© Libro N° 6976.
Historia Del Partido Comunista
(Bolchevique) Stalin, J.
V. Comite Central Del P. C. (B) De La U.R.S.S. Emancipación. Febrero 15 de 2020.
Título
original: © Historia
Del Partido Comunista (Bolchevique) J. V. Stalin. Comite Central Del P. C. (B)
De La U.R.S.S.
Versión Original: © Historia Del Partido Comunista
(Bolchevique) J. V. Stalin. Comite Central Del P. C. (B) De La U.R.S.S.
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PARTIDO
COMUNISTA (BOLCHEVIQUE)
J. V. Stalin
COMITE CENTRAL DEL P. C. (B) DE LA U.R.S.S.
HISTORIA DEL
PARTIDO COMUNISTA
(BOLCHEVIQUE)
DE LA U.R.S.S.
Versión castellana de
Ediciones en Lenguas Extranjeras
Moscú, 1939
COMITE CENTRAL DEL P. C.
(B) DE LA U.R.S.S.
COMITE CENTRAL DEL P. C. (B) DE LA U.R.S.S.
HISTORIA DEL
PARTIDO COMUNISTA (BOLCHEVIQUE)
DE LA U.R.S.S.
Versión castellana de Ediciones en Lenguas
Extranjeras
Moscú, 1939
Autor: "Partido Comunista (Bolchevique) de la
Unión Soviética"; posteriormente se identificó a J. V. Stalin como
su autor.
Primera edicición: Ediciones en Lenguas
Extranjeras, Moscú, 1939.
Esta edición: Marxists Internet Archive, noviembre
de 2002.
Fuente: Historia Bolchevique.
Digitalización: Historia Bolchevique.
CONTENIDO
I. La lucha por la creación del Partido Obrero
Socialdemócrata en Rusia (1883-1901)
1. Abolición del régimen de la servidumbre y
desarrollo del capitalismo industrial en Rusia. - Aparición del proletariado
industrial moderno. - Primeros pasos del movimiento obrero.
2. El populismo y el marxismo en Rusia. - Plejanov
y su grupo "Emancipación del Trabajo". - Lucha de Plejanov contra los
populistas. - Difusión del marxismo en Rusia.
3. Lenin comienza su actuación revolucionaria. - La
"Unión de Lucha por la emancipación de la clase obrera" de
Petersburgo.
4. Lucha de Lenin contra el populismo y el
"marxismo legal". - la idea leninista de la alianza entre la clase
obrera y los campesinos. - Primer Congreso del Partido Obrero Social Demócrata
de Rusia.
5. Lucha de Lenin contra el "economismo".
- Aparce el periódico leninista "Iskra".
Resumen.
II. Formación del Partido Obrero Social Demócrata
de Rusia. En el Partido surgen dos fracciones: la bolshevique y la menshevique
(1901-1904)
1. Auge del movimiento revolucionario en Rusia en
los años de 1901 a 1904.
2. PLan de Lenin para la organización de un partido
marxista. - El oportunismo de los "economistas". - La lucha de la
"Iskra" en pro del plan de Lenin. - Aparece el libro de Lenin
"¿Qué hacer?". - Los fundamentos ideológicos del partido marxista.
3. El II Congreso del Partido Obrero Social
Demócrata de Rusia. - Son aprobados el programa y los estatutos y se crea el
partido único. - Discrepancias en el Congreso y aparición de dos tendencias
dentro del Partido: la bolshevique y la menshevique.
4. Manejos escisionistas de los líderes
mensheviques y agudización de la lucha dentro del Partido después del II
Congreso. - El oportunismo de los mensheviques. - El libro de Lenin "Un
paso adelante, dos pasos atrás". - Bases para la organización del partido
marxista.
Resumen.
III. Los mensheviques y los bolsheviques en el
periodo de la guerra ruso-japonesa y de la primera Revolución Rusa (1904-1907)
1. la guerra ruso-japonesa. - El movimiento
revolucionario de Rusia sigue su marcha ascendente. - Huelgas en Petersburgo. -
Manifestación de los obreros ante el Palacio de Invierno el 9 de enero de 1905.
- Las tropas hacen fuego contra los manifestantes. - Comienza la revolución.
2. Huelgas políticas y manifestaciones obreras. -
Se intensifica el movimiento revolucionario de los campesinos. - La sublevación
del acorazado Potemkin.
3. Discrepancias tácticas entre los bolsheviques y
los mensheviques. - El III Congreso del Partido. - El libro de Lenin "Las
dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática". -
Fundamentos tácticos del partido marxista.
4. La revolución prosigue su marcha ascendente. -
La huelga política general de octubre de 1905 en toda Rusia. - Repliegue del
zarismo. - El mensaje del zar. - Aparacen los Soviets de diputados obreros.
5. La insurrección armada de diciembre. - Es
derrotada la insurrección. - La revolución se repliega. - La primera Duma. - El
IV Congreso (de unificación) del Partido.
6. Disolución de la primera y convocatoria de la
segunda Duma. - El V Congreso del Partido. - Disolución de la segunda Duma. -
Causas de la derrota de la primera revolución rusa.
Resumen.
IV. Los mensheviques y los bolsheviques durante el
periodo de la reacción stolypiniana. Los bolsheviques pasan a formar un partido
marxista independiente (1908-1912)
1. La reacción stolypiniana. - Surge la
descomposición entre las capas intelectuales de la oposición. - El
decadentismo. - Una parte de los intelectuales del Partido se pasa al campo de
los enemigos del marxismo e intenta revisar la teoría marxista. - Lenin replica
a los revisionistas con su libro "Materialismo y Empiriocriticismo",
defendiendo los fundamentos teóricos del partido marxista.
2. Sobre el materialismo dialéctico y el
materialismo histórico.
3. Los bolsheviques y los mensheviques durante los
años de la reacción stolypiniana. - La lucha de los bolsheviques contra los
liquidadores y los "otsovistas".
4. La lucha de los bolsheviques contra el
trotskismo. - El bloque de Agosto contra el Partido.
5. La Conferencia del Partido en Praga (1912). -
Los bolsheviques pasan a formar un Partido marxista independiente.
Resumen.
V. El Partido Bolshevique durante los años de auge
del movimiento obrero, que precedieron a la primera guerra imperialista
(1912-1914)
1. El auge del movimiento revolucionario durante
los años de 1912 a 1914.
2. El periódico bolshevique "Pravda". -
La fracción bolshevique de la cuarta Duma.
3. Triunfo de los bolsheviques en las
organizaciones legales. - El movimiento revolucionario sigue su marcha
ascendente. - Se acerca la guerra imperialista.
Resumen.
VI. El Partido Bolshevique durante el periodo de la
guerra imperialista. La segunda Revolución en Rusia (1914-marzo de 1917)
1. Origen y causas de la guerra imperialista.
2. Los partidos de la Segunda Internacional se
pasan al lado de sus gobiernos imperialistas. - La Segunda Internacional se
descompone en una serie de partidos socialchovinistas aislados.
3. Teoría y táctica del Partido bolshevique sobre
los problemas de la guerra, de la paz y de la revolución.
4. Las tropas zaristas son derrotadas en el frente.
- El desastre económico. - La crisis del zarismo.
5. La revolución de Febrero. - Caída del zarismo. -
Constitución de los Soviets de diputados obreros y soldados. - Formación del
gobierno provisional. - La dualidad de poderes.
Resumen.
VII. El Partido Bolshevique durante el periodo de
preparación y realización de la Revolución Socialista de Octubre (Abril
1917-1918)
1. Situación del país después de la revolución de
Febrero. - El Partido sale de la clandestinidad y pasa a la labor política
abierta. - Llegada de Lenin a Petrogrado. - Sus Tesis de Abril. - El Partido se
orienta hacia la revolución socialista.
2. Comienza la crisis del Gobierno provisional. -
La Conferencia de Abril del Partido bolshevique.
3. Exitos del Partido bolshevique en la capital. -
Fracasa la ofensiva de las tropas del Gobierno provisional, en el frente. - Es
aplastada la manifestación de julio de los obreros y soldados.
4. El Partido bolshevique rumbo a la preparación de
la insurrección armada. - El VI Congreso del Partido.
5. La intentona del general Kornilov contra la
revolución. - Aplastamiento de la intentona. - Los Soviets de Petrogrado y
Moscú se pasan al lado de los bolsheviques.
6. La insurrección de Octubre en Petrogrado. -
Detención del Gobierno provisional. - El II Congreso de los Soviets y formación
del Gobierno Soviético. - Decreto del II Congreso de los Soviets sobre la paz y
sobre la tierra. - Triunfa la Revolución Socialista. - Causas del triunfo de la
Revolución Socialista.
7. La lucha del Partido bolshevique por la
consolidación del Poder Soviético. - La paz de Brest-Litovsk. - El VII Congreso
del Partido.
8. El plan de Lenin para abordar la construcción
del socialismo. - Se crean los Comités de campesinos pobres y se pone coto a
los kulaks. - La sublevación de los socialrevolucionarios de
"izquierda" y su aplastamiento. - El V Congreso de los Soviets y
aprobación de la Constitución de la República Socialista Federativa Soviética
de Rusia. Resumen.
VIII. El Partido Bolshevique durante el periodo de
la intervención militar extranjera y de la guerra civil (1918-1920)
1. Comienza la intervención militar extranjera. -
Primer periodo de la guerra civil.
2. Derrota militar de Alemania. - La revolución
alemana. - Fundación de la Tercera Internacional. - El VIII Congreso del
Partido.
3. Recrudece la intervención. - Bloqueo del País
Soviético. - Campaña de Kolchak y su aplastamiento. - Campaña de Denikin y su
aplastamiento. - Una tregua de tres meses. - El IX Congreso del Partido.
4. Agresión de los "panis" polacos contra
el País Soviético. - Salida del general Wrangel. - Fracaso del plan de los
polacos. - Aplastamiento de Wrangel. - Fin de la intervención armada.
5. Cómo y por qué venció al País Soviético a las
fuerzas coaligadas de la intervención anglo-franco-japonesa-polaca y de la
contrarrevolución de los burgueses, terratenientes y guardias blancos dentro de
Rusia.
Resumen.
IX. El Partido Bolshevique durante el periodo de
transición a la labor pacífica de restauración de la economía nacional
(1921-1925)
1. El País Soviético, después de la liquidación de
la intervención armada y de la guerra civil. - Las dificultades del periodo de
restauración de la Economía.
2. Discusión en el Partido acerca de los
sindicatos. - El X Congreso del Partido. - Es derrotada la oposición. - Se pasa
a la nueva política económica ("NEP").
3. Primeros resultados de la "NEP". - El
XI Congreso del Partido. - Fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas. - Enfermedad de Lenin. - El plan cooperativo de Lenin. - El XII
Congreso del Partido.
4. la lucha contra las dificultades de la
restauración de la Economía nacional. - Recrudece la actividad de los
trotskistas, con motivo de la enfermedad de Lenin. - Nueva discusión dentro del
Partido. - Derrota de los trotskistas. - Muerte de Lenin. - La promoción
leninista. - El XIII Congreso del Partido.
5. La Unión Soviética hacia el final del periodo de
la restauración de la Economía nacional. - El problema de la edificación
socialista y del triunfo del socialismo en el País Soviético. - La "nueva
oposición" de Zinoviev-Kamenev. - El XIV Congreso del Partido. - Hacia la
industrialización socialista del país.
Resumen.
X. El Partido Bolshevique en la lucha por la
industrialización socialista del país (1926-1929)
1. Las dificultades del periodo de la
industrialización socialista y la lucha contra ellas. - Formación del bloque
antibolshevique trotskista-zinovievista. - Actuación antisoviética de este
bloque. - Su derrota.
2. Exitos de la industrialización socialista. -
Retraso de la agricultura. - El XV Congreso del Partido. - Hacia la
colectivización de la agricultura. - Aplastamiento del bloque
trotskista-zinovievista. - La doblez política.
3. La ofensiva contra los kulaks. - El grupo
Bujarin-Rykov contra el Partido. - Aprobación del primer Plan Quinquenal. - La
emulación socialista. - Comienza el movimiento coljosiano de masas.
Resumen.
XI. El Partido Bolshevique en la lucha por la
colectivización de la agricultura (1939-1934)
1. La situación internacional en los años de 1930 a
1934. - La crisis económica en los países capitalistas. - Ocupación de la
Manchuria por el Japón. - Ascenso de los fascistas al poder en Alemania. - Dos
focos de guerra.
2. De la política de restricciones contra los
elementos kulaks a la política de liquidación de los kulaks como clase. - Lucha
contra las deformaciones de la política del Partido en el movimiento
coljosiano. - Ofensiva contra los elementos capitalistas en todo el frente. -
El XVI Congreso del Partido.
3. El Partido se orienta hacia la reconstrucción de
todas las ramas de la Economía nacional. - El papel de la técnica. - Sigue
desarrollándose el movimiento coljosiano. - Las secciones políticas de las
estaciones de máquinas y tractores. - Balance de la ejecución del Plan
quinquenal en cuatro años. - El triunfo del socialismo en todo el frente. - El
XVII Congreso del Partido.
4. Los bujarinistas degeneran en falsarios
políticos. - Los falsarios trotskistas degeneran en una banda de asesinos y
espías guardias blancos. - Infame asesianto de S. M. Kirov. - Medidas del
Partido para reforzar la vigilancia de los bolsheviques.
Resumen.
XII. El Partido Bolshevique en la lucha por el
coronamiento de la edificación de la sociedad socialista e implantación de la
nueva constitución (1935-1937)
1. La situación internacional en los años de 1935 a
1937. - Amortiguamiento temporal de la crisis económica. - Comienza una nueva
crisis económica. - Ocupación de Abisinia por Italia. - La intervención
germano-italiana en España. - Invasión de la China Central por los japoneses. -
Comienza la segunda guerra imperialista.
2. Prosigue el auge de la industria y de la
agricultura en la U.R.S.S. - El segundo Plan quinquenal se cumple antes de
plazo. - Reconstrucción de la agricultura y remate de la colectivización. - La
importancia de los cuadros. - El movimiento stajanovista. - Aumenta el
bienestar del pueblo. - Auge de la cultura popular. - La fuerza de la
revolución soviética.
3. El VIII Congreso de los Soviets. - Esa aprobada
la nueva Constitución de la U.R.S.S.
4. Aplastamiento de los restos de los espías,
saboteadores y traidores a la Patria, bujarinista-trotskista. - Preparación de
las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S. - El Partido pone rumbo hacia
el desarrollo de la democracia interna. - Las elecciones al Soviet Supremo de
la U.R.S.S.
CONCLUSION
I
LA LUCHA POR LA CREACIÓN
DEL PARTIDO OBRERO SOCIALDEMÓCRATA EN RUSIA (1883-1901)
1. Abolición del régimen de la servidumbre y
desarrollo del capitalismo industrial en Rusia. - Aparición del proletariado
industrial moderno. - Primeros pasos del movimiento obrero.
La Rusia zarista emprendió el camino del desarrollo
capitalista después que otros países. Hasta la década del 60 del siglo pasado,
existían en Rusia muy pocas fábricas y empresas industriales. En la economía
rusa predominaba el régimen de la servidumbre al servicio de los terratenientes
nobles. Este régimen de servidumbre no dejaba que la industria se desarrollara
como era debido. El trabajo forzado de los siervos daba un bajo rendimiento de
producción en la agricultura. Toda la marcha del desarrollo económico empujaba
a la abolición de este régimen. El gobierno zarista, quebrantado por la derrota
sufrida en la guerra de Crimea y asustado de las "revueltas"
campesinas contra los terratenientes, vióse obligado a abolir en 1861 el
régimen de la servidumbre.
Más, no por ello dejaron los terratenientes de
seguir oprimiendo a los campesinos. Los terratenientes despojaron a los
campesinos, arrebatándoles, escamoteándoles, al concederles su
"liberación", una parte considerable de las tierras que venían
disfrutando y que los campesinos comenzaron a designar con el nombre de
"recortes". Además, les obligaron a pagar a los terratenientes un
rescate por su "liberación", por un valor total de cerca de 2.000
millones de rublos.
Después de la abolición del régimen de la
servidumbre, los campesinos veíanse obligados a tomar en arriendo las tierras
de los terratenientes en las condiciones más inicuas. No pocas veces, además de
pagar una renta en dinero al terrateniente, el campesino quedaba obligado a
trabajar de balde y con sus propios aperos y ganado de labor, determinada
cantidad de tierras de aquél. A esto le llamaban "pago de trabajo",
"prestación personal". Pero lo más frecuente era que el campesino
quedase obligado a pagar la renta al terrateniente en especie, entregándole la
mitad de la cosecha. Esto se denominaba "aparcería".
Como se ve, la situación seguía siendo casi la
misma que antes, bajo el régimen de la servidumbre, con la única diferencia de
que ahora el campesino era personalmente libre y no se le podía vender ni
comprar como si fuese un objeto.
Los terratenientes apelaban a diversos métodos de
rapiña (la renta, las multas, etc.) para estrujar hasta la última gota de jugo
a sus atrasadas explotaciones campesinas. La gran masa de los campesinos veíase
en la imposibilidad de mejorar sus explotaciones, porque se lo impedía la
opresión de los terratenientes. De aquí el enorme atraso de la agricultura en
la Rusia de antes de la revolución, atraso que se traducía en malas cosechas y
en rachas de hambre.
Los residuos del régimen de la servidumbre, las
enormes contribuciones al Estado, y los rescates agobiadores que había que
abonar por la tierra a los terratenientes, que no pocas veces excedían los
ingresos arrojados por la explotación agrícola, conducían a la ruina y al
empobrecimiento de las masas campesinas y obligaban a los campesinos a
marcharse de la aldea a ganar un jornal. Se iban a las fábricas y a las
empresas industriales, suministrando a los fabricantes mano de obra barata.
Sobre las espaldas de los obreros y de los
campesinos se alzaba todo un ejército de jefes de policía, guardias rurales,
gendarmes, polizontes, encargados de defender al zar, a los capitalistas y a
los terratenientes contra los trabajadores, contra los explotados. Hasta el año
1903, estuvieron en vigor las penas corporales. No obstante haberse abolido la
servidumbre, el campesino era apaleado por el más pequeño desliz o por falta de
pago de las contribuciones. Los gendarmes y los cosacos asesinaban y martirizaban
a los obreros, sobre todo durante las huelgas, cuando éstos abandonaban el
trabajo por no poder soportar las vejaciones de los patronos. En la Rusia
zarista, los obreros y campesinos carecían hasta de los derechos políticos más
elementales. La autocracia zarista era el peor enemigo del pueblo.
La Rusia zarista era una cárcel de pueblos. Las
numerosas nacionalidades no rusas de la Rusia zarista hallábanse completamente
privadas de derechos, sometidas sin cesar a todo género de ultrajes y
humillaciones. El gobierno zarista había enseñado a la población rusa a ver en
los pueblos indígenas de los territorios nacionales razas inferiores, a las que
se daba el calificativo oficial de gente "de otras razas", y le había
inculcado el desprecio y el odio hacia ellos. El zarismo encendía conscientemente
las discordias nacionales, azuzaba a unos pueblos contra otros, organizaba
pogromos de judíos y matanzas entre tártaros y armenios en la Transcaucasia.
En los territorios nacionales, todos o casi todos
los cargos públicos eran desempeñados por funcionarios rusos. El ruso era la
lengua obligatoria en todas las instituciones y ante los tribunales. Estaba
prohibido publicar periódicos y libros en las lenguas nacionales o enseñar en
las escuelas sirviéndose de la lengua materna. El gobierno zarista esforzábase
en ahogar todas las manifestaciones de la cultura nacional y seguía la política
de "rusificar" a la fuerza a las nacionalidades no rusas. El zarismo
actuaba como verdugo y tirano de pueblos no rusos.
Después de la abolición del régimen de la
servidumbre, el desarrollo del capitalismo industrial en Rusia siguió una
marcha bastante rápida, a pesar de que los residuos del régimen feudal seguían
entorpeciendo este desarrollo. Durante 25 años, de 1865 a 1890, el número de
obreros, solamente en las grandes fábricas y en los ferrocarriles, aumentó de
706.000 a 1.443.000, es decir, en más del doble.
Más rápido aun fue el desarrollo que comenzó a
adquirir en Rusia la gran industria capitalista durante la década del 90. Hacia
el final de esta década, el número de obreros que trabajaba en las grandes
fábricas, en las empresas industriales, en la industria minera y en los
ferrocarriles, solamente en las 50 provincias de la Rusia europea, había
ascendido a 2.207.000, y en toda Rusia a 2.792.000.
Y éste era ya un proletariado industrial moderno,
que se distinguía radicalmente de los obreros de las fábricas del periodo de la
servidumbre y de los operarios de la pequeña industria, del artesanado y de
toda otra industria, tanto por su concentración en grandes empresas
capitalistas como por su combatividad revolucionaria.
Este rápido progreso industrial de la década del 90
fue unido, en primer lugar, a la intensa construcción de ferrocarriles. Durante
esta década (de 1890 a 1900), se tendieron más de 21.000 kilómetros de nuevas
vías férreas. Estos ferrocarriles absorbían una cantidad enorme de metal (para
los rieles, las locomotoras, los vagones) y exigían un volumen cada vez mayor
de combustible, carbón de hulla y petróleo. Esto condujo al desarrollo de la
metalurgia y de la industria del combustible.
En la Rusia anterior a la revolución, lo mismo que
en todos los países capitalistas, los años de prosperidad industrial se
alternaban con años de crisis industriales y de estancamiento de la industria,
crisis que castigaban duramente a la clase obrera, lanzando al paro forzoso y a
la miseria a cientos de miles de proletarios.
Aunque el desarrollo del capitalismo siguió en
Rusia, después de la abolición del régimen de la servidumbre, un ritmo bastante
rápido, el país marchaba, en su desarrollo económico, muy a la zaga de otros
países capitalistas. La inmensa mayoría de la población seguía viviendo de la
agricultura. En su famosa obra "El desarrollo del capitalismo en
Rusia", Lenin cita algunas cifras importantes del censo general de la
población rusa efectuado en 1897. De estas cifras resulta que cerca de cinco
sextas partes de la población total del Rusia trabajaban en la agricultura y la
sexta parte restante se distribuía entre la grande y la pequeña industria, el
comercio, el transporte ferroviario, fluvial y marítimo, la construcción y los
trabajos forestales.
Esto indica que, a pesar del desarrollo que había
adquirido aquí el capitalismo, Rusia era un país agrario, un país
económicamente atrasado, un país pequeñoburgués; es decir, un país en el que
predominaba aún la explotación campesina individual, basada en la pequeña
propiedad, de escaso rendimiento.
El capitalismo se desarrollaba no solamente en la
ciudad, sino también en el campo. Los campesinos, que eran la clase más
numerosa en la Rusia prerrevolucionaria, se fueron diferenciando, fueron
formándose entre ellos diversas capas sociales. Del sector de los campesinos
más acomodados se destacó una capa superior, los kulaks, la burguesía de la
aldea, mientras que de otra parte muchos campesinos se iban arruinando y
pasaban a engrosar el número de los campesinos pobres, de los proletarios y
semiproletarios de la aldea. El número de campesinos medios iba disminuyendo de
año en año.
En 1903, había en Rusia unos 10 millones de
explotaciones campesinas. En su folleto "A los pobres de la aldea",
Lenin calculaba que dentro de esta cifra había, por los menos, tres millones y
medio de explotaciones campesinas sin ganado de labor. Estos campesinos, los
más pobres de todos, sólo sembraban, por lo general, un puñado insignificante
de tierra, entregando el resto a los kulaks y yéndose ellos a ganar un jornal.
La situación de estos campesinos pobrísimos era la que más los acercaba al
proletariado. Lenin les llamaba proletarios o semiproletarios de la aldea.
De otra parte, había (dentro de aquella cifra total
de 10 millones) un millón y medio de explotaciones campesinas ricas, de kulaks,
que concentraban en sus manos la mitad de todas las sementeras campesinas.
Estos burgueses del campo prosperaban, oprimiendo a los campesinos pobres y
medios, se enriquecían a costa del trabajo de los peones y de los jornaleros
agrícolas y se iban convirtiendo en capitalistas agrarios.
La clase obrera de Rusia comenzó a despertar y a
luchar contra el capitalismo ya en la década del 70, y sobre todo en la del 80
del siglo pasado. La situación de los obreros en la Rusia zarista era
extraordinariamente penosa. En la década del 80, la jornada de trabajo, en las
fábricas y empresas industriales, no era nunca inferior a 12 horas y media, y
en la industria textil llegaba hasta 14 y 15 horas. El trabajo de la mujer y el
niño se explotaba en grandes proporciones. Los niños trabajaban el mismo horario
que los adultos, pero cobrando, al igual que las mujeres, salarios muy
inferiores. El nivel de los salarios era extraordinariamente bajo. Había muchos
obreros que no ganaban más que 7 u 8 rublos al mes. Los obreros mejor pagados
de las fábricas metalúrgicas y de fundición no cobraban más de 35 rublos
mensuales. No se tomaba ninguna medida de protección del trabajo, lo que
originaba accidentes en masa y constantes muertes de obreros. No se conocía el
seguro obrero, y la asistencia médica sólo la obtenía el que pagaba. Los
obreros vivían en condiciones horribles, hacinados en tugurios, en casas de
vecindad, a razón de 10 a 12 hombres en cada habitación. Muy a menudo, los
patronos engañaban a los obreros al hacerles la cuenta de los jornales, les
obligaban a comprar en la tiendas patronales de la fábrica artículos tres veces
más caros de los que valían y les saqueaban por medio de multas.
Los obreros comenzaron a ponerse de acuerdo unos
con otros y a presentar conjuntamente al patrono sus reivindicaciones para el
mejoramiento de las condiciones insoportables en que vivían. Abandonaban el
trabajo, es decir, declaraban el paro, se ponían en huelga. Las primeras
huelgas, en las décadas del 70 y del 80 del siglo pasado, estallaban, por lo
general, como protesta contra las multas desmedidas, contra las estafas y los
engaños de que se hacía objeto a los obreros al liquidarles el jornal, contra
la reducción de las tarifas del salario.
En la primeras huelgas, los obreros, agotada ya la
paciencia, destrozaban a veces las máquinas, rompían los cristales de las
fábricas, destruían las tiendas patronales y las oficinas.
Los obreros más conscientes comenzaron a comprender
que, para luchar con éxito contra el capitalismo, era necesario organizarse. Y
así, surgieron las primeras asociaciones obreras.
En 1875, se organizó en Odesa la "Unión de
obreros del Sur de Rusia". Esta organización obrera, la primera de todas,
no vivió más que 8 ó 9 meses, siendo aniquilada por el gobierno zarista.
En Petersburgo, organizóse, en 1878, la "Unión
de obreros rusos del Norte", a cuyo frente se hallaban un carpintero
llamado Jalturin y un cerrajero llamado Obnorski. En el programa de esta
organización se decía que sus objetivos eran análogo a los de los partidos
obreros socialdemócratas de los países occidentales. Su meta final era llevar a
cabo la revolución socialista, "derribar el régimen político y económico
del Estado existente, como un régimen de todo punto injusto". Uno de los
organizadores de esta Unión, Obnorski, había vivido algún tiempo en el
extranjero, donde tuvo ocasión de conocer la actuación de los partidos
socialdemócratas marxistas y de la Primera Internacional, dirigida por Marx.
Esta circunstancia imprimió su sello al programa de la "Unión de obreros
rusos del Norte". El objetivo inmediato que esta organización se propuso
alcanzar era la conquista de la libertad y los derechos políticos del pueblo
(la libertad de palabra y de prensa, el derecho de reunión, etc.). Entre las
reivindicaciones inmediatas, figuraba también, la reducción de la jornada de
trabajo.
El número de afiliados a esta organización era de
200, contando con otros tantos simpatizantes. La Unión comenzó a tomar parte en
las huelgas obreras y a dirigirlas. También esta organización fue destruida por
el gobierno zarista.
Pero el movimiento obrero seguía desarrollándose y
extendiéndose a nuevas y nuevas regiones. En la década del 80, aumenta el
número de huelgas. Durante cinco años (de 1881 a 1886), se produjeron más de 48
huelgas, con un total de 80.000 huelguistas.
En la historia del movimiento revolucionario, ocupa
un lugar especialmente importante la gran huelga que estalló en 1885 en la
fábrica "Morosov" de Oréjovo-Súievo.
En esta fábrica trabajaban cerca de 8.000 obreros.
Las condiciones de trabajo iban empeorando de día en día: de 1882 hasta 1884 el
salario fue reducido cinco veces, y en 1884 el tipo de salario fue reducido de
golpe en una cuarta parte, es decir, en un 25 por ciento. Por si esto fuera
poco, el fabricante Morosov no dejaba vivir en paz a los obreros a fuerza de
multas. Según se demostró ante los tribunales después de la huelga, de cada
rublo que el obrero ganaba, le quitaban en concepto de multa de 30 a 50 céntimos
de rublo, que iban a parar al bolsillo del patrono. Los obreros, dispuestos a
no seguir tolerando este robo, se declararon en huelga en enero de 1885. La
huelga fue organizada de antemano. La dirigió un obrero avanzado, llamado Piotr
Moiseienko, que había estado afiliado a la "Unión de obreros rusos del
Norte", y que tenía ya una experiencia revolucionaria. En vísperas de la
huelga, Moiseienko formuló, en unión de otros tejedores de los más conscientes,
una serie de reivindicaciones que habían de ser presentadas al patrono y que
fueron aprobadas en una reunión secreta de los obreros. Estos exigían, ante
todo, que cesase el saqueo de las multas.
La huelga fue aplastada por la fuerza de las armas.
Fueron detenidos más de 600 obreros y algunas decenas de ellos, procesados.
Huelgas parecidas a ésta se produjeron también en
el año 1885 en las fábricas de Ivánov-Vosnesensk.
Al año siguiente, el gobierno zarista, asustado
ante el desarrollo del movimiento obrero, vióse obligado a dictar una ley sobre
las multas. En esta ley, se disponía que el dinero de las multas no se lo
pudieran apropiar los patronos, sino que habría de invertirse en las
necesidades de los propios obreros.
Sobre la experiencia de la huelga de la fábrica
"Morosov" y otras semejantes, los obreros comprendieron que podrían
conseguir mucho luchando organizadamente. En el movimiento obrero comenzaban a
destacarse dirigentes y organizadores capaces, dispuestos a defender firmemente
los intereses de la clase obrera.
Por esta misma época, a base del desarrollo del
movimiento obrero y bajo la influencia del movimiento obrero del occidente de
Europa, comienzan a crearse en Rusia las primeras organizaciones marxistas.
2. El populismo y el marxismo en Rusia. - Plejanov
y su grupo "Emancipación del Trabajo". - Lucha de Plejanov contra los
pupulistas. - Difusión del marxismo en Rusia.
Hasta la aparición de los grupos marxistas, la
labor revolucionaria, en Rusia, corrió a cargo de los populistas, que eran
adversarios del marxismo.
El primer grupo marxista ruso se creó en 1883. Fue
el grupo que, bajo el nombre "Emancipación de Trabajo", organizó G.
V. Plejanov en el extranjero, en Ginebra, adonde se había visto obligado a
emigrar, huyendo de las persecuciones del gobierno zarista por su actuación
revolucionaria.
El propio Plejanov había sido, antes de esto,
populista. Pero, en la emigración, después de iniciarse en el conocimiento del
marxismo, rompió con el populismo y se convirtió en un notable propagandista de
la doctrina marxista.
El grupo "Emancipación del Trabajo"
realizó una gran labor en pro de la difusión del marxismo en Rusia. Tradujo al
ruso varias obras de Marx y Engels: el "Manifiesto del Partido
Comunista", "Trabajo asalariado y capital", "Del socialismo
utópico al socialismo científico" y otras, que imprimían en el extranjero
y hacían circular clandestinamente en Rusia. G. V. Plejanov, Sasulich, Axelrod
y otros miembros de este grupo escribieron también una serie de obras, explicando
la doctrina de Marx y Engels, las ideas del socialismo científico.
Marx y Engels, los grandes maestros del
proletariado, fueron, por oposición a los socialistas utópicos, los primeros
que pusieron en claro que el socialismo no es el fruto de las cavilaciones de
unos soñadores (utopistas), sino el resultado necesario del desarrollo de la
moderna sociedad capitalista. Pusieron de relieve que el régimen capitalista se
hundirá, lo mismo que se hundió el régimen feudal, y que el propio capitalismo
engendra, con el proletariado, la fuerza que habrá de enterrarle. Y señalaron
que sólo la lucha de clases del proletariado, sólo el triunfo del proletariado
sobre la burguesía, liberará a la Humanidad del capitalismo, de la explotación.
Marx y Engels enseñaron al proletariado a tener
conciencia de sus fuerzas, a tener conciencia de sus intereses de clase y a
unirse para la lucha decisiva contra la burguesía. Descubrieron las leyes que
rigen el desarrollo de la sociedad capitalista y demostraron científicamente
que el desarrollo de la sociedad capitalista y la lucha de clases dentro de
ella tiene necesariamente que conducir al hundimiento del capitalismo y al
triunfo de la clase obrera, a la dictadura del proletariado.
Marx y Engels enseñaron que el derrocamiento del
poder del capital y la transformación de la propiedad capitalista en propiedad
social, no pueden realizarse en modo alguno por la vía pacífica, que la clase
obrera sólo conseguirá esto mediante la aplicación de la violencia
revolucionaria contra la burguesía, por medio de la revolución proletaria,
instaurando su dominación política, la dictadura del proletariado, la cual
deberá aplastar la resistencia los explotadores y crear una nueva sociedad, la
sociedad comunista sin clases.
Marx y Engels enseñaron que el proletariado
industrial es la clase más revolucionaria y, por tanto, la más avanzada de la
sociedad capitalista, y que sólo una clase como el proletariado puede agrupar
en torno a ella a todas las fuerzas descontentas del capitalismo y conducirlas
al asalto contra éste. Pero, para vencer al viejo mundo y crear una nueva
sociedad sin clases, el proletariado tiene que disponer de su propio partido
obrero, al que Marx y Engels dieron el nombre de Partido Comunista.
La difusión de las ideas de Marx y Engels fue la
tarea que se asignó el primer grupo marxista ruso, el grupo "Emancipación
del Trabajo", de Plejanov.
Este grupo levantó la bandera del marxismo en la
prensa rusa del extranjero, cuando aun no existía en Rusia un movimiento
socialdemócrata. Era necesario, ante todo, abrir el camino a este movimiento
mediante una labor teórica, ideológica. El principal obstáculo ideológico que
se alzaba ante la difusión del marxismo y del movimiento socialdemócrata en
Rusia, en aquel tiempo, eran las ideas populistas que, por aquel entonces,
predominaban entre los obreros avanzados y los intelectuales de tendencia
revolucionaria.
Con el desarrollo del capitalismo en Rusia, la
clase obrera se había convertido en una poderosa fuerza de vanguardia, capaz de
organizar la lucha revolucionaria. Pero los populistas no comprendían el papel
de vanguardia de la clase obrera. Los populistas rusos entendían, erróneamente,
que la fuerza revolucionaria fundamental no era la clase obrera, sino los
campesinos, que el poder del zar y de los terratenientes se podía derrocar pura
y simplemente por medio de "revueltas" campesinas. Los populistas no
conocían a la clase obrera y no comprendían que, sin aliarse a ésta y ser
dirigidos por ella, los campesinos por sí solos no podían vencer al zarismo y a
los terratenientes. No comprendían que la clase obrera es la clase más
revolucionaria y avanzada de la sociedad.
Al principio, los populistas intentaron poner en
pie a los campesinos para la lucha contra el gobierno zarista. Con este fin, la
juventud intelectual revolucionaria, vistiendo la ropa campesina, se lanzó a la
aldea, "al pueblo", como entonces se decía. Y de aquí les viene el
nombre de "populistas". Pero los campesinos no les siguieron, cosa
natural, ya que aquellos hombres no les conocían ni les comprendían como es
debido. En su mayoría los populistas eran detenidos por la policía. En vista de
esto, decidieron proseguir la lucha contra la autocracia zarista con sus solas
fuerzas, sin el pueblo, lo que les arrastró a errores todavía más graves.
La sociedad populista clandestina llamada
"Narodnaia Volia" ("Voluntad del Pueblo") comenzó a
preparar el asesinato del zar. El 1º de marzo de 1881, unos afiliados a esta
sociedad consiguieron arrojar una bomba contra el zar Alejandro II, matándolo.
Pero esto no reportó ningún beneficio al pueblo. Con matar a unos cuantos
individuos sueltos, no se derrocaba la autocracia zarista, ni se destruía la
clase de los terratenientes. La vacante del zar muerto fue ocupada por otro
zar, Alejandro III, bajo el cual los obreros y los campesinos vivían aún peor.
El camino que los populistas habían elegido para
luchar contra el zarismo, el camino de los asesinatos individuales, el camino
del terror individual, era falso y perjudicial para la revolución. La política
del terror individual respondía a la falsa teoría populista de los
"héroes" activos y la "multitud" pasiva, que aguarda las
hazañas de los "héroes". Esta falsa teoría preconizaba que sólo unos
cuantos individuos destacados hacen la historia y que la masa, el pueblo, la clase,
la "multitud", como la llamaban despectivamente los escritores
populistas, es incapaz de realizar acciones conscientes y organizadas y no
puede hacer más que seguir ciegamente a los "héroes". Por eso, los
populistas renunciaron a realizar un trabajo revolucionario de masa entre los
campesinos y la clase obrera, y emprendieron el camino del terror individual.
Los populistas obligaron a uno de los mejores revolucionarios de aquel tiempo,
Stepán Jalturin, a abandonar su labor de organización de una Liga obrera
revolucionaria para entregarse por entero al terrorismo.
Los populistas desviaban la atención de los
trabajadores de la lucha contra la clase opresora con el asesinato, inútil para
la revolución, de unos cuantos representantes individuales de dicha clase. Con
esto, frenaban el desarrollo de la iniciativa y las actividades revolucionarias
de la clase obrera y de los campesinos.
Impedían a la clase obrera comprender su papel
dirigente en la revolución y entorpecían la creación de un partido de la clase
obrera independiente.
Aunque la organización clandestina de los
populistas fue destruida por el gobierno del zar, las ideas del populismo se
mantuvieron todavía durante mucho tiempo entre los intelectuales de tendencias
revolucionarias. Los restos del populismo oponían una resistencia tenaz a la
difusión del marxismo en Rusia y entorpecían la organización de la clase
obrera.
He aquí por qué, en Rusia, el marxismo sólo podía
desarrollarse y fortalecerse luchando contra el populismo.
El grupo "Emancipación del Trabajo"
desplegó la lucha contra las falsas ideas de los populistas, señalando el daño
que esta doctrina y sus métodos de lucha causaban al movimiento obrero.
En sus trabajos dirigidos contra los populistas,
Plejanov puso de manifiesto que sus doctrinas no guardaban la menor relación
con el socialismo científico, aunque sus portavoces se llamasen también
socialistas.
Plejanov fue el primero que hizo una crítica
marxista de las falsas ideas del populismo. Al descargar certeros golpes contra
las ideas populistas, Plejanov hacía, al mismo tiempo, una brillante defensa de
las ideas marxistas.
¿En qué consistían las falsas ideas fundamentales
de los populistas, a las que Plejanov asestó un golpe motal?
En primer ligar, los populistas afirmaban que en
Rusia el capitalismo era un fenómeno "casual", que en este país no se
desarrollaría el capitalismo ni, por tanto, crecería ni se desarrollaría el
proletariado.
En segundo lugar, los populistas no veían en la
clase obrera la clase más avanzada de la revolución. Soñaban con la realización
del socialismo sin el proletariado. Para ellos, la fuerza revolucionaria
principal eran los campesinos, dirigidos por los intelectuales, y la comunidad
campesina, a la cual consideraban como el germen y la base del socialismo.
En tercer lugar, los populistas profesaban ideas
falsas y nocivas en cuanto a la marcha de la historia humana en general. No
conocían ni comprendían las leyes que rigen el desarrollo económico y político
de la sociedad. Eran, en este respecto, gente completamente atrasada. Según
ellos, la historia no la hacen las clases ni la lucha de clases, sino unas
cuantas personalidades ilustres, los "héroes", detrás de los cuales
marchan a ciegas las masas, las "multitudes", el pueblo, las clases.
Luchando contra los populistas y
desenmascarándolos, Plejanov escribió una serie de obras marxistas, que
sirvieron para enseñar y educar a los marxistas rusos. Algunos de sus trabajos,
como: "El socialismo y la lucha política", "Nuestras discrepancias",
"Contribución al problema del desarrollo de la concepción monista de la
historia", prepararon el terreno para el triunfo del marxismo en Rusia.
En sus obras, Plejanov expuso los problemas
fundamentales del marxismo. Su libro "Contribución al problema del
desarrollo de la concepción monista de la historia", publicado en 1895,
ocupa un lugar muy importante. Lenin indicó que este libro "ha educado a
toda una generación de marxistas rusos" (Lenin, t. XIV, pág. 357, ed.
rusa).
En sus obras dirigidas contra los populistas,
Plejanov demostró que era necio plantear el problema como ellos los planteaban,
a saber: ¿Debe o no debe desarrollarse el capitalismo en Rusia? Pues Rusia,
decía Plejanov, demostrándolo con hechos, marcha ya por el camino del
desarrollo capitalista, sin que haya fuerza capaz de apartarla de este camino.
La misión de los revolucionarios no consistía en
impedir el desarrollo del capitalismo en Rusia -aparte de que tampoco hubieran
conseguido nada con pretenderlo-, sino en apoyarse en la poderosa fuerza
revolucionaria que engendra el desarrollo del capitalismo, en la clase obrera,
en desarrollar su conciencia de clase, en organizarla, en ayudarle a crear su
partido obrero.
Plejanov destruyó también la segunda falsa idea
fundamental de los populistas, que consistía en negar el papel de vanguardia
del proletariado en la lucha revolucionaria. Los populistas consideraban la
aparición del proletariado en Rusia como una especie de "desgracia
histórica" y hablaban de la "llaga del proletarismo".
Defendiendo la doctrina marxista y la posibilidad de aplicarla plenamente a
Rusia, Plejanov demostró que, a pesar de la supremacía numérica de los
campesinos y del número relativamente reducido de los proletarios, era
precisamente en el proletariado y en su desarrollo donde los revolucionarios
debían cifrar sus principales esperanzas.
¿Y por qué precisamente en el proletariado?
Porque el proletariado, a pesar de representar, por
aquel entonces, una fuerza numéricamente pequeña, es la clase de los
trabajadores que se halla vinculada a la forma más progresiva de la Economía, a
la gran producción, razón por la cual tiene ante sí un gran porvenir.
Porque el proletariado, como clase, crece de año en
año y se desarrolla políticamente, es fácilmente susceptible de organización,
gracias a las condiciones de su trabajo en la industria, y es, además, por su
misma situación proletaria, la clase más revolucionaria, pues no tiene nada que
perder con la revolución, como no sean sus cadenas.
No ocurre lo mismo con los campesinos.
Los campesinos, (bien entendido, que esto se
refiere a los campesinos individuales. N. de la R.), pese a su gran masa
numérica, son una clase de trabajadores que se halla vinculada a la forma más
atrasada de la Economía, a la pequeña producción, por cuya razón no tiene ni
puede tener un gran porvenir.
Los campesinos, no sólo no crecían como clase, sino
que, lejos de ello, se disgregaban de año en año, pasando unos (los kulaks) a
la burguesía y otros a los campesinos pobres (proletarios y semiproletarios).
Además, el hecho de hallarse diseminados constituía una traba para su
organización, y sus situación de pequeños propietarios, hacía que fuesen más
reacios que el proletariado a entrar en el movimiento revolucionario.
Los populistas afirmaban que en Rusia el socialismo
no se realizaría por medio de lña dictadura del proletariado, sino a través de
la comunidad campesina, en la que ellos veían el germen y la base del
socialismo. Pero esta comunidad no era ni podía ser la base ni el germen del
socialismo, ya que en ella imperaban los kulaks, los "sanguijuelas",
que explotaban a los campesinos pobres, a los braceros del campo y a los
campesinos medios poco pudientes. El hecho que existiese formalmente un régimen
comunal de posesión de la tierra y un reparto de ésta con arreglo al número de
bocas, reparto que se realizaba de vez en cuando, no cambiaba en nada la
situación. Quienes se aprovechaban de la tierra eran aquellos miembros de la
comunidad que disponían de ganado de labor, de aperos de labranza y de
simiente; es decir, los campesinos medios acomodados y los kulaks. Los
campesinos que carecían de ganado de labor, los campesinos pobres y los
campesinos poco pudientes, en general, veíanse obligados a dejar la tierra a los
kulaks y a trabajar por un jornal, como braceros. En realidad, la comunidad
campesina era una forma cómoda para encubrir el predominio de los kulaks y un
medio barato puesto en manos del zarismo para la recaudación de las
contribuciones, según el principio de la caución solidaria. Por eso, el zarismo
dejaba intacta a la comunidad campesina. Era ridículo considerar esta comunidad
como el germen o la base del socialismo.
Plejanov destruyó también la tercera idea falsa
fundamental de los populistas: la del papel primordial que éstos asignaban en
el desarrollo social a los "héroes", a las personalidades ilustres y
a sus ideas, al que correspondía el papel insignificante que atribuían a la
masa, a la "multitud", al pueblo, a las clases. Plejanov acusaba a
los populistas de ser idealistas, demostrando que la verdad no estaba en el
idealismo, sino en el materialismo de Marx y Engels.
Plejanov desarrolló y fundamentó el punto de vista
del materialismo marxista. Demostró, con arreglo a esta doctrina, que el
desarrollo de la sociedad se determina, en última instancia, no por los deseos
y las ideas de las personalidades eminentes, sino por el desarrollo de las
condiciones materiales de existencia de la sociedad, por los cambios operados
en los métodos de producción de los bienes materiales necesarios para la
existencia de la sociedad, por los cambios operados en las relaciones de clase dentro
del campo de la producción de bienes materiales y por la lucha de clases en
torno al papel y al puesto que éstas desempeñan en el terreno de la producción
y distribución de esos bienes materiales. No son las ideas las que determinan
la situación económicosocial de los hombres, sino que la situación
económicosocial de los hombres es la que determina sus ideas. Las
personalidades más eminentes pueden quedar reducidas a la nada, si sus ideas y
sus deseos se oponen al desarrollo económico de la sociedad, si se oponen a las
exigencias de la clase avanzada. Y, por el contrario, los grandes hombres
pueden realmente llegar a ser grandes cuando sus ideas y sus deseos traducen
acertadamente las necesidades del desarrollo económico de la sociedad, las de
la clase avanzada.
A la afirmación de los populistas de que la masa no
es más que una grey y de que son los héroes los únicos que hacen la historia y
convierten a la grey en pueblo, los marxistas contestaban: no son los héroes
los que hacen la historia, sino que es ésta la que hace a los héroes; por lo
tanto, lejos de ser los héroes los que crean el pueblo, es el pueblo el que
crea a los héroes e impulsa el progreso de la historia. Los héroes, los grandes
hombres, pueden desempeñar un papel importante en la vida de la sociedad sólo
en la medida en que sepan comprender acertadamente las condiciones del
desarrollo de la sociedad, comprender cómo modificarlas para mejorarlas. Los
héroes, los grandes hombres, pueden caer en el ridículo y convertirse en
personas inútiles y fracasadas si no saben comprender certeramente las
condiciones de desarrollo de la sociedad y pretenden arremeter contra las
exigencias históricas de ésta, considerándose fatuamente como los
"creadores" de la historia.
A esta categoría de héroes fracasados pertenecían,
precisamente, los populistas.
Los trabajos literarios de Plejanov, su lucha
contra los populistas, socavaron profundamente la influencia de éstos entre los
intelectuales revolucionarios. Pero la destrucción ideológica del populismo no
era todavía completa, ni mucho menos. Esta tarea -la de acabar con el
populismo, como enemigo del marxismo- le tocó en suerte a Lenin.
La mayoría de los populistas, seguidamente al
aniquilamiento del partido "Voluntad del Pueblo", renegó de la lucha
revolucionaria contra el gobierno zarista y comenzó a predicar la
reconciliación y la armonía con el zarismo. En las décadas del 80 y del 90, los
populistas eran ya portavoces de los intereses de los kulaks.
El grupo "Emancipación del Trabajo"
adolecía también de errores graves. En su primer proyecto de programa quedaban
aún residuos de las concepciones populistas, se admitía la táctica del terror
individual. Plejanov no tenía en cuenta tampoco que, en el transcurso de la
revolución, el proletariado puede y debe arrastrar consigo a los campesinos y
que sólo aliado a éstos podía el proletariado triunfar sobre el zarismo.
Además, Plejanov consideraba a la burguesía liberal como una fuerza capaz de prestar
una ayuda, aunque no muy firme, a la revolución, y en cambio, en algunos de sus
trabajos, dejaba de lado completamente a los campesinos, declarando, por
ejemplo, que:
"Fuera de la burguesía y del proletariado, no
vemos otras fuerzas sociales en las que puedan apoyarse, en nuestro país, las
combinaciones oposicionistas o revolucionarias." (Plejanov, t. III, pág.
119. ed. rusa).
Estas falsas ideas de Plejanov fueron el germen de
sus futuras concepciones mensheviques.
Tanto el grupo "Emancipación del Trabajo"
como los círculos marxistas de aquella época se desenvolvían, prácticamente, al
margen del movimiento obrero. Era aún el periodo de gestación y afianzamiento
en Rusia de la teoría marxista, de la idea del marxismo, de las tesis
programáticas de la socialdemocracia. En al década de 1884 a 1894, la
socialdemocracia rusa estaba formada todavía por una serie de pequeños grupos y
círculos desligados o muy poco en contacto con el movimiento obrero de masas. Como
el niño que aun no ha nacido pero se desarrolla ya dentro del vientre materno,
la socialdemocracia rusa atravesaba, como escribe Lenin, por un "proceso
de desarrollo intrauterino".
El grupo "Emancipación del Trabajo"
"echó solamente los cimientos teóricos de la socialdemocracia y dio el
primer paso para salir al encuentro del movimiento obrero", dice Lenin.
Había de ser Lenin quien cumpliese la misión de
fundir el marxismo con el movimiento obrero de Rusia, corrigiendo al mismo
tiempo los errores del grupo "Emancipación del Trabajo".
3. Lenin comienza su actuación revolucionaria. - La
"Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera" de
Petersburgo.
Vladimir Ilich Lenin, fundador del bolshevismo,
nació en la ciudad de Simbirsk (hoy Ulianovsk) en el año 1870. En 1887, ingresó
en la Universidad de Kazán, pero a poco de esto fue detenido y expulsado de la
Universidad por tomar parte en el movimiento revolucionario estudiantil. En
Kazán, Lenin ingresó en el círculo marxista organizado por Fedoseiev. Al
trasladarse Lenin a Samara, se formó en seguida en torno a él el primer círculo
marxista de esta ciudad. Ya entonces Lenin asombraba a cuantos le conocían por
su conocimiento del marxismo.
A fines de 1893, Lenin se trasladó a Petersburgo.
Sus primeras intervenciones produjeron una fuerte impresión en los que asistían
a los círculos marxistas de Petersburgo. Su conocimiento extraordinariamente
profundo de la obra de Marx, su capacidad para aplicar el marxismo a la
situación económica y política de la Rusia de aquel tiempo, su fe ardiente e
inquebrantable en el triunfo de la clase obrera, si formidable talento de
organizador: todo esto convirtió a Lenin en el dirigente indiscutible de los marxistas
de Petersburgo.
Los obreros más avanzados, a los que enseñaba en
los círculos de estudios, sentían por Lenin un gran cariño.
"Nuestras lecciones -cuenta en sus recuerdos
el obrero Babushkin, hablando de la actuación de Lenin en los círculos obreros-
tenían un carácter muy animado, muy interesante; todos estábamos contentísimos
de aquellas lecciones y no nos cansábamos de admirar la inteligencia de nuestro
profesor".
En 1895 Lenin unificó todos los círculos obreros
marxistas que funcionaban en Petersburgo (eran ya cerca de 20) en la
"Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera". Era un paso
preparatorio hacia la creación de un Partido obrero marxista revolucionario.
Lenin trazó a esta "Unión de lucha" la
misión de vincularse más estrechamente con el movimiento obrero de masas y
dirigirlo políticamente. Propuso pasar de la propaganda del marxismo entre el
número reducido de obreros avanzados, congregados en círculos de propaganda, a
la agitación política candente entre las grandes masas de la clase obrera. Este
viraje hacia la agitación de masas tuvo una importancia muy grande para el
desarrollo posterior del movimiento obrero en Rusia.
En la década del 90 del siglo pasado, la industria
rusa atravesaba por un periodo de prosperidad. Aumentaba el número de obreros.
El movimiento proletario se fortalecía. De 1895 a 1899 no bajó de 221.000,
según datos incompletos, el número de obreros que se pusieron en huelga. El
movimiento obrero se convirtió en una fuerza importante en la vida política del
país. La misma realidad se encargaba de confirmar las ideas de los marxistas,
defendidas por éstos en su lucha contra los populistas, acerca del papel de
vanguardia de la clase obrera en el movimiento revolucionario.
Bajo la dirección de Lenin, la "Unión de lucha
por la emancipación de la clase obrera", combinaba la lucha de los obreros
por sus reivindicaciones económicas -mejoramiento de las condiciones de
trabajo, limitación de la jornada de trabajo, aumento de salario, etc.- con la
lucha política contra el zarismo. La "Unión de lucha" educaba
políticamente a los obreros.
La "Unión de lucha por la emancipación de la
clase obrera" de Petersburgo fue, bajo la dirección de Lenin, la primera
organización de Rusia que llevó a cabo la fusión del socialismo con el
movimiento obrero. Cuando estallaba una huelga en cualquier fábrica, la
"Unión", que conocía magníficamente, a través de los obreros que
tomaban parte en sus círculos de estudios, la situación de cada empresa,
reaccionaba inmediatamente con la publicación de hojas y proclamas socialistas.
En estas hojas, se denunciaban los abusos de que los patronos hacían objeto a
los obreros, se explicaba cómo debían luchar éstos para defender sus intereses
y se reproducían sus reivindicaciones. Estas hojas contaban toda la verdad
acerca de los horrores del capitalismo, de la mísera vida de los obreros, de su
trabajo brutal y agotador, con jornadas de 12 a 14 horas, de su carencia total
de derechos. Y en estas mismas hojas se formulaban las reivindicaciones
políticas correspondientes. A fines de 1894, Lenin redactó, con intervención del
obrero Babushkin, la primera de estas hojas de agitación y una proclama
dirigida a los huelguistas de la fábrica de Semianikov, de Petersburgo. En
otoño de 1895, Lenin escribió otra proclama a los obreros en huelga de la
fábrica de Thornton. Esta fábrica era propiedad de unos capitalistas ingleses,
que obtenían millones de ganancias. La jornada de trabajo, en esta empresa, era
de más de 14 horas, y los tejedores ganaban unos 7 rublos al mes. La huelga
terminó con el triunfo de los obreros. En poco tiempo, la "Unión de
lucha" editó decenas de hojas y de proclamas de éstas, dirigidas a los
obreros de diversas fábricas. Cada una de ellas levantaba y fortalecía el
espíritu de los obreros. Estos veían que los socialistas les apoyaban y les
defendían.
En el verano de 1896 se desarrolló, en Petersburgo,
bajo la dirección de la "Unión de lucha", una huelga de 30.000
obreros textiles. La reivindicación principal de los huelguistas era la
reducción de la jornada de trabajo. Bajo la presión de esta huelga, el gobierno
zarista vióse obligado a dictar la ley del 2 de junio de 1897, limitando la
jornada de trabajo a 11 horas y medio. Antes de dictarse esta ley, no existía
limitación alguna.
En diciembre de 1895 fue detenido Lenin por el
gobierno zarista. Pero aun dentro de la cárcel, prosiguió su lucha
revolucionaria. Ayudaba a la "Unión" con sus consejos e indicaciones,
enviándoles desde su celda folletos y proclamas. En la cárcel, escribió Lenin
su folleto "Sobre las huelgas" y la proclama "Al gobierno
zarista", en la que se ponía al desnudo el despotismo salvaje de aquel
régimen. Lenin escribió también en la cárcel un proyecto de programa del
Partido (hubo de escribirlo con leche entre las líneas de un libro de
medicina).
La "Unión de lucha" de Petersburgo
imprimió un poderoso impulso a la fusión de los círculos obreros en
agrupaciones análogas en otras ciudades y regiones de Rusia. A mediados de la
década del 90, aparecieron las primeras organizaciones marxistas en
Transcaucasia. En 1894, se formó en Moscú la "Unión obrera" de esta
ciudad. A fines de siglo, se constituyó la "Unión socialdemócrata" de
Siberia. En la década del 90 surgieron también grupos marxistas en
Ivánovo-Vosnesensk, Yaroslavl y Kostromá, las cuales se unieron después para
formar la "Unión del Partido socialdemócrata del Norte". En la
segunda mitad de esta misma década, se crearon también agrupaciones
socialdemócratas en Rostov sobre el Don, Ekaterinoslav, Kiev, Nikolaiev, Tula,
Samara, Kazán, Oréjovo-Súievo y otras ciudades.
La importancia de la "Unión de lucha por la
emancipación de la clase obrera" de Petersburgo, estribaba en que esta
organización era, según la expresión de Lenin, el primer comienzo serio de un
partido revolucionario apoyado en el movimiento obrero.
La experiencia revolucionaria de la
"Unión" de Petersburgo había de servir a Lenin, en su actuación
posterior, de base para la creación de un Partido socialdemócrata marxista en
Rusia.
Después de la detención de Lenin y de sus más
cercanos compañeros de lucha, se renovó considerablemente la dirección de la
"Unión de lucha" de Petersburgo. Apareció gente nueva, que se llamaba
a sí misma "joven", denominando a Lenin y a sus compañeros de lucha
"los viejos". Esta gente comenzó a seguir una línea política falsa.
Declaraba que a los obreros había que llamarlos solamente a la lucha económica
contra los patronos y que la lucha política incumbía a la burguesía liberal, a
la que correspondía la dirección de la misma.
A esta gente se le comenzó a conocer por el nombre
de "economistas".
Los "economistas" fueron el primer grupo
conciliador, oportunista, que se formó dentro de las filas de las
organizaciones marxistas, en Rusia.
4. Lucha de Lenin contra el populismo y el
"marxismo legal". - La idea leninista de la alianza entre la clase
obrera y los campesinos. - Primer Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata
de Rusia.
Aunque Plejanov había asestado ya, en la década del
80, un rudo golpe al sistema de las ideas populistas, a comienzos de la década
del 90 estas ideas encontraban aún acogida en una parte de la juventud
revolucionaria. Una parte de la juventud seguía creyendo que Rusia podría
sustraerse a la trayectoria capitalista y que serían los campesinos y no la
clase obrera quienes desempeñarían el papel fundamental de la revolución. Los
populistas que aun quedaban esforzábanse en entorpecer por todos los medios la
difusión del marxismo en Rusia, luchaban contra los marxistas y procuraban
desacreditarlos a toda costa. Para asegurar una más amplia difusión del
marxismo y la posibilidad de crear un Partido socialdemócrata, era necesario
aplastar definitivamente al populismo en el terreno ideológico.
Esta labor fue realizada por Lenin.
En su libro titulado "¿Quiénes son los
"amigos del pueblo" y cómo luchan contra los socialdemócratas?"
(publicado en 1894), Lenin puso al desnudo hasta el fin la verdadera faz de los
populistas, como falsos "amigos del pueblo" que laboraban en realidad
contra éste.
En la década del 90, los populistas habían renegado
ya, en el fondo, desde hacía mucho tiempo, de toda lucha revolucionaria contra
el gobierno zarista. Los populistas liberales predicaban la reconciliación con
el zarismo. "Piensan sencillamente -escribía Lenin, refiriéndose a los
populistas de aquel tiempo- que si se le implora sumisamente y con dulzura,
este gobierno podrá arreglarlo todo de buena manera" (Lenin, t. I, pág.
161, ed. rusa).
Los populistas de la década del 90 cerraban los
ojos ante la situación de los campesinos pobres, ante la lucha de clases en el
campo, ante la explotación de los campesinos pobres por los kulaks y ensalzaban
el desarrollo de las haciendas de éstos. En realidad, actuaban como portavoces
de los intereses de los kulaks.
Al mismo tiempo, en su prensa, los populistas
mantenían una campaña de difamación contra los marxistas. Desfigurando y
tergiversando conscientemente las ideas de los marxistas rusos, hacían creer a
sus lectores que los marxistas buscaban la ruina del campo, que querían
"hacer pasar cada mujik por el horno de la fábrica". Lenin
desenmascaró estas supercherías de la crítica populista y demostró que lo que
importaba no eran los "deseos" de los marxistas, sino el proceso real
del desarrollo del capitalismo en Rusia, que hacía crecer inevitablemente el
contingente del proletariado. Y que el proletariado sería el enterrador del
régimen capitalista.
Lenin puso de manifiesto que los verdaderos amigos
del pueblo, que querían acabar con la opresión de los capitalistas y de los
terratenientes y destruir el zarismo, no eran los populistas, sino los
marxistas.
En su libro "¿Quiénes son los "amigos del
pueblos"?", Lenin destaca por vez primera, la idea de la alianza
revolucionaria entre los obreros y los campesinos como medio fundamental para
derrocar el Poder del zarismo, de los terratenientes y de la burguesía.
En una serie de trabajos de este periodo, Lenin
somete a crítica los medios de lucha política de que se servían los militantes
del grupo más importante de los populistas - el de la "Voluntad del
Pueblo"- y que más tarde habían de utilizar los socialrevolucionarios -
continuadores de los populistas-, en particular la táctica del terror
individual. Lenin consideraba esta táctica perjudicial para el movimiento
revolucionario, ya que suplantaba la lucha de las masas por la lucha de unos
cuantos héroes individuales. Esta táctica reflejaba la falta de fe en el
movimiento revolucionario del pueblo.
En la obra "¿Quiénes son los "amigos del
pueblo"?", Lenin traza las tareas fundamentales de los marxistas
rusos. A su juicio, éstos debían, ante todo, tomando como base los dispersos
círculos marxistas, organizar un Partido obrero socialista único. Señalaba,
además, que habría de ser precisamente la clase obrera de Rusia, aliada con los
campesinos, la que derribe la autocracia zarista, después de lo cual el
proletariado ruso, aliado a las masas trabajadoras y explotadas y juntamente con
los proletarios de otros países, marcharía por el camino derecho de la lucha
política abierta hacia la revolución comunista victoriosa.
Así, pues, Lenin señalaba certeramente, hace más de
40 años, el camino de lucha por el que había de marchar la clase obrera,
definía su misión como fuerza revolucionaria avanzada de la sociedad, y de
definía asimismo la misión de los campesinos, como aliados de la clase obrera.
La lucha de Lenin y de sus partidarios contra el
populismo condujo, ya en la década del 90, al completo y definitivo
aplastamiento ideológico del populismo.
Una importancia inmensa tuvo también la lucha de
Lenin contra el "marxismo legal". En todos los grandes movimientos
sociales de la historia hay gente que se suma temporalmente al movimiento para
luego separarse de él. Tal fue lo que ocurrió con los llamados "marxistas
legales". Ante la gran difusión que el marxismo iba adquiriendo en Rusia,
algunos intelectuales burgueses comenzaron a vestirse también con este ropaje,
publicando artículos en los periódicos y revistas legales, es decir,
autorizados por el gobierno zarista. De aquí el nombre de "marxistas
legales" con que se les empezó a designar.
Esta gente luchaba a su modo contra los populistas.
Pero intentaba utilizar esta lucha y la bandera del marxismo para supeditar y
adaptar el movimiento obrero a los intereses de la sociedad burguesa, a los
intereses de la burguesía. Para ello, descartaban de la doctrina de Marx los
puntos fundamentales: la teoría de la revolución proletaria, de la dictadura
del proletariado. El representante más destacado de los marxistas legales,
Piotr Struve, ensalzaba a la burguesía, y, en vez de preconizar la lucha revolucionaria
contra el régimen capitalista, invitaba a los obreros a "reconocer nuestra
incultura y aprender del capitalismo".
En la lucha contra los populistas, Lenin
consideraba lícito establecer un acuerdo temporal con los "marxistas
legales" para utilizarlos contra aquellos, editando, por ejemplo, una
selección de trabajos contra los populistas. Pero, al mismo tiempo, Lenin
criticaba con toda crudeza a los "marxistas legales", poniendo al
desnudo su médula liberal burguesa.
Muchos de estos "compañeros de viaje" se
convirtieron luego en kadetes (nombre del partido más importante de la
burguesía rusa) y, durante la guerra civil, en guardias blancos rabiosos.
A la par con las "Uniones de lucha" de
Petersburgo, Moscú, Kiev, etc., se crearon también organizaciones
socialdemócratas en las nacionalidades enclavadas en el occidente de Rusia. En
la década del 90, se desgajaron del partido nacionalista polaco algunos
elementos marxistas y formaron la "Socialdemocracia de Polonia y
Lituania". A fines de siglo se crearon organizaciones socialdemócratas en
Letonia. En octubre de 1897 se constituyó, en las provincias occidentales de
Rusia, la Unión general socialdemócrata judía, el "Bund".
En 1898, algunas "Uniones de lucha", las
de Petersburgo, Moscú, Kiev, Ekaterinoslav y el "Bund", hicieron el
primer intento de unificarse para formar un Partido socialdemócrata. Con este
fin se reunieron en marzo de 1898, en Minsk, en el primer Congreso del Partido
Obrero Social Demócrata de Rusia (P.O.S.D.R.).
A este primer Congreso del P.O.S.D.R. asistieron,
en total, 9 delegados. Lenin no asistió, pues por aquel entonces se hallaba
deportado en Siberia. El Comité Central del Partido elegido en dicho Congreso
no tardó en ser detenido. El "Manifiesto" lanzado en nombre del
Congreso adolecía aún de muchos defectos. En él, no se señalaba la misión de la
conquista del Poder político por el proletariado, y se rehuía el problema de
los aliados de éste en su lucha contra el zarismo y la burguesía.
En sus acuerdos y en el "Manifiesto", el
Congreso proclamaba la fundación del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia.
En este acto formal, que desempeñó un gran papal en
el plano de la propaganda revolucionaria, residió la importancia del primer
Congreso del P.O.S.D.R.
Pero, a pesar de haberse celebrado este primer
Congreso, en Rusia no existía aún, en realidad, un Partido socialdemócrata
marxista. El Congreso no había logrado unir y enlazar orgánicamente los
diversos grupos y organizaciones marxistas. No existía aún una línea única de
trabajo entre las organizaciones locales; no existía un programa del Partido,
ni estatutos de éste, ni un centro único de dirección.
Estas causas, unidas a toda otra serie de razones,
hicieron que la dispersión ideológica entre las diversas organizaciones locales
fuese en aumento, lo cual creaba condiciones propicias para que se fortaleciese
dentro del movimiento obrero la corriente oportunista del
"economismo".
Fueron necesarios varios años de intensa labor de
Lenin y del periódico "Iskra" ("La chispa"), organizado por
él, para acabar con aquella dispersión ideológica, superar las vacilaciones
oportunistas y preparar la creación del Partido Obrero Social Demócrata de
Rusia.
5. Lucha de Lenin contra el "economismo".
- Aparece el periódico leninista "Iskra".
Lenin no asistió al primer Congreso del P.O.S.D.R.
Hallábase, por aquel entonces, deportado en Siberia, en la aldea de Sushenkoe,
adonde le había desterrado el gobierno zarista, después de una larga prisión el
la cárcel de Petersburgo, por su labor en la "Unión de lucha por la
emancipación de la clase obrera".
Pero Lenin proseguía su labor revolucionaria desde
el destierro. Fue allá donde terminó su importantísima obra científica "El
desarrollo del capitalismo en Rusia", que venía a rematar el aplastamiento
ideológico del populismo. También escribió en el destierro su conocido folleto
titulado "Las tareas de los socialdemócratas rusos".
A pesar de hallarse aislado de la labor práctica
revolucionaria directa, Lenin sabía mantener contacto con activistas
revolucionarios, sostenía correspondencia con ellos, se informaba por ellos y
les daba consejos. Durante este tiempo, Lenin se ocupó especialmente del
problema de los "economistas". Comprendía mejor que nadie que el
"economismo" era la célula fundamental de la doctrina
conciliacionista, del oportunismo y que el triunfo del "economismo"
en el movimiento obrero significaría el socavamiento del movimiento
revolucionario del proletariado, la derrota del marxismo.
Por eso, Lenin comenzó a combatir a los
"economistas" desde el primer día de su aparición.
Los "economistas" afirmaban que los
obreros sólo debían luchar en el terreno económico, dejando la lucha política a
cargo de la burguesía liberal, a la que los obreros debían apoyar. Lenin
reputaba estas prédicas de los "economistas" como propias de
renegados del marxismo, como la negación de la necesidad de un partido político
independiente para la clase obrera, como un intento de convertir a la clase
obrera en un apéndice político de la burguesía.
En 1899, un grupo de "economistas"
(Prokopovich, Kuskova y otros, que más tarde se hicieron kadetes) lanzó un
manifiesto. En él se declaraban en contra del marxismo revolucionario y exigían
que el proletariado renunciase a crear un partido político independiente, que
la clase obrera renunciase a sus reivindicaciones políticas propias. Los
"economistas" entendían que la lucha política era de incumbencia de
la burguesía liberal y que los obreros tenían bastante con ocuparse de la lucha
económica contra los patronos.
Después de conocer este documento oportunista,
Lenin convocó una conferencia de los deportados políticos marxistas en las
inmediaciones de la aldea en que él se hallaba, y 17 camaradas, con Lenin a la
cabeza, formularon una enérgica protesta, denunciando las ideas de los
"economistas".
Esta propuesta, redactada por Lenin, circuló por
las organizaciones marxistas de toda Rusia y tuvo una importancia formidable
para el desarrollo del marxismo y del partido marxista en Rusia.
Los "economistas" rusos predicaban las
mismas ideas que, en los partidos socialdemócratas del extranjero, los
adversarios del marxismo, los llamados "bernsteinianos", es decir,
los partidarios del oportunista Bernstein.
Por eso, la lucha de Lenin contra los
"economistas" era, al mismo tiempo, una lucha contra el oportunismo
internacional.
La lucha fundamental mantenida contra el
"economismo" por la creación de un partido político independiente del
proletariado, corrió a cargo del periódico clandestino ""Iskra",
creado por Lenin.
A comienzos de 1900, Lenin y otros afiliados a la
"Unión de lucha" regresaron del destierro de Siberia a Rusia. Lenin
se formó el propósito de crear un gran periódico marxista ilegal para todo el
país. Existía ya una multitud de pequeños círculos y organizaciones marxistas,
pero sin enlace alguno entre sí. En aquel momento, en que, para decirlo con
palabras del camarada Stalin, "la labor a la manera artesana y el mal de
círculos aislados roían al partido de arriba abajo y en que la dispersión
ideológica era el rasgo característico de la vida interna del partido", la
creación de un periódico clandestino para toda Rusia era la tarea fundamental
que se planteaba a los marxistas revolucionarios. Sólo este periódico podía
enlazar entre sí a las dispersas organizaciones marxistas y preparar la
creación de un verdadero partido.
Pero un periódico así era imposible organizarlo en
la Rusia zarista, por razón de las persecuciones policíacas. Al mes o a los dos
meses, habría sido descubierto por los sabuesos de la policía zarista y
destruido. Lenin decidió, pues, editarlo en el extranjero. El periódico,
impreso en un papel fino y resistente, era introducido clandestinamente en
Rusia. Algunos números de la "Iskra" se reproducían dentro del país,
en las imprentas clandestinas de Bakú, de Kishinev, de Siberia, etc.
En el otoño de 1900, Lenin salió al extranjero para
entrevistarse con los camaradas del grupo "Emancipación del Trabajo"
respecto a la publicación de un periódico político para toda Rusia. Esta idea
había sido perfilada por Lenin en el destierro, en todos sus detalles. A su
paso por estos sitios, de vuelta de la deportación, Lenin celebró en Ufá,
Pskov, Moscú y Petersburgo una serie de entrevistas sobre el periódico
proyectado. En todos estos puntos se puso de acuerdo con los camaradas acerca de
las claves para cambiar clandestinamente correspondencia y de las señas para el
envío de publicaciones, y examinó con ellos el plan para la lucha futura.
El gobierno zarista dábase cuenta de que tenía en
la persona de Lenin un enemigo peligrosísimo. En su correspondencia secreta, el
agente de la "ojrana"[1] zarista, el gendarme Subatov, escribía:
"Hoy, no hay nadie más importante que Ulianov (Lenin) en el campo de la
revolución", por cuya razón juzgó oportuno tomar medidas para organizar el
asesinato de Lenin.
A su llegada al extranjero, Lenin se entrevistó con
el grupo "Emancipación del Trabajo", es decir, con Plejanov, Axelrod
y Sasulich, con quienes trató la edición en común de la "Iskra". Todo
el plan de esta publicación había sido concebido y trazado por Lenin desde el
principio hasta el fin.
En el mes de diciembre de 1900 apareció en el
extranjero el primer número del periódico "Iskra". Debajo del título
del periódico figuraba este lema: "De la chispa nacerá la llama".
Eran palabras tomadas de la respuesta de los dekabristas[2] al saludo que el
poeta Pushkin les había dirigido a su destierro siberiano.
En efecto, la "Iskra", es decir, la
chispa encendida por Lenin, había de provocar, andando el tiempo, la llama del
gran incendio revolucionario que arrasó hasta los cimientos a la monarquía
zarista de la nobleza y de los terratenientes y el Poder de la burguesía.
RESUMEN
El Partido Obrero Social Demócrata marxista de
Rusia surgió, en primer lugar, de la lucha contra el populismo, contra sus
ideas falsas y nocivas para la causa de la revolución.
Sólo destruyendo ideológicamente las concepciones
de los populistas podía prepararse el terreno para la creación del Partido
obrero marxista en Rusia. Plejanov y su grupo "Emancipación del
Trabajo" asestaron un golpe decisivo al populismo en la década del 80 del
siglo pasado.
En la década del 90, Lenin remató el aplastamiento
ideológico del populismo y acabó con el.
El grupo "Emancipación del Trabajo",
fundado en 1883, realizó una gran labor de difusión del marxismo en Rusia, echó
los cimientos teóricos de la socialdemocracia y dio el primer paso para salir
al encuentro del movimiento obrero.
Con el desarrollo del capitalismo en Rusia, creció
rápidamente el contingente del proletariado industrial. A mediados de la década
del 80, la clase obrera comenzó a marchar por la senda de la lucha organizada,
por la senda de la actuación de masas y bajo la forma de huelgas organizadas.
Pero los círculos y grupos marxistas sólo se ocupaban de propaganda, sin
comprender bien la conveniencia de pasar a la labor de agitación de masas
dentro de la clase obrera, por cuya razón no se hallaban aún en contacto práctico
con el movimiento obrero, no lo dirigían.
La "Unión de lucha por la emancipación de la
clase obrera", creada por Lenin en Petersburgo en el año 1895, que
desplegó una labor de agitación de masas entre los obreros y dirigió huelgas de
masas, representaba una nueva etapa, el paso a la agitación de masas entre los
obreros y a la fusión del marxismo con el movimiento obrero. Esta "Unión
de lucha por la emancipación de la clase obrera" fue el primer germen del
partido obrero revolucionario en Rusia. Siguiendo las huellas de la "Unión
de lucha" de Petersburgo, se crearon organizaciones marxistas en todos los
principales centros industriales de Rusia y en las nacionalidades enclavadas en
la periferia.
En 1898 se hizo el primer intento, que no prosperó,
de unificar las organizaciones socialdemócratas marxistas en un partido,
reuniéndose el primer Congreso del P.O.S.D.R. Pero este Congreso no logró crear
todavía el Partido: no existía programa ni estatutos del Partido, ni centro
único de dirección, ni casi ningún enlace entre los distintos círculos y grupos
marxistas.
Para unir y enlazar entre sí las organizaciones
marxistas dispersas, formando un partido único, Lenin concibió y realizó el
plan de creación del primer periódico revolucionario marxista para toda Rusia:
la "Iskra".
Los principales adversarios de la creación de un
partido político obrero único eran, en este periodo, los
"economistas". Estos negaban la necesidad de semejante partido.
Apoyaban la dispersión y la labor a la manera artesana y el mal de círculos
aislados. Contra ellos, precisamente, era contra quienes dirigían sus golpes
Lenin y la "Iskra", creada por él.
La aparición de los primeros números de la
"Iskra" (1900-1901) representó el paso al nuevo periodo, al periodo
de la verdadera creación, a base de los grupos y círculos dispersos, del
Partido Obrero Social Demócrata de Rusia.
[1] Departamento de policía política secreta, en la
Rusia zarista, creado para combatir el movimiento revolucionario. -(N. del T.).
[2] Revolucionarios de la nobleza que se sublevaron
contra la autocracia y la servidumbre en diciembre de 1825. (N. del T.).
II. Formación del Partido Obrero Social Demócrata
de Rusia. En el Partido surgen dos fracciones: la bolshevique y la menshevique
(1901-1904)
II
FORMACIÓN DEL PARTIDO
OBRERO SOCIAL DEMÓCRATA DE RUSIA. EN EL PARTIDO SURGEN DOS FRACCIONES: LA
BOLSHEVIQUE Y LA MENSHEVIQUE (1901-1904)
1. Auge del movimiento revolucionario en Rusia en
los años de 1901 a 1904.
A fines del siglo XIX estalló en Europa una crisis
industrial. Esta crisis no tardó en extenderse también a Rusia. Durante los
años de la crisis -1900 a 1903- se cerraron hasta 3.000 grandes y pequeñas
empresas. Fueron lanzados a la calle más de 100.000 obreros. Los salarios de
los que siguieron trabajando experimentaron una brusca disminución. Los
capitalistas apresuráronse a revocar las concesiones insignificantes que los
obreros les habían arrancado a fuerza de tenaces huelgas de carácter económico.
Pero la crisis industrial y el paro forzoso no
paralizaron ni debilitaron el movimiento obrero. Lejos de ello, la lucha de los
obreros comenzó a adquirir un carácter cada vez más revolucionario. Los obreros
fueron pasando de las huelgas de carácter económico a las huelgas de tipo
político. Por último, pasaron a la etapa de las manifestaciones, formulando
diversas reivindicaciones políticas en torno a las libertades democráticas y
lanzando la consigna de "¡Abajo la autocracia zarista!".
La huelga del Primero de Mayo de 1901 en la fábrica
de material de guerra "Obujov", de Petersburgo, se convirtió en un
choque sangriento entre los obreros y las tropas. Los obreros sólo podían hacer
frente a los destacamentos armados del zarismo, con piedras y trozos de hierro.
Fue vencida la tenaz resistencia de los obreros, y tras ella vino una terrible
represión: fueron detenidos cerca de 800 obreros, muchos de los cuales se
vieron lanzados a la cárcel o sepultados en el presidio. Pero la heroica
"defensa de Obujov", ejerció una gran influencia sobre los obreros de
Rusia y despertó entre ellos una oleada de simpatía.
En marzo de 1902 se produjeron las grandes huelgas
y la manifestación de los obreros de Batum, organizadas por el Comité
socialdemócrata de aquella ciudad. La manifestación de Batum puso en pie a los
obreros y a las masas campesinas de Transcaucasia.
En el mismo año de 1902 se planteó una gran huelga
en Rostov del Don. Al principio, sólo abandonaron el trabajo los ferroviarios,
pero pronto se unieron a ellos los obreros de muchas fábricas. Esta huelga puso
en pie a todos los obreros de Rostov, y en mítines organizados en las afueras
de la ciudad durante varios días se reunieron más de 30.000 proletarios. En
estos mítines leíanse en voz alta las proclamas socialdemócratas y hacían uso
de la palabra diversos oradores. Ni la policía ni los cosacos eran los
suficientemente fuertes para dispersar los muchos miles de obreros congregados
en aquellas asambleas. La policía mató a varios obreros; al día siguiente, su
entierro se convirtió en una inmensa manifestación. El gobierno zarista vióse
obligado a traer tropas de las guarniciones vecinas para poder aplastar la
huelga. La lucha de los obreros de Rostov fue dirigida por el Comité del Don
del P.OS.D.R.
En el año 1903, las huelgas cobraron proporciones
aun mayores. Durante este año se produjeron varias huelgas políticas de masas
en el Sur, extendiéndose a toda Transcaucasia (Bakú, Tiflis, Batum) y a las
principales ciudades de Ucrania (Odesa, Kiev, Ekaterinoslav). Las huelgas
presentaban un carácter cada vez más tenaz y más organizado. A diferencia de lo
que había ocurrido en otras acciones anteriores de la clase obrera, ahora casi
toda la lucha política de los obreros comenzaba a estar dirigida por Comités
socialdemócratas.
La clase obrera de Rusia se iba alzando a la lucha
revolucionaria contra el poder zarista.
El movimiento obrero repercutía entre los
campesinos. En la primavera y el verano de 1902 estalló un movimiento campesino
en Ucrania (en las provincias de Poltava y Jarkov) y en la región del Volga.
Los campesinos pegaban fuego a las fincas señoriales, se apoderaban de las
tierras y daban muerte a los "zemskie nachalniki"[1] y terratenientes
más odiados. Se enviaron contra los campesinos sublevados fuerzas armadas que
entraron a tiros en las aldeas; cientos de campesinos fueron detenidos y los
dirigentes y organizadores del movimiento encarcelados, pero el movimiento
revolucionario campesino seguía su marcha ascendente.
La actuación revolucionaria de los obreros y de los
campesinos indicaba que en Rusia se estaba gestando y se acercaba la
revolución.
Bajo la influencia de la lucha revolucionaria de
los obreros, se robusteció también el movimiento de oposición entre los
estudiantes. Como réplica a la manifestaciones y a las huelgas estudiantiles,
el gobierno clausuró las Universidades, metió en la cárcel a cientos de
estudiantes, y, por último, discurrió la idea de movilizar como soldados a los
estudiantes rebeldes. Como respuesta a esto, los alumnos de todos los centros
superiores de enseñanza organizaron, durante el invierno de 1901 a 1902, una
huelga general de estudiantes que afectó a 30.000 personas.
El movimiento revolucionario de los obreros y
campesinos y, sobre todo, la represión contra los estudiantes, pusieron también
en pie a la burguesía y a los terratenientes liberales que tenían su plataforma
en los llamados "zemstvos"; les obligaron a levantar la voz
"protestando" contra el "rigor" del gobierno zarista, que
castigaba duramente a sus hijitos, los estudiantes.
El punto de apoyo de estos liberales eran las
"zemskie upravi". Llamábanse así los organismos de tipo local cuya
competencia se hallaba circunscripta a cuestiones puramente municipales,
relacionadas con la población rural (construcción de caminos, de hospitales y
escuelas, etc.). En dichos organismos desempeñaban un papel bastante destacado
los terratenientes liberales. Estos se hallaban estrechamente vinculados y casi
fusionados con la burguesía liberal, pues comenzaban a pasar, en sus propiedades,
del sistema semifeudal al capitalista, más beneficiosos para sus intereses.
Ambos grupos de liberales eran, naturalmente, partidarios del gobierno zarista,
aunque no estaban de acuerdo con el "rigor" del zarismo, precisamente
porque temían que este "rigor" pudiese robustecer el movimiento
revolucionario. Y, aunque les alarmaba el "rigor" del gobierno
zarista, les alarmaba aún más la revolución. Con sus protestas contra el
"rigor" del zarismo, los liberales perseguían dos fines: en primer
lugar, hacer "entrar en razón" al zar; en segundo lugar, aparentar
farisaicamente un "gran descontento" con el zarismo, para de este
modo ganarse la confianza del pueblo, desviar a éste o a una parte de él de la
revolución y debilitar así el movimiento revolucionario.
El movimiento liberal de los "zemstvos"
no representaba, evidentemente, ningún peligro para la existencia del zarismo,
pero era, a pesar de todo, un indicio de que éste no estaba muy bien avenido
con los puntales "seculares" del régimen zarista.
El movimiento liberal de los "zemstvos"
condujo, en 1902, a la organización del grupo burgués denominado
"Liberación", que había de ser el núcleo constitutivo del futuro
partido principal de la burguesía rusa, del partido de los kadetes.
Viendo que el movimiento obrero y campesino se
extendía por todo el país como un torrente cada día más amenazador, el zarismo
tomó todas las medidas encaminadas a detener el movimiento revolucionario. Las
huelgas y las manifestaciones obreras eran reprimidas, y cada vez más
frecuentemente, por la fuerza de las armas; las balas y el látigo se
convirtieron en la respuesta normal del gobierno zarista a las acciones de los
obreros y los campesinos; las cárceles y los lugares de deportación se llenaron
de revolucionarios.
Pero, a la par con estas represiones violentas, el
gobierno zarista intentó aplicar otras medidas más "flexibles", no
represivas, para desviar a los obreros del movimiento revolucionario.
Hiciéronse tentativas para crear falsas organizaciones obreras bajo la tutela
de los gendarmes y la policía. Estas organizaciones se conocían con el nombre
de organizaciones del "socialismo policíaco" u organizaciones Subatov
(nombre del coronel de la gendarmería a quien se debió la creación de estas
entidades obreras de tipo policíaco). Por medio de sus agentes, la
"ojrana" zarista esforzábase en inculcar a los obreros la creencia de
que el gobierno del zar estaba dispuesto, por su propio impulso, a ayudar a los
obreros y a satisfacer sus reivindicaciones económicas. "¿Para qué
necesitáis meteros en política, para qué vais a organizar la revolución, si el
propio zar está al lado de los obreros?" - decían a los proletarios los
agentes de Subatov. Estos crearon sus organizaciones en varias ciudades. Tomando
como modelo el método Subatov y persiguiendo idénticos fines, el cura Gapón
fundó, en 1904, una organización titulada "Asociación de los obreros
fabriles rusos de Petersburgo".
Pero el intento de la policía secreta zarista, de
adueñarse de la dirección del movimiento obrero, fracasó. El gobierno zarista
no lograba atajar, con semejantes medidas, el creciente movimiento de las masas
obreras. El movimiento revolucionario de la clase obrera, cada vez más
poderoso, se encargó de barrer de su camino estas organizaciones policíacas.
2. Plan de Lenin para la organización de un Partido
Marxista. - El oportunismo de los "economistas". - La lucha de la
"iskra" en pro del plan de Lenin. - Aparece el libro de Lenin
"¿Qué hacer?". - los fundamentos ideológicos del Partido Marxista.
A pesar de haberse celebrado en 1898 el primer
Congreso del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia, en el que se había
proclamado la creación del Partido, la realidad era que éste no estaba formado
aún. No tenía programa ni estatutos. El Comité Central del Partido elegido en
el primer Congreso, fue detenido y no volvió ya a reconstituirse, pues no hubo
quien lo reconstituyera. Más aún; después del primer Congreso, la dispersión
ideológica y la desarticulación orgánica del Partido, lejos de disminuir, aumentaron.
Los años de 1884 a 1894 habían sido el periodo de
triunfo sobre el populismo y de preparación ideológica de la socialdemocracia;
durante los años de 1894 a 1898, se hicieron una serie de intentos, ciertamente
infructuosos, para crear, sobre la base de las diversas organizaciones
marxistas, un partido socialdemócrata; el periodo que sigue a 1898 es un
periodo de recrudecimiento del caos ideológico y orgánico dentro del Partido.
El triunfo del marxismo sobre el populismo y la actuación revolucionaria de la
clase obrera pusieron de manifiesto la razón que asistía a los marxistas, con
lo cual aumentaron las simpatías de la juventud revolucionaria por el marxismo.
El marxismo se puso de moda. Esto hizo que invadiesen las organizaciones
marxistas masas enteras de jóvenes revolucionarios procedentes del campo
intelectual, de formación teórica endeble, inexpertos en el aspecto político y
en materia de organización y que sólo tenían una idea confusa y en gran parte
falsa del marxismo, nutrida en los escritos oportunistas de los "marxistas
legales", de que estaba plagada la Prensa. Esta circunstancia hizo que
descendiese el nivel teórico y político de las organizaciones marxistas,
deslizó en ellas las tendencias oportunistas de los "marxistas legales"
y aumentó la dispersión ideológica, las vacilaciones políticas y el caos
orgánico.
La marcha ascendente, cada vez más acentuada, del
movimiento obrero y la clara inminencia de la revolución, reclamaban la
creación de un partido único y centralizado de la clase obrera, capaz de
ponerse al frente del movimiento revolucionario. Pero el estado en que se
encontraban los órganos de base del Partido, los comités locales, los grupos y
los círculos era tan poco halagüeño, su desarticulación orgánica y su falta de
unidad ideológica tan grandes, que la creación de semejante partido ofrecía
dificultades increíbles.
Estas dificultades no estribaban solamente en el
hecho de tener que organizar el Partido bajo el fuego de las crueles
persecuciones de zarismo, que arrebataba de las filas de las organizaciones a
los mejores militantes, para mandarlos a la deportación, a la cárcel o al
presidio. Había, además, otra dificultad, y era que una parte considerable de
los comités locales y de sus militantes no querían levantar la vista de se
pequeña labor práctica local, no comprendía el daño que hacía la falta de una
unidad orgánica e ideológica del Partido, estaba acostumbrada al
fraccionamiento de éste y al caos ideológico dentro de él, y se imaginaba que
era posible prescindir de un partido único y centralizado.
Para crear un Partido centralizado, había que
acabar con este atraso, con este estancamiento y practicismo estrecho de los
órganos locales.
Pero aun había más. Existía dentro del Partido un
grupo bastante numeroso de gente, que tenía sus órganos propios en la Prensa;
en Rusia, "Rabochaia Misl" ("El pensamiento obrero2) y
"Rabochee Dielo" ("La causa obrera") en el extranjero, y
que pretendía justificar teóricamente la desarticulación orgánica y la
dispersión ideológica del Partido, llegando incluso, no pocas veces, a
ensalzarlas, y considerando que la tarea de crear un partido político único y
centralizado de la clase obrera era una tarea innecesaria y artificiosa.
Este grupo era el de los "economistas" y
sus secuaces.
Lo primero que había que hacer, para poder crear el
Partido político único del proletariado, era acabar con los
"economistas".
Lenin tomó en su mano esta tarea y la organización
del Partido de la clase obrera.
Existían diversos criterios acerca del problema de
por dónde debía comenzarse a organizar el Partido único de la clase obrera.
Algunos entendían que la organización del Partido debía comenzar por la
convocatoria del II Congreso de éste, dejando que él se encargase de unificar
las organizaciones locales y de crear el Partido. Lenin era contrario a esta
opinión. A su juicio, antes de convocar el congreso era necesario esclarecer el
problema de los fines y tareas del Partido, saber qué clase de partido se pretendía
organizar, deslindar ideológicamente los campos con los
"economistas", decirle al Partido, honrada y abiertamente, que
existían respecto a sus fines y tareas dos criterios distintos: el de los
"economistas" y el de los socialdemócratas revolucionarios,
desarrollar una amplia campaña de propaganda en la Prensa en pro de las ideas
de la socialdemocracia revolucionaria, como la desarrollaban los
"economistas" en pro de las suyas desde sus órganos, dar a las
organizaciones locales la posibilidad de elegir con plena conciencia entre
estas dos corrientes; sólo después de realizar esta labor previa indispensable,
podría convocarse el congreso del Partido.
Leni decía, escuetamente:
"Antes de unificarse y para unificarse es
necesario empezar por deslindar los campos de un modo resuelto y definido"
(Lenin, t. IV, pág. 378, ed. rusa).
He aquí por qué Lenin entendía que la organización
del Partido político de la clase obrera debía tener como punto de partida la
creación de un periódico político combativo destinado a toda Rusia, en el que
se hiciese propaganda y agitación en pro de las ideas de la socialdemocracia
revolucionaria, y que la creación de este periódico tenía que ser el primer
paso para la organización del Partido.
En su conocido artículo titulado "¿Por dónde
empezar?", Lenin esbozaba un plan concreto de organización del Partido,
que luego había de desarrollar en su célebre libro "¿Qué hacer?".
"A nuestro juicio -decía Lenin en aquel
artículo-, el punto de partida para la actuación, el primer paso práctico hacia
la creación de la organización deseada[2] y, finalmente, el hilo fundamental al
que tendríamos que agarrarnos para desarrollar, ahondar y ensanchar
inquebrantablemente esta organización, debe ser la creación de un periódico
político destinado a toda Rusia... Sin éste, no sería posible desarrollar de un
modo sistemático una propaganda y agitación, sólidas en el plano de los principios
y extensivas a todos los aspectos, que son la tarea constante y fundamental de
la socialdemocracia ahora y siempre y que deben ser, sobre todo, la tarea vital
en los momentos actuales, en que el interés por la política, por los problemas
del socialismo se ha despertado en las más extensas capas de la población"
(Lenin, t. IV, pág. 110, ed. rusa).
Lenin entendía que un periódico así serviría de
medio, no sólo para la cohesión ideológica del Partido, sino también para la
unificación orgánica de las diversas organizaciones locales, formando un
partido. La red de camaradas agentes y corresponsales de este periódico, que
serían al mismo tiempo representantes de las organizaciones locales,
constituiría el armazón en torno al cual se aglutinaría orgánicamente el
Partido. Pues, "el periódico -decía Lenin-, no es sólo un propagandista y
un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo".
"Esta red -decía Lenin en el citado artículo-
servirá de armazón precisamente para la organización que necesitamos: será lo
suficientemente grande para abarcar todo el país; lo suficientemente vasta y
variada para poder introducir en ella una rigurosa y detallada división del
trabajo; lo suficientemente resistente para saber proseguir inquebrantablemente
su labor bajo todas las circunstancias y ante todos los "virajes" y
situaciones inesperadas; lo suficientemente flexible para saber, de un lado,
rehuir las batallas en campo abierto contra un enemigo peligroso por su fuerza
aplastante, cuando concentre toda su fuerza en un punto, pero sabiendo, de otro
lado, aprovecharse de la torpeza de movimientos de este enemigo y lanzarse
sobre él en el sitio y en el momento en que menos espere ser atacado"
(Obra citada, pág. 112).
He ahí lo que quería que fuese el periódico
"Iskra".
Y, en efecto, la "Iskra" fue precisamente
el periódico político que preparó la cohesión ideológica y orgánica del Partido
en toda Rusia.
Por lo que se refiere a su estructura y
composición, Lenin entendía que el Partido debía constar de dos partes: a) un
círculo reducido de militantes que formasen los cuadros de dirección fijos y en
el cual debían entrar, fundamentalmente, los revolucionarios profesionales, es
decir, los militantes sin más ocupación que el trabajo del Partido y dotados
del mínimum indispensable de conocimientos teóricos, de experiencia política,
de capacidad de organización y de habilidad para luchar con la policía zarista
y escabullirse de ella, y b) una extensa red de organizaciones periféricas del
Partido, integradas por una masa numerosísima de afiliados y rodeadas de la
simpatía y el apoyo de cientos de miles de trabajadores.
"Yo afirmo -escribía Lenin-: 1) que no puede
haber un movimiento revolucionario sólido sin una organización de dirigentes
estable y que asegure la continuidad; 2) que cuanto más extensa sea la masa que
se sienta espontáneamente arrastrada a la lucha... más apremiante es la
necesidad de semejante organización y más sólida tiene que ser ésta...; 3) que
dicha organización debe estar formada, fundamentalmente, por hombres entregados
profesionalmente a las actividades revolucionarias; 4) que en el país de la autocracia,
cuanto más restrinjamos el contingente de los miembros de una organización de
este tipo, hasta no incluir en ella más que aquellos afiliados que se ocupen
profesionalmente de actividades revolucionarias y que tengan ya una preparación
profesional en el arte de luchar con la policía política, más difícil será
"cazar" a esta organización, y 5) tanto mayor será el contingente de
individuos de la clase obrera y de las demás clases de la sociedad que podrán
participar en el movimiento y colaborar activamente en él" (Lenin, t. IV,
pág. 456, ed. rusa.).
En cuanto al carácter del Partido que se trataba de
crear y a su papel en relación con la clase obrera, así como en cuanto a los
fines y tareas del Partido, Lenin entendía que éste debía ser el destacamento
de vanguardia de la clase obrera, la fuerza dirigente del movimiento obrero,
que unificase y orientase la lucha de clase del proletariado. La meta final del
Partido había de ser el derrocamiento del capitalismo y la instauración del
socialismo. Su meta inmediata, derribar al zarismo e implantar un régimen
democrático. Y como el derrocamiento del capitalismo presumía el hundimiento
del zarismo, el objetivo fundamental del Partido, en aquel momento concreto,
consistía en poner en pie a la clase obrera y a todo el pueblo para la lucha
contra el zarismo, en desencadenar un movimiento revolucionario popular contra
el zarismo, y en derribar el régimen zarista, que era el primero y el gran
obstáculo que se alzaba en el camino hacia el socialismo.
"La historia plantea hoy ante nosotros -decía
Lenin- una tarea inmediata, que es la más revolucionaria de todas las tareas
inmediatas del proletariado de ningún otro país. La realización de esta tarea,
el hundimiento del más poderoso baluarte, no ya de la reacción europea, sino
también (podemos decir hoy) de la reacción asiática, convertiría al
proletariado ruso en la vanguardia del proletariado revolucionario
internacional" (Lenin, t. IV, pág. 382, ed. rusa).
Y en otro lugar escribe:
"Debemos recordar que la lucha contra el
gobierno por reivindicaciones parciales, la conquista de algunas concesiones
aisladas, no son más que pequeñas escaramuzas con el enemigo, pequeños combates
de avanzadas, y que la batalla decisiva no se ha dado aún. Ante nosotros se
alza con todo su poder la fortaleza enemiga, desde la cual se nos hacen
descargas cerradas que barren a nuestros mejores combatientes. Tenemos que
tomar esta fortaleza y la tomaremos, si sabemos unir en un solo partido -al que
se sumará cuanto hay en Rusia de vital y de honrado- todas las fuerzas del
proletariado, que ya ha abierto los ojos, y todas las fuerzas revolucionarias
rusas. Sólo entonces se cumplirá la gran profecía del revolucionario obrero
ruso Piotr Alexeiev: "Se levantará el brazo vigoroso de los millones de
hombres obreros, y el yugo del despotismo, defendido por las bayonetas de los
soldados, saltará hecho añicos" (Obra citada, pág 59).
Tal era el plan de Lenin para la creación del
Partido de la clase obrera, dentro de las condiciones de la Rusia zarista
autocrática.
Los "economistas" no tardaron en romper
el fuego contra el plan de Lenin.
Afirmaban que la lucha en el plano político general
contra el zarismo era incumbencia de todas las clases y sobre todo de la
burguesía, y que no presentaba, por tanto, ningún interés considerable para la
clase obrera, ya que lo que fundamentalmente interesaba a los obreros era la
lucha económica contra los patronos por el aumento de los salarios, la mejora
de las condiciones de trabajo, etc. Por consiguiente, los socialdemócratas no
debían asignarse como tarea inmediata fundamental la lucha política contra el
zarismo, el derrocamiento del régimen zarista, sino la organización de la
"lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno",
entendiendo por lucha económica contra el gobierno la lucha por el
perfeccionamiento de la legislación industrial. Los "economistas"
aseguraban que por este medio podía "darse a la misma lucha económica un
carácter político".
Los "economistas" ya no se atrevían a
manifestarse formalmente en contra de la necesidad de un partido político para
la clase obrera. Pero entendían que este partido no debía ser la fuerza
dirigente del movimiento obrero, que no debía inmiscuirse en el movimiento
espontáneo de la clase obrera, ni mucho menos dirigirlo, sino marchar a la zaga
de él, estudiarlo y sacar de él enseñanzas.
Afirmaban asimismo los "economistas" que
el papel del elemento consciente en el movimiento obrero, el papel organizador
y orientador de la conciencia socialista, de la teoría socialista, era
insignificante o poco menos, que la socialdemocracia no debía elevar a los
obreros al nivel de la conciencia socialista, sino, por el contrario, descender
ella y adaptarse al nivel de las capas medias e incluso de las más atrasadas de
la clase obrera, que la socialdemocracia no debía inculcar en la clase obrera,
una conciencia socialista, sino esperar a que el mismo movimiento espontáneo de
la clase obrera forjase en ella una conciencia socialista por sus propias
fuerzas.
En cuanto al plan orgánico de estructuración del
Partido trazado por Lenin, lo consideraban como una especie de coacción a que
se pretendía someter al movimiento espontáneo.
En las páginas de la "Iskra" y, sobre
todo, en su célebre libro "¿Qué hacer?", Lenin se lanzó contra esta
filosofía oportunista del "economismo" y no dejó piedra sobre piedra
de ella.
1) Lenin señaló que el desviar a la clase obrera de
la lucha política general contra el zarismo, reduciendo su misión a la lucha
económica contra los patronos y el gobierno y dejando en pie e indemnes a unos
y otros, significaba condenar a los obreros a eterna esclavitud. La lucha
económica de los obreros contra los patronos y el gobierno es una lucha de tipo
tradeunionista por lograr mejores condiciones de venta de la fuerza de trabajo
a los capitalistas, pero los obreros no quieren luchar solamente por mejorar
las condiciones de venta de su fuerza de trabajo, sino que quieren luchar
también para destruir el mismo sistema capitalista, que los condena a la
necesidad de vender a los capitalistas su fuerza de trabajo y de someterse a la
explotación. Ahora bien, los obreros no podrán desplegar la lucha contra el
capitalismo, no podrán desplegar la lucha por el socialismo, mientras se alce
en el camino del movimiento obrero el zarismo, que es el perro de presa del
capitalismo. Por eso, la tarea más urgente del Partido y de la clase obrera
consiste en quitar de en medio al zarismo, despejando con ello el camino hacia
el socialismo.
2) Lenin señaló que el ensalzar el proceso
espontáneo del movimiento obrero y el negar el papel dirigente del Partido,
reduciendo su misión a la de mero registrador de los acontecimientos,
significaba: predicar el "seguidismo" (ir "a remolque" de
los acontecimientos), predicar que el Partido debía marchar a la zaga del
proceso espontáneo; convertirse en una fuerza pasiva del movimiento, apta
solamente para contemplar el proceso espontáneo y abandonarse a su desarrollo
automático. Preconizar esto equivalía a preconizar la destrucción del Partido,
es decir, a dejar a la clase obrera sin partido o, lo que es lo mismo, a
desarmar a la clase obrera. Y desarmar a la clase obrera en un momento en que
se alzaban ante ella enemigos tan poderosos como el zarismo, armado con todos
los medios de lucha, y la burguesía, organizada a la moderna y dotada de su
propio partido que la dirigía en la lucha contra la clase obrera, equivalía a
traicionar al proletariado.
3) Lenin señaló que el prosternarse ante el
movimiento obrero espontáneo y rebajar el papel del elemento consciente, el
papel de la conciencia socialista, de la teoría socialista, significaba, en
primer lugar, burlarse de los obreros, que tienden hacia la conciencia como la
planta hacia la luz, y en segundo lugar, desprestigiar a los ojos del Partido
la teoría, es decir, el arma gracias a la cual el Partido tiene conciencia del
presente y prevé el futuro, y en tercer lugar, hundirse total y definitivamente
en la charca del oportunismo.
"Sin teoría revolucionaria -decía Lenin- no
puede haber tampoco movimiento revolucionario... Sólo un partido dirigido por
una teoría de vanguardia puede cumplir su misión de combatiente de
vanguardia" (Lenin, t. IV, pág. 380, ed. rusa).
4) Lenin señaló que los "economistas"
engañaban a la clase obrera al afirmar que el movimiento espontáneo del
proletariado podía engendrar una ideología socialista, pues en realidad ésta no
brota del movimiento espontáneo, sino de la ciencia. Al negar la necesidad de
inculcar en la clase obrera una conciencia socialista, los
"economistas" allanaban el camino a la ideología burguesa, ayudándola
a infiltrarse, a penetrar en la clase obrera, y por consiguiente, enterraban la
idea de la fusión del movimiento obrero con el socialismo y prestaban un
servicio a la burguesía.
"Todo lo que sea prosternarse ante el
movimiento obrero espontáneo - decía Lenin-, todo lo que se rebajar la
importancia del "elemento consciente", la importancia de la
socialdemocracia, equivale -independientemente en absoluto de la voluntad de
quien lo hace- a fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los
obreros" (Obra citada, página 390).
Y más adelante:
"El problema se plantea solamente así:
¿ideología burguesa o ideología socialista? No hay término medio... Por eso,
todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea alejarse de
ella, equivale a fortalecer la ideología burguesa" (Obra citada, págs.
391-392).
5) Resumiendo todos estos errores de los
"economistas", Lenin llegó a la conclusión de que a lo que ellos
aspiraban no era a crear el partido de la revolución social, que emancipase a
la clase obrera del capitalismo, sino un partido de "reformas
sociales", cuya premisa era el mantenimiento de la dominación del
capitalismo; que, por lo tanto, los "economistas" eran reformistas
que traicionaban los intereses fundamentales del proletariado.
6) Finalmente, Lenin señaló que el
"economismo" no había brotado en Rusia por azar, sino que sus
mantenedores eran el vehículo de la influencia burguesa sobre la clase obrera y
que sus aliados en los partidos socialdemócratas de los países occidentales
eran los revisionistas, los adeptos del oportunista Bernstein. Entre los
socialdemócratas de la Europa occidental se había ido fortaleciendo cada vez
más la corriente oportunista, que actuaba bajo la bandera de la "libertad
de crítica" de marxismo, exigía la "revisión" de la teoría de
Marx (de aquí el nombre de "revisionismo") y exigía que se renunciase
a la revolución, al socialismo, a la dictadura del proletariado. Pues bien,
Lenin demostró que esta misma línea de renuncia a la lucha revolucionaria, al
socialismo y a la dictadura del proletariado era la que seguían los
"economistas" rusos.
Tales son las tesis teóricas fundamentales
desarrolladas por Lenin en su libro "¿Qué hacer?".
La difusión de esta obra de Lenin fue tan eficaz,
que al año de su aparición ("¿Qué hacer?" vio la luz en marzo de
1902), por la fecha en que se celebró el II Congreso del Partido Social
Demócrata de Rusia, no quedaban ya de las posiciones ideológicas de los
"economistas" más que un recuerdo poco grato, y el apelativo de
"economista" comenzaba a considerarse por la mayoría de los
militantes del Partido como un insulto.
El "economismo", la ideología del
oportunismo, del "seguidismo" y del automatismo, había quedado
completamente pulverizado.
Pero no se redujo a esto al importancia de la obra
de Lenin "¿Qué hacer?".
La significación histórica de esta famosa obra
consiste en que en ella Lenin:
1) puso al desnudo, por vez primera en la historia
del pensamiento marxista, hasta en sus últimas raíces, las fuentes ideológicas
del oportunismo, demostrando que consisten, ante todo, en prosternarse ante la
espontaneidad del movimiento obrero y rebajar el papel de la conciencia
socialista en el movimiento proletario;
2) reivindicó en todo su valor la importancia de la
teoría, del elemento consciente, del Partido, como fuerza revolucionaria y
dirigente del movimiento obrero espontáneo;
3) fundamentó de un modo brillante la tesis
cardinal del marxismo, según la cual el Partido marxista es la fusión del
movimiento obrero con el socialismo;
4) elaboró genialmente los fundamentos ideológicos
del Partido marxista.
Las tesis teóricas desarrolladas en la obra
"¿Qué hacer?" sirvieron luego de base para la ideología del Partido
bolshevique.
Pertrechada con esta riqueza teórica, la
"Iskra" pudo desplegar y desplegó, en efecto, una amplia campaña en
pro del plan leninista de organización del Partido, en pro de la concentración
de fuerzas del Partido, en pro del II Congreso del Partido, en pro de una
socialdemocracia revolucionaria, contra los "economistas", contra los
oportunistas de toda clase y calaña, contra los revisionistas.
La tarea más importante realizada por la
"Iskra" consistió en elaborar un proyecto de programa del Partido. El
programa del Partido obrero es, como se sabe, una breve exposición, plasmada en
fórmulas científicas, de los fines y las tareas de lucha de la clase obrera. El
programa traza tanto la meta final del movimiento revolucionario del
proletariado, como las reivindicaciones por las que lucha el Partido en su
marcha hacia la meta final. Por eso, la elaboración de un proyecto de programa
no podía por menos de tener una importancia primordial.
Durante la elaboración del proyecto del programa
surgieron, en el seno de la redacción de la "Iskra", serias
discrepancias entre Lenin y Plejanov, así como entre Lenin y los demás
redactores. Estas discrepancias y disensiones estuvieron a punto de conducir a
una ruptura completa entre Lenin y Plejanov. Pero la ruptura no llegó a
producirse aún por aquel entonces. Lenin logró que en el proyecto de programa
se hiciese figurar el punto importantísimo de la dictadura del proletariado y
se proclamase de un modo terminante el papel dirigente de la clase obrera en la
revolución.
Obra de Lenin era también toda la parte agraria del
programa del Partido. Lenin era ya entonces partidario de la nacionalización de
la tierra, aunque en la primera etapa de la lucha reputaba necesario lanzar la
consigna de la devolución a los campesinos de los "recortes", o sea
de las tierras que les habían sido arrebatadas por los terratenientes en el
momento de su "emancipación". Plejanov, en cambio, se manifestaba en
contra de la nacionalización de la tierra.
Las discrepancias entre Lenin y Plejanov en torno
al programa del partido eran ya un anticipo del deslinde de campos que más
adelante había de trazarse entre los bolsheviques y los mensheviques.
3. El II Congreso del Partido Obrero Social
Demócrata de Rusia. - Son aprobados el programa y los estatutos y se crea el
Partido único. - Discrepancias en el Congreso y aparición de dos tendencias
dentro del Partido: la bolshevique y la menshevique.
El triunfo de los principios de Lenin y la lucha
eficaz de la "Iskra" en pro del plan leninista de organización
fueron, pues, preparando todas las condiciones fundamentales necesarias para
crear el Partido, o como se decía por aquel entonces, el verdadero Partido. La
tendencia de la "Iskra" triunfó entre las organizaciones
socialdemócratas de Rusia. Ahora ya se podía convocar el II Congreso del
Partido.
Este Congreso inició sus tareas el 17 (30) de julio
de 1903. Tuvo que reunirse clandestinamente en el extranjero. Las primeras
sesiones se celebraron en Bruselas. Pero, ante las persecuciones de la policía,
los delegados hubieron de salir de Bélgica, y el Congreso se trasladó a
Londres.
Asistieron a él 43 delegados, representando a 26
organizaciones. Cada comité tenía derecho a enviar al Congreso 2 delegados,
pero algunos sólo enviaron uno. Así se explica que los 43 delegados
representasen 51 votos.
La tarea fundamental de este Congreso consistía:
"en crear un verdadero Partido sobre aquellas bases orgánicas y de
principio que habían sido propugnadas y elaboradas por la "Iskra"
(Lenin, t. IV, pág. 164, ed. rusa).
La composición del Congreso era heterogénea. No
estaban representados en él abiertamente los "economistas", pues se
lo impedía la derrota que habían sufrido. Pero habían llegado, con el tiempo, a
disfrazarse tan hábilmente, que lograron deslizar en el Congreso algunos
delegados. Además, los delegados del "Bund" sólo de palabra se
diferenciaban de los "economistas", pues en realidad estaban de
acuerdo con ellos.
Por tanto, en este Congreso no tomaron parte
solamente los adeptos de la "Iskra", sino también sus adversarios.
Los "iskristas" eran 33, es decir, la mayoría. Pero no todos los que
figuraban en este campo estaban sinceramente identificados con las posiciones
de Lenin. Los delegados se dividían en diversos grupos. Los leninistas, o sea
los adeptos firmes de la "Iskra", contaban con 24 votos. Martov tenía
9 votos de "iskristas" poco consecuentes. Una parte de los delegados
vacilaba entre la "Iskra" y sus adversarios, y disponía de 10 de
votos. Estos delegados formaban el centro. Los adversarios declarados de la
"Iskra" contaban con 8 votos (3 "economistas" y 5 del
"Bund"). Si los defensores de la "Iskra" aparecían desunidos,
sus enemigos podían ganarles la batalla.
Basta esto para comprender cuán compleja era la
situación en que se desenvolvía el Congreso. Lenin desplegó grandes esfuerzos
para asegurar en él el triunfo de la "Iskra".
La tarea más importante del Congreso era la
aprobación del programa del Partido. El problema fundamental que provocó la
oposición del sector oportunista en la discusión del programa fue el de la
dictadura del proletariado. No era éste el único punto programático en que los
oportunistas no estaban de acuerdo con el sector revolucionario del Congreso.
Pero decidieron dar la batalla, fundamentalmente, en el punto de la dictadura
del proletariado, remitiéndose al hecho de que este punto no figuraba en los programas
de una serie de partidos socialdemócratas del extranjero, razón por la cual no
había, según ellos, por qué incluirlo en el programa de la socialdemocracia de
Rusia.
Los oportunistas oponíanse también a que figurasen
en el programa del Partido las reivindicaciones referentes al problema
campesino. Aquella gente no quería la revolución; por eso rehuía a los aliados
de la clase obrera, a los campesinos, y los miraba con malos ojos.
Los "bundistas" y los socialdemócratas
polacos se manifestaron en contra del derecho de autodeterminación de las
naciones. Lenin había sostenido siempre que la clase obrera tenía el deber de
luchar contra la opresión nacional. El manifestarse en contra de esta reivindicación
dentro del programa, equivalía a desertar del internacionalismo proletario, a
convertirse en cómplices de la opresión nacional.
Lenin asestó un golpe demoledor a la oposición en
todos estos problemas.
El Congreso aprobó el programa propuesto por la
"Iskra",
Este programa constaba de dos partes: el programa
máximo y el programa mínimo. En el programa máximo se hablaba de la misión
fundamental del Partido de la clase obrera: de la revolución socialista, del
derrocamiento del poder de los capitalistas y de la instauración de la
dictadura del proletariado. En el programa mínimo se exponían los objetivos
inmediatos del Partido, que podían realizarse sin aguardar a que fuese
derribado el régimen capitalista y se instaurase la dictadura del proletariado,
a saber: derrocamiento de la autocracia zarista, implantación de la República
democrática, introducción de la jornada de 8 horas para los obreros,
destrucción de todos los vestigios feudales en el campo, devolución a los
campesinos de las tierras que les habían sido arrebatadas por los
terratenientes (los llamados "recortes").
Más tarde, los bolsheviques sustituyeron esta
última reivindicación por otra; por la de la confiscación de todas las tierras
de los terratenientes.
El programa aprobado por el II Congreso era el
programa revolucionario del Partido de la clase obrera.
Este programa se mantuvo en vigor hasta el VIII
Congreso del Partido bolshevique, convocado después del triunfo de la
Revolución proletaria, en el que fue aprobado un nuevo programa.
Después de la aprobación del programa del Partido,
el II Congreso pasó a la discusión del proyecto de estatuto. Una vez aprobado
el programa y sentadas las bases para la unificación ideológica del Partido, el
Congreso hubiera debido aprobar también los estatutos, para poner fin a la
labor a la manera artesana y al mal de círculos, a la dispersión orgánica del
Partido y a la ausencia de una disciplina firme dentro de él.
Pero si la aprobación del programa había sido
relativamente fácil, el problema de los estatutos provocó furiosas discusiones
en el seno del Congreso. La discrepancia más aguda fue la que surgió en torno
al texto del primer artículo de los estatutos, en el que se definía la
condición de miembro del Partido. ¿Quién podía ser miembro del Partido, cómo
debía estar formado éste, qué debía ser el Partido en cuanto a organización, un
todo orgánico o algo informe? Tales eran los problemas que planteaba la discusión
del artículo primero de los estatutos. Estaban en pugna dos fórmulas: la de
Lenin, apoyada por Plejanov y por los "iskristas" consecuentes, y la
de Martov, apoyada por Axelrod, Sasulich, los partidarios vacilantes de la
"Iskra", Trotski y todos los oportunistas declarados que tomaban
parte en el Congreso.
La fórmula de Lenin consistía en que sólo pudiese
ser miembro del Partido quien aceptase su programa, ayudase al partido en el
aspecto material y estuviese afiliado a una de sus organizaciones. La fórmula
de Martov, aun considerando como condiciones necesarias en todo miembro del
Partido el reconocimiento del programa y la ayuda material a aquel, no reputaba
requisito indispensable el hecho de formar parte de una organización del
Partido, por entender que se podía ser miembro de éste sin estar afiliado a ninguna
de sus organizaciones.
Lenin consideraba al Partido como un destacamento
organizado, cuyos miembros no se suman por sí mismos al Partido, sino que son
admitidos por una de sus organizaciones, sometiéndose con ello a la disciplina
del Partido, mientras que Martov veía en él, desde el punto de vista orgánico,
una entidad informe cuyos miembros se sumaban por sí mismos al Partido y no se
hallaban, por tanto, sujetos a su disciplina, ya que no ingresaban en ninguna
de sus organizaciones.
La fórmula de Martov, a diferencia de la de Lenin,
abría de par en par las puertas del Partido a los elementos vacilantes no
proletarios. En vísperas de la revolución democráticoburguesa había, entre los
intelectuales de la burguesía, hombres de esta clase que simpatizaban
momentáneamente con la revolución. Estos hombres podían, de vez en cuando,
prestar incluso ciertos servicios al Partido. Pero no se prestaban a entrar en
la organización, a someterse a la disciplina del Partido, a cumplir sus tareas,
ni se expondrían a los peligros que esto llevaba aparejados. Esta clase de
personas era a la que Martov y otros mensheviques proponían que fuesen
considerados como afiliados al Partido, dándoles el derecho y la posibilidad de
influir en los asuntos del Partido. Llegaban incluso a proponer que cualquier
huelguista tuviese derecho a "contarse" como miembro del Partido, a
pesar de que en las huelgas tomaban parte también elementos no socialistas,
anarquistas y socialrevolucionarios.
En vez de un Partido monolítico y combativo,
netamente organizado, por el que luchaban Lenin y los leninistas en el
Congreso, los martovistas querían un Partido heterogéneo, difuso e informe, que
no podría jamás ser un Partido combativo, aunque sólo fuese por razón de su
heterogeneidad, y porque jamás podría poseer una recia disciplina.
La deserción de los "iskristas"
vacilantes, que dejaron solos a los partidarios consecuentes de la
"Iskra" para aliarse con los delegados del centro, y el refuerzo de
los oportunistas descarados, dieron a Martov la superioridad numérica en este
problema. El Congreso, por 28 votos contra 22 y una abstención, aprobó el
artículo primero de los estatutos con el texto propuesto por Martov.
Después de la escisión de los "iskristas"
con motivo del artículo primero de los estatutos, se agudizó todavía más la
lucha dentro del Congreso. Este se acercaba al punto final, a la elección de
los organismos de dirección del Partido: redacción del órgano central del
Partido (la "Iskra") y Comité Central. Pero, antes de llegar a este
último punto del orden del día, se produjeron en el Congreso algunos hechos que
hicieron cambiar la correlación de fuerzas establecida.
En relación con los estatutos, el Congreso hubo de
tratar del "Bund". Este pretendía ocupar una situación especial
dentro del Partido. Exigía que se le reconociese como la única representación
de los obreros judíos de Rusia. Acceder a esta petición equivalía a escindir a
los obreros, dentro de las organizaciones del Partido, con arreglo a su
nacionalidad, renunciando a la existencia de organizaciones únicas de clase del
proletariado según el principio territorial. El Congreso rechazó el nacionalismo
del "Bund" como base de organización política. En vista de esto, los
"bundistas" se retiraron. Retiráronse también dos
"economistas", cuando el Congreso se negó a reconocer la agrupación
organizada por ellos en el extranjero como representación del Partido fuera de
Rusia.
La retirada del Congreso de estos siete
oportunistas hizo que la correlación de fuerzas se alterase a favor de los
leninistas.
El problema de la composición de los organismos
centrales del Partido ocupó el centro de la atención de Lenin desde el primer
momento. Lenin consideraba necesario llevar al Comité Central a revolucionarios
firmes y consecuentes. Los martovistas luchaban por dar el predominio dentro de
aquel organismo a los elementos vacilantes, oportunistas. La mayoría del
Congreso se colocó en este punto al lado de Lenin. El Comité Central quedó
integrado por leninistas.
A propuesta de Lenin, fueron elegidos para la
redacción de la "Iskra" Lenin, Plejanov y Martov. Este exigió que
fuesen reelegidos para la redacción del periódico los seis antiguos redactores
de la "Iskra", los cuales, en su mayoría, eran martovistas. El
Congreso rechazó, por mayoría de votos, esta propuesta, siendo elegidos los
tres redactores propuestos por Lenin. En vista de esto, Martov dimitió su
puesto en la redacción del periódico.
Por tanto, los acuerdos tomados por el Congreso en
cuanto a la formación de los organismo centrales del Partido ahondaron la
derrota de los martovistas y dieron el triunfo a los partidarios de Lenin.
Desde entonces, a los partidarios de Lenin, que
habían obtenido mayoría de votos en la elección de los organismos centrales por
el II Congreso, se les empezó a llamar bolsheviques y a sus adversarios, que se
quedaron en minoría, mensheviques.
