto de
hora más tarde, la abrí, no encontrando a nadie. Disgustado de que Asia se
hubiera marchado tan pronto ya sin esperarme, fui a casa de Reich para, a pesar
de ello, hacer el intento de quedar con ella por la noche. De mis planes de ir
juntos al Teatro Malaia me hizo desistir Reich al mostrarse, por la mañana,
con-trario a ello. (Y cuando Juego hube conseguido entradas para aquella noche,
no pude hacer uso de ellas.) Al llegar arriba, ni siquiera me quité el abrigo,
quedándome muy silencioso. Manya estuvo explicando alguna cosa, con mucho
interés y en voz ho-rriblemente alta. Le enseñó a Reich un atlas estadístico.
De pron-to, Asia se volvió hacia mí y me dijo inesperadamente que la noche
anterior no había ido porque había tenido fuertes dolores de cabeza. Yo estaba
echado en el sofá, con el paletó puesto, fumando la pequeña pipa que utilicé
todo el tiempo en Moscú. Finalmente encontré la forma de convencer a Asia para
que vi-niese después de cenar; saldríamos de casa o le leería la escena
lesbiana 221 . Y Juego me quedé todavía unos minutos para que no diera la
impresión de que sólo había ido para decirle aquello. No tardé, pues, en levantarme,
diciendo que me iba. «¿Adónde?» «A casa.>> «Pensaba que me acompañarías
al sanatorio.» «¿Pero no os vais a quedar aquí hasta las siete?», pregunté un
tanto hipócri-tamente, pues por la mañana había oído que la secretaria de Reich
no tardaría en llegar. Al final me quedé, pero no fui con Asia al sanatorio.
Pensé que sería más probable que fuese a ver-
221
Probablemente. la escena
en la que el narrador observa a Mademoiselle
Vinteuil
y a su amiga
acariciándose (Maree! PROU~T.
ver!orenen Zeit J.
In Swanns Welt. Frankfurt am Main, I<Í67, pp. 214 y ss.).
118
me por la noche si ahora le daba tiempo para
descansar. En .el ínterin compré caviar, mandarinas, dulces y tarta para ella.
Tenía también dos muñecas de barro sobre el alféizar de la ven-tana, donde voy
apilando los juguetes, de las cuales quería que eligiese una. Y, en efecto,
vino; Jo primero que dijo fue: «Sólo me puedo quedar cinco minutos; tengo que
volver en seguida.» Pero esta vez se trataba sólo de una broma. Cierto es que,
en los últimos días -inmediatamente después de nuestras violentas disputas-, yo
había notado que se sentía más atraída por mí, pero no sabía en qué medida.
Cuando llegó, yo estaba de muy buen humor, pues acababa de recibir muchas
cartas, con algunas noticias agradables, de Wiegand 222 , Müller-Lehning 223 ,
Else Heinle 224• Las cartas estaban aún sobre la cama, donde las había estado
leyendo. También había escrito Dora 225 diciéndome que me había enviado dinero,
por lo que decidí prolongar un poco mi estancia. Se lo dije, y ella se me echó
entonces a los brazos. Debido al conjunto de circunstancias tan difíciles que
se habían dado a lo largo de toda la semana, yo me encontraba a tantas leguas
de distancia de esperar aquel gesto, que necesité algún tiempo para que me
llegase a producir felicidad. Me sentía como un recipiente de cuello estrecho
en el que echan líquido de un cubo. Me había ido cerrando voluntariamente de
tal modo, que apenas resultaba accesible para las impresiones fuertes que
pu-dieran llegar del exterior. Pero eso fue desapareciendo a lo largo de la
velada. Primeramente le pedí a Asia que me diera un beso, con las aseveraciones
de siempre; Pero, de pronto, fue como si se accionase un interruptor de la luz,
siendo ahora ella la que me p_edía repetidamente que la besara, mientras yo
hablaba o trataba de leerle algo, haciendo que surgiera de nuevo una ternura
casi
222 Wiliy
Wiegand ( 1884-1961 ), ca-fundador de la Bremer Presse; impresor y tipógrafo.
Las Neue Deutsche Beitrdge, en las que apareció en 1924 y 1925 el trabajo de
Benjamín sobre las Afinidades electivas, fueron editadas por la Bremer Presse.
22 3 Arthur Müller-Lehning, nacido en 1899, autor,
editor de la revista i JO. Revista internacional (Amsterdam), en la que
Benjamín publicó a comienzos de 1927 la primera .versión de un texto de la
Einbahnstrasse («Kaiserpanorama») y, algunos meses despu~s .de su regreso, el
artículo «Neue Dichtung in Russland» (GS II, 755-762).
~ 224
Esposa de Wolf Heinle ( 1899-1923). Benjamín estimaba mucho las com-posiciones
poéticas de Wolf Heinle y de su hermano Friedrich (1892-1914), y tenía la
intención de editarlas.
225 Dora Sophie Pollak-Benjamin ( 1890-1964),
esposa de Benjamín entre 1917 y 1930.
119
olvidada. Mientras tanto le ofrecí las cosas de
comer que había comprado, y las muñecas; eligió una que ahora tiene en el
sana-torio, frente a su cama. También volví a referirme a mi estancia en Moscú.
Y, como el día anterior, cuando íbamos a ver a Reich, me había dicho realmente
las palabras decisivas, yo sólo tuve que repetir: «Moscú está situado ahora en
mi vida de tal manera, que sólo puedo vivirlo a través de ti; es cierto, con
total independen-cia de historias amorosas, sentimentalismos, etc.» Pero, claro
- y también esto me lo había manifestado ella antes-, seis se-manas son, sin
duda, el tiempo justo para familiarizarse un poco con una ciudad, máxime cuando
no se conoce la lengua y uno encuentra a cada paso la resistencia de ésta. Asia
me dejó recoger las cartas y se echó en la cama. Nos besamos mucho. Pero la
emoción más intensa me la hicieron sentir las caricias de sus manos, de las que
ella ya me había dicho también, en otro tiem-po, que todos los que habían
estado ligados a ella habían sentido que de allí era de donde partían las
fuerzas más intensas. Puse la palma de mi mano derecha muy pegada a la
izquierda de ella, permaneciendo así largo rato. Asia recordó la bella y
diminuta cartita que yo le di una noche en la Via Depretis de Nápoles una noche
en que nos encontrábamos sentados en una mesa, frente a un pequeño café, en la
calle vacía de gente. Miraré en Berlín a ver si la encuentro. Luego le leí la
.escena lesbiana de Proust. Asia comprendió el feroz nihilismo contenido en
ella: la forma en que Proust 226 penetra, por así decirlo, en el gabinete bien
ordenado del interior del burgués que lleva el rótulo de «sadismo» para,
despiadadamente, hacerlo todo añicos, de modo que no quede nada de toda esa
idea tan reluciente y arreglada de perversión, y haciendo, antes bien, que la
maldad ponga claramente de mani-fiesto, a través de los puntos de fractura, la
«humanidad», inclu-so «bondad», que constituye su verdadera esencia. Y en el
mo-mento en que se lo estaba explicando a Asia, a mí se me hizo evidente hasta
qué punto concuerda todo esto con la orientación de mi libro sobre el Barroco.
De la misma manera que la noche anterior, cuando me encontraba solo en mi
habitación leyendo y llegué a la extraordinaria exposición sobre la caritas de
Giotto, se me hiciera también evidente que, en ella, Proust desarrolla una
concepción que coincide con todo lo que yo mismo trataba de reunir bajo el
concepto de alegoría.
226 Proust
... sobre la caritas del Giollo: Ver: Proust. In Swanns Welt. en el lugar
citado, pp. 112 y ss.
120
!9 DE ENERO
De este día no hay apenas nada que destacar. Dado
que el viaje de regreso se había pospuesto, me pude recuperar un poco de las
gestiones y de las visitas de los últimos días. Reich volvió a dormir, por
primera vez, en mi habitació11. Por la mañana vino Asia. Pero tuvo que irse a
una entrevista relacionada con su empleo. En el corto espacio de tiempo que
permaneció allí, man-tuvimos una conversación sobre la guerra química. Primero
me contradijo con vehemencia; pero Reich intervino. Al final me dijo que tenía
que escribir lo que había dicho, y me propuse redactar un artículo sobre esta
cuestión para la Weltbühne. Poco después de marcharse Asia, me fui yo también.
Me encontré con Gnedin. Tuvimos una breve charla durante la cual constatamos el
contratiempo del domingo; me invitó a ir al Vajtangoff 227 el domingo siguiente
por la noche, dándome también algunas indi-caciones relativas a la declaración
del equipaje en la aduana. En el camino de ida y vuelta a casa de Gnedin pasé
por d~lante del edificio de la checa 228 • Delante.de éste se pasea siempre un
solda-do con la bayoneta calada. Luego a Correos: telegrafié para pedir dinero.
Al mediodía comí en nuestra tabernita de los domingos; Juego me fui a casa y
descansé. En el vestíbulo del sailatorio me salieron al encuentro, por un.Iado,
Asia y, a continuación, por el otro, Reich. Asia tenfa que bañarse. Durante ese
rato··-estuve ju-gando con Reich al dominó en su habitación. Luego Hegó Asia,
que nos habló de las perspectivas que se le habían presentado por la mañana, de
la posibilidad de conseguir el empleo de ayudante de dirección en un teatro de
la Tverskaya en el que se representa-ban obras para niños proletarios dos veces
por semana. Reich fue por la noche a casa de Ilesh. Y o no fui. Apareció en mi
habita-ción hacia las once, pero ya no daba tiempo para ir al cine, como
habíamos pensado. Mantuvimos una conversación muy poco fructífera sobre el
cadáver en el teatro preshakesperiano.
227 Evgenij
Yachtangm ( 1KX3-J '}22). El teatro de su nombre nació del tercer estudio del
MChA T. fundado en 1921. Yachtangov fue tambien temporalmente director del
«Habimah» (Teatro Hebreo).
228 Cheka:
ChrezvyrhaiB.aya k,omissiya ~ policía política .secreta .(lit.: «Comi-sión
Extraordinaria>>)
121
20 DE ENERO
Por la mañana estuve mucho tiempo escribiendo en mi
habi-tación. Quise aprovechar la ocasión de que [Reich] tuviera que ir a hacer
algunas cosas a la Enciclopedia, a la una, para ir yo también; no tanto para
tratar de imponerles mi exposición sobre Goethe (sobre lo cual no me hacía
ninguna clase de ilusiones) cuanto por acceder a una propuesta de Reich y no
aparecer ante sus ojos como una persona indolente. Pues, de lo contrario,
po-dría haberle echado la culpa del rechazo de esta exposición sobre Goethe a
falta de celo por mi parte. Cuando por fin me encontré sentado frente al
catedrático encargado, a duras penas pude con-tener la risa. Nada más oír mi
nombre se levantó de un salto y fue a buscar mi exposición, y tambien a un
secretario para que le apoyase. Empezó a ofrecerme artículos sobre el Barroco.
Yo su-pedité toda posible colaboración futura a que me fuese adjudica-do el
lema «Goethe». Empecé luego a enumerar mis publicacio-nes; saqué mi patrimonio
a la luz, según me había indicado Reich; en el momento en que lo estaba
haciendo, llegó éste. Pero se sentó lejos de mí y se puso a hablar con otro
funcionario. Me dijeron que me informarían pasados unos días. Reich y yo aún
tuvimos que esperar bastante tiempo en la antelasa. Finalmente nos fuimos; él
me contó que se estaba considerando 229 la posibi-lidad de ofrecerle el
artículo a Walzel. Fuimos a ver a Panski. Resulta inverosímil -aunque, no
obstante, posible- que, por lo que luego me dijo Reich, tenga veintisiete años.
La generación que fue activa durante la revolución se va haciendo mayor. Es
como si la estabilización de la situación estatal hubiese traído a su vida una
tranquilidad, e incluso una indiferencia como la que~ de ordinario, sólo se
alcanza con los años. Panski, por cierto, no es nada amable; parece que los
moscovitas, en general, no suelen serlo. Para el lunes siguiente, me propuso la
proyección de algu-nas películas que yo quería ver antes de escribir el
artículo contra Schmitz 230 que me había solicitado el Litérarische Welt.
Fuimos a comer. Después del almuerzo me fui a casa, pues Reich quería hablar antes
con Asia a solas. Me estuve luegÓ una hora allí, y a continuación me dirigí a
casa de Basseches. La velada en casa de Maximilian Schick, el director de
banco, me produjo la gran
229 Ver
acerca de ello la nota sobre Walzel ( 130).
230 Ver
acerca de ello la nota 242: Por la noche es/11\'e trabajando en/a réplica al
articulo de Schmit::. sobre el aPotemkin».
122
decepción de que no ofrecieran cena. Apenas había
comido nada al mediodía y estaba muerto de hambre. Y cuando por fin sirvie-ron
el té, comí pastas con el mayor descaro. Schick procede de una familia muy
rica; estudió en Múnich, Berlín y París, y sirvió en la guardia rusa. Ahora
vive con su mujer y su hijo en una habitación de la que, por supuesto, han
hecho tres por medio de guardapuertas y tabiques divisorios. Él es
probablemente un buen ejemplo de lo que aquí llaman «los de antes». Y lo es, no
sólo en el aspecto sociológico (en este sentido, ni siquiera lo es del todo,
pues, sin duda, ocupa una posición nada desdeñable). «De antes» es más su
período productivo. Escribió poemas, por ejemplo en Zukunfi, y artículos en
revistas actualmente casi olvi-dadas. Pero persevera en sus viejas pasiones y
tiene en su despa-cho una biblioteca, no demasiado extensa, aunque selecta, de
obras francesas y alemanas del siglo XIX. El precio que pagó por algunos de
estos libros, de gran valor, demuestra que el vendedor los consideró papel de
desecho. Durante el té traté de recabar, a través de él, información sobre la
nueva literatura rusa. Mis es-fuerzos fueron completamente inútiles. Sus
conocimientos ape-nas van más allá de Briussoff. Todo el tiempo estuvo sentada
con nosotros una mujer pequeña y encantadora cuyo aspecto permi-fe adivinar que
no trabaja. Tampoco le interesan los libros, por lo que estuvo muy bien que
Basseches se ocupase un poco de ella. A cambio de algunos favores que espera de
mí en Alemania, me cargó con un montón de libros infantiles, siri valor ni
interés alguno, que no pude rechazar en su totalidad. Solamente me agradó uno
de ellos, también de escaso valor, pero muy bonito. Al marchamos, Basseches me
sedujo con la promesa de enseñarme un café de putas que, por suerte, se
encontraba en la Tverskaya. En el café no vi, ciertamente, nada digno de
mención, pero, al menos, aún pude comer algo de pescado frío y un cangrejo.
Lue-go me llevó en un trineo de gala hasta el cruce de la Sadovaya con la
Tverskaya.
