© Libro N° 6204.
Ciencia Y Yo Quiero Ser Científico. Varios Autores. Emancipación. Julio 13 de 2019.
Título
original: © Ciencia Y Yo Quiero Ser Científico. Varios Autores
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
CIENCIA Y YO QUIERO SER CIENTÍFICO
Varios Autores
CONTENIDO
PresentaciónPrólogo
Y yo quiero ser...Agrónomo
Y yo quiero ser...Alquimista (Radioquímico)
Y yo quiero ser...Antropóloga
Y yo quiero ser...Arqueóloga
Y yo quiero ser...Astrobióloga
Y yo quiero ser...Astroquímic@
Y yo quiero ser...Astroquímico
Y yo quiero ser...Biogeógrafa
Y yo quiero ser...Bióloga Molecular
Y yo quiero ser...Bióloga Molecular
Y yo quiero ser...Bióloga y Marina, pero poquito a poquito
Y yo quiero ser...Biólogo Computacional
Y yo quiero ser...Biólogo Evolucionista
Y yo quiero ser...Biólogo Marino
Y yo quiero ser...Biólogo Marino
Y yo quiero ser...Bioquímica Nutricional
Y yo quiero ser...Biotecnóloga
Y yo quiero ser...Biotecnóloga de Plantas
Y yo quiero ser...Científica Marina
Y yo quiero ser...Científico y Músico
Y yo quiero ser...Como Santiago Ramón y Cajal
Y yo quiero ser...Cristalógrafo
Y yo quiero ser...Dendroecóloga
Y yo quiero ser...Ecóloga Evolutiva
Y yo quiero ser...Ecólogo
Y yo quiero ser...Ecólogo
Y yo quiero ser...Ecólogo
Y yo quiero ser...Ecotoxicólogo Marino
Y yo quiero ser...Enóloga
Y yo quiero ser...Gemóloga
Y yo quiero ser...Genético Molecular de Plantas
Y yo quiero ser...Genetista
Y yo quiero ser...Geóloga
Y yo quiero ser...Investigador en Imagen Biomédica
Y yo quiero ser...Investigadora Biomédica
Y yo quiero ser...Micóloga
Y yo quiero ser...Micóloga
Y yo quiero ser...Microbiólog@
Y yo quiero ser...Microbióloga
Y yo quiero ser...Modelizador de Moléculas
Y yo quiero ser...Naturalista, Biólogo y Emprendedor
Y yo quiero ser...Neurobiólogo Molecular de la Conducta
Y yo quiero ser...Neurocientífica
Y yo quiero ser...Neurocitólogo
Y yo quiero ser...Paleoantropólogo y Divulgador
Y yo quiero ser...Paleoecóloga
Y yo quiero ser...Paleomagneta
Y yo quiero ser...Profesor de Química y Divulgador
Y yo quiero ser...Profesora de Química
Y yo quiero ser...Química
Y yo quiero ser...Química Médica
Y yo quiero ser...Químico Orgánico
Y yo quiero ser...Químico y Trabajar en la Industria Química
Y yo quiero ser...Quimiómetra
Y yo quiero ser...Tecnólogo de Alimentos
Y yo quiero ser...Virólogo
Y yo quiero ser...Ambientóloga
Y yo quiero ser...Astrofísica
Y yo quiero ser...Astrofísico Molecular
Y yo quiero ser...Astrónoma
Y yo quiero ser...Astrónoma Observacional
Y yo quiero ser...Astrónomo
Y yo quiero ser...Astrónomo
Y yo quiero ser...Cazador de Neutrinos
Y yo quiero ser...Científica de Materiales
Y yo quiero ser...Científico
Y yo quiero ser...Científico Planetario
Y yo quiero ser...Cosmóloga Observacional
Y yo quiero ser...Cosmólogo
Y yo quiero ser...Especialista en Fotónica
Y yo quiero ser...¡Exploradora del Vacío!
Y yo quiero ser...Filósofo Moderno
Y yo quiero ser...Física
Y yo quiero ser...Física Electrónica
Y yo quiero ser...Física Experimental
Y yo quiero ser...Física Teórica de la Materia Condensada
Y yo quiero ser...Física. O bióloga…No, ¡física mejor! ¿O m
bióloga?
Y yo quiero ser...Físico
Y yo quiero ser...Físico
Y yo quiero ser...Físico de Partículas Experimental
Y yo quiero ser...Físico Nuclear
Y yo quiero ser...Físico Nuclear y de Partículas
Y yo quiero ser...Físico Solar
Y yo quiero ser...Físico Teórico
Y yo quiero ser...Físico Teórico
Y yo quiero ser...Físico-Matemático
Y yo quiero ser...Geofísica
Y yo quiero ser...Historiador de la Ciencia
Y yo quiero ser...Ingeniera de Materiales
Y yo quiero ser...Ingeniera de Telecomunicación
Y yo quiero ser...Ingeniera Óptica
Y yo quiero ser...Ingeniero Aeroespacial
Y yo quiero ser...Ingeniero de Sistemas y Automática
Y yo quiero ser...Ingeniero Eléctrico
Y yo quiero ser...Ingeniero en Fluidomecánica
Y yo quiero ser...Ingeniero Industrial (Tecnologías Energéticas)
Y yo quiero ser...Ingeniero Mecánico
Y yo quiero ser...Ingeniero Nuclear
Y yo quiero ser...Inventor
Y yo quiero ser...Matemática Física
Y yo quiero ser...Matemática Industrial
Y yo quiero ser...Matemática Pesquera
Y yo quiero ser...Matemático
Y yo quiero ser...Matemático
Y yo quiero ser...Nanocientífico
Y yo quiero ser...Nanotecnólogo
Y yo quiero ser...Óptico
Y yo quiero ser...Probabilista (casi seguramente)
Y yo quiero ser...Profesora de Física
Y yo quiero ser...Rastreador de Materia Oscura
Y yo quiero ser...Topólogo
Apéndice: Y yo quiero ser...Como mi Profe
Presentación
"Corría el año 2017 y…". Siempre me ha parecido
una manera perfecta (a alguien se lo había escuchado antes) de comenzar a
contar una historia. Pues sí, corría el año 2017, más concretamente el mes de
Abril, en los días de Semana Santa y para no romper con una "tradición"
que nos habíamos auto impuesto el año anterior, ahí estábamos los cuatro
haciendo una parte del Camino de Santiago.
En uno de esos días, llegando a Burgos, a Pablo se le escapa el
balón de balonmano, si incomprensiblemente lleva toda la semana cargando con el
balón, empieza a rodar por una pequeña pendiente hasta que unos metros más
abajo y tras una pequeña carrera lo vuelve a coger. Ya por la tarde en el
albergue y tras una reparadora ducha y una no menos reparadora merienda me
viene a la cabeza el rodar del balón. Le comento a Pablo que si se había fijado
que el balón había empezado a correr camino abajo y tras un rato parecía que
mantenía la velocidad y que ya no se aceleraba más, a lo que me responde,
"si, si, pero podemos jugar un rato con la tablet o salir fuera a
lanzarnos el balón" (con la tablet carga su hermano).
Resignadamente, con el comentario entre dientes de "que poco científico
que eres", respondo "claro que podéis jugar a lo que queráis,
os lo habéis ganado". Días más tarde, de vuelta ya en Madrid, recuerdo
aquella tarde y nace la idea de esto que estáis comenzando a leer.
Este libro surge como la recopilación de las respuestas de unos
buenos amigos, en origen a la mayoría de ellos no los conocía pero ya los
considero a todos buenos amigos, a mi solicitud de "Por favor, me
gustaría que me ayudarais a animar/motivar a mis hijos a que sean científicos".
Este "guante" se lo lancé a multitud de científicos y
tras el consejo de Ana Ulla "Quintín intenta que seamos muchas las
científicas las que participemos en este libro así será un mayor aliciente y
ejemplo para las chicas", pues intenté, y creo que conseguí, un buen
número de grandes científicas, claro está los científicos que participan no les
van a la zaga. Vaya desde aquí mi agradecimiento a todos los que han
participado, todos de una manera altruista, por su ayuda, dedicación,
entusiasmo y por hacer mi labor de coordinación fácil y llevadera. Por supuesto
hago extensible este agradecimiento a todos los que no han podido participar,
gracias por vuestro ánimo y buenos consejos.
Este libro va dirigido a jóvenes, o esa era la idea inicial,
lectores de entre 14-18 años, pero tengo que confesar que tras su lectura creo
que será del agrado de cualquier persona con un mínimo de curiosidad, sea cual
sea su edad. Pienso que en esta colección de relatos, en su mayoría vivencias
personales de sus autores, encontrareis un fiel reflejo de la comunidad
científica actual. Entre los autores encontraréis desde estudiantes de grado o
doctorado a Catedráticos, e incluso científicos ya jubilados (en la mayoría de
los casos muy a su pesar) con una sabiduría y experiencia que una Sociedad que
se quiera calificar como Avanzada no debe dejar de lado y mucho menos en el
olvido. Aquí tenéis un buen elenco de "hombros sobre los que subiros"
para lograr grandes cosas. Creo firmemente que acabareis la lectura de los
capítulos mascullando la frase "Y yo quiero ser…".
Decir que no es un libro que requiera una lectura continuada.
Todos los capítulos son independientes, se pueden leer sin orden, se puede ir
saltando de un área de conocimiento a otra sin problemas. Mi recomendación es
que empecéis leyendo los que creáis que más os van a gustar. Para después no
dejar de leer los que según los títulos no parece que os llamen la atención o
incluso aquellos que leyendo el título no sepáis muy bien a que se están
refiriendo, estoy seguro que os sorprenderán y gustaran.
Aprovecho para poner "la venda antes de la herida",
soy el único culpable en la confección del índice. Son miles las posibles
combinaciones para elaborarlo pero está claro que hay que decidirse por una y
seguro que no será del agrado de todos. Esta combinación se basa en la
separación de los capítulos en dos grandes áreas (por explicarlo de alguna
manera, una con un poco menos de "matemáticas" y la otra con algo
más) y dentro de ellas el orden alfabético de los propios capítulos. Serán
muchas las opiniones que cambiarían de área y/o de orden los capítulos pero
tenía que decidirme por algo.
Termino estas líneas volviendo a agradecer a todos los que de
una manera u otra han participado en la elaboración de este libro, desde Irene
a Federico por citar dos nombres ya que la lista completa sería inacabable. Una
más que ganada mención, lo que habéis tenido que aguantarme, a David, Pablo y
Teresa gracias por vuestro apoyo y ayuda.
Y con la esperanza que todos encontréis con la lectura de este
libro la inspiración y el ánimo para conseguir ser grandes científicos.
Madrid, febrero 2018
Un abrazo
Quintín
Prólogo
Vivimos tiempos de crisis global y de grandes retos planetarios,
que requieren más que nunca ser capaces de generar y aplicar nuevos
conocimientos. Por ello, una de las responsabilidades de la comunidad
científica es transmitir a la ciudadanía la relevancia de la investigación
científica, como frontera intelectual que nos permite abordar preguntas
fundamentales sobre el universo y sobre la vida, y también por su incidencia en
el desarrollo y bienestar de la sociedad, en aspectos como la salud, la alimentación,
la energía o el medio ambiente.
Este mensaje es esencial para que la sociedad y los responsables
políticos apuesten por la ciencia como uno de los motores fundamentales de
futuro, y es especialmente necesario en nuestro país, donde la inversión
sostenida en I+D está lejos de ser una prioridad, a diferencia de lo que sucede
en otros países de vanguardia. Y es también muy importante que ese mensaje se
dirija de forma específica y eficaz a los más jóvenes, de cuyo talento e
impulso renovador depende el futuro de la investigación científica.
En este contexto se enmarca la excelente iniciativa del libro
"CIENCIA, y yo quiero ser científico!!!", que cuenta con la
colaboración de la asociación Apadrina
la Ciencia y otras instituciones, y que
quiere contribuir, a través de los testimonios de muchos investigadores e
investigadoras de diversas disciplinas, a que estudiantes de secundaria y
bachillerato conozcan de primera mano las preguntas a las que se enfrentan los
científicos, su forma de vida, y también su motivación y su pasión por sus
distintas especialidades.
El sistema educativo y la sociedad en su conjunto precisa
fomentar el interés por la actividad investigadora y despertar vocaciones
científicas, a través de unos contenidos educativos sólidos y atractivos que
combinen la transmisión de información (creciente en volumen y complejidad)
sobre las distintas materias con el entrenamiento de la curiosidad, la
capacidad de indagar y el espíritu crítico, y de una divulgación rigurosa y
cercana.
Queremos (y necesitamos) que los jóvenes quieran dedicarse a la
actividad científica:
- para seguir preguntándonos, sin más guía que la curiosidad
innata de la condición humana, cómo son los seres humanos, los seres vivos, la
naturaleza, el cosmos, en el ámbito de la investigación básica, que es la
fuente de todo conocimiento y de toda posible aplicación futura ("no se
puede planificar lo inesperado", en palabras del Premio Nobel Aaron Klug).
- para, a través de la implementación de nuevos conocimientos y
procedimientos, contribuir a evitar o aliviar el sufrimiento de las personas,
mejorar su bienestar y actuar a tiempo ante procesos potencialmente
irreversibles en nuestro medio ambiente, a los que nos enfrentamos por primera
vez en nuestra historia. "No hay ningún desafío que se sitúe más allá de
la capacidad creadora distintiva de la especie humana", afirmó el
Presidente John F. Kennedy en 1963.
La ciencia y la comunidad científica deben tener un papel
decisivo y protagonista en los cambios radicales que precisa nuestro mundo.
Conocer la realidad… y actuar en consecuencia. Ciencia para facilitar la
transición desde una economía basada en la especulación, la deslocalización
productiva y la guerra a una economía basada en el conocimiento para un
desarrollo global sostenible y humano, en que las cinco prioridades de las
Naciones Unidas -alimentación, agua, salud, medio ambiente y educación- sean asequibles
a todos para vivir dignamente, y fundada en un nuevo concepto de seguridad que
no sólo tenga en cuenta los territorios y fronteras, sino a los seres humanos
que los habitan.
Deseamos vivamente que este libro sirva para fomentar que
estudiantes de bachillerato y secundaria se sientan atraídos por la actividad
científica y se sumen a las nuevas generaciones de investigadores (en las que
las mujeres científicas tendrán un protagonismo creciente), y que así aporten
decididamente su imaginación, su perseverancia, altura de miras, capacidad
creativa e inconformismo (valores todos ellos consustanciales a la actividad
científica) para tomar el relevo e impulsar estos cambios.
Federico Mayor Zaragoza
Presidente de la Fundación Cultura de Paz
Ex director General de la UNESCO
Federico Mayor Menéndez
Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad
Autónoma de Madrid y Ex Presidente de la Sociedad Española de Bioquímica y
Biología Molecular (SEBBM)
Capítulo 1
Y yo quiero ser...Agrónomo
(Por José Enrique Fernández)
Alguien me dijo en una ocasión: "Mira esta figura y dime
qué respuesta darías a la pregunta del recuadro azul".
"Muy fácil", contesté. "Aumentaría la superficie
cultivada, o la mantendría pero regaría un mayor porcentaje, y así se podría
cubrir la demanda de alimento, fibra y biodiesel de los 3.000 millones de
personas más que seremos en 2050. Me contestó: "No. No podemos usar más
recursos naturales, por lo que hay que satisfacer dicha demanda sin aumentar la
superficie cultivada ni usar más agua para el riego."
Esto es un reto. Y ser agrónomo significa, precisamente, dar una
respuesta satisfactoria a retos como este. Los agrónomos buscamos soluciones a
problemas como el mostrado desde distintos frentes: obtención de variedades más
productivas, mejoras en las técnicas de laboreo, fertilizaciones más
racionales, técnicas más efectivas para la protección de cultivos... Mi
especialidad es el uso del agua en la agricultura, por lo que os voy a contar
qué hacemos los agrónomos que nos dedicamos al riego para contribuir a la
solución de este reto.
Para no irnos demasiado atrás, hablaremos de lo que hemos hecho
desde mediados del siglo pasado hasta ahora. En estos 70 últimos años se han
dado tres grandes pasos para optimizar el uso del agua en agricultura, es
decir, para obtener más producción con menos agua. El primero se originó tras
la creación del estado de Israel, en torno a 1950. Los judíos que acudieron
desde todos los rincones del globo al nuevo estado se encontraron con unas
tierras desérticas de las que debían obtener alimentos para una población en
continuo aumento. Su iniciativa coincidió con la producción a escala industrial
de un nuevo material, el plástico. Ambos elementos dieron lugar a un rápido
desarrollo del riego por goteo que, aunque había sido inventado por los
alemanes en el S. XIX, no se popularizó hasta que se pudieron fabricar piezas
de plástico, un material barato y resistente. Aquel avance del riego localizado
se extendió rápidamente a las zonas áridas y semiáridas de todo el mundo, dando
lugar a un gran ahorro en el agua usada en agricultura.
El segundo gran paso en la racionalización del uso del agua en
agricultura consistió en el desarrollo de estrategias de riego deficitario. Por
ellas se entiende una forma de regar basada en el conocimiento de la respuesta
del cultivo al aporte de agua. Destaca, como ejemplo, el riego deficitario
controlado (RDC), que consiste en regar con suficiente agua para suplir las
necesidades hídricas del cultivo en los momentos en los que este es más
sensible al estrés hídrico; en el resto de su ciclo de crecimiento se riega muy
poco, o nada. Se consigue, así, ahorros significativos de agua con escasa
reducción de la producción. En la siguiente figura se muestra el esquema de una
estrategia de riego RDC para el olivar.
Esta es una de las muchas estrategias de riego deficitario que
se desarrollaron en países áridos como Australia y España, a partir de la
década de los 80 del pasado siglo. El tercer gran paso en la mejora de la
eficiencia del uso del agua en agricultura comenzó a principios de este siglo,
en países con un elevado nivel tecnológico en esta ciencia. Se trata de lo que
se conoce como riego de precisión. No es una técnica, ni un método, sino toda
una filosofía de riego. Consiste en la sabia elección del sistema de riego (por
surcos, por aspersión, por goteo…), de la estrategia de riego (riego
complementario, riego deficitario controlado, riego deficitario sostenido…) y
del método para la programación del riego (a partir de medidas de humedad del
suelo, de la demanda atmosférica, del grado de deshidratación de la planta...).
Se trata de conseguir nuestro objetivo productivo con el menor consumo de agua
y energía posibles. Del sistema de riego y de la estrategia de riego ya hemos
hablado. En lo que al método de programación de riego se refiere, los trabajos
de investigación hechos por grupos españoles sobre nuevos sensores y aparatos
para medir el estado hídrico de la planta figuran entre los más avanzados del
mundo.
Básicamente, el riego de precisión se basa en el uso de sensores
que miden de forma continua y automática, y que transmiten los datos también de
forma automática a nuestro ordenador, tableta o teléfono móvil. Y lo mejor no
es eso, sino que se han desarrollado sensores con esas características que son
capaces, además, de dar una información precisa sobre el estado hídrico del
cultivo, por lo que el agricultor puede determinar con precisión cuándo regar y
con cuánta agua. De esa manera, el agricultor puede ver cómo evoluciona el
riego, y controlarlo, desde cualquier lugar con conexión a Internet.
De todos los sensores que se han desarrollado, los que mejor
información dan son los que miden en la propia planta. El estado hídrico de una
planta depende del agua que hay en el suelo, de la demanda atmosférica y de su
propio desarrollo y fisiología. Por lo que los sensores que miden en planta la
usan como si de un biosensor se tratase, proveyendo al regante información muy
útil. Entre estos destacan los sensores, y sistemas relacionados, para medidas
de flujo de savia en el tronco (A), de variaciones del diámetro del tronco (B)
y del potencial de turgencia en la hoja (C), como los mostrados en la siguiente
figura.
¿Qué conseguimos con el uso de esto sensores y, en suma, con el
riego de precisión? Pues lograr determinar con exactitud cuál es el punto
óptimo en la curva de respuesta de la producción al riego, es decir, el riego
que en esta figura aparece como recomendado, y que no es otro que aquél con el
que se consigue regar de la forma más rentable para el agricultor y con menos
perjuicio para el ambiente. El riego de precisión tiene en cuenta, además, un
aspecto muy importante: la variabilidad del suelo y del cultivo.
Casi siempre de riega de manera uniforme para todo el cultivo,
independientemente de si algunas zonas son más arenosas que otras, están en
pendiente o en llano, etc. El resultado es que suele haber zonas sobrerregadas
y otras en las que el agua aportada no es suficiente. Esto se evita con el
riego de precisión.
Con este riego, de hecho, los sensores para la medida del estrés
hídrico de las plantas se usan en combinación con imágenes aéreas de
infrarrojos, como la que se muestra en la siguiente figura. La imagen A es una
fotografía de un olivo tomada con una cámara de infrarrojos; los colores
definen la temperatura del cultivo. En la imagen B se observa un dron con una
cámara de infrarrojos, iniciando el vuelo sobre una plantación de olivar en
seto de alta densidad (conocidas popularmente como olivares superintensivos).
La imagen C es una foto tomada de dicha plantación, a 40 m de altura, en una
zona en la que se aplicaron dos tratamientos de riego, uno abundante (tonos
azules) y otro deficitario (tonos naranja).
La información que proveen las imágenes aéreas de infrarrojos
permite "ver" las zonas de la plantación con distinta sensibilidad al
estrés hídrico, de manera que posibilitan regar "a la carta",
suministrándose más agua en aquéllas zonas que tienden a secarse antes y menos
en las que, por tratarse de un suelo más arcilloso o similar, necesitan riegos
menos abundantes o menos frecuentes. Esto que os cuento no es el futuro; esta
tecnología se ha desarrollado ya suficientemente y, si no se usa más por los
agricultores, es porque es aún cara y complicada de usar.
La buena noticia es que, por primera vez en la historia de la
agricultura, grandes empresas en electrónica y en telecomunicaciones están
uniendo sus esfuerzos para producir versiones de estos aparatos baratas y
fáciles de usar, para que lleguen a ser de uso habitual entre los agricultores.
Como muestra, un botón. Bueno, dos botones: en la figura de la izquierda se
muestra uno de estos sensores de nuevo desarrollo, para le medida de potencial
de turgencia en hoja. Y, en la de la derecha, se muestra una imagen de una
aplicación para teléfono móvil, con las que se transmiten instrucciones
sencillas al agricultor para el manejo del riego.
Agradecimientos: Las fotos que aparecen al principio de esta
página son fruto de la colaboración del autor con el Dr. Iván García Tejero,
del centro IFAPA 'Las Torres - Tomejil' (Junta de Andalucía), y con los Drs.
Gregorio Egea y Manuel Pérez Ruíz (Escuela Técnica Superior de Ingeniería
Agronómica, Universidad de Sevilla). Las fotos al pie de esta página son fruto
de la colaboración del autor con Robert Bosch España SLU y con el Dr. Julio
Frías Martínez, consultor y gerente de Aquamática. El autor agradece la
financiación recibida por la Junta de Andalucía, el Ministerio de Economía,
Industria y Competitividad y los Fondos FEDER, para la realización de sus
trabajos. Igualmente, agradece la colaboración de Internacional Olivarera SAU
(Interoliva), por la cesión de su plantación en la finca Sanabria para el
desarrollo de proyectos de investigación.
José Enrique Fernández
Doctor Ingeniero Agrónomo
Director del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de
Sevilla IRNAS CSIC
Capítulo 2
Y yo quiero ser...Alquimista (Radioquímico)
(Por Jordi Llop Roig)
Yo siempre quise ser como Nicolás. ¡El Pequeño no! Ese vino
después[1]. Quise ser como el original, el auténtico: Nicolás Flamel. Ése que
hace casi 700 años dejó atrás la pequeña librería que regentaba en París, y
persiguiendo las ilusiones transmitidas por un ángel que se le había aparecido
en sueños, se marchó en busca de la Piedra Filosofal, la que le daría las
claves para poder convertir cualquier metal en oro y gozar de la vida eterna.
Cuenta la leyenda que lo consiguió, que amasó una importante fortuna
transformando mercurio en oro y que tras su muerte, los que profanaron su tumba
en busca de la Piedra no encontraron rastros ni de la Piedra ni de su cuerpo.
Quien sabe… puede que aun esté entre nosotros. Unos cuantos siglos después, los
misterios que rodearon a Nicolás y a otros alquimistas de la época siguen
siendo eso: misterios. Y la existencia de la Piedra Filosofal, una leyenda.
Pero a día de hoy sabemos que la transmutación de la materia (convertir un
elemento en otro) es posible. ¡Y no solo eso! Sabemos que es útil. No para
enriquecernos. Tampoco para alcanzar la inmortalidad. Pero sí para conocer un
poco más acerca de cómo funcionamos, cuándo y por qué enfermamos e incluso cómo
curarnos.
La historia de cómo me convertí en alquimista tiene, como todo
en la vida, mucho de azar. Dijo John Lennon que la vida es aquello que
te pasa mientras estas ocupado haciendo otros planes. Corría el año 2002.
Hacía dos días que había defendido mi tesis doctoral y no tenía una idea muy
clara de hacia dónde ir. Salió un puesto de trabajo para llevar un ciclotrón.
Sin saber aun lo que era eso, solicité el trabajo y me entrevistaron. Una semana
después me llamaron para darme el puesto y acepté. Eso ocurrió 20 minutos antes
de recibir otra oferta de trabajo en una industria química, que habría también
aceptado sin dudarlo y que me hubiera convertido en otra cosa. Dos meses más
tarde se rumoreaba que la primera llamada la recibí porque confundieron mi
teléfono con el de otro candidato. La suerte se había puesto de mi parte: aun
no lo sabía… pero ¡Ya era un alquimista!
El ciclotrón o la Piedra Filosofal
El ciclotrón es la piedra filosofal del S. XXI. Con él
transmutamos la materia y su funcionamiento es conceptualmente sencillo. Un
ciclotrón de los utilizados más comúnmente es un equipo cilíndrico de unos 2
metros de alto por 2 metros de diámetro que pesa unas 25 toneladas y cuesta
algo más de 1 millón de euros. En él se aceleran pequeñas partículas
(generalmente protones, partículas subatómicas con carga eléctrica positiva)
hasta que alcanzan velocidades de varios miles de kilómetros por segundo.
Fig. 1. Formación de un átomo de 11C mediante bombardeo de
un átomo de nitrógeno con protones acelerados. En la parte superior se indican
el número de protones (p+) y de neutrones (n) de cada núcleo.
Cuando estas partículas aceleradas colisionan con cualquier
material, se produce una reacción muy violenta y dependiendo de las propiedades
del material que ha sufrido el impacto, puede darse una reacción nuclear. Así,
por ejemplo, si se irradia con protones acelerados un átomo de nitrógeno,
elemento que constituye aproximadamente el 80% del aire que respiramos y cuyo
núcleo está formado por 7 protones y 7 neutrones, el protón incidente se queda
en el núcleo del átomo de nitrógeno y como consecuencia del impacto se emite
una partícula alfa (partícula formada por dos protones y dos neutrones). El
balance neto global para el átomo de nitrógeno es que pierde un protón y dos
neutrones, convirtiéndose en un átomo de carbono-11 (Fig. 1). Nicolás estaría
orgulloso… ¡Hemos transmutado la materia!
El átomo de Carbono-11 formado (también notado 11C)
tiene un exceso de energía, no se siente cómodo y tiende a pasar de manera
espontánea a un estado menos energético. Este fenómeno, que se conoce como
radiactividad, va acompañado de la emisión de radiación. En el caso concreto
del átomo de 11C el proceso radiactivo conlleva la emisión de
un positrón (β+, como un electrón pero con carga positiva),
transformando el átomo de 11C en un átomo de boro-11 (Fig. 2a).
Fig. 2. (a) Fenómeno radiactivo por el cual un átomo de 11C
pasa a un estado más estable emitiendo un positrón. Nótese que el átomo
de 11C se transforma en un átomo de boro. En la parte superior
se indican el número de protones (p+) y de neutrones (n) de cada núcleo; (b) el
positrón emitido pierde su energía cinética, reacciona con un electrón y
desaparece formando fotones gamma.
Nicolás estaría celoso… ¡Hemos transmutado la materia por
segunda vez! El positrón emitido colisiona con átomos vecinos y va perdiendo
energía cinética (disminuye su velocidad), hasta que se queda prácticamente
parado. En este momento reacciona con un electrón, desapareciendo y generando
fotones gamma ("luz" de alta energía que nuestros ojos no pueden ver;
Fig. 2b).
Nicolás estaría furioso… No sólo transmutamos la materia: ¡La
transformamos en energía!
Y todo esto… ¿para qué?
Todos tenemos algún familiar o conocido que padece o ha padecido
cáncer. Alguien que un día se notó un bulto en alguna parte del cuerpo, o se
empezó a encontrar mal, o perdió visión repentinamente.
También es posible que conozcamos a alguien de avanzada edad que
en cierto momento empezó a olvidar cosas, o que simplemente salió de casa y no
supo encontrar el camino de vuelta por sí mismo. Síntomas clínicos que,
combinados con pruebas médicas, seguramente permitieron establecer un
diagnóstico y eventualmente aplicar un tratamiento posiblemente paliativo.
Curiosamente, hoy en día sabemos que antes, mucho antes de la aparición de los
síntomas clínicos (en ocasiones años), existen alteraciones a nivel molecular
que no podemos ver o percibir, pero que están ahí. También sabemos que, una vez
diagnosticada una enfermedad y aplicado un tratamiento, la respuesta a dicho
tratamiento empieza también a nivel molecular, y se traduce posteriormente en
una mejora de los síntomas clínicos. Y podríamos preguntarnos: Si fuéramos
capaces de detectar esas alteraciones moleculares, ¿podríamos detectar las
enfermedades mucho antes y en consecuencia conseguir que los tratamientos
fueran más efectivos? Y ¿podríamos ver de manera mucho más eficiente si el
tratamiento prescrito es efectivo? Las respuestas a estas preguntas son sí y
sí, gracias en parte (y sólo en parte) a los alquimistas.
La alquimia y su rol en el diagnóstico clínico
Como se ha explicado anteriormente, los átomos de 11C
generados con la ayuda del ciclotrón emiten positrones de manera espontánea, y
los positrones acaban generando fotones gamma. Dejando el fenómeno radiactivo
aparte, el 11C se comporta exactamente igual que su isótopo
estable (el carbono-12 ó 12C), que está presente en todas las
moléculas orgánicas que existen. Visto de otra forma, tenemos la posibilidad de
coger cualquier molécula orgánica que se nos ocurra y sustituir cualquiera de
sus átomos de 12C por un átomo de 11C. La
molécula resultante tendrá exactamente el mismo comportamiento químico y
biológico que la original, pero gracias a que contiene un átomo de 11C,
emitirá rayos gamma. ¡Basta con detectar esos rayos gamma para saber en todo
momento dónde está la molécula! Y la detección de esos rayos gamma es hoy en
día posible. Actualmente, podemos administrar a un paciente un fármaco que
contenga un átomo de 11C, y mediante cámaras especializadas,
podemos obtener imágenes 3D que nos permitirán saber en cada momento dónde se
encuentra el fármaco. Con esas imágenes, se puede obtener información
fundamental para conocer qué pasa dentro de nuestro cuerpo, y si existen
alteraciones que puedan asociarse a enfermedades.
Un ejemplo concreto: la Enfermedad de Alzheimer
La Enfermedad de Alzheimer (EA) es una enfermedad
neurodegenerativa cuyos síntomas clínicos más habituales son la pérdida de la
memoria y de otras capacidades mentales. Sin embargo, muchos años antes de que
aparezcan estos síntomas tienen lugar en el cerebro diferentes procesos
biológicos, y uno de ellos es la aparición de unos conglomerados de proteína
microscópicos denominados placas seniles. En otras palabras… si pudiéramos
detectar la presencia de placas seniles antes de la aparición de los síntomas
clínicos, podríamos efectuar un diagnóstico mucho más precoz de esta
enfermedad. Y es aquí donde entra en juego la alquimia.
Fig. 3.(a) Estructura química de la molécula de [11C]PIB. Nótese
que uno de sus átomos de carbono-12 ha sido reemplazado por un átomo de 11C.
Por simplicidad, la molécula se representa como una estrella roja en 2c y 2e;
(b) representación esquemática de un cerebro afectado por EA (izquierda) y un
cerebro sano (derecha). Los puntos negros representan placas seniles; (c) tras
inyectar [11C]PIB, éste se acumula en las zonas donde hay alta
densidad de placas seniles; (d) Los pacientes son sometidos a un estudio
mediante el cual se detectan los rayos gamma procedentes de la desintegración
Los alquimistas (o como se nos llama hoy en día, radioquímicos)
generamos 11C y lo utilizamos para preparar una molécula
denominada [11C]PIB (Fig. 3a; nótese que uno de sus átomos de
carbono es 11C). Esta molécula, que se administrada a los
pacientes por vía intravenosa, es capaz de pasar de la sangre al cerebro y
unirse a las placas seniles. Por lo tanto, aquellos cerebros afectados por EA
(que contienen un gran número de placas seniles) tenderán a acumular mucho más
las moléculas de [11C]PIB que los cerebros sanos (Fig. 3b y 3c).
El 11C, integrante de la molécula de [11C]PIB,
sufrirá la desintegración radiactiva con la consecuente emisión de positrones y
finalmente de rayos gamma, que pueden detectarse con unos detectores especiales
denominados cámaras tomográficas (Fig. 3d). La detección de dichos rayos gamma
permitirá obtener imágenes que nos ofrecerán información acerca de la
concentración de [11C]PIB en cada región cerebral (Fig. 3e),
permitiéndonos discernir entre pacientes sanos y pacientes afectados por EA.
La alquimia más allá de la detección de EA
El concepto general de administrar a un paciente (o voluntario
sano, o animal de experimentación) una molécula marcada con 11C
(o con otro átomo que emita positrones) y obtener imágenes tiene muchísimas
aplicaciones que van mucho más allá de diagnosticar enfermedades
neurodegenerativas. Esta estrategia se utiliza también para diagnosticar y
evaluar la respuesta al tratamiento de muchos tipos de cáncer, enfermedades
cardiovasculares, inflamación e infecciones, entre otras. Además, resulta
extremadamente útil en el proceso de desarrollo de nuevos fármacos. Por
ejemplo, cuando una industria farmacéutica desarrolla una nueva molécula que
podría curar alguna enfermedad, es necesario efectuar estudios para determinar
cuál es la mejor ruta y pauta de administración, la dosis óptima, la posible
toxicidad, las rutas de eliminación, cómo se metaboliza (esto es, como se
rompe) el fármaco dentro del cuerpo, etc. Todo esto es posible utilizando la
radioquímica… disciplina apasionante que combina conocimientos de química, ingeniería
y física y que requiere de la interacción íntima e ininterrumpida con la
biología, la farmacia y la medicina. Una disciplina que como tal no se recoge
en los programas educativos de enseñanza superior. Una disciplina con más
futuro que pasado y que necesita energías renovadas. ¿Te animas?
Notas:
[1] Estudiante español de Derecho, que se hizo célebre cuando
fue detenido en octubre de 2014 acusado de diversos delitos.
Jordi Llop Roig
Doctor en Química, Investigador Principal, CIC biomaGUNE
Capítulo 3
Y yo quiero ser...Antropóloga
(Por Margarita del Olmo Pintado)
Cuando era adolescente nunca pensé en ser antropóloga porque no
tenía idea de que la Antropología existiese: nadie me habló en el colegio de
Antropología y en mi casa, donde mis dos padres eran químicos, la investigación
se identificaba con la química, la biología, la física o las matemáticas; pero
nunca con las ideas que a mí me parecían interesantes para mi futura profesión:
periodista, fotógrafa, profesora, trabajadora social o escritora. Así que no
solo no se me ocurrió nunca ser antropóloga, sino que tampoco pensé en ser
investigadora.
Esta foto la hicieron y revelaron mis hermanos Guillermo del
Olmo (hoy día fotógrafo) y Alfonso del Olmo durante mi último curso de colegio:
cuando descubrí que existía la Antropología y decidí que me quería dedicar a
trabajar como antropóloga.
Sí tenía claro, sin embargo, que quería ir a la universidad
porque me gustaba aprender leyendo libros. Aunque no tanto en clase porque me
aburría mucho. Cuando fui un poco mayor, me llevaba al colegio los libros que
me interesaba leer y los escondía tapándolos con el libro de texto que tocara.
Pero interrumpía mi lectura cuando era necesario y voluntariamente cuando los
profesores hablaban de algo que me llamaba la atención: cuando contaban
anécdotas personales, historias, o discutían ideas.
Me enteré que existía la Antropología justo a tiempo: en el
último curso del colegio y justo unos meses antes de tener que decidir qué
quería estudiar. Fue gracias a una profesora de Lengua, en una de esas clases
en las que se salió de los temas que iban a entrar en el examen de Selectividad
(ahora PAU y pronto quién sabe). Me intrigó lo que contó y le pedí consejo para
seguir indagando por mi cuenta. Descubrí un mundo en el que quería encajar.
La Antropología es una profesión que busca entender el
comportamiento de las personas, no como individuos, sino como seres que viven
en sociedad y por lo tanto cómo influyen las demás personas. Hay muchas formas
de hacer antropología: buscando huesos de nuestros antepasados (Antropología
física), excavando para encontrar los restos que han dejado pueblos antiguos
(Arqueología), estudiando las lenguas que hablan y han hablado los seres
humanos (Antropología lingüística), trabajando con documentos escritos por
nuestros antepasados (Etnohistoria) o interesándose por todos los pueblos que
viven actualmente en el mundo, incluido el propio, para investigar cómo la
gente soluciona los problemas generales que plantea la existencia y los
concretos que tienen que resolver en la vida diaria, de cualquier tipo:
económicos, políticos, sobre las enfermedades, la comida, las relaciones con la
gente, la reproducción, la muerte, etc. El objetivo es aprender unas personas
de las otras (Antropología cultural).
Decidí que lo que a mí me interesaba en concreto era más
aprender de las personas vivas que de los antepasados, así que me centré en la
Antropología cultural (o social, o social y cultural, no hay acuerdo definitivo
en cómo llamarla). Mi decisión estuvo motivada por el hecho de que veía que la
Antropología cultural englobaba todos mis intereses sin tener que renunciar a
ninguno: podía enseñar como profesora, entrevistar a la gente como hacen los
periodistas, hacer fotografías, interesarme por los problemas de la sociedad y
escribir. Pero además, la Antropología me permitía incluir otras aficiones que
tenía y que nunca había pensado en ellas nada más que como hobbies: escuchar
historias, viajar, discutir ideas y aprender idiomas.
Mi primer trabajo como aprendiz de antropóloga lo hice en la
Universidad Complutense para mi tesina (similar al Trabajo Fin de Máster de
hoy) sobre las Reservas indias en Canadá. Mi objetivo era tan sencillo como
tratar de entender qué eran y cómo se habían formado. Para ello trabajé con
documentos históricos sobre los tratados firmados con las naciones indias, con
normativas actuales del Ministerio de Asuntos Indios e hice visitas a varias
reservas. Conseguí dinero para mi viaje a Canadá con un trabajo de bibliografía
que me encargó un profesor.
Aprendí que las reservas no son prisiones para los indios como
creía, por lo menos desde el punto de vista legal; sino que, al contrario, son
pequeños trozos de los antiguos territorios que cedieron en los tratados y
donde los que no son nativos no pueden entrar sin permiso de las naciones
indias. En la práctica se han convertido en lugares donde no hay suficientes
recursos para sobrevivir, ni trabajos, ni prácticamente posibilidades de salir
de la pobreza. Pero su condición legal de territorios reservados y al margen de
la legislación del país en muchos aspectos ha podido ser aprovechada por
algunas naciones indias para conseguir autogobierno (en Canadá) y en algunos
casos para instalar casinos millonarios que financian las necesidades y
actividades de las naciones indias (en Estados Unidos).
Mi siguiente trabajo, más "profesional", tanto en
profundidad como dedicación lo realicé para mi tesis doctoral sobre los
argentinos que se habían exiliado en España durante la dictadura de la Junta
militar argentina. Para realizarlo obtuve una Beca predoctoral para trabajar en
el CSIC. En esta ocasión utilicé las herramientas del trabajo de campo
etnográfico que es la metodología principal (aunque no única) de la
investigación en Antropología social y cultural: la observación participante y
las entrevistas abiertas.
La observación participante consiste en compartir la vida de las
personas sobre y con las que trabajamos en la medida de lo posible, no solo
observando, sino participando en todas las actividades y recogiendo todo el
proceso de forma escrita en lo que llamamos "diario de campo". Las
entrevistas abiertas son conversaciones que se mantienen con las personas que
nos interesan para preguntarles acerca de sus comportamientos y, sobre todo,
las razones de por qué actúan así.
En mi caso se trataba de preguntar a los argentinos exilados por
su proceso de exilio: cómo había empezado, por qué habían venido a España y,
una vez que acabó la dictadura, porqué habían vuelto a la Argentina o habían
decidido quedarse a vivir en España. Para ello, trabajé fundamentalmente en
Madrid, aunque también entrevisté algunas personas clave en Cataluña y viajé a
Argentina para conocer a las que habían decidido volver después del exilio. De
todo ese trabajo, lo que a mí me interesaba especialmente era el tema de la
identidad cultural: qué es la identidad cultural, cómo se construye, para qué
sirve. Y descubrí que es una herramienta que utilizamos para dar sentido al
comportamiento de las demás personas y para poder anticipar, a grandes rasgos,
cómo van a actuar; es decir que nos ayuda a dar sentido a nuestro mundo.
Mi tesis doctoral fue el inicio de mi carrera académica y
también el comienzo de una larga trayectoria para conseguir un puesto
permanente de investigadora en el CSIC. Después de mi beca predoctoral, tuve
otra beca postdoctoral de dos años para trabajar sobre inmigración en España,
también en el CSIC. Cuando se acabó esa beca, seguí investigando, pero durante
dos años no conseguí ningún tipo de financiación, a pesar de intentar varias
posibilidades.
Finalmente, uno de los intentos tuvo éxito: El Ministerio de
Educación español me concedió una beca en el extranjero de dos años para
trabajar sobre el tema de racismo en la Universidad de Harvard, en Estados
Unidos. Me trasladé con mi marido y mi hijo a la ciudad de Boston con el
objetivo fundamental de aprender qué es el racismo, cómo funciona, para qué
sirve y, sobre todo, qué herramientas estaban resultando útiles para desactivar
y desaprender los mecanismos racistas que utilizamos en la vida diaria.
Desde entonces he dedicado mi investigación al tema de racismo y
trabajado en Sudáfrica, Canadá, Estados Unidos y Austria, pero sobre todo en
España.
Actualmente tengo un puesto de investigadora en el Departamento
de Antropología del CSIC, y mi investigación sobre racismo la he centrado en la
escuela: cómo perciben los adolescentes las situaciones racistas, tanto dentro
como fuera del colegio, y, sobre todo, cómo se enfrentan a ellas.
Los dos últimos años los he dedicado (junto con una colega de la
universidad) al tema de abandono escolar. Estamos interesadas en averiguar lo
que las personas que han dejado de estudiar dicen sobre sus propios procesos.
Se trata de entender sus decisiones y lo que les llevó a ellas, comprendiendo
su razonamiento y su lógica, aprendiendo a partir de su propia experiencia sin
juzgarles. Uno de los objetivos fundamentales es descubrir qué personas vuelven
a estudiar una vez que lo dejaron en la adolescencia, por qué regresan a las
clases, qué les ayuda hacer este retorno, qué dificultades tienen y cómo se
podría facilitar esta vuelta. La respuesta a estas preguntas podría ayudar en
el diseño de programas educativos de adultos, en programas de prevención y también
a decidir que es necesario financiar.
Las investigaciones que existen hasta ahora sobre este tema
suelen estar basadas en estadísticas que asocian el retorno a los estudios con
el desempleo, concluyendo que cuando la gente se queda sin trabajo, como ha
ocurrido en la reciente crisis económica, se replantea la necesidad de volver a
estudiar, en primer lugar porque tienen el tiempo necesario y en segundo lugar
porque esperan así mejorar sus expectativas futuras de empleo. Pero nuestra
investigación antropológica nos ha permitido darnos cuenta que muchas de las
personas que se matriculan en educación para adultos ya tienen trabajo, aunque
una gran parte se encuentra sin contrato precisamente porque para conseguir un
empleo es obligatorio presentar el certificado de haber terminado la educación
obligatoria.
Según las personas entrevistadas, algunos empresarios no lo
exigen, "hacen la vista gorda" o les basta la promesa de
matriculación en un centro de adultos, y por ese motivo interpretan que las
condiciones de trabajo que les ofrecen son más precarias: no están aseguradas o
cotizan por la mitad del tiempo trabajado, y los horarios de trabajo son más
largos, en turnos cambiantes que exigen a los trabajadores gran flexibilidad.
Estas condiciones de trabajo chocan frontalmente con las normas
rígidas de los Centros de Educación de Adultos que exigen asistencia continua
en el horario elegido o asignado. De manera que los cambios de turno en el
trabajo tienen como consecuencia, con mucha frecuencia, la pérdida de
matrícula, que a su vez puede llevar a la pérdida del empleo. Y esta es una de
las causas del enorme fracaso de los programas de retorno, pero no se puede
apreciar analizando estadísticas que ofrecen un panorama a grandes rasgos.
Mi objetivo por lo tanto es investigar a pie de calle, el día a
día de la gente, y de esta forma contribuir a entender con mayor precisión y
con mayor complejidad los procesos sociales. La Antropología proporciona el
conocimiento y las herramientas necesarias para realizar este tipo de análisis,
a pequeña escala, que contribuyen a explicar los porqués del comportamiento
humano y nos permite entender por qué la gente hace lo que hace.
Margarita del Olmo Pintado
Doctora en Antropología, Departamento de Antropología, Instituto
de Lengua, Literatura y Antropología, CSIC
Capítulo 4
Y yo quiero ser...Arqueóloga
(Por María Ruiz del Árbol Moro)
Vivimos en una sociedad que valora la inversión en investigación
en ámbitos como el cambio climático, la detección y freno del Alzheimer, la
salud alimentaria y la nutrición…En este contexto, podría parecer que el tema
de la investigación arqueológica no es tan relevante. Sin embargo la
Arqueología tiene un papel fundamental en la mejora de las condiciones de vida
de la sociedad.
Si estás pensando en dedicarte a las Ciencias Sociales y Humanas
pero no tienes clara su utilidad, espero que este capítulo sirva para que
comprendas que la Arqueología es un instrumento cargado de futuro [1]. Si
tienes dudas sobre los estudios que escogerás, verás que la Arqueología es
interdisciplinar, lo que te permitirá abordarla desde distintos ámbitos
académicos (Geografía, Historia, Biología, Ingeniería, Geología….) y
desarrollarla desde diversas situaciones profesionales y administrativas (universidades,
museos, empresas públicas y privadas, organismos de investigación,
administraciones públicas…). Además, el mundo entero será tu campo de trabajo.
¿De qué se ocupa la Arqueología?
La palabra "arqueología" procede del griego arkhaiologia,
"discurso sobre cosas antiguas". Sin embargo, la Arqueología moderna
es una ciencia muy joven, de finales del siglo XIX, aunque algunos autores
consideran que la década de 1960 marca en realidad el inicio de la disciplina.
Hoy en día la Arqueología se define como la recuperación,
descripción y estudio sistemáticos de la cultura material del pasado, como
forma de acceder a las sociedades que la construyeron [2]. El término PASADO
hay que delimitarlo: la Arqueología NO estudia rocas o dinosaurios. Esos son
objeto de estudio de la Geología o la Paleontología. La Arqueología empieza
cuando los primeros útiles, reconocibles como tales, aparecen, y abarca hasta
el presente: desde el estudio de las primeras sociedades cazadoras recolectoras
hasta, por ejemplo, la reciente Guerra Civil Española (Fig. 1).
Fig. 1. Restos de la Guerra Civil, excavados y restaurados en Paredes de
Buitrago (Madrid).
Pero, si la Arqueología se ocupa del pasado de la humanidad, ¿en
qué modo se diferencia de la Historia? ¿Es independiente de ésta? ¿Cuál es la
relación de la Arqueología con la Historia?
Podría decirse (generalizando y sólo con el ánimo de clarificar
la cuestión) que la Arqueología y la Historia no se diferencian por su
finalidad sino en el objeto en el que aplican la investigación. Como
consecuencia, difieren en los instrumentos necesarios para el estudio y en los
procedimientos que aplican.
En realidad, cualquier arqueólogo, sea cual sea el punto de
partida de su investigación y el método que emplee, es potencialmente un
historiador con la misma dignidad que todos los demás. Pero entonces… ¿Qué hace
a la Arqueología especial?
La Arqueología, frente a la Historia, intenta conocer aspectos
de la cultura del pasado a través de los restos materiales que de ella se
conservan.
Esos restos materiales de la actividad humana del pasado (los
datos que emplea la Arqueología) son de diverso carácter: incluyen objetos
diferentes (como una lasca de sílex, un fragmento de cerámica), restos
monumentales (una casa, una ciudad completa), zonas de actividad humana
(lugares de enterramiento, canteras, basureros, campos de cultivo) y también
elementos ambientales (desde las propiedades químicas o físicas de suelos y
sedimentos (Fig. 2) a los restos biológicos de naturaleza vegetal y animal, como
polen, carbones, huesos).
Fig. 2. Perfil de un sondeo arqueológico, preparado para analizar suelos y
sedimentos (se trata de una terraza agraria de época romana documentada en El
Cabaco, Salamanca).
En definitiva, podríamos decir que la Arqueología es más
"democrática" que la Historia, ya que se ocupa no sólo de las grandes
obras, sino que se interesa también por lo pequeño, por los restos, que aun
pareciendo insignificantes, nos pueden decir mucho acerca de cómo eran las
sociedades antiguas.
La labor arqueológica está marcada por tres condiciones
fundamentales [3]:
-En primer lugar, por las características de los datos: la
Arqueología utiliza como datos los efectos intencionales, o no, de la
transformación humana del medio natural (actividades de recolección, agrarias,
mineras, constructivas…). Sus efectos se registran, normalmente, desvinculados
de las relaciones sociales que las originaron.
- En segundo lugar, esos datos que se registran han sido
afectados por diversos y complejos procesos de transformaciones (abandono,
erosión, destrucción intencionada…).
- En tercer lugar, estas particularidades de la información
condicionan tanto los métodos como los problemas teóricos que es necesario
resolver para poder sistematizar los procedimientos de investigación. El
sentido común no basta: el pensamiento arqueológico no es ajeno a la teoría del
conjunto de las Ciencias Humanas y Sociales[4].
En relación con los métodos de la Arqueología, estos van más
allá de la excavación e incluyen la prospección, la teledetección o el estudio
de la fotografía aérea. Hoy en día tiene mucho peso la investigación
arqueométrica, cuyos objetivos incluyen campos como la caracterización de
materiales y la datación de objetos y yacimientos arqueológicos. Y todo ello,
como comentaba al principio, desde una perspectiva interdisciplinar. La
Geografía, la Geología, el Derecho, la Edafología, la Biología, la Ingeniería, etc.,
se desarrollan en la actualidad como campos de investigación contiguos a la
Arqueología.
Uno de los ámbitos más dinámicos de la Arqueología y que refleja
muy bien este carácter interdisciplinar es el de la llamada Arqueología del
paisaje, que parte del análisis del paisaje actual para el estudio de las
sociedades del pasado. El paisaje puede parecer natural, pero en todas partes
ha sido modificado por las comunidades humanas, por lo que conserva huellas del
pasado remoto y reciente. Se convierte así en fuente de datos para la
Arqueología, con informaciones de diversa naturaleza.
Esta idea es fundamental para entender la labor de la
Arqueología y romper uno de los mitos más arraigados sobre la actividad
arqueológica: la idea de que los arqueólogos son eruditos centrados en la
búsqueda de objetos. Este tópico está en realidad muy vinculado con la
exposición descontextualizada de piezas en los museos, que conduce al error de
que es más importante el dato que la forma o el contexto en el que se ha
recogido.
Por otra parte, esto tiene enormes implicaciones para la
conservación y gestión del patrimonio arqueológico en el marco de las políticas
de planificación territorial. Sin embargo, la división de competencias
administrativas hace que esto no siempre sea tarea fácil.
Pero, ¿cuál es la utilidad de la Arqueología en una sociedad
como la actual?
Hemos visto que nuestro entorno, los paisajes, los yacimientos
arqueológicos, los restos exhibidos y salvaguardados en los museos… son el
pasado tangible y visible. Nuestra memoria, nuestra alma. La Arqueología tiene
una enorme responsabilidad frente a su protección y su conservación.
Por otra parte, la Arqueología se ocupa de la narración y
comunicación de las historias producidas por la investigación arqueológica,
sirve "para producir conocimiento histórico de todas las sociedades
pasadas, de todos sus miembros, desde planos de igualdad y respeto" [1].
El arqueólogo británico Graham Clark decía que la Arqueología puede ser más
democrática que buena parte de la Historia, porque su objeto de estudio es toda
la sociedad: los poderosos y los débiles, los ancianos y los niños, los hombres
y las mujeres. Todos se pueden rastrear en la materialidad social.
Por último, la Arqueología tiene un papel fundamental en la
supervisión atenta y crítica de como esos conocimientos se utilizan en el marco
de nuestra sociedad [1]. Entre esos usos del pasado quizás el más llamativo es
el caso de los nacionalismos. El nacionalismo en Arqueología se manifiesta hoy
de muchas maneras, por ejemplo en la idea legítima de que los descendientes de
una determinada cultura tienen un mayor derecho que los demás a investigar e
interpretar sus restos. Más alarmante es la creación de identidades excluyentes
sobre elementos del registro arqueológico, que se utilizan para diferenciar
colectividades y dotarlas de profundidad histórica. En otros casos, la
Arqueología se utiliza para destruirlas, como se ha visto en los recientes
ataques a sitios arqueológicos del norte de Irak, en lo que se ha dado en
llamar una "yihad" arqueológica del Estado Islámico que ha provocado
la pérdida de ciudades antiguas como Nimrud, Hatra o DurSharrukin.
Para saber más sobre la Arqueología existen muchos libros de
gran calidad. Puedes comenzar con dos (números [5] y [2] de las referencias).
Verás que la Arqueología, como todas las Ciencias Humanas y Sociales, no es una
ciencia "fácil" y que, para dedicarse a ella, hay que ser una persona
valiente, con gran sentido crítico, que sepa vincular continuamente el pasado y
el presente. Solo así, lograremos que la Arqueología contribuya a la
construcción de un futuro libre de los sectarismos impuestos por el pensamiento
único actual.
Referencias:
[1] G. Ruiz Zapatero, 2014, "Arqueología: Abrir ojos cada
vez más grandes", Arqueoweb, Vol. 15, Nº. 1 (texto completo en
dialnet.unirioja.es).
[2]. V. Fernández Martínez 1989, Teoría y método de la
arqueología.
[3].L. F. Bate, 1998, El proceso de investigación en
arqueología.
[4].M. Johnson, 2002, Teoría arqueológica: una
introducción.
[5] P. Bahn, 1998, Introducción a la Arqueología.
María Ruiz del Árbol Moro
Doctora en Historia Antigua
Científica Titular, Instituto de Historia, CSIC
Capítulo 5
Y yo quiero ser...Astrobióloga
(Por Ester Lázaro)
Comenzaré por decir que tengo 54 años, así que algunas de las
situaciones que voy a describir puede que les resulten extrañas a los jóvenes
de esta época. Sin embargo, me atrevo a pensar que, aunque parezca que el mundo
y los humanos han cambiado muchísimo desde la época en la que yo era una niña,
en realidad lo que ha cambiado han sido más las formas que lo esencial.
Seguimos teniendo deseos y sentimientos parecidos y, entre ellos, creo que hay
uno muy poderoso, que es el de poder realizar una actividad profesional que
trascienda el objetivo de ganar lo necesario para vivir dignamente y nos haga
disfrutar a un nivel profundo. Entre los trabajos que ayudan a cumplir este
deseo están aquellos que fomentan el desarrollo de nuestra creatividad, los que
nos impulsan a pensar y a no repetir mecánicamente los procesos diseñados por
otros. Aquí estaría el lugar de las artes, de la literatura, del diseño, y, por
supuesto, también el de la ciencia.
Sin embargo, yo no nací con la vocación de ser astrobióloga. Ni
siquiera con la vocación de ser científica. De hecho, de niña, casi ni me
planteaba lo que quería ser de mayor. Nací en un pueblo pequeño y allí pasé mi
infancia. En ese lugar y en esa época, los hombres iban al campo y las mujeres,
con la honrosa excepción de las maestras, no trabajaban fuera de la casa. Si me
hubieran preguntado qué quería ser de mayor, habría dicho primero que ama de
casa y luego, si necesitaba trabajar, pues maestra. Eso era lo que se esperaba
de mí y yo no me cuestionaba que pudiera ser de otra manera. En esa época
disfrutaba mucho de la naturaleza, pero no me planteaba demasiadas preguntas
sobre el mundo que me rodeaba. Lo que sí que me llamaba mucho la atención era
que los médicos pudieran curar las enfermedades. Que hubiera pastillas o
jarabes capaces de corregir lo que funcionaba mal en las personas era algo que
me fascinaba. No me asombraba tanto que el enfermo se curara, sino el milagro
que hacían esas sustancias dentro de su cuerpo. Supongo que esa fue mi primera
inquietud como investigadora, que en algún momento confundí con una vocación
médica que ahora veo claro que no tenía.
Unos pocos años más tarde, llegué a Madrid para hacer el
bachillerato, que normalmente se cursaba entre los 14 y los 18 años. Entonces
fue cuando comenzaron a perfilarse los intereses que han marcado mi vida.
Concretamente, recuerdo una clase de química en la que la profesora nos dijo
algo que puede parecer obvio, pero que a mí entonces me supuso una revelación
sorprendente y es que los seres vivos y los no vivos estamos hechos de los
mismos elementos, que no hay nada mágico en la materia viva, más allá de la
diferente organización de esos elementos. A partir de ese momento comencé a
plantearme preguntas que nunca antes me había hecho: ¿Qué clase de
"programa" puede organizar la materia para que los seres vivos puedan
realizar todas esas funciones que los diferencian tan claramente de los no
vivos? ¿Por qué algunos seres vivos son capaces de dividirse y poco más
mientras que otros son, incluso, capaces de pensar y reflexionar sobre sus
propios pensamientos? ¿Por qué hay seres vivos tan distintos cuando, a nivel
molecular, todos ellos se parecen tanto? Todos tienen proteínas, tienen ácidos
nucleicos, y, sin embargo, con el mismo material ¡cuántas diferencias pueden
surgir! Poco a poco, me di cuenta de que quería conocer más y más sobre este
tema: ¿Cómo surgió la vida? ¿Cómo se dio ese paso de la química a la biología?
¿Cómo fue aumentando la complejidad en biología? ¿Cuáles son los mecanismos que
han permitido que, a partir de la primera célula viva, surja toda la diversidad
biológica que existe actualmente? Así, dejé de querer ser maestra y empecé a
querer ser bióloga. Quería saber más sobre la vida, sobre sus orígenes, sobre
su evolución… En último caso, pensé que podría ser profesora de biología, y así
contentaba a todos, a mi familia que quería que fuera maestra y a mí misma, que
me veía bióloga. Pero lo que sucedió, mientras estudiaba la carrera de
Biología, es que me di cuenta de que quería hacer algo más que transmitir los
conocimientos que yo aprendía. Enseñar me gustaba, no lo voy a negar, pero
además, yo quería generar conocimiento. Y entendí que para eso no me quedaba
otra opción que la de salirme del camino marcado, ponerme la bata blanca y
meterme en un laboratorio. Podéis pensar que tampoco me salí mucho del camino,
y tenéis razón. Pero también es cierto que esa decisión supuso cierto coraje,
al renunciar a vivir la vida que los demás me aconsejaban, iniciando en cambio
mi propia ruta. Y eso no siempre es fácil.
Cuando acabé la carrera me empeñé en buscar un laboratorio en el
cual aprender el método científico y aplicarlo a un tema de investigación
concreto.
Fig. 1. Recreación
sobre el origen de la vida en el Universo. (Crédito: NASA / Jenny Mottar )
Tuve mucha suerte, obtuve una beca para realizar un doctorado en
el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. El tema asignado para mi tesis no
se parecía mucho a lo que eran mis intereses más profundos, pero no me importó.
La verdad es que en los cinco años de mi carrera, jamás había oído la palabra
Astrobiología y yo no tenía muy claro dónde dirigirme para investigar en ese
campo. Sin embargo, el simple hecho de poder experimentar cómo era el trabajo
científico durante los cuatro años que suele durar un doctorado, ya me parecía
un gran logro. Y lo cierto es que, cuando uno se mete en un tema e intenta
aportar en él lo mejor de sí mismo, te acaba gustando y yo no fui una excepción
en esto. Pero a mí me seguían interesando las cuestiones que ya he comentado y
me iban surgiendo otras nuevas: ¿Podría haber vida en otros planetas del
sistema solar o incluso fuera de él? ¿La vida tendría que estar basada
necesariamente en ácidos nucleicos y proteínas? ¿Podría haber otras moléculas
que almacenaran la información genética? ¿Las funciones biológicas tienen que
ser necesariamente llevadas a cabo por las proteínas? Y así empecé a darme
cuenta de que tenemos muy claro lo que es la vida, pero eso solo es cuando no
nos salimos de los límites de lo conocido. En cambio, no tenemos ni idea de
cómo podría ser la vida en otro planeta, ni siquiera de si seríamos capaces de
reconocerla. Y así, dándole vuelta a esas cuestiones, un día mirando el
periódico me entero de que están buscando científicos para un nuevo centro de
investigación llamado "Centro de Astrobiología", que se va a dedicar
al estudio del origen y evolución de la vida en el Universo. ¡Casi no me lo
podía creer! Y menos aún me creía que mi currículum pudiera interesar en un
centro como ese, que decían que estaba asociado a la NASA. Reconozco que
necesité un pequeño empujón de algunas personas para animarme a presentar una
solicitud. Cómo no tenía nada que perder, decidí que, en lugar de escribir un
currículum que resaltara mis méritos académicos y profesionales, lo que haría
sería describir mi pasión. Hablé sobre las preguntas que me habían motivado a
estudiar biología, sobre mis intereses, sobre mi motivación a adentrarme en
nuevos terrenos. No dije "quiero ser astrobióloga", pero lo que
describí se parecía mucho a eso. El final es feliz, me contrataron en el Centro
de Astrobiología… ¡y aquí sigo! Mi trabajo consiste en realizar estudios de
evolución experimental, para lo cual trabajo con virus y microorganismos. Los
experimentos que realizamos en mi grupo, básicamente consisten en propagar una
población ancestral, que tenemos bien caracterizada, en ciertas condiciones que
imponemos y controlamos nosotros. Con el paso del tiempo, se genera una
población evolucionada, que analizamos y comparamos con la ancestral. De este
modo, intentamos no solo encontrar cómo los seres vivos se adaptan a
condiciones concretas, sino también extraer conclusiones generales sobre el
proceso evolutivo.
Y sigo también con la pasión de enseñar, tanto en el ámbito
académico como fuera de él. Creo que la gente quiere saber sobre ciencia,
quiere entender el mundo que les rodea y, si los científicos podemos ayudarles,
en cierto modo estamos obligados a hacerlo. A fin de cuentas, es la sociedad,
quien con sus impuestos, paga nuestras investigaciones. A día de hoy, no sé qué
es lo que me hace más feliz si el trabajo científico o el trabajo de
divulgación. La divulgación tiene un lado humano que es muy gratificante y que
no siempre encuentro en el trabajo puramente científico, así que mi aspiración
es seguir haciendo ambas cosas durante todo el tiempo que pueda y los demás me
lo permitan.
Ester Lázaro
Doctora en Ciencias Biológicas, Investigadora científica,
Departamento de Evolución Molecular, Centro de Astrobiología (CSIC-INTA),
Madrid
Capítulo 6
Y yo quiero ser...Astroquímic@
(Por Elena Jiménez)
¡Quién me iba a decir, allá por el año 1985 cuando empecé mis
estudios de Bachillerato en lo que se llamaba "Ciencias Puras" y tras
mi licenciatura en Ciencias Químicas (especialidad Química Física), que
desarrollaría mi carrera profesional investigando en el ámbito de la Química
Física de la atmósfera terrestre y del medio interestelar!
Fig. 1. Moléculas prebióticas detectadas en el medio interestelar posibles
precursoras de bases del ARN y ADN.
Pues sí, la vida da muchas vueltas. Y hablando
de vida... mucho se ha especulado sobre el origen de la vida en
nuestro planeta. Existen diversas teorías desde la teoría de la sopa
o caldo primordial propuesta por el bioquímico ruso Aleksandr I.
Oparin en 1924 hasta que las moléculas prebióticas vinieron del espacio (Panspermia)
[1]. En 1953 Stanley Miller y Harold C. Urey llevaron a cabo un experimento
donde se comprobó que se sintetizaban aminoácidos a partir de una disolución
acuosa de amoníaco, metano e hidrógeno sometida a una descarga eléctrica [2].
Lo que es evidente es que las condiciones ambientales de la Tierra
(temperaturas moderadas, agua líquida, atmósfera de oxígeno, etc.) han
propiciado la existencia de vida en nuestro planeta. La Panspermia, por otro
lado, se centra en la idea de que las moléculas prebióticas llegaron a la
Tierra desde el Espacio a través de meteoritos y otros objetos.
Este capítulo no pretende discutir qué teoría es la correcta, ya
que es un debate abierto y vivo aún en la actualidad, si no pretende despertar
vocaciones científicas y acercar a jóvenes promesas la química en fase gaseosa
de compuestos orgánicos simples que puede dar lugar a nuevas especies en el
medio interestelar.
¿Qué es el medio interestelar y de qué está compuesto?
El medio interestelar es la materia que existe entre dos
sistemas estelares. El sistema estelar más cercano al nuestro es Alfa
Centauri que se encuentra a unos 4.37 años-luz (1), es decir, más de
40 billones de km y que posee tres soles. Aunque uno puede pensar que el
espacio está "vacío", no es así. El medio interestelar está formado
principalmente por H2 y He en aprox. un 98-99% (en masa), el
resto es polvo estelar, además la radiación (rayos cósmicos, rayos X, radiación
ultravioleta, etc.) invade este medio. Las condiciones físicas del medio
interestelar cubre un amplio intervalo de temperaturas (T) y densidades
moleculares (número de partículas por cm3, n). En la
región más fría del medio interestelar, T=10−100 K (2), entre -263
ºC y -163ºC se encuentran las denominadas nubes moleculares densas,
debido a su alta densidad de entre 20 y un millón de átomos/cm3.
Como veis, todo es relativo y lo que en la Tierra es
"ultrafrío" en el medio interestelar es "frío". Lo que en
la Tierra es "vacío" en el medio interestelar es algo
"denso". De hecho, ni con el mejor vacío que se puede conseguir en la
Tierra, si usáramos una bomba de vacío que pudiera evacuar todo el aire que
hubiera en un recipiente, no llegaríamos nunca a conseguir las densidades de
ciertas partes del medio interestelar. Esto hace que simular en el laboratorio
las condiciones de densidad del medio interestelar sea imposible. Respecto a la
temperatura, nos encontramos con el problema de obtener gases a temperaturas a
las cuales serían sólidos en la Tierra ya que condensarían.
Astroquímica: Observación versus Experimentación
en Laboratorio
La Astroquímica es una rama de la Astronomía y la Química que
estudia la composición y la evolución química del Universo. Por tanto, esta
rama del saber incluye tanto la observación del espacio mediante
radiotelescopios como la experimentación en el laboratorio simulando las
condiciones del mismo. El apoyo de los modelos astroquímicos y la computación
permiten tener un mejor conocimiento de lo que ocurre a años-luz de nosotros.
Aunque la composición principal del medio interestelar es H2 y
He, existen también especies orgánicas que contienen otros elementos
químicamente activos y abundantes en el Universo, como son C, O, N y S. Hasta
el momento, se han detectado en el medio interestelar más de 180 especies
(radicales, moléculas e iones) [3]. En esta región del espacio se han observado
moléculas diatómicas como el radical hidroxilo (OH), triatómicas como el agua
(H2O), o moléculas orgánicas más complejas que encontramos en
nuestra vida diaria como metanol (CH3OH), etanol (CH3CH2OH),
acetona (CH3C(O)CH3) e incluso fulerenos de 60 y 70
átomos de carbono. Las abundancias de estas especies interestelares se suele
expresar relativas a la abundancia total de átomos de H (H2 + H
atómico) y suelen ser muy pequeñas. Sin embargo, aun siendo muy poco abundantes
la química de estas especies juega un papel esencial en la síntesis de otras
moléculas más complejas en el Espacio. Para interpretar las abundancias
relativas observadas por astrónom@s para éstas y otras especies que se formen a
partir de ellas, se deben introducir en los modelos astroquímicos datos de la
velocidad de todos los procesos de eliminación/formación en los que están
implicadas tanto en las superficie de los granos de polvo como en fase gaseosa.
Centrémonos, aquí, en la química en fase gaseosa que ocurre en
las nubes moleculares densas, ya que es ahí donde se forman nuevas estrellas y
donde se han detectado la mayoría de las especies orgánicas anteriormente
citadas. Desde el punto de vista experimental, conseguir moléculas en estado
gaseoso a las temperaturas típicas de estos entornos ultrafríos (10-100 K) es
un reto, ya que se debe evitar la condensación del gas y la formación de gotas
de líquido. Por ejemplo, en la Tabla 1 se presenta el punto de fusión, es
decir, la temperatura a la cual se encuentran en equilibrio el sólido y el
líquido, de algunos compuestos oxigenados a presión atmosférica. El punto de
fusión, a diferencia del punto de ebullición, no se ve afectado
significativamente por la presión. Además, para la mayoría de los compuestos el
punto de fusión y de congelación son iguales. Por eso, a las temperaturas de
nuestro planeta estas especies orgánicas son líquidos. Como vemos en la Tabla
1, estas especies serían sólidos entre -173 ºC y -263 ºC si se enfriara el gas
en equilibrio con el líquido, mediante recirculación de un líquido refrigerante
por el exterior del reactor. Cuando ese líquido es N2 (a 77,36
K º−195,79 °C) o He (a 4,22 K º −268,93 °C) se denomina criogenia.
|
Tabla 1. Puntos de fusión (o de congelación) [4]. |
|||
|
Compuesto |
Tfusión/ ºC |
Compuesto |
Tfusión/ ºC |
|
H2O |
0 |
CH3C(O)CH3 |
-95 |
|
CH3OH |
-97,6 |
CH3OCH3 |
-141 |
|
CH3CH2OH |
-114,1 |
CH3CHO |
-123,5 |
Sin embargo, Bertrand Rowe y col. en los años 1980's inventaron
la técnica CRESU (acrónimo de Cinética de Reacciones mediante Expansión
Supersónica Uniforme) que permite obtener una temperatura ultrabaja uniforme
del gas (hasta 6 K!!!) y estudiar la velocidad de reacciones ion-molécula o
radical-molécula, ya que se consigue también una uniformidad en la densidad
molecular. Esto supuso un gran avance científico, ya que podían estudiarse
reacciones de interés astroquímico y observar su comportamiento a las temperaturas
típicas del medio interestelar. Hace unos meses, tuve el honor de publicar un
artículo junto a B. Rowe, donde revisábamos los más de 30 años de esta técnica
y sus perspectivas de futuro [5]. A pesar del potencial de esta técnica, menos
de una decena de grupos de investigación la emplean con este fin en todo el
mundo. Uno de esos grupos es el del departamento de Química Física de la
Universidad de Castilla-La Mancha en Ciudad Real.
Nuestro sistema CRESU es el más potente en la actualidad en su
categoría (que pulsa el gas para economizar gastos y capacidad de bombeo) y
somos capaces de alcanzar temperaturas entre 13 K y 107 K. Iniciamos nuestra
andadura en 2012, pero un complejo sistema de estas características que debe
diseñarse, construirse y poner a punto por nosotros los investigadores, no se
desarrolla en un año ni en dos.
Fig. 2. Fotografía del CRESU de la Universidad de Castilla-La Mancha en
Ciudad Real. Único en España y el más potente de su categoría en el mundo.
Hay que ensamblar diversa instrumentación, como láseres pulsados
que emiten radiación ultravioleta, aparatos electrónicos que controlan la
introducción de los gases en el reactor, aparatos ópticos para detectar la
especie de control cinético (en nuestro caso, el radical OH), y un largo etc.
En la fotografía de la Fig. 2 se puede ver la complejidad del mismo y se puede
hacer el símil con una orquesta sinfónica: si algún instrumento
desafina, el concierto se va al garete y no obtenemos resultados correctos o,
en el peor de los casos, no se puede obtener ningún dato. Tras conseguir que
la orquesta bien afinada, en 2015 empezamos a
publicar nuestros resultados sobre las reacciones entre el radical OH
(detectado en 1963 en el medio interestelar) y especies interestelares como
metanol [6], formiato de metilo [7] y recientemente formaldehído, H2CO
[8].
La reactividad de OH con estos compuestos orgánicos se ha
confirmado experimentalmente que es de uno a varios órdenes de magnitud
superior a lo observado a temperaturas típicas de la atmósfera terrestre, donde
la base de datos cinéticos es muy amplia y los parámetros que rigen la
reactividad de OH están bien establecidos. Esto tiene grandes implicaciones en
la interpretación de las abundancias observadas astronómicamente, ya que en
ausencia de datos cinéticos a T<100 K, si se consideran las
constantes de velocidad a temperaturas superiores en los modelos astroquímicos,
se puede subestimar la velocidad a la que se forman otras especies en fase
gaseosa como el radical metoxilo, CH3O, formado en la reacción con
metanol [6] o el radical formilo, HCO, formado en la reacción con formaldehído
[8]. Este comportamiento ha de ser confirmado para otras reacciones en fase
gaseosa, y no solo con el radical OH sino con otras especies radicálicas de
interés astroquímico como los radicales carbonados CN, CH, C2H, etc.
Por lo que seguimos trabajando en ello en nuestro grupo de investigación.
En conclusión…
La Astroquímica está experimentando grandes avances en las
últimas décadas debido al desarrollo tecnológico de los radiotelescopios que ha
permitido identificar muchas especies en estos entornos astrofísicos ultrafríos
cuya química no es conocida. Como química, creo que este ámbito va a
proporcionar muchas respuestas sobre la formación de nuevas moléculas, algunas
de ellas, precursoras de la vida tal y como la conocemos en nuestro planeta.
Como dijo Don Quijote de la Mancha: "Parece, Sancho, que no hay refrán
que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma
experiencia, madre de las ciencias todas."
Entonces, quieres "experimentar" y ser Astroquímic@?
Notas:
(1). 1 año-luz es la distancia que recorre la luz en el vacío en
un año, es decir, @9,46×1012 km.
(2). Equivalencia de temperaturas: T(K) = 273,15
+ T(ºC)
Referencias:
[1] https://simple.wikipedia.org/wiki/Origin_of_life
[2] Stanley L. Miller (1953). "A production of amino acids
under possible primitive Earth Conditions". Science 117: 528-529.
[3] http://www.astrochymist.org/astrochymist_ism.html
[4] David R. Lide (2009). CRC Handbook of Chemistry and Physics
(90 edición).
[5] Alexey Potapov, André Canosa, Elena Jiménez, Bertrand Rowe.
(2017) Angew ChemInt Ed. 56(30):8618-8640.
[6] María Antiñolo, Marcelino Agúndez, Elena Jiménez, et al.
(2016) Reactivity of OH and CH3OH between 22 and 64 K: modelling the
gas phase production of CH3O in Barnard 1B. Astrophys. J. 823(1):25.
[7] Elena Jiménez, María Antiñolo, Bernabé Ballesteros, André
Canosa, José Albaladejo. Phys.Chem.ChemPhys. 2016 18(3):2183-91.
[8] Antonio J. Ocaña, Elena Jiménez, Bernabé Ballesteros, et al.
(2017) Kinetics and dynamics of the OH+H2CO reaction at temperatures
of the interstellar medium (ISM): Experiments, theory and modelling of the HCO
formation in the ISM.Astrophys. J. En prensa.
Elena Jiménez
Doctora en Ciencias Químicas
Profesora Titular de la Universidad de Castilla-La Mancha
Capítulo 7
Y yo quiero ser...Astroquímico
(Por Víctor M. Rivilla)
Debo ser sincero. Yo, en realidad, no quería ser astroquímicos.
Ni astrofísico, ni físico. O mejor dicho, no sabía que quería serlo. Nunca tuve
una verdadera vocación por la astronomía. Decidí estudiar física pocos meses
antes de iniciar la universidad, y acabé dedicando mi tesis doctoral a la
astrofísica por azares del destino.
Fig. 1. Izquierda: Estructura de adenosín trifosfato (ATP; C10H16N5O13P3).
Imagen de Ben Mills. Derecha: estructura de doble hélice del ácido
desoxirribonucleico (ADN). Imagen de Richard Wheeler. Las esferas de colores
indican átomos de distintos elementos químicos: hidrógeno (blanco), oxígeno
(rojo), nitrógeno (azul), carbono (gris) y fósforo (naranja).
Pero el caso es que fue así, de lo cual ahora me alegro mucho.
Durante mis años en el Centro de Astrobiología de Madrid, estudié en mi tesis
cómo se distribuyen las estrellas en las zonas del cielo donde se forman las
estrellas más masivas.
Simplificando un poco, me dediqué a contar estrellas en el
cielo. Y después me mudé a Florencia, al observatorio de la colina de Arcetri,
un enclave casi sagrado para un astrofísico, porque es allí donde Galileo
transcurrió sus últimos años de vida. Y aquí, en Florencia, me adentré
verdaderamente en el mundo de la astroquímica. ¿Y qué es la astroquímica? En
pocas palabras, es la ciencia que estudia cómo se forman las moléculas en el
espacio. ¿Y por qué queremos saber esto? La respuesta es simple: para satisfacer
nuestra infinita curiosidad como científicos y entender de dónde venimos. Todo
aquello que vemos a nuestro alrededor, incluido nosotros mismos, está
constituido por átomos que se agrupan formando moléculas. Moléculas simples
como el oxígeno molecular (O2) que respiramos en nuestra atmósfera,
o el agua de nuestros océanos (H2O). Moléculas algo más complejas,
como el etanol (C2H5OH) que bebemos en una copa de vino o
el etilenglicol ((CH2OH)2), que usamos como
anticongelante en nuestros coches. Y moléculas aún más complejas, como el
adenosín trifosfato (ATP; C10H16N5O13P3,
Fig. 1), que es la principal fuente de energía para las células, o como el
ácido desoxirribonucleico (ADN), la doble hélice que almacena nuestra
información genética (Fig. 1). Las moléculas son los ladrillos que construyen
toda la materia, y en particular los seres vivos. Estamos hechos, sobre todo,
de átomos de hidrógeno, carbono, oxígeno, nitrógeno, azufre y fósforo. A partir
de estos ingredientes básicos surgió la vida en nuestro planeta durante los
primeros pasos de nuestro sistema solar. ¿Cómo estos elementos, que formaron
las primeras moléculas, llegaron hasta la Tierra primigenia? Para encontrar la
respuesta, al igual que hizo Galileo hace siglos, debemos alzar nuestra vista
hacia el cielo…
Nuestro sistema solar se formó, junto con otras estrellas, hace
unos 4500 millones de años, a partir de una enorme nube de moléculas y de
pequeños granos de polvo. Por efectos gravitatorios, una parte de esta nube
colapsó sobre sí misma, dando lugar a un disco de material rotante.
Fig. 2. Imagen artística de moléculas de isocianato de metilo (CH3NCO)
en una región de formación estelar, IRAS16293-2422, similar a como pudo ser
nuestro primigenio sistema solar. Imagen de ESO/L. Calçada.
En su centro se formó una estrella, nuestro Sol, mientras que en
el disco fueron naciendo los planetas, las lunas, los asteroides, y los
cometas. Como astroquímicos, nuestro trabajo consiste en estudiar la
complejidad química en el que todo nuestro mundo tuvo su inicio. Para hacerlo,
visto que no podemos viajar al pasado, al momento del nacimiento del nuestro
sistema solar, utilizamos dos estrategias diferentes. La primera consiste en
estudiar regiones donde cuerpos parecidos a nuestro sistema solar se están
formando ahora. Un ejemplo de estos análogos a lo que fue nuestro joven sistema
solar es la región IRAS 16293-2422, donde hemos detectado una multitud de
moléculas simples claves para la vida, como el isocianato de metilo (CH3NCO;
Fig. 2), importante para formar proteínas, o el glicolaldeído (CH2OHCHO),
la forma de azúcar más simple. Por tanto, hemos aprendido que moléculas que
juegan un papel muy importante en la química de la vida están ya presentes en
la nube de gas que formará un sistema solar parecido al nuestro.
Fig. 3. Imagen del cometa 67P Churyumov-Gerasimenko tomada por la sonda
Rosetta el 7 de Julio de 2015.
La segunda forma de investigar cómo pudo ser la química de
nuestro sistema solar es observar objetos celestes que apenas hayan sufrido
alteraciones desde el momento de su formación. Estos objetos que nos ofrecen
material prístino del origen del sistema solar son los cometas. Recientemente,
la misión Rosetta de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha completado un
apasionante viaje hacia el cometa 67P Churyumov-Gerasimenko (Fig. 3), y nos ha
proporcionado información esencial acerca de su composición química. Sus
instrumentos han descubierto que elementos básicos para la vida, como el
fósforo y la glicina - el aminoácido más simple - estaban ya presentes en las
primeras etapas de nuestro sistema solar. Estos ingredientes pudieron ser
transportados hasta la Tierra primigenia mediante una intensa lluvia de cometas
que impactaron contra el planeta, portando consigo las moléculas básicas que
formaron los primeros organismos vivos.
Sea de la nube molecular natal, sea gracias al impacto de
múltiples cometas, está claro que nuestra herencia química viene del cielo. Y a
eso me dedico ahora, a mis 32 años. Y me resulta curioso, diría que casi
increíble, que hace 16 años, cuando era un adolescente que desconocía que
acabaría estudiando física, astronomía, astroquímica o astrobiología, escribí
un pequeño relato en el que todos estos elementos ya estaban allí… Trata sobre
un niño cuya curiosidad le lleva a observar el cielo todas las noches y a
contar las estrellas… exactamente como acabaría haciendo yo en mi tesis. Pero
una noche, una de las estrellas desaparece misteriosamente. En su búsqueda, el
niño descubrirá, sin entrar en detalles para no anticipar el final del cuento,
que el cielo esconde las claves de nuestro propio origen. Visto con la
perspectiva del tiempo, parece como si siempre hubiera querido ser
astroquímico… sin yo saberlo. Por ello, no se me ocurre mejor manera de
terminar este capítulo que con esta pequeña historia de un niño y una estrella.
Espero que disfrutéis con su lectura.
* * *
El niño, tumbado en la fría arena de la playa, observaba
maravillado el oscuro manto celeste. Una constelación allí, otra allá. El niño
las miraba, deleitándose en la lejana y majestuosa belleza que irradiaban
aquellos diminutos puntos de luz y fuego. Contaba las estrellas: una, dos,
tres, cuatro..., cuarenta y dos, cuarenta y tres... No se cansaba nunca. Al
contrario, se sentía cada vez más despierto, ensimismado por la bóveda de
naturales bombillas que le envolvía, con los ojos tan abiertos como podía, intentando
captar cada partícula, cada minúsculo detalle del paisaje nocturno. Cincuenta y
cuatro, cincuenta y cinco... Entonces cesó de contar y arrugó contrariado su
rostro. Retrocedió y volvió a enumerar las estrellas. Una, dos, tres...,
cincuenta y cuatro, cincuenta y cinco..., se detuvo de nuevo. "No puede
ser", pensó, "Falta una". En el lugar de la quincuagésima sexta
estrella no había más que un negrísimo pedacito de cielo. El niño conocía el
mapa celeste mejor que cualquier otra cosa. Había estudiado desde pequeño
libros y libros de astronomía que su padre le traía de la biblioteca del
pueblo. Pasaba noches enteras en la playa, sin dormir, inspeccionando cada
pulgada de la inmensidad que sobre él se extendía. Repasó la enumeración con
cuidado, esperando encontrar el punto de luz perdido. Pero allí no estaba.
No podía creérselo. ¿Cómo era posible? ¿Aquella estrella había
escapado de su natural ubicación? ¿Su brillo inagotable se había extinguido? El
niño estaba terriblemente confuso. La perfecta armonía que admiraba cada noche
acababa de quebrarse. Aquella misteriosa desaparición rompía en pedazos,
delante de sus ojos, la condición eterna que había otorgado a los astros. Se
había convencido de que todo el mal que acechaba al mundo terrenal nunca podría
perturbar un solo átomo de lo que había arriba, un mundo más bello, más
apacible. Siempre había creído en la incorruptibilidad del mundo celeste, en su
perpetua y divina ordenación. Pero ya no podía estar seguro de eso, una
estrella se había perdido, y podría ser sólo el primer paso hacia un abismo.
Tenía mucho miedo. Y frío. Tiritaba cada vez más. La brisa era gélida. Por
primera vez, se sentía muy solo en la playa. Quería levantarse, marcharse de
allí. Pero no podía moverse, tenía las piernas atenazadas. Miró hacia el
horizonte. La noche no permitía distinguir la línea entre cielo y océano. Las
aguas estaban tranquilas. La luz de la media luna coloreaba tenuemente de plata
la cresta del oleaje. El rumor de la marea al llegar a la orilla era el único
sonido que se escuchaba. Quería irse, pero las piernas seguían adormecidas.
Miró de nuevo hacia el frente, y entonces vio algo extraño. Una especie de fina
tela amarilla que parecía caer sobre el agua. Como una aurora que se mecía por
las olas. Miró con más atención. No conseguía enfocar una imagen nítida. Se
restregó los ojos, y miró de nuevo, intrigado. Pero la visión continuaba siendo
difusa. Tenía que descubrir qué era aquello...
Corrió hacia el viejo muelle de madera. Allí se subió a uno de
los botes, y comenzó a remar. A medida que se acercaba sentía más calor. El
aire se hacía más pesado, incluso algo asfixiante. El manto amarillo fue
disipándose, dejando ver un punto de luz que se movía arriba y abajo, arriba y
abajo. Continuó remando, cada vez más cansado. Pero no podía parar. El punto se
fue transformando en una gran esfera, de la cual salían despedidos rayos en
todas las direcciones. Una nube de partículas azuladas se desprendía de su
superficie y volaba por el aire de forma caprichosa. El agua que la rodeaba
hervía en millones de burbujas. El niño contemplaba asombrado aquel cuerpo de
llamas, luces y gas. Acababa de encontrar su estrella perdida. Los ojos,
completamente abiertos, se humedecían a causa de la emoción. Una lágrima
resbaló por su mejilla, cayendo muy despacio hacia el océano.
Cuando su pequeña lágrima tocó la superficie del agua, la
estrella comenzó a deshacerse como hielo derretido. Los restos del astro se
hundieron en el mar, fragmentándose en diminutos polvos dorados, que comenzaron
a parpadear en su caída. Según descendían, las diminutas motas adoptaron
múltiples formas corpóreas, transformándose mágicamente en peces, calamares,
medusas, caballitos de mar, rayas... y otros extraños seres de cuerpos
fluorescentes, que iluminaban el fondo marino a su paso. Los últimos polvos dorados
tocaron suelo, y allí se convirtieron en coloridos bosques de corales, en algas
de innumerables especies distintas, en formaciones de perladas anémonas... El
niño observaba fascinado el espectáculo. Era consciente de que acababa de ser
el único y afortunado testigo del nacimiento de la vida marina, creada del
fuego centelleante caído del cielo. Las criaturas extraterrestres pobladoras de
los mares pululaban unos metros por debajo de él. Mientras, en su bote, el niño
soñaba con hacer el viaje inverso, desde la Tierra hacia las estrellas, para
conocer el mundo que siempre había admirado con infantil devoción.
* * *
Víctor M. Rivilla
Doctor en Astrofísica
Marie Sklodowska-Curie Fellow; Osservatorio Astrofisico di
Arcetri, INAF-OAA
Capítulo 8
Y yo quiero ser...Biogeógrafa
(Por Isabel Sanmartín Bastida)
Mi interés por la Biogeografía nació cuando estaba realizando mi
Tesis Doctoral en el Museo Nacional de Ciencias Naturales en Madrid. Estudiaba
entonces un grupo de escarabajos "sanjuaneros", algunas de cuyas
especies eran plaga de los olivos en Andalucía.
Las hembras de estas especies eran ápteras (sin alas) y los
machos vivían apenas uno o dos días (lo suficiente para reproducirse); las
larvas ("gusanos blancos") eran los responsables de los daños en la
agricultura, vivían tres años bajo tierra y se alimentaban de las raíces del
olivo. Lo extraordinario era que este grupo de escarabajos, con escasa
movilidad y corta vida adulta, había sido capaz de extenderse por todo el sur
de la Península Ibérica, y sus parientes habían colonizado áreas tan alejadas
como el Cáucaso o islas mediterráneas como Sicilia o Creta. ¿Cómo llegaron
hasta allí? ¿Cuándo colonizaron estos escarabajos la Península Ibérica:
recientemente o hace millones de años? La Biogeografía ("bio"=vida,
"geografía"=descripción de la Tierra) es la ciencia que estudia dónde
y cómo se distribuye la diversidad biológica en nuestro planeta y también el
por qué, los mecanismos o procesos responsables. Por ejemplo, las regiones
tropicales próximas al Ecuador albergan un mayor número de especies en
comparación con las regiones templadas o las polares: ¿se debe esto a
diferencias en el clima o a que la mayoría de las especies se originaron en
esas regiones tropicales y sólo recientemente han colonizado regiones templadas
y polares? Otro puzle biogeográfico: las aves ratites (superorden
Palaeognathae), a las que pertenecen el avestruz, el casuario, o el ñandú,
carecen de la capacidad de volar y sin embargo ocupan casi todos los
continentes del Hemisferio Sur – Nueva Zelanda, Australia, Sudamérica, África,
y Nueva Guinea (Fig. 1a). ¿Cómo cruzaron el Mar de Tasmania o el Océano
Pacífico estas aves? ¿Acaso podían volar sus ancestros y luego perdieron esta
capacidad como sucede con muchas especies que habitan islas oceánicas?
Fig. 1. Biogeografía de las aves ratites (avestruz, causario, ñandú, etc),
mostrando su distribución actual en los continentes del Hemisferio Sur (a) y la
posición de estos continentes hace 150 millones de años (b).
¿O utilizaron "puentes de tierra" ahora sumergidos
para cruzar entre continentes? Lo que resulta más interesante de la
Biogeografía es que la respuesta implica a menudo encontrar evidencias en
distintas ciencias, como la geología, la ecología, la biología molecular, o la
paleontología.
Un poco de historia
Cuando Isaac Newton afirmó que "se había subido a los
hombros de gigantes" para crear su revolucionaria Teoría de la Gravitación
Universal, se refería a que se había basado en el conocimiento acumulado
durante siglos por otros grandes matemáticos y pensadores. Esta verdad se puede
aplicar a la Biogeografía, que nació como ciencia en la Era de la Exploración
(siglos XVIII y XIX) y se alimentó de datos acumulados por científicos de la
talla de Alexander von Humboldt, el gran viajero, o Charles Darwin y Alfred
Wallace, los "padres" de la Teoría de la Evolución por Selección
Natural, pero también de los grandes descubrimientos técnicos del último siglo,
como el sonar. De hecho, la historia de la Biogeografía es la historia de
pequeños grandes pasos. Empecemos desde el principio...Cuando el científico
sueco Carlos Linneo (s. XVIII), el inventor de nuestro sistema para nombrar las
especies con dos nombres (p. e. "Homo sapiens"), se encontró con el
dilema de explicar cómo era posible si las especies eran el producto de la
creación divina, y por tanto inmutables, fueran tan diferentes, se le ocurrió
la idea de que todos los animales y plantas se originaron en la "Montaña
Paraíso", en la que habitaban diferentes altitudes, las cimas y laderas.
Después del Diluvio Universal, estas especies se habrían dispersado por la
superficie terrestre, colonizando aquellas regiones donde el clima se asemejaba
al original, es decir, las especies de cima colonizarían las regiones polares
de tundra, y aquellas de ladera, las llanuras y zonas bajas. La idea de que
cada especie se origina en un área "ancestral" y luego migra para
colonizar otras regiones fue adoptada por los "evolucionistas" del
siglo XIX con una pequeña diferencia. Darwin y Wallace proponían que la distribución
actual de los organismos es el resultado de una evolución en el espacio y a lo
largo del tiempo, es decir, las especies no son inmutables como pensaba Linneo,
si no que pueden cambiar y dar lugar a otras especies en su adaptación a un
nuevo hábitat ("descendencia con modificación"). De esta forma, la
Teoría de la Evolución por Selección Natural proporcionó el "motor
biológico" a la Biogeografía: especies en distintos continentes podían
compartir un ancestro común. El motor "geológico" tardaría, en
cambio, casi dos siglos en descubrirse.
Darwin y sus coetáneos pensaban que el tamaño y la posición de
los continentes no habían cambiado a lo largo del tiempo geológico. Sin
embargo, cada vez un mayor número de evidencias señalaban lo contrario: por
ejemplo, el encaje como un puzle entre los márgenes continentales de África y
Sudamérica, o la correspondencia entre cadenas montañosas ahora sumergidas a
ambos lados del Atlántico. La Teoría de la Tectónica de Placas, desarrollada a
mediados del siglo XX, cambió esta idea: se descubrió que la superficie
terrestre está dividida en placas tectónicas, la litosfera, que se deslizan
sobre la capa fluida del manto, la astenosfera, propulsadas por las corrientes
de convección. Donde dos placas colisionan, se origina un cadena montañosa; en
el punto en que se separan se forma un nuevo océano. Curiosamente, en este
descubrimiento tuvo una gran importancia el uso del sonar durante la segunda
guerra mundial: el geólogo Harry Hess, entonces tripulante de un submarino,
descubrió en medio del océano abisal las dorsales o "grietas"
oceánicas donde se forma el nuevo océano. Las consecuencias para la
biogeografía fueron enormes.
Fig. 2. Árbol filogenético de las ratites mostrando su grado de parentesco,
basado en (a) rasgos morfológicos y (b) diferencias en su ADN.
Por primera vez, el biogeógrafo disponía de dos tipos de
mecanismos que permitían explicar las distribuciones "disyuntas":
dispersión activa de las especies o transporte pasivo sobre los continentes en
movimiento; estos actuarían como un "Arca de Noé", llevando consigo a
las especies, o como un "barco vikingo funerario" en el caso de
organismos extintos o fósiles. Para las ratites, su distribución en los
continentes del Hemisferio Sur separados por océanos, podría explicarse porque
estos formaban parte hace más de cien millones de años del antiguo
supercontinente de Gondwana (Fig. 1b): el ancestro del grupo habitaba ese
continente y a medida que éste se fragmentó por tectónica de placas, sus
descendientes habrían quedado aislados en distintas regiones. De hecho como
veremos (Fig. 2a), las primeras filogenias apoyaron esta explicación.
