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Libro N° 6991. El Desarrollo Del Capitalismo En Rusia. Lenin, V. I.

 


© Libro N° 6991. El Desarrollo Del Capitalismo En Rusia. Lenin, V. I. Emancipación. Febrero 15 de 2020.

Título original: © El Desarrollo Del Capitalismo En Rusia. El Proceso De La Formación De Un Mercado Interior Para La Gran Industria. V. I. Lenin

 

Versión Original: © El Desarrollo Del Capitalismo En Rusia. El Proceso De La Formación De Un Mercado Interior Para La Gran Industria. V. I. Lenin

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https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1899/desarrollo/index.htm

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN RUSIA

El Proceso De La Formación De Un Mercado Interior Para La Gran Industria

V. I. Lenin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V. I. Lenin

El desarrollo del capitalismo en Rusia

El proceso de la formación de un mercado interior para la gran industria

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera vez publicada:  En 1899.

Primera edición en castellano:  V. I. Lenin. El desarrollo del capitalismo en Rusia. Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1950.

Inclusión en marxists.org:  2013, 2015.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN RUSIA

 

PROCESO DE LA FORMACIÓN DEL MERCADO INTERIOR PARA LA GRAN INDUSTRIA1

(1896-1899)

 

 

Lenin, Obras completas, Tomo 3, Editorial Progreso, Moscú, 1981.

 

 

 

PREFACIO A LA PRIMERA EDICIÓN

 

En el trabajo que ofrecemos, el autor se ha propuesto examinar la cuestión: ¿cómo se forma el mercado interior para el capitalismo ruso? Sabido es que esta interrogante fue planteada hace ya tiempo por las principales figuras de las concepciones populistas2 (con los señores V. V. y N. –on a la cabeza); nuestra tarea estribará en la crítica de esas concepciones. No hemos considerado posible limitarnos en esta crítica al análisis de los errores e inexactitudes en los puntos de vista de los adversarios; para dar respuesta a la cuestión planteada nos ha parecido insuficiente aducir hechos que demuestran la formación y el crecimiento del mercado interior: hubiera podido objetarse que esos hechos habían sido elegidos de manera arbitraria y que se habían omitido los hechos que dicen lo contrario. Nos ha parecido necesario examinar e intentar exponer todo el proceso en su conjunto del desarrollo del capitalismo en Rusia. Ni que decir tiene que un objetivo tan extenso habría sido superior a las fuerzas de una sola persona de no introducir en él algunas limita¬ciones. En primer lugar, como se ve ya por el título, tomamos el problema del desarrollo del capitalismo en Rusia exclusivamente desde el punto de vista del mercado interior, dejando aparte la cuestión del mercado exterior y los datos relativos al comercio exterior. En segundo lugar, nos limita¬mos a la época posterior a la Reforma3. En tercer lugar, tomamos principalmente y de modo casi exclusivo los datos que se refieren a las provincias interiores puramente rusas. En cuarto lugar, nos limitamos exclusivamente al aspecto económico del proceso. Mas, con todas las limitaciones indicadas, el tema sigue siendo extraordinariamente vasto. No se le ocultan en modo alguno al autor la dificultad e incluso el peligro de abordar un tema tan amplio, pero le ha pare¬cido que, a fin de poner en claro la cuestión del mercado interior para el capitalismo ruso, es absolutamente preciso mostrar la relación y dependencia de los distintos aspectos del proceso que tiene lugar en todas las esferas de la econo¬mía social. Por eso nos limitamos a examinar los rasgos fundamentales del proceso, dejando para investigaciones poste¬riores su estudio más especial.

 

El plan de nuestro trabajo es el siguiente. En el capítu¬lo I examinaremos, de la manera más breve posible, las tesis teóricas fundamentales de la economía política abstracta relativas al problema del mercado interior para el capitalismo. Eso servirá a modo de introducción al resto de la obra, basada en hechos, evitándonos la necesidad de hacer numero¬sas referencias a la teoría en la exposición ulterior. En los tres capítulos siguientes trataremos de dar los rasgos distin¬tivos de la evolución capitalista de la agricultura en la Rusia posterior a la Reforma: en el capítulo II se examinarán los datos estadísticos de los zemstvos, relativos a la dife¬renciación del campesinado; en el III, los datos referentes al estado de transición de la economía terrateniente, al cambio del sistema de prestación personal de esta economía por el capitalista, y en el IV, los datos correspondientes a los modos en que se produce la formación de la agricultura comercial y capitalista. Los tres capítulos que siguen después serán consagrados a las formas y fases de desarrollo del capitalismo en nuestra industria: en el capítulo V examinaremos las primeras fases del capitalismo en la industria, precisamente en la pequeña industria campesina (la llamada de los kusta¬res); en el VI, los datos relativos a la manufactura capitalista y al trabajo capitalista a domicilio, y en el VII, los refe¬rentes al desarrollo de la gran industria maquinizada. En el último capítulo (el VIII) intentaremos mostrar la relación existente entre los distintos aspectos del proceso expuestos más arriba y ofrecer un cuadro general de ese proceso.

 

P. S. Lamentándolo en grado sumo, no hemos podido utilizar para la presente obra el magnífico análisis del “desa¬rrollo de la agricultura en la sociedad capitalista” dado por K. Kautsky en su libro Die Agrarfrage (Stuttgart, Dietz, 1899; I. Abschn. Die Entwicklung der Landwirtschaft in der kapitalistischen Gesellschaft*) **.

 

Este libro (llegado a nuestras manos cuando gran parte de la presente obra estaba ya compuesta) es la más notable de las publicaciones de economía contemporáneas después del tercer tomo de El Capital4. Kautsky investiga las “ten¬dencias fundamentales” de la evolución capitalista de la agri¬cultura; su misión estriba en examinar los diversos fenómenos que se operan en la agricultura moderna como “manifestaciones parciales de un proceso general” (Vorrede***, VI). Es interesante señalar hasta qué grado son idénticos los rasgos fundamentales de este proceso general en Europa Occidental y en Rusia pese a las enormes peculiaridades de la última tanto en el aspecto económico como en el extraeconómico, Para la agricultura capitalista moderna (moderne), por ejemplo, son, en general, típicos la división creciente del trabajo y el empleo de máquinas (Kautsky, IV, b, c), que también llama la atención en la Rusia posterior a la Reforma (ver más abajo, capítulo III, § VII y VIII; capítulo IV, en particular § IX). El proceso de “proletariza¬ción de los campesinos” (título del capítulo VIII del libro de Kautsky) se expresa por doquier en la difusión de toda clase de tipos de trabajo asalariado entre los pequeños cam¬pesinos (Kautsky, VIII, b); paralelamente a ello observamos en Rusia la formación de una enorme clase de obreros asalariados con nadiel (véase más abajo, capítulo II). La existencia de pequeños campesinos en toda sociedad capitalista no se explica por la superioridad técnica de la pequeña producción en la agricultura, sino por el hecho de que

 

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* La cuestión agraria (Stuttgart, Dietz, 1899; Apartado I: Desarrollo de la agricultura en la sociedad capitalista).-Ed.

** Existe una traducción rusa.

*** Prólogo. -Ed.

 

 

 

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éstos reducen sus necesidades a un nivel inferior al de los obreros asalariados y se esfuerzan en el trabajo incomparablemente más que estos últimos (Kautsky, VI, b; “el obrero asalariado agrícola se encuentra en mejor situación que el pequeño campesino”, dice Kautsky en repetidas ocasiones: S.* 110, 317, 320); análogo fenómeno se observa en Rusia (véase más abajo, capítulo II, § XI, C5). Es, pues, natural que los marxistas de Europa Occidental y los rusos coincidan en la valoración de fenómenos como los “trabajos agrícolas fuera de su localidad”, para emplear la expresión rusa, o el “trabajo agrícola asalariado de los campesinos errantes” como dicen los alemanes (Kautsky, S. 192; conf. más abajo, capí¬tulo III, § X) ; o de otro fenómeno como el éxodo de los obreros y campesinos del campo a la ciudad y a las fábri¬cas (Kautsky, IX, e; S. 343 especialmente y otras muchas. Conf. más abajo, capítulo VIII, § II); el traslado de la gran industria capitalista al campo (Kautsky, S. 187. Conf. más abajo, capítulo VII, § VIII). No nos referimos ya a la idéntica valoración de la significación histórica del capita¬lismo agrícola (Kautsky, passim**, en especial S. 289, 292 y 298. Conf. más abajo, capítulo IV, § IX), al idéntico reconocimiento del carácter progresista de las relaciones capitalistas en la agricultura con respecto a las precapitalistas [Kautsky, S. 382: “La sustitución des Gesindes (braceros personalmente dependientes, criados) y der Instleute ('intermedio entre el bracero y el arrendatario': campesino que arrienda la tierra a cambio del pago en trabajo) por jornaleros que fuera del trabajo son hombres libres, constituiría un gran progreso social”. Conf. más abajo, capítulo IV, § IX, 4]. Kautsky admite rotundamente que “ni cabe pensar” (S. 338) en el paso de la comunidad rural a la agricultura moderna en gran escala sobre bases comunales, que los agrónomos que en Europa Occidental piden el reforzamiento y desarrollo de la comunidad no son en modo alguno socialistas, sino representantes de los intereses de los grandes terratenientes,

 

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* Seite: página. -Ed.

** En diferentes lugares.-Ed.

 

 

 

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deseosos de sujetar a los obreros con la entrega en usufructo de pequeñas parcelas (S. 334), que en todos los países europeos los representantes de los intereses de los terrate¬nientes desean mantener sujetos a los obreros agrícolas do¬tándoles de tierras e intentan introducir en la legislación las medidas correspondientes (S. 162), que “hay que luchar de la manera más resuelta” (S. 181) contra todos los intentos de ayudar a los pequeños campesinos implantando las industrias domésticas (Hausindustrie), la peor especie de explotación capitalista. Consideramos necesario subrayar la completa so¬lidaridad en las concepciones de los marxistas de Europa Occidental y rusos en vista de los últimos intentos de los representantes de populismo de trazar una marcada diferencia entre unos y otros (ver la declaración del Sr. V. Voron¬tsov hecha el 17 de febrero de 1899 en la Sociedad de Fomento de la Industria y el Comercio de Rusia, Nóvoe Vremia, núm. 8255, 19 de febrero de 1899)6.

 

___________

 

 

 

 

PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN7

 

Este trabajo fue escrito en vísperas de la revolución rusa, durante cierta calma que reinó después de la explo¬sión de las grandes huelgas de 1895-1896. Entonces el movi¬miento obrero parecía haberse ensimismado, difundiéndose en amplitud y profundidad y preparando el comienzo de la ola de manifestaciones de 1901.

 

El análisis del régimen económico-social y, por consi¬guiente, de la estructura de clases de Rusia, que hacemos en la presente obra, análisis basado en una investigación económica y en un examen crítico de los datos estadísti¬cos, se ve confirmado hoy por la actuación política abierta de todas las clases en el curso de la revolución8. Se ha puesto plenamente de relieve el papel dirigente del pro¬letariado, así como que su fuerza en el movimiento histó¬rico es inconmensurablemente mayor que su proporción numérica en la masa total de la población. La base eco¬nómica de uno y otro fenómeno queda demostrada en este trabajo.

 

Además, la revolución está revelando cada vez con mayor claridad el carácter doble de la situación y del papel del campesinado. Por una parte, enormes vestigios de la econo¬mía basada en la prestación personal y toda clase de supervivencias de la servidumbre, con la inaudita depauperación y ruina de los campesinos pobres, explican plenamente las profundas fuentes del movimiento revolucionario de los campesinos, las profundas raíces del espíritu revolucionario del cam¬pesinado como masa. Por otra parte, tanto en el curso de

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la revolución como en el carácter de los diversos partidos políticos y en numerosas corrientes ideológicas y políticas, se manifiesta la estructura de clase, internamente contradicto¬ria, de esta masa, su espíritu pequeñoburgués, el antagonismo existente entre las tendencias de propietario y de proletario en el seno de la misma. Las vacilaciones del pequeño propietario empobrecido, entre la burguesía contrarrevolucio¬naria y el proletariado revolucionario, son tan inevitables, como lo es un fenómeno observado en toda sociedad capitalista: una minoría insignificante de productores pequeños se enriquecen, “se hacen gente” y se convierten en burgueses, mientras que la mayoría aplastante se arruina por completo y se convierte en obreros asalariados o en depauperados, o lleva una vida que raya siempre en la situación de pro¬letarios. La base económica de ambas tendencias en el seno del campesinado queda demostrada en la presente obra.

 

Partiendo de esta base económica, se comprende que la revolución en Rusia, es, inevitable-mente, una revolución burguesa. Esta tesis marxista es absolutamente irrefutable. No se la debe olvidar jamás. Siempre hay que aplicarla al análisis de todas las cuestiones económicas y políticas de la revolución rusa.

 

Pero es necesario saber aplicarla. El análisis concreto de la situación y de los intereses de las diversas clases debe servir para determinar el significado exacto de esta máxima al ser aplicada a tal o cual cuestión. Mientras que el método inverso de razonar, que observamos no pocas veces entre los socialdemócratas del ala derecha, encabezados por Plejánov, es decir, la aspiración de hallar respuestas a las cuestiones concretas en el simple desarrollo lógico de la má¬xima general sobre el carácter fundamental de nuestra revolu¬ción9 es un envilecimiento del marxismo y una mera burla del materialismo dialéctico. De gentes semejantes, quienes, por ejemplo, sacan la conclusión del papel dirigente de la “burguesía” en la revolución o de la necesidad de que los socialistas apoyen a los liberales, partiendo de la verdad general relativa al carácter de esta revolución, de gentes así, Marx repetiría probablemente la cita de Heine mencionada ya por

 

 

 

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él en otra ocasión: “Sembré dragones y he cosechado pulgas”10

 

Sobre la base económica concreta de la revolución rusa, son objetivamente posibles dos caminos fundamentales de su desarrollo y desenlace: O bien la vieja hacienda terrateniente, ligada por millares de lazos al derecho de servidumbre, se conserva, transformándose lentamente en una hacienda puramente capitalista, de tipo “junker”11. En este caso, la base del tránsito definitivo del sistema de pago en trabajo al capitalismo es la transformación interna de la hacienda terrateniente basada en la servidumbre; y todo el régimen agrario del Estado, al transformarse en capitalista, conserva aún por mucho tiempo los rasgos de la servidumbre. O bien la revolu¬ción rompe la vieja hacienda terrateniente, destruyendo todos los restos de la servidumbre y, en primer término, la gran propiedad. La base del tránsito definitivo del sistema de pago en trabajo al capitalismo es el libre desarrollo de la pequeña ha¬cienda campesina, que recibe un enorme impulso gracias a la expropiación de las fincas de los terratenientes a favor de los campesinos; y todo el régimen agrario se transforma en capitalista, puesto que la diferenciación del campesinado se realiza con tanta mayor rapidez, cuanto más radicalmente son eliminados los vestigios de la servidumbre. Dicho con otras palabras: o bien la conservación de la masa principal de la propiedad de los terratenientes y de los principales pilares de la vieja “superestructura”, de aquí el papel preponderante del burgués liberal-monárquico y del terrate¬niente; el rápido paso a su lado de los campesinos acomo¬dados, la degradación de la masa de campesinos que no sólo es expropiada en enorme escala, sino que, además, es esclavizada por los distintos sistemas de rescate propues¬tos por los demócratas constitucionalistas12 y oprimida y embru¬tecida por el dominio de la reacción. Los albaceas de seme¬jante revolución burguesa serían los políticos de tipo parecido a los octubristas13. O bien la destrucción de la propiedad de los terratenientes y de todos los pilares principales de la vieja “superestructura” correspondiente; el papel predominante del proletariado y de la masa de campesinos con la neutra-

 

 

 

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lización de la burguesía vacilante o contrarrevolucionaria; el desarrollo más rápido y libre de las fuerzas productivas sobre la base capitalista con la mejor situación posible, en la medida que es en general concebible en las condiciones de la producción de mercancías, de las masas obreras y campesi¬nas. De aquí la creación de las premisas favorables para el ulterior cumplimiento por la clase obrera de su auténtica y fundamental misión: la transformación socialista. Naturalmente, son posibles las más variadas combinaciones de los elementos de tal o cual tipo de evolución capitalista, y sólo unos pedantes incorregibles pretenderían resolver las cues¬tiones peculiares y complicadas, que surgen en tales casos, únicamente por medio de citas de alguna que otra opinión de Marx referente a una época histórica distinta.

 

El trabajo que ofrecemos a la atención del lector está dedicado al análisis de la economía prerrevolucionaria de Rusia. En una época revolucionaria el país vive una vida tan rauda y agitada que es imposible determinar, en lo más álgido de la lucha política, los grandes resultados de la evolución económica. Por una parte, los Stolipin y, por otra, los liberales (y no solamente, en modo alguno, los demócratas constitucionalistas a lo Struve, sino todos los demócratas constitucionalistas en general) trabajan sistemática, tenaz y consecuentemente para que la revolución llegue a su término siguiendo el primero de los cauces trazados. El golpe de Estado del 3 de junio de 1907, por el que acaba¬mos de pasar, significa una victoria de la contrarrevolución que trata de asegurar la completa preponderancia de los terratenientes en la llamada representación popular de Rusia14. Pero cuán sólida será esta “victoria” es otra cuestión, ya que la lucha por el segundo desenlace de la revolución continúa. Con mayor o menor decisión, de modo más o menos consecuente y más o menos consciente, tienden a tal desenlace no sólo el proletariado, sino también las vastas masas campesinas. La lucha directa de masas, por más que la contrarrevolución se empeñe en estrangularla mediante la violencia directa, por más que se empeñen los demócratas constitucionalistas en ahogarla mediante sus miserables e hi-

 

 

 

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pócritas ideúchas contrarrevolucionarias, se abre camino ya en una, ya en otra parte pese a todo, imponiendo su sello a la política de los partidos “del trabajo”, de los partidos populistas, aunque las cumbres de los políticos pequeñoburgueses están indudablemente contaminadas (sobre todo los “socialis¬tas populares”15 y los trudoviques16) del espíritu demócrata constitucionalista de traición, de molchalinismo17 y de sufi¬ciencia de filisteos o burócratas mesurados y meticulosos.

 

Por ahora no es posible todavía prever en qué va a terminar esta lucha y cuál será el resultado definitivo de esta primera embestida de la revolución rusa. Por lo mismo, no ha llegado aún la hora (además, mi trabajo inmediato de partido, como militante del movimiento obrero, no me deja tiempo libre) de reelaborar por completo esta obra*. La segunda edición no puede ir más allá de una caracteriza¬ción de la economía prerrevolucionaria de Rusia. El autor se vio obligado a limitarse a revisar y corregir el texto, así como a completarlo con los nuevos materiales estadísticos más indispensables. Tales son los datos de los últimos censos de caballos, la estadística de las cosechas, los resultados del censo de la población de Rusia, hecho en 1897, los nuevos datos de la estadística fabril, etcétera.

 

Julio de 1907.

 

El autor

 

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* Es posible que tal tarea exija continuar este trabajo; entonces habría que limitar el primer tomo al análisis de la economía prerrevo¬lucionaria de Rusia, dedicando el segundo tomo al estudio del balance y de los resultados de la revolución.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO I

 

ERRORES TEORICOS DE LOS ECONOMISTAS POPULISTAS18

 

El mercado es una categoría de la economía mercantil que en su desarrollo se transforma en economía capitalista y que sólo con esta última adquiere pleno dominio y difusión general. Por eso, para examinar las tesis teóricas fundamentales relativas al mercado interior, debemos partir de la economía mercantil simple y seguir su gradual transformación en capitalista.

 

 

I. LA DIVISION SOCIAL DEL TRABAJO

 

La base de la economía mercantil es la división social del trabajo. La industria transformativa se separa de la extrac¬tiva y cada una de ellas se subdivide en pequeñas clases y sub-clases que fabrican productos especiales en forma de mercancías y que los cambian con las industrias restantes. El desarrollo de la economía mercantil lleva, pues, al incre¬mento del número de las ramas industriales separadas e inde¬pendientes; la tendencia de ese desarrollo estriba en transfor¬mar en rama especial de la industria la producción de cada producto por separado e incluso la de cada una de las partes del producto; y no sólo la fabricación del producto, sino tam¬bién las operaciones parciales encaminadas a preparar el pro¬ducto para el consumo. Dentro de la economía natural, la sociedad estaba constituida por una masa de unidades econó¬micas homogéneas (familias campesinas patriarcales, comuni¬dades rurales primitivas, haciendas feudales), y cada una de esas unidades efectuaba todos los tipos de trabajos económi¬cos, comenzando por la obtención de las diversas clases de

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materias primas y terminando por la preparación definitiva de las mismas para su consumo. Con la economía mercantil se constituyen unidades económicas heterogéneas, aumenta el número de las ramas de la economía y disminuye el de haciendas que cumplen idéntica función económica. Ese aumento progresivo de la división social del trabajo es el elemento fundamental en el proceso de creación del mercado interior para el capitalismo. “...En la producción mercantil y en su forma absoluta, la producción capitalista... -dice Marx-, los productos sólo son mercancías, es decir, valores de uso con valor de cambio realizable -convertible en dinero- por cuanto otras mercancías constituyen un equivalente para ellos, en cuanto se les oponen otros productos como mercancías y como valores; dicho con otras palabras, por cuanto estos productos no se obtienen como medios directos de sub¬sistencia para quien los produce, sino como mercancías, como productos que sólo se transforman en valores de uso mediante su transformación en valores de cambio (dinero), mediante su enajenación. Para estas mercancías, el mercado se desarrolla como consecuencia de la división social del trabajo; la división de los trabajos productivos transforma mutuamente sus produc¬tos en mercancías, en equivalentes uno de otro, obligándoles a servir uno para otro de mercado” (Das Kapital, III, 2, 177-178. La trad. rusa 52619. La cursiva es nuestra, al igual que en todas las citas donde no se indique lo contrario).

 

De suyo se comprende que la indicada separación de la industria transformativa de la extractiva, la separación de la manufactura de la agricultura, transforma la propia agricultura en industria, es decir, en rama de la economía que produce mercancías. Ese proceso de especialización, que separa unas de otras las diferentes clases de transformación de los productos, constituyendo un número cada vez mayor de ramas de la industria, se manifiesta también en la agricultura creando zonas agrícolas (y sistemas de la economía agrícola) especializadas* originando el cambia entre los pro

 

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* Por ejemplo, I. Stébut distingue en sus Bases del cultivo del campo los sistemas de economía en la agricultura ateniéndose al principal producto

 

 

 

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ductos de la agricultura y la industria, así como entre los diferentes productos agrícolas. Esa especialización de la agri¬cultura comercial (y capitalista) se manifiesta en todos los países capitalistas, lo mismo que en la división internacional del trabajo; también se manifiesta en la Rusia posterior a la Reforma, como lo demostraremos con detalle más abajo.

 

Por tanto, la división social del trabajo es la base de todo el proceso de desarrollo de la economía mercantil y del capitalismo. Es por ello del todo natural que nuestros teóricos del populismo se hayan esforzado, declarando este último proceso resultado de medidas artificiales, de una “desviación del camino”, etc., etc., por velar el hecho de la división social del trabajo en Rusia o por disminuir su impor¬tancia. El Sr. V. V. “negó” en su artículo La división del trabajo agrícola e industrial en Rusia (Véstnik Evropi, núm. 7, 1884) “el dominio del principio de la división social del trabajo en Rusia” (pág. 347), dijo que la división social del trabajo en nuestro país “no ha nacido de las entrañas de la vida popular, sino que ha intentado introducirse a la fuerza en ella desde fuera” (pág. 338). El Sr. N.-on hizo las siguientes consideraciones en sus Ensayos con respecto al aumento de la cantidad de cereales destinados a la venta: “Este fenómeno podría significar que el trigo produ¬cido se distribuye de una manera más regular en el país, que el pescador de Arjánguelsk come ahora el trigo de Sama¬ra y que el agricultor de Samara adereza su comida con pescado de Arjánguelsk. Pero en realidad, no ocurre nada de eso” (Ensayos sobre nuestra economía social después de la Reforma. San Petersburgo, 1893, pág. 37). ¡Sin datos de ninguna clase, contra los hechos por todos conocidos, se decreta la inexisten

 

 

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destinado al mercado. Los principales sistemas de economía son tres: 1) el agrícola (cerealista, según expresión del Sr. A. Skvortsov); 2) ganadero (el principal producto destinado al mercado lo constituyen los productos de la ganadería), y 3) el fabril (técnico, según expresión del Sr. A. Skvortsov), su principal producto para el mercado lo constituyen los productos agrícolas que deben pasar por una transformación técnica. Véase A. Skvortsov. Influencia del transporte a vapor en la agricultura. Varsovia, 1890. Pág. 68 y sig.

 

 

 

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cia de la división social del trabajo en Rusia! No se podía construir la teoría populista de la “artificiosidad” del capita¬lismo en Rusia de otra manera más que negando o declarando “artificial” la base misma de toda economía mercantil: la división social del trabajo.

 

 

II. CRECIMIENTO DE LA POBLACION INDUSTRIAL A EXPENSAS DE LA AGRÍCOLA

 

Como en la época precedente a la economía mercantil la industria transformativa va unida a la extractiva y a la cabeza de ésta se halla la agricultura, el desarrollo de la economía mercantil significa que de la agricultura se va separando una rama industrial tras otra. La población de un país de economía mercantil débilmente desarrollada (o no desarrollada en absoluto) es casi exclusivamente agrícola; de eso, sin embargo, no se debe deducir que se ocupa sólo de la agricultura: significa únicamente que la pobla¬ción ocupada en la agricultura transforma ella misma los productos de la agricultura, que son casi inexistentes el intercambio y la división del trabajo. El desarrollo de la econo¬mía mercantil significa, por tanto, eo ipso* que una parte cada vez mayor de la población se va separando de la agri¬cultura, es decir, el crecimiento de la población industrial a expensas de la agrícola. “Por su naturaleza misma, el modo capitalista de producción hace disminuir constantemente la población agrícola con respecto a la no agrícola, ya que en la industria (en el sentido estricto) el crecimiento del capital constante a cuenta del variable va ligado al crecimiento absoluto del capital variable a pesar de su disminución relativa. En la agricultura, por el contrario, el capital variable, requerido para cultivar un campo dado, disminuye en sentido absoluto; por consiguiente, el crecimiento del capital variable es sólo posible cuando se cultiva una nueva tierra, y eso presupone a su vez un aumento aún mayor de la población no agrícola” (Das Kapital, III, 2, 177. Trad. rusa, pág. 526)20. Así pues, no es posible imaginarse el capitalismo sin un aumento de la pobla

 

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* Por ello mismo.-Ed.

 

 

 

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ción comercial e industrial a expensas de la agrícola, y todos saben que ese fenómeno se pone de relieve de la mane¬ra más visible en todos los países capitalistas. Apenas si será necesario demostrar que la entidad de este hecho en el problema del mercado interior es enorme, pues va indisolublemente unida a la evolución de la industria y a la evolu¬ción de la agricultura; la formación de centros industriales, el aumento de su número y el hecho de que atraigan a la población no puede por menos de influir de la manera más profunda en toda la estructura del campo, no puede por menos de suscitar un auge de la agricultura comercial y capitalista. Tanto más notable es el hecho de que los representantes de la economía populista pasen por alto por completo esa ley en sus consideraciones puramente teóricas al igual que en las relativas al capitalismo en Rusia (sobre las particularidades de la manifestación de esta ley en Rusia hablaremos con detalle más adelante, en el capítulo VIII). En las teorías de los señores V. V. y N.–on referentes al mercado interior para el capitalismo se omite un pequeño detalle: el hecho de que la población se aparta de la agricultu¬ra para ir a la industria y la influencia que eso ejerce en la agricultura *.

 

 

III. RUINA DE LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES

 

Hasta aquí nos hemos referido. a la simple producción mercantil. Pisamos ahora a la pro-ducción capitalista, es decir, suponemos que en lugar de simples productores de mercancías nos encontramos con el dueño de los medios de pro¬ducción, por una parte, y con el obrero asalariado, vendedor de fuerza de trabajo, por otra. La transformación del pequeño productor en obrero asalariado presupone que ha perdido los medios de producción -tierra, instrumentos de trabajo, taller,

 

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* Hemos señalado ya la actitud idéntica de los románticos de Europa Occidental y de los populistas rusos, por lo que a ta cuestión deL creci¬miento de la población industrial se refiere, en el artículo Contribución a la caracterización del romanticismo económico. Sismondi y nuestros sismondistas patrios. (Véase Obras Completas, t. 2, págs. 123-272.-Ed.).

 

 

 

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etc.-, es decir, su “empobrecimiento”, su “ruina”. Existe el concepto de que esa ruina “reduce la capacidad adquisitiva de la población”, “reduce el mercado interior” para el capita¬lismo (Sr. N. —on, 1. c.*, pág. 185. También en 203, 275, 287, 339-340, y otras págs. El mismo punto de vista mantiene también el Sr. V. V. en la mayoría de sus obras). No nos referimos aquí a los datos concretos relativos al curso de ese proceso en Rusia: en los siguientes capítulos los examinare¬mos con detalle. El problema se plantea ahora de manera puramente teórica, es decir, con respecto a la producción mercantil en general cuando se transforma en capitalista. Los escritores indicados plantean también la cuestión teóricamente, es decir, del solo hecho de la ruina de los pequeños productores deducen la reducción del mercado interior. Se¬mejante criterio es del todo erróneo, y su tenaz subsistencia en nuestros trabajos de economía sólo puede explicarse por los prejuicios románticos del populismo (conf. artículo indicado en la nota**). Olvidan que “liberar” a una parte de los productores de los medios de producción supone necesariamente el paso de estos últimos a otras manos, su transformación en capital; supone, por tanto, que los nuevos propietarios de esos medios de producción producen en forma de mercancías los mismos productos que antes eran consumidos por el productor mismo, es decir, que amplían el mercado interior; supone que, al ampliar su empresa, estos nuevos propieta¬rios demandan al mercado nuevos instrumentos, materias primas, medios de transporte, etc., así como artículos de consumo (el enriquecimiento de esos nuevos propietarios supone lógicamente también el crecimiento de su consumo). Olvidan que para el mercado no es en modo alguno importante el bienestar del productor, sino el que éste posea medios pecuniarios; que el empeoramiento del bienestar del campesino patriarcal que antes mantenía con preferencia una economía natural es del todo compatible con el aumento en sus manos de recursos pecuniarios, pues cuanto más se arruina más

 

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* loco citado: lugar citarlo. -Ed.

** Véase el presente volumen, pág. 25. -Ed.

 

 

 

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se ve obligado a recurrir a la venta de su fuerza de trabajo, mayor es la proporción de sus medios de existencia (aunque éstos sean más míseros) que debe adquirir en el mercado. “Al liberar (de la tierra) una parte de la población rural se liberan también sus anteriores medios de subsistencia. Estos se transforman ahora en elementos materiales del capital variable” (del capital invertido en la adquisición de fuerza de trabajo) (Das Kapital, I, 776)21. “Además de liberar junto con los obreros sus medios de subsistencia y su material de trabajo para el capitalista industrial, la expropiación y la expulsión de parte de la población rural crea mercado interior” (ibíd., 778)22. Así pues, la ruina de los pequeños productores en la sociedad de la economía mercantil y del capitalismo en desarrollo significa, desde el punto de vista teórico abstrac¬to, precisamente lo contrario de lo que quieren deducir los señores N.—on y V. V., significa creación, y no reducción, del mercado interior. Si este mismo Sr. N. —on -quien declara a priori que la ruina de los pequeños productores rusos signifi¬ca la reducción del mercado interior- cita, pese a todo, las afirmaciones de Marx en sentido contrario, ahora aducidas (Ensayos, págs. 71 y 114), eso no hace más que demostrar la admirable capacidad de este escritor para refutarse a sí mismo con citas de El Capital.

 

 

 

IV. LA TEORIA POPULISTA DE LA IMPOSIBILIDAD DE REALIZAR LA PLUSVALIA

 

Otra cuestión en la teoría del mercado interior estriba en lo siguiente. Sabido es que el valor del producto en la producción capitalista se descompone en tres partes: 1) la primera compensa el capital constante, es decir, el valor que existía ya antes en forma de materias primas y materiales auxiliares, máquinas e instrumentos de producción, etc., y que sólo se reproduce en determinada parte del producto fabri¬cado; 2) la segunda parte compensa el capital variable, es decir, cubre el sustento del obrero, y, finalmente, 3) la tercera parte constituye la plusvalía perteneciente al capitalista. De ordinario se acepta (exponemos la cuestión de acuerdo

 

 

 

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con los señores N.–on y V. V.) que la realización (es decir, el hallar un equivalente adecuado, la venta en el mercado) de las dos primeras partes no ofrece dificultades, pues la primera va a parar a la producción y la segunda se destina al consumo de la clase obrera. Pero ¿cómo se realiza la tercera parte, la plusvalía? ¡No puede ser consumida enteramente por los capita-listas! Y nuestros economistas llegan a la conclusión de que la “salida de la dificultad” para realizar la plusvalía23 es la “adquisición del mercado exterior” (N. –on. Ensayos, sec. II, § XV en general y pág. 205 en particular; V. V. Excedente de mercancías en el abastecimiento del mercado en Otéchestvennie zapiski de 1883 y Ensayos de economía teórica, San Petersburgo, 1895, pág. 179 y siguientes). La necesidad del mercado exterior para una nación capitalista la explican los mencionados autores alegando que de otro modo los capitalistas no pueden realizar los productos. El mercado interior se reduce en Rusia a consecuencia de la ruina de los campesinos y como resultado de la imposibilidad de realizar la plusvalía sin mercado exterior, y este último es inaccesible a un país joven, que entra demasiado tarde en el camino del desarrollo capitalista, ¡de ahí que la falta de base y vita¬lidad del capitalismo ruso se considere demostrada con el solo apoyo de consideraciones apriorísticas (y, además, teóricamente falsas)!

 

Al hacer consideraciones acerca de la realización, el Sr. N. - on tuvo, al parecer, en cuenta la doctrina de Marx al efecto (aunque no le menciona ni una sola vez en este lugar de sus Ensayos), pero no la comprendió en absoluto y la deformó hasta dejarla desconocida, como ahora veremos. Por eso ha ocurrido una cosa tan curiosa como que sus opiniones coinci¬dan en todo lo fundamental con los puntos de vista del Sr. V. V., a quien en modo alguno puede acusársele de “incomprensión” de la teoría, pues constituiría la mayor de las injusticias sospechar en él el más mínimo conocimiento de la misma. Ambos autores exponen sus doctrinas como si fuesen los primeros en hablar de esta materia, llegando “con su propia inteligencia” a ciertas soluciones; ambos pasan por alto de la manera más majestuosa las consideraciones

 

 

 

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de los viejos economistas sobre el particular y ambos repiten los viejos errores, refutados del modo más circunstanciado en el II tomo de El Capital*. Ambos autores reducen todo el problema de la realización del producto a la realización de la plusvalía, imaginándose, por lo visto, que la realiza¬ción del capital constante no ofrece dificultades. Ese ingenuo concepto encierra el más profundo error, del que se derivan todos los restantes errores de la doctrina populista de la reali¬zación. En efecto, la dificultad de explicar la realización estriba precisamente en cómo explicar la realización del capital constante. Para ser realizado, el capital constante debe ser empleado de nuevo en la producción y ello es factible de manera inmediata sólo para el capital cuyo producto con¬siste en medios de producción. Si el producto que compensa la parte constante del capital está formado por artículos de consumo, es imposible su reversión directa a la producción, es preciso el intercambio entre el sector de la producción social que fabrica medios de producción y el que fabrica artículos de consumo. En este punto reside justamente toda la dificultad de la cuestión, que no ha sido advertida por nuestros economistas. El Sr. V. V. se imagina la cosa como si el objetivo de la producción capitalista no fuese la acumulación, sino el consumo, lanzándose a profundas consideraciones de que “a manos de la minoría llega una masa de objetos materiales superior a la capacidad de consumo del organismo” (sic!) “en el momento dado de su desarrollo” (I. c., 149), de que “no es la modestia y la abstinencia de los fabricantes lo que sirve de causa al exceso de productos, sino la limitación o insuficiente elasticidad del organismo humano (!!), que no logra ampliar su capacidad de consumo con la misma rapidez con que

 

 

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* Es especialmente asombrosa a este respecto la audacia del Sr. V. V., superior a todos los límites de lo admisible en las lides literarias. Después de exponer su doctrina y de manifestar un completo desconocimiento del segundo tomo de El Capital, que trata justamente de la realización, el Sr. V. V. declara a renglón seguido, sin pararse en barras, que “ha utilizado para sus concepciones” ¡¡precisamente la teoría de Marx!! (Ensayos de economía teórica, ensayo III, La ley capitalista (sic!?!) de la producción, distribución y consumo, pág. 162.)

 

 

 

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crece la plusvalía” (ibid., 161). El Sr. N. -on se esfuerza por presentar la cosa como si no considerase el consumo el objetivo de la producción capitalista, como si tomara en cuenta el papel e importancia de los medios de producción en el problema de la realización, pero, en realidad, no ha comprendido en absoluto el proceso de circulación y reproducción de todo el capital social y se ha embrollado en numerosas contradicciones. No nos detendremos a examinarlas todas con detalle (págs. 203-205 de los Ensayos del Sr. N.–on); es un trabajo demasiado ingrato (en parte cumplido ya por el Sr. Bulgákov * en su libro Los mercados en la producción capitalista, Moscú, 1897, págs. 237-245) ; además, para comprobar este juicio que nos merecen las con¬sideraciones del Sr. N.–on basta con examinar su deducción final: que el mercado exterior constituye la salida de la difi¬cultad de realizar la plusvalía. Esa deducción del Sr. N.–on (en el fondo repetición simple de la del Sr. V. V.) muestra del modo más patente que no ha comprendido en absoluto ni la realización del producto en la sociedad capitalista (es decir, la teoría del mercado interior) ni el papel del mercado exterior. En efecto, ¿hay siquiera una partícula de sentido común en la idea de unir el mercado exterior al problema de la “realización”? El problema de la realización estriba en cómo encontrar para cada parte del producto capitalista, por su valor (capital constante, capital variable y plusvalía) y por su forma material (medios de producción, artículos de consumo, en particular artículos de primera necesidad y de lujo), otra parte del producto que la sustituya en el mercado. Claro es que en este caso debe hacerse abstracción del comercio exterior, pues el incluirlo no hace avanzar ni un ápice la solución del problema; no hace más que postergarla, planteán¬dolo con relación a varios países en lugar de hacerlo con relación a uno solo. El mismo Sr. N.–on, que ha encontrado en el comercio exterior la “salida de la dificultad” para reali

 

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* No estará de más recordar al lector contemporáneo que el Sr. Bulgákov, lo mismo que los señores Struve y Tugán-Baranovski, citados a menudo más abajo, Se afanaban en 1899 por ser marxistas24. Ahora todos ellos se han transformado tranquilamente, de “críticos de Marx”, en vulgares economistas burgueses. (Nota a la segunda edición25.)

 

 

 

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zar la plusvalía, razona, por ejemplo, con respecto al salario, de la manera siguiente: con la parte del producto anual que en forma de salario reciben los productores directos, los obreros, “sólo puede retirarse de la circulación una parte de medios de subsistencia que por su valor equivalga a la suma total de los salarios” (203). Surge la pregunta: ¿de dónde sabe nuestro economista que los capitalistas de un país dado van a producir precisamente tantos medios de subsistencia y precisamente de tal calidad que puedan ser realizados por el salario? ¿De dónde sabe que, en este caso, sea posible pasarse sin mercado exterior? Está claro que no puede saberlo, que ha descartado sencillamente la cuestión del mercado exterior, pues en las consi-deraciones acerca de la realización del capital variable lo importante es la sustitución de una parte del producto por otra, y en modo alguno tiene importancia si esa sustitu¬ción tendrá lugar dentro de un país o dentro de dos. Sin embargo, cuando se trata de la plusvalía, renuncia a esa premisa necesaria y en lugar de resolver la cuestión se aparta sencillamente de ella hablando del mercado exterior. La venta misma del producto en el mercado exterior requiere ser explicada, es decir, que se encuentre un equivalente para la parte del producto a vender, que se encuentre otra parte del producto capitalista capaz de sustituir a la primera. Por eso dice Marx que “no es preciso tomar en cuenta en absoluto” el mercado exterior, el comercio exterior, cuando se examina el problema de la realización, pues “la introducción del comer¬cio exterior en el análisis del valor del producto reproducido anualmente sólo puede confundir el asunto sin ofrecer un nuevo factor, ni para el problema mismo, ni para su resolución” (Das Kapital, II, 469)26. Los señores V. V. y N. –on se imaginaban haber emitido un profundo juicio de las contradicciones del capitalismo al señalar las dificultades para realizar la plusvalía. En realidad, han enjuiciado las contradicciones del capitalismo de manera en extremo superficial, pues si se habla de “dificultades” de la realización, de las crisis que con este motivo surgen, etc., es preciso recono¬cer que esas “dificultades”, además de posibles, son necesarias con respecto a todas las partes del producto capitalista y en

 

 

 

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modo alguno con respecto sólo a la plusvalía. Las dificultades de ese género, dependientes de la falta de proporcionali¬dad en la distribución de las distintas ramas de la produc¬ción, brotan constantemente no sólo al realizar la plusvalía, sino también al realizar el capital variable y el constante; no sólo en la realización del producto en artículos de consumo, sino también en medios de producción. Sin “dificultades” de este género y sin crisis en general no puede existir la producción capitalista, producción de productores aislados para el mercado mundial, desconocido por ellos.

 

 

V. CRITERIO DE ADAM SMITH CON RESPECTO A LA PRODUCCION Y CIRCULACION DE TODO EL PRODUCTO SOCIAL EN LA SOCIEDAD CAPITALISTA Y CRÍTICA DE ESTE PUNTO DE VISTA POR MARX

 

Para comprender la doctrina de la realización debemos empezar por Adam Smith, quien sentó las bases de la errónea teoría imperante por completo al particular en la economía política premarxista. A. Smith sólo dividía el precio de la mercancía en dos partes: capital variable (salario, según su terminología) y plusvalía (la “ganancia” y la “renta” no los consideraba una sola cosa, así que, de hecho, tenía en cuenta tres partes)*. Exactamente de igual manera, dividía todo el conjunto de las mercancías, todo el producto anual de la sociedad, en las mismas partes, refiriéndolas de modo directo a “ingresos” de las dos clases de la sociedad: obreros y capi¬talistas (patronos y propietarios de tierra en Smith) **.

 

¿A qué obedece la omisión que él hace de la tercera parte constitutiva del valor, del capital constante? Adam Smith no pudo por menos de verla, pero suponía que

 

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* Adam Smith. An Inquiry tinto the Nature and Causes of the Wealth of Nations (Investi-gación de la natu-raleza y de las causas de la riqueza de las naciones, cuarta ed., 1801, vol. 1, pág. 75.-Ed.). Libro I: Sobre las causas del aumento de la fuerza productiva del trabajo y sobre el orden natural de distribución del producto del trabajo entre las diferentes capas del pueblo, cap. 6: Sobre las partes que componen el precio de las mercancías. Trad. rusa de Bíbikov (San Petersburgo, 1866), tomo I, pág. 171.

** L. c., I, p. 78. Trad. rusa, I, pág. 174.

 

 

 

33 y 34

Original en ruso

 

 

 

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también se reducía al salario y la plusvalía. He aquí como razonaba a este respecto: “En el precio del trigo, por ejemplo, una parte satisface la renta del terrateniente; otra, el salario o la manutención del trabajador y del ganado de labor empleado en la producción de este trigo, y la tercera, la ganancia del farmer. Estas tres partes forman, al parecer, de modo inmediato o en fin de cuentas, todo el precio del trigo. Podría pensarse quizá que era necesaria una cuarta parte para compensar el capital del farmer o para compensar el desgaste de su ganado de labor y aperos agrícolas. Mas hay que tener presente que el precio de cual¬quier apero de labranza, el caballo de labor, por ejemplo, está formado también por las mismas tres partes” (es decir: la renta, la ganancia y el salario). “Por eso, aunque el precio del trigo satisface el precio y el mantenimiento del caballo, su precio total se descompone, sin embargo, de manera inmediata o en fin de cuentas, en las tres mismas partes: renta, salario y ganancia.* Marx califica de “asombrosa” esta teoría de Smith. “Su prueba se reduce sencillamente a repetir la misma afirmación” (II, S. 366)27. Smith”nos envía de Poncio a Pilatos” (I.B., 2. Aufl., S. 612**)28. Al decir que el precio mismo de los aperos agrícolas se descompone a su vez en las mismas tres partes, Smith olvida agregar: y en el precio de los medios de producción empleados para fabricar esos instrumentos. La errónea exclusión de la parte constante del capital del precio del producto se halla en Adam Smith (al igual que en los economistas posteriores) ligada a la comprensión errónea de la acumulación en la economía capitalista, es decir, de la ampliación de la produc¬ción; de la conversión de la plusvalía en capital. También aquí prescindió A. Smith del capital constante, suponiendo que la parte de plusvalía acumulada, transformada en capital, la consumen por entero los obreros productores, es decir, que se invierte por completo en salario, cuando en realidad la parte de plusvalía acumulada se invierte en capital constante

 

 

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* Ibid., v. I, p. 75-76. Trad. rusa, I; pág. 171.

** - I tomo; segunda ed., pág. 612. -Ed.

 

 

 

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(instrumentos de producción, materias primas y materiales auxiliares) más salario. Criticando este concepto de Smith (y también, entre otros, de Ricardo y Mill) observó Marx en el primer tomo de El Capital (sec. VII, El proceso de acumu¬lación, cap. 22: Transformación de la plusvalía en capital, § 2. Idea errónea de la reproducción ampliada en los tratadistas de econo¬mía política): en el II tomo “se demostrará que el dogma de A. Smith, heredado por todos sus sucesores, impidió a la economía política comprender incluso el más elemental meca-nismo del proceso de la reproducción social” (I, 612)29. Adam Smith incurrió en ese error porque confundió el valor del producto con el valor recién creado: este último, realmente, se descompone en capital variable y plusvalía, mientras que el primero incluye, además, el capital constante. Este error fue ya descubierto en el análisis que Marx hizo del valor, al establecer diferencia entre el trabajo abstracto, que crea un nuevo valor, y el trabajo concreto, útil, que reproduce el valor de antes en una nueva forma de producto útil30.

 

La explicación del proceso de reproducción y de circula¬ción de todo el capital social es especialmente necesaria al resolver el problema de la renta nacional en la sociedad capitalista. Es muy interesante que A. Smith no pudiera ya mantener, al hablar de esta última cuestión, su errónea teoría, que excluye el capital constante de todo el producto del país. “La renta bruta (gross revenue) de todos los ha¬bitantes de un país grande abarca todo el producto anual de su tierra y de su trabajo, mientras que la renta neta (neat revenue) abarca lo que queda después de descontar los gastos destinados a mantener su capital fijo, en primer lugar, y su capital circulante, en segundo, es decir, que la renta neta abarca lo que pueden colocar en reserva (stock), sin tocar su capital, para el consumo inmediato o invertir en medios de subsistencia, de comodidad o de recreo” (A. Smith, lib. II. Sobre la naturaleza, la acumulación y el empleo de la reserva, cap. II, vol. II, pág. 18. Trad. rusa, II, pág. 21). Por tanto, A. Smith excluyó el capital de todo el producto del país, afirmando que se descompondría en sala¬rio, ganancia y renta, es decir, en ingresos (netos); pero

 

 

 

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incluye el capital en los ingresos brutos de la sociedad, separándo¬lo de los artículos de consumo ( ingresos netos). En esta contradicción le cazó Marx: cómo puede haber capital en el ingreso si no lo ha habido en el producto? (Conf. Das Kapital, II, S. 35531.) Sin advertirlo, Adam Smith reconoce aquí tres partes integrantes del valor de todo el producto: además del capital variable y de la plusvalía, el capital constante. Al seguir sus razonamientos, Adam Smith tropieza con otra importantísima diferencia, de enorme entidad en la teoría de la realización. “Es evidente -dice- que todos los gastos para mantener el capital fijo deben ser excluidos del ingreso neto de la sociedad. Ni los materiales necesarios para mante¬ner en buen uso las máquinas útiles, los instrumentos industriales, las construcciones útiles, etc., ni el producto del trabajo necesario para dar a esos materiales una forma útil, pueden ser nunca parte del ingreso neto. Cierto, el precio de este trabajo puede formar parte del ingreso neto, ya que los obreros ocupados en él pueden invertir todo el valor de su salario en reserva de consumo inmediato.” Pero en otras clases de trabajo “el precio” (del trabajo) “y el producto” (del trabajo) “entran en esa reserva de consumo inmediato: el precio del trabajo pasa a la reserva de los obreros y el producto, a la reserva de otras personas” (A. Smith, ibíd.). Aquí apunta el reconocimiento de la necesidad de distinguir dos clases de trabajo: uno, que proporciona artículos de consumo capaces de entrar en el “ingreso neto”, y otro que proporciona “las máquinas útiles, los instrumentos industriales, las construcciones, etc.”, es decir, objetos que nunca pueden formar el consumo personal. De aquí hay ya un paso al reconocimiento de que para explicar la realización es, sin duda, indispensable diferenciar dos clases de consumo: personal y productivo (empleo en la producción). La enmienda de los dos indicados errores de Smith (omitir el capital constante del valor del producto y confundir el consumo personal y pro¬ductivo) permitió a Marx construir su magnífica teoría de la realización del producto social en la sociedad capitalista.

 

Por lo que se refiere a los demás economistas, que hubo entre Adam Smith y Marx, todos ellos repitieron el error del

 

 

 

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primero*, y por eso no dieron ni un paso adelante. Más abajo volveremos a la confusión reinante por ello en las doctri¬nas relativas a los ingresos. En la disputa que con respecto a la posibilidad de una superproducción general de mercancías sostuvieron Ricardo, Say, Mill y otros, de un lado, y Malthus, Sismondi, Chalmers, Kirchmann, etc., de otro, ambas partes se mantenían en cl terreno de la equivocada teoría de Smith, y por eso, según advirtió con razón el Sr. S. Bulgákov, “al partir de puntos de vista erróneos y al formular de manera equivocada el problema mismo, esas disputas pudieron llevar sólo a controversias vacías y escolásti¬cas” (I. c., pág. 21. Ver la exposición de esta controversia en Tugán-Baranovski: Las crisis industriales, etc. San Petersburgo, 1894, págs. 377-404).

 

 

 

VI. LA TEORIA DE LA REALIZACION DE MARX

 

De lo arriba expuesto se desprende lógicamente que las premisas fundamentales sobre las que se alza la teoría de Marx están constituidas por las dos tesis siguientes. Primera: todo el producto de un país capitalista, al igual que el producto aislado, consta de las tres partes siguientes: 1) capi¬tal constante, 2) capital variable y 3) plusvalía. Para quien conozca el análisis que del proceso de la producción del capital hace Marx en el primer tomo de El Capital, esta tesis se sobreentiende. Segunda: es preciso diferenciar dos grandes sectores de la producción capitalista: la produc¬ción de medíos de producción, de artículos que sirven para el consumo productivo, es decir, para emplearlos en la producción, y que no los consumen los hombres, sino el capital (primer sector), y la producción de artículos de consumo, es decir, de artículos destinados al consumo personal (segundo sector). “En esta sola división hay más sentido

 

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* Por ejemplo, Ricardo afirmaba: “Codo el producto del suelo y del trabajo de cada país se divide en tres partes: una de ellas se consagra al salario, otra, a la ganancia, y la tercera, a la renta” (Obras, trad. de Sieber, San Petersburgo, 1882, pág. 221).

 

 

 

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teórico que en todas las controversias anteriores relativas a la teoría de los mercados” (Bulgákov, 1. c., 27). Cabe preguntar por qué cs necesaria semejante división de los productos según su forma natural precisamente ahora, al analizar la reproducción del capital social, cuando el análisis de la produc¬ción y reproducción del capital individual ha podido pres¬cindir de ella, dejando por completo a un lado lo relativo a la forma natural del producto. ¿Con qué fundamento pode¬mos introducir la cuestión de la forma natural del producto en la investi-gación teórica de la economía capitalista, asentada por completo en el valor de cambio del producto? Ello es porque al analizar la producción del capital individual se prescindió de la cuestión de dónde y cómo será vendido el producto, de dónde y cómo serán adquiridos los artículos de consumo por los obreros y los medios de producción por los capitalistas, como algo que no proporcionaba nada para este análisis y que no tenía que ver con él. En aquel caso debía ser examinada sólo la cuestión del valor de los elementos de la producción por separado y del resultado de ésta. Ahora, en cambio, el problema estriba precisamente en esto: ¿de dónde tomarán los obreros y capitalistas los artículos de su consumo?, ¿de dónde tomarán los últimos los medios de producción?, ¿de qué manera el producto obtenido cubrirá todas estas demandas y permitirá ampliar la producción? No encontramos aquí sólo, por consiguiente, la “reposi¬ción del valor, sino también la reposición de la forma natural del producto” (Stoffer-satz. — Das Kapital, II, 389)32; por ello es absolutamente imprescindible la diferenciación de los productos, que desempeñan un papel muy heterogéneo en el proceso de la economía social.

 

Una vez tenidas en cuenta estas tesis fundamentales, el problema de la realización del producto social en la sociedad capitalista no ofrece ya dificultades. Supongamos, al principio, la reproducción simple, es decir, la repetición del proceso de producción en la escala anterior, la ausencia de acumula¬ción. Es evidente que el capital variable y la plusvalía del segundo sector (existentes en forma de artículos de consumo) se realizan por el consumo personal de los obreros y capitalistas

 

 

 

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de ese sector (pues la reproducción simple supone que se consume toda la plusvalía y que ninguna parte de ella se transforma en capital). Sigamos: el capital variable y la plusvalía, existentes en forma de medios de producción (primer sector), deben ser, para su realización, cambiados por ar¬tículos de consumo para los capitalistas y obreros ocupados en preparar los medios de producción. Por otra parte, tampoco el capital constante, existente en forma de artículos de consu¬mo (segundo sector), puede ser realizado más que por el cambio en medios de producción para emplearse de nuevo en la pro¬ducción al año siguiente. De esta manera se obtiene el cambio del capital variable y de la plusvalía contenidos en los medios de pro-ducción por capital constante en artículos de consumo: los obreros y capitalistas (en el sector de los medios de pro¬ducción) obtienen así los medios de subsistencia, y los capitalistas (en el sector de artículos de consumo) venden su pro¬ducto y obtienen capital constante para la nueva produc¬ción. Dentro de la reproducción simple, estas partes que se intercambian deben ser iguales entre sí: la suma del capital variable y de la plusvalía contenidos en los medios de producción debe equivaler al capital constante en artículos de consumo. Por el contrario: si suponemos la reproducción en escala creciente, es decir, la acumulación, la primera magnitud debe ser mayor que la segunda, porque debe dis¬ponerse de un sobrante de medios de producción para co¬menzar la nueva producción. Volvamos, sin embargo, a la reproducción simple. Nos había quedado aún sin realizar una parte del producto social: el capital constante contenido en los medios de producción. Este se realiza en parte mediante el intercambio entre los capitalistas del mismo sector (por ejemplo, la hulla se cambia por hierro, pues cada uno de estos productos sirve de material o de instru¬mento necesario en la producción del otro), y en parte mediante su empleo directo en la producción (la hulla, por ejemplo, extraída para consumirse en la misma empresa a fin de extraer más hulla; la simiente en la agricultura, etc.). Por lo que se refiere a la acumulación, su punto de partida es, como hemos visto, el sobrante de medios de produc-

 

 

 

41 y 42

Original en alemán

 

 

 

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ción (que se toman de la plusvalía de los capitalistas de este sector), el cual requiere también la transforma¬ción en capital de parte de la plusvalía contenida en los artículos de consumo. Considerarnos superfluo el examen deta¬llado de cómo esta producción suplementaria se une a la reproducción simple. No nos proponemos un examen especial de la teoría de la realización, y es suficiente lo dicho para aclarar el error de los economistas populistas y para permitirnos extraer ciertas conclusiones teóricas sobre el mercado interior*.

 

Con respecto al problema del mercado interior, que es el que nos interesa, la deducción principal de la teoría de la realización de Marx es la siguiente: el crecimiento de la producción capitalista y, por consiguiente, del mercado inte¬rior no se efectúa tanto a cuenta de los artículos de consumo como a cuenta de los medios de producción. Dicho con otras palabras, el crecimiento de los medios de pro¬ducción aventaja al crecimiento de los artículos de consumo. Efectivamente: hemos visto que el capital constante en los artículos de consumo (segundo sector) se cambia por capital variable + plusvalía en los medios de producción (primer sector). Pero, según la ley general de la producción capitalista, el capital constante crece con más rapidez que el variable. Por consiguiente, el capital constante contenido en los artículos de consumo debe crecer con más rapidez que el capital

 

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* Véase Das Kapital, II. Band, III. Abschn. (El Capital, tomo II, sección III33.-Ed.), donde se investiga de manera detallada la acumulación, la división de los artículos de consumo en artículos de primera necesidad y de lujo, la circulación monetaria, el desgaste del capital fijo, etc. Para el lector que no tenga posibilidad de acudir al II tomo de El Capital puede recomendarse la exposición de la teoría marxista de la realización que figura en el libro del Sr. S. Bulgákov antes citado. La exposición del Sr. Bulgákov es más satisfactoria que la del Sr. M. Tugán-Baranovski (Las crisis industriales, págs. 407-438), quien se ha apartado con muy poco acierto de Marx al construir sus esquemas y ha explicado insuficientemente la teoría de Marx; también es más satisfactoria que la exposición del Sr. A. Skvortsov (Fundamentos de economía política. San Petersburgo, 1898, págs. 281-295), quien mantiene opiniones erróneas con respecto a cuestiones muy importantes de la ganancia y la renta.

 

 

 

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variable y la plusvalía contenidos en los mismos artículos, mientras que el capital constante en los medios de produc¬ción debe crecer con la mayor rapidez, aventajando tanto al aumento del capital variable (+ la plusvalía) en los medios de producción como al del capital constante en los artículos de consumo. El sector de la producción social que fabrica medios de producción debe, por consiguiente, crecer con más rapidez que el que produce artículos de consumo. De esta manera, el crecimiento del mercado interior para el capitalismo es, hasta cierto grado, “independiente” del creci¬miento del consumo personal, verificándose más a cuenta del consumo productivo. Sería, sin embargo, erróneo comprender esa “independencia” en el sentido de que el consumo produc¬tivo se halla desligado por completo del personal: el primero puede y debe crecer con más rapidez que el segundo (a ello se reduce su “indepen-dencia”), pero se comprende que, en fin de cuentas, el consumo productivo queda siempre ligado al personal. Marx dice al particular: “Hemos visto (libro II, sec. III) que tiene lugar una circulación constante entre capital constante y capital constante...” (Marx se refiere al capital constante en los medios de producción que se realiza a través del cambio entre los capitalistas de este mismo sector) “...la cual, por una parte, es independiente del consumo individual en el sentido de que nunca entra en este último, pero que, sin embargo, se halla limitada en fin de cuentas por el consumo individual, pues no se produce capital constante simplemente por producirlo, sino sólo por el hecho de que este capital constante se emplea más en las ramas de la producción cuyos productos entran en el consumo individual” (Das Kapital, II1, 1, 289. Trad. rusa, pág. 242)34.

 

Este mayor empleo de capital constante no es otra cosa que una mayor altura del desarrollo de las fuerzas producti¬vas expresada en términos del valor de cambio, pues la parte principal de los “medios de producción”, que se desarrollan rápidamente, está formada por materiales, máquinas, instru¬mentos, edificios e instalaciones de toda clase para la gran industria y, especialmente, para la industria maquinizada. Por

 

 

 

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ello es perfectamente lógico que, al desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad, al crear una gran producción y una industria maquinizada, la producción capitalista se distinga también por una ampliación particular del sector de la riqueza social que forman los medios de producción... “A ese respecto (es decir, en la preparación de medios de producción) la sociedad capitalista no se distingue en modo alguno del salvaje por aquello donde ve la diferencia Senior, quien supone que el salvaje tiene el privilegio especial de invertir a veces su trabajo de tal manera que no le proporciona ningún producto transformable en ingreso, es decir, en artículo de consumo. En realidad, la diferencia estriba en lo siguiente:

 

“a) La sociedad capitalista emplea una mayor parte del trabajo anual que se encuentra a su disposición en producir medios de producción (capital constante, por tanto), que no pueden ser descompuestos en ingreso ni en forma de salario ni en forma de plusvalía, y que sólo pueden funcionar en calidad de capital.

 

“b) Cuando el salvaje hace un arco, flechas, martillos de piedra, hachas, cestos, etc., comprende con toda claridad que el tiempo así invertido no lo ha empleado en producir artículos de consumo, es decir, comprende que ha satisfecho su necesidad de medios de producción y nada más” (Das Kapital, II, 436. Trad. rusa, 333)35. Esta “clara conciencia” de su relación con la producción se ha perdido en la sociedad capitalista como consecuencia del fetichismo a ella inherente, que presenta las relaciones sociales de los hombres como relaciones de productos, resultado de la transforma¬ción de cada producto en mercancía producida para un con¬sumidor desconocido y que debe realizarse en un mercado desconocido. Y como al patrono le es indiferente en absoluto el género del objeto que produce -todo producto proporciona “ingresos”-, este punto de vista superficial, individual, fue asimilado por los teóricos de la economía con relación a la sociedad en su conjunto, e impidió comprender el proceso de reproducción de todo el producto social en la economía capitalista.

 

El desarrollo de la producción (y, por consiguiente, del

 

 

 

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mercado interior) a cuenta más que nada de los medios de producción parece algo paradójico y constituye, indudablemente, una contradicción. Es una auténtica “producción para la producción”, la ampliación de la producción sin la correspondiente ampliación del consumo. Pero esto no es una contradicción de la doctrina, sino de la vida real: es, precisamente, una contradicción que corresponde a la natura¬leza misma del capitalismo y a las restantes contradicciones de este sistema de economía social. Justamente esa ampliación de la producción sin la adecuada ampliación del consumo corresponde a la misión histórica del capitalismo y a su estructura social específica: la primera estriba en el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad; la segunda excluye la utilización de estas conquistas técnicas por la masa de la población. Entre la tendencia ilimitada a ampliar la produc¬ción, propia del capitalismo, y el limitado consumo de las masas populares (limitado en virtud de su estado proletario) hay, sin duda, una contradicción. Precisamente la deja sentada Marx en las tesis que los populistas aducen de buen grado corno supuesta confirmación de sus puntos de vista con respecto a la reducción del mercado interior, al carácter no progresivo del capitalismo, etc., etc. He aquí algunas de esas tesis: “Contradicción en el modo de producción capitalista: los obreros, como compradores de mercancías, son importantes para el mercado. Pero la sociedad capitalista tiene la tendencia a limitarlos al precio mínimo, como vendedores de su mercancía, de fuerza de trabajo” (Das Kapital, II, 303)36.

 

“...Las condiciones de realización... están limitadas por la proporcionalidad de las diferentes ramas de la produc¬ción y por la fuerza de consumo de la sociedad... Cuanto más se desarrolla la fuerza productiva más entra en contradicción con la estrecha base en que descansan las relaciones de consumo” (ibíd., III, 1, 225-226)37. “Los únicos límites en los que puede verificarse la conservación y el incremento del valor del capital, basado en la expropiación y empobre¬cimiento de las masas de productores, caen constantemente en contradicción con los métodos de producción que el capi¬tal se ve obligado a emplear para conseguir su objetivo y

 

 

 

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que tienden a un ilimitado ensanchamiento de la producción, al desarrollo incondicional de las fuerzas productivas sociales, métodos que se plantean la producción como fin que se basta a sí mismo... Por eso, si el modo de producción capitalista es un medio histórico para el desarrollo de la fuerza productora material, para crear el mercado mundial que corresponda a esa fuerza, al mismo tiempo es una constante contradicción entre esa su tarea histórica y las relaciones sociales de producción que le son propias” (III, 1, 232. Trad. rusa, pág. 194)38. “La última causa de todas las crisis reales es siempre la pobreza y la limitación del consumo de las masas, que se oponen a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si el límite de su desarrollo fuese sólo la capacidad de consumo absoluta de la sociedad”* (III, 2, 21. Trad. rusa, 395)40. En todas estas tesis se hace constar la indicada contradicción entre el ilimitado afán de ampliar la producción y el limitado consumo, y nada más**. No hay nada más absurdo que de¬ducir de estos párrafos de El Capital que Marx no admitía la posibilidad de realizar la plusvalía en la sociedad capita

 

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* Precisamente citó este párrafo el famoso (famoso a lo Eróstrato) Eduardo Bernstein en sus Premisas del socialismo (Die Vorausselzungen, etc, Stuttgart, 1899, S. 67)39. Se comprende, nuestro oportunista, que está volviendo del marxismo a la vieja economía burguesa, se apresuró a afirmar que eso constituía una contradicción en la teoría de las crisis de Marx, que ese punto de vista de Marx “no se diferencia mucho de la teoría de las crisis de Rodbertus”. En realidad, sólo hay “contradicción” entre las pretensiones de Bernstein, por una parte, y su absurdo eclecticismo y falta de deseo de penetrar en la teoría de Marx, por otra. Hasta qué grado no ha comprendido Bernstein la teoría de la realización se ve por su razonamiento, en verdad curioso, de que el enorme aumento de la masa del plusproducto debe significar necesariamente un aumento del número de acomodados (o una elevación del bienestar de los obreros), pues los capitalistas mismos, vean ustedes, y sus “servidores” (sic! Seite 51-52) lino pueden “consumir” todo el plusproducto!! (Nota a la segunda edición.)

** Es erróneo el criterio del Sr. Tugán-Baranovski, quien supone que Marx, al plantear esas tesis, cae en contradicción con su propio análisis de la realización (Mir Bozhi, 1898, núrn. 6, pág. 123, en el artículo El capi¬talismo y el mercado). No hay ninguna contradicción en Marx, pues también en el análisis de la realización se señalan los lazos existentes entre el consumo productivo y el personal.

 

 

 

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lista, que explicaba las crisis por el insuficiente consumo, etc. El análisis de la realización en Marx demuestra que, “en fin de cuentas, la circulación entre capital constante y capital constante está limitada por el consumo personal”41, pero ese mismo análisis demuestra el verdadero carácter de dicha “limitación”, demuestra que los artículos de consumo desem-peñan en la formación del mercado interior un papel menor que los medios de producción. Fuera de ello, no hay nada más absurdo que deducir de las contradicciones del capita¬lismo su imposibilidad, su índole no progresiva, etc.; eso significa ponerse a cubierto de la realidad desagradable, pero evidente, en las alturas celestiales de los sueños románticos. La contra-dicción entre la tendencia a un ensanchamiento ilimitado de la producción y el consumo limitado no es la única del capitalismo, que, en general, no puede existir y desarrollarse sin contradicciones. Las contradicciones del capitalismo atestiguan su carácter históricamente transitorio, ponen en claro las condiciones y causas de su descomposición y transformación en la forma superior, pero en modo alguno excluyen la po¬sibilidad del mismo ni su carácter progresivo en comparación con los sistemas precedentes de economía social*.

 

 

VII. LA TEORIA DE LA RENTA NACIONAL

 

Una vez expuestas las tesis fundamentales de la teoría de Marx sobre la realización, debemos detenernos aún brevemente en su enorme importancia dentro de la teoría del “consumo”, “distribución” y “renta” de la nación. Todas estas cuestiones, en especial la última, han sido hasta ahora la piedra de escándalo para los economistas. Cuanto más hablaban y escribían de ello, mayor era la confusión, derivada del error fundamental de A. Smith. Señalaremos aquí algunos ejemplos de esa confusión.

 

Es interesante indicar que Proudhon, por ejemplo, repitió, en el fondo, el mismo error, limitándose a formular la vieja teoría de manera un tanto distinta. Dijo:

 

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* Conf. Contribución a la caracterización del romanticismo económico. Sismondi y nuestros sismondistas patrios. (Véase O. C., t. 2, págs. 123-272.-Ed.)

 

 

 

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“A (entendiéndose aquí a todos los propietarios, patronos y capitalistas) inicia una empresa con 10.000 francos, paga anticipadamente con ellos a los obreros, que, en cambio, deben producir los productos; después de que, de esa manera, A ha transformado su dinero en mercancías, debe, al terminar la producción, al cabo de un año, por ejemplo, volver a con-vertir las mercancías en dinero. ¿A quién vende su mercancía? A los obreros, naturalmente, ya que en la sociedad sólo hay dos clases: los patronos, de una parte, y los obreros, de otra. Esos obreros, que por el producto de su trabajo han recibido 10.000 fr. en concepto de salario, lo cual satisface sus necesidades vitales indispensables, deben ahora, sin embargo, pagar más de 10.000 fr., precisamente el suplemento recibido por A en forma de interés y de otras ganancias con las cuales contaba al principio del año: el obrero sólo puede cubrir esos 10.000 fr. pidiendo a préstamo, y como resultado de ello contrae deudas cada vez mayores y cae en la miseria. Obligatoriamente debe ocurrir una de dos: o el obrero puede consumir 9 al tiempo que ha producido 10, o paga al patrono sólo con su salario, pero entonces el patrono mismo llega a la quiebra y a la ruina, ya que no obtiene intereses del capital, que él, pese a todo, está obligado a abonar” (Diehl. Proud¬hon, II, 200; citado según la recopilación Industria. Artículos del Handwörterbuch der Staatswissenschaften*. Moscú, 1896, pág. 101).

 

Como el lector puede advertir, se trata de la misma difi¬cultad -cómo realizar la plusvalía- a la que también dan vueltas los señores V. V. y N.–on. Proudhon se limita a expresarla en forma un tanto especial. Y esa particularidad de su fórmula acerca aún más a nuestros populistas al autor francés: también ellos, al igual que Proudhon, ven la “difi¬cultad” en realizar precisamente la plusvalía (intereses o ganan¬cias, según la terminología proudhoniana), sin comprender que la confusión, tomada de los viejos economistas, les impide explicar la realización, tanto de la plusvalía como del capital constante, es decir, que su “dificultad” se reduce a no

 

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* Diccionario de Ciencias Sociales.-Ed.

 

 

 

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comprender todo el proceso de realización del producto en la sociedad capitalista.

 

Acerca de esa “teoría” de Proudhon, observa Marx con sarcasmo:

 

“Proudhon manifiesta su incapacidad para comprender esto” (la realización del producto en la sociedad capitalista) “con la siguiente absurda fórmula: l'ouvrier ne peut pas racheter son progre produit (el obrero no puede rescatar su propio producto) porque en él entra el interés, unido a los costes de producción (prix-de-revient)” (Das Kapital, III, 2, 379. Trad. rusa, 698, con errores)42.

 

Y Marx aduce la observación que contra Proudhon dirige un economista vulgar, un tal Forcade, quien “de manera totalmente acertada generaliza la dificultad expuesta por Proudhon en forma tan estrecha”. Forcade precisamente afirmó que el precio de las mercancías contiene, además de la ganancia, el exceso sobre el salario, la parte que compensa el capital constante. Por tanto -concluía Forcade contra Proud¬hon-, tampoco el capitalista puede adquirir de nuevo las mer¬cancías con su ganancia (el propio Forcade, lejos de resolver el problema, no lo comprendió siquiera).

 

De la misma manera, tampoco Rodbertus aportó nada a la cuestión. Aunque Rodbertus acentuaba de manera particular la tesis de que la “renta de la tierra, la ganancia del capital y el salario constituyen los ingresos”*, no comprendió en absoluto el concepto de “ingreso”. Al exponer cuales serían las tareas de la economía política si ésta se atuviera a un “método justo” (1. c., S. 26) habla también de la distribución del producto nacional. Dice : “Esta” (es decir, la verdadera “ciencia de la economía nacional”-cursiva de Rodbertus) “debería mostrar de qué modo una parte de todo el producto nacional se destina siempre a compensar el capital invertido en la producción o desgastado en ella, y otra, en calidad de renta nacional, va a satisfacer las necesidades inme

 

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* Dr. Rodbertus-Jagetzow. Zur Beleuchlung der soziaten Frage. Berlin, 1875, S. 72 u. ff. (Contribución al examen de la cuestión social. Berlín, 1875, pág. 72 y sig. Ed.)

 

 

 

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diatas de la sociedad y de sus miembros” (ibíd., S. 27). Mas, aunque la verdadera ciencia debería mostrarlo, la “ciencia” de Rodbertus no ha hecho nada de eso. El lector ve que Rodbertus se ha limitado a repetir palabra por palabra a Adam Smith, incluso sin darse cuenta siquiera, al parecer, de que la cuestión no hace más que comenzar ahí. ¿Qué obreros “compensan” el capital nacional?, ¿cómo se realiza su producto? De eso no ha dicho ni palabra. Resumiendo su teoría (diese neue Theorie, die ich der bisherigen gegenüberstelle *, S. 32) en forma de tesis concretas, Rodbertus habla al prin¬cipio de la distribución del producto nacional del modo siguien¬te: “La renta” (sabido es que con este término suponía Rod¬bertus lo que se ha admitido en llamar plusvalía) “y el salario son, por consiguiente, las partes en que se descompo¬ne el producto en cuanto constituye ingreso” (S. 33). Esa por demás importante reserva debería haberle conducido al problema más esencial: acaba de decir que por ingreso se entienden los objetos que sirven para “satisfacer las necesida¬des inmediatas”. Por tanto, hay productos que no sirven para el consumo personal. ¿Cómo se realizan? Pero Rodbertus no advierte aquí ninguna falta de claridad y pronto olvida esa reserva, hablando abiertamente de la “división del producto en tres partes” (salario, ganancia y renta de la tierra) (S. 49-50 y otras). Rodbertus, pues, repite en el fondo la doctrina de Adam Smith con su error básico y no explica nada en absoluto de la cuestión de los ingresos. La promesa de una teoría nueva, completa y mejor de la distribución del producto nacional ** resultó una palabra huera. En realidad, Rodbertus no hizo avanzar ni un paso la teoría en lo que a este proble¬ma se refiere; hasta qué grado eran confusas sus concepciones sobre el “ingreso” lo demuestran las largas consideraciones

 

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* Esta nueva teoría que yo opongo a las hasta ahora existentes. -Ed.

** Ibíd., S. 32: “...bin ich genütigt, der vorstchenden Skizze einer besseren Methode auch noch eine vollstandigc, solcher besseren Methode entsprechende Theorie, wenigstens der Verteilung des Nacional-produkts, hinzuzufiigen” (Ibid., pág. 32: “...me veo obligado a añadir también al presente ensayo del método mejor una teoría completa por lo menos de la distribución del producto nacional, que corresponda a este método mejor”.-Ed.).

 

 

 

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del autor en su cuarta carta social a von Kirchmann (Das Kapital, Berlin, 1884) acerca de si hay que referir el dinero a la renta nacional, de si el salario se toma del capital o de la renta, consideraciones de las que Engels manifestó que “se referían al campo de la escolástica” (Vorwort* al II tomo de El Capital, S. XXI)**43.

 

Entre los economistas sigue reinando hasta ahora una absoluta confusión de ideas por lo que se refiere a la renta nacional. Herkner, por ejemplo, al hablar en su artículo sobre Las crisis en Handwörterbuch der Staatswissenschaften (reco¬pilación mencionada, pág. 81) de la reali-zación del producto en la sociedad capitalista (§ 5, “distribución”), encuentra “acertada” la consideración de K. H. Rau, quien, sin embar¬go, no hace más que repetir el error de A. Smith, dividiendo todo el producto de la sociedad en ingresos. En un artículo sobre el “ingreso” R. Meyer (ibíd., pág. 283 y sig.) aduce las confusas definiciones de A. Wagner (que también repite el error de A. Smith) y reconoce abiertamente que “es difícil diferenciar el ingreso del capital”, y que “lo más difícil es distinguir entre entrada (Ertrag) e ingreso (Einkommen)”.

 

Vemos, pues, cómo los economistas, que han hablado y hablan mucho de la falta de atención de los clásicos (y de Marx) hacia la “distribución” y el “consumo” no han podido poner en claro ni en un punto las cuestiones más fundamentales de una y otro. Eso se comprende, ya que no es posible siquiera razonar sobre el “consumo” sin haber comprendido el proceso de reproducción de todo el capital social y de la reposición de cada una de las partes integrantes del producto social. Este ejemplo ha confirmado una vez más lo absurdo de diferenciar la “distribución” y el “consumo” como secciones autónomas de la ciencia, correspondientes a unos procesos y fenómenos de la vida económica autónomos. La economía política no se ocupa en modo alguno de la

 

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* Prólogo. -Ed.

** Por eso no tiene razón en absoluto K. Diehl cuando dice que Rodbertus dio una “nueva teoría de la distribución de la renta nacional”. (Handwörterbuch der Staatswissenschaften. Art. Rodbertus. B. V, S. 948.-Ed.)

 

 

 

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“producción”, sino de las relaciones sociales de los hombres en la producción, del régimen social de la producción. Una vez aclaradas y analizadas hasta el fin estas relaciones sociales, queda determinado con ello mismo también el lugar de cada clase en la producción y, por consiguiente, la parte del consumo nacional que recibe. Y la solución de ese problema  -ante el cual se detuvo la economía política clásica y que no han hecho avanzar ni un ápice toda clase de especialistas en “distribución” y “consumo”- está dada por la teoría que confina de manera inmediata precisamente con los clásicos y que lleva hasta el fin el análisis de la producción del capital, individual y social.

 

La cuestión de la “renta nacional” y del “consumo na¬cional”, que es absolutamente insoluble cuando se la plantea por separado y que no ha engendrado más que consideraciones, definiciones y clasificaciones escolásticas, queda por completo resuelta cuando se analiza el proceso de producción de todo el capital social. Más aún: esta cuestión deja de tener existencia propia cuando se ha puesto en claro la rela¬ción entre el consumo nacional, el producto nacional y la realización de cada parte de este producto por separado. Resta sólo dar nombre a esas partes.

 

“Para no embrollar la cuestión, provocando dificultades inútiles, es preciso distinguir la entrada bruta (Rohertrag) y la neta del ingreso bruto y del ingreso neto.

 

“La entrada bruta o producto bruto es todo el producto reproducido...

 

“El ingreso bruto es la parte del valor (y la parte del producto en bruto, Bruttoprodukts oder Rohprodukts, por él medida), que queda después de descontar la parte del valor en toda la producción (y la parte de producto por 61 medida) que repone el capital constante invertido en la producción y consumido en ella. El ingreso bruto, por consiguiente, es igual al salario (o a la parte del producto destinada a transformarse de nuevo en ingreso del obrero) + ganancia + + renta de la tierra. El ingreso neto, por el contrario, es la plusvalía; es, por consiguiente, el plusproducto que queda después de descontar el salario, y que constituye la plusvalía

 

 

 

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realizada por el capital (y el plusproducto por ella medido), a repartir con el terrateniente.

 

“...De examinar el ingreso de toda la sociedad, la renta nacional está formada por el salario, más la ganancia, más la renta de la tierra, es decir, por el ingreso bruto. Por lo demás, esto es también una abstracción, puesto que bajo la producción capitalista toda la sociedad se coloca en el punto de vista capitalista y sólo considera renta neta la que se descompone en ganancia y renta de la tierra” (III, 2, 375-376. Trad. rusa, págs. 695-696)44.

 

Así pues, la explicación del proceso de realización ha aclarado también el problema de la renta, resolviendo la dificultad principal que impedía hacer luz en él: ¿de qué manera el “ingreso para uno se transforma en capital para otro”?45, ¿de qué manera el producto, formado por objetos de consumo personal, y que se descompone por completo en salario, ganancia y renta de la tierra, puede encerrar aún la parte constante del capital, que nunca puede ser ingreso? El análisis de la realización hecho en la III sección del segundo tomo de El Capital resolvió por completo esas cuestiones, y Marx tuvo sólo que dar nombre en la última sección del tercer tomo -consagrada al problema del “ingreso”- a cada una de las partes del producto social y referirse al análisis hecho en el segundo tomo*.

 

 

VIII. ¿POR QUÉ NECESITA MERCADO EXTERIOR UNA NACIÓN CAPITALISTA?

 

Con respecto a la teoría de la realización del producto en la sociedad capitalista antes expuesta puede surgir una pregun¬ta: ¿no se contradice esta teoría con la tesis de que una nación capitalista no puede prescindir de mercados exterio¬res?

 

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* Véase Das Kapital, III, 2, VII. Abschnitt: Die Revenuen, Kap. 49: Zur Analyse des Pro-duktionsprozesses (El Capital, t. III, parte 2, sección VII: Los ingresos, cap. 49: Análisis del proceso de producción.-Ed.). (Trad. rusa, págs. 688-706.) Marx indica aquí también las circunstancias que impedían comprender este proceso a los anteriores economistas (págs. 379-382. Trad. rusa, págs. 698-700)46.

 

 

 

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Es preciso recordar que el análisis aducido de la reali¬zación del producto en la sociedad capitalista partía del supuesto de la ausencia del comercio exterior: más arriba fue ya señalado ese supuesto y demostrada su necesidad en ese análisis. Evidentemente, la importación y exportación de productos no hubiera hecho más que confundir la cosa, sin ayudar lo más mínimo a explicar el asunto. El error de los señores V. V. y N. –on estriba precisamente en que aducen el mercado exterior para explicar la realización de la plusvalía: sin aclarar nada en absoluto, esa referencia al mercado exterior no hace más que encubrir sus errores teóricos; eso por una parte. Por otra, les permite librarse, con auxilio de esas equivocadas “teorías”, de la necesidad de explicar el hecho del desarrollo del mercado interior para el capita¬lismo ruso*. El “mercado exterior” es simplemente para ellos una excusa mediante la cual encubren el desarrollo del capi¬talismo (y, por tanto, del mercado también) dentro del país, una excusa tanto más cómoda porque les libra también de la necesidad de examinar los hechos acreditativos de la con¬quista de mercados exteriores por el capitalismo ruso**.

 

La necesidad del mercado exterior para un país capitalis¬ta se determina no en modo alguno por las leyes de la realiza¬ción del producto social (y de la plusvalía en particular), sino, en primer lugar, por la circunstancia de que el capita¬lismo aparece sólo como resultado de una circulación de mercancías ampliamente desarrollada, que rebasa los límites del Estado. Por eso no es posible imaginarse una nación capitalista sin comercio exterior, además de que no existe tal nación.

 

Como el lector ve, esta causa es de índole histórica.

 

 

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* El Sr. Bulgákov observa muy acertadamente en el libro antes citado: “Hasta ahora, el crecimiento de la producción de tejido de algodón destinado al mercado campesino se efectúa sin interrupciones; por tanto, esa reducción absoluta del consumo popular...” (de que habla el Sr. N. on) “...es concebible sólo teóricamente” (págs. 214-215).

** Volguin. Fundamentación del populismo en las obras del Sr. Vorontsov, San Petersburgo, 1896, págs. 71-76.

 

 

 

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Y los populistas no podrían deshacerse de ella con un par de vetustas frases acerca de la “imposibilidad en que los capi¬talistas se encuentran de consumir la plusvalía”. Habría que examinar aquí -si de veras quisieran plantear la cuestión del mercado exterior- la historia del desarrollo del comercio exterior, la historia del desarrollo de la circulación de mercancías. De examinarla, no hubiera sido posible, naturalmente, presentar el capitalismo como una casual desviación del camino.

 

En segundo lugar, la correspondencia entre las diferentes partes de la producción social (por lo que se refiere al valor y a la forma natural) -que la teoría de la reproduc¬ción del capital social presuponía necesariamente y que de hecho se establece sólo como magnitud media de una serie de oscilaciones constantes- es alterada sin cesar en la sociedad capitalista como resultado del aislamiento de los distintos productores, que trabajan para un mercado desco-nocido. Las diferentes ramas de la industria que hacen de “mercado” unas para otras no se desarrollan de manera uniforme, sino que se sobrepasan unas a otras, y la industria más adelan¬tada busca el mercado exterior. Eso no significa en modo alguno la “imposibilidad para una nación capitalista de reali¬zar la plusvalía”, como el populista está dispuesto a concluir con aire grave. Eso no indica más que la falta de propor¬cionalidad en el desarrollo de las diversas ramas industriales. Con otra distribución del capital nacional esa misma cantidad de productos podría ser realizada dentro del país. Mas para que el capital abandone una rama industrial y pase a otra es precisa la crisis en esa rama; y ¿qué causas pueden retener a los capitalistas, amenazados por dicha crisis, de buscar el mercado exterior, de buscar subvenciones y primas para facilitar la exportación, etc.?

 

En tercer lugar. Es ley de los modos precapitalistas de producción el repetir el proceso de producción en la escala anterior, sobre la base técnica anterior: así es la economía de los terratenientes basada en la prestación personal, la economía natural de los campesinos, la producción artesana de los industriales. Por el contrario, ley de la producción

 

 

 

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capitalista es la constante transformación de los modos de producción y el ilimitado creci-miento del volumen de la producción. Las unidades económicas podían existir durante siglos con los viejos modos de producción, sin cambiar de carácter ni de magnitud, sin salirse de los límites del dominio patrimonial del terrateniente, de la aldea campesina o del pequeño mercado comarcano para los artesanos y pequeños industriales rurales (los llamados kustares). Por el contrario, la empresa capitalista rebasa inevitablemente los límites de la comunidad, del mercado local, de la región y, después, del Estado. Y como el aislamiento y el carácter cerrado de los Estados se hallan ya destruidos por la circulación de mercancías, la tendencia natural de cada rama de la industria capitalista la lleva a la necesidad de “buscar mercado exte¬rior”.

 

Así pues, la necesidad de buscar mercado exterior no demuestra en modo alguno la incon-sistencia del capitalismo, según gustan presentar la cuestión los economistas populistas. Todo lo contrario. Esa necesidad muestra palpablemente la labor histórica progresiva del capita-lismo, que destruye el viejo aislamiento y el carácter cerrado de los sistemas económicos (y, por consiguiente, la estrechez de la vida espiritual y polí¬tica), que liga todos los países del mundo en un todo econó¬mico único.

 

Vemos de ahí que las dos últimas causas de la necesidad del mercado exterior son también de carácter histórico. Para analizarlas es preciso examinar cada una de las ramas industriales por separado, su desarrollo dentro del país, su transformación en capitalista: en una palabra, hay que tomar los hechos relativos al desarrollo del capitalismo en el país; y no tiene nada de extraño que los populistas aprovechen la ocasión para esquivar esos hechos escudándose con fra¬ses que no valen nada (y que nada dicen) acerca de la “imposibilidad”, tanto del mercado interior como del exte¬rior.

 

 

 

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IX. CONCLUSIONES DEL PRIMER CAPITULO

 

Resumiremos ahora las tesis teóricas antes examinadas y que se relacionan de modo inmediato con la cuestión del mercado interior.

 

1) El proceso fundamental de la creación del mercado interior (es decir, del desarrollo de la producción de mercancías y del capitalismo) es la división social del trabajo. Estriba en que de la agricultura se separan una tras otra diferentes clases de transformación de las materias primas (y diferentes operaciones de esa transformación) y se forman ramas de la industria con existencia propia, que cambian sus productos (ahora mercancías ya) por productos de la agricultura. De esa manera, la agricultura misma se transforma en industria (es decir, en producción de mercancías) y en ella se opera idéntico proceso de especialización.

 

2) Consecuencia inmediata de la tesis anterior es la ley de toda economía mercantil en desarrollo y, tanto más, de la capitalista, de que la población industrial (es decir, no agrícola) crece con más rapidez que la agrícola, Lleva más y más población de la agricultura a la industria transforma¬tiva.

 

3) El que el productor directo se separe de los medios de producción, es decir, su expropia-ción, que marca el paso de la producción mercantil simple a la capitalista (y que es condición necesaria de ese paso), crea mercado interior. El proceso de esta creación del mercado interior procede de dos lados: por una parte, los medios de producción, de los cuales “se libera” el pequeño productor, se convierten en capital en manos de su nuevo propietario, sirven para la producción de mercancías y, por consiguiente, se convierten ellos mismos en mercancía. De este modo, incluso la reproducción simple de esos medios de producción requiere ya ahora su compra (antes, la mayoría de ellos se reproducía en forma natural y en parte se fabricaba en casa), es decir, abre el mercado a los medios de producción, y después el producto fabricado ahora con ayuda de esos medios de producción se transforma también en mer¬cancía. Por otra parte, los medios de subsistencia para ese

 

 

 

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pequeño productor se transforman en elementos materiales del capital variable, es decir, de la suma invertida por el patrono (terrateniente, contratista, comerciante en madera, fabricante, etc., es igual) para contratar a los obreros. Esos medios de subsistencia, pues, también se transforman ahora en mer¬cancía, es decir, crean mercado interior para los artículos de consumo.

 

4) La realización del producto en la sociedad capitalista (y, por consiguiente, también la realización de la plusvalía) no puede explicarse sin antes poner en claro: 1) que el producto social, lo mismo que individual, se descompone, atendido su valor, en tres partes, y no en dos (en capital constante + capital variable + plusvalía, y no sólo en capital variable + plusvalía, como enseñaban Adam Smith y toda la economía política subsiguiente, hasta Marx) y 2) que por su forma natural debe ser dividido en dos grandes sectores: medios de producción (consumidos de manera productiva) y artículos de consumo (consumidos personalmente). Después de establecer estas tesis teóricas fundamentales, Marx explicó de modo completo el proceso de realización del producto en general y de la plusvalía en particular dentro de la produc¬ción capitalista, y puso de relieve que era completamente desacertado mezclar el mercado exterior con cl problema de la realización.

 

5) La teoría de la realización de Marx hizo también luz en el problema del consumo nacional y de la renta na¬cional.

 

De lo antes expuesto se desprende lógicamente que la cuestión del mercado interior no existe en modo alguno como problema separado e independiente, no supeditado al grado de desa-rrollo del capitalismo. Por eso, la teoría de Marx jamás plantea en sitio alguno esa cuestión por separado. El mercado interior aparece cuando aparece la economía mercantil; se crea por el desarrollo de esta economía mer¬cantil, y el grado de fraccionamiento en la división social del trabajo determina la altura de su desarrollo; se extiende cuando la economía mercantil pasa de los productos a la fuerza de trabajo, y sólo a medida que esta última se con-

 

 

 

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vierte en mercancía abarca el capitalismo toda la produc¬ción del país, desarrollándose principalmente a cuenta de los medios de producción, los cuales van ocupando en la sociedad capitalista un puesto más y más considerable. El “mercado interior” para el capitalismo lo crea el propio capitalismo en desarrollo, que profundiza la división social del trabajo y descompone a los productores directos en capitalistas y obreros. El grado de desarrollo del mercado interior es el grado de desarrollo del capitalismo en el país. Es desacertado plantear la cuestión de los límites del mercado interior separadamente del grado de desarrollo del capitalismo (como hacen los eco¬nomistas populistas).

 

Por ello, también el problema de cómo se forma el mercado interior para el capitalismo ruso se reduce a lo siguiente: ¿de qué manera, y en qué dirección se desarrollan las distintas ramas de la economía nacional rusa?, ¿en qué estriba la relación e interdependencia de esas distintas ramas?

 

Los capítulos posteriores serán consagrados al examen de los datos que encierran la respuesta a esos interrogantes.

 

 

_________

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO II

 

DIFERENCIACION DEL CAMPESINADO

 

Hemos visto que la base de la formación del mercado interior en la producción capitalista es el proceso de disgre­gación de los pequeños agricultores en patronos y obreros agrícolas. Casi todas las obras consagradas a la situación económica de los campesinos rusos en la época posterior a la Reforma señalan la llamada “diferenciación de los campesi­nos. Por consi-guiente, nuestra tarea estriba en estudiar los rasgos fundamentales de ese fenómeno y en determinar su importancia. En la exposición que sigue utilizamos los datos de los censos estadísticos, por haciendas, de los zemstvos.

 

 

1. DATOS FSTADISTICOS DE LOS ZEMSTVOS DE NOVORROSSIA48

 

En su obra La hacienda campesina en el sur de Rusia (Moscú, 1891)49, el Sr. V. Póstnikov ha reunido y estudiado los datos estadísticos de los zemstvos correspondientes a la provincia de Táurida y, en parte, a las de Jersón y Eka­terinoslav. Entre los trabajos relativos a la dife-renciación de los campesinos, esta obra debe ser puesta en primer lugar, y consideramos necesario resumir, según el sistema adoptado por nosotros, los datos que el Sr. Póstnikov ha reunido, completándolos a veces con otros procedentes de las recopila­ciones de los zemstvos. Los funcionarios de estadística de los zemstvos de Táurida adoptaron la clasificación de haciendas campesinas por la dimensión de la siembra, procedimiento muy acertado que permite juzgar con exactitud sobre la eco­nomía de cada grupo por predominar en la región el sistema cerealista extensivo de agricultura. He aquí los datos genera‑

 

 

 

 

 

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les relativos a los grupos económicos de los campesinos de Táurida*. (Ver el cuadro en la pág. 63. -Ed.)

 

La desigualdad en la distribución de las siembras es muy considerable: 2/5 del total de las haciendas (con cerca de 3/10 de la población, pues el número de miembros de la familia es aquí inferior al medio) tienen en sus manos cerca de 1/8 de todas las siembras, perteneciendo al grupo pobre, que siembra poco y no puede cubrir sus necesidades con el ingreso de su agricultura. Después, los campesinos medios abarcan tambié* alrededor de 2/5 de todas las haciendas y cubren sus gastos medios con los ingresos de la tierra (el Sr. Póstnikov estima que para cubrir los gastos medios de una familia se necesitan de 16 a 18 deciatinas de siembra). Por último, los campesinos acomodados (alrededor de 1/5 de las haciendas y de 3/10 de la población) concentran en sus manos más de la mitad de todas las siembras; el área de éstas por una hacienda demuestra con claridad el carácter comercial”, mercantil de la agricultura de este grupo. Para determinar con exactitud el área de esa agricultura comercial en los diferentes grupos, el Sr. Póstnikov emplea el siguiente procedimiento. De toda la superficie de siembra separa: la alimentaria (que da producto para el manteni­miento de la familia y de los braceros), la forrajera (para el garlado) y la de mantenimiento (para simiente, área ocupada por la casa y las dependencias, etc.), y determina de ese modo la magnitud de la superficie mercantil o comer­cial, cuyo producto es destinado a la venta. Resulta que en el grupo de 5 a 10 deciatinas de siembra sólo un 11,8% de la superficie de siembra da producto para el mercado, mientras que a medida que la siembra aumenta (por grupos) ese tanto por ciento se eleva de la manera siguiente: 36,5%-52%-61%. Por tanto, los campesinos acomo-dados (los dos grupos superiores) practican ya una agricultura comercial y obtienen al año de 574 a 1.500 rublos de ingreso global.

 

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* Los datos que van a continuación se refieren en su mayor parte a tres distritos continentales del norte de la provincia de Táurida: Berdiansk. Melitópol y del Dniéper, o sólo a este último.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Esa agricultura comercial se transforma ya en capitalista, puesto que el área de las siembras entre los campesinos acomodados supera la norma de trabajo por familia (es decir, la can­tidad de tierra que puede cultivar una familia con su propio trabajo), obligándoles a emplear obreros asalariados: en los tres distritos septentrionales de la provincia de Táurida, los campesinos acomodados contratan, según calcula el autor, más de 14.000 obreros agrícolas. Por el contrario, los campesinos pobres “proporcionan obreros” (más de 5.000), es decir, recurren a la venta de su fuerza de trabajo, puesto que los ingresos de la agricultura no dan en el grupo de 5 a 10 deciatinas de siembra, por ejemplo, más que unos 30 rublos por hacienda*. Observamos, por tanto, aquí, ese proceso de formación del mercado interior de que precisamente habla la teoría de la producción capitalista: el “mercado interior crece, por una parte, como consecuencia de la transforma­ción en mercancía del producto de la agricultura comercial, capitalista; por otra parte, como consecuencia de la transfor­mación en mercancía de la fuerza de trabajo vendida por los campesinos pobres.

 

Para ver más de cerca ese fenómeno examinaremos la situación de cada grupo campesino por separado. Comenza­remos por el superior. He aquí los datos correspondientes a su posesión y usufructo de la tierra: (ver el cuadro en la pág. 65. -Ed.)

 

Vemos, por consiguiente, que los campesinos acomodados, pese a encontrarse en mejor situación por las dimen­siones de sus nadieles, concentran en sus manos gran cantidad de tierras compradas y arrendadas, se transforman en peque­ños propietarios de tierra y farmers**. En el arriendo de 17

 

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* El Sr. Póstnikov observa con razón que, en realidad, la diferencia de los grupos por la magnitud del ingreso de la tierra es mucho más considerable, pues en los cálculos se ha admitido: 1) igual rendimiento del terreno y 2) igual precio para el trigo vendido. En realidad, los campesinos acomodados tienen mejores cosechas y venden más ventajosamente el trigo.

** Observaremos que la cantidad relativamente considerable de tierra comprada en el grupo que no siembra se debe a que en este grupo entran los tenderos, los propietarios de establecimientos industriales, etc. La inclusión

 

 

 

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a  44 deciatinas se invierten anualmente, de acuerdo con los precios locales, alrededor de 70 a 160 rublos. Evidentemente, nos encontramos ya con una operación comercial: la tierra se transforma en mercancía, en máquina para obtener dinero”.

 

Tomemos ahora los datos relativos al ganado y a los aperos: (ver el cuadro en la pág. 66.-Ed.)

 

Los campesinos acomodados tienen mucho más ganado y aperos que los pobres e incluso que los medios. Basta lanzar una ojeada al cuadro anterior para comprender lo totalmen­te ficticio de las cifras “medias con las que tanto gustan operar en nuestro país al hablar del “campesi-nado”. La burguesía campesina une a la agricultura comercial la ganade­ría comercial: la cría de ovejas de lana ordinaria. Por lo que se refiere a los aperos, citaremos aún datos relativos a la maquinaria perfeccionada, extraídos de las recopilaciones estadísticas de los zemstvos*. Del total de segadoras de cereales y heno (3.061), 2.841, es decir, el 92,8%, se encuentra en manos de la burguesía campesina (1/5 de todas las haciendas).

 

 

Distrito del Dniper de la provincia de Táurida

 

Grupos de haciendas              Deciatinas de tierra labrada por 1 hacienda

(en deciatinas)                                              De nadiel50       comprada        Arrendada       Total

 

I. Que no siembran                                6,4                   0,9                    0,1                7,4

II. Que siembran hasta 5                        5,5                   0,04                  0,6                6,1

III. Que siembran de 5 a 10                    8,7                   0,05                  1,6              10,3

IV Que siembran de 10 a 25                 12,5                   0,6                    5,8              18,9

V. Que siembran de 25 a 50                 16,6                   2,3                  17,4              36,3

VI. Que siembran más de 50                17,4                 30,0                  44,0              91,4

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Por término medio                               11,2                   1,7                    7,0              19,9

 

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de semejantes “campesinos” entre los agricultores constituye un defecto ordinario de los datos estadísticos de los zemstvos. De ese defecto hablaremos aún más abajo.

* Recopilación de datos estadísticos del distrito de Melitópol. Simferópol, 1885. (Tomo I. Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Táurida)51. -Recopilación de datos estadísticos del distrito del Dniéper, tomo II, Simferópol, 1886.

 

 

 

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Es del todo lógico que el campesino acomodado aplique una técnica agrícola considera-blemente superior al término medio (mayor dimensión de la hacienda, más abundancia de aperos, dinero disponible, etc.); ello se traduce en que los campesinos acomodados “efectúan la siembra con mayor rapidez, aprove­chan mejor el tiempo favorable, la semilla cae en una tierra más húmeda; efectúan a tiempo la recolección de los cereales; trillan el trigo a la vez que lo transportan a la granja, etc. También, como es lógico, la magnitud de los gastos de producción de los productos agrícolas disminuye (por unidad de producto) a medida que aumentan las dimensiones de la hacien­da. El Sr. Póstnikov lo demuestra de modo por demás detallado, valiéndose del siguiente cálculo: determina el nú­mero de trabajadores (incluyendo los asalariados), de cabezas de ganado de labor, de aperos, etc., empleados por cada 100 deciatinas de cultivo en los distintos grupos campesinos. Resulta que el número disminuye a medida que aumentan las

 

 

En tres distritos de la                         En el distrito del

Prov. de Táurida                                           Dnieper

 

                                             Cabezas de ganado                              Aperos por ha-

                                             Por 1 hacienda                                     1 hacienda*

 

% de ha-

ciendas

sin gana-                        De

Grupos de haciendas  De       Otro     Total                do de               De            labran-

(en deciatinas)                       Labor                                      labor                acarreo   za

 

I. Que no siembran     0,3       0,8       1,1                   80,5                 --             --                

II. Que siembran

hasta 5                                  1,0       1,4       2,4                   48,3                 --             --                 

III. Que siembran de 

 5 a 10                                   1,9       2,3       4,2                   12,5                 0,8           0,5

IV Que siembran de

10 a 25                                  3,2       4,1       7,3                   1,4                   1,0           1,0  

V. Que siembran de

25 a 50                                  5,8       8,1       13,9                 0,1                   1,7           1,5  

VI. Que siembran

más de 50                10,5     19,5        30,0                 0,03                 2,7           2,4  

 

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Por término medio     3,1       4,5       7,6                 15,0                              

 

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* Medios de acarreo: carros, telegas, furgones, etc. Aperos de labranza: alados, buckers, etc.

 

 

 

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dimensiones de la explotación. Entre los que siembran menos de 5 deciatinas, por ejemplo, a cada 100 deciatinas de tierra de nadiel corresponden 28 trabajadores, 28 cabezas de ganado de labor, 4,7 arados y buckers y 10 carruajes, entre los que siembran más de 50 deciatinas a cada 100 deciatinas corresponden 7 trabajadores, 14 cabezas de ganado de labor, 3,8 arados y buckers y 4,3 carruajes. (Pasamos por alto los datos más completos para todos los grupos, remitiendo a quien se interese al libro del Sr. Póstnikov.) La conclusión general del autor dice: “Con el aumento de las dimensiones de la ha­cienda y de las tierras labradas de los campesinos, disminuye de manera progresiva el gasto de sostenimiento de la fuerza de trabajo, de los hombres y del ganado, el gasto más importante en la agricultura; en los grupos que siembran mucho, este gasto es por deciatina de siembra casi la mitad que en los grupos con poca tierra de labor” (pág. 117 de la obra citada). El Sr. Póstnikov concede con toda justicia a esta ley de la mayor productividad y, por consiguiente, de la mayor estabilidad de las grandes haciendas campesinas, una gran importancia, demostrándola con datos muy detallados no sólo de Novorrossia, sino también de las provincias centrales rusas*. Cuanto más adelanta la penetración de la produc‑

 

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* “La estadística de los zemstvos demuestra con indiscutible claridad que cuanto mayor es la hacienda campesina menos aperos, trabajadores y ganado de labor se necesitan para una superficie dada de tierra labrada” (pág. 162 de la obra citada).

 

Es interesante señalar cómo se ha reflejado esta ley en los razona­mientos del Sr. V. V. En el artículo antes citado (Véstnik Erropl, núm. 7, 1884) hace la siguiente comparación: en la zona central de tierras negras corresponden a un caballo campesino 5-7-8 deciatinas de tierra labrada, cuando “según las reglas de la rotación de cultivos de tres campos” se suponen de 7 a 10 deciatinas (Calendario de Batalin). “Por consiguiente, es preciso considerar la disminución de caballos en manos de una parte de la población de esta región de Rusia hasta cierto grado como un restableci­miento de la proporción normal entre la cantidad de ganado de labor y la superficie de tierra que debe ser trabajada” (pág. 346 en el artículo citado). Así pues, la ruina de los campesinos lleva al progreso de la agricultura. Si el Sr. V. V. prestase atención no sólo al aspecto agronómico, sino también al aspecto económico-social de este proceso, podría ver que ello constituye un progreso de la agricultura capitalista, ya que “el restable‑

 

 

 

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ción mercantil en la agricultura, cuanto más reñida, por tanto, se hace la competencia entre los agricultores, la lucha por la tierra, la lucha por la independencia económi­ca, con tanta más fuerza debe manifestarse esta ley, que lleva al desplazamiento de los campesinos medios y pobres por la burguesía campesina. Sólo es preciso observar que el progreso de la técnica se refleja distintamente en la agri­cultura, según el sistema agrícola, según el sistema de cultivo. Si con un sistema cerealista y una agricultura extensiva ese proceso puede expresarse en una simple ampliación de las siembras y en la reducción del número de obreros, de la cantidad de ganado, etc., por unidad sembra­da, en la ganadería o en el sistema de cultivos industriales, con el paso a la agricultura intensiva, ese mismo progreso puede manifestarse, por ejemplo, en la siembra de tubércu­los, que requieren mayor número de obreros por unidad de siembra, o en la adquisición de ganado lechero, en la siembra de pastos, etc., etc.

 

A la caracterización del grupo superior de los campesinos hay que añadir aún el considerable empleo de trabajo asalariado. He aquí los datos de tres distritos de la provin­cia de Táurida:

 

 

Grupos de haciendas                          % de haciendas            Proporción de la         

 (en deciatinas)                                  con braceros                            siembra (en %)                                                                                                         para cada grupo

 

I. Que no siembran                                        3,8                                          -         

II. Que siembran hasta 5                                2,5                                            2                   

III. Que siembran de 5 a 10                            2,6                                          10       

IV Que siembran de 10 a 25                           8,7                                          38       

V. Que siembran de 25 a 50                         34,7                                           34   }   

VI. Que siembran más de 50                        64,1                                           16   }    50

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Total                                                           12,9                                         100

 

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cimiento de la proporción normal” entre el ganado de labor y las tierras labradas sólo está al alcance de los terratenientes, que adquieren sus aperos propios, o de los campesinos que siembran mucho, es decir, de la burguesía campesina.

 

 

 

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En el artículo indicado el Sr. V. V. razonaba sobre el particular de la manera siguiente: tomó el porcentaje de ha­ciendas con braceros respecto a todas las haciendas campesi­nas y sacó la conclusión : “El número de campesinos que recurren al trabajo asalariado para trabajar la tierra es, comparado con la masa general del pueblo, absolutamente insignificante : 2, 3, máximo 5 dueños de 100: ahí están todos los representantes del capitalismo campesino... esto (las haciendas campesinas basadas en el trabajo de braceros) no constituye un sistema sólidamente arraigado en las condi­ciones de la vida económica contemporánea, sino una casualidad, que también existía hace cien y doscientos años” (Véstnik Evropi, núm. 7, 1884, pág. 332). ¿Qué sentido tiene comparar el número de haciendas con braceros con el de todas las haciendas campesinas cuando en este último entran también las haciendas de los braceros? Con un procedimiento semejante podríamos librarnos también del capitalismo, en la industria rusa: bastaría tomar el tanto por ciento de las familias industriales que emplean obreros asalariados (es decir, las familias de los fabricantes y fabricantillos) con respecto al número total de familias industriales de Rusia; se obtendría una relación “completamente insignificante” con respecto a la “masa del pueblo”. Es muchísimo más justo comparar el número de haciendas que emplean braceros sólo con el de las haciendas que en realidad son independientes, es decir, que viven de la agricultura sola y que no recurren a la venta de su fuerza de trabajo. Además, al Sr. V. V. se le escapó una peque­ñez, que las haciendas campesinas con braceros se encuentran entre las mayores: el tanto por ciento insignificante” en “general y por término medio” de haciendas con braceros resulta muy imponente (del 34 al 64%) entre los campesinos acomodados, que tienen en sus manos más de la mitad de toda la producción y que producen gran cantidad de grano para la venta. ¡Puede, por ello, juzgarse cuán absurda es la opinión de que las haciendas con braceros constituyen una “casualidad” que ha existido también hace cien y doscien­tos años! En tercer lugar, sólo pasando por alto las parti­cularidades reales de la agricultura se pueden tomar los

 

 

 

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braceros solos, es decir, los obreros permanentes, para enjuiciar el “capitalismo campesino”, omitiendo a los jornaleros. Sabido es que el empleo de jornaleros tiene una importancia muy grande en la agricultura*.

 

Pasamos al grupo inferior, compuesto por aquellos que no siembran o que siembran poco, y que “no ofrecen gran diferencia en su situación económica... unos y otros o trabajan como braceros para sus vecinos de aldea o bien trabajan fuera, en la mayoría de los casos en faenas agrícolas” (pág. 134 de la obra cita), es decir, que entran en las filas del proletariado del campo. Observaremos que, por ejemplo, el grupo inferior del distrito del Dniéper reúne el 40% de las haciendas, y que los que carecen de aperos de labranza llegan al 39%. Junto a la venta de su fuerza de trabajo, el proletariado rural obtiene ingresos de la entrega en arriendo de sus tierras de nadiel.

 

Distrito del Dnieper

 

                                                                                Tanto por ciento de

 

Grupos de haciendas                          Labradores que dan                  tierra de nadiel

(en deciatinas)                                              en arriendo la tierra                  dada en

de nadiel                               arriendo

 

I. Que no siembran                                        80                                       97,1

II. Que siembran hasta 5                                30                                       38,4

III. Que siembran de 5 a 10                            23                                       17,2         

IV Que siembran de 10 a 25                           16                                         8,1         

V. Que siembran de 25 a 50                           7                                           2,9         

VI. Que siembran más de 50                          7                                         13,8

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Para el distrito                                                           25,7                                    14,9

 

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* Inglaterra es el país clásico del capitalismo agrícola. Y en este país, el 40,8% de los farmers no tiene obreros asalariados; el 68,1% tiene dos o menos; el 82% no tiene más de 4 (Yanson. La estadística comparada, tomo II, págs. 22-23. Citado según Kablukov: Los obreros en la agricultura, pág. 16). Bueno sería, sin embargo, el economista que olvidase el gran número de proletarios rurales que trabajan de jornaleros, tanto sin residencia fija como sedentarios, es decir, que encuentran `jornal” en sus pueblos.

 

 

 

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En total, en tres distritos de la provincia de Táurida se entregó en arriendo (de 1884 a 1886) el 25% de toda la tierra labrada campesina, teniendo en cuenta que en esa cifra no entró todavía la tierra que no tomaron en arriendo campesinos, sino hombres de diversa condición social. Dentro de esos tres distritos da en arriendo la tierra cerca de '/ de la población; los nadieles del proletariado rural los toma en arriendo especialmente la burguesía campesina. He aquí los datos relativos al particular:

 

 

                                                         deciatinas de                           

En tres distritos de la                         tierra de nadiel

Provincia de Táurida                         tomadas en arri-

                                                         do a los vecinos                       en %

 

por quienes siembran hasta                       16.594                               6

10 dec por hacienda

 

por quienes siembran de

10 a 25 de. Por hacienda                          89.526                               35

 

por quienes siembran 25 y

más dec. Por hacienda                150.596                               59

---------------------------------------------------------------------------------------------

Total                                                     256.716                              100

 

 

“La tierra de nadiel es en la actualidad objeto de una vasta especulación en la vida del campesino ruso del sur. Con la hipoteca de la tierra se obtienen préstamos bajo entrega de letras de cambio..., la tierra se arrienda por un año, por dos y por plazos más largos, por ocho, nueve y once años (pág. 139 de la obra cit.). Así pues, la bur­guesía campesina es también representante del capital comer­cial y usurario*. Vemos aquí una patente refutación del prejuicio populista de que el “kulak” y el “usurero” no tienen nada que ver con el “mujik hacendado. Por el contrario, en manos de la burguesía campesina se reúnen los hilos del capital comercial (préstamo de dinero con hipo‑

 

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* Que al mismo tiempo se aprovecha de las “muy numerosas” mutualidades, cajas de prés-tamo y de ahorro rurales, las cuales proporcionan “considerable ayuda” a los “campesinos pudientes”. “Los campesinos no pudientes no encuentran fiadores y no gozan de los préstamos” (pág. 368. obra cit.).

 

 

 

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teca de la tierra, acopio de diferentes productos, etc.) y del capital industrial (agricultura comercial mediante el empleo de obreros asalariados, etc.). De las circunstancias del medio, del mayor o menor desalojamiento del asiatismo y la difu­sión de la cultura en nuestra aldea depende cuál de estas formas del capital se desarrollará a cuenta de la otra.

 

Examinemos, por último, la situación del grupo medio (siembras de 10 a 25 deciatinas por hacienda, con un tér­mino medio de 16,4 deciatinas). Su estado es transitorio: el ingreso monetario de la agricultura (191 rublos) es algo inferior a la suma que gasta al año el campesino medio de Táurida (de 200 a 250 rublos). Le corresponden 3,2 cabezas de ganado de labor por hacienda cuando se requieren 4 para cubrir las necesidades por completo. Por eso, la hacienda del campesino medio se halla en situación inestable, y éste para trabajar su tierra necesita acoyuntarse*.

 

El cultivo de la tierra por acoyunteros es, se comprende, menos productivo (pérdida de tiempo en los traslados, escasez de caballos, etc.) hasta tal punto que en una aldea, por ejemplo, contaron al Sr. Póstnikov que “con frecuencia, quienes trabajan acoyuntados no labran más de una deciati­na al día, es decir, la mitad de la norma**. Si a ello añadimos que en el grupo medio hay cerca de 1/5 de haciendas campesinas sin aperos de labranza y que este grupo proporciona más obreros de los que toma a su

 

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* De las 13.789 haciendas campesinas de este grupo existentes en el distrito de Melitópol, sólo 4.218 trabajan la tierra con sus propios recursos; 9.201 lo hacen acoyuntadas. Las cifras correspondientes al distrito del Dniéper son: de 8.234 haciendas campesinas, 4.029 cultivan la tierra con sus propios recursos y 3.835 lo hacen acoyuntadas. Ver las recopila-ciones estadísticas de los zemstvos correspondientes al distrito de Melitópol (pág. B. 195) y al distrito del Dniéper (pág. B. 123).

** El Sr. V. V. habla mucho en dicho artículo del trabajo acoyuntado como de un “principio de cooperación”, etc. En realidad, es muy sencillo: silenciar el hecho de que los campesinos se desintegran en grupos muy diferenciados, que el trabajo acoyuntado es la cooperación de haciendas decadentes, desplazadas por la burguesía campesina, y hablar a continuación “en general” del “principio de la cooperación”; ¡seguramente, de la coopera­ción entre el proletariado rural y la burguesía del campo!

 

 

 

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servicio (según cálculos del Sr. Póstnikov), veremos con clari­dad su carácter inestable, transitorio entre la burguesía campesina y el proletariado rural. Citaremos algunos datos más completos relativos al desplazamiento del grupo medio: (ver el cuadro en la pág. 74.-Ed.).

 

Así pues, la distribución de la tierra de nadiel es la más “igualitaria, aunque también en ella se advierte un despla­zamiento del grupo inferior por los superiores. Pero la cosa varía radicalmente en cuanto pasamos de esta posesión terri­torial obligatoria a la libre, es decir, a la tierra comprada y tomada en arriendo. Su concentración es enorme y, en virtud de ello, la distribución de toda la tierra usufructuada por los campesinos no se asemeja en modo alguno a la distribución de los nadieles: el grupo medio se desplaza al segundo lugar (46% de los nadieles y 41% de tierra en usufructo), el acomodado amplía muy considerablemente sus posesiones (28% de los nadieles y 46% de tierra en usufructo), mientras que el grupo pobre va siendo expulsado del medio de los agricultores (25% de los nadieles y 12%, de tierra en usufructo).

 

El cuadro aducido nos muestra también un interesante fenómeno con el que aún nos encon-traremos: la disminu­ción del papel de la tierra de nadiel en la economía de los campesinos. En el grupo inferior ocurre como resultado de la entrega de la tierra en arriendo; en el superior, como consecuencia de que en la superficie total explotada adquiere un inmenso predominio la tierra comprada y to­mada en arriendo. Los restos del régimen anterior a la Reforma (sujeción de los campesinos a la tierra y posesión territorial igualitaria impuesta por el fisco) están siendo destrui­dos definitivamente por el capitalismo que penetra en la agricultura.

 

Por lo que se refiere especialmente al arriendo, los datos aducidos nos permiten analizar un error muy difundido en las consideraciones de los economistas populistas al particular. Tomemos los razonamientos del Sr. V. V. En el artículo citado plantea abiertamente la cuestión de la relación entre el arriendo y la diferenciación de los campesinos. “¿Favorece

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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el arriendo la diferenciación de las haciendas campesinas en grandes y pequeñas y la desaparición del grupo típico, el medio?” (Véstnik Evropi, I. c., págs. 339-340). El señor V. V. resuelve la cuestión de modo negativo. He aquí sus argumentos: 1) “El elevado tanto por ciento de personas que recurren al arriendo”. Ejemplos: del 38 al 68% del 40 al 70%, del 30 al 66%, del 50 al 60% en dife­rentes distritos de distintas provincias. 2) Es pequeña la di­mensión de las parcelas de tierra arrendada por hogar campesino: de 3 a 5 deciatinas según la estadística de Tambov. 3) Los campesinos con un nadiel pequeño arriendan más que quienes poseen un nadiel grande.

 

Para que el lector pueda estimar claramente, no ya la solidez, sino, sencillamente, la utilidad de esos razonamien­tos, indicaremos los datos que corresponden al distrito del Dniéper *.

 

 

% de haciendas          Deciatinas de               Precio de

Grupos de haciendas              que toman en               tierra por cada              una decia-

(en deciatinas)                                   Arriendo                      hacienda que               tina en

                                                                                toma en arri-                rublos

                                                                                endo

 

Los que siembran hasta 5                   25                             2,4                      15,25  

Los que siembran de 5 a 10                42                             3,9                      12,00  

Los que siembran de 10 a 25              69                             8,5                        4,75  

Los que siembran de 25 a 50              88                           20,0                        3,75  

Los que siembran más de 50              91                           48,6                        3,55              

------------------------------------------------------------------------------------------------

Para el distrito                                              56,2                          12,4                        4,23

 

 

¿Qué importancia pueden tener aquí, nos preguntamos, las cifras “medias”? ¿Es que la circunstancia de que haya “muchos” arrendatarios -el 56%- elimina la concentración de los arriendos en manos de los ricos? ¿No es risible tomar la superficie “media” de arriendo [12 deciatinas por arrendatario. Con frecuencia se toman también, no por el

 

--------------

* Los datos relativos a los distritos de Melitópol y Berdiansk son análogos en un todo.

 

 

 

76

número de arrendatarios, sino por el de haciendas campe­sinas existentes. Así hace, por ejemplo, el Sr. Kárishev en su obra El arriendo por los campesinos de tierras que no son nadieles (Derpt, 1892; tomo segundo, Resúmenes de las estadísticas de los zemstvos)] agrupando en un mismo apartado a campesinos de los cuales uno toma 2 deciatinas por un precio desme­surado (15 rublos), evidentemente movido por la extrema necesidad, en con-diciones ruinosas, mientras que otro toma 48 deciatinas “comprando” la tierra al por mayor incomparablemente más barata, a 3,55 rublos la deciatina. Tan falto de base es el tercer argumento. El Sr. V. V. mismo se preocupó de echarlo por tierra al reconocer que los datos relativos “a comunidades enteras” (al distribuir a los campesinos según los nadieles) “no proporcionan un concepto exacto de lo que ocurre en la comunidad misma” (pág. 342 del artículo indicado)*.

 

Sería muy erróneo pensar que la concentración de la tierra en arriendo en manos de la burguesía campesina se limita al arriendo individual de la tierra, sin extenderse al

 

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* El Sr. Póstnikov aduce un interesante ejemplo de semejante error por parte de los funcio-narios de estadística de los zemstvos. Después de señalar como un hecho la existencia de la economía comercial de los campesinos acomodados y el que éstos pidan tierra, indica que los “esta­dísticos de los zemstvos, considerando, al parecer, algo ilegítimo esos fenó­menos n la vida campesina, se esfuerzan por quitarles importancia” y por demostrar que el arriendo no lo determina la competencia de los ricos, sino la necesidad de tierra por parte de los campesinos. El Sr. Vérner, redactor de Memoria de la provincia de Táurida (1889) ha clasificado, con el fin de demostrar eso, a los campesinos de toda la provincia de Táurida según la dimensión de los nadieles, haciendo un grupo con los campesinos que tienen uno o dos trabajadores y dos o tres cabezas de ganado de labor. Resultaba que, dentro de este grupo, al aumentar la superficie del nadiel disminuía el número de campesinos que tomaban tierra en arriendo y la cantidad de tierra arrendada. Ese procedimiento, se comprende, no prueba nada en absoluto, puesto que se han tomado sólo los campesinos con igual cantidad de ganado de labor al tiempo que se prescindía preci­samente de los grupos extremos. Es comprensible que siendo igual la cantidad de ganado de labor, debe ser igual la superficie de tierra trabajada y, por consiguiente, cuanto menor es el nadiel más tierra se toma en arriendo. El problema reside, precisamente, en cómo se distribuye el arriendo entre los hogares con distinta cantidad de ganado de labor, aperos, etc.

 

 

 

77

arriendo comunal. Nada de eso. La tierra arrendada se distribuye siempre “en proporción al dinero”, y la relación entre los grupos de campesinos no varía en absoluto en los arriendos de tierras comunales. Por eso, las consideraciones del Sr. Kárishev, por ejemplo, de que en la relación entre los arriendos comunales y los personales aparece la “lucha de dos principios (!?), del comunal y del personal” (pág. 159, 1. c.), de que al arriendo comunal “le es propio el principio del trabajo y el de la igual distribu­ción del terreno arrendado entre loi miembros de la comu­nidad (230, ibíd.), pertenecen por completo al campo de los prejuicios populistas. Pese a su tarea de hacer un “balance de la estadística de los zemstvos, el Sr. Kárishev pasa por alto celosamente todo el abundante material estadístico de éstos relativo a la concentra-ción de los arriendos en manos de pequeños grupos de campesinos acomodados. Aduciremos un ejemplo. En los tres distritos indicados de la provincia de Táurida, la tierra tomada en arriendo por las comunidades de campesinos al fisco se distribuye entre los grupos de la manera siguiente:

 

 

Número                                                        Deciatinas

Grupos de haciendas              de hacien         Número           % con              por 1 ha-

(en deciatinas)                                   das que de decia-          relación           cienda que

                                             arriendan         tinas                 al total             arrienda

 

Los que siembran

hasta 5                                                    83                  511              1                          6,1             

Los que siembran                                                                              } 4

de 5 a 10                                   444              1.427               3                          3,2 

Los que siembran

de 10 a 25                             1.732               8.711               20                         5,0             

Los que siembran

de 25 a 50                             1.245             13.375                30                       10,7             

Los que siembran                                                                              } 76

más de 50                                 632             20.283                46                       32,1

--------------------------------------------------------------------------------------------------

Total                                     4.136             44.307              100                       10,7

 

 

¡Una pequeña ilustración de los principios “del trabajo” y “de la igual distribución”!

 

Tales son los datos de la estadística de los zemstvos por lo que a la hacienda campesina del sur de Rusia se refiere. La completa diferenciación del campesinado, el pleno dominio de la burguesía campesina en la aldea no ofrecen la menor

 

 

 

78

duda al examinarlos*. Es muy interesante, por ello, la acti­tud de los señores V. V. y N.—on hacia esos datos, tanto más que ambos autores reconocieron antes la necesidad de plantear el problema de la diferenciación de los campesinos (el Sr. V. V. en el artículo citado del año 1884; el Sr. N. —on en Slovo (La Palabra) de 1880, al indicar el curioso fenómeno en el seno de la comunidad misma, de que los mujiks “no hacendosos abandonan la tierra mientras que los “hacendosos se hacen con la mejor; ver Ensayos, pág. 71). Es necesario advertir que la obra del Sr. Póstnikov tiene un carácter doble: por una parte, el autor ha reunido hábilmente y estudiado con celo datos estadísticos de los zemstvos de extraordinario valor, habiendo sabido apartarse en este aspecto del “afán de considerar la comunidad campesina algo íntegro y homogéneo, como hasta ahora sigue imaginán­doselo nuestra intelectualidad urbana (pág. 351 de la obra cit.). Por otra parte, el autor, no guiado por la teoría, ha sido totalmente incapaz de valorar los datos por él estudiados, los ha examinado desde el punto de vista, por demás estrecho, de las “medidas a tomar, se ha lanzado a redactar proyectos de “comunidades agrícolas-artesanas-fabriles, a hablar de la necesidad de “limitar, “obligar, “vigilar”, etc., etc. Y nuestros populistas se han esforzado por no advertir la primera parte, positiva, de la obra del Sr. Póstni­kov, concentrando su atención en la segunda. Tanto el Sr. V. V. como el Sr. N. —on se han dedicado con el tono más grave a “refutar los “proyectos, carentes por completo de seriedad, del Sr. Póstnikov (el Sr. V. V. en Rússkaya Misl, núm. 2 del año 1894; el Sr. N.—on en Ensayos, pág. 233, nota), acusándole del mal deseo de introducir el capitalismo en Rusia y esquivando celosamente los datos que

 

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* Se dice, de ordinario, que los datos relativos a la Novorrossia no permiten hacer conclu-siones generales como consecuencia de la particularidad de esa zona. No negamos que la diferenciación del campesinado agrícola es aquí más intensa que en el resto de Rusia, pero posteriormente se verá que esa particularidad de Novorrossia no es, en modo alguno, tan grande como a veces se piensa.

 

 

 

79

ponen de relieve el imperio de las relaciones capitalistas en el campo de la Rusia meridional contemporánea*.

 

 

II. DATOS ESTADISTICOS DE LOS ZEMSTVOS DE LA PROVINCIA DE SAMARA

 

Del sur del país pasamos al este, a la provincia de Samara. Tomemos el distrito de Novoú-zensk, el último estu­diado; en la recopilación relativa a este distrito se da la más detallada clasificación de los campesinos según sus carac­terísticas económicas**. He aquí los datos generales de los grupos de campesinos (los datos que siguen se refieren a 28.276 haciendas de la población que posee tierra de nadiel, con 164.146 personas de ambos sexos, es decir, sólo a la población rusa del distrito, sin alemanes ni “caseros, labradores que trabajan en la comu-nidad y en caseríos. De agregar los alemanes y los caseros se incrementaría considerable-mente el cuadro de la diferenciación). (Ver el cuadro en la pág. 80. -Ed.)

 

La concentración de la producción agrícola resulta muy considerable: los capitalistas “miembros de la comunidad ('1/14 del total de haciendas, precisamente las que tienen 10 y más cabezas de ganado de labor) poseen el 36,5% de todas las siembras, ¡tanto como el 75,3%, de los campesinos pobres

 

--------------

* “Es curioso”, escribió el Sr. N. —on, que el Sr. Póstnikov “proyecte haciendas campesinas de sesenta deciatinas”. Pero “una vez que la agri­cultura ha caído en manos de los capitalistas” el rendimiento del trabajo puede “mañana” elevarse aún más, “y será necesario (!) transformar las haciendas de sesenta deciatinas en otras de doscientas o trescientas”. Ya ven ustedes qué sencillo: como la pequeña burguesía actual de nuestra aldea se va a ver amenazada en un mañana por la grande, por eso, el Sr. N. —on ino quiere saber nada de la pequeña de hoy ni de la grande de mañana!

** Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Samara. Tomo 671, el distrito de Novoúzensk, Samara, 1890. La misma clasificación se da para el distrito de Nikoláevsk (tomo VI, Samara, 1889), pero los datos son en él mucho menos completos. En Recopilación general de datos estadísticos de la provincia de Samara (tomo VIII, fascíc. I, Samara, 1892) se da sólo la clasificación por la dimensión de los nadieles, de lo insatisfactorio de la cual hablaremos más adelante.

 

 

 

80

 

Grupo de

 

labradores

% con rela-

ción del nú-

mero total

de haciendas

Área media de

Siembra por

1 hacienda, en

deciatinas

% de superficie

de siembra con

relación al

total

Pobre

 

Sin ganado de

labor

 

 

Con una cabeza

de ganado de

labor 

 

 

20.7

 

         37.1%

 

16.4

 

2.1 

 

 

 

5.0

 

2.8

 

          8.0%

 

5.2

Medio

 

Con 2 ó 3 cabe-

zas de ganado

de labor

 

Con 4 cabezas

de ganado de

labor

 

 

26.6

       

            38.2%

 

11.6

 

10.2

 

 

 

15.9

 

17.1

 

         28.6%

 

11.5

 

 

 

 

Rico

 

Con 5 a 10 ca-

bezas de ganado

de labor

 

Con 10 a 20 ca-

bezas de ganado

de labor

 

Con  y más ca- bezas de ganado

de labor

 

17.1 

 

 

 

  5.8      24.7%

 

     

 

 1.8

 

24.7

 

 

 

53.0

 

 

 

        149.5 

 

26.9

 

 

 

19.3     63.4%

 

         

 

17.2  

 

 

 

 

 

------------------------------

Total                                     100                                 15.9               100

 

 

 

      0,03          0,5      1,5

      0,1            1,9      4,9

      4,5            4,0      16,8

     19,0            6,6      11,8

     40,3          10,9       29,2

     41,6          22,7       20,4

     62,1          55,5       15,4

     13,9            6,4      100

28,6%

65,0%

y medios juntos! La “cifra media (15,9 deciatinas de siembra por hacienda) es también aquí, como siempre, completamente ficticia, y produce una ilusión de bienestar general. Exami­nemos otros datos relativos a la economía de los distintos grupos. (Ver el cuadro en la pág. 81. -Ed.)

 

Por tanto, en el grupo inferior hay muy pocos campesi­nos que se basten a sí mismos; los aperos perfeccionados no están en absoluto al alcance de los pobres, mientras que el campe-sino medio los utiliza en cantidad insignificante. La concentración del ganado es aún mayor que la de las siembras; es evidente que los campesinos acomodados unen a las grandes siembras capitalistas la ganadería capitalista. En el polo opuesto vemos “campesinos que deben ser incluidos entre los braceros y jornaleros con nadiel, puesto que la fuente principal de medios de vida es para ellos la

 

 

 

81

venta de la fuerza de trabajo (como ahora veremos); los terratenientes dan, a veces, también una o dos cabezas de ganado a sus braceros con el fin de sujetarlos a su hacienda y de rebajar los salarios.

 

 

 

 

Grupos de

labradores

% de labra-

dores que

cultivan to-

do el nadiel con aperos

y ganado suyos

% de labra-

dores que tienen ape- ros perfec-

cionados

Total de ga-

nado (tradu-

cido a gana-

do mayor por hacien-

da; en cabezas

% con rela-ción al total

del ganado

 

Sin ganado de labor

 

Con 1 cabeza de

ganado de labor

 

2.1

 

 

      35.4

 

0.03 

 

 

      0.1

 

0.5 

 

 

       1.9

 

1.5

 

              6.4%

4.9

Con 2 ó 3 cabezas

De ganado de labor

 

Con 4 cabezas de

ganado de labor

 

60.5

 

 

74.7

 

      4.5

 

 

    19.0

 

4.0 

 

 

6.6

 

16.8

            28.6%

 

11.8

 

Con 5 cabezas de

ganado de labor

 

Con 10 a 20 cabe

zas de ganado de labor

 

Con más de 20 cabezas de ganado de labor

 

       82.4

 

 

90.3

 

 

 

84.1 

 

    40.3

 

 

    41.6

 

 

 

    62.1

 

10.9

 

 

22.7

 

 

 

55.5

 

29.2 

 

 

20.4    65.0%

        

 

 

15.4 

------------------------

Total

 

52.0

13.9

 6.4

100

 

 

Los grupos de campesinos, se comprende, no se diferen­cian sólo por la extensión de su hacienda; también se distinguen por el modo de cultivarla: primeramente, en el grupo superior es muy considerable la parte (del 40 al 60%) provista de aperos perfeccionados (arados en especial, y después, trilladoras, aventadoras, segadoras, etc., a caballo y a vapor). En el 24,7% de las haciendas del grupo superior se concentra el 82,9% de todos los aperos perfeccionados; el 38,2% de las haciendas del grupo medio posee el 17,0% de aperos modernos; el 37,1% de las pobres reúne el 0,1% (7 aperos de 5.724) *. En segundo lugar, los campesinos con

 

--------------

* Resulta interesante que el Sr. V. V. (Tendencias progresistas en la hacienda campesina, San Petersburgo, 1892, pág. 225) deduce de estos

 

 

 

82

pocos caballos, por la fuerza de la necesidad, tienen, en comparación con los que poseen muchos caballos, otro sistema de economía, otro régimen de toda la actividad económica”, como dice el redactor de la recopilación del distrito de Novoúzensk (págs. 44-46). Los campesinos acomo­dados “dejan descansar la tierra... aran en otoño con arados... en primavera pasan una segunda reja y después de sembrar pasan la grada..., aplanan la barbechera con rodillos cuando la tierra se airea... con el centeno pasan una segunda reja”, mientras que los poco acomodados “no dan descanso a la tierra y todos los años siembran trigo ruso... para el trigo aran una vez en primavera... para el centeno no dejan descansar la tierra ni aran, y se limitan a sembrar en el rastrojo del cultivo anterior... para el trigo aran ya entrada la prima-vera, y por eso no germina a menudo... para el centeno aran una vez, cuando no siembran en el rastrojo del año anterior y a destiempo... aran irracionalmente la misma tierra todos los años, sin darle descanso”. “Etc., etc., y así hasta el infinito”, termina el autor la relación. “Los hechos de que dejamos constancia -hechos de radical diferencia de sistemas econó­micos entre los campesinos acomodados y los poco acomodados- se traducen en un grano de mala calidad y en malas cosechas para unos y en cosechas relativamente mejores para los otros” (ibíd.).

 

Mas, ¿cómo ha podido formarse esa gran burguesía en la economía agrícola de la comunidad? La respuesta la dan las cifras de posesión y usufructo de la tierra por grupos. Los campesinos del grupo tomado por nosotros tienen en total

 

 

--------------

mismos datos un movimiento de la “masa campesina” hacia la sustitución de los aperos atrasados por los modernos (pág. 254). El método para obtener esa conclusión, del todo falsa, es muy sencillo: ¡El Sr. V. V. ha tomado de la recopilación de los zemstvos los datos del total, sin tomarse el trabajo de mirar los cuadros demostrativos de la distribución de los aperos! El progreso de los farmers capitalistas (miembros de la comunidad), que emplean máquinas para abaratar la producción del trigo-mercancía, se transforma de un plumazo en progreso de la “ma­sa campesina”. Y el Sr. V. V. no ha tenido reparo en escribir: “Aunque las máquinas son adquiridas por los acomodados, todos (sic!!) los campesinos se sirven de ellas” (221). Sobran comentarios.

 

 

 

83

57.128 deciatinas de tierra comprada (en 76 haciendas) y 304.514 deciatinas de tierra tomada en arriendo, de las cuales hay 177.789, en 5.602 haciendas, que son de tierra no perte­neciente a los nadieles; 47.494 deciatinas de tierra de nadiel arrendada a otras comunidades por 3.129 haciendas y 79.231 deciatinas de tierra de la misma clase arrendadas dentro de la comunidad propia por 7.092 haciendas. La distribución de esa enorme superficie, que constituye más de 2/3 de toda el área de siembra de los campesinos, es la siguiente: (ver el cuadro en la pág. 84. -Ed.)

 

Vemos aquí una enorme concentración de tierra comprada y arrendada. Más de 9/,o partes de la tierra comprada se encuentra en manos de 1,8% de las haciendas de los más ricos. El 69,7% de la tierra arrendada se concentra en manos de campesinos capitalistas, y el 86,6% en las del grupo campesino superior. La comparación de los datos relativos a la toma y entrega en arriendo de los nadieles muestra claramente el paso de la tierra a manos de la burguesía campe­sina. La transformación de la tierra en mercancía conduce aquí también al abarata-miento de su precio al por mayor (y, por consiguiente, a la especulación con tierras). Al de-terminar el precio por deciatina de la tierra arrendada no comunal se obtienen las siguientes cifras del grupo inferior al superior: 3,94; 3,20; 2,90; 2,75; 2,57; 2,08; 1,78 rublos. Con el fin de mostrar los errores a que lleva a los populistas el pasar por alto esta concentración del arriendo aduciremos como ejemplo los razonamientos del Sr. Kárishev en su cono­cido libro Influencia de las cosechas y de los precios del trigo en algunos aspectos de la economía nacional de Rusia (San Petersburgo, 1897). Cuando bajan los precios del trigo a causa de la mejora de la cosecha y suben los precios de arriendo, los arrendata­rios capitalistas -concluye el Sr. Kárishev- deben disminuir la demanda y, por tanto, los precios de arriendo han sido elevados por los representantes de la economía que trabaja para el consumo propio (I, 288). La conclusión es del todo arbitraria; es totalmente posible que la burguesía campesi­na eleve los precios del arriendo a pesar de la baja de los precios del trigo, pues el mejoramiento de la cosecha puede

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

84

 

 

 

 

 

 

85

compensarla. Es muy posible que los campesinos acomodados, incluso sin existir esa compensación, eleven los precios de arriendo, abaratando el coste de la producción de trigo con el empleo de máquinas. Sabemos que el empleo de maquinaria en la agricultura crece, y que esta maquinaria se concentra en manos de la burguesía campesina. En lugar de estudiar la diferenciación de los campesinos, el Sr. Ká­rishev plantea premisas arbitrarias e injustas con respecto al campesino medio. Por eso, todas las conclusiones y deducciones hechas de modo análogo en el libro citado no pueden tener importancia alguna.

 

Una vez puesta en claro la naturaleza de los diversos elementos en el campesinado, podemos ya, con facilidad, estudiar el problema del mercado interior. Si los campesi­nos acomodados tienen en sus manos cerca de 2/3 de toda la producción agrícola, está claro que deben proporcionar una parte incomparablemente mayor aún del trigo destinado a la venta. Producen trigo para venderlo, mientras que los campesinos pobres deben comprar el trigo que les falta, vendiendo su fuerza de trabajo. He aquí datos al particular*:

 

 

                                                                     % de labrado-              % de trabajadores

Grupos de labradores                                    res con obreros varones ocupados                                                                             asalariados                  en industrias

                                                                                                        agrícolas

 

Sin ganado de labor                                                  0,7                               71,4    

Con 1 cabeza de ganado de labor                               0,6                               48,7    

Con 2 ó 3 cabezas de ganado de labor            1,3                               20,4    

Con 4 cabezas de ganado de labor                              4,8                               8,5      

Con 5 a 10 cabezas de ganado de labor                       20,3                             5,0      

Con 10 a 20 cabezas de ganado de labor                     62,0                             3,9      

Con 20 y más cabezas de ganado de labor                  90,1                             2,0

----------------------------------------------------------------------------------------------

Total                                                                        9,0                               25,0    

 

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* Equiparamos a la venta de fuerza de trabajo lo que las esta­dísticas llaman “industrias agrícolas” (locales y fuera de la localidad). Aquí se incluyen los braceros y jornaleros, lo que se desprende del cuadro de oficios (Recopilación general de datos estadísticos de la provincia de Samara, tomo VIII): de 14.063 hombres ocupados en “industrias agrícolas” hay 13.297 braceros y jornaleros (incluidos pastores y mozos de labranza).

 

 

 

86

Proponemos al lector que compare estos datos relativos al proceso de creación del mercado interior con las considera­ciones de nuestros populistas... “Si el mujik es rico, florece la fábrica, y a la inversa” (V. V. Tendencias progresistas, pág. 9). El Sr. V. V. no se interesa, evidentemente, en absoluto por la cuestión de la forma social de la riqueza necesaria para la “fábrica” y que no se crea de otro modo más que transformando en mercancía el producto y los medios de pro­ducción, de una parte, y de otra, la fuerza de trabajo. Al hablar de la venta de trigo, el señor N.–on se consuela con que ese trigo es producto del “mujik labrador” (pág. 24 de Ensayos), de que, al transportar ese trigo, “los ferrocarriles viven del mujik”(pág. 16). En realidad, ¿es que estos “miembros de la comunidad” capitalistas no son “mujiks”? “En alguna ocasión tendremos aún la oportunidad de mostrar -escribió el Sr. N.–on en 1880 y reimprimió en 1893- que en los luga­res donde predomina la propiedad comunal de la tierra no existe casi (sic!!) la agricultura basada en principios capitalistas, y que ésta sólo es posible allí donde los lazos de la comunidad se han roto por completo o se están derrum­bando (pág. 59). El Sr. N.–on no ha encontrado nunca semejante oportunidad” ni podía encontrarla, pues los hechos muestran precisamente el desarrollo de la agricultura capitalista entre los miembros de la comunidad”* y la completa adaptación de los famosos lazos comunales” a la economía de los grandes sembradores, basada en el trabajo de bra­ceros.

 

En un todo análogas son las relaciones entre los grupos de campesinos en el distrito de Nikoláevsk (Recopilación cit., pág. 826 y sig. Excluimos a los que viven fuera y a los carentes de tierra). Así, el 7,4%, que constituyen las hacien­das de los ricos (con 10 y más cabezas de ganado de labor),

 

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* El distrito de Novoúzensk, que hemos tomado a título de ilustración, demuestra la especial “vitalidad de la comunidad” (según la terminología de los señores V. V. y compañía): por el cuadro de la Recopilación general (pág. 26) vemos que el 60% de las comunidades han vuelto a repartir la tierra, mientras que en otros distritos la proporción es del 11 al 23 % (para la provincia, el 13,8 % de las comunidades).

 

 

 

87

con un 13,7% de la población, concentra en sus manos el 27,6% del ganado y el 42,6% de las tierras arrendadas, mientras que el 29%, que constituyen las haciendas pobres (sin caballos o con un caballo), con un 19,7% de la pobla­ción, sólo tiene el 7,2%), del ganado y el 3% de las tierras arrendadas. Por desgracia, los cuadros relativos al distrito de Nikoláevsk, repetimos, son demasiado breves. Para terminar con la provincia de Samara, citaremos la siguiente descrip­ción, en alto grado instructiva, de la situación de los campesinos, extraída de la Recopilación general correspondiente a esta provincia:

 

“...El aumento natural de la población, incrementado aún por la inmigración de los campe-sinos poseedores de pocas tierras de las provincias occidentales y unido a la aparición, en la producción agrícola, de los especuladores comerciantes de tierra con fines de lucro, han complicado cada año más las formas de arriendo de la tierra, elevando su valor, hacien­do del suelo una mercancía que enriquece extraordinariamente con gran rapidez a unos mientras arruina a otros muchos. Como ilustración señalaremos las dimensiones de algunas ha­ciendas de comerciantes y campesinos meridionales, en las que los labrantíos de 3.000 a 6.000 deciatinas no son raros; algu­nos siembran hasta 8, 10 y 15.000 deciatinas, tomando en arriendo varias decenas de millares de deciatinas de tierras del fisco.

 

“El proletariado agrícola (rural) de la provincia de Samara debe en gran parte su existencia y aumento numérico a los últimos tiempos, con su creciente producción de grano destinado a la venta, con su elevación de los precios de arriendo, con la roturación de eriales y pastos, con el desmonte de bosques y demás fenómenos semejantes. En toda la provincia se cuentan 21.624 hogares campesinos sin tierra, al tiempo que hay 33.772 sin haciendas (con nadiel), sin caballo o con un solo caballo hay 110.604 familias con 600.000 personas de ambos sexos, contando a unas cinco personas por familia. Nos atrevemos a considerarlos también proletariado, aunque jurídicamente dispongan de una u otra parte de la tierra comunal; de hecho son jornaleros, mozos de labranza, pasto-

 

 

 

88

res, segadores y demás obreros de las grandes haciendas, y en su nadiel siembran de media a una deciatina para ali­mentar a la familia que se queda en casa (págs. 57-58).

 

Así pues, los investigadores consideran proletarios, además de a los campesinos sin caballo, a los que poseen uno. Subrayamos esta importante deducción, de completo acuerdo con la del Sr. Póstnikov (y con los datos de los cuadros de clasificación), y que indica la verdadera importancia econó­mico-social del grupo inferior de campesinos.

 

 

III. DATOS ESTADISTICOS DE LOS ZEMSTVOS DE LA PROVINCIA DE SARATOV

 

Pasamos ahora a la zona media de las tierras negras, a la provincia de Sarátov. Tomaremos el distrito de Kamishin, el único del que se ha dado una clasificación suficientemente completa de los campesinos según su ganado de labor*.

 

He aquí los datos de todo el distrito (40.157 haciendas, 263.135 almas. Deciatinas de siembra, 435.945, es decir, 10,8 deciatinas por hacienda “media): (ver el cuadro en la pág. 89. -Ed.)

 

Vemos, pues, aquí de nuevo la concentración de las siembras en manos de los grandes sembradores: los campesinos acomo­dados, que sólo constituyen una quinta parte de las haciendas (y cerca de un tercio de la población)**, reúnen más de la

 

--------------

* Para los otros cuatro distritos de la provincia, la clasificación por ganado de labor funde a los campesinos medios y acomodados. Véase Recopilación general de datos estadísticos de la provincia de Sarátov, parte I, Sarátov, 1888. B. Cuadros de clasificación múltiple de la provincia de Sarátov por categorías de campesinos. -Los funcionarios de estadística de Sarátov han redactado estos cuadros de la manera siguiente: todos los labradores se dividen en 6 categorías, según la tierra de nadiel de que disponen; cada categoría en 6 grupos, según el ganado de labor, y cada grupo en 4 subgrupos, según el número de trabajadores varones. Se ha hecho el balance sólo por categorías, así que para obtener datos por grupos es preciso hacer los cálculos uno mismo. El significado de ese cuadro lo señalaremos más adelante.

** Observaremos que al clasificar las haciendas por su estado económico o las dimensiones de las mismas siempre obtenemos familias más numerosas en las capas campesinas acomodadas. Ese fenómeno señala la ligazón

 

 

 

89

 

 

 

mitad de las siembras (53,3%), al tiempo que las dimensiones de éstas señalan claramente su carácter comercial: 27,6 deciati­nas por término medio para cada hacienda. A los campesi­nos acomodados les corresponde también una cantidad conside­rable del ganado de labor por hacienda: 14,6 cabezas (tradu­cidas a ganado mayor, es decir, considerando 10 cabezas de ganado menor por una de ganado mayor), y de todo el ganado campesino del distrito, casi 3/5 partes (el 56%) se hallan con‑

 

--------------

entre la burguesía campesina y las familias numerosas, que obtienen mayor número de nadie-les; en parte, muestra lo contrario: atestigua la menor tendencia a reparto entre los campesinos acomodados. No hay, sin embargo, que exagerar la importancia de que las familias de los campesinos ricos sean numerosas que, como se ve por nuestros datos, recurren en mayor medida al empleo del trabajo asalariado. La “cooperación familiar”, de la que gustan hablar nuestros populistas, es, pues, base de la cooperación capitalista.

 

 

 

90

centradas en manos de la burguesía campesina. En el polo opuesto del campo vemos el fenómeno contrario: una completa desventaja del grupo inferior, del proletariado agrícola, el cual constituye en nuestro ejemplo algo menos de la mitad de las haciendas (alrededor de 1/3 de la población), y al que, sin embargo, sólo corresponde 1/8 del total de las siembras y menos aún del ganado (11,8%)). Son ya, preferentemente, braceros, jornaleros y obreros industriales con nadiel.

 

Paralelamente a la concentración de las siembras y el incremento del carácter comercial de la agricultura marcha su transformación en agricultura capitalista. Observamos un fenómeno ya conocido: la venta de la fuerza de trabajo en los grupos inferiores y la compra de ésta en los superiores.

 

                                                                     % de labrado-              % de haciendas

Grupos de labradores                                    res con obreros industriales                                                                                      asalariados va-

                                                                     rones                          

 

Sin ganado de labor                                                  1,1                               90,9    

Con 1 cabeza de ganado de labor                               0,9                               70,8    

Con 2 cabezas de ganado de labor                              2,9                               61,5    

Con 3 cabezas de ganado de labor                              7,1                               55,0    

Con 4 cabezas de ganado de labor                              10,0                             58,6

Con 5 y más cabezas de ganado de labor                    26,3                             46,7

-----------------------------------------------------------------------------------------------

Total                                                                        8,0                               67,2    

 

 

Se requiere aquí una importante aclaración. P. Skvortsov advirtió ya con absoluta razón, en un artículo, que la esta­dística de los zemstvos concede una significación demasiado amplia” al término industria (o “trabajo asalariado”). En realidad, por “industria” se entienden todas y toda clase de ocupaciones de los campesinos fuera del nadiel; fabricantes y obreros; molineros, hortelanos, jornaleros y braceros; acaparadores, comerciantes y peones; industriales madereros y leñado­res; contratistas y obreros de la construcción; hombres de pro­fesiones liberales, empleados y mendigos, etc., ¡todos ellos entran en la misma categoría de “industriales”! Este monstruoso empleo de la palabra constituye una supervivencia de la con­cepción tradicional -tenemos derecho a decir oficial- según la

 

 

 

91

cual el “nadiel” es la ocupación “auténtica, “natural” del mujik, mientras que todas las restantes se incluyen sin distin­ción entre las industrias “auxiliares. Ese uso de la palabra tenía raison d'étre con la servidumbre, pero ahora representa un escandaloso anacronismo. Seme-jante terminología se con­serva en Rusia en parte también porque armoniza magníficamente con la ficción del campesinado “medio” y excluye directamente la posibilidad de estudiar la diferenciación de los campesinos (en especial allí donde las ocupaciones “fuera de la hacienda son abundantes y diversas. Recordemos que el distrito de Kamishin es un centro importante de tejidos de indiana). El estudio* de los datos de la economía campesina por hoga­res será insatisfactorio hasta tanto las “industrias” de los campesinos no sean clasificadas por tipos económicos, hasta que en ellas no se diferencien los patronos de los obreros asalariados. Este es el número mínimo de tipos económicos, sin distinguir los cuales no puede estimarse satisfactoria la estadística económica. Sería deseable, se comprende, una clasificación más detallada, por ejemplo: labradores con obreros asalariados, labradores sin obreros asalariados, comerciantes, mayo­ristas, tenderos, etc., artesanos en el sentido de industriales que trabajan para el consumidor, etc.

 

Volviendo a nuestro cuadro, observaremos que teníamos, pese a todo, cierto derecho a incluir las “industrias entre la venta de fuerza de trabajo, puesto que los obreros asala­riados predominan de ordinario entre los “industriales” campesinos. Si fuera posible separar de estos últimos a los obreros asalariados obtendríamos, indudablemente, un tanto por ciento muchísimo menor de “industriales” en los grupos superiores.

 

En cuanto a los datos referentes a los obreros asalariados, debemos hacer notar aquí lo plenamente erróneo de la opinión del Sr. Jarizoménov de que la “contrata por breve plazo [de los obreros] para la recolección, la siega y a jor­nal, fenómeno demasiado extendido, no puede servir de sínto­ma distintivo del vigor o debilidad de la hacienda (pág. 46

 

--------------

* Decimos “estudio porque en los censos por hogares se reúnen datos muy circunstanciados y completos de las industrias campesinas.

 

 

 

92

de la Introducción a la Recopilación). Las consideraciones teóricas, el ejemplo de Europa Occidental y los datos rusos (de ellos hablaremos más adelante) fuerzan, por el contrario, a ver en la contrata de jornaleros un síntoma muy característico de la burguesía agraria.

 

Por último, con respecto al arrendamiento de tierras, los datos muestran también aquí que la burguesía campesina se apodera de él. Observaremos que en los cuadros de clasificación múltiple de los estadísticos de Sarátov no se da el número de labradores que toman y dan la tierra en arriendo, sino sólo la cantidad de tierra sujeta a esas operaciones*; por eso, debe-remos determinar la magnitud de una y otra conforme al número total de las haciendas existentes, y no de las que arriendan. (Ver el cuadro en la pág. 93. -Ed.)

 

Así pues, también aquí vemos que cuanto más acomodado es el campesino más toma en arriendo, pese a estar mejor provisto de tierra de nadiel. Vemos igualmente que el campesino acomodado desplaza al campesino medio y que el papel de la tierra de nadiel dentro de la economía campesina tiende a disminuir en ambos polos de la aldea.

 

Nos detendremos con más detalle en estos datos relativos al arriendo. A ellos van unidas unas investigaciones y consi­deraciones de gran interés e importancia del Sr. Kárishev (Resumen citado) y las correspondientes “enmienda” del Sr. N.on.

 

El Sr. Kárishev consagra un capítulo especial (el III) a la dependencia del arriendo de la prosperidad de los arren­datarios”. La consecuencia general a que llega estriba en que siendo iguales las demás condiciones, la lucha por la tierra dada en arriendo se inclina en favor de los más prósperos” (pág. 156). “Las haciendas relativamente más prósperas... desplazan a un segundo plano el grupo de haciendas menos prósperas” (pág. 154). Vemos, por consi-guiente, que la conclusión del examen general de los datos estadísticos de los zemstvos es

 

 

--------------

* En total, dentro del distrito, se dan en arriendo 61.639 deciatinas de tierra labrada, es decir, cerca de de la tierra labrada incluida en los nadieles (377.305 deciatinas).

 

 

 

 

93

 

Corresponden deciatinas

por 1 hacienda con                 % en relación al total de la

tierra de nadiel                                  tierra

 

Grupos de labradores

 

 

Tierra

labra-

da de

los na-

nadiels

 

Tierra tomada

en arri-endo

Tierra dada en arriendo

De

nadiel

Tomada en

arriendo

Dada en

arriendo

Total de tie-rra en ex-plotación (tierra de nadiel + to-mada en arriendo) en %

Sin ganado

de labor

 

5.4

 

0.3

 

3.0

 

16

 

 

1.7

 

 

52.8

 

 

5.5

Con 1 cabeza de ganado de labor

 

6.5

 

1.6

 

1.3

 

14

 

 

6

 

 

17.8

 

 

10.3

Con 2 cabezas de ganado de labor

 

8.5

 

3.5

 

0.9

 

13

 

 

9.5

 

 

8.4

 

 

12.3

 

Con 3 cabezas de ganado de labor.

 

10.1

 

5.6

 

 

0.8

 

 

10

 

34

 

9.5

 

30.1

 

4.8

 

17.3

 

10.4

 

34.6

Con 4 cabezas de ganado de labor

 

12.5

 

7.4

 

0.7

 

11

 

 

11.1

 

 

4.1

 

 

11.9

 

Con 5 y más cabe-

zas de ga-

nado de labor

 

 

 

16.1

 

 

 

16.6 

 

 

 

0.9

 

 

 

36

          

 

       

         62.2

      

 

 

         12.3

          

 

 

             49.6

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 Total            9.3           5.4            1.5      100              100              100                100

 

 

 

la misma que en el análisis nuestro. Además, el estudio de cómo el volumen de la toma en arriendo depende de la magnitud de tierra de nadiel lleva al Sr. Kárishev a la con­clusión de que la clasificación por nadieles “eclipsa el sentido del fenómeno que nos interesa (pág. 139): “recurren... a los mayores arriendos a) las categorías con menos tierra, pero b) dentro de éstas los grupos que poseen más tierra. Evidentemente, nos encontramos aquí con dos influencias contrapues­tas, cuya confusión dificulta comprender la importancia de cada una de ellas” (ib.). Esa deducción es lógica de por sí si aplicamos de manera consecuente el punto de vista que diferencia los grupos de campesinos por su fortuna: en nuestros datos hemos visto siempre que el campesino acomodado acapara la tierra arrendada aunque se encuentra más favore-cido por lo que a las tierras de nadiel se refiere. Claro es que preci­samente la buena situación de la hacienda constituye el factor determinante en el arriendo, y que este factor no hace

 

 

 

94

más que cambiar de forma, pero no deja de ser determinante con el cambio de las condiciones del nadiel y del arriendo. Mas, aunque el Sr. Kárishev ha investigado la influencia de la “prosperidad”, no ha mantenido de manera consecuente el punto de vista indicado, y por eso caracteriza el fenó­meno con inexactitud al hablar de la dependencia directa existente entre el área de tierra en posesión del arrendatario y la tierra arrendada. Eso por una parte. Por otra, lo unilateral de su investigación ha impedido al Sr. Kárishev valorar justamente toda la importancia del hecho de que los ricos se apoderen de las tierras en arriendo. Al estudiar el “arriendo de tierra que no es de nadiel”, se limita a sintetizar los datos estadísti­cos de los zemstvos al particular, sin relacionarlos con la ha­cienda propia de los arrendatarios. Se comprende que, con ese estudio, más formal, no podía ser resuelta la cuestión de las rela-ciones entre la tierra en arriendo y la “prosperidad”, del carácter comercial del arriendo. El Sr. Kárishev, por ejemplo, tenía en sus manos los mismos datos del distrito de Kamishin, pero se limitó a dar.' las cifras absolutas del arriendo solo (ver anexo Nº 8, pág. XXXVI) y a calcular las magnitudes medias de la tierra arrendada por hacienda con nadiel (texto, pág. 143). La concentración del arriendo en manos de los campesinos acomodados, su carácter industrial, su ligazón con la entrega en arriendo de tierra por los campesinos del grupo inferior, todo eso ha quedado al margen. Así pues, el Sr. Kárishev no pudo por menos de advertir que los datos estadísticos de los zemstvos echan por tierra las concep­ciones populistas relativas al arriendo y que muestran el despla­zamiento de los pobres por los campesinos acomodados, pero dio una caracterización inexacta de este fenómeno, y sin estu­diarlo en todos sus aspectos cayó en contradicción con esos datos, repitiendo la vieja cantilena del “principio de trabajo”, etc. Pero, incluso el simple hecho de hacer constar la rivali­dad y la lucha económica entre los campesinos les pareció a los señores populistas una herejía, y se lanzaron a “corregir” al Sr. Kárishev a su manera. He aquí cómo lo hace el Sr. N. –on, quien “utiliza”, según él mismo dice (pág. 153, nota), las objeciones del Sr. N. Kablukov al Sr. Kárishev.

 

 

 

95

En el § IX de sus Ensayos, el Sr. N. -on habla del arriendo y de sus diferentes formas. “Cuando el campesino -dice- posee la tierra suficiente para subsistir con el trabajo agrícola en su propia tierra, no la toma en arriendo” (152). Así pues, el Sr. N. -on niega sin vacilaciones la existencia de empresarios en el arriendo campesino, su acaparamiento por los ricos, cuyas siembras son destinadas al comercio. ¿Pruebas? Ninguna en absoluto: la teoría de la “pro-ducción popular” no se demuestra, se decreta. El Sr. N. -on aduce contra el Sr. Kárishev un cuadro de la recopilación del zemstvo del distrito de Jvalinsk demostrativo de que “a igual existencia de ganado de labor, cuanto menor es el nadiel, más hay que completar esa falta con el arriendo” (153)*, y más aún: “si los campesinos se hallan en condiciones totalmente idén­ticas por el ganado que poseen y si su hacienda tiene bastante fuerza de trabajo, toman en arriendo más tierra cuanto menor es el nadiel de que disponen” (154). El lector ve que esas “conclusiones” no son más que simples argucias verbales basadas en la inexacta formulación del Sr. Kárishev, que en el problema de la relación entre la tierra en arriendo y los recursos económicos el Sr. N. -on se limita a divagar sobre bagatelas sin contenido. ¿No es evidente de por sí que, a igual ganado de labor, cuanto menos tierra propia se posee más se arrienda? De ello no hay ni que hablar, puesto que se toman precisamente como iguales esos recursos económicos, de cuya diferencia se trata. La afirmación del Sr. N.-on de que los campesinos con suficiente tierra no la toman en arriendo no se demuestra en absoluto con ello, y sus cuadros no hacen más que poner de relieve que no comprende las cifras por él aducidas: al equiparar a los campesinos por la cantidad de la tierra de nadiel, destaca de manera más rele­vante aún el papel de los “recursos económicos” y del acapa­ramiento del arriendo con motivo de la entrega en arriendo

 

--------------

* Un cuadro exactamente igual nos ofrecen también las estadísticas del distrito de Kamishin. Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Sarátov, tomo XI. Distrito de Kamishin, pág. 249 y sig. Por eso podemos perfectamente utilizar los datos del distrito que hemos tomado.

 

 

 

96

de la tierra por los campesinos pobres (a los mismos campesinos acomodados, se comprende) *. Recuerde el lector los datos que acaban de ser aducidos con respecto a la distribución de los arriendos en el distrito de Kamishin; imagínese que he­mos separado a los campesinos “con igual cantidad de ganado de labor”, y que, al distribuirlos por categorías según los nadieles y en subgrupos según los trabajadores, decimos que cuanto menos tierra tienen, más toman en arriendo, etc. ¿Es que con ese procedimiento desaparece el grupo de los campesinos acomo-dados? Y el Sr. N. –on, con sus frases vacías, ha conseguido precisamente que desaparezca, ganando así la posibilidad de repetir los viejos prejuicios del populismo.

 

El procedimiento, absolutamente inútil, del Sr. N.–on -calcular el arriendo de los campesinos por una hacienda en grupos con 0, 1, 2, etc., trabajadores- lo repite el Sr. L. Maress en el libro Influencia de las cosechas y de los precios del trigo, etc. (I, 34). He aquí un pequeño ejemplo de los “términos medios” que el Sr. Maress emplea con audacia (al igual que los otro autores de la obra, escrita con un punto de vista preconcebido populista). En el distrito de Meli­tópol -razona-, por cada hacienda que toma en arriendo corresponden 1,6 deciatinas de arriendo en las haciendas sin trabajadores varones; 4,4 deciatinas en las haciendas con un trabajador; 8,3, con dos; 14,0, con tres (pág. 34). Y como conclusión ¡¡”la distribución aproximadamente igual de las tierras en arriendo por persona”!! El Sr. Maress no creyó necesario examinar la distribución real de los arriendos por grupos de haciendas de diversa condición económica, aunque hubiera podido saberlo por el libro del Sr. V. Póstnikov y por las recopilaciones de los zemstvos. La cifra “media” -4,4 deciatinas de tierra arrendada por cada hacienda en el grupo de haciendas con un trabajador varón- se ha obtenido mediante la suma de cantidades como 4 deciatinas, en el grupo de haciendas que siembran de 5 a 10 deciatinas y que tienen dos o tres cabezas de ganado de labor, y 38 deciatinas, en

 

---------------

* Ya el Sr. P. Struve ha indicado en sus Notas críticas que los datos aducidos por el Sr. N. —on refutan sus propias deducciones.

 

 

 

97

el grupo de haciendas que siembran más de 50 deciatinas y que tienen cuatro y más cabezas de ganada de labor. (Ver: Recopilación del distrito de Melitópol, págs. G. 10-11.) ¡No es extraño que al sumar a los ricos con los pobres y al dividir por el número de sumandos se pueda obtener donde se quiera una “distribución igual”!

 

En realidad, el 21% de las haciendas de los ricos del distrito de Melitópol (25 y más deciatinas de siembra), con el 29,5% de la población campesina, posee -pese a tener más tierras de nadiel y compradas- el 66,3% de las tierras labradas tomadas en arriendo (Recopilación del distrito de Meli­tópol, págs. B. 190-194). Por el contrario, el 40% de las hacien­das pobres (hasta 10 deciatinas de siembra), con el 30,1% de la población campesina, reúne -pese a tener la menor cantidad de tierras de nadiel y compradas- el 5,6% de las tierras labradas tomadas en arriendo. ¡Como puede verse, muy parecido a la “distribución igual per capita”!

 

El Sr. Maress fundamenta todos sus cálculos relativos al arriendo campesino “admitiendo” que las “haciendas que to­man en arriendo corresponden preferentemente a los dos grupos inferiores por la posesión de tierras” (por los nadieles); que la “tierra arrendada tiene entre la población que toma en arriendo una distribución igual per capita” (sic!); y que el “arriendo condiciona el paso de los campesinos de los grupos inferiores por la posesión de tierras a los superiores” (34-35). Hemos demostrado ya que todos estossupuestos” del Sr. Maress se contradicen por completo con la realidad. De hecho, todo ocurre precisamente al contrario, y el Sr. Maress no habría podido por menos de advertirlo si -al tratar de las desigualdades de la vida económica (pág. 35)- hubiera tomado los datos relativos a la clasificación de las haciendas por criterios económicos (y no por el nadiel poseído) y no se hubiese limitado a “admitir” sin pruebas los prejuicios populistas.

 

Comparemos ahora el distrito de Kamishin con otros distritos de la provincia de Sarátov. La relación entre los grupos de campesinos es en todos los lugares homogénea, como lo de-muestran los datos que van a continuación, correspondientes a los cuatro distritos (Volsk, Kuznetsk,

 

 

 

p. 98

Balashov y Serdobsk) en los que van unidos, como hemos dicho, los campesinos medios y acomodados:

 

4 distritos de la província de Sarátov en % % del total

 

 

Grupos de

labradores

Hacien-

das

Pobla-       Total    Tierra      Tierra 

ción de     de ga-    de           de

ambos       nado     nadiel     arri-

sexos                                    endo

Total de

tierra en explo

tación

Siem- 

bras

Sin ganado de

labor

24.4

15.7           3.7      14.7            2.1

8.1

4.4

Con una cabeza

de ganado de

labor

 

29.6

 

25.3         18.5      23.4          13.9

 

19.8

 

19.2

Con 2 y más cabezas de ga-

Nado de labor

 

46.0

 

59.0         77.8      61.9          84.0

 

72.1

 

76.4

------------------

Total

100

100

100

100

100

100

100

 

 

 

Por consiguiente, en todos los sitios vemos el desplazamiento de los pobres por los campe-sinos acomodados. Pero en el distrito de Kamishin los campesinos acomodados son más en número y más ricos que en los otros. Así, en cinco distritos de la provincia (incluido Kamishin) las haciendas se distribuyen del modo siguiente según el ganado de labor: sin ganado de labor, el 25,3%; con una cabeza, el 25,5%; con dos, el 20%; con tres, el 10,8%, y con cuatro y más, el 18,4%, mientras que en el distrito de Kamishin, según hemos visto, el grupo acomodado es mayor, aunque, por el contrario, el pobre es algo más pequeño. Y si unimos los campesinos medios y acomodados, es decir, si tomamos las haciendas con dos y más cabezas de ganado de labor, obtendre­mos los datos siguientes por distritos: (ver el cuadro en la pág. 99. -Ed.)

 

Es decir, en el distrito de Kamishin los campesinos próspe­ros son más ricos. Se cuenta entre los mejor dotados de tierra: 7,1 deciatinas de nadiel por varón inscrito en el censo52 contra 5,4 deciatinas para la provincia. Por consiguiente, la abundan­cia de tierra “de los campesinos” no supone más que un mayor número y una mayor riqueza de la burguesía campe­sina.

 

Al terminar con eso el examen de los datos relativos a la

 

 

 

p. 99

 

Corresponde a cada hacienda con dos o más cabezas de ganado de labor

 

Distritos de

 

Kamishin       Vólsk     Kuznetsk       Balashov         Serdobsk

 

Cabezas de ganado

de labor                                   3,8                 2,6            2,6               3,9                     2,6

Cabezas de ganado

en total                                    9,5                 5,3            5,7               7,1                     5,1

Tierra de nadiel en

Deciatinas                             12,4                 7,9            8                  9                        8

Tierra tomada en

Arriendo, en dec.                   9,5                  6,5             4                  7                       5,7

Superficie de siem-

bra, en deciatinas                   17                    11,7            9                 13                      11

 

 

provincia de Sarátov, consideramos necesario detenernos en la clasificación de las haciendas campesinas. Como seguramente habrá observado ya el lector, nosotros rechazamos a limite la clasificación según el nadiel y utilizamos exclusivamente la hecha en atención a los medios económicos (ganado de labor, superficie de siembra). Es preciso motivar este procedimiento. La clasificación según el nadiel goza de una difusión incompa­rablemente mayor en nuestra estadística de los zemstvos, y en su defensa se aducen de ordinario los dos argumentos siguientes, a primera vista de mucho peso*. Se dice, en primer término, que para estudiar la vida de los campesinos agricultores es natural y necesaria la clasificación de acuerdo con la tierra. Este razonamiento pasa por alto una particularidad esencial de la vida rusa: la índole no libre de posesión del nadiel, que, por la fuerza de la ley, tiene un carácter igualitario y cuya movilización se halla trabada en grado sumo. Todo el proceso de diferenciación de los campesinos agricultores estriba precisamente en que la vida deja a un lado este marco jurídico. Al utilizar la clasificación según el nadiel, ponemos juntos al campesino pobre, que da la tierra en

 

--------------

* Véanse, por ejemplo, las introducciones a las Recopilaciones de las provincias de Sarátov y Samara, así como a la Recopilación de datos de tasación correspondiente a cuatro distritos de la provincia de Vorónezh y otras publicaciones estadísticas de los zemstvos.

 

 

 

100

arriendo, y al rico, que la arrienda o la compra; al pobre, que abandona la tierra, y al rico, que la “recoge”; al pobre, que cultiva peor la tierra con una insignificante cantidad de ganado, y al rico, que tiene mucho ganado, abona la tierra, introduce mejoras, etc., etc. Ponemos juntos, dicho con otras palabras, al proletario del campo y a los representantes de la burguesía rural. Los “promedios” obtenidos de esa suma velan la diferenciación y son, por ello, puramente ficticios*. Los cuadros de clasificación múltiple de los estadísticos de Sarátov, que antes he-mos descrito, permiten mostrar de manera patente lo inútil de la clasificación según el nadiel. Tomemos, por ejemplo, la categoría de los campesinos sin nadiel del distrito de Kamishin (ver Recopilación, pág. 450 y sig., Recopilación del distrito de Kamishin, tomo XI, pág. 174 y sig.). Al definir esta categoría, el autor de la Recopilación cali­fica sus siembras de “muy insignificantes” (Introducción, pág. 45), es decir, la coloca entre los pobres. Tomemos los cuadros. La siembra “media” de esta categoría es de 2,9 deciatinas por hacienda. Pero observe cómo se ha formado esa “media”: ¡sumando los que siembran mucho (18 deciatinas por hacienda en el grupo que dispone de 5 y más cabezas de ganado de labor; en toda la categoría, las haciendas de este grupo constituyen cerca de 1/8, pero poseen casi la mitad de todas

 

--------------

* Aprovechamos la rara ocasión de señalar nuestra solidaridad con el criterio del Sr. V. V., quien saludó en sus artículos de revista del año 1885 y siguientes el “nuevo tipo de publi-caciones estadísticas de los zemstvos”, precisamente los cuadros de clasificación múltiple, que permiten clasificar los datos de cada hacienda, además de por el nadiel, por su estado económico. “Es preciso referir -escribió el Sr. V. V.- los datos numéricos no a un conglo-merado de los más diversos grupos económicos de campesi­nos como son la aldea o la comunidad, sino a estos mismos grupos” (V. V. Nuevo tipo de publicaciones estadísticas locales, págs. 189 y 190. Séverni Véslnik (El Mensajero del Norte), 1885, núm. 3. Citado en la Introducción a la Recopilación de la provincia de Sarátov, pág. 36). Es muy de lamentar que el Sr. V. V. no haya intentado en ninguno de sus trabajos posteriores dar un vistazo a los datos de los diversos grupos de campesinos, y que incluso haya callado, según hemos visto, los hechos aducidos en el libro del Sr. V. Póstnikov, quien, tal vez el primero, probó a estudiar los datos de los distintos grupos de campesinos, y no de los “conglomerados de los más diversos grupos”. ¿A qué se deberá eso?

 

 

 

101

las siembras de la categoría) y los pobres, los que carecen de caballo, con 0,2 deciatinas de siembra por hacienda! Tome las haciendas con braceros. En la categoría son muy pocas, 77, es decir, el 2,5%. Pero de ellas hay 60 en el grupo superior que siembran 18 deciatinas por hacienda, y en él las haciendas con braceros constituyen ya el 24,5%. Está claro que velamos la diferenciación de los campesinos, que colocamos a los campesinos no pudientes en mejor situación de la que ocupan en realidad (al juntarlos con los ricos y extraer las cifras medias), mientras que, al contrario, pintamos como menos prósperos a los campesinos pudientes, puesto que en la categoría de los poseedores de nadieles grandes, en su mayor parte acomodados, entran asimismo no pudientes (sabido es que también en las comunidades con grandes nadieles hay siempre no pudientes). Ahora nos resulta clara también la inexactitud del segundo argumento en defensa de la agrupación según el nadiel. Se dice que con ella obte­nemos siempre una elevación regular de los índices de fortuna (cantidad de ganado, siembra, etc.) al aumentar la cuantía de nadiel. Ello es un hecho indiscutible, pues la tierra de nadiel representa uno de los más importantes factores del bienestar. Por eso hay siempre entre los campesinos con nadieles grandes más representantes de la burguesía campesina, lo que eleva las cifras “medias” por nadiel para toda la categoría. Sin embargo, de todo ello no se puede deducir en modo alguno que sea justo el procedimiento de fundir la burguesía rural con el proletariado del campo.

 

Conclusión: no hay que limitarse a clasificar por nadieles cuando se estudian los datos del censo de las haciendas campesinas. La estadística económica debe necesariamente basar la clasificación en las dimensiones y tipo de la hacienda. Los criterios para diferenciar esos tipos deben ser tomados de acuerdo con las condiciones y formas de agricultura locales; cuando se trata de una agricultura cerealista extensiva es posible limitarse a clasificar por área de siembra (o por ganado de labor), en otras condiciones es preciso tomar en cuenta las siembras de cultivos industriales, la transformación técnica de los productos agrícolas, la siembra de tubérculos o de forra-

 

 

 

102

jes, el ganado lechero, los huertos, etc. Cuando los campesinos unen en vasta escala la agricultura y los trabajos industriales se requiere la combinación de los dos sistemas de clasificación indicados, es decir, la clasificación por las dimensiones y tipos de la agricultura y por las dimensiones y tipos de las “industrias”. La cuestión de los procedimientos para clasifi­car los datos del censo de la economía campesina por hacien­das no es tan estrechamente especializada y secundaria como podría pensarse a primera vista. Por el contrario, no será en modo alguno exagerado decir que en la actualidad constituye el problema fundamental de la estadística de los zemstvos. La plenitud de los datos del censo por haciendas y la técnica de reunirlos* han alcanzado un alto grado de perfección, mas a consecuencia de lo imperfecto de su clasificación se pierden muchísimos datos de gran valía, y el investigador sólo encuentra a su disposición cifras “medias” (por comuni­dades, subdistritos, categorías de campesinos, dimensión del nadiel, etc.). Y esos “promedios”, como ya hemos visto y veremos más adelante, son con frecuencia completamente ficticios.

 

 

IV. DATOS ESTADISTICOS DE LOS ZEMSTVOS DE LA PROVINCIA DE PERM

 

Traslademos ahora nuestro examen de los datos estadís­ticos de los zemstvos a una provincia que se encuentra en condiciones por completo distintas: la de Perm. Tomemos el distrito de Krasnoufimsk, del cual tenemos una clasificación de haciendas por las dimensiones de su economía agrícola**.

 

--------------

* Sobre la técnica de los censos de los zemstvos puede verse, además de las publicaciones antedichas, el artículo del Sr. Fortunátov en el I tomo de Resúmenes de las estadísticas de los zemstvos. Se han publicado modelos de cuestionarios por haciendas en la Introducción a la Recopilación general de datos estadísticos de la provincia de Samara y a la Recopilación general de la provincia de Sarátov, en la Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Oriol (tomo II, distrito de Elets) y en Materiales para la estadística del distrito de Krasnou-fimsk de la provincia de Perm, fascíc. IV. Se distingue en especial, por lo completo, el cuestionario de Perm.

** Materiales para la estadística del distrito de Krasnoufimsk de la provincia de Perm, fascíc. III. Cuadros, Kazán, 1894. A título de comparación

 

 

 

 

103

He aquí los datos generales de la parte agrícola del distrito (23.574 haciendas con 129.439 personas de ambos sexos).

 

Ganado por hacienda

 

Grupos de

labradores

% de haci-

endas

% de

pobla-

ción

de uno

y otro

sexo

Siem-

bra

por 1

haci-

enda, en dec.

% en relación

a la totalidad

de las

siembras

 

 

 

De

labor

En total     % en rela-

traduci-     ción a la

do a ga-     totalidad

nado          del gana-

mayor        do

 

Que no cul tivan la T.

 

Que culti-

van  hasta 5 deciatinas

 

 

10.2

 

 

 

30.3

 

6.5

 

 

 

24.8

 

--

 

 

 

1.7

 

-- 

 

        8.9

 

8.9

 

0.3 

 

 

 

1.2

 

0.9        1.7

 

                    15.4

                 

2.3       13.7

 

 

Que culti-

van  de 5 a 10 dec.

 

 

 

 

27.0

 

 

26.7

 

 

4.7

 

 

22.4

 

 

2.1

 

 

4.7      24.5

 

Que culti-

van  de 10

a 20 dec.

 

 

22.4

27.3

9.0

35.1

 3.5

 7.8      33.8

 

Que culti-

van  de 20 a 50 dec.

 

Que culti-

van  más de 50 dec.

 

 

 

9.4 

 

 

 

0.7

 

 

13.5 

 

 

 

   1.2

 

 

17.8

 

 

 

37.3

 

 

28.9          68.7

        

         33.6                

 

4.7 

 

 

6.1

 

 

 

11.2

 

 

12.8     23.2

                             60.1

                    26.3

 

22.4       3.1

 

---------------

Total

100

100

 5.8

100

 2.4

 5.2

  100

 

 

También aquí, por consiguiente, pese a la superficie considerablemente menor de las siembras, vemos las mismas relaciones entre los grupos, la misma concentración de siembras y ganado en manos de un pequeño grupo de campesinos acomodados. La relación entre la posesión de la tierra y su utilización económica real resulta también aquí la misma que en las provincias que ya conocemos*.

 

--------------

aduciremos después los datos más importantes del distrito de Ekaterinburgo, del que se da la misma clasificación. Recopilación de datos estadísticos del distrito de Ekaterinburgo, provincia de Perm. Editada por el zemstvo del distrito de Ekaterinburgo. Ekaterinburgo, 1891.

* Estos campesinos (de todos los grupos) tienen en total 410.428 deciatinas de tierra de nadiel, es decir, un “promedio” de 17,5 deciatinas por hacienda. Además, los campesinos toman en arriendo 53.882 deciatinas de tierras labradas y 597.180 de prados; en total, por tanto, 651.062 deciatinas (las haciendas que toman en arriendo tierras labradas suman 8.903, y las que toman en arriendo prados, 9.167) ; dan en arriendo la siguiente tierra de nadiel: labrada, 50.548 deciatinas (8.553 propietarios), y prados, 7.186 deciatinas (2.180 propieta-rios); en total. 57.734 deciatinas.

 

 

 

104

 

Tanto por ciento del total de la tierra

 

Grupos de

labradores

%

hacien-

das

% pobla-                 Tomada       Dada   

ción  de      De         en               en                                 ambos        nadiel    arriendo      arriendo

sexos                   

                                

De todas

las tierras

en usu-

fructo

 

 

 

 

 

Que no cultivan

la tierra

 

 10.2

  6.5             5.7           0.7            21.0

1.6

Que cultivan

hasta 5 dec.

 

 30.3

24.8           22.6          6.3             46.0

10.7

Que cultivan

de 5 a 10 dec.

. .

 27.0

26.7           26.0        15.9             19.5

19.8

Que cultivan

de 10 a 20 dec.

. .

 22.4

27.3           28.3        33.7             10.3

32.8

Que cultivan

de 20 a 50 dec.

 

   9.4

13.5            15.5       36.4               2.9

29.8 

Que cultivan

más de 50 dec.

 

--------------------- .

   0.7

 1.2             1.9          7.0                0.3

 5.3

Total

100

100

100

 100               100

   100

 

 

El mismo acaparamiento del arriendo por los campesinos pudientes que disponen de medios; el mismo paso de la tierra comunal (a través de la entrega en arriendo) de los campesinos necesitados a los acomodados, la misma disminu­ción del papel de la tierra de nadiel en dos direcciones distintas, en ambos polos de la aldea. Para que el lector pueda ver de manera más concreta esos procesos damos con mayor detalle los datos relativos a los arriendos de tierra:

 

 

 

Por una hacienda

 

 

 

 

Grupos de

labradores

Perso-

nas  de       Tierra de ambos        nadiel en

Sexos         deciatinas

% de haci-

endas que

toman en

arriendo

tierra la-brada, en dec.

Por 1 ha-

cienda que

toma en

arriendo

tierra

labrada

% de ha-ciendas que

toman en

arriendo

prados

Por 1 hacien-da que

toma en

arriendo

prados, en dec.

 

Que no cultivan

la tierra

 

      3.51            9.8

 0.0

  0.7

 7.0

   27.8

Que cultivan

hasta 5 dec.

 

      4.49          12.9

19.7

  1.0

17.7

   31.2

Que cultivan

de 5 a 10 dec.

 

      5.44          17.4

34.2

  1.8

40.2

   39.0

Que cultivan

de 10 a 20 dec.

.

      6.67          21.8

61.1

  4.4

61.4

   63.0

Que cultivan

de 20 a 50 dec.

