© Libro N° 6206.
Números Increíbles. Stewart, Ian. Emancipación. Julio 13 de 2019.
Título
original: © Números Increíbles. Ian Stewart
Versión Original: © Números Increíbles. Ian Stewart
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Miranda
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ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
NÚMEROS INCREÍBLES
Ian Stewart
CONTENIDO
Prefacio
Numeros
Números
pequeños
Cero
y números negativos
Números
complejos
Números
racionales
Números
irracionales
Números
pequeños especiales
Números
grandes especiales
Números
infinitos
El
sentido de la vida, el universo y...
Lecturas
adicionales
Agradecimientos
Prefacio
Siempre
me han fascinado los números. Mi madre me enseñó a leer y a contar mucho antes
de que empezase a ir al colegio. Aparentemente, cuando lo hice, volví al final
del día quejándome de no haber aprendido nada. Sospecho que mis padres me
habían estado preparando para afrontar ese día difícil diciéndome que
aprendería todo tipo de cosas interesantes, y yo me lo tomé al pie de la letra.
Pero pronto comencé a aprender sobre planetas y dinosaurios y cómo hacer
animales de yeso. Y más cosas sobre números.
Sigo encantado con los números y aprendiendo más sobre ellos. En la actualidad,
enseguida puntualizo que las matemáticas versan sobre muchas ideas diferentes,
no solo números, por ejemplo, sobre formas, patrones y probabilidades, aunque
los números soportan toda la asignatura. Y todo número es único e individual.
Hay unos cuantos números que son especiales y destacan sobre el resto porque
parecen tener un papel central en muchas áreas diferentes de las matemáticas.
El más conocido de ellos es π (pi), que lo encontramos relacionado con las
circunferencias, pero tiene una tendencia extraordinaria a aparecer en
problemas que nada tienen que ver con circunferencias.
La mayoría de los números no pueden aspirar a tales niveles de importancia,
pero es posible encontrar alguna característica inusual de uniformidad en el
más modesto de los números. En Guía del autoestopista galáctico, el
número 42 era «la respuesta a la gran pregunta sobre el sentido de la vida, el
universo y todo lo demás». Douglas Adams dijo que escogió el número porque un
sondeo rápido entre sus amigos reveló que era totalmente aburrido. En realidad
no lo es, como demuestra el capítulo final.
El libro está organizado en términos de los propios números, aunque no siempre
en orden numérico. Además de los capítulos 1, 2, 3, etcétera, haya también un
capítulo 0, un capítulo 42, un capítulo -1, un capítulo 22/7, un capítulo π, un
capítulo 43.252.003.274.489.856.000 y un capítulo √2. Claramente muchos
capítulos potenciales nunca consiguieron salir de la recta numérica. Cada
capítulo comienza con un pequeño resumen de los principales temas que en él se
tratan. No te preocupes si el resumen a veces parece críptico o si hace
afirmaciones rotundas sin ninguna evidencia: todo se desvelará a medida que
avances en la lectura.
La estructura es clara: cada capítulo se centra en un número interesante y
explica por quélo es. Por ejemplo, 2 es interesante porque la
distinción impar/par aparece en todas partes en matemáticas y ciencia;
43.252.003.274.489.856.000 es interesante porque es el número de maneras de
reorganizar un cubo de Rubik.
Ya que el 42 está incluido debe de ser interesante. Bueno, un poco.
En este punto debo mencionar Alice’s Restaurant Massacree, de Arlo
Guthrie, una comedia musical absurda que relata con gran y repetitivo detalle
los sucesos involucrados en el vertido de basuras. Pasados diez minutos de
canción, Guthrie se para y dice: «Pero no es de eso de lo que he venido a
hablarte aquí». Finalmente, averiguas de qué ha querido hablar en realidad,
pues esa basura es solo una parte de una historia más amplia. Es hora de mi
momento Arlo Guthrie: lo cierto es que este no es un libro
sobre números.
Los
números son el punto de partida, una ruta a través de la cual podemos
zambullirnos en las asombrosas matemáticas asociadas a ellos. Cualquier número
es especial. Llegas a apreciarlos uno a uno, son como viejos amigos. Cada uno
tiene su propia historia para contar. Con frecuencia esa historia nos lleva a
muchos de los otros números, pero lo que realmente importa son las matemáticas
que los vinculan. Los números son los personajes de una obra, y lo más
importante es la obra en sí. Pero no puede haber una obra sin personajes.
Para
evitar acabar con demasiado desorden, he dividido el libro en apartados según
el tipo de número: números naturales pequeños, fracciones, números reales,
números complejos, infinito... Con unas cuantas inevitables excepciones, el
material se desarrolla en un orden lógico, de modo que en los primeros
capítulos recae el trabajo preparatorio para los siguientes, incluso cuando el
tema cambia por completo. Este requisito influye en cómo están ordenados los
números y requiere algunos compromisos. El más significativo tiene que ver con
los números complejos. Aparecen muy pronto, porque los necesito para discutir
algunas características de números más familiares. De manera similar, un tema
avanzado en ocasiones surge de la nada porque ese es el único lugar razonable
para mencionarlo. Si te encuentras con uno de esos pasajes y te resulta difícil
seguirlo, sáltatelo y sigue adelante. Podrás volver a él más tarde.
Este libro es un volumen de acompañamiento para mi aplicación para iPad Incredible
Numbers. No necesitas la aplicación para leer el libro, y no necesitas el
libro para usar la aplicación. De hecho, libro y aplicación apenas se solapan.
Se complementan, porque cada uno puede hacer cosas que el otro no puede.
Los números son increíbles de verdad, no en el sentido de que no crees nada de
lo que oyes sobre ellos, sino en el sentido positivo: tienen un insuperable
componente de sorpresa y puedes experimentarlos sin hacer ninguna operación.
Puedes ver cómo los números evolucionaron históricamente, apreciar la belleza
de sus patrones, averiguar cómo se usan, maravillarte ante las sorpresas: «No
tenía ni idea de que el 56 fuese tan fascinante». Pero lo es. Realmente lo es.
Así
como lo son los demás. Incluido el 42.
Números
Contenido:
§.
El origen de los números
§. El sistema numérico creciente
§. ¿Qué es un número?
1,
2, 3, 4, 5, 6, 7,... ¿Hay algo más sencillo? Y no obstante son los números,
quizá más que ninguna otra cosa, los que han permitido a la humanidad
enfangarse y tocar las estrellas.
Cada número particular tiene sus propias características y nos lleva a una
variedad de áreas de matemáticas. Sin embargo, antes de examinarlos uno por
uno, merece la pena echar un vistazo a tres grandes cuestiones: ¿cómo se
originaron los números?, ¿cómo se desarrolló el concepto de número? y
¿qué son los números?
§. El origen de los números
Hace
alrededor de 35.000 años, en el Paleolítico Superior, un humano desconocido
talló 29 marcas en el peroné de un babuino. Se encontró en una cueva en la
cordillera Lebombo, en Suazilandia, y se conoce como el «hueso de Lebombo». Se
cree que es un palo de conteo, algo que registra números como una serie de
muescas: |, ||, |||, etcétera. Hay 29,5 días en el mes lunar, de modo que
podría ser un primitivo calendario lunar, o el registro del ciclo de
menstruación de una mujer. O, es más, una colección aleatoria de cortes. Un
hueso garabateado.
El
hueso de lobo, otro palo de conteo con 55 muescas, lo encontró en
Checoslovaquia, en 1937, Karl Absolon. Tiene alrededor de 30.000 años.
En 1960, el geólogo belga Jean de Heinzelin de Braucourt descubrió un peroné de
babuino con muescas entre los restos de una pequeña comunidad de pescadores que
había sido sepultada por un volcán en erupción. La ubicación es lo que ahora se
conoce como Ishango, en la frontera entre Uganda y el Congo. Se atribuye al
hueso una antigüedad de 20.000 años.
La
interpretación más sencilla del hueso de Ishango es la de que se trata de un
palo de conteo. Algunos antropólogos van más allá y detectan elementos de
estructura aritmética, como multiplicación, división y números primos; otros
creen que es un calendario lunar de seis meses; y hay quienes están convencidos
de que las marcas se hicieron para proporcionar un buen agarre a una
herramienta hecha de hueso y que no tienen significado matemático.
Es
muy enigmático. Hay tres series de muescas. La serie central usa los números 3,
6, 4, 8, 10, 5, 7. Dos veces 3 es 6, dos veces 4 es 8 y dos veces 5 es 10; sin
embargo, el orden para el par final es el inverso y 7 no encaja en el patrón en
absoluto. La serie de la izquierda es 11, 13, 17, 19: los números primos del 10
al 20. La serie de la derecha proporciona los números impares 11, 21, 19, 9.
Las series de derecha e izquierda suman cada una 60.
Figura 1. Parte frontal y trasera del hueso de Ishango. Museo de Ciencias
Naturales de Bruselas.
Un
problema con la interpretación de patrones como este es que es difícil no
encontrar un patrón en cualquier serie de números más bien pequeños. Por
ejemplo, en la Tabla 1 se muestra una lista de áreas de diez islas en las
Bahamas, en concreto los números 11-20 en términos de área total. Para mezclar
los números en la lista he puesto las islas en orden alfabético. Te aseguro que
esto es lo primero que intenté. Cierto es que la habría cambiado por otra cosa
si no me hubiese valido para explicar mi propósito, pero funcionó, así que no
la cambié.
¿Qué
notamos en este «patrón» de números? Hay muchas secuencias cortas con
características comunes:
Figura 2. Algunos patrones aparentes en el área de las islas Bahamas.
Para
empezar, hay una hermosa simetría en la lista. En cada extremo hay una terna de
múltiplos de 3. En el medio, hay un par de múltiplos de 10, separando a dos
múltiplos de 7. Además, dos cuadrados: 9 = 32 y 49 = 72,
ambos cuadrados de números primos. Otro par adyacente está formado por 15 y 30,
uno el doble del otro. En la secuencia 9-93-49, todos los dígitos tienen un 9.
Los números crecen y decrecen de modo alterno, excepto por 110-80-14. ¡Oh! ¿Y
te has dado cuenta de que ninguno de estos diez números es primo?
No
hay más que decir. Otro problema con el hueso de Ishango es la imposibilidad
virtual de encontrar evidencias extras que apoyen alguna interpretación
concreta. Pero las marcas en él son realmente enigmáticas. Los rompecabezas de
números siempre lo son. Así que vamos con algo menos polémico.
Hace
diez mil años, en Oriente Medio la gente usaba piezas de barro para llevar un
registro numérico. Quizá tenía que ver con los impuestos o como prueba de una
propiedad. Los ejemplos más antiguos son Tepe Asiab y Ganj-iDareh Tepe, dos
yacimientos en la cadena montañosa de Zagros, en Irán. Las piezas eran pequeños
trozos de barro de varias formas, algunas con marcas simbólicas.
|
Tabla 1 |
|
|
Nombre |
Área en millas cuadradas |
|
Berry |
12 |
|
Bimini |
9 |
|
Isla de Crooked |
93 |
|
Pequeña Inagua |
49 |
|
Mayaguana |
110 |
|
Nueva Providencia |
80 |
|
Isla Ragged |
14 |
|
Cayo Rum |
30 |
|
Cayo Sámana |
15 |
|
Isla de San Salvador |
63 |
Una bola marcada con + representaba una oveja, siete de esas bolas indicaban
siete ovejas. Para evitar estar marcando un gran número de piezas, había una de
un tipo diferente para diez ovejas. Y otra que representaba diez cabras, y así
sucesivamente. La arqueóloga Denise Schmandt-Besserat dedujo que las piezas
representaban elementos básicos de la época, como cereales, animales y jarras
de aceite.
Alrededor de 4000 a. C., las piezas se unían con una cuerda a modo de collar.
Como era fácil cambiar los números añadiendo o eliminando piezas, se introdujo
una medida de seguridad: se envolvían las piezas con barro, que luego se cocía.
Una discusión sobre los números podía resolverse rompiendo el sobre de barro
para abrirlo. A partir de 3500 a. C., para evitar roturas innecesarias, los
burócratas de la antigua Mesopotamia inscribían símbolos en el sobre, listando
las piezas que había en él.
Fue entonces cuando una mente brillante se dio cuenta de que los símbolos
convertían las piezas en redundantes. El resultado fue un sistema de símbolos
numéricos escritos, lo cual estableció las bases de todos los sistemas
subsiguientes de notación numérica y, posiblemente, de la propia escritura.
Como
este libro no es de historia, daré la visión de sistemas notacionales
posteriores como si surgiesen en conexión con números específicos. Por ejemplo,
la notación decimal moderna y antigua se aborda en el capítulo [10]. Sin
embargo, como el gran matemático Carl Friedrich Gauss señaló una vez, lo
importante no son las notaciones, sino las nociones. Los temas que siguen
tendrán más sentido si se ven en un contexto de concepción de los números
cambiante por parte de la humanidad. De modo que empezaremos repasando los
sistemas numéricos principales y alguna terminología importante.
Figura 3. Sobre de arcilla y piezas para la contabilidad, período de Uruk,
de Susa.
§.
El sistema numérico creciente
Tendemos
a pensar en los números como algo fijo e inmutable: una característica del
mundo natural. En realidad son una invención humana, pero una muy útil, porque
representa aspectos importantes de la naturaleza, como cuántas ovejas posees o
la edad del universo. La naturaleza nos sorprende reiteradamente destapando
nuevas preguntas, cuyas respuestas a veces requieren nuevos conceptos
matemáticos. Otras veces, la exigencia interna de indicios matemáticos en
estructuras nuevas y potencialmente útiles. De vez en cuando estos indicios y
problemas han llevado a los matemáticos a extender el sistema numérico
inventando nuevos tipos de números.
Hemos visto cómo los números surgen primero como un método para contar cosas.
En la temprana Grecia clásica, la lista de números empezaba 2, 3, 4, etcétera.
El 1 era especial, no era «realmente» un número. Más tarde, cuando esta
convención comenzó a parecer absurda, el 1 pasó a considerarse también un
número.
El siguiente gran avance en la ampliación del sistema numérico fue la
introducción de las fracciones. Estas son útiles para dividir algún producto
entre varios. Si tres personas obtienen partes iguales de dos búshels[1] de
cereales, cada una recibe 2/3 de un bushel.
Los antiguos egipcios representaban las fracciones de tres modos diferentes.
Tenían jeroglíficos especiales para 2/3 y 3/4. Usaban varias porciones del ojo
de Horus para representar 1 dividido por las primeras seis potencias de 2.
Finalmente, ideaban símbolos para fracciones unitarias, las que son de la forma
«uno sobre algo»: 1/2, 1/3, 1/4, 1/5, etcétera. Expresaban todas las otras
fracciones como sumas de distintas fracciones unitarias. Por ejemplo:
2/3
= 1/2 + 1/6
No
está claro por qué no escribían 2/3, como 1/3 + 1/3, pero no lo hacían.
El número cero llegó mucho después, probablemente porque no se necesitaba
demasiado. Si no tienes ovejas, no hay necesidad de contarlas o listarlas. Cero
se introdujo primero como un símbolo y no se pensó en él como un número. Pero
cuando los matemáticos chinos e hindúes introdujeron los números negativos
[véase –1], el 0 tuvo que ser considerado un número también. Por ejemplo, 1 +
(–1) = 0, la suma de dos números debe sin duda contar como un número
Figura 4. A la izquierda, jeroglíficos egipcios para 2/3 y 3/4. En el
centro, ojo de Horus. A la derecha, jeroglífico de la fracción derivado de
ellos.
Los
matemáticos llaman al sistema de los números:
0,
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7,...
números
naturales, y cuando se incluyen los números negativos, son los enteros.
...,
–3, –2, –1, 0, 1, 2, 3,...
Las
fracciones, el cero y las fracciones negativas forman los números
racionales.
Un número es positivo si es mayor que cero, y negativo si
es más pequeño que cero. De modo que cada número (ya sea un entero o un
racional) está exactamente en una de las tres categorías: positivo, negativo o
cero. Los números que usamos para contar:
1,
2, 3, 4, 5, 6, 7,...
son
enteros positivos. Esta convención nos lleva a una terminología un poco burda:
a menudo nos referimos a los números naturales:
0,
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7,...
como
los enteros no negativos. Siento esto.
Durante
mucho tiempo, las fracciones fueron lo máximo que alcanzó el concepto de
número. Pero en la antigua Grecia probaron que el cuadrado de una fracción
nunca puede ser exactamente igual a 2. Más tarde esto se expresó como «el
número √2 es irracional», esto es, no racional. Los griegos tenían un modo más
engorroso de decir esto mismo, pero sabían que √2 debía existir: por el teorema
de Pitágoras, es la longitud de la diagonal de un cuadrado de lado 1. Así que
se necesitaban más números, los racionales solos no pueden hacerlo todo. Los
griegos encontraron un complicado método geométrico para lidiar con los números
irracionales, pero no era completamente satisfactorio.
El siguiente paso hacia el concepto moderno de número fue hacer posible la
invención de la coma decimal (,) y la notación decimal. Esto hizo posible
representar los números irracionales con un grado alto de precisión. Por
ejemplo:
√2 ∼ 1,4142135623
aproximado
a 10 cifras decimales (el símbolo ∼ significa «es aproximadamente igual a»). Esta expresión no es
exacta: su cuadrado es realmente
1,99999999979325598129
Una
aproximación mejor, que sería con 20 cifras decimales, es esta:
√2 ∼ 1,41421356237309504880
pero
de nuevo no es exacta. Sin embargo, hay un sentido lógico riguroso en el cual
una expansión decimal infinita es exacta. Por supuesto, esa expresión no puede
escribirse completa, pero es posible establecer las ideas para que tenga
sentido.
< Los decimales con parte decimal infinita (incluyendo aquellos que la
tienen finita, pues pueden pensarse como decimales que terminan en una cantidad
infinita de ceros) se llaman números reales, en parte porque
corresponden directamente a medidas del mundo natural como longitudes o pesos.
Cuanto más precisa sea la medición, más cifras decimales necesitas; para
obtener un valor exacto, necesitas infinitas. Tal vez resulte irónico que
«real» esté definido por un símbolo infinito que no puede escribirse
completamente. Los números reales negativos también están permitidos.
Hasta el siglo XVIII ningún otro concepto matemático se consideró como números
genuinos. Pero ya en el siglo XV, unos cuantos matemáticos se preguntaron si
habría un tipo de número nuevo: la raíz cuadrada de menos uno. Esto es, un
número que da –1 cuando lo multiplicas por sí mismo. A primera vista se trata
de una idea disparatada, porque el cuadrado de cualquier número real es
positivo o cero. Sin embargo, resultó ser una buena idea seguir adelante y equipar
a –1 con una raíz cuadrada, para lo cual Leonhard Euler introdujo el
símbolo i. Esta es la letra inicial de «imaginario» (en inglés,
latín, francés, alemán y español) y se llamaron así para distinguirlos de los
viejos números reales. Por desgracia, esto llevó a mucho misticismo innecesario
—Gottfried Leibniz una vez se refirió a i como «un anfibio entre ser y no
ser»—, lo cual complicó una verdad clave. En concreto, tanto números reales
como imaginarios tiene exactamente la misma condición lógica. Son conceptos
humanos que modelan la realidad, pero no son reales por sí mismos.
La existencia de i hace necesario introducir muchos otros números nuevos para
poder hacer cálculos aritméticos, números como 2 + 3i. Estos se
llaman números complejos, y han sido indispensables en matemáticas
y ciencias durante los últimos siglos. Es curioso, porque lo cierto es que son
nuevos para la mayoría de la raza humana, pues no sueles encontrarte con
números complejos en las matemáticas del colegio; no porque carezcan de importancia,
sino porque las ideas son demasiado sofisticadas y las aplicaciones demasiado
avanzadas.
Los matemáticos utilizan símbolos con florituras para los principales sistemas
numéricos. No los usaré de nuevo, pero deberías verlos al menos una vez:
N =
el conjunto de todos los números naturales 0, 1, 2, 3,...
Z = el conjunto de todos los números enteros –3, –2, –1, 0, 1, 2,
3,...
Q = el conjunto de todos los números racionales
R = el conjunto de todos los números reales
C = el conjunto de todos los números complejos
Estos
sistemas encajan unos dentro de otros como unas matrioskas:
N ⊂ Z ⊂ Q ⊂ R ⊂ C
El
símbolo de la teoría de conjuntos ⊂ significa «está contenido en». Observa que, por ejemplo, todo
entero es racional; un ejemplo sería el entero 3, que es ta mbién la fracción.
Normalmente no lo escribimos de este modo, pero ambas notaciones representan el
mismo número. De manera similar, todo número racional es también real, y todo
real es también complejo. Los sistemas más antiguos se incorporan a los nuevos,
no se reemplazan.
Incluso los números complejos no son el final de las extensiones del sistema
numérico que los matemáticos han hecho a lo largo de los siglos. Están los
cuaterniones H y los octoniones O [véase 4], por ejemplo. Sin embargo, estos
son más provechosos desde un punto de vista algebraico que aritmético. Y
acabaré mencionando un número más paradójico: infinito. Desde un punto de vista
filosófico, infinito difiere de los números convencionales y no pertenece a
ninguno de los sistemas numéricos estándar, desde los números naturales a los
números complejos. Sin embargo, merodea por los márgenes, con un aspecto
numérico pero sin ser un número como tal. Hasta que Georg Cantor revisó nuestro
punto de partida, contar, y mostró que no solo infinito es un número en el
sentido de contar, sino también que hay diferentes tamaños de infinito. Entre
ellos están iℵ0, el número de números naturales, y C,
el número de números reales, el cual es mayor. Cuanto mayor es discutible:
depende del sistema de axiomas que uses para formalizar las matemáticas.
Pero dejemos estos números hasta que hayamos desarrollado la suficiente
intuición sobre números más ordinarios. Lo que me lleva a la tercera cuestión.
§. ¿Qué es un número?
Parece una pregunta sencilla, y lo es. Pero no así la respuesta.
Todos sabemos cómo usar los números. Todos sabemos qué aspecto tienen siete
vacas, siete ovejas o siete sillas. Todos podemos contar hasta siete. Pero
¿qué es siete?
No es el símbolo 7. Esa es una elección arbitraria y es diferente en muchas
culturas. En árabe es
No es la palabra «siete». En francés es sept, en alemán es sieben.
Hacia mediados del siglo XIX, algunos matemáticos con mentalidad lógica se
dieron cuenta de que, aunque todo el mundo había estado usando los números
durante miles de años, nadie sabía realmente qué eran. Así que hicieron la
pregunta que nunca debería haberse formulado: ¿qué es un número?
Es una pregunta más complicada de lo que parece. Un número no es algo que
puedas mostrar a alguien en el mundo físico. Es una abstracción, un concepto mental
humano, uno derivado de la realidad, pero no exactamente real.
Puede sonar preocupante, pero los números no son solo eso. Un ejemplo común es
el «dinero». Todos sabemos cómo pagar algo y cuál es su cambio, y lo hacemos
—ingenuamente imaginamos— intercambiando dinero. Tendemos a pensar en dinero
como las monedas y billetes en nuestros bolsillos o carteras. Sin embargo, no
es tan simple. Si usamos la tarjeta de crédito, no hay intercambio de monedas o
billetes. En su lugar, hay señales que pasan a través de un sistema telefónico
a la compañía de la tarjeta y finalmente a nuestro banco, y las cifras en las
cuentas bancarias —la nuestra, la de la tienda, la de la compañía de la
tarjeta— cambian. Un billete británico de 5 libras usado para llevar el mensaje
«Prometo pagar bajo demanda al portador la suma de cinco libras», no es dinero
en absoluto, sino la promesa de pagar dinero. Hubo un tiempo en el que podías
llevarlo al banco y cambiarlo por oro, lo que era considerado como el
dinero real. Ahora, todo lo que el banco haría sería cambiártelo
por otro billete de 5 libras. Pero el oro tampoco era realmente dinero, era
solo una manifestación física de este. Como prueba, el valor del oro no es
fijo.
¿Es entonces el dinero un número? Sí, pero solo con un contexto legal
específico. Escribir 1.000.000 de dólares en un trozo de papel no te convierte
en millonario. Lo que hace que el dinero sea dinero es un
cuerpo de convenciones humanas sobre cómo representamos los números del dinero
y cómo lo cambiamos por bienes u otros números. Lo que importa es lo que haces
con él, no lo que es. El dinero es una abstracción.
Lo mismo pasa con los números. Aunque esta respuesta no resuelve mucho,
porque todo en matemáticas es una abstracción. De modo que unos
cuantos matemáticos siguieron preguntándose qué tipo de
abstracción podía definir «número». En 1884, un matemático alemán llamado
Gottlob Frege escribió Los fundamentos de la aritmética,
estableciendo los principios fundamentales sobre los que se basan los números.
Una década después, fue más allá, e intentó derivar esos principios de las
leyes más básicas de la lógica. Su Leyes básicas de la aritmética se
publicó en dos volúmenes, el primero en 1893 y el segundo en 1903.
Frege empezó a partir del proceso de contar y no se centró en los números que
usamos, sino en las cosas que contamos. Si pones siete tazas en una mesa y las
cuentas: «1, 2, 3, 4, 5, 6, 7», los objetos importantes parecen ser los
números, pero para Frege lo importante eran las tazas. Contar tiene sentido
porque tenemos una colección de tazas que queremos contar. Con una colección
diferente, tendríamos un número diferente. Frege llamó a estas
colecciones clases(en alemán). Cuando contamos cuántas tazas
contiene esta clase en particular, establecemos una correspondencia entre
la clase de las tazas y los símbolos numéricos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7.
Figura 5. Correspondencia entre tazas y números.
De
modo similar, dada una clase de platos, quizá seamos capaces de establecer
también esta correspondencia:
Figura 6. Correspondencia entre platos y números.
En
tal caso, podemos concluir que la clase de platos contiene el mismo número de
platos que la clase de tazas contiene de tazas. Incluso sabemos cuántos: siete.
Esto podría parecer obvio hasta el punto de la banalidad, pero Frege se dio
cuenta de que nos estaba diciendo algo bastante profundo. En concreto, que
podemos probar que la clase de platos contiene el mismo número de platos que la
clase de tazas contiene de tazas, sin usar los símbolos 1, 2,
3, 4, 5, 6, 7 y sin saber cuántas tazas o platos hay. Es suficiente con
establecer una correspondencia entre la clase de tazas y la clase de platos:
Figura 7. Correspondencia entre tazas y platos sin necesidad de números.
Técnicamente,
este tipo de correspondencia es conocido como una correspondencia uno a
uno: cada taza se empareja exactamente con un plato, y cada plato se
empareja exactamente con una taza. El contar no funciona si te olvidas de
alguna taza o cuentas la misma taza varias veces. Lo llamaremos
correspondencia, mientras recordemos esta condición técnica.
Por cierto, si alguna vez te has preguntado por qué los niños en la escuela
pasan cierto tiempo «emparejando» conjuntos de vacas con conjuntos de pollos, o
cualquier otra cosa, dibujando líneas entre las imágenes, es culpa de Frege.
Algunos educadores esperaban (y puede que todavía esperen) que su planteamiento
podría mejorar la intuición para los números. Yo me inclino a verlo como
promover la lógica e ignorar la psicología y acabar confundido en lo que se
refiere al significado de «fundamental», pero no reiniciemos una guerra
matemática aquí.
Frege concluyó que emparejar clases usando una correspondencia se encuentra en
el fondo de lo que entendemos por «número». Contar cuántas cosas contiene una
clase tan solo empareja esa clase con una clase estándar, cuyos miembros se
denotan con los símbolos convencionales 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, etcétera,
dependiendo de la cultura de uno. Pero Frege no creía que el concepto de número
debiese depender de la cultura, de modo que encontró un modo de evitar de una
vez símbolos arbitrarios. Más exactamente, inventó un super símbolo universal,
el mismo para cualquier cultura. Pero no puedes escribirlo, pues era algo
puramente conceptual.
Empezó señalando que los miembros de una clase pueden ser clases ellos mismos.
No tienen que serlo, pero no hay nada que lo impida. Una caja de latas de
alubias es un ejemplo del día a día: los miembros de la caja son latas y los
miembros de las latas son alubias. De modo que es correcto usar clases como
miembros de otras clases.
El número «siete» está asociado, por correspondencia, a cualquier clase que se
pueda emparejar con nuestra clase de tazas o la correspondiente clase de platos
o la clase que consiste en los símbolos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7. Escoger una clase
en concreto de estas y llamar a eso un número es una decisión
arbitraria que carece de elegancia y resulta insatisfactoria. Así que ¿por qué
no jugarse el todo por el todo y usar todas estas clases? Entonces «siete»
puede definirse como la clase de todas las clases que están en
correspondencia con cualquiera (por tanto todas) de las clases que acabamos de
mencionar. Haciendo esto, podemos decir si cualquier clase dada tiene siete
miembros comprobando si es miembro de esta clase de clases. Por comodidad
etiquetamos esta clase de clases como «siete», pero la propia clase tiene
sentido incluso si no lo hacemos. De modo que Frege distinguió un número de un
nombre arbitrario (o símbolo) para ese número.
Podría entonces definir qué es un número: es la clase de las clases que está en
correspondencia con una clase dada (por tanto, también con las otras). Este
tipo de clase es a lo que me refería como «super símbolo». Si estás en esta
línea de pensamiento, esta es una idea brillante. De hecho, en lugar de escoger
un nombre para el número, conceptualmente agrupamos todos los posibles
nombresjuntos en un único objeto y usamos ese objeto en su lugar.
¿Funcionó? Lo podrás ver más adelante, en el capítulo [ℵ0].
Contenido:
1.
La unidad indivisible
2. Pares e impares
3. Ecuación cúbica
4. Cuadrado
5. Hipotenusa pitagórica
6. Número de osculación
7. Cuarto primo
8. Cubo de Fibonacci
9. Cuadrado mágico
10. Sistema decimal
El
número entero positivo más pequeño es el 1. Es la unidad indivisible en
aritmética: el único número entero positivo que no puede obtenerse sumando dos
números enteros positivos más pequeños.
§. Bases del concepto de número
El número 1 es por el que empezamos a contar. Dado cualquier número, creamos el
número siguiente añadiendo 1:
2 =
1 + 1
3 =
(1 + 1) + 1
4 =
((1 + 1) + 1) + 1
y
así sucesivamente. Los paréntesis nos indican qué operaciones realizamos
primero. Normalmente se omiten porque resulta que en este caso el orden no
importa, pero es mejor ser cuidadoso al principio.
A partir de estas definiciones y las leyes básicas del álgebra, las cuales en
un desarrollo lógico formal deben enunciarse explícitamente, podemos incluso
probar el famoso teorema «2 + 2 = 4». La prueba cabe en una línea:
2 +
2 = (1 + 1) + (1 + 1) = ((1 + 1) + 1) + 1 = 4
En
el siglo XX, cuando algunos matemáticos estaban intentando establecer los
fundamentos de las matemáticas sobre unas bases lógicas firmes, usaron la misma
idea, pero por razones técnicas empezaron desde 0 [véase 0].
El número 1 expresa una idea matemática importante: la de unicidad.
Un objeto matemático con una propiedad particular es único si solo un objeto
tiene esa propiedad. Por ejemplo, 2 es el único número primo par. La unicidad
es importante porque nos permite probar que algunos objetos matemáticos
ligeramente misteriosos en realidad son objetos que ya conocemos. Por ejemplo,
si podemos probar que algún número positivo n desconocido es a
la vez par y primo, entonces n debe ser igual a 2. Para un
ejemplo más complicado, el dodecaedro es el único sólido regular con caras
pentagonales [véase 5]. De modo que si en alguna obra de matemáticas nos
encontramos con un sólido regular con caras pentagonales, sabemos de inmediato,
sin tener que hacer nada más, que tiene que ser un dodecaedro. Todas las demás
propiedades de un dodecaedro vienen entonces a continuación.
§. Tabla del uno
Nunca nadie se ha quejado por tener que aprender la tabla del uno. «Uno por uno
es uno, uno por dos es dos, uno por tres es tres...» Si multiplicamos cualquier
número por 1, o lo dividimos por 1, sigue siendo el mismo número.
n ×
1 = n; n: 1 = n
Es
el único número que se comporta de este modo.
En consecuencia, 1 es igual a su cuadrado, su cubo y todas las potencias
mayores:
12 =
1 × 1 = 1
13 =
1 × 1 × 1 = 1
14 =
1 × 1 × 1 × 1 = 1
y
así sucesivamente. Hay solo otro número con esta propiedad, el 0.Por esta
razón, generalmente el número 1 se omite en álgebra cuando aparece como
coeficiente en una fórmula. Por ejemplo, en lugar de 1x2 +
3x + 4, escribimos x2+ 3x + 4.
Solo hay otro número tratado de esta manera, el 0, con el cual sucede algo
todavía más drástico: en lugar de 0x2 + 3x +
4, escribimos 3x + 4, y dejamos fuera el término 0x2 por
completo.
§. ¿Es 1 primo?
Solía serlo, pero ya no lo es. El número no ha cambiado, pero la definición de
«primo» sí.
Algunos números pueden obtenerse multiplicando otros dos números. Por ejemplo,
6 = 2 × 3 y 25 = 5 × 5. Este tipo de número decimos que es compuesto.
Otros números no se pueden obtener de este modo: son los que llamamos primos.
Según esta definición, 1 es primo, y hasta hace 150 años esa era la convención
estándar. Pero entonces resultó que era más conveniente considerar 1 como un
caso excepcional. En la actualidad se considera que ni es primo ni es
compuesto, sino que es la unidad. Lo explicaré enseguida, pero
antes necesitamos introducir otras ideas.
La secuencia de primos empieza
2 3
5 7 11 13 17 19 23 29 31 37 41 47
y
aparentemente es muy irregular, excepto por unos cuantos patrones sencillos.
Todos los primos excepto el 2 son impares, porque cualquier número par es
divisible entre 2. Solo 5 puede acabar en 5 y ninguno puede acabar en 0, porque
esos números son divisibles por 5.
Todo número entero mayor que 1 puede expresarse como un producto de números
primos. Este proceso se llama factorización y los primos
involucrados en él se llaman los factores primos del número.
Además, la factorización es única, dejando al margen el cambiar de orden en el
cual aparecen los factores. Por ejemplo:
60 =
2 × 2 × 3 × 5 = 2 × 3 × 2 × 5 = 5 × 3 × 2 × 2
etcétera,
pero el único modo de obtener 60 es reordenar la primera lista de primos. Por
ejemplo, no hay una factorización en números primos que sea 60 = 7 × algo.
Esta propiedad se llama «unicidad de la factorización en números primos».
Probablemente parece obvio, pero a menos que hayas hecho una carrera de
matemáticas, me sorprendería que alguien te hubiese indicado cómo probarlo.
Euclides expuso una demostración en sus Elementos y se debió
de dar cuenta de que no es obvio ni fácil, porque se toma su tiempo preparando
el terreno. Para algunos sistemas más generales parecidos a los numéricos, ni
siquiera es cierto. Pero sí lo es para la aritmética ordinaria, y es un arma
muy efectiva en la armería matemática.
Las factorizaciones de los números del 2 al 31 son:
|
2 (primo) |
3 (primo) |
4 = 22 |
|
5 (primo) |
6 = 2 × 3 |
7 (primo) |
|
8 = 23 |
9 = 32 |
10 = 2 × 5 |
|
11 (primo) |
12 = 22 × 3 |
13 (primo) |
|
14 = 2 × 7 |
15 = 3 × 5 |
16 = 24 |
|
17 (primo) |
18 = 2 × 32 |
19 (primo) |
|
20 = 22 × 5 |
21 = 3 × 7 |
22 = 2 × 11 |
|
23 (primo) |
24 = 23 × 3 |
25 = 52 |
|
26 = 2 × 13 |
27 = 33 |
28 = 22 × 7 |
|
29 (primo) |
30 = 2 × 3 × 5 |
31 (primo) |
La
principal razón para tratar al 1 como un caso excepcional es que si contamos 1
como primo, entonces la factorización no es única. Por ejemplo 6 = 2 × 3 = 1 ×
2 × 3 = 1 × 1 × 2 × 3, etcétera. Una consecuencia aparentemente extraña de esta
convención es que 1 no tiene factores primos. Sin embargo, aun así es un
producto de primos de un modo bastante extraño: 1 es el producto de un
«conjunto vacío» de primos. Esto es, sino multiplicas ningún número primo,
obtienes 1. Probablemente parezca una locura, pero hay razones sensatas para
esta convención. De modo similar, si «multiplicas» un único
número primo, obtienes ese primo.
2. Pares e impares
Los números pares son divisibles por 2; los números impares no lo son. Por lo
tanto, 2 es el único número primo par. Es una suma de dos cuadrados: 2 = 12 +
12. Los otros primos con esta propiedad son precisamente aquellos
cuyo resto es 1 al dividirlos por 4. Los números que son una suma de dos
cuadrados pueden caracterizarse en términos de sus factores primos.
La aritmética binaria, usada en los ordenadores, está basada en potencias de 2
en lugar de en potencias de 10. Las ecuaciones cuadráticas, en las que está
involucrada una potencia de dos de un número desconocido, pueden resolverse
usando raíces cuadradas.
La distinción entre pares e impares se extiende a las permutaciones, que son
modos de ordenar un conjunto de objetos. La mitad de las permutaciones son
pares y la otra mitad impares. Te mostraré una aplicación clara: una prueba
sencilla de que un famoso rompecabezas no puede resolverse.
§. Paridad (pares/impares)
Una de las distinciones más importante en todas las matemáticas es la que hay
entre números pares e impares.
Empecemos con los números naturales 0, 1, 2, 3,... Entre ellos, los números
pares son:
0 2
4 6 8 10 12 14 16 18 20...
y
los impares son:
1 3
5 7 9 11 13 15 17 19 21...
En
general, cualquier número natural que es múltiplo de 2 es par y cualquier
número natural que no es múltiplo de 2 es impar. En contra de lo que algunos
profesores parecen creer, 0 es par, porque es múltiplo de 2, en concreto, 0 ×
2.
Figura 8. Números pares e impares.
Los
números impares tienen resto igual a 1 cuando se dividen entre 2 (el resto es
distinto de 0 y menor que 2, lo cual solo deja 1 como posibilidad). De modo
que, algebraicamente, los números pares son de la forma 2n, donde n es
un número natural, y los números impares son de la forma 2n + 1. (De
nuevo, si tomamos n = 0, tenemos que 0 es par.) Para extender el
concepto «par» e «impar» a los números negativos, permitimos que n sea
negativo. Entonces –2, –4, –6, etcétera, son pares y –1, –3, –5, etcétera, son
impares. Los números pares e impares se alternan a lo largo de la recta
numérica.
Figura 9. Los números pares e impares se alternan a lo largo de la recta
numérica.
Una
característica agradable de los números pares e impares es que obedecen a
reglas aritméticas sencillas:
par
+ par = par
impar + impar = par
par + impar = impar
impar + par = impar
par × par = par
impar × impar = impar
par × impar = par
impar × par = par
no
importa el número en concreto de que se trate. De modo que si alguien afirma
que 13 × 17 = 222, sabes que está equivocado sin hacer los
cálculos: impar × impar = impar y 222 es par.
§. El primo más pequeño y el único par
La lista de números primos empieza con 2, de modo que 2 es el número primo más
pequeño. También es el único número primo par, porque por definición todos los
números pares son divisibles por 2. Si el número que nos ocupa es 4 o mayor, se
expresa como el producto de dos números más pequeños, de modo que es compuesto.
Estas propiedades, aunque sean sencillas y obvias, dan a 2 un estatus de
unicidad entre todos los números.
§. Teorema de los dos cuadrados
En el día de Navidad de 1640, el brillante matemático aficionado Pierre de
Fermat escribió al monje Marín Mersenne y le hizo una pregunta intrigante: ¿qué
números pueden escribirse como una suma de dos cuadrados perfectos?
El cuadrado de un número es lo que obtienes cuando lo multiplicas por sí mismo.
Así, el cuadrado de 1 es 1 × 1 = 1, el cuadrado de 2 es 2 × 2 = 4, el cuadrado
de 3 es 3 × 3 = 9, etcétera. El símbolo para el cuadrado de un número n es n2.
De modo que 02 = 0, 12 = 1, 22 =
4, 32 = 9, etcétera.
Los cuadrados de los números del 0 al 10 son:
0 1
4 9 16 25 36 49 64 81 100
Por
lo tanto, 4 es el primer cuadrado perfecto después de los menos interesantes 0
y 1.
La palabra «cuadrado» se usa porque estos números surgen al colocar puntos
juntos en cuadrados.
Figura 10. Cuadrados.
Cuando
sumamos los cuadrados de dos en dos, obviamente podemos obtener los propios
cuadrados; basta sumar 0 al cuadrado. Pero también obtenemos números como
1 +
1 = 2
4 + 1 = 5
4 + 4 = 8
9 + 1 = 10
9 + 4 = 13
16 + 1 = 17
que
no son cuadrados. Aun así, muchos números no aparecen, por ejemplo, 3, 6, 7,
11.
|
Tabla 2 |
|||||||||||
|
|
0 |
1 |
4 |
9 |
16 |
25 |
36 |
49 |
64 |
81 |
100 |
|
0 |
0 |
1 |
4 |
9 |
16 |
25 |
36 |
49 |
64 |
81 |
100 |
|
1 |
1 |
2 |
5 |
10 |
17 |
26 |
37 |
50 |
65 |
82 |
|
|
4 |
4 |
5 |
8 |
13 |
20 |
29 |
40 |
53 |
68 |
85 |
|
|
9 |
9 |
10 |
13 |
18 |
25 |
34 |
45 |
58 |
73 |
90 |
|
|
16 |
16 |
17 |
20 |
25 |
32 |
41 |
52 |
65 |
80 |
97 |
|
|
25 |
25 |
26 |
29 |
34 |
41 |
50 |
61 |
74 |
89 |
|
|
|
36 |
36 |
37 |
40 |
45 |
52 |
61 |
72 |
83 |
|
|
|
|
49 |
49 |
50 |
53 |
58 |
65 |
74 |
98 |
|
|
|
|
|
64 |
64 |
65 |
68 |
73 |
80 |
89 |
|
|
|
|
|
|
81 |
81 |
82 |
85 |
90 |
97 |
|
|
|
|
|
|
|
100 |
100 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
A continuación hay una tabla que muestra todos los números del 0 al 100 que son
suma de dos cuadrados. (Para obtener el número de las celdas que no están en
negrita, suma el número en negrita en la parte superior de su columna con el
número en negrita a la izquierda de su misma fila. Por ejemplo, 25 + 4 = 29. Se
han omitido las sumas mayores que 100.)
A primera vista, es difícil encontrar un patrón, pero hay uno, que Fermat
descubrió. El truco es escribir los factores primos de los
números en la tabla. Dejando fuera el 0 y el 1, que son excepciones, tenemos:
|
2 = 2 |
4 = 22 |
5 = 5 |
|
8 = 23 |
9 = 32 |
10 = 2 × 5 |
|
13 = 13 |
16 = 24 |
17 = 17 |
|
18 = 2 × 32 |
20 = 22 × 5 |
25 = 52 |
|
26 = 2 × 13 |
29 = 29 |
34 = 2 × 17 |
|
36 = 22 × 32 |
37 = 37 |
40 = 23 × 5 |
|
41 = 41 |
45 = 32 × 5 |
49 = 72 |
|
50 = 2 × 52 |
53 = 53 |
58 = 2 × 29 |
|
61 = 61 |
64 = 26 |
65 = 5 × 13 |
|
68 = 22 × 17 |
72 = 23 × 32 |
73 = 73 |
|
74 = 2 × 37 |
80 = 24 × 5 |
81 = 32 |
|
82 = 2 × 41 |
85 = 5 × 17 |
89 = 89 |
|
90 = 2 × 32 × 5 |
97 = 97 |
100 = 22 × 52 |
He subrayado los números que son primos, porque son la clave para el problema.
Faltan algunos primos, en concreto: 3, 7, 11, 19, 23, 31, 43, 47, 59, 67, 71,
79 y 83. ¿Puedes emular a Fermat y descubrir su característica común?
Cada uno de estos primos es un múltiplo de 4 menos 1. Por ejemplo, 23 = 24 – 1
y 24 = 6 × 4. El primo 2 aparece en mi lista, de nuevo, lo cual es excepcional
en algunos aspectos. Todos los primos impares en mi tabla son
un múltiplo de 4 más 1. Por ejemplo, 29 = 28 + 1 y 28 = 7 × 4. Los primeros
primos de esta forma aparecen todos en mi lista y, es más, si la ampliase,
parece que no faltaría ninguno.
Todo número impar es o bien un múltiplo de 4 menos 1 o bien un múltiplo de 4
más 1, esto es, es de la forma 4k – 1 o 4k + 1, para
todo número natural k. El único primo par es 2. De modo que todo
primo debe cumplir una de las siguientes condiciones:
1. ser
igual a 2
2. ser
de la forma 4k + 1
3. ser
de la forma 4k – 1
Los
primos que faltan en mi lista de la suma de dos cuadrados son precisamente los
primos de la forma 4k– 1.
Estos primos pueden aparecer como factores de los números en
la lista. Observa al 3, por ejemplo, que es factor de 9, 18, 36, 45, 72, 81 y
90. No obstante, todos estos números son en realidad múltiplos de 9, esto es,
de 32.
Si observas listas más largas desde el mismo punto de vista, aparece un patrón
sencillo. En su carta, Fermat afirmaba haber probado que los números distintos
de cero que son suma de dos cuadrados son precisamente aquellos
para los que todo factor primo de la forma 4k – 1 aparece con una
potencia par. La parte más difícil era probar que todo primo de la forma 4k +
1 es la suma de dos cuadrados. Albert Girard solo había llegado a hacer
conjeturas en 1632, pero no había probado nada.
La tabla incluye algunos ejemplos, pero comprobemos el argumento de Fermat con
algo un poco más ambicioso. El número 4.001 es claramente de la forma 4k+
1; basta tomar k igual a 1.000. Es también primo. Por el
teorema de Fermat, debería ser una suma de dos cuadrados. ¿Cuáles?
En ausencia de un método más inteligente, podemos intentar sustraer 12,
22, 32, etcétera por turnos, y ver si obtenemos un
cuadrado. Los cálculos empiezan así:
4.001
– 12 = 4.000: no es un cuadrado
4.001
– 22 = 3.997: no es un cuadrado
4.001
– 32 = 3.992: no es un cuadrado
Y
finalmente llegamos a
4.001
– 402 = 2.401: es el cuadrado de 49
De
modo que
4.001
= 402 + 492
y
Fermat lo explica usando un ejemplo.
Esta es esencialmente la única solución, además de 492 + 402.
Obtener un cuadrado restando un cuadrado de 4.001 es un resultado raro, casi
parece que fortuito. Fermat explicó por qué no lo es. También sabía que cuando
4k + 1 es primo, hay solo un modo de dividirlo en dos cuadrados.
En general, no hay un camino sencillo y práctico de encontrar los números
correctos. Gauss proporcionó una fórmula, pero no es muy práctica. La prueba
tiene que demostrar que el cuadrado requerido existe, aunque sin proporcionar
una manera rápida de encontrarlo, lo cual es algo técnico y requiere mucha
preparación, por lo que no intentaré explicar la demostración aquí. Uno de los
encantos de las matemáticas es que afirmaciones verdaderas y sencillas no
siempre se demuestran fácilmente.
§. Sistema binario
Nuestro sistema numérico tradicional se llama «decimal», porque usa 10 como su
número base y en latín 10 es decem. Hay diez dígitos 0-9 y el valor
de los dígitos se multiplica por 10 en cada posición que se avanza de derecha a
izquierda. Así, 10 significa diez; 100, un centenar, 1.000, un millar; etcétera
[véase 10].
Pueden establecerse sistemas de notación similares para números usando
cualquier número como base. El más importante de estos sistemas de notación
alternativos, llamado binario, usa base 2. Tiene solo dos dígitos, 0 y 1, y el
valor de un dígito se dobla en cada posición que avanza de derecha a izquierda.
En binario, 10 quiere decir 2 (usando nuestra notación decimal), 100 quiere
decir 4, 1.000 quiere decir 8, 10.000 quiere decir 16, etcétera.
Para obtener números que no son potencias de 2, sumamos distintas potencias de
2. Por ejemplo, 23 en decimal es igual a
16 +
4 + 2 + 1
que
usa un 16, ningún 8, un 4, un 2 y un 1. De modo que en notación binaria pasa a
ser
10111
Los
primeros números binarios y sus equivalentes decimales son:
|
decimal |
binario |
decimal |
binario |
|
0 |
0 |
11 |
1011 |
|
1 |
1 |
12 |
1100 |
|
2 |
10 |
13 |
1101 |
|
3 |
11 |
14 |
1110 |
|
4 |
100 |
15 |
1111 |
|
5 |
101 |
16 |
10000 |
|
6 |
110 |
17 |
10001 |
|
7 |
111 |
18 |
10010 |
|
8 |
1000 |
19 |
10011 |
|
9 |
1001 |
20 |
10100 |
|
10 |
1010 |
21 |
10101 |
Para «decodificar» los símbolos, por ejemplo, para el número 20, los escribimos
como potencias de 2:
1 0
1 0 0
16 8
4 2 1
Las
potencias de 2 que se dan con el símbolo 1 son 16 y 4. Súmalas: el resultado es
20.
§. Historia
En algún momento entre 500 a. C. y 100 a. C., el académico hindú Pingala
escribió un libro llamado Chandaḥśāstra sobre rimas en poesía y listó
diferentes combinaciones para sílabas largas y breves. Clasificó esas
combinaciones usando una tabla, la cual en su forma moderna usa 0 para una
sílaba breve y 1 para una larga. Por ejemplo,
00 =
breve-breve
01 = breve-larga
10 = larga-breve
11 = larga-larga
Los
patrones aquí son los mismos que en la notación binaria, pero Pingala no hacía
cálculos aritméticos con sus símbolos.
El antiguo libro chino de adivinación, el I Ching (Yì Jīng),
usaba 64 conjuntos de seis líneas horizontales, bien completas (yang) o
partidas en dos (yin), como un oráculo. Estos conjuntos se conocen
como hexagramas. Cada hexagrama consiste en dos trigramas puestos
uno sobre otro. Originariamente el hexagrama era usado para predecir el futuro,
arrojando tallos de milenrama al suelo y aplicando unas reglas para determinar
qué hexagrama deberías observar. Más tarde pasaron a usarse tres monedas.
Si usamos 1 para representar una línea completa (yang) y 0 para una partida
(yin), cada hexagrama se corresponde a un número binario de seis dígitos. Por
ejemplo, el hexagrama en la Figura es 010011. Según el método de adivinación,
este es el hexagrama 60 (
Limitación Sobre: k’an lo catastrófico, agua.
Bajo: tui la alegría, lago.
Juicio Limitación, éxito. Limitación irritante no debe ser perseverada.
Figura 11. A la izquierda, un hexagrama. A la derecha, los ocho trigramas.
Image Agua
sobre lago: la imagen de la limitación. Así el hombre superior crea números y
medida, y examina la naturaleza de la virtud y la conducta correcta.
De nuevo, aunque los patrones binarios están presentes en el I Ching,
la aritmética no lo está. En los escritos de Thomas Harriot (1560-1621) aparece
más sobre la estructura matemática de los símbolos binarios, que dejó miles de
páginas de manuscritos no publicados. Uno de ellos contiene una lista que
empieza
1 1
2 2
3 2
+ 1
4 4
5 4
+ 1
6 4
+ 2
7 4
+ 2 + 1
y
continúa hasta
30 =
16 + 8 + 4 + 2
31 =
16 + 8 + 4 + 2 + 1
Está
claro que Harriot entendió el principio básico de la notación binaria. Sin
embargo, el contexto de esta lista es una larga serie de tablas enumerando cómo
varios objetos pueden combinarse de maneras diferentes, no aritmética.
En 1605, Francis Bacon explicó cómo codificar letras del alfabeto como
secuencias de dígitos binarios, y se acercó mucho a usarlas como números. Los
binarios finalmente llegaron como una notación aritmética en 1697, cuando
Leibniz escribió al duque Rudolph de Brunswick proponiendo un «medallón o
moneda conmemorativo».
Figura 12. Medallón binario de Leibniz.
El
diseño muestra una tabla de las representaciones binarias de los números del 0
al 15, con la inscripción Omnibus ex nihilo ducendis sufficit unum («Para
todo lo que surge de la nada, uno basta»). Matemáticamente, Leibniz está
indicando que si tienes el símbolo 0 (nada) y añades el 1 (uno), entonces
puedes obtener cualquier número (todo). Pero también estaba haciendo una
afirmación religiosa simbólica: un único Dios puede crear todo de la nada.
La medalla nunca se acuñó, pero su solo diseño fue un paso significativo. En
1703, Leibniz estaba desarrollando las matemáticas binarias y publicó un
artículo «Explication de l’arithmétique binaire» en Mémoires de
l’Académie Royale des Sciences. Escribió:
«En
lugar de esta progresión por las decenas [notación decimal], durante muchos
años he usado la más sencilla de todas, la que va de dos en dos». Indica que
las reglas para la aritmética binaria son tan sencillas que nadie se puede
olvidar de ellas, pero también dice que, debido a que la forma binaria de un
número es alrededor de cuatro veces más larga que su forma decimal, el método
no es práctico. En cierto modo profético, también dijo que «el cálculo de dos
en dos es más fundamental para la ciencia y proporciona nuevos descubrimientos»
y «estas expresiones de números facilitan mucho todo tipo de operaciones».
Esto
es lo que tenía en mente. Para realizar cálculos aritméticos con números
binarios, todo lo que necesitas saber es:
0 +
0 = 0
0 + 1 = 1
1 + 0 = 1
1 + 1 = 0 llevando 1
0 × 0 = 0
0 × 1 = 0
1 × 0 = 0
1 × 1 = 1
Una
vez que conoces esta información sencilla, puedes sumar y multiplicar dos
números binarios cualesquiera, usando métodos similares a los que usas en
aritmética ordinaria. También puedes hacer restas y divisiones.
§. Computación digital
Ahora sabemos que Leibniz dio en el clavo cuando sugirió que el sistema binario
sería «fundamental para la ciencia». El sistema binario fue originariamente una
rareza matemática, pero la invención de ordenadores digitales ha cambiado esto.
La electrónica digital está basada en una distinción simple entre presencia, o
ausencia, de una señal eléctrica. Si simbolizamos estos dos estados con 1 y 0,
la razón para trabajar con un sistema binario se hace evidente. En principio,
podemos construir ordenadores usando el sistema decimal, por ejemplo,
permitiendo que los dígitos 0-9 se correspondan con señales a 0 voltios, 1
voltio, 2 voltios, etcétera. Sin embargo, en cálculos complicados se darían
imprecisiones y no estaría claro si una señal de, por ejemplo, 6,5 voltios es
el símbolo 6 en un voltaje elevado, o el símbolo 7, en uno reducido. Usando
solo dos niveles de voltaje, muy separados, las ambigüedades de este tipo
pueden eliminarse asegurándose que el error es siempre mucho más pequeño que la
diferencia entre los dos niveles.
Con los métodos de fabricación actuales, sería posible construir ordenadores
fiables usando base 3, o bases mayores, en lugar de 2. Pero ya se ha fabricado
una cantidad enorme de tecnología usando el sistema binario, y es fácil pasar
de binario a decimal como parte de la computación, de modo que otras bases no
proporcionan una ventaja lo suficientemente grande comparadas con el sistema
binario estándar.
§. Paridad de una permutación
La distinción entre números pares e impares es especialmente importante en la
teoría de permutaciones, la cuales son modos de reordenar un lista ordenada de
números o letras u otros objetos matemáticos. Si la lista contiene n objetos,
entonces el número total de permutaciones posibles es el factorial
n!
= n × (n – 1) × (n – 2) ×... × 3 × 2 ×
1
porque
podemos escoger el primer número de n maneras, el segundo
de n– 1, el tercero de n – 2, etcétera [véase
26!].Hay dos tipos de permutaciones: pares e impares.
Las permutaciones pares intercambian el orden de un número de pares de objetos
par; las permutaciones impares intercambian el orden de un número de pares de
objetos impar. Enseguida hablaré de esto con más detalle. A este «par» o
«impar» se le conoce como la paridad de la permutación.
De las n! posibles permutaciones, exactamente la mitad son pares y
la otra mitad impares (excepto n = 1, caso en el que hay una
permutación par y ninguna impar). De modo que cuando n≥ 2, hay n!/2
permutaciones pares y n!/2 impares.
Podemos comprender la diferencia entre permutaciones pares e impares usando
diagramas. Por ejemplo, piensa en la permutación (que llamaremos A)
que empieza con la lista
1,
2, 3, 4, 5
y la
reordena del siguiente modo:
2,
3, 4, 5, 1
Los
números en la lista se mueven como ves en la Figura:
Figura 13. Diagrama para la permutación A.
De
manera similar, si empezamos con la lista
2,
3, 4, 5, 1
y la
reordenamos así:
4,
2, 3, 1, 5
entonces
los símbolos se mueven como se indica en el siguiente diagrama:
Figura 14. Diagrama para la permutación B.
Llama
a esta permutación B. Observa que la lista en la que empezamos no
necesita estar en un orden numérico habitual. Lo que cuenta no es el orden como
tal, sino cómo este cambia.
§. Composición de permutaciones
Podemos componer (o combinar) dos permutaciones para crear
otra. Al hacer esto, reordenamos la lista según la primera permutación y luego
la reordenamos según la segunda. El proceso es más fácil de entender al poner
los dos diagramas juntos.
Figura 15. Diagrama de la permutación A seguida de la B.
Las
dos permutaciones A y B se muestran con la
fila superior de flechas y la fila inferior de flechas. Para componerlas (con
lo que obtendremos una permutación que llamaré AB), seguimos pares
de flechas que se correspondan y eliminamos la fila de números de en medio.
Obtenemos esto:
Figura 16. Diagrama para la permutación AB, antes de unificar las flechas.
Finalmente,
unificamos las flechas para obtener:
Figura 17. Diagrama para la permutación AB, después de unificar las flechas.
Esta
es la permutación que convierte a la lista
1,
2, 3, 4, 5
en
la lista
4,
2, 3, 1, 5.
§.
Número de intersecciones y paridad
En la permutación A, la flecha más larga cruza las otras cuatro
flechas. Decimos que esta permutación tiene un total de
4 intersecciones y lo escribimos como c(A)
= 4. La permutación B tiene 3 intersecciones, c (B)
= 3. Su composición AB tiene 5 intersecciones, c (AB)
= 5.
Antes de que unificásemos las flechas, AB tenía 7
intersecciones. Es la suma del número de intersecciones de A y B:
4 + 3 = 7. Cuando unificamos las flechas, dos intersecciones desaparecieron,
las dos en la parte de la derecha. Estas dos flechas se cruzaban la una con la
otra, y luego se volvían a cruzar. De modo que la segunda intersección «anula»
a la primera.
Esta observación es cierta en general. Si componemos dos permutaciones
cualesquiera A y B para obtener AB,
entonces, antes de que se unifiquen y enderecen las flechas, el número de
intersecciones de AB es el número de A más el
número de B. Cuando enderezamos las flechas, el número de
intersecciones puede permanecer igual o se sustrae un número par. De modo que
aunque c (AB) no necesariamente es igual a c(A)
+ c (B), su diferencia es siempre par. Y eso significa
que la paridad de c (AB) es la suma de las paridades
de c(A) y c (B).
Decimos que una permutación Aes par si c(A) es
par, e impar si c(A) es impar. Por consiguiente, la paridad de
la permutación A es «par» o «impar».
Una permutación par intercambia el orden de un número de pares de símbolos par.
Una permutación impar intercambia el orden de un número de pares de símbolos
impar.
Esto implica que cuando componemos permutaciones:
par
compuesto con par da par
impar compuesto con impar da par
par compuesto con impar da impar
impar compuesto con par da impar
igual
que cuando se suman números pares e impares. Estas propiedades se usan en todas
partes en matemáticas.
§. Juego del 15
Las paridades de las permutaciones podrían parecer un tema bastante técnico,
pero tienen muchas aplicaciones. Una de las más entretenidas es un juego
inventado por un norteamericano llamado Noyoes Champan. Se hizo muy popular y
se extendió a lo largo de Estados Unidos, Canadá y Europa. El empresario
Mathias Rice lo fabricó como el Gen Puzle y un dentista llamado Charles Leve
ofreció un premio a quien fuese capaz de resolverlo. Se le conoce también con
otros nombres como Cuadrado místico o Puzle del 15.
El juego está formado por 15 piezas cuadradas corredizas, numeradas del 1 al
15; se empieza con los números ordenados excepto por el 14 y el 15 y una
casilla vacía en la parte inferior a la derecha (véase la Figura de la
izquierda). El objetivo del juego es deslizar piezas sucesivas en la casilla
vacía (que se mueve a medida que las piezas se deslizan) y poner los cuadrados
en el orden correcto (Figura de la derecha).
Figura 18. Se empieza esto... ... y se acaba con esto.
Este
juego suele atribuirse al famoso autor de rompecabezas Sam Lloyd, que reavivó
el interés en él en 1886 ofreciendo un premio de mil libras. Sin embargo, Lloyd
estaba seguro de que el dinero no corría riesgo, porque en 1879, William
Johnson y William Storey habían probado que el Juego del 15 no tenía solución.
El punto fundamental es que cualquier posición en el juego puede pensarse como
una permutación de la posición original, contando la casilla vacía como una
«virtual» decimosexta pieza. La posición original, junto un par de piezas (14 y
15) intercambiadas, es una permutación impar de la posición final que se desea.
Pero el requisito de que la casilla vacía acabe en el mismo sitio que empezó,
implica que los movimientos permitidos solo llevan a permutaciones pares.
Por lo tanto, los movimientos permitidos, empezando por cualquier estado
inicial, pueden llegar exactamente a la mitad de 16!
reordenamientos posibles, que son 10.461.394.944.000 reordenamientos. Por
ensayo y error es imposible explorar más de una fracción de estas posibles
disposiciones, lo cual fácilmente puede convencer a la gente de que si lo
siguen intentando, podrían dar con una solución.