21 DE ENERO
Hoy es el aniversario de la muerte de Lenin. Todos
los luga-res de diversión están cerrados. Pero, en consideración con el Regime
economie. las tiendas y oficinas no celebran la fiesta has-ta el día siguiente,
un sábado, día en el que, de todos modos, sólo se trabaja media jornada. Fui
temprano a ver a Schick al banco Y
123
allí supe que la visita a Muskin 231 , en cuya casa
debía ver una colección de libros infantiles, había quedado fijáda para el
sába-do. Cambié dinero y me dirigí al Museo del Juguete. En esta. ocasión
logré, por fin, avanzar un paso más. Me prometieron que el martes me darían
información sobre las fotografías que yo quería que me hiciesen. Pero luego me
enseñaron las fotos de las que existen negativos. Y como cuestan mucho menos,
encargué unas veinte. En esta ocasión estudié también, especialmente, las cerámicas
de Viatka. La noche anterior, cuando ya estaba a pun-to de marcharme, Asia me
había animado a ir con ella, a las dos,. al teatro infantil cuyas
representaciones tienen lugar en la Tvers'" kaya, en el edificio del cine
«Ars». Pero, cuando llegué, el teatro estaba completamente desierto; me di
cuenta de que aquel día sería difícil que hubiese función. Finalmente, el
vigilante me hizo salir de un vestíbulo donde yo prentendía entrar en calor con
la observación de que el teatro estaba cerrado. Después de perma-necer fuera un
buen rato, de pie, apareció Manya con una nota de Asia. En ella me decía que se
había equivocado y que la representación no era el viernes. sino el sábado. A
continuación fui a comprar velas con la ayuda de Manya. Y o ya tenía los ojos
bastante hinchados de la luz de Úts velas. Como quería ganar tiempo para
trabajar, no fui al Dom Gerzena (que, por otra par-te, era probable que
estuviera cerrado aquel día), sino a la stolo-va_va que está cerca del hotel.
La comida fue cara, pero no estuvo mal. Pero en la habitación no trabajé en
Proust 232 , tal como me había propuesto, sino en una réplica a la pésima y
desvergonzada
231 Director del departamento de literatura
infantil de la editorial estatal (el nombre «Muskim> no es del todo seguro,
ya que Benjamín escribe en otros lugares «Muksim>).
" 3"
No uabajé en Proust: es probable que Benjamín se refiera aquí al proyecto
largamente acariciado de escribir un trabajo sobre Proust. En una carta del 18
de septiembre de 1926 dice acerca de ello: <dch gehe auch schon wer weiss
wie lange mit einer Aufzeichnung "'En traduisant Maree! Proust" in
Gedanken um und habe eben jetzt in Marseille von den dortigen "Cahiers du
Sud" die Zusage erhal-ten. sie zU bringen. Nur mit der Abfassung wird es
noch gute Weile haben. lm Grunde wird sie über das Übersetzen eigentlich wenig
erhalten: sie wird von Proust handeln.>> (Ende. 431).
[Yo también acaricio ya desde ní se sabe cuanto
tiempo la. idea de escribir un artículo con el titulo de "En traduisant
Maree! Proust"'. y acabo de recibir en Marsella la confirmación por parte
de los '"Cahíers du Sud" de esta ciudad de publicarlo. Ahora bien. su
redacción .aún me ocupará un buen rato. En e! fondo será poco lo que contenga
acerca de la traducción: tratará de Proust.]
El proyecto no se hi:co. sin embargo. realidad
hasta 1929 (ver: GS ll. 310-324)
124
necrología que Franz Blei 233 había escrito sobre
Rilke. Más tarde se la leí a Asia, y los comentarios que ella hizo me dieron
pie para reelaborarla aquella misma noche y durante el día siguiente. Por
cierto, no se sentía bien. Luego cené con Reich en el mismo restaurante en el
que había estado a mediodía. Era la primera vez que él iba allí. Después fuimos
a comprar algunas cosas .. Esa noche se quedó conmigo hasta cerca de las once y
media, enfras'-cándonos en una conversación en la que ·nos contamos en detalle
todo lo que recordábamos de nuestras lecturas infantiles. Él esta-ba sentado en
el sillón, y yo echado en la cama. A lo largo de esta conversación descubrí el
curioso hecho de que, en mi infancia, yo ya me había mantenido, en lo relativo
a la lectura, al margen de lo que constituía el material de lectura al uso. El
Neuer deuts-cher Jugendfreund, de Hoffmann, es casi la única lectura juvenil
típica de entonces que yo también leí. Además, lógicamente, de los excelentes
libros de Hoffmanri, Lederstrumpf y las sagas de la Antigüedad clásica de
Schwab. Pero no leí más de un·Jomo de Karl May, ni tampoco conozco Kampfum Rom
*ni la~ novelas de aventuras por mar de Wórishóffer. De Gerstacker tampoco leí
nada más que un tomo, DieRegulatoren von Arkansas, en el que
· debe de
aparecer una historia de amor un tanto «fuerte» (o pue-de ser que sólo lo
leyera por haber oído algo así refePi.do a un libro de este autor). Descubrí.
también que todos mis conoci-mientos de literatura dramática clásica datan de
la época del círculo de lectura 234 •
233 El artículo de Blei (Literarische We/1.
7-l-1927) aparece incluido en las notas de GS IV. 1025-1027. La «réplica» de
Benjamín (GS IV. 453-454) no se publicó entonces, por motivos que se
desconocen.
"'Novela de Felix Dahn. [N de la T.]
234 Ver
sobre ello una nota de Gershom Scholem en las Briefe. 39. de Walter Benjamín:
«Benjamín, (Herbert) Belmore, (Aifred) Steinfeld, Franz Sachs und Wi!li
Wolfradt (der spatere Kunstschriftstel!er), die a!le Klassengenossen waren,
hatten von 1908. als Walter Benjamín aus Hanbinda zurückkam und in die
Kaiser-Friedrich-Schule wieder eintrat. bis zum Anfang des ersten Weltkrieges
einen wóchentlichen Leseabend. in dem mit verteilten Rollen Stücke von
Sha-kespeare. Hebbel. lbsen. Strindberg. Wedekind u.a. gelesen wurden. Die
Teilneh-mer Jasen sich,auch Kritiken vor. die sie nach Theaterbesuchen
schrieben, "die oft druckreif waren. aber ni e gedruckt wurden" (
Brief von Dr. Franz Sachs, Jo-hannesburg).»
[Benjamin (Herbert) Belmore (Aifred) Steinfeld.
Franz Sachs y Willi Wolfradt (posteriormente escritor), todos ellos compañeros
de colegio desde 1908, año en que Walter Benjamin regresó de Hanbinda y volvió
a incorporarse a la Kaiser-Friedrich-Schule, hasta comienzos de la Primera
Guerra Mundial, celebraban semanalmente una velada de lectura en la que,
repartiéndose los papeles. leían
125
22 E>E-ENERG-
Aún no me había lavado, pero ya estaba escribiendo
en la mesa, cuando llegó Reich. Esa mañana, yo aún me sentía menos predispuesto
que otras a ser sociable. No permití, por tanto, que me distrajera demasiado de
mi trabajo. Pero cuando me disponía a salir, a eso de la una y media, y Reich
me preguntó «adónde», supe que también él iba al teatro infantil al que Asia me
había invitado. Así pues, todas las preferencias mostradas por mí se reducían a
haber tenido que esperar ya, un día antes, media hora, en vano, delante de la
entrada. No obstante, me fui delante para tomar algo caliente en el café de
siempre. Pero también los cafés habían cerrado aquel día, y éste además estaba
metido en refor-mas. Me fui, pues, lentamente por la Tverskaya en dirección al
teatro. Luego llegó Reich, y después Asia en compañía de Man-ya. Al habernos
convertido en un cuarteto, mi interés por aquel asunto era ya bastante escaso.
De cualquier modo no podía que-darme hasta el final, porque a las tres y media
debía encontrarme con Schick. No me esforcé tampoco en sentarme junto a Asia,
sino que lo hice entre Reich y Manya. Asia le pidió a Reich que me tradujera lo
que se decía. La obra parecía tratar de la creación de una fábrica de conservas
y tener un fuerte matiz chovinista anglófobo. Me marché en el descanso. Asia me
había llegado a ofrecer el sitio al lado suyo para que me animase a quedarme,
pero no quería llegar demasiado tarde a casa de-Schick, y, sobre todo, no
agotado. Él no estaba aún del todo listo. En el autobús me habló de sus tiempos
de París; de que, en una ocasión, había visitado a Gide, etc. La visita a
Muskin mereció la pena. En realidad no vi nada más que un libro infantil
interesante, un calendario suizo de 1837: un tomito delgado con tres láminas
bellamente coloreadas, pero vi libros infantiles rusos más que suficientes para
poderme hacer una idea del estado de la ilustra-ción al respecto. Ésta depende
en alto grado de la alemana. Las ilustraciones de numerosos libros han sido,
incluso, realizadas en establecimientos litográficos alemanes. Se han copiado
muchos libros alemanes. Las ediciones rusas del Struwwe/peter * que
obras de Shakespeare. Hebbel. lbsen. Strindberg,
Wedekind y otros. Los partici-pantes leían también en voz alta las críticas que
escribían después de haber visto una obra de teatro y que "a menudo
habrían podido dar directamente a impren-ta, si bien nunca llegaron a
imprimirse" (Carta del Dr. Franz Sachs, Johannes-burg).l
• Libro clásico infantil alemán de índole
moralizante. [N. de la T.]
126
pude_\ler allLson bastante tGscas-y
nada-benitas:-Muskin puso en los distintos libros notas con los datos que yo le
había dado. Es director del departamento de literatura infantil de la editorial
estatal. Me enseñó algunos ejemplares de su producción, entre los cuales se
encontraba un libro cuyo texto había escrito él mis-mo. Le expuse mi gran
proyecto sobre la obra documental Die Phantasie 235 • No me pareció que
entendiese mucho del asunto y, por lo demás, me causó una impresión de
mediocridad. Fue una verdadera tortura ver cómo tiene la biblioteca. No había sitio
para colocar debidamente los libros, que estaban hacinados, de cualquier
manera, en unas estanterías que había en el pasillo. La mesa del té estaba muy
bien surtida y yo comí bastante sin nece-sidad de que me animasen, pues aquel
día no había almorzado ni cenado. Nos quedamos cerca de dos horas y media. Al
final, todavía me dio dos libros de la editorial que yo prometí a Daga para mis
adentros. Por la noche estuve en casa trabajando en Rilke y en el diario. Pero
- al igual que en este momento- con un material para escribir tan malo, que no
se me ocurría nada.
23 DE ENERO
(Hace mucho que no escribo el diario y tendré que
resumir.) Este día, Asia hizo todos los preparativos para dejar el sanato-rio.
Se fue a casa de Rachlin, y con ello, por fin, a un ambiente agradable. En el
curso de los días sucesivos, yo pude darme cuen-ta de las posibilidades que se
me habrían ofrecido en Moscú si se me hubiesen abierto antes las puertas de una
casa como la suya. Pero ya era demasiado tarde para aprovechar cualquiera de
esas posibilidades. Rachlin vive en el edificio del Archivo Central, en un
cuarto espacioso y muy limpio. Está unida sentimentalmente a un estudiante que,
al parecer, es muy pobre y no vive con ella por orgullo. Al día siguiente de
conocernos -eso fue el miérco-les-, ya me
regaló un puñal
caucasiano, un trabajo en
plata, muy bello, aunque
no de mucho
valor y pensado para niños. Asia dijo que ese regalo se lo
debía a ella. Pero en lo que se refiere
235 Este proyecto no se llevó a cabo; hasta ahora,
por lo menos, no se conoce ninguna obra de tales características. Tal vez
Benjamín aspiraba a reunir una documentación más amplia de fenómenos tales como
las «Phantasiesatzen, von einem elfjahrigen Madchen nach gegebenen Worten
gebildet» (frases imaginarias de una niña de once años hechas con palabras
dadas) (GS IV, 802-803).
127
a mis encuentros con Asia, los dias de su estancia
en casa de Rachlin no fueron tampoco mucho mejores que los del sanato-rio. Pues
siempre estaba presente un general del Ejército Rojo que, aunque hacía tan sólo
dos meses que se había casado, no dejaba de hacerle la corte a Asia de todas
las maneras imagina-bles, pidiéndole también que se fuera con él a
Vlactivostok, don-de le habían destinado. A su mujer, dijo, la dejaría en
Moscú. Uno de estos días -el lunes, para ser más exactos-, Asia reci-bió una carta
de Astajoff, de Tokio, que Elvira había enviado desde Riga. El jueves, cuando
dejamos juntos a Reich, ella me contó detalladamente su contenido;'y ese día
por la noche siguió hablando de ello conmigo. Parece que Astajoff piensa mucho
en ella, y como ella le había pedido un chal con flores de cerezo, lo más
probable -le dije yo- era que durante el medio año en Tokio no se hubiera
dedicado a mirar otra cosa en los escapara-tes que chales con flores de cerezo.
Ese día por la mañana estuve dictando la nota contra Blei y varias cartas. Por
la tarde me sentí de muy buen humor; estuve hablando con Asia, pero ya sólo
recuerdo que, cuando me disponía a salir de su habitación para irme a casa con
su maleta, Asia volvió a salir a la puerta y me dio la mano. No sé qué esperaba
de mí; tal vez nada en absoluto. Hasta el día siguiente no me di cuenta de que
Reich había urdido toda una intriga para que fuese yo quien llevase la maleta,
por-que él no se sentía bien. Dos días después de la mundanza de Asia, él tuvo
que meterse en cama en la habitación de Manya. Pero no tardó en reponerse de la
gripe. En lo que se refiere a los asuntos de mi viaje de regreso, yo seguí
dependiendo completa-mente de Basseches. Nos encontramos en la parada del
autobús, una hora después de salir del sanatorio. Y o estaba citado por la
noche con Gnedin en el Teatro Vajtangoff, pero antes tenía que pasarme con
Reich por casa de su traductora para pedirle que me acompañase, si podía, a la
mañana siguiente, a la proyección de las películas que me iban a mostrar en el
cine estatal. El resultado fue positivo. A continuación, Reich me dejó en un
trineo en el que me dirigí al Vajtangoff. Gnedin y su mujer llega-ron un cuarto
de hora después de comenzar la representación. Y o ya estaba a punto de tomar
la decisión de marharme definiti-vamente, y, al recordar lo sucedido el domingo
anterior en el Teatro del Proletkult, me había empezado a preguntar si Gnedin
no estaría loco. Ya no había entradas. Por último logró hacerse todavía con
algunas; pero no pudimos sentarnos juntos, produ-ciéndose a lo largo de los
diferentes actos todas las permutado-
128
nes iV'}aginables entre nosotros, pues teníamos dos
localidades juntas y una separada. La mujer de Gnedin era ancha de
propor-ciones, amable y callada, y, a pesar de lo equilibrado de sus
fac-ciones, tiene también cierto encanto. Después del teatro, Jos dos me
acompañaron aún hasta la Smolensk-Plóschtad, donde tomé el tranvía.
24 DE ENERO
Este día fue sumamente agotador y enojoso, a pesar
de haber logrado alcanzar mis objetivos en casi todas partes. Comenzó con una
espera interminable en el cine estatal: dos horas hasta el inicio de la
proyección. Vi Mati 2 36 , Potemkin y una parte del Proceso por tres millones
237 • La cosa me costó un chervonetz, pues, por consideración a Reich, quería
darle algo a la.mujer que me había proporcionado, pero ella no me indicó
cantioad alguna y, después de todo, había estado cinco horas a mi d.Ísposición.
Fue bastante agotadqr tenerse que pasar tanto tiempo en aquella pequeña sala en
la que, en casi todo momento, fuimos los únicos espectadores, viendo pasar ante
nuestros ojos tantas cintas sin ningún acompañamiento m¡,¡sical. Me encontré
con .Reich en el
Dom Gerzena. Él se fue a ver a Asia después de
comtir: yo espe-raba que los dos vinieran iuego para acompañarles;;:~ casa de
Rachlin. Pero, en principio, sólo vino Reich.