.

      7.86          28.8

87.3

14.2

79.8

 118.2

Que cultivan

más de 50 dec.

      9.25          44.6

93.2

40.2

86.6

 261.0

------------------

Total

5.49

  17.4

37.7

 6.0

38.9

   65.0

 

 

 

105

En los grupos superiores de los campesinos (que concentran, como ya sabemos, la mayor parte de las tierras en arriendo), el arriendo tiene, por tanto, un carácter abiertamente indus-trial, de empresa capitalista, contra la opinión de ordinario exten­dida entre los economistas populistas.

 

Pasamos a los datos referentes al trabajo asalariado, que en este distrito son de especial valor por lo completos que son (precisamente porque se han añadido los datos relati­vos a la contrata de jornaleros).

 

 

 

 

Nº de haciendas que contratan obreros

% de haciendas que contratan

 obreros

Grupos de

labradores

Nº de

traba-

jadores varo-nes por 1 haci-

enda

 

A        Para     Para     Para

plazo   la        la         la

           siega   siega    trilla

           de       de

           heno   cere-

                     ales          

               

A        Para     Para     Para

plazo   la        la         la

           siega   siega    trilla

           de       de

           heno   cere-

                     ales          

 

Que no cultivan

la tierra

 

0.6

         16          -           -

 0.15    0.6         -            -

Que cul-tivan has-

ta 5 dec.

 

1.0

51         364         340      655

 0.7       5.1        4.7        9.2

Que cul-tivan de 5 a 10 dec.

 

1.2

268       910     1.385     1.414

 4.2     14.3      20.1       22.3 

Que cul-tivan de 10 a 20 dec.

 

1.5

940     1.440     2.325    1.371

17.7    27.2      43.9       25.9

Que cul-tivan de 20 a 50 dec.

 

1.7

1.107  1.043     1.542       746

50.0    47.9     69.6        33.7

Que cul-tivan más de 50 dec.

      2.0

   143     111        150        77

83.1    64.5     87.2       44.7

-----------------

Total                  1.2      2.513   3.884    5,742     4,263     10.6    16.4    24.3      18.8

 

 

Vemos cómo se refuta aquí de manera patente la opinión de los estadísticos de Sarátov de que la contrata de jornaleros no constituye un rasgo típico del vigor o de la debilidad de la hacien-da. Por el contrario, es en el más alto grado un rasgo distintivo de la burguesía campesina. En todos los tipos de la contrata de jornaleros vemos una elevación del tanto por ciento de los labradores que toman jornaleros a su servicio al mismo tiempo que aumenta su fortuna, y eso a pesar de que los campesinos acomodados son los que más trabajadores

 

 

 

106

familiares tienen a su disposición. La cooperación familiar es también aquí base de la cooperación capitalista. Vemos luego que el número de haciendas con jornaleros a su servicio supera 21/2 veces (promedio para el distrito) el de las hacien­das con obreros contratados a plazo; tomamos el número de jornaleros contratados para la siega de cereales; lamentable-mente, las estadísticas no dan el número total de haciendas que contratan jornaleros a su servicio, aunque disponían de dichos datos. En los tres grupos superiores, de 7.679 haciendas, 2.190 contratara braceros y 4.017, es decir, la mayoría de los campesinos del grupo acomo-dado, contratan jornaleros para la siega de cereales. La contrata de jornaleros, se comprende, no constituye en modo alguno una particularidad de la provincia de Perm, y si hemos visto antes que de 2 a 6 y a 9 décimas de todos los campesinos incluidos en los grupos acomodados contratan braceros, la consecuencia directa de ello es la siguiente. La mayoría de las haciendas de campesinos acomodados utiliza el trabajo asalariado en una u otra forma. Condición indispensable para' la existencia de los campesinos acomodados es la formación de un contingente de braceros y jornaleros. Es, en fin, por demás interesante subrayar que la relación entre el número de haciendas que contratan jornaleros y el de hacien­das que contratan braceros desciende de los grupos campesinos inferiores a los superiores. En los grupos inferiores, el número de haciendas que contratan jornaleros supera siempre muchas veces al de haciendas que contratan braceros. Por el contrario, el número de haciendas que contratan braceros en los grupos superiores resulta, a veces, incluso superior al de haciendas que contratan jornaleros. Ese hecho muestra claramente cómo en los grupos superiores se forman haciendas verdaderamente basadas en el trabajo de los braceros, basadas en el constante empleo del trabajo asalariado; éste se distribuye de manera más regular a través de las estaciones del año y posibilita evitar la contrata de jornaleros, más costosa y que ofrece más inconvenientes. Citaremos, a propósito, los datos relativos al trabajo asalariado en el distrito Yelábuga, provincia de Viatka (los campesinos acomodados van unidos aquí con los medios).

 

 

 

107

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Grupos

de

labra-

dores

Haciendas

          %

% de

per-

sonas

de am-

bos

sexos

Trabajadores asalariados

A plazo       jornaleros

 

 

 

       %               %

% de todo el ganado

% de tie-rras de na-diel labradas

% de haciendas

 

Que     Que

toman dan

tierra  tierra

en ar- en ar-    riendo riend

 

Sin

caballos. .

 4.258   12,7

8,3

56        3,2    16.031  10,6

1,4

5,5

7,9       42,3

Con 1

caballo

12.851  38,2

33,3

218    12,4    28.015  18,6

24,5

27,6

23,7     21,8

Con varios

caballos

16.484  49,1

58,4

1.481 84,4  106.318  70,8

74,1

66,9

35,3       9,1

---------------

Total           33.593  100       10       1,755 100   150,364  100     100      100       27,4     18,1

 

 

Si admitimos que cada jornalero trabaja un mes (vein­tiocho días), resulta que su número es tres veces superior al de los obreros contratados a plazo. Indicaremos de paso que también en la provincia de Viatka vemos relaciones que nos son ya familiares entre los grupos por lo que a la contrata de obreros y a la toma y entrega en arriendo de la tierra se refiere.

 

Son muy interesantes los datos del censo por haciendas relativos al abono de las tierras, que aducen las estadísticas de Perm. He aquí el resultado del estudio de dichos datos53;

 

 

% de haciendas                      Carros de estiércol

Grupos de labradores             que llevan esti-            llevados al campo

                                             ércol al campo                         por hacienda (de las

                                                                                            que llevan)

                                                                                                       

Que cultivan hasta 5 dec.                   33,9                                          80

Que cultivan de 5 a 10                       66,2                                        116

Que cultivan de 10 a 20                     70,3                                        197

Que cultivan de 20 a 50                     76,9                                        358

Que cultivan más de 50                     84,3                                        732

-------------------------------------------------------------------------------------

Total                                                 51,7                                        176

 

Así pues, también aquí vemos una profunda diferencia en el sistema y modo de cultivo de la hacienda de los campesinos pobres y los acomodados. Y esa diferencia debe

                    

 

 

p. 108

darse en todos los sitios, pues los campesinos acomodados concentran en sus manos en todos los sitios la mayor parte del ganado campesino y tienen más posibilidades de invertir su trabajo en la mejora de la hacienda. Por eso, si sabe­mos, por ejemplo, que los “campesinos” de la época posterior a la Reforma proporcionaban un contingente de haciendas sin caballos ni ganado y, al mismo tiempo, “mejoraban el sistema de cultivos”, pasando al abono de la tierra (descrito con detalle por el Sr. V, V. en su Tendencias progresistas en la hacienda campesina, págs. 123-160 y sig.), eso nos demuestra con toda evidencia que las “tendencias progresistas” significan, simplemente, el progreso de la burguesía rural. Ello se pone de relieve con más claridad aún en la distribución de la maquinaria agrícola perfeccionada, de la que las esta-dísticas de Perm también proporcionan datos. Estos, sin embargo, no afectan a toda la parte agrícola del distrito, sino sólo a las zonas tercera, cuarta y quinta, que abarcan 15.076 haciendas de las 23.574. Se hallan registradas las siguientes máquinas perfeccionadas: 1.049 aventadoras, 225 seleccionadoras y 354 tri­lladoras, en total 1.628. La distribución por grupos es la siguiente:

 

 

Máquinas                  Total de má-                % con re-

Grupos de labradores             perfecciona                  quinas per-                  lación al                                                       das corres-                   seccionadas                 total de

                                             pendientes                                                      máquinas                                                      a 100 hacien                                                    perfeccio-       

das                                                               nadas                                                 

Que no cultivan la tierra                    0,1                         2                            0,1      

Que cultivan hasta 5 dec.                   0,2                        10                           0,6

Que cultivan de 5 a 10                       1,8                        60                           3,7

Que cultivan de 10 a 20                     9,2                      299                           18,4

Que cultivan de 20 a 50                   50,4                      948                           58,3 }

Que cultivan más de 50                   180,2                     309                           18,9 }    77,2

-------------------------------------------------------------------------------------------------

Total                                                10,8                  1.628                          100

 

 

¡Una ilustración más a la tesis “populista” del Sr. V. V. de que “todos” los campesinos utilizan maquinaria perfec­cionada!

 

Los datos relativos a las “industrias” nos permiten esta vez destacar dos tipos esenciales, que atestiguan: 1) la transfor

 

 

 

109

mación de los campesinos en burguesía rural (posesión de empresas comerciales e industriales) y 2) la transformación de los campesinos en proletariado rural (venta de la fuerza de trabajo, las llamadas “industrias agrícolas”). He aquí la distribución por grupos de estos “industriales”, de tipo diame­tralmente opuesto *:

 

Distribución             

de las empre              % de haci-

Empresas co              sas comer. e                 das con

Grupos de labradores             merciales e                  indust. por                   industrias                                                     industriales                  grupos en %                agrícolas

                                             por cada 100                con relación                                                                                     haciendas                    al total                        

 

Que no cultivan la tierra                    0,5                         1,7                          52,3   

Que cultivan hasta 5 dec.                   1,4                        14,3            26,4

Que cultivan de 5 a 10                       2,4                        22,1               5,0

Que cultivan de 10 a 20                     4,5                        34,3 }                         1,4   

Que cultivan de 20 a 50                     7,2                        23,1 } 61,9                 0,3

Que cultivan más de 50                     18,0                        4,5 }                            -    

-------------------------------------------------------------------------------------------------

Total                                                   2,9                    100                              16,2

 

 

El cotejo de estos datos con los relativos a la distribu­ción de siembras y a la contrata de obreros nos demuestra una vez más que la diferenciación de los campesinos crea mercado interior para el capitalismo.

 

Vemos también cuán profundamente se desfigura la reali­dad cuando las ocupaciones de tipo más diverso se funden en un grupo bajo el título de “industrias” o de “ganancias”, cuando la “unión de la agricultura con las industrias” se presenta (en los señores V. V. y N. -on, por ejemplo) como algo siempre idéntico, como algo homogéneo y que excluye el capitalismo.

 

Indicaremos, para terminar, el carácter análogo de los datos del distrito de Ekaterinburgo. Si de las 59.709 hacien­das del distrito descontamos las carentes de tierra (14.601), las que sólo tienen prados (15.679) y las que tienen abando­nado todo el nadiel (1.612), de las 27.817 restantes obtendre­mos los siguientes datos: 20.000 haciendas que no siembran

 

--------------

* Las “industrias agrícolas” sólo han sido señaladas también en las tres últimas zonas. Hay 692 empresas comerciales e industriales: 132 molinos de agua, 16 almazaras, 97 empresas de extracción de alquitrán y resina, 283 “herrerías, etc.” y 164 “tiendas, tabernas, etc”.

 

 

 

110

 

o siembran poco (hasta 5 deciatinas) tienen en total 41.000 deciatinas de siembra de las 124.000, es decir, menos de 1/3. Por el contrario, 2.859 haciendas acomodadas (que siembran más de 10 deciatinas) tienen 49.751 deciatinas de siembra y 53.000 deciatinas de tierra arrendada del total de 67.000 (de ellas, 47.000 de las 55.000 deciatinas de tierras campesi­nas en arriendo). La distribución de las dos categorías “indus­triales” de tipo opuesto, al igual que de las haciendas con braceros, es en el distrito, de Ekaterinburgo en un todo se­mejante a la distribución de estos índices de diferenciación en el distrito de Krasnoufimsk.

 

 

V. DATOS ESTADISTICOS DE LOS ZEMSTVOS DE LA PROVINCIA DE ORIOL

 

Disponemos de dos recopilaciones, relativas a los distri­tos de Elets y Trubchevsk de esta provincia, que dan la clasificación de haciendas campesinas por el número de caballos de labor*.

 

Uniendo estos dos distritos damos los datos generales por grupos.

 

 

 

--------------

* Recopilación de las estadísticas de la provincia de Oriol, tomo II, Moscú, 1887. Distrito de Elets, y tomo III, 1887. El distrito de Trubchevsk.

 

 

 

111

De ahí se ve que las relaciones generales entre los grupos son también en este caso las mismas que vimos antes (concentración de tierra comprada y arrendada por los acomodados, paso a ellos de la tierra de los pobres, etc.). Son también en un todo análogas las relaciones entre los grupos por lo que al trabajo asalariado, a las “industrias” Y a las “tendencias progresistas” en la economía se refiere:

 

 

 

 

Así pues, también en la provincia de Oriol vemos la diferenciación de los campesinos en dos tipos diametralmente opuestos: por una parte, en proletariado rural (aban­dono de tierras y venta de la fuerza de trabajo) y, por otra, en burguesía campesina (compra de tierras, arriendo de áreas considerables, especialmente de los nadieles, mejora de la hacienda, contrata de braceros y jornaleros, que aquí se pasan por alto, incorporación de empresas comerciales e in­dustriales a la agricultura). Pero, las dimensiones de la econo­mía agrícola entre los campesinos son aquí, en general, muy inferiores a las de los casos antes citados; hay incomparablemente menos campesinos que siembran grandes superficies,

 

--------------

En el último no entran las comunidades suburbanas. Los datos del arriendo los tomamos en conjunto, uniendo el arriendo de la tierra que es de nadiel y de la que no lo es. La cantidad de tierra entregada en arriendo la hemos determinado aproximadamente, por el número de haciendas que dan en arriendo todo el nadiel. Sobre la base de las cifras obtenidas hemos determinado el usufructo de la tierra en cada grupo (nadiel + tierra comprada + tierra arrendada-tierra dada en arriendo).

 

 

 

112

y la diferenciación de los campesinos, a juzgar por estos dos distritos, parece, por eso, más débil. Decimos “parece” y nos basamos para ello en las siguientes razones: en primer lugar, si aquí observamos que los “campesinos” se transfor­man con mucha mayor rapidez en proletariado rural, desta­cando grupos apenas perceptibles de burgueses del campo, hemos visto ya, en cambio, ejemplos opuestos, en los cuales se hace especialmente sensible este último polo de la aldea. En segundo lugar, la diferenciación de los campesinos agri­cultores (en este capítulo nos limitamos precisamente a los campesinos agricultores) es velada por las “industrias”, que alcanzan un desarrollo singular (el 40%, de las familias). Y entre los “industriales” también aquí se incluyen, junto a la mayoría de obreros asalariados, la minoría de comerciantes, mayoristas, patronos, amos, etc. En tercer lugar, la diferencia­ción de los campesinos se vela aquí debido a la carencia de datos de las ramas de la agricultura local que más estrechamente se hallan ligadas al mercado. El desarrollo de la agricultura mercantil, comercial, no se orienta aquí a la amplia­ción de las siembras para la venta del grano, sino a la producción de cáñamo. A este producto se une aquí el mayor número de operaciones comer-ciales, y los datos de los cuadros incluidos en la recopilación no destacan precisamente este aspecto de la agricultura en los distintos grupos. “Las plantaciones de cáñamo proporcionan el principal ingreso a los campesinos” (es decir, el ingreso monetario. Recopilación del distrito de Trubchevsk, pág. 5 de la descripción por aldeas y otras muchas), “la principal atención de los campesinos está dirigida al cultivo del cáñamo... Todo el estiér­col... es destinado a abonar las plantaciones de cáñamo” (ibíd., 87), “con la garantía de cáñamo” se presta dinero, el cáñamo sirve para pagar deudas (ibíd., passim). Los campesinos acomodados compran estiércol a los pobres para abonar sus campos de cáñamo (Recopilación del distrito de Oriol, t. VIII, Oriol, 1895, pág. 105), los cañamares son dados y tomados en arriendo en las comunidades propias y ajenas (ibíd., 260), parte de las “empresas industriales” de cuya concentración hablábamos se halla ocupada en la elaboración

 

 

 

113

del cañamo. Está claro lo incompleto de un cuadro de lá dife­renciación que carece precisamente de los datos relativos al más importante producto comercial de la agricultura de ese lugar*.

 

 

VI. DATOS ESTADISTICOS DE LOS ZEMSTVOS DE LA PROVINCIA DE VORONEZH

 

Las recopilaciones de la provincia de Vorónezh se distin­guen por lo especialmente completo de sus datos y la abun­dancia de clasificaciones. Además de la clasificación corriente, por nadieles, en varios distritos nos encontramos con la clasi­ficación por ganado de labor, por trabajadores (fuerza de trabajo de la familia), por industrias (los que no se dedican y los que se dedican a industrias: a) agrícolas, b) mixtas y c) comerciales e industriales), por braceros (haciendas que proporcionan braceros; sin braceros y que no proporcionan braceros a otra hacienda, y con braceros contratados). Esta última clasificación se ha hecho en la mayor parte de los distritos, y a primera vista podría parecer la más favorable para el estudio de la dife-renciación de los campesinos. Sin embargo, en la práctica, no es así: el grupo de haciendas que proporcionan braceros está muy lejos de abarcar a todo el proletariado rural, pues en él no entran las haciendas que proporcionan jornaleros, peones, obreros fabriles, de la

 

--------------

* El redactor de la recopilación del distrito de Oriol indica (cuadro Nº 57) que el acopio de estiércol por cabeza de ganado mayor es entre los campesinos acomodados casi el doble que entre los no acomodados (391 puds por cabeza de ganado con 7,4 cabezas por hacienda contra 208 puds por cabeza de ganado con 2,8 cabezas por hacienda. Y este resultado se ha obtenido clasificando según los nadieles, lo cual atenúa la profundidad real de la diferenciación). Ello ocurre porque los pobres se ven obligados a consumir la paja y el estiércol como combustible, a venderlo, etc. El acopio “normal” de estiércol por cabeza de ganado (400 puds) lo alcanza, pues, sólo la burguesía campesina. El Sr. V. V. podría adentrarse a este propósito en consi-deraciones (como lo hace alrededor del hecho de que los campesinos se vayan quedando sin caballos) sobre el “restablecimien­to de la relación normal” entre la cantidad de ganado y la de estiér­col.

 

 

 

114

construcción y de removido de tierras, criados, etc. Los brace­ros constituyen sólo parte de los obreros asalariados propor­cionados por los “campesinos”. El grupo de haciendas que contrata braceros es también por demás incompleto, pues en él no entran las haciendas que contratan jornaleros. El grupo neutral (que no proporciona ni contrata braceros) mezcla en cada distrito a decenas de miles de familias, agrupando a miles que carecen de caballo con miles que tienen varios, a los que toman tierras en arriendo con los que la dan, a agricultores y no agricultores, a miles de obreros asalariados y a la minoría de patronos, etc. La cifra “media” para todo el grupo neutral se obtiene, por ejemplo, sumando las hacien­das sin tierra o con tres o cuatro deciatinas (de tierra de nadiel y comprada en total) con aquellas que tienen más de 25 y 50 deciatinas de tierras de nadiel y además adquieren en propiedad decenas y centenares de deciatinas (Recopilación del distrito de Bobrov, pág. 336, rúbrica núm. 148; del distrito de Novojopiorsk, pág. 222), sumando las haciendas con un total de 0,8 a 2,7 cabezas de ganado por familia con haciendas que en total disponen de 12 a 21 cabezas de ganado (ibíd.). Se comprende: con ayuda de esos términos “medios” no es posible presentar la diferenciación de los campesinos, y no tenemos otro remedio que tomar la clasificación por el ganado de labor como la más aproximada a la clasificación por las dimensiones de la economía agrícola. Tenemos a nuestra disposición cuatro recopilaciones con esa clasificación (de los distritos de Zemliansk, Zadonsk, Nizhne­devitsk y Korotoyak) de los cuales debemos elegir el distrito de Zadonsk, puesto que para los restantes no se dan sepa­radamente los datos relativos a la tierra comprada y dada en arriendo por grupos. Más adelante damos los datos conjuntos de estos cuatro distritos; el lector verá como de ellos se derivan las mismas consecuencias. He aquí los datos generales por grupos del distrito de Zadonsk (15.704 ha­ciendas, 106.288 personas de ambos sexos, 135.656 deciati­nas de tierra comunal, 2.882 deciatinas de tierra comprada, 24.046 deciatinas de tierra tomada en arriendo y 6.482 decilatinas de tierra dada en arriendo).

 

 

 

115

 

 

 

También aquí las relaciones entre los grupos son las mismas que en los distritos y provincias anteriores (concen­tración de la tierra comprada y tomada en arriendo, paso de los nadieles de los campesinos no acomodados a los arren­datarios y a los campesinos acomodados, etc.), pero la impor­tancia de los campesinos acomodados es en este caso incompa­rablemente más débil. Las dimensiones en extremo reducidas de la economía agrícola de los campesinos plantean, naturalmente, incluso la cuestión de si éstos pertenecen a los agricultores o a los “industria-les”. He aquí los datos relativos a las “industrias”, primero sobre su distribución por grupos. (Ver el cuadro en la pág. 116. -Ed.)

 

La distribución de los aperos perfeccionados y de los dos tipos de las “industrias” opuestos (venta de la fuerza de trabajo y empresas comerciales e industriales) es también aquí igual que en los datos antes examinados. El enorme tanto por ciento de haciendas con “industrias”, el predo­minio de las haciendas que compran trigo sobre las que lo venden y del ingreso monetario procedente de las “indus-

 

 

 

116

 

trias” sobre el ingreso monetario procedente de la agricul­tura*, todo ello da motivos para considerar este distrito

 

      Aperos            % de                                     % de haciendas            % del ingreso

     perfeccio-       haciendas                                                                   monetario de

     nados

Grupos

de

labra-

dores

Por        %

100       del

hac.      to-

             tal

Que    Que

con-    pro-

tra-     por-

tan      cio-

bra-    nan

ce-      bra-

ros      ce-

           ros

 

Empresas comercia-les e in-dustriales por 100 haciendas

Con “in-dus-trias”

Que   ven- den  trigo

Que com-pran grano

Las     La

“in-     venta

dus-    de

trias”   pro-

           duc-

           tos

           agr.        

Sin ca

ballo

-            -

 

0,2     29,9

1,7

94,4

,7,3

70,5

87,1    10,5

Con 1

Caba-llo

0,06     2,1

1,1     15,8

2,5

89,6

31,2

55,1

70,2    23,5

Con 2 ó 3 ca

ballos

1,6     43,7

7,7    11,0

6,4

86,7

52,5

28,7

60,0    35,2

Con 4 y más

caba- llos

--------

 

 

23,0   54,2

 

 

28,1     5,3

 

 

30,0 

 

 

71,4

 

 

60,0

 

 

 8,1

 

 

46,1    51,5

Total

1 2

100

 3 8

17 4

4 5

90,5

33,2

48,9

66,0

29,0

 

 

más bien “industrial” ,que agrícola. Examinemos, sin em­bargo, qué industrias son éstas. La Recopilación de datos de tasación de la propiedad territorial campesina en los distritos de Zemliansk, Zadonsk, Korotoyak y Nizhnederitsk (Vorónezh, 1889) da una relación de todas las profesiones de los “industriales” locales y de los que van a trabajar fuera de la localidad (222 profesiones en total), distribuyéndolos por grupos según el nadiel e indicando el volu-men del salario en cada profe­sión. De dicha relación se desprende que la inmensa mayoría de las “industrias” campesinas consiste en el trabajo asalariado. De 24.134 “industriales” existentes en el distrito de Zadonsk hay 14.135 braceros, carreros, pastores y peones, 1.813 obreros de la construcción, 298 obreros urbanos, fabriles, etc., 446 que prestan servicio a particulares, 301 mendigos, etc. Con otras

 

--------------

* En el poco numeroso grupo superior de los campesinos vemos lo contrario: el predominio de la venta del trigo sobre la compra, la obtención de un ingreso monetario de la tierra principalmente, un elevado tanto por ciento de dueños con braceros, con aperos perfeccio-nados y con empresas comerciales e industriales. Todos los rasgos típicos de la burguesía cam­pesina se ponen también aquí de relieve palmariamente (pese a su esca­so número) en forma de incremento de la agricultura comercial y capitalista.

 

 

 

117

palabras: la inmensa mayoría de los “industriales” son repre­sentantes del proletariado rural, obreros asalariados con nadiel, que venden su fuerza de trabajo a los patronos rurales e industriales*. Así pues, si tomamos la relación entre los diver­sos grupos de campesinos en una provincia dada o en un distrito dado, en todos los lugares vemos los rasgos típicos de la diferenciación, lo mismo en las provincias esteparias abun­dantes en tierras, con siembras de los campesinos relativamente enormes, que en las zonas de la mayor escasez de tierra, con “haciendas” campesinas en miniatura; pese a las más profundas diferencias de las condiciones agrarias y agrícolas, la relación del grupo superior con respecto al in­ferior es siempre igual. Si comparamos regiones diversas, en unas se pone de manifiesto con especial relieve la formación de patronos rurales entre los campesinos, y en otras, la formación del proletariado rural. De suyo se comprende que en Rusia, lo mismo que en cualquier otro país capitalista, este último aspecto del proceso de diferenciación abarca un número incomparablemente mayor de pequeños agricultores (y, es posible, mayor número de zonas) que el primero.

 

 

VII. DATOS ESTADISTICOS DE LOS ZEMSTVOS DE LA PROVINCIA DE NIZHNI NOVGOROD

 

Los datos de tres distritos de la provincia de Nizhni Nóvgorod —Kniaguinin, Makáriev y Vasil— correspondientes al censo estadístico de los zemstvos por hogares se hallan

 

--------------

* Como complemento a lo antes dicho acerca del concepto de las “industrias” en la estadística de los zemstvos daremos datos más completos de las industrias campesinas de ese lugar. Los funcionarios de estadística de los zemstvos las han dividido en seis categorías: 1) industrias agrícolas (59.277 personas sobre un total de 92.889 “industriales” en los cuatro distritos). Entre la inmensa mayoría de obreros asalariados entran, sin embargo, aquí patronos (dueños de melonares, huertas, colmenares, puede que parte de los cocheros, etc.). 2) Artesanos y kustares (20.784 personas). Entre los verdaderos artesanos (es decir, que trabajan por encargo de los consumidores) hay muchos obreros asalariados, especialmente de la construcción, etc. De estos últimos hemos contado más de 8.000 (entran

 

 

 

118

reunidos en un cuadro por grupos; en él se divide a las haciendas campesinas (sólo las de tierras de nadiel y recogiendo únicamente a los campesinos que viven en su aldea) en cinco grupos según el ganado de labor (Materiales para la tasa­ción de las tierras de la provincia de Nizhni Nóvgorod. Parte eco­nómica, fascíc. IV, IX y XII, Nizhni Nóvgorod, 1888, 1889, 1890).

 

Agrupando estos tres distritos obtenemos los siguientes datos de los grupos de haciendas (en los tres distritos men­cionados los datos abarcan a 52.260 haciendas con 294.798 almas. Tierra de nadiel, 433.593 deciatinas; tierra comprada, 51.960 deciatinas; tomada en arriendo, 86.007 deciatinas, comprendiendo toda clase de tierra, de nadiel o que no es de nadiel, labrada y prados; tierra dada en arriendo, 19.274 deciatinas) :

 

 

 

--------------

también, seguramente, patronos: panaderos, etc.). 3) Criados, 1.737 personas. 4) Comerciantes y patronos industriales, 7.104 personas. Según hemos dicho, la separación de esta categoría de la masa general de “industriales” es especialmente necesaria. 5) Profesiones liberales, 2.881 personas, incluidos 1.090 mendigos; además, entran los vagabundos, los gendarmes, las prosti‑

 

 

 

119

También aquí, por consiguiente, vemos que los campesi­nos acomodados, aunque tienen más tierras de nadiel (el tanto por ciento de tierra de nadiel en los grupos superiores es mayor que el tanto por ciento de su población), concentran en sus manos la tierra comprada (el 9,6% de las haciendas de campesinos acomodados posee el 46,2% de la tierra comprada, mientras que a 2/3 de las haciendas de los campesinos necesitados corresponde menos de la cuarta parte del total de tierra comprada), concentran también en sus manos el arriendo, “reúnen” la tierra de nadiel, dada en arriendo por los pobres y, gracias a todo ello, la distribu­ción real de la tierra en usufructo de los “campesinos” no se parece en absoluto a la distribución de la tierra de nadiel. Los campesinos sin caballo disponen en realidad de menos tierra que el nadiel garantizado por la ley. Los que poseen uno o dos caballos aumentan sus posesiones sólo del 10 al 30° c (de 8,1 a 9,4 deciatinas, de 10,5 a 13,8 deciatinas), cuando los campesinos acomodados las incre­mentan de una vez y media a dos veces. Mientras que la diferencia entre los grupos por la cantidad de tierra de nadiel es insignificante, la que existe entre ellos por las dimensiones reales de la hacienda agrícola es enorme; así se desprende de los datos anteriores relativos al ganado y de los que damos a continuación con respecto a la siembra: (ver el cuadro en la pág. 120. -Ed.)

 

La diferencia entre los grupos por lo que al área de siembra se refiere resulta aún mayor que por las proporcio­nes de la posesión y el usufructo efectivo de las tierras, sin hablar ya de las diferencias por las dimensiones de nadiel**.

 

--------------

tutas, los policías, etc. 6) Obreros urbanos, fabriles y otros, 1.106 personas. “Industriales” locales. 71.112, que salen a trabajar fuera, 21.777; varones, 85.255; mujeres, 7.634. El volumen del salario es el más diverso: 8.580 peones del distrito de Zadonsk, por ejemplo, ganan 234.677 rublos, al tiempo que 647 comerciantes y patronos industriales sacan 71.799 rublos. Puede imaginarse la confusión que se obtendría de reunir en un conjunto todas estas “industrias” de tan diverso carácter; y así proceden de ordinario nuestros funcionarios de estadística de los zemstvos y nuestros populistas.
* Si tomamos la cantidad de tierra de nadiel de los campesinos sin caballos (por 1 hacienda) por 100, para los grupos superiores la cantidad

 

 

 

120

 

Grupos

de

labradores

Siembra por 1 hacienda, en dec.

% con relación a todas las haciendas

% de haciendas con braceros

% de labradores con empresa comerciales e industriales

% de haciendas con trabajos fuera del pueblo

Sin caballos

1.9

11.4

0.8

1.4

54.4

Con un caballo

 4.4

32.9

1.2

2.9

21.8

Con 2 caballos

 7.2

32.4

3.9

7.4

21.4

Con 3 caballos

10.8

15.6

8.4

15.3

21.4

Con 4 y más

Caballos

------------------

 

16.6

 

7.7

 

17.6 

 

25.1

 

23.0

Total

 5.0

100 

2.6

 4.6

31.6

 

 

Ello nos muestra una y otra vez la completa inutilidad de la clasificación por las dimensiones de tierra de nadiel, cuyo carácter “igualitario” se ha transformado ahora en una mera ficción jurídica. Las restantes columnas del cuadro muestran de qué modo tiene lugar la “unión de la agricultura con la industria” entre los campesinos: los acomodados unen la agricultura comercial y capitalista (elevado tanto por ciento de hogares con braceros) a las empresas comerciales e indus­triales, al mismo tiempo que los pobres unen la venta de su fuerza de tra-bajo (“trabajo fuera del pueblo”) a la insigni­ficante área de siembra, es decir, se transforman en braceros y jornaleros con nadiel. Observaremos que la falta de una regular disminución del tanto por ciento de haciendas con salarios fuera del pueblo se debe a la extraordinaria diver­sidad de estos “salarios” e “industrias” entre los campesinos de la provincia de Nizhni Nóvgorod : además de los obreros agrícolas, de los peones, de los obreros de la construcción y de los que trabajan en barcos, etc., se incluye en este capí­tulo un número relativamente muy considerable de “kustares”, de propietarios de talleres industriales, de comerciantes, de

 

--------------

de tierra de nadiel se expresará con las cifras siguientes: 159, 206, 259 y 321. Las cifras correspondientes a la posesión efectiva de tierra en cada grupo serán: 100, 214, 314, 477 y 786; y para el área de la siembra por grupos: 100, 231. 378, 568 y 873.

* Sólo para el distrito de Kniaguinin.

 

 

 

121

mayoristas, etc. Se comprende que la mezcla de tan diversos tipos de “industriales” quita exactitud a los datos de las “haciendas con trabajos fuera del pueblo”*.

 

Con respecto a las diferencias en la hacienda agrícola 'de los distintos grupos de campesinos, observaremos que en la provincia de Nizhni Nóvgorod el “abono constituye una de las más importantes condiciones determinantes del grado de rendimiento de las tierras labradas” (pág. 79 de los Ma­teriales para la tasación de las tierras del distrito de Kniagui­nin). La cosecha media de centeno se eleva regularmente a medida que aumenta el abono: con 300 a 500 carros de estiércol por 100 deciatinas de nadiel, la cosecha de centeno es igual a 47,1 meras** por deciatina, y con 1.500 y más carros es de 62,7 meras (pág. 84, ibíd.). Está claro, por ello, que la diferencia de los grupos por el volumen de la producción agrícola debe ser mayor aún que la diferencia por el área de siembra, y que los funcionarios de estadísti­ca de Nizhni Nóvgorod han cometido un gran error, al estudiar el rendimiento de las tierras campesinas en general en vez de hacerlo por separado con las tierras de los campesinos no acomodados y los acomodados.

 

 

VIII. REVISTA DE LOS DATOS ESTADISTICOS DE LOS ZEMSTVOS CORRESPONDIENTES A OTRAS PROVINCIAS

 

Como el lector habrá observado, para el estudio de la diferenciación de los campesinos nos valemos exclusivamen­te de los censos estadísticos de los zemstvos por hogares si abarcan a zonas más o menos considerables, si proporcionan datos suficientemente detallados de los índices más impor­tantes relativos a la diferenciación y si (lo que es de sin­gular importancia) están ordenados de modo que se pueden limitar los diversos grupos campesinos atendido su bienestar

 

--------------

* Sobre las “industrias” de los campesinos de la provincia de Nizhni Nóvgorod véase en M. Plótnikov, Las industrias kustares en la provincia de .Nizhni Nóvgorod (Nizh. Nov. 1894), los cuadros insertados al final de la obra y las recopilaciones estadísticas de los zemstvos, en especial las de los distritos de Gorbátov y Semiónov.

** Mera: 2,621 decalitros. Ed.

 

 

 

 

122

económico. Los datos expuestos, relativos a 7 provincias, agotan el material estadístico de los zemstvos que satisface esas condiciones y que hemos tenido la posibilidad de utili­zar. Para completarlos haremos breve referencia a los datos restantes, menos completos, de género idéntico (es decir, que están basados en los censos totales por hogares).

 

Para el distrito de Demiansk, provincia de Nóvgorod, tenemos un cuadro que clasifica las haciendas campesinas por el número de caballos (Materiales para la tasación de las fincas rústicas de la provincia de Nóvgorod. El distrito de Demiansk, Nóvgorod, 1888). No figuran en él datos relativos a la toma y entrega de la tierra en arriendo (en deciati­nas), mas los que figuran testimonian la completa identi­dad de las relaciones entre los campesinos acomodados y pobres en esta provincia con respecto a las otras. También aquí, por ejemplo, se eleva del grupo inferior al superior (de los que carecen de caballos a los que poseen tres y más) el tanto por ciento de haciendas con tierra comprada y tomada en arriendo, pese a que quienes poseen varios caballos están provistos de tierra de nadiel por encima del término medio. El 10,7% de las haciendas con tres y más caballos -lo que representa el 16,1% de la población- tiene el 18,3% de toda la tierra de nadiel, el 43,4% de la comprada, el 26,2% de la tomada en arriendo (si puede juzgarse de ella por el área de siembra de centeno y cebada en las tierras arrendadas) y el 29,4% de todas las “construc­ciones industriales”, mientras que el 51,3% de las hacien­das sin caballos o con uno solo, con el 40,1% de la población, tienen únicamente el 33,2% de la tierra de nadiel, el 13,8% de la tierra comprada, el 20,8% de la tomada en arriendo (en el sentido indicado) y el 28,8% de las “construcciones industriales”. Dicho con otras palabras: también aquí “recoge” tierra el campesino acomodado y une a la agricultura las “industrias” comerciales e industriales, mientras que los pobres abandonan la tierra y se transfor­man en obreros asalariados (el tanto por ciento de “per­sonas con industrias” desciende del grupo inferior al supe­rior, desde el 26,6% para los que carecen de caballos

 

 

 

123

hasta el 7,8% para los que tienen tres y más caballos). Lo incompleto de estos datos nos obliga a no incluirlos en el resumen de los materiales que damos a continuación, relati­vos a la diferenciación de los campesinos.

 

Por la misma causa tampoco incluimos los datos de parte del distrito de Kozelets, provincia de Chernígov (Materiales para la tasación de las fincas rústicas, reunidos por la sección de estadística del Consejo provincial del zemstvo, tomo V, Cherní­gov, 1882; por la cantidad de ganado de labor se han cla­sificado datos de 8.717 haciendas de la zona de tierras negras del distrito). La relación entre los grupos es aquí la misma: el 36,8% de las haciendas sin ganado de labor, con el 28,8% de la población, tiene el 21% de la tierra propia y de nadiel y el 7% de la tomada en arriendo; en cambio, reúne el 63% de toda la tierra dada en arriendo por esas 8.717 haciendas. El 14,3% de las haciendas con cuatro y más cabezas de ganado de labor, con el 17,3% de la población, posee el 33,4% de la tierra propia y de nadiel, el 32,1% de la tomada en arriendo y sólo el 70% de la dada en arriendo. Por desgracia, las haciendas restantes (con una a tres cabezas de ganado de labor) no se hallan subdivididas en grupos más pequeños.

 

En Materiales para la investigación del usufructo de tierras y de la vida económica de la población rural de las provincias de Irkutsk y el Yeniséi, hay un cuadro de clasificación en extremo intere­sante (por el número de caballos de labor) relativo a las haciendas campesinas y de colonos en cuatro comarcas de la provincia del Yeniséi (tomo III, Irkutsk, 1893, pág. 730 y sig.). Es muy interesante observar que la relación entre el siberiano acomodado y el colono ( ¡es posible que ni el más furibundo populista se atreviera a buscar en ella la famosa comunidad!) coincide por completo en el fondo con la relación de los miembros acomodados de nuestra comuni­dad y sus “hermanos” sin caballos o con un solo caballo. Agrupando a los colonos y a los campesinos que viven en Siberia desde antaño (y esa agrupación es necesaria, porque los primeros sirven de fuerza de trabajo para los segundos), obtenemos los rasgos ya conocidos de los grupos superiores

 

 

 

124

e inferiores. El 39,4%, de haciendas de los grupos inferiores (sin caballos o con uno y dos), con el 24% de la población, reúne sólo el 6,2% de todos los labrantíos y el 7,1% de todo el ganado, mientras que el 36,4% de haciendas con cinco y más caballos, con el 51,2% de la población, tiene el 73% de los labrantíos y el 74,5% de todo el ganado. Los últimos grupos (de cinco a nueve, diez y más caballos), con 15 a 36 deciatinas de tierra labrada por hacienda, recurren en vasta medida al trabajo asalariado (del 30 al 70% de las haciendas tienen obreros asalariados), mientras que los tres grupos inferiores, con 0, 0,2, 3 y 5 deciatinas de tierra labrada por hacienda, proporcionan obreros (el 20, el 35 y el 59% de las haciendas). Los datos de la toma y entrega en arriendo de la tierra ofrecen la única excep­ción de la regla encontrada por nosotros (concentración de las tierras dadas en arriendo en manos de los acomodados), mas es una excepción que confirma la regla. Se trata de que en Siberia no se dan precisamente las condiciones que la han creado, no existe el nadiel obligatorio e “igualita­rio”, no hay propiedad privada, ya plasmada, de la tierra. El campesino acomodado no la compra ni la toma en arrien­do, sino que se apodera de ella (así ha ocurrido, por lo menos, hasta ahora); el arriendo de la tierra tiene más bien el carácter de trueque entre vecinos, y, por eso, no se puede establecer regla alguna basándose en los datos por grupos de la toma y entrega en arriendo*.

 

Para tres distritos de la provincia de Poltava podemos determinar aproximadamente la distribución del área de siem‑

 

--------------

* “Los materiales referentes a la entrega y toma en arriendo de tierras, recogidos sobre el terreno, fueron estimados como no merecedores de un estudio especial, puesto que el fenó-meno mismo sólo existe de manera embrionaria; los contados casos de arriendo se distinguen por una total casualidad y no tienen aún influencia alguna en la vida económica de la provincia del Yeniséi (Materiales, tomo IV, fascic. 1, pág. V, Introducción). De las 424.624 deciatinas de labrantíos blandos de los campesinos que viven desde antaño en la provincia del Yeniséi, 417.086 pertenecen a la tierra “gentilicia usurpada”54. La tomada en arriendo (2.686 deciatinas) es casi igual a la dada (2.639 deciatinas), y no constituye ni el uno por ciento de la tierra que fue usurpada

 

 

 

125

bra (sabiendo el número de haciendas con distintas extensiones de siembra, que en las recopilaciones se fija “desde - hasta” tal cifra de deciatinas, y multiplicando el número de haciendas de cada subgrupo por el área media de siembra dentro de los límites indicados). De 76.032 haciendas (todas de cam­pesinos, sin vecinos de la ciudad) con 362.298 deciatinas de siembra se obtienen los siguientes datos: 31.001 haciendas (el 40.8%) no tienen superficie de siembra o siembran sólo hasta tres deciatinas por hacienda y no reúnen más que 36.040 deciatinas de siembra (el 9,9%); 19.017 haciendas (el 25%) siembran más de sies deciatinas por hacienda y tienen 209.195 deciatinas de siembra (57,8%). (Ver Recopila­ciones de estadística económica de la provincia de Poltava, distritos de Konstantinograd, Jorol y Piriatin). La distribución de las siembras resulta muy parecida a la que hemos visto en la provincia de Táurida, pese a las menores proporciones de éstas en general. Se comprende que tan desigual distribución sólo es posible cuando se concentra la tierra comprada y tomada en arriendo en manos de la minoría. Carecemos de datos completos al particular, pues en las recopilaciones no se clasifican las haciendas por su condición económica, y tenemos que limitarnos a los datos siguientes del distrito de Konstantinograd. En el capítulo relativo a la economía de los estamentos del campo (cap. II, § 5 Agricultura) da cuenta el autor de la recopilación del hecho siguiente: “Si se dividen los arriendos en tres categorías, según correspon­dan por hacienda 1) hasta 10 deciatinas, 2) de 10 a 30 deciatinas y 3) más de 30 deciatinas, para cada una de esas categorías se obtienen los datos siguientes*: (ver el cuadro de arriba en la pág. 126. -Ed.)

 

Sobran comentarios.

 

De la provincia de Kaluga no tenemos más que los datos siguientes, muy fragmentarios e incompletos, de la siembra de cereales para 8.626 haciendas (alrededor de 1/20 de las haciendas campesinas de la provincia**).

 

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* Recopilación, pág. 142.

** Sinopsis estadística de la provincia de Kaluga, correspondiente al año 1896, Kaluga, 1897, pág. 43 y sigs., 83 y 113 de los anexos.

 

 

 

126

 

Número relativo

 

                                                                     % de la             Correspon-         % de la tie-

                                                                     tierra to-           de por arren        rra tomada

% de arren     mada en           datario, en          en arriendo                datarios arriendo           deciatinas           se da en a-

                                                                                                                       rriendo a

 terceros

Arriendos pequeños  

(hasta 10 dec.)                                   86,0                 35,5                       3,7                  6,6

Arriendos medios

(de 10 a 30 dec.)                    8,3                   16,6                     17,5                  3,9

Arriendos grandes

(más de 30 dec.)                    5,7                   47,9                     74,8                12,9

---------------------------------------------------------------------------------------------------

Total                                 100                    100                       +8,6                   9,3

 

 

 

Grupos de haciendas según el área de siembra

 

Siembran en otoño, en meras

 

 

 

Que

no

Siem

bran

Hasta

15

 

De

15

A

30

De

30

a

45

De

45

a

60

    Más

  de

  60

Total

 

% de haciendas

7.4

30.8

40.2

13.3

5.3

3.0

100

% de personas

de ambos sexos

3.3

25.4

40.7

17.2

8.1

5.3

100

% de superficie

de siembra

--

15.0

39.9

22.2

12.3 

10.6

100

% del total de ca-

ballos de labor

0.1

21.6

41.7

19.8

9.6

7.2

100

% del ingreso glo-

bal de la siembra

--

16.7

40.2

22.1

         21,0                100

Deciatinas de siembra por hac.

--

2.0

4.2

7.2

9.7

14.1

 --

 

 

 

Es decir, el 21,6% de las haciendas, con un 30,6% de la población, posee el 36,6% de los caballos de labor, el 45,1% de las siembras y el 43,1% del ingreso global de las siembras. Claro es que también estas cifras muestran la con­centración de la tierra comprada y tomada en arriendo por los campesinos acomodados.

 

Con respecto a la provincia de Tver, pese a la riqueza de datos en las recopilaciones, el estudio de los censos por hogar es en extremo incompleto; no existe clasificación de

 

 

 

127

las haciendas por sus bienes económicos. Esa falla la utiliza el señor Vijliáev en la Reco-pilación de datos estadísticos de la provincia de Tver (tomo XIII, fascíc. 2. La hacienda campesina, Tver, 1897) para negar la “diferenciación” de los campesinos, ver la tendencia a “una mayor nivelación” y entonar un himno a la “producción popular” (pág. 312) y a la “econo­mía natural”. El Sr. Vijliáev se lanza a las lucubraciones más arriesgadas y gratuitas sobre la “diferenciación”, en las que, además de no aducir dato concreto alguno con respecto a los grupos de campesinos, no ha comprendido siquiera la verdad elemental de que la dife-renciación tiene lugar dentro de la comunidad, y que por eso es sencillamente risible hablar de “diferenciación” y tomar sólo las clasificaciones por comunidades o por subdistritos*.

 

 

IX. RESUMEN DE LOS DATOS ESTADISTICOS DE LOS ZEMSTVOS ANTES EXAMINADOS, RELATIVOS A LA DIFERENCIACION DE LOS CAMPESINOS

 

Para comparar y resumir los datos antes expuestos acerca de la diferenciación de los campesinos, no podemos, eviden­temente, tomar las cifras absolutas y sumarlas por grupos: para ello se precisarían datos completos de todo un grupo de distritos e igualdad de procedimiento en la clasificación.

 

 

--------------

* A título de curiosidad aducimos un ejemplo. La “conclusión general” del Sr. Vijliáev dice: “La compra de tierras por los campesinos de la provincia de Tver tiene la tendencia a nivelar el área de la posesión territorial” (pág. 11). ¿Pruebas? Si tomamos los grupos de comunidades por las dimensiones de los nadieles, las comunidades con nadieles más pequeños dan un mayor tanto por ciento de haciendas con tierra comprada. ¡El Sr. Vijliáev no advierte siquiera que la tierra la compran los miembros acomodados de la comunidad con nadieles pequeños! Se comprende: no es preciso analizar semejantes “conclusiones” de ese ferviente populista, tanto más que la audacia del Sr. Vijliáev ha desconcertado incluso a los economistas de su propio campo. Aunque el Sr. Kárishev expresa en Rússkoe Bogatstro (1898, núm. 8) su profunda simpatía hacia el Sr. Vijliáev “por lo bien que se orienta entre los problemas que en el momento que vivimos se plantean a la economía del país”, se ve obligado a reconocer que el dicho Sr. Vijliáev es en exceso “optimista”, que sus conclusiones relativas a la tendencia a la nivelación “son poco convincentes”, que sus datos “no dicen nada” y que sus deducciones “no tienen fundamento”.

 

 

 

128

Podemos comparar y confrontar sólo las relaciones entre grupos superiores e inferiores (por la posesión de tierra, de ganado, de aperos, etc.). La relación expresada, por ejemplo, atendido el hecho de que el 10° de las haciendas tenga el 30% de las siembras, hace abstracción de la diferencia de las cifras absolutas, y por eso puede servir para compararla con cual­quier rela-ción semejante de cualquier lugar. Mas para esa comparación hay que destacar también en otro sitio el 10% de las haciendas, ni más ni menos. Y las dimensiones de los grupos en los diferentes distritos y provincias no son iguales. Por tanto, es preciso fraccionar estos grupos con el fin de tomar para cada sitio igual tanto por ciento de haciendas. Admitamos tomar el 20% de las haciendas para los campesinos acomodados y el 50% para los pobres, es decir, de los grupos superiores formaremos un grupo del 20% de las haciendas, y de los inferiores otro grupo del 50% de las haciendas. Aclararemos el procedimiento con un ejemplo. Supongamos que tenemos cinco grupos de la siguiente cuantía del inferior al superior: 30%, 25%, 20%, 15% y 10% de las haciendas (S = 100%). Para formar el grupo inferior tomamos el primer grupo y 4/5 del segundo (30 +  25.4 / 5 = 50%), y para formar el grupo superior tomamos el último y 2/3 del penúltimo (10 +  15. 2  / 3 = 20%); el tanto por ciento de las siembras, de los aperos, del ganado, etc., es determinado, se comprende, de la misma manera. Es decir, si los tantos por ciento de las siembras que corresponden a las partes respectivas de las haciendas, son los siguientes: 15%, 20%, 20%, 21%, y 24% (S = 100%) entonces a nuestro grupo superior del 20% de haciendas le corresponderá (24 + 21.2  / 3 =) el 38% de las siembras, y a nuestro grupo inferior del 50%, de las haciendas le corresponderá (15 + 20.4 / 5 = ) el 31%, de las siembras. Es evidente que al fraccionar de ese modo los grupos no cambiamos ni un ápice las relaciones reales entre las capas superiores e inferiores de los campesinos*. Ese fraccionamiento

 

--------------

* Este procedimiento encierra un pequeño error, que hace parecer la diferenciación de los campesinos más débil de lo que en realidad es: al grupo superior se le agregan los represen-tantes medios, y no los más elevados

 

 

 

129

es preciso, en primer lugar, porque de esa manera obtenemos -en vez de 4, 5, 6 ó 7 grupos diferentes- tres grandes, con índices claramente determinados*; en segundo lugar,, sólo por este medio es posible comparar los datos de la diferen­ciación de los campesinos en los más distintos lugares y en las condiciones más diversas.

 

Para juzgar de la relación mutua de los grupos tomamos los siguientes datos, que tienen la mayor importancia en el problema de la diferenciación: 1) número de haciendas; 2) número de personas de ambos sexos de la población campesina; 3) cantidad de tierra de nadiel; 4) de tierra comprada; 5) de tierra tomada en arriendo; 6) de tierra dada en arriendo; 7) total de tierra poseída o usufructuada por el grupo (tierra de nadiel + comprada + tomada en arriendo -dada en arriendo) ; 8) siembras; 9) ganado de labor; 10) total de ganado; 11) haciendas con braceros; 12) hacien­das con salarios (separando, en lo posible, las clases de “sala­rios” en las que predomina el trabajo asalariado, la venta de la fuerza de trabajo) ; 13) empresas comer-ciales e industriales, y 14) maquinaria agrícola moderna. Los datos en cursiva (“entrega de tierra en arriendo” y “salarios”) tienen una signi­ficación negativa, muestran la decadencia de la hacienda, la ruina del campesino y su transformación en obrero. Todos los restantes tienen significación positiva, muestran la ampliación de la hacienda y la transformación del campesino en patrono rural.

 

Para todos esos datos calculamos por cada grupo de haciendas el tanto por ciento con respecto al total del distrito o de varios distritos de una provincia, y después determinamos (según el procedimiento antes descrito) qué tanto por ciento de tierra, de siembras, de ganado, etc., corresponde al veinte por ciento de las haciendas de los

 

--------------

del grupo siguiente; al inferior se agregan los representantes medios y no los más bajos del grupo siguiente. Está claro que el error aumenta conforme crecen los grupos, conforme disminuye su número.

* En el apartado siguiente veremos que las dimensiones de los grupos se acercan mucho, según los hemos tomado, a los grupos de todo el campesi­nado ruso distribuido según el número de caballos por hacienda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

130 – 133

 

CUADROS A y B

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

134

grupos superiores y al cincuenta por ciento de las haciendas de los grupos inferiores*.

 

Damos a continuación el cuadro formado de ese modo y que abarca datos de veintiún distritos de siete provincias con 558.570 haciendas campesinas y una población de 3.523.418 habitantes de ambos sexos. (Ver el cuadro en las págs. 130-133.       Ed.)

 

 

Observaciones a los cuadros A y B

 

1. Los datos de la tierra dada en arriendo en la provincia de Táurida se refieren sólo a dos distritos: de Berdiansk y del Dniéper.

 

2. Para la misma provincia, en el apartado aperos mejorados se incluyen las segadoras de heno y de cereales.

 

3. Para ambos distritos de la provincia de Samara, en lugar del tanto por ciento de tierra dada en arriendo se ha tomado el tanto por ciento de los hogares sin hacienda que entregan en arriendo su tierra de nadiel.

 

4. La cantidad de tierra entregada en arriendo (y, por tanto, de toda la tierra en usufructo) de la provincia de Oriol se ha determinado aproximadamente. Lo mismo ocurre con los cuatro distritos de la provin­cia de Vorónezh.

 

5. Con respecto a los aperos mejorados de la provincia de Oriol, sólo hay datos para el distrito de Elets.

 

6. En la provincia de Vorónezh, en vez del número de haciendas con salarios (para tres distritos: el de Zadonsk, el de Korotoyak y el de NizhnedeviLsk) se ha tomado el número de haciendas que proporcionan braceros.

 

7. Datos acerca de los aperos mejorados en la provincia de Vorónezh sólo hay para dos distritos: el de Zemliansk y el de Zadonsk.

 

8. En la provincia de Nizhni Nóvgorod, en lugar de las haciendas con “industrias” en general, se han tomado las haciendas con hombres que salen a trabajar fuera de la localidad.

 

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* Rogamos al lector que no lo olvide: ahora no tratamos con cifras absolutas, sino sólo con relaciones entre la capa superior y la inferior de los campesinos. Por eso, por ejemplo, no tomamos ahora el tanto por ciento de las haciendas con braceros (o con “salarios”) del número total de haciendas del grupo dado; sino de todas las haciendas con braceros (o con “salarios”) del distrito, es decir, no determinamos ahora la medida en que cada grupo utiliza el trabajo asalariado (o recurre a la venta de la fuerza de trabajo), sino únicamente la relación entre el grupo supe­rior y el inferior con respecto a la utilización del trabajo asalariado o con respecto a su participación en los “salarios”, en la venta de la fuma de trabajo).

 

 

 

135

9. Para algunos distritos, en lugar del número de empresas comerciales e industriales, hubo que tomar el de haciendas con dichas empresas.

 

10. Cuando en las recopilaciones hay varias columnas relativas a los “salarios”, hemos procurado destacar aquellos que de manera más exacta reflejan el trabajo asalariado, la venta de fuerza de trabajo.

 

11. En lo posible, se ha abarcado toda la tierra tomada en arriendo: la de nadiel y la no de nadiel, la labrada y los prados.

 

12. Recordamos al lector que en el distrito de Novoúzensk se han excluido los caseros y los colonos alemanes; en el de Krasnoufimsk se ha tomado sólo la parte agrícola del distrito; en el de Ekaterinburgo se han excluido las haciendas sin tierra y las que sólo poseen prados; en el de Trubchcvsk, las comunidades suburbanas; en el de Kniaguinin, la aldea industrial de Bolshoe Muráshkino, etc. Estas exclusiones se han hecho en parte por nosotros y en parte se hallan condicionadas por la índole de los datos. Es evidente, por ello, que la diferenciación de los campesinos debe ser en realidad más vigorosa que lo indicado en nuestro cuadro y en el gráfico.

 

Con el fin de ilustrar este cuadro general y de hacer patente la completa homogeneidad de las relaciones entre los grupos superiores e inferiores de los campesinos en las regiones más distintas, hemos compuesto el gráfico que va a continuación, en el que se indican los datos en tantos por ciento del cuadro. A la derecha de la columna que determina el tanto por ciento del total de haciendas va la línea que muestra los índices positivos de la condición econó­mica (ampliación de las posesiones de tierra, aumento del ganado, etc.); a la izquierda va otra línea, que muestra los índices negativos de la condición económica (entrega de tierra en arriendo y venta de la fuerza de trabajo; estas columnas van señaladas con un rayado especial). La distancia de la línea horizontal superior del gráfico a cada línea curva continua muestra la parte de los grupos acomodados en el conjunto de la economía campesina; la distancia de la línea horizontal inferior del gráfico a cada línea de rayas discontinua muestra la parte de los grupos pobres de los campesinos en el total de la economía campesina. Finalmente, para repre­sentar con más claridad el carácter general de los datos resumidos, hemos trazado una línea “media” (determinada por el cálculo de la media aritmética de los tantos por ciento insertados en el gráfico, y que para diferenciarse de las restan-

 

 

 

136

tes va en rojo). Esta línea “media” nos muestra, por decir así, la diferenciación típica del campesinado ruso de nuestros días.

 

Ahora, para hacer el balance de los datos de la diferen­ciación antes expuestos (§§ I al VII), examinemos el gráfico columna por columna.

 

La primera columna a la derecha de la que indica el tanto por ciento de haciendas, señala la parte de la pobla­ción correspondiente a los grupos superior e inferior. Vemos que en todas partes la familia del campesino acomodado es más numerosa y la del pobre, menos numerosa que el término medio. Ya hemos hablado del significado de este hecho. Agregaremos que no sería justo tomar como unidad de todas las comparaciones la hacienda, la familia, sino el habitante (como gustan hacer los populistas). Si el gasto de la familia acomodada aumenta como consecuencia del mayor número de sus componentes, por otra parte se reducen mu-chísimos gastos de las haciendas con familia numerosa (para construcciones, instalación y gastos domésticos, etc., etc. Subrayan en especial lo ventajoso de las familias numero­sas en el aspecto económico Engelhardt, en Desde la aldea, y Trirógov, en el libro La comunidad y los tributos. San Petersburgo, 1882). Por eso, tomar como unidad comparati­va un habitante sin tener en cuenta esa reducción de los gastos, significa equiparar de manera artificial y falsa la situación del “habitante” en la familia numerosa y en la pequeña. Por lo demás, el gráfico muestra con claridad que el grupo acomodado de los campesinos concentra en sus manos una parte mucho mayor de la producción agrícola de lo que le correspondería si se hiciera el cálculo por habitante.

 

La columna siguiente corresponde a la tierra de nadiel. En su distribución se observa la mayor nivelación, como era de esperar, atendidas las cualidades jurídicas del nadiel. Sin embargo, incluso aquí comienza el proceso de desplazamiento de los campesinos pobres por los acomo-dados: en todos los sitios vemos que los grupos superiores poseen una parte algo mayor de tierra de nadiel de lo correspondiente por el número de personas, mientras que para los inferiores

 

 

 

137

es algo menor. La “comunidad” se inclina del lado de los intereses de la burguesía campesina. Mas, en comparación con la posesión efectiva de la tierra, la desigualdad en la distribución de los nadieles es aún del todo insignificante. La distribución de la tierra de nadiel no proporciona (como se ve claramente en el gráfico) la menor idea de la distribución efectiva de la tierra y de la hacienda*.

 

A continuación va la columna de la tierra comprada. Esta se concentra en todos los sitios en manos de los acomodados: un quinto de las haciendas posee alrededor de seis o siete décimas partes de toda la tierra campesina comprada, mientras que a la mitad de las haciendas de los pobres corresponde como máximo ¡el 15%! Puede juzgarse por ello qué importancia tienen los afanes “populistas” para que los “campesinos” puedan comprar la mayor cantidad de tierra posible al precio más reducido posible.

 

La columna siguiente corresponde a la toma en arrien­do. También aquí vemos por todas partes la concentración de las tierras en manos de los acomodados (a una quinta parte de las haciendas corresponde de cinco a ocho décimas de toda la tierra tomada en arriendo), que, además, arrien­dan la tierra más barato, según vimos antes. Este hecho del acaparamiento de la tierra en arriendo por la burguesía campesina demuestra palpablemente que el “arriendo campesino” tiene un carácter industrial (compra de la tierra para vender el producto)**. Al decir eso no negamos, sin embargo,

 

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* Basta un vistazo al gráfico para advertir lo inservible de la clasifi­cación por nadieles en el estudio de la diferenciación de los campesinos.

** La Conclusión (cap. VI) del libro del Sr. Kárishev sobre los arriendos de tierra es por demás curiosa. Después de todas sus afirmaciones carentes de base y contradictorias con los datos de la estadística de los zemstvos sobre la falta de carácter industrial en el arriendo campesino, el Sr. Kárishev plantea una “teoría del arriendo” (tomada a W. Roscher, etc.), en verdad, los desiderata (anhelos.- Ed.) de los farmers del Occidente europeo expuestos bajo una salsa científica: “la mayor duración del plazo del arriendo” (“es necesario... que el agricultor cuide... la tierra 'como labrador hacendoso'“ pág. 371) y una renta moderada, que deje en manos del arrendatario el salario, el interés, la amortización del capital invertido y la ganancia de patrono (373). Y el Sr. Kárishev no se inmuta lo

 

 

 

 

138

en modo alguno el hecho de la toma en arriendo por necesidad. Al contrario: el gráfico nos muestra un carácter totalmente distinto de la toma de tierra en arriendo entre los pobres, quienes se aferran a la tierra (para la mitad de las haciendas, de una a dos décimas de todos los arriendos). Hay campesinos y campesinos.

 

La contradictoria significación del arriendo en la “ha­cienda campesina” se echa especialmente de ver cuando se compara la columna de la toma con la de la entrega en arriendo de la tierra (la primera columna de la izquierda, es decir, de los índices negativos). Vemos aquí, precisamen­te, lo contrario: los principales grupos que dan tierra en arriendo son los grupos inferiores (para la mitad de las haciendas, de siete a ocho décimas partes de la tierra dada en arriendo), que procuran deshacerse del nadiel, que pasa (contra la prohibición y las restricciones de la ley) a manos de los pudientes. Así pues, cuando nos dicen que los “campesinos” toman tierra en arriendo y que también los “campesinos” la entregan, sabemos que lo primero se refiere, prin­cipalmente, a la burguesía campesina, y lo segundo, al proletariado del campo.

 

La proporción entre la tierra comprada, la tomada y dada en arriendo y el nadiel determina también la posesión territorial efectiva de los grupos (quinta columna de la derecha). En todos los lugares vemos que la distribución efectiva de la totalidad de las tierras que se encuentran a disposición de los campesinos no tiene ya nada de común con el “iguali‑

 

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más mínimo por la circunstancia de que semejante “teoría” figure junto a la corriente receta populista: “prevenir” (398). Para “prevenir” la aparición de farmers, el Sr. Kárishev pone en juego ¡la “teoría” de los farmers! Esa “conclusión” corona de manera lógica la contradicción básica del libro del Sr. Kárishev, quien, por un lado, comparte todos los prejuicios populistas y simpatiza abiertamente con teóricos clásicos de la pequeña burguesía, como Sismondi (véase Kárishev. La enfiteusis en el continente de Europa Occidental, Moscú, 1885), mientras que, por otra parte, no puede por menos de reconocer que el arriendo “impulsa” (pág. 396) la diferenciación de los campesinos, que “1as capas más acomodadas” desplazan a las menos acomodadas, que el desarrollo de las relaciones agrarias lleva precisamente al incremento de los braceros (pág. 397).

 

 

 

139

tarismo” del nadiel. Al 20% ;, de las haciendas corresponde del 35 al 50% de todas las tierras, y al 50% de las haciendas, del 20 al 30%. El desplazamiento del grupo inferior por el superior es aún más pronunciado en la distribución de las siembras (columna siguiente), probable-mente porque los campesinos no acomodados no se hallan con frecuencia en condiciones de explotar su tierra y la abandonan. Ambas columnas (de todos los bienes territoria­les y de las siembras) muestran que la compra y la toma en arriendo de la tierra conducen a la disminu-ción de la parte correspondiente a los grupos inferiores en el sistema general de la economía, es decir, a su desplazamiento por la minoría acomodada. Esta última desempeña ahora va el papel domi­nante en la economía campesina, al concentrar en sus manos una parte de las siembras casi igual a la de los restantes campesinos juntos.

 

Las dos columnas que siguen muestran la distribución del ganado de labor y de todo el ganado entre los campesinos. Su tanto por ciento se diferencia muy poco del de las siembras: no podía ser de otro modo, ya que la canti­dad de ganado de labor (y de todo el ganado) determina el área de las siembras y, a su vez, es determinado por ella.

 

La columna siguiente pone de manifiesto la parte de los diferentes grupos campesinos en el conjunto de las empre­sas comerciales e industriales. Una quinta parte de las hacien­das (el grupo acomodado) posee cerca de la mitad de estas empresas, mientras que la mitad de las haciendas, correspon­dientes a los pobres, no tiene más que alrededor de un quinto*; es decir, las “industrias”, que reflejan la transfor­mación de los campesinos en burguesía, se concentran de pre­ferencia en manos de los agricultores más acomodados. Los

 

--------------

* Esta cifra (cerca de 1/5 de todas las empresas) es también, natu­ralmente, exagerada, pues en la categoría de los campesinos que no siembran y que no tienen caballos o que poseen uno solo se hallan incluidos los obreros agrícolas, los peones, etc., junto a los no agricultores (tenderos. artesanos, etc.).

 

 

 

140

campesinos acomodados colocan, por tanto, capital en la agri­cultura (compra de tierra, toma en arriendo, contrata de obreros, mejoramiento de los aperos, etc.), en las empresas indus-triales, en el comercio y en la usura; el capital comer­cial y el empresarial se encuentran en estrecha relación, y de las condiciones circundantes depende cuál de esas dos formas llega a predominar.

 

Los datos relativos a las haciendas con “salarios” (pri­mera columna de la izquierda, de los índices negativos) distin­guen también a las “industrias”, que, sin embargo, tienen una sig-nificación contraria: señalan la transformación del cam­pesino en proletario. Estas “industrias” se hallan concentradas en manos de los pobres (para el 50% de las haciendas, del 60 al 90% de todas las haciendas con salarios), mientras que los grupos acomodados tienen en ellas una parte insigni­ficante (no se olvide que tampoco hemos podido diferenciar con exactitud a los patronos de los obreros en esta categoría de “industriales”). Basta confrontar los datos de los “salarios” con los relativos a las “empresas comerciales e industriales” para ver la completa contradicción de los dos tipos de “in­dustria”, para comprender la increíble confusión que la ordina­ria interferencia de estos tipos crea.

 

Las haciendas con braceros resultan siempre concentradas en el grupo de los campesinos acomodados (para el 20% de las haciendas, de cinco a siete décimas partes del total de haciendas con braceros), los cuales (pese a lo numeroso de sus familias) no pueden existir sin la clase de los obreros agrícolas, que los “completa”. Vemos aquí una patente confirmación de la tesis más arriba expuesta: que es absurdo comparar el número de haciendas con braceros con el número total de “haciendas” campesinas (incluidas las “hacien­das” de los braceros). Es mucho más justo comparar el número de las haciendas con braceros con una quinta parte de las haciendas campesinas, pues la minoría acomodada reúne alre­dedor de 3/5 e incluso 2/3 de las primeras. La contrata capitalista de obreros entre los campesinos supera con mucho la contrata de obreros por necesidad, como consecuencia de la falta de mano de obra en la familia: al 50% de los campe-

 

 

FALTA GRÁFICO (es muy grande)

 

 

 

141

sinos pobres y de familia pequeña corresponde sólo cerca de 1/10 de todas las haciendas con braceros (y eso que, por lo demás, entre los pobres entran aquí tenderos, industriales, etc., que no contratan en modo alguno a obreros por necesidad).

 

La última columna, que muestra la distribución de los aperos mejorados, hubiéramos podido encabezarla, siguien­do el ejemplo del Sr. V. V., así: “tendencias progresistas en la hacienda campesina”. La distribución más “justa” de esos aperos se da en el distrito de Novoúzensk, provincia de Samara, donde la quinta parte de las haciendas acomodadas sólo posee 73 máquinas de 100, mientras que la mitad de las haciendas pobres reúne hasta 3 de cada 100.

 

Pasamos a comparar las diferentes zonas según el grado de la diferenciación de los cam-pesinos. En el gráfico se destacan patentemente a este respecto dos clases de regiones: la diferenciación de los campesinos agricultores es notablemente mayor en las provincias de Táurida, Samara, Sarátov y Perm que en las de Oriol, Vorónezh Nizhni Nóvgorod. Las líneas de las cuatro primeras provincias pasan en el gráfico por debajo de la línea media roja, y las de las tres últimas van por encima de la media, es decir, muestran una menor concentración de la economía en manos de la minoría acomodada. Las regiones de la primera clase correspon­den a los sitios donde más abunda la tierra y que son estrictamente agrícolas (en la provincia de Perm se han separado las partes agrícolas de los distritos) con una agricultura de carácter extensivo. En una agricultura de ese género la dife­renciación de los campesinos que trabajan la tierra se calcula con facilidad, y por eso se pone de relieve de modo patente. Por el contra-rio, en las zonas del segundo género vemos, por una parte, un desarrollo de la agricultura comercial que no tenemos en cuenta en nuestros datos, la siembra de cáñamo en la provincia de Oriol, por ejemplo. Por otra parte, vemos aquí la enorme importancia de las “industrias” en el sentido de trabajo asalariado (distrito de Zadonsk, provincia de Voró­nezh) y también en el sentido de ocupaciones no agrícolas (provincia de Nizhni Nóvgorod). La entidad de estas dos circunstancias en el problema de la diferenciación de los

 

 

 

142

campesinos agricultores es enorme. De la primera (diferen­cias de las formas de la agricultura comercial y del progreso agrícola en las distintas regiones) hemos hablado ya. La impor­tancia de la segunda papel de las “industrias”) no es menos evidente. Si, en una zona determinada, el grueso de los campesinos está formado por braceros, jornaleros u obreros asalariados con nadiel, la diferenciación de los campesinos agricultores se manifestará, es lógico, con mucha debilidad*. Mas, para comprender de manera justa el problema, hay que confrontar a estos representantes típicos del proletariado rural con los representantes típicos de la burguesía campesina. El jornalero con nadiel de Vorónezh que marcha a buscar “sala­rio” al sur debe ser confrontado con el campesino de Táurida, que siembra enormes superficies. El carpintero de Kaluga, de Nizhni Nóvgorod y de Yaroslavl debe ser confrontado con el hortelano o con el campesino de Yaroslavl o de Moscú, que tiene ganado para vender leche, etc. De la misma manera, si el grueso de los campesinos locales se halla ocupado en la industria transformativa v no obtiene de sus nadieles más que una pequeña parte de los medios de subsistencia, los datos de la diferenciación de los campesinos que trabajan la tierra deben ser completados con los relativos a la diferen­ciación de los campesinos industriales. En el capítulo V tra­taremos de esta última cuestión; ahora nos ocupa sólo la dife­renciación de los campesinos típicamente agricultores.

 

 

X. DATOS GLOBALES DE LA ESTADISTICA DE LOS ZEMSTVOS Y DE LOS CENSOS MILITARES DE CABALLOS55

 

Hemos mostrado que las relaciones entre los grupos supe­rior e inferior de los campesinos se distinguen precisamente por los mismos rasgos que son típicos para las relaciones de la burguesía rural y el proletariado del campo; que esas

 

--------------

* Es muy posible que en las provincias de las tierras negras de la zona central, como Oriol, Vorónezh, etc., la diferenciación de los campesinos sea mucho más débil en realidad corno resultado de la falta de tierra, de los grandes impuestos y del gran desarrollo del pago en trabajo: todas éstas son condiciones que frenan la diferenciación.

 

 

 

143

relaciones son notablemente homogéneas en las zonas más diversas y en las más distintas condiciones; que incluso la expresión numérica de esas relaciones (es decir, el tanto por ciento de los grupos en la cantidad total de siembra, de ganado, etc.) oscila en límites muy pequeños relativamente. La pregunta es lógica: ¿en qué medida pueden utilizarse estos datos de las relaciones entre los grupos dentro de las distin­tas zonas para ofrecer una idea de los grupos en que se dividen todos los campesinos rusos? Dicho con otras palabras: ¿con arreglo a qué datos puede juzgarse de la composición y relaciones entre el grupo superior y el inferior dentro de todo el campesinado ruso?

 

Poseemos muy pocos datos de ese género, ya que en Rusia no se efectúan censos agrícolas que tengan en cuenta todas las haciendas agrícolas del país. El único material para juzgar de los grupos económicos en que se dividen nuestros campesinos son los datos globales de la estadística de los zemstvos y los censos militares de caballos relativos a la distribución del ganado de labor (o caballos) entre las haciendas campesinas. Por pobre que sea este material, de él es posible, sin embargo, extraer consecuencias no carentes de interés (naturalmente, muy generales, aproximadas, en bruto), en especial gracias a que las relaciones entre los campesinos que poseen muchos y pocos caballos han sido ya sometidas a análisis y han resultado notablemente homogéneas en las zonas más diversas.

 

Conforme a la Recopilación estadística de datos económicos según los censos de los zemstvos por hogares, del Sr. Blagovéschens­ki (tomo I. La hacienda campesina, Moscú, 1893), los censos de los zemstvos abarcan a 123 distritos de 22 provincias, con 2.983.733 haciendas campesinas y 17.996.317 personas de ambos sexos. Pero los datos de la distribución de las haciendas según el ganado de labor no son homogéneos en todos los sitios. En tres provincias debemos descontar 11 distritos*, donde la distribución no se da en cuatro, sino sólo en tres grupos. Para los restantes 112 distritos de 21 provincias hemos

 

 

--------------

* 5 distritos de la provincia de Sarátov, 5 de Samara y 1 de Besarabia

 

 

 

144

 

obtenido los siguientes datos globales, relativos a casi dos millo­nes y medio de haciendas con quince millones de almas:

 

 

Grupos de

haciendas

 

 

Haciendas

 

% de

haciendas

 

Ganado de

labor que

poseen*

 

% de

todo el

ganado

de labor

 

Cabezas

de ganado de labor

por 1 hac.

 

Sin ganado de labor

 

Con 1 cabeza de ganado de labor

  

613,238

 

 

 

   712,256

 

24.7

 

             53.3

 

28.6

    

 --

 

 

 

712,256

 

--

 

 

 

  18.6            

 

--

 

 

 

1

 

Con 2 cabezas de ganado

de labor

 

   645,900

 

26.0 

 

1,291,800

 

  33.7

 

2

Con 3  y más cabezas de ganado de labor

 

 

 

   515,521

 

 

20.7 

 

 

1,824,969

 

 

  47.7

 

 

3.5

-------------------

Total

2,486,915 

100

3,829,025

100

1.5

 

 

--------------

* A los caballos van unidos los bueyes, que se cuentan como un caballo por yunta

 

 

 

p. 145

Tomando 49 provincias de la Rusia europea (los datos de la región del Don no son completos) y uniendo los datos de 1888 y 1891, obtenemos el siguiente cuadro de la distribu­ción de todos los caballos pertenecientes a los campesinos en las comunidades rurales:

 

 

En 49 provincias de la Rusia europea

 

Grupos de     Haciendas campesinas Caballos que poseen       Caballos

Haciendas           Total             %                         Total             %           correspon-

                                                                                                       dientes a 1

                                                                                                             hacienda

Sin                           

Caballos          2.777.485     27,3                       --                    --                     --

        55,9

Con 1

caballo                        2.909.042      28,6                   2.909.042      17,2                  1

Con 2

caballos           2.247.827      22,1                    4.495.654       26,5                 2

Con 3

caballos           1.072.298      10,6                     3.216,894       18,9                 3

Con 4 y                                         22,0                                         56,3                                

Más caballos   1.155.907      11,4                    6.339.198         37,4                 5.4

 

Total             10.162.559    100                    16.960.788   100                   1.6

 

 

Así pues, la distribución de caballos de labor de los campesinos dentro de toda Rusia resulta muy próxima a la magnitud “media” de diferenciación que hemos deducido más arriba en nuestro gráfico. De hecho, la diferenciación es, incluso, un tanto más profunda: en manos del 22% de las haciendas (2.200.000 haciendas de 10.200.000) se hallan concentrados nueve millones y medio de caballos de los diecisiete millones, es decir, el 56,3% del total. Una enorme masa•de 2.800.000 haciendas queda sin nada, y 2.900.000 haciendas con un solo caballo poseen únicamente el 17,2% del total*.

 

--------------

* De cómo cambia en los últimos tiempos la distribución de los caballos entre los campesinos puede juzgarse por los siguientes datos del censo militar de caballos de 1893-1894. (Estad. del Imp. Ruso. XXXVII.) En 1893-1894, en 38 provincias de la Rusia europea había 8.288.987 haciendas campesinas; de ellas, 2.641.754, el 31,9%, sin caballos; el 31,4% con un caballo:

 

 

 

146

Basándonos en la regla antes deducida en las relaciones entre los grupos, podemos ahora determinar el verdadero significado de estos datos. Si una quinta parte de las haciendas reúne la mitad de todos los caballos, de ahí puede concluirse sin caer en error que en sus manos tiene, por lo menos (y seguramente más), la mitad de toda la producción agrí­cola de los campesinos. Esa concentración de la producción sólo es posible cuando se concentra en manos de esos campesinos acomodados la mayor parte de las tierras compradas y de las arrendadas, tanto de las tierras de nadiel como de las que no pertenecen a esta categoría. Precisamente esa minoría acomodada es la que de manera especial compra y toma en arriendo la tierra a pesar de que, lo más seguro, es la que más tierra de nadiel posee. Si el campesino ruso “medio” sólo puede a duras penas salir adelante en los mejores años (y no se sabe si sale), esta minoría acomodada, con una situa­ción económica considerablemente mejor, además de cubrir todos los gastos con su hacienda independiente obtiene exce­dentes de productos. Y ello significa que es productora de mercancías, que tiene productos agrícolas para la venta. Más aún: se transforma en burguesía rural, uniendo a una explota­ción agrícola relativamente grande empresas comerciales e in­dustriales: ya hemos visto que precisamente ese género de “industrias” es el más típico del mujik ruso “hacendado”. Aunque su familia es la más numerosa y dispone de mayor número de trabajadores dentro de la casa (los campesi-nos acomodados se distinguen siempre por ello; con 1/5 de las haciendas les corresponde una parte mayor de la población, aproximadamente 3/10), esta minoría acomodada utiliza en la mayor medida el trabajo de los braceros y jornaleros. Del total de haciendas campesinas rusas que contratan braceros y jorna­leros, una considerable mayoría debe corresponder a esa mino‑

 

--------------

el 20,2%, con dos caballos; el 8,7%, con tres, y el 7,8%, con cuatro más. Los campesinos tenían 11.560.358 caballos; de este número, el 22,5% correspondía a los que tenían uno; el 28,9% a los que tenían dos; el 18,8%, a los que tenían tres, y el 29,8% a los que tenían más de tres. Así pues, el 16,5% de los campesinos acomodados poseía el 48,6% de los caballos.

 

 

 

147

ría acomodada. Tenemos derecho a extraer esa conclusión tanto a base del análisis precedente como de la comparación de la parte de la población que corresponde a dicho grupo con la parte del ganado de labor, y, por tanto, con la parte de la siembra y de la hacienda en general. Finalmente, sólo esta minoría acomodada puede tomar una parte sólida en las “tendencias progresistas de la hacienda campesina”56. Tal debe ser la relación de esta minoría con respecto a los restantes campesinos; pero, se comprende que, atendidas las diversas condiciones agrarias, los sistemas de economía rural y las formas de la agricultura comercial, esta relación adquiere un aspecto diverso y se manifiesta de manera distinta*. Una cosa son las tendencias fundamentales de la diferenciación de los campesinos y otra sus formas, que dependen de las distintas con­diciones locales.

 

La situación de los campesinos sin caballos o con un solo caballo es, precisamente, la contraria. Hemos visto más arriba que las estadísticas de los zemstvos colocan también a los últimos (sin hablar ya de los primeros) entre el prole­tariado rural. Por ello, apenas si hay exageración en nuestro cómputo si incluimos en el proletariado rural a todos los campesinos sin caballos y hasta a 7, de los que sólo poseen uno (la mitad aproximada de todas las haciendas). Estos campesinos son los que menos tierra de nadiel poseen y con frecuencia la entregan en arriendo ante la carencia de aperos, semillas, etc. De la toma en arriendo y de la compra de tierras campesinas les corresponden miserables migajas. Nunca pueden sustentarse con su hacienda y su principal fuente de ingresos para vivir son las “industrias”, o “salarios”, es decir, la venta de su fuerza de trabajo. Es ésta la clase de los obreros asalariados con nadiel, de los braceros, jornaleros, peones, obreros de la construcción, etc., etc.

 

 

--------------

* Es muy posible, por ejemplo, que en las zonas de economía lechera fuese incomparable-mente más justa la agrupación por el número de vacas y no por el de caballos. En las regiones donde domina la horticultura, ni uno ni otro índice pueden ser satisfactorios, y así sucesiva-mente.

 

 

 

148

 

 

XI. COMPARACION DE LOS CENSOS MILITARES DE CABALLOS DE 1888-1891
Y 1896-1900

 

Los censos militares de caballos de 1896 y de 1899-1901 permiten ahora comparar los datos más recientes con los antes aducidos.

 

Uniendo las cinco provincias del sur (1896) y las cuarenta y tres restantes (1899-1900), obtenemos para cuarenta y ocho provincias de la Rusia europea los datos siguientes:

 

 

1896-1900

 

Grupos de hacienda

 

Haciendas campesinas

 

Caballos que poseen

Caballos correspondientes a una hacienda

 

     Total           %

     Total         %

 

Sin caballos

 

Con 1 caballo

 

3.242.462      29,2

                            59,5

3.361.778      30,3

         -            -

 

3.361.778     19,9 

           -

 

 

           1

 

Con 2 caballos

2.446.731      22,0 

4.893.462     28,9 

           2

Con 3 caballos

Con 4 y + caballos

 

1.047.900       9,4

                            18,5                                                           

1.013.416       9,1                             

 

 

3.143.700     18,7

                            51,2

5.476.503     32,5                                    

 

          3

 

          5,4

        

  Total                   11.112.287   100               16.875.443   100                1,5

 

 

Para 1888-1891 hemos citado los datos correspondientes a 49 provincias. De ellas, sólo faltan informes recientes de una provincia, la de Arjánguelsk. Descontando los que a ella se refieren de los que acabamos de indicar, obtenemos el siguiente cuadro de las mismas 48 provincias para 1888-1891: (ver el cuadro en la pág. 149. -Ed.)

 

La comparación de 1888-1891 y 1896-1900 muestra la cre­ciente expropiación de los campe-sinos. El número de haciendas ha aumentado casi un millón. El de caballos ha disminuido, aunque muy poco. El de haciendas sin caballos ha ascendido con especial rapidez, elevándose de 27,3% a 29,2%. En vez de 5.600.000 campesinos pobres (sin caballos y con uno solo) tenemos ya 6.600.000. Todo el aumento del número de hacien‑

 

 

 

149

 

1888-1891

 

Grupos de hacienda

 

Haciendas campesinas

 

Caballos que poseen

Caballos correspondientes a una hacienda

 

     Total           %

     Total         %

 

Sin caballos

 

Con 1 caballo

 

2.765.970      27,3

                              55,8

2.885.192      28,5

         -            -

 

2.885.192     17,1 

           -

 

 

           1

 

Con 2 caballos

2.240.574      22,2 

4.481.148     26,5 

           2

Con 3 caballos

Con 4 y + caballos

 

1.070.250      10,6

                              22,0                                                          

1.154.674      11,4                            

 

 

3.210.750     18,9

                              56,4

6.333.106     37,5                                    

 

          3

 

          5,5

        

  Total                   11.112.287   100                  16.875.443   100                            1,6

 

 

das se debe al incremento del número de haciendas pobres. Ha disminuido el tanto por ciento de haciendas ricas por el número de caballos. En lugar de 2.200.000 con varios caballos, sólo tenemos dos millones. El número de haciendas medias y acomodadas juntas (con dos y más caballos) no ha variado casi (4.465.000 en 1888-1891 y 4.508.000 en 1896-1900).

 

Las conclusiones que de estos datos se desprenden son, pues, las siguientes:

 

No deja lugar a dudas el aumento de la pobreza y de la expropiación de los campesinos.

 

Con respecto a la correlación entre el grupo superior y el inferior de los campesinos, no ha cambiado casi. Si, según el procedimiento antes descrito, formamos los grupos inferiores con el 50% de las haciendas y los superiores con el 20%, resultará lo siguiente. En 1888-1891, el 50% de las hacien­das pobres tenía el 13,7% de los caballos. El 20% de las haciendas ricas poseía el 52,6%. En 1896-1900, el 50% de las haciendas pobres seguía teniendo el 13,7% del total de caballos campesinos, mientras que al 20% de las ricas correspondía el 53,2%. La correlación de los grupos, por consiguiente, no cambió casi.

 

Por último, todos los campesinos en conjunto se han empobrecido por lo que a caballos se refiere. El número y el tanto por ciento de las haciendas con varios caballos ha

 

 

 

150

disminuido. Por una parte, eso significa, al parecer, la decadencia de toda la economía campesina de la Rusia europea. Por otra, no se debe olvidar que el número de caballos es en la agricultura de Rusia más elevado de lo normal en rela­ción a la superficie de cultivo. En un país de agricultura basada en pequeñas haciendas campesinas no podía ser de otro modo. El descenso del número de caballos, por consiguiente, es, en cierto grado, un “restablecimiento de la proporción normal entre el ganado de labor y los labrantíos” en la burguesía campesina (comparar con las consideraciones del Sr. V. V. al particular, citadas más arriba, en el capítulo II, § 1).

 

Conviene referirse aquí a las consideraciones que al respecto hacen en sus nuevas obras los señores Vijliáev Ensayos sobre la realidad de la agricultura rusa, San Petersburgo, ed. de la revista Joziáin [El Labrador]) y Chernénkov (Contri­bución a la característica de la economía campesina. Fascíc. I. Moscú, 1905). Se han sentido tan atraídos por la abundancia de cifras relativas a la distribución de caballos entre los campesinos que transforman el análisis económico en un ejercicio estadístico. En lugar de estudiar los tipos de economía campesina (jornalero, campesino medio, patrono), se entregan, cual aficionados, a ejercicios con interminables columnas de cifras, como si se propusiesen asombrar al mundo con su afán en aritmética.

 

Sólo gracias a ese juego de cifras ha podido el Sr. Chernénkov acusarme de que interpreto de manera “pre­concebida” la “diferenciación” como fenómeno nuevo (y no viejo) y, no se sabe por qué, necesariamente capitalista. ¡Al Sr. Chernénkov se le antojó pensar que yo extraía consecuen­cias de la estadística olvidando la economía! ¡Que demostraba algo por el solo cambio en el número y distribución de los caballos! Para examinar de manera sensata la diferenciación de los campesinos es preciso tomar todo en conjunto: el arriendo y la compra de tierras, las máquinas, las industrias, el ascenso de la agricultura comercial y el trabajo asalariado. ¿O, tal vez, para el Sr. Chernénkov tampoco son estos fenómenos “nuevos”, “capitalistas”?

 

 

 

151

 

 

XII. DATOS ESTADISTICOS DE LOS ZEMSTVOS SOBRE LOS PRESUPUESTOS CAMPESINOS

 

Para terminar el problema de la diferenciación de los campesinos lo examinaremos también desde otro aspecto, según los datos más concretos relativos a los presupuestos campesinos. Veremos de ese modo de manera patente toda la profunda diferencia existente entre los tipos de campesinos a que nos referimos.

 

En el anexo a la Recopilación de datos de tasación de la propiedad territorial campesina en los distritos de Zemliansk, Za­donsk, Korotoyak y .Nizhnedevitsk (Vorónezh, 1889) se ofrecen “datos estadísticos de la composición y presupuestos de hacien­das típicas”, que se distinguen por lo extraordinariamente completos*. De los 67 presupuestos pasamos por alto uno, del todo incompleto (el N2 14, del distrito de Korotoyak); los restantes los dividimos en 6 grupos, según el ganado de labor: a, sin caballos; b, con un caballo; c, con dos caballos; d, con tres; e, con cuatro, y f, con más de cuatro (poste­riormente, para indicar los grupos emplearemos sólo las letras a - f). La clasificación por este índice, cierto, no es del todo adecuada para la zona dada (habida cuenta de la enorme importancia de las “industrias” en la economía de los grupos superiores e inferiores), pero debemos recurrir a ella para poder comparar los datos presupuestarios con los antes estu­diados de los censos por hogar. Y únicamente podemos llegar a compararlos dividiendo a los “campesinos” en grupos; los “términos medios” generales y en bloque tienen una signi­ficación totalmente ficticia, según hemos visto ya y veremos más adelante**. Señalaremos de paso aquí el interesante fenó‑

 

--------------

* Grave defecto de esos datos es, en primer lugar, la carencia de una clasificación por diferentes índices; en segundo, la carencia de un texto que facilite informaciones de las haciendas elegidas y que no podían entrar en los cuadros (como se ha hecho, por ejemplo, con los datos de los presu­puestos del distrito de Ostrogozhsk). En tercer lugar, el estudio, por demás incompleto, de los datos de todas las ocupaciones no agrícolas y de toda clase de “salarios” (¡para todas las “industrias”, sólo se dan 4 partidas, mientras que la descripción de los vestidos y calzado ocupa 152!).

** Esos “términos medios” son los que utiliza exclusivamente el Sr. Scherbina en las publi-caciones del zemstvo de Vorónezh, lo mismo que

 

 

 

152

meno de que los datos presupuestarios “medios” caracterizan casi siempre la hacienda situada por encima del tipo medio, es decir, ofrecen una realidad más favorable de lo que es de hecho*. Eso ocurre, seguramente, por la circunstancia de que la idea misma de “presupuesto” supone una hacienda más o menos equilibrada, difícil de encontrar entre los campesinos pobres. A título de ilustración confrontaremos la distri­bución de haciendas según el ganado de labor atendidos los datos presupuestarios y los restantes:

 

 

Número de presupuestos

en tanto por ciento

 

       Total

Grupos de hacienda

En ge-      en %

neral

en 4 dis-tritos de

la prov.

Vorónezt

en 9 dis-

tritos de

la prov. Vorónezt

en 112 dis-

tritos de 21 provincias

En 49 pro-

vincias de

la Rusia europea

 

Sin ganado de labor

12

18.18 

17.9

21.7

24.7

27.3

Con una cabeza

18

27.27 

34.7

31.9

28.6

28.6

Con 2 cabezas

17

25.76 

28.6

23.8

26.0

22.1

Con 3 cabezas

 9

13.64 

\

\

 \

\

Con 4 cabezas

 5

 

7.575  28.79

         

18.8

22.6

20.7

22.0

Con 5 y + cabezas

-------------

 5

7.575

/

/

/

/

Total

66

100                      100

100

100

100

 

 

--------------

en su artículo sobre los presupuestos campesinos insertado en el libro Influencia de las cosechas y de los precios del trigo, etc.

* Esto se refiere, por ejemplo, a los datos presupuestarios de la provincia de Moscú (tomos VI y VII de la Recopilación), de la de Vladimir (Las industrias de la provincia de Vladimir), del distrito de Ostrogozhsk, provincia de Vorónezh (tomo II, fascíc. 2 de la Recopilación) y, en especial, a los presupuestos que insertan los Trabajos de la comisión investigadora de las industrias kustares57 (para las provincias de Viatka, Jersón, Nizhni Nóvgorod, Perm y otras). Los presupuestos de los señores Kárpov y Manojin en los Trabajos mencionados, al igual que los del Sr. Semiónov (en Recopilación de materiales para el estudio de la comunidad agrícola, San Petersburgo, 1880) y del Sr. Osadchi (Subdistrito de Scherbánov, distrito de Elisavetgrad, provincia de Jersón) se distinguen favorablemente por la circunstancia de que caracte­rizan los distintos grupos campesinos.

 

 

 

153

De aquí se desprende con claridad que sólo es posible valerse de los datos presupuestarios obteniendo la media para cada uno de los grupos de campesinos por separado. Eso es lo que hemos hecho con los datos expuestos. Los distribuimos en tres apartados: (A) resultados generales de los presupuestos; (B) rasgos distintivos de la hacienda agrícola, y (C) datos distintivos del nivel de vida.

 

(A) Los datos generales del volumen de los gastos e ingresos son los siguientes:

 

 

Corresponde a una hacienda (en rublos)

 

 

Nº de perso-

nas de ambos sexos por familia

 

 

 

Ingresos totales

 

 

 

Gastos totales

 

 

 

Ingreso   Ingresos     Gastos 

neto       moneta-      mone-

               rios             tarios

 

 

 

Balance

 

 

Cuan-

tos rublos debe

Atra-

sos

en el pago de im-

pues-tos

a)

4.08

118.10

109.08

   9.02        64.57        62.29 

+ 2.28

5.83

16.58 

b)

4.94

178.12

174.26

   3.86        73.75        80.99

- 7.24

11.16

8.97

c)

8.23

429.72

379.17

  50.55     196.72      165.22

+31.50

13.73

5.93

d)

13.00

753.19

632.36

120.83     318.85      262.23

+56.62

13.67

2.22

e)

14.20

978.66

937.30

  41.36     398.48      439.86

-41.38

42.00

--

f)

16.00

1,766.79

1,593.77

173.02  1,047.26      959.20

+88.06

210.00 

  6

            8.27

 491.44

443.00

 48.44

  235.53

  217.70

+17.83

28.60

7.74

 

 

Así pues, resulta enorme la diferencia en el volumen de los presupuestos por grupos; aun dejando aparte los grupos extremos, el presupuesto del e es más del quíntuplo que el del b, al mismo tiempo que la familia del primero es apenas tres veces mayor que la del segundo.

 

Examinaremos la distribución de los gastos*:

 

 

Volumen medio de gastos por hacienda

 

 

Alimentación

Otro consumo          En la           Contribuciones

     Personal           hacienda             y cargas

Total

 

   Rbs.        %

 Rbs.         %       Rbs.      %         Rbs.       %

Rublos

%

a)

  60.98    55.89

  17.51   16.05    15.12   13.87    15.47    14.19

109.08

100

b)

  80.98    46.47

  17.19     9.87    58.32   33.46    17.77    10.20

174.26

100

c)

181.11    47.77

  44.62   11.77  121.42   32.02    32.02      8.44

  379.17

100

d)

283.65    44.86

  76.77   12.14  222.39   35.17    49.55      7.83

  632.36

100

e)

373.81    39.88

147.83   15.77  347.76   37.12    67.90      7.23

   937.30

100

f)

447.83    28.10

  82.76     5.19  976.84   61.29    86.34      5.42

1,593.77

100

 

       180.75

40.80

 47.30

10.68

180.60

40.77

34.35

 7.75

  443.00

100

 

 

--------------

* La Recopilación separa todos los “gastos para consumo personal y de la hacienda, exceptuada la alimentación”, de las inversiones para el soste-

 

 

 

154

Basta detenerse en la proporción de los gastos destinados a la hacienda dentro de la suma total de las inversiones por grupos para ver que ante nosotros hay proletarios y patronos; en a los gastos destinados a la hacienda no representan más que el 14% de todos Los gastos, mientras que en ƒ llegan al 61%. Las diferencias en el volumen absoluto de los gastos invertidos en la hacienda no necesitan comentarios. No sólo para los campesinos sin caballos, sino también para el que tiene un caballo este gasto es insignifi­cante, y el “dueño” que posee uno se acerca mucho más al tipo ordinario (en los países capitalistas) de bracero y de jornalero con nadiel. Subrayemos también una diferencia muy notable en el porcentaje de los gastos de alimen-tación (en a son casi el doble que en ƒ): como es sabido, lo elevado de ese tanto por ciento atestigua el bajo nivel de vida y constituye la más destacada diferencia de los presupuestos del patrono y del obrero.

 

Tomemos ahora la composición de los ingresos*:

 

 

      Ingreso medio por 1 hacienda             Composición de los ingresos

                                                                              procedentes de “industrias”         

 

 

de la        de las        sobran-

agri-        “in-           te de

cul-          dus-          años an

tura58       trias”        teriores

Total

“de indus-trias perso-nales

“del       “de esta-

aca-       blecimien

reo”       tos y em-

              presas in-

              dustriales

Ingre-

sos varios

a)

 57.11         59.04       1.95

118.10

36.75

      -                -

22.29

b)

127.69        49.22       1.21

178.12

35.08

   6             2.08

6.06

c)

287.40      108.21     34.11

429.72

64.59

17.65       14.41

11.56

d)

469.52      146.67   110

753.19

48.77

22.22       48.88

26.80

e)

698.06      247.60     33

978.66

112 

 100            35

0.60

f)

698.39      975.20     93.20

 1,766.79

146 

34          754.40 

40.80

       292.74

         164.67

    34.03

491.44

59.09

 19.36

  70.75

15.47

 

 

--------------

nimiento del ganado; en el primer apartado figuran juntos gastos como la luz y el arriendo, por ejemplo. Eso, evidentemente, no es justo. Nosotros hemos separado los gastos personales de los de la hacienda (“productivos”), llevando a estos últimos los de alquitrán, cuerdas, he-rraje de caballos, repara­ción de dependencias, aperos, aparejos, braceros y trabajos a destajo, pastores, arriendo de tierra y mantenimiento del ganado y de las aves de corral.

* Los “sobrantes de años anteriores” los constituyen los cereales (en especie) y el dinero; aquí se da la suma total, ya que nos referimos

 

 

 

155

Así pues, el ingreso de las “industrias” supera al ingreso total de la agricultura en los dos grupos extremos: en el del proletario, que no tiene caballo, y en el del patrono rural. Las “industrias personales” de los grupos campesinos inferiores estriban especialmente, se comprende, en trabajo asalariado; entre los “ingresos varios” constituye un capítulo importante el procedente de la entrega de la tierra en arriendo. En el conjunto de los “patronos-labradores” entran incluso algunos cuyo ingreso de la entrega en arriendo de la tierra es algo menor, y a veces mayor, que los ingresos totales de la agricultura: un campesino sin caballos, por ejemplo, obtiene un ingreso total de la agricultura de 61,9 rublos, mientras que del arriendo de la tierra saca 40; otro obtiene 31,9 rublos de la agricultura y 40 del arriendo de la tierra. No hay que olvidar, además, que el ingreso de la entrega de la tierra en arriendo o del trabajo como bracero sirve casi por completo para cubrir necesidades perso-nales del “campesino”, mientras que del global de la agricultura es preciso descon­tar los gastos de la explotación agrícola. Al hacer esa resta, obtenemos para el carente de caballos un ingreso neto de la agricultura de 41,99 rublos, y de 59,04 de las “in­dustrias”, mientras que el que posee un solo caballo obtiene 69,37 y 49,22 rublos. La simple comparación de estas cifras demuestra que tenemos ante nosotros tipos de obreros agrícolas con nadiel y que éste sirve para cubrir parte de los gastos de manutención (causando por eso mismo la baja del salario). Mezclar esos tipos con los patronos (agrícolas e industriales) significa violar de la manera más escandalosa todas las normas de la investigación científica.

 

En el otro polo del campo vemos precisamente a esos patronos, que unen a la explotación agrícola independiente operaciones

 

--------------

a ingresos y gastos globales en especie y en dinero. Los cuatro apartados de las “industrias” están tomados de los títulos de la Recopilación que no da nada más al particular. Observare-mos que en el grupo e hay que incluir, seguramente, entre las empresas industriales el acarreo, que propor­ciona a razón de 250 rublos de ingreso a dos patronos de este grupo; uno de esos patronos tiene un bracero.

 

 

 

156

comerciales e industriales, las cuales les proporcionan un ingreso considerable (atendido el nivel de vida dado) de varios centenares de rublos. La total indeterminación del apartado “industrias personales” oculta de nosotros la diferencia de los grupos inferiores y superiores a ese respecto, pero ya el volumen mismo de los ingresos de estas “industrias personales” muestra lo profundo de la diferencia en cuestión (recordaremos que en la categoría de “industrias personales” de la estadística de Vorónezh han podido entrar los mendigos, los braceros, los empleados de comercio, los administradores, etc., etc.).

 

Por el volumen del ingreso neto se destacan también de manera singular los campesinos sin caballos o con uno solo, a quienes corresponden los “sobrantes” más miserables (de uno a dos rublos) e incluso tienen déficit en su balance monetario. Los recursos de estos campesinos no superan, si no son inferiores, a los de los obreros asalariados. Sólo a partir de los campesinos con dos caballos vemos ciertos ingresos netos y sobrantes de varias decenas de rublos (sin los que no es posible tú hablar siquiera de una rudimenta­ria explotación racional de la hacienda). El volumen del ingreso neto del campesino acomodado alcanza una suma (de 120 a 170 rublos) que lo destaca notoriamente del nivel general de la clase obrera rusa*.

 

Se comprende que la agrupación en un todo único de los obreros y patronos y la obtención de un presupuesto “medio” proporciona un cuadro de “bienestar moderado” y

 

--------------

* Una excepción aparente la constituye la categoría e con un enorme déficit (41 rublos) que, sin embargo, se cubre pidiendo a préstamo. Ello se explica por el hecho de que en tres haciendas (de las cinco de esta categoría) se celebraron bodas, con un dispendio de 200 rublos. (Todo el déficit de las cinco haciendas es igual a 206,90 rublos.) Por eso, los gastos de este grupo para el consumo personal, exceptuada la alimentación, ascendieron a una cifra muy elevada: 10.41 rublos por persona, hombre o mujer, mientras que en ningún otro grupo, sin excluir a los ricos (ƒ), llega este gasto a seis rublos. Ese déficit, por tanto, es del todo opuesto, por su naturaleza, al de los campesinos pobres. No es un déficit nacido de la imposibilidad de satisfacer las necesidades mínimas, sino de la elevación de las necesidades hasta un grado que no corresponde al ingreso del año en cuestión.

 

 

 

157

de un “moderado” ingreso neto: 491 rublos de ingreso, 443 de gastos y un sobrante de 48 rublos, 18 de ellos en dinero. Pero esa media es del todo ficticia. No hace más que ocultar la completa miseria del conjunto de los campesinos del grupo inferior (a y b, es decir, 30 presupuestos de 66), que con un ingreso insignificante (de 120 a 180 rublos de ingreso en bruto por familia) no se hallan en condi­ciones de cubrir sus necesidades y viven, principalmente, a cuenta del trabajo como braceros y jornaleros.

 

El cálculo exacto de los ingresos y gastos en dinero y en especie nos permite determinar la relación que existe entre la diferenciación campesina y el mercado, para el que sólo es importante el ingreso y el gasto en dinero. La parte monetaria del presupuesto resulta la siguiente por grupos en el presupuesto general:

 

 

Tanto por ciento de la parte en dinero

 

Del gasto                               del ingreso

Con relación a la totalidad del

Gasto                            ingreso

a)  57,10                                    54,6

b)  46,47                                    41,4

c)  43,57                                    45,7

d)  41,47                                    42,3

e)  46,93                                    40,8

f)  60,18                                     59,2

--------------------------------------------

49,14                             47,9

 

 

Vemos, por consiguiente, que el tanto por ciento del ingreso y de los gastos en dinero au-menta (sobre todo, de un modo regular para los gastos) de los grupos medios a los extremos. El carácter comercial más acusado se da en las haciendas que carecen de caballos o tienen varios; eso indica que unos y otros viven, más que nada, de la venta de mercancías, sólo que en unos, la mercancía es su fuerza de trabajo, y en otros, el producto para la venta con un empleo considerable (como veremos) de trabajo asalariado, es decir, un producto que adquiere la forma de capital. Dicho con otras palabras, esos presupuestos nos demuestran también que la diferenciación de los campesinos crea mercado interior para el capitalismo, transformando, por una parte, al campesino en

 

 

 

158

bracero y, por otra, en pequeño productor de mercancías, en pequeño burgués.

 

Otra conclusión no menos importante de esos datos es que la hacienda de todos los grupos campesinos se ha transformado ya en comercial en grado muy considerable, ha caído bajo la depen­dencia del mercado: en ninguna parte baja del 4000 la parte monetaria del ingreso o de los gastos. Y ese tanto por ciento hay que estimarlo elevado, pues se trata del ingreso en bruto de pequeños .agricultores en el que se tiene en cuenta incluso el mantenimiento del ganado, es decir, la paja, el salvado, etc.*. Es evidente que ni siquiera los campesinos de la zona de tierras negras del centro (donde la economía monetaria se encuentra, en general, menos desarrollada que en la zona industrial o en las regiones esteparias periféricas) pueden en modo alguno subsistir sin compra y venta, se encuentran ya en plena dependencia del mercado, del poder del dinero. Ni que hablar de la enorme importancia de ese hecho y de qué profundo error cometen nuestros populistas cuando se esfuerzan por silenciarlo** atraídos por su simpatía hacia la economía natural, que pertenece ya definitivamente al pasado. En la sociedad moderna no se puede vivir sin vender,. y todo lo que frena el desarrollo de la economía mercantil no hace más que empeorar la situación de los productores. “Los lados dañinos del modo capitalista de producción -dice Marx al hablar de los campesinos-... coinciden aquí con el daño desprendido del insuficiente desarrollo del modo capitalista de producción. El campesino se transforma en comerciante e industrial sin las condiciones en las cuales podría producir su producto en forma de mercancía” (Das Kapital, III, 2, 346. Traducción rusa, pág. 671)60.

 

Observaremos que los datos presupuestarios refutan por

 

--------------

* Los gastos para el mantenimiento del ganado son casi todos en especie: de 6.316,21 rublos invertidos en ello por las 66 haciendas, en dinero sólo se han gastado 1.535,20 rublos, 1.102,50 de los cuales corresponden a un campesino-patrono, que mantiene veinte caballos. al parecer, con fines industriales.

** Este error se encontraba con particular frecuencia en las discusiones de 1897) relativas al papel de los bajos precios del trigo59.

 

 

 

 

159

completo la idea, bastante difundida aún, que atribuye un papel importante a las contribucio-nes en el desarrollo de la economía mercantil. No cabe duda de que los tributos y las contri-buciones en dinero fueron en tiempos importante factor para el desarrollo del cambio, pero en la actualidad la economía mercantil se ha asentado por completo, y el indicado papel de las contribuciones retrocede lejos, a un segundo plano. Comparando los gastos en los impuestos y cargas con todas las inversiones monetarias de los campesi­nos, obtenemos la relación del 15,8% (por grupos: a, 24,8%; b, 21,9%; c, 19,3%; d, 18,8%; e, 15,4%, y ƒ, 9,0%). Por consiguiente, los gastos máximos en las contribuciones son tres veces menores que las restantes inversiones monetarias, forzosas para el campesino, atendidas las condiciones ac­tuales de la economía social. Pero si no hablamos del papel de las contribuciones en el desarrollo del cambio, y nos referimos a su relación con los ingresos, veremos que ésta es desmesuradamente elevada. El peso con que gravi­tan sobre el campesino contemporáneo las tradiciones de la época anterior a la Reforma se ve con más relieve en la existencia de las contribuciones, que absorben la séptima parte de los gastos brutos del pequeño agricultor, incluso del bracero con nadiel. Además, la distribución de las contribuciones dentro de la comunidad61 es asombrosamente desigual: cuanto más acomodado es el campesino, menor es la proporción de las contribuciones en el conjunto de sus gastos. El campesino sin caballos paga, en relación con sus ingresos, casi tres veces más que el poseedor de varios caballos (ver más arriba el cuadro de distribución de los gastos). Hablamos de la distribución de las contribuciones dentro de la comunidad porque, si se calcula el volumen de éstas y de las cargas por cada deciatina de nadiel, su cuantía resulta casi igualitaria. Después de todo lo expues­to no nos debe extrañar esa desigualdad; es inevitable en nuestra comunidad porque ésta conserva su carácter obli­gatorio, tributario. Los campesinos, como es sabido, divi­den todas las contribuciones según la tierra: la parte de las contribuciones y la parte de la tierra se funden para

 

 

 

160

.

ellos en un concepto: “alma”*. Pero la diferenciación de los campesinos lleva, según hemos visto, a la disminución del papel de la tierra de nadiel en ambos polos del campo de nuestros días. Atendidas esas condiciones, es natural que la distribución de las contribuciones según la tierra de nadiel (unida indisolublemente al carácter obligatorio de la comu­nidad) lleve a trasladarlas de los campesinos acomodados a los pobres. La comunidad (es decir, la caución solidaria y la falta de derechos a renunciar a la tierra) se está haciendo más y más dañina para los campesinos pobres**.

 

(B) Pasando a la caracterización de la agricultura campe­sina, daremos en un principio los datos generales de las haciendas:

 

 

 

--------------

* Véase V. Orlov. La hacienda campesina. Recopilación de datos esta­dísticos de la provincia de Moscú, tomo IV, fascíc. I.-Trirógov. La comunidaa y los tributos. - Keussler. Zur Geschichte und Kritik des bauerlichen Gemeinde­besitzes in Russland (Historia y crítica de la posesión comunal campesina en Rusia -Ed.).-V. V. La comunidad campesina (Resúmenes de las estadísticas de los zemstvos, tomo I).

** Se comprende: un daño mayor aún ocasionará a los campesinos pobres la destrucción de la comunidad por Stolipin (noviembre de 1906)62. Eso es el “enrichissez-vous” ruso: ¡Miembros de las centurias negras, campesinos ricos! ¡Robad cuanto queráis a condición de que apoyéis al abso­lutismo moribundo! (Nota a la segunda edición.)

 

 

 

161

El cuadro deja ver cómo la relación entre los grupos por lo que a la entrega y toma en arriendo de la tierra, a la magnitud de la familia y de la siembra, a la contrata de braceros, etc., se refiere, resulta del todo homogénea tanto según los datos presupuestarios, como según los datos en masa arriba expuestos. Más aún: también los datos abso­lutos de la economía de cada grupo resultan muy pró­ximos a los datos por distritos enteros. He aquí la compa­ración de los datos presupuestarios y los más arriba analizados:

 

 

Corresponde por hacienda*

 

  Sin caballos                               Con un caballo

 

 

Perso   dec. a-  dec. de    total

nas de  rren-     siem-      de ca

ambos  dadas    bra         bezas

sexos                               de ga

                                        nado

Perso   dec. a-   dec. de    total

nas de  rren-      siem-      de ca

ambos  dadas     bra         bezas

sexos                                de ga

                                         nado

Presupuestos

4,1         --          1,5        0,8

4,9         0,6         3,4         2,6

4 distritos de la prov. de Vorónezh 

4,4         0,1        1,4        0,6

5,9         0,7         3,4         2,7

Distrito de Novoúz de la prov. Samara

3,9        0,3         2,1        0,5

4,7        1,4          5,0         1,9

4 distritos de la prov. de Sarátov 

3,9        0,4         1,2        0,5

5,1        1,6          4,5         2,3

Distrito de Kamishin de la prov. de Samara

4,2        0,3        1,1         0,6

5,1        1,6          5,0         2,3

3 distritos de la prov. de Nizhni-Nóvogord

4,1        0,2        1,8         0,7

5,2        1,1          4,4         2,4

2 distritos de la prov. de Oriol 

4,4        0,1         ?           0,5

5,7        1,0           ?           2,3

 

 

Así pues, la situación de los campesinos sin caballos o con uno solo es en todos los lugares indicados casi la misma; por esto los datos presupuestarios pueden estimarse lo suficientemente típicos.

 

Damos los datos relativos a los bienes y aperos de las haciendas campesinas en los diversos grupos.

 

--------------

* El area de siembra para la provincia de Vorónezh no se cita según los cuatro distritos, sino con arreglo al de Zadonsk únicamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

162

 

 

 

 

 

 

 

p. 163

Este cuadro ilustra de manera palmaria la diferencia de los distintos grupos por lo que a los aperos y al ganado se refiere y de la cual hablábamos antes sobre la base de los datos generales. Vemos aquí una situación económica de los distintos grupos completamente diferenciada; y esa diferen­cia llega al extremo de que incluso los caballos del cam­pesino pobre son totalmente distintos de los del acomodado*. El caballo del campesino que sólo posee uno es un verdadero “quebrado viviente”, ¡cierto, no es, pese a todo, un “cuarto de caballo”, sino que llega a “veintisiete cincuentaidosavos” de caballo!**63

 

Tomemos después los datos relativos a la composición de los gastos en la hacienda***:

 

 

Especificaciones de los gastos para la hacienda en rublos y por hogar

 

 

 

 

 

G

R

U

P

O

S

Al pas-

tor y

gastos

 meno

res

Para completar y reparar

 

Depen     aperos     Total       En arri     En traba     Total    En pien

den-         y ga-                       endos      jadores                    so para

cias         nado                                       y labores                   el ga

                                                              a destajo                   nado

Total

a)

0,52

 2,63         0,08         2,71         0,25        3,52         7,00          8,12

 15,12

b)

2,94

 4,59         5,36         9,95         6,25        2,48       21,62        36,70

 58,32

c)

5,73

14,38        8,78       23,16       17,41        3,91       50,21        71,21

121,42

d)

12,01

18,22        9,70       27,92       49,32        6,11       95,36      127,03

222,39

e)

19,32

13,60      30,80       44,40     102,60        8,20     174,52      173,24

347,76

f)

51,42

56,00      75,80     131,80     194,35      89,20     466,77      510,07

976,84

To

tal       9,37 

13,19

 13,14

 26,33

  35,45

     10,54

       81,69

         98,91

180,60

 

 

--------------

* En las obras alemanas dedicadas a la agricultura tenemos las monografías de Drechsler, que contienen datos del peso del ganado de los agricultores de los distintos grupos por la cantidad de tierra poseída. Estos datos muestran, aún con más relieve que las cifras de la estadística rusa de los zemstvos aducidas, la calidad inconmensurablemente peor del ganado de los pequeños campesinos en comparación con el de los grandes, y, en especial, con el de los terratenientes. Confío en dar a la prensa en un próximo futuro un estudio de esos datos. (Nota a la segunda edición.)

** De aplicar estas normas presupuestarias sobre el valor de las dependencias, de los aperos y del ganado en los diferentes grupos campesinos a los datos generales de 49 provincias de la Rusia europea antes citados, resultaría que una quinta parte de haciendas campesinas posee medios de producción considerablemente mayores que el resto.

*** Los gastos para la alimentación del ganado se efectúan, más

 

 

 

164

Estos datos son muy elocuentes. Nos muestran de ma­nera palpable lo totalmente mísero de la “hacienda” no sólo del campesino sin caballos, sino también de la del que posee uno, así como la completa inexactitud del procedi­miento ordinario de examinar esos campesinos junto a los poco numerosos, pero fuertes, que invierten cientos de rublos en la hacienda, que pueden mejorar los aperos, contratar “trabajadores” y “comprar” tierra en vasta escala, invirtiendo en el arriendo de ésta 50, 100 y 200 rublos anuales*. Observaremos de paso que el gasto relati-vamente elevado de los campesinos sin caballos en “trabajadores y labores a destajo” se debe, con toda probabilidad, a que los funcionarios de estadística han mezclado en este apartado dos cosas totalmente distintas: la contrata del obrero que debe trabajar con los aperos del dueño, es decir, la contrata del bracero o del jornalero, y la del campesino vecino, para que trabaje con sus aperos la tierra de quien le toma a su servicio. Es preciso diferenciar bien estas dos clases, diame­tralmente opuestas por su significación, de la “contrata”, como lo hizo, por ejemplo, V. Orlov (ver Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, tomo VI, fascíc. I).

 

Examinaremos ahora los datos relativos a los ingresos de la agricultura. Por desgracia, la Recopilación los estudia de manera muy insuficiente (en parte, puede ser, por el pe­queño número de esos datos). Así, no se estudia la cuestión del rendimiento del suelo; no hay información de la venta de los productos de cada clase por separado y de las condiciones de esa venta. Nos limitaremos por eso al breve cuadro siguiente:

 

--------------

que nada, en especie; los gastos de la hacienda restantes son, en su mayor parte, en dinero.

* ¡Qué bien le debe parecer a ese “mujik hacendoso” la “teoría del arriendo” del Sr. Kárishev, que pide plazos largos, el abaratamiento del arriendo, la retribución de las mejoras, etc.! Eso es, precisamente, lo que necesita.

 

 

 

165

 

Ingresos de la agricultura en dinero

 

Total                                     Ingresos en dinero

                                             Por per-           Por                   % con              Ingreso

                     Por                   sona de hacienda          respecto           de las

Grupos                      hacienda          ambos                                     a todo el           industrias

sexos                                    ingreso            por

                                                                                            de la agri-         hacienda

                                                                                            cultura

a)                    57,11             13,92                   5,53               9,68                 59,04

b)                  127,69             25,82                 23,69             18,55                 49,22

c)                  287,40             34,88                 54,40             18,93               108,21

d)                  496,52             38,19                 91,63             18,45               146,67

e)                  698,06             49,16               133,88             19,17               247,60

f)                   698,39             43,65                 42,06               6,02               975,20

---------------------------------------------------------------------------------------------------

Total             292,74             35,38                 47,31             16,16               164,67

 

 

En este cuadro se echa de ver inmediatamente una gran excepción: el descenso enorme del tanto por ciento de los ingresos monetarios de la agricultura en el grupo superior a pesar de sus mayores siembras. La hacienda agrícola mayor es, pues, aparentemente, la más natural. Es en extremo interesante examinar más de cerca esa supuesta excepción, que arroja luz sobre el problema por demás importante de la relación entre la agricultura y las “in­dustrias” de carácter empresarial. Según hemos visto, la importancia de ese género de industrias es singularmente grande en los presupuestos de los campesinos con varios caballos. A juzgar por los datos examinados, para la burguesía campesina de esa zona es especialmente típica la tendencia a unir la agricultura a las empresas comerciales e industriales*. No es difícil ver que, en primer lugar, resulta injusto comparar los propietarios de ese género con los agricultores puros; en segundo, que, en esas condiciones, con frecuencia la agricultura sólo parece natural. Cuando a la agricultura va unida la transformación técnica de los productos del campo (molienda del trigo. fabricación de aceite, de fécula de patata, de alcohol y otras industrias), el ingreso en dinero de esa hacienda puede referirse no a

 

--------------

* De 12 campesinos sin caballos, ninguno obtiene ingresos de establecimientos y empresas industriales; de 18 con un caballo, uno; de 17 con dos caballos, dos; de 9 con tres caballos, tres; de 5 con cuatro caballos, dos; de 5 con más de cuatro caballos, cuatro.

 

 

 

166

los ingresos de la agricultura, sino a los de la empresa industrial. En realidad, la agricultura será en este caso comercial, y no natural. Lo mismo habrá que decir de la hacienda en la que la inmensa mayoría de los productos del campo se consumen en especie para la manutención de los braceros y caballos al servicio de una empresa industrial cualquiera (para el servicio de correos, por ejemplo). Precisamente haciendas de ese tipo encontramos entre las del grupo superior (presupuesto Nº 1 del distrito de Korotoyak. Familia de 18 personas, 4 trabajadores de la familia, 5 braceros, 20 caballos; el ingreso de la agricultura es de 1.294 rublos, casi todo en especie, y el de las empresas industriales de 2.675 rublos. Y esa “hacienda natural cam­pesina” se agrupa con las haciendas sin caballos o con uno solo para extraer una “media” general). Una vez más vemos en este ejemplo la importancia de combinar la cla­sificación formada según la dimensión y clase de la hacienda agrícola con la clasificación atendidos la dimensión y tipo de la hacienda “industrial'.

 

(C) Examinaremos ahora los datos relativos al nivel de vida de los campesinos. La Recopi-lación no da todos los gastos en especie para la alimentación. Tomamos lo prin­cipal: los productos agrícolas y la carne*.

 

Corresponde por persona de ambos sexos

 

Productos harinosos                                            lo mismo reducido a centeno, en puds

 

G
R
U
P
O
S

Harina

de centeno,

meras

Harina

de

cebada

y mijo, puds

Mijo

y alforfón,

meras

Harina de tri- go y flor de

harina,

libras

 

Patatas,

meras

Centeno y trigo

Otros

produc-

tos

hari-

nosos

Total

Carne, puds

a)

13,12

0,12

1,92

3,49

13,14

13,2

4,2

17,4

0,59

b)

13,21

0,32

2,13

3,39

  6,31

13,4

3,0

16,4

0,49

c)

19,58

0,27

2,17

5,41

 8,30

19,7

3,5

23,2

1,18

d)

18,85

1,02

2,93

1,32

 6,43

18,6

4,2

22,8

1,29

e)

20,84

--

2,65

4,57

 10,42

20,9

4,2

25,1

1,79

f)

21,90

--

4,91

6,25

3,90

22,0

4,2

26,2

1,79

 

         18,27

0,35

2,77

4,05

 7,64

18,4

3,8

22,2

   1,21

 

 

--------------

* Agrupamos bajo este término los apartados de la Recopilación: carne

 

 

 

167

Del cuadro se desprende que estábamos en lo cierto al unir a los campesinos sin caballos y con uno solo y contraponerlos a los restantes. El rasgo distintivo de los mencionados grupos campesinos es la insuficiente alimentación y el empeoramiento de la calidad (patatas) de la misma. El campesino con un solo caballo se alimenta en ciertos aspectos peor que el que no tiene ninguno. La “media” general es, incluso a este respecto, del todo ficticia, y encubre la insuficiente alimentación de la masa de los campesinos con la alimentación satisfactoria de los campesinos acomodados, los cuales consumen casi una vez y media más productos del campo y tres veces más carne* que los pobres.

 

Con el fin de comparar los datos restantes de la ali­mentación de los campesinos, todos los productos deben ser tomados por su valor, en rublos: (ver el cuadro de arriba en la pág. 168.-Ed.)

 

Así pues, los datos generales relativos a la alimentación de los campesinos confirman lo antes dicho. Se destacan con claridad tres grupos: inferior (sin caballos y con un caballo), medio (con dos o tres caballos) y superior, que se alimenta casi el doble mejor que el primero. La “media” general borra los dos grupos extremos. Los gastos en dinero para la alimentación resultan absoluta y relativamente mayores en ambos grupos extremos: los proletarios rurales y la burguesía del campo. Los primeros compran más, aunque consumen menos, que el campesino medio, compran los productos agrícolas más indispensables, de los cuales sienten necesidad.

 

--------------

de vaca, de cordero, de cerdo y tocino. La reducción de otros cereales a centeno se ha hecho según las normas de La estadística comparada, de Yanson, adoptadas por los funcionarios de estadística de Nizhni Nóvgorod (ver Materiales del distrito de Gorbátov. Para base de la reducción sirve el tanto por ciento de proteína asimilable).

* Lo bajo del consumo de carne por los campesinos en la aldea con respecto al habitante de la ciudad se ve aunque sólo sea por los siguientes datos fragmentarios. En Moscú, en 1900, se sacrificó en los mataderos municipales ganado con un peso de cerca de cuatro millones de puds, por valor de 18.986.714,59 rublos (Moskovskie Védomosti (Gaceta de Moscú). 1901, núm. 55). Eso da por habitante cerca de cuatro puds o unos 18 rublos al año. (Nota a la segunda edición.)

 

 

 

168

 

Corresponde por persona en rublos

 

 

 

 

 

 

 

 

  Gastos en

        dinero

G R

U

P

O

S

Hari-

nas

diver

sas y cerea

les

Legum

bres,

aceite

vege

tal y

frutas

P

A

T

A

T

A

S

Total      Total      Total

de           de           de

pro-         pro-       pro-

duc-        duc-       duc-

tos           tos          tos

agrí-        de la       com

las           gana       pra-

               dería*     dos

                              **

To

tal

de

pro

duc

tos

De ellos

en di

nero

En pro    En pro

ductos     ductos

de la        de la

agricul     gana-

tura          dería       

a)

6,62

1,55

1,62

  9,79       3,71      1,43

14,93

5,72

3,58           0,71

b)

7,10

1,49

0,71

  9,30       5,28      1,79

16,37

4,76

2,55           0,42

c)

9,67

1,78

1,07

12,52       7,04      2,43

21,99

4,44

1,42           0,59

d)

10,45

1,34

0,85

12,64       6,85      2,32

21,81

3,27

0,92           0,03

e)

10,75

3,05

1,03

14,83       8,79      2,70

26,32

4,76

2,06              --

f)

12,70

1,93

0,57

15,20       6,37      6,41

27,98

8,63

1,47           0,75

         9,73

1,80

0,94

12,47

        6,54

   2,83

21,84

5,01

1,78

   0,40

 

 

Los últimos compran más porque consumen más, ampliando de modo especial el consumo de los productos no agrícolas. La confrontación de estos dos grupos extremos nos demuestra palpablemente cómo se forma en un país capitalista el mercado interior para los artículos de consumo personal ***.

 

Los restantes gastos de consumo personal son los si­guientes:

 

 

Corresponde por persona de ambos sexos en rublos

Gastos en

 

 

G
R
U
P
O
S

 

Bie-

nes,

ropa

Com-busti-ble (paja)

Ro-pa, cal-zado

alumbra       restantes     total en

do                necesi-        consu-

                    dades          perso-

                    caseras        nal, ex-

                                       cepto

                                       alimen-

                                       tación

 

De ello en dine-ro

Total en alimenta-ción y de más ne-cesidades personales

De ello en dine-ro

a)

9,73

0,95

1,46

  0,23             1,64              4,28

3,87

19,21

9,59

b)

12,38

0,52

1,33

  0,25             1,39              3,49

3,08

19,86

7,84

c)

23,73

0,54

2,47

  0,22             2,19              5,42

4,87

27,41

9,31

d)

22,21

0,58

1,71

  0,17             3,44              5,90

5,24

27,71

8,51

e)

31,39

1,73

4,64

  0,26             3,78            10,41

8,93

36,73

13,69

f)

30,58

1,75

1,75

  0,21             1,46              5,17

3,10

33,15

11,73

        22,31

0,91

2,20

  0,22

      2,38

       5,71

4 86

    27,55

 9,87

 

 

--------------

* Carne de vaca, de cerdo y de cordero, tocino, mantequilla de vaca, productos lácteos,   gallinas y huevos.

** Sal, pescado salado y fresco, arenques, vodka, cerveza, té y azúcar

*** Entre los gastos para la adquisición de productos agrícolas, el primer lugar corresponde al centeno, en especial entre los campesinos pobres; va después la compra de verduras, que representa 85 kopeks por persona de ambos sexos (por grupos, de 56 kopeks en b a 1,31 rublos en e), de

 

 

 

169

No siempre es justo calcular estos gastos por persona de ambos sexos, ya que, por ejemplo, el valor del combustible, del alumbrado, del ajuar, etc., no es proporcional al número de miembros de la familia.

 

Estos datos demuestran también la división de los cam­pesinos (por el nivel de vida) en tres grupos distintos. Al mismo tiempo se pone de relieve la siguiente e inte­resante circunstancia: la parte de los gastos en dinero para todo el consumo personal resulta mayor en los grupos inferiores (en a, cerca de la mitad de los gastos son en dinero), al mismo tiempo que los gastos en dinero no se elevan en los grupos superiores, y forman sólo alrededor de un tercio. ¿Cómo conciliar esto con el hecho antes subrayado de que el tanto por ciento de los gastos en dinero se eleva en general en ambos grupos extremos? Por lo visto, los gastos en dinero en los grupos superiores van orientados de prefe­rencia al consumo productivo (gastos en la hacien-da), mientras que en los inferiores se destinan al consumo personal. He aquí datos exactos al particular:

 

 

    Gastos en dinero por

   hacienda, en rublos

Lo mismo en %

% de la parte en dinero en

los gastos de

 

 

 

G
R
U
P
O
S

 

 

En

con-

sumo per-sonal

En la

haci-

enda

en

con-tri-

bu-cio-

nes y

car-gas

Total

 

 

En

con-

sumo per-sonal

En

la

ha-

ci-

en-

 da

en

con-tri-

bu-cio-

nes y

car-gas

 

 

 

 

T o t a l

Con-

sumo per-sonal

La ha-

cienda

a)

39,16

    7,66

15,47

  62,29

62,9

12,3

24,8

100

49 8

50,6

b)

38,89

  24,32

17,77

  80,98

48,0

30,0

22,0

100

39,6

41,7

c)

76,79

 56,35

32,02

165,16

46,5

34,1

19,4

100

34,0

46,4

d)

110,60

102,07

49,55

262,22

42,2

39,0

18,8

100

30,7

45,8

e)

190,84

181,12

67,90

439,86

43,4

41,2

15,4

100

38,0

52,0

f)

187,83

687,03

84,34

959,20

19,6

71,6

 8,8

100

35,4

70,3

        81,27

102,23

34,20

217,70

37,3

46,9

15,8

100

35,6

56,6

 

 

Por consiguiente, la transformación de los campesinos en proletariado rural crea mercado, en especial, para los

 

--------------

ellos, 47 en dinero. Ese interesante hecho nos muestra que incluso entre la población rural, sin hablar ya de la urbana, se forma el mercado para los productos en una rama de la agricultura comercial: la horticultura, 2/3 de los gastos en aceite vegetal son en especie; eso significa que, a este respecto, imperan aún la producción casera y la artesanía primitiva.

 

 

 

170

artículos de consumo, mientras que su transformación en burguesía rural crea, de preferencia, mercado para los medios de producción. Dicho con otras palabras, en los grupos inferiores de los “campesinos” observamos la trans­formación de la fuerza de trabajo en mercancía, y en los superiores, la transformación de los medios de producción en capital. Ambas transformacio-nes dan precisamente ese proceso de formación del mercado interior establecido por la teoría con respecto a los países capitalistas en general. Por eso escribió F. Engels que el hambre de 1891 representa la creación del mercado interior para el capitalismo64, tesis incompren­sible para los populistas, quienes en la ruina de los campesi­nos sólo ven la decadencia de la “producción popular”, y no la transformación de la economía patriarcal en capitalista.

 

El Sr. N. -on ha escrito todo un libro sobre el mercado interior sin advertir el proceso de creación del mercado interior a través de la diferenciación de los campesinos. En su artículo ¿Cómo explicar el crecimiento de nuestros ingresos del Estado? (Nóvoe Slovo, núm. 5, febrero de 1896)* se refiere a ello en el siguiente razonamiento: los cuadros relativos a los ingresos del obrero norteamericano demuestran que cuanto menores son éstos tanto mayores, relativamente, son los gastos destinados a la alimentación. Por consiguiente, si disminuye el consumo de alimentos se reduce aún más el consumo de los pro­ductos restantes. En Rusia disminuye el consumo de pan y de vodka, por tanto también se reduce el consumo de los otros productos; de ello se deduce que el mayor consumo de la “capa” acomodada de los campesinos (pág. 70) se equilibra con creces con el descenso del consumo de la masa. En este razonamiento hay tres errores: en primer lugar, al sustituir al campesino por el obrero, el Sr. N.-on se salta la cuestión; se trata precisamente del proceso de creación de obreros y patronos. En segundo lugar, al sustituir al campesino por el obrero, el Sr. N.-on reduce todo el consumo al personal, olvidando el consumo productivo, el mercado de los

 

--------------

* La Nueva Palabra.-Ed.

 

 

 

171

medios de producción. En tercer lugar, el Sr. N. -on olvida que el proceso de diferenciación de los campesinos es, al mismo tiempo, un proceso de sustitución de la economía natural por la mercantil, que, por tanto, puede crearse mercado no aumentando el consumo, sino transformando el consumo natural (aunque más abundante) en consumo mone­tario o de pago (aunque menos abundante). Hemos visto ahora con respecto a los artículos de consumo personal que los campesinos sin caballos consumen menos, pero compran más que los campesinos medios. Se empobrecen al recibir y gastar al mismo tiempo más dinero, y precisamente estos dos aspectos del proceso son necesarios para el capitalis­mo*.

 

Para terminar, utilizaremos los datos presupuestarios a fin de comparar el nivel de vida de' los campesinos y de los obreros rurales. Calculando el volumen del consumo perso­nal no por habitante, sino por trabajador adulto (según las normas de los funcionarios de estadística de Nizhni Nóvgorod en la recopilación antes indicada), obtenemos el cuadro siguiente:

 

 

Corresponde a trabajador adulto

 

Productos consumidos                                   gasto en rublos

 

 

G
R
U
P
O
S

 

harina   harina   mijo    harina   pata-

de cen   de ce-   y al-    de tri-    tas,

teno,     bada      for-     go y      me-

meras   y mi-     fón,     flor de   ras

             jo,         meras  harina

             puds                 libras       

Total

de pro-

ductos agrí

colas

 

Carne

puds

 

En ali-   en las de-

menta-   más nece-   Total

ción       sidades

              personales

a)

17,3       0,1       2,5       4,7        17,4

23,08

0,8

19,7           5,6          25,3

b)

18,5       0,2       2,9       4,7          8,7

22,89

0,7

22,7           4,8          27,5

c)

26,5       0,3       3,0       7,3        12,2

31,26

1,5

29,6           7,3          36,9

d)

26,2       1,4       4,3       2,0          9,0

32,21

1,8

30,7           8,3          39,0

e)

27,4       --         3,4       6,0        13,6

32,88

2,3

32,4         13,9          46,3

f)

30,8       --         6,9       8,5          5,5

36,88

2,5

39,3           7,2          46,5

 

       24.9      9.5      3.7        5.5        10.4        33.78        1.4      29.1           7.8          36.9

 

 

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* Este hecho, paradójico a primera vista, se halle en realidad enplena armonía con las contradicciones fundamentales del capitalismo, que se encuentran a cada paso en la vida real. Por eso, los observadores

 

 

 

172

Para comparar con estos datos los relativos al nivel de vida de los obreros rurales podemos tomar, en primer término, los precios medios del trabajo. Durante diez años (de 1881 a 1891), el salario medio anual del bracero en la provincia de Vorónezh fue de 57 rublos, y contando la manutención, de 99 rublos*, así que esta última costó 42 rublos. El volumen del consumo personal de los braceros y jornaleros con nadiel (campesinos sin caballos o con uno solo) es inferior a ese nivel. El coste de toda la manuten­ción de la familia no asciende a más de 78 rublos para el “campesino” sin caballos (con una familia de cuatro per­sonas), y de 98 rublos para el que posee un caballo (con una familia de cinco personas), es decir, menos de lo que cuesta la manutención del bracero. (Hemos excluido del pre­supuesto de los campesinos sin caballos o con un caballo los gastos de la hacienda y las contribuciones y cargas, ya que el nadiel no se entrega en arriendo en esos lugares por menos del volumen de las contribucio-nes.) Como era de esperar, la situación del obrero ligado al nadiel es peor que la del obrero que se halla libre de esos lazos (no hablamos ya del enorme grado en que la sujeción al nadiel desarrolla las relaciones de explotación usuraria y dependencia per­sonal). Los gastos en dinero del bracero son incomparablemente mayores que los del consumí; personal del campesino sin caballos o con un caballo. Por tanto, la sujeción al nadiel frena el crecimiento del mercado interior.

 

En segundo lugar, podemos utilizar los datos de la esta­dística de los zemstvos relativos al consumo de los braceros.

 

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atentos de la vida rural han sabido advertirlo de modo por completo independiente de la teoría. “Para el desarrollo de su actividad -dice Engelhardt hablando de los kulaks, comer-ciantes, etc. es importante que los campesinos sean pobres... que reciban mucho dinero” (Desde la aldea, pág. 493). La simpatía por la “sólida sic!!) vida del agricultor'' (ibíd.) no impedía a veces a Engelhardt descubrir las más profundas contradicciones dentro de la famosa comunidad.

* Datos agrícolas y estadísticos según materiales obtenidos de los labradores. Ediciones del Departamento de Agricultura. Fascíc. V. San Petersburgo. 1892. S. Korolenko: El trabajo asalariado en las haciendas, etc

 

 

 

173

Tomemos los datos de la Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Oriol relativos al distrito de Karáchev (tomo V, fascíc, 2, 1892), basados en los informes sobre 158 braceros*. Reduciendo la ración mensual a anual, obte­nemos:

 

   Manutención de un          Manutención de un

   bracero de la prov.           “campesino” de la

   de Oriol                            prov.  de Vorónezh      

 

                                                míni-

                                                 mo

máxi-

mo

me-

dia

Con un caballo                Sin ca-

                                       ballos

 

Harina de centeno, en puds

15.0

24.0

21.6

 18.5

17.3

Cereales, en puds

4.5

9.0

5.25

   2.9

-2.5

Mijo, en puds

1.5

1.5

  1.5

+4.8 libras de harina

4.9

Patatas, en meras

18.0

48.0

26.9

  8.7 de trigo

17.4

Total, reducido a centeno**

22.9

41.1

31.8

 22.8

23.0

Tocino, en libras

24.0

48.0

33.0

 28.0

32.0

Valor en rublos de toda la alimentación anual

--

--

40.5

 27.5

25.3

 

 

Por consiguiente, los campesinos con un caballo y sin caballos no están por encima de los braceros por lo que se refiere al nivel de vida; más bien se acercan al mínimum del nivel de vida de estos últimos.

 

La conclusión general del examen de los datos relativos al grupo inferior de los campesinos es, por consiguiente, la que sigue: tanto por su relación a los otros grupos, que desplazan de la agricultura a los campesinos del grupo inferior, como por la dimensión de la hacienda, que sólo cubre parte de los gastos destinados a la manutención de la

 

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* La diferencia de condiciones entre las provincias de Oriol y Vorónezh no es grande, y los datos aducidos, según veremos, son corrientes. No tomamos los datos de la obra de S. Korolenko antes citada véase la confrontación de esos datos en el artículo del Sr. Maress Influencia de las cosechas, etc., 1, 11), pues el mismo autor reconoce que los señores propietarios de tierras de quien había recibido esos datos “se dejaron llevar por la fantasía” a veces...

** Calculado según el procedimiento antes expuesto.

 

 

 

174

familia, como por el origen de los recursos para el sustento (venta de la fuerza de trabajo), y, finalmente, por el nivel de vida, ese grupo debe ser incluido entre los braceros y jornaleros con nadiel*.

 

Al terminar con esto la exposición de los datos esta­dísticos de los zemstvos relativos a los presupuestos campesinos, no podemos por menos de detenernos en el examen del método que para analizar los datos presupuestarios utiliza el Sr. Scherbina, redactor de la Recopilación de datos de tasación y autor del artículo relativo a los presupuestos campesinos en el conocido libro Influencia de las cosechas y de los precios del trigo, etc. (tomo II). El Sr. Scherbina dice en la Recopilación, no sabemos por qué, que emplea la teoría “del notable especialista en economía política C. Marx” (pág 111); en realidad, deforma abiertamente esa teoría, confundiendo la diferencia entre el capital constante y el variable con la diferencia entre el capital fijo y el capital circulante (ibíd.), trasladando sin sentido alguno esos términos y categorías del capitalismo desarrollado a la agricultura campesina (passim), etc. Todo el estudio de los datos presupuestarios hecho por el Sr. Scherbina se reduce a un completo e increíble abuso de las “magnitudes medias”. Todos los datos de tasación se refieren al campesino “medio”. El ingreso de la tierra, calculado para cuatro distritos, lo divide por el número de haciendas (recordad que el campesino sin caballos tiene un ingreso de unos 60 rublos por familia mientras que el del rico asciende a cerca de 700). Determina la “magnitud del

 

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* Los populistas deducirán, probablemente, de nuestra comparación del nivel de vida de los braceros y del grupo inferior de campesinos que “estamos en favor” de que los campesinos pierdan las tierras, etc. Esta deducción será errónea. De lo dicho sólo se deduce que “estamos en favor” de que sean abolidos todos los obstáculos que traban el derecho de los campesinos a disponer libremente de las tierras, a renunciar al nadiel y a salir de la comunidad. Sólo el campesino mismo puede juzgar qué le conviene más: ser bracero con nadiel o bracero sin nadiel. Esas trabas no pueden ser, por ello, justificadas en ningún caso ni por nada. La defensa de esas trabas por los populistas transforma a estos últimos en servidores de los intereses de nuestros agrarios.

 

 

 

175

capital constante” (sic!!?) “por hacienda” (pág. 114), es decir, el valor de todos los bienes; determina el valor “medio” de los aperos; determina el valor medio de las empresas industriales y comerciales (sic!) en 15 rublos por hacienda. ¡El Sr. Scherbina pasa por alto el pequeño detalle de que esas empresas son propiedad privada de la minoría acomo­dada, y las divide entre todos “de una manera igualitaria”! Determina el gasto “medio” en el arriendo (pág. 118), que, como hemos visto, asciende a 6 rublos para el campesino con un caballo y de 100 a 200 para el rico. Suma todo eso y lo divide por el número de haciendas. Determina incluso el gasto “medio” para la “reparación de capitales” (ibíd.). Alá sabe lo que eso significa. Si quiere decir la adquisición y la reparación de aperos y del ganado, ahí van las cifras que ya antes hemos aducido: ese gasto es igual para el campesino sin caballos a 8 (ocho) kopeks por hacienda, mientras que para el rico es de 75 rublos. ¿No es evidente que si sumamos semejantes “haciendas campesinas” y dividimos el resultado por el número de sumandos obtendremos la “ley de las demandas medias” ya descubierta por el Sr. Scherbina en su recopilación referente al distrito de Ostrogozhsk (tomo II, fasc. II, 1887) v tan brillantemente aplicada más tarde? Después ya no es difícil deducir de esa “ley” que el “campesino no satisface las necesidades mínimas, sino su nivel medio” (pág. 123 y otras muchas), que la hacienda campesina constituye un “tipo de desarro­llo” especial (pág. 100), etc. etc. La clasificación según el nadiel, que ya conocemos, representa un refuerzo de ese torpe procedimiento de “igualar” al proletariado rural y a la burguesía campesina. Si lo aplicásemos, supongamos, a los datos presupuestarios, unificaríamos en un grupo, por ejemplo, a tales campesinos (en la categoría de los que poseen un nadiel grande, de 15 a 25 deciatinas por familia) : uno entrega en arriendo la mitad del nadiel (de 23,5 deciatinas), siembra 1,3 deciatinas, vive más que nada de las “industrias personales” (¡es asombroso, lo bien que suena esto!) y obtiene un ingreso de 190 rublos para 10 personas de ambos sexos (presupuesto Nº 10 del distrito de

 

 

 

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Korotoyak). Otro toma en arriendo 14,7 deciatinas, siembra 23,7 deciatinas, tiene braceros y obtiene un ingreso de 1.400 rublos para 10 personas de ambos sexos (presupuesto Nº 2 del distrito de Zadonsk). ¿No está claro que resultará un “tipo de desarrollo” especial si sumamos las haciendas de los braceros y jornaleros con las haciendas de los campesinos que contratan obreros y dividimos el resultado por el número de sumandos? Basta utilizar siempre y con exclusividad los datos (“medios” de la hacienda campesina para que todas las “falsas ideas” relativas a la diferencia­ción de los campesinos resulten proscritas de una vez para siempre. Así, precisamente, obra el Sr. Scherbina al adoptar en grand ese procedimiento en su artículo del libro Influencia de las cosechas, etc. Aquí se efectúa un grandioso intento de tener en cuenta los presupuestos de todos los campesinos rusos, utilizando siempre esos “términos medios” ya probados. El futuro historiador de las publicaciones eco­nómicas rusas advertirá con asombro que los prejuicios popu­listas llevaron a olvidar las reglas más elementales de la estadística económica, que obligan a separar de manera estricta a los patronos de los obreros asalariados, sea cual sea la forma de posesión territorial que les una, por numerosos y diversos que sean los tipos de transición existentes entre ellos.

 

 

XIII. CONCLUSIONES DEL II CAPITULO

 

Resumamos las tesis más importantes que se desprenden de los datos antes examinados:

 

1) El medio económico-social en que se halla el campesino ruso de nuestros días es el de una economía mercantil. Incluso en la zona agrícola central la más atrasada a este respecto con relación a las regiones sudorientales o a las provincias industriales), el campesino se halla totalmente supeditado al mercado, del que depende tanto en el consumo personal como en su hacienda, sin hablar ya de las contribuciones.

 

2) El régimen de las relaciones económico-sociales en el

 

 

 

177

campesinado (agrícola y comunal) nos muestra la existencia de todas las contradicciones propias de cualquier economía mercantil y de cualquier capitalismo: competencia, lucha por la independencia económica, acaparamiento de la tierra (en la compra y en el arriendo), concentración de la producción en manos de una minoría, desplazamiento de la mayoría a las filas del proletariado y su explotación por la minoría a través del capital comercial y de la contrata de braceros. No hay ni un solo fenómeno económico entre los campesinos que no tenga esa forma contradictoria, propie­dad específica del régimen capitalista, es decir, que no exprese la lucha y la disparidad de intereses, que no represente un más para unos y un menos para otros. Así son el arriendo, la compra de tierras y las “industrias” en sus tipos diametralmente opuestos; así es también el progreso técnico de la hacienda.

 

Atribuimos a esta conclusión una importancia cardinal, y no sólo en el problema del capitalismo en Rusia, sino también en lo que se refiere a la significación de la doctrina populista en general. Precisamente esas contradic­ciones nos muestran de manera patente e irrefutable que el régimen de las relaciones económicas en la aldea de la “comunidad” no representa en modo alguno un tipo económico especial (“producción popular”, etc.), sino un tipo pequeñoburgués corriente. Contrariamente a las teorías reinantes en nuestro país durante el último medio siglo, el campesino comunal ruso no es antagónico con respecto al capi-talismo; es, al contrario, su base más profunda y más firme. La más profunda porque precisamente aquí, lejos de toda clase de influjos “artificiales” y pese a las institucio­nes que traban el desarrollo del capitalismo, vemos una constante formación de elementos del capitalismo dentro de la “comunidad” misma. La más firme porque sobre la agricultura en general y sobre los campesinos en particular gravitan con la mayor fuerza las tradiciones antiguas, de la vida patriarcal, y, a consecuencia de ello, la acción transformadora del capitalismo (desarrollo de las fuerzas productivas, cambio de todas las relaciones sociales, etc.) se

 

 

 

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pone aquí de manifiesto con la mayor lentitud y gradación*.

 

3) El conjunto de todas las contradicciones económicas existentes en el seno de los campe-sinos constituye lo que nosotros llamamos diferenciación de éstos. Los mismos campesinos definen este proceso con un término extraordinariamente certero y expresivo: “descampe-sinización”**. Dicho proceso representa la destrucción radical del viejo régimen patriarcal campesino y la formación de nuevos tipos de población del campo.

 

Antes de pasar a la característica de esos tipos, obser­varemos lo siguiente. Indicaciones relativas a este proceso vienen haciendo nuestros tratadistas desde hace mucho y con gran frecuencia. El Sr. Vasílchikov, por ejemplo, que utilizó los trabajos ele la comisión Valúev66 comprobó va la forma­ción del “proletariado rural” en Rusia y la “disgregación del estamento campesino” (La propiedad territorial y la agricultura, primera ed., tomo I, cap. IX). Entre otros muchos, señaló ese hecho V. Orlov (Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, tomo IV, fascíc. 1, pág. 14). Pero todas esas indicaciones quedaron completamente fragmentarias. Nunca se ha intentado estudiar sistemáticamente ese fenómeno, y por eso, a pesar de los riquísimos datos estadísticos de los zemstvos reunidos en los censos por hacien-das, seguimos sin tener informes suficientes de este fenómeno. Con eso se halla también relacionada la circunstancia de que la mayoría de los autores que han tratado el asunto ven la diferenciación de los campesinos como un simple brote de las desigualdades en los bienes, como una simple “diferenciación”, según gustan decir los populistas en general el Sr. Ká-rishev en particular (ver su libro sobre Los arriendos y sus artículos en Rússkoe Bogatstvo). La aparición de la desigualdad en los bienes es, indudablemente, el punto de partida de todo el proceso, pero el proceso no acaba en modo alguno en

 

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* Conf. Das Kapital, I2 S. 52765.

** Resumen agrícola de la provincia de Nizhni  Nóvgarod, correspondiente al año 1892.

 

 

 

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esta sola “diferenciación”. Además de “diferenciarse”, el viejo campesinado se derrumba por completo, deja de existir, desplazado por tipos de la población rural totalmen­te nuevos, por tipos que constituyen la base de la sociedad donde dominan la economía mercantil y la producción capitalista. Esos tipos son la burguesía rural (en su mayoría pequeña) y el proletariado del campo, la clase de los pro­ductores de mercancías en la agricultura y la clase de los obreros agrícolas asalariados.

 

Es instructivo en el más alto grado que el análisis puramente teórico del proceso de formación del capitalismo agrícola señale la diferenciación de los pequeños productores corno factor importante de ese proceso. Nos referimos al capítulo 47, uno de los más interesantes del tercer tomo de El Capital: Génesis de la renta capitalista de la tierra. Como punto de partida de esa génesis Marx toma la renta del pago en trabajo (Arbeits-rente) *, “cuando el productor direc-to trabaja una parte de la semana en la tierra que de hecho le perte­nece, con instrumentos de producción (arado, ganado, etc.) que le pertenecen de hecho o jurídicamente, mientras que los restantes días de la semana trabaja gratis en la hacienda del propietario de la tierra, trabaja para el propietario de la tierra” (Das Kapital, III, 2, 323. Trad. rusa, 651). La forma siguiente de la renta es la renta en productos (Produktenrente) o renta en especie, cuando el productor directo produce todo el producto en la tierra explotada por él mismo, entregando en especie al propietario de la tierra todo el plusproducto. El productor se hace en este caso más indepen-diente y puede adquirir con su trabajo cierto sobrante fuera de la cantidad de productos que satisface sus necesidades más elementales. “Con esta forma” [de la renta] “aparecerán dife-rencias más grandes en la situación económica de los distintos productores

 

 

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* En la traducción rusa [pág. 631 y sig.) se da esta expresión como “renta de trabajo” (“trudovaya renta”). Consideramos nuestra versión mas justa, puesto que en ruso existe el término “otrabotki”; “pago en trabajo”), que significa, precisamente, el trabajo del agricultor que se en­cuentra en relación de dependencia del propietario de la tierra.

 

 

 

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directos. Por lo menos, aparece la posibilidad de ello, e incluso la posibilidad de que ese productor directo adquiera medios para, a su vez, explotar directamente el trabajo ajeno” (S. 329. Trad. rusa, 657). Así pues, ya bajo el dominio de la economía natural, con la ampliación de la autonomía económica de los campesinos dependientes, apare­cen los gérmenes de su diferenciación. Pero estos gérmenes sólo pueden desarrollarse con la forma siguiente de la renta, con la renta en dinero, que constituye una simple modifica­ción de forma de la renta en especie. El productor directo no entrega al propietario de la tierra productos, sino el precio de esos productos*. La base de ese tipo de renta sigue siendo la misma: el productor directo continúa siendo el propietario tradicional de la tierra, pero “esa base va hacia su descompo-sición” (330). La renta en dinero “presupone ya un desarrollo más considerable del comercio, de la industria urbana, de la producción mercantil en general, y, con ella, de la circulación monetaria” (331). La relación tradicional, basada en el derecho consuetudinario del campesino depen­diente con respecto al propietario de la tierra, se transforma aquí en una relación puramente monetaria, basada en el contrato. Eso lleva, por una parte, a la expropiación del viejo campesinado, y por otra, a que “el campesino rescate su tierra y su libertad. “Además, la transformación de la renta en especie en renta en dinero no sólo es acompañada invariablemente por la formación de la clase de jornaleros pobres, que se contratan por dinero: ésta la precede incluso.

 

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* Hay que diferenciar rigurosamente la renta en dinero de la renta capitalista de la tierra: esta última presupone la existencia de capitalistas y obreros asalariados en la agricultura; la primera presupone la existencia de campesinos dependientes. La renta capitalista es la parte de la plusva­lía que queda después de restar la ganancia del empresario, mientras que la renta monetaria constituye el precio de todo el plusproducto que el campesino paga al propietario de la tierra. Ejemplo de la renta en dinero en Rusia es el canon campesino al terrateniente. No hay duda de que en las cargas actuales de nuestros campesinos hay cierta parte de renta en dinero. También el arriendo campesino se aproxima a veces a la renta en dinero: cuando el elevado pago por el disfrute de la tierra no le deja al campesino más que un escaso salario.

 

 

 

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En el curso del período de su formación, cuando esa nueva clase aparece sólo esporádica-mente, en los campesinos mejor situados entre los obligados a pagar el tributo (rentepflich-tigen) se desarrolla necesariamente la costumbre de explotar por su cuenta a los obreros asalariados rurales... De esa manera se va formando en ellos poco a poco la posibilidad de acumular cierta fortuna y de transformarse en futuros capitalistas. Entre los cultivadores antiguos de tierra propia surge de ese modo un foco de arrendatarios capitalistas, cuyo desarrollo depende del desarrollo general de la producción capitalista fuera de la agricultura” (Das Kapital, III, 2, 332. Trad. rusa, 650-660).

 

4) La diferenciación de los campesinos, que hace mayor sus grupos extremos a cuenta del “campesino” medio, crea dos nuevos tipos de población rural. Rasgo común de ambos es el carácter mercantil, monetario de la economía. El primer tipo nuevo es la burguesía rural o los campesinos acomodados. Entran aquí los propietarios independientes, que practican la agricultura comercial en todas sus diversas formas (las más importantes las describiremos en el capítulo IV), los dueños de empresas industriales y comerciales y casas de comercio, etc. La combinación de la agricultura comercial con empresas industriales y comerciales consti-tuye una clase de “combinación de la agricultura y las industrias” específicamente propia de esos campesinos. De estos campesinos acomodados sale la clase de los farmers, pues la toma en arriendo de la tierra para la venta de cereales desempeña (en la zona agrícola) un inmenso papel en su economía, mayor, a menudo; que el nadiel. La dimensión de la hacienda supera aquí, en la mayoría de los casos, a la fuerza de trabajo de la familia, y por eso la formación de un contin­gente de braceros, y más aún de jornaleros, constituye una condición necesaria para la existencia de los campesinos aco­modados*. El dinero disponible, obtenido por esos campesinos

 

 

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* Observaremos que el empleo de trabajo asalariado no es un índice obligatorio en el concepto de pequeña burguesía. En él entra toda clase le producción independiente para el mercado siempre que en el régimen

 

 

 

 

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a título de ingreso neto, se invierte bien en operaciones comerciales o usurarias, tan inusitadamente desarrolladas en nuestra aldea, bien -cuando se dan condiciones favorables- en la compra de tierra, en el mejoramiento de la hacienda, etc. En una palabra, son pequeños agrarios. Por su número, la burguesía campesina constituye una minoría reducida entre todos los campesinos, seguramente no pasa de la quinta parte de las haciendas (lo que corresponde, más o menos, a tres décimos de la población), con la particularidad de que esa relación, se comprende, oscila mucho en dependencia del lugar. Mas, por su importancia en todo el conjunto de la economía campesina -en la suma global de los medios de producción pertenecientes a los campesinos y en la cantidad global de productos agrícolas producidos por los campesi­nos-, la burguesía campesina es, sin duda, preponderante. Es el señor de la aldea de nuestros días.

 

5) El otro tipo nuevo es el proletariado rural, la clase de los obreros asalariados con nadiel. Entran aquí los campesinos pobres, incluidos los que carecen de tierra en abso­luto, pero los representantes más típicos del proletariado rural ruso son el bracero, el jornalero, el peón, el obrero de la construcción o de otra clase con nadiel. Unas proporciones insignificantes de la hacienda basada en un poco de tierra, hacienda que, además, se halla en plena decadencia (lo que atestigua con especial evidencia la entrega de la tierra en arriendo), la imposibilidad de subsistir sin vender la fuerza de trabajo (= a las “industrias” del campesino pobre), un nivel de vida bajo en grado extremo, incluso seguramente inferior al del obrero sin nadiel: tales son los rasgos distintivos de este tipo*. Entre el proletariado rural debe

 

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social de la economía existan las contradicciones que antes hemos descrito [punto 2), en particular cuando se da la transformación de la masa de productores en obreros asalariados.

* Para demostrar que es justo incluir a los campesinos pobres en la clase de los obreros asa-lariados con nadiel no es preciso probar sólo cómo vende el campesino la fuerza de trabajo y qué campesinos la venden: también es necesario poner de manifiesto cómo se compra la fuerza de trabajo y qué patronos la compran. Ello se hará en los capítulos siguientes.

 

 

 

 

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incluirse, por lo menos, la mitad de todas las haciendas campesinas (lo que corresponde, aproximadamente, a 4/10 de la población), es decir, a todos los campesinos sin caballos y la mayor parte de los que sólo tienen uno (se comprende, esto no es más que un cálculo general aproximado que en las diferentes zonas está sujeto a cambios más o menos considerables, de acuerdo con las condiciones locales). Más arriba se han dado las razones que nos obligan a pensar que esa parte tan considerable de los campesinos pertenece va al proletariado rural*. Cabe agregar que en nuestras obras se comprende a menudo con excesiva rigidez la tesis teórica de que el capitalismo requiere un obrero libre, sin tierra. Eso es del todo justo corno tendencia fundamental, pero en la agricultura el capitalismo penetra con especial lentitud y a través de formas extraordinariamente diversas. La asignación de tierra al obrero del campo se efectúa muy a menudo en interés de los mismos propietarios rurales, y por eso el tipo del obrero rural con parcela es propio de todos los países capitalistas. En los distintos Estados adquiere formas diversas: el cottager inglés no es lo mismo que el campesino con parcela de Francia o de las provincias renanas, y este último tampoco es lo mismo que el bracero o knecht de Prusia.

 

 

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* El profesor Conrad fija como norma para el campesino genuino en Alemania un par de animales de labor (Gespannbauerngüter); véase La propiedad de la tierra y la agricultura (Moscú, 1896), págs. 84-85. Para Rusia, habría más bien que subir esa norma. Al determinar cl concepto de “campesino”, Conrad toma precisamente el tanto por ciento de personas o haciendas ocupadas en el “trabajo asalariado” o en las “industrias auxiliares” en general (ibíd.).-El profesor Stébut, a quien no se le puede negar autoridad por lo que se refiere a Ios hechos, escribió en el año 1882: “Con la caída del régimen de servidumbre, el campesino, en su pequeña unidad económica, con un cultivo casi único de cereales, preferentemente en la zona de tierras negras del centro de Rusia, por tanto, pasó ya en la mayoría de los casos a transformarse en artesano, en bracero o jornalero, que se ocupa en la agricultura de manera secundaria” (Artículos sobre la agricultura rusa, sus defectos y medidas para perfeccionarla, Moscú, 1883, pág. II). Por artesanos se entiende aquí también, evidentemente, a los obreros asa­lariados quc trabajan en la industria (de la construcción, etc.. Por injusto que sea ese mal empleo de la palabra, se halla muy extendido en nuestras obras, incluso en las especialmente económicas.

 

 

 

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Cada uno de ellos ostenta las huellas de un régimen agrario peculiar, de una historia peculiar de relaciones agrarias, pero eso no es obstáculo para que el economista los incluya en un mismo tipo de proletario agrícola. La base jurídica de su derecho al trozo de tierra es del todo indiferente para esa calificación. Bien le pertenezca la tierra en plena propiedad (como al campesino con parcela), bien se la dé únicamente en usufructo el landlord o el Ritterguts-besitzer*, bien, por fin, la posea como miembro de la comunidad campesina rusa, la cuestión no cambia lo más mínimo**. Al incluir los campesinos pobres entre el proletariado rural no decimos nada nuevo. Esa expresión se ha utilizado ya por muchos escritores, y sólo los economis­tas del populismo hablan con tenacidad del campesinado en general, como de algo anticapitalista, cerrando los ojos al hecho de que la mayoría de los “campesinos” ha ocupado ya un lugar del todo determinado en el sistema general de la producción capitalista, precisamente el lugar de obreros asala­riados agrícolas e industriales. En Rusia gustan mucho, por

 

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* Noble que posee bienes patrimoniales.-Ed.

** Citaremos ejemplos de diferentes formas europeas de trabajo asala­riado en la agricultura extraídos de Handwört der Staatswiss (La propiedad de la tierra y la agricultura, Moscú, 1896). “Debe diferenciarse -dice J. Conrad- la hacienda campesina de la parcela, del terreno del 'knecht' o del 'hortelano', cuyo propietario se ve obligado a buscar aparte una ocupación y un salario” (págs. 83-84). “Según el censo de población de 1881; en Francia 18 millones de personas, es decir, algo menos de la mitad de la población vivían en la agricultura: cerca de 9 millones de propietarios agrícolas, 5 millones de arrendatarios y aparceros y 4 millones de jornaleros y de pequeños propietarios agrícolas o arrendatarios que vivían preferentemente del trabajo asalariado... Se supone que el 75% por lo menos de los obreros agrícolas de Francia posee tierra propia” (pág. 233, Goltz). En Alemania, entre los obreros rurales se incluyen las siguientes categorías de poseedores de Tierra: 1) katner, knecht y hortelanos [algo semejante a nuestros “dárst­vennie”]67; 2) jornaleros a contrata; poseen tierra y se contratan para determinada parte del año [comparables a nuestros “triojdnévniki”]68. “Los jornaleros a contrata forman la masa principal de los obreros agrícolas co aquellos lugares de Alemania donde predomina la gran propiedad agraria” (pág. 236): 3) obreros agrícolas que desenvuel-ven su hacienda en tierra tomada en arriendo (pág. 237).

 

 

 

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ejemplo, de alabar nuestro régimen agrario, que conserva la comunidad, los campesinos, etc., y oponerlo al régimen del Territorio de Ostsee69, con su organización capitalista de la agricultura. No carece por ello de interés examinar qué tipos de la población rural se incluyen a veces en el Territorio de Ostsee en la clase de los braceros y jornaleros. Los campesinos de las provincias de Ostsee se dividen en tres categorías: con mucha tierra (de 25 a 50 deciatinas en un terreno único), knecht (de 3 a 10 deciatinas, terrenos de knecht) y sin tierra. El knecht, como justamente observa el Sr. S. Korolenko, “se acerca más que nada al tipo común del campesino ruso de la provincias centrales” (El trabajo asa­lariado, pág. 495); se ve siempre obligado a dividir su tiempo entre diversas búsquedas de salario y su propia hacienda. Mas a nosotros nos interesa en especial la situación económica de los braceros. Se trata de que los mismos terratenientes encuentran ventajoso darles parcelas a cuenta del salario. He aquí ejemplos de la posesión de tierra entre los braceros del Territorio de Ostsee: 1) 2 deciatinas de tierra (reducimos a deciatinas la Lofstelle, equivalente a 1/3 de decia­tina); el marido trabaja 275 días al año, y la mujer, 50, a 25 kopeks por día; 2) 2 2/3 deciatinas de tierra; “el bracero tiene un caballo, 3 vacas, 3 ovejas y 2 cerdos” (pág. 508), trabaja una semana sí y otra no, y la mujer, 50 días; 3) 6 deciatinas de tierra (distrito de Bauske, provincia de Curlan­dia), “el bracero tiene un caballo, 3 vacas, 3 ovejas y varios cerdos” (pág. 518), trabaja 3 días a la semana, y su mujer. 35 días al año; 4) en el distrito de Hasenpoth, provincia de Curlandia, 8 deciatinas de tierra, “en todos los casos los braceros tienen gratis la moltura, la asistencia médica y las medicinas, sus hijos estudian en la escuela” (pág. 519), etc. Llamamos la atención del lector sobre el área de las tierras en posesión y la dimensión de la hacienda de esos braceros, es decir, precisamente sobre las condiciones que, según los populistas, dife-rencian a nuestros campesinos del régimen agrario común a toda Europa y que corresponde a la producción capitalista. Agrupemos todos los ejemplos citados en la obra mencionada: 10 braceros tienen 31 1/2 decia-

 

 

 

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tinas de tierra, es decir, una media de 3,15 deciatinas por bracero. Entre braceros se incluye aquí a los campesinos que trabajan la menor parte del año para el terrateniente (1/2 año el marido y de 35 a 50 días la mujer); tam­bién se incluyen los que tienen un caballo con 2 y hasta 3 vacas. ¿En qué estriba, preguntamos, la famosa diferen­cia entre nuestro “campesino comunal” y el bracero de Ostsee de tipo semejante? En el Territorio de Ostsee llaman las cosas por su nombre, y en nuestro país se agrupa a los braceros con un caballo y a los campesinos ricos, se saca el “término medio”, se habla con arrobo del “espíritu comu­nal” del “principio del trabajo”, de la “producción popular”, de la “unión de la agricultura y las industrias”...

 

6) Un eslabón intermedio entre esos tipos de “campesi­nos” posteriores a la Reforma lo constituyen los campesinos medios, que se distinguen por el menor desarrollo de la economía mercantil, El trabajo agrícola por cuenta propia sólo cubre acaso en los mejores años y en condiciones especialmente favorables el sostenimiento de ese campesino, y por eso éste se encuentra en una situación en extremo inestable. El campesino medio no puede en la mayoría de los casos salir adelante sin contraer deudas a pagar en trabajo, etc., sin buscar ingresos “complementarios”, que, en parte, estriban también en la venta de la fuerza de trabajo, etc. Cada mala cosecha arroja masas de campesinos medios a las filas del proletariado. Por sus relaciones sociales, ese grupo oscila entre el superior, al cual tiende, y en el que sólo consigue entrar una pequeña minoría de afortunados, y el inferior, al que le empuja toda la marcha de la evolución social. Hemos visto que la burguesía cam­pesina no desplaza sólo al grupo inferior de los campesinos, sino también al medio. Se opera, pues, una limpia de los miembros medios y un reforzamiento de los extremos: la “descampesinización”, fenómeno específico de la economía capitalista.

 

7) La diferenciación de los campesinos crea mercado interior para el capitalismo. Esa formación del mercado tiene lugar en el grupo inferior a cuenta de los artículos de consumo (mer-

 

 

 

 

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cado de consumo personal). Comparado con el campesino medio, el proletario rural consume menos -y además emplea artículos de peor calidad, patatas en vez de pan, etc.-, pero compra más. La formación y el desarrollo de la burguesía campesina crea mercado siguiendo un camino doble: en primer término, y de manera principal, a cuenta de los medios de pro-ducción (mercado de consumo productivo), pues los campesinos acomodados tienden a transformar en capital los medios de producción que “recogen” de los terratenientes “venidos a menos” y de los campesinos que se arruinan. En segundo término, el mercado se forma aquí también a cuenta del consumo personal, como resultado de la ampliación de las demandas de los campesinos más pudientes*.

 

8) Por lo que se refiere a la cuestión de si marcha adelante la diferenciación de los campesinos y cuál es su rapidez, no tenemos datos estadísticos exactos que pudiéra­mos confrontar con los de los cuadros de clasificación múltiple (§§ I al VI). Y eso no es extraño, pues hasta ahora (según hemos advertido ni siquiera se han hecho intentos para estudiar sistemáticamente aunque sólo sea la estática de la diferen­ciación de los campesinos y para señalar las formas en que tiene lugar ese proceso**. Pero todos los datos generales de la economía de nuestra aldea atestiguan el constante v rápido aumento de la diferenciación: por una parte, los

 

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* Sólo ese hecho de la formación del mercado interior a través de la diferenciación de los campesinos puede explicar, por ejemplo, el creci­miento enorme del mercado interior para los artículos de algodón, cuya producción aumentó con tanta rapidez en el período posterior a la Reforma, al tiempo que los campesinos se arruinaban en masa. El Sr. N. -on, que ilustra su teoría del mercado interior precisamente con el ejemplo de la industria textil de nuestro país, no ha sabido en absoluto explicar cómo pudo tener lugar ese fenómeno contradictorio.

** Única excepción es el magnífico trabajo de I. Hourwich, The economice of the russian village, New York. 1892. (La economía de la aldea rusa. Trad. rusa, Moscú, 1896.) Es asombroso el arte con que el Sr. Hourwich ha estudiado las recopilaciones estadísticas de los zemstvos, que no dan cuadros de clasificación múltiple de los grupos campesinos por su condición económica.

 

 

 

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“campesinos” abandonan la tierra y la entregan en arrien­do, crece el número de los que no tienen caballos, los “campesinos” marchan a la ciudad, etc. Por otra, siguen también su curso las “tendencias progresistas en la hacienda campesina”, los “campesinos” compran tierra, mejoran su hacienda, comienzan a emplear el arado de hierro, desarrollan la siembra de hierbas, la industria lechera, etc. Ahora sabemos qué “campesinos” participan en estas dos partes diametralmente opuestas del proceso.

 

Además, el desarrollo del movimiento migratorio da un enorme impulso a la diferenciación de los campesinos, en especial de los campesinos agricultores. Sabido es que emigran de manera principal los campesinos de las provincias agrí­colas (la emigración de las industriales es del todo insigni­ficante), y precisamente de las provincias centrales, con una densa población, y en las que se halla más extendido el pago en trabajo (que frena la diferenciación de los campe-sinos). Eso en primer término. Y en segundo, de las zonas de emigra­ción sale más que nada el campesino de fortuna media, mientras que se quedan principalmente los grupos extremos. La migración, pues, acentúa la diferenciación de los campesinos en los lugares de donde salen y lleva elementos de diferenciación a los nuevos sitios (braceros entre los colonos en Siberia durante el primer periodo de su nueva vida*). Esos lazos entre las migraciones y la diferen-ciación de los campesinos los ha demostrado plenamente I. Hourwich en su magnífico estudio Las migraciones de campesinos a Siberia (Moscú, 1888). Recomendamos muy encarecida-mente al lector este libro, que nuestra prensa populista se ha afanado por silenciar**.

 

9) El capital comercial usurario desempeña en nuestra aldea, como es notorio, un enorme papel. Estimamos superfluo aducir muchos datos y referencias acerca de ese fenómeno:

 

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* Las trabas a la migración ejercen, pues, una enorme influencia retentiva en la diferenciación de los campesinos.

** Véase también la obra del Sr. Priimak, Cifras para el estudio de las migraciones a Siberia. (Nota a la segunda edición.)

 

 

 

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estos hechos son de todos conocidos y no tienen relación directa con nuestro terna. A nosotros nos interesa sólo: ¿en qué relación se halla el capital comercial y usurario en nuestra aldea con la diferenciación de los campesinos?, ¿hay ligazón entre las relaciones de los grupos cam-pesinos antes delineadas y las relaciones de los acreedores campesinos con los deudores campesinos?, ¿es la usura factor y motor de la diferenciación, o la frena?

 

Indicaremos al principio el modo como la teoría plantea esta cuestión. En el análisis que el autor de El Capital hace de la producción capitalista se concede una gran importan­cia, como es sabido, al capital comercial y usurario. Las tesis fundamentales de la concepción de Marx a este respecto son las siguientes: 1) el capital comercial y el usurario por un lado, y el capital industrial [es decir, el capital invertido en la producción, bien sea agrícola o industrial] por otro, representan el mismo tipo de fenómeno económico abarcado por la fórmu­la: compra de mercancía para venderla con ganancia (Das Kapital, I, 2. Abschnitt, capítulo 4, en especial págs. 148-149 de la segunda edición alemana70). 2) El capital comercial y el usurario prece-den siempre históricamente a la formación del capital industrial y lógicamente son condición necesaria de ella (Das Kapital, III, 1, S. 312-316; trad. rusa, págs. 262-265; III, 2, 132-137, 149; trad. rusa, págs. 488-492, 502)71, pero ni el capital comercial ni el usurario representan aún de por sí una condición suficiente para el nacimiento del capital industrial (es decir, de la producción capitalista) ; no siempre descomponen el viejo modo de producción susti­tuyéndolo por el modo capitalista; la formación de este último “depende por completo del grado histórico de desarrollo y de las circunstancias dadas” (ibíd. 2, 133, trad. rusa, 489)72. “Lo lejos que vaya esa descomposición del viejo modo de producción” (por el comercio y el capital comercial) “depende ante todo de su solidez y de su estructura interna. Y a qué conduce ese proceso de descomposición, es decir, qué nuevo modo de producción ocupará el lugar del viejo, eso no depende del comercio, sino del carácter del mismo modo de producción” (ibíd., III, 1,

 

 

 

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316; trad. rusa, 265)73. 3) El desarrollo por cuenta propia del capital comercial se halla en relación inversa al grado de desarrollo de la producción capitalista (ibíd., S. 312, trad. rusa, 262)74; cuanto más vigoroso es el desarrollo del capital comercial y usurario, tanto mas débil es el del capital industrial (= a producción capitalista), y viceversa.

 

Por consiguiente, al ser aplicado esto a Rusia debe resolverse la cuestión: ¿se relaciona en nuestro país el capital comercial y usurario con el industrial? Al descompo­ner el viejo modo de producción, ¿llevan el comercio y la usura a sustituirlo por el modo capitalista de pro-ducción o por alguno otro?* Son éstas, preguntas de hecho, cuestio­nes que deben ser resueltas con relación a todos los aspectos de la economía nacional rusa. Con respecto a la agricultura campesina, los datos antes examinados contienen respuesta a la pregunta, y precisamente afirmativa. Las concepciones popu­listas ordinarias de que el “kulak” y el “mujik hacendado” no son dos formas de un mismo fenómeno económico, sino tipos de fenómenos por nada unidos entre sí y opuestos, no tiene fundamento alguno en absoluto. Es uno de los prejuicios del populismo, que nadie ha intentado siquiera demostrar con un análisis de datos económicos exactos. Los datos dicen lo contrario. Bien contrate el campesino obreros para ampliar la producción, bien comercie con la tierra (recordad los datos anteriores relativos a la amplitud del área del arriendo entre los ricos) o con comestibles, bien comercie con cáñamo, con heno o con ganado, etc., bien

 

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* El Sr. V. V. se refiere a esa cuestión en la primera página de Los destinos del capitalismo, pero ni en ella ni en ninguna otra de sus obras prueba a examinar los datos de las relaciones del capital comercial e industrial en Rusia. Aunque el Sr. N. -on pretendía seguir fielmente la teoría de Marx, prefirió cambiar la exacta y clara categoría de “capital comercial” por un término indefinido y vago de su cosecha: “capitalización” o “capitalización de los ingresos”; y cubierto por ese nebuloso término ha ladeado felizmente esta cuestión, la ha ladeado positi-vamente. Según él, el precursor de la producción capitalista en Rusia no es el capital comer-cial, sino... “¡la producción popular!”

 

 

 

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con dinero (el usurero), siempre representa un mismo tipo económico, sus operaciones se reducen, en el fondo, a una misma relación económica. Además, el hecho de que el papel del capitalismo no se limita en la aldea comunal rusa al sometimiento económico y a la usura, que el capital se invierte también en la producción, lo prueba la circunstancia de que los campesi-nos acomodados no emplean sólo dinero en comercios y empresas comerciales (véase más arriba); también lo destinan al mejoramiento de la hacienda, a la compra y toma en arriendo de tierra, a la mejora de los aperos, a contratar obreros, etc. Si en nuestra aldea fuese el capital impotente para crear otra cosa que el vasallaje y la usura, no podríamos, según los datos de la producción, advertir la diferenciación de los campesinos, la formación de la burguesía rural y del proletariado del campo; todos los campesinos constituirían entonces un tipo bastante uniforme de labradores abrumados por la necesidad, entre los que únicamente desta­carían los usureros, diferenciados sólo por el volumen del caudal monetario, y no por el volumen y la organización de la pro­ducción agrícola. Finalmente, de los datos antes examinados se deduce la importante tesis de que el desarrollo del capital comercial y usurario por cuenta propia en nuestra aldea frena la diferenciación de los campesinos. Cuanto más se desarrolle el comercio -aproximando el campo a la ciudad, desplazando los primitivos mercados rurales y minando la situación de monopolio del tendero rural, cuanto más se desarrollen las formas racionales, europeas, del crédito, desplazando al usurero rural- tanto mayor y más profun­da deberá ser la diferenciación de los campesinos. Despla­zado del pequeño comercio y de la usura, el capital de los campesinos acomodados se dirigirá en medida crecien­te a la producción, en la que comienza a invertirse va ahora.

 

10) Otro importante fenómeno en la economía de nuestra aldea que frena la diferenciación de los campesinos, lo constituyen los restos de la economía basada en la prestación personal, es decir, el pago en trabajo. Este se basa en el pago natural del trabajo y, por consiguiente, en un débil

 

 

 

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desarrollo de la economía mercantil. El pago en trabajo supone y requiere precisamente un campesino medio, no del todo acomodado (entonces no caerla en el vasallaje del pago en trabajo), pero que tampoco sea proletario (para la contrata de pago en trabajo precisa tener aperos propios, hace falta que posea una hacienda más o menos “pasable”).

 

Al decir antes que la burguesía campesina es el señor de la aldea de nuestros días, hacíamos abstracción de esos factores que frenan la diferenciación: vasallaje, usura, pago en trabajo, etc. En realidad, los verdaderos señores de la aldea contemporánea no son, a menudo, los representantes de la burguesía campesina, sino los usureros rurales y los propietarios de tierra vecinos. Esa abstracción es, sin embargo, un método del todo legítimo, pues de otro modo no es posible estudiar el régimen interno de las relaciones econó­micas entre los campesinos. Es interesante advertir que tam­bién el populista lo emplea, sólo que se detiene a medio camino sin llevar hasta el fin su razonamiento. Al hablar el Sr. V. V. de lo gravoso de las cargas, etc., en Los destinos del capitalismo, observa que para la comunidad por la fuerza de esas cir-cunstancias “no existen ya las condiciones de vida natural” (sic!) (287). Magnífico. Pero toda la cuestión reside precisamente en cuáles son esas “condiciones naturales” que aún no existen para nuestra aldea. La respuesta requiere estudiar el régimen de las relaciones económicas dentro de la comunidad, alzando, si podemos expresarnos así, los restos de la antigüedad de antes de la Reforma que velan esas “condiciones naturales” de la vida' de nuestra aldea. Si el Sr. V. V. lo hiciese, vería que ese régimen de las relaciones rurales muestra la completa diferenciación de los campesinos, que cuanto más se desplacen el vasallaje, la usura, el pago en trabajo, etc., tanto más se ahon­dará la diferenciación de los campesinos *. Más arriba,

 

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* Entre paréntesis. Al hablar de Los destinos del capitalismo, del Sr. V. V., y precisamente del capítulo VI, del que está tomada la cita, no se puede por menos de indicar que en él hay páginas muy buenas y del todo justas. Son las que el autor no consagra a los “destinos del capitalismo”

 

 

 

193

y basándonos en los datos estadísticos de los zemstvos, hemos mostrado que esa diferenciación constituye ahora ya un hecho consumado, que los campesinos se han escindido por completo en grupos opuestos.

 

___________

 

 

 

 

 

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ni siquiera al capitalismo, sino a los modos de recaudar las contribuciones. ¡Es sintomático que el Sr. V. V. no advierta a ese respecto la indisoluble relación existente entre esos modos y los restos de la economía basada en la prestación personal, que él (como veremos después) es capaz de idealizar!

 

 

194-196

Original en ruso

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO III75

 

 

PASO DE LOS PROPIETARIOS DE TIERRA DE LA ECONOMIA BASADA
EN LA PRESTACION PERSONAL A LA CAPITALISTA

 

De la economía campesina debemos pasar ahora a la terrateniente. Nos proponemos examinar en sus rasgos fundamentales el régimen económico-social de la economía terrateniente actual y describir el carácter de la evolución de ese régimen en la época posterior a la Reforma.

 

 

I. RASGOS FUNDAMENTALES DE LA ECONOMIA BASADA EN LA PRESTACION PERSONAL

 

Para examinar el sistema contemporáneo de la economía terrateniente debemos tomar como punto de partida el régimen imperante en ella en la época de la servidumbre. La esencia del sistema económico de entonces estribaba en que toda la tierra de la unidad de la hacienda agrícola dada, es decir, del bien patrimonial dado, se dividía en señorial y campesina; esta última era entregada en nadieles a los campesinos, quienes (recibiendo además otros medios de producción, como bosques, ganado a veces, etc.) la cultivaban con su trabajo y sus aperos y se mantenían de ella. El fruto de ese trabajo de los campesinos era el producto necesario, según la terminología de la economía política teórica; era necesario para el campesino, puesto que le pro­porcionaba los medios de subsistencia, y para el terrateniente, ya que le daba mano de obra; exactamente igual a como el producto que compensa la parte variable del valor del capital es producto necesario en la sociedad capitalista El plustrabajo de los campesinos lo constituía el cultivo de la

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tierra del terrateniente por ellos y con los mismos aperos; el producto de este trabajo iba a parar al terrateniente. El plustrabajo se diferenciaba aquí, por consiguiente, del trabajo necesario, en el espacio: cultivaban la tierra seño­rial para el terrateniente y sus nadieles para sí; para el terrateniente trabajaban unos días a la semana, y para sí, los otros. El “nadiel” del campesino servía, pues, en esa eco­nomía, a modo de salario en especie (para expresarnos de acuerdo con los conceptos modernos) o de medio para garanti­zar mano de obra a los terra-tenientes. La hacienda “propia” de los campesinos en su nadiel era condición de la hacienda del terrateniente; no tenía el objetivo de “garantizar” a los campesinos los medios de existencia, sino de asegurar mano de obra al terrateniente *.