§. Ecuaciones cuadráticas
Los matemáticos distinguen las ecuaciones algebraicas por su grado, que es la
mayor potencia de la incógnita que aparece. El grado de la ecuación
5x –
10 = 0
es
uno, porque solo aparece la potencia de uno de x. El grado de
x2 –
3x + 2 = 0
es
dos, porque aparece el cuadrado (la potencia de 2) de x, pero no
aparecen potencias mayores. El grado de
x3 –
6x2 + 11x – 6 = 0
es
tres. Y así sucesivamente.
Hay nombres especiales para las ecuaciones de grados pequeños:
grado
1 = lineal
grado 2 = cuadrática
grado 3 = cúbica
grado 4 = cuártica
La
principal tarea cuando aparece una ecuación es resolverla. Esto es, encontrar
el valor (o valores) de la incógnita x que la verifiquen. La
ecuación lineal 5x – 10 = 0 tiene la solución x =
2, porque 5 × 2 – 10 = 0. La ecuación cuadrática x2 –
3x + 2 = 0 tiene la solución x = 1, porque 12 –
3 × 1 + 2 = 0, pero también tiene una segunda solución x = 2,
porque 22 – 3 × 2 + 2 = 0. La ecuación cúbica x3 –
6x2 + 11x – 6 = 0 tiene tres
soluciones, x = 1, 2 ó 3. El número de soluciones (reales) es
siempre menor o igual que el grado.
Las ecuaciones lineales son fáciles de resolver y se han conocido métodos
generales durante miles de años, que se remontan a mucho antes de que se
inventara el álgebra simbólica. No sabemos exactamente cuándo, porque no
existen los registros adecuados.
Las ecuaciones cuadráticas, de grado dos, son más complicadas. Pero el modo de
resolverlas era conocido en la antigua Babilonia, hace 4.000 años, y es lo que
veremos a continuación. Me ocuparé de las ecuaciones cúbicas, cuárticas y de grado
cinco en los capítulos 3, 4 y 5.
§. La solución babilónica
Figura 19. Dos tablas matemáticas babilónicas.
En
1930, el historiador matemático Otto Neugebauer identificó tablas de barro de
la antigua Babilonia que explicaban cómo resolver ecuaciones cuadráticas.
Primero necesitamos saber un poco sobre la notación numérica de Babilonia. No
usaban base 10, sino base 60. De modo que 2.015 en notación babilónica (usaban
marcas con forma de cuña en el barro, en lugar de nuestros dígitos)
significaba:
2 ×
603 + 0 × 602 + 1 × 601 + 5 ×
600
que
es:
2 ×
216.000 + 0 × 3.600 + 1 × 60 + 5 × 1 = 432.065
en
base decimal. Tenían también una versión de nuestra coma decimal, sumando
múltiplos de 1/60, 1/600, etcétera.
Los historiadores reescriben los dígitos babilónicos así:
2,
0, 1, 5
y
usan un punto y coma en lugar de la coma decimal. Por ejemplo:
14,30;15
= 14 x 60 + 30 + 15/60 = 870 ¼
Veamos
ahora la ecuación cuadrática. Una tabla babilónica, que se remonta alrededor de
4.000 años, plantea: «Encuentra el lado de un cuadrado si el área menos el lado
es 14,30».
Figura 20. Símbolos cuneiformes babilónicos para los números 1-59.
Este
problema involucra al cuadrado de una incógnita (el área del cuadrado), así
como a la propia incógnita, de modo que se reduce a una ecuación cuadrática. En
la tabla siguiente se explica cómo obtener la respuesta:
|
Tabla 4 |
|
|
Instrucciones babilónicas |
Nuestra notación |
|
Toma la mitad de 1, la cual es 0;30 |
½ |
|
Multiplica 0;30 por 0;30, que da 0;15 |
¼ |
|
Suma esto a 14,30 para obtener 14,30;15 |
(14 × 60 + 30) + ¼ = 870¼ |
|
Esto es el cuadrado de 29;30 |
870¼ = (29½) × (29½) |
|
Ahora suma 0;30 a 29;30 |
29½ + ½ |
|
El resultado es 30, el lado del cuadrado |
30 |
El paso más complicado es el cuarto, que haya un número (es 29) cuyo cuadrado
es 870. El número 29 es la raíz cuadrada de 870. Las raíces
cuadradas son la principal herramienta para resolver ecuaciones cuadráticas.
Esta presentación es típica de las matemáticas babilónicas. La descripción
involucra a números específicos, pero el método es más general. Si cambias los
números sistemáticamente y sigues el mismo procedimiento, puedes resolver otras
ecuaciones cuadráticas. Si usas notación algebraica moderna, reemplazando los
números con símbolos, y empiezas con una ecuación cuadrática general:
ax2 + bx + c =
0
entonces
el método babilónico produce la respuesta
Puede
que la reconozcas: en efecto, es la fórmula que nos enseñaron en la escuela.
3. Ecuación cúbica
El número primo impar más pequeño es 3. La ecuación cúbica, la que implica una
potencia de tres de la incógnita, puede resolverse usando raíces cúbicas y
cuadradas. El espacio tiene 3 dimensiones. La trisección de un ángulo usando
regla y compás es imposible. Hay exactamente 3 polígonos regulares que recubren
el plano. Los siete octavos de todos los números son una suma de 3 cuadrados.
§. El primo impar más pequeño
El número primo más pequeño es 2, que es par. El siguiente es 3, y este es el
número primo impar más pequeño. Cualquier otro número primo es, o bien de la
forma 3k + 1, o bien 3k + 2, siendo k un
número natural, porque 3k es divisible por 3. Pero hay muchas otras
cosas interesantes que decir sobre el 3, de modo que dejaré los primos para el
capítulo [7].
§. Ecuación cúbica
Uno de los grandes triunfos de las matemáticas en la Italia del Renacimiento
fue el descubrimiento de que una ecuación cúbica puede resolverse usando una
fórmula algebraica en la que hay involucradas raíces cúbicas y raíces
cuadradas.
El Renacimiento fue un período de agitación e innovación intelectual. Los
matemáticos de la época, que no fueron una excepción a esa tendencia, estaban
decididos a superar las limitaciones de las matemáticas clásicas. El primer
gran avance fue un método para resolver ecuaciones cúbicas. Diferentes
matemáticos, que mantenían sus métodos en secreto, encontraron varias versiones
de este método. Finalmente, Girolamo Cardano, apodado «Jerome Cardan», los
publicó en uno de los más grandes libros de álgebra del mundo, el Ars
Magna. Cuando lo hizo, otro matemático lo acusó de apropiarse de su
secreto. No era poco probable. Alrededor de 1520, Cardano estaba en la
bancarrota. Convirtió el juego en su fuente de financiación, explotando sus
habilidades matemáticas para mejorar sus oportunidades de ganar. Cardano era un
genio, pero también un sinvergüenza. Sin embargo, tenía una excusa verosímil,
como veremos.
Esto es lo que sucedió. En 1535, Antonio Fior y Niccolò Fontana (apodado
«Tartaglia», «el Tartamudo») se enfrentaron en un concurso público. Cada uno
planteó al otro ecuaciones cúbicas que debían resolver y Tartaglia se impuso a
Fior de forma aplastante. En esa época, las ecuaciones cúbicas se clasificaban
en tres tipos distintos, porque los números negativos se desconocían. Fior
sabía cómo resolver solo un tipo, y en principio Tartaglia sabía cómo resolver
un tipo diferente, pero poco antes del concurso averiguó cómo resolver todos
los demás. Por esa razón planteó a Fior solo los tipos que este no podría
resolver, y de este modo venció a su oponente.
Cardano, que trabajaba en su libro de álgebra, se enteró del concurso y se dio
cuenta de que Fior y Tartaglia sabían cómo resolver ecuaciones cúbicas. Como
este descubrimiento sin precedentes mejoraría mucho su libro, pidió a Tartaglia
que le revelase su método. Finalmente, Tartaglia se lo mostró, y más tarde sostuvo
que tenía la promesa de Cardano de que nunca lo haría público. Sin embargo, el
método aparecía en Ars Magna, de modo que Tartaglia acusó a Cardano
de plagio.
Pero Cardano tenía una excusa, pues también tenía una buena razón para darle la
vuelta a su promesa, si es que en algún momento llegó a hacerla. Su discípulo
Lodovico Ferrari había descubierto cómo resolver ecuaciones de grado cuatro
[véase 4] y Cardano también las quería en su libro. Sin embargo, el método de
Ferrari dependía de la resolución de una ecuación cúbica asociada, por lo que
Cardano no podía publicar el trabajo de Ferrari sin publicar también el trabajo
de Tartaglia. Tenía que ser frustrante.
Luego supo que Fior había sido estudiante de Scipio del Ferro, de quien se
rumoreaba que había resuelto los tres tipos de ecuaciones cúbicas y había
comunicado el secreto de solo una de ellas a Fior. Los documentos no publicados
de Del Ferro estaban en posesión de Annibale del Nave, de modo que Cardano y
Ferrari fueron a Bolonia en 1543 a consultar a Del Nave, y en los papeles
encontraron las soluciones a los tres tipos de ecuaciones cúbicas, tal como se
rumoreaba. Esto permitió a Cardano argumentar, adecuadamente, que estaba
publicando el método de Del Ferro y no el de Tartaglia.
Pero Tartaglia todavía se sentía engañado, y publicó una larga y mordaz
diatriba contra Cardano. Ferrari le retó a un debate público, que ganó sin
problema. Tartaglia nunca llegó a recuperar totalmente su reputación tras estos
hechos.
Usando símbolos modernos, podemos escribir la solución de Cardano para la
ecuación cúbica en un caso especial, cuando x3 + ax + b =
0, para a y b números dados. Si aparece x2,
con un ingenioso truco nos deshacemos de él, de modo que este caso realmente
vale para todos. La respuesta es:
en
la que aparecen raíces cúbicas y raíces cuadradas. Te libraré de darte todos
los detalles. Son ingeniosos y elegantes, pero este tipo de álgebra requiere
tiempo para llegar a apreciarla, y puedes encontrarlos fácilmente en libros de
texto o en Internet.
§. Dimensión del espacio
La geometría euclídea considera dos espacios diferentes: la geometría del
plano, donde prácticamente todo está contenido en una hoja de papel lisa, y la
geometría de sólidos del espacio. El plano es bidimensional: la posición de un
punto puede especificarse usando dos coordenadas (x, y). El
espacio en el que vivimos es tridimensional: la posición de un punto puede
especificarse usando tres coordenadas (x, y, z).
Otro modo de decir esto es que en el plano (ahora posicionado verticalmente
como una página de un libro o la pantalla de un ordenador), hay dos direcciones
independientes: izquierda-derecha y arriba abajo. En el espacio hay tres
direcciones independientes: norte-sur, este-oeste y arriba-abajo.
Durante más de dos mil años, los matemáticos (y todos los demás) asumieron que
tres era el máximo. Pensaban que no podía haber un espacio cuatridimensional
[véase 4], porque no había espacio para una cuarta dirección independiente. Si
crees que lo hay, por favor, muévete en ese sentido. Sin embargo, esta creencia
se basaba en una confusión entre el espacio físico real y las posibilidades
abstractas matemáticas.
En términos de la percepción humana normal, el espacio parece comportarse de
modo bastante parecido a la geometría sólida tridimensional de Euclides. Pero
nuestra percepción está limitada a regiones cercanas, y según Albert Einstein,
la imagen euclídea no se corresponde exactamente con la geometría de espacios
físicos en escalas mayores. En cuanto nos movemos más allá de lo físico, hacia
el mundo abstracto de los conceptos matemáticos, es fácil definir «espacios»
con tantas dimensiones como queramos. Tan solo permitimos más coordenadas en
nuestra lista. En el espacio de cuatro dimensiones, por ejemplo, los puntos se
especifican usando una lista de cuatro coordenadas (w, x, y, z). Ya no
es posible dibujar imágenes, al menos al modo habitual, pero esa es una
limitación del espacio físico y de la percepción humana, no de las matemáticas.
Hay que señalar que tampoco es posible dibujar imágenes del espacio tridimensional,
porque el papel y el ordenador son bidimensionales. Pero nuestro sistema visual
está habituado a interpretar objetos tridimensionales a partir de proyecciones
bidimensionales, porque los rayos de luz entrantes los detecta la retina, la
cual es realmente bidimensional. De modo que nos contentamos con dibujar una
proyección de la forma tridimensional en un plano, lo cual es bastante parecido
a como los ojos ven el mundo. Puedes inventar métodos similares para «dibujar»
formas de cuatro dimensiones en papel, pero necesitan muchas explicaciones y
requiere cierta práctica acostumbrarse a ellas.
Los físicos finalmente se dieron cuenta de que localizar un suceso tanto en el
espacio como en el tiempo requiere cuatro coordenadas, no tres: las tres
habituales para su posición espacial y una cuarta para el momento en que
sucede. La batalla de Hastings tuvo lugar en una localización que está ahora
cercana a la unión de las carreteras A271 y A2100, al noroeste de Hastings, en
la costa sur de Sussex. La latitud y la longitud de este punto las dan dos
coordenadas. Sin embargo también tuvo lugar en el suelo, esto es, a cierto
número de metros sobre el nivel del mar. Esa es la tercera coordenada espacial,
así hemos especificado el lugar exacto relativo a la Tierra. (Ignoraré el
movimiento de la Tierra alrededor del Sol, las revoluciones del Sol junto con
el resto de la galaxia, el movimiento de la galaxia hacia M31 en Andrómeda y
cómo todo el grupo local de galaxias está siendo absorbido hacia el Gran
Atractor.)
Sin embargo, si hoy fueras a ese lugar no verías a los ingleses bajo el rey
Harold II luchando contra el ejército invasor del duque Guillermo II de
Normandía, y la razón es que estarías en la coordenada de tiempo errónea.
Necesitas un cuarto dato, el 14 de octubre de 1066, para localizar la batalla
en el espacio y el tiempo.
Así que aunque el espacio físico tiene solo tres dimensiones, el espacio-tiempo
tiene cuatro.
El espacio tampoco podría parecer lo que parece cuando vamos más allá de las
percepciones humanas normales. Einstein mostró que, en escalas muy grandes,
aplicables cuando estamos estudiando el sistema solar o las galaxias, el
espacio puede curvarse por la gravedad. La geometría resultante no es la misma
que la euclídea. En la actualidad, en escalas muy pequeñas, aplicables a las
partículas subatómicas, los físicos sospechan que el espacio tiene seis o siete
dimensiones extra, quizá enrolladas muy apretadas, de manera que no las notamos
[véase 11].
§. Imposibilidad de trisecar un ángulo y duplicar el cubo
Aunque los Elementos de Euclides proporcionan soluciones para un rango de
problemas geométricos, dejaron varias preguntas sin respuesta. El libro
proporciona un método para biseccionar cualquier ángulo (dividirlo en dos partes
iguales), usando solo los instrumentos tradicionales: una regla sin marcas y un
compás [véase 1/2]. (En rigor, «par de compases», por la misma razón que
cortamos papel con un par de tijeras, no con una tijera, y llevamos un par de
pantalones, no un pantalón. Pero hoy en día es difícil encontrarse con alguien
tan pedante.) Sin embargo, Euclides fracasó en la tarea de proporcionar un
método para la trisección de cualquier ángulo (dividirlo en tres partes
iguales) usando estos instrumentos. Considerando un cubo dado, sabía cómo
encontrar uno cuyo volumen fuese ocho veces mayor. Bastaba con doblar todos sus
lados. Pero no proporcionó un método para que, dado un cubo, se encontrase otro
con un volumen que fuese el doble, problema conocido como «la duplicación del
cubo». Quizá su mayor omisión fue cuadrar el círculo: un método para construir
un cuadrado con la misma área que un círculo dado [véase π]. En términos
modernos, equivale a encontrar una construcción geométrica para una línea de
longitud π, dada una línea de longitud la unidad.Estos son los tres «problemas
geométricos de la Antigüedad». En el pasado los resolvieron mediante nuevos
tipos de instrumentos, pero no concluyeron si estos nuevos métodos eran
realmente necesarios. ¿Pueden resolverse estos tres problemas usando solo regla
y compás?
Finalmente se probó que los tres problemas eran irresolubles con regla y
compás. La cuadratura del círculo fue especialmente difícil [véase π]. Los
otros dos dependen de una propiedad especial del número 3, en concreto, que no
es un entero potencia de 2.
La idea básica es más fácil de ver en el contexto de la duplicación del cubo.
El volumen de un cubo de lado x es x3.
De modo que estamos intentando resolver la ecuación x3 =
2. Esto puede hacerse, y la respuesta es la raíz cúbica de 2:
3√2 =
1,259921049894873164767...
Pero
¿puede hacerse usando solo regla y compás?
En su texto clásico de teoría de números, Disquisitiones arithmeticae,
Gauss indicó que cualquier longitud obtenida a partir de la longitud unidad
mediante una construcción de regla y compás puede expresarse algebraicamente
resolviendo una serie de ecuaciones cuadráticas. Por tanto, un poco de álgebra
demuestra que la longitud debe ser la solución de una ecuación con coeficientes
enteros cuyo grado es una potencia de 2. En líneas generales, cada cuadrática
extra dobla el grado.
Y para dar el golpe de gracia. La ecuación para la raíz cúbica de 2 es x3 =
2, que tiene grado 3. Como no es una potencia de 2, esta
longitud no puede construirse con regla y compás. Pierre Wantzel explicó la
letra pequeña que Gauss consideró demasiado trivial mencionar y escribió una
prueba completa en 1837. Hay un detalle técnico: la ecuación cúbica debe ser
«irreducible», lo que en este caso significa que no tiene una solución
racional. Como 3√2 es irracional, es fácil lidiar con este
detalle.
Wantzel también probó la imposibilidad de trisecar el ángulo, por razones
similares. Si consideramos trisecar el ángulo 60º, un poco de trigonometría y
de álgebra nos llevará a la ecuación cúbica
x3 –
3x – 1 = 0
De
nuevo, es irreducible, por lo que ninguna construcción con regla y compás es
posible.
§. El número de recubrimientos del plano usando polígonos regulares
Solo tres polígonos regulares recubren el plano: el triángulo equilátero, el
cuadrado y el hexágono.
Figura 21. Tres modos de recubrir el plano: triángulos equiláteros,
cuadrados y hexágonos.
La
prueba es sencilla. El ángulo en la esquina de un polígono regular de n lados
es:
180
-360/π
y
los primeros valores son:
|
Tabla 5 |
||
|
n |
180 -360/π |
Polígono |
|
3 |
60 |
triángulo equilátero |
|
4 |
90 |
cuadrado |
|
5 |
108 |
pentágono |
|
6 |
120 |
hexágono |
|
7 |
128,57 |
heptágono |
|
8 |
135 |
octógono |
Ahora considera un recubrimiento con copias de uno de estos polígonos. En
cualquier esquina se encuentran varios polígonos, de modo que el ángulo en la
esquina del polígono debe ser 360º dividido entre un número entero. Los ángulos
posibles son:
|
Tabla 6 |
||
|
n |
360/n |
Polígono |
|
3 |
120 |
hexágono |
|
4 |
90 |
cuadrado |
|
5 |
72 |
no es el ángulo de un polígono regular |
|
6 |
60 |
triángulo equilátero |
|
7 |
51,43 |
no es el ángulo de un polígono regular |
Observa que los ángulos en la primera tabla crecen a medida que el número de
lados n crece, así como en la segunda tabla decrecen a medida
que n crece. A partir de 7 lados, el ángulo en la segunda
tabla es menor que 60º, pero el ángulo en la primera tabla es siempre mayor o
igual que 60º. Por lo tanto, ampliar la tabla no nos proporcionará más
soluciones.
Figura 22. Izquierda: tres pentágonos dejan un hueco; cuatro se superponen.
Derecha: dos heptágonos dejan un hueco; tres se superponen. Lo mismo ocurre con
más de 7 lados.
Otro
modo de decir esto es que los tres pentágonos dejan un hueco, pero cuatro se
superponen unos con otros; dos heptágonos (o polígonos con más de 7 lados)
dejan un hueco, pero tres se superponen unos con otros. Así, solo el triángulo
equilátero, el cuadrado y el hexágono pueden encajarse unos con otros de modo
exacto para hacer un recubrimiento.
§. Sumas de tres cuadrados
Como muchos números no son la suma de dos cuadrados [véase 2], ¿qué pasaría si
los planteamos como suma de tres cuadrados? La mayoría de los
números, pero no todos, pueden escribirse como la suma de tres cuadrados. La
lista de los que no pueden empieza con los siguientes:
7 15
23 28 31 39 47 55 60 63 71 79 87 92 95 103
De
nuevo, hay un patrón en estos números, y de nuevo cuesta verlo. Lo encontró en
1798 Adrien-Marie Legendre. Afirmó que la suma de tres cuadrados da como
resultado exactamente números que no son de la forma 4k (8n +
7). La lista de excepciones, que acabamos de ver, comprende todos los números
que son de esta forma. Así, si n = 0 y k = 0,
obtenemos 7, si n = 1 y k = 0, obtenemos 28,
y así sucesivamente. Su resultado es correcto, pero su prueba tenía una laguna
que solventó Gauss en 1801.
No es difícil probar que los números de la forma 4k (8n +
7) no son la suma de tres cuadrados. Todo cuadrado deja un resto 0, 1 o 4
cuando se divide entre 8. De modo que la suma de tres cuadrados puede dejar
cualquier resto obtenido sumando tres de estos números, lo cual da restos 0, 1,
2, 3, 4, 5 y 6, pero no 7. Esto nos dice que los números de la forma 8n +
7 necesitan más de tres cuadrados. La parte relativa a 4k es
solo ligeramente más difícil. La parte más complicada es probar que todos los
demás números son realmente sumas de tres cuadrados.
A medida que n se hace más grande, la proporción de números
menores que nque son sumas de tres cuadrados tiende a 7/8. El
factor 4k no afecta a esta proporción lo suficiente como para
cambiar el límite para un n grande, y solo uno de los ocho
restos de dividir entre 8 se excluye.
4. Cuadrado
El primer cuadrado perfecto (después de 0 y 1) es 4. Cualquier mapa en el plano
puede colorearse con 4 colores de modo que las regiones adyacentes tengan
colores diferentes. Todo número entero positivo es una suma de 4 cuadrados. Lo
mismo ocurre con los cubos, permitiendo enteros negativos. Las ecuaciones de
grado 4, en las que la incógnita aparece elevada a 4, pueden resolverse usando
raíces cúbicas y raíces cuadradas (raíces cuartas son raíces cuadradas de
raíces cuadradas). El sistema numérico de cuaterniones, basado en 4 cantidades
independientes, obedece casi todas las leyes estándar del
álgebra. ¿Puede existir una cuarta dimensión?
§. Cuadrado perfecto
El número 4 = 2 × 2 es un cuadrado [véase 2]. Los cuadrados tienen una
importancia fundamental en todas las matemáticas. El teorema de Pitágoras dice
que el cuadrado del lado mayor de un triángulo rectángulo es la suma de los
cuadrados de los otros dos lados, así que, en concreto, los cuadrados de los
números son fundamentales en geometría.
Los cuadrados tienen muchos patrones ocultos. Observa las diferencias entre
los cuadrados sucesivos:
1 –
0 = 1
4 –
1 = 3
9 –
4 = 5
16 –
9 = 7
25 –
16 = 9
¿Qué
números son estos? Los números impares:
1 3
5 7 9
Otro
patrón interesante es una consecuencia directa:
1 =
1
1 +
3 = 4
1 +
3 + 5 = 9
1 +
3 + 5 + 7 = 16
1 +
3 + 5 + 7 + 9 = 25
Si
sumamos todos los números impares, hasta algún número en concreto, el resultado
es un cuadrado.
Hay un modo de comprender por qué ambos hechos son ciertos y cómo se relaciona
el uno con el otro, usando puntos (imagen de la izquierda). Pueden también
probarse usando álgebra, por supuesto.
Figura 23. Izquierda: 1 + 3 + 5 + 7 + 9. Derecha: 1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 4 + +
3 + 2 + 1.
Aquí
tienes otro bello patrón usando cuadrados:
1 =
1
1 +
2 + 1 = 4
1 +
2 + 3 + 2 + 1 = 9
1 +
2 + 3 + 4 + 3 + 2 + 1 = 16
1 +
2 + 3 + 4 + 5 + 4 + 3 + 2 + 1 = 25
También
podemos verlo usando puntos (imagen de la derecha).
§. El teorema de los cuatro colores
Hace alrededor de 150 años, algunos matemáticos empezaron a hacerse preguntas
sobre los mapas. No los problemas tradicionales asociados con hacer mapas
precisos del mundo y representar un globo redondeado en una hoja de papel
plana, sino cuestiones bastante más confusas sobre mapas en general. En
concreto, cómo colorear las regiones de modo que aquellas que tuvieran una
frontera común tuviesen diferentes colores.
Algunos mapas no necesitan muchos colores. Los cuadrados de un tablero de
ajedrez forman un tipo de mapa muy regular, y solo se necesitan dos colores:
blanco y negro, siguiendo el patrón habitual. Para los mapas hechos a partir de
la superposición de círculos también son solo necesarios dos colores
(véase Professor Stewart’s Casebook of Mathematical Mysteries).
Pero cuando las regiones se hacen menos regulares, los dos colores no bastan.
Por ejemplo, aquí tenemos un mapa de Estados Unidos con 50 regiones, sus 50
estados. Obviamente, 50 colores harían el trabajo, uno para cada estado, pero
podemos hacerlo mejor. Intenta colorear las regiones y observa el menor número
de colores que puedes usar. Ten en cuenta un asunto técnico: los estados que se
encuentran en un único punto, como Colorado y Arizona, pueden compartir color,
si quieres. No tienen un borde en común.
El mapa de Estados Unidos ejemplifica algunos principios generales sencillos.
Alaska y Hawái no desempeñan realmente un papel, porque están aislados de todos
los otros estados, así que podemos darles el color que queramos.
Definitivamente, necesitamos al menos tres colores. De hecho, Utah, Wyoming y
Colorado deben tener cada uno un color diferente, porque tomando dos de ellos
tienen un borde común.
Figura 24. Los 50 estados de Estados Unidos.
Podemos
escoger tres colores para estos estados. No importa cuáles, mientras sean
diferentes. Coloreemos Utah de negro, Wyoming de gris oscuro y Colorado de
gris, como se muestra:
Figura 25. Por qué se necesitan al menos tres colores.
Supongamos,
solo como hipótesis, que queremos usar solo estos tres colores para el resto
del mapa. Entonces Nebraska tendría que ser de color negro, ya que comparte
borde con un estado gris oscuro y uno gris. Esto forzaría a que Dakota del Sur
fuera gris. Podemos continuar de este modo un poco más, con solo una
posibilidad para cada nuevo color, coloreando Montana, Idaho, Nevada, Oregón y
California. En ese punto lo que tenemos es:
Figura 26. Si seguimos usando tres colores, nos quedamos atascados.
Arizona
comparte borde con estados que hemos coloreado de gris, gris oscuro y negro.
Como, hasta este punto, el color seleccionado para el estado era aquel que nos
obligaban a usar los estados colindantes, los tres colores no valen para cubrir
el mapa entero. Por lo tanto, necesitamos un cuarto, por ejemplo, gris claro,
para poder seguir.
Faltan 38 estados para acabar. Excluyendo Alaska y Hawái, parece posible que en
algún momento quizá necesitemos un quinto color, o un sexto..., quién sabe. Por
otro lado, tener un cuarto color disponible cambia todo el juego. En concreto,
algunos de los colores asignados previamente podrían cambiarse (coloreando
Wyoming de gris claro, por ejemplo). Las elecciones de colores ya no deben ser
forzosamente una única, así que se dificulta analizar el problema.
Figura 27. Un cuarto color viene al rescate.
Figura 28. Un quinto color no es necesario.
Sin
embargo, podemos continuar, haciendo suposiciones cabales y cambiando los
colores si algo va mal. Una de las posibilidades de coloreado resultantes tiene
solo tres estados en gris claro: Arizona, Virginia Occidental y Nueva York.
Aunque hay 50 estados, hemos coloreado el mapa completo con tan solo cuatro colores.
(Otra consideración técnica: Michigan está partido en dos regiones que no están
conectadas con el lago Michigan entre sí. Aquí hemos coloreado ambas de gris
oscuro, pero en regiones desconectadas a veces se necesitan más colores. Esto
tiene que tenerse en cuenta en una teoría matemática que sea completa, pero no
es vital en este caso.)
El mapa de Estados Unidos no es especialmente complicado. Podemos concebir
mapas con millones de regiones, todas ellas muy serpenteantes, con muchas
protuberancias recorriendo toda la superficie. En esos casos quizá necesitemos
muchos más colores. Sin embargo, los matemáticos que han trabajado sobre estas
posibilidades han forjado la creencia de que nunca necesitarás más de cuatro
colores, al margen de lo complejo que sea el mapa. Siempre que el mapa esté
dibujado en un plano o en una esfera, con todas las regiones conectadas, cuatro
colores bastarán.
Breve
historia del problema de los cuatro colores
El
problema de los cuatro colores se originó en 1852, cuando Francis Guthrie, un
joven matemático y botánico surafricano, intentaba colorear los condados en un
mapa de Inglaterra. Parecía que cuatro colores siempre eran suficientes, así
que preguntó a su hermano Frederick si esto era un hecho sabido. Frederick le
preguntó al distinguido y excéntrico matemático Augustus De Morgan; este, como
no tenía ni idea, escribió a un matemático todavía más distinguido, sir William
Rowan Hamilton. Hamilton tampoco lo sabía y, para ser francos, tampoco pareció
muy interesado en saberlo.
En 1879, el abogado Alfred Kempe publicó lo que creía ser una prueba de que
bastaban cuatro colores, pero en 1889 Percy Heawood descubrió que Kempe había
cometido un error. Indicó que el método de Kempe probaba que cinco colores eran
siempre suficientes y ahí se quedó el asunto durante más de un siglo. La
respuesta era cuatro o cinco, pero nadie sabía cuál era la correcta. Otros
matemáticos intentaron estrategias como la de Kempe, pero pronto quedó claro
que este método requería muchos cálculos tediosos. Finalmente, en 1976,
Wolfgang Haken y Kenneth Appel resolvieron el problema usando un ordenador.
Cuatro colores son siempre suficientes.
A partir de este trabajo pionero, los matemáticos se han acostumbrado a la
ayuda del ordenador. Todavía prefieren pruebas que dependan únicamente del
poder de la mente humana, pero la mayoría ya no exigen ese requisito. Aunque en
la década de 1990, había todavía una cierta cantidad de inquietud justificada en
torno a la prueba de Appel-Haken. De modo que en 1994, Neil Robertson, Daniel
Sanders, Paul Seymour y Robin Thomas decidieron rehacer la prueba por completo,
usando la misma estrategia básica pero simplificando la configuración. Los
ordenadores de hoy en día son tan rápidos que toda la prueba puede verificarse
en un ordenador doméstico en pocas horas.
§. Teorema de los cuatro cuadrados
En el capítulo [2], vimos cómo caracterizar sumas de dos cuadrados, y el
capítulo [3] describe sumas de tres cuadrados. Pero cuando se trata de sumas de
cuatro cuadrados, no necesitas determinar los números para los que funciona,
pues todos lo hacen.
Cada cuadrado extra hace posible obtener más números, de modo que las sumas de
cuatro cuadrados debería al menos cubrir algunos huecos. Los experimentos
sugieren que todo número del 0 al 100 lo cumplen. Por ejemplo, aunque 7 no es
una suma de tres cuadrados, es una suma de cuatro:
7 =
4 + 1 + 1 + 1
Este
éxito temprano podría haber ocurrido porque estamos observando números bastante
pequeños. ¿Quizás algunos números mayores necesiten cinco cuadrados, o seis, o
más? No. Números mayores son también la suma de cuatro cuadrados. Los
matemáticos buscaron una prueba que contuviese a todos los números positivos, y
en 1770, Joseph-Louis Lagrange la encontró.§. Conjetura de los cuatro cubos
Se han hecho conjeturas sobre que un teorema similar es cierto usando cuatro
cubos, pero con un giro extra: están permitidos tanto cubos positivos como
negativos. De modo que la conjetura es: todo entero es la suma de cuatro cubos
de números enteros. Recuerda que un entero es un número que podría ser
positivo, negativo o cero.
El primer intento de generalizar el teorema de los cuatro cuadrados a cubos
apareció en Meditationes Algebraicae, de Edward Waring, en 1770.
Este autor afirmaba sin prueba que todo número natural es la suma de cuatro
cuadrados, nueve cubos, 19 cuartas potencias, etcétera. Asumió que todos los
números implicados eran positivos o cero. Esta afirmación pasó a ser conocida
como el «problema de Waring».
El cubo de un entero negativo es negativo, y esto permite nuevas posibilidades.
Por ejemplo:
23 =
23 + 23 + 13 + 13 +
13 + 13 + 13 + 13 +
13
necesita
nueve cubos positivos, pero podemos obtenerlo usando cinco cubos si algunos son
negativos:
23 =
27 – 1 – 1 – 1 – 1 = 33 + (–1)3 + (–1)3 +
(–1)3 + (–1)3
De
hecho, 23 puede expresarse usando tan solo cuatro cubos:
23 =
512 + 512 – 1 – 1.000 = 83 + 83 + (–1)3 +
(–10)3
Cuando
permitimos números negativos, un número positivo grande puede casi anular a uno
negativo grande. De modo que los cubos involucrados podrían, en principio, ser
mucho más grandes que el número que nos ocupa. Por ejemplo, podemos escribir 30
como una suma de tres cubos si observamos que:
30 =
2.220.422.9323 + (–283.059.965)3 +
(–2.218.888.517)3
A
diferencia del caso positivo, no podemos trabajar de modo sistemático a través
de un número limitado de posibilidades.
Los experimentos llevaron a varios matemáticos a conjeturar que todo entero
es la suma de cuatro cubos de enteros. Hasta ahora, no existe ninguna prueba,
pero la evidencia es sustancial y se han hecho algunos progresos. Sería
suficiente probar la afirmación para todos los enteros positivos (permitiendo
cubos de positivos y negativos) porque (–n)3 = –n3.
Cualquier representación de un número positivo m como una suma
de cubos puede convertirse en la de una para –m cambiando el signo
de cada cubo. Los cálculos por ordenador verifican que todo entero positivo
hasta 10 millones es una suma de cuatro cubos. Y en 1966, V. Demjanenko probó
que cualquier número que no fuese de la forma 9k ± 4 es la suma de
cuatro cubos.
Incluso es posible que, con un número finito de excepciones, todo entero
positivo sea la suma de cuatro cubos de números positivos o de cero.
En 2000, Jean-Marc Deshouillers, François Hennecart, Bernard Landreau e I Gusti
Putu Purnaba hicieron una conjetura sobre que el mayor entero que no puede ser
expresado así es 7.373.170.279.850.
§. Ecuación de grado cuatro (cuártica)
La historia de Cardano y la ecuación cúbica [véase 3] también involucra a la
ecuación cuártica, que se da cuando la incógnita está elevada a cuatro:
ax4 + bx3 + cx2 + dx + e =
0
El
estudiante de Cardano resolvió esta ecuación. Se da una fórmula completa
en Quartic Function y
si la ves, comprenderás por qué no la incluyo aquí.
El método de Ferrari relaciona las soluciones de la ecuación cuártica con las
de una ecuación cúbica asociada. Esto ahora se llama «resolvente de Lagrange»,
porque Lagrange fue el primer matemático en explicar por qué una cúbica hace el
trabajo.
§. Cuaterniones
Vimos en la introducción que el sistema numérico se había extendido de manera
repetitiva con la invención de nuevos tipos de números, y que culminaba con los
números complejos, donde –1 tiene una raíz cuadrada [véase i]. Los
números complejos tienen aplicaciones profundas en física. Pero hay una seria
limitación. Los métodos están restringidos a las dos dimensiones del plano. El
espacio, sin embargo, es tridimensional. En el siglo XIX, los matemáticos
intentaron desarrollar un sistema numérico tridimensional, extendiendo los
números complejos. Parecía una buena idea entonces, pero, al margen de lo que
intentaran, no llegaron a ningún lugar útil.
William Rowan Hamilton, un matemático irlandés brillante, estaba
particularmente interesado en inventar un sistema numérico tridimensional
práctico, y en 1843 tuvo una idea genial: identificó dos obstáculos inevitables
para crear ese sistema:
·
Las tres dimensiones no funcionan.
·
Hay que sacrificar una de las reglas estándar de la aritmética.
En concreto, la propiedad conmutativa para la multiplicación, que afirma
que ab = ba.
En
el momento en que se le ocurría la brillante idea, Hamilton se encaminaba a una
reunión en la Royal Irish Academy por un paseo a lo largo de un canal. Había
estado dándole vueltas en su cabeza al incomprensible rompecabezas de un
sistema numérico tridimensional y, de repente, se dio cuenta de que con tres
dimensiones no tendrían sentido, pero con cuatro sí. Sin
embargo, tenía que estar dispuesto a deshacerse de la propiedad conmutativa
para la multiplicación.
Fue un verdadero momento de iluminación. Golpeado por esta increíble visión,
Hamilton se detuvo, y grabó en la piedra de un puente una fórmula para esos
números:
i2 = j2 = k2 = ijk =
–1
Llamó
a este sistema «cuaterniones», porque los números tenían cuatro componentes.
Tres son i, j, k y la cuarta es el número real 1. Un cuaternión típico tiene
este aspecto:
3 –
2i + 5j + 4k
con
cuatro números reales arbitrarios (en este caso 3, –2, 5, 4) como coeficientes.
La suma de estos «números» es sencilla, y multiplicarlos también, si se usan
las ecuaciones que Hamilton grabó en el puente. Todo lo que necesitas son unas
cuantas consecuencias de esas ecuaciones, en concreto, estas:
i2 = j2 = k2 =
–1
ij =
k
jk =
i
ki =
j
ji =
–k
kj =
–i
ik =
–j
junto
con la regla de que multiplicar cualquier número por 1 lo deja invariable.
Observa que, por ejemplo, ij y ji son diferentes. De modo que la propiedad
conmutativa no se cumple.
Aunque esta deficiencia puede parecer incómoda al principio, no provoca serias
dificultades. Tan solo tienes que tener cuidado con el orden en que escribes
los símbolos cuando manejas el álgebra. Al mismo tiempo, estaban apareciendo
varias áreas de matemáticas nuevas, en las cuales la propiedad conmutativa no
se daba. Así que la idea tenía precedentes y no era disparatada.
Hamilton pensaba que los cuaterniones eran maravillosos, pero al principio la
mayoría de los demás matemáticos los veían como algún tipo de rareza. No
ayudaba que los cuaterniones no resultasen muy útiles para resolver problemas
de física en el espacio tridimensional, o incluso cuatridimensional. No eran un
fracaso absoluto, pero carecían de la versatilidad y generalidad de los números
complejos en el espacio bidimensional. Tuvo cierto éxito usando i, j y k para
crear un espacio tridimensional, pero esta idea fue suplantada por el álgebra
de vectores, la cual se convirtió en estándar en las ciencias matemáticas
aplicadas. Sin embargo, los cuaterniones siguieron siendo de importancia vital
en las matemáticas puras, y también tienen aplicaciones en los gráficos de los
ordenadores, proporcionando un método sencillo para rotar objetos en el
espacio. Asimismo tienen vínculos interesantes con el teorema de los cuatro
cuadrados.
Hamilton no llamó a los cuaterniones «números», porque en esa época se estaban
inventando muchos sistemas algebraicos parecidos a los numéricos. Los
cuaterniones eran un ejemplo de lo que ahora llamamos un álgebra de división:
un sistema algebraico en el cual es posible sumar, restar, multiplicar y
dividir (excepto por cero), mientras se obedecen casi todas las propiedades estándar
de la aritmética. El símbolo para este conjunto de cuaterniones es H (de
Hamilton, ya que Q ya se usaba para los racionales).
Las dimensiones de los números reales, los números complejos y los cuaterniones
son 1, 2 y 4. El siguiente número en la secuencia seguramente debería ser 8.
¿Hay algún álgebra de división de dimensión ocho? La respuesta es un limitado
«sí». Los octoniones, también conocidos como los «números de Cayley»,
proporcionan dicho sistema. El símbolo es O. Aunque tiene que evitarse una
propiedad más de la aritmética: la propiedad asociativa a(bc)
= (ab)c. Además el patrón se detiene aquí, no hay un álgebra de
división de dimensión 16.
Tanto a los cuaterniones como a los octoniones se les ha resucitado de la
oscuridad porque tienen conexiones profundas con la mecánica cuántica y las
partículas fundamentales de la física. La clave para esta área es la simetría
de las leyes físicas y estos dos sistemas algebraicos tienen simetrías
importantes e inusuales. Por ejemplo, las reglas para los cuaterniones
permanecen sin cambios si reordenas i, j y k como j, k e i.
Y una mirada más cercana muestra que puedes reemplazarlos por combinaciones apropiadas
de íes, jotas y kas. Las simetrías
resultantes están muy relacionadas con rotaciones en el espacio tridimensional
y los juegos de ordenador con frecuencia usan cuaterniones para este propósito
en su software de gráficos. Los octoniones tienen una
interpretación similar en cuanto a rotaciones en el espacio 7-dimensional.
§. La cuarta dimensión
Desde tiempos inmemoriales, la gente ha reconocido que el espacio físico tiene
tres dimensiones [véase 3]. Durante mucho tiempo, la posibilidad de un espacio
con cuatro o más dimensiones parecía absurda. Sin embargo, en el siglo XIX esta
sabiduría convencional se puso bajo un creciente escrutinio crítico y mucha
gente empezó a interesarse mucho en la posibilidad de una cuarta dimensión. No
solo los matemáticos, ni siquiera solo los científicos; filósofos, teólogos,
espiritistas, gente que creía en fantasmas y algunos estafadores. Una cuarta
dimensión proporciona una localización plausible para Dios, los espíritus de
los muertos o fantasmas. No en este universo, pero justo en la puerta de al
lado y con un fácil acceso. Los charlatanes usaban trucos para «probar» que podían
acceder a esta nueva dimensión.
La idea de «espacios» con más de tres dimensiones podría tener sentido lógico
(estén o no emparejados con el espacio físico); primero se pusieron en marcha
en matemáticas, gracias a nuevos descubrimientos como los cuaterniones de
Hamilton. A principios del siglo XIX, ya no era obvio que tenías que detenerte
en tres dimensiones. Piensa en las coordenadas. En el plano, la posición de
cualquier punto puede describirse de un modo único por dos números reales x e y,
combinados como un par de coordenadas (x, y).
Figura 29. Coordenadas en el plano.
Para
representar las tres dimensiones del espacio, todo lo que hacemos es añadir una
tercera coordenada, z, en la dirección delante-detrás. Ahora
tenemos una terna de números reales (x, y, z).
Al dibujar figuras geométricas, parece que tuviéramos que parar ahí. Pero es
fácil escribir cuádruplos de números (w, x, y, z).
O cinco. O seis. O, dame tiempo y mucho papel, un millón. Finalmente los
matemáticos se dieron cuenta de que podían usar cuartetos para definir un
«espacio» abstracto y, cuando lo hicieron, tuvieron cuatro dimensiones. Con
cinco coordenadas, obtienes un espacio cinco-dimensional, y así sucesivamente.
Había incluso una razonable noción de geometría en esos espacios, definida por
analogía con el teorema de Pitágoras en dos y tres dimensiones. En dos
dimensiones este teorema nos dice que la distancia entre puntos (x, y)
y (X, Y) es:
Su
análogo en tres dimensiones nos dice que la distancia entre los puntos (x,
y, z) y (X, Y, Z) es:
Así
que parece razonable definir la distancia entre dos cuartetos (w, x, y, z)
y (W, X, Y, Z) como:
Resulta
que la geometría que obtenemos es consistente y bastante análoga a la geometría
de Euclides.
En este tema, los conceptos básicos están definidos algebraicamente usando
cuádruplos, lo que garantiza que tengan un sentido lógico. Luego se interpretanpor
analogía con fórmulas algebraicas similares en dos y tres dimensiones, lo que
le añade el «aspecto» de geometría.
Por ejemplo, las coordenadas de las esquinas de un cuadrado unidad en el plano
son:
(0,
0)
(1,
0)
(0,
1)
(1,
1)
que
son todas las combinaciones posibles de dos de ceros y unos. Las coordenadas de
las esquinas de un cubo en el espacio son:
(0,
0, 0)
(1,
0, 0)
(0,
1, 0)
(1,
1, 0)
(0,
0, 1)
(1,
0, 1)
(0,
1, 1)
(1,
1, 1)
que
son todas las combinaciones posibles de tres de ceros y unos. Por analogía,
definimos un hipercubo en el espacio de dimensión cuatro
usando los 16 posibles cuartetos de ceros y unos.
|
(0, 0, 0, 0) |
(1, 0, 0, 0) |
(0, 1, 0, 0) |
|
(1, 1, 0, 0) |
(0, 0, 1, 0) |
(1, 0, 1, 0) |
|
(0, 1, 1, 0) |
(1, 1, 1, 0) |
(0, 0, 0, 1) |
|
(1, 0, 0, 1) |
(0, 1, 0, 1) |
(1, 1, 0, 1) |
|
(0, 0, 1, 1) |
(1, 0, 1, 1) |
(0, 1, 1, 1) |
|
(1, 1, 1, 1) |
|
|
Otro nombre común para esta forma es teseracto [véase 6].
A partir de esta definición, podemos analizar el objeto resultante. Es muy
parecido al cubo, solo que lo es más. Por ejemplo, un cubo se construye uniendo
seis cuadrados, y, de manera similar, un hipercubo se construye uniendo ocho
cubos.
Por desgracia, debido a que el espacio físico es tridimensional, no podemos
hacer un modelo exacto de un hipercubo. Este problema es análogo en cierto modo
al de que no podemos dibujar un cubo exacto en una hoja de papel. En su lugar,
dibujamos una «proyección», como una fotografía o la pintura de un artista
sobre una hoja plana de un papel o un lienzo. Como alternativa, podemos cortar
un cubo por algunas de sus aristas y desdoblarlo para obtener en el plano una
forma hecha de seis cuadrados con forma de cruz.
Podemos hacer algo análogo para un hipercubo. Podemos dibujar proyecciones en
el espacio tridimensional, las cuales serían modelos sólidos, o en el plano,
que serían líneas de dibujo. O podemos «desdoblarlo» para mostrar sus ocho
«caras» cúbicas. Confieso que encuentro difícil interiorizar cómo se pliegan
estos cubos en el espacio de dimensión cuatro, pero la lista de coordenadas del
hipercubo dice que lo hacen.
Figura 30. Cubo. Izquierda: proyectado en dos dimensiones. Derecha:
desdoblado para mostrar sus seis caras cuadradas.
Figura 31. Hipercubo. Izquierda: proyectado en dos dimensiones. Derecha:
desdoblado para mostrar sus ochos «caras» cúbicas. Los 0 y los 1 indican las
coordenadas.
El
artista surrealista Salvador Dalí usó un cubo desdoblado similar en varios
trabajos, destacamos su Crucifixión (Corpus hypercubus)
de 1954.
Figura 32. Crucifixión (Corpus hypercubus) de Dalí.
5.
Hipotenusa pitagórica
Los triángulos pitagóricos tienen un ángulo recto y sus lados miden un número
entero. El más sencillo tiene un lado mayor de 5 y los otros de 3 y 4. Hay 5
sólidos regulares. La ecuación de grado 5, en la que la incógnita está elevada
a 5, no puede resolverse usando raíces quintas, o cualquier
otra raíz. Las celosías en el plano y el espacio tridimensional no tienen
simetrías de rotación de orden 5, por lo que esas simetrías no se dan en
cristales. Sin embargo, pueden darse para celosías en cuatro dimensiones y en
estructuras curiosas conocidas como «cuasicristales».
§. Hipotenusa de la menor terna pitagórica
El teorema de Pitágoras dice que el lado mayor de un triángulo rectángulo (la
infame hipotenusa) está relacionado con los otros dos lados de un modo
hermosamente sencillo: el cuadrado de la hipotenusa es la suma de los
cuadrados de los otros dos lados.
Tradicionalmente lo llamamos «teorema de Pitágoras», pero su historia es
turbia. Las tablas de barro sugieren que en la antigua Babilonia se conocía el
teorema mucho antes de que Pitágoras lo enunciase; él se lleva la fama porque
fundó un culto matemático, los pitagóricos, que creían que el universo se creó
basado en patrones numéricos. Escritores de la Antigüedad atribuyeron varios
teoremas matemáticos a los pitagóricos y, por extensión, a Pitágoras, pero no
tenemos una idea real de las matemáticas que el propio Pitágoras desarrolló. Ni
siquiera sabemos si los pitagóricos pudieron probar el teorema de Pitágoras o
solo creían que era cierto. O, más probable, tenían evidencias convincentes que
sin embargo no cumplen con lo que ahora consideraríamos una demostración.
Demostraciones
de Pitágoras
La
primera demostración conocida del teorema de Pitágoras aparece en los Elementos de
Euclides. Es bastante complicada, e involucra un diagrama conocido por los
estudiantes de la época victoriana como «los calzoncillos de Pitágoras», porque
parece ropa interior colgada en un tendedero. Se conocen, literalmente, cientos
de demostraciones, la mayoría de las cuales hacen al teorema mucho más obvio.
Una de las más sencillas es una especie de rompecabezas matemático. Considera
cualquier triángulo rectángulo, haz cuatro copias y colócalas dentro de un
cuadrado.
Figura 33. Los calzoncillos de Pitágoras.
En
una de las ordenaciones vemos que los lados del cuadrado son las hipotenusas de
los triángulos rectángulos; en la otra, son los catetos. Claramente, las áreas
son iguales.
Figura 34. Izquierda: el cuadrado sobre la hipotenusa (más los cuatro
triángulos). Derecha: la suma de los cuadrados de los otros dos lados (más los
cuatro triángulos). Ahora, quita los triángulos
Otra
demostración tipo rompecabezas es la disección de Perigal:
Figura 35. La disección de Perigal.
Hay
también una demostración que usa un patrón de embaldosado. Bien podría ser como
los pitagóricos, o algún predecesor desconocido, descubrieron el teorema por
primera vez. Si observas cómo el cuadrado oblicuo se superpone a los otros dos,
puedes ver que corta el cuadrado grande en piezas que se ensamblan para hacer
los dos cuadrados pequeños. También puedes ver triángulos rectángulos, cuyos
lados dan los tres tamaños del cuadrado.
Hay demostraciones impecables que se sirven de triángulos parecidos y trigonometría.
Se conocen al menos cincuenta demostraciones diferentes.
Figura 36. Demostración usando el embaldosado.
Ternas
pitagóricas
El
teorema de Pitágoras dio origen a una idea productiva en teoría de números:
encontrar soluciones de ecuaciones algebraicas que sean números naturales. Una
terna pitagórica es una lista de tres números naturales a, b, c tales
que
a2 + b2 = c2
Geométricamente,
la terna define un triángulo rectángulo cuyos lados miden lo que indican los
números naturales.
La hipotenusa más pequeña en una terna pitagórica es 5. Los otros dos lados
miden 3 y 4. Veamos:
32 +
42 = 9 + 16 = 25 = 52
La
siguiente hipotenusa más pequeña es 10, porque:
62 +
82 = 36 + 64 = 100 = 102
Sin
embargo, este es básicamente el mismo triángulo en el que cada uno de los lados
vale el doble. La siguiente hipotenusa más pequeña de manera genuina es 13,
porque
52 +
122 = 25 + 144 = 169 = 132
Euclides
sabía que había infinidad de ternas pitagóricas genuinamente diferentes y dio
lo que equivale a una fórmula para encontrarla todas. Más tarde, Diofanto de
Alejandría enunció una receta sencilla que es básicamente la misma que la de
Euclides.
Toma dos números naturales cualesquiera y considera:
·
dos veces su producto
·
la diferencia entre sus cuadrados
·
la suma de sus cuadrados
Los
tres números resultantes son los lados de un triángulo pitagórico.
Por ejemplo, toma los números 2 y 1. Entonces:
·
dos veces su producto = 2 × 2 × 1 = 4
·
la diferencia entre sus cuadrados = 22 – 12 =
3
·
la suma de sus cuadrados = 22 + 12 =
5
Y
obtenemos el famoso triángulo 3 – 4 – 5. Si en su lugar tomamos los números 3 y
2, entonces:
·
dos veces su producto = 2 × 3 × 2 = 12
·
la diferencia entre sus cuadrados = 32 – 22 =
5
·
la suma de sus cuadrados = 32 + 22 =
13
y
obtenemos el siguiente triángulo más famoso 5 – 12 – 13.
Por otro lado, tomando los números 42 y 23, nos lleva a:
·
dos veces su producto = 2 × 42 ×23 = 1.932
·
la diferencia entre sus cuadrados = 422 – 232 =
1.235
·
la suma de sus cuadrados = 422 + 232 =
2.293
y
nadie ha oído jamás hablar del triángulo 1.235 – 1.932 – 2.293. Pero estos
números funcionan:
1.2352 +
1.9322 = 1.525.225 + 3.732.624 = 5.257.849 = 2.2932
Hay
un giro final en la regla de Diofanto, que ya insinuamos: habiendo calculado
tres números, podemos escoger cualquier otro número que queramos y
multiplicarlos todos por él. Así, el triángulo 3 – 4 – 5 puede convertirse en
el triángulo 6 – 8 – 10, multiplicando los tres números por 2, o en el
triángulo 15 – 20 – 25 multiplicando los tres números por 5.
Usando el álgebra, la regla toma esta forma: sean u, v y k números
naturales. Entonces el triángulo rectángulo de lados:
2kuv y k (u2 – v2)
tiene
hipotenusa
k (u2 + v2)
Hay
modos alternativos de expresar la idea básica, pero todos se reducen a este,
que da todas las ternas pitagóricas.
§. Sólidos regulares
Hay exactamente cinco sólidos regulares.
Un sólido (o poliedro) regular es una figura sólida con infinidad de caras
planas. Las caras se cortan en rectas que se llaman «aristas»; las aristas se
cortan en puntos que se llaman «vértices».
El clímax de los Elementos de Euclides es la demostración de
que hay exactamente cinco poliedros regulares, poliedros en los que
cada cara es un polígono regular (lados iguales y ángulos iguales), todas las
caras son idénticas y en cada vértice se encuentra exactamente el mismo número
de caras. Los cinco poliedros regulares (también llamados «sólidos regulares»)
son:
·
El tetraedro, con 4 caras triangulares, 4 vértices y 6 aristas.
·
El cubo o hexaedro, con 6 caras cuadradas, 8 vértices y 12
aristas.
·
El octaedro, con 8 caras triangulares, 6 vértices y 12 aristas.
·
El dodecaedro, con 12 caras pentagonales, 20 vértices y 30
aristas.
·
El icosaedro, con 20 caras triangulares, 12 vértices y 30
aristas.
Figura 37. Los cinco sólidos regulares.
Los
sólidos regulares aparecen en la naturaleza. En 1904, Ernst Haeckel publicó
dibujos de organismos minúsculos conocidos como «radiolarios», que recordaban a
los cinco sólidos regulares. Sin embargo, puede que hubiese arreglado algo la
naturaleza, de modo que puede que no fuesen representaciones genuinas de
criaturas vivas. Los tres primeros se dan también en cristales. El dodecaedro y
el icosaedro no, aunque se han encontrado en ocasiones dodecaedros irregulares.
Los dodecaedros genuinos pueden darse en cuasicristales, que son similares a
los cristales excepto porque sus átomos no forman una estructura periódica.
Figura 38. Dibujos de Haeckel de radiolarios con forma de sólidos regulares.
Figura 39. Desarrollos de los sólidos regulares.
Es
divertido hacer modelos de los sólidos regulares con cartón cortando un
conjunto de caras enlazadas, también llamado «desarrollo del sólido», y luego
doblando por las aristas y pegando los pares de aristas apropiados. Ayuda
añadir solapas en las aristas de cada uno de esos pares (como se muestra en la
Figura) para el pegamento. Como alternativa, puedes usar cinta adhesiva.
§. Ecuación de grado 5
No hay fórmula algebraica para resolver las ecuaciones de grado 5.
Las ecuaciones de grado 5 tienen este aspecto:
ax5 + bx4 + cx3 + dx2 + ex + f =
0
El
problema es encontrar una fórmula para las soluciones (puede haber hasta
cinco). La experiencia con las cuadráticas, las cúbicas y las de grado 4
sugiere que debería haber una fórmula para resolver las de grado 5,
probablemente en la que se vean involucradas raíces quintas, raíces cúbicas y
raíces cuadradas. Era una apuesta segura que esa fórmula no sería en realidad
muy complicada.
Esta expectativa resultó ser errónea. Realmente no hay ninguna fórmula, al
menos ninguna formada con los coeficientes a, b, c, d, e y f usando
la suma, la resta, la multiplicación y la división, junto con la extracción de
raíces. De modo que hay algo especial en relación con el número 5. Las razones
para este comportamiento excepcional son bastante profundas y llevó bastante
tiempo averiguarlas.
La primera señal del problema fue que cada vez que los matemáticos intentaban
encontrar esa fórmula, no importa lo listos que fueran, fracasaban. Durante un
tiempo, todo el mundo asumía que sucedía porque la fórmula era tan terriblemente
complicada que nadie podía calcular el álgebra de modo correcto. Pero
finalmente algunos matemáticos empezaron a preguntarse si esa fórmula
existiría. Finalmente, en 1823, Niels Hendrik Abel se las arregló para probar
que no existía. Poco tiempo después, Évariste Galois encontró un modo de
decidir si una ecuación de cualquier grado, 5, 6, 7 o el que fuese, era
resoluble usando ese tipo de fórmula.
La conclusión es que el número 5 es especial. Puedes resolver ecuaciones
algebraicas (usando raíces enésimas para varios valores de n) para
los grados 1, 2, 3 y 4, pero no 5. El aparente patrón se
disipa.
No sorprende que ecuaciones de grado mayor que 5 sean todavía peores y, en
particular, sufran del mismo problema: ninguna fórmula para la solución. Esto
no significa que no exista solución, y no significa que no sea posible
encontrar soluciones numéricas muy precisas. Expresa una limitación de las
herramientas tradicionales del álgebra. Es como no ser capaz de hacer la
trisección de un ángulo con regla y compás. La respuesta existe,
pero los métodos especificados no son adecuados para averiguar cuál es.
§. Restricción cristalográfica
Los cristales en dos y tres dimensiones no tienen simetrías de rotación de
orden 5.
Los átomos en un cristal forman una red, una estructura que se repite
periódicamente en varias direcciones independientes. Por ejemplo, el patrón del
papel de pared se repite a lo largo de la longitud del rollo de papel, pero
normalmente también se repite en los laterales, quizá con un descenso de una pieza
del papel de pared a la adyacente. Los papeles de pared son, de hecho, como un
cristal bidimensional.
Hay 17 tipos diferentes de patrones de papel de pared en el plano [véase 17].
Estos se distinguen por sus simetrías, las cuales son modos de mover el patrón
rígidamente y encajarlo exactamente en la cima de su posición original. Entre
ellas están las simetrías de rotación, donde el patrón se rota un ángulo
determinado respecto a un punto, el centro de rotación.
El orden de una simetría de rotación es el número de veces que se debe aplicar
la rotación para volver todo a como estaba al principio. Por ejemplo, una
rotación de 90º tiene orden 4. La lista de los posibles tipos de simetría para
rotaciones de la estructura de un cristal revela una curiosidad para el número
5 en concreto: no hay. Hay patrones con simetrías de rotación de órdenes 2, 3,
4 y 6, pero ningún patrón del papel de pared tiene simetría de rotación de
orden 5. No hay simetrías de rotación de orden mayor que 6 tampoco, pero el
primer hueco es en 5.
Lo mismo ocurre para patrones cristalográficos en el espacio tridimensional. En
este caso la estructura se repite a lo largo de tres direcciones
independientes. Hay 219 tipos de simetrías diferentes, o 230 si la imagen en el
espejo de un patrón se considera distinta cuando el patrón no tiene simetría de
reflexión. De nuevo los posibles órdenes de las simetrías de rotación son 2, 3,
4 y 6, pero no 5. Este hecho se llama «restricción cristalográfica».
Figura 40. Estructura del cristal de la sal. Esferas negras: átomos de
sodio. Esferas claras: átomos de cloro.
En
cuatro dimensiones, existen estructuras con simetrías de orden 5 y cualquier
orden dado es posible para estructuras de dimensión lo suficientemente alta.
§. Cuasicristales
Aunque las simetrías de rotación de orden 5 no son posibles en estructuras de
dos o tres dimensiones, pueden darse en estructuras ligeramente menos regulares
llamadas «cuasicristales». Siguiendo algunos bocetos hechos por Kepler, Roger
Penrose descubrió patrones en el plano con un tipo más general de simetrías de
orden 5: cuasicristales.
Los cuasicristales se dan en la naturaleza. En 1984, Daniel Shechtman descubrió
que una aleación de aluminio y manganeso puede formar un cuasicristal, y
después de cierto escepticismo inicial entre los cristalógrafos, ganó el premio
Nobel de Química en 2011, cuando se probó que el descubrimiento era correcto.
En 2009, un equipo dirigido por Luca Bindi encontró cuasicristales en un
mineral de las montañas de Koryak, en Rusia, un compuesto de aluminio, cobre y
hierro. Este mineral se conoce actualmente como «icosaedrita». Usando un
espectrómetro de masas para medir las proporciones de los diferentes isótopos
de oxígeno, mostraron que el mineral no se originó en la Tierra. Se formó hace
unos 4.500 millones de años, la época cuando el sistema solar comenzaba a
existir, y pasó mucho del tiempo intermedio orbitando en el cinturón de
asteroides, antes de que alguna perturbación cambiase su órbita y finalmente
cayera en la Tierra.
Figura 41. Izquierda: uno de los dos patrones de cuasicristales con
simetrías de orden 5 exactas. Derecha: modelo atómico de un cuasicristal
icosaédrico de aluminio-paladio-manganeso.
6.
Número de osculación
El número más pequeño igual a la suma de sus divisores propios: 6 = 1 + 2 + 3.
El número de osculación en el plano es 6. Los panales están formados por
polígonos regulares de 6 lados, hexágonos. Hay 6 politopos regulares de
dimensión 4 (análogos a los sólidos regulares).