Entonce§ me fui a Correos, que está muy cerca, para .recoger la carta con el
dinero. Esto me llevó cerca de una hora. La escena que allí tuvo Jugar
merecería ser descrita. La funcionaria se comportó con aquella carta como si yo
le quisiera quitar al hijo de sus entrañas, y de no haber llegado a la
ventanilla, después de algún tiempo, una mu-jer que sabía algo de francés, me
habría tenido que marchar sin lograr mis propósitos. Llegué al hotel rendido.
Pasados unos mi-nutos, partimos cargados con maleta, abrigos y manta a casa de
Rachlin. Asia había ido directamente. Allí, pues, nos juntamos un grupo
bastante numeroso, pues, además del general rojo, esta-ba también una amiga de
Rachlin que quería darme un encargo para una amiga parisina, una pintora. La
cosa siguió resultando
236 Mati.·
A1at (La madre). basada en la novela del mismo nombre de Gorki, de los años
1906-1907; dirección: Ysevolod l. Pudovkin (1926).
237 Proceso
por tres millones. Película soviética (comedia policíaca) de Yakov Protazanov (
1926 ).
129
agotado~,a. Pues Rachlín -una persona no carente de
simpa-tía- me estuvo contando muchas cosas;--entretanto, yo noté va-gamente el
interés del general por Asia, por lo que todo el tiempo estuve pendiente de lo
qUe ocurría entre ambos. A esto había que añadir la presencia de Reich. Tuve
que renunciar a mis esperan-zas de poder hablar unas palabras a solas con Asia;
las pocas que intercambiamos al marcharme yo fueron intranscendentes. Acto
seguido me pasé todavía un momento por casa de Basseches para comentar algunos
aspectos técni~os relacionados con mi viaje, y luego, a casa. Reich durmió en
la habitación de Manya.
25 DE ENERO
La escasez de viviendas 238 tiene aquí un efecto
curioso: cuan-do uno va de noche por la calle, a diferencia de lo que sucede en
otras ciudades, ve, tanto en las casas grandes como en las peque-ñas, casi
todas las ventanas iluminadas. De no ser porque la luz que sale de estas
ventanas es de distinta intensidad, se podría pensar en una iluminación
decorativa. En los últimos días he notado también otra cosa: no es únicamente
la nieve lo que po-dría hacerle a uno añorar Moscú, sino también el cielo. En
nin-guna otra gran ciudad se tiene tanto cielo sobre la cabeza. Esto se debe a
la altura de las casas, con frecuencia muy bajas. En esta
ciudad se siente siempre el amplio horizonte de la
llanura rusa. Algo nuevo y rego~ijante fue el niño que vi en la calle transpor-
tando una tabla con pájaros disecados. Así pues,
también se ven-den aquí esos pájaros en la calle. Todavía más curioso me
resultó ese día encontrarme en la calle con un entierro «rojo». Tanto el ataúd
como el coche y los jaecd de los caballos eran de color rojo. En otra ocasión
pude ver un coche del tranvía pintado con propaganda política, pero, por
desgracia, iba lleno, de modo que no pude distinguir los detalles. Sigue siendo
asombrosa la canti-dad de cosas exóticas que ofrece esta ciudad. Rostros mongoles
ya veo cuantos me apetece todos los días en mi hotel. Pero hace poco vi frente
a él, en la calle, a unos personajes con capas rojas y amarillas que, según me
dijo Basseches, eran monjes budistas que en ese momento celebraban un congreso
en Moscú. Las
238 La
escasez de viviendas ... en sus trineos (marc.): Ver: GS IV, 330: «Die
Schatfnerinnen - dem Schlitten»; 339: «Hin, und ... sehen sind>>; 344:
<<Sehnsucht nach ... sich zu haben».
130
revisoras del tranvía me recuerdan, en cambio, a
los pueblos primitivos d~} norte. Van de píe en su sitio del tranvía, cubiertas
con sus pieles, como las mujeres samoyedas 239 en sus trineos. Ese día pude
resolver favorablemente algunos asuntos. La maña-na se me fue en preparativos
para el viaje. Yo había cometido la estupidez de mandar que me sellaran las
fotos del pasaporte, por lo que tuve que ir a haceirne otras a un fotógrafo de
servicio rápido del bulevar Strasnoi. Luego, otras salidas. La noche ante-rior
había llamado a Ilesh desde casa de Rachlin, quedando con él en pasar a
buscarle hacia las dos al Narkompros. Le encontré, no sin algún esfuerzo.
Perdimos mucho tiempo yendo a pie des-de el Ministerio al cine estatal, donde
Ilesh tenía que hablar con Panski. Poco antes se me había ocurrido la infeliz
idea de conse-guir a través del cine estatal fotos de La sexta parte del mundo,
exponiéndole mi deseo a Panski. Me vi obligado a escuchar en-tonces las cosas
más abstrusas: que aquella película no debía mencionarse para nada en el
extranjero; en ella se habían inserta-do fragmentos de películas extranjeras;
ni siquiera se sabía de cuáles en realidad, por lo que era de temer que
surgieran contra-riedades; en resumen: le dio mucho bombo al asunto. A ello se
añadió su intento de conseguir por todos los medios que Ilesh se pusiera
inmediatamente en camino con él por la cuestión del rodaje de «Atentado». Pero
Ilesh perseveró cortésmente en su negativa, por lo que, finalmente, pude
mantener en un café cer-cano (Lux) una conversacion con él que dio el fruto
apetecido: me proporcionó un esquema muy interesante de los grupos lite-rarios
que actualmente existen en Rusia, basado en la orienta-ción política de los
diferentes autores. A continuación me fui directamente a ver a Reich. Por la
noche fui de nuevo a casa de Rachlin; Asia me lo había pedido. Y o me sentía
sumamente agotado y cogí un trineo. Encontré arriba al inevitable Iliusha 240 ,
que había comprado un montón de dulces. Yo no había llevado el vodka que Asia me
había pedido, pues ya no pude comprarlo, pero sí oporto. Aquel día y, sobre
todo, el siguiente, sostuvimos largas conversaciones telefónicas muy semejantes
a las de Berlín. A Asia le encanta decir cosas i"mportantes por teléfono.
Me dijo que quería vivir conmigo en Grunewald, sintiéndose muy desilu-sionada
de que yo le dijera que la cosa no funcionaría. Esa noche
239 Pueblo
de la tundra y la taiga subártica de la Rusia europea y del noroeste de
Siberia; grupo lingüístico urálico.
240 Nombre
del general rojo y galán de Asia.
131
fue cuando Rachlin me regaló el sable caucasiano.
Me quedé hasta que se fue también Iliusha: la verdad es que no me sentía
demasiado contento; cuando más a gusto me sentí fue después, en el momento en
que Asia se sentó junto a mí en un canapé de esos en los que cada uno se da la
espalda. Pero ella se arrodilló en su sitio y se puso alrededor del cuello mi
sobrecuello de seda de París. Por desgracia, ya había cenado en casa, de modo
que no pude comer gran cosa de los muchos dulces que había sobre la mesa.
26 DE ENERO
Todos estos días estuvo haciendo un tiempo
maravilloso. Moscú me vuelve a resultar más familiar. Tengo ganas de apren-der
ruso, al igual que durante los primeros días de mi estancia. Como hace calor y,
por otra parte, el sol no deslumbra, puedo mirar mejor las calles y cada día me
parece un doble y triple regalo por ser tan hermoso, porque ahora me siento con
mucha más frecuencia unido a Asia y por habérmelo concedido a mí mismo
alargando el tiempo de estancia previsto. Veo, pues, tam-bién muchas cosas nuevas.
Sobre todo 241 vuelvo a ver a otros tipos de vendedores: a un hombre que lleva
colgándole por de-lante, de los hombros, una gavilla de pistolas de juguete,
hacien-do sonar de vez en cuando una que sostiene en la mano y cuyo disparo
resuena por toda la calle, atravesando el aire, tan diáfa-no. Y a muchos
vendedores de cestos de mimbre con toda clase de cestos: de colores, semejantes
a los que vende!1 por todo Ca-pri; cestos dobles con asas y minuciosas cenefas
cuadradas, en el centro de las cuales aparecen sentadas cuatro figuras de
colores. Vi también a un hombre con una gran cesta de viaje cuyo entra-mado
aparecía recorrido por cintas de paja teñida de color verde y rojo: pero no era
un vendedor. Esa mañana traté inútilmente de consignar mi maleta en la aduana.
Como no llevaba el pasa-porte (lo había entregado para solicitar el visado de
salida), se hicieron cargo de la maleta, pero no la consignaron. Por lo
ma-ñana, por lo demás, no pude resolver nada: comí en la tabernita y por la
tarde fui a ver a Reich. a quien llevé manzanas por deseo de Asia. A ella no la
vi ese día. pero por la tarde y por la noche
2 ~ 1 Sohr('
wdo .. figuras de colores (marc.): Ver: GS IV. 320: <<E in
Korbverkau-fer. .. im Innern».
!32
mantuve con ella dos largas conversaciones
telefónicas. Por la noche estuve trabajando en la réplica al .artículo de
Schmitz so-bre el Potemkin 242 •
242 La «Erwiderung an Oskar A. H. Schmitz», de
Benjamín, fue publicada junto con el artículo de Schmitz en el Literurische
We/t de 1 1 de marzo de 1927 con el título: «Eine Diskussion über russische
Filmkunst und kollektivistische Kunst überhaupt» (ver: GS 11, 751-755 y 1486-1489).
En la última página del manuscrito del diario se
encuentra la primera versión de este artículo:
«Es gibt Erwiderungen, die beinahe eine
Unhóflichkeit gegen das Publikum sind. Sollte man eine Argumentation mit derart
schartigen Begriffen nicht am besten der Stellungnahme ihrer Leser überlassen?
Si e brauchten ja wirklich nicht (wie zufállig der Schreiber dieser Zeilen) in
Russland sie zu Gesicht zu bekom-men, brauchten, u m ihre Leerheit zu
durchschauen, noch nicht einmal den «Po-temkin» gesehen zu haben. Genau so
wenig, wie Schmitz selber ihn gesehen zu haben brauchte. Denn soviel Material,
wie er hier beibringt, kónnte die erste beste Zeitungsmeldung ihm geliefert
haben, nur wáre es ein exakteres. Aber das unterscheidet ja eben den
Bildungsphilister von dem gewóhnlicher Spiesser: Die lesen die Notíz in íhrem
Blatt und halten sích für gewarnt. Er abethat den Stolz der eigenen Meínung,
geht hin und glaubt damit sich in den Stand zu setzen, seinen Verdruss in
sachliche Erkenntnis umzuwandeln. Sachlich liesse sich über den
"Potemkín" sowohl vom Standpunkt des Polítikers wie von dem des
Film-kenner recten. Schmitz tut aber keines von beíden. Er redet von seiner
jüngsten Lektüre. Nun haben soziale Romane von Wassermann (oder von andern) mit
dem sozialen lnhalt des "Potemkin" ganz genau soviel zu tun, wie'
eine Marine von Stówer (oder von anderen) mít den Manóvern dieses
Panzerkreuzers im Schwarzen Meere. Es kommt garnichts bei solchem Vergleich
heraus. Der Ein-wurf "Tendenzkunst" ergibt da schon mehr. Denn, um es
deutsci;t. und deutlich auszudrücken: wáre es nicht hoch an der Zeit, mit diesem
Popanz, diesem Bür-gerschreck nun endlich aufzuráumen? Was sol! der Jammer über
die politísche Entjungferung der Kunst, seitdem man a!le Sublimierungen und
Odipuskomple-xe, libidinósen Restbestánde, infantile Regressionen in einer
Produktion von zwei Jahrtausenden aufspürte. So aber íst die bürgerliche
Theorie der Entartung-sepoche: mag doch die Kunst in den verrufensten Gásschen
sich auskennen, wenn sic nur in politicis die hóhere Tochter bleibt, und sich
vom Klassenkampf nichts tráumen lásst. Es hilft nichts: sic liess es sich immer
tráumen. Wichtig ist nur, dass die sogenannte «Tendenz» mit dem Erwachen neuer
Bewusstseinsregío-nen aus einem sehr verborgenen Element der Kunst zu einem
gánzlich offenkun-digen geworden ist. Und damit sind wir denn endlich beim
Film.»
[Hay réplicas que casi constituyen una descortesia
para con el público. ¿No sería mejor dejar que fuesen los lectores quienes
tomasen postura. en vez de argumentar con criterios tan obtusos? Éstos no
tuvieron que verlo en Rusia (como, casualmente, el autor de estas líneas), ni
tampoco tuvieron siquiera que ver el Potemkin para percibir su vaciedad. Tan
poco como necesitó verlo el propio Schmitz. Pues el material que éste ofrece se
lo podría haber proporciona-do igualmente cualquier noticia del periódico, e incluso
de una forma más exac-ta. Pero eso es, justamente, lo que distingue al filisteo
de la cultura del pequeño-burgués normal: éste lee la noticia en su diario y se
considera avisado. En tanto que aquél se siente orgulloso de tener opinión
propia, y va y cree estar en condi-
133
27 DE ENERO
Sigo llevando el abrigo de Basseches. Éste fue un
día impor-tante. Por la mañana volví a-ir al Museo del Juguete; parece que, por
fin, existe la posibilidad de resolver el asunto de las fotogra-fías. Vi los
objetos que Bartram tiene en su despacho. Me llamó mucho la atención un mapa
rectangular, estrecho y alargado, que representaba la Historia alegóricamente
como una serie de ríos en distintas bandas de colores con muchas curvas. En el
cauce de los ríos aparecían, respectivamente, los datos y los nom-bres en
sucesión cronológica. El mapa era de principios del si-glo XIX; yo lo habría
situado ciento cincuenta años antes. Junto a éste había un interesante
mecanismo: un paisaje colgado de la pared dentro de una caja de cristal. Estaba
partido y también se había desprendido el reloj a cuyas campanadas se habían
puesto en marcha, en otro tiempo, molinos de viento, norias, batientes de
ventanas y personajes. A ambos lados, protegidos también por un cristal, había
composiciones semejantes en relieve: el incen-dio de Troya y Moisés haciendo
brotar agua de la roca. Pero no eran articuladas. Y además: libros infantiles,
una colección de naipes y muchas otras cosas. El museo no abría ese día
(jueves) y yo accedía a Bartram por un patio. Al lado hay una antigua iglesia
particularmente bella. En lo que se refiere 243 a las torres
ciones de transformar su disgusto en datos
objetivos. Sobre el Potemkin se podria hablar de un modo objetivo tanto desde
la perspectiva del político como desde la del experto en cine. Pero Schmitz no
hace ninguna de ambas cosas. Habla de su lectura más reciente. Ahora bien. las
novelas sociales de Wassermann (u otros) tienen exactamente lo mismo que ver
con el contenido social del Potemkin como una marina de Stówer (y otros) con
las maniobras de este acorazado en el Mar Negro. De tal comparación no se saca nada
en claro. La acusación de «arte tendencioso)) da ya mucho más de sí. Pues, por
decirlo en buen alemán: ¿no va siendo ya hora de acabar de una vez por todas
con ese espantajo, con ese asusta-burgueses~ ¿A qué lamentarse tanto del
desfloramiento político del arte cuando ya hemos descubierto todas las
sublimaciones y complejos de Edipo, remanentes libidinosos, regresiones
infantiles de una producción de dos milenios? Pero ésa es la teoria burguesa de
la fase de degeneración: no importa que el arte conozca las callejas de peor
fama mientras siga siendo la hija buena in politicis y no se le pase por la
imaginación la lucha de clases. Pero de nada le ha de servir. pues le ha pasado
por la imaginación. Lo cierto importante es que. con el despertar de nuevas regiones
de la conciencia, la llamada «tendencia)), de ser un elemento muy escondido del
arte se haya convertido en uno completamente evidente. Y con ello llegaremos
por fin al tema del cine.]
