© Libro N° 7001.
La Dialéctica Y La Lógica. Plejánov, Georgi. Emancipación. Febrero 22 de 2020.
Título
original: © La
Dialéctica Y La Lógica. Georgi Plejánov
Versión Original: © La Dialéctica Y La Lógica. Georgi
Plejánov
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Georgi
Plejánov
GEORGI PLEJÁNOV
(1856 - 1918)
Georgi Plejanov (a veces escrito Plekhanov; en
ruso: Гео́ргий Валенти́нович Плеха́нов) fue uno de los fundadores del grupo
marxista Emancipación del Trabajo en 1883, y en 1898 del Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia (POSDR) . A
traves de sus polémicas con los revolucionarios de Naródnaya Volya, el
populismo, el terrorismo, y con los anarquistas y los liberales, Plejánov
difundió el marxismo en Rusia y contribuyó al desarrollo de muchas ideas
marxistas en el área de la filosofía.
Tras la división del POSDR en su II Congreso en
1903, Plejánov se agrupó inicialmente con la fracción mayoritaria (los
bolcheviques), pero al poco se pasó a la fracción minoritaria, conocidos como
los mencheviques. Durante la I Guerra
Mundial apoyó al bando ruso, posición que los bolcheviques, opuestos a la
guerra imperialista, calificaban como "social-chovinista". En 1917, desde las páginas de Yedinstvo, apoyó
la Revolución de Febrero, pero se opuso a la Revolucón de Octubre.
ESCRITOS
1883: Socialismo y Lucha Politica. [Formato Pdf o
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1891: El significado de Hegel
1895: La concepción monista de la historia
1897:
Concepción materialista de la historia
1897-1898: Sobre el "Factor economico"
[Formato Pdf o .Doc]
1898: El papel del individuo en la historia
[Formato Pdf o .Doc]
1899: Materialismo histórico y las artes
1907: Materialismo militante. [Formato Pdf o .Doc]
1908: Cuestiones fundamentales del marxismo
1910: La dialéctica y la lógica
1912-1913: El arte y la Vida social. [Formato Pdf o
.Doc]
Georgi Plejánov
La Dialéctica Y La Lógica
Redacción/Publicación original: "La dialéctica
y la lógica" inicialmente formó parte del prefacio escrito por Plejánov
para la segunda edición rusa de Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía
clásica alemana, de Friedrich Engels, publicada en Ginebra en 1905. En 1910
parte de esos comentarios, ahora con el titulo "La dialéctica y la
lógica", fueron incluidos a pedido de Plejánov en la traducción alemana de
su Cuestiones fundamentales del marxismo. De ahí fueron también incluidas en la
2da edición rusa de Cuestiones fundamentales ..., editada por David Riazánov y
publicada en Moscú en 1928, y en la primera edicion en inglés (Nueva York,
1928).
Traducción al castellano: Daniel Gaido, 2019, en
base a: G. Plekhanov, Fundamental Problems of Marxism, Marxist Library vol. 1,
International Publishers, Nueva York, 1928.
Esta edición: Marxists Internet Archive, marzo
2019.
La filosofía de Marx y Engels no es sólo una
filosofía materialista, es el materialismo dialéctico. Dos objeciones han sido
planteadas contra esta doctrina. Se nos dice, en primer lugar, que la
dialéctica en sí no resiste la crítica; y, en segundo lugar, que el
materialismo es incompatible con la dialéctica. Examinemos estas objeciones.
El lector probablemente recordará cómo Bernstein
explicó lo que denominó los "errores" de Marx y Engels. Eran debidos,
dijo, a la influencia nefasta de la dialéctica. La lógica habitual se aferra a
la fórmula: "Sí es sí, y no es no"; mientras que la dialéctica tiene
una fórmula diametralmente opuesta: "Sí es no, y no es sí." Bernstein
detesta esta última fórmula, y declara que nos induce a la tentación y nos
conduce a los errores más escandalosos.