§. Número perfecto más pequeño
Los griegos en la Antigüedad distinguieron tres tipos de números naturales
según sus divisores:
·
Números abundantes, para los cuales la suma de los
divisores «propios» (esto es, los divisores excluyendo el propio número) es
mayor que el número.
·
Números deficientes, para los cuales la suma de los
divisores propios es más pequeña que el número.
·
Números perfectos, para los cuales la suma de los
divisores propios es igual al número.
Para
los primeros números, tenemos la Tabla 7.
Esto muestra que se dan los tres tipos de números, pero también sugiere que los
números deficientes son más comunes que los de los otros dos tipos. En 1998,
Marc Deléglise probó una forma precisa de esta afirmación: a medida que n se
hace arbitrariamente grande, la proporción de números deficientes entre 1
y ntiende a alguna constante entre 0,7526 y 0,7520, mientras la
proporción de números abundantes está entre 0,2474 y 0,2480. En 1955,
Hans-Joachim Kanold ya había probado que la proporción de los números perfectos
tiende a 0. De modo que los tres cuartos de todos los números son deficientes y
un cuarto son abundantes. Prácticamente ninguno es perfecto.
|
Tabla 7 |
||
|
Número |
Suma de los divisores propios |
Tipo |
|
1 |
0 (sin divisores propios) |
deficiente |
|
2 |
1 |
deficiente |
|
3 |
1 |
deficiente |
|
4 |
1 + 2 = 3 |
deficiente |
|
5 |
1 |
deficiente |
|
6 |
1 + 2 + 3 = 6 |
perfecto |
|
7 |
1 |
deficiente |
|
8 |
1 + 2 + 4 = 7 |
deficiente |
|
9 |
1 + 3 = 4 |
deficiente |
|
10 |
1 + 2 + 5 = 8 |
deficiente |
|
11 |
1 |
deficiente |
|
12 |
1 + 2 + 3 + 4 + 6 = 16 |
abundante |
|
13 |
1 |
deficiente |
|
14 |
1 + 7 = 8 |
deficiente |
|
15 |
1 + 3 + 5 = 9 |
deficiente |
Los dos primeros números perfectos son:
6 =
1 + 2 + 3
28 =
1 + 2 + 4 + 7 + 14
Así
que el número perfecto más pequeño es 6. El número abundante más pequeño es 12.
En la Antigüedad encontraron los dos siguientes números perfectos: 28 y 496.
Alrededor de 100 d. C., Nicómaco de Gerasa había encontrado el cuarto, que es
8.128. Alrededor de 1460, el quinto, 33.550.336, apareció en un manuscrito
anónimo. En 1588, Pietro Cataldi encontró los números perfectos sexto y
séptimo: 8.589.869.056 y 137.438.691.328.
Mucho antes de este trabajo Euclides dio una regla para formar números
perfectos. En notación moderna dice que si 2n – 1 es primo,
entonces 2n – 1(2n – 1) es perfecto. Los números
anteriores corresponde a n = 2, 3, 5, 7, 13, 17, 19. Los
primos de la 2n – 1 se llaman «primos de Mersenne» por el monje
Marin Mersenne [véase 257.885.161 – 1].
Euler probó que todo número perfecto par es de esta forma. Sin embargo, durante
al menos 2.500 años, los matemáticos no han sido capaces de encontrar un número
perfecto impar, o probar que dicho número no existe. Si existe un número así,
al menos debe tener 1.500 dígitos y 101 factores primos, de los cuales al menos
9 son distintos. Su factor primo más grande debe tener nueve o más dígitos.
§. Número de osculación
El número de osculación en el plano es el mayor número de círculos, de un
tamaño dado, que pueden tocar a un círculo del mismo tamaño. Es igual a 6.
Figura 42. El número de osculación en el plano es 6.
Para
la prueba basta con geometría elemental.
El número de osculación en el espacio tridimensional es el mayor número de
esferas, de un tamaño dado, que pueden tocar a una esfera del mismo tamaño. Es
igual a 12 [véase 12]. En este caso la prueba es mucho más complicada y durante
mucho tiempo no se supo si 13 esferas podrían ser una posibilidad o no.
§. Panales
Los panales están formados por «baldosas» hexagonales, las cuales encajan unas
con otras perfectamente para cubrir el plano [véase 3].
Según la conjetura del panal de abeja, el patrón del panal es
el modo de dividir el plano en regiones cerradas que minimiza el perímetro
total. Esta hipótesis fue planteada en la Antigüedad, por ejemplo, por el
erudito romano Marcus Terentius Varro, en 36 a. C. Incluso podría remontarse al
geómetra griego Pappus de Alejandría, alrededor de 325 a. C.
Figura 43. Izquierda: embaldosado de hexágonos regulares. Derecha: un panal
de abejas.
La
conjetura del panal de abeja es ahora un teorema; Thomas Hales lo probó en
1999.
§. Número de politopos cuatro-dimensionales
Los griegos probaron que eran exactamente cinco los sólidos regulares en tres
dimensiones [véase 5]. ¿Qué pasa con los espacios de dimensiones diferentes de
tres? Recuerda de [4] que podemos definir espacios matemáticos con cualquier
número de dimensiones usando coordenadas. En concreto, el espacio
cuatro-dimensional se compone de cuartetos (x, y, z, w) de números
reales. Hay un concepto natural de distancia en estos espacios, basado en la
analogía obvia del teorema de Pitágoras, de modo que, con buen juicio, podemos
hablar de longitudes, ángulos, análogos de esferas, cilindros, conos, etcétera.
Por lo tanto, tiene sentido cuáles son los análogos de los polígonos regulares
en cuatro o más dimensiones. La respuesta contiene una sorpresa.
En dos dimensiones hay infinidad de polígonos regulares: uno por cada número
entero positivo de lados a partir de tres. En cinco o más dimensiones, hay solo
tres politopos, como se llaman, regulares. Son análogos al tetraedro, cubo y
octaedro. Pero en el espacio de dimensión cuatro, hay seis politopos
regulares.
|
Tabla 8 |
||||
|
Nombre |
Celdas |
Caras |
Aristas |
Vértices |
|
Pentácoron |
5 tetraedros |
10 |
10 |
5 |
|
Teseracto |
8 cubos |
24 |
32 |
16 |
|
Hexadecacoron o 16-cell |
16 tetraedros |
32 |
24 |
8 |
|
Icositetracoron o 24-cell |
24 octaedros |
96 |
96 |
24 |
|
120-cell |
120 dodecaedros |
720 |
1.200 |
600 |
|
600-cell |
600 tetraedros |
1.200 |
720 |
120 |
Los tres primeros politopos en la tabla son análogos al tetraedro, el cubo y el
octaedro. El pentácoron también se llama 4-simplex, el teseracto es un
4-hipercubo. Los otros tres politopos son característicos del espacio
4-dimensional.
Al carecer del papel 4-dimensional, me quedo satisfecho mostrándote el aspecto
de estos objetos cuando se proyectan en el plano.
Ludwig Schläfli clasificó los politopos regulares. Publicó algunos de sus
resultados en 1855 y 1858 y el resto póstumamente, en 1901. Entre 1880 y 1900,
otros nuevos matemáticos obtuvieron, independientemente, resultados similares.
Entre ellos estaba Alicia Boole Stott, una de las hijas del matemático y lógico
George Boole, que fue la primera en usar la palabra «politopo». Demostró una
comprensión de la geometría 4-dimensional desde una temprana edad,
probablemente porque su hermana mayor, Mary, se casó con Charles Howard Hinton,
un personaje extravagante (fue condenado por bigamia) con una pasión por el
espacio cuatro-dimensional. Usó esta habilidad para calcular, por métodos
puramente euclídeos, qué aspecto tenían los cortes transversales de los
politopos: son sólidos simétricos muy complicados.
Figura 44. Los seis politopos regulares proyectados en el plano. De
izquierda a derecha y de arriba abajo: pentácoron, teseracto, hexadecacoron,
24-cell, 120-cell y 600-cell.
7.
Cuarto primo
El número 7 es el cuarto número primo y un lugar conveniente para explicar para
qué son buenos los primos y por qué son interesantes. Los primos aparecen en la
mayoría de los problemas en los cuales los números naturales se multiplican
unos con otros. Son «ladrillos» para todos los números naturales. Vimos en [1]
que todo número natural mayor que 1, o bien es primo, o bien puede obtenerse
multiplicando dos o más primos.
El número 7 también tiene conexiones con un problema antiguo sin resolver sobre
factoriales. Y es el número más pequeño de colores necesarios para colorear
todos los mapas en un toro, de modo que las regiones adyacentes tengan
diferentes colores.
§. Encontrar factores
En 1801, Gauss, el teórico de números destacado de su era y uno de los
matemáticos más importantes de todos los tiempos, escribió un libro avanzado
sobre teoría de números, Disquisitiones arithmeticae. Entre todos
los temas de alto nivel, indicó que dos temas muy básicos son vitales: «El
problema de distinguir números primos de números compuestos y descomponer estos
últimos en sus factores primos es conocido por ser uno de los más importantes y
útiles en aritmética».
El modo más obvio de resolver ambos problemas es intentar todos los posibles
factores uno a uno. Por ejemplo, para ver si 35 es primo y encontrar sus
factores si no lo es, calculamos:
35:
2 = 17 con resto 1
35:
3 = 11 con resto 2
35:
4 = 8 con resto 3
35:
5 = 7 exactamente
Por
lo tanto, 35 = 5 × 7, y como sabemos que 7 es un primo, tenemos completa la
factorización.
Este procedimiento puede simplificarse un poco. Si tenemos ya una lista de
primos, solo necesitamos intentarlo con los divisores primos. Por ejemplo, al
establecer que 2 no divide de manera exacta a 35, sabemos que 4 no lo dividirá
de manera exacta tampoco. La razón es que 2 divide a 4, de modo que 2 divide
cualquier cosa que sea divisible por 4. (Lo mismo se aplica para 6, 8 o
cualquier otro número par.)
También podemos dejar de seguir buscando una vez alcancemos la raíz cuadrada
del número que nos ocupa. ¿Por qué? Un caso típico es el número 4.283, cuya
raíz cuadrada es aproximadamente 65,44. Si multiplicamos dos números que son
mayores que este, el resultado tiene que ser mayor que 65,44 × 65,44, que es
4.283. Así que, aunque dividamos 4.283 en dos o más factores, al menos uno de
ellos es menor o igual que su raíz cuadrada. De hecho, debe ser menor o igual
que 65, que es lo que obtenemos cuando ignoramos lo que hay detrás del punto
decimal en la raíz cuadrada.
Por lo tanto, podemos encontrar todos los factores de 4.283 haciendo pruebas
con los números primos entre 2 y 65. Si alguno de ellos dividiera 4.283 de
manera exacta, continuaríamos factorizando el resultado después de hacer esta
división, pero este sería un número más pequeño que 4.283. Resulta que ningún
primo menor que 65 divide a 4.283. Por lo tanto, 4.283 es primo.
Si intentamos lo misma idea para factorizar 4.183, cuya raíz cuadrada es 64,67,
tenemos que intentarlo con todos los primos hasta 64. En este caso el primo 47
divide a 4.183 de manera exacta:
4.183:
47 = 89
Resulta
que 89 es primo. De hecho, esto ya lo sabemos, porque 4.183 no es divisible
entre 2, 3, 5 y 7. De modo que 89 no es divisible por 2, 3, 5 y 7, pero estos
son los únicos primos hasta su raíz cuadrada, que es 9,43. Con lo que tenemos
que la factorización es 4.183 = 47×89.
Este procedimiento, aunque sencillo, no es muy útil para números grandes. Por
ejemplo, para encontrar factores de
11.111.111.111.111.111
tendríamos
que intentar todos los primos hasta su raíz cuadrada: 105.409.255,3.
Es una cantidad horrible de primos: 6.054.855 primos, para ser exactos.
Finalmente, encontraríamos un factor primo, en concreto 2.071.723, y
obtendríamos la factorización
11.111.111.111.111.111
= 2.071.723 × 5.363.222.357
pero
llevaría mucho tiempo hacer esto a mano.
Un ordenador puede resolverlo, por supuesto, pero una regla básica en esos
cálculos es que si algo se hace muy difícil a mano para números moderadamente
grandes, entonces se hace muy difícil para un ordenador para números
suficientemente más grandes. Incluso un ordenador podría tener problemas
llevando a cabo una búsqueda sistemática como esta si el número tiene 50
dígitos en lugar de 17.
Teorema
de Fermat
Afortunadamente,
hay métodos mejores y más eficientes de comprobar si un número es primo sin buscar
los factores. Por lo general, estos métodos son prácticos para números con
alrededor de un centenar de dígitos, aunque el grado de dificultad varía mucho
dependiendo del número en concreto y la cantidad de dígitos que tiene es solo
una guía aproximada. Por el contrario, los matemáticos actualmente no conocen
métodos rápidos que garanticen encontrar los factores de cualquier número
compuesto de ese tamaño. Sería suficiente encontrar tan solo un factor, porque
puede entonces dividirse y el proceso repetirse, pero, en el peor de los casos,
este proceso supone demasiado tiempo para resultar práctico.
Las pruebas de primalidad prueban que un número es compuesto sin encontrar
ninguno de sus factores. Tan solo muestran que la prueba de primalidad falla.
Los números primos tienen propiedades especiales y podemos comprobar si un
número dado las tiene. Si no, no puede ser primo. Es casi como encontrar un
pinchazo en un globo soplando y viendo si se queda hinchado. Si no se queda
hinchado, hay un pinchazo, pero esta prueba no nos dice exactamente dónde se
localiza este. De modo que probar que hay un pinchazo es más fácil que
encontrarlo. Lo mismo pasa con los factores.
La más simple de estas pruebas es el teorema de Fermat. Para enunciarlo,
primero hablaremos de aritmética modular, a veces conocida como «aritmética de
los relojes», porque los números dan vueltas alrededor como en un reloj. Escoge
un número, para una analogía de reloj de 12 horas es el 12, y llámalo «módulo».
En cualquier cálculo aritmético con números enteros, te permites reemplazar
cualquier múltiplo de 12 por cero. Por ejemplo, 5 × 5 = 25, pero 24 es dos
veces 12, así que restando 24 obtenemos 5 × 5 = 1 en módulo 12.
Gauss presentó la aritmética modular en Disquisitiones
arithmeticae y hoy en día se usa de manera general en la informática,
la física y la ingeniería, así como en matemáticas. Es muy bella, porque casi
todas las reglas habituales de la aritmética funcionan. La principal diferencia
es que no siempre puedes dividir un número entre otro, incluso cuando este no
es cero. Es útil también porque proporciona un modo ordenado de tratar con
cuestiones sobre divisibilidad: qué números son divisibles entre el módulo
escogido y cuál es el resto cuando no son divisibles. El teorema de Fermat
afirma que si escogemos cualquier módulo primo p, y tomamos
cualquier número a que no es múltiplo de p,
entonces la potencia p– 1 de a es siempre igual a
1 en aritmética de módulo p.
Supongamos, por ejemplo, que p = 17 y a = 3.
Entonces el teorema predice que cuando dividimos 316 entre 17,
el resto es 1. Lo comprobamos:
316 =
43.046.721 = 2.532.160 × 17 + 1
Nadie
en su sano juicio querría hacer los cálculos de ese modo para números muy
grandes. Afortunadamente, hay un modo más inteligente y rápido de llevar a cabo
este tipo de cálculos, elevando al cuadrado repetidamente el número y
multiplicando los resultados oportunos.
La clave es que si la respuesta no es igual a 1, entonces el módulo con
el que empezamos debe ser compuesto. De modo que el teorema de Fermat forma
las bases de una prueba eficiente que proporciona una condición necesaria para
que un número sea primo. Y lo hace sin encontrar un factor. De hecho, esta
podría ser la razón por la que es eficiente.
Sin embargo, la prueba de Fermat no es infalible: algunos números compuestos
pasan la prueba. El más pequeño es 561. En 2003, Red Alford, Andrew Granville y
Carl Pomerance probaron que hay infinidad de excepciones de este tipo: los
números de Carmichael. La prueba de primos más eficiente hasta la fecha en
cuanto a infalibilidad la idearon Leonard Adleman, Pomerance y Robert Rumely.
Usa ideas de teoría de números que son más sofisticadas que el teorema de
Fermat, pero con un espíritu similar.
En 2002, Manindra Agrawal y sus discípulos Neeraj Kayal y Nitin Saxena
descubrieron una prueba de primalidad que en principio es más rápida que la
prueba de Adleman-Pomerance-Rumely, porque se ejecuta en «tiempo polinómico».
Si el número tiene n dígitos decimales, el algoritmo tiene un
tiempo de ejecución proporcional a, como máximo, n12.
Ahora sabemos que esto puede reducirse a n7,5. Sin
embargo, las ventajas de su algoritmo no aparecen hasta que el número de
dígitos en n es de alrededor de 101.000. No hay
hueco para encajar un número tan grande en el universo conocido.
§. Primos y códigos
Los números primos han adquirido importancia en criptografía, la ciencia de los
códigos secretos. Los códigos son importantes para uso militar [véase 26], pero
también compañías comerciales e individuos privados tienen secretos. No
queremos que los delincuentes tengan acceso a los números de cuentas del banco
o tarjetas de crédito cuando usamos Internet, por ejemplo.
El modo habitual de reducir el riesgo es la encriptación: poner la información
en código. El sistema RSA, un famoso código inventado por Ted Rivest, Adi
Shamir y Leonard Adleman en 1978, usa números primos. De los grandes, de
alrededor de 100 dígitos de longitud. Tiene la excepcional característica de
que el modo de convertir un mensaje en código puede ser hecho público. Lo que
no se revela es cómo ir en sentido contrario, cómo descifrar el mensaje. Eso
necesita una pieza extra de información, que mantienes en secreto.
Cualquier mensaje puede fácilmente convertirse en un número, por ejemplo,
asignándole un código de dos dígitos a cada letra y haciendo una cadena con
todos esos códigos. Supongamos que decidimos usar los códigos A =
01, B = 02, etcétera, a los números del 27 en adelante le
asignamos la puntuación y el espacio en blanco. Entonces:
Un
código es un modo de convertir un mensaje dado en otro mensaje. Pero como
cualquier mensaje es un número, un código puede pensarse como un modo de
convertir un número dado en otro número. En este momento, las matemáticas
entran en juego y se pueden usar ideas de la teoría de números para crear
códigos.
El sistema RSA empieza escogiendo dos primos p y q,cada
uno de ellos de, por ejemplo, 100 dígitos. Los primos de este tamaño pueden
encontrarse rápidamente con un ordenador usando una prueba de primalidad. Los
multiplicamos para obtener pq. El método público para codificar los
mensajes convierte el mensaje en un número y luego hace un cálculo basado es
este número pq. Más abajo te facilito los detalles técnicos. Pero
obtener el mensaje a partir del código requiere conocer p (así
que q puede también calcularse fácilmente).
Sin embargo, si no dices públicamente qué es p, no pueden
decodificar el mensaje, a menos que puedan averiguarel valor
de p. Pero eso requiere factorizar pq, un número de 200
dígitos y a no ser que escojas p y q muy mal,
parece imposible incluso con el superordenador más potente que exista. Si quien
estableció el código pierde temporalmente p y q,
estará en la misma posición que todos los demás. En concreto, fastidiado.
Detalles
técnicos
Considera
dos primos grandes p y q. Calcula n = pq y s =
(p – 1) (q – 1). Escoge un número e entre
1 y s que no tenga ningún factor común con s. (Hay
un modo muy eficiente de encontrar los factores comunes de dos números llamado
«algoritmo de Euclides». Se remonta a la antigua Grecia y aparece en los Elementos de
Euclides. Véase Professor Stewart’s Casebook of Mathematical Mysteries.)
Haz n y e públicos. Designa e la
«clave pública».
La aritmética modular nos dice que hay un único número d entre
1 y s para el cual el producto de deja un
resto 1 en la división entre s. Esto es de≡ 1(mod s).
Calcula este número d. Mantén p, q, s y d en
secreto. Designa ad la «clave privada».
Para poner un mensaje en código, represéntalo como un número m,
como describí. Si es necesario, divide el mensaje largo en bloques y envía cada
bloque de uno en uno. Luego calcula c≡ me (mod n).
Este es el mensaje codificado y puede enviarse a su destinatario. Esta regla de
encriptación puede hacerse pública de modo seguro. Hay un modo rápido de
calcular c basado en la expansión binaria de e.
El destinatario, que conoce la clave privada d, puede decodificar
el mensaje calculando cd (mod n). Un teorema
básico en teoría de números, una ligera extensión del teorema de Fermat,
implica que el resultado es el mismo que en el mensaje original m.
Un espía intentando decodificar el mensaje tiene que averiguar d,
sin saber s. Esto se reduce a conocer p – 1
y q – 1 o, de manera equivalente, p y q.
Para encontrarlos, el espía tiene que factorizar n. Pero n es
tan grande que esa operación no es factible.
Los códigos de este tipo se llaman «códigos de la trampilla», porque es fácil
caer a través de la trampilla (poner un mensaje en código), pero difícil salir
trepando de nuevo (decodificar el mensaje) a menos que se tenga ayuda especial
(la clave privada). Los matemáticos no saben con certeza si este código es
totalmente seguro. Quizá hay un modo rápido de factorizar números grandes y
todavía no hemos sido lo suficientemente inteligentes para encontrarlo. (Podría
haber algún otro modo de calcular d, pero una vez que se sabe d,
se puede averiguar p y q, lo que nos llevaría a un
modo eficiente para encontrar factores.)
Incluso si el código es en teoría seguro, un espía podría ser capaz de hacerse
con p y q con otros métodos, robando o
sobornando o chantajeando a alguien que conoce el secreto. Este problema se da
con cualquier código secreto. En la práctica, el sistema RSA se usa para un
número limitado de mensajes importantes, por ejemplo, enviar a alguien la clave
secreta para algún método más simple de poner mensajes en código.
§. El problema de Brocard
Si consideras todos los números desde 1 a n y los multiplicas,
obtienes el «factorial de n», que se escribe como n!
Los factoriales cuentan el número de modos en los que n objetos
pueden ordenarse [véase 26!].
Los primeros factoriales son:
1! =
1
2! = 2
3! = 6
4! = 24
5! = 120
6! = 720
7! = 5.040
8! = 40.320
9! = 362.880
10! = 3.628.800
Si
sumamos 1 a estos números, obtenemos:
1! +
1 = 2
2! + 1 = 3
3! + 1 = 7
4! + 1 = 25
5! + 1 = 121
6! + 1 = 721
7! + 1 = 5.041
8! + 1 = 40.321
9! + 1 = 362.881
10! + 1 = 3.628.801
y
reconocemos tres de estos como cuadrados perfectos, en concreto:
4! +
1 = 52
5! + 1 = 112
7! + 1 = 712
No
se conoce ningún otro número así, pero no se ha probado que ningún número más
grande, n, pueda dar como resultado que n! + 1 sea un
cuadrado perfecto. Esta cuestión se conoce como «el problema de Brocard»,
porque en 1876 Henri Brocard preguntó si 7 era el mayor número con esta
propiedad. Más tarde, Paul Erdős conjeturó que la respuesta era «no». En 2000,
Bruce Berndt y William Galway probaron que no hay otras soluciones posibles
para n menores que 1.000 millones. En 1993, Marius Overholt
demostró que solo existe una cantidad finita, pero únicamente dando por hecho
un problema no resuelto más importante en teoría de números llamado «conjetura
ABC» (véase Los grandes problemas matemáticos).
§. Mapa de siete colores en un toro
Heawood trabajó en una generalización del problema de cuatro colores [véase 4]
a mapas en superficies más complicadas.
La cuestión análoga en una esfera tiene la misma respuesta que en un plano.
Imagina un mapa en una esfera y rótalo hasta que el polo norte esté en algún
punto dentro de una región. Si borras el polo norte, puedes abrir la esfera
perforada para obtener un espacio que es topológicamente equivalente al plano
infinito. La región que contiene el polo se convierte en una infinitamente
grande que rodea el resto del mapa.
Figura 45. Toro, toro de 2 agujeros, toro de 3 agujeros.
Sin
embargo, hay otras superficies más interesantes, como el toro, que tiene una
forma similar a la de una rosquilla y superficies con varios de esos agujeros.
Hay un modo útil de visualizar el toro que suele facilitar la vida. Si cortamos
el toro a lo largo de dos curvas cerradas, podemos abrirlo y que quede como un
cuadrado.
Figura 46. Haciendo un cuadrado plano a partir de un toro con cortes.
Esta
transformación cambia la topología del toro, pero podemos salvar esto acordando
tratar los puntos correspondientes en aristas opuestas como si fueran idénticos
(mostrados con flechas). Ahora viene la parte ingeniosa: realmente no
necesitamos enrollar el cuadrado y unir las aristas correspondientes. Podemos
trabajar con el cuadrado plano dado teniendo en mente la regla para identificar
las aristas. Todo lo que hacemos en el toro, como dibujar curvas, tiene una
construcción correspondiente y precisa en el cuadrado.
Figura 47. El mapa de un toro necesita siete colores.
Heawood
probó que siete colores son necesarios y suficientes para colorear cualquier
mapa en un toro. La imagen muestra que hacen falta siete, usando un cuadrado
para representar el todo como se ha descrito. Observa que las regiones de
aristas opuestas están emparejadas, como requiere esta representación.
Vimos que hay superficies como un toro pero con más agujeros. El número de
agujeros se llama «género» y se representa con la letra g. Heawood
hizo conjeturas de una fórmula para el número de colores necesario en un toro
con gagujeros cuando g ≥ 1: es el número entero
menor o igual que
Cuando g va
de 1 a 10, esta fórmula da los números
7 8
9 10 11 2 12 13 13 14
Heawood
encontró su fórmula haciendo una generalización de su prueba para el teorema de
los 5 colores en el plano. Pudo probar que, para cualquier superficie, el
número de colores específico por su fórmula es siempre suficiente. Durante
muchos años la gran pregunta fue si este número puede hacerse más pequeño.
Ejemplos de los valores más pequeños del género sugieren que la estimación de
Heawood es la mejor posible. En 1968, tras una larga investigación, Gerhard
Ringel y John W. T. (Ted) Youngs completaron los detalles finales con una
demostración que es correcta, basándose en su propio trabajo y en el de muchos
otros. Sus métodos se sustentan en tipos especiales de redes y son lo
suficientemente complicados para llenar un libro entero.
8. Cubo de Fibonacci
El primer cubo no trivial, también un número de Fibonacci. ¿Hay otros cubos de
Fibonacci? Pensar sobre cubos llevó a Fermat a enunciar su famoso último
teorema. Sophie Germain, una de las excelentes mujeres matemáticas, hizo una
contribución importante a un caso especial. Andrew Wiles finalmente encontró
una prueba completa 350 años más tarde de la conjetura original de Fermat.
§. Primer cubo (después de 1)
El cubo de un número se obtiene multiplicándolo por sí mismo y luego
multiplicando el resultado por el número original. Por ejemplo, el cubo de 2 es
2 × 2 × 2 = 8. El cubo de un número n se escribe como n3.
Los primeros cubos son:
|
n: |
0 |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
6 |
7 |
8 |
9 |
10 |
|
n3: |
0 |
1 |
8 |
27 |
64 |
125 |
216 |
343 |
512 |
729 |
1.000 |
§. Último teorema de Fermat
Los cubos empezaron un hilo de pensamiento que duró más de 300 años. Alrededor
de 1630, Fermat observó que sumando dos cubos distintos de cero el resultado
parecía no ser un cubo. (Si se permite el cero, entonces 03 + n3 = n3para
cualquier n.) Había empezado a leer una edición de 1621 de un
famoso texto antiguo de álgebra, Aritmética, de Diofanto. En el
margen de su copia del libro escribió «es imposible dividir un cubo en dos
cubos, o una potencia de cuatro en dos potencias de cuatro o, en general,
cualquier potencia mayor que dos en dos de esas potencias. He descubierto una
demostración verdaderamente maravillosa de esto, pero este margen es demasiado
pequeño para contenerla».
En lenguaje algebraico, Fermat estaba reclamando una demostración de que la
ecuación:
xn+
yn = zn
no
tiene soluciones enteras si n es cualquier entero mayor o
igual que 3.
Esta afirmación, ahora conocida como «último teorema de Fermat», vio la luz por
primera vez en 1670, cuando el hijo de Fermat, Samuel, publicó una edición de
la Aritmética que incluía las notas al margen de su padre.
Fermat probablemente comenzó a interesarse en esta pregunta porque conocía las
ternas pitagóricas: dos cuadrados (de números enteros) que sumados dan un
cuadrado. Un ejemplo común es 32 + 42 = 52.
Hay infinidad de estas ternas, y se conoce una fórmula general para ellas desde
la Antigüedad [véase 5].
Si Fermat tenía una demostración, jamás nadie la ha encontrado. Sabemos que
tenía una prueba válida para las cuartas potencias, basada en el hecho de que
las cuartas potencias son un tipo especial de cuadrados, en concreto, el
cuadrado de un cuadrado, para relacionar esta versión del problema con las
ternas pitagóricas. La misma idea muestra que, para probar el último teorema de
Fermat, puede asumirse que la potencia n es o bien 4 o bien un
número primo. A lo largo de los dos siglos siguientes, se probó el último
teorema de Fermat para exactamente tres primos impares: 3, 5 y 7. Euler lidió
con los cubos en 1770, Legendre y Peter Gustav Lejeune Dirichlet lo hicieron
con potencias quintas alrededor de 1825; y Gabriel Lamé probó el teorema para
las potencias séptimas en 1839.
Figura 48. Nota al margen de Fermat, publicada en la edición de su hijo de
la Aritmética de Diofanto, encabezada con «Observación del maestro Pierre de
Fermat
Sophie
Germain hizo progresos significativos en lo que pasó a conocerse como el
«primer caso» del último teorema de Fermat, en el cual n es
primo y no se divide entre x, y o z. Como parte de
un programa más ambicioso que nunca se completó, probó el teorema de Sophie
Germain: si xp + yp = zp, donde p es
un primo menor que 100, entonces xyz es divisible por p2.
De hecho, probó bastante más que esto, pero la afirmación es más técnica. La
prueba usa lo que ahora se llama «primos de Sophie Germain»: números primos p tales
que 2p + 1 son también primos. Los primeros primos de Sophie
Germain son:
2 3
5 11 23 29 41 53 83 89 113 131 173 179 191
Y el
mayor conocido es:
18.543.637.900.515
× 2666.667– 1
encontrado
por Philipp Bliedung en 2012. Hay conjeturas sobre que debería haber infinidad
más, pero se trata de una cuestión abierta. Los primos de Sophie Germain tienen
aplicaciones en criptografía y las pruebas de primalidad.
El último teorema de Fermat se probó que era cierto en 1995, más de tres siglos
y medio después de ser enunciado, y lo hizo Andrew Wiles. Los métodos usados en
la prueba están muy lejos de lo que había disponible en la época de Fermat o lo
que él podía haber inventado.
Conjetura de Catalan
En 1844, el matemático belga Eugène Catalan hizo una pregunta fascinante sobre
los números 8 y 9: «Le ruego, señor, que tenga el placer de anunciar en su
periódico el siguiente teorema que creo cierto aunque todavía no haya tenido
éxito en completar del todo la demostración, quizá otros sean más exitosos. Dos
números naturales consecutivos, otros que no sean 8 y 9, no pueden ser
potencias consecutivas, o dicho de otro modo, la ecuación xm – yn =
1 en la cual las incógnitas son enteros positivos (mayores que 1) solo admite
una única solución».
Esta afirmación pasó a ser conocida como la conjetura de Catalan. Finalmente,
Preda Mihăilescu la probó en 2002 usando métodos avanzados de la teoría
algebraica de números.
§. Sexto número de Fibonacci y único cubo de Fibonacci no trivial
En 1202, Leonardo de Pisa escribió un texto de aritmética, Liber Abbaci(«Libro
de cálculo») explicando los numerales hindú-arábigos 0-9 a la audiencia
europea. Incluyó una cuestión curiosa sobre conejos. Empieza con un par de
conejos jóvenes. Después de una estación, cada par joven se convierte en
adulto, mientras que cada par adulto da lugar a un par joven. Los conejos son
inmortales. ¿Cómo crece la población a medida que pasan las estaciones?
Figura 49. Las primeras generaciones en el modelo de conejos de Fibonacci.
Leonardo
mostró que el número de pares sigue el patrón:
1 1
2 3 5 8 13 21 34 55 89 144
En
ese patrón cada número después de los dos primeros es la suma de los dos que lo
preceden. Así que, por ejemplo, 2 = 1 + 1, 3 = 1 + 2, 5 = 2 + 3, 8 = 3 + 5, 13
= 5 + 8, etcétera. Leonardo más tarde adquirió el sobrenombre de «Fibonacci»
(hijo de Bonaccio) y desde 1877, cuando Lucas escribió sobre esta secuencia,
sus miembros han sido conocidos como los «números de Fibonacci». La secuencia
suele darse con un 0 extra al principio, el número cero de Fibonacci. La regla
de formación todavía funciona porque 0 + 1 = 1.
Por supuesto, el modelo no es realista y no tenía intención de serlo. Era
simplemente un problema numérico ingenioso en su libro de texto. Sin embargo,
generalizaciones modernas, conocidas como «modelos de Leslie», son más
realistas y tienen aplicaciones prácticas en poblaciones reales.
Propiedades de los números de Fibonacci
Los matemáticos han estado fascinados por los números de Fibonacci desde hace
tiempo. Hay una conexión fundamental con el número de oro φ. Usando
la propiedad básica de que 1/φ = φ – 1, puede probarse que el n-ésimo
número de Fibonacci Fn es exactamente igual
a:
Este
es el número natural más próximo a φn/√5. De modo que los números de
Fibonacci son aproximadamente proporcionales a φn, lo
cual indica que crecen exponencialmente, como las potencias de un número fijo.
Hay muchos patrones en los números de Fibonacci. Por ejemplo, toma tres
términos consecutivos, tales como 5, 8, 13. Luego calcula 5 × 13 = 65 y 82 =
64, que difieren en 1. De modo más general,
F(n–
1) xF(n+ 1) = Fn2 +
(–1)n
Las
sumas de números consecutivos de Fibonacci satisfacen:
F0 + F1 + F2 +
... + Fn = Fn+ 2 –
1
Por
ejemplo:
0 +
1 + 1 + 2 + 3 + 5 + 8 = 20 = 21 – 1
No
hay fórmula conocida para la suma de los inversos de los números de Fibonacci
distintos de cero:
Numéricamente,
esta «constante de Fibonacci inversa» es alrededor de 3,35988566243 y Richard
André-Jeannin ha probado que es irracional, que no es una fracción exacta.
Muchos números de Fibonacci son primos. Los primeros de estos primos de
Fibonacci son 2, 3, 5, 13, 89, 233, 1.597, 28.657 y 514.229. Los mayores primos
de Fibonacci conocidos tienen miles de dígitos. No se sabe si hay infinitos
primos de Fibonacci.
Una pregunta muy difícil, solucionada recientemente, es: ¿cuándo un número de
Fibonacci es una potencia perfecta? En 1951, W. Ljunggren probó que el
duodécimo número de Fibonacci 144 = 122 es el único número de
Fibonacci no trivial que es un cuadrado. Harvey Cohn dio otra prueba en 1964.
(0 y 1 son potencias n-ésimas para todo n, pero no
demasiado interesantes.) El sexto número de Fibonacci es 8 = 23, y
en 1969, H. London y R. Finkelstein probaron que es el único número de
Fibonacci no trivial que es un cubo. En 2006, Y. Bugeaud, M. Mignotte y S.
Siksek demostraron que los únicos números de Fibonacci que son potencias
perfectas (mayores que la primera potencia) son 0, 1, 8 y 144.
9. Cuadrado mágico
El cuadrado mágico no trivial más pequeño tiene 9 celdas. Hay 9 recubrimientos
del plano de polígonos regulares que están organizados del mismo modo en cada
vértice. Un rectángulo de las dimensiones correctas puede dividirse en 9
cuadrados de diferentes tamaños.
§. El cuadrado mágico más pequeño
Los cuadrados mágicos son matrices cuadradas de números, normalmente los
números 1, 2, 3,... hasta algún límite, en las que cada fila, cada columna y
ambas diagonales suman la misma cantidad. No tienen un gran significado
matemático, pero son divertidos. El cuadrado mágico más pequeño (además del
cuadrado trivial de 1 × 1 con solo el número 1 en él) es un cuadrado 3 × 3,
usando los dígitos 1 – 9.
Figura 50. Izquierda: el Lo Shu. Derecha: versión moderna.
Figura 51. Izquierda: una imagen tibetana de Lo Shu. Derecha: emperador Yu.
El
cuadrado mágico conocido más antiguo aparece en una vieja leyenda china sobre
el emperador Yu ofreciendo sacrificios al dios del río Luo, debido a una gran
inundación. Una tortuga mágica emerge del río, portando un curioso diseño
matemático en su caparazón. Era el Lo Shu, un cuadrado mágico dibujado en una
rejilla de 3 × 3 que usaba puntos para los números.
Si el cuadrado mágico usa los nueve dígitos 1-9, una vez cada uno (es la
suposición estándar que se usa a menos que haya buenas razones para considerar
otra), el Lo Shu es la única solución mágica posible, excepto por rotaciones y
reflexiones. Su constante mágica (la suma de los números en
cualquier fila, columna o diagonal) es 15. El cuadrado muestra otros patrones
también. Los números pares ocupan las cuatro esquinas. Los números
diametralmente opuestos siempre suman 10.
El tamaño del cuadrado mágico es su orden. El Lo Shu tiene orden 3, y un
cuadrado mágico de orden n tiene n2celdas,
normalmente conteniendo los números del 1 al n2.
Otras culturas antiguas, como la persa y la hindú, también se interesaron en
cuadrados mágicos. En el siglo X se grabó un cuadrado mágico de orden 4 en un
templo en Khajurahu, en la India. Su constante mágica, como la de todos los
cuadrados mágicos de orden 4 que usan los números del 1 al 16, es 34.
Figura 52. Cuadrado mágico de orden 4 del siglo X.
Hay
muchos cuadrados mágicos diferentes de orden 4: 880 en total, sin contar las
rotaciones o reflexiones como diferentes. El número de cuadrados mágicos de
orden 5 es mucho mayor: 275.305.224. El número exacto de cuadrados mágicos de
orden 6 no se conoce, pero está en torno a 1,7745 × 1019.
El artista Durero representó un cuadrado mágico de orden 4 en su grabado MelancolíaI,
que también incluye otros objetos matemáticos. El cuadrado fue escogido de modo
que la fecha, 1514, aparece en el medio de la fila inferior.
Figura 53. Izquierda: Melancolía I. Derecha: detalle del cuadrado mágico.
Observa la fecha 1514, en la parte central inferior.
Los
cuadrados mágicos existen para todos los órdenes mayores o iguales a 3, y de
manera trivial para orden 1, pero no para orden 2. Hay métodos generales para
construir ejemplos, los cuales dependen de si n es impar, dos
veces un número impar o un múltiplo de 4.
La constante mágica para un cuadrado mágico de orden n es n(n2 +
1)/2 Para ver por qué, observa que el total de todas las celdas es 1 + 2 + 3 +
... + n2, que es igual a n(n2 +
1)/2. Como el cuadrado puede dividirse en n filas, cada una
con la misma suma, la constante mágica se obtiene dividiendo esta suma
entre n.
Figura 54. Método general para construir un ejemplo de un cuadrado mágico de
tamaño impar. Coloca 1 en la parte superior en el centro, luego coloca
sucesivamente los números 2, 3, 4,..., siguiendo las flechas en diagonal,
«envolviendo» desde la parte superior a la inferior o de izquierda a derecha si
es necesario. Cuando haya un número que tendría que escribirse sobre uno
existente, baja a la celda que está justo por debajo.
§.Teselaciones
arquimedianas
Nueve patrones de teselaciones (o embaldosados) usan más de un tipo de polígono
regular, con exactamente la misma colocación de baldosas en cada esquina. Estas
se conocen como arquimedianas, uniformes o teselaciones semirregulares.
Figura 55. Las nueve teselaciones arquimedianas.
§.
Cuadratura de un rectángulo
Un cuadrado puede dividirse fácilmente en nueve cuadrados más pequeños de igual
tamaño dividiendo cada arista en tres. El número más pequeño de cuadrados desiguales en
el cual un rectángulo con lados enteros puede dividirse es también nueve, pero
la solución es mucho más difícil de encontrar.
Es sabido que un suelo rectangular puede recubrirse con baldosas cuadradas de
igual tamaño, siempre y cuando sus aristas sean enteros múltiplos del tamaño de
la baldosa. Pero ¿qué sucede si necesitamos usar baldosas cuadradas que son
todas de diferente tamaño? La primera «cuadratura de un
rectángulo» fue publicada en 1925 por Zbigniew Moron, usando diez baldosas
cuadradas de tamaños: 3, 5, 6, 11, 17, 19, 22, 23, 24, 25. No mucho después,
encontró una cuadratura de un rectángulo usando nueve baldosas cuadradas de
tamaños: 1, 4, 7, 8, 9, 10, 14, 15, 18.
¿Qué ocurre en el caso de hacer un cuadrado a partir de
baldosas cuadradas diferentes? Durante mucho tiempo, se pensó que esto era
imposible, pero en 1939, Roland Sprague encontró 55 baldosas cuadradas
distintas que encajaban unas con otras formando un cuadrado. En 1940, Leonard
Brooks, Cedric Smith, Arthur Stone y William Tutte, por aquel entonces
estudiantes del Trinity College, en Cambridge, publicaron un artículo
relacionando el problema con redes eléctricas, la red cifra de qué tamaño son
los cuadrados y cómo encajan unos con otros. Este método llevó a más
soluciones.
Figura 56. Izquierda: primera cuadratura del rectángulo de Moron. Derecha:
su mejora a nueve baldosas.
En
1948, Theophilus Willcocks encontró 24 cuadrados que encajaban unos con otros
formando un cuadrado. Hasta hacía poco, se pensaba que no había un conjunto más
pequeño que pudiese resolver el problema, pero en 1962, Adrianus Duijvestijn
usó un ordenador para mostrar que solo se necesitaban 21 baldosas cuadradas, y
que este es el número mínimo de ellas. Sus tamaños son: 2, 4, 6, 7, 8, 9, 11,
15, 16, 17, 18, 19, 24, 25, 27, 29, 33, 35, 37, 42 y 50.
Figura 57. Izquierda: cuadratura del cuadrado de Willcocks con 24 baldosas.
Derecha: cuadrado de 21 baldosas de Duijvestijn.
En
1975, Solomon Golomb preguntó: ¿puedes teselar el plano infinito sin dejar
huecos usando exactamente una baldosa del tamaño de cada número entero: 1, 2,
3, 4, etcétera? Hasta hacía poco el problema estaba sin resolver, pero en 2008,
James y Frederick Henle encontraron una demostración ingeniosa de que la
respuesta es «sí».10. Sistema decimal
El sistema decimal, que usamos para escribir números, está basado en 10,
probablemente porque tenemos diez dedos. Son posibles otras bases, y algunas
han sido usadas por culturas antiguas, destacando 20 y 60. Diez es tanto
triangular como tetraédrico. Contrariamente a lo que Euler pensaba, existen dos
cuadrados latinos ortogonales de 10 × 10.
§. Contando de diez en diez
La notación actual para los números se llama «decimal» y usa el 10 como base
numérica. Decem es la palabra latina para «diez». En este
sistema, los mismos diez símbolos
0 1
2 3 4 5 6 7 8 9
se
usan para denotar unidades, decenas, centenas, millares, etcétera. Se sabe cuál
de ellas denota por la posición del símbolo en el número. Por ejemplo, en el
número 2.015, los símbolos significan:
5
unidades
1
decenas
0
centenas
2
millares
El
papel central aquí lo juegan las sucesivas potencias de 10:
100 =
1
101 =
10
102 =
100
103 =
1.000
Nos
hemos acostumbrado tanto a esta notación que tendemos a pensar en ella como
«números» simplemente y a asumir que hay algo especialmente matemático
relacionado con el número 10. Sin embargo, métodos de notación muy similares
pueden usar cualquier número como base. De modo que aunque el 10 sí que es
especial, como veremos más adelante, no lo es en este aspecto.Los ordenadores
usan varias bases:
base
2 binaria [véase 2], símbolos: 0 1
base 8 octal, símbolos: 0 1 2 3 4 5 6 7
base 16 hexadecimal, símbolos: 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 A B C D E F
La duodecimal, base 12, con frecuencia ha sido propuesta como una mejora de la
decimal, porque 12 es divisible por 2, 3, 4 y 6, mientras que 10 es divisible
solo por 2 y 5.
Los mayas usaban base 20 y
en la antigua Babilonia usaban base 60 [véase 0 para ambas].
Podemos
descomponer 2.015 en decimal como sigue:
2 ×
1.000 + 0 × 100 + 1 × 10 + 5 × 1
o
escribiendo las potencias de modo explícito:
2 ×
103 + 0 × 102 + 1 × 101 + 5 ×
100
Este
sistema se llama «notación posicional», porque el significado del símbolo
depende de su posición.
Los mismos símbolos en base 8 significarían:
2 ×
83 + 0 × 82 + 1 × 81 + 5 × 80
En
una notación decimal más familiar, esto es:
2 ×
512 + 0 × 64 + 1 × 8 + 5 × 1 = 1.037
De
modo que los mismos símbolos, interpretados usando diferentes bases,
representan diferentes números.
Veámoslo con otra base menos común: 7. En Apellobetnees III, los habitantes
alienígenas tienen todos siete colas y cuentan usándolas. Así, su sistema
numérico tiene solo los dígitos del 0 al 6. Por lo que escribimos 10 cuando
queremos decir 7, y así se continúa hasta 66, el cual escribiríamos como 48.
Entonces para nuestro 49, usan 100, etcétera.
Esto es, un número como abcd en apellobetneesiano se traduce
al sistema decimal como:
a ×
73 + b × 72 + c ×
7 + d = 343a + 49b + 7c + d
Con
un poco de práctica, puedes hacer operaciones alienígenas usando este sistema,
sin traducirlo al sistema decimal y volver a él de nuevo. Necesitas reglas como
«4 + 5 = 2 llevando 1» (porque 9 decimal es 12 en base 7), pero aparte de esto
todo resulta bastante familiar.
§. Historia de la notación numérica
Las primeras civilizaciones empleaban notaciones numéricas muy diferentes a la
nuestra. Los babilonios usaban la notación de base 60, con símbolos cuneiformes
para los sesenta dígitos [véase 0]. Los egipcios tenían símbolos especiales
para las potencias de 10 y los repetían para obtener otros números. En la
Grecia antigua usaban su alfabeto para los números 1–9, 10–90, 100–900.
Figura 58. Izquierda: símbolos numéricos egipcios. Derecha: el número 5.724
en jeroglíficos egipcios.
La
notación posicional actual y nuestros símbolos para los diez dígitos, 0–9,
aparecieron en la India alrededor de 500 d. C., pero había predecesores. La
historia es complicada, y las fechas, difíciles de determinar y controvertidas.
Figura 59. Arriba: símbolos del manuscrito de Bakhshali. Abajo: numeración
brahmi.
El
manuscrito de Bakhshali, encontrado en 1881, cerca de Bakhshali en Pakistán,
escrito sobre madera de abedul, es el documento conocido más antiguo de las
matemáticas hindúes. Los académicos creen que está datado entre el siglo II a.
C. y el siglo III d. C.; se cree que es una copia de una manuscrito anterior.
Usa símbolos distintos para los dígitos 0 – 9. La numeración brahmi se remonta
a 200-300 d. C., pero no usa notación posicional. En su lugar, había símbolos
extra para los múltiplos de 10 y para 100 y 1.000, con reglas para combinar
estos símbolos y obtener números como 3.000.
Más tarde, la numeración «hindú» se derivó de la brahmi. Esta fue usada por el
matemático hindú Aryabhata en el siglo VI, en varias formas diferentes.
Brahmagupta usó el 0 como un número por derecho propio en el siglo VII, y
encontró reglas para realizar aritmética con cero.
Figura 60. Ejemplos de numeración arábiga e hindú.
La
invención hindú se extendió a Oriente Medio, en concreto a través del
matemático persa Al-Khwarizmi (Sobre cálculo con numeración hindú, 825)
y el matemático árabe Al-Kindi (Sobre el uso de los números de la India, c.
830). Más tarde se extendió a Europa a través de las traducciones al latín del
libro de Al-Khwarizmi.
El primer libro escrito expresamente para promocionar este sistema de notación
en Europa fue Liber Abbaci de Fibonacci, en 1202. Llamó a la
notación modus Indorum («método de los indios»), pero la
asociación con Al-Khwarizmi era tan fuerte que la expresión «numeración árabe»
fue la que se instauró, a pesar del título del libro de AlKhwarizmi. El nombre
se vio reforzado porque muchos europeos tuvieron contacto con ellos a través de
gente bereber árabe.
Los símbolos tardaron un tiempo en asentarse. En la Europa medieval, se
empleaban docenas de variantes. Incluso hoy en día, diferentes culturas usan
versiones diferentes de los símbolos.
*En Japón y en Corea se usan los caracteres chinos simplificados.
Figura 61. Algunos símbolos modernos para los números.
§.
El separador decimal
El Liber Abbaci de Fibonacci contenía una notación que todavía
usamos hoy en día: la barra horizontal en una fracción, como por ejemplo ¾ para
«tres cuartos». Los hindúes empleaban una notación similar, pero sin la barra,
que al parecer introdujeron los árabes. Fibonacci la usó de manera
generalizada, pero la misma barra podía formar parte de varias fracciones
diferentes.
En la actualidad raramente usamos fracciones con un propósito práctico. En su
lugar, usamos la coma decimal, así escribimos π como 3,14159, por ejemplo. Los
decimales en este sentido datan de 1585, cuando Simon Stevin se convirtió en el
tutor privado de Mauricio de Nassau, hijo de Guillermo «el Taciturno». Stevin
se acabaría convirtiendo en ministro de Finanzas. Buscando métodos de
contabilidad rigurosos, tuvo en cuenta la notación indoarábiga, pero las
fracciones le parecieron demasiado engorrosas.
Los babilonios, sin duda prácticos, representaban las fracciones en su sistema
de base 60 permitiendo que dígitos apropiados representasen potencias de 1/60,
lo cual da lugar a nuestros modernos minutos y segundos, tanto para el tiempo
como para los ángulos. En una forma modernizada de la notación babilónica, 6;
15 significa 6 + 15 × (1/60), lo cual escribiríamos como 6¼ o 6,25. A Stevin le
gustó esta idea, excepto por su uso de la base 60, y buscó un sistema que
combinase lo mejor de ambos: los decimales.
Su notación no incluía la coma decimal como tal, pero llevó rápidamente a la
notación decimal actual. Donde nosotros escribiríamos 5,7731, por ejemplo,
Stevin escribía 5€77‚3ƒ1„. Aquí el símbolo € indica un número entero, indica
las décimas, ‚ las centésimas, etcétera. Los usuarios pronto prescindieron de
y ‚, y mantuvieron solo €, que se redujo y simplificó hasta convertirse en los
separadores decimales actuales; la coma decimal o el punto decimal.
Cuando publicó su nuevo sistema, enfatizaba en su funcionalidad y su uso en los
negocios: «Todos los cálculos que se encuentran en los negocios podrían
realizarse usando solo enteros sin la ayuda de las fracciones».
Números
reales
Surge
un problema si usas los decimales para las fracciones; a veces no son exactos.
Por ejemplo, 1/3 es muy próximo a 0,333, y todavía más próximo a 0,333333, pero
ninguno es exacto. Para ver eso, multiplica por 3; deberías obtener 1, pero lo
que realmente obtienes es 0,999 y 0,999999. Casi, pero no. Los matemáticos se
dieron cuenta de que la expresión decimal «correcta» de 1/3 debe ser
infinitamente larga:
1/3
= 0,3333333333333333333…
Sin
acabar nunca... Y eso condujo a la idea de que un número como π
tampoco se acabaría jamás, aunque no se repetían los mismos dígitos
indefinidamente:
π =
3,141592653589793238...
Es
importante darse cuenta de que 1/3 es igual a 0,333 333... siempre y cuando los
números no se acaben. Aquí hay una prueba. Sea
x =
0,333333...
Multiplica
por 10. Con esto se pasa de x a 10x y se mueve la
coma de 0,333333... un espacio a la derecha, de modo que:
10x =
3,333333...
Por
lo tanto:
10x =
3 + x
9x =
3
x =
3/9 =1/3
La
afirmación de que 10x = 3 + se basa en que los números
no se acaban nunca. Si se detuviesen, incluso aunque considerásemos un trillón
de repeticiones, la afirmación sería falsa.
Un razonamiento similar implica que 0,999999... sin acabarse nunca es
exactamente igual a 1. Puedes o bien aplicar el mismo truco, que lleva a 10x =
9 + x, de modo que x = 1, o puedes simplemente
multiplicar 1/3 = 0,333333... por 3.
Mucha gente está convencida de que 0,999999... sin acabarse nunca no es igual a
1. Creen que debe ser más pequeño. Eso es correcto si te detienes en algún
punto, pero la cantidad por la que difiere de 1 se hace más pequeña también:
1 –
0,9 = 0,1
1 – 0,99 = 0,01
1 – 0,999 = 0,001
1 – 0,9999 = 0,0001
1 – 0,99999 = 0,00001
1 – 0,999999 = 0,000001
y
así sucesivamente. Al hacer el límite esta diferencia tiende a cero. Se hace
más pequeña que cualquier número positivo, por pequeño que este sea.
Los matemáticos definen el valor de un decimal infinito como el límite de los
decimales finitos que tienes si te paras en algún punto, a medida que el número
de cifras decimales incrementa indefinidamente. Para una secuencia infinita de
nueves, el límite es exactamente 1. Nada menos que 1 valdría, porque un número
de nueves suficientemente grande dará algo mayor. No existe algo como
«infinitos ceros seguidos por un 1», e incluso, aunque lo hubiera, no
obtendrías 1 sumándolo a 0,999999...
Figura 62. El cuarto número triangular.
Esta
definición convierte a los decimales infinitos en un concepto matemático
lógico. Los números resultantes se llaman «números reales», no porque se den en
el mundo real, sino para distinguirlos de los problemáticos números
«imaginarios» como i [véase i]. El precio que
pagamos por usar el límite es que algunos números pueden tener dos expresiones
decimales distintas, como 0,999999... y 1,000000..., algo a lo que enseguida te
acostumbras.§. El cuarto número triangular
El cuarto número triangular es:
1 +
2 + 3 + 4 = 10
El
antiguo culto de los pitagóricos llamó a esta disposición tetraktys y
la consideraba sagrada. Los pitagóricos creían que el universo estaba basado en
números y asignaban interpretaciones especiales a los primeros diez números.
Hay mucho debate en torno a estas asignaciones. Ejemplos de varias fuentes
incluyen:
1
Unidad, razón
2 Opinión, mujer
3 Armonía, hombre
4 Cosmos, justicia
Al
ser la suma de los cuatro números principales, el 10 era especialmente
importante. Simbolizaba los cuatro «elementos»: tierra, aire, fuego y agua; y
los cuatro componentes del espacio: punto, línea, plano y sólido.
Los diez bolos en una bolera están colocados de esta manera.
Figura 63. Los diez bolos.
§.
Tercer número tetraédrico
Al igual que los números triangulares 1, 3, 6, 10, etcétera, son sumas de
números enteros consecutivos, los números tetraédricos son sumas de números
triangulares consecutivos.
1 =
1
4 = 1 + 3
10 = 1 + 3 + 6
20 = 1 + 3 + 6 + 10
El n-ésimo
número tetraédrico es igual a n(n+1)(n+2)/6
Figura 64. Números tetraédricos.
Geométricamente,
un número tetraédrico de esferas puede apilarse como un tetraedro, una pila de
triángulos decrecientes.
El número más pequeño, aparte de 1, que es tanto triangular como tetraédrico es
el 10. Los únicos números que son tetraédricos y triangulares son: 1, 10, 120,
1.540 y 7.140.
§. Cuadrados latinos ortogonales de orden 10
En 1873, Euler estaba pensando en un juego matemático, los cuadrados mágicos,
en el cual los números están ordenados en una rejilla cuadrada en la que todas
las filas y columnas suman lo mismo [véase 9]. Pero la mente fértil de Euler
apuntaba en una nueva dirección y publicó sus ideas en un artículo: «Un nuevo
tipo de cuadrado mágico». Este es un ejemplo:
1 2
3
2 3
1
3 1
2
Las
filas y las columnas suman todas lo mismo, en concreto, 6, de modo que excepto
por una diagonal este es un cuadrado mágico, salvo que vulnera la condición
estándar de usar números consecutivos, una vez cada uno. En su lugar, cada
columna y cada fila están formadas por 1, 2 y 3 en algún orden. Esos cuadrados
se conocen como «cuadrados latinos» porque los símbolos no necesitan ser un
número, en concreto pueden ser las letras latinas A, B, C.
Esta es la descripción que hace Euler del rompecabezas: «Un problema muy
curioso, el cual ha ejercitado durante algún tiempo el ingenio de mucha gente,
me ha tenido involucrado en los siguientes estudios, que parecen abrir un nuevo
campo de análisis, en concreto el estudio de las combinaciones. La pregunta
gira en torno a la colocación de 36 oficiales, que deben ser colocados a partir
de 6 rangos diferentes y también 6 regimientos diferentes, de modo que estén
situados en un cuadrado en el que en cada línea (tanto horizontal como
vertical) haya 6 oficiales de diferente rango y diferente regimiento».
Si usamos A, B, C, D, E y F para los rangos y 1, 2, 3, 4, 5 y 6 para los
regimientos, el acertijo busca dos cuadrados latinos de 6 × 6, uno para cada
conjunto de símbolos. Además, tienen que ser ortogonales, lo que
significa que ninguna combinación de los dos símbolos se da dos veces cuando
los cuadrados se superponen. Es fácil encontrar colocaciones por separado para
rangos y regimientos, pero encajar ambas, de modo que ninguna combinación de
rango y regimiento se repita, es mucho más difícil. Por ejemplo, podemos
intentarlo con:
A B
C D E F
B C D E F A
C D E F A B
D E F A B C
E F A B C D
F A B C D E
y
1 2
3 4 5 6
2 1 4 3 6 5
4 3 5 6 1 2
6 4 1 5 2 3
5 6 2 1 3 4
3 5 6 2 4 1
Pero
cuando las combinamos obtenemos:
A1
B2 C3 D4 E5 F6
B2 C1 D4 E3 F6 A5
C4 D3 E5 F6 A1 B2
D6 E4 F1 A5 B2 C3
E5 F6 A2 B1 C3 D4
F3 A5 B6 C2 D4 E1
y
hay repeticiones. Por ejemplo, A1 aparece dos veces y B2 aparece cuatro veces,
lo cual no es bueno.
Si intentamos el mismo problema para 16 oficiales de cuatro rangos (A, B, C, D)
y cuatro regimientos (1, 2, 3, 4), no es difícil encontrar una solución:
A B
C D
B A D C
C D A B
D C B A
1 2 3 4
3 4 1 2
4 3 2 1
2 1 4 3
Los
cuadrados son ortogonales. Y de modo extraordinario, hay un tercer cuadrado
latino ortogonal a ambos:
p q
r s
s r q p
q p s r
r s p q
En
la jerga, hemos descubierto un conjunto de tres cuadrados
latinos de orden 4 mutuamente ortogonales.
Euler lo intentó lo mejor que pudo para encontrar un par adecuado de cuadrados
latinos de orden 6 ortogonales, y fracasó. Lo que le convenció de que su
acertijo de los 36 oficiales no tenía respuesta. Sin embargo, pudo construir
pares de cuadrados latinos n × n ortogonales
para todo n impar y todos los múltiplos de 4, y es fácil
probar que no existen dichos cuadrados para orden 2. Quedan los tamaños 6, 10,
14, 18, etcétera (los dobles de los números impares) y Euler hizo la conjetura
de que para esos tamaños no existían pares ortogonales.
Hay 812 millones de cuadrados latinos 6 × 6 diferentes e, incluso tomando
atajos, no puedes hacer una lista de todas las posibles combinaciones. Aun así,
en 1901, Gaston Tarry probó que Euler tenía razón para los cuadrados 6 × 6.
Pero resulta que estaba equivocado para los otros. En 1959, Ernest Tilden
Parker construyó dos cuadrados latinos de 10× 10 ortogonales. En 1960, Parker,
Raj Chandra Bose y Sharadachandra Shankar Shrikhande habían probado que la
conjetura de Euler es falsa para todos los tamaños excepto 6 × 6.
Figura 65. Los dos cuadrados latinos 10 × 10 ortogonales de Parker. Uno se
muestra con el primer dígito y el otro con el segundo.
Contenido:
§. 0
¿Puede ser nada un número?
§. Bases de la notación numérica
§. -1 menos que nada
Tras
exponer del 1 al 10, damos un paso atrás para presentar el 0.
Luego, otro paso atrás para llegar a –1.
Esto descubre todo un nuevo mundo, el de los números negativos. También nos
muestra nuevos usos de los números, que ya no son solo para contar.
§. 0 ¿Puede ser nada un número?
El cero surgió primero en sistemas para escribir los números. Era un recurso de
notación. Solo más tarde fue reconocido como un número por derecho propio y se
le permitió ocupar su lugar como una característica fundamental de los sistemas
numéricos matemáticos. Sin embargo, tiene muchas características inusuales y, a
veces, paradójicas. En particular, no resulta razonable dividir entre cero. En
los cimientos de las matemáticas, todos los números pueden derivarse a partir
de 0.
§. Bases de la notación numérica
En muchas culturas antiguas, los símbolos para 1, 10 y 100 no estaban
relacionados. En la Grecia antigua, por ejemplo, usaban letras de su alfabeto
para denotar los números 1-9, 10-90 y 100-900. Esto resulta potencialmente confuso,
aunque normalmente es fácil decidir si el símbolo hace referencia a una letra o
a un número a partir del contexto. Pero también complica la aritmética.