La revolución molecular y el registro fósil: "rocks and
clocks"
¿Y cómo es el trabajo de un biogeógrafo? Pues comienza
reconstruyendo la historia evolutiva del grupo que se quiere estudiar, es
decir, el árbol genealógico (filogenia) que establece el grado de parentesco
entre las especies: ¿cuáles comparten un ancestro común?, ¿cuáles están más
alejadas evolutivamente? Esto se complementa con información sobre la
distribución actual de las especies para poder así reconstruir su evolución en
el espacio y a lo largo del tiempo: ¿qué especies se originaron en la misma región?,
¿cuáles son el resultado de la colonización de una nueva región geográfica?
Durante décadas, la reconstrucción de árboles filogenéticos se basó en la
identificación de similitudes morfológicas entre las especies. Sin embargo, una
misma estructura puede tener un origen distinto: por ejemplo, las aletas de
tiburones y ballenas realizan una misma función pero evolucionaron de forma
independiente como adaptación al medio acuático: esto se conoce como
convergencia evolutiva. En las plantas, esto es muy frecuente porque debido a
su dependencia con el medio físico, adaptaciones similares pueden encontrarse
en especies no emparentadas, por lo que los rasgos morfológicos proporcionan
poca información. Para solucionar esto, las filogenias modernas suelen basarse
en el código genético de las especies. Si la mayoría de las mutaciones que se
acumulan en el ADN son de tipo neutral y no confieren ventaja selectiva alguna,
cuánto más tiempo haya transcurrido desde la separación de dos especies, mayor
número de diferencias esperamos encontrar entre sus secuencias de ADN. Esta
idea es la base de la hipótesis del "reloj molecular". Calibrando
estas diferencias con el registro fósil, es posible obtener estimas del tiempo
de divergencia entre dos especies, y distinguir si su distribución disyunta es
debida a dispersión reciente o a la tectónica de placas. La aparición del reloj
molecular a mediados del siglo XX supuso una verdadera revolución en
biogeografía. Cuando empecé mi licenciatura, se pensaba que los moas - esas
aves ratites gigantes que habitaban Nueva Zelanda y fueron exterminadas en el
siglo XV por los maoríes - y los pequeños kiwis de Nueva Zelanda eran especies
hermanas que habrían divergido de un ancestro común (Fig. 2a). Sin embargo, la
reconstrucción de una nueva filogenia con ADN fósil de moas reveló que esto no
era así, y que los kiwis estaban más cercanos al "ave elefante" de
Madagascar, una especie extinta de ratite y el ave más grande que nunca ha
existido (Fig. 2b). Es más, el reloj molecular mostró que los kiwis habrían
colonizado Nueva Zelanda hace 60 millones de años, cuando este continente se
había separado ya del supercontinente de Gondwana. ¿Cómo lograron estas aves no
voladoras atravesar el Mar de Tasmania? Aquí interviene la paleontología – el
estudio del registro fósil – que en los últimos años ha cobrado gran
importancia en biogeografía. Los fósiles pueden proporcionar evidencias donde
los datos moleculares o la distribución actual no pueden. Por ejemplo, el
registro fósil nos dice que las ratites estaban presentes en Europa, y que
hasta hace quince millones de años habitaban la Península Antártica (Fig. 1a).
Dado que la tectónica de placas es un proceso gradual, es posible que después
de la separación de Nueva Zelanda de Gondwana, existieran conexiones en forma
de islas con la Antártida que habrían permitido a los pequeños kiwi colonizar
Nueva Zelanda. ¡De todas formas, la filogenia de las ratites está lejos de ser
resuelta! Nuevos datos moleculares procedentes del genoma – la totalidad del
material genético que posee un organismo – pueden cambiar la filogenia mostrada
en la Fig. 2b. Otro ejemplo de cómo el registro fósil puede modificar nuestra
visión biogeográfíca es Nueva Zelanda. La flora de este continente, rica en
endemismos, se ha considerado tradicionalmente como un relicto de la antigua
flora de Gondwana, que quedó aislada cuando Nueva Zelanda se separó de este
supercontinente hace 80 millones de años. Esta visión de Nueva Zelanda como el
"Mundo Perdido", que conserva especies endémicas que datan de los
tiempos de los dinosaurios ("el continente donde el tiempo se
detuvo") se ha visto cuestionada por el registro fósil, que muestra que la
flora neozelandesa del período cretácico es muy distinta a la actual y que las
especies de plantas presentes ahora en Nueva Zelanda tienen sus parientes más
próximos en Australia. Esto es porque cuando se abrió el Estrecho de Drake
entre Sudamérica y la Antártida hace 32 millones de años, se formó la Corriente
Circumpolar Antártica, que mueve aguas y vientos en el sentido de las agujas
del reloj, de oeste a este alrededor de la Antártida. Semillas y pequeños
animales son arrastrados regularmente por estos vientos desde Australia a Nueva
Zelanda, lo que explicaría la semejanza entre las floras de estos dos continentes.
Es más, de acuerdo con las reconstrucciones tectónicas, cerca del 80% de Nueva
Zelanda se hundió bajo el océano hace 30 millones de años. La hipótesis actual
es que la flora "gondwánica" de Nueva Zelanda desapareció durante
esta transgresión marina, y las especies actuales son descendientes de otras
que se dispersaron desde Australia. Esta hipótesis está apoyada por el reloj
molecular, que sugiere un origen reciente para las especies neozelandesas.
El futuro: integración, integración, integración... y modelos
matemáticos
La biogeografía es una ciencia no experimental: no podemos ver a
la evolución en marcha porque típicamente conlleva tiempos que superan la
longevidad humana, pero sí podemos deducir cómo actúa basándonos en la señal
que deja en el registro fósil y las moléculas de ADN. El problema es que a
medida que nos movemos atrás en el tiempo, cientos de millones de años, incluso
esta evidencia acaba desapareciendo: el registro fósil se hace más escaso,
eliminado por la erosión en los continentes, y los cambios en el código de ADN
se hacen tantos y tan repetidos que resulta imposible reconstruir su secuencia
con fiabilidad. Es por eso que los "buenos" biogeógrafos necesitan
ser "filtradores" y "sintetizadores", integrando múltiples
tipos de evidencia: geológica, molecular, paleontológica, climática, para poder
reconstruir el pasado. En nuestra ayuda viene la revolución informática: la
posibilidad de contar con grandes bases de datos geográficos procedentes de
satélites, pero también de modelos matemáticos, a veces complejos, para poder
integrar toda la información. A pesar de todo, la biogeografía sigue siendo una
ciencia bastante "especulativa": las posibilidades parecen infinitas
y ¡por eso me gusta!
Isabel Sanmartín Bastida
Doctora en Biología
Departamento de Biodiversidad y Conservación
Real Jardín Botánico, CSIC
Capítulo 9
Y yo quiero ser...Bióloga Molecular
(Por Marta Dueñas Porto)
Como muchas niñas en su momento quise ser Bailarina, Cantante,
Enfermera y, durante muchos años, Médico. Desde que tengo uso de razón se me
dieron mejor las asignaturas de ciencias (Mates, Física, Química y Biología) y
ya en el instituto al conocer la biografía de Marie Curie soñé idílicamente ser
como ella.
Fig. 1. Y yo quiero ser…Bióloga Molecular!!!
Me gustaba mucho la química, me fascinaban los laboratorios y en
aquel (hoy muy lejano) entonces, comenzaba la revolución científica y
tecnológica que haría familiares los términos de Biología Molecular e
Ingeniería Genética. Fue entonces, entrando en Bachillerato, que decidí que iba
a estudiar para ser investigadora en los nuevos campos que se abrían con esas
nuevas herramientas en el campo de la Biomedicina. Me enamoré del
descubrimiento de la doble hélice, el código genético, el dogma central de la biología
y de todas las esperanzas que se gestaban en el conocimiento de estas bases
moleculares y el diagnóstico y la cura de muchas enfermedades hereditarias. Ahí
surgió un dilema, ¿Qué carrera universitaria debía cursar para dedicarme a
estos estudios? Con todo el estrés que lleva el último año de bachillerato, en
el poco tiempo que me quedaba libre, intentaba averiguar qué debía estudiar:
¿Biología?, ¿Bioquímica?, ¿Medicina?, ¿Química? (en aquel entonces no existían
carreras como la Ingeniería Genética y otras de nueva generación…). No era
tarea fácil, de todas me gustaba algo y todas me daban miedo, me quedaban
enormes, me parecía que el enfoque de la Medicina era un perfil formativo muy
clínico y yo quería hacer investigación en un laboratorio sacado del mejor
libro de ciencia ficción; Química me parecía que se alejaba mucho del área de
la biomedicina, hasta que finalmente tomé la decisión de estudiar Biología y
esa decisión, aún hoy me hace muy, muy feliz. Sé que uno de los mayores
objetivos de este libro es motivar a chicas y chicos, adolescentes y jóvenes a
hacer investigación e intentaré hacerlo. Aunque pueda parecer muy visceral, he
de confesarles que una vida dedicada a la investigación es una vida de grandes
sacrificios y aún mayor dedicación pero que el descubrimiento y ser capaz de
encontrar explicaciones científicas a aquello que nos preguntamos, genera una
satisfacción tan enorme que compensa con creces todos los sacrificios
personales y el tiempo que invertimos en generarlos y si además, logramos con
ello abrir nuevas rutas de terapias y diagnósticos que alivien a pacientes y
familiares pues ya esa satisfacción es inconmensurable.
¿Qué es la Biología Molecular?
La Biología Molecular es una disciplina
científica que tiene como objetivo el estudio de los procesos que se
desarrollan en los seres vivos desde un punto de vista molecular. Dentro del
Proyecto Genoma Humano se define como: El estudio de la estructura,
función y composición de moléculas biológicamente importantes.
Fig. 2. Esquema sobre la relación entre la genética, la bioquímica y la
biología molecular.
Está relacionada con otros campos de la Biología y la Química,
particularmente con la Genética y la Bioquímica. La biología molecular
concierne principalmente a la comprensión de las interacciones de los
diferentes sistemas celulares, lo que incluye muchísimas relaciones, entre
ellas las del ADN con el ARN, la síntesis de proteínas, el metabolismo en
general, y estudiar y comprender cómo todas esas interacciones son reguladas
para conseguir un correcto funcionamiento de la célula y en última instancia, el
organismo.
Al estudiar el comportamiento biológico de las moléculas que
componen las células vivas, la biología molecular interacciona con otras
ciencias que abordan temas similares: así, p. ej., junto a la genética estudia
la estructura y funcionamiento de los genes y su regulación (inducción y
represión). Por otro lado, en común con la bioquímica estudia las rutas
metabólicas, la composición y mecanismo de acción de las enzimas, los tipos de
catálisis enzimática, etc. También se relaciona con la filogenética al estudiar
la composición detallada de determinadas moléculas en las distintas especies de
seres vivos, aportando valiosos datos para el conocimiento de los procesos
evolutivos.
Por consiguiente, definir barreras entre las diferentes
disciplinas de investigación es muy artificial y complicado. A día de hoy, la
inmensa mayoría de grupos de investigación, tanto los que se dedican a la
investigación más básica como los de perfiles de investigación más aplicada, se
conforman de diversos perfiles formativos que trabajan en un proyecto común y
en el que cada cual aporta todo su ingenio y conocimiento para responder las
preguntas más elementales de cualquier proceso investigativo, ¿Por qué?, ¿Cómo?
y ¿Para qué?
¿Con qué herramientas contamos cuándo hablamos de Ingeniería
Genética, Biología Molecular o Medicina Personalizada?
El desarrollo tecnológico de las dos últimas décadas ha
proporcionado un salto cuantitativo y cualitativo en la forma de abordar la
investigación de procesos biológicos. La Biología y la Medicina han
experimentado un proceso de "molecularización" que trata de entender
las bases moleculares que sustentan todos los procesos biológicos. Proyectos
tan revolucionarios como el Proyecto del Genoma Humano han generado que la
biología molecular no se circunscriba únicamente a un área de investigación
biomédica, sino que abre nuevos campos de actuación directamente en la clínica
en forma de sistemas diagnósticos, pronósticos y terapéuticos basados en
herramientas moleculares. Es por ello que se hace imprescindible que las nuevas
generaciones, al igual que se han ido familiarizando con la era digital en todo
ámbito de la vida diaria, vengan también familiarizadas con términos como
"Medicina Personalizada" que no es más que el empleo de técnicas de
biología molecular en la rutina médica diaria.
Partir de una sola célula o de un corte de una micra de un
tejido humano y ser capaces de extraer toda la información genética,
epigenética y metabólica del mismo parece sacado de una película americana del
futuro, pero hoy es posible hacer todo esto y más aplicando técnicas que, en su
gran mayoría, son sólo copias ingeniosamente adaptadas de mecanismos que
existen en la gran diversidad de nuestra naturaleza.
Fig. 3. Representación
modificada esquemática de una reacción de PCR.
La técnica más elemental de la ingeniería genética (que consiste
fundamentalmente en extraer ADN de un organismo y transferirlo y expresarlo en
otro) consiste en amplificar genes empleando la "reacción en cadena de la
polimerasa" o sus ya muy reconocidas siglas en inglés "PCR",
logro que supuso la concesión del premio Nobel de Química en 1993 a Kary Mullis
consiste en copiar los mecanismos que emplean los organismos vivos para
replicar el material genético incluyendo todo lo aprendido de aquellos
organismos que viven en condiciones extremas, pues la enzima que se emplea hoy
en día para copiar el ADN en cada ciclo de amplificación proviene de un
organismo que es capaz de vivir a temperaturas comprendidas entre 50 y 80 °C,
gracias a que sus enzimas resisten tales condiciones. Normalmente, a esas
temperaturas las proteínas constitutivas de la mayoría de los seres vivos se
desnaturalizan y no vuelven a ser funcionales.
Fig. 4. Representación esquemática de la tecnología CRISPR. (Modificado
de NatRevMicrobiol. 2013 Oct;11(10):675-87. doi:10.1038/nrmicro3096.Epub
2013 Aug 27)
Otro ejemplo del empleo de tecnología que muy recientemente se
ha implementado en nuestros laboratorios y que ha revolucionado
metodológicamente la investigación biomédica es la tecnología del CRISPR. Esta
tecnología es una herramienta molecular utilizada para "editar" el
genoma de cualquier célula, incluidas., por supuesto, las células humanas.
Sería algo así como unas tijeras moleculares que son capaces de cortar
cualquier molécula de ADN, haciéndolo además de una manera muy precisa y totalmente
controlada. Esa capacidad de cortar el ADN es lo que permite
modificar su secuencia, eliminando o insertando nuevo ADN. Esta tecnología que
ya ha comenzado a dar sus frutos en nuevas investigaciones tiene su origen en
el sistema de defensa, ante infecciones virales, de una bacteria llamada Streptococcus
pyogenes. Estas bacterias tienen enzimas capaces de diferenciar el ADN de
la bacteria y el del virus y, una vez hecha la distinción, destruyen al
material genético del virus. Aún no hay terapias disponibles empleando esta
tecnología, pero es sólo cuestión de tiempo pues desde Octubre de 2016 ya hay
aprobados varios ensayos clínicos que utilizan esta tecnología para
"corregir" células de pacientes. Sin embargo, si ha sido empleada
exitosamente en la generación de modelos de animales transgénicos así como en
modelos celulares.
¿Sabías que…?
- Toda la raza humana, independientemente de color de la piel,
aspecto físico u origen geográfico somos 99,9% idénticos? De hecho, los seres
humanos y los chimpancés (nuestros vecinos más cercanos en el árbol de la vida)
tenemos más de un 98% de similitud en nuestras moléculas de ADN.
- De los 8 premios Nobel otorgados a ciudadanos españoles, dos
han sido en Medicina? En 1906 al médico Santiago Ramón y Cajal por sus trabajos
y aportaciones a la neurociencia y en 1959 al biólogo molecular Severo Ochoa de
Albornoz por sus descubrimientos sobre el mecanismo de la síntesis biológica
del ácido ribonucleico (ARN) y del ácido desoxirribonucleico (ADN).
- El investigador español Francis Mojica fue el descubridor del
mecanismo CRISPR/Cas cuando a principios de los 90 estudiaba unas bacterias que
viven en las salinas de Santa Pola (Alicante) llamadas Haloferax
mediterranei y descubrió que eran capaces de incorporar a su propio
ADN el de otras bacterias o virus que las atacan para inmunizarse contra ellos?
Por este descubrimiento ha sido postulado para el premio Nobel en el año 2017.
- Mediante el empleo de la tecnología CRISPR, científicos han
deleccionado el gen responsable de que los champiñones se pongan marrones al
contacto con el aire (gen que codifica para la enzima Polifenol Oxidasa). Este
procedimiento no deja huella en los organismos generados, por lo que no se
consideran transgénicos.
Marta Dueñas Porto
Doctor en Ciencias Biológicas
Investigadora Titulada Superior en la Unidad de Oncología
Molecular (CIEMAT), Madrid, España
Capítulo 10
Y yo quiero ser...Bióloga Molecular
(Por Patricia Sánchez Pérez)
¿Por qué ser científica? Gran pregunta, que aunque parezca fácil
de responder no lo es. ¿Por qué lo soy o estoy en proceso de serlo? ¿Ser
científico se nace o se hace? Pues como todo en esta vida, un poco de todo, una
de cal y otra de arena, un poco de dulce y otro de salado.
Todos nacemos "científicos", no científicos como tal,
de estos que descubren las ondas gravitacionales o fenómenos como el CRISPR,
que ayudan a la edición génica y luego se quedan sin el Nobel. No, nacemos
curiosos, exploradores de las pequeñas cosas, del mundo que nos rodea.
¿Quién no de pequeño ha intentado meter los dedos en un enchufe?
¿Ha observado cómo se comportan las hormigas? ¿Ha jugado a hacer mejunjes con
el vino, café, coca-cola de los familiares en alguna comida o ha tenido la
época del "por qué"? Eso es la esencia de un científico a grandes
rasgos, "el explorar lo inexplorable" como dirían en la película de
"UP". Todos nacemos con esa curiosidad innata, si no, no hubiéramos
evolucionado a lo largo del tiempo. Sin ella, no hubiéramos llegado a vivir
como vivimos ahora, con todas las comodidades del mundo y seguiríamos en las
cavernas hablando el "unka unka".
A medida que vamos creciendo, que vamos descubriendo el mundo,
ya sea por la sociedad o el ambiente en el que nos movemos, nos vamos
especializando y centrando en lo que queremos ser. Nos decantamos por lo que
realmente nos gusta y somos buenos en eso, y parece que esa curiosidad y esas
ganas de experimentar se van perdiendo. Sin embargo, todos llevamos a un
científico dentro, ya sea tanto de ciencias como de letras. Si uno vive con
pasión lo que le gusta y tiene ganas de aprender, siempre mantendrá a ese niño
explorador y curioso dentro, con ganas de seguir descubriendo el mundo.
No sólo se investiga en ciencia y medicina, se investiga en
derecho, en psicología, en economía, en informática, en todo lo inimaginable.
Por eso, no debemos obligar nunca a los más pequeños a estudiar una carrera que
no les guste. Nunca hay que romper la ilusión por la curiosidad. Da igual que
estudien física o filología, porque si realmente sienten pasión por lo que
hacen, lo harán bien y lo transmitirán tanto a sus compañeros de trabajo como a
sus familiares y amigos, o a las personas para las que trabajen.
Vale, sí, todo esto queda demasiado bonito para ser real, porque
entonces si no, no habría tanta gente quemada y frustrada por su trabajo.
¿Entonces por qué hay gente que no es feliz en lo que hace? En realidad parte
de culpa es por esta sociedad en la que vivimos. Nuestra sociedad se basa en
ganar dinero y engañar a los demás para ver quién llega a lo más alto, en
producir y vender sin valorar el trabajo que hay detrás. Se basa en la
competitividad y en la lucha de unos contra otros. Se pierde esa esencia de las
ganas de aprender, de explorar, de colaborar. Se pierde todo.
Yo, como Bióloga con Máster en Biomedicina Molecular y casi
terminando la tesis doctoral, que a uno parece que se le llena la boca al
decirlo, podría seguir acumulando títulos eternamente, y aún así, seguir
frustrada o quemada. Los títulos dan igual si no se consiguen los resultados
que se quieren para publicar o se obtienen, pero otro grupo "los
pisa". El trabajo y el esfuerzo no parecen ser ni valorados ni
recompensados y no se consigue el puesto que se quiere. Dicen que la ciencia es
un sacrificio.
La gente que hacemos la tesis, y sobre todo, en cosas
relacionadas con laboratorio, nos dicen que el laboratorio está abierto 365
días al año, todos los días de la semana (incluidos fines de semana) durante
las 24h del día. ¡Vaya! Pues sí que parece un sacrificio, sí. Pero ¿por qué
tiene que serlo? ¿En qué punto cuando crecemos y entramos a esta jungla del
mundo laboral, el trabajo se convierte de ser pasión a perdición y sacrificio?
¿Por qué perdemos esa esencia? A mí me gusta el tema en el que trabajo, me
gusta porque estudio la vida. En concreto, estudio el corazón e intento indagar
qué pasa cuando se genera un infarto. Intento responder al por qué las
proteínas que investigo, parecen proteger frente al daño en el corazón. Estudio
a nivel molecular lo que pasa en uno de los primeros niveles más básicos, pero
que es más complejo de lo que parece. Este nivel es la base, la base de la
vida, unas moléculas que se unen e interaccionan, que usan la química y la
física para dar vías de comunicación entre ellas. Esto no se queda ahí, esto
genera sistemas más complejos que dan lugar a algo con capacidad de
reproducirse, de alimentarse, de generar otras cosas más grandes, de dar
tejidos, órganos e individuos. Estos individuos hacen todo esto a una escala
mayor, se relacionan con otros y generan manadas y/o sociedades dentro de un
ecosistema, dentro de un mundo en el que vivimos y convivimos todos. Todo está
relacionado, desde el virus (vivo o inerte, sin entrar en disputa) hasta una
colonia de bacterias, desde estas hasta seres pluricelulares y desde estos a
sociedades complejas y ecosistemas. Todos necesitamos de todos.
Volviendo a la pregunta del principio (sí, ya lo sé, me extiendo
demasiado), realmente nunca pensé en estudiar Biología tal cual. Cuando eres
pequeño y te preguntan qué quieres ser de mayor, muchos dicen médico, bombero,
policía, pero yo realmente no lo sabía. Yo sólo sabía que me gustaba mirar
cosas diminutas con el microscopio que me regalaron mis padres, hacer mejunjes
después de las comidas u observar a los bichos cuando estaba sentada en algún
parque, pero no sabía que existía la carrera de Biología. Según fui creciendo y
aprendiendo más cosas, vi que me encantaban las "ciencias naturales",
más cuando pudimos bajar al "laboratorio" a hacer algunas pruebas con
células vegetales o examinar la anatomía de un riñón o una cabeza de cordero.
Cuando uno llega a Bachillerato, todo el mundo te empieza a agobiar con la
nota, qué quieres estudiar, a qué Universidad vas a ir, que piénsatelo bien.
Sinceramente, yo acabé hecha más lío, ya no sabía si quería estudiar química,
farmacia, medicina, ambientales o biología. "Biología" que palabra
tan amplia y nadie antes me había hablado de ella como para estudiar una
carrera. Tras pensar y pensar, puse Biología en mi solicitud. Tras 5 cortos
años, acabé la carrera y la volvería a repetir una y otra vez. Nunca pensé que
esa gran desconocida, esa palabra que parece que lo tiene todo, pero que a la
vez no cuenta nada, iba a ser mi favorita. Biología, fueron 5 años en los que
disfruté estudiando, pensando, investigando, haciendo buenos amigos, sintiendo
que podía saberlo todo, pero que a la vez no sabía nada. Se acabó y decidí que
quería saber más. Hice un máster en Biomedicina molecular y luego me embarqué
en la aventura de la Tesis. Tuve la oportunidad de poder seguir curioseando, de
seguir aprendiendo, de realmente investigar. Puedo ver cómo se comportan unas
células cuando les pongo un tratamiento, ver cómo esas células se comportan en
un tejido y cómo éste se comporta dentro de un organismo y reacciona. Veo como
todo está relacionado. Todo forma parte de un todo mayor, forma parte de la
vida, de lo que de pequeña no sabía cómo expresar qué quería ser. Ahora lo sé
un poco más, quiero ser bióloga, la persona que estudia la vida, desde las
moléculas al organismo en sí.
Independientemente de a qué me dedique una vez finalice la
tesis, y se me llene la boca diciendo que soy Doctora en Biomedicina Molecular,
que suena bien la verdad, estoy orgullosa y no me arrepiento para nada de haber
estudiado la carrera qué he estudiado. A pesar de que dedicarse a la ciencia, y
más en España, es difícil, me gusta mantener esa ilusión y esa curiosidad por
experimentar, por saber más, por descubrir el mundo. No quiero el premio Nobel
ni ser una súper científica, quiero que no me quiten mis ganas de seguir siendo
Bióloga Molecular.
Patricia Sánchez Pérez
Estudiante de Doctorado en Biomedicina
Universidad Autónoma de Madrid
Capítulo 11
Y yo quiero ser...Bióloga y Marina, pero poquito a poquito
(Por Marta Pérez-Miguel)
Yo no voy a contaros que desde que tengo uso de razón sé que
sería Bióloga Marina, os mentiría. No voy a contaros que para ser científicos
tenéis que tener una ferviente vocación, porque, no solo los que saben lo que
quieren exactamente consiguen llegar a la meta, y es que hay muchas maneras de
ver esa "meta". Si vosotros, al igual que yo con vuestra edad, aún no
sabéis lo que queréis ser de mayor… tranquilos, no hace falta que lo sepáis. Si
vuestra vecina sabe que quiere ser médico, es maravilloso, seguro que conoce
los pasos quedar para conseguirlo y focaliza todas sus energías en ello. Tal
vez, vuestra vecina se ha planteado en algún momento qué pasa si no consigue
ser médico. Hay veces que nos tomamos nuestros objetivos de vida muy en serio,
apostamos todo, trabajamos duro y aun así no lo conseguimos. Tranquilos,
tampoco importa, porque al final, todo lo que aprendemos en nuestra vida sirve,
es lo que algunos llaman, experiencia de vida. Pero eso sí, debemos esforzarnos
al máximo en cada una de nuestras batallas, dar nuestro mejor yo, y ser
conscientes de que somos los responsables de nuestros actos. Quiero contaros mi
historia, ya que, para mí, la meta es todo el recorrido, es decir, que no hay
meta, que lo genial es el camino que se construye con cada decisión que vamos
tomando. Yo he ido creando mi rumbo, con cada elección que he ido tomando. Dejo
en este capítulo las palabras clave que me han servido para tomar decisiones y
me han traído hasta aquí, hasta ser Bióloga Marina, porque tal vez a vosotros
también os ayuden.
Con vuestra edad no podía entender por qué mis amigos tenían tan
claro a qué querían dedicarse y yo no. Artes, matemáticas, deportes,
veterinaria, astrología… cada vez que encontraba algo que me asombrara, yo
quería ser eso de mayor. Al final entendí que lo que me gustaba era DESCUBRIR
cosas nuevas y alucinantes. En un momento de mi adolescencia recuerdo haber
escuchado a algún adulto diciendo, "sabemos que el mundo está mal, pero
vosotros podréis arreglarlo, sois la nueva generación y venís muy preparados".
Esto nos quedaba, y nos queda, grande a todos, aun así, siempre he creído que
ese motivo no es suficiente para mirar a otro lado. Yo quería APORTAR mi
granito para mejorar las cosas. En mi caso, sentía más sensibilidad por la
naturaleza, que no tenía culpa alguna de las barbaridades que le hacíamos.
Además, sus secretos despertaban en mí una gran CURIOSIDAD y no dejaba de
sorprenderme con cada cosa que aprendía sobre ella.
Cuando terminé bachillerato, mis padres, que no habían tenido la
oportunidad de estudiar, me hicieron el mejor regalo. Me dijeron que podía ir a
la Universidad y que eligiera la carrera que me diera FELICIDAD, no dinero ni
trabajo, solo lo que me hiciera feliz en los siguientes 5 años. En ese momento,
seguía sin saber lo que quería ser exactamente, pero tenía que decidir. Junté
todo lo que conocía de mi misma y todo lo que me producía INTERÉS, para tomar
la primera elección importante en mi vida. Serían 5 años aprendiendo la ciencia
de la vida, elegí Biología.
Cada tarde, al llegar a la casa que compartía con mis amigas en
Salamanca, les contaba todo lo que había aprendido. Como cuando me explicaron
cómo pasa un trozo de carne que estás masticando, a ser energía para mover un
musculo o por qué no se estropean los encurtidos, cómo es la estructura de un
nucleótido, cómo madura una naranja, cómo respira un cangrejo, porqué huele a
"tierra mojada" cuando llueve, qué hace un foraminífero como tú en un
sitio como este…Cuantas más respuestas tenía, más preguntas surgían. Descubrí
que, cuando se trata de cosas que te motivan, no cuesta madrugar para hacer
cola en la Biblioteca. En un abrir y cerrar de ojos, yo, que nunca había sido
una buena estudiante, que cometía millones de faltas de ortografía y que era
incapaz de recordar un nombre o un año, estaba a punto de licenciarme con un
buen expediente y pudiendo reconocer 589 especies vegetales y 462 anímales con
sus nombres en latín, familias, órdenes y características más relevantes. Y
claro que me costó, claro que pasé horas delante de los apuntes, del herbario o
del ordenador, pero siempre con una sonrisa. Y es que, cuando te enseñan cosas
que te dejan con la boca abierta, cuando puedes resolver tus dudas usando
conceptos de diferentes campos, es muy fácil aprender.
Cuando terminé la carrera, seguía sin tener claro en qué quería
trabajar, pero prometí no estudiar más y no volver a pisar ninguna universidad.
Tres meses más tarde, se coló en mi email un anuncio de un Máster de Bilogía
Marina en la Universidad de Vigo. En ese momento, afloraron todas esas
palabras: curiosidad, interés, felicidad, aportar, descubrir. El mar me había
dejado intrigada desde aquella práctica de vertebrados en la que nuestro
profesor nos plantó en Menorca con un traje de buzo y una botella, no lo supe
hasta más tarde, pero ahí me enamoré del mar. Esta vez en Castilla y sin saber
nada del océano, decidí que tenía que aprender los secretos del gigante azul y
regresé a la universidad. En mi trabajo de Fin de Máster comencé a investigar
de verdad, no solo con libros. Monté un experimento en la playa para analizar
la descomposición de las algas que se acumulaban en la orilla. Pudimos
demostrar que el aporte de nutrientes es muy importante para el funcionamiento
de las playas arenosas y que es mejor no retirar las algas por mucho que los
turistas se quejen. Ese fue mi primer granito de arena, ahí supe que me gustaba
investigar, a pesar de eso, no estaba segura de querer seguir adelante con la
carrera científica.
Entonces volvió a ocurrir, mientras trabajaba como educadora
ambiental en Aulas de la Naturaleza me dio un salto el corazón cuando vi una
oferta para realizar un doctorado en Biología Marina en la Universidad de
Cádiz. Aquella vez me lo pensé un poquito más, pero por si acaso, eché los
papeles muy rápido, para decir que no siempre hay tiempo. Sabía que era mi
última oportunidad para alargar un poquito más mi vida cómo bióloga, y así
poder investigar, descubrir cosas alucinantes y dejar algún granito más en el
camino, ayudando a la conservación de nuestros mares. Nunca me había planteado
hacer una tesis doctoral, pero quería seguir aprendiendo y podría compaginarlo
con mi trabajo. Pronto tuve respuesta de la Universidad de Cádiz. ¡Me habían
aceptado! Recuerdo que pensé que había hecho lo correcto porque estaba muy
feliz.
Fig. 1. Un ejemplar macho de Nepinnotheresnovaezelandiae intentando entrar
en un mejillón verde, Perna canaliculus, en Marsden Point, Nueva Zelanda.
Con mucha ilusión y con un director de tesis más entusiasta aún
que yo, comencé un proyecto de tesis doctoral sobre el efecto de los humanos en
las playas rocosas en el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía
perteneciente al CSIC. Podría estudiar los problemas que causamos y así podría
encontrar una solución para cuidar estas zonas tan importantes para la vida
marina. Tras dos años compaginando trabajos, obtuve una beca gracias a las
publicaciones científicas que habíamos realizado en el departamento. Esto me ha
permitido tener una dedicación exclusiva en este nuevo proyecto que estudia a
unos pequeños cangrejos guisante que parasitan a moluscos bivalvos como
mejillones y berberechos. Reconozco que soy una afortunada por poder vivir
haciendo lo que me gusta, aunque a mis 16 no supiese que era exactamente esto
lo que quería. La ciencia me ha dado la oportunidad de realizar dos estancias
de investigación, una en Costa Rica y otra en Nueva Zelanda, dónde me encuentro
en este momento, ambas son experiencias únicas. Aún tengo que defender la Tesis
Doctoral y aunque son muchas horas de preparación, lo estoy disfrutando al
máximo, porque sé que en dos años acabará y puede que no pueda aportar más
granitos de arena con la ciencia, sin embargo, seguiré dejándolos de otra
manera.
Cómo veis no soy una bióloga marina vocacional, pero he ido
eligiendo poco a poco, hasta llegar aquí. He trabajado duro pero siempre he
disfrutado del trabajo que hacía. Me gustaría deciros que no tengáis miedo, que
no importa si no sabéis exactamente qué queréis. Lo mejor de vuestro momento es
que tenéis todo el abanico de posibilidades abierto para escoger, os irán
apareciendo oportunidades, seleccionar aquellas que presintáis que os harán
felices, anqué parezcan imposibles, porque siempre se aprende algo y ese algo
puede que sea clave en el futuro. Sois los responsables de vuestras elecciones,
haced que vuestro camino sea divertido y os haga felices, haced que vuestro
camino sea la meta. Y por supuesto disfrutadlo, suerte.
Marta Pérez Miguel
Estudiante de Doctorado de Biología Marina; Instituto de
Ciencias Marinas de Andalucía, CSIC
Capítulo 12
Y yo quiero ser...Biólogo Computacional
(Por Paulino Gómez-Puertas)
En los inicios de la biomedicina, una gran parte de los
procedimientos experimentales se realizaban en animales o directamente en
personas. Baste recordar los inicios de las vacunas con los ensayos de Edward
Jenner, inoculando a un niño con un virus vivo (y mortal) en 1796, o los niños
que viajaron en barco portando en su cuerpo la vacuna de la viruela para que el
virus atenuado llegase vivo a América en 1803. Hoy en día todo esto se
consideraría inaceptable y nos horrorizaría que así se siguiese haciendo. Aunque
la experimentación animal sigue existiendo, por suerte hoy en los laboratorios
se utilizan con frecuencia técnicas que se valen de modelos experimentales como
los cultivos celulares (células animales o humanas que crecen en frascos de
plástico) o directamente las llamadas técnicas "in vitro"
(experimentos que se realizan dentro de un tubo de ensayo). Pero hay un paso
más que todavía podemos dar: ¿y si pudiéramos prescindir de todos los modelos
experimentales? Aquí es donde la biología computacional tiene mucho que decir
(bueno: todavía no mucho, pero sí que lo hará en los próximos 10 años). Ahora
mismo se pueden generar modelos computacionales capaces de simular a escala
atómica reacciones químicas catalizadas por enzimas virales, bacterianas o humanas.
Y con esta información podemos diseñar fármacos (que funcionan). Todo ello
dentro de un ordenador. Como si fuese el entorno virtual de un videojuego
realista hasta el mínimo detalle. Dentro de pocos años podremos simular células
enteras y, quién sabe, organismos enteros: un cuerpo humano virtual donde
realizar ensayos de todo tipo sin riesgo ni daño para nadie.
Pero vamos despacio. ¿Cómo llegué a dedicarme a la biología
computacional? Yo nací en 1965, cuando todavía no habían aparecido ni las
terminales de vídeo ni los teclados electrónicos. En la película "2001:
Una odisea del espacio", estrenada en 1968, el ordenador "HAL
9000" no tenía teclado (lo introdujeron de tapadillo en la segunda parte,
estrenada en 1984).
Fig. 1. Los modelos tridimensionales de las moléculas biológicas son capaces
de simular movimientos reales dentro del ordenador.
De niño yo no podía soñar en convertirme en biólogo
computacional: no existía tal concepto. Quería ser biólogo a secas. Recuerdo
algunos veranos, con 10-11 años, en los que buceaba en el río Duero, a su paso
por Covaleda, en Soria, recolectando datos en un cuaderno con lo que observaba
del comportamiento de unos animalillos que me llamaban mucho la atención: las
larvas de tricóptero (o gusanos de canutillo).Años más tarde comencé mis
estudios de biología en la universidad, donde descubrí que lo que me gustaba
era la biología molecular. Y donde decidí que quería ser investigador. Durante
los años de tesis doctoral, en el departamento de la universidad, teníamos una
terminal de ordenador ¡por cada planta del edificio! para compartir entre
todos. Y fue en esa época, aproximadamente en 1990, cuando aparecieron los
primeros PCs. Con el sueldo de tres meses de beca me compré uno de aquellos
aparatos (con 20 megabytes de disco duro), con los que se podía escribir la
tesis sin necesidad de usar la máquina de escribir. Y que también se podían
programar: eso lo cambiaba todo. Diez años más tarde estaba ya trabajando con
imágenes virtuales de proteínas y localizando mutaciones en modelos
tridimensionales de moléculas biológicas que giraban en la pantalla del
ordenador.
¿Cómo se trabaja hoy en un laboratorio de biología
computacional?
Los laboratorios de biología computacional tienen los mismos
objetivos que cualquier laboratorio de biología molecular: entender el
funcionamiento de los sistemas biológicos y utilizar ese conocimiento para
mejorar nuestro mundo (por ejemplo, curando enfermedades o modificando cultivos
para hacerlos resistentes a la sequía). La diferencia reside en las técnicas
que se utilizan: únicamente procesadores y bases de datos.
Fig. 2. Modelo tridimensional de un dímero de una proteína bacteriana
(FtsZ). En color azul las cargas electrostáticas positivas. En rojo las
negativas. En el hueco que hay en medio (en color verde) encajan los compuestos
virtuales que inhibirán su funcionamiento, impidiendo que la bacteria
prolifere.
Al entrar en un laboratorio de biología computacional lo que
únicamente se ve son ordenadores y gente que se afana delante de las pantallas
(y una máquina de café). Además, los ordenadores que hay en la sala no son
realmente los que están trabajando: son únicamente terminales con las que
conectarse a las verdaderas máquinas de cálculo, situadas en salas
especialmente acondicionadas.
Y, dentro de estas máquinas, los investigadores están generando
un mundo que pretende ser una imagen virtual del mundo físico. Se fabrican
ácidos nucleicos y proteínas. Se les dota de movimiento gracias a complejos
cálculos en los que se analizan y simulan las fuerzas que gobiernan las
interacciones entre átomos dentro de las moléculas.
En este mundo virtual, las distancias se miden en millonésimas
de centímetro y los átomos chocan, se atraen y se separan en escalas de tiempo
de trillonésimas de segundo. Y gracias a estos movimientos de los átomos que
las componen, las proteínas se agitan, giran, se unen a otras proteínas,
intervienen en reacciones químicas. En esencia, se simula cómo ocurren
realmente todas estas acciones en las células del universo real.
Para ello hay que comenzar estudiando los planos. Algunos
investigadores trabajan con secuencias de ácidos nucleicos de increíble
longitud: cientos de millones de palabras con las letras AGCT a las que hay que
encontrar un sentido. Encerrados en ellas se encuentran los esquemas del
universo virtual. Hay que saber interpretarlos para poder construir
correctamente las proteínas. Y para interpretar también los errores que
provocan alteraciones como el cáncer o los defectos congénitos responsables de
las enfermedades raras.
Una parte muy interesante del trabajo es la simulación detallada
de las reacciones enzimáticas que ocurren dentro de las proteínas. Queremos ser
capaces de imitar en nuestro mundo virtual hasta el último detalle de los pasos
que transforman un compuesto químico en otro. Y entender cómo se las apañan las
proteínas para facilitar estas violentas reacciones en el interior de algo tan
delicado como una célula. Este espacio tridimensional está lleno de pequeñas
moléculas cargadas de energía, de átomos metálicos o de moléculas de agua que
interaccionan con todos ellos e intervienen en las reacciones. Es una tarea
larga que ya está dando sus frutos, por ejemplo, en la simulación de
determinadas proteínas bacterianas que se utilizan como blanco en el diseño de
antibióticos de nueva generación.
Fig. 3. Un compuesto virtual encajando en el hueco de la fig. 2. Este
compuesto es capaz de detener la división de bacterias multiresistentes
creciendo en el laboratorio. En un futuro, podrá servir para curar infecciones
graves en pacientes.
Con toda esta información, los investigadores construyen, entre
otros proyectos, un sistema automático de síntesis de fármacos. Para ello
utilizan imágenes tridimensionales de los volúmenes de las proteínas e intentan
encajar en los huecos que aparecen en su superficie millones de compuestos
químicos de una forma sistemática. No solo hay que tener en cuenta que el
tamaño y la forma de los compuestos sean adecuados. También hay que pensar a
escala atómica: aquí las cargas electrostáticas son importantes y simularlas
adecuadamente no es sencillo. Pero pese a todo se están obteniendo buenos
resultados, en particular en el diseño de nuevos antimicrobianos dirigidos
contra bacterias multiresistentes. Y también en el descubrimiento de posibles
nuevos antitumorales.
¿Qué tengo que estudiar para ser un biólogo computacional?
En los laboratorios de biología computacional trabajan juntos
expertos en muy diferentes áreas, en un ejemplo excelente de
interdisciplinaridad: Físicos desarrollando métodos de simulación cada vez más
exactos y más rápidos del movimiento de los átomos en moléculas biológicas;
Químicos y Farmacéuticos diseñando y analizando características de metabolitos
y futuros fármacos; Biólogos realizando simulaciones de macromoléculas y sus
redes celulares de interacción y Médicos integrando la información molecular en
nuevos métodos terapéuticos y de diagnóstico. Y, por supuesto, Informáticos
manejando la cada vez más ingente cantidad de información y los procesadores
cada vez más complejos y rápidos (ojo: los procesadores cuánticos están ya a la
vuelta de la esquina y programarlos no es sencillo).
¿Cuál es el futuro de la biología computacional?
Es difícil saber cuál será el futuro de una ciencia. Los pasos
que se dan cada año son de gigante. Pero, como comentaba al principio, el
futuro a medio y largo plazo es construir una réplica exacta y funcional de una
célula o un organismo real en el mundo virtual, con todos los átomos
interaccionando unos con otros de la misma forma que lo hacen en el universo
físico. Cuando esto se consiga, no hará falta realizar más experimentos en
tubos de ensayo o en placas de Petri: bastará una buena conexión a internet
para ensayar el efecto de millones de compuestos sobre una proteína, o sobre
una vía metabólica, y escoger el mejor de ellos para sintetizarlo como fármaco
(antitumoral, antibacteriano, antiviral,...). O para analizar el efecto de una
mutación en el organismo, ensayar a continuación la mejor manera de revertirla
y decidir así qué terapia génica es la más adecuada para cada paciente con una
enfermedad rara.
Hoy es casi ciencia ficción; pero por poco tiempo.
Paulino Gómez-Puertas
Doctor en Bioquímica y Biología Molecular
Científico Titular CSIC. Centro de Biología Molecular
"Severo Ochoa" (CBMSO, CSIC-UAM), Madrid
Capítulo 13
Y yo quiero ser...Biólogo Evolucionista
(Por Alfonso Ogayar Serrano)
Qué puede llegar a ser un biólogo evolucionista: Intérprete de
la información biológica
Le debo a Quintín Garrido su sugerencia de figurar como
intérprete. La idea inicialmente me pareció bien y, aunque me sorprendió, se me
ajustaba más ser un intérprete que un especialista acorazado de saber. Algunos
sinónimos de interpretar son: descifrar, estudiar y analizar.
Estas definiciones me parecían compatibles con mi trayectoria vital: dudar de
lo que se sabe, como científico, para explicar como profesor.
Como todos los niños de los años 50 crecí alimentado a diario de
las grandes certezas de aquellos tiempos. En los 70, la Universidad provocó que
mis dudas adolescentes cristalizaran con fuerza. Íbamos pasando asignaturas y
cursos, y acumulando conocimientos; pero estos eran fragmentados y
deslavazados: faltaba la evolución.
De Darwin al sistema inmunitario como modelo de evolución
La coherencia entre ser vivo y sus condiciones de vida
constituye una de las características más importantes de la teoría
evolucionista de Darwin, posteriormente depreciada por la teoría sintética, así
llamada por forzar la síntesis entre el darwinismo y la genética. La genética
comienza cuando Mendel demuestra que los determinantes hereditarios (genes) se
transmiten como partículas independientes de generación en generación. Mientras
Mendel aborda certeramente el estudio de la herencia, analizando estadísticamente
uno o dos caracteres, Darwin resalta la importancia de la selección, mantenida
en el tiempo, de una constelación de variaciones mediante una fina adaptación
al medio natural, no una o unas pocas muy evidentes. Darwin se centra
directamente en el fenotipo: las características observables de un ser vivo
considerado como un todo -la estructura física y la fisiología del individuo:
picos, garras, dientes- y subraya el carácter conservador y acumulador –y no
generador directo de variaciones- de la selección natural, merced a la
reproducción diferencial de los individuos de una especie que presentan los
fenotipos más adecuados.
Fig. 1. Puzle conformacional en el reconocimiento antigénico.
Frente al pensamiento de Darwin, incluso la visión menos
reduccionista de la teoría sintética planteó posiciones inflexibles de herencia
genética dura: ni los caracteres adquiridos ni las influencias ambientales se
heredan. Al formalizarse el denominado "dogma central de la biología
molecular"-que, al menos, tiene la virtud de establecer una relación
directa y unidireccional entre genotipo (secuencia de nucleótidos del ADN) y
primer nivel de fenotipo (secuencia de aminoácidos de las proteínas)- se evita,
por fin, la transferencia mágica entre gen y carácter: el fenotipo tiene que
ver con la secuencia de aminoácidos de cada proteína, que condiciona –pero no
determina- su estructura tridimensional y su función. No conocemos genes que
posean en sí propiedades intrínsecas que los diferencien de otros genes y,
realmente, no hay genes "reguladores" sino genes que codifican
proteínas "reguladoras", según sea su posición en las rutas
celulares.
El planteamiento del origen y evolución de las proteínas me
llevó a iniciar una tesis doctoral relacionada con el sistema inmunitario,
donde interpreté que la discriminación entre lo propio y lo ajeno se produce
sobre la base de lo común y lo diferencial de la evolución de las proteínas.
Tras estudiar los receptores antigénicos, planteé sendas hipótesis:
Por una parte, que éstos procedían evolutivamente de proteínas
chaperonas y, por otra, que en la evolución de las proteínas lo común son los
módulos estructurales básicos, seleccionados en la etapa prebiótica; y lo
diferencial la diversidad en la secuencia de aminoácidos, generada durante la
evolución biológica.
Respecto al reconocimiento inmunológico propuse que los péptidos
antigénicos reconocidos por los linfocitos T -lo que considero común de la
estructura de las proteínas- formarían un empaquetamiento estable, en una
suerte de puzle conformacional, con el sitio de unión de las proteínas de
histocompatibilidad que, así, actuaría como pieza maestra (o comodín) que
pudiese interaccionar con cualquier péptido del puzle. Estas interacciones
remedarían la selección de péptidos y proteínas durante la etapa prebiótica.
Origen, naturaleza y evolución de la información estructural
La hipótesis del puzle conformacional nos sitúa en un escenario
de la evolución proteica en dos actos:
-Una primera etapa de evolución prebiótica conformacional donde,
a partir de secuencias polipeptídicas formadas al azar, se produciría el
moldeamiento y selección de un corto número de conformaciones.
-Una segunda etapa donde la evolución conformacional sigue
llevando la batuta pero permitiendo una dimensión de evolución secuencial,
coherente y respetuosa con las conformaciones seleccionadas previamente.
Respecto al surgimiento de la información biológica en el origen
de la vida, más que dilucidar la prioridad informativa entre ARN y proteínas,
debemos plantearnos: ¿qué fue antes, la información secuencial o la estructural
funcional? Si el descubrimiento de las ribozimas (ARN autocatalítico) supuso la
inclusión del ARN en el mundo de la actividad enzimática; el descubrimiento de
los priones –donde en la propagación de determinados fenotipos proteicos la
conformación se impone a la secuencia- ha supuesto el reconocimiento de que
algunas proteínas son capaces de almacenar y transmitir información biológica
conformacional. El descubrimiento de los priones como agente infeccioso en
determinadas enfermedades neurodegenerativas de mamíferos -donde una proteína, el
prión, se comporta como un virus- así como determinados procesos de herencia no
mendeliana -donde el prión se comporta aparentemente como un gen, por lo que es
mejor denominarlo conformón- me animó a proponer un paradigma proteocéntrico,
con las proteínas como sujeto principal tanto en el origen de la vida desde lo
inorgánico, como en la evolución molecular que subyace a la evolución celular y
pluricelular: los priones-conformones actuarían como selectores y propagadores
de formas merced a información conformacional. A favor de mi hipótesis de
"un mundo de proteínas-conformones primigenio" está también la mucho
mayor resistencia y estabilidad de éstos, en comparación con el ARN, frente a
ambientes hostiles, como los que se pudieron encontrar en la Tierra primitiva:
además de la presencia de aminoácidos en muchos meteoritos, los priones son muy
resistentes al calor, a los ácidos, y a las radiaciones ionizantes y UV.
Además, se adhieren extremadamente bien y durante mucho tiempo a las arcillas.
Además las proteínas, a diferencia del ARN, no presentan problema alguno para
su síntesis prebiótica.
Fig. 2. Los conformones en la evolución prebiótica. En la etapa
prebiótica, los proteinoides con capacidad para propagar sus conformaciones se
debieron seleccionar por: 1) su estabilidad estructural y su capacidad de
propagación conformacional; y 2) alguna capacidad enzimática, inicialmente poco
específica. Los nuevos conformones pueden seleccionar mejor nuevos proteinodes
–con secuencias más parecidas a las suyas y mayor especificidad- y propagar sus
conformaciones en una línea de evolución conformacional adaptativa.
Paradójicamente, a partir del establecimiento del código
genético -tras un "mundo de ARN autocatalítico" y un "mundo de
proteínas-conformones" en coevolución conformacional- aparecería el nuevo
marco de la evolución biológica, en el que las proteínas se sintetizan
genéticamente, y los ácidos nucleicos son gobernados por las proteínas como
instrumento informativo. En este proceso distinguimos tres etapas:
1.- Información
conformacional proteínas-ARN. En la coevolución prebiótica, las unidades
estructurales proteicas -miniestructuras terciarias procedentes de secuencias
cortas compatibles con el cambio conformacional- se fueron seleccionando por su
capacidad de interaccionar entre ellas, mediante interacciones débiles no
covalentes, formando así miniestructuras cuaternarias más o menos complejas. De
igual manera, en esta etapa pregenética, interaccionarían con el ARN formando
ribonucleoproteínas; y seleccionando estructuras de uno y otro
"mundo" fueron elaborando el código genético: primero conformacional
y luego secuencial.
2.- Primera información
secuencial proteínas-ARNm, mediada por ARNt y ARNr. Este proceso permitiría la
formación de polipéptidos cada vez más largos y eficaces, formados mediante la
acumulación de pequeños cambios secuenciales, compatibles y coherentes con el
cambio conformacional.
Fig. 3. Inversión del dogma central: de la información conformacional a la
secuencial.
Efectivamente, entre las principales ventajas funcionales del
código genético tendríamos la transición de estructuras proteicas discontinuas
a un único polipéptido formado –de forma rápida y precisa- por la unión
secuencial covalente de los aminoácidos de éste. Este proceso se produciría
merced a la coselección de dominios proteicos (estructurales y funcionales)
junto con determinados fragmentos salteados de las cadenas del ARN ambiental,
monocatenario y lineal, que, de esta manera, devendrían en exones.
3.- La información
secuencial se almacena en la molécula del ADN, con lo que se garantiza la
estabilidad de las conquistas estructurales y una variabilidad secuencial
coherente con ellas.
Así, en el paradigma proteocéntrico, la información iría del
fenotipo conformacional al genotipo secuencial, invirtiendo, así, el orden del
dogma central.
Volviendo a Darwin
Hay más proteínas que genes y, sobre todo, más mensajes
fenotípicos que ARNm que, en el paradigma proteocéntrico, resultan de
interacciones proteína-proteína y proteína-ligando en rutas funcionales de
cambios conformacionales. En el genoma actual convive lo pregenético
(ribonucleoproteínas), lo genético (exones-proteínas) y lo epigenético (manejo
modular de genes por proteínas).
Así, la información genética estaría en un marco superior de
información biológica estructural que incluiría:
- Información conformacional de las proteínas que reside en la
disposición singular de sus aminoácidos en su estructura tridimensional.
- Información de la situación espaciotemporal de los elementos o
partes de las estructuras biológicas y de la contingencia medioambiental.
Volviendo a Darwin, la selección natural actuaría sobre
organismos distinguibles por sus fenotipos, generados mediante interacciones
proteicas, que tienen un substrato heredable, tanto genético secuencial como
epigenético estructural.
Referencias:
[1] Presentación antigénica y puzzle conformacional. Una
hipótesis (I y II). Alfonso Ogayar en Inmunología, vol. 10, nº 1, págs. 19-23,
1991; y vol. 10, nº 3, págs. 97-103, 1991.
[2] Prions: an evolutionary perspective. Alfonso Ogayar, Miguel
Sánchez-Pérez en International Microbiology, vol. 1, nº 3, págs. 183-190,
septiembre de 1998.
[3] Blog"Estructura
e información biológica"
Alfonso Ogayar Serrano
Licenciado en Ciencias Biológicas.
Profesor jubilado.
Capítulo 14
Y yo quiero ser...Biólogo Marino
(Por Albert Calbet Fabregat)
Mi vocación por la biología marina, y en particular por los
microorganismos acuáticos, empezó a muy temprana edad. Aún recuerdo con emoción
y asombro la primera vez que vi seres unicelulares a través del ocular de un
microscopio. Yo rondaría los 10 años, y el aparato había sido un regalo de
cumpleaños de mis padres, que poco pensaron que aquel instrumento rudimentario,
hecho de plástico y de mediocre calidad óptica, marcaría mi vida para siempre.
Fig. 1. Diatomea marina. Las diatomeas son algas unicelulares, integrantes
del fitoplancton. Son el alimento del zooplancton y de otros organismos. Son
especialmente abundantes en zonas ricas en nutrientes, como afloramientos o
zonas costeras a finales de invierno y primavera.
A aquel día, tan transcendental en mi vida, siguieron pesquisas
y experimentos con tal de descubrir la extraordinaria variedad de las formas de
vida acuática. Por facilidad, empecé explorando la flora y fauna microscópica
de las aguas dulces; no había riachuelo, estanque o charco que no llamase mi
atención. Con los años, fui perfeccionando mi técnica a la par que la calidad
de los microscopios que usaba, hasta que me convertí en un aficionado a la
microfotografía; fueron mis imágenes del mundo mágico de la vida en una gota de
agua las que llamaron la atención de mis profesores. Gracias a eso conseguí una
beca predoctoral para estudiar el zooplancton marino. El paso de aguas dulces
al medio marino fue todo un reto. La diferencia entre estos dos mundos acuáticos
no estriba simplemente en la concentración de sales; el medio marino, debido a
su extensión y dinamismo acoge una red trófica mucho más compleja y diversa que
la de las aguas dulces.
El plancton y la red trófica marina
Antes de proseguir es preciso que defina algunos conceptos
básicos. Por ejemplo, los organismos unicelulares o pluricelulares que habitan
en la columna de agua, y cuya escasa capacidad de movimiento les deja a merced
de las corrientes, se denominan plancton. La palabra proviene del
griego y significa errante. Si bien la mayoría de integrantes del plancton son
de pequeño tamaño, también hay excepciones, como las bien conocidas medusas. El
plancton se compone, entre otros grupos de organismos, de virus, bacterias,
algas microscópicas (el fitoplancton, Fig. 1) y animales (el zooplancton, Fig.
2). Para que os hagáis una idea, en un mililitro de agua (unas 20 gotas de
agua) hay, por término medio, 10.000.000 virus, 1.000.000 bacterias, y unas
1.000 o 10.000 algas unicelulares. ¡Pero tranquilos! ni los virus ni las
bacterias que os podéis tragar accidentalmente en el mar os van a perjudicar.
De hecho, su función en el ecosistema marino es otra. Los virus mantienen
controladas las poblaciones de bacterias para que no crezcan en exceso, y
estas, a su vez, se encargan de descomponer toda la materia orgánica muerta.
Sin bacterias el mar sería un cementerio de cadáveres y excrementos. Las
bacterias, al ejecutar su papel como descomponedores, además reciclan
nutrientes que son utilizados por el fitoplancton para crecer y hacer la
fotosíntesis. Las algas microscópicas que forman parte del fitoplancton son el
equivalente de los vegetales terrestres.
Fig. 2. Copépodo marino. Los copépodos son crustáceos diminutos, miembros
del zooplancton, que pueblan mares y océanos. Son tremendamente abundantes,
incluso más que los insectos en tierra, y su función es clave en el ecosistema
marino al ser depredadores del fitoplancton y el alimento principal de las
larvas de peces.
Gracias a estos vegetales la mitad de la fotosíntesis del
planeta ocurre en el mar. Por consiguiente, debido a la actividad biológica de
los organismos del plancton, el papel del océano es fundamental para mitigar
los efectos del exceso de CO2 que nos están llevando
apresuradamente a un cambio climático. El plancton tiene además otra función,
la de alimentar a seres de mayor tamaño, constituyendo de esta manera la base
de la red trófica marina. Cada grupo de organismos tiene sus depredadores, que
son, a su vez, el alimento de organismos de mayor tamaño. De esta manera la
materia y la energía se transfieren hasta los grandes depredadores del mar, los
peces carnívoros (atunes, barracudas, tiburones, etc.) y, por supuesto, los
humanos. Pero no todo el plancton es beneficioso. Hay determinadas especies de
fitoplancton, sobre todo algas dinoflageladas y diatomeas, que son tóxicas y
pueden llegar a tener consecuencias graves para el ecosistema. Las agrupaciones
de estos organismos se conocen popularmente como mareas rojas, y son la causa
de intoxicaciones masivas o muerte de peces, e incluso humanos.
La biología marina, mitos y leyendas
Pero en el mar hay mucho más que plancton. Peces, ballenas,
corales, entre otros, son algunas de las maravillas que alberga el mundo
marino. De hecho, a la mayoría de las personas al pensar en los biólogos
marinos lo primero que les viene a la mente son intrépidos científicos surcando
mares y océanos para estudiar ballenas y delfines, o submarinistas expertos
analizando la progresión de arrecifes de coral en paraísos tropicales. Estos
arquetipos, si bien existen y forman parte de la disciplina, no son lo habitual.
Muchos de nosotros trabajamos con organismos que no se ven a simple vista, o
con modelos matemáticos de pesquerías, o en el laboratorio estudiando la
fisiología o el genoma de una especie en particular. El mar es vasto, pero
desgraciadamente los fondos destinados a su estudio son limitados, por no decir
escasos (en particular en nuestro país), y en la mayoría de ocasiones el
científico vocacional raramente puede elegir a que campo se dedicará. Son más
bien las circunstancias de la vida, en ocasiones la suerte, o incluso las
tendencias "de moda" en la ciencia, las que marcan el campo en el que
terminarás trabajando. Y no os voy a mentir, triunfar en biología marina es
duro y requiere muchos sacrificios como veréis a continuación. Pero también os
diré que las recompensas son extraordinarias. En mi caso, gracias a la biología
marina he viajado por medio mundo, y he estado en lugares mágicos, inaccesibles
para la mayoría de la gente, como por ejemplo la Antártida y el Océano Ártico.
Pero cómo se llega a ser un/a biólogo/a marino/a? Para empezar
hay que trabajar duro desde la educación primaria hasta la universidad. Si
tenéis pretensiones de dedicaros a la investigación, es importante tener un
expediente académico excelente para poder acceder a becas. Sin una beca, es muy
difícil (por no decir imposible) entrar en un centro de investigación para
realizar una tesis doctoral. Un buen biólogo marino, si quiere prosperar en la
carrera, necesita saber de todo: matemáticas, física, química, y por supuesto
biología. También es imprescindible el conocimiento de lenguas extranjeras,
sobre todo el inglés. Todo nuestro trabajo se presenta en inglés, al igual que
ocurre en otras disciplinas científicas. Una vez completada la tesis doctoral
es recomendable pasar un período (uno o dos años, al menos) en alguna
institución de renombre en el extranjero. Si bien durante la tesis doctoral
habréis asentado vuestros conocimientos y aprendido las estrategias de
publicación, será durante la fase postdoctoral donde se producirá vuestra
verdadera especialización y donde se establecerá vuestra proyección
internacional. Es muy importante que durante esta fase sigáis publicando
intensamente. Al científico, al menos actualmente, se le valora por el número y
calidad de sus publicaciones. Por lo tanto, un buen científico tiene que ser un
excelente comunicador. Muchas veces, el saber presentar una idea es más
importante que la idea en si misma. Pero no os desaniméis, todo se aprende. A
la fase postdoctoral le sigue una fase de reincorporación en el país de origen
(si es que decidís volver, claro). Muchas veces el obtener un contrato para
volver a España se convierte en una tarea titánica, en la que solo los mejores
prosperan. Pensad en la carrera científica como en un embudo, donde cada vez se
estrecha más el número de gente que puede pasar. Ciertamente, esta selección
progresiva de candidatos no es exclusiva de la biología marina, sino que ocurre
en todas las disciplinas científicas en mayor o menor medida. La maratón para
conseguir un contrato o plaza fija de biólogo marino en este país es larga y
ardua, pero si tenéis vocación y sed de conocimiento vais a aprender algo en
cada uno de los pasos. La clave está en disfrutar de cada momento y quedarse
con lo positivo. Os aseguro que la recompensa, si al fin tenéis éxito, vale la
pena.
Para acabar, me gustaría daros un consejo de alguien que ya
lleva unos años haciendo investigación. La tendencia actual en esta y en otras
disciplinas es ir hacia la super-especialización de la ciencia. Yo os insto a
que os intereséis y aprendáis de todo, al igual que aquellos grandes sabios del
Renacimiento. Con una visión amplia y global siempre se abordan mejor los
problemas y se plantean preguntas más relevantes.
¡Suerte!
Albert Calbet Fabregat
Doctor en Ciencias del Mar; Investigador Científico del CSIC,
Instituto de Ciencias del Mar, Barcelona
Capítulo 15
Y yo quiero ser...Biólogo Marino
(Por José Antonio Cuesta Mariscal)
Mi caso es probablemente uno de tantos de vocación temprana.
Pero no creo que estuviera predeterminado para la biología marina, fue una
confluencia de factores las que me encaminaron a elegir esta carrera
profesional. Del primer factor son culpables mis padres. Desde muy pequeño me
llevaron a la playa, y eso ya fue un primer empujón que me puso en el camino
(Fig. 1).
Fig. 1. El autor con sus padres en uno de sus primeros días de playa.
Aquello me gustaba, y mucho, sobre todo las zonas intermareales
de rocas, que se descubren al bajar la marea. Cuando mis padres decían que nos
íbamos a la playa, yo siempre pedía "¡pero que tenga rocas!". Estaba
claro, una zona de rocas con la marea baja era un paraíso para alguien con un
mínimo de curiosidad. ¿Qué se oculta bajo el mar?, cuando éste se retira por
unas horas, con la marea baja, nos permite echar un ojo sin necesidad de
mojarnos mucho, apenas los pies. Y ahí se encuentra un buen ejemplo de la vida
que albergan los mares y su diversidad.
A este gusto inicial por la fauna que se encontraba a la orilla
del mar, en especial los cangrejos, se sumó la suerte que tuve de que todas las
profesoras que me enseñaron las asignaturas de Ciencias en la EGB, BUP y COU,
fueron unas mujeres muy motivadas y que me contagiaron el interés por la
biología. Muchos profesores no son conscientes del efecto que pueden tener en
sus alumnos a la hora de reforzar su interés por un tipo de estudios o hacer
que los dejen indiferentes y, en el peor de los casos, que los aborrezcan.
Durante todo este periodo de las primeras etapas formativas mi
interés por la biología, y en especial la zoología (lo relacionado con el mundo
animal), se vio animado por lecturas y programas de televisión. Entre las
lecturas tengo que resaltar la "Guía del Naturalista" de Gerald
Durrell (Fig. 2) que me regalaron mis abuelos, y con la que empecé a poner
nombres a los animales que encontraba en la playa. Y en televisión apareció en
esos años un programa, "El hombre y la tierra" presentado por Félix
Rodríguez de la Fuente, que marcó a toda una generación. En este programa se
nos mostraba la fauna cercana, la que se encontraba en nuestros bosques, ríos,
Parques Nacionales, etc. Fue la primera vez que vi lo que significaba estudiar
(mediante observación y experimentación) el ciclo de vida y el comportamiento
de una especie animal, así como la interrelación entre especies que conviven en
un mismo hábitat. Y aquí debo destacar, al igual que antes hacía con la labor
de los buenos profesores, el importante papel de los divulgadores científicos.
Pueden ser fundamentales para hacer aflorar vocaciones que están ahí, pero
necesitan ser despertadas. En mi caso, el empujón definitivo me lo dio otro
magnífico divulgador científico, como fue Jacques-Yves Cousteau, y su serie
documental televisiva "El Mundo Submarino de Jacques Cousteau". Él
fue quien me mostró o, para ser más exacto, quién me sumergió en las
profundidades marinas. Ya lo tenía claro, yo quería conocer y ver eso por mí
mismo.
Fig. 2. "Guía del Naturalista" de Gerald Durrell.
Yo, desde pequeño, era muy temeroso, cauto o precavido si
quisiera utilizar adjetivos más benévolos. El caso es que me daba miedo meter
la mano por los agujeros o las grietas de las rocas de la playa, o meterme en
el agua donde no veía donde pisaba, o nadar donde me cubría sin saber que
nadaba por debajo de mí. Este miedo solo había una forma de superarlo, y era
con conocimiento. Saber que animales vivían en esos sitios era la manera de
poder disfrutar del mar en plenitud. Por supuesto no perderle el respeto, pero
al menos quitarme miedos sin sentido.
Ya estaba claro, quería ser un Jacques Cousteau y viajar por el
mundo buceando en todos los mares y conociendo más "a fondo" a sus
habitantes. Pero ¿cómo hacía eso?, ¿a dónde podía ir a "apuntarme"
para eso?
¿Cómo se hace uno biólogo marino?
Obviamente, durante la enseñanza secundaria opté por las
asignaturas de ciencias cuando había optativas, y finalmente cuando acabé COU
(lo que hoy día sería segundo de bachillerato), y tras la selectividad, tenía
que optar por una carrera que me llevara a mi objetivo. Tenía ante mí un
abanico de posibilidades (algo más restringido al que hay hoy) entre el que
elegir mi destino: biólogo marino. Actualmente está el Grado en Ciencias del
Mar, el más específico para este perfil, y que ofertan en España cinco Universidades
públicas (Alicante, Barcelona, Cádiz, Las Palmas de Gran Canaria y Vigo) y una
privada (Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir).
Fig. 3. Scandarma lintou, una de las nuevas especies de cangrejo descritas
por el autor junto a otros colegas.
Pero por otro lado hay Grados como los de Biología, Bioquímica,
Veterinaria, o Ciencias Medioambientales, en los que se pueden estudiar muchas
especialidades que conectan con la biología marina. En mi caso opté por la
licenciatura de Biología, donde se impartía una asignatura, Zoología, donde
esperaba saciar mí interés por los animales, con especial atención a los
marinos.
Al acabar era biólogo, pero no había hecho más que empezar a
conocer lo que me interesaba, y por eso opté por dedicarme a la investigación,
cuyo primer paso era entonces la tesis doctoral. Fue en la tesis donde escogí
un tema para meterme de lleno en mi interés principal, aquel que se había
despertado de pequeño en mis visitas a las rocas de la playa: los cangrejos
(Fig. 3). Entre muchas opciones, escogí el estudiar sus fases larvarias, un
tema en el que aún quedaba mucho por conocer. De esta forma regresé a las
playas, pero ahora con otra óptica, aumentar mi conocimiento y descubrir
aspectos de la biología de aquellos simpáticos animales que despertaron mi
interés infantil. Por supuesto, el estudio de la biología marina comprende
muchos otros aspectos, no sólo la fauna.
¿A qué se puede dedicar un biólogo marino?
La mayor parte de la superficie del planeta Tierra (un 71%) es
agua, y de esta la mayor parte es agua salada de mares y océanos. Por lo tanto
parece que, aunque solo sea por su dimensión, es importante conocer este medio
con detalle. Y a ese conocimiento podemos aproximarnos desde muchos ángulos.
Entre las principales líneas de investigación sobre el mundo marino están la
Oceanografía (física, química y biológica), Contaminación, Acuicultura,
Ecología marina, Conservación, Microbiología marina, Zoología y Botánica
marina, entre otras. En función de la especialidad por la que se opte hay una
multitud de diferentes salidas profesionales como: Experto en explotación y
gestión de los recursos marinos (por ejemplo, la pesca), Acuicultura, Analista
de contaminación marina, Ordenación y gestión litoral, Evaluador del medio
marino (informes de impacto), Agente turístico (actividades marinas,
subacuáticas, etc.), Divulgador, Genetista marino, Microbiólogo marino, entre
otras. También se puede optar por la investigación (básica o aplicada) en
cualquiera de los campos antes mencionados, o la docencia, tanto a nivel de
enseñanza secundaria como universitaria.
El conocimiento del medio marino es vital para conseguir un
crecimiento sostenible, tener océanos sanos y productivos, considerando los
problemas que puede generar la actividad humana. Algo más del 50% de la
población mundial vive en las zonas costeras, y se espera que sea una cifra que
aumente en el futuro. Si a esto sumamos que actualmente el problema del
calentamiento global está teniendo uno de sus principales impactos en el medio
marino, se puede prever que a futuro serán necesarios muchos profesionales
dedicados a este medio, desde diferentes ámbitos, para que ayuden a dar
respuesta a los retos que se nos presentarán.
Conclusión desde mi experiencia
En mi caso particular la biología marina ha colmado mis
expectativas. El niño que desde los siete u ocho años observaba con interés y
curiosidad a los cangrejos de la playa, es ahora un adulto, con más de 50 años,
que sigue observando cangrejos en diferentes playas del mundo con el mismo
interés y curiosidad, pero con la diferencia de que, en estos años recorridos,
y gracias al estudio, reconozco a las especies que me encuentro, se mucho más
de sus hábitos de vida y he llegado incluso a descubrir y describir nuevas
especies. En este tiempo además he aprendido a cultivar sus fases larvarias, a
estudiar su morfología a la lupa y microscopio, y obtener su ADN para conocer
las relaciones filogenéticas entre las diferentes especies de cangrejos. El
conocimiento que se va obteniendo no hace que se pierda el interés ya que
siempre surgen nuevas preguntas, nuevos retos. Y también con los años he
encontrado el gusto por divulgar y dar a conocer todo este conocimiento que he
ido adquiriendo.
Dedicarte profesionalmente a lo que te gusta y apasiona a nivel
personal es una gran ventaja, ya que te permite disfrutar en el desarrollo de
tu trabajo. Eso es algo que no todos pueden decir y por lo que yo me siento
afortunado y agradecido. Y se lo debo en primer lugar a mis padres que me
permitieron y facilitaron dedicarme a lo que me gustaba y a todos los que
conocí en este camino (profesores, directores, colegas,…) que me ayudaron y
apoyaron.
José A. Cuesta
Doctor en Biología
Científico Titular, Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía,
CSIC
Capítulo 16
Y yo quiero ser...Bioquímica Nutricional
(Por Eva Miedes Vicente)
Crecí en Caudé, un pueblo de 150 habitantes de la provincia de
Teruel. Cuando cumplí 10 años pasaron tres cosas que marcaron mi vida: tuve el
mejor maestro del mundo, me regalaron un libro que enseñaba a realizar
experimentos científicos y me pusieron gafas curiosas.
En esa escuela de pueblo, salíamos a la pizarra y les exponíamos
a nuestros compañeros que los humanos somos como unas máquinas: obtenemos
energía de los alimentos para gastarla en diversas funciones vitales y
actividades diversas. "Si no comes no podrás jugar al futbol" me
decía mi abuela. Años más tarde, en el instituto, aprendí que esos alimentos
están compuestos por nutrientes, que son las mismas moléculas químicas que
forman nuestro cuerpo. En la asignatura de Biología del bachillerato, estudiamos
que estas moléculas son las proteínas, los lípidos, los hidratos de carbono,
las vitaminas y los minerales. Además, seguimos haciendo experimentos
científicos y cada vez me surgían más dudas relacionadas con la alimentación:
¿Qué era realmente lo que nos alimentaba?, ¿por qué insistían tanto en que una
dieta saludable y el ejercicio es indispensable para no enfermar?, ¿por qué era
tan difícil adelgazar para las personas que tenían sobrepeso u obesidad? y ¿por
qué a cada persona le sentaban mejor unos alimentos u otros?
Llego el momento de decidir qué estudiar en la Universidad.
Pensé que si los humanos tenemos que comer todos los días, seguro que en el
futuro habría un trabajo para alguien interesada en resolver estas cuestiones.
Así que me decidí a cursar la Licenciatura de Ciencia y Tecnología de los
Alimentos. Salí de mi pueblo y me fui a Valencia. En tercero de la carrera, ya
tenía claro que quería ser CIENTÍFICA y dedicarme a la investigación y
docencia. Por ello, me gustaría compartir con vosotros algunas de las respuestas
científicas a esas preguntas que han guiado mi vida profesional.
¿Qué es un alimento?, ¿y un nutriente? - ¿Qué es realmente lo
que nos alimenta?
Los humanos obtenemos la energía mediante la ingestión,
absorción, digestión y metabolización de los alimentos. Nuestra dieta es
generalmente omnívora, de modo que los alimentos son todos aquellos productos
de origen mineral, animal o vegetal que ingerimos. Una vez ingeridos, comienza
en nuestro cuerpo el proceso de absorción y digestión, mediante el cual, el
organismo obtiene los nutrientes de estos alimentos. Podemos diferenciar entre
macronutrientes –forman mayoritariamente los alimentos y proporcionan energía–
como proteínas, grasas e hidratos de carbono y los micronutrientes –que se
encuentran en menor cantidad, suelen ser esenciales y no aportan energía– como
vitaminas y minerales. Así, los nutrientes son todas las moléculas bioquímicas
que componen todos los alimentos. Estas moléculas serán metabolizadas por
nuestro organismo para la síntesis de nuestras nuevas estructuras moleculares y
la obtención de energía. La energía se obtiene por combustión (oxidación) de
los nutrientes y proporciona distinta cantidad –medida en calorías– en función
de sus características químicas. Todos sabemos que las grasas nos aportan mucha
energía (9 kcal/g) y eso es debido a que tienen un elevado grado de reducción.
El cuerpo "quema" las grasas gracias al oxígeno que respiramos y
obtiene la energía que guarda en los enlaces fosfoanhidro y éster de la
molécula de adenosín trifosfato (ATP). Este ATP es como el dinero que usa el
organismo en las rutas de síntesis (anabólicas) o degradación (catabólicas).
Los hidratos de carbono nos proporcionan menos energía tras la oxidación (4
kcal/g) pero son necesarios para equilibrar el aporte calórico y el tránsito
por el tracto digestivo. Las proteínas aportan la misma cantidad de energía que
los hidratos de carbono (4 kcal/g) pero son imprescindibles para formar, por
ejemplo, músculos, enzimas y anticuerpos. El alcohol no puede ser considerado
como un nutriente, ya que tiene efectos tóxicos, pero es una molécula que al
oxidarse también proporciona mucha energía (7 kcal/g). De modo que, cuando
ingerimos por ejemplo un salmón con patatas (alimentos), estamos digiriendo sus
proteínas, grasas, hidratos de carbono, minerales y vitaminas (nutrientes) para
formar mediante procesos metabólicos nuevos tejidos musculares (estructuras
moleculares) de nuestro cuerpo y obtener ATP (energía).
La pirámide de la alimentación saludable - ¿Por qué insisten
tanto en que una dieta saludable y el ejercicio es indispensable para no
enfermar?
Hace ya unos 2450 años que Hipócrates relacionó los alimentos
con la salud: "Que tu alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu
alimento". Hoy sabemos que la dieta –considerada como el conjunto de
alimentos que ingerimos diariamente– determina nuestra buena o mala salud.
La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria; SENC publicó
recientemente un artículo científico [1] donde se muestra la nueva pirámide de
la alimentación saludable (Fig. 1). Esta edición actualizada, responde a las
nuevas investigaciones científicas realizadas en materia de biología molecular
y bioquímica nutricional. Podemos ver que en la base de esa pirámide, no
tenemos alimentos, sino hábitos de vida saludable. Así, el ejercicio físico es
el factor más importante, ya que regula la ingesta y ayuda al mantenimiento del
equilibrio energético. Es recomendable que cada persona ajuste su ingesta
calórica (las calorías que ingerimos) a sus actividades diarias (las calorías
que gastamos) con el objetivo de mantener un balance neto nulo.
Gracias a la Ciencia he trabajado en distintas partes del mundo
–como Japón, EEUU, India y Bélgica– donde pude experimentar lo diferentes que
son las dietas y hábitos de sus habitantes.
Fig. 1. Pirámide
de la Alimentación Saludable. Sociedad Española de Nutrición Comunitaria
(SENC), 2015.
Aunque proporcionen la misma cantidad de energía, existen muchos
otros factores que definen su salud nutricional, como son el tipo de cocinado,
el tipo y cantidad de las grasas, la calidad proteica medida como cantidad de
aminoácidos esenciales, la cantidad de frutas y verduras o el ejercicio diario
que practican.
La mejor forma de adelgazar es no engordar - ¿Por qué es tan
difícil adelgazar para las personas que tienen sobrepeso u obesidad?
Todos sabemos que, si comemos más de lo que gastamos,
engordaremos. Por el contrario, si comemos menos, no tendremos suficientes
calorías para cubrir las necesidades fisiológicas de nuestro cuerpo y,
adelgazaremos. Aunque esta afirmación es generalmente cierta, muchos otros
factores influyen en la regulación del peso. Esos factores –hormonales,
genéticos, emocionales y evolutivos– son los que definen el grado de dificultad
de las personas para ganar o perder peso. Actualmente, los humanos ingerimos
alimentos varias veces al día. Pero esto no ha sido siempre así. La raza humana
dejó de ser nómada y comenzó a vivir de la agricultura y ganadería hace tan
sólo unos miles de años. Por lo que existían grandes aportes calóricos
puntuales (caza de un gran animal) seguidos de periodos de hambre que
definieron genéticamente los procesos metabólicos y su regulación. Esas
moléculas encargadas de la regulación – como la leptina– ayudan a mantener el
peso óptimo (peso de ajuste) y provocan que tengamos sensación de hambre o
saciedad. ¿Qué ocurre cuando una persona que pesaba X Kg engorda 10Kg? Pues que
desplaza su peso de ajuste a un nuevo valor mayor (X+10). Cuando pretende
adelgazar, todas las señales bioquímicas reguladoras están indicando una
situación de alarma: ¡Atención!, –grita nuestro organismo– necesitamos más
calorías para llegar a ese nuevo peso de ajuste (X+10). El organismo identifica
ese peso mayor como óptimo, aunque esté muy por encima de un peso saludable. El
cuerpo siente lo mismo que nuestros ancestros tras un periodo de caza y
posterior carencia alimentaria. Cuando nos situamos por debajo del peso de
ajuste (X-5), el organismo responde disminuyendo el gasto energético y
produciendo señales para aumentan la ingesta de alimentos. Es decir, el
organismo reduce su gasto y tenemos más hambre. Es por ello, que se produce el
conocido como "efecto rebote" tras abandonar una dieta de
adelgazamiento.
Nutrigenómica y nutrigenética. Lo más nuevo - ¿Por qué a cada
persona le sientan mejor unos alimentos u otros?
Actualmente, existe un aumento notable de las dolencias
relacionadas directamente con la alimentación, tanto en niños como en adultos.
Entre ellas encontramos la obesidad, el síndrome metabólico o distintos tipos
de cánceres. Todas ellas suelen responder a un patrón de dietas poco saludables
y falta de ejercicio. Sin embargo, hoy sabemos por estudios genéticos que, no
todos los seres humanos respondemos igual ante los mismos nutrientes. Por ello,
se están desarrollando dos novedosas disciplinas que estudian a) el efecto
molecular de los nutrientes sobre la expresión de los genes –Nutrigenómica– y
b) los efectos metabólicos o enfermedades que provoca una dieta en las personas
con determinadas variaciones genéticas o mutaciones –Nutrigenética–. Ambas
disciplinas combinan novedosas técnicas tanto de biología molecular como
informáticas para el estudio de la interacción entre nutrientes y genes. Como
veis, la Ciencia siempre hace uso de todos los avances tecnológicos para
avanzar rápido en el conocimiento, en este caso de la biología. Muy pronto,
cada persona podrá adaptar automáticamente su ingesta calórica diaria a sus
gastos energéticos personales. Además, podrá conocer exactamente el efecto de
todos los nutrientes en su organismo y como su organismo –genoma– responde a
esos nutrientes, consiguiendo que su alimentación sea la más adecuada.
Encontré las respuestas a estas preguntas mientras cursaba un
doctorado y viajaba por todo el mundo trabajando como investigadora.
Actualmente desarrollo mi profesión como profesora de la Universidad
Politécnica de Madrid, sigo llevando gafas curiosas, haciendo Ciencia y no dejo
de aprender todos los días junto a mis alumnos. Y a medida que avanzamos en ese
conocimiento nos surgen nuevas preguntas. Esas preguntas son las que podréis
responder vosotros. En el caso de la bioquímica nutricional, será necesario
integrar los conocimientos bioquímicos con el análisis computacional de los
millones de datos biológicos generados, desde el análisis de metabolitos
proteicos hasta la secuenciación masiva de genomas. Y me pregunto, ¿por qué no
puedes ser tú uno de esos jóvenes científicos? ¿Por qué este libro no puede
marcarte la vida, como lo hizo mi libro de experimentos? ¿Te animas a ponerte
las gafas de la curiosidad para llegar a ser un@ buen@ científic@?
Sigue leyendo el libro, ¡esta es tu oportunidad!
Referencias:
[1] Grupo Colaborativo de la Sociedad Española de Nutrición
Comunitaria (SENC): Aranceta Bartrina J, Arija Val V, Maíz Aldalur E,
Martínez de Victoria Muñoz E, Ortega Anta RM, Pérez-Rodrigo C, Quiles
Izquierdo J, Rodríguez Martín A, Román Viñas B, Salvador i Castell G, Tur
Marí JA, Varela Moreiras G, Serra Majem L. Guías alimentarias para la
población española (SENC, diciembre 2016); la nueva pirámide de la
alimentación saludable. Nutr Hosp 2016;33(Supl. 8):1-48. DOI: http://dx.doi.org/10.20960/nh.827
Eva Miedes Vicente.
Profesora Ayudante Doctor.
ETSI Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas. Dpto.
Biotecnología-Biología Vegetal, Universidad Politécnica de Madrid.
Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (CBGP) UPM-INIA
Capítulo 17
Y yo quiero ser...Biotecnóloga
(Por Mayte Conejero Muriel)
Sí, yo quiero ser biotecnóloga, quise ser biotecnóloga y gracias
a ello soy la que soy hoy en día. Pero, ¿por qué ser biotecnólogo/a y no
cualquier otra salida profesional?
Para intentar responder con más contundencia a esta pregunta, y
para encontrar valores más allá de los sentimientos y de ese "algo"
que te lleva a tomar determinadas decisiones en la vida, he planteado esta
pregunta a mis alumnos y alumnas. Han sido varios los que han respondido a la
pregunta cuestionando qué es la biotecnología; otros han indicado la novedad y
expectativa de tener muchas salidas profesionales al ser una carrera
universitaria relativamente novedosa y hay quien ha indicado que sería biotecnólogo/a
para investigar; unos pocos/as han resaltado la idea de poder "crear
inventos" (sobre todo medicamentos, y sobre todo la cura para el cáncer) y
la han relacionado con esta profesión; y alguien ha indicado que para disfrutar
tanto como lo hago yo ejerciendo mi profesión.
Bio ¿qué?
Si hubiera podido contar las veces que me han formulado la
pregunta que da título a este apartado… Aún hoy en día, a menudo, cuando me
preguntan qué he estudiado o a qué me dedico, y respondo con la pablara
biotecnología o biotecnóloga, debo responder a esta pregunta…
La biotecnología es una ciencia multidisciplinar encargada del
estudio y explotación de la materia biológica, los procesos y los sistemas
encontrados en la naturaleza para explorar sus usos de una manera eficiente y
mejorar la calidad de nuestras vidas.
Ante tal definición, queda patente que la biotecnología ha
existido siempre. Así, procesos como la fabricación de vino, pan, queso o
yogurt, son y han sido biotecnología, la denominada hoy en día biotecnología
tradicional.
La biotecnología de los colores. Los colores de la
biotecnología. Aplicaciones.
Ante la definición del apartado anterior, por tanto, la
biotecnología no es una nueva ciencia, sino una ciencia multidisciplinar, que
compendia múltiples ámbitos de múltiples ciencias de múltiples sectores. Así,
se definen los colores de la biotecnología como las aplicaciones o ámbitos en
los que interviene, que como se podrá ver, son muchos y muy variados:
Fig. 1. Algunas ramas que intervienen en la interdisciplinariedad de la
Biotecnología.
-Verde: ámbito de la
agricultura como campo de explotación. En este color la biotecnología se
encarga de la generación de nuevas variedades de plantas de interés, alimentos,
biofuel, biofertilizantes y biopesticidas…
Fig. 2. Clasificación de la biotecnología por colores.
Color controvertido en algunos aspectos dado los movimientos a
favor y en contra de la transgénesis (los famosos OGMs, transgénicos u
organismos genéticamente modificados).Pero también muy importante para la
obtención de medicamentos de alto valor, con interés médico, biosanitario o
industrial.
-Azul: en el que la biotecnología
explota los recursos del mar para la obtención de productos con interés
industrial. Aunque es aún un color por investigar con mayor profundidad y
explotar, ya han sido muchos los medicamentos y, sobre todo, cosméticos, obtenidos
a partir de esta fuente.
-Gris: en este caso la
biotecnología trata de obtener beneficios a partir del medio ambiente,
desarrollando profundamente, y más en los últimos tiempos, técnicas y métodos
para el mantenimiento de la biodiversidad (incluyendo técnicas de clonación,
almacenamiento de genomas, etc.) y la eliminación de elementos contaminantes,
conocido como biorremediación (empleo de microorganismos para la eliminación de
compuestos no deseables).
-Blanco: o biotecnología
industrial (en industria textil, química, papelera, entre otras), en la que se
intenta que los procesos sean más eficientes o menos contaminantes y se
producen e investigan nuevos materiales menos contaminantes en vista al
mantenimiento sostenible de nuestro planeta.
-Rojo: ámbito en el que la
biotecnología se encuentra inmiscuida en la medicina (y de la que es base
fundamental), en la que trata de desarrollar e investigar nuevos medicamentos,
nuevas vacunas y antibióticos, nuevas enfermedades, terapias, etc. Como ejemplo
de técnicas que se emplean en los hospitales de nuestras ciudades tenemos la
terapia génica o la medicina regenerativa, entre otros, que tan buenos
resultados están aportando y salvando tantas enfermedades y vidas.
Biotecnólogos/as
La biotecnología ha existido siempre, pero, ¿las personas que la
empleaban eran biotecnólogos/as? Algunos definen a los biotecnólogos (o
conocidos como biotecs) como profesionales que "estudian la biología, la
ciencia de los seres vivos, asociada a la tecnología". Pero realmente son
los que se encargan, nos encargamos, del desarrollo y aplicación de diferentes
técnicas que nos permitan explotar la materia biológica, así como los procesos
y sistemas que existen naturalmente en nuestro entorno, en nuestra naturaleza,
para obtener beneficios y mejoras aplicadas al ser humano y su entorno. Por
tanto, hasta que no surgió la carrera universitaria especializada, la
biotecnología, los que la ejercían o empleaban, con o sin conocimiento real
sobre ella, de manera tradicional, no eran catalogados como biotecnólogos/as.
Pero ahora ya sí podemos serlo, de manera que si tú quieres
serlo, y te decides a estudiarlo en España, te conviene saber que puedes
hacerlo en las Universidades de Madrid, Valencia, País Vasco, Zaragoza, León
(ciudad donde comenzó esta no nueva profesión), Elche, Oviedo, Sevilla,
Barcelona, Murcia, Extremadura, Cádiz, Almería, Salamanca, Lleida o Vitoria,
entre otras…Eso sí, no olvides que la nota de corte llega a ser de 12,5 puntos
en algunos casos. Y que tendrás asignaturas de múltiples ámbitos de estudio
(algebra, cálculo, química, física, fisiología, medicina nuclear,
radiodiagnóstico, informática, entre otras…) y múltiples prácticas de
laboratorio (aunque dependerá de los planes de estudio de cada universidad en
concreto) en las que podrás averiguar en qué color deseas especializarte y qué
aplicación futura desear fomentar.
¿Para qué?
Hay quien relaciona la biotecnología con la idea de ganar
dinero, de ser autor de algún medicamento que salve a muchas personas y te haga
ganar mucho dinero, o con la idea de crear alguna aplicación o técnica con un
gran ámbito de aplicación. Hay quien relaciona esta profesión con docencia e
investigación en general. Aunque se debe tener en cuenta que en el ámbito de la
investigación son muchos los/as profesionales de la Química, Física, Biología,
Medicina, e Ingeniería, entre otras ramas, que se dedican a aplicar sus
conocimientos para avanzar en ciencias, para desarrollar nuevos productos,
nuevos materiales, nuevos dispositivos, etc.; y esto es porque de la
combinación de conocimientos de múltiples áreas es de donde surgen proyectos,
ideas, prototipos, modelos y productos con fundamento, con éxito.
Fig. 3. Fotografía de trabajo en el laboratorio
Sin embargo, toda profesión a la que decidas dedicar tu vida es
todo eso y mucho más. Mucho más que dinero, mucho más que determinados logros
puntuales, mucho más que un trabajo con el que pasamos los días hasta nuestra
jubilación. La pasión que sentimos por nuestra profesión es ese
"algo" que nos remueve, que nos hace que nos sintamos especiales
ejerciendo, desarrollando una labor y no otra. Ese "algo" que hace
que seamos mejores, los mejores de acuerdo a nuestras posibilidades. Dicen que
es bueno guiarse por los sentimientos, por las intuiciones, por las corazonadas
que te indican que algo irá bien, siempre que la razón te lo consienta. Y es
que, ante todo, además de conceptos, procedimientos y conocimientos de los que
somos responsables los profesores para con nuestro alumnado, el lema que
siempre intento transmitir es "hagas lo que hagas, hazlo con pasión".
Así, elige siempre razonada y pasionalmente cada una de las decisiones que
debas tomar en la vida, y más aún la de tu futuro profesional, en definitiva,
tu vida.
Mayte Conejero Muriel
Doctora en Cristalización y Cristalografía
Biotecnóloga y Profesora de Secundaria y Bachillerato
Capítulo 18
Y yo quiero ser...Biotecnóloga de Plantas
(Por Silvia Jurado Sánchez)
-¿Qué es esto verde que has puesto a crecer en la placa?
-¿Esto? Son células vegetales sin diferenciar, por eso no tienen
forma. ¿Pero sabes una cosa? Son totipotenciales. Ahora le vamos a dar buenas
condiciones para crecer y dependiendo de qué hormonas le suministremos haremos
que se convierta en una raíz o en un tallo.
-¡Madre mía!, pero entonces, ¿es que puedes convertirlas en lo
que tú quieras?
- Pues claro, esto es Biotecnología.
Este fue mi primer contacto con la biotecnología vegetal, y la
verdad es que a mí aquello me pareció magia. Por aquel entonces yo ya estaba en
la facultad estudiando Biología donde había entrado motivada por mi interés en
la Genética y en la Biología Molecular en general, sin embargo desconocía todo
el potencial que la Biotecnología me iba a ofrecer.
En todas las disciplinas de la ciencia podemos encontrar algo de
ciencia ficción, incluso como se dice muchas veces, que con la realidad se
llega mucho más allá de lo imaginado, y la Biotecnología tiene mucho de esto.
Como su propio nombre indica la Biotecnología es la aplicación tecnológica de
los organismos vivos (o de sus derivados) para poder crear o modificar
productos o procesos que tengan diferentes usos. Esta es la definición oficial
que se cita en la Convention on Biological Diversity, Article 2. Use of
Terms, United Nations. 1992. Seguramente como a mí, ésta definición no os
habrá aclarado mucho y os hagáis todavía un montón de preguntas. Por un lado
tenemos entonces los seres vivos, y por el otro cualquier desarrollo
tecnológico o industrial que queramos combinar con los primeros, ¿y esto para
qué sirve?... En realidad esta pregunta es muy difícil de responder y a la vez
es lo que hace que sea un campo de estudio tan interesante, ya que la
Biotecnología puede tener tantos usos como ideas se nos ocurran. De hecho es un
campo tan amplio que vais a oír muchas veces hablar de la Biotecnología
nombrada por colores para poder diferenciar entre distintas áreas. Así, a
grandes rasgos, es habitual oír hablar de Biotecnología roja cuando el campo de
estudio se centra en la medicina, Biotecnología gris si es sobre medio
ambiente, Biotecnología azul cuando se ocupa del medio marino, Biotecnología
blanca la involucrada en los procesos industriales y Biotecnología verde la
centrada en agricultura. A primera vista es lógico pensar que la Biotecnología
de plantas es una Biotecnología verde por definición, al fin y al cabo las
plantas son verdes, ¿no?, pero en realidad las plantas son organismos tan
interesantes que llegan a abarcar toda la escala de colores.
¿Qué es la Biotecnología de plantas?
La Biotecnología de plantas, también conocida como Biotecnología
vegetal, es una rama de la biología que nos proporciona un campo de estudio que
está en auge desde hace pocas décadas, aunque en realidad sus inicios son tan
antiguos que se remontan a la elaboración del pan, de la cerveza o los injertos
en agricultura para obtener nuevas variedades de frutas. Combina las plantas
con procesos tecnológicos pero poco tiene que ver en realidad con el propio
cultivo de las plantas, sino más bien con el entendimiento de su biología para
mejorarlas y/o aprovecharlas como herramientas para su uso industrial.