Probablemente la mayoría de los lectores
"educados" estarán de acuerdo con Bernstein, dado que, aparentemente,
la fórmula "Sí es no, y no es sí" está en flagrante contradicción con
las leyes fundamentales e inmutables de pensamiento. Este es el aspecto de la
cuestión que tenemos ahora que examinar.
Las leyes fundamentales de la lógica son tres:
(1) La ley de identidad;
(2) La ley de la contradicción;
(3) La ley del tercero excluido.
La ley de identidad (principium identitatis)
declara: A es A (omne subiectum est praedicatum sui), o A = A.
La ley de la contradicción, A no es no-A, no es más
que la forma negativa de la primera ley.
De acuerdo con la ley del tercero excluido
(principium exclusi tertii), dos proposiciones contradictorias, mutuamente
excluyentes, no pueden ser ambas verdad. O bien A es B, o bien A no es B. Si
una de estas proposiciones es verdadera, la otra es necesariamente falsa; y
viceversa. No hay, ni puede haber, ninguna solución intermedia aquí.
Ueberweg señala que la ley de la contradicción y la
ley del tercero excluido se pueden unificar en la regla lógica siguiente: a
cada pregunta concreta, entendida en un sentido concreta, en cuanto a si una
determinada característica corresponde a un objeto dado, hay que responder sí o
no; no podemos responder sí y no.
Sin duda, es difícil formular objeción alguna a
este planteo. Pero si la afirmación es cierta, esto implica que la fórmula
"Sí es no, y no es sí" debe ser errónea. No podremos entonces sino
reír como Bernstein y levantar nuestras manos al cielo, cuando vemos que
pensadores tan profundos como Heráclito, Hegel y Marx han encontrado que es más
satisfactoria que la fórmula "Sí es sí, y no es no", una fórmula
sólidamente basada en las tres leyes fundamentales del pensamiento indicadas
anteriormente.
Esta conclusión, fatal para la dialéctica, parece
irrefutable. Pero antes de que la aceptemos, examinemos el asunto más de cerca.
El movimiento de la materia subyace a todos los
fenómenos de la naturaleza. Pero ¿qué es el movimiento? Es una contradicción
evidente. Si alguien pregunta si un cuerpo en movimiento se encuentra en un
lugar determinado en un momento determinado, no se puede, con la mejor voluntad
del mundo, responder de acuerdo con la regla de Ueberweg, es decir, de acuerdo
con la fórmula "Sí es sí, y no es no." Un cuerpo en movimiento está
en un punto dado y, al mismo tiempo, no está allí. Sólo los podemos considerar
de acuerdo con la fórmula "Sí es no, y no es sí." Por tanto, ese
cuerpo en movimiento se presenta como un argumento irrefutable a favor de la
"lógica de la contradicción", y alguien que no esté dispuesto a
aceptar esta lógica se verá obligado a anunciar, con Zenón de Elea, que el
movimiento no es más que una ilusión de los sentidos.
Pero a todos aquellos que no niegan el movimiento,
les preguntamos: "¿Qué debemos pensar de esta ley fundamental del
pensamiento que entra en conflicto con el hecho fundamental del ser? ¿No hay
que tratarla con cierta prudencia?"
Parece que estamos en un dilema. O bien hay que
aceptar las leyes fundamentales de la lógica formal y negar el movimiento; o de
lo contrario hay que admitir el movimiento y negar dichas leyes. El dilema es
ciertamente desagradable. Veamos si no hay forma de escapar de él.