El modo en que escribimos números, con el mismo dígito representando números
diferentes dependiendo de dónde está, se llama «notación posicional» [véase
10]. Este sistema tiene ventajas importantes para la aritmética de papel y
lápiz, que hasta hace poco era como se hacían la mayoría de las operaciones del
mundo. Con la notación posicional, lo principal que necesitas saber son reglas
básicas para sumar y multiplicar los diez símbolos 0 – 9. Hay patrones comunes
cuando los mismos símbolos aparecen en lugares diferentes. Por ejemplo:
23 +
5 = 28
230
+ 50 = 280
2.300
+ 500 = 2.800
Figura 66
No
obstante, usando la antigua notación griega, las dos primeras tienen el
siguiente aspecto
κγ +
ε = κη
σλ +
ν = σπ
sin
una estructura común obvia.
Sin embargo, hay una característica extra de la notación posicional, la cual
aparece en 2.015: la necesidad de un símbolo cero. En este caso nos indica que
no hay centenas involucradas. La notación griega no necesita hacer eso. En σπ,
por ejemplo, σ significa 200 y π significa 80. Podemos decir que no hay
unidades porque no aparece ninguno de los símbolos de las unidades: α – θ. En
lugar de usar el símbolo cero, simplemente evitamos escribir cualquiera de los
símbolos de las unidades.
Si intentamos hacer esto en el sistema decimal, 2.015 se convierte en 215, pero
no podemos decir si significa 215, 2.150, 2.105, 2.015 o, es más, 2.000.150.
Versiones iniciales de la notación posicional usaban un espacio 2 15, pero no
es fácil darse cuenta de que hay un espacio, y dos espacios juntos son un
espacio ligeramente más largo. De modo que es confuso y resulta fácil cometer
un error.
Breve
historia del cero
Babilonia
La
primera cultura que introdujo un símbolo con el significado de «ningún número
aquí» fue la babilónica. Recuerda [véase 10] que la notación numérica
babilónica no usaba base 10, sino base 60. La primera aritmética de Babilonia
indicaba la ausencia de un término 602 con un espacio, pero
alrededor de 300 a. C. ya habían inventado un símbolo especial
India
La
idea de la notación posicional de base 10 aparece en Lokavibhâga,
un texto sobre cosmología del jainismo que data de 458 d. C., el cual también
usa shunya(que significa «vacío»), donde nosotros usaríamos 0. En
498 d. C., el famoso matemático y astrónomo hindú Aryabhata describió la
notación posicional como «posición a posición incrementa 10 veces su valor». El
primer uso no controvertido de un símbolo específico para el dígito decimal 0
aparece en el año 876 d. C. en una inscripción en el templo Chaturbhuja,
Gwalior, y adivina qué: es un círculo pequeño.
Los
mayas
La
civilización maya de América Central, la cual alcanzó su esplendor entre los
años 250 y 900 d. C., empleó una notación de base 20 y tenía un símbolo
explícito para cero.
Figura 67. Izquierda: números mayas. Derecha: una estela en Quirigua en la
que aparece la fecha de la creación maya: 13 baktun, 0 katun, 0 tun, 0 uinal, 0
kin, 4 Ahau 8 Cumku. Esto equivale a nuestro 11 de agosto de 3114 a.C.
Este
método se remonta a mucho antes y se cree que fue inventado por los olmecas
(1500-400 a. C.). Los mayas hicieron un uso considerable de los números en su
sistema de calendario, un aspecto del cual se conoce como «la Cuenta Larga».
Este asigna una fecha a cada día contando cuántos días han pasado desde una
fecha de creación mítica, que sería el 11 de agosto de 3114 a. C. en el actual
calendario occidental. En este sistema un símbolo para cero es esencial para
evitar la ambigüedad.
¿Es
el cero un número?
Antes
del siglo IX d. C., el cero era visto como un símbolo práctico
para los cálculos numéricos, pero no se le consideraba un número como
tal. Probablemente, porque no contaba nada.
Si alguien te pregunta cuántas vacas tienes y las tienes, las señalas de una en
una y cuentas «una, dos, tres...». Pero si no tienes vacas, no señalas una y
dices «cero», pues no hay ninguna vaca que señalar. Como no puedes obtener 0
contando, no resulta evidente que sea un número.
Si esta actitud parece extraña, merece la pena observar que, hace más tiempo
todavía, no se pensaba en «uno» como un número. Si tienes vacas, seguramente
tengas más de una. Una distinción parecida puede todavía encontrarse en el
lenguaje moderno: la diferencia entre singular y plural. En la Grecia antigua
también tenían una forma «dual», con modificaciones específicas de palabras
usadas cuando hablaban de dos objetos. De modo que en ese sentido «dos» no se
consideraba un número como el resto. Otras cuantas lenguas clásicas hacían lo
mismo, y algunas de las modernas, como el escocés, el galés y el esloveno
todavía lo hacen. Quedan algunos rastros en el español como «ambos» para dos
cosas, pero «todo» para más.
A medida que se extendió el uso del cero como un símbolo y los números se
empleaban para otros propósitos distintos que contar, se hizo evidente que en
la mayoría de los aspectos el cero se comporta como cualquier otro número. En
el siglo IX, los matemáticos hindúes consideraban cero un número como cualquier
otro, no solo un símbolo usado como separación de otros símbolos para que
quedase más claro. Usaban el cero sin reservas en sus operaciones diarias.
En la imagen de la recta numérica, en la que los números 1, 2, 3,... están
escritos en orden de izquierda a derecha, está claro dónde debe ir 0:
inmediatamente a la izquierda de 1. La razón es sencilla: sumando 1 a cualquier
número se mueve un paso hacia la derecha. Sumando 1 a 0 se mueve a 1, de modo
que 0 tiene que ir en el lugar en el que un paso a la derecha dé como resultado
1. Y esto es un paso a la izquierda de 1.
La aceptación de números negativos determinó el lugar del cero como un número
verdadero. Todo el mundo estaba contento con 3 siendo un número. Si aceptas que
–3 también es un número y que siempre que sumas dos números obtienes un número,
entonces 3 + (–3) tiene que ser un número. Y este número es 0.
Figura 68. La recta numérica.
Características
inusuales
Dije
«en la mayoría de los aspectos, el cero se comporta como cualquier otro número»
porque en circunstancias excepcionales no lo hace. Cero es especial. Tiene que
serlo, porque es el único número que está claramente atrapado entre los números
positivos y los negativos.
Está claro que sumando 0 a cualquier número no cambia. Si tenemos tres vacas y
sumamos ninguna vaca, seguimos teniendo tres vacas. Ciertamente, hay cálculos
extraños como este:
Un
gato tiene una cola.
Ningún gato tiene ocho colas.
Por lo tanto, sumando:
Un gato tiene nueve colas.
Pero
este pequeño lío es un juego de palabras que usa dos significados para
«ningún».
Esta propiedad especial del 0 implica que 0 + 0 = 0, lo cual nos dice que –0 =
0. Cero es su propio negativo. Es el único número así. Esto sucede precisamente
porque 0 está atrapado en la recta numérica entre los números positivos y los
negativos.
¿Qué ocurre con la multiplicación? Si tratamos la multiplicación como una suma
que se repite, entonces:
2 ×
0 = 0 + 0 = 0
3 ×
0 = 0 + 0 + 0 = 0
4 ×
0 = 0 + 0 + 0 + 0 = 0
De
modo que
n ×
0 = 0
para
cualquier número n. Esto tiene sentido en las transacciones
financieras: si pongo tres cantidades de cero dinero en mi cuenta, no he puesto
ningún dinero en ella. De nuevo, cero es el único número con esta propiedad
especial.br>En aritmética, m × n y n × m son
lo mismo para todos los números m yn. Esta convención
implica que
0
× n = 0
para
cualquier n, a pesar de que no podemos sumar «ninguna copia»
de n consigo misma.
¿Qué ocurre con la división? Dividir cero entre un número distinto de cero es
sencillo: obtienes cero. La mitad de nada es nada. Pero cuando se trata de
dividir un número por cero, sale a relucir la naturaleza inusual del cero.
¿Cuánto es, por ejemplo, 1: 0? Definimos m: n como
cualquier número q que satisface que q × n= m.
De modo que 1: 0 es cualquier número q que satisface que q ×
0 = 1. Sin embargo, no existe tal número. Para cualquier q que
consideremos, tenemos que q × 0 = 0. Nunca obtenemos 1.
El modo obvio de lidiar con esto es aceptarlo. La división entre cero está
prohibida porque no tiene sentido. Por otro lado, la gente solía pensar que 1:
2 tampoco tenía sentido, hasta que se introdujeron las fracciones, de modo que
quizá no deberíamos rendirnos tan fácilmente. Podríamos intentar introducir un
nuevo número que nos permita dividir por cero. El problema es que ese número
transgrede las reglas básicas de la aritmética. Por ejemplo, sabemos que 1 × 0
= 2 × 0 ya que ambas son cero. Dividiendo ambos lados entre cero, tendríamos 1
= 2, lo cual es tonto. Así que parece sensato no permitir la división entre
cero.
Número
de la nada
El
concepto más próximo a «nada» en matemáticas se da en teoría de conjuntos. Un
conjunto es una colección de objetos matemáticos: números, formas, funciones,
redes... Se define haciendo una lista o describiendo sus elementos. «El
conjunto con los elementos 2, 4, 6, 8» y «el conjunto de los enteros pares
entre 1 y 9» definen el mismo conjunto, el cual podemos formar enumerando sus
elementos:
{2,
4, 6, 8}
donde
las llaves indican el conjunto formado por lo que contienen.
Hacia 1880, el matemático alemán Cantor desarrolló una extensa teoría de
conjuntos. Había estado intentando resolver algunos problemas técnicos en
análisis relacionados con discontinuidades, lugares donde una función de
repente da un salto. Su respuesta involucraba la estructura del conjunto de las
discontinuidades. No eran las discontinuidades individuales lo que importaba;
era todo el asunto. Lo que realmente interesaba a Cantor, debido a su conexión
con el análisis, eran los conjuntos infinitamente grandes. Hizo el espectacular
descubrimiento de que algunos infinitos son mayores que otros [véase ℵ0].
Como mencioné en « ¿Qué es un número?», otro matemático alemán, Frege, retomó
las ideas de Cantor, pero estaba mucho más interesado en conjuntos finitos.
Pensaba que podía resolver el gran problema filosófico de la naturaleza de los
números. Reflexionó sobre cómo los conjuntos se corresponden unos con otros;
por ejemplo, emparejando tazas con platos. Los siete días de la semana, los
siete enanitos y los números del 1 al 7, todos se emparejan perfectamente, de
modo que todos definen el mismo número.
¿Cuál de estos conjuntos debería representar el número siete? La respuesta de
Frege fue generalizada: todos. Definió un número como el conjunto
de todos los conjuntos que se emparejan con un conjunto dado. De ese modo
ningún conjunto es privilegiado y la elección es única en vez de ser una
convención arbitraria. Nuestros nombres y símbolos para los números son solo
etiquetas convencionales para estos gigantescos conjuntos. El número «siete» es
el conjunto de todos los conjuntos que se emparejan con los
enanitos y esto es lo mismo que el conjunto de todos los conjuntos que se
emparejan con los días de la semana o la lista {1, 2, 3, 4, 5, 6, 7}.
Es quizá superfluo señalar que aunque esto es una solución elegante del
problema conceptual, no constituye una notación razonable.
Cuando Frege presentó sus ideas en Leyes fundamentales de la aritmética,
un trabajo de dos volúmenes que se publicó en 1893 y 1903, parecía como si
hubiese resuelto el problema. Ahora todo el mundo sabía lo que era un número.
Pero justo antes de que el volumen II fuese a imprenta, Bertrand Russell
escribió una carta a Frege, la cual decía (y parafraseo): «Querido Gottlob:
considera el conjunto de todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos».
Como el barbero del pueblo que afeita a aquellos que no se afeitan solos, este
conjunto es contradictorio en sí mismo. La paradoja de Russell, como se conoce
ahora, reveló los peligros de asumir que conjuntos grandes de manera
generalizada existen [véase ℵ0].
Los lógicos matemáticos intentaron solucionar el problema. La respuesta resultó
ser justamente lo opuesto de la regla «pensar a lo grande» de Frege agrupando
todos los posibles conjuntos. En su lugar, el truco era seleccionar solo uno de
ellos. Para definir el número 2, construye un conjunto estándar con dos
elementos. Para definir 3, usa un conjunto estándar con tres elementos, y así
sucesivamente. La lógica aquí no es circular siempre y cuando construyas los
conjuntos primero, sin usar números de manera explícita, y asignes símbolos y
nombres numéricos para ellos después.
El principal problema era decidir qué conjuntos estándar usar. Tenían que estar
definidos de manera única y su estructura debía corresponderse con el proceso
de contar. La respuesta vino de un conjunto muy especial, el llamado «conjunto
vacío».
Cero es un número, la base de todo nuestro sistema numérico. Debería contar los
elementos de un conjunto. ¿Qué conjunto? Bien, tiene que ser un conjunto sin
elementos. No es difícil pensar en un conjunto así: «el conjunto de todos los
ratones que pesan más de 20 toneladas». Matemáticamente, hay un conjunto sin
elementos: el conjunto vacío. De nuevo no es difícil encontrar ejemplos: el
conjunto de todos los primos divisibles entre 4, o el conjunto de todos los
triángulos con cuatro vértices. Estos parecen diferentes, uno está formado por
números y el otro por triángulos, pero son el mismo conjunto, porque en
realidad no hay números o triángulos en él, de modo que no puedes decir cuál es
la diferencia. Todos los conjuntos vacíos tienen exactamente los mismos
elementos, en concreto, ninguno. Por lo tanto, el conjunto
vacío es único. Su símbolo, introducido por el grupo con el pseudónimo Bourbaki
en 1939, es ∅. La
teoría de conjuntos necesita el ∅, por la misma razón que la aritmética necesita el 0: todo es
mucho más simple si se incluye.
De hecho, podemos definir el número 0 como el conjunto vacío.
¿Qué ocurre con el número 1? De modo intuitivo, necesitamos un conjunto con
exactamente un elemento. Algo único. Bien... el conjunto vacío es único. De
manera que definimos 1 como el conjunto cuyo único elemento es el conjunto
vacío, en símbolos: {∅}.
Esto no es lo mismo que el conjunto vacío, porque tiene un elemento, mientras
que el conjunto vacío no tiene ninguno. Se acuerda que ese elemento sea el
conjunto vacío, pero hay un elemento en él. Piensa en un conjunto como una
bolsa de papel que contiene a sus elementos. El conjunto vacío es una bolsa de
papel vacía. El conjunto cuyo único elemento es el conjunto vacío es una bolsa
de papel que contiene una bolsa de papel vacía. ¿Cuál es la diferencia? Tiene
una bolsa en él.
Figura 69. Construyendo los números a partir del conjunto vacío. Las bolsas
representan conjuntos; sus elementos son su contenido. Las etiquetas muestran
el nombre del conjunto. La bolsa en sí misma no es parte del contenido de ese
conjunto, pero puede ser parte del contenido de otra bolsa.
El
paso clave es definir el número 2. Necesitamos un conjunto definido de manera
única con dos miembros. Así que por qué no usar los dos únicos conjuntos que
hemos mencionado hasta ahora: ∅ y {∅}. De modo que definimos 2 como el
conjunto {∅, {∅}}. Lo cual, debido a nuestras
definiciones, es lo mismo que 0, 1.
Surge un patrón general. Definimos 3 = 0, 1, 2, un conjunto con tres elementos,
los cuales ya hemos definido. Luego 4 = 0, 1, 2, 3 y 5 = 0, 1, 2, 3, 4, y así
sucesivamente. Todo se remonta al conjunto vacío, por ejemplo:
3 =
{∅, {∅}, {∅, {∅}}}
4 =
{∅, {∅}, {∅, {∅}},
{∅, {∅}, {∅, {∅}}}}
Probablemente
no quieres ver el aspecto que tiene el número de los enanitos.
Los materiales de construcción aquí son abstracciones: el conjunto vacío y la
acción de formar un conjunto haciendo una lista de sus elementos. Pero el modo
en que estos conjuntos se relacionan unos con otros lleva a una construcción
bien definida para el sistema numérico, en el cual cada número es un conjunto
específico, que de manera intuitiva tiene ese número de elementos. Y la
historia no se detiene aquí. Una vez has definido los números positivos
enteros, una estratagema teórica para los conjuntos define los números
negativos, las fracciones, los números reales (decimales infinitos), los
números complejos, etcétera, hasta llegar al más reciente y sofisticado
concepto matemático en teoría cuántica.
Así que ahora ya conoces el terrible secreto de las matemáticas: está todo
basado en nada.
§. -1 menos que nada
¿Puede un número ser menos que cero? No si hablamos de vacas, a menos que se
trate de «vacas virtuales» que debes a alguien. A continuación, obtienes una
extensión natural del concepto de número que hace la vida más fácil a quienes
se dedican al álgebra y a la contabilidad. Hay unas cuantas sorpresas: menos
por menos es más. ¿Por qué?
Los
números negativos
Después
de aprender cómo sumar números, se nos enseña a realizar la operación inversa:
la resta. Por ejemplo, 4 – 3 es cualquier número que da 4 cuando se le suma 3.
Por supuesto, es 1. La resta es útil porque, por ejemplo, nos dice cuánto
dinero nos queda si tenemos 4 € y gastamos 3 €.
Restar un número más pequeño a uno más grande no da problemas. Si gastamos
menos dinero del que tenemos en el bolsillo o el monedero, todavía nos queda
dinero. Pero ¿qué sucede si restamos un número más grande a uno más pequeño?
¿Cuánto es 3 – 4?
Si tienes tres monedas de 1 € en tu bolsillo, no puedes coger cuatro de ellas y
entregarlas en la caja del supermercado. Pero en estos días de tarjetas de
crédito, sí puedes gastar fácilmente más dinero del que tienes, no solo en el
bolsillo, sino en el banco. Cuando eso sucede, contraes una deuda.
En este caso, la deuda sería de 1 €, sin contar los intereses. De modo que en
cierto sentido 3 – 4 es igual a 1, pero un tipo diferente de
1; una deuda, no dinero en efectivo real. Si 1 tuviese un opuesto, sería este.
Para distinguir las deudas del dinero en efectivo, ponemos un signo menos
delante del número. Con esta notación:
3 –
4 = –1
y
hemos inventado un nuevo tipo de número: un número negativo.
Historia
de los números negativos
Históricamente,
la primera extensión importante del sistema numérico fueron las fracciones
[véase 1/2]
Figura 70. Izquierda: una página de Los nueve capítulos sobre el arte
matemático. Derecha: palitos de contar chinos.
Este
libro contaba con una ayuda física para hacer aritmética: palitos para contar.
Se trata de pequeños palos, hechos de madera, hueso o un material similar que
se disponían en patrones para representar números. En el lugar de las
«unidades» de un número, un palito en horizontal representa «uno» y un palito
vertical representa «cinco». Se aplica lo mismo para el lugar de las
«centenas». En los lugares de las «decenas» y «millares», las direcciones de
los palitos se intercambian: un palito vertical representa «uno» y un palito
horizontal representa «cinco». Los chinos dejaban un hueco donde nosotros
pondríamos 0, pero no es fácil advertir ese hueco. La convención sobre
intercambiar las direcciones ayuda a evitar la confusión si, por ejemplo, no
hay nada en el lugar de las decenas. Es menos efectiva si hay varios ceros
seguidos, pero eso es raro.
Figura 71. Cómo la dirección de los palitos de contar distingue 405 de 45.
Los
nueve capítulos también se servía de palitos para representar los números
negativos, usando una idea muy sencilla: colorearlos de negro en lugar de rojo.
De modo que 4 palitos rojos menos 3 rojos da 1 palito rojo pero, 3 palitos
rojos menos 4 rojos da 1 palito negro.
De esta manera, una disposición de palitos negros representa una deuda y la
cantidad de la deuda es la correspondiente disposición de palitos rojos.
Los matemáticos hindúes también identificaron los números negativos y
escribieron reglas para realizar cálculos aritméticos consistentes con ellos.
El manuscrito Bakhshali, de alrededor de 300 d. C., incluye cálculos con
números negativos, los cuales se distinguen por un símbolo + donde ahora
usaríamos –. (Los símbolos matemáticos han cambiado reiteradamente a lo largo
del tiempo, a veces de forma que ahora valoramos confusa.) La idea fue tomada
por los matemáticos árabes y finalmente se extendió a Europa. Hasta el siglo
XVII, los matemáticos europeos generalmente interpretaban una respuesta negativa
como una prueba de que el problema que les ocupaba era imposible, pero
Fibonacci se dio cuenta de que podrían representar deudas en cálculos
financieros. En el siglo XIX, los números negativos ya no desconcertaban a los
matemáticos.
Representación
de los números negativos
Geométricamente,
los números se pueden representar dispuestos a lo largo de una recta de
izquierda a derecha empezando en 0. Ya hemos visto que esta recta numérica
tiene una extensión natural que incluye los números negativos, los cuales van
en la dirección opuesta.
Figura 72. Recta numérica: los números positivos van hacia la derecha; los
negativos, hacia la izquierda.
La
suma y la resta tienen una representación sencilla en la recta numérica. Por
ejemplo, para sumar 3 a cualquier número, mueve 3 espacios a la derecha. Para
restar 3 a cualquier número, mueve 3 espacios a la izquierda. Esta descripción
produce el resultado correcto tanto para los números positivos como para los
negativos; por ejemplo, si empezamos con –7 y sumamos 3, movemos 3 espacios a
la derecha y obtenemos –4. Las reglas para la aritmética con números negativos
también muestran que sumar o restar un número negativo tiene el mismo efecto
que restar o sumar el positivo correspondiente. De modo que para sumar –3 a
cualquier número, movemos 3 espacios a la izquierda. Para restar –3 a cualquier
número, movemos 3 espacios a la derecha.La multiplicación con números negativos
es más interesante. Cuando nos encontramos por primera vez con la
multiplicación, pensamos en ella como una suma repetida. Por ejemplo:
6 ×
5 = 5 + 5 + 5 + 5 + 5 + 5 = 30
La
misma aproximación sugiere que deberíamos definir 6 × –5 de un modo similar:
6 ×
–5 = –5 + –5 + –5 + –5 + –5 + –5 = –30
Ahora,
una de las reglas de la aritmética establece que multiplicar dos números
positivos produce el mismo resultado, cualquiera que sea el orden de estos. Por
ejemplo, 5 × 6 debería ser igual a 30. De hecho lo es, porque
5 ×
6 = 6 + 6 + 6 + 6 + 6 = 30
Así
que parece razonable asumir la misma regla para los números negativos, en cuyo
caso –5 × 6 = –30 también.
¿Qué ocurre con –6 × –5? Esto no está tan claro. No podemos escribir menos
seis cincos y sumarlos. De modo que tenemos que acercarnos con cuidado
a la pregunta. Observemos lo que sabemos hasta ahora:
6 ×
5 = 30
6 ×
–5 = –30
–6 ×
5 = –30
–6 ×
–5 = ¿?
Parece
razonable que el número que falta sea o bien 30 o bien –30. ¿Cuál es?
A primera vista, la gente suele decidir que debería ser –30. Para la psicología
parece ser que el cálculo está impregnado de un aire de «negatividad», por lo
que la respuesta debería ser también negativa. Es el mismo tipo de suposición
que subyace en la queja de «No lo has hecho, ¿no?». Sin embargo, es razonable
señalar que si tú «no, no lo has hecho», entonces tú no has hecho un «no lo he
hecho», que equivale a «hacerlo». Este comentario será justo dependiendo de las
reglas gramaticales que estés asumiendo, ya que a veces el «no» extra también
puede verse como añadirle énfasis.
Del mismo modo, el significado de – 6 × –5 es un asunto de convención humana.
Cuando inventamos los nuevos números, no había garantías de que los viejos
conceptos se pudiesen seguir aplicando a ellos. De modo que los matemáticos
podían haber decidido que – 6 × –5 = –30. Es más, podían haber decidido que – 6
× –5 es un hipopótamo morado.
Sin embargo, hay varias razones diferentes por las que –30 no es una elección
conveniente y todo apunta a la elección opuesta, 30.
Una es que si –6 × –5 = –30, es lo mismo que –6 × 5. Dividiendo por –6,
tendríamos que –5 = 5, lo cual entra en conflicto con lo que ya hemos decidido
sobre los números negativos.
Una segunda razón es que ya sabemos que 5 + –5 = 0. Observa la recta numérica,
¿qué está a 5 pasos a la izquierda del 5? Cero. Ahora, multiplicando cualquier
número positivo por 0 tenemos 0, y parece razonable asumir lo mismo para los
números negativos. De modo que tiene sentido asumir que –6 × 0 = 0. Por lo
tanto:
0 =
–6 × 0 = –6 × (5 + –5).
Según
la reglas habituales de la aritmética, esto es igual a:
–6 ×
5 + –6 × –5
Con
la elección de –6 × –5 = –30, esto se convierte en –30 + –30 = –60. De modo que
0 = –60, lo cual no es muy razonable.
Por otro lado, si habíamos escogido –6 × –5 = 30, tendríamos:
0 =
–6 × 0 = –6 × (5 + –5) = –6 × 5 + –6 × –5 = –30 + 30 = 0
y
todo cobraría sentido.
Una tercera razón es la estructura de la recta numérica. Cuando multiplicamos
un número positivo por –1, lo convertimos en el correspondiente número
negativo; esto es, giramos por completo la mitad positiva de la recta numérica
180º, moviéndola de derecha a izquierda. ¿Dónde debería ir la mitad negativa?
Si la dejamos donde estaba, tendríamos el mismo tipo de problema, porque –1 ×
–1 sería –1, lo que lo hace igual a –1 × 1 y concluiríamos que –1 = 1. La única
alternativa razonable es girar la mitad negativa de la recta numérica 180º
también, moviéndola de izquierda a derecha. Esto está bien, porque ahora
multiplicar por –1 gira en redondo la recta numérica, invirtiendo el orden. Lo
que sigue, al igual que la noche sucede al día, es que multiplicar por –1 de
nuevo gira la recta numérica otros 180º. Esto invierte el orden de nuevo y todo
vuelva a estar como cuando se empezó. De hecho, el ángulo total es 180º + 180º
= 360º, un giro completo, y lleva todo de nuevo a donde estaba al inicio. Así
–1 × –1 es donde –1 va cuando giras la recta, esto es, 1. Y una vez has
decidido que –1 ×–1 = 1, se sigue que –6 × –5 = 30.
Figura 73. Girar la recta numérica 180º multiplica cada número por –1.
Una
cuarta razón es la interpretación de la cantidad negativa de dinero efectivo
como deuda. En esta interpretación, multiplicar cierta cantidad de dinero en
efectivo por un número negativo da el mismo resultado que multiplicarla por el
correspondiente número positivo, excepto que el dinero efectivo se convierte en
deuda. Ahora, restando la deuda, «quitándola», tiene el mismo
efecto que si el banco elimina la cantidad que le debes de su registro, lo que
equivale a devolverte el dinero. Restar una deuda de 10 € de tu cuenta es como
depositar 10 € de tu propio dinero: incrementa tu cuenta en 10
€. El efecto neto de ambos, en estas circunstancias, es volver a poner tu
balance a cero. Por lo tanto se concluye que –6 × –5 tiene el mismo efecto en
tu balance bancario que el quitar seis deudas de 5 €, y esto es incrementar tu
balance en 30 €.
El resultado de esos argumentos es que, aunque en principio quizá fuésemos
libres de definir –6 × –5 del modo en que quisiéramos, hay solo una única
elección que hace que las reglas habituales de la aritmética se apliquen a los
números negativos. Además, la misma elección tiene sentido cuando la aplicamos
a la interpretación de un número negativo como una deuda. Y esa elección hace
menos por menos igual a más.
Contenido:
§. i
Número imaginario
Cuando
los matemáticos querían dividir un número entre otro que no daba un resultado
exacto, inventaron las fracciones.
****
Cuando
querían restar un número mayor de uno más pequeño, inventaron los números
negativos.
****
Cada
vez que algo no puede hacerse, los matemáticos inventan algo nuevo que lo
resuelva.
****
Así
que cuando la imposibilidad de encontrar una raíz cuadrada de un número
negativo empezó a ser un fastidio importante... adivina qué...
§. i Número imaginario
En el «Sistema numérico creciente» (Ver acápite Números, párrafo
“El Sistema Numérico Creciente”), dije que tendíamos a pensar en los números
como fijos e inmutables, pero realmente son invenciones humanas. Los números
nacieron con la necesidad de contar, pero el concepto de número se extendió de
manera reiterada: cero, los números negativos, los números racionales
(fracciones), los números reales (con infinitos decimales).
A pesar de las diferencias técnicas, todos estos sistemas tienen un aspecto
parecido. Puedes hacer cálculos aritméticos con ellos y puedes comparar dos
números para decidir cuál es mayor. Lo que quiere decir que hay una noción de
orden. Sin embargo, a partir del siglo XV, algunos matemáticos se preguntaron
si podría haber un nuevo tipo de número con propiedades menos comunes, para el
cual la relación de orden habitual, «ser mayor que», ya no tuviese significado.
Como menos por menos es más, el cuadrado de cualquier número real es positivo.
Por lo tanto, los números negativos no tienen raíces cuadradas dentro del
sistema de los números reales. Esto es en cierto modo inapropiado,
especialmente en álgebra. Sin embargo, algunos resultados curiosos en álgebra,
al proporcionar fórmulas para resolver ecuaciones, sugerían que debería haber
un modo de dar sentido a expresiones como √-1. De modo que los matemáticos
decidieron, después de mucho desconcierto y de darle muchas vueltas, inventar
un nuevo tipo de número, uno que produzca esas raíces cuadradas perdidas.
El paso clave es introducir una raíz cuadrada para –1. Euler estableció el
símbolo ipara representar √-1 en un artículo escrito en Francia en
1777. Se llamó «número imaginario» porque no se comportaba como un número
«real» tradicional. Al introducir i, hay que permitir números
relacionados como 2 + 3i, a los que se llama «complejos». Así que no
obtienes un solo número nuevo, sino un nuevo y ampliado sistema numérico.
Desde el punto de vista lógico, los números complejos dependen de los números
reales. Sin embargo, la lógica se ve sobrepasada por lo que Terry Pratchett,
Jack Cohen y yo mismo, en la serie de la ciencia de Mundodisco llamamos
«narrativium»: el poder de una historia. Las historias matemáticas tras los
números son lo que realmente importa y necesitamos los números complejos para
contar algunas de esas historias, incluso para números que son más familiares.
Números
complejos
La
aritmética y el álgebra de los números complejos son sencillas. Usan las reglas
normales de suma y multiplicación con un ingrediente extra: cada vez que
escribas i2, debes reemplazarlo por –1. Por ejemplo:
(2 +
3i) + (4 – i) = (2 + 4) + (3i – i) =
6 + 2i
(2 +
3i) × (1 + i) = 2 + 2i + 3i + 3i × i =
2 + 5i + 3 × –1 =
(2 –
3) + 5i = –1 + 5i
Los
primeros en explorar esta idea obtuvieron lo que parecía ser un tipo de número
consistente desde un punto de vista lógico, que ampliaba el sistema de los
números reales.
Había precedentes. El sistema numérico ya había sido ampliado muchas veces
desde sus orígenes contando con los números naturales. Pero esta vez, la noción
de «mayor que» tenía que sacrificarse; estaba bien para los números existentes,
pero acababa dando problemas asumir que funcionaba para los nuevos números.
¡Números que no tienen un tamaño! Raro. Tan raro que en esta
ocasión los matemáticos observaron que estaban ampliando el sistema numérico y
se preguntaron si eso era legítimo. No se habían hecho esta pregunta antes,
porque las fracciones y los números negativos tenían análogos sencillos en el
mundo real. Pero i era tan solo un símbolo, y se comportaba de un modo que
antes se consideró imposible.
Finalmente, el pragmatismo triunfó. La pregunta clave no era si nuevos tipos de
número existían «realmente», sino si sería útil suponer que existían. Los
números reales ya eran conocidos por ser útiles en ciencia, para describir
medidas precisas de cantidades físicas. Pero no estaba claro que la raíz
cuadrada de un número negativo tuviese sentido físico. No podías encontrarla en
una regla.
Para sorpresa de los matemáticos, los físicos y los ingenieros del mundo, los
números complejos resultan ser extraordinariamente útiles. Rellenaron un vacío
curioso en matemáticas. Por ejemplo, las soluciones de ecuaciones se comportan
mucho mejor si se aceptan los números complejos. De hecho, ese fue el principal
motivo para inventar los números complejos en primer lugar. Pero había más. Los
números complejos hicieron posible resolver problemas en física matemática:
magnetismo, electricidad, calor, sonido, gravedad y flujo de fluidos.
Lo que importa en esos problemas no es solo lo grande que es cierta cantidad
física, la cual puede especificarse usando un número real, sino en qué
dirección apunta. Como los números complejos viven en un plano (véase más
abajo), definen una dirección: la recta desde 0 al número que nos ocupa. Por lo
tanto, cualquier problema en el que estén involucradas direcciones en un plano
es una aplicación potencial de los números complejos, y la física estaba llena
de esas cuestiones. De hecho, interpretaciones menos literales de los números
complejos también resultaron ser útiles. En particular, resultan ideales para
describir ondas.
Durante mucho tiempo, los números complejos se usaban con ese propósito,
incluso aunque nadie podía explicar qué eran esos números. Eran demasiado
útiles para ignorarlos y parecía que funcionaban siempre, de modo que todo el
mundo se acostumbró a ellos y casi todo el mundo dejó de preocuparse sobre qué
significaban. Finalmente, algunos matemáticos se las arreglaron para establecer
la idea de números complejos de modo que esta consistencia lógica pudiese
probarse, interpretándolos usando coordenadas en el plano.
El
plano complejo
Geométricamente,
los números reales se pueden representar como puntos en una recta, la recta
numérica, que es unidimensional. De manera análoga, los números complejos
pueden representarse como puntos en un plano, que es bidimensional. Hay dos
números básicos «independientes»: 1 e i, y todo número complejo es una
combinación de estos.
El plano aparece en escena porque multiplicar números por –1 rota la recta
numérica 180º [véase –1]. Signifique lo que signifique la raíz cuadrada de –1,
presumiblemente hace algo a la recta numérica y, sea lo que sea que hace,
debe, cuando se hace dos veces, rotarla 180º. Así que ¿qué rota las
cosas 180º cuando lo haces dos veces?
La rotación de 90º.
Esto nos lleva a intuir que la raíz cuadrada de –1 puede interpretarse en
términos de una rotación de la recta numérica de 90º. Si hacemos un dibujo, nos
damos cuenta de que esto no convierte la recta numérica en sí misma. En su
lugar, crea una segunda recta numérica que forma un ángulo recto con la
habitual. La primera recta se llama «la recta de los números reales». En la
segunda recta residen los números imaginarios, como la raíz cuadrada de menos
uno. Combinando ambas como ejes de coordenadas en el plano, obtenemos los
números complejos.
«Real» e «imaginario» son nombres que se remontan a siglos atrás y reflejan una
visión de las matemáticas en la que ya no creemos. En la actualidad, todos los
conceptos matemáticos se consideran modelos mentales de la realidad, no la
realidad en sí misma. Por lo tanto, los números reales no son más o menos
reales que los imaginarios. Aunque los números reales sí se corresponden
bastante directamente con la idea de mundo real de medir la longitud de una
recta, mientras que los números imaginarios no tienen una interpretación directa de
ese tipo. Por eso han sobrevivido los nombres.
Si tomamos los números reales habituales y añadimos este número nuevo i,
también debemos ser capaces de representar combinaciones como 3 + 2i.
Este número corresponde al punto en el plano con coordenadas (3, 2). Esto quiere
decir que se sitúa 3 unidades a lo largo del eje real seguido por 2 unidades
paralelas al eje imaginario. En general, z = x + iy se
corresponde con el punto de coordenadas (x, y).
Figura 74. Rotar la recta numérica en un ángulo recto lleva a una segunda
recta numérica.
A
esta representación geométrica de los números complejos se la llama con
frecuencia «diagrama de Argand», por el matemático francés Jean-Robert Argand,
que los describió en 1806. Sin embargo, la idea se remonta al topógrafo
noruego-danés Caspar Wessel, que lo publicó en 1797 como Om
Directionens analytiske Betegning(«Sobre la representación analítica de la
dirección»). Dinamarca estuvo temporalmente unida a Noruega en esa fecha. Su
artículo pasó desapercibido en ese momento porque pocos científicos podían leer
danés.
Gauss reinventó la misma idea en su tesis doctoral de 1799 y se dio cuenta de
que la descripción podía simplificarse usando coordenadas para considerar un
número complejo como un par (x, y) de números reales. En la década de
1830, Hamilton definió los números complejos como «parejas de
números reales», pareja lo usaba como nombre para un par ordenado. Así es como
definimos los números complejos hoy en día. Un punto en el plano es un par
ordenado (x, y), y el símbolo x + iy es
solo otro nombre para ese punto o par. La misteriosa expresión i es entonces
solo el par ordenado (0, 1). El punto clave es que tenemos que definir la suma
y la multiplicación para estos pares como:
(x,
y) + (u, v) = (x + u, y + v)
(x,
y)(u, v) = (xu – yv, xv + yu)
¿De
dónde proceden estas ecuaciones? Surgen de sumar o multiplicar x +
iy y u+ iv, asumiendo las leyes estándar del
álgebra y reemplazando i2 por –1.
Estos cálculos motivan las definiciones, ya que asumimos las leyes de álgebra
para ver cómo deberían ser las definiciones. La lógica deja de ser circular
cuando verificamos las leyes del álgebra para estos pares, basado solo en las
definiciones formales. No es una sorpresa que todo funcione, pero hay que
comprobarlo. El razonamiento es largo pero sencillo.
Raíces
de la unidad
La
interacción entre álgebra y geometría en los números complejos es notable. Esto
es especialmente obvio en las raíces de la unidad: soluciones para la
ecuación zn = 1 para z complejo
y n número natural. Por ejemplo, raíces quintas de la unidad
satisfacen z5 = 1.
Una solución obvia es z = 1, la única solución real. En los
números complejos, sin embargo, hay otras cuatro. Son ζ, ζ2, ζ3 y
ζ4, donde
ζ =
cos 72º + i sen 72
Aquí
72º = 360°/5. Hay fórmulas exactas:
Estos
cinco puntos forman los vértices de un pentágono regular, un hecho que puede
probarse usando trigonometría. La idea básica es que, al igual que la
multiplicación por i rota el plano complejo 90º, también la
multiplicación por ζ rota el plano complejo 72º. Si haces esto cinco veces,
obtienes 360º, lo cual es lo mismo que no rotar nada o multiplicar por 1. De
modo que ζ5 = 1.
De forma más general, la ecuación zn = 1 tiene n soluciones:
1, ζ, ζ2, ζ3,..., ζn– 1, donde
Figura 75. Las cinco raíces quintas de la unidad en el plano complejo.
Estas
ideas proporcionan una interpretación algebraica de los polígonos regulares,
que se usa para estudiar construcciones usando regla y compás en la geometría
euclidiana [véase 17].
Contenido:
§. Dividiendo lo indivisible
§. Aproximación a pi
§. Torres de Hanoi
Vamos a observar las fracciones, a las que los matemáticos llaman «números
racionales».
****
Históricamente,
las fracciones aparecían cuando había que dividir entre varias personas los
bienes o la propiedad, y cada una se quedaba con una porción.
****
Todo
empezó con ½, que surge cuando dos personas obtienen porciones iguales.
****
El
resultado fue un sistema numérico en el cual la división siempre es posible,
excepto entre cero.
§. ½ Dividiendo lo indivisible
Ahora pasamos a las fracciones. Los matemáticos prefieren un término más
elegante: números racionales. Estos son números como ½, ¾ o, 137/42 formados
al dividir un número entero entre otro. Imagínate a ti mismo tiempo atrás,
cuando «número» significaba «número natural». En ese mundo, la división tiene
sentido totalmente, cuando un número es exactamente un número de veces otro; por
ejemplo 12/3 = 4. Pero de ese modo no obtienes
nada nuevo. Las fracciones empiezan a ser interesantes precisamente cuando la
división no da un resultado exacto. Más en concreto, cuando el resultado no es
un número entero. Porque entonces necesitamos un tipo nuevo de número.
La fracción más sencilla, y la que aparece con más frecuencia en el día a día,
es la mitad: ½. El Oxford English Dictionary la define como:
«cualquiera de las dos partes iguales o correspondiente en las que algo es
dividido o puede dividirse». Las mitades abundan en la vida diaria: media pinta
de cerveza o medio litro de leche, las dos mitades de un partido de fútbol o
rugby, ofertas o tique a mitad de precio, media hora... ¿Medio lleno o medio
vacío?
Además de ser la fracción más sencilla, ½ se podría decir que es la más
importante. Euclides sabía cómo hacer la bisección de segmentos y ángulos, es
decir, dividirlos por la mitad. Una propiedad más avanzada aparece en la teoría
analítica de números: se especula que los ceros no triviales de la función zeta
de Riemann siempre tienen parte real ½. Este es probablemente el problema sin
resolver más importante de todas las matemáticas.
Haciendo
la bisección de un ángulo
La
naturaleza especial de ½ aparece pronto en la geometría de Euclides. La
proposición 9 del libro I de los Elementos proporciona una
construcción «para hacer la bisección de un ángulo dado», es decir, para
construir un ángulo de la mitad de tamaño. Se hace como sigue: dado un ángulo
BAC, usa un compás para construir los puntos D y E equidistantes de A en las
rectas AB y AC. Ahora traza un arco con centro en D y radio DE y un arco con
centro en E y radio ED. Se cortan en el punto F, equidistante de D y E. La
recta AF divide en dos partes iguales al ángulo BAC. Euclides describe el paso
final de un modo ligeramente distinto: construye un triángulo equilátero DEF.
Esta es una decisión táctica basada en lo que había probado previamente, y da
exactamente el mismo resultado, porque el triángulo DEF es equilátero.
Figura 76. Cómo hacer la bisección de un ángulo.
La
razón profunda de por qué esta construcción funciona es la simetría. El
diagrama completo es simétrico, al considerar la reflexión en el eje AF. La
reflexión es una simetría de orden 2: al realizarla dos veces, vuelves a donde
empezaste. De modo que no es una sorpresa que dividamos el ángulo en dospartes
iguales.
Euclides no nos muestra cómo hacer la trisección de un ángulo general
(dividirlo en tres partes iguales) correspondiente a la fracción 1/3
Chebyshev usó la fórmula de Euler para probar que, cuando x es
grande, el número de primos menores o iguales que x es
bastante próximo a x/log x. De hecho, la razón está
entre dos constantes, una ligeramente mayor que 1 y una ligeramente menor. Esto
no era tan preciso como el teorema de los números primos, pero llevaba a una
prueba de otra conjetura pendiente, el postulado de Bertrand de 1845: si tomas
cualquier entero y calculas su doble, existe un primo entre los dos.
Riemann se preguntaba si podía hacer más poderosa la idea de Euler exponiéndola
a técnicas nuevas, y eso le llevó a una ambiciosa extensión de la función zeta:
definirla no solo para una variable real, sino para una compleja. La serie de
Euler es un buen comienzo. La serie tiene sentido totalmente para s
complejo, siempre y cuando la parte real de s sea mayor
que 1. (Este es un requerimiento técnico que implica que la serie converge, su
suma a infinito es significativa.) La primera gran intuición que tuvo Riemann
fue que él podía hacerlo mejor. Podía usar un procedimiento llamado «extensión
analítica» para ampliar la definición de ζ(z) a todos los
números complejos excepto 1. Ese valor está excluido porque la función zeta se
hace infinita cuando s = 1.
Es la técnica de extensión la que implica que todos los enteros negativos pares
son ceros, aunque no puedes verlo directamente a partir de la serie. También da
pistas sobre nuevas propiedades de la función zeta, la cuales Riemann exploró.
En 1859, juntó todas sus ideas en un artículo «Sobre el número de primos
menores que una magnitud dada». En él, ofrecía una fórmula explícita y exacta
para el número de primos menores que cualquier número real dado x. Grosso
modo dice que la suma de los logaritmos de esos primos es
aproximadamente:
Donde
Σ indica una suma de todos los números ρ para los cuales ζ(ρ) es cero,
excluyendo los enteros negativos pares.
Si sabemos lo suficiente sobre los ceros de la función zeta, podemos deducir
mucha información nueva sobre los primos a partir de la fórmula de Riemann. En
concreto, información sobre las partes reales de los ceros nos permite deducir
propiedades estadísticas de los primos: cuántos hay hasta algún tamaño dado,
cómo están distribuidos entre los otros enteros, etcétera. Aquí es donde la
hipótesis de Riemann reporta beneficios... si puedes probarla.
Riemann tenía la clarividencia para ver esta posibilidad, pero nunca forzó su
programa hacia una conclusión sólida. Sin embargo, en 1896, Jacques Hadamard y
Charles Jean de la Vallée Poussin independientemente usaron la visión de
Riemann para deducir el teorema de los números primos. Lo hicieron probando una
propiedad más débil de los ceros no triviales de la función zeta: la parte real
está entre 0 y 1.
En 1903, Jorgen Gram mostró numéricamente que los primeros diez (pares #) ceros
estaban en la recta crítica. En 1935, E. C. Titchmarsh había incrementado el
número a 195. En 1936, Titchmarsh y Leslie Comrie probaron que los primeros
1.041 pares de ceros están en la recta crítica (la última vez que alguien hizo
esos cálculos a mano). En 1953, Turing descubrió un método más eficiente y usó
un ordenador para deducir que los primeros 1.104 pares de ceros están en la
recta crítica. El récord actual, de Yannick Saouter y Patrick Demichel, en
2004, es que los primeros 1013 (10 billones) ceros no triviales
están en la recta crítica. Los matemáticos e informáticos han comprobado otros
rangos de ceros. Hasta la fecha, todo cero no trivial que ha sido computado se
encuentra en la recta crítica.
Por desgracia, en esta área de la teoría de números, evidencias experimentales
de este tipo conllevan menos peso del que cabría esperar. Muchas otras
conjeturas, aparentemente apoyadas por muchas evidencias, han fracasado. Se
necesita solo una excepción para destrozar todo lo construido
y, hasta donde sabemos, esa excepción podría ser tan grande que nuestros
cálculos ni siquiera se aproximan. Esto es porque los matemáticos exigen
pruebas y es lo que ha sustentado el progreso en esta área durante más de 150
años.
§. Aproximación a π 22/7
Muchas veces en las clases de matemáticas en las escuelas se dice «considerar π
= 22/7 »[2]. Pero
¿realmente podemos hacerlo si interpretamos el signo igual de forma literal? E
incluso, si no nos preocupa un pequeño error, ¿de dónde viene esa fracción en
concreto?
Racionalizar π
El
número π no puede ser exactamente igual a 22/7 porque es irracional [véase √2 y
π]; es decir, no es una fracción exacta 22/7 donde p y q son
números enteros. Este hecho, que desde hacía tiempo sospechaban los
matemáticos, se probó por primera vez en 1768 por Johann Lambert. Desde
entonces se han encontrado varias pruebas diferentes. En concreto, esto implica
que la expresión decimal de π no se acaba nunca y no repite el mismo bloque de
números una vez tras otra infinitamente; es decir, no es un decimal periódico.
Esto no quiere decir que un bloque específico como 12345 no pueda darse muchas
veces; de hecho, es muy probable que ocurra con frecuencia infinita. Pero no se
puede obtener π repitiendo algún bloque fijo de dígitos infinitamente.
A veces, en matemáticas se evita esta dificultad usando una aproximación de π,
en concreto 22/7. No necesitas probar que es irracional para ver que no es
exacta:
π =
3,141592...
22/7
= 3,142857
Además,
22/7, que es número racional, es un decimal periódico, y sus dígitos decimales
son:
22/7
= 3,142857142857142857…
Repite
infinitamente el bloque 142857.
A lo largo de la historia, se han usado varios números racionales para
aproximar π.
Hacia 1900 a. C., los matemáticos en Babilonia hacían cálculos equivalentes a
la aproximación π ∼
25/8 = 3 1/8.
El matemático papiro de Rhind fue escrito por un escriba llamado Ahmes durante
el Segundo Período Intermedio, alrededor de 1650-1550 a. C., aunque él afirma
que lo copió de un papiro más antiguo del Imperio Medio, 2055-1650 a.C. Incluye
un cálculo aproximado del área de un círculo; interpretado en términos
modernos, el resultado es equivalente a aproximar π por 256/81. Aunque no está
claro si en el antiguo Egipto reconocían una constante específica análoga a π.
En torno al 900 a. C., en su Shatapatha Brahmana, el astrónomo
Yajnavalkya aproximó a todos los efectos π con 339/108.
Figura 77. Parte del papiro de Rhind.
Alrededor
de 250 a. C., el griego clásico Arquímedes, uno de los más grandes matemáticos
que jamás ha vivido y también un excelente ingeniero, probó, con todo el rigor
lógico, que π es menor que 22/7 y mayor que 223/71
Hacia 150 a. C., Ptolomeo aproximó π con 377/120.
Alrededor de 250 d. C., el matemático chino Liu Hui mostró que π ≈ 2927/1250.
Podemos comparar estas aproximaciones calculando hasta cinco decimales de cada
una de ellas:
|
Tabla 9 |
||
|
Número |
Aproximación a 5 decimales |
Error relativo |
|
3,14159 |
|
|
|
22/7 |
3,14285 |
4 % más mayor |
|
25/8 |
3,12500 |
5 % más pequeño |
|
256/81 |
3,16049 |
6 % más mayor |
|
339/108 |
3,13888 |
8 % más pequeño |
|
223/71 |
3,14084 |
2 % más pequeño |
|
377/120 |
3,14166 |
0,2 % más mayor |
|
3927/1250 |
3,14160 |
0,02 % más mayor |
§. 466/885 Torres de Hanói
A primera vista, nadie diría que 466/885 es especial. Yo seguramente no lo
diría, incluso después de haber hecho alguna investigación que conduce
precisamente a ese número. Pero resulta estar íntimamente relacionado con un
famoso rompecabezas, las Torres de Hanói, e incluso con una todavía más famosa
forma, el triángulo de Sierpiński.
Mueve
los discos
Las
Torres de Hanói es un rompecabezas tradicional dado a conocer en 1883 por
Lucas. Está formado por una serie de discos circulares de diferentes tamaños,
colocados en tres estacas. Aquí consideraremos los tamaños como enteros
positivos: 1, 2, 3,..., n y nos referiremos al juego como
Hanói de n discos, aunque en los juegos que se comercializan
suelen ser 5 ó 6.
Al principio los discos están todos en una única estaca, ordenados en modo
decreciente de tamaño de abajo arriba. El objetivo del juego es mover todos los
discos a una estaca diferente. Cada movimiento transfiere un disco de la cima
de la pila a una nueva estaca. Sin embargo, un disco solo puede moverse de este
modo si:
·
disco sobre el cual se va a colocar es mayor, o
·
la estaca no tenía ningún disco previamente.
La
primera regla implica que cuando todos los discos se han transferido, de nuevo
están colocados de modo que el tamaño es decreciente de abajo arriba.
Antes de seguir leyendo, deberías intentar resolver el rompecabezas. Empieza
con dos discos y luego vete añadiendo hasta tener cinco o seis, dependiendo de
lo ambicioso (y persistente) que seas.
Por ejemplo, puedes resolver Hanói de 2 discos tan solo en tres movimientos:
Figura 78. Resolviendo Hanói de 2 discos. Mueve el disco 1 al centro, luego
mueve el disco 2 a la estaca de la derecha, después mueve el disco 1 a la
estaca de la derecha.
¿Qué
me dices de Hanói de 3 discos? Empieza así:
Figura 79. Posición inicial con 3 discos.
El
primer movimiento básicamente se fuerza: el único disco que nos está permitido
mover es el disco 1. Puede ir a cualquier de las otras dos estacas, no importa
cuál escojamos, porque conceptualmente podemos intercambiar esas dos estacas
sin que eso afecte al juego. De modo que, por ejemplo, movemos el disco 1 a la
estaca central:
Figura 80. Primer movimiento.
En
este punto, podemos mover el disco 1 de nuevo, pero con eso en realidad no
avanzamos nada (o bien vuelve a donde empezó o se mueve a otra estaca vacía, a
la cual podía haber ido directamente). De modo que tenemos que mover un disco
diferente. No podemos mover el disco 3, ya que está bajo el disco 2, así que
tenemos que mover el disco 2. Y no podemos poner el disco 2 sobre el disco 1.
De modo que la única posibilidad es ponerlo en la estaca de la derecha:
Figura 81. Segundo movimiento.
Ahora
no podemos mover el disco 3, y sería tonto mover el disco 2 de nuevo. Así que
movemos el disco 1. Si lo ponemos encima del disco 3, nos quedamos atascados y
tenemos que deshacer el movimiento en el siguiente paso. De modo que solo hay
una opción:
Figura 82. Tercer movimiento.
Ahora,
¿qué? O bien deshacemos ese movimiento o ponemos el disco 1 sobre el disco 3,
lo que no parece que ayude mucho, o movemos el disco 3 a la estaca vacía:
Figura 83. Cuarto movimiento.
En
este punto, ya hemos recorrido un largo camino hacia la resolución del
rompecabezas, porque hemos movido el disco más difícil, el disco 3, a una nueva
estaca. Obviamente, todo lo que tenemos que hacer ahora es poner los discos 1 y
2 sobre él. Además, sabemos cómo hacerlo. Ya hemos movido la pila
formada por los discos 1 y 2 a una nueva estaca. Así que basta reproducir los
movimientos, teniendo cuidado de escoger las estacas correctas:
Figura 84. Quinto movimiento.
Figura 85. Sexto movimiento.
Figura 86. Séptimo movimiento.
¡Hecho!
Hemos resuelto Hanói mediante siete movimientos, que es 23 – 1.
Puede probarse que no es posible solucionarlo con menos movimientos. El método
sugiere una solución ingeniosa para cualquier número de discos. Podemos
resumirlo así:
·
Primero mueve los dos discos que están encima a una estaca
vacía.
·
Luego mueve el disco mayor a la única estaca que queda vacía.
·
Luego mueve los dos discos iniciales a la estaca que contiene el
disco mayor.
El
primer y el último paso de hecho son soluciones de Hanói de 2 discos. El paso
intermedio es totalmente directo. La misma idea ahora resuelve el Hanói de 4
discos.
·
Primero mueve los tres discos que están encima a una estaca
vacía.
·
Luego mueve el disco mayor a la única estaca que queda vacía.
·
Luego mueve los tres discos iniciales a la estaca que contiene
el disco mayor.
El
primer y el último paso son la solución de Hanói de 3 discos, que acabamos de
explicar. De nuevo, el paso intermedio es totalmente directo. La misma idea
puede ahora aplicarse a Hanói de 5 discos, Hanói de 6 discos, etcétera. Podemos
resolver el rompecabezas para cualquier número de discos,
usando un procedimiento «recursivo» en el cual la solución para un número de
discos dado se obtiene a partir de la solución de esa cantidad de discos
eliminando uno. De modo que resolver Hanói de 5 discos se reduce a resolver
Hanói de 4 discos, el cual se reduce a resolver Hanói de 3 discos, el cual a su
vez se reduce a resolver Hanói de 2 discos, el cual se reduce a resolver Hanói
de 1 disco. Y este es fácil, basta coger el disco y colocarlo en una estaca
diferente.
El método funciona del siguiente modo (para resolver Hanói de n discos):
·
De momento ignora el disco más grande n.
·
Usa la solución de Hanói de (n – 1) discos para
transferir los discos 1, 2,..., n– 1 a una nueva estaca.
·
Luego mueve el disco n a la estaca que queda
vacía.
·
Finalmente, usa la solución de Hanói de (n – 1)
discos de nuevo para transferir los discos 1, 2,..., n–
1 a la estaca que contiene el disco n. (Observa que, por simetría,
la estaca objetivo puede escogerse de cualquiera de las dos posibilidades
cuando se invoca la solución de Hanói de (n – 1) discos.)
El
diagrama de estado
Los
procedimientos recursivos pueden volverse muy complicados si se siguen paso a
paso, y eso es lo que ocurre para las Torres de Hanói. Esta complejidad es
inherente al rompecabezas, no solo en el método de la solución. Para ver por
qué, representaré el rompecabezas geométricamente dibujando su diagrama
de estado, que consiste en nodos que representan posibles posiciones de los
discos, unidos por líneas que representan movimientos permitidos. Para Hanói de
2 discos, el diagrama de estado tiene el aspecto que aparece en la Figura.
Figura 87. Diagrama de estado de Hanói de 2 discos.
Este
diagrama puede verse como tres copias del diagrama correspondiente para el
Hanói de 1 disco, unidas en tres lugares. En cada copia, el disco de abajo está
en una posición fija, en una de las tres posibles estacas. Las uniones aparecen
cuando una estaca vacía permite al disco de abajo moverse. Varios matemáticos
observaron por separado que la solución recursiva del rompecabezas aparece en
la estructura del diagrama de estado. Los primeros parecen haber sido R. S.
Scorer, P. M. Grundy y Cedric A. B. Smith, que escribieron un artículo conjunto
en 1944.
Podemos usar la solución recursiva para predecir el diagrama de estado cuando
hay más discos. Para Hanói de 3 discos, haz tres copias del diagrama superior,
cada una con un disco extra en la parte de abajo y únelas formando un
triángulo. Y así sucesivamente. La Figura 88 muestra el diagrama de estado para
Hanói de 5 discos, omitiendo las posiciones de los discos:
Figura 88. Diagrama de estado para Hanói de 5 discos.
H.
T. Chan (1989) y Andreas Hinz (1992) usaron la estructura recursiva del
diagrama de estado para obtener una fórmula para el número mínimo medio de
movimientos entre los estados en Hanói de n discos. El número
total de movimientos por las rutas más cortas, entre todos los pares posibles
de posiciones, resulta ser:
Para n grande,
esto es aproximadamente:
(466/885)18n
porque
todos los demás términos en la fórmula son mucho más pequeños que el primero.
La longitud media de todas estas rutas es aproximadamente 466/885veces
el número de movimientos a lo largo de un lado del diagrama de estado. Veamos
ahora el significado de la extraña fracción 466/885
Triángulo
de Sierpínski
La
misma fracción aparece en un problema muy relacionado. Hinz y Andreas Schief
usaron la fórmula para el número medio de movimientos entre estados en la Torre
de Hanói para calcular la distancia media entre dos puntos en una famosa figura
conocida como el «triángulo de Sierpiński». Si los lados del triángulo tienen
longitud 1, entonces la respuesta, por increíble que parezca, es
exactamente 466/885
El triángulo de Sierpiński se forma a partir de un triángulo equilátero,
dividiéndolo en cuatro triángulos de la mitad de tamaño (el que se queda en el
centro está invertido) y eliminando el triángulo del centro. Entonces se repite
el mismo proceso en los tres triángulos equiláteros más pequeños que quedan y
se continúa así indefinidamente. El resultado es un ejemplo temprano de lo que
ahora llamamos «fractal»: una forma que tiene una estructura intrincada, no
importa cuánto se amplíe [véase log 3/log 2].
Figura 89. Las primeras seis etapas en la formación de un triángulo de
Sierpiński.
El
matemático polaco Wacław Sierpiński inventó este fascinante conjunto en 1915,
aunque siglos antes ya se usaban formas parecidas con carácter decorativo. Lo
describió como «simultáneamente cantoriana y jordaniana, en la que cada punto
es un punto de ramificación». Con «cantoriana», Sierpiński quería decir que su
conjunto estaba todo en una única pieza pero con una estructura intrincada. Con
«jordaniana», quería decir que era una curva. Y con «cada punto es un punto de
ramificación», quería decir que se cruzaba consigo misma en cada punto. Más
tarde, Benoît Mandelbrot en broma le llamó la «junta» de Sierpiński por su
parecido a la junta agujereada que une la culata al resto del motor.
Contenido:
§.
Primer irracional conocido
§. Medida de circunferencia
§. Número de oro
§. Logaritmos naturales
§. Fractales
§. Empaquetamiento de esferas
§. Escala musical
§. Constante de Apéry
§. Constante de Euler
Las
fracciones sirven para cualquier problema práctico de divisiones, y durante un
tiempo, en la antigua Grecia, estuvieron convencidos de que las describían todo
en el universo.
****
Entonces
alguien investigó las consecuencias del teorema de Pitágoras y se preguntó cómo
la diagonal de un cuadrado se relaciona con su lado.
****
La
respuesta indicó que había algunos problemas que las fracciones no podían
resolver.
****
Así
nacieron los números irracionales. Juntos, los números racionales y los
irracionales, forman el sistema de los números reales.
§. Primer irracional conocido √2 ≈ 1,414213
Los números racionales, las fracciones, resuelven la mayoría de los problemas
prácticos, aunque algunos no tienen solución racional. Por ejemplo, los
geómetras griegos descubrieron que la diagonal de un cuadrado de lado 1 no es
un número racional. Si la diagonal tiene longitud x, entonces el
teorema de Pitágoras afirma que:
x2 =
12 + 12 = 2
de
modo que x = √2. Para su disgusto, probaron que este resultado
no es racional.
Esto llevó a los geómetras griegos a centrarse en longitudes geométricas e
ignorar números. La mejor alternativa fue fortalecer el sistema numérico para
que pueda hacer frente a este tipo de problemas.
Figura
90. La diagonal de un cuadrado unidad.
Decimales,
fracciones y números irracionales
En
la actualidad, solemos escribir los números como decimales. Por razones
prácticas, las calculadoras usan decimales finitos, los cuales tienen un número
limitado de dígitos tras la coma decimal. En el capítulo inicial vimos que la
diagonal del cuadrado unidad hasta diez dígitos decimales es:
√2 =
1,4142135623
Sin
embargo, un cálculo muestra que:
(1,4142135623)2 =
1,99999999979325598129
exactamente.
Aunque esto se aproxima a 2, no es igual a él.Quizá dejamos de calcular
demasiado pronto. Quizá un millón de dígitos darían un valor exacto de la raíz
cuadrada de 2. En realidad, hay un modo muy sencillo de ver que esto no
funcionará. La aproximación decimal de diez cifras acaba en 3. Cuando se eleva
al cuadrado, obtenemos un decimal de 20 cifras acabado en 9, que es 32.
Esto no es una coincidencia: se debe al modo en que multiplicamos los
decimales. La última cifra significativa de cualquier número decimal, diferente
del 0, no es cero. De modo que su cuadrado acaba con una cifra distinta de
cero. Como la expresión decimal de 2 es 2,000...con solo ceros, ningún cuadrado
puede ser exactamente igual a 2.