 

Ese sistema económico lo llamamos economía basada en la prestación personal. Es evidente que su predominio impli­caba las siguientes e indispensables condiciones: en primer lugar, el imperio de la economía natural. La hacienda del régimen de servidumbre debía constituir un todo cerrado, que se bastaba a sí mismo y que mantenía muy débiles relaciones con el mundo restante. La producción de trigo para la venta por los terratenientes, desarrollada sobre todo en el último tiempo del régimen de servidumbre, anunciaba ya la disgregación del viejo régimen. En segundo lugar, esa econo­mía necesitaba que el productor directo dispusiese de medios de producción en general y de tierra en particular; más aún, era preciso que estuviese sujeto a la tierra, puesto que de otra manera no tenía el terrateniente garantizada la mano de obra. Así pues, los modos de obtener el plusproducto en la economía basada en la prestación personal y en la capitalista son diametralmente opuestos: el primero se halla basado en la concesión de tierra al productor, el segundo,

 

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* A. Engelhardt caracteriza con singular relieve ese régimen de economía en sus cartas Desde la aldea (San Petersburgo, 1885, págs. 556-557). Con plena razón señala que la economía basada en la servi­dumbre fue en cierto modo un sistema ordenado y acabado, cuyo admi­nistrador era el terrateniente; éste proporcionaba tierra a los campesinos y los designaba para uno u otro trabajo.

 

 

 

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en liberar de la tierra al productor*. En tercer lugar, condición de ese sistema de economía es la dependencia personal del campesino con respecto al terrateniente. Si éste no tuviese un poder directo sobre la persona del campesino no podría obligar a trabajar para sí al hombre que posee tierra y que tiene su hacienda propia. Se requiere, pues, una “coerción extraeco-nómica”, como dice Marx, al definir ese régimen económico (que incluye, como ya hemos señalado antes, en la categoría de renta del pago en trabajo. Das Kapital, III, 2, 324)76. Las formas y el grado de esa coer­ción pueden ser los más distintos, comenzando por el estado de servidumbre y terminando con la restricción estamental de los derechos del campesino. En cuarto lugar, por fin, premisa y consecuencia del sistema de economía descrito era el estado en extremo bajo y rutinario de la técnica, pues trabajaban la hacienda pequeños campesinos agobiados por las necesidades, humillados por la dependencia personal y la igno­rancia.

 

 

II. UNION DEL SISTEMA DE ECONOMIA BASADO EN LA PRESTACION PERSONAL CON EL CAPITALISTA

 

El sistema de economía basado en la prestación personal se vio minado por la abolición del régimen de servidumbre. Se quebrantaron todas sus bases principales: la economía natural, el carácter cerrado del patrimonio terrateniente, que se bastaba a sí mismo, la estrecha relación entre cada uno de sus elementos, el poder del terrateniente sobre los campe‑

 

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* Rebatiendo a Henry George, quien afirmaba que la expropiación de la masa de la población es la causa grande, y universal de la pobreza y la opresión, Engels escribió en 1887: “Histó-ricamente, esto no es del todo cierto... En la Edad Media no fue la liberación (expropriation) del pueblo de la tierra, sino, al contrario, su adscripción (appropriation) a la tierra el origen de la explotación feudal. El campesino conservaba fa tierra, pero estaba ligado a ella en calidad de siervo y se veía constreñido a pagar al propietario de la misma con trabajo o con produc-tos” (The condition of the working class in England in 1844. New York, 1887. Preface, p. 111 (La situación de la clase obrera en Inglaterra en 1844. Nueva York, 1887. Prólogo, pág. III). -Ed.).

 

 

 

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sinos. La hacienda campesina se separó de la del terrate­niente; el campesino tuvo que rescatar su tierra adquiriéndola en plena propiedad y el terrateniente hubo de pasar al sistema capitalista de economía, que descansa, como acabamos de advertir, en bases diametralmente opuestas. Pero semejante paso a un sistema del todo nuevo no pudo, claro es, operarse de golpe, no pudo por dos causas distintas. En primer tér­mino, no existían aún las condiciones requeridas para la producción capitalista. Se necesitaba una clase de hombres habituados al trabajo asalariado, era preciso que los aperos campesinos se sustituyesen por los del terra-teniente; era nece­saria una organización de la agricultura como la de cual­quier otra empresa comercial o industrial, y no como de un asunto que correspondía al señor. Todas esas con-diciones sólo pudieron madurar de manera gradual, y los intentos de algunos terratenientes en los primeros tiempos posteriores a la Reforma de importar maquinaria extranjera e incluso obreros extranjeros no podían por menos de terminar con un rotundo fracaso. Otra causa de por qué era imposible el paso inmediato a la organización capitalista de la hacienda estribaba en que el viejo sistema de economía basado en la prestación personal había sido quebrantado, pero no destruido del todo. La hacienda campesina no había sido completamente separada de la hacienda de los terratenientes, ya que en manos de estos últimos habían quedado partes muy esenciales de los nadieles campesinos: las “tierras recortadas”77, los bosques, los prados, los abrevaderos, los pastos, etc. Sin esas tierras (o servidumbres), los campesinos no estaban en absoluto en condiciones de explotar la hacienda por su cuenta, y los terratenientes pudieron, así, continuar el viejo sistema de eco­nomía en forma de pago en trabajo. También quedaba la posibilidad de la “coerción extraeconómica”: el estado de dependencia temporal78, la caución solidaria, los castigos cor­porales impuestos a los campesinos, su condena a trabajos públicos, etc.

 

Así pues, no pudo surgir de golpe la economía capitalis­ta; la economía basada en la prestación personal no pudo desaparecer de un modo súbito. El único sistema de econo-

 

 

 

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mía posible era, por tanto, uno de transición, que reuniese los rasgos del sistema de la prestación personal y del capitalista. Y así fue: el régimen de la hacienda de los terratenientes posterior a la Reforma se distingue precisamente por esos rasgos. Con toda la infinita diversidad de formas propias de una época de transición, la organización económica de la hacienda terrateniente de nuestros días se reduce a los dos sistemas fundamentales en las combinacio­nes más diversas posibles: al sistema de pago en trabajo* y el capitalista. El primero consiste en el cultivo de la tierra con los aperos de campesinos de los alrededores, con la particularidad de que la forma de pago no cambia su esencia (ya sea pago en dinero, como en la contrata a destajo; pago en especie, como en la aparcería, en tierra o en servidumbres, como en el pago en trabajo en el sentido estricto de la palabra). Esto es una supervivencia directa de la economía basada en la prestación personal**, y la caracteriza­ción económica de esta última antes dada es aplicable casi por completo al sistema de pago en trabajo (la única excep­ción se reduce a que con una forma del sistema de pago en trabajo pierde razón de ser una de las condiciones de la economía basada en la prestación personal: cuando en la

 

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* Sustituimos ahora el término “prestación personal” (“bárschina”) por el de “pago en trabajo” (“otrabotki”), ya que este último corresponde más a las relaciones posteriores a la Reforma y goza en nuestras publicaciones de derecho de ciudadanía.

** He aquí un ejemplo que se distingue por un especial relieve: “En el sur del distrito de Elets” (provincia de Oriol) -escribe un corresponsal del Departamento de Agricultura-, “en las grandes haciendas de los terratenientes, junto al cultivo con obreros contratados por año, hay una parte considerable de tierra que trabajan los campesinos a cambio de la recibida en arriendo. Los antiguos siervos continúan tomando en arriendo la tierra a sus antiguos señores y a cambio de ello les trabajan sus propiedades. Esas aldeas continúan llamándose 'de prestación personal' de tal terrateniente” (S. Korolenko. El trabajo asalariado, etc., pág. 118). Más: “Todos los trabajos de mi hacienda -escribe un terrateniente- corren a cargo de mis antiguos campesinos (8 aldeas con unas 600 almas), por lo que reciben pastos para el ganado (de 2.000 a 2.500 deciatinas); los obreros tempo­reros no hacen más que roturar la tierra y sembrar con máquinas” (ibíd., pág. 325. Del distrito de Kaluga).

 

 

 

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contrata a destajo vemos el pago en dinero en lugar de en especie). El sistema capitalista estriba en la contrata de obreros (por año, por temporada, a jornal, etc.), que trabajan la tierra con los aperos del propietario. Los sistemas enumerados se entrelazan en la realidad de la manera más diversa y caprichosa: en numerosas haciendas de terratenientes se unen ambos, empleándose en distintas faenas agrícolas*. Es del todo natural que la unión de sistemas de economía tan distintos, e incluso opuestos, lleve en la práctica a gran número de los más profundos y complejos conflictos y contradicciones, que muchos propietarios se arruinen bajo el peso de esas contradicciones, etc. Todo ello son fenómenos propios de todo período de transición.

 

Si nos interesamos por la difusión relativa de ambos sistemas, habrá que decir, ante todo, que no existen datos estadísticos exactos al particular, y que apenas si habrían podido ser reu-nidos: para ello se hubiera necesitado tener en cuenta no sólo todas las haciendas, sino también todas las operaciones económicas en todas las haciendas. Sólo hay datos aproxima-dos, a título de característica general de algunos lugares donde predomina uno u otro sistema. En forma resumida y con respecto a toda Rusia, esos datos figuran en El trabajo asalariado, etc., del Departamento de Agricultura, antes aludido. Basándose en esos datos, el Sr. Annenski ha compuesto un cartograma que de manera muy patente muestra la difusión de ambos sistemas (Influencia de las cosechas, etc., I, 170). Compararemos esos datos en forma de cuadro, completándolo con los datos relativos a la superficie de las

 

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* “La mayoría de las haciendas se explota de tal manera que parte de la tierra, aunque sea la más insignificante, es trabajada por los propieta­rios con aperos propios, valiéndose de obreros contratados por año y de otros tipos de obreros; el resto de la tierra se entrega a campesinos para que la labren en aparcería, por tierra o por dinero” (El trabajo asalariado, ibíd., 96)... “En la mayoría de las haciendas se dan simultá­neamente casi todos o muchos de los tipos de contrata” (es decir, modos “de proporcionar mano de obra a la hacienda”). La economía agrícola y forestal de Rusia. Ed. del Departamento de Agricultura para la Exposición de Chicago, San Petersburgo, 1893, pág. 79.

 

 

 

 

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siembras en las tierras de propiedad privada correspondientes a 1883-1887 (según Estadística del Imperio Ruso. IV. Cosecha media en la Rusia europea en el quinquenio de 1883 a 1887, San Petersburgo, 1888) *.

 

 

Número de provincias

                                                                                                                    Área de siem-

Grupos de provincias según       en la              en la                                         bra de todos

el sistema de economía pre-      zona             zona                Total                los cereales y

ponderante entre los propie-      de tie-           de tie-                                      de patatas en

tarios agrícolas                          rras              rras no                                    en las tierras

                                                negras           negras                                      de propietarios

                                                                                                                      (en miles dec.)

 

I. Provincias donde predo-           9                    10                 19                             7.407

   mina el sistema capitalista

II. Provincias donde predo-

   mina el sistema mixto               3                      4                   7                             2.222                 

III. Provincias donde predo-

     mina el sistema de pago

    en trabajo                              12                      5                 17                             6.281

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Total                                         24                     19               43                            15.910                 

 

 

Por tanto, si bien en las provincias puramente rusas predomina el pago en trabajo, el sistema capitalista de la hacienda terrateniente debe ser considerado, en general, para la Rusia europea preponderante en la actualidad. Y eso que nuestro cuadro está muy lejos de reflejar esa prepon­derancia de manera completa, puesto que en el I grupo

 

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* De las 50 provincias de la Rusia europea se han excluido las de Arjánguelsk, Vólogda, Olonets, Viatka, Perm, Orenburgo y Astrajan, en las que de 1883 a 1887 hubo en total 562.000 deciatinas de siembra en las tierras de propiedad privada, del total de 16.472.000 deciatinas correspondientes a esa clase de siembras en la Rusia europea. En el I grupo entran las siguientes provincias: 3 del Báltico, 4 occidentales (Kovno. Vilno, Grodno y Minsk), 3 sudoccidentales (Kiev, Volinia y Podolia), 5 meri­dionales (Jersón, Táurida, Besarabia, Eka-terinoslav y del Don), 1 sud­orietal (Sarátov), y las de San Petersburgo, Moscú y Yaroslavl. En el II grupo: las de Vitebsk, Moguiliov, Smolensk, Kaluga, Vorónezh, Poltava y Járkov. En el grupo III entran las provincias restantes. Para mayor exactitud convendría descontar, de todas las siembras en tierras de propiedad privada, las correspondientes a los arrendatarios, pero no existen datos al particular. Observaremos que sería muy difícil que esa enmienda cambiara nuestra deducción acerca del predomino del sistema capitalista, ya que en la zona de las tierras negras se arrienda una gran parte de los labrantíos de propiedad privada, y en las provincias de la misma predomina el sistema de pago en trabajo.

 

 

 

204

hay provincias en las que no se emplea en absoluto el pago en trabajo (las del Báltico, por ejemplo), mientras que en el III no hay seguramente ni una provincia, ni una finca con hacienda propia en la que no se emplee, bien que en parte, el sistema capitalista. He aquí una ilustración de ello, basada en los datos de la estadística de los zemstvos (Raspopin. La economía de la propiedad agraria privada en Rusia según datos estadísticos de los zemstvos. “Yuridícheski Véstnik”, 1887, núms. 11-12. Núm.12 pág. 634):

 

 

Distritos de la                        % de fincas que toman % de fincas que tienen

província de               obreros a contrata                    braceros

K u r s k

medias            grandes            medias            grandes

Dmítrov                    53,3                     84,3             68,5                      85,0

Fátezh                                   77,1                     88,2             86,0                      94,1

Lgov                         58,7                     78,8             73,1                      96,9

Sudas                        53,0                     81,1             66,9                      90,5

 

 

Es necesario, por último, observar que el sistema de pago en trabajo se transforma a veces en capitalista y se funde tanto con él que resulta casi imposible separarlos y distin­guirlos. Un campesino, por ejemplo, toma en arriendo un poco de tierra comprometiéndose a cambio a trabajar determinado número de días (fenómeno, como es notorio, el más extendido. Ver ejemplos en el parágrafo siguiente'. ¿Cómo diferenciar ese “campesino” del “bracero” de Europa Occidental o del Ostsee que recibe un trozo de tierra con el compromiso de trabajar determinado número de días? La vida hace nacer tales formas que con notable graduación unen sistemas de economía opuestos por sus rasgos fundamentales. Se hace imposible decir dónde termina el “pago en trabajo” y dónde empieza el “capitalismo”.

 

Una vez establecido, pues, el hecho fundamental de que toda la diversidad de formas de la economía terrateniente actual se reduce a dos sistemas, el de pago en trabajo y el capitalista, en distintas combinaciones, pasamos a la caracte­rización económica de uno y otro y a examinar cuál de ellos desplaza al otro bajo la influencia de toda la evolu­ción económica.

 

 

 

205-206

 

Cuadro general de difusión en Rusia (el original en ruso)

 

 

 

207

 

III. CARACTERIZACION DEL SISTEMADE PAGO EN TRABAJO

 

Como ya hemos observado antes, las formas de pago en trabajo son por demás diversas. El campesino se contrata a veces para trabajar por dinero con sus aperos en las tierras del pro-pietario: así ocurre con la llamada “contrata a destajo”, el “trabajo a deciatina”*, el laboreo de “círcu­los”**79 (es decir, una deciatina de siembra de primavera y otra de otoño), etc. A veces, los campesinos toman a présta­mo trigo o dinero comprometiéndose a satisfacer con su trabajo toda la deuda o el interés de la misma***. En esta forma se destaca de manera singular el rasgo propio del sistema de pago en trabajo en general: el carácter de vasallaje, usurario, de ese contrato. A veces, los campesinos trabajan “por daños causados en los campos” (es decir, se comprometen a cubrir con su trabajo la multa que la ley establece por estos daños), trabajan sencillamente “por el honor” (ver Engelhardt, 1. c., pág. 56), es decir, gratis, a cambio de algún obsequio, a fin de no privarse de otros “ingresos” del propietario. Se halla, por fin, muy extendido el pago en trabajo a cambio de tierra, ya en forma de aparcería, ya en forma directa de trabajo a cambio de tierra entregada en arriendo al campesino, de predios, etc.

 

El pago de la tierra arrendada adquiere con mucha frecuencia las formas más diversas que a veces se com­binan de tal manera que junto al pago en dinero figura el pago en especie y “en trabajo”. He aquí un par de ejemplos: por cada deciatina arrendada hay que trabajar 1 1/2 deciatinas + entregar 10 huevos + 1 gallina + cumplir 1 jor­nada de trabajo femenino; por 43 deciatinas de sembradío de primavera a 12 rublos por deciatina, y 51 deciatinas de

 

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* Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Riazán.

** Engelhardt, 1. c.

*** Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, tomo V, fascíc. I, Moscú, 1879, págs. 186-189. Sólo citamos las fuentes a título de ejemplo. Todas las obras relativas a la hacienda campesina y a la de propiedad privada de la tierra contienen gran cantidad de indicaciones semejantes.

 

 

 

208

sembradío de otoño a 16 rublos + trillar tantas hacinas de avena, 7 hacinas de alforfón y 20 de centeno + abonar la tierra tomada en arriendo con estiércol de sus propios ani­males en 5 deciatinas por lo menos a razón de 300 carros por deciatina (Kárishev, Los arriendos, pág. 348). ¡Incluso el estiércol de la hacienda campesina se transforma aquí en parte de la hacienda del propietario! La difusión y diversidad del pago en trabajo las muestra ya la abundancia de términos al particular: pago en trabajo, otbuchi, otbutki, prestación personal, basárinka, posobka, pánschina, póstupok, víemka, etc. (ibíd., 342). El campesino se compromete a veces a hacer “lo que ordene el dueño” (ibíd., 346), a “hacerle caso”, a “obedecerle” en general, a “ayudarle”. Los pagos en trabajo “abarcan todo el ciclo de labores de la vida rural. Me­diante el pago en trabajo se efectúan todas las operaciones agrícolas para el laboreo de los campos y recolección de cereales y heno, el acopio de leña y el transporte de cargas” (346-347), se reparan los tejados y las chimeneas (354, 348), se comprometen a suministrar gallinas y huevos (ibíd.). Un investigador del distrito de Gdov, provincia de San Pe­tersburgo, dice con justicia que las clases de pago en trabajo existentes ostentan el “carácter de prestación personal anterior a la Reforma” (349)*.

 

Es en especial interesante la forma del pago en trabajo por la .tierra, los llamados arriendos de pago en trabajo y naturales**. En el capítulo anterior hemos visto cómo en el

 

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* Es notable que toda la gigantesca diversidad de formas de pago en trabajo en Rusia, de las distintas formas de arriendo con pagos comple­mentarios, etc., se reduce en un todo a las formas básicas del régimen precapitalista en la agricultura que Marx estableció en el capítulo 47 del III tomo de El Capital. En el capítulo precedente se indicaba ya que esas formas básicas eran tres: 1) la renta del pago en trabajo; 2) la renta en especie o renta natural, y 3) la renta monetaria. Es del todo lógico por ello que Marx quisiera tomar precisamente los datos rusos para ilustrar el apartado de la renta de la tierra.

** Según los Resúmenes de las estadísticas de los zemstvos, (tomo II), los campesinos pagan en dinero el 76% de las tierras que toman en arriendo; en trabajo, del 3 al 7%; con parte del producto, del 13 al 17%, y por fin, de un modo mixto, del 2 al 3%.

 

 

 

209

arriendo campesino se manifiestan las relaciones capitalis­tas; aquí vemos un “arriendo” que representa una simple supervivencia de la economía basada en la prestación per­sonal*, y que a veces pasa inadvertidamente al sistema capi­talista de asegurar obreros agrícolas a la hacienda por medio de la concesión de trozos de tierra. Los datos de la estadística de los zemstvos establecen indiscutiblemente esa ligazón de semejantes “arriendos” con la hacienda propia de los arrenda­dores. “Con la extensión de los labrantíos en las haciendas de propiedad privada surge la necesidad de asegurarse obreros en el tiempo preciso. De ahí que se desa-rrolle en muchos lugares la tendencia a distribuir tierra entre los campesinos a cambio de su trabajo o de una parte del producto y de trabajo...” Ese sistema de economía “...se halla difundido en grado considerable. Cuanto más se practica la explotación de la hacienda por los propios arrendadores, cuanto menor es la oferta de los arriendos y mayor su demanda, tanto más se desarrolla esta clase de contrata de tierras” (ibíd., pág. 266, conf. también 367). Así pues, vemos aquí un arriendo de tipo completamente especial, que no expresa la renuncia del pro­pietario a llevar la hacienda propia, sino el aumento de los labrantíos de propiedad privada, desarrollo que no expresa el reforzamiento de la hacienda campesina a través de la ampliación de sus posesiones territoriales, sino la transformación del campesino en obrero rural. En el capítulo anterior hemos visto que el arriendo tiene en la hacienda campesina un significado opuesto: para unos es una ampliación ventajosa de la hacienda y para otros un convenio hecho bajo la influencia de la necesidad. Ahora vemos que la entrega de la tierra en arriendo tiene también una significación opuesta en la economía terrateniente: a veces representa la transmisión de la hacienda a otra persona a cambio de una renta; a veces constituye un

 

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* Compárese con los ejemplos aducidos en la nota de la pág. 134 (véase el presente volumen, pág. 201. —Ed.). Con la economía basada en la prestación personal, el terrateniente daba al campesino la tierra a fin de que éste trabajase para é1. El aspecto económico de la cuestión cuando se entrega la tierra a cambio del pago en trabajo es, por lo visto, el mismo.

 

 

 

210

procedimiento de explotar por cuenta propia la hacienda, un modo de asegurarse mano de obra.

 

Pasamos ahora a la remuneración en los casos de pago en trabajo. Los datos de diferente origen atestiguan uná­nimemente que con la contrata a cambio de trabajo y con la usuraria la remuneración es siempre más baja que en la contrata “libre” capitalista. En primer lugar, eso lo prueba el que los arriendos en especie, es decir, cuando se pagan en trabajo y como aparcería (que expresan sólo, como acabamos de ver, la contrata a cambio del trabajo y la usuraria), son en todos los lugares, según regla general, más caros, considerablemente más que los monetarios (ibíd., 350), a veces el doble (ibíd., 356, distrito de Rzhev, provincia de Tver). En segundo lugar, los arriendos en especie se hallan desarrollados más que nada entre los grupos de campesinos más pobres (ibíd., 261 y sig.). Son arriendos por necesidad, “arriendos” del campesino que ya no puede resistir a su transformación de ese modo en obrero agrícola asalariado. Los campesinos pudientes procuran tomar en arriendo la tierra por dinero. “El arrendatario aprovecha la menor posibilidad para pagar en dinero y abara­tar con ello el coste de la explotación de tierras ajenas” (ibíd., 265), y, agregaremos por nuestra cuenta, no sólo para abaratar el coste del arriendo, sino también para librarse de la contrata en condiciones leoninas. En el distrito de Rostov del Don se ha observado incluso un hecho tan signi­ficativo como el paso del arriendo monetario al pago por hacinas80 a medida que aumentaban los precios del arriendo, pese a disminuir la parte del campesino cuando paga por hacinas (pág. 266, ibíd.). La significación de los arriendos en especie, que arruinan definitivamente al campesino y que lo transfor­man en bracero rural, se ilustra con ese hecho de la manera más patente*. En tercer lugar, la comparación directa de los

 

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* La sinopsis de los datos más recientes relativos a los arriendos (Sr. Kárishev en el libro Influencia de las cosechas, etc., tomo I) confirma por completo que sólo la necesidad obliga a los campesinos a tomar la tierra en aparcería o pagándola en trabajo, mientras que los campe-sinos acomodados prefieren arrendarla por dinero (págs. 317-320), ya que los arriendos en especie son siempre y en todos los sitios incomparablemente

 

 

 

211

precios del trabajo en el sistema de pago en trabajo y en la “libre” contrata capitalista demuestra un nivel más elevado de estos últimos. En la citada publicación del Departamento de Agricultura, El trabajo asalariado, etc., el pago medio al campesino que cultiva por completo la tierra con sus aperos se calcula en 6 rublos por cada deciatina de tierra sembrada de cereales de otoño (datos de la zona central de tierras negras durante 8 años, de 1883 a 1891). De calcular el coste de esas labores en el trabajo asalariado se obtienen 6 rublos y 19 kopeks sólo para el trabajo del bracero, sin contar el trabajo del caballo (como pago de éste no se puede

 

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más caros para los campesinos que los monetarios (págs. 342-346). Pero todos esos hechos no han impedido al Sr. Kárishev pintar la cosa de tal manera que “el campesino pobre... obtiene la posibilidad de satisfacer mejor las necesidades de su sustento, aumentando algo sus siembras como aparcero de tierras ajenas” (321). ¡He ahí a qué peregrinas ideas lleva a los hombres la preconcebida simpatía por la “economía natural”! Está demostrado que los arriendos en especie son más caros que los monetarios, que representan una especie de truck-system81 en la agricultura, que arruinan definitivamente al campesino y lo transforman en bracero; ¡y nuestro economista habla del mejoramiento de la alimentación! La aparcería, fíjense bien, “debe ayudar” “a la parte de la población rural necesitada a recibir” tierra en arriendo (320). El señor economista llama aquí “ayuda” a la obtención de tierra en las peores condiciones, la cambio de la transformación en bracero!  ¿Dónde está, preguntamos, la diferencia entre los populistas rusos y los agrarios rusos, que siempre se han hallado y se hallan dispuestos a prestar semejante “ayuda” “a la parte necesitada de la población rural”? Y, a propósito, he aquí un ejemplo interesante. Los ingresos del aparcero se calculan en el distrito de Jotfn, provincia de Besarabia, en 60 kopeks diarios por término medio, y el del jornalero en verano, en 35-50 kopeks. “Resulta que los ingresos del aparcero son, pese a todo, superiores al salario del bracero” (344, cursiva del Sr. Kárishev). Ese “pese a todo” es muy sintomático. Pero ¿no tiene el aparcero, a diferencia del bracero, gastos en su hacienda?, ¿no debe tener caballo y aparejo?, ¿por qué no se cuentan esos gastos? Si el jornal medio en la provincia de Besarabia es en verano igual a 40-77 kopeks (1883-1887 y 1888-1892), el jornal medio del trabajador, con caballo y aparejos, es de 124-180 kopeks (1883-1887 y 1888-1892). ¿No “resulta” más bien que el bracero tiene “pese a todo” un ingreso mayor que el aparcero? El jornal diario del trabajador sin caballo (medio para todo el año) se determina en 67 kopeks para la provincia de Besarabia en los años 1882-1891 (ibíd., 178).

 

 

 

212

calcular menos de 4 rublos 50 kopeks, 1. c., 45). El redactor considera con justicia ese fenómeno “del todo anormal” (ibíd.). Observaremos sólo que el pago más elevado del trabajo en la contrata capitalista pura es, en comparación con cualquier clase de vasallaje y demás relaciones precapi­talistas, un hecho que no se ha determinado sólo para la agricultura, sino también para la industria, y no sólo para Rusia, sino para otros países. He aquí unos datos más exactos y detallados de la estadística de los zemstvos al particular (Recopilación de datos estadísticos del distrito de Sarátov, tomo I, apartado III, págs. 18-19. Citado según Los arriendos del Sr. Kárishev, pág. 353):

 

 

Distrito de Sarátov

 

Coste medio (en rublos) de cultivo de una deciatina

 

                                             Trato                           En el pago en               En la contrata

                                             hecho                          trabajo por                   libre, según

                                             en invierno                  arriendo de                  declaraciones

Clases de trabajo                   con un adelanto           de labrantíos                           

                                             del 80 al 100%                                    de los      de los

                                              del salario              según        según                que         que

                                                                            condicio-  Declara- contra-  se con-

                                                                            nes esti-    ciones               tratan    contra-

                                                                            puladas     de los                  tan

                                                                            por es-       arrenda-

                                                                            crito          tarios

 

Cultivo completo y re-

cogida de la cosecha

con acarreo y trilla                             9,6                   --               9,4                20,5         17,5

 

Lo mismo, sin trilla

(de primavera)                                              6,6                   --              6,4                15,3         13,5

 

Lo mismo, sin trilla

(de otoño)                                         7,0                   --               7,5                15,2          14,3

 

Labranza                                          2,8                   2,8            --                     4,3            3,7

 

Recolección (siega y

acarreo                                                         3,6                   3,7           3,8                 10,1            8,5

 

Recolección (sin acarreo)                   3,2                   2,6           3,3                   8,0            8,1

siega (sin acarreo)                             2,1                   2,0           1,8                   3,5            4,0

 

 

Así pues, en el sistema de pago en trabajo (al igual que con la contrata en condiciones one-rosas, unida a la usura) el precio del trabajo resulta de ordinario menos de la mitad de la contrata capitalista*. Como sólo puede encargarse de

 

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* Después de ello, no se puede por menos de calificar de reaccionaria la crítica que del capitalismo hace, por ejemplo, un populista como el

 

 

 

213

pagar en trabajo el campesino de la localidad y, además, “provisto de nadiel”, ese hecho del enorme descenso del pago indica claramente la importancia de nadiel como salario natural. En semejantes casos, el nadiel sigue siendo también ahora un medio para “garantizar” al propie-tario de tierra mano de obra barata. Pero la diferencia entre el trabajo libre y el “semilibre”* está muy lejos de limitarse a la di­ferencia en el pago. Tiene también enorme importancia el que esta última clase de trabajos supone siempre la depen­dencia personal del que se contrata con respecto al contra­tante, supone siempre una mayor o menor conservación de la “coerción extraeconómica”. Engelhardt dice muy certeramente que la prestación del dinero para ser retribuido en trabajo se explica por la mayor garantía de esas deudas: es difícil cobrárselas al campesino por medio de la ejecuto­ria, “mientras que las autoridades obligarán al campesino a hacer el trabajo a que se ha comprometido aunque su propia cosecha queda sin recoger” (I. c., 216). “Sólo muchos años de esclavitud, de trabajo como siervo para el señor, han podido engendrar esa sangre fría” (sólo aparente) con que el agricultor deja bajo la lluvia su trigo para ir a acarrear haces ajenos (ibíd., 429). Sin una u otra forma de adscripción de la pobla-ción al lugar de residencia, a la “comunidad”, sin cierta desigualdad de derechos civiles, el pago en trabajo como sistema sería imposible. Se comprende que el escaso rendimiento sea consecuencia inevitable de los rasgos descritos del sistema de pago en trabajo: los métodos de la admi­nistración económica basada en el pago en trabajo sólo pueden ser los más rutinarios; el trabajo del campesino caído en

 

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príncipe Vasílchikov. En el mismo concepto “libre contrata” -exclama patéticamente- hay una contradicción, pues contrata supone falta de inde­pendencia y la falta de independencia excluye la “libre voluntad”. Este terrateniente con visos populistas olvida, se comprende, la circunstancia de que el capitalismo sustituye la dependencia de servidumbre por la dependencia libre.

* Expresión del Sr. Kárishev. I. c. Ha hecho mal el Sr. Kárishev en no sacar la conclusión de que el arriendo en aparcería “ayuda” a la supervivencia del trabajo “semilibre”.

 

 

 

214

un contrato oneroso no puede por menos de aproximarse por su calidad al del siervo.

 

La unión del sistema de pago en trabajo y del capitalista hace al régimen contemporáneo de la economía terratenien­te extraordinariamente parecido por su organización econó­mica al régimen que predominaba en nuestra industria textil antes de aparecer la gran industria maquinizada. En ella, el industrial llevaba a cabo parte de las operaciones con sus herra-mientas y con obreros asalariados (urdimbre del telar, teñido y remate de las telas, etc.), y parte con herramientas de campesinos kustares que trabajaban para él con el material que recibían; aquí, los obreros asalariados efectúan parte de las operaciones con aperos del dueño, y parte se lleva a cabo con trabajo y los aperos de campesinos que trabajan en tierra ajena. Allí, el capital comercial se unía al industrial, y sobre el kustar pesaban, además del capital, el vasallaje econó­mico, el maestro intermediario, el truck-system, etc.; aquí, exactamente igual, el capital comercial y usurario -con toda clase de formas de disminución del pago y de reforzamiento de la dependencia personal del productor- se une al capital industrial. Allí, el sistema transitorio se mantuvo durante siglos, basado en una técnica primitiva y manual, y fue destruido en unos tres decenios por la gran industria maquinizada; aquí, el pago en trabajo se mantiene casi desde el principio de la Rus (los propietarios de tierra tenían ya avasallados a los smerds desde el tiempo de Rússkaya Pravda82), perpetuando una técnica rutinaria, y comienza a dejar rápidamente paso al capitalismo sólo en la época posterior a la Reforma. Allí y aquí, el viejo sistema no representa más que un estan­camiento de las formas de pro-ducción (y, por consiguiente, de todas las relaciones sociales) y el imperio del asiatis­mo. Tanto allí como aquí, las formas nuevas, las formas capitalistas de producción constituyen un gran progreso, a pesar de todas las contradicciones que les son inheren­tes.

 

 

 

215

 

IV. DECADENCIA DEL SISTEMA DE PAGO EN TRABAJO

 

¿Cuál es la proporción, nos preguntamos ahora, del sistema de pago en trabajo en la economía rusa posterior a la Reforma?

 

Ante todo, el auge de la economía mercantil no es compatible con el sistema de pago en trabajo, ya que éste se basa en la economía natural, en el estancamiento de la técnica, en la ligazón inquebrantable del terrateniente y el campesino. Por eso, dicho sistema es del todo impracticable en su forma completa, y cada paso en el desarrollo de la economía mercantil y de la agricultura comercial socava las condiciones en que puede aplicarse.

 

Después hay que tener en cuenta la circunstancia siguiente. De lo expuesto se desprende que los pagos en trabajo dentro de la actual economía terrateniente deberían dividirse en dos clases: 1) pagos en trabajo que sólo puede cumplir el campesino propietario, que tiene ganado de labor y aperos (por ejemplo, el trabajo de deciatina de “círculos”, la labranza, etc.), 2) pagos en trabajo que puede cumplir también el proletario rural, carente por completo de aperos (por ejemplo, la siega de cereales y heno, la trilla, etc.). Evidentemente, los pagos en trabajo de la primera y segunda clase tienen para la hacienda campesina, lo mismo que para la del terrateniente, una signi­ficación opuesta; los segundos constituyen un paso directo al capitalismo, fundiéndose con él por una serie de transiciones absolutamente imperceptibles. De ordinario, en nuestras publi­caciones se habla de pago en trabajo en general, sin hacer esa distinción. Sin embargo, el paso .del centro de gravedad de los pagos en trabajo de la primera clase a los de la segunda tiene enorme importancia en el proceso de su desplazamien­to por el capitalismo. He aquí un ejemplo extraído de la Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú. “En la mayor parte de las haciendas... la preparación de los campos y la siembra, es decir, los trabajos de cuyo concienzudo cumpli­miento depende la cosecha, corren a cargo de obreros fijos, mientras que la recolección de los cereales, es decir, el trabajo en el que lo más importante es hacerlo a su tiempo y con

 

 

 

216

rapidez, se confía a campesinos de los alrededores a cambio de dinero o de predios (tomo V, fascíc. 2, pág. 140). La mayor cantidad de mano de obra se adquiere en semejantes haciendas a través de los pagos en trabajo, pero el sistema capitalista predomina indudablemente, y los “campesinos de los alrededores” se transforman, de hecho, en obreros agrícolas, al estilo de los “jornaleros a contrata” de Alemania, que también poseen tierra y que también se contratan por una determinada parte del año (ver más arriba, pág. 124, nota*). El enorme descenso del número de caballos en poder de los campesinos y el aumento del número de haciendas sin caballos a consecuencia de las malas cosechas de los años 90** no pudo por menos de dejarse sentir vigorosamente, acelerando ese proceso de desplazamiento del sistema de pago en trabajo por el sistema capitalista***.

 

Como causa más importante de la decadencia del sistema

 

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* Véase el presente volumen, pág. 184.-Ed.

** El censo de caballos de 1893-1894 en 48 provincias puso de relieve una disminución del 9,6% del número de caballos entre todos los propietarios de ellos, y la disminución del núme-ro de propietarios de caballos en 28.321 personas. La disminución del número de caballos en las provincias de Tambov, Vorónezh, Kursk, Riazán, Oriol, Tula y Nizhni Nóvgorod fue de 1888 a 1893 del 21,2%. En otras siete provincias de tierras negras, el descenso fue, de 1891 a 1893, del 17%. En 38 provin­cias de la Rusia europea, en 1888-1891, había 7.922.260 haciendas campe­sinas, de ellas 5.736.436 con caballos; en 1893-1894, en estas provincias había 8.288.987 haciendas, de ellas 5.647.233 con caballos. Por consiguiente, el número de haciendas con caballos disminuyó en 89.000, y el de haciendas sin caballos aumentó en 456.000. El tanto por ciento de haciendas sin caballos se elevó del 27,6 al 31,9% (Estadística del Imperio Ruso, XXXVII, San Petersburgo, 1896). Más arriba hemos mostrado cómo en 48 provincias de la Rusia europea el número de haciendas sin caballos había ascendido de 2.800.000 en 1888-1891 a 3.200.000 en 1896-1900, es decir, del 27,3% al 29,2%. En 4 provincias meridionales (Besarabia, Ekaterinoslav, Táurida y Jersón), el número de haciendas sin caballos creció de 305.800 en 1896 a 341.600 en 1904, es decir, del 34,7% al 36,4%. (Nota a la segunda edición.)

*** Conf. también S. Korolenko. El trabajo asalariado, etc., págs. 46-47, donde, basándose en los censos caballares de 1882 y 1888, el autor da ejemplos de cómo la disminución del número de caballos en poder de los campesinos va acompañada de un aumento de caballos en poder de los propietarios privados.

 

 

 

217

de pago en trabajo hay que indicar, por último, la di­ferenciación de los campesinos. La ligazón de los pagos en trabajo (de la primera clase) precisamente con el grupo medio de los campesinos está clara a priori -según hemos señalado más arriba- y puede ser demostrada con los datos de la estadística de los zemstvos. En la recopilación del distrito de Zadonsk, pro-vincia de Vorónezh, se dan referencias del número de haciendas que en los distintos grupos campesinos han tomado trabajos a destajo. He aquí los datos en tantos por ciento:

 

 

                                              % de labradores que                 % con relación al total

                                                          toman trabajo a des-                                        las haciendas

Grupo de labradores              tajo con relación al                   todas las          que toman tra-

                                               total del grupo            haciendas         bajo a destajo

 

Sin caballos                                        9,9                                24,5                          10,5

Con un caballo                                  27,4                                40,5                          47,6

Con 2-3 caballos                               29,0                                31,8                          39,6

Con 4 caballos                                  16,5                                  3,2                            2,3

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Para el distrito                                               23,3                             100                            100

 

 

De aquí se desprende con claridad que la participación en los trabajos a destajo es más débil en ambos grupos extremos. La mayor parte de las haciendas con trabajos a destajo corres-ponde al grupo de campesinos medios. Y como estos trabajos a destajo también se incluyen con frecuencia en las recopilaciones estadísticas de los zemstvos entre los “salarios” en general, vemos aquí, por consiguiente, un ejemplo de “salarios” típicos de los campesinos medios, exactamente igual a como en el capítulo precedente conocimos los “sala­rios” típicos de los grupos inferior y superior de campesinos. Las clases de “salarios” allí examinadas expresan el desarrollo del capitalismo (empresas comerciales e industriales y venta de la fuerza de trabajo), mientras que la clase de “salarios” que nos ocupa, por el contrario, expresa el atraso del capita­lismo y el predominio del pago en trabajo (si suponemos que en el conjunto de “trabajos a destajo” predominan los que hemos incluido entre pagos en trabajo de la primera clase).

 

 

 

218

Cuanto más avance la decadencia de la economía natural y de los campesinos medios, con tanto más vigor desplazará el capitalismo a los pagos en trabajo. Los campesinos acomo­dados, claro es, no pueden servir de base al sistema de pago en trabajo, puesto que sólo la necesidad extrema obliga al campesino a aceptar los trabajos peor retribuidos y ruinosos para su hacienda. Mas tampoco el proletariado rural sirve para el sistema de pago en trabajo, aunque por otra causa: como no tiene hacienda alguna o tiene un trozo insignificante de tierra, el proletario rural no está tan pegado a ella como el campesino “medio”, y, por tanto, le es mucho más fácil marchar a otro sitio y contratarse en condiciones “libres”, es decir, por un salario más alto y sin ninguna condición leonina. De ahí el general descontento de nuestros agrarios contra el éxodo de los campesinos a la ciudad y contra la “busca de trabajos fuera de la localidad” en general, de ahí sus quejas de que los campesinos tienen “poco apego” (ver más abajo, pág. 183*). El desarrollo del trabajo asalariado puramente capitalista mina de raíz el sistema de los pagos en trabajo**.

 

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* Véase el presente volumen, pág. 265.-Ed.

** He aquí un ejemplo que se distingue por su especial relieve. Los estadísticos de los zemstvos explican del modo siguiente la relativa difusión del arriendo de tierras con pago en dinero y en especie en los diferentes lugares del distrito de Bájmut, provincia de Ekaterinoslav:

 

“Los lugares de mayor difusión del arriendo de tierras con pago en dinero... se hallan en la zona de las industrias hullera y de la sal, y los de menor difusión se encuentran en la parte esteparia y puramente agrícola. En general, los campesinos van con desgana a trabajar para otro, y especialmente cuando se trata de un trabajo embarazoso y no bien pagado en las grandes haciendas privadas. El trabajo en las minas, y, en general, en los yacimientos y fábricas metalúrgicas es duro y perjudica la salud de los obreros, pero, en términos generales, se paga mejor y atrae con la perspectiva del cobro mensual o semanal de un dinero que de ordinario no ven trabajando en la hacienda grande, ya que allí pagan en trabajo por 'la tierra', 'la paja', 'el trigo', o han recibido ya todo el dinero por anticipado para satisfacer sus necesidades diarias, etc. Todo ello impulsa al obrero a esquivar los trabajos en las haciendas grandes, lo que hace en cuanto existe la posibilidad de ganar dinero fuera de ellas. Y esa posibilidad se lc ofrece más que nada donde hay muchas minas en

 

 

 

219

Es importante en grado sumo advertir que esos lazos irrompibles entre la diferenciación de los campesinos y el desplazamiento del pago en trabajo por el capitalismo -lazos tan claros en la teoría- los habían advertido ya hace tiempo los escritores agrarios que observaron los diversos modos de administración en las haciendas de los terratenientes. El pro­fesor Stébut advierte en el prefacio a la compilación de artícu­los suyos sobre la agricultura rusa, escritos entre 1857 y 1882, que... “En la actual economía campesina comunal se está operando una delimitación entre los agricultores industriales y los braceros agrícolas. Los primeros se transforman en sembra­dores en gran escala, comienzan a tener braceros y cesan, de ordinario, de tomar trabajo a destajo si no tienen necesidad extrema de agregar algo de tierra para siembra o de utilizar terrenos para pastos del ganado, lo que en la mayoría de los casos no puede obtenerse más que a cambio de trabajo a destajo; los segundos no pueden tomar ningún trabajo a destajo por carecer de caballos. De ahí la evidente necesidad de pasar a la economía basada en el empleo de braceros, con tanta mayor rapidez porque también los campesinos que aún toman labores a destajo por deciatinas resultan malos cumplidores, lo mismo por la calidad que por la puntualidad con que lo hacen, atendida la debilidad de sus caballos y el mucho trabajo de que se hacen cargo” (pág. 20).

 

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las que pagan 'bien' a los obreros. Una vez que se ha hecho con algún dinero en las minas, el campesino puede con él tomar en arriendo tierra, sin comprometerse a trabajar en la hacienda grande, y, de ese modo, se establece el predominio del arriendo con pago en dinero” (citado según Resúmenes de las estadísticas de los zemstvos, tomo II, pág. 265). En cambio, en los subdistritos esteparios, no industriales, del distrito, domina el pago por hacinas y el arriendo pagado en trabajo.

 

¡El campesino, pues, se halla dispuesto a ir incluso a la mina para escapar a los pagos en trabajo! El cobro puntual en dinero efectivo, la forma impersonal de la contrata y el trabajo regulado le “atraen” tanto que hasta prefiere las labores subterráneas a la agricultura, a esa agricultura que nuestros populistas gustan de dibujar de modo tan idílico. Se trata precisa-mente de que el campesino conoce en su propio pellejo lo que significa el pago en trabajo que idealizan los agrarios y populistas y cuanto mejores son las relaciones puramente capitalistas.

 

 

 

220

También la estadística actual de los zemstvos contiene indicaciones de que la ruina de los campesinos Lleva al despla­zamiento del pago en trabajo por el capitalismo. En la pro­vincia de Oriol, por ejemplo, se advirtió que el descenso de los precios del trigo habla arruinado a muchos arrendatarios, y que los propietarios se habían visto obligados a aumentar la labranza en sus haciendas. “Junto a la ampliación de la labranza en las haciendas, en todos los lugares se observa la tendencia a sustituir el trabajo a destajo por el de braceros y a librarse del empleo de los aperos campesinos... la tendencia a perfeccionar el cultivo de los campos introduciendo maquina­ria perfeccionada... a cambiar el sistema de explotación, a sembrar hierbas forrajeras, a ampliar y mejorar la ganadería, a darle un carácter productivo” (Resumen agrícola de la pro­vincia de Oriol, año 1887-1888, págs. 124-126. Citado según Notas críticas, de P. Struve, págs. 242-244). En la provincia de Poltava, debido a los precios bajos para los cereales, se advirtió en 1890 “una reducción de la toma de tierras en arriendo por los campesinos... en toda la provincia... En consonancia con ello, en muchos lugares, pese a la gran baja de precios de los cereales, aumentó la superficie de las sementeras propiedad de terratenientes” (Influencia de las cosechas, etc., I, 304). En la provincia de Tambov se ha registrado una gran elevación de los precios de los trabajos que se efectúan con caballos: en el trienio de 1892 a 1894 esos precios fueron del 25 al 30% superiores a los del trienio de 1889 a 1891 (Nóvoe Slovo, 1895, núm. 3, pág. 187). El encarecimiento de los trabajos efectuados con caballos -consecuencia natural del descenso del número de caballos campesinos- no puede por menos de influir en el desplazamiento de los pagos en trabajo por el sistema capitalista.

 

No nos proponemos en modo alguno, claro es, demostrar con estas indicaciones sueltas la tesis de que el capitalismo desplaza el pago en trabajo: no existen datos estadísticos completos al particular. No hacemos más que ilustrar con ello la tesis de la ligazón existente entre la diferenciación de los campesinos y el desplazamiento de los pagos en trabajo por el capitalismo. Los datos generales referentes a la masa campe-

 

 

 

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sina, que demuestran de manera irrefutable la presencia de ese desplazamiento, se refieren al empleo de máquinas en la agri­cultura y el empleo de trabajo asalariado. Pero antes de pasar a ello, debemos detenernos en las opiniones de los economistas del populismo sobre la economía contemporánea rusa basada en la propiedad privada.

 

 

V. COMO ABORDAN LOS POPULISTAS LA CUESTIÓN

 

La tesis de que el sistema de pago en trabajo constituye una simple supervivencia de la economía basada en la prestación personal tampoco la niegan los populistas. Por el contrario, la reconocen -aunque no en forma suficientemente general- el Sr. N. –on (Ensayos, § IX) y el Sr. V. V. (de manera especial en el artículo Nuestra economía campesina y la agronomía, “Otéchestvennie Zapiski”, 1882, núm. 8-9). Tanto más asombrosa es la circunstancia de que los populistas esquiven por todos los medios reconocer el hecho sencillo y claro de que el régimen contemporáneo de la economía terrateniente se compone de la unión del sistema de pago en trabajo y el capitalista, y que, por eso, cuanto más se desarrolla el primero tanto más débil es el segundo, y viceversa; procuran no analizar en qué relaciones se encuentran uno y otro sistema con respecto al rendimiento del trabajo, al pago del trabajo del obrero, a los rasgos esenciales de la economía rusa posterior a la Reforma, etc. Plantear la cuestión en este terreno, en el terreno de comprobar la “sustitución” que realmente se opera, significaría reconocer lo inevitable del desplazamiento de los pagos en trabajo por el capitalismo y el carácter progresivo de ese desplazamiento. Para evitar esa deducción, los populistas no se han detenido siquiera ante la idealización del sistema de pago en trabajo. Esa monstruosa idea-lización constituye el rasgo fundamental de las opiniones populistas relativas a la evolución de la economía terrateniente. El Sr. V. V. llega a afirmar que el “pueblo ha vencido en la lucha por la forma del cultivo agrícola, aunque la victoria lograda haya reforzado aún más su ruina” (Los destinos del capitalismo, pág. 288).

 

 

 

222

¡El reconocimiento de semejante “victoria” resalta más que la comprobación de la derrota! El Sr. N.–on ha visto en la concesión de tierras al campesino dentro del sistema de la prestación personal y del pago en trabajo el “principio” “de la unión del productor con los medios de producción”, olvidando la pequeña circunstancia de que esa concesión de tierras sirvió de medio para asegurar mano de obra al terrateniente. Según hemos indicado ya, al describir Marx los sistemas de la agricultura precapitalista analizó todas las formas de relaciones económicas, que se encuentran en Rusia, y subrayó con relieve la necesidad de la pequeña producción y la ligazón del campesino con la tierra, tanto bajo la renta en trabajo como bajo la natural y como bajo la renta en dinero. Pero ¿podía ocurrírsele convertir esa concesión de tierra al campesino dependiente en el “principio” de la ligazón secular del productor con los medios de producción? ¿Olvida, aunque sea por un momento, que esa ligazón del productor con los medios de producción fue origen y premisa de la explotación medieval, condicionó el estancamiento técnico y social y requirió necesariamente toda clase de formas de “coerción extraeconómica”?

 

Los señores Orlov y Kablukov idealizan de un modo del todo análogo el pago en trabajo y el vasallaje económico en las Recopilaciones de la estadística del zemstvo de Moscú, des-tacando como ejemplar la hacienda de una señora apelli­dada Kostínskaya del distrito de Podolsk (ver tomo V, fascíc. I, págs. 175-176 y tomo II, págs. 59-62, sección II). Según el Sr. Kablukov, esa finca demuestra la “posibilidad de una administración de la hacienda exclu-yendo (sic!!) esa contradicción” (es decir, la contradicción de intereses entre la economía terrateniente y la campesina) “y que coopere al estado floreciente (sic!) de la hacienda campesina, lo mismo que de la privada” (tomo V, fascíc. I, págs. 175-176). Resulta que la situación floreciente de los campesinos estri­ba... en los pagos en trabajo y el vasallaje económico. No tienen prados y pastos para el ganado (tomo II, págs. 60-61) -lo que no obsta para que los señores populistas les con­sideren labradores “hacendosos”-, y tomam en arriendo esos

 

 

 

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terrenos a cambio de trabajar para la terrateniente, cumpliendo “todos los trabajos para la hacienda de manera concienzuda, a su tiempo y con rapidez” *.

 

¡No se puede ir más lejos en la idealización de un sistema económico que es una supervi-vencia directa del régimen de prestación personal!

 

El método de todas esas consideraciones populistas es muy sencillo; basta olvidar que la concesión de tierras a los campesinos es una de las premisas del sistema de la presta­ción personal o del pago en trabajo, basta hacer abstracción de la circunstancia de que ese supuesto agricultor “indepen­diente” debe satisfacer una renta en trabajo, en especie o en dinero, y obtendremos la idea “pura” de la “ligazón del productor con los medios de producción”. Pero la relación efectiva del capitalismo con respecto a las formas precapita­listas de la explotación no varía en absoluto por el hecho de que se haga simplemente abstracción de esas formas**.

 

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* Conf. Volguin, obra cit. págs. 280-281.

** “La difusión de los arriendos pagados en trabajo en lugar de los pagados en dinero, según se dice..., es un hecho regresivo. Pero ¿acaso afirmamos que ese fenómeno sea deseable, conveniente? Nosotros... no hemos afirmado nunca que ello sea un fenómeno progresivo”, declaró el Sr. Chuprov en nombre de todos los autores de Influencia de las cosechas, etc. (véanse actas taquigráficas de las discusiones en la Sociedad Económica Libre Imperial el 1 y 2 de marzo de 189783, pág. 38). Esta declara­ción es inexacta hasta formalmente, pues el Sr. Kárishev (véase más arriba) ha dibujado el pago en trabajo como una “ayuda” a la pobla­ción rural. En el fondo, esa declaración se contradice por completo con el contenido real de todas las teorías populistas con su idealización del pago en trabajo. Un gran mérito de los señores Tugán-Baranovski y Struve es el de haber planteado de manera justa (1897) la cuestión de .la importancia de los bajos precios de los cereales: el criterio para valo­rarlos debe ser si esos precios cooperan o no al desplazamiento del pago en trabajo por el capitalismo. Esa es, evidentemente, una cuestión de hecho y en la respuesta a ella discrepamos un tanto de los escritores mencionados. Basándonos en los datos expuestos en el texto (véase especialmente § VII de este capítulo y el capitulo IV), estimamos posible e incluso probable que el período de bajos precios de los cereales se señale por un desplazamiento no menor, si no más rápido, de los pagos en trabajo por el capitalismo que el anterior período histórico, de elevados precios de los cereales.

 

 

 

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Detengámonos algo en otra consideración, por demás curiosa, del Sr. Kablukov. Hemos visto que idealiza el pago en trabajo; pero lo notable es que cuando en calidad de estadístico carac-teriza los tipos reales de las haciendas puramente capitalistas de la provincia de Moscú, en su exposición -contra su voluntad y de modo deformado- refleja precisamente los hechos que muestran el carácter progresivo del capitalismo en la agricultura rusa. Pedimos atención al lector y de antemano nos disculpamos por las citas un tanto largas.

 

Además de los viejos tipos de haciendas con trabajo asalariado, en la provincia de Moscú hay

 

“un tipo de haciendas nuevo, reciente, que nace apartado por completo de toda tradición y que mira el problema con sencillez, como se mira toda producción que debe servir de fuente de ingresos. La agricultura no es tenida en este caso como un capricho de señores, como una ocupación a la que todos pueden entregarse... No, aquí se reconoce la necesidad de tener conocimientos especiales... La base para el cálculo” (relativo a la organización de la pro-ducción) “es la misma que en todas las otras ramas de la producción” (Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, tomo V, fascíc. 1, pág. 185).

 

El Sr. Kablukov no advierte siquiera que esa caracterís­tica del nuevo tipo de haciendas, que sólo “vino al mundo hace poco”, en los años 70, demuestra precisamente el carácter progresivo del capitalismo en la agricultura. Precisamente el capitalismo transformó por primera vez la agricultura, de “capricho de señores”, en una industria ordinaria, precisamente el capitalismo obligó por primera vez a “mirar el problema con sencillez”, obligó a “romper con la tradición” y a adquirir “conocimientos especiales”. Eso era innecesario e imposible antes del capitalismo, pues las haciendas de los terratenientes, de las comunidades y de las familias campesinas por separado “se bastaban a sí mismas”, sin depender de otras haciendas, y ninguna fuerza podía arrancarlas del estancamiento secular. El capitalismo fue precisamente esa fuerza que creó (por medio del mercado) una contabilidad social de la producción de cada uno de los productores, que les obligó a tener en cuenta las demandas del desarrollo de la sociedad. Ahí reside el

 

 

 

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papel progresivo del capitalismo en la agricultura de todos los países europeos.

 

Oigamos después cómo caracteriza el Sr. Kablukov nuestras haciendas puramente capitalistas:

 

“Después se toma ya en cuenta la fuerza de trabajo como factor indispensable de acción sobre la naturaleza, sin el que ninguna organiza­ción de la hacienda puede llevar a nada. De esa manera, al mismo tiempo que reconocen toda la importancia de dicho elemento, no lo consideran como fuente independiente de ingresos, al igual que se hacía bajo el régimen de servidumbre o como se hace ahora en los casos en que como base de la rentabilidad de la hacienda no se toma el producto del trabajo cuya percepción es el objetivo directo de la aplicación de éste, ni la tendencia a emplear ese trabajo en la obtención de productos más valiosos y, de esa manera, aprovechar sus resultados, sino la tendencia a disminuir la parte del producto que el obrero recibe para sí, el deseo de reducir, en lo posible, a cero el coste del trabajo para el dueño” (186). Se menciona la explotación de la hacienda a cambio de los recortes. “En esas condiciones, para la rentabilidad no se requieren del dueño ni conocimien-tos ni cualidades especiales. Todo lo que se obtiene gracias a ese trabajo forma ya el ingreso neto del propietario, o, por lo menos, el que obtiene casi sin ningún gasto de capital circu-lante. Pero esa hacienda, naturalmente, no puede marchar bien, y no puede ser denominada hacienda en el sentido estricto de la palabra, lo mismo que no puede ser denomi­nada así la entrega de todas las tierras en arriendo; aquí no hay organiza­ción económica” (186). Y, después de dar ejemplos de la entrega en arriendo de recortes a cambio de trabajo, el autor concluye: “El centro de gravedad de la hacienda, el modo de obtener ingresos de la tierra tiene sus raíces en la acción ejercida sobre el obrero, y no en la materia y sus fuerzas” (189).

 

Esos razonamientos constituyen un modelo por demás interesante de cómo se desnaturalizan los hechos reales cuando se observan bajo el ángulo de una teoría falsa. El Sr. Kablu­kov confunde, la producción con el régimen social de la pro­ducción. En todo régimen social, la producción estriba en la “acción” del obrero sobre la materia y sus fuerzas. En todo régimen social, el origen de los “ingresos” sólo puede ser, para el propietario de la tierra, el pluspro-ducto. En ambos sentidos, el sistema de economía basado en el pago en trabajo es del mismo género que el capitalista, contrariamente a la opinión del Sr. Kablukov. Su verdadera diferencia consiste en que el pago en trabajo presupone necesariamente el rendimiento más bajo del trabajo; por eso, para hacer mayores los ingresos no es posible aumentar la cantidad de plusproducto, para eso no

 

 

 

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queda más que un recurso: la adopción de toda clase de formas de contrata de trabajo que sojuzguen económicamente. Por el contrario, con una economía capitalista pura deben desaparecer las formas leoninas de contrata, puesto que el proletario no sujeto a la tierra constituye un objeto que no sirve para el sojuzgamiento económico; la elevación del rendimiento del trabajo se hace, además de posible, necesaria como único medio para aumentar los ingresos y resistir una encarnizada concurrencia. Así pues, la característica de nuestras haciendas puramente capitalistas -dada por el mismo Sr. Kablukov, que con tanto afán se empeña en idealizar el pago en trabajo- confirma en un todo que el capitalismo ruso crea las condiciones sociales que requieren imperiosamente la racionalización de la agri-cultura y la desaparición del vasa­llaje, mientras que el pago en trabajo, por el contrario, excluye la posibilidad de racionalizar la agricultura, eterniza el estancamiento técnico y el vasallaje del productor. No hay nada más ligero que el habitual júbilo de los populistas con motivo de que el capitalismo sea débil en nuestra agricultura. Tanto peor si es débil, pues ello sólo representa la fuerza de las' formas precapitalistas de explotación, incomparablemente más duras para el productor.

 

 

VI. HISTORIA DE LA HACIENDA DE ENGELHARDT

 

Engelhardt ocupa una posición muy especial entre los populistas. Criticar su concepto del pago en trabajo y del capitalismo significaría repetir lo dicho en el parágrafo anterior. Consideramos mucho más conveniente contraponer a las opiniones populistas de Engelhardt la historia de su propia hacienda. Esa crítica tendrá también un sentido positi­vo, puesto que la evolución de esa finca parece reflejar en miniatura los rasgos esenciales de la evolución de toda la economía privada de la Rusia posterior a la Reforma.

 

Cuando Engelhardt comenzó a administrar su hacienda, ésta se basaba en los pagos en trabajo y el vasallaje tradicionales, que excluyen una “explotación ordenada” (Desde la aldea, 559). El sistema de los pagos en trabajo condiciona-

 

 

 

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ba la mala ganadería, el mal laboreo de la tierra, la rutina de los anticuados sistemas de cultivo (118). “Vi que era imposible continuar administrando la hacienda como antes” (118). La competencia del cereal de la estepa disminuía los precios y hacía desventajosa la explotación de la hacienda (83)*. Observaremos que, junto al sistema de pago en trabajo, en la hacienda desempeñaba desde el principio mismo cierto papel el sistema capitalista: aunque en muy pequeño número, en ella había obreros asalariados (mozo de cuadra y otros), y Engelhardt atestigua que el salario de su bracero (proce­dente de los campesinos con nadiel) era “fabu-losamente bajo” (11), y ello porque “no se podía dar más” atendido el mal estado de la ganadería. El escaso rendimiento del trabajo excluía la posibilidad de elevar el salario. El punto de partida en la hacienda de Engelhardt lo constituyen, pues, los rasgos que ya conocemos de todas las haciendas rusas: el pago en trabajo, vasallaje, el más bajo rendimiento del trabajo, un pago del mismo “increíblemente, barato” y la rutina de la agricultura.

 

¿Cuáles son los cambios introducidos por Engelhardt en ese orden de cosas? Pasa a la siembra del lino, planta comercial-industrial que requiere una gran cantidad de mano de obra. Se intensifica, por tanto, el carácter comercial y capitalista de la agricultura. Pero ¿cómo obtener mano de obra? Engelhardt intentó al principio aplicar el viejo sistema -el pago en trabajo-, a la agricultura nueva (comercial). La cosa no resultó, trabajaban mal, el “pago en trabajo por deciatina” era superior a las fuerzas de los campesinos, quienes por todos los medios se resistían al trabajo tomado “a bulto” y en condiciones de vasallaje. “Fue necesario cambiar el sistema. Mientras tanto, yo ya podía andar solo, había adquirido caballos, aparejos, carros, arados y rastrillos, y podía

 

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* Este hecho de que la competencia de los cereales baratos consti­tuyó la causa impulsora para la transformación de la técnica y, por tanto, para la sustitución del pago en trabajo por la contrata libre, merece un interés especial. La competencia de los cereales de la estepa se dejó también sentir durante los años de precios altos en los cereales; pero, el período de los precios bajos da a esa competencia un vigor especial.

 

 

 

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explotar la hacienda basándome en braceros. Comencé a cultivar el lino en parte con mis braceros y en parte a destajo, tomando hombres a contrata para determinadas opera­ciones” (218). Así pues, el paso al nuevo sistema de econo­mía y a la agricultura comercial requirió la sustitución de los pagos en trabajo por el sistema capitalista. Para elevar el rendimiento del trabajo, Engelhardt empleó el probado recurso de la producción capitalista: el trabajo a destajo. Las mujeres se contrataban para trabajar por ha­cinas, por puds, y Engelhardt explica (no sin cierta satisfac­ción ingenua) el éxito de ese sistema: elevóse el coste de las labores (de 25 rublos por deciatina a 35 rublos) pero, en cambio, elevóse también el ingreso en 10-20 rublos, aumentó el rendimiento del trabajo de las obreras con el paso de las condiciones de vasallaje a la contrata libre (de 20 libras por noche a un pud) y aumentó su salario hasta 30-50 kopeks diarios (“inaudito en nuestra zona”). El comer­ciante de tejidos local alababa con toda el alma a Engelhardt: “ha tenido a bien dar un gran movimiento al comercio con el cultivo del lino” (219).

 

El trabajo asalariado, empleado al principio para el cultivo de una planta industrial, comenzó a extenderse gradualmente a otras operaciones agrícolas. Una de las primeras labores ganadas por el capital al pago en trabajo fue la trilla. Sabido es que en todas las haciendas de propietarios privados esa clase de trabajos es también la que con más frecuencia se hace al modo capitalista. “Parte de la tierra -escribió Engelhardt- la entrego a los campesinos para trabajar de `círculos', porque de otra manera me serla difícil hacer frente a la siega del centeno” (211). Los pagos en trabajo sirven, por consiguiente, de paso directo al capitalismo, asegu­rando al dueño el trabajo de los jornaleros en los días de mayor faena. Al principio, el cultivo de “círculos” se entregaba con la trilla, pero también aquí la mala Calidad del trabajo obligó a pasar al trabajo asalariado. Comenzose a dar el cultivo de “círculos” sin la trilla, y esta última se hizo en parte con braceros y en parte por un contratista con una cuadrilla de obreros a jornal pagado a destajo.

 

 

 

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Consecuencias de la sustitución del pago en trabajo por el sistema capitalista han sido también aquí: 1) elevación del rendimiento del trabajo: antes, 16 hombres trillaban en un día 9 cente-nares de haces; ahora, 8 hombres, 11 centenares; 2) aumento de la cantidad de grano obtenido de la trilla; 3) reducción del tiempo de la trilla; 4) aumento del salario del obrero; 5) aumento de la ganancia del dueño (212).

 

Posteriormente, el sistema capitalista abarca también las operaciones de laboreo de la tierra. Se introduce el arado de hierro en vez del viejo arado de madera, y el trabajo pasa del campesino sojuzgado económicamente al bracero. Engelhardt da cuenta con aire de triunfo del éxito de las innovaciones, de la buena voluntad de los obreros, demostrando de modo totalmente justo que las habituales acusaciones de pereza y desidia contra el obrero son resultado de la “marca infamante de la servidumbre” y del trabajo de vasallaje “para el señor”, que la nueva organización de la hacienda requiere también del dueño espíritu emprendedor, conocimiento de los hombres y capacidad para tratarlos, conocimiento del trabajo y de su medida, así como del aspecto técnico y comer­cial de la agricultura, es decir, unas cualidades que no tenían ni podían tener los Oblómov84 de la aldea del régimen de servidumbre o de la explotación usuraria. Los diferentes cam­bios en la técnica de la agricultura van indisoluble-mente ligados entre sí y llevan de modo fatal a la transformación de la economía. “Suponga-mos, por ejemplo, que habéis implantado el cultivo de lino y trébol: inmediatamente se necesitan otros muchos cambios, y si no se llevan a cabo, la empresa no saldrá adelante. Será necesario cambiar los aperos de labranza, y en vez del arado de madera utilizar el de hierro, en vez del rastrillo de madera, el de hierro, y eso, a su vez, requerirá otros caballos, otros obreros, otro sistema de economía con respecto a la contrata de obreros, etc.” (154-155).

 

El cambio de la técnica de la agricultura resultó, pues, indisolublemente ligado al desplaza-miento del pago en trabajo por el capitalismo. Es particularmente interesante la grada­ción, con que ese desplazamiento se opera: el sistema de la econo­mía sigue uniendo el pago en trabajo y el capitalismo, pero

 

 

 

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el centro de gravedad va trasladándose poco a poco del pri­mero al segundo. He aquí como estaba organizada la hacienda de Engelhardt después de transformarla:

 

“Ahora tengo mucho trabajo, porque he cambiado todo el sistema de la economía. Parte considerable del mismo corre a cuenta de braceros y jornaleros. Los trabajos son de lo más diverso: quemo los bosques para sembrar trigo, arranco los abedules para sembrar lino, he tomado en arriendo prados en el Dniéper, he sembrado mucho trébol, gran cantidad de centeno y mucho lino. La necesidad de mano de obra es inmensa. Para conseguir trabajadores es preciso preocuparse de antemano, porque cuando llegue la tempora­da todos estarán ocupados en la hacienda propia o bien en otras haciendas. Esa recluta de mano de obra se lleva a cabo adelantándoles dinero y trigo que deberán devolver en trabajo” (116-117).

 

El pago en trabajo y el vasallaje económico siguen subsistiendo, por tanto, en una economía organizada de ma­nera “justa”, pero, en primer lugar, han pasado a ocupar una posición secundaria con respecto al trabajo asalariado, y, en segundo lugar, ha cambiado de aspecto el mismo pago en trabajo; siguen de preferencia los pagos en trabajo de la segunda clase, que no presuponen campesinos con hacienda, sino braceros y jornaleros agrícolas.

 

Así pues, la propia hacienda de Engelhardt desmiente mejor que toda clase de razonamientos las teorías populis­tas de Engelhardt. Habiéndose marcado el objetivo de organi­zar una economía racional, no pudo hacerlo de otra manera, atendidas las relaciones económicas y sociales dadas, más que organizando una hacienda asentada en el trabajo de los braceros. La elevación de la técnica de la agricultura y el desplazamiento de los pagos en trabajo por el capitalismo fueron en este caso de la mano, al igual que ocurre en todas las haciendas terratenientes privadas en Rusia. Ese proceso se deja sentir con más relieve en el empleo de las máquinas en la agricultura de Rusia.

 

 

 

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VII. EMPLEO DE MAQUINAS EN LA AGRICULTURA

 

La época posterior a la Reforma se divide en cuatro pe­ríodos por lo que se refiere al desarrollo de la construc­ción de máquinas agrícolas y a su empleo en la agricultu­ra*. El primer periodo abarca los últimos años anteriores a la Reforma Campesina y los primeros que le siguieron. Los terratenientes se lanzaron a comprar máquinas extranjeras con el fin de poder prescindir del trabajo “gratuito” de los siervos y de orillar las dificultades de la contrata de obreros asalariados. Ese intento, se comprende, terminó con un fra­caso; la fiebre cedió pronto, y a partir de 1863-1864 descendió la demanda de máquinas extranjeras. A fines de los años 70 comenzó el segundo período, continuado hasta 1885. Se distingue por un auge extraordinaria-mente regular y rápido de la importación de maquinaria; la producción interior crece también de manera regular, pero más lenta que la importación. Esta aumenta con particular rapidez de 1881 a 1884, lo que se explica en parte por haberse abolido en 1881 la importación de hierro colado y dulce sin tarifas aduaneras con destino a las fábricas de maquinaria agrícola. El tercer período va de 1885 al comienzo de los años 90. La maquinaria agrícola, importada hasta entonces sin tarifas aduaneras, fue ese año sujeta a impuesto (50 kopeks oro por pud). La elevada tarifa redujo en enorme volumen la impor­tación de máquinas, al tiempo que la producción interior se desarrollaba también con lentitud, bajo la influencia de la crisis agraria, cuyo inicio tiene lugar precisamente en ese

 

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* Véase Resumen estadístico-histórico de la industria de Rusia, tomo I, San Petersburgo, 1883 (ed. para la exposición de 1882), artículo: La fabrica­ción de maquinaria agrícola, de V. Cherniáev.  – Id., tomo II, San Petersburgo, 1886, en el grupo IX.- La economía agrícola y forestal de Rusia (San Petersburgo, 1893, ed. para la exposición de Chicago), artículo: Los aperos y las maquinas agrícolas, del Sr. V. Cherniáev. – Las fuerzas productivas de Rusia (San Petersburgo, 1896, ed. para la exposición de 1896), artículo del Sr. Lenin: Aperos y máquinas agrícolas (parte I). – Véstnik Finánsov, núm. 51 de 1896 y núm. 21 de 1897. V. Raspopin, art. citado. Sólo este último artículo plantea la cuestión en el terreno de la economía política; todos los demás han sido escritos por especialistas agrónomos.

 

 

 

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período. Por fin, a principios de los años 90 comienza, con toda evidencia, el cuarto período, cuando de nuevo se eleva la importación de maquinaria agrícola y crece con particular rapidez su producción interior.

 

Citamos datos estadísticos que ilustran lo expuesto. El volumen anual medio de la importación de maquinaria agrícola es el siguiente por períodos:

 

 

Períodos

Miles de puds

Miles de rublos

Años 1869-1872

259,4

787,9

        1873-1876

566,3

2.283,9

        1877-1880

629,5

3.593,7

        1881-1884

961,8

6.318

        1885-1888

399,5

2.032

        1889-1892

509,2

2.596

        1893-1896

864,8

4.868

 

 

Lamentablemente, no existen datos tan completos y exac­tos de la producción de máquinas y aperos agrícolas en Rusia. Lo insatisfactorio de nuestra estadística fabril, la mezcla de la producción de máquinas en general con la de máquinas agrícolas, la inexistencia de ninguna regla fija para diferen­ciar la producción “fabril” y de los “kustares” de maquina­ria agrícola, todo eso impide tener un cuadro completo del desarrollo de la construcción de máquinas agrícolas en Rusia. Reuniendo todos los datos existentes en los originales más arriba indicados, obtenemos el cuadro siguiente del desarrollo de la construcción de máquinas agrícolas en Rusia:

 

Producción, importación y empleo de máquinas y aperos agrícolas

 

                     En el       En las       En 4 pro-   En las   Total pa-          Impor-   Empleo

                     Reino      3 pro-       vincias       restan-  ra las 50           tación      de má-

                     de Po-   vincias       estep.         tes prov. prov. de           de ma-   quinas

                     lonia       bálticas    del sur:       de la                 la Rusia           quinar.   Agríc.

                                                    del Don,     Rusia               europea agríc.

                                                     Ek., Tá-     europ.

                                                     y Jersón

 

Años                                                            Miles de rublos

 

1876             646         415             280               988           2.329               1.628       3.957

1879         1.088           433             557            1.752           3,830               4.000       7,830

1890             498         217          2.360            1.971           5,046               2.519       7,565

1894             381         314          6.183            2,567           9,445               5,194     14.639

 

 

 

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Por esos datos se ve con qué vigor se manifiesta el proceso de desplazamiento de los aperos agrícolas primiti­vos por los perfeccionados (y, por consiguiente, el proceso de desplazamiento de las formas primitivas de la economía por el capitalismo). En 18 años, el empleo de maqui-naria agrí­cola ha crecido más de 3 1/2, veces, y eso ha ocurrido principalmente a cuenta del incremento de la producción in­terior, que ha aumentado más de 4 veces. También es notable el desplazamiento del centro principal de esa pro­ducción, de las provincias del Vístula y del Báltico a las provincias esteparias del sur de Rusia. Si en los años 70 el centro principal del capitalismo agrícola de Rusia se encontra­ba en las provincias occidentales, en los años de 1890 se constituyeron zonas del capitalismo agrícola más destacadas aún en provincias puramente rusas*.

 

Con respecto a los datos ahora aducidos, es preciso agre­gar que, aunque se hallan basados en cifras oficiales (y, según nuestros informes, son únicos en el problema que nos ocupa, están muy lejos de ser completos y no siempre pueden ser cotejados en los distintos años. De 1876 a 1879 se reunieron especialmente para la exposición de 1882; se distinguen por una mayor plenitud y abarcan, además de la producción “fabril” de herramientas agrícolas, la “kustar”; por término medio, en 1876-1879 se contaban 340 empresas en la Rusia europea con el Reino de Polonia, mientras que según los datos de la esta­dística “fabril” de 1879, en la Rusia euro-pea no se contaban más que 66 fábricas de máquinas y aperos agrícolas (cal­culado según la Guía de fábricas y talleres de Orlov para 1879). La enorme disparidad de esas cifras se debe a que entre las 340 empresas había menos de un tercio (100) con máquina de vapor y de que más de la mitad (196) sólo empleaban el trabajo manual; 236 empresas de las 340 carecían

 

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* Para juzgar de cómo ha cambiado la cuestión en el último tiempo, damos los datos del Anuario de Rusia (ed. del Comité Central de Esta­dística, San Petersburgo, 1906) corres-pondientes a 1900-1903. La producción de maquinaria agrícola en el Imperio se establece aquí en 12.058.000 rublos; la importación del extranjero correspondiente a 1902, en 15.240.000 rublos; en 1903 fue de 20.615.000 rublos. (Nota a la segunda edición.)

 

 

 

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de fundiciones de hierro propias, y encargaban las piezas de hierro colado a otras (Resumen estadístico-histórico, 1. c.). En cambio, los informes para 1890 y 1894 están tomados de la Recopilación de datos sobre la industria fabril de Rusia (ed. del Departamento de Comercio y Manufacturas)*. Esos informes no abarcan por completo ni siquiera la producción “fabril” de maquinaria y aperos agrícolas; en 1890, por ejemplo, la Recopilación calculaba para la Rusia europea 149 fábricas, mientras que la Guía de Orlov daba más de 163, dedicadas a fabricar máquinas y aperos agrícolas; en 1894 había en la Rusia europea, según los primeros datos, 164 fábricas de ese género (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 21, pág. 544), mientras que la Relación de fábricas y talleres enumeraba para 1894-95 más de 173 fábricas de máquinas y aperos agrícolas. Por lo que se refiere a la producción pequeña, “kustar”, de máquinas y aperos agrícolas, no entraba en absoluto en esos datos**. Por eso no cabe duda que los informes de 1890 y 1894 son considerablemente inferiores a la realidad; así lo confirman también los comentarios de los especialistas, quienes estimaban que a principios de los años 1890 Rusia producía máquinas y aperos agrícolas por valor de unos 10 millones de rublos (La economía agrícola y forestal de Rusia, 359), y en 1895 por valor de unos 20 millones de rublos (Véstnik Finánsov, 1896, núm. 51).

 

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* En Véstnik Finánsov, 1897, núm. 21, se comparan esos datos para 1888-1894, pero no se indican con exactitud las fuentes de los mismos.

** El total de talleres que fabricaban y reparaban aperos agrícolas se calculaba para 1864 en 64; para 1871 en 112; para 1874 en 203; para 1879 en 340; para 1885 en 435; para 1892 en 400, y para 1895 en unos 400 (La economía agrícola y forestal de Rusia, pág. 358 y Véstnik Finánsov, 1896, núm. 51). Mientras tanto, la Recopilación sólo contaba de 157 a 217 para 1888-1894 (183 para los 7 años por término medio). He aquí un ejemplo que ilustra la relación de la producción “fabril” de maquinaria agrícola con la “kustar”: en la provincia de Perm sólo se contaban 4 “fábricas” en 1894, con una producción por valor de 28.000 rublos, mientras que según el censo de 1894-95 había 94 “empresas kustares” de esta rama que producían por valor de 50.000 rublos; entre las “kustares” se incluían empresas que tenían, por ejemplo, 6 obreros asalariados y una producción superior a 8.000 rublos (Estudio del estado de la industria kustar en la provincia de Perm, Perm, 1896).

 

 

 

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Citaremos datos algo más completos relativos a las clases y cantidad de las máquinas y aperos agrícolas que se fabri­can en Rusia. Considérase que en 1876 se fabricaron 25.835 aperos; en 1877, 29.590; en 1878, 35.226, y en 1879, 47.892 máquinas y aperos agrícolas. Lo mucho que en la actualidad se han superado esas cifras se ve por las que van a continuación. En 1879 se fabricaban unos 14.500 arados de hierro, contra 75.500 en 1894 (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 21). “Si la cuestión de adoptar medidas para difundir los arados de hierro en las haciendas campesinas era hace cinco años algo que requería ser resuelto, en la actualidad se solucionó por sí misma. La compra de arados de hierro por uno u otro campesino no representa ya algo inusitado; se ha hecho un fenómeno común y ahora se pueden calcular por millares los arados de hierro que adquieren los campesinos”*. El gran número de aperos primitivos utilizados en Rusia deja aún amplio campo para la producción y venta de arados de hierro**. El progreso en el empleo del arado de hierro ha planteado incluso la cuestión de utilizar la electricidad. Según Torgovo-Promíshlennaya Gaceta (Diario de Comercio e Industria) (1902, núm. 6), en el segundo congreso electrotécnico “provocó gran interés el informe La electricidad en la agricultura, de V. Rzhevski”. El informante ilustró con magníficos dibujos el laboreo de los campos con arado en Alemania mediante la energía eléctrica y dio cifras de lo económico que resulta partiendo de un proyecto propio y de cálculo suyos, hechos a propuesta de un terrateniente para su finca, que se halla en una provincia meridional. Según el proyecto, se proponía arar anualmente 540 dcciatinas, parte de ellas dos veces al año. La profundidad del surco era de 41/5 a 5 vershok***; la tierra, negra pura. Además de los arados, el proyecto tiene

 

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* Informes y estudios relativos a las industrias kustares en Rusia. Edición del Ministerio de Bienes del Estado, tomo I, San Petersburgo, 1892, pág. 202. Al mismo tiempo, decae la producción campesina de arados de hierro, desplazada por la fabril.

** La economía agrícola y forestal de Rusia, pág. 360.

*** Vershok: unidad de medida de longitud, equivalente a 4,445 cm. -Ed.

 

 

 

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en cuenta la adaptación de máquinas para otras labores del campo, así como trilladora y mo-lino, este último con 25 caba­llos de fuerza y calculado para dos mil horas de funcionamiento al año. El informante fijó en 41.000 rublos el costo de la instalación completa, incluido el tendido de un cable aéreo de 50 milímetros en una distancia de seis verstas. En caso de construir el molino, la aradura de una deciatina costaría 7 rublos 40 kopeks; sin molino, 8 rublos 70 kopeks. Resultaba que, según los precios locales de mano de obra, ganado, etc., con la instalación eléctrica se obtenía en el primer caso una economía de 1.013 rublos; en el segundo, con un menor consumo de fluido, sin molino, las econo­mías se expresaban en 966 rublos.

 

En la fabricación de trilladoras y aventadoras no se observa un viraje tan brusco, porque ya se ha asentado hace tiempo con relativa solidez*. Se ha constituido incluso un centro especial de “kustares” para la fabricación de esas máquinas en la ciudad de Sapozhok, provincia de Riazán, con las aldeas vecinas, y los elementos de la burguesía cam­pesina local han ganado buenos dineros en esa “industria” (ver Informes y estudios, I, 208-210). En la fabricación de segadoras se observa un crecimiento especialmente rápido. En 1879 se producían cerca de 780 anuales; en 1893 cal­culábase que se vendían de 7.000 a 8.000 al año; en 1894-95 la cifra ascendió a unas 27.000 unidades. En 1895, por ejemplo, la empresa de J. Greaves, de Berdiansk, pro­vincia de Táurida -“la mayor fábrica de Europa en su gé­nero” (Véstnik Finánsov, 1896, núm. 51), es decir, en la pro­ducción de segadoras- lanzó 4.464 unidades. Las segadoras se han extendido tanto entre los campesinos de la provincia de Táurida que incluso ha aparecido una industria especial: la recogida de cosechas ajenas con máquinas**.

 

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* En 1879 se produjeron cerca de 4.500 trilladoras; en 1894-1895 cerca de 3.500. Esta última cifra no incluye la producción de los kustares.
** En 1893, por ejemplo, “se reunieron en la finca Uspénskaya, perteneciente a Falz-Fein (propietario de 200.000 deciatinas) 700 campesinos con máquinas, ofreciendo sus servicios; la mitad de ellos se marchó

 

 

 

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También hay datos semejantes de otras máquinas agrí­colas menos extendidas. Las sembra-doras a voleo, por ejemplo, se producen ya en decenas de fábricas, y las más perfeccionadas, las sembradoras a chorrillo, que en 1893 se producían sólo en dos fábricas (La economía agrícola y forestal de Rusia, 360), se hacen ya en siete (Las fuerzas productivas, I, 51), y su producción se extiende en vasta escala también por el sur de Rusia. El empleo de máquinas abarca todas las ramas de la producción agrícola y todas las operaciones para la obtención de diversos productos: en los estudios especiales se indica la difusión de aventadoras, seleccio-nadoras, limpiadoras de grano (trieurs), secadoras de grano, empacadoras de heno, agrama-doras de lino, etc. En Anexo al informe sobre la agricultura de 1898 (Séverni Kurier [El Correo del Norte], 1899, núm. 32), publicado por el Consejo del zemstvo de la

 

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sin haber conseguido nada ya que sólo se contrataron 350” (Shajovskói. Los trabajos agrícolas fuera de la localidad, Moscú, 1896, pág. 161). Pero en otras provincias esteparias, especialmente en las del otro lado del Volga, las segadoras se hallan poco difundidas aún. Por lo demás, en los últimos años también esas provincias hacen esfuerzos para alcanzar a las de Novorrossia. Así, el Ferrocarril Sizran-Viazma transportó en 1890 máquinas agrícolas, locomóviles y piezas para ellas con un peso de 75.000 puds; en 1891, de 62.000 puds; en 1892, de 88.000 pods; en 1893, de 120.000 puds, y en 1894, de 212.000 puds, es decir, los transportes se triplicaron casi en sólo un quinquenio. La estación de Ujólovo expidió en 1893 maquinaria agrícola de producción local con un peso de unos 30.000 pods, y en 1894, de unos 82.000 puds, mientras que hasta 1892 incluido, los envíos de maquinaria agrícola desde esa estación no llegaban a 10.000 puds anuales. “De Ujólovo salen más que nada trilladoras fabricadas en las aldeas de Kánino y Smikovo, y, en parte, en la ciudad de Sapozhok, cabeza de distrito de la provincia de Riazán. En la aldea de Kánino hay tres fábricas de fundición de hierro, pertenecientes a Ermakov, Kárcv y Gólikov, y que producen ante todo piezas de máquinas, agrícolas. En el remate de las piezas y montaje de las máquinas se ocupa casi toda la población de las mencionadas aldeas (Kánino y Smikovo)” (Breve resumen de la actividad comercial del Ferrocarril Sizran-Viazma en 1894, fascíc. IV, Kaluga, 1896, págs. 62-63). En este ejemplo es interesante, en primer lugar, el hecho del enorme crecimiento de la pro-ducción pre­cisamente en los últimos años, de bajos precios de los cereales; en segundo, el hecho del vínculo de la producción “fabril” con la llamada “kustar”. Esta última no es, sencillamente, más que una “sección exterior” de la fábrica.

 

 

 

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provincia de Pskov, se señala la difusión de las máquinas, en especial de las agramadoras de lino, con motivo de haberse pasado al cultivo comercial de esta planta, que antes sólo se producía para el consumo propio. Crece el número de arados de hierro. Se advierte la influencia del movimiento migratorio de la población en el aumento del número de máquinas agrícolas y en la elevación del salario. En la provincia de Stávropol (lugar citado, núm. 33) y con motivo del auge de la inmigración, se observa un aumento de la difusión de las máquinas agrícolas. En 1882 había allí 908; de 1891 a 1893 el número fue de 29.275 por término medio; de 1894 a 1896 hubo una media de 54.874; en 1895 se contaban alrededor de 64.000 máquinas y aperos agrícolas.

 

El creciente empleo de las máquinas provoca, naturalmente, la demanda de motores mecánicos: junto a las máquinas de vapor, “comienzan en los últimos tiempos a exten­derse mucho en nuestras haciendas los motores de petróleo” (Las fuerzas productivas, I, 56), y aunque el primer motor de esa clase no apareció en el extranjero más que hace 7 años, tenemos ya 7 fábricas que los producen. En la provincia de Jersón no había durante los años 70 más que 134 locomó­viles para la agricultura (Materiales para la estadística de motores de vapor en el Imperio Ruso, San Petersburgo, 1882), su número en 1881 se aproximaba a 500 (Resumen estadístico-histórico, tomo II, sección de aperos agrícolas). En 1884-1886 se encontra­ron en tres distritos de la provincia (de los seis que tiene) 435 trilladoras a vapor. “En la actualidad (1895) hay que considerar duplicado por lo menos su número” (Teziakov. Los obreros agrícolas y la organización de su inspección sanitaria en la provincia de Jersón, Jersón, 1896, pág. 71). Véstnik Fi­nánsov (1897, núm. 21) dice que el número de trilladoras a vapor en la provincia de Jersón “se calcula en unas 1.150, su número en la región del Kubán oscila alrededor de esa cifra, etc. ... La adquisición de trilladoras a vapor ha revestido últi-mamente un carácter industrial... Se han dado casos de que en dos o tres años de buena cosecha el patrono ha cubierto por completo los cinco mil rublos de la trilladora con la locomóvil, e inmediatamente ha ad-

 

 

 

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quirido otra en las mismas condiciones. Así pues, en las pequeñas haciendas de la región del Kubán se pueden encontrar a menudo 5 y hasta 10 máquinas de ésas. Allí se han convertido en algo imprescindible para cualquier ha­cienda más o menos organizada”. “En total, en el sur de Rusia hay ahora más de diez mil locomóviles destinadas a menesteres agrícolas” (Las fuerzas productivas, IX, 151)*.

 

Si recordamos que en 1875-1878 sólo había en toda la Rusia europea 1.351 locomóviles destinadas a la agricultura, que en 1901, según datos incompletos (Resumen de informes de los inspectores de trabajo, 1903), había 12.091; en 1902, 14.609; en 1903, 16.021, y en 1904, 17.287 locomóviles agrí­colas, veremos claro la gigantesca revolución que ha llevado a cabo el capitalismo en nuestra agricultura en el curso de los dos o tres últimos decenios. Los zemstvos han prestado un gran servicio al aceleramiento de ese proceso. A comien­zos de 1897 “poseían ya almacenes de máquinas y aperos agrícolas 11 Consejos provinciales y 203 de distrito de los zemstvos, con un capital global en circulación de cerca de un millón de rublos” (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 21). El volu­men de las operaciones de los almacenes de los zemstvos de la

 

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* Conf. el artículo de un corresponsal del distrito de Perekop, pro­vincia de Táurida, publicado en Russkie Védomosti del 19 de agosto de 1898 (núm. 167). “Las labores del campo, gracias a la gran difusión entre nuestros agricultores de las máquinas segadoras y de las trilladoras movidas por caballos y a vapor, avanzan con extraordinaria rapidez. El viejo procedimiento de trilla con 'rodillos' ha pasado a la tradición. El agricultor de Crimea aumenta más y más todos los años la superficie de siembra, así que, aunque no quiera, debe recurrir a la ayuda de máquinas agrícolas y aperos modernos. Mientras que con rodillos no se pueden trillar más que de 150 a 200 puds de grano por día, una trilladora a vapor de 10 caballos da de 2.000 a 2.500 puds diarios, y la de caballos de 700 a 800. Por eso, crece de año en año la demanda de máquinas agrícolas, de segadoras y de trilladoras, hasta tal punto que las fábricas y talleres que las producen, como ha ocurrido este año, se ven sin reservas de mercancía y no pueden satisfacer la demanda de los agricul­tores.” Una de las causas más importantes de la difusión de las máquinas perfeccionadas debe verse en la caída de los precios de los cerea­les, que obliga a los patronos agrícolas a disminuir el coste de la produc­ción.

 

 

 

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provincia de Poltava aumentó de 22.600 rublos en 1890 a 94.900 en 1892, y a 210.100 rublos en 1895. En 6 años se vendieron 12.600 arados de hierro, 500 aventadoras y seleccionadoras, 300 segadoras y 200 trilladoras de caballo. “Los prin­cipales compradores de aperos en los almacenes de los zemstvos son los cosacos y los campesinos; les corresponde el 70 / de los arados de hierro y trilladoras de caballo adquiridos. Los compradores de sembradoras y segadoras son, de preferen­cia, los propietarios, ante todo los grandes, que poseen más de 100 deciatinas de tierra” (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 4).

 

Según datos del zemstvo de la provincia de Ekaterinos­lav, “la difusión de los aperos agrícolas perfeccionados marcha en la provincia a pasos muy rápidos”. En el distrito de Verjnednieprovsk, por ejemplo, había:

 

                                                                                   1 894                1895

 

Arados ordinarios, buckers

y arados ligeros:

entre los propietarios                5.220               6.752

entre los campesinos              27.271             30.112

 

Trilladoras de caballo:

entre los propietarios                  131                   290

entre los campesinos                  671                   838

 

(Véstnik Finánsov, 1897, núm. 6.)

 

 

Según datos del zemstvo de la provincia de Moscú, los campesinos de esta provincia en 1895 tenían 41.210 arados de hierro; el 20,2% del total de los agricultores poseían estos arados (Véstnik Finánsov, 1896, núm. 31). En la pro­vincia de Tver, según el registro especial de 1896, había 51.266 arados de hierro, lo que constituye el 16,5% del total de los agricultores. En 1890 sólo había en el distrito de Tver 290 arados de hierro; en 1896, el número era de 5.581 (Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Tver, tomo XIII, fascíc. 2, págs. 91,94). Puede juzgarse por ello con qué rapidez marcha la consolidación y el mejoramiento de la hacienda de la burguesía campesina.

 

 

 

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VIII. IMPORTANCIA DE LAS MAQUINAS EN LA AGRICULTURA

 

Después de haber comprobado el desarrollo, rápido en el más alto grado, de la construcción de maquinaria agrícola y del empleo de máquinas en la agricultura rusa posterior a la Reforma, debemos examinar ahora la importancia social y económica de ese fenómeno. De lo antes expuesto sobre la economía de la agricultura campesina y terrateniente se desprenden las siguientes tesis: por una parte, el capitalismo es precisamente el factor que provoca y difunde el empleo de las máquinas en la agricultura; por otra, el empleo de las máquinas en la agricultura tiene un carácter capitalista, es decir, lleva a la formación de relaciones capitalistas y a un mayor desarrollo de las mismas.

 

Detengámonos en la primera de estas tesis. Hemos visto cómo el sistema económico de pago en trabajo y la economía campesina patriarcal, indisolublemente ligada a él, se basan, por su naturaleza misma, en una técnica rutinaria, en el mantenimiento de los antiguos métodos de producción. En la estructura interna de este régimen eco­nómico no existe ningún impulso hacia la transformación de la técnica; al contrario, lo cerrado y aislado de la hacienda, la miseria y humillación del campesino dependiente excluyen toda posibilidad de introducir mejoras. Indicaremos, en particular, que la retribución del esfuerzo físico en el sistema de pago en trabajo es mucho más baja (según hemos visto) que cuando se emplea el trabajo libremente contratado; y sabido es que el bajo salario constituye uno de los más importantes obstáculos para la implantación de las máquinas. Los hechos nos dicen, en efecto, que el vasto movimiento orientado a transformar la técnica agrícola comenzó sólo en el período posterior a la Reforma, período de desarrollo de la economía mercantil y del capitalismo. La competencia y la dependencia del agricultor respecto al mercado mundial creadas por el capitalismo convirtieron en necesidad la transformación de la técnica, que la caída del precio de los cereales ha extremado*.

 

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* “En los últimos dos años y bajo la influencia de los bajos precios

 

 

 

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Para explicar la segunda tesis debemos examinar por separado la hacienda terrateniente y la campesina. Cuando el terrateniente adquiere una máquina o un apero perfec­cionado, sustituye los instrumentos del campesino (que ha trabajado para él) por los suyos: pasa, por tanto, del sistema de economía de pago en trabajo al sistema capitalista. La difusión de las máquinas agrícolas significa que el capitalismo desplaza el sistema de pago en trabajo. Es posible, naturalmente, que se ponga por condición para la entrega en arriendo de la tierra el pago en trabajo como jornalero al lado de una máquina segadora, de una trilladora, etc., pero eso será ya un pago en trabajo de la segunda clase, un pago en trabajo que convierte al cam­pesino en jornalero. Esas “excepciones”, por tanto, no hacen más que confirmar la regla general de que la adqui­sición de aperos modernos por los propietarios representa la transformación del campesino sometido al vasallaje (“inde­pendiente” según la terminología populista) en obrero asala­riado, exactamente lo mismo que la adquisición de medios de producción propios por el mayorista que distribuye el trabajo a domicilio representa la transformación en obrero asala-riado del “kustar” sometido a vasallaje. La adquisición de instrumentos de trabajo propios por la hacienda terrate­niente Lleva inevitablemente al quebrantamiento de las posiciones de los campesinos medios, que buscan los recursos para vivir a través del pago en trabajo. Ya hemos visto que éste constituye una “industria” especifica de los campesinos medios precisamente, cuyos instrumentos de trabajo,

 

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de los cereales y la necesidad de abaratar a toda costa los trabajos agrícolas, las máquinas segadoras han comenzado a extenderse con tanta rapidez que los almacenes no se encuentran en condiciones de satisfacer a tiempo todas las demandas” (Teziakov, I. c., pág. 71). La crisis agrícola actual es de índole capitalista. Como todas las crisis capitalistas, arruina a los farmers y a los labradores de una localidad, de un país, de una rama de la agricultura, dando al mismo tiempo un gigantesco impulso al de­sarrollo del capitalismo en otra localidad, en otro país, en otras ramas de la agricultura. La incomprensión de ese rasgo fundamental de la crisis actual y de su naturaleza económica constituye el error principal de los razonamientos de los señores N. –on, Kahlukov, etc., etc., al particular.

 

 

 

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por tanto, integran, además de la hacienda campesina, la del terrateniente*. Por eso, la difusión de las máquinas agrícolas y de los aperos perfeccionados y la expropiación de los campesinos son fenómenos indisolublemente ligados entre sí. Apenas si necesita aclararse, después de lo expuesto en el capítulo anterior, que la difusión de los aperos perfeccio­nados entre los campesinos tiene una significación idéntica. El empleo sistemático de máquinas en la agricultura desplaza al campesino “medio” patriarcal de manera tan inexorable como el telar de vapor desplaza al tejedor kustar que trabaja con telar movido a mano.

 

Los resultados del empleo de las máquinas en la agri­cultura confirman lo dicho, poniendo de manifiesto todos los rasgos típicos del progreso capitalista con todas las contradicciones que le son inherentes. Las máquinas elevan en grado enorme el rendimiento del trabajo en la agricultu­ra, que hasta la época contemporánea ha estado casi por completo al margen del desarrollo social. Por eso, el solo creciente empleo de las máquinas en la agricultura rusa basta ya para ver la completa inconsistencia de las afir­maciones del Sr. N. –on acerca del “estancamiento absoluto” (pág. 32 de Ensayos) de la producción de cereales en Rusia y hasta de la “disminución del rendimiento” del trabajo agrícola. Más abajo volveremos aún a esa afirmación, contraria a los hechos por todos admitidos, y que el Sr. N. –on necesitaba para idealizar el orden precapitalista.

 

Sigamos. Las máquinas llevan a la concentración de la producción y al empleo de la coope-ración capitalista en la agricultura. El empleo de máquinas, por una parte, re‑

 

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* El Sr. V. V. expresa esa verdad (que la existencia del campesino medio se ve condicionada en grado considerable por la existencia del sistema de pago en trabajo en las haciendas de los terratenientes) de la siguiente y original manera: “el propietario, por así decirlo, participa en los gastos para mantener en buen estado sus aperos (los del campesino)”. “Resulta -observa con razón el Sr. Sanin- que no es el obrero quien trabaja para el propietario, sino que es el propietario quien trabaja para el obrero.” A. Sanin. Algunas observaciones sobre la teoría de la producción popular, en el anexo a la traducción rusa del libro de Hourwich La economía de la aldea rusa, Moscú, 1896, pág. 47.

 

 

 

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quiere un considerable volumen de capital, y por ello sólo es accesible a los grandes pro-pietarios; por otra parte, la máquina se amortiza sólo con una enorme cantidad de producto elaborado; la ampliación de la producción se hace indispensable al implantar las máquinas. La difusión de las segadoras, de las trilladoras a vapor, etc., señala por eso la concentración de la producción agrícola y, efectivamente, más adelante veremos que la zona de la agricultura rusa que ha impulsado de manera especial el empleo de las máquinas (Novorrossia) se distingue también por las consi­derables dimensiones de las haciendas. Observaremos úni­camente que sería erróneo imaginarse la concentración de la agricultura en la sola forma de la ampliación extensiva de las siembras (como lo hace el Sr. N. –on); en realidad, la concentración de la producción agrícola se manifiesta de los modos más diversos en dependencia de las formas de la agricultura comercial (ver a este respecto el capítulo siguiente). La concentración de la producción se halla indisolublemente ligada a una vasta cooperación de los obreros en la hacienda. Más arriba hemos visto el ejemplo de una gran finca que para la recolección de cereales pone en funcionamiento centenares de segadoras simultáneamente. “Las trilladoras de caballos, movidas por 4 u 8 animales, requieren de 14 a 23 y más obreros, de los cuales la mitad son mujeres y muchachos, es decir, medio obreros... Las trilladoras a vapor de 8 a 10 caballos de fuerza existentes en todas las haciendas grandes” (de la provincia de Jersón) “necesitan al mismo tiempo de 50 a 70 personas, más de la mitad de las cuales son medio obreros, o sea, mujeres y muchachos de 12 a 17 años” (Teziakov, I. c., 93). “Las grandes haciendas donde se reúnen al mismo tiempo de 500 a 1.000 obreros pueden ser equi­paradas sin vacilación a las empresas industriales”, observa con razón el mismo autor (pág. 151)*. Así pues, mientras nuestros populistas hablaban de que la “comunidad” “po‑

 

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* Conf. también el capítulo siguiente, § 2, donde se citan datos más minuciosos acerca las dimensiones de las haciendas agrícolas capitalistas en esa zona de Rusia.

 

 

 

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dría fácilmente” introducir la cooperación en la agricultura, la vida siguió su curso, y el capitalismo, después de descom­poner la comunidad en grupos económicos opuestos por sus inte­reses, creó grandes haciendas, basadas en la vasta cooperación de los obreros asalariados.

 

De lo expuesto se desprende claramente que las máquinas crean mercado interior para el capitalismo: en primer lugar, mercado para los medios de producción (para los productos de la industria de construcción de máquinas, de la minera, etc., etc.), y, en segundo lugar, mercado para la fuerza de trabajo. El empleo de las máquinas lleva, como ya hemos visto, a la sustitución del pago en trabajo por el trabajo asalariado y a la constitución de haciendas campesinas con braceros. El empleo en masa de las máquinas agrícolas presupone la existencia de un gran número de obreros asalariados agrícolas. En las zonas donde el capitalismo agrícola se halla más desarrollado ese proceso de empleo del trabajo asalariado junto al de las máquinas se entrecruza con otro proceso: el desplazamiento de los obreros asalariados por la máquina. Por una parte, la formación de una burguesía campesina y el paso de los propietarios agrícolas del pago en trabajo al capitalismo crean demanda de obreros asalariados; por otra parte, allí donde ya hace tiempo que la explota­ción de la hacienda se encuentra basada en el trabajo asa­lariado, las máquinas desplazan a los obreros asalariados. No existen datos estadísticos exactos y relativos a la masa de haciendas del resultado total de ambos procesos para toda Rusia, es decir, de si aumenta o disminuye el número de obreros agrícolas asalariados. No cabe duda que ese número ha ido aumentando hasta ahora (ver el parágrafo siguiente). Suponemos que también ahora sigue aumentando*: en primer término, sólo existen datos relativos al desplazamiento de los obreros asalariados por las máquinas

 

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* Apenas si será preciso aclarar que en un país con una masa de campesinos es del todo compatible el aumento absoluto del número de obreros agrícolas asalariados con la dismi-nución no sólo relativa, sino también absoluta de la población agrícola.

 

 

 

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en la agricultura en lo que se refiere a Novorrossia, mientras ese proceso no ha sido aún advertido en vasta escala en las otras regiones de agricultura capitalista (territorios del Báltico y occidentales, regiones periféricas del este, algunas provincias industriales). Queda aún una zona enorme donde predomina el pago en trabajo, y el empleo de máquinas crea en ella demanda de obreros asalariados. En segundo término, el incremento del carácter intensivo (siembra de tubérculos, por ejemplo) aumenta en escala enorme la demanda de trabajo asalariado (ver cap. IV). La disminución del número absoluto de obreros agrícolas asalariados (contrariamente a los industriales) debe producirse, claro es, cuando se llegue a cierto grado de desarrollo del capitalismo, precisamente cuando la agricultura de todo el país se organice de modo capitalista por completo y se haga general el empleo de máquinas para las operaciones más diversas.

 

Con relación a Novorrossia los investigadores locales comprueban en ella las consecuencias habituales de un ca­pitalismo altamente desarrollado. Las máquinas desplazan a los obreros asalariados y crean en la agricultura el ejército de reserva capitalista. “Han pasado en la provincia de Jersón los tiempos de los precios fabulosos para la mano de obra. Gracias a... la intensa difusión de las máquinas agrícolas...” (y a otras causas) “descienden sistemáticamente los precios de la mano de obra” (cursiva del autor)... “La distri­bución de los aperos agrícolas, que libera a las haciendas grandes de la dependencia respecto de los obreros * y que, al mismo tiempo, hace descender la demanda de mano de obra, coloca a los obreros en una situación dificultosa”

 

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* El Sr. Ponomariov se expresa al respecto así: “Las máquinas, que han regulado el precio de la recolección, según todas las probabilidades disciplinan al mismo tiempo a los obreros” (artículo en la revista .Sélskoe Joziáistvo i Lesovodstvo (Agricultura y Silvicultura), citado según Véstnik Finánsov, 1896, núm. 14). Recordad cómo el doctor Andrew Ure, el “Píndaro de la fábrica capitalista”85, mostró su júbilo ante las máquinas, que introducen el “orden” y la “disciplina” entre los obreros. El capitalismo agrícola de Rusia, además de las “fábricas agrícolas”, ha tenido ya tiempo de crear también los “Píndaros” de esas fábricas.

 

 

 

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(Teziakov, 1. c., 66-71). Lo mismo advierte el Sr. Kudriávtscv, otro médico de los zemstvos, en su obra Los obreros agrícolas forasteros llegados a la feria de San Nicolás, celebrada en el pueblo de Kajovka, provincia de Táurida, y su inspección sanitaria en 1895 (Jersón, 1896). “Los precios de la mano de obra... siguen bajando, y parte considerable de los obreros llegados queda al margen, no consigue ningún trabajo, es decir, se forma lo que en lenguaje de la ciencia económica se llama ejército obrero de reserva, un exceso artificial de población” (61). El descenso del precio del trabajo provocado por ese ejército de reserva llega a veces a tal extremo que ¡“muchos propietarios, que tenían sus máquinas, prefirieron” (en 1895) “recoger la cosecha a mano y no utilizarlas” (ibíd., 66, de la Recopilación del zemstvo de Jersón, 1895, agosto)! ¡Este hecho muestra de la manera más palpable y convincente que cualquier razonamiento todo lo profundo de las contradicciones propias al empleo capitalista de las máquinas!

 

Otra consecuencia del empleo de las máquinas es la utilización creciente del trabajo femenino e infantil. La agricultura capitalista formada ha creado en términos gene­rales cierta jerarquía de obreros, que recuerda mucho a la de los obreros fabriles. Así, en las grandes haciendas el sur de Rusia se diferencian: a) los obreros completos, hombres adultos, aptos para todos los trabajos; b) los medio obreros, mujeres y hombres hasta los 20 años; los medio obreros se dividen en dos categorías: aa) de 12 y 13 a 15 y 16 años, medio obreros en el sentido estricto de la palabra y bb) medio obreros de gran fuerza; “en el lenguaje económico, 'tres cuartos' de obrero”*, de 16 a 20 años, capaces de hacer todos los trabajos del obrero completo, a excepción de la siega. Hay, por fin, c) medio obreros de pequeña ayuda, niños de 8 a 14 años; cumplen las funciones de porquero, guardan los terneros, escardan y guían los caballos en la labranza. A menudo trabajan sólo por la comida y la ropa. El empleo de las máquinas agrícolas “desvaloriza el trabajo del obrero completo” y permite sustituirlo por el trabajo más barato

 

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* Teziakov, I. c., 72.

 

 

 

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de las mujeres y los adolescentes. Los datos estadísticos relativos a los obreros forasteros confirman el desplazamiento del trabajo masculino por el femenino: en 1890 se registraron en el pueblo de Kajovka y la ciudad de Jersón el 12,7% de mujeres entre los obreros; en 1894, para toda la provincia, el 18,2% (10.239 de 56.464); en 1895, el 25,6% (13.474 de 48.753). En 1893 había un 0,7% de niños (de 10 a 14 años); en 1895, un 1,69% (de 7 a 14 años). Entre los obreros locales de las grandes haciendas del distrito de Elisavetgrad, provincia de Jersón, los niños constituyen el 10,6% (ibíd.).

 

Las máquinas aumentan la intensidad del trabajo de los obreros. El tipo más extendido de segadora, por ejemplo, (con lanzamiento a mano) ha recibído la significativa deno­minación de “lobogreika” (calientafrentes. Ed.) o “chubo­greika” (calientapelo. –Ed.), porque el trabajo con ella requiere un esfuerzo extraordinario: el obrero sustituye al mecanismo lanzador (conf. Las fuerzas productivas, I, 52). De la misma manera aumenta la intensidad del trabajo en las trilladoras. El empleo capitalista de la máquina da en este caso (como en todos) un enorme impulso al alargamiento de la jornada de trabajo. También aparece en la agricultura el trabajo nocturno, nunca visto antes. “En los años de buena cosecha... se trabaja hasta de noche en algunas fincas y en muchas haciendas campesinas” (Teziakov, I. c., 126), con iluminación artificial, a la luz de antorchas (92). Finalmente, el empleo sistemático de máquinas acarrea traumatismos entre los obreros agrícolas; el trabajo de muchachas y niños en las máquinas ocasiona, claro es, numerosos accidentes. Los hospitales y puestos de socorro de los zemstvos de la provincia de Jersón, por ejemplo, se llenan durante la temporada de las faenas agrícolas “casi exclusivamente de accidentados”; son “a modo de hospitales de sangre para los puestos constantemente fuera de combate del enorme ejército de obreros del campo, víctimas de la acción implacable y destructora de las máquinas y los aperos agrícolas” (ibíd., 126). Se escriben ya obras médicas especiales sobre los accidentes causados por esas máquinas. Aparecen propuestas de que se

 

 

 

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dicten disposiciones obligatorias que reglamenten su empleo (ibíd.). En la agricultura, lo mismo que en la industria, la gran explotación maquinizada plantea con férreo vigor la necesidad de que los poderes públicos controlen y regulen la producción. Más adelante hablaremos de los intentos de implantar dicho control.

 

Señalaremos, para terminar, la extrema inconsecuencia de los populistas en el problema del empleo de las  máquinas en la agricultura. Reconocer la ventaja y el carácter progresivo del empleo de las máquinas, defender todas las medidas que lo impulsan y facilitan, y, al mismo tiempo, pasar por alto el que las máquinas son empleadas en la agricultura rusa de un modo capitalista, significa descender al punto de vista de los agrarios pequeños y grandes. Y nuestros populistas pasan por alto precisamente el carácter capitalista del empleo de las máquinas agrícolas y de los aperos perfeccionados, sin intentar siquiera analizar qué tipo de haciendas campesinas y terratenientes adquieren máquinas. Irritado, el Sr. V. V. califica de “representante de la técnica capitalista” al Sr. V. Cherniáev (Tendencias progresistas, 11). ¡Al parecer, el Sr. V. Cherniáev o cualquier otro funcionario del Ministerio de Agricultura es el culpable de que en Rusia se empleen las máquinas de un modo capitalista! Pese a su verbosa promesa de “no apartarse de los hechos” (Ensayos, XIV), el Sr. N. –on ha preferido esquivar el hecho de que precisamente el capitalismo ha desarrollado el empleo de las máquinas en nuestra agricultura, y ha compuesto incluso una divertida teoría, según la cual ¡el intercambio disminuye el rendimiento del trabajo en la agricultura (pág. 74)! No es posible ni necesario criticar esa teoría, decretada sin el menor análisis de los datos. Nos limitaremos a aducir un pequeño ejemplo de cómo razona el Sr. N. –on. “Si se duplicase el rendimiento del trabajo en nuestro país, por un chétvert* de trigo no se pagarían ahora 12 rublos, sino 6; eso es todo” (234). Ni mucho menos, honorable señor economista. “En

 

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* Chétvert: antigua medida rusa que equivalía para los áridos a 209,91 litros, y vara los líquidos, a 3,0748 litros. -Ed.

 

 

 

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nuestro país” (como en toda sociedad de economía. mercantil), la elevación de la técnica se emprende por algunos patronos, y sólo gradualmente la adoptan los restantes. “En nuestro país” sólo están en condiciones de elevar la técnica los patronos rurales. “En nuestro país”, ese progreso de los patronos rurales, grandes y pequeños, se halla indisolublemente li­gado a la ruina de los campesinos y a la formación del proletariado rural. Por ello, si la técnica elevada en las economías de los patronos rurales se hiciera necesaria socialmente (sólo con esa con-dición se reduciría el precio a la mitad), eso representaría el paso de casi toda la agricultura a manos de los capitalistas, representaría la completa proletarización de millones de campesi-nos, representaría un gigantesco crecimiento de la población no agrícola y el crecimiento de las fábricas (para que el rendimiento del trabajo se duplicara en nuestra agricultura sería necesario un inmenso desarrollo de las industrias mecánica y minera, del transporte a vapor, la construcción de gran cantidad de dependencias agrícolas de nuevo tipo, de tiendas, de depósitos, de canales, etc., etc.). El Sr. N. –on repite aquí un pequeño error, ordinario en sus razonamientos: se salta los pasos consecutivos necesarios en el desarrollo del capitalismo, se salta el difícil complejo de las transformaciones económico-sociales que acompaña necesariamente al desarrollo del capitalismo, y después se lamenta y llora ante el peligro de la “acción destructora” capitalista.

 

 

IX. EL TRABAJO ASALARIADO EN LA AGRICULTURA

 

Pasamos ahora a la manifestación principal del capita­lismo agrícola: el empleo del trabajo asalariado. Este rasgo de la economía posterior a la Reforma se manifestó con vigor especial en las regiones extremas meridionales y orien­tales de la Rusia europea, expresándose en el movimiento en masa de los obreros asalariados agrícolas conocido con el nombre de “éxodo de obreros agrícolas”. Por eso daremos al principio datos de esas regiones principales del capitalismo agrícola en Rusia, y después examinaremos los relativos a todo el país.

 

 

 

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Los enormes traslados de nuestros campesinos en busca de trabajo por contrata encontraron hace mucho tiempo reflejo en nuestros tratadistas. Ya los señaló Flerovski (La situación de la clase obrera en Rusia, San Petersburgo, 1869), quien intentó determinar su difusión relativa en las distintas provincias. El Sr. Chaslavski hizo en 1875 un estudio general de los “trabajos fuera de la hacienda propia” (Recopilación de ciencias políticas, tomo II) y subrayó su verda-dera importancia (“formóse... algo parecido a una población seminómada... algo semejante a futuros braceros”). El señor Raspopin reunió en 1887 numerosos datos estadís­ticos de los zemstvos relativos a ese fenómeno y los estimó como un proceso de la formación de la clase de obreros asalariados en la agricultura, y no como “salarios” de los campesinos en general. En los años 90 aparecieron las obras de los señores S. Korolenko, Rúdnev, Teziakov, Kudriávtsev y Shajovskói, gracias a las cuales se estudió el fenómeno de manera incomparablemente más completa.

 

La zona principal a donde acuden los obreros asalariados agrícolas son las provincias de Besarabia, Jersón, Táurida, Ekaterinoslav, del Don, Samara, Sarátov (parte sur) y Orenburgo. Nosotros nos limitamos a la Rusia europea, pero es necesario indicar que el movimiento va más y más lejos (especialmente en el último tiempo), abarcando el Cáucaso del Norte, la región de los Urales, etc. Los datos relativos a la agricultura capitalista en esa zona (la de la explotación cerealista comercial) serán expuestos en el capítulo siguiente; allí indicaremos también otros lugares a los que se dirigen los trabajadores agrícolas. La zona principal de salida de estos obreros la forman las provincias centrales de tierras negras: Kazán, Simbirsk, Penza, Tambov, Riazán, Tula, Oriol, Kursk, Vorónezh, Járkov, Poltava, Chernígov, Kiev, Podolia y Volinia*. Así pues, el movimiento de los obreros se orienta, de los lugares más poblados a los menos poblados, a las regiones de asentamiento; de los lugares donde

 

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* En el capítulo VIII, al examinar en conjunto el proceso del traslado de los obreros asalariados de Rusia, describiremos con más

 

 

 

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con más vigor estaba desarrollado el régimen de servidumbre a aquellos donde era más débil*; de los lugares donde mayor era el desarrollo del pago en trabajo a aquellos donde era menor y donde existía un alto desarrollo del capitalismo. Los obreros escapan, por tanto, del trabajo “semilibre” y buscan el trabajo libre. Sería erróneo pensar que esa huida se reduce exclusivamente a un traslado de los lugares con gran densidad de población a los pocos poblados. El estudio del traslado de los obreros (Sr. S. Korolenko, 1. c.) mostró el original e importante fenómeno de que los obreros marchan en tal número de muchas zonas de emigración que en esos lugares se llega a sentir falta de mano de obra, cubierta con la inmigración de obreros de otros sitios. La marcha de los obreros, por tanto, no expresa sólo la tendencia de la población a distribuirse de manera más regular en un terri­torio dado; también manifiesta la tendencia de los obreros a ir a donde se está mejor. Eso lo comprenderemos del todo si recordamos que en la zona de emigración, en la zona del pago en trabajo, los salarios de los obreros rurales son especialmente bajos, mientras que en la zona a donde se dirigen, en la zona del capitalismo, los salarios son incompa­rablemente más elevados**.

 

Con relación a las proporciones del “éxodo de obreros agrí­colas”, sólo hay datos generales en la obra antes citada del Sr. S. Korolenko, quien estima el exceso de obreros (con respecto a la demanda local) en 6.360.000 para toda la Rusia europea, de ellos 2.137.000 para las 15 provincias de emigración agrícola antes mencionadas, mientras que establece en 2.173.000 el número de obreros que falta en las 8 provincias de inmigración. Pese a que el procedimiento que

 

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detalle el carácter y la orientación de la migración en los diferentes lugares.

* Chaslavski indicó ya que el tanto por ciento de siervos en los lugares a los que se dirigen los obreros era del 4 al 15, y en los de salida, del 40 al 60.

** Véanse los cuadros de datos durante 10 años en el capitulo VIII. IV: formación del mercado interior de la fuerza de trabajo (el presente volumen, pág. 643.–Ed.).

 

 

 

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el Sr. S. Korolenko emplea en los cálculos está lejos de ser siempre satisfactorio, sus deducciones generales (según veremos repetidas veces más abajo) deben considerarse ciertas a grandes rasgos y lejos de haber exagerado el número de obreros errantes, más bien se ha quedado corto de la reali­dad. Parte de esos dos millones de obreros que llegan al sur pertenece, indudablemente, a los no agrícolas. Pero el Sr. Shajovskói (1. c.) calcula de modo totalmente arbitrario, a ojo, que la mitad de esa cifra corresponde a los obreros industriales. En primer lugar, sabemos por todas las fuentes que la llegada de obreros a esa zona reviste un carácter preferentemente agrícola y, en segundo lugar, los obreros agrícolas no proceden sólo de las provincias antes indicadas. El mismo Sr. Shajovskói da una cifra que confirma los cálculos del Sr. S. Korolenko. El es precisamente quien comunica que en 11 provincias de las tierras negras (incluidas en la zona de marcha de los obreros agrícolas antes señalada), en 1891 se entregaron 2.000.703 pasaportes y permisos de ausencia (1. c., pág. 24), mientras que según el cálculo del Sr. S. Korolenko, el número de obreros salidos de esas provincias no era más que de 1.745.913. Por consiguiente, las cifras del Sr. S. Korolenko no son exageradas en modo alguno, y el número total de obreros agrícolas errantes en Rusia debe ser, evidentemente, superior a dos millones de personas*. Esa masa de “cam‑

 

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* Hay un procedimiento más para comprobar la cifra del Sr. S. Korolenko. Por los libros de los señores Teziakov y Kudriávtsev antes citados sabemos que el número de obreros agrícolas que utilizan, aunque sea en parte, el ferrocarril cuando van en busca de “salario”, es alrededor de 1/10 del total de los obreros (uniendo los datos de los dos autores resulta que de 72.635 obreros interrogados sólo 7.827 habían hecho, aunque sólo fuese en parte, el viaje en ferrocarril). Y el número de obreros trasladados en 1891 en las tres líneas principales de la dirección examinada no pasa de 200.000 (de 170.000 a 189.000), como indica el Sr. Shajovskói (I. c., pág. 71, según los datos de ferrocarriles). Por consiguiente, el número total de los obreros que marchan al sur debe ser fijado en unos dos millones de personas. Y, a propósito, la parte insignificante de obreros agrícolas que utilizan los ferrocarriles indica lo erróneo del criterio del Sr. N. –on, quien suponía que eran estos obreros los que daban el tono general al movimiento de viajeros de nuestros ferrocarriles. El Sr. N. –on pasó por alto que los obreros no agrícolas, mejor pagados, utilizan el

 

 

 

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pesinos” que abandonan su casa y su nadiel (quien los tiene) atestigua de manera palmaria el gigantesco proceso de transformación de los pequeños agricultores en proleta­rios rurales, la enorme demanda de trabajo asalariado por parte del capitalismo agrícola en auge.

 

¿Cuál es el número total, preguntamos ahora, de los obreros asalariados agrícolas, errantes y sedentarios, en la Rusia europea? El único intento que conocemos de respon­der a ese interro-gante está en Las industrias campesinas en le Rusia europea (Recopilación del zemstvo de Sarátov, 1894, núms. 6 y 11), del Sr. Rúdnev. Este trabajo, de singular valor, ofrece un resumen de los datos de la estadística de los zemstvos correspondientes a 148 distritos de 19 provincias de la Rusia europea. El número de “industriales” se determinaba en 2.798.122 de los 5.129.863 trabajadores varones (de 18 a 60 años), es decir, el 55% de los trabajadores campesinos*. El autor sólo incluye entre las “industrias agrícolas” los tra­bajos del campo a contrata (braceros, jornaleros, pastores, mozos de cuadra). La determinación del tanto por ciento de los obreros agrícolas con relación al número global de hombres con edad para el trabajo en las distintas provincias y regiones de Rusia lleva al autor a la conclusión de que, en la zona de tierras negras, alrededor del 25% de todos los hombres trabajadores está ocupado en labores agrícolas a contrata, y en las otras zonas, cerca del 10%. Eso da una cifra de obreros agrícolas para la Rusia europea igual a 3.395.000, o sea tres millones y medio en números redondos (Rúdnev, I. c., pág. 448. Esto constituye alrededor del 20% de todos los hombres con edad para el trabajo). Es necesario, además, advertir que, según el Sr. Rúdnev, “los funcionarios de esta­dística sólo incluyeron los trabajos agrícolas a jornal y a

 

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tren en mayor medida y que el tiempo de traslado de esos obreros (de la construcción, excavadores, carga-dores y otros muchos) coincide también con la primavera y el verano.

* En esta cifra no entra, por consiguiente, la masa de campesinos para los que el trabajo agrícola a contrata no constituye la ocupación más importante, sino algo tan esencial como su propia hacienda.

 

 

 

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destajo entre las industrias cuando constituían la ocupación principal de la persona o la familia dadas” 1. c., 446”*.

 

Esta cifra del Sr. Rúdnev debe ser tomada como mí­nima, ya que, en primer lugar, los datos de los censos de los zemstvos se han hecho más o menos viejos, se refieren a los años 80, y a veces, a los 70; en segundo lugar, al determinar el tanto por ciento de los obreros agrícolas no se han tenido en cuenta en absoluto las regiones de capitalis­mo agrícola muy desarrollado: las provincias del Báltico y occidentales. Pero ante la inexistencia de otros datos hay que aceptar la cifra de tres millones y medio.

 

Resulta, por tanto, que cerca de una quinta parte de los campesinos ha pasado ya al estado en que su “ocupación principal” es el trabajo a contrata para los campesinos acomodados y los terratenientes. Vemos aquí el primer grupo de los patronos que presentan demanda de fuerza de trabajo al proletariado rural. Son los patronos rurales, que ocupan a cerca de la mitad del grupo inferior de los campesinos. Así pues, se observa una completa interdependencia entre la formación de la clase de los patronos rurales y el aumento del grupo inferior de los “campesinos”, es decir, el aumento del número de proletarios rurales. Entre esos patronos rurales desempeña un papel destacado la burguesía campesina: en 9 distritos de la provincia de Vorónezh, por ejemplo, el 43,4% de los braceros trabaja para los campesinos (Rúdnev, 434). Si tomásemos ese tanto por ciento como norma para todos los obreros rurales y para toda Rusia resultaría que la burguesía campesina necesita aproximadamente un millón

 

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* Entre las “industrias” se incluye, como también indica el Sr. Rúdnev, toda clase de ocupaciones campesinas, excepto la agricultura en tierras propias, compradas o tomadas en arriendo. Es indudable que la mayoría de estos “industriales” son obreros asalariados en la agricultura y la industria. Por eso llamamos la atención del lector sobre la proximidad de esos datos al número de proletarios agrícolas que nosotros establecíamos: en el capitulo II se admitió que estos últimos constituyen alrededor del 40'% de los campesinos (véase el presente volumen, pág. 182. -Ed.). Aquí vemos un 55% de “industriales”, de los cuales, seguramente, más del 40% están ocupados en toda clase de trabajosa contrata.

 

 

 

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y medio de obreros agrícolas. El mismo “campesinado” arroja al mercado a millones de obreros que buscan patrono y presenta una imponente demada de obreros asalariados.

 

 

X. IMPORTANCIA DEL TRABAJO ASALARIADO EN LA AGRICULTURA

 

Intentaremos ahora esbozar los rasgos básicos de las nuevas relaciones sociales que se están formando en la agricultura con el empleo del trabajo asalariado y determinar su importancia.

 

Los obreros agrícolas que llegan en tanto número al sur pertenecen a las capas más pobres de los campesinos. De los que llegan a la provincia de Jersón, 7/10 van andando, por carecer de recursos para adquirir el billete del tren, “caminan cientos y miles de verstas a lo largo de las líneas férreas y de las orillas de los ríos navegables, recreándose con los hermosos cuadros de los trenes que pasan volando y de los barcos que se deslizan suavemente” (Teziakov, 35). Por término medio, los obreros llevan consigo unos 2 rublos*; con frecuencia les falta dinero hasta para el pasaporte, y toman por diez kopeks un permiso de ausencia mensual. El viaje dura 10 ó 12 días; como consecuencia de tan grandes jornadas (a veces andan descalzos, por el barro frío de la primavera), a los caminantes se les inflaman los pies, se les cubren de callos y desolladuras. Alrededor de 1/10 de los obreros viaja en dubís (grandes barcazas construidas con tablas, capaces para 50-80 personas, y que de ordinario van abarrotadas). Los trabajos de una comisión oficial (la de Zvéguintsev)86 subrayan el extremo peligro de ese medio de transporte: “no pasa año sin que uno, dos, y a veces más dubís repletos se hundan con sus pasajeros” (ibíd., 34). La enorme mayoría de los obreros tiene tierra de nadiel, pero

 

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* El dinero para el viaje lo consiguen vendiendo objetos de su hacienda, incluso su ajuar, hipotecando sus derechos al nadiel, empeñando sus cosas, ropas, etc., hasta pidiendo un préstamo a pagar en trabajo “a los sacerdotes, terratenientes y kulaks locales” (Shajovskói, 55).

 

 

 

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en parcelas completamente insignificantes. “En el fondo -ob­serva con justicia el Sr. Teziakov-, todos esos millares de obreros agrícolas son proletarios rurales sin tierra, para quienes la existencia toda depende ahora de los trabajos fuera de la localidad... La pérdida de tierra sigue adelante con rapidez y con ello aumenta el número de proletarios rurales” (77). Confirmación palpable de la rapidez de ese crecimiento es el número de obreros nuevos, es decir, que van por primera vez a contratarse, y que asciende al 30% aproximadamente. Por lo demás, esa cifra puede también servir para juzgar acerca de la rapidez del proceso que crea obreros agrícolas permanentes.

 

El movimiento migratorio en masa de los obreros ha dado lugar a formas especiales de contrata propias del capitalismo altamente desarrollado. En el sur y el sudeste se han formado muchos mercados de mano de obra, donde se reúnen miles de obreros y adonde acuden los patronos. Esos mercados se organizan frecuentemente en las ciudades, los centros industriales y aldeas comerciales, aprovechando las ferias. El carácter industrial de los centros atrae de modo particular a los obreros, que se ocupan gustosamente también en trabajos no agrícolas. En la provincia de Kiev, por ejemplo, sirven de mercados de mano de obra los pueblos de Shpola y Smela (grandes centros de la industria azucarera) y la ciudad de Bélaya Tsérkov. En la provincia de Jersón sirven para ello las aldeas comerciales (Novoukraínka, Birzula y Mos-tovoe, donde los domingos se reúnen más de 9.000 obreros, y otras muchas), las estaciones de ferrocarril (Známenka, Dolínskaya, etc.) y las ciudades (Elisavetgrad, Bobrinets, Voznesensk, Odesa, etc.). Vecinos del estado llano, peones y “kadetes” (deno­minación local de los vagabundos) de Odesa acuden también en el verano a contratarse para los trabajos agrícolas. Los obreros rurales se contratan en Odesa en la plaza Sere­dínskaya (o “Kosarka”). “Los obreros se dirigen a Odesa dejando atrás otros mercados con la esperanza de encontrar allí mejor ocupación” (Teziakov, 58). El pueblo de Krivói Rog es un gran mercado de contrata para trabajos agrícolas y mineros. En la provincia de Táurida se destaca de manera

 

 

 

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especial el mercado de mano de obra del pueblo de Kajovka, donde antes se llegaban a reunir 40.000 obreros, en los años 90, de 20 a 30.000, y ahora aún menos, a juzgar por ciertos datos. En la provincia de Besarabia debe mencionarse la ciudad de Akkermán; en la de Ekateri-noslav, la ciudad de Ekaterinoslav y la estación de Lozovaya; en la del Don, Rostov del Don, a donde acuden todos los años unos 150.000 obreros. En el Cáucaso del Norte, las ciudades de Ekate­rinodar y Novorossfisk, la estación de Tijorétskaya y otras. En la provincia de Samara, el suburbio Pokróvskaya (frente a Sarátov), el pueblo de Balákovo, etc. En la de Sarátov, las ciudades de Jvalinsk y Volsk. En la de Simbirsk, la ciudad de Sizran. Así pues, el capitalismo ha constituido en las zonas periféricas una nueva forma de “unión de la agricul­tura con las industrias”, precisamente la unión del trabajo asalariado agrícola y no agrícola. Esa unión en vasta escala sólo es posible en la época de la fase última, superior, del capitalismo, de la gran industria maquinizada, que aminora el valor del arte, del “oficio”, facilita el paso de una ocupación a otra y nivela las formas de contrata*.

 

Y, efectivamente, las formas de contrata en esa zona son muy originales y por demás típicas para la agricultura capitalista. Allí desaparecen todas las formas semipatriar­cales, de semivasallaje del trabajo a contrata que tan frecuentes son en la zona central de tierras negras. Quedan sólo las relaciones entre el que contrata y el contratado, la transacción comercial de compra y venta de fuerza de trabajo. Como siempre ocurre con unas relaciones capitalistas desarrolladas, los obreros prefieren ajustarse por días o sema­nas; eso les permite regular mejor el salario de acuerdo con la demanda de trabajo. “Los precios se establecen para el

 

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* El Sr. Shajovskói señala también otra forma de unión del trabajo agrícola y no agrícola. Por el Dniéper bajan hacia las ciudades del curso inferior miles de almadías. En cada una van de 15 a 20 obreros (almadieros), la mayor parte bielorrusos y rusos de la provincia de Oriol. “Por toda la navegación no reciben más que unos céntimos literalmente”; más que nada piensan en llegar a tiempo y contratarse para la siega y la trilla. Sus cálculos se ven cumplidos sólo en los años “buenos”.

 

 

 

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distrito de cada mercado (en unas 40 verstas a la redonda) con precisión casi matemática, y al patrono le es muy difícil rebajar el precio, pues el mujik que llega se quedará en el mercado o seguirá adelante antes que aceptar un pago menor” (Shajovskói, 104). Se comprende, las grandes oscila­ciones de los precios del trabajo provocan innumerables viola­ciones de los contratos, pero no de una parte sólo como los patronos afirman de ordinario, sino de las dos: “Los convenios se producen en ambas partes; los obreros se ponen de acuerdo para pedir más caro y los patronos para dar menos” (ibíd., 107) *. Hasta qué grado reina aquí el “insensible dinero al contado” en las relaciones entre las clases puede verse, por ejemplo, en el hecho siguiente: “los patronos expertos saben bien” que los obreros “se entregan” sólo cuando han acabado todo el pan que llevan consigo. “Un dueño contó que al llegar al mercado para contratar obreros... comenzó a andar entre las filas y a tantear sus alforjas con un palo (sic!): con los obreros que tenían pan no hablaba siquiera, y marchaba del mercado”, esperando a que “apareciesen alforjas vacías”. (Selski Véstnik, 1890, núm. 15, ibíd., 107-108).

 

Como en todo capitalismo desarrollado, también se observa aquí que el capital pequeño oprime de manera particular al obrero. Por un sencillo cálculo comercial**, el gran propie-tario renuncia a los pequeños abusos que dan poco beneficio y amenazan con grandes pérdidas en caso de conflicto. Por eso, por ejemplo, lo grandes patronos (que contratan de 300 a 800 obreros) procuran no dejarlos al cabo de la semana,

 

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* En la época de la recolección, cuando hay buena cosecha, el obrero triunfa, y cuesta trabajo convencerle. Le ofrecen un precio y él no hace ni caso; se limita a afirmar: si me das lo que pido, iré. Y eso, no porque haya poca mano de obra, sino porque, como dicen los obreros, 'es la nuestra'”. (Comunicación de un escribiente de subdistrito, Shajovskói, 125.)

 

“Si la cosecha se ofrece mala y bajan los precios de la mano de obra, el patrono avaro que tiene obreros a su servicio los despide antes del plazo, y la época de mayor faena se le va al obrero buscando trabajo en el mismo distrito o en el camino”, reconoce un corresponsal terrateniente (ibíd., 132).

** Conf. F. Engels. Zur Wohnungsfrage. Vorwort (Contribución al problema de la vivienda, Prólogo.–Ed.).

 

 

 

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y ellos mismos fijan los jornales de acuerdo con la demanda de trabajo; algunos implantan, incluso, el sistema de pluses al salario cuando se elevan los precios del trabajo en los alre-dedores; y todos los datos atestiguan que esos aumentos se ven compensados con creces con un mejor trabajo y la ausencia de conflictos (ibíd., 130-132; 104). Los pequeños propietarios, al contrario, no se detienen ante nada. “Los mujiks-caseros y los colonos alemanes contratan a los obreros 'seleccionándolos', les pagan del 15 al 20% más, pero el trabajo que les 'sacan' es superior en un 50%” (ibíd., 116). Las “mozas” no conocen con esos dueños, como ellas mismas dicen, “ni el día ni la noche”. Los colonos que contratan segadores obligan a ir como últimos de la fila (es decir, ¡apremiando a los obreros!) a sus hijos por turno, de tal manera que los hijos se relevan tres veces al día, acudiendo con nuevas fuerzas a apremiar a los obreros: “de ahí que se pueda conocer fácilmente por su aspecto agotado a quienes han trabajado para los colonos alemanes”. “En general, los mujiks-caseros y los alemanes rehúyen la contrata de los obreros que han servido antes en las grandes fincas. 'No resistiríais con nosotros', les dicen francamente (Ibíd.)*.

 

La gran industria maquinizada, al concentrar masas de obreros, al transformar los modos de producción, al destruir todas las coberturas y todos los revestimientos tradicionales y patriarcales que velaban las relaciones entre las clases, despierta siempre la atención pública hacia estas relaciones, el intento de controlarlas y regularlas socialmente. Ese fenómeno -que tiene una manifestación particularmente

 

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* Los mismos rasgos distinguen a los “cosacos” de la región del Kubán: “El cosaco procura rebajar el precio de la mano de obra por todos los medios, actuando por separado y por comunidades enteras” (sic! ¡lástima que no tengamos datos más concretos de esta nueva función de la “comunidad”!): “lucrándose con la comida, con el trabajo, al ajustar las cuentas, reteniendo los pasaportes de los obreros, mediante acuerdos de la comunidad, que obligan a diversos patronos, a no contratar obreros por encima de determinado jornal so pena de multa, etc.” (Los obreros forasteros en el Kubán, A. Beloboródov, en Séverni Véstnik, 1896, febrero, pág. 5).

 

 

 

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expresiva en la inspección fabril- comienza a dejarse sentir también en la agricultura capitalista rusa, y precisamente en la zona de su mayor desarrollo. El problema de la situación sanitaria de los obreros fue planteado ya en la provincia de Jersón en 1875, ante el II Congreso provincial de médicos del zemstvo de Jersón, y renovado en 1888; en 1889 se redactó un programa para estudiar la situación de los obreros. La investigación sanitaria (no completa ni mucho menos) llevada a cabo en 1889 y 1890 entreabrió un tanto el velo que cubre las condiciones del trabajo en los rincones perdidos del campo. Resultó, por ejemplo, que en la mayoría de los casos no había locales de vivienda para los obreros; cuando existen barracas, están de ordinario instaladas en condiciones muy antihigiénicas, “con alguna frecuencia” se encuentran chozas abiertas en el suelo, donde viven, por ejemplo, los pastores de ovejas, sufriendo mucho a conse­cuencia de la humedad, la estrechez, el frío, la oscuridad y una atmósfera asfixiante. La alimentación de los obreros es muy a menudo insatisfactoria. La jornada de trabajo se prolonga generalmente de 121/2 a 15 horas, es decir, mucho más que la jornada ordinaria en la gran industria (de 11 a 12 horas). Los descansos durante las horas de más calor se encuentran sólo “como excepción”, y no son raros los casos de enfermedades cerebrales. El empleo de las máquinas provoca la división profesional del trabajo y las enfermeda­des profesionales. En las trilladoras están ocupados, por ejemplo, los “tamboreros” (1os que colocan los haces en el tambor; el trabajo es muy peligroso y el más difícil: del tambor saltan a la cara gruesas partículas de paja), los “entregadores” (que acercan los haces; el trabajo es tan duro que deben relevarse cada 1 ó 2 horas). Las mujeres barren la paja menuda, que los muchachos retiran a un lado y que 3 ó 5 obreros amontonan en almiares. El número de trilladores en la provincia debe ser superior a 200.000 (Teziakov, 94)*. La conclusión del Sr. Teziakov con respecto

 

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* Observaremos de paso que esa operación -la trilla- se lleva a cabo con especial frecuencia valiéndose de obreros asalariados. ¡Puede juzgarse

 

 

 

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al estado sanitario de los trabajos agrícolas es la siguiente: “El criterio de los antiguos, que afirmaban que el trabajo del agricultor es la 'ocupación más agradable y útil', es poco admisible en la actualidad, cuando el espíritu capitalista reina en la agricultura. El empleo de máquinas en el trabajo agrícola no ha mejorado las condiciones sanitarias de las faenas del campo, sino que las ha empeorado. El empleo de las máquinas ha llevado a la agricultura la especialización del trabajo, hasta entonces poco conocida en ella, lo que encuentra reflejo en el desarrollo de las enfer­medades profesionales y en numerosos y graves accidentes traumáticos entre la población rural” (94).

 

Resultado de las investigaciones sanitarias fue (después del año de hambre y del cólera) el intento de establecer centros curativos y de abastecimiento con la organización del registro de los obreros, de la inspección sanitaria y de comidas económicas. Por modestos que sean el volumen y los resultados de esa organización, por inestable que sea su existencia*, sigue representando un gran hecho histórico, que ha puesto en claro las tendencias del capitalismo en la agricultura. Sobre la base de los datos reunidos por los médicos, se propuso al Congreso provincial de médicos de Jersón que reconociese la importancia de los centros curativos y de abastecimiento, la necesidad de mejorar su estado sanitario, de ampliar su actividad hasta darles el carácter de bolsas de trabajo encargadas de facilitar información sobre los precios del trabajo y sus oscilaciones, de extender la inspección sanitaria a todas las haciendas más o menos importantes con un número considerable de obreros “al igual que en las empresas industriales” (pág. 155), dictar disposiciones obliga‑

 

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por ello lo grande que debe ser el número de los trilladores en toda Rusia!

* De 6 asambleas de zemstvos de distrito de la provincia de Jersón -de cuya actitud ante el propósito de organizar la inspección de los obreros da cuenta el Sr. Teziakov- 4 se manifes-taron contra ese sistema. Los propietarios agrícolas locales acusaron al Consejo del zemstvo provincial de que “quitaría por completo los deseos de trabajar a los obreros”, etc.

 

 

 

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torias relativas al empleo de las máquinas agrícolas y al registro de los traumas y a plantear la cuestión del seguro obrero y la necesidad de mejorar y abaratar el transporte a vapor. El V Congreso de médicos rusos decidió llamar la atención de los zemstvos interesados sobre la actividad del zemstvo de Jersón con respecto a la organización de la inspección médico-sanitaria.

 

 

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Para terminar, volvamos una vez más a los economistas del populismo. Hemos visto antes que idealizan el pago en trabajo, cerrando los ojos al carácter progresivo del sistema capitalista en comparación con el primero. Ahora debemos agregar que también mantienen una actitud negativa hacia el “éxodo” de obreros, y que simpatizan con los “salarios” locales. He aquí cómo expresa, por ejemplo, el Sr. N. –on esta concepción, ordinaria entre los populistas: “Los campesinos... marchan en busca de trabajo... ¿En qué medida, preguntamos, es ello ventajoso desde el punto de vista eco­nómico? No personalmente, no para cada campesino por separado, sino ¿hasta qué punto es ventajoso en conjunto para todos los campesinos, tomando en consideración la economía de todo el Estado?... Nos referimos a la desventa­ja puramente económica de la migración anual, Dios sabe a donde, para todo el verano, cuando parece que podría haber trabajo abundante a mano...” (23-24).

 

Nosotros afirmamos, contra la teoría populista, que, ade­más de proporcionar ventajas “puramente económicas” a los mismos obreros, la “migración” de éstos debe ser tenida en general por un fenómeno progresivo; que la atención pública no debe orientarse a sustituir los trabajos fuera de la localidad con el “trabajo abundante a mano”, sino, al contrario, a facilitarla en todos los sentidos, a abaratar y mejorar todas las condiciones del traslado de los obreros, etc. Los fundamentos de nuestra afirmación son los siguientes:

 

1) La “migración” proporciona ventaja “puramente eco­nómica” a los obreros porque éstos van al lugar donde el salario es más elevado, al lugar donde su situación como

 

 

 

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personas que se contratan es más ventajosa. Por sencilla que sea esa consideración, la olvidan con harta frecuencia los hombres que gustan de elevarse a un punto de vista superior, al de la “economía de todo el Estado” según ellos.

 

2) La “migración” acaba con las formas avasalladoras de la contrata y de los pagos en trabajo.

 

Recordaremos, por ejemplo, que antes, con una migración de obreros débilmente desarro-llada, los propietarios agrícolas del sur (y otros patronos) utilizaban con gusto el siguiente procedimiento de contrata: enviaban sus empleados a las provincias del norte y reclutaban (por intermedio de las auto­ridades rurales) a los contribuyentes morosos en condiciones extremada-mente desventajosas para estos últimos*. El patrono, por tanto, se aprovechaba de la libre competencia, y el obrero, no. Antes hemos dado ya ejemplos de cómo el campesino está dispuesto a ir hasta a las minas para librarse de los pagos en trabajo y de la contrata usuraria.

 

No es extraño por eso que nuestros agrarios vayan de la mano con los populistas en el problema de la “migración”. Tomad, por ejemplo, al Sr. S. Korolenko. Después de dar en su libro numerosos juicios de los terratenientes contra el “éxodo” de obreros, aduce innume-rables “argumentos” contra los “trabajos fuera de la localidad”: “disolución”, “costumbres violentas”, “embriaguez”, “desidia”, “tendencia a abando­nar a los suyos para librarse de la familia y de la vigilancia de los padres”, “deseo de diversiones y de una vida más alegre”, etc. Pero tiene un argumento sobremanera interesante: “En fin, como dice el refrán `en el mismo sitio, hasta la piedra se cubre de musgo', y el hombre, en el mismo sitio, necesariamente adquiere bienes y los estima” (1. c., pág. 84). El refrán, es cierto, dice muy expresivamen­te cómo influye en el hombre el estar pegado a un lugar.

 

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* Shajovskói, I. c., pág. 98 y siguientes. El autor da incluso la tasa de “recompensa” a los escribientes y alcaldes pedáneos a cambio de la contrata ventajosa de campesinos. –Teziakov, I. c., pág. 65. –Trirógov. La comunidad y los tributos; artículo El vasallaje en la economía nacional.

 

 

 

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Al Sr. Korolenko le provoca especial descontento la cir­cunstancia de que, como hemos indicado antes, de algunas provincias se marchen “demasiados” obreros, y que su falta se cubra con la llegada de obreros de otras provincias. Al subrayar, por ejemplo, ese hecho con respecto a la provincia de Vorónezh, el Sr. S. Korolenko indica también una de las causas del fenómeno: la abundancia de campesinos “dárst­venniki”. “Está claro que los campesinos que se encuentran en situación material relativamente peor y que no tienen preocupaciones por sus bienes demasiado escasos, no cumplen con frecuencia los compromisos adquiridos y marchan con más facilidad a otras provincias, incluso cuando podrían hallar suficientes ocupaciones en su aldea.” “Esos campesinos, con poco apego (sic!) a su propio nadiel, que les es insu­ficiente, a veces hasta sin aperos, abandonan con más facilidad su casa y marchan a buscar suerte lejos de la aldea natal, sin preocuparse de encontrar ocupación en el sitio, ni, a veces, de cumplir los compromisos adquiridos, ya que no se les puede sacar nada” (ibíd.).

 

¡”Poco apego”! He ahí las verdaderas palabras.

 

¡Convendría que se parasen a pensar en ellas quienes hablan de las desventajas de la “migra-ción”, de lo prefe­rible que resultan las “ocupaciones a mano”, locales!*

 

3) La “migración” representa la formación de la movili­dad de la población. Constituye uno de los más importantes

 

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* He aquí un ejemplo más de la dañina influencia de los prejuicios populistas. El Sr. Teziakov, cuya excelente obra hemos citado con fre­cuencia, subraya el hecho de que muchos obreros de la provincia de Jersón marchan a la de Táurida, aunque en la primera hay una gran falta de mano de obra. Califica eso de “más que extraño fenómeno”: “sufren los dueños, sufren también los obreros, que dejan el trabajo en su pueblo y se arriesgan a no encontrarlo en Táurida” (33). A nosotros, por e] contrario, nos parece más que extraña semejante manifestación del Sr. Teziakov. ¿Es que los obreros no comprenden lo que les resulta mejor y no tienen derecho a buscar las condiciones más favorables de contrata? (El salario de los obreros rurales es en la provincia de Táurida mayor que en la de Jersón.) ¿Es que debemos pensar, efectivamente, que para el campesino es obligatorio vivir y trabajar donde se halla inscrito y donde se encuentra “provisto de nadiel”?

 

 

 

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factores que impiden a los campesinos “cubrirse de musgo”, que la historia ha acumulado ya con exceso sobre ellos. Sin crear la movilidad de la población no puede existir su desarrollo, y sería ingenuo pensar que una escuela rural cualquiera puede proporcionar a los hombres lo que les da el conocer por sí mismos las diversas relaciones y el estado de cosas existentes en el sur y en el norte, en la agri­cultura y en la industria, en la capital y en los lugares apartados.

 

 

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CAPITULO IV

 

 

EL INCREMENTO DE LA AGRICULTURA COMERCIAL

 

Una vez examinado el régimen económico de la hacien­da campesina y terrateniente debemos pasar ahora a los cambios operados en la producción agrícola: ¿expresan estos cambios el incremento del capitalismo y del mercado in­terior?

 

 

I. DATOS GENERALES DE LA PRODUCCION AGRICOLA EN LA RUSIA POSTERIOR A LA REFORMA Y DE LOS TIPOS DE AGRICULTURA COMERCIAL

 

Examinemos ante todo los datos estadísticos generales relativos a la producción de cereales en la Rusia europea. Las considerables oscilaciones de las cosechas hacen del todo inservibles los datos de períodos determinados o de años sueltos*. Es preciso tomar periodos distintos y datos de varios años seguidos. A nuestra disposición tenemos los datos que siguen: del período de los años 60, los correspon­dientes a 1864-1866 (Recopilación estadística militar, IV, San Petersburgo, 1871, datos extraídos de informes de los gober­nadores). De los años 70, los del Departamento de Agricultura correspondientes a todo el decenio (Resumen estadís­tico-histórico de la industria de Rusia, tomo I, San Petersburgo, 1883). De los años 80, por último, los correspondientes a cinco, de 1883 a 1887 (Estadística del Imperio Ruso, IV): este quinquenio puede representar a todos los años 80, ya

 

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* ¡Por sólo esa causa es ya completamente desacertado el procedi­miento del Sr. N. –on, que extrae las más audaces conclusiones de los datos correspondientes a 8 años de un mismo decenio (1871-1878)!

 

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que la cosecha media de 1880 a 1889 resulta incluso un tanto superior a la del quinquenio 1883-1887 (ver La economía agrícola y forestal de Rusia, ed. para la exposición de Chicago, págs. 132 y 142). Después, para las consideraciones relativas al sentido de la evolución de los años 90, tomamos los datos del decenio 1885-1894 (Las fuerzas productivas, I, 4). Los datos de 1905 (Anuario de Rusia, 1906) son, por último, completamente aprovechables para juzgar de la actualidad. La cosecha de 1905 no ha sido más que un poco inferior a la media del quinquenio 1900-1904.

 

Confrontemos todos estos datos*:

 

 

Vemos aquí que la época posterior a la Reforma se distingue hasta los años 90 por un indudable crecimiento de la producción de cereales, lo mismo que de patatas. Se eleva el rendimiento del trabajo agrícola: en primer lugar, la magnitud de la cosecha neta crece con más rapidez que la superficie de siembra (salvo algunas excepciones parciales); en segundo lugar, se debe tener en cuenta que en el período indicado la parte de la población ocupada en la producción

 

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* Para el período de 1883 a 1887 se ha tomado la población de 1885; el crecimiento adoptado es igual a 1,2%. La diferencia de los datos proporcionados por los informes de los goberna-dores y los del Departamento de Agricultura resulta, como es notorio, insignificante. Las cifras de 1905 se han calculado reduciendo los puds a chétvert.

 

 

 

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agrícola ha disminuido constantemente como consecuencia de su apartamiento de la agri-cultura para ir al comercio y a la industria, así como del asentamiento de campesinos fuera de la Rusia europea*. Es de notar en especial el hecho de que crece particularmente la agricultura comercial: aumenta la cantidad de los cereales recogidos (descon­tando las semillas) por habitante, y dentro de la población se opera un creciente proceso de división del trabajo social; aumenta la población comercial e industrial; la población agrícola se escinde en patronos y proletarios rurales; crece la especialización de la agricultura misma, de tal manera que la cantidad de grano producido para la venta aumenta incomparablemente más de prisa que la cantidad global de cereales producidos en el país. El carácter capitalista del proceso lo ilustra de manera palmaria el incremento del papel de la patata en el volumen global de la producción agrícola**. El aumento de las siembras de patata significa, por una parte, la elevación de la técnica de la agricultura (se implanta el cultivo de tubérculos) y el aumento de la transformación técnica de los productos agrícolas (produc­ción de alcohol y de fécula de patata). Por otra parte es, desde el punto de vista de la clase de los patronos rurales, producción de plusvalía relativa (abaratamiento de la manu‑

 

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* Es del todo errónea la opinión del Sr. N. –on, quien afirma que “no hay fundamento alguno para suponer una disminución de su número” (del número de personas ocupadas en la producción agrícola), “todo lo contrarío” (Ensayos, 33, nota). Véase capítulo VIII, § II.

** La cosecha neta de patatas, calculada por habitante, creció en todas las regiones de la Rusia europea sin excepción de 1864-1866 a 1870-1879. De 1870-1879 a 1883-1887 el aumento se produjo en 7 regiones de las 11 (báltica, occidental, industrial, noroccidental, septentrional, meri­dional, esteparia, del Bajo Volga y del Transvolga).

 

Conf. Datos agrícolas estadísticos según materiales obtenidos de los labradores, fascíc. VII, San Petersburgo, 1897 (ed. del Ministerio de Agricultura). En 1871, las 50 provincias de la Rusia europea sembraron 790.000 dec. de patatas; en 1881, 1.375.000 dec.; en 1895, 2.154.000 dec.; es decir, un aumento del 55% en 15 años. Tomando la cosecha de patatas de 1841 por 100, obtenemos las siguientes cifras para la época posterior: 1861, 120; 1871, 162; 1881, 297, y 1895, 530.

 

 

 

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tención de la mano de obra, empeoramiento de la alimen­tación del pueblo). Los datos correspondientes al decenio de 1885 a 1894 muestran, además, que la crisis de 1891-1892, que provocó un gigantesco incremento de la expropiación de los campesinos, condujo a un considerable descenso de la producción de cereales e hizo disminuir el rendimiento de la tierra por lo que a todos estos cultivos se refiere; pero el proceso de desplazamiento de los cereales por la patata siguió con tal vigor que la producción de esta última, calculada por habitante, increméntose a pesar del descenso del rendimiento de la tierra. El último quinquenio (1900-1904, por fin, pone de relieve del mismo modo el incre­mento de la producción agrícola, el ascenso del rendimiento del trabajo en el campo y el empeoramiento de la situación de la clase obrera (mayor papel de la patata).

 

Según hemos observado más arriba, el auge de la agri­cultura comercial se manifiesta en la especialización de la agricultura. Los datos, en bloque y en masa acerca de la producción de toda clase de cereales sólo pueden dar (y no siempre) las indicaciones más generales con respecto a este proceso, ya que, al hacerlo así, desaparecen las particulari­dades específicas de las diferentes zonas. Mientras tanto, precisamente la especialización de las diversas zonas agrí­colas constituye uno de los rasgos más típicos de la economía agrícola rusa posterior a la Reforma. Así, el Resumen esta­dístico-histórico de la industria de Rusia (tomo I, San Peters-burgo, 1883) ya citado, señala las zonas agrícolas siguientes: zona del lino, “región donde la ganadería tiene predominante impor­tancia”, en particular con “un considerable desarrollo de la economía lechera”, región donde predominan los cultivos de cereales, en particular la zona de rotación trienal de cultivos y la del sistema de barbecho mejorado o de la rotación múltiple con siembra de herbáceas (parte de la franja esteparia, que “se distingue por la producción de las especies de trigo candeal, las más valiosas, destinadas preferentemente a la exportación”), zona remolachera y zona del cultivo de la patata para la destilación de alcohol. “Las indicadas zonas económicas han aparecido en la Rusia europea hace relati-

 

 

 

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vamente poco, y de año en año continúan desarrollándose y especializándose” (1. c., pág. 15)*. Por consiguiente, nuestra tarea debe ahora consistir en estudiar este proceso de especialización de la agricultura; debemos examinar si se observa un auge de la agricultura comercial en sus dife­rentes formas, si al mismo tiempo se forma la agricultura capitalista, si el capitalismo agrícola se distingue por las particularidades que hemos señalado al examinar los datos generales acerca de la hacienda campesina y terrateniente. Para nuestro objetivo, claro es, basta limitarse a una caracte­rización de las zonas de la agricultura comercial más importantes.

 

Pero, antes de pasar a los datos por zonas, observaremos lo siguiente: los economistas del populismo, según hemos visto, hacen toda clase de esfuerzos para pasar por alto el hecho de que la época posterior a la Reforma se distingue precisamente por un crecimiento de la agricultura comercial. Es lógico que, al hacerlo así, pasen por alto también la circunstancia de que la baja de precios de los cereales debe impulsar la especialización de la agricultura y la entrada de los productos de la agricultura en el intercambio. He aquí un ejemplo. Todos los autores del conocido libro Influencia de las cosechas y de los precios del trigo parten de la premisa de que el precio de los cereales no tiene importancia para la economía natural y repiten esta “verdad” un sinnúmero de veces. Uno de ellos, el Sr. Kablukov, observaba, sin embargo, que dicha premisa es, en el fondo, errónea, en el medio ambiente general de la economía mercantil. “Es posible, naturalmente -escribe-, que el grano ofrecido al mercado se produzca con menor coste de producción que el que se recoge en la hacienda propia, y entonces parece que también para la hacienda consumidora tiene interés

 

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* Conf. también La economía agrícola y forestal de Rusia, págs. 84-88; aquí se agrega aún la zona tabaquera. En los mapas, compuestos por los señores D.Semiónov y A. Fortunátov, se señalan las zonas según los vegetales predominantes en los cultivos; las provincias de Pskov y Yaroslavl forman, por ejemplo, la zona del centeno, la cebada y el lino; las provincias de Grodno y Moscú, la del centeno, la cebada y la patata, etc.

 

 

 

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pasar del cultivo de cereales al de otras plantas” (o a otros trabajos, agregamos nosotros), “y, por consiguiente, también para ella adquiere importancia el precio de mercado de los cereales, ya que no coincide con su coste de producción” (I, 98, nota, cursiva del autor). “Pero no podemos tomarlo en consideración”, decreta. — ¿Por qué? Resulta: 1) porque el paso a otros cultivos es posible “sólo cuando se dan condiciones determinadas”. Por medio de esta perogrullada (¡todo es posible en el mundo sólo cuando se dan condiciones determinadas!) el Sr. Kablukov se desentiende tranquilamente del hecho de que la época posterior a la Reforma ha creado y está creando en Rusia precisamente las condiciones que provocan la especializa-ción de la agricultura y hacen que la población se aparte de ella... 2) porque “en nuestro clima es imposible hallar un producto igual a los cereales atendida su importancia alimenticia”. Argumento muy ori­ginal, que significa eludir simplemente la cuestión. ¿Qué tiene que ver aquí la importancia alimenticia de otros pro­ductos si se trata de la venta de los mismos y de la compra de trigo barato?... 3) porque “las haciendas cerealistas de tipo consumidor tienen siempre una base racional de exis­tencia”. Dicho con otras palabras: porque el Sr. Kablukov “y sus compañeros” consideran “racional” la economía natural. Argumento, como puede verse, irrefutable...

 

 

II. ZONA DE LA ECONOMIA CEREALISTA COMERCIAL

 

Esta zona abarca el extremo meridional y oriental de la Rusia europea, las provincias esteparias de Novorrossia y del Transvolga. La agricultura se distingue allí por su carácter extensivo y por la enorme producción de grano con destino al mercado. Si tomamos 8 provincias: Jersón, Besarabia, Táurida, del Don, Ekaterinoslav, Sarátov, Samara y Orenburgo, resulta que, para una población de 13.877.000 habitantes, en 1883-1887 correspondían 41.300.000 chétvert de cosecha neta de cereales (excepto la avena), es decir, más de un cuarto de toda la cosecha neta de las 50 provincias

 

 

 

273

de la Rusia europea. Lo que se siembra ahí ante todo es trigo, el cereal más importante destinado a la exportación*. La agricultura se desarrolla ahí con más rapidez que en otras zonas de Rusia y esas provincias están desplazando a un segundo plano las de la zona de tierras negras del Centro, que antes figuraban en primer término:

 

Cosecha neta de cereales por habitante

       en los períodos**

 

1864-1866     1870-1879       1883-1887

 

Esteparias del sur                      2,09                  2,14       3,42

Bajo Volga y Tranasvolga          2,12                  2,96       3,35

Tierra negra del Centro              3,32                  3,88       3,28

 

 

Así pues, se está operando un desplazamiento del centro principal de producción de cereales: en los decenios del 60 y del 70 las provincias de la zona de tierras negras del Centro figuraban a la cabeza, pero en el decenio del 80 cedieron la primacía a las provincias esteparias y del Bajo Vol­ga; en aquéllas empezó a descender la producción de cereales.

 

Este interesante hecho del enorme crecimiento de la producción agrícola en la zona descrita se explica por la circunstancia de que en la época posterior a la Reforma las zonas periféricas esteparias eran colonias de la Rusia europea central, poblada de antaño. La abundancia de tierras libres atrajo allí a un enorme torrente de colonos los cuales ampliaron con rapidez la superficie de siembra***. El amplio

 

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* Fuera de la provincia de Sarátov, con un 14,3% de siembras de trigo, en las restantes provincias antes citadas vemos del 37,6 al 57,8 de siembras de trigo.

** Las fuentes se han señalado antes. Las zonas de las provincias, según el Resumen estadístico-histórico. La zona “del Bajo Volga y del Trans­volga” está reunida con poco acierto, pues a las provincias esteparias con una enorme producción cerealista se han sumado la de Astrajan (donde falta trigo para el consumo) y la de Kazán con la de Simbirsk, que corresponden mejor a la zona de tierras negras del Centro.

*** Véase en el Sr. V. Mijailovski (Nóvoe Stovo, junio de 1897) acerca del enorme crecimiento de la población en las zonas periféricas y del asentamiento en ellas entre 1885 y 1897 de cientos de miles de campe-

 

 

 

274

desarrollo de las siembras comerciales fue sólo posible gracias a la estrecha relación económica de dichas colonias con la Rusia central, por una parte, y con los países europeos importadores de trigo, por otra. El desarrollo de la industria en la Rusia central se halla indisolublemente ligado al de la agricultura comercial en las regiones periféricas, ambos crean mercado el uno para el otro. Las provincias industriales reci­bían trigo del sur, donde vendían el producto de sus fábricas, y abastecían a las colonias de mano de obra, de artesanos (ver cap. V, § III, acerca de la migración de pequeños industriales a las zonas periféricas*) y de medios de pro­ducción (madera, materiales de construcción, herramientas, etc.). Sólo gracias a esa división social del trabajo pudieron los asentados en las regiones esteparias entregarse de lleno a la agricultura y vender grandes cantidades de grano en los mercados interiores y, especialmente, en los exteriores. Sólo gracias a la estrecha ligazón con el mercado interior y exterior pudo hacerse tan rápido el desarrollo económico de estas regiones; y ése fue, precisamente, un desarrollo capitalista, ya que junto al ascenso de la agricultura comercial se produjo, con la misma rapidez, el proceso de abandono del campo para incorporarse a la industria, el proceso de crecimiento de las ciudades y de formación de nuevos centros de la gran industria (ver más abajo, capítulos VII y VIII)**.

 

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sinos de las provincias interiores. Sobre la ampliación de las siembras, ver la obra citada de V. Póstnikov y las recopilaciones estadísticas de los zemstvos relativas a la provincia de Samara; V. Grigóriev, La migración de campesinos de la provincia de Riazán. Acerca de la provincia de Ufá, véase Rémezov, Ensayos sobre la vida de la salvaje Bashkiria, animada des­cripción de cómo los “colonizadores” han talado los bosques de madera útil para la construcción de barcos y han transformado en “fábricas de trigo” los campos “limpios” de “salvajes” bashkiros. Este capítulo de la política colonial resiste la comparación con cualquiera de las hazañas de los alemanes en cualquier África.

* Véase el presente volumen, págs. 365-366. -Ed.

** Conf. Marx. Das Kapital, III, 2, 289: uno de los indicios fundamentales de la colonia capitalista es la abundancia de tierras libres, fácilmente accesibles a los colonos (la traducción rusa de este pasaje -pág. 623- es del todo inexacta)87. Véase también III, 2, 210, trad. rusa, pág. 553:

 

 

 

275

Antes se ha hablado ya de la cuestión de si en esta zona va unido el incremento de la agricultura comercial con el progreso técnico de la economía agrícola y con la formación de relaciones capitalistas. En el segundo capítulo hemos visto qué sementeras más grandes tienen los campesinos de esas regiones y el acusado carácter con que aparecen allí las relaciones capitalistas, incluso dentro de la comunidad. En el capítulo anterior hemos visto que en esa zona se ha desarrollado con especial rapidez el empleo de máquinas, que las granjas capitalistas de las regiones periféricas atraen a cientos de miles y a millones de obreros asalariados, de­sarrollando grandes haciendas, nunca vistas antes en la agri­cultura, que aplican la vasta cooperación de obreros asala­riados, etc. Poco nos queda por agregar ahora para completar el cuadro.

 

A veces las propiedades de las regiones periféricas esteparias no se distinguen sólo por sus grandes dimensiones: también se dedican a una explotación en gran escala. Más arriba hemos hablado de siembras de 8.000, 10.000 y 15.000 deciatinas en la provincia de Samara. En la provincia de Táurida, Falz-Fein posee 200.000 deciatinas; Mordvínov, 80.000; hay dos personas que poseen 60.000 cada una “y numerosos propietarios tienen de 10.000 a 25.000 deciatinas” (Shajovskói, 42). De la dimensión de la economía puede dar idea el hecho de que, por ejemplo, Falz-Fein empleó en 1893 hasta 1.100 máquinas (de ellas, 1.000 pertenecientes a los campesinos) en la siega de heno. En 1893 se sembraron en la provincia de Jersón 3.300.000 deciatinas, de las que 1.300.000 correspondían a propietarios privados; en cinco distritos de la provincia (sin el de Odesa) existían 1.237 hacien­das medias (de 250 a 1.000 deciatinas de tierra), 405 grandes

 

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el enorme excedente de trigo en las colonias agrícolas se debe a que, al principio, toda su población se halla ocupada “casi de modo exclusivo en la agricultura y especialmente en sus productos de amplio consumo”, que son los que se cambian por productos de la industria. “Las colonias modernas reciben, por intermedio del mercado mundial, productos fabricados, que en otras condiciones tendrían que preparar ellas mismas”87a.

 

 

 

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haciendas (de 1.000 a 2.500 deciatinas) y 226 haciendas mayores de 2.500 deciatinas. Según datos reunidos en 1890 relativos a 526 haciendas, éstas empleaban 35.514 obreros, es decir, una media de 67 por hacienda, de los cuales de 16 a 30 estaban contratados todo el año; 100 haciendas más o menos grandes del distrito de Elisavetgrad reunían en 1893 hasta 11.197 obreros ( luna media de 112 obreros por hacienda!), de los cuales, el 17,4% estaba ajustado para todo el año, el 39,5% ajustado a plazo y el 43,1% se hallaba constituido por jornaleros*. He aquí los datos relativos a la distribución de las sementeras entre todas las haciendas agrícolas del distrito, las de los propietarios privados y las de los campesinos**:

 

 

Superficie aproxi-

mada de siembra

en miles de decia-

tinas

 

 

Haciendas que no aran                                   15.228                            -

Haciendas que siembran hasta

5 deciatinas                                                  26.963                           74,6

Haciendas que siembran de

5 a 10 deciatinas                                           19.194                         144

Haciendas que siembran de

10 a 25 deciatinas                                         10.234                         157

Haciendas que siembran de

25 a 100 deciatinas                                          2.005}                       91}

Haciendas que siembran de

100 a 1.000 deciatinas                             372} 2.387              110} 215

Haciendas que siembran

más de 1.000 deciatinas                                       10}               14}

 

 

Así pues, poco más del tres por ciento de propietarios (y, si se cuenta sólo a los que siembran, el cuatro por ciento) reúne más de un tercio de todas las siembras, para el cultivo y recolecci-ón de las cuales se necesita un gran número de obreros contratados a plazo y de jornaleros.

 

He aquí, por último, los datos relativos al distrito de Novoúzensk, provincia de Samara. En el capítulo II tomába­mos sólo a los campesinos rusos, que cultivan tierras comu‑

 

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* Teziakov, 1. c.

** Materiales para la tasación de las tierras de la provincia de Jersón, t. II, Jersón, 1886. El número de deciatinas de siembra por grupo se ha obtenido multiplicando el área media de siembra por el número de haciendas. El número de grupos va reducido.

 

 

 

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nales; ahora les sumamos los alemanes y los “caseros” (campesinos que trabajan en caseríos). Por desgracia, no disponemos de datos relativos a los grandes propietarios*. (Ver el cuadro en la pág. 278.-Ed.).

 

Yo creo que no hay necesidad de comentar estos datos. Más arriba hemos tenido ocasión de advertir que la zona descrita es la más típica del capitalismo agrícola de Rusia; típica, natu-ralmente, no en el sentido agrícola, sino en el económico-social. Estas colonias, las que con más libertad se han desarrollado, nos muestran qué relaciones podrían y deberían desarrollarse en el resto de Rusia si los numerosos vestigios de la vida anterior a la Reforma no frenasen el capitalismo. Las formas mismas del capitalismo agrícola son extraordinariamente diversas, según veremos más adelante.

 

 

III ZONA DE LA GANADERIA COMERCIAL.
DATO
S GENERALES DEL DESARROLLO DE LA ECONOMIA LECHERA

 

Pasamos ahora a otra importantísima zona del capitalismo agrícola en Rusia; a la región donde el predominio no corres­ponde a los productos cerealistas, sino a los de la ganadería. Esta región abarca, además de las provincias bálticas y occi­dentales, las provincias del norte, las industriales y parte de algunas del Centro (Riazán, Oriol, Tula y Nizhni Nóvgorod). La productividad del ganado va orientada aquí en el sentido de la economía lechera, y todo el carácter de la agricultura se adapta al objetivo de obtener la mayor cantidad posible de productos de ese género destinados al mercado, lo más valiosos que se pueda**. “Ante nuestra vista se opera clara‑

 

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* Recopilación del distrito de Novoúzensk. La tierra tomada en arriendo va incluida por completo: la del fisco, la de los propietarios y los nadieles. He aquí la relación de máquinas perfeccionadas que poseen los caseros rusos: 609 arados de hierro, 16 trilladoras a vapor, 89 trilladoras de caballo, 110 segadoras de heno, 64 rastrillos de caballo, 61 aventadoras y 64 segadoras de cereales. Entre los obreros contratados no se ha incluido a los jornaleros.

** En otras regiones de Rusia la ganadería tiene una significación distinta. En el extremo sur y en el sudeste, por ejemplo, se ha afianzado la forma más extensiva de la ganadería, la cría y cebamiento de ganado

 

 

 

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mente el paso de la ganadería encaminada a la obtención de estiércol a la ganadería lechera; ello se advierte de modo especial en el último decenio (obra citada en la nota anterior, ibíd.). Valiéndose de la estadística es muy difícil caracterizar en este aspecto las diversas regiones de Rusia, pues aquí no es importante la cantidad absoluta de ganado bovino, sino la del ganado lechero y su calidad. Si tomamos la cantidad de ganado por 100 habitantes resulta que donde más hay en Rusia es en las estepas periféricas, y donde menos, es en la zona de las tierras no negras (La economía agrícola y forestal, 274); resulta que esta cantidad disminuye con el tiempo (Las fuerzas productivas III, 6. Conf. Resumen, I). Aquí se observa, por consiguiente, lo mismo que señaló ya Roscher: que la cantidad de ganado por unidad de población es la mayor en las zonas de “ganadería extensiva” (W. Roscher. Nationalókonomik des Acker-baues. 7-te Aufl. Stuttg. 1873, S. 563-564*). Y a nosotros nos interesa la ganadería intensiva, y en especial la lechera. Tenemos que limitarnos, por ello, al cálculo aproximado que dieron los autores del Ensayo antes aludido, sin pretender una determinación numérica exacta del fenómeno; este cálculo muestra palmariamente la situación de las diferentes regiones de Rusia por lo que se refiere al grado de desarrollo de la economía lechera. Lo citamos in extenso, completándolo con ciertas cifras medias calculadas e infor­mes acerca de la producción quesera en 1890 según datos de la estadística “fabril”.

 

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para carne. Más al norte, el ganado bovino es empleado como fuerza de trabajo. Por último, en la zona de tierras negras del Centro se está transformando en “máquina productora de estiércol para abono”. V. Kova­levski e I. Levitski: Ensayo estadístico de la hacienda lechera en las zonas norte y central de la Rusia europea (San Petersburgo, 1879). Los autores de este trabajo, como la mayoría de los especialistas agrícolas, manifiestan muy poco interés por el aspecto económico-social del asunto y muy poca comprensión de éste. Es del todo equivo-cado, por ejemplo, deducir directamente del ascenso de la rentabilidad de las haciendas que se asegura “el bienestar y la alimentación del pueblo” (pág. 2).

* W. Roscher. Economía de la agricultura, 7ª edición, Stuttgart, 1873, págs. 563-564. -Ed.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Este cuadro ilustra palmariamente (aunque con datos muy anticuados) la formación de regiones especiales de economía lechera, el desarrollo en ellas de la agricultura comercial (venta de leche y su transformación técnica) y el aumento de la productividad del ganado lechero.

 

Para juzgar del desarrollo de la economía lechera en el tiempo, sólo podemos utilizar los datos relativos a la producción de mantequilla y queso, que se inició en Rusia a fines del siglo XVIII (1795) ; la producción de queso por los terrate­nientes, que comenzó a desarrollarse en el siglo XIX, atravesó una grave crisis en los años 60, que abrieron la época de la producción de queso por los campesinos e industriales.

 

En las 50 provincias de la Rusia europea se contaban las siguientes fábricas de queso*:

 

En 1866    72 con 226 obreros y una producción de    119.000 rublos

En 1879  108 con 289 obreros y una producción de    225.000 rublos

En 1890  265 con 865 obreros y una producción de 1.350.000 rublos

 

Así pues, la producción se ha decuplicado con creces en 25 años; estos datos, que se distinguen por lo extraordina­riamente incompletos, no permiten juzgar más que de la dinámica del fenómeno. Aduciremos algunas indicaciones más detalladas. La mejora de la economía lechera empezó en la provincia de Vólogda, en realidad, en 1872, al ser abierto al tráfico el Ferrocarril Yaroslavl-Vólogda; a partir de entonces “los dueños comenzaron a preocuparse de

 

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* Datos de la Recopilación estadística militar y la Guía del Sr. Orlov (primera y tercera ed.). Acerca de estas fuentes, ver el cap. VII (véase el presente volumen, págs. 498-500. -Ed.). Observaremos sólo que las cifras adu­cidas disminuyen la rapidez real del desarrollo, ya que el concepto “fábrica” se empleaba en 1879 en un sentido más estrecho que en 1866, y en 1890 de manera más estrecha aún que en 1879. En la tercera  ed. de la Guía hay datos relativos al tiempo en que se abrieron 230 fábricas; resulta que sólo 26 empezaron a funcionar antes de 1870; 68, en los años 70; 122, en los años 80, y 14, en 1890. También ello habla del rápido auge de la producción. Por lo que se refiere a la más moderna Relación de fábricas y talleres (San Petersburgo, 1897), en ella reina un completo caos: se registra la producción de queso de dos o tres provincias y se omite del todo para el resto.

 

 

 

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mejorar sus rebaños, de sembrar forrajes y de adquirir instrumentos perfeccionados..., afanándose por dar a la pro­ducción lechera una base puramente comercial” (Ensayo esta-dístico, 20). En la provincia de Yaroslavl “prepararon el terreno” los llamados “arteles de fabricación de queso” de los años 70, y “esta actividad continúa desarrollándose en forma de empresas privadas, conservando de 'artel' sólo el nombre” (25); los “arteles” de fabricación de queso -agregaremos por nuestra cuenta- figuran en la Guía de fábricas y talleres como empresas con obreros asalariados. Basándose en informes oficiales, los autores del Ensayo dan para la producción de queso y mantequilla la cifra de 412.000 rublos en vez de 295.000 (calculado según las cifras dispersas por el libro); y la enmienda de esta cifra nos da 1.600.000 rublos para la producción de mantequilla y queso, y de 4.701.400 rublos si agregamos la mantequilla hervida y el requesón; eso sin contar las provincias del Báltico y las occidentales.

 

Sobre la época posterior aduciremos los siguientes co­mentarios de El trábajo asalariado, etc., obra ya citada, del Departamento de Agricultura. Al hablar de las provin­cias industriales en general, leemos: “El desarrollo de la economía lechera ha revolucionado por completo la situa­ción de las haciendas de esa zona”, “indirectamente ha influido también en el mejora-miento de la agricultura dentro de ella”, “la industria lechera se desarrolla ahí de año en año” (258). En la provincia de Tver, “entre los propietarios y campesinos se manifiesta la tendencia a mejorar la manu­tención del ganado”; el ingreso de la ganadería se calcula en diez millones de rublos (274). En la provincia de Yaroslavl, “la economía lechera se desarrolla por años... Las fábricas de queso y mantequilla han empezado a adquirir incluso cierto carácter indus-trial... la leche se compra también a los vecinos y hasta a los campesinos. Hay empresas de fabrica­ción de queso que son explotadas por toda una compañía de propietarios” (285). “La orientación general de la economía entre los propietarios locales -escribe un corresponsal del distrito de Danílov, provincia de Yaroslavl- se distingue ahora por los índices siguientes: 1) paso de la rotación trienal de

 

 

 

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cultivos a la rotación de cinco y de siete hojas, con siembra de forrajes en los campos; 2) arado de los baldíos; 3) implan­tación de la economía lechera y, como consecuencia de ello, una selección más esmerada del ganado y un mejoramiento del modo de cuidarlo” (292). Lo mismo se dice de la provincia de Smolensk, donde el volumen de la producción de queso y mantequilla se fijaba para 1889 en 240.000 rublos según el informe del gobernador (según la estadísti­ca, 136.000 rublos en 1890). Se observa un incremento de la economía lechera en las provincias de Kaluga, Kovno, Nizhni Nóvgorod, Pskov, Estlandia y Vólogda. La produc­ción de mantequilla y queso en esta última se fija en 35.000 rublos según la estadística de 1890, en 108.000 según el informe del gobernador y en 500.000 según datos locales correspondientes a 1894, que enumeran 389 fábricas. “Esto según la estadística. En realidad, el número de fábricas es mucho mayor, ya que de acuerdo con las investigaciones del Consejo del zemstvo de la provincia, sólo el distrito de Vólogda cuenta con 224”. Y la producción se ha desa-rrollado en tres distritos y ha empezado a penetrar ya en el cuarto*. De ahí puede advertirse cuántas veces es preciso aumentar las cifras anteriores para apro­ximarse a la realidad. La simple manifestación de un especialista de que “el número de empresas productoras de mante­quilla y queso en la actualidad es de varios millares” (La economía agrícola y forestal de Rusia, 299) da una idea más fiel que la cifra, supuestamente exacta, de 265 fábricas.

 

Así pues, los datos no dejan la menor duda acerca del enorme crecimiento de este tipo especial de la agricultura

 

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* Nedelia, 1896, núm. 13. El negocio de leche es tan ventajoso que se han lanzado a él los comerciantes urbanos, que implantan, dicho sea de paso, métodos como el pago en mer-cancías. Un propietario agrí­cola local que tiene una gran fábrica monta un artel con “el pago de la leche en dinero y puntualmente” para liberar a los campesinos del va­sallaje de los mayoristas y para “conquistar nuevos mercados”. Ejemplo típico, que muestra la verdadera significación del artel y la famosa “organización de la venta”: la “liberación” respecto al capital comercial a través del desarrollo del capital industrial.

 

 

 

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comercial. El ascenso del capitalismo iba acompañado aquí también de una transformación de la técnica rutinaria. “Por lo que se refiere a la fabricación de queso -leemos, por ejemplo, en La economía agrícola y forestal-, Rusia ha avanzado posiblemente en los últimos veinticinco años más que cualquier otro país” (301). Lo mismo afirma el Sr. Blazhin en el artículo Exitos de la tecnología de la hacienda lechera (Las fuerzas productivas, III, 38-45). La transforma-ción principal ha consistido, en sustituir el modo “tradicional”, de obtener la nata dejando reposar la leche, por la separa­ción de la nata con máquinas centrífugas desnatadoras*. La máquina ha hecho la producción independiente de la tem­peratura del aire, ha aumentado un 10% la cantidad de mantequilla extraída de la leche, ha mejorado la calidad del producto, ha abaratado su fabricación (con la máquina se requiere menos trabajo, menos local, recipientes y hielo) y ha originado la concentración de la producción. Han aparecido grandes fábricas campesinas de mantequilla, que transforman “hasta 500 puds de leche al día, lo que hubiera sido físi­camente imposible dejándola reposar” (ibíd.). Mejóranse los instrumentos de producción (calderas permanentes, prensas de rosca y sótanos perfeccionados), se recurre a la ayuda de la bacteriología, que proporciona cultivos puros de los bacilos del ácido láctico precisos para la fermentación de la nata.

 

Así pues, el perfeccionamiento técnico debido a las demandas del mercado se ha orientado ante todo, en ambas zonas de la agricultura comercial descritas por nosotros, hacia las opera-ciones que se prestan más fácilmente a la transformación y que son de particular importancia para el mercado: recolección, trilla y limpieza del grano en la economía cerealista comercial; transformación técnica de los productos ganaderos en la zona de la ganadería comercial. El capital considera por ahora ventajoso dejar al pequeño

 

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* Hasta 1882 no había casi desnatadoras de leche en Rusia. A partir de 1886 se extendieron con tal rapidez que desplazaron por completo el método antiguo. En los años 1890 aparecieron incluso desnatadoras-batidoras.

 

 

 

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productor el mantenimiento de los ganados: que atienda con “aplicación” y “celo” “su” ganado (enterneciendo con ello al Sr. V. V., ver Tendencias progresistas, pág. 73), que cargue con el volumen principal de los trabajos más duros y más desagradables en el cuidado de la máquina que propor­ciona leche. El capital tiene los perfeccionamientos y métodos más mo-dernos para separar la crema de la leche y también para separar la “nata” de esa “aplicación”: para separar la leche de los hijos de los campesinos pobres.