El movimiento de la materia subyace a todos los
fenómenos de la naturaleza. Pero el movimiento es una contradicción. Debemos
considerar la cuestión desde el punto de vista dialéctico, es decir, como
Bernstein lo expresaría, de acuerdo con la fórmula "Sí es no, y no es
sí." Por lo tanto, nos vemos obligados a admitir que, en lo que respecta a
este fundamento de todos los fenómenos, estamos bajo el dominio de la
"lógica de la contradicción." Sin embargo, los átomos de materia en
movimiento se unen unos con otros, forman ciertas combinaciones; cosas,
objetos. Tales combinaciones se distinguen por su mayor o menor solidez;
existen por un tiempo más largo o más corto, y luego desaparecen, para ser
reemplazadas por otras. Lo único que es eterno es el movimiento de la materia,
la materia misma, sustancia indestructible. Pero tan pronto como una
combinación temporal particular de materia ha llegado a existir como resultado
del movimiento eterno de la materia, y mientras aún no haya desaparecido debido
a este mismo movimiento, la cuestión de su existencia debe necesariamente ser
resuelta en un sentido positivo. Por eso, si alguien nos señala el planeta de
Venus y nos pregunta "¿Existe este planeta?" Vamos a responder, sin
vacilar, "Sí." Pero si alguien nos pregunta si existen las brujas,
vamos a responder, también sin vacilar, "No." ¿Qué significa esto?
Esto significa que cuando nos ocupamos de objetos concretos debemos, en
nuestros juicios sobre ellos, seguir la regla antes mencionada de Ueberweg; y
debemos, en general, atenernos a las leyes fundamentales del pensamiento. En
ese dominio prevalece la fórmula aceptable para Bernstein, "Sí es sí, y no
es no".
Incluso allí, sin embargo, el ámbito de esta
fórmula respetable no es ilimitado. Cuando se nos hace una pregunta en cuanto a
la realidad de un objeto que ya existe, hay que dar una respuesta positiva.
Pero cuando un objeto aún se encuentra en un proceso de devenir, a menudo puede
haber una buena razón para dudar en cuanto a nuestra respuesta. Cuando vemos a
un hombre que ha perdido la mayor parte del cabello de su cráneo, se dice que
es calvo. Pero ¿cómo vamos a determinar qué momento preciso de la pérdida del
cabello de la cabeza hace calvo a un hombre?
A cada pregunta concreta en cuanto a si un objeto
tiene tal o cual característica, debemos responder con un sí o un no. En cuanto
a esto no puede haber ninguna duda. Pero ¿cómo vamos a contestar cuando un
objeto está experimentando un cambio, cuando está en el acto de perder una
característica determinada o de adquirirla? Una respuesta concreta debe, por
supuesto, ser la regla aun en estos casos. Pero la respuesta no será una
respuesta concreta a menos que se exprese de acuerdo con la fórmula "Sí es
no, y no es sí", porque será imposible de responder de acuerdo con la
fórmula "Sí o no", según lo recomienda Ueberweg.
Puede, por supuesto, hacerse la objeción de que la
característica que el objeto está en curso de perder aún no ha dejado de
existir y que la que está en curso de adquirir ya existe, de modo que una
respuesta dada de acuerdo con la fórmula "Sí o no" es posible, e
incluso obligatoria, incluso cuando el objeto del que estamos tratando está en
proceso de cambio. Pero tal afirmación es errónea. Un joven cuya barbilla
empieza a despuntar está, sin duda, dejándose crecer la barba, pero no podemos
por eso hablar de él como de un barbudo. Unos cuantos pelos en la cara de un
joven no constituyen una barba, aunque más adelante gradualmente se transformen
en una barba. Para que el cambio llegue a ser cualitativo, debe alcanzar un
límite cuantitativo. Quien olvida esto es incapaz de expresar una opinión
concreta acerca de las cualidades de los objetos.
"Todo fluye, nada permanece" (τὰ πάντα
ῥεῖ καὶ οὐδὲν μένει), dijo Heráclito de Éfeso. Las combinaciones a las que
llamamos objetos están permanentemente en un estado de cambio más o menos
rápido. En la medida en que dichas combinaciones siguen siendo las mismas,
podemos juzgarlas de acuerdo con la fórmula "Sí es sí, y no es no."