Resumiendo las tareas del II Congreso del Partido,
llegamos a las siguientes conclusiones:
1) El Congreso afianzó la victoria del marxismo
sobre el "economismo", sobre el oportunismo declarado;
2) Aprobó el programa y los estatutos del Partido,
creó el Partido Socialdemócrata y, con él, el marco para un Partido único;
3) Puso al desnudo la existencia de graves
discrepancias en punto a organización, discrepancias que dividieron al Partido
en dos campos, el de los bolsheviques y el de los mensheviques, de los cuales
los primeros defendían los principios de organización de la socialdemocracia
revolucionaria, mientras que los segundos se hundían en la charca de la
difusión orgánica, en la charca del oportunismo;
4) Puso de manifiesto que la vacante de los
antiguos oportunistas, ya derrotados por el Partido, la vacante de los
"economistas", empezaba a ser ocupada dentro del Partido por nuevos
oportunistas, por los mensheviques;
5) El Congreso no se mostró a la altura de su
misión en lo tocante a los problemas de organización, dio pruebas de
vacilaciones, llegando incluso, a veces, a dar predominio a los mensheviques, y
aunque hacia el final se corrigió, no supo, no ya desenmascarar el oportunismo
de los mensheviques en los problemas de organización y de aislarlos dentro del
Partido, sino ni siquiera plantear ante éste semejante tarea.
Esta última circunstancia fue una de las causas
fundamentales de que la lucha entre los bolsheviques y los mensheviques, lejos
de aplacarse después del II Congreso, recrideciese todavía más.
4. Manejos escisionistas de los líderes
mensheviques y agudización de la lucha dentro del Partido después del II
Congreso. - El oportunismo de los mensheviques. - El libro de Lenin "Un
paso adelante, dos pasos atrás". - Bases para la organización del Partido
Marxista.
Después del II Congreso, la lucha dentro del
Partido se agudizó todavía más. Los mensheviques esforzábanse con todo ahínco
en minar los acuerdos del Congreso y apoderarse de los organismos centrales del
Partido. Exigían que se incorporasen a la redacción de la "Iskra" y
al Comité Central el número de representantes suyos necesarios para tener
mayoría en la redacción del periódico y la paridad con los bolsheviques en el
C.C. Los bolsheviques rechazaron esta exigencia, que contravenía los acuerdos
explícitos del Congreso. En vista de esto, los bolsheviques crearon, a espaldas
del Partido y hostil al mismo, su propia organización fraccional, a cuyo frente
se hallaban Martov, Trotski y Axelrod, y "se rebelaron -según frase de
Martov- contra el leninismo". Eligieron como método de lucha contra el
Partido "la desorganización de todo el trabajo del Partido, saboteando,
entorpeciéndolo en todo lo que podían" (palabras de Lenin). Se
atrincheraron en la "Liga extranjera" de los socialdemócratas rusos,
cuyos componentes, en un noventa por ciento, eran intelectuales emigrados,
desligados de toda actuación práctica en Rusia, y comenzaron a hostilizar desde
allí al Partido, a Lenin y a los leninistas.
Plejanov ayudó considerablemente a los
mensheviques. En el II Congreso, había marchado de acuerdo con Lenin, pero
después se dejó asustar por los mensheviques con la amenaza de la escisión y
decidió "reconciliarse" a toda costa con ellos. El peso de sus viejos
errores oportunistas le arrastraban al campo menshevique. No tardó en
convertirse, de conciliador con los mensheviques oportunistas, en un
menshevique más. Exigió que fuesen incorporados a la redacción de la
"Iskra" todos los antiguos redactores mensheviques, rechazados por el
Congreso. Y como Lenin no podía, naturalemente, avenirse a esto, salió de la
redacción del periódico para hacerse fuerte en el Comité Central del Partido y
derrotar desde aquí a los oportunistas. Plejanov, por sí y ante sí, infringiendo
la voluntad del Congreso, incorporó a la redacción de la "Iskra" a
los redactores mensheviques que había sido eliminados de ella. Desde este
momento, a partir del número 52, los mensheviques convirtieron el periódico en
órgano suyo y comenzaron a predicar desde él sus ideas oportunistas.
Desde entonces, se estableció, dentro del Partido,
la costumbre de llamar a la vieja "Iskra", la "Iskra"
leninista, bolshevique y a la nueva "Iskra", menshevique,
oportunista.
Al pasar a manos de los mensheviques, la
"Iskra" se convirtió en órgano de lucha contra Lenin y los
bolsheviques, en órgano de propaganda del oportunismo menshevique, sobre todo
en lo tocante a los problemas de organización. Los mensheviques, coaligados con
los "economistas" y los "bundistas", abrieron desde las
columnas de la "Iskra" una campaña contra el leninismo, como ellos lo
llamaban. Plejanov, en la imposibilidad de mantener a la larga sus posiciones
conciliacionistas, se sumó también a la campaña al cabo de algún tiempo.
Tampoco podía ser de otro modo, según la lógica de las cosas: quien desciende
al terreno de la conciliación con los oportunistas, acaba hundiéndose en el
oportunismo. Desde las columnas de la nueva "Iskra" llovían en chaparrón
artículos y declaraciones, sosteniendo que el Partido no debía ser un todo
orgánico; que debía admitirse la existencia dentro de sus filas de grupos e
individuos libres, no sujetos a la disciplina de los acuerdos de sus órganos;
que había que permitir a todo intelectual simpatizante con el Partido, a
"cualquier huelguista" y a "cualquier manifestante"
considerarse como miembro del Partido; que el exigir que los afiliados se
sometiesen a todos los acuerdos del Partido era enfocar el asunto de un modo
"formal y burocrático"; que el imponer la sumisión de la minoría a la
mayoría era "ahogar mecánicamente" la voluntad de los miembros del
Partido; que el pretender que todos los afiliados, lo mismo los dirigentes que
los militantes de filas, se sometiesen por igual a la disciplina del Partido,
equivalía a instaurar dentro de éste un "régimen feudal"; que lo que
"nosotros" necesitábamos en el Partido no era un régimen de
centralismo, sino un "autonomismo" anárquico, que diese a los
individuos y a las organizaciones del Partido derecho a no cumplir sus
acuerdos.
Era una propaganda desenfrenada que tendía a
relajar los lazos de la organización, a minar la cohesión y la disciplina del
Partido, a glorificar el individualismo peculiar de los intelectuales y a
justificar una indisciplina anárquica.
Los mensheviques arrastraban claramente al Partido
a los tiempos anteriores al II Congreso, a los viejos tiempos de su dispersión
orgánica, a los tiempos de los círculos aislados y de la labor a la manera
artesana.
Era necesario dar a los mensheviques una respuesta
cumplida.
Esta respuesta se la dio Lenin, con su célebre obra
titulada "Un paso adelante, dos pasos atrás", que vio la luz en mayo
de 1904.
He aquí las tesis fundamentales de organización
desarrolladas por Lenin en este libro, y que más tarde sirvieron de base para
la organización del Partido bolshevique:
1) El Partido marxista es una parte de la clase
obrera, un destacamento de ella. Pero destacamentos de la clase obrera hay
muchos, y no a todos podemos considerarlos como Partido de la clase obrera. El
Partido se distingue de otros destacamentos de la clase obrera, ante todo, en
que no es un destacamento puro y simple, sino un destacamento de vanguardia, un
destacamento consciente, un destacamento marxista de la clase obrera,
pertrechado con el conocimiento de la vida social, con el conocimiento de las leyes
que rigen el desarrollo de la vida social, con el conocimiento de las leyes de
la lucha de clases, lo que le capacita para conducir a la clase obrera y
dirigir su lucha. Por eso no hay que confundir al Partido con la clase obrera,
como no hay que confundir la parte con el todo, ni pretender que cualquier
huelguista pueda considerarse como miembro del Partido, pues confundir al
Partido con la clase equivale a rebajar el nivel de conciencia del Partido
hasta el nivel de "cualquier huelguista", equivale a destruir el
Partido, como destacamento consciente de vanguardia de la clase obrera. La
misión del Partido no es rebajar su nivel hasta el de "cualquier
huelguista", sino elevar a las masas obreras, elevar a "cualquier
huelguista" al nivel del Partido.
"Nosotros -escribía Lenin- somos un Partido de
clase, y por eso casi toda la clase (y en tiempo de guerra, en épocas de guerra
civil la clase en su integridad) tiene que actuar bajo la dirección del nuestro
Partido, tiene que adherirse a él lo más estrechamente posible; pero sería una
maniloviada[3] y "seguidismo" creer que casi toda o toda la clase
puede estar nunca, bajo el capitalismo, en condiciones de elevarse al grado de
conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia, de su Partido
socialdemócrata. Ningún socialdemócrata que esté aún en su sano juicio ha
puesto nunca en duda que, bajo el capitalismo, ni aun la organización sindical
(más primitiva y más asequible al grado de conciencia de las capas menos
desarrolladas) está en condiciones de abarcar a toda o a casi toda la clase
obrera. Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y
toda la masa que marcha detrás de él, olvidar el deber constante que tiene el
destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplias a su propio
nivel avanzado, sólo significa engañarse a sí mismo, cerrar los ojos a la
inmensidad de nuestras tareas y empequeñecer éstas (Lenin, t. VI, págs.
205-206, ed. rusa).
2) El Partido no es solamente el destacamento de
vanguardia, el destacamento consciente de la clase obrera, sino que es, además,
su destacamento organizado, con su disciplina propia, obligatoria para todos
sus miembros. Por eso, los afiliados al Partido se hallan obligados a estar
afiliados también a una de sus organizaciones. Si el Partido no fuese un
destacamento organizado de la clase obrera, un sistema de organizaciones, sino
una simple suma de individuos que se consideran por sí mismos miembros del Partido,
pero que no forman parte de ninguna de sus organizaciones y que, por tanto, no
están organizados, y, al no estarlo, no se hallan sujetos a los acuerdos del
Partido, éste no tendría jamás una voluntad única, no podría conseguir jamás la
unidad de acción de sus miembros y, por consiguiente, no estaría en condiciones
de dirigir la lucha de la clase obrera. Para que el partido pueda dirigir
prácticamente la lucha de la clase obrera y encauzarla hacia una meta única, es
indispensable que todos sus miembros estén organizados en un gran destacamento
único, soldado por una voluntad única, por la unidad de acción y la unidad de
disciplina.
La objeción que a esto oponen los mensheviques
cuando dicen que en este caso quedarán fuera del Partido muchos intelectuales,
profesores, estudiantes, etc., que no quieren entrar en esta o en aquella
organización del Partido, bien porque no soportan la disciplina de éste o bien
porque, como se expresaba Plejanov en el II Congreso, consideran
"depresivo para ellos el entrar en esta o en la otra organización de
base"; esta objeción se vuelve contra los propios mensheviques, pues al
Partido no le hacen ninguna falta afiliados de ese género, que no soporten la
disciplina del Partido y se asusten de entrar en sus organizaciones. Los
obreros no tienen miedo a la disciplina ni a las organizaciones y entran de
buen grado en las organizaciones del Partido, cuando se deciden a afiliarse a
éste. Los que temen la disciplina y la organización son los intelectuales de
tendencia individualista, y éstos se mantienen, en realidad, al margen del
Partido. Y hacen bien, pues el Partido se librará de la afluencia de elementos
inseguros que acuden a él, sobre todo en este periodo en que comienza el
movimiento ascendente de la revolución democráticoburguesa.
"Cuando digo -escribe Lenin- que el Partido
debe ser una suma (y no una suma simplemente aritmética, sino un complejo) de
organizaciones... expreso de un modo perfectamente claro y preciso mi deseo, mi
exigencia de que el Partido, como destacamento de vanguardia de la clase
obrera, reúna el máximum de organización posible y sólo acoja en su seno a
aquellos elementos que admitan, por lo menos, un grado mínimo de organización
(Lenin, t. VI, pág. 203, ed. rusa).
Y más adelante:
"De palabra, la fórmula de Martov parece
defender los intereses de las extensas capas del proletariado; pero, de hecho,
este fórmula sirve a los intereses de la intectualidad burguesa, que rehuye la
disciplina y la organización proletarias. Nadie se atreverá a negar que la
intelectualidad, como una capa especial dentro de las sociedades capitalistas
contemporáneas, se caracteriza, en conjunto, precisamente por si individualismo
y su inadptabilidad a la disciplina y a la organización" (Obra citada,
pág. 212).
Y en otro lugar:
"El proletariado no teme la organización ni la
disciplina... Y no va a preocuparse de que los señores profesores y
estudiantes, que no quieren entrar en ninguna organización, sean considerados
como miembros del Partido porque trabajan bajo el control de sus
organizaciones... No es el proletariado, sino que son algunos intelectuales
encuadrados en nuestro Partido, los que adolecen de falta de educación propia
en materia de organización y disciplina" (Obra citada, pág. 307).
3) El Partido no es un destacamento organizado puro
y simple, sino "la forma más alta de organización" entre todas las de
la clase obrera, la llamada a dirigir a todas las demás organizaciones del
proletariado. El Partido, como la forma más alta de organización, compuesta por
los mejores hombres de la clase obrera, pertrechados con una teoría de
vanguardia, con el conocimiento de las leyes de la lucha de clases y la
experiencia del movimiento revolucionario, cuenta con todas las posibilidades para
dirigir, como está obligado a hacerlo, a todas las demás organizaciones de la
clase obrera. La tendencia de los mensheviques a disminuir y rebajar el papel
dirigente del Partido conduce a debilitar todas las demás organizaciones del
proletariado dirigidas a por él; consiguientemente, a debilitar y desarmar al
proletariado, pues éste "no dispone, en su lucha por el Poder, de más arma
que la organización" (Lenin, t. VI, pág. 328, ed. rusa).
4) El Partido es la encarnación de los vínculos que
unen al destacamento de vanguardia de la clase obrera con las masas de millones
de hombres del proletariado. Aunque el Partido fuese el mejor destacamento de
vanguardia y se hallase magníficamente organizado, no podría vivir ni
desarrollarse sin tener vínculos de unión con las masas sin partido, sin
multiplicar y afianzar estos vínculos. Un Partido encerrado en sí mismo,
aislado de las masas, perdidos sus vínculos o con vínculos débiles que le unan
a su clase, tiene necesariamente que perder la confianza y el apoyo de las
masas y se halla, por tanto, inevitablemente, condenado a perecer. Para poder
vivir con plenitud y desarrollarse, el Partido tiene que multiplicar sus
vínculos con las masas y conquistarse la confianza de las masas de millones de
hombres de si clase.
"Para ser un partido socialdemócrata -dice
Lenin- hay que conquistar el apoyo de la clase propiamente" (Obra citada,
pág. 208).
5) Para funcionar bien y dirigir las masas con
arreglo a un plan, el Partido debe estar organizado sobre la base del
centralismo, con estatutos únicos, con una disciplina de partido igual para
todos, con un solo órgano de dirección a la cabeza, a saber: el Congreso del
Partido y, en los intervalos entre congreso y congreso, el Comité Central, con
la sumisión de la minoría a la mayoría, de las distintas organizaciones a los
organismos centrales, y de las organizaciones inferiores a las superiores. Sin
ajustarse a estas condiciones, el partido de la clase obrera no puede ser
verdadero partido, ni cumplir con sus deberes de dirección del proletariado.
Claro está que el régimen de ilegalidad, en que
vivía el Partido bajo la autocracia zarista, no permitía a sus organizaciones,
en aquellos momentos, estructurarse sobre el principio de la elección desde
abajo, por cuya razón el Partido veíase obligado a mantener un carácter
estrictamente conspirativo. Pero Lenin entendía que esto era, en la vida de
nuestro Partido, una situación pasajera, que desaparecería al día siguiente de
ser derribado el zarismo, y entonces el Partido empezaría a actuar abiertamente
dentro de la legalidad, y sus organizaciones se estructurarían sobre la base de
la elección democrática, sobre la base del centralismo democrático.
"Antes -escribía Lenin- nuestro Partido no era
una unidad formalmente organizada, sino simplemente una suma de grupos
privados, razón por la cual no existía ni podía existir entre ellos más
relación que la de la influencia ideológica. Ahora, somos ya un Partido
organizado, y esto entraña la creación de una autoridad, la transformación del
prestigio de la idea en prestigio de la autoridad, la sumisión de los organismo
inferiores a los organismo superiores del Partido" (Lenin, t. VI, pág.
291, ed. rusa).
Acusando a los mensheviques de nihilismo en materia
de organización y de anarquismo señorial, al no admitir sobre sus personas la
autoridad del Partido y su disciplina, Lenin decía:
"Este anarquismo señorial es algo muy peculiar
del nihilista ruso. La organización del Partido se le antoja una
"fábrica" monstruosa, la sumisión de la parte al todo y de la minoría
a la mayoría le parece un "avasallamiento"..., la división del
trabajo bajo la dirección de los organismos centrales suscita en él chillidos
tragicómicos contra quienes pretenden convertir a los hombres en "ruedas y
tornillos" de un mecanismo (y entre estas transformaciones, la que juzga
más espantosa es la de los redactores en simples colaboradores), toda mención
de los estatutos de organización del Partido le mueve a un gesto de desprecio y
a la observación desdeñosa (dirigida a los "formalistas") de que se
puede vivir si estatutos" (Obra citada, pág. 310).
6) Si el Partido, en su actuación práctica, quiere
conservar la unidad de sus filas, tiene que mantener una disciplina proletaria
única, que obligue por igual a todos los miembros del Partido, tanto a los
dirigentes como a los militantes de filas. Por eso, en el Partido no pueden
hacerse distinciones entre gente "selecta", a la que no obliga la
disciplina del Partido, y gente "del montón", obligada a someterse a
ella. Sin una disciplina única e igual para todos, no se podrá mantener la
integridad del Partido y la unidad dentro de sus filas.
"A la carencia total de argumentos razonables
contra la redacción nombrada por el Congreso, por parte de Martov y Cía., la
ilustra mejor que nada -dice Lenin- su frasecilla de "nosotros no somos
siervos"... En esta frase se trasluce con notable nitidez la psicología
del intelectual burgués, que cree estar por encima de la organización y la
disciplina de las masas, que se consideran un "espíritu selecto"...
Para el individualismo intelectual... toda organización y toda disciplina
proletarias son un avasallamiento feudal" (Lenin, t. VI, pág. 286, ed.
rusa).
Y más adelante:
"A medida que se estructure en nuestro país un
verdadero Partido, el obrero consciente irá aprendiendo a distinguir la
psicología del combatiente del ejército proletario de la psicología del
intelectual burgués que se pavonea con frases anarquistas; irá aprendiendo a
exigir que cumplan sus deberes de miembros del Partido no sólo los militantes
de filas, sino también "los de arriba" (Obra citada, pág. 312).
Resumiendo el análisis de las discrepancias y
definiendo la posición de los mensheviques como "oportunismo en los
problemas de organización", Lenin entendía que uno de los pecados
capitales del menshevismo era el menospreciar la importancia de la organización
del Partido, como arma del proletariado en la lucha por su emancipación. Los
mensheviques opinaban que la organización del Partido del proletariado no tenía
gran importancia para el triunfo de la revolución. Por el contrario, Lenin
entendía que la unión ideológica del proletariado por sí sola no bastaba para
vencer, sino que para esto era necesario "afianzar" la unidad
ideológica con la "unidad material de organización" del proletariado;
Lenin consideraba que sólo bajo esta condición podía el proletariado
convertirse en una fuerza invencible.
"El proletariado -escribía Lenin- no dispone,
en su lucha por el Poder, de más arma que la organización. El proletariado,
diseminado por el imperio de la anárquica concurrencia dentro del mundo
burgués, aplastado por los trabajos forzados, al servicio del capital, lanzado
constantemente a la "sima" de la miseria más completa, del
embrutecimiento y de la degeneración, sólo puede hacerse y se hará
inevitablemente invencible, siempre y cuando que su unión ideológica por medio
de los principios del marxismo se afiance mediante la unidad material de la
organización, que funda a los millones de trabajadores en el ejército de la
clase obrera. Ante este ejército no prevalecerán ni el Poder senil de la
autocracia rusa ni el poder caduco del capitalismo internacional" (Lenin,
t. VI, pág. 328, ed. rusa).
Con estas proféticas palabras termina la obra de
Lenin "Un paso adelante, dos pasos atrás".
Tales son las tesis fundamentales de organización
desarrolladas por Lenin en este célebre libro.
La importancia de esta obra estriba, ante todo, en
haber mantenido el principio del Partido contra el régimen de los círculos,
haber defendido al Partido contra los desorganizadores, aniquilado el
oportunismo menshevique en punto a los problemas de organización, y haber
sentado las bases orgánicas para el Partido bolshevique.
Mas no se reduce a esto la importancia de la obra
en cuestión. Su significación histórica consiste en que en ella, Lenin traza,
por vez primera en la historia del marxismo, la teoría del Partido como
organización dirigente del proletariado y como arma fundamental en manos de
éste, sin la cual es imposible triunfar en la lucha por la dictadura
proletaria.
La difusión de esta obra de Lenin entre los
militantes del Partido hizo que la mayoría de la organizaciones de base se
agrupase estrechamente en torno a Lenin.
Pero cuanto más estrechamente se agrupaban las
organizaciones en torno a los bolsheviques, mayor era la irritación de que los
líderes mensheviques daban muestras.
En el verano de 1904, los mensheviques se
apoderaron de la mayoría dentro del Comité Central, gracias a la ayuda que les
prestó Plejanov y a la traición de dos bolsheviques degenerados: Krasin y
Noskov. Era evidente que los mensheviques marchaban rumbo a la escisión. La
pérdida de las posiciones de la "Iskra" y del C. C. colocó a los
bolsheviques en una situación difícil. Era necesario organizar un periódico
bolshevique propio. Era necesario organizar un nuevo Congreso del Partido, el
III Congreso, para elegir un nuevo C. C. y deshacer a los mensheviques.
Lenin y los bolsheviques tomaron esta tarea en sus
manos.
Los bolsheviques comenzaron a hacer campaña en pro
de la convocatoria del III Congreso del Partido. En agosto de 1904 se celebró
en Suiza , bajo la dirección de Lenin, una conferencia a la que asistieron 22
bolsheviques. En ella se aprobó el llamamiento dirigido "Al Partido",
que fue, para los bolsheviques, el programa de lucha en pro de la convocatoria
del III Congreso.
En tres conferencias regionales de Comités
bolsheviques (la del Sur, la del Cáucaso, y la del Norte) fue elegido un Buró
de Comités de la mayoría, que se encargó de realizar el trabajo práctico de
preparación para el III Congreso.
El 4 de enero de 1905 apareció el primer número del
periódico bolshevique "Vperiod" ("Adelante").
Dentro del Partido se habían formado, como se ve,
dos fracciones independientes, la bolshevique y la menshevique, cada una con
sus organismos centrales y sus órganos en la Prensa.
RESUMEN
Durante los años de 1901 a 1904, crecieron y se
fortalecieron, en Rusia, sobre la base del auge del movimiento obrero
revolucionario, las organizaciones socialdemócratas marxistas. Mediante una
lucha tenaz de principios contra los "economistas", triunfó la línea
revolucionaria leninista de la "Iskra" y se superaron la dispersión
ideológica y la labor a la "manera artesana".
La "Iskra" sirvió de lazo de unión entre
los círculos y grupos socialdemócratas dispersos, y preparó el II Congreso del
Partido. En este Congreso, celebrado en 1903, se formó el Partido Obrero Social
Demócrata de Rusia, fueron aprobados el programa y los estatutos del Partido, y
se crearon los organismos centrales de éste.
En la lucha entablada en el II Congreso por el
triunfo definitivo de la línea de la "Iskra" manifestáronse dentro
del P.O.S.D.R. dos grupos, el de los bolsheviques y el de los mensheviques.
Las principales discrepancias existentes entre los
bolsheviques y los mensheviques, después del II Congreso, versaban sobre los
problemas de organización.
Los mensheviques se aproximaron a los
"economistas" y vinieron a ocupar el puesto de éstos en el Partido.
Por el momento, el oportunismo de los mensheviques se manifestó en el terreno
de los problemas de organización. Los mesheviques eran contrarios a un partido
revolucionario combativo de tipo leninista. Abogaban por un partido informe, no
organizado, que fuera a la zaga de los acontecimientos. Siguieron una línea
escisionista dentro del Partido. Con ayuda de Plejanov, se apoderaron de la
"Iskra" y del C. C., valiéndose de estas posiciones centrales para
sus fines escisionistas.
Ante la amenaza de una escisión por parte de los
mensheviques, los bolsheviques tomaron medidas para cerrar el paso a los
escisionistas, movilizaron a las organizaciones de base en pro de la
convocatoria del III Congreso y editaron un periódico propio, titulado
"Vperiod".
Por tanto, en vísperas de la primera revolución
rusa y ya en los comienzos de la guerra ruso-japonesa, los bolsheviques y los
mensheviques aparecían como dos grupos políticos independientes el uno del
otro.
[1] Funcionarios destacados de la nobleza e
investidos de Poder judicial y administrativo sobre los campesinos. (N. del
T.).
[2] Es decir, hacia la creación del Partido. (N. de
la R.).
[3] Temperamento plácido, inactivo, con imaginación
ociosa. Manilov, uno de los personajes de "Almas muertas", de Gogol.
(N. del T.).
III. Los mensheviques y los bolsheviques en el
periodo de la Guerra ruso-japonesa y de la primera Revolución Rusa (1904-1907)
III
LOS MENSHEVIQUES Y LOS
BOLSHEVIQUES EN EL PERIODO DE LA GUERRA RUSO-JAPONESA Y DE LA PRIMERA
REVOLUCION RUSA (1904-1907)
1. La Guerra ruso-japonesa. - El movimiento
revolucionario de Rusia sigue su marcha ascendente. - Huelgas en Petersburgo. -
Manifestación de los obreros ante el Palacio de Invierno, el 9 de enero de
1905. - Las tropas hacen fuego contra los manifestantes. -Comienza la
Revolución.
A fines del siglo XIX, los Estados imperialistas
comenzaron a luchar enérgicamente por el predominio en el Océano Pacífico y por
el reparto de China. En esta lucha tomaba parte también la Rusia zarista. En
1900, las tropas zaristas, en unión de las tropas japonesas, alemanas, inglesas
y francesas, reprimieron con indecible crueldad una insurrección popular que
había estallado en China y que iba dirigida contra los imperialistas
extranjeros. Con anterioridad a esto, el gobierno zarista había obligado a China
a entregar a Rusia la península de Liao-tung, con la fortaleza de Port-Arthur.
Rusia arrancó, además, el derecho a construir ferrocarriles en territorio chino
y tendió, en el norte de Manchuria, una línea férrea: el ferrocarril de la
China Oriental, enviando tropas rusas para defenderlo. La Manchuria del norte
fue ocupada militarmente por la Rusia zarista. El zarismo iba acercándose
cautelosamente a Corea. La burguesía rusa maquinaba planes encaminados a crear
una "Rusia amarilla" en Manchuria.
En sus anexiones en el Extremo Oriente, el zarismo
chocó con otra ave de rapiña, el Japón, que se había convertido rápidamente en
un país imperialista y que aspiraba también a clavar su garra en el continente
asiático, extendiendo sus dominios, sobre todo, a costa de China. El Japón
ambicionaba también, como la Rusia zarista, adueñarse de Corea y de Manchuria.
Soñaba, además, ya por aquel entonces, con apoderarse de la isla de Sajalín y
del Extremo Oriente. Inglaterra, que no veía con buenos ojos el afianzamiento
de la Rusia zarista en el Extremo Oriente, se inclinaba secretamente del lado
del Japón. Se estaba gestando la guerra ruso-japonesa. El gobierno zarista
veíase empujado a ella por la gran burguesía, ávida de nuevos mercados, y por
las capas más reaccionarias de los terratenientes.
Sin aguardar a que el gobierno zarista declarase la
guerra, el Japón se lanzó a ella. Por los informes del excelente servicio de
espionaje que tenía montado en Rusia, calculaba que habría de enfrentarse con
un adversario poco preparado. En enero de 1904, sin declaración previa de
guerra, el Japón atacó inesperadamente la fortaleza rusa de Port-Arthur,
infligiendo duras pérdidas a la flota rusa, que guarnecía este puerto.
Así comenzó la guerra ruso-japonesa.
El gobierno zarista especulaba con la idea de que
la guerra la ayudaría a afianzar su situación política y a contener la
revolución. Pero sus cálculos resultaron fallidos; la guerra sacudió todavía
más los cimientos del zarismo.
El ejército ruso, mal armado y mal instruído,
dirigido por generales incapaces y corrompidos, comenzó a sufrir una derrota
tras otra.
La guerra servía para enriquecer a los capitalista,
a los altos funcionarios y a los generales. El latrocinio florecía de un modo
exuberante. Las tropas tenían pocas municiones. Justamente cuando no había
bastante cartuchos, se enviaban al frente, como por burla, vagones enteros
cargados de iconos. "Los japoneses nos tiran balas, nosotros les atacamos
con iconos", decían amargamente los soldados. En vez de evacuar a los
heridos, los trenes especiales transportaban a la retaguardia los objetos robados
por los generales zaristas.
Los japoneses cercaron y luego tomaron la fortaleza
de Port-Arthur. Después de infligir una serie de derrotas al ejército zarista,
lo deshicieron cerca de Mukden. El ejército zarista, que constaba de 300.000
hombres, tuvo, en este descalabro, cerca de 120.000 bajas, entre muertos,
heridos y prisioneros. Poco tiempo después sobrevino la derrota total y el
hundimiento en el estrecho de Tsu-sima de la escuadra rusa que había sido
enviada desde el Mar Báltico en socorro de Port-Arthur sitiado. El desastre de
Tsu-sima representaba una catástrofe completa: de los veintidós barcos de
guerra, enviados por el zar, fueron echados a pique y destruidos trece, y
cuatro cayeron en poder del enemigo. La guerra estaba definitivamente perdida
para la Rusia zarista.
El gobierno del zar vióse obligado a concertar una
paz ignominiosa con el Japón. Este se anexionó la Corea y despojó a Rusia de
Port-Arthur y de la mitad de la isla de Sajalín.
Las masas populares no querían aquella guerra, y se
daban cuenta del daño que había de causar a Rusia. El pueblo pagaba muy caro el
atraso de la Rusia zarista.
Bolsheviques y mensheviques adoptaron una actitud
distinta ante esta guerra.
Los mensheviques, incluyendo a Trotski,
descendieron a las posiciones del defensismo, es decir, abrazaron la defensa de
la "patria" del zar, de los terratenientes y de los capitalistas.
En cambio, los bolsheviques encabezados por Lenin
entendían que la derrota del gobierno zarista en aquella guerra de rapiña sería
beneficiosa, pues conduciría al quebrantamiento del zarismo y al
fortalecimiento de la revolución.
Las derrotas de las tropas zaristas pusieron al
desnudo ante las más extensas masas del pueblo toda la podredumbre del zarismo.
El odio contra el régimen zarista, entre las masas populares, era cada día
mayor. La caída de Port-Arthur marca el comienzo de la caída de la autocracia,
escribió Lenin.
El zar había querido estrangular la revolución con
la guerra. Pero consiguió lo contrario. Lo que hizo la guerra ruso-japonesa fue
acelerar la revolución.
En la Rusia zarista, la opresión capitalista se
reforzaba con la opresión del zarismo. Los obreros no eran víctimas solamente
de la explotación capitalista, de los trabajos forzados al servicio del
capital, sino también de la privación de derechos que pesaba sobre todo el
pueblo. Por eso, los obreros conscientes aspiraban a ponerse al frente del
movimiento revolucionario de todos los elementos democráticos de la ciudad y
del campo contra el zarismo. Los campesinos vivían asfixiados por la falta de
tierra y por las numerosas supervivencias del feudalismo; en ellos se clavaban
las garras del terrateniente y del kulak. Las nacionalidades que poblaban la
Rusia zarista gemían bajo un doble yugo: el de sus propio terratenientes y
capitalistas y el de los terratenientes y capitalistas rusos. La crisis
económica de 1900 a 1903 había acentuado las calamidades de las masas
trabajadoras, y la guerra vino a agudizarlas todavía más. Las derrotas sufridas
en la guerra recrudecían el odio de las masas contra el zarismo. La paciencia
del pueblo se iba agotando.
Como se ve, había causas más que suficientes para
la revolución.
En diciembre de 1904, estalló una gran huelga de
los obreros de Bakú, muy bien organizada y mantenida bajo la dirección del
Comité Bolshevique de aquella ciudad. Esta huelga terminó con un triunfo de los
obreros, gracias al cual se concertó entre éstos y los patronos de la industria
petrolera el primer contrato colectivo de trabajo que registra la historia del
movimiento obrero ruso.
La huelga de Bakú fue el comienzo del auge
revolucionario en Transcaucasia y en una serie de regiones de Rusia.
"La huelga de Bakú -dice Stalin- fue la señal
para las gloriosas acciones de enero y febrero en toda Rusia".
Esta huelga fue, en vísperas de la gran tempestad
revolucionaria, como el rayo que precede a la tormenta.
Desencadenaron la tempestad revolucionaria los
acontecimiento del 9 (22) de enero de 1905 en Petersburgo.
El 3 de enero de 1905 había estallado una huelga en
la fábrica más importante de la capital, la fábrica Putilov (hoy
"Kirov"). Esta huelga tuvo su origen en el despido de cuatro obreros.
El movimiento huelguístico creció rápidamente, sumándose a él otras fábricas y
empresas de Petersburgo. Pronto se convirtió en huelga general. El gobierno
zarista decidió aplastar en sus mismo comienzos el movimiento, que se
desarrollaba de un modo alarmante.
Ya en 1904, antes de la huelga de la fábrica
Putilov, la policía había creado entre los obreros, con ayuda de un confidente,
el cura Gapón, una organización titulada "Asociación de los obreros
fabriles rusos". Esta organización tenía secciones en todos los distritos
de Petersburgo. Al estallar la huelga, el cura Gapón propuso en las asambleas
de esta sociedad un plan de provocación: el 9 de enero, todos los obreros se
congregarían, para acudir en procesión pacífica, ante el Palacio de Invierno,
con estandartes y retratos del zar, con objeto de entregar a éste una petición
en la que se expondrían sus necesidades. El zar saldría a recibir al pueblo, y
escucharía y satisfacería sus peticiones. Gapón se prestó a servir de
instrumento a las maniobras de la "ojrana" zarista: tratábase de
hacer un escarmiento con los obreros y ahogar en sangre el movimiento
proletario. Pero el plan policíaco se volvió contra el gobierno del zar.
La petición fue discutida en las asambleas de
obreros, introduciéndose en ella algunas enmiendas y modificaciones. En estas
asambleas intervinieron también los bolsheviques, aunque sin presentarse
abiertamente como tales. Fueron ellos quienes consiguieron que se añadiese a la
petición las reivindicaciones siguientes: libertad de prensa y de palabra,
libertad de asociación para los obreros, convocatoria de una Asamblea
Constituyente para cambiar la forma de gobierno de Rusia, igualdad de todos
ante la ley, separación de la Iglesia y el Estado, terminación de la guerra,
implantación de la jornada de ocho horas y entrega de la tierra a los
campesinos.
En sus intervenciones ante estas asambleas, los
bolsheviques hacían ver a los obreros que la libertad no se conseguiría con
súplicas al zar, sino que había que conquistarla con las armas en la mano. Les
previnieron de que se haría fuego contra los obreros. Pero no lograron evitar
la manifestación ante el Palacio de Invierno. Una parte considerable de los
obreros creía aún que el zar les ayudaría. El movimiento se había apoderado de
las masas con una fuerza enorme.
En la petición de los obreros petersburgueses se
decía:
"Nosotros, obreros de Petersburgo, acudimos a
ti, Señor, con nuestras mujeres, nuestros niños y nuestros padres ancianos e
inválidos, a implorar de ti la verdad y tu ayuda. Vivimos en la miseria, nos
oprimen, nos abruman con un trabajo agobiador, se mofan de nosotros, no nos
tratan como a hombres... Lo hemos sufrido todo con paciencia, pero nos empujan
cada vez más al borde de la miseria, de la esclavitud y de la ignorancia; el
despotismo y la tiranía nos ahogan... Nuestra paciencia se ha agotado. Hemos
llegado a ese momento terrible en que se prefiere morir a seguir soportando
unos tormentos irresistibles..."
En las primeras horas de la mañana del 9 de enero
de 1905, los obreros marcharon en procesión hacia el Palacio de Invierno, donde
tenía su residencia el zar. Iban acompañados de sus familias, mujeres, niños y
ancianos, y desfilaban con retratos del zar y estandartes de cofradías,
entonando canciones religiosas, y sin armas. En total, se reunieron en las
calles de Petersburgo, aquel día, más de 140.000 hombres.
Nicolás II les recibió con maneras muy poco
corteses. Dio orden de disparar sobre los obreros inermes. Más de mil obreros
cayeron muertos ante los fusiles de las tropas zaristas y más de dos mil
resultaron heridos. Las calles de Petersburgo quedaron empapadas de sangre
proletaria.
Los bolsheviques desfilaron con los obreros. Muchos
de ellos cayeron muertos o fueron detenidos. Allí mismo, sobre las calles
bañadas en sangre proletaria, explicaron a las masas quiénes eran los
responsables de aquella matanza espantosa y cómo había que luchar contra ellos.
El 9 de enero comenzó a llamarse "Domingo
sangriento". Fue una enseñanza sangrienta la que los obreros recibieron en
este día. El 9 de enero murió fusilada la fe de los obreros en el zar.
Comprendieron que sólo luchando podían conquistar sus derechos. Al anochecer de
aquel día, en las barriadas obreras se comenzaron a levantar ya las primeras
barricadas. "Ya que el zar nos ha recibido a tiros, ¡le pagaremos en la
misma moneda!", decían los obreros de Petersburgo.
La horrible noticia del crimen sangriento del zar
corrió como un reguero de pólvora por toda Rusia. La ira y la indignación se
apoderaron de toda la clase obrera, de todo el país. No hubo ciudad donde los
obreros no se declarasen en huelga en señal de protesta contra el crimen del
zar y donde no formulasen reivindicaciones políticas. Ahora, los obreros se
echaban a la calle con al consigna de "¡Abajo la autocracia!". En el
mes de enero, el volumen de huelguistas alcanzó la enorme cifra de 440.000. En
un solo mes, se pusieron en huelga más obreros que en los diez años anteriores
juntos. El movimiento obrero se elevó a una altura formidable.
En Rusia había comenzado la revolución.
2. Huelgas políticas y manifestaciones obreras. -
Se intensifica el movimiento revolucionario de los campesinos. - La sublevación
del acorazado "Potemkin".
A partir del 9 de enero, la lucha revolucionaria de
los obreros tomó un carácter más agudo y más político. De las huelgas
económicas y de solidaridad, los obreros pasaron a las huelgas políticas, a las
manifestaciones y, en algunos sitios, a la resistencia armada contra las tropas
zaristas. En Petersburgo, Moscú, Varsovia, Riga, Bakú y en otras grandes
ciudades, donde se concentraban masas considerables de obreros, las huelgas
revestían un carácter más tenaz y más organizado. A la cabeza del proletariado
en lucha marchaban los obreros metalúrgicos. Con sus huelgas, los destacamentos
obreros de vanguardia arrastraban a las capas obreras menos conscientes y
lanzaban a la lucha a toda la clase obrera. La influencia de la
socialdemocracia crecía rápidamente.
Las manifestaciones del Primero de Mayo dieron
origen, en diversos sitios, a choques con la policía y las tropas. En Varsovia,
los manifestantes fueron recibidos a tiros y hubo varios cientos de muertos y
heridos. Los obreros de Varsovia respondieron al llamamiento de la
socialdemocracia polaca, contestaron a la matanza con una huelga general de
protesta. Durante todo el mes de mayo no cesaron las huelgas y las
manifestaciones. En las huelgas de mayo tomaron parte, en Rusia, más de 200.000
obreros. La huelga general se extendió a los obreros de Bakú, Lodz e
Ivánovo-Vosnesensk. Cada vez eran más frecuentes los choques entre los obreros
huelguistas y las tropas del zar. Choques de éstos se produjeron en una serie
de ciudades, como Odesa, Varsovia, Riga, Lodz, etc.
En el gran centro industrial de Polonia, Lodz, la
lucha asumió un carácter especialmente agudo. Los obreros de Lodz llenaron las
calles de esta ciudad de barricadas, en las que lucharon contra las tropas
zaristas durante tres días (del 22 al 24 de junio de 1905). Aquí, la acción
armada se fundió con la huelga general. Lenin consideraba estos combates como
la primera acción armada de los obreros en Rusia.
Entre las huelgas producidas durante el verano, se
destacó principalmente la de los obreros de Ivánovo-Vosnesensk. Esta huelga
duró desde fines de mayo hasta comienzos de agosto de 1905, o sea cerca de dos
meses y medios. Tomaron parte en ella unos 70.000 obreros, entre los que
figuraban muchas mujeres. Dirigió esta huelga el Comité bolshevique de la
región Norte. En los arrabales de la ciudad, a orillas del río Talka, se
reunían casi diariamente miles de obreros. En estas asambleas discutían sus
problemas y necesidades. En ellas hacían uso de la palabra los bolsheviques.
Para aplastar la huelga, las autoridades zaristas ordenaron a las tropas
disolver a los obreros, haciendo fuego contra ellos. Cayeron muertas varias
decenas de obreros, y hubo cientos de heridos. Fue proclamado el estado de
guerra en la ciudad de Ivánovo. Pero los obreros se mantenían firmes, sin
reanudar el trabajo. Pasaban hambre con sus familias, pero no cedían. Sólo el
agotamiento más extremo les obligó a entrar de nuevo a trabajar. Esta huelga
templó a los obreros. Reveló ejemplos maravillosos de valentía, de firmeza, de
abnegación y de solidaridad por parte de la clase obrera. Sirvió de verdadera
escuela de educación política para los obreros de Ivánovo-Vosnesensk.
Durante esta huelga, los obreros de Ivánovo crearon
un Soviet de delegados que fue, de hecho, uno de los primeros Soviets de
diputados obreros de Rusia.
Las huelgas políticas pusieron en pie a todo el
país.
Tras de la ciudad, comenzó a levantarse el campo.
Los campesinos comenzaron a agitarse en la primavera de 1905. Marchaban en
grandes muchedumbres contra los terratenientes, destruyendo sus posesiones, sus
fábricas de azúcar y sus destilerías, pegando fuego a sus palacios y casas
señoriales. En una serie de comarcas, los campesinos se apoderaron de las
tierras de los terratenientes, procedieron a la tala en masa de los bosques y
exigieron que les fuesen adjudicadas las tierras señoriales. Los campesinos confiscaron
el trigo y otros productos almacenados por los terratenientes y los repartieron
entre los hambrientos. Los terratenientes, aterrados, huían a la ciudad. El
gobierno zarista envió a los soldados y a los cosacos para ahogar las
insurrecciones campesinas. Las tropas disparaban contra los campesinos,
detenían, apaleaban y torturaban a sus "instigadores". Pero los
campesinos no cejaban en su lucha.
El movimiento campesino comenzó a extenderse por
todo el centro de Rusia, por la región del Volga y por Transcaucasia,
principalmente en Georgia.
Los socialdemócratas iban penetrando cada vez más
en el campo. El Comité Central del Partido lanzó una proclama encabezada así:
"¡Campesinos, escuchad nuestra palabra!". Dirigieron hojas a los
campesinos los Comités socialdemócratas de Tver, Saratov, Poltava, Chernígov,
Ekaterinoslav, Tiflis y muchas otras provincias. Los socialdemócratas
organizaban en las aldeas mítines y círculos políticos, y creaban Comités de
campesinos. En el verano de 1905, estallaron en una serie de comarcas huelgas
de obreros agrícolas, organizadas por los socialdemócratas.
Pero esto no era más que el comienzo de la lucha en
el campo. El movimiento campesino sólo había prendido en 85 distritos, lo que
representaba la séptima parte, aproximadamente, de los distritos de la Rusia
europea zarista.
El movimiento obrero y campesino, unido a la serie
de derrotas de las tropas rusas en la guerra ruso-japonesa, repercutió sobre el
ejército. Este baluarte del zarismo comenzó a tambalearse.
En junio de 1905 estalló una sublevación en la
escuadra del Mar Negro, a bordo del acorazado "Potemkin". Por
aquellos días, el "Potemkin" estaba fondeado no lejos de Odesa, donde
los obreros habían declarado la huelga general. Los marinos sublevados
ajustaron las cuantas a los oficiales más odiados por ellos y pusieron rumbo a
Odesa. El "Potemkin" se pasó al campo de la revolución.
Lenin atribuía a esta sublevación una importancia
muy grande. Reputaba necesario que los bolsheviques dirigiesen este movimiento
y lo enlazasen al movimiento de los obreros, de los campesinos y de las
guarniciones locales.
El zar envió contra el "Potemkin" varios
barcos de guerra, pero la tripulación de estos buques se negó a disparar contra
sus camaradas sublevados. Durante varios días ondeó en el acorazado
"Potemkin" la bandera roja de la revolución. Pero en aquellos
tiempos, en 1905, el Partido bolshevique no era aún el partido único que
dirigía el movimiento, como más tarde, en 1917. En el "Potemkin"
había no pocos mensheviques, socialrevolucionarios y anarquistas. Por eso,
aunque en la sublevación tomaron parte algunos socialdemócratas, los sublevados
no tuvieron una dirección certera y suficientemente experta. Una parte de los
marinos vacilaba en los momentos decisivos. Los demás buques de la escuadra del
Mar Negro no se unieron a la sublevación. Falto de carbón y de provisiones, el
acorazado revolucionario vióse obligado a retirarse hacia las costas de Rumania
y entregarse a las autoridades de ese país.
La insurrección de los marinos del
"Potemkin" terminó con una derrota. Los marinos sublevados, que
cayeron más tarde en manos del gobierno zarista, fueron entregados a los
tribunales. Algunos de ellos fueron ejecutados y otros enviados a presidio.
Pero el solo hecho de la sublevación tuvo una importancia extraordinaria. La
insurrección del "Potemkin" fue la primera acción revolucionaria de
masas que se produjo en el ejército y en la flota, la primera gran unidad de
tropas zaristas que se pasó al lado de la revolución. Esta sublevación hizo que
los obreros, los campesinos y, sobre todo, las propias masas de soldados y
marinos viesen más clara y más cercana la idea del paso del ejército y la
marina al lado de la clase obrera, al lado del pueblo.
El paso de los obreros a las huelgas políticas y a
las manifestaciones de masas, el recrudecimiento del movimiento campesino, los
choques armados del pueblo con la policía y las tropas y, finalmente, la
sublevación en la escuadra del Mar Negro: todo indicaba que estaban madurando
las condiciones para la insurrección armada del pueblo. Esto obligó a la
burguesía liberal a ponerse en pie enérgicamente. Alarmada ante la revolución,
pero al mismo tiempo asustando al zar con ella, pretendió llegar a un acuerdo con
él contra la revolución y planteó la necesidad de decretar algunas pequeñas
reformas "en favor del pueblo" para "aplacar" a éste,
sembrar la discordia entre las fuerzas de la revolución y atajar con ello los
"horrores de la revolución". "Es necesario cortar tierra a los
campesinos, pues de otro modo nos cortarán a nosotros el pescuezo", decían
los terratenientes liberales. La burguesía liberal se disponía a compartir el
Poder con el zar. "Mientras el proletariado lucha, la burguesía pretende
acercarse cautelosamente al Poder", escribía Lenin en aquellos días,
refiriéndose a la táctica de la clase obrera y a la de la burguesía liberal.
El gobierno zarista seguía aplastando el movimiento
obrero y campesino con una violencia brutal. Pero no podía desconocer que con
los simples medios represivos era imposible sofocar la revolución. Por eso, sin
abandonar la represión, comenzó a recurrir a las maniobras de rodeos. Por una
parte, con ayuda de sus agentes provocadores, empezó a azuzar a los pueblos de
Rusia unos contra otros, organizando pogromos judíos y matanzas entre armenios
y tártaros. De otro lado, prometió convocar una "Asamblea representativa"
- en la forma de "Zemski Sabor"[1] o la Duma del Estado-, encargando
al ministro Buliguin que redactase el proyecto de esta Asamblea, pero con la
condición de que no había de tener facultades legislativas. Todas estas medidas
iban dirigidas a sembrar la discordia entre las fuerzas de la revolución y a
apartar de ésta a las capas moderadas del pueblo.
Los bosheviques declararon el boicot a la Duma
buliguiniana, proponiéndose como objetivo echar por tierra esta caricatura de
representación popular.
Por el contrario, los mensheviques acordaron no
hacer fracasar la Duma y consideraron necesario participar en ella.
3. Discrepancias tácticas entre los bolsheviques y
los mensheviques. - El III Congreso del Partido. - El libro de Lenin "Las
dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática". -
Fundamentos tácticos del Partido Marxista.
La revolución puso en movimiento a todas las clases
de la sociedad. El viraje provocado por la revolución en la vida política del
país, las hizo salir de sus viejas posiciones estancadas y las obligó a
reagruparse con arreglo a la nueva situación. Cada clase, cada partido,
esforzábase en trazar su táctica, su línea de conducta, su relación con las
demás clases y con el gobierno. Hasta el gobierno zarista se vio obligado a
elaborar, cosa insólita en él, una nueva táctica, consistente en prometer la
convocatoria de una "Asamblea representativa", la Duma buliguiniana.
También el Partido socialdemócrata se vio en la
necesidad de trazar su línea táctica. Así lo exigía la marcha ascendente de la
revolución. Así lo exigían también los problemas prácticos impostergables que
se planteaban ante el proletariado: organización de la insurrección armada,
derrocamiento del gobierno zarista, instauración de un gobierno provisional
revolucionario, participación de la socialdemocracia en este gobierno,
relaciones con los campesinos y con la burguesía liberal, etc. Era necesario
trazar la táctica marxista de la socialdemocracia, una táctica única y bien
meditada.
Pero, gracias al oportunismo y a la labor
escisionista de los mensheviques, la socialdemocracia rusa hallábase, en
aquellos momentos, escindida en dos fracciones. Aun no podía considerarse la
escisión consumada, pero, aunque formalmente estas dos fracciones no fuesen
todavía dos partidos distintos, de hecho se parecían mucho a dos partidos, cada
cual con sus propios organismos centrales y sus propios órganos en la prensa.
Contribuía a ahondar la escisión el hecho de que a
las viejas discrepancias de los mensheviques con la mayoría del Partido en
materia de organización vinieron a sumarse otras discrepancias nuevas, que
afectaban a los problemas tácticos.
La falta de un Partido unido traducíase en la falta
de unidad en cuanto a su táctica.
Cabía resolver la situación convocando
inmediatamente el III Congreso ordinario del Partido, para establecer en él una
táctica única, obligando a la minoría a aplicar honradamente los acuerdos del
Congreso y a someterse a las decisiones de la mayoría. Esta solución fue, en
efecto, la que propusieron los bolsheviques a los mensheviques. Pero éstos no
querían ni oír hablar del Congreso. En vista de esto y considerando como un
crimen el seguir teniendo al Partido sin una táctica sancionada por su órgano
supremo y obligatoria para todos sus afiliados, los bolsheviques decidieron
tomar en sus manos la iniciativa de convocar el III Congreso.
Fueron invitados a enviar a él sus delegados todas
las organizaciones del Partido, tanto las bolsheviques como las mensheviques.
Pero los mensheviques se negaron a participar en el Congreso y decidieron
convocar otro por su cuenta. No lo llamaron congreso, sino conferencia, por el
reducido número de delegados que a él acudieron, pero fue en realidad un
congreso, el congreso del partido menshevique, cuyos acuerdos se consideraban
obligatorios para todos los mensheviques.
En abril de 1905, se reunió en Londres el III
Congreso del Partido Socialdemócrata de Rusia. Asistieron a él 24 delegados, en
nombre de 20 Comités bolsheviques. Hallábanse representadas en él todas las
grandes organizaciones del Partido.
El Congreso condenó a los mensheviques,
considerándolos como "una parte que se había separado del Partido", y
pasó a los problemas del orden del día, que versaban sobre la táctica del
Partido.
Al mismo tiempo se reunía en Ginebra la conferencia
de los mensheviques.
"Dos congresos, dos partidos", tales eran
los términos en que Lenin enjuiciaba la situación.
Tanto el congreso como la conferencia examinaron,
en el fondo, los mismo problemas tácticos, pero los acuerdos que recayeron
sobre estos problemas fueron diametralmente opuestos. Las dos distintas series
de resoluciones votadas en el congreso y en la conferencia ponían al
descubierto, en toda su profundidad, las discrepancias tácticas existentes
entre el III Congreso del Partido y la Conferencia menshevique, entre los
bolsheviques y los mensheviques.
He aquí los puntos fundamentales de estas
discrepancias.
Línea táctica del III Congreso del Partido. El
Congreso entendía que, a pesar del carácter democráticoburgués de la revolución
que se estaba desarrollando y a pesar de que ésta no podía, en aquellos
momentos, salirse del marco de las medidas compatibles con el capitalismo, su
triunfo total interesaba de un modo primordial al proletariado, pues el triunfo
de esta revolución le daría la posibilidad de organizarse, de educarse
políticamente, de adquirir experiencia y hábitos de dirección política de las
masas trabajadoras, y de pasar de la revolución burguesa a la revolución
socialista.
La táctica del proletariado, encaminada al triunfo
total de la revolución democráticoburguesa, sólo podía ser apoyada por los
campesinos, ya que éstos no conseguirían desembarazarse de los terratenientes y
obtener sus tierras más que con el triunfo completo de la revolución. Los
campesinos eran, pues, los aliados naturales del proletariado.
La burguesía liberal no estaba interesada en el
triunfo completo de esta revolución, ya que necesitaba del Poder zarista como
látigo contra los obreros y los campesinos, a los que temía más que a nada, por
lo cual se esforzaría en mantener el zarismo, aunque restringiendo un poco sus
prerrogativas. Por tanto, la burguesía liberal procuraría poner fin al asunto
mediante un acuerdo con el zar, sobre la base de una monarquía constitucional.
La revolución sólo podrá triunfar si se pone a la
cabeza de ella el proletariado; si éste, como jefe de la revolución, sabe
asegurar su alianza con los campesinos; si se aísla a la burguesía liberal; si
la socialdemocracia toma parte activa en la organización de la insurrección
popular contra el zarismo; si, como resultado de una insurrección triunfante,
se instaura un gobierno provisional revolucionario, capaz de extirpar las
raíces de la contrarrevolución y de convocar una Asamblea Constituyente de todo
el pueblo, y si la socialdemocracia no rehusa, en condiciones propicias,
participar en este gobierno provisional revolucionario para llevar a su término
la revolución.
Línea táctica de la conferencia menshevique. Puesto
que se trata de una revolución burguesa, sólo puede tener como jefe a la
burguesía liberal. A ella y no a los campesinos es a quien tiene que acercarse
el proletariado. Para esto, lo más importante es no asustar a la burguesía
liberal con actitudes revolucionarias y no darle pretexto para volver la
espalda a la revolución, la cual se quebrantará, si la burguesía liberal se
desvía de ella.
Es posible que la insurrección triunfe, pero la
socialdemocracia, después del triunfo de la insurrección, deberá quedarse al
margen para no atemorizar a la burguesía liberal. Es posible que, como
resultado de la insurrección, se instaure un gobierno provisional
revolucionario, pero la socialdemocracia no deberá participar en él en modo
alguno, ya que este gobierno no será, por su carácter, un gobierno socialista,
y, sobre todo, porque la participación en él de la socialdemocracia y su
actitud revolucionaria podrían asustar a la burguesía liberal y socavar con
ello la revolución.
Desde el punto de vista de las perspectivas de la
revolución, sería mejor convocar cualquier asamblea representativa, un
"Zemski Sobor" o una Duma de Estado, a la que se podría someter a la
presión de la clase obrera desde afuera para convertirla en una Asamblea
Constituyente o empujarla a convocar ésta.
El proletariado tiene sus intereses propios y
peculiares, intereses puramente obreros, de los cuales debe preocuparse, sin
intentar erigirse en jefe de la revolución burguesa, que es una revolución
política general y que afecta, por tanto, a todas las clases y no al
proletariado solamente.
Tales eran, en breves palabras, las dos tácticas de
las dos fracciones del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia.
En su histórico libro titulado "Las dos
tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática", Lenin hace
la crítica clásica de la táctica menshevique y fundamenta de un modo genial la
táctica bolshevique.
Este libro apareció en julio de 1905, o sea a los
dos meses del III Congreso del Partido. A juzgar por el título de la obra,
podría creerse que Lenin sólo examina en ella los problemas tácticos del
periodo de la revolución democráticoburguesa, y que su crítica se refiere
únicamente a los mensheviques rusos. Pero, en realidad, al criticar la táctica
de los mensheviques, pone también al desnudo la táctica del oportunismo
internacional y al fundamentar la táctica marxista en el periodo de la
revolución burguesa y trazar las diferencias entre ésta y la revolución
socialista, formula también los fundamentos de la táctica del marxismo en el
periodo de transición de la revolución burguesa a la revolución socialista.
He aquí las tesis tácticas fundamentales
desarrolladas por Lenin en su obra "Las dos tácticas de la
socialdemocracia en la revolución democrática".
1) La tesis táctica fundamental que informa la obra
de Lenin es la idea de que el proletariado puede y debe ser el jefe de la
revolución democráticoburguesa, el dirigente de la revolución
democráticoburguesa en Rusia.
Lenin reconocía el carácter burgués de esta
revolución, puesto que, según él señalaba, "no estaba en condiciones de
salirse inmediatamente del marco de una transformación puramente
democrática". Pero entendía que no era un movimiento de arriba, sino una
revolución popular, que ponía el movimiento a todo el pueblo, a toda la clase
obrera y a todos los campesinos. Por eso, reputaba como una traición a los
intereses del proletariado los intentos de los mensheviques de rebajar la
importancia de la revolución burguesa para la clase obrera, de menoscabar el
papel del proletariado en ella y descartar de ella a las fuerzas proletarias.
"El marxismo -escribía Lenin- no enseña al
proletariado a quedarse al margen de la revolución burguesa, a no participar en
ella, a entregar su dirección a la burguesía, sino que enseña, por el
contrario, que debe participar del modo más enérgico y más decidido en la lucha
por el democratismo proletario consecuente, en la lucha por llevar a término la
revolución" (Lenin, t. VIII, pág. 58, ed. rusa).
"No debemos olvidar -escribía Lenin más
adelante- que en estos momentos no hay ni puede haber otro medio de acercarse
al socialismo que la libertad política completa, la República democrática"
(Obra citada, pág. 104).
Lenin preveía dos posibles desenlaces para la
revolución:
a) O la revolución terminaba con el triunfo
completo sobre el zarismo, con el derrocamiento de éste y la instauración de la
República democrática, o
b) si la revolución no era lo bastante fuerte,
podía terminar con un arreglo entre el zar y la burguesía a costa del pueblo,
con cualquier Constitución menguada, o mejor dicho, con cualquier caricatura
constitucional.
El proletariado hallábase interesado en que la
solución fuese la mejor, a saber: la del triunfo decisivo sobre el zarismo.
Pero, para que esta solución fuese posible, era necesario que el proletariado
supiese convertirse en jefe, en dirigente de la revolución.
"El desenlace de la revolución -escribía
Lenin- depende del papel que desempeñe en ella la clase obrera: de que se
limite a ser un mero auxiliar de la burguesía, aunque sea un auxiliar poderoso
por la intensidad de su empuje contra la autocracia, pero políticamente
impotente, o de que asuma el papel de dirigente de la revolución popular"
(Obra citada, pág. 32).
Lenin entendía que el proletariado contaba con
todas las posiblidades necesarias para dejar de ser auxiliar de la burguesía y
convertirse en dirigente de la revolución democráticoburguesa. Estas
posibilidades se cifraban, según Lenin, en lo siguiente:
En primer lugar, "el proletariado, siendo,
como es por su situación, la clase más avanzada y la única consecuentemente
revolucionaria, está llamado por ello a desempeñar el papel dirigente en el
movimiento general democrático revolucionario de Rusia" (Lenin, t. VIII,
pág. 75, ed. rusa).
En segundo lugar, el proletariado tiene su propio
partido político, independiente de la burguesía, que le permite fundirse
"en una fuerza política unida e independiente" (Obra citada, pág.
75).
En tercer lugar, el proletariado se halla más
interesado en el triunfo decisivo de la revolución que la burguesía, ya que
"en cierto sentido, la revolución burguesa es más beneficiosa para el
proletariado que para la burguesía" (Obra citada, pág. 57).
"A la burguesía -escribía Lenin- le conviene
apoyarse en algunas de la supervivencias del viejo régimen contra el
proletariado; por ejemplo, en la monarquía, en el ejército permanente, etc. A
la burguesía le conviene que la revolución burguesa no barra demasiado
resueltamente todas las supervivencias del viejo régimen, sino que deje en pie
algunas de ellas; es decir, que esta revolución no sea del todo consecuente, no
se lleve hasta el final, no sea decidida e implacable... A la burguesía le
conviene más que los cambios necesarios en un sentido democráticoburgués se
establezcan lentamente, gradualmente, prudentemente, de un modo cauto, por
medio de reformas y no por la vía de la revolución...; que estos cambios
desarrollen lo menos posible la independencia, la iniciativa y la energía
revolucionarias del pueblo sencillo, es decir, de los campesinos y
principalmente de los obreros, pues de otro modo a estos últimos les será tanto
más fácil "cambiar de un hombro a otro el fusil", como dicen los franceses,
es decir, dirigir contra la propia burguesía el arma que pone en sus manos la
revolución burguesa, la libertad que ésta les da, las instituciones
democráticas que brotan en el terreno limpio de feudalismo. Por el contrario, a
la clase obrera le conviene más que los cambios necesarios en un sentido
democráticoburgués se introduzcan no por medio de reformas, sino por la vía
revolucionaria, pues el camino reformista es el camino de las dilaciones, de
los aplazamientos, de la agonía dolorosa y lenta de los miembros podridos del
organismo popular, y los que más y primordialmente sufren con este proceso de
agonía lenta, son el proletariado y los campesinos. El camino revolucionario,
en cambio, es el camino que consiste en la operación más rápida y menos
dolorosa para el proletariado, en la eliminación directa de los miembros
podridos, el camino de mínimas concesiones y cautelas con respecto a la
monarquía y a sus instituciones repelentes, ignominiosas y podridas, que
envenenan la atmósfera con su descomposición" (Obra citada, págs. 57-58).
"Precisamente por eso -continúa Lenin- el
proletariado lucha en vanguardia por la República, rechazando con desprecio los
consejos necios e indignos de él de quienes le dicen que tenga cuidado de no
asustar a la burguesía" (Obra citada, pág. 94).
Para que la posibilidad de que el proletariado
dirija la revolución se convierta en realidad, para que el proletariado se
erija de hecho en jefe, en dirigente de la revolución burguesa, tienen que
darse, por lo menos, según Lenin, dos condiciones.
En primer lugar, es necesario que el proletariado
cuente con un aliado que se halle interesado en el triunfo decisivo sobre el
zarismo y que esté dispuesto a colocarse bajo la dirección del proletariado.
Esta exigencia va implícita en la propia idea de dirección, pues el dirigente
deja de serlo cuando no tiene a quien dirigir y el jefe, cuando no tiene a
quien mandar. Este aliado, según Lenin, eran los campesinos.
En segundo lugar, es necesario que la clase, que se
halla en pugna con el proletariado por dirigir la revolución, por erigirse en
su único dirigente, sea eliminada de la liza de la dirección y aislada. También
esto va implícito en la misma idea de dirección, que excluye la posibilidad de
admitir dos dirigentes de la revolución. Esta clase era, según Lenin, la
burguesía liberal.
"Sólo el proletariado -escribía Lenin- puede
ser un luchador consecuente por el democratismo. Pero, sólo pude luchar
victoriosamente por el democratismo a condición de que las masas campesinas se
unan a su lucha revolucionaria" (Obra citada, pág. 65).
Y más adelante:
"Entre los campesinos hay, al lado de los
elementos pequeñoburgueses, una masa de elementos semiproletarios. Esto les
hace ser también inestables, obligando al proletariado a fundirse en un Partido
rigurosamente de clase. Pero la instabilidad de los campesinos es radicalmente
distinta de la inestabilidad de la burguesía; pues en este momento concreto los
campesinos se hallan menos interesados en que se mantenga indemne la propiedad
privada que en arrebatar a los terratenientes sus tierras, que son una de las
principales formas de aquella propiedad. Sin convertirse por ello en
socialistas ni dejar de ser pequeños burgueses, los campesinos son susceptibles
de actuar como los más perfectos y radicales defensores de la revolución
democrática. Los campesinos procederán inevitablemente así, siempre y cuando la
marcha de los acontecimientos revolucionarios que iluminan su camino no se
quiebre demasiado pronto por la traición de la burguesía y la derrota del
proletariado. Los campesinos se convertirán inevitablemente, bajo dicha
condición, en un baluarte de la revolución y de la República; ya que sólo una
revolución plenamente victoriosa puede darle al campesino todo en materia de
reforma agraria, todo cuanto el campesino quiere, con lo que sueña y lo que
realmente necesita" (Obra citada, págs. 94-95).
Analizando las objeciones de los mensheviques,
quienes afirmaban que semejante táctica, la trazada por los bolsheviques,
"obligará a las clases burguesas a volver la espalda a la revolución, con
lo cual reducirá el alcance de ésta", y caracterizándolas como "una
táctica de traición a la revolución", como "la táctica de convertir
al proletariado en un lamentable apéndice de las clases burguesas", Lenin
escribía:
"Quien comprenda verdaderamente cuál es el
papel de los campesinos en la revolución rusa victoriosa, será incapaz de decir
que el alcance de la revolución se reduce si la burguesía le vuelve la espalda,
pues, en realidad, la revolución rusa no comenzará a adquirir su verdadero
alcance, no comenzará a adquirir la mayor envergadura revolucionaria posible en
la época de la revolución democráticoburguesa, hasta que la burguesía no le
vuelva la espalda y el elemento revolucionario activo no sea la masa campesina,
en unión del proletariado. Para ser llevada consecuentemente a su término,
nuestra revolución democrática debe apoyarse en fuerzas capaces de
contrarrestar la inevitable inconsecuencia de la burguesía, es decir, capaces
precisamente de "obligarla a volver la espalda" (Obra citada, págs.
95-96).
Tal es la tesis táctica fundamental sobre el
proletariado como jefe de la revolución burguesa, la tesis táctica fundamental
sobre la hegemonía (papel dirigente) del proletariado en la revolución
burguesa, desarrollada por Lenin en su obra "Las dos tácticas de la
socialdemocracia en la revolución democrática".
Con ello, el partido marxista se situaba en un
punto de vista nuevo ante los problemas de la táctica en la revolución
democráticoburguesa, punto de vista que se distinguía profundamente de las
posiciones tácticas que hasta entonces figuraban en el arsenal marxista.
Anteriormente, el problema se reducía a que, en las revoluciones burguesas, por
ejemplo, en las de los países occidentales, el papel dirigente quedase en manos
de la burguesía, viéndose el proletariado reducido, de mejor o de peor grado,
al papel de auxiliar suyo, y los campesinos convertidos en reserva de la
burguesía. Los marxistas consideraban esta combinación como algo más a menos
inevitable, haciendo en el acto la reserva de que el proletariado debía
defender, en este trance, todo lo posible, sus reivindicaciones inmediatas de
clase y tener su partido político propio. Ahora, dentro de la nueva situación
histórica, el problema se planteaba, con arreglo al punto de vista de Lenin, de
un modo nuevo: el proletariado pasaba a ser la fuerza dirigente de la
revolución burguesa, la burguesía era desplazada de la dirección del movimiento
revolucionario, y los campesinos se convertían en la reserva del proletariado.
La creencia de que Plejanov "era también
partidario" de la hegemonía del proletariado responde a un equívoco.
Plejanov coqueteaba con la idea de la hegemonía del proletariado, y aunque es
cierto que la reconocía de palabra, de hecho era contrario a la esencia de esta
idea. La hegemonía del proletariado implica el papel dirigente de éste en la
revolución burguesa, con una política de alianza entre el proletariado y los
campesinos y una política de aislamiento de la burguesía liberal, siendo así
que Plejanov era, como sabemos, contrario a esta política de aislamiento de la
burguesía liberal, partidario de una política de acuerdo con esta burguesía y
contrario a la política de alianza entre el proletariado y los campesinos. En
realidad, el punto de vista táctico de Plejanov era el punto de vista
menshevique, que consistía en negar la hegemonía del proletariado.
2) Lenin consideraba como el medio más importante
para derrocar el zarismo y conquistar la República democrática, la insurrección
armada victoriosa del pueblo. Entendía, al contrario de los mensheviques, que
"el movimiento revolucionario democrático general planteaba ya la
necesidad de la insurrección armada", que "la organización del
proletariado para la insurrección" ya "estaba a la orden del día,
como una de las tareas esenciales, fundamentales y necesarias del
Partido", que era necesario "tomar las medidas más enérgicas para
armar el proletariado y asegurarle la posibilidad de tomar en sus manos la
dirección inmediata de la insurrección" (Lenin, t. VIII, pág. 75, ed.
rusa).
Para llevar a las masas a la insurrección y hacer
ésta extensiva a todo el pueblo, Lenin consideraba necesario lanzar a las masas
las consignas, los llamamientos adecuados para desplegar su iniciativa
revolucionaria, para organizarlas con vistas a la insurrección y desorganizar
el aparato del Poder del zarismo. Estas consignas eran, según él, los acuerdos
tácticos del III Congreso del Partido, a cuya defensa se consagraba su obra
"Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática".
He aquí cuáles eran estas consignas:
a) Empleo de las "huelgas políticas de masas,
que pueden tener gran importancia en el comienzo y en el mismo transcurso de la
insurrección" (Obra citada, pág. 75).
b) "Implantación inmediata, por la vía
revolucionaria, de la jornada de 8 horas y de otras reivindicaciones inmediatas
de la clase obrera" (Obra citada, pág. 88).
c) "Organización inmediata de Comités
campesinos revolucionarios para implantar", por vía revolucionaria,
"todos los cambios democráticos", hasta llegar a la confiscación de
las tierras de los terratenientes (Obra citada, pág. 88).
d) Armamento del proletariado.
Dos puntos interesa especialmente destacar aquí:
En primer lugar, la táctica de la implantación
revolucionaria de la jornada de 8 horas en la ciudad y de los cambios
democráticos en el campo; es decir, su implantación sin contar con las
autoridades, sin contar con la ley, prescindiendo de las autoridades y de la
legalidad, destrozando las leyes vigentes e instaurando un orden nuevo por la
propia fuerza de las masas, por su propia voluntad. Era éste un nuevo medio
táctico cuya aplicación paralizaba el aparato de Poder del zarismo y desataba
la actividad y la iniciativa creadora de las masas. Sobre la base de esta
táctica surgieron los comités revolucionarios de huelga en la ciudad y los
comités revolucionarios de campesinos en el campo, que habían de convertirse
más tarde en los Soviets de diputados obreros y en los Soviets de diputados
campesinos, respectivamente.
En segundo lugar, el empleo de las huelgas
políticas de masas, el empleo de las huelgas políticas generales, que más
tarde, en el transcurso de la revolución, habían de desempeñar un papel de
primer orden para la movilización revolucionaria de las masas. Era ésta un arma
nueva e importantísima en manos del proletariado, arma desconocida hasta
entonces en la actuación de los partidos marxistas y que había de adquirir más
tarde carta de naturaleza.
Lenin entendía que, como resultado de la
insurrección victoriosa del pueblo, el gobierno zarista habría de ser
sustituido por un gobierno provisional revolucionario. La misión de este
gobierno provisional revolucionario consistiría en afianzar las conquistas de
la revolución, en aplastar la resistencia de la contrarrevolución y en realizar
el programa mínimo del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Lenin entendía
que sin esto era imposible conseguir un triunfo decisivo sobre el zarismo. Y,
para cumplir con esta misión y lograr un triunfo decisivo sobre el zarismo, el
gobierno provisional revolucionario debía ser, no un gobierno como otro
cualquiera, sino el gobierno de la dictadura de las clases victoriosas, de los
obreros y los campesinos, la dictadura revolucionaria del proletariado y de los
campesinos. Remitiéndose a la conocida tesis de Marx, según la cual "la
estructura provisional de todo Estado después de la revolución exige la
dictadura, y una dictadura enérgica", Lenin llegaba a la conclusión de que,
si se quería asegurar el triunfo decisivo sobre el zarismo, el gobierno
provisional revolucionario no podía ser más que la dictadura del proletariado y
de los campesinos.
"El triunfo decisivo de la revolución sobre el
zarismo -escribía Lenin- es la dictadura revolucionario-democrática del
proletariado y de los campesinos... Este triunfo será, precisamente, una
dictadura; es decir, deberá apoyarse inevitablemente en la fuerza de las armas,
en las masas armadas, en la insurrección, y no en estas o en las otras
instituciones creadas "por la vía legal", "por la vía
pacífica". Sólo puede ser una dictadura, porque la implantación de los
cambios inmediatos y absolutamente necesarios para el proletariado y los
campesinos provocará una resistencia desesperada por parte de los
terratenientes, de la gran burguesía y del zarismo. Sin dictadura será
imposible aplastar esta resistencia, rechazar los intentos
contrarrevolucionarios. Pero no será, naturalmente, una dictadura socialista,
sino una dictadura democrática. Esta dictadura no podrá tocar (sin pasar por
toda una serie de grados intermedios de desarrollo revolucionario) las bases
del capitalismo. Podrá, en el mejor de los casos, introducir cambios radicales
en la distribución de la propiedad de la tierra a favor de los campesinos,
implantar un democratismo consecuente y completo, hasta llegar a la República,
desarraigar no sólo de las costumbres campesinas, sino también de los hábitos
fabriles, todos los rasgos asiáticos y serviles, iniciar un mejoramiento serio
en la situación de los obreros y elevar su nivel de vida, y finalmente -lo
último en el orden, pero no en importancia- prender la hoguera revolucionaria
en Europa. Semejante triunfo no convertirá aún, ni mucho menos, nuestra
revolución burguesa en socialista; la revolución democrática no se saldrá
inmediatamente del marco de las relaciones económico-sociales burguesas, pero,
no obstante esto, tendrá una importancia gigantesca para el desarrollo futuro
de Rusia y del mundo entero. Nada elevará a tal altura la energía
revolucionaria del proletariado mundial, nada acortará tan considerablemente el
camino que conduce a su victoria total, como este triunfo decisivo de la
revolución que se ha iniciado ya en Rusia" (Obra citada, págs. 62-63).
En lo tocante a la actitud de la socialdemocracia
ante el gobierno provisional revolucionario y a la posibilidad de que aquella
participase en él, Lenin defendía íntegramente el correspondiente acuerdo del
III Congreso del Partido, que decía así:
"Con arreglo a la correlación de fuerzas y a
otros factores que no es posible fijar con precisión de antemano, es admisible
la participación de representantes de nuestro Partido en el gobierno
provisional revolucionario, con el fin de luchar implacablemente frente a todos
los intentos contrarrevolucionarios y defender los intereses propios y
peculiares de la clase obrera; condición necesaria para esta participación es
el control riguroso del Partido sobre sus representantes y el mantenimiento
inquebrantable de la independencia de la socialdemocracia, que aspira a la
revolución socialista completa y es, por tanto, irreconciliablemente enemiga de
todos los partidos burgueses; independientemente de que sea o no posible la
participación de la socialdemocracia en el gobierno provisional revolucionario,
se debe propagar entre las más extensas capas del proletariado la idea de que
es necesario que el proletariado armado, dirigido por la socialdemocracia,
presione constantemente al gobierno provisional, con el fin de mantener,
consolidar y extender las conquistas de la revolución" (Obra citada, pág.
37).
A las objeciones de los mensheviques de que el
gobierno provisional sería, a pesar de todo, un gobierno burgués y de que no
era posible admitir la participación de los socialdemócratas en semejante
gobierno, a menos que se quisiese cometer el mismo error que había cometido el
socialista francés Millerand al entrar a formar parte del gobierno de la
burguesía francesa, Lenin contestaba, haciendo ver que los mensheviques
confundían dos cosas distintas y revelaban su incapacidad para abordar el
problema como marxistas: en Francia, se trataba de la participación de los
socialistas en un gobierno burgués reaccionario y en una época en que no
existía una situación revolucionaria dentro del país, lo cual obligaba a los
socialistas a no participar en aquel gobierno; en cambio, en Rusia, tratábase
de la participación de los socialistas en un gobierno burgués revolucionario,
que luchaba por el triunfo de la revolución, en un momento en que ésta se
hallaba en su apogeo, circunstancia que hacía admisible, y, bajo condiciones
propias, obligada la participación de los socialdemócratas en él, para dar la
batalla a la contrarrevolución, no sólo "desde abajo" y desde afuera,
sino también "desde arriba" y desde dentro del gobierno.
3) Al luchar por el triunfo de la revolución
burguesa y por la conquista de la República democrática, Lenin no pensaba, ni
mucho menos, detenerse en la etapa democrática y reducir el alcance del
movimiento revolucionario a la consecución de los objetivos
democráticoburgueses. Por el contrario, entendía que, inmediatamente después de
conseguidos los objetivos democráticos, habría de comenzar la lucha del
proletariado y de las demás masas explotadas por la revolución socialista.
Lenin sabía esto y consideraba deber de la socialdemocracia tomar todas las
medidas encaminadas a que la revolución democráticoburguesa comenzara a
transformarse en revolución socialista. Si Lenin reputaba necesaria la
dictadura del proletariado y de los campesinos, no era para poner fin a la
revolución después de coronada la victoria sobre el zarismo, sino para
prolongar todo lo posible el estado de revolución, para destruir íntegramente
los vestigios de la contrarrevolución, para hacer que la llama de la revolución
prendiese en Europa y, después de lograr que, durante este tiempo, el
proletariado se educase políticamente y se organizase en un gran ejército,
comenzar a pasar directamente hacia la revolución socialista.
Refiriéndose al alcance de la revolución burguesa y
al carácter que el partido marxista debe darle, Lenin escribía:
"El proletariado debe llevar a término la
revolución democrática, atrayéndose a la masa de los campesinos, para aplastar
por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de
la burguesía. El proletariado debe consumar la revolución socialista,
atrayéndose a la masa de los elementos semiproletarios de la población, para
destrozar por la fuerza la resistencia de la burguesía y paralizar la
inestabilidad de los campesinos y de la pequeña burguesía. Tales son las tareas
del proletariado, que los neo-iskristas (es decir, los mensheviques. N. de la
R.) se representan de un modo tan mezquino en todos sus razonamientos y
acuerdos sobre el alcance de la revolución" (Lenin, t. VIII, pág. 96, ed.
rusa).
Y más adelante:
"¡A la cabeza de todo el pueblo, y en
particular de los campesinos, por la libertad total, por la revolución
democrática consecuente, por la República! ¡A la cabeza de todos los
trabajadores y explotados por el socialismo! Tal debe ser, en la práctica, la
política del proletariado revolucionario; esta es la consigna de clase que debe
informar y determinar la solución de todos los problemas tácticos, de todos los
pasos prácticos del Partido obrero durante la revolución" (Obra citada,
página 105).
Para que no quedase ninguna duda, dos meses después
de aparecer su libro "Las dos tácticas", en su artículo titulado
"La actitud de la socialdemocracia ante el movimiento campesino",
Lenin exponía:
"De la revolución democrática comenzaremos a
pasar inmediatamente, en la medida de nuestras fuerzas, de las fuerzas del
proletariado consciente y organizado, a la revolución socialista. Nosotros
somos partidarios de la revolución ininterrumpida. No nos quedaremos a mitad de
camino" (Obra citada, pág. 186).
Era éste un nuevo punto de vista ante el problema
de las relaciones entre la revolución burguesa y la revolución socialista, una
nueva teoría de la reagrupación de fuerzas en torno el proletariado, al
terminar la revolución burguesa, para pasar directamente a la revolución
socialista; la teoría de la transformación de la revolución democráticoburguesa
en revolución socialista.
Al trazar este nuevo punto de vista, Lenin se
apoyaba, en primer lugar, en la conocida tesis de Marx sobre la revolución
ininterrumpida, tesis incluída en la "Circular de la Liga de los
Comunistas", redactada a fines de la década del 40 del siglo pasado, y en
segundo lugar en la conocida idea de Marx sobre la necesidad de combinar el
movimiento revolucionario campesino con la revolución proletaria, expresada en
una carta dirigida a Engels en 1856, en la que se dice: "Todo el problema,
en Alemania, dependerá de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria
con una especie de segunda edición de la guerra campesina". Estas ideas
geniales de Marx no habían sido desarrolladas más tarde por Marx y Engels, y
los teóricos de la Segunda Internacional tomaron todas las medidas para
sepultarlas y enterrarlas en el olvido. A Lenin le tocó en suerte la tarea de
sacar de nuevo a la luz estas tesis olvidadas de Marx y de restaurarlas en toda
su plenitud. Pero en su obra de restauración de estas tesis no se limitó, ni
podía limitarse, pura y simplemente, a repetirlas, sino que las desarrolló y
las elaboró en una teoría armónica de la revolución socialista, añadiendo, como
aspecto obligado de esta, un nuevo factor: el de la alianza del proletariado y
de los elementos semiproletarios de la ciudad y del campo, como condición para
el triunfo de la revolución proletaria.
Este punto de vista hizo añicos las posiciones
tácticas de la socialdemocracia de los países occidentales, que partía del
supuesto de que después de la revolución burguesa las masas campesinas, sin
excluir a las masas pobres del campo, se apartarían necesariamente de la
revolución, por lo cual la revolución burguesa iría, forzosamente, seguida de
un largo periodo de tregua, de un largo periodo "pacífico", que
duraría de 50 a 100 años o más y durante el cual el proletariado sería
explotado "pacíficamente" y la burguesía se enriquecería
"legítimamente" hasta que llegase el momento de la nueva revolución,
de la revolución socialista.
Era ésta una nueva teoría de la revolución
socialista realizada, no por el proletariado aislado contra toda la burguesía,
sino por el proletariado-dirigente, aliado a los elementos semiproletarios de
la población, representados por los millones de hombres de las "masas
trabajadoras y explotadas".
Según esta teoría, la hegemonía del proletariado en
la revolución burguesa, mediante la alianza del proletariado y de los
campesinos, debía convertirse gradualmente en la hegemonía del proletariado en
la revolución socialista, mediante la alianza del proletariado y de las demás
masas trabajadoras y explotadas, y la dictadura democrática del proletariado y
de los campesinos prepararía el terreno para la dictadura socialista del
proletariado.
Este punto de vista echó por tierra la teoría en
boga de los socialdemócratas europeos occidentales, que negaban las
posibilidades revolucionarias de las masas semiproletarias de la ciudad y del
campo y partían del supuesto de que "fuera de la burguesía y el
proletariado, no vemos otras fuerzas sociales en las que puedan apoyarse, en
nuestro país, las combinaciones oposicionistas y revolucionarias"
(Palabras de Plejanov, típicas de los socialdemócratas de la Europa
occidental).
Los socialdemócratas de la Europa occidental
entendían que en la revolución socialista el proletariado estaría solo contra
toda la burguesía, sin aliados, frente a todas las clases y capas no
proletarias. No querían tener en cuenta el hecho de que el capital no explota
solamente a los proletarios, sino que explota también a millones de hombres de
las capas semiproletarias de la ciudad y del campo, asfixiadas por el
capitalismo y susceptibles de convertirse en aliados del proletariado en su
lucha por emancipar a la sociedad del yugo capitalista. Por eso, los
socialdemócratas europeos occidentales opinaban que en Europa no habían
madurado aún las condiciones para la revolución socialista y que estas
condiciones sólo podían considerarse maduras cuando el proletariado
representase la mayoría dentro de la nación, la mayoría dentro de la sociedad,
como resultado del ulterior desarrollo económico de ésta.
Este punto de vista podrido y antiproletario de los
socialdemócratas de la Europa occidental era el que la teoría de la revolución
socialista preconizada por Lenin venía a echar por tierra.
En la teoría de Lenin no se llegaba aún
directamente a la conclusión de que era posible el triunfo del socialismo en un
solo país por separado. Pero se contenían ya en ella todos o casi todos los
elementos fundamentales necesarios para llegar, más tarde o más temprano, a
dicha conclusión.
Como es sabido, Lenin llegó a esta conclusión en
1915, es decir, diez años más tarde.
Tales son las tesis fundamentales sobre táctica,
desarrolladas por Lenin, en su histórica obra "Las dos tácticas de la
socialdemocracia en la revolución democrática".
La importancia histórica de este libro consiste,
ante todo, en que vino a destruir ideológicamente el punto de vista táctico
pequeñoburgués de los mensheviques, pertrechando a la clase obrera de Rusia con
las armas necesarias para el desarrollo futuro de la revolución
democráticoburguesa, para la nueva acometida contra el zarismo, y dando a los
socialdemócratas rusos una perspectiva clara sobre la transformación necesaria
de la revolución burguesa en la revolución socialista.
Pero la importancia de la obra de Lenin no se
reduce a esto. Su valor inapreciable reside en haber enriquecido el marxismo
con una nueva teoría de la revolución y en haber echado los cimientos de la
táctica revolucionaria del Partido bolshevique, gracias a la cual pudo el
proletariado de nuestro país, en 1917, triunfar sobre el capitalismo.
4. La Revolución prosigue su marcha ascendente. -
La huelga política general de octubre de 1905 en toda Rusia. - Repliegue del
zarismo. - El mensaje del zar. - Aparecen los Soviets de diputados obreros.
Hacia el otoño de 1905, el movimiento
revolucionario se extendió a todo el país, cobrando, además, un brío
arrollador.
El 19 de septiembre estalló en Moscú una huelga de
los obreros tipógrafos. De Moscú se extendió a Petersburgo y a otras ciudades.
En Moscú fue apoyada por los obreros de otras industrias y se convirtió en una
huelga general de carácter político.
En los primeros días de octubre comenzó la huelga
en el ferrocarril de Moscú a Kazán. Al día siguiente, estaban en huelga los
obreros de todo el nudo ferroviario de Moscú. Pronto la huelga se extendió a
todos los ferrocarriles del país. Pararon también los empleados de Correos y
Telégrafos. Los obreros de diversas ciudades de Rusia re reunieron en grandes
mítines y acordaron abandonar el trabajo. La huelga iba extendiéndose de una
fábrica a otra, de una empresa a otra, de una ciudad a otra y de una a otra región.
Hacían causa común con los obreros huelguistas los pequeños empleados, los
estudiantes, los intelectuales, abogados, ingenieros, médicos, etc.
La huelga política general de octubre se extendió a
toda Rusia, se comunicó a casi todo el país, hasta a las comarcas más remotas,
y arrastró a casi todos los obreros, hasta las capas más atrasadas. En esta
huelga general de carácter político tomaron parte cerca de un millón de
hombres, contando solamente los obreros industriales, sin incluir a los
ferroviarios, los empleados de Correos y Telégrafos ni otras ramas de trabajo,
que dieron también un gran contingente de huelguistas. Toda la vida del país quedó
paralizada. El gobierno veíase atado de pies y manos.
La clase obrera marchaba a la cabeza de la lucha de
las masas populares contra la autocracia.
La consigna de los bolsheviques sobre la huelga
política de masas daba sus frutos.
La huelga general de octubre puso de manifiesto la
fuerza, la potencia del movimiento proletario, y obligó al zar, muerto de
miedo, a lanzar su mensaje del 17 de octubre de 1905. En este mensaje, el zar
prometía al pueblo "las bases inconmovibles de las libertades políticas:
inviolabilidad efectiva de la personalidad, libertad de conciencia, de palabra,
de reunión y de asociación". Prometía, además, convocar una Duma
legislativa, concediendo derechos electorales a todas las clases de la población.
La fuerza de la revolución se encargó, pues, de
barrer la Duma puramente consultiva de Buliguin. La táctica bolshevique de
boicot contra esta caricatura de parlamento había sido acertada.
Sin embargo, el mensaje del 17 de octubre era una
maniobra para engañar a las masas del pueblo, una añazaga del zar, una especie
de respiro que éste necesitaba para aturdir a los incautos, ganar tiempo,
acumular fuerzas y luego descargar un golpe contra la revolución. El gobierno
zarista, aunque prometía de palabra conceder la libertad, no daba nada
sustancial al pueblo. De momento, los obreros y campesinos no habían recibido
del gobierno otra cosa que promesas. En vez de la gran amnistía política que se
esperaba, el 21 de octubre fue amnistiado solamente un puñado de presos
políticos. Al mismo tiempo, con objeto de sembrar la discordia entre las
fuerzas del pueblo, el gobierno organizó una serie de sangrientos pogromos de
judíos, en los que perecieron miles y miles de seres, creó varias bandas
policíacas, como la "Unión del pueblo ruso", la "Liga del
Arcángel San Miguel", etc., destinadas a reprimir la revolución. Estas
organizaciones, en las que llevaban la voz cantante los terratenientes y
comerciantes reaccionarios, los popes y algunos elementos presidiables del
hampa, fueron bautizadas por el pueblo con el nombre de "Centurias
Negras". Los individuos de estas bandas, en colaboración con la policía,
apaleaban y asesinaban impunemente a obreros avanzados, a intelectuales y
estudiantes revolucionarios, pegaban fuego a los locales y disolvían a tiros
los mítines y las manifestaciones. A esto se reducían, por el momento, los
resultados tangibles del mensaje del zar.
Entre el pueblo circulaba por aquel entonces esta
copla acerca del mensaje del zar:
"El zar, todo asustado,
ha lanzado un mensaje:
libertad a los muertos,
los vivos a la cárcel."
Los bolsheviques hacían ver a las masas que el
mensaje del zar era una celada. Fustigaban como una provocación la conducta del
gobierno después de dar el mensaje. Llamaban a los obreros a las armas, a
preparar la insurrección armada.
Los obreros dedicábanse aún más enérgicamente a
formar sus milicias armadas. Comprendían claramente que aquella primera
victoria del 17 de octubre, arrancada por la huelga política general, les
obligaba a seguir desplegando sus esfuerzos, a seguir luchando por el
derrocamiento del zarismo.
Lenin, enjuiciando el mensaje del 17 de octubre, lo
caracterizaba como un momento de cierto equilibrio provisional de fuerzas, en
el que el proletariado y los campesinos, habiendo arrancado al zar aquel
mensaje, no tenían aún fuerza para derribar el zarismo, pero éste no podía ya
gobernar exclusivamente con los medios antiguos y veíase obligado a prometer de
palabra "libertades políticas" y una Duma "legislativa".
En los días agitados de la huelga política de
octubre, bajo el fuego de la lucha contra el zarismo, la iniciativa creadora
revolucionaria de las masas obreras forjó una nueva y poderosa arma: los
Soviets de diputados obreros.
Los Soviets de diputados obreros, asambleas de
delegados de todas las fábricas y empresas industriales, eran una organización
política de masas de la clase obrera sin precedente en el mundo. Estos Soviets,
que aparecieron por vez primera en 1905, habían de ser el prototipo del Poder
Soviético, creado por el proletariado, bajo la dirección del Partido
bolshevique, en 1917. Los Soviets eran una nueva forma revolucionaria, fruto de
la inventiva popular. Fueron creados exclusivamente por las capas revolucionarias
de la población, saltando por encima de todas las leyes y normas del zarismo.
Fueron obra de la iniciativa propia de las masas, lanzadas a la lucha contra el
régimen zarista.
Los bolsheviques veían en los Soviets el germen del
Poder revolucionario. Y entendían que la fuerza y la importancia de los Soviets
dependían de la fuerza y de los éxitos de la insurrección.
Los mensheviques no consideraban a los Soviets ni
como órganos incipientes del Poder revolucionario ni como órganos de la
insurrección. Veían en ellos, simplemente, órganos de autonomía local, una
especie de ayuntamientos urbanos democratizados.
El 13 (26) de octubre de 1905, efectuáronse en
todas las fábricas y empresas industriales de Petersburgo las elecciones al
Soviet de diputados obreros. Por la noche, se celebró la primera sesión del
Soviet. Poco después del de Petersburgo, se organizó el Soviet de diputados
obreros de Moscú.
El Soviet de diputados obreros de Petersburgo, por
ser el del centro industrial y revolucionario más importante de Rusia, el de la
capital del Imperio zarista, estaba llamado a desempeñar un papel decisivo en
la revolución de 1905. Pero su mala dirección, que estaba en manos de los
mensheviques, le impidió cumplir con su misión. Como es sabido, por aquel
entonces Lenin no se hallaba aún en Petersburgo, sino que continuaba en el
extranjero. Los mensheviques, aprovechándose de su ausencia, se deslizaron en
el Soviet de Petersburgo y se adueñaron de su dirección. En estas condiciones,
no es extraño que los mensheviques Jrustaliev, Trotski, Parvus y otros
consiguiesen poner el Soviet de Petersburgo en contra de la política de la
insurrección. En vez de acercar a los soldados al Soviet e incorporarlos a la
lucha general, exigieron que fuesen alejados de Petersburgo. En vez de armar a
los obreros y prepararlos para la insurrección, el Soviet daba vueltas y más
vueltas sin moverse del sitio y adoptaba una actitud negativa ante la
preparación del movimiento insurreccional.
Totalmente distinto fue el papel que desempeñó en
la revolución el Soviet de diputados obreros de Moscú. El Soviet de Moscú llevó
a cabo desde los primeros días de su existencia una política revolucionaria
consecuente. La dirección de este Soviet estaba en manos de los bolsheviques.
Gracias a éstos, surgió en Moscú, al lado del Soviet de diputados obreros, un
Soviet de diputados soldados. El Soviet de Moscú se convirtió en el órgano de
la insurrección armada.
Durante los meses de octubre a diciembre de 1905,
creáronse Soviets de diputados obreros en una serie de grandes ciudades y en
casi todos los centros obreros. Hubo intentos de organización de Soviets de
diputados de soldados y marinos y de fusión de éstos con los diputados obreros.
En algunos sitios, surgieron Soviets de diputados obreros y campesinos.
La influencia de los Soviets era inmensa. A pesar
de que a menudo habían brotado de un modo espontáneo, sin estar estructurados
ni tener una composición coherente, actuaban como Poder. Los Soviets
implantaron por vía de hecho la libertad de prensa y la jornada de 8 horas, y
se dirigieron al pueblo incitándole a no pagar los impuestos al gobierno
zarista. En algunos casos, procedían a confiscar el dinero del erario zarista y
lo invertían en las necesidades de la revolución.
5. La insurrección armada de diciembre. - Es
derrotada la insurrección. - La Revolución se repliega. - La primera Duma. - El
IV Congreso (de unificación) del Partido.
La lucha revolucionaria de las masas siguió
desarrollándose con una fuerza enorme durante los meses de octubre y noviembre
de 1905. El movimiento de huelgas obreras seguía su curso.
En el otoño de 1905 cobró amplias proporciones la
lucha de los campesinos contra los terratenientes. El movimiento campesino
abarcaba ya más de una tercera parte de los distritos de todo el país. En las
provincias de Saratov, Tambov, Chernígov, Tiflis, Kutaís y algunas otras se
desarrolló una verdadera insurrección campesina. A pesar de esto, las masas
campesinas no tenían aún suficiente empuje. El movimiento campesino adolecía de
falta de organización y de dirección.
Crecía también la agitación entre las masas de
soldados en una serie de ciudades, como Tiflis, Vladivostok, Tashkent,
Samarcanda, Kursk, Sujum, Varsovia, Kiev y Riga. Estalló también una
sublevación entre los marinos de Cronstadt y en la escuadra del Mar Negro, en
Sebastopol (noviembre de 1905). Pero estas sublevaciones, aisladas, fueron
aplastadas por el zarismo.
En algunas unidades del ejército y de la flota, el
motivo que daba origen a las sublevaciones era, no pocas veces, la grosería de
los oficiales, la mala calidad del rancho ("revueltas de garbanzos"),
etc.
La masa de los marinos y soldados sublevados no
tenía aún clara conciencia de la necesidad de derribar el gobierno zarista y de
proseguir enérgicamente la lucha armada. Los soldados y marinos sublevados
abrigaban aún un espíritu demasiado pacífico y generoso: con frecuencia,
cometían el error de poner en libertad a los jefes y oficiales detenidos, al
estallar la sublevación, dejándose llevar de las promesas y de los subterfugios
del mando.
La revolución entraba de lleno en la fase de la
insurrección armada. Los bolsheviques habían llamado a las masas a la
insurrección armada contra el zar y los terratenientes, explicándoles la
inevitable necesidad de acudir a ella. Sin darse punto de reposo, se pusieron a
preparar la insurrección armada. Desplegando su labor revolucionaria entre los
soldados y los marinos, crearon dentro del ejército organizaciones militares
del Partido. En una serie de ciudades se formaron milicias armadas de obreros,
enseñándose a sus componentes a manejar las armas. Fue organizada la compra de
armas en el extranjero y su transporte clandestino a Rusia. En estas
actividades tomaron parte prestigiosos militantes del partido.
En noviembre de 1905, Lenin regresó a Rusia.
Ocultándose de los gendarmes y espías zaristas, tomó personalmente parte,
durante aquellos días, en la preparación de la insurrección armada. Sus
artículos, publicados en el periódico bolshevique "Novaia Zhisn"
("Vida Nueva"), daban orientaciones para el trabajo diario del
Partido.
Por aquel entonces, el camarada Stalin desplegaba
una formidable labor revolucionaria en Transcaucasia. Desenmascaraba y deshacía
a los mensheviques, como enemigos de la revolución y de la insurrección armada,
y preparaba tenazmente a los obreros para la lucha decisiva contra la
autocracia. En un mitin celebrado en Tiflis el día que fue hecho público el
mensaje del zar, Stalin dijo a los obreros.
"¿Qué necesitamos para conseguir un verdadero
triunfo? Necesitamos tres cosas: armamento, armamento y más armamento"
En diciembre de 1905, se reunió en Tammerfors
(Finlandia) la conferencia de los bolsheviques. Aunque formalmente bolsheviques
y menshevique formaban parte del mismo partido, del Partido socialdemócrata, de
hecho representaban dos partidos distintos, cada cual con sus órganos centrales
correspondientes. En esta conferencia fue donde se conocieron personalmente
Lenin y Stalin. Hasta entonces, se habían mantenido constantemente en
relaciones, por medio de cartas o a través de camaradas.
Entre los acuerdos de Tammerfors hay que señalar
aquí dos: uno, sobre el restablecimiento de la unidad del Partido, escindido de
hecho en dos, y otro, sobre el boicot a la primera Duma, a la llamada Duma de
Witte.
Como por aquellos días había estallado ya en Moscú
la insurrección armada, la conferencia, por consejo de Lenin, se apresuró a
terminar sus tareas y los delegados regresaron a sus respectivas localidades,
para tomar parte personalmente en la insurrección.
Pero tampoco el gobierno zarista se dormía. También
él se preparaba para la lucha decisiva. Después de concertar la paz con el
Japón, aliviando con ello su difícil situación, el gobierno zarista pasó a la
ofensiva contra los obreros y los campesinos. Proclamó el estado de guerra en
una serie de provincias, a las que afectaba la insurrección campesina, dio
órdenes brutales -"¡nada de prisioneros!", "¡no escatimar
cartuchos!"- y ordenó la detención de los dirigentes del movimiento revolucionario
y la disolución de los Soviets de diputados obreros.
Los bolsheviques de Moscú y el Soviet de diputados
obreros de esta capital, dirigido por ellos y vinculado a grandes masas
obreras, acordaron en vista de esto llevar a cabo la preparación inmediata de
la insurrección armada. El 5 (18) de diciembre, el Comité de Moscú tomó el
acuerdo de proponer al Soviet declarar la huelga general de carácter político,
para luego, en el transcurso de la lucha, convertirla en insurrección. Este
acuerdo fue apoyado por mítines obreros de masas. El Soviet de Moscú, sometiéndose
a la voluntad de la clase obrera, decidió por unanimidad declarar la huelga
general.
El proletariado de Moscú contaba, al comenzar la
insurrección, con su propia milicia: cerca de mil hombres, más de la mitad de
los cuales eran bolsheviques. Existían también milicias en una serie de
fábricas de Moscú. El número total de milicianos de que disponían los
revolucionarios era de unos dos mil. Los obreros contaban con que podrían
neutralizar y dividir a las tropas de la guarnición, haciendo pasar a su campo
a una parte de ella.
El 7 (20) de diciembre comenzó la huelga política
en Moscú. No se consiguió, sin embargo, que la huelga se extendiese a todo el
país; en Petersburgo, no se encontró el apoyo necesario, lo que contribuyó a
debilitar, desde el primer momento, las posibilidades de éxito de la
insurrección: El ferrocarril de Nicolás, hoy de Octubre, hallábase en manos del
gobierno zarista. El tráfico en esta línea ferroviaria no se paralizó, y el
gobierno pudo transportar de Petersburgo a Moscú los regimientos de la Guardia
para aplastar la insurrección.
La guarnición de Moscú estaba vacilante. Los
obreros se habían lanzado al movimiento insurrecional, confiando, en parte, en
el apoyo de la guarnición. Pero los revolucionarios perdieron tiempo, y el
gobierno zarista pudo triunfar de las revueltas en la guarnición.
El 9 (22) de diciembre se levantaron en Moscú las
primeras barricadas. Pronto estuvieron cubiertas de barricadas las calles de la
ciudad. El gobierno zarista puso en acción la artillería. Concentró tropas,
cuyo número excedía en una desproporción arrolladora al de las fuerzas de los
revolucionarios. Durante nueve días, unos cuantos miles de obreros armados
mantuvieron una lucha heroica. Para poder ahogar la insurrección, el zarismo
vióse obligado a traer tropas de Petersburgo, de Tver y del territorio Oeste.
Los órganos dirigentes del movimiento habían sido, en parte, detenidos y, en
parte, aislados en la víspera del día en que comenzó la lucha. El Comité
bolshevique de Moscú fue detenido. La acción armada se convirtió en una
insurrección de distritos sueltos, sin conexión entre sí. Carentes de un centro
de dirección y sin un plan general de lucha en toda la ciudad, los distritos
luchaban, fundamentalmente, a la defensiva. Y ésta fue, como más tarde había de
hacer notar Lenin, una de las razones fundamentales de la debilidad de la
insurrección de Moscú y una de las causas de su fracaso.
La insurrección adquirió un carácter especialmente
tenaz y encarnizado en la barriada de Krasnaia Presnia en Moscú. Esta barriada
era la fortaleza principal, el centro de la insurrección. Era allí donde
estaban concentradas las mejores milicias, dirigidas por los bolsheviques. Pero
fue sometida a sangre y fuego, anegada en sangre y reducida a escombros por los
incendios provocados por la artillería. La insurrección de Moscú quedó
aplastada.
La insurrección no quedó circunscrita a Moscú. El
movimiento revolucionario insurreccional se extendió también a otras ciudades y
regiones, como Krasnoyarsk, Motovilija (Perm), Novorosisk, Sormovo, Sebastopol
y Cronstadt.
Tomaron también parte en la lucha armada las
nacionalidades oprimidas de Rusia. La insurrección prendió en casi toda
Georgia. Estalló también una gran insurrección en Ucrania, en la cuenca del
Donetz: en Gorlovka, Alexandrovsk y Lugansk (hoy Voroshilovgrado). En Letonia,
la lucha fue tenacísima. En Finlandia, los obreros crearon su guardia roja y se
lanzaron también a la insurrección.
Pero todas estas insurrecciones fueron, al igual
que la de Moscú, aplastadas con una crueldad inhumana por el zarismo.
Los mensheviques y los bolsheviques enjuiciaron de
un modo distinto la insurrección armada de diciembre.
El menshevique Plejanov lanzó al Partido, después
de la insurrección armada, este reproche: "No había que haber empuñado las
armas". Los mensheviques exponían que la insurrección era innecesaria y
perjudicial, que en las revoluciones se pude prescindir de la insurrección y
que el éxito no se logra con insurrecciones armadas, sino por medios pacíficos
de lucha.
Los bolsheviques estigmatizaron este juicio como
una traición. Ellos entendían que la experiencia de la insurrección armada de
Moscú no hacía más que confirmar la necesidad de una lucha armada victoriosa de
la clase obrera. Contestando al reproche de Plejanov cuando decía que "no
había que haber empuñado las armas", Lenin escribió:
"Por el contrario, lo que se debió hacer fue
empuñar las armas más resueltamente, con más energía y mayor acometividad,
explicar a las masas la imposibilidad de una huelga puramente pacífica y la
necesidad de una lucha armada intrépida e implacable" (Lenin, t. X, pág.
50, ed. rusa).
La insurrección de diciembre de 1905 marca el punto
culminante de la revolución. En diciembre, la autocracia zarista infligió a la
insurrección una derrota. Después del fracaso de la insurrección de diciembre,
comenzó el viraje hacia el repliegue gradual de la revolución. La marcha
ascendente de ésta cesó, comenzando su descenso gradual.
El gobierno zarista se apresuró a aprovecharse de
esta derrota para estrangular la revolución. Los verdugos y los carceleros
zaristas comenzaron su faena sangrienta. En Polonia, en Letonia, en Estonia, en
la Transcaucasia, en Siberia, por todas partes hicieron estragos las
expediciones de castigo.
Pero la revolución aun no estaba aplastada. Los
obreros y los campesinos revolucionarios, replegábanse poco a poco y luchando.
Nuevas capas de obreros eran arrastradas a la lucha. El número de obreros
huelguistas fue, en 1906, de más de un millón; en 1907, 740.000. En el primer
semestre del año 1906, el movimiento campesino se extendía a cerca de la mitad
de los distritos de la Rusia zarista; en el segundo semestre de dicho año, a
una quinta parte. La agitación dentro del ejército y de la flota continuaba.
En su lucha contra la revolución, el gobierno
zarista no se limitó a la simple represión. Después de alcanzar los primeros
éxitos por la vía represiva, decidió asestar un nuevo golpe a la revolución,
mediante la convocatoria de una nueva Duma, "legislativa". Mediante
esta maniobra, aspiraba a desviar a los campesinos de la revolución, haciéndola
así fracasar. En diciembre de 1905, el gobierno zarista dictó una ley sobre la
convocatoria de una nueva Duma, "legislativa", a diferencia de la
antigua Duma "consultiva" de Buliguin, que había fracasado gracias al
boicot de los bolsheviques. La ley electoral zarista era, naturalmente,
antidemocrática. Las elecciones no tenían carácter general. Quedaba privada en
absoluto de voto más de la mitad de la población, por ejemplo: las mujeres y
más de dos millones de obreros. El voto no era igual. Los electores se
clasificaban en cuatro "curias", como se decía en el lenguaje de la
época: la agraria (terratenientes), la urbana (burguesía), la campesina y la
obrera. Las elecciones no eran directas, sino de varios grados. De hecho, el
voto no era secreto. La ley electoral garantizaba un predominio formidable en
la Duma a un puñado de terratenientes y capitalistas sobre los millones de
obreros y campesinos.
Con la Duma, el zar pretendía desviar a las masas
de la revolución. Una parte considerable de los campesinos creía, en aquel
tiempo, en la posibilidad de obtener la tierra por medio de la Duma. Los
kadetes, los mensheviques y los socialrevolucionarios engañaban a los obreros y
a los campesinos, haciéndoles creer que era posible conseguir el régimen que el
pueblo necesitaba sin insurrección y sin revolución. Para luchar contra este
engaño de que se hacía objeto al pueblo, los bolsheviques declararon y llevaron
a cabo la táctica de boicotear la primera Duma, en cumplimiento de acuerdo
tomado en la Conferencia de Tammerfors.
Los obreros empeñados en la lucha contra el
zarismo, exigían, al mismo tiempo, la unidad de las fuerzas del Partido, la
unificación del Partido del proletariado. Los bolsheviques, pertrechados con el
acuerdo de unidad tomado en la Conferencia de Tammerfors, que ya conocemos,
apoyaron esta aspiración de los obreros y propusieron a los mensheviques
convocar un Congreso de unificación del Partido. Bajo la presión de las masas
obreras, los mensheviques no tuvieron más remedio que acceder a la unificación.
Lenin era partidario de la unificación, pero de una
unificación en la cual no se eludiesen las discrepancias referentes a los
problemas de la revolución. Causaban gran daño al Partido los conciliadores
(Bogdanov, Krasin y otros), con sus esfuerzos por demostrar que entre los
bolsheviques y los mensheviques no existían discrepancias importantes. Luchando
contra los conciliadores, Lenin exigía que los bolsheviques se presentasen en
el Congreso con su propia plataforma, para que los obreros pudiesen ver claramente
cuáles eran las posiciones de los bolsheviques y sobre qué bases se operaba la
unificación. Los bolsheviques formularon esta plataforma y la pusieron a
discusión entre los miembros del Partido.
En abril de 1906 se reunió en Estocolmo (Suecia) el
IV Congreso del P.O.S.D.R., que se conoce con el nombre de Congreso de
Unificación. Tomaron parte en este Congreso 111 delegados con voz y voto, en
representación de 57 organizaciones de base del Partido. Además, asistieron a
él representantes de algunos partidos socialdemócratas nacionales: 3 del
"Bund", 3 del Partido socialdemócrata polaco y 3 de la organización
socialdemócrata de Letonia.
A consecuencia de la represión que se desató contra
las organizaciones bolsheviques durante la insurrección de diciembre y después
de ella, no todas pudieron enviar sus delegados al Congreso. Además, los
mensheviques habían acogido en sus filas, durante los "días de la
libertad" del año 1905, una masa de intelectuales pequeño burgueses, que
no tenían la menor afinidad con el marxismo revolucionario. Basta indicar que
los menshevique de Tiflis (donde había pocos obreros industriales) enviaron al
Congreso el mismo número de delegados que la organización proletaria más
fuerte, que era la de Petersburgo. Así se explica que en el Congreso de
Estocolmo, los mensheviques contasen, aunque en proporción insignificante, con
la mayoría.
Esta composición del Congreso determinó el carácter
menshevique de los acuerdos tomados por él respecto a toda una serie de
problemas.
En este Congreso se estableció una unificación
puramente formal. En el fondo, bolsheviques y mensheviques siguieron
manteniendo sus ideas y sus organizaciones propias e independientes.
Los problemas más importantes discutidos en el IV
Congreso fueron: el problema agrario, la apreciación del momento y de las
tareas de clase del proletariado, la actitud ante la Duma y los problemas de
organización.
A pesar de tener mayoría en el Congreso, los
mensheviques viéronse obligados, para no enfrentarse con los obreros, a
reconocer la fórmula de Lenin en cuanto al primer artículo de los estatutos,
sobre la condición de miembro del Partido.
En el problema agrario, Lenin defendió la
nacionalización de la tierra, pero sólo la consideraba posible si triunfase la
revolución, si se derrocase al zarismo. En estas condiciones, la
nacionalización de la tierra facilitaría al proletariado, aliado a los
campesinos pobres, el paso a la revolución socialista. La nacionalización de la
tierra exigía la expropiación sin indemnización (confiscación) de toda la
tierra de los terratenientes en provecho de los campesinos. El programa agrario
de los bolsheviques llamaba a los campesinos a la revolución contra el zar y
los terratenientes.
Muy otras eran las posiciones de los mensheviques.
Estos defendía el programa de la municipalización. Según este programa, las
tierras de los terratenientes no se adjudicarían a las colectividades de
campesinos, ni siquiera se entregarían en disfrute a éstos, sino que se
pondrían a disposición de los municipios (es decir, de los organismos locales o
Zemstvos). Los campesinos que quisiesen tierra tendrían que arrendarla, cada
cual con arreglo a sus propios medios.
El programa menshevique de la municipalización era
un programa oportunista y, por ello, pernicioso para la revolución. No podía
movilizar a los campesinos para una lucha revolucionaria, no tenía en miras la
supresión completa de la propiedad feudal de la tierra. El programa menshevique
implicaba una solución bastarda de la revolución. Los mensheviques no querían
alzar a los campesinos a la revolución.
El Congreso aprobó por mayoría de votos el programa
menshevique.
Pero donde los mensheviques pusieron más al desnudo
su fondo antiproletario y oportunista fue al discutir la resolución presentada
sobre la apreciación del momento y sobre la Duma. El menshevique Martinov se
manifestó francamente en contra de la hegemonía del proletariado en la
revolución. Contestando a los mensheviques, el camarada Stalin planteó el
problema tajantemente.
"O hegemonía del proletariado o hegemonía de
la burguesía democrática: así es como está planteado el problema dentro del
Partido y en esto es en lo que estriban nuestras discrepancias".
En cuanto a la Duma, los mensheviques la
preconizaban en su resolución como el mejor medio para resolver los problemas
de la revolución y para liberar al pueblo del zarismo. Por el contrario, los
bolsheviques consideraban la Duma como un apéndice importante del zarismo, como
una pantalla para cubrir las lacerías del régimen zarista y que éste se
cuidaría de quitar de en medio tan pronto como le resultase molesta.
Del Comité Central del Partido elegido en el IV
Congreso, formaban parte 3 bolsheviques y 6 mensheviques. Para la redacción de
órgano central fueron elegidos exclusivamente mensheviques.
Era evidente que la lucha intestina del Partido
continuaría.
La lucha entre bolsheviques y mensheviques
recrudeció todavía más después del IV Congreso. En las organizaciones locales,
formalmente unificadas, era muy corriente que el informe acerca del Congreso
corriese a cargo de dos oradores, uno bolshevique y otro menshevique. Como
resultado de la discusión de las dos líneas, la mayoría de los afiliados a la
organización votaba, en los más de los casos, con los bolsheviques.
La realidad se encargaba de demostrar cada vez más
la razón de los bolsheviques. El Comité Central menshevique elegido en el IV
Congreso iba revelando cada vez más claramente su oportunismo y su total
incapacidad para dirigir la lucha revolucionaria de las masas. Durante el
verano y el otoño de 1906, la lucha revolucionaria de las masas volvió a
recrudecer. En Cronstadt y en Sveaborg se sublevaron los marinos. Estalló la
lucha de los campesinos contra los terratenientes. Y el C. C. menshevique deba
consignas oportunistas, que no eran seguidas por las masas.
6. Disolución de la primera y convocatoria de la
segunda Duma. - El V Congreso del Partido. - Disolución de la segunda Duma. -
Causas de la derrota de la primera revolución rusa.
Como la primera Duma no resultó ser lo bastante
sumisa, el gobierno zarista procedió a disolverla en el verano de 1906. El
gobierno recrudeció todavía más la represión contra el pueblo, envió por todo
el país expediciones de castigo, que sembraban por todas partes el terror, y
proclamó su decisión de convocar en breve plazo la segunda Duma. El gobierno
zarista mostraba ya claramente su insolencia. Ya no temía a la revolución, pues
veía que ésta iba en descenso.
Los bolsheviques tuvieron que decidirse acerca del
problema de tomar parte en la segunda Duma o boicotearla. Y al hablar de
boicot, no se referían meramente a la simple abstención electoral, sino a una
campaña de boicot activo. Veían en este boicot activo un medio revolucionario
para poner en guardia al pueblo contra los intentos del zar de desviarle del
camino revolucionario, para traerle al camino "constitucional"
zarista; el medio de hacer fracasar estos intentos y de organizar una nueva acometida
del pueblo contra el zarismo.
La experiencia de boicot contra la Duma
buliguiniana había puesto de manifiesto que el boicot "era la única
táctica acertada, confirmada plenamente por los acontecimientos" (Lenin,
t. X, pág. 27, ed. rusa). Aquel boicot había sido coronado por el éxito, pues
no sólo había puesto al pueblo en guardia contra los peligros que le acechaban
por el camino constitucional zarista, sino que había conseguido hacer fracasar
la Duma ya antes de nacer. Tuvo éxito, porque se había puesto en práctica en la
etapa ascendente de la revolución y apoyándose en sus avances, y no en la etapa
del descenso revolucionario, pues sólo bajo las condiciones del auge de la
revolución era posible hacer fracasar la Duma.
El boicot contra la Duma de Witte, o sea contra la
primera Duma, se aplicó después del fracaso de la insurrección de diciembre;
cuando ya el zar había salido vencedor, es decir, cuando ya había que suponer
que la revolución declinaba.
"Pero, de suyo se comprende -escribía Lenin-
que este triunfo (el del zar. N. de la R.) no podía considerarse aún por aquel
entonces, como decisivo. La insurrección de diciembre de 1905 tuvo su
continuación en toda una serie de insurrecciones en el ejército, desarticuladas
y parciales, y huelgas, que se produjeron durante en verano de 1906. La
consigna del boicot contra la Duma de Witte era una consigna de lucha
encaminada a concentrar y generalizar estas insurrecciones" (Lenin, t.
XII, pág. 20, ed. rusa).
El boicot contra la Duma de Witte no logró hacerla
fracasar, aunque socavase considerablemente la autoridad de la Duma y
quebrantase la fe de una parte de la población en ella. Y no logró hacerla
fracasar, porque este boicot se había llevado a cabo, como después se vió ya
claro, en la etapa del descenso, de declinación de la revolución. He aquí por
qué el boicot contra la primera Duma, establecido en 1906, no tuvo éxito. En su
célebre folleto titulado "El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo",
dice Lenin, refiriéndose a aquel boicot:
"El boicot de los bolsheviques contra el
"parlamento" en el año 1905 enriqueció al proletariado revolucionario
con una experiencia política extraordinariamente preciosa, haciéndole ver que,
en la combinación de las formas legales e ilegales, de las formas
parlamentarias y extraparlamentarias de lucha es, a veces, conveniente y hasta
obligado saber renunciar a las formas parlamentarias... Lo que constituyó ya un
error, aunque no grande y fácilmente corregible, fue el boicot por los bolsheviques
de la "Duma" en 1906... De la política y de los partidos se puede
decir -con las variaciones correspondientes- lo mismo que de los individuos. No
es inteligente quien no comete errores. Hombres que no cometan errores no los
hay ni puede haber. Inteligente es quien comete errores que no son muy graves y
sabe corregirlos bien y pronto" (Lenin, t. XXV, págs 182-183, ed. rusa).
Por lo que se refiere a la segunda Duma, Lenin
entendía que, teniendo en cuenta la nueva situación y el descenso del
movimiento revolucionario, los bolsheviques "debían someter a revisión el
problema del boicot de la Duma" (Lenin, t. X, pág. 26, ed. rusa).
"La historia enseña -escribía Lenin- que
cuando se reúne la Duma, cabe desplegar una agitación provechosa desde su
interior y en torno a ella; que dentro de la Duma es posible llevar a cabo la
táctica de acercamiento a los campesinos revolucionarios contra los
kadetes" (Obra citada, pág. 29).
De todo esto se desprendía que es necesario no sólo
saber avanzar resueltamente y en primera línea, cuando la revolución se halla
en su etapa ascendente, sino también saber replegarse con acierto y apurando el
terreno, cuando la etapa ascendente de la revolución cesa, cambiando de táctica
con arreglo a los cambios operados en la situación; y replegarse no en
desorden, sino de un modo organizado, con serenidad, sin pánico, aprovechando
hasta las más pequeñas posibilidades para salvar los cuadros de la furia de la
contrarrevolución, reorganizándose, acumulando fuerzas y preparándose para un
nuevo ataque contra el enemigo.
Los bolsheviques decidieron participar en las
elecciones a la segunda Duma.
Pero no iban a ella para intervenir en las tareas
orgánicas "legislativas", coaligados a los kadetes, como lo hicieron
los mensheviques, sino para utilizarla como tribuna al servicio de la
revolución.
En cambio, el Comité Central menshevique hizo un
llamamiento para que se pactasen acuerdos electorales con los kadetes y se les
apoyase en la Duma, considerando a ésta como un organismo legislativo, capaz de
poner un freno al gobierno zarista.
La mayoría de las organizaciones del Partido se
manifestó en contra de la política del C.C. menshevique. Los bolsheviques
exigieron que se convocase un nuevo Congreso del Partido.
En mayo de 1907 se reunió en Londres el V Congreso
del Partido. Por aquel entonces, el P.O.S.D.R. (en unión de las organizaciones
socialdemócratas nacionales) contaba ya con 150.000 afiliados. Asistieron al
Congreso, en total, 336 delegados; de ellos, 105 bolsheviques y 97
mensheviques. Los restantes representaban a las organizaciones socialdemócratas
nacionales: a la socialdemocracia polaca y letona y al "Bund", que
habían sido admitidos dentro del P.O.S.D.R. en el Congreso anterior.
Trotski intentó formar en este Congreso su grupito
centrista, es decir, semimenshevique, como grupo aparte, pero nadie se prestó a
seguirle.
Como los bolsheviques arrastraban con ellos a los
polacos y a los letones, disponían de una sólida mayoría en el Congreso.
Uno de los problemas fundamentales sobre los que
giró la lucha en el Congreso fue el de las relaciones con los partidos
burgueses. Este problema había sido ya objeto de lucha entre los bolsheviques y
los mensheviques en el II Congreso. El Congreso enjuició con el criterio
bolshevique a todos los partidos no proletarios -centurias negras, octubristas,
kadetes y socialrevolucionarios- y trazó frente a ellos una táctica
bolshevique.
El Congreso aprobó la política de los bolsheviques,
y tomó el acuerdo de mantener una lucha implacable, tanto contra los partidos
de las centurias negras -la "Unión del pueblo ruso", los monárquicos,
el Consejo de la nobleza unificada- como contra la "Unión del 17 de
octubre" (octubristas), el partido comercial-industrial y el partido de la
"Renovación pacífica", que eran todos partidos netamente
contrarrevolucionarios.