Todos los números decimales en una calculadora son racionales. Por ejemplo, el
valor de π con diez cifras decimales es 3,141592653 y esto es exactamente igual
a la fracción:
3.141.592.653/1.000.000.000
Decimales
de longitud fija representan un conjunto bastante limitado de fracciones,
aquellas en las que el denominador (el número de la parte de abajo) es una
potencia de 10. Otras fracciones son más complicadas en este sentido. Si
tecleo 1/3 en mi calculadora, aparece
0,333333333. En realidad esto no es correcto del todo, pues si multiplicamos
por 3, obtenemos 1 = 0,999999999, que no es verdad, pues la diferencia es
0,0000000001. Pero ¿quién se preocupa de una parte en 10.000 millones?
La respuesta depende de para qué lo quieras. Si estás haciendo una estantería y
quieres cortar una placa de un metro de largo en tres partes iguales, entonces
0,333 metros (333 milímetros) es lo suficiente preciso. Pero si estás probando
un teorema matemático y buscas que multiplicar 3 por 1/3 sea
1, como tiene que ser, entonces incluso un pequeño error puede ser fatal. Si
quieres expresar 1/3como un decimal con una
precisión total, esos 3 tienen que continuar infinitamente.
Las cifras de √2 también continúan de manera infinita, pero no hay un patrón
claro. Lo mismo se aplica para las cifras de π. Sin embargo, si quieres
representar la longitud que aparece en geometría usando números, tienes que
encontrar una representación numérica para cosas como √2 y π. El resultado fue
el sistema que ahora llamamos «números reales». Pueden representarse mediantes
expresiones decimales infinitamente largas. En matemáticas avanzadas se usan
métodos más abstractos.
El adjetivo «real» surge porque estos números encajan con nuestra idea
intuitiva de medida. Cada posición decimal extra hace la medida más precisa.
Sin embargo, el mundo real se vuelve un poco borroso si bajamos al nivel de las
partículas fundamentales, de modo que los decimales pierden contacto con la
realidad alrededor de la decimoquinta posición decimal. Hemos abierto la caja
de Pandora. Los objetos y estructuras matemáticas son (como mucho) modelos del
mundo real, no la propia realidad. Si consideramos decimales que continúan
infinitamente, el sistema numérico real es claro y ordenado; de modo que
podemos hacer que las matemáticas los usen y luego comparar los resultados con
la realidad, si es que ese es nuestro principal objetivo. Si queremos que los
decimales se detengan después de cincuenta posiciones, o hacerlo todo algo
confuso, obtenemos un complicado desorden. Hay siempre una compensación entre
la conveniencia matemática y la precisión física.
Todo número racional es real. De hecho (no haré la prueba, pero no es demasiado
difícil), las expresiones decimales de los números racionales son precisamente
aquellas que se repiten. Esto es, repiten el mismo bloque finito de
cifras infinitamente, quizá con algunas cifras diferentes al inicio. Por
ejemplo:
137/42
= 3,2619047619047…
con
un bloque inicial que es la excepción 3,2 y luego repeticiones indefinidas de
619047.
Sin embargo, muchos números reales no son racionales. Cualquier decimal que
evite esas repeticiones sería un ejemplo. Así, puedo estar seguro de que
1,101001000100001000001...
con
tramos que van incrementando su longitud de 0, no es racional. El término que
se aplica a esos números es «irracional». Todo número real es o bien racional o
bien irracional.
Prueba
de que √2 es irracional
Todos
los decimales finitos son fracciones, pero muchas fracciones no son decimales
finitos. ¿Podría una de estas representar a √2 de modo exacto? Si la respuesta
hubiese sido «sí», todo el cuerpo de trabajo griego sobre longitudes y áreas
hubiese sido mucho más simple. Sin embargo, los griegos descubrieron que la
respuesta es «no». No lo hicieron usando decimales, lo hicieron
geométricamente.
Ahora vemos esto como una revelación importante, que abre un área vasta de
nuevas y útiles matemáticas, pero en su momento fue algo vergonzoso. El
descubrimiento se remonta a los pitagóricos, quienes creían que el universo
estaba basado en los números. Al decir «números» pensaban en los números
enteros y las fracciones. Por desgracia, uno de ellos, supuestamente Hipaso de
Metaponto, descubrió que la diagonal de un cuadrado unidad es irracional. Según
se dice, anunció este hecho molesto mientras se celebrada una fiesta de
pitagóricos en un bote en medio del mar, y los demás se pusieron tan furiosos
que lo arrojaron por la borda y se ahogó. No hay evidencias históricas de este
hecho, pero es muy probable que el descubrimiento no les gustara nada, ya que
contradecía el núcleo de sus creencias.
La prueba griega emplea un proceso geométrico que ahora llamamos «algoritmo de
Euclides». Es un modo sistemático de encontrar si dos longitudes dadas, a y b,
son conmensurables (ambas múltiplos enteros de alguna longitud
común c). Si lo son, obtenemos el valor de c. Desde el
punto de vista numérico actual, a y b son
conmensurables si y solo si a/b es racional, de modo que el algoritmo de
Euclides es «realmente» una prueba para decidir si un número dado es racional.
El punto de vista geométrico griego los llevó a razonar de modo bastante
diferente, según las siguientes pautas. Supongamos que a y b son
múltiplos enteros de c. Por ejemplo, quizá a = 17c y b =
5c. Dibuja una cuadrícula de 17 × 5, con cada cuadrado de tamaño c.
Observa que a lo largo de la parte de arriba, tendríamos a, que
está compuesto por 17 copias de c; y hacia abajo por un lado, b,
que está compuesto de 5 copias de c. De modo que a y b son
conmensurables.
Figura 91. Cuadrícula 17 × 5.
Luego
corta tantos cuadrado de 5× 5 como puedas.
Figura 92. Corte de tres cuadrados de 5 × 5.
Esto
deja un rectángulo de 2 × 5. Repite el proceso en este rectángulo más pequeño,
ahora con cuadrados de 2 × 2.
Figura 93. Luego corta dos cuadrados de 2 × 2.
lo
que nos deja un rectángulo de 2 × 1. Corta este en cuadrados de 1 ×1, y no hay
ningún rectángulo minúsculo restante, encaja perfectamente.
Figura 94. Finalmente, corta dos rectángulos de 1 × 1.
Si
las longitudes originales a y b son enteros
múltiplos de una longitud común c, llega un momento en el que el
proceso se acaba, porque todas las líneas están en la cuadrícula y los
rectángulos se van haciendo más pequeños. A la inversa, si el proceso se
detiene, entonces, trabajando hacia atrás, a y b son
múltiplos enteros de c. En resumen: dos longitudes son
conmensurables si y solo si el algoritmo de Euclides, aplicado al rectángulo
correspondiente, se detiene después de un número finito de pasos.
Si queremos probar que cierto par de longitudes es inconmensurable, tan solo
tenemos que confeccionar un rectángulo para el cual el proceso obviamente no se
detenga. Para lidiar con √2, el truco es empezar con un rectángulo cuya forma
se escoge para asegurar que, tras cortar dos cuadrados
grandes, obtenemos una pieza restante que tiene exactamente las mismas
proporciones que el original. Si es así, el algoritmo de Euclides estará
cortando dos cuadrados infinitamente, de modo que nunca se detiene.
Figura 95. Haz el rectángulo sombreado con las mismas proporciones que el
original.
Los
griegos construyeron ese rectángulo geométricamente, pero nosotros podemos usar
álgebra. Establece que los lados son a y 1. Entonces la
condición necesaria es:
De
modo que a2 – 2a = 1, de donde (a –
1)2 = 2, por lo tanto a = 1 + √2 Resumiendo, el algoritmo de
Euclides implica que las longitudes 1 + √2 y 1 son inconmensurables, por lo que
1 + √2 es irracional.
Luego √2 es también irracional. Para ver por qué, asume que √2 es un racional
igual a p/q. Entonces 1 + √2 = (p-q)/q, el
cual es racional. Pero no lo es, así que hemos llegado a una contradicción y
nuestra suposición es falsa.
§. Medida de la circunferencia. Π ≈3,141592
Los números que usamos para contar se convierten rápidamente en familiares,
pero algunos números son mucho más extraños. El primer número ciertamente
inusual con el cual nos encontramos cuando aprendemos matemáticas es. Este
número surge en muchas otras áreas de matemáticas, no todas ellas relacionadas
con las circunferencias. Los matemáticos han calculado más de 12 billones de
cifras decimales de π. ¿Cómo lo han hecho? Comprender qué tipo de número es π
resuelve la antigua pregunta de si es posible hacer la cuadratura del círculo
con regla y compás.
Razón
de la circunferencia respecto a su diámetro
Nos
encontramos con π por primera vez cuando calculamos la longitud de una
circunferencia y el área de un círculo. Si el radio es r entonces
la longitud de la circunferencia es 2πr y el área del círculo es πr2.
Geométricamente, estas dos cantidades no están directamente relacionadas, de
modo que es bastante destacable que el mismo número π aparezca
en ambas. Hay una manera intuitiva de ver por qué sucede esto. Corta el círculo
en un montón de secciones, como una pizza, y reordénalas para
formar algo parecido a un rectángulo. El ancho de este rectángulo es
aproximadamente la mitad de la circunferencia, es decir πr. Su altura es
aproximadamente r. De modo que su área es aproximadamente πr × r=
πr2.
Figura 96. Aproximación del área del círculo.
Aunque
esto es tan solo una aproximación. Tal vez los números que aparecen en conexión
con la longitud de la circunferencia y con el área del círculo sean muy
similares, pero no idénticos. Sin embargo, esto parece poco probable, porque el
razonamiento funciona, con independencia de lo finas que hagamos las secciones.
Si usamos un número enorme de piezas muy finas, la aproximación se hace
sumamente precisa. De hecho, al permitir que el número de piezas se haga tan
grande como queramos, la diferencia entre la forma real y un verdadero
rectángulo se hace tan pequeña como queramos. Usando los límites matemáticos,
esta observación proporciona una prueba de que la fórmula para el área es
correcta y exacta. Esto es por lo que el mismo número aparece tanto para la
longitud de la circunferencia como para el área del círculo.
El procedimiento del límite también define qué queremos decir
por área en este contexto. Las áreas no son tan sencillas como imaginamos. Las
áreas de los polígonos pueden definirse cortándolas en triángulos, pero las
formas con aristas curvas no pueden dividirse de esa manera. Incluso el área de
un rectángulo no es sencilla si sus lados son inconmensurables. El problema no
es establecer qué esel área, para lo cual basta multiplicar los dos
lados. La parte difícil es probar que el resultado se comporta del modo en que
debería hacerlo un área, por ejemplo, que cuando unes formas, se suman sus
áreas. Las matemáticas escolares pasan de puntillas por estos problemas y
esperan que nadie se dé cuenta.
¿Por qué los matemáticos usan un símbolo extraño para representar un número?
¿Por qué no escribir directamente el número? En la escuela podrían decir que π
= 22/7, pero un profesor cuidadoso explicará que esto es solo una aproximación
[véase 22/7]. Así que, ¿por qué no usar una fracción exacta para π?
No hay una. El número π es el ejemplo más conocido de número irracional.
Como √2, no puede representarse de manera exacta por ninguna fracción, por muy
complicada que sea. Es muy difícil probar esto, pero los matemáticos saben cómo
hacerlo y resulta cierto. Así que definitivamente necesitamos un símbolo nuevo,
porque este número en concreto no puede escribirse exactamente usando los
símbolos habituales de los números. Como π es uno de los números más
importantes en todas las matemáticas, necesitamos una manera inequívoca para
referirnos a él. Es la «p» griega, la primera letra de «perímetro».
La verdad es que el universo nos hace una jugarreta bastante cruel al no poder
escribir un número de vital importancia, excepto usando fórmulas complicadas.
Es un fastidio, quizá, pero fascinante, que se añade a la mística de π.
Π y
las circunferencias
Al
principio encontramos π en conexión con las circunferencias. Las
circunferencias son formas matemáticas muy básicas, de modo que cualquier cosa
que nos diga sobre las circunferencias debe merecer la pena tenerla en cuenta.
Las circunferencias tienen muchas aplicaciones útiles. En 2011, el número de
circunferencias usadas en tan solo una característica de la vida diaria era más
de 5.000 millones, porque el número de coches que pasaban un punto de
referencia era 1.000 millones, y en esa época un coche típico tenía cinco
ruedas, cuatro en uso más una de repuesto (en la actualidad, con frecuencia la
de repuesto es un kit de reparación de pinchazos, que ahorra gasolina y es más
barato de hacer). Por supuesto hay muchas otras circunferencias en un coche,
que van desde las arandelas al volante. Por no mencionar ruedas de bicicletas,
camiones, autobuses, trenes, aviones...
Figura 97. Ondas.
Figura 98. Arcoíris, arco de una circunferencia.
Las
ruedas son solo una aplicación de la geometría de la circunferencia, que
funcionan porque todo punto de la circunferencia se encuentra a la misma
distancia del centro. Si giras una rueda circular alrededor de su centro, puede
rodar con fluidez a lo largo de una carretera llana. Pero las circunferencias
aparecen de muchos otros modos; las ondas en un lago son circulares y también
los arcos de colores del arcoíris. Las órbitas de los planetas son, en una
primera aproximación, circunferencias. De forma más precisa son elipses, una
especie de circunferencias que han sido aplastadas en una dirección.
Sin embargo, los ingenieros pueden diseñar ruedas sin ningún conocimiento de π.
Su verdadera importancia es teórica y es mucho más profunda. Los matemáticos se
encontraron por primera vez con π en una ecuación básica sobre circunferencias.
El tamaño de una circunferencia puede describirse usando tres números muy
relacionados:
·
su radio: la distancia del centro a cualquier punto
en la circunferencia
·
su diámetro: el ancho máximo de una circunferencia
·
su longitud: la longitud de la propia circunferencia
midiendo su perímetro.
El
radio y el diámetro están relacionados de un modo muy sencillo: el diámetro es
dos veces el radio y el radio es la mitad del diámetro.
La relación entre la longitud y el diámetro no es tan directa. Si dibujas un
hexágono dentro de la circunferencia, puedes convencerte a ti mismo de que la
longitud de la circunferencia es un poco mayor que tres veces el diámetro. La
imagen muestra seis radios, que se usan por parejas para formar tres diámetros.
El hexágono tiene el mismo perímetro que seis radios, es decir, tres diámetros.
Y la circunferencia es claramente un poco más grande que el hexágono.
Figura 99. Por qué π es más grande que 3.
El
número π se define como la longitud de cualquier
circunferencia dividida entre su diámetro. Cualquiera que sea el tamaño de la
circunferencia, esperamos que este número tenga el mismo valor, porque la
longitud y el diámetro mantienen la misma proporción aunque aumentes o
disminuyas la circunferencia. Hace unos 2.200 años, Arquímedes elaboró una
prueba completamente lógica de que el mismo número funciona para cualquier
circunferencia.
Al pensar en los hexágonos dentro de la circunferencia, y doblar el número de
lados de 6 a 12, luego 24, luego 48 y finalmente 96 lados, Arquímedes también
obtuvo un valor bastante preciso para π. Probó que es mayor que 310/71 y
menor que 31/7 En decimales, estos dos valores son
3,141 y 3,143. (Arquímedes trabajó con figuras geométricas, no con números
reales y pensó en lo que ahora llamamos π en términos geométricos, de modo que
esto es una moderna reinterpretación de lo que en realidad hizo. Los griegos no
tenían notación decimal.)
El método de Arquímedes para calcular π puede hacerse tan preciso como
queramos, para ello doblamos el número de lados del polígono usado y
aproximamos la longitud de la circunferencia el número de veces que
consideremos oportuno. Matemáticos posteriores encontraron métodos mejores
(discutiremos algunos de ellos a continuación). El número π con 1.000 cifras
decimales es:
3,
141 592 653 589 793 238 462 643 383 279 502 884 197 169 399 375 105 820 974 944
592 307 816 406 286 208 998 628 034 825 342 117 067 982 148 086 513 282 306 647
093 844 609 550 582 231 725 359 408 128 481 117 450 284 102 701 938 521 105 559
644 622 948 954 930 381 964 428 810 975 665 933 446 128 475 648 233 786 783 165
271 201 909 145 648 566 923 460 348 610 454 326 648 213 393 607 260 249 141 273
724 587 006 606 315 588 174 881 520 920 962 829 254 091 715 364 367 892 590 360
011 330 530 548 820 466 521 384 146 951 941 511 609 433 057 270 365 759 591 953
092 186 117 381 932 611 793 105 118 548 074 462 379 962 749 567 351 885 752 724
891 227 938 183 011 949 129 833 673 362 440 656 643 086 021 394 946 395 224 737
190 702 179 860 943 702 770 539 217 176 293 176 752 384 674 818 467 669 405 132
000 568 127 145 263 560 827 785 771 342 757 789 609 173 637 178 721 468 440 901
224 953 430 146 549 585 371 050 792 279 689 258 923 542 019 956 112 129 021 960
864 034 418 159 813 629 774 771 309 960 518 707 211 349 999 998 372 978 049 951
059 731 732 816 096 318 595 024 459 455 346 908 302 642 522 308 253 344 685 035
261 931 188 171 010 003 137 838 752 886 587 533 208 381 420 617 177 669 147 303
598 253 490 428 755 468 731 159 562 863 882 353 787 593 751 957 781 857 780 532
171 226 806 613 001 927 876 611 195 909 216 420 199.
Observando
estos números, la característica más llamativa es la completa ausencia de
cualquier patrón. Las cifras parecen aleatorias. Pero no pueden serlo, porque
son las cifras de π y este es un número concreto. La carencia de patrón
proporciona un fuerte indicio de que π es un número extraño. Los matemáticos
sospechan con gran convicción que toda secuencia finita de cifras aparece en
alguna parte (es más, con muchísima frecuencia) en la expresión decimal de π.
De hecho, se cree que π es un número normal, con lo cual se quiere
decir que todas las secuencias de una longitud dada aparecen con la misma
frecuencia. Estas conjeturas no han sido ni probadas ni refutadas.
Otros
hechos sobre π
El
número π se presenta en muchas otras áreas de matemáticas, a menudo sin tener
una conexión obvia con las circunferencias. Hay siempre una conexión indirecta,
porque de ahí es de donde proviene π y una de las maneras de definirlo.
Cualquier otra definición tiene que dar el mismo número, de modo que en algún
punto a lo largo del razonamiento tiene que probarse un vínculo con las
circunferencias. Pero esto puede ser de manera muy indirecta.
Por ejemplo, en 1748, Euler observó una conexión entre los números π, e, i (la
raíz cuadrada de menos 1 [véase e]). En concreto, la elegante fórmula:
eiπ =
–1
Euler
también observó que π aparece cuando sumamos ciertas series infinitas. En 1735,
resolvió el problema de Basilea, una cuestión planteada por Pietro Mengoli en
1644: encontrar la suma de los inversos de todos los cuadrados; esto es una
serie infinita, porque hay infinidad de cuadrados. Muchos de los grandes
matemáticos de la época intentaron resolverlo, sin conseguirlo. En 1735, Euler
descubrió la maravillosamente sencilla respuesta.
Este
descubrimiento inmediatamente le hizo famoso entre los matemáticos. ¿Puedes
indicar el vínculo con las circunferencias? No, yo tampoco puedo. No puede ser
increíblemente obvio porque muchos de los mejores matemáticos no pudieron
resolver el problema de Basilea. Sorprendentemente pasa por usar la función
seno, que a primera vista parece no tener conexión con el problema.
El método de Euler nos lleva a resultados parecidos para potencias cuartas,
sextas y en general cualquier potencia par. Por ejemplo:
Es
también posible usar solo denominadores pares o impares:
Sin
embargo, no se han probado fórmulas parecidas para potencias impares, como
cubos o potencias de cinco, y existe la conjetura de que no existen [véase ζ
(3)].
Sorprendentemente, esta serie y las relacionadas tienen profundas conexiones
con los primos y la teoría de números. Por ejemplo, si escoges dos números
naturales aleatoriamente, entonces la probabilidad de que no tengan un factor
común (mayor que 1) es 6/π2 ≈ 0,6089, el inverso de la suma de
la serie de Euler.
Otra aparición inesperada de π se da en estadística. El área bajo la famosa
«campana de Gauss», con ecuación y = e-x2,
es exactamente √π.
En muchas fórmulas en física matemática aparece involucrado π. Algunas de ellas
aparecen más abajo en la lista de fórmulas que contienen π. Los matemáticos han
descubierto una variedad enorme de ecuaciones en las que π se presenta de forma
destacada; algunas se tratan a continuación.
Figura 100. La campana de Gauss.
Cómo
calcular π
En
2013, durante un período de 94 días, Shigeru Kondo usó un ordenador para
calcular π con 12.100.000.000.050 cifras decimales, más de 12 billones. Los
usos prácticos de π no necesitan este nivel de precisión y no se puede obtener
midiendo circunferencias físicas. A lo largo de los años se han usado varios
métodos diferentes, todos basados en fórmulas para π o procesos que ahora
expresamos como fórmulas.
Dos buenas razones para llevar a cabo esos cálculos son ver cómo responden de
bien estas fórmulas y probar ordenadores nuevos. Pero la principal razón, en
realidad, es la tentación de batir récords. Unos cuantos matemáticos se sienten
fascinados con calcular todavía más cifras de π porque, al igual que ocurre con
las montañas y los alpinistas, «están ahí». Las actividades como esta para
batir récords no son típicas de la mayoría de la investigación matemática y
tienen poca importancia o valor práctico por sí mismas, pero han llevado a
fórmulas totalmente nuevas y fascinantes y han revelado conexiones inesperadas
entre diferentes áreas de las matemáticas.
Las fórmulas para π generalmente suponen procesos infinitos, los cuales, cuando
se han desarrollado lo suficiente, proporcionan buenas aproximaciones para ese
número. Los primeros avances sobre el trabajo de Arquímedes se hicieron en el
siglo XV, cuando los matemáticos hindúes representaron π como la suma de una
serie infinita, una suma que no tiene fin. Si, como era el caso para estas
fórmulas, el valor de la suma se hace muy próximo a un único número bien definido,
su límite, entonces la serie puede usarse para calcular
aproximaciones cada vez más precisas. Una vez alcanzado el nivel necesario de
precisión, los cálculos se detienen.
Hacia 1400, Madhava de Sangamagrama usó una de esas series para calcular π con
11 cifras decimales. En 1424, el persa Jamshīd al Kāshī mejoró esto, usando
aproximaciones por polígonos con un número de lados que iba incrementando,
parecido a lo que había hecho Arquímedes. Obtuvo las 16 primeras cifras
decimales considerando un polígono de 3 × 228lados. El método de
Arquímedes para aproximar π inspiró a François Viète para escribir un tipo
nuevo de fórmula para π en 1593, en concreto:
(Aquí,
los puntos indican manipulación.) En 1630, Christoph Grienberger había llevado
el método del polígono hasta las 38 cifras. En 1655, John Wallis encontró una
fórmula diferente:
usando
una aproximación bastante complicada para hallar el área de un semicírculo.
James Gregory redescubrió una de las series de Madhava para π en 1641. La idea
era empezar con una función trigonométrica llamada «tangente» que escribimos
como tan x. Si medimos con radianes, un ángulo de 45º es π/4 , y en
este caso a= b, de modo que tan π/4 = 1.
Figura 101. Izquierda: la tangente tan x es π/4. Derecha: cuando
x = 4, la tangente es a/b = 1
Ahora
consideramos la función inversa, la arcotangente, normalmente denotada por
arctan. Esto «deshace» la función tangente; es decir, si y =
tan x, entonces x= arctan y. En concreto,
arctan 1 = π/4. Madhava y Gregory descubrieron una serie infinita para la
arcotangente:
Haciendo y =
1, tenemos:
En
1699, Abraham Sharp usó esta fórmula para obtener 71 cifras de π, pero la serie
converge lentamente, es decir, hay que calcular muchos términos para obtener
una aproximación buena. En 1706, John Machin usó una fórmula trigonométrica
para tan (x + y) para mostrar que
Y
luego sustituyó 1/5 y 1/239 en
la serie para arctan. Debido a que estos números son mucho más pequeños que 1,
la serie converge más rápidamente, lo cual la hace más práctica. Machin calculó
π con 100 cifras usando su fórmula. En 1946, Daniel Ferguson había llevado esta
idea general casi todo lo lejos que se podía, usando fórmulas parecidas pero
diferentes, y alcanzó 620 cifras.
Hay muchas variantes complicadas de la fórmula de Machin, es más, hay una
teoría completa de todas esas fórmulas. En 1896, F. Störmer sabía que
y
hay muchas fórmulas incluso más impactantes a lo largo de estas líneas, las
cuales convergen mucho más rápido gracias a los denominadores enormes que
aparecen.
Nadie lo ha hecho mejor usando aritmética de lápiz y papel, pero calculadoras
mecánicas y ordenadores electrónicos hicieron los cálculos más rápidos y
eliminaron errores. La atención pasó a encontrar fórmulas que dieran
aproximaciones muy buenas usando solo algunos términos. La serie de Chudnovsky
encontrada
por los hermanos David y Gregory Chudnovsky, genera 14 nuevas cifras decimales
por término. Aquí el signo de la suma Σ quiere decir sumar los valores de la
expresión formulada a medida que k va recorriendo todos los
naturales empezando en 0 y sin detenerse nunca.
Hay muchos otros métodos para calcular π, y siguen haciéndose nuevos
descubrimientos. En 1997, Fabrice Bellard anunció que la cifra que ocupa la
posición un billón en π, en notación binaria, es 1. Sorprendentemente no
calculó los dígitos anteriores. En 1996, David Bailey, Peter Borein y Simon
Plouffe habían descubierto una fórmula muy curiosa:
Bellard
usó una fórmula parecida, más eficiente para los cálculos:
Con
algo de análisis inteligente, el método da cifras binarias individuales.
La característica clave de la fórmula es que muchos de los números en ella,
como 4, 32, 64, 256, 24n y 210n, son
potencias de 2, las cuales son muy sencillas en el sistema binario usado para
el trabajo interno de los ordenadores. El récord de encontrar una única cifra
binaria de π se bate regularmente; en 2010, Nicholas Sze de Yahoo calculó la
cifra binaria en la posición dos mil billonésima de π, que resultó ser 0.
Se pueden usar las mismas fórmulas para encontrar cifras aisladas de π con
aritméticas de base 4, 8 y 16. No se conoce nada de este tipo para cualquier
otra base; no podemos calcular cifras decimales aisladas en particular.
¿Existen esas fórmulas? Hasta que se halló la fórmula de
Bailey-Borwein-Plouffe, nadie imaginó que podría hacerse en base binaria.
Cuadrando
el círculo
En
la Grecia antigua buscaban una construcción geométrica para cuadrar el círculo:
encontrar el lado de un cuadrado que tenga la misma área que un círculo dado.
Finalmente se probó que, al igual que para la trisección del ángulo y la
duplicación del cubo, no existía ninguna construcción con regla y compás [véase
3]. La prueba se basa en saber qué tipo de número es π.
Hemos visto que π no es un número racional. El siguiente paso más allá de los
números racionales es a los números algebraicos, los cuales satisfacen una
ecuación polinómica con coeficientes enteros. Por ejemplo, √2 es algebraico, ya
que satisface la ecuación x2 – 2 = 0. Un número que
no es algebraico se llama «trascendental» y, en 1761, Lambert, quien primero
probó que π era irracional, lanzó la hipótesis de que en realidad es
trascendental.
Se necesitaron 112 años hasta que Charles Hermite hizo el primer gran avance en
1873, probando que el otro número curioso y famoso en
matemáticas, la base e de los logaritmos naturales [véase e] es trascendental.
En 1882, Ferdinand von Lindemann mejoró el método de Hermite y probó que si un
número distinto de cero es algebraico, entonces e elevado a la potencia de ese
número es trascendental. Luego se aprovechó de la fórmula de Euler eiπ =
–1, de este modo. Supongamos que π es algebraico, entonces también lo es iπ.
Por lo tanto, el teorema de Lindemann implica que –1 no satisface
una ecuación algebraica. Sin embargo es obvio que lo hace, en concreto, x +
1 = 0. La única salida de esta contradicción en la lógica es que π no satisface
una ecuación algebraica, es decir, es trascendental.
Una consecuencia importante de este teorema es la respuesta al antiguo problema
geométrico de la cuadratura del círculo, es decir, a construir un cuadrado con
la misma área que un círculo usando solo regla y compás. Esto es equivalente a
construir un segmento de longitud π a partir de un segmento de longitud 1. La
geometría de coordenadas muestra que cualquier número que pueda construirse de
este modo tiene que ser algebraico. Y como π no es algebraico, esa construcción
no puede existir.
Esto no ha bastado para detener a alguna gente que sigue buscando una
construcción con regla y compás incluso hoy en día. Parece que no entienden lo
que significa «imposible» en matemáticas. Es una confusión que viene de lejos.
En 1872, De Morgan escribió Un presupuesto de paradojas, en el cual
expone los errores de numerosas aspirantes a cuadraturas del círculo,
comparándolas con miles de moscas revoloteando alrededor de un elefante, cada
una de ella reclamando ser «mayores que el cuadrúpedo». En 1992, Underwood
Dudley continuó la tarea en Mathematical Cranks. Por supuesto,
puedes explorar aproximaciones geométricas a π y construcciones usando otros
instrumentos. Pero, por favor, entiende que una construcción con regla y compás
en el sentido clásico estricto no existe.
§. Número de oro
Este
número era conocido en la Grecia antigua, con relación a los pentágonos
regulares y el dodecaedro en la geometría euclidiana. Se asocia con la
secuencia de los números de Fibonacci [véase 8] y explica algunos patrones
curiosos en la estructura de plantas y flores. Comúnmente llamado «número de
oro», parece haber recibido ese nombre entre 1826 y 1835. Se han promovido
ampliamente sus propiedades místicas y estéticas, pero la mayoría de estos
reclamos están sobrevalorados, algunos están basados en estadísticas
sospechosas y muchos de ellos no tienen ninguna base en absoluto. El número de
oro, sin embargo, sí que tiene algunas características matemáticas notables,
incluyendo vínculos con los números de Fibonacci y conexiones genuinas con el
mundo natural, especialmente, así como con la numerología y la geometría de las
plantas.
Geometría
griega
El
número φ («phi» griego, a veces escrito con una notación
diferente: τ, «tau» griega) surge por primera vez en matemáticas en
conexión con la geometría del pentágono regular en los Elementos de
Euclides. Siguiendo la práctica estándar de la época, tuvo una interpretación
geométrica, no numérica.
Hay una fórmula exacta para φ, que enseguida veremos. Con seis
cifras decimales:
φ =
1,618034
Y
con 100 es:
φ = 1,618 033 988 749 894 848 204 586 834 365 638 117 720 309 179
805 762 862 135 448 622 705 260 462 818 902 449 707 207 204 189 391 137 5
Una característica distintiva de φ aparece si calculamos su
inverso 1/φ. De nuevo, con seis cifras decimales:
1/φ
= 0,618034
Esto
sugiere que φ = 1 + 1/φ Esta relación puede escribirse como
una ecuación cuadrática φ2 = φ +
1, o en la forma estándar:
φ2 – φ –
1 = 0
El
álgebra de las ecuaciones cuadráticas muestra que esta ecuación tiene dos
soluciones:
Numéricamente,
estas son 1,618034 y –0,618034. Tomamos la solución positiva como la definición
de φ. De modo que
y de
hecho, es el caso en que φ = 1 + 1/φ, exactamente.
Conexión
con pentágonos
El
número de oro aparece en la geometría del pentágono regular. Empieza con un
pentágono regular cuyos lados tienen longitud 1.
Figura 102. Un pentágono regular y sus diagonales.
Dibuja
las cinco diagonales para hacer una estrella de cinco puntas. Euclides probó
que cada diagonal tiene la longitud igual al número de oro.
Más concretamente, Euclides trabajó con «la división en media y extrema razón».
Es una forma de cortar un segmento en dos partes de modo que la razón de la
parte mayor respecto a la menor es igual a la razón de todo el segmento
respecto a la parte mayor.
Figura 103. División en media y extrema razón: la razón de la longitud gris
oscuro (1) respecto a la gris claro (x – 1) es igual a la razón entre la
longitud negra (x) respecto a la gris oscura (1).
¿A
qué número nos dirige este proceso? En símbolos, supongamos que el segmento
negro tiene longitud x y el gris oscuro tiene longitud 1.
Entonces, la longitud del segmento gris claro es x– 1. De modo que
la condición de la división en media y extrema razón se reduce a la ecuación:
Que
operando queda:
x2 – x -
1 = 0
Esta
es la ecuación que define el número de oro, y queremos la solución que es mayor
que 1, es decir, φ.
Euclides observó que en la imagen del pentágono, los lados dividen a la
diagonal en media y extrema razón, lo cual le permitió construir un pentágono
regular con los instrumentos tradicionales: regla y compás [véase 17]. Y el
pentágono era importante para los griegos por formar las caras de uno de los
cinco sólidos regulares, el dodecaedro. El clímax de Elementos es
una prueba de que existen exactamente cinco sólidos regulares [véase 5].
Números
de Fibonacci
El
número de oro está muy relacionado con los números de Fibonacci, introducidos
en 1202 por Leonardo de Pisa [véase 8]. Recuerda que esta secuencia de números
empieza:
1 1
2 3 5 8 13 21 34 55 89 144 233
Cada
número, tras los dos primeros, se obtiene sumando los dos anteriores:
1 +
1 = 2
1 + 2 = 3
2 + 3 = 5
3 + 5 = 8…
y
así sucesivamente. Las razones de números de Fibonacci consecutivos se van
aproximando cada vez más al número de oro.
y
esta propiedad puede probarse a partir de la regla para formar la secuencia y
la ecuación cuadrática para φ.
A la inversa, podemos expresar los números de Fibonacci en términos del número
de oro [véase 8]:
Aparición
en plantas
Durante
más de dos mil años, la gente ha observado que los números de Fibonacci son muy
comunes en el reino vegetal. Por ejemplo, muchas flores, especialmente de la
familia de las margaritas, tienen un número de Fibonacci de pétalos. Las
caléndulas suelen tener 13 pétalos. Las ásteres tienen 21. Muchas margaritas
tienen 34 pétalos; si no, 55 o 89. Los girasoles tienen normalmente 55, 89 o
144 pétalos.
Otros números son más raros, aunque se dan; por ejemplo, las fucsias tienen 4
pétalos. En estas excepciones a menudo están involucrados los números de Lucas:
4, 7, 11, 18 y 29, que se forman del mismo modo que los números de Fibonacci
pero empezando con 1 y 3. Más adelante veremos algunos ejemplos.
Los mismos números aparecen en otras cuantas características de las plantas.
Una piña tiene aproximadamente un patrón hexagonal en su superficie; los
hexágonos son frutos individuales, que se fusionan cuando crecen. Encajan unos
con otros en dos familias de espirales engranadas. Una familia va en sentido
antihorario, vista desde arriba, y contiene 8 espirales; la otra va en sentido
horario y contiene 13. También es posible ver una tercera familia de 5
espirales, girando en sentido horario con un ángulo menos pronunciado.
Las escamas de piñas de piñones forman un conjunto similar de espirales.
También lo hacen las semillas en la cabeza de un girasol maduro, pero en este
caso las espirales están en el plano.
Figura 104. Izquierda: tres familias de espirales en una piña. Derecha:
familia de 13 espirales en sentido antihorario en una piña de piñones.
La
clave para la geometría de las espirales del girasol es el número de oro, el
cual a su vez explica que aparezcan los números de Fibonacci. Divide una
circunferencia completa (360º) en dos arcos que estén en proporción áurea, de
modo que el ángulo determinado por el arco mayor es φ veces el ángulo
determinado por el arco menor. Entonces el arco más pequeño es 1/(1+φ) veces
una circunferencia completa. Este ángulo, llamado «ángulo de oro», es
aproximadamente 137,5º.
Figura 105. Las espirales de Fibonacci en la cabeza del girasol. Izquierda:
situación de las semillas. Derecha: miembros de dos familias de espirales;
sentido horario (gris claro) y antihorario (gris oscuro).
En
1868, el botánico alemán Wilhelm Hofmeister observó cómo cambia el brote de una
planta y estableció las bases para el trabajo sobre este problema que vino a
continuación. El patrón básico del desarrollo está determinado por lo que
sucede en el meristemo apical. Depende de pequeños grupos de células conocidas
como «primordios», las cuales finalmente se convierten en semillas. Hofmeister
descubrió que primordios consecutivos están en espiral, cada uno está separado
de su predecesor por el ángulo de oro A, de modo que la semilla
enésima tiene un ángulo nA y la distancia desde el centro es
proporcional a la raíz cuadrada de n.
Esta observación explica el patrón de semillas en la cabeza de un girasol.
Puede obtenerse colocando semillas consecutivas en ángulos que son múltiplos
enteros del ángulo de oro. La distancia desde el centro debería ser
proporcional a la raíz cuadrada del número que nos ocupa. Si llamamos al ángulo
de oro A, entonces las semillas van formando los ángulos:
A 2A 3A 4A 5A 6A...
y
distancias proporcionales a:
1 √2
√3 √4 √5 √6...
En
flores como las margaritas, los pétalos se forman en el extremo exterior de una
familia de espirales. De modo que el número de Fibonacci de espirales implica
un número de Fibonacci de pétalos. Pero ¿por qué tenemos números de Fibonacci
para las espirales?
Debido al ángulo de oro.
En 1979, Helmut Vogel usó la geometría de las semillas de girasol para explicar
por qué se da el ángulo de oro. Calculó qué sucedería a la inflorescencia si se
empleaba la misma espiral, pero el ángulo de oro de 137,5º se cambiaba un poco.
El resultado fue que solo el ángulo de oro lleva a semillas que están puestas
juntas, sin huecos o superposiciones. Incluso un cambio en el ángulo de una
décima de grado provoca que el patrón se convierta en una única familia de
espirales, con huecos entre las semillas. Esto explica por qué el ángulo de oro
es especial y no es solo una coincidencia numérica.
Figura 106. Colocación de semillas consecutivas usando los ángulos 137º,
137,5º y 138º. Solo el ángulo de oro sitúa las semillas cuidadosamente.
Sin
embargo, una explicación completa profundiza más en la cuestión. A medida que
las células crecen y se mueven, crean fuerzas que afectan a las células
vecinas. En 1992, Stéphane Douady e Yves Couder investigaron las mecánicas de
esos sistemas usando tanto experimentos como simulaciones por ordenador.
Encontraron que los ángulos entre las semillas consecutivas son aproximaciones
de fracciones de Fibonacci al ángulo de oro.
Su teoría también explica la confusa aparición de números que no son de
Fibonacci, como los cuatro pétalos de la fucsia. Estas excepciones vienen de
una sucesión muy parecida a la sucesión de Fibonacci y se llaman «números de
Lucas»:
1 3
4 7 11 18 29 47 76 123...
La
fórmula para estos números es:
Ln = φn +
(–φ)–n
muy
parecida a la fórmula para los números de Fibonacci que vimos anteriormente.
Los 4 pétalos de la fucsia son un ejemplo de un número de Lucas de pétalos.
Algunos cactus exhiben un patrón de 4 espirales en una dirección y 7 en otra, u
11 en una dirección y 18 en la otra. Una especie de echinocactus tiene 29
nervios. Se han encontrado conjuntos de 47 y 76 espirales en girasoles.
Una de las áreas importantes de matemática aplicada es la teoría de la
elasticidad, que estudia cómo los materiales se doblan o ceden cuando se les
aplican fuerzas. Por ejemplo, esta teoría explica cómo vigas u hojas de metal
se comportan en edificios y puentes. En 2004, Patrick Shipman y Alan Newell
aplicaron teoría de elasticidad para modelizar el brote de una planta
creciendo, con particular énfasis en los cactus. Modelizaron la formación del
primordio como abollándose en la superficie de la punta del brote y mostraron
que esto llevaba a patrones superpuestos de ondas paralelas. Estos patrones
están gobernados por dos factores: números de onda y dirección. Los patrones
más importantes involucran la interacción de tres de esas ondas, y el número de
onda para una onda debe ser la suma de los otros dos números de onda. Las
espirales en la piña son un ejemplo, con números de onda 5, 8 y 13. Su teoría
busca el origen de los números de Fibonacci directamente en la aritmética de
los patrones de ondas.
¿Qué ocurre con la bioquímica subyacente? La formación del primordio está
dirigida por una hormona llamada «auxina», en cuya distribución surgen patrones
de ondas parecidos. De modo que la explicación completa de los números de
Fibonacci y el ángulo de oro supone una interacción entre bioquímica, fuerzas
mecánicas entre células y geometría. La auxina estimula el crecimiento del
primordio. Los primordios ejercen fuerzas entre sí. Estas fuerzas crean la
geometría. Significativamente, la geometría, a su vez, afecta a la bioquímica
desencadenando la producción de auxina extra en lugares específicos. De modo
que hay un conjunto complejo de trayectorias de retroalimentación entre la
bioquímica, la mecánica y la geometría.
§. Logaritmos naturales e ≈ 2,718281
Después de π, el siguiente número raro que nos encontramos, normalmente en
cálculo, se llama «e», por «exponencial». Fue analizado por primera vez
por Jacob Bernoulli en 1683. Aparece en problemas sobre interés compuesto,
llevó a los logaritmos, y nos dice cómo variables como la temperatura, la
radiactividad o la población humana crecen o disminuyen. Euler lo vinculó a π
e i.
Tipo
de interés
Cuando
pedimos un préstamo o invertimos, quizá tengamos que pagar, o nos darán, un
interés sobre la cantidad en cuestión. Por ejemplo, si invertimos 100 € con un
tipo de interés del 10 % anual, entonces obtenemos 110 € de vuelta tras un año.
Por supuesto, en esta época de crisis financiera el 10 % parece un interés
sobre los depósitos tan alto que no es realista, pero a la vez tan bajo que
tampoco es realista como interés sobre préstamos, especialmente con créditos
personales a un TAE del 5.853 %. Sea lo que sea, es una cifra apropiada para
propósitos ilustrativos.
A menudo, el interés es compuesto. Es decir, el interés se suma a
la cantidad original y el interés se paga entonces sobre el total. A un tipo de
interés compuesto de un 10 %, el interés sobre 110 € durante el siguiente año
será 11 €, mientras que un segundo año de interés sobre la suma original sería
solo de 10 €. Por lo tanto, tras dos años de un interés compuesto del 10 %,
tendríamos 121 €. Un tercer año de interés compuesto sumaría 12,10 € a lo
anterior, un total de 133,10 €, y un cuarto año haría el total de 146,41 €.
La constante matemática conocida como «e» aparece si imaginamos un tipo de
interés de un 100 %, de modo que tras cierto período fijo de tiempo, por
ejemplo un siglo, nuestro dinero se dobla. Para cada 1 € que invertimos,
obtenemos de vuelta tras ese período 2 €.
Supongamos que en lugar del 100 % de interés durante un siglo, aplicamos un
tipo del 50 % (la mitad) durante medio siglo (el doble de frecuencia), y
componemos eso. Después de medio siglo, tenemos en euros:
1 +
0,5 = 1,5
Después
de la segunda mitad, tenemos:
1,5
+ 0,75 = 2,25
La
cantidad que obtenemos de vuelta es mayor.
Si dividimos el siglo en tres períodos iguales, y dividimos el tipo de interés
por 3, nuestro 1 € crece como se indica a continuación, truncando a diez cifras
decimales:
Después de un período de 1/3: 1,3333333333
Después de un período de 2/3: 1,7777777777
Después de un período: 2,3703703704que, de nuevo, es mayor.
Hay un patrón en los números anteriores:
1 =
(11/3)0
1,3333333333 = (11/3)1
1,7777777777 = (11/3)2
2,3703703704 = (11/3)3
Los
matemáticos se preguntaron qué sucedía al aplicar el tipo de interés
continuamente, es decir, durante fracciones cada vez más pequeñas del período.
En ese caso es cuando surge un patrón: si dividimos el período en n partes
iguales, con un tipo de interés del 1/π, entonces al final del período
tendríamos:
(1
+ 1/n)n
El
interés compuesto continuamente se corresponde a hacer que n pase
a ser extremamente grande. Probemos con algunos números (de nuevo calculamos
hasta diez cifras decimales):
|
Tabla 10 |
|
|
n |
(1 + 1/n)n |
|
2 |
2,2500000000 |
|
3 |
2,3703703704 |
|
4 |
2,4414062500 |
|
5 |
2,4883200000 |
|
10 |
2,5937424601 |
|
100 |
2,7048138294 |
|
1.000 |
2,7169239322 |
|
10.000 |
2,7181459268 |
|
100.000 |
2,7182682372 |
|
1.000.000 |
2,7182816925 |
|
10.000.000 |
2,7182816925 |
Tenemos que tomar valores muy grandes de n para ver el patrón,
pero parece como si el límite, cuando n se hace muy
grande, 1 + 1 n, se acercase más y más a un
número fijo, aproximadamente igual a 2,71828. Esto resulta ser cierto, y los
matemáticos definen un número especial, llamado «e», que es el valor del
límite:
donde
el símbolo lim significa «permitamos que n se
haga infinitamente grande y veamos hacia qué valor tiende a establecerse la
expresión». Para 100 cifras decimales:
e = 2, 718 281 828 459 045 235 360 287 471 352 662 497 757 247 093
699 959 574 966 967 627 724 076 630 353 575 945 713 821 785
Es otro de esos números extraños que, como π, tiene una expresión decimal
infinita pero nunca repite el mismo bloque de cifras una y otra vez. Es decir,
e es irracional [véanse √2, π]. A diferencia de π, la prueba de que e es
irracional es fácil, Euler la descubrió en 1737, pero no se publicó hasta siete
años más tarde.
Euler calculó las primeras 23 cifras de e en 1748, y una serie de matemáticos
posteriores mejoraron su resultado. En 2010 Shigeru Kondo y Alexander Yee
habían calculado el primer billón de cifras decimales de e. Usaron un ordenador
potente y un método mejorado.
Logaritmos
naturales
En
1614, John Napier, octavo terrateniente de Merchistoun (ahora Merchiston, parte
de la ciudad escocesa de Edimburgo), escribió un libro con el título Mirifici
Logarithmorum Canonis Descriptio («Descripción del maravilloso canon
de los logaritmos»). Parece que él mismo inventó la palabra logaritmo,
del griego logos, «proporción», y arithmos, «número».
Introdujo la idea de la siguiente manera:
Como
no hay nada más tedioso, colegas matemáticos, en la práctica de las artes
matemáticas, que el gran retraso sufrido en el hastío de largas
multiplicaciones y divisiones, el hallazgo de razones y en la extracción de las
raíces cuadradas y cúbicas, y los muchos errores resbaladizos que pueden
surgir, he estado, por lo tanto, dando vueltas en mi mente a una técnica segura
y diligente que podría ser capaz de mejorar y sobreponerse a estas
dificultades. Al final, tras mucho pensamiento, he encontrado un modo increíble
de acortar los procedimientos... Es una grata tarea establecer el método para
el uso público de los matemáticos.
Napier
sabía, debido a experiencias personales, que muchos problemas científicos,
especialmente en astronomía, requerían multiplicar números complicados entre
sí, o encontrar raíces cuadradas y raíces cúbicas. En una época en la que no
había electricidad, no digamos ordenadores, los cálculos tenían que hacerse a
mano. Sumar dos decimales era razonablemente sencillo, pero multiplicarlos era
mucho más difícil. De modo que Napier inventó un método para convertir la
multiplicación en suma. El truco era trabajar con potencias de un número fijo.
En álgebra, las potencias de una incógnita x están indicadas
por un número pequeño elevado. Es decir, xx = x2, xxx = x3, xxxx
= x4, y así sucesivamente, donde colocar dos letras juntas
significa que habría que multiplicarlas. Por ejemplo, 103 = 10
×10 × 10 = 1.000 y 104 = 10 × 10 × 10 × 10 = 10.000.
Multiplicar dos de estas expresiones es fácil. Por ejemplo, supongamos que
quieres calcular 104 × 103. Lo escribes:
10.000
× 1.000 = (10 × 10 × 10 × 10) × (10 × 10 × 10) =
= 10
× 10 × 10 × 10 × 10 × 10 × 10 =
=
10.000.000
El
número de ceros en la respuesta es 7, que es igual a 4 + 3. El primer paso en
los cálculos muestra por qué es 4 + 3; ponemos cuatro 10 y
tres 10 unos junto a los otros. De modo que:
104 ×
103 = 104 + 3 = 107
Del
mismo modo, cualquiera que sea el valor de x, si multiplicamos su
potencia a-ésima por su potencia b-ésima, donde a y b son
números enteros, entonces tenemos que la potencia (a + b)-ésima:
xaxb = xa
+ b
Es
más interesante de lo que parece, porque a la izquierda multiplicamos una
cantidad por otra, mientras que a la derecha el paso principal es sumar a y b,
lo cual es más fácil.
Ser capaz de multiplicar potencias enteras de 10 no es un gran avance. Pero la
misma idea puede extenderse para hacer cálculos más útiles.
Supongamos que quieres multiplicar 1,484 por 1,683. Haciendo toda la
multiplicación obtienes 2,497572, que redondeado a tres cifras decimales es
2,498. En su lugar, podemos usar la fórmula xaxb = xa
+ b haciendo una elección apropiada de x. Si tomamos x igual
a 1,001, entonces un poco de aritmética nos desvela que:
1,001395 =
1,484
1,001521 =
1,683
redondeando
a tres cifras decimales. La fórmula nos dice entonces que 1,484 ×1,683 es:
1,001395
+ 521 = 1,001916
el
cual redondeando a tres cifras decimales es 2,498. ¡No está mal!
El núcleo del cálculo es una suma fácil: 395 + 521 = 916. Sin embargo, a
primera vista este método hace el problema más difícil. Para calcular 1,001395,
tienes que multiplicar 1,001 por sí mismo 395 veces y lo mismo se aplica para
otras dos potencias. De modo que esto parece una idea bastante poco útil. El
gran avance de Napier fue que esta objeción era errónea. Pero para vencerla,
alguien tiene que hacer el trabajo pesado de calcular muchas potencias de
1,001, empezando con 1,0012 y seguir hasta algo como 1,00110.000.
Cuando publicaron una tabla de estas potencias, todo el trabajo duro estaba
hecho. Tan solo tienes que recorrer con tus dedos las sucesivas potencias hasta
que veas 1,484 al lado de 395. De manera parecida localizas 1,683 al lado de
521. Luego sumas estos dos números para obtener 916. La fila correspondiente de
la tabla te dice que esta potencia de 1,001 es 2,498. Trabajo acabado.
En el contexto de este ejemplo, decimos que la potencia de 395 es el logaritmodel
número 1,484, y la de 521 es el logaritmo del número 1,683. De manera similar
916 es el logaritmo de su producto, 2,498. Escribimos log como una abreviatura,
y lo que hemos hecho nos lleva a la ecuación:
log ab =
log a + log b
la
cual es válida para cualquier número a y b. La
elección bastante arbitraria de 1,001 se llama «base». Si usamos una base
diferente, los logaritmos que calculamos son también diferentes, pero para
cualquier base fija todo funciona del mismo modo.
Mejora
de Briggs
Esto
es lo que Napier debería haber hecho, pero por alguna razón hizo algo
ligeramente distinto, y no tan conveniente. Un matemático llamado Henry Briggs
estaba fascinado por el avance de Napier. Pero al ser el típico matemático,
antes de que la tinta se secara en el papel ya empezó a preguntarse si había
algún modo de simplificar todo. Y lo había. Primero, reescribió la idea de
Napier para que funcionase en el modo que acabo de describir. Después, observó
que usar potencias de un número como 1,001 se reduce a usar potencias de (una
aproximación de) ese número especial e.
La potencia 1.000, 1,0011.000 es igual a (1 + 1/1000)1000 y
esto debe ser próximo a e, por la definición de e. Basta tomar n =
1.000 en la fórmula (1 + 1/n)n.
Así, en lugar de escribir:
1,001395 =
1,484
podemos
escribir
(1,0011.000)0,395
= 1,484
Ahora
1,0011.000 está muy próximo a e, de modo que una
aproximación razonable es:
e0,
395 = 1,484
Para
obtener resultados más precisos, usamos potencias de algo mucho más cerca de 1,
como 1,000001. Ahora 1,0000011.000.000 es todavía más próximo
a e. Esto hace la tabla mucho más grande, con aproximadamente un
millón de potencias. Calcular esa tabla es una labor enorme, pero tiene que
hacerse solo una vez. Si una persona lleva a cabo ese esfuerzo, las
generaciones que le sucedan se habrán ahorrado una cantidad gigantesca de
aritmética. Y no es tan duro multiplicar un número por 1,000001. Tan solo
tienes que ser muy cuidadoso para no cometer ningún fallo.
Esta versión de la mejora de Briggs redujo la definición del logaritmo natural
de un número a ser la potencia a la cual hay que elevar e para obtener ese
número. Es decir:
elogx = x
para
cualquier x. Ahora:
log xy =
log x + log y
y
una tabla de logaritmos naturales, una vez calculados, reduce cualquier
problema de multiplicaciones a un problema de sumas.
Sin embargo, la idea se hace todavía más sencilla para cálculos prácticos si
reemplazamos e por 10, de modo que 10 log x = x. Ahora
tenemos logaritmos en base 10, que se escriben como log10x.
La clave es que ahora log10 10 = 1, log10100 = 2 y
así sucesivamente. Una vez conoces los logaritmos de base 10 de los números
entre 1 y 10, todos los otros logaritmos se pueden hallar fácilmente. Por
ejemplo:
log10 2
= 0,3010
log10 20 = 1,3010
log10 200 = 2,3010
y
así sucesivamente.
Los logaritmos de base 10 son más sencillos para aritmética en la práctica
porque usamos el sistema decimal. Pero en matemáticas avanzadas no hay nada
terriblemente especial en 10. Podríamos usar cualquier otro número como base
para la notación. Resulta que los logaritmos naturales de Briggs, en base e,
son más fundamentales en matemáticas avanzadas.
Entre las muchas propiedades de e, aquí mencionaré solo una. Aparece en la
aproximación de Stirling al factorial, la cual es muy útil cuando n se
hace grande:
Crecimiento
y decrecimiento exponencial
El
número e aparece por todas partes en ciencia porque es básico
en cualquier proceso natural en el cual, en cualquier momento dado, el ritmo de
crecimiento (o decrecimiento) de cualquier cantidad es proporcional al valor de
la cantidad en ese momento. Escribimos x’ para el ritmo al
cual la cantidad x cambia. Ese proceso es descrito por la
ecuación diferencial:
x’ = kx
para
una constante k. Por cálculo, la solución es:
x = x0ekt
en
el momento t, donde x0 es el valor
inicial en el momento t = 0.
Figura 107. Izquierda: crecimiento exponencial ekt para k = 0,1, 0,2, ...,
1. Derecha: decrecimiento exponencial e–kt para k = 0,1, 0,2, ..., 1.
Crecimiento
exponencial
Cuando k es
positivo, x0ekt crece cada vez
más rápido a medida que lo hace t; esto es crecimiento
exponencial.
Por ejemplo, x podría ser el tamaño de una población de
animales. Si no hay límites para sus recursos de alimento y hábitat, la
población crece a un ritmo que es proporcional a su tamaño, de modo que se
aplica el modelo exponencial. Finalmente, el tamaño de la población se hace tan
grande que no es realista. En la práctica, el alimento o el hábitat o algún
otro recurso empieza a escasear, limitando el tamaño, y se deben usar modelos
más sofisticados. Pero este modelo sencillo tiene la virtud de mostrar que un
crecimiento sin restricciones a un ritmo constante no es realista.
La población humana total sobre la Tierra ha crecido casi exponencialmente
durante la mayor parte de la historia de la que se tiene registro, pero hay
signos de que el ritmo de crecimiento podría haberse ralentizado hacia 1980. Si
no, estamos ante un gran problema. Proyecciones de la población futura asumen
que esta tendencia continuará, pero incluso así hay una incertidumbre
considerable. Naciones Unidas estima para 2100 un rango entre 6.000 millones
(menos que la población actual, justo por debajo de los 7.000 millones) y
16.000 millones (más del doble que la población actual).
Figura 108. Crecimiento de la población mundial.
Decrecimiento
exponencial
Cuando k es
negativo, x0ekt decrece cada vez
más rápido a medida que t aumenta; esto es decrecimiento
exponencial.
Los ejemplos incluyen el enfriamiento de un cuerpo caliente y la radiactividad.
Los elementos radiactivos se transforman en otros a través de procesos
nucleares, y emiten partículas nucleares como radiación. El nivel de
radiactividad decrece exponencialmente en el tiempo. De modo que el nivel de
radiactividad x(t) en el momento t sigue la
ecuación:
x(t)
= x0e–kt
donde x0 es
el nivel inicial y k es una constante positiva, que depende
del elemento en cuestión.
Se trata de una medida conveniente del tiempo para la cual la radiactividad
persiste es el período de semi desintegración, un concepto
introducido en 1907. Es el tiempo que necesita un nivel inicial x0 para
reducirse a la mitad de su tamaño. Supongamos que el período de semi
desintegración es 1 semana, por ejemplo. Entonces el ritmo original al cual el
material emite radiaciones es la mitad después de 1 semana, se reduce a un
cuarto después de 2 semanas, un octavo después de 3 semanas, y así
sucesivamente. Se necesitan 10 semanas para reducirlo a una milésima de su
nivel original (realmente 1/1024) y 20 semanas para
reducirlo a una millonésima.
Para calcular el período de semi desintegración, solucionamos la ecuación:
Tomando
logaritmos en ambas partes, el resultado es:
La
constante k es conocida a partir de experimentos.
En accidentes con reactores nucleares actuales, los productos radiactivos más
importantes son yodo-131 y cesio-137. El primero puede causar cáncer de
tiroides, porque esa glándula concentra yodo. El período de semi desintegración
del yodo-131 es solo 8 días, de modo que provoca poco daño si se dispone de la
medicación apropiada (principalmente pastillas de yodo). El cesio-137 tiene un
período de semi desintegración de 30 años, de modo que necesita alrededor de
200 años para que el nivel de radiactividad se reduzca a una centésima de su
valor inicial. Por lo tanto, el peligro permanece durante un largo período de
tiempo a menos que pueda limpiarse.
Conexión
entre e y π(Fórmula de Euler)
En
1748, Euler descubrió una conexión notable entre e y π. Suele decirse que es la
fórmula matemática más bella. Se necesita el número imaginario i también.
La fórmula es esta:
eiπ =
–1
Puede
explicarse usando una conexión sorprendente entre el exponencial complejo y
funciones trigonométricas, en concreto:
eiθ =
cos θ + i sen θ
la
cual se determina más fácilmente usando métodos del cálculo. En ella, el
ángulo θ se mide en radianes, una unidad en la cual el círculo
completo de 360º es igual a 2π radianes, considerando la circunferencia de
radio 1. La medida del radián es un estándar en matemáticas avanzadas por hacer
todas las fórmulas más sencillas. Para obtener la fórmula de Euler, sea θ =
π. Entonces cos π = –1, sen π = 0, de modo que eiπ = cos π + i sen
π = 1 + i·0 = –1
Una prueba alternativa usando la teoría de ecuaciones diferenciales sigue la
pista a la ecuación hasta la geometría del plano complejo, y tiene la virtud de
explicar cómo π entra en juego. Intentaré hacer un boceto. La ecuación de Euler
funciona porque multiplicar números complejos por i rota el plano complejo en
un ángulo recto.
Si medimos con radianes, que es lo que usan los matemáticos para
investigaciones teóricas, principalmente porque hace las fórmulas del cálculo
más sencillas, un ángulo está definido por la longitud del arco correspondiente
de la circunferencia unidad. Como la semicircunferencia unidad tiene longitud
π, un ángulo recto es π/2 radianes. Usando ecuaciones diferenciales puede
demostrarse que para cualquier número real x, multiplicando por el
número complejo eix se rota el plano complejo en x radianes.
En concreto, multiplicado por ei(π/2) lo rota un
ángulo recto. Pero eso es lo que hace i. De modo que:
ei(π/2) =
i
Elevando
al cuadrado ambos lados, obtenemos la fórmula de Euler.
log
3/log 2 ≈ 1,584962
§.
Fractales
Este curioso número, como 466/885, es una propiedad básica del triángulo de
Sierpiński, pero este caracteriza lo ondulada o rugosa que es la famosa curva
patológica de Sierpiński. Las preguntas como esta surgen en geometría fractal,
un nuevo modo de modelizar formas complejas en la naturaleza. Ahí generaliza el
concepto de dimensión. Uno de los fractales más famosos, el conjunto de
Mandelbrot, es una forma infinitamente compleja definida por un proceso muy
simple.
Fractales
El
triángulo de Sierpiński [véase 466/885] es uno de un
pequeño zoo de ejemplos que fueron creados a principios del siglo XX, a los
cuales en ese momento se les dio un nombre bastante negativo de «curvas
patológicas». Incluyen el copo de nieve de Helge von Koch y las curvas que
recubren el plano de Giuseppe Peano y David Hilbert.
En la época, estas curvas necesitaban un tiempo para ser apreciadas:
contraejemplos a afirmaciones matemáticas más o menos plausibles que eran en
realidad falsas. La curva del copo de nieve es continua, pero no diferenciable
en ningún punto, es decir, no se parte en ningún lado, pero está dentada en
todas partes. Tiene longitud infinita, aunque encierra un área finita. Las
curvas que recubren el espacio no son solo muy densas, sino que recubren el
espacio. Cuando la construcción se lleva a cabo con frecuencia infinita, las
curvas resultantes pasan a través de todo punto dentro del
cuadrado sólido.
Figura 109. Izquierda: curva del copo de nieve. Derecha: etapas sucesivas en
la construcción de la curva de Hilbert.
Algunos
de los matemáticos más conservadores se burlaron de esas curvas, pues las
consideraban intelectualmente estériles. Hilbert fue una de las pocas figuras
que lideraban en la época que reconoció su importancia en ayudar a hacer las
matemáticas rigurosas e iluminar sus bases lógicas y expresó un apoyo
entusiasta para que sus extrañas propiedades se tomaran en serio.