Sin embargo, en la medida en que varíen en tal medida que dejen de existir como
antes, debemos apelar a la lógica de la contradicción; debemos, aun a riesgo de
ofender a Bernstein y a toda la tribu de los metafísicos, decir "Sí y no,
existen y no existen."
Del mismo modo que la inercia es un caso especial
de movimiento, el pensamiento en conformidad con las reglas de la lógica formal
(en conformidad con las leyes fundamentales del pensamiento) es un caso
especial del pensamiento dialéctico. Se dice de Cratilo, discípulo de Platón,
que no estaba de acuerdo con Heráclito, que había dicho: "Nosotros
entramos y no entramos en el mismo río, somos y no somos" (ποταμοῖσι
τοῖσιν αὐτοῖσιν ἐμβαίνουσιν ἕτερα καὶ ἕτερα ὕδατα ἐπιρρεῖ). Cratilo insistió en
que esto no se podía hacer ni una sola vez, porque, mientras íbamos por el río,
éste cambiaba, se estaba convirtiendo en otro río. En tales juicios, las
determinaciones que constituyen al ser son, por así decirlo, invalidadas por el
proceso de devenir. Pero este es un mal uso de la dialéctica, es no hacer un
empleo adecuado de la misma. Hegel señala en la Ciencia de la Lógica: "El
‘algo’ es la primera negación de la negación" (Das Etwas ist die erste
Negation der Negation).
Aquellos de nuestros críticos que no son
completamente ignorantes de la literatura filosófica gustan referirnos a
Trendelenburg, que se dice que ha refutado todos los argumentos a favor de la
dialéctica. Pero estos señores, obviamente, han leído mal Trendelenburg, si es
que lo han leído. Han olvidado por completo un pequeño asunto. Trendelenburg
declaró que la ley de la contradicción es aplicable, no al movimiento, sino
sólo a los objetos creados por el mismo. Esto es cierto. Pero el movimiento no
se limita a crear objetos. Como ya he dicho, los modifica constantemente. Esa
es la razón por la que la lógica del movimiento (la "lógica de la
contradicción") no pierde sus derechos sobre los objetos creados por el
movimiento. Es por eso que, por otra parte, aun cuando reconocemos los derechos
que le corresponden a las leyes fundamentales de la lógica formal, hay que
recordar que estas leyes son válidas sólo dentro de ciertos límites, dentro de
los límites que nos permiten también reconocer los derechos de la dialéctica.
Es así que la ley fue realmente formulada por Trendelenburg, aunque él mismo no
sacó todas las consecuencias derivables del principio que formuló; un principio
de gran importancia para la teoría del conocimiento.
Permítanme añadir, de paso, que las Logische
Untersuchungen (Investigaciones lógicas) de Trendelenburg contienen una serie
de observaciones válidas que no refutan mi punto de vista, sino que lo
refuerzan. Esto puede parecer extraño, pero puede ser explicado muy
sencillamente por el hecho de que Trendelenburg estaba realmente atacando la
dialéctica idealista. Por eso vio la derrota de la dialéctica en la medida en
la que afirma un movimiento inherente y propio de la idea pura, un movimiento
que es una autocreación del ser. Ciertamente, tal afirmación implica un error
profundo. Pero, ¿quién no sabe que esta falacia pertenece exclusivamente a la
dialéctica idealista? ¿Quién no sabe que, cuando Marx se puso a trabajar para
poner la dialéctica, que antes había estado patas para arriba, "de
pie", comenzó por la corrección de este error primario, que productode la
vieja base idealista? He aquí otro ejemplo. Trendelenburg dice que, de hecho,
en el sistema de Hegel, el movimiento es la base de la lógica (que, al parecer,
no requiere de ninguna otra premisa). Esta afirmación también es correcta, pero
es una vez más un argumento a favor de la dialéctica materialista. Ahora, un
tercer ejemplo, el más interesante de todos ellos. Trendelenburg nos dice que
es un error imaginar que, según Hegel, la naturaleza no es más que la lógica
aplicada. Por el contrario, afirma Trendelenburg, la lógica de Hegel no es de
ninguna manera una creación de la idea pura; es el resultado de una abstracción
anticipatoria de la naturaleza. En la dialéctica de Hegel, casi todo se ha
derivado de la experiencia; y si la experiencia privara a la dialéctica de todo
lo que le ha prestado, la dialéctica sería muy pobre. Esto es absolutamente
cierto. Pero esto es exactamente lo que dijeron los discípulos de Hegel que se
levantaron en armas contra el idealismo de su maestro y se acercaron al campo
materialista.