¿Qué es un biotecnólogo vegetal?
Los biotecnólogos somos esencialmente biólogos moleculares que
nos valemos de otras disciplinas como la Ingeniería genética, la Bioinformática
o la Virología (entre muchas otras) para poder editar la información genética
de los organismos vivos, en este caso, de las plantas. Nuestro trabajo, ya sea
en una Universidad investigando o en una empresa lo realizamos esencialmente
dentro de un laboratorio. Ocasionalmente podemos hacer trabajo de campo, pero
en algún momento volvemos a ponernos la bata blanca. Pero esto no es para nada
aburrido, ¿o acaso en el reparto de la película el personaje más interesante no
es siempre el del científico/a?
¿Qué es lo que podemos hacer los biotecnólogos de plantas?
Los biotecnólogos vegetales conocemos la fisiología y la
anatomía de las plantas y la aprovechamos para hacer mejoras en muchos
sentidos. Queremos, por ejemplo, mejorar los cultivos, con el fin de obtener
cosechas más abundantes, más frutos y más sabrosos, más resistentes a las
enfermedades, al estrés que éstas sufren por el entorno (conocido como estrés
abiótico) o a las plagas de virus o insectos, o que su cultivo requiera
condiciones para crecer menos exigentes y así poder sembrarse en zonas del planeta
desfavorables o con pocos recursos. ¿Os imagináis desarrollar un alimento súper
completo que pueda combatir la desnutrición y sea barato de obtener?, ¿cereales
que puedan alimentarse del aire?, ¿plantas biónicas a partir de nanomateriales
que sustituyen a la luz eléctrica? Pues sí, todas estas plantas ya existen
gracias a la Biotecnología. Aunque también podemos hacer cosas chulas aunque
menos transcendentales como plantas ornamentales fluorescentes que brillan en
la oscuridad, o sandías sin pepitas. Todo depende de la idea que se tenga en la
cabeza y del interés que pueda haber en el mercado para que financien tu
proyecto.
Pero como hemos dicho antes, los biotecnólogos de plantas no nos
centramos sólo en la mejora de las plantas en sí mismas para agricultura o
alimentación, sino que también aportamos importantes descubrimientos en
ecología y medicina. En biorremediación por ejemplo, conocida en nuestro sector
como fitorremediación, permite, gracias a la cualidad que tienen las plantas de
absorber múltiples sustancias, limpiar una zona contaminada con metales pesados
o radiactivos de forma fácil y rápida, barata y que genera pocos residuos. Otro
ejemplo son los biocombustibles, que son especialmente importantes porque
reducen el volumen total de CO2 que se emite en la atmósfera y son una
alternativa muy beneficiosa para al medio ambiente. También la producción de
compuestos de interés industrial es un área en auge. Hablamos aquí de celulosa,
textiles, cosméticos o plásticos.
¿Y en medicina? Tradicionalmente las plantas han sido un aliado
para combatir las enfermedades humanas, pero la biotecnología va un poquito más
lejos de lo que conocemos como plantas medicinales. Las plantas que nosotros
hacemos están modificadas genéticamente para producir proteínas de diseño,
anticuerpos y vacunas, lo que da lugar a multitud de medicamentos. Por poner un
ejemplo, así se ha obtenido una vacuna efectiva contra el ébola u hormonas como
la hormona del crecimiento que podemos usar en personas y tienen la misma
actividad que las que produciría nuestro propio cuerpo. ¿Esto quiere decir que
las plantas pueden producir proteínas iguales a las humanas? Sí, pueden. Y esto
ha dado lugar al uso de las plantas como biofactorías. Plantas que producen proteínas
de diseño a nuestro gusto. No me podéis negar que esto no parece ciencia
ficción.
¿Por qué vas a querer ser biotecnólogo de plantas?
Es un campo aplicado que nos permite trabajar en áreas muy
diferentes como la ecología, la alimentación o la sanidad. Combina
investigación con industria pudiendo desarrollar todo tipo de proyectos que
tienen una utilidad directa, lo cual es muy reconfortante para los que nos
gusta saber qué puede hacerse con los resultados de nuestras investigaciones.
Además vuestros proyectos muchas veces parecerá que rozan la ciencia ficción y
esto os va a permitir desarrollar toda vuestra creatividad.
Y no me podéis negar que las plantas son un regalo; no sólo
producen oxígeno, son bonitas, nos ayudan a sanar, nos alimentan… además cuando
hemos podido ver a nivel microscópico hemos descubierto que sus células son una
fuente productora ideal. Imagínate todo lo que te queda por descubrir.
Let’s go Magic, let’s go Science!
Silvia Jurado Sánchez
Doctora en Biología
Project Manager en AGRENVEC, S.L.
Capítulo 19
Y yo quiero ser...Científica Marina
(Por Laura Prieto Gálvez)
Cuando yo le dije a mi madre en mi Pontevedra natal que quería
estudiar Ciencias del Mar, en junio de 1990, mi madre me preguntó
"¿Ciencias del Mal?, pero ¿eso para qué es?, ¿para leer la mano?" Así
era de desconocida la carrera cuando me picó el gusanillo de estudiar el mar.
Desde aquel día hasta hoy, mucho ha llovido. Finalmente hice mi carrera de 5
años en la Universidad de Cádiz. Para los que penséis que estos estudios
universitarios se tratan de Biología Marina, estáis muy equivocados. Nada más
lejos de la realidad. La carrera de Ciencias del Mar viene a ser como una mesa
de cinco patas, cada una de ellas representada por las cinco ramas de la
ciencia necesarias para entender el mar desde una perspectiva multidisciplinar:
matemáticas, física, química, geología y biología. Pensar que el mar es la
parte más extensa de nuestro planeta Tierra, y que se encuentra en constante
interacción con la atmósfera y con los continentes y los fondos marinos. Al ser
un ambiente tan dinámico, es necesario estudiar tanto su estado general como
los cambios que se producen a diferentes escalas temporales y espaciales, algo
imposible de hacer sin la ayuda de las matemáticas y de la física.
Cuando estaba estudiando mi tercer año de Ciencias del Mar entré
como alumna colaboradora en el grupo de Ecología del Departamento de Biología
Animal, Vegetal y Ecología. Gracias a la labor que hacía en dicho grupo, una
vez era Licenciada en Ciencias del Mar, y el mismo día que era la Graduación,
me embarqué en mi primera campaña oceanográfica "IctioAlboránCádiz
95", la cual se desarrollaba durante un mes en el mar de Alborán, el
estrecho de Gibraltar y el golfo de Cádiz. Ese fue mi bautismo real en la vida
científica marina, estando a pie de cañón en la vorágine de una campaña, con
otros científicos, tomando decisiones, muestreando, analizando, trabajando
jornadas de 14-16 horas. Con los datos obtenidos de dicha campaña, realicé mi
Tesis de Licenciatura, con cuya defensa obtuve el título de Licenciada con
Grado en Ciencias del Mar.
Gracias a la obtención de una beca del Ministerio de Educación y
Ciencia, pude desarrollar mi Tesis Doctoral sobre un tema muy vinculado al
papel que hacen los océanos para mitigar el efecto invernadero: el proceso de
formación de agregados marinos, que es uno de los procesos de los que consta la
bomba biológica de carbono.
Fig. 1. Fotografía tomada en una Campaña Oceanográfica. ¿Quién se apunta?
Esta bomba biológica consiste en que gracias a la fotosíntesis
realizada por el fitoplancton en las capas superficiales del océano, y donde la
concentración de dióxido de carbono está en equilibrio con la atmósfera, esta
nueva biomasa algal, cuando llega el final del periodo que se conoce como
floración del fitoplancton, comienza a adherirse hasta generar agregados de
mayor tamaño que las células individuales de fitoplancton. Estos agregados
sedimentan a mayor velocidad y se produce un transporte de carbono desde las
aguas superficiales hacia las aguas profundas. De esta manera, se
"secuestra" el carbono y queda separado su contacto con la atmósfera
en escalas de tiempo desde décadas a centenas de años. Para la realización de
mi Tesis Doctoral, participé en numerosas campañas oceanográficas (en el océano
Pacífico, en el Atlántico y en el mar Mediterráneo) y realicé varias estancias
en centros de investigación extranjeros (IFM en Kiel, Alemania; Universidad de
Hawaii y Universidad de Columbia en Nueva York).
Tras la defensa de mi Tesis Doctoral, obtuve una beca
Postdoctoral del Ministerio de Educación y Ciencia, para realizar investigación
en la interacción de la oceanografía física con la oceanografía biológica, en
el Lamont Doherty Earth Observatory de la Universidad de Columbia de la ciudad
de Nueva York. Durante esta etapa de mi vida tuve acceso a tecnología de última
generación para poder investigar como un fenómeno físico como es la existencia
de un frente de plataforma, afecta a la producción primaria y por tanto a la
cadena trófica. Pero, ¿qué es un frente de plataforma? La mejor manera de
explicarlo es intentar visualizarlo. Sabéis que en el Atlántico Norte se
encuentra la famosa Corriente del Golfo, tan empleada por los navegantes desde
hace centenas de años, y que es responsable del clima tanto en Europa como en
la costa este de América del Norte (Canadá y Estados Unidos de América). Pues
dicha corriente, cuando va hacia el sur en el oeste del Atlántico Norte, y a
una distancia de la costa donde el fondo marino empieza a tener mayor
profundidad (lo que se conoce como borde de la plataforma continental), genera
un fenómeno físico por el cual, aguas profundas más ricas en nutrientes, suben
hacia profundidades menores donde existe suficiente luz para que las células
del fitoplancton puedan realizar la fotosíntesis. De esta manera se produce una
"fertilización" de las aguas superficiales. Para poder estudiar este
fenómeno se emplearon desde colorantes que eran fluorescentes y se podía
estudiar su dispersión por el mar, hasta sensores que enviaban datos y agua
casi a tiempo real a la cubierta del barco oceanográfico, donde el grupo de
científicos a bordo tomábamos numerosas variables para estudiar este efecto
fertilizador.
Mientras estaba realizando mi estancia Postdoctoral en Nueva
York, fui invitada a participar en una campaña en la cuenca Guaymas, en el
océano Pacífico en la zona de Baja California, para estudiar el proceso de
agregación pero en un ecosistema que se sustenta por un motor totalmente
distinto al habitual: las fuentes hidrotermales profundas. Si normalmente en
los ecosistemas marinos los eslabones más bajos de la cadena trófica comienzan
con el fenómeno de la fotosíntesis, en el caso de las fuentes hidrotermales
profundas el motor es la quimiosíntesis realizada por bacterias que son capaces
de utilizar los compuestos químicos que lleva el agua de mar a muy elevadas
temperaturas y que ha sido transformada y enriquecida al pasar cerca de zonas
activas volcánicamente. La participación en esta campaña me permitió hacer algo
extraordinario como fue bajar a 2100 m de profundidad en el batiscafo ALVIN y
ver con mis propios ojos dicho ecosistema.
Pero mi actividad como científica marina ha continuado
evolucionando y cuando me reincorporé a la comunidad científica en España, mi
línea de investigación la enfoqué en una temática con un impacto claro en la
sociedad en la que vivimos: las medusas. Dada mi experiencia en la oceanografía
biológica, mi estudio sobre estos fascinantes organismos gelatinosos se realiza
desde una perspectiva multidisciplinar, abordando la dinámica de poblaciones de
estos organismos teniendo en cuenta desde los fenómenos meteorológicos, hasta
los climáticos y oceanográficos.
La profesión de científica marina es apasionante. Requiere
dedicación, esfuerzo y vocación. Es un trabajo que te permite realizar parte
del mismo en el laboratorio, otra parte en salidas al mar, de corta duración o
de semanas en campañas oceanográficas, y la mayor parte de tu tiempo te
encuentras en tu mesa con tu ordenador estudiando los trabajos de otros
investigadores, pensando en nuevas ideas, analizando tus propios resultados e
intentando cristalizar tu investigación en publicaciones científicas que aporten
nuevo conocimiento sobre el mar.
Laura Prieto Gálvez
Doctora en Ciencias del Mar; Investigadora Distinguida del
Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, CSIC)
Capítulo 20
Y yo quiero ser...Científico y Músico
(Por Miguel A. Camblor)
Cintas de Möbius de Grafeno en el Jardín Botánico
No puedo evitar estar nervioso, a pesar de decenas de conciertos
anteriores con diferentes bandas y en diferentes escenarios, mientras espero a
mis compañeros de Within Experimental Error (Fig. 1) en el
Jardín Botánico de Madrid.
Fig. 1. Logo de Within Experimental Error (W.E.E.)
Hoy es un concierto muy especial, aunque siempre lo sean: hoy
actuamos en la Noche de los Investigadores, poniendo ritmo a un evento con una
clara vertiente científica y divulgativa organizada por el CSIC. Debería estar
en mi salsa, es ciencia y es música y yo participo en ambas, como público
asistiendo a un encuentro con un neurocientífico y, encima del escenario, como
miembro de la banda de Jazz, Funk y Rythm & Blues del Instituto de Ciencia
de Materiales de Madrid [1]. Cuando por fin veo llegar a mis compañeros
cargados con los instrumentos, me sorprende ver a Fito (Adolfo
González Grushin, físico teórico, guitarrista, cantante, trompetista y showman)
no solo relajado sino muerto de risa: "MSax, tengo una propuesta de
colaboración: cintas de Moebius de grafeno. Tú las sintetizas y yo calculo las
propiedades que tendrán. ¡A lo mejor nos dan el Nobel! Eso sí, lo difícil va a
ser tu parte."
La banda
Durante cerca de siete años, esta banda que montamos sin
muchísimas expectativas más allá de pasarlo bien Simone Fratini, físico
teórico, bajista y contrabajista, y yo, químico experimental y saxofonista,
creció y se consolidó, a pesar de continuos cambios en su formación motivados
por la movilidad característica del personal investigador. Los doctorandos
(Alex, Ainhoa, Fito, André, Marcos, Wagner, Álvaro G., Carlos y Fer) terminaron
sus tesis y emprendieron la "aventura postdoctoral", que es como
llaman los cursis a salir al extranjero a buscarse la vida y seguir
aprendiendo. Y los postdocs (Gladys y Luis) terminaron sus estancias y
emigraron buscando un futuro. El propio Simone volvió a su instituto del CNRS
en Grenoble, donde continúa una muy activa vida científica y musical.
Fig. 2. W.E.E. en CSIC Central, 13/07/2010 (Fer, Ainhoa, Gladys, Fito, Alex
y Miguel)
Para encontrar el tiempo, entre tesis y papers y
experimentos y cálculos, nos escapábamos a la hora de comer a un local de
ensayos que pagábamos entre todos, muchas veces tomando un bocadillo durante el
camino en lugar de la comida. Tocábamos en celebraciones de nuestro instituto y
del CSIC Central, y también en fiestas privadas. En nuestros mejores momentos
llegamos a sonar francamente bien. Nos entrevistaron en varias ocasiones y
llegamos a tocar en vivo, batería incluida, en el programa de la cadena
SER Carrusel de Verano, de Alberto Granados. Como norma general,
causaba sorpresa una banda de músicos-científicos.
Ciencia y música
¿Por qué la sorpresa? Yo no lo sé, y no quiero pensar que, en
general, se considere a los científicos gente distraída y despistada, encerrada
en su torre de marfil, incapaz de dejar de pensar en electrones, pterodáctilos,
números de oxidación, retículos endoplasmáticos, hipernovas y ecuaciones
dificilísimas. Los ejemplos de músicos-científicos, o científicos-músicos, son
tan abundantes que me da pereza siquiera relatarlos, aparte de que no quisiera
dar la impresión de que pretendo compararnos con nadie. Pero habrá que
mencionar unos pocos ejemplos, para sacudir el polvo a esas posibles
concepciones tan alejadas de la realidad.
Por ejemplo, diré que el gran William Hershel, entre otras cosas
descubridor de los rayos infrarojos y de Urano, fue un multiinstrumentista
virtuoso y un compositor muy reconocido antes de decidir dedicarse junto a su
hermana Caroline, cantante soprano, a la astronomía. O que Alexander Borodin,
uno de los compositores del Club de los Cinco, representantes del
romanticismo nacionalista ruso, se ganaba la vida como profesor de química. O
que Elgar, la quintaesencia de la música británica (hablamos, obviamente, de la
etapa previa a los Beatles) era un gran aficionado a la química y
tenía su propio laboratorio casero (The Ark), en el que desarrolló un
aparato para la producción de sulfuro de hidrógeno que patentó y comercializó.
Y que, si bien la pasión de Einstein por el violín es muy conocida, quizá no lo
sea tanto que el padre de la física cuántica, Max Planck, era un consumado
pianista que hubo de decidir en su juventud si se dedicaba a la música o a la
física. Eso mismo sucedió a Ilya Prigogine, físico-químico estudioso de los
sistemas complejos y de la termodinámica alejada del equilibrio. Y quizá se
desconoce que el gran Fletcher Henderson tuvo que ganarse la vida como
pianista, compositor, arreglista y líder de Big Band porque un químico y
matemático, siendo negro, no tenía grandes oportunidades en la época y lugar en
los que le tocó vivir. Terminó contribuyendo de una manera sobresaliente al
desarrollo de la orquestación del Jazz, a la definición del género Swing y a la
propia concepción de la Big Band.
Pero los ejemplos no están solo en la música clásica o el Jazz:
Brian May, guitarrista de Queen, es doctor en astrofísica y Mike
Einziger, guitarrista de Incubus y Time Lapse
Consortium ha cursado estudios de historia y filosofía de la física. Y
en España el músico Antonio Arias, de Lagartija Nick, y el
astrónomo y agitador científico-cultural José A. Caballero, del Centro de
Astrobiología (INTA-CSIC), han creado el proyecto
"astro-musical" unitedsoundsofcosmos como
instrumento de divulgación y educación, con participación de un gran número de
músicos [2]. Otro ejemplo interesante es el de Ramón López de Mántaras,
director e investigador del Instituto de Investigación en Inteligencia
Artificial (IIIA) del CSIC. Ramón no solo es pianista y un gran aficionado al
Jazz, además investiga, entre otras cosas, en la aplicación de la inteligencia
artificial a la síntesis de música expresiva. El programa SaxEx del IIIA es
capaz de generar interpretaciones de saxo tenor alegre o triste, por ejemplo, a
partir de una entrada de datos inexpresiva [3].
En general, posiblemente se pueda decir que los científicos
suelen tener un enorme aprecio por la música, incluso si no llegan a los
extremos del físico V. F. Weisskopf, que decía que cuando la vida se pone
difícil hay dos cosas que hacen que merezca la pena seguir viviéndola: Mozart y
la mecánica cuántica. En la música hay claramente algo matemático, abstracto y
racional, además de su capacidad para provocar un impacto emocional y sensitivo
en el oyente. Según Leibniz, matemático, filósofo y teórico de la música y de
la percepción tonal, el placer de la música es el placer de contar sin darte
cuenta de que estás contando. Y para Tim Gowers, matemático célebre, ganador de
la medalla Fields (el "Nobel de Matematicas") y pianista de Jazz, las
matemáticas y la música manejan estructuras abstractas, así que si eres bueno
en una no es extraño que seas bueno en la otra. Se ha argumentado también que
el pensamiento creativo es transdisciplinar y transferible de un campo a otro
[4], y que habilidades útiles para un músico (formación y reconocimiento de
patrones, pensamiento analógico y analítico, imaginación y sensibilidad
estética, gusto por la experimentación, búsqueda de lo original y novedoso,
imaginación, perfeccionismo, inconformismo, espíritu crítico) lo son también en
un científico.
Mi conclusión es que lo sorprendente y difícil de entender es
que cause extrañeza una banda de científicos, cuando los científicos músicos
son legión. ¡Pero si incluso el bioquímico que acuñó el término
"vitamina" se apellidaba Funk!
Música y zeolitas
Yo trabajo con zeolitas, materiales cristalinos microporosos con
muchas aplicaciones y propiedades muy interesantes y variadas.
A través de sus poros, de tamaño similar a moléculas pequeñas,
pueden difundir gases y reaccionar allí de una manera diferente a como lo
harían en un espacio mayor. También se pueden separar mezclas de gases, o
cambiar cationes (como el calcio del agua) por otros. Las zeolitas pueden ser
ácidos sólidos que mantienes en la mano sin que te quemen. Pueden emplearse en
una variedad enorme de aplicaciones, algunas tan peculiares como el
acondicionamiento de campos de golf (con tecnología desarrollada por la NASA
para la colonización del espacio), o la fabricación de barriles de cerveza que
se enfrían solos.
Pero sus campos de aplicación más importantes tienen que ver con
la catálisis (promover que una reacción química se produzca de una determinada
manera y produzca un determinado compuesto y no otro), la separación o
purificación de gases (por ejemplo, obtención de N2 y O2 a
partir del aire sin usar bajas temperaturas) y como aditivos para detergentes
(ablandando el agua, es decir, cambiando Ca2+ y Mg2+ por
Na+, para que se pueda formar espuma).
Fig. 3. ITQ-7, una zeolita descubierta por el autor y su entonces estudiante
de doctorado, el profesor y trompetista L. Å. Villaescusa.
Puedes pensar que es algo muy raro, y que se escribe raro [5],
pero casi con seguridad tienes zeolitas cerca de ti. Por ejemplo, si en casa,
en clase o en el trabajo tienes ventanas aislantes de las que tienen múltiples
paneles de vidrio, o si usas detergentes de los llamados ecológicos, tienes
zeolitas cerca.
Conozco a unos cuantos músicos trabajando con zeolitas,
incluyendo a varios de mis alumnos de doctorado (Luis Å. Villaescusa, aprendiz
de trompetista, Alex Rojas, batería en WEE, Peng Jacky Lu,
cantante). Pero, aparte de eso, no veo que haya ninguna relación entre música y
zeolitas, aunque en una ocasión el cantautor Ricardo Cantalapiedra, encarnado
en su alter ego Rocky Bolero, me dedicó una canción cambiándole la
letra: ese lunar que tienes, zeolito lindo, junto a la boca... Mi
dedicación a las zeolitas y a la música parecen ser proyectos independientes,
aunque es verdad que siempre quise llevar una doble vida.
La música porque sí.
Al final de aquella Noche de los Investigadores con la que abría
estas páginas nos entrevistó una periodista de El Mundo, que publicó la noticia
en su versión digital al día siguiente bajo el titular "La música por si
acaso" [6]. ¿Por si acaso? Bueno, podría tener sentido, estábamos a
finales de 2010, la crisis había llegado para quedarse e iba a golpear muy
fuertemente a la ciencia en España, y al CSIC en particular, de una manera muy
cobarde, cebándose en sus eslabones más débiles. De los 7 músicos que tocaron
aquel día yo era el único con un puesto fijo. La inmensa mayoría de los cerca
de 20 músicos-científicos, físicos y químicos, experimentales y teóricos, que
pasaron por W.E.E. están hoy fuera del CSIC, fuera de España y
de sus países de origen. Una auténtica diáspora científica. Solo tenemos un
puesto estable en el CSIC los que ya lo teníamos antes de la crisis (Arturo,
Álvaro B. y yo). Pero casi todos siguen, que yo sepa, en mayor o menor grado,
en la ciencia y en la música, y no creo que ninguno estuviera en W.E.E. buscando
una alternativa a nada. Era y sigue siendo la música y la ciencia porque sí,
por vocación, porque es divertido y emocionante. Por último aclaro que, aunque
se me ocurrió una mínima parte de una estrategia para sintetizar cintas de
Moebius de grafeno, finalmente solo las "sinteticé" de papel.
Referencias y Notas:
[3] http://www.iiia.csic.es/~arcos/noos/Demos/Aff-Example.html
[4] R. S. Root-Bernstein, Leonardo, Vol. 34, No. 1,
pp. 63–68, 2001.
[5] "Zeolita" viene de dos palabras griegas, ζέω (zeo,
hervir) y λίθος (litos, piedra): "piedra que hierve". Por eso se
escribe con zeta (zeo).
[6] C.
Andreotti, La música por si acaso,
Miguel A. Camblor
Doctor en Ciencias Químicas; Profesor Investigación, Instituto
de Ciencia de Materiales de Madrid, CSIC
Capítulo 21
Y yo quiero ser...Como Santiago Ramón y Cajal
(Por Juan A. de Carlos Segovia)
La verdad es que, desde muy pequeño, he querido ser médico. Sin
embargo, cuando me llegó el momento de entrar en la Universidad me di cuenta
que no era el único que había pensado en lo mismo. Era como si todo el mundo
quisiese estudiar medicina y las distintas facultades, repartidas por todo el
territorio español, se encontraban desbordadas de solicitudes de entrada.
Conclusión, te exigían una nota media bastante alta para poder acceder a sus
aulas. Yo no lo logré y opté por la facultad de Biológicas, pues otra de mis
inquietudes era la biología marina, con el firme propósito de hacer la
especialidad en Oceanografía. Al acabar el tercer curso, cuando debía decidirme
por la especialidad para continuar la carrera, mis predilecciones habían
cambiado. Esto fue debido, entre otras cosas, por la lectura del libro de Paul
De Kruif titulado "Cazadores de Microbios", que me metió el gusanillo
de la investigación en biomedicina, por lo que decidí enrolarme en la
especialidad de Bioquímica y Biología Molecular. Dicho y hecho. Cuando acabé la
carrera quise hacer un doctorado que acabaría defenestrándome, tarde o temprano
a la investigación biológica. Pero (siempre tiene que haber algún pero…), había
olvidado algo importante en los años en que me movía. No había hecho el
servicio militar, dado que lo había ido retrasando mediante permisos de
estudio, y ahora la Patria me lo demandaba. Por sorteo, entré en el cuerpo de
Ingenieros donde pasé trece meses de mi vida sirviendo en una compañía de
transmisiones, de acción inmediata, en la III Región Militar, comandada por
aquel entonces por el General Jaime Milans del Bosch y Ussía. Controvertido
militar que se haría famoso por su participación en el intento de golpe de
Estado de 1981. Por cierto, dicho sarao aconteció solamente un mes después de
haberme licenciado del ejército, por lo que me libré de que me sacaran a las
calles de la ciudad de Valencia, armado hasta los dientes, sin saber qué era lo
que estaba pasando esa fatídica noche del 23 de febrero, cosa que les ocurrió a
mis antiguos compañeros de cuartel.
Estabilizada la democracia me di cuenta que nadie iba a venir a
casa a ofrecerme hacer la tesis doctoral en un tema de rabiosa actualidad, así
que me tiré a la calle a buscar un laboratorio de mi interés que me aceptara.
La cosa no resultó fácil, dado que, si lograba que algún IP se interesara por
mí, había que hacer una memoria de trabajo y solicitar una beca, cosa altamente
competitiva y de difícil obtención. Puedo asegurar que me recorrí muchos
laboratorios, tanto de la universidad como del CSIC, sin conseguir realmente
nada. Por lo general muy buenas palabras y recomendaciones de unos colegas a
otros y casi nada más.
Ahora sería imposible, pero entonces se podía hacer algo que no
estaba mal visto. Me refiero a poder trabajar en un laboratorio sin
financiación. Es más, era una cosa común, donde los becarios, sin beca, poco
menos que hacíamos cola para que el jefe nos fuera presentando, por riguroso
orden de incorporación, a concursar por una beca que nos llevase, en última
instancia, a obtener el tan deseado título de doctor. Pero como todos los que
conocéis este mundillo sabéis, la cosa no acaba ahí. Después vendrán varios
años de postdoc en el extranjero y las duras oposiciones para lograr el
funcionariado en alguna de las escalas científicas del CSIC o de la
Universidad.
Sea como fuere, y haciendo uso de valiosas recomendaciones,
entré a trabajar en un laboratorio del Instituto de Edafología (estudio de
suelos) del CSIC. Allí se trabajaba en toxicología de plaguicidas y yo empecé a
estudiar cómo se acumulaban distintos tóxicos en las aceitunas. Trabajo más
químico que otra cosa, pues hacíamos extracciones con solventes orgánicos,
cromatografía de gases, etc. Nada que me entusiasmase en absoluto, pero dado a
como estaba el patio aguanté allí hasta vislumbrar alternativas mejores. Dado
que no cobraba nada de dinero, aleccionado por un amigo, me apunté en una
asociación de extras de cine, donde nos llamaban de vez en cuando para hacer
figuración en películas. Eso me proporcionó un poco de dinero para mis gastos.
Aquello era otro mundo. Por supuesto muy distinto al mundo académico por el que
estaba luchando para hacerme un hueco, pero que sin duda me reportó algunas
satisfacciones y, de hecho, me catapultó, sin darme cuenta, a lo que finalmente
me dedicaría toda la vida, la Neurociencia. ¿Cómo pudo ser esto? En 1982, José
María Forqué dirige una serie para TVE sobre la biografía de Santiago Ramón y
Cajal, y fui llamado en varias ocasiones para hacer distintas escenas. Esa
serie fue el acercamiento de Cajal a la población de a pie y he de confesar que
para mí también fue así, pues yo en aquella época sabía muy poquito de Cajal.
La lectura de sus "Reglas y consejos para la investigación biológica"
me fascinó. Pero la puntilla me la dio conocer por aquellos días a la que con
el tiempo se convertiría en mi mujer, que trabajaba, mientras estudiaba la
carrera, de ayudante del Profesor Valverde, uno de los científicos más
conocidos del Instituto Cajal. De su mano entré en ese Instituto y de su mano
empecé a admirar a Cajal. Introducido en la histología del sistema nervioso
quedé hechizado por la belleza e idiosincrasia de las neuronas y no pude más
que pedir al Profesor Valverde que me permitiese hacer la tesis doctoral con
él. Cuando logre que me aceptase (no cogía a nadie y yo me convertí en su
primer doctorando), dije adiós al laboratorio de toxicología del Instituto de
Edafología y me instalé en el Instituto Cajal, centro que ya solo dejaría para
hacer una estancia postdoctoral de tres años en los EEUU.
El Instituto Cajal supuso para mí aprender mucha neurociencia y
definirme por la investigación en Neurobiología del desarrollo, lo que me hizo
admirar tremendamente a Cajal, valorar sus investigaciones, sus descubrimientos
y desear ser como él. Cajal vivió en un ambiente hostil para le investigación
en la España de final del siglo XIX. Sin embargo, hizo descubrimientos
seminales que sentaron las bases de las Neurociencias modernas al ser capaz de
elaborar y enunciar la Teoría Neuronal. Demostró inequívocamente
que el sistema nervioso está formado por células individuales, neuronas
(término acuñado posteriormente por Waldeyer), que se conectan entre sí por
contigüidad y no por continuidad como se pensaba en aquella época. Dichas
conexiones se realizan mediante pequeños contactos, hoy denominados sinapsis
(término acuñado por Sherrington). La célula nerviosa se compone de tres partes
diferenciadas y especializadas, el cuerpo celular o soma, el axón y las
prolongaciones dendríticas (denominados inicialmente por Deiters como
cilindro-eje y procesos protoplásmicos, respectivamente). Los estudios
anatómicos de Cajal siempre estuvieron enfocados a un contexto funcional. En
este sentido, una de sus hipótesis más destacadas fue la Ley de la
polarización dinámica, que pone de manifiesto que las neuronas están
polarizadas funcionalmente, de tal manera que los impulsos eléctricos son
captados por las dendritas y se propagan desde estas estructuras al cuerpo
celular, donde se procesan y son conducidos y liberados por el axón. El genio
de Cajal era tal que siempre vio a las neuronas como unidades que procesan
información, que hacen conexiones y se organizan en redes dinámicas (circuitos)
para llevar a cabo distintas funciones.
Sin lugar a dudas, la Teoría Neuronal constituye la base para
entender la organización del sistema nervioso. Cajal, además de estudiar y
describir todas las estructuras del sistema nervioso central y periférico, en
distintas especies animales, incluido el hombre, aportó pequeños detalles
anatómicos que nos explican la funcionalidad y fisiología de este sistema. Así,
describe unos apéndices sésiles sobre las dendritas de las células piramidales
(células de proyección), a los que denomina espinas dendríticas.
Estos aparatos aumentan enormemente la superficie de las dendritas y están
directamente implicadas en las comunicaciones que se realizan entre las
células. Hoy en día sabemos que sobre las espinas dendríticas se realizan las
sinapsis excitatorias, realizándose los contactos inhibitorios sobre los
segmentos desnudos de las dendritas y sobre el cuerpo celular. Así mismo,
describe el cono de crecimiento, una estructura con forma de cono
que se encuentra en el extremo de los procesos celulares en crecimiento. Lo
describe como una estructura cambiante que va sondeando el camino y tomando
decisiones por donde deben crecer las fibras nerviosas. Esto lo hacen en virtud
a la atracción que inducen unas moléculas difusibles secretadas por células o
estructuras próximas que crean gradientes químicos, y esto no es ni más ni
menos que el fenómeno de la quimiotaxis.
A parte de sus estudios sobre histología general y anatomía
patológica, los últimos aspectos que aborda sobre el sistema nervioso es el
estudio de la degeneración del mismo y su posible regeneración.
Cajal recibe muchos premios y distinciones a lo largo de su
vida; entre las más importantes se encuentran: el Premio Moscú (1900), la
Medalla de Oro de Helmholtz (1905) y el Premio Nobel en Medicina o Fisiología
(1906).
La verdad, no pude encontrar mejor maestro, aquel año de 1982,
que Cajal, para querer ser como él y dedicar mi vida al estudio del sistema
nervioso.
Juan A. de Carlos Segovia
Doctor en Neurobiología; Investigador Científico, Instituto
Cajal CSIC
Capítulo 22
Y yo quiero ser...Cristalógrafo
(Por Martín Martínez-Ripoll)
Aún recuerdo cuando en una clase del primer año de licenciatura,
un decidido profesor de geología hacía girar un taco de madera que sostenía
entre dos dedos de su mano.
Fig. 1. Octaedro
El sólido que mostraba estaba tallado en forma de octaedro (Fig.
1), y dándole vueltas trataba inútilmente de que entendiéramos el significado
de frases parecidas a "…y esta es la cara uno, uno, cero…". Un
compañero, más perspicaz que yo, insinuó que debía de tratarse de alguna
explicación sobre algo que parecía estar relacionado con los cristales. Pero
mirando de reojo a las desvencijadas cristaleras de las ventanas de la Facultad
nos preguntamos ¿de qué cristales estaría hablando? Finalmente pudimos deducir
que todo aquello probablemente estaría relacionado con los minerales pero, en
cualquier caso, el asunto pasó al sueño de los justos durante el resto de la
licenciatura. Curiosidades del destino… pasados aquellos años, aquel joven
estudiante de química acabó el resto de su vida conquistado, no por los tacos
de madera o por las frases enigmáticas, sino por algo tan atractivo y potente,
tan antiguo y tan moderno, como es la ciencia que estudia los cristales, la
Cristalografía. Veamos pues de qué cristales hablaba aquel profesor, cuál es la
magia e importancia que encierran, y dónde se pueden encontrar, ya que
precisamente es en las "cristalerías" en donde no venden cristales.
¿Qué son los cristales, qué es la cristalografía y para qué
sirve?
La cristalografía es la ciencia que estudia los cristales. Hoy
sabemos que los cristales están hechos de átomos, moléculas y/o iones que se
apilan ordenadamente, y con cierta simetría, en las tres direcciones del
espacio, tal y como en ocasiones se ven las piezas de fruta en un mercado (Fig.
2).
Estos modos de empaquetamiento y repetición internos provocan en
los cristales diferentes tipos de hábitos (formas externas), que en el caso de
los minerales, y desde hace miles de años, llamaron la atención por sus
propiedades y colores. Muy probablemente esta aclaración ya le habrá servido al
lector para darse cuenta de que, cuando llamamos "cristales" a los
materiales que cierran nuestras ventanas, cometemos un error.
Esta perversión lingüística hay buscarla en el hecho de que en
el siglo I d.C. los antiguos romanos usaban grandes cristales del mineral Lapis
specularis (el nombre en latín para los cristales de yeso
trasparente), exfoliados en láminas, para cerrar las ventanas de sus
invernaderos.
Y es que esta forma deshidratada del sulfato de calcio, debido a
su transparencia, gran tamaño y planaridad, se extraía en grandes cantidades de
las minas de Segóbriga (España). Los mal llamados cristales de las ventanas de
hoy son realmente vidrios, materiales cuyos átomos apenas muestran orden de
apilamiento en su interior.
Fig. 2. El apilamiento ordenado de objetos (naranjas, átomos, o moléculas)
genera formas externas llamativas.
Los cristales representan la forma más estable de la materia.
Los encontramos en toda la Naturaleza, desde los minerales hasta en la nieve o
los huesos, o los usamos en la memoria de nuestros teléfonos, el fuselaje de
los aviones, el chocolate, los fármacos, y en general en casi cualquier tipo de
materia. Con las primeras herramientas que se desarrollaron durante el siglo XX
alrededor de esta ciencia, la cristalografía pasó del estudio de la morfología
y simetría de los cristales a ser la herramienta fundamental para averiguar la
estructura intima de la materia, sea ésta viva o inanimada. Conocer la
estructura interna de la materia significa averiguar las posiciones de todos
los átomos que la forman y determinar sus modos de unión, generalmente en forma
de agrupaciones atómicas que conocemos con el nombre de moléculas.
Fig. 3. Sólo después de que por medio de la cristalografía se pudiera
determinar la estructura molecular de la penicilina (1945), los químicos
pudieron abordar su síntesis, consiguiendo así salvar millones de vidas.
La estructura tridimensional, atómica y molecular, de la materia
genera un conocimiento muy valioso que es utilizado por químicos, físicos,
biólogos, bioquímicos y muchos otros investigadores, pues esta información
permite no sólo comprender las propiedades de la materia, sino también
modificarlas para nuestro beneficio (Fig. 3).
¿Y cómo se consigue todo esto? ¿Hay una luz capaz de dejarnos
ver el interior de los cristales?
Asomarse al interior de un cristal no deja de ser una
experiencia parecida a la del astrofísico que, por primera vez, ve una galaxia
que nadie vio antes. Y aunque el mundo que explora el cristalógrafo no mire
hacia el cielo, y sea de dimensiones cien millones de veces más pequeñas que un
garbanzo, ¡es realmente mágico! En él flotan los átomos, como si de astros se
tratara, unidos por fuerzas de muy diversa naturaleza, dando lugar a
empaquetamientos y formas caprichosas que llamamos moléculas, a veces giradas
unas respecto de otras, y en ocasiones como asomadas a un espejo. Pero la magia
no reside exclusivamente en la observación de las formas de este microcosmos,
sino también en el camino que conduce a su descubrimiento.
Salvo en el caso de los minerales, el trabajo del cristalógrafo
comienza con la obtención de cristales, un proceso no siempre sencillo, pero
especialmente delicado en el caso de la materia animada, como las proteínas y
los enzimas, pues estas sustancias generan cristales que pueden contener hasta
un 80% de agua en su interior. Es realmente sorprendente comprobar que tras
experimentar con diferentes condiciones, como por ejemplo añadiendo
determinadas sales, o cambiando el pH, una gota de una disolución de una
macromolécula se llena de diminutos cristales, con caras y aristas
perfectamente delimitadas, aunque extremadamente frágiles. Pero lo más
llamativo comienza a partir de aquí, pues es necesario disponer de algún
artilugio capaz de escudriñar el interior de uno de esos cristales. El proceso
que nos permite dicha incursión fue descubierto en 1912, hace algo más de cien
años, por un científico alemán, Max von Laue, que tuvo la brillante idea de
iluminar un cristal de sulfato de cobre con una luz cuya naturaleza nadie
conocía, los rayos X, descubiertos años antes (1895) por otro alemán, Wilhelm
Conrad Röntgen. El resultado de aquel experimento mató dos pájaros de un tiro;
puso de manifiesto que los rayos X eran de naturaleza ondulatoria (como lo es
la luz visible) y que dichas ondas eran capaces de dispersarse de modo muy
especial a través de los cristales, lo cual demostraba que éstos constituían un
medio ordenado que hacía las veces de rendijas dispersoras. El orden interno de
los cristales provoca que la dispersión de los rayos X sea cooperativa y este
fenómeno, conocido con el nombre de difracción, da lugar a cientos, miles, y
cientos de miles de ennegrecimientos en una placa fotográfica.
Fig. 4. Descubrir la estructura de los cristales es como resolver un puzle
con piezas que no contienen dibujos.
Pero una vez obtenido el patrón de difracción, es cuando debe de
producirse un supuesto milagro, pues el cristalógrafo necesita virtualmente
"recorrer el camino inverso" que viajan los rayos X cuando van desde
el cristal hasta la placa fotográfica (el detector). El grave problema que se
plantea es que retroceder ese camino es como tratar de resolver un puzle con
cientos, miles y cientos de miles de piezas que no disponen de dibujo y apenas
de perfil (Fig. 4). Los haces de rayos X difractados (ondas) llegan al
detector, unos respecto a otros, en un estado de vibración que no podemos medir
experimentalmente. Son las matemáticas a través de la denominada
"transformada de Fourier" la que, mediante ingeniosos procedimientos,
nos permite finalmente llegar al punto de partida, al interior del cristal, y
descubrir todos los detalles de ese mundo microscópico en donde
"viven" los átomos y las moléculas.
Fig. 5. Estructura molecular de LytC, una enzima de la bacteria
Streptococcus pneumoniae.
De este modo, la cristalografía, con la ayuda de los rayos X,
resulta ser como una "lupa mágica" capaz de desvelar el interior de
la materia. ¡Pero tampoco concluye aquí la tarea del cristalógrafo! Al margen
de la satisfacción que supone haber desvelado la forma y dimensiones de las
moléculas, o del ordenamiento interno de un cristal, el último desafío consiste
no sólo en analizar esas estructuras, sino en comprenderlas y sugerir pequeños
cambios en dichas estructuras para mejorar sus propiedades físicas y químicas,
incluyendo su actividad biológica. Gracias al ingente conocimiento que nos
proporciona la cristalografía (que hasta la fecha ya ha generado hasta 29
Laureados Nobel) somos capaces de producir materiales con propiedades
prediseñadas, desde catalizadores para una reacción química de interés
industrial, hasta pasta de dientes, placas de vitrocerámica, materiales de gran
dureza para uso quirúrgico, o determinados componentes de los aviones, por
poner algunos ejemplos. Más aún, la cristalografía nos proporcionó los secretos
del ADN, el llamado código genético. Podemos aumentar la resistencia de las
plantas frente al deterioro medioambiental y diseñamos fármacos capaces de
interaccionar con las proteínas, las máquinas de la vida. Somos capaces de
comprender, modificar o inhibir enzimas implicados en procesos fundamentales de
la vida y muy importantes para los mecanismos de señalización que ocurren en el
interior de nuestras células, como el cáncer. También gracias a la
cristalografía hemos conocido la estructura del ribosoma, la mayor fábrica de
proteínas de nuestras células, y podemos entender el funcionamiento de los
antibióticos y modificar su estructura molecular para mejorar su eficacia. De
la estructura de enzimas producidas por ciertos virus (Fig. 5), hemos aprendido
cómo combatir bacterias con alta resistencia a antibióticos, y ya somos capaces
de desentrañar las sutiles maquinarias de defensa que han desarrollado estos
gérmenes, con lo que no es un sueño pensar que podremos combatirlos con herramientas
alternativas a los antibióticos.
El lector interesado debería consultar el portal dedicado a la
enseñanza de esta disciplina [1], y adicionalmente, si le resulta más agradable
el contacto con el papel, le remitimos a un ensayo reciente [2].
A modo de conclusión
La cristalografía es probablemente una de las disciplinas
científicas más transversal o pluridisciplinar, amén de útil para la ciencia
actual. Necesita de las matemáticas y de la física para comprender la
naturaleza repetitiva de los cristales y para interpretar el fenómeno de la
difracción de los rayos X, y al demostrar la indiscutible relación existente
entre la estructura tridimensional de los materiales y sus propiedades, la
cristalografía contribuye decisivamente al avance de la química, la física aplicada,
la ciencia de materiales, la geología, la bioquímica, la biología molecular y
la biomedicina. ¡Apúntate!
Referencias:
[1] F.H. Cano, M. Martínez-Ripoll,
"Cristalografía-Crystallography", Web para la
enseñanza de la Cristalografía,
[2] M. Martínez-Ripoll, J.A. Hermoso, A. Albert (coord.),
"A través del cristal. Cómo la cristalografía ha cambiado la visión del
mundo", CSIC-Catarata (2014), 196 págs., ISBN:
978-84-00-09800-1.
Martín Martínez-Ripoll
Doctor en Ciencias Químicas; Profesor de Investigación Ad
Honorem, Instituto de Química-Física "Rocasolano", CSIC
Capítulo 23
Y yo quiero ser...Dendroecóloga
(Por Elena Granda)
Seguramente sea la primera vez que leas la palabra
«dendroecología», a pesar de la importancia de esta rama de la Ecología
fundamental para comprender mejor nuestro pasado, presente y futuro. Está
formada por el prefijo dendro- (del griego dendron), que significa
«árbol» y por la raíz -ecología, también procedente del griego, que hace
referencia a «la ciencia que estudia los seres vivos como habitantes de un
medio, así como las relaciones que mantienen entre sí y con el medio donde
habitan». Juntándolo todo tenemos que la dendroecología es la ciencia que
estudia los árboles y las relaciones que estos mantienen con el ambiente que
les rodea. Yo, como dendroecóloga, me dedico a estudiar cómo funcionan los
árboles en su entorno para poder predecir cómo pueden cambiar nuestros bosques
en los próximos años. La gente piensa que voy al campo a abrazar árboles y no
van muy desencaminados… Pero, además de abrazarlos, los estudio, los mido y
¡hasta los pincho!
¿Por qué abrazar árboles?
Porque los árboles, como organismos capaces de fabricar su
propio alimento, nos aportan el oxígeno que respiramos. Gracias a la
fotosíntesis las plantas absorben dióxido de carbono (CO2) de la
atmósfera y liberan oxígeno (O2). Así que la importancia de las
plantas es evidente: sin ellas no existirían los organismos que necesitan
respirar oxígeno, como los seres humanos. Pero además tienen beneficios
incontables: dan cobijo a los animales, absorben contaminantes, favorecen las
características del suelo, evitan la erosión… En el caso particular de las
plantas leñosas (árboles y arbustos) su importancia radica en que son perennes,
es decir, que no mueren tras la estación de crecimiento y reproducción. Esto
implica que la cantidad de CO2 ―causante del calentamiento
global― que pueden captar es muy grande y éste, en lugar de ser liberado de
nuevo al ambiente, queda almacenado en los bosques, retenido en la madera,
raíces, ramas y hojas durante mucho tiempo.
Fig. 1. Esquema en el que se muestra la extracción de un testigo de madera
de una conífera (a) para el posterior estudio de los anillos de crecimiento
(b), que nos proporcionan gran cantidad de información ambiental, histórica y
climática si somos capaces de interpretarla (c).
Todos estos beneficios hacen necesario que cuidemos los árboles,
abrazándolos o no, pero sobre todo conservando y protegiendo los ecosistemas
donde viven, que es uno de los objetivos de los dendroecólogos.
¿Por qué pinchar los árboles?
Una de las características más increíbles de los árboles es su
longevidad; son seres vivos capaces de vivir muchos años. Muchos más que los
humanos. Por ejemplo: recientemente he estado trabajando con pinos de alta
montaña del Pirineo que tenían hasta 800 años, es decir, que germinaron en el
siglo xiii. Incluso se han encontrado en Estados Unidos árboles con ¡más de
5000 años! Dado que los árboles son capaces de almacenar información
(ambiental, histórica y climática) en cada año de crecimiento, el encontrar un
árbol viejo para mí es como para un historiador descubrir un archivo muy
antiguo repleto de información. Los dendroecólogos somos capaces de entender
esa información almacenada en la madera durante cientos de años. ¿Cómo? Pues
muy fácil: gracias a que los árboles no sólo crecen en altura, sino también en
grosor y, al hacerlo, forman un anillo de madera distinto cada año. Es como si
nosotros engordáramos un poco cada año y con ello dejásemos una marca en
nuestro cuerpo. Sin embargo, a diferencia de los humanos que dejamos de crecer
(¡en tamaño!) tras la adolescencia, los árboles forman anillos desde los
primeros años de vida hasta que son viejos y mueren. Para poder acceder a esa
información, los dendroecólogos «pinchamos los árboles» con una barrena y de
esa forma obtenemos un testigo de madera o core en inglés
(Fig. 1a). Estos cores son unos cilindros extraídos del tronco
(Fig. 1b), desde el centro del árbol (médula) hasta la corteza, y en los cuales
se ven todos los anillos de crecimiento. Un dendroecólogo tiene la capacidad de
estudiar toda la información que nos proporciona cada anillo (Fig. 1c).
¿Por qué se forman los anillos de crecimiento en la madera?
No todas las plantas forman anillos de crecimiento, solo las
leñosas: árboles y arbustos. Y no todos los árboles y arbustos forman anillos
cada año tampoco, ya que la formación de un anillo implica que haya un parón en
el crecimiento por la estacionalidad del clima. Por lo tanto, en las zonas del
planeta donde las condiciones climáticas varían poco durante el año, como en
las zonas tropicales bajas, no hay un parón del crecimiento en los árboles y no
somos capaces de ver la diferencia entre años. Sin embargo, en ecosistemas
templados y mediterráneos, como los que encontramos en la Península Ibérica,
las estaciones con condiciones climáticas muy distintas van a dar lugar a la
formación de anillos (Fig. 2). Así, el árbol empieza a crecer en la estación
favorable (primavera), cuando las temperaturas templadas y la lluvia permiten
una activación de los tejidos vegetales del árbol tras el invierno. El árbol
sigue creciendo hasta que el calor intenso y la falta de agua impiden la
formación de nuevas células (finales de verano y principios de otoño).
Fig. 2. Testigo de madera o core en el que pueden verse: el centro del árbol
(médula), la corteza (parte más externa) y los anillos de crecimiento. Se
muestra el detalle de uno de los anillos, correspondiente al año 1970, en el
que se ven las células (vasos conductores de savia) formadas al principio de la
primavera y aquellas formadas al final del verano, cuando termina la estación
de crecimiento.
Es en esa época cuando el árbol, en lugar de formar más células
conductoras de savia, lo que hace es usar más carbono para hacer las paredes
celulares más gruesas (Fig. 2). Por ello vemos una zona más oscura (células de
paredes engrosadas) que corresponde al parón de crecimiento. Finalmente, el
árbol pasa por una fase en la que se mantiene «dormido», es decir, vivo pero
sin crecer por limitaciones de frío (invierno). Gracias a estas fases tan
marcadas, al estudiar los anillos podemos conocer cómo ha sido el
funcionamiento de los árboles a lo largo del año y compararlo con los distintos
años durante toda su vida.
¿Por qué es interesante entender el crecimiento de un árbol?
Existen principalmente tres características que definen el
funcionamiento de un árbol: su crecimiento, su reproducción y su supervivencia.
Así, es imprescindible el estudio de esas tres características para comprender
cómo funcionan los árboles y los bosques en los que habitan. Y la
dendroecología está destinada a entender el crecimiento fundamentalmente,
aunque éste está muy relacionado con la reproducción y con la supervivencia.
Por ejemplo, la mayoría de los árboles necesitan alcanzar un tamaño mínimo para
poder reproducirse y el hecho de que un árbol deje de crecer puede dar lugar a
la muerte del mismo si esta parada del crecimiento se prolonga en el tiempo.
Hay numerosos factores que pueden afectar al crecimiento, como por ejemplo las
interacciones con otros individuos de su misma o de distintas especies. Estas
interacciones pueden ser negativas, como la competencia con otros individuos
por el agua cuando hay sequías, lo que da lugar a una disminución del
crecimiento. Por otro lado también existen las interacciones positivas, como
cuando unos árboles mejoran las condiciones del medio ambiente donde viven y de
esta forma favorecen el crecimiento de otros árboles cercanos. Sin embargo, los
factores más importantes que afectan al crecimiento son los climáticos. En
ocasiones los árboles pueden estar prácticamente sin crecer durante varios años
cuando están muy estresados sin que esto suponga que estén muertos. Porque sí,
¡los árboles también se estresan!
¿Por qué se estresan los árboles?
El cambio climático ha producido alteraciones de la temperatura
y las precipitaciones durante las últimas décadas debido al aumento en los
gases de efecto invernadero en la atmósfera. Uno de estos gases es el dióxido
de carbono (CO2) que está directamente relacionado con el
calentamiento global. En países de clima mediterráneo, por ejemplo, se han
registrado aumentos de temperatura de hasta 1,3ºC desde la Revolución
Industrial, cuando empezaron a emitirse estos gases a la atmósfera. Pero además
han aumentado recientemente las condiciones extremas de sequía y hay mayor
riesgo de incendios y lluvias torrenciales. Como hemos visto antes el
crecimiento de los árboles está muy relacionado con el clima, por lo que parece
evidente que va a haber una serie de consecuencias de estos cambios climáticos
en el funcionamiento de los árboles y, por tanto, en los bosques. Cabría pensar
que estas consecuencias podrían llegar a ser beneficiosas: si hay más CO2 en
la atmósfera, los árboles deberían crecer más ya que son organismos que se
alimentan del dióxido de carbono. Sin embargo, esto normalmente no ocurre
porque el aumento de CO2 está asociado a la sequía y el
calentamiento global y estos son factores que producen estrés en las plantas.
Dicho estrés da lugar al cierre de los estomas (poros que hay en las hojas por
donde entran y salen moléculas de CO2 y agua) y como
consecuencia no pueden aprovechar esa mayor cantidad de alimento. Si lo
comparamos con los humanos, sería como si nos encontráramos ante una mesa llena
de comida pero tuviéramos la boca cerrada y no pudiésemos comer nada. Los
dendroecólogos podemos conocer cuánto carbono han consumido y utilizado los
árboles cada año, lo cual nos da información de su nivel de estrés. Además, los
árboles sufren enfermedades que, como las de los humanos, tienen relación con
diferentes organismos que se aprovechan de ellos para sobrevivir. Un claro
ejemplo es el caso del muérdago, una planta hemiparásita que le roba el
alimento a los árboles; o la procesionaria, insecto cuyas larvas se alimentan
de las hojas. Pues bien, estas enfermedades y otras, que se están extendiendo
en mayor medida en los últimos años, pueden ser detectadas históricamente en
los anillos de crecimiento.
Dado que el cambio climático y la alteración de la atmósfera
pueden perjudicar el funcionamiento de una o varias especies leñosas, se
esperan cambios en la composición de nuestros paisajes boscosos como los
conocemos en la actualidad. Por tanto, es necesario que nos esforcemos en
limitar las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera y en
conservar los bosques impidiendo los incendios provocados, conservando la
biodiversidad y evitando la mortalidad de los árboles. Para ello es importante
conocer qué árboles están estresados, las causas y consecuencias, así como
conocer la forma en la que actúan ante ese estrés. Así, el papel de los
dendroecólogos es fundamental para predecir qué va a pasar en el futuro con
nuestros bosques y minimizar las consecuencias del cambio climático en la
medida de lo posible. ¡Os animo a cuidar nuestros bosques, abrazar nuestros
árboles y estudiarlos para comprenderlos mejor!
Elena Granda
Doctora en Biología; Investigadora Postdoctoral, Instituto
Pirenaico de Ecología, IPE-CSIC
Capítulo 24
Y yo quiero ser...Ecóloga Evolutiva
(Por María del Pilar López Martínez)
Me hubiera gustado comenzar este texto con alguna anécdota
entrañable de mi infancia que explicara de manera atractiva por qué me he
dedicado laboralmente a la ecología evolutiva. Y no es que no las haya, que las
hay y muchas, sino que realmente estoy convencida de que han sido las
circunstancias las que, a fin de cuentas, han hecho de mí una bióloga
interesada en el estudio de la ecología y la evolución de los seres vivos.
Estudié biología, porque desde siempre me han gustado los animales. Pero han
sido buenos profesores de la Universidad Complutense de Madrid los que además
de enseñarme los conceptos académicos, me enseñaron a disfrutar con el trabajo
de campo rutinario y la toma de datos. Fui afortunada y obtuve una beca para
hacer mi tesis doctoral en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, y aunque me
gustaba mucho más el campo que el laboratorio, fue mi director de tesis
realmente el que me ofreció trabajar con las adaptaciones ecológicas de un
reptil subterráneo. Mis amigos y compañeros del departamento de Ecología
Evolutiva donde disfruto de mi plaza de Investigadora, y demás colegas que
posteriormente he ido conociendo en otros centros de investigación, congresos y
reuniones han ido formándome y enseñándome a lo largo de mi carrera científica.
Incluso, los editores y revisores de mis artículos científicos, con sus
críticas constructivas, o no tanto, han influido en la calidad de mi
currículum. Mi hija, que siendo como es, me ha dejado conciliar sin problemas
mi vida laboral y personal. Y por supuesto Darwin y su teoría de la Evolución.
Estas "circunstancias" que decía al comienzo, son las que han
dirigido, a fin de cuentas, mi carrera investigadora. Sin todos ellos, la cosa
nunca hubiera sido de la misma manera. Seguro.
¿Qué es la Ecología Evolutiva?
Cuando a cualquiera le preguntan qué es la ecología es muy fácil
que sepa responder. La ecología es la parte de la biología que estudia las
relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio en el que viven. Es una
definición que hemos escuchado o leído en libros de texto muchísimas veces.
Pero, ¿qué es la ecología evolutiva?
Fig. 1. Fotografía de Charles Darwin y de su libro On the Origin of Species,
publicado el 24 de noviembre de 1859 donde se postula la teoría de la evolución
por selección natural. Créditos: De
J. Cameron - Desconocido; Dominio
público
La ecología evolutiva estudia las causas y las consecuencias de
la diversidad de la vida. Analiza la diversidad de las características
morfológicas, demográficas y de comportamiento en los organismos y el grado de
adaptación de estos al medio ambiente, incluyendo su contexto social, e
identifica las presiones selectivas que influyen o han influido en la evolución
de las características que se observan en ese organismo en la actualidad.
Existen, como vemos, 2 conceptos evolutivos que convierten a la ecología en
ecología evolutiva. La selección natural y la adaptación. En la Teoría de la
Evolución, Darwin afirmaba que la selección natural es el mecanismo, que ha
hecho cambiar, evolucionar, a los organismos hasta su estado actual. El
ambiente en el que viven los organismos va cambiando, y estos cambios generan
problemas que los organismos deben resolver para poder crecer y reproducirse.
Las soluciones a estos problemas son las adaptaciones. La adaptación, por
tanto, es un proceso por el cual los organismos se adaptan a su ambiente y que
afecta a su supervivencia y éxito reproductivo.
Una de las principales críticas que ha recibido más a menudo la
teoría evolutiva es la idea errónea de que la evolución selecciona solamente a
los individuos más fuertes y mejores de una población o de una especie. Sin
embargo, esta afirmación no es cierta en ningún momento. La selección no
favorece a los mejores, sino a los que mejor se adaptan a los cambios que se
producen en el ambiente. La selección natural funciona por cambios ambientales
y no va dirigida a ningún fin u objetivo. Es decir, la evolución no va
encaminada a conseguir un resultado determinado. Así, se favorecen algunas
adaptaciones en determinados momentos de la vida de un organismo, pero estas
pueden ir en una dirección o en otra. Y no va encaminada a ningún fin concreto.
La ecología evolutiva es una ciencia multidisciplinar y se
alimenta de otras ciencias tales como la genética, la química, la física, la
geología, la geografía, etc. En nuestros trabajos de investigación utilizamos
muchas herramientas matemáticas, como la estadística y también se utilizan
modelos matemáticos que realicen simulaciones.
Existen diferentes niveles en los estudios de ecología
evolutiva, que van desde el individuo hasta el estudio de poblaciones
(individuos de una misma especie que comparten hábitat), comunidades (conjunto
de poblaciones que comparten hábitat) o ecosistemas. Las principales áreas de
investigación en ecología evolutiva, son la ecología del comportamiento animal,
la evolución de las historias de vida, la selección sexual y el cuidado
parental, las estrategias reproductivas, la ecología y evolución del parasitismo,
la comunicación animal, y la biología de la conservación.
La ecología evolutiva es considerada por algunos una ciencia
básica. Es decir, que la utilidad de sus estudios sería únicamente el aumento
del conocimiento científico sobre un tema o una especie determinada. Sin
embargo, la ecología evolutiva es también una ciencia aplicada, ya que es útil
para intentar combatir algunos de los problemas de nuestra sociedad actual,
como son la pérdida de hábitats, la conservación de las especies en peligro de
extinción, el cambio climático, la propagación de plagas o enfermedades. El
objetivo principal de los estudios ecológicos es proporcionar los conocimientos
científicos necesarios para colaborar en la gestión y conservación de la
biodiversidad.
Algunas cosas que investigo: Señalización Múltiple en reptiles
Mis investigaciones en ecología evolutiva se han basado
fundamentalmente en los temas de selección sexual y comunicación animal.
Fig. 2. Macho de lagarto verdinegro (Lacerta schreiberi) en la sierra de
Guadarrama con la coloración azulada en la cabeza típica de la época
reproductiva.
Me interesa especialmente conocer cómo los animales son capaces
de comunicar a otros individuos de su misma especie o de otra, distintos
aspectos tales como su estado reproductor, su salud, su estatus de dominancia,
y cómo estas señales, especialmente las señales visuales y químicas, se
mantienen evolutivamente. Me gustaría ilustrarlo con dos ejemplos de
utilización de señales múltiples, visuales y químicas en 2 especies de reptiles
con los que he trabajado frecuentemente.
Muchos animales producen señales sexuales diferentes o
múltiples, incluso en distintos canales sensoriales (señales sexuales visuales
o químicas a la vez).
Fig. 3. Pareja de lagartijas carpetanas (Iberolacerta cyreni) en la sierra
de Guadarrama. El macho, de coloración más verdosa, está cortejando a la hembra
para intentar conseguir una cópula
Nos preguntábamos por qué existe esta señalización múltiple y su
función. En el caso del lagarto verdinegro (Lacerta schreiberi), los
machos adultos tienen una coloración verde en el dorso, amarilla en el vientre
y azul en la cabeza. Al analizar estos colores con un espectrofotómetro,
encontramos que los machos más dominantes tienen los colores azules y verdes
más brillantes. Estas coloraciones sirven, por tanto, para señalar el estatus
de dominancia a otros machos. Sin embargo, los machos con mejor estado de salud
tienen un color ventral amarillo más brillante, de manera que esta coloración
sirve para señalar a las hembras la buena calidad genética de los machos. Estas
señales visuales múltiples revelan diferentes mensajes dependiendo de si el
receptor es macho o hembra.
Los machos de la lagartija carpetana (Iberolacerta cyreni)
utilizan las secreciones de sus poros femorales como señales químicas
múltiples. Analizando la composición química de estas secreciones mediante
cromatografía de gases, encontramos que los machos con mayor tamaño corporal y
más dominantes tienen también más colesterol en sus secreciones.
Fig. 4. Mi hija Ana y yo haciendo "trabajo de campo" en Kenia.
Este compuesto, sirve, por tanto, para señalar el estatus de
dominancia a otros machos. Por otro lado, los machos con mejor estado de salud
y mejor condición corporal tienen mayores cantidades de provitamina D y de
ácido oleico en sus secreciones y son más atractivos para las hembras. Esta
información puede ser utilizada por las hembras para escoger pareja. Al igual
que la coloración, las señales químicas múltiples revelan diferentes mensajes
según el sexo del receptor. El desarrollo de estas señales, basado en
diferentes mecanismos morfológicos y fisiológicos y compromisos, permite que
sean señales fiables y honestas que son utilizadas para tomar decisiones
relacionadas con la reproducción.
Quedan muchas cosas por hacer. Muchas hipótesis que comprobar,
miles de experimentos que realizar, y muchos artículos por escribir. ¿Te
apetece?
"No es la más fuerte de las especies la que sobrevive y
tampoco la más inteligente. Sobrevive aquella que más se adapta al
cambio". Charles Darwin.
María del Pilar López Martínez
Doctora en Ciencias Biológicas
Investigadora Científica del CSIC. Museo Nacional de Ciencias
Naturales; Editora de la revista e-VOLUCION de la Sociedad Española de Biología
Evolutiva (www.sesbe.org)
Capítulo 25
Y yo quiero ser...Ecólogo
(Por Cayetano Gutiérrez Cánovas)
Aunque hablaré mucho de ciencia, la finalidad de esta historia
es mostrar la belleza que encierra el proceso de aprendizaje y mutación que
sufrimos al iniciarnos en la investigación, en particular, durante la tesis
doctoral: romper las barreras de lo establecido, mirar más allá del horizonte y
comenzar a apreciar la incertidumbre y la libertad que conlleva un guion en
blanco. Épicas batallas contra todo y contra uno mismo, en la que algunas
personas luchan por ganar, otras por disfrutar y otras por inspirar o ser
recordadas. Esta es mi historia.
Patatas fritas, olivas y CO2: caminando hacia la
ecología
Un pensamiento recurrente en mi juventud era el futuro. No sabía
muy bien cómo sería mi vida, qué estudiaría o dónde acabaría trabajando. Todas
las opciones estaban abiertas. Inexperiencia, miedos e incertidumbre colaboran
para nublar tu mente y dificultar la tarea de decidir. Mirando atrás, me doy
cuenta de lo complicado que es descubrir lo que te gusta y elegir una carrera
profesional con tan sólo 18 años. En aquel momento, mi mente inundada de
inseguridades se decantaba por carreras relacionadas con la ciencia y la
naturaleza. Y con el tiempo me di cuenta que esa pasión por descifrar los
misterios de la vida se debía al contacto con el mundo natural -y sus frutos-
durante mi infancia. Recuerdo que era un niño muy follonero y que una de las
pocas cosas que me entretenía era estar con mi madre en la cocina. Algo tuve
que aprender, porque un día que no estaban mis padres me lancé a imitar lo que
había visto: cogí una patata, la pelé y corté, puse aceite en la sartén y las
freí, observando de puntillas la mágica transformación. Pese a la posible
imprudencia, esta experiencia creativa me causó un gran impacto y decidí
repetirla numerosas veces. Por otra parte, mis abuelos tenían una casa en el
campo y me enseñaron a trabajar la tierra y recoger sus frutos. Sinceramente,
el campo no siempre me gustó. No me hacía mucha ilusión madrugar un domingo
para ir a recoger olivas y helarme de frío. Pero, con el tiempo, la semilla de
la naturaleza germinó, creció y se convirtió en una gran pasión: todas esas
horas de trabajo y observación me hicieron apreciar todas las maravillas que
encierra la naturaleza. Además, mi padre, profesor de física y química, siempre
se preocupó por enseñarme formulas químicas y curiosidades científicas que
despertaron en mí un gran interés por conocer e investigar los secretos
escondidos en moléculas, seres vivos o sistemas planetarios. La mezcla de todos
ingredientes precipitó que decidiera estudiar Ciencias Ambientales, quizás no
era la carrera con más futuro, pero sí la que más me ilusionaba. Más tarde, me
aventuré como alumno interno en el Departamento de Ecología de la Universidad
de Murcia para conocer de primera mano el mundo de la investigación. La
experiencia me encantó y al acabar la carrera quise empezar una tesis doctoral.
Todavía recuerdo con gran emoción el día que conseguí el contrato para hacer la
tesis. Fue una alegría enorme y el principio de una gran aventura. Por aquel
entonces, ni me podía imaginar las grandes experiencias que vendrían, los
retos, las personas que conocería o los momentos difíciles y gloriosos en los
que me vería envuelto. Sin duda, la tesis es un gran viaje en el que se sabe
dónde se empieza pero nunca dónde vas a acabar. Os quiero contar aquí los
aprendizajes principales que me ha enseñado la ecología durante la tesis y en
etapas posteriores.
La diversidad de la vida y su respuesta al cambio global
Una de las características de la vida es su potencial evolutivo
y adaptativo, que ha hecho los seres vivos conquisten hasta el último rincón
del planeta. De entre los millones de especies que habitan la Tierra -lo que
llamamos biodiversidad- muchos viven en zonas muy productivas y benignas, como
los bosques tropicales, mientras que otros han sido capaces de colonizar las
zonas más inhóspitas del planeta como los desiertos o tundras.
Fig. 1. (a) Muestreando un río en Murcia, (b) Río Lozoya
(Madrid), (c) Campaña de muestreo en Marruecos. Dos ejemplos de insectos
acuáticos (c) adulto volador de caballito del diablo y (d) escarabajo acuático,
Fotos a, b, c y e: Ecología Acuática, UMU. Foto d: www.flagstaffotos.com.au(Licencia CC 3.0)
Todos ellos tienen adaptaciones biológicas que les permiten
sobrevivir, colaborar y competir dentro de un rango de condiciones en el cual
pueden desarrollar su ciclo vital. Por ejemplo, algunas plantas, como los
cactus, son capaces de hacer la fotosíntesis sin apenas perder agua, mientras
que otros organismos poseen enzimas que les permiten resistir temperaturas
extremas. Sin embargo, las actividades humanas como la destrucción de hábitats
naturales, la agricultura o el cambio climático, están cambiando las
condiciones del planeta y llevando a muchos organismos al borde de la
extinción. Este proceso se conoce como cambio global y supone un gran problema.
Para comprender mejor cómo se pierde la biodiversidad en
respuesta a este cambio global, hemos estudiado qué características hacen que
los organismos sean más o menos sensibles a las presiones humanas usando los
ríos como ecosistema modelo (Fig. 1).En general, vemos que la pérdida de
hábitats naturales reduce la biodiversidad en todas sus formas: número de
especies, diversidad de adaptaciones biológicas y diversidad de genes. Por
ejemplo, hemos observado que los animales grandes o los depredadores suelen ser
más sensibles a los cambios ambientales, en comparación con organismos pequeños
y de mayor flexibilidad alimenticia.
La importancia de la biodiversidad
Al igual que en el deporte o en la música cada miembro de un
equipo o de un grupo juega un papel distinto y fundamental, que contribuye al
resultado final, ya sea ayudando a ganar un partido o haciendo que una canción
suene bien.
Si hablamos de un equipo de fútbol (Fig. 2a), veremos que hay
cuatro funciones fundamentales: portero, defensa, centrocampista y delantero.
Curiosamente, veremos que los 11 jugadores no se distribuyen de manera
equitativa entre las cuatro funciones, ya que la mayoría de jugadores son
defensas y los centrocampistas, que suman normalmente ocho. Para los que no os
guste el fútbol, podéis pensar en una orquesta donde podremos encontrar varios
instrumentos, donde algunos, como los violines, son mucho más frecuentes que el
piano o la percusión. Si hiciéramos un experimento y fuéramos eliminando
jugadores o músicos al azar, al tiempo que evaluamos cómo cambia el juego del
equipo o la melodía, podríamos averiguar la importancia de cada elemento,
jugador o músico, en estos sistemas. Así, imaginad que quitamos a un elemento
que no está repetido, por ejemplo, el portero o la percusión. En este caso, es
posible que el sistema no sea capaz de desarrollar un funcionamiento correcto,
por ejemplo, encajando muchos goles o perdiendo el ritmo.
Fig. 2. (a) Equipo de fútbol, (b) ecosistema natural. Fotos: Boletusedulis
(Autor: Strobilomyces), musgo (B. Blaylock), esparto (C. Niehaus), pino
carrasco (Accurimbono), líquen (J. Hollinger), abeja (Jon Sullivan), mariquita
(libre), conejo (J.J. Harrison), salmón (T. Knepp), lobo ibérico (A. de Frías
Marqués) y oso pardo (F.C. Franklin).(Licencia CC 3.0)
Uno de los hallazgos más apasionantes en los últimos 20 años de
ecología ha sido comprobar que la naturaleza juega como un equipo o un grupo de
música a la hora de proporcionar funciones ecosistémicas (Fig. 2b), como la
producción primaria o el reciclaje de nutrientes. Anteriormente, los ecólogos
pensaban que el clima, el suelo u otras condiciones ambientales eran los
motores principales de estas funciones. Sin embargo, recientemente hemos
observado que la diversidad de organismos incrementa notablemente el número de
funciones ecológicas que proporciona un ecosistema. Estas funciones son clave
para la producción de alimento, madera o fibras naturales y para la capacidad
reparadora de los ecosistemas. Por lo tanto, preservar la biodiversidad es
esencial para garantizar que podamos seguir teniendo tierras fértiles, agua
potable o mares productivos. En resumen, la biodiversidad es clave para nuestra
supervivencia.
La naturaleza como maestra
Si hay algo que he aprendido es que no hay mejor maestra que la
naturaleza. En nuestra corta estancia en este planeta (aproximadamente, unos
200.000 años), los humanos hemos avanzado mucho, pero estamos muy lejos de los
logros de la naturaleza. La vida apareció en la Tierra hace unos 3.800 millones
de años y, desde entonces, ha superado todos los retos imaginables,
descubriendo los secretos de la sostenibilidad y la armonía. En estos momentos
nos enfrentamos a la mayor crisis ambiental que hemos sufrido en toda nuestra
historia, donde que la acción conjunta del cambio climático, el agotamiento de
recursos y el aumento de la población mundial están causando problemas sin
precedentes. Nuestro modelo económico y social es el motor de estos problemas y
urge encontrar una alternativa. En este sentido, la naturaleza nos ofrece un
modelo que ha persistido a lo largo del tiempo, que se basa en los recursos
locales, energías renovables y diversidad. Nuevas disciplinas, como la
biomímesis, están combinando la ecología con la agricultura, la arquitectura o
la ingeniería para diseñar agricultura diversa y de bajo impacto o construyendo
trenes más eficientes inspirados en el martín pescador. Aprendamos de la
naturaleza a hacer un mundo mejor. Aprovechemos que hay muchos investigadores
con ganas de explorar más allá del horizonte y compartir su botín con la
sociedad.
Cayetano Gutiérrez Cánovas
Doctor en Biología; Investigador postdoctoral – Juan de la
Cierva, Universitat de Barcelona
Capítulo 26
Y yo quiero ser...Ecólogo
(Por Gustavo Tomás Gutiérrez)
Dicen que los niños no mienten. Hay niños a los que les encantan
las máquinas. Otros que se pasarían todo el día subidos a una bicicleta. O
pegados a una pantalla. O aporreando una batería. Y hay otros que disfrutan
curioseando por el campo o en el jardín de su casa, observando bichos o
persiguiendo lagartijas. Sea cual sea la actividad que los mantenga
ensimismados, es más que probable que aquello que llamamos vocación guarde
relación con esa actividad. Y aquello en lo que muestren más interés, será sin
duda donde más realizados se sientan si, a lo largo de su vida, consiguen
dedicarse profesionalmente a ello. Y tanto más cuanto más logren difuminar esa
línea que separa afición de trabajo.
Hay algo intrínsecamente ligado a nuestro ser que nos empuja a
observar e intentar comprender el mundo natural que nos rodea. Nuestro entorno.
Es por ello que la Ecología es posiblemente la ciencia más antigua que existe.
Nuestros primitivos ancestros debieron atesorar un conocimiento exhaustivo de
las potenciales utilidades de toda una variedad de seres vivos con los que
cohabitaron, desde hongos a plantas y animales. De su capacidad para observar,
aprender y utilizar los recursos naturales dependía su supervivencia. Debían
conocer qué alimentos aparecían en qué lugares y en qué momento del año. Dónde
encontrar agua. Intentar predecir el clima. Y resguardarse de sus inclemencias.
Evitar ser comidos. Eludir y paliar las enfermedades. Hubieron de aprender a
optimizar su interacción con las demás especies de su entorno, y con sus
congéneres. Exactamente tal y como sucede hoy en día, aunque el desarrollo
tecnológico que parece haber alcanzado nuestra especie contribuya a que con
frecuencia se nos olvide que no somos sino un ser vivo más, un simple eslabón
del ecosistema, y que nuestro bienestar y supervivencia dependen, mucho más
íntimamente de lo que creemos, de los demás seres vivos de nuestro entorno.
Cada día.
La palabra Ecología proviene del griego Oikos, que
significa casa, hogar. Se dedica por lo tanto al estudio de nuestro entorno,
sea éste inmediato o lejano según dónde consideremos que están los límites de
nuestro hogar. Una definición más precisa de la Ecología sería el estudio
científico de las interacciones entre los seres vivos y con su medio ambiente.
El medio ambiente engloba todos aquellos factores que influyen sobre un
organismo, e incluye factores abióticos como la temperatura o la precipitación,
y factores bióticos como son otros organismos de su misma y de otras especies.
Tras unos inicios más orientados al estudio de los primeros, una de las
vertientes más apasionantes de la Ecología moderna se centra en los segundos
factores, en determinar cómo se modulan las interacciones entre organismos. Si
bien existen otras, las tres principales interacciones que se producen entre
los seres vivos, y que gobiernan en gran medida su distribución y abundancia,
son la competencia, la depredación y el parasitismo. Al igual que antes, las
dos primeras fueron abordadas tempranamente por la Ecología. Por el contrario,
el estudio del parasitismo es más reciente, y se vio favorecido por el
desarrollo de técnicas apropiadas para poder observar a los parásitos, que son
con frecuencia seres de pequeño tamaño.
En Ecología se trabaja siempre al amparo de un marco evolutivo,
pues nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución. Ninguna
otra idea en biología es tan poderosa científicamente ni tan estimulante
intelectualmente como la evolución. La teoría de la evolución propuesta por
Charles Darwin en "El origen de las especies" es seguramente
la idea más importante e influyente desarrollada por la mente humana. Nos
proporciona el prisma necesario desde el que observar y comprender nuestro
alrededor, y nos permite ir respondiendo a preguntas fundamentales que abarcan
desde el origen mismo de la vida y de nuestra existencia, pasando por la
gestión y manejo de nuestro entorno, hasta elaborar predicciones sobre lo que
nos deparará el futuro a medio y largo plazo. La evolución biológica puede
definirse como el cambio en las características de las poblaciones de
organismos a lo largo de las generaciones. Este cambio se produce gracias a la
otra idea brillantemente vislumbrada por Darwin: la selección natural. Ésta
tiene lugar siempre y cuando exista variabilidad en alguna característica, que
determine diferencias en fecundidad y/o supervivencia entre individuos, y que
sea heredable. Y estas tres características ocurren en todas las poblaciones de
seres vivos. Incluidos nosotros mismos, por supuesto.
Así, como no podría ser de otra manera, la Ecología, al igual
que su objeto de estudio, es una ciencia en constante evolución. Si en el siglo
pasado estuvo enfocada principalmente a la descripción de nuestro medio
ambiente, en la actualidad nuestra sociedad nos enfrenta a nuevos retos. La
población humana del planeta continúa incrementándose de modo aparentemente
inexorable. Esta superpoblación conlleva unas consecuencias de las que todos
somos en mayor o menor medida conscientes, originadas principalmente por la
necesidad de obtener alimentos y recursos para una población cada vez más
numerosa. La destrucción o modificación de la naturaleza para proveer campos de
cultivo o pastos para la producción de ganado, el agotamiento de los recursos
pesqueros, el cambio ambiental global, la extinción de especies, o la
contaminación y acumulación de residuos, son solo algunos ejemplos de lo que la
expansión de nuestra especie por el globo ha provocado, y cuyos efectos se han
acentuado tras las revoluciones industrial y tecnológica. Algunos
investigadores incluso consideran que nos enfrentamos a una nueva era
planetaria que han dado en llamar el antropoceno. Hoy más que nunca, la
sociedad llama a la puerta de la investigación para demandar soluciones. Y los
Ecólogos estamos en disposición, como ningún otro sector de la sociedad, para
sentar las bases que proporcionen herramientas y respuestas a los desafíos a
los que nos enfrentamos y que amenazan nuestra supervivencia en el planeta. Tan
sólo integrando la información recabada por Ecólogos y Biólogos Evolutivos en
sus amplios y variados campos de investigación, podremos garantizar el
equilibro de los diferentes ecosistemas que habitamos.
En la práctica, el trabajo de un Ecólogo comienza observando la
naturaleza y planteándose preguntas a las que poder dar respuesta. Esas
preguntas son infinitas y pueden ser de muy diversa índole: ¿Para qué le sirve
la cola al pavo real? ¿Por qué existen leones sin melena? ¿Cómo saben las
golondrinas cuándo emprender el vuelo hacia África? ¿Por qué los mosquitos
pican más a unas personas que a otras? ¿Cómo afecta la deforestación del
Amazonas al clima mundial? ¿Por qué las flores son de los colores que son? ¿Por
qué saltan los delfines? ¿Por qué nos atraen las personas con los ojos verdes?
… Una vez definida la pregunta a la que deseamos dar respuesta, un Ecólogo
plantea hipótesis sobre esa función, ese mecanismo, ese comportamiento, o ese
proceso, y formula predicciones sobre lo que ha de ocurrir en caso de que esas
hipótesis sean ciertas. A continuación, diseña investigaciones concretas
decidiendo qué datos y mediciones necesita tomar, o qué muestras es necesario
recolectar para poder responder a esas preguntas. Posteriormente procede a
analizar esas muestras, y luego, mediante análisis estadísticos, interpreta
esos datos para comprobar la validez de sus hipótesis. El trabajo de un Ecólogo
finaliza dando a conocer los resultados de sus investigaciones, usualmente en
forma de artículos científicos y comunicaciones en congresos. De este modo, el
conocimiento se va acumulando, puede ser utilizado por otros investigadores,
percola en la sociedad, y lleva al planteamiento de nuevas preguntas, para así
conocer cada vez mejor el mundo que nos rodea. Nuestro hogar.
Para dar respuestas a esas preguntas, un Ecólogo ha de
aventurarse a menudo en lugares naturales fascinantes (Fig. 1). Personalmente,
he tenido la fortuna de poder realizar trabajo de campo para mis
investigaciones, o para asistir a colegas en sus estudios, en frondosos bosques
de varios Parques Nacionales de España y de los Países Bajos, en las laderas de
un volcán de México, en las islas Galápagos, en la selvas de la Amazonía, en
bosques tropicales secos de Ecuador, o en una isla paradisíaca (¡con una única
palmera!) perdida en el océano Pacífico. Muchos de estos lugares son con
frecuencia inaccesibles para el público general.
Fig. 1. El autor del artículo con un tucán capturado en las selvas de
Ecuador, dentro de una investigación acerca del efecto de la destrucción del
bosque tropical sobre la comunidad de aves y sus parásitos (foto: Juan Rivero).
Esos períodos de trabajo de campo suelen ser alternados con
etapas de análisis de muestras en el laboratorio, y con períodos de oficina
frente a un ordenador. Por tanto, el del Ecólogo es un oficio diverso y que
requiere una combinación de ejercicio físico, usualmente con un toque de
aventura, mezclado con destrezas y habilidades manuales, y con desafíos
intelectuales… ¡es difícil aburrirse!
La naturaleza es maravillosa. Y dedicarte cada día a desentrañar
los procesos y mecanismos que han creado, y continúan haciéndolo, esa
diversidad, esa belleza que observamos, es genuinamente gratificante. Nos
adentramos siempre en el mundo de lo desconocido. Seguimos jugando. Como cuando
éramos niños. Brindo porque nunca dejemos de serlo.
Gustavo Tomás Gutiérrez
Doctor en Biología; Estación Experimental de Zonas Áridas
(EEZA-CSIC), Almería
Capítulo 27
Y yo quiero ser...Ecólogo
(Por Mario León Ortega)
Desde muy pequeño la ecología fue parte de mí, aunque yo no supe
lo que era hasta una avanzada edad. ¿Ecología?, que palabra más rara pensaba,
dícese de la ciencia que estudia las funciones e interacciones de los
organismos con su entorno, el ecosistema. Pero, ¡si es esto mismo lo que llevo
haciendo desde muy pequeño! Crecí, hijo de una familia humilde de agricultores,
pasándome los días enteros correteando por los campos, cultivos de mi familia y
sus alrededores, aunque algún que otro día, también me tocaba echar una mano en
las tareas agrarias y en casa, había que arrimar el hombro. Mi vida transcurría
entre el colegio y el campo, donde buscaba y observaba todo aquel bichito o
animal que se moviera por el suelo o debajo de las piedras.
Mis primeros estudios, ya con 10 años trataron sobre la cría en
cautividad de los caracoles (Theba pisana en este caso) con alimentación a base
de lechuga Iceberg en cajas de zapatos, lástima que en mi época todavía no
había ordenadores ni internet disponibles para poder registrar esta
información, en fin!. A medida que iba creciendo conocí mejor la fauna de mi
entorno. Contaba y estudiaba los nidos de avión común de mi instituto (Delichon
urbicum, una avecilla muy bonita parecida a una golondrina que construye nidos
con barro en las paredes y techos, como si fuera un maestro alfarero). También
localizaba en el huerto de limoneros de mi tío Manolo, los nidos de las
gafarrillas (nombre vernáculo que se le da al verdecillo (Serinus serinus), un
pequeño pajarillo de gran parecido al canario, que cría en los árboles).
Posteriormente anotaba y dibujaba en un cuaderno en qué árbol y parte del
huerto estaban localizados cada uno de ellos. Iban pasando los días y crecía
observando nidos de distintas especies de aves que habitaban en mi entorno,
unos hechos de barro y situados en las paredes, otros con ramitas y hojas en
los árboles, incluso llegué a encontrar nidos de una pequeña ave rapaz
nocturna, el mochuelo (Athene noctua, mi ave favorita y que representa a la diosa
griega Athenea). Siempre recordaré mientras viva, aquel maravilloso instante,
en que encontré por primera vez un nido de este depredador alado. Allí me
encontraba yo, acompañado de uno de mis mejores amigos, Tomas García, en una
mañana de marzo, junto a un garrofero solitario (Ceratonia silicua). Aquella
mañana soleada, dio un vuelco a mi vida, tras mirar aquel atractivo agujero de
ese hueco árbol, una gran sorpresa y consecuente alegría inundó nuestros
tiernos cuerpos. El descubrimiento del que sería el primer nido de mochuelo que
observáramos en nuestras vidas, que con cinco esféricos huevos de un blanco
nacarado perfecto, nos hizo dar hasta volteretas y piruetas aéreas. Este
acontecimiento marcó el comienzo de una gran andanza y trayectoria en mi vida tomando
aún un mayor interés sobre la ecología de las especies de nuestro alrededor.
A partir del hallazgo de mi primer nido de mochuelo, comencé el
seguimiento de este nido con atención durante años (observando y contando el
número de pollos que sacaban adelante cada año), y a disgusto también presencie
la posterior desaparición de aquel viejo algarrobo. Al parecer, este magnífico
árbol estorbaba a los grandes tractores y maquinarias agrícolas de nueva
generación para trabajar la tierra. Este hecho, me enojó bastante y dio un poco
más de sentido a mis observaciones de campo. Pues cada año que pasaba se
perdían lugares de nidificación de muchas especies, y era más difícil verlos o
localizarlos. En mis cuadernos de campo anotaba cómo las poblaciones de muchas
especies de aves eran cada vez más escasas, pero no conocía el porqué.
¿Sabéis qué? Una pareja de Athene noctua puede consumir varios
millones de presas al año, con una dieta compuesta principalmente por insectos,
lombrices, pájaros, roedores de pequeño tamaño y musarañas, y que esta
voracidad alimenticia, resulta de gran beneficio a la agricultura, ya que estas
aves nos ayudan, consumiendo las especies de insectos más abundantes que
encuentran, a que no se produzcan plagas que dañen los cultivos, por lo que,
como resultado, son capaces de regular el tamaño de esas poblaciones.
Muchas fueron las series documentales sobre fauna y flora
salvaje vistas desde mi infancia, en las que observaba la vida de los osos, las
grandes águilas y búhos que habitaban nuestras sierras. Muchos de estos
documentales fueron realizados por Félix Rodríguez de la Fuente, gran
comunicador y amante de la Naturaleza, que realizó una gran labor de
concienciación y divulgación de la fauna y flora de la Península Ibérica y del
Planeta. Gracias a estos reportajes también descubrí una gran diversidad
biológica de ambientes y distintos tipos de vida. Mi mente inquieta, se
preguntaba ¿donde están esos osos, águilas y búhos que veía en la pantalla?,
¿dónde viven?, ¿por qué no hay aquí donde yo vivo?, ¿estarán en las montañas
que veo a lo lejos?
Poco después ya en la adolescencia, conocí a mi gran maestro
Eloy Pérez Romero, 20 años mayor, un naturalista intrépido hecho de una casta
poco habitual, que recorría con sus fuertes piernas cualquier rincón agreste o
paredes rocosas de las sierras que nos rodeaban. Él fue quien me mostró dónde
estaban esas grandes águilas y búhos, fue quien me transmitió el secreto.
Efectivamente, estas aves vivían en las montañas que yo veía de lejos desde los
campos de mi familia. Mi adolescencia estuvo llena de descubrimientos, Eloy me
enseño a observar y buscar dónde anidaban las aves rapaces en las abruptas
montañas acantiladas que nos rodeaban. Por un lado, las grandes águilas que
viven durante el día, construían grandes plataformas con ramas de árboles y
matorrales, que situaban en las paredes rocosas más altas que pudiéramos
observar. Por otro lado, el gran duque o el búho real (Bubo bubo), ave rapaz
nocturna y señor de la noche, escarbaba sus nidos en el suelo terroso de
oquedades o agujeros situados en pequeños roquedos escondidos en las cárcavas y
barrancos de estas sierras.
Cuando terminé el instituto, llegó la Universidad. Comencé a
estudiar la antigua Licenciatura de Biología, y conocí la "Ecología".
Mis profesores, catedráticos y alumnos de Doctorado, inundaban mi mente con
todas las herramientas necesarias para estudiar y comprender cómo evolucionaban
las poblaciones de los animales que me gustaban, y qué hacer para que esas
poblaciones no desaparecieran por culpa de las incontroladas acciones del ser
humano. Ya no sólo era la modernización de la agricultura, sino la construcción
de grandes vías de comunicación, como las autovías y trenes de alta velocidad,
los grandes proyectos urbanísticos o urbanizaciones masivas, así como las
líneas eléctricas, que también son un peligro para la fauna. Ya no era sólo la
acción directa de una escopeta o un veneno, sino la desaparición de los
hábitats y lugares donde viven estas especies en la naturaleza, lo que
amenazaba su supervivencia. Así, la biología de la conservación hizo su
aparición, y dio más sentido a mi trabajo.
¿Qué es la biología de la conservación?
La biología de la conservación es la disciplina científica
asociada a la ecología, que se ocupa de estudiar las causas que provocan la
pérdida de diversidad biológica o biodiversidad, y de cómo minimizar esta
pérdida. Efectivamente esta era la disciplina que debía usar para estudiar y
comprender las causas que producían la pérdida de biodiversidad biológica que a
mi tanto me preocupaba y poder tomar medidas y soluciones para conservar las
especies y los ecosistemas que nos rodean, tan necesarios para la vida de los
seres humanos y que por desconocimiento o despreocupación estamos destruyendo.
Así que decidí embarcarme en una Tesis Doctoral en esta
disciplina científica. Ya por aquel entonces, y sin saberlo, junto a Eloy y
José Alfonso Lacalle, otro gran amigo, fotógrafo y naturalista, controlábamos
la población de búho real que se conozca más grande del mundo, anotando las
observaciones y visitando más de 150 territorios de cría de estas magníficas
aves. De esta manera, y aprovechando el control que ya realizábamos sobre una
población de esta especie, tan desconocida, decidí embarcarme en la realización
de nuevas investigaciones y estudios científicos, para desvelar qué función
realizaba este ave en los ecosistemas y cómo era su interacción con el ser
humano.
Mi tesis: "Estudios ecológicos de poblaciones de búho real
en la Península Ibérica: ocupación territorial, reproducción, supervivencia y
estructura genética", quería dar a luz a través de estas raras palabrejas,
ciertos aspectos antes desconocidos de esta especie y que podían ser de gran
ayuda para la conservación de esta y otras especies de aves rapaces. Por
ejemplo, en el estudio de la supervivencia de esta especie, descubrimos que los
búhos reales morían electrocutados con mucha frecuencia al posarse en los
postes y cables de las líneas eléctricas que abastecían de energía y luz
eléctrica nuestros hogares. De esta manera pudimos reaccionar y cambiar los
cables, aislándolos y tapándolos con fuertes plásticos que no dejan pasar la
corriente, consiguiendo que estas aves ya no se electrocutaran cuando se
posaban. ¿Y sabéis, qué es lo que lleva a estas aves a morir electrocutadas?
Resulta que una de sus estrategias de caza está basada en realizar acechos
posados en atalayas o lugares altos, para dar caza a sus presas. En este caso
resulta que los postes eléctricos hacen de posaderos simulando arboles, donde
estas aves al posarse pueden correr el riego de electrocutarse.
Como veis la biología de la conservación, a través de
observaciones en campo, el control de poblaciones de especies o incluso con
experimentos en el laboratorio, ya sea estudiando aves rapaces, plantas,
insectos o microorganismos, trata de estudiar y resolver problemas sobre las
interacciones de estas especies, su hábitat y el ser humano. En la actualidad,
el gran y veloz desarrollo humano está haciendo que no tengamos mucho en cuenta
la tierra, la naturaleza y los ecosistemas en los que vivimos, siendo necesario
el estudio y observación de las especies y de los procesos naturales asociados
con el ser humano, para no perjudicar el lugar y planeta Tierra que habitamos,
es aún pronto para poder vivir en un sitio tan desolado, sin vegetación y sin
animales como la Luna o Marte.
Mario León Ortega
Doctor en Ecología
Investigador Licenciado, Universidad de Murcia
Capítulo 28
Y yo quiero ser...Ecotoxicólogo Marino
(Por Ignacio Moreno Garrido)
Hasta hace no muchos años se pensaba que el mar, como es tan
grande, podía servir para echar allí toda la basura que los seres humanos
generan. Las industrias comenzaron a funcionar en países donde aún no lo habían
hecho, y los países que ya tenían sólidas industrias aceleraron su producción
para no quedarse atrás… en definitiva, la cantidad de residuos, en ocasiones
tóxicos, que los humanos producimos se ha ido incrementando mucho en los
últimos cincuenta años. Y nadie se preocupaba de a dónde iba todo ese material
de desecho. Y sí: de una manera o de otra, casi toda esa basura acaba en el
mar.
Fig. 1. Muestreo de sedimento para ensayos de toxicidad. (Fotografía de
Fernando Rey).
Sin embargo, a partir del último cuarto del siglo XX, los
científicos comenzaron a dar la voz de alarma acerca de las consecuencias de la
falta de control sobre los residuos humanos. De la antigua teoría de la dilución (en
el mar cabe toda la basura que echemos: todo se irá diluyendo) se pasó a una
nueva, que se denominó la teoría del boomerang: todo lo que echemos
al mar, tarde o temprano… va a volver [1].
Pero, ¿cómo conocer el efecto que esas basuras (sólidas,
líquidas o gaseosas) tienen sobre los ecosistemas? Para comprobarlo hacen falta
científicos especializados en el tema: los ecotoxicólogos.
¿Qué es la ecotoxicología?