Respecto a la burguesía liberal, al partido cadete,
el Congreso preconizó una lucha irreconciliable de desenmascaramiento contra
él. Acordó que era necesario desenmascarar el "democratismo"
hipócrita y farisaico del partido cadete y luchar contra los intentos de la
burguesía liberal de ponerse a la cabeza del movimiento campesino.
Por lo que se refiere a los partidos llamados
populistas o de trabajo (socialistas populares, agrupación de trabajo y
socialrevolucionarios), el Congreso recomendaba que se desenmascarasen sus
intentos de disfrazarse de socialistas. Al mismo tiempo, admitía la posibilidad
de establecer acuerdos concretos con estos partidos para luchar conjunta y
simultáneamente contra el zarismo y la burguesía kadete, ya que aquellos
partidos eran, por aquel entonces, democráticos y reflejaban los intereses de
la pequeña burguesía de la ciudad y del campo.
Ya antes de celebrarse el Congreso, los
mensheviques habían lanzado la propuesta de convocar un llamado "Congreso
obrero". El plan menshevique consistía en convocar un congreso en el que
tomasen parte, con los socialdemócratas, los socialrevolucionarios y los
anarquistas. Se pretendía que el tal Congreso "obrero" crease una
especie de "partido sin partido" o una especie de "amplio"
partido obrero pequeñoburgués sin ningún programa. Lenin desenmascaró este
pernicioso intento de los mensheviques, que iba encaminado a liquidar el
Partido Obrero Social Demócrata y a diluir el destacamento de vanguardia de la
clase obrera entre la masa pequeñoburguesa. El Congreso condenó enérgicamente
la consigna menshevique del "Congreso obrero".
En las deliberaciones del V Congreso del Partido
ocupó un lugar especial el problema de los sindicatos. Los mensheviques
defendían la "neutralidad" de los sindicatos; es decir,
manifestábanse en contra del papel dirigente del Partido en el movimiento
sindical. El Congreso rechazó la propuesta de los mensheviques y aprobó la
resolución presentada por los bolsheviques sobre los sindicatos. En esta
resolución se señalaba que debía lucharse por que la dirección ideológica y
política de los sindicatos estuviese en manos del Partido.
El V Congreso marcó un gran triunfo de los
bolsheviques en el movimiento obrero. Pero los bolsheviques no se dejaron
llevar del engreimiento ni se durmieron sobre los laureles. No era esto lo que
Lenin les enseñaba. Sabían que tendrían que seguir luchando en los sucesivo
contra los mensheviques.
En su artículo "Apuntes de un delegado",
publicado en 1907, el camarada Stalin enjuiciaba así los resultados del
Congreso:
"La unificación efectiva de los obreros más
avanzados de toda Rusia en un único partido extensivo a todo el país bajo la
bandera de la socialdemocracia revolucionaria: he aquí el sentido del Congreso
de Londres, su carácter general".
En este artículo, el camarada Stalin aporta datos
sobre la composición del Congreso. Los delegados bolsheviques representaban,
fundamentalmente, a los grandes centros industriales (Petersburgo, Moscú, Ural,
Ivánovo-Vosnsensk y otros). En cambio, los mensheviques acudieron al Congreso
representando a las regiones de pequeña producción, en las que predominaban los
obreros artesanos, los semiproletarios, así como también a una serie de
regiones puramente campesinas.
"Es evidente -exponía el camarada Stalin,
haciendo el balance del congreso- que la táctica de los bolsheviques es la
táctica de los proletarios de la gran industria, la táctica de las regiones
donde las contradicciones de clase aparecen más nítidas, y la lucha de clases
es más tajante. El bolshevismo es la táctica de los auténticos proletarios. Y,
por otra parte, no es menos evidente que la táctica de los mensheviques es,
predominantemente, la táctica de los obreros artesanos y de los semiproletarios
campesinos, la táctica de aquellas regiones en que los antagonismos de clase
aparecen velados y la lucha de clases disimulada. El menshevismo es la táctica
de los elementos semiburgueses del proletariado. Así lo indican los
números" (Actas del V Congreso del P.O.S.D.R., XI y XII, 1935).
Después de disolver la primera Duma, el zar creyó
tener en la segunda un instrumento más dócil. Pero tampoco ésta colmó sus
esperanzas. En vista de ello, decidió disolver también esta Duma y convocar la
tercera, restringiendo todavía más los derechos electorales, en la esperanza de
tener en ella un instrumento más sumiso.
Poco después del V Congreso del Partido, el
gobierno zarista dio el llamado golpe de Estado del 3 de junio, disolviendo la
segunda Duma. La fracción socialdemócrata de la Duma, compuesta de 65
diputados, fue detenida y deportada a Siberia. Se dictó una nueva ley
electoral. El derecho de voto de los obreros y campesinos sufrió nuevas
restricciones. El gobierno zarista seguía atacando.
El ministro zarista Stolypin desplegaba su
sangrienta represión contra los obreros y campesinos. Miles de obreros y
campesinos revolucionarios morían fusilados o ahorcados por los destacamentos
de castigo. En los calabozos zaristas eran torturados y martirizados millares
de revolucionarios. Las organizaciones obreras, sobre todo las de tendencia
bolshevique, eran perseguidas con una crueldad especial. Los sabuesos zaristas
buscaban el rastro de Lenin, que vivía clandestinamente en Finlandia. Querían
clavar su garra sangrienta en el jefe de la revolución. En diciembre de 1907,
arrostrando un peligro enorme, Lenin logró trasladarse de nuevo al extranjero,
a la emigración.
Comenzaron los terribles años de la reacción
stolypiniana.
La primera revolución rusa había terminado, pues,
con una derrota.
A ello contribuyeron las causas siguientes:
1. La revolución no contaba aún con una sólida
alianza de los obreros y los campesinos contra el zarismo. Los campesinos
pusiéronse en pie para la lucha contra los terratenientes, contra los cuales
estaban decididos a aliarse con los obreros. Pero aun no comprendían que era
imposible derrocar a los terratenientes sin derrocar al zar; no comprendían que
éste hacía causa común con aquéllos, y había una parte considerable de
campesinos que aun creía en el zar y que cifraba sus esperanzas en la Duma
zarista. Por eso, muchos campesinos no quisieron aliarse a los obreros para
derrocar al zarismo. Los campesinos tenían más fe en el partido oportunista de
los socialrevolucionarios que en los verdaderos revolucionarios, en los
bolsheviques. Como resultado de esto, la lucha de los campesinos contra los
terratenientes no llegó a adquirir la suficiente organización. Lenin escribía:
"... los campesinos actuaron demasiado
desperdigados, demasiado desorganizadamente y poco a la ofensiva, siendo ésta
una de las causas cardinales del fracaso de la revolución". (Lenin, t.
XIX, pág. 354, ed. rusa).
2. La resistencia de una parte considerable de los
campesinos a marchar de acuerdo con los obreros por el derrocamiento del
zarismo se dejó sentir también en la conducta del ejército, formado, en su
mayoría, por hijos de campesinos vestidos con el uniforme militar. En algunas
unidades aisladas del ejército zarista se produjeron brotes de rebeldía y
sublevaciones, pero la mayoría de los soldados siguió ayudando al zar a ahogar
las huelgas y las insurrecciones de los obreros.
3. Tampoco los obreros actuaron con la necesaria
unanimidad. Los destacamentos de vanguardia de la clase obrera desplegaron en
1905 una heroica lucha revolucionaria. Pero las capas más atrasadas -los
obreros de las provincias menos industriales y los que vivían en la aldeas- se
ponían en movimiento más lentamente. Su participación en la lucha
revolucionaria se intensificó especialmente en 1906, pero por entonces ya la
vanguardia de la clase obrera se hallaba quebrantada.
4. Aunque la clase obrera la fuerza de vanguardia,
la fuerza fundamental de la revolución, dentro de las filas del Partido de la
clase obrera no existían la unidad y la cohesión necesarias. El P.O.S.D.R., el
partido de la clase obrera, hallábase escindido en dos grupos: el de los
bolsheviques y el de los mensheviques. Los bolsheviques mantenían una línea
consecuentemente revolucionaria y llamaban a los obreros al derrocamiento del
zarismo. Los mensheviques, con su táctica oportunista, frenaban la revolución,
sembraban el confusionismo entre una parte considerable de los obreros y
escindían el proletariado. Por eso los obreros no actuaron siempre en la
revolución de un modo unánime, y la clase obrera, por carecer aún de unidad
dentro de sus propias filas, no pudo erigirse en verdadero jefe de la
revolución.
5. La autocracia zarista contaba, para ahogar la
revolución de 1905, con la ayuda de los imperialistas de occidente de Europa.
Los capitalistas extranjeros temían por sus capitales invertidos en Rusia y por
sus fabulosas ganancias. Temían que, si triunfaba en Rusia la revolución, se
lanzasen también a ella los obreros de otros países. He aquí lo que movió a los
imperialistas de la Europa occidental a ayudar al zar-verdugo. Los banqueros de
Francia le concedieron un gran empréstito para aplastar la revolución. El
emperador de Alemania tenía preparado un ejército de muchos miles de hombres
para intervenir en ayuda del zar de Rusia.
6. Una ayuda importante para el zar fue la paz con
el Japón, concertada en septiembre de 1905. Su derrota en la guerra y los
avances amenazadores de la revolución obligaron al zar a apresurar la firma de
la paz. La derrota en la guerra ruso-japonesa había quebrantado al zarismo,
pero la firma de la paz fortaleció la situación del zar.
RESUMEN
La primera revolución rusa representa toda una
etapa histórica en el desarrollo de Rusia. Esta etapa histórica consta de dos
periodos. En el primer periodo, la revolución, aprovechándose del
quebrantamiento del régimen zarista, derrotado en los campos de Manchuria,
sigue su marcha ascendente y pasa de la huelga general de carácter político, en
octubre, a la insurrección armada; en diciembre, barre la Duma buliguiniana y
arranca al zar una concesión tras otra. En el segundo periodo, el zar, después
de rehacerse, gracias a la firma de la paz con el Japón, se aprovecha del miedo
de la burguesía liberal a la revolución y de las vacilaciones de los
campesinos, les echa a éstos como una limosna la Duma de Witte y pasa a la
ofensiva contra la clase obrera y la revolución.
Los tres años que, sobre poco más o menos, duró la
revolución (1905 a 1907) fueron, para la clase obrera y los campesinos, una
escuela tan fecunda de educación política como no hubieran podido serlo treinta
años de evolución pacífica y normal. Lo que no habían conseguido hacer ver
decenas y decenas de años de desarrollo pacífico, lo hicieron ver claramente
esos pocos años de revolución.
La revolución puso de manifiesto que el zarismo era
el enemigo jurado del pueblo, un mal que sólo podía curarse con la tumba.
La revolución enseñó que la burguesía liberal no
buscaba su aliado en el pueblo, sino en el zar; que era una fuerza
contrarrevolucionaria; y que el pactar con ella equivalía a traicionar al
pueblo. La revolución enseñó que el jefe de la revolución democráticoburguesa
sólo podía serlo la clase obrera, que sólo ella era capaz de desalojar a la
burguesía liberal, a los kadetes, de emancipar a los campesinos de su
influencia, de aplastar a los terratenientes, de llevar a término la revolución
y de allanar el camino hacia el socialismo.
La revolución enseñó, finalmente, que pese a sus
vacilaciones, los campesinos trabajadores son la única fuerza importante capaz
de aliarse a la clase obrera.
Durante la revolución lucharon dentro del
P.O.S.D.R. dos líneas políticas: la de los bolsheviques y la de los
mensheviques. Los bolsheviques ponían rumbo al desencadenamiento de la
revolución, al derrocamiento del zarismo por la vía de la insurrección armada,
a la hegemonía de la clase obrera, al aislamiento de la burguesía kadete, a la
alianza con los campesinos, a la formación de un gobierno provisional
revolucionario con representantes de los obreros y los campesinos, al
desarrollo de la revolución hasta la victoria final. Por el contrario, el
derrotero que seguían los mensheviques era el del estrangulamiento de la
revolución. En vez del derrocamiento del zarismo mediante la insurrección,
preconizaban su reforma y "mejoramiento"; en vez de la hegemonía del
proletariado, la hegemonía de la burguesía liberal; en vez de la alianza con
los campesinos, la alianza con la burguesía kadete; en vez de un gobierno
provisional revolucionario, la Duma, como centro de las "fuerzas
revolucionarias" del país.
Así fue como los mensheviques se hundieron en la
charca del reformismo, convirtiéndose en vehículo de la influencia burguesa
sobre la clase obrera y pasando a ser, de hecho, agentes de la burguesía en el
campo proletario.
Los bolsheviques demostraron ser la única fuerza
marxista revolucionaria que había en el Partido y en el país.
Como es lógico, después de producirse discrepancias
tan graves, el P.O.S.D.R. apareció, de hecho, escindido en dos partidos, el
partido bolshevique y el partido menshevique. El IV Congreso no hizo cambiar en
nada la situación de hecho existente dentro del Partido. No hizo más que
mantener y afianzar un poco su unidad formal. El V Congreso representó un paso
de avance en el sentido de la unificación efectiva del Partido, unificación
que, además, se llevó a efecto bajo la bandera bolshevique.
Haciendo el balance del movimiento revolucionario,
el V Congreso del Partido condenó la línea menshevique, como una línea
reformista, y aprobó la línea bolshevique, como la línea marxista
revolucionaria. Con esto confirmó, una vez más, lo que había sido ya confirmado
por toda la marcha de la primera revolución rusa.
La revolución puso de manifiesto que los
bolsheviques saben avanzar, cuando así lo exige la situación, y que han
aprendido a avanzar en vanguardia llevando con ellos el pueblo al asalto. Pero
puso de relieve, asimismo, que los bolsheviques saben también replegarse
ordenadamente, cuando la situación toma un carácter desfavorable, cuando la
revolución declina, y han aprendido a replegarse certeramente, sin pánico y sin
precipitación, para mantener indemnes sus cuadros, acumular fuerzas y, después
de rehacerse con arreglo a la nueva situación, lanzarse de nuevo al ataque
contra el enemigo.
No es posible vencer al enemigo, si no se sabe
atacar certeramente.
No es posible evitar un descalabro en caso de
derrota, si no se sabe retroceder certeramente, replegándose sin pánico y en
perfecto orden.
[1] Asamblea de representantes de estamentos en
Rusia. Se convocaba en los siglos XVI y XVII para conferenciar con el gobierno.
(N. del T.).
IV. Los mensheviques y los bolsheviques durante el
periodo de la reacción stolypiniana. Los bolsheviques pasan a formar un partido
marxista independiente (1908-1912)
IV
LOS MENSHEVIQUES Y LOS
BOLSHEVIQUES DURANTE EL PERIODO DE LA REACCION STOLYPINIANA. LOS BOLSHEVIQUES
PASAN A FORMAR UN PARTIDO MARXISTA INDEPENDIENTE (1908-1912)
1. La reacción stolypiniana. - Surge la
descomposición entre las capas intelectuales de la oposición. - El
decadentismo. - Una parte de los intelectuales del Partido se pasa al campo de
los enemigos del marxismo e intenta revisar la teoría marxista. - Lenin replica
a los revisionistas con su libro "Materialismo y empírio-criticismo",
defendiendo los fundamentos teóricos del Partido Marxista.
La segunda Duma fue disuelta por el gobierno
zarista mediante el acto que registra la historia con el nombre de golpe de
Estado del 3 de junio de 1907. El gobierno zarista dictó una nueva ley para las
elecciones a la tercera Duma, infringiendo con ello su propio mensaje del 17 de
octubre de 1905, en el cual se comprometía a no dictar nuevas leyes más que de
acuerdo con la Duma. La fracción socialdemócrata de la segunda Duma fue llevada
a los tribunales, y los representantes de la clase obrera enviados unos a
presidio y otros a la deportación.
La nueva ley electoral estaba redactada de tal
modo, que aumentaba considerablemente la cantidad de representantes de los
terratenientes y de la burguesía comercial e industrial en la Duma. Al mismo
tiempo, se reducía hasta una cifra insignificante la representación, exigua de
por sí, de los campesinos y de los obreros.
Atendiendo a su composición, la tercera Duma era la
Duma de las centurias negras y de los kadetes. De los 442 diputados que la
componían, había: 171 de derechas (de las centurias negras), 113 octubristas y
afiliados a otros grupos afines, 101 kadetes y pertenecientes a grupos próximos
a ellos, 13 trudovikis (grupo de trabajo) y 18 socialdemócratas.
Las derechas (llamadas así porque tenían sus
asientos en el lado derecho de la Duma) representaban a los enemigos más
rabiosos de los obreros y los campesinos: los terratenientes feudales de las
centurias negras, autores de las palizas y los fusilamientos en masa de
campesinos en la represión del movimiento revolucionario del campo, los
organizadores de los pogromos judíos, de las matanzas de manifestantes obreros,
de los bestiales incendios de los edificios en que se celebraban los mítines
durante los días de la revolución. Las derechas abogaban por el aplastamiento
más brutal de los trabajadores, por un Poder zarista ilimitado, contra el
mensaje dado por el zar el 17 de octubre de 1905.
Un partido afín a las derechas, entre los
representados en la Duma, era el partido de los octubristas o "Unión del
17 de octubre". Los octubristas representaban los intereses del gran
capital industrial y de los grandes terratenientes que explotaban sus fincas
con métodos capitalistas (a comienzos de la revolución de 1905, se pasó a los
octubristas una parte considerable de los kadetes integrada por grandes
terratenientes). Lo único que separaba a los octubristas de las derechas era el
reconocimiento -que, por lo demás, no pasaba de ser puramente verbal- del
mensaje del 17 de octubre. Los octubristas apoyaban íntegramente la política
interior y exterior del gobierno zarista.
Los kadetes, o partido "constitucional
democrático", tenían en la tercera Duma menos diputados que en la primera
y en la segunda. La explicación de esto está en que una parte de los votos de
los terratenientes se pasó del Partido kadete a los octubristas.
En la tercera Duma hallábase representado un grupo
poco numeroso de demócratas pequeñoburgueses que se conocían con el nombre de
trudovikis. En la Duma, este grupo vacilaba entre los kadetes y la democracia
obrera (los bolsheviques). Lenin señalaba que, aunque fuesen
extraordinariamente débiles en la Duma, los trudovikis representaban a las
masas campesinas. Sus vacilaciones entre los kadetes y la democracia obrera
brotaban inevitablemente de la situación de clase propia de los pequeños
propietarios. Y Lenin planteaba a los diputados bolsheviques, a la democracia
obrera, la tarea de "ayudar a los débiles demócratas pequeñoburgueses, de
arrancarlos a la influencia de los liberales, de apretar las filas de la
democracia, no sólo frente a las derechas, sino también frente a los kadetes
contrarrevolucionarios... (Lenin, t. XV, pág. 486, ed. rusa).
En el transcurso de la revolución de 1905, y, sobre
todo, después de su derrota, los kadetes fueron revelándose cada vez más
abiertamente como una fuerza contrarrevolucionaria. Fueron quitándose cada vez
más la careta "democrática", para actuar como auténticos monárquicos
y defensores del zarismo. En 1909, un grupo de escritores kadetes muy destacado
editó una antología titulada "Jalones", en la que daba las gracias al
zarismo, en nombre de la burguesía, por haber aplastado la revolución.
Arrastrándose ante el gobierno zarista del látigo y la horca y lamiéndole las
botas, los kadetes escribían sin recato que había que "dar gracias a este
gobierno, el único Poder que con sus bayonetas y sus cárceles nos protege
todavía (es decir, protege a la burguesía liberal) de la furia popular".
Después de disolver la segunda Duma y de enviar a
la cárcel o al destierro a la fracción socialdemócrata, el gobierno zarista
comenzó a destrozar furiosamente las organizaciones políticas y económicas del
proletariado. Las cárceles, los presidios y los lugares de deportación estaban
abarrotados de revolucionarios. Estos eran sepultados en mazmorras y sometidos
a martirios y torturas feroces. El terror de las bandas negras asolaba el país.
El ministro zarista Stolypin cubrió de horcas y patíbulos todo el país.
Millares de revolucionarios fueron ejecutados. A la horca se la llamaba, por
aquel entonces, la "corbata stolypiniana".
Pero en su obra de exterminio del movimiento
revolucionario de los obreros y campesinos, el gobierno zarista no podía
limitarse simplemente a organizar represiones, expediciones de castigo,
fusilamientos y encarcelamientos en masa. El gobierno zarista veía con alarma
que la fe ingenua de los campesinos en el "padrecito zar" se iba
disipando cada vez más. Esto le hizo recurrir a una maniobra de gran
envergadura, discurriendo el ardid de crearse un fuerte sostén en el campo,
bajo la forma de una numerosa clase de burgueses campesinos, de kulaks.
El 9 de noviembre de 1906, Stolypin dictó una nueva
ley agraria, dando normas para que los campesinos pudiesen salirse de la
comunidad rural y establecerse en caserías. La ley agraria de Stolypin venía a
destruir el régimen comunal de posesión de la tierra. Cada campesino podía
tomar en propiedad personal la tierra que le correspondía, separándose de la
comunidad. Además, podía vender su parte, cosa que antes no se le permitía. La
comuna quedaba obligada a asignar a los campesinos que se salieran de la comunidad
toda la tierra en un mismo sitio (casería, coto redondo).
Esto permitía a los campesinos ricos, a los kulaks,
comprar por poco precio las tierras de los campesinos menos pudientes. A los
pocos años de haberse dictado esta ley, habían quedado completamente privados
de tierras y arruinados más de un millón de campesinos humildes. A expensas de
ellos, se fueron creando las caserías y cotos redondos de los kulaks, que, a
veces, eran verdaderas haciendas de terratenientes, en las que se empleaba
abundantemente el trabajo asalariado, la mano de obra de jornaleros. El gobierno
obligaba a los campesinos a segregar de la comunidad las mejores tierras, para
entregarlas a los kulaks de las caserías.
Y así como al decretarse la "liberación"
de los campesinos, los terratenientes habían robado a éstos sus tierras, ahora
los kulaks comenzaron a robar las tierras de la comunidad, quedándose con las
mejores parcelas y comprando al malbarato los lotes de los campesinos pobres.
El gobierno zarista concedió a los kulaks grandes
préstamos para ayudarles a comprar tierras y a formar sus caserías. El plan de
Stolypin era hacer de los kulaks pequeños terratenientes, en quienes la
autocracia zarista tuviese verdaderos defensores.
En nueve años (de 1906 a 1915), se separaron del
régimen comunal más de dos millones de explotaciones campesinas.
El régimen stolypiniano empeoró todavía más la
situación de los campesinos humildes y de los pobres del campo. El proceso de
diferenciación de la masa campesina se acentuó. Comenzaron los choques entre
los campesinos y los kulaks de las caserías.
Al mismo tiempo, los campesinos comenzaron a
comprender que no entrarían en posesión de las tierras de los terratenientes,
mientras existiesen el gobierno zarista y una Duma compuesta por terratenientes
y kadetes.
Al principio, durante los años en que se
intensificó el proceso de separación de campesinos del régimen comunal para
establecerse en caserías (1907-1909), el movimiento campesino fue en descenso,
pero pronto, en 1910-1911 y después, los choques entre los miembros de la
comunidad y los dueños de caserías hicieron que el movimiento campesino contra
los terratenientes y los kulaks de las caserías recrudeciese.
También en el terreno industrial se operaron,
después de la revolución, cambios considerables. Se acentuó notablemente la
concentración de la industria, o sea el incremento de las empresas y su
acumulación en manos de grupos capitalistas cada vez más fuertes. Ya antes de
la revolución de 1905, habían comenzado los capitalistas a organizarse en
agrupaciones para elevar los precios de las mercancías dentro del país,
destinando los sobrebeneficios conseguidos de este modo a un fondo de fomento
de las exportaciones, con objeto de poder lanzar las mercancías al mercado
exterior a bajo precio y conquistar así los mercados extranjeros. Estas
agrupaciones organizadas por los capitalistas (monopolios) llamábanse trusts o
consorcios. Después de la revolución, el número de trusts y consorcios
capitalistas fue en aumento. Aumentó también el número de los grandes bancos,
creciendo la importancia de éstos en la industria. Y creció asimismo la
afluencia de los capitales extranjeros a Rusia.
Por tanto, el capitalismo, en Rusia, se iba
convirtiendo cada vez más en un capitalismo monopolista, imperialista.
Después de varios años de estancamiento, la
industria volvía a reanimarse: la extracción de carbón y de petróleo iba en
aumento, la cantidad de metal producido aumentaba, la producción de tejidos y
de azúcar crecía. La exportación de trigo cobraba fuertes proporciones.
Pero aunque durante este periodo Rusia había hecho
algunos progresos en cuanto a su industria, seguía siendo un país atrasado, en
comparación con la Europa occidental, y dependía del capitalismo extranjero. No
existía dentro del país una producción de maquinaria industrial: había que
importar todas las máquinas. No existía tampoco la industria del automóvil, ni
la industria química, ni se producían abonos minerales. En la industria del
armamento, Rusia iba también a la zaga de los demás países capitalistas.
Señalando el bajo nivel de consumo de metales en
Rusia como signo de su atraso, Lenin escribía:
"Medio siglo después de la liberación de los
campesinos, el consumos de hierro en Rusia se ha quintuplicado, y a pesar de
eso, Rusia sigue siendo un país increíblemente, insólitamente atrasado, mísero
y semisalvaje, cuatro veces peor pertrechado de instrumentos modernos de
producción que Inglaterra, cinco veces pero que Alemania y diez veces peor que
los Estados Unidos" (Lenin, t. XVI, pág. 543, ed. rusa).
Consecuencia directa del atraso económico y
político de Rusia era la dependencia en que, tanto el capitalismo ruso como el
propio zarismo, se hallaban respecto al capitalismo de la Europa occidental.
Esta dependencia se acusaba en el hecho de que
ramas importantísimas de la Economía nacional como el carbón, el petróleo, la
industria eléctrica y la metalurgia se hallasen en manos del capital
extranjero, y de que casi toda la maquinaria y toda la instalación industrial
que necesitaba la Rusia zarista tuviese que ser importada.
Se acusaba en los avasalladores empréstitos
extranjeros, cuyos intereses pagaba el zarismo, estrujando todos los años a la
población cientos y cientos de millones de rublos.
Se acusaba en los tratados secretos con los
"aliados", en los cuales el zarismo se comprometía a enviar, en caso
de guerra, millones de soldados rusos a los frentes imperialistas, para apoyar
a los "aliados" y defender las fabulosas ganancias de los
capitalistas anglofranceses.
Los años de la reacción stolypiniana
caracterizáronse, especialmente, por los asaltos de bandolerismo de los
gendarmes y de la policía, de los provocadores zaristas y de los asesinos de
las bandas negras contra la clase obrera. Pero no eran sólo los esbirros
zaristas los que torturaban y perseguían a los obreros. Tampoco se quedaban
atrás, en este terreno, los patronos de las fábricas y talleres, cuya ofensiva
contra la clase obrera recrudeció especialmente durante los años de
estancamiento industrial y de intenso paro forzoso. Los patronos declaraban
"lockouts" en masa y llevaban "listas negras", en las que
figuraban los obreros conscientes que habían tomado parte activa en las
huelgas. Los que aparecían en estas "listas negras" no encontraban
trabajo en ninguna de las empresas enroladas en la asociación patronal de la
industria correspondiente. El tipo de salario sufrió ya en 1908 una rebaja del
10 al 15 por 100. La jornada de trabajo fue prolongada en todas partes hasta 10
y 12 horas. Volvía a florecer el sistema del latrocinio en forma de multas.
La derrota de la revolución de 1905 produjo el
desmoronamiento y la descomposición entre los que se habían adherido
circunstancialmente a la revolución. Donde más se notaban las descomposición y
el decadentismo era entre los intelectuales. Los "compañeros de
viaje", que se habían pasado a las filas revolucionarias desde el campo de
la burguesía durante el periodo de avance arrollador de la revolución, se
separaron del Partido al sobrevenir la etapa reaccionaria. Una parte de ellos
se pasó al campo de los enemigos descarados de la revolución, otros se
refugiaron en las organizaciones legales de la clase obrera que salieron
indemnes de la represión y esforzábanse en desviar al proletariado de la senda
revolucionaria y en desacreditar al Partido revolucionario del proletariado.
Apartándose de la revolución, los antiguos revolucionarios de circunstancias
procuraban adaptarse a la reacción y vivir en paz con el zarismo.
El gobierno zarista se aprovechó de la derrota de
la revolución para enrolar a su servicio como agentes provocadores a los
desertores de la revolución más cobardes y más arrivistas. Estos viles y
repugnantes confidentes y provocadores, destacados por la "ojrana"
zarista entre los obreros y en las organizaciones del Partido, acechaban desde
dentro y entregaban a los revolucionarios a sus verdugos.
La ofensiva de la contrarrevolución desarrollábase
también en el frente ideológico. Brotó toda una muchedumbre de escritores de
moda, que "criticaban" y "desacreditaban" al marxismo, que
escupían a la revolución y se burlaban de ella, glorificando la traición y
ensalzando la perversión sexual bajo el nombre de "culto a la
personalidad".
En el campo de la filosofía, se redoblaban los
intentos de "criticar", de revisar el marxismo, y surgían también
todo género de corrientes religiosas, envueltas en argumentos pretendidamente
"científicos".
La "crítica" del marxismo habíase puesto
de moda.
Pese a la abigarrada diversidad de sus tendencias,
todos estos señores perseguían un fin común: desviar a las masas de la
revolución.
El decadentismo y la falta de fe se apoderó también
de un parte de los intelectuales del Partido que, aun teniéndose por marxistas,
jamás se habían mantenido con firmeza en las posiciones del marxismo. Entre
ellos figuraban escritores como Bogdanov, Basarov, Lunacharski (que en 1905 se
habían adherido a los bolsheviques) y como Yushkevich y Valentinov
(mensheviques). Estos intelectuales desplegaban su "crítica" a la vez
contra los fundamentos filosófico-teóricos del marxismo, es decir, contra el
materialismo dialéctico, y contra sus fundamentos histórico-científicos, es
decir, contra el materialismo histórico. Esta crítica se distinguía de la usual
en que no se desarrollaba de un modo franco y honrada, sino velada e
hipócritamente, pretextando "defender" las posiciones fundamentales
del marxismo. "Nosotros -decían estos "críticos"- somos
esencialmente marxistas, pero queremos "mejorar" el marxismo,
depurarlo de algunas tesis fundamentales". En realidad, eran enemigos del
marxismo, pues aspiraban a socavar sus cimientos teóricos, aunque de palabra
negasen hipócritamente su hostilidad contra él y siguiesen llamándose, en su
doblez, marxistas. El peligro de esta crítica farisaica consistía en que con
ella se pretendía engañar a los militantes de filas del Partido y se les podía
mover a confusión. Y cuanto más hipócrita fuese esta labor crítica de zapa de
los fundamentos teóricos del marxismo, más peligrosa era para el Partido, pues
se identificaba más de lleno con la campaña general emprendida por la reacción contra
el Partido y contra la revolución. Una parte de los intelectuales (el grupo de
los llamados "buscadores" o "constructores de dios"), que
había desertado del marxismo, llegó incluso a predicar la necesidad de crear
una nueva religión.
Ante los marxistas se planteaba la tarea
indeclinable de dar a estos degenerados una respuesta cumplida en el campo de
la teoría del marxismo, de quitarles la careta y de desenmascararlos por
entero, defendiendo, de este modo, los fundamentos teóricos del Partido
marxista.
Cabía pensar que tomasen en sus manos esta empresa
Plejanov y sus amigos mensheviques, que se reputaban a sí mismos como
"célebres teóricos marxistas". Pero, prefirieron limitarse a
escribir, para cubrir las formas, un par de artículos de crítica de folletón y
luego retirarse por el foro.
Fue Lenin quien afrontó y llevó a cabo esta
empresa, con su famoso libro "Materialismo y Empiriocriticismo",
publicado en 1909.
"En menos de medio año -escribía Lenin en esta
obra- han visto la luz cuatro libros consagrados fundamental y casi
exclusivamente a atacar el materialismo dialéctico. Entre ellos, y en primer
lugar, figura el titulado "Apuntes sobre (contra, es lo que debería decir)
la filosofía del marxismo", San Petersburgo, 1908; una colección de
artículos de Basarov, Bogdanov, Lunacharski, Berman, Helfond, Yushkevich y
Suvorov. Luego vienen los libros de Yushkevich, "El materialismo y el
realismo crítico"; Berman, "La dialéctica a la luz de la moderna
teoría del conocimiento y Valentinov, "Las construcciones filosóficas del
marxismo"... ¡Todos estos individuos unidos -a pesar de las profundas
diferencias que hay entre sus ideas políticas- por su hostilidad al
materialismo dialéctico, pretenden, al mismo tiempo, hacerse pasar, en
filosofía, por marxistas! La dialéctica de Engels es un "misticismo",
dice Berman; las ideas de Engels se han quedado "anticuadas", exclama
Basarov de pasada, como algo que no necesita de demostración; el materialismo
se da por refutado por nuestros valientes paladines, quienes se remiten
orgullosamente a la "moderna teoría del conocimiento", a la
"novísima filosofía" (o al "novísimo positivismo"), a la
"filosofía de las modernas ciencias naturales" e incluso a la
"filosofía de las ciencias naturales del siglo XX" (Lenin, t. XIII,
pág. 11, ed. rusa).
Contestando a Lunacharski, que, en la pretensión de
justificar a sus amigos, los revisionistas en el campo filosófico, decía:
"Tal vez nos equivoquemos, pero indagamos", escribía Lenin:
"Por lo que se refiere a mí, también yo soy,
en filosofía, un "indagador". En estos apuntes (se trata de la obra
"Materialismo y Empiriocriticismo". N. de la R.), me he propuesto
como tarea indagar en qué ha venido a para esa gente que predica, bajo el
nombre de marxismo, algo increíblemente caótico, confuso y reaccionario"
(Obra citada, pág. 12).
Pero, en realidad, el libro de Lenin se salía con
mucho del marco de esta modesta tarea. En realidad, este libro no es solamente
una crítica de Bogdanov, Yushkevich, Basarov, Valentinov y sus maestros
filosóficos, Avenarius y Mach, que en sus obras intentaban enseñar un refinado
y pulido idealismo, contraponiéndolo al materialismo marxista. El libro de
Lenin es, además de esto, una defensa de los fundamentos teóricos del marxismo,
del materialismo dialéctico y del materialismo histórico; una generalización materialista
de los descubrimientos más importantes y esenciales de la ciencia en general y,
sobre todo, de las ciencias naturales, durante un periodo histórico entero, que
va desde la muerte de Engels hasta la aparición de la obra "Materialismo y
Empiriocriticismo".
Después de criticar y rebatir cumplidamente a los
empiriocriticistas rusos y a sus maestros extranjeros, Lenin llega, en su
libro, a las siguientes conclusiones contra el revisionismo teórico-filosófico:
1) "Una falsificación cada vez más sutil y el
disfraz cada vez más sutil de las doctrinas antimaterialistas del marxismo: tal
es lo que caracteriza al revisionismo moderno, tanto en el campo de la Economía
política como en los problemas de táctica y en el campo de la filosofía en
general" (Obra citada, pág. 270).
2) "Toda la escuela de Mach y Avenarius tiende
al idealismo" (Obra citada, pág. 291).
3) "Nuestros machistas están todos empapados
de idealismo" (Obra citada, pág. 282).
4) "Detrás del escolasticismo gnoseológico del
empiriocriticismo no se puede por menos de ver la lucha de los partidos en la
filosofía, lucha que refleja, en última instancia, las tendencias y la
ideología de las clases enemigas dentro de la sociedad moderna" (Obra
citada, pág. 292).
5) "El papel objetivo de clase del
empiriocriticismo se reduce en absoluto a servir a los fideístas (reaccionarios
que anteponen la fe a la ciencia. N. de la R.), en su lucha contra el
materialismo en general y contra el materialismo histórico en particular"
(Obra citada, pág. 292).
6) "El idealismo filosófico es... el camino
hacia el obscurantismo clerical" (Obra citada, pág. 304).
Para poder juzgar la enorme importancia que esta
obra de Lenin tiene en la historia del Partido bolshevique, y comprender qué
riqueza teórica era la que defendía Lenin contra todos y cada uno de los
revisionistas y degenerados del periodo de la reacción stolypiniana, es
necesario detenerse a examinar, aunque sea brevemente, los fundamentos del
materialismo dialéctico e histórico.
Este examen es tanto más necesario cuanto que el
materialismo dialéctico e histórico constituyen el cimiento teórico del
comunismo, las bases teóricas del Partido marxista, y todo militante activo del
Partido Comunista está obligado a conocer estos fundamentos teóricos y
asimilárselos.
Así pues:
1) ¿Qué es el materialismo dialéctico?
2) ¿Qué es materialismo histórico?
2. Sobre el materialismo dialéctico y el
materialismo histórico.[1]
El materialismo dialéctico es la concepción del
Partido marxista-leninista. Llámase "materialismo dialéctico" porque
su modo de abordar los fenómenos de la naturaleza, su método de estudiar estos
fenómenos y de concebirlos, es dialéctico y su interpretación de los fenómenos
de la naturaleza, su modo de enfocarlos, su teoría, materialista.
El materialismo histórico es la aplicación de los
principios del materialismo dialéctico al estudio de la vida social, la
aplicación de los principios del materialismo dialéctico a los fenómenos de la
vida de la sociedad, al estudio de ésta y de su historia.
Caracterizando su método dialéctico, Marx y Engels
se remiten con frecuencia a Hegel como al filósofo que formuló los rasgos
fundamentales de la dialéctica. Pero esto no quiere decir que la dialéctica de
Marx y Engels sea idéntica a la dialéctica hegeliana. En realidad, Marx y
Engels sólo tomaron de la dialéctica de Hegel se "médula racional",
desechando la corteza idealista hegeliana y desarrollando la dialéctica, para
darle una forma científica actual.
"Mi método dialéctico -dice Marx- no sólo es
fundamentalmente distinto del método de Hegel, sino que es en todo y por todo,
su reverso. Para Hegel, el proceso del pensamiento al que él convierte incluso,
bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo (creador) de
lo real y esto, la simple forma externa en que toma cuerpo. Para mí, lo ideal
no es, por el contrario, más que lo material traducido y transpuesto a la
cabeza de hombre" (C. Marx, Palabras finales a la 2ª edición del t. I del
"Capital").
En la caracterización de su materialismo, Marx y
Engels se remiten con frecuencia a Feuerbach, como al filósofo que restauró los
derechos del materialismo. Pero esto no quiere decir que el materialismo de
Marx y Engels se idéntico al materialismo de Feuerbach. En realidad, Marx y
Engels sólo tomaron del materialismo de Feuerbach su "médula",
desarrollándola hasta convertirla en la teoría científico-filosófica del
materialismo, y desechando su escoria idealista y ético-religiosa. Es sabido
que Feuerbach, que era en lo fundamental un materialista, se rebelaba contra el
nombre de materialismo. Engels declaró más de una vez que "pese al
cimiento materialista, Feuerbach no llegó a desprenderse de las ataduras
idealistas tradicionales", y que "donde el verdadero idealismo de
Feuerbach se pone manifiesto es en su filosofía de la religión y en su
ética" (F. Engels, "Ludwig Feuerbach", en Carlos Marx, Obras
Escogidas, ed. Europa-América, t. I, págs. 414-417).
La palabra dialéctica viene del griego
"dialegos", que quiere decir diálogo o polémica. Los antiguos
entendían por dialéctica al arte de descubrir la verdad poniendo de manifiesto
las contradicciones implícitas en la argumentación del adversario y superando
estas contradicciones. Algunos filósofos de la antigüedad entendía que el
descubrimiento de las contradicciones en el proceso discursivo y el choque de
las opiniones contrapuestas era el mejor medio para encontrar la verdad. Este
método dialéctico de pensamiento, que más tarde se hizo extensivo a los
fenómenos naturales, se convirtió en el método dialéctico de conocimiento de la
naturaleza, consistente en considerar los fenómenos naturales como sujetos a
perpetuo movimiento y cambio y el desarrollo de la naturaleza como resultado
del desarrollo de la contradicciones existentes en ésta, como el resultado de
la acción mutua de las fuerzas contradictorias en el seno de la naturaleza.
La dialéctica es, fundamentalmente, todo lo
contrario de la metafísica.
1) El método dialéctico marxista se caracteriza por
los siguientes rasgos fundamentales:
a) Por oposición a la metafísica, la dialéctica no
considera la naturaleza como un conglomerado casual de objetos y fenómenos,
desligados y aislados unos de otros y sin ninguna relación de dependencia entre
sí, sino como un todo articulado y único, en el que los objetos y los fenómenos
se hallan orgánicamente vinculados unos a otros, dependen unos de otros y se
condicionan los unos a los otros.
Por eso, el método dialéctico entiende que ningún
fenómeno de la naturaleza puede ser comprendido, si se le enfoca aisladamente,
sin conexión con los fenómenos que le rodean, pues todo fenómeno, tomado de
cualquier campo de la naturaleza, puede convertirse en un absurdo, si se le
examina sin conexión con las condiciones que le rodean, desligado de ellas; y
por el contrario, todo fenómeno puede ser comprendido y explicado, si se le
examina en su conexión indisoluble con los fenómenos circundantes y condicionado
por ellos.
b) Por oposición a la metafísica, la dialéctica no
considera la naturaleza como algo quieto e inmóvil, estancado e inmutable, sino
como algo sujeto a perenne movimiento y a cambios constantes, como algo que se
renueva y se desarrolla incesantemente y donde hay siempre algo que nace y se
desarrolla y algo que muere y caduca.
Por eso, el método dialéctico exige que los
fenómenos se examinen, no sólo desde el punto de vista de sus relaciones mutuas
y de su mutuo condicionamiento, sino también desde el punto de vista de su
movimiento, de sus cambios y de su desarrollo, desde el punto de vista de su
nacimiento y de su muerte.
Lo que interesa, sobre todo, al método dialéctico
no es lo que en un momento dado parece estable pero comienza ya a morir, sino
lo que nace y se desarrolla, aunque en un momento dado parezca poco estable,
pues lo único que hay insuperable, según él, es lo que se halla en estado de
nacimiento y de desarrollo.
"Toda la naturaleza -dice Engels- desde sus
partículas más minúsculas hasta sus cuerpos más gigantescos, desde el grano de
arena hasta el sol, desde el protozoo (célula viva primigenia. N. de la R.)
hasta el hombre, se halla en estado perenne de nacimiento y muerte, en flujo
constante, sujeta a incesantes cambios y movimientos" (Engels, en
"Dialéctica de la naturaleza", Obras completas de Marx y Engels, ed.
alemana del Instituto Marx-Engels-Lenin, de Moscú, Sonderausgabe, pág. 491).
Por eso la dialéctica -dice Engels- "enfoca
las cosas y sus imágenes conceptuales, substancialmente, en sus conexiones
mutuas, en su entronque y concatenación, en su dinámica, en su proceso de
génesis y caducidad" ("Del socialismo utópico al socialismo
científico", en Carlos Marx, Obras Escogidas, ed. Europa-América, t. I,
pág. 165).
c) Por oposición a la metafísica, la dialéctica no
examina el proceso de desarrollo de los fenómenos como un simple proceso de
crecimientos, en que los cambios cuantitativos no se traducen en cambios
cualitativos, sino como un proceso en que se pasa de los cambios cuantitativos
insignificantes y ocultos a los cambios manifiestos, a los cambios radicales, a
los cambios cualitativos; en que éstos se producen, no de modo gradual, sino
repentina y súbitamente, en forma de saltos de un estado de cosas a otro, y no
de un modo casual, sino con arreglo a leyes, como resultado de la acumulación
de una serie de cambios cuantitativos inadvertidos y graduales.
Por eso, el método dialéctico entiende que los
procesos de desarrollo no deben concebirse como movimientos circulares, como
una simple repetición del camino ya recorrido, sino como movimientos
progresivos, como movimientos en línea ascensional, como el tránsito del viejo
estado cualitativo a un nuevo estado cualitativo, como la evolución de lo
simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior.
"La naturaleza -dice Engels- es la piedra de
toque de la dialéctica, y las modernas ciencias naturales nos brindan como
prueba de esto un acervo de datos extraordinariamente copiosos y enriquecido
con cada día que pasa, demostrando con ello que la naturaleza se mueve, en
última instancia, por los cauces dialécticos y no por los carriles metafísicos,
que no se mueve en la eterna monotonía de un ciclo constantemente repetido,
sino que recorre una verdadera historia. Aquí, hay que citar en primer término
a Darwin, quien, con su prueba de que toda la naturaleza orgánica existente,
plantas y animales, y entre ellos, como es lógico, el hombre, es el producto de
un proceso evolutivo que dura millones de años, ha asestado a la concepción
metafísica de la naturaleza el más rudo golpe" (F. Engels, "Del
socialismo utópico al socialismo científico", en Carlos Marx, Obras
Escogidas, t. I, pág. 165).
Caracterizando el desarrollo dialéctico como el
tránsito de los cambios cuantitativos a los cambios cualitativos, dice Engels:
"En física... todo cambio es una
transformación de cantidad en calidad, una consecuencia del cambio cuantitativo
de la masa de movimiento de cualquier forma inherente al cuerpo o que se
transmite a éste. Así, por ejemplo, el grado de temperatura del agua no influye
para nada, al principio, en su estado líquido; pero, al aumentar o disminuir la
temperatura del agua líquida, se llega a un punto en que su estado de cohesión
se modifica y el agua se convierte, en un caso, en vapor, y en otro caso, en hielo...
Así también, para que el hilo de platino de la lámpara eléctrica se encienda,
hace falta un mínimum de corriente; todo metal tiene su grado térmico de
fusión, y todo líquido, dentro de una determinada presión, su punto fijo de
congelación y de ebullición, en la medida en que los medios de que disponemos
nos permiten producir la temperatura necesaria; y, finalmente, todo gas tiene
su punto crítico, en que bajo una presión adecuada y enfriamiento se licua en
forma de gotas... Las llamadas constantes de la física (los puntos de
transición de un estado a otro. N. de la R.) no son, la mayor parte de las
veces, más que los nombres de los puntos nodulares en que la suma o la
sustracción cuantitativas (cambios cuantitativos) de movimiento provocan
cambios cualitativos en el estado del cuerpo de que se trata; en que, por
tanto, la cantidad se trueca en calidad" (F. Engels, "Dialéctica de
la naturaleza", ed. cit., pág. 503).
Y más adelante, pasando a la química, Engels
prosigue:
"Podríamos decir que la química es la ciencia
de los cambios cualitativos de los cuerpos por efecto de los cambios operados
en su composición cuantitativa. Y esto lo sabía ya el propio Hegel... Basta
fijarse en el oxígeno: si combinamos, para formar una molécula, tres átomos en
vez de dos, que es lo corriente, produciremos ozono, cuerpo que se distingue de
un modo muy definido del oxígeno normal, tanto por su color como por sus
efectos. Y no digamos de las diversas proporciones en que el oxígeno se combina
con el nitrógeno o con el azufre, y cada una de las cuales produce un cuerpo
cualitativamente distinto de los demás" (Obra citada, pág. 528).
Por úlitmo, criticando a Dühring, que colma de
injurias a la Hegel -sin perjuicio de tomar de él, a la chita callando, la
conocida tesis de que el tránsito del reino de lo insensible al reino de las
sensaciones, del mundo inorgánico al mundo de la vida orgánica, representa un
salto a un nuevo estado- Engels dice:
"Es, en absoluto, la línea nodular hegeliana
de las proporciones de medida, en que el simple aumento o la simple disminución
cuantitativa determina, al llegar a un determinado punto nodular, un salto
cualitativo, como ocurre, por ejemplo, con el agua puesta a calentar o a
enfriar, donde el punto de ebullición y el punto de congelación son los nódulos
en -bajo una presión normal- se produce el salto a un nuevo estado de cohesión,
es decir, en que la cantidad se trueca en calidad" (F. Engels, "Anti
Dühring", pág. 49).
d) Por oposición a la metafísica, la dialéctica
parte del criterio de que los objetos y los fenómenos de la naturaleza llevan
siempre implícitas contradicciones internas, pues todos ellos tienen su lado
positivo y su lado negativo, su pasado y su futuro, su lado de caducidad y su
lado de desarrollo; del criterio de que la lucha entre estos lados
contrapuestos, la lucha entre lo viejo y lo nuevo, entre lo que agoniza y lo
que nace, entre lo que caduca y lo que se desarrolla, forma el contenido
interno del proceso de desarrollo, el contenido interno de la transformación de
los cambios cuantitativos en cambios cualitativos.
Por eso, el método dialéctico entiende que el
proceso de desarrollo de lo inferior a lo superior no discurre a modo de un
proceso de desenvolvimiento armónico de los fenómenos, sino poniendo siempre de
relieve las contradicciones inherentes a los objetos y a los fenómenos, en un
proceso de "lucha" entre las tendencias contrapuestas que actúan
sobre la base de aquellas contradicciones.
"Dialéctica, en sentido estricto, es -dice
Lenin- el estudio de las contradicciones contenidas en la misma esencia de los
objetos" (Lenin, "Cuadernos filosóficos", pág. 263, ed. rusa).
Y más adelante:
"El desarrollo es la "lucha" entre
tendencias contrapuestas" (Lenin, t. XIII, pág. 301, ed. rusa).
Tales son, brevemente expuestos, los rasgos
fundamentales del método dialéctico marxista.
No es difícil comprender cuán enorme es la
importancia que la difusión de los principios del método dialéctico tiene para
el estudio de la vida social y de la historia de la sociedad y qué importancia
tan enorme encierra la aplicación de estos principios a la historia de la
sociedad y a la actuación práctica del Partido del proletariado.
Si en el mundo no existen fenómenos aislados, si
todos los fenómenos están vinculados entre sí y se condicionan unos a otros, es
evidente que todo régimen social y todo movimiento social que aparece en la
historia debe ser juzgado, no desde el punto de vista de la "justicia
eterna" o de cualquier otra idea preconcebida, que es lo que suelen hacer
los historiadores, sino desde el punto de vista de las condiciones que han
engendrado este régimen y este movimiento sociales y a las cuales se hallan
vinculados.
Dentro de las condiciones modernas, el régimen de
la esclavitud es un absurdo y una necedad contraria a la lógica. En cambio,
dentro de las condiciones de disgregación del régimen del comunismo primitivo,
la esclavitud era un fenómeno perfectamente lógico y natural ya que
representaba un progreso en comparación con el comunismo primitivo.
La reivindicación de la República
democráticoburguesa dentro de las condiciones del zarismo y de la sociedad
burguesa, por ejemplo, en la Rusia de 1905, era una reivindicación
perfectamente lógica, acertada y revolucionaria, pues la República burguesa representaba,
en aquel tiempo, un progreso. En cambio, dentro de las condiciones actuales de
la U.R.S.S., la reivindicación de la República democráticoburguesa sería
absurda y contrarrevolucionaria, pues, comparada con la República Soviética, la
República burguesa significa un retroceso.
Todo depende, pues, de las condiciones, del lugar y
del tiempo.
Es evidente que, sin abordar desde este punto de
vista histórico los fenómenos sociales, no podría existir ni desarrollarse la
ciencia de la historia, pues este modo de abordar los fenómenos es el único que
impide a la ciencia histórica convertirse en un caos de sucesos fortuitos y en
un montón de los más absurdos errores.
Ahora bien, si el mundo se halla en incesante
movimiento y desarrollo, y si la ley de este desarrollo es la extinción de lo
viejo y el fortalecimiento de lo nuevo, es evidente que ya no puede haber
ningún régimen social "inconmovible", ni pueden existir los
"principios eternos" de la propiedad privada y la explotación, ni las
"ideas eternas" de sumisión de los campesinos a los terratenientes y
de los obreros a los capitalistas.
Esto quiere decir que el régimen capitalista puede
ser sustituido por el régimen socialista, del mismo modo que, en su día, el
régimen capitalista sustituyó al régimen feudal.
Esto quiere decir que hay que orientarse, no hacia
aquellas capas de la sociedad que han llegado ya al término de su desarrollo,
aunque en el momento presente constituyan la fuerza predominante, sino hacia
aquellas otras que se están desarrollando y que tiene un porvenir, aunque no
sean las fuerzas predominantes en el momento actual.
En la década del 80 del siglo pasado, en la época
de lucha entre los marxistas y los populistas, el proletariado constituía, en
Rusia, una minoría insignificante, en comparación con los campesinos
individuales, que formaban la inmensa mayoría de la población. Pero el
proletariado se estaba desarrollando como clase, mientras que los campesinos,
como clase, se disgregaban. Precisamente por esto, porque el proletariado se
estaba desarrollando como clase, los marxistas se orientaban hacia él. Y no se
equivocaron, pues, como es sabido, el proletariado se convirtió, andando el
tiempo, de una fuerza insignificante en una fuerza histórica y política de
primer orden.
Esto quiere decir que en política, para no
equivocarse, hay que mirar hacia delante y no hacia atrás.
Continuemos. Si el tránsito de los lentos cambios
cuantitativos a los rápidos y súbitos cambios cualitativos constituye una ley
del desarrollo, es evidente que las transformaciones revolucionarias llevadas a
cabo por las clases oprimidas representan un fenómeno absolutamente natural e
inevitable.
Esto quiere decir que el paso del capitalismo al
socialismo y la liberación de la clase obrera del yugo capitalista no puede
realizarse por medio de cambios lentos, por medio de reformas, sino sólo
mediante la transformación cualitativa del régimen capitalista, es decir,
mediante la revolución.
Esto quiere decir que en política, para no
equivocarse, hay que ser revolucionario y no reformista.
Pues bien, si el proceso de desarrollo es un
proceso de revelación de contradicciones internas, un proceso de choques entre
fuerzas contrapuestas, sobre la base de estas contradicciones, y con el fin de
superarlas, es evidente que la lucha de clases del proletariado constituye un
fenómeno perfectamente natural e inevitable.
Esto quiere decir que lo que hay que hacer, no es
disimular las contradicciones del régimen capitalista, sino ponerlas al desnudo
y desplegarlas en toda su extensión; no amortiguar la lucha de clases, sino
llevarla a término consecuentemente.
Esto quiere decir que en política, para no
equivocarse, hay que mantener una política proletaria, de clase, intransigente,
y no una política reformista de armonía de intereses entre el proletariado y la
burguesía, una política oportunista de "evolución pacífica" del
capitalismo al socialismo.
En esto consiste el método dialéctico marxista,
aplicado a la vida social y a la historia de la sociedad.
Por lo que se refiere al materialismo filosófico
marxista, es, fundamentalmente, lo opuesto al idealismo filosófico.
2) El materialismo filosófico marxista se
caracteriza por los siguientes rasgos fundamentales:
A) Por oposición al idealismo, que considera el
mundo como la materialización de la "idea absoluta", del
"espíritu universal", de la "conciencia", el materialismo
filosófico de Marx parte del criterio de que el mundo es, por su naturaleza,
algo material; de que los múltiples y variados fenómenos del mundo constituyen
diversas formas y modalidades de la materia en movimiento; de que los vínculos
mutuos y las relaciones de interdependencia entre los fenómenos que el método
dialéctico pone de relieve son las leyes, con arreglo a las cuales se
desarrolla la materia en movimiento; de que el mundo se desarrolla con arreglo
a las leyes que rigen el movimiento de la materia, sin necesidad de ningún
"espíritu universal".
"La concepción materialista del mundo -dice
Engels- se limita sencillamente a concebir la naturaleza tal y como es, sin
ninguna clase de aditamentos extraños" (F. Engels, "Ludwig
Feuerbach", en Carlos Marx, Obras Escogidas, ed. Europa-América, t. I,
pág. 413).
Refiriéndose a la concepción materialista de un
filósofo de la antigüedad, Heráclito, según el cual "el mundo forma una
unidad por sí mismo y no ha sido creado por ningún dios ni por ningún hombre,
sino que ha sido, es y será eternamente un fuego vivo que se enciende y se
apaga con arreglo a leyes", dice Lenin: "He aquí una excelente
definición de los principios del materialismo dialéctico" (Lenin,
"Cuadernos filosóficos", pág. 318).
B) Por oposición al idealismo, el cual afirma que
sólo nuestra conciencia tiene una existencia real y que el mundo material, el
ser, la naturaleza, sólo existen en nuestra conciencia, en nuestras
sensaciones, en nuestras percepciones, en nuestras ideas, el materialismo
filosófico marxista parte del criterio de que la materia, la naturaleza, el
ser, son una realidad objetiva, existen fuera de nuestra conciencia e
independientemente de ella, de que la materia es lo primario, ya que constituye
la fuente de la que se derivan las sensaciones, las percepciones y la
conciencia, y ésta lo secundario, lo derivado, ya que es la imagen refleja de
la materia, la imagen refleja del ser; parte del criterio de que el pensamiento
es un producto de la materia al llegar a un alto grado de perfección en su
desarrollo, y más concretamente, un producto del cerebro y éste el órgano del
pensamiento, y de que, por tanto, no cabe, a menos de caer en un craso error,
separar el pensamiento de la materia.
"El problema de la relación entre el pensar y
el ser, entre el espíritu y la naturaleza es -dice Engels- el problema supremo
de toda la filosofía... Los filósofos se dividían en dos grandes campos, según
la contestación que diesen a esta pregunta. Los que afirmaban el carácter
primario del espíritu frente a la naturaleza... formaban en el campo del
idealismo. Los otros, los que reputaban la naturaleza como lo primario, figuran
en las diversas escuelas del materialismo" (F.Engels, "Ludwig Feuerbach",
en Carlos Marx, Obras Escogidas, t. I, págs. 407-408).
Y más adelante:
"El mundo material y perceptible por los
sentidos, del que formamos parte también los hombres, es el único mundo real...
Nuestra conciencia y nuestro pensamiento, por muy desligados de los sentidos
que parezcan, son el producto de un órgano material, físico: el cerebro. La
materia no es un producto del espíritu, sino éste el producto supremo de la
materia" (F. Engels, obra citada, pág. 411).
Refiriéndose al problema de la materia y el
pensamiento, manifiesta Marx:
"No es posible separar el pensamiento de la
materia pensante. La materia es el sujeto de todos los cambios" (Obra
citada, pág. 380).
Caracterizando el materialismo filosófico marxista,
dice Lenin:
"El materialismo en general reconoce la
existencia real y objetiva del ser (la materia), independientemente de la
conciencia, de las sensaciones, de la experiencia... La conciencia... no es más
que un reflejo del ser, en el mejor de los casos su reflejo más o menos exacto
(adecuado, ideal en cuanto a precisión)" (Lenin, t. XIII, págs. 266-267,
edición rusa).
Y en otros pasajes:
a) "Es materia lo que, actuando sobre nuestros
órganos sensoriales, produce las sensaciones; la materia es la realidad
objetiva que las sensaciones nos transmiten... La materia, la naturaleza, al
existencia, lo físico, es lo primario; el espíritu, la conciencia, las
sensaciones, lo psíquico, lo secundario" (Obra citada, págs. 119-120).
b) "El cuadro del mundo es el cuadro de cómo
se mueve y cómo piensa la materia" (Obra citada, pág. 125).
c) "El cerebro es el órgano del
pensamiento" (Obra citada, pág. 125).
C) Por oposición al idealismo, que disputa la
posibilidad de conocer el mundo y las leyes por que se rige, que no cree en la
veracidad de nuestros conocimientos, que no reconoce la verdad objetiva y
entiende que el mundo está lleno de "cosas en sí", que jamás podrán
ser conocidas por la ciencia, el materialismo filosófico marxista parte del
principio de que el mundo y las leyes por que se rige son perfectamente
cognoscibles, de que nuestros conocimiento acerca de las leyes de la
naturaleza, comprobados por la experiencia, por la práctica, son conocimientos
veraces, que tienen el valor de verdades objetivas, de que en el mundo no hay
cosas incognoscibles, sino simplemente cosas aun no conocidas, pero que la
ciencia y la experiencia se encargarán de revelar y de dar a conocer.
Criticando las tesis de Kant y de otros idealistas
acerca de la incognoscibilidad del mundo y de las "cosas en sí"
incognoscibles y defendiendo la consabida tesis del marxismo acerca de la
veracidad de nuestros conocimientos, escribe Engels:
"La refutación más contundente de estas
manías, como de todas las demás manías filosóficas, es la práctica, o sea el
experimento y la industria. Si podemos demostrar la exactitud de nuestro modo
de concebir un proceso natural reproduciéndolo nosotros mismo, creándolo como
resultado de sus mismas condiciones, y si, además, los ponemos al servicio de
nuestros propios fines, daremos al traste con la "cosa en sí"
inasequible de Kant. Las sustancias químicas producidas en el mundo vegetal y
animal siguieron siendo "cosas en sí" inasequibles hasta que la
química orgánica comenzó a producirlas unas tras otras; con ello, la "cosa
en sí" se convirtió en una cosa para nosotros, como, por ejemplo, la
materia colorante de la rubia, la alizarina, que hoy ya no se extrae de la raíz
natural de aquella planta, sino que se obtiene de alquitrán de carbón,
procedimiento mucho más barato y más sencillo. El sistema solar de Copérnico
fue durante trescientos años una hipótesis, por la que se podía apostar cien,
mil, diez mil contra uno, pero a pesar de todo, una hipótesis, hasta que
Leverrier, con los datos tomados de este sistema, pudo calcular, no sólo la
necesidad de la existencia de un planeta desconocido, sino, además, el lugar en
que este planeta tenía que encontrarse en el firmamento, y hasta que vino luego
Galle y descubrió efectivamente este planeta: a partir de este momento, el
sistema de Copérnico quedó demostrado" (Carlos Marx, Obras Escogidas, t.
I, pág. 409).
Acusando a Bogdanov, Basarov, Yushkevich y otros
partidarios de Mach de fideísmo y defendiendo la consabida tesis del
materialismo de que nuestros conocimientos científicos acerca de las leyes por
las que se rige la naturaleza son conocimientos veraces y de que las leyes de
la ciencia constituyen verdades objetivas, dice Lenin:
"El fideísmo moderno no rechaza, ni mucho
menos, la ciencia; lo único que rechaza son las "pretensiones
desmesuradas" de la ciencia, y concretamente, sus pretensiones de verdad
objetiva. Si existe una verdad objetiva (como entienden los materialistas) y si
las ciencias naturales, reflejando el mundo exterior en la
"experiencia" del hombre, son las únicas que pueden darnos esa verdad
objetiva, todo fideísmo queda refutado incontrovertiblemente" (Lenin, t.
XII, página 102, ed. rusa).
Tales son, brevemente expuestos, los rasgos
característicos del materialismo filosófico marxista.
Fácil es comprender la importancia tan enorme que
tiene la aplicación de los principios del materialismo filosófico al estudio de
la vida social, el estudio de la historia de la sociedad, la importancia tan
enorme que tiene el aplicar estos principios a la historia de la sociedad y a
la actuación práctica del Partido del proletariado.
Si la ley por la que se rige el desarrollo de la
naturaleza es la relación entre los fenómenos naturales y su interdependencia,
de aquí se deduce que la relación e interdependencia entre los fenómenos
sociales no constituyen tampoco un hecho fortuito, sino la ley por la que se
rige el desarrollo de la sociedad.
Esto quiere decir que la vida social y la historia
de la sociedad ya no son un conglomerado de hechos "fortuitos", pues
la historia de la sociedad se convierte en el desarrollo de la sociedad con
arreglo a sus leyes, y el estudio de la historia de la sociedad adquiere
categoría de ciencia.
Esto quiere que la actuación práctica del Partido
del proletariado debe basarse, no en lo buenos deseos de las "ilustres
personalidades", no en los postulados de la "razón", de la
"moral universal", etc., sino en las leyes del desarrollo de la
sociedad y en el estudio de éstas.
Ahora bien, si el mundo es cognoscible, y nuestros
conocimientos acerca de las leyes que rigen el desarrollo de la naturaleza son
conocimientos veraces, que tiene el valor de verdades objetivas, esto quiere
decir que también la vida social, el desarrollo de la sociedad, son
susceptibles de ser conocidos; y que los datos que nos brinda la ciencia sobre
las leyes del desarrollo de la sociedad son datos veraces, que tienen el valor
de verdades objetivas.
Esto quiere decir que la ciencia que estudia la
historia de la sociedad puede adquirir, pese a toda la complejidad de los
fenómenos de la vida social, la misma precisión que la biología, por ejemplo,
ofreciéndonos la posibilidad de dar una aplicación práctica a las leyes que
rigen el desarrollo de la sociedad.
Esto quiere decir que, en su actuación práctica, el
Partido del proletariado debe guiarse, no por estos o los otros motivos
fortuitos, sino por las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad y por las
conclusiones que de ellas se derivan.
Esto quiere decir que el socialismo deja de ser un
sueño acerca de un futuro mejor de la Humanidad, para convertirse en una
ciencia.
Esto quiere decir que el enlace entre la ciencia y
la actuación práctica, entre la teoría y la práctica, su unidad, debe ser la
estrella polar que guíe al Partido del proletariado.
Luego, si la naturaleza, la existencia, el mundo
material son lo primario, y la conciencia, el pensamiento, lo secundario, lo
derivado; si el mundo material constituye la realidad objetiva, que existe
independientemente de la conciencia del hombre, y la conciencia es la imagen
refleja de esta realidad objetiva, de aquí se deduce que la vida material de la
sociedad, su existencia, es también lo primario, y su vida espiritual, lo
secundario, lo derivado; que la vida material de la sociedad es la realidad objetiva,
que existe independientemente de la voluntad de los hombres, y la vida
espiritual de la sociedad, el reflejo de esta realidad objetiva, el reflejo del
ser.
Esto quiere decir que la fuente donde se forma la
vida espiritual de la sociedad, la fuente de la que emanan las ideas sociales,
las teorías sociales, las concepciones y las instituciones políticas hay que
buscarla, no en estas mismas ideas, teorías, concepciones e instituciones
políticas, sino en las condiciones de la vida material de la sociedad, en la
existencia social, de la cual son reflejos estas ideas, teorías, concepciones,
etc.
Esto quiere decir que si en los diversos periodos
de la historia de la sociedad nos encontramos con diversas ideas, teorías y
concepciones sociales e instituciones políticas diferentes; si bajo el régimen
de la esclavitud observamos unas ideas, teorías y concepciones sociales, unas
instituciones políticas, bajo el feudalismo otras, y otras distintas bajo el
capitalismo, la explicación de esto no está en la "naturaleza", ni en
la "peculiaridad" de las propias ideas, teorías, concepciones e
instituciones políticas, sino en las distintas condiciones de la vida material
de la sociedad dentro de los diversos periodos de desarrollo social.
Según sean las condiciones de existencia de la
sociedad, las condiciones en que se desenvuelve su vida material, así son sus
ideas, sus teorías, sus concepciones e instituciones políticas.
En relación con esto, dice Marx:
"No es la conciencia del hombre la que
determina su existencia, sino, por el contrario, su existencia social la que
determina su conciencia" (Carlos Marx, Obras Escogidas, t. I, pág. 339).
Esto quiere decir que, en política, para no
equivocarse y no convertirse en una colección de vacuos soñadores, el Partido
del proletariado debe tomar como punto de partida para su actuación, no los
"principios" abstractos de la "razón humana", sino las
condiciones concretas de la vida material de la sociedad, que constituyen la
fuerza decisiva del desarrollo social; no los buenos deseos de los
"grandes hombres", sino las exigencias reales impuestas por el
desarrollo de la vida material de la sociedad.
El fracaso de los utopistas, incluyendo entre ellos
los populistas, los anarquistas y los socialrevolucionarios, se explica, entre
otras razones, porque no reconocían la importancia primaria de la condiciones
de vida material de la sociedad en cuanto al desarrollo de ésta, sino que,
cayendo en el idealismo, erigían toda la actuación práctica, no sobre la
exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, sino,
independientemente de ellas y en contra de ellas, sobre "planes
ideales" y "proyectos universales", desligados de la vida real
de la sociedad.
La fuerza y la vitalidad del marxismo-leninismo
estriban precisamente en que toma como base para su actuación práctica las
exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, sin desligarse
jamás de la vida real de ésta.
Sin embargo, de las palabras de Marx no se
desprende que las ideas y las teorías sociales, las concepciones y las
instituciones políticas, no tengan importancia alguna en la vida de la
sociedad, que no ejerzan de rechazo una influencia sobre la existencia social,
sobre el desarrollo de las condiciones materiales de la vida de la sociedad.
Hasta ahora, nos hemos venido refiriendo únicamente al origen de las ideas y
teoría sociales y de las concepciones e instituciones políticas, a su
nacimiento, al hecho de que la vida espiritual de la sociedad es el reflejo de
las condiciones de su vida material. En lo tocante a la importancia de las
ideas y teorías sociales y de las concepciones e instituciones políticas, en lo
tocante al papel que desempeñan en la historia, el materialismo histórico no
sólo no niega, sino que, por el contrario, subraya la importancia del papel y
de la significación que les corresponde en la vida y en la historia de la
sociedad.
Pero las ideas y teorías sociales no son todas
iguales. Hay ideas y teorías viejas que han cumplido ya su misión y que sirven
a los intereses de fuerzas sociales caducas. Su papel consiste en frenar el
desarrollo de la sociedad, su marcha progresiva. Y hay ideas y teorías nuevas,
avanzadas, que sirven a los intereses de las fuerzas de vanguardia de la
sociedad. El papel de éstas consiste en facilitar el desarrollo de la sociedad,
su marcha progresiva, siendo su importancia tanto más grande cuanto mayor sea la
exactitud con que respondan a las exigencias del desarrollo de la vida material
de la sociedad.
Las nuevas ideas y teorías sociales sólo surgen
después que el desarrollo de la vida material de la sociedad plantea a ésta
nuevas tareas. Pero después de surgir se convierten en una fuerza importante,
que facilita la ejecución de estas nuevas tareas planteadas por el desarrollo
de la vida material de la sociedad, que facilita los progresos de ésta. Es
aquí, precisamente, donde se acusa la formidable importancia organizadora,
movilizadora y transformadora de las nuevas ideas, de las nuevas teorías y de las
nuevas concepciones políticas, de las nuevas instituciones políticas. Por eso,
las nuevas ideas y teorías sociales surgen en rigor, porque son necesarias para
la sociedad, porque sin su labor organizadora, movilizadora y transformadora
sería imposible llevar a cabo las tareas que plantea el desarrollo de la vida
material de la sociedad y que están ya en sazón de ser cumplidas. Y como surgen
sobre la base de las nuevas tareas planteadas por el desarrollo de la vida
material de la sociedad, las nuevas ideas y teorías sociales se abren paso, se
convierten en patrimonio de las masas populares, movilizan y organizan a éstas
contra las fuerzas sociales caducas, facilitando así el derrocamiento de estas
fuerzas sociales caducas que frenan el desarrollo de la vida material de la
sociedad.
He aquí como las ideas y teorías sociales, las
instituciones políticas, que brotan sobre la base de las tareas ya maduras para
su solución planteadas por el desarrollo de la vida material de la sociedad,
por el desarrollo de la existencia social, actúan luego, a su vez, sobre esta
existencia social, sobre la vida material de la sociedad, creando las
condiciones necesarias para llevar a término la ejecución de las tareas ya
maduras de la vida material de la sociedad y hacer posible su desarrollo
ulterior.
En relación con esto, dice Marx:
"La teoría se convierte en una fuerza material
tan pronto como prende en las masas" (C. Marx y F. Engels, Obras
Completas, t. I, pág. 406).
Esto quiere decir que para poder actuar sobre las
condiciones de la vida material de la sociedad y acelerar su desarrollo,
acelerar su mejoramiento, el Partido del proletariado tiene que apoyarse en una
teoría social, en una idea social que refleje certeramente las exigencias del
desarrollo de la vida material de la sociedad y que, gracias a ello, sea capaz
de poner en movimiento a las grandes masas del pueblo, de movilizarlas y
organizar con ellas el gran ejército del Partido proletario apto para aplastar a
las fuerzas reaccionarias y allanar el camino a las fuerzas avanzadas de la
sociedad.
El fracaso de los "economistas" y de los
mensheviques se explica, entre otras razones, por el hecho de que no reconocían
la importancia movilizadora, organizadora y transformadora de la teoría de
vanguardia, de la idea de vanguardia y, cayendo en un materialismo vulgar,
reducían su papel casi a la nada, y consiguientemente condenaban al Partido a
la pasividad, a vivir vegetando.
La fuerza y la vitalidad del marxismo-leninismo
estriban en que se apoya en una teoría de vanguardia que refleja certeramente
las exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, y que coloca
a la teoría a la altura que le corresponde y considera su deber utilizar
íntegramente su fuerza de movilización, de organización y de transformación.
Así es como resuelve el materialismo histórico el
problema de las relaciones entre la existencia social y la conciencia social,
entre las condiciones de desarrollo de la vida material y el desarrollo de la
vida espiritual de la sociedad.
Resta sólo contestar a estas preguntas: ¿Qué se
entiende, desde el punto de vista del materialismo histórico, por
"condiciones de vida material de la sociedad", que son la que
determinan, en última instancia, la fisonomía de la sociedad, sus ideas, sus
concepciones, instituciones políticas, etc.?
¿Cuáles son esas "condiciones de vida material
de la sociedad", cuáles son sus rasgos característicos?
Es indudable que en este concepto de
"condiciones de vida material de la sociedad" entra, ante todo, la
naturaleza que rodea a la sociedad, el medio geográfico, que es una de las
condiciones necesarias y constantes de la vida material de la sociedad y que,
naturalmente, influye en el desarrollo de ésta. ¿Cuál es el papel del medio
geográfico en el desarrollo de la sociedad? ¿No será, acaso, el medio
geográfico el factor fundamental que determina la fisonomía de la sociedad, el
carácter del régimen social de los hombres, la transición de un régimen a otra?
El materialismo histórico contesta negativamente a
esta pregunta.
El medio geográfico es, indiscutiblemente, una de
las condiciones constantes y necesarias del desarrollo de la sociedad e
influye, indudablemente, en él, acelerándolo o amortiguándolo. Pero esta
influencia no es determinante, ya que los cambios y el desarrollo de la
sociedad se operan con una rapidez incomparablemente mayor que los que afectan
al medio geográfico. En el transcurso de tres mil años, Europa vio desparecer
tres regímenes sociales: el del comunismo primitivo, el de la esclavitud y el
régimen feudal, y en la parte oriental de Europa, en la U.R.S.S., fenecieron
cuatro. Pues bien, durante este tiempo, las condiciones geográficas de Europa
no sufrieron cambio alguno, o si sufrieron fue tan leve que la geografía no
cree que merece la pena registrarlo. Y se comprende que sea así. Para que el
medio geográfico experimente cambios de cierta importancia, hacen falta
millones de años, mientras que en unos cientos o en un par de miles de años
pueden operarse incluso cambios de la mayor importancia en el régimen social.
De aquí se desprende que el medio geográfico no
puede ser la causa fundamental, el factor determinante del desarrollo social,
pues, ¿cómo lo que permanece casi invariable a través de decenas de miles de
años va a poder ser la causa fundamental a que obedezca el desarrollo de lo que
en el espacio de unos cuantos cientos de años experimenta cambios radicales?
Asimismo, es indudable que el crecimiento de la
población, la mayor o menor densidad de población, es también un factor que
forma parte del concepto de las "condiciones materiales de vida de la
sociedad", ya que entre estas condiciones materiales se cuenta como
elemento necesario el hombre, y no podría existir la materialidad de la vida
social sin un determinado mínimum de seres humanos. ¿No será, acaso, el
desarrollo de la población el factor cardinal que determina el carácter del
régimen social en que viven los hombres?
El materialismo histórico contesta negativamente
también a esta pregunta.
Es indudable que el crecimiento de la población
influye en el desarrollo de la sociedad, facilitando o entorpeciendo este
desarrollo, pero no puede ser el factor cardinal a que obedece, ni su
influencia puede tener un carácter determinante en cuanto al desarrollo social,
ya que el crecimiento de la población de por sí no nos ofrece la clave para
explicar por qué un régimen social dado es sustituido precisamente por un
determinado régimen nuevo y no por otro, por qué el régimen del comunismo
primitivo fue sustituido precisamente por el régimen de la esclavitud; el
régimen esclavista por el régimen feudal y éste por el burgués, y no por otros
cualesquiera.
Si el crecimiento de la población fuese el factor
determinante del desarrollo social, a una mayor densidad de población tendría
que corresponder forzosamente, en la práctica, un tipo proporcionalmente más
elevado de régimen social. Pero en realidad no ocurre así. La densidad de la
población de China es cuatro veces mayor que la de los Estados Unidos, a pesar
de lo cual los Estados Unidos ocupan un lugar más elevado que China en lo que a
desarrollo social se refiere, pues mientras que en China sigue imperando el
régimen semifeudal, los Estados Unidos, hace ya mucho tiempo que han llegado a
la fase culminante de desarrollo del capitalismo. La densidad de población de
Bélgica es 19 veces mayor que la de los Estados Unidos y 26 veces mayor que la
de la U.R.S.S., y, sin embargo, Norteamérica sobrepasa a Bélgica en lo tocante
a su desarrollo social, y la U.R.S.S., le lleva de ventaja toda una época
histórica, pues mientras que en Bélgica impera el régimen capitalista, la
U.R.S.S. ha liquidado ya el capitalismo e instaurado el régimen socialista.
De aquí se desprende que el crecimiento de la
población no es ni puede ser el factor cardinal en el desarrollo de la
sociedad, el factor determinante del carácter del régimen social, de la
fisonomía de sociedad.
¿Cuál es, entonces, dentro del sistema de las
condiciones materiales de vida de la sociedad, el factor cardinal que determina
la fisonomía de aquella, el carácter del régimen social, el paso de la sociedad
de un régimen social a otro?
Este factor es, según el materialismo histórico, el
modo de obtención de los medios de vida necesarios para la existencia del
hombre, el modo de producción de los bienes materiales, del alimento, del
vestido, del calzado, de la vivienda, del combustible, de los instrumentos de
producción, etc., necesarios para que la sociedad pueda vivir y desarrollarse.
Para vivir, el hombre necesita alimentos, vestido,
calzado, vivienda, combustible, etc.; para obtener estos bienes materiales,
tiene que producirlos, y para poder producirlos necesita disponer de medios de
producción, con ayuda de los cuales se consigue el alimento, se fabrica el
vestido, el calzado, se construye la vivienda, se obtiene el combustible, etc.;
necesita aprender a producir estos instrumentos y a servirse de ellos.
Instrumentos de producción, con ayuda de los cuales
se producen los bienes materiales, y hombres que los manejan y efectúan la
producción de los bienes materiales, por tener una cierta experiencia
productiva y hábitos de trabajo: tales son los elementos que en conjunto forman
las fuerzas productivas de la sociedad.
Pero las fuerzas productivas no son más que uno de
los aspectos de la producción, uno de los aspectos del modo de producción, el
aspecto que refleja la relación entre el hombre y los objetos y las fuerzas de
la naturaleza empleados para la producción de los bienes materiales. El otro
factor de la producción, el otro aspecto del modo de producción, lo constituyen
las relaciones de unos hombres con otros dentro del proceso de la producción,
las relaciones de producción entre los hombres. Los hombres no luchan con la
naturaleza y no la utilizan para la producción de bienes materiales
aisladamente, desligados unos de otros, sino juntos, en grupos, en sociedades.
Por eso, la producción es siempre y bajo cualesquiera condiciones una
producción social. Al efectuar la producción de los bienes materiales, los
hombres establecen entre sí, dentro de la producción, tales o cuales relaciones
mutuas, tales o cuales relaciones de producción. Estas relaciones pueden ser
relaciones de colaboración y ayuda mutua entre hombres libres de toda
explotación, pueden ser relaciones de imperio y subordinación o pueden ser, por
último, relaciones de tipo transitorio entre la primera forma y la segunda.
Pero , cualquiera que sea su carácter, las relaciones de producción constituyen
-siempre y en todos los regímenes- un elemento tan necesario de la producción
como las mismas fuerzas productivas de la sociedad.
"En la producción -dice Marx- los hombres no
actúan solamente sobre la naturaleza, sino que actúan también los unos sobre
los otros. No pueden producir sin asociarse de un cierto modo para actuar en
común y establecer un intercambio de actividades. Para producir, los hombres
contraen determinados vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos y
relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es cómo se relacionan con la
naturaleza y como se efectúa la producción" (C. Marx y F. Engels, Obras
Completas, ed. citada, t. V, pág. 429).
Consiguientemente, la producción, el modo de
producción, no abarca solamente las fuerzas productivas de la sociedad, sino
también las relaciones de producción entre los hombres, relaciones que son, por
tanto, la forma en que toma cuerpo su unidad dentro del proceso de la
producción de bienes materiales.
Una de las características, de la producción es que
jamás se estanca en un punto durante un largo periodo, sino que cambia y se
desarrolla constantemente, con la particularidad de que estos cambios operados
en el modo de producción provocan inevitablemente el cambio de todo el régimen
social, de las ideas sociales, de las concepciones e instituciones políticas;
provocan la reorganización de todo el sistema político y social. En las
diversas fases de desarrollo, el hombre emplea diversos modos de producción o,
para decirlo en términos más vulgares, mantiene distinto género de vida. Bajo
el régimen del comunismo primitivo, el modo de producción empleado es distinto
que bajo la esclavitud, bajo el régimen de la esclavitud es distinto que bajo
el feudalismo, etc. Y, en consonancia con esto, varían también el régimen
social de vida de los hombres, su vida espiritual, sus concepciones e
instituciones políticas.
Según sea el modo de producción existente en una
sociedad, así es también, fundamentalmente, esta misma sociedad y así son sus
ideas y sus teorías, sus concepciones e instituciones políticas.
O, para decirlo en términos más vulgares, según
vive el hombre, así piensa.
Esto significa que la historia del desarrollo de la
sociedad es, ante todo, la historia del desarrollo de la producción, la
historia de los modos de producción que se suceden unos a otros a lo largo de
los siglos, la historia del desarrollo de las fuerzas productivas y las
relaciones de producción entre los hombres.
Esto quiere decir que la historia del desarrollo
social es, al propio tiempo, la historia de los propios productores de bienes
materiales, la historia de las masas trabajadoras, que son el factor
fundamental del proceso de producción y las que llevan a cabo la producción de
los bienes materiales necesarios para la existencia de la sociedad.
Esto quiere decir que la ciencia histórica, si
pretende ser una verdadera ciencia, no debe seguir reduciendo la historia del
desarrollo social a los actos de los reyes y de los caudillos militares, a los
actos de los "conquistadores" y "avasalladores" de Estados,
sino que debe ocuparse, ante todo, de la historia de los productores de los
bienes materiales, de la historia de las masas trabajadoras, de la historia de
los pueblos.
Esto quiere decir que la clave para el estudio de
las leyes de la historia de la sociedad no hay que buscarlas en las cabezas de
los hombres, en las ideas y concepciones de la sociedad, sino en el modo de
producción aplicado por la sociedad en cada uno de sus periodos históricos, es
decir, en la economía de la sociedad.
Esto quiere decir que la tarea primordial de la
ciencia histórica es el estudio y el descubrimiento de las leyes de la
producción, de las leyes del desarrollo de las fuerzas productivas y de las
relaciones de producción, de las leyes del desarrollo económico de la sociedad.
Esto quiere decir que el Partido del proletariado,
para ser un verdadero partido, debe, ante todo, conocer cumplidamente las leyes
del desarrollo de la producción, las leyes del desarrollo económico de la
sociedad.
Esto quiere decir que en política, para no
equivocarse, el Partido del proletariado debe, ante todo, tanto en lo que se
refiere a la formación de su programa como en lo que atañe a su actuación
práctica, arrancar de las leyes del desarrollo de la producción, de las leyes
del desarrollo económico de la sociedad.
La segunda característica de la producción consiste
en que sus cambios y su desarrollo arrancan siempre, como de su punto de
partida, de los cambios y del desarrollo de las fuerzas productivas, y, ante
todo, de los que afectan a los instrumentos de producción. Las fuerzas
productivas constituyen, por tanto, el elemento más dinámico y más
revolucionario de la producción. Al principio, cambian se desarrollan las
fuerzas productivas de la sociedad, y luego, con sujeción a estos cambios y
congruentemente con ellos, cambian las relaciones de producción entre los
hombres, sus relaciones económicas. Sin embargo, esto no quiere decir que las
relaciones de producción no influyan sobre el desarrollo de las fuerzas
productivas y que éstas no dependan de aquéllas. Las relaciones de producción,
aunque su desarrollo dependa del de las fuerzas productivas, actúan a su vez
sobre el desarrollo de éstas, acelerándolo o amortiguándolo. A este propósito,
conviene advertir que las relaciones de producción no pueden quedarse por un
tiempo demasiado largo rezagadas de las fuerzas productivas al crecer éstas, ni
hallarse en contradicción con ellas, ya que las fuerzas productivas sólo pueden
desarrollarse plenamente cuando las relaciones de producción están en armonía
con ellas por su carácter y su estado de progreso y dejan margen para su
desarrollo. Por eso, por muy rezagadas que las relaciones de producción se
queden respecto al desarrollo de las fuerzas productivas, tienen necesariamente
que ponerse y se ponen realmente -más tarde o más temprano- en armonía con el
nivel del desarrollo de las fuerzas productivas y con el carácter de éstas. En
otro caso, nos encontraríamos ante una ruptura radical de la unidad entre las
fuerzas productivas y la relaciones de producción dentro del sistema de ésta,
con un descoyuntamiento de la producción en bloque, con una crisis de
producción, con el derrumbamiento de las fuerzas productivas.
Un ejemplo de desarmonía entre las relaciones de
producción y el carácter de las fuerzas productivas, de conflicto entre ambos
factores, lo tenemos en las crisis económicas de los países capitalistas, donde
la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción está en
violenta discordancia con el carácter social del proceso de producción, con el
carácter de las fuerzas productivas. Resultado de esta discordancia son las
crisis económicas, que conducen a la destrucción de las fuerzas productivas; y
esta discordancia constituye, de por sí, la base económica de la revolución
social, cuya misión consiste en destruir las relaciones de producción
existentes, para crear otras nuevas, en armonía con el carácter de las fuerzas
productivas.
Por el contrario, el ejemplo de una armonía
completa entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas
productivas, nos lo ofrece la Economía socialista de la U.R.S.S., donde la
propiedad social sobre los medios de producción concuerda plenamente con el
carácter social del proceso de la producción y donde, por tanto, no existen
crisis económicas ni se producen casos de destrucción de las fuerzas
productivas.
Por consiguiente, las fuerzas productivas no son
solamente el elemento más dinámico y más revolucionario de la producción, sino
que son, además, el elemento determinante de su desarrollo.
Según sean las fuerzas productivas, así tienen que
ser también las relaciones de producción.
Si el estado de las fuerzas productivas responde a
la pregunta de con qué instrumento de producción crean los hombres los bienes
materiales que les son necesarios, el estado de las relaciones de producción
responde ya a otra pregunta: ¿en poder de quién están los medios de producción
(la tierra, los bosques, las aguas, el subsuelo, las materias primas, las
herramientas y los edificios de producción, las vías y medios de comunicación,
etc.); a disposición de quién se hallan los medios de producción; a disposición
de toda la sociedad, o a disposición de determinados individuos, grupos o
clases, que los emplean para explotar a otros individuos, grupos o clases?
He aquí un cuadro esquemático del desarrollo de las
fuerzas productivas desde los tiempos primitivos hasta nuestros días. De las
herramientas de piedra sin pulimentar se pasa al arco y la flecha y, en
relación con esto, de la caza como sistema de vida a la domesticación de
animales y a la ganadería primitiva; de las herramientas de piedra se pasa a
las herramientas de metal (al hacha de hierro, arado con reja de hierro, etc.)
y, en consonancia con esto, al cultivo de las plantas y a la agricultura; viene
luego el mejoramiento progresivo de las herramientas metálicas para la
elaboración de materiales, se pasa a la fragua de fuelle y a la alfarería y, en
consonancia con esto, se desarrollan los oficios artesanos, se desglosan estos
oficios de la agricultura, se desarrolla la producción independiente de los
artesanos y, más tarde, la manufactura; de los instrumentos artesanos de
producción se pasa a la máquina, y la producción artesana y manufacturera se
transforma en la industria mecánica, y, por último, se pasa al sistema de
máquinas, y aparece la gran industria mecánica moderna: tal es, en líneas
generales y no completas, ni mucho menos, el cuadro de desarrollo de las
fuerzas productivas sociales a lo largo de la historia de la Humanidad. Además,
como es lógico, el desarrollo y perfeccionamiento de los instrumentos de
producción corren a cargo de hombres relacionados con la producción y no se
realizan con independencia de éstos; por tanto, a la par con los cambios y el
desarrollo de los instrumentos de producción, cambian y se desarrollan también
los hombres, como el elemento más importante de las fuerzas productivas,
cambian y se desarrollan su experiencia, en punto a la producción, sus hábitos
de trabajo y su talento para el empleo de los instrumentos de producción.
En consonancia con los cambios y el desarrollo
experimentados por las fuerzas productivas de la sociedad en el curso de la
historia, cambian también y se desarrollan las relaciones de producción entre
los hombres, sus relaciones económicas.
La historia conoce cinco tipos fundamentales de
relaciones de producción: el comunismo primitivo, la esclavitud, el feudalismo,
el capitalismo y el socialismo.
Bajo el régimen del comunismo primitivo, la base de
las relaciones de producción es la propiedad social sobre los medios de
producción. Esto es lo que, en substancia, corresponde al carácter de las
fuerzas productivas durante este periodo. Las herramientas de piedra y el arco
y la flecha, que aparecen más tarde, excluían la posibilidad de luchar
aisladamente contra las fuerzas de la naturaleza y contra las bestias feroces.
Si no querían morir de hambre, ser devorados por la fieras o sucumbir a manos
de las tribus vecinas, los hombres de aquella época veíanse obligados a
trabajar en común, y así era cómo recogían los frutos en el bosque, cómo
organizaban la pesca, cómo construían sus viviendas, etc. El trabajo en común
condujo a la propiedad en común sobre los instrumentos de producción al igual
que sobre los productos. Aun no había surgido la idea de la propiedad privada
sobre los medios de producción, exceptuando la propiedad personal de ciertas
herramientas, que al mismo tiempo que herramientas de trabajo eran armas de
defensa contra las bestias feroces. No existía aún explotación, no existían
clases.
Bajo el régimen de la esclavitud, la base de las
relaciones de producción es la propiedad del esclavista sobre los medios de
producción, así como también sobre los propios productores, los esclavos, a
quienes el esclavista podía vender, comprar y matar, como a ganado. Estas
relaciones de producción se hallan, fundamentalmente, en consonancia con el
estado de las fuerzas productivas durante este periodo. Ahora, en vez de las
herramientas de piedra, el hombre dispone ya de herramientas de metal. En vez
de aquella mísera economía primitiva basada en la caza y que no conocía ni la
ganadería ni la agricultura, existen la ganadería, la agricultura, los oficios
artesanos y la división del trabajo entre estas diversas ramas de producción;
existe la posibilidad de efectuar un intercambio de productos entre los
distintos individuos y las distintas sociedades y la posibilidad de acumular
riquezas en manos de unas cuantas personas; se produce, en efecto, una
acumulación de medios de producción en manos de una minoría y surge la
posibilidad de que esta minoría sojuzgue a la mayoría y convierta a sus
componentes en esclavos. Ya no existe el trabajo libre y en común de todos los
miembros de la sociedad dentro del proceso de la producción, sino que impera el
trabajo forzoso de los esclavos, explotados por los esclavistas que no
trabajan. No existe tampoco, por tanto, propiedad social sobre los medios de
producción ni sobre los productos. La propiedad social es sustituída por la
propiedad privada. El esclavista es el primero y fundamental propietario con
plenitud de derechos.
Ricos y pobres, explotadores y explotados, hombres
con plenitud de derechos y hombres privados totalmente de derechos; una furiosa
lucha de clases entre unos y otros: tal es el cuadro que presenta el régimen de
la esclavitud.
Bajo el régimen feudal, la base de las relaciones
de producción es la propiedad del señor feudal sobre los medios de producción y
su propiedad parcial sobre los productores, sobre los siervos, a quienes ya no
puede matar, pero a quienes sí puede comprar y vender. A la par con la
propiedad feudal, existe la propiedad personal del campesino y del artesano
sobre los instrumentos de producción y sobre su hacienda a su industria
privada, basada en el trabajo personal. Estas relaciones de producción se
hallan, fundamentalmente, en consonancia con el estado de las fuerzas
productivas durante este periodo. El perfeccionamiento progresivo de la
fundición y elaboración de metales, la difusión de arado de hierro y del telar,
los progresos de la agricultura, de la horticultura, de la viticultura y de la
fabricación del aceite, la aparición de las primeras manufacturas junto a los
talleres de los artesanos: tales son los rasgos característicos del estado de
las fuerzas productivas durante este periodo.
Las nuevas fuerzas productivas exigen que se deje
al trabajador cierta iniciativa en la producción, que sienta cierta inclinación
al trabajo y se halle interesado en él. Por eso, el señor feudal prescinde de
los esclavos, que no sienten ningún interés por su trabajo, no ponen en él la
menor iniciativa, y prefiere entendérselas con los siervos, que tiene su propia
hacienda y sus herramientas propias y se hallan interesados en cierto grado por
el trabajo en la medida necesaria para trabajar la tierra y pagar al señor en
especie, con una parte de la cosecha.
Durante este periodo, la propiedad privada hace
nuevos progresos. La explotación sigue siendo casi tan rapaz como bajo la
esclavitud, aunque un poco suavizada. La lucha de clases entre los explotadores
y los explotados es el rasgo fundamental del feudalismo.
Bajo el régimen capitalista, la base de las
relaciones de producción es la propiedad capitalista sobre los medios de
producción y la inexistencia de propiedad sobre los productores, obreros
asalariados, a quienes el capitalista no puede matar ni vender, pues se hallan
exentos de los vínculos de sujeción personal, pero que carecen de medios de
producción, por lo cual, para no morirse de hambre, se ven obligados a vender
su fuerza de trabajo al capitalista y a doblar la cerviz al yugo de la
explotación. A la par con la propiedad capitalista sobre los medios de
producción, existe y se halla, en los primeros tiempos, muy generalizada la
propiedad privada del campesino y del artesano, libres de la servidumbre, sobre
sus medios de producción, y basada en el trabajo personal. En lugar de los
talleres de los artesanos y de las manufacturas, surgen las grandes fábricas y
empresas, dotadas de maquinarias. En lugar de las haciendas de los nobles,
cultivadas con los primitivos instrumentos campesinos de producción, aparecen
la grandes explotaciones agrícolas capitalistas, montadas a base de la técnica
agraria y dotadas de maquinaria agrícola.
Las nuevas fuerzas productivas exigen trabajadores
más cultos y más despiertos que los siervos, mantenidos en el embrutecimiento y
en la ignorancia; trabajadores capaces de entender y manejar las máquinas. Por
eso, los capitalistas prefieren tratar con obreros asalariados libres de los
vínculos de la servidumbre y lo suficientemente cultos para saber manejar la
maquinaria.
Pero después de desarrollas las fuerzas productivas
en proporciones gigantescas, el capitalismo se enreda en contradicciones
insolubles para él. Al producir cada vez más mercancías y hacer bajar cada vez
más sus precios, el capitalismo agudiza la competencia, arruina a una masa de
pequeños y medianos propietarios, los convierte en proletarios y rebaja su
poder adquisitivo, con lo cual la venta de las mercancías producidas se hace
imposible. Al dilatar la producción y concentrar en enormes fábricas y empresas
a millones de obreros, el capitalismo da al proceso de producción un carácter
social y va minando con ello su propia base, ya que el carácter social del
proceso de producción reclama la propiedad social sobre los medios de
producción, mientras que la propiedad sobre los medios de la producción sigue
siendo una propiedad privada capitalista, incompatible con el carácter social
que el proceso de producción presenta.
Estas contradicciones irreductibles entre el
carácter de las fuerzas productivas y el de las relaciones de producción se
manifiestan en las crisis periódicas de superproducción, en que los
capitalistas, no encontrando compradores solventes, como consecuencia del
empobrecimiento de la masa de la población, provocado por ellos mismos, se ven
obligados a quemar los productos, a destruir las mercancías elaboradas, a
paralizar la producción y a devastar las fuerzas productivas, y en que millones
y millones de seres se ven condenados al paro forzoso y al hambre, no porque
escaseen las mercancías, sino por todo lo contrario: por haberse producido en
exceso.
Esto quiere decir que las relaciones capitalistas
de producción ya no están en consonancia con el estado de las fuerzas
productivas de la sociedad, sino que se hallan en irreductible contradicción
con ellas.
Esto quiere decir que el capitalismo lleva en su
entraña la revolución, una revolución que está llamada a suplantar la actual
propiedad capitalista sobre los medios de producción por la propiedad
socialista.
Esto quiere decir que el rasgo fundamental del
régimen capitalista es la más encarnizada lucha de clases entre los
explotadores y explotados.
Bajo el régimen socialista, que hasta hoy sólo es
una realidad en la U.R.S.S., la base de las relaciones de producción es la
propiedad social sobre los medios de producción. Aquí, ya no hay explotadores
ni explotados. Los productos creados se distribuyen con arreglo al trabajo,
según el principio de "el que no trabaja no come". Las relaciones
mutuas entre los individuos dentro del proceso de producción tiene el carácter
de relaciones de colaboración fraternal y de mutua ayuda socialista entre los
trabajadores libres de toda explotación. Las relaciones de producción se hallan
en plena consonancia con el estado de las fuerzas productivas, pues el carácter
social del proceso de producción es refrendado por la propiedad social sobre
los medios de producción.
Por eso, la producción socialista de la U.R.S.S. no
conoce las crisis periódicas de superproducción ni los absurdos que acarrean.
Por eso, en la U.R.S.S., las fuerzas productivas se
desarrollan con ritmo acelerado, ya que sus respectivas relaciones de
producción, al hallarse en consonancia con ellas, no oponen la menor traba a
este desarrollo.
Tal es el cuadro que presenta el desarrollo de las
relaciones de producción entre los hombres, en el curso de la historia de la
Humanidad.
Tal es la relación de dependencia en que el
desarrollo de las relaciones de producción se halla con respecto al desarrollo
de las fuerzas productivas de la sociedad, y sobre todo, con respecto al
desarrollo de los instrumentos de producción, por virtud de la cual los cambios
y el desarrollo que experimentan las fuerzas productivas se traducen, más
temprano o más tarde, en los cambios y el desarrollo congruentes de las
relaciones de producción.
"El uso y la creación de medios de trabajo[2]
-dice Marx- aunque en germen se presenten ya en ciertas especies animales,
caracterizan el proceso de trabajo específicamente humano, razón por la cual
Franklin define al hombre como un animal que fabrica instrumentos. Y así como
la estructura de los restos fósiles de huesos tiene una gran importancia para
reconstruir la organización de especies animales desaparecidas, los vestigios
de medios de trabajo nos sirven para apreciar antiguas formaciones económicas
de la sociedad ya sepultadas. Lo que distingue a las épocas económicas unas de
otras no es qué se produce, sino cómo se produce... Los medios de trabajo no
son solamente el graduador de desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre,
sino también el exponente de las relaciones sociales en que se trabaja"
(C. Marx, "El Capital", t. I, pág. 189).
Y en otros pasajes:
a) "Las relaciones sociales están íntimamente
vinculadas a las fuerzas productivas. Al descubrir nuevas fuerzas productivas,
los hombres cambian de modo de producción, y al cambiar de modo de producción,
la manera de ganarse la vida, cambian todas sus relaciones sociales. El molino
movido a brazo engendra la sociedad con los señores feudales; el molino de
vapor, la sociedad de los capitalistas industriales" (C. Marx,
"Miseria de la Filosofía", en Carlos Marx y F. Engels, Obras Completas,
ed. citada, t. VI, pág. 179).
b) "Existe un movimiento constante de
incrementación de las fuerzas productivas, de destrucción de las relaciones
sociales y de la formación de las ideas; lo único inmutable es la abstracción
del movimiento" (C. Marx, obra citada, pág. 364).
Caracterizando el materialismo histórico, tal como
se formula en el "Manifiesto del Partido Comunista", dice Engels:
"La producción económica y la estructuración
social que de ella se deriva necesariamente en cada época histórica,
constituyen la base sobre la cual descansa la historia política e intelectual
de esa época... Por tanto, toda la historia de la sociedad, desde la disolución
del régimen primitivo de propiedad colectiva sobre el suelo, ha sido una
historia de luchas de clase, de luchas entre clases explotadoras y explotadas,
dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del progreso social... Ahora
esta lucha ha llegado a una fase en que la clase explotada y oprimida (el
proletariado) no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime
(la burguesía), sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión,
la explotación y la lucha de clases..." (Prólogo de Engels a la edición
alemana de 1883, "Manifiesto del Partido Comunista", ed.
Europa-América, 1938, pág. 9).
La tercera característica de la producción consiste
en que las nuevas fuerzas productivas y las nuevas relaciones de producción
congruentes con ellas no surgen desligadas del viejo régimen, después de
desaparecer éste, sino que se forman en el seno de él; y no como fruto de la
acción premeditada y consciente del hombre, sino de un modo espontáneo,
inconsciente e independientemente de la voluntad humana, por dos razones.
En primer lugar, porque los hombres no son libres
para elegir tal o cual modo de producción, pues cada nueva generación, al
entrar en la vida, se encuentra ya con un sistema establecido de fuerzas
productivas y relaciones de producción, como fruto del trabajo de las pasadas
generaciones, en vista de lo cual, si quiere tener la posibilidad de producir
bienes materiales, no tiene, en los primeros tiempos, más remedio que aceptar
el estado de cosas con que se encuentra dentro del campo de la producción y adaptarse
a él.
En segundo lugar, porque cuando perfecciones éste o
el otro instrumento de producción, éste o el otro elemento de las fuerzas
productivas, el hombre no sabe, no comprende, ni se le ocurre siquiera pensar
en ello, qué consecuencias sociales puede acarrear su innovación, sino que
piensa única y exclusivamente en su interés personal, en facilitar su trabajo y
en obtener algún provecho inmediato y tangible para sí.
Cuando algunos de los individuos de la sociedad
comunista primitiva empezaron a sustituir, paulatinamente y tanteando el
terreno, las herramientas de piedra por las de hierro, ignoraban, naturalmente,
y no paraban mientes en ello, qué consecuencias sociales había de tener esta
innovación; no sabían ni comprendían que el paso a las herramientas metálicas
significaba un cambio radical en la producción, cambio que al fin de cuentas
conduciría al régimen de la esclavitud; lo único que a ellos les interesaba era
facilitar su trabajo y conseguir un provecho inmediato y sensible; la acción
consciente con que realizaban aquel acto no se salía del estrecho marco de esta
ventaja tangible, de carácter personal.
Cuando, dentro del periodo del régimen feudal, la
joven burguesía europea comenzó a organizar, junto a los pequeños talleres
gremiales de los artesanos, las grandes empresas manufactureras, imprimiendo
con ello un avance a las fuerzas productivas de la sociedad, no sabía,
naturalmente, ni paraba mientes en ello, qué consecuencias sociales había de
acarrear esta innovación: no sabía ni comprendía que esta "pequeña"
innovación conduciría a una reagrupación tal de las fuerzas sociales, que
necesariamente desembocaría en la revolución, la cual iría dirigida tanto
contra la realeza, cuyas mercedes apreciaba tanto, como contra la nobleza, cuyo
rango soñaban con escalar no pocos de sus mejores representantes; lo único que
le preocupaba era abaratar la producción de mercancías, lanzar una cantidad
mayor de artículos a los mercados de Asia y de la América recién descubierta, y
obtener mayores ganancias; la acción consciente con que realizaban aquel acto
no se salía del estrecho marco de esta finalidad tangible.
Cuando los capitalistas rusos, juntamente con los
capitalistas extranjeros, comenzaron a aclimatar en Rusia de un modo intensivo
la moderna gran industria mecánica, dejando intacto al zarismo y a los
campesinos entregados a la voracidad de los terratenientes, no sabían,
naturalmente, ni paraban mientes en ellos, qué consecuencias sociales había de
acarrear este importante incremento de las fuerzas productivas; no sabían ni
comprendían que este importante salto que se daba en el campo de las fuerzas
productivas de la sociedad conduciría a una reagrupación tal de las fuerzas
sociales, que daría al proletariado la posibilidad de unir con él a los
campesinos y de llevar a cabo la revolución socialista victoriosa; lo único que
ellos querían era incrementar hasta el máximum la producción industrial,
dominar el gigantesco mercado interior del país, convertirse en monopolistas y
sacar mayores ganancias de la Economía nacional; la conciencia con que
realizaban aquel acto no iba más allá del horizonte empírico y estrecho de sus
intereses personales.
En relación con esto, dice Marx:
"En la producción social de su vida (es decir,
en la producción de los bienes materiales necesarios para la vida de los
hombres. N. de la R.), los hombres contraen determinadas relaciones necesarias
e independientes[3] de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a
una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales"
(Carlos Marx, Obras Escogidas, ed. citada, pág. 339).
Esto no significa, naturalmente, que los cambios
operados en la relaciones de producción y el paso de las viejas relaciones de
producción a otras nuevas discurran lisa y llanamente, sin conflictos y sin
conmociones. Por el contrario, esto cambios revisten, generalmente, la forma de
un derrocamiento revolucionario de las viejas relaciones de producción para dar
paso a la instauración de otras nuevas. Hasta llegar a un cierto periodo, el
desarrollo de las fuerzas productivas y los cambios que se operan en le campo
de las relaciones de producción discurren de un modo espontáneo,
independientemente de la voluntad de los hombres. Pero sólo hasta un
determinado momento, hasta el momento en que las fuerzas productivas que surgen
y se desarrollan logran madurar cumplidamente. Una vez que las nuevas fuerzas
productivas están en sazón, las relaciones de producción existentes y sus
representantes, las clases dominantes, se convierten en ese obstáculo
"insuperable" que sólo puede eliminarse por medio de la actuación
consciente de las nuevas clases, por medio de la acción violenta de estas
clases, por medio de la revolución. Aquí se destaca con gran nitidez la enorme
importancia de las nuevas ideas sociales, de las nuevas instituciones
políticas, del nuevo Poder político, llamados a liquidar por la fuerza las
viejas relaciones de producción. Del conflicto entre las nuevas fuerzas
productivas y las viejas relaciones de producción, de las nuevas exigencias
económicas de la sociedad surgen nuevas ideas sociales; estas nuevas ideas
organizan y movilizan a las masas, las masas se funden en un nuevo ejército
político, crean un nuevo Poder revolucionario y utilizan este Poder para
liquidar por la fuerza el viejo régimen establecido en el campo de la
relaciones de producción, y refrendar el régimen nuevo. El proceso espontáneo
de desarrollo deja el puesto a la acción consciente del hombre; el desarrollo
pacífico, a la transformación violenta; al evolución, a la revolución.
"El proletariado -dice Marx- se ve obligado a
organizarse como clase para luchar contra la burguesía...; mediante la
revolución se convierte en clase dominante y, en cuanto clase dominante,
destruye por la fuerza las relaciones vigentes de producción"
("Manifiesto del Partido Comunista", ed. citada, pág. 37)
Y en otros lugares en sus obras:
a) "El proletariado se valdrá del Poder
político para ir despojando gradualmente a la burguesía de todo el capital, de
todos los instrumentos de producción, centralizándolos en manos del Estado, es
decir, del proletariado organizado como clase dominante, y procurando aumentar
por todos los medios y con la mayor rapidez posible las fuerzas
productivas" (Obra citada, pág. 36).
b) "La violencia es la comadrona de toda
sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva" (Marx, "El
Capital", t. II, pág. 788).
He aquí en qué términos formulaba Marx, con trazos
geniales, la esencia del materialismo histórico, en el memorable
"prólogo" escrito en 1859 para su famoso libro "Contribución a
la crítica de la Economía política":
"En la producción social de su vida, los
hombres contraen determinadas relaciones necesarias, independientes de su
voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase del
desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas
relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base
real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que
corresponden determinadas formas de conciencia social. El sistema de producción
de la vida material condiciona todo el proceso de la vida social, política y
espiritual. No es la conciencia del hombre la que determina su existencia,
sino, por el contrario, su existencia social la que determina su conciencia. Al
llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales
de la sociedad chocan con las condiciones de producción existentes o, lo que no
es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad
dentro de las cuales se han movido hasta allí. De formas de desarrollo de las
fuerzas productivas, estas relaciones se traducen en trabas suyas. Y se abre
así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se transforma
más o menos lenta, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura
erigida sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones, hay que
distinguir siempre entre los cambios materiales operados en las condiciones
económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las
ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o
filosóficas, ideológicas, en una palabra, en las que los hombres cobran
conciencia de este conflicto y lo combaten. Y del mismo modo que no podemos
juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a
estas épocas de transformación por su conciencia, sino que, por el contrario,
hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material,
por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones
de producción. Ninguna formación social desaparece antes que se desarrollen
todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas
y más altas relaciones de producción antes que las condiciones materiales para
su existencia hayan madurado en el seno de la sociedad antigua. Por eso, la
Humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues,
bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya
se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su
realización" (C. Marx, Obras Escogidas, t. I, págs. 338-339).
Tal es la concepción del materialismo marxista, en
su aplicación a la vida social, en su aplicación a la historia de la sociedad.
Tales son los rasgos fundamentales del materialismo
dialéctico y del materialismo histórico.
Por los expuesto, se ve qué riqueza teórica era la
que defendía Lenin para el Partido contra los ataques de los revisionistas y de
los degenerados y cuán inmensa fue la importancia que tuvo la publicación de su
libro "Materialismo y Empiriocriticismo" para el desarrollo del
Partido bolshevique.
3. Los bolsheviques y los mensheviques durante los
años de la reacción stolypiniana . - La lucha de los bolsheviques contra los
liquidadores y los "otsovistas".
Durante los años de la reacción, el trabajo en las
organizaciones del Partido era muchísimo más difícil que en el periodo
precedente de avance de la revolución. El contingente de afiliados al Partido
descendió bruscamente. Muchos elementos pequeño-burgueses que se habían
adherido circunstancialmente al Partido, principalmente entre los
intelectuales, comenzaron a abandonar sus filas, temerosos de las persecuciones
del gobierno zarista.
Lenin señalaba que en momentos como éstos los
partidos revolucionarios deben completar su aprendizaje. En los periodos de
auge de la revolución aprenden a avanzar, en los periodos de reacción deben
aprender a replegarse certeramente, a pasar a la clandestinidad, a mantener y
fortalecer el Partido como organización clandestina, a utilizar todas la
posibilidades legales y todas las organizaciones legales, principalmente las
organizaciones de masas, para fortalecer los vínculos con éstas.
Los mensheviques batíanse en retirada llenos de
pánico, sin fe en un nuevo avance de la revolución, renegando bochornosamente
de las reivindicaciones revolucionarias del programa y de las consignas
revolucionarias del Partido, y pretendían liquidar, destruir el Partido
clandestino revolucionario del proletariado. De aquí el nombre de liquidadores
con que comenzó a designarse a esta calaña de mensheviques.
A diferencia de los mensheviques, los bolsheviques
estaban convencidos de que a la vuelta de pocos años sobrevendría un nuevo
avance de la revolución y de que era deber del Partido preparar a las masas
para este nuevo avance. Los problemas fundamentales de la revolución no habían
sido resueltos. Los campesinos no habían obtenido las tierras de los
terratenientes, los obreros no habían conseguido la jornada de 8 horas, no
había sido derrocada la autocracia zarista, odiada por el pueblo; y habían
vuelto a ser estranguladas las pequeñas libertades que le habían sido
arrancadas al zarismo en 1905. Es decir, las causas que habían provocado esta
revolución seguían en pie. Por eso, los bolsheviques estaban convencidos de que
sobrevendría un nuevo avance del movimiento revolucionario, se preparaban para
él y concentraban las fuerzas de la clase obrera.
Otra de las razones que daba a los bolsheviques la
seguridad de que era inevitable un nuevo avance de la revolución fue que la
revolución de 1905 había enseñado a los obreros a conquistar sus derechos por
medio de la lucha revolucionaria de masas. Durante los años de reacción,
durante los años de ofensiva del capital, los obreros no podían olvidar las
enseñanzas de 1905. Lenin citaba cartas de obreros, en las que éstos,
exponiendo los abusos y las burlas de que volvían a hacerles objeto los
patronos, exclamaban: "¡Aguardar, que ya vendrá un nuevo 1905!"
El objetivo político fundamental de los
bolsheviques seguía siendo el mismo de 1905: derrocar el zarismo, llevar a
término la revolución democráticoburguesa, pasar a la revolución socialista.
Los bolsheviques no perdían de vista ni un minuto este objetivo y seguían
desplegando ante las masas las consignas revolucionarias fundamentales:
República democrática, confiscación de las tierras a los terratenientes,
jornada de 8 horas.
Pero la tácticadel Partido no podía seguir siendo
la misma que en el periodo de auge de la revolución de 1905. Por ejemplo,
durante los primeros tiempos no era posible llamar a las masas a la huelga
política general, ni a la insurrección armada, porque el Partido se hallaba
ante un periodo de descenso del movimiento revolucionario, ante un cansancio
enorme de la clase obrera y ante un fortalecimiento considerable de las clases
reaccionarias. El Partido no podía por menos de tener en cuenta la nueva situación.
Había que sustituir la táctica de la ofensiva por la táctica de la defensiva,
por la táctica de la acumulación de fuerzas, por la táctica de retirar los
cuadros a la clandestinidad y organizar el trabajo clandestino del Partido, por
la táctica de combinar el trabajo ilegal del Partido con su labor en las
organizaciones obreras legales.
Y los bolsheviques supieron cumplir esta misión.
"Hemos sabido trabajar durante largos años con
vistas a la revolución -decía Lenin-. No en vano dicen de nosotros que somos
firmes como la roca. Los socialdemócratas han creado un Partido proletario que
no se desanima ante el fracaso de la primera acometida guerrera, que no pierde
la cabeza ni se deja llevar de aventuras" (Lenin, t. XII, pág. 126, ed.
rusa).
Los bolsheviques luchaban por mantener y afianzar
las organizaciones clandestinas del Partido. Pero, al mismo tiempo,
consideraban necesario utilizar todas las posibilidades legales, hasta el más
pequeño resquicio legal, para mantener y fortalecer los vínculos con las masas,
reforzando con ello el Partido.
"Fue el periodo en que nuestro Partido dio el
viraje, de la lucha revolucionaria abierta contra el zarismo a la lucha por
medio de rodeos, a la utilización de todas y cada una de las posibilidades
legales, desde las mutualidades obreras hasta la tribuna de la Duma. Fue el
periodo de repliegue, después de haber sido derrotados en la revolución de
1905. Este viraje exigía de nosotros la asimilación de nuevos métodos de lucha
para, después de acumular fuerzas, lanzarnos de nuevo a la lucha revolucionaria
abierta contra el zarismo" (Stalin, "Actas taquigráficas del XV
Congreso del P. C. (b) de la U.R.S.S.", 1935, págs. 366-367).
Las organizaciones legales que habían salido
indemnes servían como de pantalla para las organizaciones clandestinas del
Partido y de medio de enlace con las masas. Para mantener los vínculos con
éstas, los bolsheviques se valían de los sindicatos y de las demás
organizaciones sociales de carácter legal: mutualidades, cooperativas obreras,
clubs y sociedades culturales, Casas del Pueblo, etc. Utilizaban la tribuna de
la Duma para desenmascarar la política del gobierno zarista, para desenmascarar
a los kadetes, para atraer a los campesinos al lado de los obreros. El
mantenimiento de la organización clandestina del Partido y la dirección a
través de ella de todas las demás formas de actuación política garantizaban al
Partido la aplicación de la línea política acertada y la preparación de las
fuerzas para el nuevo avance revolucionario.
Los bolsheviques aplicaron su línea revolucionaria,
luchando en dos frentes: contra los liquidadores, enemigos abiertos del
Partido, y contra los llamados otsovistas, adversarios encubiertos de él.
Los bolsheviques, con Lenin a su frente,
mantuvieron una lucha intransigente contra los liquidadores desde el momento
mismo en que surgió este tendencia oportunista. Lenin señalaba que los
liquidadores eran agentes de la burguesía liberal dentro del Partido.
En diciembre de 1908, celebróse en París la quinta
Conferencia (nacional) del P.O.S.D.R. A propuesta de Lenin, esta Conferencia
condenó la posición de los liquidadores, es decir, los intentos de una parte de
los intelectuales afiliados al Partido (mensheviques) de "liquidar la
organización existente del P.O.S.D.R. y sustituirla por una agrupación informe,
mantenida a toda costa dentro del marco de la legalidad, aunque para ello
hubiese que renunciar de un modo claro y franco al programa, a la táctica y a
las tradiciones del Partido" ("Resoluciones del P.C. (b) de la
U.R.S.S.", parte I, pág. 128).
La Conferencia hizo un llamamiento a todas la
organizaciones del Partido para que luchasen enérgicamente contra estos
intentos de los liquidadores.
Pero los mensheviques ni se atuvieron a este
acuerdo de la Conferencia del Partido y fueron descendiendo cada vez más por la
senda de los liquidadores, traicionando a la revolución y acercándose a los
kadetes. Los mensheviques volvían la espalda cada vez más descaradamente al
programa revolucionario del Partido del proletariado, a las reivindicaciones de
la República democrática, de la jornada de 8 horas y de la confiscación de las
tierras de los terratenientes. A costa de renunciar al programa y a la táctica
del Partido, querían obtener del gobierno zarista la autorización para que
funcionase un partido pretendidamente "obrero", con existencia
abierta y legal. Estaban dispuestos a hacer las paces con el régimen
stolypiniano y adaptarse a él, razón por la cual se daba también a los
liquidadores el nombre de "partido obrero stolypiniano".
Al mismo tiempo que luchaban contra estos
adversarios descarados de la revolución, contra los liquidadores -acaudillados
por Dan, Axelrod y Potresov, ayudados por Martov, Trotski y otros
mensheviques-, los bolsheviques mantenían también una lucha implacable contra
los liquidadores encubiertos, contra los "otsovistas", que
disfrazaban su oportunismo con frases "izquierdistas". Se comenzó a
dar el nombre de "otsovistas" a un grupo de ex bolsheviques que
exigía que el Partido retirase los diputados obreros de la Duma y renunciase en
general a toda actuación dentro de las organizaciones legales.
Estos afiliados al Partido bolshevique, que en 1908
exigían la retirada de los diputados socialdemócratas de la Duma, y de aquí el
nombre de "otsovistas" (del ruso "otsovat": revocar,
retirar), formaron un grupo aparte constituido por Bogdanov, Lunacharski,
Alexinski, Pokrovski, Bubnov y otros, que comenzó a luchar contra Lenin y
contra la línea leninista. Los "otsovistas" negábanse resueltamente a
trabajar en los sindicatos obreros y en las demás organizaciones legales. Con
ello, inferían un grave daño a la causa obrera. Rompían los vínculos entre el
Partido y el proletariado, privaban a aquél de enlace con las masas sin
partido, querían encerrarse en la organización clandestina y, al mismo tiempo,
exponían a ésta a los golpes del enemigo, al privarla de la posibilidad de
atrincherarse detrás de las organizaciones legales. Los "otsovistas"
no comprendían que en la Duma y a través de ella los bolsheviques podían
influir sobre los campesinos, podían desenmascarar la política del gobierno
zarista, la política de los kadetes, quienes pretendían arrastrar con ellos a
los campesinos por medio del engaño. Los "otsovistas" entorpecían la
labor de acumular fuerzas para el nuevo avance revolucionario. Eran, por tanto,
"liquidadores al revés", pues aspiraban a liquidar la posibilidad de
valerse de las organizaciones legales y de hecho renunciaban a la dirección
proletaria sobre las grandes masas sin partido, renunciaban a la labor
revolucionaria.
En una Conferencia ampliada de la redacción del
periódico bolshevique "Proletari" ("El Proletario"),
convocada en 1909 para enjuiciar la conducta de los "otsovistas", fue
condenada la actitud de este grupo. Los bolsheviques declararon que no tenían
la menor afinidad con ellos y los expulsaron del Partido.
Tanto los liquidadores como los
"otsovistas" no habían sido nunca más que elementos pequeñoburgueses
circunstancialmente adheridos al proletariado y a su Partido y que, al llegar
los momentos difíciles para el proletariado, se quitaron la careta y
descubrieron su verdadera faz.
4. La lucha de los bolsheviques contra el
trotskismo. - El Bloque de Agosto contra el Partido.
Mientras los bolsheviques luchaban encarnizadamente
en dos frentes -contra los liquidadores y los "otsovistas"- por
mantener la línea del Partido proletario, Trotski apoyaba a los mensheviques
liquidadores. Fue precisamente por estos años cuando Lenin le llamó "el
Judas Trotski". Este organizó en Viena (Austria) un grupo publicístico y
comenzó a editar un periódico "situado por encima de las fracciones",
que en realidad era un periódico menshevique. He aquí lo que por entonces
escribía Lenin acerca de él: "Trotski se comporta como el más ruin
arrivista y fraccionista... Charla mucho del Partido, pero se conduce peor que
todos los demás fraccionistas".