 

 

IV. CONTINUACION. LA ECONOMIA DE LA HACIENDA TERRATENIENTE EN LA ZONA DESCRITA

 

Más arriba hemos citado los testimonios de los agróno­mos y propietarios agrícolas de que la economía lechera en las fincas de los terratenientes lleva a la racionalización de la agricultura. Añadiremos aquí que el análisis de los datos contenidos al particular en las publicaciones estadísticas de los zemstvos hecho por el Sr. Raspopin* confirma en un todo esta conclusión. Remitimos al lector que desee datos detallados al artículo del Sr. Raspopin; nosotros nos limitaremos a citar su deducción principal. “Es indiscutible la dependencia entre el estado de la ganadería, de la economía lechera y el número de las fincas en abandono, el grado de intensidad en la explotación de las haciendas. Los distritos (de la provincia de Moscú) con el mayor desarrollo de la ganadería lechera, de la economía lechera, dan el menor tanto por ciento de haciendas abandonadas y la mayor proporción de fincas con un laboreo de tierras muy elevado. Los labrantíos de la provincia de Moscú se reducen en todos los lugares y van transformándose en prados y pastizales, las rotaciones de cultivos cerealistas ceden plaza a las rotaciones múltiples de varios años con cultivo

 

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* El Sr. Raspopin planteó esta cuestión (puede que el primero en nuestra literatura) de manera justa, exacta desde el punto de vista teórico. Recalca al principio mismo que la “elevación de la productividad de la ganadería” -y, en particular, el desarrollo de la economía lechera- marcha en Rusia por la vía capitalista y constituye uno de los índices más impor­tantes de la penetración del capital en la agricultura.

 

 

 

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de herbáceas. El papel preponderante no corresponde ya a los cereales, sino a las hierbas forrajeras y al ganado lechero no sólo en las grandes propiedades de la provincia de Moscú, sino también en toda la zona industrial de Moscú” (1. c.).

 

El volumen de la producción de mantequilla y queso tiene especial importancia, precisamente porque prueba que se ha operado una completa revolución en la agricultura, la cual está haciéndole capitalista y rompiendo con la rutina. El capitalismo coloca bajo su dependencia un pro­ducto de la agricultura y a este producto principal se acomodan los demás aspectos de la hacienda. El manteni­miento del ganado lechero lleva a la siembra de hierbas, a sustituir la rotación trienal por los sistemas de rotación múltiple, etc. Los residuos de la fabricación del queso sirven para cebar el ganado destinado a la venta. No se transforma en empresa sólo la elaboración de la leche, sino toda la economía agrícola*. La influencia de la fabricación de queso y mantequilla no se reduce a las haciendas que la han implantado, ya que la leche se compra a menudo a los campesinos y terratenientes de los alrededores. Con la adquisición de la leche, el capital coloca también bajo su dependencia a los pequeños agricultores, espe-cialmente con la apertura de los llamados “centros de recepción de leche”, cuya difusión se señaló ya en los años 70 (ver Ensayo de los señores Kovalevski y Levitski). Se trata de empresas montadas en las grandes ciudades o cerca de ellas y que

 

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* El Dr.Zhbankov dice en su Estudio sanitario de los talleres y fábricas de la provincia de Smolensk (Smolensk, 1894, fascíc. I, pág. 7) que el “número de obreros ocupados direc-tamente en la fabricación de queso es muy insignificante... Son muchos más los obreros auxiliares necesarios al mismo tiempo para la fabricación de queso y para las labores agrícolas; se trata de pastores, ordeñadoras de vacas, etc.; estos obreros suman en todas las fábricas de queso dos, tres y hasta cuatro veces más que los ocupados especialmente en la producción quesera”. Observaremos de paso que, según lo describe el Dr. Zhbankov, las condiciones de trabajo son aquí muy antihigiénicas, la jornada es excesivamente larga (de 16 a 17 horas), etc. Así pues, también en esta zona de la agricultura comercial resulta incierta la tradicional idea de que el trabajo del agricultor es idílico.

 

 

 

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elaboran gran cantidad de leche transportada por ferrocarril. De la leche se separa inmediata-mente la nata, que es vendida cuando está fresca, y el resto se coloca a bajo precio entre los compradores modestos. Para asegurarse un producto de determinada calidad, estas empresas concluyen a veces contratos con los proveedores, que se comprometen a observar ciertas reglas en la alimentación de las vacas. Es fácil ver la extraordinaria importancia de estas grandes empresas: por una parte conquistan un vasto mercado (venta de la leche desnatada a los habitantes de la ciudad poco pudientes), y por otra amplían en enormes proporciones el mercado para los patronos rurales. Estos últimos reciben un fortísimo impulso para la ampliación y mejora de la agri­cultura comercial. La gran industria los estimula, por así decir, al demandar un producto de determinada calidad, expulsando del mercado (o poniéndolo en manos de los usureros) al pequeño productor que se encuentra por debajo del nivel “normal”. En este sentido debe influir también el establecimiento del precio de la leche según su calidad (atendida la proporción de grasa, por ejemplo), para lo que con tanto empeño trabaja la técnica, inventando diferentes galactómetros, etc., y que con tanto ardor defienden los especialistas (conf. Las fuerzas productivas, III, 9 y 38). A este respecto, el papel de los centros de recepción de leche en el desarrollo del capitalismo es del todo análogo al de los elevadores de grano en la economía cerealista comercial. El silo, que selecciona el grano según su calidad, lo transforma en producto genérico (res fungibilis* como dicen los civilistas), y no individual, es decir, por primera vez lo adaptan plenamente al cambio (conf. artículo de M. Sering acerca del comercio de cereales en los Estados Unidos de Norteamé­rica en la compilación La propiedad de la tierra y la agricultura, pág. 281 y sig.). Los silos dan así un vigoroso impulso a la producción mercantil de cereales y aceleran su progreso técnico, implantando igualmente el precio según la calidad. Esta empresa asesta al pequeño productor dos golpes simultá‑

 

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* -cosa fungible88. -Ed.

 

 

 

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neos. En primer lugar, implanta como norma y legaliza la calidad más elevada de los cereales de los grandes sembra­dores, despreciando con ello definitivamente los cereales inferiores de los campesinos pobres. En segundo lugar, al montar la selección y conservación de los cereales de modo análogo a la gran industria capitalista, disminuye en este capítulo los gastos de quienes siembran .mucho, les facilita y simplifica la venta de cereales y con ello pone definiti­vamente en manos de los kulaks y usureros al pequeño productor con su patriarcal y primitiva venta en sus carros en el mercado. El rápido desarrollo de la construcción de silos en los últimos tiempos representa, por tanto, en el negocio de granos, una victoria tan grande del capital y una disminución del papel del pequeño productor mercantil como la aparición y el desarrollo de los “centros de recepción de leche” capitalistas.

 

Los datos antes expuestos indican ya con claridad que el desarrollo de la ganadería comercial crea mercado interior*, en primer lugar para los medios de producción -aparatos para la elaboración de la leche, edificios, dependencias para el ganado, aperos perfeccionados con el paso de la rutinaria rotación trienal a la rotación múltiple, etc.- y en segundo lugar para la fuerza de trabajo. La ganadería montada como industria requiere incomparablemente más obreros que la vieja ganadería “productora de estiércol”. La zona de la economía lechera -provincias industriales y del noroeste- atrae en realidad gran número de obreros agrícolas. Son

 

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* El mercado para la ganadería comercial se crea principalmente con el crecimiento de la población industrial, del que hablaremos con detalle más abajo (cap. VII, § 11). En lo que se refiere al comercio exterior nos limitaremos a la indicación siguiente: la exportación de queso a principios de la época posterior a la Reforma era mucho menor que la importación, pero en los años 90 se hizo casi igual (en cuatro años, de 1891 a 1894, la importación fue de 41.800 puds y la exportación de 40.600 por término medio anual; en el quinquenio de 1886 a 1890, la exportación fue incluso mayor que la importación). La exportación de manteca de vaca y de oveja ha sido siempre mucho mayor que la importación, y su volumen crece con rapidez: de 1866 a 1870 se exportaron loor término medio anual 190.000 puds, y de 1891 a 1894, 370.000 puds (Las fuerzas productivas, III, 37).

 

 

 

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muchos los que acuden a los trabajos agrícolas a las provincias de Moscú, San Petersburgo, Yaroslavl y Vladimir; es menor, pero considerable, sin embargo, el número de los que van a Nóvgorod, Nizhni Nóvgorod y otras provincias situadas en las tierras no negras. Según las respuestas de los corresponsales del Departamento de Agricultura, los propietarios de la provincia de Moscú y de otras provincias explotan su hacienda principalmente con obreros forasteros. Esta para­doja -llegada de obreros agrícolas de das provincias agrícolas (acuden más que nada de las provincias centrales de la zona de tierras negras y, en parte, de las septentrionales) a las provincias industriales para trabajar en el campo en susti­tución de los obreros industriales que marchan de allí en masa- constituye un fenómeno sintomático en el más alto grado (ver acerca de ello S. A. Korolenko, 1. c.). Esto, mejor que toda clase de cálculos y consideraciones, muestra que el nivel de vida y la situación de los obreros en las provincias centrales de la zona de tierras negras, las menos capitalistas, son incomparable-mente más bajos y peores que en las provincias industriales, las más capitalistas: muestra que también en Rusia ha llegado a ser ya un hecho general el fenómeno típico para todos los países capitalistas de que la situación de los obreros ocupados en la industria es mejor que la de los ocupados en la agricultura (ya que en ésta, a la presión del capitalismo se une la presión de las formas de explotación precapitalistas). Por eso huyen de la agricultura a la in­dustria, mientras que en las provincias industriales, lejos de existir una corriente hacia la agricultura (no hay emigra­ción en absoluto, por ejemplo), se observa hasta una actitud de superioridad frente a los obreros agrícolas “grises”, a quienes llaman “pastores” (provincia de Yaroslavl), “cosacos” (provincia de Vladimir) y “trabajadores de la tierra” (provincia de Moscú).

 

Es también importante señalar que el cuidado de los ganados requiere más obreros en invierno que en verano. Por esta causa, y también a consecuencia del desarrollo de las ramas de pro-ducción agrícola técnica, la demanda de obreros en la zona que nos ocupa no se limita a aumentar,

 

 

 

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sino que también se distribuye con más regularidad en el curso del año y por años. Para valorar este interesante hecho, el material más seguro lo constituyen los datos relativos al salario, si se toman los correspondientes a varios años. Citaremos estos datos, limitándonos a los grupos de las provincias de Rusia y de Malorrossia89. Dejamos a un lado las provincias occidentales teniendo en cuenta particularidades de su género de vida y lo artificial de la aglomeración de su población (zona de asentamiento de los judíos); expondremos los datos de las provincias bálticas únicamente para ilustrar las relaciones a que se llega en la agricultura con el capitalismo más desarrollado*.

 

 

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* En el primer grupo (zona de la economía cerealista capitalista)

 

 

 

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Examinemos este cuadro, en el que las tres columnas principales van en cursiva. La primera muestra la relación entre el salario de verano y el anual. Cuanto más baja es esa relación, cuanto más se acerca el salario de verano al de un semestre, más regularmente se distribuye la deman­da de obreros en el curso del año, menor es el paro forzoso en invierno. Las menos favorecidas en este sentido son las provincias centrales de tierras negras, zona de los pagos en trabajo y de un débil desarrollo des capitalismo*. En las provincias industriales, en la zona de la economía lechera, la demanda de trabajo es mayor y el paro forzoso es menor en invierno. También por años es aquí más estable el salario, según se ve en la segunda columna, que muestra la diferencia entre el salario inferior y superior durante la cosecha. Finalmente, también la diferencia entre el salario durante las siembras y durante la recolección es menor en la zona sin tierras negras, es decir, la demanda de obreros se halla distribuida de un modo más regular entre la primavera y el verano. Las provincias bálticas figuran en todos los aspectos indicados incluso por encima de las que no pertenecen a las tierras negras; las provincias estepa­rias, con obreros forasteros y con las mayores oscilaciones

 

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han entrado ocho provincias: Besarabia, Jersón, Táurida, Ekaterinoslav, del Don, Samara, Sarátov y Orenburgo. En el segundo grupo (zona del menor desarrollo del capitalismo) hay doce provincias: Kazán, Simbirsk, Penza, Tambov, Riazán, Tula, Oriol, Kursk, Vorónezh, Járkov, Poltava y Chernígov. En el tercer grupo (zona de la economía lechera capitalista y del capitalismo industrial) se han incluido diez provincias: Moscú, Tver, Kaluga, Vladimir, Yaroslavl, Kostromá, Nizhni Nóvgorod, San Petersburgo, Nóvgorod y Pskov. Las cifras que determinan la magnitud del salario representan el promedio por provincias. Tomadas de El trabajo asalariado, etc., ediciones del Departamento de Agricultura.

* A una conclusión del mismo género llega el señor Rúdnev: “En las localidades donde se estima relativamente mucho el trabajo del obrero contratado para el año, el salario del trabajador contratado para el verano se aproxima a la mitad del salario anual. Por consi-guiente, al contrario, en las provincias occidentales y en casi todas las centrales, densamente pobladas, de tierras negras, el trabajo del obrero en verano se tiene en muy baja estima” (I. c., 455).

 

 

 

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en el rendimiento del suelo, se distinguen también por la menor estabilidad de los salarios. Así pues, los datos rela­tivos al salario atestiguan que, además de crear demanda de trabajo asalariado, el capitalismo agrícola de la zona que nos ocupa la distribuye de modo más regular en el transcurso del año.

 

Es necesario, por último, señalar una clase más de dependencia del pequeño labrador con respecto al gran patrono en la zona descrita. Nos referimos a la reposición de los rebaños de los terratenientes con el ganado adquirido a los campesinos. Los terratenientes encuentran más ven­tajoso comprar el ganado a los campesinos -los cuales, movidos por la necesidad, lo venden “con pérdidas”- que criarlo ellos mismos, lo mismo que hacen nuestros mayoris­tas en la industria llamada de los kustares, que prefieren a menudo comprar a éstos el producto terminado a precios sumamente bajos antes que fabricarlo en sus talleres. El Sr. V. V. transforma` este hecho, testimonio de la situación extremamente precaria del pequeño productor, de que este último sólo puede mantenerse en la sociedad moderna reduciendo sin límites sus necesidades, en argumento en favor de ¡la pequeña producción “popular”!... “Tenemos derecho a sacar la conclusión de que nuestros grandes hacendados... no demuestran la suficiente independencia... El campesino, en cambio... manifiesta más capacidad para la mejora efectiva de la hacienda” (Tendencias progresistas, 77). Esta falta de independencia se revela en que “nuestros productores de leche... compran vacas de los campesinos a un precio' que pocas veces alcanza la mitad del coste de cría de las mismas, de ordinario no pasa de 73 y con frecuencia es de dicho coste” (ibíd., 71). El capital comercial de los patronos ganaderos ha colocado plenamente bajo su depen­dencia a los pequeños campesinos, transformándolos en va­querizos que crían ganado para ellos a cambio de un salario mísero y haciendo de las mujeres de estos campesi­nos ordeñadoras de vacas a su servicio*. Al parecer, de esto

 

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* He aquí dos comentarios acerca del nivel y de las condiciones de

 

 

 

 

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debería deducirse que no tiene sentido frenar el paso del capital comercial a capital industrial, que no tiene sentido mantener la pequeña producción, la cual lleva a colocar el 'nivel de vida del pequeño productor por debajo del nivel del bracero. Pero el Sr. V.V. razona de otro modo. Se entusiasma del “celo” (Pág. 73, I, c.) del campesino en cuidar el ganado; se entusiasma de los buenos resultados de la ganadería” a cargo de la mujer, “que pasa toda vida con la vaca y las ovejas” (89) ¡Vaya una felicidad! “Toda la vida con la vaca” (cuya leche va a parar al moderno separador de nata); y como recompensa de esta vida ¡el pago “de la cuarta parte del valor” de los gastos de cuidar esa misma vaca! Efectivamente, ¡cómo no manifestarse aquí en favor de la “pequeña producción po­pular”!

 

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vida del campesino ruso en general. M. E. Saltikov escribe en Menudencias de la vida hablando del “Mujik hacendoso”... “El mujik lo necesita todo; pero lo que más necesita es... la capacidad de agotarse, de no escatimar el trabajo personal... El mujik hacendoso se consume simplemente en él” (en el trabajo). “La mujer y los hijos adultos, todos sufren más que si estuviesen en trabajos forzados”.

 

V. Veresáev, en el artículo Liar (Séverni Kurier, 1899, núm. 1) habla de Lizar, mujik de la provincia de Pskov, que predicaba el empleo de gotas, etc., para “reducir al hombre”. “Posteriormente -señala el autor- he oído a muchos médicos de los zemstvos, y en especial a comadronas, que con frecuencia tropiezan con ruegos parecidos entre los maridos y mujeres del campo.” “La vida, que avanza en determinada dirección, ha utilizado todos los caminos y, en fin de cuentas, ha dado en un callejón sin salida. Y de una manera natural se vislumbra y madura más y más una nueva solución del problema.”

 

Los campesinos en la sociedad capitalista se encuentran, efectivamente, en una situación sin salida, y en la Rusia comunal, lo mismo que en la Francia parcelaria, lleva “naturalmente”... no a la “solución del problema”, claro es, sino a un medio no natural de aplazar el hundi-miento de la pequeña hacienda. (Nota a la segunda edición.)

 

 

 

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V. CONTINUACION. DIFERENCIACION DE LOS CAMPESINOS EN LA ZONA DE LA ECONOMIA LECHERA

 

En los comentarios de las obras relativas a la influencia de la economía lechera en la situación de los campesinos tropezamos con contradicciones permanentes: por una parte, se señala el progreso de la hacienda, el incremento de los ingresos, la elevación de la técnica de la agricultura, la adquisición de mejores aperos; por otra, se indica el empeoramiento de la alimentación, la formación de nuevos modos de explotación usuraria y la ruina de los campesinos. Después de lo expuesto en el capítulo II no deben asombrarnos esas contra-dicciones: sabemos que los comentarios opuestos se refieren a grupos campesinos opuestos. Para emitir un juicio más exacto al particular tomaremos los datos relativos a la distribución de las haciendas campesinas por el número de vacas que posee cada hacienda*. (Ver el cuadro en la pág. 295. -Ed.)

 

Así pues, la distribución de las vacas entre los campesi­nos de la zona de tierras no negras resulta muy parecida a la del ganado de labor entre los campesinos de las pro­vincias de tierras negras (ver capítulo II). Además, la concentración del ganado lechero en la zona que nos ocupa es más intensa que la del ganado de labor. Eso señala

 

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* Datos de la estadística de los zemstvos según la Recopilación estadística del Sr. Blagovés-chenski. Unas 14.000 haciendas de estos 18 distritos no están distribuidas por el número de vacas: el número total no es de 289.079 haciendas, sino de 303.262. El Sr. Blagovéschenski da también datos análogos de dos distritos de provincias de tierras negras, pero, al parecer, no son típicos. En once distritos de la provincia de Tver (Reco­pilación de datos estadísticos, XIII, 2) no es elevado el tanto por ciento de haciendas sin vaca entre las de tierras de nadiel (9,8), pero el 48,4% de las vacas se halla en manos del 21,9% de las haciendas que poseen 3 y más. El tanto por ciento de haciendas sin caballos es del 12,2; sólo hay un 5,1% de haciendas con 3 y más caballos, que únicamente poseen el 13,9% del total. Observaremos de paso que también en las otras provincias situadas en la zona de tierras no negras se obser­va una menor concentración de caballos (con respecto a la de las vacas).

 

 

 

 

 

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claramente que la diferenciación de los campesinos se rela­ciona de manera estrecha precisamente con la forma local de la agricultura comercial. Esa misma relación indican, al parecer, los datos que siguen (por desgracia, no del todo completos). Si tomamos los datos totales de la estadística de los zemstvos (Sr. Blagovéschenski; relativos a 122 distritos de 21 provincias) obtendremos un promedio de 1,2 vacas por hacienda. Resulta, pues, que el campesinado de las tierras no negras posee más vacas que el de la zona de tierras negras, y que el de San Petersburgo tiene más aún que el campesinado de la zona de tierras no negras en general. Por otra parte, el tanto por ciento de haciendas sin ganado en 123 distritos de 22 provincias equivale a 13; en los 18 distritos que hemos tomado nosotros, es igual a 17, y en 6 distritos de la provincia de San Petersburgo, a 18,8. Por consiguiente, donde la diferenciación de los campesinos (en el aspecto que nos ocupa) resulta más profunda es en la provincia de San Petersburgo; después sigue la zona de tierras no negras. Eso acredita que la agricultura comercial es precisamente el factor principal de la diferenciación de los campesinos.

 

De los datos anteriores se ve que cerca de la mitad de las haciendas campesinas (sin vacas o con una sola) pueden sentir únicamente de un modo negativo los beneficios de la economía lechera. El campesino que tiene una vaca, venderá la leche sólo por necesidad, empeorando la alimentación de sus hijos. Por el contrario, cerca de una quinta parte de las haciendas (con tres y más vacas) concentra en sus manos probablemente más de la mitad de toda la economía lechera, ya que la calidad de su ganado y la rentabilidad de la hacienda deben ser superiores a las del campesino “medio”*. Los datos relativos a una región donde la eco‑

 

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* Es necesario tener en cuenta estos datos acerca de los grupos de campesinos opuestos cuando nos encontramos, por ejemplo, con comentarios tan generales como el siguiente: “El ingreso de 20 a 200 rublos anuales por hogar procedentes de la ganadería lechera en las enormes extensiones de las provincias septentrionales no sólo es una palanca muy importante para incrementar y mejorar la ganadería; también ha influido en el mejora‑

 

 

 

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nomía lechera y el capitalismo en general se hallan muy desarrollados ofrecen una interesante ilustración a esta conclu­sión. Nos referimos al distrito de San Petersburgo*. Se halla especialmente desarrollada la economía lechera en la zona de veraneo de este distrito, habitada preferentemente por rusos; aquí es donde más extendida se encuentra la siembra de hierbas forrajeras (23,5% de la tierra labrada de los nadieles contra el 13,7% para el distrito), de avena (52,3% de la tierra labrada) y de) patatas (10,1%). La agricultura se encuentra bajo la influencia directa del mercado de San Petersburgo, que necesita avena, patatas, heno, leche y caballos de tiro (1. c., 168). El 46,3% de la población domiciliada se encuentra ocupado en la “industria lechera”. Se vende la leche del 91% de las vacas. Los ingresos que ello produce equivalen a 713.470 rublos (203 por familia, 77 por vaca). La calidad del ganado y la manera de cuidarlo son mejores cuanto más próximas se hallan las localidades a San Petersburgo. La leche se vende de dos maneras: 1) a los mayoristas del mismo lugar y 2) en San Petersburgo, a las “granjas lecheras”, etc. Esta última clase de venta resulta incomparablemente más ventajosa, pero la “mayoría de las haciendas que tienen una o dos vacas, y a veces más, carece de la posibilidad de llevar su producto al mismo San Petersburgo” (240) por falta de caballo, por lo caro del transporte de pequeñas cantidades, etc. Entre los mayoristas, además de los comerciantes dedicados de modo especial a este negocio, hay quien tiene su propia hacienda lechera. He aquí los datos relativos a dos subdistritos del distrito:

 

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miento de la agricultura e incluso en la disminución de la marcha a otros lugares en busca de salario, ya que ofrece a la población un trabajo en casa: cuidado del ganado y puesta en cultivo de tierras antes abandonadas” (Las fuerzas productivas, III, 18). En general, la marcha a otros lugares no disminuye, sino que aumenta. En algunos sitios, la disminución puede obedecer, bien al aumento de la proporción de campesinos acomodados, bien al desarrollo de los “trabajos en casa”, es decir, de los trabajos por contrata para los patronos rurales locales.

* Materiales de estadística de la economía nacional en la provincia de San Petersburgo, fascíc. V, parte II, San Petersburgo, 1887.

 

 

 

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Puede juzgarse por esto cómo se distribuyen los benefi­cios de la economía lechera entre todos los campesinos de la zona de las tierras no negras, en el seno de los cuales, según hemos visto, es aún mayor la concentración del ganado lechero que en estas 560 familias. Resta agregar que el 23,1% de las familias, campesinas del distrito de San Petersburgo recurre a la contrata de obreros (entre los cuales, como en todas las zonas agrícolas, también predomi­nan los jornaleros). “Tomando en consideración que los obreros agrícolas son contratados casi exclusivamente por familias con una hacienda agrícola completa” (y, éstas no constituyen en el distrito más que el 40,4% del total de las familias), “se debe deducir que más de la mitad de esas haciendas no prescinde de trabajo asalariado” (158).

 

Así pues, en los extremos opuestos de Rusia, en los lugares más distintos, en la provincia de San Petersburgo y en Táurida, resultan totalmente análogas las relaciones económico-sociales dentro de la “comunidad”. Los “mujiks labradores” (expresión del Sr. N. –on) proporcionan allí y aquí una minoría de patronos rurales y una masa de proletariado del campo. La particularidad de la agricultura estriba en que el capitalismo coloca bajo su dominio un

 

 

 

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aspecto de la economía agraria en una zona, y otro en otra; por eso se manifiestan relaciones económicas análogas en las más distintas formas agronómicas y de la vida.

 

Una vez sentado el hecho de que también en la zona que nos ocupa el campesinado se disgrega en dos clases opuestas, podremos dilucidar fácilmente la contradicción entre los comentarios que por lo general se hacen acerca del papel de la economía lechera. Es del todo natural que el campesino acomodado reciba un impulso hacia el desarrollo y el mejoramiento de la agricultura, resultado de lo cual es la difusión de la siembra de hierbas forrajeras, que se va haciendo parte inseparable de la ganadería comercial. En la provincia de Tver, por ejemplo, se ha notado el desarrollo de la siembra de hierbas forrajeras, y en el distrito de Kashin, el más adelantado, hay ya 1/6 de las haciendas que siembra trébol (Recopilación, XIII, 2, pág. 171). Es interesante indicar a este respecto que en las tierras compradas es mayor la parte de labrantíos destinada a siembra de hierbas forrajeras que en las tierras de nadiel: la burguesía campesina prefiere, como es lógico, la propiedad privada de la tierra a la posesión comunal*. En el Resumen de la provincia de Taroslavl (fascíc. II, 1896) encontramos también un sinnúmero de indicaciones relativas al crecimiento de la siembra de hierbas forrajeras, de manera principal, asimismo, en las tierras compradas y tomadas en arriendo**. En esta publicación vemos también indicaciones acerca de la difusión de los aperos perfeccionados: arados modernos, trilladoras, rodillos, etc. Aumenta mucho la fabricación de mantequilla y queso, etc. En la

 

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* Sólo se advierte una mejora sensible en el modo de cuidar el ganado vacuno allí donde se ha desarrollado la obtención de leche para la venta (págs. 219, 224).

** Págs. 39, 65, 136, 150, 154, 167, 170, 177 y otras. Nuestro sistema tributario anterior a la Reforma frena también aquí el progreso de la agricultura. “Gracias a la densidad de las haciendas campesinas -escribe un corresponsal- en todo el subdistrito se siembran hierbas forra­jeras, pero el trébol se vende para satisfacer las contribuciones atrasadas” (91). Las cargas fiscales son en esta provincia a veces tan grandes que quien da tierra en arriendo debe abonar cierta suma al nuevo poseedor del nadiel.

 

 

 

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provincia de Nóvgorod se advertía ya a principios de los años 80 -junto al empeoramiento y disminución general de la ganadería campesina- su mejora en ciertas localidades, allí donde existe un mercado ventajoso para la leche o donde de antaño existe la cría de terneros (Bichkov. Ensayo de un estudio por familias de la situación económica y de la hacienda de los campesinos en tres subdistritos del distrito de Nóv­gorod. Nóvgorod, 1882). La cría de terneros, que representa también un aspecto de la ganadería comercial, constituye una industria bastante extendida en las provincias de Nóvgo­rod, Tver y, en general, en las localidades próximas a las capitales (ver El trabajo asalariado, etc., ediciones del Departamento de Agricultura). “Esta industria -dice el Sr. Bichkov- ­constituye en esencia una fuente de ingresos para los campesinos de por sí acomodados que poseen bastantes vacas, ya que con una vaca sola, a veces hasta con dos que den poca leche, es inconcebible la cría de terneros” (1. c., 101)*.

 

Pero el índice más notable de los éxitos económicos de la burguesía campesina él la zona que nos ocupa lo representa el que los campesinos contraten obreros. Los terratenientes locales sienten que nacen competidores suyos, y en sus comunicaciones al Departamento de Agricultura explican a veces la insuficiencia de obreros por la circunstancia de que los interceptan los campesinos acomodados (El trabajo asalariado, 490). Se observa contrata de obreros por los campesinos en las provincias de Yaroslavl, Vladimir, San Petersburgo y Nóvgorod (1. c., passim). El Resumen de la provincia de Yaroslavl contiene también gran número de observaciones dispersas de ese tipo.

 

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* Observaremos a propósito que la diversidad de “industrias” de los campesinos locales impulsó al Sr. Bichkov a separar dos tipos de industria-les, atendido el volumen de las ganancias. Resulta que hay 3.251 perso­nas (el 27,4% de la población) que reciben menos de 100 rublos; su ingreso es igual a 102.000 rublos, a 31 por cabeza; 454 personas (el 3.8% de la población) reciben más de 100 rublos: sus ingresos son de 107.000 rublos, a 236 por cabeza. En el primer grupo entran prefe­rentemente los obreros asalariados de toda clase; en el segundo, los comerciantes, productores de heno, industriales madereros. etc.

 

 

 

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Todos estos progresos de la minoría acomodada pesan, sin embargo, gravemente sobre la masa de los campesinos pobres. En el subdistrito de Kóprino, distrito de Ríbinsk, provincia de Yaroslavl, por ejemplo, se observa la difusión de la fabricación de queso por iniciativa de “V. I. Blándov, conocido fundador de arteles queseros”*. “Los campesinos más pobres, que sólo tienen una vaca, perjudican, naturalmente, su alimentación al llevar... la leche” (a la fábrica de queso), mientras que los acomodados mejoran su ganado (págs. 32-33). Entre los tipos de trabajo asalariado se observa afluencia a las fábricas de queso; entre los jóvenes campesinos se forma un contingente de especialistas en dicha industria. En el distrito de Poshejonie el “número de fábricas de queso y mantequilla aumenta más y más cada año”, pero las “ventajas que la fabricación de queso y mantequilla propor­ciona a la hacienda de los campesinos difícilmente compensa­rán las desventajas que en la vida campesina ocasionan nuestras fábricas”. Según reconocen los mismos campesinos, se ven obligados a menudo a pasar hambre, ya que cuando se abren fábricas de queso en sus contornos los productos lácteos van a esos centros y los campesinos se alimentan con frecuencia de leche rebajada con agua. Se incrementa el pago en especie (págs. 43, 54, 59 y otras); por ello debemos lamentar que no se extienda a nuestra pequeña producción “popular” la ley que prohíbe el pago en especie en las fábricas “capitalistas”**.

 

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* Los “arteles queseros” del subdistrito de Kóprino figuran en la Guía de fábricas y talleres; la casa Blándov es la más importante de la producción quesera; en 1890 poseía 25 fábricas en seis provincias.

** He aquí un expresivo comentario del Sr. Stari Maslodel (seudónimo que significa Viejo Mantequero. –Ed.): “Quien haya visto y conozca la aldea actual y recuerde la aldea de hace 40 y 50 años, se asombrará de su diferencia. Las casas de todos los campesinos eran en la antigua aldea iguales por su aspecto externo y por su remate interior; ahora, junto a las chozas hay aposentos pintados, junto a los pobres viven los ricos, junto a los humillados y ofendidos, los que llevan una vida festiva y jubilosa. En otros tiempos encontrábamos frecuentemente aldeas donde no había ni un campesino sin tierra; ahora vemos en todas un mínimo de cinco, cuando no llegan a diez. Y hay que decir la verdad: la fabri-

 

 

 

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Así pues, los comentarios de las personas que conocen de modo inmediato el asunto con-firman nuestra deducción de que la participación de la mayoría de los campesinos en los progresos de la agricultura local es puramente negativa. El progreso de la agricultura comercial empeora la situación de los grupos inferiores de campesinos y los expulsa de­finitivamente de las filas de los agricultores. Observaremos que las obras populistas han señalado esta contradicción entre el progreso de Ya economía lechera y el empeoramiento de la alimentación de los campesinos (al parecer, quien primero lo hizo fue Engelhardt). Pero precisamente este ejemplo permite mostrar la estrechez con que los popu­listas enjuician los fenómenos operados entre los campesinos y en la agricultura. Advierten la contradicción en una forma, en un lugar, y no comprenden que es propia a todo el régimen económico-social, poniéndose de manifiesto, de distintas formas, en todos los sitios. Advierten la significación contradictoria de una “industria ventajosa” y persisten en aconsejar que se “implanten” entre los campesinos otras “industrias locales” de toda clase. Advierten la significación contradic-toria de un progreso agrícola y no comprenden que las máquinas, por ejemplo, tienen en la agricultura exactamente el mismo significado económico-político que en la industria.

 

 

VI. LA ZONA DE CULTIVO DE LINO

 

 

Nos hemos detenido con bastante detalle en la descrip­ción de las dos primeras zonas de la agricultura capitalista, teniendo en cuenta su amplitud y lo típico de las relaciones

 

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cación de mantequilla ha influido mucho en esa transformación de la aldea. Esta industria ha enriquecido a muchos en 30 años, ha pintado sus casas; muchos campesinos que proporcionan leche han visto aumentar su bienestar durante el período de desarrollo de la fabricación de mantequilla, han aumentado su ganado, han adquirido tierras por comunidades enteras e individualmente, pero son más los empobrecidos; en las aldeas han aparecido los campesinos sin tierra y los mendigos” (Zhizn, 1889, núm. 8, citado en Séverni krai, 1899. núm. 223). (Nota a la segunda edición.)

 

 

 

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allí observadas. En la exposición que sigue nos limitaremos a indicaciones más breves acerca de algunas de las zonas más importantes.

 

El lino es el más importante de los llamados “cultivos industriales”. Este término indica ya que nos encontramos precisamente con la agricultura comercial. En la provincia de Pskov, “productora de lino”, por ejemplo, esta fibra representa desde hace mucho el “primer dinero”, según la expresión local, para el campesina, (Recopilación estadística militar, 260). La producción de lino es sencillamente un medio de obtener dinero. La época posterior a la Reforma se distin­gue en su conjunto por un indudable incremento de la producción comercial de lino. Así, a fines de los años 60 el volumen de esta producción en Rusia se calculaba aproxi­madamente en 12.000.000 de puds de fibra (ibíd., 260; a principios de los años 80 era de 20.000.000 (Resumen esta­dístico-histórico de la industria de Rusia, tomo I, San Peters-burgo, 1883, pág. 74); actualmente, en las 50 provincias de la Rusia europea se recogen más de 26.000.000 de puds de fibra*. En la zona consagrada propiamente al cultivo de lino (19 provincias que no son de tierras negras), la superficie de siembra ha cambiado en el último tiempo así: 1893, 756.600 deciatinas; 1894, 816.500 deciatinas; 1895, 901.800

 

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* La media de 1893 a 1897 da 26.291.000 puds, según datos del Comité Central de Esta-dística. Véase Véstnik Finánsov, 1897, núm. 9, y 1898, núm. 6. Anteriormente los datos estadísticos relativos a la producción de lino se distinguían por una gran inexactitud; por eso hemos preferido tomar los cálculos aproximados, que se basan en la confrontación que los especialistas han hecho de las más distintas fuentes. Por años, la producción de lino oscila considerablemente. Por eso, por ejemplo, el Sr. N. –on, que se ha lanzado a extraer las más audaces conclusiones acerca del “descenso” de la producción de lino y sobre la “reducción de las siembras” de esta planta (Ensayos, pág. 236 y sigs.) por los datos de sólo seis años, ha caído en los más curiosos errores (véase el análisis que de ellos hace P. B. Struve en Notas críticas, pág. 233 y sigs.). Agregaremos a lo dicho en el texto que, según datos aducidos por el Sr. N. –on, el área má­xima de las siembras de lino en los años 1880 fue de 1.372.000 deciatinas, y la recolección de fibra, de 19.245.000 puds, mientras que en 1896-1897 las siembras alcanzaron de 1.617.000 a 1.669.000 deciatinas y la cosecha de fibra llegó a 31.713.000 y 30.139.000 puds.

 

 

 

304

deciatinas; 1896, 952.100 deciatinas, y 1897, 967.500 decia­tinas. En 1896 toda la Rusia europea (50 provincias) había sembrado 1.617.000 deciatinas de lino; en 1897 la superficie había llegado a 1.669.000 deciatinas (Véstnik Finánsov, ibíd., y 1898, núm. 7) contra 1.399.000 deciatinas a principios de los años 1890 (Las fuerzas productivas, I, 36). De la misma manera, los comentarios generales de las obras consagradas a la materia acreditan el aumento del cultivo comercial del lino. Acerca de los dos primeros decenios posteriores a la Reforma, por ejemplo, el Resumen estadístico-histórico com­prueba que la “zona de cultivo del lino con fines industriales se ha extendido a varias provincias más” (1.c., 71), en lo que ha influido especialmente la ampliación de la red ferroviaria. El Sr. V. Prugavin escribió a principios de los años 80 acerca del distrito de Yúriev, provincia de Vla­dimir: “La siembra de lino ha adquirido aquí una difusión extraordinariamente amplia en los últimos 10-15 años”. “Algunos labradores de familia numerosa venden anualmente lino por valor de 300, 500 y más rublos... Compran” (lino para semilla) “en Rostov... Los campesinos de aquí se preocu-pan muchísimo de escoger la simiente” (La comunidad rural, las industrias kustares y la agricultura del distrito de Yúriev, provincia de Vladimir, Moscú, 1884, págs. 86-89). En la recopilación estadística del zemtsvo de la provincia de Tver (tomo XIII, fascíc, 2) se señala que los “cereales más importantes de los campos de primavera, la cebada y la avena, se ven sustituidos por la patata y el lino” (pág. 151); en algunos distritos, el lino ocupa de 1/3 a 3/4 de los campos sembrados en primavera, co­mo en Zubtsov, Kashin y otros distritos, “en los cuales el cultivo del lino ha adquirido un carácter especulativo abiertamente manifiesto de industria” (pág. 145), desarro­llándose de modo particular en las tierras de arriendo vírgenes y de barbecho. Se observa además que en unas provincias, donde aún hay tierras libres (vírge-nes, baldías y de desmonte), el cultivo del lino se desarrolla de modo especial, mientras que en algunas provincias de antaño entregadas a él “o sigue manteniéndose en la dimensión

 

 

 

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anterior o, incluso, retrocede ante otros cultivos nuevos, como los tubérculos, las hortalizas, etc.” (Véstnik Finánsov, 1898, núm. 6, pág. 376 y 1897, núm. 29), es decir, se ve sustituido por otras clases de la agricultura comercial.

 

Por lo que se refiere a la exportación de lino al extranjero, en los dos primeros decenios posteriores a la Reforma creció con notable rapidez: de una media de 4.600.000 puds en 1857-1861 a 8.500.000 en 1867-1871 y a 12.400.000 puds en 1877-1881, pero después pareció dete­nerse, alcanzando por término medio 13.300.000 puds en 1894-1897*. El desarrollo del cultivo comercial de lino ha llevado, como es lógico, además del intercambio entre la agricultura y la industria (venta de lino y compra de productos fabricados) al intercambio entre diferentes tipos de la agricultura comercial (venta de lino y compra de trigo). He aquí los datos relativos a este interesante fe­nómeno que muestra palpablemente que el mercado interior para el capitalismo no se crea sólo por la marcha de la población de la agricultura a la industria, sino también por la especialización de la agricultura comercial ** :

 

 

Movimiento de mercancías por ferrocarril, hacia la

provincia de Pskov (“productora de lino”) y de ella.

(Cifras medias calculadas en miles de puds)

 

Períodos                                Lino exportado            Cereales y harina

                                                                                            Importados

 

1860-1861                               255,9                                      43,4

1863-1864                               551,1                                    464,7

1865-1866                               793,0                                    842,6

1867-1868                            1.053,2                                 1.157,9

1869-1870                            1.406,9                                 1.809,3

 

 

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* Datos de la exportación de lino, hilaza y estopa. Véase Resumen est.-hist.; P. Struve. Notas críticas y Véstnik Finánsov, 1897, núm. 26, y 1898, núm. 36.

** Véase N. Strokin. El cultivo del lino en la provincia de Pskov, San Petersburgo, 1882. El autor ha tomado estos datos de los Trabajos de la comisión de impuestos.

 

 

 

306

 

¿Cómo se deja sentir este incremento del cultivo co­mercial de lino en los campesinos, quienes, según se sabe, son los principales productores de dicha planta? *. “Al recorrer la provincia de Pskov y examinar su vida económica uno no puede por menos de advertir que, junto a escasos pobla­dos y aldeas, grandes y ricos, hay aldeas muy pobres; estos extremos constituyen el rasgo característico de la vida econó­mica en la zona de cultivo de lino.” “Las siembras de lino han adquirido una orientación especulativa” y “gran parte” de los ingresos proporcionados por el lino “queda en poder de los mayoristas y de quienes dan en arriendo la tierra para la siembra de lino” (Strokin, 22-23). Los ruinosos precios de arriendo constituyen una verdadera “renta monetaria” (ver más arriba), y la masa de los campesinos se encuentra “en una dependencia plena y sin esperanza” (Strokin, ibíd.) de los mayoristas. El dominio del capital comercial es ya antiguo en esos lugares**, y la época posterior a la Reforma se distingue por la gigantesca concentración de este capital, el quebrantamiento del carácter monopolista de los pequeños mayoristas de antes y la formación de “oficinas del lino”, que han concentrado en sus manos todo el comercio de este producto. “La importancia del cultivo de lino -dice el Sr. Strokin al hablar de la provincia de Pskov- se manifiesta... en la concen-tración de capitales en unas pocas manos” (pág. 31). Al transformar el cultivo de lino en un juego de azar, el capital arruinó a las masas de pequeños agriculto­res, que empeoraban la calidad del producto, agotaban la tierra, llegaban a dar en arriendo sus nadieles, y, en fin de cuentas, terminaban por aumentar el número de los .obreros

 

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* De 1.399.000 deciatinas sembradas de lino, 745.400 se hallan en la zona de tierras no negras, donde sólo el 13%, pertenece a propietarios. En la zona de tierras negras, el 44,4% de las 609.600 deciatinas sembra­das pertenece a propietarios (Las fuerzas productivas, I, 36).

** La Recopilación estadística militar señalaba ya que “el lino sembrado por los campesinos es de hecho, con mucha frecuencia, propiedad de los 'bulini'” (denominación local de los pequeños mayoristas), “mientras que los primeros no son más que trabajadores en su propio campo” (595). Conf. Resumen estadístico-histórico, pág. 88

 

 

 

307

que buscan trabajo fuera de la localidad. En cambio, una minoría insignificante de campe-sinos acomodados y comer­ciantes adquirió la posibilidad -y fue puesta por la competencia en la necesidad- de implantar mejoras técnicas. Empezaron a difundirse las máquinas Couté de agramar lino, a mano (valen hasta 25 rublos) y de caballos (tres veces más caras). En 1869 había en la provincia de Pskov sólo 557 máquinas de éstas, mientras que en 1881 su número había ascendido a 5.710 (4.521 a mano y 1.189 de caballos)*. “Actualmente -leemos en Resumen est.-hist.- todas las familias campesinas solventes que se ocupan del cultivo de lino tienen su máquina Couté a mano, la cual ha recibido incluso el nombre de 'máquina machacadora de Pskov'” (1. c., 82-83). En el capítulo II hemos visto ya cuál es la relación de esta minoría de labradores “solventes”, que adquieren máquinas, con respecto a los demás campesinos. En lugar de los pri­mitivos cedazos, que limpiaban la semilla muy mal, el zemstvo de Pskov ha empezado a introducir máquinas limpiadoras de grano perfeccionadas (trieurs), y los “campesinos industriales más acomodados” encuentran ya ventajo­so adquirir-las para alquilarlas a los cultivadores de lino (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 29, pág. 85). Los mayoristas más importantes montan secaderos y prensas, y contratan obreros para seleccionar y agramar el lino (ver el ejemplo del Sr. V. Prugavin, 1. c., 115). Es preciso agregar, por fin, que la elaboración de la fibra de lino requiere mucha mano de obra: se estima que el cultivo de una deciatina de lino necesita 26 jornadas de trabajo propiamente agrícolas y 77 jornadas para obtener la fibra del tallo (Resumen est.-hist., 72). Por eso, el fomento del cultivo de lino lleva, por una parte, a ocupar más la temporada de invierno del agricul­tor; por otra parte, conduce a formar demanda de trabajo asalariado entre los terratenientes y campesinos acomodados que siembran lino (ver un ejemplo de ello en el cap. III, § VI).

 

Así pues, también en la zona de cultivo de lino el

 

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* Strokin, 12.

 

 

 

308

incremento de la agricultura comercial lleva al dominio del capital y a la diferenciación de los campesinos. Un freno enorme de este proceso lo constituyen, sin duda, los ruino­sos y elevadísimos precios de arriendo de la tierra*, la presión capital comercial, la sujeción de los campesinos al nadiel y los grandes pagos por la tierra de nadiel. Por ello, cuanto más se desarrolle la compra de tierras por los campesinos**, la marcha a otras localidades para ocuparse en una industria*** y la difusión de máquinas y métodos agrícolas modernos, con tanta mayor rapidez desplazará el capital industrial al capital comercial, tanto más rápidos serán la formación de la burguesía rural salida de los campesinos y el desplazamiento del sistema de pago en trabajo de la economía terrateniente por el capitalista.

 

 

VII. ELABORACION TECNICA
DE LOS PRODUCTOS AGRICOLAS

 

Más arriba (cap. I, § I) hemos tenido ya ocasión de observar que los escritores agrícolas, que dividen los sistemas de la agricultura de acuerdo con el producto más importante destinado al mercado, ven un tipo especial en el

 

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* Actualmente bajan los precios de arriendo de la tierra destinada a la siembra de lino como consecuencia de la caída del precio de la fibra, pero la superficie de este cultivo, por ejemplo, en la zona especializada de Pskov, no ha disminuido en 1896 (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 29).

** La provincia de Pskov es una de las primeras de Rusia en cuanto al desarrollo de la compra de tierras por los campesinos. Según datos de la Recopilación de materiales estadísticos sobre la situación económica de la población rural (ed. de la oficina del Comité de Ministros), las tierras campesinas compradas constituyen allí el 23% de toda la tierra de nadiel en buenas condiciones; eso constituye el máximo de todas las 50 provincias. A cada varón de la población campesina, el primero de enero de 1892 le correspondía 0,7 deciatinas de tierra comprada; en este sentido sólo las provincias de Nóvgorod y Táurida se encuentran por encima de la de Pskov.

*** La salida de varones de la provincia de Pskov en busca de trabajo ha aumentado de 1865-1875 a 1896, según los datos estadísticos, casi cuatro veces (Las industrias de la población campesina en la provincia de Pskov, Pskov, 1898, pág. 3).

 

 

 

309

sistema de economía fabril o técnica. En el fondo, éste se reduce a que, antes de ser destinado al consumo (personal o productivo) el producto agrícola se somete a una transfor­mación técnica. Las empresas que la efectúan son parte constitutiva de las mismas haciendas en las que se extrae el producto bruto o pertenecen a industriales especiales que compran el producto a los labradores. La diferencia entre estos dos tipos no tiene importancia desde el punto de vista de la economía política. El crecimiento de las industrias técnicas agrícolas es de gran entidad en el problema del desarrollo del capitalismo. En primer lugar, este crecimiento constituye una de las formas de desarrollo de la agricultura comercial y, además, una forma que con particular relieve muestra la transformación de la agricultura en una rama de la industria de la sociedad capitalista. En segundo lugar, el desarrollo de la transformación técnica de los productos del campo va de ordinario indisolublemente ligado al progreso técnico de la agricultura: por una parte, la producción misma de materias primas para la transformación requiere ya a menudo el mejoramiento de la agricultura (la siembra de tubérculos, por ejemplo) ; por otra parte, los residuos de la transformación son utilizados con frecuencia para la agricultura, elevando el rendimiento de ésta y restableciendo, aunque sólo sea parcialmente, el equilibrio y la interdependencia entre la agricultura y la industria, en la violación de los cuales reside una de las contradicciones más profundas del capi­talismo.

 

Ahora debemos, por tanto, caracterizar el desarrollo de las industrias agrícolas técnicas en la Rusia posterior a la Reforma.

 

 

1) Destilación de alcohol

 

Examinamos aquí la destilación de alcohol sólo desde el punto de vista de la agricultura. Por ello no tenemos necesidad de hablar de lo rápido de la concentración de esta industria en las grandes fábricas (en parte a consecuencia de las demandas del sistema de impuestos indi-rectos), de la rapidez con que ha progresado la técnica fabril, abaratando

 

 

 

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la producción, y de cómo el ascenso de los impuestos indi­rectos ha sobrepasado ese abaratamiento y ha frenado con su desmedido volumen el fomento del consumo y de la producción.

 

Citaremos los datos de la destilación “agrícola” de alcohol en todo el Imperio Ruso*:

 

Destilerías de alcohol en                    Número de                  Alcohol destilado

1896-1897                                        destilerías                    en miles de cubos

 

Agrícolas                                          1.474}                         13.521}

Mixtas                                                             404} 1.878                10.810} 24.331

Industriales                                          159                             5.457

_______________________________________________________________

 

Total                                                   2.037                          29.788

 

 

Así pues, más de 9/10 de todas las destilerías (que rinden más de 4/5 de toda la producción) están directamente ligadas a la agricultura. Estas fábricas, que constituyen grandes empresas capitalistas, infunden el mismo carácter a todas las haciendas terratenientes en las que han sido construi­das (las destilerías pertenecen casi por completo a los terra­tenientes y, prin-cipalmente, a los nobles). El tipo de la agricultura comercial que ahora nos ocupa se halla especialmente desarrollado en las provincias centrales de tierras negras, en las que se con-centra más de 1/10 de todas las fábricas de alcohol del Imperio Ruso (239 en 1896-97, de las cuales 225 son agrícolas y mixtas) que producen más de la cuarta, parte de todo el producto (7.785.000 cubos en 1896-97, de los cuales 6.828.000 corresponden a las fábricas agrícolas y mixtas). De ese modo, el carácter comercial de la agricultura en la zona donde predomina el pago en

 

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* La ley del 4 de junio de 1890 establece los siguientes índices para la destilación agrícola de alcohol: 1) temporada de la producción de alcohol, del 1 de septiembre al 1 de junio, cuando no se trabaja en el campo; 2) correspondencia entre la cantidad del alcohol destilado y el número de deciatinas de tierra labrada que posee la finca. Se denominan mixtas las fábricas que tienen una producción, en parte agrícola y en parte industrial (conf. Véstnik Finánsov, 1896, núm. 25, y 1898, núm. 10).

 

 

 

311

trabajo se manifiesta con más frecuencia (en comparación con las otras zonas) en la fabri-cación de vodka con cereales y patata. La destilación de alcohol procedente de la patata se ha incrementado con rapidez especial en la época posterior a la Reforma, según se desprende de los datos expuestos a continuación, relativos a todo el Imperio Ruso*:

 

 

Materia prima empleada en la destilación de

alcohol, en miles de puds

 

Total de ce-   De ellos co‑

reales y          rresponde

patata            a la patata               % de patata

 

 

En 1867                                            76.925             6.950                           9,1

 

Media de       1873/74-1882/83          123.066           65.508                         53

10 años          1882/83-1891/92          128.706           79.803                         62

 

En 1893/94                                       150.857           115.850                       76

En 1896/97                                       144.038           101.993                       70,8

 

 

Así pues, con un aumento global de dos veces de la cantidad de cereales destilada, la cantidad de patata consumida con el mismo objeto ha crecido unas quince veces. Esto confirma palmariamente la tesis antes expuesta (§ 1 de este capítulo) de que el enorme aumento de la siembra y la cosecha de patatas significa precisamente el ascenso de la agri­cultura comercial y capitalista, junto a la mejora de la técnica agrícola, con el cambio de la rotación trienal por la múltiple, etc.**. La zona de mayor desarrollo de la destilación de alco­hol se distingue también (en las provincias rusas, es decir, sin contar las del Báltico y las occidentales) por la mayor cosecha neta de patata atendido el número de habitantes. Así, en las provincias septentrionales de tierras negras, para los períodos de 1864-1866, 1870-1879 y 1883-1887 fue de 0,44, 0,62 y 0,60 chétvert por habitante, mientras que para toda la Rusia europea (50 provincias) las cifras correspon‑

 

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* Fuentes: Recopilación estadística militar, 1427; Las fuerzas productivas, IX, 49, y Véstnik Finánsov, 1898, núm. 14.

** Conf. Raspopin, 1. c., Resumen estadístico-histórico, 1. c., pág. 14. Los residuos de la destilación del alcohol (bagazo) se utilizan con frecuencia (incluso por las fábricas comer-ciales, no sólo por las agrícolas) para sos­tener la ganadería comercial destinada a la carne. Conf. Datos agrícolas estadísticos, fascíc. VII, pág. 122 y passim.

 

 

 

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dientes fueron 0,27, 0,43 y 0,44 chétvert. A principios de los años 80 el Resumen estadístico-histórico señaló ya que la “zona donde se observa la mayor difusión del cultivo de la patata abarca todas las provincias de la parte central y norte de las tierras negras, las de la región del Volga y del Transvolga y las centrales de la zona de las tierras no negras” (1. c., pág. 44)*.

 

La ampliación del cultivo de la patata entre los terra­tenientes y los campesinos acomodados significa una mayor demanda de trabajo asalariado; el cultivo de una deciatina de patatas requiere considerablemente más trabajo** que el cultivo de una deciatina de cereales, mientras que las máqui­nas se hallan aún muy poco difundidas en la zona central de las tierras negras, por ejemplo. De ese modo, si ha dismi­nuido el número de obreros ocupados propiamente en las destilerías de alcohol***, por otra parte el desplazamiento de los

 

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* La gran rapidez con que ha aumentado precisamente en las pro­vincias agrícolas centrales el empleo de la patata para la destilación de alcohol se desprende de los datos siguientes. En seis provincias -Kursk, Oriol, Tula, Riazán, Tambov y Vorónezh- se consumió con ese fin en 1864/65-1873/74 una media anual de 407.000 puds de patatas; de 1874-75 a 1883-84 el consumo fue de 7.482.000 puds; de 1884-85 a 1893-94 ascendió a 20.077.000 puds. Las cifras correspondientes para toda la Rusia europea son: 10.633.000 puds, 30.599.000 puds y 69.620.000 puds. El número de destilerías que consumían patata fue por término medio anual de 29 para 1867/68-1875/76; de 1876/77 a 1884/85 fue de 130; para 1885/86 a 1893/94, de 163. Las cifras correspondientes para toda la Rusia europea son: 739, 979 y 1.195 (Conf. Datos agrícolas estadísticos, fascíc. VII).

** En la recopilación estadística del zemstvo del distrito de Balajná, provincia de Nizhni Nóvgorod, por ejemplo, se calcula que el cultivo de una deciatina, de patatas requiere 77,2 jornadas de trabajo, incluidas 59,2 jornadas de obrera para plantarlas, entrecavar, escardar y recoger la cosecha. Lo que más aumenta, por tanto, es la demanda de campesinas locales para los trabajos a jornal.

***En 1867, las destilerías de alcohol de la Rusia europea tenían 52.660 obreros (Recopila-ción estadística militar. En el capítulo VII demostra­remos que esta obra exagera extraordi-nariamente en general el número de obreros fabriles), mientras que en 1890 había 26.102 (según la Guía de Orlov). Los obreros ocupados propiamente en las destilerías de alcohol son escasos y además se distinguen poco de los obreros rurales. “Todos los obreros de las fábricas rurales -dice, por ejemplo, el doctor Zhbankov-,

 

 

 

313

pagos en trabajo por el sistema capitalista de economía ha elevado, con el cultivo de los tubérculos, la demanda de jornaleros rurales.

 

 

2) Producción de azúcar de remolacha

 

La transformación de la remolacha en azúcar se halla más concentrada aún en grandes empresas capitalistas que la destilación de alcohol y pertenece también a las fincas de los terratenientes (de modo especial a los nobles). La zona donde principalmente se produce la remolacha azucarera está formada por las provincias del sudoeste, y después, por las meri-dionales y centrales de tierras negras. La superficie de siembra en los años 60 era de unas 100.000 deciatinas*; en los años 70, de unas 160.000 deciatinas**; en 1886-1895, de 239.000 deciatinas***; en 1896-1898, de 369.000 de­ciatinas****; en 1900, de 478.778 deciatinas; en 1901, de 528.076 deciatinas (Torgovo-Promíshlennaya Gazeta, 1901, núm. 123), y en 1905-1906, de 483.272 deciatinas (Véstnik Finánsov, 1906, núm. 12). Por consiguiente, el área de las siembras ha crecido en el período posterior a la Reforma más de cinco veces. Con una rapidez incomparablemente mayor todavía ha crecido la cantidad de remolacha recogida y transformada: por término medio, en 1860-1864 se elabo­raron en todo el Imperio 4.100.000 bérkovets90 de remolacha; en 1870-1874, 9.300.000; en 1875-1879, 12.800.000; en 1890‑

 

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que sólo trabajan una temporada, ya que durante el verano los obreros se marchan a las faenas del campo, se distinguen mucho de los obreros fabriles permanentes: llevan ropa campesina, guardan las costumbres lugareñas y no adquieren el barniz especial que distingue a los obreros de la fábrica” (1. c., II, 121).

* Anuario del Ministerio de Hacienda, fascíc. 1. – Recopilación estadística militar. –Resumen estadístico-histórico, t. II.

** Resumen estadístico-histórico, I.

*** Las fuerzas productivas, 1, 41.

**** Véstnik Finánsov, 1897, núm. 27 y 1898, núm. 36. En 1896-1898, la Rusia europea, sin el Reino de Polonia, tenía 327.000 deciatinas sembradas de remolacha azucarera.

 

 

 

314

1894, 29.300.000; en 1895-96 y 1897-98, 35.000.000*. La cantidad de remolacha elaborada ha crecido desde los años 60 más de ocho veces. Por tanto, ha aumentado enormemente el rendimiento de las sementeras de remolacha, es decir, la productividad del trabajo en las fincas grandes, organizadas al modo capitalista**. La entrada en la rotación de cultivos de un tubérculo comestible como la remolacha va unida indisolublemente al paso a un sistema moderno de cultivo, al mejoramiento de las labores del campo y del pienso del ganado, etc. “La preparación del suelo para la remolacha -leemos en Resumen estadístico-histórico (t. I)-, bastante complicada y difícil, ha llegado en muchas de nuestras ha­ciendas remolacheras a un alto grado de perfección, especialmente en las provincias sudoccidentales y en las bañadas por el Vístula. Para trabajar la tierra se emplean en las distintas regiones aperos y arados diversos, más o menos perfeccionados; en algunos casos se ha implantado incluso la labranza a vapor” (pág. 109).

 

Este progreso de la gran agricultura capitalista va unido a un incremento muy considerable de la demanda de obreros asalariados agrícolas, de braceros y en especial de jornaleros; el trabajo de mujeres y niños se halla particularmente exten­dido (conf. Resumen estadístico-histórico, II, 32). Entre los cam­pesinos de las provincias colindantes ha arraigado un tipo especial de trabajo fuera de la localidad: en los campos de remolacha (ibíd., 42). Consideran que para cultivar por comple­to un morgen (= 2/3 de deciatina) de remolacha se requieren 40 jornadas de trabajo (El trabajo asalariado, 72). La Recopilación de materiales estadísticos sobre la situación económica de la población rural (ed. del Comité de Ministros) estima que el cultivo de una deciatina de remolacha requiere 12 jornadas de obreros varones si se emplean máquinas, y 25 sin ellas,

 

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* Además de las fuentes antes indicadas, véase Véstnik Finánsov, 1898, núm. 32.

** Por término medio, de 285.000 deciatinas dedicadas en el Imperio al cultivo de la remo-lacha en 1890-1894, había 118.000 deciatinas per­tenecientes a las fábricas y 167.000 en propiedad de los plantadores (Las fuerzas productivas, IX, 44).

 

 

 

315

eso fuera de las mujeres y los adolescentes (págs. X-XI). El cultivo de todos los campos de remolacha en Rusia debe, pues, ocupar, probablemente, un mínimo de 300.000 jorna­leros y jornaleras rurales. Pero el incremento del número de deciatinas dedicadas a la siembra de remolacha azucare­ra no puede dar aún una idea completa de la demanda de trabajo asalariado, ya que algunas labores se pagan por bérkovets de producto. He aquí lo que leemos, por ejem-plo, en Informes y estudios relativos a las industrias kustares en Rusia (ed. del Ministerio de Bienes del Estado, tomo II, San Peters­burgo, 1894, pág. 82).

 

“La población femenina de la ciudad y del distrito” (se trata de la ciudad de Krolevets, provincia de Chernígov) “tiene en estima el trabajo en los campos de remolacha; en otoño pagan la limpieza de los tubérculos a 10 kopeks por bérkovets, dos mujeres limpian de 6 a 10 bérkovets por día, pero algunas se contratan para cuidar la remolacha en la época de su crecimiento: escardarla y entrecavarla; enton­ces por hacer todos los trabajos, incluyendo el arrancar y limpiar los tubérculos, reciben 25 kopeks por cada bérkovets de remolacha limpia”. La situación de los obreros en las plantaciones remolacheras es la más dura. Por ejemplo, la Crónica médica de la provincia de Járkov (1899, septiembre, citada según Russkie Védo-mosti, 1899, núm, 254) enumera “varios hechos más que penosos acerca de la situación de los que trabajan en las plantaciones remolacheras”. Podolski, médico del zemstvo en la aldea de Kotelva, del distrito de Ajtirka, escribe: “En otoño, el comienzo del desarrollo del tifus se advierte de ordinario entre los jóvenes que trabajan en las plantaciones de remolacha de los campesinos acomodados. Los cobertizos donde los obreros descansan y pasan la noche son mantenidos por esos plantadores en una suciedad extrema, la paja sobre la que duermen transfórmase al terminar las faenas en estiércol literalmente, ya que no se cambia nunca: aquí es donde se desarrolla el foco de infección. He tenido ocasión de diagnosticar simultánea-mente cuatro o cinco casos de tifus procedentes de una misma plantación”, Según este médico el “contin­gente principal de sifilíticos lo dan los trabajadores de los

 

 

 

316

campos de remolacha”. El Sr. Féinberg observa con pleno fundamento que el “trabajo en las plantaciones, tan perjudicial para los mismos obreros y para la población de los alrededores como el de las fábricas, es especialmente funesto porque en él hay ocupada una infinidad de mujeres y adolescentes y porque estos obreros carecen de la más elemental protección por parte de la sociedad y del Estado”; teniendo en cuenta lo dicho, el autor se adhiere por completo a la opinión del doctor Romanenko, manifestada en el VII Congreso de médicos de la provincia de Járkov: “al dictar disposiciones obligatorias es preciso también preocuparse de la situación de los obreros en las plantaciones remolacheras. Estos obreros carecen de lo más necesario, viven meses enteros a cielo raso y se alimentan en común”.

 

Así pues, el aumento de la producción de remolacha ha hecho elevar extraordinariamente la demanda de obreros rurales, transformando a los campesinos de las cercanías en proletariado rural. El ascenso del número de obreros del campo no ha sido debilitado más que de un modo insigni­ficante con la pequeña disminución de los obreros ocupados directamente en la producción de azúcar de remolacha*.

 

 

3) Producción de fécula de patata

 

De las producciones industriales sólo accesibles a las ha­ciendas terratenientes pasamos a las que se hallan más o menos al alcance de los campesinos. Aquí entra; ante todo, la transfor-mación de la patata (y en parte del trigo y otros cereales) en fécula y melaza. La producción de almidón creció con especial rapidez en la época posterior a la Reforma como consecuencia del enorme incremento de la industria textil, que necesitaba ese producto. La zona donde se elabora está formada principalmente por las provincias indus‑

 

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* En 1867. la Rusia europea tenía ocupados 80.919 obreros en las fábricas de azúcar y refinerías (Anuario del Minisierio de Hacienda, I. La Recopilación estadística militar exagera también aquí el número elevándolo hasta 92.000, seguramente ha contado dos veces a algunos obreros). En 1890 el número correspondiente era de 77.875 obreros (Guía de ()rlov).

 

 

 

317

triales que se hallan en las tierras no negras y, en parte, por las provincias septentrionales de tierras negras. El Resu­men estadístico-histórico (tomo II) estima que a mediados de los años 60 había unas 60 fábricas que daban una producción de 270.000 rublos aproximadamente, y en 1880 existían 224 fábricas que daban producto por valor de 1.317.000 rublos. En 1890, según la Guía de fábricas y talleres, había 192 fábricas con 3.418 obreros y una producción valorada en 1.760.000 ru­blos*. La producción de almidón “ha aumentado en los últimos 25 años 4  1/2 veces por el número de fábricas -dice el Resumen estadístico-histórico- y 10 3/4 veces por el valor del producto transformado; sin embargo, la producción se halla lejos de satisfacer la demanda (pág. 116), como lo acredita el aumento de la importación de este artículo del extranjero. Después de analizar los datos por provincias, el Resumen estadístico-histórico llega a deducir que nuestra producción de fécula de patata tiene (contrariamente a la del almidón procedente del trigo) un carácter agrícola y se halla concentrada en manos de los campesinos y terratenientes. Promete un vasto desarrollo en el futuro “y ya ahora propor-ciona a nuestra población rural buenos beneficios (126).

 

Ahora veremos quién goza de esos beneficios. Pero antes señalaremos que es preciso distinguir dos procesos en el

 

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* Tomamos los datos del Resumen estadístico-histórico como los más homogéneos y comparables. La Compilación de datos y materiales del definiste­rio de Hacienda (1866, núm. 4, abril) daba para 1864, según datos del Departamento de Comercio y Manufacturas, la cifra de 55 fábricas de almidón en Rusia, con una producción por valor de 231.000 rublos. La Recopilación estadística militar calcula 198 fábricas para 1866, con una pro­ducción por valor de 563.000 rublos, pero aquí han entrado indudablemente empresas pequeñas, que ahora no son incluidas entre las fábricas. La estadística de esta producción es en general, muy insatis-factoria: unas veces se cuentan las fábricas pequeñas, y otras con mucha más frecuencia) se omiten. Para la provincia de Varoslavl, por ejemplo, la Guía de Orlov daba 25 fábricas en 1890 Relación, 1894-95, 20), mientras que el Resumen de la provincia de Taroslacl (fascíc. II. 1896) da sólo para el distrito de Rostov 810 fábricas de fécula de patata y melaza. Por eso, las cifras aducidas en el texto no pueden más que caracterizar la dinámica del fenómeno, y en modo alguno el desarrollo electivo de la producción.

 

 

 

318

desarrollo de la producción almidonera: por una parte, la aparición de nuevas fabriquillas pequeñas y el crecimiento de la producción campesina; por otra, la concentración de la producción en las grandes fábricas movidas a vapor. En 1890, por ejemplo, había 77 fábricas movidas a vapor, que concentraban el 52% de los obreros y el 60% del valor de la pro-ducción. De ellas, sólo 11 habían sido abiertas antes de 1870; 17 funcionaban desde los años 70; 45, desde los años 80, y 2 habían sido inauguradas en 1890 (Guía del Sr. Orlov).

 

Para estudiar la economía de la producción almidonera campesina dirijámonos a los investigadores locales. En 1880-81, la industria del almidón de la provincia de Moscú* abarcaba a 43 aldeas de 4 distritos. El número de empresas se determinaba en 130, con 780 obreros y con una produc­ción por valor de 137.000 rublos como mínimo. La industria se ha extendido principalmente después de la Reforma; su técnica ha ido progresando de un modo gradual y se han ido formando empresas más grandes que requieren mucho capital fijo y que se distinguen por una mayor productividad del trabajo. Los ralladores a mano se vieron sustituidos por otros perfeccionados, después aparecieron los malacates, y, por fin, implantose el tambor, aparato que ha mejorado y abaratado considerablemente la producción. He aquí, los datos del censo de “kustares” por hogares, que nosotros agruparnos según la dimensión de las empresas: (ver el cuadro. en la pág. 319. -Ed.)

 

Así pues, aquí tenemos pequeñas empresas capitalistas en las que aumenta el empleo de trabajo asalariado y se eleva el rendimiento del trabajo a medida que la producción se amplía. Estas empresas proporcionan un beneficio consi­derable a la burguesía campesina, elevando también la técnica de la agricultura. Pero la situación de los obreros de estas pequeñas fábricas es muy insatisfactoria como consecuencia

 

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* Recopilación de dados estadísticas de la provincia de Moscú, tomo VII, fascíc. 1, Moscú, 1882.

 

 

 

319

 

 

 

de las condiciones en extremo antihigiénicas del trabajo y de la duración de la jornada**.

 

La agricultura de los campesinos que poseen empresas “ralladoras” se encuentra en condi-ciones muy favorables. La siembra de patata (en la tierra de nadiel, y más que nada en la tierra que se toma en arriendo) les proporciona un ingreso considerablemente mayor que el cultivo de centeno y avena. Para ampliar su hacienda, los fabricantes se esfuer­zan por tomar en arriendo las tierras de nadiel de los campesinos pobres. En la aldea de Tsíbino (distrito de Brón­nitsa), por ejemplo, 18 fabricantes de almidón (de los 105 la­bradores que viven en ella) toman en arriendo tierras de nadiel a los campesinos que marchan en busca de un salario, lo mismo que a quienes carecen de caballos, sumando de este modo a sus 61 nadieles otros 133 tomados en arriendo; concentran en total 194 nadieles, es decir, el 44,5% de los existentes en la aldea. “El mismo fenómeno exactamente

 

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* Véase anexo al capítulo V, industria Nº 24.

** L. c., pág. 32. La jornada de trabajo en las pequeñas fábricas campesinas es de 13 a 14 horas, mientras que en las fábricas grandes de la misma rama de la industria (según Deméntiev) predomina la jornada de 12 horas.

 

 

 

320

leemos en la recopilación- se da en las restantes aldeas, donde se encuentra más o menos desarrollada la industria del almidón” (1. c., 42)*. Los fabricantes de almidón poseen el doble de ganado que los demás campesinos: una media de 3,5 caballos y 3,4 vacas por hacienda contra 1,5 caballos y 1,7 vacas correspondientes a los campesinos locales en gene­ral. De los 68 fabricantes (incluidos en el censo de haciendas), 10 tienen tierra comprada, 22 toman en arriendo tierra no de nadiel y.23, tierra de nadiel. En una palabra: son típicos representantes de la burguesía campesina.

 

Relaciones por completo análogas nos ofrece la industria almidonera en el distrito de Yúriev, provincia de Vladímir (V. Prugavin, 1. c., pág. 104 y sig.). También aquí mantie­nen los fabricantes la producción principalmente con ayuda del trabajo asalariado (de 128 obreros ocupados en 30 fábri­cas, 86 son asalariados); también aquí los fabricantes se en­cuentran muy por encima de la masa por su ganadería y su agricultura; los desperdicios de la patata son utilizados por ellos como pienso. Entre los campesinos han aparecido incluso auténticos farmers. El Sr. Prugavin describe la hacienda de un campesino que tiene fábrica de almidón (valorada en unos 1.500 rublos) con 12 obreros asalariados. Produce la patata en sus campos, que ha ampliado a través del arriendo. La rotación de cultivos es de siete hojas con siembra de tré­bol. Para la agricultura emplea 7 u 8 trabajadores, contratados desde la primavera hasta el otoño (“kontsevíe”). Los desper­dicios sirven de pienso, y el propietario se propone utilizar las aguas del lavadero de las patatas para regar los campos.

 

El Sr. Prugavin afirma que esta fábrica se encuentra “en condiciones del todo excepcionales”. La burguesía rural constituirá siempre, claro es, una minoría insignificante de la población del campo en toda sociedad capitalista, y en este sentido será, si queréis, “excepción”. Pero el calificati‑

 

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* Compárenlo con el comentario general de V. Orlov acerca de toda la provincia de Moscú (tomo IV de la recopilación, fascíc. I, pág. 14): los campesinos acomodados toman con frecuencia en arriendo nadieles de los pobres, concentrando a veces en sus manos de 5 a 10.

 

 

 

321

vo no puede eliminar el hecho de que en la zona de la producción almidonera, lo mismo que en todas las restantes zonas de la agricultura comercial de Rusia, se está for­mando la clase de los patronos rurales, que organizan una agricultura capitalista*.

 

 

4) Producción de aceite

 

La extracción de aceite de lino, de cáñamo, de girasol etc., constituye también a menudo una producción técnica agrícola. Puede juzgarse de su desarrollo en la época poste­rior a la Reforma por el hecho de que el valor de la producción de aceite se calculaba para 1864 en 1.619,000 rublos; para 1879, en 6.486.000, y para 1890, en 12.232.000**. También en esta industria se observa un proceso doble: por una parte, en las aldeas aparecen pequeñas fábricas de aceite, propiedad de los campesinos (a veces, de los terratenientes), que producen para la venta. Por otra parte, se desarrollan las fábricas grandes, movidas a vapor, que concentran la pro­ducción y desplazan a las empresas pequeñas***. A nosotros

 

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* A título de curiosidad señalaremos que tanto el Sr. Prugavin (1. c., 107) como el autor del estudio de la industria moscovita (1. c., 45) y el Sr. V. V. (Estudios de la industria kustar, 127) ven el “fondo de artel” (o un “principio”) en el hecho de que algunas empresas produc-toras de fécula de patata pertenezcan a varios dueños. Nuestros perspicaces populistas han sabido advertir un “principio” especial en las cooperativas de patronos rurales y no han visto ningún “principio” económico-social nuevo en la existencia misma y en el desarrollo de la clase de los patronos rurales.

** Compilación de datos y materiales del Ministerio de Hacienda, 1866, núm. 4. Guía de Orlov, ediciones primera y tercera. No damos los datos relativos al número de fábricas porque nuestra estadística fabril confunde las almazaras pequeñas, agrícolas, y las grandes, indus-triales, contando a veces las primeras y omitiéndolas en otras ocasiones para diversas pro-vincias y en distinto tiempo. En los años 1860, por ejemplo, se incluyó entre las “fábricas” un gran número de pequeñas almazaras.

*** En 1890, por ejemplo, de 383 fábricas, 11 produjeron aceite por valor de 7.170.000 rublos, sobre un total de 12.232.000. Esta victoria de los patronos industriales sobre los del campo despierta un profundo descontento entre nuestros agrarios (por ejemplo, el Sr. S. Korolenko, 1. c.)

 

 

 

322

sólo nos interesa aquí la transformación agrícola de las plantas oleaginosas. “Los propietarios de fábricas de aceite de cáña­mo -leemos en el Resumen estadístico-histórico (tomo II)- son campesinos acomodados”, que estiman especialmente esta in­dustria porque les permite obtener un pienso magnífico para el ganado (orujo). Al subrayar el “vasto desarrollo de la producción de aceite de semilla de lino” en el distrito de Yúriev, provincia de Vladímir, el Sr. Prugavin (1. c.) comprueba que los campesinos obtienen con ello “no pocas ventajas” (págs. 65-66), que la agricultura y la ganadería de los campesinos poseedores de molinos de aceite son considerable-mente más elevadas que las de la masa campe­sina; algunos recurren también a la contrata de obreros agrícolas (1. c., cuadros, págs. 26-27 y 146-147). El censo de kustares de la provincia de Perm efectuado en 1894-95 puso también de relieve que la agricultura de los kustares fabricantes de aceite se encuentra muy por encima de la del resto (siembras mayores, un número de cabezas de ganado considerablemente mayor, cosechas más elevadas, etc.) y que esta mejora de la agricultura va acompañada de la contrata de obreros rurales*. Durante la época posterior a la Reforma en la provincia de Vorónezh se ha difundido de modo especial el cultivo comercial del girasol, transformado en aceite en las empresas locales. En los años 70 había en Rusia unas 80.000 deciatinas sembradas de girasol (Resumen estadístico-histórico, I), y en los años 80, alrededor de 136.000, 2/3 de las cuales pertenecían a los cam-pesinos. “Desde entonces, sin embargo, a juzgar por ciertos datos, la superficie de siembra de esta planta ha crecido considerablemente, en algunos lugares el 100% y más aún” (Las fuerzas productivas, I, 37). “Sólo en la

 

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y nuestros populistas (por ejemplo, el Sr. N. -on, págs. 241-242 de Ensayos). Nosotros no compartimos su criterio. Las fábricas grandes elevarán el rendimiento del trabajo y darán un carácter social a la producción. Eso por una parte. Por otra, la situación de los obreros en las grandes fábri­cas será, seguramente, mejor -y no sólo en el aspecto material- que en las pequeñas empresas agrícolas productoras de aceite.

* V. Ilín. Estudios y artículos económicos91. San Petersburgo, 1899, págs. 139-140. (Véase 0.C., t. 2, pág. 366. -Ed.)

 

 

 

323

aldea de Alexéevka” (distrito de Biriuchí, provincia de Voró­nezh) -leemos en el Resumen estadístico-histórico, parte II- “hay más de 40 empresas productoras de aceite; la propia Alexéevka, que antes era una miserable aldehuela, se ha enriquecido y transformado, gracias al girasol, en un pueblo rico con casas y tiendas entechadas de hierro” (pág. 41). Lo siguiente da idea de cómo se ha reflejado esta riqueza de la burguesía campesina en la masa de los campesinos: de 2.273 familias avecindadas en la aldea de Alexéevka (13.386 habitantes de ambos sexos) en 1890 había 1.761 sin ganado de labor, 1.699 no tenían aperos, 1.480 no trabajaban la tierra, y sólo había 33 familias no ocupadas en industrias*.

 

Debe advertirse que, en general, los molinos campesinos de aceite figuran de ordinario en los censos por hogares de los zemstvos entre las “empresas industriales y comerciales”, de cuya distribución y papel hemos hablado ya en el capítulo II.

 

 

5) Cultivo del tabaco

 

Para terminar daremos unas breves indicaciones acerca del desarrollo del cultivo del tabaco. Por término medio, en 1863-1867 se recogieron en Rusia 1.923.000 puds de 32.161 decia-tinas; en 1872-1878, 2.783.000 puds de 46.425 deciati­nas; en los años 80, 4.000.000 de puds de 50.000 deciatinas**. El número de plantaciones se determinó para los mismos años en 75.000, 95.000 y 650.000, lo que acredita, evidentemente, un muy considerable crecimiento del número de pequeños

 

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* Recopilación de datos estadísticos del distrito de Biriuchí, provincia de Vorónezh. En la aldea había 153 empresas industriales. Según la Guía del Sr. Orlov, en 1890 esta aldea poseía 6 fábricas de aceite con 34 obreros y con una producción por valor de 17.000 rublos; la Relación de fábricas y talleres correspondiente a 1894-95 da 8 fábricas con 60 obreros y una producción por valor de 151.000 rublos.

** Anuario del Ministerio de Hacienda, I. Resumen estadístico-histórico, tomo I. Las fuerzas productivas, IX, 62. La superficie de siembra de tabaco oscila mucho por años: el término medio en 1889-1894, por ejemplo, fue de 47.813 deciatinas (4.180.000 puds de cosecha), y en 1892-1894, de 52.516 deciatinas con una cosecha de 4.878.000 puds. Véase Recopilación de datos de Rusia, 1896, págs. 208-209.

 

 

 

324

productores atraídos a la agricultura comercial de este tipo. El cultivo del tabaco requiere un número considerable de obreros. Entre las faenas agrícolas que atraen mano de obra forastera se destaca por ello la afluencia a las plantaciones de tabaco (especialmente en las provincias del sur, donde el cultivo del tabaco se ha extendido últimamente con singular rapidez). Obras especiales han señalado ya que la situación de los obreros en las plantaciones de tabaco es la más penosa*.

 

Con relación a este cultivo como rama de la agricultura comercial tenemos datos especial-mente circunstanciados e in­teresantes en el Resumen del cultivo del tabaco en Rusia (fascíc. II y III. San Petersburgo, 1894, impreso por disposición del Departamento de Agricultura). Al describir el cultivo del tabaco en Ucrania, el Sr. V. Scherbachiov proporciona datos notable-mente exactos de tres distritos de la provincia de Poltava (Priluki, Lójvitsa y Romni). Estos informes, reunidos por el autor y clasificados por la oficina de estadística del Consejo del zemstvo de la provincia de Poltava, abarcan a 25.089 haciendas campesinas que cultivan tabaco en esos tres distritos, con una superficie de siembra para esta planta de 6.844 decia-tinas y de 146.774 para cereales. La distribución de estas haciendas es la siguiente:

 

 

 

p. 324

 

Tres distritos de la provincia de Poltova (1888)

 

Grupo de hacienda por el                   Número de                  Cultivan en deciatinas

área de siembra de cereales                haciendas                    tabaco              cereales

(en deciatinas)

 

Menos de 1                                       2.231                             374                       448

De 1 a 3                                            7.668                             895                  13.974

De 3 a 6                                            8.856                           1.482                 34.967

De 6 a 9                                            3.319                              854                 22.820

Más de 9                                           3.015                           3.239                 74.565

----------------------------------------------------------------------------------------------------

Total                                             25.089                             6.844               146.774

 

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* Beloboródov, artículo antes citado del Séverni Véstnik, 1896, núm. 2. Russkie Védomosti, 1897, núm. 127 (del 10 de mayo): la vista de la causa por demanda de 20 obreras contra el dueño de una plantación de tabaco en Crimea condujo a que “en el juicio se pusieran de manifiesto muchos hechos acreditativos de la insoportable situación de los obreros que allí tra­bajaban”.

 

 

 

325

Vemos una gigantesca concentración de los cultivos de tabaco y cereales en manos de las haciendas capitalistas. Menos de un octavo de las haciendas (3.000 de 25.000) poseen más de la mitad de todas las siembras de cereales (74.000 de 147.000), con una media de casi 25 deciatinas por hacienda. Estas haciendas reúnen casi la mitad de las plantaciones de tabaco (3.200 de 6.800), con un promedio superior a una deciatina de cultivo de esta planta por hacienda, mientras que la superficie de siembra de tabaco no pasa en los grupos restantes de una a dos décimas de deciatina por hacienda.

 

El Sr. Scherbachiov cita, además, datos acerca de la agru­pación de esas mismas haciendas según el área destinada al tabaco:

 

Grupos de plantaciones                      Número de                              Deciatinas dedi-

de tabaco                                          plantaciones                            cadas al cultivo

                                                                                                        de tabaco

0,01 dec. y menos                              2.919                                           30

De 0,01 a 0,10 dec.                            9.078                                         492

De 0,10 a 0,25 dec.                            5,989                                         931

De 0,25 a 0,50 dec.                            4,330                                      1.246

De 0,50 a 1,00 dec.                            1.834}                                     1.065}

De 1,00 a 2,00 dec.                               615} 2.773                               720} 4.145

De 2,00 y más dec.                               324}                                     2.360}

------------------------------------------------------------------------------------------------

             Total                                   25.089                                       6.844

 

 

De aquí se ve que la concentración de las siembras de tabaco es considerablemente mayor que la de cereales. La rama de la agricultura especialmente comercial de esta región está más concentrada en manos de los capitalistas que la agricultura en general. 2.773 haciendas de las 25.000 existentes poseen 4.145 deciatinas dedicadas al cultivo del tabaco sobre las 6.844, es decir, más de los tres quintos. Los 324 mayores cultivadores de tabaco (algo más de un décimo del total) tienen 2.360 deciatinas dedicadas a ello, es decir, más de un tercio de la totalidad. Esto da una Media de más de 7 deciati­nas de siembra de tabaco por hacienda. Para comprender de qué tipo debe ser esta hacienda recordaremos que el cultivo del tabaco re-quiere un número muy grande de obreros. El autor calcula que para una deciatina se necesitan dos obreros por lo

 

 

 

326

menos empleados de 4 a 8 meses de labores, según la clase de tabaco.

 

El propietario de siete deciatinas dedicadas al cultivo del tabaco debe tener, por tanto, un mínimo de 14 obreros, es decir, debe indudablemente montar su hacienda a base del trabajo asalariado. Algunas especies de tabaco requie­ren tres, y no dos trabajadores por deciatina durante la temporada, además del trabajo complementario de los jornale­ros. En una palabra: vemos con plena evidencia que cuanto más comercial se hace la agricultura, más se desarrolla su organización capitalista.

 

El predominio de las haciendas pequeñas y minúsculas entre los cultivadores de tabaco (11.997 de 25.089 siembran hasta una décima de deciatina) no refuta lo más mínimo la organización capitalista de esta rama de la agricultura comer­cial, pues a esa masa de mi-núsculas haciendas le corresponde una parte ínfima de la producción (11.997 haciendas, es decir, casi la mitad, siembran 522 deciatinas de 6.844, o sea, menos de una décima parte). De la misma manera, las cifras “medias”, a las que con tanta frecuencia se limitan, no dan idea de la realidad (por término medio, a cada hacienda le corresponde algo más de 1/4 de deciatina de tabaco).

 

El desarrollo de la agricultura capitalista y la concen­tración de la producción son aún más acusados en algunos distritos. En el de Lójvitsa, por ejemplo, hay 229 haciendas de las 5.957 existentes que siembran 20 y más deciatinas de cereales; éstas poseen 22.799 deciatinas de cereales sobre un total de 44.751, es decir, más de la mitad. Cada dueño tiene una media de casi 100 deciatinas de sembradío. Con relación a las siembras de tabaco, tienen 1.126 deciatinas de 2.003. Y si tomamos la clasificación por el área de las siembras de tabaco, en este distrito tenemos 132 haciendas de las 5.957 existentes con un mínimo de dos deciatinas dedicadas al cultivo de esa planta. De las 2.003 deciatinas de tabaco, estas 132 haciendas siembran 1.441, es decir, el 72%, una media de más de diez deciatinas por hacienda. En el mismo distrito de Lójvitsa tenemos en el polo opuesto, 4.360 haciendas (de las 5.957) que siembran menos de 1/10 de

 

 

 

327

deciatina de tabaco: un total de 133 deciatinas de las 2.003, o sea, el 6%.

 

Se cae de su peso que la organización capitalista de la producción va acompañada aquí de un desarrollo muy intenso del capital comercial y de todo género de explotaciones fuera del marco de la producción. Los pequeños cultivadores de ta­baco no tienen cobertizos para secar el producto, no pueden dejarlo que fermente y venderlo (a las tres o seis semanas) ya prepa-rado. Lo venden sin preparar, a mitad de precio, a los mayoristas, quienes a menudo siembran ellos mismos tabaco en tierras tomadas en arriendo. Los mayoristas “oprimen por todos los medios a los pequeños plantadores” (pág. 31 de la obra citada). La agricultura comercial es una producción capitalista comercial, también en esta rama de la agricultura (si se saben escoger procedimientos adecuados) se puede adver­tirlo con claridad.

 

 

VIII. LA HORTICULTURA Y LA FRUITCULTURA INDUSTRIALES; LA HACIENDA SUBURBANA

 

Con la caída del régimen de servidumbre, la “fruticultu­ra terrateniente”, que se hallaba bastante desarrollada, “decayó acto seguido y con rapidez casi en toda Rusia”*. La cons-trucción de vías férreas cambió el asunto, dando un “enorme impulso” al fomento de una fruticultura nueva, comercial, y operando un “completo viraje hacia el mejoramiento” en esta rama de la agricultura comercial**. Por una parte, el transporte de frutas baratas del sur quebrantó la fruticultura en los centros donde antes se hallaba difundida***; por otra, la fruticultura industrial se desarrolló, por ejemplo, en las provincias de Kovno, Vilno, Minsk, Grodno, Moguiliov y Nizhni Nóvgorod junto a la ampliación del mercado de venta****. Según indica el Sr. V. Pashkévich, el estudio del

 

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* Resumen estadístico-histórico, I, pág. 2.

** Ibíd.

*** Por ejemplo, en la provincia de Moscú. Véase S. Korolenko, El trabajo asalariado, etc., pág. 262.

**** Ibíd., págs. 335, 344, etc.

 

 

 

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estado de la fruticultura en 1893-94 mostró su considerable desarrollo como rama industrial en el último decenio, el incremento de la demanda de fruticultores y obreros de esta espe-cialidad, etc.* Los datos estadísticos confirman esas conclusiones: crece el transporte de frutas por los ferrocarriles rusos**; disminuye la impórtación de frutas extranjeras, que se había incrementado en el primer decenino posterior a la Reforma***.

 

Se comprende que la horticultura comercial, que propor­ciona artículos de consumo para masas incomparablemente mayores de población que, la fruticultura, se haya desarro­llado con mayor rapidez y amplitud aún. Las huertas in­dustriales alcanzan considerable difusión, en primer lugar, junto a las ciudades****; en segundo lugar, junto a los poblados fabriles e industriales y comerciales*****, y también a lo largo de las vías férreas; en tercer lugar, en algunos pueblos dispersos por toda Rusia y que se han hecho famosos por la producción de legumbres******. Es preciso advertir que la demanda de productos de esta clase no se limita a la pobla­ción industrial, también los pide la población agrícola: recordemos que, según los presupuestos de los campesinos de Vorónezh, los gastos en legumbres ascienden a 47 kopeks por habitante, y que más de la mitad de esta suma se destina a productos comprados.

 

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* Las fuerzas productivas, IV, 13.

** Ibíd., 31, Resumen estadístico-histórico, 31 y sigs.

*** En los años 60 se importó cerca de un millón de puds; en 1878-1880, 3.800.000 puds; en 1886-1890, 2.600.000; en 1889-1893, dos millones.

**** Adelantándonos a la exposición, indicaremos que en 1863 había en la Rusia europea 13 ciudades con más de 50.000 habitantes; en 1897, su número era de 44 (véase cap. VIII, § II).

***** Véase ejemplos de poblados de este tipo en los capítulos VI y VII.

****** Véase indicaciones relativas a poblados de este tipo para las provincias de Viatka, Kostromá, Vladimir, Tver, Moscú, Kaluga, Penza, Nizhni Nóvgorod y otras muchas, sin hablar ya de la de Yaroslavl, en Resumen estadístico-histórico, I, pág. 13 y sigs. y en Las fuerzas producti­vas, IV, 38 y sigs. Conf. también recopilaciones estadísticas de los zemstvos de los distritos de Semiónov, Nizhni Nóvgorod y Balajná de la provincia de Nizhni Nóvgorod.

 

 

 

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Para conocer las relaciones económico-sociales que se van formando en la agricultura comercial de este tipo es preciso consultar los datos de los estudios locales acerca de las zonas de horticultura especialmente desarrolladas. Junto a San Petersburgo, por ejemplo, se hallan muy extendidos las cajo­neras y los invernaderos, montados por los hortelanos proce­dentes de Rostov. El número de cajoneras asciende en los grandes hortelanos a miles, y en los medios, a centenares. “Algunos grandes hortelanos preparan decenas de miles de puds de col agria para el ejército”*. Según datos de la estadística de los zemstvos, en el distrito de San Petersburgo hay 474 haciendas de la población local que se dedican a la horticultura (unos 400 rublos de ingreso por hacienda) y 230 a la fruticultura. Las relaciones capitalistas se hallan muy desarrolladas, tanto en forma de capital comercial (“la industria se halla sometida a la más cruel explotación de los revendedores”), como en forma de contrata de obreros. Entre la población forastera, por ejemplo, se contaban 115 propietarios hortelanos (con un ingreso superior a 3.000 rublos por hacienda) y 711 obreros hortelanos (con un ingreso personal de 116 rublos)**.

 

Los campesinos hortelanos de los alrededores de Moscú pertenecen también a esos mismos representantes de la bur­guesía rural. “Según cálculos aproximados, al mercado de Moscú llegan anualmente más de cuatro millones de puds de legumbres y verduras. Algunas aldeas mantienen un impor­tante comercio de legumbres en salmuera; el subdistrito de Nogátino vende cerca de un millón de cubos de col agria a las fábricas y los cuarteles, la envía incluso a Cronstadt... Las huertas comerciales se hallan extendidas por todos dos distritos de Moscú, preferentemente en las proximidades de las

 

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* Las fuerzas productivas, IV, 42.

** Materiales de estadística de la economía nacional en la provincia de San Petersburgo, fascíc. V. En realidad, hay muchos más hortelanos de los que el texto indica, pues la mayoría de las haciendas huertanas se incluye en las haciendas de los terratenientes, mientras que los datos aducidos se refieren sólo a la hacienda campesina.

 

 

 

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ciudades y fábricas”*. “El picado de la col se efectúa por obreros asalariados que llegan del distrito de Voloko­lamsk” (Resumen estadístico-histórico, I, pág. 19).

 

En la conocida zona horticultora del distrito de Rostov, provincia de Yaroslavl, que abarca a 55 aldeas horticulto­ras, Porechie, Ugódichi, etc., las relaciones son por completo idénticas. Toda la tierra, excepto los pastizales y prados, está allí destinada desde hace mucho a huertas. Se halla muy desarrollada la elaboración técnica de las legumbres, la producción conserve-ra**. Junto al producto de la tierra se transforman en mercancía la tierra misma y la fuerza de trabajo. A pesar de la “comunidad”, es muy desigual la explotación de la tierra en la aldea de Porechie, por ejemplo: una hacienda con 4 personas tiene 7 “huertas”; otra, con 3 personas, posee 17; eso se explica por el hecho de que allí no se efectúan repartos cardinales; sólo las hay parciales, y, además, los campesinos “cambian libremente” sus “huertas” y “partes de lotes” (Resumen de la provincia de Yaroslavl, 97-98)***. “Gran parte de los trabajos del campo... corren a cargo de jornaleros y jornaleras, que en la tempo­rada de verano llegan en gran número a Porechie de las aldeas próximas y de las provincias vecinas” (ibíd., 99). En toda la provincia de Yaroslavl hay 10.322 personas (de ellas, 7.689 de Rostov) ocupadas en trabajos fuera de su localidad en la “agricultura y la horticultura”, es decir, obreros asalariados de esta profesión en la mayoría de los

 

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* Las fuerzas productivas, IV, 49 y sigs. Es interesante que las distintas aldeas se especializan en la producción de determinadas clases de legumbres.

** Resumen estadístico-histórico, I, -Guía de fábricas del Sr. Orlov. -Trabajos de la comisión investigadora de las industrias kústares, fascíc. XIV, artículo del Sr. Stolpianski. -Las fuerzas productivas, IV, 46 y sigs. – Resumen de la provincia de Yaroslavl, fascíc. 2, Yaroslavl, 1896. El confrontamiento de los datos del Sr. Stolpianski (1885) y de la Guía (1890) muestra un gran auge de la producción fabril de conservas en esta zona.

*** Esta obra confirma, pues, por completo la “duda” expuesta por el Sr. Volguin de que la “tierra destinada a la horticultura se haya redistribuido con frecuencia” (obra citada, 172, nota).

 

 

 

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casos*. Los datos expuestos acerca de la afluencia de obreros del campo a las provincias de las capitales92, de Yaroslavl y otras no deben ser relacionados sólo con el fomento de la producción lechera, sino también con el de la horticultura comercial.

 

A la horticultura se refiere también el cultivo de legumbres en invernaderos, industria que se extiende con rapidez entre los campesinos acomodados de las provincias de Moscú y Tver**. El censo de 1880-81 contaba en la primera 88 huer­tas con 3.011 cajoneras y 213 obreros, de ellos 47 (el 22, 6%) asalariados; el valor de la producción era de 54.400 rublos. El hortelano de invernadero medio debe invertir en el “nego­cio” un mínimo de 300 rublos. De los 74 labradores de quienes se dan datos por hacienda, 41 tienen tierra comprada y otros tantos la toman en arriendo; a cada hacienda correspon­den 2,2 caballos. Se desprende, pues, con claridad que la industria de los invernaderos sólo está al alcance de los repre­sentantes de la burguesía campesina***.

 

El cultivo industrial de melones y sandías en el sur de Rusia se incluye también dentro de la agricultura comercial que nos ocupa. Daremos una breve indicación de su desa­rrollo en una zona según lo describe un interesante artículo de Véstnik Finánsov (1897, núm. 16) consagrado a la “pro‑

 

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* También aquí se observa una especialización típica de la agricul­tura. “Es de notar que en los lugares donde la horticultura ha llegado a ser la especialidad de parte de la población, la otra parte de los campesinos no cultiva legumbres casi en absoluto y las compra en los mercados y ferias” (S. Korolenko, 1, c. 285).

** Las fuerzas productivas, IV, 50-51. – S. Korolenko, 1. c., 273. -Reco­pilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, tomo VII, fascíc. I. -Re­copilación de datos estadísticos de la provincia de Tver, tomo VIII, fascíc. 1, distrito de Tver: el censo de 1886-1890 calculaba aquí para 174 campesinos y 7 propietarios más de 4.426 cajoneras, es decir, una media apro­ximada de 25 cajoneras por hacienda. “En la hacienda campesina (esta industria) representa una ayuda considerable, pero sólo para los campesinos acomodados... Si el invernadero tiene más de 20 cajoneras, se contratan obreros” (pág. 167).

*** Véase datos sobre esta industria en el anexo al capítulo V, industria Nº 9.

 

 

 

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ducción industrial de sandías”. Empezó en la aldea de Bikovo (distrito de Tsariov, provincia de Astrajan) a fines de los años 60 y comienzos de los años 70. El producto, que en un principio iba sólo a la zona del Volga, se envió, una vez tendido el ferrocarril, a las capitales. En los años 80 la producción “aumentó diez veces por lo menos” gracias a los enormes beneficios (de 150 a 200 rublos por deciatina) ob­tenidos por los iniciadores. Como auténticos pequeños bur­gueses, se esforzaron por todos los medios en impedir el incremento del número de productores, guardando de los vecinos con el mayor celo el “secreto” de la nueva y ven­tajosa ocupación. Se comprende que todos esos heroicos esfuerzos del “mujik-labrador”* por evitar la “fatal com­petencia”** resultaron impotentes y la producción exten­dióse ampliamente por la provincia de Sarátov y por la región del Don. La caída del precio de los cereales en los años 90 dio un impulso especial a la producción, al obligar a los “agricultores locales a buscar salida de la difícil situación en los sistemas de rotación de cultivos”***. El incremento de la producción ha aumentado mucho la demanda de mano de obra asalariada (los melonares requieren una cantidad muy considerable de trabajo, por lo que el cultivo de una deciatina cuesta de 30 a 50 rublos), y ha elevado aún más los ingresos de los patronos y la renta de la tierra. Junto a la estación de “Log” (Ferrocarril Griazi-Tsaritsin) en 1884 se cultivaron 20 deciatinas de sandías; en 1890, de 500 a 600; en 1896, de 1.400 a 1.500; el arriendo por deciatina de tierra se elevó de 30 kopeks a 1,50-2 rublos y a 4-14 rublos en los años indicados. La febril ampliación de siembras condujo, por fin, en 1896, a la superproducción y a la crisis, que sancionaron definitiva-mente el carácter capitalista de esta rama de la agricultura comercial. Los precios de la sandía bajaron tanto que no

 

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* Expresión del Sr. N. –on acerca del campesino ruso.

** Expresión del Sr. V. Prugavin.

*** Las sandías requieren un mejor cultivo del suelo y lo hacen más productivo para la siembra posterior de cereales.

 

 

 

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compensaban el transporte por ferrocarril. Las sandías quedaron abandonadas en los campos, sin recoger. Los patronos, que habían percibido el gusto de los gigantescos beneficios, conocieron también las pérdidas. Pero lo más interesante de todo es el medio que eligieron para luchar contra la crisis: la conquista de nuevos mercados, tal rebaja de las tarifas ferroviarias y del precio del producto que éste dejó de ser artículo de lujo, transformándose en objeto de consumo para la población (y en los sitios donde se produce, utilizose como pienso para el ganado). “El cultivo industrial de melones y sandías -afirman los patronos- se halla en vías de un mayor desarrollo; descontando las tarifas no tiene obstáculos. Al contrario, el ferrocarril Tsaritsin-Tijorétskaya en construc­ción le abre una nueva y considerable zona.” Cualquiera que sea la suerte de esta “industria” en el futuro, en todo caso, la historia de la “crisis de la sandía” es muy instructiva y ofrece un cuadro muy brillante, aunque pequeño, de la evolu­ción capitalista de la agricultura.

 

Nos resta por decir unas palabras acerca de la hacienda suburbana. Su diferencia de las clases de agricultura comer­cial antes expuestas estriba en que toda la hacienda se subordina en ellas a un producto principal cualquiera, con destino al mercado. Aquí, el pequeño agricultor comercia, en reducidas proporciones, con todo : con su casa, que alquila a veraneantes e inquilinos, con su corral, con su caballo y con toda clase de productos de su hacienda agrícola y doméstica: trigo, pienso, leche, carne, legumbres, bayas, pescado, madera, etc., comercia con la leche de su mujer (amas de cría cerca de las capitales), obtiene dinero de los servicios más diversos (no siempre decentes para exponerlos, incluso) que presta a quienes llegan de la ciudad*, etc., etc.**.

 

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* Conf. Uspenski. Del diario del campo.

** Nos remitimos, a título de ilustración, a los Materiales relativos a la hacienda campesina del distrito de San Petersburgo antes citados. Los más diversos tipos de mercantilismo han adquirido aquí la forma de distintas “industrias”: alquiler de la casa a veraneantes e inqui-linos, venta de leche, de legumbres y bayas, “acarreo”, amas de cría, pesca de cangrejos y de peces, etc. Las industrias de los campesinos suburbanos

 

 

 

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La completa transformación a que el capitalismo ha sometido al antiguo tipo de agricultor patriarcal, el pleno someti­miento de este último al “poder del dinero” se manifiesta aquí con tanto relieve que el populista singulariza de ordinario al campesino suburbano, diciendo que “no es ya campesino”. Pero la diferencia entre este tipo y todos los anteriores se limita sólo a la forma del fenómeno. Desde el punto de vista de la economía política, la esencia de esa transformación -que el capitalismo lleva a cabo en toda la línea con los pequeños agricultores- es idéntica en todos los lugares. Cuanto más de prisa crece el número de ciudades, de pobla-dos fabriles, industriales y comerciales y de estaciones ferroviarias, mayor es la amplitud con que se transforma nuestro “campesino comunal” en este tipo de campesino. No se debe olvidar lo que dijo ya Adam Smith: que el perfeccionamiento de las vías de comunicación tiende a transformar toda aldea en localidad suburbana*. Los rincones perdidos y apartados, que ahora son ya muy escasos, se van haciendo cada día y en medida creciente rareza de anticuario, y el agricultor se convierte con creciente rapidez en industrial, sometido a las leyes generales de la producción mercantil.

 

Al terminar este examen de los datos relativos al creci­miento de la agricultura comercial, no estimamos superfluo repetir que nuestra tarea estribaba en el análisis de las formas más importantes (no de todas, ni mucho menos) de la agricultura comercial.

 

 

IX. CONCLUSIONES SOBRE LA IMPORTANCIA DEL CAPITALISMO EN LA AGRICULTURA RUSA

 

En los capítulos II-IV se ha examinado en dos aspectos la cuestión del capitalismo en la agricultura rusa. Primeramente vimos el régimen de las relaciones económico-sociales

 

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del distrito de Tula son completamente idénticas: véase el artículo del Sr. Borisov en el fascíc. IX de Trabajos de la comisión investigadora de las industrias kustares.

* “Good roads, canals and navigable rivers, by diminishing the expense of carriage, put the remote parts of the country more nearly upon a level with those in the neighbourhood of the town”. L. c., vol. I, pp. 228-229

 

 

 

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en la hacienda campesina y terrateniente a que se llegó en la época posterior a la Reforma. Ha resultado que los campesinos se escinden con enorme rapidez en burguesía rural, insignifi-cante por el número, pero fuerte por su situación económica, y en proletariado del campo. Ligado indisolublemente a este proceso de “descampesinización” se encuentra el paso de los terratenientes del sistema económico de pagos en trabajo al capitalista. Más tarde examinamos ese mismo proceso desde otro ángulo; tomamos como punto de partida el modo como la agricultura se transforma en producción mercantil y examinamos las relaciones económico-sociales que distinguen cada una de las formas más importantes de la agricultura comercial. Resultó que a través de toda la diver­sidad de las condiciones agrícolas se operaban los mismos procesos en la hacienda campesina y en la del propietario privado.

 

Examinemos ahora las conclusiones que se desprenden de todos los datos más arriba expuestos.

 

1) El rasgo fundamental de la evolución de la agricultu­ra posterior a la Reforma consiste en que ella adquiere un creciente carácter comercial, de empresa. El hecho es tan evidente con respecto a la hacienda de los propietarios privados que no requiere aclaraciones especiales. Con respecto a la agricultura campesina, el fenómeno no es tan fácil de comprobar, en primer término porque el empleo de trabajo asalariado no es un rasgo absolutamente necesario de la pequeña burguesía rural. Según hemos advertido antes, en esta categoría entran toda clase de pequeños productores de mer­cancías que cubren sus gastos con la hacienda propia e inde-pendiente, siempre que el régimen general de ésta se halle basado en las contradicciones capitalistas examinadas en el capítulo II. En segundo término, el pequeño burgués rural (en Rusia lo mismo que en los restantes países capitalistas) se une a través de varios escalones de transición con el “campe‑

 

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(“Buenos caminos, canales y ríos navegables disminuyen los gastos de transporte  y ponen las partes alejadas del país casi al mismo nivel que los alrededores de la ciudad”. Obra citada, tomo I, págs. 228-229.) -Ed.

 

 

 

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sino” propietario de una parcela y con el proletario del campo que posee un trocito de tierra comunal. Esta circunstancia constituye una causa de la vitalidad de las teorías que no diferencian en los “campesinos” a la burguesía rural y al proletariado del campo*.

 

2) Por su misma naturaleza, la transformación de la agricultura en producción mercantil se opera a través de una vía particular, no parecida al proceso correspondiente en la industria. La industria transformativa se escinde en ramas diversas, autónomas por completo, consagradas a la producción exclusiva de un producto o de una parte de un producto. Y la industria agraria no se escinde en ramas totalmente separadas; no hace más que especializarse en la producción de uno u otro producto para el mercado, subor­dinando los restantes aspectos de la agricultura a este producto principal (es decir, para el mercado). Por eso, las formas de la agricultura comercial se distinguen por una gigantesca diversidad, variando no sólo en las distintas zonas, sino también en las distintas haciendas. Por eso, cuando se exa­mina la cuestión del creci-miento de la agricultura comercial no es posible en modo alguno limitarse a datos globales de toda la producción agrícola**.

 

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* En este hecho de pasar por alto la circunstancia indicada se basa, por lo demás, la tesis favorita de los economistas del populismo de que la “economía campesina rusa es puramente natural en la mayoría de los casos” (Influencia de las cosechas y de los precios del trigo, I, 52). ¡Basta tomar las cifras “medias” uniendo a la burguesía rural y al proletariado del campo y semejante tesis quedará demostrada!

** A estos datos se limitan, precisamente, los autores del libro indicado en la cita anterior cuando hablan de los “campesinos”. Admiten que cada campesino siembra precisamente los cereales que consume, que siembra todas las clases de cereales que consume, que las siembra precisamente en la proporción en que son consumidas. No se requiere ya un esfuerzo especial para, una vez “admitido” esto (que se contradice con los hechos y pasa por alto el rasgo más importante de la época posterior a la Reforma), sacar la “conclusión” del predominio de la economía natural.

 

En las obras populistas se puede encontrar también el ingenioso método de razonar siguiente: cada tipo de agricultura comercial por separado es una “excepción” con respecto a toda la agricultura en su conjunto. ¡Por eso hay que considerar una excepción toda la agricultura comercial y admitir

 

 

 

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3) El incremento de la agricultura comercial crea mer­cado interior para el capitalismo. En primer lugar, la espe­cialización de la agricultura provoca el intercambio entre las diferentes zonas agrícolas, entre las diversas haciendas agrícolas y entre los diversos productos del campo. En segundo lugar, cuanto más se adentra la agricultura en la circulación mer­cantil tanto más rápidamente crece la demanda de productos de la industria transformativa, que sirven para el consumo personal, por parte de la población del campo; con tanta más rapidez, en tercer lugar, crece la demanda de medios de producción, pues con ayuda de los viejos aperos, depen­dencias, etc., etc. “campesinos” ningún patrono rural, ni pequeño ni grande, puede mantener una agricultura nueva, comercial. En cuarto lugar, por último, se crea demanda de fuerza de trabajo, ya que la formación de pequeña burguesía rural y el paso de los propietarios de tierras a la explota­ción capitalista presupone la formación de un contingente de braceros y jornaleros agrícolas. Sólo el hecho del ascenso de la agricultura comercial puede explicar la circunstancia de que la época posterior a la Reforma se distinga por la ampliación del mercado interior para el capitalismo (desa­rrollo de la agricultura capitalista, desarrollo de la industria fabril en general, desarrollo de la producción de maquinaria agrícola en particular, desarrollo de las llamadas “industrias agrícolas campesinas, es decir, del trabajo a contrata, etc.).

 

4) El capitalismo amplía y agudiza en grado sumo entre la población agrícola las contra-dicciones sin las cuales no puede existir este modo de producción. Mas, a pesar de ello, el capitalismo agrícola es en Rusia, por su significación histórica, una gran fuerza progresiva. En primer lugar, el capitalismo ha transformado al agricultor, de “señor feudal” por un lado, y de campesino patriarcal, dependiente, por otro, en un industrial como cualquier otro patrono de la sociedad moderna. La agricultura era en Rusia antes del capitalismo

 

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como regla general la economía natural! En el apartado de sofismas de los manuales de lógica de los liceos pueden encontrarse muchos paralelos de semejante razonamiento.

 

 

 

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asunto de los señores, un capricho señorial para unos y una obligación, una carga para otros; por eso no podía ser practi­cada más que de acuerdo con la rutina secular, condicionando necesariamente la completa separación en que el agricultor se encontraba de todo lo que ocurría en el mundo fuera de su aldea. El sistema de pagos en trabajo -vestigio vivo de la antigüedad en la economía moderna- confirma palpablemente esa característica. El capita-lismo rompió por primera vez con la propiedad territorial como privilegio de un estamento determinado, transformando la tierra en mercancía. El producto del agricultor se puso en venta, empezó a verse sometido a la valoración social, primero en el mercado de la localidad, después en el nacional y, por último, en el internacional; de ese modo se vio roto por completo el antiguo aislamiento en que el agricultor embrutecido se hallaba con respecto a todo el mundo restante. De grado o por fuerza y bajo la amenaza de la ruina, el agricultor tuvo que tomar en consideración todo el conjunto de las relaciones sociales de su país y de los demás países ligados por el mercado mun­dial. Incluso el sistema de pago en trabajo -que antes proporcionaba a Oblómov un ingreso seguro sin el menor riesgo de su parte, sin la menor inversión de capital, sin ningún cambio en la rutina secular de la producción- resultó ahora impotente para salvarle de la competencia del farmer norteamericano. Por eso se puede aplicar en un todo a la Rusia posterior a la Reforma lo que se dijo hace medio siglo de Europa Occidental: que el capitalismo agrí­cola “representó la fuerza motriz que llevó el idilio al movi­miento de la historia”*.

 

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* Misere de la philosophie (Paris, 1896), pág. 223; el autor califica despectivamente de jeremiadas reaccionarias los anhelos de los que ansían la vuelta a la buena vida patriarcal, a las costumbres sencillas, etc., y que condenan el “sometimiento del suelo a las mismas leyes que regulan todas las otras industrias”.

 

Comprendemos perfectamente que todo el argumento aducido en el texto puede parecerles a los populistas no ya falto de fuerza de convicción, sino simplemente incomprensible. Pero sería una tarea demasiado ingrata examinar con detalle opiniones como que la movilización de la tierra es

 

 

 

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En segundo lugar, el capitalismo agrícola quebrantó por primera vez el estancamiento secular de nuestra agricultu­ra, dio un impulso enorme a la transformación de su técnica y al desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social. Unos cuantos decenios de “destrucción” capitalista han hecho en este sentido más que siglos enteros de la historia anterior. La uniformidad de la rutinaria economía natural se ha visto sustituida por la diversidad de formas de la agricultura comer­cial; los aperos agrícolas primitivos han empezado a ceder plaza a los aperos perfeccionados y las máquinas; la inercia de los viejos sistemas de cultivo ha sido quebrantada por nuevos procedimientos. El proceso de todos estos cambios va unido inseparablemente a la especialización de la agricultura antes señalada. Por su naturaleza misma, el capitalismo no puede desarrollarse de un modo regular en la agricultura (lo mismo que en la industria): empuja adelante en un lugar (en un país, en una zona, en una hacienda) a una rama de la agricultura; en otro, empuja a otra, etc. En un caso transfor­ma la técnica de unas operaciones agrícolas, en otro, la de otras, apartándolas de la hacienda campesina patriarcal o del sistema patriarcal de pagos en trabajo. Como todo este proceso se opera bajo la dirección de caprichosas deman­das del mercado, que no siempre conoce incluso el productor, la agricultura capitalista se hace en cada caso concreto (a menudo en cada zona, a veces hasta en cada país) más unilateral, más exclusiva con relación a la anterior, aunque, en cambio, en su conjunto y en total, se hace incomparablemente más diversa y racional que la agricultura patriarcal. La formación de tipos especiales de agricultura comercial hace posibles e inevitables las crisis capitalistas en la agri­cultura y los casos de superproducción capitalista, pero estas

 

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un fenómeno “anormal” (Sr. Chuprov en los debates sobre los precios del trigo; pág. 39 de las actas taquigráficas), que el carácter inalienable de los nadieles campesinos es una institución que puede ser defendida, que el sistema de hacienda basado en el pago en trabajo es mejor o, en todo caso, no es peor que el capitalista, etc. Toda la exposi­ción anterior refuta los argumentos de economía política que los populistas han aducido para justificar esas opiniones.

 

 

 

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crisis (como todas las crisis capitalistas en general) dan un impulso mayor aún al desarrollo de la producción mundial y de la socialización del trabajo*.

 

En tercer lugar, el capitalismo creó por primera vez en Rusia la gran producción agrícola, basada en el empleo de máquinas y en una vasta cooperación de los obreros. Antes del capitalismo, la producción agrícola había tenido lugar siempre en una forma invariable y misérrimamente pequeña -lo mismo cuando el campesino trabajaba para sí que cuando lo hacía para el terrateniente- y ningún carácter “comunal” de la posesión de la tierra era capaz de quebrar esa gigantesca dispersión de la producción, a la que iba unida con lazos indisolubles la dispersión de los agricultores mismos**. Sujetos a su nadiel, a su minúscula “comunidad”,

 

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* Los románticos de Europa Occidental y los populistas rusos recalcan celosamente en este proceso la unilateralidad de la agricultura capitalista, la inestabilidad creada por el capitalismo y las crisis, y basándose en ello niegan el carácter progresivo del avance capitalista en comparación con el estancamiento anterior al capitalismo.

** Por ello, a pesar de la diferencia de formas de propiedad de la tierra, puede aplicarse por completo al campesino ruso lo que Marx dice del pequeño campesino francés: “Los campesinos pequeños [parcelarios] forman una masa inmensa, cuyos individuos viven en idéntica situación, pero sin que entre ellos exista diversidad de relaciones. Su modo de producción los aísla unos de otros, en vez de establecer relaciones mutuas entre ellos. Este aislamiento es fomentado por los malos medios de comuni­cación de Francia y por la pobreza de los campesinos. Su campo de producción (Produktionsfeld), la parcela, no admite en su cultivo división alguna del trabajo ni aplicación ninguna de la ciencia; no admite, por tanto, multiplicidad de desarrollo, ni diversidad de talentos, ni riqueza de relaciones sociales. Cada familia campesina se basta, poco más o menos, a sí misma, produce directamente ella misma la mayor parte de lo que consume y obtiene así sus medios materiales de existencia más bien en intercambio con la naturaleza que en las relaciones con la sociedad. La parcela; el cam-pesino y su familia; y al lado, otra parcela, otro campesino y otra familia. Unas cuantas unidades de éstas forman una aldea, y unas sesenta aldeas, un departamento. Así se forma la gran masa de la nación francesa, por la simple suma de unidades del mismo nombre, al modo como las patatas de un saco, por ejemplo, forman un saco de patatas” [Der achtzehnte Brumaire des Louis Bonaparte, Hamburg, 1885, S. 98-99. (El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Hamburgo, 1885, pags. 98-99.-Ed.)93

 

 

 

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se hallaban profundamente apartados hasta de los campesinos de la comunidad vecina por la diferencia de categorías en las cuales figuraban (los que antes habían pertenecido a terrate-nientes, los que habían pertenecido al Estado, etc.), por las diferencias de dimensiones de la tierra que poseían y por la diferencia de condiciones en que se efectuó su emancipación (y estas condiciones dependieron a veces simplemente de las cualidades personales de los terratenientes y de su capricho). El capitalismo derribó por primera vez estas barreras puramente medievales, e hizo muy bien en derribarlas. La diferencia entre las categorías de campesinos, según la cantidad de tierra de nadiel que poseen, es ahora ya incomparablemente menos importante que las diferencias econó­micas dentro de cada categoría, de cada división y de cada comunidad. El capitalismo destruye el carácter cerrado y estrecho local y sustituye las pequeñas subdivisiones medievales de los agricultores con una división grande, que abarca a toda la nación, en clases que ocupan distinto lugar en el sistema general de la economía capitalista*. Si las mismas condiciones de la producción determinaban antes la sujeción de las masas de agricultores al lugar de residencia, la constitución de diferentes formas y diferentes zonas de la agricultura comer­cial y capitalista no podía por menos de originar que por todo el país, de un sitio a otro, se trasladaran enormes masas de la población; y sin la movilidad de la pobla­ción (como se ha observado ya antes) es inconcebible el desa­rrollo de su conciencia y actividad.

 

En cuarto lugar, por último, el capitalismo agrícola que­brantó por primera vez en Rusia de raíz el sistema de los

 

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* “La necesidad de asociación, de agrupación, no ha disminuido en la sociedad capitalista; por el contrario, ha aumentado inconmensurablemente. Pero es absurdo por demás tomar el viejo rasero para satisfacer esta demanda de la nueva sociedad. Esta nueva sociedad requiere ya, primero, que la asociación no sea local, corporativa ni jerárquica; segundo, que su punto de partida sea la diferencia de posición e intereses creada por el capitalismo y la disociación del campesinado” [V. Ilín, 1. e., 91-92, nota. (Véase O. C., t. 2, pág. 243. Ed.)].

 

 

 

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pagos en trabajo y de la dependencia personal del agricul­tor. El sistema de economía basado en el pago en trabajo había imperado por completo en nuestra agricultura desde los tiempos de Rússkaya Pravda hasta el actual cultivo de los campos del propietario con aperos del campesino; su acompañante indispensable era el atraso y embrutecimiento del agricultor, oprimido por el carácter “semilibre”, si no servil, de su trabajo; sin cierta inferioridad de derechos civiles del agricultor (pertenencia a un estamento más bajo; castigos corporales; condena a los trabajos públicos; suje­ción al nadiel, etc.) el sistema de pago en trabajo habría sido inconcebible. Por eso, la sustitución de los pagos en trabajo por el trabajo asalariado constituye un gran mérito histórico del capitalismo agrícola en Rusia*. Resumiendo lo antes expuesto acerca del papel histórico progresivo del capitalismo agrícola ruso, puede decirse que da un carácter social a la producción del campo. En efecto, la circunstancia de que la agricultura se ha transformado, de privilegio del estamento superior o de carga del estamento inferior, en una ocupación comercial e industrial ordinaria; de que el producto del trabajo del agricultor ha empezado a ser sometido a la valoración social del mercado; de que la agricul-tura rutinaria, uniforme, se está convirtiendo en la agricultura comercial, con sus variadas formas técnicamente modificadas; de que está derrumbándose el particularismo y la dispersión del pequeño agricultor; de que las diversas

 

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* De los innumerables lamentos y suspiros del Sr. N. –on acerca de la obra destructora del capitalismo que se está operando en nuestro país, merece especial atención el siguiente: “...Ni la anarquía de las guerras feudales ni el yugo tártaro tocaron las formas de nuestra vida económica” (pág. 284 de Ensayos), sólo el capitalismo ha puesto de relieve “una actitud desdeñosa hacia el pasado histórico propio” (283) ¡Es la pura verdad! Precisamente por ello es progresivo el capitalismo en la agricultura rusa, porque ha manifestado “una actitud desdeñosa” hacia las formas “seculares”, “consagradas por los siglos” de los pagos en trabajo y de explotación usuraria, que, realmente, no pudo quebrar ninguna tempestad política anterior, incluidos la “anarquía de las guerras feudales” y el “yugo tártaro”.

 

 

 

 

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formas de explotación usuraria y de dependencia personal van siendo desplazadas por contratos impersonales de compra-venta de fuerza de trabajo, todo esto son eslabones de un mismo proceso que socializa el trabajo agrícola y profundiza más y más la contradicción entre los anárquicos altibajos del mercado, entre el carácter individual de cada una de las empresas agrícolas y el carácter colectivo de la gran agri­cultura capitalista.

 

De ese modo (repetimos una vez más), al subrayar el papel histórico progresivo del capitalismo en la agricultura rusa, no olvidamos en absoluto ni el carácter históricamen­te transitorio de este régimen económico ni las profundas contradicciones sociales que le son inherentes. Al contrario, más arriba hemos señalado que precisamente los populistas, capaces sólo de lamentar la “destrucción” capitalista, estiman de un modo superficial en extremo esas contradicciones, velando la diferenciación de los campesinos, pasando por alto la índole capitalista del empleo de máquinas en nuestra agricultura y encubriendo con expresiones como “industrias agrícolas” o “salarios” la formación de la clase de los obreros asalariados agrícolas.

 

 

X. TEORIAS POPULISTAS DEL CAPITALISMO EN LA AGRICULTURA. LA “DESOCUPACION DE LA TEMPORADA DE INVIERNO”

 

Las anteriores conclusiones favorables acerca de la signi­ficación del capitalismo deben ser completadas con el análisis de algunas “teorías” especiales difundidas en nuestras publi­caciones sobre el particular. Nuestros populistas no han podido en la mayoría de los casos digerir las concepciones fundamentales de Marx acerca del capitalismo agrícola. Los más francos de ellos han declarado abiertamente que la teoría de Marx no abarca la agricultura (Sr. V. V. en Nuestras ten­dencias), mientras que otros (como el Sr. N. –on) han preferido pasar por alto diplomáticamente la relación de sus “construccio­nes” con la teoría de Marx. Una de esas construcciones más difundidas entre los economistas del populismo es la teoría

 

 

 

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de la “desocupación de la temporada de invierno”. Su esencia reside en lo siguiente*.

 

La agricultura se transforma con el régimen capitalista en una rama especial de la industria, no ligada con las restantes. Pero no ocupa todo el año, sino sólo cinco o seis meses. Por eso, la difusión de métodos capitalistas en la agricultura lleva a la “desocupación de la temporada de invierno”, a “limitar el tiempo de trabajo de la clase agrícola a la parte del año ocupada por las faenas del campo”, lo que constituye la “causa fundamental del empeoramiento de la situación económica de las clases agrícolas” (Sr. N. –on, 229), de la “reducción del mercado, interior” y del “dispendio de las fuerzas productivas” de la sociedad (Sr. V. V.).

 

¡Ahí está toda esa famosa teoría, que basa las más amplias conclusiones histórico-filosóficas únicamente en la gran verdad de que las faenas agrícolas se distribuyen con gran desigualdad en el curso del año! Tomar sólo este rasgo -llevándolo al absurdo con ayuda de suposiciones abstrac­tas- y pasar por alto todas las particularidades restantes del complejo proceso que está transformando la agricultura patriarcal en capitalista: tales son los simples procedimien­tos de este nuevo intento de restaurar las doctrinas románti­cas sobre la “producción popular” precapitalista.

 

Para demostrar lo desmesuradamente estrecho de esta abstracta construcción señalaremos en pocas palabras los aspectos del proceso real que, o son omitidos en absoluto o no son valo-rados en medida suficiente por nuestros populistas. En primer lugar, cuanto más se especializa la agricultura más disminuye la población agrícola, que va constituyendo una parte cada vez menor de la totalidad. Los populistas olvidan esto, al mismo tiempo que llevan hasta tal grado la especialización de la agricultura en sus abstracciones como no lo alcanza en realidad casi en ningún sitio. Suponen que

 

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* V. V. Ensayos de economía teórica, pág. 108 y sigs. N. –on Ensayos, pág. 214 y sigs. Las mismas ideas expone el Sr. Kablukov en Conferencias de economía de la agricultura, Moscú, 1897, pág. 55 y sigs.

 

 

 

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sólo las operaciones de siembra y recolección de cereales se han hecho una rama especial de la industria; el laboreo y abono de los campos, la transformación y el acarreo del producto, la ganadería, la silvicultura, la reparación de depen­dencias y de aperos, etc., etc., todo ello se ha transformado en ramas capitalistas especiales de la industria. La aplicación de semejantes abstracciones a la realidad moderna contribuye muy poco a aclararla. En segundo lugar, la hipótesis de tan plena especialización de la agricultura presupone una organiza­ción de esta última puramente capitalista, la completa esci­sión de los capitalistas farmers y de los obreros asalariados. Hablar en estas condiciones del “campesino” (como lo hace el Sr. N. –on, pág. 215) es el colmo de la falta de lógica. La organización puramente capitalista de la agricultura presu­pone, a su vez, una distribución más regular de los trabajos en el curso del año (a consecuencia de la rotación de cultivos, de la ganadería racional, etc.), la unión de la agricultura en muchos casos a la transformación técnica del producto, la inversión de más cantidad de trabajo en las labores prepara­torias del terreno, etc.*. En tercer lugar, el capitalismo pre‑

 

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* Para no hablar sin fundamento aduciremos ejemplos de las haciendas de nuestros propie-tarios, cuya organización Se acerca más al tipo capitalista puro. Tomemos la provincia de Oriol (Recopilación de datos estadísticos del zemstvo del distrito de Kromi, tomo IV, fascíc. 2, Oriol, 1892). La finca de un noble, Jliustin, ocupa 1.129 deciatinas; tiene 562 deciatinas de labrantío, 8 dependencias y diversas máquinas modernas. Cultivo de plantas forrajeras. Cría de caballos. Cría de ganado. Desecación de pantanos mediante la apertura de zanjas y el drenaje (“la desecación de pantanos se efectúa principalmente en el tiempo libre”, pág. 146). El número de obreros en verano es de 50 a 80 diarios, y en invierno hasta 30. En 1888 hubo 81 obreros, 25 de ellos para el verano. En 1889 trabajaron 19 carpinteros. — Finca del conde Ribopier. 3.000 deciatinas, 1.293 de labrantío, 898 entre­gadas en arriendo a los campesinos. Rotación de cultivos de doce hojas. Extracción de turba para abono, extracción de fosforitas. En 1889 se pone en cultivo un campo experimental de 30 deciatinas. Acarreo de estiércol en invierno y primavera. Siembra de herbáceas. Racional explotación del bosque (ocupa a 200 ó 300 leñadores de octubre a marzo). Cría ganado bovino. Mantiene granja lechera. En 1888 tenía empleados 90 hombres, 34 de los cuales durante el verano. – Finca de Ménschikov en la provincia de Moscú (Recopilación, tomo V, fascíc. 2), 23.000 deciatinas. Fuerza de

 

 

 

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supone una completa separación de las empresas agrícolas e industriales. Pero ¿por qué ha de deducirse que esa separa­ción no admite la unión del trabajo asalariado agrícola e in­dustrial? La vemos en toda sociedad capitalista desarrollada. El capitalismo hace distinción entre los hábiles obreros y los simples peones que pasan de una ocupación a otra, atraídos por cualquier empresa grande o arrojados a las filas de los parados*. Cuanto más se desarrollan el capitalismo y la gran industria tanto mayores se hacen las oscilaciones en la demanda de obreros, y no sólo en la agricultura, sino también en la industria**. Por eso, al suponer el máximo desarrollo del capi­talismo, debemos admitir la mayor facilidad en el paso de los obreros de las ocupaciones agrícolas a las no agrícolas, debe‑

 

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trabajo a cambio de recortes de tierra y por contrata libre. Explotación forestal. “En verano, los caballos y los obreros permanentes están ocupados en los campos, entrado el otoño y parte del invierno acarrean patatas y fécula al secadero y a la fábrica de almidón, acarrean leña del bosque y la llevan a la estación; gracias a todo ello el trabajo se encuentra distribuido en el curso del año con bastante regularidad” (pág. 145), lo que se advierte, entre otras cosas, por las relaciones de días trabajados en cada mes: jornadas de caballo, una media de 293, con una oscilación de 223 (abril) a 362 (junio). Jornadas de varones adultos, una media de 216, con una oscilación de 126 (febrero) a 279 (noviembre). Trabajo femenino, una media de 23, con una oscilación de 13 (enero) a 27 (marzo). ¿Se asemeja esta realidad a la abstracción de que se ocupan los populistas?

* La gran industria capitalista crea una clase obrera errante. Se forma de la población rural, pero está ocupada preferentemente en trabajos industriales. “Es la infantería ligera del capital, trasladada de un lugar a otro según las necesidades... Los obreros errantes son empleados en diversas obras de construcción, para el drenaje, para la producción de ladrillos, para calcinar yeso, en las obras ferroviarias, etc.” (Das Kapital, I2, S. 692)94. “En general, empresas grandes, como los ferrocarriles, quitan al mercado obrero cierta cantidad de fuerza, que sólo pueden ofrecer algunas ramas, la agricultura, por ejemplo...” (ibíd. II, B., S. 303)95.

** La estadística sanitaria de Moscú, por ejemplo, ha contado en esta provincia 114.381 obreros fabriles; esto es, el número de los presentes; el máximo es de 146.338 y el mínimo de 94.214 (Resumen general, etc., tomo IV, primera parte, pág. 98). En tanto por ciento: 128, 100 y 82. Aumentando en general las oscilaciones del número de los obreros, el capi­talismo lima también en este sentido las diferencias entre la industria y la agricultura.

 

 

 

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mos admitir la formación del ejército general de reserva del que obtienen fuerza de trabajo los patronos de toda clase. En cuarto lugar. Si tomamos a los patronos rurales moder­nos, no se puede negar, naturalmente, que a veces experi­mentan dificultades para abastecer de fuerza de trabajo a la hacienda. Pero tampoco se debe olvidar que tienen a su alcance un recurso para ligar al obrero a la misma: entregarle una pequeña parcela de tierra, etc. El bracero o jornalero agrícola con parcela es un tipo propio de todos los países capitalistas. Uno de los principales errores de los populistas estriba en que pasan por alto la formación de ese tipo en Rusia. En quinto lugar, es completamente injusto plantear la cues­tión de que el agricultor se halla desocupado en la temporada de invierno sin relacionarla con el problema general de la superpoblación capitalista. La formación del ejército de reserva de los parados es algo inherente al capitalismo en general, y las particularidades de la agricultura sólo condicionan las formas especiales de este fenómeno. Por eso, por ejemplo, toca el autor de El Capital lo concerniente a la distribución de los trabajos en la agricultura al referirse a la “superpoblación relativa”*, así como en un capítulo especial consagrado a la diferencia del “período de trabajo” y del “tiempo de producción” (Das Kapital, II, B., capítulo 13). Se denomina período de trabajo al tiempo en que el pro­ducto se ve sometido a la acción del trabajo; tiempo de producción es todo el que el producto se encuentra en la producción, incluyendo el período en el que no se ve sometido

 

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* Acerca de las relaciones agrícolas inglesas, por ejemplo, dice Marx: “Siempre hay demasiados obreros rurales para la necesidad media de la agricultura y demasiado pocos para sus necesidades extraordinarias o tem­porales” (I2 725), así que, a pesar de la constante “superpoblación relativa”, la aldea resulta insuficientemente poblada. A medida que la producción capitalista se va adueñando de la agricultura -dice Marx en otro lugar- se forma un exceso de población rural. “Parte de la población rural se encuentra siempre a punto de transformarse en proletariado urbano o manufacturero” (ibíd., 668)96, esta parte de la población es víctima constante del paro forzoso; sus ocupaciones son irregulares en grado extremo y las peor retribuidas (por ejemplo, el trabajo doméstico para las tiendas, etc.).

 

 

 

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a la acción del trabajo. El período de trabajo no coincide con el tiempo de producción en muchas ramas de la industria, entre las cuales la agricultura es sólo la más típica, pero no la única ni mucho menos*. La diferencia entre el período de trabajo en la agricultura y el tiempo de producción es en Rusia especialmente grande comparándola con la de otros países europeos. “Cuando la producción capitalista termina de separar la manufactura de la agricultura, el obrero rural se hace más y más dependiente de las ocupaciones auxiliares puramente eventuales, y su situación, en virtud de ello, empeora. Para el capital... se allanan todas las diferencias en la circulación, y para el obrero, no” (ibíd., 223-224)98. Así pues, la única consecuencia que se desprende de las parti­cularidades de la agricultura en el aspecto que nos ocupa es que la situación del obrero agrícola debe ser aún peor que la del industrial. Eso se encuentra aún muy lejos de la “teoría” del Sr. N. –on, según la cual el hecho de encontrarse desocu­pados durante el invierno constituye la “causa fundamental” del empeo-ramiento de la situación de las “clases agrícolas” (?!). Si el período de trabajo fuese en nuestra agricultura igual a 12 meses, el proceso de desarrollo del capitalismo se desen­volvería exactamente igual que ahora; la única diferencia estribaría en que la situación del obrero agrícola se. aproxi­maría algo a la del obrero industrial ! * *.

 

La “teoría” de los señores V. V. y N. –on tampoco aporta, pues, nada a la cuestión del desarrollo del capitalis­mo agrícola en general. Lejos de explicar las particularida­des de Rusia, las vela. El paro forzoso de nuestros campe‑

 

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* Merece a este respecto subrayar de modo especial la indicación de Marx de que también en la agricultura hay medios para `”distribuir de modo más regular en el curso del año” la demanda de trabajo: la producción de cultivos más variados, el cambio de la rotación trienal por un sistema de alteración con huertas, por la siembra de tubérculos, el cultivo de plantas forrajeras, etc. Pero todos esos medios “requieren el aumento del capital circulante invertido en la producción y que se gasta en el pago de salarios, abonos, semillas, etc.” (ibíd., S. 225-226)97.

** Decimos “algo” porque la situación del obrero agrícola no se ve empeorada sólo, ni mucho menos, por la irregularidad del trabajo.

 

 

 

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sinos en invierno no depende tanto del capitalismo como del insuficiente desarrollo del capitalismo. Hemos demostrado ya más arriba (§ IV de este capítulo), basándonos en los datos relativos al salario, que entre las provincias rusas se distinguen por un paro forzoso más intenso en invierno aquellas donde el capitalismo se encuentra menos desarrollado, donde predomina el sistema de pago en trabajo. Y eso es del todo comprensible. Este último sistema frena el ascenso del rendimiento del trabajo, frena el desarrollo de la industria y de la agricultura y por consiguiente la demanda de mano de obra y, sujetando al mismo tiempo al campesino al nadiel, no le proporciona ni trabajo en invierno ni la posibilidad de subsistir con su mísera agricultura.

 

 

XI. CONTINUACION. – LA COMUNIDAD. – OPINIONES DE MARX ACERCA DE LA PEQUEÑA AGRICULTURA. – CRITERIO DE ENGELS SOBRE LA CRISIS AGRICOLA CONTEMPORÁNEA

 

“El principio de la comunidad impide que el capital se apodere de la producción agrícola”: así expresa el Sr. N. –on (pág. 72) otra difundida teoría populista, construida de modo tan abs-tracto como la precedente. En el capítulo II hemos aducido numerosos hechos que muestran la inexacti­tud de esta premisa en boga. Ahora agregaremos lo siguiente. En general, es equivo-cado pensar que se requiere una forma especial de posesión de la tierra para que aparezca el capi­talismo agrícola. “La forma en que el modo de producción capitalista naciente encuentra a la propiedad de la tierra no corresponde a ese modo. El mismo crea por vez primera la forma que le corresponde sometiendo la agricultura al capital; de ese modo, la propiedad feudal de la tierra, la propiedad del clan99 y la pequeña propiedad campesina con la comunidad de la tierra * (Markgemeinschaft) se convierten en la forma económica que corresponde a ese modo de producción, por

 

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* Marx señala en otro lugar que “la propiedad comunal (Gemeineigeu­turn) representa en todos los sitios un complemento de la agricultura parcelaria [pequeña]” (Das Kapital, III, 2, 341)100.

 

 

 

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muy diversas que sean sus formas jurídicas” (Das Kapital, III, 2, 156). Por tanto, ninguna particularidad de la pose­sión de la tierra puede, atendida la esencia misma de la cuestión, representar un obstáculo insuperable para el capitalis­mo, que adopta formas diversas de acuerdo con las distintas condiciones agrícolas, jurídicas y los usos particulares. Puede verse, pues, lo falso del planteamiento mismo de la cuestión entre nuestros populistas, quienes han escrito numerosas abras con el tema: ¿”comunidad o capitalismo”? En cuanto cual­quier aristócrata anglómano ofrece un premio para el mejor libro relativo a la implantación del sistema de los farmers en Rusia, en cuanto cualquier sociedad científica publica un proyecto para. establecer a los campesinos en caseríos, en cuanto cualquier funcionario ocioso redacta un proyecto de formar haciendas de 60 deciatinas, el populista se apre­sura a recoger el guante y lanzarse al combate contra esos “proyectos burgueses” de “implantar el capitalismo” y de destruir la comunidad, paladión de la “producción popular”. Al buen populista no le cabía en la cabeza que, mientras se redactaban y refutaban proyectos de toda clase, el capita­lismo seguía su camino y la aldea comunal se iba transfor­mando y se ha transformado* en una aldea de pequeños agrarios.

 

Por eso nos mostramos muy indiferentes con respecto a la propia forma de la posesión campesina de la tierra. Cualquiera que sea, no cambiará lo más mínimo en esencia la relación entre la burguesía campesina y el proletariado

 

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* Si nos dicen que nos adelantamos al hacer esa afirmación, replicaremos lo siguiente. Ante quien quiera exponer cualquier fenómeno vivo en su desarrollo se plantea de modo inevitable y necesario el dilema: adelantarse o quedar atrasado. No hay término medio. Si todos los datos demuestran que el carácter de la evolución social es precisamente ése y que esta evolución ha ido ya muy lejos (véase capítulo II), si también se han señalado con precisión las circunstancias e instituciones que frenan dicha evolución (contribuciones desmesuradamente altas, carácter cerrado de estamento de los campesinos, falta de libertad completa para la movilización de las tierras, restricción de la libertad de movimiento y de migración de los campesinos), no es ningún error el adelantarse de ese modo.

 

 

 

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rural. La cuestión de veras importante no se refiere en modo alguno a la forma de posesión de la tierra, sino a los vestigios puramente medievales que continúan gravitando sobre los campesinos: el carácter cerrado de la comunidad campe­sina como institución estamental, la caución solidaria, las contribuciones desmesuradamente altas que pesan sobre la tierra campesina, sin comparación con los impuestos con que se gravan las tierras de propiedad privada, la falta de liber­tad completa para la movilización de las tierras campesinas y la restricción de la libertad de movimiento y de migra­ción*. Todas estas caducas instituciones, que no garantizan en absoluto al campesino contra la diferenciación, conducen únicamente a multiplicar las diversas formas de pago en trabajo y de explotación usuraria, a retener en enorme escala todo el desarrollo social.

 

Para terminar, debemos detenernos aún en el original intento de los populistas de interpretar ciertas manifesta­ciones de Marx y Engels en el III tomo de El Capital en favor de su criterio relativo a la superioridad de la pequeña agricultura sobre la grande, a que el capitalismo agrícola no desempeña un papel progresivo en la historia. Citan con especial frecuencia a este respecto el siguiente párrafo del III tomo de El Capital.

 

“La moraleja de la historia -que también puede extraerse examinando la agricultura desde otro punto de vista- reside en que el sistema capitalista es contradictorio a la agricultura racional, o que la agricultura racional es incompatible con el sistema capitalista (aunque este último coopera a su desarrollo técnico) y requiere las manos del pequeño campesino que vive de su propio trabajo (selbst arbeitenden) o el control de los productores asociados” (III, 1, 98. Trad. rusa, 83)101.

 

¿Qué se desprende de esta afirmación (que, observare­mos de pasada, es un fragmento completamente suelto, incluido en el capítulo relativo a cómo influyen las oscila‑

 

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* En la defensa que los populistas hacen de algunas de estas instituciones se pone de relieve con particular vigor el carácter reaccionario de sus ideas, que les aproxima gradualmente más y más a los agrarios.

 

 

 

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ciones de precios de las materias primas en el beneficio, y no en la sección VI, consagrada a la agricultura)? Que el capitalismo es incompatible con una organización racional de la agricultura (y también de la industria), esto se sabe desde hace mucho y no es el objeto de la discusión con los populistas. En cambio, Marx recalca aquí de modo especial el papel histórico progresivo del capitalis­mo en la agricultura. Queda luego la referencia de Marx al “pequeño campesino que vive de su propio trabajo”. Nin­guno de los populistas que han hecho referencia a estas palabras se ha tomado el trabajo de explicar cómo las comprende, no se ha molestado en confrontarlas con el contexto, por una parte, y con la doctrina general de Marx sobre la pequeña agricultura, por otra. En el lugar citado de El Capital se trataba de lo mucho que oscilan los precios de las materias primas, de cómo estas oscilaciones violan la propor-cionalidad y el carácter sistemático de la producción, así como la correspondencia de la agricultura con la in­dustria. Sólo en este sentido en el sentido de la proporciona­lidad, del carácter sistemático y de la regularidad de la producción equipara Marx la pequeña hacienda campesina a la hacienda de los “productores asociados”. En este aspecto también la pequeña industria medieval (artesanos) se asemeja a la hacienda de los “productores asociados” (conf. Misére de la philosophie, ed. cit., pág. 90) y el capitalismo se distingue de estos dos sistemas de economía social por la anarquía en la producción. Pero ¿qué lógica permite extraer de aquí la conclusión de que Marx reconocía la vitalidad de la pequeña agricultura *, de que no reconocía el papel histórico progresivo del capitalismo en la agricultura? He aquí cómo se manifestó Marx al particular en la sección especial de la agricultura, en el párrafo especial sobre la pequeña hacienda campesina (capí­tulo 47, § V):

 

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* Recordemos que Engels, poco antes de su muerte, en un momento en que se había puesto plenamente de relieve la crisis agrícola con motivo de la caída de precios, estimó necesario levantarse decidido contra los “discípulos” franceses que habían hecho ciertas concesiones a la doctrina de la vitalidad de la pequeña agricultura102.

 

 

 

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“Por su naturaleza misma, la pequeña propiedad de la tierra excluye el desarrollo de las fuerzas productivas sociales del trabajo, las formas sociales del trabajo, la concentración social de capitales, la ganadería en gran escala y la apli­cación progresiva de la ciencia.

 

“La usura y el sistema de impuestos deben llevarla en todos los sitios a la ruina. El empleo de capital para la compra de tierra quita este capital a la agricultura. Infinita dispersión de los medios de producción y aislamiento de los mismos productores. Dilapidación inmensa de la fuerza hu­mana. El empeoramiento progresivo de las condiciones de producción y el encarecimiento de los medios de producción constituyen una ley necesaria de la pequeña propiedad. Para ese modo de producción, los años de buena cosecha representan una desgracia” (III, 2, 341-342. Trad. rusa, 667)103.

 

“La pequeña propiedad del suelo supone que la inmensa mayoría de la población es rural, que el trabajo individual predomina sobre el social; que, por consiguiente, eso excluye la diversidad y el desarrollo de la reproducción, es decir, de sus condiciones materiales y espirituales, excluye las condiciones de un cultivo racional” (III, 2, 347. Trad. rusa, 672)104.

 

Lejos de cerrar los ojos a las contradicciones propias de la gran agricultura capitalista, el autor de estas líneas, por el contrario, denúnciolas implacablemente, sin que ello le impidie­ra estimar el papel histórico del capitalismo.

 

“...Uno de los grandes resultados del modo capitalista de producción estriba en que éste, por una parte, transforma la agricultura, de una ocupación empírica, mecánicamente transmitida por herencia, de la parte menos desarrollada de la sociedad, en un empleo consciente y científico de la agronomía en la medida que esto es posible con la propiedad privada del suelo; en que, por una parte, separa absolutamente la propiedad de la tierra de las relaciones de señorío y de esclavitud, mientras que, por otra parte, separa por completo la tierra, como condición de producción, de la propiedad del suelo y del propietario de la tierra... Por una parte, la racionalización de la agricultura, dando por

 

 

 

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primera vez la posibilidad de organizarla socialmente; por otra, la reducción al absurdo de la propiedad del suelo: tales son los grandes méritos del modo capitalista de producción. Lo mismo que sucede con sus restantes méritos históricos, también éste lo compra al precio del completo empobreci­miento de los productores directos” (III, 2, 156-157. Trad. rusa, 509-510)105.

 

Diríase que, después de una manifestación tan categóri­ca de Marx, no podía haber dos opiniones acerca de cómo veía la cuestión del papel histórico progresivo del capitalismo agrícola. Pero el Sr. N. –on ha encontrado una escapatoria más: ha citado la opinión de Engels con respecto a la crisis agrícola contemporánea, que, según él, debe refutar la tesis del papel progresivo del capitalismo en la agricul­tura*.

 

Examinemos lo que, en realidad, dice Engels. Sinteti­zando las tesis principales de la teoría de Marx acerca de la renta diferencial, Engels establece la ley de que “cuanto más capital se invierte en la tierra, cuanto mayor es el desarrollo de la agricultura y de la civilización en general en un país dado, tanto más se eleva la renta, lo mismo por acre que en su conjunto, tanto más colosal es el tributo que la sociedad paga a los grandes propietarios de la tierra en

 

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* Véase en Nóvoe Slovo, febrero de 1896, núm. 5, una carta del Sr. N. –on a la Redacción (págs. 256-261). Aquí va también la “cita” acerca de la “moraleja de la historia”. Es de notar que ni el Sr. N. –on ni cualquier otro de los numerosos economistas populistas que han intentado apoyarse en la crisis agrícola contemporánea para refutar la teoría del papel histórico progresivo del capitalismo en la agricultura, han planteado la cuestión abiertamente, basándose en una teoría económica determinada; ni una sola vez han expuesto las razones que llevaron a Marx a reconocer el carácter progresivo del papel histórico del capitalismo agríco-la; tampoco han señalado de un modo concreto cuáles son precisamente estas razones y por qué las niegan. En este caso, como en otros, los economistas populistas prefieren no mani-festarse abiertamente contra la teoría de Marx, y se limitan a vagas alusiones, insinuando que se trata de los “discípulos rusos”. Como en esta obra nos reducimos a estudiar la economía de Rusia, más arriba hemos expuesto nuestras consideraciones al parti­cular.

 

 

 

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forma de plusganancia” (Das Kapital, III, 2, 258. Trad. rusa, 597)106. “Esta ley -dice Engels- explica la asombrosa vitalidad de la clase de los grandes propietarios agrícolas”, que acumulan una masa de deudas y que, sin embargo, “caen de pie” en todas las crisis; en Inglaterra, por ejemplo, la abolición de las leyes cerealistas, que hizo rebajar los precios del producto, no arruinó a los landlords: al contrario, les enriqueció extraordinariamente.

 

Podría parecer, de tal modo, que el capitalismo no se halla en condiciones de debilitar la fuerza de ese monopolio que es la propiedad del suelo.

 

“Pero no hay nada eterno”, continúa Engels. Los trasatlán­ticos, los ferrocarriles de América del Norte y del Sur, y también los de la India, han hecho aparecer nuevos com­petidores. Las praderas norteamericanas, las pampas argenti­nas, etc., han inundado el mercado mundial de trigo barato. “Y contra esta competencia -competencia del suelo estepario virgen y de los campesinos de Rusia y la India, aplastados por contribuciones insoportables- el arrendatario y el campesino de Europa no han podido ya salir adelante pagando las viejas rentas. Parte de la tierra de Europa se ha visto definitivamente sin fuerzas para competir en la pro­ducción de cereales, las rentas han bajado en todos los sitios, para Europa se ha transformado en regla general nuestro segundo caso, la segunda variante: disminuye el precio del trigo y disminuye el rendimiento de las inversiones comple­mentarias de capital. De ahí los alaridos de los agrarios, de Escocia a Italia y del sur de Francia a la Prusia oriental. Por fortuna, están lejos de haberse roturado todas las tierras esteparias; son aún suficientes para arruinar a toda la gran propiedad territorial europea, y a la pequeña de añadido” (ibíd., 260. Trad. rusa, 598, con omisión de la palabra “por fortuna”)107.

 

Si el lector ha leído atentamente este párrafo debe estar claro para él que Engels dijo precisa-mente lo contrario de lo que quiere atribuirle el Sr. N. –on. Según Engels, la crisis agrícola contemporánea rebaja la renta, e incluso tiende a destruirla por completo, es decir, el capitalismo agrícola

 

 

 

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lleva a cabo la tendencia que le es inherente de acabar con el monopolio de la propiedad sobre la tierra. No, nuestro Sr. N. –on no tiene de veras suerte con sus “citas”. El capitalismo agrícola da un nuevo y enorme paso adelante; amplía inmensamente la producción comercial de productos agrícolas, arrastrando a la arena mundial a otros muchos países; desplaza la agricultura patriarcal de sus últimos refugios, como la India o Rusia; crea una producción puramente fabril de cereales nunca vista aún en la agricultura, basada en la cooperación de masas de obreros provistos de las máquinas más modernas; agrava muchísimo la situación de los viejos países europeos, rebaja la renta y, de ese modo, quebranta los monopolios que parecían más fuertes y lleva la propiedad agrícola “al absurdo” no sólo en la teoría, sino también en la práctica; plantea con tal vigor la necesidad de socializar la producción agrícola que comienzan a advertirla hasta los representantes de las clases ricas del Occidente *. Y Engels, con la sana ironía que le es propia, saluda los últimos pasos del capitalismo mundial: por fortuna -dice- hay aún sufi­cientes tierras esteparias no roturadas para que la cosa siga marchando así. ¡Pero el buen Sr. N.–on suspira à propos de bottes**, pensando en el antiguo “mujik-labrador”, en... el estancamiento de nuestra agricultura y en la multitud de formas de explotación usuraria en la agricultura “consagradas por los siglos”, que no pudieron hacer vacilar “ni la anarquía de las guerras feudales ni el yugo tártaro” y que -- ¡oh terror! han empezado ahora a ser quebrantados del modo más decidido por ese monstruoso capitalismo ! O, sancta simplicitas!

 

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* ¿No son notables, en realidad, “signos del tiempo” como el conocido Antrag Kanitz (propuestas die Kanitz. -Ed.) en el Reichstag alemán108 o en plan de los farmers norteamericanos de transformar todos los silos de cereales en propiedad del Estado?

** A despropósito. -Ed.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO V

 

 

LAS PRIMERAS FASES DEL CAPITALISMO EN LA INDUSTRIA

 

Pasamos ahora de la agricultura a la industria. Nuestra misión se plantea aquí del mismo modo que al tratarse de la agricultura: debemos analizar las formas de la industria en la Rusia posterior a la Reforma, es decir, estudiar el régimen concreto de las relaciones económico-sociales en la industria transformativa y el carácter de la evolución de este régimen. Comen-zaremos por las formas más sencillas v primitivas de la industria y seguiremos su desarrollo.

 

 

I. LA INDUSTRIA DOMESTICA Y LOS OFICIOS ARTESANOS

 

Llamamos industria doméstica a la transformación de las materias primas dentro de la misma hacienda (familia campesina) que las obtiene. Las industrias domésticas consti­tuyen un atributo necesario de la economía natural, cuyos restos se conservan casi siempre donde hay pequeñas ha­ciendas campesinas. Es lógico por ello que en las obras rusas de economía se encuentren numerosas indicaciones relativas a esta clase de la industria (producción domés-tica de artículos de lino, cáñamo, madera, etc., para el consumo propio). Sin embargo, ahora sólo se puede advertir una difusión más o menos amplia de la industria doméstica en algunas de las zonas más lejanas; entre ellas, por ejemplo, se en­contraba hasta el último tiempo Siberia. En esta forma no se da aún la industria como profesión: va indisolublemente ligada a la agricultura, formando un todo único.

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La primera forma de la industria, que se va apartando de la agricultura patriarcal, es la artesanía, es decir, la producción de artículos por encargo del consumidor*. El material puede en este caso pertenecer al consumidor que hace el encargo o al artesano, y el pago del trabajo a este último se efectúa en dinero o en especie (alojamiento y manutención del artesano, remuneración con parte del produc­to, harina, por ejemplo, etc.). La artesanía, que forma ne­cesariamente parte de la vida urbana, se halla difundida también en grado considerable en las aldeas, donde sirve de complemento a la hacienda campesina. Cierto tanto por ciento de la población rural está constituido por especialistas artesanos, que se ocupan (a veces de modo exclusivo, a veces ligados a la agricultura) en la fabricación de cuero, calzado y ropa, son herreros, tintoreros de tejidos domésticos, aprestan los paños campesinos, muelen el trigo, etc. Como consecuencia del estado en extremo insatisfactorio de nuestra estadística económica, no existen datos concretos acerca del grado de difusión de la artesanía en Rusia; hay indicaciones sueltas, relativas a esta forma de la industria, diseminadas en casi todas las descripciones de la hacienda campesina; en los estudios relativos a la llamada industria “kustar”**; se encuentran incluso en la estadística oficial de fábri­cas***. Las recopilaciones estadísticas de los zemstvos destacan a veces, al registrar las industrias campesinas, el grupo espe‑

 

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* Kundenproduktion. Conf. Karl Bucher. Die Entstehung der Volkswirtschaft. Tub. 1893 (Producción de encargo. Conf. Karl Bücher. El origen de la economía nacional. Tübingen. 1893.-Ed.)

** Sería imposible dar aquí citas para confirmar lo dicho: tal es la masa de indicaciones relativas a la artesanía dispersa en todos los estudios de la industria kustar, aunque -según el criterio más admitido- los artesanos no pueden clasificarse entre los kustares. Más de una vez veremos aún lo terriblemente vago que es el término “industria kustar”.

*** El caos reinante en dicha estadística se ilustra con especial evi­dencia por el hecho de que hasta ahora no ha trazado métodos para diferenciar las empresas artesanas de las fábricas. En los años 60, por ejemplo, se incluían en este último apartado las tintorerías rurales de tipo puramente artesano (Anuario del Ministerio de hacienda, tomo I, págs. 172-176); en 1890, los batanes campesinos se mezclaron con las fábricas de paños

 

 

 

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cial de los “artesanos” (conf. Rúdnev, 1. c.), pero en él se incluyen (de acuerdo con el uso que corrientemente se hace de la palabra) todos los obreros de la construcción. Esta mezcla es injusta por completo desde el punto de vista de la economía política, ya que la masa de los obreros de la construcción no corresponde a los industriales autónomos que trabajan por encargo de los consumidores, sino a los obreros asalariados que ajustan los contratistas. No siem­pre es fácil, claro es, distinguir al artesano rural del pequeño productor de mercancías o del obrero asalariado; para ello es preciso un examen económico de los datos relativos a cada pequeño industrial. La ordenación de los datos del censo de kustares de la provincia de Perm correspondiente a 1894-95 representa un notable intento de separar estrictamente la artesanía de las demás formas de la pequeña industria*. El número de artesanos rurales locales se fija aproximadamente en un uno por ciento de la población campesina y (como era de esperar) la mayor proporción resultó encontrarse en los distritos que se distinguen por el menor desa-rrollo industrial. Comparados con los pequeños productores de mercancías, los artesanos se diferencian por su mayor ligazón con la tierra: de 100 artesanos hay 80,6 agri­cultores (este tanto por ciento es menor para los demás “kustares”). También se advierte empleo de trabajo asalariado entre los artesanos, pero en menor escala que entre los in­dustriales restantes. De la misma manera, las dimensiones de las empresas artesanas (por el número de obreros) son las más reducidas. El ingreso medio del artesano agricultor se fija en 43,9 rublos al año, mientras que el del no agricultor es de 102,9 rublos.

 

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(Guía de fábricas y talleres de Orlov, tercera ed., pág. 21), etc. Tampoco se halla exenta de esa confusión la nueva Relación de fábricas y talleres (San Petersburgo, 1897). Véase ejemplos de ello en nuestros Estudios, págs. 270-271. (Véase O. C., L. 4, págs. 9-10. -Ed.)

* En nuestros Estudios, págs. 113-199, hemos consagrado a este censo un artículo especial. (Véase O. C., t. 2, págs. 329-444. -Ed.) Todos los datos expuestos ten el texto acerca de los “kustares” de Perm han sido tomados de ese artículo.

 

 

 

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Nos limitamos a estas breves indicaciones, ya que no nos proponemos examinar con detalle la artesanía. En esta forma de la industria no existe aún la producción mercan­til; sólo aparece el intercambio de mercancías cuando el artesano recibe el pago en dinero o vende la parte del producto recibida a cambio del trabajo para adquirir materias primas e instrumentos de producción. El producto del trabajo del artesano no aparece en el mercado y casi no sale de la esfera de la economía natural del campesino*. Es, pues, lógico que la artesanía se distinga por la misma rutina, dispersión y estrechez que la pequeña agricultura patriarcal. El único elemento de desarrollo inherente a esta forma de la industria es la marcha de los artesanos a trabajar en otras localidades. Este fenómeno se hallaba bastante extendido, espe­cialmente en épocas anteriores, en nuestras aldeas; de ordina­rio conducía a que en los lugares donde Llegaban se abriesen empresas artesanas independientes.

 

 

II. LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES DE MERCANCIAS EN LA INDUSTRIA. EL ESPIRITU GREMIAL EN LAS PEQUEÑAS INDUSTRIAS

 

Hemos señalado ya que el artesano aparece en el mer­cado, aunque no con el artículo que produce. Es lógico que, una vez que ha entrado en contacto con el mercado, pase con el tiempo a trabajar para él, es decir, que se haga productor de mercancías. Este paso lo efectúa gradualmente, en un principio a título de experimento: vende los productos que han quedado casualmente en sus manos o que ha preparado en tiempo libre. Lo gradual del paso se acentúa aún más por el hecho de que el mercado para la venta de los ar­tículos es al principio en extremo estrecho, por lo que la

 

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* La proximidad de la industria artesana a la economía natural de los campesinos origina a veces entre éstos el intento de organizar el trabajo de los artesanos para toda la aldea: los campesinos mantienen al artesano y éste se compromete a trabajar para todos los vecinos del lugar. En la actualidad, ese régimen de la industria sólo se encuentra a título de excepción o en las regiones periféricas más apartadas (en algunas aldeas de Transcaucasia, por ejemplo, trabajan los herreros de ese modo. Véase Informes y estudios relativos a las industrias kustares en Rusia, tomo 1I, pág. 321).

 

 

 

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distancia entre el productor y el consumidor aumenta de modo muy insignificante; el producto sigue pasando como antes directamente de las manos del productor a las del consumidor y su venta va precedida a veces del cambio por productos agrícolas*. El desarrollo continuo de la economía mercantil se manifiesta por una ampliación del comercio, por la apari­ción de comerciantes profesionales al por mayor; la venta de los artículos no se efectúa en el pequeño mercado rural o en la feria**, sino que se extiende a la región entera, después, a todo el país y, a veces, hasta a otros países. La producción de artículos de la industria como mercancías da la primera base para separar esta última de la agricultura y para el intercambio entre ellas. Con la manera estereotipada y abstracta que le distingue, el Sr. N. –on se limita a declarar que la “separación de la industria de la agricultura” es propia del “capitalismo” en general, y no se toma el trabajo de analizar ni las diferentes formas de esta separación ni las diversas fases del capitalismo. Por ello, es importante señalar que aun la embrionaria producción mercantil en las industrias campesinas comienza ya a separar la industria de la agricultura, aunque en la mayoría de los casos no se separe el pequeño productor industrial del agricultor en esta fase del desarrollo. Posteriormente demostraremos cómo las fases más desarrolladas del capitalismo llevan a separar las empre­sas industriales de las agrícolas, a separar a los obreros industriales de los agricultores.

 

En las formas embrionarias de la producción mercantil,

 

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* Por ejemplo, el cambio de artículos de alfarería por cereales, etc. Cuando el trigo iba barato, se tomaba a veces por equivalente de un puchero la cantidad de cereal que cabía en él. Conf. Informes y estudios, I, 340. Las industrias de la provincia de Vladimir, V, 140. Trabajos de la comisión de kustares, I, 61.

** El estudio de una de esas ferias rurales ha demostrado que el 31% de todo el giro de la misma (unos 15.000 rublos de 50.000) correspondía precisamente a los productos de los “kustares”. Véase Trabajos de la comisión de kustares. I, 38. Lo reducido que en principio es el mercado de venta de los pequeños productores se ve, por ejemplo, en el hecho de que los zapateros de Poltava no llevan los artículos a más de 60 verstas de su aldea. Informes y estudios, I, 287.

 

 

 

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la competencia entre los “kustares” es aún muy débil, pero, a medida que el mercado se amplía y abarca regiones grandes, esta competencia se intensifica constantemente, tur­bando el bienestar patriarcal del pequeño industrial, que se basaba en su situación monopolista de hecho. El peque­ño productor de mercancías siente que sus intereses, al contra­rio de los del resto de la sociedad, exigen que se mantenga esta situación de monopolio, y por ello teme la competencia. Hace toda clase de esfuerzos, individuales y colectivos, para frenarla, para “no dejar entrar” a los rivales en su distrito, para consolidar su situación asegurada de pequeño patrono con un círculo fijo de compradores. Este temor a la compe­tencia pone en claro con tanto relieve la auténtica naturaleza social del pequeño productor de mercancías que consideramos necesario detenernos con más detalle en los hechos a él relativos. Al principio daremos un ejemplo referente a la arte­sanía. Los curtidores de Kaluga van a otras provincias para curtir las pieles de oveja; el oficio decae después de la abo­lición de la servidumbre; los terratenientes, que dejaban marchar a sus siervos curtidores a cambio de un elevado censo, vigilaban atentos para que los curtidores ocupasen el “puesto que les correspondía”, no permitiendo a los otros entrar en los distritos ajenos. La industria, organizada de este modo, era tan ventajosa que los “puestos” se cedían por 500 y 1.000 rublos, y la llegada de un artesano á un distrito que no fuera el suyo se traducía a veces en choques sangrien­tos. La abolición de la servidumbre dio al traste con este bienestar medieval; “la facilidad de los viajes por ferroca­rril ayuda también en este caso a la competencia”*. Entre los fenómenos de este mismo género se encuentra la tenden­cia de los pequeños industriales a ocultar los inventos técni­cos y las mejoras, a evitar que los otros se enteren de las ocupaciones ventajosas, con el fin de no dar lugar a la “perniciosa competencia”; así se ha advertido en muchas industrias y tiene decididamente el carácter de regla general. Los fundadores de una nueva industria o las personas que

 

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* Trabajos de la comisión de kuslares, II, 35-36.

 

 

 

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perfeccionan en algún sentido una industria antigua ocultan de sus convecinos por todos los medios las ocupaciones venta­josas, para lo cual acuden a distintas maniobras (por ejemplo, para disimular conservan las viejas instalaciones en su empresa), no dejan entrar a nadie en los talleres, trabajan a escondidas y no dicen nada de su trabajo ni a sus propios hijos*. El lento desarrollo de la industria de brochas en la provincia de Moscú “se explica de ordinario por el deseo de los pro­ductores actuales de no tener nuevos competidores. Según se dice, procuran en la medida de lo posible no dar a conocer sus trabajos a personas extrañas, hasta el punto de que sólo hay un productor que tenga aprendices de fuera de su familia”**. Leemos de la aldea de Bezvódnoe, provincia de Nizhni Nóvgorod, conocida por su producción de artículos de metal: “Es de notar que hasta ahora” (hasta el comienzo de los años 80; la industria existe desde el comienzo de los años 50) “los aldeanos de Bezvódnoe guardan celosamente de los campesinos vecinos el secreto de su arte. Repetidas veces han intentado obtener de la dirección del subdistrito un acuerdo determinando el castigo para quien enseña el oficio a otra aldea; como no han conseguido obtener un acuerdo formal, parece como si éste pesase moralmente sobre todos ellos, hasta el punto de que no dejan casar a sus hijas con hombres de las aldeas vecinas y hacen lo posible para que nadie se case con muchachas de los alrededores***”.

 

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* Véase Trabajos de la comisión de kustares, 11, 81, V, 460; IX, 2526. — Las industrias de la provincia de Moscú, t. V 1, fascic, I, 6-7, 253; t. VI, fascic. 2. 142; t. VII, fascic. I, segunda parte, sobre el fundador de la “industria de impresores”. — Las industrias de la provincia de Vladimir, I, 145, 149. — Informes y estudios, I. 89. — Grigóriev. La producción kustar de cerraduras y cuchillos del distrito de Pávlovo (anexo a la publicación Volga, Moscú, 1881), pág. 39.—El Sr. V. V. da algunos de estos hechos en sus Estudios de la industria kustar en Rusia (San Petersburgo, 1886), pág. 192 y sigs., de ello sólo extrae la consecuencia de que los kustares no son contrarios a las innovaciones; ni se. le ocurre que estos hechos caracterizan la situación de clase y los intereses de clase de los pequeños productores de mercancías en la sociedad moderna.

** Las industrias de la provincia de Moscú, VI, 2, 193.

*** Trabajos de la comisión de kustares, IX, 2.404..

 

 

 

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Los economistas del populismo no se han limitado a procurar hacer sombra sobre el hecho de que la masa de los pequeños industriales campesinos pertenece a los productores de mer-cancías; han forjado incluso toda una leyenda de un supuesto profundo antagonismo entre la organización económica de las pequeñas industrias campesinas y la gran industria. La inconsistencia de este criterio se desprende, entre otros, de los datos antes expuestos. Si el gran industrial no se detiene ante ningún medio para asegurarse el monopolio, el campesino “kustar” es en este aspecto hermano suyo; el pequeño burgués trata en el fondo de salva-guardar por sus propios medios los mismos intereses de clase para la defensa de los cuales el gran fabricante ansía el proteccionismo, las primas, los privilegios, etc.*

 

 

III. CRECIMIENTO DE LAS PEQUEÑAS INDUSTRIAS DESPUES DE LA REFORMA. LAS DOS FORMAS DE ESTE PROCESO Y SU SIGNIFICACION

 

De lo antes expuesto se desprenden aún las siguientes particularidades, merecedoras de interés, de la pequeña pro­ducción. La aparición de una nueva industria representa, como hemos observado ya, un proceso de crecimiento de la división social del trabajo. Por ello, ese proceso debe necesariamente tener lugar en toda sociedad capitalista, puesto que en ella se conservan aún, en uno u otro grado, los campesinos y la agricultura seminatural, puesto que las diversas viejas instituciones y tradiciones (relacionadas con las malas vías de comuni-cación, etc.) impiden a la gran industria maquinizada ocupar de modo inmediato el lugar de la in­dustria doméstica. Cualquier paso en el desarrollo de la eco­nomía mercantil conduce inevitablemente a que los campesinos proporcionen de su seno nuevos y nuevos industriales; este proceso rotura, por así decir, nuevos campos, prepara

 

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* Sintiendo que le va a matar la competencia, el pequeño burgués se esfuerza por frenarla; siente exactamente lo mismo que su ideólogo, el populista, que el capitalismo hunde los “pilares” que le son tan caros y procura por ello “impedirlo”, no permitirlo, frenarlo, etc., etc.

 

 

 

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nuevas regiones en las partes más atrasadas del país o en las ramas más atrasadas de la industria para que después se apodere de ellas el capitalismo. Ese mismo crecimiento del capitalismo se manifiesta de un modo totalmente distinto en otras partes del país o en otras ramas de la industria: no por el aumento, sino por la disminución del número de peque­ños talleres y de obreros que trabajan en su domicilio, engullidos por la fábrica. Para estudiar el desarrollo del capi­talismo en la industria de un país, se comprende, es preciso diferenciar del modo más estricto estos procesos: su mezcla no puede por menos de llevar a una plena confusión de los conceptos*.

 

El crecimiento de las pequeñas industrias, que representaba los primeros pasas del desarrollo del capitalismo, se ha manifestado y sigue manifestándose en la Rusia posterior a la Reforma de dos modos: en primer lugar, en la migración a la zona periférica de los pequeños indus-triales y artesanos de las provincias centrales, pobladas de antaño y más avanzadas en el sentido económico; en segundo lugar, en la formación de nuevas industrias pequeñas y en la ampliación de las antes existentes entre la población local.

 

El primero de esos procesos representa una manifesta­ción de la colonización de las zonas periféricas a que antes

 

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* He aquí un interesante ejemplo de cómo en una misma provincia, al mismo tiempo y en la misma industria, transcurren estos dos distintos procesos. La producción de ruecas es en la provincia de Viatka un complemento de la producción doméstica de tejidos. El desarrollo de esta industria anuncia el nacimiento de la producción mercantil, que abarca la producción de uno de tos instrumentos para la fabricación del tejido. Y vemos que en las partes alejadas de la provincia, al norte, no se conoce casi la rueca (Materiales para la descripción de las industrias de la provincia de Viatka, II, 27), y que allí “podría nacer la industria”, es decir, podría abrir la primera brecha en la economía natural patriarcal de los campesinos. Eso, al mismo tiempo que decae ya en otras partes de la provincia; los investigadores ven la causa probable de esta decadencia en que “entre los cam­pesinos se extiende más y más el empleo de tejidos de algodón fabriles” (pág. 26). El crecimiento de la producción mercantil y del capitalismo se manifiesta ya aquí, por tanto, en el desplazamiento de la pequeña industria por la fábrica.

 

 

 

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nos referíamos (capítulo IV, § II). El campesino industrial de las provincias de Nizhni Nóvgorod, Vladimir, Tver, Kaluga, etc., al sentir que crece la competencia con el aumento de la población y el auge de la manufactura y la fábrica capitalistas, con su amenaza para la producción pequeña, marcha al sur, donde todavía hay pocos “operarios”, los salarios son altos y la vida, barata. En los nuevos lugares se abrieron pequeñas empresas, que suponían el comienzo de una nueva industria campesina, difundida más tarde en las aldeas donde estaba instalada y por sus alrededores. Las zonas centrales del país, que poseían una cultura indus-trial secular, ayudaron así al arraigo de esa misma cultura en las partes del país nuevas, que empezaban a ser pobladas. Las relaciones capitalistas (propias también, como veremos después, de las pequeñas industrias campesinas) se extendieron de ese modo a la totali­dad del país*.

 

Pasamos a los hechos que acreditan el segundo de los procesos arriba indicados. Observare-mos antes que, al dejar constancia del crecimiento de las pequeñas empresas e in­dustrias campesinas, no tocamos por ahora lo relativo a la organización económica de las mismas: lo que sigue acre­ditará que estas industrias llevan a formar la cooperación capitalista simple y el capital comercial o bien representan una parte de la manufactura capitalista.

 

La industria peletera del distrito de Arzamás, provincia de Nizhni Nóvgorod, nació en la ciudad de Arzamás y

 

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* Véase, por ejemplo, S. Korolenko, l. c., acerca de la migración de los obreros industriales a las zonas periféricas, donde parte de ellos se queda definitivamente. Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. 1 (sobre la preponderancia de los industriales llegados de las provincias del Centro, en la provincia de Stavropol); fascíc. III, pág. 34 (asentamiento de los zapateros de le aldea de Viezdnoe, provincia de Nizhni Nóvgorod, en las ciudades del Bajo Volga); fascíc. IX (los curtidores de la aldea de Bogo­ródskoe, de la misma provincia, han fundado tenerías en toda Rusia). Las industrias de la provincia de Vladimir, IV, 136 (los alfareros de Vladimir han llevado su industria a la provincia de Astrajan). Conf. Informes y estudios, t. 1, págs. 125, 210; t. II, 160-165, 168, 222, donde se señala en general que “en todo el sur” predominan los industriales procedentes de las provincias rusas.

 

 

 

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después fue abarcando gradualmente las aldeas vecinas y extendiéndose a una zona cada vez mayor. Al principio eran pocos los peleteros en las aldeas y tenían muchos obreros asalariados; la mano de obra era barata, puesto que se iba a trabajar para aprender el oficio. Una vez que lo dominaban, los obreros dispersábanse, abriendo pequeñas empresas y preparando así un terreno más vasto para el dominio del capital, que en la actualidad ha sometido a la mayor parte de los industriales*. Haremos la observación de que esta abundancia de obreros asalariados en las primeras empresas de la naciente industria y su transformación más tarde en pequeños patronos constituye el fenómeno más extendido, que tiene un carácter de regla general**. Evidentemente, represen­taría un profundo error extraer de ello la conclusión de que “pese a diferentes consideraciones históricas... no son los grandes talleres los que se tragan a los pequeños, sino que los pequeños brotan de los grandes***. La gran dimensión de las primeras empresas no expresa en modo alguno la menor concentración de la industria; la explicación está en el reducido número de las mismas y el deseo de los campesinos cercanos de aprender en ellas un oficio ventajoso. Por lo que se refiere al proceso de difusión de las industrias campesinas partiendo de los viejos centros entre las aldeas vecinas, ello se observa en muchísimos casos. En la época posterior a la Reforma, por ejemplo, se desarrollaron (tanto por el número de las aldeas donde fueron implantadas, como por el número de personas dedicadas a ellas y por el valor de la producción) las siguientes industrias, destacadas por su importancia: ar­tículos de acero y de cerrajería de Pávlovo, cuero y zapatería de la aldea de Kimri, calzado trenzado de la ciudad de

 

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* Trabajos de la comisión de kustares, III.

** El mismo (fenómeno se advierte, por ejemplo, entre los tintoreros de la provincia de Moscú (Las industrias de la provincia de Moscú, VI, I, 73-99), entre los sombrereros (ibíd., VI, fascic. I), entre los peleteros (ibíd., VII, fascíc. I, segunda parte), entre los cerrajeros de Pávlovo (Grigóriev, 1. c., 37-38), etc.

*** El Sr. V. V. no vaciló en extraer dicha conclusión con motivo de un hecho de este carácter, en Los destinos del capitalismo, 78-79.

 

 

 

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Arzamás y sus alrededores, artículos metálicos de la aldea de Burmákino, industria de gorros de la aldea de Molvitino y su distrito, vidriería, sombrerería y encajes de la provincia de Moscú, joyería del distrito de Krásnoe Seló, etc.* El autor de un articulo acerca de las industrias kustares en siete subdistritos del distrito de Tula estima que es regla general el “aumento del número de artesanos después de la Reforma campesina”, la “aparición de kustares y artesanos en lugares donde no los había en la época anterior a la Reforma”**. Igual opinión expresan los funcionarios de estadística de Moscú***. Nosotros podemos reforzarla con los datos esta­dísticos relativos a la apertura de 523 empresas kustares que abarcan diez industrias de la provincia de Moscú****.

 

 

Número de empresas fundadas

 

Número total no se sa-              hace                         en el siglo XIX, años

de empresas   be cuando           mucho          10       20       30       40       50       60      70

 

523                  13                       46               3           6      11        11       37      121    275

 

 

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* A. Smirnov. Pávlovo y Vorsma, Moscú, 1864. – N. Labzín. Estudio de la industria de cuchillería, etc., San Petersburgo, 1870. – Grigóriev, 1. c. – N. Annenski. Informe, etc., en el núm. 1 de la Nizhegorodski Véstnik Parojodstva i Promtshlennosti correspondiente a 1891. –Mateariales de la estadística del zemstvo del distrito de Gorbátov, Nizhni Nóvgorod, 1892. –A. N. Potrésov, informe de la sección de San Petersburgo del comité de la sociedad de ahorro y préstamo, 1895. – Publicación periódica de estadística del Imperio Ruso, II, fascíc. 3, San Petersburgo, 1872. – Trabajos de la comisión de kustares, VIII. – Informes y estudios, I, III. – Trabajos de la comisión de kustares, VI, XIII. – Las industrias de la provincia de Moscú, VI, fascíc. 1, pág. 111, ibíd. 177; VII, fascíc. II, pág. 8.- Resumen estadístico-histórico de la industria de Rusia, II, gráfico VI, producción 1. – Véstnik Finánsov, 1898, núm. 42. Conf. también Las industrias de la provincia de Vladimir, III, 18-19 y otras.

** Trabajos de la comisión de kustares, IX, 2303-2304.

*** Las industrias de la provincia de Moscú, VII, fascíc. I, segunda parte, 196.

**** Los datos de las industrias de cepillos, alfileres, anzuelos, sombreros, almidón, calzado, gafas, guarniciones de cobre, flecos y muebles están extraídos de los censos de kustares por hogares que publica Las industrias de la provincia de Moscú y del libro del Sr. Isáev que lleva el mismo título.

 

 

 

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El censo de kustares de Perm ha puesto de relieve igualmente (según datos relativos al tiempo de aparición de 8.884 pequeñas empresas artesanas y kustares) que la época posterior a la Reforma se distingue por un auge especialmente rápido de las pequeñas industrias. Es interesante exa­minar más de cerca el proceso de aparición de estas últimas. La producción de tejidos de lana y semiseda en la provincia de Vladimir empezó hace poco, en 1861. Primero se practicaba como industria fuera de la hacienda familiar, más tarde aparecieron en las aldeas “maestros intermediarios” que distri­buían el hilo. Uno de los primeros “fabricantes” dedi-cábase en tiempos a la venta de sémolas, que adquiría en las “estepas” de Tambov y Sarátov. Los precios de los cereales se equilibraron con el tendido de líneas férreas, esta rama del comercio se concentró en manos de los millonarios y nuestro mercader decidió emplear su capital en una empresa textil industrial; entró en un taller, aprendió la materia y transfor­móse en “maestro intermediario”*. Así pues, la formación de una nueva “industria” en ese lugar viose originada por el hecho de que el desarrollo económico general del país estaba despla-zando el capital del comercio, dirigiéndolo a la industria**. El investigador del oficio que hemos citado aquí como ejemplo señala que el caso no es único ni mucho menos: los campesinos que se ganan la vida en industrias fuera de la hacienda familiar “han sido los pioneros de toda clase de industrias, han llevado sus conocimientos técnicos a la aldea natal, han arrastrado con ellos a trabajar fuera a nuevos obreros y han excitado a los mujiks ricos con sus relatos de las fabulosas ganancias que la industria propor­cionaba a los dueños de pequeños talleres y a los maestros intermediarios. El mujik rico, que guardaba las monedas en un puchero o que se dedicaba al comercio del trigo, viose

 

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* Las industrias de la provincia de Vladimir, III, 242-243.

** M. I. Tugán-Baranovski ha mostrado en su estudio de los destinos históricos de la fábrica rusa que el capital comercial representó una condi­ción histórica indispensable para que se formase la gran industria. Véase su libro La fábrica, etc. San Petersburgo, 1898.

 

 

 

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atraído por esos relatos y se lanzó a montar empresas in­dustriales” (ibíd.). La fabricación de calzado de cuero y fieltro en algunos lugares del distrito de Alexándrov, provincia de Vladimir, empezó del modo siguiente: al ver la deca­dencia de los telares a mano, los dueños de pequeños talleres donde se hacía indiana gruesa, o de pequeñas agencias de trabajo a domicilio montaron talleres de otra industria, contratando a veces oficiales para que les instruyesen y enseñasen a los hijos*. A medida que la gran industria desplaza el pequeño capital de un tipo de producción, este capital se orienta a otro tipo, dándole un impulso para su desarrollo en esa misma dirección.

 

Las condiciones generales de la época posterior a la Reforma que originaron el desarrollo de las pequeñas in­dustrias en el campo se hallan caracterizadas con extraordi­nario relieve por los investigadores de las industrias moscovitas. “Por un lado -leemos en la descripción de la industria de encajes-, las condiciones de la vida campesina empeoraron considerablemente en ese tiempo, mientras que por otro lado creció, considerablemente también, la demanda de la población, de la parte que se encontraba en condiciones más favorables.”** El autor deja sentado, de acuerdo con los datos de la zona que estudia, el aumento del número de los campesinos sin caballos y de los que no se ocupan en faenas de labrantío, al mismo tiempo que se incrementa el número de los campesinos con varios caballos y la cantidad global de ganado entre los campesinos. Así pues, por una parte, ha aumentado el número de personas necesitadas de un “ingreso fuera de su hacienda”, que buscan trabajo artesanal y, por otra parte, se ha enriquecido la minoría de familias acomodadas, ha hecho “ahorros” y “ha podido contratar a un obrero, a otro, o distribuir el trabajo a domicilio entre los campesinos pobres”. “Aquí, naturalmente -aclara el autor- no nos refe­rirnos a los casos en que del seno de esas familias salen

 

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* Las industrias de la provincia de Vladimir, II, 25, 270.