243 En lo que se refiere ... arquiteccónicamente
sobrio (marc.): Ver: GS IV, 344:
«die allerorten ... ihr lnkognito)); 343: «Kirchen
stehen DorfplatZ».
134
de las iglesias hay aquí una variedad estilística
realmente sor" prendente. Supongo que las estilizadas y gráciles, en forma
de. obelisco, deben de proceder del siglo XVIII. Estas iglesias se en-cuentran
en los patios como las iglesias de los pueblos en medio de un paisaje
arquitectónicamente sobrio. Acto seguido me fui a casa para deshacerme de una
lámina muy grande: una hoja vo-lante bastante singular, aunque deteriorada y,
por desgracia, pe-gada sobre cartón, que Bartram me había regalado por ser un
duplicado de su colección. Después, a ver a Reich. Se encontra-ban allí Asia y
Manya, que acababan de llegar (a la encantadora Dascha, una judía ucraniana que
esos días le preparaba la comí~ da a Reich, no la conocí hasta mi visita
siguiente). Me encontré con un ambiente tenso que sólo con esfuerzo pude evitar
que se descargase sobre mí. Percibí lps conatos, pero el asunto era de-masiado
banal como para que me apetezca recordarlo. Y, por lo mismo, no tardó en
producirse el estallido entre Reich y Asia cuando ésta, mohína y enfadada, le
estaba haciendo la cama. Por fin nos marchamos. Asia sólo pensaba en las
diferentes gestiones que estaba realizando para conseguir trabajo, y estuvo
hablando de ello durante el camino, que sólo recorrimos juntos hasta la parada
más próxima del tranvía. Existía una cierta esperanza de vernos por la noche,
pero esto lo debía decidir una conversación telefónica previa por la que sabría
si había de quedar o no con Knorin. Y o ya me había acostumbrado a poner las
menores es-peranzas posibles en tales citas. Y cuando me llamó por la noche
para decirme que se había disculpado con Knorin alegando que se sentía muy
fatigada, pero que, inesperadamente, había recibi-do recado de la modista
diciéndole que fuese esa misma noche a recoger su vestido, pues al día
siguiente ya no habría nadie en el piso - la modista iba a ser ingresada en el
hospital-, yo ya no me hice ningunas ilusiones de verla aquella noche. Pero las
cosas sucedieron de forma muy distinta: Asia me pidió que nos encon-trásemos
frente a la casa de la modista y me prometió que luego iríamos juntos a algún
sitio. Habíamos pensado en un local del Arbat. Llegamos casi al mismo tiempo a
casa de la modista, que está junto ill Teatro Revoluzie 244 • Allí tuve que
esperarla cerca de una hora; ai final, yo estaba casi convencido de haber
perdido a Asia por haberme ausentado brevemente para mirar uno de los patios de
la casa, que por lo menos tenía tres. Cuando ya llevaba diez minutos
repitiéndome que mi espera era completamente
244 «Teatro de la RevoluCión».
135
absurda, por fin apareció. Fuimos al Arbat en
tranvía. Una vez allí, y tras un momento de vacilación, entramos en un
restauran-te llamado «Praga». Subimos por la amplia escalera que, descri-biendo
una curva, conducía de la planta baja al primer piso, entrando en un salón muy
iluminado y lleno de mesas, en su mayoría vacías. Al fondo, a la derecha, se
alzaba un estrado de donde, con largos intervalos, nos llegaba música de
orquesta, la voz de un animador o canciones de un coro ucraniano. Nada más
llegar nos cambiamos de mesa; a Asia le apetecía sentarse junto a la ventana.
Se sentía avergonzada de haber ido a un sitio tan «elegante» con los zapatos
destrozados. En casa de la modis-ta se había puesto el vestido nuevo, hecho de
una tela negra, vieja y apolillada. Le sentaba muy bien; se asemejaba en todo
al azul. Al principio hablamos de Astajoff. Asia pidió shash/yk y un vaso de
cerveza. Estábamos sentados el uno frente al otro; pensa-mos varias veces en mi
partid2, hablamos de ello y nos miramos. Aquí fue donde Asia me dijo por
primera vez, quizá, de forma rotunda, que durante algún tiempo le habría
gustado casarse conmigo. Y que si no había sucedido, el que peor salía parado,
en su opinión, era yo, no ella. (Tal vez no emplease exactamente una expresión
tan fuerte: «salir peor parado»; ya no lo recuerdo.) Yo le dije que en ese
deseo de casarse conmigo habían andado por nredio sus demonios. Sí, ella ya
habia pensado en lo curioso que habría resultado aparecer ante mis amistades
como esposa mía. Pero ahora, después de la enfermedad, ya no tenía demo-nios.
Se sentía completamente pasiva. Pero en este momento ya no había ninguna
posibilidad en este sentido. Le dije: Pero yo no puedo desprenderme de ti, y,
si estás en Vladivostok, también iré a Vladivostok. ¿Es que también quieres
seguir haciendo el papel de amigo de la casa en casa del general rojo? Si él es
tan tonto como Reich y no te echa, yo no tengo nada en contra. Y si te echa,
tampoco tengo nada en contra. En otro momento dijo: «Me he acostumbrado ya
muchísimo [a ti].» Pero al final le dije: «En los primeros días nada más llegar
aquí, te dije que me podría casar contigo de inmediato. Pero no sé si lo haría.
Creo que no lo aguantaría.» Entonces, ella dijo algo muy bonito:¿ Y por qué no?
Yo soy un perro fiel. Sé que me comporto de una forma muy bárbara cuando vivo
con un hombre, y que eso está mal, pero no puedo evitarlo. Pero, si estuvieras
conmigo, no conocerías toda esa angustia, o tristeza, que sientes tan a menudo.
Y así seguimos hablando de muchas otras cosas. De si yo no querría estar
siem-pre contemplando la luna y pensando en Asia mientras tanto. Le
136
dije que esperaba que las cosas fuesen mejor cuando
nos viése-mos la próxima vez. ¿Para pasarte, otra vez, las veinticuatro ho-ras
del día sobre mí? Le dije que no era en eso en lo que estaba pensando en ese
momento, sino en estar más cerca de ella, en hablar con ella. Cuando
estuviéramos más juntos sería cuando volvería aquel otro deseo. «Muy
agradable)), dijo. Esta conversa-ción hizo sentirme muy inquieto todo eldía
siguiente, e incluso durante la noche. Pero mi voluntad de viajar era, sin
duda, más fuerte que la atracción que sentía por ella, aunque, probablemen-te,
por culpa únicamente de las numerosas trabas con que ésta se encontraba. Con
las que todavía se sigue encontrando. La vida en Rusia, dentro del Partido, me
resulta muy difícil y, al margen de él, con muy poco futuro y no menos
dificultades. Ella, sin embargo, tiene muchos motivos para sentirse enraizada
aquí, en Rusia. No hay duda de que también siente nostalgia de Europa,
nostalgia muy vinculada con lo que ella pueda encontrar de atra-yente en mL Y
el vivir con ella en Europa, si pudiese convencerla de ello, podría ser algún
día lo más importante para mí, lo más lógico. Pero, en Rusia ... , no lo creo.
Fuimos a su casa·'en trin'eo, muy apretados el uno al otro. Estaba muy oscuro.
Fue la única oscuridad que compartimos en Moscú: en plena calle y sentados en
el estrecho asiento de un trineo.
28 DE ENERO
Salí temprano, con un maravilloso tiempo de
deshielo, para conocer las calles del lado derecho del Arbat, tal como lo había
planeado hacía tiempo. Llegué, pues, a la plaza donde en otros tiempos habían
estado las perreras de los zares. La forman casas bajas, algunas de las cuales
tienen soportales sostenidos por co-lumnas. Pero en uno de los lados aparecen
intercaladas casas altas y feas, de construcción más reciente. Aquí se
encuentra el «Museo de Costumbres de los Años 40)); resumiendo: una casa baja de
tres plantas con salas decoradas con muy buen gusto en el estilo de las
viviendas de la alta burguesía de la época. Hay allí bellos muebles que
recuerdan mucho el estilo Luis Felipe, caji-tas, candelabros, trumeaus 245 ,
biombos (uno de ellos, muy curio-so, tiene un grueso vidrio entre la armazón de
madera). Todas estas salas aparecen dispuestas como si aún estuviesen
habitadas,:
245 Espejo de pared,
trumó.
137
sobre las mesas, o colgando de las sillas, hay
papeles, notas, cami-sones y chales. En cualquier caso, se ve todo muy deprisa.
Me asombró 246 no ver ningún cuarto infantil (y, por lo mismo, tam-poco
juguetes); ¿será que no tenían ningún cuarto de juegos especial en aquellos
tiempos?, ¿o sería que faltaba, o bien estaba, cerrada al público, en el piso
superior? Seguí luego paseando por las calles laterales. Por último regresé al
Arbat, en donde me detuve junto a un puesto de libros en el cual encontré uno
de Víctor Tissot del año 1882:. La Russie et les Russes. Lo compré por 25
kopeks, pues, en cualquier caso, me ofrecía una posibili-dad de averiguar
algunos datos y nombres de utilidad para mi conocimiento de Moscú y para el
artículo que pensaba escribir sobre esta ciudad. Dejé el libro en casa y fui a
ver a Reich. Esta vez, nuestra conversación resultó mejor; yo me había
propuesto firmemente evitar que se produjeran tensiones. Hablamos de Metrópolis
247 y del rechazo que esta película había provocado en Berlín, por lo menos
entre los intelectuales. Reich trató de echar-le toda la culpa del fracaso del
experimento a las excesivas exi-gencias de los intelectuales, que incitan a
tales osadías. Yo le rebatí. Asia no vino: no llegaría hasta última hora de la
tarde. Pero durante un rato estuvo Manya con nosotros. En la habita-
. ción
estuvo también Dascha, una
pequeña judía ucraniana que vive allí y que ahora cocina para Reich. Me
cayó muy bien. Las dos muchachas
hablaron en yiddish, pero yo no entendí lo que decían. De nuevo en casa
llamé a Asia pidiéndole que fuese a verme después de dejar a Reich. Y, en
efecto, luego vino. Estaba muy cansada y se echó inmediatamente en la cama. Al
principio me sentí muy cohibido, incapaz de decir siquiera una sola pala-bra
por temor a verla marchar acto seguido. Fui por la lámina arratonada que
Bartram me había regalado y se ia enseñé.
Luego hablamos también del domingo: le prometí acompañarla a ver a Daga.
Nos volvimos abesar y hablamos de vivir juntos en Berlín, de casarnos, de
viajar juntos al menos una
vez. Asia dijo que nunca le había
.costado tanto despedirse de una ciudad· como de Berlín: ¿no tendría que ver eso conmigo? Tomamos juntos un
trineo para ir a casa de Rachlin.
Pero ni siquiera había nieve suficiente en
la Tverskaya como
para permitirle al
trineo un
· 246 Jvfe
asombró, .. en aquellos tiempos (marc.): aparece marcado en el manus-crito del
diario, pero, al parecer, no se ha recogido en ninguno de los artículos
fruto de su estancia en Moscú. ' ·
247 Película dirigida en 1926 por Fritz Lang ( 1890-1976).
138
avance rápido. Mucho mejor pudimos avanzar por las
calles late-' rales: tomó un camino que yo no conocía; pasamos junto a unos-.
baños y vimos un rincón maravillosamente apartado de -Moscú. _ Asia me habló de
los baños rusos, que son los verdaderos centros de la prostitución, al igual
que lo fueran en Alemania durante la Edad Media; yo ya lo había oído. Le hablé
de Marsella. Al llegar nosotros, poco antes de las diez, en casa de Rachlin no
había nadie de visita. Disfrutamos de una hermosa y tranquila velada. Ella
contó toda clase de detalles referentes al archivo. Entre otras muchas cosas,
que en los pasajes cifrados de las cartas de algunos miembros de la familia de
los zares se había descubierto la por-nografía más indescriptible. Conversación
acerca de la conve-niencia o no de publicarlas. Me di cuenta 248 de cuán
acertada había sido la inteligente observación de Reich, quien había in-cluido
a Rachlin y a Manya dentro de la categoría de los comu-nistas «moralistas» que
siempre habrán de ocupar los puestos medios, sin que nunca se les haya de
presentar la oportunidad de acceder a los realmente «políticos». Estuve sentado
en el diván grande, muy cerca de Asia. Tomamos sémola con leche y té. Me fui
hacia las once y cuarto. Por la noche también hizo un tiempo maravillosamente
cálido.
29PE ENERO
El día resultó un fracaso en casi todos los
aspectos. Hacia las once de la mañana me presenté en casa de Basseches;
contraria-mente a lo esperado, lo encontré ya despierto, trabajando. Pero, a
pesar de ello, no pude librarme de la consabida espera. El retra-so se debió en
esta ocasión a que le habían extraviado el correo, y, hasta que lo encontraron,
transcurrió media hora por lo me-nos. Después, aún tuvimos que esperar a que
estuviera lista una copia a máquina, y en el ínterin me dieron para leer, como
de costumbre, los manuscritos recién acabados de algunos editoria-les.
Resumiendo: las formalidades relativas al viaje de regreso, de por sí ya
difíciles, todavía se hacen más penosas al tratar de resolverlas por esta vía.
A lo largo de estos días se puso claramen-te de manifiesto cuán desacertado
había sido el consejo de Gne-
248 Me di
cuenta ... maravillosamente cálido (marc.): marcado en el manuscri, .. to del
diario, pero sin que, al parecer, se haya recogido en ninguno de los artícu-los
fruto de su estancia en Moscú.
139
din de realizar los trámites aduaneros en Moscú. Y,
al pensar en él, en medio de todás aquellas trabas y dificultades inimaginables
a las que me veía expuesto por su culpa, tuve que reafirmarme más que nunca en
mi vieja máxima de viaje: no seguir nunca el consejo de una persona que te lo
da sin que se le haya pregunta-do. Y, naturalmente, de ello forma también parte
la praxis de, una vez que uno ha puesto sus asuntos en manos de otra persona
(como hice yo), seguir estrictamente sus consejos. Y así ocurrió que,
finalmente, Basseches me dejó plantado el día último y de-cisivo de la partida,
lo que me obligó, el 1 de febrero, pocas horas antes de la salida, a realizar
un esfuerzo ímprobo para facturar la maleta con la ayuda de un sirviente.