Podría dar muchos más ejemplos, pero me llevarían
demasiado lejos de mi tema. Todo lo que quería era mostrar a nuestros críticos
que, en su campaña contra nosotros, harían bien en evitar llamar en su ayuda a
Trendelenburg.
Para continuar: He dicho que el movimiento es una
contradicción en acción; y que, en consecuencia, las leyes fundamentales de la
lógica formal no pueden aplicarse al mismo. Debo explicar esta proposición para
que no se entienda mal. Cuando tenemos que ver con el paso de un tipo de
movimiento a otro (digamos, del movimiento mecánico al calor), también debemos
razonar de acuerdo con la norma fundamental de Ueberweg. Hay que decir:
"Este tipo de movimiento es calor, o movimiento mecánico, o..." y así
sucesivamente. Esto es obvio. Pero si es así, esto significa que las leyes
fundamentales de la lógica formal son, dentro de ciertos límites, también
aplicables al movimiento. La inferencia, una vez más, es que la dialéctica no
suprime la lógica formal, sino que simplemente priva a las leyes de la lógica
formal del valor absoluto que los metafísicos le han atribuido.
Si el lector ha prestado atención a lo que se dijo
anteriormente, no tendrá ninguna dificultad en comprender cuán inútil es la
afirmación tantas veces hecha de que la dialéctica es incompatible con el
materialismo. Por el contrario, nuestra dialéctica se basa en la concepción
materialista de la naturaleza. Si la concepción materialista de la naturaleza
fuera a desmoronarse, nuestra dialéctica se derrumbaría con ella. Por el
contrario, sin dialéctica, la teoría materialista del conocimiento es
incompleta, unilateral; más todavía, es imposible.
En el sistema de Hegel, la dialéctica coincide con
la metafísica. Para nosotros, la dialéctica se basa en la doctrina de la
naturaleza.
En el sistema de Hegel, el demiurgo [creador] de la
realidad (para usar la frase de Marx) es la idea absoluta. Para nosotros, la
idea absoluta no es más que una abstracción del movimiento por el cual se
producen todas las combinaciones y todos los estados de la materia.
Según Hegel, el pensamiento progresa gracias al
descubrimiento y la solución de las contradicciones contenidas en los
conceptos. De acuerdo con nuestra doctrina materialista, las contradicciones
contenidas en los conceptos no son más que el reflejo, la traducción a la
lengua del pensamiento, de las contradicciones que existen en los fenómenos
debido a la naturaleza contradictoria de su fundamento común, a saber, el
movimiento.
Según Hegel, la marcha de las cosas está
determinada por la marcha de las ideas; según nosotros, la marcha de las ideas
se explica por la marcha de las cosas, la marcha del pensamiento por la marcha
de la vida.
El materialismo pone a la dialéctica de pie y por
lo tanto se deshace del velo de mistificación en la que fue envuelta por Hegel.
Por otra parte, al hacerlo, se muestra el carácter revolucionario de la
dialéctica.