La ecotoxicología es una disciplina científica que estudia los
efectos que sobre los seres vivos causan las sustancias que los humanos
liberamos al medio ambiente. Esas sustancias, de forma natural, no existirían
en la naturaleza (por eso se denominan "sustancias xenobióticas", es
decir, de origen ajeno a la vida). Estos estudios se pueden llevar a cabo a
nivel molecular (enzimas, ADN, composición química), a nivel de tejidos, o de
individuos, o de poblaciones, o incluso de ecosistemas enteros. Es un campo muy
complejo que requiere conocimientos en química, en biología, en fisiología, en
taxonomía, en ecología… incluso en geología y climatología. El objetivo de los
ecotoxicólogos es alertar acerca la peligrosidad de determinadas sustancias
para el medio ambiente. Una vez que estos científicos han determinado que
ciertas sustancias son peligrosas, entonces (y ¡ay!, solo entonces), los
poderes de los estados pasan a tramitar leyes que controlen la producción, el
consumo y los vertidos de tales productos, y los tribunales a encausar a
quienes se salten esas leyes. Los ecotoxicólogos, pues, ejercen una labor de
vigilancia sobre el estado de salud de los ecosistemas.
¿Un ejemplo?
Cuando yo era pequeño, en la enciclopedia que había en mi casa,
uno buscaba la entrada para el DDT, y el texto, escrito en los años sesenta del
pasado siglo, decía que esa sustancia (un insecticida que en realidad se
llama diclorodifeniltricloroetano), era una maravilla, y que no
tenía efecto sobre otros organismos que no fueran los insectos.
Fig. 2. Un científico (el Dr. Luis Lubián) analizando la variación de las
poblaciones de microalgas marinas a bordo de un buque oceanográfico.
(Fotografía de Cristina González).
Con él se podían controlar plagas de mosquitos que transmitían
distintas enfermedades, sin causar daño al medio ambiente. Pero en realidad esa
afirmación no tenía ninguna base científica. Los ecotoxicólogos empezaron a
hacer pruebas y resultó que una vez que el DDT entraba en un organismo,
se biomagnificaba al formar parte de las redes tróficas. Es
decir, que las algas y las plantas tenían cierta concentración de DDT que
habían absorbido del medio ambiente, los herbívoros que se las comían tenían
concentraciones mucho más altas que las plantas y algas, los carnívoros aún
cientos de veces más que los herbívoros, y los denominados superpredadores (que
son depredadores incluso de otros depredadores), tenían tales niveles de DDT en
sus cuerpos que podían comprometer seriamente su salud o su reproducción. Esto
incluía a tiburones, atunes, pájaros marinos, osos polares… y humanos. A pesar
de que en Estados Unidos se prohibió su fabricación y uso en 1972 (prohibición
que se extendió progresivamente a todos los países del mundo), aún hoy es
posible encontrar DDT en la leche materna de los humanos [2].
Fig. 3. Participante en una campaña oceanográfica a bordo del buque
Oceanográfico de la Armada Hespérides. (Fotografía de la Expedición Malaspina).
El problema, que se puede alargar durante siglos, radicó en la
falta de ensayos ecotoxicológicos antes de que el DDT se produjera
industrialmente.
¿Por qué hay que vigilar el mar?
Como ya se ha comentado, gran parte de la basura y las
sustancias contaminantes que los humanos generamos tienen por destino el mar.
Es necesario un estudio profundo para saber, por ejemplo, cuánto duran los
plásticos en el mar y cómo afecta a la fauna: hoy sabemos que las tortugas
confunden plásticos con medusas de las que se alimentan, y como no son capaces
de digerirlos, podrían morir cuando los comen.
Pero ver eso es fácil, las tortugas son grandes. Sin embargo,
¿cómo afectan plásticos más pequeños a otros animales de menor tamaño? ¿Y los
trocitos de plástico microscópico, a quién podrían afectar [3]?
¿Qué pasa con los componentes de las cremas solares que los
bañistas se ponen sobre la piel? ¿Son inofensivos para todos los organismos
marinos [4]…?
Y como estas preguntas, otras muchas. El ritmo de producción de
sustancias nuevas para distintos usos es muy alto, y no siempre se realizan
ensayos para determinar su peligrosidad. Estas sustancias nuevas aún no
testadas podrían ser peligrosas, y se denominan contaminantes
emergentes [5]: productos de cuidado personal, fármacos,
nanopartículas… Hay mucha labor por hacer, aún, en el campo de la
ecotoxicología marina.
A modo de conclusión
Los ecotoxicólogos marinos tienen la labor, pues, de determinar
la presencia o no de los distintos tipos de contaminantes en el medio ambiente
y de determinar el efecto que estos productos de origen humano tienen sobre la
fauna y la flora marina, con objeto de preservar un planeta limpio y saludable
para las generaciones futuras. Agotar los recursos y ensuciar el planeta es una
actitud propia de seres egoístas que no tienen en cuenta las necesidades que
tendrán sus hijos y sus nietos. Y cuidar del planeta (y de sus océanos) es una
simple cuestión de voluntad. Solo hay que querer hacerlo.
Referencias:
[1] Newman, M.C. &Unger, M.A., Ed. 2003. Fundamentals of
ecotoxicology, 2ndedition. CRC Press, Boca Ratón. Lewis Publishers.
[2] Man, Y.B.; Chan, J.K.Y.; Wang, H.S.; Wu, S.C. and Wong, M.H.
2014. DDTs in mother’s milk, placenta and hair, and health risk assessment for
infants at two coastal and inland cities inChina. Environment
International 65:73-82.
[3] Isobe, A.; Uchiyama-Matsumoto, K.; Uchida, K. and Tokai, T.
2017. Microplastics in theSouthernOcean. Marine PollutionBulletin 114:
623-626.
[4] Sendra, M.; Sánchez-Quiles, D.; Blasco, J.; Moreno-Garrido.
I.; Lubián, L.M.; Pérez-García, S. & Tovar-Sánchez, A. 2016. Effect of TiO2
nanoparticles and sunscreens on coastal marine microalgae: Ultraviolet
radiation is key variable for toxicity assessment. Environment
International 98: 62-68.
[5] Naidu, R.; Arias España, V.A.; Liu, Y. and Jit, J. 2016.
Emerging contaminants in the environment: Risk-based analysis for better
management. Chemsophere 154: 350-357.
Ignacio Moreno Garrido
Licenciado en Biología, especialidad Botánica; Doctor en
Ciencias del Mar; Científico Titular del Instituto de Ciencias Marinas de
Andalucía (CSIC). Director del Departamento de Ecología y Gestión Costera.
Capítulo 29
Y yo quiero ser...Enóloga
(Por M. Victoria Moreno-Arribas)
El vino en la historia y el bagaje cultural de la humanidad
Mucho antes de que los factores microbiológicos y bioquímicos
involucrados en la fermentación alcohólica fueran dilucidados por Pasteur en
1857, los hombres ya podían producir vino. Tanto los biólogos como los
historiadores localizan el nacimiento de la vitivinicultura en las montañas del
Cáucaso en Transcaucasia y en Anatolia. Hacia el VI milenio a.d.C. ya existía
una verdadera cultura del vino. Los restos más antiguos de uvas domesticadas (Vitis
vinifera), se encontraron en el poblado neolítico de Shulaveris-Gora,
situado en el actual país de Georgia. En los años 20 del siglo pasado
arqueólogos rusos y armenios descubrieron en el palacio de los reyes urarteos
en la ciudad de Teishebani (hoy día parte de la capital armenia Erebán) un
enorme almacén equivalente a 35 hectáreas con más de 150 salas; varias servían
de bodegas. A lo largo de los siglos, una vez abandonado el lugar, las tinajas
perdieron su contenido, conservando únicamente, eso sí, una capa muy fina de
residuos, éstos contenían ácido tartárico, un ácido característico de la uva
que confiere al vino su valor característico de pH (3,00-3,50) y su peculiar
acidez. Aunque no es posible deducir de qué tipo de uva se trataba, la
presencia de este ácido en relativa abundancia indica que todos estos recipientes
originalmente contenían vino. La Biblia es una fuente fundamental del
simbolismo de la vid y el vino, y de hecho el cristianismo adoptó el "vino
teológico" para simbolizar la sangre de Cristo en la Eucaristía. Fenicios
y griegos mostraron gran interés por esta bebida y su comercialización, si bien
fueron los romanos los primeros que introdujeron el vino en las comidas. Pero
la necesidad de consumir vino en la Edad Media se debía fundamentalmente a
razones de salubridad, como substituto del agua, considerándose uno de los
elementos fundamentales de la alimentación cotidiana. Actualmente el vino
constituye uno de los sectores productivos más importantes de España y de otros
países de Europa y se considera un producto distinguido en los países del nuevo
mundo vitivinícola, como Argentina, Chile, Sudáfrica, Australia y Nueva
Zelanda, y más recientemente China, que con unas 780.000 hectáreas de viñedo se
ha convertido en el segundo productor de uva de vinificación, por delante de
Italia y Francia, y amenazando a España como líder mundial. A día de hoy, el
vino es venerado en torno a la gastronomía, considerándose el mejor acompañante
de los platos y el producto que aporta mayor prestigio a una mesa [1].
El ADN de una copa de vino
El terruño o también conocido como ‘terroir’ es la suma de tres
factores naturales: el suelo como factor estable, el clima como variable de
cada añada y la variedad de uva. La combinación de estos tres factores ejerce
un papel decisivo en la personalidad del vino. Los estudios de que disponemos
han permitido secuenciar genomas de distintas variedades de uva y detectado
multitud de genes ligados a propiedades físico-químicas, organolépticas o
nutricionales. El suelo y más concretamente los microorganismos que componen el
suelo del viñedo (se estima que 6 gramos de suelo pueden contener más de 1,9x105 especies
distintas), está siendo en los últimos años el foco de nuevos estudios
científicos como uno de los principales condicionantes de la composición de la
uva y de la calidad y diferenciación de los vinos [2]. Además, existen
proyectos en marcha encaminados a identificar de forma simultánea un elevado
número de compuestos del vino que permitan trazar en su conjunto un espectro
que podría asemejarse a la ‘huella dactilar’, lo que abre el campo a la
búsqueda de marcadores de diferenciación, para múltiples aplicaciones, incluida
la adaptación del sector vitivinícola al cambio climático.
En bodega, durante las etapas iniciales de la fermentación
espontánea del mosto, predominan las especies de levadura comúnmente presentes
en la superficie de la uva de los géneros Candida, Hanseniaspora y Kloeckera,
seguidas por varias especies de Metschnikowia y Pichia(todas
ellas colectivamente conocidas en el campo de la enología como levaduras no-Sacharomyces).
Los niveles crecientes de etanol, la presencia de CO2 fermentativo
y de agentes antimicrobianos, como los sulfitos, conducen a la sustitución casi
invariable de estas especies por cepas de S. cerevisiae, mucho
mejor adaptadas a las condiciones enológicas. Las levaduras no-Saccharomyces ofrecen
actualmente una fuente inestimable de diversidad metabólica, que se puede
combinar con las características bien conocidas de S. cerevisiae.
La secuencia completa del genoma de S. cerevisiaefue publicada hace
más de veinte años, lo que representó un hito en la era genómica como el primer
genoma de un organismo eucariótico disponible públicamente, y abrió múltiples
posibilidades para futuros estudios y aplicaciones industriales y potentes herramientas
que han permitido grandes revelaciones y avances metodológicos de la
biotecnología, tales como la genómica, proteómica o metabolómica. Después de la
fermentación alcohólica, suele llevarse a cabo un segundo proceso llamado
fermentación maloláctica (FML), especialmente en los vinos tintos. Este proceso
está principalmente impulsado por Oenococcus oeni, una bacteria
láctica bien adaptada a este entorno, aunque también puede tener un papel
relevante la especie Lactobacillus plantarum. Durante la FML, el
ácido málico se descarboxila a ácido láctico, lo que conduce a la
desacidificación biológica del vino y a una mejora de su calidad organoléptica.
Decenas de diferentes levaduras y bacterias lácticas se venden actualmente,
muchas de ellas anunciadas como especialmente adecuadas para un determinado
estilo de vinificación. La regulación estricta de los OGM (Organismos
Genéticamente Modificados) y las demandas y preferencias de los consumidores,
que plantean cuestiones relacionadas con la seguridad alimentaria y ambiental,
han limitado su aplicación en la industria del vino. Este hecho ha estimulado
una reactivación de métodos alternativos, no OGM. El éxito ya logrado sugiere
que un número cada vez mayor de cepas de levaduras vínicas mejoradas llegarán
al mercado en los próximos años, todas ellas habrán sido desarrolladas por
técnicas no transgénicas.
Un inigualable estímulo a los sentidos a través de un buen vino
Hoy en día, el grado de aceptación de un producto alimentario
está determinado en gran medida por sus propiedades sensoriales. Entre todas
las bebidas, el vino es considerado probablemente como la más especial. Los
grandes vinos no solo estimulan los sentidos del olfato, gusto y tacto, sino
que se considera que pueden influir en las emociones y la conducta. Somos
dependientes de nuestros sentidos para alcanzar el placer, pero no solo por el
hecho de que nos informan de los colores que observamos, del aroma de un
alimento o del roce de una mano sobre la piel sino por la capacidad que tienen
para excitar la imaginación, para suscitar recuerdos y emocionarnos; en
definitiva, para disparar los mecanismos cerebrales responsables de todo ello.
El color es a través del sentido de la vista la primera sensación que se recibe
de un vino y por tanto ejerce una clara influencia en la compra de una
determinada marca, debido a un impuso visual decisorio. A continuación mediante
la fase olfativa, apreciamos el aroma que junto con el color nos revela gran
parte de las características de ese vino y marca en gran medida las
preferencias por parte del consumidor. Percibiendo el aroma del vino podemos
trasportarnos a recuerdos de nuestra infancia, a lugares que nos resultan inolvidables…
En la vida cotidiana, los olores se perciben junto a múltiples señales visuales
que se han integrado en la memoria. Sin embargo, es la fase gustativa la que
tiene más peso en la valoración final. Este es el momento definitivo de la
cata, y en la que más sensaciones se pueden percibir, ya que además del sentido
del gusto propiamente dicho, también intervienen el del tacto y el del olfato.
El sentido del tacto, a pesar de ser el menos estudiado, es el que parece tener
mayor peso en la aceptabilidad y apetencia de un vino [3].
El color de un vino tinto depende en gran medida de su
composición fenólica, y en particular, los compuestos responsables del color
rojo son los antocianos, que se almacenan en las células del hollejo de las
uvas tintas y durante la vinificación se favorece su extracción de la uva al
vino. Los vinos jóvenes, debido a la presencia de antocianos libres presentan
un tono rojo-azulado, mientras que el vino envejecido, por descomposición y
reacciones de condensación de los antocianos con otros polifenoles (por ejemplo,
taninos), presenta los tonos naranjas, que habitualmente se denominan en la
cata, tonos "ladrillo o teja".
Las principales características de los compuestos que forman
parte del aroma del vino son su elevada volatilidad y su bajo peso molecular
(<500 Da), que les permite liberarse fácilmente en la matriz hidroalcohólica
en la que se encuentran contenidos.
Fig. 1. Principales etapas que intervienen en la formación del aroma del
vino.
Para que puedan ser percibidos como moléculas odorantes, deben
además, contener un grupo osmóforo y estar presentes en una concentración
superior a la de su umbral de percepción. Se puede considerar que el aroma del
vino es el resultado de una serie de transformaciones químicas y bioquímicas
que tienen lugar durante su producción (Fig. 1), que dan lugar a su gran
complejidad y variación de un vino a otro. Tras el consumo del vino, la
liberación del aroma va a estar condicionada por la acción de diferentes parámetros
relacionados con la fisiología oral humana (anatomía de la cavidad bucal,
temperatura, saliva, flujos respiratorios, mucosa oral), así como por los otros
componentes de la matriz del vino y el mecanismo de reconocimiento del olor
tras la unión de una o varias moléculas odorantes a sus correspondientes
receptores olfativos, que genera un patrón de activación que el cerebro
interpreta como un determinado estímulo (aroma a plátano, pimienta, regaliz,
etc.), incluidas algunas desviaciones aromáticas como el "gusto a
moho", debido a la presencia de 2,4,6-tricloroanisol (TCA) por
contaminación en tapones de corcho y/o el ambiente de la bodega, y los
desagradables olores a sudor de caballo y establo, producidos por la levadura
alterante Brettanomyces durante la crianza en barrica,
responsable del "carácter Brett" como se conoce en bodega. El
desarrollo de la investigación y la innovación han permitido la aplicación de
técnicas vitícolas y recursos enológicos para reducir su impacto e incluso
erradicarlo.
El consumo moderado de vino y la salud desde la perspectiva de
la ciencia
El vino, y en particular el vino tinto, es uno de los alimentos
con más polifenoles, y además se caracteriza porque presenta una combinación
única de estos componentes bioactivos. Todos sabemos que se trata de un
producto alcohólico, por tanto, sus beneficios van siempre ligados al consumo
moderado en personas sanas. Las primeras investigaciones sobre los efectos
saludables del vino proceden de la década de 1990, entonces se publicaron
resultados relevantes y empezaron a sucederse numerosos estudios epidemiológicos
que llegaban a la misma conclusión de que el consumo moderado de vino podía
tener efectos no solo sobre la prevalencia de enfermedades cardiovasculares,
sino también sobre la de otras enfermedades crónicas o degenerativas. A medida
que han evolucionado las investigaciones, hoy se dispone de resultados apoyados
por laboratorios de todo el mundo, sobre sus propiedades beneficiosas avaladas
en estudios en animales y, cada vez más, en estudios en humanos. El escenario
que está emergiendo con más fuerza en los últimos años, es que los efectos de
los polifenoles sobre la salud se explican por sus interacciones con la flora o
microbiota intestinal [4]. La microbiota intestinal, y especialmente su
funcionalidad metabólica es, en la actualidad, determinante en entender cómo
evolucionará nuestra salud, por ello la estrategia se centra en conocer a fondo
como los alimentos interaccionan con estas bacterias como principal perspectiva
en el ámbito de la nutrición y la medicina. De hecho, en España varios grupos de
investigación son punteros en la investigación para explicar cómo el vino y sus
polifenoles ejercen un efecto beneficioso a nivel de la función y salud
digestiva humana, y es de esperar que los avances que se produzcan en los
próximos años, sitúen al vino entre los alimentos con un claro interés
científico para nuestra salud y en la alimentación del futuro.
Referencias:
[1] M.V. Moreno-Arribas, ‘El vino’. CSIC-La Catarata (2011),
ISBN: 978-84-00-09293-1, 99pp
[2] A.T. Palacios García, ‘Mitos y leyendas del vino’. AMV
Ediciones (2017), ISBN: 978-84-945166-3-4, 244 pp
[3] F.J. Cudeiro Mazaira, ‘Paladear con el cerebro’, CSIC-La
Catarata (2012), ISBN: 978-84-00-09502-4, 126 pp
[4] M.V. Moreno-Arribas, B.Bartolomé, ‘Wine safety, consumer
preferences and health’ (2016), Springer Eds., ISBN: 978-3-319-24512-6 (version
impresa) e ISBN 978-3-319-24514-0(eBook), 323 pp.
M.Victoria Moreno-Arribas
Doctora en Farmacia; Habilitada como Enóloga; Investigadora
Científica del CSIC, Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación
(CIAL), CSIC-UAM
Capítulo 30
Y yo quiero ser...Gemóloga
(Por Victoria López- Acevedo)
No voy a empezar diciendo que siempre quise ser gemóloga, ni que
las gemas fueron mi pasión desde el día en que las descubrí ni que se despertó
mi vocación a raíz de ningún fascinante episodio de alguna película. En
realidad fue mi otro trabajo, el de verdad, el que me condujo a ellas y además,
para ser sincera, tampoco me interesaron mucho al principio. Fue con el tiempo,
a medida que las fui conociendo, cuando empezaron a cobrar verdadera
importancia.
Antes de seguir adelante explicaré, para los que no estén
familiarizados con el término, que la Gemología se ocupa del estudio de las
gemas y que las gemas son todos aquellos materiales que por sus cualidades de
belleza, durabilidad y rareza son susceptibles de ser empleados en joyería y
ornamentación, como adornos personales o en objetos decorativos. La belleza es
una cualidad muy ligada a propiedades ópticas como el color, la transparencia y
el brillo. La durabilidad está ligada a otras propiedades como la dureza, un
material bonito que se raye con facilidad perderá su belleza rápidamente y
dejará de tener interés gemológico. Finalmente, la rareza está ligada a la
escasez y la singularidad, son bienes únicos, propios de reyes y poderosos,
inalcanzables para la mayoría de las personas.
Una vez dicho esto continuaré con mi historia, soy geóloga y mi
trabajo de verdad es dar clase de Cristalografía en la Universidad. Al menos es
lo que he hecho en los últimos cuarenta años. Como comprenderéis, en tanto
tiempo "da tiempo" de hacer y pensar en muchas cosas además de dar
clase. Con la Gemología me pasó eso, deseaba hacer algo muy diferente, algo
original que no lo hiciera ninguna otra persona de mi entorno. Una afición que
además de entretenerme pudiera serme de utilidad (quien sabe) en un futuro.
Y así fue. A pesar de la estrecha relación entre la Geología y
el mundo de las gemas, ya que la mayoría de estas son variedades nobles de
algunos minerales, ningún colega mío se decidió a hacer lo mismo a la vez que
yo y después, a lo largo de mi trayectoria profesional, han sido muy pocos los
que he ido encontrando. Una razón puede ser que el diploma de gemólogo es
costoso ya que no hay centros oficiales en los que se pueda cursar. Son
escuelas privadas las que ofrecen cursos, con un precio que suele ser directamente
proporcional a su duración y sobre todo al número de prácticas y a la calidad
de las mismas. Esas prácticas consisten en reconocer gemas, cuantas más mejor,
así que, es fácil entender que se trata de un material caro y precioso.
Con esto quiero decir que son unos estudios con cierto carácter
exclusivo lo cual, a la larga, puede resultar muy ventajoso. En mi caso supuso
la creación de una asignatura de Gemología en la licenciatura de Geológicas de
la Universidad Complutense –único centro en que estos estudios han tenido
carácter oficial alguna vez– que tuve la suerte de impartir durante más de
treinta años ya que era la única profesora que tenía esa titulación. Aprendí
mucho sobre gemas durante ese tiempo y además resultó un contrapunto muy
enriquecedor para mi otra actividad, la enseñanza de la Cristalografía.
La Cristalografía se debió iniciar como ciencia a raíz del
interés que suscitaban los minerales, que son cristales naturales, con sus
bellas formas y colores, en los antiguos científicos. Está claro que entre
estos minerales las gemas debían ocupar un papel muy principal y el estudio de
sus propiedades decisivo para el desarrollo de esta ciencia. El caso es que en
la Gemología encontré no solo el objeto que fue clave para la ciencia de los
cristales, sino que pude volcar en ella todos mis conocimientos cristalográficos,
lo cual supuso para mí un precioso campo de experimentación real. Si en las
clases de Cristalografía enseñaba los fundamentos teóricos de esta ciencia en
las de Gemología realizaba las comprobaciones prácticas. Todas las cualidades
de las gemas tienen una explicación científica que, además, puede tener
interesantes aplicaciones prácticas y esto gustaba mucho a mis alumnos.
Conocer el origen del color, la transparencia o el brillo de una
piedra preciosa. Saber que esas bellas formas de los minerales que tanto
llamaron la atención de los primeros cristalógrafos están determinadas en parte
por las peculiaridades de su estructura cristalina, es decir, por cómo se
ordenan los átomos que la componen, "tal orden-tal forma". Y que
también están influenciadas por las condiciones de crecimiento. Efectivamente,
los cristales crecen y hay toda una teoría del crecimiento cristalino que se
ocupa de ello y que tiene una importancia trascendental en la Gemología, que va
más allá del mero entendimiento de la morfología cristalina.
Ya sabemos que una buena parte de las gemas son minerales. Estos
pueden ser de origen natural, geológico como rubíes o esmeraldas, o biológico
como perlas y corales. Sin embargo, también hay gemas cuyo origen no es natural
que se llaman gemas artificiales y que se han cristalizado en un laboratorio,
según las leyes y procedimientos dictados por esa teoría del crecimiento
cristalino a la que me he referido anteriormente. Precisamente, el primer
proceso de cristalización comercial viable que se describió fue la síntesis de
una gema, el rubí, en el año 1902, por el químico francés Auguste Verneuil. A
este método le siguieron otros y la lista de cristales artificiales se fue
ampliando.
Hay que decir que aunque la síntesis de gemas es quizás el
resultado más espectacular de estos procesos, el interés principal nunca fueron
las gemas, sino obtener nuevos materiales con propiedades específicas, útiles
para la industria. Incluso, el rubí de la primera vez no fue el resultado de un
ambicioso intento "alquímico" de convertir un polvo blanco en una
piedra preciosa. La intención fue otra; el rubí es capaz de producir el rayo
láser, de gran importancia estratégica y comercial, y lo que se buscaba era un
cristal de rubí grande, puro y libre de defectos, capaz de producir el preciado
rayo, un cristal que la naturaleza no podía ofrecer.
En cualquier caso, independientemente del interés que haya
podido conducir a ello, la lista de gemas sintéticas obtenidas es muy larga,
algunas son la réplica exacta de sus equivalentes naturales, misma composición,
misma estructura, mismas propiedades, todo igual.
Fig. 1. Rubíes y zafiros sintetizados por el método Verneuil (4-6 cm). Museo
de la Geología (UCM). Foto V. López-Acevedo.
Hay esmeraldas, cuarzos, rubíes, zafiros… hasta diamantes. Otras
sin embargo no tienen equivalente natural, aunque tienen cualidades que las
hacen interesantes desde el punto de vista gemológico. Ejemplos de estas son
algunas imitaciones del diamante como la conocida circonita. Esta se fabrica
con todos los colores imaginables y constituye un nuevo material, muy bello y
muy apreciado por joyeros y orfebres.
Otra aplicación directa de la Cristalografía al mundo de las
gemas son las técnicas de identificación que aprovechan hasta el más mínimo
rasgo de su estructura para reconocerlas. Aparatos muy sencillos e ingeniosos,
algunos muy arcaicos aunque de comprobada utilidad, que permiten determinar
constantes y comportamientos característicos. Lupas y pequeños artefactos
ópticos que amplían la visión y nos muestran "todo", desde las
huellas del proceso de cristalización que nos indican si la gema que tenemos
delante es el resultado de un proceso natural o del trabajo en un laboratorio
hasta su interior más profundo, defectos, fracturas, inclusiones… que nos
llevan no solo a diferenciarlas sino a determinar su calidad e incluso su
precio.
Esta rápida visión de la Gemología da idea de ese carácter
exclusivo que comenté al principio. Un mundo al alcance de unos pocos que sin
embargo puede mover enormes sumas de dinero y que requiere buenos especialistas
conocedores de la materia para poder existir. Tasadores que determinen el
precio de una joya, ya sea para adquirirla como inversión en épocas de
opulencia o para venderla en épocas de crisis, expertos capaces de reconocer y
valorar la calidad de una gema para su venta a joyeros y comerciantes, talladores
que les den forma, artistas que diseñen las joyas, orfebres que las realicen,…
profesores que enseñen estos oficios… Hay pocos, tú puedes ser uno de ellos.
Victoria López-Acevedo
Doctor en Ciencias Geológicas; Profesora de Departamento de
Cristalografía y Mineralogía; Directora del Museo de la Geología; Facultad de
Ciencias Geológicas. Universidad Complutense de Madrid.
Capítulo 31
Y yo quiero ser...Genético Molecular de Plantas
(Por José Pío Beltrán Porter)
Yo quiero ser genético molecular de plantas. En mi caso esta
afirmación fue más un punto de llegada que un arranque vital. Siempre me ha
sorprendido conocer que algún artista o científico relevante sabía lo que
quería ser de mayor a edades tan tempranas como los tres o cuatro años. Yo no
lo sabía. Nací en una familia de químicos y de profesores por lo que pronto me
familiaricé con el uso de batas blancas y con los olores a productos químicos
cuando acompañaba a mi padre, algún domingo, al laboratorio de Química
Inorgánica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valencia. Allí pude
observar a profesionales como el soplador de vidrio que fabricaba ad
hoc los instrumentos para realizar las reacciones químicas de síntesis
o de análisis de productos. Aquel era un mundo mágico. Estudié Ciencias
Químicas y aunque yo entonces no lo sabía, resultó ser muy recomendable para
investigar en Biología Molecular.
Los productos naturales obtenidos de las plantas llamaron mi
atención y despertaron el interés por conocer cómo y porqué producían las
plantas sustancias con propiedades tan interesantes como las del ácido
salicílico. Estaba decidido, realicé el doctorado en el Instituto de
Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA) del CSIC investigando los cambios
metabólicos producidos en los naranjos cuando los infectaba el virus de la
tristeza. Tratamos de entender la biosíntesis de la callosa, un polisacárido que
obtura los vasos floemáticos de los cítricos en respuesta a la infección. Como
consecuencia de ello, los árboles siguen absorbiendo agua y nutrientes del
suelo a través del xylema pero no pueden enviar las sustancias necesarias para
el desarrollo de las propias raíces. Resultado fatal, los árboles se mueren.
Aprendí mucha enzimología de la mano de Juan Carbonell, discípulo del
bioquímico español Alberto Sols. Durante la Tesis también aprendí los
fundamentos del método científico, cómo plantear hipótesis y cuestiones
concretas que se puedan someter a experimentación, a realizar observaciones
cuidadosas en condiciones que se puedan repetir por otros y que sirvan para su
corroboración o refutación. Aprendí el valor de la duda, del cuestionamiento.
También a evaluar la idoneidad del sistema experimental para responder con
rigor a las cuestiones planteadas. Sobre todo aprendí que quería dedicar mi
vida a la investigación del mundo de las plantas.
Trabajar con árboles a nivel bioquímico era complicado, así que
seguí mi camino cambiando de sistema experimental y de problema. Me desplacé a
la Montana State University para estudiar con Gary A. Strobel
una enfermedad fúngica de la cebada causada por Rynchosporium secalis.
El hongo patógeno producía toxinas que reconocían receptores en las membranas
celulares de las hojas de la cebada causando lesiones que reducían las
cosechas. De nuevo, aprendí mucha bioquímica y muchas técnicas de aislamiento
de sustancias y el uso de materiales radiactivos en el estudio de las
interacciones toxina receptor. Una dificultad del trabajo consistía en la
capacidad de mutar que tenía el hongo patógeno mientras lo cultivábamos en el
laboratorio. A esto se añadía que las distintas variedades de cebada
modificaban su susceptibilidad al patógeno. Aprendí que los genomas de las
plantas y de los patógenos son flexibles y cambiantes, de forma que el concepto
de resistencia a una plaga era temporal. Entre las poblaciones de patógenos
siempre se generaba una estirpe capaz de vencer la resistencia de la planta
huésped.
Volví a España tras dos años en Estados Unidos y tras pasar por
el Departamento de Bioquímica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de
Valencia me incorporé a la Unidad de Biología Molecular y Celular de Plantas
del (IATA) en el CSIC en Valencia. Allí llamó mi atención un sistema
experimental desarrollado por José Luis García Martínez para estudiar el
control hormonal del desarrollo de frutos. Las flores emasculadas de la planta
de guisante tratadas con giberelinas producían frutos partenocárpicos indistinguibles
de los obtenidos por fertilización salvo por la ausencia de semillas. Me
propuse comprender los mecanismos de control de la entrada de asimilados en los
frutos ya que podría descubrir principios básicos de la productividad de las
plantas. De nuevo realicé múltiples experimentos de carácter fisiológico y
bioquímico. Recuerdo con especial emoción los que realicé junto a Siegfried
Jahnke en la Universität Essen utilizando plantas intactas de
guisante a las que suministrábamos CO2 marcado con C11,
un isótopo de vida muy corta producido en el ciclotrón médico del Klinikum.
Era el sistema experimental perfecto para estudios de fisiología. Las hojas de
guisante incorporaban el CO2 y producían sacarosa marcada con C11 que
se movía por la planta para nutrir sus distintas partes. Nosotros tratábamos
los ovarios con hormonas y estudiábamos su efecto sobre la distribución de
asimilados mediante detectores externos que medían la radiactividad en las
partes de la planta que deseábamos. Al cabo de tan sólo dos horas la planta
estaba libre de radiactividad y podíamos comenzar otro experimento: la misma
planta podía servir de control de sí misma comparando los resultados con los
del experimento siguiente.
A principios de la década de 1980 se había producido un
descubrimiento que cambiaría por completo la forma de estudiar la biología de
las plantas. Jeff Schell y Marc Van Montagu en Europa y Mary D. Chilton en
Estados Unidos explicaron el mecanismo molecular por el que la bacteria Agrobacterium
tumefaciens era capaz de transferir genes bacterianos al genoma de las
plantas. Nacía la genética reversa. Disponiendo de genes aislados
en el laboratorio era posible introducirlos en las plantas y desvelar su
función observando los efectos que causaban. Decidí que quería aprender este
abordaje experimental y me trasladé al Max Planck Institut für
Züchtungsforschung de Köln para trabajar con Heinz Saedler, Hans
Sommer y Zsusanna Schwarz-Sommer en genética molecular del desarrollo floral.
Abordamos el estudio de un mutante homeótico floral de Antirrhinum
majus denominado Deficiens que desarrollaba sépalos
en lugar de pétalos y carpelos en lugar de estambres. Era increíble, la
mutación en un sólo gen provocaba esos cambios de identidad tan drásticos.
Disponíamos de una serie alélica, fundamental para facilitar el análisis
genético y en la planta había elementos transponibles activos que permitían el
etiquetado de genes. No fue fácil.
Tras más de un año de experimentación extenuante conservo el
recuerdo de la noche, cuando ya de madrugada, me di cuenta de que había
realizado el experimento fundamental y tenía la prueba de que habíamos aislado
el gen Deficiens. Es difícil explicar la emoción que sentí: me
veo dando saltos de alegría en el laboratorio, sentía un hormigueo especial en
los dedos. Estaba solo y no pude marcharme a dormir, esperé hasta que llegaron
mis compañeros por la mañana para enseñarles los resultados y discutirlos. Fue maravilloso.
Nuestro trabajo supuso, como reconocería la revista Nature, el
comienzo de un nuevo campo científico, la genética molecular de las mutaciones
homeóticas del desarrollo floral, que muy pronto daría lugar al conocido modelo
ABC tras la incorporación al estudio del sistema experimental basado en Arabidopsis
thaliana. A mí regreso a España, tras dos años, dediqué mi laboratorio
al análisis genético y molecular del desarrollo floral en leguminosas campo en
el que nos hemos convertido en un laboratorio de referencia internacional.
Hemos aprendido mucho de duplicaciones génicas y de evolución floral en
leguminosas y también hemos desarrollado herramientas biotecnológicas que nos
permiten producir cosechas híbridas, aumentar el número de flores o producir
frutos sin semillas. Actualmente estamos centrados en descubrir cómo producir
más a partir de las plantas utilizando menos recursos y en condiciones
ambientales desfavorables. Apasionante, quién me lo iba a decir cuando terminé
mis estudios de Química.
Todo ha sido posible porque he tenido grandes maestros y grandes
discípulos.
José Pío Beltrán Porter
Doctor en Ciencias Químicas
Profesor de Investigación del CSIC, Instituto de Biología
Molecular y Celular de Plantas (IBMCP UPV-CSIC), Valencia.
Capítulo 32
Y yo quiero ser...Genetista
(Por Carmen Espinós Armero)
A mediados del siglo XIX, Gregor Mendel estableció las leyes de
la herencia de caracteres con sencillos experimentos usando guisantes. Casi un
siglo después, en 1944, Oswald T. Avery, Colin McLeod y Maclyn McCarty aislaron
el DNA como material genético, determinando así que el DNA es la molécula
crucial de la herencia. Una década más tarde, Jim Watson, Francis Crick y
Rosalind Franklin describieron la estructura de doble hélice del DNA y en 1961,
finalmente se concluyó que el código genético se ordena por tripletes, gracias
al trabajo de varios investigadores: George Gamow postuló que el código
genético estaba formado por tripletes de bases nitrogenadas (adenina, timina,
citosina, guanina) a partir de las que se formaban los veinte aminoácidos
constituyentes de las proteínas; Marshall Nirenberg y su equipo publicaron en
1961 la primera asociación entre codón de triplete de bases y aminoácido.
Trabajo que fue continuado por otros investigadores gracias a los cuales, se
establece cómo a partir de cuatro bases nitrogenadas se construye el código
genético, y a partir de éste, somos capaces de entender cómo alteraciones de
estas bases modifican la secuencia de un gen y pueden causar enfermedades
humanas. La fascinación que me produjo descubrir y entender cómo el cambio de
una base por otra, algo tan minúsculo, puede producir que una persona padezca
una enfermedad, determinó que yo sea genetista.
En este sentido, y también debido a las oportunidades que la
vida te da, siempre me interesó entender el porqué de las enfermedades
monogénicas. A grandes rasgos, podemos considerar dos tipos de herencia:
herencia compleja o poligénica y herencia mendeliana o monogénica. En el primer
caso, el resultado viene condicionado por una combinación concreta de cambios
en el genoma más o menos complejos, cuando estas variantes del DNA de forma
aislada no parecen contribuir al desarrollo de un rasgo específico. Pertenecen
a este tipo de herencia rasgos tales como la altura, y la mayoría de
enfermedades comunes como por ejemplo, la celiaquía o la enfermedad de
Alzheimer. En cambio, un carácter mendeliano viene establecido por un único gen
y éste podría resultar defectuoso sencillamente porque en un punto concreto de
su secuencia se produce una mutación y por ejemplo, una adenina pasa a ser una
guanina, modificando el código correcto de la secuencia de aminoácidos (Fig.
1).
Fig. 1. La mutación de una única base en la secuencia de DNA puede conducir
al desarrollo de una enfermedad monogénica. Dibujo amablemente cedido por Julia
Sánchez González.
Y sólo ese cambio, esa mutación, puede hacer que un niño nazca
con una grave enfermedad neurodegenerativa. Así, es un rasgo monogénico con
herencia dominante la capacidad para poner la lengua en forma de U, y
pertenecen a este tipo de herencia la gran mayoría de enfermedades raras, entre
las que encontramos la enfermedad de Wilson o cada una de las formas clínicas
de la enfermedad con neurodegeneración con acumulación de hierro en cerebro
(ENACH). Teniendo en cuenta que el genoma humano tiene un tamaño aproximado de
3.200 millones de pares de bases de DNA distribuidos en los 23 pares de
cromosomas, y que contiene alrededor de 25.000 genes, al menos a mí no deja de
sorprenderme que algunas mutaciones tengan unas consecuencias tan nefastas en
una persona, privándole del desarrollo de una vida normal e incluso,
ocasionándole la muerte a edad temprana. Y estamos hablando de una pequeña
molécula que ha sido cambiada en una única posición de nuestro genoma que por
otro lado, es inmenso.
Identificar la mutación que produce una enfermedad es sinónimo
de determinar con exactitud cuál es la causa de la enfermedad. El diagnóstico
genético es definitivo y certero. Pese a que en muchas ocasiones, ello no
implique la cura del paciente, ni tan siquiera la aplicación de un tratamiento
específico para la enfermedad, el hecho de poner nombre y apellidos al cuadro
clínico que padece el paciente puede significar mucho. Hay que tener en cuenta
que mayoritariamente las enfermedades monogénicas son raras y lograr para uno
de estos pacientes el diagnóstico puede suponer un periplo de años, con el
desánimo que supone ver cómo la enfermedad progresa y ni siquiera se sabe de
qué afectación se trata. Saber con certeza qué enfermedad se padece, al menos
debiera permitir conocer cuál va a ser la evolución de ésta y establecer una
terapia, aunque sea meramente paliativa. Además, permite el consejo genético
para familiares, la detección de individuos portadores y asintomáticos, y con
ello posibilita una mejor planificación de la vida familiar (Fig. 2).
Como ya comenté la gran mayoría de enfermedades raras son
mendelianas. El adjetivo "rara" viene principalmente condicionado por
la prevalencia: en Europa se dice que una enfermedad es rara cuando afecta a
menos de 1 en 2.000 individuos. Son pues, alrededor de 30.000.000 de ciudadanos
europeos quienes sufren una de estas patologías. Además, se trata de
enfermedades sobre todo pediátricas; en tanto que genéticas, son crónicas; y
habitualmente muy discapacitantes, por lo que la calidad del enfermo se ve
dramáticamente afectada. Se estima que hay más de 7.000 enfermedades raras. En
la base de datos OMIM (Online Mendelian Inheritance in Man), que es un
catálogo de patologías humanas mendelianas, se describen más de 15.000 genes
implicados o que podrían estar implicados en el desarrollo de una enfermedad.
Fig. 2. Árbol genealógico de una familia con tres generaciones, que muestra
que dos de sus miembros varones están afectados (cuadrados en negro; la flecha
indica el caso índice, el primer diagnosticado). El resto de miembros están
sanos o se desconoce su estatus (símbolos con el interrogante). El análisis de
la mutación aclarará si están sanos o no
Fenotipos clínicos con el gen conocido se incluyen poco más de
5.000, y cada día en las revistas científicas se describen nuevas formas
clínicas a la par que genes conocidos se asocian a nuevos cuadros patológicos.
En suma, conforme entendemos mejor las bases moleculares de las enfermedades
genéticas, nos damos cuenta de que el escenario es mucho más complicado de lo
que pudiéramos sospechar. A esto hay que añadir que el número de pacientes es
escaso por lo que es difícil definir las manifestaciones clínicas de cada
enfermedad y con ello, es también complicado anticiparse a la progresión de la
misma. Por todo ello, no veo otra solución que seguir trabajando para lograr
desentrañar cuál es la genética de estas patologías, determinando exactamente
cuál es el mecanismo molecular que las produce para lograr en un futuro una
terapia para estos pacientes.
Aunque sea frase manida, es completamente cierto que trabajar en
el umbral del conocimiento es pura adrenalina. Lograr el diagnóstico genético
en un paciente afectado por una enfermedad rara puede ser más o menos costoso,
en función de cuánto sepamos de la enfermedad, tanto desde el punto de vista
clínico como del genético. Cuando estudias algún paciente y sus familiares con
todas las herramientas tecnológicas existentes desarrolladas para el
diagnóstico genético que puedes aplicar, yendo paso a paso, desde la
secuenciación de un único gen candidato, pasando por un panel de genes que te
permite el análisis de cientos de genes en una sola aproximación, hasta la
secuenciación de su exoma (aproximadamente el 2% del genoma que corresponde a
los genes codificantes de proteínas), y finalmente, consigues el diagnóstico
genético tan perseguido durante muchos días/meses/años de dedicación,
sencillamente es un momento de gran satisfacción. Si con este diagnóstico se
logra el descubrimiento de un nuevo gen implicado en patología humana, es ya un
hecho extraordinario por el que merece continuar dedicándose a esta profesión.
No hay que olvidar que por el camino, hasta alcanzar este hito, se dejaron
muchas cosas de lado, sacrificando la vida personal. Pero vale la pena.
Como suele suceder la consecución de hallazgos científicos abre
nuevos interrogantes. Al descubrir un nuevo gen, al establecer cuál es la causa
genética de una enfermedad, siempre surgen dos preguntas: ¿qué función tiene
alterada este gen que hace que cause la patología?, y ¿qué papel juega este gen
en la biología de la célula para explicar el fenotipo clínico observado? Y con
ello, el trabajo empieza de nuevo. Enfrente de nosotros tenemos un paisaje
desconocido en mayor o menor medida, en el que profundizar para responder a las
dos cuestiones planteadas. Por ello, es importante continuar trabajando. Sólo
si logramos las respuestas podremos entender con exactitud cuál es la
fisiopatología de la enfermedad y a partir de ello, investigar para lograr una
cura. Se estima que alrededor de 4.000 enfermedades raras carecen de cura. Son
demasiadas entidades clínicas pendientes de ser resueltas, y detrás de ellas,
hay personas, muchas veces niños, que esperan nuestros resultados. No hay que
olvidar que al tratarse de enfermedades monogénicas lograr un tratamiento
debiera ser más fácil porque sólo un gen es el defectuoso. Económicamente no
interesa demasiado porque son pocos los pacientes afectados por cada una de
ellas. De ahí la necesidad de investigadores que vocacionalmente, con mucho
empeño y dedicación, nos volcamos en completar el puzle de los genes implicados
en patologías humanas, con el propósito de lograr soluciones que mejoren la
calidad de vida de tantos millones de enfermos en el mundo. Indudablemente, la
dedicación y el esfuerzo compensan.
Carmen Espinós Armero
Doctora en Ciencias Biológicas
Investigadora Jefa de la Unidad de Genética y Genómica de
Enfermedades Neuromusculares y Neurodegenerativas, Centro de Investigación
Príncipe Felipe (CIPF), Valencia.
Directora Científica del Servicio de Genómica y Genética
Traslacional, Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF), Valencia.
Capítulo 33
Y yo quiero ser...Geóloga
(Por Marta Ferrater Gómez)
Sé de la inexistente o, en el mejor de los casos, mala fama de
la que disfruta la geología. Por eso, a los pocos valientes que estén
dispuestos a leer este capítulo prometo no aburrirles. Sólo pretendo transmitir
lo que la geología representa para mí, no simplemente una ciencia, sino mi gran
pasión. Para empezar, enumeraré las razones que pueden llevar a afirmar con
rotundidad: "quiero ser… geóloga"
Quiero ser geóloga para:
- Entender cómo ser formaron las montañas de mi alrededor.
- Entender los lentos, pero a veces catastróficos procesos que
moldean la Tierra y relacionarlos con los ocurridos en el pasado.
- Encontrar los fallos en las películas de desastres naturales
en las que tantas veces los protagonistas son geólogos.
- Considerar los peligros naturales a los que está expuesta mi
casa y mi pueblo/ciudad.
- Identificar como en cualquier equipo de exploración, en la
Tierra o en cualquier otro cuerpo celeste, por ejemplo, en la Luna, se necesita
como mínimo un/a geólogo/a.
- Viajar al interior de volcanes activos y oler el azufre que
tiñe todo de color amarillo.
- Bañarme en lagos en el interior de cráteres de volcanes
inactivos.
- Tocar al mismo tiempo dos placas litosféricas separadas por
una falla.
- Poner cada pie en la cuenca de drenaje de un océano diferente.
- Observar fascinada como mi sombra varía a lo largo del año y
no solo a lo largo del día, y entender cómo eso tiene una incidencia en los
relojes de Sol.
- Navegar por encima de fosas abisales o someras plataformas
marinas, entendiendo que la fauna que habita en cada uno de estos contextos es
muy distinta.
- Escalar calizas, areniscas o granitos, y no solamente piedras.
- Tumbarme en playas constituidas por millones de fragmentos de
coral y otros muchos esqueletos de organismos.
- Comparar mi huella con la de un dinosaurio y transportarme a
su hábitat, de clima, relieve y vegetación distintos.
- Valorar la complicada y casual existencia del ser humano.
- Adquirir perspectiva del tiempo.
- Tomar consciencia de que la mayoría de objetos manufacturados
por los humanos han sido y son confeccionados a partir de los materiales de la
Tierra, desde las piedras cortantes de los primeros homínidos a los ordenadores
más avanzados, y que sin ellos no habría la tecnología que hay actualmente.
- Tener claro que todas las acciones antrópicas tienen sus
consecuencias en la Tierra y, por lo tanto, para el resto de seres vivos con
los que convivimos.
- Usar el agua teniendo en cuenta su delicado ciclo de
evaporación y precipitación.
- Calcular el volumen de roca que se tiene que explotar para
extraer el petróleo necesario para llenar el depósito de gasolina.
- Degustar frutas y verduras de sabores distintos según el suelo
donde hayan crecido.
- Hacer campañas de campo con mis compañeros durante días
disfrutando a partes iguales del trabajo y de la compañía.
Todas estas y muchas más razones son las que me harían repetir
sin titubear la decisión que tomé hace años en matricularme a la facultad para
cursar esta tan olvidada ciencia: la geología. Lo mejor de todo es que puedo
decir que tomé la decisión sin saber ni la mitad de estas razones. Su
descubrimiento progresivo a lo largo de los años sigue siendo emocionante hoy
en día.
Fig. 1. Fragmentos de coral en la playa de Gili Trawangan (Indonesia).
Sinceramente, cuando me matriculé no tenía ni la más remota idea
de qué me esperaba. Me llamaban mucho la atención las ciencias, pero a la vez
no era capaz de decidirme por ninguna, porque cuando me miraba los planes de
estudio me parecían muy monótonos, parecía que las asignaturas fueran
extremadamente repetitivas. Cuando, por casualidad, comprobé el de geología, me
sorprendió gratamente, ya que incluía asignaturas de física, química,
matemáticas, biología, informática y otras muchas relacionadas con la geología.
Y además estaban programadas numerosas salidas de campo, a la montaña, al mar,
y no sólo por los alrededores de casa. Esto último recuerdo que causaba una
clara envidia a mis amigos que estudiaban otras cosas. A finales de trimestre
en vez de estar encerrada en la biblioteca, pasaba semanas fuera de casa.
No engañaré a nadie. A pesar de que la esté presentando de una
forma desenfadada, que la geología no sea una ciencia exacta, no quiere decir
que sea sencilla, todo lo contrario. Como en la mayoría del conocimiento,
cuanto más se sepa, más cerca se estará de la verdad. Así, durante los primeros
años de carrera se presenta el conocimiento fragmentado, a veces en forma de
asignaturas nada motivadoras (como en el resto de estudios, la verdad). Esta
metodología a veces puede ser desalentadora, pero al final llega un día
maravilloso.
El día en que te das cuenta que eres capaz de relacionar todos
esos conocimientos discretos, haciendo que converjan y tomen sentido. Ese día
puede llegar durante los últimos cursos o más adelante durante los primeros
trabajos. Ese día en el que pasas de asistir al campo para analizar elementos o
procesos concretos, y pasas a analizar los estratos, las formas y los detalles
como parte de un todo, sin clasificarlos en libros o apuntes de una asignatura
concreta. Ese día en que sabes que te has convertido en geóloga, y que tu vida
no volverá a ser la misma.
Y es que yo ya no recuerdo cómo era andar por la montaña o cerca
del mar, o viajar en coche cruzando parajes sin observar e identificar todos
los elementos que me llevasen a reconstruir ambientes, procesos, cambios, y en
definitiva la historia geológica de lo que me rodea, de lo que nos rodea. Y
cuando digo rodear, me refiero tridimensionalmente, incluyendo el interior de
la Tierra y la tan necesaria atmósfera. No, no recuerdo cómo era observar la
naturaleza sin entenderla, sin apasionarme, sin querer compartir la belleza del
saber con los que me acompañan. En definitiva, ¡sin divertirme!
Al principio, además, los profesores nos repetían que estudiar
geología nos abriría las puertas a viajar mucho. Yo no lo entendía y tampoco le
daba demasiada importancia. Con el tiempo, definitivamente, ha sido uno de los
puntos fuertes de mi formación. No sólo durante la carrera y durante mi vida
profesional, sino que en escoger un destino de vacaciones priorizo su contexto
geológico. Disfruto de los volcanes y de las formaciones rocosas tan distintas
a las de la Península Ibérica y de los paisajes que alcanzan hasta más allá de
donde alcanza mi vista.
Con todo esto quiero llegar a explicar que ser geóloga no se
limita a coleccionar rocas y minerales en cajitas. Ser geóloga es ser la
criminóloga de la naturaleza, donde unas evidencias bien escogidas permiten
acercarse a la verdad, a descubrir qué es lo que se esconde en el puzle de
tantos millones de piezas.
Actualmente soy profesora de instituto y sé que un porcentaje
diminuto de mis alumnos se convertirá en geológos/as.
Fig. 2. Lago en el cráter del volcán Cerro Chato (Costa Rica).
Mi objetivo tampoco es ese. Me conformaré con que sepan apreciar
la naturaleza y con que se formen un rico espíritu científico. Pero quizás
después de estas líneas sí que te he convencido a ti, paciente y valiente
lector/a.
Marta Ferrater Gómez
Licenciada en Geología y Doctora en Ciencias de la Tierra
Capítulo 34
Y yo quiero ser...Investigador en Imagen Biomédica
(Por Ángel García de Lucas)
Cuando era niño recuerdo que me encantaban los documentales y
los libros que te trasladaban a mundos donde solamente los grandes exploradores
llegaban. Así, desarrollé cierta afición por la fotografía de la naturaleza.
Fig. 1. Corte sagital de la Imagen de un ratón de laboratorio tomada por un
equipo multimodal PET/CT para animales pequeños. CT, imagen estructural basada
en la atenuación de los rayos X en los tejidos. PET, imagen funcional basada en
la captación de 18F-FDG. PET/CT, fusión de ambas técnicas dando
una imagen donde podemos localizar con precisión los tejidos que han
captado 18F-FDG.
Más tarde, en mi periplo profesional, descubriría que esos
mundos tan extraordinarios que fotografiar y documentar no están solo ahí fuera
¡Sino dentro de nosotros! Que más allá de la luz visible, hay otras ondas
electromagnéticas con distintas propiedades que nos dejan ver el interior de
los organismos. Estas herramientas no solo nos permiten describir cómo son las
estructuras biológicas sino también entender cómo funcionan.
¿Qué es la imagen biomédica?
La imagen biomédica es la ciencia y rama de la medicina
interesada en el desarrollo y uso de aparatos y técnicas para obtener imágenes
de la anatomía interna y en proveer un análisis bioquímico y fisiológico de
tejidos y órganos. En este campo colaboran profesionales de muchos ámbitos
como, por ejemplo: físicos, ingenieros (telecomunicaciones, electrónicos,
informáticos o bioingenieros), matemáticos, radiofarmacéuticos, radioquímicos,
médicos, etc.… ¿Cómo he llegado yo aquí? En mi caso, con formación en biología,
estoy interesado en el desarrollo de sondas moleculares (moléculas muy afines a
otras moléculas o procesos fisiológicos) que puedan ser monitorizadas por estas
técnicas para entender cómo funciona la fisiología humana en condiciones de
salud y enfermedad. Las técnicas de imagen biomédica se pueden clasificar en
dos grandes grupos: las estructurales y las funcionales. Las técnicas del
primer grupo nos dan información sobre la anatomía y la composición del
organismo de estudio. Algunos de los ejemplos más conocidos son la radiografía,
la tomografía axial computarizada (TAC o CT, en inglés), los ultrasonidos o la
imagen por resonancia magnética (IRM o MRI, en inglés). Por otro lado, las
técnicas funcionales y moleculares nos informan sobre los diferentes procesos
metabólicos que están ocurriendo en nuestro sujeto de estudio, en este caso por
su relevancia clínica, las más interesantes son la tomografía por emisión de
fotón único (TCEFU o SPECT, en inglés) y la tomografía por emisión de
positrones (TEP o PET, en inglés). Todas estas herramientas se utilizan
actualmente en los hospitales para visualizar el interior de los pacientes y
diagnosticar muchos tipos de enfermedades, desde una pierna rota hasta el
cáncer o el Alzheimer. Además, las técnicas de imagen, estructurales y
funcionales, se pueden unir en lo que se conoce como equipos multimodales e
híbridos. Estos sistemas, como el PET/CT, nos dan imágenes con una información
más útil y completa. Como una imagen vale más que mil palabras y este capítulo
trata de imágenes, en la Fig. 1, podemos ver un ratón de laboratorio
"fotografiado" mediante dos técnicas de imagen diferentes,
estructural (CT) y funcional (PET), y ambas fusionadas ya que fueron tomadas
del mismo animal en un equipo multimodal (PET/CT). En la imagen estructural
tomada por CT vemos la radiodensidad de los diferentes tejidos, esto es, la
capacidad que tienen de atenuar los rayos X. Los tejidos más opacos a los rayos
X son los huesos, apareciendo en blanco, mientras los órganos como los pulmones,
formados por aire, son transparentes, por ello aparecen en negro. En la imagen
funcional de la PET vemos unas manchas que representan la captación de glucosa
en los tejidos y órganos. Para poder ver su distribución, a este azúcar se le
ha introducido el átomo radiactivo de un elemento químico (radioisótopo), en
este caso flúor-18 (18F), por esto se le conoce como 18F-Fluorodesoxiglucosa
(18F-FDG). Esta situación permite al escáner PET detectar las
fuentes de emisión de radiactividad dentro del organismo. En la imagen vemos
que el órgano que más 18F-FDG capta es el musculo del miocardio
en el corazón (la forma de U en la imagen es debido a las aurículas y
ventrículos), además hay otros tejidos en los que también vemos una captación
considerable de 18F-FDG como son el cerebro, la grasa parda,
las glándulas harderianas y los riñones. En los hospitales, la evaluación de la
captación de 18F-FDG es utilizada frecuentemente en las áreas
de oncología, neurología y cardiología.
Localizando el cáncer
Como investigador en imagen biomédica, utilizo la PET/CT para
monitorizar moléculas afines a algunas características que solamente poseen los
tumores. De esta manera, podemos intentar mejorar o complementar las actuales
herramientas de diagnóstico en oncología. En concreto, la investigación en la
que he colaborado junto con mis compañeros de la Unidad de Aplicaciones de
Radioisótopos del Centro de Investigaciones Energéticas, Medio Ambientales y
Tecnológicas (CIEMAT) en colaboración con otros científicos del Centro Nacional de
Investigaciones Oncológicas (CNIO) y del Centro Nacional de Investigaciones
Cardiológicas (CNIC) ha tratado del desarrollo de una sonda molecular para la
detección de una proteína transmembrana (MT1-MMP) que se sobreexpresa en las
células de algunos tipos de cáncer como el glioblastoma, el más mortal de los
tumores cerebrales en adultos.
Fig. 2. Corte axial (izquierda) y sagital (derecha) de una imagen PET/CT de
un ratón portador de un tumor cerebral (flecha) detectado por un anticuerpo
marcado con un radioisótopo que se une a una proteína que es sobre expresada
por este tipo de cáncer. El hígado es la principal vía de metabolización de los
anticuerpos radiomarcados (rojo).
Para su desarrollo hemos utilizado un anticuerpo, específico
para MT1-MMP, y lo hemos marcado con un radioisótopo del zirconio (zirconio-89)
para detectarlo por PET. Este enfoque en el que se utilizan anticuerpos
(también llamados inmunoglobulinas) y la técnica de imagen PET se conoce como
inmunoPET. En la Fig. 2, podemos ver la ubicación de un tumor, formado por una
línea celular de glioblastoma humana, en un roedor gracias al anticuerpo
específico para MT1-MMP que hemos desarrollado. Además del tumor, el órgano que
más capta nuestro anticuerpo es el hígado del ratón ya que es la vía por la que
estas macromoléculas se metabolizan.
Un poco más de imagen
Por último, no quiero despedir el capítulo sin poner otros
ejemplos de imagen biomédica para que tengas una mayor perspectiva de estas
herramientas que nos ayudan a "fotografiar los paisajes internos del
organismo".
Fig. 3. Captación de 18F-FDG antes(a) y después(b) de un
tratamiento por inmunoterapia en un paciente de cáncer de pulmón de células no
pequeñas con metástasis. Extraído de Mitsunori Higuchi et al. (2016).
Por ello, he buscado tres aplicaciones diferentes en revistas
científicas.
-Además del diagnóstico, la18F-FDG se puede utilizar
en la monitorización de los tratamientos oncológicos como la inmunoterapia
(Fig. 3). Como podemos ver en la imagen, los focos de captación de la glucosa
son los tumores (efecto Warburg) que tras la inmunoterapia han reducido su tamaño
conside-rablemente.
-El uso de las técnicas de imagen y la moderna impresión 3D
puede ofrecernos la posibilidad de realizar útiles modelos anatómicos para la
enseñanza o el entrena-miento de personal médico ¡Imprime tus propias
costillas, hígado y pulmones! (Fig. 4).
Fig. 4. Pasos para transformar los datos de imagen de un CT en un modelo
anatómico imprimible por una impresora 3D. Extraído de Bücking TM et al.
(2017).
-Las técnicas de imagen aplicadas al sistema nervioso central,
neuroimagen, nos pueden ayudar en el diagnóstico y evaluación de la progresión
de enfermedades como el Parkinson (Fig. 5).
Fig. 5. Imágenes PET con 18F-FDG y MRI en un paciente con la
enfermedad de Parkinson y deterioro cognitivo. En esta imagen se puede observar
un déficit del metabolismo de la glucosa y una reducción del volumen en el
hemisferio cerebral izquierdo. Las imágenes A1-4 representan la reconstrucción
3D de la captación de 18F-DG en el cerebro. Las imágenes B, C y
D son diferentes modos de imagen PET/MRI fusionadas. Extraído de TaiseVitor et
al (2017).
Conclusión
La imagen biomédica es una herramienta muy potente para
"fotografiar" el interior de los seres vivos y ayudar a los médicos a
entender mejor las enfermedades. Es un campo en el que se puede aportar desde
muchas profesiones y que está en constante crecimiento.
¡Ayúdanos a descubrir los intrincados misterios del cuerpo
humano!
Referencias:
[1] de Lucas AG, Schuhmacher AJ, Oteo M, Romero E, Cámara JA, de
Martino A, et al. Targeting MT1-MMP as an ImmunoPET-Based Strategy for
Imaging Gliomas. PLOS ONE (2016).
[2] Mitsunori Higuchi, Yuki Owada, Takuya Inoue, Yuzuru
Watanabe, Takumi Yamaura, Mitsuro Fukuhara, et al.FDG-PET in the evaluation
of response to nivolumab in recurrent non-small-cell lung cancer. World J
SurgOncol. 2016; 14(1): 238.
[3] Bücking TM, Hill ER, Robertson JL, Maneas E, Plumb AA,
Nikitichev DI. From medical imaging data to 3D printed anatomical
models. PLOS ONE (2017).
[4] TaiseVitor et al (2017).TaiseVitor, KarineMinaifMartins,
Tudor MihaiIonescu, Marcelo Livorsi da Cunha, Ronaldo HuebBaroni, Marcio
Ricardo Taveira Garcia, et al. PET/MRI: a novel hybrid imaging
technique. Major clinical indications and preliminary experience in Brazil.
Einstein (Sao Paulo). 2017 Jan-Mar; 15(1): 115–118.
Ángel García de Lucas
Doctor en Biociencias Moleculares
Investigador de la Unidad de Aplicaciones de Radioisótopos,
CIEMAT.
Capítulo 35
Y yo quiero ser...Investigadora Biomédica
(Por Amparo Galán Albiñana)
Decidí convertirme en investigadora el día que fui de excursión
escolar a una fábrica de yogures con 9 años de edad. Cuando llegamos, nos
pusieron batas blancas a todos y nos llevaron de visita por la planta,
incluyendo distintos laboratorios. En ese momento, junto a las pipetas, me di
cuenta de que lo que yo quería saber era cómo funcionaba todo. Imaginaba
nuestro cuerpo por dentro, y poco a poco fui desarrollando interés por lo que
es la ciencia y qué mecanismos son los responsables de que estemos sanos o
desarrollemos una enfermedad.
A pesar de que la medicina avanza muy rápidamente y la cura de
un gran número de enfermedades está a la vista y que nuestra perspectiva de
vida pronto se acercará a los 100 años, todo eso no será posible si no existe
de forma paralela un avance en la investigación biomédica. Es necesario conocer
los mecanismos que regulan el funcionamiento de nuestras células, órganos y
tejidos, y por qué si un gen deja de funcionar o se muta, esto puede afectar a
nuestro organismo de forma global provocando tumores, fallo en órganos, o una
enfermedad neurodegenerativa.
En la actualidad existen un gran número de recursos y técnicas,
organismos modelo (levadura, mosca, pez cebra, o ratones) y líneas celulares de
laboratorio que nos permiten investigar e imitar lo que pasa en el cuerpo
humano, y de esta forma hallar las respuesta que vamos buscando, por qué
envejecemos o por qué enfermamos, por ejemplo. El abordaje de la investigación
biomédica se puede realizar desde múltiples perspectivas y todas son válidas,
microbiología, inmunología, histoquímica, bioquímica, biología molecular,
bioinformática, y además se pueden integrar todas para conseguir responder a
las preguntas que se nos planteen. La integración de todas estas disciplinas
dará lugar a una mejor respuesta.
La búsqueda de respuestas, en mi caso, me llevó en primer lugar
a licenciarme en Farmacia y luego realizar mi tesis doctoral en microbiología
estudiando los procesos que hacen de un hongo que en teoría solo provoca
infecciones de forma ocasional (Candida albicans) se pueda convertir en
algo letal para el cuerpo humano, convirtiéndose en uno de los principales
agentes de infecciones nosocomiales (infecciones que tienen lugar cuando los
pacientes están ingresados en hospitales por otras causas). De esta manera, estudiando
el hongo, y utilizando técnicas de bioquímica (estudiando proteínas), biología
molecular (estudiando los ácidos nucleicos, el DNA, RNA) y con ayuda de
microscopios y las primeras herramientas bioinformáticas, conseguí caracterizar
un gen implicado en la virulencia de Candida albicans y que
sirvió además como diagnóstico en pacientes infectados (Fig. 1).
Fig. 1. Observación al microscopio del hongo patógeno oportunista Candida
albicans, y de su apariencia en medio de cultivo.
Posteriormente, en mi fase postdoctoral, cambié a un campo
emergente y fascinante como es el de las células madre. Las células madre son
un conjunto de células con elevada capacidad de autorrenovación y
diferenciación y se clasifican en función de su origen. Las células madre
adultas son un número reducido de células que se encuentran en nuestros órganos
y tejidos y son responsables de reemplazar aquellas células dañadas que se
pierden cada día, como aquellas en nuestra piel, pelo, sangre o intestino, o
que se activan en respuesta a un daño agudo o crónico como ocurre en el hígado.
Estas células madre adultas tienen capacidad de renovarse y diferenciarse de
forma limitada, normalmente dentro de su linaje celular. Por otro lado, se
encuentran las células madre embrionarias (hESC) que se derivan a partir de
embriones excedentes de ciclos de reproducción asistida y que tienen capacidad
de autorrenovarse y diferenciarse de forma ilimitada, es decir, son inmortales
y con capacidad de diferenciarse en cualquier tipo de célula del organismo.
Fig. 2. Estrategia de derivación de células madre embrionarias humanas
(hESC). Diferenciación a distintos tipos celulares.
Nuestro laboratorio fue el primero en derivar líneas hESC en
España (Fig. 2), y conseguimos generar y caracterizar un buen número de líneas
hESC de distintos estadios y características genéticas. Este modelo celular es
excelente porque permite obtener células de hígado, piel o hueso, y además son
un modelo excepcional para estudiar enfermedades, bien sean enfermedades
causadas por un gen (monogénicas), o causadas por distintos agentes o procesos
patológicos como puedan ser la diabetes, o el cáncer. La medicina regenerativa
en un futuro podrá valerse de las células madre, tanto adultas como
embrionarias, para un gran número de terapias, incluyendo trasplantes de piel
en quemaduras, de órganos como hígado, páncreas o riñón (ya existen organoides
obtenidos en placas de cultivo), regeneración de cartílago, o reversión de la
ceguera como se está demostrando con los últimos experimentos y ensayos
clínicos incipientes. A día de hoy, existen multitud de ensayos clínicos
avanzados en curso para la aplicación de estas células en múltiples terapias.
Después de ese periodo, en la actualidad trabajo en el campo de
la neuroendocrinología molecular, especialmente en el estudio de los efectos de
la alteración del metabolismo de la insulina en el cerebro y el hígado, y
fundamentalmente en la respuesta del hígado y de sus células progenitoras
(células madre del hígado) frente a un daño crónico. La diabetes y la obesidad
son enfermedades metabólicas con una prevalencia del 13% y 30% respectivamente
en España. Estas dos patologías comparten una alteración en el metabolismo que
resulta en la resistencia a insulina, y en una relación directa con el daño
crónico en el hígado y el hepatocarcinoma, la tercera causa mortal de cáncer en
el mundo. En nuestro laboratorio, hemos desarrollado un modelo celular in
vitro que demuestra que la insulina es necesaria para el desarrollo
normal y diferenciación de los hepatocitos (células del hígado), y que la
resistencia a insulina mediada por el gen IRS2 puede inhibir
este proceso, e igualmente estar relacionado con el daño crónico y la falta de
respuesta en el hígado. Para poder abordar estas cuestiones contamos con
numerosos estudios en líneas celulares y también con un modelo de ratón mutante
(KO) para irs2 (irs2-/-) (Fig. 3). Los estudios de expresión
génica, análisis de tejidos y proteínas están desvelando resultados muy
prometedores en el papel de la resistencia a la insulina y el daño hepático
crónico generando respuestas y esperanzas a nuevas soluciones terapéuticas.
Este es solo un pequeño enfoque de lo que los estudios en
biomedicina pueden resultar. El mundo de la ciencia es maravilloso y
fascinante.
Fig. 3. Diseño experimental para elucidar el papel de la resistencia a
insulina en el daño hepático crónico y respuesta regenerativa in vivo e in
vitro.
Cada día que pasa se descubren miles de cosas, y la mayoría nos
pasan inadvertidas, pero nunca hay que dejar de preguntarnos por qué ocurren
las cosas y cómo es posible que seamos tan complejos, y al mismo tiempo,
funcionemos tan bien. El ser humano siempre busca respuestas y en el
laboratorio tenemos las herramientas adecuadas, y a pesar de que el trabajo no
siempre es satisfactorio, y que la paciencia y el tesón es fundamental, podemos
encontrar soluciones a un amplio rango de cuestiones que nos planteemos, y
conseguir un pequeño (ojalá gran) descubrimiento. Además, las puertas de la
ciencia siempre están abiertas, se fomenta el diálogo, la discusión, el
estudio, y el intercambio entre culturas y conocimientos de otros laboratorios
en multitud de países. Así pues, el trabajo en ciencia, es una oportunidad que
no debemos dejar escapar.
Esa niña de nueve años que una vez fui, hoy tiene más respuestas
gracias a la investigación científica.
Amparo Galán Albiñana
Doctora en Farmacia
Investigadora. Laboratorio de neuroendocrinología molecular.
Centro de Investigación Príncipe Felipe. Valencia
Profesora asociada. Departamento Bioquímica. Universidad de
Valencia.
Capítulo 36
Y yo quiero ser...Micóloga
(Por María P. Martín)
Cuando era estudiante de primero de BUP (Bachillerato Unificado
Polivante), tuve uno de los mejores regalos que una adolescente puede tener: un
profesor entusiasta que disfruta enseñando, en mi caso, mi profesora de
ciencias naturales. Neus Lloveras había sido discípula de Rosa Sensat, una
educadora catalana, que en las primeras décadas del siglo XX introdujo en
España modernas teorías pedagógicas, como una escuela al aire libre (Escuela
del Bosque).
Fig. 1. Esquema de la formación de un basidio, tras visualizar la película
del ciclo reproductor de un basidiomicota. M.P.Martín, 3-11-1978.
Y, desde luego, en mi profesora todos notábamos, no sólo un
profundo conocimiento de la materia, sino un estilo peculiar con el que nos
transmitía la curiosidad por el mundo que nos rodeaba. Sin duda, fue ella la
que puso la primera semilla para que germinara, más tarde, mi vocación
científica. En el laboratorio del Instituto Torres i Bages de Hospitalet de
Llobregat (Barcelona) realizábamos numerosas clases prácticas, muchas de ellas
se repiten en la actualidad en las aulas de ESO. En las excursiones, llevábamos
libretas y otros materiales ya que, en grupos, recopilábamos datos sobre la
flora, la fauna o el suelo de una zona determinada. Después, cada grupo
elaboraba, por ejemplo, un herbario, una colección de insectos, un mural, etc.;
el trabajo final dependía de las habilidades individuales y de la interacción
del grupo. Pasadas unas semanas, en el aula o en el patio del instituto, cuando
hacia buen tiempo, exponíamos, aunque sin los medios audiovisuales actuales, de
forma interactiva los trabajos. Para completar los temarios oficiales que, en
muchas ocasiones, eran difíciles de digerir, en el aula veíamos documentales de
la BBC. Los temas eran muy variopintos y, aunque no recuerdo los títulos
exactos, no serían muy diferentes de "La vida de los calamares",
"¿Qué son los hongos?", "El descubrimiento de la
penicilina", o "La vida de Marie Curie". Sus clases eran sin
duda enriquecedoras (Fig. 1). Con 15 años no sabía que sería científica, pero
estaba segura de que quería ser bióloga. Más tarde, en la licenciatura me
decanté por la rama de Botánica y, a través del libro Alexopoulus (1966) [1] y
las diapositivas que el Prof. Xavier Llimona nos pasaba en las clases de
Criptogamía empecé a descubrir el megadiverso mundo de los hongos. Me he
especializado en micología, la ciencia que estudia los hongos, y mi
investigación se centra en descubrir y describir su diversidad mediante
caracteres morfológicos, fisiológicos y moleculares, analizar la variabilidad
genética de las especies y establecer las relaciones filogenéticas entre ellas.
Pero, ¿qué son los hongos?
Una de las definiciones más completas sobre qué son los hongos
se encuentra en Telleria (2011) [2]: "Los hongos son seres eucariotas y
heterótrofos que se alimentan por absorción, se reproducen por esporas de
origen tanto sexual como asexual y, por lo general, presentan estructuras
somáticas filamentosas, provistas de paredes celulares; estructuras que,
individualmente, llamamos hifas y, en su conjunto, micelio". Son
eucarióticos, ya que sus células poseen núcleos verdaderos, donde están
encerrados los cromosomas; lo que los diferencia de los procariotas, como las
bacterias, cuyo ADN está disperso en el citoplasma; y son heterótrofos (del
griego ἕτερος, heteros, "otro, desigual, diferente", y τροφή, trofo,
"nutrición"), ya que se alimentan con las sustancias orgánicas
sintetizadas por otros organismos, en contraste con los autótrofos, como las
plantas, que sintetizan las sustancias esenciales para su organismo a partir de
sustancias inorgánicas y una fuente de energía que suele ser la luz. Organismos
eucarióticos y heterótrofos, además de los hongos, son los animales; sin
embargo, mientras que los animales para nutrirnos, ingerimos primero y
digerimos después, los hongos lo hacen al contrario: primero digieren el
alimento en el medio externo mediante enzimas que liberan, y luego lo absorben
a través de sus paredes y membranas celulares. Este modo de alimentación típico
de los hongos se conoce como lisotrofia; y gracias a las enzimas los hongos
pueden digerir moléculas complejas y prácticamente insolubles (carbohidratos,
proteínas, lípidos, etc.) transformándolas en nutrientes simples y solubles.
Antes del desarrollo de los análisis moleculares del ARN, se clasificaba a los
hongos en el reino Vegetal, ya que producen esporas. Sin embargo, en la
actualidad sabemos que son un grupo de organismos más cercanos al reino Animal
que al de las plantas, y constituyen un grupo monofilético propio (comparten un
ancestro común), el reino Fungi.
¿Por qué me especialicé en micología?
Los hongos presentan una gran y, muchas veces, sorprendente
variabilidad morfológica, y esto, junto a las pocas especies que se conocen,
unas 120.000 especies frente al millón y medio que se calcula existen en la
tierra, fue lo que me atrajo de ellos. Es muy probable que los primeros hongos
aparecieran antes que las primeras plantas terrestres, y más tarde se asociaran
con ellas formando micorrizas (simbiosis entre las hifas de un hongo y las
raíces de una planta). Con esta asociación, las plantas conseguían, como ahora,
el agua y las sales minerales que les aportaba el hongo, lo que permitió su
extensión en una Tierra, por aquella época todavía hostil. Al menos, así lo
corroboran las hifas y esporas fosilizadas que se han encontrado en estratos de
460 millones de antigüedad (período Ordovícico) en Wisconsin (Redecker et al.
2000 [3]). En el Ordovícico, las plantas eran muy pequeñas, como Aglaophyton
major que presentaba un rizoma (tallo subterráneo) del que sobresalían
tallos aéreos de unos 15 cm de altura; es en fósiles de A. major dónde
se han encontrado esporas e hifas que recuerdan a los Glomales, hongos actuales
que forman micorrizas arbusculares con numerosas plantas. Aunque la
clasificación de los hongos no es definitiva, se consideran 8 grupos
monofiléticos (un ancestro común): 1) los Chytridiomycota son,
en general, acuáticos y presentan esporas móviles, muchos son parásitos de
plantas e insectos. La especie Batrachochytrium dendrobatidis es
considerada una de las responsables del declive global de la población de
anfibios; 2) los Neocallimastigomycota son anaerobios
facultativos, no tienen mitocondrias sino hidrogenosomas, y viven, por ejemplo,
en el aparato digestivo de los herbívoros; 3) los Blastoladiomycota son
saprófitos o parásitos de algas y larvas de insectos; 4) los Microsporidia son
unicelulares y parasitan animales; 5) los Zygomycota presentan
unas hifas sin septos transversales (sifonadas), forman parte de los llamados
mohos de crecimiento rápido, y unos grupos parasitan insectos y artrópodos; 6)
los Glomeromycota que forman una simbiosis especial con raíces
de plantas vasculares, las micorrizas de tipo arbuscular, en las que el hongo
penetra en las células corticales de las raíces de las plantas; 7) los Ascomicotas, el
grupo más amplio y diverso de hongos, entre los que se encuentran organismos
microscópicos tan conocidos como Saccharomyces cerevisiae (la
levadura de la cerveza) o el Penicillium notatum (hongo
aislado por Fleming y del que se obtenía penicilina), y otros casi desconocidos
parásitos de insectos (laboulbeniomicetes). A este grupo pertenecen también,
por ejemplo, las preciadas trufas; y, 8) los Basidiomicotas, entre
los que se encuentran las royas y los carbones, parásitos obligados de plantas
vasculares, o las levaduras del género Malassezia, que causan
una enfermedad de la piel denominada pitiarisis versicolor; también, numerosos
hongos que producen basidiomas en forma de seta, algunas de ellas comestibles.
Yo empecé estudiando un grupo de basidiomicotas cuyos cuerpos fructíferos
(basidiomas), en general globosos cuando son jóvenes, tienen un desarrollo
angiocárpico (permanecen cerrados hasta que maduran las esporas). Estos hongos
se incluían en la clase Gasteromycetes. Sin embargo, los estudios moleculares
han confirmado que la naturaleza angiocárpica ha surgido en numerosas ocasiones
a lo largo de la evolución de los hongos, en distintos órdenes de
Agaricomycotina (Agaricales, Boletales, Geastrales, Gomphales, Phallales,
Russulales), por lo que no proceden de un antepasado común (grupo
polifilético), y, por tanto, la clase Gasteromycetes, como clase artificial que
es, está obsoleta. En la actualidad, nos referimos a estos basidiomicotas como
"hongos gasteroides". Estos hongos presentan una gran diversidad de
basidiomas y se considera que el tipo de desarrollo de estos hongos es una
adaptación a climas áridos. En el Real Jardín Botánico-CSIC, formo parte del
grupo de investigación que estudia los hongos corticioides, incluidos
tradicionalmente en los Aphyllophorales s. auct., y en la actualidad en varios
órdenes de Agaricomycetes (Basidiomycota), entre ellos, Atheliales, Boletales,
Corticiales, Hymenochaetales y Trechisporales. Estos hongos son, como los
gasteroides, un grupo artificial polifilético, ya que no proceden de un antepasado
común; presentan la morfología de su basidioma resupinada o efuso-refleja, como
una costra sobre el sustrato, y comparten un mismo nicho ecológico, la madera
muerta en distintos grados de descomposición. Se conocen de todas las regiones
del planeta, a excepción de los polos y se consideran organismos clave para
interpretar la evolución de los basidiomicota. Como en otros hongos, la
delimitación de sus especies se ha basado tradicionalmente en el análisis de
caracteres de sus basidiomas (macro y micromorfológicos); sin embargo, con las
herramientas moleculares se ha podido demostrar que especies de amplia
distribución, corresponden a un complejo de varias especies crípticas (misma
morfología), con rangos de distribución restringido. En el proyecto que estamos
trabajando en los últimos años "El cosmopolistismo en hongos corticioides,
una visión desde la América austral", queremos contestar a las siguientes
preguntas ¿son los hongos corticioides australes mayoritariamente cosmopolitas
como tradicionalmente se ha supuesto para este grupo de organismos?, o por el
contrario, ¿están éstos sujetos a algunos de los patrones que rigen la
distribución del resto de los organismos? Como los hongos corticioides del
hemisferio norte están bastante bien estudiados, para contestar a estas
preguntas lo primero que hemos hecho es muestrear en diversas zonas de Chile,
así como obtener especímenes de diferentes herbarios mundiales. Ahora tenemos
miles de muestras para estudiar, describir y darles un nombre (sistema binomial
de nomenclatura). Estos datos nos ayudarán a comprender e interpretar los
patrones que rigen la distribución de las especies en ambos hemisferios y a
completar, con la descripción de especies nuevas, el catálogo de la vida.
¿Cómo descubrimos y describimos las especies?
Los micólogos, descubrimos y describimos las especies de hongos,
mediante caracteres morfológicos, tanto macroscópicos (ej. forma, tamaño y
color del basidioma y del himenio), como microscópicos (ej. forma y tamaño de
los basidios, forma y tamaño de las esporas); y, desde la llegada de las
herramientas moleculares, mediante el análisis de distintas regiones del genoma
(ADN de un organismo).
Fig. 2. Arriba: Tomentella sublilacina y Tomentella ferruginea (Fotos: M.T.
Telleria). Abajo: Un fragmento de las secuencias barcode de distintas especies
de Tomentella (Foto: M.P. Martín). Fuente: El diario del Jardín Botánico 3: 10.
En particular, para la identificación de las especies,
utilizamos la herramienta conocida como el código de barras de ADN, que se basa
en confrontar el fragmento de ADN (barcode) de una muestra desconocida,
con una o más secuencias de muestras bien identificadas; lo que permite la
identificación rápida, para los investigadores que lo necesiten (Fig. 2). Cada
especie se identifica por su ADN-barcode, de forma similar a como un
código de barras de líneas negras permite identificar un producto determinado
en un supermercado. Esta herramienta es especialmente útil, para la
identificación de organismos poco visibles, o con pocos caracteres morfológicos
para su identificación, tales como los hongos. En muchas ocasiones, en el
sustrato (por ejemplo, suelo o restos vegetales) solo aparecen las partes
vegetativas -las hifas, que forman el micelio-, que tienen un aspecto más o
menos idéntico en el microscopio, por lo que no se puede llegar a conocer la
especie solo por los caracteres morfológicos.
A modo de conclusión
Mis colegas micólogos verán que en estas breves páginas, no he
reunido todos los temas que la micología abarca; sin embargo, espero que en
algunos de los lectores más jóvenes haya surgido una chispa de curiosidad para
acercarse a una ciencia que puede llevarles a explorar lugares exóticos o poco
conocidos, como me ha llevado a mí, por ejemplo, a Brasil, a Cabo Verde, o a la
Patagonia Chilena; o a aprender diferentes métodos de identificación
(microscopía, técnicas de ADN, etc.), para seguir descubriendo y describiendo
la diversidad de hongos. La micología es mucho más que recolectar en el campo
setas (basidiomas) para consumir. ¡Descúbrela!
Referencias:
[1] Alexopoulos CJ. 1966. Introducción a la micología. Edt.
EUDEBA, Buenos Aires. 615 pp.
[2] Telleria MT. 2011.Los hongos. Vol. 22 de ¿Qué sabemos de...?
Editor CSIC, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 126 pp. ISBN
840009316X, ISBN
9788400093167
[3] Redecker D, Kodner R, Graham LE. 2000. Glomalean fungi from
the Ordovician. Science 289: 1920 1921.
María P. Martín Esteban
Doctora en Botánica
Investigadora Científica de OPIs, Real Jardín Botánico, CSIC
Capítulo 37
Y yo quiero ser...Micóloga
(Por Vanessa S. Dutra de Carvalho)
Todos los días somos perjudicados o nos beneficiamos, directa o
indirectamente, por hongos. ¡Los micólogos son las personas que estudian estos
seres increíbles! Gracias a sus características, los hongos son indispensables
para el planeta y están más presentes en tu día a día de lo que imaginas.
Conocer estas propiedades es esencial para que entiendas la importancia de los
hongos y por qué el trabajo de un micólogo es tan apasionante.
¿Sabías que la comida más cara del mundo, la trufa blanca, es un
hongo? ¡Eso es! Con sabor muy agradable, la especie Tubermagnatum es un hongo
que crece en suelo húmedo, en una región específica de Italia. Muchas
peculiaridades hacen de éste el alimento más caro del mundo, pudiendo costar
entre 2.500,00 y 4.000,00 euros el kilo.
¿Qué son los hongos?
El reino Fungi incluye levaduras, mohos y
setas. Las levaduras son hongos unicelulares y microscópicos. El ejemplo más
popular es Saccharomycescerevisiae, que participa en la producción
de panes, pizzas, vinos y cervezas.
Por otro lado, el mayor ser vivo del planeta es un hongo
multicelular de la especie Armillariasolidipes, que se extiende por
un área de 9,6 km2, (¡más que 1200 Camp Nou juntos!).
Los mohos son multicelulares y forman estructuras aterciopeladas
o con texturas de algodón. Las setas parecen pequeños paraguas, como los de
Super Mario Bros. Algunas setas son comestibles, como el champiñón y el shitake;
otras son altamente venenosas, como la Amanita phalloides, famosa
por haber sido responsable de la muerte del papa Clemente VII. Es muy difícil
diferenciar entre comestibles y venenosas, y corresponde a los micólogos esta
tarea.
Otra forma fúngica se encuentra cuando los hongos desarrollan
asociaciones de tipo mutualista con cianobacterias y algas, formando los
líquenes.
Pero ¿qué tienen en común estos seres tan distintos?
La célula: su unidad microscópica estructural y funcional. Las
células de los hongos son muy parecidas a las nuestras: ambas son eucarióticas
y poseen mecanismos celulares similares. Sin embargo, existe una estructura
externa a la célula fúngica que la diferencia de la célula animal y confiere al
grupo la mayoría de sus características exclusivas: la pared celular.
Debido a la rigidez de la pared, los hongos no son capaces de
realizar fagocitosis. Ellos liberan enzimas digestivas en el medio, que
digieren el sustrato fuera de la célula, rompiendo las moléculas grandes en
moléculas más pequeñas que se absorben. Los hongos son capaces de producir
enzimas que digieren prácticamente todo, incluyendo tejidos, cuero, plumas,
pelo, celulosa, madera, goma y varios productos derivados del petróleo.
Hongos y su papel ecológico 😀
Por su enorme versatilidad enzimática, los hongos son
reconocidos como los agentes de degradación más importantes del planeta.
Gracias a ellos, se reciclan los nutrientes contenidos en la materia orgánica,
como restos de animales y vegetales.
Putrefacción y producción de micotoxinas 😖
Esta misma versatilidad enzimática puede generarnos pérdidas.
Hay varios procesos para proteger nuestros alimentos de la putrefacción causada
por hongos, como el secado, el salado, la congelación, el calentamiento, la
irradiación y el uso de los aditivos químicos. Además de dañar los alimentos,
algunas especies de hongos producen sustancias que son tóxicas para nuestro
consumo, conocidas como micotoxinas. Los procesos arriba citados no
las eliminan del medio. La micotoxina más notable es la aflatoxina,
un compuesto altamente carcinogénico. Los micólogos se esfuerzan por mejorar
los métodos de control e identificación de los hongos en alimentos y otros
productos.
Micosis: infecciones en humanos y otros animales 😖
Otro desafío al que se enfrentan los micólogos es la prevención
y la cura de micosis, que son infecciones causadas por los hongos. Cada hora
150 personas mueren por infección fúngica. La diversidad de antifúngicos
disponibles es muy limitada y estos especialistas buscan obtener drogas más
potentes. ¿Te acuerdas de la pared celular? Es una estructura esencial para el
hongo que los animales no tienen. Por eso, esta estructura es muy estudiada por
micólogos como diana para antifúngicos.
Infección en plantas y perjuicio económico 😖
Las plantas también son dianas de infecciones fúngicas, causando
serias pérdidas económicas. Los hongos causantes de infecciones en las plantas
se llaman fitopatógenos. Todavía queda mucho por descubrir sobre la biología
básica y los ciclos de vida de estos hongos, por lo que el control de
fitopatógenos exige una gran dedicación para los micólogos.
El control biológico por hongos 😀
Todos los tipos de plantas pueden ser infectados por hongos,
incluyendo especies de malas hierbas, que causan serios problemas a los
emprendimientos relacionados con tierras y áreas naturales. Los micólogos
tuvieron la gran idea de usar hongos causantes de infección específicamente en
las malas hierbas como agentes de control biológico.
No todos los hongos asociados a las plantas son perjudiciales
para ellas. Algunos hongos en el suelo forman una red que permite a las plantas
comunicarse entre sí y distribuir nutrientes. Los micelios de los hongos
interactúan con las raíces de diferentes plantas y esto les permite compartir
información sobre la presencia de insectos herbívoros, malas hierbas y hongos
patógenos. Es como si una planta "hablara" con la otra. De esta
manera, las plantas conectadas a esta red se protegen unas a otras. Esta interacción
hongo-planta es conocida como micorriza y ocurre en cerca del
90% de las plantas terrestres.
Además, existen los hongos endófitos, que pueden estar presentes
en las hojas y en los tallos de plantas sanas, protegiendo la planta de hongos
patógenos y animales herbívoros. Entender cómo y qué hongo protege la planta y
que otros factores que influyen esta asociación exige gran esfuerzo por parte
de micólogos y genera buenos resultados de control biológico de plantaciones al
mismo tiempo que disminuye el uso de agrotóxicos.
Hongos en la industria😀
El metabolismo de los hongos (primario o secundario, natural o
inducido en laboratorio) tiene gran repercusión en la industria (alimentaria,
farmacéutica y de otros productos). Los hongos son productores de antibióticos
(como penicilina), de insecticidas, de medicamentos inmunosupresores usados
después del trasplante de órganos (ciclosporina), reducen el colesterol
(estatina) y son prometedores en el tratamiento del cáncer (taxol).
En la industria alimenticia, los hongos son los responsables de
la existencia de los panes, vinos, cervezas, licores, chocolates, vinagres,
ácido cítrico, tempeh, salsa de soja, dan los sabores específicos a los quesos
Roquefort, Camembert, Brie y Gorgonzola. Además los propios hongos son
consumidos, como algunas setas.
Asimismo, estos organismos son utilizados como pequeñas
"fábricas" para la producción de vacunas, vitaminas, anticuerpos,
diversas enzimas, ácidos (tales como el láctico y el oxálico) y otros
compuestos biológicamente activos.
Organismos modelo😀
Algunos hongos se utilizan para estudiar procesos biológicos
fundamentales de células eucariotas, porque poseen mecanismos genéticos comunes
a otros organismos relacionados. La ventaja sobre otros sistemas como plantas y
células animales es que el cultivo de hongos es fácil, simple, barato y rápido.
A modo de conclusión
Los hongos presentan complejos sistemas biológicos y bioquímicos
que producen efectos positivos o negativos en la sociedad. Los micólogos de
todo el mundo quieren entender estos seres para encontrar maneras de minimizar
sus efectos negativos y maximizar sus puntos positivos.
"El mundo no descrito de los hongos puede ser visualizado
como un recurso potencial masivo que espera ser comprendido" (Hawksworth).
A pesar de esta enorme diversidad de habilidades que los hongos tienen y su
papel en la salud, en la industria y en la ecología, muchas cosas sobre estos
seres siguen siendo un misterio. Ser micólogo es aventurarse en un universo
infinito de posibilidades.
¿Te atreves a participar en este desafío?
Notas:
Sarah C. Watkinson, Nicholas Money and Lynne Boddy, 2016. The
Fungi(Third Edition).
Vanessa S. Dutra de Carvalho
Estudiante de Doctorado Microbiología y Genética Molecular
Universidad de Salamanca
Instituto de Biología Funcional y Genómica, CSIC
Capítulo 38
Y yo quiero ser...Microbiólog@
(Por Alba Blesa Esteban)
Ser microbiólogo no es algo que tengas claro desde la más tierna
infancia. De hecho, cuando en los primeros años escolares te someten a la
típica pregunta de: "y tú, ¿qué quieres ser de mayor?", a parte de
las populares respuestas de princesas y astronautas, es raro encontrar una
réplica más allá del "científico", siendo este caso muy
extraordinario.
Fig. 1. río Tinto (Huelva)
Yo tenía clarísimo que la Naturaleza me interesaba y mucho, no
solo por las asiduas visitas dominicales al zoo, la colección de cromos o mi
afición por los documentales de Costeau, sino porque sentía que era una fuente
inagotable de paisajes y especies distintas que convivían en más o menos
armonía, de forma ordenada y a la vez enigmática. Pero había algo más, algo que
no veía y que sin lugar a dudas, hacía que todo tuviera sentido, incluso en las
condiciones más extremas. ¿Cómo podía haber vida a más de 100 ºC, en chimeneas
hidrotermales y grietas volcánicas? ¿Y en el mar Muerto? Ya su propio nombre
indica no ser demasiado hospitalario.Fue entonces cuando visitamos a unos
amigos de Huelva y nos llevaron de excursión al río Tinto. El color rojizo del
agua era intenso y continuo a lo largo de todo el tramo (Fig. 1). ¡Cuál fue mi
sorpresa cuando nos dijeron que los responsables de ese color, al igual que el
fuerte olor a huevo podrido, eran unos bichos minúsculos que vivían en las
rocas debajo del cauce del río, comiendo (oxidando) hierro! Aquello que no
vemos, los microorganismos, son los que hacen que el mundo sea tal y como lo
vivimos. El ecosistema global depende de sus actividades ya que son ellos los
que gobiernan los ciclos biogeoquímicos, permitiendo el correcto funcionamiento
de los hábitats. Así, en el río Tinto, las asociaciones de diferentes bacterias
sulfitoreductoras, hongos acidófilos y algas fotosintéticas, pueblan un
ambiente antes concebido como inhabitable debido a su pH fuertemente ácido y
gran concentración de metales pesados en solución.
¿Qué es la microbiología?
Como puede adivinar el lector, esta ciencia se centra en el
estudio de los microorganismos. Dentro de este colectivo de tamaño microscópico
(de ahí su nombre), encontramos bacterias, virus y hongos, al igual que otros
menos conocidos como arqueas, algas, protozoos, priones y viroides (Fig. 2).
Los microbiólogos estudian la identificación y clasificación de
microorganismos, tarea realmente ardua debido a la enorme diversidad de los
mismos, incluyendo cerca de un trillón de especies bacterianas y 1031 virus
[1]. En concreto, investigan su fisiología, morfología y genética, así como las
interacciones con otros microorganismos, con su entorno y con anfitriones tales
como el ser humano. De hecho, a nivel clínico, los microbiólogos son la llave
entre el laboratorio y el paciente, desarrollando un papel fundamental en el
diagnóstico y asesoramiento del tratamiento. En este trabajo, los retos que
trae consigo la aparición de nuevas cepas patógenas, el resurgimiento de
algunas antiguas y su expansión a través de poblaciones con una inmunidad más
comprometida, posiciona a los microbiólogos como piezas claves en el contexto
sanitario.