Más tarde, en 1912, Trotski fue el organizador del
Bloque de Agosto, que no era sino un bloque de todos los grupos y tendencias
antibolsheviques contra Lenin y contra el Partido. A este bloque
antibolshevique se unieron los liquidadores y los "otsovistas",
demostrando con ello su afinidad. Trotski y los trotskistas adoptaban en todos
los problemas fundamentales una posición liquidadora. Sin embargo, Trotski
disfrazaba su tendencia liquidadora con una actitud centrista, es decir,
conciliadora, afirmando que él estaba al margen de los bolsheviques y de los
mensheviques y luchaba por conciliarlos. Con este motivo, decía Lenin que
Trotski era más vil y más dañino que los liquidadores descarados, porque
engañaba a los obreros, haciéndoles creer que estaba "por encima de las
fracciones", cuando en realidad apoyaba con todas sus fuerzas a los
liquidadores mensheviques. El trotskismo era el grupo principal entre los
fomentadores del centrismo.
"El centrismo -escribe el camarada Stalin- es
un concepto político. Su ideología es la ideología de la adaptación, la
ideología de la supeditación de los intereses proletarios a los intereses de la
pequeña burguesía dentro de un partido común. Esta ideología es extraña y
hostil al leninismo (Stalin, "Problemas del Leninismo", pág. 397, ed.
rusa).
Durante este periodo, Kamenev, Zinoviev y Rykov
actuaban, de hecho, como agentes solapados de Trotski, pues le ayudaban no
pocas veces en su lucha contra Lenin. Con el apoyo de Zinoviev, Kamenev, Rykov
y otros aliados encubiertos de Trotski, fue convocado en enero de 1910, en
contra de Lenin, un Pleno del Comité Central. Por aquel entonces, a
consecuencia de la detención de gran número de bolsheviques, había cambiado la
fisonomía del C.C. del Partido y esto dio a los elementos vacilantes la
posibilidad de hacer votar acuerdos antileninistas. Así se explica que en este
Pleno se acordase suspender la publicación del periódico bolshevique
"Proletari" y ayudar con dinero al periódico "Pravda"
("La Verdad"), que Trotski editaba en Viena. Kamenev pasó a formar
parte de la redacción del periódico trotskista y se esforzó, en unión de
Zonoviev, en convertirlo en órgano del Comité Central.
Sólo ante la insistencia de Lenin se logró que el
Pleno de enero del C.C. tomase el acuerdo de condenar a los liquidadores y a
los "otsovistas", pero también aquí Zinoviev y Kamenev defendieron
tenazmente la propuesta trotskista de que no se llamase a los liquidadores por
su verdadero nombre.
Ocurrió tal y como había previsto y advertido
Lenin: sólo los bolsheviques acataron los acuerdos del Pleno, suspendiendo la
publicación de su órgano "Proletari", mientras los mensheviques
seguían publicando su periódico fraccional y liquidador "La Voz del
Socialdemócrata".
La posición de Lenin fue apoyada enteramente por el
camarada Stalin, quien publicó un artículo especial en el número 11 del
"Socialdemócrata". En este artículo se condenaba la conducta de los
cómplices del trotskismo y se hablaba de la necesidad de liquidar la anormal
situación creada dentro de la fracción bolshevique por la actitud traidora de
Kamenev, Zinoviev y Rykov. En su artículo, el camarada Stalin destacaba las
tareas urgentes, que habían de ser resueltas más tarde por la Conferencia del
Partido celebrada en Praga: convocatoria de una conferencia general del
Partido, publicación de un periódico legal de éste y creación de un centro
clandestino para la actuación práctica en Rusia. Este artículo se basaba en los
acuerdos del Comité de Bakú, que apoyaba sin reservas a Lenin.
Para contrarrestar el bloque antibolshevique de
Agosto, el bloque de Trotski, del que formaban parte exclusivamente elementos
hostiles al Partido, desde los liquidadores y los trotskistas hasta los
"otsovistas" y los "constructores de dios", fue creado un
bloque de partidarios del mantenimiento y fortalecimiento del Partido
proletario clandestino. En este bloque entraron los bolsheviques, con Lenin a
la cabeza, y un pequeño número de mensheviques defensores del Partido, la
frente de los cuales se hallaba Plejanov. Aunque en una serie de problemas
Plejanov y su grupo de mensheviques defensores del Partido permanecían en las
posiciones mensheviques, manteníanse resueltamente al margen del Bloque de
Agosto y de los liquidadores y pugnaban por llegar a un acuerdo con los
bolsheviques. Lenin aceptó la propuesta de Plejanov y pactó un bloque temporal
con él, contra los elementos enemigos del Partido, teniendo en cuenta que este
bloque era beneficioso para el Partido y funesto para los liquidadores.
El camarada Stalin apoyó incondicionalmente este
bloque. Hallábase por aquel entonces en la deportación, de donde dirigió a
Lenin una carta, en la que decía:
"A mi modo de ver, la línea del bloque
(Lenin-Plejanov) es la única acertada: 1) esta línea y sólo ella es la que
responde a los verdaderos intereses de la actuación dentro de Rusia, que exige
la cohesión de todos los elementos que verdaderamente están con el Partido; 2)
esta línea y sólo ella es la que acelera el proceso de liberación de las
organizaciones legales del yugo de los liquidadores, abriendo un foso entre los
obreros mensheviques y los liquidadores y poniendo en dispersión y aplastando a
éstos" (Antología "Lenin y Stalin", ed. rusa, t. I, págs.
529-530).
Gracias a su hábil combinación de trabajo
clandestino con el trabajo legal, los bolsheviques llegaron a tener en las
organizaciones obreras legales una fuerza considerable. Esto se puso de
relieve, entre otras cosas, en la gran influencia que los bolsheviques
acreditaron en los grupos obreros de cuatro congresos legales celebrados
durante este periodo: el de las Universidades Populares, el Congreso femenino,
el de los médicos de fábricas y el Congreso contra el alcoholismo. Las
intervenciones de los bolsheviques en estos congresos legales tuvieron una gran
importancia política y repercutieron en todo el país. Así, por ejemplo, la
delegación obrera bolshevique que intervino en el Congreso de las Universidades
Populares desenmascaró la política del zarismo, que ahogaba toda labor
cultural, y demostró que sin acabar con el zarismo no era posible pensar en un
verdadero auge cultural en Rusia. La delegación obrera que intervino en el
Congreso de los médicos fabriles expuso las espantosas condiciones sanitarias
en que tenía que vivir y trabajar los obreros, para llegar a la conclusión de
que sin derrocar el régimen zarista no había posibilidad de organizar como era
debido la higiene fabril.
Los bolsheviques fueron poco a poco desalojando a
los liquidadores de las diversas organizaciones legales indemnes en que se
habían atrincherado. La peculiar táctica de frente único con el grupo
plejanovista de afiliados al Partido, permitió a los bolsheviques ganar a una
serie de organizaciones obreras mensheviques (distrito de Viborg,
Ekaterinoslav, etc.).
Durante este difícil periodo, los bolsheviques
dieron, con su actuación, un ejemplo de cómo se debe combinar el trabajo legal
con la labor clandestina.
5. La conferencia del partido en Praga (1912). -
Los bolsheviques pasan a formar un partido marxista independiente.
La lucha contra los liquidadores y los
"otsovistas", así como la lucha contra los trotskistas, planteaba a
los bolsheviques la tarea inmediata de reforzar la cohesión de todos los
bolsheviques y de formar con ellos un Partido bolshevique independiente. Era
esto absolutamente necesario, no sólo para acabar con las tendencias
oportunistas dentro del Partido, tendencias que sembraban la discordia entre la
clase obrera, sino, además, para llevar a término la obra de concentrar las
fuerzas de la clase obrera y preparar a ésta para el nuevo avance de la
revolución.
Pero para poder cumplir esta tarea era necesario,
ante todo, limpiar al Partido de oportunistas, de mensheviques.
Ahora, ya ningún bolshevique dudaba de que la
convivencia de los bolsheviques con los mensheviques en un solo partido era
algo inconcebible. La conducta traidora de los mensheviques durante el periodo
de la reacción stolypiniana, sus intentos de liquidar el Partido proletario y
de organizar un nuevo partido, de tipo reformista, hacían inevitable la ruptura
con ellos. Conviviendo en un partido con los mensheviques, los bolsheviques
asumían de un modo o de otro una responsabilidad moral por la conducta de aquéllos.
Y los bolsheviques no podían, en modo alguno, cargar con ninguna
responsabilidad moral por la conducta descaradamente traidora de los
mensheviques, a menos que quisiesen convertirse también ellos en traidores al
Partido y a la clase obrera. La unidad con los mensheviques dentro de un solo
partido convertíase, pues, en una traición a la clase obrera y al Partido de
ésta. Era necesario, por tanto, llevar a término la ruptura efectiva con los
mensheviques, romper con ellos de un modo formal y orgánico, expulsar a los
mensheviques del Partido.
Este camino era el único por el cual se podía
restaurar el Partido revolucionario del proletariado, con unidad de programa,
unidad de táctica y unidad de organización de clase.
Era el único camino por el cual se podía instaurar
dentro del Partido una unidad efectiva (y no meramente formal), unidad que
había sido rota por los mensheviques.
Tal era la tarea que había de cumplir la VI
Conferencia general del Partido, conferencia preparada por los bolsheviques.
Pero este problema no era más que uno de los
aspectos del aspecto. La ruptura formal con los mensheviques y la formación de
un partido aparte con los bolsheviques constituían, indudablemente, una tarea
política muy importante. Pero a los bolsheviques, se les planteaba, además,
otra, más importante aun. No se trataba solamente de romper con los
mensheviques y constituir un partido independiente, sino que se trataba, ante
todo, de crear, rompiendo con los mensheviques, un nuevo partido, de crear un
partido de nuevo tipo, un partido distinto de los partidos socialdemócratas
corrientes de los países occidentales, un partido libre de elementos
oportunistas y capaz de conducir al proletariado a la lucha por el Poder.
En su lucha contra los bolsheviques, todos los
mensheviques, sin distinción de matices, desde Axelrod y Martinov hasta Martov
y Trotski, se servían invariablemente de armas sacadas del arsenal de los
socialdemócratas del Occidente de Europa. Querían poseer en Rusia un partido
como, por ejemplo, el Partido socialdemócrata alemán o el francés. Y luchaban
contra los bolsheviques, precisamente porque presentían en ellos algo nuevo,
insólito, distinto de la socialdemocracia occidental. ¿Y qué eran, por aquel
entonces, los partidos socialdemócratas de Occidente? Una mezcla, un
conglomerado de elementos marxistas y oportunistas, de amigos y enemigos de la
revolución, de partidarios y adversarios de la causa del Partido, con una
conciliación ideológica gradual de los primeros con los segundos y una sumisión
gradual y efectiva de aquéllos a éstos. Conciliación con los oportunistas, con
los traidores a la revolución, ¿en nombre de qué?, preguntaban los bolsheviques
a los socialdemócratas de la Europa occidental. En nombre de "la paz
dentro del Partido", en nombre de la "unidad", se les
contestaba. ¿La unidad con quién, con los oportunistas? Sí, contestaban
aquéllos; con los oportunistas. Era evidente que partidos así no podían ser
partidos revolucionarios.
Los bolsheviques no podían por menos de observar
que, después de la muerte de Engels, los partidos socialdemócratas de la Europa
occidental habían comenzado a degenerar de partidos de al revolución social en
partidos de "reformas sociales", y que todos ellos se habían
convertido ya, como organizaciones, de fuerzas dirigentes en simples apéndices
de sus propios grupos parlamentarios.
Los bolsheviques no podían desconocer que un
partido así perjudica gravemente al proletariado, que un partido así no es
capaz de conducir a la clase obrera a la revolución.
Los bolsheviques no podían desconocer que lo que
necesita el proletariado no son partidos de éstos, sino un partido distinto,
nuevo, un auténtico Partido marxista, irreconciliable en su actitud frente a
los oportunistas y revolucionario en su actitud frente a la burguesía, un
partido fundido en una unidad fuerte y monolítica, un partido que fuese el
Partido de la revolución social, el Partido de la dictadura del Proletariado.
Un partido así, un partido nuevo de este tipo, era
precisamente el que los bolsheviques aspiraban a crear. Y, en efecto, los
bolsheviques crearon, forjaron este partido. Toda la historia de su lucha
contra los "economistas", los mensheviques, los trotskistas, los
"otsovistas", los idealistas de todos los matices, hasta llegar a los
empiriocriticistas, no era, precisamente, más que la historia de la preparación
de este tipo de partido. Los bolsheviques aspiraban a forjar un partido nuevo,
el Partido bolshevique, que pudiera servir de modelo para cuantos quisieran
crear un partido marxista auténticamente revolucionario. Este era el Partido
que los bolsheviques venían preparando ya desde los tiempos de la vieja
"Iskra". A su preparación se entregaron tenaz y ardorosamente,
arrollando todos los obstáculos. En esta labor de preparación desempeñaron un
papel decisivo trabajos de Lenin tales como "¿Qué hacer?", "Las
dos tácticas", etc. El libro de Lenin "¿Qué hacer?" preparó
ideológicamente este tipo de partido. Su libro "Un paso adelante, dos
pasos atrás" lo preparó en el terreno de la organización. El libro
"Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución
democrática" lo preparó en el terreno político. Finalmente, el libro de
Lenin "Materialismo y Empiriocriticismo" lo preparó en el terreno
teórico.
Con seguridad puede afirmarse que jamás hubo en la
historia ningún grupo político tan concienzudamente preparado para formar un
partido, como el grupo bolshevique.
En tales condiciones, la formación de un Partido
bolshevique independiente era algo perfectamente preparado y en sazón.
La misión de la VI Conferencia del Partido
consistía en coronar la obra, ya madura, con el acto de la expulsión de los
mensheviques y la formación del nuevo partido, del Partido bolshevique.
La VI Conferencia nacional del Partido se celebró
en Praga, en enero de 1912. Estuvieron representadas en ella más de 20
organizaciones del Partido. Formalmente, tuvo, por tanto, la importancia propia
de un Congreso.
En la circular sobre la Conferencia, después de
comunicar la reconstitución del aparato central del Partido, que había sido
destruido, y la creación del C.C., decíase que los años de reacción eran los
años más duros por los que había pasado el Partido desde la constitución de la
socialdemocracia rusa como organización definida. Pero, a pesar de todas las
persecuciones, a pesar de los terribles golpes asestados desde fuera y de la
traición y las vacilaciones de los oportunistas dentro de él, el Partido del proletariado
había mantenido en pie su bandera y su organización.
"La socialdemocracia de Rusia no sólo había
logrado mantener indemnes su bandera, su programa, sus postulados
revolucionarios, sino que había mantenido también su organización, que habría
podido salir quebrantada y debilitada, pero que ninguna persecución habían
logrado aniquilar", decíase en la circular de convocatoria de la
Conferencia.
La Conferencia de Praga registró los primeros
signos del nuevo auge del movimiento revolucionario de Rusia y de la
reanimación de la labor del Partido.
Por los informes de los delegados, la Conferencia
comprobó que "entre los obreros socialdemócratas de base se desarrolla en
todas partes una enérgica labor encaminada a fortalecer los grupos y
organizaciones clandestinos de la socialdemocracia".
La Conferencia pudo comprobar que en la base se
acataba por todas partes la norma más importante de la táctica bolshevique
durante el periodo de repliegue: la de combinar la labor clandestina con el
trabajo legal en las diversas sociedades y agrupaciones obreras de este
carácter.
En la Conferencia de Praga fue elegido un Comité
Central bolshevique. De él formaban parte: Lenin, Stalin, Ordzhonikidze,
Sverdlov, Spandarián, Goloshchekin y otros. Los camaradas Stalin y Sverdlov
fueron elegidos en ausencia de ellos, pues se hallaban deportados. Entre los
miembros suplentes del C.C. fue designado el camarada Kalinin.
Se estableció un centro de carácter práctico para
la dirección del trabajo revolucionario en Rusia (El Buró ruso del C.C.), al
frente del cual se puso el camarada Stalin. Formaban parte de él, además de
éste, los camaradas I. Sverdlov, S. Spandarián, S. Ordzhonikidze, M. Kalinin y
Goloshchekin.
La Conferencia de Praga hizo el balance de toda la
lucha anterior de los bolsheviques contra el oportunismo y acordó expulsar del
Partido a los mensheviques.
Después de la expulsión de los mensheviques, quedó
constituido, en esta Conferencia, el Partido bolshevique independiente.
Habiendo aplastado ideológicamente y en el terreno
de la organización a los mensheviques, con su expulsión del Partido, los
bolsheviques conservaron la vieja bandera del Partido Obrero Social Demócrata
de Rusia, nombre que el Partido bolshevique siguió usando hasta el año 1918,
con la palabra "bolshevique" añadida entre paréntesis.
Refiriéndose a los resultados de la Conferencia de
Praga, escribía Lenin a Gorki, a comienzos de 1912:
"Por fin se ha logrado, pese a la canallada de
los liquidadores, hacer renacer el Partido y su Comité Central. Espero que se
alegrará usted con nosotros de esto" (Lenin, t. XXIX, pág. 19, ed. rusa).
Y el camarada Stalin, valorando la importancia de
la Conferencia de Praga, decía:
"Esta Conferencia tuvo una importancia
grandísima en la historia de nuestro Partido, pues deslindó los campos entre
los bolsheviques y los mensheviques y unió a las organizaciones de todo el país
en un Partido bolshevique único" (Actas taquigráficas del XV Congreso del
P.C. (b) de la U.R.S.S., págs. 361-362).
Después de la expulsión de los mensheviques y de la
constitución de los bolsheviques en partido independiente, el Partido
bolshevique aumentó en solidez y fortaleza. El Partido se fortalece al
depurarse de los elementos oportunistas: he aquí una de las consignas del
Partido bolshevique, como partido de nuevo tipo, distinto por principio de los
partidos socialdemócratas de la Segunda Internacional. Los partidos de la
Segunda Internacional, aunque se llamasen de palabra marxistas, de hecho
toleraban dentro de sus filas a los adversarios del marxismo, a los
oportunistas descarados, permitiéndoles descomponer y echar a pique a la
Segunda Internacional. Por el contrario, los bolsheviques mantenían una lucha
intransigente contra los oportunistas, limpiando el Partido proletario de la
basura del oportunismo y consiguiendo crear un partido de nuevo tipo, Partido
leninista, el Partido que más tarde había de conquistar la dictadura del
proletariado.
Si hubiesen permanecido dentro de las filas del
Partido proletario los oportunistas, el Partido bolshevique jamás habría podido
marchar hacia los objetivos y arrastrar con él al proletariado, jamás habría
podido tomar el Poder y organizar la dictadura proletaria, jamás habría podido
salir vencedor de la guerra civil, jamás habría podido edificar el socialismo.
En los acuerdos de la Conferencia de Praga se
destacaron como consignas políticas fundamentales e inmediatas las
reivindicaciones que formaban el programa mínimo del Partido: la República
democrática, la jornada de 8 horas y la confiscación de las tierras de los
terratenientes.
Bajo estas consignas revolucionarias, realizaron
los bolsheviques la campaña electoral para la cuarta Duma.
Bajo estas consignas se desarrolló el nuevo auge
del movimiento revolucionario de las masas obreras en los años de 1912 a 1914.
RESUMEN
Los años de 1908 a 1912 fueron un periodo
dificilísimo para la actuación revolucionaria. Después de la derrota de la
revolución, bajo las condiciones del descenso del movimiento revolucionario y
del cansancio de las masas, los bolsheviques cambiaron de táctica y pasaron de
la lucha abierta contra el zarismo a la lucha por medios indirectos. Bajo las
duras condiciones de la reacción stolypiniana, los bolsheviques aprovecharon
las más pequeñas posibilidades legales para mantener el enlace con las masas (desde
las mutualidades obreras y los sindicatos hasta la tribuna de la Duma) y
acumulaban incansablemente fuerzas para el nuevo auge del movimiento
revolucionario.
En la dura situación creada por la derrota de la
revolución, por el derrumbamiento de las corrientes de oposición, el desengaño
en punto a la revolución y la acentuación de los ataques revisionistas de una
serie de intelectuales desertores del Partido (Bogdanov, Basarov, etc.) contra
los fundamentos teóricos de éste, los bolsheviques acreditaron ser la única
fuerza dentro del Partido que no plegaba su bandera, que se mantenía leal a su
programa y rechazaba los ataques de los "críticos" de la teoría
marxista (libro de Lenin "Materialismo y Empiriocriticismo"). El
temple ideológico marxista-leninista y su capacidad para comprender las
perspectivas de la revolución ayudaron al núcleo fundamental de los
bolsheviques, estrechamente agrupados en torno a Lenin, a defender la causa del
Partido y sus principios revolucionarios. "No en vano dicen de nosotros
que somos firmes como la roca", escribía Lenin, hablando de los
bolsheviques.
Durante este periodo, los mensheviques van
alejándose cada vez más de la revolución. Se convierten en liquidadores, exigen
la liquidación, la destrucción del Partido clandestino, revolucionario, del
proletariado, se apartan cada vez más abiertamente del programa del Partido y
de sus tareas y consignas revolucionarias, e intentan organizar su propio
partido, un partido reformista, que los obreros bautizan con el nombre de
"partido obrero stolypiniano". Trotski ayuda a los liquidadores,
cubriéndose farisaicamente con la consigna de la "unidad del
partido", que significaba, en realidad, la unidad con los liquidadores.
De otra parte, un grupo de bolsheviques, incapaces
de comprender la necesidad de dar un viraje hacia nuevos métodos, hacia métodos
indirectos de lucha contra el zarismo, exige que se renuncie a la utilización
de las posibilidades legales y que se retiren los diputados obreros de la Duma.
Este grupo, el de los "otsovistas", empuja al Partido a romper sus
enlaces con las masas, entorpece la concentración de fuerzas para el nuevo
avance de la revolución. Disfrazándose con frases "izquierdistas",
renuncia, en realidad, a la lucha revolucionaria, ni más ni menos que los
liquidadores.
Liquidadores y "otsovistas" se unen
contra Lenin en bloque, el Bloque de Agosto, organizado por Trotski.
Los bolsheviques triunfan en la lucha contra los
liquidadores y los "otsovistas", en la lucha contra el Bloque de
Agosto y defienden con éxito al Partido proletario clandestino.
El acontecimiento más importante de este periodo es
la Conferencia de Praga del P.O.S.D.R. (enero de 1912). En esta Conferencia
fueron expulsados del Partido los mensheviques y se acabó para siempre con la
convivencia formal de bolsheviques y mensheviques en un solo partido. Los
bolsheviques dejaron de ser un grupo político para formar un partido
independiente: el Partido Obrero Social Demócrata de Rusia (bolshevique). La
Conferencia de Praga puso los cimientos para un partido de nuevo tipo, para el
Partido del Leninismo, para el Partido bolshevique.
La depuración del Partido proletario mediante la
eliminación de los oportunistas, de los mensheviques, llevada a cabo por la
Conferencia de Praga, tuvo una grande y decisiva importancia para el futuro
desarrollo del Partido y de la revolución. Si los bolshevique no hubiesen
expulsado del Partido a los traidores a la causa obrera, a los oportunistas
mensheviques, el Partido proletario no hubiera podido conducir las masas a la
conquista de la dictadura del proletariado en el año 1917.
[1] Sobre el materialismo dialéctico y el
materialismo histórico es un excelente trabajo teórico del camarada Stalin
publicado en 1938.
[2] Por "medios de trabajo" entiende
Marx, principalmente, los instrumentos de producción. (N. de la R.).
[3] Subrayado por nosotros. (N. de la R.).
V. El Partido Bolshevique durante los años de auge
del movimiento obrero, que precedieron a la primera guerra imperialista
(1912-1914)
V
EL PARTIDO BOLSHEVIQUE
DURANTE LOS AÑOS DE AUGE DEL MOVIMIENTO OBRERO, QUE PRECEDIERON A LA PRIMERA
GUERRA IMPERIALISTA (1912-1914)
1. El auge del movimiento revolucionario durante
los años de 1912 a 1914.
El triunfo de la reacción stolypiniana no duró
mucho tiempo. Un gobierno que no quería dar nada al pueblo, fuera del látigo y
la horca, no podía ser estable. La represión, a fuerza de prodigarse, acabó por
no asustar al pueblo. Comenzó a desaparecer el cansancio que se había apoderado
de los obreros en los años que siguieron a la derrota de la revolución. Los
obreros volvían a ponerse en pie para la lucha. El pronóstico de los
bolsheviques, cuando decían que surgiría inevitablemente un nuevo auge revolucionario,
vióse confirmado por la realidad. En 1911, la cifra de huelguistas pasó ya de
100.000, mientras que en los años precedentes no había pasado nunca de 50 a
60.000. La Conferencia del Partido, celebrada en Praga en enero de 1912, pudo
registrar ya la reanimación iniciada en el movimiento obrero. Pero cuando el
movimiento revolucionario comienza verdaderamente su marcha ascendente es en
los meses de abril y mayo de 1912, al estallar las huelgas políticas de masas
provocadas por la matanza de obreros del Lena.
El 4 de abril de 1912, en el curso de una huelga
declarada en las minas de oro del Lena, en Siberia, las tropas, ejecutando
órdenes de un oficial de la gendarmería zarista, hicieron fuego y resultaron
más de 500 obreros muertos y heridos. Esta matanza hecha en una masa de mineros
inermes, que marchaban pacíficamente a tratar con la administración de las
minas, sublevó de indignación a todo el país. Este nuevo crimen de la
autocracia zarista había sido perpetrado en provecho de los capitalistas
ingleses, dueños de las minas de oro del Lena, para aplastar una huelga
económica de los mineros. Los capitalistas ingleses y sus comanditarios rusos
sacaban de estas minas ganancias fabulosas, más de 7 millones de rublos todos
los años, a costa de la explotación más desvergonzada de los obreros. Abonaban
a éstos un salario insignificante y los alimentaban con víveres averiados y
podridos. Cansados ya de tantos abusos y vejaciones, los 6.000 obreros de las
minas del Lena habían abandonado el trabajo.
El proletariado contestó a la matanza del Lena con
huelgas, manifestaciones y mítines de masas en Petersburgo, en Moscú y en todos
los centros y regiones industriales.
"Estábamos tan perplejos y tan conmovidos
-escribían en su resolución los obreros de un grupo de empresas- que no
acertábamos a encontrar las palabras necesarias. Cualquier protesta que
hubiésemos formulado habría sido una sombra débil de la indignación que hervía
en el alma de cada de uno de nosotros. Pero nada vamos a remediar con lágrimas
y con protestas; lo único que puede salvarnos es la lucha organizada de las
masas".
La indignación y la cólera de los obreros se
acrecentaron todavía más cuando el ministro zarista Makarov, contestando en la
Duma a una pregunta de la fracción socialdemócrata acerca de los motivos de la
matanza del Lena, declaró insolentemente: "¡Así ha ocurrido y así seguirá
ocurriendo!" La cifra de obreros que tomaron parte en las huelgas
políticas de protesta contra la carnicería del Lena aumentó hasta 300.000.
Las jornadas del Lena fueron un verdadero huracán
desencadenado en la atmósfera de "pacificación" creada por el régimen
stolypiniano.
He aquí lo que escribe a este propósito el camarada
Stalin en el periódico "Sviesdá" ("La Estrella"), de
Petersburgo, en 1912:
"Las matanzas del Lena rompieron el hielo del
silencio, y el río del movimiento popular se puso en marcha. ¡Se puso en
marcha!... Todo lo que había de malo y de funesto en el régimen actual, todo lo
que martirizaba a la atormentadísima Rusia, todo venía a condensarse en un
punto: en los acontecimientos del Lena. Esa es la razón de por qué fueron
precisamente las descargas del Lena las que dieron la señal para el movimiento
de huelgas y manifestaciones".
En vano los liquidadores y los trotskistas habían
pretendido enterrar la revolución. Los acontecimientos del Lena revelaban que
las fuerzas revolucionarias estaban vivas, que en el seno de la clase obrera se
había acumulado una masa formidable de energía revolucionaria. En las huelgas
del Primero de Mayo de 1912 tomaron parte cerca de 400.000 obreros. Estas
huelgas presentaban un carácter netamente político y se desarrollaron bajo las
consignas revolucionarias bolsheviques: República democrática, jornada de 8
horas, confiscación de todas las tierras de los terratenientes. Estas consignas
fundamentales estaban concebidas en el sentido de unir, bajo ellas, para el
asalto revolucionario contra la autocracia, no sólo a las grandes masas
obreras, sino también a los campesinos y a los soldados.
"La grandiosa huelga de mayo del proletariado
de toda Rusia -escribía Lenin, en su artículo titulado "El auge de la
revolución"- y las manifestaciones de calle unidas a ella, las proclamas y
los discursos revolucionarios ante muchedumbres obreras, revelaban claramente
que Rusia entraba en una fase de auge de la revolución" (Lenin, t. XV,
pág. 533, ed. rusa).
Los liquidadores, alarmados ante el espíritu
revolucionario de los obreros, se manifestaron en contra de la lucha
huelguística, que ellos calificaban de "juego de azar huelguístico".
Los liquidadores y su aliado Trotski querían sustituir la lucha revolucionaria
del proletariado por una "campaña de peticiones". Se les proponía a
los obreros firmar un papelito, una "petición", suplicando la
concesión de "derechos" (la abolición de las restricciones del
derecho de asociación y de huelga, etc.), para luego pasarlo a la Duma. Pero
los liquidadores sólo lograron reunir al pie de su "petición" 1.300
firmas, mientras que en torno a las consignas revolucionarias lanzadas por los
bolsheviques se agrupaban cientos de miles de obreros.
La clase obrera marchaba por el camino trazado por
los bolsheviques.
La situación económica del país, durante este
periodo, presentaba el siguiente cuadro:
La paralización industrial había sido seguida, ya
en el año 1910, por una reanimación de la industria y por el incremento de la
producción en las ramas fundamentales. La fundición de hierro, que en 1910
había arrojado 3.046.000 toneladas, arrojó en 1912, 4.193.000 y en 1913,
4.635.000. La extracción de carbón de hulla dio, en 1910, 24.930.000 toneladas
y en 1913 se remontó ya a 36.265.000.
A la par con el desarrollo de la industria
capitalista, creció rápidamente el proletariado. El desarrollo de la industria
se caracterizaba por la concentración progresiva de la producción en las
grandes y potentes empresas. En 1901, trabajaba en grandes empresas, de más de
50 obreros, el 46,7 por 100 de todos los obreros del país; en 1910, cerca del
54 por 100, o sea más de la mitad del total de obreros trabajaba en empresas de
este tipo. Esto representaba una concentración industrial sin precedentes. Incluso
en un país tan desarrollado industrialmente como los Estados Unidos no
trabajaba en grandes empresas, por aquella época, más de una tercera parte,
aproximadamente, del número total de obreros.
El incremento y la concentración del proletariado
en grandes empresas, contando con un Partido revolucionario como el Partido
bolshevique, convertían a la clase obrera de Rusia en una fuerza formidable
dentro de la vida política del país. Las brutales formas de explotación de los
obreros en las empresas, unidas al insoportable régimen policíaco de los
esbirros zaristas, daban a cualquier huelga de cierta importancia un carácter
político. Y este entrelazamiento de la lucha política con la lucha económica
infundía a las huelgas de masas una fuerza especialmente revolucionaria.
A la cabeza del movimiento obrero revolucionario
marchaba el heroico proletariado de Petersburgo, y tras él venían la región del
Báltico, Moscú y su provincia, después la región del Volga y el Sur de Rusia.
En 1913, el movimiento se extendió al territorio Oeste, a Polonia y al Cáucaso.
En el año 1912, la cifra total de huelguistas fue, según los datos oficiales,
de 725.000, y según otros datos más completos, pasó de un millón de obreros; en
el año 1913, tomaron parte en el movimiento huelguístico, según los datos
oficiales, 861.000 obreros, y según datos más completos, 1.272.000. En la
primera mitad del año 1914, se habían declarado en huelga cerca de un millón y
medio de obreros, aproximadamente.
Como se ve, el auge de la revolución durante los
años de 1912 a 1914 y la envergadura del movimiento huelguístico colocaban a
Rusia en una situación parecida a la de los primeros meses de la revolución de
1905.
Las huelgas revolucionarias de masas del
proletariado trascendían, por su significación, a todo el pueblo. Este
movimiento iba dirigido contra la autocracia. Las huelgas despertaban la
simpatía de la inmensa mayoría de la población trabajadora. Los fabricantes y
los industriales se vengaban de los obreros huelguistas declarando lockouts. En
1913, los capitalistas de la provincia de Moscú lanzaron al arroyo a 50.000
obreros textiles. En el mes de marzo de 1914, fueron despedidos en un solo día,
en Petersburgo, 70.000 obreros. Los obreros de otras empresas y ramas
industriales ayudaban a los huelguistas y a los camaradas represaliados,
víctimas de los lockouts, con colectas en masa y, en ocasiones, con huelgas de
solidaridad.
El auge del movimiento obrero y las huelgas de
masas pusieron también en pie y arrastraron a la lucha a las masas campesinas.
Los campesinos volvieron a lanzarse a la lucha contra los terratenientes,
destruyendo sus posesiones y las caserías de los kulaks. De 1910 a 1914
produjéronse más de 13.000 acciones campesinas.
Comenzaron a producirse, también, manifestaciones
revolucionarias entre las tropas. En 1912, estalló una sublevación armada entre
las tropas del Turquestán. Se incubaban movimientos insurrecciónales en la
escuadra del Báltico y en Sebastopol.
El movimiento de huelgas y manifestaciones
revolucionarias, dirigidas por el Partido bolshevique, revelaba que la clase
obrera no luchaba por reivindicaciones parciales, por "reformas",
sino por liberar al pueblo del zarismo. Rusia marchaba rumbo hacia una nueva
revolución.
Con objeto de estar más cerca de Rusia, en el
verano de 1912, Lenin se trasladó de París a Galitzia (en la antigua Austria).
Aquí, celebráronse dos conferencias de miembros del C.C. y militantes
responsables, presididas por él: una en Cracovia, a fines de 1912, y otra, en
el otoño de 1913, en el pueblecillo de Poronino, no lejos de aquella ciudad. En
estas reuniones se tomaron acuerdos sobre los problemas más importantes del
movimiento obrero: sobre la marcha ascendente de la revolución, sobre las huelgas
y las tareas del Partido, sobre el fortalecimiento de las organizaciones
clandestinas, sobre la fracción socialdemócrata de la Duma, sobre la prensa del
Partido y sobre la campaña de los seguros sociales.
2. El periódico bolshevique "Pravda". -
La fracción bolshevique de la cuarta Duma.
Un arma poderosa con que contaba el Partido
bolshevique para fortalecer sus organizaciones y conquistar influencia entre
las masas fue el diario bolshevique "Pravda" ("La Verdad"),
que se editaba en Petersburgo. Este periódico había sido fundado, según las
indicaciones de Lenin, por iniciativa de Stalin, Olminski y Poletaiev. Era un
periódico obrero de masas, que nació con el nuevo auge del movimiento
revolucionario. Su primer número vio la luz el 22 de abril (5 de mayo del nuevo
calendario) de 1912. Fue un acontecimiento verdaderamente memorable para los
proletarios. En homenaje a la aparición del primer número de la
"Pravda", se acordó declarar la fecha del 5 de mayo jornada de fiesta
de la prensa obrera.
Antes de aparecer la "Pravda",
publicábase un semanario bolshevique con el título de "Sviesdá",
destinado a los obreros más conscientes. "Sviesdá" desempeñó un
importante papel durante las jornadas del Lena. En sus columnas vio la luz una
serie de artículos políticos combativos de Lenin y Stalin, que movilizaron a la
clase obrera para la lucha. Pero en las condiciones que creaba la marcha
ascendente de la revolución, al Partido bolshevique no le bastaba ya con un
periódico semanal. Necesitaba un diario político, destinado a las grandes masas
obreras. Y esto es lo que era la "Pravda".
Durante este periodo, la "Pravda"
desempeñó un papel extraordinariamente importante. La "Pravda" atrajo
al bolshevismo a las grandes masas de la clase obrera. En una situación como
aquella, de incesantes persecuciones policíacas, de multas y de secuestros del
periódico por la publicación de artículos y correspondencias que no agradaban a
la censura, la "Pravda" sólo podía existir gracias al apoyo activo de
decenas de miles de obreros avanzados. Unicamente las grandes colectas hechas
entre los obreros le permitían hacer frente a las enormes multas que se le
imponía. No pocas veces, una parte considerable de la tirada de los números que
se había ordenado secuestrar llegaba, a pesar de todo, a sus lectores, gracias
a que los obreros más conscientes se presentaban por la noche en la imprenta y
sacaban los paquetes del periódico.
En dos años y medio, el gobierno zarista suspendió
por ocho veces la publicación de la "Pravda", pero ésta, con el apoyo
de los obreros, reaparecía siempre con un nuevo título, semejante al prohibido,
por ejemplo: "Por la Pravda", "El Camino de la Pravda",
"La Pravda del Trabajador".
Mientras que la "Pravda" vendía, por
término medio, 40.000 ejemplares diarios, la tirada del diario menshevique
"Luch" ("El Rayo") no pasaba de 15 a 16.000.
Los obreros consideraban la "Pravda" como
algo propio, tenían gran fe en ella y escuchaban atentamente su voz. Cada
ejemplar de la "Pravda", pasando de mano en mano, servía para decenas
de lectores, formaba su conciencia de clase, los educaba, los organizaba, los
llamaba a la lucha.
¿De qué hablaba la "Pravda"?
En cada uno de sus números se publicaban decenas de
correspondencias de obreros, en las que se describía la vida de los
proletarios, la brutal explotación y los múltiples abusos y vejaciones de que
les hacían objeto los capitalistas y sus gerentes y capataces. Eran
condenaciones tajantes y precisas del régimen capitalista. En las noticias de
la "Pravda" aparecían frecuentemente casos de suicidios de obreros
parados, muertos de hambre y desesperados ya por no encontrar trabajo.
La "Pravda" hablaba de las necesidades y
las reivindicaciones de los obreros de las distintas fábricas y ramas
industriales, y describía cómo luchaban los obreros por sus reivindicaciones.
Casi en todos los números se informaba acerca de las huelgas planteadas en las
diferentes empresas. Cuando se desarrollaban huelgas importantes y largas, el
periódico organizaba a los obreros de otras empresas y ramas industriales para
que ayudasen con colectas a los huelguistas. A veces, en estas colectas para el
fondo de ayuda a los huelguistas se reunían decenas de miles de rublos, sumas
enormes para aquellos tiempos, en que la mayoría de los obreros ganaba de 70 a
80 céntimos de rublo al día. Esto educaba a los obreros en el espíritu de la
solidaridad proletaria y de la conciencia de unidad de intereses entre todos
los obreros.
No había acontecimiento político, no había triunfo
o derrota, ante el cual los obreros no reaccionasen enviando a la
"Pravda" cartas, saludos, protestas, etc. En sus artículos, la
"Pravda" esclarecía las tareas del movimiento obrero desde un punto
de vista consecuentemente bolshevique. Su carácter de periódico legal no le
permitía preconizar directamente el derrocamiento del zarismo. Tenía que
expresarse por medio de alusiones, que los obreros conscientes comprendían
perfectamente y se encargaban de explicar a las masas. Así, por ejemplo, cuando
la "Pravda" hablaba de "las reivindicaciones íntegras y
completas del año 1905", los obreros sabían que se trataba de las
consignas revolucionarias de los bolsheviques: derrocamiento del zarismo,
República democrática, confiscación de las tierras de los terratenientes y
jornada de 8 horas.
La "Pravda" organizó a los obreros
avanzados en vísperas de las elecciones a la cuarta Duma. Desenmascarando la
posición traidora de los partidarios de un acuerdo con la burguesía liberal, de
los defensores del "partido obrero stolypiniano" -de los
mensheviques- llamaba a los obreros a votar por los partidarios de "las
reivindicaciones íntegras del año 1905", es decir, por los bolsheviques.
Las elecciones eran de tercer grado. Primero, los obreros elegían en asambleas
a sus delegados, quienes luego designaban a los compromisarios que eran los
encargados de votar a los diputados obreros de la Duma. El día de las
elecciones, la "Pravda" publicó la listas de los compromisarios
bolsheviques cuya candidatura recomendaba a los obreros. Ni fue posible publicar
esta lista antes, para no exponer a los candidatos recomendados al peligro de
ser detenidos.
La "Pravda" ayudaba a organizar las
acciones del proletariado. Con motivo de un gran lockout planteado en
Petersburgo en la primavera de 1914, en condiciones en que no era conveniente
declarar una huelga de masas, la "Pravda" aconsejó a los obreros que
recurrieran a otras formas de lucha, a mítines de masas en las fábricas y a
manifestaciones en las calles. El periódico no podía hacer abiertamente
semejante indicación. Pero el llamamiento de la "Pravda" fue
comprendido por los obreros conscientes que leyeron en sus columnas el artículo
de Lenin, publicado bajo el modesto título de "Sobre las formas del
movimiento obrero", en el que se decía que, en aquel momento, era
necesario sustituir la huelga por otra forma más elevada del movimiento obrero,
lo que equivalía a preconizar la organización de mítines y manifestaciones.
Así era como los bolsheviques combinaban la
actuación revolucionaria clandestina con la agitación y la organización legal
de las masas obreras a través de la "Pravda".
Pero la "Pravda" no se ocupaba solamente
de la vida de los obreros, de las huelgas y las manifestaciones obreras. En sus
columnas se trataba sistemáticamente de la vida campesina, del hambre que
pasaban los campesinos, de la explotación de los campesinos por los
terratenientes feudales, del robo de las mejores tierras de los campesinos para
engrosar las caserías de los kulaks, por obra de la "reforma"
stolypiniana. La "Pravda" hacía ver a los obreros conscientes la gran
cantidad de material inflamable que se iba acumulando en el campo. Ponía de
relieve ante el proletariado que las tareas de la revolución de 1905 no habían
sido resueltas y que surgiría una nueva revolución. Y enseñaba que, en esta
segunda revolución, el proletariado tendría que actuar como el verdadero jefe,
como el verdadero dirigente del pueblo, y que en esta revolución contaría con
un aliado tan fuerte como los campesinos revolucinarios.
Los mensheviques pugnaban por quitar de la cabeza
al proletariado la idea de la revolución. Predicaban a los obreros que debían
dejar de preocuparse del pueblo, de los campesinos hambrientos y del imperio de
los terratenientes feudales de las centurias negras, para luchar solamente por
la "libertad de asociación", dirigiendo, para ello,
"peticiones" al gobierno del zar. Los bolsheviques hacían ver a los
obreros que estas prédicas mensheviques, en que se les invitaba a renunciar a
la revolución y a la alianza con los campesinos, servían a los intereses de la
burguesía, que los obreros vencerían con toda seguridad al zarismo, si sabían
atraerse a su lado a los campesinos, como aliados suyos, y que debían volver la
espalda a los malos predicadores, enemigos de la revolución, del tipo de los
mensheviques.
¿De qué trataba la "Pravda", en la
sección titulada "La vida del campesino"?
Pondremos como ejemplo algunas de las
correspondencias publicadas en el año 1913.
En una información enviada por un corresponsal de
Samara y que apareció bajo el epígrafe de "Un pleito agrario", se
comunicaba que de los 45 campesinos de la aldea de Novojasbulat, en el distrito
de Bugulmá, acusados de haber hecho resistencia al funcionario encargado de
practicar el deslinde de las parcelas de los que se separaban de la comunidad,
gran parte habían sido condenados a largas penas de cárcel.
En una breve noticia enviada por un corresponsal de
la provincia de Pskov, se decía: "Los campesinos de la aldea de Psitsa (en
las inmediaciones de la estación de Savale) se alzaron en armas contra los
guardias rurales. Hay varios heridos. Las causas del choque han sido conflictos
agrarios. En Psitsa fueron concentrados guardias rurales; han salido para este
pueblo el vicegobernador y el fiscal".
Un corresponsal de la provincia de Ufá informaba
acerca de la venta de los lotes de tierras de los campesinos y exponía que el
hambre y la ley sobre la separación de la comunidad rural habían venido a
reforzar el proceso de privación de tierras de los campesinos. Véase, por
ejemplo, lo ocurrido en el caserío de Borisovka. En él había 27 casas que
poseían 543 hectáreas de tierras de labor. En la época de hambre, 5 labradores
vendieron a perpetuidad 31 hectáreas, arazón de 25 a 33 rublos cada una; es
decir, tres o cuatro veces menos de lo que valía la tierra. 7 labradores
hipotecaron 177 hectáreas, obteniendo a cambio 18 a 20 rublos por hectárea,
pagaderos en seis años y al doce por ciento de interés anual. Teniendo en
cuenta el empobrecimiento de la población campesina y el tipo brutal de
intereses, podía afirmarse con seguridad que de las 177 hectáreas la mitad
pasaría a manos del usurero, pues era muy poco probable que en un plazo de 6
años pudiesen pagar una suma tan enorme ni la mitad de los deudores.
En un artículo titulado "La gran propiedad de
los terratenientes y la pequeña propiedad campesina en Rusia", publicado
en la "Pravda", Lenin hacía ver de un modo tangible a los obreros y a
los campesinos cuán fabulosa era la riqueza de tierras detentada por los
parásitos terratenientes. Entre 30.000 terratenientes de los más fuertes
acaparaban cerca de 70 millones de hectáreas de tierra. Mientras tanto, los
campesinos tenían que contentarse con una extensión equivalente, repartida entre
10 millones de familias. Cada uno de aquellos grandes terratenientes detentaba,
por término medio, 2.300 hectáreas de tierra; en cambio, a cada familia
campesina, incluyendo los kulaks, le correspondían, por término medio, 7
hectáreas; pero, además, había 5 millones de familias campesinas pobres; es
decir, la mitad de la población campesina, que no poseía, por toda hacienda,
más que una o dos hectáreas. Estos hechos demostraban de un modo tangible la
raíz de la miseria y del hambre de los campesinos estaba en el régimen de los
grandes terratenientes, en las supervivencias del feudalismo, de las que los
campesinos sólo podían liberarse mediante la revolución, dirigida por la clase
obrera.
A través de los obreros relacionados con el campo,
la "Pravda" penetraba en la aldea, despertando a la lucha
revolucionaria a los campesinos más conscientes.
En el periodo en que se fundó la
"Pravda", las organizaciones socieldemócratas clandestinas estaban
enteramente en manos de los bolsheviques. En cambio, las formas legales de
organización -lo fracción de la Duma, la prensa, las mutualidades obreras, los
sindicatos- no habían sido aún rescatadas por entero de manos de los
mensheviques. Los bolsheviques tuvieron que librar una lucha enérgica para
desalojar a los liquidadores de las organizaciones legales de la clase obrera.
Esta lucha fue coronada por el éxito, gracias a la "Pravda".
La "Pravda" ocupaba un lugar central en
la lucha en pro de la causa del Partido, en pro de la reconstitución de un
Partido obrero revolucionario de masas. Sus campañas hacían que las
organizaciones legales se agrupasen estrechamente en torno a los centros
clandestinos del Partido bolshevique y encaminaban el movimiento obrero hacia
una meta definida: la preparación de la revolución.
La "Pravda" contaba con una cantidad
enorme de corresponsales obreros. Más de 11.000 correspondencias obreras fueron
publicadas en sus columnas en un solo año. Pero no eran las cartas y la
colaboración de sus corresponsales el único medio por el que mantenía contacto
con las masas obreras. Su redacción era visitada diariamente por numerosos
obreros de las fábricas. En ella, se concentraba una parte considerable del
trabajo de organización del Partido. Celebrábanse allí reuniones con los representantes
de las células de base del Partido, allí llegaban los informes sobre la labor
del Partido en las fábricas y empresas industriales y desde allí se transmitían
las instrucciones del Comité de Petersburgo y del Comité Central del Partido.
Como fruto de dos años y medio de lucha tenaz
contra los liquidadores por la reconstitución de un Partido obrero
revolucionario de masas, los bolsheviques consiguieron que, hacia el verano de
1914, el Partido bolshevique, la táctica "pravdista", contasen con
las cuatro quintas partes de los obreros activos de Rusia. Así lo atestigua,
por ejemplo, el hecho de que 5.600 grupos obreros, de los 7.000 que en 1914
organizaron colectas para la prensa obrera, recogiesen dinero para los
periódicos bolsheviques, y sólo 1.400, para los mensheviques. En cambio, éstos
disponían de muchos "amigos ricos" entre la burguesía liberal y los
intelectuales burgueses, que les aportaban más de la mitad del dinero necesario
para sostener su periódico.
A los bolsheviques se les solía conocer por esta
época con el nombre de "pravdistas". Con la "Pravda" se
desarrolló toda una generación del proletariado revolucionario que más tarde
había de ponerse al frente de la Revolución Socialista de Octubre. Detrás de la
"Pravda" marchaban decenas y centenares de miles de obreros. Durante
los años del auge revolucionario (1912 a 1914) se echaron los sólidos cimientos
de un Partido bolshevique de masas, contra el cual habían de estrellarse todas
las persecuciones del zarismo en el periodo de la guerra imperialista.
"Sobre la "Pravda" del año 1912 se
cimentó el triunfo del bolshevismo en 1917" (Stalin).
Otro órgano legal del Partido, extensivo a toda
Rusia, era la fracción bolshevique de la cuarta Duma.
En 1912, el gobierno convocó las elecciones a la
cuarta Duma. El Partido bolshevique concedió gran importancia a la
participación en estas elecciones. La fracción socialdemócrata de la Duma y la
"Pravda" eran los puntos fundamentales de resistencia legal para toda
Rusia, a través de los cuales el Partido bolshevique desarrollaba su labor
revolucionaria entre las masas.
El Partido bolshevique fue a las elecciones de la
Duma con su plataforma independiente y bajo consignas propias, luchando al
mismo tiempo contra los partidos gubernamentales y contra la burguesía liberal
(contra los kadetes). Los bolsheviques desarrollaron su campaña electoral bajo
las consignas de la República democrática, la jornada de 8 horas y la
confiscación de las tierras de los terratenientes.
Las elecciones a la cuarta Duma celebráronse en el
otoño de 1912. A comienzos de octubre, el gobierno, descontento de la marcha de
las elecciones en Petersburgo, intentó violar los derechos electorales de los
obreros en una serie de grandes fábricas. Como respuesta a esto, el Comité de
Petersburgo del Partido bolshevique, a propuesta del camarada Stalin, invitó a
los obreros de las empresas más importantes a declarar una huelga de un día. El
gobierno, viéndose colocado en una situación difícil, no tuvo más remedio que
ceder, y las asambleas obreras pudieron elegir a los candidatos que mejor les
parecieron. Los obreros, por una mayoría inmensa, votaron a favor del
"Mandato" a los delegados y al diputado, redactado por el camarada
Stalin. El "Mandato de los obreros petersburgueses a su diputado
obrero" recordaba las tareas aun no resueltas del año 1905.
"...Opinamos -decía el "Mandato"-
que Rusia se halla en vísperas de movimientos de masas inminentes, tal vez más
profundos que en el año 1905... A la cabeza de estos movimientos se pondrá,
como se puso también en el año 1905, la clase más avanzada de nuestra sociedad,
el proletariado ruso. Y su aliado no puede ser otro que la sufridísima masa
campesina, vitalmente interesada en la emancipación de Rusia.
En el "Mandato" se declaraba que las
futuras acciones del pueblo tendrían que revestir la forma de una lucha en dos
frentes, tanto contra el gobierno zarista como contra la burguesía liberal,
ansiosa de llegar a un acuerdo con el zarismo.
Lenin concedía una gran importancia a este
"Mandato", en el que se llamaba a los obreros a la lucha
revolucionaria. Y en sus resoluciones, los obreros recogían este llamamiento.
Los bolsheviques triunfaron en las elecciones,
siendo enviado a la Duma, en representación de los obreros de Petersburgo, el
camarada Badaiev.
Los obreros votaban, en las elecciones a la Duma,
aparte de los demás sectores de la población (en la llamada "curia"
obrera"). De los nueve diputados elegidos por los obreros, seis eran
miembros del Partido bolshevique: Badaiev, Petrovski, Muranov, Samoilov, Shagov
y Malinovski (que más tarde resultó ser un confidente de la policía). Los
diputados bolsheviques procedían de los centros industriales más importantes,
en los que estaban concentradas, por lo menos, las cuatro quintas partes de la
clase obrera. En cambio, algunos liquidadores elegidos para la Duma, no debían
su acta a la curia obrera, sino a otros sectores de la población. Así se
explica que en la Duma hubiese 7 diputados liquidadores frente a los 6
bolsheviques. En los primeros momentos, los diputados bolsheviques y los
liquidadores constituyeron en la Duma una fracción socialdemócrata única. Pero
en octubre de 1913, después de una lucha tenaz contra los liquidadores, que
entorpecían la labor revolucionaria de los bolsheviques, los diputados bolsheviques,
siguiendo las instrucciones de su Comité Central, salieron de la fracción
socialdemócrata común y pasaron a formar una fracción bolshevique
independiente.
Los diputados bolsheviques pronunciaban en la Duma
discursos revolucionarios, desenmascarando el régimen de la autocracia, e
interpelaban al gobierno acerca de los actos de represión contra los obreros y
de la explotación inhumana de que hacían objeto a éstos los capitalistas.
Su actuación en la Duma versaba también sobre el
problema agrario y en sus discursos se incitaba a los campesinos a luchar
contra los terratenientes feudales y se desenmascaraba al partido kadete,
contrario a la confiscación de las tierras de los terratenientes y a su entrega
a los campesinos.
Los bolsheviques presentaron a la Duma un proyecto
de ley sobre la jornada de 8 horas, proyecto que, naturalmente, no podía ser
aprobado por la ultrarreaccionaria Duma, pero que tuvo una gran importancia en
el terreno de la agitación.
La fracción bolshevique de la Duma actuaba en
estrecho contacto con el Comité Central del Partido y con Lenin, de quien
recibía indicaciones. Ocupábase de su dirección inmediata, mientras permaneció
en Petersburgo, el camarada Stalin.
Los diputados bolsheviques no se limitaban a actuar
en la Duma, sino que desplegaban también una gran actividad fuera de ella.
Visitaban las fábricas y los talleres, recorrían los centros obreros del país,
informando ante ellos, organizaban asambleas clandestinas, en las que
explicaban los acuerdos del Partido, y creaban nuevas organizaciones de éste.
Los diputados sabían combinar hábilmente la actuación legal con el trabajo
ilegal, clandestino.
3. Triunfo de los bolsheviques en las
organizaciones legales. - El movimiento revolucionario sigue su marcha
ascendente. - Se acerca la guerra imperialista.
El Partido bolshevique dio durante este periodo
muestras de dirección ejemplar de todas las formas y manifestaciones de la
lucha de clases del proletariado. Creaba organizaciones clandestinas. Editaba
hojas ilegales. Desarrollaba una labor revolucionaria clandestina entre las
masas. Y a la par con todo esto, iba penetrando cada vez más de lleno en las
diversas organizaciones legales de la clase obrera. El Partido aspiraba a
ganarse los sindicatos, las Casas del Pueblo, las Universidades nocturnas, los
clubes y las mutualidades obreras. Estas organizaciones legales habían sido
desde antiguo el refugio de los liquidadores. Los bolsheviques lucharon
enérgicamente por convertir estas sociedades legales en puntos de resistencia
del Partido bolshevique. Combinando hábilmente la labor clandestina con el
trabajo dentro de la legalidad, los bolsheviques se atrajeron a la mayoría de
los sindicatos de las dos capitales. En las elecciones celebradas en 1913 para
cubrir los puestos de dirección del Sindicato Metalúrgico de Petersburgo,
obtuvieron los bolsheviques un triunfo brillantísimo. En una asamblea de 3.000
metalúrgicos, sólo votaron por los liquidadores unos 150 obreros.
Otro tanto debe decirse de la organización legal
que representaba la fracción socialdemócrata de la cuarta Duma. Aunque los
mensheviques contaban con 7 diputados y los bolsheviques con 6 solamente,
aquellos siete mensheviques, procedentes en su mayoría de regiones no obreras,
apenas representaban, aproximadamente, a una quinta parte del proletariado,
mientras que los seis bolsheviques procedentes de los principales centros
industriales del país (Petersburgo, Moscú, Ivánovo-Vosnesensk, Kostromá,
Ekaterinoslav y Jarkov), representaban a más de las cuatro quintas partes de la
clase obrera de Rusia. Los obreros consideraban como sus diputados a los seis
bolsheviques (Badaiev, Petrovski, etc.) y no a los siete mensheviques.
Los bolsheviques consiguieron ganar las
organizaciones legales porque, pese a las brutales persecuciones del zarismo y
a las encarnizadas campañas de los liquidadores y los trotskistas, supieron
mantener en pie el Partido clandestino y asegurar una disciplina férrea dentro
de sus filas, defendiendo con firmeza los intereses de la clase obrera,
manteniendo estrecho contacto con las masas y librando una lucha intransigente
contra los enemigos del movimiento obrero.
Por tanto, los bolsheviques triunfaron en toda la
línea dentro de las organizaciones legales y los mensheviques sufrieron una
derrota completa. Tanto en el terreno de la agitación desde la tribuna de la
Duma como en el campo de la prensa obrera y de otras organizaciones legales,
los mensheviques fueron relegados a segundo plano. La clase obrera, arrastrada
por el movimiento revolucionario, se agrupaba marcadamente en torno a los
bolsheviques y volvía la espalda a los mensheviques.
Para colmo de su fracaso, los mensheviques
sufrieron también una derrota aplastante en el campo del problema nacional.
Para actuar en el movimiento revolucionario de la periferia de Rusia, era
necesario tener un programa claro sobre el problema nacional. Los mensheviques
carecían de todo programa, fuera del punto de la "autonomía cultural"
del "Bund", que no podía satisfacer a nadie. Sólo los bolsheviques
tenían un programa marxista sobre el problema nacional, programa expuesto en el
estudio del camarada Stalin titulado "El marxismo y el problema
nacional" y en los artículos de Lenin "Sobre el derecho de
autodeterminación de las naciones" y "Apuntes críticos sobre el
problema nacional".
No es extraño que, después de tales derrotas de los
mensheviques, el Bloque de Agosto comenzase a cuartearse por todas sus
junturas. Este bloque, compuesto por los elementos más heterogéneos, no
resistió los embates de los bolsheviques y comenzó a desmoronarse. El Bloque de
Agosto, creado para luchar contra los bolsheviques, no tardó en derrumbarse
bajo los golpes de éstos. Los primeros que salieron de él fueron los del grupo
del "Vperiod" ("Adelante") (Bogdanov, Lunacharski, etc.); les
siguieron los letones, y luego se dispersaron todos los demás.
Derrotados en su lucha contra los bolsheviques, los
liquidadores apelaron a la ayuda de la Segunda Internacional. Esta acudió en su
socorro. Bajo el pretexto de una "reconciliación" entre los
bolsheviques y los liquidadores, bajo el pretexto de restablecer la "paz
dentro del Partido", la Segunda Internacional exigió que los bolsheviques
cesasen en sus críticas contra la política oportunista de los liquidadores.
Pero los bolsheviques mantuvieron una actitud irreductible: se negaron a acatar
los acuerdos de la Segunda Internacional oportunista y no hicieron ni la menor
concesión.
El triunfo de los bolsheviques en las
organizaciones legales no fue ni podía ser casual. No sólo porque los
bolsheviques eran los únicos que tenían una teoría marxista certera, un
programa claro y un partido proletario revolucionario templado en los combates,
sino porque, además, el triunfo de los bolsheviques reflejaba la marcha
ascendente del movimiento revolucionario.
El movimiento obrero revolucionario se desarrollaba
cada vez más, extendiéndose a nuevas ciudades y regiones. Al entrar en el año
1914, las huelgas, lejos de aplacarse, cobraron nuevo incremento. Aumentaban
sin cesar su tenacidad y arrastraban a un número de obreros cada vez mayor. El
9 de enero se declararon en huelga 250.000 obreros, de ellos 140.000 solamente
en Petersburgo. El Primero de Mayo se registró más de medio millón de
huelguistas, de los cuales correspondían a Petersburgo más de 250.000. La firmeza
de que daban pruebas los obreros huelguistas era extraordinaria. La huelga de
la fábrica "Obujov", en Petersburgo, duró más de dos meses y la de la
fábrica "Lessner", unos tres meses. Las intoxicaciones en masa
producidas en una serie de fábricas en Petersburgo provocaron una huelga de
115.000 obreros, seguida de manifestaciones. El movimiento seguía creciendo. La
cifra total de huelguistas, durante el primer semestre de 1914 (incluyendo los
primero días del mes de julio), fue de 1.425.000 obreros.
En mayo comenzó la huelga general de los obreros de
la industria petrolera en Bakú, que atrajo la atención de todo el proletariado
ruso. Esta huelga se desarrolló organizadamente. El 20 de junio, se celebró en
Bakú una manifestación de 20.000 obreros. La policía adoptó medidas draconianas
contra los obreros de aquella ciudad. En señal de protesta y de solidaridad con
los obreros de Bakú, estalló la huelga en Moscú, de donde se extendió a otras
regiones.
El 3 de julio, se celebró en la fábrica
"Putilov" de Petersburgo un mitin con motivo de la huelga de Bakú. La
policía disparó contra los obreros. Una indignación enorme se apoderó del
proletariado de Petersburgo. El 4 de julio, respondiendo al llamamiento del
Comité de Petersburgo del Partido, declaráronse en huelga en este ciudad, en
señal de protesta, 90.000 obreros; el 7 de julio había ya 130.000 huelguistas;
el 8 de julio, 150.000, y el 11 de julio, 200.000.
La agitación se apoderó de todas las fábricas; por
todas partes se celebraban mítines y manifestaciones. Hubo hasta intentos de
levantar barricadas, como, en efecto, llegaron a levantarse en Bakú y en Lodz.
En una serie de puntos, la policía hizo fuego sobre los obreros. Para aplastar
el movimiento, el gobierno tomó medidas "extraordinarias", la capital
fue transformada en un campamento militar y fue suspendida la
"Pravda".
En este momento, se presentó en escena una nueva
fuerza de orden internacional: la guerra imperialista, que había de cambiar el
rumbo de los acontecimientos. En pleno desarrollo de los acontecimiento
revolucionarios de julio, llegó a Petersburgo el presidente de la República
francesa, Poincaré, para entrevistarse con el zar y tratar del comienzo de la
guerra, que se avecinaba. Pocos días después, Alemania declaraba la guerra a
Rusia. El gobierno zarista aprovechó la guerra para destrozar las organizaciones
bolsheviques y ahogar el movimiento obrero. La marcha ascendente de la
revolución fue interrumpida por la guerra mundial, en la que el gobierno
zarista buscaba su salvación contra la revolución.
RESUMEN
Durante los años del nuevo auge revolucionario
(1912 a 1914), el Partido bolshevique se puso al frente del movimiento obrero y
lo condujo, bajo las consignas bolsheviques, hacia la nueva revolución. El
Partido supo combinar el trabajo clandestino con el trabajo legal. Venciendo la
resistencia de los liquidadores y de sus amigos, los trotskistas y los
"otsovistas", se apoderó de todas las formas del movimiento legal y
convirtió las organizaciones legales en puntos de resistencia para su actuación
revolucionaria.
Luchando contra los enemigos de la clase obrera y
contra sus agentes dentro del movimiento proletario, el Partido reforzó sus
filas y acrecentó sus vínculos con la clase obrera. Valiéndose ampliamente de
la tribuna de la Duma para la agitación revolucionaria y fundando un magnífico
periódico obrero de masas, la "Pravda", el Partido educó a una nueva
generación de obreros revolucionarios, la generación de los
"pravdistas". Esta promoción de obreros se mantuvo, durante los años
de la guerra imperialista, fiel a la bandera del internacionalismo y de la
revolución proletaria. Más tarde, constituyó el núcleo del Partido bolshevique
en las jornadas de la Revolución de Octubre de 1917.
En vísperas de la guerra imperialista, el Partido
bolshevique dirigía las acciones revolucionarias de la clase obrera. Estas
acciones eran combates de avanzada, a los que puso fin la guerra imperialista,
pero que fueron reanudados tres años más tarde para el derrocamiento del
zarismo. El Partido bolshevique entraba en la dura etapa de la guerra
imperialista con las banderas del internacionalismo proletario desplegadas.
VI. El Partido bolshevique durante el periodo de la
guerra imperialista. La segunda revolución en Rusia (1914-marzo de 1917)
VI
EL PARTIDO BOLSHEVIQUE
DURANTE EL PERIODO DE LA GUERRA IMPERIALISTA.
LA SEGUNDA REVOLUCIÓN EN
RUSIA
(1914 - marzo de 1917)
1. Origen y causas de la guerra imperialista
El 14 (27) de julio de 1914, el gobierno zarista
decretó la movilización general. El 19 de julio (1 de agosto), Alemania declaró
la guerra a Rusia.
Rusia entró en la guerra.
Ya mucho tiempo antes que la guerra comenzase, los
bolsheviques, encabezados por Lenin, habían previsto que estallaría
inevitablemente. En los congresos internacionales socialistas, Lenin había
formulado propuestas encaminadas a trazar la línea revolucionaria de conducta
que debía adoptar los socialistas cuando la guerra estallase.
Lenin señalaba que la guerra era un satélite
inevitable del capitalismo; la rapiña de territorios extranjeros, la
apropiación y el saqueo de las colonias, la conquista de nuevos mercados,
habían provocado repetidas veces guerras de anexión de los Estados
capitalistas. Para los países capitalistas, la guerra es un fenómeno tan
natural y tan legítimo como la explotación de la clase obrera.
Las guerras hiciéronse todavía más inevitables a
fines del siglo XIX y comienzos del XX, al pasar el capitalismo,
definitivamente, a la fase culminante y última de su desarrollo: el
imperialismo. Bajo el imperialismo, adquirieron una importancia decisiva en la
vida de los Estados capitalistas las potentes agrupaciones (monopolios) de los
capitalistas y de los bancos. El capital financiero se convirtió en el amo de
los Estados capitalistas. Y el capital financiero exigía nuevos mercados, la
anexión de nuevas colonias, nuevas bases para la exportación de capitales y
nuevas fuentes de materias primas.
Pero a fines del siglo XIX, todo el territorio del
planeta se hallaba ya repartido entre los Estados capitalistas. Ahora bien; en
la época imperialista, el capitalismo se desarrolla de un modo
extraordinariamente desigual y a saltos: países que antes aparecían en primer
lugar, ven amortiguarse el ritmo relativo de desarrollo de su industria,
mientras que otros, que antes eran países atrasados, dan un rápido salto, los
alcanzan y sobrepasan. La correlación entre las fuerzas económicas y militares
de los Estados imperialistas había cambiado. Manifestábase la aspiración a
proceder a un nuevo reparto del mundo. La lucha por un nuevo reparto del mundo
tenía que provocar, inevitablemente, la guerra imperialista. La guerra de 1914
fue una guerra por un nuevo reparto del mundo y de las zonas de influencia.
Esta guerra había sido largamente preparada por todos los Estados
imperialistas. Los imperialistas de todos los países fueron culpables de ella.
La guerra había sido preparada, en particular, por
Alemania y Austria de un lado, y de otro, por Francia, Inglaterra y Rusia,
mediatizada por ellas. En 1907, se había constituido la Triple Entente, alianza
entre Inglaterra, Francia y Rusia. Otra alianza imperialista existía entre
Alemania, Austria-Hungría e Italia. Pero al estallar la guerra de 1914, Italia
se salió de esta alianza, y más tarde se adhirió a la Entente, Alemania y
Austria-Hungría contaban con el apoyo de Bulgaria y de Turquía.
Alemania preparábase para la guerra imperialista,
ambicionando despojar a Inglaterra y a Francia de sus colonias, y a Rusia de
Ucrania, Polonia y los territorios del Báltico. Con la construcción del
ferrocarril de Bagdad, Alemania amenazaba la dominación de Inglaterra en el
Cercano Oriente. Inglaterra veía con temor el incremento de los armamentos
navales de Alemania.
La Rusia zarista aspiraba al reparto de Turquía y
soñaba conquistar los estrechos que unen el Mar Negro al Mediterráneo (los
Dardanelos) y anexionarse Constantinopla. Entraba también en los planes del
gobierno zarista la anexión de Galitzia, que formaba parte de Austria-Hungría.
Inglaterra aspiraba a aplastar por medio de la
guerra a su peligrosa competidora Alemania, cuyas mercancías iban desalojando
cada vez más a los productos ingleses del mercado mundial antes de la guerra.
Además, abrigaba el propósito de quitar a Turquía la Mesopotamia y Palestina y
de establecerse sólidamente en Egipto.
Los capitalistas franceses aspiraban a arrebatar a
Alemania la cuenca del Sarre, rica en carbón y en hierro, y las provincias de
Alsacia-Lorena, de que Alemania había despojada a Francia en la guerra de
1870-1871.
Fueron, pues, las formidables contradicciones
existentes entre los dos grupos de Estados capitalistas las que condujeron a la
guerra imperialista.
Esta guerra de rapiña, en la que se ventilaba el
reparto del mundo, afectaba a los intereses de todos los países imperialistas,
razón por la cual se vieron arrastrados a ella, en el transcurso de su
desarrollo, el Japón, los Estados Unidos y otra serie de países.
La guerra adquirió carácter mundial.
La burguesía había preparado la guerra
imperialista, manteniendo sus preparativos en el más profundo secreto, para que
no se enterasen los pueblos. Cuando la guerra estalló, todos los gobiernos
imperialistas se esforzaron en demostrar que no eran ellos los que atacaban a
los países vecinos, sino que eran víctimas de la agresión de éstos. La
burguesía engañaba al pueblo, ocultando los verdaderos fines de la guerra, su
carácter imperialista, anexionista. Todos los gobiernos imperialistas
declararon que hacían la guerra en defensa de la patria.
Ayudaron a la burguesía a engañar al pueblo los
oportunistas de la Segunda Internacional. Los socialdemócratas de la Segunda
Internacional traicionaron vilmente la causa del socialismo, la causa de la
solidaridad internacional del proletariado. Lejos de levantarse en contra de la
guerra, lo que hicieron fue ayudar a la burguesía a lanzar a los obreros y
campesinos de los Estados beligerantes unos contra otros, bajo el pabellón de
la defensa de la patria.
El hecho de que Rusia entrase en la guerra
imperialista, al lado de la Entente, de Francia e Inglaterra, tenía su razón de
ser. No hay que perder de vista que antes de 1914 las ramas más importantes de
la industria rusa se hallaban en manos del capital extranjero, y principalmente
del capital francés, inglés y belga, es decir, de los países de la Entente. Las
fábricas metalúrgicas más importantes de Rusia eran propiedad de capitalistas
franceses. Casi las tres cuartas partes de la metalurgia rusa (el 72 por
ciento) dependían del capital extranjero. Otro tanto ocurría con la producción
del carbón de hulla en la cuenca del Donetz. La mitad, aproximadamente, de la
extracción de petróleo hallábase en manos del capital anglofrancés. Una parte
considerable de las ganancias de la industria rusa iba a parar a los bancos
extranjeros, y principalmente a los de Inglaterra y Francia. Todas estas
razones, a las cuales hay que añadir los empréstitos de miles de millones
concertados por el zar en Francia e Inglaterra, encadenaban al zarismo al
imperialismo anglofrancés y convertían a Rusia en tributaria de estos países,
en una semicolonia suya.
La burguesía rusa esperaba que, lanzándose a la
guerra, mejoraría su situación, conquistaría nuevos mercados, se enriquecería
con los pedidos y los suministros de guerra, y al mismo tiempo podría,
valiéndose de la situación creada por la guerra, aplastar el movimiento
revolucionario.
La Rusia zarista entró en la guerra sin estar
preparada para ella. La industria rusa hallábase muy atrasada respecto a la de
otros países capitalistas. Predominaban en ella las viejas fábricas con una
instalación ya muy gastada. La agricultura rusa, con un régimen semifeudal de
posesión de la tierra y masas de campesinos reducidos a la más extrema miseria,
no podía ofrecer una base económica para mantener una guerra larga.
El zar tenía su principal sostén en los
terratenientes feudales. Los grandes terratenientes de las centurias negras,
coaligados con los grandes capitalistas, eran los amos del país y de la Duma.
Estos elementos apoyaban en bloque la política interior y exterior del gobierno
zarista. La burguesía imperialista rusa tenía puestas todas sus esperanzas en
la autocracia zarista, en el puño de hierre que podía asegurarle la conquista
de nuevos mercados y de nuevos territorios, y además aplastar el movimiento revolucionario
de los obreros y los campesinos.
El partido de la burguesía liberal -los kadetes- se
hacía pasar por un partido de oposición, pero apoyaba sin reservas la política
exterior del gobierno zarista.
Los partidos pequeñoburgueses, socialrevolucionario
y menshevique, encubriendo su conducta con la bandera del socialismo, ayudaron
a la burguesía, desde el primer momento de la guerra, a engañar al pueblo, a
ocultar el carácter imperialista y rapaz de la guerra. Predicaban la necesidad
de defender a la "patria" burguesa contra los "bárbaros
prusianos", apoyaban la política de la "paz interior", y de este
modo ayudaban al gobierno del zar a hacer la guerra, exactamente lo mismo que
los socialdemócratas alemanes ayudaban al gobierno del káiser a guerrear contra
los "bárbaros rusos".
El Partido bolshevique fue el único que permaneció
fiel a la gran bandera del internacionalismo revolucionario, manteniéndose
firme en las posiciones marxistas y luchando resueltamente contra la autocracia
zarista, contra los capitalistas y terratenientes y contra la guerra
imperialista. El Partido bolshevique mantuvo, desde los primeros días de la
guerra, el punto de vista de que ésta no se había desencadenado para defender
la patria, sino para apoderarse de territorios extranjeros, para saquear a otros
pueblos en interés de los terratenientes y capitalistas y de que los obreros
debían adoptar frente a ella una actitud de lucha decidida.
La clase obrera apoyaba al Partido bolshevique.
Es cierto que los vapores patriótico-burgueses, que
al comienzo de la guerra emborracharon a los intelectuales y al sector de los
kulaks, contaminaron también a una parte de los obreros. Pero fue,
principalmente, a los que estaban enrolados entre el hampa de la "Unión
del pueblo ruso" y a un sector de los obreros influidos ideológicamente
por los socialrevolucionarios y los mensheviques. Estos elementos no reflejaban
ni podían reflejar, naturalmente, el estado de espíritu de la clase obrera. Eran
los elementos que desfilaban en la manifestaciones chovinistas de la burguesía,
organizadas por el gobierno zarista en los primeros días de la guerra.
2. Los partidos de la Segunda Internacional se
pasan al lado de sus gobiernos imperialistas. - La Segunda Internacional se
descompone en una serie de partidos socialchovinistas aislados.
Lenin habían puesto en guardia, repetidas veces,
contra el oportunismo de la Segunda Internacional y la falta de firmeza de sus
jefes. Había afirmado siempre que los jefes de la Segunda Internacional sólo de
palabra eran contrarios a la guerra y que en caso de que la guerra estallase
desertarían seguramente de sus posiciones y se pasarían al lado de la burguesía
imperialista, se convertirían seguramente en defensores de la guerra. El
pronóstico de Lenin se confirmó desde los primeros días de aquélla.
En 1910, en el Congreso celebrado por la Segunda
Internacional en Copenhague, se había tomado un acuerdo que obligaba a los
socialistas a votar en los parlamentos contra los créditos de guerra. El
Congreso mundial de la Segunda Internacional celebrado en Basilea, en 1912,
durante la guerra de los Balcanes, declaró que los obreros de todos los países
consideraban un crimen disparar unos contra otros para acrecentar las ganancias
de los capitalistas. Tal era la posición que se adoptaba, de palabra, en las
resoluciones de los Congresos.
Pero cuando empezaron a tronar los cañones de la
guerra imperialista y se planteó la necesidad de llevar a la práctica aquellas
resoluciones, los jefes de la Segunda Internacional se revelaron como traidores
al proletariado y servidores de la burguesía, pasándose al campo de los
defensores de la guerra.
El 4 de agosto de 1914, la socialdemocracia alemana
votó en el parlamento los créditos de guerra, votó en pro de la guerra
imperialista. Y exactamente lo mismo hicieron, en su aplastante mayoría, los
socialistas de Francia, de Inglaterra, de Bélgica y de los demás países.
La Segunda Internacional había dejado de existir.
Se descompuso de hecho en una serie de partidos socialchovinistas aislados que
hacían la guerra los unos contra los otros.
Los jefes de los partidos socialistas, traicionando
al proletariado, se pasaron a la posición del socialchovinismo y abrazaron la
defensa de la burguesía imperialista. Ayudaron a los gobiernos imperialistas a
engañar a la clase obrera y a inyectarle el veneno del nacionalismo. Bajo la
bandera de la defensa de la patria, estos socialtraidores comenzaron a azuzar a
los obreros alemanes contra los franceses y a los obreros franceses e ingleses
contra los alemanes. Sólo una minoría insignificante de hombres dentro de la
Segunda Internacional se mantuvo en la posición internacionalista, marchando en
contra de la corriente; sin una convicción muy firme y de un modo bastante
vago, es cierto, pero, a pesar de todo, marchando en contra de la corriente.
El Partido bolshevique fue el único que levantó
desde el primer momento y sin vacilaciones la bandera de la lucha resuelta
contra la guerra imperialista. En las tesis sobre la guerra, redactadas por
Lenin en el otoño de 1914, se indicaba que el derrumbamiento de la Segunda
Internacional no obedecía a una casualidad. A la Segunda Internacional, decía
Lenin, la han echado a pique los oportunistas, contra los cuales hacía ya mucho
tiempo que venían poniendo en guardia los mejores representantes del proletariado
revolucionario.
Los partidos de la Segunda Internacional estaban
infectados de oportunismo ya antes de la guerra. Los oportunistas predicaban
abiertamente la renuncia a la lucha revolucionaria, la teoría de la
"evolución pacífica del capitalismo al socialismo". La Segunda
Internacional no quería luchar contra el oportunismo, era partidaria de vivir
en paz con él y le dejaba fortalecerse. Y, siguiendo la política de
conciliación con el oportunismo, acabó por convertirse ella también en
oportunista.
A expensas de las ganancias que arrancaba de las
colonias y de la explotación de que hacía objeto a los países atrasados, la
burguesía imperialista corrompía sistemáticamente, mediante una política de
salarios elevados y de otros gajes, a una minoría escogida de obreros
calificados, a la llamada aristocracia obrera. De este reducido sector obrero
salían muchos de los dirigentes de los sindicatos y de las cooperativas, muchos
de los diputados y concejales, muchos de los redactores de la prensa y de los funcionarios
de las organizaciones socialdemócratas. Al estallar la guerra, estos
individuos, temerosos de perder su posición privilegiada, se hicieron enemigos
de la revolución, convirtiéndose en los defensores más rabiosos de su burguesía
y de sus gobiernos imperialistas.
De oportunistas se convirtieron en
socialchovinistas.
Los socialchovinistas -incluyendo entre ellos los
mensheviques y socialrevolucionarios rusos- predicaban la paz de clases entre
los obreros y la burguesía dentro del país y la guerra con otros pueblos en el
exterior. Engañaban a las masas acerca de los verdaderos responsables de la
guerra, haciéndoles creer que la burguesía de su propio país estaba libre de
toda culpa. Muchos socialchovinistas pasaron a ser ministros de los gobiernos
imperialistas de sus países.
No menos peligrosa para la causa del proletariado
era la posición de los socialchovinistas encubiertos, de los llamados
centristas. Los centristas -Kautski, Trotski, Martov y otros- defendían y
justificaban a los socialchovinistas declarados y, por tanto, traicionaban, en
unión de éstos, al proletariado, encubriendo su traición con frases
"izquierdistas" acerca de la lucha contra la guerra, frases dirigidas
a engañar a la clase obrera. De hecho, los centristas apoyaban la guerra, pues
no a otro cosa equivalía su propuesta de no votar contra los créditos de
guerra, limitándose a abstenerse de esta votación. También ellos, ni más ni
menos que los socialchovinistas, exigían que se renunciase a la lucha de clases
mientras durase la guerra, para no estorbar a sus gobiernos imperialistas
llevar la guerra. Ante los problemas más importantes de la guerra y del
socialismo, el centrista Trotski se manifestaba siempre contra Lenin, contra el
Partido bolshevique.
Desde los primeros días de la guerra, Lenin comenzó
a agrupar fuerzas para crear una nueva Internacional, la Tercera Internacional.
La tarea de fundar la Tercera Internacional para sustituir a la Segunda que
había dado en quiebra tan bochornosamente, aparece ya en el manifiesto lanzado
contra la guerra, en noviembre de 1914, por el Comité Central del Partido
bolshevique.
En febrero de 1915 se celebró en Londres una
conferencia de socialistas de los países de la Entente, en la cual intervino,
por encargo de Lenin, el camarada Litvinov. Este exigió que los socialistas
(Vandervelde, Sembat, Guesde) saliesen de sus gobiernos burgueses de Bélgica y
Francia y rompiesen totalmente con los imperialistas, abandonando la
colaboración con ellos. Y exigió que los socialistas mantuviesen una lucha
resuelta contra sus propios gobiernos imperialistas y condenasen a cuantos
votasen a favor de los créditos de guerra. Pero la voz de Litvinov no encontró
el menor eco en este conferencia.
A comienzos de septiembre de 1915 se reunió en
Zimmerwald la primera Conferencia de los internacionalistas. Lenin decía que
esta Conferencia había sido el "primer paso" en el desarrollo del
movimiento internacional contra la guerra. Lenin formó en ella el grupo de la
izquierda de Zimmerwald. Pero el único que, dentro de la izquierda
zimmerwaldiana, mantuvo una posición certera y consecuente desde el principio
hasta el fin contra la guerra fue el Partido bolshevique, con Lenin a la
cabeza. La izquierda zimmerwaldiana editaba en alemán un periódico titulado
"Vorbote" ("El Precursor"), donde se publicaron varios
artículos de Lenin.
En 1916 se consiguió reunir en el pueblecillo suizo
de Kienthal la segunda Conferencia internacionalista, que se conoce con el
nombre de segunda Conferencia zimmerwaldiana. Por aquel entonces, se habían ido
definiendo grupos de internacionalistas en casi todos los países y se destacaba
ya con trazos acusados la escisión entre los elementos internacionalistas y los
socialchovinistas. Y, sobre todo, las propias masas, bajo la influencia de la
guerra y de las calamidades provocadas por ella, se iban orientando hacia la
izquierda. El manifiesto de Kienthal fue el fruto de un acuerdo entre los
diversos grupos que se debatieron en la Conferencia. Representaba, en
comparación con el manifiesto de Zimmerwald, un paso de avance.
Pero tampoco la Conferencia de Kienthal adoptó las
tesis fundamentales de la política bolshevique: transformación de la guerra
imperialista en guerra civil; derrota, en la guerra, del gobierno imperialista
del propio país y organización de la Tercera Internacional. No obstante, la
Conferencia de Kienthal hizo posible el desgajamiento de los elementos
internacionalistas, que más tarde habían de formar la Tercera Internacional, la
Internacional Comunista.
Lenin criticaba los errores de los
internacionalistas poco consecuentes dentro de las filas de los
socialdemócratas de izquierda, tales como Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht,
a la par que les ayudaba a adoptar una posición certera.
3. Teoría y táctica del Partido bolshevique sobre
los problemas de la guerra, de la paz y de la revolución.
Los bolsheviques no eran simples pacifistas,
enamorados de la paz y que se contentasen con predicar la paz a todo trance,
como la mayoría de los socialdemócratas de izquierda. Los bolsheviques eran
partidarios de la lucha revolucionaria activa por la paz, hasta llegar al
derrocamiento del Poder de la burguesía imperialista causante de las guerras.
Los bolsheviques vinculaban la causa de la paz a la causa del triunfo de la
revolución proletaria, pues entendían que el medio más seguro para acabar con
la guerra y conquistar una paz justa, una paz sin anexiones ni indemnizaciones,
era el derrocamiento del Poder de la burguesía imperialista.
Frente a los mensheviques y los
socialrevolucionarios, que renegaban de la revolución, y frente a la consigna
traidora del mantenimiento de la "paz interior", mientras durase la
guerra, los bolsheviques lanzaron la consigna de "transformación de la
guerra imperialista en guerra civil". Esta consigna significaba que los
trabajadores, incluyendo entre ellos los obreros y los campesinos armados,
vestidos con el uniforme militar, debían volver las armas contra su burguesía y
derribar el Poder de ésta, si querían liberarse de la guerra y conseguir una
paz justa.
Frente a la política de los mensheviques y
socialrevolucionarios, de defensa de la patria burguesa, los bolsheviques
defendían la política de "derrota del propio gobierno, en la guerra
imperialista". Esto significaba que era necesario votar contra los
créditos de guerra, crear organizaciones revolucionarias clandestinas dentro
del ejército, apoyar los actos de confraternización de los soldados en los
frentes y organizar acciones revolucionarias de los obreros y los campesinos
contra la guerra, convirtiéndolas en una insurrección contra el gobierno
imperialista de su propio país.
Los bolsheviques entendían que el mal menor que
podría acarrearle al pueblo la guerra imperialista sería la derrota militar del
gobierno zarista, pues esta derrota facilitaría el triunfo del pueblo sobre el
zarismo y la lucha victoriosa de la clase obrera por emanciparse de la
esclavitud capitalista y de las guerras imperialistas. Al sostener esto, Lenin
entendía que esta política de derrota del propio gobierno imperialista debía
ser seguida, no sólo por los revolucionarios rusos, sino por los partidos revolucionarios
de la clase obrera en todos los países beligerantes.
Los bolsheviques no eran contrarios a toda guerra.
Eran contrarios solamente a la guerra anexionista, a la guerra imperialista.
Los bolsheviques entendían que hay dos clases de guerra:
a) las guerras justas, no anexionistas, de
liberación, que tiene como finalidad defender al pueblo contra una agresión
exterior y contra cuantos intenten esclavizarle, o liberar al pueblo de la
esclavitud del capitalismo o, finalmente, emancipar a las colonias y a los
países dependientes del yugo de los imperialistas; y
b) las guerras injustas, anexionistas, que tienen
como finalidad la anexión y esclavización de países y pueblos extranjeros.
Los bolshevique apoyaban la primera clase de
guerras. En cambio, propugnaban mantener una lucha resuelta contra las guerras
de la segunda clase, llegando hasta la revolución y el derrocamiento del
gobierno imperialista del propio país.
Los trabajos teóricos de Lenin durante la guerra
tuvieron una importancia enorme para la clase obrera del mundo entero. En la
primavera de 1916, escribió Lenin su obra titulada "El imperialismo, fase
culminante del capitalismo". En este libro, Lenin pone de manifiesto que
el imperialismo es la fase culminante del capitalismo, la fase en que éste se
convierte de capitalismo "progresivo" en capitalismo parasitario, en
descomposición; que el imperialismo es el capitalismo agonizante. Lo cual no
quiere decir, naturalmente, que el capitalismo vaya a morir por sí solo, sin la
revolución proletaria, que se vaya a pudrir por la raíz. Lenin ha enseñado
siempre que no cabe derrotar al capitalismo sin la revolución de la clase
obrera. Por eso, aun definiendo el imperialismo como el capitalismo agonizante,
Lenin apunta al mismo tiempo, en esta obra, que el "imperialismo es el
umbral de la revolución social del proletariado".
Lenin ponía de relieve que en la época del
imperialismo, el yugo capitalista se hace cada vez más duro, que bajo las
condiciones del imperialismo crece la indignación del proletariado contra los
fundamentos del capitalismo y van madurando, dentro de los países capitalistas,
los elementos para una explosión revolucionaria.
Lenin ponía de relieve que en la época del
imperialismo se agudiza la crisis revolucionaria en los países coloniales y
dependientes, y van creciendo los elementos de indignación y los elementos para
la lucha de liberación contra el imperialismo.
Lenin ponía de relieve que, bajo las condiciones
del imperialismo, se agudizan especialmente el desarrollo desigual y las
contradicciones del capitalismo; y que la lucha por los mercados para dar
salida a las mercancías y exportar los capitales, la lucha por las colonias y
por las fuentes de materias primas, hace que se produzcan, inevitablemente y de
un modo periódico, guerras imperialistas por un nuevo reparto del mundo.
Lenin ponía de relieve que, precisamente como
consecuencia de este desarrollo desigual del capitalismo, surgen las guerras
imperialistas, que debilitan las fuerzas del imperialismo y hacen posible la
ruptura del frente del imperialismo por su punto más débil.
Y, partiendo de todas estas premisas, llegaba a la
conclusión de que era perfectamente posible para el proletariado romper el
frente imperialista por un sitio cualquiera o por varios; de que era posible el
triunfo del socialismo, empezando por algunos países e incluso por un solo
aisladamente; de que el triunfo simultáneo del socialismo en todos los países
era imposible, dada la desigualdad del desarrollo del capitalismo en ellos; de
que el socialismo empezaría a triunfar solamente en uno o en varios países y
que los demás seguirían siendo algún tiempo países burgueses.
He aquí cómo formulaba Lenin esta conclusión
genial, en dos artículos diferentes, escritos durante la guerra imperialista:
1) "La desigualdad de desarrollo económico y
político es una ley absoluta del capitalismo. De donde se deduce que es posible
que el socialismo empiece a triunfar solamente en algunos países capitalistas,
o incluso en un solo país aisladamente. El proletariado triunfante de este
país, después de expropiar a los capitalistas y de organizar la producción
socialista dentro de sus fronteras, se enfrentará contra el resto del mundo,
contra el mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los
demás países"... (Del artículo titulado "Sobre la consigna de los
Estados Unidos de Europa", escrito en agosto de 1915. Lenin, t. XVIII,
págs. 232-233, ed. rusa).
2) "El desarrollo del capitalismo sigue un
curso extraordinariamente desigual en los diversos países. Es esto una
consecuencia inevitable del régimen de producción de mercancías. De aquí la
conclusión inmutable de que el socialismo no puede triunfar simultáneamente en
todos los países. Empezará triunfando en uno o en varios países, y los demás
seguirán siendo durante algún tiempo países burgueses o preburgueses. Esto
provocará, necesariamente, no sólo rozamientos, sino incluso la tendencia
abierta de la burguesía de los demás países a aplastar al proletariado
triunfante del Estado socialista. En tales condiciones, la guerra sería, de
nuestra parte, una guerra legítima y justa. Sería una guerra por el socialismo,
por liberar a los otros pueblos de la burguesía" (Del artículo titulado
"El programa de guerra de la revolución proletaria", escrito en el
otoño de 1916. Lenin, t. XIX, pág. 325, ed. rusa).
Era ésta una nueva y acabada teoría de la
revolución socialista, la teoría de la posibilidad del triunfo del socialismo
en países aislados, de las condiciones de este triunfo y de sus perspectivas,
teoría cuyas bases habían sido esbozadas por Lenin ya en 1905, en su folleto
"Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución
democrática".
Esta teoría descartaba de un modo radical aquel
punto de vista en boga entre los marxistas en el periodo del capitalismo
preimperialista que consistía en considerar imposible el triunfo del socialismo
en un solo país, cualquiera que fuese, entendiendo que el socialismo triunfaría
al mismo tiempo en todos los países civilizados. Lenin, basándose en los datos
sobre el capitalismo imperialista expuestos en su notable libro "El
imperialismo, fase culminante del capitalismo", volteó este punto de vista,
como anticuado, y sentó un nuevo punto de vista teórico, según el cual el
triunfo simultáneo del socialismo en todos los países era imposible, siendo en
cambio, posible su triunfo en un solo país capitalista aisladamente.
La importancia incalculable de la teoría de Lenin
sobre la revolución socialista no estriba solamente en haber enriquecido y
desarrollado el marxismo con una nueva teoría. Su importancia consiste, además,
en que da una perspectiva revolucionaria a los proletarios de los distintos
países, en que desarrolla su iniciativa para lanzarse al asalto contra su
propia burguesía nacional, les enseña a aprovecharse de la situación de guerra
para organizar esta ofensiva y fortalece su fe en el triunfo de la revolución proletaria.
Tal era la posición teórica y táctica de los
bolsheviques en cuanto a los problemas de la guerra, de la paz y de la
revolución.
Tomando como base esta posición, desarrollaron su
labor práctica en Rusia los bolsheviques.
A pesar de las furiosas persecuciones policíacas,
los diputados bolsheviques de la Duma, Badaiev, Petrovski, Muranov, Samoilov y
Shagov recorrieron, al comienzo de la guerra, una serie de organizaciones
obreras, informando acerca de la actitud de los bolsheviques ante la guerra y
la revolución. En noviembre de 1914, la fracción bolshevique de la Duma
organizó una conferencia para enjuiciar el problema de la actitud que debía
seguirse ante la guerra. Al tercer día, fue detenida la Conferencia en pleno. Los
tribunales condenaron a todos los diputados bolsheviques imponiéndoles la pena
de inhabilitación y deportándolos a la Siberia oriental. El gobierno zarista
acusó "de alta traición" a los diputados bolsheviques de la Duma.
En este proceso, se desplegó un cuadro de las
actividades de los diputados bolsheviques que podía enorgullecer al Partido.
Los diputados bolsheviques se comportaron valientemente ante sus jueces,
convirtiendo el proceso en una tribuna desde la cual desenmascararon la
política anexionista del régimen zarista.
Muy otro fue el comportamiento de Kamenev,
encartado en el mismo proceso. Llevado de su cobardía, en cuanto se vio en
peligro renegó de la política del Partido bolshevique, declarando ante el
Tribunal que estaba en desacuerdo con los bolsheviques en el problema de la
guerra y poniendo como testigo en apoyo de sus afirmaciones al menshevique
Iordanski.
Los bolsheviques realizaron una gran labor en
contra de los Comités de la industria de guerra, puestos al servicio de ésta, y
contra los intentos de los mensheviques de someter a los obreros a la
influencia de la burguesía imperialista. La burguesía estaba vitalmente
interesada en presentar ante la opinión general la guerra imperialista como una
guerra de todo el pueblo. Durante la guerra, la burguesía consiguió adquirir
una gran influencia en los asuntos del Estado, creándose, con las uniones de
los Zemstvos y de los ayuntamientos urbanos, una organización propia, extensiva
a toda Rusia. Necesitaba someter también a su dirección e influencia a los
obreros. Para ello, discurrió el recurso de crear "grupos obreros"
adscritos a los Comités de la industria de guerra. Los mensheviques hicieron
suya esta idea de la burguesía. A ésta le convenía incorporar a dichos Comités
representantes de los obreros para que se encargasen de hacer entre las masas
obreras labor de agitación en torno a la necesidad de intensificar el trabajo
de producción en las fábricas de obuses, cañones, fusiles, cartuchos y demás
industrias que trabajaban para la guerra. "¡Todo y todos para la
guerra!", tal era la consigna de la burguesía. En realidad, esta consigna
significaba entonces: "¡Enriquezcámonos sin tasa con los suministros de
guerra y con la anexión de territorios extranjeros!" Los mensheviques
participaron activamente en esta obra pseudopatriótica emprendida por la
burguesía. Ayudaban a los capitalistas, haciendo una intensa labor de agitación
entre los obreros, para que éstos tomasen parte en las elecciones de los
"grupos obreros" adscritos a los Comités de la industria de guerra.
Los bolsheviques se manifestaron en contra de esta superchería. Preconizaron el
boicot a los Comités de la industria de guerra y mantuvieron eficazmente este
boicot. No obstante, una parte de los obreros participó en las actividades de
aquellos Comités, bajo la dirección del conocido menshevique Gvosdiev y del
confidente Abrosimov. Cuando los delegados de los obreros se reunieron en
septiembre de 1915 para proceder a la elección definitiva de los "grupos
obreros" de los citados comités, la mayoría de los delegados votó en
contra de ellos y formuló una enérgica resolución contraria a la participación
en los Comités de la industria de guerra, declarando que la tarea que los
obreros tenían planteada era la de luchar por la paz y por el derrocamiento del
zarismo.
Los bolsheviques desplegaron también una gran labor
dentro del ejército y de la flota. Explicaban a la masas de soldados y marinos
quiénes eran los culpables de los inauditos horrores de la guerra y de los
sufrimientos del pueblo, y les hacían ver que el único camino que tenía el
pueblo para salir de la carnicería imperialista era la revolución. Creaban
células bolsheviques dentro del ejército y de la flota, en las unidades del
frente y en la retaguardia y distribuían proclamas con llamamientos contra la
guerra.
Los bolsheviques fundaron el "Grupo central de
la organización militar de Cronstadt" que se hallaba en estrecho contacto
con el Comité de Petrogrado del Partido. Adscrita al Comité de Petrogrado, se
creó una organización militar para el trabajo entre la guarnición. En agosto de
1916, el jefe de la policía secreta de Petrogrado informaba que el "Grupo
central de Cronstadt es una organización muy seria, de carácter conspirativo,
cuyos miembros sin todas personas calladas y precavidas. Esta organización
tiene también representantes en tierra".
En el frente, el Partido bolshevique hacía labor de
agitación en pro de la confraternización entre los soldados de los ejércitos
beligerantes, subrayando que el enemigo era la burguesía mundial y que sólo se
podría poner fin a la guerra, convirtiendo la guerra imperialista en guerra
civil y volviendo las armas cada cual contra su propia burguesía y el gobierno
de ésta. Cada vez menudeaban más los casos de unidades que se negaban a atacar.
Casos de estos diéronse ya en 1905, y, sobre todo, en 1916.
Donde los bolsheviques desplegaban una labor más
intensa era en los ejércitos del frente del Norte, en la región del Báltico. A
comienzos del año 1917, el general Russki, general en jefe de los ejércitos del
frente Norte, informaba al Alto Mando acerca de la formidable labor
revolucionaria desarrollada por los bolsheviques en aquel frente.
La guerra impuso un cambio radical gigantesco en la
vida de los pueblos y en la vida de la clase obrera internacional. Ponía sobre
el tapete la suerte de los Estados, la suerte de los pueblos, la suerte del
movimiento socialista. Era también, por tanto, una piedra de toque, una prueba
para todos los partidos y tendencias que se llamaban socialistas ¿Permanecerían
estos partidos y tendencias fieles a la causa del socialismo, a la causa del
internacionalismo, o preferirían traicionar a la clase obrera, tirar por los
suelos su bandera y arrastrarla a los pies de su propia burguesía nacional? Tal
era el problema que estaba planteado.
La guerra demostró que los partidos de la Segunda
Internacional no resistieron la prueba, sino que traicionaron a la clase obrera
y arriaron su bandera ante la burguesía de su propio país, ante su burguesía
nacional, imperialista.
No podía ser otra la conducta de partidos como
aquellos que cultivaban en su seno el oportunismo y estaban educados en la
política de concesiones a los oportunistas, a los nacionalistas.
La guerra demostró que el Partido bolshevique fue
el único partido que supo afrontar con honor la prueba y que permaneció fiel
hasta el fin a la causa del socialismo, a la causa del internacionalismo
proletario.
Y era lógico que fuese así, pues sólo un partido de
nuevo tipo, sólo un partido educado en el espíritu de la lucha intransigente
contra el oportunismo, sólo un partido libre de oportunismo y de nacionalismo,
sólo un partido así podía salir victorioso de aquella gran prueba y permanecer
fiel a la causa de la clase obrera, a la causa del socialismo y del
internacionalismo.
El Partido en que se daban todas esas condiciones
era el Partido bolshevique.
4. Las tropes zaristas son derrotadas en el frente.
- El desastre económico. - La crisis del zarismo.
La guerra había entrado ya en el tercer año.
Devoraba millones de vidas humanas, dejando un reguero de muertos, de heridos,
de seres que perecían a consecuencia de las epidemias producidas por la guerra.
La burguesía y los terratenientes se enriquecían con ella, mientras que los
obreros y campesinos sufrían cada vez más miseria y más privaciones. La guerra
destruía la Economía nacional de Rusia. Cerca de 14 millones de trabajadores
fuertes y sanos habían sido arrebatados a la producción por el ejército. Parábanse
fábricas y talleres. La siembra de los campos de cereales iba en descenso, por
falta de brazos. La población y los soldados en el frente pasaban hambre y
andaban desnudos y descalzos. La guerra había devorado todos los recursos del
país.
El ejército zarista sufría derrota tras derrota. La
artillería alemana descargaba sobre las tropas zaristas verdaderas granizadas
de proyectiles, mientras en el ejército zarista escaseaban los cañones, las
municiones y hasta los fusiles. A veces, había un fusil por cada tres soldados.
Ya en plena guerra, se descubrió la traición del ministro de Guerra zarista,
Sujomlinov, que resultó estar en relaciones con los espías alemanes. El propio
ministro de Guerra se encargaba de ejecutar las instrucciones del espionaje
alemán: dejar el frente desabastecido de municiones, no enviar al frente
cañones ni fusiles. Algunos ministros y generales zaristas contribuían bajo
cuerda a los éxitos del ejército alemán: en unión de la zarina, que estaba en
relaciones con los alemanes, delataban a éstos los secretos militares. No
tiene, pues, nada de extraño que, en estas condiciones, el ejército zarista
fuese derrotado y obligado a batirse en retirada. Hacia el año 1916, los
alemanes consiguieron ya apoderarse de Polonia y de una parte de la región del
Báltico.
Todo esto despertaba el odio y la cólera contra el
gobierno zarista por parte de los obreros, de los campesinos, de los soldados y
de los intelectuales, y acentuaba y agudizaba el movimiento revolucionario de
las masas populares contra la guerra y contra el zarismo, tanto en la
retaguardia como en el frente, lo mismo en el centro que en la periferia.
El descontento comenzó a prender también en la
burguesía imperialista rusa. Esta sentíase indignada ante el hecho de que se
hiciesen los amos de la Corte granujas de la calaña de Rasputín, que laboraban
claramente en pro de una paz separada con los alemanes. Se iba convenciendo
cada vez más que el gobierno zarista era incapaz de llevar una guerra
victoriosa. Temía que el zarismo, para salvar la situación recurriese a una paz
separada con Alemania. En vista de esto, la burguesía rusa decidió organizar un
complot palaciego para quitar de en medio al zar Nicolás II, poniendo en el
trono al gran duque Miguel Romanov, que se hallaba vinculado con la burguesía.
Con esto, pretendía matar dos pájaros de un tiro: en primer lugar, escalar el
poder y asegurar la prosecución de la guerra imperialista, y en segundo lugar,
atajar con un pequeño complot palaciego el avance de la gran revolución
popular, cada vez más amenazador.
La burguesía rusa contaba, para esta empresa, con
el apoyo incondicional de los gobiernos inglés y francés. Estos gobiernos veían
que el zar era incapaz de proseguir la guerra y temían que terminase por firmar
una paz separada con los alemanes. Si el gobierno zarista concertaba una paz
separada, los gobiernos de Inglaterra y Francia perderían, con Rusia, a un
aliado que, además de entretener en su frente las fuerzas del enemigo, ponía a
disposición de Francia decenas de millares de soldados rusos escogidos. He aquí
por qué apoyaban a la burguesía rusa en sus intentos de llevar a cabo el
complot palaciego.
El zar hallábase, por tanto, aislado.
A la par que se multiplicaban los reveses en el
frente, el desastre de la Economía se iba acentuando cada vez más. En los meses
de enero y febrero de 1917 la catástrofe del abastecimiento de las materias
primas y los combustibles llegó a su punto culminantes y a su máxima
agudización. El aprovisionamiento de Petrogrado y de Moscú cesó casi en
absoluto. Comenzaron a cerrarse una fábrica tras otra. El cierre de fábricas
vino a acentuar el paro forzoso. La situación hacíase verdaderamente
insoportable para los obreros. Masas cada vez más extensas del pueblo iban
convenciéndose de que no había más que un camino para salir de aquella
situación insostenible: el derrocamiento de la autocracia zarista.
El zarismo estaba atravesando claramente una crisis
mortal.
La burguesía creía poder resolver la crisis por
medio de un complot palaciego.
Pero fue el pueblo quien la resolvió a su manera.
5. La Revolución de febrero. - Caída del zarismo. -
Constitución de los Soviets de diputados obreros y soldados. - Formación del
Gobierno provisional. - La dualidad de poderes.
El año 1917 comenzó con la huelga del 9 de enero.
Durante esta huelga, celebráronse manifestaciones en Petrogrado, Moscú, Bakú y
Nizhni-Nóvgorod; el 9 de enero abandonaron el trabajo cerca de la tercera parte
de los obreros de Moscú. Una manifestación de 2.000 personas fue disuelta
violentamente por la policía montada en la avenida Tverskaia. En Petrogrado,
los soldados se unieron a los manifestantes, en la calzada de Viborg.
"La idea de la huelga general -informaba la
policía de Petrogrado- va ganando nuevos adeptos de día en día y adquiriendo la
misma popularidad que en 1905".
Los mensheviques y los socialrevolucionarios
esforzábanse por encauzar el movimiento revolucionario incipiente dentro del
marco conveniente para la burguesía liberal. Los mensheviques propusieron que
el 14 de febrero, día de la apertura de la Duma, se organizase un desfile de
obreros delante de ésta. Pero las masas obreras, marchando detrás de los
bolsheviques, no desfilaron ante la Duma, sino en manifestación por las calles.
El 18 de febrero de 1917 estalló, en Petrogrado, la
huelga de los obreros de la fábrica "Putilov". El 22 de febrero
pusiéronse en huelga los obreros de la mayoría de las grandes fábricas. El 23
de febrero (8 de marzo), Jornada Internacional de la Mujer, las obreras,
respondiendo al llamamiento del Comité bolshevique de Petrogrado, lanzáronse a
la calle en manifestación contra el hambre, contra la guerra y contra el
zarismo. En Petrogrado, esta manifestación de las obreras fue apoyada con una
acción huelguística general de los obreros. La huelga política comenzaba a
convertirse en una manifestación política general contra el régimen zarista.
El 24 de febrero (9 de marzo), la manifestación se
renovó con nuevos bríos. La huelga afectaba ya a cerca de 200.000 obreros.
El 25 de febrero (10 de marzo), el movimiento
revolucionario se extendió a todo el Petrogrado obrero. Las huelgas políticas
por distrito convirtiéronse en una huelga política general en toda la ciudad.
Por todas partes surgían manifestaciones y choques con la policía. Sobre las
masas obreras campeaban carteles rojos con estas consignas: "¡Abajo el
zar!", "¡Abajo la guerra!", "¡Pan!".
En la mañana del 26 de febrero (11 de marzo), la
huelga política y la manifestación comenzaron a convertirse en intentos de
insurrección. Los obreros desarmaban a la policía y a los gendarmes para
armarse ellos. Pero el choque armado con la policía terminó con una matanza de
manifestantes en la plaza Snamenskaia.
El general Jabalov, jefe de la región militar de
Petrogrado, ordenó que los obreros se reintegrasen al trabajo el 28 de febrero
(13 de maezo), conminando con enviar al frente a los que no acatasen esta
orden. El 25 de febrero (10 de marzo), el zar cursa al general Jabalov esta
orden imperativa: "Exijo que mañana se ponga fin a los desórdenes en la
capital".
Pero ya no era posible "poner fin" a la
revolución.
El 26 de febrero (11 de marzo), la cuarta compañía
del batallón de reserva del regimiento de Pavlovsk rompió el fuego, pero no
contra los obreros, sino contra los destacamentos de guardias montados que
habían comenzado a disparar contra los obreros. La lucha por ganarse a las
tropas revestía el carácter más enérgico y tenaz, sobre todo por parte de las
mujeres obreras, que se mezclaban entre los soldados, confraternizaban con
ellos y les incitaban a ayudar al pueblo a derribar la autocracia zarista, tan
odiada por él.
La dirección del trabajo práctico del Partido
bolshevique corría, por aquellos días, a cargo del Buró del Comité Central del
Partido, residente en Petrogrado, al frente del cual estaba el camarada
Molotov. El 26 de febrero (11 de marzo), el Buró del C.C. lanzó un manifiesto
llamando a las masas a proseguir la lucha armada contra el zarismo y a
constituir un Gobierno provisional revolucionario.
El 27 de febrero (12 de marzo), las tropas de
Petrogrado se negaron a disparar contra los obreros y comenzaron a pasarse al
pueblo levantado en armas. En la mañana del 27 de febrero, los soldados
sublevados no pasaban de 10.000; aquel mismo día por la noche, ascendían ya a
60.000.
Los obreros y soldados levantados en armas
empezaron a detener a los ministros y generales zaristas y a sacar de las
cárceles a los revolucionarios. Los presos políticos, puestos en libertad, se
unían a la lucha revolucionaria.
En las calles había todavía tiroteo entre el pueblo
y los guardias y gendarmes que habían emplazado sus ametralladoras en los
tajados de las casas. Pero el rápido paso de las tropas al lado de los obreros
decidió la suerte de la autocracia zarista.
Cuando la noticia del triunfo de la revolución en
Petrogrado llegó a otras ciudades y al frente, los obreros y los soldados
comenzaron a derribar por todas partes a los representantes de la autoridad
zarista.
La revolución democráticoburguesa de Febrero había
triunfado.
La revolución triunfó, porque se puso al frente de
ella la clase obrera, acaudillando el movimiento de masas de millones de
campesinos vestidos de uniforme militar "por la paz, por el pan y por la
libertad". La hegemonía del proletariado fue lo que aseguró el triunfo de
la revolución.
"La revolución ha sido obra del proletariado,
que ha dado pruebas de heroísmo, ha derramado su sangre y ha arrastrado con él
a las más extensas masas de los trabajadores y de la población más
pobre...", escribía Lenin en los primeros días de la revolución (Lenin, t.
XX, págs. 23-24, ed. rusa).
La primera revolución, la revolución de 1905, había
preparado el terreno para el rápido triunfo de la segunda revolución, de la
revolución de 1917.
"Sin los tres años de formidables combates de
clases y de energía revolucionaria desplegada por el proletariado ruso de 1905
a 1907, hubiera sido imposible una segunda revolución tan rápida, que ha
cubierto su etapa inicial en unos cuantos días", indicaba Lenin (Obra
citada, pág. 13).
En los primeros días de la revolución, aparecieron
ya los Soviets. La revolución triunfante apoyábase en los Soviets de diputados
obreros y soldados. Los obreros y soldados levantados en armas crearon sus
Soviets respectivos. La revolución de 1905 había revelado que los Soviets son
los órganos de la insurrección armada y, al mismo tiempo, el germen del nuevo
Poder, del Poder revolucionario. La idea de los Soviets vivía en la conciencia
de las masas obreras y la pusieron en práctica al día siguiente de ser derribado
el zarismo, aunque con la diferencia de que, mientras los Soviets creados en
1905 eran solamente Soviets de diputados obreros, los que se crearon en febrero
de 1917 eran, por iniciativa de los bolsheviques, Soviets de diputados obreros
y soldados.
Mientras los bolsheviques se ponían al frente de la
lucha directa de las masas en las calles, los partidos oportunistas,
mensheviques y socialrevolucionarios, preocupábanse de obtener puestos de
diputados en los Soviets, alcanzando en ellos una mayoría propia. A este
resultado contribuyó, en parte, el hecho de que la mayoría de los dirigentes
bolsheviques se hallaban en la cárcel o en la deportación (Lenin se encontraba
en la emigración, y Stalin y Sverdlov estaban deportados en Siberia), mientras
los mensheviques y socialrevolucionarios se paseaban libremente por las calles
de Petrogrado. Así se explica que los representantes de los Partidos
oportunistas, los mensheviques y los socialrevolucionarios, se adueñasen de la
dirección en el Soviet de Petrogrado y en su Comité Ejecutivo. Y otro tanto
aconteció en Moscú y en otra serie de ciudades. Solamente en
Ivánovo-Vosnesensk, Krasnoyarsk y algunos otros puntos lograros los
bolsheviques tener la mayoría en los Soviets desde el primer momento.
El pueblo armado, los obreros y soldados, al enviar
sus representantes al Soviet, veían en él el órgano del Poder popular.
Entendían y creían que el Soviet de diputados obreros y soldados daría
satisfacción a todos los anhelos del pueblo revolucionario y que su primer acto
sería concertar la paz.
Pero el exceso de confianza de los obreros y
soldados les jugó una mala pasada. Los socialrevolucionarios y mensheviques no
pensaban ni remotamente en poner fin a la guerra, en conquistar la paz. Su
propósito era aprovecharse de la revolución para proseguir la guerra. En cuanto
a la revolución y a las reivindicaciones revolucionarias del pueblo, los
socialrevolucionarios y los mensheviques entendían que la revolución ya estaba
terminada y que el problema que ahora se planteaba era consolidarla y entrar en
los cauces de la vida "normal", de la vida constitucional, del brazo
de la burguesía. Así, la dirección socialrevolucionaria-menshevique del Soviet
de Petrogrado tomó todas las medidas que estaban en sus manos para ahogar el
problema de la terminación de la guerra, el problema de la paz, y entregar el
Poder a la burguesía.
El 27 de febrero (12 de marzo) de 1917, los
diputados liberales de la Duma, confabulados entre bastidores con los líderes
socialrevolucionarios y mensheviques, formaron el Comité provisional de la
Duma, poniendo al frente de él al presidente de la cuarta Duma, al
terrateniente monárquico Rodzianko. Algunos días después de esto, el Comité
Provisional de la Duma y los líderes socialrevolucionarios y mensheviques del
Comité Ejecutivo del Soviet de diputados obreros y soldados, a espaldas de los
bolsheviques, se pusieron de acuerdo sobre la formación de un nuevo gobierno en
Rusia: el Gobierno provisional burgués, presidido por el príncipe Lvov, a quien
el zar Nicolás II, ya antes de la revolución de Febrero, tenía en cartera como
primer ministro para su gabinete. Entraron a formar parte del Gobierno
provisional, el jefe de los kadetes, Miliukov, el jefe de los octubristas,
Guchkov, y otros destacados representantes de la clase capitalista; en calidad
de representante de la "democracia", fue incorporado al gobierno el
socialrevolucionario Kerenski.
De este modo, los líderes socialrevolucionarios y
mensheviques de Comité Ejecutivo de Soviet entregaron el Poder a la burguesía;
informando de ellos después de producirse el hecho, el Soviet de diputados
obreros y soldados refrendó por mayoría de votos la conducta de aquellos
líderes, a pesar de las protestas de los bolsheviques.
Y así se formó en Rusia un nuevo Poder estatal,
compuesto -como decía Lenin- por representantes de "la burguesía y de los
terratenientes aburguesados".
Pero, al lado del gobierno burgués, existía otro
Poder: el Soviet de diputados obreros y soldados. Los diputados soldados del
Soviet eran, fundamentalmente, campesinos movilizados para la guerra. El Soviet
de diputados obreros y soldados era el órgano de la alianza de los obreros y
campesinos contra el Poder zarista y, al mismo tiempo, el órgano de su Poder,
el órgano de la dictadura de la clase obrera y de los campesinos.
Se estableció, pues, un original entrelazamiento
entre dos poderes, entre dos dictaduras: la dictadura de la burguesía,
encarnada en el Gobierno provisional, y la dictadura del proletariado y de los
campesinos, representada por el Soviet de diputados obreros y soldados.
Se estableció una dualidad de poderes.
¿Cómo se explica que en los Soviets tuviesen
mayoría, la principio, los mensheviques y socialrevolucionarios?
¿Cómo se explica que los obreros y campesinos
triunfantes entregasen voluntariamente el Poder a los representantes de la
burguesía?
Lenin explicaba esto por los millones de hombres
inexpertos en política que habían despertado con ansias de participar en la
vida política. Eran, en gran parte, pequeños propietarios, campesinos, obreros
que hasta hacía poco trabajaban en el campo, hombres que ocupaban un lugar
intermedio entre la burguesía y el proletariado. Rusia era, por aquel entonces,
el más pequeñoburgués de todos los grandes países europeos. En este país,
"la gigantesca ola pequeñoburguesa lo inundaba todo, ahogaba al proletariado
consciente, no sólo por su volumen, sino también ideológicamente: es decir,
contagiaba, infestaba a sectores extensísimos de obreros con sus ideas
políticas pequeñoburguesas" (Lenin, t. XX, pág. 115, ed. rusa).
Esta ola de elementos pequeñoburgueses fue también
la que sacó a la superficie a los partidos pequeñoburgueses mensheviques y
socialrevolucionarios.
Otra causa que Lenin señalaba, era el cambio
operado durante la guerra en cuanto a los elementos que componían el
proletariado, y el insuficiente nivel de conciencia y de organización del
proletariado en los primeros momentos de la revolución. Durante la guerra,
habíanse operado cambios considerables en la composición del proletariado.
Cerca de un 40 por 100 de los cuadros obreros habían sido movilizados
militarmente. Con el fin de sustraerse a la movilización, se metieron en las
fábricas, en los años de guerra, muchos pequeños propietarios, artesanos y
tenderos, ajenos a la psicología proletaria.
Estos sectores obreros de tipo pequeñoburgués eran
un terreno abonado para el cultivo de los políticos pequeñoburgueses,
mensheviques y socialrevolucionarios.
He aquí por qué las grandes masas del pueblo,
inexpertas en política, inundadas por la oleada de los elementos
pequeñoburgueses y emborrachadas por los primeros éxitos de la revolución,
marcharon durante los primeros meses de ésta a la zaga de los partidos
oportunistas y se prestaron a ceder a la burguesía el Poder estatal, creyendo
ingenuamente que el Poder burgués no había de estorbar la labor de los Soviets.
Esto planteaba al Partido bolshevique la tarea de
hacer ver a las masas, por medio de una paciente labor de esclarecimiento, el
carácter imperialista del Gobierno provisional, la tarea de poner al desnudo la
traición de los socialrevolucionarios y mensheviques, haciendo comprender a las
masas que no era posible lograr la paz, sin substituir el Gobierno provisional
por el Gobierno de los Soviets.
Y el Partido bolshevique tomó en sus manos esta
empresa con toda energía.
El Partido reanudó la publicación de sus órganos
legales de prensa. Cinco días después de la revolución de Febrero, ya comenzó a
publicarse en Petrogrado la "Pravda" y, algunos días más tarde,
apareció en Moscú "El Socialdemócrata". Empezó a actuar a la cabeza
de las masas que iban sobreponiéndose a la confianza en la burguesía liberal,
en los mensheviques y socialrevolucionarios. Explicó pacientemente a los
soldados y a los campesinos la necesidad de que actuasen juntamente con la clase
obrera. Les hizo ver que los campesinos no obtendrían la paz ni la tierra, si
la revolución no seguía avanzando, si el Gobierno provisional de la burguesía
no era sustituido por el Gobierno de los Soviets.
RESUMEN
La guerra imperialista estalló como consecuencia de
la desigualdad de desarrollo de los países capitalistas, como consecuencia de
la ruptura del equilibrio entre las principales potencias, como consecuencia de
la necesidad en que se veían los imperialistas de proceder a un nuevo reparto
del mundo por medio de la guerra y de crear un nuevo equilibrio de fuerzas.
La guerra no habría adquirido un carácter tan
desastroso, y hasta es probable que no hubiera llegado a tomar tales
proporciones, si los partidos de la Segunda Internacional no hubiesen
traicionado la causa de la clase obrera, si no hubiesen infringido los acuerdos
de los congresos de la Segunda Internacional contra la guerra, si se hubiesen
decidido a proceder activamente y poner en pie a la clase obrera contra sus
propios gobiernos imperialistas, contra los incendiarios de la guerra.
El Partido bolshevique fue el único partido
proletario que se mantuvo fiel a la causa del socialismo y del
internacionalismo, organizando la guerra civil contra su propio gobierno
imperialista. Todos los demás partidos de la Segunda Internacional, vinculados
con la burguesía a través de su grupo dirigente, resultaron estar entregados de
pies y manos al imperialismo, desertaron al campo de los imperialistas.
La guerra, reflejo de la crisis general del
capitalismo, agudizó esta crisis y debilitó al capitalismo mundial. Los obreros
de Rusia y el Partido bolshevique fueron los primeros del mundo que supieron
aprovechar eficazmente la debilidad del capitalismo para romper el frente
imperialista, derribar al zar y crear los Soviets de diputados obreros y
soldados.
Las grandes masas de la pequeña burguesía, de los
soldados e incluso de los obreros, embriagadas por los primeros éxitos de la
revolución y confiadas en las seguridades que les deban los mensheviques y
socialrevolucionarios de que en adelante todo marcharía bien, se dejaron llevar
de la confianza en el Gobierno provisional, apoyaron a éste.
Ante el Partido bolshevique se planteaba la tarea
de explicar a las masas de obreros y soldados, embriagadas por los primero
éxitos, que aun había un largo trecho que recorrer hasta el triunfo total de la
revolución, que mientras el Poder se hallase en manos de los Gobierno
provisional de la burguesía y mandasen en los Soviets los oportunistas, los
mensheviques y socialrevolucionarios, el pueblo no obtendría la paz, ni la
tierra ni el pan; que, para que la victoria fuese completa, era necesario dar
un paso más hacia adelante y entregar el Poder a los Soviets.
VII. El Partido bolshevique durante el periodo de
preparación y realización de la Revolución Socialista de Octubre (Abril de 1917
- 1918)
VII
EL PARTIDO BOLSHEVIQUE
DURANTE EL PERIODO DE PREPARACIÓN Y REALIZACIÓN DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA DE
OCTUBRE
(Abril 1917-1918)
1. Situación del país después de la Revolución de
Febrero. - El Partido sale de la clandestinidad y pasa a la labor política
abierta. - Llegada de Lenin a Petrogrado. - Sus tesis de abril. - El Partido se
orienta hacia la revolución socialista.