Aquella mañana no pudi-mos hacer casi nada. Fuimos a la milicia a recoger el
pasaporte con el visado de salida. Y o caí demasiado tarde en la cuenta de que
era sábado, por lo que las perspectivas de que la aduana estuviese abierta
hasta después de la una eran muy escasas. Cuando llegamos, por fin, al
Narkomindel 249 , ya eran las dos. Habíamos bajado paseando por la Petrovka con
toda tranquili-dad, luego habíamos entrado aún en el edificio de
administra-ción del Teatro Bolshoi, donde, por mediación de Basseches, me
prometieron entradas para el ballet del domingo, y por último habíamos ido al
banco estatal. Cuando llegamos, por fin, a la Plaza Kalanchevskaya, hacia las
dos y media, nos dijeron que los funcionarios se acababan de marchar. Me subí a
un coche con Basseches hasta una parada del tranvía para ir desde allí a casa
de Rachlin, Habíamos quedado en que yo la iría a recoger a las dos y media par~
subir juntos a las montañas de Lenin. Ella y Asia estaban en casa. La noticia
de que me iban a proporcionar entra-das para el ballet no complació a Asia
tanto como yo había esperado. Dijo que sería más importante conseguirlas para
el lunes. En el «Gran Teatro» ponían el Revisor. Yo me sentía tan agotado y
nervioso después de los fracasos de la mañana, que no fui capaz de responder
nada. No obstante, Rachlin me invitó a comer en su casa al regresar de nuestro
paseo. Acepté la invita-ción y me aseguré de que Asia aún estaría allí. Pero la
cuestión del paseo resultó de la siguiente manera: el tranvía se nos escapó en
las proximidades de la casa, délante de nuestras narices. Se-guimos a pie hacia
la Plaza de la Revolución; Rachlin pensaba, tal vez, que esperásemos allí,
donde tendríamos más líneas a
249 Abreviatura de «Narodnii komissariat
instrannych del» ~ Comisariado del Pueblo para Asuntos Extranjeros ~
(Ministerio de Asuntos Exteriores).
140
nuestra disposición. Aunque no estoy seguro. Andar
aquellos po-' cos pasos no me fatigó, ciertamente, pero sí lo hizo nuestra
char-'"' la, con sus malentendidos y entendidos a medias, hasta el puntó
de que, cuando ella me preguntó si no deberíamos saltar a un tranvía que pasaba
en aquel momento, yo le dije que sí de pura debilidad. Mi error había radicado
ya en desviar su atención con mi mirada hacia aquel vehículo en el que, de lo
contrario, segu-ramente ni se habría fijado. Cuando ella se subió a la plataforma
y el tranvía aumentó, acto seguido, la velocidad, yo la seguí toda-vía unos
pasos, pero no salté. Ella me gritó: «[Le] espero allí», y yo crucé despacio la
Plaza Roja en dirección a la parada del tranvía que se encuentra en el centro
del ésta. Ellá debió de esperar que yo llegase un poco antes, pues, al llegar
allí, ya no estaba. Por lo que luego supe, me había estado buscando. Y o me
quedé allí siri entender dónde podría estar ella. Finalmente llegué a la
siguiente conclusión acerca de sus palabras: quería esperar-me en la última
parada del tranvía; me subí en el próximo vehículo de la línea en cuestión e
hice el trayecto, de cerca de media hora, en línea bastante recta, atravesando
la parte de la ciudad de la otra orilla del Moscova, en dirección a la última
parada. Es posible que, en el fondo, me apeteciera aquel viaje en solitario. Lo
que sí es cierto es que, probablemente, me hubiera resultado mucho menos
placentero en su compañía, indepen-dientemente de adónd~ me hubiese podido
conducir. Me sentía demasiado fatigado para eso. Pero en aquel momento, .el
viaje impuesto, y casi sin meta, a través de una parte de la ciudad que para mí
era totalmente desconocida, me hizo sentirme muy feliz. Sólo entonces 250 me di
cuenta de la total similitud de ciertos arrabales con las calles del puerto de
Nápoles. Vi también la gran estación de radio de Moscú, de estructura muy
distinta'a la de las que yo conocía. La calzada por donde avanzaba el tranvía
tenía, a la derecha, algunas casas señoriales, y, a la izquierda, casitas o
cobertizos aislados, pero, en general, discurría por pleno campo. Todo lo que
Moscú tiene de pueblo aparece de pronto entera-mente al desnudo, y de una forma
evidente y categórica, en las calles de las afueras. Tampoco existe, quizá,
ninguna otra ciudad donde las inmensas plazas ofrezcan un aspecto tan informe
como las de los pueblos, y siempre como descompuesto por él mal tiempo, el
deshielo o la lluvia. En una de aquellas plazas,
250 Sólo entonces ...
o la lluvia (marc.):
Ver: GS IV, 343:
«Mit Moskaus...
geraumigen Siedlung>>. ·
141
que, sin embargo, no era ni urbana ni apenas
tampoco aldeana, delante de una taberna, se encontraba el final de trayecto;
como era lógico, Rachlin no estaba allí. Y o regresé de inmediato con la
energía justa para volver a casa, en vez de dirigirme a la suya para
corresponder a la invitación a comer que me había hecho .. Y en lugar de un
almuerzo me comí unas cuantas galletas estata-les. Nada más llegar a casa, me
llamó Rachlin. Y o estaba enfada-do con ella, sin motivo, y adopté, en cierto
modo, una actitud defensiva, viéndome, por lo mismo, doble y agradablemente
sor-prendido por sus palabras amables y contemporizadoras. Y, so-bre todo, me
permitieron inferir que aquel incidente no llegaría a oídos de Asia de una
forma que me hiciera quedar en ridículo. Pero decliné la oferta de ir
inmediatamente a su casa a comer; para eso, yo me sentía demasiado cansado.
Quedamos en que iría a las siete. Recibí la agradabilísima sorpresa de
encontrarme a solas con Asia y con ella. Ya no recuerdo de qué estuvimos_ hablando.
Sólo sé que, al marcharme -Rachlin había salido de la habitación antes que yo-,
Asia me mandó un beso con la mano. A continuación, intento, en vano, de comer
algo caliente en un restaurante del Arbat. Yo quería pedir sopa y me trajeron
dos Ionchitas de queso.
30 DE ENERO
Añadiré 251
algunas cosas acerca de Moscú de
las que no me había dado cuenta hasta
ahora, aquí, en Berlín (donde acabo, con el día
29 de
enero, las anotaciones
iniciadas el día 5
de febrero). Para el que llega de Moscú,
Berlín es una ciudad muer-- ta. Las personas que van por la calle, le
parecen a uno ir descon-soladoramente en solitario, a g;:-::n distancia las
unas de las otras, y solas en mitad de un amplio trecho de la calle. Por otra
parte, el lugar por el que tuve que pasar para ir de la Estacion del Zoo a
Grunewald me pareció
muy limpio y reluciente, desmesurada-mente pulcro y desmesuradamente
confortable. Con la imagen de la ciudad y de la gente ocurre lo mismo que con
la imagen de los estados del espíritu: la nueva óptica con la que uno las
perci-be es el resultado más incuestionable de la estancia en Rusia. Por muy
poco que se llegue a conocer este país, uno aprende a obser-
25 1 Añadiré ... llega un europeo (marc.): Ver: GS
IV, 316-317: «Für einen ... zu
wah1en»; 317: «Heimkenrend findet. .. um sich)).
142
var y a enjuiciar a Europa con ef conocimiento
consciente de lo que acontece en Rusia. Esto es lo primero que le llega de
Rusia a cualquier europeo inteligente. Por eso también, la estancia en Rusia
es, por otro lado, una piedra de toque tan precisa para el visitante extranjero
.. Obligará a cualquiera a elegir y precisar con toda exactitud su punto de
vista, que, en general, será tanto más fértil en la producción de sus
precipitadas teorías cuanto más alejado y circunscrito a la esfera personal y
cuanto menos se adecúe al formato del acontecer ruso. Aquel que penetre en
ma-yor profundidad dentro de la situación rusa se sentirá mucho menos impulsado
a realizar las abstracciones a las que tan fácil-mente llega un europeo. En los
últimos días de mi estancia t~ve la impresión de que los vendedores mongoles de
artículos de papel de colores volvían a aparecer con más frecuencia. Vi a un
hombre -aunque no mongol, sino ruso- que, además de ces-tos de mimbre, ofrecía
también pequeñas jaulas hechas de papel brillante y con pajaritos de papel en
su interior. Pero también descubrí un papagayo de verdad, un aro blanco: estaba
en la Miasnitskaya, sobre un cesto en el que una mujer guardaba artículos de
lencería para venderlos a los transeúntes. En otro lugar 252 vi columpios
infantiles puestos a la venta en la calle. Puede decirse que Moscú se encuentra
liberado del tañer de las campanas, que hace que las grandes ciudades se
sientan invadi-das, de costumbre, por una irresistible tristeza. Esto es
también algo que sólo se nota y se aprende a estimar tras el regreso. Cuan-do
llegué a la estación de Yaroslavski, Asia ya estaba allí. Me había retrasado
por haber tenido que esperar un cuarto de hora el tranvía, y los domingos por
la mañana no hay autobuses. Ya no nos quedaba tiempo para desayunar. El día, o,
por lo menos, la mañana, transcurrió entre ataques de congoja. Sólo en el viaje
de regreso del sanatorio pude disfrutar enteramente del maravi-lloso recorrido
en trineo. Hacía una temperatura muy suave y nos daba el sol en la espalda; al
poner la mano en la de Asia, pude incluso notar que calentaba. Nuestro
istvoschik era hijo del hombre que solía llevar a Reich. Fue en esta ocasión
cuando averigüé que las preciosas casitas por las que pasamos al princi-pio no
eran dachas, sino casas de campesinos acomodados. Asia se sintió muy feliz
durante el viaje y, por lo mismo, aún más
252 En otro lugar... irresistible tristeza: Ver: GS
IV, 320: <<Es gibt... der Kin~ dem, «Ein Korbverkaufer... der Vogel»;
344: «Die Stadt... Traurigkeit verbrei-tet».
143
doloroso habría de ser el revés que sufrió al
llegar. Daga no esta-baJuera, con los otros niños que jugaban bajo el cálido
sol, sobre la nieve en deshielo. Dentro la llamaron. Bajó al vestíbulo por la
escalera de piedra con el rostro lloroso y .Jas medias y los zapatos rotos,
poco menos que descalza. Resultó que no había recibido el paquete con medias
que se le había enviado y que, en los últimos catorce días, apenas se habían
ocupado de ella. Asia estaba tan nerviosa, que apenas acertaba a hablar, y tampoco
pudo enfren· tarse con la médica tal como hubiera deseado. Se quedó casi todo
el tiempo junto a Daga, seatada en- un banco de madera de la entrada, cosiendo
desesperadamente los zapatos y las medias.
Pero también esto se lo estuvo reprochando luego a
sí misma: el~ ha]?er tratado de remendar los zapatos. Eran unas zapatillas
to-talmente deshechas que ya no podían abrigar a la niña. Y ella temía que se
las volviesen a poner en vez de dejarla correr en zapatos o en valinki.
Teníamos pensado darnos un paseo de cin-co minutos en trineo, con Daga, pero no
pudo ser. Cuando ya · hacía rato que éramos los últimos visitantes que
quedaban, Asia aún seguía sentada cosiendo, y a Daga la llamaron para comer.
Nos fuimos; Asia, desconsoladísima. Dado que llegamos justo a los pocos minutos
de la salid2 de un tren, tuvimos que esperar casi una hora. Estuvimos jugando
durante un rato a ver dónde nos sentábamos. Asia se empeñó en hacerlo en un
sitio en el que yo no quería sentarme de ningún modo. Pero, cuando al fin
cedió, yo me puse tozudo e insistí en quedarme en el sitio que había elegido
ella. Pedimos huevos, jamón y té. En el viaje de vuelta estuve hablando del
tema del drama que me había sugeri-do la obra de llesh: el montaje de la
historia de un transporte de mercancías durante el tiempo de la revolución (un
envío de víve-res destinado a los prisioneros, por ejemplo). Desde la estación
nos dirigimg~ en trineo a ver a Reich, que ya se había mudado a su nuevo
a!lf)jamiento. Al día siguiente se mudó también Asia. Nos quedamos mucho tiempo
arriba, esperando la comida. Reich me volvió a preguntar por el artículo sobre
el humanismo, y yo le expliqué el porqué, en mi opinión, había que prestar una
atención muy especial al hecho de que, con la victoria propia-mente dicha de la
burguesía y el derrumbamiento de la posición de los literatos coincida también
la separación de estos dos tipos que en otro tiempo formaron una unidad (al
menos en la figura del erudito): el literato y el erudito. Hay que insistir en
que, en el tiempo en que se estaba.gestando la revolución, los literatos más
influyentes fueron, al menos, en la misma proporción eruditos y
144
escritores. Sí, e incluso es probable que fuesen
los eruditos quie-nes tuvieran un papel preponderante. Empecé a sentir el dolor
de espalda que empezó a importunarme en mis últimos días en Moscú. Por fin
apareció la comida, que nos trajo una vecina. Estaba muy buena. Luego nos
fuimos Asia y yo, cada uno a su casa, para encontrarnos por la noche en el
ballet. Pasamos junto a un borracho que estaba tendido en la calle, fumando un
ciga-rrillo. Dejé a Asia en el tranvía y me fui al hotel. Allí me dieron las
entradas para el teatro. El programa de la noche consistía en: «Petruschka», de
Stravinski; Las sílfides 253 : ballet de un compo-sitor poco importante, y el
Capricho español, de Rimski-Korsakoff. Llegué muy pronto y, mientras esperaba a
Asia en el vestíbulo -con la conciencia de que aquélla era, de momento, la
última noche en Moscú en la que podríamos hablar a solas-, mi único deseo era
sentarme con ella en seguida en el teatro y esperar largo rato hasta que se
alzase el telón. Asia llegó tarde, pero, a pesar de ello, aún pudimos ocupar
nuestras localidades justo a tiempo. Detrás de nosotros estaban unos alemanes,
y en nuestra misma fila un matrimonio japonés con sus dos hijas, con su
brillante pelo negro peinado al estilo japonés. Nos encontrá-bamos en la fila
siete de butacas: En el segundo ballet aparecía la famosa bailarina Gelzer 25\
ahora ya algo mayor, a quien Asia había conocido en Orel 255 • Las sílfides es
un ballet a menudo insípido, pero que sirve para hacerse una idea excelente del
estilo que en otro tiempo tenía este teatro. Esta obra data, tal1vez, de la
época de Nicolás l. Hay un divertimento que se asemeja muchí-simo al de los
desfiles militares. Finalmnte, el ballet de Rimski-Korsakoff, maravillosamente
estudiado y ejecutado a una veloci-dad vertiginosa. Hubo dos descansos. En el
primero, yo me separé de Asia para tratar de conseguir todavía un programa
delante del teatro. Al volver, la vi hablando con un hombre, de pie junto a la
pared. Me dije a mí mismo con horror con cuánto descaro le había mirado cuando
Asia me dijo que se trataba de
253 Las s(/jides; título original ruso: Chopiniana;
coreografía: M. Fokine, Músi-
ca: F. Chopin (la idea de Benjamin de que se trata
de un «compositor poco importante» se debe quizá al hecho de que la música de
Chopin fuese instrumen-tada por A. Glasunov).
254 Ekaterina Vasilevna Geltser ( 1876-1962),
famosa bailarina; galardonada en 1925 con el título de «Artista popular de la
RSFSR».
255 Los primeros experimentos de Asia Lacis dentro
del ámbito del teatro infantil y <;le la pedagogía tuvieron lugar en
1918/19, en Ore!, donde iba a traba-jar como directora en el teatro municipal.