Fig. 2. La microbiología estudia diversos organismos de tamaño microscópico
y multitud de formas.
Asimismo, crisis recientes como las del Ébola y la gripe aviar
H5N1, dos tipos de virus con enorme virulencia y gran capacidad contagiosa, han
podido ser gestionadas exitosamente gracias al desarrollo de la ciencia
microbiológica.
Pero no todos los microorganismos suponen una amenaza en la vida
diaria del ciudadano de a pie. Esto podemos comprobarlo en actividades tan
cotidianas como el empleo de antisépticos en la higiene dental o comerse un
yogur, producto de la fermentación combinada de Streptococcus
thermophilus y Lactobacillus bulgaricus que lleva 4
milenios implementándose. Igualmente, si usted quiere fabricar cerveza
artesanal en casa, convendría que conociese a las polifacéticas levaduras del
género Saccharomyces. La cantidad de cereal, fuente de carbono y
energía para las levaduras y sustrato de la fermentación de la cerveza, la cepa
de levadura empleada así como el pH y la temperatura del proceso fermentativo
determinarán que su producto final sea un elixir de placer o alcohol de quemar.
Microorganismos everywhere
No solo encontramos microorganismos en ambientes extremos, sino
que realmente están en todas partes. Los microorganismos habitan todos los
sitios del planeta y más allá. El mencionado ecosistema del río Tinto es un
laboratorio vivo para la NASA debido a sus similitudes con el planeta Marte,
arrojando importantes hallazgos acerca de la posible vida extraterrestre. Hasta
hoy, han sido recuperados microorganismos con vida desde la estratosfera hasta
en perforaciones de 4 km de profundidad, en nichos incrustados en fracturas
rocosas y suspendidoas en el aire, ampliando los límites de nuestro concepto de
biosfera. "El papel de lo infinitamente pequeño es
infinitamente grande", dijo Louis Pasteur. Y tanto que lo es. Generalmente
los encontramos viviendo en comunidades llamadas biofilms,
complejos altamente especializados y compartimentalizados, funcionando
como ciudades microbianas de una o varias especies.
Estos biofilms son los que nutren los tapetes microbianos
antárticos, los que obstruyen y corroen cañerías y los que se emplean en
técnicas de biorremediación de ambientes contaminados. Además, las poblaciones
en los biofilms pueden comunicarse mediante quorum
sensing, un lenguaje químico que informa acerca de cuándo volverse
patógenos, cuándo intercambiar información genética o cómo mantener el volumen
de otras poblaciones vecinas a raya, entre otros. Por ejemplo, un desajuste en
la microbiota oral fomenta la proliferación de biofilms de
determinados estreptococos responsables de caries y sarro dental. De hecho, estos bichitos que
requieren de microscopio para ser visualizados, habitan nuestra piel, nuestro
sistema digestivo y genital, de forma que albergamos 10 células bacterianas por
cada célula humana [3]. Visto así, ¡somos fundamentalmente colonias de
microbios!
Por qué estudiar microorganismos
Quizás la razón fundamental es porque son imprescindibles para
la vida. En nuestro caso, el microbioma humano (Fig. 3), que comprende además
de arqueas, hongos y virus, entre 500 y 1000 especies bacterianas diferentes
[2], es quizás tan abundante y diverso porque no solo nos ayudan a metabolizar
alimentos, sino que llevan a cabo la síntesis de micronutrientes y vitaminas
tan importantes como la B12 y la K. Gracias al conocimiento generado a raíz de
su estudio se están realizando transplantes de microbiota intestinal con éxito,
corrigiendo disbiosis microbianas tras el uso prolongado de antibióticos o como
terapia eficaz para la enfermedad de Crohn.
Fig. 3. Microbiota normal humana [3].
Hemos comentado la existencia de varios microorganismos
patógenos, causantes de enfermedades devasta-doras tales como el SIDA, la
polio, la neumonía o la tuberculosis, para cuyo control, erradicación y
prevención es funda-mental el conocimiento de su metabolismo y genética. Pese a
la mala fama que tienen y al origen de su nombre, no todos los virus son
veneno. Gracias a su aislamiento y estudio molecular se han podido emplear como
eficientes agentes terapéuticos en procesos infecciosos, han sido cruciales en
el desarrollo de vacunas desde la época de Edward Jenner (1749-1823, pionero de
la vacuna contra la viruela) y la esperanza en varios tratamientos de control y
prevención del cáncer, conocidas como terapias génicas. También hay
microorganismos que desarrollan un papel esencial en la economía, pues
múltiples cepas microbianas son de uso extensivo en la industria
agroalimentaria, energética y biotecnológica. No solo se emplean en la
fermentación de vinos y vinagres, curación de quesos y otros derivados lácteos,
también son la base de la "fabricación" de múltiples fármacos.
Además, son clave en la generación de biofuels o tratamientos
de aguas. ¿Sabía usted que hay bacterias que se alimentan de residuos
nucleares, de arsénico o mercurio? ¿Y otras como Geobacter o Shewanella,
capaces de generar electricidad sin necesidad de mediadores artificiales? Así,
en un futuro no tan lejano, los microorganismos podrían jugar un papel muy
relevante como fuentes alternativas de energías renovables con un mínimo
impacto en el medio ambiente. No solo el microbio entero es
aprovechado sino que también algunas de sus partes como las enzimas, son de
gran interés industrial a todas las escalas, desde los fermentadores
industriales hasta el supermercado. Lipasas bacterianas son la base de los
detergentes, se emplean proteasas para ablandar la carne o las xilanasas, que
son responsables del blanqueamiento del papel, entre otros. Además, los
microorganismos funcionan como modelos fundamentales en investigación, no solo
por su rápido y relativamente fácil crecimiento, sino porque ejercen de patrón
para organismos más complejos, por ejemplo, las bacterias fotosintéticas para
plantas. No les mentiré, el trabajo del microbiólogo es fascinante, pero
también duro y extenuante, como el de todo científico. Pese a la aparente
simplicidad inicial que puede presentar nuestro objeto de estudio y trabajo, es
impresionante la complejidad de las redes regulatorias de microorganismos que
permiten su adaptación al medio y aceleran su desarrollo evolutivo, desafiando,
por otro lado, nuestra comprensión. Por ejemplo, es pasmoso cómo puedes tardar
meses hasta dar con la receta perfecta para hacer crecer en el laboratorio a
una bacteria con una estructura celular simple y sin orgánulos ni
compartimentos especializados, con un genoma mínimo y un ciclo vital básico.
Conclusiones finales
Mi fascinación por los microbios proviene no solo de su
diversidad sino sobre todo de su plasticidad o capacidad para adaptarse a un
ambiente en continuo cambio. Entre otras estrategias, son capaces de adquirir
nuevos genes del microbio vecino, volverse virulentos o colonizar nuevos
hábitats rápidamente si las circunstancias lo propician, o protegerse del
enemigo secretando toxinas y camuflándose. Esta pluralidad morfológica,
fisiológica y genética hace que los microorganismos sean una fuente de conocimiento
y aplicación en áreas tan dispares, desde hacer pan hasta analizar muestras de
agua de otros planetas o poder editar genomas a la carta. Así pues,
es fácil imaginar que para el microbiólogo todos los días son maravillosamente
diferentes. Además, desde un punto de vista laboral, siempre habrá un lugar
para los microbiólogos ya que los microbios seguirán evolucionando rápidamente
y siendo más listos. Nuevos mecanismos de resistencia emergerán,
exigiéndonos desarrollar estrategias alternativas a las actuales para poder
combatirlos. De igual manera, nuevos microorganismos se descubren diariamente y
con ellos nuevas enzimas con un potencial interés clínico e industrial que
explotar. Además, las tendencias de diagnóstico molecular que se están
implementando en múltiples áreas experimentales, incluyendo la industria y la
medicina, hacen del microbiólogo un activo solícito en este futuro próximo. Tal
y como dijo Pasteur, "son los microbios los que tendrán la última
palabra". Nuestro reto es precisamente comprenderla.
Referencias:
[1] Editorial. 2011. Microbiology by numbers. Nature
Reviews Microbiology 9, 628.
[2] Sommer, F; Bäckhed, F. 2013. The gut microbiota:masters of
host development and physiology. Nature Reviews Microbiology 11
(4): 227–38.
[3] Willey, Sherwood, y Woolverton. 2014. Prescott´s
Microbiology, 9ª ed. MacGraw-Hill.
Alba Blesa Esteban
Doctor en Microbiología y Biología Molecular.
Profesor contratado doctor de la Universidad Francisco de
Vitoria, Madrid
Capítulo 39
Y yo quiero ser...Microbióloga
(Por Belén Gutiérrez Soriano)
Si en este preciso instante no quieres ser microbiólogo será
porque aún no conoces el apasionante mundo de las bacterias.
Las bacterias en nuestro día a día…
Para empezar, en tu cuerpo hay aproximadamente 40 billones de
bacterias y alrededor de 30 billones de células humanas. Si, como lo oyes. Así
que podríamos decir que somos mitad personas, mitad bacterias. Estas bacterias
se encuentran principalmente en el colon, placa dental, saliva, intestino
delgado, piel, estómago… y al conjunto de todas ellas lo llamamos MICROBIOTA.
¿Y se puede saber qué es lo que hacen todas estas bacterias habitando tu
cuerpo? Pues comunicarse con tu cerebro. Te explico. El sistema nervioso del
intestino y el sistema nervioso central se comunican de manera bidireccional y
la microbiota intestinal juega un papel importante en dicha comunicación. De
esta manera, el autismo, la enfermedad de Parkinson, la ansiedad, la depresión,
el dolor crónico, la fibromialgia y la obesidad entre otros son, en parte, el
resultado de una microbiota intestinal que interacciona de forma anómala con el
eje cerebro-intestino. Por ejemplo, se ha visto que al modificar la microbiota
en los ratones, también se modifica su comportamiento. Es decir, las bacterias
hablan con nuestro cerebro. Así que es importante cuidarlas. Con todo esto no
pretendo asustarte, si no hacerte ver la importancia que estos seres
microscópicos tienen en tu vida.
Las bacterias en la historia de la humanidad…
Por otro lado, a lo largo de la historia de la humanidad, ha
habido grandes epidemias como la tuberculosis, la peste, el cólera y la lepra;
todas ellas causadas por bacterias. A día de hoy, estas enfermedades están
todavía presentes y la OMS (Organización Mundial de la Salud) sigue reportando
casos todos los años.
En concreto, la peste es una de las zoonosis (enfermedad que se
puede transmitir entre humanos y animales) más antiguas que se conoce y ha
llegado a considerarse como una de las plagas más grandes y letales de la
historia. La bacteria que la causa es Yersinia pestis, la pulga es
el vector que la transmite mediante su picadura y la rata es el reservorio. La
primera plaga conocida causada por esta bacteria es la plaga de Justiniano que
tuvo lugar en el siglo VI en el imperio bizantino. Llegó a ocasionar unas 10.000
muertes al día con un total aproximado de 30.000.000 de muertes. Es más, se
considera que acabó con la vida de la mitad de la población en esas regiones.
La segunda fue la peste negra en el siglo XIX que produjo 75 millones de
muertes. La última fue la tercera pandemia, en los siglos XIX-XX, que causó 12
millones de muertes.
Pero quiero que te quedes con un solo dato de todo esto. En cada
una de estas plagas, fue una única bacteria o cepa la que salió fuera de
control siendo capaz de propagarse y causar todas estas muertes.
Los antibióticos…
Afortunadamente, Alexander Fleming descubrió la penicilina en
1928 que fue el primer antibiótico de uso clínico. Un antibiótico, es una
sustancia natural producida por un organismo (bacterias, hongos) o un derivado
sintético que, a altas concentraciones, mata o impide el crecimiento de
microorganismos sensibles. ¿Y cómo descubrió Fleming la penicilina? Pues
resulta que se dejó olvidada en su mesa de trabajo una placa de petri, en donde
estaba cultivando sus bacterias. Al cabo de los días, observó que había crecido
un hongo y que alrededor de dicho hongo sus bacterias no crecían. De ahí,
dedujo que el hongo debía de producir alguna sustancia que impedía el
crecimiento de las bacterias. Y es que muchos de los grandes descubrimientos se
han realizado por casualidad. En concreto, el descubrimiento de los
antibióticos es considerado como uno de los mayores descubrimientos biomédicos
de la historia ya que enfermedades que eran hasta entonces mortales pudieron
empezar a curarse. De esta forma, los antibióticos hicieron que aumentase
enormemente la esperanza de vida ligado a una disminución de la mortalidad
infantil y a un aumento de la población mundial a partir de que comenzaran a
comercializarse.
La resistencia a los antibióticos…
Pero las bacterias tienen una gran capacidad de adaptación
debida principalmente a tres razones. Forman grandes poblaciones, tienen
capacidad para mutar (al igual que cualquier célula, cometen errores) y pueden
pasarse material genético entre bacterias vecinas. Todo esto hace que las
bacterias puedan desarrollar o adquirir resistencia a los antibióticos.
Nosotros, cuando tomamos antibióticos lo que hacemos es matar a las bacterias
sensibles y seleccionar a las bacterias resistentes que al encontrase solas, tienen
vía libre para multiplicarse. Por eso, si hacemos un mal uso de los
antibióticos favorecemos la selección y propagación de estas bacterias
resistentes. Y eso, lamentablemente, es lo que hemos estado haciendo durante
muchos años. De esta manera, la resistencia a antibióticos se ha convertido en
uno de los mayores desafíos biomédicos de la actualidad. Si no ponemos remedio,
las infecciones causadas por estas ‘superbacterias’ resistentes a antibióticos
serán la primera causa de muerte para el año 2050.
Qué hace un microbiólogo y qué puede llegar a descubrir…
Para llegar a ser microbióloga yo estudié veterinaria. Si, si,
has oído bien. De todas formas, se puede llegar a ser microbiólogo por muchas
otras vías y te diré por qué. Hace algunos años que apareció el concepto de
"One Health" ("Una salud"). Este concepto pone de
manifiesto que la salud humana y la animal son dependientes entre si y a su vez
están ligadas a la salud de los ecosistemas. Esto se ha implementado como una
aproximación colaborativa global para entender los riesgos de la salud humana,
animal y de los ecosistemas como un todo. Los riesgos han aumentado con la
globalización, cambio climático y cambios en el comportamiento humano y por
tanto las oportunidades de colonizar nuevos territorios por parte de los
microorganismos patógenos (bacterias, virus, hongos, protozoos) son mayores.
Por tanto, veterinarios, médicos, biólogos, ecólogos, etc. deben trabajar
juntos para poder abordar el problema de la mejor manera posible. Además, el
60% de las enfermedades infecciosas humanas existentes son zoonosis que, como
ya dijimos, se pueden transmitir entre humanos y animales y viceversa. Además,
al menos el 75% de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos
(incluyendo el ébola, gripe y VIH) tienen un origen animal.
Yo, en concreto, me dedico a crear un nuevo sistema para matar a
las bacterias, pero sólo a las que yo quiero. A las malas. ¿Y cómo lo hago?
Pues resulta que las bacterias tienen un sistema inmune que utilizan para
defenderse de los virus que las atacan, los bacteriófagos (los come bacterias).
Este sistema se llama CRISPR-Cas y está muy de moda porque se han encontrado
muchísimas aplicaciones derivadas de su descubrimiento, entre ellas, la que
estamos desarrollando en mi laboratorio. El caso, es que las bacterias son
capaces de coger secuencias muy pequeñas del ADN del virus que las está
infectando y guardárselas insertándolas en su propio genoma. Si las bacterias
sobreviven a la infección pasarán esta información a sus bacterias hijas. De
esta manera, la próxima vez que estas bacterias son atacadas por un virus
parecido, sintetizan esos pedacitos de ADN del virus que junto con una proteína
van en búsqueda del virus. Si encuentran esa misma secuencia en el ADN del
virus, la cortan y el virus no consigue infectarlas ganando las bacterias la
batalla. Pues en mi laboratorio, lo que hacemos es programar a las bacterias
para que sinteticen secuencias de su propio genoma de manera que acaben
cortando su propio ADN y al no poder repararlo, mueran. Lo importante aquí es
lo siguiente. Por una parte, eres capaz de elegir a qué tipo de bacterias te
quieres dirigir ya que eres tú el que eliges la secuencia de ADN que quieres
cortar. Por tanto, tan sólo matas a las bacterias que te interesan sin causar
daño al resto de tu microbiota, que, como ya comentamos al principio, es muy
importante. Por otro lado, si apareciese alguna bacteria resistente, al no
matar al resto de bacterias de tu microbiota, estas segundas pueden desplazar
rápidamente a dicha bacteria resistente.
Para que os hagáis una idea, en mi día a día siembro bacterias
en una placa de Petri y al principio no veo nada. Son diminutas, pero están
ahí. Por la noche, me voy a la cama y mientras duermo profundamente ellas se
multiplican, se transmiten información de madres a hijas y entre bacterias
vecinas, mutan, evolucionan. A la mañana siguiente me despierto y siento que
soy la misma, pero las bacterias de mi cuerpo también se han dividido, han
evolucionado y yo con ellas. Quizás no sea exactamente la misma persona que
ayer. Voy al laboratorio y observo mi placa. ¡Allí están! Donde ayer había
bacterias invisibles a simple vista han aparecido colonias o puntitos formados
por millones de bacterias hijas de aquellas bacterias aisladas que cayeron en
mi placa.
Podría continuar horas y horas hablando de en qué consiste ser
microbiólogo pero espero que llegados a este punto, seas tú mismo el que lo
descubras.
Belén Gutiérrez Soriano
Doctora en Microbiología y Ciencias Veterinarias
Instituto Pasteur, Laboratorio de Biología Sintética.
Capítulo 40
Y yo quiero ser...Modelizador de Moléculas
(Por Pablo López Tarifa)
"Yo quiero ser modelizador de moléculas". Así me
hubiera gustado contar que se me ocurrió la idea de qué hacer con mi vida
profesional cuando estaba en el instituto. Así, con un deseo claro y una
determinación firme; con una decisión sin lugar a la duda que me proporcionara
la seguridad de haber respondido satisfactoriamente a esa pregunta que tanto
nos repiten en la infancia (y que tanto nos repetimos): ¿Y tú qué quieres ser
de mayor?
Como te puedes imaginar esta vocación no aparece de un día para
otro, no hay una mañana en la que te levantes y digas: "¡Ya lo tengo!,
químico teórico" (porque eso es lo que soy de formación). No, la verdad es
que es un proceso que se forja poco a poco; de hecho, allá cuando iba a la
secundaria apenas tenía idea de lo que era la química teórica ya que se la
mencionaban de una forma muy aislada en el último curso, en COU. Menos si cabe
se hablaba de su aplicación a los computadores, que son los que verdaderamente
nos permiten modelizar… pero déjame que vaya paso a paso.
¿En qué consiste modelizar moléculas?
Como sabes el mundo que nos rodea está compuesto de átomos,
unidades muy pequeñas de materia que en la antigüedad se creían como
indivisibles. Hoy en día, sabemos que los átomos están constituidos por un
núcleo cargado positivamente y de una especie de nube rodeándolo formada por
unas partículas cargadas negativamente, los electrones. También sabemos que los
núcleos se pueden romper liberando gran cantidad de energía (en un proceso
llamado fisión), y que sus partículas constituyentes son los neutrones y protones,
que a su vez están constituidas por otras más pequeñas llamadas quarks (más
sobre esto en el Capítulo de José I. Crespo-Anadón de este mismo libro). Pues
bien, los químicos (y físicos) teóricos que nos dedicamos a modelizar moléculas
nos quedamos en un nivel atómico, es decir, estudiamos con métodos matemáticos
(modelizamos) cómo los electrones interactúan con los núcleos entre sí, tanto
con el de su mismo átomo como con el de los vecinos. Cuando dos o más átomos
comparten electrones decimos que se ha formado un enlace, y el predecir cuándo
esto ocurre y con qué fuerza lo hace es uno de nuestros objetivos.
¿Es esto importante? Seguro, mira al mundo que te rodea. Yo
ahora mismo estoy sentado en una silla de plástico generada por compactación de
polímeros que hacen una estructura sólida capaz de resistir mi peso. Al lado
tengo una taza de café, hecha de un material poroso capaz de aguantar altas
temperaturas y recubierta por un esmalte que le protege de que el agua entre en
su interior. Todos estos materiales que me rodean (¡incluso el aire que
respiro!) está constituido por las mismas cosas: electrones y núcleos
interaccionando entre sí. Sorprendente, ¿verdad? Pues espera: desde el punto de
vista matemático los electrones y los núcleos sólo pueden interactuar de una
misma forma, mediante la llamada interacción coulombiana. De seguro que ya te
es familiar la Ley de Coulomb, aquella que establece que la fuerza con la que
dos cargas interactúan entre sí es directamente proporcional a su carga
dividida por la distancia que los separa al cuadrado. Es ésta misma fuerza la
que se aplica aquí, la misma que encontrarás entre los átomos de una silla, una
taza de café o de los gases de un planeta a millones de años luz de la Tierra.
Puedes estar pensando, "¡Vaya cosa! una simple ley para
todo, tu trabajo sí que tiene que ser fácil". Y no te falta razón, salvo
por el pequeño detalle de que los electrones (y los átomos en menor medida) son
partículas cuánticas, es decir, nunca podemos saber de una forma exacta dónde
"están" porque para medirlos y determinar su posición necesitamos
usar haces de luz que a su vez alterarían su posición. Es como si pidieran
localizar a ciegas a un gato en una habitación y para ello te dieran una aguja
con la cual pincharlo. Una vez que lo "localizaras" pinchándole, de
seguro que habría salido a todo correr por la habitación y su localización ya
no sería ni mucho menos la inicial. Esto, que parece una cosa muy rara y
mística, es algo intrínseco a la Naturaleza y forma parte de lo que se conoce
como dualidad onda-corpúsculo de la materia, la cual es más notable cuanto más
pequeños son los objetos. En consecuencia, si queremos predecir cómo los
electrones se van a comportar en una determinada situación (en un enlace de una
red cristalina, en una superficie de un metal o en un líquido a temperatura
super-crítica) tenemos que abandonar la idea de certitud y forzar a nuestros
modelos a trabajar con probabilidades. Es decir, tenemos que pasar de los
modelos clásicos que usan una descripción Newtoniana a los modelos cuánticos
donde esa incertidumbre sobre la localización está tenida en cuenta. Las
ecuaciones resultantes no son nada fáciles de resolver, de hecho, el describir
de una forma exacta el movimiento de dos electrones en una disociación de una
molécula de H2 requiere el uso de centros de computación de
alto rendimiento (o HPC, por sus siglas en inglés), donde cientos de
procesadores trabajan en paralelo durante varias semanas. Al igual que el
BigData análisis, la predicción del tiempo meteorológico o simulación de la
formación del universo; la resolución de movimientos tan simples como el de dos
electrones en dos núcleos, también representa un reto desafiante desde el punto
de vista científico y tecnológico.
¿Y para qué sirve?
Actualmente, la modelización de moléculas en un ordenador es una
herramienta estandarizada en casi todos los laboratorios de investigación
alrededor del mundo. El porqué es simple: Las simulaciones nos ayuda a
comprender cómo la Naturaleza realmente funciona ya que nos proporcionan una
visión de los procesos químicos y físicos a nivel atómico, es decir, con una
resolución mucho más elevada de la que podemos obtener en cualquier experimento
de laboratorio. Esto se traduce, de una forma más pragmática, en ahorro de
tiempo y de dinero. Para saber cómo, déjame que te ilustre un par de ejemplos:
-En el desarrollo de nuevos fármacos es imprescindible el
estudio de lo que se llama interacción de medicamento-ligando [1]. La gran
mayoría de las medicinas que tomamos actúan sobre determinadas proteínas, en su
mayoría enzimas o co-factores, que regulan alguna función importante de nuestro
cuerpo. Para proponer nuevos medicamentos, los científicos (farmacólogos,
biólogos, químicos, etc.) tienen en mente una gran cantidad de principios
activos (también conocidos por APIs, nuevamente por sus siglas en inglés) que
son moléculas fáciles de sintetizar y con una potencial actividad química
frente a la proteína objetivo, ya sea bien porque dificultan o bloquean su
actividad encimática. Dependiendo de la naturaleza de la proteína y de sus
características de reactividad, la preselección de AIPs pude variar entre unos
pocos cientos a unos varios miles de moléculas. Antiguamente, para cada una de
ellas se llevaban a cabo un test actividad in-vivo, es decir, se probaba su
actividad en un caso real mediante un cultivo de células vivas. Hoy en día,
gracias a la llegada modelización molecular este gasto de dinero y tiempo de
pruebas se ha reducido drásticamente ya que, en vez de ir al laboratorio, los
técnicos insertan el conjunto de AIPs en el ordenador y calculan su afinidad
frente a la proteína mediante cálculos cuánticos. En vez de varios días de
arduo trabajo de laboratorio, los resultados teóricos pueden estar en cuestión
de horas. Obviamente su fiabilidad depende de la precisión de los modelos
teóricos en los que éstos estén basados, algo que hoy es un campo muy activo de
investigación. Además, una vez aislado el AIP más reactivo la siguiente fase en
el desarrollo del nuevo fármaco es su síntesis en una forma sólida y estable
para facilitar su administración a los pacientes (por ejemplo en forma de una
pastilla). El inconveniente es, sin embargo, que los AIPs son por norma general
especies orgánicas que cristalizan en diferentes formas llamadas alótropos.
Cada alótropo tiene unas condiciones en la que es estable y fuera de ese rango
puede que la red cristalina cambie a otra que, por ejemplo, haga que el fármaco
no se disuelva en nuestro intestino. Es por ello que el calcular en qué
condiciones ese tipo de cambios polimórficos se van a producir sea una
prioridad para las empresas farmacéuticas. De hecho muchas de ellas siguen
ampliando su dotación de expertos en modelización con el fin de mejorar los
modelos y programas de simulación de cambio de estructuras [2].
-Desarrollo de celdas solares. No cabe duda de que los
carburantes de origen fósil de los cuales dependemos hoy en día para nuestro
transporte y generación de luz eléctrica, también contribuyen a la
contaminación de la atmósfera y al llamado efecto invernadero que está
aumentando la temperatura global de la Tierra.
Fig. 1. Ejemplo de paneles bio-solares en la Vrije University,
Ámsterdam.
En la búsqueda de alternativas, los científicos han desarrollado
los llamados paneles solares que son dispositivos que generan electricidad
mediante la absorción de luz visible. Dentro de ellos, los paneles biosolares
representan una opción incluso más amigable con el medio ambiente ya que en su
interior contienen algas verdes naturales (Fig. 1). Las algas, al igual que las
plantas comunes, contienen moléculas de clorofila que son las responsables de
la absorción de la luz en la región del rojo (400-500nm, de ahí su color
verde). Este rango de absorción se puede modificar indirectamente mediante la
mutación de las proteínas que rodean a las clorofilas y que las mantienen fijas
en posiciones del espacio concretas [3]. Es decir, usando técnicas de
manipulación genética se puede cambiar los aminoácidos de la proteína
responsables de las uniones con las clorofilas, haciendo que su absorción sea
mucho mayor incluso en la presencia de luces mucho más tenues. Así, podemos
pensar en una celda biosolar ideal en la que las algas maximizaran la
generación de corriente eléctrica incluso en las horas del atardecer donde la
luz solar que llega es menos intensa. La realidad, sin embargo, es un poco más
compleja ya que lo difícil de esta idea es dar con la sustitución de aminoácidos
(mutación) que produjera este efecto en las clorofilas. Hay que saber cuál de
los cerca de 300 aminoácidos de la proteína hay que cambiar; y no sólo eso,
sino también determinar por cuál de ellos hay que sustituirlo. Nuevamente, no
es necesario emprender la ardua tarea de mutar en el laboratorio cada uno de
los aminoácidos por cada uno de los posibles candidatos (cerca de unas 4000
pruebas), ya que la modelización computacional nos permite generar las
diferentes especies mutadas de la proteína y calcular su efecto sobre la
absorción de las clorofilas colindantes, todo ello en el ordenador y de forma
virtual. Así los miles candidatos pueden ser cribados en unas pocas horas a
unas pocas decenas, reduciendo gasto y tiempo de laboratorio.
Bibliografía:
[1] Protein-Ligand interactions, from Molecular Recognition to
Drug Design. Edited by H.-J. Böhm and G. Schneider. Wiley-VCH 2003.
[2] La predicción de cambios alotrópicos es realmente un tema
candente. De hecho, el Centro
de Datos de la Universidad de Cambridge (UK) convoca
cada año una competición en la que se entrega una molécula test y los
participantes deben predecir en qué estructura cristalizaría a una determinadas
condiciones de presión y temperatura.
[3] S. Choi, Biosensors and Bioelectronics 69 (2015) 8–25.
Pablo López Tarifa
Doctor en Química.
Investigador postdoctoral en la Vrije Universiteit, Amsterdam.
Capítulo 41
Y yo quiero ser...Naturalista, Biólogo y Emprendedor
(Por Pedro Pereda Gómez)
Seguro que si lees este artículo es porque te gustan las
Ciencias y además sientes un gran interés por todos los avances que la Biología
está experimentando en los últimos años. Actualmente la Biología es una de las
fronteras en el saber del ser humano y el progresivo conocimiento de cómo
funciona la vida nos está permitiendo, entre otras cosas, solucionar muchas
enfermedades hasta hace poco incurables. Podemos decir que algo revolucionario
está sucediendo en nuestra concepción biológica, y disciplinas como la
genómica, es decir el estudio de los genes y sus aplicaciones, se ha comparado
con diversos logros como la llegada del hombre a la luna, el desarrollo de las
vacunas, la electricidad o internet. Es un reto apasionante y es posible que
quieras participar en su desarrollo.
Pero la Biología es todavía más que esto. Es conocer cómo viven
los distintos seres vivos que habitan en la Tierra y como se relacionan entre
ellos; es aprender a proteger ese equilibrio tan perfecto, y a la vez tan
delicado, que es la naturaleza. Tu curiosidad, e incluso tu amor por esta,
puede ser otra de las razones por la que te atrae la Biología. Sientes que
quieres proteger el medio ambiente en su conjunto y piensas en la Biología como
la profesión para saber cómo hacerlo desde un punto de vista científico.
Independientemente de cuál sea tu interés por la Biología,
permíteme también decirte que es muy posible que tengas dudas sobre la
conveniencia de elegir esta profesión entre otras que puedas estar barajando,
tal y como a mí me pasó. Mi interés al escribir este artículo es que mi
experiencia pueda servirte de guía para ayudarte a tomar tu decisión y que
elijas la Biología con la pasión que yo lo hice.
Puede que tus dudas a la hora de elegir Biología provengan de
haber escuchado que si tal y cual carrera tienen mejor salida profesional que
otras. Es normal. Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos y eso
implica, para la mayoría de ellos, un título universitario relacionado con un
puesto de trabajo estable y con cierto reconocimiento social.
Fig. 1. Fauna Ibérica. El hombre y la Tierra. Félix Rodríguez de la Fuente.
(Crédito: De
Richard Bartz, Munich aka Makro Freak - Trabajo propio, CC BY-SA 2.5, )
Pero las personas debemos encontrar nuestro elemento, que es
aquello que en un 50% se nos da bien y en el otro 50% nos gusta. Quien
encuentra el suyo será una persona realizada profesionalmente, lo que
contribuirá a que se sienta feliz y segura de sí misma en muchas otras facetas
de la vida, pues dedicarse a lo que a uno le gusta es un factor esencial en la
realización personal de todo ser humano.
En el momento de tomar tu decisión, y aunque sientas que te
estás equivocando, piensa que nada es determinante y no hay "trabajo para
toda la vida". Pero elijas lo que elijas recuerda siempre que todo cuesta
esfuerzos y debes poner todo tu empeño. Apuesta por tu felicidad, comprométete
con ello, vívelo con pasión y sorprende a todos, a tu familia y a la sociedad.
¿Por qué yo me hice biólogo?
En mi caso y desde pequeño me ha gustado mucho la naturaleza.
Aunque nací en una ciudad grande, una de las actividades de ocio que más he
practicado han sido las salidas al campo, primero con mis padres y después con
mis amigos. Estar en contacto con la naturaleza me permitió disfrutarla,
quererla y por supuesto respetarla. Lo seres vivos empezaron a fascinarme, y
esta fascinación se vio incrementada gracias a la serie de televisión dirigida
por Félix Rodríguez de la Fuente, famoso naturalista y divulgador ambientalista
de los años setenta. Sus capítulos eran historias de la naturaleza llenas de
fuerza, drama y poesía; y aunque desde el punto de vista actual puedan tener
alguna crítica, he de reconocer la influencia que en mí tuvo este divulgador,
lo mismo que en muchos chavales de mi generación.
Cuando llegó el momento de elegir carrera dudé entre Biología y
Medicina. El conocimiento del cuerpo humano también me gustaba mucho, y la
perspectiva de ayudar a mis semejantes era un potente aliciente. Además mis
padres me animaban a escoger esta última carrera. Pero los animales y las
plantas, y la naturaleza que había disfrutado desde mi niñez, pudieron más y al
final me decanté por Biología, aunque con lógicas dudas.
Tras un primer curso estudiando asignaturas generales, en
segundo descubrí la Bioquímica y esto supuso mi primer cambio de dirección. Me
seguía gustando la naturaleza pero la Bioquímica de segundo, y después la
Genética de tercero, me fascinaron. En ese momento quería conocer con todo
detalle los mecanismos moleculares mediante los cuales funciona la vida. Y con
ese interés terminé la carrera con la especialización de Bioquímica.
Fig. 2. Recreación artística del RNA. (Crédito: vossman wikipedia commons)
Tras mi licenciatura, y como muchos biólogos hemos hecho,
dediqué algunos años a la investigación, en concreto a la Genética molecular,
una de esas fronteras a las cuales hacía referencia al principio del artículo.
Sin embargo la vida siempre te reserva sorpresas y de nuevo
cambié de dirección. Os recomiendo estar abiertos a nuevas ideas y proyectos, y
atreverse a tomar decisiones que en muchos casos implican salir de la zona de
confort, pero que os permitirán acometer gratificantes retos. En mi caso el
reto fue que algunos de mis compañeros de facultad empezaban a trabajar en una
disciplina, relativamente nueva en los años ochenta, que es la Bioinformática.
La combinación de bioquímica y genética, junto con la popularización de los
ordenadores personales que tuvo lugar en esa década, me permitió descubrir un
nuevo mundo que quería explorar.
Pero mis compañeros y yo quisimos ir un paso más allá y tres de
nosotros creamos una "start-up" a finales de los años ochenta, una
pequeña empresa cuya finalidad era desarrollar sistemas informáticos capaces de
facilitar el avance de la biología y de la medicina. Empezamos diseñando
programas informáticos para vislumbrar, de una forma muy rudimentaria, la
estructura espacial de las proteínas, y treinta años después, esa pequeña
empresa, de la cual soy fundador y director, tiene sistemas informáticos
instalados en cientos de hospitales de todo el mundo con finalidades tales como
facilitar el trabajo de los médicos a la hora de seleccionar la sangre más
compatible en una transfusión sanguínea, asegurar la calidad del trasplante de
células madres a pacientes con algunos tipos de cáncer, o el trasplante de
órganos, o la alimentación de bebes prematuros con productos derivados de la
leche materna. Siento orgullo al deciros que estas herramientas informáticas
han ayudado a salvar vidas y he cumplido con aquel aliciente que tuve de joven
cuando dudaba entre Biología y Medicina. Finalmente mi vida profesional ha
girado en torno a las Ciencias Biomédicas.
Para concluir…
Como habéis podido leer, mi curiosidad e interés por la
naturaleza me llevó a la pasión por el funcionamiento molecular de la vida y de
ahí a desarrollar herramientas informáticas que ayuden a otras personas. Y en
todo momento puse empeño y esfuerzo para conseguir lo que me proponía.
Mi interés por el conocimiento no ha decrecido con los años y
ahora me siento atraído por asuntos tan vanguardistas como el Big Data, o
tratamiento informático de datos masivos, en la investigación biológica; o como
la Física cuántica puede ayudarnos a profundizar todavía más en el conocimiento
de la vida.
Si ya tenías interés por las Ciencias, espero que este artículo
te haya ayudado a concretarlo en las Ciencias Biomédicas, y a decidirte a ser
emprendedor cuando hayas adquirido la experiencia adecuada. Crear tu propia
empresa no es solo asunto de economistas o informáticos. Muchos científicos
biomédicos también decidieron ser emprendedores y su esfuerzo ha aportado
importantes avances capaces de resolver problemas sanitarios y de facilitar la
vida de los demás.
¿Por qué tú no eres el siguiente?
Pedro Pereda Gómez
Licenciado en Biología
Director de Hemasoft
Capítulo 42
Y yo quiero ser...Neurobiólogo Molecular de la Conducta
(Por José Viosca)
Divulgar ciencia es útil. A todos, también (o más) a la
comunidad investigadora. Porque despierta vocaciones científicas entre los más
pequeños, cuando más firmemente se afianza este deseo [1]. Como en el fútbol,
la ciencia también tiene que cuidar de su cantera. ¿Cuántas generaciones de
biólogos Españoles deberán su vocación a las inspiradoras palabras de Félix
Rodríguez de la Fuente? ¿Cuántos de esos lograrán descubrir, con el sudor y
entusiasmo de una vocación firme, las causas/tratamiento/prevención para el
Alzheimer, Parkinson, o tantas otras enfermedades devastadoras?
Crédito imagen: Cikus. Consejos para un/a joven que descubre que
su vocación es entender el cerebro.
Pequeño o pequeña, si quieres ser neurocientífico (o
neurocientífica, que todavía más falta hacen [2]), déjame decirte unas
palabras.
Enhorabuena por elegir una profesión con futuro. Como dice un
gran cerebro de este país, José María Delgado-García, "los
neurocientíficos seremos los últimos profesionales en ir al paro por falta de
trabajo" [3] (yo lo escuché hace ya algunos años en su clásico "Curso
Nacional de Neurociencia", por entonces en su décima edición). Con esto,
el profesor se refería al vasto terreno que todavía permanece inexplorado en
cuanto a lo que conocemos sobre el cerebro. Aunque queda por ver si esta máxima
será cierta en nuestro país, sigue siendo válido en el resto del mundo. La
neurociencia cada vez interesa más a todos. Un indicador son los famosos
megaproyectos de investigación "Human Brain Project" y
"BRAIN", con presupuestos galácticos concedidos hace apenas dos años
a ambos lados del atlántico.
Ser científico y estudiar el cerebro es una de las profesiones
más exóticas que puedas imaginar. Cuando expliques tu trabajo a conocidos y
amigos, verás sus pupilas ensanchar de asombro. Ser neurocientífico significa
dedicarse a entender el órgano más complejo del universo. Significa tener el
privilegio y oportunidad de añadir un granito de arena al vasto desierto
(todavía prácticamente desconocido) de lo que sabemos sobre esta máquina de
computación, y poder escribir una línea corta pero imborrable en la historia de
la neurociencia. En definitiva, significa contribuir a descifrar una esquina de
una de las miles de páginas del manual de instrucciones del cerebro, el órgano
que nos hace ser lo que somos, lo que pensamos, sentimos, queremos y hacemos, a
partir de chispas de electricidad que transcurren y saltan entre miles de
millones de neuronas conectadas en centenares de formas distintas. Pero sin
magia alguna.
Como científico, te lanzarás a una aventura sustentada en la
curiosidad, el optimismo y el entusiasmo. En la convicción de que la
exploración, por penosa y larga que sea, merece la pena. Y también en el
inconformismo. Quien no discrepa no puede encontrar ideas mejores (más cercanas
a la realidad). Como neurocientífico, estarás inmerso en una empresa colectiva
que tendrá un impacto social tremendo a muchos niveles. Aun hay que darle
tiempo, pero con seguridad será protagonista en la salud del futuro, porque el
envejecimiento de la población conlleva más problemas en el cerebro (como las
demencias o el Alzheimer), ya que las neuronas en su inmensa mayoría no se
regeneran (como si hacen las células del hígado o la piel). La neurociencia
también tendrá importantes aplicaciones tecnológicas con un impacto económico
notable (para mí, las más sorprendentes ocurrirán en la alianza neurociencia -
robótica: tarde o temprano tendremos en las casas máquinas
"pensantes" con "cerebros" que simulen el nuestro y sean
capaces de escucharnos, comprendernos y responder en consecuencia, como si
fueran una "persona" más). Los entrecomillados sólo para estimular la
reflexión sobre las tremendas implicaciones filosóficas que eso conlleva.
En realidad, ser neurocientífico significa más cosas en el día a
día. Mes a mes y año a año, tendrás permanentemente el reto de aprender algo
nuevo. Al principio, tendrás que leer y ponerte al día para convertirte en un
experto en tu campo (hay miles de campos, también dentro de las neurociencias,
pero tendrás que elegir uno). Cuando seas el que más sabe, sabrás qué es lo que
queda por conocer. Plantearás tu hipótesis, tu creación intelectual, una
versión del mundo originalmente tuya. Una especulación sobre el cerebro que
todavía sólo existe en tu cabeza, como la mente mirándose a sí misma (o en
palabras del profesor Ignacio Morgado "es por la mente que llegamos al
cuerpo del que ella depende" [4]).
Entonces tendrás que poner a prueba tu hipótesis planteando un
experimento que demuestre si es falsa o no. De algún modo, tendrás que ser tu
peor enemigo para sacarle a tu idea todas las pegas que seas capaz de imaginar.
Lo que viene después, un torbellino de datos, datos, datos, análisis, análisis,
análisis, gráficos, un poster que defenderás en un congreso en Honolulu, un
manuscrito que tras 40 revisiones intentarás publicar en la mejor revista
científica, probablemente rechazarán, de nuevo a revisar y enviar a otra
revista, y otra, para varios meses después recibir, por fin, la carta del
editor: Hemos decidido aceptar su manuscrito para su publicación en la
revista … A descorchar el champán, un sorbito, y a por el siguiente.
En esencia, esto significa que entre un día y el siguiente habrá
un parecido tan grande como el que existe entre un huevo y una castaña. Un día
observarás en el microscopio una muestra de cerebro donde las neuronas
activadas durante un aprendizaje el día anterior se rellenaron con una proteína
fluorescente que colorea el contorno arbóreo de una red neuronal que representa
internamente esa memoria. Otra semana, dedicarás horas eternas aprendiendo un
programa de ordenador que te haga las gráficas y estadísticas. Otra semana de
viaje a tu primer congreso de la Sociedad Española de Neurociencia, o el Foro
Europeo de Neurociencia, donde darás tu primera charla (mano temblorosa
sujetando el puntero laser rodeando una gigantesca gráfica proyectada en la
pantalla) ante una selecta audiencia de expertos con barba cana y ojos
inquisidores. Otra semana escribirás tu tesis (y varias semanas más), o un
manuscrito, o abrirás el champán tras publicarlos.
¿Te parece fascinante? Lo es, pero espera, esta no es toda la
historia. Nadie dijo que fuera fácil. A veces, para bien o para mal, será duro.
La investigación no es como un cuento de hadas. Tendrás que
trabajar duro y muchas veces los experimentos no saldrán como esperas. Aunque
técnicamente el experimento sea impecable (nunca olvides la importancia de los
controles positivos y negativos), esto es normal porque el cerebro no tiene por
qué ser como imaginas. Por otro lado, la investigación es muy competitiva. En
parte, por eso mismo la ciencia es un sistema robusto y así es cómo se filtran
las verdades, sometiendo las pruebas e ideas a una crítica feroz. Otros
científicos expertos en tu campo criticaran tu trabajo, y tendrás que
esforzarte y hacer las cosas muy bien para convencerlos de que lo que haces
permite concluir lo que piensas. También es cierto que los científicos tienen
sus ambiciones y defectos, algunos te caerán bien y otros peor, como cualquier
otra persona. Algunos te pondrán zancadillas, otros te ayudarán. Con todo,
aprenderás a ser un pensador independiente y cómo abordar las preguntas
científicas que te interesan.
Más cosas que nunca debes olvidar. Que no te confunda el éxito.
Hay quien falsifica datos, y según varias encuestas un porcentaje demasiado
alto de investigadores saben de colegas que han hecho este tipo de cosas [5],
así que es posible que lo veas alrededor. No olvides nunca ser honesto. Si no
estás preparado para aceptar un mundo distinto a tu hipótesis, mejor no te
dediques a esto. La investigación cuesta dinero, que muchas veces viene de los
impuestos. No lo malgastes.
Más consejos de abuelo. Busca y aprende de los mejores
científicos, y tendrás el privilegio de subirte en los hombros de los gigantes
del pasado. En España confluyen los legados de varias eminencias en la historia
de la neurociencia. Y es que tan grande es la complejidad del cerebro como
pequeña es la familia de neurocientíficos en el mundo. Aquí hay un referente
claro, Santiago Ramón Y Cajal (navarro de Petilla de Aragón), considerado
internacionalmente el padre de la neurociencia moderna. Recibió el premio nobel
en 1906 por proponer que las neuronas son células con principio y final (y no
células conectadas sin discontinuidad como decía su enemigo Camilo Golgi, con
quien compartió el Nobel [6]).
Hoy, los pupilos indirectos de Cajal son los maestros y
directores de varios departamentos en universidades y centros de investigación
de la península. Los discípulos de otro gigante, Eric Kandel (premio Nobel en
el año 2000 por sentar las bases del estudio molecular de la memoria) también
extienden su legado en España (por ejemplo, Ángel Barco en el Instituto de
Neurociencias de Alicante, quien dirigió la tesis doctoral de un servidor). Un
poco antes, mis inicios científicos en la Universidad de Valencia fueron con
Enrique Lanuza, quien se entrenó con Joseph LeDoux, uno de los más grandes
investigadores de la amígdala (la parte del cerebro que procesa las emociones).
Pero esto no es una lista exhaustiva, hay muchos más ejemplos. Son muchos los
que recogen el relevo de todos esos gigantes, búscalos y aprenderás mucho.
Y aunque la cantera sea buena aquí, en algún momento de tu
formación tendrás que irte fuera para aprender o inventar lo que aquí ya nadie
conoce. En otro país, tendrás que empezar de nuevo en lo personal: nuevos
amigos, idioma, costumbres. Será duro, pero en general ganarás. Tu cerebro se
enriquecerá en múltiples niveles con esas experiencias. Te sentirás solo, te
tratarán como a un extranjero, pero así aprenderás a no tratar como tales a los
que a tu país vengan. Lo que aprendas fuera te servirá siempre en tu carrera, y
cuando regreses a tu país podrás mejorar la ciencia del lugar donde naciste y
devolverle la inversión que en tu formación hizo (si es que vuelves).
En perspectiva, pequeño neurocientífico, sentirás vértigo cuando
eches la vista atrás sobre tus pasos, en esta exploración del mayor misterio
del universo. Vértigo por contemplar desde tanta altura todo el pasado bajo tus
pies sobre los hombros de tantos gigantes que precedieron tu aventura.
"Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a
hombros de gigantes (Isaac Newton)"
Este texto fue publicado originalmente en SciLogs.es el 14/08/2014:
Referencias:
[1] Investigación
y Ciencia 10308
[2] Investigación
y ciencia 12067
[3] Agenciasinc
[4] Investigación
y Ciencia 11753
[5] Investigación
y Ciencia 0005738
[6]Investigación
y Ciencia 11023
José Viosca
Doctor en Neurociencias
Comunicador Científico
Capítulo 43
Y yo quiero ser...Neurocientífica
(Por Sandra Jurado Sánchez)
De pequeña la palabra neurociencia no formaba parte de mi día a
día, aunque si alguien me hubiese preguntado su significado creo que aun siendo
una tierna infante hubiera más o menos acertado con la respuesta: "la
ciencia de la cabeza" o algo parecido hubiera contestado. De proseguir la
conversación, hubiera explicado a mi extraño interlocutor (¿pero quién pregunta
estas cosas a niños chicos?) que la neurociencia debía de ser una ciencia muy
importante porque el cerebro, según nos decían en la escuela, aunque feo,
viscosillo y arrugado lo controlaba TODO. De manera casi intuitiva mi yo de 8
años hubiera pensado que no se podía ir por la vida siendo un ignorante de la
neurociencia (como mi interlocutor que se lo tenía que preguntar todo a una
niña pequeña) porque cuanto más supiéramos del cerebro más cerca estaríamos de
hacer cosas con la mente como por ejemplo cambiar los canales de la tele sin
moverse del sofá,… un potencial uso práctico de la neurociencia que más tarde
cayó en el olvido con el advenimiento del mando a distancia. Desafortunadamente
nadie me hizo esta pregunta ni con 8 años ni con 16, así que la falta de
reflexión temprana retrasó mi vocación hasta bien entrados mis estudios de
carrera versados en Bioquímica y otras lindezas. De entre todas las bioquímicas
que tienen lugar en la naturaleza, sin duda la que me parecía más apasionante
es la química del cerebro o Neuroquímica. En aquellas clases, entre cuchicheo y
cuchicheo, aprendí cosas fascinantes pero que lejos de aclararme cómo
funcionaba el cerebro me planteaban más y más preguntas, algo que al profesor
le debió de llamar la atención por lo que posteriormente me sugirió hacer un
doctorado en seguro que adivináis en qué,… pues sí en ¡Neurociencia!,… y hasta
ahora sigo con más preguntas que respuestas. En este estado de duda continua me
acompañan mis colegas neurocientíficos, una panda de temerarios exploradores
que sueñan con descubrir los misterios más misteriosos del cerebro.
Desgraciadamente en la actualidad aun no somos suficientes para
resolver el gran problema al que nos enfrentamos. Esto es en parte debido a que
la Neurociencia es un campo de investigación relativamente joven en comparación
con otras disciplinas como la Biología Celular o la Inmunología. De hecho esta
ciencia en gran medida debe su origen al científico español Don Santiago Ramón
y Cajal, padre de la Neurociencia moderna y ganador del primer premio Nobel
español de Medicina por sus pioneros descubrimientos en la organización del
sistema nervioso. Por este origen tan español, la Neurociencia tradicionalmente
ha despertado un especial interés en nuestro país y de hecho varios discípulos
aventajados de Cajal continuaron su legado realizando nuevos descubrimientos y
postulando teorías de gran influencia, a pesar de que en ocasiones contradecían
a las del maestro. En palabras de Santiago Ramón y Cajal, "el cerebro es
un mundo que consta de numerosos continentes inexplorados y grandes extensiones
de territorio desconocido". Con estas palabras Cajal nos sugería que el
avance del conocimiento, mucho más allá de sus propias aportaciones, era la
clave para comprender los enigmas del cerebro y que por supuesto esos nuevos
avances quedarían en manos de las futuras generaciones. Para guiarlos en la
ardua tarea de la exploración científica, Cajal escribió un manual titulado
"Reglas y consejos sobre investigación científica", que a pesar de
ser un poco antiguo (fue publicado en 1897) y no exactamente aplicable a
nuestros días contiene muchas ideas interesantes para el joven aspirante a
premio Nobel. En la actualidad la Neurociencia vive un momento de gran
entusiasmo nacional e internacional (el 2012 fue declarado Año de la
Neurociencia en España) ya que nuevos avances tecnológicos están haciendo
posible realizar experimentos hasta ahora imposibles y que permitirán a las
nuevas generaciones (ósea tú lector sabio e intrépido) resolver muchos de los
secretos de la función cerebral. Pero: ¿cuáles son estas preguntas sin responder
que quedarán en vuestras manos?, en otras palabras ¿cuáles son los retos de la
Neurociencia moderna? A continuación os dejo unas pinceladas de los retos,
misterios y aventuras que esperan a los futuros neurocientíficos.
Tres Preguntas de la Neurociencia Moderna para el
Neurocientífico del Futuro (no por
orden de importancia, pocas pero matonas):
¿Cómo se forma la memoria?
El cerebro humano tiene una capacidad de computación muy
superior al de cualquier ordenador actual, por muy sofisticado que sea. Pensad
que nuestro cerebro es capaz de retener cantidades ingentes de información que
quedan almacenadas durante largos periodos de tiempo dando lugar a los
recuerdos de toda una vida. A los 2 años, el cerebro ya ha alcanzado el 80 por
ciento de su tamaño adulto, por lo que es lógico pensar que las numerosas
experiencias que recordaremos a partir de esta edad no están directamente
relacionadas con un aumento de tamaño del cerebro sino con algo más. Los
neurocientíficos pensamos que este algo más son cambios que se producen entre
las células nerviosas (neuronas) de tal forma que algunas neuronas refuerzan
sus conexiones mientras que otras desaparecen en un continuo proceso de cambio.
Esta idea asume que el cerebro no es un órgano fijo sino flexible, plástico y
en constante proceso de construcción un fenómeno que en Neurociencia se conoce
como "Plasticidad Cerebral". En los últimos años los neurocientíficos
se han centrado en estudiar este proceso en profundidad y aunque hay muchos
indicios, aún no estamos completamente seguros si la plasticidad cerebral es el
único proceso que explica no solo el almacenaje y sino también la pérdida de
memorias. Y en todo caso ¿cómo funcionaría?, ¿cómo se alteraría en enfermedades
que afectan a la memoria?,… tu turno querido lector.
¿Por qué soñamos?
A lo mejor no os lo habíais planteado pero el estudio del sueño
es una disciplina muy importante dentro de la Neurociencia, y no me refiero a
la interpretación de los sueños en plan siéntate en el sofá y cuéntame que
soñaste anoche, no, si no a entender cómo se forman y sobre todo cuál es su
función. Porque la función del sueño debe de ser importantísima ya que fijaos
que un adulto de unos 70 años habrá pasado como unos ¡20 años durmiendo!, y
esto es mucho tiempo para algo sin importancia, ¿no os parece? Aunque el cuerpo
durante la noche se encuentre en reposo, el cerebro nunca para ni siquiera
mientras dormimos ya que como os podéis imaginar aún es necesario mantener el
control de muchas funciones involuntarias como la respiración y el ritmo
cardiaco. Debido a que el cerebro nunca se desconecta del todo se piensa que
los sueños son un producto de la actividad cerebral presente durante la noche.
Los neurocientíficos pensamos que los sueños juegan un importante papel en la
formación de la memoria a largo plazo, y que es justo este periodo de
inconsciencia es fundamental para seleccionar la información más importante.
Pero ¿Cómo la generación de imágenes sin sentido y en ocasiones terroríficas
nos ayudan a recordar mejor y aclarar nuestras ideas?
¿Cuál es la mejor manera de estudiar el cerebro?
Pensad en cuando abrís cualquier cacharro para ver que hay
dentro, y una vez satisfecha vuestra curiosidad habéis querido recomponerlo
y,…pues no había manera: sobran o faltan piezas, los enganches están dados de
sí, etc…. Pues aunque os parezca mentira algo muy parecido nos pasa a los
neurocientíficos (y científicos en general).
Fig. 1. Imagen de un hipocampo fluorescente.
Queremos ver el cerebro en acción pero como os imaginaréis, la
gente no puede ir por ahí con la cabeza abierta para que nosotros veamos lo que
está pasando,… nos meteríamos en serios problemas. Por lo tanto en la mayoría
de los laboratorios de Neurociencia se usan pequeños fragmentos de cerebro que
nos permiten hacer experimentos de manera más sencilla. Sí, es verdad que así
evitamos problemas con la justicia, pero luego a la hora de ponerlo todo junto
otra vez es un auténtico lío. Por este motivo, uno de los retos de la
Neurociencia moderna es también un reto de ingeniería o tecnológico por
desarrollar nuevas maneras para estudiar el cerebro en conjunto y en pleno
funcionamiento. Esto es muy difícil pero en los últimos años han ido
apareciendo técnicas (Imagen Funcional) que nos permiten visualizar el cerebro
de gente vivita y coleando sin necesidad de abrirle la cabeza a nadie. Estos
avances son muy esperanzadores pero aun presentan muchas limitaciones, ya que
los experimentos tan solo pueden realizarse con las personas dentro de un
escáner especial que limita sus acciones. Idealmente nos gustaría poder abrir
una ventana (siempre imaginaria ¿eh?) a lo que está pasando en el cerebro
afectándolo lo menos posible y permitiendo total libertad de movimientos al
individuo de estudio. Este reto se solucionara gracias a la colaboración de
mucha gente entre otros ingenieros y neurocientíficos, así que aunque lo
vuestro en un principio no sea la Neurociencia quién sabe si al final no nos
terminamos encontrando en el camino.
Sandra Jurado Sánchez
Doctor en Bioquímica
Científico Titular del CSIC, Instituto de Neurociencias CSIC-UMH
Capítulo 44
Y yo quiero ser...Neurocitólogo
(Por Rodrigo Martínez Maza)
Algunas palabras cuando las oyes por primera vez se guardan con
una imagen. ¿Recuerdas la primera vez que escuchaste la palabra célula? La
primera vez que vi una célula fue en mi libro de ciencias naturales donde se
veía una ameba y un paramecio. La primera parecía un huevo frito y el segundo
un pepino peludo. Lo que más me llamaba la atención de aquellos dibujos, era la
enormidad de componentes que tenían dentro.
Nuestro profesor nos decía que nosotros estamos hechos de
células, de millones de ellas y que a pesar de tener partes comunes, cada una
tenía una profesión. Y lo más alucinante, ¡qué todas provenían de una sola!
Entonces, me resistía a pensar que estábamos hechos de cosas tan feas y blandas
que no se veían. Y tenía preguntas como ¿las plantas que no se mueven, tienen
células?, ¿las ballenas o elefantes tienen células mas grandes?, ¿las bacterias
y los virus son células?, ¿cuál es la más grande?, ¿y la más pequeña?, ¿cuánto
viven las células? Ahora mirando atrás uno recuerda aquel momento como un punto
de partida en el que se han enlazado otros para dar significado a lo que me
dedico ahora.
¿Qué es una célula?, ¿Por qué se llama célula?
Pero si eran tan pequeñas que no se podían ver ¿cómo las
descubrieron? A veces no basta con mentes creativas y desafiantes para formular
nuevas hipótesis; en ocasiones, es necesario desarrollar una tecnología que
permita probar estas hipótesis. Y esto es lo que ocurrió con el descubrimiento
de la célula. La invención del microscopio facilitó la observación del mundo
con una nueva perspectiva. Así, el físico Robert Hooke reunió en un libro
llamado Micrografía (1665), las primeras observaciones con microscopio, donde
se mostraban dibujos de tejidos vegetales. En la corteza de árbol, observó
espacios huecos o cámaras que le recordaban a celdas de un monasterio,
(refiriéndose a estos como cell) cuyo diminutivo en latín era cellŭla (celdilla).
Ahora ya sabes de donde viene el nombre de célula. Sin embargo, Hooke sólo se
limitó a describir lo que observó, nunca dijo cuál era el verdadero significado
lo que había visto. Mientras, los microscopios iban mejorando y se acumulaban
observaciones de este nuevo mundo microscópico en la que se describieron
células sanguíneas, espermatozoides y distintos animáculos. Tener a mano las
tecnologías más avanzadas no asegura nuevas ideas. Hubo que esperar casi 200
años hasta que dos científicos alemanes Schleiden y Schwann en el año 1839
llegaran a afirmar que todas las plantas y animales están formados células.
Todo organismo vivo está formado por células
A partir de ahí, otros científicos moldearon la "doctrina
celular" que se podría resumir en cuatro ideas: 1) todos los organismos
están formados por células; 2) las células provienen tan sólo de otras
preexistentes 3) las células contienen el material hereditario y 4) en las
células se producen las reacciones metabólicas del organismo. Algo tan sencillo
tardó esos doscientos años en concretarse. Si miramos alrededor, hay organismos
de una sola célula (uni-celulares) como las bacterias o las levaduras y otros
con varias células (pluri-celulares) como el alga Tetrabaena con
cuatro células, el nematodo C. elegans (un tipo de gusano) con
959 células o con millones de millones de células como en una ballena; y los
dinosaurios ¿cuántas tendrían? y ¿nosotros? En nuestro caso, no está claro, lo
único que podemos hacer es aproximarnos a una cifra. Se estima que nuestro
cuerpo puede estar formado por unos 37 billones (37 multiplicado
1,000,000,000,000 de células, aunque investigadores consideran que tenemos
entre 5 y otros 200 billones ¿es que no hay una cifra exacta como la del
gusano? Por ahora no, pero esperamos que alguien sea capaz de resolver el
enigma. Y si hay tantas células ¿cuántos tipos de células hay? Pues sólo se han
descrito unos 200 tipos celulares, pero esto no significa que se hayan descrito
todos los tipos de células. Hay tipos celulares de las que no sabemos nada y
por ello en la actualidad un grupo de investigadores (citólogos,
bio-informáticos, clínicos, etc…) se dedican a crear un atlas de las distintas
células humanas que sirva de base para la investigación y tratamiento para
enfermedades. Si se considera a la célula como el organismo de menor tamaño que
puede considerarse vivo, ¿cuál es la mayor y menor célula conocida? La más
grande del ser humano es el óvulo femenino (lo siento, chicos) con un tamaño de
alrededor de 1 milímetro, y que puede ser visible sin instrumentos (aquellos
que tenga buena vista, claro) y en la naturaleza uno pensaría igualmente que el
huevo de la avestruz (con unos 15 centímetros), pero… hay otros organismos con
células más grandes, por ejemplo, las neuronas de la jirafas, o las de los
calamares gigantes que podrían alcanzar un tamaño de 12 metros (80 veces más
grande que el huevo de avestruz). ¿Y la más pequeña? En nuestro cuerpo, la
disputa está entre las células granulares del cerebelo (4-4,5 micras) y los
espermatozoides (lo siento, chicas) con 3 micras, aunque recuerda que tiene una
cola llegando hasta las 25 micras. Pero las células más pequeñas conocidas son
las bacterias llamadas micoplasmas, con menos de una micra (alrededor de 0,3
micras) y con un peso similar a 8 mil millones de átomos de hidrogeno ¿Y un
virus? ¡Es aun más pequeño! Los virus aun siendo más pequeño que las bacterias,
son consideradas por la comunidad científica como organismos no vivos. Sin
embargo, este debate aun permanece y algunos autores consideran a los virus
como organismos en el límite de la vida. Serían como "zombies
celulares". Según los puntos que hemos visto antes un virus presenta
propiedades como las de las células, como poseer información genética que le
permiten reproducirse (provienen de otros virus) y evolucionar por selección
natural. Pero… no tienen metabolismo, por lo que necesita para su supervivencia
la maquinaria metabólica de una célula. ¿Crees que esta discusión está cerrada?
Se han descubierto unos virus gigantes (llamados girus) que tienen un tamaño
similar a bacterias pequeñas que podrían descender de un antepasado muy
primitivo de antes de que evolucionaran las células eucariotas o incluso estar
presente en los tiempos de LUCA, ¿quién es LUCA? (viene del inglés, "last
universal common ancestor"), pues el primer ancestro común de todos
los organismos fosilizados y presentes. Todos estos hallazgos y discusiones
hacen que se presenten nuevas hipótesis que precisan nuevos datos que aclaren
que ocurrió en el pasado. ¿Te animas?
Célula equilibrista
Como te he descrito, la diferencia entre los virus y las
células, es que en las células se producen las reacciones metabólicas.
Seguramente ya conoces algunos de estos procesos celulares, como la
fotosíntesis, la síntesis de azúcares, etc… y a lo que se dedican bioquímicos y
biólogos moleculares; descubrir nuevas moléculas y la función que desempeñan
para permitir la supervivencia de organismos como nosotros. No todo tiene que
ser encontrar nuevas moléculas, hay muchas moléculas cuya función se conoce pero
es desconocida la relación con otras moléculas o las vías celulares en las que
participan. Pero para esto, no necesitas estar metido en un laboratorio. Con
los datos que ya se conocen, hay investigadores que gracias a la potencia
actual de la informática, se dedican a estudiar cual sería el resultado de si
cambio esto o aquello en una vía celular simulada en nuestras computadoras. ¡Es
la nueva biología molecular!, mezcla de experimentación de laboratorio y tu
ordenador. Todas estas reacciones metabólicas mantienen al final las
condiciones de la vida del organismo constantes, ya seas unicelular o tengas
billones de células, como nosotros. En nuestro organismo, cada segundo, se
busca mantener un equilibrio interno que lo aleje de situaciones de riesgo. Es
lo que llamamos homeostasis. ¿Y por qué este interés con el equilibrio celular?
¿Qué ocurre cuando esto falla? Cuando este equilibrio falla, produce un mal
funcionamiento de la célula y hasta su muerte, y en organismos como nosotros la
aparición de enfermedades.
La muerte celular es esencial
Entones, para evitar enfermedades lo mejor es evitar que lleguen
a morir las células ¿verdad? En unos caso sí en otros, no. La muerte celular es
un proceso normal en nuestro organismo.
Fig. 1. ¡Es la nueva biología molecular!
Cada segundo, alrededor de 1 millón de células mueren en tu
cuerpo ¿tantas? y ¿cuáles? Por ejemplo, las células de las paredes de tu
intestino, pulmones o células sanguíneas se renuevan continuamente. Esta es una
de las razones por la que es difícil saber el número exacto de células totales
en nuestro organismo. Entonces, ¿cuánto tiempo viven nuestras células? pues
depende del tipo de célula, si es una del tipo sanguíneo, no mucho, entre horas
y días otras, como las musculares unos 25 años, mientras que las células madre
o algunas de tus neuronas estarán contigo toda tu vida. Y ¿por qué mueren? Ante
un ataque físico o químico, las células aguantan el equilibrio hasta un punto
en el que no pueden más y se produce su muerte, pero lo habitual es que las
células antes de llegar a ese punto, inicien un programa de autodestrucción. Lo
has leído bien, todas las células de nuestro cuerpo tienen preparado un plan
para "suicidarse". Si quitamos los accidentes ¿quién ordena este
suicidio celular? pues… tu propio cuerpo. Recuerda que somos organismos
pluricelulares y si, por el bien del grupo, es preciso la eliminación de unas
células, ten seguro que se sacrificarán. Las células tiene este sistema de
autodestrucción a punto. Por ejemplo, en el desarrollo de nuestro cuerpo se
generan células que en el futuro organismo, en la forma madura, ya no son
necesarias. Cuando somos fetos, nuestros dedos están unidos por una membrana de
células (como en la pata de un pato) que se elimina al nacer, dejando nuestros
dedos separados. Nuestro cerebro en desarrollo produce más neuronas de las que
después quedan en el cerebro adulto, siendo la conexión entre las neuronas lo
que determina su supervivencia. Y este suicidio ¿ocurre en todos los
organismos?, y ¿en los unicelulares también? Estos no tendrían por qué
suicidarse ¿verdad? Aunque no lo creas, este suicidio celular también se ha
observado en organismos como en bacterias, lo que indica que este proceso se
inició muy temprano en la evolución de la vida, si bien su finalidad, los mecanismos
y elementos (enzimas, señales, etc.) implicados aún no están claros y requieren
nuevas ideas. Y si se alteran los procesos de muerte celular ¿qué sucede?
Cuando las células cambian los mecanismos de control para evitar este suicidio,
los resultados finales pueden producir enfermedades como el cáncer o la
autoinmunidad (nuestro cuerpo se ataca a sí mismo). Pero, si la muerte de las
células se produce dónde y cuándo no debe, puede originar daños en el organismo
como enfermedades cardiacas o del sistema nervioso. Como ves, controlar el
proceso de muerte celular es importantísimo.
Mil maneras de morir y un entierro
No todas las células se suicidan de la misma forma. Dependiendo
del tipo celular o del daño que sufra la célula, ésta responde para protegerse,
pero si no puede, inicia uno o varios programas de suicidio celular, como
apoptosis, necroptosis, paraptosis, autofagia, catástrofe mitótica, etc.
Fig. 2. Suicidio Celular.
Aún se discute cuales son las características que definen a cada
tipo de suicidio, pero es difícil, porque las moléculas que lo desencadenan
pueden participar en varios tipos distintos. Así, cuando estudiamos estos
procesos normalmente encontramos un cadáver celular con un tarro de veneno, un
puñal clavado, una soga, etc.… y lo único cierto es que está muerta y… que
tendrá un entierro. Sí, un entierro, porque si no se eliminan correctamente
sufriremos de nuevo enfermedades. En este punto, te diré que hay dos tipos de
investigadores que trabajan sobre la muerte celular: los asesinos profesionales
y los guardaespaldas. Los primeros intentan eliminar sólo a aquellas células
que se resisten a morir cuando deberían hacerlo y no hacen más que generar
problemas al organismo que lo aloja, como en el cáncer. Una curiosidad ¿sabías
que las ballenas o elefantes con mil veces más de células que nosotros tienen
menos riesgo de sufrir cáncer? Pero no toda célula que se resiste a morir
supone la formación de cáncer. Las células se pueden convertir en zombies, que
no se dividen pero que se niegan a morir, favoreciendo el envejecimiento. Si
eliminas estas células zombies, los animales rejuvenecen ¿es este el futuro de
la cosmética? Los guardaespaldas hacen lo contrario. Recuerda que hay células,
como neuronas, que necesitas toda tu vida y es muy difícil sustituirlas, por
eso hay que buscar la mejor forma de evitar que la célula se suicide
(enfermedades neurológicas). Cuando en un accidente tu sistema nervioso se ve
afectado, muchas células neuronales sanas, con el ambiente tóxico que se genera
tras el daño, se les ordena que se suiciden. De ahí nuestro esfuerzo para
desarrollar terapias moleculares que protejan solamente a las células sanas del
ambiente tóxico y evitar su suicidio. Pero para ello, necesitamos conocer
cuáles son las vías y elementos moleculares que producen estas muertes
programadas para ofrecer las mejores terapias y queda tanto por saber… ¿Te
animas?
Rodrigo Martínez Maza
Doctor en Bioquímica y Biología Molecular
Grupo de Neuroprotección Molecular
SESCAM, Hospital Nacional de Parapléjicos
Capítulo 45
Y yo quiero ser...Paleoantropólogo y Divulgador
(Por Andrés Armendáriz Sanz)
Todos nos hemos preguntado alguna vez ¿Quiénes somos? ó ¿De
dónde venimos? Si bien ambas preguntas fueron en gran parte respondidas por
Darwin y Wallance en el siglo XIX, las pruebas más contundentes a estas
cuestiones, las buscan y estudian los paleoantropólogos.
La Paleoantropología o Paleontología Humana es la disciplina
científica que estudia el origen y evolución del Hombre a través del registro
fósil. Es una rama más de la Paleontología, ciencia que estudia a
los organismos (Biología) que vivieron en el pasado, por medio de los fósiles y
que aparecen en las rocas (Geología). Es por ello, que la Paleontología, se
encuentra a caballo entre ambas ciencias. Generalmente, los paleoantropólogos
se forman en las titulaciones de Biología y/o Geología. No obstante, y más en
los últimos años, la Paleoantropología debe apoyarse en muchas disciplinas:
Arqueología, Geocronología, Paleogenética, Antropología, Climatología,
Primatología, Anatomía y otras más.
El trabajo inicial del paleoantropólogo es el de Campo, en
concreto en los yacimientos, en donde mediante el estudio y preparación muy
pormenorizada de los mismos: dibuja, fotografía, georeferencia, consolida,
extrae y sigla los fósiles que más tarde en el laboratorio serán estudiados con
un grado de detalle y minuciosidad extrema. Estos trabajos se realizan de
rodillas, en cuclillas o incluso tumbados, sumando además las condiciones
ambientales del entorno: calor, frío, humedad.
Además, en algunos yacimientos situados en cuevas, el acceso
implica bajar por grutas muy estrechas, pertrechados con ropa de espeleología.
Yacimiento como la Sima de los Huesos (Atapuerca) es un claro ejemplo de estas
condiciones.
Fig. 1. Yacimiento de la Gran Dolina (Atapuerca-Burgos)
Si los fósiles que encuentra se parecen a nuestros huesos y/o a
nuestros dientes, el paleoantropólogo puede tener las primeras pistas de que ha
encontrado un antepasado nuestro, un verdadero fósil humano. En concreto se
buscan aquellos huesos relacionados con nuestra forma de desplazarnos (sobre
dos piernas) y que es el rasgo que más nos distingue a nosotros y a nuestros
antepasados directos, de otros mamíferos y de los grandes simios. También
algunos rasgos de nuestros dientes son las pistas más concluyentes para
clasificar al fósil como humano. Es por ello que el paleoantropólogo debe
conocer mucho nuestra anatomía ósea, es decir nuestro esqueleto, porque serán
los fósiles de los huesos lo que (si hay suerte) encontrará en los yacimientos.
Excepcionalmente fosilizan otras evidencias de la vida de
nuestros antepasados: las pisadas o huellas (icnitas) son un ejemplo. Las
huellas fósiles humanas más famosas del Mundo son las de Laetoli (Tanzania),
con una antigüedad de 3,2 millones de años, se trata de un rastro de entre 2 ó
4 individuos que caminaron sobre ceniza volcánica humedecida. Este rastro
fósil, nos confirmó que nuestro caminar ya estaba desarrollado en nuestros
antepasados los Australopithecus. Las piedras talladas,
también son otras pruebas de la vida de nuestros antepasados y que encontramos
en los yacimientos paleoantropológicos, ahora bien, estas son estudiadas por
los Arqueólogos. Las más antiguas halladas hasta ahora, tienen una edad de 2,4
millones de años.
Fig. 2. Equipo del MNCN-CSIC analizando fósiles del yacimiento del Sidrón
(Piloña, Asturias)
El trabajo de Laboratorio comienza con la extracción de los
fósiles de sus embalajes, bolsas, recipientes, etc. Una vez el fósil liberado
de su envoltorio que lo preserva durante el transporte al laboratorio, se
estudia utilizando para ello todo tipo de medios y tecnologías a su alcance:
Tomografías, microscopios, escáneres, etc., a partir de su estudio en detalle,
a veces recomponiendo piezas de distintas campañas de excavación, podemos
obtener un buen fósil; por ejemplo: un cráneo en el que poder analizar todos
sus rasgos y formular hipótesis de su vida y las relaciones de parentesco con
otras especies. Estos hallazgos y todo su estudio, que puede durar años, se
publican en revistas científicas.
Una de las publicaciones más relevantes a nivel mundial
realizada en España sobre Paleoantropología, se produjo en la revista Science en
el año 1997 cuando el equipo de Atapuerca publicó el estudio de fósiles de una
especie jamás descubierta; fue por ello que propusieron un nuevo nombre a
nuestro árbol evolutivo: Homo antecessor. Además, aquel hallazgo
supuso el retrasar la presencia de homininos en Europa, hasta los 780.000 años.
Hoy en día se piensa que los homininos llegaron a Europa hace algo más de un millón
de años.
Los paleoantropólogos aplican mucho el "Actualismo",
es decir observan la naturaleza actual para intentar explicar y formular
hipótesis sobre la vida de nuestros antepasados, ya que como ya dijimos, sólo
encontraremos: huesos, dientes, piedras talladas, huesos de animales
consumidos, fuegos, huellas y/o coprolitos. Además, aparecen incompletos y
deteriorados. Así, un buen paleoantropólogo debe conocer el comportamiento
(etología) de las especies animales más emparentados con nosotros y que son los
grandes simios: Chimpancés, Gorilas y Orangutanes. Aprender de sus costumbres y
comportamientos, para plantear (con la información de los fósiles) hipótesis
sobre la vida de nuestros antepasados.
También deberán conocer muy bien la anatomía de estas especies
para compararla con los fósiles hallados y con nuestro propio esqueleto. De
esta manera, suelen llamar caracteres "primitivos" a aquellos rasgos
que presentan los fósiles más parecidos a estos simios y caracteres
"modernos" a aquellos rasgos que presentan los fósiles y que son
similares a los nuestros.
Recientemente de algunos fósiles humanos se ha podido obtener
ADN que quedó preservado en los huesos. Yacimientos españoles como el del
Sidrón es un referente mundial de recuperación y estudio de ADN fósil
neandertal. También en nuestro país, los fósiles humanos más antiguos en donde
se ha podido obtener ADN son los del yacimiento de la Sima de los Huesos
(Atapuerca) de hace 430.000 años.
Antepasado más antiguo
Siendo rigurosos habría que remontarse al comienzo de la Vida,
ya que estamos relacionados por Evolución con todos los grupos biológicos que
han poblado la Tierra.
Fig. 3. Cráneo de Sahelanthropus tchadensis vivió hace 6,8 a 7,2 m.a.
De hecho, nuestra clasificación comienza con el Reino de los
Animales continua con el Filum de los Cordados, la Clase de los Mamíferos, el
Orden de los Primates, la Familia de los Homínidos, la Tribu de los Homininos,
etc., será en esta última subdivisión, donde suelen trabajar la mayoría de los
paleoantropólogos.
La genética nos dice que humanos y chimpancés (la especie viva
más emparentada con nosotros) tuvimos un antepasado común que vivió hace entre
7 y 5 millones de años. A partir de ese momento, cada linaje llevó su camino
evolutivo. Es por ello que si queremos encontrar fósiles de nuestros
antepasados más directos (llamados homininos) deberemos buscarlos en rocas con
edades de entre 7 millones de años y la actualidad…, y ¡Eureka! en el año 2002
se publicó el hallazgo de un cráneo y unos pocos dientes de un fósil en Chad
(África) al que se llamó Sahelanthropus tchadenis en rocas de
esa edad y con rasgos más humanos que de chimpancé, por lo que hoy en día es
considerado nuestro antepasado más antiguo.
Especies descubiertas
Aunque no hay acuerdo por parte de los paleoantropólogos,
aproximadamente, se han catalogado unas 28 especies de homininos (todas
extinguidas menos nosotros); si bien para simplificar la terminología, yo
recomiendo tratar este grupo a nivel de Género. Así, se han clasificado 7
géneros, de más antiguo a más moderno y con su cronología en millones de años
(m.a.): Sahelanthropus (7,2-6,8 m.a.), Orrorin (5,8-6
m.a), Ardipithecus (5,2-4,3 m.a), Australopithecus (4,2-1,8
m.a), Kenyanthropus (3,5-3,2 m.a), Paranthropus (2,7-1,2)y Homo (2,4-Actualidad).
Árbol evolutivo
Tampoco hay consenso en este aspecto, por lo que hay varias
propuestas. Sin embargo, sí están todos de acuerdo en que nuestro árbol es muy
ramificado, nada que ver con la secuencia de evolución lineal que todos hemos
visto alguna vez en libros y publicaciones poco científicas (Fig. 4
izda.). De hecho, nuestro árbol se parece mucho a un arbusto con
muchas ramas, quedando hoy en día solo nuestra rama. (Fig. 4 dcha.). A
esta conclusión se ha llegado porque son muchas las especies descubiertas que
coexistieron en los mismos periodos y a veces en los mismos hábitats;
descartando así una evolución lineal. Nuestro árbol evolutivo no es muy
distinto al de otras especies de mamíferos.
Fig. 4. Recreación errónea de nuestra evolución (izda.) y árbol evolutivo
científico (dcha.) Dr. Ian Tattersall
Yacimientos y Museos españoles con temática en Evolución humana
Hay muchos yacimientos visitables, os recomiendo los siguientes:
Atapuerca (Burgos), Orce (Granada), El Castillo y Altamira (Cantabria), Ambrona
y Torralba (Soria), Tito Bustillo (Asturias) y El Valle de los Neandertales
(Madrid).
Fig. 5. Museo de la Evolución Humana en Burgos
Museos o centros de interpretación con contenido de Evolución
humana, hay menos, pero los siguientes son muy recomendables: De la Evolución
Humana (Burgos) es el más importante por su contenido exclusivo en nuestra
evolución, Nacional de Ciencias Naturales, Arqueológico Nacional, Regional de
Madrid (Madrid), Centro de Investigación de Altamira, De Prehistoria y
Arqueología de Cantabria (Santander).
Para saber más:
[1] Arsuaga, J.L y Martínez, I. (1998): La especie
elegida. Temas de hoy.
[2] Bermúdez de Castro, J.M. y otros (2004): Hijos de un
tiempo perdido. Crítica.
[3] Rosas, A. (2015): Los primeros homininos. Los
Libros de la catarata.
[4] Rosas, A. (2016): La evolución del género
"Homo". Los Libros de la catarata.
Andrés Armendáriz Sanz
Licenciado en Ciencias Geológicas especialidad de Paleontología
U.C.M. Divulgador científico en Evolución Humana. Miembro de los proyectos
Geodivulgar y Ciencia Sin Barreras U.C.M, de la Asociación Española para la
Enseñanza de las Ciencias de la Tierra (AEPECT), socio del Museo de la
Evolución Humana y de la Fundación Atapuerca y socio de la Sociedad Geológica
de España (SGE).
Capítulo 46
Y yo quiero ser...Paleoecóloga
(Por Encarni Montoya)
Todos tenemos libros, películas o momentos que nos marcan de
pequeños, y que de alguna manera contribuyen a definir a qué dedicaremos
nuestros intereses lúdicos o profesionales durante nuestra vida.
Fig. 1. El clima es un factor determinante a la hora de moldear los
diferentes ecosistemas que existen a lo largo del planeta.
En mi caso fue un poco de todo; la película "La
misión" y la trilogía "Indiana Jones" despertaron mi interés por
la exuberancia del trópico sudamericano y los tesoros que esconde de tiempos
pasados. Y las salidas de fines de semana con mi padre por el campo murciano
mientras él buscaba sus palomos de colombicultura me permitieron pasar mucho
tiempo al aire libre y desarrollar un rasgo que ha marcado mi vida hasta ahora:
la curiosidad. Así, en el monte, me di cuenta de que allí fuera había muchas
cosas: animales, plantas, rocas, etc., y que todas existían de manera
independiente, pero a su vez se relacionaban entre sí e influían los unos en
los otros. Y así es cómo, poco a poco, me fui dando cuenta de a qué quería
dedicarme: quería saber cómo funcionan los ecosistemas, por qué cambian con el
tiempo y qué es lo que hace que cambien.
¿Qué es la paleoecología?
La paleoecología es la parte de la ecología que se encarga de
estudiar los ecosistemas pasados o el pasado de los ecosistemas actuales. Este
trabalenguas de definición viene a referirse simplemente al significado de las
partes que componen la palabra: paleo (pasado) y ecología (estudio de las
interacciones entre los organismos y el ambiente en el que viven). Así, la
paleoecología estudia las relaciones entre organismos que existieron en el
pasado y sus relaciones con el ambiente en el que vivieron, es decir, cómo eran
los ecosistemas hace miles o millones de años. Al igual que a día de hoy un
ecosistema mediterráneo es muy diferente de uno amazónico como resultado de los
diferentes factores bióticos y abióticos que operan en ellos (Fig. 1), los
ecosistemas de un lugar determinado han ido cambiando a lo largo del tiempo.
Por ejemplo, el paisaje que viví yo junto a mi padre es radicalmente diferente
al paisaje que caracterizó Murcia en la edad de hielo, hace unos 22.000 años
atrás. Por lo tanto, la paleoecología implica también estudiar cómo han ido
cambiando estos ecosistemas pasados a lo largo del tiempo hasta llegar a lo que
nosotros vemos hoy en día, y qué ha hecho que éstos cambien. Entre los factores
más comunes que modifican los ecosistemas a nivel global se encuentra el clima
y el hombre, pero también otros como las erupciones volcánicas, la aparición de
nuevas especies o las extinciones en masa. Pero, volviendo a la definición del
principio ¿cómo se puede estudiar algo que ya no existe? Para eso los paleoecólogos
utilizamos nuestra propia máquina del tiempo.
¿Cómo se trabaja en paleoecología? En busca de la máquina del
tiempo
Por suerte para los paleoecólogos, el planeta está lleno de
pistas de cómo han sido sus ecosistemas a lo largo de la historia.
Al igual que nuestro médico tiene un registro con todos los
incidentes de salud que nos han ocurrido desde que nacemos, la Tierra también
ha ido almacenando esa información en distintas partes del mundo a la espera de
ser desvelada. Es lo que se conoce como el registro geológico.
Dentro de este registro, encontramos información sobre una
multitud de características tanto del funcionamiento del planeta, como de los
ecosistemas que existieron y de los organismos que vivieron en él. La función
de una paleoecóloga es encontrar dónde están almacenadas esas pistas,
recolectarlas y descifrarlas. Entre los tipos de registros más usados en
paleoecología están los archivos sedimentarios, o lo que es igual, zonas de
acumulación de material orgánico y mineral como las cuencas de los lagos o las
turberas donde las diferentes pistas se depositan y quedan conservadas.
Lo magnífico de estos sedimentos es que captan las pistas y las
almacenan de manera ordenada en el tiempo.
Así, la información de los alrededores de un lago en el día de
hoy se deposita y conserva en una capa de sedimento, las de mañana se
depositarán en una capa encima de ésta, y así sucesivamente como lo harían las
capas de una tarta (Fig. 2).
De manera que lo que se obtiene son diferentes capas de
sedimento con una edad determinada que contienen multitud de pistas acerca de
cómo era el ecosistema en ese momento.
Fig. 2. A través de plataformas flotantes se recogen los sedimentos y los
indicadores conservados en ellos acumulados durante miles de años en las
cuencas de los lagos. Son nuestras máquinas del tiempo.
A través del análisis de esas pistas, podemos saber cómo eran
los ecosistemas desde el pasado (capa más profunda del sedimento) hasta el
presente (capa más superficial). Las pistas son muchas y muy variadas; desde
las mismas propiedades físico-químicas del sedimento que pueden indicar
características del clima, hasta restos microscópicos de organismos que no se
descomponen con el paso del tiempo y por tanto son capaces de quedar
preservados en el sedimento, conocidos como microfósiles. Las pistas, llamadas parámetros
o indicadores, funcionan como las piezas de un puzle, siendo el dibujo del
puzle el ecosistema pasado que se quiere reconstruir. Lamentablemente, no todos
los organismos fosilizan y dejan huellas de su presencia, por lo que, a la hora
de interpretar ecosistemas pasados, el paleoecólogo necesita usar sus aptitudes
detectivescas para, mediante la recolección del mayor número de pistas
posibles, reconstruir el dibujo del puzle incluso sin llegar a tener todas las
piezas.
¿Para qué sirve la paleoecología?
Conocer cómo han ido variando los ecosistemas a lo largo del
tiempo es fundamental para multitud de problemas ambientales a los que la
humanidad tiene que enfrentarse a día de hoy. Por ejemplo, estudiar cómo
responden frente a impactos o perturbaciones en el pasado nos revela la
vulnerabilidad de los diferentes sistemas ecológicos. Saber si un sistema es
capaz de resistir determinados impactos es clave a la hora establecer los
planes de manejo y conservación de los ecosistemas. Por otro lado, si se sabe
las especies que existían antes de que se produjera un impacto por la acción
del hombre como un vertido, o de una catástrofe natural como una erupción
volcánica, se pueden diseñar las estrategias de restauración oportunas para
restablecer el ecosistema natural que existía antes del impacto. Al restaurar
las especies propias de la zona, aseguramos el mantenimiento de los llamados
servicios ecosistémicos, que son todos aquellos productos de utilidad para el
ser humano que se obtienen de un determinado ecosistema. Un aspecto muy
importante que nos proporciona el conocer las dinámicas de los ecosistemas en
el pasado es su aplicación predictiva. Si identificamos las respuestas de los
ecosistemas a determinados cambios ambientales que ocurrieron en el pasado,
podemos conocer cómo sería la respuesta frente a los mismos cambios en el
futuro. Así, como mencionaba al principio del capítulo, durante la historia de
la Tierra el clima ha cambiado en multitud de ocasiones. Esas variaciones
pueden provocar cambios en los ecosistemas, como por ejemplo la migración de
especies a zonas donde el clima era más adecuado y la llegada de nuevas
especies más adaptadas al clima reinante. Todos esos cambios, tanto del clima
como de la respuesta de los ecosistemas, se han quedado registrados en los
archivos sedimentarios. Por lo tanto, los estudios paleoecológicos son capaces
de proporcionar estimaciones basadas en datos empíricos de cómo afectará el
presente cambio climático, con un aumento en la temperatura global predicho de
varios grados centígrados a lo largo de este siglo, a los diferentes
ecosistemas actuales y las especies que habitan en ellos. Cabe mencionar el
significado de la magnitud que suponen un par de grados a nivel mundial: la
diferencia de temperatura mundial de la última edad de hielo, cuando los mamuts
lanudos campaban libremente por España, con respecto a la que tenemos en la
actualidad es de alrededor tan solo unos 5-9 grados. Es un ejemplo claro de que
un par de grados de temperatura de más o de menos puede modificar (¡y mucho!),
los ecosistemas de todo el mundo.
Regreso al futuro
La paleoecología usa para conocer el pasado el principio del
uniformismo formulado por James Hutton a finales del siglo XVIII, que se resume
en que las leyes naturales y los procesos operan de la misma manera a través
del tiempo. Posteriormente, Charles Lyell a principios del siglo XIX lo
redefinió dentro del mundo geológico estableciendo que el presente es la clave
para poder interpretar el pasado. Como paleoecólogos, mis colegas y yo vamos un
paso más allá y resumimos nuestra contribución a conocer la historia ambiental
de la tierra mediante el axioma: el pasado es clave para conocer el futuro.
Para conocer por tanto nuestro futuro, sólo tenemos que usar nuestras máquinas
del tiempo e ir en busca de la multitud de piezas de puzle que hay disponibles
repartidas por toda la Tierra esperando a ser descubiertas.
Encarni Montoya
Doctora en Biología
Investigadora Postdoctoral
Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera
Capítulo 47
Y yo quiero ser...Paleomagneta
(Por Elisabet Beamud)
Seguramente nadie (en su sano juicio) habrá pronunciado esta
frase cuando empieza a pensar hacia dónde encarrilar su vida. Paleomagneta no
entra dentro de las profesiones comunes en las que uno piensa. Yo llegué a
paleomagneta después de estudiar geología. Sí que hubo un día en el que pensé
"y yo quiero ser… geóloga!" y una cosa llevó a la otra. Estudié
geología porque de repente sentí una gran curiosidad por entender cómo
funcionaba ese sitio sobre el que tenía los pies… Y así durante la carrera
aprendí cómo se formaban las montañas o se juntaban y separaban los
continentes, abriendo y cerrando a la vez océanos y mares, por qué había
distintos tipos de rocas o cómo funcionaban los volcanes y porqué estaban en
sitios concretos del planeta. Y cuando, finalmente, me adentré en el
paleomagnetismo, descubrí una rama de la ciencia que respondía también muchas
de las preguntas sobre el funcionamiento de nuestro planeta: CUÁNDO se ha
formado una cordillera, CÓMO era el campo magnético de la Tierra en el pasado o
DÓNDE estaba un continente hace varios cientos de millones de años (el
paleomagnetismo fue fundamental para el desarrollo de la teoría de la tectónica
de placas). El Paleomagnetismo tiene muchas aplicaciones, pero yo me voy a
centrar en su aplicación para responder al CUÁNDO mediante una de sus ramas, la
magnetoestratigrafía. Pero vayamos por partes…
¿Qué es el Paleomagnetismo?
El Paleomagnetismo es el estudio del campo magnético de la
Tierra registrado por las rocas. Las bases del Paleomagnetismo son, por un
lado, que la Tierra genera un campo magnético que cambia su intensidad y
dirección tanto en el espacio como en el tiempo y, por otro, que algunos
minerales en la naturaleza pueden comportarse como imanes, es decir, mostrar
una magnetización espontánea. Estos minerales magnéticos constituyen una
pequeña fracción de los componentes totales de las rocas. Sin embargo actúan como
pequeñas brújulas que se orientan según el campo magnético existente en el
momento de formación de la roca y además son capaces de conservar esta
magnetización durante millones de años. Por lo tanto, estudiando ese magnetismo
fósil seremos capaces de saber cómo era el campo magnético cuando se formó la
roca y podremos utilizar esa información para, entre otras cosas, saber la edad
de una secuencia de rocas.
¿Cómo es el campo magnético terrestre?
El campo magnético terrestre se origina por el movimiento de
convección del núcleo externo de la Tierra, que está formado por minerales
ricos en hierro y se encuentra en estado semilíquido. En la superficie de la
tierra, el campo magnético tiene una expresión dipolar o, dicho de otra forma,
muestra dos polos de signo opuesto en los dos extremos del planeta.
Tenemos que imaginar el campo magnético como originado por un
imán muy grande centrado en el eje de rotación de la tierra (Fig. 1). Los
cambios del campo magnético ocurren a diferentes escalas temporales, desde
milisegundos o días como en el caso de las tormentas magnéticas, a variaciones
de dirección e intensidad en el rango de décadas o siglos como en el caso de la
variación secular, a variaciones en la escala de los miles y millones de años
en las que los dos polos magnéticos intercambian su posición, el polo norte
magnético pasa al polo sur y a la inversa, en lo que conocemos como inversiones
magnéticas (Fig. 1).
La configuración actual en la que el polo sur del dipolo
coincide con el polo norte geográfico se conoce como estadio de polaridad
normal y el caso inverso, con el polo sur del dipolo cerca del polo sur
geográfico se conoce como estadio de polaridad inversa (Fig. 1).
Fig. 1. Campo magnético terrestre e inversiones de polaridad. El registro de
las inversiones de polaridad ha dado lugar a la Escala de Tiempo de Polaridad
Geomagnética (ETPG), la cual puede usarse para saber la edad de una secuencia
de rocas. Figura modificada de Langereis et al., (2010)
Estas dos configuraciones se han ido alternando de manera
aleatoria multitud de veces a lo largo de los millones de años de historia de
la Tierra. La última inversión ocurrió hace unos 700.000 años. Las inversiones
de polaridad tardan aproximadamente 10.000 años en producirse, puede parecer
mucho tiempo, pero a escala geológica se considera que es un fenómeno global
casi instantáneo. El carácter global y aleatorio de las inversiones es
precisamente lo que les confiere utilidad como herramienta de datación.
¿Cómo podemos usar el campo magnético para datar? La Escala de
Tiempo de Polaridad Geomagnética (ETPG) y la magnetoestratigrafía
El descubrimiento de las anomalías magnéticas del fondo oceánico
proporcionó un registro sin precedentes de inversiones geomagnéticas que podían
datarse desde la actualidad hasta el Jurásico Superior (hace 155 Ma).Durante la
expansión oceánica, el material del manto asciende por la dorsal oceánica y se
solidifica formando nueva litosfera oceánica a ambos lados de la dorsal.
Fig. 2. Formación de las anomalías magnéticas del fondo oceánico (figura
modificada de Butler, 1992). Las porciones negras de la corteza oceánica
representan polaridades normales y las porciones blancas corresponden a
polaridades inversas, todas adquiridas durante el enfriamiento de la corteza
oceánica.