** Las industrias de la provincia de Moscú, tomo VI. fascíc. II, pág. 8

 

 

 

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personas conocidas con el nombre de kulaks, de sanguijuelas; sólo examinamos los fenó-menos más ordinarios que se dan en el medio de la población campesina.”

 

Los investigadores locales señalan, pues, la ligazón existente entre la diferenciación de los campesinos y el auge de las pequeñas industrias campesinas. Y eso es del todo comprensible. De los dates expuestos en el capítulo II se desprende que la diferenciación del campesinado agrícola debía necesariamente complementarse con el crecimiento de las pequeñas industrias campesinas. A medida que decaía la economía natural, un tipo tras otro de transformación de las materias primas se convertía en una rama especial de la industria; la formación de la burguesía campesina y del proletariado rural incrementa­ba la demanda de productos de las pequeñas industrias campesinas, proporcionando al mismo tiempo mano de obra libre para esas industrias y recursos pecuniarios libres*.

 

 

IV. LA DIFERENCIACION DE LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES DE MERCANCIAS. DATOS DE LOS CENSOS DE KUSTARES POR HOGAR EN LA PROVINCIA DE MOSCÚ

 

Veamos ahora cuáles son las relaciones económico-sociales que se forman entre los pequeños productores de mercancías en la industria. La tarea de determinar el carácter de esas rela­ciones es del mismo género que la planteada más arriba, en el capítulo II, con relación a los pequeños agricultores. En lugar de las dimensiones de la hacienda agrícola, ahora debemos tomar como base las dimensiones de las haciendas industriales, clasificar a los pequeños industriales según el volumen de su producción, examinar el papel del trabajo asalariado en cada grupo, el estado de la técnica, etc.**. Los datos necesarios para

 

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* El error teórico fundamental de Sr. N. –on al hablar de la “capi­talización de las industrias” estriba en que no toma en cuenta los primeros pasos de la producción mercantil y del capitalismo en sus rases consecu­tivas. El Sr. N. –on salta directamente de la “producción popular” al “capitalismo” y luego se asombra con divertida ingenuidad de que le resulta un capitalismo sin base, artificial, etc.

** Al describir la industria “kustar” de la provincia de Chernígov, el Sr. Várzer hace constar “la diversidad de unidades económicas” (por

 

 

 

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ese análisis los tenemos en los censos por hogares de los kusta­res, relativos a la provincia de Moscú*. Para muchas indus­trias, los investigadores dan datos estadísticos exactos de la producción, a veces proporcionan también los relativos a la agricultura de cada kustar por separado (tiempo en que se abrió la empresa, número de trabajadores de la familia y asa­lariados, importe de la producción anual, número de caballos que posee el kustar, modo de cultivar la tierra, etc.). Los autores no dan ninguna clase de cuadros de clasificación y noso­tros nos hemos visto obligados a hacerlos por nuestra cuenta, distribuyendo a los kustares de cada oficio en categorías (I, inferior; II, media, y III, superior) según el número de traba-jadores (de la familia y asalariados) por empresa, a veces según el volumen de la producción, por su organización técnica, etc. En general, las bases para clasificar a los kustares por categorías se han determinado por el conjunto de todos los datos aducidos en la descripción de la industria, y al clasificar a los kustares por categorías se han debido tomar diversas bases pa­ra las distintas industrias; en las que son muy pequeñas, por ejemplo, se han incluido en la categoría inferior las empresas

 

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una parte, familias con un ingreso de 500 a 800 rublos, y, por otra, “casi mendigos”) y apunta la siguiente observación: “En estas condiciones, el único medio de ofrecer un cuadro de la vida económica de los kustares en toda su plenitud estriba en el registro de las haciendas por hogares y en su clasificación en cierto número de tipos medios con todos los rasgos econó-micos distintivos de su hacienda. Todo lo demás será fantasía de impresiones momentáneas o un trabajo de despacho, de cálculos aritméticos basados en distintos géneros de normas medias...” (Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. V, pág. 354).

* Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, tomos VI y VII, Las industrias de la provincia de Moscú y A. Isáev. Industrias de la provincia de Moscú, Moscú, 1876-1877, dos tomos. Las industrias de la provincia de Vladimir inserta esos mismos datos de un pequeño número de industrias. En el presente capítulo, se comprende, nosotros nos limitamos a examinar las industrias en las que los pequeños productores de mercancías trabajan para el mercado, y no para los mayoristas, por lo menos en la inmensa mayoría de los casos. El trabajo para los mayoristas es un fenómeno más complejo, que examinaremos después. Los censos por hogares de los kustares que trabajan para mayoristas no sirven para hacer un juicio de las relaciones entre los pequeños productores de mercancías.

 

 

 

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con un obrero; en la media, las que tienen dos obreros, y en la superior las que tienen tres y más, mientras que, cuando se trata de industrias de mayor dimensión, en la categoría inferior se incluyen las empresas que tienen de uno a cinco obreros; en la media, las que tienen de seis a diez, etc. Si no se em­pleasen distintos procedimientos para la clasificación sería im­posible ofrecer para cada industria los datos relativos a empre­sas de diferente dimensión. El cuadro compuesto de ese modo se inserta en los anexos (ver anexo I) allí se indica cuáles son los índices que han servido para clasificar a los kustares de cada industria por categorías, se da para cada categoría en cada industria el número absoluto de empresas, de trabajadores (de la familia y asalariados), el valor de la producción, el número de empresas con obreros asa-lariados y el de obreros asalariados; a fin de caracterizar la agricultura de los kustares se ha calculado la media de caballos por hacienda en cada cate­goría y el tanto por ciento de los que cultivan la tierra “con trabajadores” (es decir, que recurren a la contrata de obreros rurales). El cuadro abarca un total de 37 industrias con 2.278 empresas, 11.833 trabajadores y un valor de la producción su­perior a cinco millones de rublos; descontando cuatro indus­trias, que se han excluido del resumen general por lo incompleto de sus datos o por su carácter extraordinario*, hay 33 industrias, 2.085 empresas, 9.427 trabajadores y una produc­ción por valor de 3.466.000 rublos, que con la enmienda (con­cerniente a dos industrias) asciende a cerca de 3.750.000 rublos.

 

Como no hay necesidad alguna de examinar los datos de las 33 industrias y eso sería demasiado abrumador, las hemos dividido en cuatro clases: 1) 9 industrias con un número medio de trabajadores (de la familia y asalariados) por empresa que oscila de 1,6 a 2,5; 2) 9 industrias con una media de

 

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* Por este motivo se ha excluido del resumen la “industria” de porcelana, en la cual hay 20 empresas con 1.817 obreros asalariados. Es típico para señalar la confusión de conceptos reinantes en nuestro país el que los estadísticos de Moscú las han incluido entre las industrias “kustares” (véanse los cuadros sinópticos del tercer fascículo del tomo VII, I. c.).

 

 

 

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obreros de 2,7 a 4,4; 3) 10 industrias con una media de obreros de 5,1 a 8,4, y 4) 5 industrias con una media de obreros de 11,5 a 17,8. En cada clase se han unido, pues, los oficios que se asemejan bastante por el número de obreros en cada em­presa; en la exposición que sigue nos limitaremos a los datos de estas cuatro clases de industrias, que damos in extenso. (Ver el cuadro en la pág. 375. -Ed.)

 

Este cuadro resume los datos más importantes concernien­tes a las relaciones de las categorías superiores e inferiores de kustares que nos servirán para conclusiones posteriores. Podemos ilustrar los datos resumidos de las cuatro clases con un gráfico compuesto exactamente igual que el del capítulo. II, que nos sirvió para ilustrar la diferenciación de los campesinos agrícolas. Para cada categoría determinamos el tanto por ciento con relación al total de empresas, de trabajadores fami­liares, de empresas con obreros asalariados, de trabajadores (de la familia y asalariados, juntos), al valor de la .pro­ducción y a todos los obreros asalariados, y los fijamos (según el método expuesto en el capítulo II) en un gráfico*.

 

Examinemos ahora las conclusiones que se deducen de estos datos.

 

Comenzamos por el papel del trabajo asalariado. En las 33 industrias predomina sobre el familiar: el 51% de los obreros son asalariados; entre los “kustares” de la provincia de Moscú este tanto por ciento es incluso inferior a la realidad. Hemos contado en 54 industrias de esta provincia el número exacto de obreros asalariados, que asciende a 17.566 de un total de 29.446, es decir, al 59,65%. Para la provincia de Perm, el tanto, por ciento de obreros asalariados con relación a todos los kustares y artesanos juntos asciende al 24,5, y con relación a los productores de mercancías sólo es del 29,4 al 31,2. Pero éstas son cifras globales, que abarcan también, como veremos más abajo, a la manufactura capitalista, y no sólo a los pequeños productores de mercancías. Por ello es mucho más interesante la conclusión de que el papel del trabajo asalariado se eleva paralelamente a la ampliación de las dimensiones de las empre

 

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* Véase el presente volumen, entre las págs. 374-375. -Ed.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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sas: esto se observa al comparar una clase con otra y al con­frontar las diversas categorías de una misma clase. Cuanto mayor es la empresa, más elevado es el tanto por ciento de las que tienen obreros asalariados y más elevado es el tanto por ciento de éstos. Los economistas del populismo se limitan de ordinario a manifestar que entre los “kustares” predominan las empresas pequeñas que utilizan exclusivamente trabajadores de la familia, y para confirmarlo aducen a menudo cifras “medias”. Como se ha visto por los datos antes expuestos, esas “medias” no sirven para caracterizar los fenómenos en el as­pecto que nos ocupa; el predo-minio numérico de los pequeños establecimientos con trabajadores de la familia no altera lo más mínimo el hecho fundamental de que la tendencia de la pequeña producción mercantil se inclina a un empleo cada vez mayor del trabajo asalariado, a la formación de talleres capitalistas. Los datos aducidos refutan además otra afirmación de los populistas no menos extendida: que el trabajo asalariado en la producción de los “kustares” sirve de hecho para “completar” el trabajo de la familia, que no se recurre a él con objeto de lucrarse, etc.* La realidad es que también entre los pequeños industriales -de la misma manera que entre los pequeños agricultores- el creciente empleo del trabajo asalariado va paralelo al aumento, del nú­mero de trabajadores de la familia. En la mayoría de las industrias vemos que, a pesar de crecer el número de trabajadores de la familia por una empresa de la categoría inferior a la superior, también aumenta el empleo del trabajo asalariado. Este último no nivela, sino que acrecienta las diferencias en la composi­ción familiar de los “kustares”. El gráfico muestra palmariamente ese rasgo general de las pequeñas industrias: la cate­goría superior concentra una masa enorme de obreros asalariados, a pesar de que es la que más mano de obra fami­liar tiene. La “cooperación familiares, pues, la base de la cooperación capitalista**. Se comprende, claro es, que esta “ley” se re‑

 

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* Véase, por ejemplo, Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, tomo VI, fascíc. I, pág. 21.

** La misma conclusión se desprende de los datos relativos a los “kustares” de Perm; véase nuestros Estudios, págs. 126-128. (Véase O. C., t. 2, págs. 348-350. -Ed.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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fiere sólo a los más pequeños productores de mercancías, al estado embrionario del capita-lismo únicamente; esta ley demuestra que el campesino tiene la tendencia a transformarse en pequeño burgués. En cuanto se han formado talleres con un número bastante grande de obreros asalariados, la impor­tancia de la “cooperación familiar” debe decaer inevitablemente. Y nuestros datos indican, en efecto, que la ley señalada no tiene aplicación a las categorías más importantes de las clases superiores. Cuando el “kustar” se transforma en capitalista auténtico que tiene a su servicio de 15 a 30 obreros asala­riados, decae el papel del trabajo familiar en sus talleres hasta reducirse a la magnitud más insignificante (en la categoría su­perior de la clase más alta, por ejemplo, los trabajadores miembros de la familia no consti-tuyen más que el 7% del total de los obreros). Con otras palabras: la cooperación familiar es la prenda más segura del desarrollo de la cooperación capitalista por cuanto las industrias “kustares” tienen unas dimensiones tan pequeñas que el papel predominante en ellas corresponde a la “cooperación familiar”. Aquí se pone de ma­nifiesto, por consiguiente, con plena evidencia la dialéctica de la producción mercantil, que transforma la “vida del trabajo propio” en una vida basada en la explotación del trabajo ajeno.

 

Pasamos a los datos relativos al rendimiento del trabajo. Los que se refieren al valor de la producción por obrero co­rrespondiente a cada categoría muestran que con el aumento de las dimensiones de la empresa se eleva el rendimiento del trabajo. Esto se observa en la inmensa mayoría de las industrias y en todas sus clases sin excepción; el gráfico ilustra palmariamente esta ley, demostrando que a la categoría superior le corresponde una parte más cuantiosa de todo el valor de la producción que su proporción en el total de obreros; esta relación es inversa en la categoría inferior. El valor de la producción por obrero en las empresas de las categorías superiores resulta del 20 al 40% más elevado que el correspondiente en las empre­sas de la categoría más baja. Cierto, las empresas grandes tie­nen de ordinario un período de trabajo más prolongado, a veces utilizan unas materias primas más valiosas que las

 

 

 

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pequeñas, pero estas dos circunstancias no pueden eliminar el hecho de que el rendimiento del trabajo en los talleres grandes es considerablemente más alto que en los pequeños*. Y no puede ser de otro modo. Las grandes empresas tienen de 3 a 5 veces más trabajadores (de la familia y asalariados, juntos) que las pequeñas, y el empleo de la cooperación en mayor escala no puede por menos de influir en el incremento del ren­dimiento del trabajo. Los talleres grandes están siempre me­jor instalados en el sentido técnico, poseen mejores herramien­tas, instrumentos, aparejos, máquinas, etc. Un “taller bien organizado” de la industria de cepillos, por ejemplo, debe te­ner unos 15 obreros; el de anzuelos, de 9 a 10. La mayoría de los kustares dedicados a la producción de juguetes emplea es­tufas ordinarias para secar el material; los patronos más im­portantes tienen estufas especiales, y los muy grandes poseen dependencias a propósito, secaderos. En la producción de ju­guetes metálicos de 16 patronos hay 8 que tienen talleres espe­ciales; la relación por categorías es: I) 6 patronos poseen 0 talleres; II) 5 poseen 3, y III) 5 poseen 5. De 142 fabricantes de espejos y marcos hay 18 que tienen talleres especia-les; por categorías corresponden: I) 99 poseen 3; II) 27 poseen 4, y III) 16 poseen 11. Entre los dedicados a la fabricación de cribas, el tejido se hace a mano (1 categoría) y mecánica-men­te (II y III categorías). Entre los sastres corresponden a cada patrono, por categorías, las siguientes máquinas de coser: I) 1,3; II) 2,1, y III) 3,4, etc., etc. Al investigar la industria de muebles, el Sr. Isáev comprueba que los ebanistas que trabajan sin ayuda tropiezan con las siguientes desventajas: 1) no poseen todas las herramientas necesarias; 2) no disponen de las posibilidades de producir ciertas mercancías, puesto que los objetos grandes no caben en la isba; 3) la compra del ma­terial al por menor les resulta mucho más cara (de un 30 a un

 

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* Acerca de la industria del almidón, incluida en nuestro cuadro, hay datos relativos a la duración del período de trabajo en las empresas de distinto tamaño. Resulta (como hemos visto más arriba) que un obrero da también más cantidad de producto en las empresas grandes que en las pequeñas cuando el periodo de trabajo es igual.

 

 

 

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35%); 4) se ven en la precisión de vender la mercancía más barato, en parte por la desconfianza que despierta el pequeño “kustar” y en parte por la necesidad que tienen de dinero*. Es notorio que fenómenos semejantes no se observan sólo en­tre los ebanistas y que se dan en la inmensa mayoría de las pequeñas industrias campesinas. Hay que agregar, por último, que el aumento del valor de los artículos producidos por un obrero no se observa sólo de la categoría inferior a la superior en la mayor parte de las industrias; también se da de las indus­trias pequeñas a las grandes. En la primera clase de industrias un obrero produce una media de 202 rublos; en la segunda y la tercera, de unos 400, y en la cuarta, de más de 500 (la ci­fra 381, atendida la causa antes expuesta, se debe aumentar un 50%). Esta circunstancia señala la relación entre el alza de precios para las materias primas y el proceso de desplaza-miento de las empresas pequeñas por las grandes. Cada paso en el desarrollo de la sociedad capitalista va acompañado inevitablemente por el encarecimiento de productos como la madera, etc., y, de ese modo, acelera la ruina de las empresas pequeñas.

 

De lo expuesto se desprende que las empresas capitalistas relativamente grandes desempeñan también un papel enorme en las pequeñas industrias campesinas. Aunque representan una minoría pequeña en el conjunto de las empresas, concen­tran, sin embargo, una parte muy grande del total de los obreros, aún mayor por lo que al importe de toda la produc­ción se refiere. Así, para 33 industrias de la provincia de Mos­cú, el 15% de las empresas de la categoría superior concentra el 45% del importe de la producción, que para el 53% de las empresas de la categoría inferior es sólo del 21%. La distri­bución del ingreso neto de las industrias, se comprende, debe ser aún incomparablemente menos regular. Los datos del censo de kustares de Perm de 1894-95 lo ilustran con evidencia. Se‑

 

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* El pequeño productor lucha con estas condiciones desfavorables aumentando la jornada de trabajo y haciendo éste más intenso (1. c., pág. 38). Con la economía mercantil, el pequeño productor sólo se sostiene en la agricultura y en la industria mediante la reducción del consumo.

 

 

 

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separando para 7 industrias las empresas mayores, obtenemos el cuadro siguiente de la relación entre las empresas pequeñas y las grandes*

 

 

 

 

Las empresas grandes, que constituyen una parte insignifi­cante (menos de 1/10 del total), tienen cerca de 1/5 de todos los obreros y concentran casi la mitad de toda la producción y alrededor de 2/5 de los ingresos (uniendo el salario de los obreros y el ingreso de los patronos). Los patronos pequeños obtienen un ingreso neto considerablemente inferior al jornal de los obreros asalariados de las empresas grandes; en otro lu­gar hemos mostrado con detalle que este fenómeno no repre­senta una excepción, sino que es la regla general para las pequeñas industrias campesinas**.

 

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* Véase nuestros Estudios, pág. 153 y siguientes (véase O. C., t. 2, pág. 382 y siguientes. -Ed.), donde se insertan datos para cada in­dustria por separado. Observaremos que todos ellos se refieren a los agricultores kustares que trabajan para el mercado.

** Los datos aducidos en el texto permiten ver que las empresas con una producción por valor de más de 1.000 rublos desempeñan un papel muy considerable, incluso predominante, en las pequeñas industrias campesinas. Recordaremos que nuestra estadística oficial incluía y sigue incluyendo esas empresas entre las “fábricas” (conf. Estudios, págs. 267, 270 (véase O. C., t. 4, págs. 6, 10. -Ed.) y el capítulo VII, § II). Así pues, si considerásemos permisible para el economista utilizar la terminología tradicional en boga, más allá de la cual no han ido nuestros populistas, tendríamos derecho a establecer la “ley” siguiente: entre las empresas campesinas, de “kustares”, el papel predominante corresponde a las

 

 

 

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Resumiendo las conclusiones que se desprenden de los datos examinados, debemos decir que el régimen económico de las pequeñas industrias campesinas es un régimen pequeño-burgués típico, igual que el que advertimos antes entre los pequeños agricultores. La ampliación, el desarrollo y la mejo­ra de las pequeñas industrias campesinas no pueden producirse de otro modo en la atmósfera económico-social dada más que diferenciando, por una parte, a la minoría de los pequeños ca­pitalistas y, por otra parte, a la mayoría de los obreros asala­riados o de “kustares independientes” que arrastran una vida aún más difícil y peor que la del obrero asalariado. En las más pequeñas industrias campesinas observamos, por tanto, los embriones más patentes del capitalismo, de ese mismo capi­talismo que los diversos economistas tipo Manílov 109 presen­tan como algo apartado de la “producción popular”. Los he­chos exami-nados tienen también una importancia considerable desde el punto de vista de la teoría del mercado interior. El desarrollo de las pequeñas industrias campesinas conduce a que los patronos más prósperos amplíen la demanda de medios de producción y de fuerza de trabajo, que obtienen en las filas del proletariado rural. El número de obreros asalariados al servicio de los artesanos y pequeños industriales del campo debe ser en toda Rusia bastante imponente si, por ejemplo, sólo la provincia de Perm cuenta con unos 6.500*.

 

 

 

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Resumiendo las conclusiones que se desprenden de los datos examinados, debemos decir que el régimen económico de las pequeñas industrias campesinas es un régimen pequeño-burgués típico, igual que el que advertimos antes entre los pequeños agricultores. La ampliación, el desarrollo y la mejo­ra de las pequeñas industrias campesinas no pueden producirse de otro modo en la atmósfera económico-social dada más que diferenciando, por una parte, a la minoría de los pequeños ca­pitalistas y, por otra parte, a la mayoría de los obreros asala­riados o de “kustares independientes” que arrastran una vida aún más difícil y peor que la del obrero asalariado. En las más pequeñas industrias campesinas observamos, por tanto, los embriones más patentes del capitalismo, de ese mismo capi­talismo que los diversos economistas tipo Manilov109 presen­tan como algo apartado de la “producción popular”. Los he­chos examinados tienen también una importancia considerable desde el punto de vista de la teoría del mercado interior. El desarrollo de las pequeñas industrias campesinas conduce a que los patronos más prósperos amplíen la demanda de medios de producción y de fuerza de trabajo, que obtienen en las filas del proletariado rural. El número de obreros asalariados al servicio de los artesanos y pequeños industriales del campo debe ser en toda Rusia bastante imponente si, por ejemplo, sólo la provincia de Perm cuenta con unos 6.500*.

 

 

 

V. LA COOPERACIÓN CAPITALISTA SIMPLE

 

La formación de talleres relativamente grandes por los pequeños productores de mercancías representa el paso a una forma más elevada de la industria. De la pequeña producción

 

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* Agregaremos que las fuentes advierten también para otras provincias, además de las de Moscú y Perm, relaciones del todo análogas entre los pequeños productores de mercancías. Véase, por ejemplo, Las industrias de la provincia de Vladimir, fascíc. II, censo por hogares de los zapateros y productores de fieltro; Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. II.

 

 

 

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dispersa nace la cooperación capitalista simple. “La producción capitalista comienza de hecho en el momento en que un mis­mo capital individual ocupa al mismo tiempo mayor número de obreros, ampliando, por consiguiente, el proceso del trabajo y proporcionando producto en mayor escala. La acción de mayor número de obreros en un mismo tiempo, en un mismo lugar (o, si queréis, en un mismo campo de trabajo) para la producción de una misma clase de mercancías, bajo el mando de un mismo capitalista, representa histórica y lógica-mente el punto de partida de la producción capitalista. Con respecto al modo mismo de la producción, la manufactura, por ejemplo, apenas se distingue en sus comienzos de la producción artesana gremial por otra cosa que por el mayor número de obreros ocupados al mismo tiempo por el mismo capital. El taller del maestro gremial no ha hecho más que ampliarse” (Das Kapi­tal, I2, S. 329)110.

 

Precisamente este punto de partida del capitalismo es el que se observa, por tanto, en nuestras pequeñas industrias campesinas (“kustares”). Lo distinto de la situación históri­ca (ausencia o débil desarrollo de la industria artesana gre­mial) no hace más que cambiar la forma de manifestación de las mismas relaciones capitalistas. El taller capitalista se dife­rencia en un principio del taller del pequeño industrial sólo por el número de obreros ocupados al mismo tiempo. Por ello, las primeras empresas capitalistas, numéricamente en minoría, parecen desaparecer en la masa general de las empresas pequeñas. Pero el empleo de un número mayor de obreros con‑

 

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acerca de la fabricación de ruedas en el distrito de Medín; fascíc. II. acerca de los curtidores de pellizas del mismo distrito; fascíc. III, sobre los peleteros del distrito de Arzamás; fascíc. VI, sobre los productores de fieltro riel distrito de Semiónov y los curtidores del distrito de Vasil, etc. Conf. Recopilación de Nizhni Novgorod, tomo IV, pág. 137, el comentario general de A. Gatsisski sobre las pequeñas industrias comprueba la for­mación de talleres grandes. Conf. informe de Annenski sobre los kustares de Pávlovo (antes indicado), sobre los grupos de familias según la cuantía del salario semanal, etc., etc., etc. Todas estas indicaciones se diferencian de los censos por hogares, que nosotros hemos examinado, sólo por su carácter incompleto y por su pobreza. B1 fondo de la cuestión es igual en todos los sitios.

 

 

 

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duce inevitablemente a cambios sucesivos en la producción misma, a una transformación gradual de la producción. Las diferencias entre los distintos trabajadores (por su fuerza, habilidad, arte, etc.) son siempre muy grandes con la primitiva técnica manual; esta sola causa hace ya en extremo precaria la situación del pequeño industrial; su dependencia de las os­cilaciones del mercado adquiere las formas más graves. Cuando en la empresa hay varios obreros, las diferencias individuales entre ellos se borran ya en el taller mismo; “la jornada de trabajo conjunta de un gran número de obreros ocupados al mismo tiempo es ya por si misma una jornada media de tra­bajo social”111, y en virtud de ello la producción y la venta de los productos del taller capitalista adquieren una regulari­dad y una solidez incomparablemente mayores. Resulta posi­ble utilizar de un modo más completo las dependencias, los almacenes, los instrumentos y herramientas de trabajo, etc.; eso conduce a abaratar el coste de la pro-ducción en los talleres más grandes*. Para producir en mayor escala y ocupar al mismo tiempo a muchos obreros se requiere una acumulación bastante considerable de capital, que, con frecuencia, no se cons­tituye en la esfera de la producción, sino en la del comercio, etc. La magnitud de este capital determina la forma en que el dueño participa personalmente en la empresa: es obrero él

 

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* Acerca de los batihojas112 de la provincia de Vladimir leemos, por ejemplo: “Con un número mayor de obreros se pueden reducir considerablemente los dispendios; entran aquí los gastos de luz, corte y aparejos” (Las industrias de la provincia de Vladimir, III, 188). Los productores de artículos de cobre de la provincia de Perras necesitan cuando trabajan solos un juego completo de instrumentos (16 clases); para dos obreros se requiere “el complemento más insignificante”. “Para un taller de seis u ocho personas la colección de instrumentos debe ser aumentada tres o cuatro veces. Torno no hay siempre más que uno, aunque se trate de un taller de ocho personas” (Trabajos de la comisión de kustares, X, 2939). El capital fijo de un taller grande se determina en 466 rublos; para uno medio es de 294, y para uno pequeño, de 80, mientras que el valor de la producción asciende a 6.200, 3.655 y 871 rublos. Por consi-guien­te, el volumen de la producción es en las empresas pequeñas 11 veces mayor que el capital fijo; en las medias, 12 veces, y en las grandes, 14 veces.

 

 

 

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mismo, cuando su capital es aún muy pequeño, o abandona el trabajo personal y se espe-cializa en las operaciones comerciales y de empresario. “Puede establecerse” -leemos en la des­cripción de la ebanistería- “una relación entre la situación de dueño del taller y el número de sus obreros. Dos o tres traba­jadores proporcionan al patrono un beneficio tan pequeño que éste trabaja con ellos... Cinco trabajadores le proporcio­nan tanto que, en cierto grado, puede ya liberarse del trabajo manual, hacer algo el vago y entregarse principalmente a las dos últimas misiones del dueño” (es decir, a la compra de ma­teriales y a la venta de las mer-cancías). “En cuanto el núme­ro de obreros asalariados llega a diez o supera esta cifra el patrono deja el trabajo manual e incluso casi cesa de vigilar a los obreros: contrata aun contramaestre que es quien se encarga de hacerlo... Se transforma ya en pequeño capitalista, en un 'patrono auténtico'” (Isáev. Las industrias de la provincia de Moscú, I, 52-53). Los datos estadísticos que liemos expuesto confirman de un modo evidente esto último al señalar la disminución del número de trabajadores familiares cuando se da un número considerable de obreros asala­riados.

 

El autor de El Capital caracteriza del modo siguiente la im­portancia general de la cooperación capitalista simple en el desarrollo de las formas capitalistas de la industria:

 

“Históricamente, la forma capitalista de cooperación apa­rece como opuesta a la hacienda campesina y a la producción artesana independiente, tenga o no tenga esta última la forma gremial... Del mismo modo que la fuerza productiva social del trabajo elevada gracias a la cooperación se presenta como fuerza productiva del capital, la cooperación misma aparece como la forma específica del proceso de producción capitalista en oposición al proceso de producción de los trabajadores independientes dispersos o de los pequeños patronos. Este es el primer cambio que experimenta el proceso mismo del trabajo como consecuencia de su subordinación al capital... El empleo simultáneo de un mayor número de obreros asalariados en un mismo proceso de trabajo, que es condición de este cambio, forma el punto de partida de la producción capitalista... Por

 

 

 

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eso, si, de un lado, el modo capitalista de producción es una necesidad histórica para la transformación del proceso del tra­bajo en proceso social, de otro lado, esa forma social del proceso del trabajo es el modo empleado por el capital para ex­plotar más ventajosamente este proceso a través de la elevación de su fuerza productiva.

 

“En su forma simple hasta ahora examinada, la coopera­ción coincide con la producción en gran escala, pero no cons­tituye ninguna forma bien definida, característica, de una época especial del desarrollo de la producción capitalista. A lo sumo puede tener aproximadamente ese carácter en los co­mienzos, artesanos aún, de la manufactura...” (Das Kapital, I2, 344-345)113.

 

Más adelante veremos la estrecha ligazón existente en Ru­sia entre las pequeñas empresas “kustares” con obreros asalariados y las formas del capitalismo incomparablemente más desarrolladas y extendidas con mucha mayor amplitud. En cuanto al papel de estas empresas en las pequeñas indus­trias campesinas, más arriba se ha demostrado por medio de la estadística que dichas empresas crean una cooperación ca­pitalista bastante amplia a cambio de la anterior producción dispersa y que elevan en medida considerable el rendimiento del trabajo.

 

Nuestra conclusión acerca del enorme papel de la coopera­ción capitalista en las pequeñas industrias campesinas y de su significación progresiva se contradice enteramente con la doctrina populista, muy extendida, del predominio en las mismas de toda clase de manifes-taciones del “principio de artel”. En realidad, ocurre precisamente lo contrario; la pequeña industria (y los oficios artesanos) se distingue por la mayor dis­persión de los productores. Las obras de los populistas no han podido aducir para confirmar el punto de vista opuesto nada más que una selección de ejemplos aislados, la inmensa mayoría de los cuales no se refiere en absoluto a la cooperación, sino a una agrupación temporal y en miniatura de patronos y pequeños patronos para la compra en común de materias primas, para construir juntos un taller, etc. Semejantes arteles no afectan lo más mínimo, siquiera, al papel predominante de

 

 

 

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la cooperación capitalista*. Para hacerse una idea exacta de cuán amplia es la aplicación real del “principio de artel” no basta aducir ejemplos tomados al azar de uno u otro sitio; es preciso tomar los datos de cualquier zona estudiada a fondo y examinar la difusión relativa y la importancia de unas u otras formas de cooperación. Así son, por ejemplo, los datos del censo de “kustares” de Perm de 1894-95, y nosotros hemos mostrado ya en otro lugar (Estudios, págs. 182-187**) qué asombrosa dispersión de pequeños industriales ponía de re­lieve y la gran importancia de las escasísimas empresas grandes. La conclusión extraída más arriba acerca del papel de la cooperación capitalista no se basa en ejemplos contados, sino en los datos exactos de los censos por hogares, que abarcan a decenas de pequeñas industrias diseminadas en distintos sitios.

 

 

VI. EL CAPITAL COMERCIAL EN LAS PEQUEÑAS INDUSTRIAS

 

Como se sabe, las pequeñas industrias campesinas engen­dran en muchísimos casos a mayo-ristas especiales, ocupados exclusivamente en operaciones de comercio para la venta de los productos y la compra de materias primas y que de or­dinario mantienen sometidos en una u otra forma a los peque‑

 

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* Consideramos superfluo aducir ejemplos para confirmar lo dicho en ci texto; podría darse un sinfín de ellos tomándolos del libro del Sr. V. V. El artel en la industria kustar (San Petersburgo, 1895). El Sr. Volguin ha puesto ya de relieve la verdadera significación de los ejemplos aducidos por el Sr. V. V. (obra citada, pág. 182 y siguientes) y mostrado el carácter totalmente insignificante del “principio de artel” en nuestra industria “kustar”. Señalaremos sólo la siguiente afirmación del Sr. V. V.: “...la unión de varios kustares independientes en una unidad productiva... no se ve provocada necesariamente por las condiciones de la com-petencia, lo que se demuestra por la falta de talleres más o menos grandes con trabajadores asalariados en la mayoría de las industrias” (93). Hacer una afir­mación global como ésta, sin prueba alguna, es, naturalmente, mucho más sencillo que analizar los datos de los censos por hogares existentes al particular.

** Véase 0. C., t. 2, págs. 421-428. -Ed.

 

 

 

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ños industriales. Examinemos ahora las relaciones de este fe­nómeno con el régimen general de las pequeñas industrias campesinas y cuál es su importancia.

 

La operación económica fundamental del mayorista estriba en la compra de la mercancía (producto o materias primas) para revenderla. Dicho con otras palabras, el mayorista es un representante del capital comercial. El punto de partida de todo capital -lo mismo del industrial que del comercial- es la for­mación de recursos monetarios disponibles en manos de determinadas personas (entendiendo por disponibles los recursos monetarios que no deben ser empleados en el consumo perso­nal, etc.). Más arriba, a base de los datos relativos a la dife­renciación del campesinado agrícola e industrial, se ha señalado con detalle cómo se opera esta diferenciación económica en nuestra aldea. Estos datos han puesto en claro una de las con­diciones que originan la aparición del mayorista: la disper­sión, el aislamiento de los pequeños productores, la existencia de rivalidad económica y de competencia entre ellos. Otra con­dición se refiere al carácter de las funciones que cumple el capital comercial, es decir, a la venta de los artículos y a la adquisición de materias primas. Con un desarrollo insignifi­cante de la producción mercantil el pequeño productor se li­mita a la venta de los artículos en el reducido mercado local, venta que a veces se hace directamente al consumidor. Ello cons-tituye la fase inferior de desarrollo de la producción mer­cantil, que apenas si se diferencia de los oficios artesanos. Esa pequeña venta dispersa (que se encontraba en plena correspon-dencia con la producción pequeña, dispersa) se hace impo­sible a medida que se amplía el mercado. En un mercado grande, la venta debe ser grande, en masa. Y el carácter pequeño de la producción resulta incompatiblemente opuesto a la necesidad de una venta en grande, al por mayor. Atendi­das las condiciones económico-sociales dadas, con el aisla­miento de los peque-ños productores y su diferenciación, esta contradicción no podía resolverse sino reuniendo los represen­tantes de la minoría acomodada la venta en sus manos, concentrándola. Al adquirir los artículos (o las materias primas) en gran escala, los mayoristas abarataron los gastos de venta,

 

 

 

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la que transformaron en grande y regular, de pequeña, espo­rádica y mal organizada que era; y esa superioridad puramente económica de la venta en grande condujo inevitablemente a que el pequeño productor se viera cortado del mercado e indefenso ante el poderío del capital comer-cial. Así pues, el pequeño productor cae inevitablemente, dentro de la economía mercantil, bajo la dependencia del capital comer­cial, en virtud de la superioridad puramente económica de la venta en grande, en masa, sobre la venta pequeña y disper­sa*. En la realidad -se cae de su peso- la ganancia de los mayoristas está con frecuencia lejos de limitarse a la diferencia entre el costo de la venta en masa y el costo de la venta pequeña, de la misma manera que la ganancia del capitalista industrial se compone frecuentemente de los descuentos del sa­lario normal. Sin embargo, para explicar el beneficio del capi­talista industrial debemos admitir que la fuerza de trabajo se vende por su valor efectivo. De la misma manera, para expli­car el papel del mayorista debemos admitir que la compra y venta de productos está sujeta a las leyes generales del intercambio comercial. Sólo estas causas económicas del dominio del capital comercial pueden proporcionar la clave para comprender las diversas formas que adopta en la realidad y en­tre las cuales se encuentran constantemente (esto no ofrece la menor duda) las raterías más ordinarias. Obrar al contrario -como de ordinario hacen los populistas-, es decir, limitarse a señalar las diferentes trapazas de los “kulaks” y sobre esa base eliminar por completo la cuestión de la naturaleza eco‑

 

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* Acerca del papel del capital comercial, de los mercaderes, en el desarrollo del capitalismo en su conjunto, remitimos al lector al tercer tomo de El Capital. Véase especialmente III, I, págs. 253-254 (trad. rusa, 212) con respecto a la esencia del capital comercial-mercantil; pag. 259 (trad. rusa, 217) sobre el abaratamiento de la venta por el capital comercial; págs. 278-279 (trad. rusa, 233-234) acerca de la necesidad económica del fenómeno de que la “concen-tración se produce en la empresa comercial antes que en el taller industrial”; pág. 308 (trad. rusa, 259) y págs. 310-311 (trad. rusa, 260-261) con respecto al papel histórico del capital comercial como “condición necesaria para el desarrollo del modo capitalista de pro-ducción”114

 

 

 

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nómica del fenómeno, significa colocarse en el punto de vista de la economía vulgar*.

 

Para confirmar nuestra tesis acerca de la ligazón causal nece­saria entre la pequeña producción para el mercado y el domi­nio del capital comercial, nos detendremos con más detalle en una de las mejores descripciones de cómo aparecen los mayo­ristas y qué papel desempeñan. Nos referimos a la investiga­ción del trabajo de las encajeras de la provincia de Moscú (Las industrias de la provincia de Moscú, tomo VI, fascíc. II). El proceso de la aparición de las “mercaderes” es el siguiente. En los años 1820, es decir, durante el nacimiento de la industria, y más tarde, cuando aún había pocas encajeras, los compradores principales eran los terra-tenientes, los “señores”. El produc­tor estaba próximo al consumidor. A medida que fue exten-diéndose la industria, los campesinos empezaron a enviar encajes a Moscú “aprovechando cualquier ocasión”, a través de los que hacían peines, por ejemplo. Las inconveniencias de esta venta primitiva se dejaron sentir muy pronto: “¿cómo va a ir a ofrecerlos por las casas el mujik que no trabaja en el oficio?” Comenzaron a encargar la venta a una de las encajeras, retribuyéndole el tiempo perdido. “Ella misma era la encargada de llevar el material para hacer los encajes.” Así pues, lo desventajoso de la venta aislarla conduce a destacar el comercio como una función especial, cumplida por una perso­na encargada de recoger los artículos de muchas oficialas. La proximidad patriarcal en que estas trabajadoras se encuentran (familiares, vecinas, paisanas de la misma aldea, etc.) despier­ta al principio el intento de la organización cooperativa de la

 

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* El prejuicio de los populistas -que han idealizado las industrias “kustares” y han pintado el capital comercial como una dolorosa des­viación y no como un atributo necesario de la pequeña producción para el mercado- ha tenido también reflejo, por desgracia, en los estudios estadísticos. Así, tenemos numerosos censos por haciendas de kustares (de las provincias de Moscú, Vladimir, Perm) que han sometido a un estudio exacto la hacienda de cada pequeño industrial, pero que han pasado por alto la cuestión de la hacienda de los mayoristas, de cómo se forma su capital y qué determina la cuantía del mismo, cuál es el costo de la venta y de la compra para el mayorista, etc. Con) nuestros Estudios. pág. 169. (Véase O. C., t. 2, págs. 403-405. -Ed.)

 

 

 

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venta, el intento de encargársela a una de ellas. Pero la eco­nomía monetaria abre inmedia-tamente brecha en las viejas relaciones patriarcales y lleva sin tardanza a los fenómenos que hemos señalado más arriba según los datos generales rela­tivos a la diferenciación de los campesinos. La producción pa­ra la venta enseña a valorar el tiempo en dinero. Se hace ne­cesario retribuir a la intermediaria por el tiempo perdido y el trabajo; la intermediaria se acostumbra a esas funciones y empieza a transformarlas en profesión. “Esos viajes, repelidos va­rias veces, han formado el tipo de la mercadera” (1. c., 30). La persona que va varias veces a Moscú adquiere allí relaciones permanentes, tan precisas para una venta regular. “Se va formando la necesidad y la costumbre de vivir con los ingresos de la comisión.” Además de cobrar la comisión, la mercadera “procura aumentar el precio de las telas, del algodón y los hilos”, se queda con la diferencia cuando vende los encajes a un precio mayor del señalado; las mercaderas dicen que han re­cibido un precio menor que el designado: “si quieres, lo vendes, y si no, no”. “Las mercaderas empiezan a llevar mer­cancías de la ciudad, lo que les produce un beneficio considerable.” La comisionista se transforma, por consiguiente, en mercadera por su cuenta, que empieza ya a mono­polizar la venta y aprovecha su monopolio para tener sometidas por completo a las oficialas. Junto a las operaciones co­merciales aparece la usura, el préstamo de dinero a las oficialas, el tomarles a éstas las mercancías por precios más ba­jos, etc. “Las muchachas pagan diez kopeks por cada rublo de venta, aunque com-prenden muy bien que la mercadera les sa­ca aún más al vender los encajes por mayor precio. Pero no saben en absoluto cómo arreglar las cosas de otro modo. Cuando les dije que fuesen por turno a Moscú, me respondie­ron que sería peor: no saben a quién vender, mientras que la mercadera conoce ya todos los sitios. La mercadera vende su producto y les trae encargos, material, modelos (dibujos), etc.; la mercadera les da siempre dinero adelantado o a préstamo, y hasta se le puede vender directamente una pieza de encaje cuando la necesidad obliga. Por una parte, la mercade­ra se transforma en la persona más necesaria, indispensable;

 

 

 

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por otra, se va transformando gradualmente en un elemento que explota mucho el trabajo ajeno, se va transformando en una mujer-kulak” (32). Es necesario agregar que estos tipos proceden de los mismos pequeños productores. “Por mucho que he preguntado, resulta que todas las mercaderas eran antes encajeras, eran, por tanto, personas conocedoras del oficio; proceden de las encajeras mismas; al principio no poseían ca­pital alguno, y sólo poco a poco se entregaron al comercio de percales y otras mercancías, a medida que se iban enrique­ciendo con las comisiones” (31)*. Así pues, no ofrece duda que, dentro de la economía mercantil, el pequeño productor, además de destacar inevitablemente de su medio industriales más acomo-dados en general, proporciona en particular repre­sentantes del capital comercial**. Una vez se han formado estos últimos, hácese inevitable el desplazamiento de la pequeña venta dispersa por la venta en grande, al por mayor***. He aquí algunos ejemplos de cómo los patronos más impor­tantes entre los “kustares”, que al mismo tiempo son mayoris­tas, organizan la venta. La venta de ábacos de calcular por los kustares de la provincia de Moscú (ver los datos estadísti­cos relativos a ellos en nuestro cuadro, anexo I) se efectúa principalmente en las ferias de toda Rusia. Para vender por sí mismo en la feria es preciso poseer, en primer lugar, un capi­tal considerable, ya que allí sólo se efectúan operaciones al

 

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* Esta formación de mayoristas procedentes de los mismos pequeños productores es un fenómeno general que los investigadores comprueban casi siempre, en cuanto tocan la cuestión. Véase, por ejemplo, la misma indicación acerca de las distribuidoras de trabajo entre las que confeccionan guantes, de piel fina (Las industrias de la provincia de Moscú, t. VII, fascíc. it. págs. 175-176), acerca de los mayoristas de Pávlovo (Grigó­riev, I, c., 92) y otros muchos.

** Korsak señaló ya con completa justicia (en De las formas de la industria) la relación existente entre el carácter desventajoso de la venta en pequeña escala (lo mismo que de la compra en pequeña escala de materias primas) y el “carácter general de la pequeña producción dispersa” (págs. 23 y 239).

*** Con mucha frecuencia, los patronos importantes entre los kustares, de que hemos hablado con detalle más arriba, son también mayoristas en parte. Por ejemplo, es un fenómeno muy extendido la compra de artículos a los pequeños industriales por parte de los grandes.

 

 

 

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por mayor; en segundo lugar, es preciso tener un agente que adquiera los artículos en el lugar donde se producen y los envíe al comerciante. Estas condiciones las satisface el “único campesino comerciante”, que al mismo tiempo es “kustar”, posee un capital considerable y se ocupa en montar los ábacos (es decir, en prepararlos con los marcos y las bolas) y en ven­derlos; sus seis hijos “se ocupan exclusivamente del comer­cio”, así que, para cultivar el nadiel tiene que contratar a dos trabajadores. “No es extraño -observa el investigador- que pueda llevar sus mercancías a todas las ferias, mientras que, de ordinario, los comerciantes relativamente pequeños las venden en los alrededores” (Las industrias de la provincia de Moscú, VII, fascíc. I, segunda parte, pág. 141). En este caso, el represen­tante del capital comercial se ha diferenciado aún tan poco de la masa general de “mujiks-labradores” que hasta ha con­servado su hacienda con la tierra de nadiel y una numero­sa familia patriarcal. Los productores de gafas de la provin­cia de Moscú dependen por completo de los industriales a quienes venden sus artículos (monturas de gafas). Estos mayoristas son al mismo tiempo “kustares” que tienen talleres propios; adelantan a los pobres las materias primas a condi­ción de que vendan sus artículos al “patrono”, etc. Los pequeños industriales intentaron vender ellos mismos el pro­ducto en Moscú, pero fracasaron: resultó demasiado desventa­joso venderlos en pequeñas cantidades, por valor de unos 10 ó 15 rublos (ibíd., 263). Entre las encajeras de la provincia de Riazán, las mercaderas obtienen un beneficio del 12 al 500, del ingreso de las trabajadoras. Las mercaderas “de peso” han establecido relaciones regulares con los centros de venta y envían la mercancía por correo, lo que les ahorra los gastos de viaje. Hasta qué punto es necesaria la venta al por mayor se desprende del hecho de que los comerciantes consi­deran que los gastos de venta no se cubren ni aun efectuando operaciones por valor de 150 a 200 rublos (Trabajos de la comi­sión de kustares, VII, 1184). La organi-zación de la venta de los encajes de Beliov es como sigue. En la ciudad de Beliov hay tres categorías de mercaderas: 1) “intermediarias”, que distri­buyen los pequeños encargos, van ellas mismas a casa de las

 

 

 

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oficialas y entregan la mercancía a las mercaderas grandes. 2) Mercaderas encargadoras, que encomiendan personalmente los trabajos o compran la mercancía a las intermediarias y la llevan a la capital, etc. 3) Las mercaderas grandes (dos o tres “casas”), que tratan ya a través de comisionistas, enviándoles la mercancía y recibiendo encargos de importancia. A las mercaderas de provincia les resulta “casi imposible” llevar su mercancía a las tiendas grandes: “las tiendas prefieren tratar con las mayoristas que les proporcionan grandes partidas de encaje de los dibujos más diversos”; las mercaderas tienen que vender a estas “proveedoras”; “a través de ellas conocen todas las circunstancias del negocio; son quienes fijan los pre­cios; en una palabra, no es posible prescindir de ellas” (Tra­bajos de la comisión de kustares, X, 2823-2824). Se podría aumentar muchas veces el número de ejemplos semejantes. Pero con los aducidos basta y sobra para ver la imposibilidad absoluta de la pequeña venta dispersa cuando se produce pa­ra los grandes mercados. Con la dispersión de los pequeños productores y su diferenciación completa* la venta en grande sólo puede ser organizada por el gran capital, que en virtud de ello coloca a los kustares en un estado de impotencia y depen­dencia absolutas. Puede juzgarse por ello lo absurdas que resultan las teorías populistas en boga cuando recomiendan ayu­dar al “kustar” “organizando la venta”. Desde el punto de vista puramente teórico, esas concepciones se hallan incluidas entre las utopías pequeñoburguesas, basadas en la incompren­sión de los irrompibles lazos existentes entre la producción mercantil y la venta capitalista**. Por lo que se refiere a los datos

 

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* El Sr. V. V. afirma que el kustar sometido al capital comercial “experimenta pérdidas completamente superfluas en el fondo” (Estudios de la industria kustar, 150). ¿No cree el Sr. V. V. que la diferenciación de los pequeños productores es un fenómeno “completamente superfluo” en el fondo, es decir, con respecto a la economía mercantil, dentro de la cual vive este pequeño productor?

** “No se trata del kulak, sino de la insuficiencia de capitales entre los kustares”, declaran los populistas de Perm (Estudios del estado de la industria kustar en la provincia de Perm, pág. 8). ¿Y qué es el kulak sino un kustar con capital? Ahí está el mal: los populistas no quieren investigar

 

 

 

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de la realidad rusa, los autores de semejantes teorías los pasan por alto simplemente: se pasa por alto la dispersión de los pequeños productores de mercancías y su diferenciación com­pleta; se pasa por alto el hecho de que de entre ellos han salido y siguen saliendo “mayo-ristas”; que en la sociedad ca­pitalista la venta sólo puede ser organizada por el gran capi­tal. Si se prescinde de todos estos rasgos de la realidad desa­gradable, pero evidente, no es difícil ya, se comprende, fantasear in's Blaue hinein* **.

 

No tenemos la posibilidad de adentrarnos en detalles descriptivos acerca de cómo se manifiesta precisamente el

 

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ese proceso de diferenciación de los pequeños productores que transforma a algunos de ellos en patronos y “kulaks”.

* – sin fundamento. -Ed.

** Entre las bases cuasieconómicas de las teorías populistas se en­cuentran las consideraciones acerca del poco capital “fijo” y “circulante” necesario para el “kustar autónomo”. El curso de estas consideraciones extraordinariamente difundidas, es el siguiente. Las industrias kustarcs proporcionan grandes beneficios a los campesinos, y por ello es deseable su implantación. (No nos detenemos en esta divertida idea de que se puede ayudar a la masa de campesinos en vías de arruinarse transformando cierto número de ellos en pequeños productores de mercancías.) Y para difundir las industrias hay que saber el volumen del “capital” que el kustar necesita para mantener el negocio. He aquí uno de los muchos cálculos de ese género. El kustar de Pávlovo -nos instruye el Sr. Grigóriev- ­necesita un “capital” fijo de 3-5 rublos, 10-13-15 rublos, etc. contando el coste de los instrumentos de trabajo, y un “capital” circulante de 6-8 rublos, contando el gasto semanal para la manutención y las materias primas. “Así pues, el capital fijo y el circulante (sic!) en el distrito de Pávlovo son tan reducidos que resulta muy fácil adquirir allí instrumentos y materiales necesarios para la producción independiente” (sic!!) (1. c., 75). En realidad ¿qué puede haber “más fácil” que este razonamiento? El proletario de Pávlovo es transformado en “capitalista” de un plumazo: basta sólo denominar “capital” a su manutención semanal y a sus insigni­ficantes instru-mentos. ¡El autor se ha abstraído del capital efectivo de los grandes mayoristas, que han monopolizado la venta, los únicos que pueden ser “independientes” de facto y que manejan capitales de miles de rublos! En verdad que son peregrinos estos hombres acomodados de Pávlovo: durante generaciones enteras han acumulado y continúan acumulando capi­tales de miles de rublos valiéndose de toda clase de injusticias, mientras que, según los últimos descubrimientos, resulta que ¡bastan unas cuantas decenas de rublos de “capital” para ser “independiente”!

 

 

 

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capital comercial en nuestras industrias “kustares” y en qué situación impotente y miserable coloca al pequeño industrial. Además, en el capítulo siguiente deberemos caracterizar el dominio del capital comercial en la fase superior de desarrollo, cuando (como apéndice de la manufactura) organiza en gran escala el trabajo capitalista a domicilio. Aquí nos limitaremos a señalar las formas fundamentales que adopta el capital comercial en las pequeñas industrias. La forma primera y más simple es la adquisi­ción de los artículos por el comerciante (o por el dueño de un taller grande) a los pequeños productores de mercancías. Con un débil desarrollo de la compra o con la abundancia de mayoristas competidores, la venta de la mercancía al comerciante puede no diferenciarse de cual­quier otra venta; pero en la generalidad de los casos el mayorista local es la única persona a quien los campesinos pueden vender siempre los artículos, y entonces el mayoris­ta se aprovecha de esta situación de monopolio para rebajar desmesuradamente el precio que paga al productor. La segunda forma del capital comercial estriba en su unión con la usura: el campesino, siempre necesitado de dinero, pide a préstamo al mayorista y luego satisface la deuda con su mercancía. En este caso (que se halla muy generalizado) la venta de la mercancía se efectúa siempre a precios artificialmente reducidos, que con frecuencia no dejan en manos del kustar lo que podría recibir un obrero asalariado. Además, las relaciones entre el acreedor y el deudor llevan inevitablemente a la dependencia personal de este último, a la explotación usuraria, a que el acreedor aproveche los casos especiales de necesidad del deudor, etc. La tercera forma del capital comercial es el pago de los artículos con mercancías, lo que constituye uno de los métodos ordinarios de los mayoristas rurales. La particula­ridad de esta forma estriba en que no es sólo propia de las pequeñas industrias, sino que, en general, se extiende a todas las fases no desarrolladas de la economía mercantil y del capitalismo. Sólo la gran industria maquinizada, que dio un carácter social al trabajo y que rompió radicalmente

 

 

 

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con todo espíritu patriarcal, ha desplazado esta forma de explotación usuraria, originando su prohibición legal para las grandes empresas industriales. La cuarta forma del capital comercial es cuando el comerciante paga precisamente con las clases de mercancías que el “kustar” necesita para la producción (materias primas o materiales auxiliares, etc.). La venta de los materiales de la producción al pequeño industrial puede también constituir una operación autónoma del capital comercial, completamente idéntica a la compra de los artículos. Pero si el mayorista empieza a pagar con las materias primas que el “kustar” necesita, eso representa un paso muy grande en el desarrollo de las relaciones capitalistas. Después de aislar al pe-queño industrial del mercado de artículos terminados, el mayoris­ta le aísla ahora del mercado de materias primas, con lo que coloca definitivamente al kustar bajo su dependencia. De ahí sólo queda un paso a la forma superior del capital comercial, en la que el mayorista distribuye directamente los materiales a los “kustares” para que trabajen a cambio de determinada suma. El kustar se transforma de facto en obrero asalariado que trabaja en su casa para el capitalista; el capital comercial del mayorista se convierte aquí en capital industrial*. Se crea el trabajo capitalista a domici­lio. En las pequeñas industrias se encuentra de un modo más o menos esporádico; su empleo en masa se refiere a la fase siguiente, superior, del desarrollo capitalista.

 

 

VII. “LA INDUSTRIA Y LA AGRICULTURA

 

Así se titulan de ordinario unos apartados especiales en las descripciones de las industrias campesinas. Como en la fase primaria del capitalismo que examinamos el industrial casi no se ha diferenciado aún del campesino, su ligazón

 

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* La forma pura del capital comercial estriba en la compra de la mercancía para vender esa misma mercancía con ganancia. La forma pura del capital industrial estriba en la compra de la mercancía para venderla una vez transformada, y, por consiguiente, en la compra de materias primas. etc., y en la compra de fuerza de trabajo que las transforma.

 

 

 

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con la tierra constituye en realidad un fenómeno muy típico, que requiere un examen especial.

 

Comencemos por los datos de nuestro cuadro (ver anexo I). Para caracterizar la agricultura de los “kustares” se aducen en él, en primer lugar, los datos relativos al número medio de caballos en posesión de los industriales de cada categoría. Reuniendo las 19 industrias para las que existen datos de este género, obtenemos que a cada industrial (grande o pequeño) corresponde en conjunto un término medio de 1,4 caballos, y por categorías: I) 1,1; II) 1,5, y III) 2,0. Así pues, cuanto más alto figura el patrono por las dimensiones de su hacienda industrial, mayor es su impor­tancia como agricultor. Los más grandes superan casi dos veces a los pequeños por la cantidad de ganado de labor. Pero, incluso los industriales más pe-queños (I categoría) se hallan por encima del campesino medio por el estado de su hacienda agrícola, pues, en conjunto, en 1877, correspondía a cada hacienda campesina de la provincia de Moscú 0,87 caballos*. Por consiguiente, a grandes y pequeños patronos industriales llegan sólo los campesinos relativamente acomo­dados. Los campesinos pobres proporcionan más que nada obreros industriales (obreros asalariados al servicio de los “kustares”, obreros que trabajan fuera del lugar, etc.), y no patronos industriales. Para la inmensa mayoría de las indus­trias de Moscú, lamentablemente, no hay datos relativos a la agricultura de los obreros asalariados que trabajan en las pequeñas industrias. Constituye una excepción la sombrere­ría (ver los datos generales a ella relativos en nuestro cuadro, anexo I). He aquí unos datos en extremo instructivos acerca de la agricultura de los sombrereros, patronos y obreros. (Ver el cuadro en la pág. 398. -Ed.)

 

Así pues, los patronos-industriales pertenecen a los agricultores que se encuentran en muy “buen estado”, es decir, a los representantes de la burguesía campesina,

 

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* Véase Recopilación de materiales estadísticos sobre la situación económica de la población rural. Ed. del Comité de Ministros. Anexo I; Datos de las investigaciones de los zemstvos por hogares, págs. 372-373.

 

 

 

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mientras que los obreros asalariados se reclutan entre la masa de campesinos arruinados*. Para caracterizar las relaciones descritas son aún más importantes los datos relativos al modo de cultivar la tierra por los patronos industriales. Los investigadores moscovitas han distinguido tres modos de cultivo de la tierra: 1) con el trabajo personal del dueño de la hacienda; 2) por “contrata”, es decir, ajustando a cualquier vecino que con sus aperos cultiva la tierra del patrono “caído”. Este modo distingue a los propietarios poco pudientes, en trance de ruina. Una significación opuesta tiene el 3er modo: cultivo con “bracero”, es decir, cuando el patrono contrata trabajadores agrícolas (“de la tierra”); éstos se ajustan de ordinario para todo el verano y en la época de más trabajo el patrono envía a menudo obreros del taller para ayudarles. “Por tanto, el modo de cultivar el suelo con un trabajador 'de la tierra' resulta bastante ventajoso” (Las industrias de la

 

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* Es de señalar que el autor de la descripción de la industria sombrerera tampoco “ha advertido” aquí la diferenciación de los campesinos en la agricultura ni en la industria. Como todos los populistas, se ha limitado a hacer unas conclusiones por completo vacías y banales: “la industria no es obstáculo para ocuparse en la agricultura” (Las industrias de la provincia de Moscú, VI, I, pág. 231). Las contradicciones económico-sociales tanto en el régimen de la industria como en el régimen de la agricultura han sido, de ese modo, felizmente orilladas.

 

 

 

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provincia de Moscú, VI, I, 48). En nuestro cuadro hemos resumido los datos relativos a este modo de cultivar el suelo para 16 industrias, de las cuales en 7 no hay en absoluto patronos que contraten a “trabajadores de la tierra”. En las 16 industrias, los patronos industriales que contratan obreros agrícolas constituyen el 12%, y por categorías: I) 4,5%; II) 16,7%, y III) 27,3%. Cuanto más acomodados son los industriales, con mayor frecuencia se encuentran entre ellos patronos del campo. El análisis de los datos relativos a los campesinos ocupados en industrias muestra, por tanto, el mismo cuadro de diferenciación paralela en la industria y en la agricultura que observamos en el capítulo II a base de los datos referentes a los campesinos agri­cultores.

 

La contrata de “trabajadores de la tierra” por los patronos-”kustares” constituye en general un fenómeno muy extendido en todas las provincias industriales. Encon­tramos, por ejemplo, indicaciones de la contrata de braceros por los estereros ricos de la provincia de Nizhni Nóvgorod. Los peleteros de la misma provincia contratan trabajadores agrícolas, procedentes de ordinario de las aldeas vecinas puramente agrarias. “Los campesinos comunales del subdis­trito de Kimri” ocupados en la fabricación de calzado “encuentran ventajoso contratar para el cultivo de sus campos a braceros y obreras que llegan allí en gran número del distrito de Tver y de las localidades vecinas”. Los pintores de vajilla de la provincia de Kostromá envían a sus obreros asalariados a trabajar al campo en el tiempo libre de las ocupaciones de su oficio*. “Los patronos independientes” (batihojas de la provincia de Vladimir) “tienen trabajadores destinados especialmente a las labores del campo”; por eso suelen tener sus tierras bien cultivadas, aunque “no saben en absoluto ni arar ni segar”**. En la provincia de Moscú, toman a su servicio “trabajadores de la

 

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* Trabajos de la comisión de kustares, III, 57, 112; VIII, 1354; IX, 1931, 2093, 2185.

** Las industrias de la provincia de Vladimir, III, 187, 190.

 

 

 

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tierra” muchos industriales fuera de los incluidos en nuestro cuadro; los fabricantes de alfileres, de fieltro y de juguetes, por ejemplo, envían también a sus obreros a los trabajos del campo; los “kámushniki”115, batihojas, fabri­cantes de botones, gorros y guarniciones de cobre tienen braceros para trabajar el campo, etc.* La importancia de este hecho -la contrata de obreros agrícolas por los campesinos in­dustriales- es muy grande. Muestra cómo incluso en las pe­queñas industrias campesinas empieza a dejarse sentir el fenó­meno propio a todos los países capitalistas y que sirve para confirmar el papel histórico progresivo del capitalismo: el ascenso del nivel de vida de la población, el aumento de su consumo. El industrial comienza a mirar de arriba abajo al agricultor “gris” con su embrutecimiento patriarcal y procura descar-garse de los trabajos agrícolas más pesados y que peor se pagan. En las pequeñas industrias, que se distinguen por el menor desarrollo del capitalismo, este fenómeno se manifiesta aún muy débilmente; el obrero industrial no hace más que empezar a diferenciarse del obrero agrícola. En las fases siguientes del desarrollo del capitalismo eso se observa, como veremos, en gran escala.

 

La importancia de la cuestión de los “vínculos de la agricultura con la industria” nos obliga a detenernos con más detalle en el examen de los datos relativos a otras provincias, fuera de la de Moscú.

 

Provincia de Nizhni Nóvgorod. Entre un gran número de estereros decae la agricultura, y éstos abandonan la tierra; cerca de 1/3 de los campos de siembra de otoño y de los de siembra de primavera están transformados en “baldíos”. Mas para los “mujiks acomodados” “la tierra no es ya una mala madrastra, sino una madre amante”: tienen suficiente ganado, abonos, toman tierra en arriendo, procu­ran excluir sus lotes del reparto y los cuidan mejor. “Ahora, el mujik rico se ha transformado en terrateniente, mientras que el pobre depende de él como un siervo” (Trabajos de la comisión de kustares, III, 65). Los peleteros

 

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* Las industrias de la provincia de Moscú, I. c.

 

 

 

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son “malos labradores”, pero también entre ellos es preciso distinguir a los patronos más importantes, que “toman en arriendo tierra a los vecinos pobres”, etc.; he aquí el total de los presupuestos típicos de los peleteros en .los distintos grupos:

 

 

 

 

 

El paralelismo de la diferenciación de los agricultores e industriales se manifiesta aquí con plena evidencia. El investigador dice de los herreros que la “industria es más importante que la labranza” para los patronos ricos, por una parte, y para los campesinos sin tierra, por otra (ibíd., IV, 168).

 

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* Trabajos de la comisión de kustares, III, 38 y siguientes. Las cifras indicadas se determinan aproximadamente, según datos del autor, para cuánto tiempo les basta el trigo propio.

 

 

 

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En Las industrias de la provincia de Vladimir se ha estudiado con muchísimo más detalle que en cualquier otra obra lo concerniente a la correlación de la industria y la agricultura. Para muchas industrias se ofrecen datos exactos de la agricultura no sólo de los “kustares” en general (esas cifras “medias”, como se desprende claramen­te de todo lo expuesto, son por completo ficticias), sino de la agricultura de los diferentes grupos y categorías de “kustares”: grandes patronos, patronos pequeños y obreros asalariados; maestros intermediarios y tejedores; los labra­dores-industriales y el resto de los campesinos; hogares ocupados en industrias locales y de fuera de la aldea, etc. La conclusión general que de estos datos hace el Sr. Jarizoménov es que si se divide a los “kustares” en tres categorías: 1) grandes industriales; 2) industriales pequeños y medios, y 3) obreros asalariados, se observa un empeoramiento de la agricultura de la primera categoría a la tercera, una disminución de la cantidad de tierra y de ganado, un aumento del tanto por ciento de haciendas “caídas”, etc.*. Lamentablemente, el Sr. Jarizoménov ha enfocado estos datos de un modo demasiado estrecho y unilateral, sin tomar en cuenta el proceso paralelo e independiente de diferenciación de los campesinos agricul­tores. Por eso no ha extraído de ellos la conclusión que se desprendía inevitablemente: que en la agricultura, lo mismo que en la industria, los campesinos se escinden en pequeña burguesía y proletariado rural**. Por eso, al descri‑

 

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* Véase Yuridicheski Véstnik, 1883, t. XIV, núms. 11 y 12.

** Se advierte lo próximo que el Sr. Jarizoménov se hallaba de esta conclusión por la siguiente característica del desarrollo económico posterior a la Reforma, que hace al describir la industria sedera: “La servidumbre nivelaba el grado económico de los campesinos: ataba las manos al rico, apoyaba al pobre e impedía la división familiar. La economía natural reducía demasiado el campo a la actividad industrial y comercial. El mercado local no proporcionaba un espacio suficiente-mente amplio al espíritu emprendedor. El campesino-comerciante o industrial acumulaba dinero, cierto, sin riesgo, mas, en cambio, con excesiva lentitud y dificultad: lo acumulaba y lo metía en la hucha. Las condiciones cambian a partir de los años 60. Cesa la servidumbre; el crédito y los ferrocarriles crean

 

 

 

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bir las distintas industrias desciende a menudo hasta las consideraciones populistas tradi-cionales acerca de la influencia de la “industria” en general sobre la “agricultu­ra” en general (ver, por ejemplo, Las industrias de la provincia de Vladimir, II, 288; III, 91), es decir, que llega a pasar por alto las profundas contradicciones existentes en la estructura misma tanto de la industria como de la agricultura, contradicciones que él mismo se ha visto obligado a señalar. El Sr. V. Prugavin, otro investigador de las industrias de la provincia de Vladimir, es un represen­tante típico de las concepciones populistas al particular. He aquí un ejemplo de su modo de razonar. El tejido de telas de algodón en el distrito de Pokrov “no puede ser reconocido en términos generales como un principio dañino (sic!!) en la vida agrícola de los hombres que lo practican” (IV, 53). Los datos atestiguan el mal estado de la agricultura entre la gran mayoría de los tejedores y que entre los maestros intermediarios se halla muy por encima del nivel general (ver la misma obra); los cuadros muestran que algunos maestros intermediarios contratan también obreros rurales. Conclusión: “la industria y la agricultura marchan de la mano, condicionando su mutuo desarrollo y florecimiento” (60). Es el tipo de frases con las cuales se vela el que el desarrollo y florecimiento de la burguesía campesina van de la mano en las industrias y en la agricultura*.

 

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un mercado vasto y alejado, ofrecen muchas oportunidades al campesino-comerciante o industrial emprendedor. Todo lo que se hallaba por encima del nivel económico medio, se asienta con rapidez, desarrolla el comercio y la industria y extiende en cantidad y calidad su explotación. Todo lo que se encontraba por debajo de este nivel, cae, desciende, pasa a las filas de los que no tienen tierras, hacienda, caballos. Los campesinos se disgregan en grupos de kulaks, de hombres medianamente acomodados y de proletarios sin hacienda. El elemento kulak de los campesinos adopta con rapidez todas las costumbres del medio culto; vive como los señores; de el se forma la clase, enorme por su cuantía numérica, de las capas semicultas de la sociedad rusa” (III, 20-21).

* A frases como ésta se limita también al tratar la cuestión el Sr. V. V. en el capítulo VIII de sus Estudios de la industria kustar en Rusia.

 

 

 

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Los datos relativos al censo de kustares de Perm de 1894-95 han puesto de relieve los mismos fenómenos: la agricultura de los pequeños productores de mercancías (patronos y patronos minúsculos) es la más elevada y emplea trabajadores del campo; entre los artesanos, la agricultura es inferior, y entre los kustares que trabajan para mayoristas su estado es el peor (lamentablemente, no se han reunido datos acerca de la agricultura de los obreros asalariados y de los diversos grupos de patronos). El censo ha puesto de manifiesto también que los “kustares” no dedicados a la agricultura se distinguen relativamente de los que la practican: 1) por un rendimiento del trabajo más elevado; 2) por un volumen incomparablemente mayor del ingreso neto de la industria; 3) por un nivel cultural más elevado y la instrucción primaria más difundida. Todo ello son fenómenos que confirman la conclusión antes hecha de que incluso en la primera fase del capitalismo se observa la tendencia de la industria a elevar el nivel de vida de la población (ver Estudios, pág. 138 y siguientes*).

 

Por último, ligada a la cuestión de las relaciones entre la industria y la agricultura, se encuentra la circunstancia siguiente. Las empresas mayores tienen, de ordinario, un perío­do de trabajo más prolongado. Por ejemplo, en la ebanis­tería de la provincia de Moscú, el período de trabajo para los que emplean maderas ordinarias es igual a 8 meses (el taller tiene aquí por término medio 1,9 obreros); para los que hacen muebles curvos es de 10 meses (2,9 obreros por empresa), y para los que hacen muebles grandes, de 11 meses (4,2 obreros por empresa). Entre los zapateros de la provincia de Vladimir el período de trabajo en 14 talleres pequeños es igual a 40 semanas, y en 8 grandes (9,5 obreros por

 

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“La labranza apoya a la industria” (205). “Las industrias kustares consti­tuyen uno de los baluartes más seguros de la agricultura en las provincias industriales” (219). ¿Pruebas? Cuantas se quieran: ¡tomad, por ejemplo, a los patronos curtidores, fabricantes de almidón y de aceite (ibíd., 224), etc. y veréis que su agricultura se halla por encima del nivel general.

* Véase O. C., t. 2, pág. 364 y sigs. -Ed.

 

 

 

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empresa contra 2,4 en las pequeñas), de 48 semanas, etc.*. Este fenómeno, se comprende, hállase relacionado con el gran número de obreros (de la familia, industriales asalariados y agrícolas asalariados) en las empresas grandes, y nos aclara la gran estabilidad de las últimas y su tendencia a especializarse en la actividad industrial.

 

Hagamos ahora un balance de lo expuesto acerca de “la industria y la agricultura”. De ordinario, en la fase inferior del capitalismo, la que estamos examinando, el industrial casi no se ha diferenciado aún del campesino. La unión de la industria y la agricultura desempeña un papel muy importante en el proceso que lleva a intensificar y profundizar la diferenciación de los campesinos: los acomo­dados y ricos abren talleres, toman a su servicio obreros salidos del proletariado rural y acumulan recursos en dinero para operaciones comerciales y usurarias. Al contrario, los campesinos pobres proporcionan los obreros asalariados, kustares que trabajan para los mayoristas y los grupos inferiores de los pequeños patronos kustares, los más sometidos al poder del capital comercial. La unión de la pequeña industria y la agricultura da, pues, solidez a las relaciones capitalistas y las desarrolla, extendiéndolas de la industria a la agricultura y viceversa**. El proceso de

 

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* Las fuentes se han enumerado más arriba. El mismo fenómeno ponen de manifiesto los censos por hogares de los productores de cestos, guitarras y almidón en la provincia de Moscú. El censo de kustares de Perm indicaba también que el período de trabajo era más prolongado en los talleres grandes (véase Estudio del estado de la industria kustar en la provincia de Perm, pág. 78. Lamentablemente, no se dan datos exactos al particular).

** En la industria lanera de la provincia de Vladimir, por ejemplo, los grandes “fabricantes” y maestros intermediarios se distinguen por el mayor nivel de la agricultura. “En los momentos de estancamiento de la producción, los maestros intermediarios tratan de comprar fincas, de entre­garse a la hacienda, y abandonan por completo la industria” (Las industrias de la pro-vincia de Vladimir, II, 131). Merece la pena recalcar este ejemplo, ya que hechos semejantes dan a veces motivo a los populistas para concluir que “los campesinos vuelven de nuevo a la agricultura”, que “los exiliados del suelo deben ser vueltos a la tierra” (Sr. V. V. en el núm. 7 de Véstnik Europi, año 1884).

 

 

 

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separación, entre la industria y la agricultura, inherente a la sociedad capitalista, se manifiesta en esta fase en su aspecto más embrionario, pero se manifiesta ya y lo que es de particular importancia de un modo totalmente distinto a como se lo imaginan los populistas. Al decir que la industria no “daña” a la agricultura, el populista ve este daño en el abandono de la agricultura a cambio de una industria ventajosa. Pero semejante idea del asunto es una ficción (y no una conclusión de los hechos), y una ficción mala, porque no tiene en cuenta las contradicciones que encierra todo el régimen económico de los campesinos. El proceso de separación entre la industria y la agricultura va relacionado con la diferenciación de los campesinos, y se opera por .vías distintas en ambos polos de la aldea: la minoría acomodada monta empresas industriales, las am­plía, mejora la agricultura, contrata braceros para el cultivo de la tierra, consagra cada vez una mayor parte del año a la industria y -en cierto grado del desarrollo de esta última- encuentra más ventajoso separar la empresa industrial de la agrícola, es decir, dejar la agricultura a cargo de otros miembros de la familia o vender las dependencias, el ganado, etc., y convertirse en pequeño bur­gués, en comerciante*. La separación entre la industria y la agricultura va precedida en este caso de la formación de relaciones capitalistas en la agricultura. En el otro polo de la aldea, la separación entre la industria y la agricultura estriba en que los campesinos pobres se arruinan y se transforman en obreros asalariados (industriales y agríco­las). En este polo de la aldea no son las ventajas de la industria, sino la necesidad y la ruina, lo que obliga a abandonar la tierra y no sólo la tierra, sino también el trabajo industrial independiente; el proceso por el que la industria se separa de la agricultura es aquí un proceso de expropiación del pequeño productor.

 

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* “Los campesinos explicaban que algunos patronos-industriales acomo­dados se habían trasladado últimamente a Moscú por motivos de su negocio.” La industria de cepillos según las investigaciones de 1895, pág. 5.

 

 

 

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VIII. “LA UNION DE LA INDUSTRIA Y LA AGRICULTURA

 

Tal es la fórmula predilecta de los populistas, con la que los señores V. V., N. –on y compañía piensan resolver la cuestión del capitalismo en Rusia. El “capitalismo” separa la industria de la agricultura; la “producción popular” las une en la hacienda campesina típica y normal: en esta simple contraposición se encierra una buena parte de su teoría. Nosotros podemos ahora hacer un balance de la cuestión de cómo nuestro campesino “une la industria y la agricultura” en la práctica, ya que más arriba han sido examinadas con detalle las relaciones típicas entre los campesinos agrícolas y los industriales. Enumeraremos las variadas formas de “unión de la industria y la agricultura” que se observan en el régimen económico de la hacienda campesina rusa.

 

1) La agricultura patriarcal (natural) se une a las industrias domésticas (es decir, a la trans-formación de las materias primas para consumo propio) y a la prestación personal para el terrateniente.

 

Este tipo de unión de las “industrias” campesinas a la agricultura es el más típico del régimen económico medieval y constituye necesariamente una parte del mismo*. De esa economía patriarcal -en la que no hay aún en absoluto ni capitalismo, ni producción mercantil, ni circulación de mercancías-, en la Rusia posterior a la Reforma sólo han quedado escombros: las industrias domésticas de los campesinos y el pago en trabajo.

 

2) La agricultura patriarcal se une con la industria en forma de oficios artesanos.

 

Esta forma de unión se halla todavía muy cerca de la anterior; sólo se diferencia porque aquí aparece la circula­ción mercantil cuando el artesano cobra en dinero y va al

 

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* En el capítulo IV del libro antes indicado, Korsak da testimonios históricos del siguiente tipo, por ejemplo: “el abad distribuía (en la aldea) lino para hilar”, los campesinos estaban obligados a servir al dueño de la tierra “durante la recolección y en trabajos accesorios”116.

 

 

 

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mercado a comprar herramientas, materias primas, etc.

 

3) La agricultura patriarcal se une a la pequeña producción de artículos manufacturados con destino al mercado, es decir, a la producción mercantil en la industria. El campesino patriarcal se transforma en pequeño produc­tor de mercancías, que tiende, como hemos demostrado, al empleo del trabajo asalariado, es decir, a la producción capitalista. Premisa de ello es ya un cierto grado de diferenciación de los campesinos: hemos visto que los patronos pequeños y muy pequeños en la industria pertene­cen, en la mayoría de los casos, al grupo acomodado o rico de los campesinos. A su vez, también el desarrollo de la pequeña producción mercantil en la industria da un mayor impulso a la diferenciación de los campesinos agricultores.

 

4) La agricultura patriarcal se une al trabajo por contrata en la industria (y también en la agricultura)*.

 

Esta forma representa un complemento indispensable de la anterior: allí es el producto lo que se hace mercancía; aquí es la fuerza de trabajo. La pequeña producción mercantil en la industria va acompañada necesariamente, como hemos visto, de la aparición de los obreros asalariados y los kustares que trabajan para los mayoristas. Esta forma de “unión de la agricultura y la industria” es común a

 

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* Según se ha señalado más arriba, en nuestras obras de economía y en nuestra estadística económica reina tal confusión de terminología que entre las “industrias” campesinas se incluye la industria doméstica, el pago en trabajo, los oficios artesanos, la pequeña producción mercantil, el comercio, el trabajo por contrata en la industria, el trabajo por contrata en la agricultura, etc. Ahí va un ejemplo de cómo utilizan los populistas esa confusión. Al cantar la “unión de la industria y la agricultura”, el Sr. V. V. señala para ilustrarla la “industria forestal” y el “trabajo de los peones”: “él (el campesino) es fuerte y está habituado a los trabajos rudos; por eso es capaz de hacer cualquier trabajo de peón” (Estudio de la industria kustar, 26). Este hecho figura entre otros muchos para confirmar la conclusión siguiente: “vemos la protesta contra la separación de las ocupaciones”, “la solidez del régimen de la producción, constituido ya en el período de predominio de la economía natural” (41). ¡Así pues, hasta la transformación del campesino en obrero forestal o en peón se ha tornado, entre otras cosas, como prueba de la solidez de la economía natural!

 

 

 

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todos los países capitalistas, y una de las particularidades más relevantes de la historia de Rusia después de la Reforma estriba en su difusión extraordinariamente rápida y amplia.

 

5) La agricultura pequeñoburguesa (comercial) se une a las industrias pequeñoburguesas (pequeña producción mer­cantil en la industria, pequeño comercio, etc.).

 

Esta forma se distingue de la tercera en que las relaciones pequeñoburguesas abarcan aquí, además de la industria, la agricultura. Esta forma, la más típica de la unión de la industria y la agricultura en la hacienda de la pequeña burguesía rural, es propia por ello de todos los países capitalistas. Sólo a los economistas del populismo ruso les aguardaba el honor de descubrir el capitalismo sin pequeña burguesía.

 

6) El trabajo asalariado en la agricultura se une al trabajo asalariado en la industria. Más arriba se ha hablado ya de cómo se manifiesta esta unión de la industria y la agricultura y de cuál es su papel.

 

Así pues, las formas de “unión de la agricultura y las industrias” entre nuestros campesinos se distinguen por una extraordinaria variedad: algunas son expresión del régimen económico más primitivo, con predominio de la economía natural; otras manifiestan un alto grado de desarrollo del capitalismo; entre unas y otras hay numero­sos peldaños intermedios. De limi-tarse a fórmulas generales (del tipo de “unión de la industria y la agricultura” o “separación de la industria de la agricultura”) no se puede dar un paso para poner en claro el proceso real del desarrollo del capitalismo.

 

 

IX. ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE LA ECONOMIA PRECAPITALISTA DE NUESTRA ALDEA

 

La esencia del problema de los “destinos del capitalismo en Rusia” se presenta a menudo en nuestro país como si lo principal fuese la cuestión de ¿con qué rapidez? (es decir, ¿con qué rapidez se desarrolla el capitalismo?). En realidad,

 

 

 

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tienen una importancia incomparablemente mayor las cuestiones de ¿cómo precisamente? y ¿de dónde? (es decir, ¿cuál fue la estructura económica precapitalista en Rusia?). Los errores más graves de la economía populista estriban precisamente en las equivocadas respuestas que dan a esas dos preguntas, es decir, en la representación errónea de cómo se desarrolla precisamente el capitalismo en Rusia, en la idealización falsa de la estructura económica precapita­lista. En el capítulo II (parcialmente también en el III) y en el presente hemos examinado las fases más primitivas del capitalismo en la pequeña agricultura y en las pequeñas industrias campesinas; en el curso de ese examen nos hemos visto obligados a señalar repetidas veces los rasgos de la estructura económica precapitalista. Si ahora intenta­mos reunirlos obtendremos la conclusión de que la aldea precapitalista era (en el aspecto económico) una red de pequeños mercados locales, que unían a grupos minúsculos de pequeños productores dispersos tanto por el aislamiento de su hacienda como por la masa de barreras medievales que se alzaban entre ellos y por los restos de la dependencia medieval.

 

Por lo que se refiere a la dispersión de los pequeños productores, donde se manifiesta con más relieve es en su diferenciación, de la que se ha dejado constancia más arriba, tanto en la agricultura como en la industria. Pero la dispersión está lejos de limitarse a ello. Unidos por la comunidad en minúsculas sociedades fiscal-administra­tivas y de posesión territorial, los campesinos se hallan escindidos por su división en numerosísimos grupos y categorías según la dimensión del nadiel, la cuantía de los pagos, etc. Tomemos aunque sólo sea la recopilación estadística del zemstvo de la provincia de Sarátov; los campesinos se dividen aquí en las siguientes categorías: “dárstvenniki”, pro­pietarios, propietarios plenos, labriegos del Estado, labriegos del Estado con posesión comunal, labriegos del Estado con tierras chetvertnie117, labriegos del Estado antiguamente sier­vos de los terratenientes, labriegos de tierras de la familia im­perial, arrendatarios de lotes del Estado, campesinos sin

 

 

 

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tierra, propietarios antes siervos de los terratenientes, instalados en fincas redimibles, pro-pietarios antiguamente siervos de tierras de la familia imperial, campesinos propietarios, colonos, “dárstvenniki” antes siervos de terratenientes, propie­tarios que antes fueron labriegos del Estado, liberados, no sujetos a pago de tributos, labriegos libres118 temporalmente depen-dientes, antiguos fabriles, etc., y después hay aún cam­pesinos inscritos, forasteros, etc. Todas estas categorías se dis­tinguen por la historia de las relaciones agrarias, por la dimensión de los nadieles y de los pagos, etc., etc. Y dentro de las categorías hay un sinfin de distinciones parecidas: a veces, hasta los campesinos de una misma aldea se hallan divididos en dos grupos completamente distintos: “antes pertenecientes al Sr. N. N.” y “antes pertenecientes a la Sra. M. M.” Toda esta gran diversidad era natural y necesaria en la Edad Media, en un tiempo remoto; en la actualidad, el manteni­miento del carácter cerrado estamental de las comunidades campesinas es un anacronismo flagrante y empeora en extremo la situación de las masas trabajadoras, sin preservarlas en absoluto contra las duras condiciones de la época nueva, capitalista. Los populistas cierran de ordinario los ojos ante esta dispersión, y cuando los marxistas expresan el criterio de que la diferenciación de los campesinos es algo pro-gresivo, se limitan a lanzar exclamaciones triviales contra los “parti­darios de que se prive de tierra a los campesinos”, encubriendo con ellos la completa falsedad de sus ideas sobre la aldea precapitalista. Basta imaginarse la asombrosa dispersión de los pequeños productores, consecuencia inevitable de la agricultura patriarcal, para convencerse del carácter progre­sivo del capitalismo, que destruye hasta los cimientos mismos las viejas formas de la economía y de la vida, con su inercia y rutina seculares, que destruye la existencia sedentaria de los campesinos siempre metidos en sus tabiques del medievo y crea nuevas clases sociales, impulsadas por la necesidad de relacionarse, de unirse, de participar de manera activa en toda la vida económica (y no sólo económica) del Estado y de todo el mundo.

 

Tomad a los campesinos como artesanos o pequeños indus-

 

 

 

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triales y veréis lo mismo. Sus intereses no rebasan el pequeño término de las aldeas vecinas. A consecuencia de la insignifi­cante capacidad del mercado local, no entran en contacto con los industriales de otras zonas; temen como al fuego la “com­petencia”, que destruye impla-cablemente el paraíso patriarcal de los pequeños artesanos e industriales, no molestados por nada ni por nadie en su rutinario vegetar. La competencia y el capitalismo cumplen con relación a estos pequeños indus­triales un útil trabajo histórico, sacándolos de sus rincones perdidos y alzando ante ellos todos los problemas ya plan­teados ante las capas más desarrolladas de la población.

 

Además de las formas primitivas de la artesanía, las formas primitivas del capital comercial y usurario son también un anejo imprescindible de los pequeños mercados locales. Cuanto más apartada está la aldea, cuanto más lejos se encuentra de la influencia del régimen nuevo, capitalista, de los ferrocarriles, de las grandes fábricas y de la gran agricultura capitalista, más fuerte es el monopolio de los comerciantes y usureros locales, mayor es la sumisión en que mantienen a los campesinos de los alrededores v más burdas son las formas que adquiere esta sumisión. El número de esas pequeñas sanguijuelas es enorme (comparado con la escasa cantidad de productos que obtienen los campesinos), y para denominarlas existe una rica colección de calificativos locales: recordad a todos esos prasoli, shibái, schetínniki, mayaki, ivashi, bulini, etc., etc. El predominio de la economía natural, que determina la escasez y carestía del dinero en la aldea, lleva a que la impor­tancia de todos estos “kulaks” resulte desmesuradamente grande comparándola con el volumen de su capital. La dependencia en que los campesinos se hallan con respecto a los que tienen dinero adquiere inevitablemente la forma de ava­sallamiento usurario. De la misma manera que no es posible imaginarse el capitalismo desarrollado sin un gran capital comercial-mercancía y capital comercial-dinero, resulta incon­cebible la aldea precapitalista sin pequeños comerciantes y mayoristas, que son los “amos” de los pequeños mercados locales. El capitalismo reúne estos mercados, los agrupa en uno

 

 

 

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grande, nacional, y, después mundial, destruye las formas primitivas de la explotación usuraria y de la dependencia personal, profundiza y extiende las contradicciones que en forma embrionaria se observan también en el campesinado comunal y, de ese modo, prepara su solución.

 

 

______________

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO VI

 

 

LA MANUFACTURA CAPITALISTA Y EL TRABAJO CAPITALISTA A DOMICILIO

 

 

I. CONSTITUCION DE LA MANUFACTURA Y SUS RASGOS FUNDAMENTALES

 

Por manufactura se entiende, corno es sabido, la cooperación basada en la división del trabajo. Por su origen, la manufactura se acerca directamente a las “primeras fases del capitalismo en la industria” más arriba descritas. Por una parte, los talleres con un número más o menos considerable de obreros van implantando gradualmente la división del trabajo, y, de ese modo, la cooperación capitalista simple se convierte en manufactura capitalista. Los datos estadísticos de las pequeñas industrias de la provincia de Moscú aducidos en el capítulo anterior muestran palmariamente el proceso de ese nacimiento de la manufactura: los talleres más grandes de todas las indus­trias de la cuarta clase, de algunas industrias de la tercera y de muy contadas de la segunda aplican de modo sistemático la división del trabajo en vasta escala y por eso se deben incluir entre los tipos de manufactura capi­talista. Posteriormente se darán datos más completos acerca de la técnica y la economía de algunas de estas industrias.

 

Por otra parte, hemos visto que, cuando el capital comercial alcanza en las pequeñas industrias el grado superior de su desarrollo, reduce ya al productor a la situación de obrero asalariado, que elabora materias primas ajenas a cambio de un pago a destajo. Si el desarrollo sucesivo lleva a que en la producción se implante una división sistemática del trabajo, que transforma la técnica del pequeño productor, si el ”mayorista” separa algunas operaciones de detalle v las encarga a obreros asalariados

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en su taller, si junto a la distribución del trabajo a domicilio y en ligazón indisoluble con ella aparecen los talleres grandes (pertenecientes a menudo al mismo mayo­rista), donde el trabajo está dividido, tenemos ante nosotros otro género de proceso de nacimiento de la manufactura capitalista*.

 

La manufactura tiene gran importancia en el desarrollo de las formas capitalistas de la industria; es un eslabón intermedio entre la artesanía y la pequeña producción mercantil con formas primitivas del capital y la gran industria maquinizada (la fábrica). Aproxima la manufac­tura a las pequeñas industrias el hecho de que su base siga siendo la técnica manual, de que, por ello, las grandes empresas no puedan desplazar radicalmente a las pequeñas, no puedan arrancar por completo al industrial de la agricultura. “La manufactura no se hallaba en condiciones ni de abarcar la producción social en todo su volumen ni de transformarla hasta la misma raíz (in ihrere Tiefe). Se levantaba como una obra del artificio económico sobre la amplia base del artesanado urbano y las industrias domésticas rurales”**. Aproxima la manufactura a la fábrica la formación del gran mercado, de las grandes empresas con obreros asalariados, del gran capital, al que se hallan sometidas por completo las masas de los obreros desposeídos.

 

Está en las publicaciones rusas tan extendido el prejuicio de que la llamada producción “fabril” se halla divorciada de la “kustar”, de que la primera tiene un carácter “artificial” y la segunda “popular”, que estimamos de especial importancia revisar los datos relativos a todas

 

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* Acerca de este proceso de nacimiento de la manufactura capitalista, véase Marx, Das Kapital, III, 318-320, trad. rusa, 267-270119.

“La manufactura no nació en el seno de los antiguos gremios. Es el comerciante quien se transformó en el jefe del taller moderno y no el antiguo maestro de los gremios” (Misére de la philosophie, 190). Ya hemos tenido ocasión de enumerar en otro sitio los índices fundamen-tales del concepto de manufactura según Marx. [Estudios, 179. (Véase O. C., t. 2, págs. 416-418.Ed)].

** Das Kapital, 12, S. 383120.

 

 

 

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las ramas más importantes de la industria transformativa y poner de manifiesto cuál fue su organización económica después de salir de la fase de pequeñas industrias campesinas y antes de ser transformadas por la gran industria maquinizada.

 

 

II. LA MANUFACTURA CAPITALISTA EN LA INDUSTRIA RUSA

 

Comenzaremos por la industria transformativa de las sustancias fibrosas.

 

1) Industrias textiles

 

El tejido de lienzos, paños, telas de algodón y seda, pasamanería, etc., tenía en todos los sitios de nuestro país la organización siguiente (antes de aparecer la gran industria maquinizada). A su cabeza se hallaban grandes talleres capitalistas, con decenas y cientos de obreros asalaria-dos; los patronos de esos talleres, que poseían cuantiosos capitales, efectuaban en gran escala la compra de materias primas, parte de las cuales elaboraban en sus empresas, distribuyendo el resto del hilo y de la urdimbre entre los pequeños productores (“svetiólochniki”, “zaglo­di”121, maestros intermediarios, campesinos “kustares”, etc.), que hacían en su casa o en pequeños talleres la tela a destajo. La producción misma se basaba en el trabajo manual, y entre los obreros se distribuían las siguientes operaciones separadas: 1) teñido del hilo; 2) devanado del hilo (en lo que con frecuencia se especializaban las mujeres y los niños); 3) urdido del hilo (obreros “urdidores”) ; 4) tejido; 5) enrollado de la trama para el tejido (trabajo de los bobinadores, niños en su mayor parte). A veces, en los talleres grandes había incluso obreros especiales, “pasadores” (que pasan los hilos de la urdimbre por los ojales de los lizos y los dardos del peine) *. La división del trabajo no

 

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* Conf. Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, t. VII, fascíc. III (Moscú, 1883), págs 63-64.

 

 

 

 

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suele efectuarse sólo por operaciones, sino también por artículos, es decir, que los tejedores se especializan en la producción de una clase de tela determinada. La separación de algunas operaciones para hacerlas en casa no cambia, naturalmente, nada en el régimen económico de la indus­tria de ese tipo. Los pequeños talleres o las casas donde trabajan los tejedores no son más que secciones exteriores de la manufactura. La base técnica de esa industria es la producción manual con una vasta y. sistemática división del trabajo; desde el punto de vista económico vemos la formación de capitales enormes, que disponen de la compra de materias primas y de la venta de artículos en un mercado muy amplio (nacional), y que tienen sometida por completo a la masa de proletarios tejedores; un escaso número de grandes empresas (manufacturas en el sentido estricto) domina a la masa de las pequeñas. La división del trabajo lleva a que de entre los campesinos salgan oficiales especialistas; se forman centros no agrícolas de manufactu­ra, como la aldea de Ivánovo, provincia de Vladimir (desde 1871, ciudad de Ivánovo-Voznesensk; hoy es un centro de la gran industria maquinizada) ; la aldea de Velíkoe, provincia de Yaroslavl, y otras muchas de las provincias de Moscú, Kostromá, Vladimir y Yaroslavl, que se han transformado ya hoy en poblados fabriles*. Ordinariamente la industria organizada de ese modo se divide en nuestras obras de economía y estadística en dos partes: los campesinos que trabajan en sus casas o en locales y talleres no muy grandes, etc., se incluyen entre la industria kustar”, mientras que los locales y talleres. mayores entran en el número de “fábricas” (además, son incluidas completamente al azar, ya que no existen unas reglas exactamente establecidas y empleadas con arreglo a normas uniformes para separar las pequeñas empresas de las grandes, los pequeños locales, de las manufacturas, y los obreros ocupados en su casa, de los que trabajan en el taller

 

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* Véase en el capítulo que sigue la relación de los poblados de este tipo más importantes.

 

 

 

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del capitalista)*. Semejante clasificación, que coloca en un lado a ciertos obreros asalariados y en otro a ciertos patronos que contratan (además de los obreros que trabajan en sus estable-cimientos) a esos, mismos obreros asalariados precisamente, representa, claro es, un non-sens desde el punto de vista científico.

 

Ilustraremos lo expuesto con los datos minuciosos de una “industria textil kustar”: la sedería de la provincia de Vladimir**. La “industria de la seda” es una manu­factura típicamente capitalista. Predomina el trabajo manual. La mayoría de las empresas son pequeñas (179 de 313, es decir, el tienen de uno a cinco obreros), pero en su mayor parte no son independientes y se encuentran muy lejos de las grandes por su importancia en el volumen global de la producción. Las empresas con 20-150 obreros representan el 8% del total (25), pero con-centran el 41,5% de los obreros y dan el 51% del valor de la producción. De todos los obreros ocupados en esta industria (2.823) hay 2.092, es decir, el 74,1%, asalariados. “En la pro-ducción se practica la división del trabajo por artículos y por operacio­nes.” Hay muy pocos tejedores que sepan hacer al mismo tiempo “terciopelo” y “raso” (los dos artículos más impor­tantes de esta producción). “La división del trabajo por operaciones dentro del taller sólo se observa de manera estricta en las fábricas grandes” (es decir, en las manufacturas) “con obreros asalariados”. Sólo hay 123 patronos completamente independientes, que adquieren por sí mis­mos las materias primas y venden el producto en el mercado; tienen 242 trabajadores familiares y “dan ocupación a 2.498 obreros asalariados, la mayor parte de los cuales

 

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* En el capítulo siguiente daremos ejemplos de esa confusión.

** Véase Las industrias de la provincia de Vladimir, III. Sería imposible y superfluo dar datos minuciosos de todas las industrias textiles descritas en nuestras obras relativas a la producción de los kustares. Además, en la mayoría de esas industrias reina ya actualmente la fábrica. Sobre los “tejedores kustares” véase también Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, tomos VI y VII. – Trabajos de la comisión de kustares. Materiales para el estudio del trabajo manual. Informes y estudios. Korsak, 1. c.

 

 

 

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trabaja a destajo”; disponen, por tanto, de 2.740 obreros, o el 97% del total. Está claro, pues, que la distribución de trabajo a domicilio por esos manufactureros a través de los “zaglodi” no representa en absoluto una forma especial de la industria; sólo es una de las operaciones del capital en la manufactura. El Sr. Jarizoménov observa con razón que la “masa de las pequeñas empresas con un reducidísimo número de grandes y el insignificante número de obreros que corresponden por término medio a una empresa (7 1/2) encubren el verdadero carácter de la producción” (1. c., 39). La especialización de las ocupaciones, propia de la ma­nufactura, se manifiesta aquí visiblemente en el hecho de que los industriales se separen de la agricultura (abandonan la tierra, por una parte, los tejedores empobre­cidos y, por otra, los grandes manufactureros) y de que se forme un tipo especial de población industrial que vive con una “comodidad” incomparablemente mayor que los agri­cultores y que mira de arriba abajo al mujik (1. c., 106). Nuestra estadística fabril se ha limitado siempre a regis­trar una pequeña parte, tomada al azar, de esta industria *.

 

La “pasamanería” de la provincia de Moscú representa una manufactura capitalista con una organización del todo análoga**. Lo mismo ocurre con la industria de indiana del distrito de Kamishin, provincia de Sarátov. Según la Guía de 1890 había allí 31 “fábricas” con 4.250 obreros y una producción por valor de 265.000 rublos, mientras que la Relación da una “oficina distribuidora” con 33 obreros en la

 

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* Recopilación estadística militar ha sabido calcular que en 1866 había en la provincia de Vladimir 98 fábricas (!) de seda con 98 obreros y una producción por valor de 4.000 rublos (!). Según la Guía, en 1890 había 35 fábricas con 2.112 obreros y una producción por valor de 936.000 rublos. La Relación daba para 1894-95 las cifras de 98 fábricas, 2.281 obreros y 1.918.000 rublos, más 2.477 obreros “fuera de las empresas”. ¡Prueben aquí a separar a los “kustares” de los “obreros fabriles”!

** Según la Guía en 1890 había friera de Moscú 10 fábricas de pasamanería con 303 obreros y una producción por valor de 58.000 rublos. Pero la Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú (t. VI, fascíc. II) da 400 empresas con 2.619 obreros (de ellos, el 72,8%, asa­lariados) y una producción por valor de 963.000 rublos.

 

 

 

 

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empresa y una producción por valor de 47.000 rublos. (¡Por tanto, en 1890 se mezclaron los obreros que trabajaban en las empresas y fuera de ellas!) Según los investigadores locales, en 1888 había ocupados en la producción de indiana unos 7.000 telares*, que daban producto por valor de 2.000.000 de rublos; debe tenerse en cuenta que “unos cuantos fabricantes dirigen todo el negocio”; para ellos precisamente trabajan los “kustares”, incluidos niños de 6 y 7 años, a cambio dé 7 u 8 kopeks diarios (Informes y estudios, tomo I) **. Etc.

 

 

2) Otras ramas de la industria textil. La producción de fieltro

 

Si juzgamos por los datos de la estadística fabril oficial, la producción de fieltro ofrece un desarrollo muy débil del “capitalismo”: en toda la Rusia europea no hay más que 55 fábricas con 1.212 obreros, que dan producto por valor de 454.000 rublos (Guía de 1890). Pero estas cifras sólo dan un fragmento tomado al azar de una industria capitalista muy desarrollada. La provincia de Nizhni Nóvgorod ocupa el primer puesto por el desarrollo de la producción “fabril” de fieltro, y dentro de ella el centro principal está en la ciudad de Arzamás y en la barriada suburbana de Viezdnaya Slobodá (poseen 8 “fábricas” con 278 obreros y una producción por valor de 120.000 rublos; en 1897 había 3.221 habitantes, y en la aldea de Krásnoe, 2.835). Precisamente en los alrededores de estos centros, se halla

 

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* Resumen de informes de los inspectores de trabajo, 1903 (San Petersburgo, 1906) estima que en toda la provincia de Sarátov hay 33 agencias distribuidoras con 10.000 obreros. (Nota a la segunda edición.)

** El centro de esa industria es el subdistrito de Sosnovka, para el que en 1886 el censo del zemstvo daba 4.626 familias con una población de 38.000 habitantes de ambos sexos y 291 empresas industriales. En el subdistrito hay un 10% del total de las familias sin casa (contra el 6,2% para el distrito) y un 44,5% de las familias sin siembras (contra el 22,8% para el dis-trito). Véase Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Sarálov, t. XI. También aquí, por consiguiente, ha creado la manufactura capitalista centros industriales que apartan a los obreros de la tierra.

 

 

 

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desarrollada la producción de fieltro de los “kustares”, que ocupa a unas 243 empresas y 935 obreros, y que da un producto por valor de 103.847 rublos (Trabajos de la comisión de kustares, V). Para mostrar con claridad la organización económica de la producción de fieltro en esta zona intentaremos emplear un procedimiento gráfico, repre­sentando con signos especiales a los productores que ocupan un lugar especial en el régimen común a toda la industria. (Ver el cuadro en la pág. 422. -Ed.)

 

Está claro, pues que la separación de las industrias “fabril” y “kustar” es puramente artificial, que nos en­contramos con un régimen de industria único e íntegro que corresponde por completo al concepto de manufactura capitalista*. Desde el punto de vista técnico, es una producción manual. El trabajo está organizado a base de la cooperación, basada en la división del trabajo, que aquí se observa en una forma doble: por artículos (unas aldeas hacen fieltro; otras, botas de fieltro, sombreros, planti­llas, etc.), y por etapas (por ejemplo, toda la aldea de Vasíliev Vrag calandra sombreros y plantillas para la aldea de Krásnoe, donde el artículo semifabricado se termina definitivamente, etc.). Esta cooperación es capitalista, pues a su cabeza se halla el gran capital, que ha creado las grandes manufacturas y ha sometido (mediante una compleja red de relaciones económicas) a un gran número de pequeñas empresas. La inmensa mayoría de los produc­tores se han convertido ya en obreros parciales, que trabajan para los patronos en condiciones extremadamente antihigiénicas **. La antigüedad de la industria y las

 

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* Observaremos que la representación gráfica expuesta es característica para todas las industrias rusas organizadas según el tipo de la manufactura capitalista: en todos los lugares vemos a la cabeza de ellas empresas grandes (a veces se incluyen entre las “fábricas”) que tienen sometida por completo a la masa de los establecimientos pequeños; en una palabra, la cooperación capitalista basada en la división del trabajo y en la pro­ducción manual. La manufactura forma el centro no agrícola, de la misma manera exactamente, en la mayoría de las industrias restantes.

** Trabajan desnudos, a una temperatura de 22º a 24º Reaumur. El aire está lleno de partículas pequeñas y grandes de polvo, de lana y de

 

 

 

 

 

 

 

 

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basura de toda clase. El suelo de las “fábricas” es de tierra (en los lavaderos, precisamente), etc.

* Las fuentes se indican en el texto. El número de empresas es, aproximadamente, la mitad que el de obreros (52 empresas en Vasíliev Vrag, 5+55+110 en la aldea de Krásnoe y 21 en cuatro aldeas pequeñas). Por el contrario, la cifra 8 para la ciudad de Arzamás y la barriada de Viezdnaya Slobodá indica el número de “fábricas”, y no de obreros.

 

 

 

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relaciones capitalistas del todo cuajadas hacen que quienes se dedican a ella se separen de la agricultura: ésta se encuentra en plena decadencia en la aldea de Krásnoe, y la vida de sus habitantes se distingue de la vida de los agricultores*.

 

La industria del fieltro tiene una organización del todo análoga en otras muchas zonas. En 1889, en 363 comunida­des del distrito de Semiónov, perteneciente a la misma provincia, había 3.180 hogares con 4.038 trabajadores que practicaban esta industria. De 3.946 obreros, sólo 752 producían para la venta; 576 eran asalariados y 2.618 trabajaban para los patronos, la mayor parte con el material de éstos. 189 hogares distribuían trabajo entre otros 1.805. Los grandes patronos tienen talleres con obreros asalariados, cuyo número llega a 25, y compran lana por valor de unos 10.000 rublos anuales**. Allí los llaman miliarios; tienen un giro de capital de 5.000 a 100.000 rublos; poseen sus almacenes de lana y sus tiendas para la venta de los artículos***. La Relación cita para la provincia de Kazán cinco “fábricas” de fieltro con 122 obreros, una producción por valor de 48.000 rublos y 60 obreros que trabajan en casa. Por lo visto, estos últimos figuran entre los “kustares”, de los que leemos que con frecuencia trabajan para los “mayoristas” y que hay

 

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* No carece de interés señalar aquí la jerga especial de los vecinos de Krásnoe; es un rasgo típico del carácter cerrrado territorial propio de la manufactura. “En la aldea de Krásnoe las fábricas se llaman povarni (cocinas), en el habla matroiski... El habla matroiski es una de las muchas ramas de la jerga de los ofeni (vendedores ambulantes), que tiene tres derivaciones principales: el ofenski propiamente dicho, hablado de modo especial en la provincia de Vladimir, el galivonski, en la de Kostromá, y el matroiski, en las de Nizhni Nóvgorod y Vladimir” (Trabajos de la comisión de kustares, V, pág. 465). Sólo la gran industria ma-quinizada destruye por completo el carácter local de las relaciones sociales, sustituyéndolas por las relaciones nacionales (e internacionales).

** Materiales para la tasación de las tierras de la provincia de .Nizhni .Nóvgorod, t. XI, Nizhni Nóvgorod, 1893, págs. 211-214.

*** Trabajos de la comisión de kustares, VI.

 

 

 

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empresas hasta con 60 obreros *. De las 29 “fábricas” de fieltro de la provincia de Kostromá, 28 se hallan concentradas en el distrito de Kíneshma; tienen 593 obreros que trabajan en ellas y 458 ocupados fuera (Relación, págs. 68-70; dos empresas sólo tienen obreros que trabajan fuera. Aparecen ya también máquinas de vapor). Por los Trabajos de la comisión de kustares (XV) sabemos que de los 3.908 bataneros y fieltreros existentes en esta provincia, 2.008 se hallan concentrados precisamente en el distrito de Kínesh­ma. La mayoría de los fieltreros de Kostromá se halla formada por productores dependientes u obreros asalariados que trabajan en talleres extremadamente antihigiénicos**. En el distrito de Kaliazin, provincia de Tver, vemos, por una parte, el trabajo domiciliario para los “fabricantes” (Relación, 113), mientras que, por otra parte, precisamente este distrito es un nido de fieltreros “kustares”; de él salen hasta 3.000 hombres que pasan por el descampado de “Zimniak” (en los años 60 estaba allí la fábrica de paños de Alexéev) y forman “un enorme mercado obrero de batane­ros y fieltre-ros”***. En la provincia de Yaroslavl nos encontramos con el mismo fenómeno de trabajo para los “fabricantes” fuera de los talleres (Relación, 115) y con los mismos “kustares” que trabajan para los patronos comer­ciantes con la lana de éstos, etc.

 

 

3) La producción de sombreros, gorros, cáñamo y cuerdas

 

Más arriba hemos citado los datos relativos a la in­dustria sombrerera de la provincia de Moscú ****. Por ellos se ve que 2/3 de toda la producción y de todos los obreros se hallan concentrados en 18 empresas que tienen una media de 15,6 trabajadores asalariados*****.Los

 

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* Informes y estudios, III.

** Las industrias de la provincia de Vladimir, II.

*** Ibíd., pág. 271.

**** Véase anexo 1 al capítulo V, industria Nº 27.

***** Algunas de estas empresas han sido incluidas a veces entre las “fábricas”. Véase, por ejemplo, la Guía, 1879, pág. 126.

 

 

 

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sombrereos “kustares” hacen sólo parte de las operaciones : preparan las copas, vendidas después a los comerciantes de Moscú, que tienen sus “empresas donde se remata el artículo”; a su vez, las “cortadoras” (mujeres que cortan lana fina) trabajan en sus casas para los “kustares” sombrereros. Vemos, pues, aquí, en su conjunto, la coopera­ción capitalista, basada en la división del trabajo y envuelta por una densa red de diversas formas de dependencia económica. En el centro de esta industria (aldea de Kliónovo, distrito de Podolsk), se ha puesto de manifiesto con claridad que los industriales se han separado de la agricultura (especialmente entre los obreros asalariados)* y que se ha elevado el nivel de consumo de la población: viven “mucho más limpios”, se visten de percal e incluso de paño, adquieren samovares, abandonan las viejas costumbres, etc., provocan-do con eso los amargos lamentos de quienes allí son adoradores de la vida antigua**. La nueva época ha hecho que aparezcan hasta sombrereros que marchan a trabajar a otros lugares.

 

La producción de gorros de la aldea de Molvítino, distrito de Bui, provincia de Kostromá, es una manufactura capitalista típica***. “La industria gorrera es la principal ocupa­ción en Molvítino y en otras 36 aldeas.” Abandonan la agri­cultura. Después de 1861, la industria se desarrolló mucho; las máquinas de coser se hicieron de uso corriente. En Molví­tino hay 10 talleres que trabajan todo el año, con 5-25 ofi­ciales y 1-5 oficialas. “El mejor taller tiene un movimiento de capital de unos 100.000 rublos al año.”**** También se da la distribución de trabajo a domicilio (por ejemplo, las mujeres preparan en casa el material para la copa de los gorros). La división del trabajo estropea a los obreros, que trabajan en las condiciones higiénicas más desfavorables y que con frecuencia

 

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* Véase más arriba, capítulo V, § VII.

** Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, VI, fascíc. I, págs. 282-287.

*** Véase Trabajos de la comisión de kustares, XI, e Informesy estudios, III.**** No sabemos por qué casualidad talleres semejantes no se han incluido nunca entre las “fábricas”.

 

 

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quedan tísicos. Como consecuencia del gran tiempo que lleva existiendo la industria (más de 200 años) la habilidad de esos oficiales es extraordinaria; los oficiales de Molvítino son cono­cidos en las capitales y en las lejanas regiones periféricas.

 

El centro de la industria del cáñamo en el distrito de Medín, provincia de Kaluga, es el pueblo de Polotniani Zavod, localidad grande (3.685 habitantes según el censo de 1897), con pobla-ción sin tierras y muy industrial (más de 1.000 “kustares”); ahí se encuentra el punto más importante de las industrias “kustares” del distrito de Medín*. La industria del cáñamo se halla organizada del modo siguiente: los patronos grandes (hay tres, de los cuales el mayor es Ero­jin) poseen talleres con obreros asalariados y capitales más o menos cuantiosos para la compra de materias primas. El cáñamo lo cardan en la “fábrica” y las hilanderas lo hilan en sus casas; el torcido se efectúa en la fábrica y en las casas. Preparan la urdimbre en la fábrica y tejen en la fábrica y en las casas. En 1878 se contaban 841 “kustares” dedicados a la industria del cáñamo; Erojin es tenido por “kustar” y por “fabricante”; en 1890 y 1894-95 declaró tener respectivamente 94 y 64 obreros; según Informes y estudios (tomo II, pág. 187) para él trabajan “cientos de campesinos”.

 

Las aldeas industriales de Nizhni Izbílets y Verjni Izbílets, distrito de Gorbátov, que tampoco están entregadas a la agri­cultura, son los centros de la producción cordelera de la pro­vincia de Nizhni Nóvgorod **. Según datos del Sr. Kárpov (Trabajos de la comisión, fascíc. VIII) se trata de una zona úni­ca, Gorbátov-Izbílets, cordelera; parte de los pequeños bur­gueses de la ciudad de Gorbátov se halla también dedicada a la industria, además de que Verjni y Nizhni Izbílets son “casi parte de la misma”; los habitantes viven como se vive en las ciudades, beben té todos los días, se visten con tela

 

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* Trabajos de la comisión de kustares, II.

** Según la estadística de los zemstvos (fascíc. VII de Materiales, Nizhni Nóvgorod, 1892), en 1889 reunían 341 y 119 hogares con 1.277 y 540 habitantes. Hogares con nadie] había 253 y 103. Hogares con industrias, 284 y 91, de ellos 257 y 32 no dedicados a la agricultura. Sin caballos, 218 y 51. Dan el nadie] en arriendo, 237 y 53.

 

 

 

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y ropas compradas y comen pan blanco. En total, la indus­tria ocupa a cerca de % de la población de 32 aldeas; hasta 4.701 trabajadores (2.096 hombres y 2.605 mujeres) con una producción por valor aproximado de 1.500.000 rublos. La in­dustria lleva unos 200 años de vida, y en la actualidad se halla en decadencia. La organización es la siguiente: todos trabajan para 29 patronos con el material de éstos, cobran a destajo, se encuentran “en la dependencia más completa de los empresarios” y trabajan de 14 a 15 horas diarias. Según datos de la estadística del zemstvo (1889) en la industria están ocupados 1.699 obreros varones (más 558 mujeres y varones que no han alcanzado la edad de trabajar). De 1.648, sólo 197 trabajan para la venta, hay 1.340 que lo hacen para algún patrono* y 111 asalariados en los talleres de 58 patronos. De los 1.288 hogares con nadiel sólo hay 727, es decir, algo más de la mitad, que cultivan ellos mismos todas sus tierras labradas. De los 1.573 trabajadores con nadiel hay 306, es decir, el 19,4%, que no se ocupan en absoluto de la agricultura. Si nos preguntamos quiénes son estos “patronos” debemos pasar de la industria “kustar” a la “fabril”. Según la Relación de 1894-95 aquí había dos fábricas de cuerdas con 231 obreros que trabajaban dentro y 1.155 fuera de sus locales y con una producción por valor de 423.000 rublos. Ambas empresas han adquirido ya motores mecánicos (de los que carecían en 1879 y en 1890); nos encontramos, pues, claramente con el paso de la manufactura capitalista a la industria maquinizada capitalista, con la transformación de los intermediarios que distribuían trabajo a domicilio, los “kustares” y los mayoristas, en auténticos fabricantes.

 

El censo de kustares de 1894-95 registró en la provincia de Perm 68 empresas cordeleras campesinas con 343 obreros (de ellos, 143 asalariados) y una producción por valor de 115.000 rublos**. A la cabeza de estas pequeñas empresas hay grandes

 

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* Conf. Recopilación de Nizhni Nóvgorod, t. IV, artículo del sacerdote Róslavlev.

** Estudio del estado de la industria de los kustares en la provincia de Perm, pág. 158; en los totales del cuadro hay una falta o errata de imprenta

 

 

 

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manufacturas incluidas en esta cifra: 6 patronos tienen 101 obreros (91 asalariados) y producen por valor de 81.000 rublos*. El régimen de producción de estas grandes empresas puede servir de ejemplo más destacado de la “manufactura orgánica” (según Marx)122, es decir, de una manufactura en la que diferentes obreros llevan a cabo diversas operaciones para la transformación consecutiva de las materias primas: 1) agramado del cáñamo; 2) cardado; 3) hilado; 4) recogida déla hilaza en vueltas; 5) alquitranado; 6) devanado en el tambor; 7) paso de los hilos a través de los agujeros de la plancha guía; 8) paso de los hilos por los tubos metálicos; 9) torcido de los cordones, fabricación de las cuerdas y su recogida**.

 

La organización de la industria del cáñamo en la provin­cia de Oriol es, por lo visto, del mismo género: entre el consi­derable número de pequeñas empresas campesinas se destacan manufacturas grandes, de manera especial en las ciudades, y que son incluidas entre las “fábricas” (según la Guía de 1890, en la provincia de Oriol había 100 fábricas de espadar cáñamo con 1.671 obreros y con una producción por valor de 795.000 rublos). Los campe-sinos trabajan en la industria del cáñamo “para los comerciantes” (probablemente, para los mismos manufactureros) con el material de estos últimos y a destajo, y las actividades se dividen en operaciones espe­ciales: unos agraman el cáñamo, otros lo hilan, otros lo lim­pian de agramiza y aún otros hacen girar la rueda. El trabajo es muy duro; muchos enferman de tisis y hernia.' Hay tanto polvo que “sin costumbre no se puede resistir un cuarto de hora”. Trabajan en simples cobertizos, de sol a sol y de mayo a septiembre ***.

 

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* Ibíd., pág. 40 y el cuadro 188. Según todas las probabilidades, estas mismas empresas figuran también en la Relación, pág. 152. Para confrontar las empresas grandes y las pequeñas hemos separado a los productores de mercancías que son agricultores, véase Estudios, pág. 156. (Véase O. C., t. 2, págs. 387-388. -Ed.)

** La industria kustar de la provincia de Perm en la Exposición de Liberia y los Urales, fascíc. I11, pág. 47 y siguientes.

*** Véase las recopilaciones estadísticas de los zemstvos de los distritos de Trubchevsk, Karáchev y Oriol, provincia de Oriol, También se advierte

 

 

 

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4) Producción de artículos de madera

 

El modelo más típico de manufactura capitalista en este terreno es la industria baulera. Según datos de los investigadores de Perm, por ejemplo, “su organización es la siguiente: unos cuantos grandes patronos, que tienen talleres con obreros asalariados, compran los materiales y en parte fabrican los ar­tículos en su local, pero más que nada distribuyen las materias primas entre los pequeños talleres encargados de hacer deter­minadas piezas, luego las montan en sis talleres y cuando el baúl está rematado envían la mercancía al mercado. La divi­sión del trabajo... se emplea aquí en gran escala: la confec­ción del baúl completo se divide en 10 ó 12 operaciones, que se efectúan separadamente por los kustares encargados de hacer cada una de las partes. La industria se halla organizada a base de la agrupación de los obreros encargados de opera­ciones parciales (Teilarbeiter, se llaman en El Capital) a las órdenes del capital*. Es una manufactura heterogénea (hetero­gene Manufaktur, según Marx123), en la que los distintos obreros no hacen operaciones consecutivas para la transforma­ción de las materias primas en producto, sino que preparan las partes de éste, que luego son montadas. La pre-ferencia que los capitalistas muestran por el trabajo domiciliario de los “kustares se explica en parte por el carácter ya indicado de la manufactura y en parte (de modo principal) porque el trabajo de los obreros ocupados en su casa se pa­ga menos**. Observaremos que los talleres relativamente grandes de esta rama son incluidos a veces entre las “fábri­cas ***

 

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la ligazón de las grandes manufacturas con las pequeñas empresas campe­sinas en el hecho de que entre estas últimas se desarrolla asimismo el empleo de trabajo asalariado: 16 campesinos del distrito de Oriol, por ejemplo, propietarios de hiladuras, tienen 77 obreros.

* V. Ilin. Estudios, pág. 176. (Véase O. C., t. 2, pág. 414.-Ed.)

** Véase en el mismo sitio, pág. 177, datos exactos acerca del censo de kustares de Perm. (Véase O. C., t. 2, pág. 414-415.-Ed.)

*** Véase la Guía y la Relación, ambas relativas a la provincia de Perm y la aldea de Névianski Zavod (no agrícola), centro de la “industria kustar.

 

 

 

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A juzgar por todo, la industria baulera del distrito de Múrom, provincia de Vladimir, está organizada del mismo modo; la Relación indica para ella 9 “fábricas” (todas basadas en el trabajo manual) con 89 obreros en las mismas y 114 que trabajan en sus casas y una producción por valor de 69.810 rublos.

 

Análoga organización existe, por ejemplo, en la industria de vehículos de la provincia de Perm: de la masa de pequeñas empresas se destacan les talleres de montaje con obreros asa­lariados; los pequeños kustares son obreros detallistas que hacen las distintas partes de los vehículos con material propio y con el de los “mayoristas” (es decir, los propietarios de los talleres de montaje)*. Acerca de los “kustares” que hacen vehículos en la provincia de Poltava, leemos que en el pueblo de Ardón hay talleres con obreros asalariados y con distribu­ción del trabajo a domicilio (los mayores patronos llegan a tener 20 obreros que trabajan fuera)**. En la produc­ción de vehículos urbanos de la provincia de Kazán se observa que el trabajo se halla dividido por artículos: unas aldeas producen sólo trineos, otras, carros, etc. “Los coches urbanos llegan de los pueblos ya montados por completo (pero sin herrajes, sin ruedas y sin varas) a los comerciantes de Kazán que los han encargado, quienes los pasan a los kus­tares herreros para que les pongan las partes metálicas. Los coches van después a las tiendas y los talleres de la ciudad, donde los rematan definitivamente, es decir, los tapizan y los pintan... Kazán, donde antes se colocaban las guarniciones de hierro de los vehículos urbanos, ha ido transmitiendo poco a poco esta actividad a los kustares, que cobran menos que los oficiales de la ciudad...”*** Por consiguiente, el capital prefiere distribuir las labores a domicilio, ya que con ello abarata la fuerza de trabajo. La organización de la industria de vehícu­los, según hemos visto en los datos aducidos, constituye en

 

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* Conf. nuestros Estudios, págs. 177-178. Véase O. C., t. 2, págs. 414-415. -Ed.)

* Informes y estudios, I.

*** Ibíd., III.

 

 

 

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la mayoría de los casos un sistema de kustares, que son obreros detallistas sometidos al capital.

 

La enorme aldea industrial de Vorontsovka, distrito de Pávlovsk, provincia de Vorónezh (9.541 habitantes en 1897) es como una sola manufactura de artículos de madera (Tra­bajos de la comisión, etc., fascíc. IX, artículo del sacerdote Mitrofán Popov). En la industria se encuentran ocupadas más de 800 familias (y algunas de la barriada de Alexándrovka, que pasa de 5.000 habitantes). Se construyen carros, coches, ruedas, baúles, etc., con una producción global por valor de 267.000 rublos. Los patronos independientes son menos de un tercio; en los talleres de los patronos son raros los obreros asa­lariados*. La mayoría trabaja a destajo, cumpliendo encargos de los campesinos-comerciantes locales. Los obreros tienen deudas con los patronos y se agotan en el duro trabajo: la gente se va debilitando. La población de Alexándrovka es industrial, no es de tipo campesino, no se ocupa casi de la agricultura (fuera de los huertos) y tiene unos nadieles míseros. La industria, que existe desde hace mucho, aparta a la población de la agricultura e incrementa cada vez más la división en ricos y pobres. La alimentación es escasa, se visten “con más elegancia que antes”, “pero no de acuerdo con sus recursos”: todo lo que llevan es comprado. “La población está dominada por el espíritu industrial y comercial.” “Casi todos los que no tienen oficio se dedican a cualquier clase de comercio... El campesino se ha hecho más desenvuelto bajo la influencia de la industria y el comercio, que le han dado más soltura y destreza.”**

 

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* Hay 14 grandes comerciantes de madera. Poseen instalaciones de vapor (aproximadamente valen 300 rublos), de las que en la aldea hay 24; en cada una trabajan 6 obreros. Estos mismos comerciantes distribuyen el material a los obreros y los avasallan con avances en dinero.

** Es oportuno señalar aquí, en general, el proceso que sigue el desarrollo del capitalismo en la industria maderera. Los comerciantes no venden la madera en bruto, sino que contratan obreros, quienes la trabajan y hacen diversos artículos y el producto es después vendido. Véase Trabajos de la comisión, etc., VIII, págs. 1268, 1314. Véase también Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Oriol. El distrito de Trubchevsk

 

 

 

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La famosa producción de cucharas del distrito de Semiónov, provincia de Nizhni Nóvgorod, se aproxima por el modo como está organizada a la manufactura capitalista; cierto, allí no hay grandes talleres que se destaquen del conjunto de los pequeños y que los dominen; mas, en cambio, vemos una división del trabajo profundamente arraigada y un pleno sometimiento al capital de la masa de los obreros detallis­tas. Antes de ser terminada, la cuchara pasa por 10 manos como mínimo; los mayoristas encargan algunas de las opera­ciones a determinados obreros asalariados o las distribuyen entre los especialistas que trabajan a domicilio (el barnizado, por ejemplo) ; algunas aldeas se especializan en ciertas opera­ciones (por ejemplo, la aldea de Diákovo, en el vaciado, hecho a destajo por encargo del mayorista; las aldeas de Jvós­tikova, Diánova y Zhuzhelki, en el barnizado de las cucharas, etc.). Los mayoristas adquieren la madera en grandes canti­dades en la provincia de Samara y otras, adonde envían cuadrillas de obreros asalariados; tienen almacenes de material en bruto y de artículos, dan a trabajar a los kustares las clases de madera más valiosas, etc. La masa de los obreros detallistas constituye un complejo mecanismo productivo subordinado enteramente al capital. “Para los cuchareros es indiferente trabajar a jornal, mantenidos por el patrono y en los locales de éste, que hacerlo en sus isbas, porque en esta in­dustria, como en las demás, todo se halla ya sopesado, medido y contado. Los cuchareros sólo pueden ganar lo indispensable, aquello sin lo cual no se puede vivir.”* En esas condiciones es del todo lógico que los capitalistas, que dominan toda la producción, no se den prisa por montar talleres, y que la industria, basada en el arte manual y en la tradicional división del trabajo, vegete en su abandono y estancamiento. Los “kustares”, pegados a la tierra, parecen haberse petrificado en su rutina: como en 1879, en 1889 seguían contando el dinero al modo antiguo, en asignados**, y no en plata.

 

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* Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. II, 1879. – Véase también Materiales de la estadística de los zemstvos acerca del distrito de Semiónov, fascíc. XI, 1893.

** Papel-moneda. -Ed.

 

 

 

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A la cabeza de la industria de juguetes de la provincia de Moscú se encuentran, exactamente del mismo modo, empresas del tipo de manufactura capitalista*. De 481 talleres, 20 tienen más de 10 obreros. En la producción se halla muy difundida la división de las labores por artículos y por opera­ciones, lo que eleva en un grado enorme el rendimiento del trabajo (a costa de la mutilación del obrero). Por ejemplo, el rendimiento de un taller pequeño se estima en el 26%, del precio de venta, mientras que para un taller grande asciende al 58%**. Se comprende, los grandes patronos tienen, además, un capital fijo considerablemente mayor; se encuen­tran también instalaciones técnicas (como los secaderos). El centro de la industria, el pueblo de Sérguievski Posad, es un poblado que no se dedica a la agricultura (con 1.055 obreros sobre el total de 1.398 en la industria, una producción respec­tiva por valor de 311.000 y 405.000 rublos; según el censo de 1897, tiene 15.155 habitantes). Después de señalar el predo­minio de los pequeños talleres, etc., el autor del ensayo sobre esta industria considera más posible su paso a la manufactura que a la fábrica, pero poco probable a pesar de todo. “En el futuro -dice-, el productor pequeño tendrá siempre también la posibilidad de hacer con éxito la competencia a la gran producción” (1. c., 93). El autor olvida que la base técnica de la manufactura es siempre la misma producción manual exis­tente en las pequeñas industrias; que la división del trabajo no puede nunca representar una ventaja tan decisiva como para desplazar por completo a los pequeños productores, en especial si estos últimos emplean recursos como la prolonga­ción de la jornada de trabajo, etc., y que la manufactura no está nunca en condiciones de abarcar toda la producción, quedando sólo como superestructura sobre la masa de las empresas pequeñas.

 

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* Los datos estadísticos que nosotros aducimos (anexo I al capítulo V, industrias Nº 2, 7 y 26) abarcan sólo a una pequeña parte de los que hacen juguetes; sin embargo, indican la aparición de talleres con 11 a 18 obreros.

** Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, t. VI, fascíc. II, pág. 47.

 

 

 

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5) Transformación de productos animales.
Curtido y peletería

 

Las zonas más amplias de la industria del cuero ofrecen ejemplos que destacan con especial relieve cómo la produc­ción de los “kustares” y la fabril se hallan fundidas por com­pleto, ejemplos de una manufactura capitalista muy desarro­llada (en profundidad y en extensión). Es ya típico que las provincias donde la industria “fabril” del cuero tiene una dimensión notable (Viatkd, Nizhni Nóvgorod, Perm y Tver) se distingan por un desarrollo especial de las industrias “kus­tares” en esta rama.

 

En la aldea de Bogoródskoe, distrito de Gorbátov, provin­cia de Nizhni Nóvgorod, había en 1890, según la Guía, 58 “fábricas” con 392 obreros y una producción por valor de 547.000 rublos; según la Relación de 1894-95, había 119 “fábricas” con 1.499 obreros que trabajaban en ellas y 205 en sus domicilios y que producían por valor de 934.000 rublos (estas últimas cifras ab4rcan únicamente la elaboración de productos animales, la rama más importante de la industria local). Pero los datos dan una idea sólo de la capa superior de la manufactura capi-talista. El Sr. Kárpov contó en 1879 para esta aldea y sus alrededores más de 296 empresas con 5.669 obreros (muchos de los cuales trabajan en casa para los capi­talistas) y con una producción por valor de 1.490.000 rublos aproximadamente*, las industrias a que se dedican son: cur­tido, encolado de tacones con trozos de cuero, tejido de cestos (para mercancías), guarnicionería, fabricación de colleras, de manoplas y alfarería, que ocupa un lugar especial. El censo de los zemstvos de 1889 daba para esta zona 4.401 ocupados en la industria. De los 1.842 obreros, de que se ofrecen datos completos, 1.119 trabajan por un salario en talleres de otro y 405 lo hacen en su casa para los patronos**. “Con sus 8.000 habitantes, Bogoródskoe es una enorme fábrica de ar­tículos de cuero que no interrumpe nunca su actividad.”***

 

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* Trabajos de la comisión de kustares, IX.

** Materiales para la tasación de las tierras del distrito de Gorbátov.

*** Trabajos de la comisión de kustares, IX.

 

 

 

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Más exactamente, esto es una manufactura “orgánica”, some­tida a un pequeño número de grandes capitalistas que com­pran las materias primas, preparan el cuero y hacen de él diversos artículos, contratando para la producción a millares de obreros, que no poseen nada en absoluto, y dominando a las pequeñas empresas*. La industria existe desde hace mucho, desde el siglo XVII; en su historia se destacan de modo especial los terratenientes Shere-métiev (principios del siglo XIX), que favorecieron de un modo considerable su desarrollo y que, además, defendieron de los ricos locales al proletariado constituido allí de antaño. La industria se amplió mucho después de 1861, crecieron especialmente las empresas grandes a cuenta de las pequeñas; siglos de actividad indus­trial formaron a oficiales muy expertos, que han llevado la producción al resto de Rusia. Al consolidarse, las relaciones capitalistas separaron la industria de la agricultura, además de casi abandonar ella misma la agricultura, Bogoródskoe aparta de la tierra a los campesinos de los alrededores, que se trasladan a esta “ciudad”**. El Sr. Kárpov advierte en esta aldea la “absoluta carencia de todo espíritu campesino entre los habitantes”, “uno tiene la impresión de hallarse en una ciudad, y en modo alguno en una aldea”. Bogoródskoe ha dejado muy atrás a Gorbátov y a las restantes cabezas de dis­trito de la provincia de Nizhni Nóvgorod, con la única excep‑

 

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* A la cabeza de la producción de colleras, por ejemplo, hay 13 grandes patronos, que tienen de 10 a 30 obreros asalariados y de 5 a 10 que trabajan fuera de los talleres. Los grandes productores de manoplas las cortan en sus talleres (con 2 ó 3 obreros asalariados) y las distribuyen después para que las cosan de 10 a 20 mujeres; estas últimas se dividen en pálchilschitsi y tachalki; las primeras reciben el trabajo de los patronos y lo distribuyen entre las segundas, a las que explotan a su vez (datos de 1879).

** En 1889, de 1.812 haciendas (con 9.241 habitantes), 1.469 no sembra­ban (en 1897 tenían 12.342 habitantes). Las aldeas de Pávlovo y Bogo­ródskoe se distinguen del resto del distrito de Gorbátov por una migración especialmente débil de la población; por el contrario, de todos los campesinos ausentes del distrito de Gorbátov, el 14,9% vive en Pávlovo y el 4,9% en Bogoródskoe. El aumento de población de 1858 a 1889 es para el distrito del 22,1% y para Bogoródskoe del 42%. (Véase Materiales de la estadística de los zemstvos.)

 

 

 

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ción, acaso, de Arzamás. Es “uno de los centros comerciales e industriales más importantes de la provincia, que produce y vende por valor de millones de rublos”. “La zona adonde Bogo-ródskoe extiende su influencia industrial y comercial es muy vasta; pero, en primer lugar, está ligada a su industria la de las cercanías, en unas 10 ó 12 verstas a la redonda, que parecen representar una continuación de la misma Bogoróds­koe.” “Los habitantes de Bogoródskoe no se parecen lo más mínimo a los mujiks grises corrientes: son artesanos de la ciu­dad, gente despierta, con experiencia y desprecian al campesino. El modo de vivir y los conceptos morales del vecino de Bogoródskoe son pequeñoburgueses por completo.” Resta por agregar que las aldeas industriales del distrito de Gorbátov se distinguen por el nivel cultural relativamente elevado de su población: el tanto por ciento de los adultos que saben leer y escribir y el de escolares de ambos sexos es para las aldeas de Pávlovo, Bogoródskoe y Vorsma de 37,8 y de 20,0; para el resto del distrito es de 21,5 y de 4,4 (ver Materiales de la estadística de los zemstbos).

 

Completamente análogas (aunque en menor escala) son las relaciones que ofrecen las indus-trias de curtido en las aldeas de Katunki y Gorodets (distrito de Balajná), Bolshoe Muráshkino (distrito de Kniaguinin) y Yúrino, Tubanáevka, Spásskoe, Vatras y Latíshija (distrito de Vasil). Los mismos centros sin agricultura con un “anillo” de poblados agrícolas, igual diversidad de industrias y el mismo gran número de pequeñas empresas (y de obreros a domicilio) sometidas a los grandes patronos, cuyos talleres capitalistas entran a veces en la categoría de “fábricas”*. Sin adentramos en detalles estadísticos, que no contienen nada nuevo con respecto a lo antes dicho, nos limitaremos a dar la siguiente caracteriza­ción, en extremo interesante, de la aldea de Katunki**:

 

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* Véase Materiales de la estadística de los zemstvos para los distritos indicados. – Trabajos de la cómisión de kustares, IX y VI. – Guía y Relación. – In­formes y estudios, II.

** En 1889 poseía 380 haciendas (todas sin sementera) con 1.305 habitantes. En todo el subdistrito de Katunki, el 90,6% de las haciendas

 

 

 

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“Cierto espíritu patriarcal y la sencillez de las relaciones entre los patronos y los obreros, que, por cierto, no se advierte a primera vista y que, por desgracia, (?) va desapareciendo más y más cada año, atestiguan el carácter kustar de las industrias (?). La índole fabril de éstas y de la población sólo se ha echado de ver en los últimos tiempos, en especial bajo la influencia de la ciudad con la que han mejorado las comunicaciones después de establecerse el tráfico de barcos de vapor. En la actualidad, la aldea tiene un aspecto industrial por completo: plena ausencia de todo vestigio de agricultura, una construcción de casas compacta, que se aproxima a la urbana, edificios de mampostería de los ricos, y, junto a ellos, miserables tugurios para los pobres, largas naves de madera y piedra de las fábricas hacinadas en el centro del pueblo: todo ello distin­gue mucho a Katunki de las aldeas vecinas y señala con claridad la índo­le industrial de su población. Del mismo modo, los habitantes recuerdan por ciertos rasgos de su carácter el tipo “fabril” ya consolidado en Rusia: cierta elegancia en el moblaje de las casas, en el vestir y en las maneras, una vida desordenada en la mayoría de los casos y poca preocupación por el mañana, un modo de hablar atrevido, pretencioso a veces, cierto orgullo frente al mujik aldeano: todos estos rasgos les son comunes a ellos y a todos los obreros fabriles rusos”*.

 

En la ciudad de Arzamás, provincia de Nizhni Nóvgorod, la estadística “fabril” no señalaba en 1890 más que 6 tenerías con 64 obreros (Guía); eso es sólo una pequeña partícula de la manufactura capitalista que abarca la industria peletera, la del calzado y otras. Esos mismos fabricantes tienen obreros que trabajan cada uno en su casa, dentro de la ciudad (en 1878 sumaban 400) y en cinco poblados vecinos, donde de 360 casas de peleteros hay 330 que trabajan para los comer­ciantes de Arzamás con material de estos últimos; la jornada es de 14 horas y perciben de 6 a 9 rublos mensuales**; por eso, los peleteros son pálidos, débiles, van degenerando. En la aldea de Viezdnaya Slobodá, cercana a la ciudad, de 600

 

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se dedica a la industria y el 70,1% de los trabajadores está ocupado en ella exclusivamente (es decir, no trabaja en la agricultura). Por su nivel cultural se halla muy por encima de la media del distrito; sólo le aventaja el subdistrito de Chernorétskoe, que tampoco es agrícola y que tiene una industria naviera muy desarrollada. La aldea de Bolshoe Muráshkino tenía en 1887 hasta 856 haciendas (853 de ellas sin sementera) con 3.473 habitantes. Según el censo de 1897, Gorodets tiene 6.330 habitantes; Bolshoe Muráshkino, 5.341; Yúrino, 2.189; Spásskoe, 4,494, y Vatras, 3.012.
* Trabajos de la comisión de kustares, IX, pág. 2567. Datos de 1880.
** La situación del obrero de las fábricas de Arzamás es mejor que la del obrero rural (Trabajos de la comisión de kustares, 1I1, pág. 133).

 

 

 

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casas de zapateros hay 500 que trabajan para patronos, reci­biendo cortadas las piezas de las botas altas. La industria es vieja, existe desde hace unos 200 años y sigue creciendo y desarrollándose. Los habitantes no se ocupan casi de la agri­cultura, y todo su modo de vivir es puramente urbano; viven “con lujo”. Lo mismo puede decirse de las localidades pele­teras antes mencionadas, cuyos vecinos “miran con desprecio al campesino labrador, a quien apodan de 'madrecita-al­dea'”*.

 

Exactamente lo mismo vemos en los distritos de Viatka y Slobodskói, provincia de Viatka, que son centros de la pro­ducción de cuero y pieles “fabril” y “kustar”. Las tenerías kustares del distrito de Viatka se hallan concentradas en los alrededores de la ciudad, “completando” la actividad indus­trial de las fábricas grandes**, trabajando, por ejemplo, para los grandes pa-tronos; para ellos trabajan también, en la mayoría de los casos, los kustares guarnicioneros y los que fabrican cola. Los fabricantes peleteros tienen a cientos de hombres trabajando en sus casas, ocupados en coser pellizas, etc. Se trata de una manufactura capitalista con secciones: curtidores de pieles y confeccionadores de pellizas, guarni­cineros, etc. Todavía son más destacadas las relaciones en el distrito de Slobodskói (el centro de las pequeñas industrias se encuentra en la barriada suburbana de Demianka); ahí vemos un contado número de grandes fabricantes*** a la cabeza de los kustares curtidores (870 personas), zapateros y manopleros (855 personas), curtidores de piel de oveja (940 personas) y sastres (309 personas cosen pellizas por encargo de los capitalistas). En general, ese modo de organizar la produc­ción de artículos de cuero se halla, por lo visto, muy exten­dido: en la ciudad de Sarápul, provincia de Viatka, por ejem‑

 

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* Ibíd., 76.

** Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. XI, pág. 3084 (conf. la Guía de 1890). Entre los kustares fue incluido el campesino agricultor Dolgushin, propietario de una fábrica con 60 obreros. Hay varios kustares como éste.

*** Según la Guía de 1890, había unos 27 patronos, con más de 700 obreros.

 

 

 

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plo, la Relación cuenta 6 tenerías que al mismo tiempo hacen calzado y que, además de 214 obreros trabajando en ellas, tienen 1.080 ocupados en sus casas (pág. 495). ¡Dónde irían a parar nuestros “kustares”, estas figuras de la industria “popular” maquilladas por toda clase de Manílov, si la totali­dad de los comerciantes y fabricantes rusos contasen con tanto detalle y exactitud los obreros que trabajan para ellos a domicilio!*

 

Se debe recordar aquí la aldea Industrial de Rasskázovo, distrito y provincia de Tambov (en 1897 tenía 8.283 habi­tantes), centro de producción “fabril” (paños, jabón, cuero y alcohol), y “kustar”, esta última estrechamente ligada a la primera; las industrias producen cuero, fieltro (70 patronos, hay empresas con 20 y 30 obreros), cola, calzado, medias (no hay un hogar donde no hagan medias con lana distribuida a peso por los “mayoristas”), etc. Junto a esa aldea se encuen­tra la de Bélaya Poliana (300 haciendas), conocida por sus in­dustrias del mismo género. El centro de las industrias kustares del distrito de Morshansk es la aldea de Pokróvskoe-Vasí­lievskoe, que también es un centro de industria fabril (ver Guía e Informes y estudios, tomo III). En la provincia de Kursk son notables como poblados industriales y centros de la produc­ción “kustar” los pueblos de Veliko-Mijáilovka (distrito de Novi Oskol, en 1897 tenía 11.853 habitantes), Borísovka (dis­trito de Gráivoron, 18.071 habitantes), Tomárovka (distrito de Bélgorod, 8.716 habitantes) y Miropolie (distrito áe Sudzha, más de 10.000 habitantes. Ver Informes y estudios,

 

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* Conf. también Relación, pág. 489 sobre 1 conocida aldea de “kus­tares” de Dunílovo, distrito de Shuya, provincia de Vladímir. La Guía de 1890 daba aquí 6 fábricas de peletería con 151 obreros, mientras que, según datos de Trabajos de la comisión de kustares (fascíc. X), en esta zona había ocupados unos 2.200 peleteros y 2.300 personas que confeccionaban pellizas; en 1877 se contaban cerca de 5.500 “kustares”. Seguramente se halla organizada del mismo modo la industria de cedazos de pelo del mismo distrito, que abarca unas 40 aldeas y ocupa a unas 4.000 personas, a los llamados “mardasstsi” (denominación común para toda la zona)124 Análoga organización de la industria del cuero y del calzado de la pro­vincia de Perm hemos descrito en Estudios, pág. 171 y siguientes. (Véase O. C., t. 2, pág. 406 y sigs. -Ed.)

 

 

 

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tomo I, datos de 1888-1889). En estos mismos poblados pueden encontrarse también “fábricas” de cuero (ver la Guía de 1890). La principal industria “kustar” es la de cuero y cal­zado. Nació en la primera mitad del siglo XVIII y hacia los años 60 del XIX alcanzó su mayor desarrollo, conformando “una sólida organización de carácter puramente comercial”. Todo lo monopolizaron los intermediarios, que adquirían el cuero y lo distribuían entre los kustares. Los ferrocarriles aca­baron con este carácter monopolista del capital, y los capita-listas intermediarios traspasaron sus fondos a empresas más ventajosas. La organización es ahora la siguiente: hay unos 120 grandes patronos, que tienen talleres con obreros asalariados y que distribuyen el trabajo a domicilio; existen unos 3.000 pequeños productores indepen-dientes (que, sin embargo, compran el cuero a los grandes) ; trabajan en su casa (para los grandes patronos) 400 personas y hay otros tantos obreros asalariados; también existen aprendices. El total de zapateros pasa de 4.000. Hay, además, kustares alfare­ros, ebanistas capilleros, imagineros, manteleros, etc.

 

La industria de pieles de ardilla del distrito de Kargópol, provincia de Olonets -descrita en Trabajos de la comisión de kus­tares (fascíc. IV) con tanto conocimiento de la cuestión por un antiguo oficial que ahora es maestro de escuela, quien pinta con gran veracidad y sencillez la vida de la población ocu­pada en ella-, es en el más alto grado característica y típica para la manu-factura capitalista. Según su descripción (1878), la industria existe desde principios del siglo XIX: 8 patronos tienen 175 obreros; para ellos trabajan además 1.000 personas que cosen las pieles en sus casas y unas 35 familias de pele­teros (por las aldeas); en total, de 1.300 a 1.500 personas, con una producción por valor de 336.000 rublos. Debe observarse a título de curiosidad que cuando esta industria se hallaba en estado floreciente no fue incluida en la estadística “fabril”. La Guía de 1879 no habla de ella. Sólo se la tuvo en cuenta al empezar su decadencia. La Guía de 1890 da para la ciudad de Kargópol y el distrito 7 fábricas con 121 obreros y una producción por valor de 50.000 rublos, mientras que la Relación de 5 fábricas con 79 obreros (y 57 personas que trabajan en

 

 

 

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su casa) y una producción por valor de 49.000 rublos*. El régimen de esta manufactura capitalista es muy instructivo como modelo de lo que ocurre en nuestras antiguas “indus­trias kustares” puramente nacionales, perdidas en uno de los numerosos rincones de Rusia. Los oficiales trabajan 15 horas diarias en una atmósfera en extremo insana y ganan 8 rublos al mes, menos de 60 ó 70 al año. Los patronos ganan unos 5.000 rublos anuales y tratan a los obreros de una manera “patriarcal”: según la antigua costumbre, les dan gratis el kvas y la sal, que el trabajador pide a la cocinera del dueño. En prueba de agradecimiento al patrono (porque les “da” trabajo), los obreros tienen que cortar gratis las colas de las ardillas y limpiar las pieles al terminar la jornada. Los oficiales viven toda la semana en los talleres, y los patronos les golpean a modo de broma (pág. 218, 1. c.), les obligan a hacer toda clase de trabajos: remover el heno, quitar la nieve, ir por agua, aclarar la ropa, etc. La baratura de la mano de obra es asombrosa aun en el mismo Kargópol, y los campesinos de las cercanías “están dispuestos a trabajar casi gratis”. La producción es manual, con una división del tra­bajo sistemática y con un aprendizaje prolongado (de 8 a 12 años); es fácil imaginarse la vida de los aprendices.

 

 

6) Otras ramas de la industria transformativa de productos animales

 

Un ejemplo especialmente notable de manufactura capitalista lo tenemos en la famosa industria del calzado de la aldea de Kimri, distrito de Kórcheva, provincia de Tver, y de sus

 

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* He aquí datos de los “kustares”, relativos a 1894. “Cosen las pieles ya curtidas de las ardillas las vecinas más pobres de Kargópol y las campesinas del subdistrito de Pávlovskaya. Les pagan un precio baratísimo”, hasta el punto de que sólo ganan al mes de 2,40 a 3 rublos sin comida; con ello deben vivir (se paga a destajo), trabajando sin enderezar la espalda 12 horas al día. “Por la extraordinaria tensión y asiduidad que requiere, el trabajo agota mucho las fuerzas.” El número de estas trabajadoras es ahora de 200 (La industria de los kustares en la provincia de Olonets, ensayo de los señores Blagovéschenski y Gariazin. Petrozavodsk, 1895, págs. 92-93).

 

 

 

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alrededores*. La industria es antiquísima, existía ya en el siglo XVI. En la época posterior a la Reforma sigue creciendo y desarrollándose. A principios de los años 70, Pletniov contaba 4 subdistritos ocupados en ella, mientras que en 1888 había ya 9 subdistritos. La base de la organización de la in­dustria es la siguiente. A la cabeza de la producción se encuentran los dueños de talleres grandes, con obreros asala­riados, que dan a coser fuera el cuero cortado. El Sr. Pletniov mencionaba el número de 20 patronos de éstos, con 124 obreros y 60 aprendices y una producción por valor de 818.000 rublos; el autor estima que para esos capitalistas tra­bajan en su domicilio 1.769 obreros y 1.833 adolescentes. Siguen los pequeños patronos, con uno a cinco obreros asalariados y uno a tres adolescentes. Estos venden preferentemente el producto en los mercados locales de Kimri; su número es de 224, con 460 obreros y 301 adolescentes; producen por valor de 187.000 rublos. Hay, pues, un total de 244 patronos, 2.353 obreros (incluidos 1.769 que trabajan en su domicilio) y 2.194 adolescentes (incluidos 1.833 que trabajan fuera), con una producción por valor de 1.005.000 rublos. Hay, además, talleres que efectúan diversas operaciones parciales: asenta­dores (limpian el cuero con el raspador); de recortes (encolan los desperdicios de la limpieza); acarreadores propios de la mercancía (4 patronos con 16 obreros y unos 50 caballos), hay carpinteros propios (que construyen cajones), etc.**. Plet‑

 

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* Véase Publicación periódica de estadística del Imperio Ruso, II, fascíc. II. San Petersburgo, 1872. Materiales para el estudio de la industria kustar y del trabajo manual en Rusia. Redac-tados por L. Maikov. Artículo de V. A. Pletniov. Este es el mejor por la claridad con que describe toda la organización de la industria. Las obras posteriores propor­cionan valiosos datos estadísticos y de la vida, pero explican de modo menos satisfactorio el régimen económico de esta compleja industria. Véase también Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. VIII, artículo del Sr. Pokrovski.– Informes y estudios, tomo I.

** Conf. Informes y estudios: 7 grupos de industriales: 1) comerciantes de artículos de cuero; 2) mayoristas de calzado; 3) dueños de talleres grandes (5 ó 6 personas), que cortan el material y lo distribuyen a domicilio; 4) dueños de talleres pequeños con obreros asalariados; también distribuyen trabajo a domicilio; 5) individuos solos, que trabajan para el

 

 

 

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niov estima en 4.700.000 rublos el valor de la producción para toda la zona. En 1881 había 10.638 kustares, que con los obreros llegados de otros sitios sumaban 26.000; el valor de la producción ascendía a 3.700.000 rublos. Con respecto a las condiciones de trabajo es importante señalar la desmesurada duración de la jornada (de 14 a 15 horas), la absoluta falta de higiene en los locales, el pago del salario con mercancías, etc. El centro de esta industria, la aldea de Kimri, “parece más bien una ciudad pequeña” (Informes y estudios, I, 224); sus vecinos son malos agricultores, trabajan en la industria todo el año; sólo los kustares rurales la abandonan durante la siega de heno. Las casas de Kimri son de tipo urbano y los habi­tantes se distinguen por unas costumbres de vida propias de la ciudad (por ejmplo, la “elegancia”). Esta industria no figu­raba en la “estadística fabril” hasta el último tiempo, seguramente porque los patronos “se hacen pasar con gusto por kus­tares” (ibíd., 228). En la Relación han entrado por primera vez 6 talleres de calzado de la zona de Kimri con 15-40 obreros en cada empresa y sin obreros domiciliarios. Aquí hay, naturalmente, un sinfin de omisiones.

 

En la manufactura entra también la producción de botones de pezuña y de cuerno de borrego de los distritos de Brónnitsa y Bogorodsk, provincia de Moscú. Hay 487 obreros ocupados en 52 empresas, con una producción por valor de 264.000 rublos. 16 empresas tienen menos de 5 obreros; 26, de 5 a 10; y, hay 10, que poseen 10 y más obreros. Sólo hay 410 talleres sin obreros asalariados y que trabajan para los grandes patronos con material de éstos. Única-mente son del todo independientes los grandes industriales (que, según los datos anteriores, deben tener de 17 a 21 obreros por empresa). Son, al parecer, los que en la Guía figuran a título de “fabricantes” (ver pág. 291: 2 empresas con una produc‑

 

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mercado o para los patronos (para los grupos 3 y 4) ; 6) obreros asala­riados (maestros oficiales y aprendices); 7) “constructores de hormas, cortadores, así como patronos y obreros de los talleres de limpiar, engrasar y encolar”125 (pág. 227, 1. c.) El número de habitantes de la aldea de Kimri, según el censo de 1897, es de 7.017.

 

 

 

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ción por valor de 4.000 rublos y 73 obreros). Esta es una “manufactura orgánica”; el cuerno es primero calentado para ablandarlo en la llamada “fragua” (una isba con horno), des­pués pasa al taller, donde lo cortan en una prensa, le estam­pan el dibujo en otra y, por fin, se remata y va a las puli­doras. En las industrias hay aprendices. La jornada de trabajo es de 14 horas. De ordinario se paga en mercancía. Los patronos tratan a los obreros de un modo patriarcal: les lla­man “muchachos” y el libro de cuentas es denominado “libro de los muchachos”; al pagar-les, el patrono les suelta una, reprimenda, y nunca satisface por completo su “ruego” de que les entregue dinero.

 

La producción de artículos de cuerno incluida en nuestro cuadro de pequeñas industrias (anexo 1 al capítulo V, indus­trias Nº 31 y 33) es de este mismo tipo. “Kustares” con decenas de obreros asalariados figuran también en la Guía como “fabricantes” (pág. 291). Se emplea la división del tra­bajo; también existe la distribución de trabajo a domicilio (a los endereza-dores de peines). El centro de la industria en el distrito de Bogorodsk se halla en la gran aldea de Joteichi, donde la agricultura pasa ya a un segundo plano (en 1897 tenía 2.494 habitantes). Con plena razón dice Las industrias kustares del distrito de Bogorodsk, provincia de Moscú, en 1890, obra editada por el zemstvo de Moscú, que esta aldea “no es más que una vasta manufáctura de la producción de peines” (pág. 24, cur­siva nuestra). En 1890 había en ella más de 500 industriales con una producción de 3.500.000 a 5.500.000 peines. “Lo más frecuente es que el vendedor de cuerno sea al mismo tiempo mayorista de los artículos y además, a menudo, gran fabri­cante de peines.” Es especialmente mala la situación de los patronos que se ven obligados a tomar el cuerno “a destajo”: “de hecho su situación es incluso peor que la de los obreros asalariados de las empresas grandes”. La necesidad les obliga a explotar desmesuradamente el trabajo de toda la familia, a prolongar la jornada y a emplear el trabajo de los adoles­centes. “En invierno, el trabajo empieza en Joteichi a la una de la madrugada, y es dificil decir con seguridad cuándo termina en la isba del kustar 'indepen-diente' que trabaja a des-

 

 

 

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tajo.'” Se halla muy extendido el pago en especie. “Este sistema, extirpado con tanto esfuerzo de las fábricas, impera aún por completo en las pequeñas empresas kustares” (27). Segura-mente es ésta también la organización de la industria de artículos de cuerno en el distrito de Kádnikov, provincia de Vólogda, en la zona de la aldea de Ustie (la región lla­mada “Ustián-schina”), que abarca a 58 poblados. El Sr. V. Borísov (Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. IX) da para ella la cifra de 388 kustares con una producción por valor de 45.000 rublos; todos ellos trabajan para capitalistas, que adquieren el cuerno en San Petersburgo y el carey en el extranjero.

 

A la cabeza de la industria de cepillos de la provincia de Moscú (véase anexo 1 al capítulo V, industria Nº 20) vemos empresas importantes con un gran número de obreros asala­riados y con una división del trabajo aplicada sistemáticamente*. Es interesante señalar aquí el cambio operado en la organización de esta industria de 1879 a 1895 (véase La indus­tria de cepillos según las investigaciones de 1895, ediciones del zemstvo de Moscú). Algunos industriales acomodados se han trasladado a Moscú para dedicarse a la industria. El número de indus-triales ha aumentado un 70%, y de manera especial por lo que se refiere a las mujeres (+ 170%) y a las muchachas (+ 159%). Ha disminuido el número de talleres grandes con obreros asalariados: el tanto por ciento de empresas con mano de obra asalariada ha descendido del 62 al 39. Ello se explica porque los patronos han pasado a la distribución del tra­bajo a domicilio. El vasto empleo de la taladradora (para hacer los agujeros en la tabla) ha acelerado y aliviado uno de los procesos más importantes de la preparación de cepillos. Se ha elevado la demanda de “plantadores”, kustares encargados de fijar las cerdas en la tabla, y esta operación, que se ha ido especializando más y más, ha llegado a parar a las mujeres,

 

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* El “aserrador” corta las piezas de madera para los cepillos; el “taladrador” hace en ellas los agujeros; el “limpiador” limpia las cerdas; el “plantador” las coloca; el “carpintero” pega la chapa en el cepillo (Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, t. VI, fascíc. I, pág. 18).

 

 

 

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como mano de obra más barata, quienes lo hacen en sus casas y cobran por pieza. Así pues, el incremento del trabajo a domicilio ha sido provocado aquí por el progreso de la téc­nica (la máquina taladradora), por el progreso de la división del trabajo (las mujeres no hacen más que colocar las cerdas) y por el progreso de la explotación capitalista (el trabajo de las mujeres y las muchachas es más barato). Este ejemplo pone de manifiesto con especial claridad que el trabajo a domi­cilio no elimina lo más mínimo el concepto de manufactura capitalista, al contrario, a veces es hasta un índice de su mayor desarrollo.

 

 

7) Las industrias transformativas de productos minerales

 

En la rama de industrias cerámicas nos ofrecen un ejemplo de manufactura capitalista las de la zona de Gzhel (25 aldeas de los distritos de Brónnitsa y Bogorodsk, provincia de Moscú). Los datos estadísticos correspondientes han entrado en nuestro cuadro de pequeñas industrias (anexo I al capítulo V, industrias Nºs 15, 28 y 37). Según esos datos acreditan, a pesar de las enormes diferencias existentes entre las tres in­dustrias de Gzhel -alfarería, de porcelana y pintura-, los pasos de una categoría de empresas a otra en cada industria liman dichas disparidades y obtenemos una serie completa de talleres que aumentan consecutivamente por su dimensión. He aquí el número de obreros por empresa para las clases de estas tres industrias: 2,4 - 4,3 - 8,4 - 4,4 - 7,9 - 13,5 – 18 – 69 - 226,4. Es decir, la serie llega desde el taller más pequeño hasta el mayor. Se halla fuera de duda que las grandes empresas co­rresponden a la manufactura capitalista (puesto que no han implantado máquinas, no han pasado a la fábrica), pero lo importante no es sólo eso, sino el hecho de que las empresas pequeñas se hallan ligadas a las grandes, de que también aquí vemos un régimen de la industria único, y no talleres sueltos, bien con uno bien con otro tipo de organización económica. “Gzhel forma un conjunto económico” (Isáev, 1. c., 138), y los talleres grandes de la zona se han ido constituyendo a partir de los pequeños de un modo lento y gradual (ibíd.,

 

 

 

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121). La producción es manual*, con un empleo considerable de la división del trabajo: entre los alfareros vemos a los puli­dores (que se especializan en diferentes artículos), obreros encargados de cocer el producto, etc.; a veces se encuentra una persona especialmente dedicada a preparar las pinturas. En las fábricas de porcelana el trabajo se halla extraer-dinariamente dividido: moledores, pulidores, transportadores, hor­neros, pintores, etc. Los pulidores se especializan incluso en artículos determinados (conf. Isáev, l. c., 140: en un caso la división del trabajo eleva su rendimiento un 25%). Los ta­lleres de pintura trabajan para los fabricantes de porcelana; no son, por tanto, más que secciones de su manufactura, eje­cutores de una determinada operación parcial. Es típico para la manufactura capitalista formada que la fuerza física se está haciendo también especialidad. Así, en Gzhel hay algunas aldeas ocu-padas (casi por completo) en extraer arcilla; para los trabajos pesados y que no requieren un arte especial (el de los moledores) se emplean casi exclusivamente obreros lle­gados de las provincias de Tula y Riazán, más vigorosos y fuertes que los naturales de Gzhel, de cons-titución más débil. Se halla muy extendido el pago en especie. La agricul­tura se encuentra en mal estado. “Los hombres de Gzhel han degenerado” (Isáev, 168); son estrechos de pecho y de hom­bros, enclenques, los pintores pierden la vista en edad tem­prana, etc. La división capitalista del trabajo tritura al hombre y lo deforma. La jornada es de 12 a 13 horas.

 

 

8) Industrias de artículos metálicos.
Las industrias de Pávlovo

 

Las famosas industrias de artículos metálicos de Pávlovo abarcan toda una zona del distrito de Gorbátov, provincia de Nizhni Nóvgorod, y del de Múrom, provincia de Vladímir. Su origen se remonta a tiempos muy antiguos: Smirnov in‑

 

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* Observaremos que en esta industria, como en las de tejidos antes descritas, la manufactura capitalista es, en realidad, una economía del ayer. La época posterior a la Reforma se distingue por la transformación de esta manufactura en una gran industria maquinizada. El número de

 

 

 

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dica que en 1621, en Pávlovo, había ya (según el catastro)126 11 herrerías. A mediados del siglo XIX, estas industrias cons­tituían ya una red ampliamente extendida de relaciones ca-pitalistas del todo consolidadas. Después de la Reforma continuaron desarrollándose en extensión y profundidad. Según el censo de los zemstvos de 1889, en el distrito de Gorbátov había ocu­pados en la industria 5.953 hogares en 13 subdistritos y 119 al­deas, con 6.570 trabajadores varones (el 54% de los trabajadores varones de dichas aldeas) y 2.741 ancianos, adolescentes y mujeres, en total 9.311 personas. El Sr. Grigóriev contó en 1881, para el distrito de Múrom, 6 subdistritos industriales con 66 aldeas, 1.545 haciendas y 2.205 trabajadores varones (el 39% de los trabajadores varones de dichas aldeas). Además de formarse grandes poblados industriales, no dedicados a la agri­cultura (Pávlovo, Vorsma), los campesinos de los alrededores se han apartado también del cultivo de los campos: fuera de Pávlovo y Vorsma, en el distrito de Gorbátov había 4.492 hombres ocupados en las industrias, de los cuales 2.357, es decir, más de la mitad, no trabajaban en el campo. La vida en centros como Pávlovo es de tipo urbano por completo y ha originado un desarrollo incomparable-mente mayor del consumo y un nivel de la instalación doméstica, del modo de ves­tir y de vivir superior al de los agricultores “grises” de las aldeas vecinas *.

 

Al enfrentarnos con la organización económica de las in­dustrias de Pávlovo debemos dejar sentado ante todo el hecho indudable de que a la cabeza de los “kustares” se hallan manufacturas típicamente capitalistas. En la empresa de los Zaviálov, por ejemplo (que en los años 60 tenían ya traba­jando en los talleres a más de 100 obreros y que ahora han montado una máquina de vapor), el cortaplumas pasa por 8 ó 9 manos: trabajan en él el forjador, el que hace la hoja, el

 

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fábricas de Gzhel con máquina de vapor era en 1866 de una, en 1879 de dos y en 1890 de tres (según datos del Anuario del Ministerio de Hacienda, fascíc. I, y de la Guía de 1879 y 1890).

* Véase más arriba acerca del nivel cultural superior de la pobla­ción de Pávlovo y Vorsma y del asentamiento en estos centros de los campesinos de los alrededores.

 

 

 

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que hace las cachas (de ordinario, en casa), el templador, el pulidor, la que da el brillo, el que remata la hoja, el que la afila y el que pone la marca. Se trata de una vasta coopera­ción capitalista basada en la división del trabajo y en la que una parte considerable de los obreros ocupados en operaciones sueltas no trabaja en el taller del capitalista, sino en su casa. He aquí los datos del Sr. Labzín (1866) acerca de las mayores empresas de las aldeas de Pávlovo, Vorsma y Vacha, correspondientes a todas las ramas de la producción en esta zona: 15 patronos tenían 500 obreros en los talleres y 1.134 que traba­jaban fuera de ellos; en total, 1.634 personas, con una pro­ducción por valor de 351.700 rublos. Los datos siguientes acreditan hasta qué punto es aplicable a toda la zona esa carac­terística de las relaciones económicas*:

 

 

 

 

Así pues, la organización de la industria por nosotros esbozada predomina en todas las zonas. En su conjunto,

 

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* Datos de los Materiales estadísticos de los zemstvos y del Informe del Sr. Annenski, así como del estudio de A. N. Potrésov (antes citado). Las cifras relativas a la zona de Múrom son aproximadas. El número de habitantes, según el censo de 1897, era, en Vorsma, de 4.674, y, en Pávlovo de 12.431.

 

 

 

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cerca de las tres quintas partes de los obreros trabaja de un modo capitalista. También aquí, por tanto, vemos que la manufactura ocupa una situación predominante en el régimen general de la industria* y que tiene sometida a la masa obrera, aunque, sin embargo, no se halla en condiciones de desarraigar la pequeña producción. La relativa vitalidad de esta última se explica por entero, en primer lugar, por el hecho de que en algunas ramas de la industria de Pávlovo no se ha implantado aún en absoluto la producción mecánica (por ejemplo, en la cerrajería); en segundo lugar, porque el pequeño productor se defiende del hundimiento con recursos que al ser empleados le hacen caer mucho más bajo que el obrero asalariado. Esos recursos consisten en la prolongación de la jornada de trabajo y en la reducción del nivel de vida y de consumo. “El grupo de kustares que trabaja para los patronos es el que experimen­ta menos oscilaciones en los ingresos” (Grigóriev, 1. c., 65); en la empresa de Zaviálov, por ejemplo, quien menos cobra es el que hace los mangos de las navajas: “trabaja en casa y por ello se conforma con un salario inferior” (68). Los kustares que trabajan “para los fabricantes” “pueden ganar algo más que la media de los que llevan su producto al mercado. Los ingresos aumentan de modo especialmente sensible entre los obreros que viven en las fábricas mismas” (70)**. La jornada de trabajo en las “fábricas” es

 

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* Los datos aducidos están lejos de reflejar este predominio de un modo completo: el texto que sigue muestra que los kustares que trabajan para el mercado de la localidad se encuentran todavía más sometidos al capital que quienes lo hacen para los patronos en su domicilio, y estos últimos más aún que los obreros asalariados. Las industrias de Pávlovo destacan con especial relieve la irrompible ligazón del capital comercial e industrial, propia, en general, de la manufactura capitalista en sus relaciones con los pequeños productores.

** En el descenso de las ganancias corresponde también un papel importante a la ligazón con la tierra. Los kustares aldeanos “ganan en general menos que los cerrajeros de Pávlovo” (Annenski, Informe, pág. 61). Cierto, hay que tomar en cuenta que los primeros tienen trigo propio, pero, con todo, “es difícil estimar mejor la situación del kustar aldeano corriente que la del cerrajero medio de Pávlovo” (61).

 

 

 

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de 14 1/2 a 15 horas, máximum 16. “Los kustares ocupados en sus casas no trabajan nunca menos de 17 horas, a veces llegan hasta 18 e incluso hasta 19 al día” (ibíd:). No tendría nada de extraño que la ley del 2 de junio de 1897 177 provocase aquí un ascenso del trabajo en su domicilio; ¡ya hace tiempo que esos “kustares” hubieran debido orientar todas sus preocu-paciones y sus esfuerzos a conseguir de los patronos la construcción de fábricas! Recuerde también el lector la famosa “compra a crédito” de Pávlovo, el “trueque”, la “prenda de las mujeres” y demás tipos de abuso y de humillación personal que mantie­nen abrumado al pequeño productor cuasiindependiente*. Por fortuna, la gran industria maquinizada, que se desarrolla con rapidez, no admite con tanta facilidad como la manufactura esas formas, las peores, de explotación. Adelantándonos, daremos datos acerca del incremento de la pro­ducción fabril en esta zona**.

 

 

 

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* En las épocas de crisis suelen trabajar literalmente gratis, cambian blanco por negro”, es decir, los artículos terminados por materias primas, y eso ocurre “con bastante frecuencia” (Grigóriev, ibíd., 93).

** Datos de la Guía y de la Relación para toda la zona, incluyendo las aldeas de Selitba y Vacha con sus adyacentes. La Guía de 1890 incluyó indudablemente a los obreros que trabajan en su domicilio en la cifra general de los fabriles; nosotros hemos calculado su número aproximada-mente, habiéndonos limitado a una enmienda en las dos empresas más importantes (la de los Zaviálov y la de F. Varipáev). Para poder comparar el número de “fábricas”, según la Relación y la Guía, es preciso tomar sólo las empresas con 15 y más obreros (véase acerca del particular con más detalle nuestros Estudios, artículo Acerca de nuestra estadística fabril).

 

 

 

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Vemos, pues, cómo un número creciente de obreros va concentrándose en las grandes empresas, que pasan al empleo de máquinas*.

 

 

9) Otras industrias de artículos metálicos

 

Las industrias de la aldea de Bezvódnoe, provincia y distrito de Nizhni Nóvgorod, entran asimismo en la categoría de la manufactura capitalista. Se trata también de una aldea indus-trial, la mayoría de cuyos habitantes no se dedica a la agricultura, y que sirve de centro a una zona industrial de varios poblados. Según el censo de los zemstvos de 1889 (Materiales, fascíc. VIII, Nizhni Nóvgo­rod, 1895), el 67,3% de los hogares del subdistrito de Bezvódnoe (hay un total de 581) no tenía sementeras, el 78,3% carecía de caballos, el 82,4% se dedicaba a la industria y el 57,7% poseía miembros de familia que sabían leer y escribir y escolares (contra una media para el distrito de 44,6%). Las industrias de Bezvódnoe fabrican diversos artículos de metal: cadenas, anzuelos y telas metálicas; el valor de la producción se deter-minaba en 2.500.000 rublos para 1883** y en 1.500.000 para 1888-89***. La indus­tria se halla organizada a base de trabajar para los patronos con el material de éstos, distribuyéndose las operaciones entre diversos obreros, en parte dentro de los talleres y en parte a domicilio. En la producción de

 

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* En una rama de la industria de Pávlovo, en la producción de cerraduras, se opera, por el contrario, un descenso del número de talleres con obreros asalariados. A. N. Potrésov (1. c.), que se detuvo con detalle en este hecho, señalaba también la causa: la competencia de la fábrica de cerraduras de la provincia de Kovno (propiedad de los hermanos Shmidt; en 1890 tenía 500 obreros con una producción por valor de 500.000 rublos; en 1894-95, 625 obreros y 730.000 rublos).

** Trabajos de la comisión de kustares, IX. En 1897 la aldea de Bezvódnoe tenía 3.296 habitantes.

*** Informes y estudios, t. I. — La Relación señala en esta zona 4 “fábricas” con 21 obreros en las empresas y 29 que trabajan fuera de las mismas, y con una producción por valor de 68.000 rublos.

 

 

 

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anzuelos, por ejemplo, las operaciones se llevan a cabo por los “torcedores”, los “cortadores” (que trabajan en un local especial) y los “afiladores” (mujeres y niños que aguzan los anzuelos en sus casas); todos estos obreros trabajan a destajo para el capitalista y los torcedores ocupan también por su cuenta a los restantes. “El alambre de hierro es ahora estirado por cabrestantes de caballos; antes se hacía esto con ayuda de ciegos, que se reunían aquí en gran número...” ¡Un “oficio” de la manufactura capitalista! “Por cómo está montada, la producción se dis-tingue mucho de las restantes. Los hombres deben trabajar en una atmósfera cargada de las nocivas emanaciones de los excrementos de caballo que se van acumulando.”* Según este tipo de manufactura capitalista se hallan organizadas las indus­trias de telas metálicas**, alfileres*** e hilo de canuti­llo128 **** de la provincia de Moscú. A principios de los años 80 esta industria tenía 66 empresas con 670 obreros (el 79% asalariados) y una producción por valor de 368.500 rublos; algunas de estas empresas capitalistas han sido incluidas de tarde en tarde entre las “fábricas”*****.

 

Una organización del mismo tipo tienen, a juzgar por to­do, las industrias cerrajeras del subdistrito de Burmákino (y de los vecinos), distrito y provincia de Yaroslavl. Por lo menos vemos ahí la misma división del trabajo (forjadores, encargados de los fuelles, ajustadores), el mismo desarrollo en vasta escala del trabajo asalariado (de 307 herrerías del subdistrito de Burmákino, 231 tienen obreros asalariados), el mismo pre­dominio del gran capital sobre todos estos obreros parciales (a la cabeza se encuentran los mayoristas; para ellos trabajan los forja-dores, y para los forjadores, los ajustadores) y la mis­ma unión de la compra de piezas con la producción de artícu-

 

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* Informes y estudios, I, pág. 186.

** Anexo 1 al capítulo V, industria N2 29.

*** Ibíd., N2 32.

**** Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, t. VII, fascíc. I, parte 2, y Las industrias del distrito de Bogorodsk en 1890.

***** Véase, por ejemplo, Relación, núm. 8819.

 

 

 

 

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los en los talleres capitalistas, algunos de los cuales entran a veces en las relaciones de “fábricas”*.

 

En el anexo al capítulo anterior hemos aducido datos es­tadísticos relativos a las industrias de bandejas y artículos de cobre ** de la provincia de Moscú (esta última en la zona denominada “Zagarie”). Por estos datos se advierte que el tra­bajo asalariado desempeña en ellas un papel preponderante, que a su cabeza figuran talleres grandes con un promedio de 18 a 23 obreros asalarhsdos y con una producción para cada empresa valorada en 16.000-17.000 rublos. Si a ello se agrega que la división del trabajo es aquí aplicada en muy vasta escala***, queda claro que ante nosotros tenemos una manufac­tura capitalista****. “Las pequeñas unidades industriales, que constituyen una anomalía en las condiciones actuales de la técnica y de la división del trabajo, sólo pueden mantenerse junto a los talleres grandes acudiendo a la prolongación del trabajo hasta sus límites extremos” (Isáev, 1. c., pág. 33); en­tre los que hacen bandejas, por ejemplo, llega hasta 19 horas. De ordinario, la jornada de trabajo es aquí de 13 a 15 horas, mientras que entre los pequeños patronos sube a 16 y 17. Se halla muy extendido el pago en especie (en 1876 y en 1890) *****. Agregaremos que la existencia ya vieja de la in‑

 

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* Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. VI, estudio correspon­diente al año 1880. —Informes y estudios, t. 1 (1888-1889), conf. pág. 271: “casi toda la producción se halla concentrada en talleres con obreros asalariados”. Conf. también Resumen de la provincia de raroslavl, fascíc. II, Yaroslavl, 1896, págs. 8, 11. — Relación, pág. 403.

** Anexo I al capítulo V, industrias Nº 19 y 30.

*** En el taller de artículos de cobre se necesitan 5 personas para efectuar las distintas operaciones; en los de bandejas, un mínimo de 3; el “taller normal” requiere 9 obreros. “En las empresas grandes” se emplea “una división especificada del trabajo” “con objeto le aumentar el ren­dimiento” (Isáev, 1. c., 27 y 31).

**** La Guía para 1890 enumera en la zona de Zagarie 14 fábricas con 184 obreros y una producción por valor de 37.000 rublos. La confron­tación de estas cifras con los datos de la estadística de los zemstvos, antes expuestos, demuestra que la estadística fabril se ha limitado también en este caso a abarcar la capa superior de la manufactura capitalista ampliamente desarrollada.

***** Conf. Las industrias kustares del distrito de Bogorodsk.

 

 

 

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dustria (se remonta, por lo menos, a principios del siglo XIX) y una amplia especialización de las ocupaciones han traído como consecuencia, también en este caso, una extraordinaria habilidad de los obreros: los hombres de Zagarie tienen fama por su maestría. En la industria han aparecido asimismo oficios que no requieren una capacitación previa y que son accesibles directamente para los obreros menores de edad. “Esta posibi­lidad de ser directamente obrero menor de edad -observa con razón el Sr. Isáev- y de aprender el oficio sin aprendizaje demuestra que va desapareciendo el espíritu artesano, que requiere la educación de la mano de obra; la sencillez de mu­chas operaciones parciales es indicio del paso del artesanado a la manufactura” (1. c., 34). Observaremos solamente que el “espíritu artesano” queda siempre hasta cierto grado en la manufactura, puesto que su base se halla constituida tam­bién por el trabajo manual.

 

 

10) Joyería, producción de samovares y acordeones

 

Krásnoe, distrito y provincia de Kostromá, es una de las aldeas industriales que de ordinario son centros de nuestra manufactura capitalista “popular”. Esta aldea grande (2.612 habitantes en 1897) es de carácter puramente urbano; los ha­bitantes viven como vecinos de ciudad y (salvo muy pocas ex­cepciones) no se ocupan en la agricultura. Krásnoe es centro de una industria de joyería que abarca 4 subdistritos y 51 al­deas (incluido el subdistrito de Sído-rovskoe, distrito de Nerej­ta), en los que hay 735 hogares con unos 1.706 trabajadores *. “Indiscutiblemente -dice el Sr. Tillo- los representantes prin­cipales de la industria son los patronos grandes de la aldea de Krásnoe: los comerciantes Pushílov, Mázov, Sorokin y Chul‑

 

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* Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. IX, artículo del Sr. A. Tillo. — Informes y estudios, t. III (1893). La industria se desarrolla sin cesar. Conf. correspondencia en Russkie Védomosti, 1897, núm. 231. Véstnik Fi­nánsov, 1898, núm. 42. El valor de la producción pasa de un millón de rublos, de los cuales cerca de 200.000 los reciben los obreros y unos 300.000, los mayoristas y comerciantes.

 

 

 

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kov, entre otros. Adquieren el material -oro, plata, cobre-, ocupan a oficiales, compran los artículos terminados, distri­buyen trabajo a domicilio, procuran los modelos, etc.” (2043). Los grandes industriales tienen talleres (laboratorios) donde se forja y se funde el metal, distri-buido después entre los “kusta­res” para que lo trabajen; poseen instalaciones mecánicas: prensas, matrices para estampillar los artículos, aparatos para imprimir los dibujos y lamina-dores para estirar el metal, bancos para el ajuste, etc. En la producción se aplica en gran escala la división del trabajo: “Casi todos los objetos pasan por varias manos según el orden establecido. Para hacer los pendientes, por ejemplo, el patrono-industrial entrega al prin­cipio la plata a su taller, donde es transformada, parte en pla­cas y parte en hilo; este material pasa después por encargo a un oficial, que, si tiene familia, distribuye el trabajo entre varias personas: uno estampa con matriz el dibujo o la forma del pendiente en la placa, otro dobla el alambre para hacer el ganchillo que pasa por el lóbulo de la oreja, el tercero suelda estas partes y, por fin, un cuarto pule el pendiente terminado. El trabajo no es difícil en su conjunto y no requiere una capacitación considerable; la soldadura y el pulido corren con fre­cuencia a cargo de mujeres y de niños de 7 y 8 años” (2041)*. La jornada de trabajo se distingue aquí también por una desmesurada duración, de ordinario llega a 16 horas. Se practica el pago en especie.

 

 

Los datos estadísticos insertados a continuación (que ha publicado en el último tiempo el inspector local de la oficina de contraste) ponen de manifiesto con evidencia el régimen económico de la industria: (ver el cuadro en la pág. 457. -Ed.)

 

“Los dos primeros grupos (cerca de dos tercios del total de los maestros joyeros) pueden ser incluidos, mejor que entre los kustares, entre los obreros fabriles que trabajan en su casa.”

 

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* “Cada clase e incluso cada parte de los objetos tiene entre los kustares de Krásnoe sus maestros, y por eso es muy difícil encontrar que en una misma casa hagan, por ejemplo, anillos y pendientes, brazaletes y broches, etc.; de ordinario, un objeto cualquiera es hecho por partes, por obreros especialistas que viven en casas distintas y aun en distintas aldeas” (Informes y estudios, t. III, pág. 76).

 

 

 

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En el grupo superior el “trabajo asalariado se va haciendo más y más frecuente... Los maestros empiezan ya a comprar objetos hechos por otros”, en las capas superiores del grupo “predomina la compra” y “cuatro mayoristas no tienen talleres en absoluto”*.

 

Las industrias de samovares y acordeones de Tula y sus alrededores ofrecen un ejemplo extraordinariamente típico de manufactura capitalista. Las industrias “kustares” de esta zona se distinguen, en general, por una gran antigüedad: su comienzo se remonta al siglo XV**. Se desarrollaron de mo­do especial desde la mitad del siglo XVII; a partir de enton­ces establece el Sr. Borísov el segundo período de desarrollo de las industrias de Tula. En 1637 fue construida la primera fundición de hierro (por el holandés Vinius). Los armeros de Tula constituyeron una barriada especial de forjadores y for­maron un gremio particular con derechos y privilegios espe‑

 

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* Véstnik Finánsov, 1898, núm. 42.

** Véase el artículo del Sr. Borísov en Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. IX.

 

 

 

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ciales. En 1696 es terminada en Tula la primera fundición de hierro construida por un notable forjador ruso, y la industria pasa a los Urales y a Siberia*. A partir de entonces co­mienza el tercer período en la historia de las industrias de Tula. Los maestros empiezan a montar sus empresas y enseñan el oficio a los campesinos de los alrededores. Las primeras fábri­cas de samovares aparecen entre los años 1810 y 1820. “En 1825 había ya en Tula 43 fábricas pertenecientes a los armeros; y casi todas las alhra existentes son propiedad de anti­guos armeros convertidos en comerciantes de Tula” (1. c., 2262). Vemos aquí, pues, cómo entre los antiguos maestros de los gremios y los principales de la manufactura capitalista pos­terior existe una sucesión y una relación inmediatas. En 1864 los armeros de Tula se vieron libres de la dependencia servil129 de las fábricas e incluidos entre el estado llano bur­gués; los ingresos disminuyeron como resultado de la gran com­petencia de los kustares rurales (lo que provocó un reasenta­miento de los industriales de la ciudad en el campo); los obreros se orientaron hacia las industrias: de samovares, de cerraduras, de cuchillos, de acordeones (los primeros acordeo­nes de Tula aparecieron en 1830-1835).