145
Knorin. Él se empeña siempre en tutearla y a ella
no le queda má~ remedio que tutearle también. A su pregunta de si había ido
sola al teatro, ella le había dicho que no, que había ido con un periodista de
Berlín. Ya le había hablado de mí en otra ocasión. Asia llevaba aquella noche
el vestido nuevo cuya tela le había regalado yo. [Se] cubría los hombros con el
chal amarillo- com-prado en Roma y que yo le llevé a Riga. Dado que su rostro
también tenía aquel día un tinte amarillento, en parte, natural y, en parte,
debido a la enfermedad y a la excitación de aquel día,
\¡
con el cual no se mezclaba la menor sombra de rojo,
todo su aspecto constituía la frontera de tres tc111alidades cromáticas muy
próximas. Después del. teatro no tuve sino el tiempo justo para quedar con ella
en vernos la noche siguiente. Pues, como tendría que ausentarme todo el día si
efectivamente quería hacer la ex-cursión a Troitsa 256 , sólo disponíamos de la
noche. Pero ella no quería salirde casa, ya que, al día siguiente, muy
temprano, que-ría ir de nuevo a ver a Daga. Quedamos, pues, en que yo iría, con
toda seguridad, por la noche, pero incluso esto lo acordamos a duras penas.
Asia quiso saltar a un tranvía, en mitad de la conversación, pero luego
desistió. Nos encontrábamos en medio del bullicio de la gran plaza del teatro.
Los sentimientos de enojo y amor me invadían alternativamente, a velocidad de
vértigo; por último nos despedimos [:] ella, desde la plataforma del tran-vía y
yo, en )a calle, o, más bien, considerando si no debería seguirla, saltando yo
también a él.
31 DE ENERO
Con la reserva de asiento que yo había dispuesto el
día 30, mi viaje de regreso había quedado irrevocablemente fijado para el día
l. Finalmente logré despachar la maleta en la aduana. A las siete y cuarto
llegué, pues, según lo convenido, a casa de Basse-ches para dirigirnos a la
oficina de aduanas con el tiempo sufi-ciente para llegar a la estación antes de
la salida del tren, que [era] a las diez. Éste no salió, en realidad, hasta las
diez y media. Pero esto no lo supimos lo bastante a tiempo como para haber
podido aprovechar aún esa media hora. Aunque a ella le debi-mos el poder
realizar siquiera nuestra excursión a Troitsa. Pues si
25 6 Se refiere al monasterio de Troitse-Sergieva,
de Sergiev (a partir de 1930·.
((Zagors\o) ). ·
146
el tren hubiese salido, efectivamente, a las 10, ya
no lo hubiéra-mos cogido. Las formalidades exigidas en la oficina de aduanas se
prolongaron de un modo angustioso y ni siquiera pudimos acabarlas aquel día.
Lógicamente tuve que volver a pagar un taxi. Todo aquel ajetreo resultó
innecesario, pues ni se fijaron en los juguetes, y en la frontera seguramente
tampoco les habrían interesado mucho más que aquí. Nos acompañó el sirviente
para recoger allí mi pasaporte y dirigirse acto seguido al consulado de Polonia,
a fin de conseguirme un visado. Así pues: no sólo cogi-mos el tren, sino que
además tuvimos que esperar veinte minu-tos en el vagón a que saliera. Pero yo
me dije para mis adentros, no sin enfado, que en ese tiempo habríamos podido
acabar de resolver los trámites de la aduana. Si bien no lo dejé traslucir
excesivamente, pues Basseches ya estaba lo bastante disgustado. El viaje
resultó monótono. Yo me había olvidado de llevarme alguna lectura y pasé
durmiendo una parte del trayecto. Llega-mos al cabo de dos horas. Aún no le
había hablado de mi inten-ción de comprar allí juguetes. Temía que se le
agotase la pacien-cia. Y sucedió que, cuando sólo habíamos andado unos pocos
pasos, nos encontramos delante de un almacén de juguetería. Hice una alusión a
él. Pero no podía pedirle que entrásemos de inmediato en el almacén. Frente a
nosotros, subiendo un poco en cuesta, se encontraba el gran complejo del
monasterio 257 , se-mejante a una fortificación. Su contemplación aún resultaba
más impresionante de lo que yo me había imaginado. Por su enclaustramiento de
recinto fortificado podía hacer pensar en Asís, pero, curiosamente, a mí me
recordó, en un primer. mo-mento, a Dachau, donde la montaña con la iglesia se
alza a modo de corona sobre la ciudad de manera semejante a como lo hacen aquí
los largos edificios de viviendas, con la gran iglesia en el centro. Aquel día,
todo estaba un poco muerto: los numerosos tenderetes de sastres, relojeros,
panaderos y zapateros que se ex-tienden al pie de la colina del monasterio estaban
cerrados en su totalidad. También hacía aquí un hermosísimo y cálido tiempo
invernal, aunque sin que en ningún momento se pudiera ver el sol. El
descubrimiento del almacén de juguetería había hecho pasar a un primer plano mi
deseo de comprar en él nuevos ju-guetes, y durante la visita al tesoro del
monasterio ya empecé a impacientarme; yo tenía las manías de un tipo de viajero
que, por lo demás, a nadie le podía resultar más odioso qHe a mí.
257 Ver nota anterior.
147
Tanto más amable era nuestro guía, el director del
museo en que
. había sido transformado el monasterio. Mis prisas
se debían tam-bién, sin duda, a otras causas. En la mayoría de las salas, en
las cuales se conservaban, dentro de vitrinas cuyas cortinas y paños iba
retirando un empleado que nos precedía, tapices, utensilios de plata y oro,
manuscritos y devocionarios de un valor incalcu-lable; hacía un frío
intensísimo y fue probablemente a lo largo de aquella hora de recorrido cuando
cogí los gérmenes de un grave resfriado que se manifestó en Berlín, a mi
regreso. Por último, toda aquella cantidad imprevisible de cosas preciosas,
cuyo ver-dadero valor artístico en la mayoría de los casos sólo pueden
conocerlo expertos muy especiales, produce un cierto embota-miento, fomentando,
por así decirlo, una especie de brutalidad en su visita. Para colmo, Basseches
tenía un afán increíble para pasar revista «completa» a todo lo que había que
ver, y se hizo conducir incluso a la cripta, donde se encuentra, cubierto por
un cristal, el esqueleto de San Sergio, fundador del monasterio. No me es
posible enumerar, ni siquiera del modo más incompleto, todo lo que se podía ver
allí. Apoyado contra un muro estaba el famoso cuadro de Rubloff que ha acabado
por convertirse en emblema de este monasterio. Dentro de la catedral vimos
luego también el lugar vacío del iconostasio donde había estado colga-do y del
cual se había retirado al objeto de su conservación. Los murales de la catedral
se encuentran seriamente amenazados, pues, al no utilizarse la calefacción
central, en primavera se pro-duce un calentamiento repentino de los muros,
dando lugar a que aparezcan en ellos quiebras y grietas por las que penetra la
humectad. En un armario empotrado vi el gigantesco revesti-miento de metal
dorado, recubierto de piedras preciosas, donado más tarde para el cuadro de
Rubloff. Sólo deja libre del cuerpo de los ángeles las zonas desnudas: el
rostro y las manos. El resto queda cubierto por esa capa de oro macizo, y el
cuello y los brazos, como comprimidos por pesadas cadenas metálicas cuan-do se
coloca la plantilla sobre el cuadro, deben de dar a los ánge-les un cierto
aspecto de malhechores chinos expiando sus fecho-rías en el virote. La visita
finalizó en la ·habitación de nuestro guía. El anciano estuvo casado. pues nos
mostró los retratos al óleo de su mujer y de su hija. que colgaban de la pared
de la habitación. Ahora vive solo en esta saía monacaL grande y clara, aunque
no completamente apartado del mundo. pues son mu-chos los extranjeros que van a
visitar el monasterio. Sobre una mesita había un paquete recién abierto de
libros científicos llega-
148
dos de Inglaterra. Aquí también firmé en el libro
de visitantes. Esta costumbre parece haberse conservado en Rusia, incluso
en-tre la burguesía, durante mucho más tiempo que aquí, al menos si se me
permite extraer una conclusión del hecho de que tam-bién en casa de Schick me
presentasen uno de estos álbumes para que estampase mi firma. Pero no menos
magnífico que todo Jo que había en su interior era también el emplazamiento del
mo-nasterio. Antes de entrar en el espacioso lugar amurallado, nos habíamos detenido
en el pórtico. A derecha y a izquierda había dos planchas de bronce con los
datos imprescindibles que se co-nocen sobre la historia del monasterio. Más
bellas y sobrias que la iglesia, de tonalidad salmón y de estilo rococó, que se
alza en mitad del patio, rodeada de pequeños edificios más antiguos
- entre ellos,
el mausoleo de Boris Godunoff 258- , más sobrias son las largas edificaciones
destinadas a actividades domésticas y a vivienda construidas rectangularmente
en torno a la inmensa
plaza abierta. La más bella es el gran refectorio
polícromo. La vista desde sus ventanas da, ya a esa plaza abierta, ya a fosos~
a
pasillos entre los muros, un laberinto de parapetos
de piedrá a modo de fortificación. También hubo aquí un pasillo subterrá-neo
que dos monjes hicieron volar por los aires para salvar al monasterio cuando se
encontraba sitiado, pagándolo con su .vi-da. Comimos en una stolovaya que está
casi enfrente de la entra-da al patio del monasterio. Sakuska, vodka, sopa y
carne: Había varias salas grandes llenas de gente. Se veían verdaderos
protóti-pos de la aldea rusa o de la ciudad de provincias: Sergeyevo ha sido
declarada ciudad recientemente; Mientras estábamos co-miendo llegó un buhonero
que vendía estructuras de alambre que, en un abrir y cerrar de ojos, se podían
transformar en tulipa para una lámpara, en un plato o en un frutero. Basseches
dijo que esta artesanía procedía de Croacia. Al ver aquel divertimen-to, más
bien feo, surgió en mí un viejo recuerdo. Cuando yo era niño, mi padre debió de
comprar, en una ocasión, algo parecido durante un veraneo (¿en Freudenstadt?).
Mientras comíamos, Basseches le preguntó al camarero por direcciones de
jugueterías, e inmediatamente nos pusimos en camino. Pero aún no había-
258 Boris
GodunofT ( J 552-l 605). zar ruso; confidente del zar lván IV (el Terri-
ble): elegido regente oficial en medio de la
confusión creada por la muerte de lván, y zar en 1598. Su lucha por el poder se
convirtió en el tema de un drama de Pushkin (1825) y de una ópera de
Mussorgskij (1874) adaptada por Rimski-Korsakov ( 1896 ).
149
mos avanzado nada más que diez minutos, cuando una
breve inforrñación recabada por Basseches hizo que nos diéramos la vuelta para
subir a un trineo que pasaba vacío en ese mismo momento. El andar después de la
comida me había fatigado, de modo que ni siquiera pude preguntarle qué era lo
que le había motivado, en realidad, a dar la vuelta. Lo que al menos parecía
seguro era que en los almacenes cercanos a la estación existían las mejores
posibilidades de realizar mi deseo. Los dos se encon-traban muy próximos. En el
primero había artículos de madera. Al entrar nosotros, encendieron la luz; ya estaba
oscureciendo. Tal como me había imaginado, un almacén de juguetes de made-ra no
podía ofrecern:ie demasiadas cosas desconocidas. Compré algunas piezas, ~más a
instancias de Basseches que por decisión propia, pero ahora me alegro de
haberlo hecho. También perdi-mos tiempo aquí; tuve que esperar mucho para que
cambiaran un chervonetz en las cercanías. Yo estaba muerto de impaciencia por
ver el almacén de juguetes de cartón piedra; temía que ya hubieran cerrado.
Pero no fue así. Ocurrió, sin embargo, que, cuando nos encontramos felizmente
allí, el interior de la casa ya estaba completamente a oscuras, y en el almacén
no había nin-guna clase de iluminación. Tuvimos que rebuscar al albur por las
estanterías. De vez en cuando encendía una cerilla. Así cayó en mis manos
alguna que otra cosa de gran belleza que, de lo con-trario, no hubiera
conseguido, pues, lógicamente, al hombre no pudimos hacerle entender qué era lo
que yo buscaba. Cuando nos encontramos por fin en el trineo, cada uno de
nosotros iba cargado con dos grandes paquetes; Basseches llevaba además un
montón de folletos que había comprado en el monasterio para reunir material
para un artículo. La larga espera en el sombrío restaurante de la estación la
volvimos a abreviar con té y sakus-
ka. Yo me sentía fatigado y empezaba también a
encontrarme un poco mal. Ello se debía 259, no en último término, a la angu~
tia que me producía el pensar en las muchas cosas
que aún me quedaban por resolver en Moscú. El viaje de regreso fue muy
pintoresco. En el vagón había un farol encendido cuya estearina fue robada
durante el trayecto. No !~jos de nuestros asientos había una estufa de hierro.
Bajo los bancos había grandes leños, desparramados de cualquier manera. De vez
en cuando, alguno
259 Ello
se debia ... ~ás combustible: aparece marcado en el manuscrito del diario,
pero, al parecer, nb se incluyó en ninguno de los artículos fruto de su
estancia en Moscú.
150
de los integrantes del personal se dirigía a un
asiento, los alzaba y, de aquella especie de arcón en el que éste se convertía
al abrirlo, sacaba más combustible. Cuando llegamos a Moscú eran las ocho. Era
mi última noche; Basseches tomó un taxi. Le hice parar frente a mi hotel para,
antes que nada, dejar allí los jugue-tes que había comprado y coger rápidamente
los manuscritos que debía entregarle a Reich una hora después. En casa de
Basse-ches, larguísimas instrucciones al sirviente, al que prometí ír a buscar
hacia las once y medía. A continuación cogí el tranvía; por suerte acerté con
la parada donde tenía que apearme para ir a casa de Reich, llegando antes de lo
que había supuesto. Induda-blemente habría preferido coger un trineo, pero me
fue imposi-ble: ni sabía el nombre de la calle donde vivía Reich ni tampoco
encontré en el plano el de la plaza que está cerca de allí. Asia ya estaba en
la camá. Me dijo que me había estado esperando mu-cho tiempo, pero que ya no
contaba con que fuese. [Le] hubiera gustado salir inmediatamente conmigo para
enseñarme una ta-berna que había descubierto casualmente cerca. También había
unos baños no lejos de allí. Había dado con todo aquello al desviarse del
camino y haberse metido en patios y calles laterales, hasta llegar a casa.
Reich también estaba en la habitación; se estaba dejando crécer la barba. Yo me
encontraba muy fatigado, hasta tal punto que, a una de las habituales preguntas
angustia-das de Asia (dónde estaba su esponjita, etc.), le respondí de un modo
bastante brusco, destacando expresamente mi gran can-sancio. Pero en seguida
quedó todo arreglado. Le hablé de mi excursión, abreviando lo más posible.
Luego me dieron los en-cargos para Berlín: llamadas telefónicas a los más
diversos cono-cidos. Reich salió después dejándome ,un rato a solas con Asia y
escuché la retransmisión por radio de la representación del Revi-sor,
interpretado por Chejov 260 en el Gran Teatro. Asia iba a la mañana siguiente a
ver a Daga, por lo que tenía que contar con la posibilidad de no verla ya antes
de mi partida. La besé. Cuan-do volvió Reich, Asia se fue a la habitación
contigua a escuchar la radio. Yo ya no me quedé mucho tiempo. Pero, antes de
mar-charme, le enseñé aún las tarjetas postales que me había traído del
monasterio.
260 Mijail Aleksandrovich Chejov ( 1891-1955).
actor. director y pedagogo tea-tral (emigrado en !928).