En la actualidad vemos estas curvas con una perspectiva más positiva: fueron
pasos tempranos hacia un área nueva de las matemáticas: la geometría
fractal, de la cual Mandelbrot fue pionero en la década de los setenta del
siglo XX. Las curvas patológicas fueron inventadas por razones puramente
matemáticas, pero Mandelbrot se dio cuenta de que formas similares podían
arrojar luz sobre irregularidades en el mundo natural. Indicó que triángulos,
cuadrados, círculos, conos, esferas y otras formas tradicionales de la
geometría euclidiana no tenían una estructura refinada. Si aumentas una
circunferencia, parece una recta uniforme. Sin embargo, muchas de las formas de
la naturaleza tienen una estructura compleja en escalas muy pequeñas.
Mandelbrot escribió: «Las nubes no son esferas, las montañas no son conos, las
costas no son circunferencias y la corteza no es lisa, ni los rayos viajan en
línea recta». Todo el mundo lo sabía, por supuesto, pero Mandelbrot comprendió
su significado.
No estaba reclamando que las formas euclídeas no sean útiles. Tienen un papel
notorio en ciencia. Por ejemplo, los planetas son aproximadamente esféricos, y
para los primeros astrónomos esta fue una aproximación útil. Aparece una mejor
aproximación si la esfera es aplastada para formar un elipsoide, el cual de
nuevo es una forma euclidiana sencilla. Pero para algunos fines, las formas
sencillas no ayudan demasiado. Los árboles tienen ramas cada vez más pequeñas,
las nubes son masas amorfas, las montañas están dentadas y las líneas de costa
son serpenteantes. Comprender estas formas matemáticamente y resolver problemas
científicos sobre ellas requiere una nueva aproximación.
Piensa en las líneas de costa. Mandelbrot se dio cuenta de que se parecían
bastante en un mapa, a cualquier escala. Un mapa con una escala grande muestra
más detalle, con ondulaciones extra, pero el resultado se parece mucho a la
línea de costa en un mapa a escala más pequeña. La forma exacta de la línea de
costa cambia, pero la «textura» permanece bastante igual. De hecho, la mayoría
de las características estadísticas de la línea de costa, como la proporción de
bahías que tienen un tamaño relativo dado, son las mismas sin importar la
escala del mapa empleada.
Mandelbrot introdujo la palabra «fractal» para describir cualquier forma que
tuviese una estructura compleja sin importar cuánto la magnificases. Si la
estructura en escalas pequeñas es la misma que en las grandes, el fractal se
dice que es auto similar. Si solo las características estadísticas
no varían con el cambio de escala, es auto similar estadísticamente.
Los fractales más fáciles de entender son los auto similares. El triángulo de
Sierpiński [véase 466/885] es un ejemplo. Está hecho
de tres copias de sí mismo, cada uno de la mitad de tamaño.
Figura 110. El triángulo de Sierpiński.
El
copo de nieve es otro ejemplo. Puede formarse a partir de tres copias de la
curva mostrada en la imagen de la derecha de la Figura 111. Este componente
(aunque no todo el copo de nieve) es exactamente auto similar. Las etapas
consecutivas en la construcción se forman con cuatro copias de la etapa
anterior, cada una un tercio más grande. En el límite infinito, obtenemos una
curva infinitamente compleja que se construye a partir de cuatro copias de sí
misma, cada una de un tercio del tamaño.
Esta forma es demasiado regular para representar una línea de costa real, pero
tiene aproximadamente el grado de ondulación correcto, y curvas irregulares
formadas de un modo similar pero con variaciones aleatorias se parecen a líneas
de costa genuinas.
Los fractales están extendidos por todo el mundo natural. Siendo más precisos:
formas que pueden ser modeladas por fractales de manera
rentable son comunes. No hay objetos matemáticos en el mundo real, son todos
conceptos. Un tipo de coliflor llamada romanesco está hecha de minúsculos
grumos, cada uno de los cuales tiene la misma forma que toda la coliflor. Las
aplicaciones de los fractales van desde la estructura delicada de los minerales
a la distribución de la materia en el universo. Los fractales se han usado como
antenas para teléfonos móviles, para embutir grandes cantidades de datos en CD
y DVD y para detectar células cancerígenas. Y de modo regular aparecen nuevas
aplicaciones.
Figura 111. La curva del copo de nieve y las sucesivas etapas en su
construcción.
Figura 112. Cada cuarto de la curva, reducido en tres veces su tamaño, se
parece a la curva original.
Figura 113. Romanesco
Dimensión
fractal
La
ondulación de un fractal o su efectividad rellenando el espacio pueden
representarse por un número llamado «dimensión fractal». Para comprenderlo,
primero consideramos formas no fractales más sencillas.
Si dividimos una recta en partes que sean 1/5 del
tamaño, necesitamos 5 de ellas para reconstruir la recta. Al hacer lo mismo con
un cuadrado, necesitamos 25 partes, que es 52. Con cubos necesitamos
125, que es 53.
Figura 114. Efecto de escalar sobre «cubos» en dimensión 1, 2 y 3.
La
potencia de 5 que aparece es igual a la dimensión de la forma: 1 para una
recta, 2 para un cuadrado, 3 para un cubo. Si la dimensión es d y
tenemos que encajar juntas k partes de tamaño 1/π para volver
a montar la forma original, entonces k = nd.
Tomando logaritmos [véase e] y resolviendo para d, obtenemos la
fórmula:
Probemos
esta fórmula con el triángulo de Sierpiński. Para montar un triángulo a partir
de copias más pequeñas, necesitamos k = 3 partes, cada que sea
½ del tamaño. Por lo tanto, n = 2 y la fórmula obtenida es:
d es,
aproximadamente, 1,5849. De modo que la dimensión del triángulo de Sierpiński,
en este sentido en concreto, no es un número entero.
Cuando pensamos en dimensión en el sentido convencional, como el número de
direcciones independientes disponibles, debe ser un número natural. Pero en lo
que se refiere a fractales, estamos intentando medir lo irregulares o lo
complejos que son, o lo bien que ocupan el espacio que les rodea, no en cuántas
direcciones independientes pueden apuntar. El triángulo es visiblemente más
denso que una línea, pero menos denso que un cuadrado sólido. De modo que la
cantidad que queremos debería ser algo entre 1 (la dimensión de la recta) y 2
(la dimensión del cuadrado). Por lo tanto, no puede ser un
número natural.
Podemos encontrar la dimensión fractal de la curva de un copo de nieve del
mismo modo. Como antes, es más fácil trabajar con un tercio de la curva del
copo de nieve, una de sus tres «aristas» idénticas, porque es auto similar.
Para montar una arista de una curva del copo de nieve a partir de copias más
pequeñas de la arista, necesitamos k = 4 partes, cada
una 1/3 del tamaño, de modo que n =
3. La fórmula obtenida es:
que
es aproximadamente 1,2618. De nuevo, la dimensión fractal no es un número
entero y de nuevo tiene sentido. El copo de nieve es claramente más ondulado
que una recta, pero rellena el espacio peor que un cuadrado sólido. Otra vez,
la cantidad que queremos debería ser algo entre 1 y 2, así que 1,2618 tiene
mucho sentido. Una curva con dimensión 1,2618 es más ondulada que una curva de
dimensión 1, como una línea recta, pero es menos ondulada que una curva de
dimensión 1,5849, como es el triángulo de Sierpiński. La dimensión fractal de
la mayoría de las líneas de costa está cerca de 1,25, más como el copo de nieve
que como el triángulo de Sierpiński. Así que la dimensión es acorde con nuestra
intuición sobre cuál de estos fractales es mejor rellenando el espacio.
También da a los experimentalistas un modo cuantitativo de probar teorías
basadas en fractales. Por ejemplo, como el hollín tiene una dimensión fractal
alrededor de 1,8, los modelos fractales de la deposición del hollín, de la cual
hay muchos, puede comprobarse viendo si da ese número.
Hay muchos modos diferentes de definir la dimensión de un fractal cuando no es
auto similar. Los matemáticos usan la dimensión de
Hausdorff-Besicovitch, bastante complicada de definir. Los físicos a menudo
usan una definición más sencilla, la dimensión del conteo de cajas.
En muchos casos, aunque no siempre, estas dos nociones de dimensión son la
misma. Entonces usamos el término dimensión fractal para
referirnos a cualquiera de ellas. Los primeros fractales eran curvas, pero
pueden ser superficies, sólidos o formas de dimensiones mayores. Ahora la
dimensión fractal mide lo rugoso que es un fractal o lo efectivo que es
rellenando el espacio.
Las dos dimensiones fractales vistas son irracionales. Para el supuesto de que
con p y q enteros,
entonces q log 3 = p log 2, de modo que log 3q =
log 2p, así que 3q = 2p.
Pero esto contradice la unicidad de la factorización en primos. Un razonamiento
parecido funciona para
Es
extraordinario cómo hechos básicos como este aparecen en lugares inesperados,
¿no?
El
conjunto de Mandelbrot
Quizá
el fractal más famoso de todos es el conjunto de Mandelbrot. Representa qué
ocurre a un número complejo si repetidamente lo elevas al cuadrado y sumas una
constante. Es decir, escoges una constante compleja c, entonces
formas c2 + c, luego (c2 + c)2 +
c, luego ((c2 + c)2 + c)2 + c,
y así sucesivamente. (Hay otros modos de definir el conjunto pero este es el
más sencillo.) Geométricamente, los números complejos viven en el plano,
extendiendo la recta habitual para los números reales. Hay dos posibilidades
principales: o bien todos los números complejos en la secuencia anterior
permanecen dentro de una región finital del plano complejo, o bien no lo hacen.
Se colorea de negro esos c para los cuales la secuencia
permanece dentro de cierta región finita, y aquellos que se escapan, de blanco.
El conjunto de todos los puntos negros es el conjunto de Mandelbrot y tiene
este aspecto:
Figura 115. Conjunto de Mandelbrot.
La
frontera del conjunto de Mandelbrot, los puntos en la arista, tan cerca como
queramos tanto de los puntos negros como de los blancos, es un fractal. Su
dimensión fractal resulta ser 2, de modo que es «casi recubrimiento del
espacio». Para verlo con más detalle, podemos colorear los puntos blancos según
lo rápido que la secuencia tiende a infinito. Ahora obtenemos un diseño
extraordinariamente complejo, lleno de florituras y espirales y otras formas.
Haciendo zoom para ampliar la imagen nos lleva a niveles de
detalle cada vez mayores. Puedes incluso encontrar conjuntos de Mandelbrot
«hijos» completos si miras en los lugares correctos.
Figura 116. Un conjunto de Mandelbrot «hijo».
El
conjunto de Mandelbrot como tal parece no tener ninguna aplicación importante,
pero es uno de los sistemas dinámicos no lineales más sencillos basado en
números complejos, de modo que ha atraído la atención de matemáticos en busca
de principios generales que podrían tener una mayor aplicación. También
demuestra un punto «filosófico» clave: reglas sencillas pueden llevar a
resultados complicados, es decir, causas sencillas pueden tener efectos
complicados. Es muy tentador, cuando se intenta comprender un sistema muy
complicado, esperar que las reglas subyacentes sean igual de complicadas. El
conjunto de Mandelbrot prueba que esta expectativa puede ser errónea. Esta
percepción conforma el todo de la «ciencia de la complejidad», un área nueva
que intenta reconciliarse con sistemas aparentemente complicados, buscando
reglas sencillas que conduzcan a ellos.
§.
El número
Paquetes
de círculos
Empezamos
con la pregunta más sencilla sobre el empaquetado de círculos idénticos en el
plano. Si experimentas con unas docenas de monedas de la misma cantidad y las
empujas unas contra otras para encajar tantas como sea posible, rápidamente
encuentras que un ordenamiento aleatorio deja mucho espacio vacío. Si intentas
librarte del espacio empujando las monedas más apretadas, parece que se
empaquetan de modo más eficiente si las colocas siguiendo el patrón de un
panal.
Sin embargo, se podría pensar que algún otro orden más ingenioso las apiñe de
modo todavía más ajustado. No parece que esto sea probable, pero no hay una
prueba. Hay infinidad de modos de ordenar monedas idénticas, así que ningún
experimento puede hacerse con todos.
El patrón del panal es muy regular y simétrico, a diferencia de ordenaciones
aleatorias. Es también rígido: no puedes mover ninguna de las
monedas, porque las otras la obligan a estar en una posición fija. A primera
vista, una ordenación rígida debería rellenar el espacio de modo más eficiente,
porque no hay un modo de cambiarlo a una ordenación mejor moviendo monedas de
una en una.
Figura 117. Izquierda: un ordenamiento aleatorio deja mucho espacio
desaprovechado. Derecha: un patrón de panal se libra de la mayoría de los
huecos.
Sin
embargo, hay otros ordenamientos rígidos que son menos eficientes. Empecemos
con los dos modos obvios de empaquetar círculos en un patrón regular:
·
El entramado hexagonal o de panal, llamado así porque los
centros de los círculos forman hexágonos.
·
El entramado cuadrado, donde los círculos están ordenados como
los cuadrados de un tablero de ajedrez.
El
entramado cuadrado es también rígido, pero empaqueta los círculos de manera
menos eficiente. Si haces patrones muy grandes, el entramado hexagonal cubre
una mayor proporción del espacio en cuestión.
Figura 118. Izquierda: seis centros forman un hexágono regular. Derecha: un
empaquetado de entramado cuadrado.
Para
hacer todo esto preciso, los matemáticos definieron la densidad de un
empaquetado de círculos como el límite de la proporción de un área dada que es
cubierta por los círculos, a medida que la región se va haciendo cada vez más
grande. De modo informal, la idea es cubrir el plano entero con
círculos y averiguar qué fracción del área está cubierta. Tomándolo
literalmente, esta proporción es ∞/∞, que no tiene
significado, de modo que cubrimos cuadrados cada vez más grandes y consideramos
el límite.
Calculamos la densidad del empaquetado que usa el entramado de cuadrados. Si
cada cuadrado tiene por área la unidad, los círculos tienen radio π/2, de modo
que su área es (π/2)2 = π/4. Para muchos cuadrados y muchos
círculos, la proporción cubierta no cambia. De modo que, en el límite,
obtenemos una densidad de π/4, que es aproximadamente 0,785.
Un cálculo más complicado para el entramado hexagonal nos lleva a una densidad
de π/√12, aproximadamente 0,906, que es mayor que la densidad para el entramado
de cuadrados.
En 1773, Lagrange probó que el entramado hexagonal da el empaquetado para
círculos más denso en el plano. Pero esto dejó abierta la posibilidad de que
una colocación menos regular pudiera hacerlo mejor. Se necesitaron 150 años
para que los matemáticos eliminasen esta posibilidad poco probable. En 1892,
Axel Thue dio una conferencia bosquejando una prueba de que ningún empaquetado
de círculos en el plano puede ser más denso que el entramado hexagonal, pero
los detalles publicados son demasiados vagos para averiguar lo que la prueba
propuesta era, menos aún para decidir si era correcta. Dio una nueva prueba en
1910, pero todavía tenía algunos vacíos en la lógica. La primera prueba
completa la publicó Laszlo Fejes Tóth en 1940. Poco después, Beniamino Segre y
Kurt Mahler encontraron pruebas alternativas. En 2010, Hai-Chau Chang y
Lih-Chung Wang publicaron en la web una prueba más sencilla.
Conjetura
de Kepler
La
conjetura de Kepler trata sobre el problema análogo para empaquetar esferas
idénticas en el espacio. A principios del siglo XVII, el gran matemático y
astrónomo Kepler enunció su conjetura, en un libro sobre copos de nieve.
Figura 119. Estas imágenes muestran cristales de nieve reales que cayeron a
tierra en Ontario, Alaska, Vermont, la península superior de Michigan y las
montañas de Sierra Nevada de California. Fueron tomadas por Kenneth G.
Libbrecht usando un fotomicroscopio especialmente diseñado para copos de nieve.
Kepler
estaba interesado en copos de nieve porque con frecuencia tienen simetría
séxtuple: repitiendo casi exactamente la misma forma seis veces, espaciada en
ángulos iguales de 60º. Se preguntó por qué, y usó lógica, imaginación y su
conocimiento de patrones similares en la naturaleza para dar una explicación
que está extraordinariamente próxima a la que conocemos hoy en día.
Kepler era el matemático de la corte del emperador Rodolfo II del Sacro Imperio
Romano Germánico, y su trabajo fue financiado por John Wacker de Wackenfels, un
rico diplomático y uno de los consejeros del emperador. En 1611, hizo a su
mecenas un regalo de Año Nuevo: un libro expresamente escrito De Nive
Sexangula («Sobre los copos de nieve de seis esquinas»). Empezó
preguntando por qué los copos de nieve tenían seis lados. Para obtener una
respuesta, analizó formas naturales que también tienen simetría séxtuple, como
los panales en una colmena y las semillas dentro de una granada. Acabamos de
ver que empaquetar círculos en el plano lleva de modo natural al patrón del
panal. Kepler explicó la forma simétrica de los copos de nieve en términos de
empaquetamientos de esferas en el espacio.
Sorprendentemente se acercó mucho a la explicación moderna: un copo de nieve es
un cristal de hielo, cuya estructura atómica es muy similar a la de un panal.
En concreto, tiene simetría hexagonal (en realidad, un poco más simétrico). La
diversidad de las formas de los copos de nieve, todos con la misma simetría,
resulta de las condiciones de cambio en las nubes de tormenta donde los copos
se generan.
A lo largo del camino, Kepler hizo un comentario bastante casual, planteando un
rompecabezas matemático que tardaría 387 años en resolverse. ¿Cuál es el modo
más eficiente de empaquetar esferas idénticas en el espacio? Sugirió que la
respuesta debería ser lo que ahora llamamos «estructura cúbica centrada en las
caras» (FCC por sus siglas en inglés, face-centred cubic).
Así es como normalmente los fruteros apilan las naranjas. Primero, haz una capa
plana de esferas formando una rejilla cuadrada (Figura 120, izquierda). Luego
haz una capa parecida encima, colocando cada esfera en las hendiduras entre
cuatro esferas vecinas en la capa inferior (medio). Continúa de este modo
(derecha) hasta que rellenes todo el espacio. Esto requiere extender cada capa
hacia los lados para rellenar un plano entero y colocar capas bajo la primera
así como en la cima. La densidad de este empaquetado puede calcularse y es
π/√18 ≈ 0,740480. Según Kepler, esta ordenación debería ser «el empaquetado más
apretado», es decir, tiene la mayor densidad que es posible.
Figura 120. Estructura FCC. Izquierda: primera capa. Centro: primeras dos
capas. Derecha: primeras cuatro capas.
Los
fruteros empiezan con una caja o tablero y trabajan a partir de ahí hacia
arriba capa a capa y esa es una manera de definir la estructura FCC. Pero el
problema de Kepler pregunta sobre todos los empaquetamientos posibles, de modo
que no podemos asumir que todo viene en capas planas. En realidad, el método
del frutero soluciona un problema diferente. La pregunta es: ¿cambia eso la
respuesta?
A primera vista el empaquetamiento del frutero parece la respuesta equivocada,
porque usa capas de entramado de cuadrados y un entramado hexagonal es más
denso. Los fruteros usan capas cuadradas porque colocan sus naranjas en cajas
rectangulares, no porque quieran el empaquetado más apretado. ¿No sería mejor
que la primera capa fuese un entramado hexagonal? De nuevo, capas sucesivas
encajarían en las hendiduras de la capa inferior, cada una colocada siguiendo
el mismo entramado hexagonal.
Kepler se dio cuenta de que no había diferencia alguna. El lado inclinado de la
Figura de la derecha forma un entramado hexagonal. Capas paralelas a esa son
también entramados hexagonales, encajando en las hendiduras de las capas
vecinas. Por lo tanto, la ordenación alternativa usando capas hexagonales es
solo una versión inclinada de la estructura FCC.
Sin embargo, sí nos dice algo significativo: empaquetado infinitamente diferentes,
casi todos los que no son entramados, tienen la misma densidad
que la estructura FCC. Hay dos modos diferentes de encajar un entramado
hexagonal en las hendiduras de otro y para cada capa sucesiva podemos escoger
cualquier alternativa. Con dos capas, una ordenación es una rotación de la
otra, pero a partir de tres capas en adelante eso ya no ocurre. Así que hay dos
ordenaciones genuinamente diferentes para 3 capas, cuatro para 4 capas, ocho
para 5 capas, y así sucesivamente. Con todas las capas en su lugar, el número
de posibilidades es infinito. Sin embargo, cada capa tiene la misma densidad y
las capas están igual de próximas para cualquier elección de hendiduras. De
modo que la densidad es π/√18 para cualquier serie de elecciones. La existencia
de infinidad de empaquetados con la misma densidad es un aviso de que el
problema de Kepler esconde algunas sutilezas.
La conjetura de Kepler no se probó hasta 1998, cuando Thomas Hales y su
discípulo Samuel Ferguson completaron una prueba asistida por ordenador. Hales
envió la prueba a la prestigiosa publicación Annals of Mathematics en
1999. La comisión de expertos necesitó cuatro años para comprobarlo, pero los
cálculos eran tan complicados y grandes que se sintieron incapaces de
certificar su completa corrección. Finalmente, la prueba se publicó, pero con
una nota que indicaba esta dificultad.
Irónicamente, la forma de evitar este problema probablemente sea reescribir la
prueba de un modo cuya corrección pueda ser verificada... por un ordenador. El
objetivo es que el programa de verificación sea probablemente más sencillo que
la prueba de Hales, de modo que podría ser posible comprobar la lógica
del software de verificación a mano. Entonces podemos tener la
seguridad de que hace lo que dice, lo cual es verificar la prueba mucho más
compleja de la conjetura de Kepler.
Atento a esto.
§.
La raíz duodécima de 2 es la razón de las frecuencias de notas sucesivas en la
equitemperada escala musical. Es un acuerdo como aproximar π a 22/7,
excepto que esta vez los intervalos musicales naturales son números racionales
sencillos y las potencias de 12√2 proporcionan aproximaciones
irracionales a estos. Aparece debido al modo en que el oído humano percibe el
sonido.
Ondas
de sonido
Físicamente,
una nota musical es una onda de sonido, producida por un instrumento musical y
detectada por el oído. Una onda es una perturbación en un sólido, líquido o gas
que viaja sin cambiar su forma, o repite el mismo movimiento una y otra vez de
manera regular. Las ondas son comunes en el mundo real; las ondas de luz, las
ondas de sonido, las olas y las vibraciones son ejemplos. Las ondas en la
Tierra provocan terremotos.
Figura 121. Curva sinusoidal.
La
forma más básica y sencilla para una onda es una curva sinusoidal. La altura de
la curva representa la amplitud de la onda, una medida de lo
grande que es la perturbación correspondiente. Para las ondas de sonido esto se
corresponde con lo alta que es la nota: una amplitud mayor perturba más el
aire, lo que perturba más el oído y nos hace percibir un incremento en la
sonoridad.
Otra característica importante de la curva sinusoidal es su longitud de
onda: la distancia (o tiempo que transcurre) entre picos consecutivos de la
amplitud. La longitud de onda determina la forma de la onda. Para las ondas de
sonido, la longitud de onda determina el tono de la nota. Longitudes de onda
más cortas hacen que la nota suene más alto, y longitudes de onda más largas hacen
que la nota suene más baja.
Figura 122. Longitud de onda.
Hay
otro modo de medir la misma característica de la onda, lo que se conoce como
su frecuencia, que es inversamente proporcional a la longitud de
onda. Esto corresponde al número de picos de onda que aparecen en una distancia
o tiempo dados. Las frecuencias son medidas en una unidad llamada «hercio»
(Hz), que es una vibración por segundo. Por ejemplo, do central en un piano
tiene una frecuencia de 261,62556 hercios, lo que quiere decir que cada segundo
se dan algo más de 261 vibraciones.
Figura 123. Notación musical básica.
El
do una octava más alta tiene una frecuencia de 523,25113 hercios: exactamente
el doble de grande. El do una octava menor tiene una frecuencia de 130,81278
hercios: exactamente la mitad de grande. Estas relaciones son ejemplos básicos
de cómo se vinculan con la música las matemáticas de ondas. Para profundizar
más en el tema piensa en instrumentos de cuerda, como un violín o una guitarra,
y por un momento considera solo una cuerda.
Supongamos que el instrumento está sobre uno de sus lados y estamos mirándolo
de frente. Cuando el músico puntea la cuerda, vibra de lado a lado respecto al
instrumento; para nosotros se mueve de arriba abajo. Esto lleva a un tipo de
onda llamada «onda estacionaria», en la cual el final de la cuerda permanece
fijo pero la forma cambia en un ciclo periódico.
La vibración más sencilla se da cuando la cuerda forma la mitad de la onda
sinusoidal. La siguiente vibración más sencilla es una onda sinusoidal
completa. Después de eso viene una onda sinusoidal y media, luego 2 ondas
sinusoidales, y así sucesivamente. Medias ondas aparecen porque una onda
sinusoidal completa cruza la horizontal una vez en el medio, así como en cada
extremo.
Figura 124. De izquierda a derecha: la mitad de una onda sinusoidal; una
onda sinusoidal completa; una onda sinusoidal y media; dos ondas sinusoidales.
Aquí
las longitudes de onda son ½, 1, 3/2, 2, y así
sucesivamente. Las mitades están presentes porque estamos usando mitades de
ondas. Si optamos por trabajar en unidades tales como que la longitud de la
cuerda es ½, entonces las longitudes de onda pasan a ser 1, 2, 3, 4, que
resulta más sencillo.
Las frecuencias correspondientes, para la misma cuerda mantenida con la misma
tensión están en razones de 1,½, 1/3, 1/4.
Por ejemplo, si la vibración de media onda tiene frecuencia 261 hercios, cerca
de do central, entonces estas frecuencias son:
|
261 |
||
|
261/2 |
= |
130,5 Hz |
|
261/3 |
= |
87 Hz |
|
261/4 |
= |
65,25 Hz |
La media onda básica se llama la «fundamental» y las otras son «armónicos
sucesivos».
Hace unos 2.500 años, los pitagóricos creían que todo en el mundo estaba
gobernado por formas matemáticas y patrones numéricos. Descubrieron una
relación extraordinaria entre números y armonía musical. Según la leyenda,
Pitágoras estaba paseando por delante de la tienda de un herrero y observó que
los martillos de diferentes tamaños emitían sonidos de diferente tono, y que
martillos relacionados por números sencillos (uno el doble del tamaño que otro,
por ejemplo) hacían ruidos que estaban en consonancia. Sin embargo, si intentas
observar esto con martillos reales, descubrirás que la forma complicada de los
martillos dificulta que vibren en armonía. Pero es cierto que, en conjunto,
objetos pequeños hacen ruidos de tonos más altos que los grandes.
Un experimento pitagórico más plausible usaba una cuerda estirada, como
Ptolomeo relata en su Armónicas, alrededor de 150 d. C. Los
pitagóricos descubrieron que dos cuerdas con igual tensión y que tienen
longitudes con una proporción sencilla, como 2/1 o 3/2,
producen notas inusualmente armoniosas. Proporciones más complejas son
discordantes y desagradables de escuchar.
Intervalos
musicales
Los
músicos describen pares de notas en términos de intervalos entre ellos, una
medida de cuántos grados los separan en alguna escala musical. El intervalo más
fundamental es la octava: avanza siete teclas blancas en un piano. Las notas
que se separan una octava suenan muy parecidas, excepto que una nota es más
alta que la otra, y son tremendamente armoniosas. Tanto es así que, de hecho,
las armonías basadas en la octava pueden parecer un poco sosas. En un violín o
una guitarra, el modo de tocar la nota una octava superior sobre una cuerda
suelta es presionar la mitad de esa cuerda contra el diapasón. Una cuerda la
mitad de larga toca una nota una octava mayor. Por lo tanto, la octava está
asociada con una proporción numérica sencilla de 2/1.
Otros intervalos armoniosos también se asocian con proporciones numéricas
sencillas. Las más importantes para la música occidental son la cuarta, una
proporción de 4/3, la quinta, una proporción
de 3/2. (Los nombres tienen sentido si consideras
una escala musical de todas las notas do-re-mi-fa-sol-la-si-do. Con do como
base, la nota correspondiente a la cuarta es fa, a la quinta es sol y a la
octava do. Si numeramos las notas consecutivamente con la base como 1, estas
son respectivamente la 4ª, 5ª y 8ª notas de la escala.)
La geometría es especialmente clara en un instrumento como una guitarra, que
tiene segmentos de metal llamados trastes insertados en posiciones relevantes.
El traste de la cuarta está a un cuarto del camino a lo largo de la cuerda, que
para un quinto está a un tercio del camino y la octava es a mitad de camino.
Puedes comprobarlo con una cinta métrica.
Escalas
Estas
proporciones aportan una base teórica para una escala musical y llevaron a la
escala que ahora usamos en la mayoría de la música occidental. Hay muchas
escalas musicales diferentes, y describimos solo la más sencilla. Empieza con
una nota base y asciende en quintos para obtener cuerda de longitudes:
Operando,
estas fracciones pasan a ser:
Todas
estas notas, excepto las dos primeras, son demasiado agudas para permanecer en
la octava, pero podemos bajarlas en una o más octavas, dividiendo repetidamente
las fracciones entre 2 hasta que el resultado esté entre 1 y 2. Esto da lugar a
las fracciones:
Finalmente,
las colocamos en orden ascendente y obtenemos:
Esto
se corresponde de modo bastante aproximado a las notas do, re, mi, sol, la, si
en un piano.
Observa que falta fa. De hecho, al oído, el hueco entre 81/64 y 3/2 suena
más amplio que los otros. Para rellenar el hueco, insertamos 4/3,
la proporción para la cuarta, que es muy próxima a fa en el piano. También es
útil completar la escala con un segundo do, una octava más alta, una razón de
2. Ahora obtenemos una escala musical basada completamente en cuartas, quintas,
octavas, con tonos en las proporciones
La
longitud es inversamente proporcional al tono, así que tendríamos que invertir
las fracciones para obtener las correspondientes longitudes.
Hemos representado todas las notas blancas en el piano, pero también hay notas
negras. Estas aparecen porque números consecutivos en la escala dan dos razones
diferentes respecto a los otros: 9/8 (llamado
«tono») y 256/243(«semitono»). Por ejemplo, la razón
de 81/64 respecto a 9/8 es 9/8,
pero la de 4/3respecto a 81/64 es 81/64.
Los nombres «tono» y «semitono» indican una comparación aproximada de los
intervalos. Numéricamente son 1,125 y 1,05. El primero es mayor, así un tono se
corresponde con un cambio más grande en el tono que un semitono. Dos semitonos
dan una razón de 1,052, que es aproximadamente 1,11, que no está
lejos de 1,125. Por lo tanto, dos semitonos están cerca de un tono.
Continuando de esta manera, podemos dividir cada tono en dos intervalos, cada
uno cercano al semitono, para obtener una escala de 12 notas. Esto puede
hacerse de varias maneras diferentes, que producen resultados ligeramente
distintos. Sin embargo, si se hace, puede haber problemas sutiles pero audibles
cuando se cambia la clave de una pieza de música; los intervalos cambian
ligeramente si, por ejemplo, movemos cada nota un tono más alto. En algunos
instrumentos musicales, como el clarinete, esto puede provocar problemas
técnicos serios, porque las notas se crean por aire pasando a través de
agujeros en el instrumento, los cuales están en posiciones fijas. En otros,
como el violín, se puede producir un rango continuo de notas, de manera que el
músico puede ajustar la nota más sutilmente.
En otros, como la guitarra y el piano, se usa un sistema matemático diferente.
Evita el problema de cambiar la clave, pero requiere algunos compromisos
sutiles. La idea es hacer que el intervalo entre notas consecutivas en la
escala tenga exactamente el mismo valor. El intervalo entre dos notas depende
de la proporción de sus frecuencias, de modo que para producir un intervalo
dado tomamos la frecuencia de una nota y la multiplicamos por
alguna cantidad fija para obtener la frecuencia de la otra.
¿Cuál debería ser la cantidad para un semitono?
Doce semitonos hacen una octava, una proporción de 2. Para obtener una octava,
debemos tomar la frecuencia con la que empezamos y multiplicarla por alguna
cantidad fija, correspondiente a un semitono, doce veces consecutivas. El
resultado debe ser el doble de la frecuencia original. De modo que la razón
para un semitono, elevado a la duodécima potencia, debe ser igual a 2. Es
decir, la razón para un semitono debe ser la raíz duodécima de 2. Esto se
escribe como 12√2 y es aproximadamente 1,059463.
La gran ventaja de esta idea es que ahora muchas relaciones musicales
funcionan perfectamente. Dos tonos hacen un semitono exacto y 12
semitonos hacen una octava. Mejor todavía, puedes cambiar la clave, donde la
escala empieza, desplazando hacia arriba o hacia abajo todas las notas una
cantidad fija.
Este número, la raíz duodécima de 2, lleva a la escala equitemperada.
Es un acuerdo, por ejemplo, en la escala equitemperada la razón 4/3 para
un cuarto es 1,0592 = 1,335, en lugar de 4/3 =
1,333. Un músico entrenado puede detectar la diferencia, pero es fácil
acostumbrarse a ella y la mayoría de nosotros nunca la notamos.
Es un número irracional. Supongamos que 12√2 = p/q donde p y q son
enteros. Entonces p12 = 2q12.
Factoriza ambos lados en factores primos. La parte de la izquierda tiene un
número par (quizás 0) de 2. La parte de la derecha tiene un número impar. Esto
contradice la factorización única en factores primos.
Cuerdas
vibrantes y tambores
Para
explicar por qué proporciones sencillas van de la mano con la armonía musical,
tenemos que echar un vistazo a la física de las cuerdas vibrantes.
En 1727, John Bernoulli hizo el primer gran avance describiendo el movimiento
de un sencillo modelo matemático de una cuerda de violín. Encontró que, en el
caso más sencillo, la forma de la cuerda vibrante, en cualquier momento, es una
curva sinusoidal. La amplitud de la vibración también forma una curva
sinusoidal, en el tiempo más que en el espacio.
Figura 125. Instantáneas sucesivas de una cuerda vibrante. La forma es una
curva sinusoidal en cada instante. La amplitud también varía sinusoidalmente
con el tiempo.
Aunque
había otras soluciones. Eran todas curvas sinusoidales, pero describían
diferentes «modos» de vibración, con 1, 2, 3 o más ondas a lo largo de la
longitud de la cuerda. De nuevo, la curva sinusoidal era una instantánea de la
forma en cualquier instante, y su amplitud estaba multiplicada por un factor
dependiente del tiempo, que también variaba sinusoidalmente.
Figura 126. Instantáneas de los modos 1, 2, 3 de una cuerda vibrante. En
cada caso, la cuerda vibra hacia arriba y hacia abajo, y su amplitud varía
sinusoidalmente con el tiempo. Cuantas más ondas haya, más rápida es la
vibración.
La
cuerda está siempre en reposo en sus extremos. En todos los modos excepto el
primero, hay puntos entre los extremos en los que la cuerda tampoco está
vibrando, donde la curva se cruza con el eje horizontal. Estos «nodos» explican
por qué se dan razones numéricas sencillas en los experimentos pitagóricos. Por
ejemplo, como los modos vibracionales 2 y 3 pueden darse en la misma cuerda, el
hueco entre nodos sucesivos en la curva modo-2 es 3/2 veces
el hueco correspondiente en la curva modo 3. Esto explica por qué razones
como 3/2surgen de modo natural a partir de las
dinámicas de la cuerda vibrante.
El paso final es comprender por qué estas razones son armoniosas mientras que
otras no lo son.
En 1746, Jean le Rond D'Alembert descubrió que las vibraciones de una cuerda
obedecen a una ecuación matemática, llamada «ecuación de ondas». Describe cómo
las fuerzas que actúan en la cuerda (su propia tensión y fuerzas como puntear
la cuerda o usar un arco para moverla hacia los lados) afectan a su movimiento.
D’Alembert se dio cuenta de que podía combinar las soluciones de curva
sinusoidal de Bernoulli. Para simplificar la historia, considera solo un
instante en un tiempo fijo, librándote de la dependencia del tiempo. La imagen
muestra la forma de
5
sen x + 4 sen 2x – 2 cos 6x
por
ejemplo que es mucho más compleja que una simple curva del seno. Los
instrumentos musicales reales normalmente producen ondas complejas en las que
se ven involucrados diferentes términos de seno y coseno.
Para no complicar las cosas, echemos un vistazo a sen 2x, que tiene una
frecuencia del doble de sen x. ¿Cómo suena? Es la nota una
octava mayor, la que suena más armoniosa cuando se toca junto a la
fundamental. Ahora, la forma de la cuerda para el segundo modo (sen 2x)
corta al eje en su punto medio. En ese nodo, permanece fijo. Si colocas tu dedo
en ese punto, las dos mitades de la cuerda todavía serían capaces de vibrar
según el patrón de sen 2x, pero no en el de sen x. Esto
explica el descubrimiento pitagórico de que una cuerda la mitad de larga
produce una nota una octava más alta. Una explicación similar funciona con las
otras proporciones sencillas que descubrieron; todas están asociadas con curvas
sinusoidales cuyas frecuencias tiene esa proporción, y esas curvas encajan
perfectamente en una cuerda de longitud fija cuyos extremos no está permitido
mover.
Figura 127. Combinación típica de senos y cosenos con varias amplitudes y
frecuencias.
¿Por
qué estas razones suenan armoniosas? En parte porque las ondas sinusoidales con
frecuencias que no están en proporciones sencillas producen un efecto llamado
«batimiento» cuando se superponen. Por ejemplo, a una razón como 8/7 le
corresponde sen 7x + sen 8x, que tiene esta forma de onda.
El sonido resultante es como un zumbido agudo que se va haciendo más alto y
luego más suave. El oído responde a los sonidos entrantes aproximadamente del
mismo modo que la cuerda del violín. Así, cuando dos notas chocan (se baten),
el resultado no suena armonioso.
Aunque hay un factor extra. Los oídos de los bebés se adaptan a los sonidos que
oyen con más frecuencia mientras su cerebro se desarrolla. De hecho, hay más
conexiones nerviosas desde el cerebro al oído de las que hay en otra dirección
y el cerebro puede usarlas para ajustar la respuesta del oído a los sonidos
entrantes. De modo que lo que consideramos armonioso tiene una dimensión
cultural. Pero las proporciones más sencillas son de manera natural más
armoniosas y la mayoría de las culturas las usan.
Figura 128. Batimientos.
Una
cuerda es unidimensional, pero ideas muy parecidas se aplican en dimensiones
mayores. Para calcular las vibraciones de un tambor, por ejemplo, consideramos
una membrana vibrando (una superficie bidimensional) moldeada como la piel de
un tambor. La mayoría de los tambores musicales son circulares, pero también
podemos averiguar los sonidos hechos por un tambor cuadrado, un tambor
rectangular o, es más, un tambor con la forma del dibujo de un gato.
Figura 129. Izquierda: instante de modo uno de un tambor rectangular
vibrante, con ondas números 2 y 3. Derecha: instante de modo uno de un tambor
circular vibrante.
Para
cualquier forma escogida del dominio, hay funciones análogas a los senos y
cosenos de Bernoulli (los patrones más sencillos de vibración). Estos patrones
se llaman «modos», o «modos normales», si quieres dejar totalmente claro de qué
estás hablando. Todas las demás ondas pueden obtenerse superponiendo modos
normales, de nuevo, usando una serie infinita si es necesario.
La forma también puede ser tridimensional: un sólido. Un buen ejemplo es una
esfera sólida vibrante, un modelo sencillo de cómo la Tierra se mueve cuando
hay un terremoto. Una forma más precisa sería un elipsoide ligeramente
aplastado en los polos. Los sismólogos usan la ecuación de ondas y versiones
más sofisticadas de ella que modelizan la física de la Tierra más fielmente,
para comprender las señales producidas por terremotos.
Si estás diseñando un coche y quieres eliminar vibraciones no deseadas, estudia
la ecuación de ondas para un objeto con la forma de un coche o cualquier parte
de este que los ingenieros quieran entender. Diseñar edificios a prueba de
terremotos es un proceso similar.
§. Constante de Apéry (ζ(3) ≈ 1,202056)
La constante de Apéry es un caso extraordinario de un patrón matemático que
funciona para todos los números pares, aunque, hasta donde nosotros sabemos,
parece no ser cierto para los números impares. La prueba de que este número es
irracional apareció de modo totalmente inesperado.
Zeta
de tres
¿Recuerdas
la función zeta [véase 1/2]? Está definida, sujeta a
algunos tecnicismos sobre extensión analítica, por la serie
donde z es
un número complejo [véase i]. Los matemáticos del siglo XVIII
primero se encontraron con esta serie infinita en el caso especial z =
2, cuando Euler resolvió el problema de Basilea. En este lenguaje, esto
requiere una fórmula para ζ(2), la cual es la suma de los inversos de los
cuadrados perfectos. Hemos visto en [π] que en 1735 Euler encontró la
respuesta:
El
mismo método funciona para potencias de cuatro, potencias de seis o cualquier
potencia de un entero positivo par:
Y el
patrón continúa con:
Sobre
la base de estos ejemplos, podríamos también esperar que la suma de los
inversos de los cubos sea un racional múltiplo de π3, la suma de los
inversos de las potencias de cinco sea un racional múltiplo de π5,
etcétera. Sin embargo, cálculos numéricos sugieren claramente que esta
suposición es errónea. De hecho, no se conoce ninguna fórmula para estas
series, ya esté relacionada con π o no. Son muy misteriosas.
Como π es irracional, de hecho trascendental [véase π], las series anteriores
tienen todas sumas irracionales. De modo que ζ(n) es irracional
para n = 2, 4, 6, 8,... Sin embargo, no sabemos si esto sigue
siendo cierto para potencias impares. Parece probable, pero ζ(n) es
mucho más difícil de comprender para enteros impares porque los métodos de
Euler dependen de que n sea par. Esta pregunta ha generado
controversia entre muchos matemáticos, que en general llegaron exactamente a
ninguna parte.
Cuando n = 3, inversos de los cubos, obtenemos un número que
ahora conocemos como la «constante de Apéry».
Su
valor numérico es este:
1,202
056 903 159 594 285 399 738 161 511 449 990 764 986 292...
Dividido
entre π3, obtenemos:
0,038
768 179 602 916 798 941 119 890 318 721 149 806 234 568...
que
no muestra signos de ser recurrente, por lo que no parece racional.
Ciertamente no es un número racional con un numerador y un denominador
pequeños. En 2013, Robert Setti calculó la constante de Apéry con 200.000
millones de cifras decimales. Parece todavía menos un racional múltiplo de π3 y
parece no estar relacionado con otras constantes matemáticas estándar.
Por tanto, supuso una gran sorpresa que en 1978 Raoul Apéry anunciara una
prueba de que ζ(3) es irracional, y todavía una sorpresa mayor que la prueba
resultara ser correcta. Sin intención de calumniar a Apéry, la prueba conlleva
algunas afirmaciones increíbles, por ejemplo, que una secuencia de números que
eran obviamente racionales pero parecía muy improbable que fuesen enteros en
realidad eran enteros (todo entero es racional, pero no a la
inversa). Esto empezó a hacerse plausible cuando los cálculos con ordenador
seguían dando enteros, pero se tardó en encontrar una prueba de que esto
continuaría de modo infinito. La prueba de Apéry es muy complicada, aunque no
involucra técnicas desconocidas para Euler. Desde entonces, se han encontrado
pruebas más sencillas.
Los métodos son especiales para ζ(3) y no parece que se extiendan a otros
enteros impares. Sin embargo, en 2000, Wadim Zudilin y Tanguy Rivoal probaron
que infinidad de ζ(2n + 1) deben ser irracionales. En 2001,
demostraron que al menos uno de ζ(5),ζ(7), ζ(9) y ζ(11) es irracional, pero
para tormento nuestro, su teorema no nos dice qué número de esos cuatro es
irracional. A veces las matemáticas son así.
§. Constante de Euler (γ ≈ 0,577215)
Este número aparece en muchas áreas del análisis y la teoría de números. Es
definitivamente un número real y la apuesta inteligente es que es irracional,
razón por la cual lo incluyo aquí. Surge a partir de la aproximación más
sencilla de la suma de los inversos de todos los números naturales hasta algún
valor específico. A pesar de su ubicuidad y simplicidad, sabemos muy poco
acerca de él. En concreto nadie puede probar que es irracional. Pero lo que sí sabemos
es que si es racional, debe ser tremendamente complicado, cualquier fracción
que lo represente involucraría números absolutamente gigantescos con más de
240.000 cifras.
Números
armónicos
Los
números armónicos son sumas finitas de inversos:
No
se conoce ninguna fórmula algebraica explícita para Hn, y parece
probable que no exista ninguna. Sin embargo, usando el cálculo es bastante
fácil mostrar que Hn es aproximadamente igual al logaritmo natural,
log n [véase e]. De hecho, hay una aproximación mejor:
donde
γ es una constante. A medida que n se hace más grande, la
diferencia entre los dos lados se hace tan pequeña como queramos.
La expresión decimal de γ comienza así:
γ =
0,577 215 664 901 532 860 606 512 090 082 402 431 042 1...
y en
2013 Alexander Yee lo calculó con 19.377.958.182 cifras decimales. Se conoce
como la «constante de Euler» porque la primera vez que apareció fue en un
artículo que Euler escribió en 1734. Lo denotaba con C y
con O, y más tarde lo calculó hasta con 16 cifras decimales. En
1790, Lorenzo Mascheroni también publicó resultados sobre el número, pero lo
denotó con Ay a. Intentó calcular 32 cifras decimales,
pero se equivocó en las cifras de las posiciones 20 y 22. A veces se la conoce
como «constante Euler-Mascheroni», pero teniendo todo en cuenta, Euler se
merece la mayoría del crédito. En la década de 1830, los matemáticos habían
cambiado la notación a γ, que ahora es la estándar.
La constante de Euler aparece en numerosas fórmulas matemáticas, especialmente
en cálculo en conexión con series infinitas e integrales definidas. Su
exponencial eγ es común en teoría de números. Hay hipótesis acerca de que la
constante de Euler es transcendental, pero ni siquiera se sabe si es
irracional. Cálculos de su fracción continua prueban que si es racional, igual
a p/q para enteros p y q,
entonces q es al menos 10242.080.
Una forma todavía más precisa para los números armónicos es:
con
un error de casi 1/252n4
Contenido:
11.
Teoría de cuerdas
12. Pentominós
17. Polígonos y patrones
23. La paradoja del cumpleaños
26. Códigos secretos
56. La conjetura de la salchicha
168. Geometría finita
Volvemos
a los números naturales, que tienen encanto por sí mismos. Cada uno es un
individuo diferente con características especiales que lo hacen interesante.
De hecho, todos los números son interesantes. Prueba: si no, debería existir el
número más pequeño carente de interés. Pero eso lo hace interesante:
contradicción.
11. Teoría de cuerdas
Normalmente pensamos en el espacio que tiene tres dimensiones. El tiempo
proporciona una cuarta dimensión para el espacio tiempo, el dominio de la
relatividad. Sin embargo, una investigación actual en la frontera de la física,
conocida como «teoría de cuerdas», concretamente «teoría M», propone que el
espacio-tiempo realmente tiene once dimensiones. Siete de
ellas no se muestran a los sentidos humanos sin ayuda. De hecho, no han sido
detectadas de manera definitiva en ningún experimento.
Esto podría parecer horrible y además podría no ser cierto, pero los físicos
nos han demostrado repetidas veces que la imagen del mundo que percibimos por
nuestros sentidos puede diferir significativamente de la realidad. Por ejemplo,
materia aparentemente continua está hecha a partir de pequeñas partículas
separadas, los átomos. Ahora algunos físicos creen que el espacio real es muy
diferente del espacio en el que creemos que vivimos. La razón para escoger 11
dimensiones no es una observación del mundo real: es el número que hace que una
estructura matemática crucial funcione consistentemente. La teoría de cuerdas
es muy técnica, pero las ideas principales se pueden bosquejar en términos
bastante sencillos.
Unificando
la relatividad y la teoría cuántica
Los
dos grandes triunfos de la física teórica son la relatividad y la mecánica
cuántica. El primero, presentado por Einstein, explica la fuerza de la gravedad
en términos de la curvatura del espacio-tiempo. Según la relatividad general
(que Einstein desarrolló después de la relatividad especial, su teoría del
espacio, el tiempo y la materia), una partícula moviéndose de una localización
a otra sigue una geodésica: el camino más corto que une esas dos
localizaciones. Pero cerca de un gran cuerpo, como una estrella, el
espacio-tiempo es distorsionado y esto hace que parezca que el camino está
curvado. Por ejemplo, los planetas giran alrededor del Sol en órbitas
elípticas.
La teoría original de la gravedad, descubierta por Newton, interpretó esta
curvatura como el resultado de una fuerza y dio una fórmula matemática para la
potencia de esa fuerza. Pero mediciones muy precisas mostraron que la teoría de
Newton es ligeramente inexacta. Einstein reemplazó la fuerza de gravedad por la
curvatura del espacio-tiempo y esta nueva teoría corrigió los errores. Desde
entonces ha sido confirmada por una variedad de observaciones, principalmente
de objetos astronómicos distantes.
Figura 130. Cómo la curvatura del espacio-tiempo puede actuar como una
fuerza. Una partícula pasando por un gran cuerpo, como una estrella, es
desviada por la curvatura; el mismo efecto que una fuerza de atracción.
El
segundo gran triunfo, la mecánica cuántica, la introdujeron varios grandes
físicos, entre ellos Max Planck, Werner Heisenberg, Louis de Broglie, Erwin
Schrödinger y Paul Dirac. Explica cómo se comporta la materia en las escalas
más pequeñas, del tamaño de los átomos o más aún. En estas escalas, la materia
se comporta como partículas minúsculas y como ondas. La mecánica cuántica
predice muchos efectos extraños, muy diferentes de cómo el mundo se comporta a
escala humana, pero miles de experimentos avalan estas predicciones. La
electrónica moderna no funcionaría si la mecánica cuántica fuese muy diferente
de la realidad.
Para los físicos teóricos resulta poco satisfactorio tener dos teorías
distintas, aplicadas en contextos diferentes, especialmente desde que discrepa
la una de la otra cuando estos contextos se superponen, como sucede en
cosmología, la teoría del universo como un todo. El propio Einstein empezó la
búsqueda de una teoría del campo unificado que combine ambas de un modo acorde
con la lógica. Esta búsqueda ha tenido un éxito parcial, pero hasta el momento
solo con el dominio cuántico.
Estos éxitos unifican tres de las cuatro fuerzas físicas básicas. Los físicos
distinguen cuatro tipos de fuerza en la naturaleza: gravitacional;
electromagnética, la cual gobierna la electricidad y el magnetismo; nuclear
débil, relacionada con la desintegración de partículas radiactivas; y nuclear
fuerte, que une partículas como los protones y los neutrones. Estrictamente
hablando, todas estas fuerzas son «interacciones» entre partículas de materias.
La relatividad describe la fuerza gravitacional y la mecánica cuántica se
aplica a las otras tres fuerzas fundamentales.
En décadas recientes, los físicos han encontrado una teoría general única que
unifica las tres fuerzas de la mecánica cuántica. Conocido como «modelo
estándar», describe la estructura de la materia en escalas subatómicas. Según
el modelo estándar, toda la materia está construida a partir de tan solo 17
partículas fundamentales.
Debido a varios problemas de observación —por ejemplo, las galaxias rotan de
una manera que no coincide con las predicciones de la relatividad general si la
única materia en ellas son las cosas que podemos ver—, los cosmólogos
actualmente creen que la mayoría del universo está hecho a partir de «materia
oscura», la cual probablemente requiere nuevas partículas más allá de estas 17.
Si están en lo correcto, el modelo estándar necesitará ser modificado.
Alternativamente, podríamos necesitar una nueva teoría de la gravedad o una teoría
modificada de cómo los cuerpos se mueven cuando se aplica una fuerza.
Sin embargo, los físicos teóricos todavía no se las han arreglado para unificar
la relatividad y la mecánica cuántica construyendo una única teoría que
describa las cuatro fuerzas en una manera consistente, que
además concuerde con ambas en sus propios dominios (el muy grande y el muy
pequeño, respectivamente). La búsqueda por esta teoría del campo unificado,
o teoría del todo, ha llevado a algunas ideas matemáticas bellas, y
ha culminado en la teoría de cuerdas. Hasta la fecha, no hay un apoyo
experimental definitivo para esta teoría, y algunas otras proposiciones también
son objeto de investigación activa. Un ejemplo típico es la gravedad cuántica
de bucles, en la cual el espacio está representado como una red de bucles muy
pequeños, un poco como una cota de malla. Técnicamente es una espuma de espín.
La teoría de cuerdas comenzó proponiendo que las partículas fundamentales no
deberían pensarse como puntos. De hecho, existía la sensación de que la
naturaleza realmente no hace puntos, de modo que el uso de un modelo con puntos
bien podía ser la razón de que la teoría cuántica para partículas fuese
inconsistente con la relatividad, que funciona con curvas y superficies lisas.
En su lugar, las partículas deberían ser más como minúsculos bucles cerrados,
llamados «cuerdas». Los bucles pueden doblarse, de modo que la noción de
curvatura de Einstein aparece en escena de manera natural.
Además, los bucles pueden vibrar y sus vibraciones explican eficientemente la
existencia de varias propiedades cuánticas como la carga eléctrica y el espín.
Una de las características más desconcertantes de la mecánica cuántica es que
esas características se suelen dar como un número entero multiplicado por alguna
constante básica. Por ejemplo, el protón tiene carga + 1 unidad, el electrón
tiene carga –1 unidad y el neutrón tiene carga 0 unidades. Los quarks,
partículas más elementales que se combinan para hacer protones y neutrones,
tienen cargas 2/3y –1/3 de
una unidad. De modo que todo se da como múltiplos –3, –1, 0, 2, 3 de una unidad
básica, la carga en algunos tipos de quark. ¿Por qué múltiplos
enteros? Las matemáticas de las cuerdas vibrantes se comportan de una manera
similar. Cada vibración es una onda, con una longitud de onda concreta
[véase 12√2]. Las ondas en un bucle cerrado deben encajar
correctamente cuando el bucle se cierra, de modo que un número entero de ondas
deben encajar alrededor del bucle. Si las ondas representan estados cuánticos,
esto explica por qué todo aparece como múltiplos enteros.
Figura 131. Las 17 partículas elementales.
La
historia resultó no ser tan directa como eso, por supuesto. Pero perseguir la
idea de partículas como bucles llevó a los físicos y matemáticos a algunas
ideas extraordinarias y poderosas.
Figura 132. Un número entero de ondas encajan alrededor de un círculo.
Dimensiones
extra
Una
cuerda cuántica vibrante necesita algún tipo de espacio para vibrar. Para que
las matemáticas tengan sentido, esto no puede ser un espacio ordinario. Tiene
que haber una variable adicional, una dimensión extra del
espacio, porque este tipo de vibración es una propiedad cuántica, no una
espacial. A medida que la teoría de cuerdas se desarrollaba, los teóricos
vieron claro que, para que todo funcionase, necesitaban varias dimensiones
extra. Un nuevo principio llamado «supersimetría» sugería que toda partícula
debería tener una «compañera» con la que estuviese relacionada, una partícula
más pesada. Las cuerdas deberían ser reemplazadas por las supercuerdas,
permitiendo este tipo de simetría. Y las supercuerdas funcionaban solo si se
asumía que el espacio tiene seis dimensiones extra.
Figura 133. Proyección en el espacio ordinario de una variedad Calabi-Yau de
seis dimensiones.
Esto
también quiere decir que en lugar de una cuerda pensada como una curva del tipo
de una circunferencia, esta debe tener una forma más complicada en seis
dimensiones. Entre las formas que podrían aplicarse están las conocidas como
«variedades Calabi-Yau».
Esta sugerencia no es tan rara como podría parecer, porque «dimensión» en
matemáticas tan solo significa «variable independiente». El electromagnetismo
clásico describe la electricidad en términos de un campo eléctrico y un campo
magnético, los cuales se extienden al espacio ordinario. Cada campo requiere
tres variables nuevas: las tres componentes de la dirección en las cuales
apunta el campo eléctrico e ídem para el magnetismo. Aunque estas componentes
se alinean con las direcciones en el espacio, las fuerzas del campo a lo largo
de estas direcciones son independientes de las propias direcciones. De modo que
el electromagnetismo clásico requiere seis dimensiones extra: tres de la
electricidad y tres del magnetismo. En cierto sentido, la teoría clásica de
electromagnetismo requiere diez dimensiones: cuatro del espacio-tiempo más seis
del electromagnetismo.
La teoría de cuerdas es parecida, pero no usa estas seis
nuevas dimensiones. En cierto sentido, las nuevas dimensiones de la teoría de
cuerdas (las nuevas variables) se comportan más como dimensiones espaciales
ordinarias que las de la electricidad o el magnetismo. Uno de los grandes
avances de Einstein fue combinar el espacio tridimensional y el tiempo
unidimensional en un espacio-tiempo de cuatro dimensiones. De hecho, esto era
necesario porque, según la relatividad, las variables del espacio y el tiempo
se mezclan cuando los objetos se mueven muy rápido. La teoría de cuerdas es
similar, pero ahora usa un espacio-tiempo de diez dimensiones con nueve dimensiones
de espacio más una dimensión de tiempo.
Esta idea se impuso entre los teóricos por la necesidad de las matemáticas de
ser consistentes de modo lógico. Si asumimos que el tiempo tiene una dimensión
como es habitual, y el espacio-tiempo tiene d dimensiones, los
cálculos llevan a términos en las ecuaciones llamada «anomalías», las cuales en
general son infinitas. Esto conlleva un gran problema, porque no hay infinitos
en el mundo real. Sin embargo, resulta que los términos en cuestión son múltiplos
de d – 10. Esto es cero si y solo si d = 10 y
las anomalías entonces desaparecen. De modo que para deshacerse de las
anomalías se necesita que la dimensión del espacio-tiempo sea 10.
El factor d – 10 está inherente en la formulación de la
teoría. Escoger d = 10 sortea el problema por completo, pero
introduce lo que a primera vista es otro todavía peor. Restando una dimensión
para el tiempo, nos encontramos que el espacio tiene nueve dimensiones, no
tres. Pero si eso es cierto, seguramente lo habríamos percibido. ¿Dónde
están las seis dimensiones extra?
Una respuesta atractiva es que están presentes, pero enroscadas de modo tan
apretado que no las notamos: de hecho, no podemos notarlas.
Imagina una manguera larga. Vista desde cierta distancia, no notas su grosor,
parece como una curva, la cual es unidimensional. Las otras dos dimensiones, la
sección circular de la manguera, están enroscadas en un espacio tan pequeño que
no pueden observarse. Una cuerda es como esto, pero enroscada de modo más
apretado. La longitud de una manguera es aproximadamente mil veces más larga
que su grosor. La «longitud» de una cuerda (el movimiento espacial visible) es
más de 1040 veces su «grosor» (las nuevas dimensiones en las
cuales vibra).
Otra respuesta posible es que las nuevas dimensiones son realmente bastante
grandes, pero la mayoría de los estados de las partículas están confinados a
una localización fijada en estas dimensiones, como un bote flotando en la
superficie del océano. El propio océano tiene tres dimensiones: latitud,
longitud y profundidad. Pero el bote tiene que estar en la superficie, y
explora solo dos de ellas: latitud y longitud. Algunas características, como
por ejemplo la fuerza de la gravedad, sí exploran las dimensiones extra del
espacio-tiempo, como un buzo saltando del bote. Pero la mayoría no lo hacen.
Alrededor de 1990, los teóricos habían ideado cinco tipos diferentes de teoría
de cuerdas, principalmente difiriendo en las simetrías de sus dimensiones
extra. Se les llamó tipos I, IIA, IIB, HO y HE. Edward Witten descubrió una
unificación matemática elegante de las cinco, a la que llamó «teoría M». Esta
teoría requiere que el espacio-tiempo tenga 11 dimensiones: diez del espacio y
una del tiempo. Varios trucos matemáticos para pasar de uno de los cinco tipos
de la teoría de cuerdas a otro se pueden ver como propiedades físicas del
espacio-tiempo completo de 11 dimensiones. Al escoger «localizaciones»
concretas en este espacio-tiempo de 11 dimensiones, podemos derivar los cinco
tipos de teoría de cuerdas.
Incluso si la teoría de cuerdas resulta no ser la manera en la que funciona el
universo, ha hecho contribuciones importantes a las matemáticas, por desgracia
demasiado técnicas para tratarlas aquí. De modo que los matemáticos continuarán
estudiándola y considerarán que tiene valor, incluso si los físicos deciden que
no se aplica al mundo real.
§. 12 Pentominós
Un pentominó es una forma hecha al adecuar cinco cuadrados idénticos entre sí
por sus aristas. Hay 12 posibilidades, sin contar las reflexiones como
diferentes. Convencionalmente se nombran usando letras del alfabeto con formas
parecidas. 12 es también el número de osculación en el espacio tridimensional.
Figura 134. Los 12 pentominós.
Poliominós
De
manera más general un n-ominó es una forma hecha usando cuadrados
idénticos. El conjunto de estas formas se llama poliominós. Hay 35 hexominós (n=
6) y 108 heptominós (n = 7).
Figura 135. Los 35 hexominós.
Figura 136. Los 108 heptominós.
El
concepto general y el nombre los inventó Solomon Golomb en 1953 y Martin
Gardner los popularizó en Scientific American. El nombre es una
derivación regresiva de la palabra «dominó», que son dos cuadrados unidos, en
la cual se da a la letra «D »una ingeniosa interpretación como del latín di o
del griego do, que significan «dos». (La palabra «dominó» realmente
proviene del latín dominus, «señor»).
Los precursores abundan en la literatura. El creador de rompecabezas Henry
Dudeney incluyó un rompecabezas de pentominó en su Canterbury Puzzles de
1907. Entre 1937 y 1957, la revista Fairy Chess Review incluyó
muchas colocaciones dependiendo de hexominós, a los que llamó «problemas de
disección».
Rompecabezas
con poliominós
Los
poliominós en general, y los pentominós en particular, forman las bases de un
número enorme de rompecabezas y juegos de entretenimiento. Por ejemplo, pueden
ensamblarse para hacer formas interesantes.