"En su forma mistificada, la dialéctica estuvo
en boga en Alemania, porque parecía glorificar lo existente. En su figura
racional, es escándalo y abominación para la burguesía y sus portavoces
doctrinarios, porque en la intelección positiva de lo existente incluye
también, al propio tiempo, la inteligencia de su negación, de su necesaria
ruina; porque concibe toda forma desarrollada en el fluir de su movimiento, y
por tanto sin perder de vista su lado perecedero; porque nada la hace
retroceder y es, por esencia, crítica y revolucionaria." (Marx, Epílogo a
la segunda edición alemana del primer volumen de El Capital, 1873).
Es natural que la burguesía, en esencia
reaccionaria, considere a la dialéctica materialista con horror. Pero que
personas que simpatizan sinceramente con el movimiento revolucionario rechacen
la doctrina materialista es a la vez ridículo y triste; es el clímax del
absurdo.
Un punto más debe ser considerado. Ya sabemos que
Ueberweg tenía razón al exigir que los que piensan lo hagan lógicamente, y en
exigir respuestas concretas a preguntas concretas acerca de si tal o cual
característica corresponde a este o aquel objeto. Sin embargo, supongamos que
tenemos que analizar un objeto que no es simple sino complejo y que tiene
propiedades diametralmente opuestas. ¿Puede el juicio demandado por Ueberweg
ser aplicado a un objeto tal? No, él mismo Ueberweg, que se opone tan enérgicamente
como Trendelenburg a la dialéctica hegeliana, considera que en este caso hay
que juzgar de acuerdo con otra regla, conocida en lógica bajo el nombre de
"principium coincidentia oppositorum" (el principio de la
coincidencia de los opuestos). Ahora bien, la inmensa mayoría de los fenómenos
que las ciencias naturales y sociales tienen que analizar entra en la categoría
de tales objetos. El glóbulo más simple de protoplasma, la vida de una sociedad
aun en la fase más temprana de su evolución – todos exhiben propiedades
diametralmente opuestas. Manifiestamente, por lo tanto, hay que reservar para
el método dialéctico un lugar muy grande en las ciencias naturales y sociales.
Desde que los investigadores han comenzado a hacer esto, estas ciencias han
avanzado a paso rápido.
¿Desea el lector saber cómo la dialéctica se ha
asegurado una posición reconocida en biología? Que recuerde las discusiones con
respecto a la naturaleza de las especies que surgieron como consecuencia de la
teoría de la evolución. Darwin y sus seguidores declararon que las diversas
especies de un mismo género de animales o plantas son sólo descendientes
diferenciados de una sola forma primitiva. Además, según la teoría de la
evolución, todos los géneros de una familia se derivan del mismo modo a partir de
una sola familia primordial; y lo mismo debe decirse de todas las familias
pertenecientes a un mismo orden. Por otra parte, de acuerdo con los adversarios
de Darwin, todas las especies de animales y plantas son completamente
independientes las unas de las otras, y sólo de los individuos que pertenecen a
la misma especie se puede decir que derivan de una forma común. Esta última
concepción de la especie ya había sido formulado por Linneo, quien dijo:
"Hay tantas especies como las que el Ser Supremo creó en el principio de
las cosas." Esa es una concepción puramente metafísica, porque el
metafísico considera a las cosas y a los conceptos como "objetos rígidos,
inmutables, dados de una vez por todas, que deben ser examinados uno tras otro,
cada uno independientemente de los otros" (Engels). El dialéctico, por el
contrario, nos dice Engels, analiza las cosas y los conceptos "en su
conexión, su entrelazamiento, su movimiento, su aparición y desaparición."
Esta concepción ha hecho su camino en la biología con la difusión de la teoría
darwiniana, y ha llegado para quedarse, sean cuales sean las rectificaciones se
pueden hacer a la teoría de la evolución a medida que la ciencia avanza.
Para subrayar la importancia de la dialéctica en
las ciencias sociales, bastará con recordar cómo el socialismo ha desarrollado
de la utopía a la ciencia.