151
1 DE FEBRERO
Por la mañana volví a ir al café de siempre; pedí
café y me tomé una empanada. Luego, al Museo del Juguete. No habían hecho todas
las fotos que yo había pedido. Pero no me importó demasiado, pues, de esa
manera, me encontraba con 1O
netz en el momento en que más falta me hacía el
dinero. (Las fotografías, las había pagado ya.) No me entretuve mucho en el
Museo del Juguete, sino que, por el contrario, me fui lo más deprisa posible al
Instituto de la Kameneva, donde me despedí del Dr. Niemen. De allí, en trineo,
a casa de Basseches. Y de aJlí, con el sirviente, a \,lna oficina de viajes y
luego, en coche, a la aduana. No se puede describir todo lo que hube de pasar
de nuevo allí. Me hicieron esperar veinte minutos en una ventanilla de caja en
la que en ese momento estaban contando billetes de mil. En toda la casa no
había nadie que pudiera cambiarme cinco rublos. Era absolutamente necesario que
aquella maleta, en la que no sólo iban los hermosos juguetes, sino también
todos mis manuscritos, alcanzase el mismo tren para el cual tenia yo el
billete. Pues, dado que no se podía consignar nada más que hasta la frontera,
era imprescindible que yo estuviese allí en el momen-to de su llegada. Por fin
lo logré. Pero una vez más hube de comprobar hasta qué punto tiene aquí la
gente todavía el servilis-mo metido hasta los tuétanos. Tal era la indefensión
de aquel sirviente frentt: a todas las vejaciones e indolencia de los
funcio-narios de aduanas. Respiré cuando pude despedirle con un cher-vonetz. El
nervi~ismo me había vuelto a producir dolores de espalda. Me sentil contento de
poder disponer aún de unas horas de tranquilidad. Me fui caminando muy despacio
a lo largo de la hermosa hilera de tenderetes de la plaza; volví a comprar una
bolsa roja con tabaco de Crimea y pedí luego el almuerzo en el restaurante de
la estación de Yaroslavski. Aún me quedaba tam-bién dinero suficiente para
telegrafiar a Dora y para comprarle a Asia un dominó. Hice este último
recorrido por la ciudad con-centrando toda mi atención en ello; me produjo un
gran placer, pues pude dejarme llevar mucho más de lo que había sido el caso
durante el tiempo de mi estancia alll. Volví al hotel poco antes de las tres.
El «suizo» me dijo que había ido a verme una señora.
Había dicho que volvería más tarde. Me dirigí a mi
habitación y, acto seguido, subí a pagar a administración. Hasta que no volví a
bajar, no me di cuenta de que en el escritorio había una nota de Asia. Me había
estado esperando, aún no había comido nada y
!52
estaba en la stolovaya de al lado. Me decía que
fuese a buscarla. Me apresuré a bajar a la calle y entonces la vi venir hacia
mí. No había comido nada más que un trozo de carne, aún estaba ham-brienta, y,
antes de conducirla a mi habitación, volví a bajar a la plaza a comprar
mandarinas y golosinas. Con las prisas me llevé la llave de mi habitación; Asia
estaba en el vestíbulo. Le dije: «¿Por qué no has entrado? ¡La llave está
puesta en la cerradura!» Me llamó la atención la rara amabilidad con que me sonrió
al decirme que no. En esa ocasión, Daga se encontraba bien de ánimos y Asia
había tenido unas palabras bien dichas con la médica, con buenos resultados.
Una vez en mi habitación, se echó en la cama; se sentía cansada, pero bien. Y o
me senté, bien a su lado, bien en la mesa, donde estuve escribiendo sobres con
mi dirección, o me acercaba a la maleta para guardar los jugue-tes, mi compra
del día anterior, mostrándoselos antes de hacerlo. Le gustaron muchísimo.
Mientras tanto -debido, entre otras cosas, a mi gran agotamiento-, las lágrimas
pugnaban por sal-társeme. Aún hablamos de algunas cosas. De cómo podía
escri-birle y de cómo no. Le pedí que me hiciera una bolsa para,el tabaco. Que
me escribiera. Finalmente, cuando ya sólo nos que-daban unos minutos, mi voz
empezó a sonar vacilante y Asia se dio cuenta de que estaba llorando. Al final
dijo: «No llores, pues, si no, yo también acabaré llorando, y cuando yo empiezo
a llorar no acabo tan pronto como tú.» Nos abrazamos muy fuerte·. Lue-go
subimos a recepción, donde ya no tuvimos que hacer nada (pero yo no quería
esperar al sovietdushi); entonces apareció la camarera, pero yo me deslicé
hacia la puerta del hotel con mi maleta sin darle propina, y Asia me siguió con
el abrigo de Reich bajo el brazo. Acto seguido llamé a un trineo. Pero, cuando
fui a subirme a él, después de haberme vuelto a despedir, le pedí que me
acompañase hasta la esquina de la Tverskaya. Allí se bajó y, cuando el trineo
ya volvía a ponerse en marcha, tiré de su mano, en plena calle, y me la llevé a
los labios. Ella se quedó aún parada un largo rato, diciéndome adiós. Yo le
hice adiós desde el trineo. Primero pareció como si anduviese de espaldas;
luego dejé de verla. Con mi voluminosa maleta sobre las piernas, me dirigí
llorando a la estación a través de las calles, en las que ya empeza-ba a
anochecer.
153
APÉNDICE
1O de diciembre de 1926 Moscú
Querido Gerhard:
Aprovecho media hora, inesperadamente libre, para
darte, por fin, nuevamente noticias mías. Creo que en estos momentos, y debido,
por otra parte, a una singular casualidad, estoy com-partiendo mi estancia en
Moscú con tu hermano, que, según me dijeron ayer, es uno de los representantes
de la «oposición» ale-mana invitados al congreso de la Komintern que se celebra
aquí y cuya duración se ha prolongado. Te tranquilizaré inmediata-mente
diciéndote que no me encuentro aquí en mjsión oficiaL Pero, como es lógico, me
estoy enterando de muchas cosas cuyo conocimiento me resulta muy útil e
interesante. Las informacio-nes principales proceden de un amigo de aquí, el
Dr. Reich, que trabaja en esta ciudad desde hace un año de periodista, sobre
todo en periódicos rusos y, principalmente, sobre cuestiones de teatro. Llegué
el día 6, tras un viaje de dos días, y son tantas las cosas que veo y oigo a
diario que por la noche caigo medio muerto en la cama. Lógicamente, ello se
debe, en igual medida, a la intensidad de las impresiones recibidas, a mi
desconocimiento del ruso y al frío. Aún no sé con exactitud cuánto tiempo me
quedaré. Pero, dado que mis libros no tardarán en editarse, por fin, en
Rowohlt, no puedo ausentarme de Berlín por tiempo indefinido. (Para Navidades, sólo
saldrá un tomo de la traduc-ción de Proust, que inmediatamente se te enviará.)
Me alegré mucho de que me enviaseis los artículos de tu mujer. Me gusta-ron
muchísimo: tanto la hermosa y acertada crítica a la novela
157
como la nota sobre Dorothea Schlegel. En Berlín,
antes de mi partida. tuve una breve conversación con Mirjam Hóflich. De mi
estancia aquí no espero todavía ninguna tentativa de relato. Hace muy poco que
he llegado y aún hay demasiadas cosas que me causan dificultades. Lo mejor
sería que nos viésemos, real-mente, el año próximo en París; para hablar de
todo esto y de muchas cosas más. Hasta entonces, sigue dándome noticias tu-yas
y envíame lo que publiques. Yo me presentaré próxima.men-te con una pequeña nota:
«Gruss in Marseille». Las cosas que publico en el «Literarische Welt» supongo
que te llegarán; esto es, pues, Rusia auténtica. En medio de las difíciles y
duras condi-ciones de vida de este invierno, uno no pierde la conciencia de que
ésta es la única y verdadera gran ciudad en muchos kilóme-tros a la redonda
(habitantes: entre 2 112 y 3). Y este número de habitantes se manifiesta, sin
duda alguna, desde el punto de vista político, como un factor increíblemente
importante y dinámico; aunque, desde el punto de vista de la civilización,
también como una fuerza natural difícil de dominar. La carestía de la vida es
inimaginable y, para mí, que no presto oídos, por principio, a los relatos de
los señores <(ViajeroS)) e «Informadores», ha constitui-do una sorpresa
realmente desagradable. Sabiendo algo de ruso y dedicando todo el tiempo a
trabajar, se pueden obtener unos ingresos relativamente bueno!>. Como creo
que ya te escribí, es-toy colaborando con iá Enciclopedia Soviética oficial y
pienso abordar aquí, entre otras muchas cosas, algunos artículos desti-nados a
ella. De momento no mandaré ninguna información a los periódicos. Si bien,
Buber (!) me ha pedido una extensa rese-ña sobre Moscú para Die Kreatur.
Sucedió que, en su última estancia en Berlín, me animó a colaborar con él y,
por diversas consideraciones, acepté. Esto fue, más o menos, por chanukah.
Espero que lo pasaseis bien. Dora y Stefan se encontraban muy bien en él
momento de mi partida. De ella me imagino que no tardarás en tener noticia
directa acerca de su marcha de Ullstein. Y de que la han nombrado redactora
jefa de la Praktische Berli-nerin, que ha sido comprada por otro consorcio. Yo
hablé antea-yer aquí con Alexander Granovski, director de nuestro teatro judío.
¿Le conoces? Mañana tengo una entrevista con la Kame-neva (la hermana de
Trotski), encargada de asuntos extranjeros. Me quieren organizar una
conferencia. Creo, incluso, que tienen la intención de entrevistarme para
conocer mis «impresiones so-bre Moscú». Todo esto se Jo he de agradecer al
frío, que actual-mente está congelando un tanto la afluencia de intelectuales.
158
(Sobre la estancia de Taller aquí, con tan brusco
final, he conoci-do algunos detalles muy curiosos.) ¿Qué hay de nuevo con Buch?
Contéstame, por favor, a mi dirección de Berlín.
Escnbeme tam-bién algo acerca de las perspectivas de tu viaje a P~rís. Y o creo
que estaré allí por marzo.
Saludos muy afectuosos para ti y para Escha.
Walter
[POSTAL]
Querido Sr. Kracauer:
Podría darle más de una razón para explicar mi
largo silen-cio. Y ninguna mejor que la conclusión de su última carta: «Pero
¿para quién se escribe? ¿Conoce Vd. la respuesta?>> Sobre una respuesta
así, uno puede reflexionar, efectivamente, dos meses cumplidos sin dar con
elÍa. Más cercano a la verdad es, sin em-bargo, el hecho de haber tenido que
arreglármelas aquí, durante semanas, con el hielo exterior y el fuego interior;
espero que no en vano. Pero apenas me quedaban fuerzas para el trabajo diario
que he de realizar. Mi regreso es inminente. Escríbame, por fa-vor, a
Grunewald. En cualquier caso, de aquí no habría podido ofrecerle ninguna
noticia sustancial, pues, hasta el último mo-mento, he de observar y meditar
para presentar al final un resu-men de mi estancia medianamente transmitible;
que, sin embar-go, nunca podrá ser mucho más que un simple retratito de Moscú.
Indudablemente, uno no se cansa tan pronto de ver la ciudad. ¿Ha hablado Vd.
con Roth? Le habrá dado artículos para mí; le estaría muy agradecido si pudiera
enviármelos a Grune-wald. Esperando, entre otras cosas, encontrar allí también
sus últimos trabajos (Ornament der Masse), reciba mis saludos más cordiales.
Walter Benjamín
Rte.: Dr. W. Benjamín
Moscú
. Gost. «Tyrol»
Sadovaya Triumfalnaya
[Enero de 1927]
159
Su recensión sobre Kafka la conservo para leerla
después de co-nocer la novela El castillo.
Querido Sr. Kracauer:
J'ai été un peu long a vous écrire. Pero también
encontré mucho que resolver en mi pequeña redacción particular de ju-guete;
entre otras cosas, una gripe. Desde hace varios días estoy trabajando en la
clasificación de mi dossier «Moscú». Quizá se encuentre con algunas reseñas
menores en el Literarische Welt. Ahora ya le habrá llegado a casa, a Francfort,
una bonita colec-ción de fotos (juguetes de procedencia rusa). Se las he
ofrecido a la Jllustriertes Blatt; yo le habría encargado esta gestión a Vd. (que,
virtualmente, ya estará viendo ante sus ojos el texto escrito por mí pgra estas
fotos) mejor que a nadie, de no ser porque, a l'improviste, un amigo me llevó a
casa de Otten, que se ha ocu-pado de enviar las cosas a Francfort. Por último
tengo también la intención de escribir una «síntesis» de Moscú. Pero, como
suele suceder tratándose de mí, ésta quedará fraccionada en notas
es-pecialmente pequeñas y dispares, y dependerá del propio lector el poderle
sacar el mayor partido. Con independencia de lo que resulte y de lo mucho o
poco que me sea posible transmitir a los amigos, en lo que a mí se refiere.
estos dos meses han sido una experiencia absolutamente incomparable. El volver
enriquecido, no teóricamente, sino sólo como observador fue la meta pro-puesta
y, por lo mismo, lo considero muy provechoso. Comprue-bo cuán involuntariamente
me aproximo así a una de las carac-terísticas de sus notas sobre París, que, de
hecho, me parecieron magníficas. Puedo decir que mis «observaciones» parisinas
se corresponden en esencia con las suyas. «La gloria por encima de los enredos»
es una definición excelente de aquello que hace que las cosas y la vida en esa
ciudad parezcan hermosas. incluso después del análisis más despiadado. No sé si
V d. habrá seguido en el NRF el diario de Gide de su viaje por África. Pero ¡no
es de extrañar que el embajador francés tuviese que dimitir por causa de lo que
en él se contaba (y además ¡de qué manera más autén-tica y ponderada!) sobre
los horrores de las. colonias francesas! Trate Vd. de construir el caso
paralelo alemán. O mejor dicho: fíjese en los hechos empíricos y muéstreme,
desde la elección de Hindenburg, un proceso por malos tratos a niños, en
Alemania, en el que la condena no haya consistido en una multa o en
160
catorce días de arresto. Espero que muy pronto
podamos hablar de algunas cosas a este respecto. Pues a mediados de marzo
quie-ro ir unos días a Francfort. Me gustaría mucho encontrarle allí.
Precisamente por eso no le escribo hoy de forma más detallada. Acabaré con la
relación de escritos de entre los «libros recibidos» cuya recensión me
interesaría. Se trata de: Hamann, Die Übersee-le - Grundzüge einer Morphologie
der deutschen Literaturges-chichte; Larissa Reissner: Oktober (ambos en el n.0
6), y la bilo-gía del romanticismo berlinés editada por Helmut Rogge (en el n.
0 7); también debería llegar en los próximos días el libro de Paul Hankamer:
Die Sprache, ihr Begriff und ihre Deutung im XVI. und XVII. Jahrhundert,
anunciado en el n. 0 8. Por encon-trarse muy próximos a mi campo de trabajo,
sería muy impor-tante para mí y daría un valor especial a poderlos anunciar.
Por favor, dígame algo al respecto. Si viese a Ernst Bloch, le rogaría le
dijera que me han sido devueltas dos cartas que le envié desde Moscú y que me
envíe, a la mayor brevedad, sus noticias ~,direc ción.
_ Con afectuosos saludos,
Walter Benjamín
23 de febrero de 1927
Berlín-Grunewald
Delbrückstr.
23
[Los originales de las cartas de Benjamín a
Kracauer se encuen-tran en el Deutsches Literaturarchiv/Marbach.]