La corteza oceánica que forma la parte superior de esta
litosfera está compuesta por rocas, mayoritariamente basálticas, que contienen
minerales magnéticos que cuando se enfrían se magnetizan y orientan según el
campo magnético terrestre. Por lo tanto, esta corteza oceánica va registrando
los cambios de polaridad magnética de manera simétrica a ambos lados de la
dorsal (Fig. 2). El registro de estas inversiones magnéticas ha dado lugar a un
"código de barras" que constituye la base para la construcción de la
escala de tiempo de polaridad geomagnética (ETPG).La transformación a edades
absolutas (en Ma) de los perfiles de anomalías magnéticas del fondo oceánico se
realiza mediante un número seleccionado de edades radiométricas. El intervalo
de tiempo de polaridad geomagnética constante se denomina cron de polaridad y
se representa en la ETPG como una barra negra cuando es de polaridad normal y
como una barra blanca cuando es de polaridad inversa (Fig. 1 y 2). La duración
de los crones varía de los 30000 años a varias decenas de millones de años.
El hecho de disponer de una ETPG con las edades de los crones
calibradas permite la datación de secuencias estratigráficas. La
magnetoestratigrafía se basa en la capacidad de las rocas de adquirir y
conservar una magnetización paralela a la dirección del campo magnético
terrestre presente cuando éstas se forman. En la datación magnetoestratigráfica
identificaremos "magnetozonas" (porciones del registro estratigráfico
con igual polaridad magnética) en el registro sedimentario y las correlacionaremos
con crones geomagnéticos de edad equivalente.
¿Cómo se obtiene el patrón de magnetozonas? Muestreo y medida en
laboratorio
El patrón de magnetozonas se obtiene midiendo la magnetización
de las muestras que se recogen en el campo a lo largo de una o varias secciones
estratigráficas. Un estudio magnetoestratigráfico requiere obtener muestras de
roca en intervalos aproximadamente regulares a lo largo de la serie
sedimentaria que queremos datar. El espaciado entre muestras debe permitir
identificar todas las inversiones registradas a lo largo de la secuencia
sedimentaria. El método de muestreo paleomagnético más generalizado es la perforación
y posterior orientación de cilindros de roca en el campo (Fig. 3). Las muestras
se perforan en el campo mediante una perforadora eléctrica (Fig. 3a) o de
gasolina (Fig. 3b) refrigerada con agua y se orientan en el campo, marcando la
dirección de perforación sobre el cilindro que acabamos de perforar (Fig. 3c,
d). En el laboratorio las muestras se someten a lo que llamamos
desmagnetización progresiva que es como un lavado magnético en el que vamos
borrando las señales magnéticas que ha ido registrando la roca a lo largo de su
historia para quedarnos con la más estable y que suele corresponder con la
adquirida en el momento de formación de la roca.
Fig. 3.Muestreo paleomagnético con perforadora eléctrica (a), de gasolina
(b) y orientación de las muestras en el campo (c) y (d).
Una vez obtenida la dirección paleomagnética podremos calcular
la polaridad magnética en función de la posición estratigráfica de cada muestra
definiendo así magnetozonas que formarán la magnetoestratigrafía local. En
general, las magnetozonas se definen a partir de un mínimo de dos niveles
estratigráficos consecutivos de igual polaridad. Si las magnetozonas obtenidas
en la magnetoestratigrafía local se pueden correlacionar de manera inequívoca
con los crones de la ETPG se podrá asignar la edad absoluta a cada límite de
magnetozona de la magnetoestratigrafía local y establecer un marco temporal
preciso para secuencias sedimentarias o volcánicas.
¿Y todo esto para qué sirve? ¿Por qué queremos datar las rocas?
La magnetoestratigrafía es una subdisciplina mayor dentro del
paleomagnetismo en la que estratígrafos y paleontólogos trabajan juntos para
solucionar una gran variedad de problemas geocronológicos. La datación y el
control temporal son esenciales en Ciencias de la Tierra, ya que nos permiten
correlacionar a nivel global secuencias de rocas de localidades alejadas y de
contextos geológicos muy distintos o calibrar el registro fósil con la escala
de tiempo. Poder responder al CUÁNDO es muy importante para conocer la
velocidad de determinados procesos geológicos y poder cuantificar los
mecanismos responsables de nuestras observaciones.
Elisabet Beamud
Doctora en Geología.
Laboratorio de Paleomagnetismo CCiTUB-ICTJA, CSIC.
Capítulo 48
Y yo quiero ser...Profesor de Química y Divulgador
(Por Gabriel Pinto Cañón)
Es difícil que con 17 ó 18 años de edad, cuando llega el momento
de decidir los estudios universitarios, uno se decante por un Grado en Química
(u otro) sin ninguna incertidumbre. Lo más habitual es que se dude entre otros,
como Bioquímica, Ingeniería Química, Física o Farmacia. Es normal y, además,
uno puede terminar trabajando en tareas similares aunque parta de estudios
diferentes, pues no siempre hay fronteras claras entre las áreas de
conocimiento. Incluso, para ejercer de profesor de química y divulgador
científico, que es lo que nos ocupa aquí, se puede llegar desde cualquiera de
las titulaciones citadas… ¡y otras! A nivel personal, el autor de este texto
eligió cursar la Licenciatura en Ciencias Químicas porque analizando planes de
estudio de otras carreras de ciencias, le pareció la más generalista y con muy
variadas especialidades.
Una vez que una persona obtiene el Grado en Química (o similar)
existen distintas salidas profesionales, como se aborda en otros capítulos de
este libro. Las oportunidades de trabajo son amplias, desde industrias del
sector químico (síntesis de sustancias, fabricación de plásticos,
fertilizantes, petroquímica…) y otras con implicaciones químicas (cementera,
farmacéutica, pinturas, alimentación…), a plantas de tratamiento de agua, y
muchas más (investigación, aduanas, restauración artística, etc.). Otra posibilidad
laboral es el sector de la enseñanza, que ha venido ocupando a muchos
profesionales de la química y, asociado a este ámbito, cada vez más, también
nos encontramos con actividades de divulgación científica.
Aunque pueden existir otros tipos de "profesores de
química", como de academias y profesores particulares, nos referimos aquí
a los dos tipos más habituales: de enseñanza secundaria, formación profesional
y bachillerato, y de Universidad. Para acceder al primer tipo, que se puede
ejercer en centros privados, concertados o públicos, es necesario realizar un
Máster Universitario en Formación de Profesorado. Dura un curso académico (60
créditos ECTS) y habilita para el ejercicio de la profesión regulada de Profesor/a
de Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y
Enseñanza de Idiomas. En él se abordan materias generales (psicopedagogía,
procesos educativos, aprendizaje…), otras específicas (complementos de
formación, didáctica de la especialidad, innovación docente…) y de aplicación
(trabajo fin de Máster y prácticas educativas).
No existe en España una especialidad única de Química en el
citado Máster, y lo más habitual es que esté englobada en una de "Física y
Química" o análoga, como "Ciencias Experimentales". Suele ser
así por tradición y, quizá lo más importante, porque en las modalidades de
profesorado de educación secundaria, se engloban estas dos áreas. Esto ha sido,
es, y será con seguridad, fuente de controversia. Por ejemplo, hay quien
plantea que la química podría ir agrupada con la biología, y la física con las
matemáticas, o incluso que hubiera, como en otros países, una separación mayor
de áreas. La opinión del autor es que es difícil que se cambie. La práctica
educativa española ha sido la del agrupamiento de dos áreas que no siempre
conviven bien en un único campo. Hay alumnos que se lamentan de que no les
explica bien la física un profesor de formación química, o viceversa, pero
también es cierto que hay temas comunes (como la estructura y propiedades de la
materia) y que si se subdividen surgirían otros problemas organizativos. Y todo
esto no es solo propio de estas áreas; piénsese en "Geografía e
Historia" o "Biología y Geología".
El profesor universitario de química requiere (por legislación)
menos formación docente. De hecho, no se le exige ninguna preparación
específica al respecto, porque su actividad va más asociada a una tarea
investigadora. Salvo excepciones (como profesores asociados o al inicio de la
carrera docente), el profesor de Universidad (en todas las áreas) es además
investigador (también por legislación) y, por ello, para acceder a las
distintas categorías profesionales, se exigen diferentes requisitos sobre ello
(participación en proyectos, publicaciones, intervenciones en congresos, etc.).
Existen agencias de evaluación universitaria autonómicas y una nacional (la
ANECA, Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación),
donde los candidatos a ocupar plazas de profesor universitario se deben
"acreditar" a las distintas figuras, que pueden ser de contratado
(ayudante doctor, contratado doctor o de Universidad privada) o para los
cuerpos de funcionarios (titular o catedrático). Una vez acreditados, los candidatos
deben superar las pruebas establecidas en cada Universidad. Hay otras figuras,
como ayudante o profesor asociado; para más detalles, se sugiere que se visiten
las páginas Web de la ANECA (www.aneca.es) o las del propio Ministerio de
Educación (que cada cuatro años lleva nuevas denominaciones adicionales; en la
actualidad es, además, de Cultura y Deporte) para todo tipo de profesorado (http://bit.ly/2hqEkPJ).
No existe un tipo único de profesor universitario de Química;
normalmente, aparte de la distinción entre Universidades públicas o privadas
(en estas últimas suele primar más la labor docente frente a la investigadora),
la mayor diferencia consiste en la impartición de materias específicas de
química (Química Orgánica, Catálisis, Materiales…) o de química básica para
distintos Grados (Biología, Farmacia, Ingeniería…). Este último es el ámbito
del autor, que es profesor de Química, desde hace 32 años, en una Escuela que
forma ingenieros (en concreto, industriales, químicos y de organización).
Aunque no se exige una formación docente, sí es considerada, en
cierta medida, en los procesos de promoción y selección. Además, bien de forma
autodidacta, bien a través de Institutos de Ciencias de la Educación de las
Universidades y de congresos, los profesores universitarios suelen (o pueden)
formarse en este ámbito.
En cuanto a labor investigadora, que es la que prima para el
progreso profesional, el profesor universitario ha de llevar a cabo una tarea
que se asemeja a la descrita en otros capítulos de este libro, por lo que no se
trata de forma profusa. Sí hay que decir que no basta con
"investigar"; cada vez más, y como se ha indicado, esa investigación
"se mide". Por ejemplo, en su evaluación tiene mucha importancia la
publicación de artículos en revistas de "índice de impacto" reconocido.
Esto es así porque estas revistas someten los trabajos a la evaluación anónima
por otros "pares" y, además, el citado índice mide la repercusión que
tienen (por ejemplo en cuanto a citaciones) las publicaciones. Esto está
cuestionado; hay profesores que se quejan de que han dedicado mucho tiempo a la
docencia y por tener menos éxito en su investigación no pueden promocionar,
mientras que hay investigadores que incluso llevan años en centros de gran
prestigio internacional, que no encuentran posibilidad de acceder a plazas de
profesorado por carecer de experiencia docente.
Como ocurre tantas veces, existen estereotipos. En concreto, el
imaginario colectivo, parece que asocia al profesor de química como una persona
excéntrica, alejada de la realidad y ensimismada en su mundo de humos y
"brebajes", como se ilustra en la Fig. 1. En todo caso, encuestas
recientes sobre apreciación de profesiones apuntan a que el profesorado
universitario de ciencias, en general, es bien valorado por la sociedad, que
reconoce las aportaciones científico-tecnológicas en el avance social.
Para mí, ha sido una suerte y un reto ejercer la tarea docente
en un centro donde los alumnos quieren formarse como "ingenieros" y
no siempre aprecian la "química" como una materia de interés para su
formación.
Desde el principio, aparte de mi tarea investigadora (en
espectroscopía aplicada y en el estudio de materiales compuestos de matriz
polimérica) y de un desempeño "tradicional" de la docencia, he
dedicado mucho tiempo a generar y poner en práctica nuevas herramientas
educativas en las que se aplican los conceptos estudiados a resolver problemas
de la vida cotidiana.
Fig. 1. Imágenes “tópicas” de profesores de química: en un anuncio
publicitario (izda.) y en la popular película (The Nutty Professor) dirigida y
protagonizada por Jerry Lewis en 1963. Se desea que los lectores de este
capítulo aprecien estas imágenes con humor, pero alejadas de la realidad.
Buscando ejemplos de interés para motivar a mis alumnos, he
descrito luego esos casos en revistas nacionales e internacionales [1], y los
expongo habitualmente en congresos y cursos de formación del profesorado, dado
que son aplicables en las diferentes etapas educativas. Es una de las tareas
más enriquecedoras que he vivido como profesor, el intercambio de resultados
con otros docentes en España y en otros países.
Para dar una idea de la variedad de los temas que he abordado en
este sentido, se citan, a modo de ejemplo: hidratación de legumbres, cloración
del agua, química de las sustancias antipolillas, analogías entre dimensiones
de átomos y las de balones de distintos deportes, relaciones entre emisión de
CO2 y consumo de combustible en automóviles, termoquímica de
las bebidas autocalentables, aplicaciones prácticas del enfriamiento por
evaporación, juguetes científicos, estequiometría de sustancias cotidianas (medicamentos,
agua mineral, dentífricos…), efectos especiales en el cine, materiales
"inteligentes", e importancia del uso de calderas de condensación.
Todo esto forma un conjunto de propuestas metodológicas contextualizadas,
muchas basadas en enfoques conocidos como ciencia-tecnología-sociedad. También
he desarrollado propuestas educativas sobre relaciones entre ciencia, arte e
historia, que creo que son importantes para la formación universitaria y en
otras etapas educativas [1].
Fig. 2. El autor, explicando propiedades del “hielo seco” a jóvenes
sorprendidos.
Por otra parte, en los últimos años ha habido un crecimiento
exponencial del interés por la divulgación científica. Hoy en día existen
multitud de programas de radio y televisión, blogs, páginas Web, revistas
especializadas, etc. en torno a ello. También son frecuentes iniciativas
curiosas, como una "pinta de ciencia" donde se divulga en
cervecerías, o concursos de monólogos científicos, por citar otros ejemplos.
Este interés se debe a varios motivos, como la necesidad de conocimiento de la
población en general del fundamento de los logros propios de sociedades cada
vez más tecnológicas, la relevancia de concienciar sobre la importancia de
apoyo y financiación, y el interés por promover vocaciones científicas entre
los más jóvenes.
De forma paralela a la enseñanza, hace años me di cuenta que
buena parte de lo que trabajaba con mis alumnos, para "difundir" y
explicar la química, también podría emplearse para su "divulgación"
entre el público no especializado. En este sentido, he participado en multitud
de ferias (entre las que destacaría los certámenes de Ciencia en Acción, http://cienciaenaccion.org/), encuentros, y jornadas de puertas abiertas en mi Universidad,
destinado todo ello al público en general, y a los alumnos preuniversitarios en
particular (ver Fig. 2). En todas estas actividades se aprecia cómo el ámbito
de la divulgación encuentra analogías, pero también problemáticas y retos
específicos, respecto del ámbito de la enseñanza.
Aunque buena parte de la divulgación científica es realizada
actualmente por docentes, de forma altruista y como complemento a su labor
educativa, constituye, cada vez más, una oportunidad profesional independiente,
que encuentra salidas en los propios programas de radio y televisión aludidos,
en museos, y en empresas de organización de eventos de divertimiento.
Por supuesto, la enseñanza, en su conjunto, es siempre
gratificante. La mayor parte de mis alumnos "no adora" la química,
pero son jóvenes con interés y con ilusión en su formación, y eso es lo
importante. Como he intentado transmitir en este texto, me siento afortunado
con mi profesión de profesor universitario y con las actividades divulgadoras
que he llevado a cabo de forma paralela. Gracias a todo esto he desempeñado un
empleo digno, he conocido a muchas personas (alumnos, profesores, participantes
en eventos…), he visitado varios países, y he disfrutado "aprendiendo y
enseñando" una ciencia que me parece apasionante y de vital importancia
para la mejora de la sociedad. Y todo ello sustentado en una gran libertad de
acción, que valoro profundamente. Creo que no se puede pedir más a una
profesión. Por ello, siendo consciente de que "hay gustos para todo",
animo desde aquí a jóvenes que dudan sobre qué rumbo seguir, dentro del mundo
de la ciencia, a que no descarten la posibilidad de formar parte de la familia
de profesores de química y divulgadores científicos.
Referencia:
[1] Recopilación de trabajos de didáctica y divulgación de las
ciencias de G. Pinto: http://bit.ly/28KSGpA
Gabriel Pinto Cañón
Doctor en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de
Madrid.
Catedrático de Universidad (área de Ingeniería Química) en la
Universidad Politécnica de Madrid.
Capítulo 49
Y yo quiero ser...Profesora de Química
(Por Esther Escobar Rivera)
Aún recuerdo mis últimos días como estudiante de cuarto de ESO.
Tenía que tomar una decisión: Bachillerato de Ciencias o de Sociales. Desde
pequeña me ha encantado la literatura: leer, viajar a otros mundos, vivir otras
vidas, soñar… Eso es, soñar. Eso es lo que me gustaba en realidad. Quizá por
eso me decanté finalmente por el de Ciencias, porque sería como un sueño o como
un reto para mí, que solía suspender Física y Química…
Un par de años más tarde llegó el segundo momento decisivo en la
vida de cualquier bachiller: qué estudiar después. Desde pequeña había querido
ser muchas cosas de mayor, desde patinadora artística (yo, que en mi vida he
sabido patinar) hasta médico (yo, que me mareo cuando veo un poco de sangre).
Vais comprendiendo lo que os comentaba antes acerca de soñar, ¿verdad?
Afortunadamente tuve una profesora que marcó mi rumbo. Se llamaba Esther, como
yo, y fue mi profesora de Física y Química durante mis cursos de Bachiller.
Esther era química y le apasionaba enseñar. Fue ella la que me contagió las
ganas de saber más, de no quedarme nunca en lo superficial de las cosas. Me
contagió las ganas de aprender a pesar de las dificultades que eso conllevara.
Así que, allí estaba yo un mes después de acabar 2º de
Bachillerato…matriculándome en la Facultad de Ciencias Químicas de la
Universidad Complutense de Madrid.
¿Qué hace un químico?
Si os estáis preguntando qué puede hacer un químico, creo que la
mejor respuesta sería magia pues no podemos perder de vista que a los primeros
químicos se les conocía como brujas, druidas, hechiceros…alquimistas. Personas
que observaban y experimentaban porque esos son precisamente los principios
básicos de cualquier científico. Pero no nos desviemos. Si quieres saber a qué
puede dedicarse un químico no tienes más que mirar a tu alrededor y comprobarás
que todo lo que te rodea es química, incluido tú mismo, por supuesto, pero te
pondré algunos ejemplos y preguntas para que tú mismo realices algunas
investigaciones:
-Industria alimenticia: detrás de todo lo que comes y bebes hay
detrás un químico analizando que no te intoxiques mediante los llamados
controles de calidad. ¿Sabías que la tónica es fluorescente?
-Industria textil: en esta rama los químicos aportan su granito
de arena para contribuir en el desarrollo de nuevos tejidos o de mejora de los
actuales, no solo para ir a la moda, también, por ejemplo, para facilitar que
practiques deportes. ¿Sabes qué es el Neopreno®?
-Química forense: los químicos que se dedican a esta rama pueden
analizar la composición de explosivos, determinar la presencia de drogas y
venenos, investigar el origen de los incendios forestales, recogida y análisis
de pruebas biológicas… ¿Te has preguntado alguna vez cómo se recogen las
huellas dactilares?
-Industria cosmética y de perfumes: los químicos también se
encargan de elaborar productos cosméticos así como de desarrollar técnicas de
extracción de fragancias naturales de las plantas. ¿Sabes cuál es la diferencia
entre los denominados eau de parfum, eau de toilette y colonia?
-Obras de arte: gracias a los químicos, se puede determinar la
fecha de una obra de arte e incluso averiguar si es una obra original de un
determinado autor o, por el contrario, una mera falsificación. ¿Sabrías decir
un método para identificar obras de arte falsificadas?
-Docencia: hemos llegado al área a la que me dedico. Quizá sea
el ejemplo que más has experimentado, pues todos hemos tenido profesores, pero
¿qué hace un profesor químico? Un profesor químico debe despertar la curiosidad
por aquello que vemos y, sobre todo, por lo que no vemos. Debe ser capaz de
despertar la curiosidad y dotar a sus alumnos de armas para no dejarse engañar,
para cuestionar argumentos con los que se les pretenda convencer. Debe dar alas
al conocimiento y a la imaginación para que sean libres de llegar hasta donde
ellos quieran porque, con la ciencia a tu lado puedes recorrer los caminos que
tú quieras. No le tengas miedo aunque a veces te lleve a algunos baches. Nadie
dijo que fuera fácil pero te aseguro que el camino científico merece la pena.
Podría ponerte muchos ejemplos más de actividades que puede
llevar a cabo un químico pero estoy segura de que te has podido hacer una idea
de su amplitud.
¿La química tiene futuro o ya está todo conseguido?
Es posible que pensemos que ya está todo descubierto o que no
podemos aportar nada nuevo a todo lo que ya sabemos. Pues bien, si piensas así
estás muy equivocado. La ciencia en general y la química en particular, no
tiene límites. Hoy en día hay muchas líneas de investigación abiertas, no
tienes más que curiosear el sitio web de cualquier universidad para encontrar
apartados dedicados a explicar las investigaciones en curso.
Hay de todo tipo: nuevos fármacos, nuevas baterías, nuevas
técnicas de análisis, nuevos materiales más resistentes o útiles para
determinadas actividades, nuevas técnicas para eliminar residuos en el agua,
etc. Como ves, el abanico es muy extenso y en la mayoría de ellos no solo
trabajan químicos, también personas de otras áreas como físicos, biólogos,
médicos… Es importante compartir conocimientos y saber colaborar con personas
que saben de lo que nosotros no sabemos. Juntos llegamos más lejos.
Fig. 1. Teoría de Orbitales Híbridos. No podéis imaginar la alegría que
sentí cuando tuve que explicar esta teoría por primera vez y conseguí que mis
alumnos la comprendieran. Y no solo eso, también conseguí, a través de esta
explicación, comprenderla yo plenamente, cosa que no había conseguido hasta
entonces.
No imaginas la cantidad de personas y culturas que puedes llegar
a conocer siendo científico.
Como conclusión…
…te diría que merece la pena apostar por la ciencia y que eso no
significa que dejes de lado otras disciplinas que te gusten. Yo sigo siendo una
apasionada de la literatura, especialmente de aquella que no tiene que ver con
divulgación científica. Me gustan las novelas de misterio y de las que te
llevan a ciudades que no conoces. Es importante saber desconectar también. Te
diría también que tengas la mente muy abierta, no seas cabezota y te cierres a
que tus ideas y tu concepción del mundo son las correctas. Puede que tengas
razón, pero puede que esa razón desaparezca con el descubrimiento de alguien.
Tienes a toda la comunidad científica de tu lado, anímate a
formar parte de ella.
¡Anímate a descubrir!
Esther Escobar Rivera
Graduada en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de
Madrid.
Profesora de Ciencias y miembro de la Real Sociedad de Química
en el grupo de Didáctica e Historia de la Física y la Química.
Capítulo 50
Y yo quiero ser...Química
(Por Mª Mercedes Pastor Blas)
¡Me encanta la Química!; me quedo con la boca abierta cuando mi
profe hace experimentos en clase y nos dice que Química es todo lo que
nos rodea.
Fig. 1. Químico malo visto por algunos.
Cuando le digo a mis amigos que quiero ser química, algunos me
preguntan que eso para qué sirve, que si tiene futuro, que si hay trabajo…Otros
ponen una cara horrorosa y me cuentan que los químicos destruyen el mundo, que
fabrican bombas, que sintetizan drogas (Fig. 1). Me preguntan si quiero ser
como el protagonista de la serie Breaking Bad, un frustrado
profesor de Química de un instituto que cuando le diagnostican un cáncer
terminal contacta con un antiguo alumno suyo para fabricar y vender
metanfetamina (un potente psicoestimulante) y de ese modo asegurarle el
bienestar económico de su familia cuando él muera. Hay otros que me dicen, que
ellos sólo consumen productos "libres de químicos"…, porque para
ellos la palabra químico es sinónimo de toxinas o de veneno.
Fig. 2. Mi profesora de Química.
Pero yo creo en lo que dice mi profe (Fig. 2), que la química no
es ni buena ni mala, y que, como todo, depende del uso que hagamos de ella. Así
que un día nos dijo que íbamos a preparar una "bomba de vitaminas" y
vino a clase cargada de naranjas y un exprimidor. Le echamos una mano a
exprimir naranjas y nos sentamos en el patio a disfrutar de nuestro
"almuerzo natural supuestamente libre de químicos", como nos dijo.
Pero de vuelta a clase, nos dibujó en la pizarra una fórmula llena de átomos de
carbono (C), hidrógeno (H) y oxígeno(O) y una letra seguida de un número
(Fig.3).
Fig. 3. Ácido ascórbico, presente en el zumo de naranja.
Nos dijo que esa molécula química se llama ácido ascórbico y que
está presente en el zumo de naranja natural que acabábamos de bebernos. Además,
el ácido ascórbico está catalogado como E300, que lejos de ser un malvado
aditivo, no es sino vitamina C. Precisamente la falta de vitamina C produce una
enfermedad conocida como escorbuto, muy común entre los marineros que
realizaban largas travesías durante la Edad Media y la Edad Moderna, ya que
entonces la obtención de frutas y verduras era muy complicada. Así que, si
vemos escrito E300 en la etiqueta de un producto alimenticio, no tenemos que
asustarnos.
Aquellos que desarrollan un odio irracional a cualquier producto
químico, conocido como quimiofobia, deberían saber que absolutamente todo está
compuesto por átomos y moléculas por lo que, como dice mi profe, todo
es química. Por ejemplo, cuando echamos vinagre a una ensalada, estamos
rociándola con ácido acético, también llamado ácido metilcarboxílico o ácido
etanoico (C2H4O2), el queso no sale de la vaca
tal cual, sino que sufre un proceso químico llamado fermentación, la sal no es
otra cosa que cloruro sódico (NaCl) y el azúcar común es sacarosa (C12H22O11).Por
tanto, no podemos hablar de natural o químico, sino de productos químicos
naturales y de productos químicos artificiales (o sintéticos).
Fig. 4. Bebé con metahemoglobinemia [1].
Mi profe nos contó otro día en clase que la población mundial
está creciendo de manera exponencial y que cada vez hay mayor demanda de
alimentos, de medicamentos, de agua, de ropa, de combustibles…. Muchos de esos
recursos son limitados, los combustibles fósiles se están agotando, en muchos
países no hay agua potable y mucha de la ropa que llevamos puesta se fabrica en
países donde las condiciones de trabajo no son las adecuadas. Además, el hombre
cada vez genera más desechos y éstos necesitan ser tratados antes de arrojarlos
al suelo, al aire o al agua. Dice que los químicos podemos hacer mucho por
mejorar las condiciones de vida en países subdesarrollados. Entonces nos enseñó
una foto de un bebé azul (Fig. 4). Tenía una enfermedad llamada metahemoglobinemia,
conocida también como "síndrome del bebé azul". Se trata de un
trastorno de la sangre que, aunque puede ser congénito, también es causado por
la exposición a unas toxinas, los nitratos y nitritos, que se encuentran en
gran cantidad en acuíferos contaminados debido al uso excesivo de fertilizantes
y a los desechos de aditivos alimentarios. Los nitratos y nitritos afectan a la
hemoglobina, una hemoproteína de la sangre, que contiene hierro y le da su
color rojo característico. La hemoglobina es la encargada de transportar el
oxígeno (O2) desde los órganos respiratorios hasta los tejidos. La
mayor parte del oxígeno que respiramos se utiliza para obtener energía a partir
de los nutrientes mediante el metabolismo. Por ello, la falta de oxígeno es
letal, impide la generación de la energía necesaria para mantener vivos
nuestros tejidos. El oxígeno que llega a los pulmones se une al hierro de la
hemoglobina y lo transporta a través de la sangre hasta las células de los
tejidos, donde se libera. Se necesita, por tanto, que la hemoglobina sea capaz
tanto de captar como de ceder oxígeno y eso se consigue gracias a que contiene
hierro en un estado de oxidación relativamente bajo (Fe2+). Sin
embargo, los nitratos y nitritos del agua contaminada oxidan el hierro de la hemoglobina
y lo transforman en Fe3+. Este hierro oxidado tiene muchísima más
afinidad por el oxígeno, de modo que la hemoglobina que contiene Fe3+,
llamada metahemoglobina, puede transportar el oxígeno por la sangre pero no es
capaz de cederlo a los tejidos. Esto causa cianosis, que es la coloración azul
de la piel. Como los bebés tienen muy bajo peso, y su organismo carece de
enzimas capaces de reducir de nuevo el Fe3+ a Fe2+,
son especialmente propensos a esta enfermedad, que puede causarles la muerte.
Me dio mucha pena ver ese bebé azul…
Fig. 5. Contaminación del río Tullahan entre Caloocan y Valenzuela
(Filipinas) [3].
Pero mi profe nos ha dicho que en la universidad hay un grupo de
químicas y químicos que están investigando unos materiales poliméricos
especiales que conducen la electricidad y que son capaces de reducir a los
nitratos (NO3-) y nitritos (NO2-)
del agua y convertirlos en nitrógeno, ese mismo nitrógeno (N2) que
está en el aire, y que por tanto es benigno [2].
Mi profe también nos cuenta que en los países desarrollados
tenemos mucha suerte de disponer de plantas potabilizadoras de agua y de leyes
que regulan el vertido de los desechos industriales. Pero en los países
subdesarrollados o en vías de desarrollo, eso no es así. Un día nos enseñó una
foto del río Tullahan entre Caloocan y Valenzuela, en Filipinas [3]. El agua
del río está llena de una espuma teñida por los colorantes que se vierten
procedentes de fábricas de papel y textil que se encuentran río arriba. Mi
profe nos dijo que los químicos de la universidad están utilizando unos
fotocatalizadores basados en dióxido de titanio que aceleran las reacciones de
degradación de contaminantes orgánicos, disolventes, pesticidas y colorantes,
que son difíciles de descomponer por otros métodos. La energía necesaria la
obtienen de una fuente limpia y abundante, el sol.
Fig. 6. (a) y (b) Degradación de la rodamina G con luz solar; (c)
Espectrofotómetro UV-vis.
Además, para aprovechar no sólo la radiación más energética,
pero a la vez menos abundante del sol, que es la radiación ultravioleta, están
dopando esos fotocatalizadores de modo que aprovechen todo el espectro visible
del sol. Con su método consiguen destruir las sustancias tóxicas del agua y
convertirlas en compuestos totalmente inocuos, como agua (H2O) y
dióxido de carbono (CO2). Así que un día nos llevó a visitar los
laboratorios de química de la universidad, y allí nos enseñaron unos tubos de
ensayo en los que habían introducido agua y colorantes (rodamina G y azul de
metileno) y vimos cómo, en presencia de esos materiales híbridos dióxido de
titanio/polímero conductor que habían sintetizado [4], el color que teñía el
agua desaparecía conforme se degradaba el colorante expuesto al sol (Fig. 6).
Todo esto lo analizaban con un espectrómetro ultravioleta-visible, y además
tenían un microscopio electrónico con el que podían ver la microestructura de
los materiales capaces de limpiar el agua.
En la universidad también nos contaron que antes, en las
fábricas de calzado aquí en España, se utilizaban tratamientos químicos y colas
para los zapatos con disolventes orgánicos muy perjudiciales como el n-hexano,
que producían en los trabajadores una enfermedad llamada "parálisis del
calzado" [5] porque afectaba al sistema neurológico produciendo parálisis
en piernas y brazos. Las fábricas no tenían ventilación forzada o campanas de
extracción como en los laboratorios de la universidad. Pero gracias al desarrollo
de tratamientos alternativos para las suelas de zapatos, que en lugar de
disolventes nocivos, emplean radiaciones semejantes a las que generan ozono en
una tormenta eléctrica [6], y también gracias al desarrollo de adhesivos en
base acuosa, se ha mejorado la salud de los trabajadores. Y todo ello se ha
conseguido gracias a la investigación de químicos y químicas que se preocupan
por la salud y el medio ambiente.
Sin embargo, el desarrollo de la Química no es suficiente para
solucionar todos los problemas de contaminación, salud laboral, superpoblación,
falta de recursos, búsqueda de nuevos combustibles, tratamiento de desechos
industriales…..Es necesario que nuestros dirigentes trabajen e inviertan en
políticas que mejoren la calidad de vida, que frenen el calentamiento global y
la desertización, que inviertan en investigación. Y para poder reclamar todo
esto como ciudadanos concienciados, hace falta saber mucha química….
Así que, YO QUIERO SER QUÍMICA, porque quiero aportar mi granito
de arena y hacer del nuestro un mundo mejor.
Referencias:
[1] Youtube
[2] M.Jesús García-Fernández, R. Buitrago-Sierra, M. M.
Pastor-Blas, A. Sepúlveda Escribano. "Plasma-assisted preparation of
polypyrrole-supported catalysts. Application to nitrate removal in water"
en Recent Advances within the field of Materials Science in Spain"
(2015). Secretariado de publicaciones. Universidad de Alicante. ISBN:978-84-9717-346-9.
[3] Greenpeace
[4] Víctor Belda Alcázar, "Síntesis y caracterización de
materiales híbridos titania/polianilina y titania/polipirrol para la
fotodegradación de rodamina 6G y la eliminación de nitrato del agua",
Trabajo de Fin de máster tutorizado por M.M. Pastor Blas. Junio 2015.
[5] porexperiencia
[6] M. Mercedes Pastor-Blas. "Los tratamientos
superficiales de materiales de caucho en la industria del calzado". Red
Temática VIII.D. CYTED. J.M. Martín-Martínez, Teresa del Pilar Ferrándiz Gómez
(Eds.). Universidad de Alicante, VIATECNIA (2000). ISBN: 84-607-0689-3
Mª Mercedes Pastor Blas
Doctora en Química, Catedrática de Universidad.
Laboratorio de Materiales Avanzados, Departamento de Química
Inorgánica e Instituto Universitario de Materiales, Universidad de Alicante.
Capítulo 51
Y yo quiero ser...Química Médica
(Por Júlia Dulsat Mas)
Yo de pequeña soñaba con ser bailarina, después quise ser
astronauta, más adelante decidí que quería dedicarme a la odontología y a día
de hoy me he convertido en química médica. Como podéis ver cambié de opinión
sobre mi futuro varias veces a medida que iba descubriendo mundo y ciencia.
Pero por muchos cambios, me atrevo a afirmar que, si volviera a nacer, volvería
a dedicarme a la química.
Cuando era pequeña tenía una curiosidad infinita y una
necesidad, a veces un tanto angustiosa, de saber el porqué de las cosas.
Recuerdo una carta de reyes donde pedía un microscopio para
poder buscar los pulmones de las plantas porque bien tienen que respirar si son
seres vivos. Años más tarde, la ciencia me enseño que las plantas respiran a
través de sus hojas captando el oxígeno del aire. Cuando preparábamos la cena
los lunes me preguntaba porque las claras de los huevos se volvían blancas
cuando se calentaban. Hoy sé que las proteínas de la clara del huevo se
desnaturalizan cuando aumenta la temperatura, y por ello cambian su aspecto.
Cuando era pequeña me preguntaba por qué el agua del mar era azul pero el agua
que salía de la ducha no. Hoy sé que el agua es incolora, y el color del agua
del mar se debe al reflejo del cielo en el mar.
Para esa época todavía no tenía muy clara la diferencia entre
las distintas disciplinas científicas; pero lo que nunca dudé es que ciencia
era lo que quería hacer en mi vida. Porque la ciencia tiene respuestas y una
explicación para todo, y eso, es fascinante.
Empecé bachillerato, y conocí al profesor que hizo decantar la
balanza hacía la química. Él me enseño la química de la forma más sencilla,
cotidiana y divertida que jamás haya podido imaginar, el estudio y el
aprendizaje se convirtieron en un juego el cual nunca he dejado (ni quiero
dejar) de jugar. Gracias a él aprendí que con la química no existe frontera de
lo imposible y que el único límite lo pone tu imaginación. Recuerdo que él
siempre nos decía "¡Todo se puede explicar con la química!"
Y no se equivocaba, las plantas respiran por la difusión del
oxígeno, las proteínas pierden su estructura cuando reciben energía, la
interacción luz – materia explica los colores de las cosas. Cuando juntamos
unos cuantos átomos en una forma determinada obtenemos un fármaco que nos
alivia el dolor; si hacemos colisionar dos átomos obtenemos energía nuclear;
cuando comemos nuestro organismo rompe la comida en partes más pequeñas que nos
proporcionan energía y vitaminas; si nos queremos tirar a la piscina, el
cerebro, mediante una señalización química avisa a nuestras piernas para que
salten… ¡Fascinante!
Decidir estudiar química, creo que fue una de las mayores y
mejores decisiones que he tomado en la vida. Me divierto haciendo ciencia, al
tiempo que aprendo y además contribuyo a mejorar la calidad de vida de las
personas.
La segunda decisión importante que tomé, fue cuando decidí que
quería curar el cáncer. Esta tampoco fue una decisión tomada en un minuto, sino
que su reflexión me llevo alguna que otra tarde; aunque recuerdo perfectamente
el momento que vi la luz.
Me encontraba en el último año de mis estudios universitarios,
todo eran dudas, indecisiones, un futuro por delante, todas las opciones
posibles encima de la mesa y tocaba tomar otra decisión importante. Era momento
de focalizar mis estudios, escoger un área de estudios, decidir, en pocas
palabras, cómo o qué quería ser al cabo de 5 años.
Era una tarde de primavera, estaba tomado un café con una amiga
y compañera de universidad y hacía meses que ese era nuestro tema de moda: ¿Y
ahora qué? Y mientras hablábamos, yo iba reflexionando: quería un gran reto
personal y profesional, que marcará un antes y un después en mi mundo y en el
mundo científico (siempre me ha gustado pensar a lo grande); pero a la vez
quería ayudar a la gente, mejorar sus vidas. Y las opciones se iban reduciendo…
Prefería una bata de laboratorio antes que un traje y una oficina, prefería
experimentar y divertirme probando nuevas cosas antes que seguir una rutina, y
claro, quería hacer algo grande, un gran reto. Y de repente, lo vi todo claro:
el cáncer, había que erradicar el cáncer.
Y así fue como decidí que de mayor quería ser química médica.
Química, evidentemente, mi mundo gira en torno a dicha ciencia y médica porque,
aun sin saber de medicina, trabajo en un tema médico como es la enfermedad del
cáncer. Pero yo no me dedico a tratar pacientes, yo me dedico a intentar
entender cómo viven y sobreviven las células de cáncer y encontrar un mecanismo
o tratamiento que sea más fuerte que ellas.
Es completamente fascinante, cultivo unas células de pacientes
extraídas con una biopsia del tumor, les doy de comer, las mantengo a una
temperatura agradable para ellas y hago que crezcan millones y millones.
Después les añado un biomaterial que solidifica y se forman unos micro-tumores
de cáncer en el laboratorio. Es completamente fascinante. A los tumores les doy
de comer y crecen, se hacen más grandes y aparecen más células. Y en este
momento, empiezo a hacer volar la imaginación y a jugar. Y nunca se me olvida
que "la química no tiene frontera en lo imposible"
Me dedico a entender el cáncer desde un punto de vista celular,
cómo se organizan las células, sus mecanismos de resistencia a los fármacos,
cómo se reproducen y cómo una sola célula es capaz de liberarse del tumor y
anclarse a otra parte del cuerpo para hacer crecer otro. Para ello,
imaginación: les cambio la temperatura, les inyecto fármacos, productos
tóxicos, nanopartículas, les limito el oxígeno que tienen para respirar, las
irradio con luz… y podría escribir páginas y páginas, y vosotros también podríais,
de todas y cada una de las ideas para hacerle "la vida" más
complicada a las células de cáncer. Es completamente fascinante.
Porque después de todo, ellas siguen vivas y siguen
reproduciéndose. Y eso es lo más fascinante de todo y uno de los retos más
duros que he vivido nunca. En la selva, los animales sobreviven por la
"ley del más fuerte"; cuando se trata del cáncer, sobrevive el más
hábil y perspicaz. A día de hoy no lo somos los científicos, pero con más
conocimiento y más juegos, algún día le vamos a ganar la batalla.
El cáncer, y encontrar su cura o un tratamiento eficaz es uno de
los retos más impresionantes que tiene la comunidad científica a día de hoy. No
es el único, pero para mí es el más sorprendente y formar parte de ello me
genera una gran ilusión.
Fig. 1. Células cancerígenas (PANC-1) y fibroblastos humanos (hNDF) con una
tinción DAPI (azúl: núcleo, rojo: citoesqueleto), visto con un microscopio.
Pero no termina aquí, cada día aparecen nuevos retos científicos
y los químicos somos una parte muy importante en la búsqueda de soluciones.
Una vez te conviertes en químico, no hay nada que se te resista,
y no lo olvides: ¡Con la química desaparece la frontera de lo imposible!
Júlia Dulsat Mas
Graduada en Química con un Máster en Química Farmacéutica
PhD candidate en el Departamento de Bioingeniería en la facultad
IQS-SchoolofEngineering, Universidad Ramon Llull (Barcelona)
Capítulo 52
Y yo quiero ser...Químico Orgánico
(Por Francisco Javier Toledo Marante)
Aún recuerdo los rostros de varios premios Nobel que se
reunieron en el Puerto de la Cruz (Tenerife) en 1980 en el denominado 12th
International Symposium on the Chemistry of Natural Products que
organizó la Universidad de La Laguna (ULL) en nombre de la IUPAC [1].
Fig. 1. (+)-mentol
Entre ellos destacaba el profesor Barton [2], un inglés de cara
rojiza y pelo frito del que todo el mundo hablaba por tenerlo por una eminencia
de la química orgánica, y es que en 1969, Barton había sido galardonado con el
premio Nobel en Química, compartido con Odd Hassel «por sus contribuciones al
desarrollo del concepto de conformación y sus aplicaciones en química».
Obsérvese en la Fig. 1 lo que hoy entendemos por "conformación del
mentol". Ocho licenciados, recientemente especializados en química orgánica
por la mencionada ULL, allí asistíamos escuchando a sus eminencias discursos
relacionados con el bio-petróleo, síntesis de sustancias bioactivas demandadas
por la industria farmacéutica, espectroscopía, etc. El eminente y viejo
profesor D. Antonio González González [3], organizador del evento, se esforzaba
por que todo saliese bien. Entre tanto trajín, sin embargo, encontró tiempo
para sentarse conmigo, y me dijo: ¿ves a estos? - señalando para los premios
Nobel y demás genios que discutían complejas fórmulas químicas que escribían
sobre el papel mientras fumaban con sus cachimbas-, pues que sepas que para
llegar a su nivel "solo tienes que trabajar". Tras treinta y siete
años de aquel evento, he trabajado en química orgánica como el que más, y aún
no he sido galardonado con el Nobel, pero sí creo que he aportado datos nuevos
que importantes revistas relacionadas con la química orgánica han tenido a bien
publicar [4]. Dichos datos sirven hoy de inspiración a las nuevas generaciones
de estudiantes y, quizá algún día, sean la llave para que alguien descubra algo
relevante. Al igual que, para que una catedral se acabe de construir, alguien
tuvo que poner la primera piedra, del mismo modo, la construcción del edificio
del bioconocimiento requiere humildes obreros especialistas en química
orgánica.
¿Qué es la materia orgánica, qué es la química orgánica y para
qué sirve?
Toda ciencia se caracteriza por un objeto de estudio y un método
de estudio. El objeto de estudio de la química orgánica es la materia orgánica,
la cual se puede definir como la sustancia principal de la que están hechos los
organismos. El elemento estrella que la constituye es el carbono, pero también
encontramos en sus estructuras moleculares otros átomos (H, O, N, P, S, Cl, Br,
etc.). Se formó -y se sigue formando- a través de complejas rutas biogenéticas
que se enraízan en la fotosíntesis, ya presente en los primeros microorganismos
fotosintéticos. Puestos a clasificarla por estructura, diferenciamos nombres
como azúcares, ácidos grasos, aminoácidos, terpenos, fenoles, polisacáridos,
lípidos, proteínas, etc. Estos materiales, tras cumplir su papel en el fenómeno
que denominamos "vida", se acumulan en el medio ambiente y juegan un
rol en el movimiento de nutrientes y en la retención del agua en la superficie
del planeta.
En cuanto al método de estudio, lo definiríamos como un conjunto
de dogmas (como "la valencia del carbono es siempre cuatro") y
técnicas (como la "cromatografía en capa fina" o la "resonancia
magnética nuclear") que nos permiten llegar a describir la estructura
tridimensional de las moléculas que constituyen un sólido, un líquido o un gas,
con la profundidad de su estructura conformacional privilegiada en condiciones
particulares de pH, temperatura, disolvente, etc.
Fig. 2. Estructuras del halimedatrial (arriba) y del eritrolido (abajo).
Así, en la actualidad decimos que la Fig. 2 describe las
estructuras moleculares del halimedatrial y del eritrolido. El primero es un
compuesto sólido que biosintetizan y bioacumulan las algas marinas del
género Halimeda para defenderse de los peces que las depredan,
y el segundo es otro sólido que fabrican los corales blandos del género Erythropodium con
el mismo objetivo. Se trata, pues, de sustancias biológicamente activas
fagorrepelentes y, por tanto, son alomonas [5]. Así, pues, los seres vivos son
productores de compuestos con estructuras más o menos complejas, que tienen una
función ecológica/ fisiológica. Esto influye y determina aspectos tan
importantes como los paisajes terrestres y marinos que observamos cuando
salimos al campo o buceamos. Pero esto, ¿sirve para más? Veamos, si una vistosa
esponja marina como Aplysinaaerophoba aprendió a biosintetizar
y bioacumular productos químicos que la protegen de la oviposición de
organismos extraños –erizos, crustáceos, etc.-, esto es, productos químicos que
matan los huevos y las larvas de dichos animales competidores, ¿acaso no es
lógico, por extrapolación, que dichos productos químicos también van a ser
tóxicos para las células malignas que provocan enfermedades como leucemia o
cáncer? Ciertamente, dicho organismo se defiende con productos químicos como la
verongiamida (Fig. 3), tanto de los peces carnívoros de su hábitat como de los
mencionados huevos y larvas de organismos extraños. No es de extrañar que dicha
sustancia presente actividad inhibidora de las líneas celulares de leucemia
humana [6]. En concreto, presentó actividad citotóxica frente a la línea
celular HL60, matando el 50% de las células a una concentración de 10 μmoles
por litro. Por otra parte, este compuesto también presenta citotoxicidad frente
a líneas celulares de diferentes tumores, como el Ehrlichascitestumour (EAT)
o el HeLatumour [6].Todo ello convierte a este producto
natural marino en un potencial fármaco para el futuro. No es de extrañar que
nuestro grupo de investigación ya esté trabajando en el campo de la maricultura
de la esponja marina en mar abierto dentro del proyecto tractor de Desarrollo
Industrial Sostenible de Canarias (DISCan-2007) [6]. El lector desconfiado se
estará preguntando ¿es esto realista?, ¿en el futuro vamos a obtener fármacos
por cultivo intensivo de esponjas marinas?
Dicen que para muestra, con un botón basta, pues bien, mostremos
el caso del taxol (paclitaxel). Este es un fármaco que se viene utilizando
desde hace tiempo en la quimioterapia del cáncer de pulmón, ovario, mama y
otros. Es un compuesto que biosintetiza un árbol, el tejo del Pacífico, Taxusbrevifolia.
Sin embargo, un tejo de 13 metros de altura y con 200 años de edad solo puede
proporcionarnos medio gramo de taxol, por lo que los químicos orgánicos
diseñaron un método sintético para convertir en taxolla 10-deacetilbaccatina,
un compuesto relacionado desde el punto de vista estructural que se encuentra
en varias especies no amenazadas del tipo del tejo del Pacífico y que puede ser
cultivado sin destruir el árbol, esto es, de forma sostenible [7].
Para muchas otras cosas sirve la química orgánica. Así, algunos
laboratorios se esfuerzan por sintetizar drogas complejas, como la morfina, que
conserven sus propiedades útiles (la analgesia) pero no las indeseables
(adicción).
Fig. 3. Verongiamida (también denominada dienona por su estructura
molecular). Es un producto de alto valor añadido por su actividad biológica. Es
presumible que en el futuro se cotizará en el mercado del sector biomédico y
ayude a salvar vidas o a mejorar la calidad de vida de animales y hombres. Es
un producto para la moderna “economía azul”.
Los estereoisómeros, ordenamientos tridimensionales diferentes
con la misma fórmula molecular, pueden tener efectos terapéuticos muy
diferentes. Un caso es el par quinina/ quinidina. El primero sirve para tratar
la malaria mientras que el segundo se aplica para tratar arritmias cardiacas.
Por otra parte, disciplinas cercanas, como la bioquímica o la nutraceutica,
utilizan el "lenguaje" de la química orgánica para justificar,
basándose en la estructura de las biomoléculas, su comportamiento. Así,
entendemos que la estructura de doble hélice del DNA se forma gracias a los
enlaces de hidrógeno entre las bases. También razonamos, basados en que la
mayoría de las vitaminas tienen átomos con carga, el que sean hidrosolubles, o
sea, el que se eliminen fácilmente y no sean tóxicas. Sin embargo, las
vitaminas A y D, por ser no polares, se acumulan en el tejido graso del cuerpo,
lo que las hace potencialmente tóxicas en altas dosis.
¿Y cómo podemos ver la estructura de la materia orgánica? ¿Hay
instrumentos que nos permiten elucidar incluso la organización tridimensional
de las moléculas?
Las moléculas que constituyen la materia orgánica solo se pueden
"ver" por su manera de interaccionar con la radiación
electromagnética en sofisticados instrumentos (espectrofotómetros) o su manera
de romperse en un espectrómetro de masas. Dicha interacción se suele
representar en forma de gráfico - espectro. La información contenida en dicho
espectro permite deducir grupos estructurales típicos. Así, en la Fig. 4 puede
observarse un espectro de resonancia magnética nuclear (1H-RMN) que
corresponde a un líquido comercial, el metilimidazol. La posición relativa de
los picos sobre el espectro, su intensidad y forma desvelan tres hidrógenos en
una subestructura de imidazol. La información contenida en otros espectros debe
de ser consistente con la estructura deducida, al igual que las diferentes
piezas de un puzle deben de encajar en el mismo. Solo cuando esto ocurre, el
químico orgánico se atreve a proclamar la estructura química en una publicación
científica.
A modo de conclusión
La química orgánica es una de las partes de la química más
necesarias para interpretar y desarrollar el mundo actual. Tanto el análisis
cualitativo, cuantitativo y estructural de los componentes orgánicos que
constituyen la materia como su síntesis configura una actividad científica que
se desarrollada vertiginosamente en la actualidad.
Fig. 4. Espectro de 1H-RMN del metilimidazol (protones
aromáticos) obtenido en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
El sector económico que más dinero mueve en nuestra sociedad, el
denominado "Calidad de Vida de los Ciudadanos", necesita tanto de
fármacos, cosméticos y nutracéuticos como de biodiesel y bioproductos, los
cuales, es presumible que nos ayudarán a construir un mundo más limpio,
saludable y sostenible. Muchos retos, como el descubrir esa molécula que acabe
definitivamente con el Cáncer siguen abiertos e inspiran nuestro trabajo
cotidiano. ¡Súmate!
Referencias:
[1] Web
de la IUPAC.
[2] Web
sobre el profesor Barton.
[3] Web
sobre el profesor Antonio González.
[4] Web
del profesor Francisco Javier Toledo Marante.
[5] Francisco Javier Toledo Marante (2017). Marine
EnvironmentalMetabolomics. In: Prasain JK (Ed.) Metabolomics, Fundamentals and
Applications. Intech, USA.
[6] Pere Ferriol, Francisco J. Toledo, Miquel Brunet, María J.
Mediavilla, Francisco J. Estévez, Christian C. Toledo (2013). Production of
sponge cytotoxic factors by mariculture of Verongiaaerophoba. XIV
International Symposiumon Marine Natural Products (MaNaPro-2013). Isla de La
Toja - Galicia, España Póster 178. Pág. 243.
Francisco Javier Toledo Marante
Doctor en Ciencias Químicas –Especialidad Química Orgánica-.
Profesor Titular, Instituto Universitario de Medio Ambiente y
Recursos Naturales (IUNAT) Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC)
Capítulo 53
Y yo quiero ser...Químico y Trabajar en la Industria Química
(Por José Antonio Martínez Pons)
Un poco de historia
Intentar definir la química no es fácil. Incluso su nombre es
misterioso, por ejemplo, hay quien piensa que "química" deriva
de "khemeia" que a su vez deriva de "Kham",
nombre antiguo de Egipto. Por tanto, la química sería el "arte de los
egipcios". También podría significar "arte negro" en
el sentido de arte oculto ya que los "químicos" guardaban
secreto sobre sus artes. Otros sin embargo creen "khemeia"
deriva del griego "khumos", jugo, por tanto, la química sería
el "arte de extraer jugos". Ninguna de estas definiciones es
del todo exacta. Realmente como ciencia en el sentido moderno, la química es
una ciencia joven, pero el ser humano hizo química, sin saberlo desde los
albores de la civilización, por ejemplo, cuando descubrió y utilizó los efectos
que producía el fuego sobre muchos objetos como cocer la comida o convertir el
barro en cerámica. También descubrió los tintes y las pinturas y hace uno
milenios aprendió a dominar y a obtener los metales. Tanto es así que en muchas
partes del mundo los forjadores eran sagrados y tenían paso libre en todas las
fronteras. Era obvio que el pueblo que contaba con los mejores herreros tenía
las mejores herramientas y las mejores armas. La Biblia narra que los
filisteos, muy posiblemente griegos, dominaron a los israelitas hasta que Saúl
fue capaz de conseguir armas de hierro y se pudo enfrentar a ellos en igualdad
de condiciones. Resumiendo, desde los albores de la cultura el ser humano ha
hecho química sin saber que la hacía.
Alquimia, alquimistas y otros personajes
La primera "química" fue lo que conocemos por
alquimia. Realmente el alquimista no indagaba en el porqué ocurrían los
fenómenos que estudiaba, el buscaba por un lado obtener el medio de convertir
metales "corrientes" en oro y por otro encontrar algo, el elixir de
la vida, que le garantizara la salud. Naturalmente en este camino envuelto en
misterios (arte hermético) y solo para iniciados descubrió técnicas y
sustancias químicas muy interesantes, pero este no era su objetivo final sino
un camino hacia la gran obra. Los alquimistas chinos descubrieron la pólvora
buscando la panacea ideal, y en occidente la invención de esta mezcla se
atribuye al mítico monje alemán Bertold Schwartz. Otros o ellos mismos buscaban
medicinas destilando y volviendo a destilar, es una etapa de la química llamada
iatro química.
Los alquimistas no se consideraban "científicos" sino
"artistas". Sus ideas básicas eran muy simples, aceptaba ya fuera la
teoría griega de los cuatro elementos (aire agua tierra y fuego) y las cuatro
cualidades (frio, caliente, seco y húmedo), o bien la del mercurio, azufre y
sal, como constitutivos de la materia. Aceptaban siete metales que asociaban a
los "siete" planetas. Cuando se fueron descubriendo nuevos metales no
hubo problemas los nuevos metales se consideraban variedades de los existentes
del mismo modo que "existen distintas variedades de manzanas".
Pensaban que los metales se "criaban" como los árboles, partían de
una semilla que había que regar con el elixir adecuado. La transmutación por
supuesto era posible.
¿Cómo permanecen ciertas ideas?
Estas ideas perduraron por más de mil años. Se puede decir que
la química actual nació a finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando
Lavoisier, Dalton, Proust y Richter establecieron las cuatro leyes ponderales
de la química y Dalton propuso el modelo atómico molecular de la materia.
Fig. 1. Los cuatro elementos griegos y sus símbolos. Aristóteles añadió la
quinta esencia.
Por ejemplo todavía en 1637 se publicó el libro "El arte
de los metales" escrito por el Licenciado Álvaro Alonso Barba, natural
de Lepe y sacerdote en la parroquia de San Bernardo en La imperial Potosí,(hoy
en Bolivia).
Donde describe todo lo que se sabía sobre mineralogía y
metalurgia de su tiempo, incluidos los métodos extracción de los metales
preciosos sobre todo la plata, sin embargo, don Álvaro era creyente en las
teoría de los cuatro elementos y en la transmutación de los metales, es decir
que con bases teóricas erróneas, consiguió procesos efectivos y prácticos es de
destacar su método de los "cajones" para purificar plata.
Entre otras "pruebas" propone que si se sumerge una
lámina de hierro en una disolución de caparrosa azul (Fig. 3) el hierro se
convierte en "cobre fino" En la figura se aprecia la disolución de
caparrosa (sulfato de cobre) y una disolución análoga en la que se introdujo un
clavo, trascurridas unas horas. Efectivamente el clavo desapareció y se recogió
cobre, pero obsérvese el cambio de la disolución de azul a verde, lo que
ocurrió fue simplemente una reacción red-ox.
Fig. 2 (izquierda). Facsímile del libro “El arte de los metales”. Fig. 3
(derecha) Reproducción actual del experimento de Alonso.
El cobre precipitó y el hierro pasó a la disolución. Estas dos
reacciones lo explican
Cu2+aq + 2e- → Cu
Fe → Fe2+aq +
2e
es decir, que en resumen no ha habido transmutación sino un
simple intercambio de electrones.
Hoy la química para "hacer algo" se resume bajo los
nombres de química técnica o química industrial. También "hacen algo"
los farmacéuticos y mucho de lo que diremos es aplicable a ellos, pero se
consideran como campos aparte. Lo cual no es obstáculo para que un químico
desarrolle su profesión en un laboratorio farmacéutico.
¿Qué aspectos particulares tiene la química industrial?
Obviamente las leyes de la química y la termodinámica son las
mismas sin embargo hay diferencias sustanciales:
- La escala y los
órdenes de magnitud, en el laboratorio en general se trabaja con cantidades
pequeñas, del orden de los gramos, en la industria se trabaja con grandes
cantidades, del orden de los centenares de kilogramos, incluso de toneladas de
reactivos y productos.
Fig. 4. Planta petroquímica. Modelo de industria química pesada.
- La calidad de
reactivos, en el laboratorio normalmente se trabaja con sustancias puras o casi
puras, en la industria se trabaja con materias primas.
- Lo mismo cabe decir de
los productos, además muchas veces la pureza que se exige en estos puede no ser
muy rigurosa, así por ejemplo no es lo mismo preparar un ácido clorhídrico para
uso de laboratorio que para preparar un "sal fuman" como
desatascador.
- Las variables, en la
industria al revés que en el laboratorio las variables económicas tienen la
misma categoría o mayor que las variables fisicoquímicas.
Estas diferencias desembocan en otras por ejemplo el
almacenamiento y transporte de productos y reactivos.
Diseño de reactores y sus elementos periféricos
Precisamente tanto el transporte de reactivos y productos como
el propio diseño de los reactores y los diversos sistemas de calentamiento o
evacuación del calor requieren un dominio de las leyes físicas
correspondientes.
Productos y reactivos suelen presentarse en forma fluida,
líquidos y gases, o pulverulenta y para su manejo se utilizan las leyes de la
mecánica de fluidos que el ingeniero químico debe dominar. Concretando en la
química propiamente dicha:
- Hay que tener en
cuenta que procedimientos que funcionan muy bien en el laboratorio para un
determinado objetivo, pueden no ser válidos en la industria y viceversa.
- Se debe controlar muy
bien la cinética química, es decir, la velocidad con que se producen las
reacciones y las condiciones termodinámicas que pueden modificarlas.
- Tiene gran importancia
los residuos y vertidos. En laboratorio son fáciles de controlar y de eliminar
mediante campanas de gases, contenedores para llevar los residuos a un punto
limpio, sin embargo, en la industria:
- Las cantidades de
residuos son muy grandes.
- Pueden contener
todavía productos de interés que deberían recuperarse.
- Pueden ser peligrosos
para el medio.
- Su eliminación
correcta en el mejor de los casos cuesta dinero.
Fig. 5. Un viejo horno alto que transforma el mineral de hierro en hierro.
Es uno de los más antiguos reactores industriales de régimen continuo.
- La ingeniería química
es también una actividad económica y debe sacarse a los procesos el máximo
rendimiento por tanto la economía de los procesos debe cuidarse al máximo y
evaluar los costes de todo el proceso incluido transporte, almacenamiento, eliminación
de residuos además tener en cuenta que estos pueden contener productos valiosos
que no deben desaprovecharse.
¿Cómo se trabaja en la industria química?
Cada industria tiene su metodología, aquí se dan unas normas
generales. Que más o menos son aplicables en términos generales. Tenidos en
cuenta todos los puntos que se han tratado antes, el procedimiento suele
empezar por el diseño de la reacción o reacciones que interesan. Luego se hacen
las pruebas necesarias a escala de laboratorio. A la vista de los resultados se
estudia si la extrapolación a mayor escala, considerados todos los aspectos, es
posible y rentable. Entonces lo normal es iniciar las pruebas en planta piloto.
Si los resultados son los esperados, se produce el paso a escala industrial y
se inicia la producción definitiva.
¿Cómo trabajan los grandes reactores?
En química industrial se opera en general de dos maneras: por
cargas, los reactivos se introducen en un gran reactor y se espera a que se
produzca la reacción, se vacía el reactor se separan productos y restos y se
recarga de nuevo el reactor, y en proceso continuo, se trata de reactores en
los cuales por una parte entran los reactivos y avanzan a lo largo del reactor
mientras transcurre la reacción. Estos reactores son se paran nunca y en ellos
es más fácil por ejemplo establecer recirculaciones.
En resumen
La química industrial es un mundo impresionante en el que
confluyen la química, la física y la economía. A partir de materias primas
producen sustancias transformadas que luego se utilizaran, ya sea directamente,
ya como materia prima, en otras industrias. Realmente sin darnos cuenta todos
los días usamos decenas de artículos que han requerido la existencia de uno o
varios procesos de química industrial. Por ejemplo, usamos jabón y perfumes,
nos vestimos con tejidos sintéticos que posiblemente no hace mucho fueron
petróleo, y que han sido teñidos con tintes sintéticos. Los artículos metálicos
que usamos salvo unos pocos metales proceden de minerales de los que se han
obtenido los metales, muchos de los artículos que utilizamos son de plástico.
El agua ha sido tratada con productos químicos para garantizar su salubridad,
el cuero de nuestros zapatos ha sido curtido con productos
"químicos"… y todavía no hemos salido de casa. Así de importante es
la industria química.
José Antonio Martínez Pons
Doctor en Química
Licenciado en Física
Capítulo 54
Y yo quiero ser...Quimiómetra
(Por María de la Cruz Ortiz Ferrnández)
¿Cómo voy a querer ser de mayor quimiómetra, si no sé lo que es?
Esta pregunta te la puedes hacer prácticamente con cualquier opción profesional
que te sugiera tu entorno escolar, familiar o social. Incluso en profesiones
como médico, abogado, biólogo, etc., que parecen estar bien definidas,
encierran multitud de aspectos y matices que difuminan su concreción en un
proyecto vital. Concretar cómo se quiere ser científico es una historia de
profundización en uno mismo. Se trata de recorrer individualmente las tierras
interiores que nos han tocado en suerte, y ahí barrenar buscando más allá del
conocimiento consolidado. El mapa para hacer este recorrido es la metodología
científica y los procedimientos de investigación. Pero el mapa describe el
terreno, no es el terreno. Hay que estar permanentemente alerta para que la
historia científica que cada uno construye tenga la suficiente fuerza inventiva
para llegar más allá de donde acaba la señalización tranquilizadora del mapa.
¿Qué es esta rama de la ciencia llamada Quimiometría?
Empezaba yo en la Universidad por los años en los que esta
disciplina comenzaba su andadura, por supuesto que en esos años, mil
novecientos setenta y pocos, no era consciente de que me gustaba ser
quimiómetra. Sólo una cosa tenía clara, me gustaban mucho las matemáticas, los
números y sobre todo querer saber más de la ciencia en general. Por razones que
no vienen al caso entre las disciplinas, de ciencias, que me hubieran podido
interesar sólo puede optar a cursar Química. Comencé siendo aprendiz de química,
me enteré que la Química se subdividía en otras cuatro disciplinas: Orgánica,
Inorgánica, Químico-Física y Analítica, cada una de ellas explora y estudia
aspectos muy distintos de la materia desde el punto de vista químico. Mi camino
se fue cada vez acercando más a los números, a la información que estos
proporcionaban, mi especialidad era la Química Analítica y en ella comencé a
investigar siempre tratando de adentrarme en ese mundo que ahora ya sabía que
se llamaba Quimiometría. En 1975 [1,2] se acuña la palabra Quimiometría y se
propone su definición como:
"Una disciplina química que usa métodos matemáticos,
estadísticos y lógica formal para: i) diseñar o seleccionar procedimientos
experimentales óptimos; ii) Obtener la máxima información relevante contenida
en los datos químicos".
La Quimiometría, es una ciencia aplicada, un quimiómetra puede
tener ideas bellas, lógicas, elegantes, imaginativas, innovadoras pero carecen
de valor si no son aplicables al entorno disponible, sólo son buenas si
‘trabajan’. Por ello, cada cuestión ha de responderse en los términos en que se
nos plantea. Es mucho mejor dar una respuesta aproximada a la cuestión correcta
que una respuesta exacta a la cuestión equivocada decía J.W. Tukey. Cuando
interroga a la realidad química, el quimiómetra maneja modelos, G.P.E. Box
decía que todos los modelos eran falsos pero que algunos eran útiles. Se trata
siempre de ‘adecuar el modelo al problema’, buscando modelos altamente
predictivos. Como consecuencia, la preocupación permanente del quimiómetra es
conseguir que sus predicciones sean reproducibles. Toda rama respetable de la
ciencia tiene su teoría -una colección de leyes axiomas, corolarios y reglas-
que guía al científico en el uso de los experimentos para descubrir los
secretos de la naturaleza. Como sugiere el dicho ‘la teoría guía, el
experimento decide’ teoría y experimentación se interfieren y apoyan mutuamente
en cualquier desarrollo científico. A quien se enfrenta por primera vez a la
Química Analítica, se le describe el análisis químico en su perspectiva más
amplia (análisis químico cuantitativo, cualitativo, medioambiental, etc.).
Además, como es una ciencia metrológica y las medidas tienen incertidumbre se
arma al estudiante con un curso de estadística elemental. A partir de aquí se
le instruye en un montón de técnicas analíticas examinando los fundamentos
físicos y químicos que subyacen a la instrumentación que posteriormente
utilizará. Sin embargo, poco o nada se decía en las décadas de los 70-80 de
cómo obtener información relevante de los datos químicos y menos aún cómo
utilizar la misma en la toma de decisiones; ser capaz de tomar decisiones en
ambiente de incertidumbre se ha convertido en uno de los retos más importantes
del quimiómetra. En 1994 Books and Kowalski [3] muestran que existe una teoría
guía de la Química Analítica. Esta teoría se usará para especificar exactamente
qué información se puede extraer de los datos proporcionados por cualquier
instrumento o método analítico. Servirá para guiar al químico en la
optimización de las herramientas analíticas existentes y también para dirigir
la investigación analítica que intenta construir herramientas más poderosas.
Esta teoría habla del orden de la señal, porque tener números es una cosa,
entenderlos e interpretarlos correctamente otra (T.N. Goh). Se necesita
"crear" orden en los datos, detectar y modelar las estructuras
subyacentes y esto es lo que sabe hacer un quimiómetra.
¿Qué es el orden de la señal?
Una de nuestras principales labores es determinar la cantidad de
una sustancia ya sea esta una droga, pesticida o cualquier otra sustancia
química de interés esto se hace con una función de calibrado y por ello los
quimiómetras decimos que somos calibrado-dependientes. Los instrumentos
químicos son cada vez más complejos, permiten obtener en poco tiempo un sinfín
de datos. Si al medir una determinada sustancia en el laboratorio obtenemos un
único número decimos que la señal es de orden cero, por ejemplo, cuando se mide
el pH de una disolución. Cuando al medir en un espectrofotómetro, una muestra,
obtenemos un espectro que es un vector, tenemos una señal de orden uno. Y si al
hacer estas medidas disponemos de un instrumento aún más complejo como puede
ser un cromatógrafo acoplado a un detector de masas (CG-MS, lo habrás visto en
las series de TV cómo CSI en las Vegas) lo que tenemos es una matriz de datos
por cada muestra medida. Es una señal de orden dos. Los instrumentos pueden
proporcionar tantos datos que hacen falta algoritmos potentes para extraer la
información adecuada de los mismos.
Cuando los calibrados se hacen con señales de orden dos, por
cada muestra se tiene una matriz de datos, los cuales se estructuran de una
forma muy original, cada patrón de calibrado es una matriz de estos datos a la
cual se concatenarán las de otros patrones en el rango de concentración que nos
interesa. Al final, se tiene un cubo de datos (lo llamamos tensor). Con este
cubo, aplicando algoritmos muy potentes, se construye un modelo de calibrado de
tres vías. Cuando se nos pide que determinemos la cantidad de un pesticida que
hay en algún producto alimentario se aplicará el modelo de tres vías a la
matriz de datos registrada para dicho producto. Además de la cuantificación se
tiene la identificación inequívoca del analito incluso si en la muestra
problema hay otros analitos interferentes que no estaban en los patrones de
calibrado. Es obvio que esto ocurrirá siempre que se manejen muestras complejas
y legalmente es mandatorio identificar inequívocamente y cuantificar sustancias
prohibidas o con límite máximo como son drogas de abuso, residuos tóxicos
procedentes de tratamientos veterinarios, pesticidas, sustancias que migran
desde los materiales destinados a estar en contacto con los alimentos, etc.
Otro ejemplo que ilustra la potencialidad de los calibrados de tres vías, es la
información obtenida con la técnica de fluorescencia de excitación-emisión. Con
ella, por cada medida también obtenemos una matriz de datos formada por los
espectros de emisión registrados a varias longitudes de onda de excitación. Los
patrones de calibrado forman la tercera vía del cubo. En este caso no nos
limitamos a considerar que en la muestra problema hay una sola sustancia
fluorescente, sino que hay varias que lo son (por ej. tres pesticidas). El
problema es que el fluorímetro proporciona como señal la envolvente de toda la
intensidad fluorescente de la muestra. Tenemos que ser capaces de separar la
fluorescencia que pertenece a cada pesticida. Hay algoritmos que hacen esto
estupendamente, por eso a estas técnicas matemáticas que separan sustancias
cuando el instrumento químico no lo hace se las llama de ‘separación
matemática’ por analogía con lo que hacen las técnicas químicas de separación
cromatográfica.
Otras ocupaciones de un quimiómetra
Otros desafíos interesantes para el quimiómetra están
relacionados con el ‘Reconocimiento de Pautas’. Las muestras reales son objetos
complejos, su caracterización no puede hacerse determinando una única variable,
por su naturaleza deben ser descritos de forma multivariante. Como experto en
‘Análisis de Datos’ el quimiómetra tiene unas capacidades transversales que
utiliza para identificar objetos químicamente similares, detectar fraudes,
descubrir estructuras subyacentes en grandes conjuntos de datos, clasificar
objetos en base a múltiples medidas químicas y/o sensoriales. Mención especial
merece la capacidad de hacer modelos de categorías, por ejemplo para definir la
los niveles de calidad de alimentos a partir de determinaciones multivariantes
sobre ellos; en este caso es relevante proporcionar en predicción la
probabilidad de dar una falsa no conformidad y una falsa conformidad y llegar a
un equilibrio entre ambas.
El quimiómetra también se ocupa de la optimización de procesos
industriales y de procedimientos en el laboratorio. Utilizará la metodología
del diseño de experimentos para obtener la información requerida del modo más
eficiente y con la mayor precisión posible. Esta metodología permite reducir
costes y ahorrar reactivos tóxicos lo que redunda en un mayor cuidado del medio
ambiente.
Referencias:
[1]B .R.Kowalski, Measurement Analysis by Pattern
Recognition, Anal Chem, (1975), 47, 1152A-1162A.
[2]B. R.Kowalski, Chemometrics: Views and Proposition, J
Chem Inf Comput Sci, (1975), 15, 201-203.
[3] K..S. Booksh, B. R. Kowalski, Theory of Analytical
Chemistry, Anal Chem, (1994), 66, 782A-791A.
María de la Cruz Ortiz Fernández
Doctora en Química.
Profesora de Química Analítica en la Facultad de Ciencias.
Catedrática de Química Analítica de la Universidad de Burgos.
Capítulo 55
Y yo quiero ser...Tecnólogo de Alimentos
(Por José Vicente Gil Ponce)
La Tecnología de Alimentos en el origen de la civilización
Nuestra especie tiene unos 100.000 años de antigüedad, apenas un
suspiro desde que se originó la vida en nuestro planeta hace al menos 3.800
millones de años. En ese tiempo hemos crecido hasta ser más de 7.500 millones
de personas, y todos necesitamos alimentos. El principal aumento demográfico se
ha producido en los últimos dos siglos y ha ido acompañado de grandes avances
en ciencia y tecnología, cambiando como nunca antes, nuestra forma de
relacionarnos, trabajar o alimentarnos. Pero si tuviera que citar el avance de
la humanidad más relevante, el que probablemente ha hecho posible todos los
demás, me remontaría hasta hace unos 8.000 años y señalaría, sin dudarlo, a la
agricultura. La justificación es sencilla, la agricultura, junto con la
ganadería, permitieron al ser humano tener el control de las fuentes de
alimentos, establecerse alrededor de las zonas de cultivo y dedicar parte del
tiempo a otras cuestiones no directamente relacionadas con la obtención de
alimento, como la filosofía, la ciencia y el arte. En definitiva, la
agricultura posibilitó la creación de todas las culturas y civilizaciones y
alcanzar las cotas de desarrollo científico, tecnológico y artístico que
tenemos en la actualidad. La prueba de ello son las muchas civilizaciones que a
lo largo de la historia han colapsado cuando cayó su producción agrícola. Fue
en ese instante, en el que el ser humano se estableció en un lugar para
producir su propio alimento, cuando además de agricultor se hizo tecnólogo de
alimentos.
De la materia prima al alimento
Ser capaz de producir tu propio alimento acarrea nuevos retos
que hay que solventar, los que surgen al tratar de controlar y sacar buen
rendimiento de los cultivos y los animales de granja, protegiéndoles de plagas,
enfermedades y condiciones climatológicas adversas, y los que surgen de la
necesidad de transformar y conservar los alimentos obtenidos para consumirlos
durante los periodos en los que no hay producción. De mejorar y controlar los
aspectos relacionados con la producción de las materias primas, fundamentalmente
vegetales y animales, se encargan hoy en día ingenieros agrónomos y
biotecnólogos.
Fig. 1. La Tecnología de Alimentos engloba todos los procesos que sufren las
materias primas hasta convertirse en alimentos, desde los menos procesados como
la fruta, o la carne fresca hasta los más procesados como las conservas, los
precocinados o los fermentados.
El trabajo del tecnólogo de alimentos comienza en el instante
inmediatamente posterior a la cosecha en el caso de vegetales, del sacrificio
en el caso de animales o después de recolectar los productos de origen animal
como la leche o los huevos. Todo lo que les ocurre a las fuentes alimenticias,
a partir de ese momento y hasta que se convierten en los alimentos que se
comercializan, es de lo que se encarga la Tecnología de Alimentos y su objetivo
básico es el de proporcionarnos alimentos sanos, seguros y nutritivos (Fig. 1).
El tecnólogo de alimentos debe, en primer lugar, conocer los
alimentos, su composición y sus propiedades, es decir, debe tener buenos
conocimientos de Ciencia de los Alimentos. La aplicación de estos conocimientos
al tratamiento práctico de las materias primas para convertirlas en los más
variados productos alimenticios es lo que conforma el trabajo del tecnólogo de
alimentos.
Evitar el deterioro de los alimentos y algo más
Probablemente una de las primeras cosas que aprendió el ser
humano cuando comenzó a guardar alimentos para su consumo en diferido, es que
se estropean y que, en consecuencia, disminuye su calidad y su seguridad hasta
el punto de dejar de ser comestibles e incluso ser causa de infecciones o
intoxicaciones. Por eso, las técnicas más básicas de conservación como el
secado, la salazón o el ahumado se empleaban en las más antiguas civilizaciones
conocidas. Hoy en día sabemos que el deterioro de los alimentos se debe al
crecimiento de los microorganismos y a ciertas reacciones químicas y
bioquímicas. Así hemos aprendido como detener o ralentizar estos procesos
mediante la aplicación de técnicas de conservación. Las más usadas se basan en
la aplicación del calor o del frío y en la deshidratación, existiendo múltiples
variantes en función de la intensidad de los tratamientos aplicados y los
objetivos perseguidos. Estos tratamientos se combinan a menudo con el control
de la composición del alimento mediante el uso de determinados ingredientes y
aditivos conservantes y con las diferentes formas de envasado, como el uso de
atmósferas protectoras o al vacío. El uso de una determinada técnica de
conservación tiene como primera consecuencia establecer cuál va a ser la vida
comercial o vida útil del alimento y, por tanto, condiciona también sus
posibles usos comerciales. Todas las técnicas de conservación pueden alterar,
en mayor o menor medida, las propiedades del alimento, por lo que es misión del
tecnólogo de alimentos, elegir la más apropiada para obtener un producto
seguro, con la mayor calidad organoléptica y nutricional y con un coste
asumible. Las operaciones tecnológicas aplicadas en la industria alimentaria
pueden ser muy variadas tanto en sus objetivos como en su complejidad y
proporcionar desde un producto fresco para su consumo en unos pocos días hasta
los productos más procesados pero aptos para consumir durante una expedición de
varias semanas al Everest o para alimentar a los tripulantes de la Estación
Espacial Internacional.
Por otro lado, los microorganismos no son siempre un problema,
existen múltiples alimentos fermentados en cuyo proceso de obtención participan
activamente bacterias, levaduras o mohos. Muchos de estos alimentos, como la
cerveza, el pan o el queso, aunque se elaboran desde hace milenios, siguen
suponiendo en la actualidad un campo muy activo de innovación tanto por la
búsqueda y obtención de nuevos y mejores microorganismos fermentadores, como
por la generación de nuevos productos fermentados. Además, en ocasiones, un
alimento fermentado, como por ejemplo un yogur, actúa como vehículo de
microorganismos vivos que alcanzan nuestro intestino y que desde hace más de un
siglo se han relacionado con propiedades beneficiosas para nuestra salud.
Producir una gran variedad de alimentos
Si un objetivo básico de la Tecnología de Alimentos es
garantizar la seguridad de los alimentos que nos comemos, otro no menos
importante es ofrecernos una gran diversidad de productos que se puedan ajustar
a las distintas necesidades y coyunturas de la sociedad. Los cambios en los
estilos de vida que se han dado en los últimos años, fundamentalmente en los
países desarrollados, han dado lugar a nuevas demandas de calidad tanto
organoléptica como nutricional, así como a productos alimenticios con nuevos
usos. Por otro lado, se debe mejorar la oferta de alimentos para individuos con
necesidades nutricionales especiales, como por ejemplo los celiacos o los
intolerantes a la lactosa. Para responder a estas demandas actuales y futuras
es y será imprescindible la apuesta por la investigación, el desarrollo y la
innovación en todas las disciplinas relacionadas con la Tecnología de
Alimentos. Esta es la vertiente más creativa del tecnólogo de alimentos que,
por un lado, debe estar en contacto permanente con las demandas de la sociedad,
incluso tratando de anticiparse a ellas, y por otro, debe estar al tanto de los
últimos avances en ciencia y tecnología. Actualmente, por ejemplo, se investiga
en nuevos sistemas y materiales para el envasado de alimentos, nuevos procesos
de conservación más eficaces y con menor impacto en el producto y en el medio
ambiente o la generación de nuevos productos con mejoras nutricionales y
saludables.
El futuro de la Tecnología de Alimentos
Las necesidades de los países desarrollados son muy diferentes
de las de los países en vías de desarrollo y el reto de la Tecnología de
Alimentos es tratar de dar respuesta a todas ellas. Mientras en los países
desarrollados se investiga en aplicaciones basadas en la nanotecnología o en
envases activos e inteligentes, en los países en vías de desarrollo los retos
sieguen siendo los más básicos, como garantizar el suministro de alimentos
sanos, seguros y nutritivos y encontrar formas de enriquecer nutricionalmente y
alargar la vida útil de los alimentos. Para lograr abastecer a una población
que se espera que alcance los 9.000 millones de personas antes del año 2.050,
va a ser muy importante aprovechar al máximo los recursos nutritivos de los
alimentos, así como encontrar y explotar nuevas fuentes de obtención de
nutrientes como las algas o los insectos.
Por otra parte, estamos inmersos en un desafío en el que toda
tecnología, incluida la alimentaria, debe concebirse y aplicarse con la mirada
puesta en reducir el impacto medioambiental, desde la producción de las
materias primas a su transformación en alimentos más o menos procesados. En
todos los rincones del planeta los tecnólogos de alimentos trabajan para dar
soluciones a todos estos retos y avanzar en un mundo en el que, no lo
olvidemos, gozamos actualmente de la mayor variedad, calidad y seguridad alimentaria
de nuestra historia.
José Vicente Gil Ponce
Doctor en Ciencias Biológicas
Profesor Titular, Área de Tecnología de Alimentos, Universitat
de València
Capítulo 56
Y yo quiero ser...Virólogo
(Por Modesto Redrejo Rodríguez)
El estudio de los virus es necesario para entender las
enfermedades que éstos producen en el ser humano y también en otros seres
vivos. Animales, plantas e incluso bacterias tienen que luchar contra los
virus. Catarro, gripe, hepatitis, sarampión, SIDA entre otras, son enfermedades
humanas causadas por virus. Sin embargo, el objetivo de este capítulo es
destacar que la virología puede ser mucho más que el estudio de las
enfermedades que los virus producen. Los virus son sobretodo modelos de trabajo
para el estudio de procesos biológicos de forma sencilla. Es por esto que el
estudio de los virus jugó un papel esencial en el desarrollo de la biología
molecular, que es la base de la biología y la biomedicina modernas.
Algo de historia.
A mediados del siglo XIX, el químico francés Louis Pasteur mantenía una importante disputa sobre el origen de los
seres vivos. Pasteur defendía que todo ser vivo, incluidas las bacterias,
provenía necesariamente de otro ser vivo anterior, en contra de los defensores
de la "generación
espontánea", que defendían que ciertas formas
de vida animales y vegetales podían surgir a partir de materia orgánica. Aunque
no fue el primero en demostrarlo, los experimentos de Pasteur se consideran
como la demostración definitiva de que la generación espontánea no existe, lo
que le sirvió para crear su denominada "teoría
germinal" de las enfermedades infecciosas, según la cual las enfermedades infecciosas están causadas por
gérmenes o microbios invisibles, pero presentes en un organismo enfermo y que
pueden así propagarse a otros individuos sanos.
Charles Chamberland, que era asistente de Louis Pasteur, diseñó
un filtro de porcelana por el que no podían pasar bacterias para esterilizar
agua. Pronto se dieron cuenta de que había agentes patógenos, que inicialmente
denominados "virus filtrales" que podían atravesar el filtro. Esto
dio lugar al descubrimiento de la toxina del tétanos y la difteria, que si bien
son moléculas pequeñas producidas por bacterias, pueden ser tóxicas en sí
mismas, aunque no propagables (no se contagian) de un organismo a otro. Algo
más tarde, el filtro de Chamberland-Pasteur, sirvió para demostrar la
existencia de agentes infecciosos (es decir, contagiosos) más pequeños que las
bacterias, los denominados virus. En 1892, el botánico ruso Dmitri Ivanovsky demostró que el agente causante de la enfermedad del
mosaico en la planta del tabaco, descrito poco antes por Adolf Mayer, podía
atravesar el filtro, lo que supuso la primera demostración del concepto de
virus tal y como lo entendemos hoy día. Además, a principios del siglo XX
también se aislaron los primeros bacteriófagos, virus que infectan bacterias, por Twort (1915) y D´Herelle (1917).
Sin embargo, la virología contaba entonces con herramientas muy
rudimentarias y los avances eran escasos. Esto cambió de forma radical en la
segunda mitad del siglo XX. A partir de fines de los años 30 del siglo XX,
varios investigadores provenientes de diferentes disciplinas científicas se
formularon preguntas esenciales en relación a cómo definir la esencia de la
vida y, en concreto la naturaleza de la información genética y los mecanismos
de transmisión de la herencia. Así se inició un período revolucionario que
tendría su culminación en el descubrimiento de la doble hélice del ADN por Watson y Crick en 1953. Así, en la década de
los 30 un grupo de físicos liderado por Niels Bohr y Erwin
Shrödingerse centraron en tratar de explicar
biología y herencia. En concreto, el libro What is Life? (1944) de Shrödinger
fue de gran inspiración para varios de los fundadores de la biología molecular.
El verdadero punto de inflexión fue el aislamiento del fago λ (lambda) por Esther Lederberg a principio de los años 50 a partir de un lisado de la
bacteria Escherichia coli tratado con luz UV. Por la facilidad
para aislar mutantes, λ fue usado por muchos laboratorios para la elaboración
de mapas genéticos y pronto se convirtió en un modelo de trabajo versátil y
cómodo, con el que se realizaron los primeros experimentos de biología
molecular.
Fig. 1. Esther Lederberg (Esther M. Zimmer Lederberg Memorial Website, www.estherlederberg.com).
Así, gracias al fago λ y a otros modelos posteriores, se llegó a
la descripción código genético y el ARN mensajero, los mecanismos básicos de la
replicación del ADN y la recombinación genética, etc.
En el año 1972 se publicó la obtención de la primera molécula de
ADN recombinante, que contenía algunos genes de λ y de su hospedador dentro del
genoma del virus humano SV40, por el laboratorio de Paul Berg en la Universidad de Stanford. Así, en gran parte gracias
a la investigación en virología, en la década de 1970 el mundo de la Biología
comenzó a transformarse debido a la "Revolución del ADN
recombinante", con la cual se podía introducir genes de cualquier
organismo (sin importar su complejidad) en el material genético de otros
organismos. Esta revolución provocó profundos cambios en las investigaciones
con bacteriófagos, al igual que en otras áreas de la biología. Por poner solo
algunos ejemplos, algunos virus como los lentivirus y otros se han utilizado
para la expresión de proteínas ajenas en células (proteínas recombinantes), lo
que puede utilizarse tanto para la obtención de vacunas como para desarrollo de
terapia génica.
Cuarenta años después de contribuir al desarrollo de la biología
molecular, los bacteriófagos viven hoy una segunda juventud. Por un lado, la
utilización de virus bacterianos o alguna de sus proteínas para tratar
enfermedades infecciosas causadas por bacterias es una alternativa al uso de
antibióticos. Por otro, la batalla entre virus y bacterias a lo largo de la
evolución ha dado lugar al sistema de inmunidad denominado CRISPR/Cas, que ha
supuesto un auténtico punto de inflexión en la capacidad de modificar a la
carta el genoma de casi cualquier organismo.
Mi propia experiencia
Yo casi siempre tuve claro que quería estudiar biología y en
concreto dedicarme a la biología molecular. En ningún momento, ni antes, ni
durante mi Licenciatura en Biología pensé que los virus tuvieran nada que me
pudiera resultar interesante. Esto era normal porque mi único contacto con los
virus fue un breve bloque de dos o tres temas de la asignatura Microbiología
General que cursé en el tercer curso, allá por el año 1999/2000 en la
Universidad de Extremadura (Unex).
Tras acabar la universidad pasé más o menos un año buscando un
laboratorio en el que poder realizar una tesis doctoral para dedicarme a la
investigación. Durante este tiempo realicé una tesina en el Departamento de
Bioquímica de la Unex, trabajando en enzimología. Así fue como un proyecto de
bioquímico con ganas de aprender biología molecular se topó por primera vez con
un virus, en este caso, el VPPA o virus de la peste porcina africana. El VPPA es un virus
de gran interés por la enfermedad que produce. Entre los años 1960 a 1980 el
virus produjo graves pérdidas económicas en la cabaña porcina en Europa y
América y brotes recientes en el sur de Rusia y otros países caucásicos
mantienen aún hoy la enfermedad en la lista de las más peligrosas de la UE.
Personalmente, reconozco que a mí los virus me parecían una cosa muy rara, sin
demasiado interés para un bioquímico. No obstante, mi tesis iba sobre el papel
de unas enzimas que codificaba el virus implicadas en la reparación de su ADN,
por lo que el trabajo me pareció interesante y, sobretodo, en aquel momento era
mi única opción.
Pronto me di cuenta que los virus son por encima de todo un
fantástico modelo de trabajo, de los mejores que uno puede tener si le gusta
hacer cosas diferentes. Esto es especialmente importante durante el doctorado,
que debe ser, por encima de todo, una etapa de formación. Así, en los primeros
meses de mi tesis me encargaron realizar un anticuerpo contra una de las
proteínas del virus. Aún recuerdo esta etapa como sorprendente para mí. A
partir de bacterias a las que habíamos introducido nuestro gen viral, pudimos
purificar grandes cantidades de proteína "recombinante". Esta
proteína se emulsiona con un aceite denominado adyuvante de Freund para hacer
una especie de "mayonesa" espesa con la que se inocula a los conejos.
De alguna manera, nuestra proteína sirve como "vacuna" para que el
sistema inmune del conejo fabrique anticuerpos contra ella. Tras varias
inoculaciones se obtiene el suero de la sangre del conejo con el que se puede
detectar nuestra proteína tanto in vitrocomo dentro de la célula
infectada.
Fig. 2. Imagen elaborada para la portada de mi Tesis Doctoral (Universidad
Autónoma de Madrid, febrero 2009). Desde la estructura molecular del ADN del
virus a la infección del cerdo.
En pocas semanas, aprendí a hacer experimentos de ingeniería
genética, inmunología y biología celular gracias a mi virus.
Poco después comencé a trabajar con el virus, con el objetivo de
generar virus recombinantes, mutantes para mi proteína, lo que también me
introdujo en las técnicas de virología e ingeniería genética. Además de todo
esto, también utilicé métodos de biología molecular y bioquímica para analizar
las propiedades bioquímicas de mi proteína in vitro, es decir,
mediante experimentos en un tubo de ensayo que me permitieron ver su efecto
sobre fragmentos de ADN. En conjunto, independientemente de los
resultados obtenidos, mi tesis me enseñó cómo trabajando con virus se pueden aprender
diferentes técnicas científicas y estudiar un mismo problema desde distintas
perspectivas. Aunque el VPPA es un virus complejo, es más manejable que un
organismo vivo y se puede estudiar globalmente, desde múltiples perspectivas.
Aunque el trabajo del científico tenga una utilidad a corto o largo plazo para
la sociedad, los científicos nos movemos por la necesidad de aprender, de
desentrañar los misterios de la naturaleza. Es por esto, que el trabajo con
virus puede ser muy satisfactorio. En aquel laboratorio en el que hice mi tesis
doctoral se estudiaba al VPPA desde todos los puntos de vista: el genoma del
virus y su mecanismo de replicación y reparación, la formación de las
partículas virales o morfogénesis y también los múltiples efectos de la
infección sobre las células infectadas en el laboratorio y sobre los cerdos en
el animalario.
Los años y los diferentes laboratorios por los que he pasado me
han llevado ahora a seguir estudiando la replicación y reparación
del ADN. Una gran parte de mi trabajo la llevo
a cabo utilizando virus como modelo de trabajo, aunque ahora utilizo bacteriófagos, virus que infectan bacterias, mucho más sencillos que el VPPA.
Pero igualmente, el uso de virus nos permite trabajar a la vez con un
modelo in vivo y también trabajar in vitro con
proteínas recombinantes purificadas.
En conclusión, yo de mayor quiero ser virólogo y así poder
aprender todo lo que los virus me enseñen.
Bibliografía recomendada:
-. Cazadores de Microbios (Paul de Kruif, 1926)
-. La doble hélice (James D. Watson, 1968)
-. A la búsqueda del secreto de la vida. Una breve historia de
la biología molecular (José María Valpuesta, 2008)
-. El
origen de los sistemas CRISPR/Cas (Conferencia
de Francisco Mójica en la Real Academia Nacional de Medicina, 26 de Enero de
2007)
Modesto Redrejo Rodríguez
Doctor en Biología
Centro de Biología Molecular Severo Ochoa
Capítulo 57
Y yo quiero ser...Ambientóloga
(Por Cristina Robas García)
Durante los años previos a la universidad estuve totalmente
desorientada y sin tener claro qué podía estudiar. Me gustaban las ciencias
pero no tenía ninguna preferencia y no sabía por cuál decantarme. Todo cambió
en el último curso, cuando mi profesor de ciencias de la tierra, a través de
sus experimentos, me hizo disfrutar de cada una de sus clases y me descubrió
una ciencia distinta a las clásicas matemáticas, física, química o biología que
había estudiado hasta entonces. En esta ciencia se podían aplicar los
conocimientos adquiridos en todas las demás ciencias experimentales que tanto
me interesaban, abriendo ante mis ojos el abanico lleno de posibilidades que
son las ciencias de la tierra y ayudándome a comprender que me quería dedicar
al estudio de lo que más me había apasionado desde que era niña, lo más valioso
que tenemos, nuestro hogar, nuestro planeta. Lo que jamás habría imaginado es
que mi interés por la naturaleza y sus orígenes me llevarían tan lejos como
hasta Marte, un planeta fascinante para el estudio de cambios en las
condiciones ambientales.
Ciencias ambientales
Es una ciencia interdisciplinar cuyo objeto de estudio es el
medio natural, que comprende el conjunto de componentes físicos, químicos y
biológicos con los que interactúan los seres vivos. La persona graduada en
Ciencias Ambientales recibe el nombre de ambientólogo y posee un conocimiento
detallado de nuestro entorno.
Gracias a una formación multidisciplinar que le permite abordar
los inconvenientes ambientales desde distintas perspectivas, el ambientólogo
lleva a cabo tareas que pueden desempeñar especialistas de otras áreas, pero
este lo hace de una manera integrada, teniendo en cuenta los puntos de vista de
las diferentes ciencias, lo que le posibilita abarcar un amplio espectro
laboral pudiendo dedicarse, por ejemplo, a la elaboración de auditorías
medioambientales, al control y tratamiento de la contaminación acústica,
atmosférica, de suelos y de aguas, al diseño de sistemas integrados de gestión,
a la educación ambiental, a la energía, evaluación de impacto ambiental,
gestión de recursos cinegéticos, forestales e hídricos, gestión de residuos,
gestión de Espacios Naturales Protegidos, prevención de riesgos laborales,
profesorado, investigación, sistemas de información geográfica y teledetección,
entre otros.
El estudio del medio ambiente es esencial en los tiempos que
corren, en los que existen multitud de problemas que afectan de forma negativa
a nuestro planeta, tales como la fragmentación de hábitats, la incidencia de
especies invasoras, el cambio climático, la deforestación, los incendios
forestales, la contaminación del aire, agua y suelo, el ruido, los residuos, el
uso de combustibles fósiles… a los que se debe poner solución. Para ello es
necesario conocer el origen de estos fenómenos y aplicar medidas preventivas
que eviten que se produzcan efectos adversos sobre el medio, correctoras que
anulen o minimicen el impacto ya producido y compensatorias, que lo
contrarresten.