 

La industria de los samovares se halla organizada en la actualidad del modo siguiente. A la cabeza se encuentran los grandes capitalistas, que poseen talleres con decenas y cente­nares de obreros asalariados y que encargan muchas opera­ciones parciales a personas que trabajan en casa, tanto en la ciudad como en las aldeas; estos ejecutores de operaciones parciales tienen a veces talleres propios con obreros asalariados. Además de talleres grandes, se comprende, los hay pequeños, con todos los escalones consecutivos de dependencia respecto a los capitalis-tas. Todo el régimen de esta producción se asienta en la base general de la división del trabajo. El proceso de fabricación del samovar se divide en las operaciones

 

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* Nikita Demídov Antúfiev, forjador de Tula, ganose la benevolencia de Pedro el Grande al construir una fábrica junto a esa ciudad; en 1702 recibió la fábrica de Neviansk. Los Demí-dov, conocidos propietarios de minas y fábricas metalúrgicas de los Urales, son descendientes suyos.

 

 

 

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siguientes: 1) formación de tubos con las hojas de latón (en­rollado); 2) soldadura de los mismos; 3) limado de las juntu­ras; 4) ajustado del zócalo; 5) forja de las piezas (lo que se llama el “batido”); 6) limpieza de la parte interior; 7) repaso del recipiente y del cuello; 8) estañado; 9) apertura a prensa de los orificios de tiro en el zócalo y en el portateteras, y 10) montaje del samovar. Hay aún por separado la fundición de las pequeñas piezas de latón: a) modelado y b) tundido *. Cada una de estas operaciones puede representar, con el trabajo a domicilio, una industria “kustar” especial. Una de estas “industrias” se encuentra descrita por el Sr. Borísov en el fascíc. VII de Trabajos de la comisión de kustares. Se trata del enrollado de los tubos, antes aludido por nosotros, que los campesinos hacen a destajo con material de los comerciantes. Después de 1861, los kustares de Tula pasaron a trabajar al campo, su manutención resulta más barata y sus necesidades son menores (1. c., pág. 893). El Sr. Borísov explica con razón esta vitalidad del “kustar” por la conservación de la forja a mano de los samovares: “El kustar rural será siempre más ventajoso para el fabricante que da el encargo, porque trabaja del 10 al 20% más barato que el artesano de la ciudad” (916).

 

El Sr. Borísov determinó el volumen de la producción de samovares para 1882 en la suma aproximada de 5.000.000 de rublos, con unos 4.000 ó 5.000 obreros (incluidos los kustares). La estadística fabril no abarca en este caso más que una pequeña parte de toda la manufactura capitalista. La Guía de 1879 daba para la provincia de Tula 53 “fábricas” de sa­movares (todas basadas en el trabajo manual), con 1.479 obreros y una producción por valor de 836.000 rublos. La Guía de 1890 da 162 fábricas, 2.175 obreros y 1.100.000 ru­blos, aunque en la relación nominal sólo se incluyen 50 fábri‑

 

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* Los Trabajos de la comisión de Kustares, fascíc. X, insertan una magnífica descripción que el Sr. Manojin hace de la industria de samovares de Suxún, provincia de Perm. La organiza-ción es la misma que en Tula. Conf. la misma obra, fascíc. IX, artículo del Sr. Borísov acerca de las industrias kustares en la exposición de 1882.

 

 

 

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cas (una con máquina de vapor) con 1.326 obreros y una pro­ducción por valor de 698.000 rublos. Es evidente que entre las “fábricas” se ha incluido esta vez también un centenar de pequeñas empresas. Por último, para 1894-95, la Relación da 25 fábricas (4 con máquina de vapor), con 1.202 obreros (+ 607 que trabajan fuera de ellas) y una producción por va­lor de 1.613.000 rublos. En estos datos no se pueden comparar (por la causa antes señalada, y también porque en los años precedentes se habían mezclado los obreros que trabajan en las empresas y fuera de ellas) ni el número de fábricas ni el número de obreros. Sólo es indudable el desplazamiento pro­gresivo de la manufactura por la gran industria maquinizada: en 1879 había dos fábricas con 100 y más obreros; en 1890 eran también 2 (una cola máquina de vapor) y en 1894-95 eran 4 (tres con máquina de vapor)*.

 

La misma organización exactamente tiene la industria de acordeones, que se encuentra en una fase más baja de desarro­llo económico**. “En la fabricación de los acordeones par­ticipan más de diez especialidades distintas” (Trabajos de la co­misión de kustares, IX, 236); la prepa-ración de las diversas partes del acordeón o algunas operaciones parciales son objeto de distintas industrias “kustares” cuasiindependientes. “Cuando hay poca demanda, todos los kustares trabajan para las fábricas o para los talleres más o menos importantes, de

 

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* Al parecer, hay rasgos análogos en la organización de las industrias de cerrajería de Tula y sus alrededores. El Sr. Borísov calculó en 1882 que en esas industrias había ocupados de 2.000 a 3.000 obreros, los cuales producían artículos por valor de unos 2.500.000 rublos. El sometimiento de esos “kustares” al capital comercial es muy grande. Las “fábricas” de ferretería de la provincia de Tula tienen también a veces obreros que trabajan a domicilio (conf. Relación, págs. 393-395).

** El desarrollo de la producción de acordeones es también intere­sante como proceso de desplazamiento de los instrumentos populares primitivos y como proceso de formación de un mercado vasto, nacional: sin éste sería imposible la división del trabajo por piezas, y sin división del trabajo no se conseguiría abaratar el producto: “Gracias a su baratura, el acordeón ha desplazado casi en todos los sitios a la balalaika, pri­mitivo instrumento musical popular de cuerda” (Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. IX, pág. 2276)

 

 

 

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cuyos dueños reciben el material; cuando la demanda es mu­cha, aparece una infinidad de puqueños productores que com­pran a los kustares las piezas, montan ellos mismos los acor­deones y luego los llevan a vender a los puestos locales, a tiendas, donde los adquieren entonces de muy buen grado” (ibíd.). El Sr. Borísov calculó en 1882 que en esa industria había ocupadas de 2.000 a 3.000 personas y que su produc­ción tenía un valor de unos 4.000.000 de rublos; la estadística fabril daba en 1879 dos “fábricas” con 22 obreros y una pro­ducción por valor de 5.000 rublos; en 1890 había 19 fábricas con 275 obreros y una producción por valor de 82.000 rublos; en 1894-95 había una fábrica con 23 obreros (más 17 traba­jando fuera) y una producción por valor de 20.000 rublos*. No se emplean en absoluto las máquinas de vapor. Todos estos saltos de cifras indican que se han tomado de modo puramente casual empresas sueltas integrantes del complejo orga­nismo de la manufactura capitalista.

 

 

III. LA TÉCNICA EN LA MANUFACTURA.
LA DIVISIÓN
DEL TRABAJO Y SU IMPORTANCIA

 

Extraeremos ahora conclusiones de los datos expuestos y examinaremos si caracterizan en realidad una fase especial del desarrollo del capitalismo en nuestra industria.

 

 

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El rasgo común a todas las industrias que hemos examinado es el mantenimiento de la producción manual y una divi­sión del trabajo sistemática, llevada a cabo en amplia escala. El proceso de la producción se descompone en varias opera­ciones parciales, que se efectúan por diversos maestros especialistas. La capacitación de estos especialistas requiere una ense­ñanza bastante prolongada, y por ello el aprendizaje es el

 

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* El censo efectuado en Tula el 29 de noviembre de 1891 dio para la ciudad 36 empresas dedicadas a la venta de acordeones y 34 talleres donde se fabricaban éstos (véase Memoria de la provincia de Tula para 1895, Tula, 1895).

 

 

 

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compañero natural de la manufactura. Sabido es que, en la situación general de la economía mercantil y del capitalismo, este fenómeno conduce a los peores tipos de dependencia per­sonal y de explotación*. La desaparición del aprendizaje va ligada a un desarrollo más alto de la manufactura y a la for­mación de una gran industria maquinizada, cuando las máquinas reducen al mínimo el período de aprendizaje o cuando se llega a separar unas operaciones parciales tan simples que se hacen accesibles hasta a los niños (ver el ejem­plo anterior de Zagarie).

 

El mantenimiento de la producción manual como base de la manufactura explica su relativa inmovilidad, que salta es­pecialmente a la vista al compararla con la fábrica. El desa­rrollo y la profundización de la división del trabajo se opera con mucha lentitud, de modo que la manufactura conserva durante decenios enteros (y hasta siglos) la forma una vez adoptada: hemos visto que un número muy considerable de las industrias por nosotros examinadas tiene un origen muy antiguo, y, sin embargo, en la mayoría de ellas no se ha ob­servado hasta últimamente ningún gran cambio en los modos de producción.

 

Por lo que respecta a la división del trabajo, no repetire­mos aquí las tesis conocidas de la economía teórica acerca de su papel en el proceso de desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo. A base de la producción manual no podía darse otro progreso técnico que la división del trabajo**. Señalare‑

 

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* Nos limitaremos a un ejemplo. En el pueblo de Borísovka, distrito de Gráivoron, provincia de Kursk, hay una industria de pintura de imágenes que ocupa a unas 500 personas. Los maestros prescinden, en la mayoría de los casos, de obreros asalariados, pero tienen aprendices, que trabajan 14 y 15 horas diarias. Estos maestros se mostraron hostiles a la apertura de una escuela de pintura, temiendo verse privados de la mano de obra gratis que representan los aprendices (Informes y estudios, I, 333). Dentro de la manufactura capitalista, la situación de los niños que trabajan en casa no es mejor en modo alguno que la de los aprendices, puesto que el obrero que trabaja en su domicilio se ve obligado a prolongar hasta nec plus ultra la jornada y a poner en tensión todas las fuerzas de la familia.

** “La forma domiciliaria de la gran producción y la manufactura constituyen una salida inevitable y deseable hasta cierto punto para la

 

 

 

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mos sólo las dos circunstancias más importantes que ponen en claro la necesidad de la división del trabajo como fase prepa­ratoria de la gran industria maquinizada. En primer lugar, sólo el fraccionamiento del proceso de producción en varias operaciones, las más sencillas, puramente mecánicas, permite implantar las máquinas, que en un principio se emplean en las operaciones más simples y que sólo de manera gradual van abarcando las más complejas. El telar mecánico, por ejemplo, se ha implantado ya hace tiempo en la producción de telas sencillas, mientras que para la seda sigue empleándose prefe­rentemente el tejido a mano; en cerrajería, la máquina se em­plea ante todo en el pulido, una de las operaciones más sim­ples, etc. Pero esta fragmentación de la producción en operaciones más sencillas -paso preparatorio indispensable pa­ra implantar la gran producción maquinizada- conduce al mismo tiempo al incremento de las pequeñas industrias. La población de las cercanías adquiere la posibilidad de efectuar esas operaciones parciales en su casa, bien por encargo de los manufactureros y con el material de éstos (colocación de las cerdas en la manufactura de cepillos, cosido de pellizas, abri­gos, manoplas, calzado, etc., en la industria del cuero, endere­zado de los peines, “enrollado” de los samovares, etc.), bien incluso adquiriendo material “por su cuenta”, haciendo diver­sas partes del producto y vendiéndolas a los manufactureros (industrias de sombreros, vehículos, acordeones, etc.). Esto parece una paradoja: incremento de las peque-ñas industrias (a veces hasta de las “independientes”) como expresión del incremento de la manufactura capitalista; sin embargo, es un hecho. La “independencia” de esos “kustares” es completamente ficticia. Su trabajo no podría efectuarse, su producto no tendría a veces incluso el menor valor de uso sin ligazón con los otros trabajos parciales, con las otras partes del pro­ducto. Y esta ligazón sólo la pudo crear* y la creó el gran capi‑

 

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pequeña industria independiente cuando abarca una zona enorme” (Jari­zoménov en Yuri-dícheski Véstnik, 1883, núm. 11, pág. 435).

* ¿Por qué sólo el capital pudo crear esta ligazón? Porque la pro­ducción mercantil engendra, como hemos visto, la desunión de los pequeños

 

 

 

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tal, fuerza dominante, en una u otra forma, sobre la masa de los obreros detallistas. Uno de los errores esenciales de la eco­nomía populista estriba en que pasa por alto ó vela el hecho de que el “kustar” detallista es una parte integrante de la ma­nufactura capitalista.

 

La segunda circunstancia que es preciso subrayar de modo especial es la capacitación de obreros hábiles por la manufac­tura. La gran industria maquinizada no habría podido de­sarrollarse con tanta rapidez en el período posterior a la Reforma si no hubiese tenido por detrás una prolongada época de capacitación de los obreros por la manufactura. Los inves­tigadores de la industria textil “kustar” del distrito de Pokrov, provincia de Vladimir, por ejemplo, señalan la notable “capa­cidad y experiencia técnica” de los tejedores del subdistrito de Kudíkino (en el que se encuentra la aldea de Oréjovo, con las conocidas fábricas de los Morózov): “en ningún sitio... encon­tramos una intensidad como ésta... en el trabajo... aquí se practica siempre una estricta división del trabajo entre el teje­dor y el bobinador... El pasado... ha educado en los obreros de Kudíkino... unos métodos técnicos de producción perfec­tos... capacidad para orientarse en cualquier situación difícil”*. “No es posible construir fábricas en cualquier lugar y en el número que nos acomode”, leemos acerca del tejido de seda: “la fábrica debe ir tras el tejedor a los sitios donde, mediante la llegada de forasteros en busca de trabajo” (o, añadimos nosotros, a través del trabajo en su domicilio), “se ha formado un contingente de personas que conocen el ofi­cio”**. Esas empresas, como la fábrica de calzado de San Pe­tersburgo***, no habrían podido desarrollarse con tanta rapi­dez si, supongamos, en la zona de la aldea de Kimri no se

 

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productores y su diferenciación completa, porque las pequeñas industrias dejaron en herencia a la manufactura los talleres capitalistas y el capital co­mercial.

* Las industrias de la provincia de Vladimir, IV, 22.

** Ibíd., III, 63.

*** En 1890 había 514 obreros con una producción por valor de 600.000 rublos; en 1894-95 había 845 obreros y la producción alcanzó un valor de 1.288.000 rublos.

 

 

 

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hubieran ido formando, a través de siglos, obreros hábiles que ahora marchan a otros sitios en busca de trabajo, etc. Por ello, entre otras cosas, tiene una importancia muy grande el hecho de que la manufactura haya formado un número consi­derable de zonas especializadas en determinada producción y que éstas hayan educado una masa de obreros hábiles*.

 

La división del trabajo en la manufactura capitalista lleva a la deformación y a la mutilación del obrero, incluido el “kustar” detallista. Aparecen virtuosos y tullidos de la divi­sión del trabajo; los primeros, como casos contados que des­piertan el asombro de los investigado-res**; los segundos, como la aparición en masa de “kustares”, estrechos de pecho, con los brazos desmesuradamente desarrollados, con “lordosis”***, etc., etc.

 

 

IV. LA DIVISION TERRITORIAL DEL TRABAJO Y LA AGRICULTURA SE SEPARA DE LA INDUSTRIA

 

La división territorial del trabajo, la especialización de determinadas zonas en la producción de una mercancía, a veces de una clase de mercancía y hasta de una cierta parte del artículo, tiene, como ha sido ya observado, una relación inme‑

 

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* Este fenómeno se ve caracterizado con mucho acierto por el término “oficios al por mayor”. “A partir del siglo XVII -leemos en Korsak-, la industria rural comenzó a desarrollarse visiblemente: aldeas enteras, especialmente las de los alrededores de Moscú, enclavadas en los caminos reales, entregáronse a algún oficio determinado; los habitantes de unas se hacían curtidores, los de otras, tejedores, los terceros, tintoreros, carreros, forjadores, etc... Estos oficios al por mayor, como algunos los llaman, se desarrollaron en gran número en Rusia a fines del pasado siglo” (1. c., 119-121).

** Nos limitaremos a dos ejemplos: Jvórov, el famoso cerrajero de Pávlovo, hacía cerraduras tan diminutas que 24 sólo pesaban un zolotnik (zolotnik = 4,25 gramos. -Ed.); algunas piezas de esas cerraduras tenían el tamaño de una cabeza de alfiler (Labzln, 1. c., 44). Un kustar de la provincia de Moscú, que pasó casi toda la vida adornando caballos de tiro de juguete, llegó a hacer al día hasta 400 piezas (Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, t. VI, fascíc. II, págs. 38-39).

*** El Sr. Grigóriev caracteriza así a los kustares de Pávlovo; “Encontreme a uno de esos obreros, que lleva trabajando seis años en las mismas tenazas y que con el pie izquierdo descalzo había desgastado

 

 

 

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diata con la división del trabajo en general. El predominio de la producción manual, la existencia de un gran número de pequeñas empresas, el mantenimiento de la ligazón del tra-bajador a la tierra, la sujeción del oficial a determinada especia­lidad, todo esto condiciona inevitablemente el carácter cerra­do de las distintas regiones industriales manufactureras; a veces, este carácter cerrado local llega al apartamiento com­pleto del resto del mundo*, con el que sólo se relacionan los patronos comerciantes.

 

En la parrafada del' Sr. Jarizoménov que sigue se estima insuficientemente la importancia de la división territorial del trabajo: “Las enormes distancias del Imperio van unidas a di­ferencias profundas de las condiciones naturales: una zona tie­ne mucho bosque y caza, otra, ganado, la tercera posee arci­lla o yacimientos de mineral de hierro en abundancia. Estas particularidades naturales han determinado también el carác­ter de la industria. Las grandes distancias y las malas comu­nicaciones hacían imposible o en extremo costoso el transporte de las materias primas. A consecuencia de ello, la industria debía necesariamente albergarse en el lugar donde había a mano materias primas abundantes. Esto originó el rasgo ca­racterístico de nuestra industria: la especialización de la pro­ducción de mercancías en regiones enormes y compactas” (Yuridicheski Véstnik, 1. c., pág. 440).

 

La división territorial del trabajo no representa un rasgo característico de nuestra industria, sino de la manufactura (en Rusia lo mismo que en los demás países); las pequeñas indus­trias no han dado lugar a zonas tan extensas, es la fábrica la que ha roto su carácter cerrado y facilitado el paso de empre­sas y de un gran número de obreros a otros lugares. La manu­factura no se limita a formar zonas enteras, también introduce la especialización dentro de ellas (división del trabajo por mercancías). De ningún modo es obligatoria para la manu‑

 

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más de la mitad la tabla del piso; con amarga ironía comentaba que el patrono quería despedirlo cuando atravesase la tabla de parte a parte” (obra citada, págs. 108-109).

* Curtido de pieles de ardilla en el distrito de Kargópol, industria de cucharas en el de Semiónov.

 

 

 

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factura lá existencia de materias primas en la región dada, y apenas si es incluso ordinaria para ella, pues la manufactura presupone ya unas relaciones comerciales bastante am­plias*.

 

La circunstancia de que a esta fase de la evolución capitalista le es propia una forma especial de separación entre la agricultura y la industria se halla en relación con los rasgos descritos de la manufactura. El industrial más típico no es ya el campesino, sino el “operario” que no trabaja ya en la agri­cultura (en el otro polo se hallan el comerciante y el patrono del taller). En la mayoría de los casos (como hemos visto an­tes), las industrias organizadas análogamente a la manufactu­ra tienen centros no agrícolas: ciudades o (con mucha más frecuencia) aldeas, cuyos habitantes casi no trabajan en la agricultura, y que deben ser incluidas entre los poblados de carácter industrial y comercial. La separación entre la indus­tria y la agricultura tiene aquí unas bases profundas, enraiza­das tanto en la técnica de la manufactura como en su eco­nomía y en sus peculiares condiciones de vida (o culturales). La técnica sujeta al obrero a una especialidad y por eso le hace, de una parte, inapto para la agricultura (débil, etc.); de otra parte requiere una ocupación ininterrumpida y prolongada en el oficio. El régimen económico de la manufactura se distingue por una diferenciación de los industriales incompa­rablemente más profunda que en las industrias pequeñas, y hemos visto que en las industrias pequeñas la diferenciación en la agricultura va paralela a la diferenciación en la indus­tria. Con el empo-brecimiento completo de la masa de produc­tores, que es condición y consecuencia de la manufactura, su personal obrero no puede reclutarse entre los agricultores más o menos acomodados. Particularidades culturales de la manu­factura son, en primer lugar, la larga existencia (a veces secu­lar) de la industria, que pone un sello especial en la pobla‑

 

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* Las industrias del tejido, así como las de Pávlovo, de Gzhel, las de curtido de Perm y otras muchas utilizan materias primas importadas (es decir, no locales) (conf. Estudios, págs. 122-124). (Véase 0. C., t. 2, págs. 341-345. -Ed.)

 

 

 

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ción, y, en segundo lugar, un nivel más elevado de vida de la población*. De esta última circunstancia hablaremos ahora con más detalle, pero antes advertiremos que la manufactura no separa por completo la industria de la agricultura. Con una técnica manual, las empresas grandes no pueden despla­zar por completo a las pequeñas, especialmente si los peque­ños kustares prolongan la jornada de trabajo y rebajan el nivel de su consumo: en estas con-diciones, la manufactura, como hemos visto, incluso desarrolla las pequeñas industrias. Es, por ello, natural que alrededor del centro no agrícola de la manufactura veamos en la mayoría de los casos una zona entera de poblados agrícolas cuyos habitantes trabajan asimismo en las industrias. También en este sentido, por consiguien­te, se pone de manifiesto con relieve el carácter transitorio de la manufactura, entre la pequeña producción manual y la fábrica. Si incluso en el oeste, el período manufacturero del ca­pitalismo no pudo separar por completo a los obreros indus­triales de la agricultura**, en Rusia, donde se conservan muchas institucio-nes que sujetan a los campesinos a la tierra, esta separación no podía por menos de retardarse. Por ello, repetimos, lo más típico para la manufactura capitalista rusa es el centro no agrícola que atrae a la población de las aldeas vecinas -cuyos habitantes son semiagricultores, semiindustria­les- y que se halla a la cabeza de las mismas.

 

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* El Sr. V. V. afirma en sus Estudios de la industria kustar que “en nuestro país hay... muy pocos rincones de kustares que hayan abandonado por completo la agricultura” (36) -nosotros hemos mostrado más arriba, que, al contrario, son muchos- y que “las débiles manifestaciones de divi­sión del trabajo que observamos en nuestra patria no deben ser atribuidas tanto a la energía del progreso industrial como a la inmovilidad de las dimen­siones de la propiedad territorial campesina...” (40). El Sr. V. V. no advierte la circunstancia de que los “rincones de kustares” se distinguen por una estructura especial de la técnica, la economía y la cultura, que caracterizan una fase especial del desarrollo del capitalismo. Lo importante es que las “aldeas industriales” obtuvieron, en la mayoría de los casos, “un nadiel pequeño” (39) -(¡en 1861, cuando su vida industrial se medía por decenas de años, a veces por centenares!)-; se comprende que, de no haberse dado esta tolerancia de las autoridades, no habría existido el capitalismo.

** Das Kapital, I2, 779-780130.

 

 

 

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Es especialmente notable, además, el hecho de que el nivel cultural de la población en esos centros no agrícolas es más elevado. Una instrucción más elevada, un nivel de consumo y de vida considerablemente más alto, una profunda separa­ción de la “madrecita-aldea” “gris”: tales son los rasgos que, de ordinario, distinguen a los habitantes de esos centros*. ¡Se comprende la enorme importancia de este hecho, palma­rio testimonio del papel histórico progresivo del capitalismo, y del capitalismo, además, puramente “popular”, de cuya “arti-ficiosidad” es difícil que se atreviera a hablar el populista más furibundo, pues la inmensa mayoría de los centros carac­terizados pertenece de ordinario a la industria “kustar”! También aquí se pone de manifiesto el carácter transitorio de

 

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* La importancia de este hecho nos obliga a completar los datos aducidos en el § II con los siguientes. El poblado de Buturlínovka, distrito de Bobrov, provincia de Vorónezh, es uno de los centros productores de cuero. Tiene 3.681 hogares, de los que 2.383 no se dedican a la agricultura. Más de 21.000 habitantes. En un 53% de los hogares, contra 38% para el distrito, hay personas que saben leer y escribir (recopila­ción estadística de los zemstvos correspon-diente al distrito de Bobrov). El pueblo de Pokróvskaya y la aldea Balákovo, provincia de Samara, tienen cada uno más de 15.000 habitantes, entre los que hay muchos forasteros. Sin hacienda, el 50% y el 42%. El número de los que saben leer y escribir es superior a la media. La estadística señala que los poblados industriales y comerciales se distinguen, en general, por una instrucción mayor y por la “aparición en masa de hogares sin hacienda” (recopila­ciones estadísticas de los zemstvos correspondientes a los distritos de Novoúzensk y Nikoláevsk). – Acerca del mayor nivel cultural de los “kustares” conf. también Trabajos de la comisión de kustares, III, pág. 42; VII, pág. 914; Smirnov, 1. c., pág. 59; Grigóriev, 1. c., 106 y sigs.; Annenski, 1. e., pág. 61; Recopilación de Nizhni .Nóvgorod, t. II, págs. 223-239; Informes y estudios, II, pág. 243; III, 151. Además, Las industrias de la provincia de Vladimir, III, pág. 109, da una transcripción viva de la conversación que un investigador, el Sr. Jarizoménov, tuvo con su cochero, un tejedor de seda. Este tejedor criticó con dureza y brusquedad la vida “gris” de los campesinos, su bajo nivel de consumo, su falta de desarrollo, etc., y concluyó con la exclamación siguiente: “¡Dios mío, y para eso sólo vive la gente!” Hace mucho que se ha observado que el campesino ruso es más que nada pobre en la conciencia de su pobreza. Del operario de la manufactura capitalista (sin hablar ya de la fábrica) debe decirse que en este sentido es un hombre relativamente muy rico.

 

 

 

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la manufactura, va que ésta sólo inicia la transformación de los rasgos espirituales de la población, v la termina únicamente la gran industria maquinizada.

 

 

V. REGIMEN ECONOMICO DE LA MANUFACTURA

 

En todas las industrias que hemos examinado, estructuradas según el tipo de manufactura, la inmensa mayoría de los obreros no es independiente, se halla subordinada al capital, sólo percibe el salario y no posee ni las materias primas ni el producto terminado. En el fondo, la inmensa mayoría de los obreros de estas “industrias” son obreros asalariados, aunque esta relación no alcanza nunca en la manufactura la perfección y pureza que es propia de la fábrica. En la manufactura, con el capital industrial se entrelaza del modo más variado el co­mercial, y la dependencia en que el trabajador se halla con respecto al capitalista adquiere un sinfín de formas y matices, empezando por el trabajo asalariado en un taller ajeno, conti­nuando con el trabajo a domicilio para el “patrono” y terminando con la dependencia en la compra de las materias pri­mas o en la venta del producto. Junto a la masa de los obreros dependientes sigue siempre manteniéndose en la ma­nufactura un número más o menos considerable de productores cuasiindependientes. Pero todo este abigarramiento de for­mas de la dependencia no hace más que encubrir el rasgo fundamental de la manufactura, que la escisión entre los representantes del trabajo y del capital se manifiesta ya aquí con toda su fuerza. Cuando se produjo la liberación de los campesinos, esta escisión había sido ya consolidada en los mayores centros de nuestra manufactura por la sucesión de varias generaciones. En todas las “industrias” que antes hemos examinado vemos una masa de la población que no tiene nin­gún recurso para vivir, fuera del trabajo bajo la dependencia de personas de la clase pudiente, y, por otra parte, una pequeña minoría de industriales acomodados que tienen en sus manos (en una u otra forma) casi toda la producción de la zona. Este hecho fundamental es lo que da a nuestra manufac­tura un carácter capitalista muy acentuado, a diferencia de

 

 

 

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la fase anterior. También allí se daban la dependencia del ca­pital y el trabajo asalariado, pero aún no habían cristalizado en ninguna forma firme, aún no habían abarcado a la masa de los indus-triales, a la masa de la población, no habían pro­vocado la escisión entre los distintos grupos de personas que participaban en la producción. Y la producción misma con­serva aún en la fase anterior unas proporciones reducidas -la diferencia entre el patrono y el obrero es relativamente pequeña- , no hay casi grandes capitalistas (que siempre se hallan a la cabeza de la manufactura), tampoco hay obreros detallis­tas, sujetos a una operación y por ello mismo sujetos al capi­tal, que agrupa estas operaciones de detalle en un mecanismo productivo único.

 

He aquí el testimonio de un viejo escritor, que confirma con relieve esta característica de los datos que antes hemos aducido: “En la aldea de Kimri, lo mismo que en otras al­deas rusas que se llaman ricas, en Pávlovo, por ejemplo, la mitad de la población está constituida por men-digos que se sustentan sólo de la caridad... Si un trabajador, en especial si vive solo, enferma, corre el peligro de quedar sin un trozo de pan a la semana siguiente”*.

 

Así pues, en los años 60 se había puesto ya en claro por completo el rasgo fundamental del régimen económico de nuestra manufactura: el contraste entre la “riqueza” de mu­chas “famosas” “aldeas” y la plena proletarización de la inmensa mayoría de los “kustares”. Con este rasgo se relaciona la circunstancia de que los trabajadores más típicos de la ma­nufactura (precisamente los operarios que han roto por entero o casi por entero con la tierra) gravitan ya hacia la fase siguiente, y no hacia la anterior, del capitalismo, se hallan más cerca del trabajador de la gran industria maquinizada que del campesino. Los datos expuestos con anterioridad acerca del

 

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* N. Ovsiánnikov. Relaciones del Alto Volga con la feria de Nizhn Nóvgorod. Artículo publicado en Recopilación de Nizhni Nóvgorod, t. II, (Nizhni Nóvgorod, 1869). El autor se basa en los datos de 1865 relativos a la aldea de Kimri. Este escritor acompaña el estudio de la feria de una característica de las relaciones económico-sociales en las industrias allí representadas.

 

 

 

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nivel cultural de los kustares lo atestiguan vigorosamente. Pero ello no puede extenderse a toda la masa del personal obrero de la manufactura. La conservación de un gran número de pequeñas empresas y de patronos pequeños, la conservación de los vínculos con la tierra y el desarrollo extraordinariamen­te amplio del trabajo a domicilio, todo esto lleva a que mu­chísimos “kustares” graviten todavía en la manufactura hacia los campesinos, hacia la transformación en pequeño patrono, hacia el pasado, y no hacia el futuro*, que se dejen seducir aún por ilusiones de toda clase acerca de la posibilidad de transformarse en patronos independientes (por medio de una intensidad extrema en el trabajo, por medio de economías y habilidad)**. He aquí un juicio notablemente justo de esas ilusiones pequeñoburguesas, debido a un investigador de las “industrias kustares” de la provincia de Vladimir:

 

“La victoria definitiva de la industria grande sobre la pequeña, la agru­pación de los trabaja-dores, dispersos en numerosos y diminutos locales, den­tro de los muros de una misma fábrica de seda, es únicamente cuestión de tiempo, y cuanto antes llegue esta victoria, mejor será para los tejedores.

 

“La organización actual de la industria sedera se distingue por la falta de firmeza y precisión de las categorías económicas, por la lucha de la gran producción con la pequeña y con la agricultura. Esta lucha lleva al pequeño patrono y al tejedor a las olas de excitación, sin darles nada, pero apartándo­los de la agricultura, haciéndoles contraer deudas y cargando sobre ellos to­do el peso durante las épocas de estancamiento. La concentración de la pro­ducción no disminuirá el salario del tejedor, pero hará superfluos los recursos del alcohol y las promesas, el atraer a los obreros con adelantos que no co­rresponden a su ingreso anual. Con el debi-litamiento de la competencia mutua, los fabricantes pierden el interés de destinar sumas considerables a encadenar con deudas al tejedor. Además, la gran producción contrapone tan claramente los intereses del fabricante y de los obreros, la riqueza de unos y la miseria de otros, que en el tejedor no puede nacer el deseo de ha­cerse fabricante. La producción pequeña no da al tejedor más que la grande, pero no tiene un carácter tan estable como la última, y por ello corrompe mucho más profundamente al obrero. El tejedor kustar ve ante él ciertas perspectivas falsas, aguarda el momento que le permita montar su propio telar. Para conseguir este ideal tensa todos los esfuerzos, se llena de deudas, ro­ba, miente, no ve ya en sus compañeros amigos de fatigas, sino enemigos, com­petidores por ese mismo miserable telar con el que sueña para un lejano

 

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* Exactamente igual que sus ideólogos, los populistas.

** Para contados héroes del esfuerzo individual (como Duzhkin, de Cuadros de Páilovo de V. Korolenko), esa transformación es aún posible en el período manufacturero, pero, natural-mente, no lo es para la masa de los obreros no pudientes que hacen determinadas operaciones.

 

 

 

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futuro. El pequeño patrono no comprende su miseria económica, halaga a los mayoristas y fabricantes, oculta a sus camaradas el lugar y las condicio­nes en que ha comprado las materias primas y vende el producto. Imaginase un pequeño patrono independiente y se transforma en un instrumento vo­luntario y mísero, en un juguete en manos de los grandes comerciantes. Aún no ha conseguido salir del fango después de haber montado tres o cuatro telares, y habla ya de la difícil situación del patrono, de que los tejedores son perezosos y borrachos, de que es necesario asegurar al fabricante contra las pérdidas originadas por las deudas. El pequeño patrono es un principio an­dante del servilismo industrial, lo mismo que en los buenos tiempos viejos el mayordomo y el llavero eran la encarnación viva del servilismo feudal. Cuando los instrumentos de producción no se han separado por completo del productor y este último tiene la posibilidad de hacerse patrono independien­te, cuando el abismo económico que existe entre el mayorista y el tejedor lo llenan los fabricantes, los pequeños patronos y pequeños interme-diarios diri­giendo y explotando a las categorías económicas inferiores y sometiéndose a la explotación de las superiores, la conciencia social de los trabajadores se enturbia, y su imaginación se ve corrompida por ficciones. Nace la compe­tencia allí donde debía haber solidaridad y se unifican los intereses de grupos económicos hostiles en el fondo. No limi-tándose a la explotación económica, la organización actual de la industria de la seda encuentra agentes suyos en­tre los explotados y les impone la misión de nublar la conciencia y corrom­per los corazones de los obreros” (Las industrias de la provincia de Vladimir, fascíc. III, págs. 124-126).

 

 

VI. EL CAPITAL COMERCIAL Y EL INDUSTRIAL EN LA MANUFACTURA. EL “MAYORISTA” Y EL “FABRICANTE”

 

Los datos antes aducidos indican que, junito a los grandes talleres capitalistas, en una etapa dada del desarrollo del capi­talismo nos encontramos siempre con un número muy consi­derable de empresas pequeñas; por su número, estas últimas predominan incluso ordina-riamente, aunque desempeñan un papel completamente secundario en el valor global de la producción. Este mantenimiento (y hasta, como hemos visto an­tes, desarrollo) de las empresas pequeñas bajo la manufactura es un fenómeno del todo natural. Con la producción manual, las grandes empresas no tienen una superioridad decisiva fren­te a las pequeñas; la división del trabajo, que origina las más simples operaciones parciales, facilita la aparición de talleres pequeños. Por ello, para la manufactura capitalista es precisamente típico el pequeño número de empresas relativamente grandes junto a un considerable número de pequeñas. ¿Hay alguna ligazón entre unas y otras? Los datos antes examina-

 

 

 

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dos no dejan lugar a dudas de que entre ellas existe la ligazón más estrecha, de que las empresas grandes brotan precisamen­te de las pequeñas, de que las pequeñas empresas no constituyen a veces más que secciones exteriores de la manufactura, de que, en la inmensa mayoría de los casos, el capital comercial, perteneciente a los grandes patronos y que mantienen someti­dos a los pequeños, sirve para ligar unas con otras. El patrono de un taller grande debe comprar y vender en gran escala las materias primas y los artículos; cuanto más considerable es el movimiento de su comercio, tanto menores son (por unidad de producto) los gastos para la compra de las materias primas y la venta de la mercancía, los relativos a la clasificación de los artículos, al almacenaje, etc., etc., y aquí aparece la reventa de materiales al por menor a los patronos pequeños, la compra a estos últimos de los artículos, que el manufacturero revende como propios*. Si a estas operaciones de venta de ma­terias primas y de compra de los artículos se unen (como ocurre con frecuencia) .la explotación leonina y la usura, si el pequeño patrono toma los materiales a cuenta para después pagar la deuda con los artículos, el gran manufacturero ob­tiene de su capital unas ganancias como nunca conseguiría de los obreros asalariados. La división del trabajo da un nuevo impulso al desarrollo de esas relaciones de dependencia de los patronos pequeños frente a los grandes: estos últimos, o dan el

 

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* Agregaremos a los expuestos un ejemplo más. En la ebanistería de la provincia de Moscú (datos de 1876, tomados del libro del Sr. Isáev), los industriales mayores son los Zenin, que comenzaron la producción de muebles caros y “han educado a generaciones enteras de hábiles artesanos”. En 1845 montaron un aserradero propio (12.000 rublos, 14 obreros y máquina de vapor en 1894-1895). Observaremos que en esta industria se contaron en total 708 empresas, 1.979 obreros -de ellos, 846 = 42,7%, asalariados- y una producción por valor de 459.000 rublos. A partir de principios de los años 60, los Zenin pasan a la compra al por mayor de materiales en Nizhni Nóvgorod; adquieren tablas por vagones a 13 rublos el ciento, que venden a los pequeños kustares a 18-20 rublos. En siete aldeas (con 116 trabajadores), la mayoría vende los muebles a Zenin, que tiene en Moscú un almacén de muebles y madera contracha­peada, con un giro de operaciones de 40.000 rublos (fundado en 1874). Para los Zenin trabajan hasta 20 ebanistas aislados.

 

 

 

 

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material a domicilio para trabajarlo (o para la realización de determinadas operaciones parciales), o compran a los “kusta­res” partes del producto, clases especiales del producto, etc. En una palabra, la ligazón más estrecha e irrompible entre el capital comercial y el industrial es una de las particularidades más dis­tintivas de la manufactura. El “mayorista” se confunde aquí casi siempre con el manufacturero (con el “fabricante”, según la desacertada expresión, injustamente en boga, que incluye cualquier taller más o menos grande entre las “fábricas”). Por eso, los datos relativos al volumen de la producción de las grandes empresas, en la inmensa mayoría de los casos, no dan aún idea alguna de su importancia real en nuestras “industrias kustares”*, pues los dueños de tales empresas disponen, ade­más del trabajo de los obreros de sus propias empresas, del de muchísimos obreros domiciliarios, e incluso (de facto), del tra­bajo de la masa de pequeños patronos cuasiindependientes, con relación a los cuales son “mayoristas”**. Los datos rela­tivos a la manufactura rusa ponen de manifiesto, pues, con es­pecial relieve la ley establecida por el autor de El Capital de que el grado de desarrollo del capital comercial es inversa‑

 

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* He aquí un ejemplo para ilustrar lo dicho en el texto. En la aldea de Neguin, distrito de Trubchevsk, provincia de Oriol, hay una fábrica de aceite con 8 obreros y una producción por valor de 2.000 rublos (Guía de 1890). Al parecer, esta pequeña fábrica indica que el papel del capital en la producción local de aceite es muy débil. Pero el débil desarrollo del capital industrial no hace más que significar el desarrollo enorme del capital comercial y usurario. Por la recopilación estadística del zemtsvo sabemos de esta aldea que 160 hogares de 186 se hallan sometidos económicamente por completo por el fabricante local, quien incluso paga por ellos todas las contribuciones y les adelanta todo lo necesario (y esto en el curso de muchos y muchos años), cobrando las deudas en cáñamo a precio inferior. Sometidos a ese mismo vasallaje económico encontramos a la masa de los campesinos de la provincia de Oriol. ¿Es posible en estas condiciones alegrarse del débil desarrollo del capital industrial?

** Es posible, por ello, concebir qué cuadro se obtendrá de la organi­zación económica de semejantes “industrias kustares” si se separa del examen a los grandes manufactureros (¡esto no es industria kustar, sino fabril!) y se presenta a los “mayoristas” como un fenómeno “completa-mente super­fluo en el fondo y originado sólo por la falta de organización en la venta de los productos” (Sr. V. V. Estudios de la industria kustar, 150).

 

 

 

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mente proporcional al grado de desarrollo del capital indus­trial131. Y, efectivamente, podemos caracterizar todas las in­dustrias examinadas en el § II del modo siguiente: cuanto menor es en ellas el número de talleres grandes, tanto más es­tá desarrollada la actividad del “mayorista”, y viceversa; sólo cambia la forma del capital que impera en uno y otro caso y que coloca muchas veces al kustar “independiente” en una situación incomparablemente peor que la del obrero asalariado.

 

El error fundamental de la economía populista estriba pre­cisamente en que pasa por alto o vela la ligazón que existe entre las empresas grandes y pequeñas, por una parte, y entre el capital comercial y el industrial, por otra. “El fabricante de la zona de Pávlovo es sólo una especie más compleja de ma­yorista”, dice el Sr. Grigóriev (1. c., pág. 119). Esto no es justo con relación a Pávlovo únicamente, sino con respecto a la mayoría de las industrias organi-zadas de modo análogo a la manufactura capitalista; también es justa la tesis inversa: en la manufactura, el mayorista es una especie más compleja de “fabricante”; por lo demás, en esto reside uno de los rasgos distintivos sustanciales del mayorista en la manufactura con respecto al mayorista en las pequeñas industrias campesinas. Pero ver en este hecho de la ligazón entre el “mayorista” y el “fabricante” un argumento en favor de la pequeña industria (como piensan el Sr. Grigóriev y otros muchos populistas), significa sacar una conclusión totalmente arbi-traria, forzando los hechos en aras de una idea preconcebida. Numerosos datos atestiguan, según hemos visto, que la incorporación del capi­tal comercial al industrial empeora extra-ordinariamente la si­tuación del productor directo con respecto a la del obrero asa­lariado, prolonga su jornada de trabajo, rebaja sus ingresos y frena su desarrollo económico y cultural.

 

 

VII. EL TRABAJO CAPITALISTA A DOMICILIO COMO APENDICE DE LA MANUFACTURA

 

 

El trabajo domiciliario capitalista, es decir, la transforma­ción en casa del material suminis-trado por el patrono con pa­go a destajo, se encuentra también, según hemos indicado en

 

 

 

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el capítulo precedente, en las pequeñas industrias campesinas. Más abajo veremos que se encuentra asimismo (y en vasta escala) junto al fabril, es decir, junto a la gran industria maqui­nizada. Así pues, el trabajo capitalista a domicilio se encuen­tra en todas las fases del desarrollo del capitalismo en la industria, pero donde es más típico es en la manufactura. Las pequeñas industrias campesinas y la gran industria maquini­zada pueden prescindir muy fácilmente del trabajo a domici­lio. Pero es difícil, casi imposible, imaginarse el período ma­nufacturero de desarrollo del capitalismo -con la inherente conservación de los lazos del trabajador con la tierra, con la abundancia de pequeñas empresas alrededor de las grandes- sin la distribución del trabajo a domicilio*. Y los datos de Ru­sia, efectivamente, atestiguan, como hemos visto, que en las industrias montadas según el tipo de la manufactura capitalis­ta se practica a escala especialmente grande la distribución del trabajo a domicilio. Por ello consideramos más justo examinar precisamente en este capítulo las particularidades características del trabajo capitalista a domicilio, aunque al­gunos de los ejemplos que más abajo exponemos no pueden ser incluidos de modo especial en la manufactura.

 

Señalaremos, ante todo, la abundancia de intermediarios entre el capitalista y el trabajador domiciliario. El gran em­presario no puede distribuir personalmente el material a cientos y miles de obreros, dispersos a veces en distintas aldeas; es necesaria la aparición de interme-diarios (en algunos casos hasta de una jerarquía de intermediarios), que toman el material al por mayor y lo distribuyen en partes pequeñas. Resulta un verdadero sweating system, un sistema de hacer sudar la gota gorda, el sistema de la explotación más intensa: el “maestro

 

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* También en Europa Occidental, como es notorio, se distinguió el período manufacturero del capitalismo por un amplio desarrollo del trabajo a domicilio en las industrias del tejido, por ejemplo. Es interesante señalar que, al describir como ejemplo clásico de la manufactura la producción de relojes, Marx indica que la esfera, la cuerda y la caja del reloj se hacen en contadas ocasiones en la manufactura misma, y que, en general, el obrero dedicado a la fabricación de una pieza determinada trabaja a menudo en casa (Das Kapital, I, 2-te Aufl., S. 353-354)132.

 

 

 

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intermediario” próximo al trabajador (o el propietario de un taller, o la “mercadera” en la industria del encaje, etc., etc.) sabe aprovecharse hasta de los casos especiales de necesidad de este último, y busca unos procedimientos de explotación, inconcebibles en una gran empresa, que eliminan en absoluto la posibilidad de cualquier control e inspección*.

 

Junto al sweating system, y puede que como una de sus for­mas, hay que colocar el truck-system, el pago en especie, que es perseguido en las fábricas y continúa reinando en las indus­trias kustares, especialmente cuando se distribuye el trabajo a domicilio. Mas arriba, al describir distintas industrias, se han dado ejemplos de este difundido fenómeno.

 

Sigamos. El trabajo capitalista a domicilio va ligado inevi­tablemente a unas condiciones de trabajo antihigiénicas en ex­tremo. Plena miseria del trabajador, imposibilidad completa de someter a regla alguna las condiciones de trabajos, utiliza­ción de la vivienda como local de trabajo: tales son las condi­ciones que transforman las habitaciones de los obreros ocupados en su casa en un escandaloso foco antihigiénico y de enfermedades profesionales. En las empresas grandes es aún posible la lucha contra fenómenos análogos; en cambio, el trabajo domiciliario es en este sentido el tipo más “liberal” de explotación capitalista.

 

La desmesurada duración de la jornada es también una de las particularidades inherentes al trabajo en casa para el capi­talista y a las pequeñas industrias en general. Más arriba se

 

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* Por ello, entre otras cosas, la fábrica lucha contra semejantes intermediarios, por ejemplo, contra los obreros “que cobran por pieza” y que contratan por su cuenta a obreros auxiliares. Conf. Kobeliatski, Guía para fabricantes, etc., San Petersburgo, 1897, pág. 24 y siguientes. Todas las obras que tratan de las industrias kustares se hallan repletas de hechos acreditativos de la desmesurada explotación de los kustares por los interme­diarios al distribuir el trabajo a domicilio. Señalaremos a título de ejemplo, entre otros muchos, el comentario general de Korsak, 1. c., pág. 258, sobre las descripciones del trabajo de los tejedores “kustares” (antes citadas) y la descripción de las industrias que ocupan mujeres en la provincia de Moscú (Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, tomos VI y VII).

 

 

 

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han dado ya algunos ejemplos comparando la duración de la jornada en las “fábricas” y entre los “kustares”.

 

En el sistema de trabajo domiciliario se observa casi siem­pre la incorporación de las mujeres y de los niños, que empie­zan a trabajar desde la edad más temprana. Para ilustrarlo aducire-mos algunos datos extraídos de la descripción de las industrias que ocupan mujeres en la provincia de Moscú. En el devanado de hilo de algodón hay ocupadas 10.004 mujeres; los niños empiezan a trabajar a los cinco o seis años (!), el sa­lario diario es de 10 kopeks y el anual de 17 rublos. La jorna­da en las industrias que ocupan mujeres llega en general a las 18 horas. En la industria de géneros de punto se comienza a trabajar a los seis años, el salario diario es de 10 kopeks, y el anual de 22 rublos. Balance de las industrias que ocupan mu­jeres: hay 37.514 obreras, que empiezan a trabajar a los cinco o seis años (en 6 industrias de 19, con la particularidad de que en estas 6 industrias trabajan 32.400 obreras); el sala­rio medio diario es de 13 kopeks, y el anual de 26,20 ru­blos*.

 

Uno de los aspectos más dañinos del trabajo capitalista a domicilio es que conduce a la disminución del nivel de consumo del trabajador. El patrono obtiene la posibilidad de escoger obreros en sitios apartados, donde el nivel de vida de la población es especialmente bajo y donde la ligazón con la tierra permite trabajar por un jornal insignificante. El dueño de una empresa rural dedicada a la fabricación de medias explica, por ejemplo, que en Moscú son caras las habitaciones, y que a las oficialas “hay que darles pan blanco..., mientras que en nuestro pueblo trabajan en su isba y comen pan ne­gro... ¿Cómo va Moscú a hacernos la competencia?”** En la industria del devanado de hilo de algodón lo extraordinariamente bajo de los salarios se explica por el hecho de que para

 

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* La Sra. Gorbunova, que ha descrito las industrias en que trabajan mujeres, calcula erró-neamente 18 kopeks y 37,77 rublos, operando sólo con los datos medios de cada industria y no tomando en consideración el diferente número de trabajadoras en las distintas industrias.

** Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, t. VII, fascíc. II, pág. 104.

 

 

 

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las mujeres, hijas, etc., de los campesinos ese trabajo no es más que un ingreso auxiliar. “Así pues, el sistema de esta pro­ducción existente, para las personas que viven exclusivamente del ingreso obtenido de ella, hace descender hasta lo imposi­ble el salario, que para las personas que viven solamente del trabajo fabril llega a hacerse inferior al mínimum de consumo o frena el ascenso de este último. Lo uno y lo otro crea unas condiciones en extremo anormales.”* “La fábrica busca al tejedor barato -dice el Sr. Jarizoménov- y lo encuentra en su aldea natal, lejos de los centros de la industria... El descenso del salario, partiendo de los centros industriales hacia las zo­nas periféricas, es un hecho que no deja lugar a dudas.”** Por consiguiente, los patronos saben aprovechar a la perfección las condiciones que de un modo artificial retienen a la población en las aldeas.

 

La dispersión de los obreros que trabajan en casa es otro aspecto no menos perjudicial de este sistema. He aquí un pá­rrafo que caracteriza con relieve este lado de la cuestión, ori­ginada por los mismos mayoristas: “Las operaciones de unos y otros” (de los mayoristas grandes y pequeños que compran clavos a los herreros de Tver) “se hallan basadas en procedi­mientos idénticos: al recoger los clavos, pagar parte en dinero y parte en hierro y tener siempre sus herreros trabajando en casa para que sea más fácil el acuerdo con ellos”***. ¡En estas pala­bras se encierra la simple explicación de la “vitalidad” de nuestra industria “kustar”!

 

La dispersión de los obreros que trabajan en casa y la abundancia de intermediarios conducen naturalmente al florecimiento de la explotación usuraria, a toda clase de formas de dependencia personal, que de ordinario acompañan a las rela­ciones “patriarcales” en las aldeas apartadas. El que los obreros tengan deudas con los patronos es el fenómeno más exten‑

 

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* Ibíd., pág. 285.

** Las industrias de la provincia de Vladimir, 1II, 63. Conf. ibíd., 250.

*** Informes y estudios, I, 218. Conf. ibíd., 280: declaración del fabri­cante Irodov de que le resulta más ventajoso distribuir el trabajo a domi­cilio, entre los tejedores manuales.

 

 

 

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dido en las industrias “kustares” en general y en el trabajo domiciliario en particular*. El trabajador no es sólo de ordinario Lohnsklave**, también es Schuldsklave***. Más arriba se han señalado algunos ejemplos de la situación en que el “carácter patriarcal” de las relaciones rurales coloca al obrero****.

 

Al pasar de la característica del trabajo domiciliario capi­talista a las condiciones de su difusión es preciso señalar, ante todo, la ligazón de este sistema con la sujeción del campesino al nadiel. La falta de libertad para trasladarse de un sitio a otro, la necesidad de sufrir a veces pérdidas monetarias para desembarazarse de la tierra (cuando las contribuciones que pesan sobre la tierra superan el ingreso que se obtiene de ella, de tal modo que quien entrega el nadiel en arriendo paga al­go todavía al arrendatario), el carácter cerrado, de estamento, de la comunidad campesina: todo esto amplía artificialmente el campo de empleo del trabajo domiciliario capitalista, liga artificialmente al campesino a estas formas, las peores, de ex­plotación. Las instituciones caducas y el régimen agrario, pe­netrado de parte a parte del carácter de estamento, ejercen, de este modo, la influencia más dañina en la agricultura y en la industria, manteniendo las formas técnicamente atrasadas de la producción, que van ligadas al mayor desarrollo de la explotación usuraria y de la dependencia personal, a la situa‑

 

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* Ejemplos de que los obreros se hallan en deuda con los patronos los tenemos en la industria de cepillos de la provincia de Moscú (Recopila­ción de datos estadísticos de la provincia de Moscú, t. VI, fascíc. I, pág. 32), en la de peines (ibíd., 261), en la de juguetes (VI, fascíc. II, 44), en la de abalorios, etc., etc. En la industria de la seda, el tejedor está entrampado por completo con el fabricante, que paga por él las contribuciones y que, en general, “toma el tejedor en arriendo como se arrienda la tierra”, etc. (Las industrias de la provincia de Vladimir, III, 51-55).

** esclavo asalariado. -Ed.

*** esclavo por deudas. -Ed.

****  “Naturalmente -leemos acerca de los herreros de la provincia de Nizhni Nóvgorod-, también aquí explota el patrono el trabajo del obrero, pero en menor volumen (?); además, se hace de un modo algo patriarcal, con el consenso común (!), sin conflictos de ninguna clase” (Trabajos de la comisión de kustares, IV, 199).

 

 

 

 

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ción más difícil y más desamparada de los trabajadores*.

 

Sigamos. También es indudable la relación que existe en­tre el trabajo domiciliario para los capitalistas y la diferencia­ción de los campesinos. La difusión amplia de los trabajos domi-ciliarios presupone dos condiciones: 1) la existencia de un numeroso proletariado rural, que debe vender su fuerza de trabajo, y venderla barata; 2) la existencia de campesinos aco­modados que conozcan bien las condiciones locales y que pue­dan asumir el papel de agentes en la distribución del trabajo. No siempre, ni mucho menos, puede cumplir este papel el empleado que envía el comerciante (especialmente en las in­dustrias más o menos complejas), y es difícil que se encuentre nunca en condiciones de cumplirlo tan “artísticamente” como el campesino local, que “es de los suyos”**. Los grandes patronos no podrían seguramente llevar a cabo ni la mitad de sus operaciones de distribución del trabajo a domicilio si no contasen con un ejército entero de patronos pequeños, a quie­nes se puede confiar la mercancía a cuenta o dársela para que la vendan con comisión, y que se aferran ansiosamente a la menor oportunidad de ampliar sus pequeñas operaciones comerciales.

 

Es importante en grado extremo, por último, señalar la significación del trabajo domiciliario capitalista en la teoría de la población superflua que crea el capitalismo. Nadie ha hablado tanto de la “liberación” de los obreros por

 

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* En toda sociedad capitalista, claro es, habrá siempre proletariado rural dispuesto a tomar trabajo a domicilio en las peores condiciones; pero las instituciones caducas incrementan el empleo del trabajo domiciliario y dificultan la lucha contra él. Korsak señaló ya en 1861 los lazos existentes en nuestro país entre la difusión enorme de los trabajos domiciliarios y nuestro régimen agrario (l. c., págs. 305-307).

** Hemos visto ya que los grandes patronos industriales, los mayoristas, los propietarios de talleres y los maestros intermediarios son, al mismo tiempo, agricultores acomodados. “El maestro intermediario -leemos, por ejemplo, en la descripción del tejido de galones de la provincia de Moscú (Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, t. VI, fascíc. II, pág. 147)- es tan campesino como su tejedor, sólo que posee una isba, un caballo y una vaca más que él y tiene, quizá, la posibilidad de tomar té dos veces al día con toda la familia.”

 

 

 

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el capitalismo ruso como los señores V. V., N.on y demás populistas, y ninguno de ellos, sin embargo, se ha tomado la molestia de analizar las formas concretas del “ejército de re­serva” de los obreros, que se han creado y se están creando en Rusia en la época posterior a la Reforma. Ninguno de los po­pulistas ha advertido tampoco la nimiedad de que los obreros domiciliarios constituyen probablemente la mayor parte de nuestro “ejército de reserva” del capitalismo*. Mediante la distribución de trabajo a domicilio, los patronos adquieren la posibilidad de incrementar inmediatamente las proporciones de la producción hasta el punto deseado, sin invertir capitales considerables y un tiempo considerable en la construcción de talleres, etc. Y ese ensanchamiento inmediato de la produc­ción lo exigen con gran frecuencia las condiciones del mercado, cuando el incremento de la demanda es producto de la anima-ción de cualquier rama grande de la industria (por ejemplo, la construcción de ferrocarriles) o de tales circuns­tancias como una guerra, etc.**. Por ello, el otro aspecto del

 

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* Este error de los populistas es tanto más burdo porque la mayoría de ellos quiere seguir la teoría de Marx, quien recalcó con las expresiones más vigorosas el carácter capitalista del “actual trabajo domiciliario” y quien señaló especialmente que estos obreros domiciliarios constituyen una de las formas de la superpoblación relativa propia del capitalismo (Das Kapital, I2, S.S. 503 u. ff.; 668 u. ff, especialmente, capítulo 23, § 4)133

** Un pequeño ejemplo. En la provincia de Moscú se halla muy extendida la industria de los sastres (la estadística de los zemstvos calculaba a fines de la década de 1870 para toda la provincia 1.123 sastres locales y 4.291 forasteros), la mayoría de los cuales confecciona trajes para los comerciantes en ropa hecha, de Moscú. El centro de la industria es el subdistrito de Perjúshkovo, distrito de Zvenígorod (véase datos rela­tivos a los sastres de Perjúshkovo en el anexo 1 al capítulo V, industria Nº 36). Los sastres de Perjúshkovo hicieron un negocio espléndido durante la guerra de 1877. Por encargo de contratistas especiales hacían tiendas de campaña, que daban a los maestros intermediarios con 3 máquinas de coser y 10 jornaleras un “provecho” de 5 a 6 rublos diarios. Estas últimas cobraban 20 kopeks al día. “Se dice que en este tiempo de gran actividad, en Shádrino (el pueblo mayor del subdistrito de Perjúshkovo) vivían más de 300 jornaleras de las aldeas vecinas” (Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, t. VI, fascíc. II, 1. c., pág. 256). “En ese tiempo, los sastres de Perjúsh-kovo, mejor dicho, los dueños de los talleres ganaron tanto que casi todos se instalaron mag-níficamente” (ibíd.). Estos cientos de jornaleras, ocupadas, puede ser, una vez cada cinco o

 

 

 

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proceso, que nosotros hemos caracterizado en el capítulo II como formación de millones de proletarios agrícolas, es, entre otras cosas, el enorme desarrollo del trabajo domiciliario capi­talista en la época posterior a la Reforma. “¿Dónde han ido a parar los brazos liberados de los trabajos de la economía do­méstica, natural en el estricto sentido, que producían para la familia propia y para los escasos consumidores del mercado vecino? Las fábricas repletas de obreros y la ampliación rápida de la gran industria domiciliaria dan una respuesta clara” (Las in­dustrias de la provincia de Vladimir, III, 20. La cursiva es nues­tra). Las cifras aducidas en el parágrafo siguiente demostrarán lo grande que ahora debe ser en Rusia el número de obreros ocupados en su casa por los patronos de la industria.

 

 

VIII. ¿QUE ES LA INDUSTRIA “KUSTAR”?

 

En los dos capítulos anteriores nos hemos referido especialmente a la industria que en nuestro país se ha dado en llamar “kustar”, ahora puede intentarse dar respuesta a la pregunta planteada en el encabezamiento.

 

Comenzaremos por ciertos datos estadísticos para juzgar cuáles precisamente de las formas de la industria antes anali­zadas figuran en las obras especiales entre la masa general de las “industrias kustares”.

 

Como conclusión de sus estudios de las “industrias” cam­pesinas, los estadísticos de Moscú han hecho un balance de to­das y de cada una de las ocupaciones no agrícolas. Han contado 141.329 personas (tomo VII, fascíc. III) en las industrias locales (que fabrican mercancías), incluyendo, sin embargo, también a los artesanos (parte de los zapateros, de los vidrieros y otros muchos), los aserradores, etc., etc. 87.000 de ellos, por lo menos, son (según nuestros cálculos en las diversas in­dustrias) obreros que trabajan en su domicilio, contratados por los capitalistas*. En las 54 industrias de que hemos po‑

 

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diez años de un modo intenso, deben estar constantemente dispuestas, en las filas del ejército de reserva del proletariado.

* Recordaremos que el Sr. Jarizoménov (artículo citado anteriormente) calculaba que el 66% de los 102.245 obreros ocupados en 42 industrias

 

 

 

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dido resumir los datos, 17.566 sobre un total de 29.446, es de­cir, el 59,65%, son obreros asalariados. Para la provincia de Vladimir hemos obtenido los resultados siguientes (según cin­co fascículos de Las industrias de la provincia de Vladimir): en 31 industrias hay un total de 18.286 trabajadores; 15.447 de ellos están ocupados en industrias donde predomina el trabajo domiciliario capitalista (entre ellos hay 5.504 obreros asalariados, es decir, asala-riados, valga la expresión, de segundo gra­do). Hay después 150 artesanos «rurales (de ellos, 45 asalariados) y 2.689 pequeños productores de mercancías (511 de ellos, asalariados). El total de los obreros ocupados de un modo capitalista es igual (15.447 + 45 + 511 =) a 16.003, es decir, al 87,5%*. Para la provincia de Kostromá (a base de los cuadros del Sr. Tillo insertados en Trabajos de la comisión de kustares) se cuentan 83.633 industriales locales, entre los que hay 19.701 obreros forestales (¡también “kustares”!), 29.564 personas que trabajan en sus casas para los capitalistas, unas 19.954 ocupadas en las industrias donde predominan los pequeños productores de mercancías y unos 14.414 artesanos rurales**. En nueve distritos de la provincia de Viatka hay (según los mismos Trabajos) 60.019 industriales locales; 9.672

 

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de la provincia de Moscú trabajaba en industrias donde predominaba incondicionalmente el sistema domiciliario de la gran producción.

* Lamentablemente, no nos es posible conocer el reciente trabajo relativo a la industria kustar de la provincia de Yaroslavl (Las industrias kustares. Ediciones de la oficina de estadística del zemstvo de la provincia de Yaroslavl. Yaroslavl, 1904). A juzgar por la circunstanciada crítica de Russkie Védomosti (1904, núm. 248), se trata de un estudio de extraordinaria valía. En la provincia hay 18.000 kustares (en 1903 había 33.898 obreros fabriles). Las industrias kustares decaen. 1/5 de las empresas tiene obreros asalariados. Los obreros asalariados constituyen 1/4 del total de kustares. El 15% de los kustares está ocupado en empresas con 5 y más obreros. La mitad exactamente de todos los kustares trabaja para los patronos, con material de éstos. La agricultura está en decadencia: 1/6 de los kustares carece de caballos y vacas; 1/3 cultiva la tierra contratando mano de obra; 1/5 no siembra. Los ingresos del kustar son de ¡1 1/2 rublos por semana! (Nota a la segunda edición.)

** Todas estas cifras son aproximadas, pues las fuentes no proporcionan datos exactos. Entre los artesanos rurales se incluyen los molineros, los herreros, etc., etc.

 

 

 

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trabajan en molinos y fábricas de aceite; 2.032 son artesanos de tipo puro (tinte de tejidos) ; 14.928 son en parte artesanos, en parte productores de mercancías con un enorme predomi­nio del trabajo independiente; 14.424 se hallan ocupados en industrias parcialmente subordinadas al capital; 14.875 trabajan en industrias plenamente subordinadas al capital, y 4.088, en industrias donde predomina por completo el trabajo asala­riado*. Según datos de Trabajos para las provincias restantes hemos compuesto un cuadro de las industrias acerca de cuya organización hay informes más o menos especificados. Han re­sultado 97 industrias con 107.957 trabajadores y una produc­ción por valor de 21.151.000 rublos. De ellos, en las industrias donde predomina el trabajo asalariado y el trabajo domicilia­rio capitalista hay 70.204 obreros (18.621.000 rublos); en las industrias donde los obreros asalariados y los que trabajan en casa para los capitalistas son sólo una minoría, hay 26.935 obreros (1.706.000 rublos) ; y, finalmente, en las industrias donde predomina casi por completo el trabajo independiente hay 10.818 obreros (824.000 rublos). Según datos de los mate­riales estadísticos de los zemstvos, en siete industrias de los dis­tritos de Gorbátov y Semiónov, provincia de Nizhni Nóvgo­rod, hay 16.303 kustares, 4.614 de los cuales trabajan para el mercado local; 8.520 que lo hacen “para el patrono”, y 3.169 son asalariados; es decir, 11.689 obreros empleados de un mo­do capitalista. Según datos del censo de kustares de Perm correspon-diente a 1894-95, de 26.000 kustares, 6.500 (el 25%) son asalariados y 5.200 (el 20%) trabajan para el mayorista, o sea, un 45% de obreros empleados de un modo capitalis­ta**.

 

Por fragmentarios que sean estos datos (no hemos tenido otros a nuestra disposición), muestran, pese a todo, con diafa­nidad que, generalmente, entre los “kustares” se incluye un

 

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* ídem.

** Véase Estudios, págs. 181-182. Entre los “kustares” se ha incluido aquí a los artesanos (25%). Excluyendo a estos últimos obtenemos un 29,3% de obreros asalariados y un 29,5% que trabajan para el mayorista (pág. 122), es decir, un 58,8% de obreros empleados de un modo capitalista. (Véase O. C., t. 2, págs. 419-421 y 341-342. -Ed.)

 

 

 

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gran número de obreros empleados de un modo capitalista. Por ejem­plo (según los datos antes expuestos), hay más de 200.000 perso­nas que trabajan en su domicilio para los capitalistas. Esto pa­ra unos 50 ó 60 distritos, de los que no todos, ni mucho menos, han sido estudiados de un modo algo completo. El nú­mero de estos obreros en toda Rusia debe ascender probablemente a 2.000.000*. Agregando a ellos los obreros asalariados que trabajan para los “kustares” -el número de estos obreros asalariados, según se advierte por loa datos anteriores, no es en modo alguno tan pequeño como a veces se piensa en nues­tro país-, debemos reconocer que los 2.000.000 de obreros in­dustriales ocupados de un modo capitalista fuera de las llamadas “fábricas” constituyen más bien una cifra mínima**.

 

Los datos expuestos en los dos últimos capítulos fuerzan a responder así a la pregunta “¿Qué es la industria kustar?”:

 

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* El trabajo domiciliario capitalista se halla especialmente desarrollado, por ejemplo, en la industria de la confección, que está creciendo con rapidez. “De año en año aumenta la demanda de un artículo de primera necesidad como la ropa hecha” (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 52, comentario a la feria de Nizhni Nóvgorod). Únicamente a partir de los años 80 se desarrolló esta producción en una escala enorme. En la actualidad, tan sólo en Moscú se confeccionó ropa hecha por un valor que no baja de 16.000.000 de rublos y en ello están ocupados 20.000 obreros. Admítese que el valor de esta producción para toda Rusia asciende a 100.000.000 de rublos (Éxitos de la industria rusa según los estudios de las comisiones de expertos, San Petersburgo, 1897, págs. 136-137). En San Petersburgo, el censo de 1890 daba para la industria de la confección (grupo XI, clases 116-118) 39.912 personas, incluidos los familiares de los industriales; entre ellas había 19.000 obreros y 13.000 personas que traba-jaban en su casa con las familias (San Petersburgo según el censo del 15 de diciembre de 1890). Según el censo de 1897, en Rusia hay 1.158.865 personas ocupadas en la confección de ropa, con 1.621.511 familiares; en total, 2.780.376 personas. (Nota a la segunda edición.)

(Glosa: “La (Nota a la segunda edición)” se refiere sólo a la última frase de la nota, a partir de las palabras: “Según el censo de 1897...”; la parte restante de la nota figura ya en la primera edición.-Ed.)

** Recordaremos que el número de “kustares” en Rusia es fijado por lo menos en 4.000.000 (cifra del Sr. Jarizoménov. El Sr. Andréev calculó 7.500.000, pero sus procedimientos son demasiado amplios); por tanto, los datos globales incluidos en el texto abarcan a cerca de una décima parte del número total de los “kustares”.

 

 

 

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es un concepto absolutamente impropio para la investigación científica, en el que se incluye de ordinario toda clase de for­mas de la industria, empezando por las industrias domésticas y la artesanía y terminando con el trabajo asalariado en ma­nufacturas muy importantes*. Esta mezcla de los tipos más diversos de organización económica, reinante en gran número de descripciones de las “industrias kustares”**, fue aceptada sin crítica ni reflexión alguna por los economistas del populis­mo, que han dado un gigantesco paso atrás con relación, por ejemplo, a un escritor como Korsak, y que han aprovechado la confusión de conceptos reinante para crear unas curiosísi­mas teorías. Se ha considerado la “industria kustar” como algo económicamente homogéneo, siempre igual a sí mismo, y se le ha opuesto (sic!) al “capitalismo”, por el cual, sin grandes preámbulos, se entendía la industria “fabril”. Tomad, por ejemplo, al Sr. N.on. En la página 79 de Ensayos leeréis el encabezamiento: “capitalización (?) de las industrias”***,

 

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* Conf. Estudios, pág. 179 y siguientes. (Véase 0. C., t. 2, pág. 417 y sigs. -Ed.)

** El deseo de conservar el término de “kustares” como denominación científica de algunas formas de la industria ha conducido en nuestras publicaciones a consideraciones y defini-ciones de estos “kustares” puramente escolásticas. Un hombre de ciencia “entendía” por kustares sólo a los productores de mercancías, otro incluyó a los artesanos; uno consideraba que la ligazón con la tierra era un índice necesario, otro admitía las excepciones; uno excluía el trabajo asalariado, otro lo admitía hasta, por ejemplo, 16 obreros, etc., etc. Se comprende, semejantes consideraciones (en vez de estudios de las distintas formas de la industria) no podían dar nada en limpio. Observaremos que la vitalidad del término especial “kustar” se explica más que nada por la división de la sociedad rusa en estamentos: “kustar” es el industrial de los estamentos inferiores a quien se puede tomar bajo tutela y a cuenta del cual se puede hacer toda clase de proyectos; pero, eso no define la forma de la industria. El comerciante y el noble (aunque sean pequeños industriales) son incluidos raramente entre los “kustares”. Las industrias “kustares” son, de ordinario, toda clase de industrias campesinas y sólo campesinas.

*** Este término de “capitalización”, tan querido por los señores V. V. y N. on, es admisible en un artículo periodístico, en aras de la brevedad, pero es del todo inoportuno en una investigación económica, cuyo objetivo estriba por entero en analizar las distintas formas y fases del capitalismo, su significación, sus lazos y su desarrollo consecutivo.

 

 

 

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y después, directamente, sin ninguna reserva o explicación, “datos de las fábricas”... Una sencillez, corno puede verse, con­movedora: “capitalismo” = a “industria fabril”, e industria fabril = a lo que se entiende bajo este título en las publica­ciones oficiales. Y a base de tan profundo “análisis” se retira de la cuenta del capitalismo la masa de obreros ocupados de un modo capitalista, que son incluidos entre los “kustares”. A base de dicho “análisis” se pasa por alto por completo la cuestión de las diferentes formas de la industria en Rusia. A base de dicho “análisis” se construye uno de los prejuicios más absurdos y dañinos acerca del con-traste existente entre nuestra industria “kustar” y nuestra industria “fabril”, acerca de que la segunda se halla apartada de la primera, acerca de la “artificialidad” de la industria “fabril”, etc. Es precisamen­te un prejuicio porque nadie ha probado nunca ni a acercarse a los datos que en todas las ramas de la industria muestran los lazos más íntimos e indisolubles existentes entre la industria “kustar” y la industria “fabril”.

 

 

Es lo que se proponía este capítulo: mostrar en qué estriban precisamente estos lazos y qué rasgos especiales de la técnica, la economía y la cultura ofrece precisamente esa forma de la industria que en Rusia se encuentra entre la industria pequeña y la industria grande y maqui-nizada.

 

 

 

 

 

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Por “capitalización” puede entenderse lo que se quiera: la contrata de un “trabajador”, la actividad del mayorista y una fábrica movida a vapor. ¡Probad después a orientarse si todo esto se encuentra en un montón!

 

 

 

490-492

El original en ruso

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO VII

 

 

EL DESARROLLO DE LA GRAN INDUSTRIA MAQUINIZADA

 

 

I. CONCEPTO CIENTIFICO DE FÁBRICA Y PAPEL DE LA ESTADISTICA “FABRIL”

 

 

Al pasar a la gran industria maquinizada (fabril) es preciso, ante todo, dejar sentado que su concepción científi­ca no corresponde en modo alguno al sentido corriente, en uso, de este término. En nuestra estadística oficial y nuestra literatura en general se entiende por fábrica toda empresa industrial más o menos grande, con un número más o menos considerable de obreros asalariados. En cambio, la teoría de Marx sólo llama gran industria maquinizada (fabril) a un grado determinado del capitalis­mo en la industria, precisamente al superior. El carácter fundamental y más esencial de esta fase es el empleo de un sistema de máquinas para la producción*. El paso de la manufactura a la fábrica representa una plena revolución técnica, que derroca el arte manual del maestro, acumulado durante siglos, y a esta revolución técnica sigue inevitablemente el cambio más radical de las relaciones sociales de producción, la escisión definitiva de los diferentes grupos de personas que participan en la producción, la ruptura completa con las tradiciones, la agudización y ampliación de todos los aspectos sombríos del capitalismo, y, al mismo tiempo, la socialización en masa del trabajo por el capitalismo. La gran industria maquinizada es, pues, la última palabra del capitalismo, la última palabra de sus “aspectos positivos” y negativos**.

 

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* Das Kapital, I, cap. 13.

** Ibíd., I2, S. 499134

 

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De aquí se desprende con claridad que precisamente el paso de la manufactura a la fábrica tiene una importancia particularmente grande en el desarrollo del capitalismo. Quien confunde estas dos fases no puede comprender el papel transformador y progresivo del capitalismo. Precisamente este error es el que cometen nuestros economistas populistas, quienes, según hemos visto, identifican ingenuamente el capitalismo en general con la industria “fabril”, quienes piensan resolver la cuestión de la “misión del capitalismo”, e incluso de su función unificadora”* me­diante una simple información obtenida en los datos de la estadística fabril. Sin hablar ya de que estos autores han manifestado (como lo mostra-remos más abajo) una ignoran­cia asombrosa en las cuestiones de la estadística fabril, un error suyo todavía más profundo es la comprensión pasmosamente banal y estrecha de la teoría de Marx. En primer término, es risible reducir la cuestión del desarrollo de la gran industrie maquinizada a la sola estadística fabril. Esto no es únicamente una cuestión de la estadística, sino de las formas y fases por las que pasa el desarrollo del capitalismo en la industria de un país concreto. Únicamen­te después de haber aclarado la esencia de esas formas y sus particularidades distintivas tiene sentido ilustrar el desarrollo de una u otra forma mediante datos estadísticos estudiados debidamente. Pero el limitarse a los datos de la estadística patria conduce inevitablemente a confundir las formas más distintas del capitalismo; a que los árboles impidan ver el bosque. En segundo término, reducir toda la misión del capitalismo al aumento del número de obreros “fabriles” significa manifestar tan profunda comprensión de la teoría como la de que hizo gala el Sr. Mijailovski, quien se asombraba de que la gente hablase de la socialización del trabajo por el capitalismo cuando toda esta socialización se reduce, según él, a que unos cientos o miles

 

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* Sr. N. –on en Rússkoe Bogatstvo, 1894, núm. 6, págs. 103 y 119. Véase también sus Ensayos y Los destinos del capitalismo del Sr. V. V., passim

 

 

 

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de obreros sierran, pican, cortan, cepillan, etc., en un mismo local*.

 

La exposición que sigue tiene una tarea doble: por una parte, examinaremos con detalle el estado de nuestra estadísti­ca fabril y la utilidad de sus datos. Este trabajo, negativo en parte considerable, es necesario, teniendo en cuenta que en nuestras publicaciones se abusa abiertamente de las cifras de dicha estadística. Por otra parte, analizaremos los datos que atestiguan el crecimiento de la gran industria maquinizada en la época posterior a la Reforma.

 

 

II NUESTRA ESTADISTICA FABRIL

 

La fuente básica de la estadística fabril está constituida en Rusia por los informes que los dueños de fábrica y talleres presentan anualmente al Departamento de Comercio y Ma­nufacturas, según los requisitos de una ley promulgada en el comienzo mismo del siglo actual**. Las detalladísimas indica­ciones de la ley acerca de la presentación de datos por los fa­bricantes no son más que un buen deseo, y la estadística fabril sigue conservando hasta ahora su carácter viejo de organiza­ción, anterior a' la Reforma, es un simple apéndice de los informes de los gobernadores. No existe ninguna definición exac­ta del término “fábrica”, y por eso los organismos de la administración provincial, e incluso de distritos, lo emplean de la manera más diversa. No existe ningún organismo central que dirija de modo acertado y uniforme la recogida de datos y su comprobación. La distribución de las empresas industria-les entre los distintos departamentos (de Minería, Departamento de Comercio y Manufacturas, Departamento de Im‑

 

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* Otéchestvennie Zapiski, 1883, núm. 7; Carta del Sr. Postoronni a la Redacción.

** Véase un examen circunstanciado de las fuentes de nuestra estadística fabril en Publicación periódica de estadística del Imperio Ruso, serie II, fascíc. 6, San Petersburgo, 1872. Materiales para la estadística de la industria fabril en la Rusia europea, correspondientes a 1868. Clasificados por el Sr. Bok. Intro­ducción, págs. I-XXIII.

 

 

 

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puestos Extraordinarios, etc.) hace aún mayor la confusión *.

 

En el anexo II ofrecemos los datos de nuestra industria fabril en la época posterior a la Reforma, existentes en las edi­ciones oficiales: precisamente de los años 1863-1879 y 1885-1891. Estos datos se refieren sólo a las industrias no gravadas por impuestos indirectos, con la particularidad de que en tiempos distintos hay datos de un número distinto de industrias (se distinguen como más completos los datos de 1864-1865 y 1885 y año. siguientes); por ello hemos destacado las 34 industrias de las que hay datos de 1864-1879 y 1885-1890, es decir, de 22 años. Para juzgar de la valía de estos datos examinaremos, ante todo, las publicaciones más importantes de nuestra estadística fabril. Comenzaremos por los años 60.

 

Los redactores de la estadística fabril en los años 60 comprendían perfectamente lo insatis-factorio de los datos que manejaban. Según su criterio unánime, en las declaraciones de los fabricantes se disminuían considerablemente el número de los obreros y la suma de la producción: “para las diferen­tes provincias no existe siquiera una determinación uniforme de lo que debe considerarse fábrica, ya que muchas provincias incluyen, por ejemplo, entre ellas los molinos de viento, los cobertizos para cocer ladrillos y las pequeñas empresas indus­triales, mientras que otras no los toman en cuenta, a conse­cuencia de lo cual pierden sentido hasta los datos compara­tivos acerca del número total de fábricas en las distintas provincias”**. Bushen, Bok y Timiriázev*** hacen comentarios más tajantes aún, señalando además que entre los obreros fa­briles van incluidos los obreros que trabajan en su domicilio;

 

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* Véase el artículo Acerca de nuestra estadística fabril en Estudios, donde se examinan con detalle las últimas publicaciones del Departamento de Comercio y Manufacturas sobre nuestra industria fabril. (O. C., t. 4, págs. 1-34.)

** P. Semiónov en el prólogo a la Publicación periódica de estadística del Imperio Ruso, I, 1866, pág. XXVII.

*** Atlas estadístico de las ramas más importantes de la industria fabril de la Rusia europea, con una relación nominal de fábricas, 3 fascículos, San Petersburgo, 1869, 1870 y 1873.

 

 

 

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que algunos fabricantes declaran sólo los obreros que viven en la misma fábrica, etc. “No hay una estadística oficial justa de la industria manufacturera y fabril -dice el Sr. Bushen-, ni la habrá hasta tanto no cambien las bases fundamentales de reunión de los materiales primarios. *  En los cuadros de las fábricas correspondientes a muchas industrias han entrado, al parecer por confusión, numerosas empresas puramente artesa­nas y kustares, desprovistas por completo de carácter fa­bril.”** Teniéndolo en cuenta, la Redacción del Anuario renunció incluso a hacer un balance de los datos que publica­ba, no deseando dar al público cifras inexactas y claramente exageradas”***. Para ofrecer al lector una idea cabal de la magnitud de esta evidente exageración veamos los datos del Anuario, que se distingue favorablemente de todas las otras fuentes por el hecho de dar una relación nominal de las fábri­cas con una producción por valor de más de 1.000 rublos. En la actualidad (a partir de 1885) no se incluyen entre las fábri­cas las empresas que producen por valor de una suma menor. El recuento de estas pequeñas empresas, según el Anuario, mues­tra que en el número total de las fábricas entraron 2.366 de ellas, con 7.327 obreros y una producción por valor de 987.000 rublos. Y el número total de fábricas, según el Anua­rio, es en 71 industrias de 6.891, con 342.473 obreros y una producción por valor de 276.211.000 rublos. Por consiguiente, las empresas pequeñas dan el 34,3% del total de las empresas, el 2,1% de los obreros y el 0,3% del valor de la pro­ducción. Se comprende lógicamente que es absurdo consi­derar fábricas a unas empresas tan minúsculas (por término medio corresponde a una empresa algo más de 3 obreros y menos de 500 rublos de producción) y que no puede ni ha­blarse de un registro más o menos completo de ellas. Y no termina la cosa en que esas empresas se incluyesen en nuestra estadística entre las fábricas: ocurría incluso que cientos de kustares eran agrupados de un modo totalmente artificial en

 

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* Anuario del Ministerio de Hacienda, I, pág. 140.** Ibíd., pág. 306.

*** Ibíd., pág. 306.

 

 

 

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una “fábrica”. Por ejemplo, el mismo Anuario señala en la in­dustria cordelera del subdistrito de Izbílets, distrito de Gor­bátov, provincia de Nizhni Nóvgorod, la fábrica de campesi­nos del subdistrito de Izbílets, 929 obreros, 308 tornos de hilar; produce por valor de 100.400 rublos (pág. 149) ; o, en la aldea de Vorsma, del mismo distrito, la fábrica “de campesinos temporal-mente dependientes del conde Sheremétiev; 100 herrerías, 250 bancos (en las casas), 3 piedras de amolar movidas a caballo, 20 rr.ovidas a mano; 902 obreros; produce por valor de 6.610 rublos” (pág. 281). ¡Puede imaginarse qué idea de la realidad da esta estadística!*

 

Un lugar especial entre las fuentes de la estadística fabril de los años 60 ocupa la Recopilación estadística militar (fascíc. IV. Rusia. San Petersburgo, 1871). Ofrece datos de todas las fá­bricas del Imperio Ruso, incluyendo las de minería y las suje­tas a impuestos indirectos, y calcula para la Rusia europea en 1866, ni más ni menos, ¡¡70.631 fábricas, 829.573 obreros y una producción por valor de 583.317.000 rublos!! Estas cu­riosas cifras resultaron;` en primer lugar, gracias a que fueron tomadas no de los informes del Ministerio de Hacienda, sino de los datos especiales del Comité Central de Estadística (datos que no han sido incluidos en ninguna de las publicaciones

 

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* Por lo que se refiere al hecho de que los fabricantes disminuyen en sus declaraciones el número de obreros y el valor de la producción, las fuentes antes mencionadas dan dos interesantes experiencias de compro­bación. Timiriázev ha confrontado las declaraciones que más de cien grandes fabricantes hicieron para la estadística oficial con sus declaraciones para la exposición de 1865. Las últimas cifras resultaron ser un 22% supe­riores a las primeras (1. c., I, págs. IV-V). En 1868 el Comité Central de Estadística llevó a cabo, a título de expe-riencia, una investigación especial de la industria fabril en las provincias de Moscú y Vladimir (en ellas se encontraba concentrada, en 1868, casi la mitad de todos los obreros fabriles y de toda la suma de la producción de las fábricas de la Rusia europea). Separando las industrias de las que existen datos del Ministerio de Hacienda y del Comité Central de Estadística, obtenemos las cifras siguientes: según datos del Ministerio de Hacienda había 1.749 fábricas con 186.521 obreros y una producción por valor de 131.568.000 rublos; y según la investigación del Comité Central de Estadística, 1.704 fábricas con 196.315 obreros en las empresas, más 33.485 trabajando fuera, y una producción por valor de 137.758.000 rublos.

 

 

 

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del Comité y no se sabe por quién, cuándo y cómo fueron reunidos y ordenados)*; en segundo lugar, resultaron gracias a que los redactores de la Recopilación estadística militar no tuvie­ron escrúpulo en incluir entre las fábricas las empresas más pequeñas (Recopilación estadística militar, pág. 319), con la parti­cularidad de que completaron los datos básicos con otros ma­teriales: del Departamento de Comercio y Manufacturas, de la Intendencia, de las Direcciones de Artillería y de Marina y, en fm, “de las fuentes más diversas”(ibíd., pág. XXIII) **. Por ello, los señores N.on*** , Kárishev**** y Kablu­kov*****, que utilizaron los datos de la Recopilación estadística militar para compararlos con los datos actuales, manifestaron un desconocimiento pleno de las fuentes básicas de nuestra es­tadística fabril y una actitud en grado máximo no crítica ha­cia esta estadística.

 

Durante los debates en la Sociedad Económica Libre Im­perial acerca del informe de M. Tugán-Baranovski, quien había señalado la plena falsedad de las cifras de la Recopilación estadística militar, algunos afirmaron que si hay error en el núme­ro de los obreros, es pequeño, del 10 al 15%. Así se manifestó, por ejemplo, el Sr. V. V. (ver actas taquigráficas de los debates, San Petersburgo, 1898, pág. 1). Se le “sumó” el Sr. V. Po­krovski, quien también se limitó a una declaración gratuita

 

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* Es muy posible que estos datos hayan sido tomados simplemente de los informes de los gobernadores, que, como veremos más adelante, siempre exageran en un grado enorme el número de fábricas.

** La amplitud con que la Recopilación estadística militar ha empleado el concepto de fábrica se desprende con particular relieve de lo siguiente: llama “estadística de nuestras grandes empresas” a la estadística del Anuario (pág. 319, cursiva de los autores). Según hemos visto 1/3 de estas empresas “grandes” tiene una suma de producción menor de ¡¡1.000 rublos!! Prescindimos de probar de un modo más detallado que no se puede utilizar las cifras de la Recopilación estadística militar para compararlas con los datos actuales de la estadística fabril, pues esto ha sido hecho ya por el Sr. Tugán-Baranovski (véase su libro La fábrica, etc., pág. 336 y siguientes). Conf. Estudios, págs. 271 y 275. (Véase 0. C., t. 4, págs. 12 y 16.-Ed.)

*** Ensayos, pág. 125 y Rússkoe Bogatstvo, 1894, núm. 6.

**** Turidicheski Véstnik, 1889, núm. 9 y Materiales de la economía nacional rusa, Moscú, 1898.

***** Conferencias de economía de la agricultura, Moscú, 1897, pág. 13

 

 

 

500

(pág. 3). Sin intentar siquiera hacer un examen crítico de las distintas fuentes de nuestra estadística fabril, estas personas y sus partidarios se limitaron a lugares comunes acerca de lo insatisfactorio de la misma, acerca de que últimamente sus datos van haciéndose más exactos (??), etc. Así pues, la cuestión fundamental del burdo error de los señores N.on y Kárishev se velaba simplemente, como observó con absoluta justicia P. Struve (pág. 11). Por ello no estimamos superfluo exponer las exageraciones que en los datos de la Recopilación estadística militar podía y debía encontrar cualquiera que examinase con atención las fuentes. Para 71 industrias hay datos paralelos de 1866 del Ministerio de Hacienda (Anuario del Ministerio de Ha­cienda, I) y de origen desconocido (Recopilación estadística mili­tar). En estas industrias, a excepción de las metalúrgicas, la Recopilación estadística militar ha exagerado el número de obreros fabriles dentro de la Rusia europea en 50.000 personas. Ade­más, en las industrias de las que el Anuario dio únicamente ci­fras globales para el Imperio, renunciando a examinarlas con detalle a consecuencia de su “evidente exageración (pág. 306 del Anuario), la Recopila-ción estadística militar contaba otros 95.000 obreros de más. En la industria de ladrillos, se ha exagerado el número de obreros mínimum en 10.000 personas; para convencerse de ello basta comparar los datos por provincias de la Reco­pilación estadística militar y los de la Compilación de datos y materiales del Ministerio de Hacienda, núm. 4 de 1866 y núm. 6 de 1867. En las industrias metalúrgicas, la Recopilación estadística militar ha exagerado el número de obreros en 86.000 personas en com­paración con el Anuario, incluyendo, al parecer, parte de los obreros de minas. En las industrias gravadas con impuestos indirectos la exageración de la Recopilación estadística militar es, según demostraremos en el párrafo siguiente, de unas 40.000 personas. Total, una exageración de 280.000 personas. Esta cifra es mínima e incompleta, pues carece-mos de materiales para com­probar los datos de la Recopilación estadística militar en todas las industrias. ¡Puede juzgarse por ello de lo bien informados que están al particular las personas que afirman que no es grande el error de los señores N.on y Kárishev!

 

En los años 1870 se hizo considerablemente menos que en

 

 

 

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los años 1860 para la reunión y ordenación de los datos de la estadística fabril. El Anuario del Ministerio de Hacienda publica sólo datos de 40 industrias (no gravadas con impuestos indirec­tos) para 1867-1879 (fascíc. VIII, X y XII, ver anexo II), con la particularidad de que la exclusión de las industrias res­tantes se ve motivada por “lo extremadamente insatisfactorio de los materiales” de las industrias “relacionadas con la agri­cultura o que pertenecen a las ocupaciones de los artesanos y kustares” (fascíc. VIII, pág. 482; ídem., fascíc. X, pág. 590). La fuente más valiosa para los años 1870 es la Guía de fábricas y talleres del Sr. P. Orlov (primera edición, San Pe­tersburgo, 1881; datos de 1879 tomados de los primeros informes que los fabricantes presentan al Departamento de Comercio y Manufacturas). Esta obra da una relación nominal de todas las empresas con una producción por valor de no menos de 2.000 rublos. Las empresas restantes, como pequeñas e inseparables de las kustares, no entran en la relación nominal, pero han sido incluidas en los datos globales que inserta la Guía. Como no se dan aparte datos totales de las empresas con una pro­ducción por valor de 2.000 rublos y más, los datos generales de la Guía, exactamente igual que los de las publicaciones an­teriores, mezclan las empresas pequeñas con las grandes, con la particularidad de que en diferentes industrias y en distintas provincias entra en la estadística un número diverso de pequeñas empresas (por pura casualidad, se comprende)*. En cuanto a las industrias relacionadas con la agricultura, la Guía repite (pág. 396) la reserva del Anuario, renunciando a determinar “incluso sus balances aproximados (la cursiva es del autor) a consecuencia de la inexactitud y lo incompleto de los datos**. Este juicio (completamente justo, como más abajo veremos) no impidió, sin embargo, que en los balances generales de la Guía se incluyesen todos estos datos particularmente no

 

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* Los ejemplos se darán en el párrafo siguiente. Aquí nos remitimos a la pág. 679 y siguientes de la Guía; después de leerlas, todos comprende­rán fácilmente la justicia de lo dicho en el texto.

** La tercera edición de la Guía (San Petersburgo, 1894) no repite esta reserva, y hace mal, pues los datos siguen siendo tan insatisfactorios como antes

 

 

 

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fidedignos, mezclados, así, con los datos relativamente fidedig­nos. Citaremos los datos generales que la Guía da para la Ru­sia europea, observando que abarcan también, a diferencia de los anteriores, las industrias gravadas con impuestos indirectos (la segunda edición de la Guía, 1887, da informes de 1884; la tercera, publicada en 1894, de 1890):

 

 

Número de    Valor de la prod.                      Número de

Años             fábricas en miles de rubl.                      Obreros

 

1879*            27.986             1.148.134                                763.152

1884             27,235             1.329.602                                826.794

1890             21,124             1.500.871                                875.764

 

Más abajo demostraremos que en realidad no hubo en modo alguno la disminución del número de fábricas que seña­lan estos datos; todo reside en que en tiempos diferentes se introdujo entre las fábricas un número distinto de empresas pequeñas. Por ejemplo, en 1884 se contaron 19.277 empresas con una producción por valor de más de 1.000 rublos, y en 1890, el número fue de. 21.124; con una producción de 2.000 rublos y más se contaron: en 1884 hasta 11.509, y en 1890 hasta 17.642**.

 

A partir de 1889, el Departamento de Comercio y Manu­facturas empezó a editar en publica-ciones especiales Recopila­ción de datos sobre la industria fabril de Rusia (correspondientes a los años 1885 y posteriores). Estos datos se basan en el mis­mo material (informes de los fabricantes), y su clasificación es­tá muy lejos de ser satisfactoria, cediendo a la clasificación de los datos en las publicaciones antes mencionadas de los años 60. La única mejora consiste en que se excluyen del número de fábricas las empresas pequeñas, es decir, las que producen menos de 1.000 rublos, y que los datos de ellas se dan separa­damente, sin distribuirlos por industrias***. Este rasgo distin­tivo de “fábrica”, claro es, resulta totalmente insuficiente: no

 

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* Algunos datos que faltan están completados aproximadamente; véase la Guía, pág. 695.

** Véase la clasificación de fábricas por el valor de la producción en las ediciones segunda y tercera de la Guía.

*** Se comprende lógicamente que los datos sobre estas empresas pequeñas son puramente casuales: en unas provincias y en unos años se

 

 

 

503

puede ni hablarse del registro completo de las empresas con una producción por valor de más de 1.000 rublos con los métodos actuales de reunión de los informes; la separación de las “fá­bricas” en las industrias ligadas con la agricultura se hace de modo puramente casual; por ejemplo, los molinos de agua y de viento se incluyen en unas provincias y en unos años entre las fábricas, y en otros, no*. El autor del artículo Balance principal de la industria fabril en Rusia, 1885-1887 (indicado en la Recopilación correspondiente a 'esos años) incurre repe­tidas veces en el error, dejando escapar el carácter heterogé­neo de los datos de las distintas pro-vincias y la imposibilidad de compararlos. Agregaremos, en fin, a la característica de las Recopilaciones que hasta 1891 incluido abarcaban únicamente las industrias no gravadas con impuestos indirectos, y que a partir de 1892 incluyen todas las industrias, comprendidas las mineras y las gravadas con impuestos indirectos, sin desta­car de modo especial los datos que pueden ser comparados con los anteriores; no se aclaran en absoluto los procedimien­tos que se han seguido para incluir las fábricas mineras en el número general de las fábricas (por ejemplo, la estadística de las fábricas de minería no ha dado nunca el valor de la pro­ducción de estas empresas, proporcionando sólo la cantidad del producto. No se sabe cómo deter-minaron los autores de las Recopilaciones el importe de la producción).

 

Para los años 1880 tenemos otra fuente de informes de nuestra industria fabril que merece atención por sus cualida­des negativas y porque son sus datos los que precisamente ha utilizado el Sr. Kárishev**. Se trata de la Recopilación de datos

 

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considera que son cientos y miles, y en otros, decenas y unidades. Por ejemplo, en la provincia de Besarabia, de 1887 a 1890: 1.479-272-262-1.684; en la de Penza, de 1885 a 1891: 4-15-0-1.127-1.135-2.148-2.264, etc., etc.

* Conf. ejemplos de Estudios, pág. 274. (0. C., t. 4, págs. 14-15. -Ed.) El Sr. Tugán-Baranovski cayó en un pequeño error al afirmar que el número de fábricas propiamente dichas se había reducido de 1885 a 1891 (La fábrica, pág. 350) comparando el número medio de obreros por fábrica en distritos industrias v en tiempo diverso (ibíd., 355). Los datos de la Recopilación son demasiado caóticos para, sin un estudio especial, utilizarlos a fin de extraer semejantes conclusiones.

** N. Kárishev. Resumen estadístico de la difusión de las ramas más

 

 

 

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de Rusia para 1884-1885 (San Petersburgo, 1887. Ediciones del, Comité Central de Estadística); en uno de sus cuadros mues­tra las “sumas de la producción para la industria fabril en la Rusia europea, 1885 (cuadro XXXIX); el número de fábri­cas y de obreros se da únicamente para toda Rusia, sin una distribución por provincias. El origen de esta informa-ción son los “datos de los informes de los señores gobernadores (pág. 311). Los datos abarcan todas las industrias, incluidas las gravadas con impuestos Indirectos y las mineras, calculándose para cada una el número “medio de obreros y el valor de la producción por fábrica para toda la Rusia europea. Estos datos “medios son los que se dedicó a “analizar” el Sr. Kárishev. A fin de juzgar de su valor confrontaremos los datos de la Recopilación de datos y de la Recopilación (para ello es preciso separar de los primeros datos las industrias metalúrgicas, la gravada con impuestos indirectos, la pesquera y “demás; quedan 53 industrias; datos de la Rusia europea):

 

Valor de la

Producción

Número                                en miles de

 

Fuentes                                 de fábricas                   de obreros                   rublos

 

Recopilación de

datos de Rusia                                      54.179                        559.476                     569.705                     

Recopilación del

Doto. De Com.

Y Manufactura                        14.761                         499.632                     672.079

                                             ----------------------------------------------------------------

                                             +39.418                      +  59.844                     -102.374

                                             +267%                        +11,9%            -15,2%

 

 ¡Así pues, los informes de los gobernadores incluyeron entre las “fábricas” decenas de miles de pequeñas empresas agrí­colas y kustares! Semejantes empresas, claro es, fueron a parar al número de las fábricas de un modo completamente casual en las distintas industrias, en los distintos distritos y provin­cias. He aquí unos ejemplos del número de fábricas según la

 

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importantes de la industria transformativa en Rusia. Yuridícheski Véstnik”, sep­tiembre, núm. 9, 1889. Junto al último trabajo del Sr. Kárishev, que hemos examinado en Estudios, este artículo sirve de modelo de cómo no se deben manejar los datos de nuestra estadística fabril.

 

 

 

505

Recopilación de datos y la Recopilación en algunas industrias: pe­letería, 1.205 y 259; de curtidos, 4.079 y .2.026; de esteras y banastas, 562 y 55; de almidones y melazas, 1.228 y 184; harinera, 17.765 y 3.940; de aceite, 9.341 y 574; de alquitrán, 3.366 y 328; de ladrillos, 5.067 y 1.488; alfarería y de azule­jos, 2.573 y 147. ¡Puede imaginarse qué clase de esta-dística resultará si se juzga de las dimensiones de las empresas * en nuestra industria fabril por “cifras medias” basadas en seme­jante cálculo de las “fábricas”! Y el Sr. Kárishev juzga preci­samente de este modo, incluyendo en la gran industria sólo las industrias en las que la antes mencionada cifra media de obreros por fábrica (para toda Rusia) es mayor de cien. ¡¡Me­diante este método fenomenal resulta que sólo 1/4 de toda la producción corresponde a la “gran industria, comprendida en los límites antes indicados”!! (pág. 47 del artículo citado)* *. Más abajo mostraremos que, en realidad, las fábricas con 100 y más obreros concentran más de la mitad de todo el valor de la producción de nuestra industria fabril.

 

Observaremos a propósito que los datos de los comités locales de estadística de las provincias (que sirven para los informes de los gobernadores) se caracterizan siempre por la más completa indeterminación del concepto “fábrica” y por un registro casual de las pequeñas empresas. En la provincia de Smolensk, por ejemplo, unos distritos incluyeron en

 

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* Apartado IV del artículo del Sr. Kárishev. Observaremos que en vez de la Recopilación, también podría tomarse para comparar con la Recopilación de datos la Guía del Sr. Orlov, cuya segunda edición (1884) cita el Sr. Kárishev.

** “Así pues, los 3/4 de la última (de toda la producción anual) “corresponden a las empresas de un tipo relativamente pequeño. Las raíces de este fenómeno pueden estar en muchos elementos sustancialmente importantes de la economía nacional rusa. Se debe incluir aquí, entre otros, el régimen de posesión de tierras en la masa de la población agrícola, la vitalidad de la comunidad (sic!), que en la medida de sus fuerzas obstaculiza, en nuestro país el desarrollo de la clase profesional del obrero fabril. Con esto se combina (!) también la difusión de la forma doméstica de transformación de los productos, precisamente en aquella zona de Rusia (la central) donde principalmente se encuentran nuestras fábricas” (ibíd., cursiva del Sr. Kárishev). ¡Pobre comunidad”! ¡Ella sola debe responder de todo, incluso de los errores estadísticos de sus sabios admiradores!

 

 

 

506

1893-1894 decenas de pequeñas empresas de producción de aceite entre las fábricas, mientras otros no incluían ninguna; en la provincia se contaban 152 “fábricas” de alquitrán (se­gún la Guía de 1890 no había ninguna), con el mismo registro casual para los distintos distritos, etc.*. En la provincia de Yaroslavl, la estadística local en los años 90 calculaba 3.376 fábricas (contra 472 según la Guía de 1890), incluyendo (en al­gunos distritos) cientos de molinos, herrerías, pequeñas fábri­cas de derivados de la patata, etc.**.

 

En el último tiempo, nuestra estadística fabril ha sufrido una reforma, que ha cambiado el programa de reunión de informes y el concepto de “fábrica (ha introducido nuevos re­quisitos: existencia de motor mecánico o un número de obreros no inferior a 15), y ha incluido entre los encargados de reunir informes y comprobar su veracidad a la inspección fa­bril. Remitimos al lector que busque detalles en artículo de nuestros Estudios antes mencionado, donde se analiza circuns­tanciadamente la Relación de fábricas y talleres (San Petersbur­go, 1897)***, hecha según el nuevo programa, y donde se demuestra que, a pesar de la reforma, casi no se advierten mejo­ras en nuestra estadística fabril ; que el concepto “fábrica ha quedado por completo indeterminado; que los datos siguen siendo casuales a cada paso, y por ello requieren que se les maneje con la mayor cautela****. Sólo un censo industrial

 

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* Datos de libro del Sr. D. Zhbankov: Estudio sanitario de los talleres y fábricas de la provincia de Smolensk (Smolensk, fascíc. I, 1894).

** Resumen de la provincia de Yaroslavl, fascíc. II, Yaroslavl, 1896. Conf. también Memoria de la provincia de Tula para 1895 (Tula, 1895), sección VI, págs. 14-15: “registro de fábricas en 1893”.

*** Según el cálculo del Sr. Kárishev, el resumen de los datos de la Relación para la Rusia europea es el siguiente: 14.578 fábricas con 885.555 obreros y una producción por valor de 1.345.346.000 rublos.

**** Los resúmenes de informes de los inspectores de trabajo, publi­cados por el Ministerio de Comercio e Industria (correspondientes a 1901-1903), contienen datos acerca del número de fábricas, así como de sus obreros (64 provincias de Rusia), con la distribución de las fábricas por grupos, según el número de obreros (hasta 20; de 21 a 50; de 51 a 100; de 101 a 500; de 501 a 1.000; más de 1.000). Esto es un gran paso adelante de nuestra estadística fabril. Los datos de los talleres

 

 

 

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organizado acertadamente, a la europea, puede sacar a nues­tra estadística industrial de su estado caótico*.

 

Del examen de nuestra estadística fabril se desprende que en la inmensa mayoría de los casos no es posible utilizar sus datos sin un estudio especial, y que el objetivo principal de este estudio debe consistir en separar lo relativamente útil de lo inútil en absoluto. En el apartado siguiente examinaremos en este sentido los datos relativos a las industrias más importantes; ahora planteamos la cuestión: ¿aumenta o disminuye el número de fábricas en Rusia? La dificultad principal de esta cuestión es que el concepto de “fábrica” se emplea en nuestra estadística fabril del modo más caótico; por ello, las respuestas negativas que se han dado a veces según los informes de la es­tadística fabril (la del Sr. Kárishev, por ejemplo) no pueden tener importancia alguna. Es necesario, ante todo, establecer algún índice exacto del concepto de “fábrica”; sin esta condi­ción sería absurdo ilustrar el desarrollo de la gran industria maquinizada con datos de empresas entre las cuales en diver­so tiempo entraron cantidades distintas de pequeños molinos,

 

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grandes (21 y más obreros), son, probablemente, más o menos seguros. Los datos de las “fábricas” con menos de 20 obreros son evidentemente casuales y no sirven para nada. Por ejemplo, para 1903 se señala en la provincia de Nizhni Nóvgorod 266 fábricas con menos de 20 obreros; el número de obreros en ellas es de 1.975, es decir, menos de 8 por término medio. En la provincia de Perm hay 10 fábricas de ésas con 1159 obreros! Esto, se comprende, es ridículo. Balance de 1903 para las 64 provincias: 15.821 fábricas con 1.640.406 obreros; si descontamos las fábricas con menos de 20 obreros resultan 10.072 fábricas con 1.576.754 obreros. (Nota a la segunda edición.)

* Conf. Véstnik Finánsov, 1896, núm. 35. Actas de los informes y debates en el congreso de Nizhni Nóvgorod. El Sr. Mijailovski caracterizó con mucho relieve el estado caótico de la estadística fabril, describiendo cómo viaja el cuestionario “hasta llegar al último funcionario de policía inclusive, el cual, por fin, lo reparte, con acuse de recibo, naturalmente, por las empresas industriales que se le figuran dignas de atención, lo más a menudo por las empresas a las que ya se lo entregó el año anterior”; este cuestionario se llena, o con respuestas “como el año pasado” (merece la pena examinar las Recopilaciones del Departamento de Comercio y Manufacturas relativas a las distintas industrias en diversas provincias para convencerse de la exactitud de esto), o con indicaciones desprovistas por completo de sentido, etc.

 

 

 

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empresas de producción de aceite y de ladrillos, etc., etc. To­memos en calidad de tal índice la existencia de un mínimo de 16 obreros en la empresa, y entonces veremos que en 1866, en la Rusia europea había un máximum de estas empresas de 2.500 a 3.000; en 1879 había unas 4.500; en 1890, unas 6.000; en 1894-95, unas 6.400, y en 1903, unas 9.000*. Por consiguien-te, el número de fábricas aumenta en Rusia en la época posterior a la Reforma, y además aumenta bastante de prisa.

 

 

III. EXAMEN DE LOS DATOS ESTADISTICOS HISTORICOS RELATIVOS AL DESARROLLO DE LA GRAN INDUSTRIA

 

Más arriba hemos señalado ya que para juzgar del desa­rrollo de la gran industria según los datos de la estadística fa­bril es preciso separar en esta última el material relativamente útil del inútil en absoluto. Examinemos con este objeto las ra­mas más importantes de nuestra industria transformativa.

 

1) Industrias textiles

 

A la cabeza de la industria de transformación de la lana se encuentra la pañería, que en 1890 dio una producción por va­lor de más de 35.000.000 de rublos y ocupaba a 45.000 obreros. Los datos estadísticos históricos en esta industria muestran una considerable disminución del número de obreros: de

 

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* Los datos se refieren a todas las industrias (es decir, incluyendo las gravadas con impuestos indirectos), a excepción de las mineras. Para 1879, 1890 y 1894-95 hemos calculado los datos partiendo de las Guías y de la Relación. De los datos de la Relación se han excluido las imprentas, que antes no se tenían en cuenta por la estadística fabril (véase Estudios, pág. 273). (Véase 0. C., t. 4, pág. 14. -Ed.) Para 1866 tenemos, según los datos del Anuario relativos a 71 industrias, 1.861 empresas con 16 y más obreros de un total de 6.891 empresas; en 1890 estas 71 industrias dieron cerca de 4/5 del total de las empresas con 16 y más obreros. Considera-mos el más exacto el índice del concepto de “fábrica” que nosotros tomamos, ya que la inclusión de las empresas con un mínimo de 16 obreros entre las fábricas no se ha puesto en duda para los programas más distintos de nuestra estadística fabril y para todas las industrias. Indudablemente, la estadística fabril no ha podido nunca

 

 

 

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72.638 en 1866 a 46.740 en 1890*. Para valorar este fenóme­no es preciso tener en cuenta que hasta los años 1860 inclui­dos, la industria pañera tenía una organización especial, origi­nal: estaba concentrada en empresas relativamente grandes, que, sin embargo, no entraban en modo alguno en la industria fabril capitalista, sino que se basaban en el trabajo de los siervos o de los campesinos temporalmente dependientes. En los resúmenes de la estadística “fabril” de los años 60 el lector encontrará, por eso, que las fábricas de paños se dividen en 1) propiedad de terratenientes o nobles y 2) propiedad de comer­ciantes. Las primeras producían principalmente paño para el ejército, con la particularidad de que los encargos del fisco se distribuían por igual entre las fábricas según el número de sus aparatos. El trabajo obligatorio condicionaba el atraso de la técnica en dichas empresas y el empleo en ellas de un número de obreros incomparablemente mayor que en las fábricas de los comerciantes, basadas en el trabajo asalariado**. La dismi­nución principal del número de obreros en la industria pañera corresponde precisamente a las provincias donde predomina­ban los terratenientes; así, en 13 provincias de este tipo (enu­meradas en el Resumen de la industria manufacturera) el número de obreros disminuyó de 32.921 a 14.539 (1866 y 1890), mien­tras que en 5 provincias con predominio de comerciantes

 

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ni puede ahora registrar todas las empresas con 16 y más obreros (véase ejemplos en el capítulo VI, § II), pero no tenemos base alguna para pensar que las omisiones fueran antes mayores que ahora. Los datos correspondientes a 1903 proceden del Resumen de informes de los inspectores de trabajo. Para las 50 provincias de la Rusia europea se dan 8.856 fábricas con más de 20 obreros.

* En todos los casos, donde no se advierte lo contrario, tomamos para 1866 los datos del Anuario, para 1879 y 1890, los de las Guías. El Resumen estadístico-histórico (tomo II) da datos por años de la industria pañera de 1855 a 1879; el número medio de obreros por quinquenios de 1855-1859 a 1875-1879 es: 107.433; 96.131; 92.117; 87.960, y 81.458.

** Véase Resumen de las distintas ramas de la industria manufactura de Rusia, tomo 1, San Petersburgo, 1862, especialmente págs. 165 y 167. Conf. también Recopilación estadística militar, pág. 357 y siguientes. Actualmente, en las relaciones de los fabricantes de paño se encuentran muy pocos famosos apellidos nobles, que eran la inmensa mayoría en los años sesenta.

 

 

 

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(Moscú, Grodno, Liflandia, Chernígov y San Petersburgo) la disminución fue de 31.291 a 28.257. De ello se desprende con claridad que aquí nos encontramos con dos corrientes opues­tas, aunque ambas expresan el desarrollo del capitalismo: por una parte, la decadencia de las empresas de los terratenientes basadas en el trabajo de campesinos siervos135, por otra parte, el desarrollo de las fábricas puramente capitalistas de las em­presas de comerciantes. En los años 60 un número considera­ble de obreros de la industria pañera no eran fabriles, ni mucho menos, en el sentido exacto del término; eran campesinos dependientes, que traba-jaban para el terrateniente*. La indus­tria pañera es un ejemplo del fenómeno original en la historia rusa, que consiste en el empleo del trabajo de los siervos en la industria. Como aquí nos limitamos a la época posterior a la Reforma, nos bastan las breves indicaciones anteriores acerca del reflejo de este fenómeno en la estadística fabril**. Para juz­gar del desarrollo de la gran industria maquinizada precisamente en la rama dada, aduciremos aún los siguientes datos de la estadística de máquinas de vapor: en 1875-1878 las hilan­derías de lana y fábricas de paños de la Rusia europea suma‑

 

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* He aquí un par de ejemplos de la estadística de los zemstvos. Acerca de la fábrica de paños de N. Gladkov en el distrito de Volsk, provincia de Sarátov (306 obreros en 1866), leemos en la recopilación esta­dística del zemstvo de este distrito (pág. 275) que se obligaba a los campesinos a trabajar en la fábrica para el señor. “En la fábrica trabajaban hasta casarse, y después debían de trabajar en el campo también sometidos a cargas.” En la aldea de Riasi, distrito de Ranenburg, provincia de Riazán, había en 1866 una fábrica de paño con 180 obreros. Los campesinos cumplían la prestación personal trabajando en la fábrica, que se cerró en 1870 (Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Riazán, t. II, fascíc. 1, Moscú, 1882, pág. 330).

** Véase Nisselóvich. Historia de la legislación fabril del Imperio Ruso. Partes I y II, San Petersburgo, 1883-1884. – A. Semiónov. Estudio de los informes históricos del comercio exterior y la industria de Rusia, San Petersburgo, 1858-1859, tres partes. – V. L Semevski. Los campesinos en el reinado de Catalina II, San Petersburgo, 1881.  Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú. Sección de estadística sanitaria, t. IV, parte 1 (resumen general), Moscú, 1890, artículo de A. V. Pogózhev. Las fábricas basadas en el trabajo de los campesinos siervos de la provincia de Moscú. – M. Tugán-Baranovski. La fábrica rusa, San Petersburgo. 1898, t. I.

 

 

 

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ban 167 empresas maquinizadas, con 209 máquinas de vapor que sumaban una fuerza de 4.632 caballos, mientras que en 1890 había 197 empresas con 341 máquinas de vapor que sumaban una fuerza de 6.602 caballos. Por consiguiente, el empleo del vapor no progresó muy de prisa, lo que se expli­ca, en parte por las tradiciones de las fábricas propiedad de terratenientes, en parte por el desplazamiento de los paños por tejidos de lana cardada y mezclas, más baratas*. En 1875-1878 había en la industria de la lana tejida 7 empresas maquinizadas con 20 máquinas de vapor y una potencia de 303 caballos, mientras que en 1890 había 28 empresas maqui­nizadas con 61 máquinas de vapor y una potencia de 1.375 caballos**.

 

Entre las industrias de transformación de la lana señalare­mos aún la del fieltro, que muestra con particular relieve la imposibilidad de comparar los datos de la estadística fabril corres-pondientes a tiempos distintos: en 1866 se contaban 77 fá­bricas con 295 obreros; en 1890 había 57 con 1.217 obreros. Al primer número corresponden 60 empresas pequeñas, con una producción por valor de menos de 2.000 rublos, que reúnen 137 obreros; al segundo, una empresa, con cuatro obreros; 39 empresas pequeñas son contadas en 1866 en el distrito de Semiónov, provincia de Nizhni Nóvgorod, donde ahora también se halla muy desarrollada la industria del fieltro, que se incluye, sin embargo, entre las empresas “kustares”, y no entre las “fabriles” (ver cap. VI, § II, 2***).

 

Sigamos. Un lugar especialmente destacado entre las in­dustrias textiles corresponde a la transformación del algodón que ahora ocupa a más de 200.000 obreros. Aquí observamos uno de los errores más importantes de nuestra estadística fa‑

 

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* Conf. Exilas de la industria rusa según los estudios de las comisiones de expertos, San Petersburgo, 1897, pág. 60.

** Los datos de las máquinas de vapor, tanto en este caso como en los siguientes, están tomados de Materiales para la estadística de motores de vapor en el Imperio Ruso, ediciones del Comité Central de Estadística, San Petersburgo, 1882; los de 1890 proceden de la Recopila-ción de datos sobre la industria fabril; los relativos al número de empresas maquinizadas figuran en la Guía.

*** Véase el presente volumen, pág. 420.-Ed.

 

 

 

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bril: la confusión de los obreros ocupados de un modo capitalista en su domicilio con los obreros fabriles. El desarrollo de la gran industria maquinizada ha consistido aquí (como en otros muchos casos) en la concentración en la fábrica de los obreros que trabajaban en su domicilio. ¡Se comprende lo deformado que aparecerá este proceso si se incluye entre las “fábricas” las oficinas de distribución y los pequeños talleres de intermediarios, si los obreros que trabajan en su domicilio se confunden con los fabriles! Para 1866 (según el Anuario) hemos contado hasta 22.000 obreros ocupados en su domicilio incluidos entre los fabriles (con la particularidad de que esta cifra está muy lejos de ser completa, pues para la provincia de Moscú -al parecer por motivos puramente casuales- se ha prescindido de las anotaciones relativas al “trabajo por las al­deas”, tan abundantes en las estadísticas de la provincia de Vladímir). Para 1890 (según la Guía) no hemos contado más que unos 9.000 obreros de este tipo. Está claro que las cifras de la estadística fabril (en 1866 había 59.000 obreros en las fábricas de tejidos de algodón, en 1890 había 75.000) disminu­yen el aumento del número de obreros fabriles operado en reali­dad*. He aquí los datos relativos a qué empresas distintas han sido incluidas en tiempos diversos entre las fábricas de tejidos de algodón**:

 

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* Conf. Tugán-Baranovski, 1. c., pág. 420. Semiónov calculó que en 1859 el número de los tejedores manuales ocupados por los capitalistas en las aldeas era, aproximadamente, de 385.857 (1. c., III, 273); a esta cifra agregó otros 200.000 obreros ocupados en las aldeas “en otras industrias fabriles” (pág. 302, ibíd.). En la actualidad, según hemos visto antes, es incomparablemente más considerable el número de obreros que trabajan a domicilio de un modo capitalista.

** Entre los pequeños talleres de intermediarios se incluyen las empresas con una producción menor de 2.000 rublos. En los datos de la investigación especial de fábricas de las provincias de Moscú y Vladimir, llevada a cabo en 1868 por el Comité Central de Estadística, se señala repetidas veces que el valor de la producción de las pequeñas empresas textiles es simple-mente el pago del trabajo. Entre las oficinas se incluyen las empresas que distribuyen trabajo a domicilio. Para 1866, el número que de estas empresas se indica no es completo, ni mucho menos, a consecuencia de las evidentes omisiones en los datos de la provincia de Moscú.

 

 

 

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Total de                                                                    De ellas

“fábricas” de                                                            pequeños

Tejidos de                 fábricas oficinas talleres de

Años                         algodón                                                                      intermediarios

 

1866                         436                                256                   38                      142

1879                         411                                209                   66                      136

1890                         311                                283                   21                          7

 

Así pues, la disminución del número de “fábricas señalada en la “estadística” representa en realidad el desplazamiento de las oficinas y pequeños talleres de intermediarios por la fá­brica. Ilustraremos esto con el ejemplo de dos fábricas:

 

 

Por consiguiente, para juzgar del desarrollo de la gran in­dustria maquinizada en esta rama, lo que más conviene es to­mar los datos relativos al número de telares mecánicos. En los años 1860 había unos 11.000*; en 1890, unos 87.000. La gran industria maquinizada se desarrolló, por consiguiente, con ce‑

 

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* Recopilación estadística militar, 380. Resumen de la industria manufacturera, t. II, San Petersburgo, 1863, pág. 451.En 1898 se señalaba que la industria de tejido de algodón tenía 100.630 telares mecánicos (para todo el Imperio, probablemente). Éxitos  de la industria rusa, pág. 33.

 

 

 

 

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leridad enorme. En la industria del hilado y el tejido de algo­dón, en 1875-1878 se calculaba que había 148 empresas maquinizadas con 481 máquinas de vapor y una potencia de 20.504 caballos, mientras que en 1890 había 168 empresas maquinizadas con 554 máquinas de vapor y una potencia de 38.750 caballos.

 

Exactamente el mismo error comete nuestra estadística con respecto a la producción de lienzo, mostrando injustamente una disminución del número de obreros fabriles (1866: 17.171; 1890: 15.497). En efecto, en 1866, de los 16.900 telares, los fabricantes de lienzo sólo tenían 4.749 en las empresas; los 12.151 restantes estaban en pequeños talleres de interme­diarios*. Entre los obreros fabriles entraron, por consiguien­te, en 1866, unos 12.000 obreros que trabajaban en su domici­lio, mientras que en 1890 su número se acercaba apenas a los 3.000 (calculado según la Guía). En cambio, el número de telares mecánicos creció, de 2.263 en 1866 (calculado según la Re­copilación estadística militar) a 4.041 en 1890, y el de husos, de 95.495 a 218.012. En la industria de hilaturas y tejidos de lino, en 1875-1878 había 28 empresas maquinizadas con 47 máqui­nas de vapor y una potencia de 1.604 caballos, y en 1890 había 48 empresas maquinizadas con 83 máquinas de vapor y una potencia de 5.027 caballos**.

 

Finalmente, entre las industrias textiles es preciso señalar aún el teñido, el estampado y el apresto, donde la estadística fabril mezcla con las fábricas las más pequeñas empresas arte-sanas, con uno o dos obreros y una producción por valor de varios centenares de rublos***. De ahí se desprende, claro está, una gran confusión, que vela el rápido crecimiento de la gran

 

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* Recopilación estadística militar, págs. 367-368; datos de la Intendencia.

** En la sedería, en 1879, había 495 telares mecánicos y 5.996 a mano (Resumen estadístico-histórico), mientras que en 1890 había 2.899 de los pri­meros y más de 7.500 de los segundos.

*** Por ejemplo, en 1879 se consideraba que en estas industrias había 729 fábricas; 466 de ellas tenían 977 obreros y una producción por valor de 170.000 rublos. También ahora puede encontrarse muchas “fábricas” de éstas, por ejemplo, en la descripción de las industrias kustares de las provincias de Viatka y Perm.

 

 

 

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industria maquinizada. He aquí los datos de este crecimiento: en 1875-1878 había 80 empresas maquinizadas destinadas al lavado de lana, teñido, blanqueado y apresto, con 255 máquinas de vapor y una potencia de 2.634 caballos, mientras que en 1890 el número de empresas maquinizadas era de 189 con 858 máquinas de vapor y una potencia de 9.100 caballos.

 

 

2) Producción de artículos de madera

 

En este apartado los datos más fidedignos son los de las serrerías, aunque anteriormente se incluían también aquí las empresas pequeñas*. El enorme desarrollo de esta industria en la época posterior a la Reforma (1866: 4.000.000 de rublos; 1890: 19.000.000 de rublos), acompañado por un aumento con­siderable del número de obreros (4.000 y 15.000) y de empresas con máquinas de vapor (26 y 430), es particularmente interesante, porque atestigua con relieve el auge de la indus­tria de la madera. La industria del aserrado no constituye más que una operación de la industria de la madera, que es compañera inseparable de la gran industria maquinizada en los primeros pasos de ésta.

 

Con relación a las industrias restantes de este apartado, la carpintería y ebanistería, la esterería y la de brea y alquitrán, se distinguen especialmente por lo caótico de los datos de la esta-dística fabril. Las empresas pequeñas, tan abundantes en estas industrias, se incluían antes entre las fábricas en canti­dad arbitraria, e incluso ahora se siguen incluyendo a veces**.

 

 

* Conf. Recopilación estadística militar, pág. 389. Resumen de la industria manufacturera, I, 309.

** Por ejemplo, de 91 fábricas de esteras, en 1879 había 39 con una producción menor de 1.000 rublos. (Véase Estudios, pág. 155.) (Véase 0. C. t. 2, pág. 387. -Ed.) En la industria de brea y alquitrán, en 1890 se contaban 140 fábricas, todas ellas con una producción mayor de 2.000 rublos; en 1879 había 1.033 fábricas, de las que 911 tenían una produc­ción menor de 2.000 rublos; en 1866 se contaban 669 fábricas (para el Imperio), mientras que la Reco-pilación estadística militar daba hasta ¡¡3.164!! (Conf. Estudios, págs. 156 y 271.) (Véase 0. C., t. 2, pág. 388 y t. 4, pág. 11. -Ed.)

 

 

 

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3) Industrias químicas, de transformación de productos animales y de cerámica

 

Los datos relativos a la industria propiamente química se distinguen por su relativa veracidad. He aquí los que se refie­ren a su crecimiento: en 1857 consumió Rusia productos quí­micos por valor de 14.000.000 de rublos (3.400.000 rublos de producción propia y 10.600.000 de impor-tada); en 1880, por valor de 36.250.000 rublos (7.500.000 de producción propia y 28.750.000 de importada); en 1890 por valor de 42.700.000 rublos (16.100.000 de producción propia y 26.600.000 de im­portada)*. Estos datos son de un interés especial porque las industrias químicas tienen una importancia extraordinariamente grande como proveedoras de materiales secundarios pa­ra la gran industria maquinizada, es decir, de artículos de consumo productivo (y no personal). Con respecto a la producción de potasa y salitre, observaremos que el núme-ro de fábricas no es digno de fe, también a consecuencia de ha­berse incluido las empresas pequeñas **.

 

La industria de transformación del sebo se caracteriza por una indudable decadencia en la época posterior a la Reforma. Así, la suma de la producción de sebo para velas y de sebo para velas y de sebo fundido se calculaba en 1866-1868 en 13.600.000 rublos, mientras que para 1890 correspondieron 5.000.000 de rublos***. Esta decadencia se explica por el creciente empleo de aceites minerales en el alumbrado, que desplazan las viejas velas de sebo.

 

En la industria del cuero (1866: 2.308 empresas con 11.463 obreros y una producción por valor de 14.600.000 ru‑

 

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* Recopilación estadística militar, Resumen estadístico-histórico y Las fuerzas produc-tivas, IX, 16. El número de obreros en 1866 era de 5.645; en 1890, de 25.471; en 1875-1878 había 38 empresas maquinizadas con 34 máquinas de vapor y 332 caballos de fuerza, mientras que en 1890 había 141 empresas maquinizadas con 208 máquinas de vapor y 3.319 caballos de fuerza.

** Conf. Guía de 1879 y 1890 sobre la producción de potasa. La producción de salitre está ahora concentrada en una fábrica de San Petersburgo, mientras que en los años 60 y 70 existía la producción de salitre del estiércol.

*** También aquí, en los años 60 y 70 se incluía entre las fábricas un gran número de empresas pequeñas.

 

 

 

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blos; 1890: 1.621 empresas con 15.564 obreros y una produc­ción por valor de 26.700.000 rublos) la estadística mezcla cons­tantemente las fábricas y las empresas pequeñas. El valor, relativamente alto, del material, lo que condiciona la elevada suma de producción, y la circunstancia de que ésta requiera un número muy pequeño de obreros, dificultan de un modo extraordinario la delimitación de las empresas kustares y las fabriles. En 1890, en el número total de fábricas (1.621) en­traron sólo 103 con una producción por valor de menos de 2.000 rublos; en 1879 fueron incluidas 2.008 en el número to­tal de 3.320*; en 1866, de las 2.308** fábricas, 1.042 tenían una producción por valor de menos de 1.000 rublos (en estas 1.042 empresas había 2.059 obreros y la producción ascendió a 474.000 rublos). Por consiguiente, el número de fábricas ha crecido, aunque la estadística fabril señale una disminución. Las pequeñas curtidurías siguen siendo muy numerosas: por ejemplo, La industria fabril y el comercio de Rusia (San Petersbur­go, 1893), que edita el Ministerio de Hacienda, calcula unas 9.500 fábricas kustares con 21.000 obreros y una producción por valor de 12.000.000 de rublos. Estas empresas “kustares” son considerablemente mayores que las que en los años 60 se incluían entre las “fabriles. Como las pequeñas empresas son incluidas entre las “fábricas en cantidad desigual en las dife­rentes provincias y en años distintos, es preciso manejar con gran cautela los datos relativos a esta industria. La estadística de máquinas de vapor contaba en 1875-1878 para esta indus­tria 28 empresas maquinizadas con 33 máquinas de vapor y 488 caballos de fuerza, mientras que en 1890 había 66 em­presas maquinizadas con 82 máquinas de vapor y una poten­cia de 1.112 caballos. En estas 66 fábricas había concentrados 5.522 obreros (más de un tercio del total) y una producción

 

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* En 1875, el profesor Kittari calculó en su Mapa de la producción de cuero en Rusia 12.939 empresas con una producción por valor de 47.500.000 rublos, mientras que la estadística fabril calculaba 2.764 fábricas con una producción por valor de 26.500.000 rublos (Resumen estadístico-histórico). En otra industria de esta sección, la peletería, se observa la misma mezcla de las fábricas con las empresas pequeñas: conf. Guía de 1879 y 1890.

** La Recopilación estadística militar calculó incluso ¡¡3.890!!

 

 

 

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por valor de 12.300.000 rublos (el 46% de toda la suma), así que la concentración de la industria es muy considerable, y la productividad del trabajo en las mayores empresas es incom­parablemente superior a la media*.

 

Las industrias cerámicas se dividen en dos categorías, atendido el carácter de los datos de la estadística fabril: en unas casi no se observa la muela de la gran industria con la pequeña. Por eso los datos de la estadística son relativamente fieles. Aquí entran la industria del vidrio, la de loza y porce­lana, la de escayola y la de cemento. Es especialmente notable el rápido crecimiento de esta última industria, que acredita el desarrollo de la industria de la cons-trucción: la suma de la producción se calculaba en 1866 en 530.000 rublos (Recopila­ción estadística militar): en 1890 era de 3.826.000 rublos; en 1875-1978 había 8 empresas maquinizadas, y 39 en 1890. Al contrario, en las industrias de alfarería y ladrillos se observa en una medida enorme la inclusión de las empresas pequeñas, y por eso los datos de la estadística fabril son especialmente insatisfactorios, especialmente exagerados en los años 60 y 70. Por ejemplo, en 1879 se contaban 552 empresas de alfarería con 1.900 obreros y una producción por valor de 538.000 ru­blos; en 1890 se daban 158 empresas con 1.978 obreros y una producción por valor de 919.000 rublos. Excluyendo las em­presas pequeñas (con tina suma de producción menor de 2.000 rublos), obtenemos: en 1879: 70 empresas con 840 obreros y una producción por valor de 505.000 rublos, y en 1890: 143 empresas con 1.859 obreros y una producción por valor de 857.000 rublos. Es decir, en lugar de la disminución del número de “fábricas y del estancamiento del número de obreros que señala la estadística, la realidad es que se operó un considerable aumento del uno y del otro. En la industria de ladrillos, los datos estadísticos oficiales de 1879 daban

 

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* Distribuyendo las fábricas señaladas en la Guía en 1890 según el tiempo de su funda-ción, obtendremos que de 1.506 fábricas hay 97 que no se sabe cuándo fueron fundadas; 331 lo fueron antes de 1850; 147 lo fueron en los años 50; 239 en los 60; 320 en los 70; 351 en los 80, y 21 en 1890. En cada decenio subsiguiente se fundan más fábricas que en el anterior.

 

 

 

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2.627 empresas con 28.800 obreros y una producción por va­lor de 6.963.000 rublos; para 1890 daban 1.292 empresas con 24.334 obreros y una producción por valor de 7.249.000 ru­blos; sin las empresas pequeñas (con una producción por va­lor de menos de 2.000 rublos), en 1879 había 518 empresas con 19.057 obreros y una producción por valor de 5.625.000 rublos; en 1890 había 1.096 empresas con 23.222 obreros y una producción por valor de 7.240.000 rublos*.

 

 

4) Industrias metalúrgicas

 

Fuente de la confusión en la estadística fabril de las industrias metalúrgicas es, en primer lugar, la inclusión de las empresas pequeñas (exclusivamente en los años 60 y 70)**; en segundo lugar, y principalmente, la “subordina­ción” de las empresas fabriles mineras al Departamento de Minería, y no al Departamento de Comercio y Manufacturas. Los datos del Ministerio de Hacienda excluyen de ordi­nario en principio las empresas fabriles mineras, pero nunca ha existido regla alguna uniforme y permanente para separar las empresas fabriles mineras del resto (y es difícil que pueda darse). Por eso, las publicaciones del Ministerio de Hacienda relativas a la estadística fabril incluyen siempre, en parte, las fábricas mineras, con la particularidad de que esta inclusión es desigual para las

 

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* Las pequeñas empresas de estas industrias se incluyen ahora entre las kustares. Conf. para modelo el cuadro de pequeñas industrias (anexo I) o Estudios, págs. 158-159. (Véase 0. C., t. 2, págs. 390-392. -Ed.) El Anuario del Ministerio de Hacienda (fascíc. 1) renunció a hacer un balance de estas industrias a consecuencia de la evidente exageración de los datos. El progreso de la estadística desde entonces consiste en un aumento de la audacia y la despreocupación por la calidad del material.

** Por ejemplo, en los años 60 entre las “fábricas siderúrgicas se incluían en algunas provincias decenas de herrerías. Véase Compilación de datos y materiales del Ministerio de Hacienda, núm. 4, 1866, pág. 406; 1867, núm. 6, pág. 384. Publicación periódica de estadística. Serie II, fascíc. 6. Conf. también el ejemplo antes aducido (§ II) de cómo el Anuario de 1866 incluyó entre los “fabricantes a los pequeños kustares del distrito de Pávlovo.

 

 

 

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distintas provincias y los diferentes años*. Más abajo, cuando examinemos la industria minera, daremos los datos gene­rales de cómo ha crecido después de la Reforma el empleo de máquinas de vapor en la metalurgia.

 

 

5) Industrias de productos alimenticios

 

Estas industrias merecen un interés especial para la cues­tión que nos ocupa, pues la confusión de los datos de la es­tadística fabril alcanza en ellas el grado máximo. Además, en el balance global de nuestra industria fabril ocupan un lugar importante. Así, según la Guía de 1890, del total de 21.124 fá­bricas de la Rusia europea, con 875.764 obreros y una pro­ducción por valor de 1.501.000.000 de rublos, a estas indus­trias les correspondía 7.095 fábricas con 45.000 obreros y una producción por valor de 174.000.000 de rublos. Las industrias principales de esta rama -de harinas, de cereales y de aceite- se dedican a la transformación de productos agrícolas. En cada provincia de Rusia hay cientos y miles de pequeñas empre­sas ocupadas en esta transformación, y como no existe ningu­na regla establecida para separar las “fábricas” de entre estas empresas, la estadística las recoge de un modo completamente ca­sual. Por ello, el número de “fábricas” da saltos monstruosos en años diferentes y distintas provincias. He aquí, por ejem­plo, el número de fábricas en la industria harinera en diferen­tes años y según fuentes diversas: en 1865 había 857 (Compila­ción de datos y materiales del Ministerio de Hacienda); 1866: 2.176 (Anuario); 1866: 18.426 (Recopilación de estadística militar); 1885: 3.940 (Recopilación); 17.765 (Recopilación de datos de Rusia); 1889, 1890 y 1891: 5.073, 5.605 y 5.201** (Recopilación) ; 1894-95: 2.308 (Relación).¡Entre los 5.041 molinos contados

 

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* Véase algunos casos en Estudios, pág. 269 y pág. 284 (véase 0. C., t. 4, págs. 7-8 y 27. -Ed.) donde se examina el error en que cayó el Sr. Kárishev al pasar por alto esta circunstancia. La Guía de 1879 cuenta, por ejemplo, las fábricas mineras de Kulebaki y Viexa o sus filiales (págs. 356 y 374), excluidas en la Guía de 1890.

** Hay, además, 32.957 “molinos pequeños no incluidos entre las fábricas”.

 

 

 

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en 1892 (Recopilación) había 803 de vapor, 2.907 de agua, 1.323 de viento y 8 movidos por caballos! Unas provincias con­taban sólo los molinos de vapor, otras incluían también los de agua (de uno a 425), unas terceras (la minoría) incluían los de viento (de uno a 530), y los movidos por caballos. ¡Pue­de imaginarse qué importancia tienen esa estadística y las con­clusiones basadas en el crédulo empleo de sus datos!* Evi­dentemente, para juzgar del crecimiento de la gran industria maquinizada debemos ante todo fijar un índice determinado del concepto de “fábrica. 'Tomamos como tal la existencia de máquina de vapor: los molinos de vapor son un acompañante característico de la época de la gran industria maquinizada**.

 

Obtendremos el cuadro siguiente del desarrollo de la pro­ducción fabril en esta rama***

 

50 provincias de la Rusia europea

 

Número de mo-                     Número                       Valor de la prod.

Años             linos de vapor                          de obreros                   en miles de rublos

 

1866                         126                                   ?                                            ?

1879                         205                               3.621                                     21.353

1890                         649                             10.453                                     67.481

1892                         803                             11.927                                     80.559

 

 

Por la misma causa es insatisfactoria la estadística de la in­dustria del aceite. En 1879, por ejemplo, se contaron 2.450 fá­bricas con 7.207 obreros y una producción por valor de 6.486.000 rublos, mientras que en 1890 eran 383 fábricas con 4.746 obreros y una producción por valor de 12.232.000 ru­blos. Pero este descenso del número de fábricas y del de obre‑

 

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* Véase ejemplos de conclusiones semejantes del Sr. Kárishev en el artículo de Estudios antes citado.

** Los molinos de agua grandes tienen también, se comprende, el carácter de fábricas, pero carecemos de datos para separarlos de los pequeños. Según la Guía de 1890 hemos conta-do 250 molinos de agua con 10 y más obreros. En ellos había 6.378 obreros.

*** Recopilación estadística militar, Guía y Recopilación. Según la Relación de 1894-95 en la Rusia europea hay 1.192 molinos de vapor. La estadística de motores de vapor contó en 1875-1878 para la Rusia europea 294 moli­nos de vapor.

 

 

 

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ros sólo es aparente. Si hacemos comparables los datos de 1879 y 1890, es decir, si excluimos las empresas con una pro­ducción inferior a 2.000 rublos (que no figuran en las relacio­nes nominales), para 1879 obtendremos 272 empresas con 2.941 obreros y una producción por valor de 5.771.000 rublos, y para 1890 resultarán 379 empresas con 4.741 obreros y una producción por valor de 12.232.000 rublos. El desarrollo de la gran industria maquinizada no ha sido en esta rama menos rápido que el de la industria harinera; así se ve, por ejemplo, por la estadística de máquinas de vapor: en 1875-1878 había 27 fábricas con 28 máquinas de vapor y 521 caballos de fuer­za, mientras que en 1890 había 113 empresas maquinizadas con 116 máquinas de vapor y 1.886 caballos de fuerza.

 

Las demás industrias de esta rama son relativamente pequeñas. Señalaremos que, por ejemplo, en las industrias de la mostaza y del pescado la estadística de los años 60 contaba centenares de esas empresas pequeñas que no tienen nada de común con las fábricas, y que en la actualidad no se incluyen entre estas últimas. Pueden verse las correcciones que necesitan los datos de nuestra estadística fabril en los distintos años por lo siguiente: exceptuando la industria harinera, la Guía de 1879 contaba en este apartado 3.555 fábricas con 15.313 obreros, mientras que en 1890 calculó 1.842 fábricas con 19.159 obreros. Para 7 industrias* en 1879 se incluyeron 2.487 em­presas pequeñas (con una producción inferior a 2.000 rublos), con 5.176 obreros y una producción por valor de 916.000 ru­blos, mientras que en 1890 eran ¡siete empresas con 10 obreros y una producción por valor de 2.000 rublos! ¡Para hacer comparables los datos hay que descontar, por consiguiente, 5.000 obreros en un caso y 10 en otro!

 

6) Industrias gravadas con impuestos indirectos y restantes

 

En algunas industrias gravadas con impuestos indirectos observamos una disminución del número de obreros fabriles, empezando en los años 60 hasta nuestros días, pero el volu‑

 

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* De aceite, almidón, melaza, malta, confitería, conservas y vinagre.

 

 

 

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men de este descenso está muy lejos de ser como lo afirma el Sr. N. on* que cree ciega-mente en toda cifra impresa. Se trata de que para la mayoría de las industrias gravadas con impuestos indirectos la única fuente de información es la Reco­pilación estadística militar, que, como sabemos, exagera de un modo enorme los balances de la estadística fabril. Mas, para la comprobación de sus datos tenemos, lamentablemente, po­cos materiales. En las destilerías de alcohol, la Recopilación es­tadística militar en 1866 calculó 3.83tf fábricas con 52.660 obreros (en 1890: 1.620 fábricas con 26.102 obreros), con la particularidad de que el número de fábricas no coincide con los datos del Ministerio de Hacienda, que en 1865-66 contaba 2.947 fábricas en funcionamiento, y en 1866-67 calculaba 3.386**. A juzgar por ello, se ha exagerado de 5.000 a 9.000 el número de los obreros. En la industria de vodka, la Recopila­ción estadística militar cuenta 4.841 fábricas con 8.326 obreros (1890: 242 fábricas con 5.266 obreros); de ellos, a la provin­cia de Besarabia corresponden 3.207 fábricas con 6.873 obreros. Lo absurdo de esta cifra salta a los ojos. Y efectivamente, según informes del Ministerio de Hacienda*** sabemos que el número real de fábricas de vodka en la provincia de Besara­bia era de 10-12, y para toda la Rusia europea de 1.157. Por consiguiente, el número de obreros está exagerado mínimum en 6.000. La causa de la exageración, al parecer, es que los es­tadísticos de Besarabia han incluido entre los fabricantes a los propietarios de viñedos (ver más abajo acerca de la industria del tabaco). En la industria de cerveza e hidromiel la Recopilación estadística militar calcula 2.374 fábricas con 6.825 obreros (1890: 918 fábricas con 8.364 obreros), mientras que el Anuario del Ministerio de Hacienda daba para 1866 en la Ru­sia europea 2.087 fábricas. El número de obreros está aquí también exagerado****. En la fabricación de azúcar de remo‑

 

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* Rússkoe Bogatstvo, 1894, núm. 6, págs. 104-105.

** Anuario del Ministerio de Hacienda, I, págs. 76 y 82. El número de todas las fábricas (incluidas las que no estaban en funcionamiento) era de 4.737 y 4.646.

*** Anuario, 1, pág. 104.

**** Por ejemplo, en la provincia de Simbirsk, la Recopilación estadística militar cuenta 218 fábricas (!) con 299 obreros y una producción por

 

 

 

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lacha y refinado de azúcar la Recopilación estadística militar exa­gera el número de obreros en 11.000, calculando 92.126 contra 80.919 que da el Anuario del Ministerio de Hacienda (en 1890, 77.875 obreros). En la industria tabaquera, la Recopilación es­tadística militar cuenta 5.327 fábricas (!) con 26.116 obreros (en 1890, 281 fábricas con 26.720 obreros); de ellas a la provincia de Besarabia corresponden 4.993 fábricas con 20.038 obreros. En realidad, en 1866 Rusia tenía 343 fábricas de tabaco, y en la provincia de Besarabia había 13*. La exageración del número de obreros asciende a unos 20.000 e incluso los mismos redactores de la Recopilación estadística militar advirtieron que las fábricas declaradas en la provincia de Besarabia... no son otra cosa que plantaciones de tabaco (pág. 414). El Sr. N.on encon-tró, al parecer, superfluo mirar el texto de la publica­ción estadística que utilizaba; por ello no advirtió el error y habló con toda seriedad del ¡¡insignificante aumento del número de obreros en las fábricas de tabaco” (artículo citado, pág. 104)!! El Sr. N.on toma directamente el total de los obreros de las industrias gravadas con impuestos indirectos que dan la Recopilación estadística militar y la Guía de 1890 (186.053 y 144.332) y calcula el tanto por ciento de descen­so... “En 25 años se ha operado una considerable reducción del número de obreros ocupados, han disminuido en un 22,4%... “Aquí” (es decir, en las industrias gravadas con impuestos indirectos) “vemos que no puede ni hablarse de crecimiento, el número de obreros se ha reducido sencillamen­te en 1/4  parte (ibíd.). En efecto, ¡nada más sencillo! ¡Tomar la primera cifra con que se tropieza y calcular el tanto por ciento! Y puede pasarse por alto la pequeña circunstancia de que la cifra de la Recopilación estadística militar está exagerada en unos cuarenta mil obreros.

 

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valor de 21.600 rublos. (Según el Anuario, en esta provincia había 7 fábricas.) Probablemente se trata de pequeñas empresas domésticas o campesinas.

* Anuario del Ministerio de Hacienda, pág. 61. Conf. Resumen de la industria manufacturera (t. II, San Petersburgo, 1863), donde se dan informes detallados de 1861: 534 fábricas con 6.937 obreros, y para la provincia de Besarabia, 31 fábricas con 73 obreros. El número de fábricas de tabaco oscila mucho por años.

 

 

 

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7) Conclusiones

 

La crítica que de nuestra estadística fabril se ha hecho en los dos últimos parágrafos nos lleva a las siguientes conclusio­nes más importantes.

 

1. El número de fábricas en Rusia aumenta rápidamente en la épo­ca posterior a la Reforma.

 

La conclusión opuesta, que se desprende de las cifras de nuestra estadística fabril, es un error. Ello es así porque entre las fábricas se incluyen las pequeñas empresas artesanas, kustares y agrícolas, con la particularidad de que cuanto más retrocedemos del tiempo presente mayor es el número de empresas pequeñas incluidas entre las fábricas.

 

2. Las cifras de los obreros fabriles y del volumen de la producción de las fábricas en los tiempos anteriores se exageran igualmente por nuestra estadística. Esto ocurre, en primer lugar, porque antes se incluían más empresas pequeñas. Por eso no merecen confian­za especialmente los datos de las industrias contiguas a las in­dustrias kustares*. En segundo lugar, ocurre porque antes se incluían entre los obreros fabriles más obreros ocupados en su domicilio de un modo capitalista que ahora.

 

3. En nuestro país se acostumbra a pensar que una vez to­madas las cifras de la estadística fabril oficial, éstas deben considerarse comparables con las cifras restantes de la misma estadística, deben considerarse más o menos fidedignas mientras no se demuestre lo contrario. De lo que hemos expuesto antes se desprende la tesis opuesta: que mientras no se demuestre lo contrario debe considerarse no fidedigna cualquier comparación de los datos de nuestra estadística fabril correspon­dientes a tiempos distintos y a provincias diferentes.

 

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* Si tomamos los datos globales de todas las industrias y para grandes períodos de tiempo, la exageración originada por la causa que hemos indicado no será grande, pues las empresas pequeñas dan un tanto por ciento reducido del total de obreros y de todo el valor de la pro-ducción. Se supone, claro es, la comparación de datos tomados de fuentes iguales (no puede ni hablarse de la comparación de los datos del Ministerio de Hacienda con los datos de los informes de los gobernadores o con los de la Recopilación estadística militar).

 

 

 

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En el período inicial del desarrollo de Rusia posterior a la Reforma el centro más importante de la industria minera eran los Urales. Los Urales forman una zona hasta el último tiempo muy aislada de la Rusia central, y al mismo tiempo constituyen un régimen original de la industria. La base de la organización del trabajo” en los Urales era desde hace mu­cho la servidumbre, que hasta hoy mismo, hasta el mismo fin del siglo XIX, sigue dejándose sentir en aspectos muy impor­tantes de la vida minera-fabril. En otros tiempos, la servidum­bre constituyó la base del mayor florecimiento de los Urales y del dominio de éstos no sólo en Rusia, sino también, par­cialmente, en Europa. En el siglo XVIII el hierro era uno de los artículos más importantes de la exportación de Rusia; en 1782 se exportaron cerca de 3.800.000 puds; en 1800-1815, de 1.500.000 a 2.000.000 de puds; en 1815-1838, cerca de 1.330.000 puds. Todavía “en los años 20 del siglo XIX Rusia obtenía hierro colado 1 1/2  veces más que Francia, 4 1/2  veces más que Prusia, 3 veces más que Bélgica. Pero ese mismo ré­gimen de servidumbre, que ayudó a los Urales a elevarse tan

 

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* Fuentes: Semiónov. Estudio de los informes históricos del comercio exterior y la industria de Rusia, t. III, San Petersburgo, 1859, págs. 323-339. Recopilación estadística militar, sección de la industria minera.Anuario del Ministerio de Hacienda, fascíc. I. San Petersburgo, 1869.  Recopilación de datos estadísticos de minería de los años 1864-1867, San Petersburgo, 1865-1867 (publicaciones del Comité científico del cuerpo de ingenieros de minas). – I. Bogo-liubski. Ensayo de estadística minera del Imperio Ruso, San Petersburgo, 1878. – Resu-men estadístico-histórico de la industria de Rusia, San Petersburgo, 1883, t. I (artículo de Keppen). – Recopilación de datos estadísticos de la industria minera de Rusia, en 1890, San Petersburgo, 1892. – La misma para 1901 (San Petersburgo, 1904) y para 1902 (San Petersburgo, 1905). – K. Skalkovski. La productividad minero fabril de Rusia en 1877, San Petersburgo, 1879. La industria minera en Rusia. Edición del Departamento de Minería para la exposición de Chicago, San Petersburgo, 1893 (compuesto por Keppen). – Recopilación de datos de Rusia para 1890. Ediciones del Comité Central de Estadística, San Petersburgo, 1890. – La misma para 1986, San Petersburgo, 1897. Las fuerzas productivas de Rusia, San Petersburgo, 1896, sección VII. – Véstnik Finánsov de 1896-1897. – Recopilaciones estadísticas de los zemstvos para los distritos de Ekaterinburgo y Krasnoufimsk, provincia de Perm, y otros.

 

 

 

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alto en la época del desarrollo embrionario del capitalismo europeo, fue la causa de su desadencia en la época del floreci­miento del capitalismo. El desarrollo de la industria siderúrgi­ca ha sido muy lento en los Urales. En 1718 Rusia obtuvo unos 6.500.000 puds de hierro colado; en 1767, unos 9.500.000 puds; en 1806, 12.000.000 de puds; en los años 30, de 9.000.000 a 11.000.000 de puds; en los años 40, de 11.000.000. a 13.000.000 de puds; en los años 50, de 12.000.000 a 16.000.000 de pud,; en los años 60, de 13.000.000 a 18.000.000 de puds; en 1867, 17.500.000 puds. En 100 años la producción no llegó a duplicarse, y Rusia que­dó muy a la zaga de otros países europeos, en los que la gran industria maquinizada originó un desarrollo gigantesco de la metalurgia.

 

La causa principal del estancamiento de los Urales era el régimen de servidumbre; los industriales mineros eran al mismo tiempo terratenientes y fabricantes y basaban su domi­nio no en el capital y la competencia, sino en el monopolio* y en su derecho de terratenientes. Los fabricantes uraleses si­guen siendo hoy importantísimos terratenientes. En 1890, las 262 fábricas siderúrgicas del Imperio poseían 11.400.000 de­ciatinas de tierra (de ellas 8.700.000 de bosque), correspon­diendo 10.200.000 deciatinas a las 111 fábricas uralesas (con 7.700.000 deciatinas de bosque). Así pues, por término medio, cada fábrica de los Urales posee enormes latifundios de unas 100.000 deciatinas. Aún no ha terminado por completo hasta hoy la concesión de nadieles de estas propiedades a los campesinos. La contrata no es en los Urales el único medio de adquirir fuerza de trabajo, también existe el pago en trabajo. La estadística de los zemstvos, para el distrito de Krasnoufimsk, provincia de Perm, por ejemplo, cuenta miles de haciendas campesinas que aprovechan las tierras, los pastos, los bosques, etc., de las fábricas, bien gratuitamente, bien a precios reduci‑

 

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* En el momento de la liberación de los campesinos, los industriales mineros de los Urales defendieron y mantuvieron la conservación de la ley que prohibía la apertura de empresas que emplean combustible en las zonas fabriles. Véase algunos detalles en Estudios, págs. 193-194. (Véase 0. C., t. 2, págs. 435-438. -Ed.)

 

 

 

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dos. Se comprende lógicamente que este aprovechamiento gra­tuito es en realidad muy caro, pues gracias a él desciende extraordinariamente el salario; las fábricas obtienen “sus” obreros, ligados a la empresa y baratos*. He aquí cómo cara­cteriza estas relaciones el Sr. V. Belov:

 

Los Urales son fuertes -relata el Sr. Belov- por el obrero, al que ha educado una historia “propia”. “En otras fábricas extranjeras e incluso de San Petersburgo, el obrero no tiene el menor interés por las mismas: hoy está aquí, mañana estará en otro sitio. La fábrica marcha y él trabaja; las ganancias ceden plaza a las pérdidas: él toma su alforja y se marcha tan de prisa y fácilmente como viniera. El y el dueño de la fábrica son dos enemigos eternos... Muy distinta es la situación del obrero de las fábricas uralesas: es vecino de la localidad, junto a la fábrica tiene su tierra, su hacienda, su familia, en fin. Su propio bienestar está íntimamente ligado al bienestar de la fábrica. Si ésta marcha bien, a él le va bien, si marcha mal, le va mal, y no es posible irse (sic!): no se trata sólo de las alforjas (sic!): irse significa destruir todo su mundo, abandonar la tierra, la hacienda, la familia... Y está dispuesto a aguantar años, está dispuesto a trabajar por la mitad del salario o, lo que es lo mismo, a quedarse la mitad de la jornada sin trabajo para permitir a otro obrero local como él que se gane un trozo de pan. En una palabra, está dispuesto a toda clase de acuerdos con su patrono con la sola condición de quedarse en la fábrica. Así pues, entre los obreros y las fábricas de los Urales existe una ligazón irrompible; sus relaciones son las mismas que había antes de su liberación de la dependencia servil; sólo ha cambiado la forma de estas relaciones nada más. El principio anterior de la servidumbre ha sido sustituido por el gran principio de la ventaja mutua”**.

 

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* El obrero uralés “es agricultor a medias, pues su trabajo minero le proporciona un buen complemento para su hacienda, aunque es menos pagado que en las restantes zonas fabriles mineras” (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 8). Como es sabido, las condiciones en que los campesinos de los Urales se liberaban de la servidumbre fueron adaptadas precisamente a las condiciones del trabajo minero de los campesinos; la población fabril-minera se dividía en operarios carentes de tierra y que debían trabajar todo el año en la fábrica, y trabajadores rurales, provistos de nadiel y que debían cumplir trabajos auxiliares. Es en alto grado característico un término que se ha conservado hasta ahora con relación a los obreros uraleses, el término de que contraen deudas” en los trabajos. Cuando se lee, por ejemplo, en la estadística de los zemstvos los “datos del equipo obrero que se encuentra en deuda con los trabajos de taller de la fábrica de Artinsk”, mirase involuntariamente la tapa del libro a fin de comprobar la fecha: ¿de veras se trata del año 94, y no digamos de un 44?

** Trabajos de la comisión investigadora de las industrias kustares, fascíc. XVI, San Peters-burgo, 1887, págs. 8-9 y siguientes. ¡Este mismo autor se entrega más abajo a consideraciones sobre una industria sana popular!”

 

 

 

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Este gran principio de la ventaja mutua se manifiesta ante todo en el marcado descenso del salario. “En el sur... el obrero cuesta dos o incluso tres veces más caro que, supongamos, en los Urales”; por ejemplo, según datos de varios millares de obreros, 450 rublos (por año y obrero) contra 177 rublos. En el sur, “a la primera posibilidad de ganar un salario pasable en el campo, en su región natal u otro sitio cualquiera, los obreros dejan las fábricas, minas y yaci­mientos (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 17, pág. 265). En los Urales, en cambio, no puede ni soñarse con un salario pasable.

 

En relación natural e irrompible con el bajo salario y con la situación de deudor perpetuo del obrero uralés se encuentra el atraso técnico de los Urales. Allí predomina la obtención de hierro colado a base de leña, en unos altos hornos anticuados, provistos de soplado frío o débilmente calentado. En 1893, de 110 altos hornos había en los Urales 37 provistos de soplado frío, mientras que en el Sur eran 3 de 18. Un alto horno con combustible mineral daba por término medio 1.400.000 puds al año, y con carbón vegetal, 217.000 puds. El Sr. Keppen escribió en 1890: “La producción del hierro en goas sigue conservándose sólidamente en los Urales, mientras que en las demás partes de Rusia ha sido desplazada del todo por el pude-laje. El empleo de los motores de vapor en los Urales es muy inferior al del Sur. Finalmente, no se puede por menos de señalar también el carácter cerrado de los Urales, aislados del centro de Rusia por una distancia enorme y la falta de ferrocarril. Hasta los últimos tiempos, para enviar productos de los Urales a Moscú se recurría principalmente al procedimiento primitivo de la “navegación por ríos, una vez al año*.

 

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* Conf, descripción de este traslado por río en el cuento Peñascos, del Sr. Mamin-Sibiriak. En las obras de este escritor se destacan con relieve las costumbres especiales de los Urales, próximas a las de la época anterior a la Reforma, con la falta de derechos, la ignorancia y la humillación de la población sujeta a la fábrica, con el “concienzudo e infantil libertinaje” de los “señores”, con la ausencia de esa capa media de hombres (intelectuales de distintos estamentos) tan característica del desarrollo capitalista de todos los países, sin exceptuar a Rusia.

 

 

 

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Así, los restos más inmediatos del régimen anterior a la Reforma, un gran desarrollo del pago en trabajo, la sujeción de los obreros, una baja productividad del trabajo, el atraso de la técnica, salarios bajos, predominio de la producción manual, una explotación primitiva y rapaz, como en tiempos antiguos, de las riquezas naturales de la zona, los monopolios, las trabas puestas a la competencia, el carácter cerrado y el aislamiento del movimiento industrial y mercantil general de la época: tal es el .cuadro de conjunto de los Urales.

 

La zona sur de la industria minera* es en muchos aspectos el polo opuesto de los Urales. En la misma medida que los Urales son viejos y reina en ellos un régimen “consa­grado por los siglos, es el Sur joven y se encuentra en período de formación. La industria puramente capitalista nacida allí en los últimos decenios no sabe nada de tradiciones, ni de régimen de estamentos, ni de nacionalidades, ni de aislamien­to de una población determinada. Al Sur de Rusia se han trasladado y siguen trasladándose grandes masas de capitales extranjeros, ingenieros y obreros, y en la época actual de auge (1898), de Norteamérica se llevan allí fábricas enteras**. El capital internacional no ha vacilado en asentarse dentro del muro aduanero, instalándose en tierra “ajena”: ubi bene, ibi patri***... He aquí datos estadísticos de como el Sur ha des­plazado a los Urales: (ver el cuadro en la pág. 531. -Ed.)

 

Estas cifras muestran con claridad qué revolución técnica se está operando actualmente en Rusia y qué enorme capaci­dad de desarrollo de las fuerzas productivas posee, la gran in­dustria capitalista. El predominio de los Urales equivalía al predominio del trabajo forzoso, del atraso y estancamiento

 

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* En la estadística minera, por “Sur y Suroeste de Rusia” se entienden las provincias de Volinia, del Don, Ekaterinoslav, Kíev, Astrajan, Besarabia, Podolia, Táurida, Járkov y Chernlgov. A ellas se refieren las cifras aducidas. Todo lo que más abajo concierne al Sur puede decirse (con pequeños cambios) de Polonia, la cual constituye otra zona minera destacada en la época posterior a la Reforma.

** Véstnik Finánsov, 1897, núm. 16: la sociedad de Níkopol-Mariúpol encargó a Norteamé-rica y trajo a Rusia una fábrica de laminado de tubos.

*** –donde se está bien, está la patria. -Ed.

 

 

 

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técnico *. Por el contrario, ahora vemos que el desarrollo de

 

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* Se desprende lógicamente que los industriales mineros uraleses presentan las cosas de un modo un tanto distinto. He aquí la elocuencia con que se lamentaban en los congresos de años anteriores: “Todos conocen los méritos históricos de los Urales. Durante doscientos años, toda Rusia ha arado y recogido las cosechas, ha forjado, ha cavado y cortado con los artículos de sus fábricas. Toda Rusia ha llevado al pecho cruces de cobre uralés, ha ido en vehículos provistos de ejes uraleses, ha disparado con fusiles de acero uralés, ha frito hojuelas en sartenes uralesas, ha hecho sonar en el bolsillo la calderilla uralesa. Los Urales han satisfecho las necesidades de todo el pueblo ruso...” (que casi no utilizaba el hierro. En 1851 se calculaba que el consumo de hierro colado en Rusia era de unas 14 libras por habitante; en 1895, de 1,13 puds, y en 1897, de 1,33 puds) “...preparando productos adaptados a sus necesidades y a su gusto. Los Urales se han desprendido generosamente (?) de sus riquezas naturales sin correr tras la moda, sin entregarse a la fabricación de raíles, rejillas de estufa francesa y monumentos. Y en pago de este servicio secular, un buen día fueron olvidados y se les dio de lado” ( Véstnik Finánsov, 1897, núm. 32: Ba­lance de los congresos de industriales mineros en los Urales). En efecto, ¡qué desprecio por los pilares “consagrados por los siglos! La culpa de todo ello la tiene el malintencionado capitalismo, que ha impuesto tal “inesta­bilidad” en nuestra economía nacional. ¡Cuánto mejor sería vivir a la antigua,

 

 

 

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la industria minera marcha en Rusia más de prisa que en Europa Occidental, en parte incluso más de prisa que en Nor­teamérica. En 1870 Rusia proporcionó el 2,9% de la produc­ción mundial de hierro colado (22.000.000 de puds, de 745.000.000), mientras que en 1894 dio el 5,1% (81.300.000 puds, de 1.584.200.000) (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 22). En los 10 últimos años (1886-1896) la producción de hierro co­lado en Rusia se ha triplicado (32.500.000 puds y 96.500.000), mientras que Francia, por ejemplo, dio un salto semejante en 28 años (1852-1880), los Estados Unidos en 23 años (1845-1868), Inglaterra en 22 (1824-1846), Alemania en 12 (1859-1871; ver Véstnik Finánsov, 1897, núm. 50). El desarrollo del capitalismo en los países jóvenes se acelera considerablemente con el ejemplo y la ayuda de los países viejos. El último decenio (1888-1898), claro es, ha sido un período singularmente febril, que, como todo florecimiento capitalista, lleva inevitablemente a la crisis; pero el desarrollo capitalista no puede operarse en general más que a saltos.

 

El empleo de máquinas en la producción y el aumento del número de obreros han transcurrido en el Sur de un modo mucho más rápido que en los Urales*:

 

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“sin entregarse a la fabricación de raíles y haciéndose hojuelas en las sartenes uralesas!

* El Sr. Bogoliubski calcula que en 1868 se empleaban en la minería 526 máquinas de vapor con 13.575 caballos de fuerza.

 

 

 

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Así pues, el número de caballos de vapor ha aumentado en los Urales sólo unas 2 1/2  veces, mientras que en el Sur crecía seis veces; el número de obreros ha aumentado en los Urales 12/, veces, mientras en el Sur se hacía casi cuatro veces mayor*. Es precisamente, pues, la gran industria capitalista la que aumenta con rapidez el número de obreros, a la par con un ascenso enorme de la productividad de su tra­bajo.

 

A la vez que el Sur se debe recordar también el Cáucaso, que se caracteriza asimismo por un crecimiento asombroso de la industria minera en el período posterior a la Reforma. La extracción de petróleo, que en los años 60 no llegaba a 1.000.000 de puds (557.000 en 1865), en 1870 ascendió a 1.700.000 puds; en 1875, a 5.200.000 puds; en 1880, a 21.500.000 puds; en 1885, a 116.000.000 de puds; en 1890, a 242.900.000 puds; en 1895, a 384.000.000 de puds, y en 1902, a 637.700.000 puds. Casi todo el petróleo se extrae en la provincia de Bakú, y la ciudad de Bakú, “de una población insignificante se ha hecho un centro industrial de primer orden en Rusia, con 112.000 habitantes**. El enorme desa­rrollo de las industrias de extracción y destilación del petróleo ha originado un intenso consumo de éste en Rusia, que ha desplazado por completo el producto norteamericano (auge del consumo personal con el abaratamiento del producto por la transformación fabril), y un consumo aún más forzado de los residuos de petróleo como combustible en las fábricas y ferrocarriles (auge del consumo productivo)***. El número

 

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* El número de obreros en la producción de hierro era en los Urales, en 1886, de 145.910; en 1893 fue de 164.126; en el Sur, 5.956 y 16.467. El aumento es de `/s (aproximadamente) y 23/4 veces. Para 1902 no hay datos del número de máquinas de vapor y caballos de fuerza y el número de obreros ocupados en la minería (excepto los que trabajan en la extracción de sal) fue en 1902 para toda Rusia de 605.972; de los que 249.805 corresponden a los Urales y 145.280 al Sur.

** Véstnik Finánsov, 1897, núm. 21. En 1863 había en Bakú 14.000 habitantes; en 1885 había 45.700.

*** En 1882, más del 62°0 de las locomotoras se alimentaban con leña, mientras que en 1895-96 con leña se alimentaban el 28,3%,

 

 

 

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de obreros ocupados en la industria minera del Cáucaso ha crecido también con extraordinaria rapidez, y precisamente, de 3.431 en 1877 a 17.603 en 1890, es decir, ha aumentado cinco veces.

 

Para ilustrar el régimen de la industria en el Sur tomaremos los datos de la extracción de hulla en la cuenca del Donets (aquí las dimensiones medias de las minas son menores que en todas las zonas restantes de Rusia). Clasificando las minas según el número de obreros obtenemos el cuadro siguiente*: (ver el cuadro en la pág. 535 -Ed.)

 

Así pues, en esta zona (y sólo en ésta) hay minas extraor­dinariamente pequeñas, campesinas, que, sin embargo, a pesar de su gran número, desempeñan un papel por com­pleto insignifi-cante en la producción global (104 minas pequeñas sólo dan el 2% de toda la extracción de carbón) y se distinguen por la productividad extremadamente redu­cida del trabajo. Al contrario, 37 minas de las más grandes ocupan a cerca de 3/5 de todos los obreros y dan más del 70% de la totalidad de la hulla extraída. La productividad del tra­bajo se eleva con el aumento de las dimensiones de las minas, incluso independientemente del empleo de máquinas (conf., por ejemplo, las categorías V y III de minas por el número de caballos de vapor y por el volumen de la producción por obrero). La concentración de la producción en la cuenca del Donets crece sin cesar: así, en 4 años, 1882-1886, de 512 remi­tentes de carbón, 21 enviaron más de 5.000 vagones (es decir, 3.000.000 de puds) cada uno, en total, 229.700 vagones de 480.800, es decir, menos de la mitad. En otros cuatro años, 1891-1895, hubo 872 remitentes, de los que 55 enviaron más

 

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con petróleo, el 30% y con hulla, el 40,9% (Las fuerzas productivas, XVII, 62). Después de conquistar el mercado interior, la industria del petróleo se ha lanzado a la busca de mercados exteriores, y la exportación de petróleo a Asia crece muy de prisa (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 32), a despecho de las predicciones apriorísticas de algunos economistas rusos, aficionados a hablar de la falta de mercados exteriores para el capitalismo ruso.

* Datos tomados de la relación de minas en Recopilación de datos estadísticos de la industria minera, en 1890.

 

 

 

535

 

 

 

 

536

de 5.000 vagones cada uno, con un total de 925.400 vagones de 1.178.800, es decir, más de 8/10 del total*.

 

Los datos expuestos acerca del desarrollo de la industria minera tienen una importancia especial en dos sentidos: en primer lugar, muestran con particular evidencia el fondo del cambio de las relaciones económico-sociales que se está operando en Rusia en todas las ramas de la economía nacional; en segundo lugar, ilustran la tesis teórica de que en la socie­dad capitalista en desarrollo crecen con especial rapidez las ramas de la industria que propor-cionan medios de producción, es decir, artículos de consumo no personal, sino productivo. El reemplazo de una formación económica social por otra se deja ver con particular evidencia en la industria minera a conse­cuencia de que los representantes típicos de ambas forma­ciones son aquí zonas especiales: en una zona se puede observar el viejo estado de cosas preca-pitalista, con su técnica primi­tiva y rutinaria, con la dependencia personal de la población adscrita al lugar, con la solidez de las tradiciones del régimen de estamentos, de los mono-polios, etc.; en la otra zona se observa la ruptura completa con toda clase de tradiciones, la revolución técnica y el rápido crecimiento de la industria maquinizada puramente capita-lista**. Este ejemplo muestra con particular evidencia el error de los economistas populistas. Estos niegan el carácter progresivo del capitalismo en Rusia, señalando que nuestros patronos recurren gustosos en la agri­cultura al pago en trabajo y en la industria a la distribución del trabajo a domicilio, que en la minería buscan la adscrip‑

 

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* De los datos de N. S. Avdákov. Breve resumen estadístico de la industria hullera del Donets, Járkov, 1896.

** Últimamente también los Urales comienzan a transformarse bajo la influencia de las nuevas condiciones de vida, y esta transformación será aún más rápida cuando los ferro-carriles les unan más íntimamente con Rusia”. En este sentido tendrá una importancia especialmente grande la proyectada unión de los Urales con el Sur por ferrocarril para el cambio del mineral de hierro uralés por la hulla del Donets. Hasta ahora los Urales y el Sur no compiten casi entre sí, trabajan para mercados distintos y viven sobre todo de encargos del Gobierno. Pero las abundantes lluvias de los pedidos oficiales no son eternas.

 

 

 

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ción del obrero a la empresa, la prohibición por la ley de la competencia de las pequeñas empresas, etc., etc. Salta a la vista la falta de lógica de semejantes consideraciones y la fla­grante violación en ellas de la perspectiva histórica. ¿Cómo puede desprenderse de aquí, en realidad, que este afán de nuestros patronos por aprovechar las ventajas de los procedi­mientos precapitalistas de la economía deba ser llevado a la cuenta de nuestro capitalismo, y no a la de los restos del viejo estado de cosas, que frenan el desarrollo del capitalismo y que se man-tienen en muchos casos por la fuerza de la ley? ¿Puede, acaso, producir asombro que los industriales mineros del Sur ansíen la adscripción de los obreros y la prohibición legal de la competencia de las empresas pequeñas si en otra zona minera esta adscripción y esta prohibición existen desde tiempos antiguos, y siguen en vigor, si los fabricantes de la otra zona, con una técnica inferior, con un obrero más barato y dócil, sacan, sin mayores preocupaciones, del hierro fundido un kopek por cada kopek y, a veces, hasta un kopek y medio por cada kopek”*? ¿No hay, al contrario, que asombrarse de que en estas condiciones haya hombres capaces de idealizar el régimen económico precapitalista de Rusia, gentes que cierran los ojos a la necesidad más urgente y madura de destruir todas las instituciones caducas que impiden el desarrollo del capitalismo**?

 

Por otra parte, los datos relativos al crecimiento de la in­dustria minera son importantes porque muestran de un modo patente el crecimiento más rápido del capitalismo y del mer­cado interior a cuenta de los artículos de consumo productivo en comparación con el crecimiento de la producción de ar­tículos de consumo personal. Esta circunstancia la pasa por alto, por ejemplo, el Sr. N. –on, considerando que la satisfac‑

 

* Artículo de Egunov en Informes y estudios relativos a las industrias kustares, t. III, pág. 130.

** El Sr. N. –on, por ejemplo, dirigió todas sus lamentaciones exclu­sivamente contra el capitalismo (conf. en particular, sobre los industriales mineros del Sur, págs. 211 y 296 de Ensayos) y de este modo deformó por completo la relación entre el capitalismo ruso y la estructura precapi­talista de nuestra industria minera.

 

 

 

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ción de toda la demanda interior de productos de la industria minera “se operará, proba-blemente, muy pronto” (Ensayos, 123). La cosa reside en que el volumen del consumo de metales, carbón de piedra y demás productos (por habitante) no permanece ni puede permanecer invariable en la sociedad capitalista, sino que se eleva necesariamente. Cada nueva vers­ta de la red ferroviaria, cada taller nuevo, cada arado adquirido por el burgués rural elevan el volumen de la demanda de productos de la industria minera. Si de 1851 a 1897 el consumo de hierro colado, por ejemplo, en Rusia creció de 14 libras por habitante a 1 1/3  puds, también esta última cantidad debe aumentar aún mucho para aproximarse al volumen de la demanda de hierro colado en los países avanzados (en Bélgica y Gran Bretaña más de 6 puds por habitante)

 

 

V. ¿AUMENTA EL NUMERO DE OBREROS EN LAS GRANDES EMPRESAS CAPITALISTAS?

 

Después de examinar los datos relativos a la industria fabril y minera, ahora podemos tratar de responder a esta cuestión, que tanto ha ocupado a los economistas populistas y que éstos decidieron en sentido negativo (los señores V. V., N. –on, Kárishev y Kablukov afirmaban que el número de obreros fabriles crece en Rusia -si es que crece- más lentamente que la población). Observaremos para empezar que la cuestión debe consistir en si aumenta la población industrial y comercial a cuenta de la agrícola (de esto hablaremos más abajo) o en si aumenta el número de obreros en la gran in­dustria maquinizada. No se puede afirmar que el número de obreros en las pequeñas empresas industriales o en la manu­factura deba aumentar en la sociedad capitalista en desarro­llo, pues la fábrica desplaza constantemente las formas más primitivas de la industria. Y los datos de nuestra estadística fabril, según se ha mostrado con detalle antes, no se refieren siempre, ni mucho menos, a la fábrica en el sentido científico de este término.

 

Para examinar los datos en la cuestión que nos interesa

 

 

 

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debemos tomar, en primer término, los informes de todas las industrias; en segundo término, los informes relativos a un largo período de tiempo. Sólo con estas condiciones está ga­rantizado el carácter más o menos comparable de los datos. Nosotros tomamos 1865 y 1890, un período de veinticinco años de la época posterior a la Reforma. Hagamos un balance de los datos estadísticos existentes. La estadística fabril da para 1865 los informes más completos, contando en la Rusia europea 380.638 obreros fabriles en todas las industrias, a excepción de la destilación de alcohol y la fabricación de cerveza, azúcar de remolacha y tabaco*. Para determinar el número de obreros en estas últimas industrias hay que tomar los únicos datos existentes, los de la Recopilación estadística mili­tar, con la particularidad de que estos datos deben ser, como se ha mostrado antes, corregidos. Agregando 127.935 obreros de las industrias citadas** resultará que el número total de obreros fabriles en la Rusia europea era en 1865 (industrias gravadas y no gravadas con impuestos indirectos) de 508.573***. En 1890 la cifra correspondiente será de 839.730.****. Un aumento del 65%, es decir, más considerable que el creci­miento de la población. Es preciso tener en cuenta, sin embargo, que en realidad, el aumento ha sido indudablemente mayor que el indicado por estas cifras: antes se ha demostrado detalladamente que los datos de la estadística fabril para los años 1860

 

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* Compilación de datos y materiales del Ministerio de Hacienda, 1867, núm. 6. Antes se ha mostrado que para la comparación con los datos contemporáneos sólo se pueden tomar los datos de la misma fuente, es decir, del Ministerio de Hacienda.

** En la industria cervecera, 6.825 personas; también aquí hay exage­ración, pero no existen datos para corregirla; en la de azúcar de remolacha, 68.334 (según el Anuario del Ministerio de Hacienda); en la tabaquera, 6.116 (corregido), y en la destilación de alcohol, 46.660 (corregido).

*** El Sr. Tugán-Baranovski da para 1866 la cifra del Sr. Veshnia­kov, 493.371 (La fábrica, pág. 339). No sabemos de qué modo se ha obtenido esta cifra, cuya diferencia con la dada por nosotros es muy insignificante.

**** Según la Guía de 1890. Del total, 875.764, hay que descontar los obreros repetidos en la estadística minera: 291 en la industria del asfalto, 3.468 en las salinas y 32.275 en la fabricación de raíles.

 

 

 

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son exagerados, a consecuencia de haberse incluido las pequeñas empresas kustares, artesanas y agrícolas, así como los obreros que trabajan en su domicilio. Lamentablemente no podemos dar una corrección completa de estas exagera­ciones, pues nos falta material, y preferimos abstenernos de las correcciones parciales, tanto más que después se darán datos más exactos sobre el número de obreros en las mayores fábricas.

 

Pasamos a la estadística minera. En 1865 el número de obreros ocupados en la minería sólo se dio para la industria del cobre y la del hierro, así como en las explotaciones aurí­feras y de platino; para la Rusia europea era de 133.176*. En 1890, en estas mismas industrias había 274.748 obreros**, es decir, más del doble. Esta última cifra da el 80,6% del total de obreros mineros de la Rusia europea en 1890; admitiendo que las citadas industrias abarcaban en 1865 también el 80,6% de todos los obreros mineros***, obtenemos para 1865 un total de 165.230 obreros mineros, y para 1890 de 340.912. Un aumento del 107%.

 

Sigamos. A los obreros de las grandes empresas capitalistas pertenecen también los obreros ferroviarios. En 1890, en la Rusia europea, con Polonia y el Cáucaso, había 252.415****. No

 

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* Sobre el número de obreros mineros en los años 60, véase Publicación periódica de estadística, I, 1866. Anuario del Ministerio de Hacienda, I. – Recopilación de datos estadísticos de minería de los años 1864-1867, San Petersburgo, ediciones del Comité científico de minas.

** Recopilación de datos estadísticos de la industria minera, en 1890, San Petersburgo, 1892. El total, según esta Recopilación, es de 342.166 obreros en la Rusia europea, y, descontando los obreros de las refinerías de petróleo (incluidos en la Guía) y corrigiendo ciertos errores de poca monta, será de 340.912.

*** Del resto de industrias mineras hay algunas en las que el número de obreros ha crecido, probablemente, poco (extracción de sal); hay otras en las que el número de obreros ha debido crecer mucho (carbón de piedra, cantería); las hay también que no existían en absoluto en los años 1860 (por ejemplo, la extracción de mercurio).

**** Resumen estadístico de los ferrocarriles y vías de navegación interiores, San Petersburgo, 1893, pág. 22. Ediciones del Ministerio de Vías de Comu‑

 

 

 

541

se conoce el número de obreros ferroviarios en 1865, mas puede ser determinado con suficiente grado de aproximación, ya que el número de ellos por una versta de línea oscila muy poco. Tomando 9 obreros por versta, obtendremos que en 1865 el número de obreros ferroviarios era de 32.076*.

 

Hagamos un balance de nuestros cálculos.

 

Número de obreros en las grandes empresas capitalistas (en miles)

 

En la indus-               En la indus-                 En los ferro-               

Años             tria fabril                     tria minera                   carriles                        Total

 

1865                   509                  165                      32                          706

1890                   840                  340                    252                      1.432

 

 

Así pues, el número de obreros empleados en las grandes empresas capitalistas se ha hecho en 25 años más del doble, es decir, ha crecido no sólo mucho más de prisa que la pobla­ción en general, sino incluso más de prisa que la población urbana**. Queda, pues, fuera de duda que es cada vez mayor el número de obreros que dejan la agricultura y las pequeñas industrias para incorporarse a la gran industria***.

 

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nicación. Lamentablemente no disponemos de datos para separar la Rusia europea. No contamos sólo los obreros ferroviarios permanentes, sino también los temporeros (10.447) y jornaleros (74.504). El sostenimiento medio de un temporero cuesta 192 rublos, el del jornalero, 235 rublos al año. Su jornal diario medio es de 78 kopeks. Por consiguiente, tanto los temporeros como los jornaleros están ocupados la mayor parte del año, y el pasarlo por alto, como hace el Sr. N. –on (Ensayos, 124), es un error.

* Por cada versta correspondían los siguientes obreros ferroviarios: en 1886, 9,0; en 1890, 9,5; en 1893, 10,2; en 1894, 10,6; en 1895, 10,9; así pues, este número manifiesta una clara tendencia al aumento. Véase Recopilación de datos de Rusia para 1890 y 1896 y Véstnik Finánsov, 1897, núm. 39. Hacemos la reserva de que en este parágrafo tratamos únicamente de la comparación de los datos de 1865 y 1890; por ello es en absoluto indiferente que tomemos el número de obreros ferroviarios para todo el Imperio o sólo para la Rusia europea; que tomemos 9 personas por versta o menos; que tomemos todas las ramas de la industria minera o sólo aquellas de las que hay datos de 1865.

** En 1863 había en la Rusia europea 6.100.000 habitantes urbanos; en 1897 había 12.000.000.

*** Los últimos datos del número de obreros en las grandes empresas capitalistas son los siguientes. Para 1900 hay datos del número de obreros fabriles en las empresas no gravadas con impuestos indirectos; para 1903,

 

 

 

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Así lo dicen los datos de la misma estadística a que con tanta frecuencia han acudido y de la que tanto han abusado nues­tros populistas. Mas el punto culminante de sus abusos de la estadística lo constituye el siguiente procedimiento, en verdad fenomenal: ¡se toma la proporción del número de obreros fabriles respecto a toda la población (!) y a base de la cifra obtenida (cerca del 1%) se perora sobre lo insignificante que es este puñado* de obreros! El Sr. Kablukov, por ejem­plo, después de repetir este cálculo del tanto por ciento de los obreros fabriles en Rusia** con relación a la población, continúa así: En Occidente, en cambio (!!), el número de obreros ocupados en la industria transformativa...” (¿no es evidente para cada estudiante de bachillerato que no es ni mucho menos la misma cosa obreros fabriles” y obreros ocupados en la industria transformativa”?)... está en una proporción completamente distinta con respecto a toda la población”: del 53% en Inglaterra al 23% en Francia. No es difícil ver que la diferencia en el tanto por ciento de la clase de los obreros fabriles (!!) allí y aquí es tan grande que ni siquiera se pueda hablar de identidad del curso de nuestro desarrollo con el de Europa Occidental.” ¡Y esto lo escribe un profesor especializado en estadística! Con inusitado valor y de un golpe incurre en dos tergiversaciones: 1) los obreros fabriles son sustituidos por obreros ocupados en la industria transformativa; 2) estos últimos son sustituidos por la pobla­ción ocupada en la industria transformativa. Aclaremos

 

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de las empresas gravadas con impuestos indirectos. De los obreros mineros hay datos correspondientes a 1902. El número de obreros ferroviarios puede determinarse calculando 11 personas por versta (datos del primero de enero de 1904). Véase Anuario de Rusia, 1906, y Recopilación de datos de la industria minera, en 1902.