Los acontecimientos y la conducta del Gobierno
provisional confirmaban día tras día la justeza de la línea bolshevique. Todos
los hechos indicaban que el Gobierno provisional no estaba con el pueblo, sino
en contra de él, no defendía la paz, sino la guerra, no quería ni podía dar al
país la paz, ni la tierra, ni el pan. La labor de esclarecimiento de los
bolsheviques encontraba un terreno favorable.
Mientras los obreros y los soldados derribaban al
gobierno zarista y destruían las raíces de la monarquía, el Gobierno
provisional se inclinaba claramente hacia la conservación del régimen
monárquico. El 2 de marzo envió subrepticiamente a Guchkov y Shulguin a
entrevistarse con el zar. La burguesía quería entregar el Poder al gran duque
Miguel, hermano de Nicolás Romanov. Pero cuando, en un mitin de ferroviarios,
Guchkov terminó su discurso con el grito de "¡Viva el emperador!",
los obreros exigieron que el orador fuese inmediatamente detenido y cacheado, y
exclamaron indignados: "¡Tan bueno es Juan como Diego!".
Era evidente que los obreros no estaban dispuestos
a consentir la restauración de la monarquía.
Mientras los obreros y los campesinos, llevando a
cabo la revolución y derramando su sangre, esperaban que se pusiese fin a la
guerra, luchaban por el pan y la tierra y reclamaban medidas resueltas en la
lucha contra el desastre económico, el Gobierno provisional permanecía sordo a
estas reivindicaciones vitales del pueblo. Aquel Gobierno, formado por los más
caracterizados representantes de los capitalistas y terratenientes, no pensaba
siquiera en satisfacer las exigencias de los campesinos, entregándoles la
tierra. Ni podía tampoco dar pan a los trabajadores, ya que para esto hubiera
tenido que lesionar los intereses de los grandes comerciantes en cereales y
arrebatar el trigo por todos los medios a los terratenientes y a los kulaks,
cosa que no se decidía a hacer un gobierno como aquél, vinculado con los
intereses de estas clases. Tampoco podía dar al pueblo la paz. El gobierno
provisional, enlazado a los imperialistas anglofranceses, no solamente no
pensaba en poner fin a la guerra, sino que, lejos de ello, intentaban valerse
de la revolución para intensificar todavía más la participación de Rusia en la
guerra imperialista y para dar satisfacción a sus ambiciones imperialistas
sobre la conquista de Constantinopla y de los Dardanelos y sobre la anexión de
Galitzia.
Era evidente que pronto terminaría la actitud de
confianza de las masas del pueblo en la política del Gobierno provisional.
Veíase claramente que la dualidad de poderes, que
se había creado después de la revolución de Febrero, no podría sostenerse ya
por mucho tiempo, pues la marcha de los acontecimientos exigía que el Poder se
concentrase en uno de los dos sitios: o en el regazo del Gobierno provisional o
en manos de los Soviets.
Es cierto que la política oportunista de los
mensheviques y socialrevolucionarios encontraba aún apoyo en las masas del
pueblo. Todavía eran muchos los obreros, y más aún los soldados y campesinos,
que confiaban en que "pronto vendría la Asamblea Constituyente a
arreglarlo todo como era debido", que creían que la guerra no se hacía por
obtener conquistas, sino porque era necesaria para la defensa del Estado. A
estos era a los que Lenin llamaba defensistas honradamente equivocados. Esta
gente consideraba todavía acertada la política de promesas y exhortaciones de
los socialrevolucionarios y mensheviques. Pero era indudable que las promesas y
las exhortaciones no seguirían surtiendo efecto durante mucho tiempo, pues la
marcha de los acontecimientos y la conducta del Gobierno provisional descubrían
y ponían de manifiesto día tras día que la política oportunista de los
socialrevolucionarios y mensheviques no hacía otra cosa que postergar la acción
y engañar a la gente confiada.
El Gobierno provisional no siempre se limitaba a
seguir una política de lucha solapada contra el movimiento revolucionario de
las masas, una política de manejos subrepticios contra la revolución. De vez en
cuando, intentaba pasar a la ofensiva franca y abierta contra las libertades
democráticas, intentaba "restablecer la disciplina", principalmente
entre los soldados, intentaba "imponer el orden", es decir, hacer
entrar a la revolución dentro del marco conveniente para la burguesía. Pero,
por mucho que se esforzase en lograr esto, no lo conseguía, y las masas
populares ponían en práctica celosamente las libertades democráticas: la
liberad de palabra, de prensa, de reunión, de asociación y de manifestación.
Los obreros y los soldados se esforzaban en utilizar plenamente los primeros
derechos democráticos conquistados por ellos, para participar de un modo activo
en la vida política del país, con objeto de poder comprender y esclarecer la
situación creada y decidir acerca de su actuación ulterior.
Después de la revolución de Febrero, las
organizaciones del Partido bolshevique, que bajo las duras condiciones del
zarismo habían trabajado ilegalmente, salieron de la clandestinidad y
comenzaron a desarrollar abiertamente su labor política y de organización. Por
aquel entonces, la cifra de afiliados al Partido bolshevique era de 40 a
45.000. Pero eran cuadros templados en la lucha. Los comités del Partido fueron
reorganizados sobre la base del centralismo democrático y se estableció el
principio de designar por elección de abajo arriba todos los órganos del
Partido.
El paso del Partido a la legalidad puso de
manifiesto las discrepancias existentes en su seno. Kamenev y algunos
militantes de la organización de Moscú, como, por ejemplo. Rykov, Bubnov y
Noguin, abrazaron la posición semimenshevique de apoyo condicionado al Gobierno
provisional y a la política de los defensistas. Stalin, que acababa de regresar
del destierro, Molotov y otros, en unión de la mayoría del Partido, defendieron
la política de desconfianza en el Gobierno provisional, se manifestaron en
contra del defensismo y preconizaron la lucha activa por la paz y contra la
guerra imperialista. Una parte de los militantes del Partido vacilaba,
reflejando con ello su atraso político, resultado de su larga estada en la
cárcel o en el destierro.
Se notaba la ausencia del jefe del Partido, de
Lenin.
El 3 (16) de abril de 1917, después de una larga
expatriación, Lenin regresó a Rusia.
La llegada de Lenin tuvo una importancia enorme
para el Partido y para la revolución.
Hallándose aún en Suiza, apenas recibió las
primeras noticias de la revolución, Lenin escribió al Partido y a la clase
obrera de Rusia, en sus "Cartas desde lejos":
"¡Obreros! Habéis hecho prodigios de heroísmo
proletario y popular, en la guerra civil contra el zarismo. Tendréis que hacer
prodigios de organización del proletariado y de todo el pueblo para preparar
vuestro triunfo en la segunda etapa de la revolución" (Lenin, t. XX, pág.
19, ed. rusa).
Lenin llegó a Petrogrado el 3 de abril por la
noche. En la estación de Finlandia y en la plaza que da acceso a ella, se
congregaron para recibirle miles de obreros, de soldados y de marinos. Un
entusiasmo indescriptible se apoderó de las masas, cuando Lenin bajó del tren.
El jefe de la revolución fue cogido y llevado en volandas hasta la gran sala de
espera, donde aguardaban los mensheviques Chjeidse y Skobelev para dirigirle un
saludo de "bienvenida" en nombre del Soviet de Petrogrado, saludo en
el que "expresaban la esperanza" de que Lenin "marcharía de
acuerdo" con ellos. Pero Lenin, sin escucharles, pasó de largo,
dirigiéndose a la masa de los obreros y soldados, y, subido a un carro
blindado, pronunció su famoso discurso, en el que llamaba a las masas a luchar
por el triunfo de la Revolución Socialista. "¡Viva la Revolución
Socialista!", fueron las palabras con que Lenin puso fin a este discurso,
el primero que pronunciaba, después de largos años de destierro.
A su llegada a Rusia, Lenin se entregó con toda
energía al trabajo revolucionario. Al día siguiente de su llegada, pronunció en
una reunión del Partido bolshevique un informe sobre la guerra y la revolución,
volviendo luego a exponer las tesis de este informe en una asamblea a la que
asistieron, además de los miembros del Partido, los mensheviques.
Tales fueron las célebres "Tesis de
Abril" de Lenin, que trazaron al Partido y al proletariado la línea
revolucionaria clara del paso de la revolución burguesa a la revolución
socialista.
Las Tesis de Lenin tuvieron una importancia enorme
para la revolución y para el trabajo ulterior del Partido. La revolución
significaba un viraje grandioso en la vida del país, y el Partido, en las
nuevas condiciones de lucha planteadas después del derrocamiento del zarismo,
necesitaba una nueva orientación para marchar con paso audaz y seguro por el
nuevo camino. Esta orientación fue dada al Partido por las Tesis de Lenin.
Las Tesis de Abril de Lenin trazaban un plan genial
de lucha del Partido para el paso de la primera a la segunda etapa de la
revolución, para el paso de la revolución dmocráticoburguesa a la revolución
socialista. Toda la historia anterior del Partido le preparaba para esta misión
grandiosa. Ya en 1905, en su folleto titulado "Las dos tácticas de la
socialdemocracia en la revolución democrática", decía Lenin que, después
de derrotar al zarismo, el proletariado pasaría a la realización de la revolución
socialista. Lo que las Tesis contenían de nuevo era la fundamentación teórica,
el plan concreto para abordar el paso a la revolución socialista.
En el terreno económico, las medidas de transición
podían resumirse así: nacionalización de toda la tierra del país, mediante la
confiscación de las tierras de los terratenientes; fusión de todos los bancos
en un solo Banco Nacional, sometido al control del Soviet de diputados obreros;
implantación del control sobre la producción social y el reparto de los
productos.
En el terreno político, Lenin preconizaba el paso
de la República parlamentaria a la República de los Soviets. Esto significaba
un importante avance en el terreno de la teoría y la práctica del marxismo.
Hasta entonces, los teóricos marxistas venían considerando la República
parlamentaria como la mejor forma política de transición hacia el socialismo.
Ahora, Lenin preconizaba la sustitución de la República parlamentaria por la
República de los Soviets, como la forma más adecuada de organización política
de la sociedad en el periodo de transición del capitalismo al socialismo.
"La peculiaridad del momento actual en Rusia
-decían las Tesis- consiste en el paso de la primera etapa de la revolución,
que ha dado el Poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado
necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que pondrá el
Poder en manos del proletariado y de los campesinos más pobres" (Lenin, t.
XX, pág. 88, ed. rusa).
Y un poco más adelante:
"No una República parlamentaria -volver a ello
desde los Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás-, sino una
República de los Soviets de diputados obreros, campesinos y jornaleros del
campo, en todo el país, de abajo arriba" (Obra citada, pág. 88).
La guerra, decía Lenin, sigue siendo una guerra de
rapiña, una guerra imperialista, aun bajo el nuevo gobierno, bajo el Gobierno
provisional. Y es misión del Partido explicar esto a las masas y hacerles
comprender que, sin derrocar la burguesía, es imposible poner fin a la guerra,
no con una paz impuesta por la fuerza, sino con una paz verdaderamente
democrática.
En relación con el Gobierno provisional, Lenin
lanzó esta consigna: "¡Ni el menor apoyo al Gobierno provisional!".
En sus Tesis, Lenin señalaba además que, por el
momento el Partido bolshevique estaba en minoría dentro de los Soviets y que en
éstos predominaba el bloque menshevique-socialrevolucionario, que servía de
vehículo a la influencia de la burguesía sobre el proletariado. Por tanto, la
misión del Partido consistía en:
"Explicar a las masas que el Soviet de
diputados obreros es la única forma posible de gobierno revolucionario, por
cuya razón, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía,
nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un
modo paciente, sistemático, tenaz y adaptándose especialmente a las necesidades
prácticas de las masas. Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor
de crítica y esclarecimiento de los errores, manteniendo, al mismo tiempo, la
necesidad de que todo el Poder del Estado pase a los Soviets de diputados
obreros..." (Lenin, t. XX, pág. 88, ed. rusa).
Esto quiere decir que Lenin no incitaba a la
insurrección contra el Gobierno provisional, sostenido en aquel momento por la
confianza de los Soviets, que no exigía su derrocamiento, sino que aspiraba,
por medio de una labor de esclarecimiento y de reclutamiento, a conquistar la
mayoría dentro de los Soviets, a cambiar la política de éstos y, a través de
ellos, la composición y la política del Gobierno.
El punto de vista que aquí se adoptaba era el del
desarrollo pacífico de la revolución.
Lenin exigía, además, que el Partido se quitase la
"ropa sucia", que dejase de llamarse Partido socialdemócrata.
Socialdemócratas se llamaban también los partidos de los Segunda Internacional
y los mensheviques rusos. Era un nombre manchado, deshonrado por los
oportunistas, por los traidores al socialismo. Lenin proponía que el Partido
bolshevique adoptase el nombre de Partido Comunista, que era como llamaban a su
partido Marx y Engels. Esta denominación es científicamente exacta, puesto que
la meta final del Partido bolshevique es la consecución del comunismo. La
Humanidad, al salir del capitalismo, sólo puede pasar directamente al
socialismo, es decir, al régimen de propiedad colectiva de los medios de
producción y de distribución de los productos en proporción al trabajo de cada
cual. Pero nuestro Partido, decía Lenin, ve más allá. El socialismo deberá
inevitablemente irse convirtiendo poco a poco en el comunismo, cuya divisa es:
"De cada cual con arreglo a su capacidad, a cada cual con arreglo a sus
necesidades".
Finalmente, Lenin en sus Tesis de Abril exigía la
fundación de la nueva Internacional, de la Tercera Internacional o
Internacional Comunista, libre de las taras del oportunismo y del
socialchovinismo.
Las Tesis de Lenin levantaron un griterío rabioso
entre la burguesía, los mensheviques y los socialrevolucionarios.
Los mensheviques dirigieron un llamamiento a los
obreros, poniéndoles en guardia con el grito de que "la revolución estaba
en peligro". Para los mensheviques, el peligro consistía en que los
bolsheviques lanzasen la reivindicación del paso del Poder a los Soviets de
diputados obreros y soldados.
Plejanov publicó en su periódico titulado
"Edinstvo" ("Unidad") un artículo en el que calificaba el
discurso de Lenin como "el discurso de un hombre que deliraba". Y
remitíase a las palabras del menshevique Chjeidse, quien había declarado:
"Lenin quedará solo al margen de la revolución, pero nosotros seguiremos
nuestro camino".
El 14 de abril, se celebró la Conferencia
bolshevique de la ciudad de Petrogrado. En esta Conferencia, fueron ratificadas
las Tesis de Lenin, que sirvieron de base para sus deliberaciones.
Poco después, las organizaciones locales del
Partido ratificaron también las Tesis de Lenin.
Todo el Partido, con excepción de algunos
individuos aislados del tipo de Kamenev, Rykov y Piatakov, aprobó las Tesis de
Lenin con extraordinario entusiasmo.
2. Comienza la crisis del Gobierno provisional. -
La Conferencia de Abril del Partido bolshevique.
Mientras los bolsheviques se preparaban para el
desarrollo ulterior de la revolución, el Gobierno provisional proseguía sus
manejos contra el pueblo. El 18 de abril, el ministro de Relacionas Exteriores
del Gobierno provisional, Miliukov, declaró a los aliados que "todo el
pueblo aspiraba a proseguir la guerra mundial hasta conseguir un triunfo
decisivo" y les aseguraba que era "intención del Gobierno provisional
cumplir escrupulosamente los deberes asumidos para con nuestros aliados".
Es decir, que el Gobierno provisional juraba
lealtad a los tratados zaristas y prometía seguir derramando cuanta sangre del
pueblo fuese necesaria para que los imperialistas consiguiesen su
"victoria final".
El 19 de abril llegó a conocimiento de los obreros
y soldados esta declaración (la "nota Miliukov"). El 20 de abril, el
Comité Central del Partido bolshevique invitó a las masas a protestar contra la
política imperialista del Gobierno provisional. El 20 y el 21 de abril (3 y 4
de mayo) de 1917, salieron a la calle en manifestación masas de obreros y
soldados, en número que no bajaría de 100.000 hombres, movidas por un
sentimiento de indignación contra la "nota Miliukov". En los carteles
leíanse estas consignas: "¡Que se publiquen los tratados secretos!",
"¡Abajo la guerra!", "¡Todo el Poder a los Soviets!". Los
obreros y los soldados marcharon desde los suburbios hasta el centro de la
ciudad, en dirección a la residencia del Gobierno provisional. En la avenida
Nevski y en otros puntos se produjeron choques con algunos grupos sueltos de
burgueses.
Los contrarrevolucionarios más descarados, como el
general Kornilov, declaraban que debía disolverse a tiros la manifestación, y
llegaron incluso a dar las órdenes pertinentes. Pero las tropas, a quienes
cursaron estas órdenes se negaron a ejecutarlas.
Un pequeño grupo de miembros del Comité del Partido
en Petrogrado (Bagdatiev y otros) lanzó durante esta manifestación la consigna
del derrocamiento inmediato del Gobierno provisional. El C.C. del Partido
bolshevique condenó severamente la conducta de estos aventureros de
"izquierda", reputando aquella consigna como extemporánea y falsa,
como una consigna que impedía al Partido ganar la mayoría dentro de los Soviets
y que se hallaba en contradicción con el punto de vista del desarrollo pacífico
de la revolución, adoptado por el Partido.
Los acontecimientos del 20 y 21 de abril marcaron
el comienzo de la crisis del Gobierno provisional.
Era la primera grieta importante que se abría en la
política oportunista de los mensheviques y socialrevolucionarios.
El 2 de mayo de 1917, Miliukov y Guchkov fueron
separados del Gobierno provisional bajo la presión de las masas.
Se constituyó el primer Gobierno provisional de
coalición, en el que entraron, al lado de los representantes de la burguesía,
los mensheviques (Skobelev y Tsereteli) y los socialrevolucionarios (Chernov,
Kerenski y otros).
Por donde los mensheviques, que en 1905 no admitían
que los representantes de la socialdemocracia participasen en un Gobierno
provisional revolucionario, reputaban ahora admisible dar sus representantes a
un Gobierno provisional contrarrevolucionario.
Con esto, los mensheviques y los
socialrevolucionarios se pasaban al campo de la burguesía
contrarrevolucionaria.
El 24 de abril de 1917 inauguró sus tareas la VII
Conferencia (Conferencia de Abril) del Partido bolshevique. Por primera vez,
desde que existía el Partido, se reunía abiertamente una conferencia
bolshevique, que, por su importancia, ocupa en la historia del Partido el mismo
lugar que un congreso.
La Conferencia de Abril, en la que estaban
representados los bolsheviques de toda Rusia, reveló el desarrollo impetuoso
del Partido. Asistieron a ella 133 delegados con voz y voto y 18 con voz pero
sin voto, representando en total a 80.000 miembros organizados del Partido.
La Conferencia de Abril discutió y trazó la línea
del Partido en todos los problemas fundamentales de la guerra y al revolución:
la situación del momento, la guerra, el Gobierno provisional, los Soviets, el
problema agrario, el problema nacional, etc.
Lenin desarrolló en su informe los puntos de vista
expuestos ya por él en las Tesis de Abril. La misión del Partido consistía en
realizar el paso de la primera etapa de la revolución, "que ha dado el
Poder a la burguesía... a su segunda etapa, que pondrá el Poder en manos del
proletariado y de los campesinos más pobres" (Lenin). El Partido deberá
poner rumbo hacia la preparación de la revolución socialista. Como la tarea más
inmediata del Partido, Lenin lanza la consigna de "¡Todo el Poder a los
Soviets!".
La consigna de "¡Todo el Poder a los
Soviets!" significaba que era necesario acabar con la dualidad de poderes,
es decir, con la división del Poder entre el Gobierno provisional y los
Soviets, que era necesario entregar a éstos todo el Poder y expulsar de los
órganos del Poder a los representantes de los terratenientes y los
capitalistas.
La Conferencia de Abril estableció que una de las
tareas más importantes del Partido consistía en explicar incansablemente a las
masas la verdad de que "el Gobierno provisional es, por su carácter, el
órgano de dominación de los terratenientes y de la burguesía" y
desenmascarar la funesta política oportunista de los socialrevolucionarios y
mensheviques, que engañaban al pueblo con promesas mentirosas y lo sometían a
los golpes de la guerra imperialista y de la contrarrevolución.
En esta Conferencia, Kamenev y Rykov se levantaron
contra Lenin. Siguiendo las huellas de los mensheviques, repetían que Rusia no
estaba preparada para la revolución socialista, que en Rusia sólo era posible
una República burguesa y proponían al Partido y a la clase obrera limitarse a
"controlar" el Gobierno provisional. En realidad, su posición, al
igual que la de los mensheviques, era la de mantener el capitalismo, la de
mantener el Poder de la burguesía.
Zinoviev intervino también en la Conferencia de
Abril contra Lenin respecto al problema de si el Partido bolshevique debía
continuar dentro de la unión de Zimmerwald o romper con ella, para crear la
nueva Internacional. Los años de guerra habían demostrado que aquella
organización, aun haciendo propaganda a favor de la paz, no había llegado a
romper, de hecho, con los defensistas burgueses. Por eso, Lenin insistía en la
necesidad de salir inmediatamente de esta organización, y crear una nueva
Internacional, la Internacional Comunista. Zinoviev proponía seguir con los
zimmerwaldianos. Lenin condenó enérgicamente esta actitud de Zinoviev,
calificando su táctica de "archioportunista y perniciosa".
La Conferencia de Abril enjuició también los
problemas agrario y nacional.
Después de escuchar el informe de Lenin sobre el
problema agrario, la Conferencia aprobó una resolución sobre la confiscación de
las tierras de los terratenientes para ponerlas a disposición de los Comités de
Campesinos y sobre la nacionalización de todas las tierras del país. Los
bolsheviques llamaban a los campesinos a luchar por la tierra y hacían ver a
las masas campesinas que el Partido bolshevique era el único partido
revolucionario que ayudaba a los campesinos de una manera real a derrocar a los
terratenientes.
Tuvo gran importancia el informe del camarada
Stalin sobre el problema nacional. Ya antes de la revolución, en vísperas de la
guerra imperialista, Lenin y Stalin habían trazado las bases para la política
del Partido bolshevique respecto al problema nacional. Lenin y Stalin decían
que el Partido proletario debía apoyar al movimiento de liberación nacional de
los pueblos oprimidos contra el imperialismo. En relación con esto, el Partido
bolshevique defendía el derecho de autodeterminación de las naciones hasta
llegar a la separación del Estado a que pertenecían para formar Estados propios
e independientes. Este punto de vista fue el que defendió en la Conferencia,
informando por el C. C., el camarada Stalin.
En contra de Lenin y Stalin intervino Piatakov,
quien ya durante la guerra había adoptado ante el problema nacional, en unión
de Bujarin, una posición nacionalchovinista. Piatakov y Bujarin eran contrarios
al derecho de autodeterminación de las naciones.
La posición resuelta y consecuente del Partido ante
el problema nacional, la lucha del Partido por la igualdad plena de derechos de
las naciones y por la destrucción de todas las formas y modalidades de opresión
y desigualdad nacionales, le valieron la simpatía y el apoyo de las
nacionalidades oprimidas.
He aquí el texto de la resolución sobre el problema
nacional aprobado por la Conferencia de Abril:
"La política de opresión nacional, herencia de
la autocracia y de la monarquía, es defendida por los terratenientes, los
capitalistas y la pequeña burguesía en interés de la conservación de sus
privilegios de clase y de la desunión de los obreros de distintas
nacionalidades. El imperialismo moderno, con su tendencia reforzada a la
sumisión de los pueblos débiles, es un nuevo factor de agudización del yugo
nacional.
En la sociedad capitalista es posible acabar con la
opresión nacional, en la medida en que ésta lo permite, sólo mediante un
régimen republicano consecuente democrático y un sistema de gobierno que
garantice la plena igualdad de derechos de todas las naciones y lenguas.
Debe reconocerse a todas las naciones enclavadas
dentro de Rusia el derecho a separarse libremente y a formar Estados
independientes. La negación de este derecho y la negativa a tomar las medidas
encaminadas a garantizar su realización práctica, equivale a apoyar la política
de conquistas o anexiones. El reconocimiento por el proletariado del derecho de
las naciones a su separación es lo único que garantiza la plena solidaridad de
los obreros de distintas naciones y permite un acercamiento verdaderamente democrático
entre éstas...
El problema del derecho de las naciones a separase
libremente, no debe confundirse con el problema de la conveniencia de que se
separe tal o cual nación y de que esta separación se lleve a cabo en tal o cual
momento. Este problema deberá resolverlo el Partido del proletariado de un modo
absolutamente independiente en cada caso concreto, desde el punto de vista de
los intereses del desarrollo de toda la sociedad y de la lucha de clases del
proletariado por el socialismo.
El Partido exige una amplia autonomía regional, que
se acabe con la fiscalización desde arriba, que se suprima la existencia de una
lengua oficial y obligatoria y se delimiten las fronteras de los territorios
descentralizados y autónomos, sobre la base de las condiciones económicas y de
vida, apreciadas por la propia población local, del censo nacional de
población, etc.
El Partido del proletariado rechaza resueltamente
la llamada "autonomía nacional-cultural", que consiste en sustraer de
la competencia del Estado los asuntos escolares, etc., para ponerlos en manos
de una especie de dietas nacionales. La autonomía nacional-cultural traza
fronteras artificiales entre los obreros que viven en la misma localidad y que
incluso trabajan en la misma empresa, según pertenezcan a ésta o a la otra
"cultura nacional", con lo que refuerzan los lazos entre los obreros
y la cultura burguesa de cada nación por separado, siendo así que la misión de
la socialdemocracia consiste en fortalecer la cultura internacional del
proletariado del mundo entero.
El Partido exige que se incluya en la Constitución
una ley fundamental por la que se declare nula cualquier clase de privilegios a
favor de una nación y toda clase de infracciones contra los derechos de las
minorías nacionales.
Los intereses de la clase obrera exigen la fusión
de los obreros de todas las nacionalidades de Rusia en organizaciones
proletarias únicas, tanto políticas como sindicales, cooperativas, culturales,
etc. Sin esta fusión de los obreros de diversas nacionalidades en
organizaciones únicas, el proletariado no podría mantener una lucha victoriosa
contra el capitalismo internacional y contra el nacionalismo burgués"
("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte I, páginas
239-240).
Asó fue desenmascarada, en la Conferencia de Abril,
la línea oportunista, antileninista, de Kamenev, Zinoviev, Piatakov, Bujarin,
Rykov y sus contados adeptos.
La Conferencia marchó unánimemente detrás de Lenin,
adoptando una actitud clara y decidida ante todos los problemas fundamentales y
trazando el rumbo hacia la victoria de la revolución socialista.
3. Exitos del Partido bolshevique en la capital. -
Fracasa la ofensiva de las tropas del Gobierno provisional en el frente. - Es
aplastada la manifestación de julio de los obreros y soldados.
El Partido, tomando como base los acuerdos de la
Conferencia de Abril, desplegó una labor intensísima por la conquista de las
masas, por su educación combativa y por si organización. La línea del Partido,
durante este periodo, estribaba en conquistar la mayoría dentro de los Soviets
y aislar de las masas a los partidos menshevique y socialrevolucionario por
medio del esclarecimiento paciente de la política bolshevique y el
desenmascaramiento de la política de compromisos de aquellos partidos.
Además de su labor en el seno de los Soviets, los
bolsheviques desarrollaban un trabajo gigantesco en los sindicatos y en los
comités de fábricas y empresas industriales.
Pero donde los bolsheviques realizaban la labor más
intensa era en el seno del ejército. Por todas partes comenzaron a crearse
organizaciones militares. Los bolsheviques trabajaban incansablemente en los
frentes y en la retaguardia por organizar a los soldados y a los marinos. A la
obra de revolucionarización de los soldados contribuyó en sumo grado un
periódico destinado al frente que publicaban los bolsheviques con el título de
"Okopnaia Pravda" ("Pravda de las Trincheras").
Gracias a esta labor de propaganda y agitación de
los bolsheviques, se consiguió que ya en los primeros meses de la revolución
los obreros de muchas ciudades procediesen a reelegir los Soviets, en
particular los de distrito, expulsando de ellos a los mensheviques y
socialrevolucionarios y sustituyéndolos por afiliados al Partido bolshevique.
La labor de los bolsheviques dio excelente
resultado, sobre todo en Petrogrado.
En la Conferencia de Comités de fábricas que se
celebró en Petrogrado del 30 de mayo al 3 de junio de 1917, se agrupaban ya en
torno a los bolsheviques las tres cuartas partes de los delegados. El
proletariado de la capital marchaba ya casi en su totalidad bajo la consigna
bolshevique de "¡Todo el Poder a los Soviets!".
El 3 (16) de junio de 1917 se reunió el I Congreso
de los Soviets de toda Rusia. Los bolsheviques estaban aún en minoría dentro de
los Soviets; en este Congreso contaban con poco más de 100 delegados, contra
700 a 800 que tenían los mensheviques, socialrevolucionarios y otros partidos.
En el I Congreso de los Soviets, los bolsheviques
pusieron al desnudo con gran insistencia lo funesta que era la política de
compromisos con la burguesía y desenmascararon el carácter imperialista de la
guerra. Lenin pronunció en este Congreso un discurso en el que demostró la
justeza de la línea bolshevique, declarando que sólo el Poder de los Soviets
podía dar pan y sacar al país del desastre económico.
Por aquellos días, desarrollábase en los barrios
obreros de Petrogrado una campaña de masas para organizar una manifestación que
llevase al Congreso de los Soviets las reivindicaciones del pueblo. Queriendo
adelantarse a esta manifestación organizada libremente por los propios obreros
y especulando con la idea de utilizar en su provecho la actitud revolucionaria
de las masas, el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado acordó convocar una
manifestación en la capital para el 18 de junio (1 de julio). Los mensheviques
y los socialrevolucionarios creían que esta manifestación desfilaría bajo
consignas antibolsheviques. El Partido bolshevique se entregó con gran energía
a la preparación de este acto de masas. El camarada Stalin escribió, por aquel
entonces, en la "Pravda" que "...nuestra misión consiste en
conseguir que la manifestación del 18 de junio en Petrogrado desfile bajo
nuestras consignas revolucionarias".
La manifestación del 18 de junio de 1917, que
desfiló por delante de la tumba de las víctimas de la revolución, se convirtió
en una verdadera revista de las fuerzas del Partido bolshevique. Reveló el
grado de madurez revolucionaria, cada vez mayor, de las masas y la creciente
confianza de éstas en el Partido bolshevique. Las consignas de los mensheviques
y socialrevolucionarios, predicando la confianza en el Gobierno provisional y
la necesidad de continuar la guerra, se perdían entre la inmensa masa de consignas
bolsheviques. 400.000 manifestantes marchaban bajo banderas en las que
campeaban estas consignas: "¡Abajo la guerra!", "¡Abajo los diez
ministros capitalistas!", "¡Todo el Poder a los Soviets!".
Era el fracaso completo de los mensheviques y
socialrevolucionarios, el fracaso del Gobierno provisional en la capital.
No obstante, el Gobierno provisional, sostenido por
el apoyo del I Congreso de los Soviets, decidió proseguir su política
imperialista. Y fue precisamente el 18 de junio cuando el gobierno, cumpliendo
la voluntad de los imperialistas anglofranceses, lanzó a las tropas del frente
a la ofensiva. La burguesía veía en esta ofensiva la única posibilidad de
acabar con la revolución. Si la ofensiva tenía éxito, la burguesía confiaba en
que podría tomar en sus manos todo el Poder, desalojar a los Soviets y aplastar
a los bolsheviques. Si fracasaba, podría echar la culpa de todo a los mismo
bolsheviques, acusándoles de desmoralizar al ejército.
No podía caber la menor duda de que la ofensiva se
derrumbaría, como, en efecto, se derrumbó. El cansancio de los soldados, su
ignorancia de los fines perseguidos con la ofensiva, su desconfianza en los
mandos, extraños a la tropa, la escasez de municiones y artillería: todo
contribuyó al derrumbamiento de la ofensiva en el frente.
Las noticias acerca de la ofensiva emprendida y
luego las de su ruidoso fracaso, excitaron los ánimos de la capital. La
indignación de los obreros y soldados no tenía límites. Dábanse cuenta de que,
cuando predicaba una política de paz, el Gobierno provisional engañaba al
pueblo. Dábanse cuenta de que el Gobierno provisional abogaba por la
continuación de la guerra imperialista. Dábanse cuenta de que el Comité
Ejecutivo Central de los Soviets y el Soviet de Petrogrado no querían o no
podían oponerse a los actos criminales del Gobierno provisional y marchaban a
rastras a la zaga de él.
La indignación revolucionaria de los obreros y
soldados de Petrogrado se desbordaba. El 3 (16) de julio, comenzaron a
producirse manifestaciones espontáneas en Petrogrado, en la barriada de Viborg.
Estas manifestaciones continuaron durante todo el día. Algunas de ellas
desembocaron en una grandiosa manifestación general con armas bajo la consigna
del paso del Poder a los Soviets. El Partido bolshevique era contrario a la
acción armada en aquel momento, por entender que la crisis revolucionaria no
estaba aún madura, que el ejército y las provincias no estaban aún preparados
para apoyar la insurrección en la capital, que una insurrección aislada y
prematura en Petrogrado sólo serviría para facilitar a la contrarrevolución el
aplastamiento de la vanguardia revolucionaria. Pero, cuando se vio que era
imposible contener a las masas y evitar que se lanzasen a la manifestación, el
Partido acordó tomar parte en ella, con el fin de darle un carácter pacífico y
organizado. El Partido bolshevique logró lo que se proponía, y cientos de miles
de manifestantes marcharon hacia el Soviet de Petrogrado y hacia el Comité
Ejecutivo Central de los Soviets, donde exigieron que éstos se hiciesen cargo
del Poder, rompiesen con la burguesía imperialista y emprendiesen una política activa
de paz.
A pesar del carácter pacífico de la manifestación,
fueron lanzadas contra los manifestantes las tropas de la reacción, los
destacamentos de cadetes y de oficiales. Por las calles de Petrogrado corrió
abundante la sangre de los obreros y los soldados. Para aplastar a los obreros,
se trajeron del frente las unidades militares más retrógradas y
contrarrevolucionarias.
Los mensheviques y socialrevolucionarios, unidos a
la burguesía y a los generales blancos, después de aplastar la manifestación de
los obreros y los soldados, se lanzaron rabiosamente sobre el Partido
bolshevique. La redacción de la "Pravda" fue saqueada y destruida.
Fueron suspendidos la "Pravda", la "Soldatskasia Pravda"
("Pravda del soldado") y otra serie de periódicos bolsheviques. El
obrero Voinov fue asesinado en la calle por los cadetes por el solo hecho de
estar vendiendo el "Listok Pravdi" ("Hoja de la Pravda").
Comenzó el desarme de los guardias rojos. Las unidades revolucionarias de la
guarnición de Petrogrado fueron alejadas de la capital y enviadas al frente.
Menudearon las detenciones, tanto en los frentes como en la retaguardia. El 7
de julio, se dio la orden de detener a Lenin. Fue detenida toda una serie de
militantes prestigiosos del Partido bolshevique. Fue destruida la imprenta
"Trud" ("Trabajo"), donde se imprimían las publicaciones
bolsheviques. En la requisitoria del Fiscal de la Audencia de Petrogrado, se
decía que Lenin y gran número de bolsheviques debían comparecer ante los
tribunales como reos de "alta traición" y responsables de la
organización de un levantamiento armado. La acusación contra Lenin había sido
urdida en el Estado Mayor del general Denikin sobre la base de datos inventados
por espías y provocadores.
Con esto, el Gobierno provisional de coalición, del
que formaban parte representantes tan caracterizados de los mensheviques y
socialrevolucionarios como Tsereteli y Skobelev, Kerenski y Chernov, se sumía
en la charca del imperialismo y de la contrarrevolución abierta y descarada. En
vez de una política de paz, desarrollaba una política de continuación de la
guerra. En vez de defender los derechos democráticos del pueblo, adoptaba la
política de liquidación de estos derechos y de represión armada contra los
obreros y los soldados.
Lo que no se habían atrevido a hacer los
representantes de la burguesía, Guchkov y Miliukov, lo hacían los
"socialistas" Kerenski y Tsereteli, Chernov y Skobelev.
Se había acabado la dualidad de poderes.
Y se había acabado en provecho de la burguesía,
pues todo el Poder pasó a manos del Gobierno provisional, y los Soviets, con su
dirección social revolucionaria y menshevique, se convirtieron en un apéndice
del Gobierno provisional.
Había terminado el periodo pacífico de la
revolución, poniéndose a la orden del día la fuerza de las bayonetas.
Ante los cambios operados en la situación, el
Partido bolshevique decidió cambiar de táctica. Pasó a la clandestinidad,
ocultando a su jefe, Lenin, en sitio rigurosamente secreto, y comenzó a
prepararse para la insurrección, con el fin de derrocar el Poder de la
burguesía mediante las armas e instaurar el Poder Soviético.
4. El Partido bolshevique rumbo a la preparación de
la insurrección armada. - El VI Congreso del Partido.
En medio de una campaña increíblemente encarnizada
de la prensa burguesa y pequeñoburguesa, se reunió en Petrogrado el VI Congreso
del Partido bolshevique. Reuníase este Congreso a los diez años del V Congreso
en Londres y a los cinco años de la Conferencia bolshevique de Praga. Sus
sesiones duraron desde el 26 de julio hasta el 3 de agosto de 1917, y tuvieron
carácter clandestino. La prensa se limitó a anunciar la convocatoria del
Congreso, sin indicar el sitio en que había de reunirse. Las primeras sesiones
se celebraron en la barriada de Viborg. Las últimas, en la escuela de las
inmediaciones de la Puerta de Narva, en el sitio donde ahora se levanta la Casa
de Cultura. La prensa burguesa pedía la detención de todos los congresistas.
Pero, aunque se pusieron en campaña los sabuesos de la policía para descubrir
el sitio en que se reunía el Congreso, no pudieron averiguarlo.
Es decir, que a los cinco meses de derribado el
zarismo, los bolsheviques tenían que reunirse subrepticiamente, y el jefe del
Partido proletario, Lenin, veíase obligado a vivir oculto en una choza, cerca
de la estación de Rasliv.
Lenin, acechado por los esbirros del Gobierno
provisional, no pudo asistir al Congreso, pero dirigió sus tareas desde el
retiro clandestino en que se encontraba, por medio de sus discípulos y
colaboradores en Petrogrado: Stalin, Sverdlov, Molotov y Ordzhonikidse.
Asistieron al Congreso 157 delegados con voz y
voto, y 128 con voz solamente. El Partido contaba, por aquel entonces, con unos
240.000 afiliados. Hacia el 3 de julio, es decir, antes de ser aplastada la
manifestación obrera de este mes, cuando los bolsheviques trabajaban aún en la
legalidad, el Partido tenía 41 órganos de prensa, de los cuales se publicaban
29 en ruso y 12 en otras lenguas.
La batida contra los bolsheviques y contra la clase
obrera en las jornadas de Julio, lejos de disminuir la influencia del Partido
bolshevique, sólo sirvió para acrecentarla. Los delegados de base expusieron
ante el Congreso multitud de hechos demostrativos de que los obreros y soldados
comenzaban a abandonar en masa a los mensheviques y socialrevolucionarios, a
los que motejaban despreciativamente con el nombre de
"socialcarceleros". Los obreros y los soldados afiliados a los
partidos menshevique y socialrevolucionario rompían sus carnets y salían con
maldiciones de estos partidos, pidiendo a los bolsheviques que les admitiesen
en sus filas.
Los problemas fundamentales planteados en el VI
Congreso fueron: el informe político del Comité Central y el problema de la
situación política. En sus informes sobre estos problemas, el camarada Stalin
puso de manifiesto con toda claridad y precisión que, a pesar de todos los
esfuerzos de la burguesía por aplastar la revolución, ésta crecía y se
desarrollaba. Señaló que la revolución planteaba el problema de la implantación
del control obrero sobre la producción y distribución de los productos, de la
entrega de la tierra a los campesinos y del paso del Poder de manos de la
burguesía a manos de la clase obrera, y de los campesinos pobres. Y dijo que la
revolución se convertía, por su carácter, en una revolución socialista.
Después de las jornadas de Julio, cambió
bruscamente la situación política del país. Ya no existía dualidad de poderes.
Por no querer tomar todo el Poder, los Soviets, con su dirección
socialrevolucionaria y menshevique, quedaron reducidos a la impotencia. El
Poder se concentró en manos del Gobierno provisional de la burguesía, el cual
continuaba desarmando a la revolución, aplastando sus organizaciones y
persiguiendo al Partido bolshevique. La posibilidad de un desarrollo pacífico
de la revolución había desaparecido. Sólo cabía -decía el camarada Stalin- una
solución: derrocar el Gobierno provisional y tomar el poder por la fuerza. Y
sólo el proletariado, aliado a los campesinos pobres, podía tomar el Poder por
la fuerza.
Los Soviets, cuya dirección seguía en manos de los
mensheviques y socialrevolucionarios, se habían ido deslizando al campo de la
burguesía y, en la situación existente, sólo podían actuar como auxiliares de
la Gobierno provisional. Después de las jornadas de Julio, la consigna de
"¡Todo el Poder a los Soviets!" debía abandonarse, dijo el camarada
Stalin, pero sin que el abandono temporal de esta consigna significara, ni
mucho menos, que se renunciaba a luchar por el Poder de los Soviets. No se
trataba de los Soviets en general, es decir, de los Soviets como órganos de
lucha revolucionaria, sino que se trataba solamente de aquellos Soviets
concretos, dirigidos por los mensheviques y socialrevolucionarios.
"El periodo pacífico de la revolución ha
terminado -dijo el camarada Stalin-; ha comenzado el periodo no pacífico de la
revolución, un periodo de choques y explosiones..." ("Actas del VI
Congres del P. C. (b) de la U.R.S.S.", página 111).
El Partido marchaba hacia la insurrección armada.
En el Congreso hubo gente que, reflejando la
influencia burguesa, se manifestó en contra del rumbo hacia la revolución
socialista.
El trotskista Preobrazhenski propuso que en la
resolución sobre la conquista del Poder se dijese que sólo se podría encaminar
al país por la senda socialista si triunfaba la revolución proletaria en la
Europa occidental.
El camarada Stalin rebatió esta proposición
trotskista.
"No está descartada -dijo el camarada Stalin-
la posibilidad de que sea precisamente Rusia el país que rompa la marcha hacia
el socialismo... Hay que rechazar esa idea caduca de que sólo Europa pude
señalarnos el camino. Hay un marxismo dogmático y un marxismo creador. Yo me
sitúo en el terreno del segundo" (Obra citada, págs. 233-234).
Bujarin, abrazando posiciones trotskistas, afirmó
que los campesinos tenían ideas defensistas, que formaban un bloque con la
burguesía y no marcharían con la clase obrera.
Refutando a Bujarin, el camarada Stalin demostró
que había diversas clases de campesinos: los campesinos ricos, que apoyaban a
la burguesía imperialista, y los campesinos pobres, que deseaban aliarse a la
clase obrera y la apoyaban en la lucha por el triunfo de la revolución.
El Congreso rechazó las enmiendas de Preobrazhenski
y Bujarin y aporobó el proyecto de resolución del camarada Stalin.
El Congreso examinó y aprobó la plataforma
económica del Partido bolshevique, cuyos puntos fundamentales eran:
confiscación de las tierras de los terratenientes y nacionalización de toda la
tierra del país, nacionalización de los bancos, nacionalización de la gran
industria, control obrero sobre la producción y la distribución.
Subrayó el Congreso la importancia de la lucha por
el control obrero sobre la producción, que desempeñaba un gran papel, como
medida de transición hacia la nacionalización de la gran industria.
En todos los acuerdos, el VI Congreso insistió de
un modo especial en la importancia de la tesis leninista sobre la alianza del
proletariado y de los campesinos pobres, como condición para el triunfo de la
revolución socialista.
La teoría menshevique de la neutralidad de los
sindicatos fue condenada por el Congreso. Este señaló que, para poder resolver
los grandes problemas que se le planteaban a la clase obrera de Rusia, era
indispensable que los sindicatos fuesen organizaciones combativas de clase que
acatasen la dirección política del Partido bolshevique.
El Congreso aprobó una resolución "Sobre las
organizaciones juveniles", que por aquel entonces surgían no pocas veces
espontáneamente. Con su trabajo sucesivo, los bolsheviques lograron afianzar
los lazos de estas organizaciones juveniles con el Partido, convertirlas en
reservas de éste.
Uno de los problemas que se examinaron en el
Congreso fue el de la comparecencia de Lenin ante los Tribunales. Kamenev,
Rykov, Trotski y otros habían sostenido, ya con anterioridad al Congreso, que
Lenin debía entregarse a los tribunales de la contrarrevolución. El camarada
Stalin se manifestó resueltamente en contra de esta tendencia. El VI Congreso
compartió también el punto de vista de Stalin, por entender que lo que se
preparaba no era un proceso, sino una represión. El Congreso no dudó ni un
momento que el propósito de la burguesía no era otro que el de deshacerse
físicamente de Lenin, como de su más peligros enemigo. Formuló su protesta
contra la enconada campaña policíaco-burguesa de que se hacía objeto a los
jefes del proletariado revolucionario y dirigió un saludo a Lenin.
En el VI Congreso fueron aprobados los nuevos
estatutos del Partido. En ellos, se determinaba que toda la organización del
Partido se basaría en los principios del centralismo democrático.
Esto significaba lo siguiente:
1) Carácter electivo de todos los órganos de
dirección del Partido de abajo arriba;
2) rendición periódica de cuentas de la gestión de
los órganos del Partido ante las organizaciones del Partido correspondientes;
3) severa disciplina de Partido y sumisión de la
minoría a la mayoría;
4) obligatoriedad incondicional de los acuerdos de
los órganos superiores para los inferiores y para todos los miembros del
Partido.
Los estatutos del Partido disponían que los nuevos
afiliados fuesen admitidos por las organizaciones de base, mediante
recomendación de dos miembros del Partido y previa ratificación de la Asamblea
general de afiliados de la organización de base.
El VI Congreso admitió en el Partido a los llamados
"mezhraiontzi", con su líder Trotski. Era éste un pequeño grupo que
había sido creado en Petrogrado en 1913 y del que formaban parte elementos
trotskistas-mensheviques y algunos antiguos bolsheviques, desviados del
Partido. Durante la guerra, esta organización tuvo un carácter centrista.
Luchaba contra los bolsheviques, pero sin estar de acuerdo tampoco en muchas
cosas con los mensheviques, por lo que ocupaba una posición intermedia,
centrista, vacilante. Al celebrarse el VI Congreso, los miembros de esta
organización declararon que estaban identificados en un todo con los
bolsheviques y pidieron su ingreso en el Partido. El Congreso accedió a su
petición, confiando en que con el tiempo llegarían a ser verdaderos
bolsheviques. Algunos de ellos, como, por ejemplo, Volodarski, Uritski y otros,
llegaron, en efecto, a convertirse en bolsheviques después de su ingreso en el
Partido. Pero Trotski y los elementos más afines a él, que no eran muchos, no
ingresaron en el Partido, como había de demostrarse andando el tiempo, para
trabajar a favor de él, sino para quebrantar y minar su fuerza desde dentro.
Todos los acuerdos del VI Congreso se encaminaban a
preparar al proletariado y a los campesinos pobres para la insurrección armada.
El VI Congreso encauzó el Partido hacia la insurrección armada, hacia la
revolución socialista.
El manifiesto del Partido lanzado por el VI
Congreso invitaba a los obreros, a los soldados y a los campesinos a preparar
sus fuerzas para los encuentros decisivos con la burguesía. Y terminaba con
estas palabras:
"¡Preparaos para nuevas batallas, camaradas de
lucha! ¡Permaneced firmes, valientes y serenos, sin dejaros llevar de
provocaciones, acumulando fuerzas y formando vuestras columnas de combate!
¡Agrupaos bajo la bandera del Partido, proletarios y soldados! ¡Formad bajo
nuestra bandera, oprimidos del campo!".
5. La intentona del general Kornilov contra la
Revolución. - Aplastamiento de la intentona. - Los Soviets de Petrogrado y
Moscú se pasan al lado de los bolsheviques.
Después de adueñarse de todo el Poder, la burguesía
comenzó a prepararse para aplastar a los ya impotentes Soviets e instaurar una
dictadura contrarrevolucionaria descarada. El millonario Riabushinski declaraba
cínicamente que no veía más que una salida a la situación, y era que "la
mano descarnada del hambre, la miseria del pueblo, agarrase por el cuello a los
falsos amigos de éste, los Soviets y Comités democráticos". En el frente
hacían estragos los Consejos de Guerra, prodigando la pena de muerte contra los
soldados. El 3 de agosto de 1917, el general en jefe Kornilov pidió que se
implantase también la pena de muerte en la retaguardia.
El 12 de agosto, se abrió en el Gran Teatro de
Moscú la Conferencia de Estado convocada por el Gobierno provisional para
movilizar las fuerzas de la burguesía y de los terratenientes. A esta Asamblea
asistieron, principalmente, los representantes de los terratenientes, de la
burguesía, del generalato, de la oficialidad y de los cosacos. Los Soviets
estuvieron representados en ella por los mensheviques y los
socialrevolucionarios.
El día en que comenzaba sus sesiones la Conferencia
de Estado, los bolsheviques organizaron en Moscú, en señal de protesta, una
huelga general, en la que tomó parte la mayoría de los obreros. Estallaron
también huelgas en una serie de ciudades.
El socialrevolucionario Kerenski amenazó
fanfarronamente, en su discurso ante la Conferencia, con aplastar "a
sangre y fuego" cualquier intento de movimiento revolucionario, incluyendo
las tentativas de los campesinos de apoderarse por sí y ante sí de las tierras
de los terratenientes.
El general contrarrevolucionario Kornilov pidió,
sin andarse con rodeos, que se "suprimiesen los Comités y los
Soviets".
En el Estado Mayor del general en jefe pululaban
alrededor del general Kornilov banqueros, comerciantes e industriales, con
promesas de dinero y ayuda.
También se entrevistaron con él los representantes
de los "aliados", es decir, de Inglaterra y Francia, exigiendo que no
se demorase el ataque contra la revolución.
Las cosas combinaban para la conspiración
contrarrevolucionaria del general Kornilov.
Esta conspiración preparábase sin recato. Con el
fin de desviar la atención de lo que tramaban, los conjurados hicieron correr
el rumor de que los bolsheviques de Petrogrado preparaban un levantamiento para
el 27 de agosto, fecha en que se cumplirían los seis meses del día de la
revolución. El Gobierno Provisional, con Kerenski a la cabeza, se lanzó a
perseguir rabiosamente a los bolsheviques y acentuó el terror contra el Partido
del proletariado. Al mismo tiempo, el general Kornilov concentraba tropas para
hacerlas marchar sobre Petrogrado, con el fin de acabar con los Soviets e
instaurar un gobierno de dictadura militar.
Kornilov se puso de acuerdo con Kerenski respecto a
su proyectada acción contrarrevolucionaria. Pero, en el mismo momento en que
Kornilov comenzó a actuar, Kerenski, dando un brusco viraje, cambió de frente y
se separó de su aliado. Temía que las masas del Pueblo, después de levantarse
contra los kornilovistas y aplastarlos, barriesen también, echándole al mismo
montón, al gobierno burgués de Kerenski, si éste no se desentendía a tiempo de
los autores de la korniloviada.
El 25 de agosto, Kornilov envió sobre Petrogrado el
3er cuerpo de caballería, al mando del general Krimov, y declaró que se
proponía "salvar la Patria". Como respuesta a la sublevación
kornilovista, el Comité Central del Partido bolshevique hizo un llamamiento a
los obreros y a los soldados para que opusiesen una resistencia activa y armada
a la contrarrevolución. Los obreros comenzaron a armarse y a prepararse
rápidamente para la lucha. En estos días, se multiplicaron los destacamentos de
guardias rojos. Los sindicatos movilizaron a sus afiliados. Las unidades
revolucionarias de tropas de Petrogrado se prepararon también para el combate.
Alrededor de Petrogrado se abrieron trincheras, se tendieron alambradas y se
levantaron los rieles de las vías férreas. De Cronstadt llegaron unos cuantos
miles de marinos armados para la defensa de la capital. Se enviaron al
encuentro de la "División salvaje", que avanzaba sobre Petrogrado,
delegados que explicaron a aquellos soldados montañeses la intención del
movimiento kornilovista, consiguiendo que estas tropas se negasen a marchar
sobre la capital. Se enviaron también agitadores a otras unidades
kornilovistas. Fueron creados Comités revolucionarios y Estados Mayores para la
lucha contra los sublevados en todos los sitios donde había algún peligro.
En aquellos días, los líderes socialrevolucionarios
y mensheviques, entre ellos Kerenski, muertos de miedo, iban a buscar amparo en
los bolsheviques, convencidos de que éstos eran la única fuerza efectiva de la
capital capaz de aplastar a Kornilov.
Pero, aun movilizando a las masas para aplastar el
movimiento de Kornilov, los bolsheviques no cejaron en su lucha contra el
Gobierno Kerenski, desenmascarando ante las masas a este Gobierno y a los
mensheviques y socialrevolucionarios, que, con toda su política, ayudaban
objetivamente a la intentona contrarrevolucionaria de Kornilov.
Gracias a todas estas medidas, fue aplastada la
intentona de Kornilov. El general Krimov se pegó un tiro. Kornilov y sus
cómplices, Denikin y Lukomski, fueron detenidos (aunque pronto habían de ser
puestos de nuevo en libertad por Kerenski).
El aplastamiento de la intentona kornilovista puso
el descubierto e iluminó de golpe la correlación de fuerzas entre la revolución
y la contrarrevolución. Demostró el fracaso total de todo el campo
contrarrevolucionario, desde los generales y el partido kadete hasta los
mensheviques y los socialrevolucionarios, cogidos en las redes y prisioneros de
la burguesía. Era evidente que la política de prolongación de aquella guerra
agotadora, que al alargarse provocaba el desastre económico del país, había
quebrantado definitivamente la influencia de estos partidos entre las masas del
pueblo.
El aplastamiento de la korniloviada revelaba,
además, que el Partido bolshevique se había convertido ya en la fuerza decisiva
de la revolución, en una fuerza capaz de deshacer los manejos de la
contrarrevolución, cualesquiera que ellos fuesen. El Partido bolshevique no era
todavía un partido gobernante, pero durante los días de la korniloviada actuó
como una verdadera fuerza de gobierno, pues sus instrucciones eran seguidas sin
vacilar por los obreros y los soldados.
Finalmente, el aplastamiento de la intentona
kornilovista vino a demostrar que aquellos Soviets que se creía agonizantes,
encerraban en su seno, en realidad, una grandiosa fuerza de resistencia
revolucionaria. No cabía dudar de que habían sido precisamente los Soviets y
sus Comités revolucionarios los que habían cerrado el paso a las tropas de
Kornilov y contra los que se habían estrellado sus fuerzas.
La lucha contra la korniloviada infundió nuevos
ánimos en los languidecidos Soviets de diputados obreros y soldados, los
arrancó de la política oportunista que los tenía prisioneros, los empujó al
ancho camino de la lucha revolucionaria y los colocó junto al Partido
bolshevique.
La influencia de los bolsheviques dentro de los
Soviets era mayor que nunca.
Comenzó también a ganar terreno rápidamente la
influencia de los bolsheviques en el campo.
La sublevación kornilovista hizo ver a las grandes
masas campesinas que los terratenientes y los generales, una vez destrozados
los bolsheviques y los Soviets, se cebarían luego en los campesinos. Por eso,
las grandes masas de campesinos pobres empezaron a agruparse cada vez más
estrechamente en torno a los bolsheviques. Los campesinos medios, cuyas
vacilaciones habían frenado el desarrollo de la revolución durante los meses de
abril a agosto de 1917, después de la derrota de Kornilov, comenzaron a volverse
de un modo decidido hacia el Partido bolshevique, uniéndose a la masa de los
campesinos pobres. Las grandes masas campesinas empezaron a comprender que el
Partido bolshevique era el único que podía liberarlas de la guerra, el único
capaz de acabar con los terratenientes y el único que estaba dispuesto a dar la
tierra a los campesinos. Los meses de septiembre y octubre de 1917 registraron
un alza enorme en el número de incautaciones de tierra de los terratenientes
por los campesinos. El cultivo de las tierras de los terratenientes por
decisión de los propios campesinos, adquirió un carácter general. Persuaciones
y destacamentos de castigo ya no eran capaces de contener a los campesinos en
su marcha arrolladora hacia la revolución.
La revolución iba en ascenso.
Comenzó a desarrollarse la fase de animación y
renovación de los Soviets, la fase de bolshevización de los Soviets. Las
fábricas y empresas industriales y las unidades militares, al reelegir a sus
diputados, ya no enviaban a los Soviets a mensheviques y socialrevolucionarios,
sino a representantes del Partido bolshevique. Al día siguiente de aplastar la
intentona de Kornilov, el 31 de agosto, el Soviet de Petrogrado se pronunció a
favor de la política de los bolsheviques. El antiguo Presidium del Soviet de Petrogrado,
formado por mensheviques y socialrevolucionarios, con Chjeidse a la cabeza, se
retiró, dejando el puesto libre a los bolsheviques. El 5 de septiembre, el
Soviet de diputados obreros de Moscú se pasó al lado de los bolsheviques.
También se retiró por el foro, dejando el camino abierto a los bolsheviques, el
Presidium socialrevolucionario-menshevique de este Soviet.
Esto significaba que se daban ya las premisas
fundamentales necesarias para una insurrección victoriosa.
Volvía a estar a la orden del día la consigna de
"¡Todo el Poder a los Soviets!".
Pero ya no era la antigua consigna del paso del
Poder a manos de los Soviets mensheviques y socialrevolucionarios. No; ahora
era la consigna de la insurrección de los Soviets contra el Gobierno
provisional, con el fin de entregar todo el Poder del país a los Soviets
dirigidos por los bolsheviques.
Comenzó a producirse la desbandada entre los
partidos oportunistas.
En el seno del partido socialrevolucionario se
formó, bajo la presión de los campesinos de orientación revolucionaria, un ala
izquierda, el ala de los socialrevolucionarios de "izquierda" que
comenzó a manifestar su descontento por la política de compromisos con la
burguesía.
También en el partido menshevique se definió un
grupo de "izquierda", el de los llamados
"internacionalistas", que comenzaban a oscilar hacia los
bolsheviques.
Los anarquistas, que formaban un grupo
insignificante en cuanto a su influencia, se escindieron definitivamente en
varios grupitos, de los cuales unos se mezclaron con delincuentes vulgares y
provocadores, con los deshechos de la sociedad, mientras que otros se
convirtieron en expropiadores "ideológicos", que robaban a los
campesinos y a las gentes modestas de las ciudades y arrebataban a los clubs
obreros sus edificios y sus ahorros, y otros, finalmente, se pasaron sin recato
al campo contrarrevolucionario, acoplando su vida personal a la escalera de
servicio de la burguesía. Todos ellos eran contrarios a cualquier clase de
Poder, pero muy especialmente el Poder revolucionario de los obreros y
campesinos, pues estaban seguros de que este Poder revolucionario no les
permitiría desvalijar al pueblo ni expoliar los bienes del pueblo.
Después del aplastamiento de la intentona de
Kornilov, los mensheviques y socialrevolucionarios hicieron una nueva tentativa
para quebrantar el creciente auge de la revolución. Con este fin, convocaron el
12 de septiembre de 1917, una conferencia democrática de representantes de los
partidos socialistas, de los Soviets oportunistas, de los sindicatos de los
Zemstvos, de los círculos comerciales e industriales y de las unidades
militares de toda Rusia. De esta conferencia salió el Preparlamento (Consejo
provisional de la República). Con ayuda de este Preparlamento, los oportunistas
confiaban en que podrían detener la marcha de la revolución y desviar al país
de la senda de la revolución soviética a la del desarrollo
burgués-constitucional, a la senda del parlamentarismo burgués. Fue una
tentativa desesperada de aquellos políticos fracasados, que se empeñaban en
volver atrás la rueda de la revolución. Era una idea condenada a dar en
quiebra, como, en efecto, ocurrió. Los obreros, que se burlaban de la gimnasia
parlamentaria de los oportunistas, pusieron en solfa el Preparlamento,
bautizándole con un nombre despectivo ("antebaño").
El C.C. del Partido bolshevique acordó boicotear el
Preparlamento. Y, aunque la fracción bolshevique de este organismo, en que
figuraban individuos como Kamenev y Teodorovich, no quería abandonar sus
escaños, el C.C. del Partido la obligó a dejarlos.
Kamenev y Zinoviev defendieron tenazmente la
participación en el Preparlamento, confiando en que con ello podrían desviar al
Partido de la labor preparatoria de la insurrección. El camarada Stalin
intervino enérgicamente en la fracción bolshevique de la Conferencia
democrática de toda Rusia en contra de la participación en el Preparlamento,
que calificó de "aborto kornilovista".
Lenin y Stalin consideraron un grave error la
participación en el Preparlamento, aunque hubiese sido por poco tiempo, ya que
aquello pudo infundir a las masas la esperanza engañosa de que aquel organismo
era capaz de hacer algo por los trabajadores.
Al mismo tiempo, los bolsheviques preparaban
tenazmente la convocatoria del II Congreso de los Soviets, en el que confiaban
contar con la mayoría. Y, pese a todos los subterfugios de los mensheviques y
socialrevolucionarios encastillados en el Comité Ejecutivo Central, ante la
presión de los Soviets bolsheviques, hubo de ser convocado el II Congreso de
los Soviets de toda Rusia para la segunda quincena de Octubre de 1917.
6. La insurrección de octubre en Petrogrado. -
Detención del Gobierno provisional. - El II Congreso de los Soviets y formación
del Gobierno soviético. - Decretos del II Congreso de los Soviets sobre la paz
y sobre la tierra. - Triunfa la Revolución Socialista. - Causas del triunfo de
la Revolución Socialista.
Los bolsheviques comenzaron a prepararse
enérgicamente para la insurrección. Lenin señaló que, teniendo como tenían ya
mayoría en los Soviets de diputados obreros y soldados de las dos capitales,
Moscú y Petrogrado, los bolsheviques podían y debían tomar en sus manos el
Poder. Haciendo el balance del camino recorrido, Lenin subrayaba: "La
mayoría del pueblo está con nosotros". En sus artículos y cartas al Comité
Central y a las organizaciones bolsheviques, Lenin trazaba un plan concreto
para la insurrección: decía cómo debían utilizarse las unidades militares, la
flota y los guardias rojos, qué puntos decisivos era necesario ocupar en
Petrogrado para garantizar el éxito de la insurrección, etc.
El 7 de octubre, Lenin se trasladó clandestinamente
de Finlandia a Petrogrado. El 10 de octubre de 1917, se celebró la histórica
sesión del Comité Central del Partido bolshevique, en la que se acordó dar
comienzo a la insurrección armada pocos días después. La histórica resolución
aprobada por el C.C. del Partido y redactada por Lenin decía:
"El C.C. reconoce qua tanto la situación
internacional de la revolución rusa (insurrección de la flota alemana, signo
agudo de la marcha ascendente de la revolución socialista mundial en toda
Europa, luego la amenaza de una paz entre imperialistas con el fin de
estrangular la revolución en Rusia), como la situación militar (decisión
indudable de la burguesía rusa y de Kerenski y Cía. de entregar Petrogrado a
los alemanes) y la conquista por el Partido proletario de la mayoría dentro de
los Soviets; unido todo ello a la insurrección campesina y al viraje de la
confianza del pueblo hacia nuestro Partido (elecciones de Moscú); y,
finalmente, la preparación manifiesta de una segunda korniloviada (evacuación
de tropas de Petrogrado, concentración de cosacos en esta capital, cerco de
Minsk por los cosacos, etc.), pone a la orden del día la insurrección armada.
Reconociendo, pues, que la insurrección armada es
inevitable y se halla plenamente madura, el C.C. insta a todas las
organizaciones del Partido a guiarse por esto y a examinar y resolver desde
este punto de vista todos los problemas prácticos (Congreso de los Soviets de
la región Norte, salida de tropas de Petrogrado, acciones en Moscú y Minsk,
etc)" (Lenin, t. XXI, pág. 330, ed. rusa).
Intervinieron y votaron en contra de esta histórica
resolución dos miembros del C.C.: Kamenev y Zinoviev. También ellos soñaban,
como los mensheviques, con una República parlamentaria burguesa e injuriaban a
la clase obrera, afirmando que no era lo bastante fuerte para realizar la
revolución socialista, que no estaba aún capacitada para tomar el Poder.
Trotski, aunque en esta sesión no votó abiertamente
contra la resolución del C.C., presentó una enmienda a ella que, de haberse
aceptado, habrá reducido a la nada y hecho fracasar la insurrección. Propuso
que ésta no comenzase hasta la apertura del II Congreso de los Soviets, lo que
equivalía a dar largas a la insurrección, a fijar de antemano el día en que
había de estallar, poniendo en guardia con ello al Gobierno provisional.
El C.C. del Partido bolshevique envió delegados con
plenos poderes a la cuenca del Donetz, al Ural, a Helsingfors, a Cronstadt, al
frente sudoccidental, etc., con el fin de organizar sobre el terreno la
insurrección. Los camaradas Voroshilov, Molotov, Dzerzhinski, Ordzhonikidse,
Kirov, Kaganovich, Kuibyshev, Frunze, Yaroslavski y otros recibieron misiones
especiales del Partido para dirigir la insurrección en distintos lugares. En el
Ural, en Shadrinsk, entre las tropas, actuó el camarada Zhdanov. En el frente
occidental, en Bielorrusia, fue el camarada Ezhov el que preparó para la
insurrección a la masa de los soldados. Los delegados del C.C. pusieron en
conocimiento de los dirigentes de las organizaciones bolsheviques de base el
plan de la insurrección y los estimularon a preparar y movilizar sus fuerzas
para ayudar al movimiento en Petrogrado.
Se creó, por el mandato del Comité Central del
Partido, el Comité Militar Revolucionario adscrito al Soviet de Petrogrado, que
había de asumir las funciones de Estado Mayor legal de la insurrección.
A la par que ocurría esto, la contrarrevolución
apresurábase también a concentrar sus fuerzas. La oficialidad del ejército se
organizaba en la entidad contrarrevolucionaria titulada "Liga de
Oficiales". Los contrarrevolucionarios creaban por todas partes Estados
Mayores para la formación de batallones de choque. Hacia fines de octubre, la
contrarrevolución disponía de 43 batallones de éstos. Organizáronse, además,
batallones formados exclusivamente por los "Caballeros de San Jorge".
El Gobierno de Kerenski planteó el problema de su
traslado de Petrogrado a Moscú. Esto indicaba que estaba preparando la entrega
de Petrogrado a los alemanes, para atajar la insurrección en esta capital. Pero
la protesta de los obreros y soldados de Petrogrado obligó al Gobierno
provisional a permanecer allí.
El 16 de octubre, se celebró una sesión ampliada
del C.C. del Partido bolshevique. En ella se eligió un Centro del Partido
encargado de dirigir la insurrección, con el camarada Stalin a la cabeza. Este
Centro era el núcleo dirigente del Comité Militar Rvolucionario adscrito al
Soviet de Petrogrado y fue el que dirigió prácticamente toda la insurrección.
En esta sesión del C.C., los capituladores Zinoviev
y Kamenev volvieron a pronunciarse contra la insurrección. Y habiendo obtenido
la merecida réplica, combatieron abiertamente desde la prensa a la insurrección
y al Partido. El 18 de octubre, un periódico menshevique titulado "Novaia
Zhisn" ("Vida Nueva") publicó una declaración de Kamenev y
Zinoviev, manifestando que los bolsheviques preparaban una insurrección y que
ellos consideraban esta insurrección como una aventura. Con ello, Kamenev y
Zinoviev ponían en conocimiento de los enemigos la decisión del C.C. acerca del
movimiento y de su organización para una fecha inmediata. Este acto era una
traición. Lenin escribió, a propósito de esto: "Kamenev y Zinoviev han
delatado a Rodzianko y a Kerenski el acuerdo del C.C. de su Partido sobre la
insurrección armada". Y planteó ante el Comité Central la expulsión del
Partido de Zinoviev y Kamenev.
Los enemigos de la revolución, prevenidos por los
traidores, comenzaron a tomar sin pérdida de tiempo las medidas necesarias para
atajar la insurrección y aplastar al Estado Mayor dirigente de la revolución,
al Partido bolshevique. El Gobierno provisional celebró un Consejo de ministros
secreto, en el que se acordaron las medidas de lucha contra los bolsheviques.
El 19 de octubre, el gobierno trajo apresuradamente tropas del frente a
Petrogrado. Comenzaron a pulular por las calles patrullas reforzadas. En Moscú,
es donde la contrarrevolución logró concentrar una cantidad muy grande de
fuerzas. El Gobierno provisional había trazado el plan de atacar y tomar el
palacio del Smolny, sede del Comité Central del Partido bolshevique, la víspera
del día en que habían de abrirse las sesiones del II Congreso de los Soviets y
aplastar el centro dirigente de los bolsheviques. Para ello, fueron trasladadas
a Petrogrado tropas de cuya lealtad creía estar seguro el gobierno.
Pero los días y las horas de vida del Gobierno
provisional estaban contados. No había ya fuerza capaz de detener la marcha
arrolladora de la Revolución Socialista.
El 21 de octubre, fueron enviados a todas las
unidades revolucionarias de tropas comisarios bolsheviques del Comité Militar
Revolucionario. Durante los días que precedieron a la insurrección, se
desarrolló una enérgica labor preparatoria de la lucha en el seno de las
unidades militares y en las fábricas y empresas industriales. Se asignaron
también misiones concretas a los barcos de guerra, a los cruceros
"Aurora" y "Sariá Svobodi" ("Amanecer de la
libertad").
En la sesión del Soviet de Petrogrado, a Trotski,
fanfarronenado, se le fue la lengua y delató al enemigo la fecha de la
insurrección, el día señalado por los bolsheviques para desencadenar el
movimiento. Para no dar al Gobierno de Kerenski la posibilidad de hacer
fracasar la insurrección armada, el C.C. del Partido decidió comenzar y llevar
a cabo la insurrección antes de la fecha proyectada, la víspera del día en que
habían de abrirse las sesiones del II Congreso de los Soviets.
Kerenski comenzó a actuar en las primeras horas de
la mañana del 24 de octubre (6 de noviembre), dando orden de suspender el
periódico titulado "Rabochi Put" ("La Senda Obrera"),
órgano central del Partido bolshevique, y enviando los carros de asalto al
local de la redacción de este periódico y al de la imprenta de los
bolsheviques. Pero, hacia las 10 de la mañana, siguiendo instrucciones del
camarada Stalin, los guardias rojos y los soldados revolucionarios desalojaron
a los carros de asalto y reforzaron la guardia de la imprenta y de la redacción
del periódico. Hacia las 11, salió "La Senda Obrera", con un
llamamiento para derribar al Gobierno provisional. Al mismo tiempo, y siguiendo
instrucciones del Centro del Partido para la insurrección, fueron concentrados
urgentemente en el Smolny los destacamentos de soldados revolucionarios y de
guardias rojos.
La insurrección había comenzado.
En la noche del 24 de Octubre, se trasladó Lenin al
Smolny, para hacerse cargo personalmente de la dirección del movimiento.
Durante toda la noche, no cesaron de llegar al Smolny unidades revolucionarias
de tropas y destacamentos de guardias rojos. Los bolsheviques los enviaban al
centro de la ciudad, a cercar el Palacio de Invierno, donde se había
atrincherado el Gobierno provisional.
El 25 de octubre (7 de noviembre), la Guardia Roja
y las tropas revolucionarias tomaron las estaciones de ferrocarril, las
centrales de Correos y Telégrafos, los Ministerios y el Banco del Estado.
Fue disuelto el Preparlamento.
El Palacio del Smolny, residencia del Soviet de
Petrogrado y del Comité Central del Partido bolshevique, convirtióse en Cuartel
General de la revolución; era de aquí de donde salían todas las órdenes de
batalla.
Los obreros de Petrogrado demostraron en estas
jornadas que habían pasado, bajo la dirección del Partido bolshevique, por una
buena escuela. Las unidades militares revolucionarias, preparadas para la
insurrección por la labor de los bolsheviques, cumplían exactamente las órdenes
de batalla que se les daban y se batían en fraternal compenetración con la
Guardia Roja. La marina de guerra no desmereció del ejército. Cronstadt era una
fortaleza del Partido bolshevique, donde hacía ya mucho tiempo que no se reconocía
el Poder del Gobierno provisional. Con el estruendo de sus cañones, enfilados
sobre el Palacio de Invierno, el crucero "Aurora" anunció, el 25 de
octubre, el comienzo de la nueva era, la era de la Gran Revolución Socialista.
El 25 de octubre (7 de noviembre), se publicó un
llamamiento del Partido bolshevique "A los ciudadanos de Rusia". En
él se decía que el Gobierno Provisional burgués había sido derribado y que el
Poder había pasado a manos de los Soviets.
El Gobierno provisional se había refugiado en el
Palacio de Invierno, bajo la protección de los cadetes y de los batallones de
choque. En la noche del 25 al 26 de octubre, los obreros, soldados y marinos
revolucionarios tomaron por asalto al Palacio de Invierno y detuvieron al
Gobierno provisional.
La insurrección armada en Petrogrado había vencido.
El II Congreso de los Soviets de toda Rusia abrió
sus sesiones en el Smolny a las 10 y 45 minutos de la noche del 25 de octubre
(7 de noviembre) de 1917, cuando se hallaba en todo su apogeo la insurrección
triunfante en Petrogrado, y el Poder, en la capital, había pasado ya de hecho a
manos del Soviet de la ciudad.
Los bolsheviques obtuvieron en este Congreso una
aplastante mayoría. Los mensheviques, los delegados del "Bund" y los
socialrevolucionarios de derecha, viendo que ya no tenían nada que hacer allí,
se retiraron del Congreso, no sin antes declarar que renunciaban a tomar parte
en sus tareas. En esta declaración hecha pública en el Congreso de los Soviets,
calificaban como una "conspiración militar" la Revolución de Octubre.
El Congreso puso en la picota a los mensheviques y socialrevolucionarios,
manifestando que, no sólo no lamentaba su retirada, sino que se congratulaba de
ella, ya que, gracias a la retirada de los traidores, el Congreso se convertía
en un verdadero Congreso revolucionario de diputados obreros y soldados.
En nombre del Congreso, fue proclamado el paso de
todo al Poder a manos de los Soviets.
En el llamamiento del II Congreso de los Soviets se
decía:
"Apoyándose en la voluntad de la inmensa
mayoría de los obreros, soldados y campesinos y en la insurrección triunfante
llevada a cabo por los obreros y la guarnición de Petrogrado, el Congreso toma
en sus manos el Poder".
En la noche del 26 de octubre (8 de noviembre) de
1917, el II Congreso de los Soviets aprobó el decreto sobre la paz. El Congreso
proponía a los países beligerantes concertar inmediatamente un armisticio por
un plazo mínimo de tres meses, para entablar negociaciones de paz. Al mismo
tiempo que se dirigía a los gobierno y a los pueblos de todos los países
beligerantes, el Congreso hacía un llamamiento a los "obreros conscientes
de las tres naciones más adelantadas de la Humanidad y de los tres Estados más
importantes que toman parte en la actual guerra: Inglaterra, Francia y
Alemania". E invitaba a estos obreros a que ayudasen a "llevar
rápidamente a término la causa de la paz y con ella, la causa de la liberación
de las masas trabajadoras y explotadas de toda esclavitud y de toda
explotación".
En la noche del mismo día, el II Congreso de los
Soviets aprobó también el decreto sobre la tierra, en el que se declaraba
"inmediatamente abolida, sin ningún género de indemnización, la propiedad
de los terratenientes sobre la tierra". Esta ley se aprobó, tomando como
base un mandato campesino general, redactado con arreglo a los 242 mandatos
locales formulados por los campesinos. En él se declaraba balido para siempre
el derecho de propiedad privada sobre la tierra, que pasaba a ser sustituida
por la propiedad de todo el pueblo, del Estado. Las tierras de los
terratenientes, de la familia imperial y de la iglesia eran entregadas en
disfrute gratuito a todos los trabajadores.
Mediante este decreto, la Revolución Socialista de
Octubre entregaba a los campesinos más de 150 millones de hectáreas de tierra,
que hasta entonces habían estado en manos de los terratenientes, de la
burguesía, de la familia real, de los conventos y de la Iglesia.
Los campesinos quedaban libres del deber de pagar
las rentas a los terratenientes, rentas que ascendían a cerca de 500 millones
de rublos oro al año.
Todas las riquezas del subsuelo (el petróleo, el
carbón y los minerales, etc.), los bosques y las aguas pasaban a ser propiedad
del Pueblo.
Finalmente, del II Congreso de los Soviets de toda
Rusia salió el primer Gobierno Soviético, el Consejo de Comisarios del Pueblo,
formado en su totalidad por bolsheviques. Para presidirlo, fue designado Lenin.
Con esto, terminó sus tareas el histórico II
Congreso de los Soviets.
Los delegados del Congreso se diseminaron por el
país, para difundir la nueva del triunfo de los Soviets en Petrogrado y
asegurar la victoria del Poder Soviético en toda Rusia.
No en todas partes fue tan rápido el paso del Poder
a los Soviets. Ya estaba instaurado en Petrogrado el Poder Soviético, y en las
calles de Moscú se reñían todavía empeñados y furiosos combates que duraron aún
varios días. Antes de consentir que el Poder pasase a manos del Soviet de
Moscú, los partidos contrarrevolucionarios, mensheviques y
socialrevolucionarios, unidos a los guardias blancos y a los cadetes,
desencadenaron la lucha armada contra los obreros y los soldados. Costó varios
días aplastar a los facciosos e instaurar en Moscú el Poder de los Soviets.
En el propio Petrogrado y en sus inmediaciones, se
hicieron, durante los primeros días del triunfo de la revolución, algunas
tentativas contrarrevolucionarias para derrocar el Poder Soviético. El 10 de
noviembre de 1917, Kerenski, que ya en plena insurrección había huido de
Petrogrado a un sector del frente Norte, concentró algunas unidades de cosacos
y las envió sobre Petrogrado, con el general Krasnov a la cabeza. El 11 de
noviembre de 1917, la organización contrarrevolucionaria titulada "Comité de
salvación de la patria y de la revolución", acaudillada por
socialrevolucionarios, desencadenó en Petrogrado una sublevación de cadetes.
Pero esta sublevación fue aplastada sin gran esfuerzo. Tras un solo día de
lucha, al anochecer del 11 de noviembre, los marinos y los guardias rojos
liquidaron la sublevación de los cadetes, y el 13 de noviembre era derrotado el
general Krasnov cerca de las alturas de Pulkovo. Lenin dirigió personalmente el
aplastamiento de esta sublevación antisoviética, lo mismo que había dirigido la
insurrección de Octubre. Su firmeza inquebrantable y su serena seguridad en el
triunfo animaban y fundían en un sólido bloque a las masas. El enemigo fue
aplastado. Krasnov cayó prisionero y dió su "palabra de honor" de que
no volvería a luchar contra el Poder Soviético. Se le puso en libertad bajo
esta "palabra de honor"; pero, algún tiempo después, Krasnov
traicionaba su palabra de general. Kerenski logró escaparse, disfrazado de
mujer, "en dirección desconocida".
También el general Dujonin intentó promover una
sublevación en Moguilev, en el Cuartel General del ejército. Cuando el Gobierno
Soviético ordenó a Dujonin entablar inmediatemente negociaciones para concertar
un armisticio con el mando alemán, este general se negó a cumplir las órdenes
del Gobierno. En vista de esto, el Poder Soviético decretó su destitución. El
alto mando contrarrevolucionario fue aplastado, y Dujonin pereció a manos de
las tropas sublevadas contra él.
Asimismo intentaron una salida contra el Poder
Soviético los consabidos oportunistas emboscados en el Partido: Kamenev,
Zinoviev, Rykov, Shliapnikov y otros. Estos elementos comenzaron a exigir la
formación de "un gobierno socialista homogéneo", con participación de
los mensheviques y socialrevolucionarios, a quienes la Revolución de Octubre
acababa de derribar. El 15 de noviembre de 1917, el C.C. del Partido
bolshevique aprobó una resolución, desechando todo compromiso con estos
partidos contrarrevolucionarios y declarando a Kamenev y Zinoviev esquiroles de
la revolución. El 17 de noviembre, Kamenev, Zinoviev, Rykov y Miliutin,
desconformes con la política del Partido, declararon que dimitían sus puestos
en el Comité Central. El mismo día, 17 de noviembre, Noguin, en su nombre y en
nombre de Rykov, V. Miliutin, Teodorovich, A. Shliapnikov, D. Riazanov, Yurenev
y Larin, que habían entrado a formar parte del Consejo de Comisarios del
Pueblo, formuló una declaración de desacuerdo con la política del C.C. del Partido,
anunciando que los individuos mencionados dimitían sus cargos en el Gobierno
Soviético. La huída de este puñado de cobardes produjo gran júbilo entre los
enemigos de la Revolución de Octubre. Toda la burguesía y sus lacayos se
frotaban las manos de gusto, chillando acerca del derrumbamiento del
bolshevismo y pronosticando el naufragio del Partido bolshevique. Pero este
puñado de desertores no consiguió hacer que el Partido vacilase ni un minuto.
El Comité Central los cubrió con su desprecio, como a desertores de la
revolución y lacayos de la burguesía, sin detenerse un instante en su camino.
En cuanto a los socialrevolucionarios de
"izquierda", deseando no perder si influencia entre las masas
campesinas, que simpatizaban claramente con los bolsheviques, decidieron no
romper con éstos y mantener, por el momento, el frente único con ellos. El
Congreso de los Soviets campesinos, celebrado en noviembre de 1917, reconoció
todas las conquistas de la Revolución Socialista de Octubre y los decretos del
Poder Soviético. Se pactó un acuerdo con los socialrevolucionarios de
"izquierda", algunos de los cuales (Kolegaiev, Spiridonova, Proshián
y Steinberg) fueron incluidos en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Pero este
acuerdo sólo se mantuvo en pie hasta la firma de la paz de Brest-Litovsk y la
constitución de los Comités de campesinos pobres; la profunda diferenciación de
clases que se produjo entonces entre los campesinos, hizo que los
socialrevolucionarios de "izquierda", cuya posición reflejaba cada
vez más acentuadamente los intereses de los kulaks, desencadenaran una
sublevación contra los bolsheviques, siendo aplastados por el Poder Soviético.
Desde octubre de 1917 hasta enero-febrero de 1918,
la revolución soviética logró extenderse por toda Rusia. Tan rápido fue el
ritmo con que el Poder de los Soviets se fue instaurando a lo largo del
territorio del inmenso país, que Lenin hablaba de la "marcha
triunfal" del Poder Soviético.
La Gran Revolución Socialista de Octubre había
triunfado.
Entre las diversas causas que determinaron este
triunfo tan relativamente fácil de la Revolución Socialista en Rusia, conviene
destacar, como fundamentales, las siguientes:
1. La revolución de Octubre se enfrentó con un
enemigo tan relativamente débil, tan mal organizado y tan inexperto
políticamente, como la burguesía rusa. La burguesía rusa, económicamente débil
aun y enteramente dependiente de los suministros al Gobierno, no tenía ni la
independencia política ni la iniciativa necesarias para encontrar una salida a
la situación. No poseía esa experiencia en las picardías y en los manejos
políticos en gran escala que posee, por ejemplo, la burguesía francesa, ni
había pasado por la escuela de cambalaches y granujadas de gran estilo en que
es maestra, por ejemplo, la burguesía inglesa. La burguesía rusa que, días
antes, se esforzaba en llegar a un acuerdo con el zar, derrocado por la
revolución de Febrero no supo, al subir al Poder, después de esto, hacer cosa
mejor que continuar en sus líneas fundamentales la política del aborrecido
autócrata. Abogaba, lo mismo que el zar, por la "guerra hasta la victoria
final", a pesar de que la guerra arruinaba y agotaba al país y dejaba exhaustas
las energías del pueblo y del ejército. Abogaba, lo mismo que el zar, por la
conservación en sus líneas fundamentales de la propiedad de los terratenientes
sobre la tierra, a pesar de que los campesinos perecían por falta de tierras y
sucumbían bajo la opresión de los terratenientes. En cuanto a la política
seguida respecto a la clase obrera, la burguesía rusa iba todavía más allá que
el zar en su odio contra el proletariado, pues no sólo se esforzó en mantener y
robustecer la opresión de los patronos, sino que, además, la hacía
insoportable, mediante la aplicación de lockouts en masa.
No era, pues, extraño que el pueblo no viese
ninguna diferencia esencial entre la política del zar y la de la burguesía y
transfiriese al Gobierno provisional de ésta su odio contra el zarismo.
Mientras los partidos oportunistas
socialrevolucionario y menshevique conservaron cierta influencia sobre el
pueblo, la burguesía pudo atrincherarse detrás de ellos y mantener en sus manos
el Poder. Pero, después que los mensheviques y socialrevolucionarios se
desenmascararon como agentes de la burguesía imperialista, perdiendo con ello
su influencia sobre el pueblo, la burguesía y su Gobierno provisional quedaron
en el aire.
2. A la cabeza de la Revolución de Octubre figuraba
una clase revolucionaria como la clase obrera de Rusia, templada en las luchas,
que había pasado en poco tiempo por dos revoluciones y había sabido conquistar,
en vísperas de la tercera revolución, la autoridad de dirigente del pueblo, en
su lucha por la paz, por la tierra, por la libertad y por el socialismo.
Si no hubiese existido este dirigente de la
revolución, acreedor a la confianza del pueblo, que era la clase obrera de
Rusia, no se hubiese logrado tampoco la alianza entre los obreros y los
campesinos, sin la cual no habría podido triunfar la Revolución de Octubre.
3. La clase obrera de Rusia contaba con una aliado
tan importante en la revolución como eran los campesinos pobres, que formaban
la aplastante mayoría de la población campesina. La experiencia de ocho meses
de revolución, que valía, indudablemente, por la de decenas de años de
desarrollo "normal", no había pasado en vano para las masas
trabajadoras del campo. Durante estos meses, habían tenido ocasión de pulsar en
la realidad a todos los partidos de Rusia y convencerse de que no eran los
kadetes, ni los socialrevolucionarios, ni los mensheviques los que pelearían
contra los terratenientes ni derramarían su sangre por los campesinos; de que
sólo había en Rusia un partido que no se hallaba vinculado con los
terratenientes y que estaba dispuesto a aplastar a éstos para satisfacer las
necesidades de los campesinos, y este partido era el Partido bolshevique. Esta
circunstancia fue la que sirvió de base real para la alianza del proletariado
con los campesinos pobres. La existencia de esta alianza entre la clase obrera
y los pobres del campo determinó también la conducta de los campesinos medios,
que vacilaron durante largo tiempo y sólo en vísperas de la insurrección de
Octubre se orientaron debidamente hacia la revolución, uniéndose a los
campesinos pobres.
Huelga demostrar que sin esta alianza la Revolución
de Octubre no hubiera podido vencer.
4. La clase obrera tenía a su cabeza un partido tan
experto en las luchas políticas como el Partido bolshevique. Sólo un partido
como el bolshevique, suficientemente intrépido para conducir al pueblo al
asalto decisivo y suficientemente prudente para sortear todos los obstáculos
que se alzaban en el camino hacia la meta; sólo un partido así, podía fundir
tan hábilmente en un gran torrente revolucionario movimientos revolucionarios
tan diversos como el movimiento democrático general por la paz, el movimiento
democrático-campesino por la incautación de las tierras de los terratenientes,
el movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos por la igualdad
de derechos de las naciones y el movimiento socialista de la clase obrera por
el derrocamiento de la burguesía y la instauración de la dictadura del
proletariado.
Es indudable que la fusión de estas diversas
corrientes revolucionarias en un poderoso torrente revolucionario único fue lo
que decidió la suerte del capitalismo en Rusia.
5. La Revolución de Octubre estalló en un momento
en que la guerra imperialista estaba aún en su apogeo, en que los principales
Estados burgueses se hallaban escindidos en dos campos enemigos, en que estos
Estados, empeñados en una guerra de unos contra otros y debilitándose
mutuamente, no podían inmiscuirse a fondo en los "asuntos de Rusia"
interviniendo activamente contra la Revolución de Octubre.
Es indudable que esta circunstancia facilitó
considerablemente el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre.
7. La lucha del Partido bolshevique por la
consolidación del Poder soviético. - La paz de Brest-Litovsk. - El VII Congreso
del Partido.
Para consolidar el Poder Soviético, era necesario
destrozar, romper el antiguo aparato del Estado burgués y sustituirlo por el
nuevo aparato del Estado Soviético. Era necesario, asimismo, destruir los
restos del régimen de castas y de opresión nacional, abolir los privilegios de
la Iglesia, acabar con la prensa contrarrevolucionaria y con las organizaciones
contrarrevolucionarias de todo género, tanto legales como ilegales, y disolver
la Asamblea Constituyente burguesa. Por último, era necesario nacionalizar,
tras de la tierra, toda la gran industria, y, sobre todo, salir de la situación
de guerra, acabar con la guerra, que era el mayor obstáculo que se oponía a la
consolidación del Poder Soviético.
Todas estas medidas fueron llevadas a cabo a la
práctica en el transcurso de unos cuantos meses, desde fines de 1917 a mediados
de 1918.
Fue roto y liquidado el sabotaje de los
funcionarios de los viejos ministerios, organizado por los
socialrevolucionarios y los mensheviques. Fueron suprimidos los ministerios,
creándose, para sustituirlos, aparatos soviéticos de administración y los correspondientes
Comisariados del Pueblo. Se creó el Consejo Supremo de Economía nacional,
encargado de dirigir la industria del país. Se organizó la Comisión
extraordinaria de toda Rusia (la "Cheka") para luchar con la
contrarrevolución y el sabotaje, poniéndose al frente de ella a F. Dzerzhinski.
Se dio un decreto creando el Ejército y la Flota Rojos. Fue disuelta la
Asamblea Constituyente, que había sido elegido, fundamentalmente, antes de la
Revolución de Octubre, y se había negado a confirmar los decretos del II
Congreso de los Soviets sobre la paz, sobre la tierra y sobre la instauración
del Poder Soviético.
Con el fin de liquidar definitivamente los residuos
del feudalismo, del régimen de castas y de la desigualdad de derechos en todos
los órdenes de la vida social, se dieron una serie de decretos aboliendo los
privilegios de casta, suprimiendo las restricciones nacionales y religiosas,
separando la Iglesia del Estado y la escuela de la Iglesia y concediendo
igualdad de derechos a las mujeres y a las diversas nacionalidades de Rusia.
En un decreto especial del Gobierno Soviético, que
se conoce con el nombre de "Declaración de derechos de los pueblos de
Rusia", se estatuyó como ley el libre desarrollo de los pueblos de toda
Rusia y su plena igualdad de derechos.
Con el fin de minar la fuerza económica de la
burguesía y de organizar la nueva Economía nacional soviética, y, sobre todo,
la nueva industria soviética, fueron nacionalizados los bancos, los
ferrocarriles, el comercio exterior, la marina mercante y toda la gran
industria, en sus diversas ramas: industria carbonífera, metalúrgica,
petrolífera, química, de construcción de maquinaria, textil, azucarera, etc.
Con objeto de emancipar al país de su dependencia
financiera y de su explotación por los capitalistas extranjeros, fueron
anulados los empréstitos exteriores concertados en nombre de Rusia por el zar y
el Gobierno provisional. Los pueblos del País Soviético no tenían por qué pagar
las deudas contraídas para prolongar la guerra de rapiña y que habían entregado
el país esclavizado a las garras del capital extranjero.
Todas estas medidas y otras semejantes atacaban en
su raíz las fuerzas de la burguesía, de los terratenientes, de la burocracia
reaccionaria y de los partidos contrarrevolucionarios, consolidando
considerablemente el Poder Soviético en el interior del país.
Pero la situación del Poder Soviético no podía
considerarse plenamente afianzada, mientras Rusia se hallase en estado de
guerra con Alemania y Austria. Para consolidar definitivamente el Poder
Soviético, era necesario poner fin a la guerra. Por eso, el Partido desplegó su
lucha por la paz desde los primeros días del triunfo de la Revolución de
Octubre.
El Gobierno Soviético propuso "a todos los
países beligerantes y a sus gobierno entablar negociaciones inmediatas para una
paz justa y democrática". Pero los "aliados", Inglaterra y
Francia se negaron a aceptar la propuesta del Gobierno Soviético. En vista de
la negativa de Francia e Inglaterra a entablar negociaciones de paz, el
Gobierno Soviético, cumpliendo la voluntad de los Soviets, decidió entrar en
negociaciones con Alemania y Austria.
Estas negociaciones comenzaron el 3 de diciembre,
en Brest-Litovsk. El 5 de diciembre, se firmó el convenio de armisticio, es
decir, de suspensión temporal de las hostilidades.
Las negociaciones de paz se desarrollaron en una
situación en que la Economía nacional se derrumbaba, en que todo el país estaba
cansado de la guerra, las unidades militares abandonaban las trincheras y los
frentes se desmoronaban. Durante las negociaciones se puso de manifiesto que
los imperialistas alemanes pretendían apoderarse de enormes porciones del
territorio del antiguo imperio zarista y convertir a Polonia, a Ucrania y a los
países del Báltico en Estados vasallos de Alemania.
Continuar la guerra en estas condiciones equivalía
a jugarse a una carta la existencia de la República soviética, que acababa de
nacer. Planteábase ante la clase obrera y los campesinos la necesidad de
aceptar las duras condiciones de paz, y de replegarse ante el bandolero más
peligroso por aquel entonces, el imperialismo alemán, para obtener una tregua,
robustecer el Poder Soviético y crear un nuevo ejército, el Ejército Rojo,
capaz de defender al país contra los ataques de sus enemigos.
Todos los contrarrevolucionarios, comenzando por
los mensheviques y los socialrevolucionarios y acabando por los guardias
blancos más caracterizados, desplegaron una campaña rabiosa de agitación contra
la firma de la paz. Su línea era clara: aspiraban a romper las negociaciones de
paz, provocar la ofensiva de los alemanes y exponer a un golpe al naciente
Poder Soviético, poniendo en peligro las conquistas de los obreros y los
campesinos.
En esta empresa tenebrosa, tenían por aliados a
Trotski y a su escudero Bujarin, quien, en unión de Radek y de Piatakov,
acaudillaba el grupo antibolshevique que se disfrazaba con el nombre de grupo
de los "comunistas de izquierda". Trotski y el grupo de los
"comunistas de izquierda" libraron en el seno del Partido una lucha
furiosa contra Lenin, exigiendo la continuación de la guerra. Estas gentes
hacían claramente el juego a los imperialistas alemanes y a los
contrarrevolucionarios dentro del país, ya que laboraban por exponer a la
naciente República Soviética, carente aun de ejército, a los golpes del
imperialismo alemán.
Era, verdaderamente, una política de provocadores,
hábilmente disfrazada con frases izquierdistas.
El 10 de febrero de 1918, se interrumpieron las
negociaciones de paz de Brest-Litovsk. A pesar de que Lenin y Stalin insistían,
en nombre del C.C. del Partido bolshevique, en que se firmase la paz, Trotski,
que era presidente de la delegación soviética de paz enviada a Brest, traicionó
abiertamente las instrucciones concretas del Partid bolshevique. Declaró que la
República Soviética se negaba a firmar la paz en las condiciones propuestas por
Alemania, y, al mismo tiempo, comunicó a los alemanes que los Soviets no harían
la guerra y continuarían desmovilizando su ejército.
La cosa era monstruosa. Ni los mismos imperialistas
alemanes podían pedir más de aquel traidor a los intereses del País Soviético.
El gobierno alemán dio por terminado el armisticio
y pasó a la ofensiva. Los restos de nuestro antiguo ejército no hicieron frente
al empuje de las tropas alemanas y comenzaron a dispersarse. Los alemanes
avanzaban rápidamente, ocupando territorios inmensos y amenazando a Petrogrado.
El imperialismo alemán, irrumpiendo en el país de los Soviets, se trazaba como
objetivo derrocar el Poder Soviético y convertir al país en una colonia suya.
El antiguo ejército zarista, que se derrumbaba, no podía hacer frente a las
legiones armadas del imperialismo alemán y se replegaba ante los golpes del
ejército enemigo.
Pero la intervención armada de los imperialistas
alemanes provocó una potente oleada de ardor revolucionario dentro del país. La
clase obrera respondió al grito de "¡La patria socialista está en
peligro!" lanzada por el Partido y el Gobierno Soviético, poniendo en pie
de guerra numerosas unidades del Ejército Rojo. Los jóvenes destacamentos del
nuevo ejército, del ejército del pueblo revolucionario, rechazaron heroicamente
la acometida del bandolero imperialista alemán, armado hasta los dientes. En
Narva y Pskov, los invasores alemanes se encontraron con una réplica enérgica.
Su avance sobre Petrogrado quedó contenido. El día en que fueron rechazadas las
tropas del imperialismo alemán -el 23 de febrero- fue el día en que nació el
Ejército Rojo.
Ya el 18 de febrero de 1918, el C.C. del Partido
bolshevique había aprobado la propuesta de Lenin de enviar un telegrama al
gobierno alemán sobre la conclusión inmediata de la paz. Para arrancar
condiciones más favorables, los alemanes prosiguieron la ofensiva y hasta el 22
de febrero no se mostró al gobierno alemán dispuesto a firmar la paz,
señalando, además, condiciones mucho más duras que las primitivas.
Lenin, Stalin y Sverdlov hubieron de mantener una
lucha empeñadísima en el seno del Comité Central contra Trotski, Bujarin y
demás trotskistas, hasta conseguir que se tomase el acuerdo de concertar la
paz. Lenin señaló que Bujarin y Trotski "ayudabanentorpecían los avances y
el desarrollo de la revolución en Alemania" (Lenin, t. XXII, pág. 307, ed.
rusa).
El 23 de febrero, acordó el C.C. aceptar las
condiciones impuestas por el Mando alemán y firmar el tratado de paz. La
traición de Trotski y Bujarin le costó cara a la República de los Soviets.
Fueron anexionadas por Alemania, Letonia y Estonia, además de Polonia, y
Ucrania quedó separada de la República Soviética y convertida en un Estado
vasallo de Alemania. Se impuso, además, al País Soviético la obligación de
pagar una contribución de guerra a los alemanes.
Entretanto, los llamados "comunistas de
izquierda" proseguían su lucha contra Lenin, hundiéndose cada vez más en
el pantano de la traición.
El Buró regional del Partido de Moscú, del que
lograron adueñarse temporalmente los "comunistas de izquierda"
(Bujarin, Osinski, Yakovleva, Stukov, Mantzev), aprobó una resolución
escisionista de desconfianza en el C.C. y declaró que consideraba "casi
inevitable la escisión del Partido en un plazo inmediato". Y se llegaba
hasta el extremo de incluir en esta resolución un acuerdo antisoviético:
"En interés de la revolución internacional -declaraban en ella los
"comunistas de izquierda"-, consideramos conveniente aceptar la
posibilidad de la pérdida del Poder Soviético, que se está convirtiendo en un
Poder puramente formal".
Lenin calificó esta resolución de "peregrina y
monstruosa".
Por aquel entonces, el Partido no veía aún clara la
causa real de esta conducta antibolshevique de Trotski y de los
"comunistas de izquierda". Pero el proceso del Bloque antisoviético
derechista-trotskista, celebrado recientemente (a comienzos de 1938), ha
revelado que Bujarin y el grupo de "comunistas de izquierda",
acaudillado por él, se hallaban ya en aquel tiempo, juntamente con Trotski y
los socialrevolucionarios de "izquierda", en relaciones secretas y
conspirativas contra el Gobierno de los Soviets. Se ha comprobado que Bujarin,
Trotski y sus cómplices en la conjura se proponían como objetivo romper el
tratado de paz de Brest-Litovsk, detener a V. I. Lenin, I. V. Stalin e I. M.
Sverdlov, asesinarlos y formar un nuevo gobierno, compuesto de bujarinistas,
trotskistas y socialrevolucionarios de "izquierda".
A la par que organizaba clandestinamente este
complot contrarrevolucionario, el grupo de los "comunistas de
izquierda", apoyado por Trotski, atacaba abiertamente al Partido
bolshevique, aspirando a escindirlo y a descomponer sus filas. Pero, en
aquellos momentos difíciles, el Partido formó un bloque en torno a Lenin,
Stalin y Sverdlov y apoyó al Comité Central, tanto en el problema de la paz
como en los demás problemas planteados.
El grupo de los "comunistas de izquierda"
quedó aislado y derrotado.
Para tomar una decisión definitiva sobre el
problema de la paz, se convocó al VII Congreso del Partido bolshevique.
El VII Congreso del Partido abrió sus sesiones el 6
de marzo de 1918. Era el primer Congreso que se convocaba después de la toma
del Poder por el Partido bolshevique. Asistieron a él 46 delegados con voz y
voto y 58, sin derecho a votar. Estuvieron representados en este Congreso
145.000 afiliados. En realidad, el Partido tenía ya más de 270.000 miembros.
Esta diferencia se explica por el carácter urgente del Congreso, que impidió a
muchas organizaciones enviar delegados, no habiendo podido hacerlo tampoco las
encalvadas en el territorio ocupado por los alemanes.
Informando sobre la paz de Brest-Litovsk, Lenin
dijo en este Congreso: "...la dura crisis por la que atraviesa nuestro
Partido, con motivo de la formación dentro de él de una oposición de izquierda,
es una de las mayores crisis por las que ha pasado la revolución rusa"
(Lenin, t. XXII, pág. 321, ed. rusa).
La resolución presentada por Lenin sobre la paz de
Brest-Litovsk fue aprobada por 30 votos contra 12 y 4 abstenciones.
Al día siguiente de aprobarse esta resolución,
Lenin escribía en su artículo titulado "Una paz desgraciada":
"Insoportablemente duras son las condiciones
de paz. Pero, a pesar de todo, la historia se impondrá... ¡A trabajar en la
organización, en la organización y en la organización! El porvenir,
cualesquiera que sean las pruebas por las que pasemos, es nuestro" (Obra
citada, pág. 288).
En la resolución aprobada por el Congreso se
advertía que sería inevitable que en el futuro surgiesen también ataques
bélicos de los Estados imperialistas contra la República de los Soviets, por
cuya razón el Congreso consideraba deber fundamental del Partido tomar las
medidas más enérgicas y decisivas con objeto de elevar la disciplina en el seno
del Partido y la de los obreros y campesinos en general, poner a las masas en
condiciones de defender abnegadamente la patria socialista, organizar el
Ejército Rojo e instruir militarmente a toda la población.
El Congreso, después de ratificar la justeza de la
línea leninista en el problema de la paz de Brest-Litovsk, condenó la posición
de Trotski y de Bujariny estigmatizó el intento de los "comunistas de
izquierda", derrotados, de proseguir en el mismo Congreso su labor
escisionista.
La firma de la paz de Brest-Litovsk dio al Partido
la posibilidad de ganar tiempo para afianzar el Poder Soviético y poner en
orden la Economía del país.
La firma de la paz dio al Partido la posibilidad de
aprovecharse de los choques existentes dentro del campo imperialista
(continuación de la guerra de Austria y Alemania con la Entente), de
descomponer las fuerzas del adversario, de organizar la Economía soviética y de
crear el Ejército Rojo.
La paz de Brest-Litovsk permitió al proletariado
mantener a su lado a los campesinos y acumular fuerzas para aplastar a los
generales blancos en el periodo de la guerra civil.
Durante el periodo de la Revolución de Octubre,
Lenin había enseñado al Partido bolshevique cómo hay que avanzar resueltamente
y sin miedo, cuando se dan las condiciones necesarias para ello. Durante el
periodo de la paz de Brest-Litovsk, le enseñó cómo hay que retroceder,
ordenadamente, cuando las fuerzas del adversario superan a ciencia cierta las
propias, con el fin de preparar con la mayor energía la nueva ofensiva contra
el enemigo.
La historia ha confirmado plenamente la justeza de
la línea leninista.
En el VII Congreso se tomó el acuerdo de cambiar el
nombre del Partido y de redactar un nuevo programa. El Partido pasó a llamarse
Partido Comunista de Rusia (bolshevique) -P.C.R. (b)-. Lenin propuso este
nombre, por ajustarse exactamente al objetivo que el Partido bolshevique se
propone, que es la realización del comunismo.
Para la redacción del nuevo programa del Partido
fue elegida una Comisión especial, de la que formaban parte Lenin, Stalin y
otros, tomándose como base el proyecto presentado por Lenin.
Como se ve, el VII Congreso realizó una obra
histórica formidable: derrotó a los enemigos emboscados dentro del Partido, a
los "comunistas de izquierda" y a los troskistas, consiguió sacar al
país de la guerra imperialista, logró la paz, y con ella una tregua que
permitió al Partido ganar tiempo para organizar el Ejército Rojo, e impuso al
Partido la misión de implantar un orden socialista en la Economía nacional.
8. El plan de Lenin para abordar la construcción
del socialismo. - Se crean los comités de campesinos pobres y se pone coto a
los kulaks. - La sublevación de los socialrevolucionarios de
"izquierda" y su aplastamiento. - El V Congreso de los Soviets y
aprobación de la Constitución de la República Socialista Federativa Soviética
de Rusia.
Después de concertar la paz y obtener una tregua,
el Poder Soviético abordó el problema de desarrollar la construcción del
socialismo. Lenin llamaba al periodo, que va desde noviembre de 1917 hasta
febrero de 1918, el periodo de "ataque de Guardia Roja contra el
capital". Durante el primer semestre del año 1918, el Poder Soviético
logró destruir la potencia económica de la burguesía, concentrar en sus manos
los puestos de mando de la Economía nacional (las fábricas y empresas
industriales, los bancos, los ferrocarriles, el comercio exterior, la marina
mercante, etc.), destrozar el aparato del Estado burgués y liquidar
victoriosamente los primeros intentos de la contrarrevolución para derrocar el
Poder Soviético.
Pero todo esto distaba todavía mucho de ser
suficiente. Para poder avanzar, era necesario pasar del derrumbamiento de lo
viejo a la construcción de lo nuevo. Por eso, en la primavera de 1918, se
inició el paso a la nueva etapa de la construcción socialista, se pasó de la
"expropiación de los expropiadores", al afianzamiento organizado de
las victorias conseguidas, a la edificación de la Economía nacional soviética.
Lenin consideraba necesario aprovecharse hasta el máximum de la tregua para abordar
el problema de echar los cimientos de la Economía socialista. Los bolsheviques
tenían que aprender a organizar de un modo nuevo la producción y a
administrarla. Lenin escribía que el Partido bolshevique había logrado
convencer a Rusia y había conseguido arrancarla de manos de los ricos para
entregarla al pueblo; ahora, decía Lenin, es necesario que el Partido
bolshevique aprenda a gobernar y administrar a Rusia.
En esta etapa, Lenin reputaba como tareas
fundamentales las de contabilizar lo que se producía en la Economía nacional y
controlar el consumo de todos los artículos producidos. En la economía rusa
predominaban los elementos pequeñoburgueses. Millones de pequeños industriales
y campesinos formaban el terreno que servía de base para el desarrollo del
capitalismo. Estos pequeños empresarios no reconocían ni la disciplina del
trabajo ni la disciplina general del Estado; no se sometían a ningún requisito
de contabilidad ni de control. En aquellos momentos difíciles, constituía un
peligro especialmente grande el elemento pequeño burgués de especulación y
mercantilismo, y las tentativas de estos pequeños industriales y comerciantes
de enriquecerse a costa de la miseria del pueblo.
El Partido bolshevique desplegó una lucha enérgica
contra la desidia en la producción, contra la falta de disciplina de trabajo en
la industria. Las masas iban asimilando, lentamente nuevos hábitos de trabajo.
Esto hacía que la lucha por una disciplina en el trabajo fuese, durante este
periodo, la tarea central.
Lenin señaló la necesidad desplegar la emulación
socialista en la industria, de implantar al salario a destajo, de luchar contra
el igualitarismo, aplicando, a la par con medidas educativas de persuasión,
medidas de coacción contra cuantos pretendieran estafar al Estado, contra los
haraganes y los especuladores. Entendía que la nueva disciplina, una disciplina
de trabajo, una disciplina de camaradería, una disciplina soviética, sería
forjada por los millones de trabajadores en la práctica de su trabajo cotidiano.
Y hacía notar que "esta obra llenará toda una época histórica"
(Lenin, t. XXIII, pág. 44, ed. rusa).
Todos estos problemas de la construcción del
socialismo, los problemas de la creación de nuevas relaciones de producción de
tipo socialista, fueron esclarecidos por Lenin en su notable trabajo titulado
"Las tareas actuales del Poder Soviético".
Los "comunistas de izquierda", del brazo
de los socialrevolucionarios y mensheviques, lucharon también contra Lenin
respecto a estos problemas. Bujarin, Osinski y otros se manifestaron en contra
de la implantación de una disciplina, en contra de la dirección unipersonal de
las empresas, en contra del empleo de especialistas en la industria, en contra
de la instauración de un régimen de contabilidad y de control financiero. Y
calumniaban a Lenin, afirmando que semejante política representaba la vuelta al
régimen burgués. Al mismo tiempo, los "comunistas de izquierda"
predicaban la tesis trotskista sobre la imposibilidad de que en Rusia saliese
adelante la edificación socialista y triunfase el socialismo.
Detrás de las frases "izquierdistas" de
los "comunistas de izquierda" se escondía la defensa de los kulaks,
de los haraganes, de los especuladores, que eran enemigos de la disciplina del
trabajo y veían con hostilidad la reglamentación por el Estado de la vida
económica, el régimen de contabilidad y de control.
Después de perfilar los problemas de la
organización de la nueva industria soviética, el Partido bolshevique acometió
los problemas del campo. En el campo, estaba en ebullición, por aquel entonces,
la lucha de los campesinos pobres contra los kulaks. Estos acaparaban por la
fuerza, se apoderaban de las tierras que les habían sido arrebatadas a los
terratenientes. Los campesinos pobres estaban necesitados de ayuda. Los kulaks
luchaban contra el Estado proletario, negándose a venderle el trigo a precio de
tasa. Proponíanse obligar al Estado Soviético, por medio del hambre, a
renunciar a la implantación de medidas socialistas. El Partido bolshevique se
trazó el objetivo de aplastar a los kulaks contrarrevolucionarios. Para
organizar a los campesinos pobres y luchar con éxito contra los kulaks, que
disponían del trigo sobrante, se organizó una campaña de los obreros en el
campo.
"¡Camaradas obreros! -escribía Lenin- recordad
que la revolución atraviesa por una situación crítica. Recordad que sois
vosotros y nadie más que vosotros quienes podéis salvar la revolución. Decenas
de miles de obreros escogidos, adelantados, entregados a la causa del
socialismo, incapaces de rendirse al soborno ni a la rapiña, capaces de crear
una fuerza férrea contra los kulaks, los especuladores, los merodeadores, las
gentes venales, los desorganizadores: he ahí lo que nos hace falta" (Lenin,
t. XXIII, pág. 25, ed. rusa).
"La lucha por el pan es la lucha por el
socialismo", dijo Lenin, y bajo esta consigna se desarrolló la
organización de los obreros para la campaña en las aldeas. Se dictó una serie
de decretos por los que se instauraba una dictadura del abastecimiento y se
concedían a los órganos del Comisariado de Abastecimiento poderes
extraordinarios para comprar trigo a precios de tasa.
Por un decreto del 11 de junio de 1918, fueron
creados los Comités de campesinos pobres. Esto Comités desempeñaron un gran
papel en la lucha contra los kulaks, en el nuevo reparto de las tierras
confiscadas y la distribución de los aperos de labranza y del ganado de labor,
en la adquisición a los kulaks de los productos sobrantes y en avituallamiento
de los centros obreros y del Ejército Rojo. 50 millones de hectáreas de tierras
detentadas por los kulaks pasaron a manos de los campesinos pobres y medios. Y fue
confiscada a los kulaks, en beneficio de los campesinos pobres, una parte
considerable de los medios de producción.
La organización de estos Comités de campesinos
pobres representó una etapa de avance en la marcha de la revolución socialista
en el campo. Estos comités eran los baluartes de la dictadura del proletariado
en la aldea. Y fueron, además, en una medida considerable, el cauce a través
del cual se reclutaron los cuadros del Ejército Rojo entre la población
campesina.
La campaña de los proletarios en las aldeas y la
organización de los Comités de campesinos pobres afianzaron el Poder Soviético
en el campo y tuvieron una enorme importancia política para atraer a los
campesinos medios al lado del Poder Soviético.
A fines de 1918, después de cumplir su misión, los
Comités de campesinos pobres dejaron de existir, fundiéndose con los Soviets
rurales.
El 4 de julio de 1918, se abrió el V Congreso de
los Soviets. Los socialrevolucionarios de "izquierda" desplegaron en
este Congreso una lucha rabiosa contra Lenin, en defensa de los kulaks.
Exigieron que se pusiese fin a la campaña contra los kulaks y se renunciase a
enviar al campo destacamentos obreros encargados del abastecimiento. Y cuando
se convencieron de que su actitud encontraba una resistencia firme por parte de
la mayoría del Congreso, organizaron una sublevación en Moscú, se apoderaron de
una calle y comenzaron a cañonear desde ella el Kremlin. Pero, en término de
pocas horas, esta aventura socialrevolucionaria de "izquierda" fue
aniquilada por los bolsheviques. Y aunque las organizaciones locales de los
socialrevolucionarios de "izquierda" intentaron también sublevarse en
una serie de puntos del país, la aventura fue rápidamente liquidada en todas
partes.
Como ha venido a demostrar últimamente el proceso
contra el Bloque antisoviético derechista-trotskista, la sublevación de los
socialrevolucionarios de "izquierda" se produjo con conocimiento y de
acuerdo con Bujarin y Trotski, y formaba parte del plan general de un complot
contrarrevolucionario de los bujarinistas, los trotskistas y los
socialrevolucionarios de "izquierda" contra el Poder Soviético.
Por aquellos mismos días, el socialrevolucionario
de "izquierda" Bliumkin, que más tarde había de pasar a ser agente de
Trotski, se deslizó en la embajada alemana y, con el fin de provocar una guerra
con Alemania, asesinó al embajador alemán en Moscú, Mirbach. Pero el Gobierno
Soviético logró evitar la guerra y hacer fracasar la provocación de los
contrarrevolucionarios.
En el V Congreso de los Soviets fue aprobada la
Constitución de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, la
primera de todas las constituciones soviéticas.
RESUMEN
Durante los ocho meses que van desde febrero a
octubre de 1917, el Partido bolshevique realiza una dificilísima labor:
conquista la mayoría de la clase obrera y, dentro de los Soviets, atrae al lado
de la Revolución Socialista a millones de campesinos. Arranca a estas masas a
la influencia de los partidos pequeño-burgueses (socialrevolucionarios,
mensheviques, anarquistas) y va desenmascarando paso a paso, la política de
esto partidos, dirigida contra los intereses de los trabajadores. El Partido
bolshevique despliega una labor política gigantesca en el frente y en la
retaguardia, preparando a las masas para la Revolución Socialista de Octubre.
Los momentos decisivos en la historia del Partido
bolshevique durante este periodo, fueron: la llegada de Lenin de la emigración,
sus Tesis de Abril, la Conferencia de Abril del Partido y el VI Congreso de
éste. Los acuerdos del Partido infundieron a la clase obrera fuerza y seguridad
en el triunfo y le dieron soluciones para los problemas más importantes de la
Revolución. La Conferencia de Abril encaminó al Partido hacia la lucha por el
paso de la revolución democráticoburguesa a la revolución socialista. El VI
Congreso orientó al Partido hacia la insurrección armada contra la burguesía y
su gobierno provisional.
Los partidos oportunistas, socialrevolucionarios y
mensheviques, anarquistas y demás partidos no comunistas, coronaron su
trayectoria: todos ellos se convirtieron, ya antes de la Revolución de Octubre
en partidos burgueses, defendiendo la integridad y la conservación del régimen
capitalista. Sólo el Partido bolshevique dirigió a las masas en su lucha por el
derrocamiento de la burguesía y la instauración del Poder de los Soviets.
Al mismo tiempo, los bolsheviques aplastaron los
intentos de los capituladores dentro del partido, los intentos de Zinoviev,
Kamenev, Rykov, Bujarin, Trotski, Piatakov y otros de desviar al Partido del
camino de la Revolución Socialista.
La clase obrera, dirigida por el Partido
bolshevique, aliada a los campesinos pobres y apoyada por los soldados y
marinos, derribó el Poder de la burguesía, instauró el Poder de los Soviets,
fundó un nuevo tipo de Estado, el Estado soviético socialista, abolió la
propiedad de los terratenientes sobre la tierra, entregó ésta en disfrute a los
campesinos, nacionalizó toda la tierra del país, expropió a los capitalistas,
puso término a la guerra conquistando la paz, obtuvo la necesaria tregua y creó
con ello las condiciones indispensables para el desarrollo de la construcción
socialista.
La Revolución Socialista de Octubre destruyó el
capitalismo, arrebató a la burguesía los medios de producción y convirtió las
fábricas y empresas industriales, la tierra, los ferrocarriles y los bancos en
propiedad de todo el pueblo, en propiedad social.
Instauró la dictadura del proletariado y entregó la
dirección de un inmenso Estado a la clase obrera, convirtiéndola con ello en
clase dominante.
Con esto, la Revolución Socialista de Octubre abre
en la historia de la Humanidad una nueva era, la era de las revoluciones
proletarias.
VIII
EL PARTIDO BOLSHEVIQUE
DURANTE EL PERIODO DE LA INTERVENCIÓN MILITAR EXTRANJERA Y DE LA GUERRA CIVIL
(1918-1920)
1. Comienza la intervención militar extranjera. -
Primer periodo de la guerra civil.
La firma de la paz de Brest-Litovsk y el
afianzamiento del Poder Soviético, como resultado de la serie de medidas de
tipo económico-revolucionario adoptadas por él, en los momentos en que la
guerra seguía en si apogeo en los frentes occidentales, provocaron una alarma
muy grande entre los imperialistas de la Europa occidental y, sobre todo, entre
los de la Entente.
Los imperialistas del campo de la Entente temían
que la paz entre Alemania y Rusia aliviase la situación militar de Alemania,
empeorando con ello, por lo tanto, la situación de las tropas de la Entente.
Temían, además, que la firma de la paz entre Rusia y Alemania acentuase el
anhelo de paz en todos los países y en todos los frentes, quebrantando de este
modo la causa de la guerra, la causa de los imperialistas. Temían, finalmente,
que la existencia del Poder Soviético en un territorio tan enorme como el de
Rusia y los éxitos logrados por él dentro del país, después del derrocamiento
del Poder de la burguesía, fuesen un ejemplo contagioso para los obreros y
soldados de los países occidentales, en los que fermentaba un profundo
descontento contra aquella guerra interminable y que -siguiendo el ejemplo de
los rusos- podían llegar a volver las bayonetas contra sus amos y opresores.
Por todas estas razones, los gobiernos de la Entente decidieron lanzarse a la
intervención militar contra Rusia, con el fin de derribar el Poder Soviético e
instaurar un Poder burgués que restableciese el régimen capitalista dentro del
país, anulase el tratado de paz con los alemanes y rehiciese el frente de
guerra contra Alemania y Austria.
Los imperialistas de la Entente se embarcaron
alegremente en esta tenebrosa aventura, convencidos como estaban de la
inestabilidad del Poder Soviético y seguros de que, a poco que sus enemigos se
esforzasen, su caída sería inevitable y rápida.
Mayor era aún la alarma que los éxitos del Poder
Soviético y su afianzamiento infundían en las filas de las clases derrocadas
-entre los terratenientes y los capitalistas-, en las filas de los partidos
derrotados -kadetes, mensheviques, socialrevolucionarios, anarquistas y
nacionalistas burgueses de todas las calañas- y en las filas de los generales
blancos, de la oficialidad cosaca, etc.
Desde los primeros días del triunfo de la
Revolución de Octubre, todos estos elementos enemigos gritaban a pleno pulmón
que el Poder Soviético no podía echar raíces en Rusia, que estaba condenado a
morir, que se hundiría forzosamente al cabo de una, o dos semanas, a la vuelta
de un mes, o a lo sumo, de dos o tres meses. Y como el Poder Soviético, a pesar
de los exorcismos de sus adversarios, seguía existiendo y afianzándose, los
enemigos del Poder Soviético dentro de Rusia viéronse obligados a reconocer que
el nuevo Poder era mucho más fuerte de lo que ellos habían pensado y que para
derribarlo era necesario desplegar esfuerzos muy serios y desencadenar una
rabiosa lucha de todas las fuerzas de la contrarrevolución. En vista de esto,
decidieron desarrollar una amplia labor sediciosa y contrarrevolucionaria
encaminada a agrupar las fuerzas de la contrarrevolución, a reclutar cuadros
militares y a organizar la sublevación, sobre todo, en las regiones de cosacos
y de kulaks.