Por ello, se puede afirmar que ser ambientólogo es una profesión
fascinante. No es sólo la persona que estudia el entorno, es el médico del
planeta, el que puede hacer un diagnóstico de los problemas y buscarles una
solución mediante el empleo de modelos destinados a fomentar el desarrollo
sostenible, que permitan satisfacer las necesidades de las generaciones
presentes sin comprometer la capacidad de satisfacer sus necesidades a las
generaciones futuras.
Ciencias planetarias
La planetología es una ciencia interdisciplinar y muy actual,
desarrollada a partir de los avances en la carrera espacial y encargada del
estudio del origen y evolución de los planetas.
Las ciencias planetarias mantienen una estrecha relación con las
ciencias ambientales, ambas son ciencias interdisciplinares y además, las
ciencias ambientales forman parte de las planetarias, ampliando estas últimas
su objeto de estudio del planeta Tierra a todos los planetas, especialmente los
correspondientes al sistema solar de los que se dispone de una mayor cantidad
de datos.
Fig.1. Glaciares. A) Glaciar Breidamerkurjökull, Islandia. B) Morfologías
lobulares localizadas en la mitad norte del monte central del cráter Gale,
Marte.
Los avances en la investigación de otros cuerpos planetarios
distintos a la Tierra me llevaron, hace ya algo más de tres años, a estudiar el
medio ambiente, pero esta vez de Marte, utilizando los Sistemas de Información
Geográfica como herramienta para dicho estudio, de la misma manera que se
aplican al medio terrestre. Esto supuso para mí un desafío y una tarea muy
gratificante dado que es algo extraordinario y que muy pocas personas tienen la
suerte de poder disfrutar.
Es sorprendente el grado de detalle de las imágenes de la
superficie marciana procedentes de orbitadores y más aún, su parecido con los
paisajes terrestres, con los que comparten rasgos impresionantemente similares,
como por ejemplo las lenguas glaciares (Fig. 1), o los campos de dunas (Fig. 2)
entre otros.
A pesar de que no existen análogos perfectos, sí se han
identificado lugares caracterizados por presentar condiciones parecidas a las
marcianas respecto al clima, mineralogía, geomorfología o geoquímica.
Fig.2. Campos de dunas. A) Campo de dunas en Tatón, Argentina. B) Campo de
dunas en el interior del cráter Trouvelot, Marte.
El estudio de análogos, muy novedoso y que sin lugar a duda
reportará importantes descubrimientos, trae consigo grandes beneficios, entre
ellos destacan la mayor facilidad en la investigación de Marte, solventando la
imposibilidad de realizar análisis in situ sobre su superficie, reduciendo
notablemente los costes que supondría enviar una misión al planeta y fomentando
paralelamente una mejora en la comprensión de los ambientes terrestres.
A modo de conclusión
Cuando decidí decantarme por las ciencias ambientales mi
objetivo principal era conocer mejor nuestro planeta para, de este modo, poder
contribuir a mejorarlo. Siempre me había preocupado el estado de conservación
en el que se encontraba la Tierra y había intentado aportar mi granito de arena
siendo responsable con el medio ambiente, pero quise poder hacerlo a otro nivel
y con una base científica que me proporcionara los conocimientos necesarios
para ello. Lo que nunca imaginé es que podría llegar a estudiar otro planeta,
lo que demuestra que la ciencia no tiene límites. Todavía no sé hasta dónde
puede llegar un ambientólogo o qué puede alcanzar a descubrir. Es la magia de
la ciencia, que nunca sabes hacia dónde te puede llevar.
¡Emprende la aventura de la ciencia!
Cristina Robas García
Graduada en Ciencias Ambientales
Estudiante Predoctoral Centro de Astrobiología CSIC-INTA
Capítulo 58
Y yo quiero ser...Astrofísica
(Por Ana Ulla Miguel)
Me interesaban muchas cosas de las que se contaban en la
escuela, pero creo que fue a los catorce años cuando decidí que de mayor quería
ser astrofísica. No había teléfonos móviles, ni ordenadores en las casas, ni
internet, así que escribí una carta postal al Ministerio de Educación y Ciencia
para preguntar qué tipo de estudios tendría que cursar llegado el caso. No sé
si me aclararon mucho o poco en la respuesta, pero gracias a una vecina
maestra, que me consiguió un folleto con los planes de estudios superiores en
España en aquel momento, entendí que tendría que cursar una "Licenciatura
en Ciencias Físicas, con la Especialidad de Astrofísica" (cinco años de
universidad en total) si quería lograr mi objetivo. Eso de estudiar física
metía respeto, la verdad, pero no cambié de opinión porque el Universo tenía
pinta de ser el contenedor de todas las respuestas. Y aquí estoy, y soy
astrofísica…
Y sí, en astrofísica queremos entender cómo funciona el
Universo. Entero y por partes. Todos los fenómenos observados, desde las
tormentas solares hasta los exoplanetas, o la materia oscura, nos interesan. Y
tenemos las leyes de la física, los continuos avances tecnológicos y el método
científico para buscar y explicar las causas que están detrás de esos fenómenos
observados. Por ejemplo: observamos que las estrellas brillan y queremos
caracterizar y describir ese fenómeno, pero también necesitamos entender por
qué una estrella brilla; qué pasa dentro de la estrella para que emita ese
brillo que observamos. Por cierto, brillan mucho, porque son básicamente
reactores termonucleares de fusión de hidrógeno al aire libre… Así con todo.
Hay por tanto muchísimos campos de estudio interesantes en los
que trabajar en astrofísica y a veces es difícil decir que no a proyectos en
los que se nos presenta la ocasión de colaborar. Yo mencionaré tres proyectos
en los que colaboro, que son: el satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea
(la ESA), la evolución estelar en fases avanzadas y la astrobiología.
El satélite Gaia es sin duda una de las grandes
misiones de la ESA para este siglo y sus datos ya están revolucionando nuestro
entendimiento de la estructura y composición de la Vía Láctea, la galaxia en
que vivimos. La planificación, ejecución y puesta en marcha de las misiones
espaciales es siempre una tarea compleja y muy laboriosa, y que requiere de
muchísima colaboración y coordinación entre personas e instituciones, antes y
después del lanzamiento. En general, se divide todo el trabajo en paquetes que
se distribuyen a los distintos grupos de investigación o de ingeniería.
Fig. 1. Impresión artística del satélite GAIA de la Agencia Espacial
Europea. Créditos: © ESA–D. Ducros, 2013, fuente
ESA, web
ESA.
En Galicia, el Grupo Gallego para Gaia (GGG), es un grupo de
investigación interdisciplinar en el que colaboramos astrofísicas e ingenieros
informáticos de las universidades de A Coruña y Vigo desde hace más de diez
años.
La misión Gaia proporciona ingentes cantidades de datos que
necesariamente deben ser tratados y analizados masivamente por ordenador. Sería
lo que se conoce hoy como un problema de Big Data. En nuestro grupo se aplican
técnicas y algoritmos de inteligencia artificial y redes neuronales para el
tratamiento de los datos de Gaia. Estas técnicas intentan reproducir en cierto
modo el funcionamiento de un cerebro humano experto, analizando y tomando
decisiones, pero en un ordenador y, en este caso particular, sobre datos
astrofísicos. Gaia envía unos 60 GB de datos diarios, unos 600 millones de
imágenes, así que realmente sería imposible procesar toda esta información
"a mano".
En cuanto a la temática de la evolución estelar en fases
avanzadas, colaboro en el estudio de las propiedades de un tipo de
estrellas llamadas subenanas calientes (hot subdwarfs, en inglés) que están en
una etapa de transición entre lo que sería nuestro Sol de hoy y su estado de
muerte final en forma de enana blanca, dentro de unos 5000 millones de años.
Todas las estrellas, como sabemos, nacen, evolucionan y mueren y, dependiendo
fundamentalmente de su masa al nacer, van a seguir caminos evolutivos diversos,
formando grupos poblacionales con ciertas características semejantes dentro de
cada grupo en esas etapas a lo largo de sus vidas.
Pero hay miles de millones de estrellas en cada galaxia,
imposible estudiarlas todas en detalle. Es importante por tanto caracterizar lo
mejor posible las propiedades físicas y químicas de tantos objetos dentro de
cada uno de estos grupos o clases estelares como se pueda para conocer los
caminos evolutivos de las estrellas en sí, pero también, y esto es muy
importante, para entender las conexiones evolutivas entre las distintas clases
o etapas. Las subenanas calientes en particular muestran algunas características
espectroscópicas peculiares que todavía hoy no se entienden bien, desde su
descubrimiento en la década de 1940. En esta colaboración, entre otras
técnicas, utilizamos las herramientas del Observatorio Virtual Español,
cruzando catálogos y bases de datos astronómicos en diferentes rangos
espectrales, para primero descubrir nuevos objetos candidatos a subenanas
calientes, previamente no catalogados, y para luego determinar sus propiedades
y parámetros astrofísicos, como son la gravedad o la temperatura.
En cuanto al campo de la astrobiología: yo soy
profesora de física en el grado de biología de la Universidade de Vigo y cada
curso le pregunto a mi alumnado si están de acuerdo con que una de las grandes
preguntas científicas que la Humanidad tiene planteadas encima de la mesa es la
de si hay o no vida en el Universo, fuera del planeta Tierra. Siempre estamos
de acuerdo en que sí lo es, una pregunta muy importante. Hoy por hoy ya se
están poniendo los medios para buscar vida, fundamentalmente vida bacteriana,
en algunos cuerpos de nuestro Sistema Solar.
Pero, también, desde el descubrimiento hace más de 20 años de
los llamados exoplanetas o planetas extrasolares, han sido vertiginosos los
avances en materia del descubrimiento y caracterización de planetas similares a
la Tierra orbitando a otras estrellas. En realidad ha sido vertiginoso el
descubrimiento de todo tipo de exoplanetas, pero en particular se busca
planetas de un tamaño parecido al de la Tierra, con agua en superficie, con
atmósfera y situados a la distancia adecuada de su estrella madre (en la
llamada zona de habitabilidad) como para poder albergar vida en alguna de las
formas que conocemos de vida. En este campo, en colaboración con un colega
especialista en rayos cósmicos, profesor de la Universidad de Santiago de
Compostela y su equipo, queremos estudiar mediante modelos el impacto que esta
radiación de partículas muy energéticas procedente de la estrella madre podría
tener sobre la habitabilidad de sus planetas con atmósfera, para diferentes
composiciones atmosféricas y diferentes valores de la aceleración de la
gravedad del planeta, de manera similar a cómo se puede estudiar la incidencia
de los rayos cósmicos solares sobre la atmósfera terrestre, o sobre la de
Marte. Los rayos cósmicos son partículas fundamentales, como electrones o protones,
a muy altas velocidades y que en el caso del Sol en particular pueden escapar
cuando parte del campo magnético solar se reconfigura, emitiendo por ejemplo
llamaradas ("flares").
Hasta donde sabemos, las leyes de la física son universales y
por lo tanto rigen en todo el Universo. Y el Universo es todo lo que vemos, y
lo que no vemos: el espacio, el tiempo, la materia, la energía y todas las
interacciones entre estos elementos son los ingredientes que lo conforman. Así,
abarca todas las escalas, desde las subatómicas hasta las extragalácticas y
necesitamos diferentes leyes en los diferentes rangos. La mecánica cuántica
para estudiar y comprender los sistemas físicos muy pequeños, o los principios
de la cosmología para llegar a los confines del universo conocido.
También decimos que la astronomía moderna comenzó desde que,
hace poco más de 400 años, Galileo apuntó un telescopio al cielo por primera
vez. Los avances en nuestro conocimiento del Cosmos han sido enormes. A cada
nuevo descubrimiento siguen siempre nuevas preguntas, a cada cual más compleja,
y para observar cada vez más lejos, objetos cada vez más débiles y más antiguos
hemos ido necesitando desarrollos tecnológicos cada vez más espectaculares, en
tierra y en el espacio. Cuando yo estudié la carrera un telescopio de cuatro
metros de diámetro de espejo primario era muy grande; hoy los telescopios de 10
metros se están quedando pequeños ante los planes de construcción de
telescopios de 40 metros que ya hay en marcha. En la exploración espacial, no
digamos la de cosas que se han conseguido. Y todos estos desarrollos
tecnológicos e instrumentales revierten antes o después en la sociedad. Un
ejemplo sencillo: todos los teléfonos móviles hoy llevan una cámara de fotos
digital ¿no? Esas cámaras se desarrollaron en astronomía, para los telescopios.
Fig. 2. Vista panorámica del Observatorio del Roque de los
Muchachos.
Créditos: IAC-Pablo Bonet (2011), fuente IAC, web
IAC.
Y, realmente, conocer mejor el universo en el que vivimos y
tomar conciencia de que nosotros formamos parte integrante de él, nos ayudaría
a vivir mejor en la Tierra. Lo que se conoce, se aprecia y se siente como
propio, se cuida, en general. El planeta Tierra también es parte del Universo;
podríamos empezar por ahí, por cuidar el planeta. No hay recambio, ni hay de
momento adonde ir si lo deterioramos de forma irreversible. Podemos pensarlo un
poco.
Pero yo creo que el futuro de la astrofísica se presenta bien.
España hace apenas 30 años contaba poco en el panorama de la astrofísica
internacional y hoy creo que andamos por el séptimo puesto en publicaciones
científicas y número de citas. Pero también la astrofísica española está bien
situada en cuanto a participaciones tecnológicas nacionales e internacionales
en proyectos muy complejos, espaciales y terrestres. O sea, podemos decir que
hoy por hoy España está en el Top-Ten de la astrofísica mundial, con un futuro
prometedor para seguir avanzando por esa línea. Ahí contribuimos lo mejor que
podemos quienes nos dedicamos a esto y yo, la astrofísica, sin duda, os la
puedo recomendar.
Ana Ulla Miguel
Doctora en Astrofísica
Profesora del Departamento de Física Aplicada
Área de Astronomía y Astrofísica, Universidade de Vigo
Capítulo 59
Y yo quiero ser...Astrofísico Molecular
(Por Marcelino Agúndez Chico)
Escribo estas líneas desde mis treinta y tantos años. Echando la
vista atrás y pensando en cómo he acabado en esta profesión tan exótica, la de
astrofísico molecular, me vienen a la memoria momentos de mi adolescencia que
se me han grabado a fuego. Recuerdo los veranos en el pueblo haciendo el
salvaje. Me viene también a la memoria la tarde en que asesinaron a Miguel
Ángel Blanco como una tarde irreal. ¡Qué mundo tan loco! Pero uno de los
momentos que más me marcó en mi adolescencia fue cuando vi la película Contact,
con Jodie Foster como intrépida astrónoma dando con uno de los hallazgos más
gordos que uno pueda imaginar. Yo casi diría que se trataba de EL HALLAZGO con
mayúsculas. Recuerdo que me atrajo poderosamente el aire distendido que parecía
tener la profesión de astrónomo, con Jodie Foster al mando de un telescopio en
un momento en que parecía haber dado con algo muy gordo, algo que nunca nadie
había visto antes. La historia me absorbió por completo, sobre todo durante la
primera parte. Sentía como mía la excitación de la protagonista al ser
consciente de que el telescopio estaba captando una señal nada usual. Los
nervios al ser consciente de que la posición del cielo de donde provenía la
señal se ocultaría por debajo del horizonte en breve. Había que ponerse en
contacto con otros observatorios del planeta para que continuaran observando la
misma posición. Jodie Foster no podía permitirse perder la señal. ¿Quién sabe
si mañana volvería a estar ahí? ¡Madre mía, qué momento! Para los que no
conozcan la película, les diré que está basada en una novela de Carl Sagan,
astrónomo y fantástico divulgador, y que el hallazgo en cuestión no es otro que
el descubrimiento de vida inteligente en otro planeta. ¡Casi nada!
Cuento todo esto aquí porque ahora, echando la vista atrás,
pienso que el haber visto aquella película en aquel momento influyó mucho para
que luego acabara dedicándome a la investigación en astrofísica molecular. Que
yo quería hacer algo parecido a lo que vi en esa película lo supe mucho más
tarde. En aquel momento no podía ni intuir nada parecido, aunque el asunto dejó
su semillita. Supongo que en realidad el devenir de uno es una mezcla de
inquietudes personales y de casualidades. Yo en aquella época veía mi vida
futura como algo muy lejano, muy incierto, y casi como que no tenía nada que
ver con quien yo era entonces. Creo recordar que por aquella época quería ser
futbolista. Nada original. Pero de vez en cuando ocurrían cosas como ésta de la
película Contact que iban dejando semillas que más tarde
habían de despertar.
Años después decidí estudiar Químicas, no por tener yo una gran
vocación hacia la química sino por razones más bien pragmáticas. La química me
parecía algo con una buena combinación entre ciencia básica (esto me gustaba) y
ciencia aplicada, lo que ofrecía buenas opciones para trabajar en alguna de las
muchas industrias químicas que pueblan el país (esto me dejaba un poco más
tranquilo de cara al incierto futuro laboral, abandonadas ya mis pretensiones
de ser futbolista). Además la facultad de ciencias en donde estudié Químicas
estaba al lado de mi casa (esto me hacía la vida bien cómoda). Durante los años
de universidad la vida transcurría entre períodos de tranquilidad y vida
nocturna alternados con las temidas épocas de exámenes en que tocaba decir
adiós a la vida alegre para encerrarse a estudiar hasta el agotamiento. No
volví a tener mucho contacto con el tema del cosmos, más allá de lecturas
ocasionales, alguna que otra conferencia que organizaba la asociación
astronómica de la facultad de ciencias, y una exótica asignatura que cursé
hacia el final con el sugerente nombre de Gravitación y Cosmología.
La asignatura en realidad formaba parte de la carrera de Físicas pero por
entonces, y supongo que ahora también, uno podía cursar unas pocas asignaturas
de libre elección de cualquier carrera alejada de la química. Recuerdo que en
alguna ocasión fantaseé con la idea de reorientarme hacia la astrofísica. Sabía
que en Canarias existía un entorno muy estimulante para ello, pero me parecía
que lo ideal hubiera sido estudiar Físicas y que con una formación química iba
a resultar bastante complicado. La física era cosa de átomos y de procesos
exóticos relativistas y por tanto parecía el camino ideal para estudiar el
espacio, mientras que la química eran moléculas y reacciones en tubos de
ensayo, vamos, una cosa más terrenal. Bueno, tenía que apechugar con la
decisión de haber estudiado Químicas y no Físicas. Después del esfuerzo de
sacar Químicas no me veía con energías para volver a empezar otra carrera.
Además Físicas no parecía ser especialmente sencilla.
Pero ya acabada la universidad, ¡cuál fue mi sorpresa!, resulta
que había moléculas en el espacio y existía gente que se dedicaba a
estudiarlas. Di con esto de forma casual. Por aquel entonces comenzó a
extenderse al común de los mortales el uso de internet. Yo apenas lo había
utilizado pero me dio por buscar temas atractivos para quizá hacer una tesis
doctoral, y di con una noticia por aquel entonces reciente que rezaba "astrónomos
españoles detectan por primera vez benceno en el espacio". ¡Vaya! No
solo resulta que en el espacio había moléculas familiares para un químico, sino
que además había astrónomos españoles detrás del descubrimiento. El tema
parecía muy atractivo. O sea que contacté por email a la persona que estaba
detrás del asunto, que acabó siendo mi director de tesis, y comencé mi historia
como astrofísico molecular.
La verdad es que me sentía un privilegiado al cobrar dinero por
hacer algo que me resultaba tan interesante. La experiencia laboral que tuve
hasta entonces consistió básicamente en los típicos trabajos temporales que uno
hace para ganar algo de dinero y gastarlo el fin de semana. Esto de la
astrofísica molecular era claramente más interesante. Ahora con más
perspectiva, me sigo sintiendo un privilegiado, aunque, claro, he perdido algo
de la inocencia de entonces y me doy cuenta de que esta profesión además de muy
bonita es también muy dura por inestable. Uno se mueve mucho de un lado a otro
y nunca sabe si en algún momento dejará de conseguir financiación y tendrá que
dejar la ciencia para buscarse las habichuelas en otras aguas.
Fig. 1. A la izquierda, el radiotelescopio de 30 metros del Instituto de
Radioastronomía Milimétrica (IRAM), situado en el Pico Veleta, en Sierra
Nevada. En el rango del espectro en que observa, éste es, sin temor a exagerar,
el mejor telescopio del mundo, ¡y está aquí al lado! La fotografía es de
Aniceto Porcel. A la derecha aparezco junto a dos colegas (Miguel Ángel Requena
Torres y Nami Sakai) en la sala de control del telescopio. ¡Grandes momentos he
pasado ahí dentro!
Pero también tiene muchos aspectos gratificantes: viajes a
lugares remotos y no tan remotos en que se conoce gente interesante, libertad
para entrar y salir, pero sobre todo la satisfacción que te da trabajar en algo
que te gusta y en que puedes poder poner a prueba tus propias ideas. ¡De vez en
cuando alguna resulta ser una buena idea! Recuerdo con especial cariño la
primera vez que fui a observar a un telescopio. Se trataba de un
radiotelescopio que está en el Pico Veleta (Fig. 1), en Sierra Nevada, muy cerca
de Granada. En una de las ocasiones en que fui sólo a observar recuerdo que
traté de buscar una molécula que no se había detectado en el espacio. Se
trataba de HCP, una molécula con un átomo de hidrógeno, otro de carbono, y otro
de fósforo. Los modelos en que estaba trabajando durante la tesis parecían
indicar que podía ser una molécula abundante. Tras un par de horas de
observación eché un ojo a los datos sin mucha esperanza. Ya había intentado
buscar otras moléculas en el pasado sin mucho éxito.
Pero vaya, ¡esta vez...! En la pantalla del ordenador apareció
una señal en el espectro exactamente donde debería estar si se debiera a la
molécula que buscaba. ¡Qué emoción, qué alegría, qué alboroto! Aquello fue lo
más parecido que he experimentado al momentazo de Jodie Foster en su
radiotelescopio particular. Obviamente, el descubrimiento de la molécula de HCP
no daba para que el mundo girara su cabeza como lo hizo hacia la señal de Jodie
Foster en Contact, pero la sensación de haber descubierto algo que
nadie antes había visto fue increíble.
Aun sigo pensando que el HALLAZGO con mayúsculas será encontrar
vida inteligente en otro planeta, y quiero pensar que ocurrirá pronto. Sólo
espero estar aún aquí cuando eso ocurra.
Marcelino Agúndez Chico
Licenciado en Química y Doctor en Astrofísica
Instituto de Física Fundamental, IFF – CSIC, Madrid
Capítulo 60
Y yo quiero ser...Astrónoma
(Por Paola Marziani)
Hay muchas motivaciones y muchos caminos para acabar siendo
astrónoma. Nadie se levanta en la cuna gritando "¡Quiero ser
astrónomo!," como parece leyendo la biografía de algunos astrónomos muy
famosos. Pero una de las mejores cosas que te pueden pasar en la infancia es
tener unos padres que te pongan en contacto con el fascinante mundo y los
enigmas del cielo estrellado. El amor que los padres pueden transmitir hablando
del cielo es algo que difícilmente una niña podrá olvidar en toda su vida. No
todas pueden ser tan afortunadas, sin embargo hay otras maneras de tener los
primeros contactos con la astronomía y con la ciencia en general.
Mi primer consejo es que no se debe tener miedo o inquietud ante
de la ciencia. La ciencia no pertenece exclusivamente a una casta de seres
superiores que viven en un mundo diferente. Aún cuando a los astrónomos en el
pasado los vieron de ese modo. La ciencia es sobre todo un método, pertenece a
quien puede aplicar este método con éxito. Y la astronomía ofrece un buen
ejemplo que las contribuciones científicas son posibles para
"ciudadanos" (citizen astronomy). Hay también muchas personas, astrónomos
aficionados, que dedican una parte de su tiempo a las observaciones
astronómicas, con instrumentación que es menos poderosa de la de los astrónomos
profesionales, pero que pueden aportar contribuciones muy importantes. Para ser
astrónoma, se necesitan los conocimientos de cómo utilizar esta
instrumentación. Astrónomos son todos aquellos que tengan conocimientos y el
sistema para hacer que sus ideas den lugar a resultados. No se necesita que los
resultados sean completamente nuevos u originales. Hay más galaxias y estrellas
en el cielo que astrónomos en la tierra. Y el cielo está en continuo cambio;
muchas estrellas y núcleos de galaxias varían con el tiempo y cubren una escala
de tiempo muy grande; los demás fenómenos de variabilidad no están bien
comprendidos, y cada objeto puede ser diferente de otros objetos de la misma
clase. También tenemos objetos del sistema solar, muy cercanos, y muy
peligrosos, como los cometas y los asteroides que necesitan ser identificados y
que requieren el cálculo de sus órbitas para estar seguros que no van a
impactar con la tierra. Por lo tanto todo dato nuevo obtenido con el cuidado
necesario casi siempre sirve para crear nuevos conocimientos astronómicos. Y
parece obvio que la astronomía está relacionada con la supervivencia de la
especie humana.
Yo creo que la astronomía satisface una necesidad básica de la
humanidad. La medición del tiempo es una de esas necesidades. Incluso en la
forma más primitiva, es algo que ayuda a los humanos a sobrevivir. En el pasado
el "contacto" con el cielo era más frecuente y más importante que en
la actualidad. La mayoría de las personas en Europa viven en ciudades cuyas
luces ofuscan el cielo. El cielo no ofrece hoy la posibilidad de la medición
del tiempo. Hay relojes mecánicos, electrónicos, atómicos, que han desplazado
el papel del cielo como mediador del tiempo. De vez en cuando me pregunto qué
haría en una isla tropical desértica, a miles de kilómetros del rastro más
cercano de nuestra civilización. Creo que me sentiría abrumada por el cielo. El
cielo parecería mucho más cercano. Me permitiría perderme en la contemplación
de su belleza. Resolviendo las Pléyades a simple vista cerca de Orión,
examinando los detalles más débiles de la Vía Láctea… Sin embargo, como señaló
mi antiguo profesor de Astronomía y más tarde consejero de tesis de
licenciatura, cuidado con el momento de la contemplación, que puede ser
abrumador, puede durar mucho tiempo, pero no puede ser el final de todo. Debe
ir seguido de la necesidad instintiva de intentar comprender la belleza del
cielo. Entonces, lo primero sería probar algunas medidas. Primero construiré un
simple reloj de sol, que me permitirá identificar la línea del meridiano y, por
lo tanto, los puntos cardinales. Después, identificaré la estrella polar que
identifica el polo norte celeste. Segundo, haré un agujero hueco en una caña de
bambú con un soporte e intentaré medir la culminación y el camino de las
estrellas nocturnas más brillantes. Estas mediciones me proporcionarán la
capacidad de identificar mi dirección en el día y en la noche, así como también
una afinada medición del tiempo y de la latitud del lugar sin instrumentos
sofisticados. Estos son conocimientos esenciales que hacen que los humanos sean
diferentes del resto de seres vivos del planeta, y nos liberan en parte de las
reacciones, negativas, instintivas asociadas con los fenómenos celestes.
Desafortunadamente, ser mujer ha hecho las cosas inmensamente
más difíciles durante la mayor parte de la historia de la humanidad. Justo
porque la predicción exitosa de fenómenos astronómicos como los eclipses y por
lo tanto el contacto con el cielo fueron considerados como algo sagrado (aún lo
son, visto cómo se ven los astrónomos en la cultura popular) las mujeres fueron
excluidas de convertirse en astrónomos en el sentido moderno del término. En la
mayoría de los casos, solo fue posible por aquellas que pudieron tener la
fortuna de relacionarse con astrónomos masculinos (Caroline Herschel, y su
hermano, solo para citar un caso); pero algunas de ellas pagaron con su vida su
dignidad intelectual (Hypatia de Alexandria que fue la hija del matemático
Theon). Me extraña que una película sobre la vida de Hypatia y su muerte no se
haya proyectado en mi país teniendo en cuenta que su muerte fue promovida por
un santo de la iglesia católica. Las mujeres que dejaron los fundamentos de la
espectroscopia astronómica en los primeros años del siglo XX (las "Harvard
Computers") no se casaron. Hace dos generaciones en mi país todavía era
muy difícil encontrar una mujer astrónoma o científica en general. Un par de
generaciones atrás ser astrónoma implicaba un gran sacrificio, como no casarse
y no tener hijos, y aquellas que se casaron usualmente debieron dejar el
empleo.
Fig. 1. El equilibrio de género se logró en una reunión reciente en Padua,
Italia, donde los participantes y los oradores, todos astrónomos profesionales
o estudiantes, fueron mitad mujeres y mitad hombres (¡dentro de las
fluctuaciones estadísticas esperadas!).
Ahora los tiempos han cambiado (Fig. 1). Ser astrónoma ya no es
ser una pionera en los derechos de las mujeres. La mitad de los estudiantes de
astronomía son mujeres. Eso no quiere decir que no haya problema de género. Hay
muchos problemas de género, y los que son más difíciles de solucionar son los
relacionados a la mentalidad machista de algunos astrónomos que sin embargo
permanecen en prestigiosas posiciones académicas. Y también las propias
astrónomas se someten a los esquemas mentales machistas por facilitar su
carrera. Pero no es una lucha como la de las pioneras, que sufrieron también de
un estigma social.
En relación a esta discriminación residual, yo no me
preocuparía, hay mucho por delante de nosotros. Ahora y en las próximas décadas
habrá momentos mágicos para la astronomía. Antes de la mitad del siglo XX, la
astronomía se basaba exclusivamente en las observaciones de radiación
electromagnética (visible). En los años treinta se empezaron a detectar los
rayos cósmicos, que son partículas, principalmente protones y partículas alfa.
El gran progreso de la astronomía del siglo XX se desarrolló por el uso de dispositivos
para "ver" más allá del rango óptico. Observaciones de radiación de
alta frecuencia ha sido posible gracias a la puesta en órbita de observatorios
espaciales. Por lo tanto, hay una cobertura de un rango que se extiende desde
longitud de onda de metros, hacia energías de Mega electrón-volt, en el dominio
del los rayos gamma. En un pasado no muy lejano, se pensaba que el origen de
los rayos cósmicos estaba relacionado con fenómenos galácticos. Hace algunos
años que una componente extra-galáctica ha sido descubierta. Y hay otras
partículas elementales que prometen ser una fuente de observación muy
importante: los neutrinos cuya interacción con la materia es muy débil, y que
por lo tanto necesitan de grandes masas de materia para aislar estas interacciones
del efecto de otras. El detector de neutrinos "Icecube" — un
kilómetro cúbico de hielo, que busca los neutrinos de las fuentes astrofísicas
más activas: estrellas explosivas, explosiones de rayos gamma y fenómenos
extremos que involucran agujeros negros y estrellas de neutrones — en el polo
sur puede descubrir neutrinos procedentes de más allá del sistema solar.
Además, radiación muy, muy, energética, que es producida por procesos nucleares
en el átomo, es y será detectada por instrumentos como los telescopios Cerenkov
que se están volviendo mucho más sensibles. Y creo que los mayores y más
fascinantes descubrimientos vendrán por el desarrollo de la habilidad de
detectar las ondas gravitatorias. La primera detección ha sido en el 2015 per
el LIGO (Laser Interferometric Gravitational Observatory, en ingles), y un año
después, otra detección de ondas gravitatorias ha sido acompañada da una
observación obtenida con telescopios ópticos. Eso fue un éxito maravilloso. Hay
dos telescopios de ondas gravitatorias en servicio y otros están siendo
desarrollados y planeados. La reciente misión espacial LISA pathfinder, como su
nombre deja entender, incluye el objetivo de probar algunas tecnologías que
deberían ser empleadas por la misión espacial LISA, un interferómetro láser con
base en el espacio. Las ondas gravitatorias tienen longitudes de onda
extremamente grandes, proporcionales a las dimensiones de los objetos y del
sistema gravitatorio que las emiten. Y la intensidad es más alta cuando dos
objetos se acercan entre si y se funden en un mismo objeto. Esto puedes pasar
con una pareja de estrellas de neutrones, o de agujeros negros. Hasta ahora,
las detecciones han sido de un sistema doble de agujeros negros (la primera
detección) de masa intermedia (algunas decenas de masas solares), y de
estrellas de neutrones. La detección es posible solo en los instantes
anteriores a que los objetos se fundan en uno solo (un proceso llamado merging
en inglés), ya que la energía emitida es proporcional al inverso de la separación
elevada a la cuarta. Pero hay un comportamiento temporal típico que se puede
observar bajo un ruido que, hasta ahora, cubre la señal gravitatoria.
Creo que los próximos años verán un increíble desarrollo en la
detección de ondas gravitatorias. Hasta ahora hay tres detecciones confirmadas,
pero estos procesos de merging se cree que son muy frecuentes en el Universo, y
descubrirán objetos que son difícilmente detectados con telescopios ópticos y
también con telescopios espaciales operativos en altas energía. Por lo tanto
las ondas gravitatorias van a abrir literalmente una nueva ventana hacia el
universo. Hoy se habla de astronomía "multimessenger", con múltiplos
mensajeros, para enfatizar la diferencia con el pasado, cuando se tenía
únicamente la radiación electromagnética para las observaciones astronómicas.
Por astronomía multimessenger se entiende la astronomía con neutrinos, con
rayos cósmicos, y obviamente con ondas gravitatorias. Y creo que las próximas
décadas van a ser extremamente fascinantes por la astronomía multimessenger,
pero también por el desarrollo de la técnica interferométrica que permite de
superar una de las dificultades más desafiantes que encontré la astronomía
óptica desde el principio: la resolución espacial, que es decir el nivel de
detalle que se puede obtener con los telescopios. Lo que vamos a ver irá más
allá de nuestra imaginación.
Nunca como en estos momentos la astronomía ofrece perspectivas
fascinantes para las jóvenes mujeres que intenten acercarse a ella, con una
sólida formación en matemáticas y física. Me gustaría mucho volver a ser joven
y empezar de nuevo los estudios de astronomía. ¡Sí, quiero ser astrónoma!
Paola Marziani
Doctora en Astrofísica
Investigadora / INAF – Osservatorio Astronomico di Padova
Capítulo 61
Y yo quiero ser...Astrónoma Observacional
(Por Andrea Verónica Ahumada)
Me preguntan por qué quise ser Astrónoma. ¿Qué es lo que me
llevó a estudiar esta hermosa carrera? Voy a la biblioteca de mi casa, y ahí
está, destacándose entre todos los libros. Lo tomo entre mis manos y lo vuelvo
a ver con la misma alegría y emoción de cuando mi Papá me regaló este libro
hace ya más de 30 años... es COSMOS de Carl Sagan. Al repasar sus hojas no
puedo evitar escuchar en mi cabeza la música que tenía al comenzar la serie
hecha para la televisión. Lo tomo entre mis manos y tarareando, vuelvo frente a
mi computadora para escribir sobre porqué soy Astrónoma.
Fue justamente cuando tenía cerca de 10 años que por primera vez
vi COSMOS y me dije: "yo quiero ser Astrónoma", y como se imaginarán,
es muy extraño que una niña tan pequeña de esa respuesta a quién le pregunta:
¿qué quieres ser cuando seas grande?
Tuve la suerte que mi Familia siempre me alentó a perseguir mis
sueños, y que además, en donde vivo, existía la carrera de la Licenciatura en
Astronomía. La misma se continúa dictando en la Facultad de Matemática,
Astronomía y Física (FaMAF) en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.
Debo decir que cuando, siendo adolescente decía que iría a la FaMAF, la
reacción de las personas en general era de señalar que esa era una carrera de
locos, que en general iban hombres, que había que ser un genio para ir allí, y
que si me recibía, no podría vivir de ello. Y llegó el día, haciendo oídos
sordos a esas opiniones de comenzar ese camino, en el cual me hice de amigos
que aún conservo.
" ... El Cosmos es todo lo que es, todo lo que fue y todo
lo que alguna vez será. La contemplación del cosmos nos conmueve. ...".
Carl Sagan. (COSMOS, 1980, Ed. Planeta, 7° edición, comienzo del capítulo
primero)
La carrera me costó mucho al principio, porque más allá de lo
duro de los contenidos de las materias que veíamos, que fueron principalmente
Física y Matemática, yo no tenía una buena base para el primer año, ya que
había hecho mis estudios en un colegio comercial. Estudiaba y estudiaba, y a
veces los resultados no eran los que yo esperaba, pero como estaba convencida
que yo quería ser Astrónoma, me esforzaba más, le buscaba diferentes vueltas a
la manera de estudiar, hasta que un día, después de algunos años, llegó el
momento de preparar mi tesina para optar al grado de Licenciada en Astronomía.
Los últimos dos años de la Licenciatura se dictan totalmente en
el Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Córdoba, y allí debía
elegir algún profesor para que fuera quien me dirigiera en mi tesina. De la
misma manera en que estaba convencida que quería ser Astrónoma, también lo
estaba de querer ser Astrónoma observacional, y tuve la buena fortuna que,
después de varias charlas, el Profesor Juan José Clariá aceptara ser mi
director. El tema a investigar fue acerca de los cúmulos estelares tanto de
nuestra Galaxia como de las dos galaxias cercanas llamadas Nubes de Magallanes,
sobre los que también hice mi doctorado en la FaMAF, y que aún hoy estudio, en
compañía de quien fuera mi director y que hoy además es mi amigo. Poder
observar esos grupos enormes de estrellas y luego, a partir de esas
observaciones, determinar sus propiedades fundamentales, tales como edades,
cantidad de polvo, metalicidades, me llena de entusiasmo y de intriga.
Conociendo estos objetos, podremos lugar inferir las propiedades e historias de
las galaxias a las que pertenecen.
Siempre he trabajado con datos observacionales, que en general
yo obtengo. Si bien no puedo olvidar el hechizo que sentí la primera vez que vi
un telescopio en serio, el de la Estación Astrofísica de Bosque Alegre
(Córdoba, Argentina), mi fascinación continuó en aumento, mientras continuaban
creciendo los telescopio con los que iba trabajando: el del Complejo
Astronómico el Leoncito (CASLEO, Argentina), los del Observatorio
Interamericano de Cerro Tololo (CTIO, Chile), hasta llegar a trabajar con los
grandes telescopios. Sí, en efecto, pude lograr el sueño de mi vida como
Astrónoma observacional al obtener un puesto de postdoc en el Observatorio
Europeo del Sur (ESO), trabajando durante 250 noches con los telescopios UT de
más de 8 metros de diámetro en el Observatorio de Cerro Paranal (Chile). Allí,
observaba los proyectos observacionales de otros colegas en el "modo
servicio", teniendo la oportunidad de observar galaxias tan distantes que
ni siquiera eran visibles, pasando por estrellas a punto de estallar, como Eta
Carinae, hasta objetos tan cercanos y familiares como el planeta Marte. Mis
años allí, fueron inolvidables.
Estando en la ESO tuve, además, la oportunidad de trabajar un
año en el Observatorio de Bologna (Italia). En estos dos observatorios tuve la
suerte de tener por "jefes" a los Drs. Michael West y Angela
Bragaglia, de quienes guardo un hermoso recuerdo.
Y más allá de todos los viajes que pude hacer gracias a mi
carrera, en diferentes observatorios y yendo a congresos en diferentes partes
del mundo, conociendo lugares y colegas que se convertían en amigos, yo quería
volver a mi Córdoba, cerca de mi Familia en Argentina. Hoy en día soy docente
en el Observatorio Astronómico y miembro del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Tengo la oportunidad de vivir
dignamente siendo Astrónoma, haciendo docencia, investigación, divulgación y
también gestión. Respecto a la divulgación de la Astronomía, quisiera resaltar
la enorme satisfacción personal que significa ver la fascinación de la gente al
presentar una charla, ya sea en una escuela con niños pequeños o en un taller
de adultos con personas de edad avanzada. Personalmente, yo creo que, en
palabras de Mario Bunge "... es deber de todo profesor de
ciencias, de divulgarla extra muros, dentro y fuera de la Universidad, dar
conferencias, cursos, en donde fuere...".
En breve, pienso que este es un lugar oportuno para agradecer a
Carl Sagan, ya que es por "COSMOS" que soy astrónoma. Fue viendo su
serie que de pequeña soñé con estudiar Astronomía. Tuve la suerte que mi
Familia me acompañara para concretar mi sueño. Hoy tengo la fortuna de trabajar
como astrónoma y vivir de mi profesión. ¿Cuál es mi recomendación? ¡Qué
persigas tu sueño! No hay que ser ni genio, ni superdotado, ni estar altamente
preparado para hacer la carrera de Astronomía, aunque ciertamente te sería más
fácil, sólo tienes que sentarte a estudiar y maravillarte de lo que aprendes.
Si tienes la posibilidad de estudiar lo que te gusta, ¡adelante entonces!
Andrea Verónica Ahumada
Doctora en Astronomía
Universidad Nacional de Córdoba, Observatorio Astronómico
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(CONICET)
Argentina
Capítulo 62
Y yo quiero ser...Astrónomo
(Por Benjamín Montesinos Comino)
Nunca he tenido un telescopio de aficionado. Mucha gente se
extraña cuando le cuento que mi acercamiento a la astronomía no se hizo como el
de otros compañeros, que se iniciaron de jóvenes en agrupaciones de astrónomos
aficionados, o que tenían en casa un pequeño telescopio con el que escrutar el
cielo.
Tampoco -¡y esto extraña aún más!- conozco de memoria las
constelaciones. Aparte de las más famosas y evidentes, siempre tengo que
consultar para identificarlas un planisferio celeste, o ahora, en esta era
digital, cualquier aplicación de móvil de las muchas que te guían por el cielo
nocturno. He asistido a algunas observaciones con aficionados que me dan mil
vueltas en el conocimiento cartográfico del cielo.
¿Cómo he llegado entonces a ser astrónomo?
Mi interés por la astronomía se gestó primero a través de la
lectura.
En casa teníamos las típicas enciclopedias en tomos y en ellas
fue donde comencé a leer artículos que describían el cielo, los fenómenos
físicos que determinan el brillo de las estrellas, cómo se descubrió la
expansión del Universo… A partir de ahí, con mis pequeños ahorros, compré
algunos libros, como "El Universo" de Isaac Asimov, o "Los tres
primeros minutos de Universo" de Steven Weinberg… Ahora que escribo estas
líneas creo que tuve una aproximación "astrofísica", más que
"astronómica" a esta apasionante rama de la física.
El espaldarazo definitivo creo que se gestó cuando en televisión
emitieron por primera vez la serie "Cosmos" de Carl Sagan (Fig. 1).
En aquella época, al comienzo de los años 80, supuso una revolución en el
aspecto de la divulgación científica, tanto por los contenidos, como por el
carisma del autor.
Fig. 1. Carl Sagan y la portada de su libro “Cosmos” (1980). Este gran
divulgador, con su estilo y la potencia de su mensaje, cambió a muchas personas
la visión del universo y del propio papel y presencia de la raza humana dentro
de él. También inspiró –como fue en mi caso- a una generación de astrónomos que
nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos. (Crédito: Sakman Hameed,
Express Tribune Blogs).
Con unos efectos especiales que hoy cualquier joven consideraría
limitados, pero con unos temas profundos, bien hilados, y contados con mucha
pasión e inteligencia, creo que no solo a mí, sino a muchos otros compañeros,
nos empujó a estudiar astrofísica. A veces, después de una charla divulgativa,
los asistentes me piden que les recomiende algún libro para iniciarse… Mi
respuesta es invariable: corran y consigan "Cosmos", obviamente no
contiene los descubrimientos que se han hecho en los últimos cuarenta años,
pero el texto es tan inspirador que al leerlo uno queda atrapado para siempre
en este fascinante mundo (como ejemplo leed el capítulo "Quién habla en
nombre de la Tierra"...).
Mi camino
Estudié Ciencias Físicas en la Universidad Complutense de
Madrid. Me interesaban todos los campos, y aunque al comenzar la carrera estaba
abierto a cualquiera de las especialidades, mi prioridad era la astrofísica. En
aquellos tiempos la carrera duraba cinco años y era en los dos últimos cursos
donde se escogía la especialidad. Cada curso tenía ocho asignaturas
cuatrimestrales, todas ellas bastante intensas. Al terminar hice la Tesina de
Licenciatura. Algo curioso y que, sorprendentemente, condicionó mi vida
científica, ocurrió en aproximadamente 10 segundos. Subí al Departamento de
Astrofísica con mi compañero Javier Gorgas, hoy Catedrático en la Universidad.
Ambos queríamos hacer la Tesina y nos dijeron que tenían dos posibles temas,
uno relacionado con astrofísica extragaláctica y otro con astrofísica estelar;
sin pensarlo mucho, Javier comentó "a mí me atraen más las galaxias",
y yo dije "pues a mí las estrellas", y así fue. Siempre pienso que si
hubiéramos elegido el otro tema, nuestras trayectorias habrían sido
completamente diferentes, habríamos trabajado en lugares distintos y colaborado
con otros investigadores… en suma, estaríamos en un "Universo
paralelo" a este.
Hice la Tesis, también en la Universidad Complutense, bajo la
dirección de la Dra. María José Fernández Figueroa, en la caracterización de
estrellas binarias con actividad cromosférica; básicamente son binarias cuyas
componentes son estrellas parecidas al Sol, pero el hecho de formar parte de un
sistema doble acentúa la generación de campos magnéticos y por tanto todos los
fenómenos relacionados con ellos. Recuerdo con mucho cariño las noches en las
que íbamos a trabajar a lo que entonces era la Estación de Seguimiento de
Satélites de la Agencia Espacial Europea (ESA), en Villafranca del Castillo
(VILSPA, en el acrónimo con el que se conocía en aquella época). Nos dejaban
usar sus medios informáticos porque los del Departamento no eran suficientes
para realizar nuestro trabajo… pero a horas intempestivas, para no interferir
con el trabajo durante el día. Aquel paisaje con las antenas iluminadas y el
entorno internacional fue muy estimulante. A pocos meses de acabar la Tesis, y
a través del Dr. Angelo Cassatella, astrónomo en VILSPA, me llegó una
posibilidad de trabajo: en el Departamento de Física de la Universidad de
Oxford, la Dra. Carole Jordan, una de las especialistas mundiales en el estudio
de atmósferas de estrellas de tipo solar, ofrecía un contrato postdoctoral… y
allí fui, contratado tres años por la Universidad, y como me sentía cómodo,
prolongué mi estancia otros tres años, financiado por una beca del Consejo
Superior de Investigaciones Científicas. Fue un periodo estupendo y
enriquecedor, aunque he de reconocer que duro en algunos momentos por el hecho
de haber tenido que comenzar allí una vida desde cero, en otro ambiente, en
otro idioma, y lejos de la familia. Allí conocí al Prof. John H. Thomas, físico
solar de la Universidad de Rochester, en Nueva York, con el que colaboré muchos
años, y del que hablaré un poco más adelante. Después de mi estancia
postdoctoral, volví a España, primero con un contrato de investigador en el
Laboratorio de Astrofísica Espacial y Física Fundamental (LAEFF) y posteriormente
conseguí una plaza de científico del CSIC en el Instituto de Astrofísica de
Andalucía. Actualmente trabajo como investigador en el Centro de Astrobiología.
¿Qué investigo?
Mi carrera siempre se ha centrado en la física estelar. Durante
mi tesis me di cuenta de que no solo las estrellas binarias son complicadas,
sino que las estrellas, tomadas individualmente, presentan también muchos
problemas, de modo que abandoné la "binariedad" y desde entonces me
he concentrado en diversos aspectos del Sol y de las estrellas, sobre todo de
las de baja masa, por debajo de aproximadamente cinco veces la masa del Sol. He
mencionado al Profesor Thomas (Jack) anteriormente. Charlando un rato tomando
un café en el Departamento, me propuso que trabajáramos juntos en un problema
de física solar, que se conocía desde aproximadamente 1910, pero que no tenía
una solución teórica satisfactoria.
>
Fig. 2. Imagen de manchas solares y de la granulación solar. La estructura
de la fotosfera solar –el “disco” que observamos- está esculpida por la
presencia de campos magnéticos a diversas escalas. Las manchas solares son
manifestaciones de campos magnéticos intensos que surgen a través de la zona
convectiva del Sol. En esta zona, que abarca el último tercio del radio solar,
el transporte de energía se realiza por convección de células de gas. La
granulación solar muestra claramente la configuración de esas células
convectivas. (Crédito: Telescopio solar de la Academia de Ciencias de Suecia,
Observatorio del Roque de los Muchachos).
El fenómeno, conocido como "efecto Evershed" consiste
en un flujo de materia en la penumbra de las manchas solares con ciertas
características peculiares. Comenzamos estudiando los casos más sencillos,
introduciendo en los cálculos más y más complicaciones, y logramos una
explicación convincente que publicamos en la revista Nature… es mi única
publicación en esa revista y curiosamente, en contra de lo que suele
encontrarse en ella, no es un trabajo observacional, sino teórico. Me imagino
que el hecho de haber encontrado una solución a un problema que estuvo ahí casi
100 años tuvo su peso. Con Jack y su familia aprendí a hacer esquí acuático en
el lago Keuka, donde tenían una pequeña casa… un deporte totalmente
"ortogonal" para un astrónomo que viene de las planicies manchegas.
Posteriormente he tocado varios "palos". Me ha interesado la
evolución estelar, el cálculo de parámetros absolutos de estrellas
(temperatura, gravedad, metalicidad). He tenido la suerte de trabajar en
equipos internacionales, con todo lo que ello comporta, tanto desde el punto de
vista científico como humano, tan importante uno como otro. Una de las
colaboraciones más satisfactorias ha sido el proyecto DUst around NEarby Stars
(DUNES) coordinado por el Prof. Carlos Eiroa, de la Universidad Autónoma de
Madrid, y enfocado a la detección de estructuras análogas al Cinturón de Kuiper
de nuestro Sistema Solar, alrededor de estrellas de nuestra vecindad. Usamos
datos del Observatorio Espacial Herschel, de ESA, el mayor telescopio espacial
nunca puesto en órbita, con su espejo de 3.5 m de diámetro, que será superado
cuando el James Webb Space Telescope entre en operación.
Actualmente trabajo en la detección de exocometas alrededor de
estrellas de la llamada secuencia principal, es decir, estrellas ya formadas
que están quemando hidrógeno de manera estable. Desde 1995 sabemos que existen
planetas orbitando en torno a otras estrellas (exoplanetas), y hemos encontrado
sistemas planetarios múltiples, como Trappist 1 (siete planetas), o Kepler 90
(ocho planetas), que plantean la incógnita de cómo se forma, en general, un
sistema planetario. La presencia de cuerpos menores, como exocometas, es un
ingrediente más a ser tenido en cuenta. En los últimos años estamos realizando
un estudio sistemático con observaciones que obtenemos desde los observatorios
del Roque de los Muchachos, en La Palma, Calar Alto, en Almería, o en Chile. ¡Observar
con un telescopio profesional es una experiencia única!
No quiero terminar sin mencionar otra de mis pasiones, la
divulgación astronómica. Disfruto mucho impartiendo charlas en colegios,
institutos, museos o planetarios. Me divierten, y he participado regularmente
en ellos, los programas de radio -no tanto la televisión, las cámaras me
intimidan un poco- y creo que, además de ser un placer, es nuestro deber darle
a la sociedad lo que ella nos da: nos pagan por pensar y por hacer ciencia
básica -que no quiere decir que sea fácil, sino que su primera finalidad es aportar
conocimiento- de modo que de una forma u otra hemos de abrirnos para compartir
nuestra fascinación por el cosmos.
El futuro es apasionante… el Universo nunca dejará de
sorprendernos. Tenedlo siempre en mente.
Benjamín Montesinos Comino
Doctor en Ciencias Físicas
Investigador Científico de Organismos Públicos de Investigación
(OPI)
Departamento de Astrofísica, Centro de Astrobiología (CAB,
CSIC-INTA)
Capítulo 63
Y yo quiero ser...Astrónomo
(Por Carlos Román Zúñiga)
Para ser astrónomo se necesita una sola noche. En mi caso, fue
una noche sin luna en lo alto de la sierra del estado de Guerrero, en México.
Guerrero un estado agreste, extremadamente caluroso, donde hay
que hervir la leche dos veces al día para que no se descomponga y donde hay que
revisar la cama antes de acostarse para asegurarse de que no hay escorpiones.
Fig. 1. “Los sonidos de la Tierra”. Disco que viaja con las
sondas Viajero (2). (Crédito: De NASA - Great Images in NASA Description,
Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6455682)
Pero también es un estado de espesas selvas, de extensas playas
azules y de cielos límpidos. A mis tíos les gustaba recorrer la serranía
guerrerense para cazar huilotas (1) y conejos. En las largas vacaciones de los
veranos de mi infancia, mi primo y yo pasamos muchas tardes en la caja trasera
de una camioneta recorriendo paisajes extraños en la promesa de un lugar donde
abundaban las presas. Yo odiaba con todo mi ser la cacería, pero al menos
disfrutaba mucho los paseos. Buena cosa que mis familiares casi siempre
regresaban con el morral vacío.
Mala cosa que yo siempre regresaba morado de piquetes de
insectos.
En una de aquellas frustradas zaleas, nos llegó la noche en un
lodoso sembradío de estropajos. Los cazadores intentaban en vano sacar la
camioneta de un atasco de barro. Caminamos varios kilómetros para encontrar
ayuda. Los serranos solidarios se armaron de maderas y cuerdas para ayudar a
sortear el dilema. De camino al lugar del incidente caí por una ladera. Intenté
asirme de unas ramas pero estas se rompieron y me resbalé varios metros sobre
un terreno plagado de duras raíces. Me laceré fuertemente la espalda, pero no
lloré porque sabía que mis primos se reirían y que nadie ahí se conmovería o me
consolaría. Por eso me senté esa noche a soportar el dolor al pie de un árbol,
y en un momento dado miré hacia arriba.
Siendo yo un pre-púber criado en una gran ciudad, mi contacto
con la astronomía se había dado solamente a través de los libros, televisión o
películas. El espacio siempre había llamado mi atención, y me emocionaba mucho
la voz doblada de Carl Sagan hablando acerca de los planetas que visitaron las
sondas Viajero (2), pero el cielo había sido en cierto modo un ente abstracto
hasta aquel momento en la sierra. Sin embargo, aquella noche vi por primera vez
el fondo negro azabache de la noche y sobre él, un número insondable de
estrellas, que parecían a punto de caerme encima. Y recorriendo de un extremo a
otro aquel paisaje, la Vía Láctea que solo conocía por los libros, se me reveló
entera y grandiosa. Ignoré entonces el dolor de mi espalda, los insectos y el
lodo. Ignoré los gritos frustrados de los hombres que tardaron horas en
desatascar la rueda. Ignoré desde entonces muchas otras cosas y desde aquel
momento me obsesioné con la idea de ser astrónomo.
Ser astrónomo en México, a finales del los años ochenta ya era
una posibilidad real, pero a mi alrededor, nadie o casi nadie pudo responder a
mis preguntas sobre cómo lograrlo. En la preparatoria mis profesores de primero
y segundo año se preocupaban más por mantenernos una hora callados frente al
pizarrón que por intentar emocionarnos. No los culpo. Ya entonces las escuelas
de bachillerato públicas tenían grupos de cuarenta alumnos, la mayoría de ellos
hirviendo de hormonas. Para poder oír algo sobre la ciencia tuve que esperar al
tercer año, donde nos separaban en áreas y los grupos eran más reducidos. Mi
inquietud era la Física, y la suerte me sonrío con el mejor maestro del mundo.
Iracundo y temible, aquel hombre rechoncho escribía sus propios y hermosos
textos de divulgación y nos hacía leerlos en voz alta. Gracias a esos textos
conocí a Newton y a Kepler, y con ellos en la mano me aventuré a visitar una
oscura oficina de orientación vocacional donde el funcionario boquiabierto ante
mis preguntas me pidió dos días para averiguar si mi deseo era posible. Cuando
regresé me tenía una respuesta: "Necesitas estudiar física", me dijo,
mostrándome un listado de cursos con nombres alucinantes. La mayoría requerían
matemáticas avanzadas, y yo que odiaba a la profesora de cálculo… pero unos
meses después ya estaba aceptado en la Facultad de Ciencias de la UNAM y en el
otoño de mi mayoría de edad tomé mis primeras clases.
Para ser astrónomo requerí casi veinte años de estudios, la
mitad de ellos fuera de mi país. La carrera duraba nueve semestres, pero
aquellos años todos teníamos que hacer una tesis de licenciatura y por eso me
tomó cinco años y medio titularme como físico. Los últimos dos tuve contacto
constante con el Instituto de Astronomía y disfruté escribir mi tesis -mi
primera investigación profesional- como pocas cosas en la vida. Luego pase un
año más decidiendo entre quedarme a hacer el posgrado en México o en el extranjero,
como la mayoría de mis amigos. Decidí lo segundo. Tarea nada fácil. Migré hacia
Estados Unidos, recién casado. Mi esposa y yo éramos dos niños de veinticinco
años de edad, y salir del país, rompiendo con ello muchos ciclos familiares fue
una epopeya en sí. Pero nos adaptamos, con muchos ánimos y mucha suerte a la
vida de estudiante, que tiene muchas carencias pero también muchas alegrías.
Mi disertación doctoral requería de usar una cámara infrarroja
muy novedosa. El investigador principal de la cámara, era esposo de mi asesora,
una mujer joven y entusiasta. Mi proyecto era emocionante y prometedor. Lo
presenté ante un sínodo que me felicitó por mis planes. Pocos meses después
llegaron las dificultades con la súbita de muerte del investigador de la cámara
por una enfermedad repentina, y con ello mi asesora entristeció muchísimo.
Durante mucho tiempo su vida fue complicada y no pudo darnos a sus estudiantes,
demasiada atención. Me vi solo, junto a otros estudiantes del proyecto. Durante
casi dos años recolectamos y procesamos datos sin saber bien qué hacer con
ellos. Aprendí casi todo por mi cuenta, y la lección entonces fue que la
ciencia es una lucha personal. Hay mucho que leer, mucho que entender. Mucho.
La astronomía requiere de saber física y matemáticas, pero también requiere de
entender mucho sobre computadoras, sobre procesamiento de imágenes y sobre
gestión de proyectos. Requiere de escribir muy bien, sabiendo cambiar el tono
poético por el tono claro y directo de la ciencia. A mí me costó más que a
muchos, porque hasta entonces había sido más poeta que astrónomo. También
entendí lo que era el estrés y la frustración. A ratos me sentí completamente
extraviado y a ratos lo estuve. La ciencia me mostró entonces su otro rostro.
El doctorado se piensa como un rite du passage, y vaya que lo fue
en mi caso.
La lección más grande en el camino de convertirse en científico
es la paciencia. Cualquier licenciatura de ciencia queda incompleta ante la
enorme cantidad de conocimiento que se requiere adquirir, y debe extenderse con
un posgrado y varios años de posdoctorado que te otorguen la independencia de
pensamiento y una línea de investigación original. Conseguir un empleo como
científico siempre ha sido difícil porque las plazas son pocas y los
solicitantes muchos y todos tan o más buenos que tú. Por eso es que hacerse
científico requiere no solamente de buenas notas o de muchas horas en el
laboratorio, sino de mucho trabajo personal. Muchos no lo logran. Se requiere a
ratos, de mucha fuerza. Hay muchas ocasiones en que sentí que más que vivir,
sobreviví la ciencia. Pero al final, lo que importa es haber guardado aquella
flama de la adolescencia. Yo guardé siempre la noche oscura de la sierra como
un tesoro. La sierra me había marcado mi destino en la espalda, ¿por qué habría
de claudicar? El firmamento estrellado fue la brasa con la que volví a encender
mi gusto por la ciencia aún en los momentos más complicados. Hoy tengo
estudiantes a quienes les intento hacer entender eso.
Hay quienes lo tienen muy claro y atesoran su propio momento,
ese en el que decidieron dedicarse a la astronomía.
¡Si tú lo tienes, aférrate a él y no lo sueltes!
Notas (del coordinador):
(1). Más sobre la Huilota Común, http://www.audubon.org/es/guia-de-aves/ave/huilota-comun
Se han mantenido las expresiones originales utilizadas por el
autor. El español es una lengua utilizada en multitud de países. Que
particularmente no conozcamos una palabra o expresión no quiere decir que esté
mal escrita o sea incorrecta. Animo desde aquí a todos los lectores a tener
abierta la página de la RAE, http://dle.rae.es/?id=DgIqVCc , e ir consultando las palabras desconocidas siendo
conscientes de la variedad y amplitud de nuestra lengua.
(2). En España siempre las conocimos como las Sondas
Voyager, https://es.wikipedia.org/wiki/Voyager , http://momentosestelaresdelaciencia.blogspot.com.es/2014/03/carl-sagan_9.html
Carlos Román Zúñiga
Doctor en Ciencias (Ph. D), Especialidad en Astronomía,
Investigador
Instituto de Astronomía Universidad Nacional Autónoma de México
Capítulo 64
Y yo quiero ser...Cazador de Neutrinos
(Por Xabier Marcano)
Cazador de neu… ¿qué? Alguna vez me había imaginado ser cazador
de vampiros, cazador de Pokemon o hasta cazador de quidditch. Pero, ¿cazador de
neutrinos? ¿Cómo voy a cazar algo que no sé ni lo que es? ¿Y si luego me
muerde?
Entiendo tus dudas. Yo también las tuve. Yo también las tengo
todavía. Pero intentemos entenderlo juntos. Te propongo un juego que nos
ayudará a entender un poco mejor qué son los neutrinos. Intenta pensar en
alguna cosa pequeña, la más pequeña que conozcas. ¿La tienes? ¿Una piedra? Las
piedras pueden ser muy grandes… ¡Ah! Te refieres a una piedra pequeña. Muy
pequeña. Pero, ¿cómo de pequeña? Por muy pequeña que sea esa piedra siempre
habrá otra más pequeña, y luego otra, y luego otra…. Habrá un punto en el que
sea tan pequeña que ya dejaremos de llamarla piedra y le daremos otro nombre
como el de molécula o átomo. ¿Habías oído hablar de ellos antes? Son muy
pequeños, ¿verdad? ¿Sabes lo que hay dentro de los átomos? Partes aún más
pequeñas que llamamos partículas. ¿Y dentro de estas partículas? Nada.
Dentro de estas partículas ya no hay otras, al menos que
sepamos. Este juego acaba aquí. Si pensaste en estas partículas desde el
principio, ganaste. No se conoce nada más pequeño, son las piezas más pequeñas
del universo, y por eso se les llama partículas fundamentales o elementales.
¿Por qué estas y no otras? Nadie ha sido capaz de descubrirlo todavía.
Los físicos teóricos en sus despachos y los físicos
experimentales en los laboratorios se dedican a investigar estas partículas
fundamentales —entre otras muchas cosas, como descubrirás en este libro—. Pasan
horas estudiándolas y clasificándolas, como un cazador Pokemon completando su
Pokedex, y se han dado cuenta de que existen muchas distintas. Trabajan con
partículas como el electrón, los quarks o el bosón de Higgs (si quieres saber
qué son estas partículas puedes buscar en otros capítulos de este libro,
también en "CIENCIA, Y además lo entiendo!!!" [1]). Todas estas
partículas elementales son tan pequeñas que no podemos verlas directamente con
los ojos. Ni siquiera con un microscopio normal. Necesitamos los microscopios
más potentes del mundo. Máquinas gigantes que hacen chocar partículas muy, muy
rápido — por eso se llaman aceleradores de partículas — y en ellos se ponen
unas cámaras de fotos muy especiales, diseñadas para detectar cualquier rastro
de una partícula que haya pasado por allí — por eso se les llama detectores de
partículas —.
Fig. 1. El detector de Super-Kamiokande en Japón cuando estaba siendo
rellenado con los 50 millones de litros de agua, mientras científicos en una
balsa comprueban las cámaras de fotos con forma de bombilla de las paredes.
Imagen del observatorio de Kamioka [2].
Pero hay un tipo de partícula que es muy, muy difícil de
atrapar. Si estuviésemos en un partido de quidditch, estas partículas serían
tan difíciles de cazar como la snitch dorada. Estas partículas son los
neutrinos.
La primera vez que físicos como Pauli o Fermi pensaron que los
neutrinos podrían existir se los imaginaron casi como vampiros: eran partículas
imposibles de ver, no sabían cómo atraparlas, y si se miraban en el espejo no
podían ver su reflejo —en física, esto se conoce como violación de la paridad—.
Entonces, pensarás, si no podemos verlos, ¿cómo sabemos si existen? ¡Por eso
necesitamos cazarlos!
Esto se consiguió por primera vez en 1956, cuando los físicos
Cowan y Reines diseñaron su experimento del neutrino. O dicho de otra forma,
diseñaron una trampa para neutrinos.
Prepararon un tanque con agua de manera que si un neutrino era
atrapado dentro saltarían chispas, avisando de que había ocurrido, y lo
colocaron muy cerca de un reactor nuclear, pues sabían que ahí se producían
muchos neutrinos. Pusieron la trampa cerca de la madriguera. ¡Qué listos! Por
algo fueron los primeros cazadores de neutrinos de la historia.
Por suerte, los neutrinos no se producen sólo en los reactores.
En realidad, ni siquiera necesitamos producirlos nosotros. Se crean en la
atmósfera de la Tierra, en el Sol y en todo el universo. Se crean muchos.
Muchísimos. Tantos que cada segundo miles de neutrinos atraviesan la Tierra.
Qué digo miles, ¡miles de millones! Por lo tanto, lo único que tenemos que
hacer es coger un cubo y sentarnos en un parque a esperar a que algún neutrino
caiga dentro.
Ay, ojalá fuese tan fácil.
¿Recuerdas que los neutrinos eran tan difíciles de ver como los
vampiros? Pues esto es porque son capaces de atravesar casi cualquier cosa sin
alterarse, sintiendo apenas un cosquilleo débil. Prácticamente ningún neutrino
se enteraría de que estamos allí esperándolos. Con nuestro cubo en el parque,
tendríamos suerte si cazásemos un neutrino, sí, sólo uno, en toda nuestra vida.
Pero estoy seguro de que ya habrás visto el problema. El cubo es
muy pequeño, ¡necesitamos un cubo más grande! Eso mismo pensaron en Japón,
donde construyeron un cubo gigante llamado Super-Kamiokande (Fig. 1.). Lo
hicieron bajo una montaña, en una vieja mina, para protegerse de la luz —ves
como se parecían a los vampiros — y de otros rayos que vienen del cielo, y lo
llenaron de unos 50 millones de litros de agua. ¿Sabes cuánta agua es ésta?
Podrías beber 1000 litros de agua al día durante 100 años y aún te sobraría.
¿Te lo imaginas? ¡Te pasarías meando todo el día!
Fig. 2. El sol por la noche visto con neutrinos. Crédito del observatorio de
Kamioka [2].
Claro, con un cubo tan grande sí que podremos encontrar
neutrinos. Por eso se llaman detectores de neutrinos y los físicos han
construido otros parecidos en muchas partes del planeta, ¡incluso bajo el mar o
bajo el hielo de la Antártida! Cada vez construyen detectores más grandes y
sofisticados, y con ellos cada vez aprendemos más sobre los neutrinos.
¿Te apetece hacer una cosa divertida con los neutrinos?
¡Saquemos una foto al Sol! ¿Qué, que eso lo puedes hacer cualquier día con tu
móvil? Vale, hagámoslo más interesante, ¡¡Saquemos una foto al Sol por la
noche!! ¿No me crees que se pueda hacer? Pensemos dónde está el Sol por la
noche. Exacto, al otro lado de la Tierra, bajo nuestros pies. Su luz no llega
hasta nosotros porque no puede atravesar la tierra, por eso la noche es oscura.
Pero el Sol también nos manda neutrinos y ellos sí que pueden atravesar la
Tierra. Nuestros ojos no pueden ver estos neutrinos, tampoco nuestros móviles,
pero los detectores de neutrinos sí. Así que lo único que tenemos que hacer es
usar estos detectores gigantes y apuntar hacia abajo. ¡Y ya está! Tenemos una
foto del sol por la noche, ¡hecha con neutrinos! (Fig. 2.)
Gracias a estos detectores podemos estudiar los neutrinos.
¿Sabes cuántos neutrinos hay? Por ahora se han encontrado tres tipos distintos.
También se ha descubierto que los neutrinos no son siempre del mismo tipo, que
les gusta cambiar de estilo. ¡Qué pesados!
Todos estos descubrimientos sobre los neutrinos son difíciles de
conseguir, pero muy importantes para la física. Tanto que casi todos han
supuesto el premio Nobel para quienes lo consiguieron. Aún nos quedan muchas
cosas que aprender sobre ellos, sobre cómo son y cómo se comportan. Es
importante seguir investigándolos. Y es que los neutrinos también pueden
esconder secretos sobre muchas otras propiedades del universo, incluso de su
propio origen. ¿Te parece curioso? ¡A mí también! Por eso me dedico a estudiarlos.
Los neutrinos son unas partículas muy extrañas. El universo está
lleno de ellos y aún así nos cuesta mucho verlos y estudiarlos. Es un mundo
misterioso que débilmente llegamos a entender, repleto de secretos que se nos
escapan. Para resolverlos, tendremos que cazar neutrinos. ¿Te atreves?
Referencias:
[1] A.M. Uranga Urteaga, Capítulo 46 y V. Martín Lozano,
Capítulo 47 del Libro "CIENCIA, y además lo entiendo!!!" (Ed.: Q.
Garrido Garrido):
http://divulgacioncientificadecientificos.blogspot.com.es/p/libro-book.html
[2] Observatorio de neutrinos de Super-Kamiokande: http://www-sk.icrr.u-tokyo.ac.jp/sk/index-e.html
Xabier Marcano
Doctor en Física Teórica
Investigador postdoctoral en el Laboratoire de Physique
Théorique de Orsay, Francia.
Capítulo 65
Y yo quiero ser...Científica de Materiales
(Por Conchi Pulido de Torres)
Cuando era pequeña, para intentar asimilar el entorno y
entenderlo, mi curiosidad se encarnaba en la pregunta "¿por qué?".
Con los años la curiosidad se arropó con un poco de discernimiento y la
pregunta evolucionó naturalmente a "¿cómo?", pues llegar a conocer
el cómo es realmente lo que lleva a entender en profundidad.
Perseguir el cómo te hace pensar, elucubrar,
intentar encajar la información que vas obteniendo y hacerte una idea, tener
una hipótesis. Cuando llegas a la hipótesis vas a comprobarla. A veces
aciertas, a veces no. Si aciertas, hay chispitas en el cerebro y la sonrisa, por
dentro y por fuera, te calienta un rato y sigues caminando.
Ese, a grandes rasgos, sería mi proceso general cuando me pongo
a intentar entender un cómo cualquiera. Pero lo que a mí me
gusta son los materiales. ¿Por qué precisamente estudiar y entender los
materiales? La respuesta práctica y fácil es que es algo útil y con lo que se
puede encontrar trabajo con relativa facilidad. Mi respuesta es que, además y
sobre todo, me gusta intentar llegar al cómo de las cosas que
puedo, generalmente, tocar. Me gusta ser capaz de pasear y disfrutar sabiendo,
o intentando deducir, qué hay detrás de la elección de determinados materiales
que tengo a mi alrededor.
Los materiales tienen propiedades. Aquello que se puede medir,
cuantificar y, con suerte, cambiar para adaptar el material a la aplicación que
persigues. Lo más interesante es buscar y entender qué hace que un material sea
especial con respecto a otro y cómo hacer que un material sea especial. Hay
propiedades para todos los gustos, electromagnéticas, ópticas, mecánicas,
térmicas, acústicas, químicas… La conquista de estas propiedades se hace
estudiando cómo puedes influir en ellas modificando, por ejemplo, distintas
variables en el procesado del material, como temperatura o presión, o añadiendo
aditivos que te proporcionen color, resistencia a la fractura o
biodegradabilidad. Entender la interacción entre materiales y sus propiedades y
procesado lleva a la evolución y a la aparición de materiales nuevos. Las
lentillas blandas son ahora muchísimo más cómodas que hace veinte años porque
progresivamente su formulación ha aumentado su permeabilidad al oxígeno y su
capacidad para absorber agua añadiendo materiales con un porcentaje en agua
mayor (más hidrofílicos). También son más baratas porque a alguien se le
ocurrió que era posible moldearlas en la misma cavidad cóncava en la que vienen
empaquetadas.
Comprender las propiedades te lleva, a veces, las menos, a poder
usarlas o, simplemente, las más, a poder abandonarte al asombro. Porque hay
materiales que se calientan al ordenarse (estirad una goma marrón vulgar y
apoyadla en los labios para notar el aumento de la temperatura). Porque el
color azul de las alas de las mariposas proviene no de un pigmento, como la
mayoría de los colores, si no de la interacción de la luz con la estructura
nanométrica del polvo que tienen sobre ellas. En realidad, ese polvo son
escamas distribuidas periódicamente que provocan un efecto de interferencia en
la luz que hace que se reflejen azules brillantes.
Una herramienta muy útil para orientarse con las propiedades son
los diagramas de fases, que resumen de forma gráfica cómo cambia un material de
fase al variar las condiciones en las que se encuentra. El diagrama de fases
más conocido es el de presión y temperatura del agua, que indica cómo, variando
esas dos magnitudes, cambiamos de agua en fase sólida, a líquida o gaseosa.
Menos conocido es el diagrama de fases hierro-carbono, fundamental en
metalurgia, que permite navegar por el acero. Aún menos conocido es el del
jabón, donde hay una fase, formada por empaquetamientos muy compactos de
columnas en geometría hexagonal, que resulta tan viscosa que hay que evitarla a
toda costa a la hora de fabricarlo porque puede paralizar la producción. Y hay
uno que debiera ser conocido por todos, y no solo por las fábricas, para evitar
muchas frustraciones, que es el de la mayonesa. Aplicaciones mil, e
insospechadas, de los diagramas de fases.
Además de las propiedades en el estudio de materiales, también
son fabulosas las herramientas con las que se puede trabajar para obtener
información. Porque con una muestra de un material en la mano, con los
sentidos, aunque se pueden deducir bastantes cosas, no se puede extraer todo lo
que nos permiten las variadas técnicas experimentales que se han ido
desarrollando a lo largo del tiempo. Una cosa es que te hablen de átomos y otra
cosa es ver, literalmente, los átomos, bien colocaditos como en una huevera,
con un microscopio de fuerza atómica. O ver qué pinta tiene un helado: su
estructura de cristales de hielo, grasa, azúcar y burbujas de aire, usando un
microscopio electrónico de barrido. Puedes trabajar con espectroscopías que te
informan de la energía de los enlaces, la disposición de unas estructuras
moleculares con respecto a otras y su interacción, ¡cómo están conformadas las
proteínas! Puedes trabajar con reómetros que te indican cómo reacciona un
fluido al ser agitado, la relación entre movimiento y su viscosidad.
Experimento reológico casero: el yogur, que es tixotrópico, va a disminuir su
viscosidad con el movimiento de cizalla, dadle a la cuchara y veréis. Puedes
trabajar con calorimetría diferencial de barrido que calienta una muestra y
puedes observar las transiciones de fase de un polímero, viendo a qué
temperatura el polímero cambia de propiedades. La más importante, la
temperatura de transición vítrea, indica cuándo pasa a régimen cristalino,
estado más frágil, y explica la catástrofe del Challenger en
1986.
Pensar en materiales no es solo pensar en los sospechosos
habituales como el trozo de metal o el trozo de plástico. Es pensar en la
madera, que tiene distinta elasticidad según la dirección de la deformación,
para las mesas y para las tablas de snowboard. Es pensar en la pintura de las
paredes que es una emulsión a la que hay que ajustar la tensión superficial
para que moje la pared adecuadamente. En las lociones corporales con estudiada
viscosidad para que resulte agradable extenderlas sobre la piel. En la espuma
de afeitar, (¿cuán grandes tienen que ser las burbujas de aire para que sea
cómoda de aplicar y tenga buena consistencia?) En cartón o en papel (una
estructura hexagonal de papel o cartón es extremadamente resistente a la
deformación longitudinal). En los zafiros y las impurezas en su estructura
cristalina que les dan los diferentes y preciosos colores. Es pensar en la
leche, en las fibras de las telas, en los esmaltes de uñas, en la saliva, en la
cerámica de las baldosas, en la fibra de vidrio de los aviones, en la fibra
óptica que hace que el mundo ahora mismo sea como es. Es pensar en un huevo y
sus múltiples posibilidades (eso sí que es un material en condiciones:
tortilla, huevo frito, huevo duro, pasado por agua, ¡merengue!).
Por la noche, cuando ya no hay luz que ilumine el material a
analizar y se acaba la diversión, miro las estrellas. E imagino lo que está
pasando en ellas, porque sé que hay presión y hay temperatura y hay electrones
y protones moviéndose y luchando por ponerse de acuerdo, átomos decidiendo cómo
colocarse para crear material. Materiales. Pensar en eso también, entonces, me
hace sonreír.
Conchi Pulido de Torres
Máster en Ciencia y Tecnología de Polímeros (Universidades de
Aston y Birmingham)
Doctora en Física de Materiales: "Dispositivos fotónicos de
medida basados en fibra óptica de polímero (UAH)"
Capítulo 66
Y yo quiero ser...Científico
(Por Eduardo Hernández)
Recuerdo el día en que hablé con mi padre sobre el espinoso tema
de cuáles serían mis estudios universitarios. Hasta entonces había pasado por
varias fases: estudiar magisterio, o incluso filología inglesa (que en mi caso
habría sido una opción fácil, teniendo madre inglesa). Con todo el respeto
hacia esas opciones, lo cierto es que ninguna de las dos me convencía
demasiado. Siempre me había sentido atraído por las ciencias, pero nunca me
había planteado seriamente la posibilidad de estudiar una carrera científica, y
mucho menos dedicarme profesionalmente a la ciencia (que al fin y al cabo es
para lo que se supone que uno estudia una carrera). Pero, ya en el último año
de mis estudios pre-universitarios, era hora de tomar una decisión en firme. La
primera parte de esa decisión consistió en desechar opciones por las que no
sintiese un mínimo de entusiasmo, así que el magisterio y la filología quedaron
descartados. La segunda fue reducir el rango de opciones: decidí que estudiaría
una carrera científica, a elegir entre física o química. Mi padre se alegró
enormemente con esa decisión, y así me lo dijo aquel día.
Ahora sólo era cuestión de tomar una decisión final: ¿física o
química? ¡No era tan fácil! Yo me inclinaba más por la física, pero en aquellos
tiempos, en mi ciudad, Alicante, no era posible estudiar esa carrera, aunque sí
había licenciatura de química. Estudiar física suponía realizar mis estudios en
otra ciudad, con la consiguiente carga económica para mi familia (en aquellos
tiempos no había muchas becas), y todas las complicaciones añadidas que se
derivan de dejar el nido familiar. Con esos condicionantes, no es extraño que
al final triunfara la opción de estudiar química; no obstante siempre me ha
quedado la curiosidad por saber cómo me habrían ido las cosas si hubiese optado
por estudiar física.
Así pues, con una decisión ya tomada, me embarqué en mis
estudios de química con entusiasmo, y para mi agradable sorpresa descubrí que
la química y la física tenían en común más de lo que yo había supuesto. De
hecho, se estudiaba mucha física en la licenciatura de química, además de
matemáticas, y por supuesto, química. Varias de las asignaturas del temario
tenían el nombre de química-física. Estas asignaturas eran invariablemente las
que me gustaban más, y me resultaba cómico descubrir que a mis compañeros de
estudios en general no les sucedía lo mismo; ellos sí tenían claro que lo suyo
era la química, y no la física. Mi preferencia por las asignaturas más
tendentes a la física acabó valiéndome el sobrenombre de "el
anti-químico". No es que yo renegara de la química, ni mucho menos, pero
el mote me hacía gracia.
Acabado el tercer curso de la carrera de ciencias químicas, que
en aquellos tiempos constaba de cinco, se me planteó una nueva disyuntiva:
podía seguir como hasta entonces y acabar la carrera en la Universidad de
Alicante, o bien podía marcharme para completar el segundo ciclo en otra
universidad. Quedarme en Alicante suponía acabar con la licenciatura en Química
General, ya que allí no existía la posibilidad de cursar ninguna especialidad.
Por otro lado, si me marchaba a una universidad más grande, podría especializarme
en alguna rama de las que me atraían más, léase química-física o química
cuántica. Tres años antes la idea de marcharme se me había hecho muy cuesta
arriba, pero la verdad es que ahora me moría de ganas por dejar el hogar
familiar y lanzarme a la aventura. Tras cursar asignaturas de química
analítica, ingeniería química y otras similares, tenía claro que prefería
ahondar en la química-física. Así pues decidí liarme la manta a la cabeza y
trasladarme a Madrid para estudiar la especialidad de química cuántica en la
Universidad Autónoma, la especialidad más teórica de la química, y por tanto la
más cercana a la física.
Después de esos años en Madrid acabé la carrera estudiando más
física y más matemáticas que química propiamente dicha, pero disfrutando mucho
en el proceso. Después de eso vino la posibilidad de realizar un doctorado en
simulación de materiales, en Londres, y así fue como mi inquietud entre la
química y la física fue labrando mi carrera científica. Mi doctorado me sirvió
para introducirme en el fascinante mundo de la informática aplicada a la
investigación científica; me sirvió también para encauzar mi carrera científica
en la dirección de la ciencia de materiales, un campo a medio camino entre la
física y la química, al que pareciera que me encontraba predestinado sin yo
saberlo. Hoy en día trabajo para el Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, concretamente en el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid,
y mi trabajo consiste en emplear técnicas de simulación aplicadas al estudio de
propiedades y diseño de nuevos materiales.
¿Qué es la Simulación de Materiales?
Actualmente, a pesar de que nuestro conocimiento de las leyes
que gobiernan el comportamiento de la materia a escala atómica y molecular es
todavía parcial, resulta posible simular con ayuda de un ordenador muchos
materiales de manera suficientemente realista como para poder predecir sus
propiedades físicas y químicas. Dichas propiedades son el resultado de las
interacciones entre los átomos o moléculas que conforman el material en
cuestión. Por ejemplo, si los enlaces químicos entre los átomos son fuertes,
como ocurre en el caso del carbono, tendremos un material con alta resistencia
a la deformación, un material de gran dureza. Éste es el caso del diamante. Si
podemos modelar con suficiente precisión y fidelidad las interacciones que
tienen lugar entre átomos y moléculas, podremos calcular cómo dichas
interacciones se traducen en propiedades macroscópicas de los materiales
resultantes. Todo ello nos puede ayudar a diseñar nuevos materiales con
propiedades deseables desde un punto de vista de posibles aplicaciones
tecnológicas.
La simulación de materiales también es útil como complemento a
la labor experimental. Aunque las técnicas experimentales son cada día más
finas y precisas, no siempre resulta posible obtener una visión detallada de lo
que ocurre durante un experimento a escala atómica. Sin dicha imagen resulta
complicado, cuando no imposible, interpretar certeramente los resultados
experimentales. Por ello es cada vez más frecuente que se publiquen artículos
científicos en los que se combinan técnicas experimentales y simulación para
lograr una interpretación lo más completa posible del fenómeno estudiado.
Gracias a la simulación resulta posible investigar el
comportamiento y las propiedades de materiales en condiciones extremas de
presión y/o temperatura, condiciones en las que la experimentación resultaría
extremadamente difícil y costosa. Preguntas tales como ¿cómo se comportan los
minerales que se encuentran en las profundidades del interior de la Tierra, o
en el interior de Júpiter o Saturno? resultan muy difíciles de responder
mediante experimentos, pero se pueden plantear, y responder al menos parcialmente,
mediante simulaciones. Veamos un ejemplo: sabemos, gracias a medidas
sismológicas, que el interior de la Tierra se estructura en capas. La capa más
externa, sobre la que vivimos, es la corteza; esta se encuentra sobre el manto,
que alcanza una profundidad de unos 2900 km, formado principalmente por
silicatos, y que a su vez se divide en dos capas, el manto externo y el
interno, con una zona de transición entre ambos. Más abajo aún está el núcleo,
que nuevamente se divide en núcleo externo e interno. El núcleo se compone
principalmente de hierro. En el núcleo externo el metal se encuentra en estado
líquido, mientras que en el núcleo interno es sólido. Las medidas sismológicas
nos informan además sobre la presión y sobre la densidad a medida que aumenta
la profundidad; sin embargo, no nos dicen nada acerca de la temperatura. Una
forma de deducir indirectamente la temperatura a la que se encuentra el
interior de la Tierra a la profundidad a la que se encuentra la transición
entre el núcleo interno y el externo (unos 5100 km) es medir la temperatura de
fusión del hierro a 330 GPa (3,300,000 atm), la presión a la que se da esa
transición. Dichos experimentos son extremadamente costosos y difíciles, y
durante mucho tiempo no han sido concluyentes, ya que distintos grupos han
obtenido resultados divergentes. Sin embargo, para una simulación las altas
presiones no son a priori un problema. Hace ya algunos años, un grupo de
geofísicos empleó técnicas de simulación ab initio para predecir que el hierro
a 330 GPa de presión funde a la pasmosa temperatura de 6000 K, una temperatura
comparable a la que impera en la superficie del sol. Por lo tanto, esa debe de
ser la temperatura a la que se encuentra la frontera entre el núcleo interno y
el externo. Posteriormente, esta predicción ha sido corroborada
experimentalmente en varios estudios.
Hoy en día la simulación se emplea asiduamente en la mayoría de
las disciplinas científicas, desde la física y la química a la biología, o,
como acabamos de ver, la geología. Yo he encontrado mi línea de trabajo en este
fascinante mundo de la simulación aplicada al campo de la investigación en
ciencia de materiales. Es un campo que me ha dado un sinnúmero de
satisfacciones, tanto personales como profesionales.
Eduardo Hernández
Doctor en Ciencias, Especialista en Simulación de Materiales
Investigador Científico del CSIC en el Instituto de Ciencias de
Materiales de Madrid
Capítulo 67
Y yo quiero ser...Científico Planetario
(Por Beatriz Sanchez-Cano)
Alguna vez te has preguntado ¿por qué hay vida en la Tierra y no
en otros planetas? ¿Cómo se originó la vida? ¿Fueron los asteroides los que
trajeron agua y vida a la Tierra? ¿O es el Sol el responsable de la vida?
Fig. 1. a) Foto de un cráter y varios cañones en Marte tomada por la sonda
Mars Express. b) Plutón visto por la sonda New Horizons. c) Foto de la
superficie de la luna Titán tomada por la sonda Huygens. d) Foto del hemisferio
norte de Saturno y sus anillos tomada por la sonda Cassini. e) Foto de Cassini
de los geiseres de agua de la luna Encelado.
Alguna vez has pensado ¿hay vida más allá de nuestro planeta? Y
si esto fuera así, ¿cómo podríamos encontrarla? ¿Cuáles son las condiciones
para que exista la vida? Alguna vez has sentido curiosidad por saber ¿por qué
la Luna afecta a los océanos? ¿Por qué la Luna siempre nos muestra su misma
cara? ¿Por qué otros planetas tienen más lunas que la Tierra? ¿Hay océanos y
volcanes más allá de la Tierra? ¿Cómo un sistema planetario evoluciona? Alguna
vez te has preguntado ¿cómo se formó el Sistema Solar y cómo funciona? ¿Cómo el
Sol influye en los planetas? ¿Está el espacio vacío o está lleno de material
procedente del Sol? ¿Alguna vez has te has sentido fascinado por las auroras
boreales? Has querido saber ¿qué son y cómo se originan? ¿De dónde vienen las
partículas energéticas que nos dan esas bellas luces celestes cerca de los
polos terrestres? ¿Qué información nos dan sobre nuestro propio planeta y sobre
el Sol? ¿Ocurren también en otros planetas?
Pero sobre todo, alguna vez te has preguntado ¿cuáles son las
grandes preguntas que la ciencia planetaria trata de resolver?, y ¿cómo la
exploración espacial es su principal herramienta? Yo sí, miles de veces. Y
también todos los científicos planetarios se hacen estas y muchísimas más
preguntas día tras día, e investigan para encontrar una respuesta. Si tienes
curiosidad, alma científica, te gusta el espacio y admiras la naturaleza, este
es tu sitio.
¿Qué es la ciencia planetaria y para qué sirve?
La ciencia planetaria es la disciplina que se encarga de buscar
respuestas a preguntas básicas tales como cómo se forman los planetas, cómo
funcionan, y por qué al menos la Tierra contiene vida. Para ello, se encarga
del estudio de los planetas y de sus sistemas planetarios desde el punto de
vista científico, incluyendo el estudio de sus lunas, sistemas de anillos,
nubes de gases, y magnetosferas. Puede parecer una definición complicada, pero
básicamente viene a decir, que los científicos planetarios nos encargamos de
entender cómo los sistemas planetarios se forman, cómo se organizan y
evolucionan en el tiempo, y cómo todos sus componentes interaccionan entre
ellos. Es una disciplina en la que todos los campos de la ciencia son
bienvenidos, como la física, la química, la astronomía, las ciencias
atmosféricas, la geología, la geodesia, la biología, etc. En mi caso
particular, mi especialidad es la física del plasma espacial. Esta motivación
ha inspirado una serie épica de 50 años de viajes exploratorios a través de
naves espaciales que han visitado casi todo tipo de cuerpo planetarios en
nuestro vecindario espacial.
¿Cómo se da respuesta a todas estas preguntas?
Los científicos planetarios usamos numerosas técnicas
diferentes, que engloban numerosas ramas de la ciencia. Por ejemplo, mandamos
naves no tripuladas a otros planetas para obtener datos de todo tipo, como
datos atmosféricos, químicos, geológicos o magnéticos. Todas las imágenes de la
Fig. 1 fueron tomadas por este método. También usamos grandes telescopios para
hacer observaciones de planetas y lunas distantes, o de cometas. Estos
telescopios se encuentran tanto en las montañas más altas de la Tierra (por
ejemplo, en Hawái, los Andes o el Teide en las islas Canarias), como en el
espacio (por ejemplo, el telescopio espacial Hubble). Todas las imágenes de la
Fig. 2 fueron tomadas desde el espacio por el telescopio Hubble. En algunos
casos, hacemos experimentos en laboratorios o en diferentes lugares de la
Tierra que puedan replicar diferentes condiciones planetarias. Por ejemplo, Rio
Tinto en Huelva es un excelente análogo marciano, puesto que sirve para
reproducir las condiciones de acidez extremas encontradas en la superficie de
Marte. Todos los datos obtenidos de cualquiera de las maneras anteriormente
expuestas, son analizados por nosotros en nuestros ordenadores con programas
específicos y comparados con modelos teóricos que previamente fueron desarrollados.
Fig. 2. a) Imagen de la aurora de Júpiter. b) Foto del cometa Siding Spring
(C/2013 A1) a su paso por Marte. Ambas imágenes fueron tomadas por el
telescopio espacial Hubble.
En muchos casos, estos datos permiten crear modelos nuevos del
campo particular de estudio.
Un caso concreto: La exploración de Marte
Uno de los principales cuerpos del Sistema Solar que ha sido y
está siendo estudiado en profundidad, es Marte. Muy probablemente, la respuesta
a la pregunta sobre si hay o ha habido vida en el Sistema Solar, se podría
encontrar allí. Marte pudo tener las condiciones óptimas (especialmente en su
temprana historia) donde se piensa se pudieron originar componentes
prebióticos, que son los causantes de la vida en la Tierra entre otros. A lo
largo de la historia, Marte ha sufrido cambios colosales en las condiciones de
su superficie, donde todo indica que antes hubo océanos. Estos cambios fueron
producidos por los bruscos cambios de temperatura (cambios climáticos) a lo
largo de su órbita alrededor del Sol (la órbita de Marte es muy elíptica), y
también por cambios en la radiación solar que llegaba a Marte y gases de efecto
invernadero. Gracias a esta evolución, los científicos planetarios pensamos que
Marte puede conservar casi intactos los signos de procesos prebióticos, que
hace mucho desaparecieron en la Tierra. Por lo tanto, si encontrásemos estos
signos, Marte sería un laboratorio real en el que poder observar y entender
cómo la vida se abrió camino en la Tierra. Esto es esencial para nosotros
puesto que la evolución geológica, química y biológica van de la mano.
La exploración de Marte y la posibilidad de que allí hubiera
vida, han captado desde siempre la atención de la humanidad, pero no fue hasta
1960 cuando la URSS lanzó la primera misión con destino a este planeta, la
Marsnik-1. Desde entonces, casi 50 misiones (y 6 en construcción para ser
enviadas en los próximos años) han tenido el mismo objetivo: profundizar en los
conocimientos de nuestro vecino y entender la evolución que lo ha llevado a su
estado actual.
Hoy por hoy, hay ocho misiones activas en el entorno de Marte:
1. La sonda Mars Odyssey de la NASA (agencia espacial americana)
lanzada en 2001
2. La sonda Mars Express de la ESA (agencia espacial europea)
lanzada en 2003
3. El vehículo robótico Opportunity de la NASA en la superficie de
Marte lanzado en 2003
4. La sonda Mars Reconnaissance Orbiter de la NASA lanzada en 2005
5. El vehículo robótico Mars Science Laboratory
("Curiosity") de la NASA lanzado en 2011
6. La sonda MAVEN de la NASA lanzada en 2013
7. La sonda MOM de la India lanzada también en 2013
8. La sonda ExoMars TGO de la ESA lanzada en 2016
Un poco de mi investigación…. ¿Está perdiendo Marte
atmósfera en el espacio?
Estudiar el espacio se puede hacer desde muchas perspectivas,
como la astronomía y la astrofísica. Pero a mí lo que de verdad me gustaba era
la exploración de los planetas, el poder mandar robots o personas a otros
lugares del espacio. Por eso me decidí a estudiar Física, y en concreto, hice
la especialidad y Máster de Geofísica y Meteorología. Con esta formación hice
mi Doctorado sobre la ionosfera de Marte. Y, ¿qué es la ionosfera? Pues la
ionosfera es la capa más alta de la atmosfera de un planeta, luna o asteroide,
que como su nombre indica, se encuentra en una larga proporción formada por
iones, es decir, en el estado de plasma (que es el cuarto estado de la
materia). Estos iones se producen gracias a la radiación solar, en concreto a
la radiación en el extremo ultravioleta y en rayos-X, que al ser muy
energética, es capaz de ionizar las moléculas de la atmosfera más alta y formar
iones. Como la ionosfera es un plasma formado de muchísimos iones y también
electrones, es un medio conductor. Esto quiere decir que la física que describe
su comportamiento, sigue las leyes de los campos eléctricos y magnéticos.
Marte a diferencia de la Tierra, no tiene un campo magnético
global que proteja al planeta.
Fig. 3. Representación de la tormenta solar gigante que llegó a Marte en
Septiembre de 2017. Las líneas blancas representan el campo magnético
interplanetario y las partículas de color naranja-rojizo el viento solar. El
arco blanquecino alrededor de Marte representa el “choque de arco” que es
producido por el impacto del viento solar con la alta atmósfera. El cuadrado
inferior contiene observaciones de Mars Express de este evento, donde se
aprecia un incremento de más de dos órdenes de magnitud en las partículas
registradas por la nave.