A. Lunacarskij
Carta a la redacción de la Gran Enciclopedia Soviética
29 de marzo de 1929
Estimados camaradas:
Les ruego disculpen el que no haya respondido, en
tanto tiempo, ni a su carta ni al material que me enviaron sobre Goe-the. Hasta
ahora no me ha sido posible darles una cierta valora-ción al respecto.
Estoy totalmente conforme con la caracterización
del articulo
161
d~_B61jamin contenida en la carta al redactor jefe.
No se trata de qüe'el artículo sea inadecuado por su carácter no enciclopédico
(po svoef<meenciklopedicnosti» ). Denota mucho talento y contie-ne a veces
observaciones asombrosamente acertadas, pero no ex-trae ningún tipo de
conclusión. Por otro lado, ni explica el lugar que Goethe ocupa dentro de la
historia de la cultura europea, ni su lugar entre nosotros, en -por decirlo
así- nuestro panteón cultural. A ello se añade el hecho de que el trabajo contenga
algunas tesis sumamente dudosas.
No sé si Vds. desean hacer uso de este artículo,
pero, sea como fuere, quisiera hacer algunas observaciones personales. Lo que
aparece en las páginas tercera y cuarta, entre paréntesis, debe omitirse. No se
deben admitir las frases que aparecen en la pági-na cinco: «Los revolucionarios
alemanes no eran ilustradores; los ilustradores alemanes no eran
revolucionarios.» Esta afirmación, completamente equivocada, es rebatida, más
adelante, por el propio autor al hablar de la firme conciencia de clase de Lessirig,
que, naturalmente, fue un ilustrador. La manifestación contra toda clase de
revolución y contra el Estado, en la misma página, es muy difusa, y tampoco se
menciona, en ningún momento, la motivación más profunda de la antipatía de
Goethe por la visión materialista del mundo de Holbach. En la página sexta se
cues-tiona ~1 que la protesta de Goethe surgiera, en gran medida, de la clara
concepción de la vida dentro de la naturaleza que le era propia, concepción que
guarda un extraordinario parentesco con la interpretación dialéctica. El
contenido de los paréntesis de las páginas 8 y 19 debería omitirse; de paso he
ido corrigiendo diver-sas faltas ortográficas y de otra índole. La idea
expresada en el interior del paréntesis de la p. 59 es muy poco clara. En la p.
2 del segundo apartado es difícil poder coincidir con la opinión del autor en
el sentido de que las conversaciones de Goethe con Eckermann constituyen una de
las mejores obras de la literatura del siglo XIX. En la página sexta, el
traductor ha olvidado, evi-dentemente, poner algo; este pasaje debe ser
completado.
Por lo demás, vuelvo a aconsejar que no se imprima
el artícu-lo de Benjamín.
Menos adecuado es todavía el artículo dé Oskar
Walzel. Re-sulta sumamente difícil comprender una vida tan problemática y
polifacética como la de Goethe de modo que, por un lado, se haga justicia a
toda esa variedad de facetas y, por otro, se ponga de manifiesto la profunda
unidad que subyace en Goethe, su vida y sus obras poéticas y científicas. Con
independencia de que
162
Walzel opine que su artículo es, por decirlo así,
una prolonga-ción de la obra de Gundolf, con algunas correcciones, su trabajo
no sólo es inaceptable para una enciclopedia marxista, sino, ade-más,
completamente incoherente.
Desagradable.
No puedo hacer nada al respecto. La Enciclopedia
Literaria quería confiarme el articulo de Goethe y yo fui Jo bastaRte débil
como para aceptar. Pero he llegado a la .conclusión de que sería sencillamente
irresponsable por mí parte, dado mi excesivo tra-bajo, abordar una tarea que
conlleva tanta responsabilidad 1•
Ahora bien, la bibliografía adjunta al artículo de
Walz:el es, ciertamente, muy valiosa y puede utilízarse, sin duda, con éxito,
Comisariado del Pueblo de Instrucción.
[A. Lunaéarski]
1 El artículo
.sobre Goethe .del tomo J6 de la :Gran Enciclopedia _5o~iética (1929) se
compone .de ;yarias partes. Los autores: W. Benjamin, V. K.l'kov, 8. l.
Purisev, V. P. Zubov., S. L Sobol', A. A. Tumerman. El.articulo so¡,.re Goethe
para la Enciclopedia Literaria {Vol. 2, M~ 1930), lo e.scribió B. J.
P.urí:sev.. :[Nota
del editor.] ·
:[La carta de Lunacarsk:i :ha sido traducida .de la
primera publicacjpn.,en r.uso
.en Líteraturnoe ·nas!edst-1'0, t. 82, Moscú, 1970, p.p. '534c535.
Traducida ,al .alemán por Rau! ,G, RlihfJ.
163
NOTA EDITORIAL
El presente texto es la transcripción de las
anotaciones del diario de Moscú de Walter Benjamin que se encuentran en el
Benjamin-Archiv, Francfort del Main. Lo constituyen
56 pági-"'
nas (formato: 21 ,O cm 13,4
cm), entre las cuales hay casi dos
vacías (pp. 39-40); ver nota 206:
«[continuación])). El papel es de escasa calidad; la tinta que Benjamín utilizó
en Moscú es de color violeta; la empleada en Berlín es, sin embargo, negra (se
trata de las anotaciones que comienzan con el 29 de enero de 1927). El amplio
margen y el espacio, relativamente amplio, en la parte superior e inferior del
texto que se encuentra en las primeras páginas desaparece muy pronto en las
páginas siguien-tes, donde la escritura de Benjamín empieza a hacerse cada vez
más pequeña. A partir de la página 11 faltan por completo los espacios libres.
Con ello, la cantidad de palabras por hoja au-menta, de unas 5 18 en las
primeras tres páginas, a 1.151 en las tres últimas. Los pliegos utilizados por
Benjamin se encuentran repartidos en cuatro páginas y numerados sucesivamente.
41 pa-sajes aparecen marcados con lápiz; evidentemente, con el fin de
destacarlos para su posterior tratamiento. (Ver nota 18.) A la hora de
editarlo, se ha atendido, sobre todo, a respetar la forma originaria del
diario, dado que no existía la intención de publi-carlo. Por lo mismo, no se ha
variado la puntuación elegida por Benjamin, ni siquiera cuando es inusual o no
responde a las reglas actualmente vigentes. Las faltas ortográficas menores se
han corregido sin mencionarlo expresamente. Entre ellas se en-cuentran, por
ejemplo, la escritura incorrecta de nombres no rusos, tales como Worrishofer,
en lugar de la forma correcta: Wórishoffer. Asimismo se han unificado los
nombres de acuerdo
165
can su escritura más frecuente. En caso de
anacoluto o de cam-bios ert la construcción de la frase mediante tachaduras en
los que .Benjamin no modificó el inicio, se ha omitido, sin destacar-lo, alguna
palabra superflua. Por el contrario, las palabras o síla-bas omitidas en tales
casos han sido suplidas y marcadas con el símbolo f ]. En el caso de adícíones
más amplías, éstas se han comentado expresamente. Se ha conservado la
transcripción de núrnbres rusos realizada por Benjamín, a pesar de que, en oca-siones;
sólo responde a una reproducción fonética aproximada. En las notas se ha
utilizado la transcripción científica.
- En las notas
y en el apéndiée se ha intentado contrastar todos los escritos disponibles
relacionados con el viaje a Moscú, po-niendo así de manifiesto las diferencias
lingüísticas, estilísticas y de cúntenido; las cartas ya publicadas no se han
contrastado. Además del diario, este volumen contiene una serie de escritos de
Benjamin hasta ahora desconocidos: el primer esbozo de su réplica a Osear A. H.
Schrnitz; cartas enviadas desde Moscú~ y Berlín a Rudolf Grossman, Siegfried
Kracauer y Gershom Scho-lern. En el apéndice se encuentra también una carta de
Anatolij Lunacarskij a la redacción de la Gran Enciclopedia Soviética.
El editor debe un especial agradecimiento a Karla
Hielscher, Winfried Mennínghaus, Gershom Scholem y Rolf Tiedemann por la ayuda
y el apoyo prestados a la edición del texto. La res-ponsabilidad de los
posibles errores es, sin embargo, del editor.
ÜARY SMITH
166
ÍNDICE ONOMÁSTICO
Astajoff, 128, 136 Astraujoff, véase Ostraúchov
Bartram, N., 53, 134, 135, 138 Basseches, Níko1aus,
51, 54, 88,
89, 91, 92, 95, 97, 113-117,
122, 123, 128, 130, 134 139
140, 146-152 , '
Benjamín,
Dora Sophíe 42 89
119 ' ' '
Benjamín, ~tefan, 24, 27, 68
Bezymenski, A1eksandr 20
Bírse, 53 '
Bíely, Andreí, 82
Bleí, Franz, 125,
128
Bloch, Ernst, 35, 98
Bloch von Stritzkí Else 98
Brecht, Bertolt, 14 '
Bronnen, Arnolt, 70
Bujarin, Níkolaí, 50
Bulgakoff, Mijail, 32
· Casella,
Alfredo, 22 Cézanne, Paul, 53, 54 Chaplin, Charlíe, 71 Chejov, Míjaíl A., 151
Degas, Edgar, 54 Dostoyevski, Fedor, lOO
Erm~?laeva, Nina, 41
Esqmlo, 57
Fauconníer, Henri, Le 109 Fróhlich, Paul, 18
Frunze, Mijaíl, 16
Gauguin, Paul, 109 Gelzer, Ekaterina, 145
G~rsüicker, Friedrich, 125
Gwtto, 120
Gnedín, Evgeni, 81, 106, 107,
111, 113, 121, 128, 139
Godunoff, Boris, 149
Goethe, Johann Wolfgang, 19, 49,
102, 103, 122
Gogol, Niko1ai, 14, 43, 100 Goncharova, Natalia, 96
Gorodecki, Sergei, 78, 85 Granovski, Aleksandr, 19 25 34
85 ' ' '
Grommer, Jakob, 20 Grosz, George, 57
Heínle, Else, 119 Hessel, Franz, 74, 107 Hoffmann,
Franz, 125
Ilínski, lgor, 68, 71
Illésh, Béla, 28, 34, 63, 77, 86, 131, 144
Jacobsen, Jens Peter, 18
167
Kalinin, Mijail, 65
Kameneff, L., 32
Kameneva,
Oiga, 14, 18, 19, 22,
24, 30, 38, 50, 91,
152
Keller, Philipp, 60, 61
Kindermann, Karl, 34, 35
Kisch, Egon Erwin, 31
Knorin, Vilis, 30, 135, 146
Kqgan, Petr S., 15, 22, 40, 53, 70,
82, 91
Koonen, Alicia, 72
Korsh. Fedor, 48
Kraft, N., 30
Kraus, Karl, 61
Krilenko, Nikolai, 34
Krilenko, Sophia, 34, 35
Kulishoff, L., 36
Lacis, Daga, 24, 36, 39, 52, 58, 73,
74, 103, 104, 106, 127, 138,
144, 146,
(51
Larionoff, Mijail, 96
Laurencin, Marie,
109, 1 10
Lecocq, Alexandre Charles, 100
Legrand, Louis, 54
Lélevich,. Grigori,
16, 20, 21
Lenin, Vladimir I., 15, 41, 49, 62,
64-66, 79, 83, 84, 88, 107, 123
Levidoff, Mijail, 82
Libedinski, Juri, 70
London,Jack, 36
Ludwig, Emil, 40
Luis Felipe,
13 7
Lukács, Georg,
103
Lunacharski, Anatoli, 81
Matisse, Henri,
109
May, Karl,
125
Mayakovski, Vladimir, 82
Memling, Hans,
109
Meyerhold, Vsevolod E., 14, 16,
26, 40-42, 51, 66, 70, 74, 75,
78, 81, 82, 92, 95,
101
Monet, Claude, 54 Müller-Lehning, Arthur, 119
Münchhausen, Thankmar von,
110
Muskin, 124,
126, 127
Nicolás l, 145
O'Neill, Eugene, 72 Ostraúchov, llya, 112
Ostrovski, Aleksandr, 100
Panski, 34, 36, 41, 72, 122, 131 Parvus (Alesandr Gelfand),
81 Pedro el Grande, 85
Pelshe, Robert, 81 Picasso, Pablo, 109
Pissarro, Camille, 54 Pleyanoff, Georgi, 28, 48
Poelzig, Hans, 117 ,
Proust, Maree!, 22, 49, 55, 70, 99, 118, 120, 124
Rachlin,
127-131, 138-142
Radek, Karl,
102
Raich, Zinaida,
16
Rasumofski, Andrei K., 85
Redon, Odilon, 54
Renoir, Auguste, 54
Rilke; Rainer Maria, 125,
127
Rimski-Korsakoff, Nikolai, 23, 145
Roth, Joseph, 37, 38, 40
Rousseau, Henri,
109
Rubloff, Andrei,
148
Rykov, Aleksei, 65,
116
Schedrin, Silvestr,
100
Scheerbart, Paul, 40, l
04, 11 O,
115
Schick, Maximilian, 114, 122, 123,
126
Schmitz, Oskar A. H., 122, 133
Schukin, Sergei I., 108, 109
Shakespeare, William, 70, 121
Shestakoff, Viktor,
16
Sinovieff, Grigori, 21
Stalin, Josif, 15,
16
Staniskavski,
Konstantin, 15, 23,
31
Staruchin, V. S., 28
Stone, Sasha,
17, 59
Stravinski, Igor,
145.
168
TairotT, Alexandr, 51, 72, 89, 100 Wagner,
Richard, 58
Tissot, Víctor, 138 Wa1zel,
Oskar, 70, 122
Toller, Ernst,
18, 23 Werner, Paul,
véase Paul Froh-
Tolstoi, Aleksei,
100 lich
Trotski, Leon,
16, 21, 28 Wiegand, Willy, 119
WórishótTer, Sophie,
125
VajtangotT, E vgeni, 121,
128 Wrangel, Piotr, 28
Van Dongen, Kees,
109
Vereschaguin, Vasili, 100 Yelovia,
Fanny, véase Ermolaeva
ÍNDICE
PRóLOGO
EL DIARIO DE
MOSCÚ
(9 de diciembre de 1926- 1 de febrero de 1927)
APÉNDICE
Walter Benjamín a Gershom Scholem, 10 de diciembre
de
1926
Walter Benjamín a Siegfried Kracauer, enero de 1927
Walter Benjamín a Siegfried Kracauer, 23 de febrero
de
1927
Analotij Lunacharskij a la redacción de la Gran Enciclo-
pedia Soviética, 29 de marzo de 1929
NOTA EDITORIAL
ÍNDICE ONOMÁSTICO
Este libro se terminó de imprimir en el mes de
abril de 1990 en los talleres gráficos de INDUGRAF S.A.
Sánchez de Loria 2251, Bs. As. República Argentina.
Esta obra, fruto
de la estancia de su autor en Moscú desde el 6 de diciembre de
1926 hasta finales de enero
de 1927, constituye
un documento personal revelador de los debates
interiores de Walter Benjamín entre sus
proyectos creativos y su adecuación al
entorno .ideológico. Es también un
testimonio de las tensiones
en la política cultural soviética, nueve
años después de la Revolución de Octubre, plasmado en las observaciones
sobre la vida moscovita
vertidas por un espectador
de
excepción. Y al mismo
tiempo Diario de Moscú arroja nueva luz sobre el influjo
que su vinculación amorosa a la
actriz y directora teatral
Asia Lacis pudo
haber ejercido en ciertas
orientaciones de su pensamiento.
Filosofía

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