Y así, ya en la primera mitad del año 1918, se
formaron de un modo definido dos grupos de fuerzas dispuestas a luchar por el
derrocamiento del Poder Soviético: en el extranjero, los imperialistas de la
Entente, y, dentro de Rusia, la contrarrevolución.
Ninguna de estas dos fuerzas contaba con elementos
suficientes para lanzarse por sí solas a conseguir el objetivo apetecido. La
contrarrevolución interior disponía de algunos cuadros militares, así como
también de cierta cantidad de hombres, reclutados principalmente entre los
cosacos acomodados y los kulaks, con los que necesitaba contar para
desencadenar la insurrección contra el Poder Soviético. Pero carecía de dinero
y de armas. En cambio, los imperialistas extranjeros tenían dinero y armas,
pero no podían "asignar" a la intervención la cantidad necesaria de
tropas, no sólo porque las necesitaban para hacer la guerra contra Alemania y
Austria, sino porque, además, estas tropas podían resultar poco seguras para la
lucha contra el Poder Soviético.
Las condiciones de lucha contra los Soviets
imponían la unificación de ambas fuerzas antisoviéticas, las del extranjero y
las del interior. Y esta unificación se llevó a cabo, en efecto, en la primera
mitad del año 1918.
Así fue cómo se forjó la intervención armada
extranjera contra el Poder Soviético, apoyada por las sediciones
contrarrevolucionarias de los enemigos de los Soviets dentro de Rusia.
Con esto, terminaba la tregua y comenzaba la guerra
civil en Rusia, la guerra de los obreros y campesinos de los pueblos de Rusia
contra los enemigos exteriores e interiores del Poder Soviético.
Los imperialistas de Inglaterra, Francia, el Japón
y los Estados Unidos comenzaron su intervención militar sin previa declaración
de guerra, a pesar de que esta intervención no era sino una guerra
desencadenada contra Rusia, y una guerra, además, de la peor especie. Estos
bandoleros "civilizados" extendieron su zarpa y desembarcaron sus
tropas en el territorio ruso subrepticiamente, como unos rateros.
Las tropas anglofrancesas desembarcaron en el Norte
de Rusia, ocuparon Arjanguelsk y Murmansk, apoyando a la sublevación de
guardias blancos organizada en este región, derribaron el Poder de los Soviets
y crearon el llamado "gobierno del Norte de Rusia", gobierno faccioso
de guardias blancos.
Las tropas japonesas desembarcaron en Vladivostok,
se apoderaron de la provincia marítima, disolvieron los Soviets y apoyaron a
los guardias blancos facciosos, que después se encargaron de restaurar el
régimen burgués.
En el Cáucaso del Norte, los generales Kornilov,
Alexeiev y Denikin, apoyados por los ingleses y los franceses, organizaron un
"ejército voluntario" de guardias blancos, desencadenaron una
sublevación de cosacos ricos y abrieron la campaña contra los Soviets.
En la región del Don, los generales Krasnov y
Mármontov, apoyados secretamente por los imperialistas alemanes (el tratado de
paz entre Alemania y Rusia les impedía prestarles un apoyo franco),
desencadenaron la sublevación de los cosacos del Don, ocuparon la región bañada
por este río y abrieron también la campaña contra los Soviets.
En la región central del Volga y en Siberia los
anglofranceses intrigaron para organizar la sublevación del cuerpo de ejército
checoslovaco. Este cuerpo de ejército, compuesto por prisioneros de guerra,
había sido autorizado por el Gobierno Soviético para regresar a su país por
Siberia y el Extremo Oriente. Por el camino, los socialrevolucionarios y los
ingleses y franceses le indujeron a sublevarse contra el Poder Soviético. La
sublevación de este cuerpo de ejército fue la señal para el alzamiento sedicioso
de los "kulaks" del Volga y de Siberia y de los obreros de las
fábricas de Votkinsk e Izhevsk influenciados por los socialrevolucionarios. En
la región del Volga fue instaurado un gobierno de guardias blancos y
socialrevolucionarios, con residencia en Samara. En Omsk, se estableció el
gobierno de los guardias blancos de Siberia.
Alemania no tomó ni podía tomar parte en esta
campaña de intervención del bloque anglo-francés-japonés-norteamericano, entre
otras cosas, por la sencilla razón de que se hallaba en guerra contra este
bloque. Pero, a pesar de esto y de la existencia de un tratado de paz entre
Alemania y Rusia, ningún bolshevique abrigaba la menor duda de que el gobierno
alemán del káiser era un enemigo tan feroz del País Soviético como los
intervencionistas ingleses, franceses, japoneses y norteamericanos. Y, en
efecto, los imperialistas alemanes hicieron lo posible y lo imposible por
aislar, quebrantar y hundir al País de los Soviets. Separaron a Ucrania de la
Rusia Soviética -cierto es que a base de un "tratado" con la Rada
ucraniana-, introdujeron sus tropas en Ucrania, a petición de la Rada ucraniana
de los guardias blancos, y comenzaron a saquear y oprimir ferozmente al pueblo
ucraniano, prohibiéndole mantener el menor el menor contacto con la Rusia
Soviética. Separaron de ésta a la Transcaucasia, introdujeron en su territorio,
a petición de los nacionalistas georgianos y azerbaidzhanos, tropas alemanas y
turcas, empezaron a mandar como amos y señores en Tiflis y en Bakú, y ayudaron
por todos los medios, aunque por debajo de cuerda, ciertamente, con armas y
provisiones al general Krasnov, sublevado en el Don contra el Poder Soviético.
La Rusia Soviética veíase, de este modo, aislada de
las regiones que eran sus fuentes básicas de abastecimiento, de materias primas
y de combustibles.
La vida en la Rusia Soviética, durante este
periodo, fue terriblemente dura. Escaseaba el pan. Escaseaba la carne. El
hambre atenaceaba a los obreros. Los obreros de Moscú y Petrogrado recibían una
ración de un octavo de libra de pan cada dos días. Había días en que no se
repartía ni un pedazo de pan. Las fábricas estaban paradas o trabajaban muy
poco tiempo, pues no había materias primas ni combustible. Pero la clase obrera
no se amilanaba, ni se amilanaba tampoco el Partido bolshevique. Las increíbles
dificultades de este periodo y la lucha desesperada contra ellas revelaron cuán
inagotables son las energías que atesora la clase obrera y cuán grande e
inconmensurable es la fuerza de la autoridad del Partido bolshevique.
El Partido proclamó al país un campamento de guerra
y reconstruyó su vida económica, política y cultural en consonancia con esto.
El Gobierno Soviético declaró que "la patria socialista estaba en
peligro" y llamó al pueblo a la defensa revolucionaria. Lenin lanzó la
consigna de "¡Todo para el frente!", y cientos de miles de obreros y
campesinos se enrolaron como voluntarios en el Ejército Rojo y se fueron al
frente. Cerca de la mitad del total de afiliados al Partido y a las Juventudes
Comunistas marcharon a ocupar su puesto en los frentes de lucha. El Partido
puso al pueblo en pie para la guerra de salvación de la Patria contra la
invasión de las tropas de los intervencionistas extranjeros y contra la
sublevación de las clases explotadoras derrocadas por la revolución. El Consejo
de la Defensa obrera y campesina, organizado por Lenin, dirigía el envío de
hombres, víveres, equipos y armas a los frentes. El paso del sistema del
voluntariado al servicio militar obligatorio llevó a las filas del Ejército Rojo
a centenares de miles de hombres de refuerzo, y en poco tiempo el Ejército Rojo
se convirtió en un ejército de un millón de combatientes.
A pesar de la durísima situación del país y de la
juventud del Ejército Rojo, que no había logrado fortalecerse todavía, las
medidas de defensa adoptadas no tardaron en acarrear los primeros éxitos. El
general Krasnov fue repelido de Tsaritsin, cuya toma daba por segura, y
rechazado más allá del Don. Las andanzas del general Denikin quedaron
localizadas dentro de una región reducida del Cáucaso Norte, y el general
Kornilov fue muerto en combate contra el Ejército Rijo. Los checoslovacos y las
bandas de socialrevolucionarios y guardias blancos fueron desalojados de Kazán,
Simbirsk y Samara y arrojados a los Urales. La sublevación del guardia blanco
Savinkov en Yaroslavl, organizada por el jefe de la Misión inglesa en Moscú,
Lockhart, fue aplastada y Lockhart detenido. Los socialrevolucionarios, que
habían asesinado a los camaradas Uritski y Volodarski y perpetrado el atentado
criminal contra la vida de Lenin, fueron sometidos al terror rojo en respuesta
al terror blanco desencadenado por ellos contra los bolsheviques, siendo
aplastados en todos los puntos más a menos importantes de la Rusia central.
En estos combates contra los enemigos se templó y
se hizo fuerte y vigoroso el joven Ejército Rojo.
Los comisarios comunistas que actuaron durante este
periodo en el Ejército Rojo desempeñaron un papel decisivo en la obra de
fortalecimiento del Ejército, en la obra de su educación política, en la obra
de reforzamiento de su capacidad combativa y de su disciplina.
Pero el Partido bolshevique comprendía que esto
éxitos del Ejército Rojo no resolvían el problema, que no eran más que los
éxitos iniciales. Comprendía que le aguardaban nuevos combates, aun más
encarnizados, y que el país sólo podría recobrar las regiones perdidas, que
eran sus fuentes de abastecimiento de materias primas y de combustible, a
fuerza de una larga y dura lucha contra sus enemigos. Por eso, los bolsheviques
comenzaron a prepararse intensivamente para una larga guerra y decidieron poner
a toda la retaguardia al servicio del frente. El Gobierno Soviético implantó el
comunismo de guerra. El Poder de los Soviets puso bajo su control, además de la
gran industria, la industria pequeña y mediana, con el fin de acumular los
artículos de primera necesidad para abastecer de ellos al ejército y al campo.
Implantó el monopolio del comercio del trigo, prohibió el comercio privado de
cereales e introdujo el sistema de la contingentación de productos agrícolas,
con objeto de movilizar todo el sobrante de los productos recolectados por los
campesinos, formar un stock de trigo y abastecer de víveres al Ejército y a los
obreros. Finalmente, implantó el trabajo obligatorio, extensivo a todas las
clases de la población. Esta incorporación de la burguesía al trabajo físico
obligatorio permitía utilizar a los obreros para otros trabajos más importantes
con vistas al frente, y con ella el Partido ponía en práctica el principio de
"el que no trabaja, no come".
Todo este sistema de medidas impuestas por las
condiciones extraordinariamente difíciles en que había que organizar la defensa
del país, tenía carácter provisional y se englobaba bajo el nombre de comunismo
de guerra.
El país se preparaba para una larga y dura guerra
civil contra los enemigos exteriores e interiores del Poder Soviético. A fines
del año 1918, hubo necesidad de triplicar el contingente del ejército. Este
ejército exigía que se acumulasen los medios necesarios para abastecerlo.
He aquí cómo se expresaba Lenin, por aquellos días:
"Hemos decidido tener un ejército de un millón
de hombres para la primavera; ahora, necesitamos un ejército de tres millones
de hombres. Podemos tener este ejército y lo tendremos".
2. Derrota militar de Alemania. - La revolución
alemana. - Fundación de la Tercera Internacional. - El VIII Congreso del
Partido.
Mientras el País Soviético se preparaba para nuevos
combates contra los intervencionistas extranjeros, en el Occidente, en la
retaguardia y en los frentes de los países beligerantes, producíanse
acontecimiento decisivos. Alemania y Austria iban quedándose exhaustas entre
los tormentos de la guerra y de la crisis de subsistencias. Mientras
Inglaterra, Francia y los Estados Unidos movilizaban nuevos y nuevas reservas,
Alemania y Austria estrujaron las últimas y exiguas reservas de que podían
disponer. Tal como estaba la cosa, Alemania y Austria, agotadas hasta más no
poder, tenían que ser derrotadas sin tardanza.
Entretanto, iba fermentando dentro de estos países
la indignación del pueblo contra aquella guerra interminable y aniquiladora y
contra los gobiernos imperialistas de estos países que habían llevado al pueblo
al agotamiento y al hambre. También aquí se revelaba la formidable influencia
revolucionaria de la Revolución de Octubre, de actos de confraternización entre
los soldados soviéticos y los soldados austro-alemanes en el frente ya antes de
la paz de Brest-Litovsk y, después de ésta, la influencia de la misma cesación
de la guerra contra la Rusia Soviética y de la paz concertada con ella. El
ejemplo de Rusia, donde el pueblo había logrado poner fin a la guerra mediante
el derrocamiento de su gobierno imperialista, no podía menos de servir de
enseñanza a los obreros austro-alemanes. Y los soldados alemanes del frente
oriental que habían sido desplazados al frente occidental, después de la paz de
Brest, tenían forzosamente que contribuir a descomponer el ejército alemán,
destacado allí con sus relatos acerca de los actos de confraternización con los
soldados soviéticos y acerca del modo cómo éstos habían sabido desembarazarse
de la guerra. En cuanto al ejército austriaco, había comenzado a descomponerse
ya antes que el alemán, como resultado de las mismas causas.
Todas estas circunstancias contribuyeron a
acrecentar en las tropas alemanas el anhelo de paz, a hacer que no diesen ya
pruebas de la misma combatividad de antes y a que comenzasen a retroceder ante
el empuje de las tropas de la Entente; en el interior de Alemania, estalló, en
noviembre de 1918, la revolución, derribando al káiser y a su gobierno.
Alemania vióse obligada a reconocer su derrota y a
pedir la paz a la Entente.
De este modo, Alemania, potencia de primer rango,
quedaba reducida de pronto a la situación de una potencia de segundo orden.
Desde el punto de vista de la situación del Poder
Soviético, este hecho ejerció cierta influencia negativa, ya que convertía a
los Estados de la Entente, organizadores de la intervención contra el Poder
Soviético, en la fuerza dominante de Europa y Asia, dándoles la posibilidad de
acentuar la intervención y de organizar el bloqueo del País Soviético,
apretando todavía más las mallas en torno al Poder de los Soviets. Y esto fue,
en efecto, lo que ocurrió, como veremos adelante. Pero, por otra parte, tenía
una importancia positiva aun más considerable, ya que venía a aliviar
radicalmente la situación del país de los Soviets. En primer lugar, daba al
Poder Soviético la posibilidad de anular el tratado bandidesco de paz de
Brest-Litovsk, de poner fin a los pagos que le habían sido impuestos a título
de indemnizaciones y de desplegar una lucha abierta, en el terreno militar y
político, por liberar a Estonia, a Letonia, a Bielorrusia, Lituania, Ucrania y
Transcaucasia del yugo del imperialismo alemán. En segundo lugar -y esto era lo
más importante-, la existencia en el centro de Europa, en Alemania, de un
régimen republicano y de Soviets de diputados obreros y soldados, tenía
necesariamente que repercutir de un modo revolucionario, como en efecto
repercutió, en los países de Europa, circunstancia que no podía dejar de
fortalecer la situación del Poder Soviético en Rusia. Es cierto que la
revolución alemana no era una revolución socialista, sino una revolución
burguesa, y que los Soviets en Alemania servían de dócil instrumento al
Parlamento de la burguesía, ya que su dirección estaba en manos de los
socialdemócratas, que eran oportunistas de la calaña de los mensheviques rusos,
circunstancia que explica, especialmente, la debilidad de aquella revolución.
Cuán débil era la revolución en Alemania lo demuestra un solo hecho: el que
permitiese que fuesen impunemente asesinados por los guardias blancos alemanes
unos revolucionarios tan prestigiosos como Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht.
Pero, con todo, era una revolución; el káiser había sido derribado del trono;
los obreros rompieron sus cadenas y, aunque no se hubiese conseguido otra cosa,
esto tenía necesariamente que fomentar la revolución en el Occidente, no podía
dejar de provocar el auge de la revolución en los países europeos.
La revolución comenzó a avanzar en Europa. En
Austria, venía desarrollándose el movimiento revolucionario. En Hungría, fue
proclamada la República de los Soviets. La oleada revolucionaria hizo aparecer
a los Partidos Comunistas en Europa.
Esto creó una base real para la unificación de los
Partidos Comunistas en la Tercera Internacional, en la Internacional Comunista.
En marzo de 1919, en Moscú, en el primer Congreso
de los Partidos Comunistas de varios países, a iniciativa de Lenin y de los
bolsheviques, fue fundada la Internacional Comunista. Y aunque el bloqueo y las
persecuciones de los imperialistas impidieron a muchos delegados llegar a
Moscú, tomaron parte en este primer Congreso representantes de los más
importantes países de Europa y América. El Congreso fue dirigido por Lenin.
En su informe sobre la democracia burguesa y la
dictadura del proletariado, Lenin puso de manifiesto la significación del Poder
Soviético, como la auténtica democracia para los trabajadores. El Congreso
aprobó el Manifiesto dirigido al proletariado internacional, en el que se hacía
un llamamiento a la lucha resuelta por la dictadura del proletariado y por el
triunfo de los Soviets en todos los países.
En este Congreso se eligió el Comité Ejecutivo de
la Comintern (C.E. de la I.C.), órgano ejecutivo de la Tercera Internacional o
Internacional Comunista.
Así fue fundada esta organización proletaria
revolucionaria internacional de nuevo tipo, la Internacional Comunista, la
Internacional marxista-leninista.
En una situación formada por circunstancia
contradictorias, en la que se reforzaba el bloque reaccionario de Estados de la
Entente contra el Poder Soviético, de una parte, y, de otra, se acentuaba el
auge revolucionario en Europa, principalmente en los países que habían salido
derrotados de la guerra, circunstancia que aliviaba considerablemente la
situación del País Soviético, se reunió, en marzo de 1919, el VIII Congreso del
Partido bolshevique.
En este Congreso tomaron parte 301 delegados con
voz y voto, representando a 313.766 afiliados. Había, además, 102 delegados con
voz, pero sin derecho a votar.
Lenin consagró las primeras palabras de su discurso
de apertura a la memoria de I. M. Sverdlov, uno de los mejores organizadores
del Partido bolshevique, muerto en vísperas de la apertura del Congreso.
En este Congreso fue aprobado el nuevo programa del
Partido. En él se define lo que es el capitalismo y su fase culminante, el
imperialismo. Se comparan los dos sistemas de Estado: el sistema de la
democracia burguesa y el sistema soviético. Se señalan minuciosamente las
tareas concretas del Partido en su lucha por el socialismo: llevar hasta el
final la expropiación de la burguesía, organizar la Economía del país con
arreglo a un plan socialista único, hacer que los sindicatos intervengan en la
organización de la Economía nacional, implantar la disciplina socialista del
trabajo, utilizar a los técnicos en la Economía Nacional bajo el control de los
órganos soviéticos, incorporar gradualmente, y con arreglo a un plan, a los
campesinos medios a la labor de la edificación socialista.
El VIII Congreso aprobó la propuesta de Lenin de
incluir en el programa, a la par que la definición del imperialismo como etapa
culminante del capitalismo, la descripción del capitalismo industrial y del
régimen de producción simple de mercancías, que figuraba en el viejo programa
aprobado ya en el II Congreso del Partido. Lenin consideraba necesario que
fuese tenida en cuenta, en el programa, la complejidad de la Economía rusa y se
señalase la existencia, en el país, de diversas formaciones económicas, incluyendo
entre ellas el régimen de pequeña propiedad de mercancías, cuyo exponente era
el campesino medio. Por eso, al discutirse el programa, intervino enérgicamente
contra las ideas antibolsheviques de Bujarin, que proponía eliminar de él los
puntos en que se hablaba del capitalismo, de la pequeña producción de
mercancías y del régimen económico del campesino medio. Las ideas de Bujarin
representaban la negación menshevique-trotskista de la importancia del
campesino medio para la edificación soviética. Al mismo tiempo, Bujarin
esfumaba el hecho de que era el régimen de pequeña producción de mercancías de
los campesinos el que engendra y fomenta el desarrollo de los elementos
"kulaks".
Lenin salió también al paso de las ideas
antibolsheviques de Bujarin y Piatakov sobre el problema nacional. Estos
manifestáronse en contra de que se incluyese en el programa el punto en que se
reconoce el derecho de autodeterminación de las naciones y se pronunciaron
contra la igualdad de derechos de los pueblos, bajo el pretexto de que esta
consigna estorbaba, según ellos, al triunfo de la revolución proletaria y
entorpecía la unificación de los proletarios de diversas nacionalidades. Lenin
echó por tierra estas funestísimas concepciones absorbentes y chovinistas de
Bujarin y Piatakov.
En los trabajos del VIII Congreso del Partido,
ocupó un lugar importante el problema de la actitud que debía adoptarse ante
los campesinos medios. Como resultado del célebre decreto sobre la tierra, la
aldea se convertía cada vez más en aldea de campesinos medios. Ahora, éstos
formaban la mayoría dentro de la población campesina. El estado de espíritu y
la conducta de los campesinos medios, vacilantes entre la burguesía y el
proletariado, tenían una importancia grandísima para la suerte de la guerra civil
y de la edificación socialista. El desenlace de la guerra civil dependía, en
buena parte, del lado a que se inclinase el campesino medio, de la clase que
supiese atraérselo, de que esta clase fuese el proletariado o la burguesía. Si
los checoslovacos, los guardias blancos, los kulaks, los socialrevolucionarios
y los mensheviques lograron derribar el Poder Soviético en la región del Volga,
en el verano de 1918, fue porque contaron con el apoyo de una parte
considerable de los campesinos medios. Y lo mismo ocurrió en las sublevaciones
organizadas por los kulaks en la Rusia central. Pero, a partir de otoño de
1918, el estado de espíritu de las masas de campesinos medios comenzó a
orientarse resueltamente hacia el Poder Soviético. Los campesinos veían que el
triunfo de los blancos conducía a la restauración del poder de los
terratenientes, con su secuela de despojos de tierras, saqueos, torturas y
apaleamientos de campesinos. A este cambio operado en cuanto al modo de pensar
de los campesinos contribuyó también la actuación de los Comités de campesinos
pobres, que aplastó a los kulaks. En relación con esto, Lenin lanzó, en
noviembre de 1918, esta consigna:
"Saber llegar a un acuerdo con los campesinos
medios, sin cejar ni un minuto en la lucha contra los kulaks y tomando como
sólido punto de apoyo solamente a los campesinos pobres" (Lenin, t. XXIII,
pág. 294, ed. rusa).
Cierto es que las vacilaciones existentes entre los
campesinos medios no cesaron totalmente, pero este sector de la población
campesina se acercó más al Poder Soviético y comenzó a prestarle un apoyo más
firme. A ello contribuyó, en buena parte, la política con respecto al campesino
medio trazada en el VIII Congreso del Partido.
El VIII Congreso marcó un viraje en la política del
Partido con respecto a los campesinos medios. En el informe de Lenin y en los
acuerdos del Congreso, se señaló la nueva línea del Partido ante este problema.
El Congreso exigió que las organizaciones del Partido y todos los comunistas
estableciesen una rigurosa diferencia y separación entre los campesinos medios
y los kulaks, tratando de atraer a los primeros al lado de la clase obrera
mediante una política de atención solícita a sus necesidades. Había que lucha
con el atraso de los campesinos medios por el método de la persuasión, pero en
modo alguno con medidas de coacción y de violencia. Por eso, el Congreso trazó
la norma de que, al implantar medidas socialistas en el campo (al crear las
comunas y los artels agrícolas), no se permitiese la coacción. Siempre que
resultasen afectados los intereses vitales de los campesinos medios, era
necesario llegar a un acuerdo práctico con ellos y hacerles concesiones en
cuanto a la fijación de los métodos de implantación de transformaciones
socialistas. El Congreso acordó aplicar una política de una alianza sólida con
los campesinos medios, pero manteniendo dentro de ella el papel dirigente del
proletariado.
La nueva política de relaciones con los campesinos
medios, preconizada por Lenin en el VIII Congreso, exigía que el proletariado
se apoyase en los campesinos medios, mantuviese una sólida alianza con los
campesinos medios y que luchase contra los kulaks. Hasta el VIII Congreso, el
Partido había seguido, en general, la política de neutralizar a los campesinos
medios. Es decir, que su objetivo era conseguir que el campesino medio no se
pusiese del lado del kulak, del lado de la burguesía, en general. Pero ahora,
esto ya no bastaba. El VIII Congreso pasó de la política de neutralización del
campesino medio a la política de una sólida alianza con él para luchar contra
la intervención de los guardias blancos y de las tropas extranjeras, así como
para la construcción victoriosa del socialismo.
La línea trazada por el VIII Congreso respecto a la
actitud que debía seguirse con las grandes masas campesinas, con los campesinos
medios, tuvo una importancia decisiva en cuanto al desenlace victorioso de la
guerra civil contra la intervención extranjera y los guardias blancos que le
servían de auxiliares. En el otoño de 1919, cuando tuvieron que elegir entre el
Poder Soviético y Denikin, los campesinos apoyaron a los Soviets, y la
dictadura proletaria derrotó a su más peligroso enemigo.
En el VIII Congreso se planteó también, con
caracteres especiales, el problema de la organización del Ejército Rojo. En
este Congreso, se destacó la llamada "oposición militar", en la que
aparecían encuadrados no pocos de los antiguos "comunistas de
izquierda". Pero justamente con estos representantes del "comunismo
de izquierda", ya liquidado, la "oposición militar" englobaba a
militantes del Partido que jamás habían formado parte de ninguna oposición,
pero que estaban descontentos con la dirección que Trotski daba al ejército. La
mayoría de los delegados militares estaban marcadamente en contra de Trotski,
en contra de su admiración por los técnicos militares procedentes del viejo
ejército zarista, una parte de los cuales traicionó abiertamente al Poder Soviético
en la guerra civil, en contra de la actitud arrogante y hostil de Trotski para
con los viejos cuadros bolsheviques dentro del ejército. En el Congreso se
adujeron ejemplos de la "práctica" con que Trotski había intentado
fusilar a toda una serie de comunistas que ocupaban puestos responsables en el
frente y que no le agradaban a él, haciendo con ello el juego al enemigo, y en
que, sólo gracias a la intervención del Comité Central y a las protestas de los
militantes activos del frente, se había conseguido evitar la muerte de estos
camaradas.
Sin embargo, aunque luchando en contra del
falseamiento de la política militar del Partido por Trotski, la "oposición
militar" defendía concepciones falsas respecto a una serie de problemas de
la organización del Ejército. Lenin y Stalin intervinieron resueltamente en
contra de la "oposición militar", que defendía las supervivencias de
las guerrillas dentro del Ejército y luchaba contra la creación de un Ejército
Rojo regular, contra el empleo de los técnicos militares, contra esa disciplina
férrea, sin la cual no puede existir un verdadero ejército. Saliendo al paso de
la "oposición militar", el camarada Stalin exigía la creación de un
ejército regular, penetrado del espíritu de la más severa disciplina.
"O creamos -decía el camarada Stalin- un
verdadero ejército obrero-campesino, y predominantemente campesino, un ejército
rigurosamente disciplinado y defenderemos la República, o pereceremos".
Pero al mismo tiempo que desechaba una serie de
propuestas de la "oposición militar", el Congreso asestó un golpe
contra Trotski, exigiendo que se mejorase la actuación de los organismos
militares centrales y se reforzase el papel de los comunistas dentro del
Ejército.
Como resultado de la labor de la comisión militar
nombrada por el Congreso, se logró que en éste recayese un acuerdo unánime
sobre el problema militar.
Los acuerdos del VIII Congreso sobre el problema
militar sirvieron para fortalecer al Ejército Rojo y estrechar todavía más sus
lazos con el Partido.
El Congreso examinó, además, el problema de la
organización del Partido y de los Soviets, el problema del papel dirigente del
Partido en la actuación de los Soviets. En la discusión de este problema, el
Congreso hubo de rechazar la posición del grupo oportunista Sapronov-Osinski,
que negaba el papel dirigente del Partido en la actuación de los Soviets.
Finalmente, en relación con la enorme afluencia de
nuevos afiliados, el Congreso acordó mejorar la composición social del Partido
y revisar los ingresos.
Era el paso hacia la primera depuración de las
filas del Partido.
3. Recrudece la intervención. - Bloqueo del País
Soviético. - Campaña de Kolchak y su aplastamiento. - Campaña de Denikin y su
aplastamiento. - Una tregua de tres meses. - El IX Congreso del Partido.
Después de derrotar a Alemania y a Austria, los
Estados de la Entente decidieron lanzar grandes efectivos militares contra el
País Soviético. Al retirarse las tropas alemanas, después de su derrota, de
Ucrania y de Transcaucasia, vinieron a ocupar su puesto los anglofranceses, que
enviaron su escuadra al Mar Negro y desembarcaron sus tropas en Odesa y en
Transcaucasia. La conducta seguida por los intervencionistas de la Entente, en
los territorios ocupados por ellos, era tan bestial, que llegaba a suprimir por
las armas a grupos enteros de obreros y campesinos. Después de ocupar el
Turquestán, el salvajismo de los invasores les llevó a apresar y conducir al
Transcaspio a 26 dirigentes bolsheviques de Bakú, los camaradas Shaumián,
Fioletov, Dzhaparidse, Malyguin, Asisbekov, Korganov y otros, asesinándoles
bestialmente, con ayuda de los socialrevolucionarios.
Algún tiempo después, los intervencionistas
declararon el bloqueo de Rusia. Quedaron cortadas todas las comunicaciones
marítimas y de otro género con el mundo exterior.
Con ello, el País Soviético veíase cercado casi por
todas partes.
La Entente cifraba sus principales esperanzas, por
aquel entonces, en el almirante Kolchak, puesto por ella en Siberia, en Omsk.
Kolchak fue proclamado "regente supremo de Rusia". Toda la
contrarrevolución rusa se hallaba bajo su mando.
El frente oriental pasó a ser, por tanto, el frente
principal de la guerra civil.
En la primavera de 1919, Kolchak, después de reunir
un formidable ejército, se acercó casi hasta el Volga. Fueron lanzadas contra
él las mejores fuerzas bolsheviques; los jóvenes comunistas y los obreros
fueron movilizados. En abril de 1919, el Ejército Rojo infligió a Kolchak una
seria derrota. Las tropas de Kolchak no tardaron en empezar a replegarse en
todo el frente.
En el momento en que las operaciones ofensivas del
Ejército Rojo en el frente oriental estaban en su apogeo, Trotski propuso un
plan sospechoso: detenerse delante de los Urales, cesar en la persecución de
los kolchakistas y lanzar las tropas desde el frente oriental al frente Sur. El
C.C. del Partido, comprendiendo perfectamente bien que no era posible dejar los
Urales y Siberia en manos de Kolchak, donde, con ayuda de los japoneses y de
los ingleses, podría rehacerse y ponerse de nuevo en pie, rechazó aquel plan y
dio instrucciones para proseguir la ofensiva. Trotski, desconforme con estas
instrucciones, pidió que se le relevase de su puesto; pero el C.C. se negó a
ello, obligándole, al mismo tiempo, a dejar de intervenir en la dirección de
las operaciones del frente oriental. La ofensiva del Ejército Rojo contra
Kolchak siguió desarrollándose con nuevo brío. El Ejército Rojo infligió a
Kolchak una serie de nuevas derrotas y limpió de blancos los Urales y Siberia,
donde el Ejército Rojo se hallaba apoyado por un potente movimiento de
guerrilleros organizado en la retaguardia de los blancos.
En el verano de 1919, los imperialistas asignaron
al general Yudenich, que se hallaba a la cabeza de la contrarrevolución en el
frente noroeste (en la región del Báltico, cerca de Petrogrado), la misión de
distraer al Ejército Rojo del frente oriental por medio de una ataque sobre
Petrogrado. La guarnición de dos de los fuertes que defendían esta capital,
trabajada por la agitación contrarrevolucionaria de los oficiales blancos, se
sublevó contra el Poder Soviético, y en el Estado Mayor del frente fue descubierto
un complot contrarrevolucionario. El enemigo amenazaba a Petrogrado. Pero
gracias a las medidas tomadas por el Poder Soviético con ayuda de los obreros y
de los marinos, los fuertes amotinados fueron limpiados de blancos, las tropas
de Yudenich derrotadas y su caudillo, arrojado a Estonia.
La derrota de Yudenich cerca de Petrogrado facilitó
la lucha contra Kolchak. A fines de 1919, su ejército quedó definitivamente
deshecho. Kolchak fue detenido y fusilado en Irkutsk, en ejecución de la
sentencia dictada por el Comité Revolucionario.
Kolchak había sido, pues, liquidado.
En Siberia, corría en boca del pueblo esta copla
burlesca sobre Kolchak:
"Uniforme inglés,
Correaje francés,
Tabaco japonés,
de Omsk el amo es.
El uniforme se ha gastado.
El correaje se ha chafado,
El tabaco se ha fumado,
Y el amo de Omsk se ha acabado".
En vista de que Kolchak había defraudado las
esperanzas cifradas en él, los intervencionistas cambiaron su plan de agresión
contra la República de los Soviets. Las tropas desembarcadas en Odesa debieron
volver de nuevo a bordo de sus barcos, pues el contacto con las tropas de la
República Soviética les contagiaba el espíritu revolucionario y ya comenzaban a
sublevarse contra sus opresores imperialistas. Así, por ejemplo, en Odesa se
sublevaron los marinos franceses, bajo la dirección de André Marty. Todo esto
contribuyó a que, después de aplastado Kolchak, la Entente concentrase la
tención en el general Denikin, compañero de armas de Kornilov y organizador del
"ejército voluntario". Denikin operaba contra el Poder Soviético, por
aquel entonces, en el sur, en la región de Kubán. La Entente pertrechó a su
ejército con una gran cantidad de armas y municiones y lo puso en marcha hacia
el Norte contra el Poder de los Soviets.
Por tanto, el frente Sur pasaba a ser el frente
principal de la guerra civil.
Denikin comenzó su gran campaña contra el Poder
Soviético en el verano de 1919. Trotski echó por tierra el trabajo realizado en
el frente sur, y las tropas soviéticas sufrieron una derrota tras otra. A
mediados de octubre, los blancos eran dueños de toda Ucrania, habían tomado
Orel y se acercaban a Tula, que era el centro que abastecía al Ejército Rojo de
cartuchos, fusiles y ametralladoras. Los blancos se aproximaban a Moscú. La
situación de la República de los Soviets era muy apurada. El Partido dio el grito
de alarma y llamó al pueblo a al resistencia. Lenin lanzó la consigna de
"¡Todos a lucha contra Denikin!". Los obreros y los campesinos,
respondiendo a la inspiración de los bolsheviques, pusieron en tensión todas
sus fuerzas para aplastar al enemigo.
Con objeto de organizar el aplastamiento de
Denikin, el Comité Central del Partido envió al frente Sur a los camaradas
Stalin, Voroshilov, Ordzhonikidse y Budiony. Trotski fue separado de la
dirección de las operaciones del Ejército Rojo en el Sur. Antes de la llegada
del camarada Stalin, el mando del frente Sur, de acuerdo con Trotski, había
preparado un plan, según el cual el ataque principal contra Denikin se haría
desde Tsaritsin sobre Novorosisk, a través de las estepas del Don, donde el
Ejército Rojo habría tenido que marchar por un terreno completamente
impracticable y atravesar regiones pobladas de cosacos, una parte considerable
de los cuales se hallaba, por entonces, bajo la influencia de los guardias
blancos. El camarada Stalin sometió este plan a una crítica tajante y propuso
al Comité Central otro concebido por él para aplastar a Denikin, en que el
ataque principal seguiría la línea Jarkov-Cuenca del Donetz-Rostov. Este plan
aseguraba una marcha rápida de las tropas del Ejército Rojo contra Denikin,
pues en él se preveía el paso del Ejército Rojo por regiones obreras y
campesinas, es decir, por territorios en que la población simpatizaba
manifiestamente con las tropas soviéticas. Además, la rica red de ferrocarriles
con que contaba esta región permitía abastecer al Ejército Rojo con regularidad
de todos los elementos necesarios. Finalmente, este plan ofrecía la posibilidad
de liberar la Cuenca del Donetz, asegurando para el país al aprovisionamiento
de combustible.
El Comité Central aprobó el plan del camarada
Stalin. En la segunda quincena de octubre de 1919, después de una encarnizada
resistencia, Denikin fue derrotado por el Ejército Rojo en los combates
decisivos que se libraron cerca de Orel y de Voronezh. Denikin comenzó a
replegarse a toda prisa, y luego se dirigió precipitadamente hacia el Sur,
perseguido por las tropas soviéticas. A comienzo de 1920, habían sido
rescatados del poder de los blancos toda Ucrania y el Cáucaso Norte.
Mientras se libraban aquellos combates decisivos en
el frente Sur, los imperialistas volvieron a lanzar el cuerpo de ejército de
Yudenich sobre Petrogrado, con el fin de distraer del frente Sur fuerzas del
Ejército Rojo y de aliviar la situación de las tropas de Denikin. Los blancos
llegaron hasta las mismas puertas de Petrogrado. El heroico proletariado de la
capital formó con sus pechos una muralla para defender la primera ciudad de la
revolución. Los comunistas lucharon, como siempre, en primera línea. Después de
furiosos combates, los blancos fueron derrotados y arrojados de nuevo al otro
lado de las fronteras de Rusia, a Estonia.
También Denikin fue, pues, liquidado.
Después del aplastamiento de Kolchak y Denikin,
sobrevino una tregua de corta duración.
Cuando los imperialistas vieron que las tropas de
los guardias blancos eran destrozadas, que la intervención armada fracasaba,
que el Poder Soviético se afianzaba en todo el país y que en la Europa
occidental iba en aumento la indignación de los obreros ante la guerra de los
intervencionistas contra la República de los Soviets, comenzaron a cambiar de
actitud ante el Estado Soviético. En enero de 1920, Inglaterra, Francia e
Italia decidieron levantar el bloqueo de la Rusia Soviética.
Era ésta una brecha importantísima, que se abría en
el muro de la intervención.
Esto no quería decir, naturalmente, que el Estado
Soviético pudiese dar ya por terminadas la intervención y la guerra civil. Aun
había el peligro de que la Polonia imperialista se lanzase a un ataque. Los
intervencionistas no habían sido expulsados aún definitivamente del Extremo
Oriente, de Transcaucasia ni de Crimea. No obstante, el país de los Soviets
obtenía una tregua pasajera, de la que podía aprovecharse para concentrara
fuerzas mayores en la obra de la edificación económica. El Partido pudo ocuparse
de los problemas relacionados con la Economía nacional.
Durante la guerra civil, abandonaron la producción
muchos obreros calificados, por la paralización de fábricas y talleres. Ahora,
el Partido reintegraba a la producción a estos obreros calificados para que
trabajasen en sus especialidades. Fueron movilizados unos cuantos millares de
comunistas para la restauración de los transportes, cuya situación era muy
difícil. Sin restaurar los transportes, no cabía pensar seriamente en restaurar
las ramas fundamentales de la industria. Se reforzó y se mejoró también el
abastecimiento. Se comenzó a trazar un plan de electrificación del país.
Hallábanse bajo las armas cinco millones de combatientes del Ejército Rojo, que
no era posible licenciar, puesto que subsistía el peligro de guerra. Por eso,
algunas unidades del Ejército Rojo fueron convertidas en un Ejército de
trabajo, utilizándoselas en el terreno de la edificación económica. El Consejo
de la Defensa obrera y campesina se transformó en el Consejo del Trabajo y de
la defensa (S. T. O.). Para auxiliarle, se creó la Comisión del Plan de Estado
(Gosplan).
Tal era la situación existente a fines de marzo de
1920, al reunirse el IX Congreso del Partido.
Tomaron parte en este Congreso 554 delegados con
voz y voto, representando a 611.978 afiliados al Partido. Asistieron a él,
además, 162 delegados con voz, pero sin voto.
El Congreso determinó las tareas económicas más
urgentes del país en materia de transportes y de industria, señalando
especialmente la necesidad de que los sindicatos tomasen parte en la
edificación económica.
Este Congreso consagró una atención especial al
problema de la formación de un plan económico de conjunto, encaminado a poner
de nuevo en marcha, en primer lugar, el transporte, el combustible y la
metalurgia. El eje de este plan era el problema de la electrificación de toda
la Economía nacional, que Lenin destacó como "un gran programa para 10 ó
20 años". Sobre estas bases había de trazarse, más tarde, el célebre plan
GOELRO (plan de electrificación del país), que hoy se halla ya muy superado.
El Congreso salió al paso del grupo del
"centralismo democrático", grupo contrario al Partido, que se
manifestaba en contra del principio de la dirección y la responsabilidad
individuales en las empresas industriales y defendía el sistema de la dirección
"colectiva" ilimitada y la irresponsabilidad en la industria.
Llevaban la voz cantante de este grupo antibolshevique Sapronov, Osinski y V.
Smirnov. En el Congreso les secundaron Rykov y Tomski.
4. Agresión de los "panis" polacos contra
el País Soviético. - Salida del general Wrangel. - Fracaso del plan de los
polacos. - Aplastamiento de Wrangel. - Fin de la intervención armada
A pesar del aplastamiento de Kolchak y Denikin, a
pesar de que el País Soviético veía ensancharse cada vez más su territorio,
rescatando del poder de los blancos y de los intervencionistas la región Norte,
el Turquestán, Siberia, el Don, Ucrania, etc., y a pesar de que la Entente se
había visto obligada a levantar el bloqueo de Rusia, los Estados de la Entente
no querían resignarse a la idea de que el Poder Soviético fuera inexpugnable y
quedase vencedor. Decidieron, por tanto, llevar a cabo un nuevo intento de
intervención contra el País Soviético. Esta vez, los intervencionistas
movilizaron para la empresa, de una parte, a Pilsudski, nacionalista
contrarrevolucionario burgués, que era, de hecho, el jefe del Estado polaco, y
de otra parte, al general Wrangel, que había reunido en Crimea los restos del
ejército de Denikin, amenazando desde allí la cuenca del Donetz y Ucrania.
La Polonia de los "panis" (la nobleza
terrateniente polaca) y Wrangel eran, según la expresión de Lenin, los dos
brazos del imperialismo internacional que intentaba estrangular al País
Soviético.
El plan de los polacos era: ocupar la parte de la
Ucrania Soviética situada a la derecha del Dnieper, anexionarse al territorio
soviético de Bielorrusia, instaurar en estas regiones el Poder de los
"panis" polacos, extender las fronteras del Estado polaco "de
mar a mar", es decir, de Danzig a Odesa y, en pago de la ayuda que les
prestaría Wrangel, ayudar a éste a destruir el Ejército Rojo y a restaurar en
la Rusia Soviética el Poder de los terratenientes y capitalistas.
Este plan había sido aprobado por los Estados de la
Entente.
Los intentos del Gobierno Soviético de entrar en
negociaciones con Polonia para mantener la paz y atajar la guerra no dieron
ningún resultado. Pilsudski no quería hablar de paz. Pilsudski quería la
guerra. Especulaba con la idea de que los combatientes del Ejército Rojo,
cansados de las campañas de Kolchak y Denikin, serían arrollados por las tropas
polacas.
La breve tregua tocaba a su fin.
En abril de 1920, las tropas polacas irrumpieron
por la frontera de la Ucrania Soviética y ocuparon la ciudad de Kiev. Al mismo
tiempo, Wrangel pasó a la ofensiva y comenzó a amenazar la cuenca del Donetz.
Como réplica al ataque de las tropas polacas, las
tropas del Ejército Rojo desplegaron la contraofensiva en todo el frente.
Después de rescatar la ciudad de Kiev y de expulsar a los "panis"
polacos de Ucrania y de Bielorrusia, los combatientes rojos del frente Sur
llegaron, en impetuoso avance, hasta las puertas del Lemberg, en Galitzia,
mientras las tropas del frente occidental se acercaban a Varsovia. La derrota
total del ejército de los "panis" polacos era inminente.
Pero los manejos sospechosos de Trotski y de sus
adeptos en el Estado Mayor Central del Ejército Rojo frustraron los éxitos de
éste. La ofensiva de las tropas rojas del frente occidental en dirección a
Varsovia se desarrolló -por culpa de Trotski y de Tujachevski- sin organización
alguna: no se hizo que las tropas fortificasen las posiciones conquistadas; las
unidades que marchaban a la cabeza se alejaron demasiado del resto de las
fuerzas; las reservas y las municiones quedaron rezagadas en la retaguardia,
con lo cual las unidades destacadas en vanguardia veíanse abandonadas, sin
municiones y sin reservas; la línea del frente era interminablemente larga,
pudiendo, por tanto, romperse el frente con gran facilidad. Así se explica que,
cuando un pequeño grupo de tropas polacas rompió el frente occidental del
Ejército Rojo por uno de sus puntos, las tropas rojas, habiendo quedado sin
municiones, se vieran obligadas a retirarse. En cuanto a las tropas del frente
Sur, que se hallaban a las puertas de Lemberg, donde tenían a los polacos en un
aprieto, el triste "presidente del Consejo Revolucionario de Guerra",
Trotski, les prohibió que tomasen la ciudad y ordenó que el ejército de
caballería, es decir, la principal fuerza del frente Sur, se dirigiese a un
punto lejano del frente Noreste, pretextando que se trataba de acudir en
socorro del frente occidental, aunque no era difícil comprender que la única y
la mejor ayuda que podía prestarse a este frente era la toma de la ciudad de
Lemberg. En cambio, el retirar del frente Sur el ejército de caballería,
alejándolo de Lemberg, equivalía, de hecho, a hacer extensivo al frente
meridional el repliegue de las tropas del Ejército Rojo. Así fue como la orden
saboteadora de Trotski impuso a las tropas del Ejército Rojo del frente Sur,
con alegría de los "panis" polacos, una retirada inconcebible y
absolutamente injustificable.
Con esta maniobra, se acudía, efectivamente, en
socorro, pero no de nuestro frente occidental, sino de los "panis"
polacos y de la Entente.
Algunos días después, se contuvo la ofensiva de las
tropas polacas, y el Ejército Rojo comenzó a prepararse para un nuevo ataque
contra los polacos. Pero Polonia, que carecía de fuerzas para proseguir la
guerra y que, alarmada, esperaba el contraataque de los rojos, vióse obligada a
renunciar a sus ambiciones respecto a la ocupación del territorio ucraniano
situado en la orilla derecha del Dnieper y el de Bielorrusia, proponiendo al
Gobierno Soviético la paz. El 20 de octubre de 1920, se firmó en Riga el tratado
de paz con Polonia, por virtud del cual ésta conservaba el territorio de
Galitzia y una parte de Bielorrusia.
Después de concertar la paz con Polonia, la
República Soviética decidió terminar con Wrangel. Este había recibido de los
ingleses y los franceses nuevos envíos de armas modernísimas: carros blindados,
tanques, aviones y municiones en abundancia. Disponía de unidades blancas de
choque, formadas, principalmente, por oficiales. Pero no logró movilizar un
contingente un poco considerable de campesinos y de cosacos en torno a los
desembarcos efectuados por él en el Kubán y en el Don. No obstante, se acercó hasta
la misma cuenca del Donetz, amenazando los centros carboníferos del país de los
Soviets. La situación del Poder Soviético se complicaba, además, por el hecho
de que el Ejército Rojo estaba ya, por aquel entonces, bastante cansado. Las
tropas rojas veíanse obligadas a avanzar en condiciones extraordinariamente
difíciles, atacando a las tropas de Wrangel y peleando, al mismo tiempo, contra
las bandas de los anarquistas de Majnó, que ayudaban al general blanco. Pero, a
pesar de que Wrangel tenía en su favor la superioridad de la técnica, a pesar
de que las tropas soviéticas carecía de tanques, el Ejército Rojo arrojó a
Wrangel a la península de Crimea. En noviembre de 1920, las tropas rojas
tomaron las posiciones fortificadas de Perekop, irrumpieron en Crimea,
aplastaron a las tropas de Wrangel y rescataron esta península de manos de los
guardias blancos y de los intervencionistas. La Crimea pasó a formar parte del
territorio soviético.
Con el fracaso de los planos megalómanos de los
polacos y el aplastamiento de Wrangel terminó el periodo de la intervención.
A fines de 1920, comenzó a verse libre
Transcaucasia del yugo de los nacionalistas burgueses: musavatistas en
Azerbaidzhan, nacional-mensheviques en Georgia y dashnakes en Armenia. El Poder
Soviético triunfó en Azerbaidzhan, Armenia y Georgia.
Pero con esto no había terminado aún completamente
la intervención. La intervención armada de los japoneses en el Extremo Oriente
siguió hasta 1922. Además, hubo varios intentos nuevos encaminados a organizar
otra intervención (tales como los del atamán Semionov y el barón de Ungern, en
Oriente, y la intervención blanco-finlandesa en Carelia, en 1921). Pero los
principales enemigos del País Soviético, las fuerzas fundamentales de la
intervención, quedaron ya destruidas a fines de 1920.
La guerra de los intervencionistas extranjeros y de
los guardias blancos rusos contra el País Soviético terminó con el triunfo de
los Soviets.
La República Soviética supo defender su libertad y
su independencia como Estado.
Así terminaron la intervención armada extranjera y
la guerra civil.
Fue éste un triunfo histórico del Poder Soviético.
5. Cómo y por qué venció el País Soviético a las
fuerzas coaligadas de la intervención anglo-franco-japonesa-polaca y de la
contrarrevolución de los burgueses, terratenientes y guardias blancos dentro de
Rusia.
Si se toma cualquiera de los grandes periódicos
europeos o americanos de la época de la intervención, se comprobará fácilmente
que ningún escritor militar o civil un poco destacado, ningún conocedor de las
cosas de la guerra, creía en el triunfo del Poder Soviético. Por el contrario,
todos los escritores de prestigio, todos los conocedores de los asuntos de la
guerra, todos los historiadores de las revoluciones de todos los países y
pueblos, todos los llamados hombres de ciencia gritaban a coro que los días del
Poder Soviético estaban contados, que la derrota del Poder Soviético era
inevitable.
Les inspiraba esta seguridad en el triunfo de los
intervencionistas el hecho de que el País Soviético no contaba aún con un
Ejército Rojo organizado, de que tenía que crearlo sobre la marcha, por decirlo
así, mientras que los intervencionistas y los guardias blancos disponían de un
ejército más o menos preparado.
Se la inspiraba, asimismo, el hecho de que el
Ejército Rojo no contaba con cuadros militares expertos, ya que la mayoría de
los mandos se habían pasado al campo de la contrarrevolución, mientras que los
intervencionistas y los guardias blancos poseían buenos cuadros militares.
Se la inspiraba, además, el hecho de que el
Ejército Rojo disponía de pocas y de malas armas y municiones, a consecuencia
del atraso de la industria de guerra de Rusia y de la imposibilidad de
recibirlas de otros países, puesto que el bloqueo la tenía acordonada, mientras
que el ejército de los intervencionistas y los guardias blancos estaba
abundantemente pertrechado y continuaría pertrechándose con armas, municiones y
equipos de primera clase.
Se la inspiraba, finalmente, el hecho de que el
ejército de los intervencionistas y de los guardias blancos ocupaba, por aquel
entonces, las regiones más ricas en víveres de Rusia, mientras que el Ejército
Rojo carecía de estas bases y se hallaba mal abastecido.
Y es cierto que en las unidades del Ejército Rojo
se daban todas estas deficiencias y penurias.
En este respecto, pero sólo en éste, tenían
absoluta razón los señores intervencionistas.
¿Cómo, siendo así, podremos explicarnos que el
Ejército Rojo, sobre el que pesaban desventajas tan considerables, derrotara al
ejército de los intervencionistas y de los guardias blancos, libre de ellas?
1.- El Ejército Rojo venció, porque la política del
Poder Soviético, en nombre de la cual combatía, era una política acertada, la
política que correspondía a los intereses del pueblo; porque el pueblo sentía y
comprendía esta política como acertada, como su política propia, y la apoyaba
hasta el fin.
Los bolsheviques sabían que un ejército, que lucha
en nombre de una política falsa, de una política que no cuenta con el apoyo del
pueblo, no puede vencer. Y eso era lo que ocurría al ejército de los
intervencionistas y de los guardias blancos. Este ejército contaba con todo:
con mandos antiguos y expertos, con un armamento de primera clase, con
municiones, con equipos, con provisiones. Sólo le faltaba una cosa: el apoyo y
la simpatía de los pueblos de Rusia, que no querían, ni podían apoyar la
política contraria al pueblo de los intervencionistas y de los guardias blancos
erigidos en "gobernantes". Por eso, el ejército de los
intervencionistas y de los guardias blancos salió derrotado.
2.- El Ejército Rojo venció, porque era un ejército
abnegado y fiel sin reservas a su pueblo, por cuya razón éste le quería y le
apoyaba, como a un ejército de su propia sangre. El Ejército Rojo es hijo del
pueblo, y un ejército como éste, fiel a su pueblo como el hijo fiel lo es a su
madre, cuenta siempre con el apoyo del pueblo y tiene necesariamente que
vencer. En cambio, el ejército que va en contra del pueblo, forzosamente tiene
que salir derrotado.
3.- El Ejército Rojo venció, porque el Poder
Soviético supo poner en pie toda la retaguardia, todo el país al servicio de
los intereses del frente. Un ejército sin una retaguardia fuerte, que apoye por
todos los medios al frente, está condenado a la derrota. Los bolsheviques
sabían esto; por eso, convirtieron todo el país en un campamento de guerra, que
abastecía al frente de armas, municiones, equipos, provisiones y reservas.
4.- El Ejército Rojo venció: a) porque sus
combatientes comprendían los fines y las tareas de la guerra y tenían
conciencia de su justeza; b) porque esta conciencia de la justeza de los fines
y las tareas de la guerra fortalecían en ellos el espíritu de disciplina y de
combatividad; c) porque esto hacía que las masas de combatientes del Ejército
Rojo diesen a cada paso, en la lucha contra el enemigo, pruebas de una
abnegación maravillosa y de un heroísmo de masas nunca visto.
5.- El Ejército Rojo venció, porque el núcleo
dirigente del frente y de la retaguardia del Ejército Rojo era el Partido
bolshevique, unido por su cohesión y su disciplina, fuerte por su espíritu
revolucionario y por su decisión de afrontar cualquier sacrificio, con tal de
que triunfase la causa común, no superado por nadie en cuanto a capacidad para
organizar las masas de millones de hombres y dirigirlas certeramente en las
situaciones más complicadas.
"Gracias a que el Partido -dice Lenin- estaba
alerta, gracias a que el Partido tenía una disciplina severísima, y a que la
autoridad del Partido servía de nexo de unión entre todos los departamentos y
organismos, y las consignas que daba el C.C. eran seguidas como por un solo
hombre por decenas, cientos, millares y, en última instancia, por millones;
gracias a que se afrontaban los sacrificios más inauditos; sólo gracias a todo
esto pudo realizarse el milagro que se realizó. Sólo gracias a esto, a pesar de
la doble, de la triple, de la cuádruple campaña de los imperialistas de la
Entente y de los imperialistas del mundo entero, pudimos salir vencedores"
(Lenin, t. XXV, pág. 96, ed. rusa).
6.- El Ejército Rojo venció: a) porque supo forjar
en sus filas a jefes militares de nuevo tipo, como Frunze, Voroshilov, Budiony
y otros; b) porque en sus filas luchaban héroes innatos como Kotovski,
Chapaiev, Lasó, Shors, Parjomenko y tantos otros; c) porque la educación
política del Ejército Rojo corría a cargo de militantes como Lenin, Stalin,
Molotov, Kalinin, Sverdlov, Kaganovich, Ordzhonikidse, Kirov, Kuibyshev,
Mikoián, Zhdanov, Andreev, Petrovski, Iaroslavski, Ezhov, Dzerzhinski,
Schadienko, Mejlis, Jruschev, Shvernik, Shkiriatov y otros; d) porque el
Ejército Rojo tenía en su seno a organizadores y agitadores tan destacados como
los comisarios de guerra, que con su actuación supieron cimentar las filas de
los combatientes rojos, les inculcaron el espíritu de disciplina y de
intrepidez guerrera, cortaban enérgicamente -de un modo rápido e implacable-
los actos de traición de algunos mandos y, por el contrario, fortalecían audaz
y resueltamente la autoridad y el prestigio de aquellos mandos que, perteneciesen
o no al Partido, demostraban su lealtad abnegada al Poder Soviético y revelaban
su capacidad para dirigir con mano firme las unidades del Ejército Rojo.
"Sin los comisarios de guerra, no tendríamos
Ejército Rojo", decía Lenin.
7.- El Ejército Rojo venció, porque en la
retaguardia de los ejércitos de los guardias blancos, en la retaguardia de
Kolchak, Denikin, Krasnov y Wrangel, laboraban en la clandestinidad una serie
de excelentes bolsheviques, con y sin carnet, que ponían en pie a los obreros y
campesinos y los sublevaban contra los intervencionistas y los guardias
blancos, que socavaban la retaguardia de los enemigos del Poder Soviético,
facilitando con ello los avances del Ejército Rojo. De todos es sabido cómo los
guerrilleros de Ucrania, de Siberia, del Extremo Oriente, del Ural, de
Bielorrusia y de la región del Volga minaban la retaguardia de los guardias
blancos y los intervencionistas, prestando con ello al Ejército Rojo una ayuda
inestimable.
8.- El Ejército Rojo venció, porque el País
Soviético no estaba solo en la lucha contra la contrarrevolución de los
guardias blancos y la intervención extranjera, porque la lucha del Poder
Soviético y sus éxitos despertaron la simpatía y se atrajeron la ayuda de los
proletarios del mundo entero. Mientras los imperialistas intentaban estrangular
a la República Soviética con la intervención y el bloqueo, los obreros de estos
mismos países imperialistas estaban al lado de los Soviets y les ayudaban. Su
lucha contra los capitalistas de los países enemigos de la República Soviética
contribuyó a que los imperialistas se viesen obligados a desistir de la
intervención. Los obreros de Inglaterra, de Francia y de otros países
intervencionistas organizaban huelgas, se negaban a cargar armas y municiones
para los intervencionistas y los generales blancos y creaban "Comités de
acción", bajo la consigna de "¡Fuera las manos de Rusia!".
"Tan pronto como la burguesía internacional
-decía Lenin- levanta la mano contra nosotros, sus propios obreros le sujetan
el brazo" (Obra citada, pág. 405).
RESUMEN
Los terratenientes y capitalistas, derrotados por
la Revolución de Octubre, en unión de los generales blancos se confabularon a
expensas de los intereses de su patria, con los gobiernos de los países de la
Entente para desencadenar una agresión militar conjunta contra al país de los
Soviets y derrocar el Poder Soviético. Sobre estas bases se organizó la
intervención armada de la Entente y la sublevación de los guardias blancos en
la periferia de Rusia, a consecuencia de las cuales el País Soviético quedó aislado
de sus centros de aprovisionamiento y de sus bases de materias primas.
La derrota militar de Alemania y la liquidación de
la guerra de las dos coaliciones imperialistas de Europa condujeron al
fortalecimiento de la Entente y al recrudecimiento de la intervención, creando
nuevas dificultades al país de los Soviets.
En cambio, la revolución en Alemania y el
movimiento revolucionario iniciado en los países de Europa crearon una
situación internacional favorable para el Poder Soviético y aliviaron la
situación del país de los Soviets.
El Partido bolshevique puso en pie a los obreros y
a los campesinos para la guerra de salvación de la Patria, contra los
anexionistas extranjeros y los guardias blancos burgueses y terratenientes. La
República Soviética y su Ejército Rojo fueron aplastando una tras otra a todas
las criaturas de la Entente: Kolchak, Yudenich, Denikin, Krasnov y Wrangel, y
arrojaron de Ucrania y Bielorrusia a otra más, a Pilsudski, rechazando con ello
la intervención armada extranjera y limpiando de tropas intervencionistas todo
el territorio soviético.
Por tanto, la primera agresión armada del capital
internacional contra el país del socialismo terminó con una bancarrota completa
de aquel.
Los partidos derrotados por la revolución, los
socialrevolucionarios, los mensheviques, los anarquistas, los nacionalistas,
apoyaron durante el periodo de la intervención armada a los generales blancos y
a los intervencionistas, organizaron complots contrarrevolucionarios contra la
República de los Soviets y actos de terrorismo contra los militantes
soviéticos. Estos partidos, que antes de la Revolución de Octubre habían
llegado a tener cierta influencia entre la clase obrera, durante el periodo de
la guerra civil quedaron completamente desenmascarados a los ojos de las masas
del pueblo como partidos contrarrevolucionarios.
El periodo de la guerra civil y de la intervención
armada marca el hundimiento político de estos partidos y el triunfo definitivo
del Partido Comunista en el País Soviético.
IX
EL PARTIDO BOLSHEVIQUE
DURANTE EL PERIODO DE TRANSICIÓN A LA LABOR PACIFICA DE RESTAURACIÓN DE LA
ECONONOMÍA NACIONAL (1921-1925)
1. El País Soviético, después de la liquidación de
la intervención armada y de la guerra civil. - Las dificultades del periodo de
restauración de la economía
Después de poner fina la guerra, el País Soviético
comenzó a encarrilar la obra de edificación pacífica de la Economía nacional.
Era necesario cicatrizar las heridas causadas por la guerra. Era necesario
restaurar la Economía nacional derrumbada, poner en orden la industria, el
transporte, la agricultura.
Y esta obra de edificación pacífica hubo de
acometerse en condiciones extraordinariamente difíciles. El triunfo de la
guerra civil no se había arrancado fácilmente. El país estaba arruinado por los
cuatro años de guerra imperialista y los tres años de lucha contra la
intervención armada.
En 1920, la producción global de la agricultura,
comparada con la de antes de la guerra, era solamente de la mitad. Y téngase en
cuenta que el nivel de la producción agrícola de antes de la guerra era el
mísero nivel propio de la aldea rusa de los tiempos del zarismo. Además, el año
de 1920 fue, en muchas provincias, un año de mala cosecha. La Economía
campesina atravesaba por una situación difícil.
Aun más desastrosa era la situación de la
industria. La producción de la gran industria, en 1920, era casi siete veces
menor que la de antes de la guerra. Las fábricas, en su mayoría, estaban
paradas y los pozos mineros derrumbados e inundados. La metalurgia encontrábase
en una situación especialmente difícil. Durante todo el año 1921, la fundición
de hierro no pasó de 116.300 toneladas, lo que representaba, aproximadamente,
el 3 por 100 de la producción de hierro fundido de antes de la guerra. Había una
gran escasez de combustible. El transporte estaba deshecho. Las reservas de
metal y de artículos manufacturados, con que contaba el país, estaban casi
totalmente agotadas. Escaseaban de un modo alarmante los artículos de primera
necesidad: el pan, las grasas, la carne, el calzado, las prendas de vestir, las
cerillas, la sal, el petróleo, el jabón.
Mientras duró la guerra, la gente se resignaba a
soportar esta escasez, y a veces ni siquiera se apercibía de ella. Pero, al
cesar la guerra, empezó a darse cuenta de pronto que esta situación era
insoportable y a exigir que se le pusiese remedio inmediatamente.
Los campesinos daban muestras de descontento. Bajo
el fuego de la guerra civil, se había formado y consolidado la alianza
político-militar entre los campesinos y la clase obrera. Esta alianza
descansaba sobre una base concreta: el Poder Soviético había dado a los
campesinos la tierra y les defendía contra los terratenientes y los kulaks; los
campesinos suministraban a los obreros los artículos alimenticios con arreglo
al sistema de la contingentación.
Pero ahora, esta base era ya insuficiente.
El Estado Soviético habíase visto obligado a
incautarse, con el régimen de la contingentación, de todo el sobrante de la
producción de los campesinos, por exigirlo así las necesidades de la defensa
del país. Sin el régimen de la contingentación, sin la política del comunismo
de guerra, no habría sido posible triunfar en la guerra civil. La política del
comunismo de guerra había sido impuesta por la propia guerra, por la
intervención armada. Mientras duró la guerra, los campesinos sometíanse a la
contingentación y no advertían la escasez de mercancías, pero al terminar la
guerra y ceder la amenaza de la vuelta de los terratenientes, empezaron a
manifestar su descontento por la incautación de los productos sobrantes, por el
sistema de la contingentación, y a exigir que se les suministrase mercancías en
cantidad suficiente.
Todo el sistema del comunismo de guerra llegó a
chocar, como decía Lenin, con los intereses de los campesinos. El descontento
empezaba a repercutir también en la clase obrera. El proletariado había llevado
el peso principal de la guerra civil, luchando heroica y abnegadamente contra
las legiones de los guardias blancos y los intervencionistas, contra el
desastre económico y el hambre. Los mejores obreros, los más conscientes, los
más abnegados y disciplinados, ardían en el entusiasmo de la lucha por el socialismo.
Pero la desastrosa situación de derrumbamiento de la Economía repercutía
también sobre la clase obrera. Las pocas fábricas y empresas industriales que
aun trabajaban veían amortiguarse considerablemente su ritmo de trabajo. Los
obreros veíanse obligados a hacer toda clase de oficios, fabricar encendedores
y, con un saco al hombro, ir en busca de comestibles por los pueblos. Comenzaba
a vacilar el fundamento de clase de la dictadura del proletariado; la clase
obrera se iba diseminando, parte de los obreros emigraba a la aldea, dejaban de
ser obreros, perdían su condición de clase. El hambre y el cansancio
engendraban el descontento de una parte de los obreros.
Ante el Partido, se planteaba la tarea de trazarse
una nueva orientación respecto a todos los problemas de la vida económica del
país, a tono con la nueva situación.
Y el partido afrontó la tarea de trazarse esta
nueva orientación respecto a los problemas de la edificación económica del
país.
Pero el enemigo de clase no dormía. Procuraba
aprovecharse de la difícil situación por que atravesaba la Economía, procuraba
aprovecharse del descontento de los campesinos. Estallaron sublevaciones de
kulaks, organizadas por la guardias blancos y los socialrevolucionarios, en
Siberia, en Ucrania, en la provincia de Tambov (la rebelión de Antonov).
Empezaron a moverse los elementos contrarrevolucionarios de todas las calañas:
mensheviques, socialrevolucionarios, anarquistas, guardias blancos y nacionalistas
burgueses. El enemigo cambió los métodos tácticos de lucha contra el Poder
Soviético. Comenzó a disfrazarse con los colores soviéticos y su consigna ya no
era el viejo grito fracasado de "¡Abajo los Soviets!", sino el nuevo
grito de "¡Por los Soviets, pero sin comunistas!".
Una manifestación flagrante de la nueva táctica del
enemigo de clase fue la sublevación contrarrevolucionaria de Cronstadt, que
estalló en marzo de 1921, una semana antes de comenzar el X Congreso del
Partido. Esta sublevación fue dirigida por guardias blancos, en contacto con
los socialrevolucionarios, los mensheviques y representantes de Estados
extranjeros. En los primeros momentos, los sublevados esforzáronse en encubrir
con la pantalla "soviética" su aspiración de restaurar el Poder y la propiedad
de los capitalistas y los terratenientes. Su consigna era: "¡Soviets sin
comunistas!". La contrarrevolución pretendía aprovecharse del descontento
de las masas pequeñoburguesas para derribar el Poder de los Soviets, bajo una
consigna aparentemente soviética.
Dos circunstancias contribuyeron a facilitar la
sublevación producida en Cronstadt: el hecho de haber empeorado la contextura
de clase de los marinos de las dotaciones de los buques de guerra y la débil
organización bolshevique existente en aquella base naval. Los viejos marinos
que habían tomado parte en la Revolución de Octubre se habían marchado casi en
bloque al frente, donde se batieron heroicamente en las filas de Ejército Rojo.
Entraron a servir en la flota nuevas quintas de marinos, no templados en la
revolución. Estas nuevas quintas estaban formadas por campesinos típicos que
venían directamente de la aldea y en los que se reflejaba el descontento de la
población del campo por el sistema de la contingentación. Además, la
organización bolshevique de Cronstadt encontrábase, por aquel entonces, muy
quebrantada por toda una serie de movilizaciones para el frente. Estas
circunstancias habían permitido a los socialrevolucionarios y mensheviques y a
los guardias blancos penetrar subrepticiamente en Cronstadt y ganar esta base.
Los sublevados hiciéronse dueños de la magnífica
fortaleza, de la flota y de una enorme cantidad de armas y municiones. La
contrarrevolución internacional cantaba victoria. Pero el júbilo de los
enemigos del Poder Soviético era prematuro. Las tropas soviéticas redujeron
rápidamente a los sediciosos. El Partido envió contra los sublevados de
Cronstadt a sus mejores hijos, a los delegados del X Congreso, con el camarada
Voroshilov a la cabeza. Los combatientes del Ejército Rojo marcharon contra
Cronstadt, pisando sobre una delgada capa de hielo. El hielo se rompió y muchos
de ellos perecieron ahogados. Hubo necesidad de lanzarse al asalto contra los
fuertes casi inexpugnables de Cronstadt. Pero la bravura y la abnegación
revolucionaria, el entusiasmo de aquellos hombres, dispuestos a dar su vida por
el Poder Soviético, vencieron. Las tropas rojas tomaron por asalto la fortaleza
de Cronstadt y la sublevación fue liquidada.
2. Discusión en el Partido acerca de los
sindicatos. - El X Congreso del Partido. - Es derrotada la oposición. - Se pasa
a la nueva política económica ("Nep").
Para el Comité Central del Partido, para su mayoría
leninista, era evidente que, después de terminarse la guerra y de entrar en el
periodo de edificación pacífica de la Economía, no había ya razón para mantener
en pie el severo régimen del comunismo de guerra, impuesto por las
circunstancias de la guerra y del bloqueo.
El C.C. comprendía que había desparecido la
necesidad de la contingentación, que era necesario sustituir este sistema por
el del impuesto en especie, para dar al campesino la posibilidad de emplear
como mejor le pareciese una gran parte del sobrante de su producción.
Comprendía que esta medida permitiría levantar la agricultura, aumentar la
producción de cereales y los cultivos técnicos necesarios para el desarrollo de
la industria, activar la circulación de mercancías dentro del país, mejorar el
abastecimiento de las ciudades y sentar una nueva base económica para la
alianza entre los obreros y los campesinos.
El C.C. dábase también cuenta de que la reanimación
de la industria constituía una tarea de primerísimo orden, pero entendía que no
era posible lograr esto sin interesar en ello a la clase obrera y a sus
sindicatos, que para ganar a los obreros para esta causa era necesario
convencerles de que el desastre económico era un enemigo tan peligroso para el
pueblo como la intervención armada y el bloqueo, y de que el Partido y los
sindicatos conseguirían, incuestionablemente, salir victoriosos de este empeño,
siempre y cuando no actuasen sobre la clase obrera por medio de órdenes
militares, siguiendo los métodos aplicados en el frente, donde era realmente
necesario proceder de ese modo, sino por medio de la persuasión, por medio del
convencimiento.
Pero no todos los miembros del Partido pensaban
como el C.C. Los grupos de oposición -los trotskistas, la "oposición
obrera", los "comunistas de izquierda", los "centralistas
democráticos", etc.- hallábanse en un estado de confusión y de vacilación
ante el paso a los cauces de la edificación pacífica de la Economía. En el
Partido había no pocos antiguos mensheviques, socialrevolucionarios, bundistas,
"borotbistas"[1] y toda suerte de seminacionalistas de la periferia
de Rusia. En gran parte, estos elementos se adhirieron a unos u otros grupos de
oposición. Como no eran verdaderos marxistas ni conocían las leyes que rigen el
desarrollo económico, ni tenían el temple de los militantes leninistas del
Partido, estas gentes no hacían más que acentuar la dispersión y las
vacilaciones de los grupos de oposición. Algunos de ellos entendían que no era
necesario aflojar el severo régimen del comunismo de guerra, sino que, por el
contrario, lo que hacía falta era "seguir apretando los tornillos".
Otros opinaban que el Partido y el Estado debían desentenderse del problema de
la restauración de la Economía nacional, dejándolo por entero en manos de los
sindicatos.
Era evidente que, ante este confusionismo,
aparecerían, en ciertos sectores del Partido, gentes aficionadas a discutir,
diversos "líderes" de la oposición, que pugnarían por arrastrar al
Partido a un debate.
Y así ocurrió, en efecto.
La discusión comenzó por el problema del papel de
los sindicatos, a pesar de que éste no era, por aquel entonces, el problema más
importante en la política del Partido.
El paladín de la discusión y de la lucha contra
Lenin y contra la mayoría leninista del C.C. era Trotski. Con la mira de
agudizar la situación, intervino en la reunión de comunistas delegados a la V
Conferencia de los Sindicatos de toda Rusia, celebrada a comienzos de noviembre
de 1920, sosteniendo la dudosa consigna de "apretar los tornillos" y
"sacudir a los sindicatos". Exigía, además, que se procediese a la
inmediata "estatificación de los sindicatos". Trotski era contrario
al método de la persuasión de las masas obreras y abogaba por transplantar a
los sindicatos los métodos militares. Era contrario al desarrollo de la
democracia dentro de los sindicatos y a la provisión de los cargos sindicales
por elección.
En vez del método de la persuasión, sin el que
sería inconcebible la actuación de las organizaciones obreras, los trotskistas
preconizaban el método de la coacción escueta, del mando tajante. Allí donde se
apoderaban de la dirección sindical, los trotskistas, con su política, no
hacían más que provocar en los sindicatos conflictos, escisiones y discordias.
Con su política, los trotskistas hacían que la masa sin partido se colocase
frente a éste y sembraban la desunión de la clase obrera.
La discusión acerca de los sindicatos tenía, en
realidad, una importancia que trascendía con mucho del marco del problema
sindical. Como más tarde había de señalar la resolución del Pleno del C.C. del
Partido Comunista (b) de Rusia (17 de enero de 1925), de hecho la polémica
giraba "en torno a la actitud que debía seguirse con los campesinos que se
rebelaban contra el comunismo de guerra, en torno a la actitud que debía
seguirse con la masa de obreros sin partido, y en general, en torno al método con
que el Partido debía abordar a las masas, en un periodo en que la guerra civil
se había terminado ya" ("Resoluciones del P.C. (b) de la
U.R.S.S.", parte I, pág. 65).
En pos de Trotski, intervinieron también otros
grupos contrarios al Partido: la "oposición obrera" (Shliapnikov,
Medveiev, Kolontai y otros), los "centralistas democráticos"
(Sapronov, Drobnis, Boguslavski, Osinski, V. Smirnov, etc.) y los
"comunistas de izquierda" (Bujarin y Preobrazhenski).
La "oposición obrera" formulaba la
consigna de entregar la dirección de toda la Economía nacional al
"Congreso de productores de toda Rusia". Reducía a la nada el papel
del Partido y negaba toda significación a la dictadura del proletariado en el
terreno de la edificación económica. Contraponía los sindicatos al Estado
Soviético y al Partido Comunista. Según ella, la forma más alta de organización
de la clase obrera no era el Partido, sino que eran los sindicatos. En el
fondo, la "oposición obrera" era un grupo de tipo
anarco-sindicalista, contrario al Partido.
El grupo del "centralismo democrático"
(los desistas) reivindicaba la libertad más completa para la formación de
fracciones y grupos dentro del Partido. Al igual que los trotskistas, los
"centralistas democráticos" esforzábanse en socavar el papel
dirigente del Partido dentro de los Soviets y de los Sindicatos. Lenin decía de
ellos que eran la fracción "de los que chillaban más fuerte", y que
su plataforma era socialrevolucionaria-menshevique.
Para su lucha contra Lenin y el Partido, Trotski
fue ayudado por Bujarin. Fue éste quien, en unión de Preobrazhenski,
Serebriakov y Sokolnikov, creó un grupo "de tope". Este grupo
defendía y encubría a los fraccionalistas más perniciosos: a los trotskistas.
Lenin calificó la conducta de Bujarin como "el colmo de la descomposición
ideológica". Poco después, los bujarinistas se unieron abiertamente con
los trotskistas en contra de Lenin.
Lenin y los leninistas dirigían, principalmente,
sus tiros contra los trotskistas, en los que veían la fuerza cardinal de los
grupos antibolsheviques. Acusaban a los trotskistas de confundir los sindicatos
con organizaciones de tipo militar, haciéndoles ver que no era posible
trasplantar a los sindicatos los métodos propios de aquellas organizaciones.
Frente a la plataforma de los grupos de oposición, Lenin y los leninistas
formularon la suya propia. En ésta se sostenía que los sindicatos eran una
escuela de gobierno, una escuela de administración económica y una escuela de
comunismo. Los sindicatos debían organizar toda su labor sobre la base del
método de la persuasión. Sólo así podrían poner en pie a todos los obreros para
la lucha contra el desastre económico y conseguirían interesarlos por la obra
de edificación socialista de la Economía nacional.
En la lucha contra los grupos de oposición, las
organizaciones del Partido apretaron sus filas en torno a Lenin. La lucha
adquirió un carácter especialmente agudo en Moscú. Era aquí donde la oposición
concentraba sus principales fuerzas, ambicionando adueñarse de la organización
del Partido en esta capital. Pero los bolsheviques de Moscú salieron
resueltamente al paso de esto manejos de los fraccionalistas. También revistió
caracteres agudos la lucha en las organizaciones del Partido en Ucrania. Bajo
la dirección del camarada Molotov, que era, por aquel entonces, secretario del
C.C. del Partido Comunista (b) de Ucrania, los bolsheviques ucranianos
aplastaron a los secuaces de Trotski y de Shliapnikov. El Partido Comunista de
Ucrania siguió siendo un baluarte fiel del Partido leninista. En Bakú, el
aplastamiento de la oposición se organizó bajo la dirección del camarada
Ordzhonikidse. En el Asia Central, fue el camarada Lázaro Kaganovich quien
dirigió la lucha contra los grupos contrarios al Partido.
Las organizaciones fundamentales de base del
Partido se adhirieron a la plataforma leninista.
El 8 de marzo de 1921, inauguró sus tareas el X
Congreso del Partido. Asistieron a él 694 delegados con voz y voto,
representando a 732.521 afiliados y 296 delegados con voz, pero sin voto.
El Congreso hizo el balance de la discusión sobre
los sindicatos y aprobó por una mayoría aplastante la plataforma leninista.
En su discurso de apertura del Congreso, Lenin
declaró que esta discusión representaba un lujo intolerable. Señaló que el
enemigo hacía su juego con la lucha intestina y la discordia dentro del Partido
Comunista.
Dándose cuenta del enorme peligro que suponía para
el Partido bolshevique y para la dictadura del proletariado la existencia de
grupos fraccionales, el X Congreso consagró una atención especial al problema
de la unidad del Partido. Acerca de este punto pronunció un informe Lenin. El
Congreso condenó todos los grupos de oposición y señaló que esto grupos
"de hecho, ayudan a los enemigos de clase de la revolución
proletaria".
El Congreso ordenó la inmediata disolución de todos
los grupos fraccionales y encargó a todas las organizaciones que velasen
rigurosamente por la ejecución de este acuerdo, saliendo al paso de toda
actitud fraccional; bien entendido que el incumplimiento de los acuerdos del
Congreso acarrearía la expulsión indiscutible e inmediata del Partido. El
Congreso dio plenos poderes al Comité Central para que éste, en caso de
infracción de la disciplina por parte de cualquiera de sus miembros y en caso
de que resucitase o se permitiese cualquier fracción, aplicase cuantas
sanciones de Partido fuesen necesarias, llegando incluso a expulsar del Comité
Central y del Partido a quien infringiese sus acuerdos.
Todas estas decisiones figuraban en una resolución
especial "Sobre la unidad del Partido", redactada por Lenin y
aprobada por el Congreso.
En esta resolución, el Congreso llamaba la atención
de todos los afiliados al Partido hacia el hecho de que la unidad y la cohesión
dentro de sus filas, la unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado
era especialmente necesaria en un momento como aquel en que se celebraba el X
Congreso del Partido, en que una serie de circunstancias contribuía a acentuar
las vacilaciones existentes entre la población pequeñoburguesa.
"Sin embargo -decíase en la resolución del
Congreso-, en el Partido se habían revelado, ya antes de la discusión entablada
en todas sus organizaciones acerca de los sindicatos, algunos signos de
fraccionalismo, es decir, de formación de grupos con una plataforma especial y
con la tendencia a constituir hasta cierto punto grupos aparte y con su
disciplina propia. Es necesario que todo obrero consciente comprenda claramente
el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual conduce
inevitablemente, en la práctica, al quebrantamiento del trabajo fraternal y a
los intentos acentuados y repetidos de los enemigos, que se infiltran siempre
en las filas de un Partido gubernamental, con objeto de ahondar las disenciones
dentro de éste y servirse de ellas para los fines de la
contrarrevolución".
Y en otro lugar de esta misma resolución, decía el
Congreso:
"Cómo los enemigos del proletariado se
aprovechan de todas las desviaciones de la línea comunista, rigurosamente
trazada, lo ha revelado de un modo bien tangible el ejemplo de la sublevación
de Cronstadt, en la que la contrarrevolución burguesa y los guardias blancos de
todos los países del mundo se mostraron de pronto dispuestos a acatar incluso
la consigna del régimen soviético, con tal de derribar la dictadura del
proletariado en Rusia, en que los socialrevolucionarios y la contrarrevolución
burguesa, en general, se acogieron en Cronstadt a la consigna de la
insurrección, simulando hacerla en nombre del Poder Soviético contra el
Gobierno Soviético de Rusia. Estos hechos demuestran plenamente que los
guardias blancos aspiran a disfrazarse y saben y disfrazarse de comunistas y
hasta de gentes "más izquierdistas" aun que ellos, con tal de
quebrantar y derribar el baluarte de la revolución proletaria en Rusia. Las
hojas mensheviques que circularon en Petrogrado en vísperas de la sublevación
de Cronstadt revelan asimismo cómo los mensheviques se aprovechaban de las
discrepancias existentes dentro del Partido Comunista de Rusia, para empujar y
apoyar de hecho a los sediciosos de Cronstadt, a los socialrevolucionarios y
guardias blancos, aunque de palabra se hiciesen pasar por adversarios de los
sediciosos y partidarios del Poder Soviético, del que, según ellos, sólo les
separaba algunas diferencias de poca monta".
La resolución indicaba que la propaganda del
Partido debía explicar minuciosamente lo pernicioso y peligroso que era el
fraccionalismo desde el punto de vista de la unidad del Partido y de la
consecución de la unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado, como
condición fundamental para el triunfo de la dictadura proletaria.
Por otra parte, la propaganda del Partido -decíase
en la citada resolución del Congreso- debía explicar la peculiaridad de los
novísimos métodos tácticos puestos en práctica por los enemigos del Poder
Soviético.
"Estos enemigos -señalaba la resolución-,
convencidos del fracaso irremediable de la contrarrevolución bajo la bandera
descarada de los guardias blancos, encaminan ahora todos sus esfuerzos,
aprovechándose de las disensiones existentes dentro del Partido Comunista de
Rusia, a pasar de contrabando la contrarrevolución por medio de la entrega del
Poder a los grupos políticos más dispuestos, en apariencia, al reconocimiento
del Poder Soviético" ("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.",
parte I, págs. 373-374).
Esta resolución indicaba, asimismo, que la
propaganda del Partido "debía explicar también la experiencia de las
anteriores revoluciones, en que la contrarrevolución apoyaba a los grupos
pequeñoburgueses más próximos al partido revolucionario extremo, para hacer
vacilar y derribar la dictadura revolucionaria, abriendo con ello el camino
para dar en seguida el triunfo completo a la contrarrevolución, a los
capitalistas y terratenientes".
Íntimamente unida a la resolución "Sobre la
unidad del Partido" se hallaba otra resolución "Sobre la desviación
sindicalista y anarquista dentro de nuestro Partido", aprobada igualmente
por el Congreso a propuesta también de Lenin. En esta resolución, el X Congreso
condenaba la llamada "oposición obrera". El Congreso consideró que la
propaganda de las ideas de la desviación anarcosindicalista era incompatible
con el hecho de militar en el Partido Comunista y encarecía al Partido que
luchase resueltamente contra esta desviación.
El X Congreso tomó el importantísimo acuerdo de
pasar del sistema de la contingentación al del impuesto en especie, de pasar a
la nueva política económica ("NEP").
Este viraje del comunismo de guerra a la
"nueva política económica" revela toda la sabiduría y la profundidad
de visión de la política leninista.
En el acuerdo del Congreso, se trataba de la
sustitución del régimen de los contingentes por el del impuesto en especie.
Este impuesto era menor que el de la contingentación. El tipo de impuesto debía
hacerse público antes de la siembra de primavera. Los plazos de entrega del
impuesto se señalaban con toda precisión. Todo lo que excediese del impuesto se
dejaba a la libre y plena disposición del campesino, a quien se concedía
libertad de vender estos productos. Al principio, la libertad de venta se traduciría
-decía Lenin en su informe- en una cierta reanimación del capitalismo dentro
del país. Será necesario consentir el comercio privado y autorizar a los
particulares dedicados a la industria la apertura de pequeñas empresas. Pero no
había por qué tener miedo a esto. Lenin entendía que una cierta libertad de
circulación de mercancías estimularía el interés económico del campesino,
incrementaría la productividad de su trabajo y elevaría rápidamente el
rendimiento de la agricultura; que sobre esta base se restauraría la industria
del Estado y se desalojaría al capital privado; que, después de acumular
fuerzas y recursos, se podría crear una potente industria, base económica para
el socialismo, y luego pasar resueltamente a la ofensiva, para destruir los
restos del capitalismo dentro del país.
El comunismo de guerra había sido el intento de
tomar por asalto, atacando de frente, la fortaleza de los elementos
capitalistas de la ciudad y del campo. En este ataque, el Partido había
avanzado demasiado, exponiéndose al peligro de perder el contacto con su base.
Ahora, Lenin proponía efectuar un pequeño repliegue, retroceder
provisionalmente para acercarse a la retaguardia, pasar de la lucha por asalto
al método más lento de cercar la fortaleza, para acumular fuerzas y luego
lanzarse de nuevo al ataque.
Los trotskistas y otros elementos de la oposición
entendían que la NEP era, exlusivamente, una retirada. Esta interpretación
favorecía sus intereses, ya que la línea que ello seguían era la de restaurar
el capitalismo. Pero ésta era una interpretación de la NEP profundamente
perniciosa y antileninista. En efecto: un año después de implantarse la NEP, en
el XI Congreso del Partido, Lenin declaraba que el repliegue había terminado y
lanzaba esta consigna: "Preparación de la ofensiva contra el capital
privado" (Lenin, t. XXVII, pág. 213, ed. rusa).
Los elementos de la oposición, que eran malos
marxistas e ignorantes supinos en materia de política bolshevique, no
comprendieron ni la esencia de la NEP ni el carácter del repliegue emprendido
al iniciarse ésta. De la esencia de la NEP hemos hablado ya. Por lo que se
refiere al carácter del repliegue, diremos que hay varias clases de repliegues.
Hay momentos en que los partidos o los ejércitos se ven obligados a replegarse
por haber sufrido una derrota, y en estos casos el ejército o el partido se
repliega para salvarse y salvar sus cuadros con vistas a nuevos combates. No
era esta clase de repliegue la que Lenin había propuesto al implantarse la NEP,
ya que el Partido, no sólo no había sufrido una derrota ni estaba vencido, sino
que, por el contrario, era él quien había derrotado a los intervencionistas y a
los guardias blancos en la guerra civil. Pero hay también momentos en que un
partido o un ejército victorioso, en su ataque, avanza demasiado, sin dejar
asegurada una base en la retaguardia. Y esto constituye un peligro grave. En
tales casos, un partido o un ejército experto siente generalmente, para no
perder el contacto con su base, la necesidad de retroceder un poco, acercándose
a su retaguardia, para establecer un contacto más fuerte con su base en ésta,
asegurándose todo aquello que necesitan, y poder luego lanzarse de nuevo al
ataque, con mayor seguridad y garantía de éxito. Esta clase de repliegue
temporal era precisamente la que había aplicado Lenin, con la NEP. Informando
ante el IV Congreso de la Internacional Comunista acerca de las causas a que
había obedecido la implantación de la NEP, Lenin declaró paladinamente que
"con nuestra ofensiva económica habíamos avanzado demasiado y no nos
habíamos asegurado una base suficiente", razón por la cual había sido
necesario efectuar un repliegue pasajero hacia la retaguardia consolidada.
La desgracia de la oposición estaba en que no
comprendía, en su ignorancia, ni la comprendió hasta el fin de sus días, esta
característica peculiar que presentaba el repliegue de la NEP.
El acuerdo del X Congreso acerca de la NEP
aseguraba una sólida alianza económica entre la clase obrera y los campesinos
para la edificación del socialismo.
Esta finalidad fundamental perseguía también otro
de los acuerdos del Congreso: el referente al problema nacional. El informe
acerca de este punto corrió a cargo del camarada Stalin. Hemos acabado -dijo el
camarada Stalin- con la opresión nacional, pero esto no basta. El problema
consiste en acabar con la gravosa herencia del pasado, con el atraso económico,
político y cultural de los antiguos pueblos oprimidos. Es necesario ayudarles a
colocarse, en este respecto, al nivel de la Rusia central.
El camarada Stalin señalaba, además, dos
desviaciones contrarias al Partido en lo tocante el problema nacional; la del
chovinismo absorcionista (gran ruso) y la del nacionalismo localista. El
Congreso condenó ambas desviaciones como perniciosas y peligrosas para el
comunismo y el internacionalismo proletario. Pero, al mismo tiempo, dirigió sus
tiros, principalmente, ya que representaba el peligro fundamental, contra el
chovinismo gran ruso, es decir, contra los vestigios y las supervivencias de la
actitud que adoptaban ante las nacionalidades no rusas los chovinistas gran
rusos bajo el zarismo.
3. Primeros resultados de la "Nep". - El
XI Congreso del Partido. - Fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas. - Enfermedad de Lenin. - El plan cooperativo de Lenin. - El XII
Congreso del Partido.
La implantación de la NEP chocó con la resistencia
de los elementos inestables del Partido. Esta resistencia venía de dos lados.
Por una parte, actuaban los vocingleros de "izquierda", abortos
políticos por el estilo de Lominadse, Shatskin y otros, quienes
"demostraban" que la NEP era renuncia a las conquistas de la
Revolución de Octubre, la vuelta al capitalismo, el hundimiento del Poder
Soviético. Su ignorancia en materia de política y su desconocimiento de las
leyes del desarrollo económico, incapacitaba a esta gente para comprender la
política del Partido y les hacía caer en el pánico y fomentar a su alrededor un
ambiente de desmoralización, de decadencia. Por otra parte, actuaban los
capituladores manifiestos, de la calaña de Trotski, Radek, Zinoviev,
Sokolnikov, Kamenev, Shliapnikov, Bujarin, Rykov y otros, que no tenían fe en
la posibilidad del desarrollo socialista del País Soviético, se posternaban
ante la "potencia" del capitalismo y, aspirando a fortalecer las
posiciones de éste en el país de los Soviets, exigían que se hiciesen grandes
concesiones al capital privado, tanto dentro del país como fuera de él, y que
se le entregase una serie de puestos de mando del Poder Soviético en la
Economía nacional, sobre la base de concesiones o de sociedades por acciones
mixtas con participación del capital privado.
Ni unos ni otros tenían nada que ver con el
marxismo, con el leninismo.
El Partido desenmascaró y aisló a unos y otros
elementos, dando una réplica contundente a los sembradores de pánico y a los
capituladores.
Esta resistencia que se oponía a la política del
Partido reiteraba una vez más la necesidad de depurar éste de los elementos
poco firmes. En relación con esto, el C.C. desarrolló una gran labor de
fortalecimiento del Partido, organizando en 1921 la depuración de sus filas. La
depuración se llevó a cabo en asambleas públicas, con intervención de los sin
partido. Lenin aconsejaba que se depure concienzudamente el Partido "...de
los granujas, de los elementos burocratizados, de las gentes poco honradas, de
comunistas vacilantes y de mensheviques que, aunque hubiesen revocado su
"fachada", en espíritu seguían siendo mensheviques" (Lenin, t.
XXVII, pág. 13, ed. rusa).
Como consecuencia de esta depuración, fueron
expulsadas del Partido, en conjunto, 170.000 personas, o sea cerca del 25 por
100 del total de afiliados.
Esta depuración fortaleció considerablemente al
Partido, mejoró su contextura social, reforzó la confianza de las masas en el
Partido e hizo que aumentase su autoridad. La cohesión y el grado de disciplina
del Partido crecieron.
El primer año de aplicación de la nueva política
económica puso de manifiesto la justeza de esta política. El paso a la NEP
fortaleció considerablemente la alianza entre los obreros y los campesinos,
sobre una nueva base. Aumentaron la potencia y la fortaleza de la dictadura del
proletariado. Se liquidó casi totalmente el bandidaje de los kulaks. Después de
la abolición del sistema de los contingentes, los campesinos medios ayudaron al
Poder Soviético a luchar contra aquellas bandas. El Poder Soviético conservaba
en sus manos todas las posiciones de mando de la Economía nacional: la gran
industria, el transporte, los bancos, la tierra, el comercio interior y
exterior. El Partido había conseguido un cambio decisivo en el frente
económico. La agricultura comenzó a desarrollarse rápidamente. Manifestáronse
los primero éxitos en el campo de la industria y del transporte. Se inició un
avance, todavía muy lento en sus comienzos, pero indudable, en el terreno de la
Economía. Los obreros y los campesinos sentían y veían que el Partido marchaba
por el buen camino.
En marzo de 1922 se reunió el XI Congreso del
Partido. Asistieron a él 522 delegados con voz y voto, representando a 532.000
afiliados; es decir, menos que en el Congreso anterior. Los delegados con voz
pero sin voto eran 165. La disminución de la cifra de afiliados se explica por
la depuración de las filas del Partido, que ya había empezado.
En este Congreso se hizo el balance del primer año
de la nueva política económica. Los resultados obtenidos permitieron a Lenin
declarar ente el Congreso:
"Durante un año hemos retrocedido. Ahora,
debemos declarar, en nombre del Partido: ¡Basta! El objetivo que perseguíamos
con nuestro repliegue ha sido alcanzado. Este periodo toca a su fin o ha
finalizado ya. Ahora, pasa a primer plano otro objetivo: reagrupar las
fuerzas" (Lenin, t. XXVII, pág. 283, ed. rusa).
Lenin señaló que la NEP era una lucha desesperada,
una lucha a vida o muerte, entre el capitalismo y el socialismo. "¿Quién
vencerá a quién?", así estaba planteado el problema. Para vencer, era
necesario asegurar los lazos entre la clase obrera y los campesinos, entre la
industria socialista y la economía campesina, desarrollando por todos los
medios el intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo. Y para esto,
había que aprender a administrar, había que aprender a comerciar de un modo
culto. En este periodo, el eslabón fundamental de la cadena de tareas que se
planteaban al Partido era el comercio. Sin resolver este problema, era
imposible desarrollar el intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo,
era imposible fortalecer la alianza económica entre los obreros y los
campesinos, era imposible levantar la economía rural y sacar del marasmo a la
industria.
Por aquel entonces, el comercio soviético era
todavía muy débil. El aparato comercial era muy flojo, los comunistas aún no
tenía hábitos comerciales, todavía no conocían a fondo al enemigo
-"nepman"[2]- ni habían aprendido a luchar contra él. Los
comerciantes privados, los nepman, aprovechándose de la debilidad del comercio
soviético, se apoderaron del comercio de los artículos manufacturados y de
otras mercancías de fácil colocación. El problema de la organización de un
comercio de Estado y de un comercio cooperativo adquiría una importancia
inmensa.
Después del XI Congreso cobró nuevas fuerzas la
labor de tipo económico. Fueron liquidadas con éxito las consecuencias
acarreadas por la mala cosecha. La Economía campesina iba rehaciéndose
rápidamente. El funcionamiento de los ferrocarriles se perfeccionaba. Aumentaba
sin cesar el número de fábricas y empresas industriales que trabajaban.
En octubre de 1922, festejó un gran triunfo la
República Soviética: el Ejército Rojo y los guerrilleros de Extremo Oriente
limpiaron de intervencionistas japoneses la ciudad de Vladivostok, que era el
único sector del territorio soviético ocupado aún por los invasores.
Ahora, ya que todo el territorio del País Soviético
estaba limpio de intervencionistas y que las tareas de la edificación del
socialismo y de la defensa del país exigían que se fortaleciese todavía más la
unión de los pueblos soviéticos, púsose a la orden del día el problema de
aglutinar más estrechamente aún las Repúblicas Soviéticas dentro de una Unión
de Estados. Era necesario unificar todas las fuerzas populares para la
construcción del socialismo. Era necesario organizar enérgicamente la defensa
del país. Era necesario asegurar el pleno desarrollo de todas las
nacionalidades de la Patria socialista. Para conseguir esto, se imponía la
necesidad de agrupar todavía más estrechamente a todos los pueblos del País
Soviético.
En diciembre de 1922 se celebró el primer Congreso
de los Soviets de toda la Unión. En este Congreso, se fundó, a propuesta de
Lenin y Stalin, la unión voluntaria y libre formada por los Estados de los
pueblos soviéticos: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.).
Formaban parte de la U.R.S.S., en un principio, la República Socialista
Federativa Soviética de Rusia (R.S.F.S.R), la República Socialista Federativa
Soviética de Transcaucasia (R.S.F.S.T.), la República Socialista Soviética de Ucrania
(R.S.S.U.) y la República Socialista Soviética de Bielorrusia (R.S.S.B.). Poco
tiempo después, se constituyeron en el Asia Central tres Repúblicas Soviéticas
independientes dentro de la Unión: las Repúblicas de Uzbekistán, Turkmenistán y
Tadzhikistán. Todas estas Repúblicas se agruparon en la unión de Estados
Soviéticos, la U.R.S.S., sobre la base de su libre voluntad, con derechos
iguales y conservando cada una de ellas la facultad de abandonar libremente la
Unión Soviética.
La fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas representaba un fortalecimiento del Poder Soviético y un gran
triunfo de la política leninista-stalinista del Partido bolshevique respecto al
problema nacional.
En noviembre de 1922, Lenin intervino en el Pleno
del Soviet de Moscú. Haciendo el balance de los cinco años de existencia del
Poder Soviético, expresó su firme convicción de que "de la Rusia de la NEP
saldría la Rusia socialista". Fue el último discurso que pronunció ante el
país. En el otoño de 1922, el Partido experimentó una gran desgracia: Lenin
cayó gravemente enfermo. Todo el Partido, todos los trabajadores, seguían,
profundamente apenados, la enfermedad de Lenin. Todo el país estaba pendiente,
con angustia, de aquella vida tan preciosa. Pero Lenin no interrumpió su
trabajo, a pesar de la enfermedad. Estando ya gravemente enfermo, aun escribió
una serie de artículos importantísimos. En estos artículos, que fueron los
últimos, hacía el balance de la labor realizada y trazaba el plan de la
construcción del socialismo en el País Soviético, mediante la incorporación de
los campesinos a la obra de la edificación socialista. En este proyecto, Lenin
destacaba su plan cooperativo, encaminado a sumar a los campesinos a la causa
de la edificación del socialismo.
Lenin veía en la cooperación en general, y en la
cooperación agraria en particular, el camino, asequible y comprensible para
millones de campesinos, por el que podía pasarse de la pequeña explotación
individual a las grandes agrupaciones cooperativas de producción: los coljoses.
Señalaba que el camino por el que debía marchar el desarrollo de la economía
agrícola en el País Soviético era el de incorporar a los campesinos a la
edificación socialista por medio de la cooperación, de ir infundiendo gradualmente
en la agricultura los principios del colectivismo, comenzando por la esfera de
la venta, para pasar luego a la esfera de la producción agrícola. Y ponía de
manifiesto que, bajo el régimen de la dictadura del proletariado y de la
alianza de la clase obrera con los campesinos, asegurada la dirección de los
campesinos por el proletariado y con la existencia de una industria socialista,
la cooperación para la producción, una cooperación bien organizada que abarcase
a millones de campesinos, era el camino por el cual se podría construir en el
País Soviético una sociedad socialista completa.
En abril de 1923, se celebró el XII Congreso del
Partido. Era el primer Congreso que se reunía, después de la toma del Poder por
los bolsheviques, sin la presencia personal de Lenin. Tomaron parte en él 408
delegados con voz y voto, representando a 386.000 afiliados, es decir, a menos
que en el Congreso anterior. Era el resultado de la persistente depuración de
las filas del Partido, a consecuencia de la cual había sido expulsado de él un
tanto por ciento considerable de afiliados. A este Congreso asistieron, además,
417 delegados con voz, pero sin voto.
En los acuerdos tomados por el XII Congreso fueron
tenidas en cuenta todas las indicaciones hechas por Lenin en sus últimos
artículos y cartas.
El Congreso salió enérgicamente al paso de todos
los que interpretaban la NEP como un abandono de las posiciones socialistas,
como una rendición de estas posiciones al capitalismo, de todos los que
proponían entregarse a las garras de éste. Esto fue lo que preconizaron en el
Congreso los adeptos de Trotski, Radek y Krasin. Estos proponían entregarse a
merced de los capitalistas extranjeros, poner en sus manos, a título de
concesiones, las ramas industriales de interés vital para el Estado Soviético.
Proponían pagar las deudas del gobierno zarista, anuladas por la Revolución de
Octubre. El Partido estigmatizó como traidoras estas propuestas de
capitulación. No renunciaba a emplear la política de las concesiones, pero sólo
en aquellas ramas y dentro de aquellos límites que resultasen ventajosos para
el Estado Soviético.
Ya antes del Congreso, Bujarin y Sokolnikov habían
propuesto poner fin al monopolio del comercio exterior. Esta propuesta era
también el resultado la interpretación de la NEP como la entrega de las
posiciones soviéticas al capitalismo. Lenin estigmatizó entonces a Bujarin como
defensor de los especuladores, de los nepman y de los kulaks. El XII Congreso
rechazó resueltamente el atentado que se quería perpetrar contra la
intangibilidad del monopolio del comercio exterior.
El Congreso salió también al paso del intento de
Trotski de imponer al Partido una política funesta con respecto a los
campesinos. Señaló que no era lícito perder de vista el hecho del predominio
que la pequeña Economía campesina tenía dentro del país. Y subrayó que el
desarrollo de la industria, incluyendo la industria pesada, no debía chocar con
los intereses de las masas campesinas, sino armonizar con ellos en interés de
toda la población trabajadora. Estos acuerdos iban dirigidos contra Trotski,
que preconizaba la edificación de la industria por medio de la explotación de
los campesinos y que no reconocía, de hecho, la política de alianza entre el
proletariado y los campesinos.
Trotski proponía también el cierre de grandes
fábricas como las de "Putilov", "Briansk" y otras, que
interesaban a la defensa del país, pero que, según él, no eran rentables. El
Congreso rechazó, indignado, la proposición de Trotski.
A propuesta de Lenin, formulada por medio de una
carta, el XII Congreso creó un órgano de fusión de la Comisión Central de
Control y de la Inspección Obrera y Campesina. A este órgano se le asignó una
misión de responsabilidad: velar por la unidad del Partido, fortalecer la
disciplina del Partido y del Estado y perfeccionar por todos los medios el
aparato del Estado Soviético.
El Congreso consagró gran atención al problema
nacional. Informó acerca de este punto el camarada Stalin, quien subrayó la
significación internacional de la política soviética sobre el problema
nacional. Los pueblos oprimidos del Occidente y del Oriente ven en la Unión
Soviética el ejemplo de cómo se debe resolver el problema nacional. Señaló la
necesidad de laborar enérgicamente por liquidar la desigualdad económica y
cultural entre los pueblos de la Unión Soviética. E incitó a todo el Partido a
luchar resueltamente contra las desviaciones en punto al problema nacional:
contra el chovinismo gran ruso y contra el nacionalismo localista burgués.
En el Congreso, fueron desenmascarados los
portavoces de la desviación nacionalista y su política absorcionista con
respecto a las minorías nacionales. Actuaban, por aquel entonces, en contra del
Partido los portavoces de la desviación nacionalista georgiana: Mdivani y
otros. Estos elementos eran contrarios a la creación de la federación
transcaucásica y al fortalecimiento de la amistad entre los pueblos de
Transcaucasia. Su actitud frente a las otras nacionalidades de Georgia era la
de unos auténticos chovinistas absorcionistas. Expulsaban de Tiflis a todos los
no georgianos, principalmente a los armenios, y habían dictado una ley, según
la cual toda georgiana que contrajese matrimonio con un hombre de otra
nacionalidad perdería si ciudadanía georgiana. Contaban con el apoyo de
Trotski, Radek, Bujarin, Scrypnik y Rakovski.
Inmediatamente después del Congreso, se convocó una
Conferencia especial de militantes de las Repúblicas nacionales para tratar del
problema nacional. En ella, fueron desenmascarados el grupo de los
nacionalistas burgueses tártaros, Sultán-Galiev y otros, y el grupo de los
portavoces de la desviación nacionalista en el Uzbekistán, formado por Faisula
Jodzhaiev y otros.
El XII Congreso hizo el balance de los resultados
obtenidos en los dos años de la nueva política económica. Estos resultados
infundían al espíritu vigor y seguridad en el triunfo final.
"Nuestro Partido sigue siendo un Partido
coherente, monolítico, resistente a los mayores virajes y que marcha hacia
delante con las banderas desplegadas" -declaró en el Congreso el camarada
Stalin.
4. La lucha contra las dificultades de la
restauración de la economía nacional. - Recrudece la actividad de los
trotskistas, con motivo de la enfermedad de Lenin. - Nueva discusión dentro del
Partido. - Derrota de los trotskistas. - Muerte de Lenin. - La promoción
leninista. - El XIII Congreso del Partido.
Los primeros años de lucha por la restauración de
la Economía nacional se tradujeron en éxitos considerables. Hacia 1924, se
advertían los progresos en todas las ramas de la Economía. La superficie
sembrada aumentó considerablemente a partir de 1921; la Economía campesina se
iba fortaleciendo cada vez más. La industria socialista crecía y se
desarrollaba. Registrábase un aumento numérico considerable de la clase obrera.
Los salarios se elevaban. Los obreros y los campesinos comenzaban a vivir mejor
y con más desahogo que en 1920 y 1921.
Pero, a pesar de todo, se acusaban aún los
resultados de una situación de desastre económico todavía no liquidada. La
industria no había alcanzado aún el nivel de antes de la guerra y su desarrollo
se hallaba considerablemente rezagado, en comparación con el incremento de las
necesidades del país. Hacia fines de 1923, se registraba cerca de un millón de
obreros parados; el lento desarrollo de la Economía nacional no permitía
absorber y liquidar el paro forzoso. El comercio se desarrollaba con intermitencias,
por razón de los precios extraordinariamente elevados de los artículos
industriales, precios que imponían al país los especuladores y los nepman
emboscados en las organizaciones comerciales soviéticas. En relación con esto,
el rublo soviético empezó a experimentar fuertes oscilaciones y a bajar de
valor. Todo ello contribuía a amortiguar el mejoramiento de la situación de los
obreros y los campesinos.
Hacia el otoño de 1923, se agudizaron algo las
dificultades económicas, a consecuencia de las infracciones cometidas contra la
política soviética de precios por los organismos industriales y comerciales.
Entre los precios de las mercancías industriales y los productos agrícolas
existía una fuerte desarmonía. Mientras que el precio del trigo era bajo, los
precios de las mercancías industriales eran desmesuradamente elevados. Sobre la
industria pesaban, por aquel entonces, muchos gastos no reproductivos y esto
encarecía las mercancías. El dinero que los campesinos obtenían por la venta
del trigo se depreciaba rápidamente. Por si esto fuese poco, el trotskista
Piatakov, que ocupaba entonces un puesto en el Consejo Supremo de Economía
Nacional, trazó a los militantes de las organizaciones económicas la norma
criminal de extraer mayores ganancias de la venta de los artículos
industriales, elevando desmesuradamente los precios, con el pretexto de
fomentar la industria. En realidad, esta consigna, propia de un nepman, sólo
podía conducir a un resultado: reducir la base de la producción industrial y
socavar la industria. En estas condiciones, a los campesinos no les convenía
adquirir artículos industriales y dejaban de comprarlos. De esto modo, se
inició una crisis del mercado, que repercutió sobre la industria. Surgieron
dificultades para el pago de los salarios, lo que provocó el descontento de los
obreros. En algunas fábricas, los obreros menos conscientes abandonaban el
trabajo.
El Comité Central del Partido señaló el camino para
superar todas estas dificultades y deficiencias. Se tomaron medidas para acabar
con la crisis del mercado. Se introdujo una rebaja en los precios de los
artículos de consumo popular. Se acordó implantar una reforma monetaria,
adoptando un patrón firme y estable: el chervonez. Se normalizó el pago de los
salarios. Y se esbozaron las medidas convenientes para desarrollar el comercio
por medio de los organismos soviéticos y cooperativos, desalojando de él a todo
género de mercaderes y especuladores.
Había que poner manos a la obre con denuedo y
uniéndose todos. Así era como pensaban y obraban los hombres fieles al Partido.
Pero los trotskistas procedían de otro modo. Aprovechándose de la ausencia de
Lenin, a quien su grave enfermedad tenía alejado del frente batalla, iniciaron
una nueva agresión contra el Partido y contra su dirección. Decidieron que
había llegado el momento indicado para derrotar al Partido y derribar su
dirección. En su lucha contra el Partido, se aprovechaban de todo: de la derrota
sufrida por la revolución en Alemania y en Bulgaria en el otoño de 1923, de las
dificultades económicas existentes dentro del país y de la enfermedad de Lenin.
Fue precisamente en este momento difícil para el Estado Soviético, en que el
jefe del Partido se veía clavado en el lecho, cuando Trotski desencadenó su
ataque contra el Partido bolshevique. Agrupando en torno suyo a todos los
elementos antileninistas del Partido, amañó una plataforma oposicionista,
plataforma que iba dirigida contra el Partido, contra su dirección y contra su
política. A esta plataforma se le dio el nombre de "declaración de los 46
oposicionistas". En la lucha contra el Partido leninista, se unieron todos
los grupos de la oposición: los trotskistas, los "centralistas
democráticos", los restos de los "comunistas de izquierda" y de
la "oposición obrera". En su declaración, estos elementos
profetizaban una terrible crisis económica y el hundimiento del Poder Soviético
y exigían, como única solución, la libertad de existencia de fracciones y
grupos.
Era una lucha encaminada al restablecimiento de las
fracciones, que habían sido prohibidas por el X Congreso del Partido, a
propuesta de Lenin.
Los trotskistas no planteaban ningún problema
concreto en torno al desarrollo de la industria o de la agricultura, al
perfeccionamiento del régimen de circulación de mercancías dentro del país o al
mejoramiento de la situación de los trabajadores. Esto, además, no les
interesaba. Lo único que les interesaba era aprovecharse de la ausencia de
Lenin para restablecer las fracciones dentro del Partido y socavar de este modo
sus cimientos, minar su Comité Central.
Inmediatamente después de la plataforma de los 46,
se publicó una carta de Trotski, en la que cubría de cieno a los cuadros del
Partido y dirigía toda una serie de nuevas calumnias contra éste. En esta carta
Trotski repetía las viejas cantilenas mensheviques, que el Partido estaba
cansado de oírle.
Los trotskistas dirigían su agresión,
primordialmente, contra el aparato del Partido, pues sabían que el Partido no
puede vivir ni actuar sin un aparato fuerte. La oposición esforzábase en
socavar, en derribar este aparato, en enfrentar a los afiliados al Partido con
el aparato de éste; y a la juventud, con los viejos cuadros del Partido. En su
carta, Trotski especulaba con la juventud estudiantil, con los jóvenes
afiliados al Partido, que ignoraban la historia de la lucha de éste contra el
trotskismo. Para conquistar a este juventud estudiantil, Trotski la adulaba,
diciendo de ella que era "el barómetro más fiel del Partido", al
mismo tiempo que hablaba de la degeneración de la vieja guardia leninista.
Apuntando a los jefes degenerados de la Segunda Internacional, sugería
ignominiosamente que la vieja guardia bolshevique marchaba por el mismo camino.
Con sus gritos sobre la degeneración del Partido, Trotski intentaba encubrir su
propia degeneración y sus designios antibolsheviques.
Los dos documentos de la oposición, la plataforma
de los 46 y la carta de Trotski, fueron distribuidos por los trotskistas en los
radios y las células y puestos a discusión entre los afiliados del Partidos.
El Partido fue retado por los trotskistas a una
contienda.
Se repetía, pues, lo que había ocurrido antes del X
Congreso del Partido, con motivo de la discusión sobre la cuestión sindical: el
Partido veíase arrastrado por los trotskistas a una discusión extensiva a todos
sus afiliados.
Y, a pesar de hallarse ocupado en problemas de
carácter económico más importantes, el Partido aceptó el reto y abrió la
discusión.
La discusión se hizo extensiva a todo el Partido.
Era una lucha enconada. La contienda adquirió caracteres especialmente agudos
en Moscú. Los trotskistas aspiraban, ante todo, a apoderarse de la organización
de la capital. Pero la discusión no les sirvió de nada a los trotskistas, como
no fuese para poner de manifiesto su infamia. Fueron derrotados en toda línea,
lo mismo en Moscú que en toda la Unión Soviética. Sólo votó por ellos un número
reducido de células pertenecientes a Escuelas superiores y a organismos
administrativos.
En enero de 1924, se reunió la XIII Conferencia del
Partido. En ella, pronunció un informe el camarada Stalin, haciendo el balance
de la discusión sostenida en el Partido. La Confrencia condenó a la oposición
trotskista, declarando que se trataba de una desviación pequeñoburguesa del
marxismo. Los acuerdos de esta Conferencia fueron refrendados posteriormente
por el XIII Congreso del Partido y por el V Congreso de la Internacional
Comunista. El proletariado comunista internacional apoyaba al Partido bolshevique
en su lucha contra el trotskismo.
Pero los trotskistas no cesaron en su trabajo de
zapa. En el otoño de 1924, Trotski publicó un artículo titulado "Las
enseñanzas de Octubre", en el que intentaba suplantar el leninismo por el
trotskismo. Este artículo era todo él una calumnia contra el Partido
bolshevique y contra su jefe, Lenin. Todos los enemigos del comunismo y del
País Soviético se aferraron a este librejo calumnioso. El Partido rechazó con
indignación estas calumnias de Trotski contra la historia heroica del
bolshevismo. El camarada Stalin desenmascaró la tentativa de Trotski de
suplantar el leninismo por el trotskismo, señalando, en sus intervenciones, que
"la misión del Partido consiste en enterrar el trotskismo, como corriente
ideológica".
En la obra de aplastamiento ideológico del
trotskismo y de defensa del leninismo, tuvo una importancia extraordinaria el
trabajo teórico del camarada Stalin "Sobre los fundamentos del
leninismo", que vio la luz en 1924. Esta obra es una exposición magistral
y una fundamentación teórica muy seria del leninismo, que pertrechó entonces y
sigue pertrechando hoy a los bolsheviques del mundo entero con el arma aguzada
de la teoría marxista-leninista.
En la lucha contra el trotskismo, el camarada
Stalin apretó las filas del Partido en torno a su Comité Central y lo movilizó
para seguir combatiendo por el triunfo del socialismo en el País Soviético. El
camarada Stalin supo demostrar que el aplastamiento ideológico del trotskismo
era condición inexcusable para asegurar la prosecución de la marcha victoriosa
hacia el socialismo.
Haciendo el balance de este periodo de lucha contra
el trotskismo, decía el camarada Stalin:
"Sin aplastar al trotskismo, no es posible
triunfar dentro de las condiciones de la NEP, no es posible conseguir la
transformación de la Rusia actual en una Rusia socialista".
Pero los éxitos de la política leninista del
Partido se vieron ensombrecidos por la enorme desgracia que experimentaron el
propio Partido y la clase obrera. El 21 de enero de 1924, murió en Gorki, cerca
de Moscú, nuestro jefe y maestro, el fundador del Partido bolshevique, Lenin.
La noticia de la muerte de Lenin afectó a la clase obrera del mundo entero como
la pérdida más cruel. El día del entierro de Lenin, el proletariado
internacional declaró un paro de cinco minutos en todos los trabajos. Pararon los
ferrocarriles, se interrumpió el trabajo en fábricas y talleres. Los
trabajadores del mundo entero acompañaron a la tumba, con el más profundo
dolor, a su padre y maestro, a su mejor amigo y defensor, a Lenin.
La clase obrera de la Unión Soviética respondió a
la muerte de Lenin apretando todavía más sus filas en torno al Partido
leninista. En aquellos días luctuosos, todo obrero consciente meditó acerca de
su actitud ante el Partido Comunista, el Partido que ponía en práctica los
mandamientos de Lenin. Al Comité Central del Partido llegaron miles y miles de
declaraciones de obreros sin partido pidiendo su ingreso en el Partido
bolshevique. El Comité Central, haciéndose eco de este movimiento de los
obreros de vanguardia, admitió su ingreso en masa en el Partido y abrió las
puertas de éste a la promoción leninista. Ingresaron en él los que estaban
dispuestos a dar la vida por la causa del Partido, por la causa de Lenin. En
poco tiempo, pasaron a engrosar las filas del Partido bolshevique más de
240.000 obreros. Se adhirió al Partido la parte más avanzada de la clase
obrera, la más consciente y revolucionaria, la más audaz y disciplinada. Esta
fue la promoción leninista de nuevos afiliados al Partido.
La muerte de Lenin puso de manifiesto cuán
estrechamente unido estaba el Partido bolshevique a las masas obreras y cuán
entrañablemente querían éstas al Partido leninista.
En el II Congreso de los Soviets de la U.R.S.S.,
celebrado en los días de duelo por la muerte de Lenin, el camarada Stalin
pronunció, en nombre del Partido, un solemne juramento. En él dijo:
"Nosotros, los comunistas, somos hombres de un
temple especial. Estamos hechos de una trama especial. Somos los que formamos
el ejército del gran estratego proletario, el ejército del camarada Lenin. No
hay nada más alto que el honor de pertenecer a este ejército. No hay nada
superior al título de miembro del Partido cuyo fundador y jefe es el camarada
Lenin...
Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de
mantener en alto y conservar en toda su pureza el gran título de miembro del
Partido. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor este
mandato!...
Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de
velar por la unidad de nuestro Partido como por las niñas de nuestros ojos. ¡Te
juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor también este mandato!...
Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de
conservar y fortalecer la dictadura del proletariado. ¡Te juramos, camarada
Lenin, que no escatimaremos esfuerzo para ejecutar con honor también este
mandato!...
Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de
afianzar, con todas nuestras fuerzas, la alianza de los obreros y campesinos.
¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor igualmente este
mandato!...
El camarada Lenin nos hablaba insistentemente de la
necesidad de una alianza voluntaria y libre entre los pueblos de nuestro país,
de la necesidad de su colaboración fraternal dentro del marco de la Unión
Soviética. Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de reforzar y
extender la Unión de las Repúblicas. ¡Te juramos, camarada Lenin, que
ejecutaremos con honor también este mandato!...
Lenin nos indicó repetidas veces que el
fortalecimiento del Ejército Rojo y su perfeccionamiento constituye una de las
más importantes tareas de nuestro Partido. ¡Juremos, pues, camaradas, que no
escatimaremos esfuerzo para fortalecer nuestro Ejército Rojo y nuestra Flota
Roja!...
Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de
permanecer fieles a los principios de la Internacional Comunista. ¡Te juramos,
camarada Lenin, que no regatearemos nuestra vida para fortalecer y extender la
unión de los trabajadores del mundo entero, la Internacional Comunista!".
Tal fue el juramento del Partido bolshevique a su
jefe, a Lenin, cuya obra perdurará a través de los siglos.
En mayo de 1924, se celebró el XIII Congreso del
Partido. Asistieron a él 748 delegados con voz y voto, representando a 735.881
afiliados. El enorme aumento de la cifra de afiliados al Partido, en
comparación con la del Congreso anterior, tiene su explicación en las 250.000
altas, aproximadamente, de la promoción leninista. Los delegados con voz, pero
sin voto, eran 416.
El Congreso condenó unánimemente la plataforma de
la oposición trotskista, definiéndola como una desviación pequeñoburguesa del
marxismo, como una revisión del leninismo, y ratificó las resoluciones votadas
por la XIII Conferencia del Partido "Sobre la obra del desarrollo del
Partido" y "Sobre los resultados de la discusión".
Partiendo de la tarea de reforzar la cohesión entre
la ciudad y el campo, el Congreso indicó la necesidad de seguir desarrollando
la industria, y en primer término, la industria ligera, subrayando, al mismo
tiempo, la necesidad de imprimir un rápido desarrollo a la industria
metalúrgica.
El Congreso ratificó la creación del Comisariado
del Pueblo de Comercio Interior y planteó a todos los organismos comerciales la
tarea de dominar el mercado y desalojar de la órbita comercial al capital
privado.
El Congreso planteó la tarea de desarrollar el
crédito del Estado a favor de los campesinos a bajo tipo de interés,
desalojando de la aldea al usurero.
Como tarea fundamental para la actuación en el
campo, el Congreso destacó la consigna de desarrollar por todos los medios la
cooperación entre las masas campesinas.
Finalmente, el Congreso señaló la enorme
importancia de la promoción leninista y llamó la atención del Partido hacia la
necesidad de reforzar la labor de educación de los nuevos afiliados al Partido,
y sobre todo de la promoción leninista, instruyéndolos en los fundamentos del
leninismo.