Los doce pentominós tienen un área total de 60, en unidades para las cuales
cada componente cuadrada tiene área 1. Cualquier modo de escribir 60 como un
producto de dos números naturales define un rectángulo, y es un rompecabezas
ameno y bastante estimulante encajar los pentominós unos con otros para formar
un rectángulo así. Se pueden girar para obtener la imagen de reflejo en el
espejo si es necesario. Los posibles rectángulos resultan ser: 6× 10, 5 × 12, 4
× 15 y 3 × 20. Es fácil comprobar que 2 × 30 y 1 × 60 son imposibles.
Figura 137. Posibles tamaños de los rectángulos de pentominós.
El
número de maneras distintas de formar estos rectángulos (sin contar la rotación
y la reflexión de todo el rectángulo como diferente pero permitiendo a
rectángulos más pequeños rotarse y reflejarse mientras todo lo demás se queda
fijo) es conocido:
6 ×
10: 2.339 maneras
5 × 12: 1.010 maneras
4 × 15: 368 maneras
3 × 20: 2 maneras
Otro
rompecabezas típico empieza con la ecuación 8 × 8 – 2 × 2 = 60 y pregunta si un
cuadrado de 8 ×8 con un agujero central de 2 × 2 puede embaldosarse con los
doce pentominós. La respuesta es afirmativa:
Figura 138. Cuadrado agujereado formado con pentominós.
Un
modo atractivo de ensamblar unos hexominós con otros es un paralelogramo:
Figura 139. Paralelogramo formado con hexominós.
Número
de poliominós
Los
matemáticos e ingenieros informáticos han calculado cuántos n-ominós
existen para muchos n. Si las rotaciones y las reflexiones no se
consideran como diferentes, los números son:
|
Tabla 11 |
|
|
n |
número de n-ominós |
|
1 |
1 |
|
2 |
1 |
|
3 |
2 |
|
4 |
5 |
|
5 |
12 |
|
6 |
35 |
|
7 |
108 |
|
8 |
369 |
|
9 |
1.285 |
|
10 |
4.655 |
|
11 |
17.073 |
|
12 |
63.600 |
Número
de osculación para esferas
El
número de osculación para los círculos —el mayor número de círculos que pueden
tocar a uno dado, siendo todos del mismo tamaño— es seis [véase 6]. Hay también
un número de osculación para las esferas —el mayor número de esferas que pueden
tocar a una dada, siendo todas del mismo tamaño—. Ese número es 12.
Es bastante fácil demostrar que 12 esferas pueden tocar a una dada. De hecho,
es posible hacer esto de modo que los puntos de contacto formen los 12 vértices
de un icosaedro regular [véase 5]. Hay suficiente espacio entre estos puntos
para encajar esferas sin que se toquen.
En el plano, los seis círculos en contacto con el central no dejan espacio
libre y la disposición es rígida. Pero en tres dimensiones, hay mucho hueco
libre y las esferas pueden moverse. Durante bastante tiempo, no se supo si
podría haber hueco para una 13ª esfera si las otras 12 eran empujadas a los
lugares correctos.
Dos famosos matemáticos, Newton y David Gregory, discutieron largamente sobre
esta cuestión. Newton mantenía que el número correcto era 12, mientras que
Gregory estaba convencido de que debería ser 13. A principios del siglo XIX, se
intentó probar que Newton tenía razón, pero esas explicaciones tenían vacíos.
Una prueba completa de que 12 es la respuesta, apareció por primera vez en
1953.
Figura 140. Izquierda: cómo 12 esferas pueden tocar a una esfera dada.
Derecha: «sombras» de 12 esferas tocando una esfera dada en una disposición
icosaédrica.
Cuatro
o más dimensiones
Una
historia similar se da en el espacio de cuatro dimensiones, donde es
relativamente fácil encontrar una disposición de 24 3-esferas, pero hay
suficiente espacio, de modo que quizá podría encajar una 25.ª. Esta incógnita
fue finalmente resuelta por Oleg Musin en 2003; como se esperaba, la respuesta
es 24.
En la mayoría de las otras dimensiones, los matemáticos saben que algún número
concreto de esferas que toquen una esfera dada es posible, porque pueden
encontrar esa disposición, y que algún número mucho más grande generalmente es
imposible, por varias razones indirectas. Estos números son el límite
inferior y el límite superior para el número de
osculación. Debe de estar en algún punto entre ellos, y posiblemente sea igual
a uno de ellos.
En tan solo dos casos más allá de cuatro dimensiones, el límite inferior y el
superior coinciden, por lo que su valor común será el número de osculación.
Sorprendentemente, estas dimensiones son 8 y 24, donde los números de
osculación son, respectivamente, 240 y 196.650. En estas dimensiones, existen
dos redes muy simétricas, análogas de dimensiones más altas de rejillas de
cuadrados o de manera más general rejillas de paralelogramos. Estas celosías
especiales se conocen como «E8» (o «estructura de Gosset») y «estructura de
Leech», y las esferas pueden colocarse en puntos de la estructura adecuados.
Por alguna milagrosa coincidencia, los límites superiores demostrables para el
número de osculación en estas dimensiones son los mismos que los límites
inferiores proporcionados por estas estructuras especiales.
El estado actual del tema se resume en la siguiente tabla, donde en negrita se
muestran esas dimensiones para las cuales se conoce una respuesta exacta.
|
Tabla 12 |
|||||
|
Dimensión |
Límite inferior |
Límite superior |
Dimensión |
Límite inferior |
Límite superior |
|
1 |
2 |
2 |
13 |
1.130 |
2.233 |
|
2 |
6 |
6 |
14 |
1.582 |
3.492 |
|
3 |
12 |
12 |
15 |
2.564 |
5.431 |
|
4 |
24 |
24 |
16 |
4.320 |
8.313 |
|
5 |
40 |
45 |
17 |
5.346 |
12.215 |
|
6 |
72 |
78 |
18 |
7.398 |
17.877 |
|
7 |
126 |
135 |
19 |
10.688 |
25.901 |
|
8 |
240 |
240 |
20 |
17.400 |
37.974 |
|
9 |
306 |
366 |
21 |
27.720 |
56.852 |
|
10 |
500 |
567 |
22 |
49.896 |
86.537 |
|
11 |
582 |
915 |
23 |
93.150 |
128.096 |
|
12 |
840 |
1.416 |
24 |
196.560 |
196.560 |
§. 17 Polígonos y patrones
En su juventud, Gauss descubrió, para sorpresa de todo el mundo incluido él,
que un polígono regular de 17 lados puede construirse usando regla y compás,
algo que Euclides nunca sospechó. Ni tampoco nadie más durante unos dos mil
años.
Hay 17 tipos de simetrías diferentes de patrón de papel pintado. Esto es
realmente una versión bidimensional de la cristalografía: la estructura atómica
de los cristales.
En el modelo estándar de la física de partículas, hay 17 tipos de partículas
fundamentales [véase 11].
Polígonos
regulares
Un
polígono (griego para «muchos lados») es una forma cuyas aristas son líneas
rectas. Es regular si cada arista tiene la misma longitud y todos los pares de
aristas se unen formando el mismo ángulo.
Los polígonos regulares tienen un papel central en la geometría de Euclides y
desde entonces se han convertido en fundamentales en muchas áreas de las
matemáticas. Uno de los principales objetivos de los Elementos de
Euclides era probar que existían exactamente cinco poliedros regulares, sólidos
cuyas caras son polígonos regulares idénticos agrupados del mismo modo en cada
vértice [véase 5]. Con este fin, tuvo que considerar caras que eran polígonos
regulares con 3, 4 y 5 lados. Números de lados mayores no se dan en las caras
de poliedros regulares.
Figura 141. Polígonos regulares con 3, 4, 5, 6, 7 y 8 lados. Nombres:
triángulo equilátero, cuadrado, pentágono, hexágono, heptágono y octógono
regular.
A lo
largo del camino, Euclides necesitó construir estas figuras, usando las
herramientas tradicionales de regla y compás, porque sus técnicas geométricas
se basaban en esa suposición. Las construcciones más sencillas tienen como
resultado el triángulo equilátero y el hexágono. Un compás puede ubicar los
vértices por sí solo. Para dibujar las aristas necesitamos una regla, pero ese
es su único papel.
Construir un cuadrado es ligeramente más difícil, pero resulta directo una vez
se sabe cómo construir un ángulo recto.
El pentágono regular es mucho más complicado. Aquí te explico como lo hace
Euclides. Tres vértices distintos de un pentágono regular siempre forman un
triángulo con ángulos 36º, 72º y 72º. Además puede invertir el proceso y
obtener un pentágono regular dibujando una circunferencia que pase por los
vértices de ese triángulo y haciendo la bisección de los dos ángulos de 72º,
algo que Euclides había mostrado cómo hacer mucho antes en su libro [véase ½].
Ahora todo lo que necesitaba era un modo de construir un triángulo con su forma
especial, lo que resultó ser la parte más difícil. De hecho, se necesita otra
construcción complicada, que a su vez depende de una anterior. Por lo tanto, no
es ninguna sorpresa averiguar que Euclides no obtiene el pentágono regular
hasta el libro IV de su obra de trece tomos.
La figura muestra una construcción más sencilla y más moderna. Empieza con una
circunferencia de centro O y diámetro CM. Dibuja OS en ángulo recto con CM y
halla su punto medio, L. Dibuja una circunferencia centrada en L que pase por O
y toque al círculo inicial en S. Traza ML, siendo los puntos de corte con la
circunferencia N y P. Dibuja arcos de las circunferencias (gris) de centro M y
que pasen por N y por P, cortando a la circunferencia grande en B, D, A y E.
ABCDE (marcado con línea discontinua) es un pentágono regular.
Figura 142. Dibuja una circunferencia y marca un punto en ella. Marca los
puntos sucesivos alrededor de la circunferencia con el compás manteniendo la
misma distancia. Esto nos lleva a las seis esquinas de un hexágono regular.
Cogiendo uno de cada dos vértices se forma un triángulo equilátero.
Figura 143. Dado un punto en una recta, fija el centro del compás en ese
punto y dibuja una circunferencia cortando la línea dos veces. Abre el compás y
dibuja dos arcos que se crucen. La línea en la tercera figura está en el ángulo
recto con la línea original. Repite los pasos para obtener los otros lados del
cuadrado.
Figura 144. Izquierda: estos tres vértices de un pentágono regular forman un
triángulo con ángulos 36º, 72º y 72º. Derecha: dado ese triángulo, dibuja una
circunferencia que pase por sus vértices (gris oscuro) y haz la bisección de
los ángulos de 72º (gris claro) para obtener los otros dos vértices del
pentágono.
Figura 145. Construcción más sencilla de un pentágono regular.
Más
de seis lados
Euclides
también sabía cómo doblar el número de lados de cualquier polígono regular,
haciendo la bisección de sus ángulos centrales. Por ejemplo, aquí se muestra
cómo convertir un hexágono regular en un polígono de 12 lados regular.
Figura 146. Izquierda: empieza con un hexágono dentro de una circunferencia.
Dibuja sus diagonales. Derecha: haz la bisección de los ángulos centrales
(aparece con línea discontinua). Estas cortan a la circunferencia en otros seis
vértices de un dodecágono regular.
Combinando
estas construcciones para un triángulo equilátero y un pentágono regular,
obtenemos un polígono regular de 15 lados. Esto funciona porque 3 × 5 = 15 y 3
y 5 no tienen un factor común.
Figura 147. Cómo hacer un polígono de 15 lados. Los puntos A, en un
triángulo equilátero, y B, en un pentágono regular, son vértices sucesivos de
un polígono regular de 15 lados. Usa un compás para desplazarte por las
posiciones de los otros vértices.
Combinando
todos estos trucos, Euclides supo cómo construir polígonos regulares con este
número de lados:
3 4
5 6 8 10 12 15 16 20 24 30 32 40 48
Y
así sucesivamente con los números 3, 4, 5 y 15, junto con cualquier otro que
puedas obtener a partir de ellos doblándolo repetidas veces. Pero faltan muchos
números; el primero es el 7.
Los griegos fueron incapaces de encontrar una construcción con regla y compás
para estos polígonos regulares que faltaban. Eso no significa que esos
polígonos no existan, tan solo sugería que el método de la regla y el compás no
era el adecuado para construirlos. Parece que nadie ha pensado que para alguno
de estos números desaparecidos podría ser posible una construcción de regla y
compás, o incluso haberse hecho la pregunta.
El
polígono regular de 17 lados
Gauss,
uno de los más grandes matemáticos que ha existido, a punto estuvo de
convertirse en lingüista. Pero en 1796, cuando tenía 19 años, se dio cuenta de
que el número 17 tiene dos propiedades especiales que, combinadas, implican que
existe una construcción de regla y compás para un polígono regular de 17 lados
(heptadecágono).
Descubrió este hecho sorprendente no pensando en geometría, sino en álgebra. En
los números complejos hay precisamente 17 soluciones para la ecuación x17 =
1, y resulta que forman un polígono regular de 17 lados en el plano [véase
«Raíces de la unidad» en i]. Esto se conocía bien por aquel entonces, pero
Gauss señaló algo que a todo el mundo se le había escapado. Como él, sabían que
el número 17 es primo, y también que es una unidad mayor que una potencia de 2,
en concreto, 16 + 1, donde 16 = 24. Sin embargo, Gauss probó que la
combinación de estas dos propiedades implica que la ecuación x17 =
1 puede resolverse usando las operaciones habituales de álgebra: suma, resta,
multiplicación y división, junto con la formación de raíces cuadradas. Y todas
estas operaciones pueden realizarse geométricamente usando regla y compás. En
resumen, debe de haber una construcción de regla y compás para un polígono
regular de 17 lados. Y eso eran grandes noticias, porque nadie había soñado con
algo así durante más de dos mil años. Fue completamente inesperado y carente de
precedentes. Llevó a Gauss a decidirse por la carrera de matemáticas.
No escribió una construcción explícita, pero cinco años más tarde, en su obra
maestra Disquisitiones arithmeticae, escribió la fórmula:
Y
probó que el polígono regular de 17 lados puede construirse siempre que se
pueda construir un segmento de esa longitud dado un segmento de longitud la
unidad. Como solo aparecen raíces cuadradas, es posible trasladar la fórmula a
una construcción geométrica bastante complicada. Sin embargo, hay métodos más
eficientes, que descubrieron diferentes personas cuando estaban analizando la
prueba de Gauss.
Gauss era consciente de que el mismo argumento se aplica si se reemplaza 17 por
cualquier otro número con las mismas dos propiedades: un primo que es una
potencia de 2 más 1. Estos números se llaman «primos de Fermat». Usando
álgebra, puede probarse que si 2k + 1 es primo, entonces el
propio k debe ser 0 o una potencia de 2, de modo que k =
0 o 2n. Un número de esta forma se llama «número de Fermat». Los
primeros números de Fermat se muestran en la Tabla 13:
|
Tabla 13 |
|||
|
k = 2n |
2k + 1 |
¿Primo? |
|
|
|
0 |
2 |
sí |
|
0 |
1 |
3 |
sí |
|
1 |
2 |
5 |
sí |
|
2 |
4 |
17 |
sí |
|
3 |
8 |
257 |
sí |
|
4 |
16 |
65.537 |
sí |
|
5 |
32 |
4.294.967.297 |
no |
Los seis primeros números de Fermat son primos. Los tres primeros, 2, 3 y 5,
corresponden a construcciones conocidas por los griegos. El siguiente, 17, es
un descubrimiento de Gauss. Luego vienen dos números más asombrosos todavía:
257 y 65.537. La perspicacia de Gauss prueba que los polígonos regulares con
este número de lados también se pueden construir con regla y
compás. En 1832, F. J. Richelot publicó una construcción para el polígono
regular de 257 lados. J. Hermes, de la Universidad de Lingen, dedicó diez años
de su vida al polígono regular de 65.537 lados. Su trabajo inédito puede
encontrarse en la Universidad de Gotinga, pero se cree que contiene errores. No
está claro que merezca la pena comprobarlo, porque se sabe que la construcción
existe. Encontrar una es rutina, excepto por lo enorme de los cálculos. Supongo
que podría ser un buen test de los sistemas de verificación de pruebas por
ordenador.
Figura 148. El método de Richmond para construir un polígono
regular de 17 lados. Toma dos diámetros perpendiculares AOP0 y
BOC de una circunferencia. Dibuja OJ = 1/4 OB y
el ángulo OJE = 1/4 OJP0. Encuentra
F de modo que el ángulo EJF tenga 45º. Dibuja una circunferencia con FP0 como
diámetro, que cortará a OB en K. Dibuja una circunferencia de centro E que pase
por K, que corta AP0 en G y H. Dibuja HP3 y GP5, perpendicular
a AP0.
Durante
un tiempo, se pensó que todos los números de Fermat eran primos, pero en 1732
Euler se dio cuenta de que el 7º número de Fermat, 4.294.967.297 es compuesto,
que es igual a 641 × 6.700.417. (Ten en cuenta que en aquella época los
cálculos tenían que hacerse a mano. Hoy en día un ordenador revelaría esto en
un instante.) Hasta la fecha, no se ha probado que más números de Fermat sean
primos. Son compuestos para 5 ≤ n≤ 11 y en estos casos se conoce
una factorización en números primos.
Los números de Fermat son compuestos para 12 ≤ n ≤ 32,
pero no se conocen todos los factores y cuando n = 20 y 24 no
se conoce ningún factor explícito. Hay una prueba indirecta para saber si un
número de Fermat es primo y estos dos casos no pasan la prueba. El número de
Fermat más pequeño cuyo estatus no se conoce se da para n = 33
y tiene 2.585.827.973 cifras decimales. Ahora eleva 2 a esa potencia y súmale
1... ¡Gigante! Sin embargo, la esperanza no está perdida del todo debido al
tamaño: el mayor número de Fermat compuesto conocido es F2.747.497,
que es divisible entre:
57 ×
22.747.499 + 1
(Marshall
Bishop, 2013).
Parece
plausible que los primos de Fermat conocidos son los únicos, pero nunca se ha
probado. Si es falso, entonces habría un polígono regular construible con un
número de lados primo absolutamente gigantesco.
Patrones
de papel de pared
Un
patrón de papel de pared repite la misma imagen en dos direcciones distintas:
hacia abajo en la pared y a lo largo de la pared (posiblemente con cierta
inclinación). La repetición que va bajando la pared se debe a que el papel se
imprime en un rollo continuo, usando un cilindro giratorio para crear el
patrón. La repetición a lo largo de la pared hace posible continuar con el
patrón hacia los lados, para cubrir la pared por completo.
El número de posibles diseños para un patrón de pared es
gigantesco. Pero muchos patrones diferentes están ordenados de manera idéntica,
tan solo usando diferentes imágenes. Los matemáticos distinguen los patrones
diferentes en su esencia por sus simetrías. ¿Cuáles son las diferentes maneras
de deslizar el patrón o rotarlo o incluso voltearlo (como reflejándolo en un
espejo), de modo que el resultado final sea el mismo que al principio?
Figura 149. Patrón de papel de pared que se repite en dos direcciones.
Simetrías
en el plano
El
grupo de simetrías de un diseño en un plano comprende todos los movimientos
rígidos del plano que no deforman el propio diseño. Hay cuatro tipos
importantes de movimientos rígidos:
Figura 150. Cuatro tipos de movimiento rígido.
·
traslación (deslizar sin rotar)
·
rotación (girar alrededor de algún punto fijo, el centro de
rotación)
·
reflexión (reflejar respecto a alguna recta, el eje de simetría)
·
simetría de reflexión con desplazamiento (reflejar y mover a lo
largo del eje de simetría)
Si
el diseño es de extensión finita, solo la rotación y la simetría de reflexión
son posibles. Las rotaciones solo llevan a simetrías cíclicas, mientras que las
rotaciones más reflexiones dan simetrías diédricas.
Figura 151. Izquierda: grupo cíclico de simetrías (en este caso son
rotaciones de múltiplos del ángulo recto). Derecha: grupo diédrico de simetrías
(las líneas de puntos son ejes de simetría).
Los
patrones de la pared, que pueden continuar infinitamente, pueden tener
traslaciones y simetrías de reflexión con desplazamiento. Por ejemplo, podemos
pintar el grupo diédrico del diseño del cerdo en un azulejo cuadrado y usarlo
para embaldosar el plano. (El diagrama muestra solo cuatro de la colección
infinita de azulejos.) Ahora hay traslaciones (por ejemplo, las flechas
continuas) y simetrías de reflexión con desplazamiento (por ejemplo, las
flechas punteadas).
Figura 152. Colección de azulejos cuadrados mostrando la traslación (flechas
continuas) y simetrías de reflexión con desplazamientos (las flechas
punteadas).
Los
17 tipos de simetría de papel de pared
Para
mi papel de pared con el patrón de unas flores, las únicas simetrías son
desplazamientos a lo largo de dos direcciones en las cuales el patrón se
repite, o varios de esos desplazamientos realizados por turnos. Este es el tipo
más simple de simetría de papel de pared y todo diseño de papel de pared en
sentido matemático tiene estas simetrías de red, por definición. No estoy
reivindicando que no haya un papel de pared que sea básicamente tan solo un
mural, sin simetrías más allá de la trivial «deja esto sin cambios». Tan solo
estoy excluyendo esos patrones de esta discusión.
Muchos tipos de papel de pared tienen simetrías extra como rotaciones y
reflexiones. En 1924, George Pólya y P. Niggli probaron que había exactamente
17 tipos de simetrías diferentes de patrón de papel de pared.
En tres dimensiones, el problema correspondiente es listar todos los posibles
tipos de simetría de estructuras de cristales. En este caso hay 230 tipos.
Curiosamente, esa respuesta fue descubierta antes de que nadie resolviese la
versión bidimensional mucho más fácil para el papel de pared.
Figura 153. Los 17 tipos de patrón de papel de pared y su notación
cristalográfica internacional (de MathWorld, un recurso web de Wolfram).
§.
23 La paradoja del cumpleaños
Durante un partido de fútbol, hay normalmente 23 personas en el campo: dos
equipos de 11 jugadores cada uno más el árbitro. (Hay también dos árbitros
asistentes justo en el límite del campo y otro más lejos, pero los ignoraremos
junto con los camilleros, espontáneos que saltan al campo y entrenadores
furiosos.) ¿Cuál es la probabilidad de que dos o más de esas 23 personas tengan
la misma fecha de cumpleaños?
Con
más probabilidad de sí que de no
La
respuesta es sorprendente, a menos que la hayas visto antes. Para que los
cálculos sean sencillos, asume que solo son posibles 365 fechas de cumpleaños
diferentes (sin 29 de febrero para la gente que nació en año bisiesto), y que
cada una de estas fechas tenga exactamente la misma probabilidad: 1/365 Las
cifras reales muestran pequeñas pero significativas diferencias, con algunas
fechas o momentos del año más probables que otros; estas diferencias varían
entre países. La probabilidad buscada no cambia demasiado si tienes en cuenta
estos factores, y el resultado es igual de sorprendente.
También asumimos que las probabilidades para cada jugador son independientes de
las de los demás, lo cual no sería cierto si, por ejemplo, los jugadores fueron
deliberadamente escogidos para tener diferentes cumpleaños. O, digamos, si el
partido tuviese lugar en el alienígena mundo de hielo de Gnux Prime. Allí cada
nueva generación de monstruos alienígenas emerge simultáneamente de su tubo de
hibernación bajo tierra y generaciones distintas no juegan en los mismos
equipos, algo como un cruce entre cigarras magicicadas y los humanos en la
Tierra. Tan pronto como dos gnuxoides llegan al campo, la probabilidad de que
compartan la misma fecha de cumpleaños inmediatamente se convierte en 1.
Es más fácil encontrar una probabilidad relacionada: la oportunidad de que los
23 cumpleaños sean diferentes. Las reglas para calcular
probabilidades entonces nos dicen que hay que restar esto a 1 para obtener la
respuesta. Es decir, la probabilidad de que no suceda un evento es uno menos la
probabilidad de que el evento suceda. Para describir el cálculo nos ayuda
asumir que la gente llega al campo de uno en uno.
·
Cuando llega la primera persona, nadie más está presente. De
modo que la probabilidad de que sus cumpleaños sean diferentes es distinta de
cualquier otro que esté presente es 1 (seguro).
·
Cuando llega la segunda persona, su cumpleaños tiene que ser
diferente del de la primera persona, de modo que hay 364 opciones de 365. La
probabilidad de que esto suceda es:
364/365
·
Cuando entra la tercera persona, su cumpleaños tiene que ser
diferente del de las dos primeras personas, de modo que hay 363 opciones de
365. Las reglas para calcular las probabilidades nos dicen que cuando queremos
la probabilidad de que sucedan dos sucesos independientes, entonces multiplicamos sus
probabilidades. De modo que la probabilidad de que no se duplique el cumpleaños
en este punto es:
(364/365)
x (363/365)
·
Cuando llega la cuarta persona, su cumpleaños tiene que ser
diferente del de las primeras personas, de modo que hay 362 opciones de 365. La
probabilidad de que no se repita en este momento es:
(364/365)
x (363/365) x (362/365)
El
patrón debería estar ahora claro. Después de que k personas
hayan llegado, la probabilidad de que los k cumpleaños sean
distintos es:
p(k)
= (364/365) x (363/365) x (362/365)
x…x (365-k+1/365)
Cuando k =
23, esto resulta ser 0,492703, ligeramente menor que ½. De modo que la
probabilidad de que al menos dos personas tengan el mismo cumpleaños es 1 –
0,492703, que es:
0,507297
Esto
es ligeramente mayor que ½.
En otras palabras; con 23 personas en el campo, es más probable que al menos
dos de ellas tengan la misma fecha de cumpleaños, que todas las fechas sean
diferentes.
De hecho, 23 es el número más pequeño para el cual esta afirmación es cierta.
Con 22 personas, P (22) = 0,524305, ligeramente mayor que ½.
Ahora la probabilidad de que al menos dos personas tengan el mismo cumpleaños
es 1 – 0,524305, que es:
0,475695
Esto
es ligeramente menor que ½.
La imagen muestra cómo P (k) depende de k,
para k = 1 hasta 50. La recta horizontal muestra el valor de
equilibrio de ½.
La sorpresa es lo pequeño que es el número 23. Con 365 fechas entre las que
escoger, es fácil imaginar que necesitas mucha más gente antes de que una
coincidencia sea más probable que no. Esta intuición es errónea porque, a
medida que vamos introduciendo gente, se multiplica una secuencia cada vez más
decreciente de opciones. De modo que el resultado decrece más rápido de lo
esperado.
Figura 154. Cómo P (k) depende de k.
Mismo
cumpleaños que tú
Podría
haber otra razón por la que nos sorprenda lo pequeño que es el número. Quizá
confundamos el problema con uno diferente: ¿cuánta gente debería haber para
hacer mayor que ½ la probabilidad de que uno de ellos tenga el mismo
cumpleaños que tú?
Esta cuestión es ligeramente más sencilla de analizar. De nuevo, le damos la
vuelta y calculamos la probabilidad de que nadie tenga el
mismo cumpleaños que tú. Para cada nueva persona que consideremos, la
probabilidad de que su cumpleaños sea diferente del tuyo es siempre la misma,
en concreto:
364/365
De
modo que con k personas, la probabilidad de que todos sus
cumpleaños sean diferentes del tuyo es:
Aquí
los números que se multiplican no decrecen. Su producto decrece a medida que
usamos más de ellos, porque 364/365 es menor
que 1, pero el ritmo de decrecimiento es más lento. De hecho, ahora
necesitamos k = 253 antes de que este número caiga por debajo
de ½.
La
sorpresa, si es que la hay, es lo grande que es este número.
Cumpleaños
en Júpiter
Obtenemos
23 porque hay 365 días en un año. El número 365 no tiene especial significado
matemático aquí; aparece por razones astronómicas. Desde un punto de vista
matemático, deberíamos analizar un problema más general, donde el número de
días en un año pueda ser cualquiera que deseemos.
Empezaremos con el problema del cumpleaños para globulinos, alienígenas de
ficción que flotan en la atmósfera de helio-hidrógeno de Júpiter porque sus
células están rellenas con hidrógeno. Júpiter está más lejos del Sol que la
Tierra, de modo que su «año» (el tiempo que tarda el planeta en recorrer la
órbita alrededor del Sol) es más largo que el nuestro (4.332,59 de nuestros
días). También gira mucho más rápido, de modo que su «día» (el tiempo que tarda
el planeta en dar una vuelta alrededor de su eje) es más corto que el nuestro
(9 h 55 min 30 s). Por lo tanto, el «año» de Júpiter contiene aproximadamente
10.477 «días» jovianos.
Cálculos similares muestran que siempre que 121 globulinos, tres equipos de 40
globulinos más un árbitro, están involucrados en un juego de flota-la-pelota,
la probabilidad de que al menos dos de ellos compartan cumpleaños es
ligeramente mayor que ½. De hecho,
mientras
que con 120 globulinos, la probabilidad es 0,495455.
Los matemáticos jovianos, insatisfechos con tener que calcular repetidamente
esa probabilidad para diferentes números de días en el año, han desarrollado
una fórmula general. No es muy precisa, pero es una aproximación muy buena. Lo
que responde la pregunta general: si hay n fechas posibles
entre las que escoger, ¿cuántos entes deben estar presentes para que la
probabilidad de que al menos dos de ellos tengan el mismo cumpleaños exceda de
½?
Lo que los jovianos no saben es que una flota invisible de alienígenas
invasores del planeta Neeblebruct ha estado dando vueltas alrededor de Júpiter
durante medio siglo joviano. A lo largo de los años han abducido muchos
cuarenta y doses de los matemáticos jovianos con la esperanza de descubrir su
secreto. La dificultad es que un año neeblebructiano contiene exactamente 424 =
3.111.696 días neeblebructianos y nadie se las ha ingeniado para averiguar cuál
es el sustituto correcto para 121.
Este problema puede resolverse usando el secreto joviano. Han probado que
con n fechas entre las que escoger, y k entes
presentes, la probabilidad de que al menos dos de ellos tenga el mismo
cumpleaños supera por primera vez ½ cuando k está cerca de
√log
4 × √n
donde
la constante √log 4 es la raíz cuadrada del logaritmo de 4 con base e y su
valor es aproximadamente 1,1774.
Probemos esta fórmula con otros tres ejemplos:
·
Tierra: n = 365 y k ≈ 22,4944.
·
Marte: n = 670 y k ≈ 30,4765.
·
Júpiter: n = 10.477 y k ≈
120,516.
Redondeando
hasta el próximo entero, los puntos de ruptura se dan para 23, 31 y 121 entes.
Estos son, de hecho, los números exactos. Sin embargo, la fórmula no es tan
precisa para un n grande. Aplicada al año neeblebructiano, en
el que n= 3.111.696, la fórmula da:
k =
2.076,95
Que
al redondear da 2.077. Un cálculo con detalle muestra que
P (k)
= 0,4999
que
es ligeramente menor que ½ El número correcto resulta ser 2.078 para el cual:
P (k)
= 0,5002
La
fórmula explica por qué el número de entes necesarios para que una coincidencia
de cumpleaños sea más probable que no lo sea es tan pequeño. Es del mismo
tamaño general que la raíz cuadrada del número de días en el
año. Esto es mucho más pequeño que el número de días. Por ejemplo, para un año
que dura un millón de días la raíz cuadrada es tan solo mil.
Número
esperado
Una
variante común de este problema es: con n cumpleaños posibles,
¿cuál es el número esperado de entes necesarios para que al
menos dos de ellos compartan cumpleaños? Es decir, ¿cuántos entes necesitamos
de media?
Cuando n = 365, la respuesta resulta ser 23,9. Esto es tan
próximo a 23 que las dos preguntas a veces se confunden. De nuevo, hay una
fórmula que es una buena aproximación:
y la
constante (√π)/2 = 1,2533. Esto es un poco mayor que √log 4 = 1,1774.Frank
Mathis ha encontrado una fórmula más precisa para el número de entes necesarios
para que una coincidencia de cumpleaños tenga más probabilidades de ocurrir que
de no ocurrir:
Srinivasa
Ramanujan, un matemático hindú autodidacta con un don especial para las
fórmulas, encontró una más precisa para el número de entes esperados:
§. 26 Códigos secretos
La palabra «código» nos lleva a pensar inmediatamente en James Bond o en El
espía que surgió del frío. Pero casi todos nosotros usamos códigos secretos
en nuestra vida diaria para actividades perfectamente normales y legales como,
por ejemplo, la banca por Internet. Nuestras comunicaciones con nuestro banco
están encriptadas, puestas en código, así los criminales no pueden leer los
mensajes y tener acceso a nuestro dinero. Al menos no fácilmente.
Hay 26 letras en el alfabeto inglés, y códigos prácticos a menudo usan el
número 26. En concreto, la máquina Enigma, usada por los alemanes en la segunda
guerra mundial, empleaba rotores con 26 posiciones que se correspondían con las
letras. Así ese número proporciona una ruta de entrada razonable a la
criptografía. Sin embargo, no tiene propiedades matemáticas especiales en este
contexto, y principios similares funcionan con otros números.
El
cifrado César
La
historia de los códigos se remonta al menos al antiguo Egipto, y hacia 1900 a.
C. Julio César usaba un código sencillo en la correspondencia privada y para
secretos militares. Su biógrafo, Suetonio, escribió: «Si tenía cualquier cosa
confidencial que decir, la escribía cifrada, es decir, cambiando el orden de
las letras en el alfabeto, de modo que ni una palabra pudiese entenderse. Si
alguien deseaba descifrarlo y conocer su significado, debía sustituir la cuarta
letra del alfabeto, es decir D, por A, y continuar luego con las otras».
En la época de César el alfabeto no incluía las letras J, U y W, pero
trabajaremos con el alfabeto actual porque es más familiar. Su idea era
escribir el alfabeto en el orden habitual, y luego colocar una versión
trasladada debajo, quizá algo así:
A B
C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z
F G
H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z A B C D E
Puedes
codificar un mensaje convirtiendo cada letra del alfabeto normal en una letra
en la misma posición del alfabeto desplazado. Es decir, A se convierte en F, B
se convierte en G, y así sucesivamente. Como por ejemplo:
JULIUSCAESAR
OZQNZXHFJXFW
Para
codificar el mensaje, basta leer la correspondencia entre los alfabetos en el
otro sentido:
OZQNZXHFJXFW
JULIUSCAESAR
Para
obtener un artilugio práctico que automáticamente desvele el alfabeto,
colocamos las letras en una circunferencia o cilindro:
Figura 155. Artilugios prácticos para descifrar.
El
cifrado de César es demasiado simple para ser seguro por razones que explico a
continuación, pero incorpora algunas ideas básicas comunes a todos los
cifrados, es decir, sistemas de codificación:
·
Texto plano:
mensaje original.
·
Texto cifrado:
versión encriptada.
·
Algoritmo de encriptación:
método usado para convertir texto plano en texto cifrado.
·
Algoritmo de desencriptación:
método usado para convertir el texto cifrado en texto plano.
·
Clave: información secreta
necesaria para encriptar y desencriptar el texto.
Figura 156. Características generales de un sistema de cifrado.
En
el cifrado de César, la clave es el número de letras que se traslada el
alfabeto. El algoritmo de encriptación es «desplazar el alfabeto la clave». El
algoritmo de desencriptación es «desplazar el alfabeto la clave en sentido
inverso», es decir, menos la clave en el mismo sentido.
En este sistema de cifrado, la clave de encriptación y la clave de
desencriptación están muy relacionadas: una es menos la otra, es decir, el
mismo desplazamiento pero en sentido opuesto. En esos casos, saber la clave de
encriptación equivale exactamente a saber la clave de desencriptación. Un
sistema de este tipo se llama «cifrado simétrico».
En apariencia César empleó cifrados más sofisticados también, que eran mejores.
Formulación
matemática
Podemos
expresar el cifrado de César matemáticamente usando aritmética modular [véase
7]. En este caso, el módulo es 26, el número de letras del alfabeto. La
aritmética se realiza del modo habitual, pero se suma un ingrediente: cualquier
entero múltiplo de 26 puede reemplazarse por cero. Esto es precisamente lo que
necesitamos para hacer que el alfabeto desplazado dé la vuelta hasta el
principio de manera consistente.
Ahora las letras A-Z están representadas por los números 0-25, con A = 0, B =
1, C = 2 y así sucesivamente hasta llegar a Z = 25. El cifrado
de encriptación que desplaza A (en la posición 0) a F (en la posición 5) es la
regla matemática:
n → n +
5 (mod 26)
Observa
que U (en la posición 20) va a 20 + 5 = 25 (mod 26), que representa Z, mientras
que V (en la posición 21) va a 21 + 5 = 26 = 0 (mod 26), que representa A. Esto
muestra cómo la fórmula matemática asegura que el alfabeto da la vuelta
correctamente.
El cifrado de desencriptación es una regla similar:
n → n –
5 (mod 26)
Como n +
5 – 5 = n (mod 26), desencriptación deshace encriptación.En
general, con la clave k, con el significado de «trasladar k pasos
a la derecha», el cifrado de encriptación es la regla:
n → n + k (mod
26)
y el
de desencriptación es la regla:
n → n – k (mod
26)
La
ventaja de convertir el cifrado en un lenguaje matemático es poder describir
cifrados de manera precisa, y analizar sus propiedades, sin preocuparse del
alfabeto utilizado. Así todo funciona con números. Esto también nos
permitiría considerar símbolos adicionales: letras en minúscula (a, b, c,...),
signos de puntuación, números...; bastaría cambiar 26 a algo más grande y
decidir de una vez y para siempre cómo asignar los números.
Descifrando
el cifrado César
El
cifrado César es muy inseguro. Como se describió, hay solo 26 posibilidades, de
modo que puedes probarlas todas hasta desencriptar un mensaje que parezca tener
sentido. Eso no funcionaría para una variación, llamada «código por
sustitución», en el cual el alfabeto está desordenado, no solo desplazado.
Ahora hay 26! códigos [véase 26!], que es una cantidad enorme. Aunque hay un
modo sencillo de descifrar esos códigos, ya que en cualquier lenguaje dado,
algunas letras son más comunes que otras.
En inglés, la letra más común es E, y aparece alrededor de un 13 % de las
veces. Luego viene la T, en un 9 %, luego la A, un 8 %, etcétera. Si
interceptas un texto cifrado largo y sospechas que ha sido generado
desordenando el alfabeto, puedes calcular la frecuencia de cada letra;
probablemente no encajarán exactamente con la imagen teórica, porque los textos
varían.
Figura 158. Una máquina Enigma.
La
máquina Enigma constaba de un teclado para introducir el texto
plano, y una serie de rotores, cada uno con 26 posiciones
correspondiente a las letras del alfabeto. Las máquinas iniciales tenían tres
rotores, más tarde esto fue incrementando a un conjunto de cinco (ocho para la
armada alemana) de los cuales tan solo tres se seleccionaban en un día
cualquiera. El objetivo de los rotores era desordenar las letras del texto
plano de modo que cambiase cada vez que se tecleaba una nueva letra.
El método preciso es complicado. Véase: máquina enigma.
Más o menos, el proceso es el siguiente:
Cada rotor cifra el alfabeto como un cifrado César, con el desplazamiento
determinado por su posición. Cuando se da una letra al primer rotor, el
resultado desplazado se pasa al segundo rotor y se desplaza de nuevo; luego el
resultado se pasa al tercer rotor y se desplaza una tercera vez. En este punto,
la señal alcanza un reflector, un conjunto de 13 cables que
conectan las letras en pares, el cual intercambia la letra resultante por
aquella a la que está conectada. Entonces el resultado pasa de vuelta a través
de los tres rotores, para producir la letra del código final correspondiente a
la entrada dada.
Luego se lee el texto cifrado en un panel de luces: 26 bombillas,
una tras cada letra del alfabeto, que se encienden para mostrar la letra en el
texto cifrado que corresponde al texto plano que acabamos de teclear.
La característica más ingeniosa del artilugio es cómo la correspondencia entre
la letra del texto plano y la letra que resulta en el texto cifrado cambia en
cada pulsación sucesiva. A medida que cada nueva letra se pulsa en el teclado,
los rotores se mueven a la siguiente posición, cifrando el alfabeto de una
manera diferente. El que está a la derecha se mueve un paso hacia delante cada
vez. El que está en el centro se mueve un paso cuando el rotor de la derecha
pasa la Z y vuelve a la A. Y el que está a la izquierda hace lo mismo con
respecto al rotor central.
Los rotores, por lo tanto, funcionan de forma similar al cuentakilómetros de un
coche (antes de que fuesen electrónicos). Aquí la cifra de las «unidades» hace
ciclos de 0 a 9 y luego vuelve a 0, un paso de cada vez. La cifra de las
«decenas» hace lo mismo, pero se mueve solo cuando se «lleva una» de la
posición de las unidades, cuando esta pasa de 9 y vuelve a 0. De modo similar,
la cifra de las «centenas» incrementa 1 solo cuando se lleva una cifra de la
posición de las decenas. La serie de tres cifras, por lo tanto, va de 000 a
999, sumando 1 en cada paso y luego volviendo a 000.
Figura 159. Una serie de tres rotores.
Aunque
los rotores de Enigma tenían 26 «cifras» (las letras de la A a la Z) en lugar
de 10. Además, podían colocarse en cualquier posición de arranque, un total de
26 × 26 × 26 = 17.576 posiciones. En el uso real, esta posición de arranque se
establecía al principio del día y se usaba durante 24 horas antes de volver a
cambiarse.
He descrito los pasos del proceso en términos de rotores izquierdo, central y
derecho, pero en realidad la máquina podía ajustarse para usar cualquiera de
los seis modos posibles de colocar los rotores en orden. Esto multiplica
inmediatamente los posibles ajustes iniciales por 6 y da 105.456 posibilidades.
Para uso militar, se proporcionaba un nivel añadido de seguridad con un panel
con clavijas, el cual intercambia pares de letras dependiendo de qué letra se
conectaba con qué letra por un cable conector. Se usaban hasta diez de esos
cables, lo cual daba 150.738.274.937.250 posibilidades. De nuevo, los ajustes
del panel con clavijas se renovaban cada día.
Este sistema tiene una ventaja práctica importante para los usuarios: es
simétrico. La misma máquina puede usarse para desencriptar el mensaje. Los
ajustes iniciales para un día concreto deben transmitirse a todos los usuarios;
los alemanes usaban una versión de libretas de un solo uso para lograrlo.
Figura 160. El panel de clavijas con dos cables de conexión colocados.
Descifrando
el código enigma
Sin
embargo, el procedimiento también introduce debilidades. La más notoria era que
si el enemigo, en este caso los Aliados, podía averiguar los ajustes, entonces
todo mensaje enviado ese día podía desencriptarse. Había otras. En concreto, el
código era vulnerable si los mismos ajustes se empleaban dos días consecutivos,
como sucedía ocasionalmente por error.
Explotando estas debilidades, el equipo de Bletchley Park descifró el
funcionamiento del código Enigma por primera vez en enero de 1940. Su trabajo
se apoyó mucho en el conocimiento y las ideas obtenidas por un grupo polaco de
criptoanalistas dirigido por el matemático Marian Rejewski, quien había estado
intentando descifrar el código Enigma desde 1932. Los polacos identificaron un
fallo, basado en la manera en que los ajustes del día se transmitían a los
usuarios. Esto, de hecho, reducía el número de ajustes que había que considerar
de 10.000 billones a 100.000. Catalogando estos patrones en los ajustes, los
polacos pudieron calcular rápidamente qué ajustes se habían usado en un día
concreto. Inventaron una máquina llamada «ciclómetro» para que les ayudase.
Preparar el catálogo les costó alrededor de un año, pero una vez estuvo
completo, solo se tardaba 15 minutos en deducir los ajustes del día y descifrar
el código.
Los alemanes mejoraron su sistema en 1937 y los polacos tuvieron que empezar de
nuevo. Desarrollaron varios métodos. El más potente fue un artilugio que
llamaron «bomba kryptologiczna» («bomba criptológica»). Cada uno de ellos
realizaba un análisis en bruto de los 17.576 ajustes posibles de los tres
rotores, para cada uno de los seis órdenes posibles en los cuales podían
colocarse.
En 1939, poco después de llegar a Bletchley Park, Turing introdujo una versión
británica de la bomba kryptologiczna, conocida como «the bombe». De
nuevo, su función era deducir los ajustes del rotor inicial y el orden de los
rotores. En junio de 1941 había cinco bombas en uso, al final de la guerra en
1945, había 210. Cuando la armada alemana se pasó a máquinas de cuatro rotores,
se fabricaron bombas modificadas.
A medida que el sistema alemán se modificaba para incrementar la seguridad,
quienes se encargaban de descifrarlo encontraban modos de anular las mejoras.
En 1945, los Aliados pudieron desencriptar casi todos los mensajes alemanes,
pero el alto mando alemán continuaba creyendo que todas las comunicaciones eran
totalmente seguras. Sus criptógrafos, por el contrario, no tenían tales
delirios, pero dudaban que nadie fuese capaz de hacer el enorme esfuerzo
necesario para descifrar el código. Todos los Aliados habían logrado una
ventaja enorme, pero tenían que tener cuidado de cómo la usaban para evitar
revelar su habilidad para desencriptar los mensaje.
Códigos
asimétricos
Una
de las mayores ideas en criptografía es la posibilidad de claves asimétricas.
En este caso la clave de encriptación y la clave de desencriptación son
diferentes, tanto es así que no es posible en la práctica averiguar la clave de
desencriptación aunque sepas la de encriptación. Esto podría parecer extraño,
ya que un proceso es el inverso del otro, pero hay métodos para establecerlos
de modo que «hacer el método de encriptado hacia atrás» no sea factible. Un
ejemplo es el código RSA [véase 7], basado en propiedades de los números primos
en aritmética modular. En este sistema, el algoritmo de encriptación, el
algoritmo de desencriptación y la clave de encriptación pueden hacerse públicas,
e incluso así no es posible deducir la clave de desencriptación. Sin embargo,
receptores legítimos pueden hacerlo porque también tienen la clave
secreta, lo que les dice cómo desencriptar mensajes.
§. 56 La conjetura de la salchicha
Se ha probado que la colocación de esferas cuya «envolvente convexa» tiene el
volumen más pequeño es siempre una salchicha para 56 esferas o menos, pero no
para 57.
Empaquetado
de film transparente
Para
comprender este resultado, empecemos con algo más sencillo: empaquetar
círculos. Supongamos que estás empaquetando juntos en el plano muchos círculos
idénticos, y los envuelves con film transparente, rodeándolos con la curva más
pequeña que puedas. Técnicamente esta curva se llama «envolvente convexa» del
conjunto de círculos. Con siete círculos, por ejemplo, podías intentar una
«salchicha» larga.
Figura 161. Forma de salchicha con su envoltorio.
Sin
embargo, supongamos que quieres hacer el área total dentro de la curva lo más
pequeña posible. Si cada círculo tiene radio 1, entonces el área para la
salchicha es:
24 +
π = 27,141
Pero
hay una colocación mejor de los círculos, un hexágono con un círculo central, y
ahora el área es:
12 +
π + 6√-3 = 25,534
que
es más pequeña.
Figura 162. Forma hexagonal con su envoltorio. Esta da un área más pequeña
que la salchicha.
De
hecho, incluso con tres círculos, la forma de salchicha no es la mejor. El área
dentro de la curva para la salchicha es:
8 +
π = 11,14
Pero
para el triángulo de círculos es:
6 +
π + √-3 = 10,87
Sin
embargo, si usas esferas idénticas en lugar de círculos y los
envuelves con film transparente haciendo que la superficie tenga la menor área posible,
entonces para siete esferas resulta que la salchicha alargada lleva a un volumentotal
más pequeño que la colocación hexagonal. De hecho, este patrón de salchicha da
el volumen más pequeño dentro del envoltorio para cualquier número de esferas
hasta 56 (incluido). Pero con 57 esferas o más, las disposiciones que minimizan
el volumen son más redondeadas.
Figura 163. La forma de salchicha con su envoltorio para tres círculos. El
triángulo tiene un área más pequeña.
Menos
intuitivo es lo que pasa en espacios de cuatro o más dimensiones. La colocación
de esferas de cuatro dimensiones cuyas envolturas dan el «volumen»
tetradimensional más pequeño es una salchicha para cualquier número de esferas
hasta al menos 50.000. Aunque no es una salchicha para más de
100.000 esferas. De modo que el empaquetado del volumen menor usa salchichas de
esferas muy largas y delgadas hasta obtener una cantidad ingente de ellas.
Nadie sabe el valor preciso en el cual las salchichas de cuatro dimensiones
dejan de ser la mejor opción.
El cambio más fascinante probablemente aparezca con cinco
dimensiones. Podrías imaginar que en cinco dimensiones las salchichas son la
mejor opción hasta, por ejemplo, 50.000 millones de esferas, y que luego algo
más redondeado da un volumen pentadimensional más pequeño; y para seis dimensiones
se aplicaría lo mismo lo que nos llevaría a tropecientos millones, y así
sucesivamente. Pero en 1975, Laszlo Fejes Tóth formuló la
conjetura de la salchicha, la cual afirma que para cinco dimensiones o
más, la disposición de las esferas cuya envolvente convexa tiene volumen mínimo
es siempre una salchicha, por muy grande que el número de
esferas pueda ser.
En 1998, Ulrich Betke, Martin Henk y Jörg Wills probaron que Tóth estaba en lo
correcto para cualquier número de dimensiones mayor o igual a 42. Hasta la
fecha, esto es lo mejor que se ha podido hacer.
§. 168 Geometría finita
Durante siglos, la geometría de Euclides fue la única geometría. Se pensaba que
era geometría verdadera del espacio, lo cual significa que ninguna otra
geometría sería posible. Ya no creemos en esa afirmación. Hay muchos tipos de
geometrías no euclídeas, correspondientes a superficies curvas. La relatividad
general ha mostrado que el espacio-tiempo real es curvo, no plano, cerca de
cuerpos enormes como las estrellas [véase 11]. Otro tipo de geometría, la
geometría proyectiva, proviene de la perspectiva en arte. Hay incluso
geometrías con una cantidad finita de puntos. La más sencilla tiene siete puntos,
siete rectas y 168 simetrías, y nos lleva a la increíble historia de los grupos
simples finitos, culminando en el extraño grupo conocido, con razón, como «el
monstruo».
Geometría
no euclídea
A
medida que los humanos empezamos a navegar por el globo, la geometría esférica,
la geometría natural en la superficie de una esfera, empezó a cobrar
protagonismo, porque una esfera es un modelo bastante preciso de la forma de la
Tierra, aunque no es exacto, ya que la Tierra está más cerca de un esferoide,
achatado por los polos. Pero la navegación tampoco era exacta. Sin embargo, una
esfera es una superficie en el espacio euclídeo, de modo que parecía que la
geometría esférica no era un nuevo tipo de geometría, tan solo una
especialización de la euclídea. Después de todo, nadie consideró la geometría
de un triángulo como la desviación radical de Euclides, incluso si técnicamente
un triángulo no es plano.
Todo esto cambió cuando los matemáticos empezaron a observar más de cerca una
característica de la geometría de Euclides: la existencia de rectas paralelas.
Estas son líneas rectas que nunca se encuentran, no importa cuánto se
extiendan. Seguramente Euclides se dio cuenta de que las paralelas escondían
sutilezas, porque fue lo suficiente astuto para hacer de su existencia uno de
los axiomas básicos en su desarrollo de la geometría. Debió de haberse dado
cuenta de que no era obvio.
La mayoría de sus axiomas son claros e intuitivos: «dos ángulos rectos
cualesquiera son iguales», por ejemplo. Por el contrario, el axioma de las
paralelas era un poco trabalenguas: «Si un segmento se corta con dos rectas
formando dos ángulos interiores en el mismo lado esa suma es menor que dos
ángulos rectos, entonces las dos rectas, si se extienden indefinidamente, se
cortan en el lado en el cual los ángulos suman menos que los dos ángulos
rectos». Los matemáticos empezaron a preguntarse si este tipo de complejidad
era necesaria. ¿Podría ser posible probar la existencia de paralelas a partir
del resto de los axiomas de Euclides?
Se las arreglaron para reemplazar la formulación engorrosa de Euclides por unos
supuestos más intuitivos y sencillos. Quizá el más sencillo es el axioma de
Playfair: dada una recta y un punto que no está en esa recta, hay una única
paralela a la recta dada que pasa por ese punto. El nombre se debe a John
Playfair, quien lo afirmó en su Elements of Geometry de 1795.
Estrictamente hablando, presupone que hay al menos una paralela, porque otros
axiomas se podían usar para probar que existía una paralela. Se hicieron muchos
intentos de obtener el axioma de la paralela a partir del resto de axiomas de
Euclides, pero todos fracasaron. Finalmente, la razón se hizo evidente: no
podía hacerse. Existen modelos de geometría que satisfacen todos los axiomas de
Euclides excepto el de las paralelas. Si existiese una prueba
para el axioma de las paralelas, entonces ese axioma sería válido en ese
modelo; sin embargo, no lo es. Por lo tanto, no hay prueba.
De hecho, la geometría esférica proporciona ese modelo. «Recta» se reinterpreta
como «circunferencia máxima», la circunferencia que resulta en una esfera al
cortarse esta por un plano que pasa por el centro. Dos circunferencias máximas
cualesquiera se cortan; por lo tanto, no hay paralelas en toda esta geometría.
Sin embargo, este contraejemplo pasó desapercibido, porque dos circunferencias
máximas cualesquiera se cortan en dos puntos, diametralmente opuestos el uno al
otro. Por el contrario, Euclides requería que dos rectas cualesquiera se
cortasen solo en un punto, a menos que fuesen paralelas y no se cortasen en
ninguno.
Desde un punto de vista actual, la respuesta era directa: reinterpretar «punto»
como «par de puntos diametralmente opuestos». Esto da lo que ahora llamamos «geometría
elíptica». Pero esto era demasiado abstracto para paladares más tempranos, y
dejó un agujero que Playfair explotó cuando descartó esas geometrías. En su
lugar, los matemáticos desarrollaron la geometría hiperbólica, en la cual
infinidad de paralelas a una recta dada pasan a través de un punto dado. Un
modelo estándar es el disco de Poincaré, que es el interior de un círculo.
Una recta está definida como cualquier arco de un círculo que
corta la frontera en un ángulo recto. Se necesitó casi un siglo para que estas
ideas calasen y dejasen de ser controvertidas.
Figura 164. El modelo del disco de Poincaré del plano hiperbólico (la
superficie gris). Las dos líneas grises son paralelas a la negra y pasan a
través del mismo punto.
Geometría
proyectiva
Mientras
tanto, otra variante de la geometría de Euclides estaba emergiendo. Esta vino
del lado del arte y la arquitectura, donde los artistas del Renacimiento
italiano estaban desarrollando dibujos con perspectiva. Supongamos que estás
frente a un plano de Euclides, entre dos paralelas, como alguien de pie en
medio de una carretera totalmente recta que es infinitamente larga. ¿Qué ves?
Lo que no ves es dos rectas que nunca se cortan. En su lugar,
ves dos rectas que se cortan en el horizonte.
¿Cómo puede ser esto? Euclides dijo que las paralelas no se cortaban, pero tus
ojos te dicen que lo hacen. Realmente no hay una contradicción lógica. Euclides
dijo que las paralelas no se cortan en un punto del plano. El
horizonte no es parte del plano; si lo fuera, sería la arista del plano, pero
un plano no tiene arista. Lo que un artista necesita no es un plano euclídeo,
sino un plano con un extra añadido: el horizonte. Y este puede pensarse como
una «recta en el infinito», compuesta de «puntos en el infinito», los cuales
están donde las paralelas se cortan.
Figura 165. Las paralelas se cortan en el infinito.
Esta
descripción tiene más sentido si pensamos en lo que hace un artista: coloca un
caballete con un lienzo y transfiere la escena frente a él al lienzo proyectándola.
Hace esto a ojo o usando artilugios mecánicos u ópticos. Matemáticamente,
proyectas un punto en el lienzo dibujando una recta desde el punto al ojo del
artista y dibujando un punto donde esa recta corta al lienzo. Así es
básicamente como funciona una cámara: la lente proyecta el mundo exterior en un
carrete o, para las cámaras digitales, en un dispositivo de carga acoplada. De
manera similar, tu ojo proyecta una escena en tu retina.
Para ver de dónde viene el horizonte, redibujamos la imagen de las paralelas
desde el lateral (Figura de la derecha). Los puntos en el plano euclídeo (gris)
proyectan puntos bajo el horizonte. Las rectas frente al artista proyectan
rectas que acaban en el horizonte. El propio horizonte no es
la proyección de un punto en el plano: supongamos que intentas encontrar ese
punto proyectándolo de nuevo, como se muestra con la flecha; este es paralelo
al plano, así que no se corta nunca con él, continúa «hasta infinito» sin
chocarse con el plano. Por lo tanto, nada en el plano se
corresponde con el horizonte.
Figura 166. Izquierda: grabado de Durero de 1525 que ilustra la proyección.
Derecha: proyección de rectas paralelas en el lienzo.
Una
geometría consistente lógicamente puede definirse sobre la base de esta idea.
El plano euclídeo se extiende añadiendo una «recta en el infinito», hecha de
«puntos en el infinito». En esta configuración, llamada «geometría proyectiva»,
las paralelas no existen; dos rectas distintas cualesquiera se cortan
exactamente en un punto. Además, como en la geometría euclídea, dos puntos
cualesquiera pueden unirse formando una recta, de modo que ahora hay una
«dualidad» agradable: si intercambiamos puntos por rectas y rectas por puntos,
todos los axiomas siguen siendo válidos.
El
plano de Fano
Persiguiendo
esta idea nueva, los matemáticos se preguntaron si podría haber análogos
finitos de la geometría proyectiva, es decir, configuraciones hechas a partir
de un número finito de puntos y rectas, en el cual:
·
Dos puntos distintos cualesquiera estén exactamente en una
recta.
·
Dos rectas distintas cualesquiera se corten exactamente en un
punto.
De
hecho, esas configuraciones existen, no necesariamente como diagramas en el
plano o en el espacio. Pueden definirse algebraicamente estableciendo un tipo
de sistema de coordenadas para la geometría proyectiva. En lugar del par de
números reales (x, y) que normalmente usamos para el plano euclídeo,
usamos una terna (x, y, z). Normalmente las ternas definen coordenadas
en el espacio euclídeo tridimensional, pero imponemos una condición adicional:
las únicas cosas que importan son las proporciones entre las coordenadas. Por
ejemplo, (1, 2, 3) representan el mismo punto que (2, 4, 6) o (3, 6, 9).
Ahora podemos casi reemplazar (x, y, z) por el
par x/z, y/z,
lo cual nos lleva de vuelta a dos coordenadas y al plano euclídeo. Sin
embargo, z puede ser cero. Si eso ocurre, podemos pensar
en x/z e y/z como
«infinito», con la característica maravillosa de que la proporción x
y todavía tiene sentido. De modo que puntos con coordenadas (x, y,
0) están «en infinito» y el conjunto de todos ellos forma la recta en el infinito,
el horizonte. Solo una terna tiene que excluirse para hacer que todo esto
funcione: estamos de acuerdo en que (0, 0, 0) no representa un punto. Si lo
hiciese, representaría todos los puntos, ya que (x, y, z) y (0x,
0y, 0z) serían lo mismo. Pero este último es (0, 0, 0).
Una vez nos acostumbramos a estas «coordenadas homogéneas», como así se llaman,
podemos desarrollar un juego similar en generalidades mayores. En concreto,
podemos obtener configuraciones finitas con las propiedades requeridas
cambiando las coordenadas de los números reales a enteros módulo p,
para un pprimo. Si consideramos p = 2, el caso más
sencillo, las coordenadas posibles son 0 y 1. Hay ocho ternas, pero de nuevo
(0, 0, 0) no está permitido, lo que deja siete puntos:
(0,
0, 1) (0, 1, 0) (1, 0, 0) (0, 1, 1) (1, 0, 1) (1, 1, 0) (1, 1, 1)
La
«geometría proyectiva finita» resultante se conoce como el «plano de Fano»,
llamado así por el matemático italiano Gino Fano, quien publicó la idea en
1892. De hecho, describió un espacio tridimensional proyectivo finito con 15
puntos, 35 rectas y 15 planos. Usa cuatro coordenadas, con los valores 0 y 1,
excluyendo (0, 0, 0, 0). Cada plano tiene la misma geometría que el plano de
Fano.
Figura 167. Los siete puntos y las siete rectas del plano de Fano.
El
plano de Fano tiene siete rectas, cada una contiene tres puntos; y siete
puntos, cada uno está en tres rectas. En el dibujo, todas las líneas son
rectas, excepto BCD, que es circular, pero viene de intentar representar
enteros de módulo 2 en un plano convencional. Realmente, los siete puntos se
tratan simétricamente. Las coordenadas de cualquiera de los tres puntos que
forman una recta siempre suman cero; por ejemplo, la recta de abajo se
corresponde con:
(1,
0, 1) + (0, 1, 1) + (1, 1, 0) =
= (1
+ 0 + 1, 0 + 1 + 1, 1 + 1 + 0) = (0, 0, 0)
ya
que 1 + 1 = 0 módulo 2.
Simetrías
del plano de Fano
Aunque
todavía no hay ninguna señal del número 168, estamos cerca. La clave es la
simetría. Una simetría de un objeto matemático o sistema es un
modo de transformarlo que conserve su estructura. Las simetrías naturales de la
geometría euclídea son movimientos rígidos, los cuales no cambian ángulos o
distancias. Algunos ejemplos son las traslaciones, que hacen deslizamientos en
el plano hacia los lados; las rotaciones, que lo giran alrededor de un punto
fijo; y las reflexiones, que lo reflejan respecto a alguna recta fija.
Las simetrías naturales de la geometría proyectiva no son movimientos rígidos,
porque las proyecciones pueden distorsionar formas y comprimir o magnificar
longitudes y ángulos. Son proyecciones: transformaciones que no cambian las
relaciones de incidencia, es decir, cuando un punto está o no está en una
recta. Las simetrías ahora se reconocen como propiedades vitales de todos los
objetos matemáticos. De modo que es natural preguntar cuáles son las simetrías
del plano de Fano.
En este caso no quiero decir simetrías del diagrama de movimiento rígido, en el
sentido de un triángulo equilátero que tiene seis simetrías de movimiento
rígido. Quiero decir permutaciones de siete puntos, tales como que siempre que
tres puntos formen una recta, los puntos permutados también formarán una recta.