 

Agrupando estos datos resulta: en las 50 provincias de la Rusia europea, en 1900-1903 había 1.261.571 obreros fabriles; 477.025 mineros; 468.941 ferroviarios. Total, 2.207.537. Para todo el Imperio Ruso: 1.509.516 fabriles; 626.929 mineros; 655.929 ferroviarios. Total, 2.792.374. También estas cifras confirman por completo lo dicho en el texto. (Nota a la segunda edición.)

* N. –on, 1. c., 326 y otras.

** Conferencias de economía de la agricultura, Moscú, 1897, pág. 14

 

 

 

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a nuestros eruditos estadísticos la significación de estas diferen­cias. En Francia, según el censo de 1891, había 3.300.000 obreros ocupados en la industria transformativa, menos de una décima parte de la población (36.800.000 distribuidos según sus ocupaciones; 1.300.000 no distribuidos por ocupa­ciones). Son los obreros de todas las empresas industriales, y no sólo de las fabriles. Y la población ocupada en la indus­tria transformativa era de 9.500.000 (cerca del 26% del total); a los obreros se han agregado aquí los patronos y demás (1.000.000); los empleados, 200.000; los miembros de las familias, 4.800.000, y los sirvientes, 200.000*. Para ilus­trar las relaciones correspondientes en Rusia hay que tomar como ejemplo centros sueltos, pues no tenemos estadística de las ocupaciones de toda la población. Tomamos un centro urbano y uno rural. En San Petersburgo, para 1890, la estadís­tica fabril daba 51.760 obreros fabriles (según la Guía), mien­tras que según el censo de San Petersburgo del 15 de diciembre de 1890 en la industria transformativa había 341.991 personas de ambos sexos, distribuidas del modo siguiente**:

 

Número de personas de ambos sexos

 

                                             Independientes

                                             (que se mantie-            Miembros de

                                             nen a sí mismos            la familia y

                                                                                            sirvientes                     Total

 

Patronos                                     13.853                                37.109            50.962

Administración

(empleados)                                 2.226                                   4.574               6.800

Obreros                                    148.111                                61.098            209.209

Solos                                          51.514                                23.506              75.020

 

Total                                        215.704                                126.287                       341.991

 

Otro ejemplo: en la aldea de Bogoródskoe, distrito de Gorbátov, provincia de Nizhni Nóvgorod (que, según hemos

 

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* The Statesman's rearbook, 1897, page 472 (Anuario Político, 1897, pág. 472. -Ed.).

** San Petersburgo según el censo de 1890, San Petersburgo, 1893. Se ha tomado el total de los grupos II-XV de las ocupaciones industriales. En las ocupaciones industriales hay un total de 551.700 personas, de ellas 200.748 en el comercio, el transporte y la hosteleria. – Por “solos se entiende a los productores pequeños, que no tienen obreros asalariados.

 

 

 

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visto, no se ocupa en la agricultura y es como una sola fábrica de cueros), hay, según la Guía de 1890, 392 obreros fabriles, mientras que la población industrial, según el censo de los zemstvos de 1889, asciende a cerca de 8.000 (toda la población = 9.241 personas; las familias con industrias consti­tuyen mas de 9/10). ¡Que piensen en estas cifras los señores N. on, Kablukov y compañía!

 

Complemento a la segunda edición. En la actualidad tenemos resultados de los datos del censo general de 1897 sobre la estadística de las ocupaciones de toda la población. He aquí, ordenados por nosotros, los datos correspondientes a todo el Imperio Ruso* (en millones):

 

Indepen-                                           Total de

Ocupaciones                                     dientes             Familiares                    población

 

                                                         De ambos sexos

 

a) Funcionarios y tropa                          1,5                   0,7                              2,2

b) Clero y profesiones

     liberales                                           0,7                   0,9                              1,6

c) Rentistas y pensionistas                      1,3                   0,9                              2,2

d) Recluídos prostitutas,

    de profesión indetermi-

    nada, desconocida                              0,6                   0,3                              0,9

---------------------------------------------------------------------------------------------------

Total de población no pro-

ductiva                                                 4,1                    2,8                              6,9

 

e) Comercio                                         1,6                   3,4                              5,0

f) Transporte y comunicaciones             0,7                   1,2                              1,9

g) Empleados privados,

    sirvientes, jornaleros                         3,4                   2,4                              5,8

--------------------------------------------------------------------------------------------------

Total de población semi-                   

Productiva                                           5,7                   7,0                            12,7

 

h) Agricultura                                    18,2                75,5                             93,7

i) Industria                                           5,2                  7,1                             12,3

-------------------------------------------------------------------------------------------------

Total de población productiva 23,4                 82,6                             106,0

-------------------------------------------------------------------------------------------------

Total                                                 33,2                 92,4                             125,6

 

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* Resumen general para el Imperio de los resultados del estudio de los datos del primer censo general de la población, efectuado el 28-1-1897. Ediciones del Comité Central de Estadística, t. II, cuadro XXI, pág. 296. Los grupos de

 

 

 

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Huelga decir que estos datos confirman por completo lo dicho anteriormente sobre lo absurdo del procedimiento populista de comparar el número de los obreros fabriles con toda la población.

 

Los datos aducidos sobre la distribución por ocupaciones de toda la población de Rusia es interesante agruparlos ante todo para ilustrar la división del trabajo social, como base de toda la producción mercantil y del capitalismo en Rusia. Desde este punto de vista, toda la población debe ser dividida en tres grandes apartados: I. Población agrícola. II. Pobla­ción industrial y comercial. III. Población no productiva (más exactamente, que no participa en la actividad econó­mica). De los nueve grupos aducidos (a-i) sólo uno no puede ser incluido directamente y por completo en ninguno de estos tres apartados fundamentales. Se trata del grupo g: empleados privados, sirvientes, jornaleros. Este grupo hay que distri­buirlo aproxi-madamente entre la población comercial e indus­trial y la agrícola. Hemos incluido en la primera la parte de este grupo de la que se indica que vive en las ciudades (2.500.000), y en la segunda, la parte que vive en el campo (3.300.000). Entonces obtenemos el cuadro siguiente de la dis­tribución de toda la población de Rusia:

 

Población agrícola de Rusia                           97.000.000

Comercial e industrial                        21.000.000

No productiva                                                 6.900.000

-------------------------------------------------------------------

Total                                                           125.600.000

 

Este cuadro deja ver con claridad, por una parte, que la circulación mercantil y, por consi-guiente, la producción mer­cantil, están firmemente asentadas en Rusia. Rusia es un país capitalista. Por otra parte, se ve que Rusia está aún muy atra­sada con relación a otros países capitalistas en su desarrollo económico.

 

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ocupaciones los he reunido así: a) 1, 2 y 4; b) 3 y 5-12; c) 14 y 15; d) 16 y 63-65; e) 46-62; 1) 41-45; g) 13; h) 17-21; i) 22-40.

 

 

 

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Sigamos. Después del análisis que hemos hecho en la pre­sente obra, la estadística de las ocupaciones de toda la pobla­ción de Rusia puede y debe ser utilizada para determinar aproximadamente en qué categorías fundamentales se divide toda la población de Rusia por su situación de clase, es decir, por su situación en el régimen social de producción.

 

Esta determinación -sólo aproximada, se comprende- es posible porque conocemos la división general de los campesinos en grupos económicos fundamentales. Y puede admitirse toda la masa de la población agrícola como campesina, pues el número de los terratenientes en el total general es por com­pleto insignificante. Además, una parte no pequeña de los terra­tenientes está incluida entre los rentistas, funcionarios, altos dignatarios, etc. En los 97.000.000 de la masa campesina es preciso distinguir tres grupos fundamentales: el inferior, las capas proletarias y semiproletarias de la población; el medio, los pe­queños propietarios pobres, y el superior, los pequeños propie­tarios acomodados. Más arriba hemos analizado con detalle los caracteres económicos fundamentales de estos grupos, como diferentes elementos de clase. El grupo inferior lo constituye la población desposeída y que vive en lo fundamental o a medias de la venta de la fuerza de trabajo. El grupo medio lo forman los pequeños propietarios pobres, pues el campesino medio, aun en el mejor de los años, apenas sale adelante, pero la fuente principal de subsistencia es aquí la pequeña hacienda “indepen­diente” (supuestamente independiente, claro es). Por fin, el grupo superior son los pequeños propietarios acomodados, que explotan a un número más o menos considerable de braceros y jornaleros con nadiel y de obreros asalariados de toda clase en general.

 

La parte aproximada de estos grupos en la suma general es: 50%, 30% y 20%. Antes hemos tomado constantemente la parte del número de hogares o haciendas. Ahora tomaremos la parte de la población. Con este cambio aumenta el grupo inferior y disminuye el superior. Pero precisamente ese cambio es el que sin duda se ha operado en Rusia en el último decenio, como lo acreditan de modo irrefutable el descenso de la posesión campesina de caballos y la ruina de los campe-

 

 

 

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sinos, el incremento de la miseria y del paro forzoso en el campo, etc.

 

Por consiguiente, en la población agrícola tenemos alrede­dor de 48.500.000 de población proletaria y semiproletaria, alrededor de 29.100.000 pequeños propietarios pobres con sus familias y alrededor de 19.400.000 de población en las pequeñas haciendas acomodadas.

 

Se plantea después la cuestión de cómo distribuir la pobla­ción comercial e industrial y la no productiva. En esta última hay elementos que pertenecen sin duda a la gran burguesía: todos los rentistas (que viven de los ingresos del capital y de los bienes inmuebles, el primer subgrupo del grupo 14 de nuestra estadística, 900.000 personas), siguen una parte de los intelectuales burgueses, los altos funcionarios militares y civiles, etc. En total entrarán aquí cerca de 1.500.000 per­sonas. En el otro polo de esta población no productiva se encuentran el personal de filas del ejército, la flota, los gen­darmes y la policía (cerca de 1.300.000), el servicio doméstico y numerosos empleados inferiores (en total hasta 500.000), casi 500.000 mendigos, vagabundos, etc., etc. Aquí sólo se puede distribuir aproximadamente los grupos que más se aproximan a los tipos económicos fundamentales: alrededor de 2.000.000 entre la población proletaria y semiproletaria (en parte los lumpen), alrededor de 1.900.000 entre los pequeños propietarios pobres y cerca de 1.500.000 entre los pequeños propietarios acomo-dados, incluyendo aquí a la mayor parte de los empleados, de la administración, de los in­telectuales burgueses, etc.

 

Finalmente, entre la población comercial e industrial, compuesta indudablemente más que nada por proletarios, es donde mayor resulta el abismo entre éstos y la gran burguesía. Pero el censo no da dato alguno de la distribución de esta población en patronos, pequeños produc-tores sin obreros asa­lariados, obreros, etc. Resta tomar como modelo los datos antes aducidos acerca de la población industrial de San Petersburgo, distribuida según su situación en la producción. A base de estos datos puede asignarse aproximadamente cerca del 7% a la gran burguesía, el 10%, a la pequeña burguesía

 

 

 

548

acomodada, el 22% a los pequeños patronos pobres y el 61% al proletariado. Para toda Rusia, la pequeña produc­ción en la industria es, naturalmente, mucho más vivaz que en San Peters-burgo, mas, en cambio, no incluimos en la pobla­ción semiproletaria la masa de pequeños productores sin obreros asalariados y kustares que trabajan en casa para los patronos. Por tanto, en su conjunto, las relaciones tomadas se diferenciarán poco, probablemente, de la realidad. Para la población comercial e industrial obtuvimos entonces cerca de 1.500.000 de gran burguesía, cerca de 2.200.000 de acomo­dados, cerca de 4.800.000 pequeños productores necesitados y cerca de 13.200.000 proletarios y semiproletarios.

 

Agrupando la población agrícola, comercial e industrial y la no productiva obtendremos para toda la población de Rusia la siguiente distribución aproximada, atendida su situa­ción de clase:

 

Gran burguesía, terratenientes, altos

funcionarios y demas                                    unos                   3.000.000

Pequeños patronos acomodados                    unos                23.100.000

Pequeños patronos pobres                              unos                35.800.000

Proletarios* y semiproletarios            unos                63.700.000

 

No dudamos de que nuestros economistas y políticos demócratas constitucionalistas y adláteres lanzarán voces indignadas contra esta simplista representación de la economía de Rusia. Resulta tan cómodo, tan conveniente velar la profundidad de las contradicciones económicas con un análisis de pormenores y, al mismo tiempo, lamentarse de la grosería” del punto de vista socialista sobre el conjunto de estas contradicciones. Semejante crítica de la conclusión a que nosotros hemos llegado carece, se comprende, de importancia científica.

Acerca del grado de aproximación de unas u otras cifras son

 

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* Por lo menos son 22.000.000. Véase más abajo.

 

 

 

549

posibles, claro es, los desacuerdos de detalle. Desde este punto de vista es interesante señalar la obra del Sr. Lositski, Estudios sobre la población de Rusia según el censo de 1897 (Mir Bozhi, 1905, núm. 8). El autor ha utilizado datos directos del censo sobre el número de obreros y sirvientes. Según estos datos determina la población proletaria de Rusia en 22.000.000; la campesina y terrateniente en 80.000.000; la de patronos y empleados en el comercio y la industria, en unos 12.000.000, y la no ocu­pada en la producción en unos 12.000:000.

 

La cifra referente al proletariado, según estos datos, se aproxima mucho a nuestras con-clusiones*. Negar la enorme masa de población semiproletaria entre las capas pobres del campo, que dependen de los “trabajos fuera del lugar, entre los kustares, etc., significaría burlarse de todos los datos de la economía de Rusia. Basta recordar los 3.250.000 hogares sin caballos sólo en la Rusia europea, los 3.400.000 hogares con un caballo, el conjunto de informes de la estadística de los zemstvos acerca del arriendo, los “trabajos fuera del lugar, los presupuestos, etc., para no dudar de la enorme cuantía de la población semiproletaria. Aceptar que la población prole­taria y la semiproletaria juntas componen la mitad de los campesinos significa, probablemente, disminuir su númerol pero en modo alguno exagerarlo. Y fuera de la población agrícola el tanto por ciento de las capas proletarias y semipro­letarias es indudablemente aún mayor.

 

Además, si no se quiere cambiar el cuadro económico completo por menudencias, entre los pequeños patronos aco­modados hay que incluir una parte considerable de la administración comercial e industrial, de los empleados, de los intelectuales burgueses, de los funcionarios, etc. Aquí hemos procedido, puede ser, con excesiva cautela, determinando la cantidad de esta población con una cifra demasiado alta: es muy posible que hubiera que aumentar el número de los

 

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* No es éste el lugar para entrar en detalles acerca de la estadística de los obreros y sirvientes de que se ha valido el Sr. Lositski. Esta estadística, a juzgar por todo, peca de una disminu-ción muy considerable del número de obreros.

 

 

 

550

pequeños patronos pobres y disminuir el número de los aco­modados. Pero semejantes divisiones no pretenden, claro es, ser de una exactitud estadística absoluta.

 

La estadística debe ilustrar las relaciones económico-so­ciales establecidas con un análisis completo, y no transfor­marse en un objetivo en sí, como ocurre con demasiada fre­cuencia en nuestro país. Velar que las capas pequeñobur­guesas son muy numerosas en la población de Rusia significaría falsificar directamente el cuadro de nuestra reali­dad económica.

 

 

VI. ESTADISTICA DE LOS MOTORES DE VAPOR

 

El empleo de las máquinas de vapor en la producción es uno de los rasgos más característicos de la gran industria maquinizada. Por ello es interesante examinar los datos que se tienen al particular. Para 1875-1878 el número de máquinas de vapor lo proporcionan los Materiales para la estadística de motores de vapor en el Imperio Ruso (San Petersburgo, 1882, Edi­ciones del Comité Central de Estadística)*. Para 1892 tenemos las cifras de la Recopilación de datos sobre la industria fabril, que abarcan todas las industrias fabriles y mineras. He aquí la confrontación de estos datos: (ver el cuadro en la pág. 551. -Ed.)

 

En 16 años el número de motores de vapor, por la canti­dad de caballos de fuerza, se ha tri-plicado en Rusia y se ha hecho 2 1/2 veces mayor en la Rusia europea. El número de máquinas ha aumentado en menor proporción, de modo que la fuerza media de una de ellas se ha elevado considerablemente: en la Rusia europea de 18 caballos de fuerza a 24 y en el Reino de Polonia de 18 a 41. Por consiguiente, la gran industria maquinizada se ha desa-rrollado en este período con mucha rapidez. Por el número de caballos de fuerza, en 1875-1878

 

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* De los 13 grupos de industrias, para la comparación con 1892 descartamos los grupos siguientes: I (agricultura), XII (tipo y litografía) y XIII (“conducciones de agua” y otras). Las locomóviles figuran entre las máquinas de vapor.

 

 

 

551

 

 

 

iban por delante de las demás las provincias siguientes: San Petersburgo (17.808), Moscú (13.668), Kíev (8.363), Perm (7.348), Vladimir (5.684); en total, en estas 5 provincias había 52.871 caballos de fuerza, alrededor de 3/5 del total de la Rusia europea; seguían las provincias de Podolia (5.480), Petrokov (5.071), Varsovia (4.760). En 1892 este orden había cambiado: Petrokov (59.063), San Petersburgo (43.961), Eka­terinoslav (27.839), Moscú (24.704), Vladimir (15.857), Kíev (14.211); en las 5 últimas provincias había 126.572 caballos de fuerza, es decir, casi la 1/2 del total de la Rusia europea; seguían después las provincias de Varsovia (11.310) y Perm (11.245). Estas cifras demuestran palmariamente la formación de dos nuevos centros industriales: en Polonia y en el Sur. En la provincia de Petrokov el número de caballos de fuerza cre­ció 11,6 veces, y en las de Ekaterinoslav y del Don juntas*, de 2.834 a 30.932 caballos, es decir, 10,9 veces. Estos centros industriales, crecidos con tanta rapidez, avanzaron de los últi­mos puestos a los primeros, desplazando a los cen­tros industriales viejos. Observaremos que también en estos

 

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* Agrupamos estas provincias en vista de los cambios que sufrieron sus fronteras después de 1878.

 

 

 

552

datos se advierte un incremento especialmente rápido de la industria que produce artículos de consumo productivo, y preci­samente de la industria minera y metalúrgica. En 1875-1878 funcionaban en ella 1.040 máquinas de vapor con 22.966 caballos de fuerza (en la Rusia europea), mientras que en1890 había 1.960 máquinas con 74.204 caballos, es decir, en 14 años se dio un incremento mayor que el experimentado en 16 años por el total de máquinas de vapor en toda la indus­tria. La industria que Produce medios de producción ocupa un lugar cada día más destacado en toda la industria*.

 

 

VII. CRECIMIENTO DE LAS GRANDES FÁBRICAS

 

El carácter insatisfactorio de los datos de nuestra estadís­tica fabril antes demostrado nos ha obligado a recurrir a cálcu­los más complejos para determinar cómo se desarrolla en Rusia la gran industria maquinizada después de la Reforma. Hemos tomado algunos datos de 1866, 1879, 1890 y 1894-95 relativos a las mayores fábricas: las que tienen 100 y más obreros trabajando en la empresa**. Los obreros que traba‑

 

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* Lo mucho que ha avanzado el empleo de máquinas de vapor en Rusia después de 1892 se advierte del hecho de que en 1904, según los informes de los inspectores de trabajo, para las 64 provincias se contaban 27.579 calderas de vapor fabriles, y, en total, descontando las agrícolas, 31.887 calderas. (Nota a la segunda edición.)

** Fuentes: Anuro del Ministerio de Hacienda 1 (datos únicamente de 71 industrias); Guías, la y 3a ediciones, datos de todas las industrias, al igual que en la Relación, mas, para comparar los datos de la Relación y de la Guía, hay que excluir de las industrias incluidas en la lista de la última, la de raíles. Se han excluido las empresas en las que junto a los obreros fabriles entran los obreros que trabajan en sus casas. Esa inclusión de los obreros que trabajan en su domicilio está señalada directamente en las notas de las publicaciones mencionadas; a veces se desprende al comparar los datos de distintos años, conf., por ejemplo, datos sobre la producción de tejido de algodón en la provincia de Sarátov en los años 1879, 1890 y 1894-95. (Conf. cap. VI, § II, I.) Sinzheimer (Über die Grenzen der Weiterbildung des fabrikmässigen Grossbetriebes in Deutschland, Stuttgart, 1893) (Sobre las fronteras de difusión de la gran industria fabril en Alemania, Stuttgart 1893. -Ed.) incluye entre las grandes fábricas las empresas con

 

 

 

553

jan fuera sólo están estrictamente separados en los datos de la Relación de 1845-95; por ello es posible que los datos de los años anteriores (especialmente de 1866 y 1879) hayan que-dado un tanto exagerados, a pesar de las correcciones de que se habla en la nota.

 

Citaremos los datos de estas fábricas más grandes: (ver el cuadro en la pág. 554-Ed.)

 

Comenzaremos el análisis de este cuadro por los datos de 1866-1879-1890. El número total de las fábricas grandes cam­bió en estos años así: 644-852-951, o en tanto por ciento: 100-132-147. En 24 anos el número de las grandes fábricas creció, por consiguiente, casi una vez y media. Y además, si tomamos los datos de las distintas categorías de grandes fábricas vere-mos que cuanto mayores son las fábricas, más rápidamente crece su número (A: 512-641-712 fábricas; B: 90-130-140; C: 42-81-99). Esto indica la creciente concentra­ción de la producción.

 

El número de empresas mecanizadas crece más de prisa que el número total de fábricas; así, en tanto por ciento: 100-178-226. Un número cada vez mayor de grandes empresas pasa al empleo de motores de vapor. Cuanto mayores son las fábricas, más numerosas son entre ellas las empresas mecanizadas; calculando el tanto por ciento de estas empresas con relación al número total de fábricas de la cate­goría dada, obtenemos las cifras siguientes: A) 39%-53%-63%; B) 75%-91%-100%; C) 83%-94%-100%. El empleo de motores de vapor va íntima-mente unido a la ampliación del volumen de la producción, al ensanchamiento de la coope-ración en la producción.

 

El número de obreros en todas las grandes fábricas cambió en tanto por ciento así: 100-168-200. En 24 años el número de obreros se duplicó, es decir, marchó por delante del aumento del número total de “obreros fabriles. El número medio de obreros por una fábrica grande fue por años:

 

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50 y más obreros. Esta norma no nos parece baja en modo alguno, pero teniendo en cuenta las dificultades para el cálculo de los datos rusos hemos tenido que limitarnos a las fábricas más grandes.

 

 

 

554

 

 

 

 

 

555

359-458-488, y por categorías: A) 213-221-220; B) 665-706-673; C) 1.495-1.935-2.154. Las mayores fábricas concentran, por consiguiente, una parte más y más grande de obreros. En 1866, en las fábricas con 1.000 y más obreros había un 27% del total de los obreros de las grandes fábricas; en 1879, un 40%; en 1890, un 46%.

 

Los cambios del valor de la producción de todas las grandes fábricas se expresan en tanto por ciento así: 100-243-292, y por categorías: A) 100-201-187; B) 100-245-308; C) 100-323-479. Por consiguiente, el valor de la producción de todas las grandes fábricas creció casi tres veces, con la particularidad de que este crecimiento fue más rápido cuanto mayores eran las fábricas. Pero, si comparamos la pro­ductividad del trabajo en cada año por separado para las dis­tintas categorías, veremos algo un tanto distinto. La magnitud media del valor de la producción correspondiente a un obrero en todas las fábricas grandes será: 886-1.250-1.260 rublos, y por categorías: A) 901-1.410-1.191; B) 800-1.282-1.574; C) 841-1.082-1.188. Por consiguiente, en cada año por separado no se observa que aumente, de la categoría inferior a la supe­rior, el valor de la producción (correspondiente a un obrero). Esto ocurre porque en las distintas categorías entran en proporción desigual fábricas de distintas industrias, que se diferen­cian por el distinto valor de las materias primas y, por tanto, por el distinto volumen de la producción anual que rinde un obrero*.

 

Consideramos superfluo examinar con la misma minuciosidad los datos de 1879-1890 y de 1879-1890-1894/95, pues ello significaría repetir todo lo dicho antes con motivo de unas relaciones de tanto por ciento sólo algo distintas.

 

Últimamente, el Resumen de informes de los inspectores de trabajo proporciona datos de la agrupación de las fábricas según

 

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* Por ejemplo, en 1866 en la categoría A. entraron 17 refinerías de azúcar, en las que a un obrero corresponde cerca de 6.000 rublos de producción anual, mientras que en las fábricas textiles (incluidas en las categorías superiores) corresponde de 500 a 1.500 de producción anual por obrero.

 

 

 

556

el número de obreros. He aquí los datos correspondientes a 1903.

 

 

En las 64 provincias               En las 50 provincias

de Rusia                                de la Rusia europea     

 

Grupos de empresas fábriles              Número           Número           Número           Número

(por número de obreros)         de                        de                     de                    de empresas obreros           empresas         obreros

 

De menos de 20                                5.749                 63.652           4.533                 51.728

De 21 a 50                                        5.064               158.602           4.253               134.194

De 51 a 100                                      2.271               156.789           1.897               130.642

De 101 a 500                                    2.095               463.366           1.755               383.000

De 501 a 1.000                                     404               276.486              349               240.440

De más de 1.000                                  238               521.511              210               457.534

------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Total                                              15.821               1.640406         12.997              1.397.538

 

 

Estos datos pueden ser comparados con los aducidos antes únicamente admitiendo cierta inexactitud, la verdad es que insignificante. En todo caso, estos datos muestran que el número de fábricas grandes (con más de 99 o más de 100 obreros) y el número de obreros en ellas aumenta con rapi­dez. Crece también la concentración de los obreros -y por tanto de la producción- en las mayores de estas grandes fábricas *.

 

Comparando los datos de las grandes fábricas con los datos de todas las “fábricas” de nuestra estadística oficial, veremos que en 1879 las grandes constituían el 4,4% de las fábricas, y concentraban el 66,8% de los obreros fabriles y el 54,8% del valor de la producción. En 1890 las grandes fábricas constituían el 6,7% de las fábricas”, concentraban el 71,1% de los obreros fabriles y el 57,2% del valor de la producción. En 1894-95 las grandes fábricas constituían el 10,1% de las “fábricas”, con‑

 

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* Los dos párrafos últimos, comenzando por las palabras: Últimamente...” se añadieron en la segunda edición de El desarrollo del capitalismo en Rusia (1908). Posteriormente, en un ejemplar de esta edición, Lenin hizo una acotación, a mano al margen, del siguiente contenido (para mayor claridad repetimos los nombres de los grupos de empresas fabriles, po­niéndolos entre corchetes):

 

 

 

557

centraban el 74% de los obreros fabriles y el 70,8% del valor de la producción. En 1903, las fábricas grandes, con más de 100 obreros, formaban en la Rusia europea el 17% de las fábricas y concentraban el 76,6% de los obreros fabriles*. Así pues, las fábricas grandes, especialmente las provistas de máquinas de vapor, concentran, a pesar de su escaso número, una parte predominante, que crece sin cesar, del número de obreros y del valor de la producción de las “fábricas. Ya hemos visto con qué enorme rapidez crecen estas fábricas grandes en la época posterior a la Reforma. Aduciremos ahora unos datos de las empre­sas, igualmente grandes, de la industria minera**.

 

--------------

En 1908 (66 provincias de Rusia)

 

Número de                     obreros                   [Grupos de empresas fábriles]  

Empresas                                                                 (por número de obreros)                           

  5.403                                  -    63.954                               [De menos de 20]

  4.569                                  -  152.408                               [De 21 a 50]

  2.112                                  -  150.888                               [De 51 a 100]

  2.169                                  -  496.329                               [De 101 a 500]

     433                                   -  280.639                               [De 501 a 1.000]

     299                                   -  663.891                               [De más de 1.000]

------------------------------------------------------------------------------------------

14.985                                  -1.808.109                                          [Total]

 

 

Fábricas con 100 y más obreros

 

                           1908                                                      1903

empresas            obreros                   empresas                  obreros               

              2.901             - 1.440.859                      2.737      - 1.261.363

 

 

Véase la ilustración en la pág. 559. -Ed.

* Más arriba, en el § II [conf. Estudios, pág. 276 (Véase O. C., t. 4, pág. 16. -Ed.)] se han aducido los datos globales de nuestra industria fabril según la Guía y la Relación. Observa-remos que el ascenso del tanto por ciento de los grandes fábricas con relación al total de “fábricas señala, ante todo, la reducción gradual de este último concepto en nuestra estadística.

** Los datos se han calculado según la Recopilación de datos estadísticos de la industria minera, en 1890; se han excluido las fábricas que entra-

 

 

 

558- 560

 

El original en ruso

 

 

561

 

 

 

En la industria minera, la concentración de obreros en las empresas grandes es aún mayor (aunque es más pequeño el tanto por ciento de las empresas que emplean máquinas de vapor en la producción); 258.000 obreros de 305.000, es decir, el 84,5% de los obreros mineros están concentrados en las empresas con 100 y más obreros; casi la mitad de los obreros mineros (145.000 de 305.000) está ocupada en las pocas fábricas muy grandes que tienen 1.000 y más obreros. Del total de obreros fabriles y mineros de la Rusia europea (1.180.000 en 1890) tres cuartas partes (74,6%) están concentradas en las empresas que tienen 100 y más obreros; casi la mitad (570.000 de 1.180.000) está

 

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ban en la Guía. A consecuencia de esta exclusión, el total de obreros mineros en la Rusia europea disminuirá en 35.000 (340.000–35.000 = 305.000).

 

 

 

562

concentrada en las empresas que tienen 500 y más obreros *.

 

 

 

--------------

 

 

Consideramos que no es superfluo referirnos aquí a la cuestión que planteó el Sr. N. –on con respecto al “retardo” del desarrollo del capitalismo y del incremento de la “población fabril” en el período de 1880-1890, en compara­ción con el período de 1865-1880**. Gracias a la original lógica que le distingue, el Sr. N. –on se las ha ingeniado para extraer de este notable descubrimiento la conclusión de que los “hechos confirman por completo” el aserto hecho en Ensayos de que el capitalismo, al llegar a ciertos límites de su desarrollo, reduce su propio mercado interior”. En primer lugar es absurdo deducir del “retardo del aumento” la reducción del mercado interior. Si el número de obreros fabriles aumenta más de prisa que la población (y ello es así precisamente según los datos del propio Sr. N. –on: de 1880 a 1890 un aumento del 25%), es porque la población se desplaza de la agricultura y el mercado interior crece hasta para los objetos de consumo personal. (No hablamos ya del mercado de los medios de producción.) En segundo lugar, la “disminución de la rapidez de crecimiento”, expresada en tanto por ciento, debe operarse siempre en un país capitalista en cierto grado de desarrollo, pues las magnitudes pequeñas aumentan siempre más de prisa en tanto por ciento que las grandes. Del hecho de que los pasos iniciales del desarrollo del capitalismo son particular-mente rápidos puede sólo deducirse el afán del país joven por alcanzar a los que son más viejos. Es injusto

 

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* El censo industrial de 1895 dio en Alemania para toda la industria, incluida la de cons-trucción minera, que en Rusia no se registra, 248 empresas con 1.000 y más obreros; en ellas había 430.286 obreros. Por consiguiente, las fábricas rusas más grandes son mayores que las alemanas.

** Rússkoe Bogatstvo, 1894, núm. 6, pág. 101 y sigs. Los datos que nosotros aducimos de las grandes fábricas atestiguan también un tanto por ciento de crecimiento menor en 1879-1890 que en 1866-1879.

 

 

 

 

563

tomar el tanto por ciento de aumento en el período inicial como norma para los períodos sub-siguientes. En tercer lugar, el propio hecho de la disminución de la rapidez de crecimiento no se demuestra, ni mucho menos, con la comparación de los períodos que el Sr. N.on ha tomado. El desarrollo de la industria capitalista no puede ser más que cíclico; por ello, para comparar los distintos períodos es preciso tomar los datos de muchos años *, a fin de que se destaquen distintamente los años de florecimiento especial, de auge, y los años de decadencia. El Sr. N. on, que no lo hizo así, cometió un error profundo, no advirtiendo que 1880 había sido un año de auge especial. Más aún, el Sr. N. –on no tuvo reparo en “componer” la afirmación contraria. ¡¡“Hay que observar además -razona- que 1880, año intermedio” (entre 1865 y 1890), “fue de mala cosecha; por eso, el número de obreros registrados este año fue menor del normal”!! (ibíd., págs. 103-104). Bastaba que el Sr. N. –on hubiese mirado el texto de la publicación de donde sacó las cifras de 1880 (Guía, tercera edición) para leer allí que 1880 se distingue por un “salto” de la industria, especialmente en la producción de cuero y máquinas (pag. IV), cosa que dependió de la incrementada demanda de artículos después de la guerra y de los grandes pedidos del Gobierno. Basta hojear la Guía de 1879 para darse patente cuenta de las proporciones de este salto**. Pero el Sr. N. –on no se detiene ante la deformación abierta de los hechos para satisfacer su romántica teoría.

 

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* Como hizo, por ejemplo, el Sr. Tugán-Baranovski en su La fábrica, pág. 307 y gráfico. El gráfico señala claramente que 1879 y más aún 1880 y 1881 fueron años de un auge especial.

** Véase, por ejemplo, la producción de paño: fabricación incrementada de paño para el ejército; industria del cuero: enorme animación: artículos de cuero: una fábrica grande produce por valor de 2.500.000 rublos “para el Departamento de Guerra” (pág. 288). Las fábricas de Izhevsk y Sestroretsk producen material de artillería por valor de 7.500.000 rublos contra 1.250.000 en 1890. En la industria del cobre llama la atención la producción de objetos para las tropas y de instrumentos militares (págs. 388-389); las fábricas de pólvora funcionan a pleno rendi­miento. etc.

 

 

 

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VIII. DISTRIBUCIÓN DE LA GRAN INDUSTRIA

 

Además de la concentración de la producción en las grandes empresas, para caracterizar la gran industria maquinizada es también importante lo relativo a la concentración de la producción en los distintos centros de la industria fabril y a los distintos tipos de centros fabriles. Lamentablemente, nuestra estadística fabril, además de dar un material insatisfactorio y que no se presta a comparaciones, lo estudia de modo que dista mucho de ser suficiente: por ejemplo, en las compilaciones modernas, la distribución de la industria se da sólo por pro-vincias completas (y no por ciudades y distritos, como se hacía en las mejores publicaciones de los años 60, que ilustraban también con mapas la distribución de la industria fabril). Mas, para dar una idea exacta de la distribución de la gran industria, es preciso tomar los datos relativos a los distintos centros, es decir, relativos a las distintas ciudades, pueblos fabriles o grupos dE pueblos fabriles situados a corta distancia unos de otros; las provincias o los distritos son unas unidades territoriales demasiado grandes*. Teniéndo­lo en cuenta hemos considerado necesario calcular en las Guías de 1879 y 1890 los datos relativos a la concentra‑

 

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* “..En el territorio de los distritos (de la provincia de Moscú), las fábricas se distribuyen de una manera muy desigual: en distritos muy industriales, junto a sitios que por la concen-tración más o menos considerable de empresas fabriles existente en ellos pueden calificarse de auténticos centros fabriles, hay subdistritos enteros casi desprovistos de toda industria fabril; y, al contrario, en distritos pobres en general por el número de fábricas hay zonas donde en un grado más o menos consi­derable está desarrollada una u otra industria, con la particularidad de que junto a las isbas de los kustares y talleres de intermediarios han surgido también gran-des empresas con todos los atributos de la gran producción (Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú. Sección de estadística sanitaria, tomo IV, parte I, Moscú, 1890, pág. 141). Esta publicación, la mejor en la literatura moderna de estadística fabril, ilustra la distribución de la gran industria mediante un mapa compuesto con detalle. Para tener un cuadro completo de la distribución de la industria fabril sólo falta la clasificación de los centros por el número de fábricas, de obreros y por el valor de la producción.

 

 

 

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ción de nuestra industria fabril en los centros más importantes. En el cuadro que se inserta a título de anexo (anexo III) han entrado datos de 103 centros fabriles de la Rusia europea, que concentran casi la mitad de todos los obreros fabriles*.

 

El cuadro nos muestra los tres tipos principales de centros fabriles en Rusia: 1) Ciudades. Figuran en primer lugar, distinguiéndose por la mayor concentración de obreros y empresas. Se destacan a este respecto especialmente las ciudades grandes. Las capitales concentran hasta 70.000 obreros fabriles cada una (considerando también sus suburbios); Riga, 16.000; Ivánovo-Voznesensk, 15.000; Bo­gorodsk, 10.000 en 1890; las ciudades restantes tienen menos de 10.000. Basta echar un vistazo a las cifras oficiales de obreros fabriles en algunas grandes ciudades (Odesa, 8.600 en 1890; Kíev, 6.000; Rostov del Don, 5.700, etc.) para convencerse de que son risiblemente pequeñas. El ejemplo antes aducido de San Petersburgo muestra cuántas veces habría que multiplicar estas cifras para obtener todo el número de obreros industriales en semejantes centros. Junto a las ciudades es preciso señalar los suburbios. Los suburbios de las ciudades grandes son con frecuencia centros industriales considerables, pero según nuestros datos, sólo hemos podido destacar un centro de esta clase: los suburbios de San Petersburgo, donde en 1890 se contaban 18.900 obreros. Algunos poblados del distrito de Moscú, incluidos en nuestro cuadro, son también, de hecho, subur-bios**.

 

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* En el cuadro han entrado únicamente las empresas con una pro­ducción por valor de 2.000 rublos por lo menos, y de los molinos, únicamente los de vapor. Se han excluido los obreros que trabajan fuera de la empresa allí donde había indicaciones de haber sido incluidos entre los fabriles; estas exclusiones van señaladas con un asterisco (*). El ascenso de la industria en 1879 no pudo por menos de dejarse sentir también en estos datos.

** “...La gran aldea de Cherkízovo, cercana a Moscú, es, según palabras de sus habitantes, una gran fábrica y constituye, en el sentido literal, una continuación de Moscú... Allí mismo, pasada la Semiónovskaya Zastava (Puerta)... se alberga también una multitud de distintas fábricas...

 

 

 

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El segundo tipo de centros son las aldeas fabriles, especialmente numerosas en las provincias de Moscú, Vladimir y Kostromá (del total de 63 centros rurales más importantes incluidos en nuestro cuadro, 42 se encuentran en estas provincias). A la cabeza de estos centros figura el lugar de Oréjovo-Zúevo (en el cuadro se dan Oréjovo y Zúevo por separado, pero constituyen un mismo centro); por el número de obreros sólo cede a las capitales (26.800 en 1890)*. En las tres provincias indicadas, y también las de Yaroslavl y Tver, la mayoría de los centros fabriles rurales forman grandes fábricas textiles (hilado y tejido de algodón, lienzo, tejido de lana, etc.). En tiempos anteriores, en esas aldeas había casi siempre oficinas de distribución, es decir, centros de la manufactura capitalista a los que estaba subordinada la masa de los tejedores manuales de las cercanías. En los casos en que la estadística no mezcla a los obreros que trabajan en su domicilio y a los fabriles, los datos del desarrollo de estos centros muestran con relieve el incremento de la gran industria maquinizada, que concen­tra a miles de campe-sinos de los alrededores y los transforma en obreros fabriles. Un número considerable de los centros fabriles rurales lo forman grandes fábricas mineras y metalúrgicas (de Kolomna, en la aldea de Bobrovo, Yúzovka, Briansk, etc.); la mayoría de ellas se refiere a la industria minera, y por eso no ha entrado en nuestro cuadro. Las fábricas de azúcar de remolacha enclavadas en las aldeas y lugares de las provincias del sudoeste forman

 

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No lejos vemos la aldea de Izmáilovo, con sus empresas de tejidos y su enorme manufactura de Izmáilovo.” Está al norte de Moscú. Al sur, “pasada la Serpujóvskaya Zastava, nos encontramos, ante todo, con la enorme manufactura de Danílovo, que constituye ella sola una pequeña ciudad... Más allá, a poca distancia una de otra, se encuentra todo un anillo de grandes fábricas de ladrillos, etc. (Recopilación de datos estadísticos citada, IV, parte I, págs. 143-144). En realidad, por consiguiente, la concentración de la industria fabril es más considerable de lo que hemos podido ofrecer en nuestro cuadro.

* En 1879 aquí se contaban sólo 10.900. Al parecer, se emplearon diversos modos de registros.

 

 

 

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también bastantes centros fabriles rurales; para ejemplo hemos tomado uno de los más importantes, el lugar de Smela, provincia de Kíev.

 

El tercer tipo de centros fabriles son las aldeas de kustares, cuyas empresas más grandes se consideran a menudo fábricas. Como modelos de tales centros sirven en nuestro cuadro las aldeas de Pávlovo, Vorsma, Bogoródskoe y Dúbovka. La comparación del número de obreros fabriles de tales centros con toda su población industrial se ha hecho más arriba para la aldea de Bogoródskoe*.

 

Clasificando los centros que han entrado en nuestro cuadro por el número de obreros en cada centro y por el género de los centros (ciudades y aldeas) obtenemos los datos siguientes (ver el cuadro en la pág. 568.-Ed.).

 

Este cuadro nos muestra que, en 103 centros, en 1879 había concentrados 356.000 obreros (del total de 752.000); en 1890 había 451.000 (de 876.000). Por consiguiente, el número de obreros aumentó un 26,8%, mientras que en las grandes fábricas en general (con 100 y más obreros) el aumento fue únicamente del 22,2% y el número total de obreros fabriles creció en este tiempo únicamente en un 16,5%. Así pues, se opera una concentración de los obreros en los centros más importantes. En 1879, sólo 11 centros tenían más de 5.000 obreros, mientras que en 1890 eran ya 21 centros. Salta especialmente a la vista el aumento de centros con 5.000 a 10.000 obreros; esto ha ocurrido por dos causas: 1) a consecuencia del notable desarrollo de la industria fabril en el sur (Odesa, Rostov del Don y otras ciudades); 2) a consecuencia del crecimiento de las aldeas fabriles en las provincias centrales.

 

La comparación de los centros urbanos y rurales muestra que los últimos abarcaban en 1890 a cerca de un tercio de los obreros en los centros más importantes (152.000 de 451.000). Para toda Rusia, esta proporción debe ser mayor, es decir, más de un tercio de los obreros fabriles debe encontrarse fuera de las ciudades. En efecto, en

 

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* Véase el presente volumen, págs. 543-544.-Ed.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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nuestro cuadro han entrado todos los centros urbanos importantes, mientras que, fuera de los que nosotros hemos mencionado, hay muchísimos centros rurales con va­rios centenares de obreros (poblados con fábricas de vi­drio, de ladrillos, de alcohol, de azúcar de remolacha y otras). Los obreros mineros se encuentran también princi­palmente fuera de las ciudades. Puede pensarse, por ello, que del total de obreros fabriles y mineros de la Rusia europea, no menos de la mitad (y puede que más) se encuentre fuera de las ciudades. Esta conclusión tiene una gran importancia, pues muestra que la población industrial de Rusia supera considerablemente por su volumen a la población urbana*.

 

Si examinamos la rapidez relativa de desarrollo de la industria fabril en los centros urbanos y rurales, vemos que estos últimos marchan indudablemente por delante en este sentido. En el período tomado, el número de centros urbanos con 1.000 y más obreros aumentó muy poco (de 32 a 33), mientras que el aumento de los centros rurales fabriles fue muy grande (de 38 a 53). El número de obreros en 40 centros urbanos creció sólo un 16,1% (de 257.000 a 299.000), mientras que en 63 centros rurales aumentó un 54,7% (de 98.500 a 152.500). El número medio de obreros por centro urbano se elevó sólo de 6.400 a 7.500, mientras que para un centro rural el aumento fue de 1.500 a 2.400. Así, la industria fabril tiene, al parecer, la tendencia a difundirse con especial rapidez fuera de las ciudades; a crear nuevos centros fabriles y a empujarlos adelante con más celeridad que a los urbanos; a adentrarse en el fondo de los lugares apartados, aislados, al parecer, del mundo de las grandes empresas capitalistas. Esta circunstancia, importante en grado sumo, nos mues­tra, en primer lugar, con qué rapidez transforma la gran

 

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* El censo de población del 28 de enero de 1897 confirmó plenamente esta conclusión. La población urbana de todo el Imperio ascendía a 16.828.395 personas de ambos sexos. La población comercial e industrial, según hemos mostrado antes, era de 21.700.000. (Nota a la segunda edición.)

 

 

 

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industria maquinizada las relaciones económico-sociales. Lo que antes se formaba en el curso de siglos ocurre ahora en una decena de años. Merece la pena comparar, por ejemplo, la formación de centros no agrícolas como las aldeas de kustares señaladas en el capítulo anterior: Bogoródskoe, Pávlovo, Kimri, Joteichi, Velíkoe, etc., con el proceso de formación de nuevos centros por la fábrica moderna, que concentra de golpe a la población rural por miles en los poblados industriales*. La división social del trabajo recibe un impulso enorme. Condición necesaria de la vida econó­mica se hace la movilidad de la población, en lugar de la estabilidad y el carácter cerrado de antes. En segundo lugar, el traslado de las fábricas a la aldea muestra que el capitalismo supera los obstáculos que le pone el carácter cerrado de estamento de la comunidad campesina, y hasta

 

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* “En el pueblo de Krivói Rog, la población creció entre 1887 y 1896 de 6.000 a 17.000 habitantes; en la fábrica de Kámenskoe, de la Sociedad del Dniéper, de 2.000 habitantes a 18.000; cerca de la estación de Druzhkovka, donde en 1892 había solamente dependencias de la estación, ha crecido ahora un poblado de 6.000 habitantes; en la fábrica de Gdántsevo hay 3.500 habitantes; cerca de la estación de Konstantínovka, donde se han construido numerosas fábricas, se está formando una nueva localidad; en Yúzovka se ha formado una ciudad con 29.000 habitantes; ...en Nizhni-Dnieprovsk, junto a Ekaterinoslav, en un terreno desierto y arenoso, donde ahora hay varias fábricas, se ha formado un poblado nuevo de 6.000 habitantes. La fábrica de Mariúpol origina un nuevo asentamiento de 10.000 personas, etc. En las minas de carbón de piedra se forman centros de población” (Véstnik Finánsov, 1897, núm. 50). Según Russkie Védonwsti (1897, núm. 322, 21 de noviembre), la asamblea del zemstvo del distrito de Bájmut solicita la conversión en villas de los poblados comerciales con 1.000 habitantes y en ciudades, de los que tienen 5.000 habitantes... “Aquí se observa... un inusitado crecimiento de los poblados comerciales y fabriles... En total se cuentan ya hasta 30 poblados que han nacido y crecido con rapidez puramente americana... En Volíntsevo, donde se está montando, y en las primeras fechas de noviembre se pondrá en marcha, una grandiosa fábrica metalúrgica con dos altos hornos, fundición de acero y laminado de raíles, hay de 5.000 a 6.000 habitantes, que están construyendo un poblado en una estepa poco antes casi desierta. Con la afluencia de la población obrera se observa la llegada de comerciantes, artesanos, de pequeños industriales, en general, que esperan vender fácil y rápidamente a dicha población toda clase de mercancías.”

 

 

 

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saca ventaja de este carácter cerrado. Si el montaje de las fábricas en las aldeas ofrece no pocas dificultades, en cambio asegura obreros baratos. No dejan ir al mujik a la fábrica, y la fábrica va al mujik*. El mujik no tiene libertad completa (por la caución solidaria y las dificultades para salir de la comunidad) para buscarse al patrono más conveniente, pero el patrono sabe perfectamente buscar al obrero más barato. En tercer lugar, el considerable número de centros fabriles rurales y su rápido crecimiento muestra lo infundado del criterio de que la fábrica rusa se encuentra apartada de la masa de los campesinos, de que ejerce una débil influencia sobre estos últimos. La particu­laridad de la distribución de nuestra industria fabril muestra, al contrario, que su influencia es muy amplia y que no se limita, ni mucho menos, a los muros de la empresa**. Mas, por otro lado, la particularidad señalada de la distribución de nuestra industria fabril no puede por menos de frenar también temporalmente esta acción transformadora que ejerce la gran industria maquinizada sobre la población ocupada en ella. Al convertir de golpe al mujik atrasado en obrero, la fábrica puede durante cierto tiempo asegurarse los “brazos” más baratos, más atrasados y menos exigentes. Es evidente, sin embargo, que este retraso no puede ser más que de corta duración, y que se adquiere al precio de ampliar aún más el campo en que se deja sentir la influencia de la gran industria maquinizada.

 

 

IX. DESARROLLO DE LA INDUSTRIA MADERERA Y DE LA INDUSTRIA DE LA CONSTRUCCION

 

Una de las condiciones indispensables del crecimiento de la gran industria maquinizada (y concomitancia extraordina‑

 

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* “La fábrica busca al tejedor barato, y lo encuentra en su aldea natal. La fábrica debe ir tras el tejedor (Las industrias kustares de la provincia de Vladímir, III, 63)

** Recordemos el hecho antes citado (capítulo III, § IV, pág. 146, nota) (véase el presente volumen, pág. 218. -Ed.) acerca de la influencia de la industria minera del distrito de Bájmut, provincia de Ekaterinoslav,

 

 

 

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riamente característica de su crecimiento) es el desarrollo de la industria que proporciona combustible y materiales para las obras y de la industria de la construcción. Comenzaremos por la industria maderera.

 

La tala de bosques y el tratamiento inicial de la madera para el consumo propio constituyen de siempre un trabajo de los campesinos, que entra casi en todos los sitios en el círculo general de las ocupaciones del agricultor. Mas por industria maderera nosotros comprendemos exclusivamente la preparación de madera para la venta. La época posterior a la Reforma se distingue por un crecimiento especial de esta industria: aumentó con rapidez la demanda de madera, tanto como artículo de consumo personal (crecieron las ciudades, aumentó la población no agrícola en las aldeas, los campesinos fueron privados de los bosques con la emancipación) como, particularmente, en calidad de artícu­lo de consumo productivo. El desarrollo del comercio, de la industria, de la vida urbana, del ejército, de los ferrocarri­les, etc., etc., condujo` a un enorme aumento de la demanda de madera no para consumo de los hombres, sino del capital. En las provincias industriales, por ejemplo, el precio de la leña subió “no por días, sino por horas”: “en los últimos 5 años” (hacia 1881), “el precio de la leña se ha du­plicado con creces*. “El precio de la madera ha empezado a subir a pasos gigan-tescos.”** En la provincia de Kostro­má, con el gran consumo de leña por las fábricas, el precio se ha hecho el doble en 7 años”***, etc. El envío de madera al extranjero aumentó de 5.947.000 rublos en 1856 a 30.153.000 en 1881 y a 39.200.000 en 1894, es decir, creció en la proporción 100:507:659****. Por las vías de nave‑

 

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en el régimen agrícola local.—Son características también las habituales quejas de los propietarios agrícolas de que las fábricas “echan a perder” a la población.

* Las industrias kustares de la provincia de Vladimir, I, 61.

** Ibíd., IV, 80.

*** Zhbankov. Influencia de las industrias fuera de la localidad en el movimiento de la población, Kostromá, 1887, pág. 25.

**** Las fuerzas productivas. El comercio exterior de Rusia, pág. 39.

 

 

 

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gación interiores de la Rusia europea se transportaron en 1866-1868 madera para la cons-trucción y leña con un promedio de 156.000.000 de puds al año*, mientras que en 1888-1890 se transportó una media anual de 701.000.000 de puds**, es decir, que el volumen de los transportes aumentó más de cuatro veces. Por ferrocarril se transportó en 1888-1890 una media de 290.000.000 de puds***, mientras que en 1866-1868 no pasó probablemente de 70.000.000 de puds****. Es decir, todo el transporte de madera en los años 60 fue de unos 226.000.000 de puds, mientras que en 1888-1890 ascendió a 991.000.000 de puds, un aumento de más de cuatro veces. No cabe, pues, duda alguna del enorme desarrollo de la industria maderera precisamente en la época posterior a la Reforma.

 

¿Cuál es la organización de esta industria? Puramente capitalista. La madera es comprada a los terratenientes por los patronos, “industriales madereros” que contratan obreros para el corte y aserrado de la madera, para su conducción por los ríos, etc. Por ejemplo, en la provincia de Moscú los funcionarios de estadística del zemstvo han contado sólo 337 industriales madereros entre los 24.000 campesinos ocupados en la industria de la madera*****. En el distrito Slobodskói, provincia de Viatka, se contaron 123 industriales madereros (los pequeños son, en su mayor parte, contratistas de los grandes”, y de los últimos sólo hay 10), mientras que en la industria maderera había ocupados

 

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La exportación de maderas en 1902 fue de 55.700.000 rublos; en 1903, de 66.300.000 rublos. (Nota a la segunda edición.)

* Recopilación estadística militar, págs. 486-487.

** Resumen estadístico de los ferrocarriles y vías de navegación interiores, San Petersburgo, 1893 (ediciones del Ministerio de Vías de Comunicación), pág. 40.

*** Ibíd., pág. 26.

**** Suponiendo aproximadamente tl5 de todas las cargas ferroviarias (Recopilación estadística militar, pág. 511; págs. 518-519).

***** Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, t. VII, fascíc. I, parte 2. Con frecuencia, en nuestro país no se hace tampoco aquí una distinción estricta de los patronos y los obreros, a quienes también se califica de industriales madereros.

 

 

 

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18.865 obreros con un salario de 19,50 rublos por perso­na*. El Sr. S. Korolenko calculó que en toda la Rusia europea había hasta 2.000.000 de campesinos ocupados en estos trabajos**, y este número de difícil que sea exage­rado si, por ejemplo, en 9 distritos de la provincia de Viatka (de 11) se calcularon cerca de 56.430 obreros madereros, y en toda la provincia de Kostromá, unos 47.000***. Los trabajos forestales figuran entre los peor pagados; sus condiciones higiénicas son pésimas, y la salud de los obreros sufre extraordinariamente; la situación de los obreros, perdidos en el corazón del bosque, es la más indefensa, y en esta rama de la industria imperan con toda su fuerza la explotación usuraria, el truck-system y demás satélites de las patriarcales industrias campesinas. Citaremos para confirmar esta característica algunos comenta­rios de los investigadores locales. Los estadísticos de Moscú señalan la adquisición obligatoria de víveres a cuenta del jornal, que de ordinario rebaja en grado considerable el salario de los leñadores. Los leñadores de Kostromá “viven en los bosques por cuadrillas, en isbas construidas a toda prisa y mal, que carecen de estufa y se calientan sólo con hogares. La mala comida de un mal rancho y de pan, que en una semana se endurece como una piedra, el aire repulsivo... la ropa semihúmeda constantemente... Todo esto debe producir una influencia fatal en la salud de los obreros madereros”. La gente de los subdistritos forestales vive “con mucha más suciedad que la de los de trabajos fuera del lugar (es decir, de los subdistritos donde predominan los trabajos fuera de la localidad)****. Sobre el distrito de Tijvin, provincia de Nóvgorod, leemos: “La agricultura es una fuente auxiliar de ingresos, aunque en todos los datos oficiales encontraréis que la gente se ocupa

 

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* Trabajos de la comisión de kustares, XI, 397.

** El trabajo asalariado.

*** Calculado según Trabajos de la comisión de kustares.

**** L. c., págs. 19-20, 39. Conf. comentario completamente análogo en Trabajos de la comisión de /datares. XII, 265.

 

 

 

 

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de la labranza... Todo lo que el campesino recibe para cubrir sus necesidades esenciales lo gana en el corte y transporte de la madera por los ríos, trabajando para los industriales madereros. Mas pronto llegará la crisis: dentro de 5 ó 10 años no habrá más bosques... “El que se ocupa de las industrias forestales es más bien un sirgador136; el invierno lo pasa en un campamento, en la espesura del bosque... y en la primavera, perdido el hábito de los trabajos caseros, se siente ya atraído por el transporte de la madera por los ríos ; sólo la cosecha y la siega de heno le hacen sedentario... Los campesinos se encuentran en deuda perpetua con los industriales madereros*. Los investigadores de Viatka señalan que la contrata para los trabajos forestales se hace coincidir de ordinario con el tiempo de la recaudación de los impuestos, y que la compra de víveres a los patronos rebaja mucho el salario... “Tanto los taladores como los leñadores reciben unos 17 kopeks por día de verano, y unos 33 kopeks al día con caballo... Este mísero salario recompensa insuficientemente el trabajo si se recuerda' que éste se desenvuelve en las condiciones más antihigiénicas**, etc., etc.

 

Así, los obreros forestales son una de las grandes partes constituyentes del proletariado rural, que tiene un trozo insignificante de tierra y se ve obligado a vender su fuerza

 

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* Trabajos de la comisión de kustares, VIII, págs. 1372-1373, 1474. Gracias a las demandas de la industria maderera, en el distrito de Tijvin se ha desarrollado la forja, la producción de cuero y pieles y, en parte, la zapatería; la primera proporciona bicheros, y las otras, botas altas, pellizas y manoplas.” Entre otras cosas, aquí vemos un ejemplo de cómo la fabricación de medios de producción (es decir, el crecimiento del primer sector de la economía capita-lista) da un impulso a la fabricación de artículos de consumo (es decir, el segundo sector). No es la producción la que va tras del consumo, sino el consumo va tras de la producción.

** Trabajos de la comisión de kustares, XI, 399-400, 405, 147. Conf. numerosas indicaciones en la recopilación del zemstvo del distrito de Trubchevsk, provincia de Oriol, acerca de que “la agricultura tiene una importancia secundaria”, mientras que el papel principal correspon-de a las industrias, especialmente a la maderera (Recopilación de datos estadísticos del distrito de Trubchevsk, Oriol, 1887, en especial las notas por aldeas).

 

 

 

 

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de trabajo en las condiciones más desfavorables. Esta ocupación es irregular e inconstante en el más alto grado. Los obreros forestales son, por ello, la forma del ejército de reserva (o de superpoblación relativa en la sociedad capitalista) que la teoría denomina latente*: cierta parte (y, como hemos visto, no pequeña) de la población rural debe encontrarse siempre dispuesta a aceptar un trabajo seme­jante, debe tener necesidad constante de él. Tal es la condición de existencia y desarrollo del capitalismo. A medida que se exterminan los bosques con la rapaz explotación de los industriales madereros (y este proceso se opera de modo extraordinaria-mente rápido), se siente con vigor creciente la necesidad de sustituir la leña por carbón de piedra, se desarrolla con creciente rapidez la industria hullera, la única que está en condi-ciones de servir de base sólida para la gran industria maquinizada. La fábrica moderna presenta la demanda de un combustible barato que pueda ser obtenido en cualquier tiempo y en cualquier cantidad a` un precio determinado y que oscile poco. La industria maderera no está en condiciones de satisfacer esa demanda**. Por ello, el predominio de la industria maderera sobre la hullera en el abastecimiento de combustible corresponde a un estado de poco desarrollo del capitalismo. Con respecto a las relaciones sociales de la producción, en este sentido la industria forestal es para la hullera aproximadamente lo mismo que la manufactura capitalista para la gran industria maquinizada. La indus­tria forestal significa el estado más primitivo de la técnica, que explota con métodos primitivos las riquezas naturales;

 

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* Das Kapital, 12, S. 668137.

** He aquí una ilustración de esto, tomada de los Informes de los miembros de la comisión investigadora de la industria fabril en el Reino de Polonia (San Petersburgo, 1888, Parte I). La hulla en Polonia cuesta la mitad que en Moscú. El gasto medio de combustible por un pud de hilado es en Polonia de 16 a 37 kopeks, mientras que en la zona de Moscú es de 50 a 73. En la zona de Moscú se hacen reservas de combustible para 12-20 meses, mientras que en Polonia no se hacen para más de 3 meses, la mayor parte de las veces para 1-4 semanas.

 

 

 

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la industria hullera conduce a una completa revolución en la técnica y a un vasto empleo de las máquinas. La industria maderera mantiene al productor en la situación de campesino, la industria hullera lo transforma en obrero fabril. La industria maderera deja casi completa-mente intacto todo el régimen viejo, patriarcal de la vida, envolviendo a los obreros perdidos en el fondo de los bosques con los peores tipos de explotación usuraria, aprovechando su ignorancia, el desamparo en que se encuentran y su dispersión. La industria hullera crea la movilidad de la población, forma grandes centros industriales y conduce inevitablemente al control social de la producción. En una palabra, la sustitución descrita tiene el mismo significado progresivo que la sustitución de la manufactura por la fábrica *.

 

Exactamente igual, la construcción entraba al principio en el círculo de trabajos domésticos del campesino, y continúa así hasta ahora, pues se conserva la economía campesina semi-natural. El desarrollo ulterior lleva a que los obreros de la construcción se transformen en artesanos especialistas, que trabajan por encargo de los consumidores. Esta organización de la industria de la construcción se

 

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* El Sr. N. –on, al tocar la cuestión de la sustitución de la industria maderera por la hullera (Ensayos, 211, 243), limitose, como de ordinario, a lamentaciones. Nuestro romántico trata de no advertir la pequeña circunstancia de que detrás de la industria hullera capitalista se encuentra la industria maderera, capitalista también, que se distingue por unas formas incom-parablemente peores de explotación. ¡En cambio se ha extendido respecto el “número de obreros! ¿Qué significan unos 600.000 mineros ingleses en comparación con los millones de campesinos sin trabajo?, dice (211). Nosotros respondemos a esto: no cabe duda de que el capitalismo forma una superpoblación relativa, pero el Sr. N. –on no ha comprendido en absoluto la relación de este fenómeno con las necesidades de la gran industria maquinizada. Comparar el número de campesinos ocupados, aunque sea temporal e irregularmente, en distintos trabajos con el número de mineros especialistas que se dedican sólo a la extracción de hulla es un método completamente absurdo. El. Sr. N. –on utiliza métodos semejantes únicamente para velar el hecho, que destruye su teoría, de que en Rusia crecen rápidamente el número de obreros fabriles, el de mineros y el de toda la población comercial e industrial en general.

 

 

 

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encuentra considerablemente desarrollada también hoy día en las aldeas y ciudades pequeñas; el artesano conserva de ordinario la ligazón con la tierra y trabaja para un círculo muy estrecho de pequeños consumidores. Con el desarrollo del capitalismo se hace imposible la conservación de este régimen de la industria. El crecimiento del comercio, de las fábricas, de las ciudades, de los ferrocarriles demanda otras construcciones completamente distintas, que no se parecen ni por su arquitectura ni por sus dimensiones a los viejos edificios de la época patriarcal. Las construcciones nuevas requieren materiales muy diversos y caros, exigen la cooperación de masas de obreros de los oficios más distintos, exigen un tiempo prolongado para terminarlas; la distribución de estas nuevas construc­ciones no corresponde en absoluto a la distribución tradicio­nal de la población: se levantan en las grandes ciudades o en los suburbios, en lugares no habitados, a lo largo de las líneas férreas en construcción, etc. El artesano local se transforma en obrero que trabaja fuera de la localidad, al que recluta el patrono contratista, que gradualmente se inserta entre el consumidor y el productor y se convierte en auténtico capitalista. El desarrollo a saltos de la economía capitalista, la alternación de los largos años malos y los períodos de “fiebre de construcción” (como el que se atraviesa ahora, en 1898) da un impulso enorme a la ampliación y profundización de las relaciones capitalistas en la construcción.

 

Tal es, según los datos de las publicaciones de economía rusas la evolución que en la época posterior a la Reforma ha experimentado la industria que nos ocupa*. Esta evolución

 

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* Como hemos tenido ocasión de observar antes, el advertir esta evolución se dificulta por el hecho de que en nuestras publicaciones los obreros de la construcción son llamados con frecuencia “artesanos”, incluyendo de modo totalmente injusto en esta categoría a los obreros asalariados.—Sobre un desarrollo análogo de la industria de la construcción en el Occidente, véase, por ejemplo, Webb. Die Geschichte des britischen Trade Unionismus, Stuttgart, 1895, S. 7. (Webb. Historia del tradeunionismo británico, Stuttgart, 1895, pág. 7.-Ed.)

 

 

 

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se manifiesta con especial relieve en la división territorial del trabajo, en la formación de amplias zonas en las que la población obrera se especializa en una u otra clase de trabajos de construcción*. Semejante especialización de las zonas supone ya la formación de grandes mercados de trabajo de la construcción, y, ligado con ello, la formación de relaciones capitalistas. Citaremos para ilustrarlo los datos de una de estas zonas. El distrito de Pokrov, provincia de Vladimir, tiene vieja fama por sus carpinteros, que ya a principios del siglo constituían más de la mitad de la población. Después de la Reforma, la carpintería continúa incrementándose**. “En la zona carpintera, los contratistas son un elemento análogo a los maestros intermediarios y a los fabricantes”; los contratistas proceden de ordinario de los miembros más hábiles de la cuadrilla de carpinteros. “No son raros los casos en que el contratista se hace en 10 años con una ganancia líquida de 50.000 y 60.000 rublos y más aún. Algunos contratistas tienen de 300 a 500 carpinteros y se han hecho auténticos capitalistas... No en vano dicen los campesinos locales que 'no hay comercio más ventajoso que el comercio en carpinteros'.*** ¡Es difícil caracterizar con más relieve el fondo de la organización actual de la industria! “La carpintería ha marcado una profunda huella en todo el modo de vivir de los campesinos locales... El campesino carpintero va apartándose poco a poco de la agricultura y termina dejándola por completo.”

 

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* En la provincia de Yaroslavl, por ejemplo, los estufistas, estuquistas y albañiles del distrito de Danílov tienen fama especial, con la particularidad de que los distintos subdistritos proporcionan preferentemente oficiales de una de estas profesiones. La parte de la orilla izquierda del Volga del distrito de Yaroslavl proporciona especialmente muchos pintores de brocha gorda; la parte central del distrito de Mologa da carpinteros, etc, Resumen de la provincia de Yaroslavl; fascíc. II, Yaroslavl, 1896, pág. 135 y otras).

** A fines de los años 50, de la zona de Arguni (el centro de la industria es el subdistrito de Arguni) salían unos 10.000 carpinteros. En los años 60, de las 548 aldeas del distrito de Pokrov, 503 se ocupaban de la carpintería (Las industrias de la provincia de Vadímir, IV, pág. 161 y siguientes)

*** Ibíd., pág 165. La cursiva es nuestra.

 

 

 

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La vida en las capitales ha puesto en el carpintero un sello de cultura: vive con un aseo incomparablemente mayor que los campesinos de las cercanías y se destaca mucho por su “mayor cultura, por un grado relativamente alto de desarrollo intelectual*.

 

El número total de obreros de la construcción en la Rusia europea debe ser muy considerable, a juzgar por los datos fragmentarios que se poseen. En 1896, en la provincia de Kaluga se contaba: 39.860 obreros de la construcción locales y que salen fuera del lugar. En 1894-95, en la provincia de Yaroslavl -según datos oficiales- había 20.170 obreros que salen fuera del lugar. En la provincia de Kostromá había unos 39.500 obreros que salen fuera del lugar. En 9 distritos de la provincia de Viatka (de 11) había unos 30.500 que salen fuera del lugar (en los años 80). En 4 distritos de la provincia de Tver (de 12) había 15.585 obreros locales y que salen fuera del lugar. En el distrito de Gorbátov, provincia de Nizhni Nóvgorod, había 2.221 obreros locales y que salen fuera del lugar. De la provincia de Ria­zán, según datos oficiales de 1875-1876, salían al año, sólo carpinteros, 20.000 personas por lo menos. En el distrito de Oriol, provincia de Oriol, había 2.000 obreros de la construcción. En 3 distritos de la provincia de Poltava (de 15) había 1.440. En el distrito de Nikoláevsk, provincia de Sa

 

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* Ibíd., pág. 166. También otros autores dan una caracterización análoga. Véase Zhbankov. Influencia de las industrias fuera de la localidad en el movimiento de la población de la provincia de Kostromá según datos de 1866-83. Kostromá, 1887. — Sobre las industrias urbanas fuera de la localidad en el distrito de Soligálich, provincia de Kostromá, Yuridícheski Véstnik, 1890, núm. 9. — La región de las mujeres, Kostromá, 1891. Ensayos de un programa común para la investigación de las industrias fuera de la localidad. — Las industrias fuera de la localidad en la provincia de Smolensk en 1892-1895, Smolensk, 1896.— Influen-cia de las industrias fuera de la localidad en el movimiento de la población, Vrach”, 1895, núm. 25.Véase también las obras citadas Resumen de la provincia de Yaroslavl, Trabajos de la comisión investigadora de las indus­trias kustares, Sinopsis estadística de la provincia de Kaluga, correspondiente al año 1896. Kaluga, 1897; Resumen agrícola de la provincia de Nizhni Nóvgorod, 1896, Nizhni Nóvgorod, 1897, y otras publicaciones estadísticas de los zemstvos.

 

 

 

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mara, había 1.339*. A juzgar por estas cifras, el número de obreros de la construcción en la Rusia europea debe ascender por lo menos a 1.000.000 de personas**. Esta cifra debe admitirse más bien como mínima, pues todas las fuentes atestiguan que el número de obreros de la construcción crece con rapidez en la época posterior a la Reforma***. Los obreros de la construcción son un proletariado industrial en formación, cuyos lazos con la tierra -ya muy débiles en el momento presente****- se van debilitando más y más por años. Por su situación, los obreros de la construcción se distinguen profundamente de los obreros forestales, aproximándose más a los fabriles. Trabajan en grandes centros urbanos y fabriles, que, como hemos visto, elevan considerablemente su nivel cultural. Si la industria ma­derera en decadencia caracteriza las formas poco desarrolla‑

 

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* De fuentes, además de las publicaciones enumeradas en la nota anterior, sirven las recopilaciones de los zemtsvos. El Sr. V. V. (Estudios de la industria kustar, 61) aduce datos de 13 distritos de las provincias de Poltava, Kursk y Tambov. En total, obreros de la construcción (el Sr. V. V. los incluye gratuitamente a todos entre los “pequeños in­dustriales) hay 28.644, del 2,7% al 22,1% de toda la población masculina adulta de los distritos. Si se toma el tanto por ciento medio (8,8%) como norma, para la Rusia europea se obtiene 1.333.000 obreros de la construcción (calculando 15.000.000 de obreros adultos varones). Y las provincias citadas ocupan una posición intermedia entre las que tienen un desarrollo mayor y menor de las industrias de la construcción.

** El censo del 28 de enero de 1897 (Resumen general, 1905) calcula en el Imperio una población independiente (que obtiene ella misma los medios para la vida) en la industria de la construcción de 717.000 personas, más 469.000 agricultores ocupados en esta industria de un modo accesorio. (Nota a la segunda edición.)

*** Para juzgar de la dimensión de la industria de la construcción pueden servir en parte los datos del valor de los edificios asegurados contra incendios. En 1884 era de 5.968.000.000 de rublos; en 1893, de 7.854.000.000 de rublos (Las fuerzas productivas, XII, 65). Esto da un aumento anual de 188.000.000 de rublos.

**** En la provincia de Yaroslavl, por ejemplo, marcha fuera del 11 al 20% de la población, es decir, del 30 al 56% de los obreros varones; el 68,7% de los que marchan están ausentes todo el año (Resumen de la provincia de Yaroslavl). Es evidente que todos estos son “campesinos sólo por la denominación oficial(pág. 117).

 

 

 

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das del capitalismo, que transige aún con el régimen patriarcal de vida, la industria de la construcción en auge caracteriza una fase superior del capitalismo, lleva a la formación de una nueva clase de obreros industriales e indica una descomposición profunda del viejo campesi-nado.

 

 

X. APENDICE DE LA FÁBRICA

 

Llamamos apéndice de la fábrica a las formas del trabajo asalariado y de la pequeña industria cuya existen­cia está directamente ligada a la fábrica. Aquí entran ante todo (en cierta parte) los obreros forestales y de la construcción, de los que ya hemos hablado y que unas veces forman parte de la población industrial de los centros fabriles, y otras pertenecen a la población de las aldeas vecinas*. Entran también aquí los obreros de las turberas, explotadas en ocasiones por los propios dueños de las fábricas**; los carreros, los cargadores, los emba-ladores de la mercancía y en general los peones, que siempre forman una parte no pequeña de la población de los centros fabriles. En San Petersburgo, por ejemplo, el censo del 15 de diciembre de 1890 registró 44.814 personas (de ambos sexos) en el grupo de jornaleros, peones; siguen 51.000 personas (de ambos sexos) incluidas en la industria del

 

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* En la provincia de Riazán, por ejemplo, “sólo para la fábrica de los hermanos Jlúdov” (en 1894-95: 4.849 obreros, 6.000.000 de rublos de producción) “están ocupados durante el invierno en el acarreo de leña 7.000 caballos, gran parte de los cuales pertenece a los cam-pesinos del distrito de Egórievsk”138 (Trabajos de la comisión de kustares, VII, págs. 1109-1110).

** En la estadística de la industria turbera reina también el caos. De ordinario no se la incluye entre las industrias “fabriles” (conf. Kobe­liatski, Guía, pág. 15), pero a veces sí se la incluye: por ejemplo, la Relación cuenta 12 explotaciones con 2.201 obreros en la provincia de Vladimir, y sólo en esta provincia, aunque la turba se extrae también en otras. Según Svirski (Las fábricas y los talleres de la provincia de Vladimir) en 1890 había 6.038 personas ocupadas en la extracción de turba en la provincia de Vladimir. Para toda Rusia, el número de obreros ocupados en la extracción de turba debe ser muchas veces mayor.

 

 

 

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transporte, de las que 9.500 se ocupan del traslado de mercancías y de la carga. Además, algunos trabajos auxiliares para la fábrica son hechos por pequeños industriales “indepen-dientes; en los centros fabriles o en sus cercanías aparecen industrias como la preparación de toneles para las fábricas de aceite y alcohol*, el tejido de cestos para empaquetar la vajilla de vidrio**, la construcción de cajones para embalar los artículos metálicos y de ferretería, la pre­paración de mangos para las herramientas de carpinteros y cerrajeros***, la preparación de puntas para las zapaterías, de taninos para las fábricas de cuero, etc****, el tejido de esteras para embalar los productos fabriles (en Kostromá y otras provincias), la preparación de “paja” para las cerillas (en Riazán, Kaluga y otras provincias), el encolado de cajetillas de papel para las fábricas de tabaco (en los alrededores de San Petersburgo)*****, la preparación de serrín para las fábricas de vinagre******, el aprovechamiento de los desperdicios de la hilaza (en Lodz) por los pequeños hilanderos, que se han desarrollado a consecuencia de la demanda de las grandes fábricas*******), etc., etc. Todos estos pequeños industriales, al igual que los obreros asalariados antes aludidos, pertenecen o a la población industrial de los centros fabriles o a la población semiagrícola de las aldeas vecinas. Además, cuando la fábrica se limita a producir artículos semimanufacturados, a veces da vida a pequeñas industrias, ocupadas en seguir transformándolos; por ejemplo, la producción mecánica de hilados ha dado un impulso al

 

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* Trabajos de la comisión de kustares, fascíc. VI.

** Ibíd., fascíc. VIII, en la provincia de Nóvgorod.

*** Ibíd., fascíc. IX, en los subdistritos suburbanos del distrito de Tula.

**** En la provincia de Perm, junto a la ciudad de Kungur; en la provincia de Tver, en la aldea de Kimri y otras.

***** Véase Materiales del Consejo del zemstvo del distrito de San Petersburgo para 1889. Informe del Sr. Vóinov, correspondiente al V sector médico.

****** Informes y estudios, 1, pág. 360.

******* Informes de los miembros de la comisión investigadora de la industria fabril en el Reino de Polonia, San Petersburgo, 1888, pág. 24.

 

 

 

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tejido kustar; cerca de las fábricas mineras aparecen kustares” que producen artículos metálicos, etc. Finalmente, también el trabajo capitalista a domicilio es a menudo un apéndice de la fábrica*. La época de la gran industria maquinizada se caracteriza en todos los países por un vasto desarrollo del trabajo capitalista a domicilio en ramas de la industria como, por ejemplo, la confección. Antes hemos hablado ya de lo difundido que está este trabajo en Rusia, de qué condiciones lo distinguen y por qué nos parece más correcto describirlo en el capítulo de la manufactura.

 

Para describir con cierta plenitud el apéndice de la fá­brica se necesita una estadística completa de las ocupa­ciones de la población o descripciones monográficas de toda la vida económica de los centros fabriles y sus alrededores. Pero incluso los datos fragmentarios a que hemos debido limitarnos muestran lo injusto de la opinión extendida entre nosotros de que la industria fabril está apartada de los demás tipos de industria; que la población fabril está apartada de la población no ocupada dentro de los muros de la fábrica. El desarrollo de las formas de la industria, como el de toda clase de relaciones sociales en general, no puede operarse más que con gran gradualidad, en medio de una masa de formas que se entrelazan, transitorias, y que parecen una vuelta al pasado. Por ejemplo, el crecimiento de las pequeñas industrias puede expresar (como hemos visto) el progreso de la manufactura capitalista; ahora vemos que también la fábrica puede desarrollar a veces las

 

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* Según la Relación, hemos contado 16 fábricas con 1.000 y más obreros en la empresa que tienen también obreros trabajando fuera; éstos ascienden a 7.857. En 14 fábricas, con 500-999 obreros, hay 1.352 que trabajan fuera. El registro que la Relación hace de los obreros que trabajan fuera es puramente casual y contiene un sinfín de omisiones. El Resumen de informes de los inspectores de trabajo cuenta en 1903 hasta 632 oficinas de distribución con 65.115 obreros. Estos datos, naturalmente, son en extremo incompletos, pero, con todo, es caracte-rístico que la inmensa mayoría de esas oficinas y de los obreros que ocupan corresponde a los centros de la industria fabril (zona de Moscú: 503 oficinas, 49.345 obreros. Provincia de Sarátov -indiana-, 33 oficinas, 10.000 obreros). (Nota a la segunda edición.)

 

 

 

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pequeñas industrias. El trabajo para el “mayorista” suele ser también un apéndice tanto de la manufactura como de la fábrica. Para valorar correctamente la significación de semejantes fenómenos es necesario ponerlos en relación con todo el régimen de la industria en la fase dada de su desarrollo y con las tendencias fundamentales de este desarrollo.

 

 

XI. LA INDUSTRIA SE SEPARA POR COMPLETO DE LA AGRICULTURA

 

Sólo la gran industria maquinizada separa por completo la industria de la agricultura. Los datos rusos confirman enteramente esta tesis, establecida por el autor de El Capital para otros países*, pero los economistas del populismo la pasan por alto de ordinario. El Sr. N.on, venga o no venga a cuento, habla en sus Ensayos de la separación de la industria de la agricultura”, sin ocurrírse­le siquiera analizar sobre datos exactos cómo marcha en realidad este proceso y qué formas distintas adopta. El Sr. V. V. señala la ligazón de nuestro obrero industrial con la tierra (en la manufactura; ¡nuestro autor no considera necesario distinguir las distintas fases del capitalismo, aunque aparenta seguir la teoría del autor de El Capital!), y declama al particular sobre la “vergonzosa (sic!) depen­dencia” “de nuestra (cursiva del autor) producción capitalis­ta” con respecto al obrero-agricultor, etc. (Los destinos del capitalismo, 114 y otras). ¡El Sr. V. V. no ha oído y si lo ha oído lo ha olvidado, que no sólo “en nuestro país”, sino en todo el Occidente, el capitalismo no pudo romper definitivamente la ligazón del obrero con la tierra antes de la gran industria maquinizada! Finalmente, el Sr. Kablu­kov ofrece en los tiempos más recientes a los estudiantes esta deformación asombrosa de los hechos: “Mientras que en el Occidente el trabajo en las fábricas es para el obrero la única fuente de subsistencia, en nuestro país, con

 

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* Das Kapital, I2, S. 779-780139.

 

 

 

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excepciones relativamente pequeñas (sic!!!), el obrero consi­dera el trabajo en la fábrica una ocupación accesoria, le atrae más la tierra*.

 

Un estudio de los hechos de esta cuestión lo dio la estadística sanitaria de Moscú, preci-samente el trabajo del Sr. Deméntiev sobre la “ligazón de los obreros fabriles con la agri-cultura”**. Los datos, reunidos sistemáticamente, que abarcan a cerca de 20.000 obreros, demostraron que de los obreros fabriles sólo 'marcha a los trabajos rurales un 14,1%. Pero aún es mucho más importante el hecho, demostrado de modo circunstanciadísimo en la mencio-nada obra, de que precisamente la producción maquinizada aparta a los obreros de la tierra. Tomemos, de las numerosas cifras aducidas para confirmar esto, las siguientes, que son las que tienen más relieve***.

 

 

Tanto por ciento de

Fábricas de                                                   los que se van a

trabajos del campo

 

Tejido de algodón a mano, con tintorerías                              72,5}

 

Tejido de seda                                                                      63,1}   Producción

          manual

Porcelana y loza                                                                    31,0}

 

Estampado de percal a mano y oficinas para

la distribución de la urdimbre                                    30,7}

 

Paños (producción completa)                                     20,4

 

Hilado de algodón y telares mecánicos                                   13,8}

 

Telares mecánicos con estampado de percal y apresto   6,2}                Producción

maquinizada

Fábrica de construcción de maquinaria                                      2,7}

 

Estampado de percal y apresto mecánicos                                  2,3}

 

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* Conferencias de economía de la agricultura (sic!), publicadas para los estudiantes, Moscú, 1897, pág. 13. ¿Puede que el erudito estadístico considere posible incluir en las “excepciones relativamente pequeñas” el 85% de todos los casos (véase más abajo en el texto)?

** Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú. Sección de estadística sanitaria, t. IV, parte II, Moscú, 1893. Reimpreso en el conocido libro del Sr. Deméntiev. Lo que la fábrica da a la población y lo que le quita.

*** Recopilación de datos estadísticos, 1. c., pág. 292. Lo que la fábrica da a la población y lo que le quita, 2a edición, pág. 36.

 

 

 

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Al cuadro del autor, nosotros hemos agregado la distribución de ocho industrias en pro-ducciones manuales y maquinizadas. Con respecto a la novena, la de paños, observaremos que en parte es manual, en parte se hace por procedimiento mecánico. Y vemos que de los tejedores de las fábricas a mano marcha a los trabajos rurales cerca del 63%, mientras que de los tejedores que trabajan en telares mecánicos no marcha nadie, y de los, obreros que trabajan en las secciones de las fábricas de paños que funcionan con fuerza mecánica se va el 3,3%. “Así, por consiguiente, una causa importantísima que obliga a los obreros fabriles a cortar su ligazón con la tierra es el paso de la producción manual a la maquinizada. A pesar del número, todavía relativamente considerable, de fábricas con producción manual, el número de obreros ocupados en ellas es del todo insignificante comparado con el total de obreros ocupados en las fábricas con producción maquinizada; por ello obtenemos un tanto por ciento tan ínfimo de los que marchan a los trabajos rurales, como es el 14,1% para todos los obreros adultos en general y el 15,4% para los adultos clasificados como de origen exclusivamente campesino.”* Recordaremos que los datos de la inspección sanitaria de las fábricas de la provincia de Moscú dieron las cifras siguientes: con motores mecánicos, el 22,6% de todas las fábricas (de ellas, el 18,4% con máquinas de vapor); en ellas se concen-traba el 80,7% de todos los obreros. Las fábricas manuales eran un 69,2% y en ellas sólo había un 16,2% de los obreros. En 244 fábricas con motores mecánicos había 92.302 obreros (378 obreros por establecimiento), mientras que en 747 fábricas manuales había 18.520 obreros (25 obreros por fábrica)**. Más arriba hemos mostrado lo considerable que es la concentración de todos los obreros fabriles rusos en las empresas más grandes, maquinizadas en su mayor parte, que tienen por término medio 488 y más

 

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* Recopilación, pág. 280. Lo que la fábrica da a la población y lo que le quita, pág. 26.

** Recopilación, t. IV, parte 1, págs. 167, 170 y 177.

 

 

 

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obreros por empresa. El Sr. Deméntiev ha investigado detalladamente la influencia que en el divorcio con la tierra tiene el lugar de nacimiento de los obreros, las diferencias entre los locales y los forasteros, las diferencias de los estamentos (pequeños burgueses y campesinos), resultando que todo esto se esfuma ante el influjo del factor fundamental: el paso de la producción manual a la pro­ducción maquinizada*. Cualesquiera que hayan sido las causas que contribuyesen a la transformación del anti­guo agricultor en obrero fabril, estos obreros especiales existen ya. Sólo figuran como campesinos, pero únicamente están ligados al campo por las contribuciones que se ven obligados a abonar cuando cambian los pasaportes, pues, en realidad, no tienen en el campo ni hacienda ni, en un gran número, casa siquiera, que de ordinario han vendido. Hasta el derecho a la tierra lo conservan, por así decirlo, sólo jurídi-camente, y los motines de 1885-1886 en muchas fábricas demostraron, que estos obreros se consideran a sí mismos ajenos por completo al campo, de la misma manera que los cam-pesinos de la aldea miran a su vez como forasteros extraños a estos descendientes de sus paisanos. Ante nosotros, por consiguiente, hay una clase ya formada de obreros que no tienen hogar propio, que de hecho no tienen propiedad alguna, una clase que no está ligada a nada y que vive al día. Y no empezó a formarse el día de ayer. Ya tiene su genealogía fabril y para una parte no

 

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* El Sr. Zhbankov, en su Estudio sanitario de los talleres y fábricas de la provincia de Smolensk (Smolensk, 1894-1896) determina el número de obreros que marchan a los trabajos del campo aproximadamente en un 10-15%, sólo para la manufactura de Yártsevo (tomo II, págs. 307, 445; en la manufactura de Yártsevo, en 1893-94, se calculaba 3.106 obreros de los 8.810 obreros fabriles de la provincia de Smolensk). Obreros no permanentes en esta fábrica eran el 28% de los hombres (en todas las fábricas el 29%) y el 18,6% de las mujeres (en todas las fábricas el 21%. Véase el tomo II, pág. 469). Es necesario advertir que entre los obreros no permanentes se incluían: 1) los que habían entrado en la fábrica menos de un año antes; 2) los que marchaban a los trabajos de verano; 3) los que “en general han cesado de trabajar en la fábrica por cualquier causa durante varios años” (II, 445).

 

 

 

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pequeña cuenta ya la tercera generación.”* Por fin, en la cuestión del divorcio de la fábrica con la agricultura da un material interesante la estadística fabril más moderna. En la Relación de fábricas y talleres (informes de 1894-95) se dan datos del número de días al año que funciona cada fábrica. El Sr. Kásperov se apresuró a utilizar estos datos en favor de las teorías populistas, calculando que “por término medio, la fábrica rusa funciona 165 días al año”, que “en nuestro país el 35% de las fabricas funciona menos de 200 días al año”**. Se sobren-tiende que, en vista de la vaguedad del concepto “fábrica”, semejantes cifras tomadas a bulto no tienen casi significación alguna, una vez no se señala qué número de obreros está ocupado uno u otro número de días al año. Nosotros hemos hecho un cálculo de los datos correspon-dientes de la Relación con respecto a las fábricas grandes (con 100 y más obreros) que, como hemos visto antes (§ VII), ocupan a cerca de los 3/4 de todos los obreros fabriles. Resulta que el número medio de días de trabajo al año es por categorías: A) 242; B) 235; C) 273***, y para todas las grandes fábricas, de 244. Si se determina el número medio de días de trabajo para un obrero, obtendremos que 253 es el número medio para el obrero de la fábrica grande. De las 12 secciones en que las industrias se dividen en la Relación, sólo en una es inferior a 200 el número medio de días de trabajo para las categorías inferiores, precisamente en la sección XI (pro­ductos alimenticios): A) 189; B) 148; C) 280. En las fábricas de las categorías A y B de esta sección hay ocupados 110.588 obreros = 16,2% de los obreros de las grandes

 

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* Recopilación pág. 296. Lo que la fábrica da a la población y lo que le quita, pág. 46.

** Balance estadístico del desarrollo industrial de Rusia. Informe de M. Tugán-Baranovski, miembro de la Sociedad Económica Libre Imperial y debate alrededor de este informe en las reuniones de la III sección, San Petersburgo, 1898, pág. 41.

*** Recordemos que la categoría A incluye las fábricas de 100 a 499 obreros; la B, las que tienen de 500 a 999, y la C, las que tienen 1.000 y más obreros.

 

 

 

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fábricas (655.670). Observaremos que en esta sección se han unido industrias completamente heterogéneas; por ejemplo, de azúcar de remolacha y del tabaco, de la destilación y de la moltura de grano, etc. En las secciones restantes el número medio de días de trabajo para una fábrica es el siguiente: A) 259; B) 271; C) 272. Así pues, cuanto mayor es la fábrica tanto mayor es el número de los días que funciona en el curso del año. Los datos generales de todas las fábricas más grandes de la Rusia europea confirman, por consiguiente, las conclusiones de la estadís­tica sanitaria de Moscú, y muestran que la fábrica crea la clase de obreros fabriles permanentes.

 

Así, los datos relativos a los obreros fabriles rusos confirman por completo la teoría de El Capital de que precisamente la gran industria maquinizada produce una revolución completa y decisiva en las condiciones de vida de la población industrial, separándola definitivamente de la agricultura y de las tradiciones seculares de la vida patriarcal con esta última ligadas. Pero, al destruir las relaciones patriarcales y pequeñoburguesas, la gran indus­tria maquinizada crea, por otra parte, condiciones que acercan a los trabajadores asalariados en la agricultura y en la industria: en primer lugar, traslada en general al campo el régimen comercial e industrial de vida que se ha formado al principio en los centros no agrícolas; en segundo lugar, crea la movilidad de la población y los grandes mercados de contrata, tanto de los obreros rurales como de los industriales; en tercer lugar, al implantar las máquinas en la agricultura, la gran industria maquinizada lleva a la aldea a hábiles trabajadores industriales, que se distinguen por un más elevado nivel de vida.

 

 

XII. TRES FASES DE DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN LA INDUSTRIA RUSA

 

Efectuaremos ahora un balance de las conclusiones fundamentales a que nos llevan los datos relativos al desarrollo del capitalismo en nuestra industria*.

 

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* Limitándonos, como quedo se lado en el prefacio, a la época pos‑

 

 

 

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Las fases principales de este desarrollo son tres: pequeña producción mercantil (pequeñas industrias, prefe­rentemente campesinas) -manufactura capitalista- fábrica (gran industria maquinizada). Los hechos refutan por com­pleto la concepción difundida en nuestro país de que no existe conexión entre las industrias fabril y kustar. Al contrario, su división es puramente artificial. La ligazón y la sucesión de las formas de la industria por nosotros señaladas son las más directas y las más íntimas. Los hechos muestran con claridad absoluta que la tendencia fundamental de la pequeña producción de mercancías con­siste en el desa-rrollo del capitalismo, particularmente en la formación de la manufactura, y la manufactura se transforma ante nuestros ojos con enorme rapidez en gran industria maquinizada. Puede que una de las manifestacio­nes más destacadas de la ligazón íntima e inmediata entre las formas consecutivas de la industria sea el hecho de que numerosos fabricantes grandes y muy grandes fueran industriales pequeños entre los pequeños y hayan recorrido todos los grados, desde la producción popular hasta el “capitalismo”. Savva Morózov fue campesino siervo (se rescató en 1820), pastor, cochero, obrero tejedor, kustar tejedor, que iba a pie a Moscú para vender su mercancía a los mayoristas; después fue propietario de una pequeña empresa, de una oficina de distribución, de una fábrica. Murió en 1862, cuando él y sus numerosos hijos poseían dos grandes fábricas. En 1890, en las cuatro fábricas, propiedad de sus descendientes, trabajaban 39.000 obreros, que producían artículos por valor de 35.000.000 de rublos*. En la industria de la seda de la provincia de Vladimir, muchos grandes fabricantes proceden de obreros tejedores y de kustares tejedores**. Los mayores fabricantes de Ivánovo‑

 

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terior a la Reforma, dejamos aparte las formas de la industria que se basaban en el trabajo de los siervos.

* Las industrias de la provincia de Vladimir, IV, 5-7. – Guía de 1890. – Shishmariov. Breve esbozo de la industria de la zona de los ferrocarriles de Vizhni Nóvgorod y Shuya-Ivánovo, San Petersburgo, 1892, págs. 28-32.

** Las industrias de la provincia de Vladimir, III, pág. 7 y siguientes.

 

 

 

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Voznesensk (los Kuváev, Fokin, Zubkov, Kokushkin, Bo­brov y otros muchos) fueron kustares*. Las fábricas de brocado de la provincia de Moscú fueron talleres kustares**. Zaviálov, fabricante de la zona de Pávlovo, en 1864 todavía guardaba un vivo recuerdo del tiempo en que era un simple trabajador del maestro Jabárov***. El fabricante Varipáev fue un pequeño kustar****; Kondrátov fue kustar, que iba a pie a Pávlovo con el cesto de sus artículos*****. El fabricante Asmólov llevaba los caballos de unos buho­neros, más tarde fue pequeño comerciante, propietario de un pequeño taller tabacalero, y, después, de una fábrica con un giro de muchos millones******. Etc., etc. Sería interesante, ¿cómo determinarían los economistas populis­tas en estos casos y otros semejantes el principio del capitalismo “artificial” y el fin de la producción “po­pular”?

 

Las tres formas básicas de la industria antes señaladas se distinguen sobre todo por un estado distinto de la técnica. La pequeña producción mercantil se caracteriza por una técnica manual, completamente primitiva, que no cambió casi desde tiempos inmemoriales. El industrial sigue siendo campesino, que adopta por tradición los métodos de transformación de las materias primas. La manufactura introduce la división del trabajo, que aporta una transformación sensible de la técnica, convirtiendo al campesino en operario, en “obrero que hace piezas determi­nadas”. Pero la producción manual se conserva, y, sobre su base, el progreso de los modos de producción se distingue inevitablemente por una gran lentitud. La división del trabajo se produce espontáneamente, se adopta también por tradición, como el trabajo campesino. Sólo la gran industria

 

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* Shishmariov, 56-62.

** Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, tomo VII, fascíc. ITI, Moscú, 1883, págs. 27-28.

*** A. Smirnov, Pávlovo y Vorsma, pág. 14.

**** Labzfn, 1. c., pág. 66.

***** Grigóriev, 1. c., 36.

******Resumen estadístico-histórico, tomo II, pág. 27

 

 

 

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maquinizada introduce un cambio radical, echa por la borda el arte manual, transforma la producción sobre principios nuevos, racionales, aplica sistemáticamente a la producción los datos de la ciencia. Hasta tanto el capitalismo no organizó en Rusia la gran industria maqui-nizada, y también en las ramas de la industria donde aún no la ha organizado, observamos un estancamiento casi completo de la técnica, vemos el empleo del mismo torno a mano, del mismo molino de agua o de viento que se utilizaba en la producción hace siglos. Por el contrario, en las ramas de la industria que la fábrica ha sometido a su influencia vemos una revolución técnica completa y un progreso extraordina­riamente rápido de los modos de producción maquinizada.

 

En relación con el distinto estado de la técnica vemos diferentes fases de desarrollo del capitalismo. La pequeña producción mercantil y la manufactura se caracterizan por el predominio de las empresas pequeñas, de las que únicamente se destacan unas pocas grandes. La gran industria maquinizada desplaza definitivamente las empre­sas pequeñas. También en las pequeñas industrias se establecen relaciones capitalistas (en forma de talleres con obreros asalariados y capital comercial), pero éstas se hallan desarrolladas aquí débilmente y no se cristalizan en contrastes agudos entre los grupos de personas que partici­pan en la producción. Aquí no hay aún ni grandes capitales ni vastas capas de proletariado. En la manufactura vemos la formación de lo uno y lo otro. El abismo entre el propietario de los medios de producción y el trabajador alcanza ya proporciones considerables. Crecen “ricos pobla­dos industriales, en los que la masa de los habitantes la constituyen los trabajadores del todo desposeídos. Un pequeño número de comerciantes que manejan sumas enormes en la compra de materias primas y la venta de los productos, y la masa de obreros detallistas, que viven al día: tal es el cuadro general de la manufactura. Pero la multitud de empresas pequeñas, la conservación de los lazos con la tierra, la conservación de las tradiciones en la producción y en todo el régimen de vida, todo esto crea una

 

 

 

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masa de elementos intermedios entre los extremos de la manufactura y frena el desarrollo de estos extremos. En la gran industria maquinizada desaparecen todos estos frenos; los extremos de los contrastes sociales alcanzan el desarro­llo superior. Parece como si se concentrasen todos los lados sombríos del capitalismo: la máquina da, como es sabido, un impulso enorme a la prolongación sin medida de la jornada de trabajo; en la producción se incorpora a las mujeres y los niños; se forma (y según las condiciones de la producción fabril debe formarse) el ejército de reserva de los desempleados, etc. Pero la socialización del trabajo, que la fábrica lleva a cabo en medida enorme, y la transformación de los sentimientos y las concepciones de la población en ella ocupada (en particular, la destrucción de -las tradicio­nes patriarcales y pequeñoburguesas) provocan una reac­ción: la gran industria maquinizada, a diferencia de las fases anteriores, requiere insistentemente una regulación planificada de la producción y el control social sobre ella (una de las manifestaciones de esta tendencia es la legislación fabril)*.

 

El propio carácter del desarrollo de la producción cambia en las distintas fases del capita-lismo. En las pequeñas industrias este desarrollo sigue al de la hacienda campesi­na; el mercado es en extremo estrecho, la distancia del productor al consumidor es pequeña, y el volumen insignifi­cante de la producción se amolda fácilmente a la demanda local, que oscila poco. Por ello, la industria en esta fase se distingue por la mayor estabilidad; pero esta estabilidad es equivalente al estancamiento de la técnica y a la conserva­ción de las relaciones sociales patriarcales, trabadas por toda clase de restos de las tradiciones del medievo. La manufactura trabaja para un mercado grande, a veces para la nación entera, y, de acuerdo con esto, la producción

 

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* Acerca de los lazos de la legislación fabril con las condiciones y relaciones que engendra la gran industria maquinizada, véase capítulo II de la segunda parte del libro del Sr. Tugán-Baranovski La fabrica rusa y en particular el artículo en Nóuoe Slovo, julio de 1897.

 

 

 

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adquiere el carácter de inestabilidad propio del capitalismo, inestabilidad que alcanza su mayor fuerza con la fábrica. El desarrollo de la gran industria maquinizada no puede ir de otro modo más que a saltos, alternando periódicamente las épocas de florecimiento y las crisis. La ruina de los pequeños productores se incrementa en grado enorme con este crecimiento por saltos de la fábrica; los obreros, bien son atraídos en masa por la fábrica en la época de fiebre, bien son rechazados. La formación de un enorme ejército de reserva de desempleados y de personas dispuestas a aceptar cualquier trabajo se hace condición de la existencia y del desarrollo de la gran industria maquinizada. En el capítulo II hemos mostrado de qué capas de los campesinos se recluta este ejército, y en los siguientes se han señalado también los tipos más importantes de ocupaciones para las que el capital mantiene prestas estas reservas. La “inesta­bilidad” de la gran industria maquinizada ha provocado siempre y provoca lamenta-ciones reaccionarias de quienes siguen mirando las cosas con los ojos del pequeño produc­tor, olvidando que sólo esta “inestabilidad” es la que ha sustituido el estancamiento anterior con una transforma­ción rápida de los modos de producción y de todas las relaciones sociales.

 

Una de las manifestaciones de esta transformación es el hecho de que la industria se separa de la agricultura, que las relaciones sociales en la industria se liberan de las tradiciones del régimen de servidumbre y patriarcal que pesan sobre la agricultura. En la pequeña producción de mercancías, el industrial no se ha despojado aún en absoluto del cascarón campesino; en la mayoría de los casos sigue siendo agricultor, y esta ligazón de la pequeña industria y la pequeña agricultura es tan profunda que observamos la interesante ley de la diferenciación paralela de los peque­ños productores en la industria y en la agricultura. La formación de pequeña burguesía y de obreros asalariados va de la mano en ambos terrenos de la economía nacional, preparando con ello, en ambos polos de la diferenciación, la ruptura del industrial con la agricultura. En la manufactu-

 

 

 

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ra, esta ruptura es ya muy marcada. Se forman numerosos centros industriales no dedicados a la agricultura. La figura principal de la industria no es ya el campesino, sino el comerciante y el manufacturero, por una parte, y el “operario”, por otra. La industria y las relaciones comerciales relativamente desarrolladas con el mundo restante elevan el nivel de vida de la población y su cultura; el trabajador de la manufactura mira ya de arriba abajo al campesino agricultor. La gran industria maquini­zada termina esta transformación, separa definitivamente la industria de la agricultura, crea, como hemos visto, una clase especial de la población, completamente ajena al viejo campesinado, que se distingue de él por otro régimen de vida, por otro régimen de relaciones familiares, por unas demandas superiores, tanto materiales como espirituales*. En las pequeñas industrias y en la manufactura vemos siempre restos de las relaciones patriarcales y formas diversas de dependencia personal, que, en la situación general de la economía capitalista, empeoran extraordina­riamente la situación de los traba-jadores, los humillan y corrompen. La gran industria maquinizada, concentrando masas de obreros que a menudo acuden de distintos extremos del país, no admite ya en absoluto los restos de relaciones patriarcales y de la dependencia personal, diferenciándose por una verdadera “actitud despectiva hacia el pasado”. Y precisamente esta ruptura con las tradiciones caducas fue una de las condiciones sustanciales que crearon la posibilidad y originaron la necesidad de regular la producción y de someterla al control social. En

 

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* Sobre el tipo “fabril” véase más arriba el capítulo VI, § II, 5, pág. 317 (el presente volumen, pág. 437. -Ed.).Véase también Recopila­ción de datos estadísticos de la provincia de Moscú, tomo VII, fascíc. III, Moscú, 1883, pág. 58 (el obrero fabril es razonador, “listo”). – Reco-pilación de Nizhni Nóvgorod, I, págs. 42-43; tomo IV, pág. 335.– Las industrias de la provincia de Vladimir, III, 113-114 y otras. Nóvoe Slovo, 1897, octubre, pág. 63. – Conf. también las obras antes citadas del Sr. Zhbankov, que caracterizan a los obreros que marchan a la ciudad a ocuparse en empresas comerciales e industriales.

 

 

 

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particular, hablando de la transformación de las condicio­nes de vida de la población por la fábrica, es preciso advertir que la incorporación de mujeres y adolescentes a la producción* es un fenómeno progresivo en su base. Indudablemente, la fábrica capitalista pone a estas catego­rías de la población obrera en una situación particularmen­te difícil, y con respecto a ellas es especialmente necesario reducir y regular la jornada, asegurar condiciones higiéni­cas de trabajo, etc., pero sería reaccionaria y utópica la tendencia a prohibir por completo el trabajo industrial de las mujeres y los adolescentes o a mantener un régimen patriarcal de vida que excluyese este trabajo. Destruyendo el carácter cerrado patriarcal de estas categorías de la población que antes no salían del estrecho círculo de las relaciones domésticas, familiares; atrayéndolas a la partici­pación directa en la producción social, la gran industria maquinizada impulsa su desarrollo, eleva su independencia, es decir, crea unas condiciones de vida que están incompa­rablemente por encima de la inmovilidad patriarcal de las relaciones preca-pitalistas**.

 

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* Según datos de la Guía en 1890 en las fábricas de la Rusia europea había un total de 875.764 obreros, de ellos 210.207 (24%) mujeres, 17.793 (2%) muchachos y 8.216 (1%) muchachas

** “La tejedora pobre va a la fábrica tras del padre y del marido, trabaja junto a ellos e independientemente de ellos. Es un sostén de la familia, exactamente igual que el hombre.” “En la fábrica... la mujer es un productor completamente independiente, igual que su marido.” El nivel cultural de las obreras fabriles se eleva con especial rapidez (Las industrias de la provincia de Vladimir, III, 113, 118, 112 y otras). Es completamente justa la conclusión siguiente del Sr. Jarizoménos: la industria destruye “la dependencia económica en que la mujer se encuentra con respecto a la familia... y con respecto al hombre... En la fábrica ajena, la mujer se iguala al hombre; es la igualdad del proletario... El capitalismo industrial desem-peña un papel notable en la lucha de la mujer por su independencia dentro de la familia”. “La industria crea para la mujer una situación nueva y completamente independiente de la familia y del marido” (Yuridícheski Véstnik, 1883, núm. 12, págs. 582, 596). En la Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú (tomo VII, fascíc. II, Moscú, 1882, págs. 152, 138-139) los investigadores comparan la situación de la obrera en la producción manual y maquinizada de medias. En la producción manual,

 

 

 

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Las dos primeras fases del desarrollo de la industria se distinguen por el carácter sedentario de la población. El pequeño industrial, que sigue siendo campesino, está sujeto a su aldea por la hacienda agrícola. El operario en la manufactura sigue de ordinario encadenado a la zona pequeña, cerrada, de la industria que la manufactura crea. En la propia estructura de la industria, en la primera y segunda fase de su desarrollo, no hay nada que viole este carácter sedentario y cerrado del productor. Las relaciones entre las distintas zonas de la industria son raras. El paso de la industria a otros lugares sólo se efectúa mediante el traslado de distintos pequeños productores, que fundan nuevas industrias pequeñas en la periferia del Estado. Por el contrario, la gran industria maquinizada crea necesariamente la movilidad de la población; las relaciones comerciales entre las distintas zonas se amplían enormemente; los ferrocarriles facilitan el tránsito. La demanda de obreros aumenta en general, bien elevándose en la época de fiebre, bien decayendo en la época de las crisis, de modo que se hace necesario el paso de los obreros de una empresa a otra, de un extremo del país a otro. La gran industria maquini­zada crea varios centros industriales nuevos, que, con rapidez antes inusitada, nacen a veces en lugares deshabi­tados, fenómeno que sería imposible sin una migración en

 

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el salario es al día de 8 kopeks; en la maquinizada, de 14 a 30 kopeks. En la producción maquinizada, la situación de la obrera se describe así: “...Ante nosotros tenemos a una muchacha ya libre de toda traba, que se ha emancipado de la familia y de cuanto constituye las condiciones de existencia de la mujer campesina, una muchacha que en todo momento puede trasladarse de un lugar a otro, pasar de un patrono a otro, y que en todo momento puede verse sin trabajo, sin un trozo de pan... En la producción manual, la mujer que hace punto tiene el salario más mezquino, que no bastaría para cubrir los gastos de la comida, un salario que sólo es posible a condición de que ella, como miembro de una familia con hacienda, con nadiel, goce en parte de los productos de esta tierra; en la producción maquinizada, la oficiala, además de la comida y el té, tiene un salario que le permite vivir fuera de la familia y no utilizar ya el ingreso que la familia saca de la tierra. Al mismo tiempo, el salario de la oficiala es en la industria maquinizada, dentro de las condiciones existentes, más seguro”.

 

 

 

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masa de los obreros. Más abajo hablaremos de la extensión e importancia de las llamadas industrias no agrícolas fuera de la localidad. Ahora nos limitaremos a señalar brevemen­te los datos de la estadística sanitaria del zemstvo de la provincia de Moscú. El sondeo de 103.175 obreros fabriles mostró que 53.238 personas, es decir, el 51,6%, habían nacido en el mismo distrito donde estaban las fábricas en que trabajaban. Por consiguiente, casi la mitad de los obreros había pasado de un distrito a otro. Obreros nacidos en la provincia de Moscú resultaron 66.038, el 64%*. Más de un tercio de los obreros procede de otras provincias (en especial de las lindantes con la de Moscú que forman parte de la zona industrial del Centro). Además, la comparación de los distintos distritos muestra que los más industriales se distinguen por el menor tanto por ciento de obreros nacidos en ellos: por ejemplo, en los distritos poco industriales de Mozhaisk y Volokolamsk, el 92-93% de los obreros fabriles son originarios del distrito en que trabajan. En los distritos muy industriales: de Moscú, de Kolomna, de Bogorodsk, el tanto por ciento de los obreros locales disminuye hasta el 24%-40%-50%. Los inves­tigadores sacan de aquí la conclusión de que el “desarrollo considerable de la producción fabril en el distrito favorece la afluencia al mismo de elementos foraste-ros”**. Estos datos muestran también (agregaremos por nuestra cuenta) que la migración de los obreros fabriles se caracteriza por los mismos rasgos que hemos constatado con respecto a la migración de los obreros agrícolas. Precisamente, tampoco los obreros industriales marchan sólo de los lugares donde hay sobrante de obreros, sino que lo hacen asimismo de aquellos lugares donde se siente falta de mano de obra. Por ejemplo, el distrito de Brónnitsa atrae a 1.125 obreros de

 

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* En la provincia de Smolensk, menos industrial, el interrogatorio de 5.000 obreros fabriles mostró que el 80% de ellos eran nacidos de la misma provincia de Smolensk. (Zhbankov, 1. c., II, 442).

** Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Moscú, sección de estadística sanitaria, tomo IV, parte I, (Moscú, 1890) pág. 240.

 

 

 

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otros distritos de la provincia de Moscú y de otras provincias, cediendo al mismo tiempo 1.246 obreros a los distritos más industriales: de Moscú y de Bogorodsk. Por tanto, los obreros no marchan sólo porque no encuentran trabajo a mano en la localidad”, sino también porque tienden a ir a donde se vive mejor. Por elemental que sea este hecho, no está de más recordárselo otra vez a los economistas del populismo, que idealizan las ocupaciones locales y condenan las industrias fuera de la localidad, pasando por alto la significación progresiva de la movilidad de población que crea el capitalismo.

 

Los rasgos característicos descritos más arriba, que distinguen la gran industria maquinizada de las formas anteriores de la industria, pueden resumirse con estas palabras: socialización del trabajo. En efecto: tanto la producción para un enorme mercado nacional e internacio­nal, como el desarrollo de íntimas relaciones comerciales con las diversas zonas del país y con distintos países para la compra de materias primas y materiales auxiliares, el enorme progreso técnico, la concentración de la producción y la población por empresas colosales, la des-trucción de las tradiciones caducas de la vida patriarcal, la creación de la movilidad de la población, el ascenso de las demandas y del desarrollo del trabajador: todo ello son elementos del proceso capitalista que socializa más y más la producción del país y, al mismo tiempo, a los que participan en la producción*.

 

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* Los datos expuestos en los tres últimos capítulos muestran, a nuestro entender, que la clasificación de las formas y fases capitalistas de la industria dada por Marx es más correcta y sustancial que la clasificación difundida actualmente, que confunde la manufactura con la fábrica y separa el trabajo para el mayorista como una forma especial de industria (Held, Bücher). Mezclar la manufactura y la fábrica significa tomar como base de la clasificación caracteres puramente exteriores, y no advertir las parti­cularidades sustanciales de la técnica, la economía y las condiciones de vida que distinguen el período manufacturero y el maquiniza-do del capitalismo. Con respecto al trabajo capitalista a domicilio, indudablemente desempeña un papel muy importante en el mecanismo de la industria capitalista. Es indudable también que el trabajo para el mayorista es típico de modo

 

 

 

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Con respecto a la relación entre la gran industria maquinizada de Rusia y el mercado interior para el capitalismo, los datos más arriba expuestos llevan a la conclusión siguiente. El rápido desarrollo de la industria fabril en Rusia crea un mercado enorme, en constante aumento, de medios de producción (materiales de construc­ción, combustible, metales, etc.), aumenta con inusitada rapidez la parte de la población ocupada en la producción de artículos de consumo productivo, y no personal. Pero también el mercado de artículos de consumo personal aumenta rápidamente a consecuencia del incremento de la gran industria maquinizada, que retira de la agricultura una parte cada vez mayor de la población, llevándola a las ocupaciones comerciales e industriales. Con relación al mercado interior de productos de la fábrica, el proceso de formación de este mercado se ha examinado con detalle en los primeros capítulos de la presente obra.

 

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especial precisamente en el capitalismo de la época anterior a la fábrica, pero se encuentra (y en proporciones no pequeñas) en los más distintos períodos del desarrollo del capitalismo. Es imposible comprender la signi­ficación del trabajo para el mayorista sin relacionarlo con todo el régimen de la industria en el período dado o en la fase dada del desarrollo del capitalismo. El campesino que hace cestos por encargo del tendero local, el hombre de Pávlovo que en su casa hace mangos de cuchillo por encargo de Zaviálov, la obrera que cose vestidos, calzado, guantes, que engoma cajetillas por encargo de los grandes fabricantes o comerciantes, todos ellos trabajan para el mayorista, pero el trabajo capitalista a domicilio tiene en todos estos casos un carácter distinto y una diferente significación. Nosotros no negamos en modo alguno, naturalmente, los méritos de Bücher, por ejemplo, en la investigación de las formas precapitalistas de la industria, pero estimamos incorrecta su clasificación de las formas capitalistas de la industria. Con las opiniones del Sr. Struve (véase Mir Bozhi, 1898, núm. 4) no podemos estar de acuerdo en tanto en cuanto él acepta la teoría de Bücher (en la parte señalada) y la aplica a los “kustares rusos. (Desde que fueron escritos estas líneas, 1899, el Sr. Struve ha tenido tiempo de terminar el ciclo de su desarrollo científico y político. De vacilante entre Bücher y Marx, entre la economía liberal y la socialista, se ha convertido en el más puro burgués liberal. El autor de estos renglones se enorgullece de haber contribuido en la medida de sus fuerzas a limpiar la socialdemocracia de semejantes elementos. (Nota a la segunda edición.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO VIII

 

 

FORMACION DEL MERCADO INTERIOR

 

Réstanos ahora hacer un balance de los datos examinados en los capítulos anteriores y tratar de dar una idea de la interdependencia de las distintas ramas de la economía nacional en su desarrollo capitalista.

 

I. CRECIMIENTO DE LA CIRCULACION MERCANTIL

 

Como es sabido, la circulación mercantil antecede a la producción mercantil y constituye una de las condiciones (pero no la única) del surgimiento de esta última. En la presente obra hemos limitado nuestra tarea al análisis de los datos relativos a la producción mercantil y capitalista, y por ello no tenemos el propósito de pararnos detalladamen­te en el importante problema del auge de la circulación mercantil en la Rusia posterior a la Reforma. Para dar una idea general de la rapidez del crecimiento del mercado interior, bastan las breves indicaciones siguientes.

 

La red ferroviaria rusa creció de 3,819 kilómetros en 1865 a 29.063 kilómetros en 1890*, es decir, aumentó más

 

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* Uebersichten der Weltwirtschaft, 1. c. (Revistas de economía mundial, lugar citado. -Ed.). En 1904 había 54.878 kilómetros en la Rusia europea (con el Reino de Polonia, el Caucaso y Finlandia) y 8.351 en la Rusia asiática. (Nota a la segunda edición.)

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de siete veces. Un paso igual dio Inglaterra en un período más prolongado (en 1845 tenía 4.082 kilómetros, en 1875 tenía 26.819 kilómetros; un aumento de seis veces); y Alemania, en un período más breve (en 1845 tenía 2.143 kilómetros, en 1875 tenía 27.981 kilómetros; un aumento de doce veces). El número de verstas de ferrocarril abiertas anualmente al tráfico ha oscilado mucho en los distintos períodos: por ejemplo, en 5 años, de 1868 a 1872, se abrieron 8.806 verstas, mientras que en otros 5 años, de 1878 a 1882, sólo se abrieron 2.221*. Por la magnitud de estas oscilaciones puede juzgarse de qué enorme ejército de reserva de obreros desocupados necesita el capitalismo, que bien amplía, bien reduce la demanda de obreros. En el desarrollo de la construcción ferroviaria de Rusia ha habido dos períodos de enorme auge: el fin de los años 60 (y comienzo de los 70) y la segunda mitad de los años 90. De 1865 a 1875 el crecimiento medio anual de la red ferroviaria rusa fue de 1.500 kilómetros, y de 1893 a 1897 fue de unos 2.500 kilómetros.

 

El transporte de cargas por ferrocarril se determinó por el volumen siguiente: 1868 – 439.000.000 de puds; 1873 - 1.117.000.000 de puds; 1881- 2.532.000.000 de puds; 1893 - 4.846.000.000 de puds; 1896 - 6.145.000.000 depuds; 1904 -11.072.000.000 de puds. Con no menor rapidez creció también el movimiento de pasajeros: 1868 -10.400.000 pasajeros; 1873 - 22.700.000; 1881‑ 34.400.000; 1893 - 49.400.000; 1896 - 65.500.000; 1904 -123.600.000**.

 

El desarrollo del transporte fluvial y marítimo ofrece el aspecto siguiente (datos de toda Rusia)***:

 

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* V. Mijailovski. Desarrollo de la red ferroviaria rusa. Trabajos de la Sociedad Económia Libre Imperial, 1898, núm. 2.

* * Recopilación estadística militar, 511. Sr. N. on, Ensayos, anexo. Las fuerzas productivas, XVII, pág. 67. –Véstnik Finánsov, 1898, núm. 43. – Anuario de Rusia de 1905, San Petersburgo, 1906.

*** Recopilación estadística militar, 445. –Las fuerzas productivas, XVII, 42. Véstnik Finánsov, 1898, núm. 44.

 

 

 

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Por las vías de navegación interiores de la Rusia europea, en 1881 se transportaron 899.700.000 puds; en 1893 - 1.181.500.000 puds; en 1896 - 1.553.000.000 de puds. El valor de estas cargas fue respectivamente de 186.500.000, 257.200.000 y 290.000.000 de rublos.

 

La flota mercante de Rusia constaba en 1868 de 51 vapores, con un tonelaje de 14.300 last140, y de 700 barcos de vela, con un tonelaje de 41.800 last, mientras que en 1896 disponía de 522 vapores con un tonelaje de 161.600 last*.

 

El desarrollo de la navegación mercante en todos los puertos de los mares exteriores fue el siguiente. En el quinquenio de 1856-1860, el número de barcos llegados más los salidos fue por término medio de 18.901, con un tonelaje de 3.783.000 toneladas; por término medio, en 1886-1890 fueron 23.201 barcos (+ 23%), con un tonelaje de 13.845.000 toneladas (+ 266%). El tonelaje creció, por consiguiente, 3 2/3 veces. En 39 años (de 1856 a 1894), el tonelaje aumentó 5,5 veces, con la particularidad de que si se diferencian los barcos rusos y extran-jeros resultará que el número de los primeros creció en estos 39 años 3,4 veces (de 823 a 2.789), y su tonelaje, 12,1 veces (de 112.800 toneladas a 1.368.000

 

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* Recopilación estadística militar, 758, y Anuario del Ministerio de Hacienda, I, 363. – Las fuerzas productivas, XVII, 30.

 

 

 

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toneladas), mientras que el número de los segundos aumentó un 16% (de 18.284 a 21.160), y su tonelaje, 5,3 veces (de 3.448.000 toneladas a 18.267.000 toneladas)*. Observaremos que el tonelaje de los barcos llegados y salidos oscila también muy considerablemente por años (por ejemplo, en 1878 fue de 13.000.000 de toneladas; en 1881, de 8.600.000 toneladas), y por esto podemos juzgar en parte de las oscilaciones en la demanda de peones, obreros portuarios, etc. También aquí requiere el capitalismo la existencia de una masa de hombres siempre necesitados de trabajo y dispuestos a aceptarlo a la primera llamada, por poco permanente que sea.

 

El desarrollo del comercio exterior se advierte en los datos siguientes**:

 

 

Número de habitan-               Valor global de Valor de todo

tes en Rusia, sin                     las mercancías             el giro de co-

Años                         Finlandia,                                entradas y Sali- mercio exte-

                                 en millones                             das, en millones           rior por habi-

                                                                                de rublos                     tante en rublos

 

1856-1860                              69,0                               314,0                          4,55

1861-1865                              73,8                               347,0                          4,70

1866-1870                              79,4                               554,2                          7,00

1871-1875                              86,0                               831,1                          9,66

1876-1880                              93,4                           1.054,8                       11,29

1881-1885                            100,6                          1.107,1                       11,00

1886-1890                            108,9                          1.090,3                       10,02

1897-1901                            130,6                          1.322,4                       10,11

 

Del volumen de las operaciones bancarias y de la acumulación del capital dan una idea general los datos siguientes. La suma global de pagos del Banco del Estado creció, de 113.000.000 de rublos en 1860-1863 (170.000.000 de rublos en 1864-1868) a 620.000.000 de rublos en 1884-1888, mientras que la suma de los depósitos en las cuentas corrientes crecía de 335.000.000 de rublos en

 

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* Las fuerzas productivas. El comercio exterior de Rusia, pág. 56 y siguientes.

** Las fuerzas productivas. El comercio exterior de Rusia, pág. 17. - Anuario de Rusia, de 1904, San Petersburgo, 1905.

 

 

 

606

Total de los depósitos en millones

de rublos

          11,2             1,2

          52,8             5,4

         308,0             31,5

         605,4             61,9

1864-1868 a 1.495.000.000 de rublos en 1884-1888*. El giro de las cooperativas y cajas de préstamos y ahorro (rurales e industriales) creció de 2.750.000 rublos en 1872 (21.800.000 rublos en 1875) a 82.600.000 rublos en 1892 y 189.600.000 rublos en 1903**. El valor de las hipotecas sobre la tierra creció de 1889 a 1894 del modo siguiente: la tasación de las tierras hipotecadas aumentó de 1.395.000.000 de rublos a 1.827.000.000, mientras que la suma de las cantidades prestadas subía de 791.000.000 de rublos a 1.044.000.000***. Las operaciones de las cajas de ahorro se desarrollaron especialmente en los años 80 y 90. En 1880 había 75 cajas; en 1897 su número era de 4.315 (de ellas, 3.454 de Correos y Telégrafos). Los depósitos ascendieron en 1880 a 4.400.000 rublos, y en 1897 a 276.600.000 rublos. El saldo en favor a fin de año era de 9.000.000 de rublos en 1880 y de 494.300.000 rublos en 1897. Por el crecimiento anual del capital se destacan especialmente los años, de hambre, 1891 y 1892 (52.900.000 y 50.500.000 rublos) y los dos últimos años (1896: 51.600.000 rublos; 1897: 65.500.000 rublos)****.

 

Los datos más recientes muestran un desarrollo aún mayor de las cajas de ahorro. En 1904 había en toda. Rusia 6.557, el número de depositarios era de 5.100.000 y la suma global de los depósitos, de 1.105.500.000 rublos. A propósi­to. En nuestro país, tanto los viejos populistas como los nuevos oportunistas del socialismo han dicho repetidas veces grandes ingenuidades (expresándonos con suavidad) sobre el incremento de las cajas de ahorro como índice del bienestar `popular”. No es, por ello, superfluo comparar la distribución de los depósitos en estas cajas en Rusia (1904) y en Francia (1900, informes del Bulletin de l'Ofjice du travail, 1901, núm. 10).

 

En Rusia:

 

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* Recopilación de datos de Rusia, 1890, CIX.

** Recopilación de datos de Rusia, 1896, cuadro CXXVII.

*** Ibíd.

**** Véstnik Finánsov, 1898, núm. 26.

 

 

 

607

 

                                 Número de                                          Total de los                 

Depósitos                  depositarios                 %                     depósitos en                %

(en rublos)                 en miles                                              millones de

                                                                                            rublos

Hasta 25                      1.870,4                      38,7                      11,2            1,2

De 25 a 100                    967,7                      20,0                      52,8            5,4

De 100 a 500               1.380,7                      28,6                    308,0            31,5

Más de 500                     615,5                      12,7                    605,4            61,9

------------------------------------------------------------------------------------------------------

Total                           4.834,3                      100                     977,4            100

 

En Francia

 

                                 Número de                                          Total de los                 

Depósitos                  depositarios                 %                     depósitos en                %

(en francos)               en miles                                              millones de

                                                                                            francos

Hasta 25                      5.273,5                      50,1                     143,6                         3,3

De 25 a 100                 2.197,4                      20,8                     493,8                       11,4

De 100 a 500               1.113,8                      10,6                     720,4                       16,6

Más de 500                  1.948,3                      18,5                 2.979,3                       68,7

-------------------------------------------------------------------------------------------------------

Total                         10.533,0                      100                  4.337,1            100

 

 

¡Cuánto material hay aquí para los apologistas populistas­-revisionistas-demócratas constitucionalistas! Entre otras cosas, es interesante que, en Rusia, los depósitos están también distribuidos en 12 grupos según las ocupaciones y profesio­nes de los depositarios. Resulta que donde corresponde un número mayor de depósitos es en la agricultura y las industrias rurales, 228.500.000 rublos, y que estos depósitos crecen con especial rapidez. La aldea se civiliza y resulta más y más ventajoso beneficiarse con la ruina del mujik.

 

Pero volvamos al tema que nos ocupa de un modo inmediato. Vemos que los datos atestiguan el enorme crecimiento de la circulación mercantil y de la acumulación del capital. Más arriba se ha mostrado el modo cómo se formó en todas las ramas de la economía nacional el campo para la aplicación del capital y de qué modo el capital comercial se fue transformando en industrial, es decir, fue entrando en la producción y creando relaciones capitalistas entre los participantes en la producción.

 

 

 

608

 

II. CRECIMIENTO DE LA POBLACIÓN COMERCIAL E INDUSTRIAL

 

Hemos hablado antes de que el crecimiento de la población industrial a cuenta de la agrícola es un fenómeno necesario en toda sociedad capitalista. También se ha examinado el modo como la industria se va separando consecutivamente de la agricultura; ahora nos resta sólo hacer un balance de la cuestión.

 

 

1) Crecimiento de las ciudades

 

La expresión más palmaria del proceso que examinamos es el crecimiento de las ciudades. He aquí los datos de este crecimiento en la Rusia europea (50 provincias) en la época posterior a la Reforma*: (ver el cuadro en la pág. 609. -Ed.)

 

Así, el tanto por ciento de la población urbana crece constantemente, es decir, se opera un desplazamiento de población de la agricultura a las ocupaciones comerciales e industriales**. Las ciudades crecen dos veces más de prisa que la población restante: de 1863 a 1897 toda la población aumentó un 53,3% la rural un 48,5 y la urbana un 97,0%.

 

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* Para 1863 las cifras son de Publicación periódica de estadística (I, 1866) y de la Reco-pilación estadística militar. Las cifras de la población urbana de las provincias de Orenburgo y Ufá están corregidas según los cuadros de las ciudades. Por ello, el balance de la población urbana será de 6.105.000 habitantes, y no de 6.087.100, como señala la Recopilación estadística militar. Para 1885 los datos son de la Recopilación de datos de Rusia  para 1884-85. Para 1897 las cifras corresponden al censo del 28 de enero de 1897 Primer censo general de la población del Imperio Ruso, 1897, ediciones del Comité Central de Estadística, San Petersburgo, 1897 y 1898, fascíc. 1 y 2). La población permanente de las ciudades, según el censo de 1897, es igual a 11.830.500, es decir, el 12,55°0. Nosotros hemos tomado la población presente en las ciudades. Observaremos que no es posible garantizar la completa uniformidad y el carácter comparativo de los datos de 1863-1885-1897. Por ello nos limitamos a confrontar únicamente las relaciones más generales y a destacar los datos de las ciudades grandes.

** “El número de poblados urbanos con carácter agrícola es en extremo pequeño, y el número de sus habitantes resulta del todo insignifi­cante en comparación con el total de habitantes de las ciudades (Sr. Grigóriev en el libro Influencia de las cosechas y de los precios del trigo, tomo II, pág. 126).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

609

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

610

En 11 años (1885-1897) “la afluencia mínima de población rural a las ciudades” fue determinada por el Sr. V. Mijailovs­ki en 2.500.000 personas*, es decir, en más de 200.000 por año.

 

La población de las ciudades que constituyen grandes centros industriales y comerciales crece mucho más de prisa que la población de las ciudades en general. El número de ciudades con 50.000 y más habitantes se hizo más de tres veces mayor de 1863 a 1897 (13 y 44). En 1863, del total de habitantes de las ciudades sólo cerca del 27% (1.700.000 de 6.100.000) estaba concentrado en tales centros grandes; en 1885 había cerca del 41% (4.100.000 de 9.900.000) **, mientras que en 1897 era ya más de la mitad, alrededor del 53% (6.400.000 de 12.000.000). Así pues, si en los años 60 el carácter de la población urbana se determinaba preferen­temente por la población de ciudades no muy grandes, en los años 1890 las grandes ciudades alcanzaron una plena preponderancia. La población de las 14 ciudades mayores en 1863 creció de 1.700.000 habitantes a 4.300.000, es decir, el 153%, mientras que toda la población urbana no aumentó más que un 97%. Por consiguiente, el enorme crecimiento de los grandes centros industriales y la formación de numerosos centros nuevos es uno de los síntomas más característicos de la época posterior a la Reforma.

 

 

2) Importancia de la colonización interior

 

Como hemos señalado más arriba (capítulo I, § II)***, la teoría extrae la ley del crecimiento de la población industrial a cuenta de la agrícola de la circunstancia de

 

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* Nóooe Slovo, 1897, junio, pág. 113.

** El Sr. Grigóriev da un cuadro (1. c., 140) por el que se ve que en 1885 el 85,6% de las ciudades tenía menos de 20.000 habitantes; en ellas se encontraba el 38,0% de los habitantes urbanos; el 12,4% de las ciudades (82 de 660) tenía menos de 2.000 habitantes, y en ellas había únicamente el 1,1% de los habitantes urbanos (110.000 de 9.962.00).

*** Véase el presente volumen, págs. 24-25. -Ed.

 

 

 

611-612

Original en ruso

 

 

 

613

que, en la industria, el capital variable crece absolutamente (el crecimiento del capital variable representa el crecimien­to del número de obreros industriales y el crecimiento de toda la población comercial e industrial), mientras que en la agricultura “disminuye absolutamente el capital variable requerido para el cultivo de la parcela dada de tierra”. “Por consiguiente -agrega Marx- el crecimiento del capital variable en la agricultura es sólo posible cuando se pone nueva tierra en cultivo, y eso presupone también un crecimiento aún mayor de la población no agrícola.”141 De aquí se desprende con claridad que el crecimiento de la población industrial sólo puede observarse de un modo puro cuando se trata de un territorio ya poblado, donde toda la tierra está ya ocupada. La población de este territorio, desplazada de la agricultura por el capitalismo, no tiene más recurso que emigrar a los centros indus-triales o a otro país. Pero la cosa cambia sustancialmente si se trata de un territorio en el que no toda la tierra está ocupada, que no está poblado por completo. La población de este territorio, desplazada de la agricultura en la zona habitada, puede pasar a la parte no habitada del territorio y dedicarse a “cultivar nueva tierra”. Resultará un crecimiento de la población agrícola (en el curso de cierto tiempo) no menor, si no más rápido, que el crecimiento de la población industrial. En este caso tenemos ante nosotros dos procesos distintos: 1) desarrollo del capitalismo en un país viejo, poblado, o en la parte vieja, poblada de un país; 2) desarro­llo del capitalismo en la “nueva tierra”. El primer proceso expresa un mayor' desarrollo de las relaciones capitalistas ya consolidadas; el segundo, la formación de relaciones capitalistas nuevas en el nuevo territorio. El primer proceso significa el desarrollo del capitalismo en profundidad, el segundo, en extensión. Evidentemente, la confusión de estos dos procesos debe llevar por fuerza a una concepción errónea del proceso que desplaza a la población de la agricultura a las ocupaciones comerciales e industriales.

 

La Rusia posterior a la Reforma nos muestra precisamente la manifestación simultánea de ambos procesos. En

 

 

 

614

los años 60, al principio de la época posterior a la Reforma, las zonas periféricas meridionales y orientales de la Rusiaeuropea eran en grado considerable un territorio deshabita do, al que se dirigió un torrente enorme de colonos de la Rusia agrícola central. Esta formación de una nueva po­blación agrícola en las tierras nuevas es lo que veló en cierto grado el desplaza-miento de la población de la agricultura hacia la industria, operado paralelamente. Para ofrecer una idea palmaria de la particularidad de Rusia que describimos, según los datos de la población urbana, es preciso dividir las 50 provincias de la Rusia europea en distintos grupos. Aducimos los datos de la población urbana en 9 zonas de la Rusia europea, corres­pondientes a 1863 y 1897 (ver el cuadro en la pág. 615. -Ed.).

 

Para la cuestión que nos interesa tienen la mayor importancia los datos de tres zonas: 1) industrial no agrícola (las 11 provincias de los dos primeros grupos, incluidas las dos. de las capitales)*. Es una zona en la que la emigración a las otras era muy débil. 2) Agrícola central (13 provincias, tercer grupo). La emigración de esta zona fue muy intensa, en parte a la anterior, pero de modo particular a la siguiente. 3) Regiones periféricas agrícolas (las 9 provin­cias del cuarto grupo), zona que ha sido colonizada en la época posterior a la Reforma. El tanto por ciento de la población urbana en estas 33 provincias se diferencia muy poco, como se ve en el cuadro, del tanto por ciento de la población urbana en toda la Rusia europea.

 

En la primera zona, industrial o no agrícola, observamos un ascenso especialmente rápido del tanto por ciento de la población urbana: del 14,1% al 21,1%. El crecimiento de la

 

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* El que es acertado unir a las provincias de las capitales precisamente las provincias no agrícolas que nosotros hemos tomado lo prueba la circunstancia de que la población de las capitales se complementa principalmente con personas salidas de estas provincias. Según el censo de San Petersburgo del 15 de diciembre de 1890, la ciudad tenía 726.000 ha­bitantes de los estamentos campesino y pequeñoburgués; de ellos, 544.000 (es decir, las tres cuartas partes) eran campesinos y pequeños burgueses de las 11 provincias con las que nosotros hemos formado la primera zona.

 

 

 

615

 

 

 

 

 

 

616

población rural es aquí muy débil, casi la mitad que en toda Rusia en conjunto. El crecimiento de la población urbana, por el contrario, supera considerablemente la media (105% contra 97%). Si se compara Rusia con los países industriales del Occidente europeo (como a menudo se practica entre nosotros), debe hacerse tomando sólo esta zona, pues sólo ella se encuentra en condiciones aproxima­damente idénticas a los países capitalistas industriales.

 

En la segunda zona, la agrícola central, vemos un cuadro distinto. El tanto por ciento de la población urbana es aquí muy bajo y crece con más lentitud que la media. El aumento de la población de 1863 a 1897, tanto de la urbana como de la rural, es considerablemente más débil que la media de Rusia. Esto se debe a que de esta zona ha salido un enorme torrente de colonos hacia las regiones periféri­cas. Según cálculos del Sr. V. Mijailovski, de 1885 a 1897 salieron de aquí unos 3.000.000 de personas, es decir, más de una décima parte de la población*.

 

En la tercera zona, las regiones periféricas, vernos que el tanto por ciento de la población urbana aumenta algo menos que la media (del 11,2% al 13,3%, es decir, en la proporción 100:118, con una media de 9,94-12,76, es decir, en la proporción 100:128). Mientras tanto, el crecimiento de la población urbana, lejos de ser aquí más débil, fue muy superior a la media (+ 130% contra  + 97%). El desplazamiento de la población de la agricultura hacia la industria ha sido, pues, muy intenso, pero se encubre por el enorme crecimiento de la población agrí-cola a consecuencia de la emigración: en esta zona, la población rural creció un 87%, contra una media para Rusia del 48,5%. Por provincias separadas el proceso de industrialización de la población se vela de un modo aún más palpable. En la provincia de Táurida, por ejemplo, el tanto por ciento de la población urbana seguía siendo en 1897 el mismo que en 1863 (19,6°o), y en la de Jersón había disminuido incluso (del

 

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* L. c., pág. 109. “Este movimiento no tiene parejo en la historia contemporánea de Europa Occidental” (110-111).

 

 

 

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25,9% al 25,4%), aunque el crecimiento de las ciudades de ambas provincias no se rezagó mucho del crecimiento de las capitales (+ 131, + 135% contra + 141% en las dos provincias de las capitales). La formación de una nueva población agrícola en las nuevas tierras lleva, por consi­guiente, a su vez, a un crecimiento aún mayor de la población no agrícola.

 

3) Crecimiento de las villas y aldeas fabriles y comerciales e industriales

 

Además de las ciudades tienen entidad de centros industriales, en primer término, los suburbios, que no siempre se cuentan junto con las ciudades y que abarcan una zona cada vez mayor de los alrededores de la ciudad grande; en segundo término, las villas y aldeas fabriles. Estos centros industriales* son especialmente numerosos en las provincias industriales en que el tanto por ciento de la población urbana es extraordinariamente bajo**. El cuadro aducido antes de los datos de la población urbana por zonas muestra que en 9 provincias industriales este tanto por ciento fue en 1863 del 7,3 y en 1897 del 8,6. Se trata de que la población comercial e industrial de estas provincias no se halla concentrada principalmente en las ciudades, sino en los pueblos industriales. Entre las “ciudades de las provincias de Vladimir, Kostromá, Nizhni Nóvgorod y otras hay no pocas con menos de 3.000, 2.000 y hasta 1.000 habitantes, mientras que numerosas “aldeas tienen, contando sólo a los obreros fabriles, 2.000-3.000-5.000. En la época posterior a la Reforma -dice con razón el redactor del Resumen de la provincia de Yaroslavl (fascíc. II, 191)-, “las ciudades empezaron a crecer aún más de prisa, y a ello se unió el crecimiento de los poblados

 

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* Véase sobre ellos más arriba, capítulo VII, § VIII, y el anexo III al capítulo VII.

** Sobre la significación de esta circunstancia, señalada ya por Kor­sak, compárense las justas observaciones del Sr. Volguin (1. c., págs. 215-216).

 

 

 

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de un tipo nuevo, de un tipo medio entre la ciudad y la aldea: los centros fabriles. Más arriba hemos aducido ya datos sobre el enorme crecimiento de estos centros y sobre el número de obreros fabriles concentrados en ellos. Hemos visto que esos centros son numerosos en toda Rusia no sólo en las provincias industriales, sino también en el sur. En los Urales, el tanto por ciento de la población urbana es el más bajo en las provincias de Viatka y Perm, el 3,2% en 1863 y el 4,7% en 1897, mas he aquí un ejemplo de la magnitud relativa de la población “urbana” e industrial. En el distrito de Krasnoufimsk, provincia de Perm, la pobla­ción urbana es igual a 6.400 (1897), mientras que el censo del zemstvo de 1888-1891 calcula en la parte fabril del distrito 84.700 habitantes, de los cuales 56.000 no se ocupan en absoluto de la agricultura y sólo 5.600 obtienen los medios de subsistencia principalmente de la tierra. En el distrito de Ekaterinburgo, según el censo del zemstvo, hay 65.000 personas sin tierra y 81.000 que únicamente tienen prados. Por tanto, la población industrial extraurba­na de sólo dos distritos es mayor que la población urbana de toda la provincia (en 1897 era de ¡195.600 personas!).

 

Finalmente, además de los poblados fabriles, tienen aún entidad de centros industriales las aldeas comerciales e industriales; que están a la cabeza de grandes zonas kustares o se han desarrollado rápidamente en la época posterior a la Reforma gracias a que se encuentran a orillas de los ríos, junto a las estaciones ferroviarias, etc. Varios ejemplos de estas aldeas se han dado en el capítulo VI, § II, y como hemos visto allí, semejantes aldeas, lo mismo que las ciudades, atraen a la población de los contornos y se distinguen de ordinario por un nivel cultural más alto*.

 

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* Del considerable número de aldeas de Rusia que son centros de población muy grandes puede juzgarse por los datos siguientes (aunque son anticuados) de la Recopilación estadística militar: en 25 provincias de la Rusia europea se contaban en los años 60 hasta 1.334 pobla-ciones con más de 2.000 habitantes. De ellas, 108 tenían de 5.000 a 10.000 habitantes, 6 de 10.000 a 15.000, 1 de 15.000 a 20.000, y 1 más de 20.000

 

 

 

619

Citamos aún como modelo los datos de la provincia de Vorónezh, para mostrar la importancia relativa de los poblados comerciales e industriales urbanos y no urbanos. La Recopilación general de la provincia de Vorónezh da un cuadro de clasificación múltiple de poblaciones para los ocho distritos de la provincia. En estos distritos hay 8 ciudades con 56.149 habitantes (1897). De las aldeas se destacan 4 con 9.376 hogares y 53.732 habitantes, es decir, son mucho más grandes que las ciudades. En estas aldeas hay 240 establecimientos comerciales y 404 industriales. Del total de los hogares, el 60%, no cultiva la tierra en absoluto, el 21% la cultiva con ayuda de trabajo a jornal o a medias, el 71% no tiene ni ganado de labor ni aperos, el 63% compra pan todo el año, el 86% trabaja en industrias. Al incluir toda la población de estos centros entre la comercial e industrial no sólo no exageramos, sino que incluso disminuimos el volumen de esta última, pues en estos 8 distritos hay un total de 21.956 hogares que no trabajan en absoluto la tierra. Y sin embargo, en la

 

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(pág. 169). El desarrollo del capitalismo llevó en todos los países, y no sólo en Rusia, a la formación de nuevos centros industriales no inclui­dos oficialmente entre las ciudades. “Las diferencias entre la ciudad y el campo se borran: cerca de las crecientes ciudades industriales esto ocurre a consecuencia de la salida de las empresas industriales y las viviendas obreras a los extramuros y proximidades de la ciudad; cerca de las pequeñas ciudades que se extinguen, ello ocurre a consecuencia de que éstas se aproximan a las aldeas vecinas, y también a consecuencia del desarrollo de las grandes aldeas industriales... Las diferencias entre los poblados de carácter urbano y rural se borran a consecuencia de numerosas forma­ciones intermedias. La estadística ha reconocido hace mucho esto, dejando aparte el concepto histórico jurídico de ciudad y sustituyéndolo por el concepto estadístico, que diferencia únicamente las poblaciones por el número de habitantes (Bücher. Die Entstehung der Volkswirtschaft, Tüb. 1893. S. 296-297 y 303-304). También en este aspecto la estadística rusa se encuentra muy atrasada de la europea. En Alemania y en Francia (Statesman's Year­book, p. 536, 474) se incluyen entre las ciudades los poblados de más de 2.000 habitantes, en Inglaterra los net urban sanitary districts (distritos sanitarios de tipo urbano. -Ed.), es decir, las aldeas fabriles, etc. Por consiguiente, los datos rusos acerca de la población “urbana” no se pueden comparar de ningún modo con los europeos.

 

 

 

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provincia agrícola que nosotros hemos tomado, la población comercial e industrial fuera de las ciudades resulta no ser menor que en las ciudades.

 

 

4) Industrias no agrícolas fuera del lugar

 

Mas tampoco la inclusión de las aldeas y las villas fabriles y comerciales e industriales entre las ciudades abarca ni mucho menos a toda la población industrial de Rusia. La falta de libertad para trasladarse de un lugar a otro, el carácter cerrado de estamento de la comunidad campesina explican por completo la notable peculiaridad de Rusia de que en ella debe incluirse entre la población industrial una parte no pequeña de la población rural, que gana los medios de subsistencia trabajando en los centros industriales y pasa en estos centros parte del año. Nos referimos a las llamadas industrias no agrícolas fuera del lugar. Desde el punto de vista oficial, estos industriales” son campesinos agricultores que tienen únicamente una ocupación auxiliar”, y la mayoría de los representantes de la economía populista ha asimilado sencillamente este punto de vista. Después de todo lo expuesto antes, no hay precisión de demostrar con más detalle su inconsistencia. En todo caso, por muy diversa que sea la actitud ante este fenómeno, no puede caber duda alguna de que expresa el desplazamiento de la población de la agricultura hacia las ocupaciones comerciales e industriales*. Del ejemplo siguiente puede verse cuánto cambia a consecuencia de este hecho la idea del volumen de la población industrial que ofrecen las ciuda­des. En la provincia de Kaluga, el tanto por cien‑

 

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* ¡El Sr. N. –on no ha advertido en absoluto en Rusia el proceso de industrialización de la población! El Sr. V. V. advirtió y reconoció que el crecimiento de los trabajos fuera del lugar expresaba que se quitaba población a la agricultura (Los destinos del capitalismo, 149) ; pero, sin incluir este proceso en el conjunto de sus ideas sobre los destinos del capitalismo”, trató de velarlo con lamentaciones a propósito de que “hay personas que encuentran todo esto muy natural” (apara la sociedad capitalistas? ¿Y puede representarse el Sr. V. V. el capitalismo sin este fenómeno?) “y casi deseable” (ibíd.). ¡Deseable sin ningún “casi”, Sr. V. V.!

 

 

 

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to de la población urbana es mucho más bajo que el de Rusia (8,3% contra 12,8%). Pero la Sinopsis estadística de esta provincia para 1896 calcula, según los datos de los pasapor­tes, el número total de meses de ausencia de los obreros que trabajan fuera del lugar. Resulta que es igual a 1.491.600 meses; esto, dividido por 12 da 124.300 almas de población ausente, es decir, ¡”cerca del 11% de toda la población (1. c., 46)! Agréguese esta población a la urbana (1897: 97.900) y el tanto por ciento de la (población industrial re­sultará muy considerable.

 

Naturalmente, cierta parte de los obreros no agrícolas que trabajan fuera del lugar se registra entre la población existente en las ciudades, y también entre la población de los centros industriales no urbanos de que ya se ha hablado. Pero, sólo una parte, pues, visto el carácter errante de esta población, es difícil tenerla en cuenta en el censo de los centros por separado; además que los censos de población se hacen de ordinario en invierno, mientras que la mayor parte de los obreros industriales marcha de su casa en primavera. He aquí datos al particular relativos sólo a algunas de las provincias más importantes de los trabajos no agrícolas fuera del lugar*.

 

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* Permisos de residencia librados a la población campesina de la provincia de Moscú en 1880 y 1885. Anuario estadístico de la provincia de Tver, correspon­diente a 1897. – Zhbankov. Las industrias fuera de la localidad en la provincia de Smolensk, Smolensk, 1896. – Del mismo: Influencia de las industrias fuera de la localidad, etc., Kostromá, 1887. – Las industrias de la población campesina en la provincia de Pskov, Pskov, 1898. – Para la provincia de Moscú no ha sido posible corregir los errores de los tantos por ciento, pues no se dan los datos absolutos. –Para la provincia de Kostromá sólo hay datos por distritos y únicamente en tantos por ciento: por ello hemos tenido que tomar la media de los datos por distritos, a consecuencia de lo cual separamos especialmente los datos de la provincia de Kostromá. – Para la provincia de Yaroslavl consideran que, de los industriales que trabajan fuera del lugar, está ausente todo el año el 68,7%; el otoño y el invierno, el 12,6%; la primavera y el verano, el 18,7%. Observa-remos que los datos de la provincia de Yaroslavl (Resumen de la provincia de Yaroslavl, fascíc. II, Yaroslavl. 1896) no son comparables con los precedentes, pues están basados en las declaraciones de sacerdotes y otras personas, y no en los datos relativos a los pasaportes.

 

 

 

622

 

 

 

El número máximo de pasaportes entregados correspon­de en todos los sitios a la primavera. Por consiguiente, la mayor parte de los obreros temporalmente ausentes no entra en el censo de las ciudades*. Mas, también estos habitantes temporales de las ciudades pueden ser incluidos con mayor derecho entre la población urbana que entre la rural: “La familia, que gana los medios de subsistencia en el curso del año o de la mayor parte del año trabajando en la ciudad, puede considerar con mayor fundamento que el lugar de su residencia es la ciudad, que le asegura la existencia, y no la aldea, con la cual sólo tiene lazos de parentesco y fiscales”**. La enorme importancia que hasta ahora siguen teniendo estos lazos fiscales se ve, por ejemplo, en que, de los vecinos de la provincia de Kostromá que marchan a trabajar fuera, muy pocos dueños reciben por ella” (por la tierra) “cierta pequeña parte de los

 

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* Sabido es que, por ejemplo, en los suburbios de San Petersburgo la población crece los veranos de un modo muy considerable.

** Sinopsis estadística de la provincia de Kaluga, correspondiente al año 1896, Kaluga, 1897, pág. 18 en la sección II.

 

 

 

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impuestos; de ordinario la dan en arriendo para que los arrendatarios levanten alrededor de ella un vallado, mientras que los impuestos los paga el propio dueño (D. Zhbankov. La región de las mujeres, Kostromá, 1891, pág. 21).También en el Resumen de la provincia de Yaroslavl (fascíc. II, Yaroslavl, 1896) encontramos repetidas indicaciones relativas a esta necesidad de los obreros que trabajan en industrias fuera del lugar de rescatarse de la aldea y del nadiel (págs. 28, 48, 14'3, 150, 166 y otras)*. ¿Cuál es el número de los obreros no agrícolas que

 

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* “Las industrias fuera del lugar... son una forma que encubre el incesante proceso de creci-miento de las ciudades... La posesión comunal de la tierra y diversas peculiaridades de la vida financiera y administra­tiva de Rusia no permiten a los campesinos convertirse en habitantes urbanos con la misma facilidad con que esto es posible en el Oeste... Hilos jurídicos man-tienen su ligazón (la del que marcha a trabajar fuera) con la aldea, pero en el fondo, por sus ocupaciones, hábitos y gustos, se ha adaptado por completo a la ciudad y con frecuencia ve una carga en esta ligazón (Rússkaya Misl, 1896, núm. 11, pág. 227). Esto es muy cierto, mas para un publicista es poco. ¿Por qué no se ha manifestado el autor decididamente en pro de la completa libertad para trasladarse de un lugar a otro, por la libertad de los campesinos para salir de la comunidad? Nuestros liberales siguen temiendo a nuestros populistas. Vano temor.

 

Y he aquí, para comparación, unas consideraciones del Sr. Zhbankov, que simpatiza con el populismo: “La marcha a los trabajos en la ciudad es, por así decir, un pararrayos (sic!) contra el intenso crecimiento de nuestras capitales y ciudades grandes y el aumento del proletariado urbano y sin tierra. Lo mismo en el aspecto sanitario que en el económico-social esta influencia de las ocupaciones debe estimarse útil: mientras la masa popular no se halle por completo apartada de la tierra, que para los obreros que trabajan fuera representa cierta fuente de ingresos (¡de cuya “fuente de ingresos se rescatan a cambio de dinero!), “estos obreros no pueden hacerse una arma ciega de la producción capitalista, y al mismo tiempo se conserva la esperanza en la creación de comunidades agrícola-in­dustriales (Yuridícheski Véstnik, 1890, núm. 9, pág. 145). ¿Acaso no es, en realidad, provechosa la conservación de las esperanzas pequeñoburguesas? Y con respecto al “arma ciega,” también la experiencia de Europa y todos los hechos que se observan en Rusia muestran que esta calificación corresponde infinitamente más al trabajador que conserva la ligazón con la tierra y con las relaciones patriarcales que a quien ha roto esta ligazón. Las cifras y los datos del propio Sr. Zhbankov muestran que el que va a trabajar a San Petersburgo es más instruido, más culto y más desarrollado que el campesino de Kostromá asentado en cualquier distrito “forestal”.

 

 

 

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trabajan fuera del lugar? El número de obreros ocupados en toda clase de industrias fuera de la localidad, es, por lo menos, de 5.000.000 a 6.000.000. En efecto, en 1884 en la Rusia europea se entregaron hasta 4.670.000 pasaportes y permisos de ausencia *, mientras que el ingreso procedente de los pasaportes ha crecido de 1884 a 1894 más de un tercio (de 3.300.000 rublos a 4.500.000). En 1897 se libraron en toda Rusia 9.495.700 pasaportes y permisos de ausencia (de ellos, en as 50 provincias de la Rusia europea, 9.333.200). En 1898 se libraron 8.259.900 (en la Rusia europea 7.809.600)**. El Sr. S. Korolenko determinó en 6.300.000 el número de obreros sobrantes en la Rusia europea (en comparación con la demanda local). Más arriba hemos visto (cap. III, § IX, pág. 174)***, que en 11 provincias agrícolas el número de los pasaportes librados resultaba superior al calculado por el Sr. S. Korolenko (2.000.000 contra 1.700.000). Ahora podemos agregar los datos de 6 provincias no agrícolas: el Sr. Korolenko calcula en ellas 1.287.800 obreros sobrantes, mientras que el número de pasaportes entregados era igual a 1.298.600****. Así pues, en 17 provincias de la Rusia europea (11 de las tierras negras más 6 fuera de las tierras negras) el Sr. Korolenko calculaba en 3.000.000 el número de obreros sobrantes (contra la demanda local). Y en los años 90, en estas 17 provincias se libraron 3.300.000 pasaportes y permisos de ausencia. En 1891 estas 17 provincias dieron el 52,2% de todo el ingreso proveniente de la expedición de pasaportes. Por consiguiente, el número de los obreros que trabajan fuera del lugar pasa, según todas las

 

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* L. Vesin. Significación de las industrias fuera del lugar, etc., Delo, 1886, núm. 7, y 1887, núm. 2.

** Estadística de las industrias gravadas con impuesto indirecto, etc., en 1897-1898, San Petersburgo, 1900. Publicaciones de la Dirección General de impuestos indirectos.

*** Véase el presente volumen, págs. 252-253. -Ed.

**** Provincias: de Moscú (1885, datos anticuados), de Tver (1896), de Kostromá (1892), de Smolensk (1895), de Kaluga (1895) y de Pskov (1896). Las fuentes han sido indicadas más arriba. Datos de todos los permisos de ausencia, para hombres y mujeres.

 

 

 

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probabilidades, de 6.000.000. Finalmente, los datos de la estadística de los zemstvos (en su mayor parte anticuados) llevaron al Sr. Uvárov a la conclusión de que la cifra del Sr. S. Korolenko estaba próxima a la verdad, y que la cifra de 5.000.000 de obreros que trabajan fuera del lugar “es probable en grado máximo”*.

 

Cabe ahora preguntar: ¿cuál es el número de los obreros no agrícolas y agrícolas que trabajan fuera del lugar? El Sr. N. –on afirma con mucha audacia y de modo absolutamente erróneo que la “inmensísima mayoría de las industrias campesinas fuera de la localidad son preci-samen­te agrícolas” (Ensayos, pág. 16). Chaslavski, a quien se remite el Sr. N. –on, se manifiesta con mucha más cautela, no cita dato alguno y limítase a consideraciones generales sobre la dimensión de las zonas que proporcionan unos y otros obreros. Pero los .datos del Sr. N. –on acerca del movimiento de viajeros por ferrocarril no demuestran nada en absoluto, pues los obreros no agrícolas marchan también de casa en primavera sobre todo, con la particula­ridad de que utilizan el ferrocarril incomparablemente más que los agrícolas**. Nosotros suponemos, al contrario, que la mayoría (aunque no inmensísima”) de los obreros que trabajan fuera del lugar está constituida probablemente por los obreros no agrícolas. Esta opinión se basa, en primer término, en los datos de la distribución del ingreso procedente de los pasaportes, y, en segundo término, en los datos del Sr. Vesin. Flerovski, apoyándose en los datos de 1862-63 acerca de la distribución de los ingresos procedentes de “pólizas de distintas clases” (más de un tercio de ellos lo proporcionaba el ingreso procedente de los pasapor­tes), llegó ya a la conclusión de que el movimiento mayor de los campesinos en busca de ocupación procede de las

 

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* Véstnik Obschéstvennoi Guiguieni, Sudebnoi i Praktícheskoi meditsini, julio 1896. M. Uvárov. Influencia de la industria fuera de la localidad en la situación sanitaria de Rusia. El Sr. Uvárov resumió los datos de 126 distritos de 20 provincias.

** Véase más arriba, pág. 174 (el presente volumen, pág. 253.-Ed.), nota.

 

 

 

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provincias de las capitales y de las no agrícolas*. Si tomamos las 11 provincias no agrícolas que hemos unido antes (punto 2 de este apartado) en una zona, y de las que marcha en su inmensa mayoría obreros no agrícolas, veremos que en estas provincias vivía en 1885 únicamente el 18,7% de la población de toda la Rusia europea (en 1897 el 18,3%), mientras que sus pasaportes proporcionaban en 1885 el 42,9% del ingreso (en 1891 el 40,7%)**. Hay aún muchas provincias que proporcionan obreros no agrícolas, y por ello debemos pensar que los obreros agrícolas son menos de la mitad de los que salen en busca de ocupación. El Sr. Vesin distribuye 38 provincias de la Rusia europea (que dan el 90% de todos los permisos de ausencia) en grupos, según el predominio de las distintas clases de trabajos fuera del lugar, y aduce los datos siguientes***:

 

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* La situación de la clase obrera en Rusia, San Petersburgo, 1869, pág. 400 y sigs.

** Los datos relativos al ingreso procedente de los pasaportes están tomados de la Recopilación de datos de Rusia correspondiente a 1884-85 y a 1896. En 1885 el ingreso de los pasaportes en la Rusia europea era de 37 rublos por 1.000 habitantes; en las 11 provincias no agrarias fue de 86 rublos por 1.000 habitantes.

*** Las dos últimas columnas del cuadro las hemos agregado nosotros. En el I grupo han entrado las provincias de Arjánguelsk, Vladimir, Vólogda, Viatka, Kaluga, Kostromá, Moscú, Nóvgorod, Perm, San Petersbur­go, Tver y Yaroslavl; en el II grupo, las de Kazán, Nizhni Nóvgorod, Riazán, Tula y Smolensk; en el III, las de Besarabia, Volinia, Yorónezh, Ekaterinoslav, del Don, Kiev, Kursk, Orenburgo, Oriol, Penza, Podolsk, Poltava, Samara, Sarátov, Simbirsk, Táurida, Tambov, Ufá, Járkov, Jer­són y Chernfgov. –Observaremos que en esta clasificación hay errores que exageran la importancia de la marcha de obreros agrícolas. Las provin­cias de Smolensk, Nizhni Nóvgorod y Tula deben entrar en el grupo I (conf. Resumen agrícola de la provincia de Ni¿hni Nóvgorod para 1896, cap. XI. Memoria de la provincia de Tula, 1895, sección VI, pág. 10: el número de los obreros que marchan a trabajar fuera se calcula en 188.000 –¡mien­tras que el Sr. S. Korolenko calculaba sólo 50.000 obreros sobrantes!–, con la particularidad de que los 6 distritos septentrionales, no pertenecientes a las tierras negras, proporcionan 107.000). La provincia de Kursk debe entrar en el grupo II (S. Korolenko, 1. c, de 7 distritos la mayor parte marcha a industrias artesanas, de los 8 restantes, sólo a las agrícolas). Lamentablemente, el Sr. Vesin no proporciona datos por provincias acerca del número de permisos de ausencia.

 

 

 

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Estas cifras muestran que las industrias fuera de la localidad están más desarrolladas en el primer grupo que en el último... Estas cifras hacen ver también que, de acuerdo con la diferencia de los grupos, se diferencia asimismo la propia duración de las ausencias para trabajar fuera. Allí donde predominan las industrias de trabajos no agrícolas fuera del lugar, la duración de las ausencias resulta mucho más considerable” (Delo, 1886, núm. 7, pág. 134).

 

Finalmente, la estadística de industrias gravadas con impuestos indirectos y otras, señalada más arriba, nos permite distribuir el número de permisos de residencia librados en las 50 provincias de la Rusia europea. Introdu­ciendo las enmiendas indicadas en la clasificación del Sr. Vesin, distribuyendo en los mismos tres grupos las 12 provincias que faltaban para 1884 (en el I grupo las de Olonets y Pskov; en el II las del Báltico y las del Noroeste,

 

 

 

 

 

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es decir, 9 provincias; en el III la de Astrajan), obtenemos el cuadro siguiente:

 

                                                                                     Cantidad total de permisos

Grupos de provincias                                         de residencias libradas

                                                                                     1897                         1898*

 

I. 17 provincias con predominios de              

    trabajos no agrícolas fuera del

     lugar                                                                    4.437.392                    3.369.597

II. 12 provincias intermedias                                     1.886.733                    1.674.231

III. 21 provincias con predominio de

      trabajos agrícolas fuera del

      lugar                                                                   3.009.070                    2.765.762

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Total para las 50 provincias                                       9.333.195                    7.809.590

 

 

Las industrias fuera del lugar, según estos datos, son considerablemente más vigorosas en el grupo I que en el III.

 

Así pues, no hay duda de que la movilidad de población es incomparablemente más elevada en la zona no agrícola de Rusia que en la agrícola. El número de obreros no agrícolas que trabajan fuera debe ser mayor que el de los agrícolas y constituir no menos de tres millones de personas.

 

El crecimiento enorme y en constante ascenso de la marcha en busca de ocupación lo atestiguan todas las fuentes. El ingreso procedente de los pasaportes creció, de 2.100.000 rublos en 1868 (1.750.000 rublos en 1866) a 4.500.000 rublos en 1893-94, es decir, se hizo más del doble. El número de pasaportes y permisos de ausencia expedidos creció en la provincia de Moscú, de 1877 a 1885, en un 20% (de hombre) y en un 53% (de mujer); en la provincia de Tver, de 1893 a 1896, en un 5,6%; en la provincia de Kaluga, de 1885 a 1895, en un 23% (y el número de meses de ausencia en un 26%); en la provincia de Smolensk, de

 

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* Entre paréntesis. El autor del examen de estos datos (1. c., cap. VI, pág. 639) explica la disminución de la entrega de pasaportes en 1898 por el descenso de la marcha de obreros a los trabajos de verano a las provincias del sur, como consecuencia de la mala cosecha y la difusión de las máquinas agrícolas. Esta explicación no sirve para nada, pues donde menos se redujo el número de permisos de residencia librados fue en el grupo III y donde más, en el grupo I. ¿Son comparables los métodos de registro de 1897 y 1898? (Nota a la segunda edición.)

 

 

 

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100.000 en 1875 a 117.000 en 1885 y 140.000 en 1895; en la provincia de Pskov, de 11.716 en 1865-1875 a 14.944 en 1876 y a 43.765 en 1896 (de hombre). En la provincia de Kostromá, en 1868 se expidieron 23,8 pasaportes y permi­sos de ausencia por cada 100 hombres y 0,85 por cada 100 mujeres, mientras que en 1880 se libraron 33,1 y 2,2. Etc., etc.

 

Lo mismo que el desplazamiento de la población de la agricultura a la ciudad, la marcha en busca de trabajo no agrícola es un fenómeno progresivo. Arranca a la población de los rincones perdidos, atrasados, olvidados por la historia y la incluye en el remolino de la vida social contemporánea. Eleva el grado de instrucción de la población* y su conciencia**, le inculca costumbres cultas y necesidades culturales***. Al campesino le llevan a trabajar fuera motivos de orden superior”, es decir, el mayor grado de cultura exterior y brillo del “peters-burgués”; buscan “donde

 

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* Zhbankov. Influencia de las industrias fuera de la localidad, etc., pág. 36 y sigs. El tanto por ciento de hombres que saben leer y escribir en los distritos de la provincia de Kostromá de donde salen obreros a trabajar fuera = 55,9%; en los fabriles = 34,9%; en los sedentarios (forestales) = 25,8%; mujeres: 3,5%-2,0%-1,3%; escolares: 1,44%-1,43%-1,07%. En los distritos que proporcionan obreros que trabajan fuera del lugar los niños estudian también en San Petersburgo.

** “Los petersburgueses que saben leer y escribir se curan indudablemente mejor y más conscientemente (ibíd., 34), así que las enfermedades infecciosas no ejercen entre ellos una acción tan funesta como en los subdistritos 'poco cultos' (cursiva del autor).

*** “Los distritos de donde salen obreros superan considerablemente a las zonas agrícolas y forestales por el confort de su vida... La ropa de los petersburgueses es mucho más limpia, elegante e higiénica... Se tiene a los niños más limpios, por lo que entre ellos se encuentran con mucha menos frecuencia la sarna y otras enfermedades cutáneas (ibíd., 39. Conf. Las industrias fuera de la localidad en la provincia de Smo­lensk, pág. 8). “Las aldeas de donde salen obreros a trabajar fuera se dife­rencian marcadamente de las sedentarias: las viviendas, la ropa, todas las costumbres, las diversiones recuerdan más bien la vida pequeñoburguesa que la campesina” (Las industrias fuera de la localidad en la provincia de Smo­lensk, pág. 3). En los subdistritos de la provincia de Kostromá de donde salen obreros a trabajar fuera “en la mitad de las casas encontraréis papel, tinta, lápices y plumas” (La región de las mujeres, págs. 67-68).

 

 

 

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se está mejor”. “El trabajo y la vida en San Petersburgo se consideran más fáciles que en la aldea.”*  “A todos los habitantes de la aldea se les llama grises y, cosa extraña, ellos no se ofenden lo más mínimo de esta calificación, y se denominan de este modo a sí mismos, lamentándose de que sus padres no los enviaran a estudiar a San Petersburgo. Por lo demás, es preciso hacer la salvedad de que estos aldeanos grises están muy lejos de ser tan grises como en las zonas puramente agrícolas: sin darse cuenta adoptan el aire exterior y las costumbres de los petersburgueses, la luz de la capital llega también indirectamente a ellos.”**  En la provincia de Yaroslavl (fuera de los ejemplos de enriqueci­miento) “hay otra causa que empuja a todos a marchar de casa. Es opinión común que el hombre que no ha vivido en San Petersburgo o en algún otro sitio, y que se ocupa de la agricultura o de algún oficio, se gana para toda la vida el calificativo de pastor, y a un hombre así le es difícil encontrar novia” (Resumen de la, provincia de Yaroslavl, II, 118). La marcha a la ciudad eleva la personalidad civil del campesino, liberándole del sinnúmero de trabas de dependencia patriar­cales y personales y de estamento que tan vigorosas son en la aldea***... “Un factor primario que apoya la existencia del trabajo fuera del lugar es el auge de la conciencia de la personalidad en el medio popular. La liberación de la servidumbre y la relación que data de largos años de la parte más enérgica de la población rural con la vida urbana, despertaron hace mucho en los campesinos de la provincia de Yaroslavl el deseo de salvaguardar su 'yo', de salir de la situación calamitosa y dependiente a que le condenaban las condiciones de la vida aldeana, y llegar a una situación acomodada, independiente y honrosa... El campesino que vive

 

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* La región de las mujeres, págs. 26-27, 15.

** Ibíd., pág. 27.

*** Por ejemplo, a los campesinos de la provincia de Kostromá les impulsa a inscribirse en el estamento pequeñoburgués, entre otras cosas, el posible “castigo corporal”, que es “aún más espantoso para el petersburgués elegantizado que para el simple habitante gris” (ibíd., 58).

 

 

 

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con lo que gana fuera del lugar se siente más libre, y también más igualado en derechos a las personas de los otros estamentos y en otros muchos sentidos, y por eso la juventud rural tiende más y más a ir a la ciudad” (Resumen de la provincia de Yaroslavl, II, 189-190).

La marcha a la ciudad debilita la vieja familia patriarcal, pone a la mujer en una situación más indepen­diente, igualándola en derechos al hombre. “En compara­ción con las localidades sedentarias, la familia de Soligálich y Chujlomá” (los distritos de la provincia de Kos­tromá de donde salen más obreros) es mucho menos sólida no sólo en el sentido del poder patriarcal del cabeza de familia, sino incluso de las relaciones entre los padres y los hijos, el marido y la mujer. De los hijos enviados a San Petersburgo desde los 12 años, naturalmente, no se puede esperar un amor intenso a los padres y un gran apego al hogar familiar;` involuntariamente se convierten en cosmopolitas: 'donde se está bien, está la patria'.”*  Habituada a pasarse sin la autoridad y la ayuda del marido, la mujer de Soligá­lich no se parece en absoluto a la campe-sina apocada de la zona agrícola: es independiente, autónoma... Allí son raras excepciones las palizas y los tormentos a las esposas... En general, la igualdad de la mujer y el hombre se manifiesta casi en todos los aspectos. **

 

Finalmente -last but not least***-, la marcha a trabajos no agrícolas eleva el jornal no sólo de los obreros asalariados que se van, sino también de los que quedan.

 

Lo que con más relieve expresa este hecho es el fenómeno general de que las provincias no agrícolas, que se distinguen por un salario más elevado que las agrícolas, atraen de estas últimas a los obreros rurales****. He aquí datos interesantes de la provincia de Kaluga:

 

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* lbíd., 88

** Turidícheski Véstnik, 1890, núm. 9, pág. 142.

*** “El último en la relación, pero no en importancia. -Ed.

**** Conf. capítulo IV, § IV (el presente volumen, págs. 288-289.-Ed.)

 

 

 

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% de los obreros                    Salario mensual en rublos

Grupos de distritos                varones que mar-

por la proporción                   chan a trabajar a                       del indus-                    del

de la salida de                        fuera, con relación                   trial que                       obrero

obreros                                 a toda la población                   marcha                        rural

                                             masculina                                a trabajar

                                                                                            fuera

 

I.                                                       38,7                                 9                              5,9

II.                                                     36,3                                 8,8                           5,3

III.                                                    32,7                                 8,4                           4,9

 

 

“Estas cifras aclaran por completo... los fenómenos de que: 1) los trabajos fuera del lugar influyen en el ascenso del salario en la producción agrícola y 2) atraen a las mejores fuerzas de la población.* No se eleva sólo el salario en dinero, sino también el salario real. En el grupo de distritos que por cada 100 trabajadores dan 60 obreros por lo menos que marchan a trabajar fuera, el salario medio anual del bracero es de 69 rublos o 123 puds de centeno; en los distritos con un 40-60% de obreros que trabajan fuera, de 64 rublos o 125 puds de centeno; en los distritos con menos del 40% de obreros que trabajan fuera, de 59 rublos o 116 puds de centeno**. En estos mismos grupos de distritos, el tanto por ciento de correspondencias quejándose de falta de obreros disminuye regularmente: 58%-42%-35%. En la industria transformativa el sala­rio es mayor que en la agricultura, y las “industrias, según opinión de muchos señores corresponsales, favorecen el desarrollo en el medio campesino de nuevas necesidades (té, percal, botas altas, relojes, etc.), elevan el nivel general de estas últimas y, de este modo, influyen en el aumento de los salarios”***. He aquí un comentario típico de un corresponsal: “La carencia” (de obreros) “es siempre comple­ta, y la causa es que la población suburbana está mimada, trabaja en los talleres ferroviarios o tiene algún empleo en los mismos. La proximidad de Kaluga y los mercados reúnen constantemente habitantes de las cercanías para la venta de huevos, leche, etc., y emborracharse después todos

 

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* Sinopsis estadística de la provincia de Kaluga, correspondiente al año 1896, sección II, pág. 48.

** Ibíd., sección I, pág. 27.

*** Ibíd., pág. 41.

 

 

 

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en las tabernas; la causa es que toda la población trata de cobrar mucho y no hacer nada. Se considera una vergüenza vivir como obrero rural y procuran ir a la ciudad, donde forman el proletariado y las 'compañías de oro' (lumpen­proletariado. -Ed.); la aldea, en cambio, sufre la falta de trabajadores aptos y sanos”*. Esta valoración de los trabajos fuera de la localidad podemos calificarla de populista con pleno derecho. El Sr. Zhbankov, por ejemplo, señalando que no se van los trabajadores sobrantes, sino los “necesarios”, sustituidos por agricultores forasteros, en­cuentra “evidente” que “tales sustituciones mutuas son muy desfavorables”**. ¿Para quién, oh, Sr. Zhbankov? “La vida en las capitales infunde muchos hábitos cultos de tipo inferior y la inclinación al lujo y a la elegancia, lo que se lleva inútilmente (sic!!) mucho dinero”***; los gastos en este lujo y demás son en su mayor parte “improductivos” (!!)****. El Sr. Herzenstein vocifera sin rodeos acerca de la “civilización de escaparate”, la “vida desmandada”, la “juerga desenfrenada”, la “borrachera salvaje y el libertinaje barato”, etc.*****. Del hecho de la marcha en masa en

 

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* Ibíd., pág. 40. Cursiva del autor.

** La región de las mujeres, págs. 39 y 8. “¿No ejercerán también estos auténticos agricul-tores (los forasteros) “con sus condiciones de vida acomodada, una influencia sensata sobre los naturales que ven la base de su existencia no en la tierra, sino en los trabajos fuera del lugar?” (pág. 40). “Por lo demás -se lamenta el autor-, antes hemos aducido un ejemplo de influencia inversa.” He aquí este ejemplo. Unos vecinos de la provincia de Vólogda habían comprado tierra y vivían “con mucho acomo­do. “A mi pregunta a un campesino de éstos de por qué, con su acomodo, había enviado al hijo a San Petersburgo, yo recibí la respuesta siguiente: 'cierto, no somos pobres, pero nuestra vida es muy gris, y a él, mirando a otros, le entraron deseos de instruirse, en casa ya le gustaba estudiar'” (pág. 25). ¡Pobres populistas! ¡Cómo no lamentarse de que incluso el ejemplo de los mujiks labradores acomodados que compran tierra es incapaz de “desilusionar” a los jóvenes que, en su deseo de “instruirse, escapan del nadiel que les asegura contra la necesidad”!

*** Influencia de las industrias fuera de la localidad, etc., 33. Cursiva del autor.

**** Yuridícheski Véstnik, 1890, núm. 9, 138.

***** Rússkaya Misl (no Russki Véstnik, sino Rússkaya Misl), 1887, núm. 9, pág. 163.

 

 

 

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busca de trabajo, los estadísticos de Moscú deducen abiertamente la precisión de “medidas que disminuyan la necesidad de los trabajos fuera del lugar*. El Sr. Kárishev razona así acerca de las industrias fuera del lugar: “Sólo el aumento de la tierra campesina aprovechada hasta unas proporciones suficientes para satisfacer las más importantes (!) necesida­des de la familia puede resolver este problema -tan serio de nuestra economía nacional!”**.

 

¡Y a ninguno de estos bonísimos señores les viene a la cabeza que antes de hablar de la solución de estos problemas tan serios es preciso preocuparse de la plena libertad de traslado para los campesinos, de la libertad a re­nunciar a la tierra y salir de la comunidad, de la libertad de instalarse (sin rescate en dinero) en cualquier comunidad, urbana o rural, del Estado!

 

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Así pues, el qué la población se desplaza de la agricultura se manifiesta en Rusia en el crecimiento de las ciudades (velado en parte por la colonización interior), de los suburbios, de las aldeas y lugares fabriles, comerciales e industriales, así como en los trabajos no agrícolas fuera del lugar. Todos estos procesos, que se han desarrollado y se desarrollan con rapidez en extensión y profundidad en el curso de la época posterior a la Reforma, son parte constitutiva indispensable del desarrollo capitalista, y tienen una significación hondamente progresiva con respec­to a las viejas formas de la vida.

 

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* Permisos de residencia, etc., pág. 7

** Rússkoe Bogatstvo, 1896, núm. 7, pág. 18. ¡Así pues, el nadiel debe cubrir las necesidades “más importantes”, y las otras necesidades deben cubrirlas, al parecer, las “ocupaciones locales”, obtenidas en la misma aldea que “sufre la escasez de trabajadores aptos y sanos”!

 

 

 

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III CRECIMIENTO DEL EMPLEO DE TRABAJO ASALARIADO

 

En la cuestión del desarrollo del capitalismo tiene quizá la mayor importancia el grado de difusión del trabajo asalariado. El capitalismo es la fase de desarrollo de la producción mercantil en la que también la fuerza de trabajo se transforma en mercancía. La tendencia fundamental del capitalismo consiste en que toda la fuerza de trabajo de la economía nacional se aplica a la producción únicamente después de haber sido negociada su venta y compra por los patronos. Más arriba hemos tratado de examinar con detalle cómo se manifestó esta tendencia en la Rusia posterior a la Reforma;  ahora debemos hacer un balance de esta cuestión. Al principio haremos un cálculo conjunto de los datos referentes a los vendedores de fuerza de trabajo que se han aducido en los capítulos anteriores, y después (en el apartado siguiente) esbozaremos el contin­gente de compradores de fuerza de trabajo.

 

Los vendedores de fuerza de trabajo los proporciona la población obrera del país, que parti-cipa en la producción de valores materiales. Se calcula que esta población asciende a cerca de 15.500.000 obreros varones adultos*. En el capítulo II se ha mostrado que el grupo inferior de los campesinos no es otra cosa sino proletariado rural; además se ha señalado (pág. 122, nota**) que las formas en que este proletariado vende la fuerza de trabajo serían exami­nadas después. Hagamos ahora un balance de las categorías de obreros asalariados enumeradas en la exposición ante­rior: 1) obreros asalariados agrícolas. Su número se acerca a 3.500.000 (en la Rusia europea). 2) Obreros fabriles,

 

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* La cifra de la Recopilación de materiales estadísticos, etc. (ediciones de la oficina del Comité de Ministros, 1894) es de 15.546.618 personas. Está obtenida del modo siguiente. Se ha admitido que la población urbana es la parte que no participa en la producción de valores materiales. La población campesina masculina adulta ha disminuido en un 7% (el 4 1/2% que presta servicio militar y el 2 1/2% que se encuentra al servicio de la comunidad).

** Véase el presente volumen, págs. 182-183. -Ed.

 

 

 

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mineros y ferroviarios, que ascienden a cerca de 1.500.000. Un total de 5.000.000 de obreros asalariados profesionales. Siguen, 3) obreros de la construcción, cerca de 1.000.000. 4) Obreros ocupados en la industria maderera (corte de árboles y su transformación primaria, almadieros, etc.), en los trabajos de excavación, en el tendido de ferrocarriles, en la carga y descarga de mercancías y, en general, toda clase de trabajos de peonaje” en los centros industriales. Son unos 2.000.000*. 5) Obreros ocupados en su domicilio, por los capitalistas, así como los que trabajan por contrata en la industria transformativa no incluida en “industria fabril”. Ascienden a unos 2.000.000.

 

En total, cerca de 10.000.000 de obreros asalariados. Excluimos de ellos aproximadamente 1/4, que corresponde a las mujeres y a los niños**, quedan 7.500.000 obreros asalariados adultos varones, es decir, cerca de la mitad del total de la población masculina adulta del país que participa en la producción de, valores materiales***. Parte de esta enorme masa de obreros asalariados ha roto por completo con la tierra y vive exclusivamente de la venta de la fuerza de trabajo. Aquí entra la enorme mayoría de los obreros fabriles (e indudablemente de los mineros y ferroviarios), y cierta parte de los de la construcción, de los que trabajan en los

 

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* Más arriba hemos visto que sólo los obreros madereros se cal­culan en 2.000.000. El número de obreros ocupados en las dos últimas clases de trabajos que nosotros indicamos debe ser superior al número total de los obreros de fuera no agrícolas, pues parte de los obreros de la construcción, peones y, en particular, obreros madereros pertenece a los locales, y no a los obreros de fuera. Y nosotros hemos visto que el número de obreros de fuera no agrícolas asciende por lo menos a 3.000.000.

** En la industria fabril, como hemos visto, las mujeres y los niños son poco más de 7, del total de los obreros. En la industria minera, de la construcción, maderera, etc., las mujeres y los niños son muy escasos. Por el contrario, en el trabajo capitalista a domicilio toman probablemente una parte mayor que los hombres.

*** Hagamos la salvedad, para evitar malentendidos, de que no preten­demos ni mucho menos al carácter probatorio estadístico exacto de estas cifras; únicamente queremos mostrar aproximadamente la diversidad de formas del trabajo asalariado y lo numerosos que son sus representantes.

 

 

 

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barcos y de los peones; por último, una parte no pequeña de los obreros de la manufactura capitalista y los habitantes de los centros no agrícolas que trabajan en casa para los capitalis­tas. Otra parte, grande, no ha roto aún con la tierra, par­cialmente cubre sus gastos con los productos de su hacienda agrícola, una parcela minúscula, y forma, por tanto, el tipo de obrero asalariado con nadiel que tratamos de describir con detalle en el capítulo II. En la exposición anterior se ha mostrado ya que toda esta masa enorme de obreros asalariados se formó, principalmente, en la épo­ca posterior a la Reforma, y que sigue creciendo con ra­pidez.

Es importante subrayar la entidad de nuestra conclusión en lo que respecta a la superpobla-ción relativa (o al contingente del ejército de reserva de los desocupados) creada por el capitalismo. Los datos concernientes al número total de los obreros asalariados en todas las ramas de la economía nacional descubren con especial evidencia el error básico de la economía populista al particular. Como hemos tenido ya oportunidad de señalar en otro sitio (Estudios, págs. 38-42*), este error consiste en que los economistas populistas (los señores V. V., N. –on y otros), que han hablado mucho de la “liberación” de los obreros por el capi-talismo, no han pensado siquiera en investigar las formas concretas de la superpoblación capitalista en Rusia; después, en que no han comprendido en absoluto la necesidad de la enorme masa de los obreros de reserva para la propia existencia y el desarrollo de nuestro capitalismo. Mediante palabras doloridas y cálculos curiosos acerca del número de obreros fabriles** han

 

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* Véase O. C., t. 2, págs. 173-180. -Ed.