5. La Unión Soviética hacia el final del periodo de
restauración de la economía nacional. - El problema de la edificación
socialista y del triunfo del socialismo en el País Soviético. - La "nueva
oposición" de Zinoviev-Kamenev. - El XIV Congreso del Partido. - Hacia la
industrialización socialista del país.
El Partido bolshevique y la clase obrera llevaban
ya más de cuatro años de lucha tenaz por la senda de la nueva política
económica. La heroica labor de restauración de la Economía nacional tocaba a su
fin. La potencia económica y política de la Unión Soviética crecía sin cesar.
La situación internacional, por aquel tiempo, había
cambiado. El capitalismo había hecho frente al primer asalto revolucionario de
las masas después de la guerra imperialista. Había sido sofocado el movimiento
revolucionario en Alemania, Italia, Bulgaria, Polonia y en otra serie de
países. Los jefes de los partidos socialdemócratas oportunistas ayudaron a la
burguesía a lograr esto. Se había iniciado un reflujo pasajero de la
revolución. Se había iniciado una estabilización parcial y pasajera del capitalismo
en el Europa occidental, un fortalecimiento temporal de sus posiciones. Pero la
estabilización del capitalismo no había suprimido las contradicciones
fundamentales que desgarran la sociedad capitalista. Por el contrario: la
estabilización parcial del capitalismo venía a agudizar las contradicciones
entre los obreros y los capitalistas, entre el imperialismo y los países
coloniales, entre los grupos imperialistas de los diversos países. La
estabilización del capitalismo preparaba una nueva explosión de estas
contradicciones, gestaba nuevas crisis en los países capitalistas.
A la par de la estabilización del capitalismo, se
desarrollaba la estabilización de la Unión Soviética. Sin embargo, entre estos
dos procesos de estabilización mediaba una diferencia radical. La
estabilización capitalista presagiaba una nueva crisis del capitalismo. La
estabilización de la Unión Soviética representaba un nuevo desarrollo de la
potencia económica y política del país del socialismo.
A pesar de la derrota sufrida por la revolución en
los países occidentales, la situación internacional de la Unión Soviética
seguía fortaleciéndose, aunque con ritmo más lento, ciertamente.
En 1922, la Unión Soviética fue invitada a la
Conferencia económica internacional que se celebró en la ciudad italiana de
Génova. En la Conferencia de Génova, los gobiernos imperialistas, alentados por
la derrota de la revolución en los países del capitalismo, intentaron hacer una
nueva presión sobre la República de los Soviets, ahora bajo una forma
diplomática. Los imperialistas formularon al país de los Soviets
reivindicaciones insolentes. Exigían que fuesen devueltas a los capitalistas
extranjeros las fábricas y empresas industriales nacionalizadas por la
Revolución de Octubre y que se pagasen todas las deudas contraídas por el
gobierno zarista. A cambio de esto, los Estados imperialistas prometían hacer
al Estado Soviético algunos empréstitos.
La Unión Soviética rechazó estas exigencias.
La Conferencia de Génova fue infructuosa.
También obtuvo la réplica adecuada la amenaza de
una nueva intervención que representaba el ultimátum formulado por el ministro
de Relaciones Exteriores de Inglaterra, Curzon, en 1923.
Habiendo sondeado bien la firmeza del Poder
Soviético y convencidos de su estabilidad, los Estados capitalistas fueron
reanudando, uno tras otro, las relaciones diplomáticas con el país de los
Soviets. En el transcurso del año 1924 se reanudaron las relaciones
diplomáticas con Inglaterra, Francia, el Japón e Italia.
Era evidente que el Poder Soviético había sabido
conquistarse todo un periodo de tregua pacífica.
Había cambiado también la situación dentro del
país. El trabajo abnegado de los obreros y los campesinos, dirigidos por el
Partido bolshevique, daba sus frutos. La Economía nacional se desarrollaba
rápidamente. En el año económico de 1924-1925, la producción agrícola se
acercaba ya al nivel de antes de la guerra, pues había alcanzado el 87 por
ciento de este nivel. La gran industria de la U.R.S.S. arrojaba ya, en 1925,
una producción de cerca de las tras cuartas partes de la producción industrial
de antes de la guerra. En 1924-1925, el País Soviético pudo invertir ya en
obras básicas 385 millones de rublos. El plan de electrificación del país se
realizaba con éxito. Las posiciones de mando del socialismo en la Economía
nacional se afianzaban. Se habían logrado éxitos importantes en la lucha contra
el capital privado en la industria y en el comercio.
El auge económico se traducía en un nuevo
mejoramiento de la situación de los obreros y campesinos. La clase obrera
crecía con ritmo acelerado. Los salarios aumentaban. Aumentaba también la
productividad del trabajo. La situación material de los campesinos mejoraba
considerablemente. En 1924-1925, el Estado obrero y campesino pudo consignar ya
290 millones de rublos para ayudar a los campesinos poco pudientes. El
mejoramiento de la situación de los obreros y campesinos contribuyó a
incrementar en fuertes proporciones la actividad política de las masas. La
dictadura del proletariado se fortalecía. La autoridad y la influencia del
Partido bolshevique iban en aumento.
La restauración de la Economía nacional tocaba a su
fin. Pero el país de los Soviets, el país en que se construía el socialismo, no
podía darse por satisfecho con la restauración simple y pura de la Economía,
con alcanzar simplemente el nivel de antes de la guerra. Este nivel era el de
un país atrasado. Había que seguir avanzando. La larga tregua conquistada por
el Estado Soviético garantizaba la posibilidad de proseguir la obra de
edificación.
Pero al llegar aquí, surgía con toda su envergadura
el problema de las perspectivas, del carácter de nuestro desarrollo y de
nuestra edificación, el problema de la suerte del socialismo en la Unión
Soviética. ¿En qué dirección debía orientarse la edificación económica de la
Unión Soviética, en la dirección del socialismo o en alguna otra dirección?
¿Debía y podía el País Soviético construir una Economía socialista, o estaba
condenado a abonar el terreno para otra clase de Economía, para una Economía
capitalista? ¿Era posible, en términos generales, construir una Economía
socialista en la U.R.S.S., y en caso de que así fuese, era posible construirla
ante la demora de la revolución en los países capitalistas y la estabilización
del capitalismo? ¿Era posible construir una Economía socialista por la senda de
la nueva política económica, que, al mismo tiempo que fortalecía y desarrollaba
por todos los medios las fuerzas del socialismo dentro del país, daba también,
por el momento, un cierto incremento al capitalismo? ¿Cómo había que construir
una Economía nacional de tipo socialista? ¿Por dónde había que empezar esta
obra de edificación?
Todas estas preguntas se alzaban ante el Partido al
terminar el periodo de restauración de la Economía nacional, y no como
problemas teóricos ya, sino como problemas prácticos, como problemas que
afectaban a la labor cotidiana de la edificación económica.
Eran todas estas preguntas a las que había que dar
respuestas claras y sencillas, para que los militantes del Partido y los
dirigentes de las organizaciones económicas, los que construían la industria y
la agricultura, y el pueblo todo, supiesen hacia dónde debían orientarse, si
hacia el socialismo o hacia el capitalismo.
Sin dar un respuesta clara a estas preguntas, toda
la actuación práctica del Partido en el terreno constructivo sería una labor
carente de perspectivas, una labor a ciegas, estéril.
Y, en efecto, el Partido dio a todas estas
preguntas una respuesta clara y definida.
Sí -contestaba el Partido-, el País Soviético puede
y debe edificar una Economía socialista, pues se dan en él todos los elementos
necesarios para ello, para construir una economía socialista y para edificar
una sociedad socialista completa. En Octubre de 1917, la clase obrera venció al
capitalismo en el terreno político, instaurando su dictadura política. De
entonces acá, el Poder Soviético ha tomado todas las medidas necesarias para
destruir la potencia económica del capitalismo y crear las condiciones indispensables
para edificar una Economía nacional de tipo socialista. La expropiación de los
capitalistas y terratenientes; la conversión de las tierras, fábricas y
empresas industriales, bancos y vías de comunicación, en propiedad de todo el
pueblo; la implantación de la nueva política económica; la organización de una
industria socialista de Estado; la aplicación del plan cooperativo de Lenin: he
ahí las medidas adoptadas por el Poder Soviético. Ahora, la tarea fundamental
consiste en desplegar por todo el país la obra de edificación de una nueva
Economía, de la Economía socialista, dando el golpe de gracia con ello al
capitalismo también en el terreno económico. Toda la labor práctica, toda la
actuación del Partido bolshevique deben supeditarse al cumplimiento de esta
tarea fundamental. La clase obrera puede hacer esto, y lo hará. Y la ejecución
de esta tarea grandiosa debe comenzar por la industrialización del país. La
industrialización socialista del país es el eslabón fundamental por el que hay
que comenzar la magna obra de la edificación de una Economía nacional de tipo
socialista. Ni la demora de la revolución en la Europa occidental ni la
estabilización parcial del capitalismo en los países no soviéticos, podrán
contener la marcha victoriosa de la U.R.S.S. hacia el socialismo. Y la nueva
política económica sólo puede facilitar esta obra, pues ha sido implantada por
el Partido precisamente para eso, para facilitar la edificación de los
cimientos socialistas de la Economía nacional del País Soviético.
Tal era la respuesta que daba el Partido a la
pregunta acerca del triunfo de la edificación socialista en la Unión Soviética.
Pero el Partido sabía que el problema del triunfo
del socialismo en un solo país no se reducía a esto. La construcción del
socialismo en la U.R.S.S. representa un grandioso viraje en la historia de la
Humanidad y un triunfo de alcance histórico universal para la clase obrera y
los campesinos de la U.R.S.S. Pero es, a pesar de todo, una incumbencia
interior de la U.R.S.S. y representa solamente una parte del problema del
triunfo del socialismo. La otra parte del problema la constituye su aspecto
internacional. Fundamentando la tesis del triunfo del socialismo en un solo
país, el camarada Stalin ha señalado más de una vez que es necesario distinguir
entre los dos aspectos de este problema: el aspecto interior y el aspecto
internacional. Por lo que se refiere al aspecto interior del problema, o sea a
la correlación de clases dentro del país, la clase obrera y los campesinos de
la U.R.S.S. podrán vencer plenamente en el terreno económico a su propia
burguesía y construir una sociedad socialista completa. Pero queda el aspecto
internacional de asunto, es decir, la órbita de las relaciones exteriores, la
órbita de las relaciones entre el País Soviético y los países capitalistas,
entre el Pueblo Soviético y la burguesía internacional, que odia al régimen
soviético y buscará ocasión para desencadenar una nueva intervención armada
contra el país de los Soviets, haciendo nuevas tentativas encaminadas a
restaurar el capitalismo en la U.R.S.S. Y como éste es, por ahora, el único
país del socialismo y los demás países continúan siendo capitalistas, seguirá
existiendo en torno a la U.R.S.S. un cerco capitalistas, fuente del peligro de
una nueva intervención armada del capitalismo. Claro está que, mientras existe
el cerco capitalistas, seguirá también existiendo el peligro de una
intervención capitalista. ¿Puede el pueblo soviético, con sus solas fuerzas,
destruir este peligro exterior, el peligro de una intervención armada del
capitalismo contra la U.R.S.S.? No, no puede. Y no puede, porque para acabar
con el peligro de una intervención del capitalismo es necesario acabar con el
cerco capitalista, y esto sólo es posible conseguirlos como resultado de una
revolución proletaria victoriosa, por lo menos, en algunos países. De donde se
deduce que el triunfo del socialismo en la U.R.S.S., triunfo que se acusa en la
liquidación del sistema de la Economía capitalista y en la construcción del
sistema de la Economía socialista, no puede, a pesar de todo, considerarse como
un triunfo definitivo, mientras no desaparezca el peligro de una intervención
armada extranjera y de los intentos de restauración del capitalismo, mientras
el país del socialismo no esté garantizado contra este peligro. Y para acabar
con el peligro de una intervención del capitalismo extranjero, es necesario
acabar con el cerco capitalista.
Es cierto que el pueblo soviético y su Ejército
Rojo, mediante la política acertada del Poder Soviético, sabrán dar la
contestación más adecuada a una nueva intervención capitalista extranjera, ni
más ni menos que se la dieron a la primera intervención capitalista de los años
1918 a 1920. Pero esto, por sí solo, no quiere decir que con ello vaya a
desaparecer el peligro de nuevas intervenciones capitalistas. La derrota
sufrida por la primera intervención no acabó con el peligro de otra nueva, como
lo demuestra el hecho de que la fuente de la que emana el peligro de nuevas
intervenciones -el cerco capitalista- sigue existiendo. Tampoco el fracaso de
una nueva intervención hará desaparecer el peligro de que se produzcan otras,
mientras siga en pie el cerco capitalista.
De aquí se desprende que el triunfo de la
revolución proletaria en los países capitalistas es interés vital de los
trabajadores de la U.R.S.S.
Tal era la posición del Partido ante el problema
del triunfo del socialismo en el País Soviético.
El Comité Central exigió que esta posición se
sometiese a la consideración de la XIV Conferencia del Partido, próxima a
celebrarse, para que fuese aprobada y sancionada como posición del Partido,
como ley del Partido, obligatoria para todos sus miembros.
Esta posición del Partido produjo un efecto
desconcertante en los elementos de la oposición. Los desconcertó, sobre todo,
el hecho de que el Partido diese a esta posición un carácter práctico,
concreto; la enlazase al plan práctico de la industrialización socialista del
país y exigiese que se le diera forma de una ley del Partido, la forma de una
resolución de la XIV Conferencia del Partido, obligatoria para todos los
afiliados a éste.
Los trotskistas se levantaron en contra de esta
posición del Partido, oponiéndole la "teoría de la revolución
permanente", teoría menshevique, que sólo queriendo escarnecer al marxismo
se podía presentar como una teoría marxista y que negaba la posibilidad del
triunfo del socialismo en la U.R.S.S.
Los bujarinistas no se decidieron a enfrentarse
abiertamente con la posición del Partido. Pero, por debajo de cuerda, empezaron
a oponerle su propia "teoría" de la evolución pacífica de la
burguesía hacia el socialismo, completándola con la "nueva" consigna
de "¡Enriqueceos!". Es decir que, según los bujarinistas, el triunfo
del socialismo no representaba la liquidación de la burguesía, sino que, por el
contrario, venía a fomentarla y enriquecerla.
Zinoviev y Kamenev se decidieron por mantener,
durante algún tiempo, al afirmación de que en la U.R.S.S. era imposible que
triunfase el socialismo, por el atraso técnico-económico de este país; pero
luego viéronse obligados a agazaparse.
La XIV Conferencia del Partido (celebrada en abril
de 1925) condenó todas estas "teorías" capituladoras de los secuaces
descarados y encubiertos de la oposición y afirmó la posición del Partido sobre
el triunfo del socialismo en la U.R.S.S., votando una resolución congruente con
esto.
Zinoviev y Kamenev, viéndose acosados, optaron por
votar a favor de este resolución. Pero al Partido no se le ocultaba que esto no
era más que un ardid para demorar su lucha contra él y para "dar la
batalla al Partido" en si XIV Congreso. Entretanto, reunieron a los
adeptos con que contaban en Leningrado y formaron la llamada "nueva
oposición".
En diciembre de 1925 se celebró el XIV Congreso del
Partido.
Este Congreso discurrió en una atmósfera de gran
tensión dentro del Partido. En todo el tiempo que éste llevaba de existencia no
se había dado todavía el caso de que la delegación de un centro importantísimo
del Partido como Leningrado se confabulase para actuar toda ella en contra de
su Comité Central.
Tomaron parte en el Congreso 665 delegados con voz
y voto y 641 sin derecho a voto, representando a 643.000 afiliados y 445.000
aspirantes, es decir, a una cifra algo menor que en el anterior Congreso. Este
descenso era el resultado de la depuración parcial llevada a efecto en las
células de las Escuelas superiores y de los organismos administrativos que se
había revelado como infestados por elementos enemigos del Partido.
El informe político del Comité Central corrió a
cargo del camarada Stalin. Esta trazó un cuadro nítido del desarrollo de la
potencia política y económica de la Unión Soviética. Gracias a la superioridad
del sistema de la Economía soviética, tanto la industria como la agricultura
había sido restauradas en un plazo relativamente breve y se acercaban de nuevo
al nivel de antes de la guerra. Pero, a pesar de esto éxitos, el camarada
Stalin preconizaba la necesidad de no contentarse con lo conseguido, y que los éxitos
alcanzados no podían destruir el hecho de que el País Soviético seguía siendo
un país atrasado, un país agrario. Las dos terceras partes de la producción
eran agrícolas y sólo una tercera parte procedía de la industria. Ante el
Partido se planteaba en toda su envergadura -decía el camarada Stalin- el
problema de transformar el País Soviético en un país industrial, económicamente
independiente de los países capitalistas. Y esto podía y debía hacerse. La
tarea central del Partido era luchar por la industrialización socialistas del
país, luchar por el triunfo del socialismo.
"Transformar nuestro país de un país agrario
en un país industrial, capaz de producir con sus propios medios las máquinas y
herramienta necesarias: en esto consiste la esencia, el fundamento de nuestra
línea general" -indicaba el camarada Stalin.
La industrialización del país garantizaría su
independencia económica, reforzaría su capacidad defensiva y crearía las
condiciones necesarias para el triunfo del socialismo en la U.R.S.S.
Contra la línea general del Partido se levantaron
los zinovievistas. El zonovievista Sokolnikov opuso al plan de
industrialización socialista de Stalin, el plan burgués que se cotizaba entre
los tiburones del capitalismo. Este plan consistía en que la U.R.S.S. siguiese
siendo un país agrario que produjese, fundamentalmente, materias primas y
artículos alimenticios, exportando estos artículos e importando la maquinaria
que no producía ni debía, según ellos, producir. Dentro de las condiciones
existentes en 1925, este plan tenía todo el carácter de un plan de
esclavización económica de la U.R.S.S. por los países extranjeros
industrialmente desarrollados, de un plan destinado a afianzar el atraso
industrial de la U.R.S.S. en provecho de los tiburones imperialistas de los
países del capitalismo.
Aceptar este plan habría significado convertir el
País Soviético en un país agrario impotente, en un apéndice agrícola del mundo
capitalista, entregarlo como un país débil e inerme a merced del cerco
capitalista y, en última instancia, sepultar la causa del socialismo en la
U.R.S.S.
El Congreso estigmatizó el "plan"
económico de los zinovievistas, como un plan de esclavización de la U.R.S.S.
De nada le sirvieron a la "nueva
oposición" salidas como la de afirmar (falseando a Lenin) que la industria
del Estado Soviético no era, según ella, una industria socialista, ni el
declarar (falseando también a Lenin) que el campesino medio no podía, según
ella, ser aliado de la clase obrera en la edificación del socialismo.
El Congreso estigmatizó como antileninistas, estas
salidas de la "nueva oposición".
El camarada Stalin desenmascaró el fondo
trotskista-menshevique de la "nueva oposición". Puso de manifiesto
que Zinoviev y Kamenev no hacían más que repetir las cantilenas de los enemigos
del Partido, contra los que en su tiempo habían luchado incansablemente Lenin.
No cabía duda que los zinovievistas no eran más que
trotskistas mal disfrazados.
El camarada Stalin subrayó que la tarea más
importante del Partido consistía en lograr una alianza sólida entre la clase
obrera y los campesinos medios para la obra de la edificación del socialismo. Y
señaló dos desviaciones que existían, por aquel entonces, en el Partido,
respecto al problema campesino y que representaban un peligro para esta
alianza. La primera desviación consistía en menospreciar y rebajar la
importancia del peligro de los kulaks; la segunda era el pánico, el terror a
los kulaks y el menosprecio de la importancia de los campesinos medios.
Contestando a la pregunta de cuál de las dos desviaciones era la peor, el
camarada Stalin decía: "Ambas, la primera y la segunda desviación son
peores. Y si estas desviaciones ganasen terreno, serían capaces de descomponer
y dar al traste con nuestro Partido. Dentro de nuestro Partido hay, por
fortuna, fuerzas suficientes para cortar de cuajo la primera y la segunda
desviación".
Y, en efecto, al Partido aplastó y cortó de cuajo
la desviación de "izquierda" y la de derecha.
Haciendo el balance de los debates mantenidos en
torno a la edificación económica, el XIV Congreso del Partido rechazó
unánimemente los planes capituladores de los elementos de la oposición y
estampó en su memorable acuerdo estas palabras:
"En el terreno de la edificación económica, el
Congreso parte del criterio de que nuestro país, el país de la dictadura del
proletariado, cuenta "con todos los elementos necesarios para construir
una sociedad socialista completa" (Lenin). El Congreso entiende que la
lucha por el triunfo de la edificación del socialismo en la U.R.S.S. es la
misión fundamental de nuestro Partido".
El XIV Congreso aprobó los nuevos estatutos del
Partido.
A partir del XIV Congreso, el Partido bolshevique
comenzó a llamarse Partido Comunista (bolshevique) de la U.R.S.S. P.C. (b) de
la U.R.S.S.
Los zinivievistas derrotados en el Congreso, no se
sometieron a la disciplina del Partido. Comenzaron a luchar contra los acuerdos
del XIV Congreso. Inmediatamente después de celebrarse éste, Zinoviev organizó
una asamblea del Comité provincial de las Juventudes Comunistas de Leningrado,
en cuyos dirigentes habían inculcado él, Salutski, Bakaiev, Evdokimov, Kuklin,
Safarov y otros falsarios, el odio contra el Comité Central leninista del
Partido. En esta asamblea, el Comité provincial de las Juventudes Comunistas de
Leningrado tomó el acuerdo, inaudito en la historia de las Juventudes
Comunistas Leninistas de la U.R.S.S., de rebelarse contra los acuerdos del XIV
Congreso del Partido.
Pero los dirigentes zinovievistas de las Juventudes
Comunistas de Leningrado no reflejaban, en modo alguno, el estado de espíritu
de las masas de jóvenes comunistas de aquella capital. No costó, pues, gran
trabajo aplastarlos, y pronto la organización juvenil de Leningrado volvió a
ocupar el lugar que le correspondía dentro de las Juventudes Comunistas.
Al terminar el XIV Congreso, salió para Leningrado
un grupo de delegados compuesto por los camaradas Molotov, Kirov, Voroshilov,
Kalinin, Andreev y otros. Era necesario explicar a los miembros de la
organización del Partido en aquella capital el carácter criminal,
antibolshevique de la posición mantenida en el Congreso por la delegación de
Leningrado, que había obtenido sus actas por medio del engaño. Las asambleas en
que se dio cuenta del Congreso fueron bastante agitadas. Se convocó con
carácter de urgencia una nueva Conferencia de la organización del Partido en
Leningrado. La aplastante mayoría de los afiliados al Partido en Leningrado
(más de 97 por 100) refrendó plenamente los acuerdos del XIV Congreso del
Partido y condenó la "nueva oposición" zinovievista antibolshevique.
La "nueva oposición" era ya por entonces un grupo de generales sin
ejército.
Los bolsheviques de Leningrado siguieron militando
en las primeras filas del Partido de Lenin-Stalin.
Resumiendo los resultados de la labor del XIV
Congreso del Partido, el camarada Stalin escribía:
"La significación histórica del XIV Congreso
del P.C. (b) de la U.R.S.S. consiste en que ha sabido poner al desnudo hasta en
su raíz los errores de la nueva oposición, en que ha dado al traste con su
falta de fe y sus lamentaciones, en que ha trazado clara y nítidamente el
camino para seguir luchando por el socialismo, ha dado al Partido una
perspectiva de triunfo y con ello ha infundido al proletariado la fe
inquebrantable en el triunfo de la edificación socialista" (Stalin.
"Problemas del leninismo", ed. rusa, pág. 150).
RESUMEN
Los años de transición a la labor pacífica de
restauración de la Economía nacional son uno de los periodos de mayor
responsabilidad en la historia del Partido bolshevique. En una tensa situación,
el Partido supo llevar a cabo el difícil viraje de la política del comunismo de
guerra a la nueva política económica. El Partido fortaleció la alianza entre
los obreros y los campesinos sobre una nueva base económica. Fue fundada la
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Por el camino de la nueva política económica, se
lograron éxitos decisivos en punto a la restauración de la Economía nacional.
El país de los Soviets recorrió con éxito la etapa de restauración en el
desarrollo de la Economía nacional y comenzó a pasar a la nueva etapa, a la
etapa de la industrialización del país.
El paso de la guerra civil a la labor de
edificación pacífica del socialismo fue acompañado, principalmente en los
primeros tiempos, por grandes dificultades. Los enemigos del bolshevismo, los
elementos contrarios al Partido bolshevique emboscados dentro de sus filas,
mantuvieron, a lo largo de todo este periodo, una lucha desesperada contra el
Partido leninista. A la cabeza de estos elementos contrarios al Partido
figuraba Trotski, teniendo como lugarteniente en esta lucha a Kamenev, Zinoviev
y Bujarin. Los elementos de la oposición pretendieron desarticular las filas
del Partido bolshevique después de la muerte de Lenin, escindir al Partido y
contagiarle su falta de fe en el triunfo del socialismo en la U.R.S.S. En el
fondo, los trotskistas intentaban crear en la U.R.S.S. una organización
política de la nueva burguesía, otro partido, el partido de la restauración
capitalista.
El Partido apretó sus filas bajo la bandera de
Lenin en torno a su Comité Central leninista, en torno al camarada Stalin, e
infligió una derrota, tanto a los trotskistas como a sus nuevos amigos de
Leningrado, a la nueva oposición de Zinoviev y Kamenev.
Después de acumular fuerzas y recursos, el Partido
bolshevique condujo al país hacia una nueva etapa histórica, hacia la etapa de
la industrialización socialista.
[1] Ala izquierda nacional-chovinista de los
socialrevolucionarios ucranianos. Hasta el año 1918 publicaba su órgano central
"Borotbá" ("La lucha").
[2] Patrono privado, comerciante, especulador, en
el primer periodo de la NEP.
X
EL PARTIDO BOLSHEVIQUE EN
LA LUCHA POR LA INDUSTRIALIZACIÓN SOCIALISTA DEL PAÍS
(1926-1929)
1. Las dificultades del periodo de la
industrialización socialista y la lucha contra ellas. - Formación del Bloque
antibolshevique trotskista-zinovievista. - Actuación antisoviética de este
Bloque. - Su derrota.
Después del XIV Congreso, el Partido desplegó la
lucha por llevar a la práctica la línea general del Poder Soviético respecto a
la industrialización socialista del país.
En el periodo de restauración de la Economía, el
problema consistía en sacar de su postración, ante todo, a la agricultura, en
obtener de ésta materias primas y artículos alimenticios y en poner en
movimiento, en restaurar la industria, en restaurar las fábricas y empresas
industriales existentes.
El Poder Soviético resolvió con relativa facilidad
estos problemas.
Pero el periodo de restauración de la Economía
presentaba tres grandes fallas.
En primer lugar, sólo existían las viejas fábricas
y empresas industriales, con su técnica vieja y atrasada, que podían quedar
inservibles en seguida. Planteábase el problema de equipar de nuevo estas
fábricas y empresas industriales con arreglo a la nueva técnica.
En segundo lugar, el periodo de restauración de la
Economía se encontró con una industria cuya base era demasiado reducida, pues
entre las fábricas y empresas industriales existentes se echaban de menos
decenas y centenares de fábricas de construcción de maquinaria, absolutamente
necesarias para el país, fábricas que no existían entonces y que era
indispensable construir, ya que sin ellas no puede existir una verdadera
industria. Planteábase, por tanto, el problema de crear esas fábricas y de
equiparlas con una técnica moderna.
En tercer lugar, el periodo de restauración de la
Economía se preocupaba, primordialmente, de la industria ligera, a la que
desarrolló y puso a flote. Pero este desarrollo de la industria ligera seguía
apoyándose en una industria pesada pobre, aparte de que otras exigencias del
país reclamaban también, para su satisfacción, una industria pesada progresiva.
Planteábase, pues, el problema de hacer pasar a primer plano, en adelante, la
industria pesada.
Todos estos nuevos problemas eran los que la
política de la industrialización socialista tenía que resolver.
Era necesario construir de nuevo toda una serie de
ramas industriales, desconocidas en la Rusia zarista: construir nuevas fábricas
de máquinas y herramientas, de automóviles, de productos químicos,
metalúrgicas; organizar una producción propia de motores y de material para la
instalación de centrales eléctricas; incrementar la extracción de metales y de
carbón, pues así lo exigía la causa del triunfo del socialismo en la U.R.S.S.
Era necesario crear una nueva industria de guerra,
construir nuevas fábricas de artillería, de municiones, de aviación, de tanques
y de ametralladoras, pues así lo exigían los intereses de la defensa de la
U.R.S.S., bajo las condiciones del cerco capitalista.
Era necesario construir fábricas de tractores,
fábricas de maquinaria agrícola moderna, abasteciendo de ella a la agricultura,
para dar a los millones de pequeños campesinos individuales la posibilidad de
pasar a la gran producción coljosiana, pues así los exigían los intereses del
triunfo del socialismo en el campo.
Todo esto era lo que tenía que resolver la política
de la industrialización, pues en ello consistía, precisamente, la
industrialización socialista del país.
Es indudable que la construcción de obras básicas
tan gigantescas no podía realizarse sin una inversión de miles de millones.
Para ello, no había que contar con empréstitos extranjeros, pues los países
capitalistas se negaban a concederlos. Había que acometer esta empresa con los
propios recursos del país, sin la ayuda de fuera. Y el País Soviético no era
todavía, por aquel entonces un país rico.
En esto estribaba una de las principales
dificultades de este periodo.
Los países capitalistas solían crear su industria
pesada a expensas de los recursos de afluían a ellos desde fuera: a costa del
saqueo de las colonias, de las contribuciones impuestas a los pueblos vencidos
y de los empréstitos extranjeros. El país de los Soviets no podía recurrir, por
principio, para financiar la industrialización, a esas sucias fuentes de
ingreso que brinda el saqueo de los pueblos coloniales o de los pueblos
vencidos. En cuanto a los empréstitos extranjeros, la negativa de los países
capitalistas a concedérselos cerraba a la U.R.S.S. este camino. Había que
encontrar los recursos necesarios dentro del país.
Y en la U.R.S.S. se encontraros estos recursos. La
U.R.S.S. descubrió fuentes de acumulación desconocidas en todos los Estados
capitalistas. El Estado Soviético disponía de todas las fábricas y empresas
industriales, de todas las tierras, confiscadas por la Revolución Socialista de
Octubre a los capitalistas y terratenientes, del transporte, de los bancos, del
comercio exterior e interior. Las ganancias obtenidas por las fábricas y
empresas industriales del Estado, por el transporte, por el comercio, por los
bancos ya no las consumía la clase parasitaria de los capitalistas, sino que se
invertían en seguir desarrollando la industria.
El Poder Soviético había anulado las deudas
zaristas, por las que el pueblo tenía que pagar todos los años cientos de
millones de rublos oro, solamente en concepto de intereses. Al abolir la
propiedad de los terratenientes sobre la tierra, el Poder Soviético liberó a
los campesinos de la obligación de abonar todos los años a los terratenientes
cerca de 500 millones de rublos oro, a que ascendían las rentas de la tierra.
Los campesinos, libres de esta carga, podían ayudar al Estado a construir una
nueva y poderosa industria. Para ello, estaban vitalmente interesados en
disponer de tractores y de maquinaria agrícola.
El Estado Soviético disponía de todas estas fuentes
de ingresos. De ellas podían salir cientos y miles de millones de rublos para
construir la industria pesada. Lo único que hacía falta era abordar el problema
de un modo rentable e implantar un severísimo régimen de economía en materia de
gastos, racionalizar la producción, reducir los precios de costo de ésta,
acabar con los gastos improductivos, etc.
Y así fue, en efecto, como procedió el Poder
Soviético.
Gracias al régimen de economía que se siguió, cada
año eran más considerables los recursos que se acumulaban para invertirlos en
obras básicas. Y así, fue posible acometer la construcción de empresas tan
gigantescas como la Central eléctrica del Dnieper, el ferrocarril del
Turquestán a Siberia, la fábricas de tractores de Stalingrado, las fábricas de
herramientas, la fábrica de automóviles "AMO" (hoy, fábrica
"Stalin"), etc.
En 1926-1927, se invirtieron en la industria cerca
de mil millones de rublos; tres años después, se pudieron invertir ya en ella
unos 5.000 millones.
La obra de la industrialización seguía avanzando.
Los países capitalistas veían en el fortalecimiento
de la Economía socialista de la U.R.S.S. una amenaza para la existencia del
sistema capitalista. En vista de esto, los gobiernos imperialistas tomaron
todas las medidas imaginables para ejercer una nueva presión sobre la U.R.S.S.,
para impedir, frustrar, o, por lo menos, amortiguar, la marcha de la
industrialización en la Unión Soviética.
En mayo de 1927, los conservadores ingleses, los
reaccionarios que estaban en el Poder, organizaron un asalto de provocación
contra la Sociedad Soviética para el Comercio con Inglaterra
("Arkos"). El 26 de mayo de 1927, el gobierno conservador inglés
rompió las relaciones diplomáticas y comerciales con la U.R.S.S.
El 7 de julio de 1927, un guardia blanco ruso,
súbdito polaco, asesinó en Varsovia al Embajador de la U.R.S.S., camarada
Voikov.
Al mismo tiempo, los espías y agentes
diversionistas ingleses emboscados en el territorio de la U.R.S.S. arrojaron
varias bombas contra un club del Partido en Leningrado, hiriendo a 30 personas,
a varias de ellas gravemente.
En el verano de 1927, se produjeron casi
simultáneamente asaltos contra las embajadas y delegaciones comerciales de la
U.R.S.S. en Berlín, Pekín, Shanghai y Tientsín.
Esto vino a aumentar las dificultades con que tenía
que luchar el Poder Soviético.
Pero la U.R.S.S. no se rindió a la presión y
rechazó fácilmente los asaltos provocadores de los imperialistas y de sus
agentes.
No fueron menores las dificultades que originaron
al Partido y al Estado Soviético los trotskistas y demás elementos de la
oposición, con su trabajo de zapa. No en vano decía el camarada Stalin, por
aquel entonces, que contra el Poder Soviético "se formaba una especie de
frente único, que va desde Chamberlain hasta Trotski". A pesar de los
acuerdos del XIV Congreso del Partido y de las promesas de lealtad hechas por
la oposición, sus secuaces no deponían las armas. Lejos de ello, intensificaban
cada vez más su labor escisionista y de zapa.
En el verano de 1926, los trotskistas y los
zinovievistas se unieron en un bloque antibolshevique, agruparon en torno a
este bloque a los restos de todos los grupos de oposición derrotados y sentaron
las bases para su partido clandestino antileninista, infringiendo con ello
gravemente los estatutos del Partido y los acuerdos de sus Congresos, que
prohibían la formación de toda clase de fracciones. El Comité Central del
Partido advirtió que si este bloque antibolshevique, formado a imagen y
semejanza del célebre Bloque menshevique de agosto, no era disuelto, sus
componentes podían acabar mal. Pero los elementos que formaban el bloque no
cejaron.
En el otoño del mismo año, en vísperas de la XV
Conferencia del Partido, realizaron una salida en las asambleas del Partido
organizadas en las fábricas de Moscú, Leningrado y otras ciudades, intentando
imponer al Partido una nueva discusión. Al mismo tiempo, sometieron al juicio
de los afiliados al Partido una plataforma que no era más que una copia de la
consabida plataforma trotskista-menshevique, antileninista. Los afiliados al
Partido salieron enérgicamente al paso de los elementos de la oposición y en algunos
sitios los expulsaron de las asambleas, sin andarse con rodeos. El Comité
Central volvió a advertir a los componentes del bloque que el Partido no podía
seguir tolerando su labor de zapa.
Los elementos de la oposición presentaron al Comité
Central una declaración suscrita por Trotski, Zinoviev, Kamenev, Sokolnikov, en
la que condenaban su labor fraccionaria y prometían mantener en lo sucesivo una
actitud leal para con el Partido. No obstante, el bloque siguió existiendo de
hecho y sus componentes no cejaron en su actuación clandestina contra el
Partido. Siguieron amañando a retazos su partido antileninista, montaron una
imprenta clandestina, percibían cotizaciones entre sus secuaces y difundían su
plataforma.
En relación con esta conducta de los trotskistas y
zinovievistas, la XV Conferencia del Partido (noviembre de 1926) y el Pleno
ampliado del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista (diciembre de 1926)
pusieron a discusión la cuestión del bloque trotskista-zinovievista y en sus
acuerdos estigmatizaron a los componentes de este bloque, como elementos
escisionistas que en su plataforma habían descendido hasta las posiciones
mensheviques.
Pero tampoco esta lección aprovechó a los
componentes del bloque. En 1927, en el momento en que los conservadores
ingleses rompían las relaciones diplomáticas y comerciales con la U.R.S.S.,
aquellos elementos volvieron a intensificar sus ataques contra el Partido.
Amañaron una nueva plataforma antileninista, la llamada "plataforma de los
83", y comenzaron a difundirla entre los afiliados al Partido, exigiendo
que el Comité Central se prestase a abrir una nueva discusión con carácter
general.
Esta plataforma era, tal vez, la más hipócrita y
farisaica de todas las plataformas presentadas por la oposición.
De palabra, es decir, en su plataforma, los
trotskistas y zinovievistas no oponían ningún reparo a la observancia de los
acuerdos del Partido y se pronunciaban en favor de la lealtad hacia éste, pero
de hecho infringían del modo más grave los acuerdos del Partido, burlándose de
todo lo que significase lealtad para con él y para con su Comité Central.
De palabra, es decir, en su plataforma, no oponían
el menor reparo a la unidad del Partido y se pronunciaban en contra de la
escisión, pero de hecho infringían del modo más grave la unidad del Partido,
seguían una línea escisionista y contaban ya con su propio partido clandestino,
antileninista, maduro para convertirse en un partido antisoviético,
contrarrevolucionario.
De palabra, es decir, en su plataforma, se
pronunciaban a favor de la política de la industrialización y llegaban incluso
a acusar al Comité Central de dirigirla con un ritmo que no era lo
suficientemente rápido, pero de hecho denigraban el acuerdo del Partido sobre
el triunfo del socialismo en la U.R.S.S., se burlaban de la política de la
industrialización socialista, exigían que se entregase a los extranjeros, a
título de concesiones, toda una serie de fábricas y empresas industriales y
cifraban sus principales esperanzas en las concesiones capitalistas extranjeras
en la U.R.S.S.
De palabra, es decir, en su plataforma, se
manifestaban a favor del movimiento coljosiano, y llegaban incluso a acusar al
Comité Central de dirigir la colectivización con un ritmo que no era lo
suficientemente rápido, pero de hecho se burlaban de la política de
incorporación de los campesinos a la edificación socialista, predicaban que
surgirían inevitablemente "conflictos insolubles" entre la clase
obrera y los campesinos y cifraban sus esperanzas en los "arrendatarios
civilizados" en el campo, es decir, en las explotaciones de los kulaks.
Era ésta la plataforma más hipócrita de todas las
plataformas hipócritas de la oposición.
Su única finalidad era engañar al Partido.
El Comité Central se negó a abrir inmediatamente la
discusión, declarando a los secuaces de la oposición que aquella sólo podía
abrirse como lo preceptuaban los estatutos del Partido, es decir, con dos meses
de antelación a un Congreso.
En octubre de 1927, dos meses antes de celebrarse
el XV Congreso del Partido, el Comité Central declaró abierta la discusión
general. Comenzó la batalla. Los resultados de la discusión fueron desastrosos
para el bloque trotskista-zinovievista. Votaron a favor de la política del
Comité Central 724.000 afiliados y en favor del bloque trotskista y
zinovievista 4.000, es decir, menos del uno por ciento. El bloque
antibolshevique sufrió un verdadero descalabro. El Partido, animado por un solo
espíritu, rechazó por una aplastante mayoría la plataforma del bloque.
El Partido, a cuya opinión habían apelado por
propia iniciativa los componentes del bloque, expresaba así su voluntad de un
modo inequívoco.
Pero tampoco esta lección aprovechó a los
componentes del bloque. En vez de someterse a la voluntad del Partido,
decidieron socavarla. Ya antes de terminar la discusión, viéndose inevitable e
ignominiosamente fracasados, acordaron recurrir a formas más agudas de lucha
contra el Partido y el Gobierno Soviético. Decidieron organizar una
manifestación abierta de protesta en Moscú y en Leningrado. Eligieron para ello
la fecha del 7 de noviembre, aniversario de la Revolución de Octubre, en que
los trabajadores de la U.R.S.S. desfilan en manifestación revolucionaria con
todo el pueblo. Los trotskistas y los zinovievistas proponíanse, por tanto,
organizar una manifestación paralela a ésta. Como era de esperar, los secuaces
del bloque sólo consiguieron congregar en la calle a un puñado ridículo de
comparsas, que fueron barridos y aventados, con sus corifeos, por la
manifestación de todo el pueblo.
Ahora, ya no podía dudarse de que los trotskistas y
los zinovievistas se habían hundido en la charca antisoviética. Si en la
discusión general del Partido apelaban a éste contra el Comité Central, ahora,
al organizar su lamentable manifestación, se lanzaban ya por la senda de apelar
a las clases enemigas contra el Partido y el Estado Soviético. Al trazarse como
objetivo la destrucción del Partido bolshevique, tenían inevitablemente que
descender hasta la senda de la lucha contra el Estado Soviético, pues en el
país de los Soviets, el Partido bolshevique y el Estado son inseparables. Con
ello, los corifeos del bloque trotskista-zinovievista se colocaban fuera del
Partido, pues era imposible seguir tolerando en las filas del Partido
bolshevique a gente que había rodado ya hasta la charca antisoviética.
El 14 de noviembre de 1927, en una reunión conjunta
del Comité Central y de la Comisión Central de Control, Trotski y Zinoviev
fueron expulsados del Partido.
2. Exitos de la industrialización socialista. -
Retraso de la agricultura. - El XV Congreso del Partido. - Hacia la
colectivización de la agricultura. - Aplastamiento del Bloque
trotskista-zinovievista. - La doblez política.
A fines de 1927 comenzaron a destacarse ya éxitos
decisivos en la política de la industrialización socialista. La
industrialización, dentro de las condiciones de la NEP, supo lograr importantes
avances en poco tiempo. La industria y la agricultura en conjunto (incluyendo
la explotación forestal y la pesca), no sólo alcanzaron el nivel de producción
global de antes de la guerra, sino que lo rebasaron. El peso específico de la
industria dentro de la Economía nacional aumentó hasta el 42 por ciento, alcanzando
el nivel proporcional de antes de la guerra.
El sector socialista de la industria crecía
rápidamente a expensas del sector privado, aumentando desde el 81 por ciento,
en 1924-1925, hasta el 86 por ciento en 1926-1927, a la par que el peso
específico del sector privado descendía, durante este periodo, del 19 al 14 por
ciento.
Esto significaba que la industrialización en la
U.R.S.S. tenía un carácter socialista que se iba acusando bruscamente, que la
industria de la U.R.S.S. se desarrollaba por la senda del triunfo del sistema
socialista de producción, que en el terreno de la industria el problema de
"quién vencerá a quién" se pronunciaba ya a favor del socialismo.
Con la misma rapidez se iba desalojando del
comercio a los comerciantes privados; la participación de éstos en el comercio
al por menor descendió del 42 por ciento, en 1924-1925, al 32 por ciento en
1926-1927, y no digamos en el comercio al por mayor, donde la participación de
los particulares descendió, en este mismo periodo, del 9 al 5 por ciento.
Pero aun era más rápido el ritmo con que se
desarrollaba la gran industria socialista, que en 1927, es decir, en el primer
año después del periodo de restauración de la Economía, vio aumentar su
producción en un 18 por ciento, en comparación con la del año precedente. Era
éste un record de desarrollo de la producción inasequible hasta para la gran
industria de los países capitalistas más adelantados.
La agricultura, sobre todo el cultivo de cereales,
presentaba, en cambio, un cuadro muy distinto. Aunque, en conjunto, la
agricultura había rebasado el nivel de antes de la guerra, la producción global
de su rama más importantes, la del cultivo de cereales, sólo arrojaba el 91 por
ciento del nivel de antes de la guerra, y la parte mercantil de la producción
cerealista, la parte que se destinaba a ser vendida para el aprovisionamiento
de las ciudades, apenas representaba el 37 por ciento del nivel de anteguerra;
y, además, todos los indicios anunciaban el peligro de que la producción de
trigo para el mercado siguiese decreciendo.
Esto significaba que el desmenuzamiento de las
grandes haciendas productoras de mercancías en el campo en pequeñas
explotaciones y el de éstas en otras más diminutas, proceso que había comenzado
en 1918, proseguía siempre; que las pequeñas y diminutas explotaciones
campesinas se convertían en economías de tipo seminatural, capaces de producir
solamente una cantidad mínima de trigo para el mercado, que el cultivo de
cereales en 1927, a pesar de que la producción era solamente algo menor que la
de antes de la guerra, sólo dejaba margen para vender con destino a las
ciudades un poco más de la tercera parte de la cantidad de trigo que los
cultivadores de cereales podían vender antes de la guerra.
No cabía duda de que si no se acababa con tal
estado de cosas en el cultivo de cereales, el ejército y las ciudades de la
U.R.S.S. se verían abocadas a una situación de hambre crónica.
Tratábase de una crisis del cultivo de cereales, a
la que seguiría necesariamente una crisis de la ganadería.
Para salir de esta situación, era necesario pasar,
en la agricultura, al sistema de la gran producción, capaz de utilizar los
servicios de tractores y maquinaria agrícola y de multiplicar el rendimiento
del cultivo de cereales para el mercado. Dos posibilidades se abrían ante el
país: pasar a la gran producción de tipo capitalista, lo que equivalía a
arruinar a las masas campesinas, a hundir la alianza entre la clase obrera y
los campesinos, a fortalecer a los kulaks y a dar al traste con el socialismo en
el campo, o marchar por la senda de la agrupación de las pequeñas explotaciones
campesinas en grandes explotaciones de tipo socialista, en coljoses, capaces de
utilizar tractores y otras máquinas agrícolas modernas para desarrollar
rápidamente el cultivo de cereales y su producción para el mercado.
Es evidente que el Partido bolshevique y el Estado
Soviético sólo podían marchar por el segundo camino coljosiano de desarrollo de
la agricultura.
Para ello, el Partido se basaba en las siguientes
indicaciones de Lenin respecto a la necesidad de pasar de las pequeñas
explotaciones campesinas a las grandes explotaciones agrícolas colectivas, de
artel:
a) "Con la pequeña explotación no se puede
salir de la miseria" (Lenin, t. XXIV, pág. 540, ed. rusa).
b) "Si seguimos aferrándonos rutinariamente a
las pequeñas explotaciones, aunque seamos ciudadanos libres sobre la tierra
libre, nos amenazará, a pesar de todo, el hundimiento inevitable" (T. XX,
pág. 417, ed. rusa).
c) "Si la Economía campesina ha de seguir
desarrollándose, es necesario asegurar también de un modo sólido su evolución
ulterior, y esta evolución ulterior consistirá, inevitablemente, en que,
unificándose gradualmente, las pequeñas explotaciones campesinas aisladas, las
menos beneficiosas y las más atrasadas, organicen conjuntamente la explotación
agrícola colectiva y en grande" (T. XXVI, pág. 299, ed. rusa).
d) "Solamente si se consigue hacer ver
prácticamente a los campesinos las ventajas del cultivo agrícola social,
colectivo, en forma de cooperativas, de artels; solamente si se logra ayudar al
campesino, con ayuda del régimen cooperativo, del artel, sólo entonces la clase
obrera, que tiene en sus manos el Poder del Estado, demostrará realmente al
campesino su justeza, atraerá realmente a su lado, de un modo sólido y
auténtico, a la masa de millones y millones de campesinos" (Tomo XXIV,
pág. 579, ed. rusa).
Tal era la situación en vísperas del XV Congreso
del Partido.
El XV Congreso se abrió el 2 de diciembre de 1927.
Tomaron parte en él 898 delegados con voz y voto y 771 con voz solamente,
representando a 887.233 afiliados y 348.957 aspirantes.
Señalando en su informe los éxitos de la
industrialización y el rápido desarrollo de la industria socialista, el
camarada Stalin planteaba al Partido esta tarea.
"Desarrollar y fortalecer nuestros puestos de
mando socialistas en todas las ramas de la Economía nacional, tanto en la
ciudad como en el campo, poniendo rumbo a la liquidación de los elementos
capitalistas en la Economía nacional".
Haciendo un paralelo entre la agricultura y la
industria y señalando el atraso de aquélla, principalmente en el cultivo de
cereales, atraso que se explicaba por el desmenuzamiento de la agricultura,
incompatible con la aplicación de la técnica moderna, el camarada Stalin
subraya que este estado poco satisfactorio de la agricultura representaba un
peligro para toda la Economía nacional.
"¿Dónde está la solución?" -preguntaba el
camarada Stalin.
"La solución -contestaba- está en el paso de
las pequeñas explotaciones campesinas desperdigadas a las grandes explotaciones
unificadas sobre la base del cultivo en común de la tierra, en el paso al
cultivo colectivo de la tierra sobre la base de una nueva y más elevada
técnica. La solución está en que las pequeñas y diminutas explotaciones
campesinas se agrupen paulatina pero infaliblemente, y no por medio de la
coacción, sino por medio del ejemplo y la persuasión, en grandes explotaciones,
sobre la base del cultivo en común, del cultivo cooperativo, colectivo, de la
tierra, mediante el empleo de maquinaria agrícola y de tractores y la
aplicación de métodos científicos encaminados a intensificar la agricultura. No
hay otra solución".
El XV Congreso tomó el acuerdo de desplegar por
todos los medios la obra de colectivización de la agricultura. Trazó un plan
para desarrollar y afianzar una red de coljoses y sovjoses y dio instrucciones
claras y precisas sobre los métodos de lucha en pro de la colectivización de la
agricultura.
Al mismo tiempo, el Congreso trazó la norma de
"seguir desarrollando la ofensiva contra los
kulaks y tomar una serie de medidas nuevas que restrinjan el desarrollo del
capitalismo en el campo y encaucen la Economía campesina hacia el
socialismo" ("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte
II, pág. 260).
Finalmente, partiendo del fortalecimiento del
principio de la planificación en la Economía nacional y con vistas a la
organización con arreglo a un plan de la ofensiva del socialismo contra los
elementos capitalistas en todo el frente de la Economía nacional, el Congreso
dio a los organismos competentes la norma de establecer el primer Plan
quinquenal de la Economía nacional soviética.
Después de examinar los problemas de la edificación
del socialismo, el XV Congreso del Partido pasó al problema de la liquidación
del bloque trotskista-zinovievista.
El Congreso reconoció que "la oposición ha
roto ideológicamente con el leninismo, ha degenerado en un grupo menshevique,
ha abrazado la senda de la capitulación ante las fuerzas de la burguesía
internacional e interior y se ha convertido, objetivamente, en un arma de la
tercera fuerza contra el régimen de la dictadura proletaria"
("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte II, pág. 232).
El Congreso comprobó que las discrepancias
existentes entre el Partido y la oposición se habían agravado, convirtiéndose
en divergencias de carácter programático, y que la oposición trotskista
marchaba por la senda de la lucha antisoviética. Por eso, el XV Congreso
declaró que el pertenecer a la oposición trotskista y el propagar sus ideas era
incompatible con la permanencia dentro de las filas del Partido bolshevique.
El Congreso refrendó el acuerdo de expulsión del
Partido de Trotski y Zinoviev tomado en la reunión conjunta del Comité Central
y de la Comisión Central de Control, y acordó la expulsión de todos los
elementos activos del bloque trotskista-zinovievista, tales como Radek,
Preobrazhenski, Rakovski, Piatakov, Serebriakov, I. Smirnov, Kamenev, Sarkis,
Safarov, Lifshitz, Mdivani, Smilga y de todo el grupo de los "centralistas
democráticos" (Sapronov, V. Smirnov, Boguslavski, Drobnis y otros).
Los secuaces del bloque trotskista-zinovievista,
derrotados ideológicamente y deshechos en el terreno de la organización,
perdieron los últimos vestigios de su influencia en el pueblo.
Al cabo de algún tiempo después del XV Congreso,
los antileninistas, expulsados del Partido, comenzaron a formular declaraciones
de ruptura con el trotskismo, implorando su readmisión. Naturalmente, el
Partido no podía saber aún, por aquel entonces, que Trotski, Rakovski, Radek,
Krestinski, Sokolnikov y otros eran, ya hacía mucho tiempo, enemigos del pueblo
y espías enrolados en los servicios de espionaje extranjeros; que Kamenev,
Zinoviev, Piatakov y otros mantenían ya contacto con los enemigos de la U.R.S.S.
en los países capitalistas para "colaborar" con ellos contra el
Pueblo Soviético. Pero estaba lo bastante aleccionado por la experiencia para
esperar todas las villanías imaginables de estos individuos, que se habían
levantado repetidas veces contra Lenin y el Partido leninista en los momentos
más difíciles. Por eso, el Partido recibió con desconfianza las declaraciones
de los expulsados, y como primera prueba de la sinceridad de los firmantes de
aquellas declaraciones, sometió su readmisión a las siguientes condiciones.
a) Condenación abierta del trotskismo, como
ideología antibolshevique y antisoviética.
b) Reconocimiento abierto de la política del
Partido, como la única política acertada.
c) Sumisión incondicional a los acuerdos del
Partido y de sus órganos.
d) Fijación de un plazo de prueba, durante el cual
el Partido observaría la conducta de los firmantes de las declaraciones y a
cuyo término, en vista de los resultados de la prueba, examinaría la
conveniencia de readmitir a no a cada uno de los individuos expulsados, por
separado.
Al proceder así, el Partido entendía que el
reconocimiento abierto de estos puntos por los individuos expulsados sería, en
todo caso, favorable para el Partido, ya que rompería la unidad de las filas
trotskistas-zinovievistas, llevando a ellas la discordia, pondría de manifiesto
una vez más la justeza y la pujanza del Partido y daría a éste, caso de que las
declaraciones firmadas fuesen sinceras, la posibilidad de readmitir en su seno
a sus antiguos militantes, y caso de que fuesen falsas, la de desenmascararlos
a los ojos de todos, no ya como gente equivocada, sino como arrivistas sin
principios, como embaucadores de la clase obrera y falsarios empedernidos.
La mayoría de los expulsados aceptó las condiciones
impuestas por el Partido para su reingreso y publicó en la prensa las
correspondientes declaraciones.
El Partido, apiadándose de ellos y no queriendo
privarles de la posibilidad de volver a militar en las filas del Partido de la
clase obrera, los restituyó en sus derechos de afiliados al Partido.
Sin embargo, andando el tiempo, se puso de
manifiesto que las declaraciones firmadas por los "militantes
activos" del bloque trotskista-zinovievista, eran, salvo contadas
excepciones, mentirosas y falsas, de los pies a la cabeza.
Se comprobó que, ya antes de formular sus
declaraciones, estos caballeros habían dejado de representar una corriente
política capaz de defender sus ideas ante el pueblo, para convertirse en una
pandilla de arrivistas sin principios, capaces de pisotear lo que les quedaba
de sus ideas a la vista de todos, capaces de ensalzar a la vista de todos las
ideas del Partido, extrañas a ellos, capaces de adoptar, como los camaleones,
cualquier color, con tal de mantenerse dentro del Partido y dentro de la clase
obrera, para poder jugar sucio a la clase obrera y a su Partido.
Los "militantes activos"
trotskistas-zinovievistas resultaron ser unos estafadores políticos, unos
falsarios políticos.
Los falsarios políticos suelen comenzar por el
engaño, encaminando sus manejos tenebrosos a embaucar el pueblo, a la clase
obrera y a su Partido. Pero no se les debe considerar como unos simples
embaucadores. Los falsarios políticos son una pandilla de arrivistas políticos
sin principio que, habiendo perdido hace ya mucho tiempo la confianza del
pueblo, se esfuerzan en captársela de nuevo mediante el engaño, mediante
métodos camaleónicos, mediante la estafa, por cualquier procedimiento que sea,
con tal de no perder su título de militantes políticos. Los falsarios políticos
son una pandilla de arrivistas políticos sin principios capaces de apoyarse en
cualquier cosa, aunque sea en elementos presidiables, aunque sea en las heces
de la sociedad, aunque sea en los enemigos más rabiosos del pueblo, con tal de
poder salir de nuevo a la escena política en el "momento oportuno" y
lanzarse al cuello del pueblo como "gobernantes" suyos.
A esta calaña de falsarios políticos pertenecían,
en efecto, como se demostró, los "militantes activos"
trotskistas-zinovievistas.
3. La ofensiva contra los kulaks. - El grupo de
Bujarin-Rykov contra el Partido. - Aprobación del primer Plan quinquenal. - La
emulación socialista. - Comienza el movimiento coljosiano de masas.
La agitación del bloque trotskista-zinovievista
contra la política del Partido, contra la edificación del socialismo y contra
la colectivización, así como la de los bujarinistas, sosteniendo que los
coljoses fracasarían, que no se debía tocar a los kulaks, puesto que ellos
mismos "se incorporarían" al socialismo, y que el enriquecimiento de
la burguesía no representaba ningún peligro para el régimen socialista; toda
esta agitación repercutía considerablemente entre los elementos capitalistas del
país y, sobre todo, entre los kulaks. Estos sabían ahora, por lo que se
traslucía a través de la prensa, que no estaban solos, que contaban con
defensores y abogados como Trotski, Zinoviev, Kamenev, Bujarin, Rykov y otros.
Naturalmente, este hecho no podía por menos de fortalecer el espíritu de
resistencia de los kulaks contra la política del Gobierno Soviético. Y, en
efecto, los kulaks comenzaron a ofrecer una resistencia cada vez más enconada.
Comenzaron a negarse en masa a vender al Estado Soviético el sobrante de trigo,
que se acumulaba en grandes cantidades en sus graneros. Comenzaron a emplear el
terror contra los coljosianos y contra los activistas del Partido y de los
Soviets en la aldea, comenzaron a pegar fuego a los coljoses y a los centros de
acopios de cereales del Estado.
El Partido dábase cuenta de que, mientras no se
aplastase la resistencia de los kulaks, mientras éstos no fuesen derrotados en
campo abierto a la vista de los campesinos, la clase obrera y el Ejército Rojo
no tendrían pan en cantidad suficiente, y el movimiento coljosiano no
adquiriría un carácter de masas.
Siguiendo las normas trazadas por el XV Congreso,
el Partido pasó a la ofensiva resuelta contra los kulaks. En esta ofensiva, el
Partido ponía en práctica la consigna de luchar resueltamente contra los
kulaks, apoyándose firmemente en los campesinos pobres y reforzando la alianza
con los campesinos medios. Como respuesta a la negativa de los kulaks a vender
al Estado el trigo sobrante a precio de tasa, el Partido y el Gobierno
aplicaron una serie de medidas extraordinarias contra los kulaks y pusieron en
práctica el artículo 107 del Código Penal, en el que se establecía la
confiscación judicial del trigo sobrante a los kulaks y especuladores que se
negaran a venderlo al Estado a precio de tasa, y concedieron a los campesinos
pobres una serie de franquicias, por virtud de las cuales se ponía a su
disposición el 25 por ciento del trigo confiscado a los kulaks.
Estas medidas extraordinarias surtieron su efecto:
los campesinos pobres y medios se enrolaron en la lucha resuelta contra los
kulaks, éstos quedaron aislados, y la resistencia de los kulaks y de los
especuladores fue aplastada. A fines de 1928, el Estado Soviético disponía ya
de reservas suficientes de trigo y el movimiento coljosiano avanzaba con paso
más seguro.
En este mismo año, se descubrió una gran
organización de sabotaje formada por técnicos burgueses, en el sector de
Shajti, en la cuenca del Donetz. Estos saboteadores mantenía estrechas
relaciones con los antiguos propietarios de las empresas -capitalistas rusos y
de otros países- y con el espionaje militar extranjero. Habíanse propuesto como
objetivo hacer fracasar el desarrollo de la industria socialista y facilitar la
restauración del capitalismo en la U.R.S.S. Dirigían mal los trabajos de
explotación en las minas, con objeto de disminuir la extracción de hulla.
Destrozaban las máquinas y los aparatos de ventilación, provocaban
derrumbamientos, hundían o incendiaban las minas, las fábricas y las centrales
eléctricas. Al mismo tiempo, entorpecían el mejoramiento de la situación
material de los obreros e infringían las leyes soviéticas sobre la protección
del trabajo.
Estos saboteadores fueron llevados ante los
Tribunales, donde recibieron su merecido.
El Comité Central llamó la atención de todas las
organizaciones del Partido hacia el proceso de los saboteadores y las invitó a
sacar las enseñanzas que encerraba. El camarada Stalin señaló que los
bolsheviques que trabajaban en el sector de la Economía debían familiarizarse
personalmente con la técnica de la producción, para que en lo sucesivo ningún
saboteador salido de las filas de los técnicos burgueses pudiera engañarles, y
puso de relieve que era necesario acelerar la preparación de nuevos cuadros técnicos
salidos del seno de la clase obrera.
Por acuerdo del Comité Central, se perfeccionó la
preparación de nuevos especialistas en las escuelas técnicas superiores; miles
de hombres afiliados al Partido y a las Juventudes Comunistas y hombres sin
partido, fieles a la causa de la clase obrera, fueron movilizados para cursar
estas escuelas.
Antes de que el Partido pasase a la ofensiva contra
los kulaks, mientras estaba ocupado en la liquidación del bloque
trotskista-zinovievista, el grupo Bujarin-Rykov se mantuvo relativamente
tranquilo, permaneciendo al margen como reserva de las fuerzas contrarias al
Partido, sin decidirse a apoyar abiertamente a los trotskistas, y a veces
llegando incluso a intervenir contra ellos en unión del Partido. Pero, tan
pronto como éste pasó a la ofensiva contra los kulaks y tomó medidas
extraordinarias contra ellos, el grupo Bujarin-Rykov se quitó la careta y
comenzó a actuar abiertamente contra la política del Partido. El alma de kulak
de los componentes de este grupo no pudo aguantar más, y éstos comenzaron a
intervenir ya abiertamente en defensa de los kulaks. Exigían que fuesen
abolidas las medidas extraordinarias, asustando a los tontos con la amenaza de
que en caso contrario sobrevendría una "regresión" de la agricultura
y afirmando que esta regresión había comenzado ya. No advirtiendo el desarrollo
de los coljoses y los sovjoses, es decir, de las formas más elevadas de la
agricultura, y viendo el retroceso de las haciendas de los kulak, presentaban
tendenciosamente la regresión de estas haciendas como la regresión de la
agricultura. Con el fin de reforzar sus posiciones teóricamente, amañaron la
divertida "teoría de la extinción de la lucha de clases", afirmando,
sobre la base de esta teoría, que cuantos más éxitos lograse el socialismo en
su lucha contra los elementos capitalistas, más se iría amortiguando la lucha
de clases, que ésta llegaría pronto a extinguirse totalmente y el enemigo de
clase rendiría todas sus posiciones sin lucha, razón por la cual no había por
qué emprender la ofensiva contra los kulaks. Con ello, resucitaban su
desacreditada teoría burguesa sobre la incorporación pacífica de los kulaks al
socialismo y pisoteaban la conocida tesis leninista, según la cual la
resistencia del enemigo de clase revestirá formas tanto más agudas, cuanto más
sienta vacilar el terreno bajo sus pies, cuantos más éxitos logre el
socialismo, por cuya razón la lucha de clases sólo podrá
"extinguirse" cuando el enemigo de clase se aniquilado.
No era difícil comprender que el Partido tenía ante
sí, en el grupo Bujarin-Rykov, un grupo oportunista de derecha, que sólo se
diferenciaba del bloque trotskista-zinovievista por la forma, solamente por el
hecho de que los trotskistas y los zinovievistas contaban con ciertas
posibilidades para disfrazar su fondo capitulador con frases izquierdistas, con
frases vocingleramente revolucionarias sobre la "revolución
permanente", mientras que el grupo Bujarin-Rykov, que se había levantado
contra el Partido al pasar éste a la ofensiva contra los kulaks, no tenía ya la
posibilidad de cubrir con una careta su faz capituladora y veíase obligado a
defender a las fuerzas reaccionarias del País Soviético y, sobre todo, a los
kulaks abiertamente, sin retóricas ni disfraces.
El Partido comprendió que, más tarde o más
temprano, el grupo Bujarin-Rykov acabaría por tender la mano a los restos del
bloque trotskista-zinovievista, para luchar conjuntamente contra el Partido.
A la par que actuaba políticamente, el grupo
Bujarin-Rykov "trabajaba" en el terreno de la organización para
reunir a sus adeptos. A través de Bujarin, iba agrupando a la juventud
burguesa, a gentes del tipo de Slepkov, Marietski, Aijenwald, Goldenberg y
otros; a través de Tomski, a los dirigentes burocratizados de los sindicatos
(Melnichanski, Dogadov, etc.); a través de Rykov, a un puñado de dirigentes
degenerados de los Soviets (A. Smirnov, Eismont, V. Schmidt, etc.). Adheríanse
a este grupo, muy de buen grado, los elementos políticamente degenerados y que
no recataban sus ideas capituladoras.
Por aquel tiempo, el grupo Bujarin-Rykov vióse
reforzado por un puñado de dirigentes de la organización del Partido en Moscú
(Uglanov, Kotov, Ujanov, Riutin, Yagoda, Polonski y otros). Hay que advertir
que una parte de los elementos derechistas se mantenía recatada, sin actuar
abiertamente contra la línea del Partido. En las columnas de la prensa del
Partido en Moscú y en las reuniones del Partido, predicaban la necesidad de
hacer concesiones a los kulaks, la conveniencia de no recargarles de impuestos,
exponían la carga agobiadora que la industrialización suponía para el pueblo y
el carácter prematuro de la organización de una industria pesada. Uglanov se
manifestó en contra de la construcción de la Central eléctrica de Dnieper,
exigiendo que los recursos destinados a la industria pesada se invirtiesen en
la industria ligera. Este y otros capituladores de derecha aseguraban que Moscú
era y seguiría siendo el Moscú de las fábricas de percal, que no había para qué
levantar en él fábricas de construcción de maquinaria.
la organización del Partido en Moscú desenmascaró a
Uglanov y a sus adeptos, les conminó por última vez y apretó todavía más sus
filas en torno al Comité Central del Partido. En el Pleno del Comité de Moscú
del P.C. (b) de la U.R.S.S., celebrado en 1928, el camarada Stalin señaló la
necesidad de luchar en dos frentes, concentrando el fuego contra la desviación
derechista. Los derechistas son, dijo el camarada Stalin, los agentes de los
kulaks dentro del Partido.
"El triunfo de la desviación derechista dentro
de nuestro Partido desencadenaría las fuerzas del capitalismo, socavaría las
posiciones revolucionarias del proletariado y aumentaría las posibilidades de
restauración del capitalismo en nuestro país" -dijo el camarada Stalin
("Problemas del Leninismo", ed. rusa, pág. 234).
A comienzos de 1929, se puso de manifiesto que
Bujarin, por mandato del grupo de los capituladores de derecha, había
establecido enlace con los trotskistas, a través de Kamenev, y preparaba un
acuerdo con ellos para luchar conjuntamente contra el Partido. El Comité
Central desenmascaró esta actuación criminal de los capituladores de derecha y
les advirtió que el asunto podía terminar mal para Bujarin, Rykov, Tomski, etc.
Pero los capituladores de derecha no cejaron. Se levantaron dentro del Comité
Central con una nueva plataforma antibolshevique, con una declaración que fue
condenada por el Comité Central. Este les hizo una nueva advertencia,
recordándoles la suerte que había corrido el bloque trotskista-zinovievista. A
pesar de esto, el grupo Bujarin-Rykov prosiguió su labor en contra del Partido.
Rykov, Tomski y Bujarin presentaron al Comité Central la dimisión de sus
cargos, creyendo que con ello asustarían al Partido. El Comité Central condenó
esta política de sabotaje de los dimitentes. Por fin, el Pleno celebrado en
noviembre de 1929 por el Comité Central declaró que la propaganda de las ideas
de los oportunistas de derecha era incompatible con la permanencia en el
Partido y dispuso que Bujarin, paladín y dirigente de los capituladores de
derecha, fuese destituido de su puesto en el Buró Político del Comité Central,
y que se conminase seriamente a Rykov, Tomski y demás adeptos de esta
oposición.
Los corifeos de los capituladores de derecha,
viendo que la cosa tomaba mal cariz, suscribieron una declaración reconociendo
sus errores y la justeza de la línea política del Partido.
Los capituladores de derecha habían decidido
replegarse provisionalmente, para evitar que sus cuadros fuesen aplastados.
Así terminó la primera etapa de la lucha del
Partido contra los capituladores de derecha.
Las nuevas discrepancias existentes dentro del
Partido no pasaron inadvertidas para los enemigos exteriores de la U.R.S.S.
Creyendo que las "nuevas discordias" producidas dentro del Partido
eran un signo de quebrantamiento de su fuerza, hicieron un nuevo intento para
arrastrar a la U.R.S.S. a la guerra y hacer fracasar la obra de la
industrialización del país que aun no estaba afianzada. En el verano de 1929,
los imperialistas provocaron el conflicto de China contra la U.R.S.S., la
ocupación por los militaristas chinos del Ferrocarril del este de China (que
pertenecía a la U.R.S.S.) y la agresión de las tropas chinas blancas contra las
fronteras de la Patria Soviética en el Extremo Oriente. Pero, el asalto de los
militaristas chinos fue liquidado rápidamente; los militaristas se retiraron,
derrotados por el Ejército Rojo, y el conflicto se terminó mediante un convenio
de paz con las autoridades de Manchuria.
La política de paz de la U.R.S.S. triunfaba una vez
más, a pesar de todo, a pesar de los manejos de los enemigos exteriores y de
las "discordias" intestinas del Partido.
No tardaron en volver a reanudarse las relaciones
diplomáticas y comerciales de la U.R.S.S. con Inglaterra, que habían sido rotas
en su día por los conservadores ingleses.
A la par que rechazaba con éxito los ataques de los
enemigos exteriores e interiores, el Partido desarrolló una gran labor
encaminada a acelerar la edificación de la industria pesada, a organizar la
emulación socialista, a organizar los sovjoses y los coljoses y, finalmente, a
preparar las condiciones necesarias para aprobar y llevar a la práctica el
primer Plan quinquenal de la Economía nacional soviética.
En abril de 1929, se reunió la XVI Conferencia del
Partido. El problema principal examinado en esta Conferencia fue el del primer
Plan quinquenal. La Conferencia rechazó la variante "mínima" del Plan
quinquenal, que defendían los capituladores de derecha, y aprobó como
obligatoria, bajo cualesquiera condiciones, la variante "máxima".
Fue aprobado, pues, por el Partido el célebre
primer Plan quinquenal de edificación del socialismo.
Según el Plan quinquenal, el volumen de las
inversiones del capital en la Economía nacional durante los años de 1928 a
1933, sería de 64.600 millones de rublos. De ellos, 19.500 millones se
invertirían en la industria, incluyendo la electrificación, 10.000 millones en
el transporte y 23.200 millones en la agricultura.
Era una plan grandioso, destinado a equipar a la
industria y a la agricultura de la U.R.S.S. con la técnica moderna.
"La misión fundamental del Plan quinquenal
-señalaba el camarada Stalin- consistía en crear en nuestro país una industria,
capaz de equipar de nuevo y reorganizar, no sólo la industria en su totalidad,
sino también el transporte y la agricultura, sobre la base del socialismo"
(Stalin, "Problemas del Leninismo", pág. 485, ed. rusa).
A pesar de la grandiosidad, este Plan no era, para
los bolsheviques, nada inesperado ni anonadador. Era algo que venía preparando
toda la marcha del desarrollo de la industrialización y de la colectivización.
Lo venía preparando aquel entusiasmo de trabajo que se había apoderado de los
obreros y campesinos ya antes del Plan quinquenal y que encontró su expresión
en la emulación socialista.
La XVI Conferencia del Partido aprobó un
llamamiento a todos los trabajadores sobre el despliegue de la emulación
socialista.
La emulación socialista reveló ejemplos
maravillosos de trabajo y de nueva actitud ante él. En muchas empresas y en los
coljoses y sovjoses, los obreros y coljosianos presentaron contraplanes.
Realizaron maravillas de heroísmo en el trabajo. No sólo ejecutaban, sino que
sobrepasaban los planes de edificación socialista trazados por el Partido y por
el Gobierno. Cambiaron las ideas del hombre respecto al trabajo. El trabajo
dejó de ser una craga forzada y abrumadora, como era bajo el capitalismo, para
convertirse "en una cuestión de honor, de gloria, de valentía y de
heroísmo" (Stalin).
Por todo el país se desarrollaba la nueva y
gigantesca edificación industrial. Se acometió la construcción de la Central
eléctrica del Dnieper (el "Dnieprogués"). En la cuenca del Donetz se
emprendió la construcción de las fábricas de Kramatorsk y Gorlovka y al
reconstrucción de la fábrica de locomotoras de Lugansk. Surgieron nuevas minas
y altos hornos. En los Urales, se construyeron la fábrica de maquinarias del
Ural y los combinados químicos de Beresniki y Solikamsk. Se comenzó la
construcción de la fábrica metalúrgica de Magnitogorsk. Se emprendió la
construcción de grandes fábricas de automóviles en Moscú y Gorski. Se
construían gigantescas fábricas de tractores, de segadoras-trilladoras, y en
Rostov sobre el Don se levantó una fábrica formidable de maquinaria agrícola.
Se desarrolló la segunda base carbonífera de la Unión Soviética: la cuenca del
Kusnietsk. En 11 meses se levantó en la estepa, en Stalingrado, una formidable
fábrica de tractores. En la construcción de la Central eléctrica del Dnieper y
de la fábrica de tractores de Stalingrado, los obreros batieron los records
mundiales de la productividad del trabajo.
La historia no había conocido jamás una nueva
edificación industrial de tan gigantesca envergadura, un entusiasmo tal por la
nueva edificación, tal heroísmo en el trabajo de las masas de millones de
hombres de la clase obrera.
Era una verdadera oleada de entusiasmo de trabajo
de la clase obrera, desplegada sobre la base de la emulación socialista.
Esta vez, los campesinos no se quedaron atrás
respecto a los obreros. También en el campo comenzó a desarrollarse el
entusiasmo de trabajo de las masas campesinas, en la organización de los
coljoses. Las masas campesinas comenzaron a marchar resueltamente por la senda
coljosiana. A ello contribuyeron considerablemente los sovjoses y las
estaciones de máquinas y tractores, dotadas de tractores y de otra maquinaria
agrícola. Las masas campesinas acudían a los sovjoses y a las estaciones de
máquinas y tractores, veían cómo trabajaban éstos y las máquinas agrícolas,
manifestaban su entusiasmo y decidían allí mismo "ingresar en los
coljoses". Los campesinos, desperdigados en pequeñas y diminutas
explotaciones individuales, carentes de aperos y de fuerza de tracción medio
regulares, privados de la posibilidad de roturar las grandes tierras baldías,
sin una perspectiva de mejoramiento de sus explotaciones, hundidos en la
miseria y en el aislamiento, confiados a sus propias fuerzas, encontraron por
fin una salida, el camino hacia una vida mejor: con la agrupación de sus
pequeñas explotaciones en explotaciones colectivas, en coljoses; con los
tractores, capaces de roturar todas las tierras, por "duras" que
fuesen, todos los terrenos baldíos; con la ayuda del Estado en forma de
maquinaria, de dinero, de hombres y de consejos; con la posibilidad de librarse
de las garras de los kulaks, a quienes el Gobierno Soviético había hecho morder
el polvo recientemente, haciéndolos doblar la cerviz, para satisfacción de las
masas de millones de campesinos.
He aquí la base sobre la que se inició y desarrolló
después el movimiento coljosiano de masas, movimiento que se intensificó
especialmente a fines de 1929, imprimiendo a los coljoses un ritmo de
desarrollo sin precedentes ni siquiera en la misma industria socialista.
En 1928, la superficie de siembra de los coljoses
era de 1.390.000 hectáreas; en 1929, había pasado a ser de 4.262.000 hectáreas
y en 1930, los coljoses contaban ya con la posibilidad de planear el cultivo de
15 millones de hectáreas.
"Hay que reconocer -decía el camarada Stalin
en su artículo titulado "El año del gran viraje" (1929), refiriéndose
al ritmo de desarrollo de los coljoses- que este ritmo impetuoso de desarrollo
no tiene precedentes ni aun en nuestra industria socialista, cuyo ritmo de
desarrollo se caracteriza por su gran envergadura",
Era un viraje en el desarrollo del movimiento
coljosiano.
Era el comienzo del movimiento coljosiano de masas.
"¿Qué es lo que hay de nuevo en el actual
movimiento coljosiano?", preguntaba el camarada Stalin en su citado
artículo. Y contestaba:
"Lo que hay de nuevo y decisivo en el actual
movimiento coljosiano es que ahora los campesinos no ingresan en los coljoses
por grupos sueltos, como ocurría antes, sino por aldeas enteras, por
municipios, por distritos y hasta por departamentos. ¿Qué significa esto?
Significa que en los coljoses han comenzado a afluir en masa los campesinos
medios. Tal es la base sobre la que descansa ese viraje radical en el
desarrollo de la agricultura, que constituye la conquista más importante del
Poder Soviético..."
Esto significaba que la tarea de liquidación de los
kulaks como clase, sobre la base de la colectivización total, iba madurando o
estaba ya madura.
RESUMEN
En la lucha por la industrialización socialista del
país, el Partido hubo de vencer, en los años de 1926 a 1929, enormes
dificultades de orden interior e internacional. Los esfuerzos del Partido y de
la clase obrera condujeron al triunfo de la política de la industrialización
socialista del País Soviético.
Fue resuelto, en lo fundamental, uno de los
problemas más difíciles que planteaba la industrialización: el problema de la
acumulación de los recursos necesarios para la construcción de la industria
pesada. Se pusieron los cimientos de una industria pesada, capaz de equipar de
nuevo toda la Economía nacional.
Fue aprobado el primer Plan quinquenal de
edificación del socialismo. Se desarrolló, en proporciones gigantescas, la
construcción de nuevas fábricas, sovjoses y coljoses.
Estos avances en el camino del socialismo fueron
acompañados por una agudización de la lucha de clases dentro del país y por un
recrudecimiento de la lucha en el seno del Partido. Los resultados más
importantes de esta lucha fueron: el aplastamiento de la resistencia de los
kulaks, el desenmascaramiento del bloque de los capituladores
trotskistas-zinovievistas como un bloque antisoviético, el desenmascaramiento
de los capituladores de derecha como agentes de los kulaks, la expulsión de los
trotskistas del Partido, el reconocimiento de que las ideas de éstos y de los
oportunistas de derecha eran incompatibles con la permanencia dentro del P.C.
(b) de la U.R.S.S.
Derrotados ideológicamente por el Partido
bolshevique y habiendo perdido toda base de actuación entre la clase obrera,
los trotskistas dejaron de ser una corriente política para convertirse en una
pandilla de arrivistas sin principios y estafadores políticos, en una banda de
falsarios políticos.
Puestos los cimientos de la industria pesada, el
Partido movilizó a la clase obrera y a los campesinos para la ejecución del
primer Plan quinquenal de reconstrucción socialista de la U.R.S.S.; se extendió
por todo el país la emulación socialista de millones de trabajadores; se
levantó una potente oleada de entusiasmo en el trabajo y surgió una nueva
disciplina del trabajo.
Este periodo termina con el año del gran viraje,
que registró éxitos gigantescos del socialismo en la industria y los primero
éxitos importantes logrados en el terreno de la agricultura, el viraje de los
campesinos medios hacia los coljoses y el comienzo del movimiento coljosiano de
masas.
XI
EL PARTIDO BOLSHEVIQUE EN
LA LUCHA POR LA COLECTIVIZACIÓN DE LA AGRICULTURA
(1930-1934)
1. La situación internacional en los años de 1930 a
1934. - La crisis económica en los países capitalistas. - Ocupación de la
Manchuria por el Japón. - Ascenso de los fascistas al poder en Alemania. - Dos
focos de guerra.
Mientras la U.R.S.S. lograba éxitos importantes en
la industrialización socialista del país y desarrollaba con rápido ritmo su
industria, en los países del capitalismo se desencadenaba, a fines de 1929,
recrudeciéndose en los tres años siguientes, una crisis económica mundial sin
precedentes por su fuerza destructora. La crisis industrial se entrelazaba con
la crisis de la agricultura, con la crisis agraria, y esto empeoraba todavía
más la situación de los países capitalistas.
Mientras la industria de la U.R.S.S., durante los
tres años de crisis (1930-1933), creció en más del doble, alcanzando en 1933 el
201 por ciento de su nivel de 1929, la industria de los Estados Unidos
descendió, a fines de 1933, hasta el 65 por ciento de su nivel de 1929, la de
Inglaterra hasta el 86 por ciento, la de Alemania hasta el 66 por ciento y la
de Francia hasta el 77 por ciento.
Esta circunstancia venía a demostrar una vez más la
superioridad del sistema de la Economía socialista sobre el sistema de la
Economía capitalista. Ponía de manifiesto que el país del socialismo es el
único país del mundo libre de crisis económicas.
Como resultado de la crisis económica mundial,
fueron lanzados al hambre, a la miseria y al suplicio 24 millones de obreros
parados. La crisis agraria condenaba al sufrimiento a decenas de millones de
campesinos.
La crisis económica mundial vino a agudizar todavía
más las contradicciones entre los Estados imperialistas, entre los países
vencedores y los países vencidos, entre los Estados imperialistas y los países
coloniales y dependientes, entre los obreros y los capitalistas, entre los
campesinos y los terratenientes.
En su informe ante el XVI Congreso del Partido, el
camarada Stalin señaló que la burguesía buscaría la solución a la crisis
económica, de una parte, en la represión contra la clase obrera mediante la
instauración de la dictadura fascista, es decir, de la dictadura de los
elementos más reaccionarios, más chovinistas, más imperialistas del
capitalismo, y de otra parte, en el desencadenamiento de la guerra por el
reparto de las colonias y de las zonas de influencia a costa de los intereses
de los países mal defendidos.
Y así fue, en efecto.
En 1932, recrudeció el peligro de guerra por parte
del Japón. Los imperialistas japoneses, viendo que las potencias europeas y los
Estados Unidos se hallaban completamente absorbidos por los asuntos interiores
de sus países con motivo de la crisis económica, decidieron aprovechar esta
ocasión para intentar lanzarse sobre el territorio chino, mal defendido,
someter a su imperio este país y convertirse allí en dueños de la situación.
Sin declarar la guerra a China y aprovechándose canallescamente de los "incidentes
locales", provocados por ellos mismos, los imperialistas japoneses
introdujeron furtivamente sus tropas en Manchuria. Las tropas japonesas se
apoderaron completamente de Manchuria, asegurándose allí posiciones favorables
para anexionarse el Norte de China y atacar a la U.R.S.S. Con objeto de tener
las manos libres, el Japón salió de la Sociedad de Naciones y comenzó a armarse
intensivamente.
Esta circunstancia empujó a los Estados Unidos, a
Inglaterra y a Francia a reforzar sus armamentos navales en el Extremo Oriente.
El Japón venía persiguiendo, manifiestamente, el objetivo de someter a su
imperio a China y eliminar de allí a las potencias imperialistas europeas y
norteamericana. Estas respondieron al golpe, reforzando sus armamentos.
Pero el Japón perseguía, además, otra finalidad:
apoderarse del Extremo Oriente Soviético. Como es lógico, la U.R.S.S. no podía
pasar por alto semejante peligro y comenzó a reforzar intensivamente la
capacidad defensiva de la región del Extremo Oriente.
Por tanto, gracias a los imperialistas japoneses
fascistizados, se creó en el Extremo Oriente el primero foco de guerra.
La crisis económica no agudizó las contradicciones
del capitalismo solamente en el Extremo Oriente. Las agudizó también en Europa.
La pertinaz crisis industrial y agraria, el enorme paro forzoso y la situación
cada vez más precaria de las clases desposeídas contribuían a agudizar el
descontento de los obreros y campesinos. El descontento fue creciendo hasta
convertirse en un estado de indignación revolucionaria de la clase obrera. Este
descontento se agudizó especialmente en Alemania, país económicamente agotado
por la guerra, por las contribuciones que se le habían impuesto en provecho de
los vencedores anglofranceses y por la crisis económica, y donde la clase
obrera vivía agobiada bajo el yugo de su propia burguesía y de la burguesía
extranjera, anglofrancesa. Testimonio elocuente de esto eran los seis millones
de votos obtenidos por el Partido Comunista de Alemania en las últimas
elecciones al Reichstag celebradas antes del ascenso de los fascistas al Poder.
La burguesía alemana vió que las libertades democráticoburguesas que aun se
conservaban en Alemania podían jugarle una mala pasada, que la clase obrera
podía aprovecharse de esas libertades para desarrollar el movimiento
revolucionario. En vista de esto, decidió que, para mantener en Alemania el
Poder de la burguesía, no había más que un solo camino: acabar con las
libertades burguesas, reducir a la nada el Parlamento (el Reichstag) e
instaurar una dictadura terrorista de tipo nacionalista burgués, capaz de
aplastar a la clase obrera y que encontrase su base de sustentación entre las
masas pequeñoburguesas influídas por la idea del desquite. Y para esto, llamó
al Poder al partido fascista, que para engañar al pueblo se había puesto la
etiqueta de Partido nacional-socialista, pues sabía perfectamente que el
partido fascista es, en primer lugar, el sector de la burguesía imperialista
más reaccionario y más enemigo de la clase obrera y, en segundo lugar, el
partido más rabiosamente defensor de la idea del desquite, capaz de arrastra
consigo a las masas de millones de hombres de la pequeña burguesía de
sentimientos nacionalistas. Ayudaron a la burguesía en esta empresa los
traidores a la clase obrera, los dirigentes de la socialdemocracia alemana, que
con su política oportunista allanaron el camino al fascismo.
Tales fueron las condiciones, gracias a las cuales
los fascistas alemanes subieron al Poder en 1933.
Analizando los acontecimientos de Alemania, el
camarada Stalin dijo en su informe ante el XVII Congreso del Partido:
"En el triunfo del fascismo en Alemania no hay
que ver solamente un signo de la debilidad de la clase obrera y el fruto de la
traición a la clase obrera de la socialdemocracia que desbrozó el camino al
fascismo. Hay que ver también en él un signo de la debilidad de la burguesía,
un indicio de que ésta no está ya en condiciones de gobernar con los viejos
métodos del parlamentarismo y de la democracia burguesa, razón por la cual se
ve obligada a recurrir, en política interior, a los métodos terroristas de gobierno..."
(Stalin, "Problemas del Leninismo", pág. 545, ed. Rusa).
Los fascistas alemanes señalaron su política
interior por el incendio del Reichstag, por una represión brutal contra la
clase obrera, por la destrucción de las organizaciones del proletariado y la
supresión de las libertades democráticoburguesas. Su política exterior, por la
salida de la Sociedad de Naciones y la preparación abierta de una guerra
encaminada a revisar por la fuerza las fronteras de los Estados europeos en
provecho de Alemania.
Por tanto, gracias a los fascistas alemanes, se
creó en el centro de Europa el segundo foco de guerra.
Como es lógico, la U.R.S.S. no podía pasar por alto
un hecho tan importante. Y comenzó a seguir atentamente la marcha de los
acontecimientos en la Europa occidental, reforzando la capacidad defensiva del
país en sus fronteras occidentales.
2. De la política de restricciones contra los
elementos kulaks a la política de liquidación de los kulaks como clase. - Lucha
contra las deformaciones de la política del Partido en el movimiento
coljosiano. - Ofensiva contra los elementos capitalistas en todo el frente. -
El XVI Congreso del Partido.
La afluencia de los campesinos en masa hacia los
coljoses, que se desarrolló en los años de 1929 a 1930, era el resultado de
toda la labor anterior del Partido y del Gobierno. El desarrollo de la
industria socialista, que comenzó a fabricar en masa tractores y máquinas para
la agricultura; la lucha resuelta contra los kulaks durante las campañas de
acopios de cereales de los años 1928 y 1929; el desarrollo de la cooperación
agrícola, que fue habituando poco a poco al campesino al régimen colectivo; la
experiencia positiva de los primeros coljoses y sovjoses: todo contribuyó a
preparar el paso a la colectivización total, la afluencia de los campesinos a
los coljoses por aldeas, distritos y departamentos enteros.
El paso a la colectivización total no se operó
mediante la simple afluencia pacífica de las grandes masas campesinas a los
coljoses, sino a través de una lucha de masas de los campesinos contra los
kulaks. La colectivización total significaba el paso el paso a manos de los
coljoses de todas las tierras situadas en la demarcación de una aldea, y una
parte considerable de estas tierras se hallaban en manos de los kulaks, por
cuya razón los campesinos tenían que arrojar a aquéllos de las tierras,
expropiar a los kulaks, arrebatar a éstos el ganado y las máquinas, exigiendo
que el Poder Soviético detuviese a los kulaks y los expulsase de la aldea.
La colectivización total significaba, pues, la
liquidación de los kulaks.
Esto era la política de liquidación de los kulaks
como clase, sobre la base de la colectivización total.
Por aquel entonces, la U.R.S.S. contaba ya con una
base material suficientemente fuerte para acabar con los kulaks, vencer su
resistencia, liquidarlos como clase y sustituir su producción por la de los
coljoses y sovjoses.
Todavía en 1927, los kulaks producían más de
9.828.000 toneladas de trigo, de los cuales lanzaban al mercado unos dos
millones de toneladas. Los coljoses y sovjoses, en cambio, sólo lograron
producir, en 1927, 573.000 toneladas para el mercado. En 1929, gracias al rumbo
firme emprendido por el Partido bolshevique hacia el desarrollo de los sovjoses
y coljoses y a los éxitos de la industria socialista que había dotado a la
aldea de tractores y maquinaria agrícola, los coljoses y sovjoses se
convirtieron en una fuerza considerable. Ya en este año, los coljoses y
sovjoses produjeron más de 6 millones de toneladas de trigo, de los cuales
lanzaron al mercado más de 2 millones de toneladas; es decir, más que los
kulaks en el año 1927. En 1930, los coljoses y sovjoses tenían que lanzar, y
lanzaron efectivamente, al mercado más de 6 millones y medio de toneladas de
trigo, o sea incomparablemente más que los kulaks en 1927.
Por tanto, el desplazamiento de las fuerzas de
clase en la Economía del país y la existencia de la base material necesaria
para sustituir la producción de trigo de los kulaks por la producción de trigo
de los coljoses y sovjoses, permitían al Partido bolshevique pasar de la
política de restricciones contra los kulaks a la nueva política, a la política
de liquidación de los kulaks como clase, sobre la base de la colectivización
total.
Hasta 1929, el Poder Soviético siguió la política
de restricciones contra los kulaks. El Poder Soviético sometía a los kulaks a
un elevado impuesto, les obligaba a vender al trigo al Estado a precios de
tasa, restringía hasta cierto punto el disfrute de la tierra por los kulaks,
con arreglo a la ley sobre los arriendos de tierras, limitaba las proporciones
de las explotaciones de los kulaks, mediante la ley sobre empleo del trabajo
asalariado por los campesinos individuales. Pero no seguía aún la política de
liquidación de los kulaks, pues las leyes sobre los arriendos de tierras y el
empleo de trabajo asalariado permitían la existencia de los kulaks y la
prohibición de expropiar a los kulaks daba una cierta garantía en este sentido.
Esta política servía para contener el desarrollo de los kulaks, para desalojar
y arruinar a ciertas capas aisladas de kulaks que no podían hacer frente a
estas restricciones. Pero no obstruía las bases económicas de los kulaks como
clase no conducía a su liquidación. Era una política de restricción, pero no de
liquidación de los kulaks. Esta política fue necesaria hasta llegar a un
determinado momento, mientras los coljoses y los sovjoses eran aún débiles y no
podían sustituir la producción de trigo de los kulaks por la suya propia.
A fines de 1929, cuando ya los coljoses y los
sovjoses se fueron desarrollando, el Poder Soviético dio un rápido viraje,
abandonando aquella política, para pasar a la política de liquidación, a la
política de destrucción de los kulaks como clase. Derogó las leyes sobre los
arriendos de tierras y el empleo del trabajo asalariado, privando con ello a
los kulaks de tierras y de jornaleros. Abolió la prohibición de expropiar a los
kulaks. Permitió a los campesinos incautarse del ganado, las máquinas y los aperos
de labranza de los kulaks, en provecho de los coljoses. Se procedió a la
expropiación de los kulaks. Estos fueron expropiados ni más ni menos que lo
habían sido los capitalistas, en 1918, en el terreno industrial, aunque con la
diferencia de que los medios de producción de los kulaks no pasaban a manos del
Estado, como allí, sino a manos de los campesinos asociados, a manos de los
coljoses.
Fue ésta una profundísima transformación
revolucionaria, un salto del viejo estado cualitativo de la sociedad a un nuevo
estado cualitativo, equivalente por sus consecuencias a la transformación
revolucionaria operada en Octubre de 1917.
El rasgo peculiar de esta revolución consistía en
que se había operado desde arriba, por iniciativa del Poder del Estado, con la
ayuda directa desde abajo, por parte de la masa de millones de campesinos que
luchaba contra el avasallamiento de los kulaks y por una vida coljosiana libre.
Esta revolución venía a resolver de golpe tres
problemas fundamentales de la edificación socialista:
a) Acababa con la clase explotadora más numerosa
del País Soviético, con la clase de los kulaks, que era el baluarte para la
restauración del capitalismo;
b) Apartaba a la clase trabajadora más numerosa del
País Soviético, a la clase campesina, de la senda de las explotaciones
individuales, fuente del capitalismo, para llevarla a la senda de la economía
colectiva, coljosiana, socialista;
c) Daba al País Soviético una base socialista en la
esfera más vasta y más vitalmente necesaria, que era también la más atrasada de
la Economía nacional: la agricultura.
De este modo, se cegaban las últimas fuentes de
restauración del capitalismo dentro del país, a la par que se creaban las
nuevas y decisivas condiciones necesarias para la edificación de una Economía
nacional de tipo socialista.
Fundamentando la política de liquidación de los
kulaks como clase y registrando los resultados del movimiento de masas de los
campesinos por la colectivización total, el camarada Stalin escribía, en 1929:
"Se hunde y se hace añicos la última esperanza
de los capitalistas de todos los países, que sueñan con restaurar en la
U.R.S.S. el capitalismo: el "sacrosanto principio de la propiedad
privada". Los campesinos, a quienes ellos consideran como el material que
abona el terreno para el capitalismo, abandonan en masa la tan ensalzada
bandera de la "propiedad privada" y pasan a los cauces del
colectivismo, a los cauces del socialismo. Se hunde la última esperanza de
restauración del capitalismo" (Stalin, "Problemas del
Leninismo", pág. 296, ed. rusa).
La política de liquidación de los kulaks como clase
se aseguró con el histórico acuerdo del Comité Central del P.C. (b) de la
U.R.S.S., del 5 de enero de 1930, "Sobre el ritmo de la colectivización y
las medidas del Estado para ayudar al movimiento coljosiano". En este
acuerdo, se tenían en cuenta perfectamente las diversas condiciones existentes
en las distintas regiones de la U.R.S.S., el nivel desigual de preparación para
la colectivización que existía en las diversas regiones de la Unión Soviética.
Se establecieron diversos ritmos de
colectivización. El Comité Central dividió las regiones de la U.R.S.S., desde
el punto de vista de los ritmos de colectivización, en tres grupos.
En el primero grupo se incluyeron las regiones
cerealistas más importantes, las que estaban mejor preparadas para la
colectivización, las que disponían de más tractores y contaban con mayor número
de sovjoses y mayor experiencia en la lucha contra los kulaks durante las
anteriores campaña de acopios de cereales: el Cáucaso Norte (el Kubán, el Don y
el Térek), la región central del Volga y la región del bajo Volga. El Comité
Central dispuso que en este grupo de regiones cerealistas la colectivización
debía estar terminada, en lo fundamental, para la primavera de 1931.
El segundo grupo de regiones cerealistas, del que
formaban parte Ucrania, la región central de las Tierras Negras, Siberia, el
Ural, Kazajstán y otras regiones productoras de cereales, podría terminar la
colectivización, en lo fundamental, para la primavera de 1932.
Las restantes regiones, territorios y Repúblicas
(la región de Moscú, Transcaucasia, las Repúblicas del Asia Central, etc.)
podrían prolongar el plazo para la colectivización hasta fines del Plan
Quinquenal, es decir, hasta el año 1933.
El Comité Central del Partido reconocía, en
relación con el ritmo creciente de la colectivización, la necesidad de acelerar
más aún la construcción de fábricas de tractores, de máquinas combinadas, de
aperos para enganchar los tractores, etc. Al mismo tiempo, exigía que se
saliese "enérgicamente al paso de la tendencia a menospreciar la
importancia de la tracción animal en la fase actual del movimiento coljosiano,
tendencia que conduce a la dilapidación y a la venta del ganado de labor".
Los créditos abiertos a los coljoses en el año de
1929-1930 excedían del doble de los concedidos anteriormente (llegando hasta
500 millones de rublos).
Se disponía que se garantizase a los coljoses la
aplicación de las leyes agrarias por cuenta del Estado.
En este acuerdo, se trazaba la norma importantísima
de que la forma fundamental del movimiento coljosiano en aquella etapa concreta
era el artel agrícola, en el que solamente se colectivizan los medios básicos
de producción.
El Comité Central precavía muy seriamente a las
organizaciones del Partido "contra toda pretensión de imponer "por
decreto", desde arriba, el movimiento coljosiano, que pudiera implicar un
peligro de suplantar la verdadera emulación socialista en la organización de
coljoses por el intento de jugar a la colectivización" ("Resoluciones
del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte II, pág. 662).
Esta disposición del Comité Central vino a infundir
claridad a la aplicación de la nueva política del Partido en el campo.
Sobre la base de la política de liquidación de los
kulaks y de la aplicación de la colectivización total, se desplegó un potente
movimiento coljosiano. Los campesinos de aldeas y distritos enteros afluían a
los coljoses, barriendo de su camino a los kulaks y librándose de las garras de
esto.
Pero, a la par con los formidables éxitos
conseguidos en la colectivización, pronto comenzaron a revelarse también
deficiencias en la actuación práctica de los activistas del Partido,
deformaciones de la política del Partido en cuanto al movimiento coljosiano. A
pesar de que el Comité Central había precavido a sus militantes que no
perdiesen la cabeza ante los éxitos de la colectivización, muchos activistas
del Partido comenzaron a forzar artificialmente este movimiento, sin tener en
cuenta las condiciones de lugar y tiempo, sin tener en cuenta el grado de
preparación de los campesinos para entrar en los coljoses.
Se comprobó que se faltaba al principio de la
voluntariedad en la organización de coljoses. En una serie de comarcas, se
obligaba a los campesinos a entrar en los coljoses, bajo la amenaza de
"expropiarlos", de privarlos de los derechos electorales, etc.
En una serie de comarcas, la labor preparatoria y
de esclarecimiento paciente de los fundamentos de la política del Partido en
materia de colectivización se suplantaba por el procedimiento burocrático,
curialesco, de decretar desde arriba cifras desmesuradas de coljoses que se
aparentaba crear, hinchando artificialmente el porcentaje de la
colectivización.
Faltando a la norma del Comité Central, según la
cual el eslabón fundamental del movimiento coljosiano era el artel agrícola, en
el que solamente se colectivizan los medios básicos de producción, había una
serie de localidades en las que atolondradamente se saltaba, por encima del
artel, a la comuna y se implantaba la colectivización de las viviendas, del
ganado lechero y menor no destinado al mercado, de las aves de corral, etc.
Los militantes dirigentes de algunas comarcas,
embalados por los primeros éxitos de la colectivización, faltaban a las normas
directas del Comité Central sobre los ritmos y plazos a que aquella había de
sujetarse. La región de Moscú, en su batida por conseguir cifras hinchadas,
comenzó a orientar sus actividades hacia la terminación de la campaña de
colectivización en la primavera de 1930, a pesar de que disponía aún de cerca
de tres años (hasta fines de 1932). Y aun eran más graves las infracciones que
se cometían en Transcaucasia y en el Asia Central.
Los kulaks y sus portavoces se aprovechaban de
estos excesos para fines de provocación, formulaban propuestas en el sentido de
organizar comunas en vez de artels, de pasar directamente a la colectivización
de las viviendas, del ganado menor y de las aves de corral. Al mismo tiempo,
los kulaks hacían agitación para que se matase el ganado antes de entrar en los
coljoses, convenciendo a los campesinos de que en el coljos "se lo
quitaría, de todos modos". El enemigo de clase especulaba con la idea de
que los excesos y los errores cometidos por las organizaciones locales en
cuanto a la colectivización irritarían a los campesinos y provocarían
sublevaciones contra el Poder Soviético.
Resultado de los errores, cometidos por las
organizaciones del Partido, y de los actos de franca provocación de los
enemigos de clase, fue que en la segunda quincena de febrero de 1930, sobre el
fondo de los éxitos generales e indiscutibles conseguidos por la
colectivización, se manifestasen en algunas comarcas síntomas peligrosos de un
serio descontento por parte de los campesinos. El alguno que otro sitio, los
kulaks y sus agentes lograron incluso que los campesinos se dejasen llevar
directamente a manifestarse contra el Poder Soviético.
El Comité Central, al que llegaban una serie de
señales alarmantes sobre las deformaciones de la línea del Partido, que
amenazaban dar al traste con la colectivización, puso inmediatamente manos a la
obra para encauzar la situación y comenzó a hacer que los cuadros del Partido
corrigiesen sin pérdida de tiempo los errores cometidos. El 2 de marzo de 1930
se publicó por acuerdo del Comité Central el artículo del camarada Stalin
titulado: "Los éxitos se nos suben a la cabeza". En este artículo, se
amonestaba a todos los que, dejándose arrastrar por los éxitos de la
colectivización, caían en graves errores y se desviaban de la línea del
Partido; a todos los que intentaban llevar a los campesinos por el camino
coljosiano mediante medidas de coacción administrativa. En este artículo se
subraya vigorosamente el principio de la voluntariedad en la organización de
coljoses y se indicaba la necesidad de tener en cuenta la diversidad de
condiciones existentes en las distintas regiones de la U.R.S.S. al determinar los
ritmos y métodos de colectivización. El camarada Stalin recordaba que el
eslabón fundamental del movimiento coljosiano era el artel agrícola, en el que
solamente se colectivizan los medios básicos de producción, principalmente en
la producción de cereales, dejando al margen el huerto, la vivienda, una parte
del ganado lechero, el ganado menor, las aves de corral, etc.
El artículo del camarada Stalin tuvo una
importancia política grandísima. Este artículo ayudó a las organizaciones del
Partido a corregir sus errores y asestó el más rudo golpe a los enemigos del
Poder Soviñetico, que confiaban en que aquellos excesos les darían la base para
sublevar a los campesinos contra el Poder de los Soviets. Las grandes masas
campesinas pudieron convencerse de que la línea del Partido bolshevique no
guardaba la menor relación con los excesos "izquierdistas" y
atolondrados, que se habían cometido en algunos sitios. Este artículo
tranquilizó a las masas campesinas.
Con el fin de llevar a término la obra de
corrección de los excesos y errores, iniciada con el artículo del camarada
Stalin, el Comité Central del P.C. (b) de la U.R.S.S. decidió atacar nuevamente
estos errores, publicando el 15 de marzo de 1930 una disposición "Sobre la
lucha contra las deformaciones de la línea del Partido en el movimiento
coljosiano".
En esta disposición, se analizaban minuciosamente
los errores que se habían cometido y que eran el resultado del abandono de la
línea leninista-stalinista del Partido, el resultado de la infracción directa
de las normas trazadas por el Partido.
El Comité Central señalaba que la actuación
práctica de los que incurrían en aquellos excesos "izquierdistas"
significaba una ayuda directa prestada al enemigo de clase.
"Los activistas que no sepan o no quieran
mantener una lucha resuelta contra las deformaciones de la línea del Partido
-disponía el Comité Central- serán separados de sus puestos y sustituidos por
otros" ("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte II,
pág. 663).
El Comité Central cambió la dirección de algunas
organizaciones regionales y territoriales del Partido (la de la región de Moscú
y la de Transcaucasia), que habían cometido errores políticos y no habían
sabido corregirlos.
El 3 de abril de 1930, se publicó el artículo del
camarada Stalin titulado "Respuesta a los camaradas coljosianos". En
él se ponían al desnudo la raíz de los errores cometidos en el problema
campesino y los principales errores en el movimiento coljosiano: la falsa
manera de abordar a los campesinos medios, la infracción del principio
leninista de la voluntariedad en la organización de coljoses, la infracción del
principio leninista que obligaba a tener en cuenta la diversidad de condiciones
existentes en las distintas regiones de la U.R.S.S. y el paso directo a la
comuna, saltando por encima del artel.
Como resultado de todas estas medidas, el Partido
consiguió acabar con los excesos cometidos en una serie de distritos por los
activistas locales.
Sin la formidable firmeza del Comité Central y su
capacidad para marchar contra la corriente, no se habría conseguido volver al
buen camino, a su debido tiempo, a la parte considerable de cuadros del Partido
que, seducidos por los éxitos, habían ido rodando hacia abajo y desviándose de
la línea del Partido.
El Partido logró acabar con las deformaciones de su
línea en el movimiento coljosiano.
Esta fue la base sobre la que se afianzaron los
éxitos del movimiento coljosiano.
Esta fue la base sobre la que se desarrolló un
nuevo y potente auge del movimiento coljosiano.
Antes de que el Partido pasase a la política de
liquidación de los kulaks como clase, la ofensiva más importante contra los
elementos capitalistas, encaminada a su liquidación, era la que se
desarrollaba, fundamentalmente, en la ciudad, en el terreno de la industria.
Por el momento, la agricultura, el campo, iban a la zaga de la industria, de la
ciudad; por eso, la ofensiva presentaba un carácter desigual, y no un carácter
general, completo. Pero ahora, que ya comenzaba a pasar a la historia el atraso
de la aldea, se mostró en toda su evidencia la lucha de los campesinos por la
liquidación de los kulaks, y el Partido pasó a la política de la liquidación de
estos elementos; la ofensiva contra los elementos capitalistas adquirió un
carácter general y la ofensiva parcial se convirtió en una ofensiva en todo el
frente. En el momento de convocarse el XVI Congreso del Partido, se había
desplegado ya en toda la línea la ofensiva general contra los elementos
capitalistas.
El XVI Congreso del Partido se reunió el 26 de
junio de 1930. Asistieron a él 1.268 delegados con voz y voto y 891 con voz
solamente, representando a 1.260.874 afilados y a 711.609 aspirantes.
El XVI Congreso del Partido ha pasado a la historia
de éste como "el Congreso de la ofensiva desplegada del socialismo en todo
el frente, de la liquidación de los kulaks como clase y de la realización de la
colectivización total" (Stalin).
En el informe político del Comité Central, el
camarada Stalin puso de relieve los grandes triunfos logrados por el Partido
bolshevique mediante el desarrollo de la ofensiva socialista.
En el terreno de la industrialización socialista,
se había conseguido que el peso específico de la industria, dentro del volumen
global de la producción de la Economía nacional, superase al peso específico de
la agricultura. En el año económico de 1929-1930, la proporción de la industria
llegaba ya al 53 por 100 del volumen global de la producción de toda de la
Economía nacional, y la de la agricultura sólo era de un 47 por 100,
aproximadamente.
Hacia la época del XV Congreso, en el año de
1926-1927, el volumen global de la producción de toda la industria sólo era de
102,5 por 100 del nivel de antes de la guerra; hacia la época del XVI Congreso,
o sea el 1929-1930, era ya del 180 por 100, aproximadamente, del nivel de
anteguerra.
La industria pesada -la producción de medios de
producción, la construcción de maquinaria- se iba fortaleciendo cada vez más.
"...Nos encontramos en vísperas de la
transformación de un país agrario en un país industrial" -declaró el
camarada Stalin entre los aplausos entusiastas de todo el Congreso.
Sin embargo, explicaba el Camarada Stalin, no hay
que confundir el ritmo intensivo de desarrollo de la industria con el nivel de
este desarrollo. A pesar de que la industria socialista se desarrollaba con un
ritmo sin precedente, en cuanto al nivel del desarrollo industrial el País
Soviético iba muy a la zaga de los países capitalistas más adelantados. Así
ocurría con la producción de energía eléctrica, no obstante los éxitos
gigantescos logrados en la U.R.S.S. en materia de electrificación. Así ocurría
con la producción de metales. A fines de 1929-1930, la U.R.S.S. debía producir,
según el plan, 5 millones y medio de toneladas de fundición de hierro, mientras
que Alemania había producido, en 1929, 13,4 millones de toneladas y Francia,
10,45 millones. Para poder liquidar el brevísimo tiempo este atraso
técnico-económico, era necesario seguir acelerando el ritmo de desarrollo de la
industria soviética, era necesario luchar del modo más resuelto contra los
oportunistas, que aspiraban a amortiguar el ritmo de desarrollo de la industria
socialista.
"...Los charlatanes que hablan de la necesidad
de amortiguar el ritmo de desarrollo de nuestra industria son enemigos del
socialismo, agentes de nuestros enemigos de clase", -señalaba el camarada
Stalin ("Problemas del Leninismo", pág. 369, ed. rusa).
Después de cumplir con éxito y sobrepasar el plan
del primer año del primer Plan quinquenal, surgió entre las masas la consigna
de "ejecutar el Plan quinquenal en cuatro años". En una serie de
ramas adelantadas de la industria (petróleo, turba, construcción de maquinaria
general y agrícola, industria electrotécnica), la ejecución del plan se
desarrollaba con tanto éxito, que en estas ramas se pudo llegar incluso a
cumplir el programa trazado por el Plan quinquenal en dos y medio a tres años.
Esto confirmaba la plena realidad de la consigna del "Plan quinquenal en
cuatro años" y desenmascaraba el oportunismo de los incrédulos que dudaban
de la posibilidad de su realización.
El XVI Congreso encargó al Comité Central del
Partido que "asegurase también para lo sucesivo los impetuosos ritmos
bolsheviques en la edificación socialista, para conseguir realmente ejecutar el
Plan quinquenal en cuatro años".
Hacia la época del XVI Congreso del Partido, se
operó un viraje formidable en el desarrollo de la agricultura de la U.R.S.S.
Las grandes masas campesinas se orientaron hacia el socialismo. El 1º de mayo
de 1930, en las regiones cerealistas más importantes, el sector colectivizado
abarcaba ya del 40 al 50 por 100 de las explotaciones campesinas (en la
primavera de 1928, sólo ascendía al 2 o al 3 por 100). La superficie de siembra
de los coljoses englobaba 36 de millones de hectáreas.
Por tanto, se había sobrepasado el ambicioso
programa trazado en el acuerdo del Comité Central de 5 de enero de 1930 (30
millones de hectáreas). En cuanto al Plan quinquenal de organizaciones de
coljoses, su programa para dos años fue ejecutado en más de 150 por 100.
En tres años, la producción de los coljoses para el
mercado creció en más de 40 veces. En 1930, los coljoses, sin contar los
sovjoses, daba ya al Estado más de la mitad de toda la producción de trigo para
el mercado producida por el país.
Esto significaba que, en lo sucesivo, los destinos
de la agricultura del País Soviético ya no los trazarían las explotaciones
campesinas individuales, sino los coljoses y los sovjoses.
Si hasta que los campesinos comenzaron a afluir en
masa a los coljoses el Poder Soviético se apoyaba, fundamentalmente, en la
industria socialista, desde ahora empezó a apoyarse también en el sector
socialista de la agricultura, que se extendía rápidamente, en los coljoses y en
los sovjoses.
Los campesinos coljosianos se convirtieron, como
señalaba el XVI Congreso en uno de sus acuerdos, "en un verdadero y firme
puntal del Poder Soviético".
3. El Partido se orienta hacia la reconstrucción de
todas las ramas de la economía nacional. - El papel de la técnica. - Sigue
desarrollándose el movimiento coljosiano. - Las secciones políticas de las
estaciones de máquinas y tractores. - Balance de la ejecución del Plan
quinquenal en cuatro años. - El triunfo del socialismo en todo el frente. - El
XVII Congreso del Partido.
Después de comprobar que la industria pesada, y
sobre todo la de construcción de maquinaria, no sólo se había creado y
afianzado, sino que, además, se seguía desarrollando con ritmo bastante rápido,
se planteó ante el Partido la tarea inmediata de reconstruir todas las ramas de
la Economía nacional sobre la base de la nueva técnica moderna. Era necesario
proveer a la industria del combustible, a la metalurgia, a la industria ligera,
a la industria de la alimentación, a la industria forestal, a la industria de
guerra, al transporte y a la agricultura, de técnica nueva, moderna, de nuevas
herramientas y nueva maquinaria. En vista del aumento gigantesco de la demanda
de productos agrícolas y artículos industriales, hacíase necesario duplicar o
triplicar la producción en todas las ramas de la Economía nacional. Pero esto
no podía conseguirse más que dotando a las fábricas y empresas industriales, a
los sovjoses y coljoses, de máquinas y herramientas modernas en cantidad
suficiente, pues su viejo instrumental no estaba en condiciones de hacer frente
a semejante desarrollo de la producción.
Sin reconstruir las ramas básicas de la Economía
nacional, era imposible satisfacer las nuevas y cada vez mayores exigencias del
país y de su Economía.
Sin esta obra de reconstrucción, era imposible
llevar a término la ofensiva del socialismo en todo el frente, pues a los
elementos capitalistas de la ciudad y del campo había que darles la batalla y
dejarlos fuera de combate, no sólo con una nueva organización del trabajo y de
la propiedad, sino también con una nueva técnica, con la superioridad de la
técnica propia.
Sin esta obra de reconstrucción, era imposible
alcanzar y sobrepasar en el terreno técnico-económico a los países capitalistas
más adelantados, pues, si bien desde el punto de vista del ritmo de desarrollo
de su industria, la U.R.S.S. superaba a los países capitalistas, desde el punto
de vista del nivel de su desarrollo industrial, desde el punto de vista del
volumen de producción, la U.R.S.S. marchaba todavía muy a la zaga de ellos.
Para poder acabar con este atraso, era necesario
pertrechar a toda la Economía nacional soviética con una nueva técnica, era
necesario reconstruir todas las ramas de la economía nacional sobre la base de
una nueva técnica, de la técnica moderna.
La técnica había adquirido, por tanto, una
importancia decisiva.
El obstáculo con que se tropezaba en este terreno
no era tanto la escasez de nuevas máquinas y herramientas -pues la industria de
construcción de maquinaria estaba en condiciones de poder producir nuevo
instrumental- como la actitud equivocada, ante la técnica, de los militantes
destacados en el sector de la Economía, su menosprecio de la importancia de la
técnica en el periodo de la reconstrucción, su actitud desdeñosa hacia la
técnica. Los administradores de las empresas soviéticas entendían que la técnica
era incumbencia de los "especialistas", una cuestión secundaria,
encomendada a los "técnicos burgueses", que los comunistas que
trabajaban en el sector económico no tenían por qué inmiscuirse en la técnica
de la producción, que su misión no era ocuparse de problemas técnicos, sino de
cuestiones más importantes, a saber: de la dirección de la producción "en
general".
Se dejaba, pues, que los "especialistas"
burgueses manejasen a su arbitrio los asuntos de la producción, mientras los
comunistas que trabajaban en las organizaciones económicas se encargaban de
dirigir la producción "en general", es decir, de firmar papeles.
Huelga demostrar que, con esta actitud que se
adoptaba ante el problema, lo que se llamaba dirigir la producción "en
general" tenía que degenerar necesariamente en charlatanería sobre la
dirección "en general", firma estéril de papeles, en puro papeleo.
Es evidente que, con aquella actitud desdeñosa
hacia la técnica, que adoptaban los comunistas responsables de las
organizaciones económicas, el País Soviético jamás habría podido no ya
sobrepasar, sino ni siquiera alcanzar a los países capitalistas más adelantados.
Semejante actitud en punto a la técnica, sobre todo en el periodo de la
reconstrucción, condenaba al País Soviético al atraso, a que se amortiguara el
ritmo de desarrollo de su Economía. En el fondo, esta actitud ante la técnica
ocultaba, encubría el deseo secreto de una parte de los comunistas destacados
en las organizaciones económicas de amortiguar el ritmo de desarrollo de la
industria, de hacerlo descender y de disfrutar de una "posición
tranquila", descargando sobre los "especialistas" la
responsabilidad en cuanto a la producción.
Era necesario conseguir que los comunistas, que
trabajaban en las organizaciones económicas, se preocupasen de la técnica, que
tomasen gusto por ésta, hacerles ver que los bolsheviques destacados en el
sector económico tenían el deber fundamental de dominar la nueva técnica, que
sin dominar la nueva técnica se corría el riesgo de condenar a la Patria
Soviética al atraso y al estancamiento.
Sin resolver este problema, no era posible seguir
avanzando.
En este terreno, tuvo una importancia muy grande el
discurso del camarada Stalin en la primera conferencia de activistas de la
industria, celebrada en febrero de 1931.
"A veces, se pregunta -dijo el camarada
Stalin, en este discurso- si no se debería amortiguar algo el ritmo, contener
el movimiento. ¡No, no es posible, camaradas! ¡No se debe disminuir el
ritmo!... Amortiguar el ritmo significa quedarse atrás. Y los que se quedan
atrás son derrotados. Y nosotros no queremos ser derrotados. ¡No, no queremos!
La historia de la vieja Rusia consistía, entre
otras cosas, en que era constantemente derrotada por su atraso. La derrotaron
los Khanes mongoles. La derrotaron los Beys turcos. La derrotaron los
"panis" de Polonia y de Lituania. La derrotaron los capitalistas de
Inglaterra y Francia. La derrotaron los barones del Japón. La derrotaron todos,
por su atraso...
Marchábamos 50 ó 100 años detrás de los países más
adelantados. En diez años, tenemos que ganar este terreno. O lo hacemos, o nos
aplastan...
En un máximum de diez años debemos ganar el terreno
que nos separa de los países capitalistas más adelantados. En nuestro país, se
dan todas las posibilidades "objetivas" para ello. Lo único que nos
hace falta es el saber aprovechar verdaderamente estas condiciones. Y esto
depende de nosotros y solamente de nosotros. Es hora ya de que aprendamos a
aprovechar estas posibilidades. Es hora ya de acabar con ese punto de vista
podrido de no inmiscuirse en la producción. Es hora ya de adoptar otro punto de
vista, un punto de vista nuevo, en armonía con el periodo actual: el de
inmiscuirse en todo. El director de una fábrica debe intervenir en todos los
asuntos, escrutarlo todo, no perder de vista nada, aprender y aprender siempre.
Los bolsheviques deben dominar la técnica. Es hora ya de que los bolsheviques
se conviertan ellos mismos en técnicos. La técnica, en el periodo de la
reconstrucción, lo decide todo" (Stalin, "Problemas del
Leninismo", pág. 444-446, ed. rusa).
La importancia histórica de este discurso del
camarada Stalin consistió en que puso fin a la actitud despectiva de los
comunistas destacados en las organizaciones económicas hacia la técnica, en que
hizo que afrontasen la técnica y en que abrió una nueva etapa de lucha por el
dominio de la técnica con las fuerzas de los propios bolsheviques, facilitando
con ello el desarrollo de la reconstrucción de la Economía nacional.
Desde entonces, la técnica dejó de ser monopolio de
los "especialistas" burgueses para convertirse en un interés vital de
los propios bolsheviques destacados en el sector económico, y el nombre
despectivo de "especialista" se convirtió en un título de honor del
bolshevique familiarizado con la técnica.
En adelante, habrían de revelarse -como, en efecto,
se revelaron más tarde- destacamentos enteros, millares y decenas de millares
de especialistas rojos, familiarizados con la técnica y capacitados para
dirigir la producción.
Era una nueva generación, una generación soviética
de intelectuales, técnicos de la producción, salidos de la clase obrera y de
los campesinos, que constituyen hoy la fuerza fundamental en la dirección de la
Economía soviética.
Todo esto tenía necesariamente que facilitar, y, en
efecto, facilitó, el desarrollo de la obra de reconstrucción de la Economía
nacional.
El desarrollo de la obra de reconstrucción no
afectaba solamente a la industria y al transporte. Su ritmo era aún más intenso
en el terreno de la agricultura. Y es lógico que fuese así, pues la agricultura
disponía de menos máquinas que las demás ramas de la Economía nacional y
estaba, por tanto, más necesitada de nueva maquinaria. Y el dotar
intensivamente de nueva maquinaria a la agricultura respondía a una necesidad
especialmente grande ahora, ante el desarrollo que la organización de coljoses
adquiría por meses y por semanas, lo que representaba una demanda de nuevos
miles y miles de tractores y de nueva maquinaria agrícola.
El año 1931 imprimió un nuevo impulso al movimiento
coljosiano. En la regiones cerealistas más importantes, se agrupaban ya en los
coljoses más de 80 por 100 de todas las explotaciones campesinas. Aquí, la
colectivización total estaba ya conseguida, en lo fundamental. En las regiones
cerealistas menos importantes y en las regiones de cultivos industriales, la
colectivización afectaba a más del 50 por 100 de las explotaciones. Entre
200.000 coljoses y 4.000 sovjoses, cultivaban ya las dos terceras partes de la
superficie total de siembra, quedando para los campesinos individuales la
tercera parte solamente.