Por ejemplo, podría transformar la recta de abajo EDF en la circunferencia CDB.
Denotemos esto así:
E’ =
CD’ = DF’ = B
en
donde el apóstrofe indica cómo transformar estas tres letras. Tenemos que
decidir qué serían A’, B’, C’ y G’, de manera que no acabemos con una
permutación. Tienen que ser diferentes de C, D y B. Podríamos probar con:
A’ =
E
y
ver qué implica. Como ADG es una recta, A’D’G’ debe ser una recta. Pero hemos
decidido ya que A’ = E y D’ = D. ¿Qué debería ser G’? Para encontrar la
respuesta, observa que la única recta que contiene E y D es EDF. De modo que
tenemos que hacer que sea G’ = F. Completando rectas sucesivas de esta manera,
averiguamos que B’ = G y C’ = A. Así mi permutación asocia ABCDEFG con
’B’C’D’E’F’G’, que es EGADCBF.
No es trivial visualizar estas transformaciones, pero podemos encontrarlas
algebraicamente de esta manera. Hay más de las que podrías esperar. De hecho,
sorprendentemente, hay 168.
Para probarlo, usamos el método que hemos visto, que es típico. Empieza con un
punto A. ¿Adónde puedes ir? En principio, a cualquiera de A, B, C, D, E, F y G,
de modo que hay 7 opciones. Supongamos que se mueve a A’. Una vez hecho,
observa el punto B. Luego podemos mover B a cualquiera de las 6 posiciones que
quedan sin toparnos con problemas con las relaciones de incidencia. Esto da 7×
6 = 42 potenciales simetrías hasta el momento. Una vez que se decide que A y B
van a A’ y B’, no tenemos opción sobre adónde mover E, el tercer punto en la
recta AB. Debemos moverlo al tercer punto en A’B’, cualquiera que este sea, no
hay ninguna otra posibilidad. Sin embargo, todavía hay cuatro puntos cuyo
destino está sin decidir. Escoge uno de ellos: puede moverse a cualquiera de
esos cuatro puntos. Pero una vez se escoge su destino, todo lo demás está
determinado por la geometría.
Puede comprobarse que todas las combinaciones conservan las relaciones de
incidencia: rectas correspondientes siempre se cortan en los puntos
correspondientes. De modo que en total hay 7 × 6 × 4 = 168 simetrías. Un modo
civilizado de probar todo esto es usar álgebra lineal en el cuerpo de enteros
de módulo 2. Las transformaciones concernientes son entonces representadas como
matrices invertibles 3 × 3, con entradas 0 o 1.
La
cuártica de Klein
El
mismo grupo aparece en análisis complejo. En 1893, Adolf Hurwitz probó que una
superficie compleja (técnicamente, una superficie de Riemann compacta)
con g agujeros tiene como máximo 84 (g – 1)
simetrías. Cuando hay tres agujeros, este número es 168. Felix Klein construyó
una superficie conocida como la «cuártica de Klein», con ecuación:
x3y + y3z + z3x =
0
con coordenadas homogéneas
complejas (x, y, z). El grupo de simetría de esta superficie resulta ser
el mismo que el del plano de Fano, de modo que tiene el orden máximo posible
que predice el teorema de Hurwitz, 168.
Figura 168. Tres secciones reales de la cuártica de Klein.
La
superficie está relacionada con un teselado con triángulos del plano
hiperbólico, en el cual en cada vértice se encuentran siete de ellos.
Figura 169. Teselado asociado del plano hiperbólico, representado en el
modelo del disco de Poincaré.
Grupos
simples y el monstruo
Las
simetrías de cualquier sistema matemático u objeto forman un grupo.
En el lenguaje ordinario esto tan solo quiere decir una colección, o conjunto,
pero en matemáticas se refiere a una colección con una característica extra.
Dos miembros cualesquiera de la colección pueden combinarse para
dar otro en la colección. Es parecido a la multiplicación: dos miembros g,
h, del grupo se combinan para dar el producto gh. Pero los
miembros, y la operación que los combina, pueden ser los que queramos; siempre
y cuando tengan algunas propiedades sutiles, que están motivadas por las
simetrías.
Las simetrías son transformaciones, y el modo de combinar dos transformaciones
es realizar primero una de ellas y luego la otra. Esta noción particular de
«multiplicación» obedece a varias leyes algebraicas sencillas. La
multiplicación es asociativa: (gh)k = g(hk).
Hay una identidad 1 tal que 1g = g1 = g.
Todo g tiene un inverso g–1 tal
que g–1g = 1. (La propiedad
conmutativa gh = hg no es un requerimiento,
ya que no funciona para muchas simetrías.) Cualquier sistema matemático que
cuente con una operación que obedezca a estas tres reglas se llama «grupo».
Para las simetrías, la propiedad asociativa es automáticamente cierta porque
estamos combinando transformaciones, la identidad es la transformación «hacer
nada», y la inversa de una transformación es «deshacerlo». De manera que las
simetrías de cualquier sistema u objeto forman un grupo bajo la composición. En
concreto, esto es cierto para el plano de Fano. El número de transformaciones
en su grupo de simetría (llamado «orden del grupo») es 168. Resulta ser un
grupo muy inusual.
Muchos grupos pueden dividirse en combinaciones de grupos más pequeños, un poco
como factorizar números en primos, pero el proceso es más complicado. Los
análogos de factores primos se llaman «grupos simples». Estos son grupos que no
pueden dividirse de esta manera. «Simple» no quiere decir «fácil», significa
«tener solo un componente».
Hay infinidad de grupos finitos, grupos de orden finito, es decir, con una
cantidad finita de miembros. Si escoges uno al azar, raramente es simple, de la
misma forma que los primos son extraños comparados con los números compuestos.
Sin embargo, hay infinidad de grupos simples, de nuevo, igual que con los
primos. De hecho, algunos están relacionados con los primos. Si n es
cualquier número, entonces los enteros módulo n [véase 7]
forman un grupo si componemos miembros mediante la adición. Esto se llama
«grupo cíclico de orden n». Es simple exactamente cuando n es
primo. De hecho, todos los grupos simples de orden primo son cíclicos.
¿Hay otros? Galois, en su trabajo sobre la ecuación de grado 5, encontró un
grupo simple de orden 60. No es primo, por lo tanto el grupo no es cíclico.
Consiste en todas las permutaciones pares [véase 2] de cinco objetos. Para
Galois, los objetos eran las cinco soluciones de la ecuación de grado 5 [véase
5] y el grupo de simetría de la ecuación consistía en las 120 permutaciones de
estas soluciones. Dentro estaba su grupo de orden 60 y Galois lo sabía porque
el grupo es simple, no hay fórmula algebraica para las soluciones; la ecuación
tiene el tipo erróneo de simetría para resolverse mediante una
fórmula algebraica.
El siguiente grupo simple no cíclico más grande tiene orden 168 y es el grupo
de simetría del plano de Fano. Entre 1995 y 2004, aproximadamente un centenar
de expertos en álgebra se las arreglaron para clasificar todos los grupos
simples finitos, es decir, hacer una lista de todo. El resultado de este
trabajo monumental, al menos 10.000 páginas en revistas, es que todo grupo
simple finito encaja en una familia infinita de grupos muy relacionados, y hay
18 familias diferentes. Una familia, la de los grupos lineales proyectivos
especiales, empieza con el grupo simple de orden 168.
Bueno, no todos. Hay exactamente 26 excepciones, llamadas «grupos esporádicos».
Estas criaturas son un revoltijo fascinante, individuos excepcionales que a
veces se relacionan unos con otros si no se es muy estricto. La tabla lista los
26 con sus nombres y órdenes.
La mayoría de estos grupos reciben el nombre de la persona que los descubrió,
pero el más grande se llama «el monstruo»; con razón, porque su orden es
aproximadamente 8 × 1053. Para ser precisos:
=
808 017 424 794 512 875 886 459 904 961 710 757 005 754 368 000 000 000
Véase
la tabla para la factorización en primos, que es más útil para los
especialistas en teoría de grupos. Estuve tentado de hacer un capítulo sobre
este número, pero me decidí por ponerlo en 168 para proporcionar una imagen más
amplia.El monstruo lo predijeron en 1973 Bernd Fischer y Robert Griess, y lo
construyó en 1982 Griess. Es el grupo de simetrías de una curiosa estructura
algebraica, el álgebra de Griess. El monstruo tiene conexiones sorprendentes
con un área totalmente diferente de las matemáticas: formas modulares en
análisis complejo. Algunas coincidencias numéricas dieron pistas de esta
relación, lo cual llevó a John Conway y Simon Norton a formular su
conjetura moonshine, probada en 1992 por Richard Borcherds.
Demasiado técnica para explicarla aquí, tiene conexiones con la teoría de
cuerdas de la física cuántica [véase 11]. Si quieres detalles, echa un vistazo
a: Monstrous_moonshine.
|
Tabla 14. Los 26 grupos simples finitos esporádicos. |
||
|
Símbolo |
Nombre |
Orden |
|
M11 |
grupo de Mathieu |
24∙32∙5∙11 |
|
M12 |
grupo de Mathieu |
26∙33∙5∙11 |
|
M22 |
grupo de Mathieu |
27∙32∙5∙7∙11 |
|
M23 |
grupo de Mathieu |
27∙32∙5∙7∙11∙23 |
|
M24 |
grupo de Mathieu |
210∙33∙5∙7∙11∙23 |
|
J1 |
grupo de Janko |
23∙3∙5∙7∙11∙19 |
|
J2 |
grupo de Janko |
27∙33∙52∙7 |
|
J3 |
grupo de Janko |
27∙35∙5∙17∙19 |
|
J4 |
grupo de Janko |
221∙33∙5∙7∙113∙23∙29∙31∙37∙43 |
|
Co1 |
grupo de Conway |
221∙39∙54∙72∙11∙13∙23 |
|
Co2 |
grupo de Conway |
218∙36∙53∙7∙11∙23 |
|
Co3 |
grupo de Conway |
210∙37∙53∙7∙11∙23 |
|
Fi22 |
grupo de Fisher |
217∙39∙52∙7∙11∙13 |
|
Fi23 |
grupo de Fisher |
218∙313∙52∙7∙11∙13∙17∙23 |
|
Fi24' |
grupo de Fisher |
221∙316∙52∙73∙
11∙13∙17∙23∙29 |
|
HS |
grupo de Higman-Sims |
29∙32∙53∙7∙11 |
|
McL |
grupo de McLaughlin |
27∙36∙53∙7∙11 |
|
He |
grupo de Held |
210∙33∙52∙73∙17 |
|
Ru |
grupo de Rudvalis |
214∙33∙53∙7∙13∙29 |
|
Suz |
grupo de Suzuki |
213∙37∙52∙7∙11∙13 |
|
O'N |
grupo de O'Nan |
29∙34∙5∙73∙11∙19∙31 |
|
HN |
grupo de Harada-Norton |
214∙36∙56∙7∙11∙19 |
|
Ly |
grupo de Lyons |
28∙37∙56∙7∙11∙31∙37∙67 |
|
Th |
grupo de Thompson |
215∙310∙53∙72∙13∙19∙31 |
|
B |
Monstruo bebé |
241∙313∙56∙72∙11∙13∙17∙19∙23∙31∙47 |
|
M |
Monstruo |
246∙320∙59∙76∙112∙133∙17∙19∙23∙29∙31∙41∙47∙59∙71 |
Contenido:
§.
Factoriales
§. Cubo de Rubik
§. Sudoku
§. El primo más grande conocido
Los
números naturales no se terminan nunca. No existe el número más grande, porque
siempre puedes hacerlo mayor sumándole 1.
Por lo tanto, la mayoría de los números naturales son demasiados grandes para
escribirlos, sea cual sea el sistema de notación que se use.
Por supuesto, siempre se puede hacer el truco de definir el símbolo
Por suerte, raramente necesitamos números realmente grandes. Pero resultan
fascinantes por sí solos. Y cada cierto tiempo, uno de ellos es importante en
matemáticas.
26!
= 403 291 461 126 605 635 584 000 000
§.
Factoriales
El número de maneras de colocar las letras del alfabeto en orden.
Reorganizar
cosas
¿De
cuántas maneras diferentes puede reorganizarse una lista? Si la lista contiene
dos símbolos, por ejemplo A y B, hay dos maneras:
AB
BA
Si
la lista contiene tres letras, A, B y C, hay seis maneras:
ABC
ACB BAC BCA CAB CBA
¿Qué
ocurre si contiene cuatro letras: A, B, C y D?
Puedes escribir todas las posibilidades, sistemáticamente, y la respuesta
resulta ser 24. Hay un modo ingenioso de ver por qué esto es correcto. Piensa
en dónde aparece D. Puede ser en la primera, en la segunda, en la tercera o en
la cuarta posición. En cada caso, imagina eliminar la D. Entonces obtienes una
lista con solo A, B y C en ella, la lista tiene que ser una de las seis
posibilidades indicadas más arriba. Las seis pueden darse; tan solo introduce D
en la lista en la posición correcta. De modo que podemos escribir todas las
posibilidades como un conjunto de cuatro listas de seis disposiciones, así:
D en la primera posición:
DABC DACB DBAC DBCA DCAB DCBA
D en
la segunda posición:
ADBC
ADCB BDAC BDCA CDAB CDBA
D en
la tercera posición:
ABDC
ACDB BADC BCDA CADB CBDA
D en
la cuarta posición:
ABCD ACBD BACD BCAD CABD CBAD
Todas
estas disposiciones son diferentes, bien porque tienen la D en un lugar
diferente, bien porque tienen la D en el mismo lugar por usar una colocación
diferente de ABC. Además, cada colocación de ABCD se da en algún sitio: la
posición de D nos dice a qué conjunto de seis hay que mirar y luego qué sucede
cuando D es eliminada, nos dice qué colocación de ABC seleccionar.
Como tenemos cuatro conjuntos de colocaciones, cada uno que contiene seis de
ellas, el número total de colocaciones es 4 × 6 = 24.
Podríamos haber averiguado las seis colocaciones de ABC de manera parecida,
esta vez considerando donde aparece C, y luego eliminándola:
CAB CBA
ACB BCA ABC BAC
De
hecho, podemos incluso hacer lo mismo con solo las dos letras AB:
BA AB
Este
modo de enumerar las colocaciones sugiere un patrón común. El número de maneras
de organizar...
...
2 letras es 2 = 2 × 1.
...
3 letras es 6 = 3 × 2 × 1.
...
4 letras es 24 = 4 × 3 × 2 × 1.
Entonces,
¿cuántas maneras hay de organizar las 5 letras ABCDE? El patrón sugiere que la
respuesta debería ser:
5 ×
4 × 3 × 2 × 1 = 120
y
podemos demostrar que es correcto pensando en las cinco posiciones diferentes
para E, cada una con 24 colocaciones posibles de ABCD si la eliminamos. Esto
demuestra que el número que queremos es 5 × 24, es decir, 5 × 4 × 3 × 2 × 1.
Con el mismo razonamiento, el número de maneras diferentes de reordenar nletras
es:
n ×
(n – 1) × (n – 2) ×... × 3 × 2 1
que
se llama «factorial de n» y se escribe como n! Basta
considerar todos los números de 1 a n y multiplicarlos.
Los primeros factoriales son:
1! =
1 6! = 720
2! = 2 7! = 5.040
3! = 6 8! = 40.320
4! = 24 9! = 362.880
5! = 120 10! = 3.628.800
Como
puedes ver, los números se incrementan rápidamente, de hecho, cada vez más
rápido.
El número de colocaciones de todo el alfabeto de 26 letras es, por lo tanto:
26!
= 26 × 25 × 24 × ... x 3 × 2 × 1 =
=
403 291 461 126 605 635 584 000 000
El
número de maneras diferentes de ordenar una baraja francesa de 52 cartas es:
52!
= 80 658 175 170 943 878 571 660 636 856 403 766 975 289 505 440 883 277 824
000 000 000 000
La
función gamma
En
cierto sentido:
Para
que tenga sentido la afirmación introducimos la función gamma, que extiende la
definición de factoriales a todos los números complejos mientras mantiene sus
propiedades clave. La función gamma normalmente se define usando cálculo
integral:
La
conexión con factoriales para un entero positivo n es:
Γ(n)
= (n – 1)!
Usando
una técnica conocida como «extensión analítica», podemos definir Γ(z)
para todos los números complejos z.
La función gamma Γ(z) es infinita para valores enteros negativos
de z y finita para todos los demás números complejos. Tiene
aplicaciones importantes en estadística y tiene la propiedad clave que define
el factorial:
Γ(z +
1) = 2 Γ(z)
excepto
que es para (z – 1)!, no para z! Gauss sugirió remediar
esto definiendo la función Pi: Π(z) = Γ(z + 1), lo cual
coincide con n! cuando z = n, pero la
notación de gamma es más común hoy en día.
Figura
170. Gráfica de Γ(x) para x real
La
fórmula de duplicación para la función gamma afirma que:
Si
hacemos z = ½, obtenemos:
De
modo que:
Este
es el sentido en que
§.
43.252.003.274.489.856.000 Cubo de Rubik
En 1974, el profesor húngaro Ernő Rubik inventó un rompecabezas que consistía
en cubos móviles. Se conoce como «cubo de Rubik» y en todo el mundo se han
vendido alrededor de 350 millones de copias. Todavía recuerdo la Sociedad de
Matemáticas de la Universidad de Warwick importando cajas de cubos desde
Hungría, hasta que se hicieron tan populares que las compañías comerciales se
ocuparon de fabricarlos. Este número enorme nos dice cuántas posiciones
diferentes hay para un cubo de Rubik.
Geometría
del cubo de Rubik
El
rompecabezas consiste en un cubo, dividido en 27 cubos más pequeños, cada uno
de un tercio del tamaño. Los aficionados los llaman «piezas».
Cada cara del cubo es de un color determinado. Rubik tuvo una idea ingeniosa
cuando diseñó un mecanismo que permitía que cada cara del cubo rotase.
Rotaciones repetidas mezclan los colores de las piezas. El objetivo es obtener las
piezas de vuelta a su posición original, de modo que de nuevo cada cara del
cubo tenga el mismo color.
El cubito del centro no puede verse y de hecho es reemplazado por el ingenioso
mecanismo de Rubik. Las piezas del centro de las caras giran, pero no se mueven
a una cara nueva, así que sus colores no cambian. Por lo tanto, a partir de
ahora, asumimos que estas seis caras no se mueven, excepto por
girar en su misma posición. Es decir, si colocamos el cubo de Rubik entero con
una orientación diferente, sin realmente girar ninguna cara, se considera que
no tienen ningún efecto significativo.
Figura 171. Cubo de Rubik.
Las
piezas que pueden moverse son de dos tipos: 8 piezas de esquina y
12 piezas de arista, que están en el medio de una arista del cubo.
Si mezclas los colores de estas piezas de esquina y arista de todos los modos
posibles, por ejemplo, quitando todas las pegatinas de colores y
reemplazándolas con una colocación diferente, el número de posibles modos de
organizar los colores es:
519
024 039 293 878 272 000
Sin
embargo, eso no está permitido en el juego de Rubik; todo lo que puedes hacer
es rotar las caras del cubo. Así que la pregunta que surge es: ¿cuántas de
estas maneras de organizar pueden obtenerse usando una serie de rotaciones? En
principio, podría ser una fracción minúscula de ellas, pero los matemáticos han
probado que exactamente un doceavo de las posiciones anteriores puede obtenerse
por series de movimientos permitidos, como describo brevemente más adelante.
Por lo tanto, el número de maneras de organizar colores permitidas en el cubo
de Rubik es:
43
252 003 274 489 856 000
Si
cada uno de los 7.000 millones de personas de toda la raza humana pudiesen
conseguir una de estas colocaciones cada segundo, se tardaría alrededor de 200
años en recorrerlas todas.
Cómo
calcular estos números
Las
8 piezas de esquina pueden colocarse de 8! maneras. Observa que:
8! =
8 × 7 × 6 × 5 × 4 × 3 × 2 × 1
Este
número aparece porque hay 8 opciones para el primer cubito, que pueden
combinarse con cualquiera de las 7 opciones que quedan para el segundo, que
puede combinarse con cualquiera de las 6 opciones que restan para el tercero y
así sucesivamente [véase 26!]. Cada cubito de esquina puede rotarse
independientemente en 3 orientaciones diferentes. Así que hay 38maneras
de escoger las orientaciones. En total, hay 38 × 8! modos de
ordenar las piezas de esquina.
De manera similar, las 12 piezas de arista pueden organizarse de 12! maneras,
donde:
12!
= 12 × 11 × 10 × 9 × 8 × 7 × 6 × 5 × 4 × 3 × 2 × 1
Cada
uno puede colocarse con 2 orientaciones, así que pueden escogerse en 212maneras.
En total, hay 212 × 12! maneras de colocar las piezas de las
aristas.
El número de formas posibles de combinar estas colocaciones se obtiene
multiplicando los dos números, lo que da 38 × 8! × 212 ×
12! Y al operar obtenemos 519.024.039.293.878.272.000.
Como he señalado, la mayoría de estas colocaciones no pueden obtenerse por una
serie de rotaciones del cubo. Cada rotación afecta a varias piezas de una vez,
y ciertas características de conjunto entero de piezas pueden cambiar. Estas
características se llaman «invariantes» y en este caso hay tres:
Paridad en las piezas. Hay permutaciones de dos tipos: pares e impares
[véase 2]. Una permutación par intercambia el orden de un número par de pares
de objetos. Si se combinan dos permutaciones pares realizándolas por turnos, la
permutación resultante es par. Ahora, cada rotación del cubo de Rubik es una
permutación par de las piezas. Por lo tanto, cualquier combinación de rotaciones
es también una permutación par. Esta condición reduce a la mitad el número de
posibles colocaciones.
Paridad en las caras. Cada rotación es una permutación par de las
aristas, y lo mismo ocurre para series de rotaciones. Esta condición, de nuevo,
reduce a la mitad el número de colocaciones posibles.}
Trialidad en las esquinas. Numera las 24 caras de las esquinas con los
enteros 0, 1, 2, de modo que los números vayan en el sentido de las agujas del
reloj en el orden 0, 1, 2 en cada esquina. Haz esto de forma que los números en
dos caras opuestas estén etiquetados con 0, como en la imagen de la derecha en
la Figura. La suma de todos estos números, considerada en módulo 3, es decir,
considerando solo el resto de la división entre 3, no se ve alterada por ninguna
rotación del cubo. Esta condición divide el número de posibles colocaciones
entre 3.
Figura 172. Invariantes del grupo de Rubik. Izquierda: efecto de un giro de
un cuarto en sentido de las agujas del reloj en las piezas. Centro: etiquetas
en las piezas que son arista. Derechas: etiquetas en las piezas que son
esquina.
Teniendo
en cuenta las tres condiciones, el número de posibles modos de organizar tiene
que dividirse entre 2 × 2 × 3 = 12. Es decir, el número de modos de organizar
que puede producirse por una serie de rotaciones es:
38 x
8! x 212 x 11!/12 = 23 252 003
274 489 856 000
Las
técnicas matemáticas usadas para analizar el cubo de Rubik también llevan a
maneras sistemáticas de resolverlo. Sin embargo, estos métodos son demasiado
complicados para describirlos aquí, y comprender por qué funcionan es un
proceso largo y a veces técnico.
Número
de Dios
Definimos
«movimiento» en el cubo de Rubik como un giro de un número cualquiera de
ángulos rectos de una única cara. La cantidad más pequeña de movimientos que
resolverán el rompecabezas, no importa cuál sea la posición inicial, se llama
«número de Dios», probablemente porque daba la impresión de que la respuesta
estaría más allá de las habilidades de resolución propias de meros mortales.
Sin embargo, esa previsión resultó ser demasiado pesimista. En 2010, Tomas
Rokicki, Herbert Kociemba, Morley Davidson y John Dethridge aplicaron un poco
de ingenio matemático más la fuerza bruta de un ordenador para probar que el
número de Dios es 20. El cálculo se ejecutó simultáneamente en un gran número
de ordenadores y habría durado 350 años usando un único ordenador.
§. 6.670.903.752.021.072.936.960 Sudoku
Aunque el sudoku se propagó en el mundo en 2005, sus antecedentes se remontan
mucho más atrás. Consiste en colocar las cifras del 1 al 9 en un cuadrado 9 × 9
que está dividido en nueve subcuadrados de 3 × 3. Cada fila, columna o
subcuadrado debe contener una de cada una de las cifras. Hay algunas cifras que
proporciona el autor del juego. Este es el número de las distintas cuadrículas
de sudoku que hay. No se van a agotar.
Figura 173. Izquierda: una cuadrícula de sudoku. Derecha: su solución.
De
los cuadrados latinos al sudoku
A
menudo se atribuye el origen de la historia del sudoku al trabajo de Euler
sobre cuadrados latinos [véase 10]. Una cuadrícula completa de sudoku es un
tipo especial de cuadrado latino: los subcuadrados 3 × 3 introducen
limitaciones extra. Un rompecabezas similar apareció en 1892 cuando el
periódico francés Le Siècle pidió a sus lectores completar un
cuadrado mágico del que se habían eliminado algunos números. Poco
después, La France usó cuadrados mágicos que contenían solo
las cifras del 1 al 9. En las soluciones, bloques de 3 × 3 también contenían
las nueve cifras, pero este requerimiento no se hizo explícito.
La forma moderna del sudoku probablemente debería atribuirse a Howard Garns,
quien se cree que ha inventado una serie de rompecabezas publicados en 1979 por
Dell Magazines como «el lugar del número». En 1986, Nikoli, una compañía
japonesa, publicó sudokus en Japón. Al principio, el nombre era sūji wa
dokushin ni kagiru(«las cifras están limitadas a una aparición»), pero
rápidamente se convirtió en sū doku. The Times empezó
a publicar sudokus en Reino Unido en 2004, y en 2005 se hicieron populares
mundialmente.
El número enorme:
6
670 903 752 021 072 936 960
que
ilustra este capítulo es el número de diferentes cuadrículas de sudoku. El
número de cuadrados latinos de 9 × 9 es alrededor de un millón de veces más
grande:
5
524 751 496 156 892 842 531 225 600
El
número de cuadrículas de sudoku fue publicado en el grupo de noticias de
USENET rec.puzzle sin prueba en 2003. En 2005, Bertram
Felgenhauer y Frazer Jarvis explicaron los detalles con ayuda de un ordenador,
basándose en algunas afirmaciones plausibles pero que están sin probar. El
método supone comprender las simetrías del sudoku. Cada cuadrícula completa
concreta tiene su propio grupo de simetría [véase 168], que consiste en
transformaciones (intercambios de filas y columnas, cambios de notación) que deja
la cuadrícula sin cambios. Pero la estructura clave es el grupo de simetría del
conjunto de todas las cuadrículas posibles: modos de transformar cualquier
cuadrícula en otra (quizá la misma cuadrícula pero no necesariamente).
Las transformaciones de simetría a las que nos referimos son de varios tipos.
Las más obvias son las 9! permutaciones de nueve cifras. Sistemáticamente
permutar las cifras de una cuadrícula de sudoku obviamente produce otra
cuadrícula de sudoku. Pero también se puede intercambiar filas, siempre que se
conserve la estructura de bloques de tres. Se puede hacer lo mismo con las
columnas, así como reflejar una cuadrícula dada respecto de su diagonal
principal. El grupo de simetría tiene orden 2 × 64 × 64 =
3.359.232. Al contar las cuadrículas, hay que tener en cuenta estas simetrías.
La prueba es complicada, de ahí el uso de ordenadores. Los vacíos en la prueba
original ya se han cubierto. Para detalles y más información véase: Mathematics_of_Sudoku.
Como las variaciones simétricas de una cuadrícula dada son esencialmente la
misma cuadrícula disfrazada, también podemos preguntar: ¿cuántas
cuadrículas distintas hay si las simétricamente relacionadas
se consideran equivalentes? En 2006, Jarvis y Ed Russell calcularon este
número: 5.472.730.538. No es el número inicial dividido entre 3.359.232 porque
algunas cuadrículas tienen simetrías propias.
Como para el cubo de Rubik, las técnicas matemáticas usadas para analizar el
sudoku también proporcionan modos sistemáticos de resolverlo. Sin embargo, los
métodos son demasiado complicados para describirlos aquí y pueden resumirse
mejor como un ensayo y error sistemático.
§. 257.885.161– 1 (un total de 17.425.170 dígitos) El primo más
grande conocido
¿Cuál es el primo más grande? Ya desde 300 a. C. o en torno a esa fecha,
Euclides probó que ese número no existe. «Los números primos son más que
cualquier multitud asignada.» Es decir, existen infinidad de primos. Los
ordenadores pueden extender la lista de primos considerablemente, la principal
razón para detenerse es que se quedan sin memoria o la impresión se hace
ridículamente grande. Este es el que posee el récord en la actualidad.
Los
números de Mersenne
Ha
surgido una industria menor en torno a la búsqueda del primo más grande
conocido. Esta búsqueda es sobre todo interesante como un ejercicio para batir
récords y para probar nuevos ordenadores. En abril de 2014 el número primo más
grande conocido era 257.885.161 – 1, un número tan enorme que
tiene 17.425.170 cifras.
Los números de la forma:
Mn =
2n – 1
se
llaman «números de Mersenne» por el monje francés Marin Mersenne. Si estás
decidido a batir récords para primos grandes, los números de Mersenne son el
modo de proceder, porque tienen características especiales que nos permiten
decidir si son primos, incluso cuando se hacen demasiado grandes para los
métodos más generales.
Con álgebra sencilla se prueba que si 2n – 1 es primo,
entonces n tiene que ser primo. Los primeros matemáticos
debieron de pensar que el inverso también es cierto: Mn es
primo si n es primo. Sin embargo, Hudalricus Regius, en 1536,
se dio cuenta de que M11 = 2.047 no es primo,
aunque 11 sí lo es.
De hecho,
211 –
1 = 2.047 = 23 × 89
Pietro
Cataldi demostró que M17 y M19 son
primos, una tarea fácil con los ordenadores actuales, pero no en su día, ya que
todos los cálculos tenían que hacerse a mano. También afirmó que Mn
es primo para n = 23, 29, 31 y 37. Sin embargo:
M23 =
8.388.607 = 47 × 178.481
M29 = 536.870.911 = 233 × 1.103 × 2.089
M37 = 137.438.953.471 = 223 × 616.318.177
Por
lo tanto, estos tres números de Mersenne son compuestos. Fermat descubrió los
factores de M23 y M37 en
1640 y Euler encontró los factores de M29 en 1738.
Más tarde, Euler probó que Cataldi tenía razón en lo referente a que M31 era
primo.
En 1644, Mersenne, en el prefacio de su libro Cogitata
Physica-Mathematica, afirmó que Mn es primo
para n = 2, 3, 5, 7, 13, 17, 19, 31, 67, 127 y 257. Esta lista
tuvo intrigados a los matemáticos durante más de doscientos años. ¿Cómo obtuvo
los resultados de números tan grandes? Finalmente quedó claro: había hecho solo
una suposición fundamentada. Su lista contenía varios errores. En 1876, Lucas
probó que Mersenne estaba en lo correcto en lo referente a:
M127 =
170 141 183 460 469 231 731 687 303 715 884 105 727
usando
un ingenioso test para la primalidad de Mn que
había inventado. Derrick Lehmer ideó una ligera mejora del test de Lucas en
1930. Define una secuencia de números Sn como S2 =
4, S3 = 14, S4 = 194
... con Sn+ 1 = Sn2 –
2. La prueba de Lucas-Lehmer afirma que Mp es primo
si y solo si Mp se divide entre Sp.
Es esta prueba la que arroja luz sobre la primalidad, o no, de los números de
Mersenne.
Finalmente se reveló que Mersenne estaba equivocado en varios casos: dos en su
lista son compuestos (n = 67 y 257), y omitió n =
61, 89 y 107, que dan números primos. A pesar de eso, considerando la
dificultad de los cálculos a mano, hizo un buen trabajo.
En 1883, Ivan Mikheevich Pervushin probó que M61 es
primo, un caso que a Mersenne se le escapó. R. E. Powers luego demostró que a
Mersenne también se le escaparon M89y M107,
ambos son primos. En 1947, la condición de Mn había
sido comprobada para n hasta 257. Los primos de Mersenne en
ese rango se dan para n = 2, 3, 5, 7, 13, 17, 19, 31, 61, 89,
107 y 127. La lista actual de primos de Mersenne es:
|
Tabla 15 |
||
|
n |
Año |
Lo descubrió... |
|
2 |
— |
(en la Antigüedad) |
|
3 |
— |
(en la Antigüedad) |
|
5 |
— |
(en la Antigüedad) |
|
7 |
— |
(en la Antigüedad) |
|
13 |
1456 |
anónimo |
|
17 |
1588 |
Cataldi |
|
19 |
1588 |
Cataldi |
|
31 |
1772 |
Euler |
|
61 |
1883 |
Pervushin |
|
89 |
1911 |
Powers |
|
107 |
1914 |
Powers |
|
127 |
1876 |
Lucas |
|
521 |
1952 |
Robinson |
|
607 |
1952 |
Robinson |
|
1.279 |
1952 |
Robinson |
|
2.203 |
1952 |
Robinson |
|
2.281 |
1952 |
Robinson |
|
3.217 |
1957 |
Riesel |
|
4.253 |
1961 |
Hurwitz |
|
4.423 |
1961 |
Hurwitz |
|
9.689 |
1963 |
Gillies |
|
9.941 |
1963 |
Gillies |
|
11.213 |
1963 |
Gillies |
|
19.937 |
1971 |
Tuckerman |
|
21.701 |
1978 |
Noll y Nickel |
|
23.209 |
1979 |
Noll |
|
44.497 |
1979 |
Nelson y Slowinski |
|
86.243 |
1982 |
Slowinski |
|
110.503 |
1988 |
Colquitt y Welsh |
|
132.049 |
1983 |
Slowinski |
|
216.091 |
1985 |
Slowinski |
|
756.839 |
1992 |
Slowinski, Gage et al. |
|
859.433 |
1994 |
Slowinski y Gage |
|
1.257.787 |
1996 |
Slowinski y Gage |
|
1.398.269 |
1996 |
Armengaud, Woltmanet al. |
|
2.976.221 |
1997 |
Spence, Woltman et al. |
|
3.021.377 |
1998 |
Clarkson, Woltman, Kurowski et al. |
|
6.972.593 |
1999 |
Hajratwala, Woltman, Kurowski et al. |
|
13.466.917 |
2001 |
Cameron, Woltman, Kurowski et al. |
|
20.996.011 |
2003 |
Shafer, Woltman, Kurowski et al. |
|
24.036.583 |
2004 |
Findley, Woltman, Kurowski et al. |
|
25.964.951 |
2005 |
Nowak, Woltman, Kurowski et al. |
|
30.402.457 |
2005 |
Cooper, Boone, Woltman, Kurowskiet al. |
|
32.582.657 |
2006 |
Cooper, Boone, Woltman, Kurowskiet al. |
|
37.156.667 |
2008 |
Elvenich, Woltman, Kurowski et al. |
|
42.643.801 |
2009 |
Strindmo, Woltman, Kurowski et al. |
|
43.112.609 |
2008 |
Smith, Woltman, Kurowski et al. |
|
57.885.161 |
2013 |
Cooper, Woltman, Kurowski et al. |
La búsqueda para primos realmente grandes se ha centrado sobre todo en los
números de Mersenne por varias razones. En la notación binaria usada por los
ordenadores, 2n es 1 seguido por una cadena de n ceros,
y 2n – 1 es una cadena de n unos. Esto acelera
algo la aritmética. La prueba de Lucas-Lehmer es mucho más eficiente que los
métodos generales para probar la primalidad, así que resulta práctica para
números mucho más grandes. Esta prueba nos lleva a los 47 primos de Mersenne de
la tabla. Se pueden encontrar actualizaciones o más información en: mersenne.
Contenido:
§.
Alef cero: el infinito más pequeño
§. Cardinal del continuo
Como
ya he señalado antes, los matemáticos nunca se han detenido ante algo solo
porque sea imposible. Si es lo suficientemente interesante, encuentran maneras
de hacerlo posible.
No existe el mayor número natural. Los números naturales no se acaban nunca.
Todo el mundo lo sabe.
Pero cuando Georg Cantor decidió preguntar lo grande que era
ese concepto de «no acabarse nunca», elaboró un método innovador para que
tuviesen sentido números infinitamente grandes. Una consecuencia es que algunos
infinitos son más grandes que otros.
Muchos de sus contemporáneos pensaron que estaba loco. Pero había un método en
la locura de Cantor y sus nuevos números transfinitos resultaron ser apropiados
e importantes.
Tan solo había que acostumbrarse a ellos. Lo cual no resultó fácil.
§. ℵ0 Álef cero: el infinito más pequeño
Los matemáticos hacen uso libre y amplio de la palabra «infinito». De manera
informal, algo es infinito si no puedes contar lo grande que es usando los
números naturales ordinarios, o medir su longitud usando números reales. En
ausencia de un número convencional, usamos «infinito» como un parámetro de
sustitución. Infinito no es un número en el sentido habitual. Es, por así
decirlo, cuál sería el mayor número posible, si es que esa frase tiene sentido
lógico. Pero a menos que seas muy, pero muy cuidadoso con lo que quieres decir,
no lo es.
Cantor encontró un modo de convertir infinito en un número genuino contando
conjuntos infinitos. Aplicando esta idea al conjunto de todos los números
naturales definió un número infinito que llamó ℵ0 (álef cero).
Es mayor que cualquier número entero. De modo que es infinito, ¿verdad? Bien,
en cierto modo. Es, sin duda, un infinito. El infinito más pequeño, de hecho.
Hay otros, y son más grandes.
Infinito
Cuando
los niños aprenden a contar y empiezan a sentirse cómodos con grandes números
como mil o un millón, con frecuencia se preguntan cuál es el mayor número
posible. Quizá crean que es algo como:
1.000.000.000.000.000
Pero
entonces se dan cuenta de que pueden hacer un número mayor poniendo otro 0 al
final, o sumando 1 para obtener:
1.000.000.000.000.001
Ningún
número natural en concreto puede ser el mayor, porque sumando 1 se obtiene
cualquier número mayor. Los números naturales no se acaban nunca. Si empiezas a
contar y no te detienes, no alcanzas el mayor número posible y paras, porque no
existe tal cosa. Hay infinidad de números.
Durante cientos de años, los matemáticos fueron muy cautelosos en lo que al
infinito se refiere. Cuando Euclides probó que existen infinidad de números
primos, no lo expresó así. Dijo que «los primos son más que cualquier multitud
dada». Es decir, no hay un primo que sea el mayor.
Dejando aparte la prudencia, lo obvio es seguir los precedentes históricos e
introducir un nuevo tipo de número, mayor que cualquier número entero. Llámalo
«infinito» y dale un símbolo, el habitual es ∞, como un 8 tumbado. Pero el
infinito puede causar problemas, porque a veces su comportamiento es
paradójico.
¿Es con toda seguridad ∞ el mayor número posible? Bien, por definición es mayor
que cualquier número entero, pero las cosas no son tan claras cuando nos
proponemos hacer aritmética con nuestro número nuevo. El problema obvio es:
¿cuánto es ∞ + 1? Si es mayor que ∞, entonces∞ no es el mayor número posible.
Pero si es lo mismo que ∞, entonces ∞ = ∞ + 1. Restando ∞, se obtiene 0 = 1. ¿Y
qué ocurre con ∞ + ∞? Si es mayor que infinito, tenemos el mismo problema. Pero
si es lo mismo, entonces ∞ + ∞ = ∞. Restando ∞, se obtiene ∞ = 0.
La experiencia con extensiones del sistema numérico previas muestra que cada
vez que introduces nuevos tipos de números, quizá tengas que sacrificar algunas
de las reglas de aritmética y álgebra. En este caso, parece que tenemos que
prohibir la resta si ∞ está involucrado. Por razones similares, no podemos
asumir que dividir por ∞ funcione del modo que normalmente esperaríamos. Pero
es un número bastante débil si no puede usarse para restar o para dividir.
Ese podría haber sido el final de la historia, pero los matemáticos lo
encontraron extremadamente útil para trabajar con infinitos procesos. Podrían
descubrirse resultados útiles dividiendo formas en piezas que se hacen cada vez
más pequeñas sin que esto tenga un fin. La razón de por qué el mismo número π
se da tanto en la longitud de la circunferencia como en el área de un círculo
es un ejemplo [véase π]. Arquímedes hizo buen uso de esta idea alrededor del
año 200 a. C. en su trabajo sobre círculos, esferas y cilindros. Encontró una
prueba complicada, pero rigurosa desde el punto de vista lógico, de que el
método da las respuestas correctas.
A partir del siglo XVII, la necesidad de una teoría apropiada de este tipo de
proceso se hizo apremiante, especialmente para series infinitas, en las cuales
números y funciones importantes podían aproximarse a cualquier precisión
deseada sumando cada vez más números que van decreciendo. Por ejemplo, en [π]
vimos que donde la suma de los inversos de los cuadrados es expresada en
términos de π. Esta afirmación es cierta solo cuando la serie continúa
infinitamente. Si nos detenemos, la serie da un número racional, que es una
aproximación a π, pero no puede ser igual a él ya que π es irracional. En
cualquier caso, donde sea que nos detengamos, sumar el siguiente término hace
la suma más grande.
La
dificultad con sumas infinitas como esta es que a veces no parecen tener
sentido. El caso clásico es:
1 –
1 + 1 – 1 + 1 – 1 + 1 – 1 + ...
Si
esta suma se escribe como:
(1 –
1) + (1 – 1) + (1 – 1) + (1 – 1) +...
Se
convierte en:
0 +
0 + 0 + 0 +...
que
claramente es 0. Pero si está escrita de forma diferente, asumiendo que las
leyes habituales del álgebra se aplican, se convierte en:
1 +
(– 1 + 1) + (– 1 + 1) + (– 1 + 1) +...
Esto
es:
1 +
0 + 0 + 0 +...
lo
cual, igual de claro, debería ser 1.
El problema es que esta serie no converge, es decir, no se estabiliza hacia un
valor específico acercándose más y más a él a medida que se añaden más
términos. En su lugar, el valor cambia repetidamente entre 1 y 0.
1 =
1
0 = 1 – 1
1 = 1 – 1 + 1
0 = 1 – 1 + 1 – 1
y
así sucesivamente. Esta no es la única fuente de potenciales problemas, pero
indica el camino hacia una teoría lógica de series infinitas. Las que tienen
sentido son las que convergen, lo cual quiere decir que, a medida que se añaden
más y más términos, la suma tiende hacia algún número específico. La serie de
los inversos de los cuadrados es convergente y converge exactamente a π2/6.Los
filósofos distinguen entre infinito potencial e infinito
real. Algo es potencialmente infinito si en principio puede continuarse
indefinidamente, como sumar más y más términos a una serie. Cada individuo suma
su finito, pero el proceso que genera estas sumas no tiene un punto fijo en el
que se detiene. El infinito real se da cuando todo un proceso o sistema
infinito se trata como un único objeto. Los matemáticos han encontrado un modo
razonable de interpretar el infinito potencial de series infinitas. Usan varios
procesos infinitos potencialmente diferentes, pero en todos ellos el símbolo se
interpretaba como «continúa esto lo suficiente y te acercarás tanto como
quieras a la respuesta correcta».
El infinito real era un tema diferente, del que intentaron mantenerse alejados.
¿Qué
es un número infinito?
Ya
hice esta pregunta para números naturales finitos ordinarios: 1, 2, 3,...
Llegué hasta la idea de Frege, la clase de todas las clases en correspondencia
con una clase dada, y me detuve, con una insinuación que quizá sea un problema.
Lo es.
La definición es muy elegante una vez te acostumbras a ese tipo de pensamiento
y tiene la virtud de definir un objeto único. Pero la tinta de la obra maestra
de Frege apenas se había secado cuando Russell presentó una objeción. No a la
idea subyacente, sobre la cual había estado reflexionando él mismo, sino al
tipo de clase que Frege tenía que usar. La clase de todas las clases en
correspondencia con nuestra clase de tazas es enorme. Considera
tres objetos, agrúpalos en una clase y el resultado debe ser un miembro de la
clase de clases de Frege. Por ejemplo, la clase cuyos miembros son la Torre
Eiffel, una margarita concreta de un prado del condado de Cambridge y el humor
de Oscar Wilde tiene que incluirse.
Paradoja
de Russell
¿Tienen
sentido las clases de gran amplitud? Russell se dio cuenta de que, en general,
no lo tienen. Su ejemplo era una versión de la famosa paradoja del barbero. En
un pueblo hay un barbero que afeita precisamente a quienes no se afeitan a sí
mismos. ¿Quién afeita al barbero? Con la condición de que todos en el pueblo
son afeitados por alguien, no puede existir ese barbero. Si el barbero no se
afeita a sí mismo, entonces por definición debe afeitarse a sí mismo. Si se
afeita a sí mismo, viola la condición de que solo la gente a la que él afeita
son quienes no se afeitan a sí mismos.
Aquí asumimos que el barbero es un caballero para evitar problemas con el
género. Sin embargo, señoras, somos conscientes de que en la actualidad muchas
de ustedes se afeitan, aunque normalmente no la barba. De modo que una mujer
barbero no es una resolución de la paradoja tan satisfactoria como se pudiera
pensar.
Russell encontró una clase, bastante parecida a las que Frege quería usar, que
se comporta justo como el barbero: la clase de todas las clases que no
se contienen a sí mismas. ¿Se contiene esta clase a sí misma o no? Ambas
posibilidades se descartan. Si se contiene a sí misma,
entonces hace lo que todos sus miembros hacen: no se contiene
a sí misma. Pero si no se contiene a sí misma, satisface la
condición para pertenecer a la clase, así que sí se contiene a sí misma.
Aunque esta paradoja de Russell no prueba que la definición de Frege de un
número es contradictoria desde un punto de vista lógico, no significa que
simplemente no puedas asumir, sin prueba, que cualquier condición
verdadero/falso define una clase, en concreto, aquellos objetos para los que la
condición es cierta. Y eso dejó la lógica de la aproximación de Frege para el
arrastre. Más tarde, Russell y su colaborador, Alfred North Whitehead,
intentaron cubrir el hueco desarrollando una teoría elaborada sobre clases que
pueden definirse razonablemente en un marco matemático. El resultado fue un
trabajo de tres volúmenes, Principia Mathematica («Principios
matemáticos», un homenaje deliberado a Isaac Newton), el cual expone todas las
matemáticas desde las propiedades lógicas de clases. Requirió varios cientos de
páginas definir el número 1 y unas cuantas más definir + y probar que 1 + 1 =
2. Después de eso, el progreso se hace mucho más rápido.
Álef-0:
el número infinito más pequeño
Ya
pocos matemáticos usan el enfoque de Russell-Whitehead para clases, porque
enfoques más sencillos funcionan mejor. Una figura clave en la formulación
actual de los fundamentos lógicos de las matemáticas es Cantor. Empezó como
Frege, intentando entender los fundamentos lógicos de los números naturales.
Pero su investigación le llevó en una nueva dirección: asignar números a
conjuntos infinitos. Pasaron a ser conocidos como «cardinales
transfinitos». Su característica más notable es que hay más de uno.
Cantor también trabajó con colecciones de objetos, lo que él llamó «conjuntos»
(en alemán) en vez de clases, porque los objetos en ellos estaban más
restringidos que aquellos que Frege había permitido (es decir, todo). Como
Frege, empezó a partir de la idea intuitiva de que dos conjuntos tienen el
mismo número de miembros si y solo si puede hacerse una correspondencia. A
diferencia de Frege, hizo esto para conjuntos infinitos también. De hecho,
quizás empezase con la idea de que esto era como definir infinito. ¿Estás
seguro de que cualquier conjunto infinito puede ponerse en correspondencia con
cualquier otro? Si es así, habría exactamente un número infinito y sería mayor
que cualquier número finito, fin de la historia.
Tal y como resultó, fue solo el principio.
El conjunto infinito básico es el conjunto de todos los números naturales. Como
estos se usan para contar cosas, Cantor definió un conjunto como contable si
sus miembros podían ponerse en correspondencia con el conjunto de los números
naturales. Observa que, considerando este conjunto completo, Cantor estaba
hablando sobre un infinito real, no potencial. El conjunto de todos los números
naturales obviamente es contable; basta hacer que cada número se corresponda
consigo mismo.
Figura 174
¿Hay
otros? Sí, y son raros. ¿Qué os parece?
Figura
175
Elimina
el número 1 del conjunto de los números naturales y el número de miembros en el
conjunto no decrece en 1, se mantiene exactamente igual.
Convenimos, si paramos en algún número finito, acabar con un número suelto en
el final de la parte derecha, pero cuando usamos todos los
números enteros, no hay un último en la parte derecha. Cada número n se
empareja con n + 1, y esto es una correspondencia entre el
conjunto de todos los números naturales y el mismo conjunto eliminando 1. La
parte es del mismo tamaño que el todo.
Cantor llamó a sus números infinitos «cardinales», porque ese es un nombre
sofisticado para los números que usamos para contar en la aritmética ordinaria.
Para enfatizar, los llamamos «cardinales transfinitos» o «cardinales infinitos»
sin más. Para el cardinal de los números naturales, escogió un símbolo inusual,
la primera letra del alfabeto hebreo, ℵ (álef), porque la idea completa era
inusual. Agregó el subíndice 0, para obtener ℵ0, por razones que
explicaré en el próximo capítulo.
Si todo conjunto infinito puede emparejarse con los números que usamos para
contar, ℵ0 sería tan solo un símbolo sofisticado para
«infinito». Y de primera entrada, parecía como si este pudiese ser el caso. Por
ejemplo, hay muchos números racionales que no son enteros, así que parece
plausible que el cardinal para los racionales podría resultar ser mayor que ℵ0.
Sin embargo, Cantor probó que se puede emparejar los racionales a los números
naturales. De modo que su cardinal es también ℵ0.
Para ver aproximadamente cómo funciona, consideremos solo los números
racionales entre 0 y 1. El truco es listarlos en el orden correcto, que no es
su orden numérico. En su lugar, los ordenamos por el tamaño de su denominador,
el número en la parte inferior de la fracción. Para cada denominador
específico, los ordenamos entonces según su numerador, el número de la parte
superior. La lista queda así:
donde,
por ejemplo, falta 2/4 porque es igual a ½.
Ahora podemos emparejar estos racionales con los números naturales
considerándolos en este orden concreto. Todo racional entre 0 y 1 aparece en
algún lugar de la lista, de manera que no dejamos fuera ninguno.
Hasta aquí, la teoría de Cantor nos ha llevado a un solo cardinal infinito, ℵ0.
Pero no es tan sencillo, como se demuestra en el próximo capítulo.
§.
La idea más brillante de Cantor es que algunos infinitos son más grandes que
otros. Descubrió algo notable sobre el «continuo», un nombre sofisticado para
el sistema numérico real. Su cardinal, que denotamos con
Como
Algo pudo probar. Los cardinales infinitos sí pueden ordenarse de esa manera.
Además, los subíndices 0, 1, 2, 3, 4, ... no se acaban con los números
naturales finitos. Debe de haber también un número transfinito ℵℵ0,
por ejemplo, el número transfinito más pequeño que es mayor que todos los ℵn
siendo n cualquier número natural. Y si las cosas se detienen
aquí, vulneraría su teorema de que no existe un número transfinito que sea el
mayor, de modo que no se detienen. Nunca.
Lo que no pudo probar es que los números reales se corresponden con ℵ1.
Quizá sean ℵ2 y haya algún otro conjunto entre medias, de modo
que ese conjunto sea ℵ1. Por mucho que lo intentó, no pudo encontrar
ese conjunto, y tampoco pudo probar que no existía. ¿Dónde están los números
reales en esta lista de álefs? No tenía ni idea. Sospechaba que los números
reales sí se correspondían con ℵ1, pero era pura conjetura. De modo
que acabó usando un símbolo diferente, la gótica
Un conjunto finito con n elementos tiene 2n subconjuntos
diferentes. De modo que Cantor definió 2A, para cualquier
cardinal A, considerando algún conjunto con cardinal A y
definiendo 2A como el cardinal del conjunto de todos los
subconjuntos de ese conjunto. Entonces pudo probar que 2A es
mayor que A para cualquier cardinal infinito A. Lo
cual, accidentalmente, implica que no hay un cardinal infinito que sea el
mayor. También pudo probar que
No pudo ni siquiera demostrar el caso más sencillo, cuando n =
0, lo cual es equivalente a afirmar que
Uy, vaya...
Esto no es una contradicción lógica en matemáticas. Su significado es mucho más
extraño y, de algún modo, más perturbador: la respuesta depende de la versión
de la teoría de conjuntos que se use. Hay más de un modo de establecer los
fundamentos lógicos de las matemáticas y, mientras todos ellos están de acuerdo
en el material básico, pueden no concordar en conceptos más avanzados.
Como solía decir Pogo, el personaje animado de Walt Kelly: «nos hemos
encontrado con el enemigo, y somos nosotros». Nuestra insistencia en lógica
axiomática se está convirtiendo en un quebradero de cabeza.
Hoy sabemos que muchas otras propiedades de los cardinales infinitos también
dependen de qué versión de la teoría de conjuntos se use. Además, estas
cuestiones tienen vínculos cercanos con otras propiedades de conjuntos que no
involucran a los cardinales de manera explícita. El área es un paraíso para los
lógicos matemáticos, pero, en conjunto, el resto de los matemáticos parecen
trabajar bien sea cual sea la versión de la teoría de conjuntos que utilicen.
El sentido de la vida, el universo y...
Contenido:
§.
42. Nada aburrido
¿Es
realmente 42 el número más aburrido que existe?
§. 42. Nada aburrido
Bueno, eso ciertamente desvela el misterio.
Como mencioné en el prefacio, este número aparece de manera destacada en Guía
del autoestopista galáctico, de Douglas Adams, donde es la respuesta a «la
gran pregunta sobre el sentido de la vida, el universo y todo lo demás». Este
descubrimiento inmediatamente hizo surgir una nueva pregunta: ¿qué era
realmente la gran pregunta sobre el sentido de la vida, el universo y todo lo
demás? Adams dijo que escogió este número porque una encuesta rápida entre sus
amigos sugirió que era totalmente aburrido.
Aquí quiero defender al 42 de esta calumnia. Cierto es que no está a la par de
4 o π o incluso 17, en términos de importancia matemática. Sin embargo, no
carece completamente de interés. Es un número oblongo, un número de Catalan, y
la constante mágica del cubo mágico más pequeño. Y algunas cosas más.
Número
oblongo
Un
número oblongo es el producto de dos números enteros consecutivos. Por tanto,
es de la forma n(n + 1). Cuando n = 6,
obtenemos 6 × 7 = 42. Como el n-ésimo número triangular es ½n(n +
1), un número oblongo es dos veces un número triangular. Es, entonces, la suma
de los n primeros números pares. Un número oblongo de puntos
pueden colocarse en forma de rectángulo, con un lado una unidad mayor que el
otro.
Figura 176. Los seis primeros números oblongos. Lo sombreado muestra por qué
cada uno es dos veces un número triangular.
Se
cuenta que a Gauss, cuando era muy joven, se le puso el problema del tipo
general:
1 +
2 + 3 + 4 +... + 100
Inmediatamente
se dio cuenta de que si la misma suma se escribe en orden descendente
100
+ 99 + 98 + 97 +... + 1
entonces
los pares correspondientes suman 101. Como hay 100 de esos pares, el resultado
total es 100 × 101 = 10.100, que es un número oblongo. La respuesta al problema
planteado por el profesor es la mitad de eso: 5.050. Sin embargo, en realidad
no sabemos qué números planteó a la clase el profesor de Gauss y,
probablemente, eran más difíciles que estos. De ser así, la perspicacia de
Gauss fue todavía más aguda.
El
sexto número de Catalan
Los
números de Catalan surgen en muchos problemas de combinatoria diferentes; estos
números cuentan el número de modos de llevar a cabo varias tareas matemáticas.
Se remontan a Euler, quien contaba el número de modos en el cual un polígono
puede dividirse en triángulos conectando sus vértices. Más tarde, Eugène
Catalan descubrió un vínculo con el álgebra: de cuántas maneras se pueden
insertar paréntesis en una suma o producto. Llegaré a eso enseguida, pero
primero permíteme presentar los números. Los primeros números de Catalan Cn para n =
0, 1, 2,... son:
1 1
2 5 14 42 132 429 1.430 4.862
Hay
una fórmula usando factoriales:
Una
buena aproximación para un n grande es:
que
es otro ejemplo de π en un problema que aparentemente no tiene conexión con los
círculos o las esferas.
Cn es el número de maneras diferentes de cortar un
polígono regular de n + 2 lados en triángulos.
Es también el número de árboles binarios con enraizado con n +
1 hojas. Estas se obtienen empezando con un único punto, la raíz, y luego
permitiendo que dos ramas germinen a partir de ese punto. Cada rama termina en
un punto o en una hoja. A su vez, cada punto debe ser el germen de dos ramas.
Figura 177. Las 14 triangulaciones de un hexágono.
Figura 178. Los cinco árboles binarios con enraizamiento con cuatro hojas.
Si
esta idea parece esotérica, tiene una conexión directa con el álgebra: es el
número de maneras diferentes de insertar paréntesis en un producto como abcd,
donde hay C3 = 5 posibilidades:
((ab)c)d (a(bc))d (ab)(cd) a((bc)d) a(b(cd))
En
general, con n + 1 símbolos, el número de paréntesis es Cn.
Para ver la conexión, escribe los símbolos al lado de las hojas del árbol e
inserta paréntesis según los pares que se unen en un punto. Más detalladamente
(véase la Figura), etiquetamos las cuatro hojas a, b, c, d de
izquierda a derecha. Trabajando de abajo arriba, escribe (bc) al lado
del punto que une b a c. Luego el punto sobre eso
une a al punto marcado (bc), de modo que el nuevo punto
se corresponde con (a(bc)). Finalmente el punto en la parte de
arriba une eso a d, así se obtiene ((a(bc))d).
Muchos otros problemas de combinatoria llevan a los números de Catalan; estos
que hemos visto son una pequeña muestra de los más fáciles de describir.
Figura 179. Pasando un árbol binario con enraizamiento a álgebra.
Cubos
mágicos
La
constante mágica de un cubo mágico de 3 × 3 × 3 es 42. Ese cubo contiene cada
uno de los números del 1 al 27 y la suma a lo largo de cualquier fila paralela
a una arista o cualquier diagonal pasando por el centro es la misma, la
constante mágica. La suma de las 27 entradas es 1 + 2 + ... + 27 = 378. Se
divide en nueve ternas que no interseccionan que suman la constante mágica, de
modo que esta debe ser 378/9 = 42.
Esas disposiciones existen. En la Figura se muestra una de ellas.
Figura 180. Capas sucesivas de un cubo mágico de 3 × 3 × 3.
Otras
características especiales
>
·
42 es el número de particiones de 10 (modos de escribirlo como
una suma de números positivos enteros en su orden natural) como por ejemplo:
1 +
2 + 2 + 5 3 + 3 + 4
·
42 es el segundo número esfénico (números que son producto de
tres primos distintos). En este caso, 42 = 2 × 3 × 7. Los primeros números
esfénicos son:
30
42 66 70 78 102 105 110 114 130
·
42 es el tercer número pentadecagonal, análogo a los números
triangulares, pero basado en un polígono regular de 15 lados.
·
42 es supermultiperfecto: la suma de los divisores de la suma de
sus divisores (incluyendo 42) es seis veces el propio número.
·
Durante un tiempo, 42 fue la medida de irracionalidad más
conocida para π, un modo preciso de cuantificar «lo irracional que es» π.
Específicamente, Kurt Mahler probó en 1953 que
para
cualquier racional p/q. Sin embargo,
en 2008, V. Kh. Salikov reemplazó 42 por 7,60630853, de modo que 42 volvió a
ser aburrido en este contexto.
·
42 es el tercer número primario pseudoperfecto. Satisface la
condición:
donde
los pj son los distintos primos que dividen N.
Los primeros números primarios pseudoperfectos son:
2
6
42
1.806
47.058
2.214.502.422
52.495.396.602
·
42 es el número de n de conjuntos para cuatro
enteros positivos diferentes a, b, c, d < n tales
que ab – cd, ac – bd y ad – bc son
todos divisibles entre n. Es el único número conocido con esta
propiedad, pero no se sabe si existen otros.
·
42 es la dimensión más pequeña para la cual la conjetura de la
salchicha se ha probado que es correcta [véase 56]. Sin
embargo, existe la hipótesis de que es cierta para todas las dimensiones
mayores o iguales que 5, de modo que la importancia de 42 aquí depende del
estado actual de conocimiento.
¿Ves?
¡Nada aburrido!
·
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Recursos online
Se mencionan fuentes online concretas a lo largo del texto.
Para el resto de información matemática, puedes empezar con Wikipedia y Wolfram
MathWorld.
Agradecimientos por las imágenes
El
autor y la editorial agradecen el permiso para usar lo siguiente:
·
Figura 1 Wikimedia creative commons, Albert11s;
·
Figura 3 Wikimedia creative commons, Marie-Lan Nguyen;
·
Figura 31 Livio Zucca;
·
Figura 32 Museo de Arte Metropolitano de Nueva York; obsequio de
Chester Dale;
·
Figura 63 Wikimedia creative commons, Fir0002Flagstaffotos;
·
Figura 77 Archivo Lessing;
·
Figura 108 Allianz SE; Figura 119 Kenneth Libbrecht;
·
Figura 130 thoughtyoumayask.com;
·
Figura 133 Jeff Bryant y Andrew Hanson;
·
Figura 153 Wolfram MathWorld;
·
Figura 159 Wikimedia creative commons;
·
Figura 160 Wikimedia creative commons, Matt Crypto;
·
Figura 168 Joe Christy.
A
pesar de haber intentado contactar por todos los medios con los propietarios
del copyright de las ilustraciones, el autor y la editorial
agradecerían cualquier información sobre las ilustraciones que no hayan sido
capaces de localizar, y se comprometen a hacer las enmiendas necesarias en
futuras ediciones.
Notas:
[1]Unidad
de medida de capacidad anglosajona. (N. de la t.).
[2] En
España, en la escuela se utiliza la aproximación 3,14.

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