Los socialistas utópicos consideraban a "la
naturaleza humana" desde un punto de vista abstracto y evaluaban los
fenómenos sociales de acuerdo con la fórmula "Sí es sí, y no es no."
La propiedad o bien era o bien no era conforme con la naturaleza humana; la
familia monogámica o bien era o bien no era conforme con la naturaleza humana;
y así sucesivamente. Considerando a la naturaleza humana como inmutable, los
socialistas utópicos estaban justificados en la esperanza de que, entre todos
los posibles sistemas de organización social, tenía que haber uno que fuera más
conforme que cualquier otro con esa naturaleza. De ahí su deseo de descubrir el
mejor de los sistemas posibles, el más conforme con la naturaleza humana. Cada
fundador de una escuela creyó que lo había descubierto, y por eso abogaba por
la adopción de su utopía particular. Marx introdujo el método dialéctico en el
socialismo, haciendo así del socialismo una ciencia y dando el golpe de gracia
al utopismo. Marx no apela a la naturaleza humana; no reconoce ninguna
institución social como conforme o no con la naturaleza humana. Ya en su
Miseria de la filosofía, nos encontramos con esta crítica importante y
característica de Proudhon: "El señor Proudhon no se da cuenta de que la
historia en su totalidad no es otra cosa que una modificación continua de la
naturaleza humana." (Misère de la philosophie París, 1896, p. 204)
En El Capital, Marx dice que el hombre, al actuar
sobre la naturaleza exterior y cambiarla [mediante el proceso de trabajo],
cambia al mismo tiempo su propia naturaleza. Este es un punto de vista
dialéctico, del que surge una nueva perspectiva sobre los problemas de la vida
social. Tomemos, por ejemplo, la cuestión de la propiedad privada. Los
utopistas habían escrito mucho, argumentando entre sí y con los economistas,
sobre si la propiedad privada debe existir, es decir, sobre si la propiedad
privada era o no conforme con la naturaleza humana. Marx planteó la pregunta
sobre una base concreta. De acuerdo con su doctrina, las formas y las
relaciones de propiedad están determinadas por la evolución de las fuerzas de
producción. A una fase de la evolución corresponde una forma específica de la
propiedad; a otra fase, otra forma; pero no hay una forma absoluta de la
propiedad, y no puede haber una, porque todo fluye, todo está atravesando un
proceso de cambio. "La razón se convierte en sinrazón; el alivio en un tormento"
("Vernunft wird Unsinn, Wohltat Plage", Goethe, Fausto).
Hegel dice: "La contradicción es lo que empuja
hacia adelante." (“Der Widerspruch ist das Fortleitende”). En la lucha de
clases, la ciencia encuentra una sorprendente confirmación de esta concepción
dialéctica. Si no tomamos la lucha de clases en cuenta, es imposible entender
la evolución de la vida social e intelectual en una sociedad dividida en
clases.
Pero esta "lógica de la contradicción"
que, como hemos visto, es el reflejo en el cerebro humano del eterno proceso de
movimiento ¿por qué debería ser llamada dialéctica? No voy a emprender un largo
análisis de la cuestión, y por toda respuesta me contentaré con citar a Kuno
Fischer:
“La vida humana se asemeja a un diálogo en el
sentido de que, con la edad y la experiencia, nuestros puntos de vista
relativos a las personas y a las cosas experimentan un cambio gradual, al igual
que las opiniones de los interlocutores en el curso de una conversación animada
y fructífera. Este cambio involuntario y necesario en nuestras perspectivas
sobre la vida y el mundo es el tejido mismo de la experiencia... Es por eso que
Hegel compara la evolución de la conciencia con la de una conversación filosófica.
Le dio el nombre de dialéctica, o de movimiento dialéctico. Platón,
Aristóteles, Kant, cada uno de ellos emplea este término en un sentido
peculiar; pero en ningún sistema filosófico le ha sido dado un significado tan
exhaustivo como en el de Hegel.”

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