Esto representaba un triunfo formidable del
socialismo en el campo.
Pero el movimiento coljosiano no se desarrollaba
todavía en profundidad, sino en extensión, no en el sentido de mejorar la
calidad del trabajo de los coljoses y de sus cuadros, sino en el sentido de
aumentar la cantidad de coljoses y de extender el movimiento coljosiano a
nuevos y nuevos distritos. La explicación de esto está en que los activistas
coljosianos, los cuadros coljosianos, no aumentaban con la misma rapidez con
que aumentaban la cantidad de coljoses. Esto hacía que los nuevos coljoses no
siempre trabajasen satisfactoriamente y que los coljoses siguiesen siendo, por
el momento, organismos débiles, no robustecidos. Contribuían también a
amortiguar el fortalecimiento de los coljoses, hechos como la escasez en las
aldeas de personas con un mínimum de cultura que los coljoses necesitaban para
sus trabajos (para los puestos de contables, administradores y secretarios) y
la inexperiencia total de los campesinos en cuanto al régimen de las grandes
explotaciones colectivas. Los coljosianos de hoy eran los campesinos
individuales de ayer. Tenían experiencia en cuanto al modo de explotar pequeñas
parcelas, pero aun no habían aprendido a dirigir las grandes explotaciones
coljosianas. Para que pudiesen adquirir esta experiencia, tenía que pasar
tiempo.
Estas circunstancias hicieron que durante los
primeros tiempos se manifestasen deficiencias importantes en el funcionamiento
de los coljoses. Se vió que en los coljoses el trabajo estaba aún mal
organizado y que la disciplina en el trabajo era floja. En muchos coljoses, los
ingresos no se repartían con arreglo a las jornadas de trabajo, sino por
cabeza. Y se daba con frecuencia el caso de que los haraganes obtenían mayor
cantidad de trigo que los coljosianos más honrados y laboriosos. Estas
deficiencias de dirección de los coljoses hacían que los coljosianos sintiesen
decaer su interés por el trabajo, que dejasen a menudo de acudir a las faenas
hasta en las época de mayor ajetreo, que una parte de las tierras de labor de
los coljoses quedasen sin recolectar hasta que llegaba la época de las nieves,
o que las faenas de la recolección se hiciesen de mala gana, perdiendo enromes
cantidades de trigo. La ausencia de responsabilidad personal por las máquinas y
el ganado de labor, así como en el trabajo, hacía que flaquease la causa
coljosiana y disminuyeran sus ingresos.
En los distritos en que los antiguos kulaks y sus
voceros habían logrado escalar puestos de dirección en los coljoses, la
situación era especialmente mala. No pocas veces, los kulaks expropiados se
desplazaban a otros distritos, donde no les conocían, y se deslizaban en los
coljoses para sabotear y entorpecer su funcionamiento. A veces los kulaks,
aprovechándose de la falta de vigilancia por parte de los activistas del
Partido y de los Soviets, se deslizaban incluso en los coljoses de su propio
distrito. A facilitar la entrada subrepticia de los antiguos kulaks en los
coljoses, contribuía el hecho de que, en la lucha contra los coljoses, aquéllos
habían cambiado bruscamente de táctica. Antes, los kulaks luchaban abiertamente
contra los coljoses, mantenían una lucha encarnizada contra los activistas
coljosianos y los coljosianos que más se destacaban, asesinándolos a la vuelta
de una esquina, pegando fuego a sus casas y graneros, etc. Con esto, los kulaks
pretendían asustar a los campesinos, no dejarlos entrar en los coljoses. Pero
ahora, viendo que la lucha abierta contra los coljoses había fracasado,
cambiaron de táctica. Ahora, ya no tiraban con sus trabucos, sino que se hacían
pasar por personas tranquilas, pacíficas, dóciles, perfectamente adaptadas a los
Soviets. Deslizábanse en los coljoses, los saboteaban mediante su trabajo de
zapa, a la chita callando. Esforzábanse por todas partes en descomponer los
coljoses desde dentro, en relajar la disciplina del trabajo coljosiano, en
embrollar las cuentas de la cosecha y las del trabajo. Los kulaks especulaban
con el plan de exterminación del ganado caballar de los coljoses y se las
arreglaban para ocasionar la muerte de gran número de caballos. Les contagiaban
a sabiendas el muermo, la sarna y otras enfermedades, y los dejaban morirse sin
atenderlos, etc. Al mismo tiempo, averiaban los tractores y la maquinaria
agrícola.
Los kulaks lograban engañar a los coljosianos y
perpetrar impunemente sus actos de sabotaje, porque los coljoses eran aún
débiles e inexpertos, y los cuadros coljosianos no habían logrado todavía
fortalecerse.
Para poner fin al sabotaje de los kulaks en los
coljoses y acelerar el fortalecimiento de éstos, era necesario prestar a los
coljoses una ayuda rápida y seria por medio de hombres, de consejos y de
dirección.
Esta ayuda fue prestada por el Partido bolshevique.
En enero de 1933, el Comité Central del Partido tomó el acuerdo de organizar en
las estaciones de máquinas y tractores, puestas al servicio de los coljoses,
seccione políticas. Fueron enviados al campo, para trabajar en estas secciones
políticas, como ayuda a los coljoses, 17.000 activistas del Partido.
Era ésta una ayuda seria.
En dos años (1933 y 1934), las secciones políticas
de las estaciones de máquinas y tractores consiguieron realizar una gran labor
de eliminación de las deficiencias que se observaban en el funcionamiento de
los coljoses, de educación de los cuadros coljosianos, de fortalecimiento de
los coljoses y en pro de su depuración de elementos enemigos, kulaks y
saboteadores.
Las secciones políticas cumplieron con honor la
tarea que les había sido encomendada: fortalecieron los coljoses en el terreno
económico y de organización, forjaron nuevos cuadros coljosianos, organizaron
la dirección económica de los coljoses y elevaron el nivel político de las
masas coljosianas.
En la elevación de la actividad de las masas
coljosianas para la lucha por el fortalecimiento de los coljoses, tuvieron una
importancia inmensa el primer Congreso de coljosianos de choque de toda la
U.R.S.S. (celebrado en febrero de 1933) y el discurso pronunciado en él por el
camarada Stalin.
Comparando en su discurso el viejo régimen reinante
en la aldea antes de los coljoses con el nuevo régimen coljosiano, el camarada
Stalin dijo:
"Bajo el régimen antiguo, los campesinos
trabajaban individualmente, trabajaban con los viejos métodos de sus abuelos y
con las viejas herramientas de trabajo, trabajaban para los terratenientes y
capitalistas, para los kulaks y especuladores, trabajaban sin lograr matar
nunca el hambre y enriqueciendo a otros. Bajo el nuevo régimen, bajo el régimen
coljosiano, los campesinos trabajan unidos, colectivamente, en artel, trabajan
con ayuda de nuevos instrumentos, de tractores y de máquinas agrícolas, trabajan
para ellos mismos y sus coljoses, viven sin capitalistas ni terratenientes, sin
kulaks ni especuladores, trabajan para mejorar de día en día su situación
material y cultural (Stalin, "Problemas del Leninismo", pág. 528, ed.
rusa).
En su discurso, el camarada Stalin puso de
manifiesto los que salía ganando prácticamente el campesino al abrazar la senda
coljosiana. El Partido bolshevique ayudaba a las masas de millones de
campesinos pobres a entrar en los coljoses, a librarse de las garras de los
kulaks. Entrando en los coljoses y disfrutando en ellos de mejor tierra y de
mejores instrumentos de producción, las masas de millones de campesinos pobres,
que antes vivían al borde del hambre, se elevaban ahora, dentro de los
coljoses, hasta el nivel de los campesinos medios, se convertían en hombres con
una situación asegurada.
Este era el primer paso, la primera conquista
lograda en el camino del movimiento coljosiano.
El segundo paso, decía el camarada Stalin,
consistirá en elevar todavía más el nivel de los coljosianos -tanto el de los
antiguos campesinos pobres como el de los antiguos campesinos medios-,
convirtiendo a todos los coljosianos en hombres acomodados y a todos los
coljoses en coljoses bolsheviques.
"Para ser coljosianos acomodados -decía el
camarada Stalin- sólo se requiere una cosa: trabajar honradamente en el coljos,
utilizar bien los tractores y las máquinas, saber cuidar el ganado, trabajar
bien la tierra y cuidar la propiedad coljosiana" (Obra citada, págs.
532-533).
El discurso del camarada Stalin se grabó
fuertemente en la conciencia de millones de coljosianos, se convirtió en el
programa práctico, en el programa de lucha de los coljoses.
A fines de 1934, los coljoses se habían convertido
en una fuerza sólida e invencible. Por esta época, agrupaban ya a cerca de las
tres cuartas partes de todas las explotaciones campesinas de la U.R.S.S. y
englobaban cerca del 90 por 100 de la superficie total de siembra.
En 1934, trabajaban ya en la agricultura de la
U.R.S.S. 281.000 tractores y 32.000 máquinas combinadas. La siembra de
primavera del año 1934 se terminó 15 ó 20 días antes que en 1933 y 30 ó 40 días
antes que en 1932, y el plan de abastecimiento de trigo fue ejecutado 3 meses
antes que en 1932.
Así fue como en un plazo de dos años se
fortalecieron los coljoses, gracias a la formidable ayuda que les prestaron el
Partido y el Estado obrero y campesino.
El sólido triunfo del régimen coljosiano y el
florecimiento de la agricultura determinado por él dieron al Poder Soviético la
posibilidad de abolir el sistema de racionamiento del pan y de otros artículos
e implantar el sistema de la venta libre para los productos alimenticios.
Una vez que las secciones políticas de las
estaciones de máquinas y tractores, creadas como órganos políticos
provisionales, hubieron cumplido su misión, el Comité Central tomó el acuerdo
de transformarlas en órganos normales del Partido, fundiéndolas con los Comités
de distrito existentes.
Todos estos éxitos, lo mismo los logrados en el
terreno de la agricultura que los conseguidos en la esfera de la industria
fueron conquistados gracias a la ejecución victoriosa del Plan quinquenal.
A comienzos de 1933, se evidenció que el primer
Plan quinquenal estaba ya cumplido y cumplido antes del plazo, en el término de
cuatro años y tres meses.
Fue éste un triunfo grandioso, un triunfo de
alcance histórico mundial, de la clase obrera y de los campesinos de la
U.R.S.S.
En el informe pronunciado por él en el Pleno de
Comité Central y de la Comisión de Control del Partido, celebrado en enero de
1933, el camarada Stalin hizo el balance del primer Plan quinquenal. Según se
puso de manifiesto en este informe, el Partido y el Poder Soviético habían
conseguido durante el periodo que acababa de transcurrir, durante el periodo
del primer Plan quinquenal, los siguientes resultados fundamentales:
a) La U.R.S.S. se había convertido de un país
agrario en un país industrial, puesto que el peso específico de la producción
industrial dentro del volumen de la producción de toda la Economía nacional
había aumentado hasta el 70 por ciento.
b) El sistema socialista de la Economía había
acabado con los elementos capitalistas en la industria, y se había convertido
en el único sistema económico imperante en el terreno industrial.
c) El sistema socialista de la Economía había
acabado con los kulaks como clase en la agricultura, y se había convertido en
la fuerza dominante de la Economía agraria.
d) El régimen coljosiano había acabado con la
miseria, con la pobreza en el campo, elevando a decenas de millones de
campesinos pobres al nivel de hombres con una vida asegurada.
e) El sistema socialista de la industria había
acabado con el paro forzoso, mantenido la jornada de ocho horas en una serie de
ramas de producción, implantado la jornada de siete horas en la inmensa mayoría
de la empresas industriales e introducido la jornada de seis horas en las
empresas nocivas para la salud.
f) El triunfo del socialismo en todas las ramas de
la Economía nacional había acabado con la explotación del hombre por el hombre.
La importancia de estas conquistas logradas por el
primer Plan quinquenal consistía, ante todo, en que habían liberado
definitivamente a los obreros y campesinos del yugo de la explotación, abriendo
a todos los trabajadores de la U.R.S.S. el camino para asegurarse una vida
acomodada y culta.
En enero de 1934, se reunió el XVII Congreso del
Partido. Tomaron parte en él 1.225 delegados con voz y voto y 736 con voz
solamente, representando a 1.874.488 afiliados y 935.298 aspirantes.
El Congreso hizo el balance de la labor del Partido
durante el periodo que acababa de transcurrir, registró los éxitos decisivos
alcanzados por el socialismo en todas las ramas de la Economía y de la cultura
y comprobó que la línea general del Partido había triunfado plenamente.
El XVII Congreso del Partido ha pasado a la
historia con el nombre de "Congreso de los vencedores".
En su informe ante el Congreso, el camarada Stalin
señaló las transformaciones radicales que se habían operado en la U.R.S.S.
durante el periodo de referencia:
"Durante este periodo, la U.R.S.S. se ha
transformado radicalmente, perdiendo su fisonomía de atraso y de medievalismo.
Se ha convertido de un país agrario en un país industrial. Se ha convertido de
un país de pequeñas explotaciones agrícolas individuales en un país de grandes
explotaciones agrícolas colectivas y mecanizadas. Se ha convertido -mejor
dicho, se está convirtiendo-de un país oscurantista, analfabeto e inculto en un
país instruido y culto, cubierto con una red formidable de escuelas superiores,
medias y elementales, que enseñan en las lenguas de las diversas nacionalidades
de la U.R.S.S." (Stalin, "Problemas del Leninismo", pág. 553,
ed. rusa).
Por esta época, la industria socialista constituía
ya el 99 por ciento de toda la industria del país. La agricultura socialista
-los coljoses y los sovjoses- englobaban cerca del 90 por ciento de la
superficie total de siembra del país. Por lo que se refiere a la circulación de
mercancías, habían sido desalojados totalmente del comercio los elementos
capitalistas.
Al implantar la nueva política económica, Lenin
había dicho que en el País Soviético se daban elementos propios de cinco
formaciones económico-sociales. La primera formación era la de la Economía
patriarcal, que es, en un grado considerable, una Economía de tipo natural, es
decir, que apenas mantiene relaciones comerciales. La segunda formación era la
de la pequeña producción de mercancías, formada por la mayoría de los
propietarios campesinos que se dedicaban a la venta de productos agrícolas y
por los artesanos. En los primeros años de la NEP, esta formación económica
comprendía a la mayoría de la población. La tercera formación era la del
capitalismo privado, que comenzó a salir de su postración en los primeros
tiempos de la NEP. La cuarta formación era la del capitalismo de Estado,
formado principalmente por las concesiones, que no lograron adquirir un
desarrollo de alguna importancia. La quinta formación era la del socialismo, la
industria socialista, que, por aquel entonces, era aún débil, los sovjoses y
coljoses, que al comienzo de la NEP sólo ocupaban un lugar insignificante en la
Economía nacional, y el comercio del Estado y las cooperativas, que en los
primeros tiempos de la NEP eran también bastantes débiles.
Lenin señalaba que era la formación socialista la
que habría de predominar entre todas estas formaciones.
La nueva política económica se orientaba hacia el
triunfo completo de las formas socialistas de la Economía.
Al celebrarse el XVII Congreso del Partido, esta
aspiración era ya una realidad.
"Ahora, podemos decir -manifestaba a este
propósito el camarada Stalin- que la primera, la tercera y la cuarta
formaciones económico-sociales ya no existen, que la segunda formación
económico-social ha sido relegada a segundo plano, y que la quinta formación
económico-social, la formación socialista, es la única dominante, la única
fuerza de mando de toda la Economía nacional" (Obra citada, pág. 555).
En el informe del camarada Stalin ocupaban un lugar
importante los problemas de dirección ideológico-política. El camarada Stalin
advertía al Partido que, si bien es cierto que los enemigos del Partido, los
oportunistas de todas las calañas y los portavoces de las desviaciones
nacionalistas de todos los matices, habían sido derrotados, los vestigios de su
ideología vivían aún en las cabezas de algunos miembros del Partido y se
manifestaban no pocas veces. Las supervivencias del capitalismo en la Economía
y, sobre todo, en la conciencia de los hombres, eran el terreno propicio que
podía infundir nueva vida a la ideología de los grupos antileninistas
derrotados. La conciencia de los hombres va, en su desarrollo, a la zaga de su
situación económica. Por eso, aunque el capitalismo estuviese liquidado en la
Economía, en las cabezas de los hombres se mantenían y seguían manteniéndose
aún supervivencias de las ideas burguesas. Además, no había que perder de vista
que el cerco capitalista, contra el cual había que estar siempre alerta, se
esforzaba en reavivar y apoyar estas supervivencias.
El camarada Stalin deteníase a examinar, entre
otras cosas, las supervivencias del capitalismo en la conciencia de los hombres
en lo tocante al problema nacional, donde conservaban una vitalidad
especialmente grande. El Partido bolshevique luchaba en dos frentes, tanto
contra la desviación del chovinismo gran ruso como contra la desviación del
nacionalismo localista. En una serie de Repúblicas (Ucrania, Bielorrusia y
otras), las organizaciones del Partido habían cejado en la lucha contra el
nacionalismo localista, dejándole desarrollarse, hasta soldarse con las fuerzas
enemigas, con los intervensionistas, hasta convertirse en un peligro para el
Estado. Contestando a la pregunta de cuál desviación en punto al problema
nacional constituía el peligro más importante, el camarada Stalin decía:
"El peligro más importante lo constituye
aquella desviación contra la que se ha dejado de luchar, permitiendo de este
modo que se desarrolle hasta convertirse en un peligro para el Estado"
(Obra citada, pág. 587).
El camarada Stalin incitaba al Partido a reforzar
su labor ideológico política, a desenmascarar sistemáticamente la ideología y
los vestigios ideológicos de las clases enemigas y de las corrientes hostiles
al leninismo.
El camarada Stalin señalaba, asimismo, en su
informe, que el hecho de tomar decisiones acertadas no bastaba para garantizar
el éxito de la causa. Para garantizar el éxito de la causa, era necesario
situar acertadamente a los hombres capaces de llevar a la práctica las
decisiones de los órganos dirigentes, y organizar el control de la ejecución de
estas decisiones. Sin estas medidas de organización, las decisiones corrían el
peligro de quedar reducidas a disposiciones sobre el papel, desligadas de la
realidad. En este punto, el camarada Stalin se remitía a la conocida tesis de
Lenin, según la cual lo fundamental en el trabajo de organización es la
selección de los hombres y el control de la ejecución. Además, subrayaba que la
falta de continuidad entre las decisiones adoptadas y el trabajo de
organización para llevarlas a la práctica y controlar su ejecución era el
defecto fundamental de nuestra actuación práctica.
Con el fin de perfeccionar el control de la
ejecución de las decisiones del Partido y del Gobierno, el XVII Congreso del
Partido creó -en sustitución de la Comisión Central de Control y de la
Inspección Obrera y Campesina, que había cumplido ya su misión desde los
tiempos del XII Congreso del Partido- la Comisión de Control del Partido,
adscrita al Comité Central del P.C. (b) de la U.R.S.S., y la Comisión de
Control Soviético, adscrita al Consejo de Comisarios del Pueblo de la U.R.S.S.
El camarada Stalin formulaba así las tareas de
organización del Partido en la nueva etapa:
1) Ajustar el trabajo de organización a las
exigencias de la línea política del Partido;
2) Elevar la dirección organizativa al nivel de la
dirección política;
3) Conseguir que la dirección organizativa
garantice plenamente la realización de las consignas políticas y de las
decisiones del Partido.
El camarada Stalin puso fin a su informe
advirtiendo que, si bien los éxitos del socialismo eran grandes y producían un
sentimiento de legítimo orgullo, no había que dejarse seducir por los éxitos
alcanzados, no había que "vanagloriarse" ni adormecerse sobre los
laureles.
"...No hay que adormecer al Partido, sino
desarrollar en él el espíritu de vigilancia; no hay que arrullarlo, sino
mantenerlo en pie de guerra; no hay que desarmarle, sino armarle; no hay que
desmovilizarlo, sino mantenerlo en estado de movilización para la ejecución del
segundo Plan quinquenal" -indicaba el camarada Stalin (Obra citada, pág.
596).
Los camaradas Molotov y Kuibyshev informaron ante
el XVII Congreso del Partido sobre el segundo Plan quinquenal de desarrollo de
la Economía nacional. Las tareas del segundo Plan quinquenal eran todavía más
grandiosas que las del primero. Hacia el final del segundo Plan quinquenal, en
1937, la producción industrial habría de ser, aproximadamente, ocho veces mayor
que la de antes de la guerra. El segundo Plan quinquenal preveía, en toda la
Economía nacional, obras básicas por valor de 133.000 millones de rublos,
contra los 64.000 y pico millones de rublos destinados a estos rubros en el
primer Plan quinquenal.
Este gigantesco volumen de obras básicas
garantizaba la total renovación del equipo técnico de todas las ramas de la
Economía nacional.
El segundo Plan quinquenal había de llevar a cabo,
en lo fundamental, la mecanización de la agricultura. La potencia total de los
tractores en todo el país aumentaría de 2.250.000 caballos de fuerza, en 1932,
a 8 millones y pico, en 1937. Y se preveía la vasta implantación de un sistema
de medidas de técnica agraria (una acertada rotación de cultivo, siembra con
semillas seleccionadas, labores de otoño, etc).
Se proyectaba una gran labor para la reconstrucción
técnica de los transportes y comunicaciones.
Se trazaba un vasto programa encaminado a seguir
elevando el nivel material y cultural de los obreros y campesinos.
El XVII Congreso consagró gran atención a los
problemas de organización y tomó, sobre la base del informe del camarada
Kaganovich acuerdos especiales sobre los problemas referentes a la obra del
desarrollo del Partido y de los organismos soviéticos. El problema de
organización adquiría una importancia aún mayor al triunfar la línea general
del Partido, al ser probada en la vida misma la política del Partido mediante
la experiencia de millones de obreros y campesinos. Las nuevas y complejas
tareas que se trazaba el segundo Plan quinquenal exigían que se elevase la
calidad del trabajo en todos los órdenes.
"Las tareas fundamentales del segundo Plan
quinquenal -la liquidación definitiva de los elementos capitalistas, la
superación de las supervivencias del capitalismo en la economía y en la
conciencia de los hombres, el remate de la obra de reconstrucción de toda la
Economía nacional sobre la base de la técnica más moderna, la asimilación de la
nueva técnica y de la dirección de las nuevas empresas, la mecanización de la
agricultura y la elevación de su productividad- plantea con toda su fuerza el
problema de elevar la calidad del trabajo en todos los órdenes y, en primer
lugar, la calidad de la dirección práctica en materia de organización"
decíase en los acuerdos del Congreso sobre los problemas de organización
("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte II, pág. 591).
En el XVII Congreso, se aprobaron los nuevos
estatutos del Partido, que se diferencian de los antiguos, ante todo, en que
contienen una parte de introducción. En ésta, se da una breve definición del
Partido Comunista, de su significación para la lucha del proletariado y del
puesto que ocupa dentro del sistema de los órganos de la dictadura proletaria.
Los nuevos estatutos enumeran detalladamente los deberes de los afiliados. En
ellos se estipulan normas más severas para el ingreso al Partido y un punto sobre
los grupos de simpatizantes. En estos estatutos, se expone más en detalle el
problema de la estructura orgánica del Partido y son formulados de un modo
nuevo los puntos sobre las antiguas células del Partido u organizaciones
primarias de éste, como se vienen llamando desde el XVII Congreso. También
aparecen formulados de un modo nuevo en estos estatutos los puntos referentes a
la democracia interna y a la disciplina de Partido.
4. Los bujarinistas degeneran en falsarios
políticos. - Los falsarios trotskistas degeneran en una banda de asesinos y
espías guardias blancos. - Infame asesinato de S. M. Kirov. - Medidas del
Partido para reforzar la vigilancia de los bolsheviques.
Los éxitos del socialismo en el País Soviético
llenaban de alegría, no solamente al Partido, a los obreros y a los
coljosianos. Llenaban de alegría también a todos los intelectuales soviéticos,
a todos los ciudadanos honrados de la U.R.S.S.
Los restos de las clases explotadoras derrotadas no
compartían esta alegría, sino que, lejos de ello, su irritación crecía cada vez
más.
Estos éxitos hacían estremecerse de rabia a los
portavoces de las clases derrotadas, a los míseros restos de los bujarinistas y
los trotskistas.
Estos señores no enfocaban las conquistas de los
obreros y los coljosianos desde el punto de vista de los intereses del pueblo,
que acogía con entusiasmo cada uno de estos éxitos, sino desde el punto de
vista de los intereses de su mísero grupo fraccional, grupo desligado de la
realidad y podrido hasta la médula. Como los éxitos del socialismo en el País
Soviético significaban el triunfo de la política del Partido y la bancarrota
definitiva de la política de aquellos señores, éstos, en vez de allanarse a la
evidencia y de sumarse a la obra común, comenzaron a vengarse en el Partido y
en el pueblo de su propio fracaso, de su propia bancarrota, comenzaron a
entorpecer y sabotear la obra de los obreros y los coljosianos, a derrumbar
minas, a incendiar fábricas, a cometer actos de sabotaje en los coljoses y en
los sovjoses, con el fin de socavar las conquistas de los obreros y coljosianos
y de provocar el descontento del pueblo contra el Poder Soviético. Pero, para
preservar en esta labor a su mísero grupo contra el peligro de ser
desenmascarado y aplastado, se pusieron la careta de hombres fieles al Partido,
comenzaron a hacer cada vez mayores reverencias ante éste, a glorificar al
Partido y a prosternarse ante él, mientras en la práctica proseguían a
escondidas su labor de zapa contra obreros y campesinos.
En el XVII Congreso, Bujarin, Rykov y Tomski
pronunciaron discursos de arrepentimiento, ensalzando al Partido y poniendo por
las nubes sus éxitos. Pero el Congreso percibió el tono insincero y falso de
sus discursos, pues lo que el Partido pide a sus afiliados no es que ensalcen y
canten loas a sus éxitos, sino que trabajen honradamente en el frente del
socialismo, que era precisamente lo que hacía mucho tiempo que no se veía en
los bujarinistas. El partido comprendió que, en realidad, los farisaicos discursos
de estos señores eran señas cambiadas con sus adeptos no presentes en el
Congreso, enseñándoles el camino de la falsía e incitándolos a no deponer las
armas.
En el XVII Congreso, intervinieron también los
trotskistas Zinoviev y Kamenev, flagelándose hasta la exageración por sus
errores y ensalzando al Partido -también hasta la exageración- por sus éxitos.
Pero el Congreso no pudo dejar de advertir que, tanto aquella nauseabunda
flagelación como aquel empalagoso ensalzamiento del Partido, no eran más que el
reverso de la conciencia sucia e intranquila de estos señores. Sin embargo, el
Partido aun no sabía no sospechaba siquiera que, al mismo tiempo que pronunciaban
sus melifluos discursos en el Congreso, estos individuos se ocupaban de la
preparación del infame asesinato de S. M. Kirov.
El 1 de diciembre de 1934, Sergio Mironovich Kirov
fue vilmente asesinado en Leningrado, en el Smolny, de un tiro de revólver.
El asesino, apresado en el lugar del crimen,
resultó ser miembro del grupo contrarrevolucionario clandestino que había sido
organizado por algunos de los componentes del grupo zinovievista antisoviético
de Leningrado.
El asesinato de S. M. Kirov, figura querídisima del
Partido y de la clase obrera, provocó la más furiosa cólera y el más profundo
dolor entre los trabajadores del País Soviético.
En el sumario abierto se comprobó que, en el año de
1933 a 1934, había sido constituido en Leningrado, por algunos antiguos
componentes de la oposición zinovievista, un grupo terrorista
contrarrevolucionario clandestino, al frente del cual figuraba el llamado
"centro de Leningrado". Este grupo habíase trazado como objetivo
asesinar a los dirigentes del Partido Comunista. La primera víctima que había
de caer era S. M. Kirov. Por las declaraciones de los encartados en este grupo
contrarrevolucionario, se comprobó que estaban en relación con representantes
de Estados capitalistas extranjeros, de quienes habían recibido dinero.
Convictos y confesos, los copartícipes de esta
organización fueron condenados por la Sala Militar del Tribunal Supremo de la
U.R.S.S. a la última pena, al fusilamiento.
Poco después, se comprobó la existencia de la
organización contrarrevolucionaria clandestina llamada "centro de
Moscú". El sumario y la vista del proceso pusieron de manifiesto el infame
papel desempeñado por Zinoviev, Kamenev, Ievdokimov y otros dirigentes de esta
organización en la obra de inculcar a sus correligionarios las ideas
terroristas y de preparar el asesinato de los miembros del Comité Central y del
Gobierno Soviético.
La doblez y la vileza de estos individuos llegaban
a tal punto, que Zinoviev -uno de los organizadores e inspiradores del
asesinato de S. M. Kirov, que había apremiado al asesino para que perpetrase
cuanto antes el crimen- escribió una necrología elogiosísima de Kirov,
exigiendo su publicación.
Fingiendo, en la vista del proceso, que se
arrepentían de sus crímenes, los zinovievistas siguieron dando prueba de falsía
hasta en este momento. Ocultaron sus relaciones con Trotskis. Ocultaron que, en
unión de los trotskistas, se habían vendido a los servicios de espionaje
fascistas, ocultaron sus actos de espionaje y sabotaje. Los zinovievistas
silenciaron ante el Tribunal sus relaciones con los bujarinistas, la existencia
de una banda unificada trotskista-bujarinista de servidores a sueldo del fascismo.
El asesinato del camarada Kirov había sido
perpetrado, como se demostró más tarde, por esta banda unificada de trotskistas
y bujarinistas.
Ya entonces, en 1935, era evidente que el grupo
zinovievista constituía una organizaciójn encubierta de guardias blancos, cuyos
componentes no merecían ser tratados más que como tales guardias blancos.
Un año después, se supo que los organizadores
auténticos, directos y efectivos del asesinato de Kirov y de las medidas
preparatorias, encaminadas al asesinato de los miembros del Comité Central
habían sido Trotski, Zinoviev, Kamenev y sus cómplices. Fueron entregados a los
tribunales Zinoviev, Kamenev, Bakaiev, Ievdokimov, Pikel, I. N. Smirnov,
Mrachkovski, Tervaganián, Reingold y otros. Los criminales, cogidos con las
manos en la masa, no tuvieron más remedio que reconocer públicamente, ante sus
jueces, que no sólo habían organizado el asesinato de Kirov, sino que
preparaban también el de todos los demás dirigentes del Partido y del Gobierno.
El sumario puso de manifiesto, además, que estos desalmados se dedicaban
también a la organización de actos diversivos y de espionaje. En la vista del
proceso, celebrado en Moscú en 1936, se puso al desnudo toda la monstruosa
abyección moral y política de estos individuos, toda su repugnante bajeza y
traición, que venían encubriendo con hipócritas declaraciones de lealtad al
Partido.
El principal inspirador y organizador de toda esta
banda de asesinos y espías era el judas Trotski. Le servían de auxiliares y
ejecutores de sus órdenes contrarrevolucionarias Zinoviev, Kamenev y sus
satélites trotskistas. Preparaban la derrota de la U.R.S.S. para cuando fuese
atacada por los imperialistas, habían abrazado el camino del derrotismo con
respecto al Estado obrero y campesino y se habían convertido en servidores y
agentes despreciables de los fascistas alemanes y japoneses.
La enseñanza fundamental que las organizaciones del
Partido debían sacar de los procesos seguidos en la causa por el alevoso
asesinato de S. M. Kirov consistía en acabar en acabar con su propia ceguera
política, en acabar con su despreocupación política, en reforzar su vigilancia
y la de todos los afiliados al Partido.
En la carta dirigida a las organizaciones del
Partido por el Comité Central con motivo del infame asesinato de S. M. Kirov,
se decía:
a) "Es necesario acabar con esa benignidad
oportunista que parte del supuesto erróneo de que, a medida que se desarrollan
nuestras fuerzas, el enemigo se hace más dócil y más inofensivo. Este supuesto
es radicalmente falso. Es un eructo de la desviación derechista consistente en
asegurar a todo el mundo que los enemigos se deslizarán suavemente hacia el
socialismo y acabarán siendo, en fin de cuentas, verdaderos socialistas. No es
propio de bolsheviques dormirse sobre los laureles y pensar en las musarañas.
Lo que necesitamos no es benignidad, sino vigilancia, una verdadera vigilancia
revolucionaria, bolshevique. No hay que olvidar que cuando más desesperada sea
la situación de nuestros enemigos, de mejor grado recurrirán a los "medios
extremos", como los únicos de que disponen gentes fatalmente condenadas al
fracaso en su lucha contra el Poder Soviético. Hay que tener presente esto y
permanecer vigilantes".
b) "Es necesario conceder la debida
importancia a la enseñanza de la historia del Partido entre sus afiliados, al
estudio de todos y cada uno de los grupos antibolsheviques de que nos habla la
historia de nuestro Partido, de sus métodos de lucha contra la línea del
Partido, de su táctica, y, más aún, la estudio de la táctica y los métodos de
lucha de nuestro Partido contra los grupos antibolsheviques, táctica y métodos
de lucha que permitieron a nuestro Partido vencer y aplastar a estos grupos. Es
necesario que los afiliados al Partido conozcan, no solamente cómo nuestro
Partido combatió y derrotó a los kadetes, a los socialrrevolucionarios, a los
mensheviques, a los anarquistas, sino también cómo ha combatido y derrotado a
los trotskistas, a los "centralistas democráticos", a la
"oposición obrera", a los zinovievistas, a los portavoces de
desviaciones derechistas, a los monstruos
derechistas-"izquierdistas", etc. No se debe olvidar que el
conocimiento y la comprensión de la historia de nuestro Partido constituyen un
medio importantísimo, necesario para asegurar plenamente la vigilancia
revolucionaria de los afiliados al Partido".
En este periodo, tuvieron una importancia inmensa
la depuración de las filas del Partido de los elementos maquillados y extraños,
depuración que comenzó en 1933, y, sobre todo, la escrupulosa revisión de los
documentos acreditativos de la condición de miembro del Partido y la
sustitución de los antiguos por otros nuevos, operación que se emprendió
después del infame asesinato de S. M. Kirov.
Hasta que se llevó a cabo esta revisión, en muchas
organizaciones del Partido reinaban la arbitrariedad y el descuido respecto a
los carnets de afiliados. En una serie de organizaciones locales, se descubrió
un estado absolutamente intolerable de caos en punto al registro de afiliados
al Partido, de lo que se aprovechaban los enemigos para sus sucios fines,
utilizando el carnet del Partido como pantalla para actos de espionaje y de
sabotaje, etc. Muchos dirigentes de organizaciones del Partido confiaban todo
lo referente a los ingresos en el Partido y a la entrega de carnets a personas
de tercera fila, y, a veces, a afiliados sin garantía alguna.
En una carta especial dirigida el 13 de mayo de
1935 a todas las organizaciones acerca del registro de afiliados y de la
entrega y custodia de los carnets, el Comité Central disponía que en todas las
organizaciones se procediese a revisar escrupulosamente los documentos
acreditativos de la condición de comunista, "poniendo un orden bolshevique
en nuestra propia casa, en el Partido".
La revisión de los documentos del Partido encerraba
una gran importancia política. En la resolución votada por el Pleno del Comité
Central del Partido el 25 de diciembre de 1935, en base al informe del
Secretario del C.C., camarada Ezhov, sobre los resultados de la revisión de
documentos efectuada, se decía que esta revisión era una medida política y de
organización de enorme importancia para el afianzamiento de las filas del P. C.
(b) de la U.R.S.S.
Después de llevarse a cabo la revisión y el canje
de los documentos acreditativos de la condición de comunista, se reanudó el
ingreso de nuevos afiliados. Pero el C. C. Exigió que las filas del Partido se
completasen -no dando el ingreso en bloque, sino sobre la base del examen
rigurosamente individual de cada caso- "con los hombres realmente
avanzados y realmente entregados a la causa de la clase obrera, con los mejores
hombres de nuestro país, sobre todo, obreros, pero también campesinos e intelectuales
trabajadores, probados en los diversos sectores de la lucha por el
socialismo".
Al reanudarse la admisión de nuevos afiliados, el
Comité Central señaló a las organizaciones del Partido el deber en que estaban
de no olvidar que también en lo sucesivo intentarían los elementos enemigos
deslizarse en las filas del P. C. (b) de la U.R.S.S. Por tanto,
"es deber de toda organización del Partido
reforzar por todos los medios la vigilancia bolshevique, mantener en alto la
bandera del Partido leninista y garantizar al Partido que no se deslizaran en
sus filas elementos extraños, enemigos ni fortuitos" (Disposición del P.C.
(b) de la U.R.S.S. del 29 de septiembre de 1936, publicado en el núm. 270 de la
"Pravda", año 1936).
Depurando y fortaleciendo sus filas, destruyendo a
los enemigos del Partido y luchando implacablemente contra las deformaciones de
su línea, el Partido bolshevique reforzó todavía más su cohesión en torno al
Comité Central, bajo cuya dirección el Partido y el país de los Soviets
marchaban hacia la nueva etapa, hacia la etapa en que se pondría remate a la
edificación de la sociedad sin clases, de la sociedad socialista.
RESUMEN
En los años de 1930 a 1934, el Partido bolshevique
resolvió la tarea histórica más difícil de la revolución proletaria, después de
la conquista del Poder: la de llevar a millones de pequeños propietarios
campesinos a la senda de los coljoses, a la senda del socialismo.
La liquidación de los kulaks, como clase
explotadora más numerosa, y el encauzamiento de las grandes masas campesinas
por la senda de los coljoses condujeron a la destrucción de las últimas raíces
del capitalismo en el país, al triunfo total del socialismo en la agricultura y
a la consolidación definitiva del Poder Soviético en el campo.
Después de vencer una serie de dificultades de
organización, los coljoses se afianzaron definitivamente y comenzaron a marchar
por la senda de una vida próspera.
Como resultado de la ejecución del primer Plan
quinquenal, se levantaron en el País Soviético los cimientos inconmovibles de
la Economía socialista: se construyó una industria pesada socialista de primera
clase y una agricultura colectiva mecanizada, se acabó con el paro forzoso y
con la explotación del hombre por el hombre, y se crearon las condiciones
necesarias para el mejoramiento ininterrumpido de la situación material y
cultural de los trabajadores de la Patria socialista.
Estos éxitos gigantescos fueron logrados por la
clase obrera, por los coljosianos y por todos los trabajadores del País
Soviético, gracias a la política intrépida, revolucionaria y sabia del Partido
y del Gobierno.
El cerco capitalista, aspirando a debilitar y minar
la potencia de la Unión Soviética, reforzó su "trabajo" encaminado a
organizar dentro de la U.R.S.S. bandas de asesinos, saboteadores y de espías.
La actividad hostil contra la U.R.S.S. del cerco capitalista recrudeció
especialmente después del ascenso al Poder de los fascistas en Alemania y el
Japón. Los trotskistas y los zinovievistas entraron al servicio del fascismo,
como criados leales, dispuestos a cometer actos de espionaje, de sabotaje, de
terrorismo y de diversionismo, dispuestos a laborar por la derrota de la
U.R.S.S., todo en nombre de la restauración del capitalismo.
El Poder Soviético castigó con mano férrea a estos
abortos del género humano y les dio implacablemente su merecido, como a
verdaderos enemigos del pueblo y traidores a la patria.
XII
EL PARTIDO BOLSHEVIQUE EN
LA LUCHA POR EL CORONAMIENTO DE LA EDIFICACIÓN DE LA SOCIEDAD SOCIALISTA E
IMPLANTACIÓN DE LA NUEVA CONSTITUCIÓN (1935-1937)
1. La situación internacional en los años 1935 a
1937. - Amortiguamiento temporal de la crisis económica. - Comienza una nueva
crisis económica. - La ocupación de Abisinia por Italia. - La intervención
germano-italiana en España. - Invasión de la China central por los japoneses. -
Comienza la segunda guerra imperialista.
La crisis económica, que se había iniciado en los
países capitalistas en la segunda mitad del año 1929, prosiguió hasta fines de
1933. A partir de esta fecha, el descenso de la industria se contuvo, la crisis
se estancó, y, algún tiempo después, la industria comenzó a reanimarse algo,
experimentó un cierto auge. Pero, no era el auge que precede a un proceso de
florecimiento industrial sobre una base nueva y más alta. La industria mundial
capitalista no logró recobrar ni siquiera el nivel del año 1929; hacia mediados
de 1937, sólo había logrado remontarse hasta el 95 ó 96 por 100 de aquel nivel.
Y en la segunda mitad de 1937, se iniciaba ya una nueva crisis económica, que
afectaba, sobre todo, a los Estados Unidos. A fines de 1937, la cifra de
obreros parados en los Estados Unidos volvía a elevarse hasta 10 millones de
hombres. En Inglaterra, comenzaba a crecer también rápidamente el número de
obreros parados.
Por tanto, cuando aún no habían tenido tiempo de
reponerse de los golpes de la reciente crisis económica, los países
capitalistas veíanse obligados a hacer frente a una nueva crisis.
Esta circunstancia acentuó todavía más las
contradicciones existentes entre los países imperialistas, así como las
contradicciones entre la burguesía y el proletariado. En relación con esto,
recrudecieron más y más los intentos de los Estados agresores de resarcirse de
las pérdidas ocasionadas por la crisis económica dentro del país a costa de
otros países mal defendidos. En estas tentativas se unió a los dos conocidos
Estados agresores, Alemania y el Japón, un tercer Estado: Italia.
En 1935, la Italia fascista se lanzó sobre Abisinia
y la esclavizó. La agredió, sin tener el menor fundamento ni el menor pretexto
desde el punto de vista del "Derecho internacional", sin declaración
de guerra, de un modo furtivo, como es ahora moda entre los fascistas. Este
golpe no iba dirigido solamente contra Abisinia, sino también contra
Inglaterra, contra sus comunicaciones marítimas entre Europa y la India, con el
Asia. Los intentos de Inglaterra para impedir que Italia se adueñase de Abisinia
no dieron resultado. Para tener las manos libres, Italia salió más tarde de la
Sociedad de las Naciones y comenzó a armarse intensivamente.
De este modo, se formó un nuevo foco de guerra en
las rutas marítimas más cortas entre Europa y Asia.
La Alemania fascista rompió con un acto unilateral
el tratado de paz de Versalles y se propuso ejecutar el plan de revisar por la
fuerza las fronteras de los Estados europeos. Los fascistas alemanes no
ocultaban que su mira era someter a su imperio a los Estados vecinos o, por lo
menos, apoderarse de los territorios de estos Estados habitados por alemanes.
Según este plan, se procedería primeramente a la ocupación de Austria, luego se
descargaría el golpe contra Checoslovaquia, en seguida tal vez contra Polonia,
donde existe también todo un territorio poblado por alemanes y fronterizo de
Alemania; más adelantes..., más adelante, "ya se vería".
En el verano de 1935, comenzó la intervención
armada de Alemania e Italia contra la República española. Con el pretexto de
ayudar a los fascistas españoles, Italia y Alemania pudieron ir situando por
debajo de cuerda sus unidades militares en el territorio de España, a
retaguardia de Francia, y sus escuadras, en las aguas españolas, en la zona de
las Islas Baleares y de Gibraltar, en el Sur, en la zona del Océano Atlántico,
en el Oeste y en la del golfo de Vizcaya, en el Norte. A comienzos de 1938, los
fascistas alemanes ocuparon Austria, clavando su zarpa en la región central del
Danubio y extendiéndose por el Sur de Europa hasta las cercanías del Mar
Adriático.
Al desplegar su intervención contra España, los
fascistas germano-italianos aseguraban a todo el mundo que ellos sólo luchaban
contra los "rojos" españoles y que no perseguían ningún otro
objetivo. Pero esto no era más que un burdo y torpe subterfugio, bueno para
engañar a los tontos. En realidad, el golpe iba dirigido contra Inglaterra y
contra Francia, pues los fascistas interceptaban las comunicaciones marítimas
de estos países con sus formidables posesiones coloniales de Africa y Asia.
Por lo que se refiere a la ocupación de Austria, no
había ni el menor asidero para encuadrarla dentro del marco de la lucha contra
el tratado de Versalles, dentro del marco de la defensa de los intereses
"nacionales" de Alemania y de su aspiración de recobrar los
territorios perdidos con motivo de la primera guerra imperialista. Austria no
formaba parte de Alemania, ni antes de la guerra ni después de ella. La anexión
por la fuerza de Austria por Alemania no es más que un acto descaradamente imperialista
de ocupación de un territorio extranjero. Este acto revela, indudablemente, la
aspiración de la Alemania fascista a conseguir una posición dominante en el
continente de la Europa occidental.
Era un golpe asestado, en primer lugar, a los
intereses de Francia e Inglaterra.
De este modo, se formaron nuevos focos de guerra en
el Sur de Europa, en la zona de Austria y del Adriático, y en la punta extrema
del Occidente europeo, en la zona de España y de los mares que bañan la
península ibérica.
En 1937, los militaristas fascistas japoneses se
apoderaron de Pekín, invadieron la China central y ocuparon Shanghai. La
invasión de la China central por las tropas japonesas se llevó a cabo, lo mismo
que la de Manchuria unos años atrás, con arreglo al método japonés, es decir,
subrepticiamente, por medio de embrollos de ratero, pretextando diversos
"incidentes locales" provocados por los mismos japoneses, violando de
hecho todas y cada una de las "normas internacionales", tratados,
convenios, etc. La ocupación de Tientsin y de Shanghai ponía en manos de los
japoneses la llave del comercio con China, con su inmenso mercado. Esto quiere
decir que, mientras tenga en sus manos Shanghai y Tientsin, el Japón podrá en
cualquier momento desalojar de la China central a Inglaterra y a los Estados
Unidos, que tienen inversiones gigantescas en aquel territorio.
Claro está que la heroica lucha del pueblo chino y
de su ejército contra los invasores japoneses, el formidable movimiento
nacional de China, las gigantescas reservas de hombres y de territorio de este
país y, finalmente, la decisión del Gobierno nacional chino de mantener la
lucha de liberación de China hasta el final, hasta arrojar al último invasor al
otro lado de las fronteras del país, son otros tantos testimonios indudables de
que los imperialistas japoneses no han podido ni podrán adueñarse de China.
Pero tampoco puede desconocerse, por otra parte,
que el Japón sigue teniendo en sus manos las llaves del comercio con China y
que su guerra contra este país es, en el fondo, un golpe muy serio asestado
contra los intereses de Inglaterra y de los Estados Unidos.
De este modo, se ha formado en el Océano Pacíficon,
en la zona de China, un foco más de guerra.
Todos estos hechos atestiguan que la segunda guerra
imperialista ha comenzado ya, en realidad. Ha comenzado solapadamente, sin
declaración de guerra. Los Estados y los pueblos han ido deslizándose casi
insensiblemente dentro de la órbita de la segunda guerra imperialista. Han
desencadenado la guerra en los diversos confines del mundo de los tres Estados
agresores: los círculos gobernantes fascistas de Alemania, Italia y el Japón.
La guerra se extiende a lo largo de un inmenso territorio, desde Gibraltar hasta
Shanghai. Ha conseguido arrastrar ya a su campo de acción a más de 500 millones
de seres. Esta guerra va dirigida, en último resultado, contra los intereses
capitalistas de Inglaterra, Francia y los Estados Unidos, ya que tiene por
finalidad el reparto del mundo y de las zonas de influencia en provecho de los
países agresores y a costa de los llamados Estados democráticos.
El rasgo característico de la segunda guerra
imperialista consiste, por el momento, en que, mientras las potencias agresoras
mantienen y desarrollan las guerras, las otras potencias, las potencias
"democráticas" contra las que van expresamente dirigidas, hacen como
si esta guerra no fuese con ellas, se lavan las manos, retroceden, hacen
protestas de su amor por la paz, lanzan invectivas contra los agresores
fascistas y... les van cediendo poco a poco sus posiciones, aunque asegurando a
cada nueva cesión que se disponen a resistir.
Como se ve, esta guerra presenta un carácter
bastante extraño y unilateral. Pero esto no obsta para que sea una guerra
furiosa, una guerra descaradamente anexionista, que descarga sus golpes sobre
las espaldas de los pueblos débilmente defendidos de Abisinia, España y China.
Sería falso pretender explicarse este carácter
unilateral de la guerra por la debilidad militar o económica de los Estados
"democráticos". Es evidente que estos Estados son más fuertes que los
Estados fascistas. El carácter singular de la guerra mundial desencadenada
tiene su explicación en la ausencia de un frente único de los Estados
"democráticos" contra las potencias fascistas. Es cierto que los
llamados Estados "democráticos" no aprueban los "excesos"
de los Estados fascistas y temen que éstos se fortalezcan. Pero temen aún más
al movimiento obrero de Europa y al movimiento de liberación nacional de Asia y
entienden que el fascismo es un "buen antídoto" contra todos estos
movimiento "peligrosos". Por eso, los círculos gobernantes de los
Estados "democráticos" y, principalmente, los círculos conservadores
gobernantes de Inglaterra, se limitan a la política de exhortar a los caudillos
fascistas desbocados para que "no vayan demasiado lejos", dándoles al
mismo tiempo a entender que "comprenden perfectamente" su política
reaccionario-policíaca contra el movimiento obrero y de liberación nacional y
en el fondo simpatizan con ella. Los círculos gobernantes de Inglaterra
mantienen aquí, poco más o menos, la misma política que mantenía bajo el
zarismo la burguesía monárquico-liberal rusa, la cual, aun temiendo los
"excesos" de la política zarista, temía aún más al pueblo, por cuya
razón adoptó la política de persuadir al zar, y, por tanto, la política de
confabularse con el zar contra el pueblo. Como es sabido, la burguesía
monárquico-liberal rusa pagó muy cara esta política de doblez. Es de esperar
que los círculos gobernantes de Inglaterra y sus amigos de Francia y los
Estados Unidos obtengan también su merecido histórico.
Es evidente que ante el cambio operado en los
asuntos internacionales, la U.R.S.S. no podía pasar por alto estos
acontecimientos tan graves. Toda guerra, por pequeña que sea, iniciada por los
agresores, representa un peligro para los países amantes de la paz; y la
segunda guerra imperialista, que tan "insensiblemente" ha ido
abatiéndose sobre los pueblos y que abarca ya a más de 500 millones de seres,
no puede menos de representar un peligro gravísimo para todos los pueblos, y,
en primer lugar, para la U.R.S.S. Testimonio elocuente de este es el
"bloque anticomunista" establecido entre Alemania, Italia y el Japón.
Por eso, la Unión Soviética, aun persistiendo en su política de paz, ha seguido
reforzando la capacidad defensiva de sus fronteras y la combatividad del
Ejército Rojo y de la Flota Roja. A fines de 1934, la U.R.S.S. entró en la
Sociedad de las Naciones, sabiendo que, a pesar de su debilidad, este organismo
podía servir de tribuna para desenmascarar a los agresores y de instrumento,
aunque débil, de paz para frenar el desencadenamiento de la guerra. La U.R.S.S.
entendía que, en los tiempos que corrían, no se debía desdeñar ni siquiera una
organización internacional tan débil como la Sociedad de las Naciones. En mayo
de 1935, se concertó entre Francia y la U.R.S.S. un pacto de asistencia mutua
contra un posible ataque de los agresores. Simultáneamente, se concertó un
tratado análogo con Checoeslovaquia. En marzo de 1936, la U.R.S.S. firmó un
pacto de ayuda mutua con la República popular de Mongolia. En agosto de 1937,
se firmó un pacto de no agresión entre la U.R.S.S. y la República China.
2. Prosigue el auge de la industria y de la
agricultura en la U.R.S.S. - El segundo Plan quinquenal se cumple antes de
plazo. - Reconstrucción de la agricultura y remate de la colectivización. - La
importancia de los cuadros. - El movimiento stajanovista. - Aumenta el
bienestar del pueblo. - Auge de la cultura popular. - La fuerza de la
Revolución Soviética.
Mientras en los países capitalistas se
desencadenaba, a los tres años de crisis económica de 1930-1933, una nueva
crisis, en la U.R.S.S. la industria prosiguió imperturbable su marcha
ascendente durante todo este periodo. La industria capitalista mundial apenas
había alcanzando, a mediados de 1937, en conjunto, el 95 ó 96 por 100 de nivel
del año 1929, y en la segunda mitad del año 1937 entraba en la etapa de una
nueva crisis económica; en cambio, la industria de la U.R.S.S., prosiguiendo su
marcha ascendente, llegó a fines del año 1937 al 428 por 100 de su nivel de
1929, y, en comparación con el nivel de antes de la guerra, su aumento era de
más de siete veces.
Estos éxitos eran la consecuencia directa de la
política de reconstrucción mantenida por el Partido y por el Gobierno con toda
tenacidad.
Como resultado de estos éxitos, el segundo Plan
quinquenal, en lo tocante a la industria, se cumplió antes de plazo. El segundo
Plan quinquenal quedó cumplido el 1 de abril de 1937, es decir, en 4 años y
tres meses.
Fue éste un triunfo formidable del socialismo.
Casi el mismo cuadro de progreso presentaba la
agricultura. La superficie de siembra de todos los cultivos aumentó de 105
millones de hectáreas, en 1913 (periodo de anteguerra), a 135 millones de
hectáreas, en 1937. La producción de cereales aumentó de 78.424.000 toneladas,
en 1913, a 111.384.000, en 1937; la producción de algodón en bruto aumentó de
720.000 a 2.522.520 toneladas; la producción de lino (fibra) aumentó de 311.220
a 507.780; la producción de la remolacha azucarera, de 10.712.520 a 21.474.180;
la producción de los cultivos oleaginosos aumentó de 2.113.020 toneladas a
5.012.280.
Conviene advertir que en 1937, solamente los
coljoses (sin contar los sovjoses) lanzaron al mercado más de 27 millones y
medio de toneladas de trigo, o sea 6 millones y medio de toneladas más que los
terratenientes, los kulaks y los campesinos juntos en 1913.
Sólo una rama de la economía rural, la ganadería,
se hallaba en un nivel inferior al de antes de la guerra y seguía avanzando
lentamente.
Por lo que se refiere a la colectivización de la
agricultura, ésta podía darse ya por terminada. En 1937, estaban incorporados a
los coljoses 18 millones y medio de explotaciones campesinas, lo que
representaba el 93 por 100 de las explotaciones campesinas de todo el país; y
la superficie de siembra de cereales de los coljoses representaba el 99 por 100
de la superficie total de cereales sembrados por los campesinos.
Los frutos de la reconstrucción de la agricultura y
de su dotación intensiva con tractores y maquinaria agrícola estaban a la
vista.
El coronamiento de la obra de reconstrucción de la
industria y de la agricultura hizo que la Economía nacional se viese
abundantemente dotada de una técnica de primera clase. La industria y la
agricultura, el transporte y el ejército recibieron una cantidad enorme de
elementos técnico nuevos, de nuevas máquinas y herramientas, tractores y
maquinaria agrícola, locomotoras y barcos, piezas de artillería y tanques,
aviones y buques de guerra. Era necesario poner en marcha decenas y cientos de
miles de cuadros instruidos, capaces de dominar toda esta técnica y sacar de
ella el máximo rendimiento. Sin esto, sin disponer de una cantidad suficiente
de hombres que dominasen la técnica, ésta corría el riesgo de convertirse en un
montón de metales inertes e improductivo. Era éste un peligro grave, fruto del
hecho de que los cuadros capaces de dominar la técnica no se desarrollaban con
la misma celeridad e incluso quedaban muy rezagados con respecto al desarrollo
de la técnica. La cosa se complicaba por la circunstancia de que una parte
considerable de los activistas no comprendía este peligro y creía que la
técnica cumpliría si cometido "por sí sola". Así como antes se había
menospreciado la técnica, adoptando una actitud desdeñosa hacia ella, ahora se
exageraba su importancia y se la convertía en un fetiche. No se comprendía que
la técnica sin hombres que la dominen es una cosa muerta. No se comprendía que,
sin hombres que dominen la técnica, ésta no puede dar un alto rendimiento.
El problema de los cuadros, capaces de dominar la
técnica, adquiría, por tanto, una importancia primordial.
Era necesario desviar la atención de los activistas
de la exaltación desmedida de la técnica y del menosprecio de la importancia de
los cuadros, dirigiéndola a la asimilación de la técnica, al dominio de la
técnica, al esfuerzo intensivo por forjar numerosos cuadros capaces de dominar
la técnica y de sacarle el máximo rendimiento.
Y así como antes, en el periodo de reconstrucción,
cuando el país padecía hambre de técnica, el Partido había lanzado la consigna
de "la técnica, en el periodo de reconstrucción, lo decide todo",
ahora, cuando la técnica abundaba y el periodo de reconstrucción estaba
terminado, en lo fundamental, y el país padecía una aguda penuria de cuadros,
el Partido tenía que lanzar una nueva consigna, encaminada a concentrar la
atención ya no en la técnica, sino en los hombres, en los cuadros capaces de aprovechar
íntegramente la técnica.
A este respecto, tuvo gran importancia el discurso
pronunciado por el camarada Stalin, en mayo de 1935, ante la promoción de
mandos salidos de las Academias del Ejército Rojo:
"Antes -dijo el camarada Stalin-, decíamos que
la "técnica lo decide todo". Esta consigna nos ha ayudado en el
sentido de que hemos liquidado el hambre de técnica y hemos creado una base
técnica amplísima en todas las ramas de la actividad para fortalecer a nuestros
hombres con una técnica de primer orden. Esto está muy bien. Pero dista mucho
de ser suficiente. Para poner en movimiento la técnica y sacarle todo el
rendimiento, hacen falta hombres que la dominen, hacen falta cuadros capaces de
asimilar y aprovechar esta técnica de acuerdo con todas las reglas del arte. La
técnica sin hombres que la dominen es una cosa muerta. La técnica con hombres
al frente que la dominen puede y debe hacer milagros. Si nuestras fábricas y
empresas industriales de primer orden, si nuestros sovjoses y coljoses, y
nuestro Ejército Rojo contaran con una cantidad suficiente de cuadros capaces
de dominar la técnica, nuestro país obtendría un rendimiento tres o cuatro
veces mayor que el que actualmente obtiene. Por eso, actualmente, hay que hacer
hincapié en la cuestión de los hombres, de los cuadros, del personal que domina
la técnica. Por eso, la vieja consigna de "la técnica lo decide todo"
consigna que era un reflejo de un periodo ya sobrepasado, en el que padecíamos
hambre de técnica, debe ser sustituida actualmente por una nueva consigna, por
la consigna de "los cuadros lo deciden todo". Esto es ahora lo
fundamental...
Es necesario que se acabe de comprender que de
todos los valiosos capitales que existen en el mundo, el capital más precioso y
decisivo lo constituyen los hombres, los cuadros. Es necesario que se comprenda
que, en nuestras actuales condiciones, "los cuadros lo deciden todo".
Si contamos con buenos y numerosos cuadros en la industria, en la agricultura,
en los transportes, en el Ejército, nuestro país será invencible. Si carecemos
de ellos, cojearemos de los dos pies".
Por tanto, la rápida formación de cuadros técnicos
y la rápida asimilación de la nueva técnica, con el fin de seguir desarrollando
la productividad del trabajo, había pasado a ser una tarea de primer orden.
El ejemplo más esplendoroso del desarrollo de
nuevos cuadros, de la asimilación de la nueva técnica por los hombres
soviéticos y de la marcha ascendente de la productividad del trabajo fue el
movimiento stajanovista. Este movimiento nació y tomó incremento en la cuenca
del Donetz, en la industria carbonífera, de donde se extendió a otras ramas
industriales, al transporte y, más tarde, a la agricultura. Este movimiento
recibió el nombre de movimiento stajanovista por haber sido su iniciador el
minero del pozo "Irmino Central" (cuenca del Donetz), Alexei
Stajanov. Ya antes de Stajanov, había batido todos los records establecidos en
la extracción de hulla el minero Nikita Isotov. El ejemplo de Stajanov, que el
31 de agosto de 1935 arrancó en un solo turno 102 toneladas de carbón,
sobrepasando 14 veces las normas usuales, inició un movimiento de masas de los
obreros y los coljosianos por la elevación de las normas de rendimiento, por un
nuevo auge de la productividad del trabajo. Busyguin, en la industria del automóvil;
Smetanin, en la industria del calzado; Krivonós, en el transporte; Musinski, en
la industria forestal; Eudoquia y María Vinogradova, en la industria textil;
María Demchenko, Marina Gnatenko, Pasha Angelina, Polagutin, Kolesov, Borin y
Kovardak, en la agricultura; tales son los nombres de los obreros y coljosianos
que rompieron la marcha en el movimiento stajanovista.
Tras ellos marcharon otros destacamentos enteros de
stajanovistas, sobrepasando la productividad del trabajo de sus predecesores.
En el desarrollo del movimiento stajanovista,
tuvieron una importancia inmensa la primera Conferencia stajanovista de toda la
U.R.S.S., celebrada en el Kremlin en noviembre de 1935, y el discurso
pronunciado en ella por el camarada Stalin.
"El movimiento stajanovista -dijo el camarada
Stalin en su discurso- refleja el nuevo auge de la emulación socialista, una
etapa nueva más alta de la emulación socialista... Antes, hace unos tres años,
durante su primera etapa, la emulación socialista no implicaba forzosamente una
técnica nueva. Además, en aquel momento apenas teníamos propiamente hablando,
una técnica nueva. En cambio, la etapa actual de la emulación socialista, el
movimiento stajanovista, se halla forzosamente vinculado a la nueva técnica. El
movimiento stajanovista no se concebiría sin una técnica nueva, superior.
Tenéis ante vosotros hombres como los camaradas Stajanov, Busyguin, Smetanin,
Krivonós, las Vinogradova y muchos otros, hombres nuevos, obreros y obreras,
que se han hecho plenamente dueños de la técnica en su ramo, que la han
dominado e impulsado. Hace tres años, no había o casi no había entre nosotros
hombres semejantes... La importancia del movimiento stajanovista está en que es
un movimiento que destruye las antiguas normas técnicas por insuficientes; en
que, en cierto número de casos, sobrepasa la productividad de trabajo en los
país capitalistas más avanzados, abriendo de este modo la posibilidad práctica
de seguir consolidando el socialismo en nuestro país, la posibilidad de
transformar nuestro país en el país más próspero".
Caracterizando el método de trabajo de los
stajanovistas y poniendo de manifiesto la enorme importancia del movimiento
stajonovista para el porvenir del País Soviético, el camarada Stalin añadía:
"Observad a los camaradas stajanovistas.
¿Quiénes son estos hombres? Son, principalmente, obreros y obreras jóvenes o de
edad mediana, hombres preparados desde el punto de vista cultural y técnico,
modelos de precisión y de exactitud en el trabajo, que saben apreciar el factor
tiempo en el trabajo y han aprendido a contar, no solamente por minutos, sino
por segundos. La mayoría de ellos ha aprobado el llamado mínimo de
conocimientos técnicos y continúa completando su instrucción técnica. Están
exentos del conservadurismo y de la rutina de algunos ingenieros, técnicos y
dirigentes de la Economía. Marchan audazmente hacia delante, destruyendo las
normas técnicas anticuadas y creando otras nuevas, más avanzadas. Introducen
enmiendas en las previsiones de capacidad de las empresas o en los planes
económicos establecidos por los dirigentes de nuestra industria. A menudo,
completan y corrigen a los ingenieros y técnicos. Frecuentemente, los instruyen
y los empujan hacia delante, pues son hombres que dominan plenamente la técnica
de su ramo y saben hacer que la técnica rinda el máximum de lo que se la puede
hacer rendir. Hoy, los stajanovistas son todavía poco numerosos. Pero, ¿quién
puede dudar de que mañana serán diez veces más? ¿No es claro que los
stajanovistas son innovadores en nuestra industria, que el movimiento
stajanovista representa el porvenir de nuestra industria, que encierra el
germen del futuro auge cultural y técnico de la clase obrera, que nos abre el
único camino por el cual se pueden obtener los índices superiores de la
productividad del trabajo, necesarios para el paso del socialismo al comunismo
y para la supresión del antagonismo entre el trabajo intelectual y el trabajo
físico?".
La difusión arrolladora del movimiento stajanovista
y la ejecución del segundo Plan quinquenal antes del plazo señalado crearon las
condiciones necesarias para un nuevo auge del bienestar y del desarrollo
cultural de los trabajadores.
El salario real de los obreros y empleados
experimentó, durante el segundo Plan quinquenal, un aumento de más de dos
veces. El fondo de salarios creció de 34.000 millones, en 1933, a 81.000
millones, en 1937. El fondo de seguros sociales del Estado aumentó de 4.600
millones de rublos, en 1933, a 5.600 millones, en 1937. Solamente en un año, en
1937, se invirtió en seguros sociales para los obreros y empleados, en mejorar
las condiciones de vida y las necesidades culturales de los trabajadores, en
sanatorios, balnearios, casas de descanso y asistencia médica, cerca de 10.000
millones de rublos.
En el campo, se afianzó definitivamente el régimen
coljosiano. A ello contribuyeron considerablemente el Estatuto del artel
agrícola, aprobado en el II Congreso de coljosianos de choque celebrado en
febrero de 1935, y la adjudicación a los coljoses, en disfrute perpetuo, de
todas las tierras cultivadas por ellos. Gracias al afianzamiento del régimen
coljosiano, desaparecieron del campo la pobreza y la inseguridad. Mientras que,
tres años antes, cada coljosiano recibía dos kilos de trigo por jornada de trabajo,
ahora la mayoría de los coljosianos, en las regiones cerealistas, comenzó a
recibir de cinco a doce kilos de trigo por jornada de trabajo, y muchos de
ellos hasta veinte, aparte de otros productos y de los ingresos en dinero.
Aparecieron millones de hogares coljosianos que percibían, en las regiones
cerealistas, de 8.000 a 24.000 kilos de trigo, y decenas de miles de rublos al
año en las regiones algodoneras, lineras, remolacheras, ganaderas, vitícolas,
fruteras y hortícolas. Los coljoses comenzaron a llevar una vida próspera. Los
hogares coljosianos comenzaron a preocuparse fundamentalmente de construir
graneros y almacenes, ya que los viejos locales destinados a almacenar los
productos, en tiempos en que se hacían las pocas reservas para un año, no llenaban
ni la décima parte de las nuevas necesidades de los coljosianos.
En 1936, al crecer el bienestar de las masas
populares, el Gobierno dictó una ley, prohibiendo los abortos. Al mismo tiempo,
se trazaba un vasto plan de construcción de casas de maternidad, casas-cuna,
cocinas infantiles y jardines de infancia. En 1936, se destinaron a estas
atenciones 2.174 millones de rublos, contra 875 millones, en 1935. Se dictó una
ley especial, asignando una ayuda considerable a las familias numerosas. En
1937, se invirtieron más de mil millones de rublos en subsidios concedidos con
arreglo a esta ley.
Como resultado de la implantación de la escolaridad
obligatoria y de la construcción de nuevas escuelas, surgió un potente
florecimiento cultural entre las masas populares. Por todo el país se
desarrolló un grandioso plan de construcción de escuelas. El número de alumnos
de las escuelas primarias y medias aumentó de 8 millones, en 1914, a 28
millones, en 1936-37. El número de alumnos de las Escuelas superiores aumentó
de 112.000, en 1914, a 542.000, en 1936-37.
Fue ésta una verdadera revolución cultural.
En el rápido mejoramiento de la situación material
y el desarrollo cultural de las masas populares se revelaban la fuerza, la
potencia y el carácter invencible de la Revolución soviética. Las revoluciones
anteriores habían fracasado siempre, porque aun dando al pueblo la libertad, no
habían podido ofrecerle, al mismo tiempo, un mejoramiento sensible de su
situación material y cultural. Esta era su falla más importante. La Revolución
soviética se distingue de todas las demás revoluciones en que, además de librar
al pueblo del zarismo y del capitalismo, vino a mejorar radicalmente su
situación material y cultural. En esto reside su fuerza invencible.
"Nuestra Revolución proletaria -dijo el
camarada Stalin, en su discurso ante la primera Conferencia de stajanovistas de
toda la U.R.S.S.- es la única revolución del mundo que ha podido mostrar al
pueblo, no sólo sus resultados políticos, sino también resultados materiales.
De todas las revoluciones obreras, no conocemos más que una que haya
conquistado, mal que bien, el Poder: es la Comuna de París. Pero no duró mucho
tiempo. Es cierto que intentó romper las cadenas del capitalismo, pero no pudo
lograrlo, y mucho menos consiguió mostrar al pueblo los resultados materiales
de la revolución. Nuestra Revolución es la única, que no sólo ha roto las
cadenas del capitalismo y ha dado la libertad al pueblo, sino que ha
conseguido, además, dar al pueblo las condiciones materiales para una vida
desahogada. En esto reside la fuerza invencible de nuestra Revolución".
3. El VIII Congreso de los Soviets. - Es aprobada
la nueva constitución de la U.R.S.S.
En febrero de 1935, el VII Congreso de los Soviets
de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas tomó el acuerdo de cambiar la
Constitución de la U.R.S.S. que había sido aprobada en 1924. La necesidad de
cambiar la Constitución de la U.R.S.S. respondía a los inmensos cambios
operados en la vida del país de los Soviets desde 1924, es decir, desde la
fecha en que había sido aprobada la primera Constitución de la Unión Soviética,
hasta los momentos actuales. Durante estos años, había cambiado radicalmente la
correlación de las fuerzas de clase de la U.R.S.S.: se había creado una nueva
industria socialista, habían sido destruidos los kulaks, había triunfado el
régimen coljosiano, se había consolidado la propiedad socialista sobre los
medios de producción en toda la Economía nacional, como base de la sociedad
soviética. El triunfo del socialismo permitía acentuar la democratización del
sistema electoral, implantando el sufragio universal, igual, directo y secreto.
Una comisión especial, presidida por el camarada
Stalin, fue encargada de elaborar el proyecto de una nueva Constitución de la
U.R.S.S. El proyecto fue sometido a la discusión de todo el pueblo, durante el
plazo de cinco meses y medio. Este proyecto de Constitución fue discutido en el
VIII Congreso extraordinario de los Soviets.
El VIII Congreso de los Soviets, convocado para
aprobar o rechazar el proyecto de nueva Constitución de la U.R.S.S., se reunió
en noviembre de 1936.
En el informe pronunciado ante este Congreso de los
Soviets sobre el proyecto de nueva Constitución, el camarada Stalin expuso los
cambios fundamentales que se habían operado en el país de los Soviets desde los
tiempos en que había sido aprobada la Constitución de 1924.
La Constitución de 1924 había sido redactada en el
primer periodo de la NEP. Por aquel entonces, el Poder Soviético consentía aún
el desarrollo del capitalismo paralelamente con el del socialismo. Por aquel
entonces, el Poder Soviético contaba con que, en el curso de la emulación entre
los dos sistemas -el sistema capitalista y el sistema socialista-, se
organizaría y aseguraría el triunfo del socialismo sobre el capitalismo en el
terreno económico. Por aquel entonces, aun no estaba decidido el problema de "quién
vencerá a quién". La industria, basada en una técnica vieja y pobre, no
había alcanzado siquiera el nivel de antes de la guerra. Y aun era menos
halagüeño el cuadro que ofrecía, por aquel entonces, la agricultura. Los
sovjoses y los coljoses eran a modo de islotes sueltos en medio del inmenso
océano de las explotaciones campesinas individuales. La lucha contra los kulaks
no perseguía aún su liquidación, sino solamente su limitación. En el terreno de
la circulación de mercancías, el sector socialista sólo representaba,
aproximadamente, un 50 por ciento.
En 1936, la U.R.S.S. presentaba ya un panorama
distinto. La Economía de la U.R.S.S. había cambiado radicalmente. Por esta
época, habían sido totalmente liquidados los elementos capitalistas, y el
sistema socialista había triunfado en todas las ramas de la Economía nacional.
La potente industria socialista rebasaba en siete veces la producción de antes
de la guerra y había desalojado completamente a la industria privada. En la
agricultura, había triunfado, con los coljoses y los sovjoses, la producción socialista
mayor del mundo, una producción mecanizada y equipada con arreglo a la nueva
técnica. Los kulaks habían sido totalmente liquidados como clase, y el sector
individual no desempeñaba ya ningún papel importante en la Economía del país.
Toda la circulación de mercancías estaba concentrada en manos del Estado y de
las cooperativas. La explotación del hombre por el hombre había sido destruida
para siempre. La propiedad social, socialista, sobre los medios de producción
se había consolidado, como la base inquebrantable del nuevo régimen socialista,
en todas las ramas de la Economía nacional. En la nueva sociedad, la sociedad
socialista, había desaparecido para siempre las crisis, la miseria, el paro
forzoso y la ruina. Se habían creado las condiciones necesarias para una vida
desahogada y culta de todos los miembros de la sociedad soviética.
Congruentemente con esto -decía el camarada Stalin,
en su informe-, había cambiado también la contextura de clase de la población
de la U.R.S.S. La clase de los terratenientes y la gran burguesía imperialista
de los viejos tiempos habían sido liquidadas ya durante el periodo de la guerra
civil. Durante los años de la edificación socialista, habían sido suprimidos
todos los elementos explotadores: los capitalistas, los comerciantes, los
kulaks y los especuladores. Quedaban solamente algunos vestigios insignificantes
de las clase explotadoras suprimidas, cuya total liquidación era cuestión de
muy poco tiempo.
Los trabajadores de la U.R.S.S. -los obreros, los
campesinos, los intelectuales- habían cambiado profundamente durante los años
de la edificación socialista.
La clase obrera había dejado de ser una clase
explotada, privada de los medios de producción, como lo es bajo el capitalismo.
Había destruido el capitalismo, arrebatado a los capitalistas los medios de
producción, para convertirlos en propiedad social. Había dejado de ser un
proletariado, en el sentido estricto y antiguo de esta palabra. El proletariado
de la U.R.S.S., en cuyas manos se halla el Poder del Estado, se ha convertido
en una clase totalmente nueva. Se ha convertido en una clase obrera emancipada
de la explotación, que ha destruido el sistema de la Economía capitalista e
instaurado la propiedad socialista sobre los medios de producción; es decir, en
una clase obrera como jamás la había conocido la historia de la Humanidad.
No menos profundos eran los cambios que se habían
operado en la situación de los campesinos de la U.R.S.S. En los viejos tiempos,
más de dos decenas de millones de explotaciones campesinas pequeñas y medias,
sueltas y desperdigadas, trabajaban mortecinamente sus parcelas. Cultivaban la
tierra, valiéndose de una técnica atrasada; eran explotadas por los
terratenientes, por los kulaks, por los comerciantes, por los especuladores,
por los usureros, etc. Ahora, ha surgido en la U.R.S.S. un tipo completamente
nuevo de campesino: ya no hay terratenientes ni kulaks, comerciantes ni
usureros que puedan explotarle. La inmensa mayoría de las explotaciones
campesinas ha entrado en los coljoses, basados, no en la propiedad privada
sobre los medios de producción, sino en la propiedad colectiva y en el régimen
de trabajo colectivo. Es éste un nuevo tipo de campesinos, libre de toda
explotación. Este tipo de campesino no lo había conocido tampoco, hasta ahora,
la historia de la Humanidad.
Han cambiado también los intelectuales de la
U.R.S.S. Son ya, en masa, intelectuales totalmente nuevos. En su mayoría, han
salido del seno de los obreros y de los campesinos. No sirven ya, como los
antiguos intelectuales, al capitalismo, sino al socialismo. El intelectual ha
pasado a ser miembro con plenitud de derechos de la sociedad socialista. Estos
intelectuales construyen la nueva sociedad, la sociedad socialista, del brazo
de los obreros y campesinos. Son un tipo nuevo de intelectuales, puestos al servicio
del pueblo y emancipados de toda explotación. Este tipo de intelectuales no lo
había conocido tampoco la historia de la Humanidad.
De este modo, se van borrando las fronteras de
clase entre los trabajadores de la U.R.S.S., va desapareciendo el antiguo
exclusivismo de clase. Ceden y se borran las contradicciones económicas y
políticas entre los obreros, los campesinos y los intelectuales. Se ha creado
la base para la unidad moral y política de la sociedad.
Estos profundos cambios operados en la vida de la
U.R.S.S., estos éxitos decisivos del socialismo en la U.R.S.S. encontraron su
expresión en la nueva Constitución de la Unión Soviética.
Con arreglo a esta Constitución, la sociedad
soviética está formada por dos clases hermanas, los obreros y los campesinos,
entre las cuales existen aún ciertas diferencias de clase. La Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas es un Estado Socialista de obreros y
campesinos.
La base política de la U.R.S.S. la constituyen los
Soviets de diputados de los trabajadores que han crecido y se han robustecido,
como resultado del derrocamiento del Poder de los terratenientes y capitalistas
y de la conquista de la dictadura del proletariado.
En la U.R.S.S., todo el Poder pertenece a los
trabajadores de la ciudad y del campo, representados por los Soviets de
diputados de los trabajadores.
El órgano superior del Poder del Estado, en la
U.R.S.S., es el Soviet Supremo de la U.R.S.S.
El Soviet Supremo de la U.R.S.S., formado por dos
Cámaras iguales en derechos, el Soviet de la Unión y el Soviet de las
Nacionalidades, es elegido por los ciudadanos de la U.R.S.S., por un plazo de
cuatro años, sobre la base del sufragio universal, igual, directo y secreto.
Las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S.,
así como a todos los Soviets de diputados de los trabajadores, se hacen por
sufragio universal. Esto quiere decir que todos los ciudadanos de la U.R.S.S.
que hayan cumplido los 18 años, cualquiera que sea su raza y nacionalidad, si
credo religioso, su grado de instrucción, su residencia, su origen social, su
situación económica y su conducta en el pasado, tienen derecho a participar en
las elecciones a diputados y a ser elegidos, con excepción de los alienados y
de las personas privadas de sus derechos electorales por sentencia judicial.
Las elecciones a diputado se hacen por sufragio
igual. Esto quiere decir que cada ciudadano tiene un solo voto y que todos los
ciudadanos toman parte en las elecciones sobre bases iguales.
Las elecciones a diputados son directas. Esto
quiere decir que las elecciones a todos los Soviets de diputados de los
trabajadores, desde los Soviets rurales y urbanos hasta el Soviet Supremo de la
U.R.S.S., son efectuadas por los ciudadanos por vía directa, es decir, votando
directamente a los diputados.
El Soviet Supremo de la U.R.S.S. elige, en sesión
conjunta de ambas Cámaras, a la Comisión Permanente del Soviet Supremo y al
Consejo de Comisarios del Pueblo de la U.R.S.S.
La base económica de la Unión Soviética la
constituyen el sistema socialista de Economía y la propiedad socialista sobre
los medios de producción. En la U.R.S.S., se aplica el principio del
socialismo: "De cada uno, según su capacidad, a cada uno, según su
trabajo".
Se garantiza a todos los ciudadanos de la U.R.S.S.
el derecho al trabajo, el derecho al descanso, el derecho a la instrucción, el
derecho al aseguramiento material en su vejez en caso de enfermedad o de
incapacitación para el trabajo.
La mujer disfruta de derechos iguales al hombre en
todos los dominios de la vida.
La igualdad de derechos de todos los ciudadanos de
la U.R.S.S., independientemente de su nacionalidad y raza, es ley intangible.
Se reconoce a todos los ciudadanos la libertad de
conciencia y también la libertad de propaganda antirreligiosa.
La Constitución garantiza -en interés de la
consolidación de la sociedad socialista- la libertad de palabra, de prensa, de
reunión y de mítines, el derecho de agruparse en organizaciones sociales, la
inviolabilidad de la personalidad, la inviolabilidad del domicilio y del
secreto de la correspondencia y el derecho de asilo para los ciudadanos
extranjeros perseguidos por defender los intereses de los trabajadores, por sus
actividades científicas o por la lucha en pro de la liberación nacional.
Al mismo tiempo, la nueva Constitución impone a
todos los ciudadanos de la U.R.S.S. serios deberes: cumplir las leyes, acatar
la disciplina en el trabajo, cumplir honradamente sus deberes sociales,
respetar las reglas de convivencia de la sociedad socialista, salvaguardar y
fortalecer la propiedad social, socialista, y defender la patria socialista.
"La defensa de la Patria es deber sagrado de
todos los ciudadanos de la U.R.S.S.".
Hablando del derecho de los ciudadanos a agruparse
en diferentes organizaciones, la Constitución estampa en uno de sus artículos
las palabras siguientes:
"Los ciudadanos más activos y conscientes de
la clase obrera y de las otras capas de trabajadores se agrupan en el Partido
Comunista (bolshevique) de la U.R.S.S., que es el destacamento de vanguardia de
los trabajadores en su lucha por el afianzamiento y desarrollo del régimen
socialista y el núcleo dirigente de todas las organizaciones de trabajadores,
tanto sociales como del Estado".
El VIII Congreso de los Soviets aprobó y sancionó
por unanimidad el proyecto de nueva Constitución de la U.R.S.S.
El país de los Soviets obtuvo así una nueva
Constitución, la Constitución del triunfo del socialismo y de la democracia
obrera y campesina.
De este modo, la Constitución vino a consagrar el
hecho de alcance histórico-universal de que la U.R.S.S. ha entrado en una nueva
etapa de desarrollo, en la etapa de coronamiento de la edificación de la
sociedad socialista y de transición gradual hacia la sociedad comunista, en la
que el principio a que se acomodará la dirección de la vida social será el
principio comunista: "De cada uno, según su capacidad, a cada uno, según
sus necesidades".
4. Aplastamiento de los restos de los espías,
saboteadores y traidores a la patria, bujarinistas-trotskistas. - Preparación
de las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S. - El Partido pone rumbo
hacia el desarrollo de la democracia interna. - Las elecciones al Soviet
Supremo de la U.R.S.S.
El año de 1937 aportó nuevos datos sobre los
monstruos de las bandas bujarinistas-trotskistas. El proceso judicial contra
Piatakov, Radek y otros, el proceso contra Tujachevski, Yakir y otros, y,
finalmente, el proceso contra Bujarin, Rykov, Krestinski, Rosengoltz y demás
encartados, pusieron de manifiesto que los bujarinistas y los trotskistas eran,
hacía ya mucho tiempo, una banda común de enemigos del pueblo, en la forma de
"bloque derechista-trotskista".
Los citados procesos pusieron de relieve que estos
detritus del género humano, en unión de los enemigos del pueblo -Trotski,
Zinoviev y Kamenev-, estaban ya confabulados contra Lenin, contra el Partido y
contra el Estado Soviético, desde los primeros días de la Revolución Socialista
de Octubre. Los actos de provocación encaminados a la ruptura de la paz de
Brest-Litovsk, a comienzos de 1918; el complot contra Lenin y la confabulación
con los socialrevolucionarios de "izquierda" para detener y asesinar
a Lenin, Stalin, Sverdlov, en la primavera de 1918; el criminal atentado contra
Lenin, del que salió herido, en el verano de 1918; la sublevación de los
socialrevolucionarios de "izquierda", en el verano del mismo año; el
recrudecimiento intencionado de las discrepancias dentro del Partido, en 1921,
con el fin de quebrantar y derrocar desde dentro la dirección de Lenin; los
intentos de derribar la dirección del Partido durante la enfermedad y después
de la muerte de Lenin; la delación de secretos de Estado y el suministro de
informes de espionaje a los servicios de espionaje extranjeros; el infame
asesinato de Kirov; actos de sabotaje y de diversionismo, explosiones; los
infames asesinatos de Menzhinski, Kuibyshev y Gorki: éstos y otros semejantes
fueron los crímenes que se perpetraron en el transcurso de veinte años con
intervención o bajo la dirección de Trotski, Zinoviev, Kamenev, Bujarin, Rykov
y sus satélites, obedeciendo a órdenes de los servicios de espionaje de la
burguesía extranjera.
Los citados procesos pusieron en claro que los
monstruos trotskistas-bujarinistas, al cumplir las órdenes de sus amos, los
servicios de espionaje de la burguesía extranjera, se proponían como objetivo
destruir el Partido y el Estado Soviético, socavar la defensa del país,
facilitar la intervención armada extranjera, preparar la derrota del Ejército
Rojo y la desmembración de la U.R.S.S., entregando la Provincia Marítima
soviética a los japoneses, la Bielorrusia soviética a los polacos y la Ucrania
soviética a los alemanes, la destrucción de las conquistas de los obreros y
coljosianos y la restauración de la esclavitud capitalista en la U.R.S.S.
Estos pigmeos guardias blancos, cuya fuerza sólo
podía compararse a la de un insignificante mosquito, se creían, al parecer -¡da
risa decirlo!-, los amos del país y se imaginaban que podían, en realidad,
descuartizar y vender al mejor postor Ucrania, Bielorrusia y la Provincia
Marítima.
Estos mosquitos contrarrevolucionarios se olvidaron
que el amo del país de los Soviets es el Pueblo Soviético y que los señores
rykov, bujarin, zinoviev y kamenev no eran más que simples servidores
temporales del Estado, a quienes éste podía barrer en cualquier momento de sus
oficinas, como basura inservible.
Estos insignificantes lacayos de los fascistas se
olvidaron que al Pueblo Soviético le bastaba con mover un dedo para que no
quedase ni rastros de ellos.
El Tribunal soviético condenó al fusilamiento a los
monstruos bujarinistas-trotskistas.
El Comisariado del Pueblo de Asuntos Interiores se
encargó de ejecutar la sentencia.
El Pueblo Soviético aprobó el aplastamiento de la
banda bujarinista-trotskista y pasó a los asuntos de la orden del día.
El asunto que figuraba en la orden del día era la
preparación para celebrar de un modo organizado las elecciones al Soviet
Supremo de la U.R.S.S.
El Partido desplegó en toda la línea una labor
preparatoria con vistas a las elecciones. El Partido entendía que la
implantación de la nueva Constitución de la U.R.S.S. significaba un viraje en
la vida política del país. Y que este viraje consistía en llevar a cabo la
democratización completa del sistema electoral, en pasar de las elecciones
restringidas a las elecciones por sufragio universal, de las elecciones no
plenamente iguales a las elecciones por sufragio igual, de las elecciones de
varios grados a las elecciones directas, de las elecciones con voto abierto a
las elecciones con voto secreto.
Antes de regir la nueva Constitución, se hallaban
sujetos a restricciones en sus derechos electorales los servidores del culto,
los antiguos guardias blancos, los antiguos kulaks y cuentos no rindiesen un
trabajo útil para la sociedad; la nueva Constitución anuló todas las
limitaciones puestas a los derechos electorales de estas categorías de
ciudadanos, decretando que las elecciones a diputados se harían por sufragio
universal.
Antes, las elecciones a diputados tenían carácter
desigual, pues regían diferentes normas electorales para la población urbana y
para la rural; ahora, había desaparecido la necesidad de limitar la igualdad en
las elecciones, y todos los ciudadanos tenían derecho a participar en las
elecciones sobre un plano de igualdad.
Antes, las elecciones a los órganos medios y
superiores del Poder Soviético eran elecciones de varios grados; ahora, según
la nueva Constitución, las elecciones a todos los Soviets, desde los Soviets
rurales y urbanos hasta el Soviet Supremo, habían de efectuarse por vía
directa, es decir, que cada ciudadano elegía directamente al diputado.
Antes, las elecciones a diputados de los Soviets se
efectuaban emitiendo abiertamente el voto y por listas; ahora, la votación, en
las elecciones a diputados, tenía que ser secreta, y no por listas, sino por
candidaturas separadas, presentadas en cada distrito electoral.
Esto representaba, indudablemente, un viraje en la
vida política del país.
El nuevo sistema electoral tenía necesariamente que
conducir, como, en efecto, condujo, a intensificar la actividad política de las
masas, a reforzar el control de éstas sobre los órganos del Poder Soviético, a
acentuar la responsabilidad de los órganos del Poder Soviético ante el pueblo.
Para poder salir bien pertrechado al encuentro de
este viraje, el Partido tenía que ponerse a la cabeza de él y asegurar
plenamente su papel dirigente en las próximas elecciones. Pero para esto era
necesario que las propias organizaciones del Partido se convirtiesen, en su
actuación práctica, en organizaciones plenamente democráticas, que implantasen
íntegramente, en su vida interna, las bases del centralismo democrático, como
lo exigen los estatutos del Partido, que todos los órganos del Partido fuesen
designados por elección, que dentro del Partido se desarrollase en toda su
extensión la crítica y la autocrítica, que la responsabilidad de las
organizaciones del Partido ante la masa de éste fuese completa y que la propia
masa del Partido desplegase toda su actividad.
Del informe que el camarada Zhdanov hizo, a fines
de febrero de 1937, en el Pleno del Comité Central sobre el problema de la
preparación de las organizaciones del Partido para las elecciones al Soviet
Supremo de la U.R.S.S., resultó que había toda una serie de organizaciones que,
en su actuación práctica, faltaban abiertamente a los estatutos del Partido y a
las bases del centralismo democrático, que suplantaban el principio electivo
por el sistema de la cooptación, la votación por candidaturas separadas por la
votación por listas, el sufragio secreto por el voto abierto, etc. Era evidente
que organizaciones que actuaban así no podían cumplir con su misión en las
elecciones al Soviet Supremo. Por tanto, era necesario, ante todo, acabar con
semejantes prácticas antidemocráticas en las organizaciones del Partido y
reconstruir la actuación de éste sobre la base de la plena democracia.
Acerca de esto, el Pleno del Comité Central,
después de oír el informe del camarada Zhdanov, dispuso:
"a) Reconstruir el trabajo del Partido sobre
la base de la aplicación plena e incondicional de los principios del
democratismo dentro del Partido, con arreglo a sus estatutos.
b) Acabar con la práctica de la cooptación para
designar los miembros de los Comités del Partido y restablecer, de acuerdo con
sus estatutos, el carácter electivo de los órganos dirigentes de las
organizaciones del Partido.
c) Prohibir, en las elecciones para designar los
órganos del Partido, el voto por listas y efectuar la elección por candidatura
separada, garantizando a todos los miembros del partido derecho ilimitado de
recusar a los candidatos y criticarlos.
d) Implantar, en las elecciones de los órganos del
Partido, el sistema de votación secreta de los candidatos.
e) Celebrar elecciones para designar los órganos
del Partido en todas las organizaciones de éste, desde los Comités de Partido
de las organizaciones primarias hasta los Comités territoriales y provinciales
y los Comités Centrales de los Partidos Comunistas nacionales, señalando como
plazo máximo para terminar estas elecciones el 20 de mayo.
f) Obligar a todas las organizaciones del Partido a
acatar rigurosamente, de acuerdo con sus estatutos, los plazos señalados para
las elecciones de sus órganos: en las organizaciones primarias, una vez al año;
en las organizaciones de distrito y de ciudad, una vez al año; en las
organizaciones territoriales, provinciales y de Repúblicas, una vez cada año y
medio.
g) Asegurar, en las organizaciones primarias del
Partido, la estricta observancia del régimen de elecciones de los Comités del
Partido en asambleas generales de fábricas, sin permitir la suplantación de
éstas por conferencias.
h) Acabar con la práctica establecida en una serie
de organizaciones primarias del Partido de prescindir de hecho de las asambleas
generales, suplantándolas por reuniones en las secciones de las fábricas y por
conferencias".
Así comenzó la preparación del Partido para las
elecciones que se avecinaban.
Esta disposición del Comité Central tuvo una
importancia política inmensa. Su importancia no estribaba solamente en que daba
comienzo a la campaña electoral del Partido para las elecciones al Soviet
Supremo de la U.R.S.S., sino, sobre todo, en que ayudaba a las organizaciones
del Partido a reorganizarse, a poner rumbo hacia la democracia interna y
marchar, plenamente pertrechadas, hacia las elecciones del Soviet Supremo.
Desplegando la campaña electoral, el Partido
decidió tomar como idea cardinal de su política electoral la idea de un bloque
electoral entre los comunistas y los sin partido. El Partido fue a las
elecciones, formando un bloque con los sin partido, aliado a los sin partido,
decidiendo presentar candidaturas comunes con éstos en los distritos
electorales. Esto era algo sin precedentes y absolutamente irrealizable en la
práctica en las campañas electorales de los países burgueses. En cambio, el
bloque de los comunistas con los sin partido constituía un fenómeno
absolutamente lógico en el País Soviético, donde ya no existen clases enemigas
y donde la unidad política y moral de todas las capas del pueblo constituye un
hecho indiscutible.
El 7 de diciembre de 1937, el Comité Central del
Partido dirigió una proclama a todos los electores. En ella, se decía:
"El 12 de diciembre de 1937, los trabajadores
de la Unión Soviética, con arreglo a nuestra Constitución socialista, elegirán
los diputados al Soviet Supremo de la U.R.S.S. El Partido bolshevique va a las
elecciones formando un bloque, una alianza con los obreros, campesinos,
empleados e intelectuales sin partido... El Partido bolshevique no se aisla de
los sin partido, sino que, por el contrario, va a las elecciones en bloque,
aliados con ellos, formando un bloque con los sindicatos de obreros y empleados,
con las Juventudes Comunistas y demás organizaciones y asociaciones de los sin
partido. Por tanto, los candidatos a diputados serán comunes para los
comunistas y para los sin partido; todo diputado sin partido será también
diputado de los comunistas, lo mismo que todo diputado comunista lo será de los
sin partido".
La proclama del Comité Central terminaba con el
siguiente llamamiento a los electores:
"El Comité Central del Partido Comunista
(bolshevique) de la U.R.S.S. llama a todos los comunistas y simpatizantes a
votar por los candidatos sin partido con la misma unanimidad con que deben
votar por los candidatos comunistas.
El Comité Central del Partido Comunista
(bolshevique) de la U.R.S.S. llama a todos los electores sin partido a votar
por los candidatos comunistas con la misma unanimidad con que votaron por los
candidatos sin partido.
El Comité Central del Partido Comunista
(bolshevique) de la U.R.S.S. llama a todos los electores a acudir como un solo
hombre a las urnas, el 12 de diciembre de 1937, para elegir los diputados al
Soviet de la Unión y al Soviet de las Nacionalidades.
No debe haber un solo elector que no ejercite su
honroso derecho de elegir diputados al órgano supremo del Estado Soviético.
No debe haber ni un solo ciudadano activo que no
considere como su deber de ciudadanía contribuir a que todos los electores, sin
excepción, participen en las elecciones al Soviet Supremo.
El 12 de diciembre de 1937 será un día de grandiosa
fiesta, en que los trabajadores de todos los pueblos de la U.R.S.S. se unirán
en torno a la bandera de Lenin y Stalin".
El 11 de diciembre de 1937, la víspera del día de
las elecciones, el camarada Stalin habló en su distrito electoral, tocando en
su discurso el problema de las condiciones que debían reunir los hombres
elegidos por el pueblo como diputados del Soviet Supremo de la U.R.S.S.
"Los electores, el pueblo -dijo el camarada
Stalin- deben exigir de sus diputados que estén a la altura de su misión; que,
en su trabajo, no desciendan al nivel de los filisteos políticos; que
permanezcan en sus puestos de hombres políticos de tipo leninista; que sean
hombres políticos tan lúcidos y tan preciosos como lo era el propio Lenin. Que
sean tan intrépidos en el combate, tan implacables con los enemigos del pueblo,
como lo era el propio Lenin. Que sean refractarios a todo pánico; a toda sombra
de pánico, cuando las cosas empiezan a complicarse y en el horizonte se divisa
algún peligro. Que sean, como lo era el mismo Lenin, refractarios a toda sombra
de pánico. Que, cuando se trate de resolver problemas complejos, que necesitan
la orientación en todos sus aspectos y tener en cuenta todas las ventajas y
todas las desventajas, se muestren tan prudentes, tan ponderados y reflexivos,
como el propio Lenin. Que sean siempre tan veraces y tan honrados, como era
Lenin. Que amen a su pueblo, como lo amaba Lenin".
El 12 de diciembre se celebraron las elecciones al
Soviet Supremo de la U.R.S.S. Las elecciones se desarrollaron en medio de un
inmenso entusiasmo. No eran simples elecciones, sino una gran fiesta, el
triunfo del pueblo soviético, una afirmación de la amistad fraternal de los
pueblos de la U.R.S.S.
De los 94 millones de electores que componen el
censo, tomaron parte en las elecciones más de 91 millones, o sea el 96,8 por
ciento. De ellos, votaron por el bloque de los comunistas y los sin partido
89.884.000 electores; es decir, el 98,6 por ciento. Solamente 632.000 personas,
o sea menos del uno por ciento, votaron en contra de los candidatos del bloque
de los comunistas y los sin partido. Fueron elegidos todos los candidatos del
bloque, sin excepción.
De este modo, 90 millones de hombres refrendaban
con su voto unánime el triunfo del socialismo en la U.R.S.S.
Fue una gran victoria del bloque de los comunistas
y los sin partido.
Fue un triunfo del Partido bolshevique.
La unidad política y moral del Pueblo Soviético, de
la que hablara el camarada Molotov en su histórico discurso del XX aniversario
de la Revolución de Octubre, obtuvo en estas elecciones una brillante
afirmación.
CONCLUSIÓN
¿Cuáles son los resultados fundamentales del camino
histórico recorrido por el Partido bolshevique?
¿Qué nos enseña la historia del Partido Comunista
(bolshevique) de la U.R.S.S.?
1) La historia del Partido bolshevique nos enseña,
ante todo, que el triunfo de la revolución proletaria, el triunfo de la
dictadura del proletariado es imposible sin un partido revolucionario del
proletariado, libre de oportunismo, intransigente frente a los oportunistas y
capituladores, y revolucionario frente a la burguesía y al Poder de su Estado.
La historia del Partido bolshevique nos enseña que
el dejar al proletariado sin un partido así equivale a dejarle sin dirección
revolucionaria; y el dejarle sin dirección revolucionaria equivale a hacer
fracasar la causa de la revolución proletaria.
La historia del Partido bolshevique nos enseña que
este partido no puede ser un partido socialdemócrata corriente del tipo de los
de la Europa occidental, educado en una situación de paz social, que marcha a
remolque de los oportunistas, sueña con "reformas sociales" y teme a
la revolución social.
La historia del Partido bolshevique nos enseña que
este partido sólo puede ser un partido de nuevo tipo, un partido
marxista-leninista, el Partido de la revolución social, capaz de preparar al
proletariado para los combates decisivos contra la burguesía y de organizar el
triunfo de la revolución proletaria.
Eso es, en la U.R.S.S., el Partido bolshevique.
"En el periodo prerrevolucionario -dice el
camarada Stalin- en el periodo de evolución más o menos pacífica, en que los
partido de la Segunda Internacional representaban la fuerza predominante dentro
del movimiento obrero, y las formas parlamentarias de lucha se consideraban
como fundamentales, en estas condiciones, el Partido no tenía ni podía tener la
grande y decisiva importancia que adquirió más tarde, bajo las condiciones de
los choques revolucionarios abiertos. Kautski, defendiendo a la Segunda Internacional
contra quienes la atacaban, dice que los partidos de la Segunda Internacional
son instrumentos de paz y no de guerra, y que precisamente por esto resultaron
ser impotentes para emprender nada serio durante la guerra, en el periodo de
las acciones revolucionarias del proletariado. Y esto es totalmente exacto.
Pero, ¿qué significa esto? Significa que los partidos de la Segunda
Internacional son inservibles para la lucha revolucionaria del proletariado,
que no son partidos combativos del proletariado que conducen a éste al Poder,
sino aparatos electorales adaptados a las elecciones al parlamento y a la lucha
parlamentaria. Esto explica precisamente el hecho de que, durante el periodo de
predominio de los oportunistas de la Segunda Internacional, la organización
política fundamental del proletariado no fuese el partido, sino la fracción
parlamentaria. Es sabido que en este periodo, el partido era, en realidad, un
apéndice de la fracción parlamentaria y un elemento puesto al servicio de ésta.
No hace falta demostrar que, en tales condiciones y con semejante partido al
frente, no se podía ni hablar de preparar al proletariado para la revolución.
Pero las cosas cambiaron radicalmente al entrar en
el nuevo periodo. Este nuevo periodo es el periodo de los choques abiertos
entre las clases, el periodo de las acciones revolucionarias del proletariado,
el periodo de la revolución proletaria, el periodo de la preparación directa de
las fuerzas para el derrocamiento del imperialismo y la toma del Poder por el
proletariado. Este periodo plantea ante el proletariado nuevas tareas de
reorganización de toda la labor del Partido en un sentido nuevo, revolucionario,
de educación de los obreros en el espíritu de la lucha revolucionaria por el
Poder, de preparación y concentración de las reservas, de alianza con los
proletarios de los países vecinos, de establecimiento de sólidos vínculos con
el movimiento de liberación de las colonias y de los países dependientes, etc,
etc. Pensar que estas tareas nuevas pueden resolverse con las fuerzas de los
viejos partidos socialdemócratas, educados bajo las condiciones pacíficas del
parlamentarismo, equivale a condenarse a una desesperación sin remedio, a una
derrota ineluctable. Tener que afrontar estas tareas con los viejos partidos al
frente equivale a encontrarse completamente desarmados. ¿Hace falta, acaso,
demostrar que el proletariado no podía resignarse a semejante situación?
De aquí la necesidad de un nuevo partido, de un
partido combativo, de un partido revolucionario, lo bastante intrépido para
conducir a los proletarios a la lucha por el Poder, lo bastante experto para
orientarse en las condiciones complejas de la situación revolucionaria y lo
bastante flexible para eludir todos y cada uno de los escollos que se
interponen en el camino hacia sus fines.
Sin un partido así no se puede ni pensar en el
derrocamiento del imperialismo, en la conquista de la dictadura del
proletariado.
Este nuevo partido es el Partido del
leninismo" (Stalin, "Problemas del Leninismo", págs. 62-63, ed.
rusa).
2) La historia del Partido nos enseña, asimismo,
que el Partido de la clase obrera no puede cumplir su misión de dirigente de su
clase, no puede cumplir su misión de organizador y dirigente de la revolución
proletaria, si no posee la teoría de vanguardia del movimiento obrero, si no
posee la teoría marxista-leninista.
La fuerza de la teoría marxista-leninista consiste
en que da al Partido la posibilidad de orientarse dentro de la situación, de
comprender el nexo interno que une los acontecimientos que le rodean, de prever
la marcha de los acontecimientos y discernir, no sólo cómo y hacia dónde se
desarrollan los acontecimientos en el presente, sino también cómo y hacia dónde
habrán de desarrollarse en el porvenir.
Sólo un partido que posee la teoría
marxista-leninista puede avanzar con paso firme y conducir hacia adelante a la
clase obrera.
Por el contrario, un partido que no posee la teoría
marxista-leninista, vese obligado a vagar a tientas, pierde la seguridad en sus
actos y no es capaz de conducir a la clase obrera hacia delante. Podría
pensarse que el poseer la teoría marxista-leninista significa aprender
concienzudamente las conclusiones y las tesis contenidas en las obras de Marx,
Engels y Lenin, aprender a citarlas oportunamente y contentarse con esto,
creyendo que las conclusiones y las tesis aprendidas se adaptan a cualquier
situación, a todos los casos de la realidad. Pero este modo de abordar la
teoría marxista-leninista es completamente falso. La teoría marxista-leninista
no puede considerarse como un conjunto de dogmas, como un catecismo, como un
símbolo de la fe; ni a los marxistas, como eruditos pedantes y exegetas. La
teoría marxista-leninista es la ciencia del desarrollo de la sociedad, la
ciencia del movimiento obrero, la ciencia de la revolución proletaria, la
ciencia de la edificación de la sociedad comunista. Y, como ciencia, no está ni
puede estar estancada, sino que se desarrolla y se perfecciona. Es evidente
que, en su desarrollo, no puede menos de enriquecerse con la nueva experiencia,
con los nuevos acontecimientos, y que algunas de sus tesis y conclusiones no
pueden menos de cambiar a lo largo del tiempo, no pueden dejar de ser
reemplazadas por nuevas tesis y conclusiones, con arreglo a las nuevas
condiciones históricas.
Poseer la teoría marxista-leninista no significa,
ni mucho menos, aprenderse todas sus fórmulas y conclusiones y aferrarse a la
letra de ellas. Para poseer la teoría marxista-leninista hace falta, ante todo,
aprender a distinguir entre su letra y su esencia.
Poseer la teoría marxista-leninista significa
asimilar la esencia de ella y aprender a aplicarla para resolver los problemas
prácticos del movimiento revolucionario en las diversas condiciones de la lucha
de clases del proletariado.
Poseer la teoría marxista-leninista significa saber
enriquecer esta teoría con la nueva experiencia del movimiento revolucionario,
saber enriquecerla con nuevas tesis y conclusiones, saber desarrollarla e
impulsarla, sin retroceder ante la necesidad de reemplazar, partiendo de la
esencia de la teoría, algunas de sus tesis y conclusiones, caducas ya, por
otras nuevas, con arreglo a la nueva situación histórica.
La teoría marxista-leninista no es un dogma, sino
una guía para la acción.
Hasta la segunda revolución rusa (febrero), los
marxistas de todos los países partían del criterio de que la república
democrática parlamentaria era la forma de organización política de la sociedad
más conveniente para el periodo de transición del capitalismo al socialismo. Es
cierto que Marx había señalado ya en la década del 70 del siglo pasado que la
forma más conveniente de la dictadura del proletariado no era la república
parlamentaria, sino una organización política del tipo de la Comuna de París.
Pero, desgraciadamente, esta indicación de Marx no fue desarrollada en sus
obras y cayó en el olvido. Además, la autorizada declaración hecha por Engels
en su crítica del proyecto de programa de Erfurt, en 1891, de que "la
república democrática... es... la forma específica para la dictadura del
proletariado", no dejaba lugar a duda en el sentido de que los marxistas
seguían considerando la república democrática como la forma política de la
dictadura del proletariado. Esta tesis de Engels sirvió más tarde de orientación
a todos los marxistas, incluyendo a Lenin. Sin embargo, la revolución rusa de
1905 y, sobre todo, la de febrero de 1917 destacaron una forma nueva de
organización política de la sociedad: los Soviets de diputados obreros y
campesinos. Basándose en el estudio de la experiencia de las dos revoluciones
rusas y partiendo de la teoría del marxismo, Lenin llegó a la conclusión de que
la forma política mejor para la dictadura del proletariado no es la República
democrática parlamentaria, sino la república de los Soviets. En abril de 1917,
en el periodo de transición de la revolución burguesa a la revolución
socialista, Lenin lanzó, basándose en esto, la consigna de organizar la
república de los Soviets, como la mejor forma política de la dictadura del proletariado.
Los oportunistas de todos los países se aferraban a la república parlamentaria,
acusando a Lenin de volver la espalda al marxismo y hundir la democracia. Pero
era Lenin, naturalmente, y no los oportunistas, quien representaba el auténtico
marxismo y dominaba la teoría marxista, ya que, mientras los oportunistas
tiraban de ella hacia atrás y convertían una de sus tesis en un dogma, Lenin la
impulsaba, enriqueciéndola con la nueva experiencia.
¿Qué habría sido del Partido, de la revolución
proletaria, del marxismo, si Lenin se hubiera plegado a la letra del marxismo,
en vez de decidirse a sustituir una de sus viejas tesis, formulada por Engels,
por la nueva tesis de la república de los Soviets, que era la que correspondía
a la nueva situación histórica? El Partido habría vagado en las tinieblas, los
Soviets habrían sido desorganizados, no tendríamos hoy un Poder Soviético, y la
teoría marxista habría sufrido un serio descalabro. Con ello, habría salido
perdiendo el proletariado y habrían salido ganando sus enemigos.
El oportunismo no consiste siempre en renegar
abiertamente de la teoría marxista o de alguna de sus y conclusiones. A veces,
el oportunismo se manifiesta en el intento de aferrarse a determinadas tesis
aisladas del marxismo, que han comenzado ya a envejecer, y de convertirlas en
dogmas, para contener de este modo el desarrollo ulterior del marxismo y con
él, consiguientemente, el desarrollo del movimiento revolucionario del
proletariado.
Sin exageración se puede afirmar que, después de la
muerte de Engels, los únicos marxistas que impulsaron la teoría del marxismo y
la enriquecieron con la nueva experiencia, bajo las nuevas condiciones de la
lucha de clases del proletariado, fueron el formidable Lenin y, después de él,
Stalin y los demás discípulos de Lenin.
Precisamente por eso, porque Lenin y los leninistas
impulsaron la teoría marxista, el leninismo es el desarrollo ulterior del
marxismo, el marxismo que corresponde a las nuevas condiciones de la lucha de
clases del proletariado, el marxismo de la época del imperialismo y de las
revoluciones proletarias, el marxismo de la época del triunfo del socialismo en
la sexta parte de Globo.
El Partido bolshevique no habría podido triunfar en
octubre de 1917, si sus cuadros de vanguardia no hubiesen poseído la teoría del
marxismo, si no hubiesen sabido ver en esta teoría una guía para la acción, si
no hubiesen sabido impulsar la teoría marxista, enriqueciéndola con la nueva
experiencia de la lucha de clases del proletariado.
Criticando a los marxistas alemanes de Norteamérica
que habían tomado en sus manos la dirección del movimiento obrero
norteamericano, escribía Engels:
"Los alemanes no han sabido hacer de su teoría
la palanca que pusiese en movimiento a las masas norteamericanas. En su
mayoría, ni ellos mismos comprenden esta teoría y se comportan con ella de un
modo doctrinario y dogmático, creyendo que hace falta aprendérsela de memoria,
y que basta con esto para afrontar todas las situaciones de la realidad. Para
ellos, esta teoría es un dogma y no una guía para la acción" (C. Marx y F.
Engels, t. XXVII, pág. 606).
Criticando a Kamenev y a algunos viejos
bolsheviques que, en abril de 1917, se aferraban a la vieja fórmula de la
dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y de los campesinos, en
un momento en que el movimiento revolucionario había rebasado esta fórmula y
exigía el paso a la revolución socialista, Lenin escribía:
"Nuestra doctrina no es un dogma, sino una
guía para la acción, han dicho siempre Marx y Engels, burlándose con razón de
los que aprenden de memoria y repiten mecánicamente las "fórmulas",
que, en el mejor de los casos, sólo sirven para señalar las tareas generales,
que se modifican necesariamente con la situación económica y política concreta
de cada fase especial del proceso histórico... Es necesario asimilarse la
verdad indiscutible de que el marxista debe tomar en cuenta la vida real, los
hechos precisos de la realidad y no continuar aferrándose a la teoría del día
anterior..." (Lenin, t. XX, págs. 100-101, ed. rusa).
3) La historia del Partido nos enseña, además, que
el triunfo de la revolución proletaria es imposible sin el aplastamiento de los
partidos pequeñoburgueses que actúan dentro de las filas de la clase obrera y
empujan a las capas rezagadas de ésta en los brazos de la burguesía,
quebrantando con ello la unidad de la clase obrera.
La historia del Partido es la historia de la lucha
contra los partidos pequeñoburgueses y de su aplastamiento: contra los
socialrevolucionarios, mensheviques, anarquistas y nacionalistas. Sin vencer a
estos partidos y expulsarlos de las filas del proletariado, no hubiera sido
posible conseguir la unidad de la clase obrera, y sin la unidad de la clase
obrera, el triunfo de la revolución proletaria habría sido irrealizable.
Sin el aplastamiento de estos partidos, que al
principio laboraban por el mantenimiento del capitalismo y, más tarde, después
de la Revolución de Octubre, por su restauración, habría sido imposible
mantener la dictadura del proletariado, derrotar a la intervención armada
extranjera y edificar el socialismo.
No tiene nada de casual el hecho de que todos los
partidos pequeñoburgueses, que para engañar al pueblo se bautizaban con el
nombre de partidos "revolucionarios" y "socialistas" -los
socialrevolucionarios, los mensheviques, los anarquistas, los nacionalistas-
pasasen a ser partidos contrarrevolucionarios ya antes de la Revolución
Socialista de Octubre, para convertirse más tarde en agentes de los servicios
de espionaje extranjeros, en una banda de espías saboteadores, agentes diversionistas,
asesinos y traidores a la patria.
"En la época de la revolución social -dice
Lenin-, la unidad del proletariado sólo puede realizarla el Partido
revolucionario extremo del marxismo, sólo puede realizarse por medio de una
lucha implacable contra todos los demás partidos" (Lenin, t. XXVI, pág.
50, ed. rusa).
4) La historia del Partido nos enseña, asimismo,
que el Partido de la clase obrera no puede mantener la unidad y la disciplina
dentro de sus filas, no puede cumplir con su misión de organizador y dirigente
de la revolución proletaria, no puede cumplir su misión de constructor de la
nueva sociedad socialista, sin una lucha intransigente contra los oportunistas
dentro de sus propias filas, sin el aplastamiento de los capituladores en su
propio seno.
La historia del desarrollo de la vida interna del
Partido bolshevique es la historia de la lucha contra los grupos oportunistas
dentro del Partido y de su aplastamiento: contra los "economistas",
mensheviques, trotskistas, bujarinistas y portavoces de las desviaciones
nacionalistas.
La historia del Partido bolshevique nos enseña que
todos estos grupos capituladores eran, en el fondo, agentes del menshevismo
dentro del Partido, sus satélites y continuadores. Al igual que los
mensheviques, cumplían la misión de servir de vehículo a la influencia burguesa
dentro de la clase obrera y del Partido. Por eso, la lucha por la liquidación
de estos grupos dentro del Partido era la continuación de la lucha por la
liquidación del menshevismo.
Sin aplastar a los "economistas" y a los
mensheviques, jamás se habría logrado edificar el Partido y conducir a la clase
obrera a la revolución proletaria.
Sin aplastar a los trotskistas y bujarinistas,
jamás se habría logrado preparar las condiciones necesarias para al edificación
del socialismo.
Sin aplastar a los portavoces de las desviaciones
nacionalistas de todos los matices, jamás se habría logrado educar al pueblo en
el espíritu de internacionalismo, no se habría logrado defender la bandera de
la fraternal amistad entre los pueblos de la U.R.S.S., no se habría logrado
edificar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Podría pensarse que los bolsheviques han consagrado
demasiado tiempo a luchar contra los elementos oportunistas dentro del Partido,
que han exagerado la importancia de estos elementos. Pero esto es completamente
falso. No es posible tolerar en el seno del Partido el oportunismo, como no es
posible tolerar la existencia de una úlcera en un organismo sano. El Partido es
el destacamento dirigente de la clase obrera, su fortaleza de avanzada, su
Estado Mayor de combate. No es posible permitir que en el Estado Mayor
dirigente de la clase obrera haya gentes pusilánimes, oportunistas,
capituladores y traidores. Luchar a vida o muerte contra la burguesía, teniendo
dentro del propio Estado Mayor, dentro de la propia fortaleza, a capituladores
y traidores, es caer en la situación de quien se ve tiroteado desde el frente y
desde la retaguardia. Fácil es comprender que la lucha, en estas condiciones,
sólo puede conducir a una derrota. El modo más fácil de tomar una fortaleza es
atacarla desde dentro. Para conseguir el triunfo, lo primero que hace falta es
limpiar el Partido de la clase obrera, su Estado Mayor dirigente, su fortaleza
de avanzada, de capituladores, desertores, esquiroles y traidores.
No tiene nada de casual el hecho de que los
trotskistas, los bujarinistas, los portavoces de desviaciones nacionalistas,
luchando contra Lenin y contra el Partido, hayan acabado como acabaron los
partidos menshevique y socialrevolucionario: convirtiéndose en agentes de los
servicios de espionaje fascistas, convirtiéndose es espías, en saboteadores, en
asesinos, en agentes diversionistas, en traidores a la patria.
"No es posible triunfar en la revolución
proletaria, no es posible defenderla, teniendo en las propias filas a
reformistas, a mensheviques. Esto es evidente en el terreno de los principios.
La experiencia de Rusia y de Hungría lo confirma palpablemente... En Rusia,
hemos atravesado muchas veces por situaciones difíciles en que el régimen
soviético habría sido infaliblemente derrotado, si hubiesen quedado
mensheviques, reformistas, demócratas pequeñoburgueses dentro de nuestro
Partido..." (Lenin, t. XXV, págs. 462-463, ed. rusa).
"Si nuestro Partido -dice el camarada Stalin-
ha conseguido forjar dentro de sus filas una unidad interior y una cohesión
nunca vista, se debe, ante todo, al hecho de que supo limpiarse a tiempo de la
escoria del oportunismo, arrojar del Partido a los liquidadores y mensheviques.
Para desarrollar y consolidar los partidos proletarios, hay que depurar sus
filas de oportunistas y reformistas, de socialimperialistas y
socialchovinistas, de socialpatriotas y socialpacifistas. El Partido se
fortalece depurándose de los elementos oportunistas" (Stalin,
"Problemas del Leninismo", pág. 72, ed. rusa).
5) La historia del Partido nos enseña, además, que
el Partido no puede cumplir su misión de dirigente de la clase obrera, si,
perdiendo la cabeza con los éxitos, comienza a vanaglorariarse, si deja de
advertir las deficiencias de su labor, si teme reconocer sus errores, si teme
corregirlos a su debido tiempo abierta y honradamente.
El Partido es invencible, si no teme la crítica ni
la autocrítica, si no disimula los errores y deficiencias de su labor, si
enseña y educa los cuadros con el ejemplo de los errores del trabajo del
Partido y sabe corregir estos errores a tiempo.
El Partido se hunde, si oculta sus errores, si
disimula sus lados flacos, si encubre sus defectos con una falsa exhibición de
prosperidad, si no tolera la crítica y la autocrítica, si se deja penetrar del
sentimiento de la fatuidad, si se deja llevar por el narcisismo y comienza a
dormirse sobre los laureles.
"La actitud de un partido político ante sus
errores es -dice Lenin- uno de los criterios más importantes y más fieles de la
seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su
clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores, poner
al descubierto sus causas, analizar minuciosamente la situación que los ha
engendrado y examinar atentamente los medios de corregirlos: esto es lo que
caracteriza a un partido serio, en esto es en lo que consiste el cumplimiento
de sus deberes, esto es educar e instruir a la clase primero, y después a las
masas" (Lenin, t. XXV, pág. 200, ed. rusa).
Y más adelante:
"Todos los partidos revolucionarios que se han
hundido hasta ahora, se han hundido por dejarse llevar del engreimiento y no
saber ver en que consistía su fuerza y por temor a hablar de sus debilidades.
Pero nosotros no nos hundiremos, porque no tenemos miedo a hablar de nuestras
debilidades y aprenderemos a superarlas" (Lenin, t. XXVII, págs. 260-261,
ed. rusa).
6) Finalmente, la historia del Partido, nos enseña
que, sin mantener amplios vínculos con las masas, sin fortalecer constantemente
estos vínculos, sin saber escuchar atentamente la voz de las masas y comprender
sus necesidades más torturantes, sin ser capaz, no sólo de enseñar a las masas,
sino también de aprender de ellas, el Partido de la clase obrera no puede ser
un verdadero partido de masas, capaz de arrastrar consigo a las masas de
millones de la clase obrera y de todos los trabajadores.
El Partido es invencible, si -como dice Lenin- sabe
"ligarse, aproximarse, por decirlo así, fundirse, en cierto grado, con las
más grandes masas trabajadoras, en primer término, proletarias, pero también
con la masa trabajadora no-proletaria" (Lenin, t. XXV, pág. 174, ed.
rusa).
El Partido se hunde, si se encierra en su estrecha
concha de partido, si se desliga de las masas, si se cubre de moho burocrático.
"Se puede reconocer como norma -dice el
camarada Stalin- que, mientras conserven el contacto con las grandes masas del
pueblo, los bolsheviques serán invencibles. Y, al contrario, en cuanto se
desliguen de las masas y pierdan el contacto con ellas, en cuanto se dejen
cubrir por la herrumbre burocrática, perderán toda su fuerza y quedarán
anulados.
Los griegos de la antigüedad tenían en su mitología
un héroe famoso, Anteo, que era, según la leyenda, hijo de Poseidón, dios de
los mares y de Gea, diosa de la tierra. Anteo quería mucho a su madre, que lo
había dado a luz y lo había criado y educado. No existía héroe al cual no
hubiera vencido dicho Anteo. Se consideraba como un héroe invencible. ¿En qué
consistía su fuerza? Consistía en que, siempre que se sentía a punto de verse
vencido en la lucha contra un enemigo, tocaba la tierra, su madre, que lo había
dado a luz y criado, y ésta le infundía nuevo vigor. Pero Anteo tenía su punto
débil: era el peligro de verse separado de la tierra. Sus enemigos conocían
esta debilidad suya y lo acechaban. Y he aquí que un día, un enemigo se
aprovechó de esta debilidad, venciéndole. Este enemigo era Hércules. ¿Cómo lo
venció? Lo separó de la tierra y lo levantó en vilo, quitándole la posibilidad
de tocar la tierra y ahogándole así en el aire.
A mí me parece que los bolsheviques recuerdan a
Anteo, el héroe de la mitología griega. Los mismo que Anteo, son fuertes,
porque mantienen contacto con su madre, las masas, las que los dieron a luz,
los criaron y educaron. Y mientras mantengan el contacto con su madre, el
pueblo, cuentan con todas las posibilidades de ser invencibles.
En esto está la clave de por qué la dirección
bolshevique es invencible" (Stalin, "Sobre las deficiencias del
trabajo del Partido").
Tales son las enseñanzas fundamentales del camino
histórico recorrido por el Partido bolshevique.

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