** Recordemos las consideraciones del Sr. N. –on sobre el “puñado” de obreros, así como el cálculo siguiente, en verdad clásico, del Sr. V. V. (Ensayos de economía teórica, pág. 131). En las 50 provincias de la Rusia europea hay 15.547.000 obreros adultos varones del estamento campesino; de ellos, están “unidos por el capital” 1.020.000 (863.000 en la industria fabril + 160.000 ferroviarios); el resto es “población agrícola”. Con el “pleno dominio del capitalismo en la industria transformativa la “industria fabril

 

 

 

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convertido una de las condiciones fundamentales del desarrollo del capitalismo en prueba de que el capitalismo es imposible, equivocado, carece de terreno propicio, etc. En realidad, el capitalismo ruso no habría podido nunca desarrollarse hasta la altura actual, no habría podido subsistir ni un año, si la expropiación de los pequeños productores no hubiese creado una masa de millones de obreros asalariados, dispuestos, a la primera llamada, a satisfacer la demanda máxima de los patronos en la agricultura, en la industria maderera y de la construcción, en el comercio, en las industrias transformativa, minera, del transporte, etc. Decimos la demanda máxima porque el capitalismo puede desarrollarse únicamente a saltos, y, por consiguiente, el número de productores que necesitan vender la fuerza de trabajo debe ser siempre superior a la demanda media de obreros por parte del capitalismo. Si nosotros hemos calculado ahora el número general de las distintas categorías de obreros asalariados, con ello no hemos querido decir en modo alguno que el capitalismo esté en condiciones de darles ocupación permanente a todos ellos. Tal permanencia de ocupación no existe ni puede existir en la sociedad capitalista, sea cual sea la categoría de obreros asalariados que tomemos. Determinada parte de los millones de obreros errantes y sedentarios queda siempre en la reserva de los desempleados, y esta reserva, bien aumenta hasta proporciones enormes en los años de las crisis, o cuando decae una u otra industria en cierta zona, o con una ampliación especialmente rápida de la producción maquinizada, que desplaza a los obreros, bien desciende al mínimo, provocando incluso la escasez” de obreros de que a menudo se lamentan los patronos de ciertas ramas de la industria en algunos años y en ciertas zonas del país. Es imposible determinar, aunque sea aproximadamente, el

 

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capitalista” ocupará el doble de brazos (el 13,3% en vez del 7,6%, mientras que el 86,7% restante de la población “quedará sólo con sus tierras y estará parado durante medio año”). Al parecer, los comentarios no harían más que debilitar la impresión que produce este notable ejemplillo de ciencia económica y estadística económica.

 

 

 

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número de desempleados por año medio a consecuencia de la falta completa de datos esta-dísticos más o menos seguros; pero es indudable que este número debe ser muy grande; así lo atestiguan igualmente las enormes oscilaciones de la indus­tria, el comercio y la agricultura capitalistas, oscila­ciones que más arriba se han señalado repetidas veces, y los déficits habituales en los presupuestos de los campesi­nos de los grupos inferiores que indica la estadística de los zemstvos. El aumento del número de campesinos empujados a las filas del proletariado industrial y rural, y el aumento de la demanda de trabajo asalariado son dos caras de una misma medalla. Con relación a las formas del trabajo asalariado, son diversas en el más alto grado en la sociedad capitalista, envuelta por todos los lados por los restos y las institu­ciones del régimen precapitalista. Sería un error profundo pasar por alto esta diversidad; sin embargo, en este error caen quienes razonan, como el Sr. V. V., que el capitalismo “se ha encerrado en un rincón de un millón o un millón y medio de obreros y no sale de él”*. En lugar del capitalismo, aquí se presenta sola la gran industria maquinizada. Pero ¡qué arbitraria y artificialmente se delimita aquí a este millón y medio de obreros en un “rincón” especial, que supuestamente no está ligado por nada a los demás dominios del trabajo asalariado! En realidad, esta ligazón es muy íntima, y para caracterizarla basta remitirse a los dos rasgos fundamentales del régimen económico contemporáneo. En primer lugar, la base de este régimen es la economía monetaria. El “poder del dinero se manifiesta con plena fuerza tanto en la industria como en la agricultura, en la ciudad como en el campo, pero sólo en la gran industria maquinizada alcanza un desarrollo completo, desplaza en absoluto los restos de la economía patriarcal, se concentra en un pequeño número de institu­ciones gigantescas (los bancos), se liga de modo directo con la gran producción social. En segundo lugar, la base del régimen económico contemporáneo es la compraventa de

 

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* Nóvoe Slovo, 1896, núm. 6, pág. 21.

 

 

 

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fuerza de trabajo. Tomad incluso a los productores más pequeños en la agricultura o en la industria y veréis que es una excepción aquel que no sea contratado o no contrate a otros. Mas estas relaciones igualmente sólo alcanzan el pleno desarrollo y la separación completa de las anteriores formas de la economía en la gran industria maquinizada. Por ello, ese “rincón” que parece a algún populista tan insignificante, encarna en realidad la quintaesencia de las rela-ciones sociales contemporáneas, y la población de este “rincón”, es decir, el proletariado, es, en el sentido literal de la palabra, sólo la primera fila, la vanguardia de toda la masa de trabajadores y explotados*. Por ello, únicamente examinando todo el régimen económico contemporáneo desde el punto de vista de las relaciones formadas en ese “rincón” se puede comprender las relaciones fundamentales entre los distintos grupos de personas que participan en la producción y, por consiguiente, advertir la orientación fundamental de desarrollo del régimen dado. Por el contrario, a quien se aparta de este “rincón” y examina los fenómenos económicos desde el punto de vista de las relaciones de la pequeña producción patriarcal, el curso de la historia le convierte, o en un soñador ingenuo, o en un ideólogo de la pequeña burguesía y los agrarios.

 

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* Mutatis mutandis (con los cambios correspondientes.-Ed.), sobre la rela­ción entre los trabajadores asalariados en la gran industria maquinizada y los restantes obreros asalariados puede decirse lo mismo que expresan los esposos Webb de la relación entre los tradeu-nionistas de Inglaterra y los no tradeunionistas. Los miembros de las tradeuniones forman cerca del 4% de la población... Las tradeuniones cuentan en sus filas cerca del 20% de los trabajadores varones adultos que viven del trabajo físico.” Pero “Die Gewerkschaftler... záhlen... in er Regel die Elite des Gewerbes in ihren Reihen. Der moralische und geistige Einfluss, den sie auf die Masse ihrer Berufsgenossen ausüben, steht deshalb ausser jedem Verháltniss zu ihrer numerischen Stärke (S.&. B. Webb. Die Geschichte des britischen Trade Unionismus, Stuttgart, Dietz, 1895, S.S. 363, 365, 381) (“En las tradeuniones entran, por regla general, los grupos más selectos de obreros de cada rama de la industria. Su influencia moral y espiritual sobre la masa restante de obreros es, por ello, completamente desproporcionada a su número” (S. y B. Webb. Historia del tradeunionismo británico, Stuttgart, Dietz, 1895, págs. 363, 365, 381). -Ed.]

 

 

 

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IV. FORMACION DEL MERCADO INTERIOR PARA LA FUERZA DE TRABAJO

 

Para resumir los datos aducidos al particular en la exposición anterior, nos limitaremos a dar un cuadro del desplazamiento de los obreros en la Rusia europea. Este cuadro nos lo propor-ciona una publicación del Departamen­to de Agricultura*, basada en las declaraciones de los patronos. El cuadro del desplazamiento de los obreros nos proporcionará una idea general de como se forma precisamente el mercado interior para la fuerza de trabajo; aprovechando el material de la publicación citada, hemos procurado sólo diferenciar el desplazamiento de los obreros agrícolas y no agrícolas, aunque en el mapa que dicha publicación incluye para ilustrar el desplazamiento de los obreros no se da esta diferencia.

 

Los desplazamientos más importantes de los obreros agrícolas son los siguientes: 1) De las provincias .agrícolas centrales a las zonas periféricas meridionales y orientales. 2) De las provincias de tierras negras septentrionales a las provincias de tierras negras meridionales, de las que, a su vez, marchan obreros a las zonas periféricas (conf. capítulo 111, § IX y § X)**. 3) De las provincias agrícolas centrales a las provincias industriales (conf. capítulo IV, § IV)***. 4) De las provincias agrícolas centrales y sudoccidentales a la zona de las plantaciones de remolacha (aquí acuden, en parte, incluso obreros de Galitzia).

 

Desplazamientos más importantes de obreros no agríco­las: 1) A las capitales y ciudades grandes, especialmente de las provincias no agrícolas, pero también, en grado considerable, de las agrícolas. 2) A la zona industrial, a las

 

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* Datos agrícolas y estadísticos según materiales obtenidos de los labradores, fascic. V. El trabajo asalariado en las propiedades privadas y la migración de obreros en relación con el panorama estadístico y económico de la Rusia europea en los aspectos agrícola e industrial. Compuesto por S. Korolenko. Ediciones del Departamento de Agricultura e Industria Rural, San Petersburgo, 1892.

** Véase el presente volumen, págs. 250 y 256.-Ed.

*** Ibíd., págs. 288-289. -Ed.

 

 

 

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fábricas de las provincias de Vladimir, Yaroslavl y otras de las mismas zonas. 3) Desplaza-miento hacia los nuevos centros de la industria o hacia sus nuevas ramas, a los centros de la industria no fabril, etc. Aquí entra el desplazamiento: a) a las fábricas de azúcar de remolacha de las provincias sudoccidentales; b) a la zona minera meridional; c) a los trabajos portuarios (a Odesa, Rostov del Don, Riga, etc) ; d) a la extracción de turba en la provincia de Vladimir y otras; e) a la zona de industria minera de los Urales; f) a las pesquerías (a Astrajan, a los mares Negro y Azov, etc.); g) a los trabajos en los barcos, de navegación, al corte y transporte de madera por los ríos, etc.; h) a los trabajos ferroviarios, etc.

 

Tales son los desplazamientos principales de los obreros que los corresponsales-patronos señalan como los que ejercen una influencia más o menos sensible en las condiciones de la contrata de los obreros en las distintas regiones. Para que se vea más claramente la impor-tancia de estos desplazamientos comparemos con ellos los datos de los salarios en las distintas zonas de afluencia y marcha de obreros. Limitándonos a 28 provincias de la Rusia europea, las dividimos en 6 grupos, según el carácter del des­plazamiento de los obreros, y obtenemos los datos siguien­tes*:

 

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* Se excluyen las otras provincias para no complicar la exposición con datos que no dan nada nuevo al asunto examinado; además que las provincias restantes, o están al margen de los desplazamientos principales, en masa, de los obreros (Urales, el Norte) o se distinguen por peculiari­dades etnográficas y jurídico-administrativas (provincias del Baltico, provin­cias incluidas en la zona de residencia legal de los judíos, las bielorrusas y otras). Los datos proceden de la publicación antes citada. Las cifras del salario son la media de las dadas por provincia; el salario de verano del jornalero es la media de tres períodos: siembra, siega de heno y recogida de la cosecha. En las zonas (1-6) han entrado las provincias siguientes: 1) Táurida, Besarabia y del Don; 2) Jersón, Ekaterinoslav, Samara, Sarátov y Orenburgo; 3) Simbirsk, Vorónezh y Járkov; 4) Kazán, Penza, Tambov, Riazán, Tula, Oriol y Kursk; 5) Pskov, Nóvgorod, Kaluga, Kostromá, Tver y Nizhni Nóvgorod; 6) San Petersburgo, Moscú, Yaroslavl y Vla­dimir.

 

 

 

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Este cuadro nos muestra palmariamente la base del proceso que crea el mercado interior para la fuerza de trabajo y, por consiguiente, el mercado interior para el capitalismo. Dos zonas principales, las más desarrolladas en el sentido capitalista, atraen a la masa de los obreros: la zona del capitalismo agrícola (regiones periféricas meridio­nales y orientales) y la zona del capitalismo industrial (provincias de las capitales y las industriales). El salario más bajo corresponde a la zona de salida, a las provincias agrícolas centrales, que se distinguen por el menor desarro­llo del capitalismo, tanto en la agricultura como en la industria*, en cambio, en las zonas de afluencia el salario se eleva para toda clase de trabajos, se eleva también la proporción entre el pago en dinero y todo el salario, es decir, aumenta la economía monetaria a cuenta de la natural. Las zonas intermedias, que se encuentran entre las de mayor afluencia (y de mayor salario) y las de salida (y de menor salario) muestran el reemplazo mutuo de obreros que señalamos antes: los obreros marchan en tal cantidad que en los lugares de salida se siente la escasez de ellos, lo que atrae a otros de las provincias más baratas”.

 

En el fondo, el proceso bilateral que ofrece nuestro cuadro de desplazamiento de la población de la agricultura a la industria (industrialización de la población) y de desarrollo de la agri-cultura comercial e industrial, capitalista (industrialización de la agricultura) resume todo lo expuesto antes sobre la formación del mercado interior para la so­ciedad capitalista. El mercado interior para el capita­lismo se crea precisamente con el desarrollo paralelo del

 

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* Así pues, los campesinos huyen en masa de las regiones con las relaciones económicas más patriarcales, en las que más se conservan el pago en trabajo y las formas primitivas de la industria, marchando a las regiones que se distinguen por una descomposición completa de los “pilares”. Escapan de la “producción popular”, sin oír el coro de voces de la sociedad” que les persigue. Y en este coro se destacan netamente dos voces: “¡poco sujetos!”, ruge amenazador el Sobakévitch'“ de las centurias negras. “Su nadiel es insuficiente”, le corrige cortésmente el demócrata constitucionalista Manflov

 

 

 

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capitalismo en la agricultura y en la industria*, con la formación de la clase de los patronos rurales e industriales, por una parte, y de los obreros asalariados rurales e industriales, por otra parte. Los torrentes principales del movimiento de los obreros muestran las formas principales de este proceso, pero no todas ni mucho menos; en la exposición anterior se ha mostrado que las formas de este proceso son diversas en la hacienda campesina y en la terrateniente, son diversas en las distintas zonas de la agricultura comercial, son distintas en las diversas fases del desarrollo capitalista de la industria, etc.

 

Hasta qué punto han deformado y confundido este proceso los representantes de nuestra economía populista lo muestra con especial claridad el § VI de la segunda sección de Ensayos, del Sr. N –on, que lleva un título significativo: Influencia de la redistribución de las fuerzas productivas sociales en la situación económica de la población agrícola. He aquí cómo se imagina el Sr. N –on esta “redistribu­ción”: “En la sociedad... capitalista cada aumento de la fuerza productiva del trabajo acarrea la 'liberación' del correspondiente número de obreros, obligados a buscarse cualquier otro trabajo; y como esto ocurre en todas las ramas de la producción y esta `liberación' se opera en toda la superficie de la sociedad capitalista, no les queda más recurso que acudir al instrumento de producción del que hasta ahora no están desprovistos, es decir, a la tierra (pág. 126)... “Nuestros campesinos no están desprovistos de tierra, por eso dirigen precisamente a ella sus fuerzas. Al perder el trabajo en la fábrica o al verse obligados a

 

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* La economía teórica ha dejado sentada hace tiempo esta sencilla verdad. Sin hablar ya de Marx, quien señaló directamente el desarrollo del capitalismo en la agricultura como un proceso que crea “mercado interior para el capital industrial (Das Kapital, I2, S. 776, cap. 24, p. 5)143, nos remitiremos a Adam Smith. En el capítulo XI del libro I y en el capítulo IV del libro III de An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, señaló los rasgos más característicos del desarrollo de la agricultura capitalista e indicó el paralelismo de este proceso con el proceso de crecimiento de las ciudades y de desarrollo de la industria.

 

 

 

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abandonar sus ocupaciones domésticas auxiliares, no ven otra salida que dedicarse a una explotación reforzada de la tierra. Todas las compilaciones estadísticas de los zemstvos dejan constancia del hecho de la ampliación de los labrantíos...” (128).

 

Como se ve, el Sr. N. –on conoce un capitalismo completamente especial, que no ha existido nunca en ningún sitio y que no ha podido concebir ninguno de los economistas teóricos. ''El capitalismo del Sr. N. –on no desplaza a la población de la agricultura hacia la industria, no divide a los agricultores en clases contrapuestas. Todo lo contrario. El capitalismo libera” a los obreros de la industria, y a ellos” no les resta más que acudir a la tierra, pues ¡¡“nuestros campesinos no están desprovistos de tierra”!! La base de esta teoría, que redistribuye” originalmente en poético desorden todos los procesos del desarrollo capitalista, la constituyen simples métodos, comunes al populismo, que hemos analizado con detalle en nuestra expo-sición anterior: la mezcla de la burguesía campesina y del proletariado rural, el cerrar los ojos al auge de la agricul­tura comercial, los cuentos de que las industrias populares” kustares” no están ligadas a la industria fabril” capitalista”, suplantando de este modo el análisis de las formas consecutivas y las diversas manifestaciones del capitalismo en la industria.

 

 

V. IMPORTANCIA DE LA PERIFERIA.

¿MERCADO INTERIOR O EXTERIOR?

 

En el capítulo primero se señaló lo erróneo de la teoría que liga la cuestión del mercado exterior para el capitalis­mo con la cuestión de la realización del producto (pág. 25* y siguientes). La necesidad del mercado exterior para el capitalismo no se explica en modo alguno por la imposibili­dad de realizar el producto en el mercado interior, sino por la circunstancia de que el capitalismo no es capaz de repetir

 

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* Véase el presente volumen, pág. 54 y siguientes. -Ed.

 

 

 

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unos mismos procesos de producción en las proporciones anteriores, en condiciones inva-riables (como ocurría en los regímenes precapitalistas) ; por la circunstancia de que conduce inevitablemente a un auge ilimitado de la produc­ción, que sobrepasa los límites viejos y estrechos de las anteriores unidades económicas. Con la desigualdad de desarrollo propia del capitalismo, una rama de la produc­ción sobrepasa a las otras y trata de rebasar los límites de la vieja zona de relaciones económicas. Tomemos, por ejemplo, la industria textil a principios de la época posterior a la Reforma. Bastante desarrollada en el sentido capitalis­ta (manufac-tura que empieza a pasar a fábrica), dominaba por completo el mercado de la Rusia central. Pero a las grandes fábricas, que crecieron con tanta rapidez, no podían ya satisfacerles las proporciones anteriores del mercado; empezaron a buscarlo más allá, entre la población nueva que había colonizado Novorrossia, el Transvolga sudorien­tal, el Cáucaso del Norte, y después Siberia, etc. Es indudable el afán de las grandes fábricas por rebasar los límites de los mer-cados viejos. ¿Significa esto que no podía ser consumida, en general, una cantidad mayor de produc­tos de la industria textil en las zonas que constituían estos viejos mercados? ¿Significa esto, por ejemplo, que las provincias industriales y las provincias agrícolas centrales no pue-den ya, en general, absorber mayor cantidad de artículos fabricados? No; nosotros sabemos que la diferen­ciación de los campesinos, el auge de la agricultura comercial y el aumento de la población industrial han continuado y continúan ampliando el mercado interior también en esta zona vieja. Pero dicha ampliación del mercado interior se ve frenada por muchas circunstancias (principalmente por la conservación de instituciones cadu­cas que frenan el desarrollo del capitalismo agrícola); y los fabricantes no van a esperar, naturalmente, a que las demás ramas de la economía nacional alcancen en su desarrollo capitalista a la industria textil. Los fabricantes necesitan mercado inmediatamente, y si el atraso de las otras ramas de la economía nacional reduce el mercado en

 

 

 

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la zona vieja, buscarán mercado en otra zona, o en otros países, o en las colonias del país viejo.

 

Pero ¿qué es colonia en el sentido de la economía política? Más arriba se ha señalado ya que, según Marx, los caracteres fundamentales de este concepto son los siguien­tes: 1) existencia de tierras no ocupadas, libres, de fácil acceso para los colonos; 2) existencia de la división mundial del trabajo ya formada, de un mercado mundial, gracias al cual las colonias puedan especializarse en la producción en masa de productos agrícolas, recibiendo a cambio de ellos artículos industriales fabricados, “que en otras condiciones tendrían que preparar ellas mismas” (ver más arriba, pág. 189*, nota, cap. IV, § II). En el lugar correspondiente se habló ya de que las regiones periféricas meridionales y orientales de la Rusia europea, pobladas en la época posterior a la Reforma, se distinguen precisamente por los rasgos indicados y representan, en el sentido económico, colonias de la Rusia ;europea central**. Este concepto de colonia es aún más aplicable a otras regiones periféricas, por ejemplo, al Cáucaso. Su conquista” económica por Rusia se llevó a cabo mucho más tarde que la política, y esta conquista económica no ha terminado aún por comple­to hasta hoy. En la época posterior a la Reforma se operó, por una parte, una vigorosa colonización del Cáucaso***, una gran roturación de tierras por los colonos (especialmen­te en el Cáucaso del Norte) que producían trigo, tabaco, etc., para la venta y que atraían a una masa de obreros

 

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* Véase el presente volumen, pág. 275. -Ed.

** ...Gracias exclusivamente a ellas, gracias a estas formas populares de producción y basándose en ellas, se colonizó y pobló toda la Rusia meridional” (Sr. N. –on, Ensayos, 284). ¡Qué magníficos son la amplitud y el rico contenido de este concepto: “formas populares de producción”! Abarca todo lo que se quiera: la agricultura campesina patriarcal, los pagos en trabajo, el artesanado primitivo, la pequeña producción mercan­til y las relaciones típicamente capitalistas dentro de la comunidad campe­sina que hemos visto más arriba, según los datos de las provincias de Táurida y Samara (capítulo II), etc., etc.

*** Conf. artículos del Sr. P. Semiónov en Véstnik Finánsov, 1897, núm. 21, y de V. Mijailovski en Nóvoe Slovo, junio de 1897.

 

 

 

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asalariados rurales de Rusia. Por otra parte, se fueron desplazando las seculares industrias indígenas “kusta­res, que decayeron con la competencia de los artículos fabricados proce-dentes de Moscú. Decayó la vieja produc­ción de armas con la competencia de los artículos llegados de Tula y Bélgica, decayó la producción primitiva del hierro con la competencia del producto enviado de Rusia, así como las industrias kustares del cobre, oro v plata, arcilla, sebo y sosa, cuero, etc.*. Todos estos productos se producían de un modo más barato en las fábricas rusas que enviaban sus artículos al Cáucaso. Decayó la producción de copas de cuerno a consecuencia de la decadencia del régimen feudal en Georgia y de sus históricos banquetes, decayó la industria de gorros a consecuencia del cambio del traje asiático por el europeo, decayó la producción de odres y jarros para el vino local, que por vez primera empezó a ponerse en venta (desarrollando la industria tonelera) y que conquistó, a su vez, el mercado ruso. El capitalismo ruso enrolaba de este modo al Cáucaso en el intercambio mundial de mercancías, nivelando sus peculiaridades locales -restos del antiguo encastilla-miento patriarcal-, creándose un mercado para sus fábricas. El país, escasamente poblado en el comienzo del período que sigue a la Reforma, o poblado por montañeses, que se hallaban al margen de la economía mundial e incluso al margen de la historia, se fue convirtiendo en un país de industriales del petróleo, negociantes en vino, productores de trigo y tabaco, y el señor Cupón cambió implacablemente al altivo montañés su poético traje nacional por el traje de lacayo europeo (Gleb Uspenski)144. Junto al proceso de colonización intensa del Cáucaso y del crecimiento acelerado de su población agrícola, se desplegó también (encubierto por este crecimiento) el proceso de desplazamiento de la población de la agricultura a la industria. La población urbana del

 

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* Véanse los artículos de K. Jatísov en el II tomo de Informes y estudios relativos a las industria kustares y de P. Ostriakov en el fascíc. V de Trabajos de la comisión de kustares.

 

 

 

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Cáucaso creció de 350.000 habitantes en 1863 a unos 900.000 en 1897 (toda la población del Cáucaso ha crecido, de 1851 a 1897, un 95%). No tenemos necesidad de añadir que lo mismo ha ocurrido y ocurre en Asia Central, en Siberia, etc.

 

Así pues, se plantea naturalmente la pregunta: ¿dónde está la frontera entre el mercado interior y el exterior? Tomar la frontera política del Estado sería una solución demasiado mecánica; y además ¿sería eso una solución? Si Asia Central es mercado interior, y Persia, mercado exterior, ¿dónde incluir Jiva y Bujará? Si Siberia es mercado interior y China lo es exterior, ¿dónde incluir Manchuria? Estas cuestiones no tienen gran importancia. Lo impor-tante es que el capitalismo no puede subsistir y desarrollarse sin una ampliación constante de la esfera de su dominio, sin colonizar nuevos países y enrolar los países viejos no capitalis­tas en el torbellino de la economía mundial. Y esta peculiaridad del capitalismo se ha manifes-tado y sigue manifestándose con enorme fuerza en la Rusia posterior a la Reforma.

 

Por consiguiente, el proceso de formación del mercado para el capitalismo ofrece dos aspec-tos, a saber: el desarrollo del capitalismo en profundidad, es decir, un mayor crecimiento de la agricultura capitalista y de la industria capitalista en un territorio dado, determinado y cerrado, y el desarrollo del capitalismo en extensión, es decir, la difusión de la esfera de dominio del capitalismo a nuevos territorios. Según el plan de la presente obra, nos hemos limitado casi exclusivamente al primer aspecto del proceso, y por ello consideramos especialmente nece-sario recalcar aquí que su otro aspecto tiene una importancia extraordinariamente grande. Un estudio más o menos completo del proceso de colonización de las zonas periféricas y de la ampliación del territorio ruso desde el punto de vista del desarrollo del capitalismo requeriría una obra especial. Nos basta señalar aquí que Rusia se encuentra en unas condiciones espe-cialmente favorables en relación con otros países capitalistas a consecuencia de la abundancia de

 

 

 

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tierras libres y accesibles a la colonización en su periferia*. Sin hablar ya de la Rusia asiática, también en la Rusia europea tenemos zonas periféricas que -como resultado de las enormes extensiones y de las malas vías de comunica­ción- están ligadas de un modo extremadamente débil aún en el aspecto económico con la Rusia central. Tomemos, por ejemplo, el “extremo norte”, la provincia de Arjánguelsk; las infinitas extensiones de tierra y las riquezas naturales se explotan aún en el grado más insignificante. La madera, uno de los productos locales más importantes, iba hasta el último tiempo, de modo principal, a Inglaterra. En este sentido, por tanto, dicha zona de la Rusia europea servía de mercado exterior para Inglaterra sin ser mercado interior para Rusia. Los empresarios rusos, claro es, envidiaban a los ingleses, y ahora, con la apertura del ferrocarril de Arjánguelsk, se muestran jubilosos, previendo “una mayor confianza y actividad de las empresas en las distintas ramas de la industria del territorio **.

 

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* La circunstancia señalada en el texto tiene también otro aspecto. El desarrollo del capita-lismo en profundidad en el territorio viejo, poblado de antaño, se frena a consecuencia de la colonización de las zonas peri­féricas. La solución de las contradicciones propias del capitalismo y engendradas por él se ve aplazada provisionalmente como resultado de que el capita­lismo puede desarrollarse con facilidad en extensión. Por ejemplo, la existen­cia simultánea de las formas más adelantadas de la industria y de las formas semimedievales de la agricultura es, indudablemente, una contradicción. Si el capitalismo ruso no tuviese donde extenderse fuera del terri­torio ocupado ya al comienzo de la época posterior a la Reforma, esta contradicción entre la gran industria capitalista y las instituciones arcaicas en la vida rural (adscripción de los campesinos a la tierra y otras) debería haber llevado a una supresión rápida y completa de dichas instituciones. a un desbrozamiento completo del camino para el capitalismo agrícola en Rusia. Pero la posibilidad de buscar y encontrar mercado en las zonas periféricas en colonización (para el fabricante) y la posibilidad de marchar a nuevas tierras (para el campesino) debilita la agudeza de esta contradic­ción y retrasa su solución. Se sobrentiende que tal retraso del crecimiento del capitalismo es equivalente a la preparación de un crecimiento suyo aún mayor y aún más vasto en un próximo futuro.

** Las fuerzas productivas XX, 12.

 

 

 

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VI. LA “MISION” DEL CAPITALISMO

 

Para terminar, nos resta hacer un balance de lo que en la literatura ha recibido el nombre de cuestión de la “misión” del capitalismo, es decir, de su papel histórico en el desarrollo económico de Rusia. El reconocimiento del carácter progresivo de este papel es del todo compatible (como nos hemos esforzado en mostrar detalladamente en cada fase de nuestra exposición de los hechos) con el reconocimiento pleno de los aspectos negativos y sombríos del capitalismo, con el reconocimiento pleno de las contradicciones sociales profundas y múltiples inevitablemente propias del capitalismo, contradicciones que ponen de manifiesto el carácter históricamente transitorio de este régimen económico. Precisamente los populistas -que tratan con todas las fuerzas de presentar la cosa como si el reconocer el carácter histórico progresivo del capitalismo significase ser su apologista-, precisamente los populistas pecan de valorar insuficientemente (y a veces hasta de callar) las contradicciones más profundas del capitalismo ruso, velando la diferenciación de los campesinos, el carácter capitalista de la evolución de nuestra agricultura, la formación de la clase de los trabajadores asalariados rurales e industriales con nadiel, velando el completo predominio de las formas inferiores y peores del capitalis­mo en la cacareada industria “kustar”.

 

El papel histórico progresivo del capitalismo puede resumirse en dos breves tesis: aumento de las fuerzas produc­tivas del trabajo social y socialización de éste. Pero estos dos hechos apa-recen en procesos muy diversos en los distintos terrenos de la economía nacional.

 

El desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social se observa con pleno relieve únicamente en la época de la gran industria maquinizada. Hasta esta fase superior del capitalismo se conservaban aún la producción manual y la técnica primitiva, que progresaba por una vía puramente espontánea y con extraordinaria lentitud. La época posterior a la Reforma se distingue profundamente en este

 

 

 

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sentido de las épocas anteriores de la historia rusa. La Rusia del arado de madera y del mayal, del molino de agua y del telar a mano empezó a transformarse rápidamente en la Rusia del arado de hierro y la trilladora, del molino de vapor y del telar a vapor. No hay ni una rama de la economía nacional sometida a la producción capitalista en la que no se haya observado tan plena transformación de la técnica. Por la propia naturaleza del capitalismo, el proceso de esta transformación no puede marchar más que entre una serie de desigualdades a faltas de proporción: los períodos de florecimiento se ven sustituidos por los períodos de crisis, el desarrollo de una rama de la industria conduce a la decadencia de otra, el progreso de la agricultura abarca en una zona a una de sus ramas, en otra zona, a otra rama, el auge del comercio y de la industria aventaja al auge. de la agricultura, etc. Numerosos errores de los escritores populistas provienen de sus intentos de demostrar que este desarrollo despropor-cionado, a saltos, frenético, no es desarrollo*.

 

Otra peculiaridad del desarrollo de las fuerzas producti‑

 

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* “Veamos... lo que podría traernos el desarrollo ulterior del capita­lismo incluso en el caso en que consiguiéramos hundir a Inglaterra en el mar y ocupar su puesto (Sr. N. –on, Ensayos, 210). En la industria de tejido de algodón de Inglaterra y Norteamérica, que cubre 2/3   del consumo mundial, hay ocupadas, en total, algo más de 600.000 personas. “Y resulta que aun en el caso de que obtuviésemos una parte importantí­sima del mercado mundial... el capita-lismo no estaría en condiciones de explotar toda la masa de fuerza de trabajo a la que ahora priva constan­temente de ocupación. ¿Qué significan, en efecto, unos 600.000 obreros ingleses y norteamericanos comparados con los millones de campesinos que permanecen meses enteros sin ocupación alguna? (211).

 

“Hasta ahora había historia, pero ya no existe. Hasta ahora, cada paso en el desarrollo del capitalismo en la industria textil iba acompañado de la diferenciación de los campesinos, del auge de la agricultura comer­cial y del capitalismo agrícola, de un desplazamiento de la población de la agricultura a la industria, de la marcha de “millones de campesinos a los trabajos de construcción, madereros y toda otra clase de trabajos no agrícolas por contrata, del traslado de masa del pueblo a las zonas periféricas y de la transformación de estas zonas en mercado para el capitalismo. ¡Pero todo esto ocurría sólo hasta ahora, ahora ya no se da nada semejante!

 

 

 

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vas sociales por el capitalismo consiste en que el incremen­to de los medios de producción (del consumo productivo) sobrepasa con mucho el incremento del consumo personal: hemos señalado repetidas veces cómo se manifiesta esto en la agricultura y en la industria. Esta peculiaridad se desprende de las leyes generales de la realización del producto en la sociedad capitalista y se encuentra en plena correspondencia con la naturaleza antagónica de esta sociedad*.

 

La socialización del trabajo por el capitalismo se manifiesta en los siguientes procesos. En primer lugar, el ascenso mismo de la producción mercantil destruye la dispersión de las pequeñas unidades económicas, propia de la economía natural, y enrola los pequeños mer-cados locales en un enorme mercado nacional (y después mundial). La producción para sí se transforma en producción para toda la sociedad, y cuanto más desarrollado está el capitalismo, más fuerte es la contradicción entre este carácter colectivo de la producción y el carácter individual de la apropiación. En segundo lugar, el capitalismo crea, en vez de la anterior

 

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* El pasar por alto la importancia de los medios de producción y la actitud poco escrupulosa hacia la “estadística” han originado la siguiente afirmación del Sr. N.on, que no resiste ninguna crítica: “...toda (!) la producción capitalista en la industria transformativa, en el mejor de los casos, produce nuevos valores que de ningún modo pasan de 400.000.000 ó 500.000.000 de rublos” (Ensayos, 328). El Sr. N. –on basa estos cálculos en los datos de la recaudación del impuesto directo del tres por ciento y del impuesto suplementario a prorrateo, sin pensar en si semejantes datos pueden abarcar “toda la producción capitalista en la industria transformativa”. Más aún, toma datos que no abarcan (según sus palabras) a la industria minera, y, sin embargo, incluye entre los “nuevos valores” sólo la plusvalía y el capital variable. Nuestro teórico ha olvidado que también el capital constante, en aquellas ramas de la industria que producen objetos de consumo personal, es para la sociedad un valor nuevo, que se trueca en capital variable y plusvalía de las ramas de la industria que fabrican medios de producción (industria minera, de la construcción, maderera, de tendido de ferrocarriles, etc.). Si el Sr. N. –on no confun­diese el número de obreros “fabriles” con el número total de obreros ocupados de un modo capitalista en la industria transformativa, podría advertir fácilmente lo erróneo de sus cálculos.

 

 

 

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dispersión de la producción, una concentración de ésta nunca vista antes, tanto en la agri-cultura como en la industria. Esta es la manifestación más clara y de más relieve de la peculiaridad del capitalismo que nos ocupa, pero no es, ni mucho menos, la única. En tercer lugar, el capitalismo desplaza las formas de dependencia personal que eran atributo inse-parable de los sistemas de economía precedentes. En Rusia, el carácter progresivo del capitalis­mo en este sentido se manifiesta con especial vigor, pues la dependencia personal del productor existía en nuestro país (y en parte sigue existiendo aún) no sólo en la agricultura, sino también en la industria transformativa (“fábricas con trabajo de los siervos), en la industria minera, en la industria pesquera * y en otras. En comparación con el trabajo del campesino dependiente o sometido a explotación usuraria, el trabajo del obrero asalariado es un fenómeno progresivo en todos los terrenos de la economía nacional. En cuarto lugar, el capitalismo crea forzosamente la movilidad de la población, que no se requería con los sistemas anteriores de economía social y era imposible en ellas en proporciones más o menos grandes. En quinto lugar, el capitalismo disminuye permanentemente la parte de la población ocupada en la agricultura (en la que siempre reinan las formas más atrasadas de las relaciones económico-sociales), aumenta el número de grandes centros

 

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* Por ejemplo, en las costas de Múrmansk, uno de los centros prin­cipales de la industria pesquera rusa, la forma de las relaciones econó­micas “tradicional y verdaderamente “consagrada por los siglos” era el “pokrut145, que cuajó ya por completo en el siglo XVII y casi no cambió hasta el último tiempo. “Las relaciones de los trabajadores some­tidos al “pokrut” con sus patronos no se limitan sólo a la temporada en que están ocupados en la pesca: al contrario, abarcan toda la vida de estos hombres, que se encuentran en eterna dependencia económica de sus amos” (Compilación de materiales sobre los arteles en Rusia, fascíc. 2, San Petersburgo, 1874, pág. 33). Felizmente, también en esta rama se distingue el capitalismo, al parecer, por “una actitud despectiva hacia su propio pasado histórico”. “El monopolio... es sustituido por la organización capitalista de la industria con obreros asalariados (Las fuerzas productivas, V, págs. 2-4).

 

 

 

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industriales. En sexto lugar, la sociedad capitalista aumen­ta la necesidad de la población de asociarse, de agruparse y da a estas agrupaciones un carácter especial en compara­ción con las agrupaciones de tiempos anteriores. Al romper las uniones estrechas, locales, estamentales de la sociedad medieval, al crear una competencia encarnizada, el capita­lismo, al mismo tiempo, escinde toda la sociedad en grandes grupos de personas, que ocupan una situación distinta en la producción, y da un enorme impulso a la asociación dentro de cada uno de estos grupos*. En séptimo lugar, todos los cambios indicados que en el viejo régimen económico origina el capitalismo conducen también inevitablemente a un cambio de la fisonomía espiritual de la población. El carácter de desarrollo económico a saltos, la transformación rápida de los modos de producción y la concentración enorme de ésta, la desaparición de toda clase de formas de la dependencia personal y del carácter patriarcal en las relaciones, la movilidad de la población, la influencia de los grandes centros industriales, etc.: todo esto no puede por menos de llevar a un cambio profundo del propio carácter de los productores, y nosotros hemos tenido ya ocasión de señalar las observaciones correspondientes de los investigadores rusos.

 

Dirigiéndonos a la economía populista, con cuyos repre­sentantes hemos tenido que polemizar constantemente, podemos resumir las causas de nuestro desacuerdo con ellos del modo siguiente. En primer lugar, no podemos por menos de reconocer que los populistas tienen una concepción indiscutiblemente errónea de cómo marcha precisamente el proceso de desarrollo del capitalismo que se está operando en Rusia, así como del régimen de las relaciones eco-nómi­cas que precedió en Rusia al capitalismo, siendo en especial importante desde nuestro punto de vista el hecho de que pasen por alto las contradicciones capitalistas en el régimen de la economía campesina (tanto agrícola como industrial).

 

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* Conf. Estudios, pág. 91, nota 85; pág. 198. (Véase O. C., t. 2, págs. 245 y 442-444. -Ed.)

 

 

 

CUADRO muy grande

 

 

 

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Sigamos: con respecto a la lentitud o la rapidez del desarrollo del capitalismo en Rusia, todo depende de con qué comparemos este desarrollo. Si comparamos la época precapitalista de Rusia con la capitalista (y precisamente ello es necesario para resolver con acierto la cuestión), habrá que reconocer que el desarrollo de la economía nacional es extraordinaria-mente rápido con el capitalismo. Si comparamos, en cambio, la rapidez dada de desarrollo con la que sería posible atendido el nivel moderno de la técnica y la cultura en general, habrá que reconocer que el desarrollo dado del capitalismo en Rusia es, en efecto, lento. Y no puede por menos de serlo, pues en ningún país capitalista se han salvado con tanta abundancia las instituciones del pasado, incompatibles con el capitalismo, que frenan su desarrollo y empeoran sin medida la situación de los productores, los cuales “sufren tanto a causa del capitalismo como a causa del insuficiente desarrollo del capitalismo”146. Por último, la causa casi más profunda del desacuerdo con los populistas es la diferencia de concepciones básicas sobre los procesos económico-sociales. Al estudiar estos últimos, el populista extrae de ordinario unas u otras conclusiones moralizadoras; no mira los distintos grupos de personas que participan en la producción como creadores de unas u otras formas de vida; no se plantea el objetivo de ofrecer todo el conjunto de las relaciones económico-sociales como resultado de las relacio­nes mutuas entre estos grupos, que tienen diferentes intereses y diferentes papeles históricos... Si el autor de estas líneas ha conseguido dar algún material para poner en claro estas cuestiones, puede considerar que su trabajo no ha sido vano.

 

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Observaciones

 

1) Aquí están resumidos los datos de la industria fabril de la Rusia europea en la época posterior a la Reforma que hemos podido encontrar en las publicaciones oficiales, a saber: Publicación periódica de estadística del Imperio Ruso, San Petersburgo, 1866, I. – Compi-lación de datos y materiales del Ministerio de Hacienda 1866, núm. 4, abril, y 1867, núm. 6, junio. – Anuario del Ministerio de Hacienda, fascícs. 1, VIII, X y XII. Recopilación de datos sobre la industria fabril de Rusia, publicaciones del Departamento de Comercio y Manufac-turas, de 1885-1891. Todos estos datos se basan en una misma fuente: en los informes presentados por los fabricantes al Ministerio de Hacienda. En el texto del libro se ha hablado detenidamente de estos datos y de su valor.

 

2) Las 34 industrias de que se dan informes de 1864 a 1879 y de 1885 a 1890 son las siguientes: hilado de algodón; tejido de algodón; hilado de lino; estampado de percal; hilado de cáñamo y cordelería; hilado de lana; pañería; tejido de lana; tejido de seda y cintas; brocados y pasamanería; hilo y panes de oro; artículos de punto; tintorería; apresto; hules y barnices; papel de escribir; papel de empapelar; goma; química y tintes; cosmética; vinagre; aguas minerales; fósforos; lacre y laca; cueros, gamuza y tafilete; cola; estearina, jabón y velas de sebo; velas de cera; vidrio, cristal y espejos; porcelana y loza; construcción de máquinas; fundición de hierro; cobre y bronce; alambre, clavos y algunos artículos metálicos pequeños.

 

 

 

 

 

 

 

 

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V. I. LENIN

 

 

UNA CRÍTICA NO CRÍTICA

 

(Con motivo del artículo del Sr. P. SKVORTSOV, El fetichismo mercantil en Naúchnoe Obozrenie; núm. 12 de 1899)147

 

 

 

 

Escrito en marzo de 1990

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“Júpiter se enfada”... De antaño se conoce que este espectáculo es muy divertido y que la ira del temible tonante no provoca en realidad más que risa. Otra confirmación de esta vieja verdad la ha dado el Sr. Skvortsov, que se ha lanzado con un cúmulo de las expresiones de “enfado” más selectas contra mi libro sobre el proceso de formación del mercado interior para el capitalismo ruso.

 

 

I

 

“Para presentar el proceso en su conjunto -me adoctri­na majestuosamente el Sr. Skvortsov- es necesario exponer la concepción que uno tiene del modo capitalista de producción; en cambio es completamente superfluo limitarse a referencias a la teoría de la realización.” Por qué son “superfluas” las referencias a la teoría del mercado interior en un libro consagrado al análisis de los datos del mercado interior, lo guarda en secreto nuestro temible Júpiter, quien por “exposición de su concepción” “comprende”... citas de El Capital, la mitad de ellas no relacionadas con el asunto. “Puede reprochársele al autor la contradicción dialéctica” ( luna pequeña muestra del ingenio del Sr. Skvortsov!) “de que habiéndose planteado el objetivo de examinar la cuestión” (como se forma el mercado interior para el capitalismo ruso) “llega, después de las referencias a la teoría, a la conclusión de que esta cuestión no existe en

 

 

 

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absoluto”. El Sr. Skvortsov se muestra tan satisfecho de esta observación suya que la repite varias veces, sin ver o sin querer ver, que se basa en un burdo error. Yo tengo dicho al final del primer capítulo que la “cuestión del mercado interior no existe en modo alguno como problema separado e independiente, no supeditado al grado de desarrollo del capitalismo (29)*. Y qué, ¿no está de acuerdo con ello el crítico? Está de acuerdo, pues una página antes califica de “justa” mi indicación. Y si es así, ¿a santo de qué alborota y trata de eliminar de mi conclusión su parte más sustancial? También esto se queda en misterio. Al final del capítulo teórico de introducción, señalo directamente el tema que me interesa: “el problema de cómo se forma el mercado interior para el capitalismo ruso se reduce a lo siguiente: ¿de qué manera y en qué dirección se desarrollan las distintas ramas de la economía nacional rusa?, ¿en qué estriba la relación e interdependencia de esas distintas ramas?” (29)*. ¿Encuentra el crítico que estas cuestiones no merecen la pena de ser examinadas? No, prefiere rehuir la cuestión del tema que yo me planteé y señalar otros temas, de los que, por disposición de Júpiter, debería haberme ocupado. Hubiera sido preciso, según su criterio, “presentar la reproducción y la cir­culación tanto de la parte del producto que se obtiene en la agricultura y la industria de un modo capitalista, como de la parte que producen los campesinos productores indepen-dientes... mostrar la relación entre ellas, es decir, las dimensiones del capital constante y el variable y la plusvalía en cada una de las secciones señaladas del trabajo social” (2278). ¡Pero esto es sencillamente una frase sonora y sin ningún contenido en absoluto! Antes de tratar de presentar la reproducción y circulación del producto obteni­do en la agricultura de un modo capitalista es necesario poner en claro cómo precisamente y en qué medida la agricultura se va haciendo capitalista, entre los campesinos y entre los terratenientes, en una u otra zona, etc. Sin

 

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* Véase el presente volumen, págs. 59 y 60. -Ed.

 

 

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poner en claro esto (y de ello me ocupé en mi libro) la exposición que predica el Sr. Skvortsov no pasa de ser un conjunto de lugares comunes. Antes de hablar de la parte del producto que se obtiene en la industria de un modo capitalista, es necesario poner en claro qué industria precisamente y en qué medida se hace capitalista en Rusia. Precisamente esto es lo que yo traté de hacer mediante el estudio de los datos, por ejemplo, de la industria kustar; ¡el temible crítico calla majestuosamente todo esto y me invita con la mayor seriedad a dar vueltas sin avanzar un paso y a limitarme a lugares comunes sobre la industria capitalista que nada dicen! La cuestión de qué campesinos- precisamente son en Rusia “productores inde­pendientes” requiere asimismo el estudio de los hechos, lo cual he tratado yo de hacer en mi libro; si el Sr. Skvortsov hubiese meditado sobre esto no diría tales disparates como que es posible, sin pararse a pensarlo, aplicar las categorías de capital constante y variable y de plusvalía a la hacienda de los “campesinos productores independientes”. En una palabra, el análisis del tema que propone el Sr. Skvortsov únicamente es posible después de poner en claro las cuestiones que yo señalaba. So capa de enmendar mi formulación del problema, el temible crítico retrocede del análisis de la realidad, concreta y con historia propia, a una simple copia de Marx.

 

Entre otras, no se puede pasar por alto la siguiente salida del Sr. Skvortsov, que caracteriza magníficamente los procedimientos de nuestro crítico. El profesor Sombart (dice el Sr. P. Skvortsov) muestra que la exportación de Alemania se retrasa con respecto al desarrollo de la industria alemana. “Estos datos –explica el Sr. P. Skvor­tsov– confirman precisamente mi comprensión de los mercados.” Está bien, ¿no es cierto? El Sr. P. Skvortsov ilustra con sus consideraciones la conocida sentencia: en el huerto tengo un saúco y en Kíev tengo un tío. ¡La gente disputa sobre la teoría de la realización, mas el capitalismo, lo mismo que el régimen de la servidumbre, vive del plustrabajo! Si agregamos a tan inimitables salidas una

 

 

 

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serie de severas amonestaciones, obtendremos toda la “crítica” del Sr. Skvortsov.

 

Pero que juzgue el propio lector: en las págs. 2279 y 2280, para mostrar mi “incomprensión”, el Sr. P. Skvortsov da extractos de diversos lugares del capítulo primero, arranca palabras sueltas de frases sueltas y exclama: ¡Encontrar, el cambio, la teoría del mercado interior, encontrar la sustitución y, por último, la compensación! ¡No creo que esta exactitud de definiciones atestigüe una comprensión clara en el Sr. Ilín de la 'magnífica' teoría de la realización de Marx?” Pero esto es exactamente la misma “crítica” de que en tiempos se rió Chernishevski; toma uno Las andanzas de Chíchikov y empieza a “criticar”. “Chi-chi-kov, achís, achís... ¡ah, qué risa! Encon­trar, el cambio... No creo que esto esté claro...” 148 ¡Ay, qué crítica tan demoledora!

 

En la página 14* de mi libro hablo yo de que la distinción del producto por su forma natural no era necesaria al analizar la producción del capital individual, pero que es sin disputa precisa cuando se analiza la reproducción del capital social, pues en el último caso (y sólo en el último caso) se trata precisamente de la compensación de la forma natural del producto. El Sr. Skvortsov afirma que yo “no he comprendido” a Marx, me censura severamente la “traducción libre”, encuentra “ne­cesario citar con detalle 'El Capital'” (con la particularidad de que en las citas se dice precisamente lo que yo exponía) y se lanza contra las siguientes palabras mías : “Ahora, en cambio”, es decir, al analizar la reproducción del capital social, y no del individual, “el problema estriba precisamen­te en esto: ¿de dónde tomarán los obreros y capitalistas los artículos de su consumo?, ¿de dónde tomarán los últimos los medios de producción?, ¿de qué manera el producto obtenido cubrirá todas estas demandas y permitirá ampliar la producción?” Tras de subrayar esto, el Sr. Skvortsov escribe: “En los lugares que he subrayado, en efecto, se

 

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* Véase el presente volumen, pág. 39. -Ed.

 

 

 

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encuentra la teoría de la realización del Sr. Ilín, pero no la de Marx, una teoría que no tiene nada de común con ninguna teoría de Marx” (2282). ¡La afirmación es rotunda! Mas veamos cuáles son las pruebas. Las pruebas, naturalmente, son citas de Marx, entre ellas la siguiente: “La cuestión, tal como figura (sic!)* de modo inmediato es : ¿cómo el capital invertido en la producción se sustituye en su valor por el producto anual y cómo se entrelaza este movimiento de sustitución con el consumo de la plusvalía por los capitalistas y del salario por los obreros?” Conclu­sión: “Yo estimo que he mostrado suficientemente que la teoría de la realización que el Sr. Ilín hace pasar por teoría de Marx no tiene nada de común con el análisis que Marx hace”, etc. Me resta sólo preguntar una vez más: está bien, ¿no es cierto? El temible crítico se queda con el secreto de la diferencia entre lo que yo digo y lo que se dice en las citas tomadas de Marx. Está claro sólo que mi pecado mortal estriba en la “traducción libre” o -debe ser- en que expongo a Marx “con mis palabras” según se expresa el Sr. Skvortsov en otro lugar del artículo (2287). ¡Imagínense! ¡Exponer a Marx “con palabras propias”! El “auténtico”

 

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* A propósito de las traducciones. El Sr. Skvortsov, al citar la siguiente frase de mi libro: “...como si el límite (de las fuerzas productivas) de su desarrollo fuese sólo la capacidad de consumo absoluta de la sociedad” (19) (véase el presente volumen, pág. 47.-Ed.), me hace una severa admoni­ción: “El Sr. Ilín no ha advertido la torpeza de la traducción, cuando en el original dice sencilla y claramente: 'als ob nur die absolute Konsumptions­fáhigkeit der Gesellschaft ihre Grenze bilde'” (2286). El crítico no explica qué hay de malo en esta traducción (completamente exacta). Y para caracterizar su severidad, basta con aducir un par de traducciones suyas. Pág. 2284: “Mas si la reproducción normal anual se muestra en la medida dada, con esto también se muestra...” (en el original: ist damit auch unterstellt); pág. 2285: “Se trata, ante todo, de la reproducción simple. Más adelante se mostrará” (en el original: Ferner wird unterstellt) “no sólo que los pro­ductos se cambian por su valor”, etc. Así piles, el buen Sr. Skvortsov tiene indudablemente la convicción firme de que unterstellen significa mostrar y que wird unterstellt es futuro.

 

No hablo ya del estilo del temible crítico, que nos obsequia con frases como ésta: “ahora el modo capitalista de producción se equipara a la industria agrícola” (2293).

 

 

 

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marxismo consiste en aprenderse El Capital de memoria y citarlo venga o no venga a cuento... a la Nikolái -on.

 

Y ahí va una ilustración que confirma esta observación última. Yo digo que el capitalismo “aparece sólo como resultado de una circulación de mercancías ampliamente desarrollada”, y en otro lugar que “el capitalismo es la fase de desarrollo de la producción mercantil en la que también la fuerza de trabajo, se transforma en mercancía”. El temible Júpiter lanza rayos y truenos: “en qué condiciones se presenta el capitalismo... lo sabe cualquier lector algo culto” (sic!), “el horizonte burgués del Sr. Ilín” y demás perlas que adornan la polémica del enfadado Sr. Skvortsov. Siguen citas de Marx: la primera afirma precisamente lo dicho por mí (la compra y la venta de fuerza de trabajo son la condición fundamental de la producción capitalista); la segunda dice que el modo de circulación se desprende del carácter social de la producción, y no al contrario (Das Kapital, II, B., 93)149. El Sr. Skvortsov se imagina que con esta última cita ha refutado definitivamente a su oponente. En realidad, ha sustituido por otra la cuestión que yo había planteado, demostrando su capacidad para dar citas que no vienen a cuento. ¿De qué hablaba yo en el lugar incriminado? De que el capitalismo es resultado de la circulación mercantil, es decir, hablaba de la relación mutua histórica de la producción capitalista y la circulación mercantil. ¿Y de qué se habla en el lugar citado del segundo tomo de El Capital (tomo consagrado a la cuestión de la circulación del capital)? De la relación de la producción capitalista con respecto a la circulación capitalista; en este lugar (S. 92. II. B.)150 Marx polemiza con los economistas que contraponen la economía natural, la economía monetaria y la economía de crédito como tres formas económicas características del movimiento de la producción social; Marx dice que esto no es correcto, porque la economía monetaria y la de crédito expresan únicamente modos de circulación propios a dife­rentes grados del desarrollo de la producción capitalista, y hace la observación final sobre el “horizonte burgués” de

 

 

 

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estos economistas. El Sr. Skvortsov piensa que el “auténti­co” marxismo estriba en recoger la última palabra de Marx y repetirla, aunque sea contra un oponente que no ha pensado siquiera hablar de la relación mutua de la economía natural, la monetaria y la de crédito. Dejamos al lector que juzgue quién incurre aquí en “incomprensión” y a qué género de literatura corresponden tales salidas. Entre amonestaciones severas, el Sr. Skvortsov no sólo ha recurrido a poner en marcha el “procedimiento de suplanta­ción”, sino que ha orillado por completo la cuestión de la relación mutua de la producción capitalista y de la circulación mercantil. Esta es una cuestión muy importan-te, a la que yo vuelvo en mi libro muchas veces, subrayando el papel histórico del capital comercial como antecesor de la producción capitalista. El Sr. Skvortsov no tiene, según parece, nada que objetar contra esto (a juzgar por el hecho de que lo pasa en silencio). Y si es así, ¿qué sentido tiene el ruido que ha levantado a propósito de mis palabras de que el capitalismo es resultado de la circulación mercantil? ¿Acaso el capital comercial no expresa el desarrollo del comercio, es decir, de la circulación mercan­til sin producción capitalista? Y estas cuestiones, una y otra vez, se quedan como un secreto del enfadado Jú­piter.

 

Para terminar con la “crítica” que el Sr. Skvortsov dirige contra la parte teórica de mi obra, réstame examinar aún algunas amonestaciones severas y errores burdos de que está lleno el artículo El fetichismo mercantil.

 

En mi libro se dice: “La necesidad del mercado exterior para un país capitalista se determina... por la circunstancia de que el capitalismo aparece sólo como resultado de una circulación de mercancías ampliamente desarrollada, que rebasa los límites del Estado. Por eso no es posible imaginarse una nación capitalista sin comercio exterior, además de que no existe tal nación. Como el lector ve, esta causa es de índole histórica” (26)*. El temible Júpiter

 

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* Véase el presente volumen, pág. 55. -Ed.

 

 

 

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“critica”: “yo, como lector, no veo que esta causa sea de índole histórica. Es una indicación completamente gratui­ta” (2284), etc. Si la circulación mercantil es un antecesor histórico indispensable del capitalismo, ¿acaso será preciso aún explicar por qué “esta causa es de índole histórica”?

 

Para la teoría abstracta del capitalismo únicamente existe el capitalismo desarrollado y formado por completo, y desaparece la cuestión de su origen.

 

“El Sr. Ilín... paró, la realización del producto en la sociedad capitalista... busca ayuda en el mercado exterior” (2286). Al lector que conozca mis Estudios y El desarrollo del capitalismo en Rusia apenas si será preciso explicarle que esto es también un truco ejecutado con el mismo procedimiento que los anteriores. Cita de Marx: “...el comercio extranjero sólo sustituye las mercancías indígenas con mercancías de otra forma, de consumo o natural...”151 Conclusión: “Cualquier persona culta, a excepción de personalidades de espíritu crítico, comprenderá que Marx dice lo diametralmente opuesto a la teoría del Sr. Ilín, que en el mercado exterior no hay por qué encontrar el `equivalente para la parte en venta del producto', la 'otra parte del producto capitalista capaz de sustituir a la primera'” (2284). ¡Oh, magnífico Sr. Skvortsov!

 

“El Sr. Ilín haciendo abstracción de los rasgos esenciales de la sociedad capitalista, trans-formándola, de este modo, en una producción planificada -la proporcionalidad en el desarrollo de las distintas industrias significa indudablemente la producción de acuerdo con un plan-, realiza felizmente, por fin, la misma cantidad de productos dentro del país” (2286). Este nuevo método del “crítico” tiene una base: atribuirme bajo cuerda la idea de que el capita-lismo asegura una proporcionalidad constante. La proporcionali­dad constante, mantenida conscientemente, significaría, en efecto, planificación, pero no aquella proporcionalidad que “se establece sólo como magnitud media de una serie de oscilaciones constantes” (precisa-mente señalo esto en el lugar que cita el Sr. Skvortsov). Yo digo sin ambages que la pro-porcionalidad (o correspondencia) “la presupone” la teoría,

 

 

 

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pero en realidad “es alterada sin cesar”, que para la sustitución de una distribución del capital por otra, creando así la proporcionalidad, “es precisa la crisis” (todas las palabras subrayadas se encuentran en la misma pág. 26*, que cita el Sr. Skvortsov). Cabe preguntar: ¿¿qué puede pensarse del crítico que atribuye a su adversario la transformación del capitalismo en una producción planificada, invocando la misma página y el mismo párrafo donde este adversario dice que para el capitalismo es necesaria la crisis a fin de crear una proporcionalidad constantemente violada??

 

 

II

 

Pasamos a la segunda parte del artículo del Sr. Skvortsov, consagrada a la crítica de los datos que se aducen y analizan en mi libro. ¿No encontraremos siquiera aquí, en el terreno de las cuestiones de que se ha ocupado especialmente el Sr. Skvortsov, una crítica más o menos seria?

 

La división social del trabajo es la base de la economía mercantil y el proceso fundamental de la creación del mercado interior -cita el Sr. Skvortsov mis palabras-, “mientras que simplemente la `división del trabajo', hay que suponer división del trabajo no social, es la base de la manufactura...” Con este “atentado a la ironía” el crítico pone de relieve que no comprende la diferencia elemental entre la división del trabajo en la sociedad y la división del trabajo en el taller: la primera crea (en la situación de la economía mercantil, condición que yo señalo directamente, así que el recuerdo que el Sr. Skvortsov hace de la división del trabajo en la comunidad de la India debe atribuirse a la triste afición de este autor por citar párrafos de Marx que no se refieren al asunto) productores de mercancías aislados, que producen, de un modo autónomo e indepen­dientemente uno de otro, diversos productos que se ponen al

 

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* Véase el presente volumen. pág. 56.-Ed.

 

 

 

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cambio; la segunda no modifica las relaciones entre los productores y la sociedad, transformando únicamente su situación en el taller. Por esta causa, en cuanto yo puedo juzgar, habla Marx a veces de la “división social del trabajo”*, y a veces, simplemente de la división del trabajo. Si el Sr. Skvortsov piensa de otro modo, debería exponer y explicar su criterio, y no lanzar observaciones coléricas, pero desprovistas de todo sentido.

 

“La división del trabajo no es en modo alguno un índice característico de la manufactura, ya que también en la fábrica existe la división del trabajo.”

 

¡Muy bien, Sr. Skvortsov! Mas ¿acaso en mi libro se diferencia sólo por este índice la manufactura de la fábrica? Si el crítico hubiese querido examinar con una seriedad mínima si yo comprendo bien los “índices característicos de la manufactura” (ésta es una- cuestión muy interesante, y en modo alguno tan sencilla como podría pensarse a primera vista), ¿podría callar que en el mismo párrafo de que se trata, tengo dicho abiertamente : “Ya hemos tenido ocasión de enumerar en otro sitio los índices fundamentales del concepto de manufactura según Marx (Estudios, 179**)”. (297 ***, nota 1)? En Estudios, la división del trabajo figura únicamente como un índice entre otros muchos. El lector del artículo del Sr. Skvortsov podría, por tanto, adquirir una idea completamente deformada de mis opiniones, y no podría adquirir en absoluto ninguna idea de las propias opiniones del crítico.

 

Sigamos. El intento de presentar muchas de las llama‑

 

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* En el capítulo doce del primer tomo de El Capital, consagrado a la cuestión de la manufactura, hay un apartado especial que se titula: División del trabajo dentro de la manufactura y división del trabajo dentro de la sociedad. Al principio de este párrafo, Marx dice: “Nos referiremos brevemente a las relaciones entre la división manufacturera del trabajo y la división social del trabajo, que es la base general de toda producción mercantil (Das Kapital, I2, S. 362)152. Qué aleccionador resulta confron­tar con ello la salida de nuestro enfadado Júpiter, ¿no es cierto?

** Véase O. C., t. 2, págs. 416-418.-Ed.

*** Véase el presente volumen, pág. 415.-Ed.

 

 

 

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das industrias “kustares” como la fase manufacturera del capitalismo ruso se hace en mi libro, si no me equivoco, por primera vez, y yo, se comprende, estoy lejos de considerar esta cuestión resuelta del todo (particularmente teniendo en cuenta que en mi libro se examina desde un punto de vista especial). Por ello, yo esperaba de antemano críticas a mis opiniones, las esperaba con tanta mayor razón y tanto más interés porque algunos marxistas rusos habían manifestado ya opiniones algo distintas (ver pág. 437* de El desarrollo del capitalismo, nota). ¿Qué actitud tiene aquí el Sr. P. Skvortsov? Su “crítica” se reduce por completo a una moraleja soberbia por su lacónica severidad: no limitarse “a una enumeración mecánica de los obreros asalariados, del valor de la producción, en tal y tal año, de una u otra rama de la producción” (2278). Si esta moraleja no se refiere al apartada de mi libro consagrado a la cuestión de la estadística fabril (el Sr. Skvortsov no dice de ello ni palabra), debe referirse precisamente al capítulo de la manufactura, más de la mitad del cual la ocupan datos numéricos. El severo crítico no descubre el secreto de cómo era posible prescindir de ellos, y yo continúo ateniéndome a la opinión de que es preferible ser acusado de sequedad en la exposición “a dar motivo al lector para pensar que mi punto de vista está basado en “citas” de El Capital y no en el estudio de los datos rusos. Si el Sr. Skvortsov encuentra que mi enumeración es “mecánica”, ¿significa ello que considera erróneas las conclusiones que extraigo de estos datos en la segunda mitad del capítulo VI y que repito en el capítulo VII, § XII?, ¿significa que no está de acuerdo con que estos datos muestran un régimen especial de las industrias, que se caracteriza por una formación especial: 1) de la técnica, 2) de la economía y 3) de la cultura? El temible Júpiter no ha pronunciado ni una sola palabra sobre ello en su “crítica”, en la que, si prescindimos de las amonestaciones severas, no queda ningún contenido en absoluto. ¡Poco es esto, honorabilísimo Sr. Skvortsov!

 

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* Véase el presente volumen, págs. 600-601.-Ed.

 

 

 

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Pasemos a la cuestión del papel de las contribuciones campesinas en el desarrollo de la economía mercantil. Yo afirmaba que las contribuciones fueron en su tiempo un factor importante del ?desarrollo del intercambio, pero que, en la actualidad, la economía mercantil se ha robustecido tanto que esta importancia de las contribuciones “retrocede lejos, a un segundo plano”. El Sr. Skvortsov se lanza contra esto con un cúmulo de palabras mezquinas y pavorosas, como “fetichismo mercantil”, unir todo, “omnipotencia”, el poderío de la producción mercantil, etc., pero -¡oh!- las palabras fuertes no hacen más que encubrir la impotencia del severo crítico para refutar la conclusión a que yo llego. “Incluso el Sr. Kautsky -escribe el Sr. Skvortsov- con quien coincide mucho el Sr. Ilín”... (¡pobre “Sr. Kautsky”, que “se asemeja” al “fetichista mercantil” y ha puesto de manifiesto una incomprensión plena de El Capital, que se asemeja al Sr. Ilín, aplastado por el “horizonte burgués”! ¿Se repondrá del golpe que le ha asestado un marxista “auténtico”?)... “hasta él escribe que la transformación de las cargas naturales campesinas en cargas monetarias eleva la necesidad de dinero entre los campesinos” (2288). Muy bien, severo Sr. crítico, pero esto no se refiere en absoluto a la cuestión de qué papel desempeñan las contribuciones en los gastos moneta­rios de los campesinos en comparación con los gastos para las demás necesidades. Esta cuestión no la toca siquiera Kauts­ky; el Sr. Skvortsov descubre de nuevo y una vez más su magnífico talento para aducir citas que no vienen al caso. “La cuestión fundamental -plantea el Sr. Skvortsov su segundo reparo no explicada incluso por los datos de los presupues­tos, se reduce a lo siguiente: de dónde va a sacar el campesino sin caballos los 25 rublos para el pago de las contribuciones” (¡el 25 por ciento de los gastos en dinero, 25 rublos de cada 100 rublos, el Sr. Skvortsov lo ha transformado ya sencillamente en 25 rublos!) “y el que tiene caballo, los 10 rublos, y en modo alguno qué parte de los ingresos (?) constituyen las contribuciones en todos los gastos en dinero de los campesinos” (2290). Aconsejo al Sr. Skvortsov que saque la patente de un notable descubrimiento: el método

 

 

 

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más nuevo y fácil de “crítica científica”, que destruye de raíz al adversario. Vuestro adversario plantea de pasada en una de los cientos de páginas de, su libro la cuestión de la parte que corresponde a las contribuciones con respecto a todos los gastos en dinero; ¡basta sólo con citar este lugar, atribuirle al adversario otra cuestión, y demostraréis brillantemente que el adversario es un “fetichista mercantil” que no piensa, el monstruo, de dónde puede sacar el pobre campesino sin caballos los 25 rublos! Y después, las otras páginas del libro, en las que se habla de la relación de las contribuciones con respecto a los ingresos, de la composición y la fuente de los ingresos, se pueden omitir, demostrando con ello además el “horizonte burgués” del adversario. ¡De veras, saque patente, Sr. Skvortsov!

 

He aquí un modelo más de cómo aprovecha el Sr. Skvortsov este descubrimiento. Pido atención al lector: tales perlas de “crítica científica” son únicas en su género.

 

Se trata de la misma página 101*, en la que me refiero a los datos presupuestarios en la cuestión de las contribu­ciones campesinas. Después de señalar el papel de las contribuciones en los gastos en dinero del campesino, yo sigo: “Pero si no hablamos del papel de las contribuciones en el desarrollo del cambio, y nos referimos a su relación con los ingresos, veremos que ésta es desmesuradamente elevada. El peso con que gravitan sobre el campesino contemporáneo las tradiciones de la época anterior a la Reforma se ve con más relieve en la existencia de las contribuciones, que absorben la séptima parte de los gastos brutos del pequeño agricultor, incluso del bracero con nadiel. Además, la distribución de las contribuciones dentro de la comunidad es asombrosamente desigual: cuanto más acomodado es el campesino, menor es la proporción de las contribuciones en el conjunto de sus gastos. El campesino sin caballos paga, en relación con sus ingresos, casi tres veces más que el poseedor de varios caballos (ver más arriba el cuadro de distribución de los gastos)...” Cualquier lector

 

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* Véase el presente volumen, pág. 159.-Ed.

 

 

 

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que ponga un mínimo de atención en lo que lee, debe, naturalmente, plantearse una pregunta: ¿por qué hablo yo de la distribución de las contribuciones dentro de la comunidad cuando los presupuestos se refieren a haciendas de campesinos no sólo de distintas comunidades, sino incluso de diferentes distritos? ¿Puede ser que la desigualdad de distribución sea aquí fortuita, puede ser que dependa de la diferencia de impuestos que pesan sobre una deciatina de tierra de nadiel en los diferentes distritos o en las distintas comunidades de donde se han tomado las haciendas para componer los presupuestos típicos? Y para eliminar este inevitable reparo, inmediatamente, a continua­ción de lo dicho, aclaro: “...Hablamos de la distribución de las contribuciones dentro de la comunidad porque, si se calcula el volumen de éstas y de las cargas por cada deciatina de nadiel, su cuantía resulta casi igualitaria...” Si el crítico hubiese querido comprobar estas palabras le habría bastado comparar el cuadro de la pág. 96* (volumen de las contribuciones y las cargas por hacienda) con el cuadro de la pág. 102** (cantidad de tierra de nadiel por hogar); habríase convencido con facilidad de que, efectivamente, según los datos de los presupuestos, a pesar de que las haciendas a las cuales se refieren pertenecen a distintas comunidades y hasta a diferentes distritos, el volumen de las contribuciones y las cargas por deciatina de nadiel es casi nivelado.

 

Y ahora admirad con qué procedimientos destruye el Sr. crítico a su oponente. Arranca las palabras que yo subrayo sobre el cálculo de contribuciones por deciatina de nadiel; no advierte (sic!) que estas palabras se refieren sólo a los datos presupuestarios; atribuye a estas palabras el sentido de que el volumen de las contribuciones por deciatina de nadiel es casi nivelado para todo el campesinado ruso en general; me acusa victoriosamente por esta última “conclu­sión” de desconocer las publicaciones estadísticas de los zemstvos y aduce dos cuadros para confirmar el hecho

 

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* Véase el presente volumen, pág. 153.-Ed.

** Véase Ibíd., pág. 160.-Ed.

 

 

 

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(notorio) de que en diferentes comunidades, subdistritos y distritos el volumen de las contribuciones por deciatina de nadiel está muy lejos de ser nivelado. Tras de ejecutar este truco, el crítico añade aún: “Efectivamente, dentro de la comunidad que ha recibido la misma área de nadiel, el volumen de los pagos no es casi, sino de seguro nivelado. Todo el asunto está en que el Sr. Ilín no sabe de qué comunidad habla en realidad. Para terminar- con el abuso que el Sr. Ilín hace de los datos estadísticos de los zemstvos”, etc. ...(2292). Me interesaría en extremo saber si es posible encontrar en la literatura científica otro modelo de seme­jante género de crítica.

 

Una vez conocidos los métodos con que el Sr. Skvortsov “ha demostrado” la completa “inutilidad” de los datos presupuestarios que yo aducía, podemos, al parecer, pasar de largo las potentes (e impotentes) expresiones con que el crítico manifiesta su descontento por el empleo mismo de los datos presupuestarios. Al exigir datos en masa sobre los presupuestos, el Sr. Skvortsov, probablemente, habla de nuevo de algo que no se refiere al asunto, pues las descripciones de haciendas concretas que yo he utilizado no son y no pueden ser nunca de masas. La literatura relativa a los presupuestos de las haciendas concretas la señalé al principio del apartado que se critica, y yo, se comprende, sólo tendría agradecimiento para el crítico si hubiese completado o corregido mis indicaciones. ¡Pero el Sr. Skvortsov sabe “criticar” sin referirse al fondo del asunto! El severo crítico califica sencillamente de “curiosidad” el intento de demostrar la tipicidad de los presupuestos comparando el volumen medio de la familia, la siembra, el arriendo, la cantidad de ganado por hacienda sin caballos y por hacienda con un caballo según los datos presupuestarios y los “datos en masa” (pág. 102* de mi libro); desconocemos la causa; ¿puede ser que por la misma que un “crítico” encontraba ridícula la palabra Chíchikov? Los presupues­tos, “ya no son típicos, porque la venta de trigo en otoño y

 

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* Véase el presente volumen, pág. 161.- Ed.

 

 

 

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su adquisición en primavera se encuentran muy raramente en la provincia de Vorónezh, mientras que para toda Rusia” esta venta se encuentra supuestamente demostrada por el Sr. Nik. -on (2291). Por algo se dice con razón que les beaux esprits se rencontrent: el “auténtico” marxista Sr. Pável Skvortsov, que halla una contradicción entre las afirmacio­nes del “auténtico” marxista Sr. Nikolái-on y los datos estadísticos de los zemstvos, resuelve sin dudar la cuestión en el sentido de que los datos no son típicos, y no en el sentido de que las palabras del Sr. Nik.-on son inexactas o demasiado generales. Y después: ¿qué relación tiene la cuestión de la venta de trigo en otoño y su compra en primavera con el pleito de la tipicidad de unos presupuestos que yo no utilizo en absoluto para el examen de este asunto?

 

 

III

 

Después del ingrato trabajo de aclarar lo introducido de contrabando, resulta agradable encontrar, por fin, una objeción que viene al caso, aunque incluso formulada con esas temibles amonestaciones (“fetichismo”, “plena incom­prensión”) que el Sr. Skvortsov considera, al parecer, muy convincentes, y aunque los propios puntos de vista del crítico haya sido preciso adivinarlos más que ver una exposición abierta de ellos. El Sr. Skvortsov tiene completa razón al decir que mi punto de vista “se advierte a lo largo de toda la obra”.

 

Para destacar con más vigor nuestras discrepancias, contrapongo dos expresiones extremas de los puntos de vista opuestos: el Sr. Skvortsov piensa probablemente (por lo menos así se desprende de sus reparos) que cuanto menos tierra hubiesen recibido los campesinos al ser liberados y cuanto más cara la hubiesen recibido, tanto más rápida-mente habría ido el desarrollo del capitalismo en Rusia. Yo creo lo contrario: cuanto más tierra hubiesen recibido los campesinos al ser liberados y cuanto más barata la hubiesen recibido, tanto más rápido, amplio y libre habría

 

 

 

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sido el desarrollo del capitalismo en Rusia, tanto más elevado habría sido el nivel de vida de la población, tanto más amplio habría sido el mercado interior, tanto más rápido habría sido el empleo de máquinas en la producción, tanto más, en una palabra, se parecería el desarrollo económico de Rusia al desarrollo económico de Norteaméri­ca. Me limitaré a señalar dos circunstancias que confirman, a mi modo de ver, la exactitud de esta última opinión: 1) sobre la base de la escasez de tierra y de lo gravoso de las contribuciones, en nuestro país, en una zona muy conside­rable, se ha desarrollado el sistema de pago en trabajo en la hacienda del terrateniente, es decir, una supervivencia directa del régimen de servidumbre*, y en modo alguno el capitalismo; 2) precisamente en nuestras zonas periféricas, donde el régimen de servidumbre o no era conocido en absoluto o era el más débil, donde los campesinos sufren menos que en otras partes de escasez de tierra, de los pagos en trabajo y de las gravosas contribuciones es donde más se ha desarrollado el capitalismo en la agricultura. Esta confrontación es necesaria precisamente para analizar las condiciones del “tránsito de una formación social a otra”, de pasar por alto las cuales me acusa tan amenazadora y gratuitamente el Sr. Skvortsov.

 

La extrema vulgaridad de los puntos de vista del Sr. Skvortsov sobre los procesos económicos que se operan en nuestra hacienda campesina se pone de manifiesto tam­bién en sus observaciones relativas a las migraciones y a la destrucción de las barreras medievales por parte del

 

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* A propósito. Esta última tesis (que los pagos en trabajo son una supervivencia del régimen de servidumbre) la expongo abiertamente en mi libro. El Sr. Skvortsov no habla de ello, sino que toma mi observación de que el pago en trabajo se mantiene en el fondo desde Rússkaya Pravda y echa chispas al particular: encontramos ahí una cita de Kliuchevski, los mercados interiores en el el siglo XII, el fetichismo mercantil y la afirmación de que en mi libro “la producción mercantil es un principio milagroso y que todo lo explica en la historia (sic!), empezando desde Rússkaya Pravda” (sic!). Esto, según las apariencias, es crítica del mismo tipo que la del “achís, achís”, de la que ya me he ocupado demasiado, a mi juicio, al comienzo del artículo.

 

 

 

 

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capitalismo. Qué, ¿no tenía yo razón al comparar al Sr. Pável Skvortsov con el Sr. Nikolái -on? Ambos “resuel­ven” la cuestión de las migraciones con una observación en extremo simple y exclusivamente negativa contra los puntos de vista que “dan importancia” a las migraciones. Pero semejante conclusión sólo es válida para el más primitivo... es decir, “auténtico” marxismo, que se satisface con lugares comunes completamente abstractos. ¿Qué signi­fica “dar importancia” a las migraciones? Si entendemos estas palabras en el sentido literal, ¿acaso puede haber siquiera un economista en pleno uso de sus facultades mentales que no conceda importancia a la migración anual? Si entendemos estas palabras en el sentido especial, desde el punto de vista del capitalismo, el Sr. Skvortsov, en primer lugar, deforma mi idea, pues yo digo abiertamente lo contrario en el lugar que cita. En segundo lugar, el economista que ve su tarea en el estudio de las peculiarida­des del régimen económico y del desarrollo de la economía de Rusia (y no sólo en dar citas detalladas de Marx, a menudo fuera de lugar), debe, necesariamente, plantear la cuestión: ¿qué influencia ejercen precisamente las migracio­nes en Rusia? Sin estudiar de modo especial esta cuestión, yo señalaba en el lugar que indica el Sr. Skvortsov que mis conclusiones relativas a la diferenciación de los campesinos armonizan por completo con la conclusión del Sr. Hour­wich*. Fuera de ello, también en otros lugares del libro me refiero repetidas veces a la cuestión de las migraciones. Puede ser que este punto de vista mío sea falso, pero el Sr. Skvortsov no aduce nada en absoluto para corregirlo o completarlo, velando por completo el fondo del asunto con amonestaciones severas. Sigamos; mis observaciones dan al Sr. Skvortsov motivo para concluir que “el fetichista mercantil cree en la fuerza milagrosa de su fetiche ahora”

 

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* A propósito del Sr. Hourwich. Con su actitud inmotivada de olímpico desprecio hacia las “conclusiones” de este escritor -conocido en la literatura marxista como autor de dos libros y colaborador de revistas- el Sr. Skvortsov únicamente pone de relieve su fatuidad.

 

 

 

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(sic!). ¡En verdad, puede decirse que me ha “aniquilado”! Pero, honorabilísimo Sr. crítico, ¿niega usted mis considera­ciones? ¿Por qué no da a conocer al público sus considera­ciones apoyadas en hechos y no examina los datos aunque sea de un solo distrito? ¡Sería esto tan natural en una persona que se ocupa especialmente de la estadística de los zemstvos! Y yo me permito mantener esta opinión, a pesar de tan terribles palabras del Sr. Skvortsov (fetichismo, fuerza milagrosa), que -¿quién duna de ello?- pueden asustar a cualquiera*.

 

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* De más palabras: “La agricultura era en Rusia antes del capita­lismo asunto de los señores, un capricho señorial para unos y una obligación, una carga para otros” (véase el presente volumen, págs. 337-338. -Ed.) según opinión del Sr. Skvortsov “resulta que toda una formación social, el modo de producción basado en la servidumbre era sólo un capricho de señores”. No, Sr. Skvortsov, esto no “resulta” en modo alguno, pues en su sitio yo indico que “la economía basada en la servidumbre fue en cierto modo un sistema ordenado y acabado” (129) (véase el presente volumen, pág. 198. -Ed.), y aquí defino únicamente uno de los caracteres de este sistema. Que en la hacienda del terrateniente había un elemento de “capricho de señores” puede verlo con facilidad cualquiera que recuerde los conocidos tipos de los “Oblómov de la aldea del régimen de servidumbre o de la explotación usuraria” (152) (véase el presente volumen, pág. 229.-Ed.) ; esto lo indican también los estadísticos de los zemstvos, a quienes pertenece la expresión “caprichos de señores” (148) (véase el presente volumen, pág. 224. -Ed.); esto lo demuestran hasta los datos de un período de desarrollo de la construcción de maquinaria agrícola en Rusia: el intento de los terratenientes de traer sencillamente del extranjero obreros y máquinas (130 y 153) (véase el presente volumen, págs. 200 y 231-232.-Ed.) no era otra cosa sino un “capricho de señores”. “El Sr. Ilín no dice, lamentablemente, cuándo y dónde se operó la transformación por el capitalismo del señor feudal” (el Sr. P. S. hace mal en pensar que esta categoría sólo es aplicable a la época “anterior a la formación del derecho de servidumbre”; también es aplicable a la época del derecho de servidumbre) “y del campesino dependiente en industriales” (2293). Yo hablo de esto en el 11, en el III y, sobre todo, en el capítulo IV del libro, donde se trata precisamente de la transformación de la agricultura en una empresa co­mercial e industrial. Es muy posible que mis indicaciones relativas a este proceso requieran complementos y correcciones: no dudo que cualquier crítico serio y competente sabría hacerlos; pero el Sr. Skvortsov, por desgra­cia, ha velado por completo el fondo del asunto con unas amonestaciones severas. ¡No es mucho!

 

 

 

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Finalmente, la última cuestión de que se puede hablar con el Sr. Skvortsov ateniéndose al fondo del asunto es lo relativo a la clasificación de los datos estadísticos de los zemstvos referentes al' los campesinos. El Sr. Skvortsov se ocupaba especialmente, y si no nos equivocamos sigue ocupándose, de estadística de los zemstvos: se podía por ello esperar de él indicaciones basadas en los hechos y que explicasen esta cuestión, discutible e interesante en extre­mo. “Nosotros rechazarnos a limine -escribo yo- la clasi­ficación por el nadiel y utilizamos exclusivamente la hecha en atención a los medios económicos (ganado de labor, superficie de siembra)”, e indico después que la clasificación por el nadiel, que tiene una difusión incompara­blemente mayor en nuestra estadística de los zemstvos, es del todo inservible a causa de que la vida altera el carácter igualitario (dentro de la comunidad) de la posesión de la tierra de nadiel: basta sólo recordar hechos tan notorios y por nadie disputados como la entrega en arriendo de los nadieles, su abandono, la compra y el arriendo de la tierra, la unión de las empresas comerciales e industriales a la agricultura, y el trabajo asalariado. “La estadística econó­mica debe necesariamente basar la clasificación en las dimensiones y tipo de la hacienda (60)*. La “crítica” del Sr. Skvortsov estriba en lo siguiente: “El Sr. Ilín está descontento de la clasificación de los datos estadísticos de los campesinos según el nadiel. Existen dos (sic!) clasificaciones de los datos estadísticos. Una es histórica, según la cual. se reúnen en un todo las comunidades (!) con igual área de nadiel por alma inscrita en el censo, y otra efectiva, según la cual se reúnen en un todo las haciendas campesinas con la misma área de nadiel, sea cual sea la comunidad a que pertenezcan. La clasificación histórica es importante precisa-mente porque muestra de modo palmario en qué condiciones pasaron los campesinos de la sociedad de la servidum­bre a la capitalista...” etc., sobre este tema, también

 

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* Véase el presente volumen, pág. 101.-Ed.   

 

 

 

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examinado más arriba... “La clasificación que el Sr. Ilín propone confundirá definitivamente la comprensión históri­ca de las condiciones del paso de nuestros campesinos de una formación social a otra. La propuesta del Sr. Ilín se refiere más bien al censo industrial (sic!), como se hace en Alemania” (2289). Esto es un modelo de la crítica del Sr. Skvortsov en la materia de su especialidad y en la que, a pesar de todo el deseo, no se puede “citar” a Marx. Cabe preguntar, ¿qué tienen que ver estas consideraciones sobre la clasificación “histórica” de las comunidades cuando yo hablo de la clasificación de los datos por haciendas? ¿Por qué caminos maravillosos la clasificación de los datos actuales por haciendas puede “confundir definitivamente” los datos históricos sobre las comunidades, hace tiempo establecidos? El Sr. Skvortsov tiene derecho a emplear en la cuestión dada la palabra “histórica” en la medida en que se vuelve de espaldas a la historia: si la clasificación de las comunidades según el área de nadiel por alma inscrita en el censo se refiere a la historia de lo que ocurría hace 40 años, también es historia lo que ocurre ante nuestros ojos con rapidez cada vez mayor. Sigamos; es completamente inexplicable el modo como un hombre que se ocupa de estadística de los zemstvos y que sólo habla de todas las cosas en tono de profeta puede escribir que “existen dos clasificaciones” (de las comunidades según el nadiel y de las haciendas por el nadiel) cuando cualquiera sabe que existen muchas clasificaciones: por la sementera, por el ganado de labor, por el número de trabajadores en la familia, por los braceros, por la posesión de casas, etc. ¿Cómo puede el Sr. Skvortsov de modo tan tajante y sin sombra de motivación declarar “efectiva” sólo la clasificación por el nadiel cuando lo que se debate es precisamente si esta clasificación es efectiva? Yo muestro en varios distritos que la distribución de la tierra de nadiel entre las haciendas sigue caracteri­zándose hasta ahora por “igualitarismo” relativamente muy considerable aún (al 20% de las haciendas acomodadas, con el 26-30% de la población, corresponde el 29-36% de la tierra de nadiel en distintos distritos o grupos de distritos),

 

 

 

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mientras que la distribución de los índices efectivos de la hacienda: del ganado de labor, de las sementeras, de los aperos perfeccionados, etc., es en todos los sitios y lugares, sin excepción, incomplarablemente menos nivelada. El Sr. Skvortsov se las ingenia para criticar -y hasta vituperar-mis tesis sin decir ni una palabra sobre el fondo del asunto.

 

Se comprende lógicamente: yo, que no soy estadístico por mi especialidad, no pretendía en modo alguno resolver la cuestión de la clasificación. Mas creo que en las cuestiones fundamentales de la estadística de los zemstvos (y lo relativo a los procedimientos de clasificación de los datos por haciendas es precisamente una cuestión fundamental, como indico en el lugar que cita el Sr. Skvortsov) tienen derecho a hablar, e incluso están obligados a hablar, todos los economistas y en modo alguno sólo los estadísticos de los zemstvos. No es posible imaginarse a un economista que estudie la realidad económica de Rusia y pueda prescindir de los datos de la estadística de los zemstvos; y si la estadística de los zemstvos marcha por su cuenta, y el trabajo de los economistas por la suya, ni una ni otro puede lograr resultados satisfactorios. Que la clasificación por nadieles no es una clasificación efectiva satisfactoria, lo han reconocido ya en parte hasta los propios estadísticos de los zemstvos, quienes han dado varias clasificaciones por el ganado de labor y por las sementeras, clasificaciones que yo he utilizado precisamente en mi libro. Justamente ahora, cuando la importancia del asunto es subrayada casi por todos los marxistas y no la niegan siquiera los economistas de otras tendencias, sería especialmente necesario revisar esta cuestión. Mas el Sr. Skvortsov, en lugar de crítica ofrece frases altivas, aunque sin el menor contenido, del género de la siguiente: “se necesita un resumen de las compilaciones de los zemstvos con un estudio detallado de la producción y reproducción de. la hacienda campesina, de modo que cualquiera que lo desease pudiera tomar estas compilaciones y comprobar las `conclusiones' de los señores Ilín, Póstnikov y Hourwich” (2292). Sí, naturalmente, “se necesita un resumen”; más, para que estas palabras no se

 

 

 

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quedasen en un sonido vacío y para que el resumen pudiera dar, en efecto, respuesta a los problemas principales planteados por el régimen económico actual de Rusia y por la evolución de este régimen, para ello es necesario plantear y examinar en todos los aspectos la cuestión fundamental de los modos de hacer el resumen, estudiarla necesariamente en la literatura general, no sólo entre los estadísticos de los zemstvos, y menos aún entre las cuatro paredes de una u otra oficina de estadística de los zemstvos. Esto lo planteé yo en mi libro y traté de apuntar su solución. No soy yo, claro es, quien ha de juzgar si la solución es acertada, pero estoy en el derecho de hacer la conclusión de que el Sr. Skvortsov, con toda su severidad, no ha dicho nada en absoluto en esta cuestión y se ha manifestado, sin motivación alguna, como defensor de la rutina, como defensor del punto de vista que ya era viejo en 1885 (ver la nota 2 en la pág. 58* de El desarrollo del capitalismo, donde cito el artículo del Sr. V. V. Nuevo tipo de publicaciones estadísticas locales, su confesión de que “es preciso referir los datos numéricos no a un conglomerado de los más diversos grupos económicos de campesinos como son la aldea o la comunidad, sino a estos mismos grupos”, y planteo la cuestión de por qué el propio Sr. V. V. no ha aprovechado ni una sola vez los datos relativos, a estos grupos más diversos).

 

 

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Para terminar, unas palabras sobre la “ortodoxia”, que no serán superfluas teniendo en cuenta que la intervención del Sr. P. Skvortsov en el papel de marxista “auténtico” hace especialmente necesaria la determinación más exacta posible de mi posición si se me permite expresarme así. Sin el menor deseo de colocar al Sr. B. Avílov junto al Sr. Skvortsov, encuentro preciso, sin embargo, referirme a un párrafo del artículo que el primero inserta en este mismo

 

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* Véase el presente volumen, pág. 100. -Ed.

 

 

 

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número de Naúchnoe Obozrenie. Al final del Postscriptum, el Sr. B. Avílov dice: “el Sr. Ilín (está) por la 'ortodoxia'. Mas, al parecer, para la ortodoxia, es decir, la simple interpretación de Marx, Hay aún mucho campo...” (pág. 2308). Creo que las palabras que he subrayado son, probablemente, un lapsus, pues yo he dicho con precisión completa que por ortodoxia no comprendo en modo alguno la simple interpretación de Marx. En el mismo artículo a que se refiere el Sr. B. Avílov, tras las palabras “No, nos quedaremos mejor `bajo el signo de la ortodoxia', se dice: “No vayamos a creer que la ortodoxia permite tomar cualquier cosa como artículo de fe, que la ortodoxia excluye la transformación crítica y el desarrollo ulterior, que permita cubrir las cuestiones históricas con esquemas abstractos. Si hay discípulos ortodoxos incursos en estos pecados, en verdad graves, la culpa recae por completo sobre esos discípulos, y en modo alguno sobre la ortodoxia, que se distingue por cualidades diametralmente opuestas” (Naúchnoe Obozrenie, 1899, núm. 8, 1579)153. Así pues, yo he dicho abiertamente que la aceptación de algo como artículo de fe, la exclusión de la transformación crítica y del desarrollo es un pecado grave, y para transformar y desarrollar, la “simple interpretación” es, a todas luces, insuficiente. El desacuerdo entre los marxistas partidarios de la llamada “nueva corriente crítica” y los partidarios de la llamada “ortodoxia” consiste en que unos y otros quieren transformar y desarrollar el marxismo en diferentes senti­dos: unos quieren seguir siendo marxistas consecuentes, desarrollando las tesis fundamentales del marxismo de acuerdo con las condiciones que van cambiando constantemente y con las peculiaridades locales de los distintos países, y desarrollando más la teoría del materialismo dialéctico y la doctrina de la economía política de Marx; otros rechazan algunos aspectos más o menos importantes de la doctrina de Marx, se colocan, por ejemplo en filosofía, no al lado del materialismo dialéctico, sino al lado del neokan­tismo, y en economía política, al lado de quienes atribuyen un “carácter tendencioso” a ciertas doctrinas de

 

 

 

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Marx, etc. Los primeros acusan a los segundos por ello de eclecticismo, y según mi modo de ver les acusan con completo fundamento. Los segundos califican a los primeros de “ortodoxos”, y, al emplear esta expresión, no se debe olvidar nunca que se ha dado por los adversarios en la polémica, que los “ortodoxos” no rechazan la crítica en general, sino sólo la “crítica” de los eclécticos (que únicamente tendrían derecho a llamarse partidarios de la “crítica” en la medida en que en 1& historia de la filosofía la doctrina de Kant y sus seguidores se llama “criticismo”, “filosofía crítica”). En ese mismo artículo mencioné a los escritores (pág. 1569, nota, y pág. 1570, nota) que, según mi opinión, son representantes del desarrollo consecuente e integral del marxismo, y no ecléctico, y que han contribuido a este desarrollo -tanto en el terreno de la filosofía y en el de la economía política, como en la historia y la política-, incomparablemente más, por ejemplo, que Som­bart o Stammler *, la simple repetición de las opiniones eclécticas de los cuales se considera ahora por muchos como un gran paso adelante. Apenas si tendré necesidad de añadir que los representantes de la tendencia ecléctica se han agrupado últimamente alrededor de E.. Bernstein. Me limito a estas breves observaciones acerca de mi “ortodo­xia”, tanto porque la cuestión no se refiere directamente al objeto de mi artículo, como porque me veo imposibilitado de exponer con todo detalle las ideas de los primeros y debo remitir a quienes les interese a la literatura alemana. En esta cuestión, las discusiones rusas no son más que un eco de las alemanas, y sin conocer estas últimas no es posible hacerse una idea completamente clara del fondo de ellas **.

 

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* Conf. contra Stammler las justas observaciones de H. Cunow, parte de cuyo artículo fue traducido en Naúchnoe Obozrenie en 1899, así como de B. Lvov, La ley social (en el mismo sitio) y la traducción del artículo del Sr. Sadi Gunter, prometida por .Naúchnoe Obozrenie para 1900.

** Precisamente a este eclecticismo se reduce, a mi modo de ver, la “nueva” orientación “crítica” que “comienza a dibujarse” en nuestra

 

 

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literatura en el último tiempo (conf. artículos de Struve en Zhizn, 1899, núm. 10, y 1900, núm. 2; de Tugán-Baranovski en Naúchnoe Obozrenie, 1899, núm. 5, y 1900, núm. 3). El primero de los mencionados escritores empezó a “esbozar” su inclinación al eclecticismo hace más de cinco años en sus Notas críticas, e inmediatamente después de su aparición se hizo (como tendrá a bien recordar Struve) el intento de “abrir los ojos” al público a la confusión del marxismo con la ciencia burguesa en sus concepciones154. Resulta por ello extraño oírle a Struve esta frase: “Cerrar simplemente los ojos a la así llamada (¿sin razón, pues, así llamada? -V. I.) crítica `burguesa' de la doctrina de Marx y dedicarse a repetirla y parafrasearla ha resultado hasta ahora no sólo inútil, sino hasta perjudicial” (Zhizn, núm. 2, 305). Naturalmente, “cerrar simplemente los ojos” no sólo ante la ciencia burguesa, sino hasta ante las doctrinas más absurdas, incluido el obscurantismo extremo, es sin duda perjudicial; esto es un lugar común banal. Mas una cosa es no cerrar los ojos ante la ciencia burguesa, estudiarla y aprovecharla, pero manteniendo una acti­tud crítica hacia ella y no renunciando a la integridad y lo definido de la concepción filosófica; y otra cosa es rendirse ante la ciencia burguesa y repetir, por ejemplo, las palabrejas relativas a lo “tendencioso” de Marx, etc., que tienen una idea y significación completamente determinadas. Y después, si se habla de “repetir y parafrasear”, ¿acaso la repetición y paráfrasis de Bóhm-Bawerk y Wieser, de Sombart y Stammler merecen por sí, a priori, más atención que la repetición y paráfrasis de Marx? ¿Acaso el Sr. Struve, que se las ha ingeniado ya (en la literatura rusa, daos cuenta) para ver un “daño” (sic.!) en repetir a Marx, no ha adver­tido y no advierte daño en la repetición no crítica de las correcciones en boga de la “ciencia” burguesa de moda? ¡Cuánto ha habido que apartarse del marxismo para llegar a semejante punto de vista y a tan imperdonable “cerrar los ojos” ante la “confusión de ideas” actual! Struve manifiesta al fin de su artículo el deseo especial de que yo me manifieste en las cuestiones planteadas por la llamada “crítica”. Observaré a esto que en la actualidad me interesa de un modo especial la cuestión de la tendencia ecléctica moderna en filosofía y en economía política, y que no pierdo aún la esperanza de ofrecer con el tiempo un examen sistemático de esta corriente155; pero ir tras cada “error fundamental” y “antinomia fundamental”... del eclecticismo, me parece simplemente (¡con perdón de los honorables “críticos”!), falto de interés. Por eso me limito por ahora a un contradeseo: que la nueva “corriente crítica” se dibuje con plena precisión, sin limitarse a alusiones. Cuanto antes ocurra esto, tanto mejor, pues tanto menor será la confusión y con tanta mayor claridad comprenderá el público la diferencia que hay entre el marxismo y la nueva “corriente” de la crítica burguesa de Marx.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOTAS

 

 

 

1 El libro de V. I. Lenin El desarrollo del capitalismo en Rusia es fruto de una ingente labor de investigación, que duró más de tres años. Lenin lo empezó en la cárcel, poco después de ser detenido a causa de la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, de Peters-burgo, y lo terminó en el destierro, en la aldea de Shúshenskoe (Siberia). Pero co­menzó a reunir datos y documentos para el libro mucho antes de escribirlo.

 

En la primera carta, enviada, desde la cárcel el 2 de enero de 1896, Lenin dice: Tengo un plan que me atrae extraordinariamente desde que me detuvieron, y cada día más. Hace ya mucho que venía ocupán­dome de un problema económico (la venta de mercancías de la industria transformativa dentro del país); había reunido algunas publicaciones, tra­zado el plan de su elaboración e incluso escrito algo, con el propósito de editar mi trabajo en forma de libro si rebasaba el volumen de un artícu­lo. No quisiera en modo alguno abandonar este trabajo, pero ahora, por lo visto, habrá que optar: escribirlo aquí o renunciar por completo.

 

Al abordar el trabajo sobre El desarrollo del capitalismo en Rusia, Lenin tenía en cuenta que el libro requeriría una labor de investigación grande y minuciosa, el estudio y elaboración de inmenso material fáctico. Bos­quejando un plan o esquema del futuro libro, Lenin decía en la misma carta:

 

La lista de libros está dividida en las dos partes en que se divide tam­bién mi obra. A. -Parte teórica general. Requiere menos libros, por lo que, en todo caso, confío en escribirla, pero exige un mayor trabajo pre­paratorio. B. -Aplicación de las tesis teóricas a la realidad de Rusia. Esta parte requiere muchísimos libros. Ofrecen la dificultad principal: 1) las publi-caciones de los zemstvos. Cierto que tengo parte de ellas; otra parte podrá encargarse (las monografías pequeñas), y otra podrá conseguirse a través de estadísticos conocidos; 2) publicaciones del Gobierno: tra­bajos de comisiones, informes y actas de congresos, etc. Esto es impor­tante; será más difícil conseguirlas. Hay algunas en la biblioteca de la SEL (Sociedad Económica Libre.-Ed.), creo que incluso la mayoría.

 

A. I. Uliánova-Elizárova, hermana de Lenin, relata en sus memorias cómo trabajaba él en la cárcel preparando el libro: Decidió utilizar las

 

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bibliotecas de Petersburgo a fin de conseguir materiales para el trabajo que se había propuesto y que, como él sabía, sería imposible lograr en el des­tierro. Y se puso a trabajar intensamente, estudiando en la cárcel una in­finidad de documentos y haciendo una infinidad de extractos. Le llevé montones de libros de las bibliotecas de la Sociedad Económica Libre, de la Academia de Ciencias y de otras instituciones científicas.

 

Lenin no interrumpió el trabajo relacionado con el libro ni siquiera cuando se dirigía al lugar del destierro. En una carta fechada el 15 de marzo de 1897 comunicaba que por el camino había repasado y se proponía expedir desde Krasnoyarsk libros tomados por un corto plazo. Durante su parada en Krasnoyarsk, estudió libros y revistas que encontró en la biblioteca particular del negociante Yudin y en la biblioteca de la ciudad.

 

En el destierro, Lenin continuó trabajando intensamente en El desarrollo del capitalismo en Rusia. En cuanto llegó al lugar del destierro se preocupó por conseguir y que se le enviaran los libros que necesitaba. Habla reitera­damente de ello en las cartas a los familiares y cono-cidos. Desde el otoño de 1897, Lenin recibió regularmente los materiales necesarios y empezó a estudiar nuevos documentos, sobre todo numerosas recopila­ciones estadísticas. Cuando N. K. Krúpskaya fue trasladada de Ufá para cumplir el destierro en Shúshenskoe en la primavera de 1898, le llevó muchos libros.

 

En tres años de trabajo en El desarrollo del capitalismo en Rusia, Lenin estu­dió y aprovechó con espíritu crítico todas las publicaciones dedicadas a la economía de Rusia. En el libro se mencionan y citan más de 500 trabajos diversos: libros, recopilaciones, investigaciones, ensayos y artículos. En realidad, la literatura estudiada y utilizada por Lenin, pero no incluida en la enumeración, fue muchas veces mayor. Sin embargo, incluso esta enu­meración da una idea del colosal trabajo que realizó durante el estudio del desarrollo del capitalismo ruso.

 

El borrador de El desarrollo del capitalismo en Rusia quedó terminado en agosto de 1898. Pero Lenin continuó trabajando intensamente en el libro. La redacción definitiva del manuscrito exigió bastante tiempo. El manus­crito quedó terminado a fines de enero de 1899. Lenin prestó gran atención a las observaciones de los camaradas y fami­liares que leyeron en manuscrito El desarrollo del capitalismo en Rusia. Cada capítulo del libro fue recopiado por separado en un pequeño cuaderno, que leyeron y discutieron, además de N. K. Krúpskaya, otros socialde­mócratas desterrados en la comarca de Minusinsk. Fuimos, por decirlo así, `los primeros lectores de El desarrollo del capitalismo en Rusia -recuerda G. M. Krzhizhanovski, desterrado entonces no lejos de Shúshenskoe-; leíamos detenidamente lo que se nos enviaba y lo devolvíamos con nues­tras observaciones a Vladimir Ilich. El tenía muy en cuenta las observa­ciones de este tipo.

 

El desarrollo del capitalismo en Rusia vio la luz a fines de marzo de 1899, figurando su autor con el seudónimo de Vladimir Ilín. La tirada

 

 

 

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-2.400 ejemplares- se agotó con gran rapidez. El libro se difundió princi­palmente en los medios intelectuales socialdemócratas, entre la juven­tud estudiantil y, a través de los propa-gandistas, en los círculos obreros.

 

La prensa burguesa intentó silenciar la obra científica de Lenin. Únicamente en el otoño de 1899 aparecieron las primeras reseñas. Lenin dio una respuesta demoledora a una de ellas en el artículo Una crítica no crí­tica, publicado en la revista Naúchnoe Obozrenie (Revista Científica), en el número de mayo junio de 1900 (véase el presente volumen, págs. 665-692.). -1.

 

2 Populismo: corriente política e ideológica surgida en Rusia en los años 70 del siglo XIX, que existió varios decenios.

 

Los populistas se consideraban socialistas, pero la idea que tenían del socialismo era utópica, estaba en contradicción con todo el desarrollo social. Los populistas afirmaban que el capitalismo no se desarrollaría en Rusia y que, si bien surgían grandes empresas capitalistas, se trataba de una casualidad y de una desviación de cierto camino correcto del progreso en Rusia. A su juicio, ese camino correcto consistía en desa­rrollar la pequeña producción. Según ellos, no era la clase obrera, sino el campesinado quien establecería en Rusia el socialismo, cuya célula básica debía ser la comunidad campesina, que se conservaba en la Rusia del siglo XIX y comienzos del XX como un vestigio del régimen de la servi­dumbre, como trabas medievales que encadenaban a los campesinos y frenaban el progreso social.

 

Las concepciones filosóficas del populismo eran una mezcla ecléctica de positivismo, neokantismo y otras corrientes de moda en aquellos tiempos. Los ideólogos del populismo -P. L. Lavrov y N. K. Mijailovs­ki- defendían una concepción idealista de la historia, negaban el papel de las masas populares en el proceso histórico y afirmaban que la historia la hacen las grandes personalidades, los héroes, que ellos oponían a la muchedumbre considerándola inerte.

 

En distintos períodos surgieron en Rusia partidos políticos que sustenta­ban concepciones populistas.

 

Los populistas revolucionarios de los años 70 del siglo pasado iban a las aldeas, al pueblo, y hacían agitación entre los campesinos, tratando de levantarlos contra el zar y los terrate-nientes. En 1876 se organizó la sociedad populista Tierra y Libertad, que en 1879 se escindió en dos par­tidos: uno, el Reparto Negro, siguió haciendo propaganda revolu­cionaria; el otro, denominado Voluntad del Pueblo, luchó contra el zarismo por medio del terror individual, del asesinato de los repre­sentantes del poder zarista. Ambos partidos se disolvieron en los años 80.

 

A fines de los años 80 y comienzos de la década del 90 del siglo pasado, en las páginas de la prensa legal rusa apareció una corriente populista, conocida con la denominación de populismo liberal. Los populistas liberales

 

 

 

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renunciaron a la lucha revolucionaria contra la autocracia e intentaron conseguir del Gobierno zarista algunas reformas en provecho, principalmente, de la parte acomodada del campesi-nado: los kulaks. Al mismo tiempo, sostuvieron en sus artículos y libros una encarnizada lucha con­tra el marxismo. Entre los representantes principales del populismo liberal figuraron N. K. Mijailovski, V. P. Vorontsov y N. F. Daniel­són. -5.

 

 

3 La Reforma: se trata de la Reforma de 1861 que abolió la servidumbre en Rusia. El Gobierno zarista implantó esta Reforma para asegurar en má­ximo grado los intereses de 1 terratenientes feudales; se conservó la pose­sión agraria de los terratenientes, y las tierras de los campesinos fueron declaradas propiedad de los terratenientes; aquéllos podían recibir un nadiel (parcela) cuyas dimensiones fijaba la ley (y, además, debían con­tar con el consentimiento del terrateniente) por medio de un rescate. Los campesinos quedaban en dependencia temporal durante varios años, es decir, seguían sujetos a diversas cargas (tributos o prestación personal) en favor del terrateniente. Más de de la tierra que usufructuaban los campesinos bajo el régimen de la servidumbre les fue arrebatada en favor de los terratenientes al efectuar la Reforma. Estas tierras arrebatadas o recortes, como las llamaban, eran la parte mejor de las parcelas campesinas -prados, abrevaderos, pastos, etc.- sin los cuales los campesinos no podían dedicarse a una actividad agrícola independiente. Según cálculos aproximados, después de la Reforma los nobles tenían 71.500.000 deciatinas de tierras, y los campesinos, 33.700.000.

 

En total, según la Reforma de 1861, se libró a 22.500.000 campesinos, siervos de terratenientes.

 

El rescate que los campesinos debían pagar al Gobierno zarista (el Gobierno abonó a los terratenientes el dinero que les correspondía por la operación del rescate) era una verdadera expoliación de los campesinos en favor de la clase terrateniente; para amortizar la deuda de los campesinos se les concedió una prórroga de 49 años, al 6% de interés anual. Los atrasos en el pago del rescate, pesada carga sobre la hacienda campesina, aumentaban año tras año. La Reforma provocó la depaupera­ción masiva, de los campesinos y la ruina de sus haciendas. Los campesinos que habían dependido de los terratenientes pagaron al Gobierno, en concepto de rescate, 1.900 millones de rublos, mientras que el valor de esas tierras en el mercado no pasaba de 544 millones. En la práctica, los campesinos fueron obligados a pagar no sólo por la tierra, sino también por su libertad personal.

 

La Reforma de 1861 fue un paso en el camino de la transformación de Rusia en una monarquía burguesa. Pero el viejo sistema de pago en tra­bajo sólo fue socavado y no destruido. Lenin calificó la Reforma de 1861 como el primer acto de violencia masiva contra el campesinado, en bene­ficio de capitalismo naciente en la agricultura, que desbrozaba el campo por los terratenientes para el capitalismo. -5.

 

 

 

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4 En febrero o primeros de marzo de 1899, encontrándose desterrado, Lenin recibió el libro Die Agrarfrage (La Cuestión Agraria), de K. Kautsky, que a la sazón era todavía marxista. Por aquel tiempo la mayor parte del libro El desarrollo del capitalismo en Rusia estaba ya en prensa y Lenin decidió remitirse a la obra de Kautsky en el prefacio. Lenin cita el libro de Kautsky para subrayar lo que había de común en las regularidades fundamentales del desa-rrollo del capitalismo en la agri­cultura de Europa Occidental y de Rusia, no obstante toda la peculiari­dad de este proceso en los diversos países. -7.

 

5 En la segunda edición de El desarrollo del capitalismo en Rusia (1908) se cambió la numeración de los apartados porque Lenin introdujo varias adiciones en el libro. El lugar a que alude aquí Lenin se encuentra en el cap. II, § XII (C), págs. 171-173. -8.

 

6 El 17 de febrero de 1899 se discutió en la Sociedad de Fomento de la Industria y el Comer-cio de Rusia un informe sobre el tema ¿No será posible reconciliar el populismo con el marxismo? El populista Voron­tsov afirmó en su discurso que los representantes de la novísi-ma corriente del marxismo en Occidente estaban más cerca de los populistas rusos que de los marxistas rusos. El 19 de febrero (3 de marzo) de 1899 se pu­blicó una breve reseña de esta reunión en el periódico reaccionario Nóooe Vremia (Tiempo Nuevo) de San Petersburgo. -9.

 

7 La segunda edición de El desarrollo del capitalismo en Rusia apareció en 1908. Su publicación fue anunciada en marzo de dicho año, en el núm. 10 de Knízjlnaya Létopis (Anales Bibliográficos). Lenin volvió a revisar el texto del libro para la segunda edición, corrigió las erratas, introdujo numerosas adiciones y escribió un prefacio nuevo, fechado en julio de 1907. En esta edición sustituyó las expresiones destinadas a sortear la censura -discípulos, partidarios de los trabajadores- con las deno­minaciones propias: marxistas, socialistas; y las alusiones a la nueva teoría, con referencias a Marx y al marxismo.

 

Lenin introdujo en su libro adiciones considerables, basándose en nuevos datos estadísticos. Dedicó un nuevo apartado (el XI) en el capítulo segundo a analizar los balances de los censos militares de caballos de 1896-1900. Adujo hechos complementarios que confirmaban sus conclu­siones anteriores respecto al desarrollo del capitalismo en Rusia, en parti­cular, datos nuevos de la estadística fabril. Hizo también un análisis del censo general de la población de 1897, que mostraba con mayor plenitud la estructura de clases en Rusia (véase el capítulo VII, § V, págs. 544-550. Complemento a la segunda edición).

 

Lenin no dejó de trabajar en el libro El desarrollo del capitalismo en Rusia ni siquiera después de aparecer la segunda edición. Así lo prueban las adi­ciones que hizo en 1910 a la página 405 de dicha edición sobre la

 

 

 

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NOTAS                                                     701

clasificación de las fábricas según el número de obreros en 1908 (véase la ilustración en la pág. 559 del presente volumen).

 

En el prefacio a la segunda edición, Lenin apunta la posibilidad de rehacer en el futuro su obra y señala que, en ese caso, habría que divi­dirla en dos tomos: consagrar el primero a analizar la economía de Rusia antes de la revolución de 1905-1907, y el segundo, a estudiar el balance y los resultados de la revolución.

 

Lenin dedicó varias obras a estudiar la influencia de la revolución de 1905-1907, figurando entre ellas El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa di 1905-1907, escrito a fines de 1907. -13.

 

8 Trátase de la primera revolución rusa: la Revolución Democrática Bur­guesa de 1905-1907.

 

La revolución comenzó el 9 de enero de 1905. Aquel día, los obreros de San Petersburgo se dirigieron con sus mujeres y sus hijos al Palacio de In­vierno para entregar al zar una petición, en la que exponían sus insopor­tables condiciones de vida y su falta absoluta de derechos. En respuesta, el zar ordenó ametrallar la manifestación pacífica. En las calles de Petersburgo cayeron muertos miles de obreros inermes, mujeres, niños y ancianos.

 

La clase obrera de toda Rusia respondió al crimen del Gobierno zarista con manifesta-ciones, huelgas y acciones armadas. Los obreros, al frente de la revolución, lucharon por derrocar la autocracia y proclamar la república democrática, abolir la gran propiedad agraria e implantar la jornada de ocho horas. En el verano de 1905, los obreros de Ivánovo-Voznesensk formaron el primer Soviet (Consejo) de diputados obreros, ejemplo que fue seguido por los obreros de otros centros industriales.

 

Los campesinos se sumaron a la lucha contra el régimen zarista-terra­teniente, exigiendo que se entregara al pueblo la tierra de los lati­fundistas. En junio de 1905 se sublevó la tripulación del acorazado Potiomkin, que formaba parte de la escuadra del Mar Negro.

 

En octubre de 1905 se declaró la huelga general política en toda Rusia. En el inmenso país cesó el trabajo en fábricas y empresas y quedaron paralizados todos los ferrocarriles. La huelga patentizó la gran fuerza de la clase obrera. El 17 de octubre, el zar se vio obligado a publicar un manifiesto, en el que prometía promulgar una constitución en Rusia y otorgar la libertad de expresión, de reunión, de imprenta, etc. Pero las promesas del zar fueron un engaño y quedaron sin cumplir. En diciembre del mismo año, comenzó en Moscú la insu-rrección armada. Los obreros de las fábricas moscovitas, encabezados por los socialdemó­cratas bolcheviques de la ciudad, se batieron heroicamente en las barri­cadas durante nueve días contra las tropas zaristas, dotadas de artillería. Sólo la llegada de unidades militares de San Petersburgo permitió al Gobierno vencer a los obreros.

 

En 1906 participaron en las huelgas más de un millón de obreros. En el

 

 

 

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primer semestre de dicho año, el movimiento campesino abarcó a más de la mitad de los distritos.

 

El Gobierno zarista reprimió salvajemente el movimiento revoluciona­rio. En todos los grandes centros industriales y en las zonas de levanta­mientos campesinos, las expediciones punitivas cometieron ferocidades inauditas, asesinando a muchos miles de obreros y campesinos.

 

La primera revolución rusa fue derrotada, pero tuvo magna impor­tancia histórica. Para las masas populares de la Rusia zarista fue, como dijera Lenin, un ensayo general, sin el cual habría sido imposible la victoria de la clase obrera en octubre de 1917. La revolución rusa de 1905-1907 ejerció gran influencia en el desarrollo del movimiento revolucionario en Asia: en Persia, Turquía, China, India y otros países. -13.

 

9 Se alude a la posición de los mencheviques, ala oportunista de la social-democracia rusa, respecto al carácter de la revolución de 1905-1907. Por su carácter, esta revolución era burguesa, ya que su objetivo consistía en suprimir los numerosos vestigios del medievo y de la servidumbre en el régimen económico y político de Rusia y desbrozar el camino para el más rápido desarrollo del capitalismo en el país. Pero de esta justa e irre­futable tesis, los mencheviques sacaban la errónea conclusión de que la fuerza dirigente, hegemónica, de la revolución debía ser la burguesía. En realidad, la fuerza hegemónica de la Revolución Democrática Burguesa de 1905-1907 fue la clase obrera de Rusia, en aquellos tiempos ya sufi­cientemente numerosa, unida y revolucionaria para poder encabezar el movimiento revolucionario. Lenin critica con detalle las opiniones erróneas de los mencheviques acerca de esta cuestión en su obra Dos tác­ticas de la socialdemocracia en la revolución democrática. -14

 

10 Marx citó la expresión de Heine sobre quienes hacen coro: He sem­brado dientes de dragón y he cosechado pulgas en el cap. IV del segundo tomo de La ideología alemana (véase C. Marx y F. Engels. Obras, 2a ed. en ruso, 1955, t. 3, pág. 514). -15.

 

11 Junkers: denominación que se daba en Prusia a los grandes propietarios agrarios, pertene-cientes al estamento superior: la nobleza. -15.

 

12 Demócratas constitucionalistas (en ruso, para abreviar se les llamaba kadetes, por las iniciales de este partido: k(onstitulsionno)-d(emokratícheskaya): afi­liados al Partido Demócrata Constitucionalista, partido principal de la burguesía imperialista en la Rusia zarista. Se fundó en octubre de 1905 con elementos de la burguesía liberal monárquica, terratenientes liberales e intelectuales burgueses que se encubrían con falsas frases democrá­ticas para ganarse al campesinado. Los demócratas constitucionalistas propugnaban la conservación del régimen monárquico, consideraban su principal objetivo la lucha contra el movimiento revolucionario y aspira­ban a que el zar y los terratenientes feudales compartieran con ellos el poder. Su programa agrario admitía la posibilidad de que fuese ena-

 

 

 

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NOTAS                                                     703

jenada una parte de las tierras de los latifundistas para entregársela a los campesinos me-diante rescate, como resultado de lo cual estos últimos deberían pagar por la tierra precios exorbitantes.

 

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), los demócratas cons­titucionalistas apo-yaron activamente la política exterior anexionista del Gobierno del zar. En la Revolución Democrática Burguesa de Febrero de 1917 trataron de salvar la monarquía. Desde el Gobierno provisional burgués, aplicaron una política antipopular, contrarrevolucionaria con­veniente a los imperialistas franceses, ingleses y norteamericanos. Después de triunfar la Revolución Socialista de Octubre de 1917, los demócratas constitucionalistas actuaron corno enemigos irreconciliables del Poder soviético y participaron en todas las acciones contrarrevolucionarias armadas y en las campañas de los intervencionistas extranjeros. -15.

 

13 Octubristas (o Unión del 17 de Octubre) : partido organizado en Rusia des­pués de pu-blicarse el Manifiesto del 17 de octubre de 1905, en el que el zar, asustado por la revolución, prometió dar al pueblo las bases incon­movibles de las libertades cívicas. Este partido representaba y defendía los intereses de los grandes industriales y de los terratenientes que explo­taban su hacienda con métodos capitalistas. Lo encabezaban A. I. Guch­kov, conocido industrial y propietario de casas de Moscú, y M. V. Rod­zianko, gran latifundista. Los octubristas apoyaban sin reservas la política interior y exterior del Gobierno zarista, del que entraron a formar parte en el otoño de 1906. -15.

 

14 Duma de Estado: institución representativa que el Gobierno zarista se vio obligado a convocar a raíz de los acontecimientos revolucionarios de 1905. Formalmente, la Duma de Estado era un organismo legislativo; pero, en la práctica, carecía de todo poder efectivo. Las elecciones a la Duma no eran directas, ni iguales, ni generales. Los derechos electorales de las clases trabajadoras y de las naciones no rusas que poblaban Rusia hallábanse fuerte-mente restringidos, y una parte considerable de los obreros y campesinos carecían de todo derecho electoral. La I Duma de Estado (abril julio de 1906) y la II (febrero-junio de 1907) fueron disueltas por el Gobierno zarista. El 3 de junio de 1907, el Gobierno dio un golpe de Estado y promulgó una nueva ley electoral, que restringió aún más los derechos de los obreros, de los campesinos y de la pequeña bur­guesía urbana, y aseguró el dominio pleno del bloque reaccionario de los latifundistas y los grandes capitalistas en la III Duma de Estado. Infrin-giendo el Manifiesto del 17 de octubre de 1905, el Gobierno zarista abolió los derechos constitucionales, juzgó a los componentes de la minoría socialdemócrata de la II Duma y los deportó condenados a tra­bajos forzados. -16.

 

15 Socialistas populares: miembros del Partido Socialista Popular del Trabajo, formado en 1906 con elementos separados del ala derecha del partido

 

 

 

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eserista. Los socialistas populares reflejaban los intereses de los kulaks, propugnaban la nacionalización parcial de la tierra de los latifundistas con indemnización y su distribución entre los campesinos de acuerdo con la llamada norma de trabajo. Eran partidarios del bloque con los demó­cratas constitucionalistas. Después de la Revolución Democrática Burguesa de Febrero de 1917, el Partido Socialista Popular colaboró en el Gobierno provisional burgués. Triunfante la Revolución Socialista de Octubre, los socialistas populares participaron en complots contrarrevolu­cionarios y levantamientos armados contra el Poder soviético. -17.

 

16 Trudoviques (Grupo del Trabajo): grupo de demócratas pequeñoburgueses en la Duma de Estado, formado en abril de 1906 por diputados campesinos e intelectuales de orientación populista.

 

Los trudoviques reivindicaban la abolición de todas las restricciones estamentales y na-cionales, la democratización de la administración de los zemstvos y de las ciudades y el sufragio universal para las elecciones a la Duma de Estado. El programa agrario de los trudoviques propugnaba la entrega de la tierra de los latifundistas a los campesinos y la aplicación del principio populista de usufructo igualitario laboral del suelo con repartos sistemáticos de la tierra según el número de bocas o de miem­bros de la familia aptos para el trabajo.

 

En la Duma de Estado, los trudoviques vacilaban entre los demócratas constitucionalistas y los bolcheviques. Estas vacilaciones obedecían a la misma naturaleza de, clase de los campesinos como pequeños propietarios. Pero, teniendo en cuenta que los trudoviques representaban a las masas campesinas, los bolcheviques seguían en la Duma la táctica de establecer acuerdos con ellos en cuestiones concretas para luchar en común contra los demócratas constitucionalistas y la autocracia zarista. En 1917, el Grupo del Trabajo se fusionó con el Partido Socialista Popular y apoyó activamente al Gobierno provisional burgués. Después de la Revolución Socialista de Octubre los trudoviques actuaron al lado de la contrarrevo­lución burguesa. -17.

 

17 Molchalinismo: sinónimo de servilismo y adulación. Tiene su origen en el nombre de Molchalin, personaje de la comedia de A. S. Griboédov La desgracia de tener demasiado ingenio. -17.

 

18 En la primera edición de El desarrollo del capitalismo en Rusia (1899), este capítulo se titulaba Referencia a la teoría. -21.

 

19 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, págs. 187-188.

 

En todo el libro, Lenin utiliza en sus referencias a El Capital la edición alemana (primer tomo, segunda edición de 1872; segundo tomo, edición de 1885, y tercer tomo, edición de 1894) y da todas las citas en traduc­ción propia. -22.

 

 

 

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20 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 187. -24.

 

21 Aquí y en adelante las páginas del primer tomo de la edición alemana de El Capital de C. Marx se dan en su segunda edición. En la mayoría de los casos, Lenin lo señaló con la anotación: I2. Véase la pág. 178 y otras del presente volumen. -27.

 

22 C. Marx El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, págs. 755, 757. -27.

 

23 Sobrevalor: plusvalía (Mehwert, según Marx). En las obras de los años 90 Lenin usaba el término sobrevalor a la par que plusvalía. Más tarde usó solamente el término plusvalía. -28.

 

24 Lenin menciona los nombres de los representantes principales del mar­xismo legal.

 

Marxismo legal: corriente sociopolítica surgida en Rusia en los años 90 del siglo pasado entre los intelectuales burgueses liberales. Struve, Bul­gákov, Tugán-Baranovski y otros, que se declaraban partidarios del mar­xismo, criticaron el populismo en la prensa legal. Pero los marxistas legales tomaban de la doctrina de Marx únicamente la teoría de la sus­titución inevitable de la formación socioeconómica feudal con la capitalista, rechazando por completo el alma revolucionaria del marxismo: la doctrina que proclama la muerte ineluctable del capitalismo, la revo­lución socialista, la transición al socialismo y la dictadura del proleta­riado. Posteriormente, los marxistas legales se hicieron enemigos del marxismo y dirigentes del Partido Demócrata Constitucionalista bur­gués. -30.

 

25 Aquí y en adelante la Nota a la segunda edición es de Lenin. Estas notas las escribió al prepararse la segunda edición del libro (1908). Las notas de la Editorial a la presente edición van señaladas con Ed. -30.

 

26 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, pág. 534. -31.

 

27 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras,. t. 24, pág. 420. -35.

 

28 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 604. -35.

 

La expresión Enviar de Poncio a Pilatos significa repetir una misma acción porque estos dos nombres son de una sola persona. Poncio Pilatos (Pontius Pilatus): gobernador romano de Judea en los años 26-36 de nuestra era. -35.

 

29 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 604, Notas. -36.

 

 

 

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30 Véase C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, págs. 210-212. -36.

 

31 Véase C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, págs. 408-409. -37.

 

32 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, pág. 444. -39.

 

33 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, págs. 394-596. -43.

 

34 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte I, pág. 335. -44.

 

35 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, pág. 497. -45.

 

36 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, pág. 356. -46.

 

37 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte I, pág. 268. -46.

 

38 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte I, pág. 274. -47.

 

39 El folleto de E. Bernstein Premisas del socialismo y objetivos de la socialdemo­cracia, que revisaba el marxismo revolucionario en el espíritu del reformismo burgués, apareció en 1899, y Lenin lo recibió hallándose en el destierro, ya después de publicarse la primera edición de El desarrollo del capitalismo en Rusia. Por ello, las observaciones críticas de Lenin acerca de las tesis oportunistas de Bernstein sólo pudieron ser incluidas en la segunda edición del libro.

 

Lenin califica a Bernstein de famoso a lo Eróstrato. Eróstrato fue un griego de la antigua ciudad de Efeso en el Asia Menor; según la tradición, en el año 356 a. n. e. incendió el templo de Artemisa en Efeso, una de las siete maravillas del mundo, únicamente para in­mortalizar su nombre. El nombre de Eróstrato se hizo genérico para los ambiciosos dispuestos a cometer un delito con tal de alcanzar la celebridad. -47.

 

40 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pag. 26. -47.

 

41 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte I, pág. 335. -48.

 

 

 

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42 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 412.

 

La observación de Lenin acerca de los errores en la traducción rusa de El Capital se refiere a la traducción de N. F. Danielson (1896). -50.

 

43 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, prólogo de Engels. -52.

 

44 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, págs. 409-410. -54.

 

45 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 414. -54.

 

46 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, págs. 400-421. -54.

 

47  Zemstvo: así se llamaba la administración autónoma local encabezada por la nobleza en las provincias centrales de la Rusia zarista. Fue instituida en 1864. Sus atribuciones estaban limitadas a los asuntos económicos pu­ramente locales (construcción de hospitales y caminos, estadística, seguros, etc.).

 

Censos estadísticos délos zemstvos por haciendas: estudios de las haciendas campesinas que hacían los organismos de estadística de los zemstvos. Estos censos, que se efectuaban principalmente para establecer los impuestos, obtuvieron gran difusión en los años 80 del siglo XIX. Los censos por haciendas proporcionaban abundantes datos, que se publicaban en recopilaciones estadísticas por distritos y provincias. Sin embargo, era frecuente que los funcionarios de estadística de los zemstvos, entre los que predominaban los populistas, elaborasen de un modo tendencioso los datos y los clasificasen incorrectamente, con lo que hacían perder su valor en grado considerable.

 

Lenin estudió afondo, comprobó minuciosamente y clasificó los datos de la estadística de los zemstvos. Efectuó cálculos, confeccionó resúmenes y tablas, agrupó científicamente los datos acerca de las haciendas campe campe­sinas e hizo un análisis marxista de ellos. Aprove-chando el abundante material de la estadística de los zemstvos, Lenin refutó los esquemas in­ventados por los populistas y mostró el cuadro real del desarrollo econó­mico de Rusia. Utilizó con gran amplitud en sus obras, principalmente en El desarrollo del capitalismo en Rusia, los datos estadísticos de los zemstvos. -61.

 

48 Novorrossia: denominación que se daba en tiempos del zarismo a la parte esteparia meridional de la Rusia europea. -61.

 

49 Lenin analizó circunstanciadamente el libro de V. E. Póstnikov La hacienda campesina en el sur de Rusia en uno de sus primeros trabajos Nuevos

 

 

 

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cambios económicos en la vida campesina, incluido en el primer tomo de las Obras Completas. En dicho volumen se publican también las glosas de Lenin al libro de Póstnikov. -61.

 

50 Tierra de nadiel: tierra que se dejó a los campesinos en usufructo al abo­lirse la servidumbre en Rusia en 1861; era propiedad de la comunidad y se entregaba en usufructo a los campesi-nos mediante redistribuciones periódicas. -64.

 

51 El título completo de esta publicación es: Reopilación de datos estadísticos de la provincia de Táurida. Cuadros estadísticos sobres la situación económica de los pueblos del distrito de Melitópol. Suplemento al 1 tomo de la recopilación. Semferópol. 1885. -66.

 

52 Varones inscritos en el censo: población masculina de la Rusia del régimen de la servi-dumbre, que estaba sujeta a un impuesto de capitación inde­pendientemente de la edad y la aptitud para el trabajo (especialmente los campesinos y la clase media urbana). Era registrada en censos espe­ciales (las llamadas revisiones), que se hacían en Rusia a partir de 1718; la décima y última revisión tuvo lugar en 1857-1859. De confor­midad con el número de personas inscritas en este censo, en varias zonas se efectuaban redistribuciones de tierra dentro de las comunidades rurales. -98.

 

53 Los datos de este cuadro se refieren al distrito de Krasnoufimsk. -107.

 

54 Tierra gentilicia usurpada: en Siberia, tierra usurpada sobre todo por los campesinos ricos, de la que disponían plenamente: podían regalarla, ven­derla y transmitirla por herencia de una generación a otra. -124.

 

55 Censos militares de caballos: recuento del número de caballos útiles para el ejército en caso de movilización. Se hacían en la Rusia zarista, por lo general, cada seis años. Estos censos tenían el carácter de una inspección completa de las haciendas campesinas. Lenin utilizó en su libro los datos de estos censos al estudiar la diferenciación del campesinado. 142.

 

56 Así se titula un trabajo del populista liberal V. P. Vorontsov (V. V.), aparecido en 1892.-147.

 

57 Trabajos de la comisión investigadora de las industrias kustares en Rusia, men­cionados aquí y más adelante, constituyen una obra de 16 tomos, apare­cida en fascículos de 1879 a 1887. Dicha comisión (denominada en forma abreviada comisión kustar) se formó en 1874 adjunta al Consejo de Comercio y Manufacturas. Los datos publicados en los Trabajos de la comisión fueron reunidos, principalmente, por colaboradores locales.

 

 

 

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Lenin, que estudió detenidamente estos trabajos, extrajo de ellos nume­rosos datos y hechos que mostraban el desarrollo de las relaciones capitalistas en las industrias kustares. -152.

 

58 Lenin incluye también en esta columna los ingresos procedentes de la fruticultura y la ganadería. -154.

 

59 Lenin se refiere a la discusión del informe del catedrático A. I. Chuprov sobre el tema Influencia dejas cosechas y de los precios del trigo en diversos aspectos de la vida económica, presentado en la Sociedad Económica Libre el 1 de marzo de 1897. -158.

 

60 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 377. -158.

 

61 La comunidad (agraria) en Rusia era una forma de usufructo conjunto de la tierra por los campesinos; se caracterizaba por la rotación de cultivos obligatoria y la indivisibilidad de los bosques y pastizales. La peculiari­dad principal de la comunidad agraria rusa era la caución solidaria: res­ponsabilidad colectiva obligatoria de los campesinos por el pago puntual y completo de los impuestos y por el cumplimiento de toda clase de pres­taciones en favor del Estado y de los terratenientes. En la comunidad se redistribuía sistemáticamente la tierra entre los campesinos, los cuales no podían negarse a aceptarla y tenían prohibida su compra y venta.

 

La comunidad existía en Rusia desde tiempos inmemoriales, y en el proceso del desarrollo histórico se convirtió paulatinamente en un puntal del régimen de la servidumbre. Los terratenientes y el Gobierno zarista la aprovechaban para arrancar tributos e impuestos a los campesinos. Lenin señalaba que la comunidad, sin preservar de la proletarización al cam­pesino, desem-peña de hecho el papel de barrera medieval que divide a los campesinos, encadenados, en efecto, a pequeñas uniones y a 'cate­gorías' que han perdido toda razón de ser.

 

El problema de la comunidad originó calurosas discusiones y dio vida a una abundante literatura económica. Los populistas, sobre todo, dedi­caron mucha atención a la comunidad. Mediante una selección tenden­ciosa de los hechos, intentaron demostrar que la comunidad en Rusia tenía una estabilidad singular, protegía a los campesinos contra la penetración de las relaciones capitalistas en su modo de vida, los salva; a de la ruina y de la diferenciación en clases y, en fin de cuentas, les conduciría al socialismo. Ya en los años 80 del siglo XIX, G. V. Plejanov demostró la falta de base de las ilusiones populistas respecto al socialismo comu-nal. En los años 90, Lenin refutó hasta el fin las teorías populistas. Basándose en multitud de hechos y datos estadísticos, mostró cómo se desarrollaban las relaciones capitalistas en el campo ruso y cómo el capital, al penetrar en la comunidad patriarcal, dividía desde

 

 

 

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dentro al campesinado en clases antagónicas: kulaks (burguesía rural) y campesinos pobres.

 

En 1906, el ministro zarista Stolipin promulgó una ley por la que se autorizaba a los campesinos a salir de la comunidad y a vender sus nadieles. En los nueve años que siguieron a la promulgación de esta ley -con la que se dio comienzo a la supresión del régimen de la comunidad en el campo y se acentuó la diferenciación del campesinado- aban­donaron las comunidades más de dos millones de familias campesinas. -159.

 

62 Se trata de la reforma agraria de Stolipine orientada a crear un firme puntal del zarismo en el campo: los kulaks. El 9 (22) de noviembre de 1906 se publicó un ucase del zar, por el que se permitía a los campesinos salir de la comunidad y tomar en propiedad privada su nadiel. Des­pués de ser aprobado con algunas modificaciones por la Duma y el Con­sejo de Estado, este ucase recibió el nombre de Ley del 14 de junio de 1910. En virtud de esta ley stolipiniana (el presidente del Consejo de Ministros era a la sazón P. A. Stolipin), el campesino podía separarse de la comunidad, tomar en propiedad su nadiel y venderlo. La comunidad estaba obligada a asignar a los campesinos que la abandonaban tierra en un mismo sitio (caserío, coto). La reforma de Stolipin intensificó el proceso de desarrollo del capitalismo en la agricultura y de diferenciación del campesinado y agudizó la lucha de clases en el campo.

 

Lenin dio su caracterización y valoración de la reforma agraria stoli­piniana en varios trabajos, particularmente en El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905-1907. -160.

 

63 Las expresiones cuarto de caballo y quebrado estadístico viviente pertenecen al escritor Gleb Uspenski; están tomadas de sus ensayos Cifras vivas. -163.

 

64 El hambre de 1891, que afectó con fuerza singular a las provincias orien­tales y sudorientales de Rusia, rebasó por su magnitud todas las tempo­radas de hambre precedentes y provocó la ruina en masa de los campesinos, con lo que aceleró el proceso de creación del mercado interior y el desarrollo del capitalismo en Rusia. Engels habló de ello en el artículo El socialismo en Alemania y en las cartas a N. F. Danielson, fechadas el 29 de octubre de 1891, el 15 de marzo y el 18 de junio de 1892.-170.

 

65 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 513-514.-178.

 

66 Comisión Valúev: comisión para el estudio de la situación en la agricul­tura en Rusia, que presidió el ministro zarista P. A. Valúev. En 1872 y 1873, la comisión reunió abundantes datos sobre la situación de la agricultura en la Rusia posterior a la Reforma: informes de goberna­dores, declaraciones y testimonios de terratenientes, mariscales de la no­bleza, consejos de los zemstvos y administraciones de los subdistritos, co-

 

 

 

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merciantes en cereales, sacerdotes rurales y kulaks, sociedades de estadística y agrícolas e instituciones diversas relacionadas con la agricultura. Estos materiales fueron publicados en el libro Informe de la comisión instituida por Su Majestad para el estudio de la situación actual de la agricultura y de la produc­ción agrícola en Rusia (San Petersburgo, 1873). -178.

 

67 Campesinos dárstvennie o dársteenniki: parte de los ex siervos de los te­rratenientes que, al efectuarse la Reforma de 1861, recibieron de estos últimos gratis (sin rescate) un misérrimo nadiel, equivalente sólo a la cuarta parte del nadiel superior o de ucase, es decir, del asignado por la ley a los campesinos de la localidad correspondiente. La parte res­tante, la mayor, del nadiel que correspondía al campesino se la apro­piaron los terratenientes, que siguieron sojuzgando a sus campesinos dárstvennie sin, tierra incluso después de ser abolida la ser-vidumbre. El nadiel dárstvenni (regalado) fue denominado entre el pueblo cuar­terón, de huérfano, gatuno y de Gagarin (según el nombre del príncipe P. P. Gagarin, autor del proyecto de ley sobre los nadieles dárstvennie). -184.

 

68 Triojdnéaniki: una de las categorías de obreros asalariados agrícolas que poseían tierra de nadiel y una hacienda pobre; eran jornaleros que se veían obligados a trabajar durante todo el verano en la finca del kulak o del terra­teniente tres días a la semana en condiciones leoninas: a cambio de grano o de una mísera suma (20 ó 30 rublos). Este tipo de obrero agrí­cola con nadiel estaba especialmente difundido en las provincias norocci­dentales de la Rusia zarista. -184.

 

69 Territorio de Ostsee: territorio del Báltico de la Rusia zarista, que com­prendía las provincias de Estlandia, Curlandia y Liflandia. En la actuali­dad es el territorio de las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Letonia y Estonia. -185.

 

70 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, págs. 174-175. -189.

 

71 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte I, págs. 360-364; parte II, págs. 142-146, 158-159. -189.

 

72 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 143. -189.

 

73 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25,1 parte I, pág. 364. -189.

 

74 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte I, pág. 361. -190.

 

 

 

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75 Los primeros seis apartados de este capítulo se publicaron al principio en el núm. 3 de la revista Nachalo (El Comienzo), en marzo de 1899, como artículo titulado Desplazamiento de la hacienda basada en la prestación personal por la hacienda capitalista en la agricultura contemporánea de Rusia. El artículo iba acompañado de la siguiente nota de la Redacción: El presente ar­tículo es un fragmento de un gran estudio del autor sobre el desarrollo del capitalismo en Rusia. -197.

 

76 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 353. -199.

 

77 Tierras recortadas o recortes: tierras arrebatadas (recortadas) por los terratenientes a los campesinos al ser abolido el régimen de la servi­dumbre en Rusia en 1861. -200.

 

78 Campesinos en dependencia temporal: antiguos campesinos siervos de los terra­tenientes que, incluso después de ser abolido el régimen de la servi­dumbre en 1861, seguían sujetos a diversas cargas (tributos o prestación personal) en favor del terrateniente por el usufructo del nadiel. El estado de dependencia temporal duraba hasta que el campesino, con la conformidad del latifundista, adquiría en propiedad su nadiel mediante el pago de rescate. El paso al rescate se hizo obligatorio para los latifundistas sólo en 1881, en virtud de un ucase que estipulaba el cese de las relaciones de dependencia de los campesinos respecto a los terra­tenientes a partir del 1 de enero de 1883. -200.

 

79 Laboreo de círculos: una de las formas de pago en trabajo y de arriendo leonino de la  tierra de los latifundistas por los campesinos en la Rusia posterior a la Reforma. De este modo, el campesino se comprometía -por dinero, por un préstamo en invierno o por la tierra tomada en arriendo- a cultivar con sus propios aperos y sus caballos un círculo, es decir, una deciatina de siembra de primavera, otra de otoño y, a veces, otra de prado. -207.

 

80 Pago por hacinas (skópschina): denominación que se daba en las zonas meri­dionales de la Rusia zarista al arriendo leonino pagado en especie; el arrendatario entregaba al dueño de la tierra, según las hacinas, una parte de la cosecha (la mitad y, a veces, más de la mitad) y, además, una parte de su trabajo en -forma de diversos pagos en trabajo. -210.

 

 

81 Truck-system: sistema de pago del salario a los obreros con mercancías y víveres de las cantinas fabriles, pertenecientes a los fabricantes. En vez de abonar el salario a los obreros, los fabricantes les obligan a adquirir en estas cantinas artículos de uso y consumo de mala calidad y a precios elevados. Este sistema, que es un medio suplementario de explotación de los obreros, estaba singularmente extendido en Rusia en las zonas de in­distrias kustares. -211.

 

 

 

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82 Smerds: campesinos en dependencia feudal de la antigua Rusia (siglos IX-XIII), que cumplían la prestación personal en las haciendas de los señores laicos o eclesiásticos o les pagaban un tributo.

 

Rússkaya Pravda: primer código escrito de leyes y disposiciones de los príncipes de la antigua Rus (siglos XI-XII). La misión de los artículos de Russkaya Pravda era defender la propiedad feudal y la vida de los señores feudales. Estos artículos evidencian que en la antigua Rusia existía una encarnizada lucha de clase del campesinado enfeudado contra los explotadores. -214.

 

83 Actas taquigráficas de los debates del 1 y 2 de marzo de 1897 se publi­caron en los Trabajos de la Sociedad Económica Libre, 1897, núm. 4.

 

Sociedad Económica Libre Imperial: primera sociedad económica científica en Rusia. Se fundó en 1765 en San Petersburgo con objeto, como se seña­laba en sus Estatutos, de difundir en el Estado conocimientos útiles para la agricultura y la industria. Tenía tres secciones: 1) agricultura; 2) producciones agrícolas técnicas y mecánica agrícola, y 3) estadística agrí­cola y economía política. La SEL agrupaba a científicos de entre la no­bleza liberal y la burguesía; hacía investigaciones por medio de cues­tionarios, enviaba expediciones para estudiar las diferentes ramas de la economía nacional y las regiones del país y editaba periódicamente los Trabajos de la SEL, en los que se publicaban los resultados de las investi­gaciones y los textos taquigráficos de los informes y debates en las sec­ciones de la sociedad. -223.

 

84 Oblómov: personaje central de la novela del mismo título del escritor ruso I. A. Goncharov. Tipo de terrateniente, noble, que se distinguía por la abulia más completa, la inactividad y la pereza extrema. -229.

 

85 Píndaro: poeta lírico de la Grecia antigua, que glorificaba en sus odas a los vencedores en los juegos deportivos. El nombre de P'mdaro se ha hecho genérico para los alabadores sin medida. Marx llamó Píndaro de la fábrica capitalista al economista inglés Ure, apologista del capitalismo. -246.

 

86 Comisión 2véguintsev: fue formada en 1894, adjunta al Departamento de los Zemstvos del Ministerio del Interior, con el fin de estudiar medidas para ordenar las ocupaciones fuera de la hacienda propia y regular la migración de obreros agrícolas. -256.

 

87 C. Marx. El Capital. C. Marx x F. Engels. Obras, t. 25, parte II, págs. 315-316. -274.

 

 

 

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87a C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, págs. 223-254. -275.

 

88 Res fungibilis (cosa fungible): antiguo término jurídico, conocido ya en el Derecho Romano. Se llaman cosas fungibles a las que en los contratos se determinan simplemente por el número o la medida (tantos puds de centeno, tantos ladrillos).

 

Civilista: aplicase al jurista que con preferencia se dedica a asuntos civiles. -287.

 

89 En la Rusia zarista, Ucrania se denominaba oficialmente Malorrossia (Pequeña Rusia). -290.

 

90 Bérkovets: antigua medida rusa de peso, equivalente a unos 164 kg. -313.

 

91 Estudios y artículos económicos: primera recopilación de trabajos de Lenin, publicada en 1899 en San Petersburgo con el seudónimo de V. Ilín. Comprendía, entre otros, los siguientes artículos: Contribución a la caracteri­zación del romanticismo económico. El censo de las industrias kustares de la provin­cia de Perm y Perlas de la proyectomanía populista. -322.

 

92 Se alude a las provincias de San Petersburgo y Moscú. -331

 

93 C. Marx. El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 8, págs. 207-208. -340.

 

94 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 678. -346.

 

95 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, pág. 355. -346.

 

96 C. Marx. El Capital. C Marx y F. Engels. Obras, t. 23, págs. 705, 657. -347.

 

97 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, pág. 274. -348.

 

98 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, pág. 272. -348.

 

99 Propiedad del clan: se refiere a este tipo de propiedad entre los pueblos celtas. -349.

 

100 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, págs. 166 y 372. -349.

 

 

 

714

101 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte I, pág. 135. -351.

 

102 Lenin se refiere al artículo de Engels El problema campesino en Francia y en Alemania, publicado en el núm. 10 de la revista socialdemócrata alemana Die Neue Zeit, de 1894-1895.

Los discípulos franceses: denominación que se daba, para eludir la censu­ra, a los marxistas (en el mencionado trabajo Engels los llama socialistas franceses de tendencia marxista). -352.

 

103 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 372. -353.

 

104 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 378. -353.

 

105 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, págs. 166-167. -354.

 

106 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 281. -355.

 

107 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 282. -355.

 

108 Antrag Kanitz: propuesta de Kanitz. En 1894-1895, Kanitz, representante de los agrarios, propuso al Reichstag alemán que el Gobierno se encargase de comprar todo el grano impor-tado del extranjero y de venderlo a precios medios. La proposición fue rechazada por el Reichstag. -356.

 

109 Manílov: personaje de la obra de N. V. Gógol Las almas muertas. Prototipo del soñador abúlico, fantaseador huero y charlatán ocioso. -381.

 

110 M. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 333. -382.

 

111 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 334. -383.

 

112 Batihojas: operarios que reducen a finas láminas diversos metales (oro, plata, estaño, cobre, etc.). En aquel tiempo, estas láminas se utilizaban para decorar diversos objetos, particularmente los iconos y utensilios religiosos. -383.

 

113 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, págs. 346-347. -385.

 

 

 

715

114 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte I, caps. XVI, XVII y XX. -388.

 

115 Los kámushniki hacían adornos de cristal de distintos colores: collares, pendientes, etc. -400.

 

116 En el capítulo indicado del libro de Korsak De las formas de industria, etc. se menciona, entre los testimonios históricos, el canon del metropolita Kiprián al monasterio de Konstantín y Elena(año 1391), en el que se enumeran las prestaciones de los campesinos: debían ejecutar diversas faenas agrícolas en las tierras del monasterio (arar y sembrar, recoger la cosecha, segar el heno, trillar el centeno, cocer pan, fabricar cerveza, pes­car, etc.) y cumplir también otros trabajos, por ejemplo, hilar el lino que distribuya el abad en la aldea. Además, entre otras cargas que el dueño de la tierra imponía a los campesinos figuraba la de servir durante la recolección y en trabajos accesorios. -407.

 

117 Labriegos del Estado con tierras chetvertníe: categoría de antiguos cam­pesinos del Estado en la Rusia zarista, descendientes de militares de baja graduación, asentados en los siglos XV-XVII en la perife­ria del Estado de Moscovia. Por su servicio en la protección de las fronte­ras, los colonos (cosacos, tiradores, soldados) recibían en usufructo temporal o hereditario pequeñas parcelas de tierra que se medían por chétvert (media deciatina). A partir de 1719, los colonos empezaron a denominarse odnodvortsi (poseedores de un hogar). Gozaban de distintos privilegios y tenían derecho a poseer campesinos. A lo largo del siglo XIX, los odnodvortsi fueron paulatinamente igualados en derechos a los campesinos. De acuerdo con el Reglamento de 1866, las tierras de los odnodvortsi (tierras chetvertníe) se convirtieron en propiedad privada suya y pasaban por herencia a los miembros de la familia de los antiguos odnodvortsi (campesinos chetvertníe). -410.

 

118 Labriegos libres: categoría de campesinos liberados de la servidumbre en virtud de la ley del 20 de febrero de 1803, que autorizaba a los latifun­distas a dar libertad a los campesinos con tierra en las condiciones esta­blecidas por los primeros. -411.

 

119 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte I, págs. 367-368. -415.

 

120 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 381. -415.

 

121 Svetiolochniki, zaglodi, maestros intermediarios: dueños de locales que arren­daban a los fabricantes para instalar en ellos telares a mano. Ellos mismos trabajaban en dichos locales y, por contrato con los fabricantes,

 

 

 

716

asumían diversas funciones de intermediarios: calentaban y reparaban el local, proporcio-naban a los tejedores las materias primas necesarias para la producción de hilo, enviaban al fabricante la producción ya acabada y hacían de capataces encargados de vigilar a los obreros. -416.

 

122 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, págs. 354-363. -428.

 

123 C: Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, págs. 354-363. -429.

 

124 Mardasstsi: vecinos de un lugar llamado Mardás, situado en la parte nor­deste de la provincia de Vladimir. -439.

 

125 Se trata de los talleres de la industria del calzado: en los talleres de lim­piar se estiraba el calzado y se raspaba el cuero para limpiarlo; en los talleres de encolar o desvirar se fabricaba hule con las virutas de piel, que era utilizado en los tacones y las plantillas. -443.

 

126 Pistsovie knigui (catastro): documentos fundamentales en que se basaba la imposición de tributos a los vecinos de las ciudades, pueblos y aldeas. En el catastro se indicaba el carácter de las tierras y los bienes de los habi­tantes, se describían las calles, los poblados, monasterios, fortificaciones, etc. Era confeccionado en cada lugar por comisiones especiales de los orga-nismos centrales del país: Los catastros más antiguos en Rusia se remontan a fines del siglo XV, pero se han conservado en mayor número los del siglo XVII. -448.

 

 127 La ley del 2 de junio de 1897 estableció la jornada laboral de once horas y media (diez para los trabajos nocturnos) en las empresas industriales y los talleres ferroviarios. Hasta entonces, la jornada no estaba limitada en Rusia y llegaba a 14 y 15 horas, e incluso más. El Gobierno zarista se vio obligado a promulgar la ley del 2 de junio de 1897 bajo la presión del movimiento obrero dirigido por la organización leninista Unión de Lucha por la Emancipa-ción de la Clase Obrera. -451.

 

128 Industria de hilo de canutillo: fabricación de hilos finos dorados o plateados para los bordados. -453.

 

129 Hasta 1864 los armeros de Tula fueron siervos del fisco (del Estado) y vivían en barrios especiales (barrio de los herreros, etc.). Se dividían por gremios según la especialidad: había el gremio del cañón, de la caja del fusil, del cerrojo, de aparatos, etc. Para ejecutar trabajos auxiliares fueron adscritos a las fábricas de Tula los campesinos siervos de varias al­deas. Estos campesinos preparaban para los armeros carbón de madera, custodiaban los bosques adscritos a las fábricas y trabajaban en los patios fabriles. -458.

 

 

 

 

717

130 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, págs. 757-758. -468.

 

131 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte I, págs. 360-361. -476.

 

132 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, págs. 354–355. -477

 

133 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 490 y si­guientes; pág. 657 y siguientes. -483.

 

134 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 485. -493.

 

135 Manufactura patrimonial feudal: empresas pertenecientes a latifundistas en las que trabajaban campesinos siervos. Por un ucase de Pedro I, en 1721 se autorizó a los fabricantes surgidos de entre los comerciantes a comprar campesinos para trabajar en las fábricas. Estos obreros siervos adscritos a las empresas eran denominados campesinos de posesión. -510.

 

136 Sirgadores: obreros que desde la orilla de los ríos tiraban con sirgas (maromas) de las embarcaciones. -575.

 

137 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 657. -576.

 

138 Fábrica de los hermanos Jlúdov: Sociedad de la fábrica de hilaturas de Egórievsk de los hermanos A. y G. Jlúdov (la fábrica se encontraba en la ciudad de Egórievsk, provincia de Riazán). -582.

 

139 C. Marx. El Capital. C. Marx  y  F. Engels. Obras, t. 23, pág. 758. -585.

 

140 Last: medida de desplazamiento de los barcos mercantes, empleada en Rusia hasta comienzos del siglo XX. El last de volumen de desplazamiento equivalía a 5,663 m3, y el de peso, a cerca de dos toneladas. -604.

 

141 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 187. -613.

 

142 Sobakévich: personaje de la obra de N. V. Gógol Las almas muertas, proto­tipo de terrateniente grosero y codicioso. -644.

 

143 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 755. -645.

 

 

 

718

144 El señor Cupón: expresión gráfica empleada en los años 80 y 90 del siglo XIX en la literatura rusa para designar el capital y a los capitalistas. La expresión el señor Cupón la empleó por vez primera el escritor Gleb Uspenski en sus ensayos Pecados graves. -649.

 

145 Pokrut: forma de relaciones económicas en los arteles dedicados a la pesca y a la caza de animales marinos en el norte de Rusia. La palabra po­krut significa contratación para la caza o parte de la caza correspon­diente a cada miembro del artel. En dichos arteles, los instrumentos de producción eran propiedad del amo, que explotaba ferozmente a los obreros. El amo recibía habitualmente  2/3  de la caza, y los obreros, sólo 1/3. Además, los obreros se veían obligados a entregar su parte al amo a precios bajísimos y recibir su importe en mercancías, lo que era ex­traordinariamente desventajoso para ellos. -655.

 

146 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, Prólogo a la primera edición, t. 23, pág. 9. —657.

 

147 En el artículo Una crítica no crítica, Lenin responde a una reseña hostil del marxista legal P. Skvortsov sobre el libro El desarrollo del capitalismo en Rusia. Lenin empezó a escribir el artículo en enero de 1900, en la aldea de Shúshenskoe, durante las últimas semanas de destierro; N. K. Krúps­kaya informó de ello a M. A. Uliánova en una carta fechada el 19 de enero de 1900. El artículo quedó terminado en marzo, cuando Lenin había regresado ya del destierro, y vio la luz en la revista Naúchnoe Obo­zrenie (mayo junio de 1900). Fue el último artículo de Lenin publicado en la prensa legal rusa antes de su marcha al extranjero. -665.

 

148 Las palabras entre comillas (Chi-chi-kov, achís, achís, etc.) son una paráfrasis de un pasaje de Ensayos del período gogoliano de la literatura rusa, de N. G. Chernishevski. El análisis ingenioso de Las almas muertas podría escribirse de la siguiente manera. Después de estampar el título del libro, Las andanzas de Chíchikov o las almas muertas, empezar inmedia-tamente así: Las andanzas de iAchís!, iAchís!—kov (no piensen ustedes que he estornuda-do)... y etc., etc. Hace veinte años podían encontrarse lectores que consideraban esto ingenioso. -670.

 

149 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, pág. 133. -672.

 

150 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, págs. 122–123. -672.

 

151 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 24, pág. 534. -674

 

 

 

719

152 C. Marx. El Capital. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 23, pág. 363. -676.

 

153 El artículo de Lenin Algo más sobre la teoría de la realización se publicó con la firma de V. Il'n en el núm. 8 de la revista Naúchnoe Obozrenie, de agosto de 1899. -690.

 

154 El intento de abrir los ojos al público a la confusión del marxismo con la ciencia burguesa (crítica del struvismo y del marxismo legal), lo hizo Lenin en su trabajo El contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve (Reflejo del marxismo en la literatura burguesa). -692.

 

155 Un examen sistemático de esta corriente lo hizo Lenin en su obra Materialis­mo y empiriocriticismo. -692.

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

INDICE                                                                               807



I

 

 

EL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN RUSIA. Proceso

 de la formación del mercado interior para la gran industria                                            1-664

Prefacio a la primera edición                                                                                       5

Prefacio a la segunda edición                                                                                       13

Capítulo I. Errores teóricos de los economistas populistas                                          21-60

 

I. La división social del trabajo                                                                                  21

 

Aumento del número de ramas de la industria 21. – Creación del mercado interior

a consecuencia de la división social del trabajo 22. – Manifestación de este proceso

en la agricultura 22-23. – Concepciones de los economistas populistas 23-24.

 

II. Crecimiento de la población industrial a expensas de la agrícola                 24

 

Ligazón necesaria de este fenómeno con la naturaleza misma de la economía

mercantil y capitalista 24-25.

 

III. Ruina de los pequeños productores                                                                      25

 

La concepción errónea de los populistas 26. – Concepción del autor de El Capital

al particular 27.

 

IV. La teoría populista de la imposibilidad de realizar la plusvalía                                27

 

Esencia de la teoría de los señores V. V. y N. on; su carácter erróneo 27-30.

Equivocada inclusión del mercado exterior en el problema de la realización 29-31.

Valoración superficial de las contradicciones del capitalismo en los escritores

indicados 31-32.

 

V. Criterio de Adam Smith con respecto a la producción y circulación de todo

el producto social en la sociedad capitalista y crítica de este punto de vista por

Marx                                                                                                         32

 

A. Smith omite el capital constante 32-36. – Influencia de este error en la teoría de

la renta nacional 36-37.

 

VI. La teoría de la realización de Marx                                                                      38

 

Premisas fundamentales de la teoría de Marx 38-39. La realización del producto

 

806

 

 

 

 

807

en la reproducción simple 39-43. Conclusión principal de la teoría de la reali­zación

de Marx 43-44. Importancia del consumo productivo 44-45. – Contradic­ción entre

la tendencia al ascenso ilimitado de la producción y el carácter limitado del consumo

45-48.

 

VII. La teoría de la renta nacional                                                                              48

 

Proudhon 48-50. – Rodbertus 50-52. – Los economistas modernos 52. – Marx 52-54.

 

VIII. ¿Por qué necesita mercado exterior una nación capitalis­ta?                                 54

 

Causas de la necesidad del mercado exterior 54-57. – El mercado exterior y el

carácter progresivo del capitalismo 57.

 

IX. Conclusiones del primer capítulo                                                             58

 

Resumen de las tesis antes examinadas 57-59. – Esencia de la cuestión del

mercado interior 59-60.

 

Capítulo II. Diferenciación del campesinado.                                                  61-193

 

I. Datos estadísticos de los zemstvos de Novorrossia.                                     61

 

Grupos económicos del campesinado 61-63. La agricultura comercial y la com­pra-

venta de fuerza de trabajo 62, 64.- Grupo superior; concentración de la tierra 64-65,

del ganado de labor y de los aperos 65-66, la mayor productividad del trabajo 66-68.

– Consideraciones del Sr. V. V. acerca de la disminución del número de caballos

entre los campesinos 67-68. La contrata de braceros y consideraciones del Sr. V.

V. acerca de este fenómeno 68-70. – El grupo inferior de los campesinos; entrega de

la tierra en arriendo 70-72. – Grupo medio, su inestabilidad 72-74. – Los señores

V. V. y  Kárishev sobre el arriendo campesino 73-77. – Actitud de los populistas

hacia la investigación del Sr. Póst­nikov 78-79.

 

II. Datos estadísticos de los zemstvos de la provincia de Samara                                 79

 

Datos sobre la hacienda de los distintos grupos campesinos en el distrito de

Novoúzensk 79-82. – La posesión y el aprovechamiento de la tierra en los

distintos grupos 82-84. – El Sr. Kárishev sobre el arriendo y los precios de los

cereales 83. El trabajo asalariado; creación de mercado interior por la dife­renciación

de los campesinos 85-87. – El proletariado rural en la provincia de Samara 87-88.

 

III. Datos estadísticos de los zemstvos de la provincia de Sarátov                                88

 

Datos sobre la hacienda de los distintos grupos 88-89. – La contrata de brace­ros 90.

– Las industrias en la estadística de los zemstvos 90-91. – El arriendo 92-93.

– Consideraciones de los señales Kárishev, N.–on y Maress acerca del arriendo

 92-97. – Comparación del distrito de Kamishin con otros distritos 97-98.

– Importancia del problema relativo a la agrupación de los hogares campesinos

98-102.

 

IV. Datos estadísticos de los zemstvos de la provincia de Perm                                   102

 

Datos sobre la hacienda de los distintos grupos 102-105. – La contrata de braceros

y jornaleros y su significación 105-107. Abono de las tierras 107. Aperos

perfeccionados 107-108. – Empress comerciales e industriales 109-110.

 

V. Datos estadísticos de los zemstvos de la provincia de Oriol                         110

 

Datos sobre la hacienda de los distintos grupos 110-111. Carácter incompleto del

cuadro de la diferenciación de los campesinos según los datos de la provincia de

Oriol 111-113.

 

VI. Datos estadísticos de los zemstvos de la provincia de Vorónezh                 113

 

Los métodos de clasificación en las recopilaciones de Vorónezh 113. – Datas del

distrito de Zadonsk 114-115. – Las industrias 115-117.

 

 

 

 

808

VII. Datos estadísticos de los zemstvos de la provincia de Nizhni Nóvgorod    117

 

Datos sobre los grupos de haciendas para tres distritos 117-121.

 

VIII. Revista de los datos estadísticos de los zemstvos corres­pondientes a

otras provincias                                                                                                        121

 

Provincia de Nóvgorod, distrito de Demiansk 122-123.   Provincia de Chernígov,

distrito de Kozelets 123.-Provincia del Yeniséi 123-124.   Provincia de Poltava,

tres distritos 124-126.-Provincia de Kaluga 125-126.   Provincia de Tver 126-127.

 

IX. Resumen de los datos estadísticos de los zemstvos antes examinados,

Relativos a la diferenciación de los campesinos                                                          127

 

Procedimiento empleado para hacer el resumen 127-129. Cuadro sinóptico y

gráfico 130-133, entre 141 y 142. Examen de las distintas columnas del gráfico

134-141.   Comparación de las distintas zonas por el grado de diferencia­ción

141-142.

 

X. Datos globales de la estadística de los zemstvos y de los censos militares

de caballos                                                                                                               142

 

Datos de la estadística de los zemstvos sobre 112 distritos de 21 provincias

142-144. Datos de los censos militares de caballos relativos a  49 provincias

de la Rusia europea 145. Importancia de estos datos 146-147.

 

XI. Comparación de los censos militares de caballos de 1888-1891 y

1896-1900                                                                                                               148

 

Datos de  48 provincias de la Rusia europea 150. Ejercicios estadísticos de los  

señores Vijliáev y Chertlénkov 150.

 

XII. Datos estadísticos de los zemstvos sobre los presupuestos campesinos      151

 

Carácter de los datos y procedimientos de ordenación 151-153.-(A). Resultados

generales de los presupuestos 153-160.Magnitud de los gastos y los ingresos

153-154. Clasificación de los gastos 153-154. Clasificación de los ingresos

154-156. – Parte monetaria de los presupuestos 157-158. – Importancia de las

cargas 159-160. (B). Caracterización de la agricultura campesina 160-166.

Datos generales de las haciendas 160-161.-Bienes y aperos 161-163.Gastos

en la hacienda 163-164. Ingresos de la explotación de la tierra 164-165.Una

excepción aparente 165-166.   (C). Característica del nivel de vida 166-176.

– Gastos en especie para alimentación 166-167.   Gastos en dinero para

alimenta­ción 167. Gastos restantes para las necesidades personales 168.  Gastos

en dinero para el consumo personal y productivo 169. El Sr. N.-on sobre la capa

superior de los campesinos 170-171. Comparación del nivel de vida de los

campesinos y los obreros rurales 171-174. Procedimientos del Sr. Scherbina

174-176.

 

XIII. Conclusiones del II capítulo                                                                              176

 

Significación de la economía mercantil 176.1) Contradicciones capitalistas

dentro de la comunidad 176-177. 2) La descampesinización 178-179. 3)

Ca­racterística de este proceso en El Capital 179-181. 4) La burguesía campe­sina

181-182. 5) El proletariado rural. Tipo europeo del obrero rural con nadiel

182-186. 6) El campesinado medio 186. 7) Formación del mercado interior

para el capitalismo 186-187. 8) Incremento de la diferenciación: importancia de

la migración 187-188.-9) El capital comercial y usurario. Planteamiento de la cuestión

en la teoría. Vínculo de estas formas del capital con el capital industrial 188-191.-10)

El sistema de pago en  trabajo y su influencia en la diferenciación de los campesinos

191-193.

 

Capítulo III. Paso de los propietarios de tierra de la economía basada en la

prestación personal a la ca­pitalista                                                                             197-266

 

 

 

 

809

I. Rasgos fundamentales de la economía basada en la prestación personal                    197

 

Esencia del sistema de economía del régimen de servidumbre y sus condi­ciones

197-199.

 

II. Unión del sistema de economía basado en la prestación personal con el

capitalista                                                                                                                199

 

Los restos del viejo sistema después de la Reforma 199-200.-El sistema de pago en

trabajo y el capitalista 201-202; su difusión relativa 202-204.-Paso del sistema

basado en el pago en trabajo al capitalista 204.

 

III. Caracterización del sistema de pago en trabajo                                                     207

 

Tipos de pago en trabajo 207-208.-El arriendo natural y su significación 208-210.

El pago del trabajo en este sistema 210-213.La dependencia per­sonal en el

sistema de pago en trabajo 213-214. – Valoración general del pago en trabajo 214.

 

IV. Decadencia del sistema de pago en trabajo.                                                          215

 

Dos tipos de pago en trabajo 215-216.-Importancia de la diferenciación de los

campesinos 217-218.-Comentario del Sr. Stébut 219.-Comentarios en las obras

especiales 220-221.

 

V. Cómo abordan los populistas la cuestión                                                               221

 

Idealización de los pagos en trabajo 221-222.-Consideraciones del Sr. Kablu­kov

222-226.

 

VI. Historia de la hacienda de Engelhardt                                                                  226

 

Estado inicial de la hacienda y carácter de sus cambios graduales 226-231.

 

VII. Empleo de máquinas en la agricultura                                                                 231

 

Cuatro períodos en el desarrollo de la construcción de maquinaria agrícola 231-232.

Carácter incompleto de la estadística oficial 232-234. Datos acerca del empleo de

las distintas máquinas agrícolas 235-240.

 

VIII. Importancia de las máquinas en la agricultura                                       241

Carácter capitalista del empleo de las máquinas 241-243.-Resultados del empleo

de las máquinas 243-249.-Inconsecuencia de los populistas 249-250.

 

IX. El trabajo asalariado en la agricultura                                                                   250

 

Trabajos campesinos fuera de la hacienda propia 250-251, su importancia

250-252, sus proporciones 252-254.--Número de obreros agrícolas en toda la Rusia

europea 254-256.

 

X. Importancia del trabajo asalariado en la agricultura                                    256

 

Situación de los obreros agrícolas 256-257. Formas especiales de contrata 257-259.

– La situación de los obreros que trabajan para patronos pequeños y grandes 259-260.

– Gérmenes del control social 260-263. – Apreciación populista de los trabajos

agrícolas fuera de la localidad 263-266.

 

Capítulo IV. El incremento de la agricultura comercial                                              267-356

 

I. Datos generales de la producción agrícola en la Rusia posterior a la

 

Reforma y de los tipos de agricultura comercial                                                         267

Producción de cereales y patata en 1864-1866, 1870-1879, 1883-1887, 1885-1894

267-268.-Las siembras de patata y su importancia 268-270. Zonas de la agricultura

comercial 270-271.-Consideraciones del Sr. Kablukov 271-272.

 

II. Zona de la economía cerealista comercial                                                  272

 

Desplazamiento del centro principal de producción de cereales 272-273.

Importancia de las regiones periferias como colonias 273-274.-Carácter

capi­talista de la agricultura en esta zona 275-277.

 

 

 

 

 

810

III. Zona de la ganadería comercial. Datos generales del desarrollo de la

economía lechera                                                                                                     277

 

Importancia de la ganadería en las distintas zonas 277-281. – Cálculo de los señores

Kovalevski y Levitski 277-279. El desarrollo de la producción de queso 281-284.

– Falta de plenitud de los datos oficiales 281. – El progreso técnico 283-285.

 

IV. Continuación. La economía de la hacienda terrateniente en la zona descrita           285

 

Racionalización de la agricultura 285-286. – Los centros de recepción de leche y su

importancia 286-288. – Formación del mercado interior 288.-Afluencia de obreros

agrícolas a las provincias industriales 288-289. – Mayor regularidad en la distribución

de los trabajos el curso del año 289-292. – La depen­dencia de los pequeños agricultores

y criterio del Sr. V. V. acerca de ella 292-293.

 

V. Continuación. Diferenciación de los campesinos en la zona de la economía

lechera                                                                                                                     294

 

Distribución de las vacas entre los campesinos 294-296. – Detalles del distrito de San

Petersburgo 297-298. – Tendencias progresistas en la hacienda cam­pesina 299-300.

– Influencia de este progreso en los campesinos pobres 301-302.

 

VI. La zona de cultivo de lino                                                                       302

 

Crecimiento del cultivo de lino con fines comerciales 302-305. – Intercambio entre

las distintas clases de la agricultura comercial 305. – Los extremos en la zona del

lino 306-307. – Perfeccionamientos técnicos 307-308.

 

VII. Elaboración técnica de los productos agrícolas                                        308

 

Importancia del sistema fabril o técnico de la agricultura 308-309.

 

1) Destilación de alcohol                                                                                          309

 

Difusión de la destilación de alcohol en la agricultura 309-311. -Desarrollo de la

destilación de alcohol procedente de la patata y su importancia 311-313.

 

2) Producción de azúcar de remolacha                                                                       313

 

Incremento de la producción de remolacha 313-314.El progreso de la agri­cultura

capitalista 314-316.

 

3) Producción de fécula de patata                                                                              316

 

Su incremento 316-317. - Dos procesos en el desarro0i de esta industria 317-318.

–La industria del almidón en la provincia de Moscú 318-320 y en la de Vladimir

320-321.            .

 

4) Producción de aceite                                                                                             321

 

Doble proceso de su desarrollo 321. -Los productores de aceite kustares 322-323.

 

5) Cultivo del tabaco 323

 

VIII. La horticultura y la fruticultura industriales; la hacienda suburbana                            327

 

Incremento de la fruticultura 327-328 y la horticultura comerciales 328. – Los

campesinos hortelanos de las provincias de San Petersburgo, Moscú y Yaroslavl

329-331. – La industria de invernaderos 331.- El cultivo industrial de cucurbi­táceas

331-333. – La hacienda suburbana y sus peculiaridades 333-334.

 

IX. Conclusiones sobre la importancia del capitalismo en la agricultura rusa     334

 

1) La transformación de la agricultura en empresa 334-336. – 2) Peculiaridades del

capitalismo en la agricultura 336. – 3) Formación del mercado interior

 

 

 

 

 

811

para el capitalismo 337.-4) Papel histórico progresivo del capitalismo en la agricultura

rusa 337-343.

 

X. Teorías populistas del capitalismo en la agricultura. La desocupación

de la temporada de invierno                                                                                      343

 

Estrechez y carácter banal de esta teoría 343-344. Su omisión de aspectos

importantísimos del proceso 344-349.

 

XI. Continuación. – La comunidad. – Opiniones de Marx acerca de la pequeña

agricultura. – Criterio de Engels sobre la crisis agrícola contemporánea                       349

 

Desacertado planteamiento de la cuestión de la comunidad en los populistas

349-351. – Su incomprensión de un pasaje de  El Capital 351-352. – Valoración

de la agricultura campesina en Marx 352-353. – Su valoración del capitalismo en la

agricultura 353-354. – Desafortunada cita del Sr. N. - on 354-356.

 

Capítulo V. Las primeras fases del capitalismo en la industria                         357-413

 

I. La industria doméstica y los oficios artesanos                                                         357

 

Restos de la industria doméstica 357. – Grado de difusión del artesanado 358-359,

sus rasgos fundamentales 359-360.

 

II. Los pequeños productores de mercancías en la industria. El espíritu

gremial en las pequeñas industrias                                                                             360

 

Paso del artesanado a la producción mercantil 360-361. -Temor a la compe­tencia

362-364.

 

III. Crecimiento de las pequeñas industrias después de la Refor­ma. Las dos

formas de este proceso y su significación                                                                   364

 

Causas del crecimiento de las pequeñas industrias 364-365. – Marcha de los

industriales a las zonas periféricas 365-366. – Incremento de las pequeñas

in­dustrias en la población local 366-369. -Desplazamiento del capital 369-370.

– Ligazón del crecimiento de las pequeñas industrias con la diferenciación de

los campesinos 370-371.

 

IV. La diferenciación de los pequeños productores de mercancías. Datos de

los censos de kustares por hogar en la provincia de Moscú                                          371

 

Planteamiento de la cuestión 37I-372. – Modo de ordenar los datos 372-374. – Cuadro

sinóptico y gráfico 375, entre 374 y 375. Conclusiones: El trabajo asalariado 374-377,

el rendimiento del trabajo 377-378, los ingresos 379-380. – Régimen pequeñoburgués

de las industrias kustares 381.

 

V. La cooperación capitalista simple                                                              381

 

Su importancia e influencia en la producción 381-385. – Los arteles 385-386.

 

VI. El capital comercial en las pequeñas industrias                                     386

 

Condiciones que engendran al mayorista 386-388. – Las mercaderes en la industria

encajera 389-391. Ejemplos de organización de la venta 391-394. – Puntos de vista

de los populistas 393-394. – Formas de capital comercial 395-396.

 

VII. La industria y la agricultura                                                                               396

 

Datos del cuadro 396-398. – La agricultura basada en el empleo de obreros

asalariados 398-399. – Los trabajadores de la tierra 399-400. – Otros datos

sobre la industria y la agricultura 400-404. – Duración del período de trabajo

404-405. – Resumen 405-406.

 

VIII. La unión de la industria y la agricultura                                                 407

 

Teoría de los populistas 407. - Formas de unión de la industria y la agri­cultura y

su distinta significación 407-409.

 

IX. Algunas observaciones sobre la economía precapitalista de nuestra aldea   412

 

 

 

 

 

812

Capítulo VI. La manufactura capitalista y el trabajo capitalista a domicilio       414-489

 

I. Constitución de la manufactura y sus rasgos fundamentales                         414

 

Concepto de manufactura 414, su doble origen 414-415 y significación

415-416.

 

II. La manufactura capitalista en la industria rusa                                                       416

 

1) Industrias textiles                                                                                                 416

2) Otras ramas de la industria textil. La producción de fieltro                          420

3) La producción de sombreros, gorros, cáñamo y cuerdas                                          424

4) Producción de artículos de madera                                                             429

5) Transformación de productos animales. Curtido y peletería                         434

6) Otras ramas de la industria transformativa de pro­ductos animales                441

7) Las industrias transformativas de productos mine­rales                                            446

8) Industrias de artículos metálicos. Las industrias de Pávlovo                        447

9) Otras industrias de artículos metálicos                                                                   452

10) Joyería, producción de samovares y acordeones                                        455

 

III. La técnica en la manufactura. La división del trabajo y su importancia      461

 

La producción manual 461-462. el aprendizaje 461-462. La división del

trabajo como fase preparatoria para la gran industria maquinizada 462-465,

su influencia en los obreros 465.

 

IV. La división territorial del trabajo y la agricultura se separa de la industria   465

 

Opinión del Sr. Jarizoménov 466 Centros no agrícolas 467-468. Carácter

de transición de la manufactura 468-470. Ascenso del nivel cultural de la

población 469-470.

 

V. Régimen económico de la manufactura                                                                 470

 

Estado de la producción 470-471. -Comentario de los señores Ovsiánnikov

y Jarizoménov 471 y 472-473.

 

VI. El capital comercial y el industrial en la manufactura.

El mayorista y el fabricante                                                                                       473

 

Vínculos entre las empresas grandes y pequeñas 473-476.Error de los

po­pulistas 476.

 

VII. El trabajo capitalista a domicilio como apéndice de la manufactura                      476

 

Su difusión 476-477, sus rasgos distintivos 477-481, condiciones de su

difusión 481-482, su importancia en la teoría de la población excedente 482-484.

 

VIII. ¿Qué es la industria kustar?                                                                              484

 

Resumen de la estadística de los kustares 484-486. - Predominio de los obreros

ocupados de un modo capitalista 485-488. - Vaguedad del concepto kustar y

abuso de este término 488.

 

 

 

 

 

813

Capítulo VII. El desarrollo de la gran industria ma­quinizada   493-601

I. Concepto científico de fábrica y papel de la estadística fabril                                   493

 

II. Nuestra estadística fabril                                                                                      495

 

Sus fuentes 495-496.-Las publicaciones de los años 60 496-498. Carácter

especial de la Recopilación de estadística militar 498-500. La Guía del Sr.

Orlov 501-502.Las Recopilaciones del Departamento de Comercio y

Manufacturas 502-503. La Recopilación de datos de Rusia para 1884-85;

errores del Sr. Ká­rishev 503-505. Datos de los comités provinciales de

estadística 505-506. La Relación 506-507. ¿Aumenta el número de fábricas

en Rusia? 507-508.

 

III. Examen de los datos estadísticos históricos relativos al desarrollo de la

gran industria                                                                                                           508

 

1) Industrias textiles                                                                                                 508

2) Producción de artículos de madera                                                             515

3) Industrias químicas, de transformación de productos animales y de cerámica           516

4) Industrias metalúrgicas                                                                                         519

5) Industrias de productos alimenticios                                                                      520

6) Industrias gravadas con impuestos indirectos y restantes                             522

7) Conclusiones                                                                                                       525

 

IV. Desarrollo de la industria minera                                                             526

 

Los Urales, sus peculiaridades 526-530. El Sur 530-533.-El Caucaso

533-534.-Minas grandes y pequeñas en la cuenca del Donets 534-536.

Significación de los datos relativos a la industria minera 536-538.

 

V. ¿Aumenta el número de obreros en las grandes empresas capitalistas?                    538

 

Datos de 1865 y 1890 538-541.Método erróneo de los populistas 542-550.

 

VI. Estadística de los motores de vapor                                                                      550

 

Datos de 1875-1878 y 1892 550-552.

 

VII. Crecimiento de las grandes fábricas                                                                    552

 

Datos de 1866, 1879, 1890 y 1894-95 552-561.Las empresas mayores en

la industria fabril y en la minera 561-562.-Errores del Sr. N.-on 562-563.

 

VIII. Distribución de la gran industria                                                            564     

 

Datos de los centros más importantes de la industria fabril en 1879 y 1890

564-565.Tres tipos de centros 565-567.Clasificación de los centros 567-569.

Crecimiento de los centros fabriles rurales y su significación 569-571.

 

IX. Desarrollo de la industria maderera y de la industria de la construcción      571     

 

Incremento de la industria forestal 571-573; su organización 573-577.

Incre­mento del capitalismo en la industria de la construcción 577-582.

 

X. Apéndice de la fábrica                                                                                          582     

 

XI. La industria se separa por completo de la agricultura                                            585

 

Error de los populistas 585-586.Datos de la estadística sanitaria de los

zemstvos de Moscú 586-590.

 

XII. Tres fases de desarrollo del capitalismo en la industria rusa                                 590

 

Relación entre todas las fases 590-592.

 

 

 

 

814

 

Peculiaridades de la técnica 592-593.

Crecimiento de las relaciones capitalistas 593-594.

Carácter del desarrollo de la industria 594-595.

La industria se separa de la agricultura 595-597

Diferencia de las condiciones de vida 598-600

Crecimiento del mercado interior 600-601

 

Capítulo VIII. Formación del mercado interior                                                           602-657

 

I. Crecimiento de la circulación mercantil                                                                  602

 

Desarrollo de los ferrocarriles 602-604, del transporte fluvial y marítimo

604-605, del comercio y de los bancos 605-607.

 

 

II. Crecimiento de la población comercial e industrial.                                                608

 

1) Crecimiento de las ciudades 608

2) Importancia de la colonización interior 610

3) Crecimiento de las villas y aldeas fabriles y comerciales e industriales 617

4) Industrias no agrícolas fuera del lugar 620

 

Industrias no agrícolas fuera del lugar 620-634, sus proporciones y crecimiento

623-627, su papel progresivo 629-632, su valoración en los escritores populistas

632-634

 

 

 

 

 

 

III. Crecimiento del empleo de trabajo asalariado                                                       635

 

Número aproximado de obreros asalariados 635-637. La superpoblación

capitalista 637-638. El error de los populistas 637-640.

 

IV. Formación del mercado interior para la fuerza de trabajo                           641

 

Desplazamientos más importantes de los obreros asalariados según el

jornal 641-644. Formación del mercado interior 644-645.La teoría del

Sr. N. –on 645-646

 

V. Importancia de la periferia ¿Mercado interior o exterior?                            646

 

Dos aspectos en el proceso de la formación del mercado 650-651.

 

VI. La misión del capitalismo                                                                        652

 

Elevación del rendimiento del trabajo social 652-653.Socialización del

trabajo 654-656.Causas del desacuerdo con los populistas 656-657

 

Anexos:

 

I. Cuadro sinóptico de datos estadísticos sobre las pequeñas industrias

campesinas de la provincia de Moscú (capítulo V, pág. 374)               entre 656 y 657

 

II. Resumen de datos estadísticos sobre la industria fabril de la Rusia europea

(capítulo VII, pág 496)                                                                                              658

 

III. Centros más importantes de la industria fabril de la Rusia europea

(capítulo VII, pág 565)                                                                                              660

 

 

 

II

 

UNA CRITICA NO CRÍTICA. (Con motivo del artículo del Sr. P. Skvortsov

 El fetichismo mercantil en Naúchnoe Obozrenie, núm. 12 de 1899)                665-692

 

I                                                                                                                   667

II                                                                                                                 675

III                                                                                                                682

 

 

Notas                                                                                                                       695-719

 

INDICE                                                                                                                   806-816

 

 

 

 

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