Este campo magnético en la Tierra hace que nuestra atmosfera
quede protegida dentro de una cavidad que se llama "magnetosfera".
Sin embargo, en el caso de Marte, la ionosfera se encuentra en contacto directo
con el "viento solar". Es bueno indicar que el medio interplanetario
no está vacío, sino que está lleno de partículas de alta energía procedentes
del Sol que se conocen como viento solar. A su vez, existe un campo magnético
interplanetario que se expande por todo el Sistema Solar y procede del Sol. La
magnitud del campo magnético interplanetario suele ser relativamente pequeña,
unos 5 nT en Marte, aunque en caso de una tormenta solar como la de la Fig. 3,
esta magnitud aumenta muy notablemente. Por tanto, la ionosfera de Marte se
encuentra en contacto directo con el viento solar y con su campo magnético, lo
que hace que se produzca un choque supersónico entre el plasma procedente del
Sol y el plasma de la ionosfera de Marte, que se manifiesta en forma de arco
como se ve en la Fig. 3. Mi trabajo consiste en estudiar este choque, que
dependiendo de si llega una tormenta solar a Marte o no, puede ser muy intenso.
Como consecuencia fundamental, la atmosfera de Marte se está erosionando y
perdiendo en el espacio. Esta es una de las principales razones por la que la
atmosfera de Marte es muy delgada en la actualidad y hace a su vez, que el
planeta sea tan árido.
Para concluir…
Miles de lugares exóticos y únicos os están esperando para que
los exploréis y para que ayudéis a dar respuestas a las grandes preguntas que
aun a día de hoy no se han podido resolver. La exploración y la ciencia
planetaria van siempre de la mano y todo lo que nos pueden aportar tanto a
nivel personal, en forma de una carrera científica, como a nivel colectivo, en
forma de descubrimientos, avances en tecnología, etc., son excepcionales. Si te
gusta la ciencia y el espacio, ¡éste es tu sitio!
Y por supuesto, nunca debéis olvidar que como dijo Isaac Newton
(1643-1727): "Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los
hombros de gigantes".
Beatriz Sanchez-Cano
Doctora en Ciencias Físicas
Post-Doctoral Research Associate, University of Leicester, Reino
Unido.
Capítulo 68
Y yo quiero ser...Cosmóloga Observacional
(Por Ana Isabel Salvador Junco)
Uno de pequeño no sabe qué es la cosmología, pero sí sabe mirar
al cielo y ver las estrellas. Así fue como terminé haciendo un doctorado en
cosmología, mirando estrellas. Desde pequeña mi madre me llevaba de noche a ver
la lluvia de estrellas del 15 de agosto, las perseidas. Pasábamos los veranos
en un pequeño pueblo de León y allí el cielo es precioso. Siempre me preguntaba
¿qué eran las estrellas?, ¿dónde estaban?, ¿cómo se movían?, ¿qué había más
allá?... Así que estudié Física y después terminé especializándome en
cosmología, que es la ciencia que estudia el Universo.
Podemos decir que todos (sí, tú también) llevamos un físico
dentro, todos nos hacemos preguntas acerca del mundo que nos rodea. Todos los
que habéis mirado alguna vez al cielo y os habéis hecho preguntas, además de
físicos sois cosmólogos. La cosmología es una de las ciencias más antiguas; ya
los griegos, los chinos y los egipcios hace miles de años se preguntaban cómo
era el Universo. Durante años la cosmología se ha limitado a ser una ciencia
principalmente teórica. Sin embargo, con el desarrollo de la tecnología hemos
pasado de ver unas pocas galaxias en placas fotográficas hace 50 años, a tener
hoy en día cámaras muy potentes en grandes telescopios que toman imágenes de
millones de galaxias en pocos minutos.
Vivimos una época dorada de la cosmología con un gran número de
observaciones de cada vez mayor precisión. Es a través de las observaciones
como podemos contrastar las teorías y modelos que se han hecho durante siglos
sobre el Universo. Hay telescopios en Tierra y en órbita. Los que están en el
espacio tienen la ventaja de no tener atmósfera que distorsione sus
observaciones, de no depender del tiempo, y de poder observar durante todo el
día. Su inconveniente es que son muy caros y si algo se estropea no es fácil de
arreglar.
El descubrimiento de la materia oscura y la energía oscura en el
siglo XX ha supuesto una revolución en cosmología. La naturaleza de estos dos
componentes del Universo es uno de los grandes retos de la cosmología hoy en
día. Desconocemos el origen del 95% del contenido energético del Universo, al
5% que conocemos (la materia de la que nosotros estamos formados, lo que forma
los planetas, las estrellas y las galaxias) es lo que llamamos materia
bariónica. Las observaciones nos dicen que el ~26% del Universo es materia
oscura, un tipo de materia que no vemos pero que sabemos que está ahí por sus
efectos gravitatorios. Y por último, el ~69% del Universo es energía oscura, un
tipo de energía que desconocemos y hace que el Universo se esté expandiendo
aceleradamente.
Las observaciones del Universo han llevado a establecer el
modelo estándar de la cosmología, llamado ΛCDM por sus siglas ’Cold Dark
Matter’ o ’Materia Oscura Fría’; y Λ por la energía oscura, cuyo modelo más
simple es una constante cosmológica. Hoy en día grandes colaboraciones formadas
por cientos de científicos toman datos para seguir comprobando el modelo
estándar a grandes y pequeñas escalas, e intentar averiguar la naturaleza de la
materia oscura y la energía oscura. Las principales observaciones para ello hoy
en día son:
- El fondo cósmico de
microondas (Cosmic Microwave Background, CMB). En el origen del Universo todo
era una sopa de partículas muy caliente (todas las partículas chocaban
continuamente unas con otras). Con el tiempo esta sopa de partículas se fue expandiendo
y haciendo cada vez más grande. Esta sopa estaba formada por fotones
(partículas que forman la luz y no tienen masa) y lo que los cosmólogos
llamamos bariones (partículas que tienen masa y van más despacio que la
velocidad de la luz). Al expandirse el Universo, se enfría la sopa de
partículas y llega un momento en que los fotones ya no chocan apenas con los
bariones, y decimos que se desacoplan. Cuando el Universo tenía unos 380.000
años los fotones se separan de los bariones y viajan libremente por el Universo.
Viajan hasta hoy en día que podemos detectarlos en todas direcciones con
grandes telescopios de microondas. Primero COBE, después WMAP y hoy en día
Planck han sido los satélites principales encargados de estas observaciones.
- Las supernovas de tipo
Ia. Las supernovas son explosiones estelares, en particular las de tipo Ia se
producen cuando una enana blanca (estadío final de una estrella como el Sol)
está en un sistema binario con otra estrella de la que acreta materia hasta
explotar. Una sola supernova puede llegar a brillar tanto como una galaxia
entera. Se utilizan para medir distancias. Gracias a este tipo de supernovas se
descubrió la expansión acelerada del Universo, con la publicación de los
resultados de los proyectos ‘Supernova Cosmology Project’ y ‘High-z Supernova
Search Team’ en 1998.
- Las lentes
gravitacionales. Se forman cuando un objeto masivo (lente) curva la luz que
viene de un objeto que se sitúa detrás suyo (fuente) en nuestra línea de
visión. La forma y luminosidad de la fuente se ven distorsionadas por la lente.
Existen distintos tipos de lentes gravitacionales que pueden utilizarse para
encontrar planetas extrasolares, detectar objetos muy masivos que no emiten luz
como agujeros negros, y también para estudiar la energía oscura y la materia
oscura.
- Las oscilaciones
acústicas de bariones. En el Universo primitivo, bariones y fotones se
comportaban como un único fluido. La atracción gravitatoria de los bariones se
contrarrestaba con la presión de radiación de los fotones creando ondas de
presión, lo que se denominan oscilaciones acústicas de los bariones (BAO).
Cuando los fotones se desacoplan, estas oscilaciones se ‘congelan’ y puede
verse su huella en la distribución de galaxias y en el CMB. Se observaron por
primera vez en la distribución de galaxias en 2005 por la colaboración SDSS
‘Sloan Digital Sky Survey’.
- Los cúmulos de
galaxias. Son las estructuras más grandes observadas en el Universo. Podemos
medir su distancia y ver cómo ha cambiado su densidad a lo largo de la historia
del Universo. Por lo tanto, podemos utilizarlos para averiguar más cosas sobre
la historia de la expansión del Universo.
Las ondas gravitacionales y la detección directa e indirecta de
materia oscura también son importantes observaciones cosmológicas que se están
llevando a cabo hoy en día, pero haría falta otro capítulo para hablar de ello.
Yo trabajaba en la colaboración internacional ‘Dark Energy
Survey’. Esta colaboración fue creada para descubrirla naturaleza de la energía
oscura y ha construido una potente cámara digital de 570 Megapixeles, DECam,
instalada en el telescopio Blanco de 4 metros en Cerro Tololo en Chile. Lo que
tiene de especial DES es que combina cuatro maneras diferentes de estudiar la
energía oscura: supernovas de tipo Ia, oscilaciones acústicas de bariones,
cúmulos de galaxias y lentes gravitacionales.
Durante mi doctorado lo que hice fue desarrollar un método para
medir el bias con datos del ‘Dark0 Energy Survey’.
La relación entre la distribución de galaxias y la de materia
oscura es a lo que llamamos bias de las galaxias. Lo que
observamos con un telescopio son galaxias, no materia oscura, ya que esta no
emite luz. Las galaxias se forman en los halos de materia oscura, y por lo
tanto trazan la distribución de materia oscura. Es como si quisiéramos saber
dónde están los continentes en la Tierra mirando una imagen del planeta de
Noche. Entender la relación entre galaxias y materia oscura es esencial para
calcular los parámetros del modelo estándar y conocer la distribución real de
materia en el Universo.
Ana Isabel Salvador Junco
Doctora en Cosmología
Actualmente viajo por el mundo divulgando ciencia, puedes seguir
mis aventuras en: http://acogeauncientifico.com/
Al terminar el doctorado me di cuenta de que me gustaba más
hablar de mi investigación que realmente hacerla, por eso quiero dedicarme a la
divulgación y la docencia.
Capítulo 69
Y yo quiero ser...Cosmólogo
(Por Juan García-Bellido Capdevila)
Cosmólogo es aquel que estudia el Universo como un todo. Como
eso es inabarcable, uno tiene que romperlo en pedacitos de tiempo y espacio, y
estudiar cada parte por separado. Hay cosmólogos que estudian el universo
primitivo, desde el origen del Universo y el proceso inflacionario que dio el
pistoletazo de salida, hasta aproximadamente un segundo de vida, cuando se
formaron los primeros elementos.
Fig. 1. The universe´s timeline, from inflation to the
WMAP. Crédito: NASA/WMAP
Science Team
Estos investigadores suelen tener una formación de físicos de
partículas y les interesan los procesos que tienen lugar en los aceleradores
como el Gran Colisionador de Hadrones del CERN. Otros estudian el universo
tardío, desde un segundo hasta hoy en día, trece mil ochocientos millones de
años más tarde. Estos investigadores suelen tener una formación de astrofísicos
y les interesan las explosiones de supernovas, la formación de galaxias, la
materia oscura y la expansión acelerada del universo, usando telescopios muy
potentes en altas montañas o en órbita alrededor de la Tierra.
Naturalmente, el Universo es más que la suma de sus partes,
luego lo ideal para un cosmólogo es formarse tanto como físico de partículas
relativista como astrofísico, pues muchas veces las respuestas a las preguntas
fundamentales sobre el Universo están tan imbricadas que tanto uno como otro se
quedan cortos. Esta formación lleva tiempo, mucha paciencia y mucho tesón, pero
la recompensa en inmensa pues no hay nada más maravilloso como ser capaz de
comprender fenómenos que abarcan sesenta órdenes de magnitud en tiempo y
espacio, que involucran todas las fuerzas de la naturaleza y requieren del
conocimiento profundo de las herramientas más poderosas que tiene el físico: la
relatividad general, la mecánica cuántica y la termodinámica.
Yo he tenido la suerte de conocer a algunos de los cosmólogos
más famosos de la segunda mitad del siglo XX, como Stephen Hawking, Jim
Peebles, Rashid Sunyaev, Joe Silk, Igor Novikov, Alan Guth, Andrei Linde,
Alexander Dolgov, Kip Thorne, etc. Todos ellos se caracterizan por tener una
visión particular del universo, a veces muy distintas unas de otras, pero, al
fin y al cabo, consistentes. Es difícil encontrar un denominador común a todos
ellos, excepto quizá su enorme curiosidad y su infatigable ansia de comprender
fenómenos muy alejados de nuestra experiencia cotidiana, donde es necesario
usar la imaginación y una visión espacial y temporal muy amplia.
Es por eso que es difícil aconsejar a un(a) investigador(a)
joven qué camino tomar para ser un(a) cosmólog(a) profesional. En mi caso,
recuerdo muy bien con catorce años leer el libro de Asimov "El
Universo" y quedarme fascinado con lo que allí se describía. Cuando entré
en la universidad estaba convencido de que quería ser astrofísico, pero pronto
me di cuenta de que necesitaba una formación más teórica si quería entender el
origen del universo, de manera que me formé como físico de partículas, pasé
temporadas en el CERN, hice la tesis en teoría de cuerdas, y me fui de postdoc
a Stanford con Andrei Linde, a trabajar en la teoría inflacionaria. A la vuelta
a Europa me di cuenta de que necesitaba conocer de primera mano las
observaciones que se estaban haciendo en el fondo cósmico de microondas, en la
formación de galaxias y en la expansión acelerada del universo. Fueron años en
los que la Cosmología pasó de ser una ciencia fundamentalmente especulativa a
una ciencia experimental.
Desde 2005 empecé a formar parte de colaboraciones científicas
como el Dark Energy Survey, el Physics of the Accelerating Universe Survey, el
consorcio Euclid de la ESA, el Cosmic Origins Explorer, el Large Synoptic
Survey Telescope y, más recientemente, el detector de ondas gravitacionales en
el espacio, Laser Interferometer Space Antenna. La perspectiva que da
comprender cómo se obtienen los datos, cómo se limpian de errores sistemáticos
y finalmente cómo se interpretan en el contexto de las últimas teorías físicas,
es algo que me emociona profundamente y que justifica con creces los esfuerzos,
las pequeñas frustraciones y sinsabores que toda profesión tiene.
Por ello, animo fuertemente a los jóvenes a participar
intensamente en la aventura del saber que es comprender el universo, desde lo
más pequeño a lo más grande.
Juan García-Bellido Capdevila
Doctor Física Teórica
Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid
Capítulo 70
Y yo quiero ser...Especialista en Fotónica
(Por José Ramón Martínez Saavedra)
Dicen que los adolescentes solo escuchan a dos personas: a sus
ídolos musicales y a su profesor de bachillerato. Es una forma —en mi opinión,
bastante acertada— de exponer la gran influencia que puede llegar a tener un
buen (o un mal) profesor sobre la carrera de sus alumnos; más aún, incluso, que
su entorno familiar más cercano.
En mi caso particular, debo admitir que Juan Carlos (mi profesor
de física) tuvo muchísimo que ver con que yo quisiera ser físico: hasta
entonces, yo tenía clarísimo que quería ser… bueno, la verdad es que tampoco lo
tenía demasiado claro. Por un lado, los ordenadores me han apasionado desde muy
pequeño (en mi casa todavía hay quien me llama «el botones»), y he sabido desde
siempre que quería hacer algo que involucrase trabajar con ordenadores; por
otro lado, empecé a militar en política relativamente joven —a los 14—, y
quería hacer algo relacionado con legislación (ya sean ciencias políticas,
derecho, o alguna carrera del estilo). La entrada de Juan Carlos en escena, en
última instancia, hizo que me interesara más por las leyes naturales que por
las emanadas de cualquier parlamento.
Y así fue como, tras dos años de bachillerato, al final acabé
matriculándome en la Facultad de Física de la Complutense, en Madrid. Me
gustaría decir que fui un estudiante ejemplar, pero tengo que reconocer que
falté a muchas más clases de las que estoy dispuesto a admitir en público,
especialmente en los últimos años. Solo iba a aquellas en las que consideraba
que mi tiempo estaba mejor invertido yendo a clase que estudiando el temario
por mi cuenta: de esta forma terminaba disfrutando de todas las asignaturas
—tanto de las clases magistrales de los buenos profesores como de pelearme con
los conceptos de las materias que estudiaba en la biblioteca. Además, también
conseguía así evitar el efecto desmotivador de muchas clases (¿alguien dijo
"Álgebra Lineal"?).
También, al hacerlo de esta forma, encontré un patrón
interesante en mi conducta: mientras que evitaba todo lo posible asignaturas
relacionadas con astrofísica y me escaqueaba de muchas de física nuclear,
siempre asistía a asignaturas relacionadas con física computacional,
electrónica y óptica. Tanto es así que el último año de carrera estuve buscando
sitios donde hacer un doctorado en (al menos) una de estas tres áreas. Se ve
que tuve suerte, porque tras buscar un poco acabé en un programa de Máster (y
de doctorado después) en Fotónica, un área que involucra estas tres áreas de la
Física a la vez. En mi opinión, es precisamente esta vertiente multidisciplinar
la que le da a la Fotónica un toque especialmente interesante, sobre todo al
compararla con otras ramas de investigación similares (como la Óptica, por
ejemplo). Más que una investigación fundamental sobre las propiedades de la
luz, en Fotónica también es crítico investigar cómo manipularla, y emplear esos
conocimientos en otras ramas del conocimiento: de ahí, la aparición de
distintas disciplinas dentro de la Fotónica como pueden serla Optoelectrónica,
la Física del Láser, la Física de Fibras Ópticas, la Computación Cuántica, la
Biofotónica, la Óptica Cuántica o la Nanofotónica.
Podría intentar describir cada una de estas ramas con un cierto
detalle, pero temo tanto no ser capaz de hacerles justicia a ninguna como
irritar al editor al pasarme del límite de páginas del capítulo. De todas
formas, no resulta demasiado difícil de verla influencia de muchas de estas
disciplinas en las tecnologías actuales más avanzadas. Por poner un solo
ejemplo de cada una: el desarrollo de paneles solares está fuertemente
influenciado por los últimos avances en optoelectrónica, siempre buscando
arañarle un poco más de energía a la luz solar; la aparición de láseres
ultrarrápidos permite a los químicos estudiar reacciones moleculares en
tiempo real, incluso con miles de átomos simultáneamente; los avances en
fibras ópticas cada vez permiten transmitir más y más información (y sostener,
por tanto, más y más conexiones a Netflix); la entrada en escena de los
ordenadores cuánticos prometen cambiar radicalmente la informática tal y como
la conocemos; por último, la Fotónica también ha influido en la aparición de
nuevas terapias contra el cáncer, algunas de las cuales emplean la luz para
destruir células tumorales.
Todos estos ejemplos, a su vez, descansan sobre los estudios y
avances en las ramas más fundamentales de la Fotónica: la Óptica Cuántica
(comprender cómo se comporta la luz cuando no se puede estudiar como un campo
electromagnético clásico) y la Nanofotónica (estudiar la interacción entre luz
y materia en escalas muy, muy pequeñas) extienden nuestro conocimiento de la
luz más allá de los confines de la Óptica Clásica, y nos permiten «ver» los
componentes más básicos, fundamentales y diminutos de la materia ordinaria.
Bueno, y de la no tan ordinaria: el conocimiento en profundidad de la
interacción luz-materia ha permitido la aparición de la disciplina de los
simuladores cuánticos: sistemas físicos configurados de tal forma que simulan
el comportamiento de otros, los cuales son prácticamente imposibles de estudiar
de otra forma (como, por ejemplo, las interacciones dentro de los núcleos
atómicos).
Cualquiera de estos temas, a título personal, me resulta
increíblemente interesante. Además, todos ellos son auténticos retos, y eso es
importantísimo: es complicado mantener la motivación y las ganas de hacer
física si no supone un desafío. Sin embargo, que sea un reto es a la vez un
arma de doble filo: no todo el monte es orégano, que diría mi
abuela. Los periodos de frustración existen: da igual que lleves haciendo
física cuatro meses (en una estancia de verano), cuatro años (como yo), o
cuatro décadas (como he podido observar en algunos profesores); es necesario
capear la frustración, de una forma o de otra, y no es sencillo. De todas
formas, estas etapas se pasan, los retos se superan, y la sensación de logro
que queda es única y casi irremplazable.
En resumen, lo único que le puedo aconsejar a alguien que esté
valorando hacer ciencia es «elige la rama que te motive». Yo lo hice, y a día
de hoy estoy más motivado que nunca a continuar.
José Ramón Martínez Saavedra
Doctorando en Fotónica
ICFO-Institut de Ciències Fotòniques, Barcelona
Capítulo 71
Y yo quiero ser...¡Exploradora del Vacío!
(Por Claudia García)
¿Perdón?
¿Exploradora del vacío?
¿Cómo que del vacío?
¿Quieres ser astronauta o algo parecido?
Esas son las preguntas que me hubiera hecho yo, hace unos años,
si hubiera leído un título tan raro como este. Probablemente hubiese pensado
que quien lo había escrito debía de ser algún flipado intentando captar mi
atención. Y lo malo es que lo habría conseguido. ¿Sabes por qué? Precisamente
porque me habría picado la curiosidad con esas preguntas, y sería incapaz de no
buscarles respuesta. De haber leído ese título tan raro, y haberme planteado
tantas preguntas, me habría puesto a leer como loca el capítulo para intentar
entender a qué se refería el autor con 'explorar el vacío'. Al sumergirme en
las páginas del libro me habría enterado de que quien lo escribió no pretendía
ser un astronauta, sino un físico teórico dispuesto a interrogar a una
partícula fundamental y a desvelar sus secretos. Me refiero al bosón de Higgs.
Pero, ¿qué es una partícula fundamental? y ¿qué es el bosón de
Higgs? Y ya puestos… ¿qué es el vacío? ¡Vaya!, ¡más preguntas!… pues nada,
tendré que ponerme a buscar la respuesta.
Con una tontería como leer un día un libro que me llevó a
hacerme preguntas, terminé metida de cabeza en la universidad estudiando
física. Y tiene gracia, porque después de terminar mi primer año de carrera se
descubrió el bosón de Higgs, cuyas propiedades y naturaleza terminaría
estudiando años más tarde (aunque, por supuesto, yo entonces no lo sabía).
Pasaron los años entre horas y horas en la universidad, física por todas partes
y sobre todo, muchas risas. Tuve la suerte de conocer a la mejor gente que hay
ahora mismo en mi vida, y que fueron capaces de guiarme y de motivarme a lo
largo de una época llena de dudas sobre el futuro. Y así llegué al último año
de carrera, en el que por fin descubrí lo que era una partícula elemental y ¡lo
que era el bosón de Higgs! Pero claro, descubrirlo no es lo mismo que
entenderlo.
Fig. 1: La mecánica cuántica puede parecer muy extraña a veces, pero también
puede resultar muy divertida.
Después de terminar la carrera seguía con muchas preguntas en la
cabeza, así que decidí seguir adelante en la búsqueda de respuestas. Un Máster
en Física Teórica más tarde, empecé el doctorado en el que ahora investigo para
descubrir las propiedades y la esencia del bosón de Higgs... ¡Me había
convertido en Exploradora del Vacío!Y aun así sé que todavía no entiendo ni la
mitad de lo que la naturaleza quiere decirme. Pero esa es la gracia, ¿no? Que
siempre haya una pregunta para poder seguir buscando una respuesta. Y te
aseguro que la sensación al encontrar esa respuesta no puede compararse con
nada, aunque después surjan mil preguntas más. Pero bueno, después de haberte
soltado todo el rollo de cómo llegué a dedicarme a esta profesión tan peculiar,
la de 'explorar del vacío', ha llegado el momento de contarte qué narices es el
vacío, y sobre todo, cómo se explora. Vamos allá.
La verdad es que te he engañado un poco, porque el vacío del que
llevo hablando ya una página no es el que se nos vendría a todos a la cabeza.
El concepto de vacío que aprendemos en el cole es el de un espacio en el que no
hay nada, que está libre de materia. Yo, por ejemplo, me lo imagino como un
lugar completamente blanco, sin nada dentro. Pero yo no te he estado hablando
de este vacío; del que yo quería hablarte es del vacío cuántico. El vacío
cuántico es el estado de mínima energía de un sistema (cuántico), y nos
interesa porque sabemos que el universo es más bien perezoso, y siempre tiende
a la menor energía posible. Supongo que ahora mismo que te diga que el vacío
cuántico es importante no te dice gran cosa, tranquilo, es normal. Para
entender su relevancia hay que aprender un par de cosas primero, como por
ejemplo, ¿qué significa que sea cuántico?
Fig. 2: Las partículas elementales son las piezas de Lego del universo… y
también el pegamento que las mantiene unidas.
A principios del siglo XX, los físicos se dieron cuenta de que
las leyes que ellos creían que regían la naturaleza dejaban de funcionar bien
cuando intentaban aplicarlas a escalas muy pequeñas, tan pequeñas como un
átomo. Por ello tuvieron que desarrollar nuevas leyes que les permitieran
explicar el comportamiento de estos objetos muy pequeños. Esas nuevas leyes se
llamaron mecánica cuántica, y son una de las rayadas más grandes que la ciencia
se haya inventado nunca, pero... funcionan. Nos permiten explicar sucesos que
hemos comprobado experimentalmente cuando investigamos en distancias muy
pequeñitas, y nos permiten describir de forma correcta el comportamiento de las
partículas elementales.
De ahí llegamos a nuestra siguiente pregunta, ¿qué es una
partícula elemental? No sé si alguna vez te has preguntado de qué estás hecho,
y de qué está hecho todo lo que te rodea. Quizá hayas empezado por algo más
simple, y te hayas preguntado de qué está hecha una cosa concreta. Si lo has
hecho, probablemente hayas terminado desmontándola, o cargándotela, para
averiguar qué tenía dentro, y hayas descubierto que estaba hecha de cosas más
pequeñas. Bueno, pues cuando llegamos a algo que ya no podemos cargarnos más lo
llamamos partícula elemental. Los físicos llamamos a nuestras "piezas de
Lego" —aquellas que no están hechas de nada más pequeño y que nos sirven
para construir todo lo que vemos— partículas elementales o fundamentales. Y son
unos bichos muy interesantes. Resulta que cuando te pones a mirarlas más en
detalle, te das cuenta de que las partículas no son sólo las piezas de Lego,
¡sino que también son el pegamento que las mantiene unidas! Una de las cosas
que nos dice la cuántica es que las partículas tienen dos caras, que pueden
comportarse o bien como partículas, como cuerpos, o bien como ondas,
dependiendo de sus circunstancias.
Entonces, si nos ponemos a pensar en una onda que conozcamos,
como la luz, ¿quiere esto decir que de nuestras bombillas salen partículas?
¡Pues claro! La luz es una onda electromagnética y su otra cara —su partícula
asociada— es el fotón.
Fig. 3: El Modelo Estándar de la física de partículas.
Esto quiere decir, que, gracias a la cuántica, podemos entender
la fuerza electromagnética a través del intercambio de fotones. Por ejemplo,
sabemos que las cargas iguales se repelen debido a la fuerza eléctrica. O,
dicho de otra forma, si dos electrones que van viajando por ahí cruzan sus
caminos, se intercambiarán un fotón, cambiando sus trayectorias y repeliéndose.
No suena tan raro así contado, ¿verdad? Todo este asunto de entender qué son
las partículas fundamentales y cómo se hablan entre ellas llevó muchos años de
investigaciones y experimentos. Después de muchos quebraderos de cabeza, los
físicos de mediados del siglo XX consiguieron formular una de las teorías más
precisas de la historia de la ciencia: el Modelo Estándar. Esta teoría nos dice
cuántos tipos de partículas fundamentales hay, cómo se clasifican y cómo hablan
entre ellas.
Pero la teoría tenía algunas pegas. Se conocían bastantes
partículas gracias a los experimentos, y la mayoría de ellas tenían masa, pero,
¿de dónde la sacaban? Además, algunas de las partículas que transmitían las
fuerzas tenían masa cuando, en principio, la teoría se lo prohibía. ¿Qué estaba
pasando? Lo que estaba pasando es que faltaba una pieza del puzle. Faltaba por
añadir una partícula a la lista del Modelo Estándar: el bosón de Higgs. El
bosón de Higgs (el Higgs para los amigos) es la partícula que nos permite
explicar las masas de (casi) todas las partículas elementales que conocemos a
día de hoy. También resuelve el problema de por qué algunas partículas que
pensábamos que no debían tener masa sí que la tenían. Así, este bosón llegó
como el salvador del Modelo Estándar, completándolo al fin.
Pero no estaba todo hecho, ni mucho menos. En ciencia, las
teorías, las ideas, hay que probarlas. Y la cosa es que, por muy bonito que
fuera el bosón de Higgs, hasta ese momento sólo era una idea que
"tenía" que ser verdad para que todo funcionara, pero que nunca nadie
había visto en un experimento. ¿Por qué? Porque las teorías no predecían sus
propiedades. Nadie sabía cuál tenía que ser su masa ni cuáles tenían que ser
sus características principales, así que era muy difícil de encontrar, simplemente
porque no se sabía dónde buscar.
Fig. 4: El bosón de Higgs, salvador del Modelo Estándar.
Sin embargo, después de casi 50 años, por fin se encontró al
Higgs en el LHC, el Gran Colisionador de Hadrones, un cacharro enorme con forma
de rosquilla que, básicamente, acelera dos partículas a muchísima energía y las
hace chocar entre sí para que nos cuenten sus secretos y propiedades.
Fig. 5: Colisión de partículas en el LHC en la que se ha producido un bosón
de Higgs.
Así se terminó de completar el Modelo Estándar, y se
consiguieron medir la masa y las propiedades de esta escurridiza partícula.
Pero a día de hoy nadie entiende por qué el Higgs es como es. Y a esto me
dedico yo, a inventarme explicaciones de por qué el Higgs es tal y como lo
hemos visto en el LHC, y a predecir cuáles serían las consecuencias que ello
tendría. Así, si en el futuro se mide alguna de estas consecuencias, sabré que
mis invenciones eran ciertas.
¿Y qué tiene que ver todo esto con el vacío del que hablábamos
al principio? Resulta que el hecho de que el Higgs fuera capaz de explicar las
masas de las partículas, y de arreglar las otras pegas que tenía el Modelo
Estándar, viene de su comportamiento en... el vacío cuántico. Por eso, al
investigar las propiedades del bosón de Higgs, ¡me convertí en exploradora del
vacío!
Como veis, explorar el vacío poco tiene que ver con ser
astronauta, ¿o sí que tiene que ver? Esa es una pregunta que tendréis que
intentar responder vosotros, igual que las que os hayan surgido al leer este
capítulo. Preguntando, leyendo, escuchando… Al final la ciencia no es más que
eso, usar los conocimientos que tienes, o que tiene otra gente, para intentar
encontrar las respuestas a las preguntas que nos hacemos sobre cómo funciona lo
que nos rodea. Si alguna vez lo habéis hecho, ya habéis sido científicos. Y si
alguna vez habéis encontrado alguna respuesta, ya sabéis lo que se siente. No
dejéis escapar la oportunidad de seguir sintiéndolo.
Claudia García García
Estudiante de Doctorado en Física Teórica
Universidad Autónoma de Madrid e Instituto de Física Teórica
UAM/CSIC
Capítulo 72
Y yo quiero ser...Filósofo Moderno
(Por Luis J. Goicoechea)
Desde niño sentí la necesidad de entender la realidad que me
rodeaba, de buscar respuestas y desvelar "misterios". Algunas tardes,
con la complicidad de mis primos, abríamos armarios y cajones para encontrar
cartas y fotos que nos permitían reconstruir historias familiares. Con los
textos, las imágenes y algunas preguntas a los mayores de la casa, podíamos
recrear en nuestras mentes las peripecias de parientes en ultramar. A veces,
fuimos incluso capaces de predecir con gran acierto los regalos que nos iban a
traer los reyes magos de oriente… Este "amor por saber", este deseo
de abrir cajones para ver lo que hay oculto en su interior, ha permanecido
conmigo siempre. Sin duda alguna, me siento heredero de los antiguos filósofos
griegos, quienes, hace más de 2500 años, trataban de comprender de forma
racional la naturaleza, al ser humano y al Universo en el que habita. Aquí,
vamos a hablar de esta última faceta de la filosofía, es decir, del cosmos en
general y de mi interés en algunos de sus enigmas.
El Universo en la historia
En la antigua Grecia surgió un movimiento imparable que
pretendía entender y describir propiedades, causas y efectos de fenómenos
naturales. Comenzaban a brotar las distintas ciencias, basadas en un número muy
limitado de experimentos y observaciones, y por lo tanto, plenas de hipótesis,
conjeturas y diferentes teorías. Por aquel entonces, incluso nuestra casa
común, la Tierra, tenía una forma desconocida. Para algunos era plana (Tales de
Mileto), y para otros cilíndrica (Anaximandro) o esférica (Aristóteles).
Tuvieron que pasar muchos siglos para zanjar el tema (expediciones de
Magallanes y Juan Sebastián Elcano circunnavegando nuestro planeta), y varios
más para obtener una confirmación definitiva.
Fig. 1. Grabado Flammarion (1888) mostrando un viajero que alcanza los
confines de una Tierra plana, junto a una imagen de la Tierra tomada por el
Apolo 17 en 1972. (Créditos: NASA).
Los avances científico-tecnológicos del siglo XX nos permitieron
finalmente visualizar la Tierra desde su exterior y ver la gran bola achatada
en la que vivimos. En este último experimento, se resuelve una vieja disputa
filosófica mediante un método sencillo: observar, analizar los datos y extraer
conclusiones. Dicho método científico, o si se prefiere, herramienta
filosófica, no solo nos ayuda a descubrir los apasionantes secretos del cosmos,
sino también en la toma de decisiones personales. En otras palabras, podemos
abordar racional y exitosamente muchos asuntos cotidianos a través del proceso
trifásico que consiste en ver, juzgar y actuar en consecuencia. El trabajo
científico no está alejado del resto de nuestras vivencias, y puede ser una
gran fuente de inspiración a lo largo de nuestra existencia. La ciencia en
occidente avanzó lentamente durante los dos primeros milenios, dándonos pocas
respuestas a las grandes preguntas sobre el Universo. Sin embargo, tras el
final de la era oscura, la dilatada "etapa de armarios cerrados",
llegó el Renacimiento. En los siglos XV, XVI y XVII se produce un detrimento
paulatino de los mitos y dogmas religiosos, en favor de la investigación y el
debate de ideas… ¡comienza la segunda revolución científica! Copérnico propone
que la Tierra tiene tres tipos de movimiento, los planetas orbitan alrededor
del Sol y la distancia Tierra-Sol es pequeña comparada con la distancia a las
estrellas, mientras que Galileo construye los primeros telescopios ópticos de
uso científico, al tiempo que descubre los satélites de Júpiter (corroborando
el modelo heliocéntrico propuesto por Copérnico) y muestra la existencia de
cúmulos de estrellas. Las observaciones sistemáticas del astrónomo Tycho Brahe
fueron también una pieza clave para que Kepler formulase las tres leyes que
rigen el movimiento de los planetas. Kepler no pudo explicar dicho movimiento
mediante un modelo de órbitas circulares, y tras varios intentos, finalmente
comprobó que las observaciones eran consistentes con órbitas elípticas. Pero,
¿por qué giran los planetas alrededor del Sol?, ¿son arrastrados por un fluido
invisible? Las leyes de Kepler fueron posteriormente usadas por Isaac Newton
para construir su ley de gravitación universal, formulando matemáticamente la
idea de una atracción entre dos masas distantes, y así, eliminando la necesidad
de un fluido impulsor. Newton también estableció las leyes de la dinámica, y
participó en el desarrollo del cálculo diferencial e integral. Esta breve
historia de la segunda revolución científica (léase también filosófica), nos da
pistas sobre los pilares en los que debe sustentarse el avance del
conocimiento. Aparte de adoptar un espíritu crítico, abierto y constructivo, es
fundamental la realización de nuevos experimentos y observaciones, el
desarrollo y uso de nuevas tecnologías (así como de métodos de análisis e
interpretación de datos), el acceso a resultados previos y la colaboración
entre investigadores.
Filosofía moderna: el Universo hoy
Tras la tercera revolución científica (durante los siglos XIX y
XX, y los años trascurridos del siglo actual), hemos construido la filosofía
moderna, sustentada en gran medida en la llamada física moderna (estudio y
aplicaciones de la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad). Esta
disciplina, que surgió en los albores del siglo XX de la mano de Max Planck y
Albert Einstein, ha servido para avanzar de forma espectacular en nuestro
conocimiento del cosmos. Por ejemplo, nos permite comprender la generación de
energía en el corazón de las estrellas, la formación de agujeros negros, la
enorme producción de energía en discos gaseosos y chorros de partículas
ultra-relativistas en núcleos de galaxias o la expansión del Universo detectada
por Edwin Hubble. Adicionalmente, la física cuántica también está detrás de la
instrumentación más avanzada para estudiar los astros en diferentes regiones
espectrales, y de los ordenadores usados para el almacenaje y análisis de
datos. Mi fascinación por "lo que hay ahí fuera" comenzó a los 12
años, cuando la vieja televisión en blanco y negro mostraba a dos hombres
caminando sobre la superficie de la Luna. Aún recuerdo la hilaridad y el
escepticismo que provocó aquel acontecimiento histórico en la segunda mitad del
siglo XX. Un abanico de reacciones, que iban desde el entusiasmo más efusivo
hasta la incredulidad de muchos mayores, seguramente incapaces de asimilar la
tremenda transformación tecnológica que habían vivido. A los 17 años me
matriculé en el primer curso de la licenciatura de ciencias físicas, y poco a
poco, me fui "enamorando" de la física moderna. Algo más tarde, en
paralelo a la gran eclosión de la astronomía en España, emprendí un largo
camino por el campo de la astronomía y la astrofísica. Tuve que decidir en qué
armarios quería trabajar y que cajones trataría de abrir, y la ambición me
llevó hacia los sistemas lente gravitatoria. En dichos sistemas, la luz que
emite un núcleo galáctico activo y muy lejano es desviada por el campo
gravitatorio de una galaxia masiva situada entre la fuente luminosa y la
Tierra. La galaxia que interviene actúa como una lente gravitatoria (efecto
relativista), produciendo varias imágenes del núcleo distante. El estudio de
estos objetos cósmicos nos informa sobre la estructura de los núcleos activos,
cuya maquinaria central es muy probablemente un agujero negro supermasivo.
Fig. 2. Imagen óptica del sistema lente “Cruz de Einstein”. El campo
gravitatorio de una galaxia cercana (galaxia lente en rojo) produce cuatro
imágenes de un mismo núcleo galáctico distante (imágenes A-D formando una
cruz).
También nos revela las propiedades de los halos de materia
oscura en las galaxias actuando como lentes, así como del Universo como un
todo. Cada sistema es un 3 en 1, ¡un armario con tres atractivos cajones por
abrir! A pesar de los impresionantes avances durante los últimos años, aún
quedan muchos misterios por resolver. Los esfuerzos de Galileo, Descartes y
Newton tratando de resolver el rompecabezas final del sistema solar (¿fluido
invisible?, ¿acción a distancia?), se repiten actualmente con dos nuevos puzles
fascinantes, en los cuales están involucrados los sistemas lente gravitatoria.
El primero se refiere al origen de los movimientos del gas y las estrellas en
galaxias, así como de las desviaciones de los rayos de luz que cruzan los halos
galácticos. La masa en gas y estrellas no puede explicar dichos movimientos y
desviaciones, y la mayor parte de la comunidad científica piensa que existe un
halo invisible (oscuro) de materia adicional. Se trataría de una materia
exótica, que todavía no ha sido detectada a través de experimentos complejos.
En nuestra galaxia, la Vía Láctea, esta componente exótica que no está formada
por átomos, se comportaría como un gas isotermo. Este escenario de gas isotermo
también funciona en otras galaxias distantes con diferentes morfologías. Sin
embargo, algunos investigadores sugieren que no es necesario invocar la
existencia de materia oscura en galaxias, ya que las observaciones pueden
explicarse mediante una gravedad modificada. Es decir, la ley de gravitación de
Newton pudiera no funcionar a grandes distancias (a escalas galácticas), y con
correcciones adecuadas, sería posible explicar los movimientos de la materia y
las desviaciones de la luz. Un punto débil de esta solución al problema, es que
probablemente se requiere una modificación diferente en diferentes galaxias, y
así, leyes físicas que dependen del laboratorio considerado. El otro gran tema
de debate es la causa de la expansión acelerada del Universo, descubierta por
Saul Perlmutter, Brian Schmidt y Adam Riess mediante la observación de
supernovas distantes. Este hallazgo supuso el Premio Nobel de 2011 para los
tres astrónomos, y abrió un cajón con algunas sombras. Aunque previamente se
suponía que la expansión inicial de las galaxias se deceleraba progresivamente
como consecuencia de la gravedad, los nuevos resultados apuntaban hacia
ingredientes que no se habían tenido en cuenta. Surge así la idea de una
energía oscura que sería responsable de la aceleración observada. Pero este
escenario también tiene un competidor, ya que algunos astrofísicos piensan que
las inhomogeneidades cósmicas (agujeros y cúmulos de materia) pueden explicar
la expansión acelerada.
Te toca a ti
Recientemente, se han publicado estudios sobre la evolución de
los seres vivos, que explican por qué la especie humana evoluciona tan
dramáticamente, mientras que las otras especies animales no lo hacen.
Fig. 3. Niño y gato. (Origen: https://rincondeltibet.com/blog/).
La idea es simple: un gato especialmente "inteligente"
puede aprender muchas cosas durante su vida, pero no es capaz de transmitir ese
conocimiento adquirido a las siguientes generaciones de su especie. De este
modo, cada generación posterior comienza desde cero, sin ningún legado como
punto de partida. Sin embargo, la especie humana ha roto esa maldición de
repetir y redescubrir mediante el estudio y el aprendizaje en edades tempranas.
Así, te toca a ti resolver los problemas abiertos de la filosofía moderna,
abrir cajones inexplorados, emocionarte con el nuevo conocimiento, y
transmitirle a las generaciones venideras para que no se rompa nunca la cadena
y se alcance la utopía de una sociedad basada en la razón, la paz y el
conocimiento.
Luis J. Goicoechea
Doctor en Ciencias Físicas
Catedrático de Astronomía y Astrofísica, Universidad de
Cantabria
Capítulo 73
Y yo quiero ser...Física
(Por Cristina Fernández Bedoya)
¿Y cómo no iba a querer serlo? Cuando uno tiene curiosidad por
todo lo que le rodea y le gusta tocar, abrir, probar, hurgar, romper,
experimentar con todo cachivache que se pone a su alcance… tiene muchas
papeletas para acabar haciendo una carrera de ciencias. Y si además los cuerpos
animados, especialmente los viscosos, te producen cierta repulsión,
¡bienvenido! Vas a acabar en el mundo de las matemáticas, la física, la química
o las ingenierías.
Puede que, sin saberlo, ya desde pequeño quisieras ser físico.
En mi caso, ya desde niña andaba buscando respuestas a preguntas, cuando menos,
ambiciosas: ¿Cómo demonios se creó el mundo? ¿De dónde han salido todas estas
cosas? ¿Por qué se sostiene en pie la Barbie con esos pies tan enanos?
Mi madre lo debió ver claro pues con tres años le pregunté que
de dónde venían los objetos que nos rodeaban. Para salir del apuro me dio la
respuesta sencilla: que todo lo que no habían hecho los hombres lo había hecho
Dios. Rápidamente le contesté que esta era una pregunta seria, que no valía el
típico cuento del hada madrina convirtiendo calabazas por doquier. Lo mismo mi
pobre madre resulta tener razón, pero a mí eso de que me diera una explicación
que no podía demostrar no me pareció nada serio.
La primera asignatura de física propiamente dicha que tuve se
hizo esperar hasta los 16 años. Fue un flechazo. En las películas, a los
adolescentes les meten en la cabeza eso de que cuándo conozcas al amor de tu
vida lo sabrás de inmediato. Es mentira generalmente con las personas, pero no
con la física. ¡Por fin un profesor se dedicaba a explicar cosas que eran
verdaderamente útiles e interesantes! Alguien había desarrollado teorías y
métodos matemáticos para explicar por qué funcionan las cosas, por qué y cómo
caes más rápido según la inclinación de la cuesta, por qué en una olla a
presión la comida se cocina más rápido, por qué los rayos de luz se curvaban en
una lente, cómo se forma un arco iris, cómo se mueven las estrellas, cuánto
tarda la luz del sol en llegar a tu terraza, por qué los aviones pueden volar,
qué hace que funcione un microondas, de la inducción mejor ni hablamos (como
veis la cocina me creaba grandes dudas), de qué está hecha toda la materia que
nos rodea y, rizando el rizo, ¡cómo se creó!
Podría seguir un buen rato, pero el resumen es claro: POR FIN
ALGUIEN SE MOLESTABA EN INTENTAR EXPLICAR CÓMO FUNCIONA EL MUNDO Y DE DÓNDE
VIENEN TODAS LAS COSAS QUE NOS RODEAN. Incluso, lo de la Barbie.
La cuestión última de cómo se creó el universo fue la que dictó
mis primeros años de carrera. El modelo del Big Bang había sido propuesto
recientemente y devoraba artículos de divulgación sobre el desplazamiento al
rojo, las curvas de rotación de las galaxias, los agujeros negros, etc.
Estudiar asignaturas de astrofísica es una de las labores más satisfactorias
que se me ocurrían pues ¿quién no quiere saber cuántos años tiene el universo?
¿Quién no se ha preguntado alguna vez si la Tierra ha existido siempre o cómo
se han podido crear los planetas? ¿A qué distancia estará cada estrella en el
cielo y si se estarán alejando o acercando? ¿Quién puede vivir sin hacerse esas
preguntas? Nadie. ¡Nadie!
Bueno, entonces me eché un novio periodista que me hizo ver que
no todo el mundo tiene esas inquietudes. Me confesó que cuando él miraba las
estrellas lo que pensaba es "esa estrella me cae bien porque parece que me
está guiñando un ojo, pero esa otra es una sosa, tremendamente aburrida…".
Y a los cinco minutos sólo quería irse a tomar una cerveza. Reconozco que en
ese momento pensé que no podíamos ser de la misma especie, que igual yo era muy
rara. Bueno, no, pensé que él era muy raro, pero le tenía cariño. Y gracias a
él entendí que la física convive con nosotros pero que, si te dejas llevar,
puedes ser muy feliz aprovechándote de ella sin plantearte cómo funciona. Leche
fría, minuto de microondas, magia, leche caliente. Pero si no hubiera gente
como nosotros, gente que mete la báscula en el ascensor para ver cómo cambia tu
peso aparente, mi novio periodista seguiría bebiendo la leche fría (cosa que a
veces le deseo por lo mucho que se ha reído de mi experimento con la báscula).
Así que el resto de mi vida me empeñé en buscar explicaciones a
tantas cosas que podrían considerarse magia. Creo que eso es a lo que se dedica
un físico si consigue tener un poco de suerte: a intentar descubrir las leyes
que gobiernan la naturaleza.
He tenido muchas veces una típica discusión con colegas
científicos sobre si es más puro el conocimiento de las matemáticas que el de
la física. Pero supongo que hay un gen materialista en mí y considero que,
hasta que no se valida la teoría con la realidad pura y dura, el valor de la
misma es muy limitado. Ello explica que haya acabado siendo física experimental
y, aunque la física teórica me parece apasionante, nada garantiza que esa bella
teoría de donuts en 11 dimensiones tenga más que ver con la realidad que lo de
las mitocondrias de StarWars… ¡salvo que un experimento así lo demuestre! Y más
allá, que emocionante es que un experimento te desvele un nuevo tipo de donut
en el que nunca había pensado nadie antes.
Uno de los descubrimientos más importantes que uno hace cuando
estudia Físicas es que el mundo es bello. Las teorías son bellas. La naturaleza
tiende a hacer las cosas lo más sencillas posibles y todo es lo más bonito que
uno pueda imaginar.
Lo bueno de la física es que cuando intentas responder a una de
las preguntas más ambiciosas del mundo, la ya comentada cómo funcionan todas
las cosas, las variantes son infinitas y cada día te encuentras resolviendo un
determinado tipo de problema: cómo encajar los continentes como si fueran un
puzzle, cómo construir un coche que levite, cómo construir un comedero de
tortugas automático con esos relés que has conseguido por ahí, cómo sacar
energía eléctrica de las olas, cuál es la edad del universo… En fin, la mayoría
de la gente que te conoce piensa que estás mal de la cabeza, pero tu tortuga te
está eternamente agradecida (al menos la mía lo estuvo).
Habrá momentos de duda, en las que necesites algo menos
abstracto. Puede que empieces a dedicarte a algo más concreto y tu vida te
lleve a fabricar radios con el último condensador que pillas por ahí. Y, claro,
acabas pensando que una ingeniería de telecomunicaciones o electrónica te va a
ir más. A mí me pasó. Hubo un par de años que hice una ingeniería de segundo
grado en electrónica, coqueteos de la vida. Pero, claro, es que resulta
tremendamente atractivo cómo se fabricaban los demultiplexores y se construye
la lógica digital de nuestros ordenadores. Resulta que su funcionamiento tiene
sentido y es muy entretenido, un sudoku muy friki.
Pero, al final, tuve que volver a la física. No lo pude evitar.
Quedaban muchas respuestas en el universo a las que buscar explicación y, sobre
todo, hay algunas, las que se engloban dentro de la investigación básica, que
tienen un atractivo indescriptible. Casualmente, son cosas que no afectan mucho
a tu día a día. No hacen que tardes menos en llegar al trabajo, no te quitan el
calor en verano, ni te van a ayudar demasiado a ligar en los bares al sacar el
tema… pero si te has quedado enganchado con preguntas como por qué la velocidad
de rotación de las galaxias parece no cumplir las leyes de Newton (la típica
duda), si será posible que esas estrellas lejanas estén hechas de antimateria o
por qué la masa de la partícula top parece ser la suma de la masa del W y del Z
(no entiendo cómo Netflix no ha hecho aún una serie de esto), es que la física
de partículas está llamando a las puertas de tu mente y es difícil escapar.
Avisado quedas.
Y eso también es lo bonito, se trata de intentar responder todas
las preguntas del universo. Ahí, sin ambición.
Ser físico no es como ser bombero, que está claro que te vas a
dedicar a apagar fuegos. Ser físico es, tratar de resolver una nueva pregunta
hoy, fabricar un ordenador cuántico, medir la velocidad de los neutrinos,
descubrir un nuevo planeta… Soñar cosas imposibles y hacerlas posibles.
Es un objetivo tan ambicioso, tan inabarcable, que en algún
momento tienes que asumir que debes centrarte en algo (y ganar algo de dinero).
Muchas veces es el propio camino el que te lleva a tu destino sin que te des
cuenta. Hay tantas preguntas por resolver, que son las propias preguntas las
que te acaban dando una respuesta. Mi respuesta acabó siendo participar en el
descubrimiento del bosón de Higgs. No está mal, acabo dando un Nobel.
La vuestra puede ser, cualquier otra. Hay infinitas. Lo mismo
descubrís cómo teletransportarnos (de una maldita vez), cómo crear filetes con
la impresora 3D o cómo eliminar los residuos radioactivos.
Así que, ¿por qué ser físico? Primero, porque te gusta y bueno,
también porque alguien tendrá que explicar cómo funciona todo esto y por qué
sigue de pie la Barbie.
Cristina Fernández Bedoya
Doctora en Ciencias Físicas
CIEMAT (Centro de Investigaciones Energéticas Medioambientales y
Tecnológicas)
Capítulo 74
Y yo quiero ser...Física Electrónica
(Por Gloria Huertas Sánchez)
"En marzo volvieron los gitanos. Esta vez llevaban un
catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último
descubrimiento de los judíos de Ámsterdam. Sentaron una gitana en un extremo de
la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa. Mediante el pago de
cinco reales, la gente se asomaba al catalejo y veía a la gitana al alcance de
su mano. "La ciencia ha eliminado las distancias", pregonaba
Melquíades. "Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en
cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa"(1).
Y ese día llegó hace ya algunos años. No estoy en Macondo, ni en
algún lugar inventado donde uno puede reconocer cierto pueblo de Colombia.
Tampoco me acompaña un gitano viajero e ilustrado, Melquíades, que me muestra
inventos exóticos y maravillosos traídos de lugares remotos. Estoy en un
pequeño pueblo del Aljarafe sevillano llamado Umbrete. Son las 8:00 de la
mañana del mes de diciembre del año 2017 y espero a que mis hijos se despierten
para empezar la rutina de cada día. Para matar el rato, jugueteo con mi
teléfono móvil. Entonces me conecto indiscreta con mi Android de última
generación a earthcam.com (2). Veo rostros desconocidos. Uno
de ellos, una chica rubia y alta, acaba de subir a un taxi amarillo justo en la
esquina de las calles 47 y Broadway en Nueva York. Un chico corría tras ella
agitando un sobre que llevaba en la mano pero no la ha alcanzado a tiempo. Son
5738 km de distancia desde mi casa a ese lugar del mundo en Norteamérica pero
me puede secretamente la curiosidad ¿qué dirá esa carta?
Cien años de Soledad se desarrolla desde mediados del siglo XIX
hasta mediados del siglo XX. Desde entonces, el mundo ha cambiado mucho. De
manera vertiginosa. De eso me ha servido ser física electrónica, me ha servido
para entender por qué y cómo se ha producido ese cambio y, quizás, para
contribuir con mi pequeño granito de arena a los siguientes cambios que seguro
llegarán a nuestras vidas en los próximos años. Cuando era pequeña (en los años
80) no había internet en las casas y nadie tenía un teléfono móvil en su
bolsillo con el qué poder visualizar lo que ocurría a miles de kilómetros de su
casa. Eran otros tiempos, muy diferentes a los de ahora. Ahora cada día
manejamos muchos dispositivos electrónicos, pequeños, portátiles, fáciles de
usar, que están al alcance de nuestra mano y, con ellos, podemos "hacer la
magia" de comunicar cualquier contenido a cualquier otra persona del
planeta, en cualquier momento, en cualquier lugar, de cualquier manera (podemos
verlo, escucharlo, imprimirlo, modificarlo, reenviarlo,…) e incluso podemos
cambiar configuraciones de objetos en nuestros hogares, lo que conocemos por
domótica, o también dotar de internet a las cosas. Son muchas las aplicaciones
informáticas que usamos sin parar. Hablamos con familiaridad de Facebook,
WhatsApp, Twitter, Instagram y un sinfín de herramientas informáticas apps,
¡vaya palabreja!, que configuran nuestros modos y hábitos sociales; pero
¿tenemos una idea de lo que hay detrás de esos programas y qué les permiten
cumplir su función? Si fuéramos capaces de usar algunos de los inventos de
Melquíades para mirar dentro de los aparatos electrónicos que tenemos
alrededor, veríamos que todas esas apps dependen para su
funcionamiento de procesos de conducción eléctrica en sólidos; resumiendo
mucho, del movimiento de una partícula elemental que ahora nos resulta
familiar: el electrón. Un término que usamos en nuestro lenguaje cotidiano,
aunque no sepamos muy bien qué significa. Pero el electrón no es una realidad
visible para nosotros; solo lo son los equipos electrónicos y, en ellos, si los
abrimos, sus componentes básicos: condensadores, resistores, bobinas, y unas
cucarachitas con pinchos por patas que llamamos chips. Sin embargo, si uno
estudia física electrónica, ingeniería electrónica, o telecomunicaciones,
tendrá el conocimiento y la base para concebir cómo están relacionados esos dos
conceptos clave, electrón y chip y, comprender, con razonable lujo de detalles,
el camino que nos ha conducido hasta estos instrumentos (estos milagros)
tecnológicos que tanto utilizamos y de los que tanto dependemos. Incluso uno
podría ir más allá y contribuir activamente en la evolución de esta ciencia o
tecnología, la Electrónica, de la que parece que nadie duda que seguirá
marcando nuestro mundo futuro, al menos en el corto y medio plazo. Y es que la
Electrónica ha evolucionado en poco más de cien años hasta trascender su papel
como ciencia y tecnología y convertirse en un "fenómeno¨ o
"vector" social y en una seña de identidad de nuestro momento histórico.
Esto ha sido posible gracias a proporcionarnos una extraordinaria capacidad de
comunicación y unas enormes posibilidades de cómputo, todo ello puesto al
alcance de nuestra mano en forma de terminales muy accesibles y manejables.
¿Quién actualmente no tiene un teléfono móvil en el bolsillo o en el bolso? Si
alguien no lo tuviera lo miraríamos como un auténtico bicho raro.
Como le pasa a la pobre Mafalda en esta viñeta de humor…
(Original Crédito Quino)
Ya en1909, el gran Nikola Tesla aseveraba en un artículo
visionario
"Pronto será posible que un hombre de negocios en Nueva
York dicte instrucciones y que al instante aparezcan en su oficina en Londres o
en otro lugar... Un instrumento barato, no más grande que un reloj, permitirá a
su portador escuchar en cualquier lugar, en mar o tierra, la música o la
canción, la voz de un líder político, la dirección de un eminente hombre de
ciencia, o el sermón de un clérigo elocuente, generado en otro lugar, por muy
distante que sea. De la misma manera, cualquier imagen, carácter, dibujo o
impresión se podrá transferir de un lugar a otro".
Ese momento ya llegó hace un tiempo, lo estamos viviendo cada
día, para bien o para mal, con el desarrollo tecnológico que está al alcance de
nuestras manos. Sin embargo, poco es lo que el hombre de la calle conoce sobre
qué es lo que hace posible esta tecnología, la Electrónica. Me atrevo a afirmar
que todos vosotros, mis queridos lectores, conoceréis a Albert Einstein y nadie
dudará que era una mente brillante cuyos estudios y descubrimientos han
repercutido en mejorar nuestra vida actual y nuestra sociedad. Incluso muchos
sabréis que ganó el Premio Nobel de Física en el año 1921 y que le fue otorgado
por sus aportaciones a la Física Teórica, en especial por su descripción y
formulación del efecto fotoeléctrico. Ahora bien, si menciono a William
Bradford Schockley, John Bardeen y Walter Houser Brattain, probablemente estos
nombres sean completamente desconocidos para la mayoría de vosotros. No
obstante, estos tres hombres propiciaron esta revolución social de la que estoy
hablando y en la que estamos inmersos. Cualquier experto en la materia se
atrevería a afirmar que dichos hombres inventaron uno de los dispositivos más
importantes de la historia de la humanidad, y, sin duda, el más representativo
del siglo XX. Ellos fueron los padres del transistor y, por
tanto, los responsables indirectos de la existencia de los aparatos y equipos
electrónicos que usamos diariamente y de forma tan masiva. En 1956 estos tres
físicos estadounidenses fueron galardonados con el Premio Nobel de Física por
su investigación en semiconductores y el descubrimiento del efecto transistor.
Pero ni alcanzaron una fama generalizada ni se hicieron ricos. Curiosamente,
Bardeen, además, fue la primera y única persona en ser galardonada dos veces
con el Premio Nobel de Física. Desgraciadamente, no goza de popularidad y nadie
apenas lo conoce como a Einstein, por ejemplo. Él fue un físico teórico, un
físico matemático, muy brillante pero muy modesto. Una vez leí que el periódico
Chicago Tribune detalló adecuadamente el papel de Bardeen en la historia:
"Para los científicos Bardeen es un Einstein. Para el
público en general es un… ¿John qué?"
Por todos estos motivos, por la curiosidad de conocer cómo
funciona internamente cualquier dispositivo electrónico, por saber cómo ha sido
la evolución tecnológica asociada a dicho dispositivo y quienes han sido los
protagonistas de la historia científica que nos ha llevado a tener todo ese
desarrollo electrónico al que tenemos acceso actualmente, por todo ello: YO
QUIERO SER FÍSICA ELECTRÓNICA.
Y voy más allá, si analizamos la evolución de la Electrónica
desde el invento del transistor, año 1947, hasta nuestros días y todo lo que ha
significado para conformar nuestra realidad cotidiana, se puede describir
así: «Si la automoción hubiera experimentado un desarrollo parecido al
de la industria del transistor, se podría disponer de un Rolls-Royce por menos
de 3000 pesetas (50 €) y, además, el vehículo dispondría de la potencia de un
trasatlántico como el Queen Elizabeth para ser capaz de recorrer un millón de
kilómetros (unas 25 vueltas al mundo) con sólo un litro de gasolina» (3).
Pero toda evolución tiene un límite y, actualmente, muchos se
preguntan si hay "vida" después del transistor; si la Electrónica
podrá seguir atendiendo a las necesidades y expectativas generadas. Muchos son
los retos a los que nos enfrentamos los científicos dedicados a esta tecnología
si queremos mantener este ritmo de crecimiento y progreso. YO QUIERO SER FÍSICA
ELECTRÓNICA para inventar otro dispositivo distinto, un nuevo paradigma, una
nueva solución, que resuelva los problemas que hoy en día presenta la
Electrónica y todo su desarrollo tecnológico…
Notas:
(1) Cien años de Soledad, Gabriel García Márquez, 1967.
(2) Earthcam.com es un portal en Internet que transmite imágenes
en vivo de distintos lugares del planeta.
(3) Fragmento sacado de la referencia "BARCELÓ, M. (1995).
Prólogo de «El Mundo Digital» de Nicholas Negroponte, 7-14. Ediciones B,
Barcelona"
Gloria Huertas Sánchez
Doctora en Física, Profesora Titular, Departamento de
Electrónica y Electromagnetismo, Universidad de Sevilla.
Capítulo 75
Y yo quiero ser...Física Experimental
(Por Ángela Mediavilla Trabada)
La curiosidad
¿Qué es el físico? Si tuviésemos que responder a esta pregunta,
sin duda diríamos que ante todo es un ser curioso.
Cuando somos niños, alrededor de los cuatro años de edad,
sentimos un impulso que nos lleva a una explosión de porqués. "Mamá ¿por
qué el cielo es azul?". "Papá, ¿por qué flotan los barcos?". Y
así sucesivamente. Este elevado número de preguntas vuelve locos a nuestros
padres y a todos cuantos nos rodean. Lamentablemente con los años esta
curiosidad, esta sensación de maravilla y sorpresa ante el mundo, se extingue
en algunas personas. Puede que, por la fuerza de la costumbre, lo que nos rodea
deje de impresionarnos y nos refugiemos en la excusa del "siempre ha sido
así". El hielo siempre ha flotado sobre el agua a pesar de ser sólido, el
Sol siempre ha salido por el Este al amanecer, la lluvia siempre ha caído hacía
abajo, mi café siempre se enfría si espero unos minutos… Pues bien, un físico
no acepta el argumento del "siempre ha sido así". Los científicos
cuestionan cada uno de estos fenómenos, y lo que es más importante, intentan
darles una explicación razonada, sin recurrir a mitos o leyendas.
El método científico
El método científico, es una aproximación al estudio de la
realidad, a la búsqueda de respuestas a esos porqués, a través de un enfoque
empírico y deductivo, es decir, a través de la experimentación. Todo
experimento que se precie debe ser repetible y refutable. Repetible en el
sentido de que cualquier persona, en cualquier lugar, pueda reproducirlo
obteniendo resultados idénticos. Refutable en el sentido de que admita la
posibilidad de que diferentes diseños en los que se tengan en cuenta parámetros
distintos puedan matizar los resultados previos o incluso desmentirlos. Los
físicos huyen de las verdades absolutas, dejando la puerta abierta a nuevos
descubrimientos o enfoques, siempre que éstos estén razonados y sean
demostrables. Ésta es una de las grandes fortalezas de la ciencia, que se
revisa continuamente a sí misma, que no es pretenciosa ni absolutista, que no
se cree en posesión de la verdad, sino que se aproxima a ella, actualizándose,
dudando continuamente.
Las unidades
Siempre que hablamos de experimentar hablamos de medir, y medir
es comparar. Cuando una persona dice que tiene una masa de 75 kilogramos, está
comparando su masa con la de 1 kilogramo y diciendo que es 75 veces la de éste.
Por eso muy pronto los seres humanos se dieron cuenta de que era muy importante
tener unidades, cantidades estandarizadas con las que comparar cada magnitud
física o propiedad medible. Imaginemos que tienes un amigo en Groenlandia con
el que sólo te comunicas por teléfono y queréis comparar vuestras alturas.
Ninguno de los dos tiene una cinta métrica a mano, así que decidís usar las
palmas de vuestras manos. Suluk te dice que su altura son 9 palmos y tú
aseguras que la tuya son 10. ¿Significa eso que tú eres más alto? No tiene por
qué. Ten en cuenta que nunca habéis comparado las palmas de vuestras manos y no
sabéis si son iguales (requisito fundamental para usarlas como unidad de
medida). Hagamos una pequeña cuenta, supongamos que la palma de tu mano mide 18
cm y la de Suluk 20 cm:
·
Tu altura será: 10 palmos·18
cm/palmo = 180 cm = 1,8 m
·
La de Suluk será: 9 palmos.
20 cm/palmo = 180 cm =1,8 m
¡Suluk y tú tenéis la misma estatura!
Los científicos necesitaban poseer una referencia universal y
única con la que comparar sus mediciones, por eso se crearon los sistemas de
unidades. Actualmente usamos el Sistema Internacional, que está compuesto de
siete unidades de medida básicas que sirven para medir siete magnitudes
fundamentales [1].
|
Magnitud |
Unidad |
Símbolo |
|
Longitud |
Metro |
m |
|
Masa |
Kilogramo |
kg |
|
Tiempo |
Segundo |
s |
|
Cantidad de sustancia |
Mol |
mol |
|
Corriente eléctrica |
Amperio |
A |
|
Temperatura termodinámica |
Kelvin |
K |
|
Intensidad luminosa |
Candela |
cd |
El resto de magnitudes se denominan derivadas y pueden expresarse en función de
las siete anteriores. Esto hace imprescindible definir de forma rigurosa cada
una de las unidades fundamentales. Veamos cuáles son las definiciones de
algunas de ellas.
El metro
Volviendo al problema de estatura con nuestro amigo Suluk, lo
ideal sería usar ambos el metro como unidad de medida para comparar nuestras
alturas, pero no tenemos cintas métricas a mano, debemos fabricarlas. Para
fabricar un metro podemos usar una cinta de tela pero… no podemos hacerlo sin
una referencia. El metro original fue definido en 1792 por la Academia de las
Ciencias de Francia como la diezmillonésima parte de la distancia que separa el
Polo Norte de la línea del ecuador, a través de la superficie terrestre. Como
no resulta cómodo tender una cuerda desde el Polo hasta el ecuador y partirla
en diez millones de fragmentos cada vez que se quiera fabricar una cinta
métrica, en 1889 la Comisión Internacional de Pesos y Medidas creó una barra
patrón de platino e iridio con dos muescas en su superficie que estaban
separadas exactamente un metro.
Esta medida debía tomarse como referencia en unas condiciones
ambientales determinadas, (recordemos que los metales se dilatan cuando aumenta
la temperatura). Tener que ir hasta la Oficina de Pesos y Medidas en Sèvres, a las afueras de París, cada vez que queramos fabricar un
metro resulta poco práctico, además hay que tener en cuenta que la barra
original envejece y se desvirtúa con el tiempo. Necesitamos algo que sea
asequible, universal y que no varíe, para que cualquier científico en cualquier
parte del mundo pueda reproducirlo. Por todo esto, desde 1983 el metro se
define usando luz, que tiene una velocidad constante en el vacío como bien
apuntó Albert Einstein y un reloj muy preciso. Un metro es la longitud del trayecto
recorrido en el vacío por la luz durante un tiempo de 1/299792458 de segundo
[1].
El kilogramo
Para la unidad fundamental de masa se conserva en la misma
Oficina de Pesos y Medidas un patrón de forma cilíndrica, con altura y diámetro
iguales (39 mm), formado por una aleación de platino e iridio cuya masa es de
exactamente un kilogramo [1]. Existen varias reproducciones oficiales que se
utilizan para calibrar todo tipo de básculas e instrumentos. Su cuidado exige
que se almacene en unas condiciones ambientales estrictas y su limpieza y
manipulación requieren un complicado protocolo para no desgastarlo o dañarlo.
Actualmente es la única unidad fundamental que todavía se basa en un patrón y
no en propiedades o características físicas fundamentales. Se está intentando
cambiar esta definición para no depender de un objeto físico concreto pero aún
no se ha llegado a un consenso.
El segundo
Desde el principio de los tiempos los seres humanos han usado
los fenómenos astronómicos para medir el tiempo, buenos ejemplos de ello son el
día y la noche o las estaciones.
Anteriormente el segundo era definido como una fracción de
tiempo del año solar medio, se usaba la cantidad de tiempo que la Tierra tarda
en dar una vuelta completa alrededor del Sol y se dividía en muchas partes
iguales llamadas segundos. Lamentablemente los ciclos astronómicos resultan no
ser absolutamente precisos, y sus periodos cambian, aunque sea mínimamente, con
el transcurso de los años. Como ya hemos visto, se necesita una definición muy
exacta e invariable. Actualmente el segundo es la duración de 9192631770
periodos de la radiación correspondiente a la transición entre los dos niveles
hiperfinos del estado fundamental del átomo de cesio 133, en reposo y a una
temperatura de 0 K [1]. Expliquemos esta obtusa definición, los átomos son los
ladrillos que forman la materia y están compuestos a su vez de partículas más
pequeñas, electrones, protones y neutrones. Los electrones se encuentran en
niveles u orbitales, podríamos describirlos como "carriles" por los
que se mueven dando vueltas alrededor de un núcleo en el que se encuentran los
protones y neutrones. Dependiendo del carril u orbital por el que se muevan,
los electrones tienen una energía determinada y a veces "saltan" de
un carril a otro. Si el nuevo requiere menos energía que el anterior, el
electrón libera la que le sobra en forma de radiación. Esta radiación es una
onda de una frecuencia muy precisa, lo que significa que los intervalos de
tiempo entre sus oscilaciones (o periodos) son fijos, y puede usarse como
reloj.
El mol
El mol es la cantidad de sustancia de un sistema que contiene
tantas entidades elementales como átomos hay en 0,012 kilogramos de carbono 12
[1]. El concepto de mol se asemeja al de docena. Yo puedo comprar una docena de
huevos (12 huevos) o una docena de coches (12 coches). Una docena son 12
unidades. Un mol es una cantidad algo mayor de unidades, concretamente
6,02214129 · 1023unidades, o lo que es lo mismo, más de seiscientos
dos mil trillones de unidades. Teniendo en cuenta que la población mundial cuenta
con más de 7000 millones de personas [2], necesitaríamos multiplicarla por unos
100 billones para llegar a tener un mol de personas. Puede deducirse que esta
cantidad tan grande es poco práctica para la vida cotidiana, pero muy útil
cuando contamos átomos, moléculas o células, entidades minúsculas. Por poner un
ejemplo, debido a su pequeño tamaño se estima que un ser humano puede estar
compuesto de decenas de miles de billones de células [3].
Conclusiones
Con esta pequeña introducción al mundo de las unidades he
intentado transmitir la idea de lo increíblemente laborioso y delicado que es
el trabajo de un físico experimental. Debemos ser rigurosos a la hora de medir
la realidad, de acercarnos al mundo. Es el deber de todo científico encontrar
las respuestas a los interrogantes más básicos de la naturaleza. Puede parecer
que este trabajo deriva simplemente en la satisfacción de una curiosidad innata
en el ser humano, sin embargo, a raíz de los descubrimientos de la ciencia
básica surgen infinidad de aplicaciones prácticas. Por ejemplo Wilhelm Roentgen
en 1895, desarrollando una investigación con tubos catódicos, descubrió los
rayos X [4]. A partir de ese momento fue posible observar el interior del
cuerpo humano sin necesidad de causar un solo rasguño al paciente. Rudolf
Ladenburg, en 1928, observó experimentalmente la primera evidencia de emisión
estimulada de radiación, lo cual se quedó en una curiosidad de laboratorio [5].
Años más tarde usando este fenómeno se construyó el primer láser. Hoy sus
aplicaciones son muy numerosas, desde lectores de DVD, hasta cirugía ocular,
pasando por la holografía. Además, no debemos olvidar que aparte de las
aplicaciones prácticas, las recompensas son infinitas, pues el saber, el
conocer, el descubrir, aporta una dicha al ser humano que no es comparable a
ninguna otra sensación.
¿Algún curioso en la sala?
Referencias:
[1] Oficina Internacional de Pesas y Medidas, "El Sistema
Internacional de Unidades (SI)". 8ª Edición 2006. Centro Español de
Metrología.
[2] https://www.census.gov/popclock/
[3] Bianconi, E., Piovesan, A., Facchin, F., Beraudi, A.,
Casadei, R., Frabetti, F., .... "An estimation of the number of cells in
the human body". Annals of human biology, 40(6), 463-471. 2013.
[4] Kendall
Haven. 100 greatest science discoveries of all time. Libraries
Unlimited. 2007. ISBN: 9781591582656
[5] Mario Bertolotti. The History of the Laser. CRC Press. 2004.
ISBN: 9780750309110
Ángela Mediavilla Trabada
Licenciada en Física e Ingeniera de Telecomunicaciones.
Profesora en la Universidad de Burgos y del Colegio Liceo
Castilla en Burgos.
Capítulo 76
Y yo quiero ser...Física Teórica de la Materia Condensada
(Por Belén Valenzuela Requena)
Cuando acabé la carrera de físicas, estaba buscando un tema para
hacer una tesis. Pensaba que los grandes temas eran la astrofísica o la física
de las altas energías que se investiga en el CERN.
Fig. 1. Diagrama de fases de los cupratos.
Fui a hablar con una antigua profesora de mi Universidad que más
tarde se convertiría en mi directora de tesis. Me habló de unos compuestos
misteriosos, los cupratos, que eran superconductores de alta temperatura y no
se sabía por qué. También me contó que la teoría de los metales convencionales
no podía explicar la fase metálica de estos compuestos. Me enseñó el diagrama
de fases mostrado en la Fig. 1 donde la temperatura es el eje vertical y el
dopaje, en el que se cambia un elemento químico por otro de distinta carga, el
eje horizontal. Todos los colores del diagrama tenían una historia larga que
contar llena de misterios. En aquel momento no entendía bien de lo me hablaba
pero estaba fascinada con el enigma que encerraba ese material. Vería
muchísimas veces más ese diagrama de fases a lo largo de mi vida y aprendí que
la disciplina que estudia las fases de la materia se llama Física de la Materia
Condensada. Pero vamos por partes.
¿Qué es la superconductividad?
La superconductividad es una fase de la materia. Se caracteriza
por dos atractivas propiedades, resistencia nula y expulsión de campos
magnéticos. Esto último da lugar a espectaculares fenómenos de levitación.
Fig. 2. Un imán levita sobre un cuprato superconductor.
La levitación de la Fig. 2 la hemos mostrado muchas veces a
estudiantes de primaria, secundaria y universitarios que nos visitan en nuestro
centro de investigación. Muchos materiales pueden tener una fase
superconductora pero se necesitan unas temperaturas bajísimas para poder
observarla. La temperatura por debajo de la cual el material se vuelve
superconductor se llama temperatura crítica. Esta fase se descubrió a
principios del siglo XX y se tardó más de 50 años en entenderla. Los héroes de
esta historia son Bardeen, Cooper y Schrieffer que explicaron la
superconductividad en 1956 con su teoría BCS. Los electrones son los que
gobiernan el comportamiento eléctrico y magnético de un material. Los
electrones interaccionan entre ellos y con las vibraciones de los iones del
material y este hecho da lugar a la resistencia cuando se aplica un campo
eléctrico. Por debajo de la temperatura crítica Cooper descubrió que dos
electrones podrían unirse si sentían una fuerza atractiva gracias a un
conocimiento profundo de física cuántica. Bardeen tenía indicios de que esa
fuerza atractiva surgía de las vibraciones positivas de los iones. Con estos
ingredientes, Schrieffer construyó el estado cuántico colectivo macroscópico
que explicaba el estado superconductor. La teoría BCS fue un gran éxito que
explicaba las propiedades y los experimentos sobre la superconductividad.
Además, gracias a ella, se entendió la fase superconductora de las estrellas de
neutrones y dio lugar al descubrimiento del mecanismo Anderson-Higgs clave para
la propuesta del bosón de Higgs.
Los primeros superconductores tenían una temperatura crítica de
unos pocos Kelvin pero los cupratos de los que hablábamos al principio pueden
llegar a 140K. Sin embargo, no conocemos el mecanismo de la superconductividad
de estos compuestos. Los cupratos pusieron a la luz otros compuestos de los que
se desconoce su mecanismo. En 2008 se descubrieron otros superconductores con
temperaturas críticas altas: los superconductores de hierro, en los que estoy
investigando ahora.
El concepto de emergencia
La superconductividad es un ejemplo de "estado
emergente". Este concepto es por el que siento más atracción en mi
investigación y es uno de los más profundos de la Naturaleza: la simplicidad
emerge de lo complejo.
Fig. 3. Bailes una bandada de estorninos. Fotografía de Alain Delorme.
En el ejemplo del estado superconductor, en vez de tener el caos
de 1022 electrones interaccionando entre si y con los iones que
se encuentren en el sólido, emerge un estado cuántico colectivo macroscópico.
Aunque las palabras son algo abrumadoras lo que emerge del caos de tantas
partículas interaccionando es un solo estado colectivo.
Fuera de la física existen ejemplos muy notorios de este
concepto, el movimiento colectivo de una bandada de pájaros, la conciencia que
surge de la interacción de millones de neuronas, la vida o nosotros mismos
también nos podemos ver como un estado emergente.
En todos estos ejemplos tenemos elementos constituyentes
(electrones, pájaros, neuronas, células) que interaccionan entre si. De esta
interacción emerge un estado (superconductividad, movimiento colectivo,
consciencia, nosotros) que no tiene por qué tener que ver con sus elementos
constituyentes. En física de la materia condensada tenemos herramientas para
entender la emergencia. Estas ideas fueron brillantemente expuestas en el
influyente artículo de Philip Anderson "More is different" (1972).
Anderson también dio nombre a esta disciplina: física de la materia condensada.
¿Qué es la física de la materia condensada?
Como podemos intuir del ejemplo de la superconductividad, la
física de la materia condensada estudia sistemas compuestos por un número
enorme de átomos que interactúan y dan lugar a las distintas fases de la
materia tales como las conocidas fase líquida y sólida u otras más exóticas
como la magnética y la superconductora. Es decir, es la física de la materia de
la que estamos rodeados. Supone un gran reto en investigación porque es
imposible resolver por ningún ordenador un enorme sistema de ecuaciones acopladas
que utilizan las reglas de la física cuántica. Los fundadores de esta
disciplina, entre los que destacan el mítico Lev Landau y Anderson, muestran
una enorme intuición para desentrañar los secretos de la materia. A ellos les
debemos conceptos universales en física tales como la ruptura de simetría, el
concepto de cuasipartícula y el mecanismo de Anderson-Higgs. Otro gran físico
de la materia condensada, John Bardeen, fue el único en la historia en ganar
dos premios Nobel de física, uno por la invención del transistor (1956) base de
toda la computación actual y otro, como hemos visto, por su explicación de la
superconductividad (1972). En total ha habido 29 premios Nobel en materia
condensada.
La física de la materia condensada está detrás de grandes
revoluciones tecnológicas como la electrónica que ha cambiado totalmente
nuestra vida. La podemos encontrar en el corazón de los materiales con los que
se hacen los dispositivos que usamos a diario tales como el móvil o el
ordenador. De la física de la materia condensada también surgirá la nueva
tecnología del futuro que nos permitirá mejorar la tecnología presente tal como
las baterías, las células fotovoltaicas y crear nueva tecnología que ya está despuntando
tal como la spintrónica, los ordenadores cuánticos y la tecnología
superconductora. En investigación esta tecnología está muy dirigida a afrontar
los grandes retos que se le presentan a la humanidad como la crisis energética.
La materia condensada ofrece la posibilidad de estar en contacto
cercano con el experimento y de hablar con los experimentales. Los experimentos
de materia condensada pueden realizarse en laboratorios medianos, son muy
variados y existen muchos laboratorios en el mundo para poder contrastar.
Pero lo que a mí más me atrajo de la física de la materia
condensada es ese comportamiento sencillo que emerge de la complejidad de
enorme cantidad de partículas interaccionando. Ya hemos visto un ejemplo, el
estado superconductor, veamos ahora otro: el concepto de cuasipartícula.
Cuasipartículas
Los electrones de un material que mencionábamos antes son
ejemplos de cuasipartículas. Estos electrones tan familiares que transportan la
corriente eléctrica. La corriente eléctrica es el mayor desarrollo científico
que ha cambiado nuestras vidas. Pero, ¿qué son realmente estos electrones que
viajan por el material? ¿Son los mismos que los electrones individuales? A
partir de ahora a los electrones que transportan la corriente eléctrica les
llamaré cuasielectrones.
Tenemos la imagen, y es la imagen que he usado implícitamente
para explicar la superconductividad, de los cuasielectrones como pequeños
puntos que fluyen a través de un material. Pero hay un secreto muy bien
guardado de esta imagen: NO es correcta.
Fig. 4. Vista artística de un electrón en un sólido, la más común de las
cuasipartículas. https://gravityandlevity.wordpress.com/
Los cuasielectrones son ondas de densidad de probabilidad. Son
casi idénticos a los electrones en el vacío pero surgen del movimiento
colectivo de muchísimos electrones que interaccionan entre ellos y con los
iones siguiendo las reglas de la física cuántica. De nuevo algo simple surge de
una gran complejidad. Por eso les llamamos simplemente electrones. La única
diferencia notable es que la masa de los cuasielectrones es diferente a la de
los electrones como los ingenieros electrónicos saben muy bien. Podríamos
visualizarlos como una onda que surge al perturbar un lago (Fig. 4). Este
descubrimiento fue uno de los grandes triunfos de la física del siglo XX y se
denomina la teoría del líquido de Fermi. Fue desarrollada por Lev Landau que
acuñó el nombre de cuasipartícula. La fase metálica de los cupratos y de otros
compuestos en investigación no se puede explicar con la teoría del líquido de
Fermi y esto es un gran rompecabezas para la comunidad científica.
El movimiento colectivo de las vibraciones de los iones del
material es otro ejemplo de cuasipartículas llamadas fonones. Los fonones nos
permiten entender el sonido. En este caso los fonones (partículas emergentes)
no tienen nada que ver con los iones (partículas constituyentes).
Existen muchas más cuasipartículas y cada una de ellas tiene su
propia historia. En los últimos años se han encontrado cuasipartículas que
tienen sus análogas en la física de altas energías. Ejemplos muy sonados en
investigación son los fermiones de Dirac del grafeno o las partículas de
Majorana de los superconductores topológicos. Estas últimas han sido propuestas
para la realización de ordenadores cuánticos.
Reflexión
Todavía es un misterio para mí entender porque cuando acabé la
carrera no era consciente de los numerosos atractivos de la física de la
materia condensada. Quizás es una disciplina todavía joven. En la física de la
materia condensada se encuentran cuestiones fundamentales y misterios sin
resolver, la posibilidad de crear nuevos materiales, realizar un variadísimo
espectro de experimentos, crear dispositivos útiles para nuestro día a día y
soluciones que nos ayuden a los retos a los que se enfrenta la humanidad. Os
animo a que forméis parte de esta gran aventura.
Referencias:
[1] Elena Bascones, Maria José Calderón y Belén Valenzuela, Web
para la enseñanza de la Superconductividad, http://www.icmm.csic.es/superconductividad/
[2] "Materia Condensada", GEFES, https://gefes-rsef.org/
[3] https://gravityandlevity.wordpress.com/
Belén Valenzuela Requena
Doctora en Ciencias Físicas
Científica Titular del Instituto de Ciencia de Materiales de
Madrid, CSIC
Capítulo 77
Y yo quiero ser...Física. O bióloga…No, ¡física mejor! ¿O mejor bióloga?
(Por Susanna Manrubia)
Nunca me ha resultado fácil escoger entre dos cosas que
aprender, porque la elección implica que me voy a perder una. Y, en mi
experiencia, todo tema en el que se profundiza es de potencial interés,
despierta la curiosidad y puede desembocar en interminables pero deliciosos
ratos dedicados a su estudio. Aunque, claro, también existen las preferencias
innatas: desde pequeña sabía que mi inclinación tendía a la parte científica
(eso a pesar de que me fascinan las lenguas y me disgustó verme obligada a renunciar
a la asignatura de griego clásico cuando tuve que escoger ciencias…).
Fig. 1. "Musei Wormiani Historia", frontispicio del Museum
Wormianum que representa el cuarto de las curiosidades de Ole Worm. Fuente:
Wikipedia.
Convertirse en profesional de cualquier cosa es como avanzar en
el jardín de senderos que se bifurcan, puesto que las decisiones se multiplican
y no hacen más que estrechar el camino –o eso pareciera—. Nunca habría querido
tener que elegir entre una ciencia y otra: si hubiera nacido en el siglo XIX
habría sido naturalista. Siempre me he sentido especialmente atraída por una
existencia bucólica donde la observación y la reflexión constantes sobre la
naturaleza son las que proporcionan deleite y conocimiento. ¿Quién no querría
tener una colección de fósiles y minerales, un herbario extenso, mapas
celestes, cráneos, egagrópilas y plumas de todas las especies, árboles
petrificados, conchas de los mares del mundo? Eso me preguntaba yo de niña,
cuando mi idea romántica de la ciencia era un gabinete de las maravillas
alojado en una enorme biblioteca en madera con olor a libro viejo, noches
estrelladas pasadas al raso y algún que otro viaje exótico que me permitiera
aumentar mis colecciones.
Pero seamos realistas: de haber nacido en el siglo XIX no habría
existido la más remota posibilidad de cumplir ese sueño. Los entretenimientos
de la filosofía natural estaban vetados a las mujeres y a la inmensa mayoría de
los hombres. Hace doscientos años no era habitual tener educación superior,
muchas veces reservada a unos pocos pertenecientes a familias acomodadas o
nobles. Entre estos afortunados se contaban hombres que han pasado a la
historia como Charles Darwin, Alexander von Humboldt, Jean-Baptiste Lamarck o
Francis Galton.
Mi vocación innata, sin embargo, tampoco parecía tener demasiada
cabida en el siglo XX, cuando ya todas las ciencias y las ramas del saber
estaban etiquetadas y tenían sus ámbitos de estudio definidos. Esta situación
perdura, si bien vivimos un renovado interés en aspectos interdisciplinares que
parece estar aumentando entrado el siglo XXI. No deja de resultar curioso,
porque bien pensado parece que dividir el conocimiento en áreas es como poner
puertas al campo. Volviendo a las decisiones que hube de ir tomando, yo esperé
casi al último día antes de escoger carrera, y al final puse física en primer
lugar. La biología ocupó el segundo lugar, justo detrás porque no podía
colocarla al lado. Y después escogí Ingeniería de Telecomunicaciones, que era
lo que iba a estudiar mi mejor amiga. Como cualquier otra persona, yo vivía y
vivo en comunidad y en relación con otros. Las decisiones vitales son un
compromiso entre la cabeza y el corazón, entre la parte racional y la
emocional, diría que de manera inconsciente intentamos escoger lo que creemos
que va a hacernos más felices.
Acabé los cinco cursos de Física (especialidad en Física
Teórica) en otros tantos años. Mi expediente no fue brillante, pero durante ese
lustro hice otras muchas cosas, como aprender idiomas, trabajar en el Museo de
la Ciencia de Barcelona (ahora CosmoCaixa), empezar la carrera de Biología y
leer muchísimo, especialmente ciencia ficción y libros de ensayo escritos por
autores que han dejado una huella indeleble en mí, como Isaac Asimov, Stephen
Jay Gould o Gerald Durrell. También aprendí mejor qué significa la física y fui
interesándome por aspectos más fundamentales. Tanto la relatividad como la
física cuántica son fascinantes, así como los formalismos matemáticos que
permiten comprender de manera cuantitativa la organización y el funcionamiento
de muchos sistemas físicos, entendidos en su sentido más clásico.
Acabé la carrera y tuve mucha suerte con las personas que me
rodearon aquellos cuatro años que siguieron a la licenciatura. Mi director de
tesis era (es) físico y biólogo, e hice la tesis en coincidencia espacial y
temporal con un informático, un físico y un biólogo. Fueron años apasionantes,
aprendí mucho de todos ellos y juntos exploramos lo que entonces empezaba a
llamarse Sistemas Complejos. Simplificando, podría decirse que las ciencias de
la complejidad usan la mirada y la forma de análisis de la física para abordar
el estudio de problemas en otras disciplinas, entre las cuales la economía, la
biología, las neurociencias o la sociología. Aprendí sobre dinámica caótica,
objetos fractales, criticalidad auto-organizada, propiedades emergentes,
efectos colectivos, organización no supervisada, teoría de la información,
sincronización y muchos otros temas fascinantes que no se enseñaban en ninguna
carrera. No fueron, por otra parte, años fáciles: hasta el último año de mi
tesis no tuvimos financiación en el grupo de investigación, compartimos un
único ordenador (un 386, probablemente menos potente que cualquier Smartphone
actual) y, como mi expediente no era suficientemente bueno, no conseguí una
beca para hacer la tesis. ¡Pero me doctoré con una tesis sobre
auto-organización en ecología y macroevolución!
La forma de trabajar de aquellos años me ha marcado
profundamente. También descubrí un aspecto no siempre destacado de la vida del
investigador: los viajes. Parte de mi trabajo había versado sobre la formación
de estructuras espaciales en selvas tropicales, para lo que usamos datos
recopilados en una zona de acceso restringido de la isla de Barro Colorado, en
el canal de Panamá. Por una serie de circunstancias, acabé visitando esa isla
invitada por el Instituto Smithsonian. Nunca olvidaré un martes en el que
estuve navegando por el Surumoni, un río de aguas negras afluente del Orinoco,
acompañando a uno de los investigadores locales a recoger semillas de las
trampas que había colocado estratégicamente. Hay experiencias que el dinero no
puede comprar, y la ciencia me ha proporcionado un buen número de ellas.
Tras mi doctorado realicé una estancia postdoctoral de cuatro
años en Alemania, y después volví a España para trabajar como investigadora en
el Centro de Astrobiología, en Madrid, recientemente inaugurado entonces. Allí
pasé trece años hasta que me trasladé al Centro Nacional de Biotecnología,
donde estoy desde el año 2014. Mi actividad principal sigue siendo el estudio
de sistemas biológicos usando la mirada del físico y técnicas de modelización,
computacionales y matemáticas. Con el pasar de los años he descubierto que lo
que más me interesa es la evolución y los mecanismos que la permiten, y que ese
tema vertebra todas mis contribuciones profesionales. Empecé en la
macroevolución, pasé por la ecología y la dinámica de poblaciones y desde hace
más de una década me intereso por la evolución molecular. Me gustaría hacer el
camino de vuelta, y regresar al estudio de los patrones de extinción y
especiación a gran escala conociendo mejor las bases moleculares de la
adaptación. Intento siempre que todos los aspectos teóricos y formales que
trato estén fundamentados en observaciones empíricas.
No tengo un perfil convencional ni hago investigación fácilmente
clasificable. Tampoco sé muy bien cómo se llega a hacer lo que yo hago, creo
que en mi caso es el resultado de una trayectoria muy personal. Me lleva un
rato explicar a qué me dedico, no puedo condensarlo en dos frases, y eso en
ocasiones confunde a quien pregunta. Pero para mí tiene todo el sentido. He
tenido suerte, pero también he asumido riesgos. Por naturaleza disfruto estando
fuera de la zona de confort, en centros donde mi investigación es distinta o
incluso rara, pero donde los retos intelectuales y el aprendizaje son
continuos. Tras veinticinco años dedicada a la ciencia, ¿me atrevería a dar
algún consejo? Pocos: el camino a seguir es una elección personal. Ser un
profesional de la investigación ni es fácil ni te hace rico, pero yo no
cambiaría esta vida por ninguna otra. He visto lugares que de otra forma habría
tenido vetados, conocido a personas de países de todo el mundo con las que he
descubierto mayor afinidad que con muchos vecinos y, sobretodo, puedo aprender
todos los días. Muchas veces me han preguntado para qué sirve lo que yo hago, y
tengo dos respuestas. Si bien la ciencia básica no siempre puede aplicarse
inmediatamente, el avance del conocimiento es imprescindible para fundamentar
cualquier novedad susceptible de ser aplicada en un futuro. Por otra parte,
pienso que el conocimiento per se tiene un valor intrínseco, igual que el arte
o la literatura. En nuestras múltiples dimensiones como humanos no podemos
reducir nuestro bienestar a la mejora de la medicina o de la tecnología.
También saber cómo se comporta la naturaleza y conocer el porqué de las cosas
nos proporciona satisfacción, mejora nuestra calidad de vida y, en suma, nos
hace más felices.
Susanna Manrubia
Doctora en Física
Centro Nacional de Biotecnología (CSIC), Madrid
Capítulo 78
Y yo quiero ser...Físico
(Por José Antonio Martínez Pons)
Empezamos con una historia.
En la segunda mitad del siglo XIX, (nacido el 23 de abril de
1858), vivía en Kiel, un joven estudiante muy brillante, Max Karl Ernst
Ludwig Planck, familiarmente Max. Tenía intereses muy variados:
matemáticas, astronomía y mecánica, pero también filosofía y música, tocaba
piano, violoncello y órgano y también componía canciones, música instrumental y
llegó a componer una opereta, titulada Die Liebe im Walde.
Acabado el equivalente al bachillerato Max tuvo serias dudas,
sobre hacia dónde dirigir sus pasos intelectuales. El profesor de física Philipp
von Jolly, le desanimó de estudiar física porque,
según le dijo, en física estaba todo prácticamente descubierto opinión bastante
común entre los físicos de la época. Planck le respondió que a él no le
interesaba descubrir nada nuevo sino saber cómo funcionaba la naturaleza y por
tanto conocer los fundamentos de la física. Al final, aunque no abandonó del
todo la música se matriculó en la Universidad de Múnich donde bajo la tutela de
Jolly inició su aventura universitaria con trabajos en física experimental, como
la difusión del hidrógeno a través del platino caliente. Luego se interesó más
por la física teórica. En la Universidad
Friedrich-Wilhelm, fue alumno de físicos
como Helmholtz y Kirchhoff. A los 21 años se doctoró en Múnich con una tesis sobre el
segundo principio de la termodinámica.
Su gran contribución, aunque no única, al avance de la física,
fue la hipótesis cuántica, presentada en 1900 para explicar la radiación del
cuerpo negro, según la cual éste emite energía en forma de "paquetes
discretos", cuantos, según la fórmula simplificada
¿Qué es la "Física"? ¿Qué es un "Físico"?
Es una pregunta de difícil respuesta, aunque Planck la resumió
muy bien: la física enseña a conocer los fundamentos de cómo funciona la
naturaleza. También lo hacen otras ciencias, como la química o la biología,
pero desde puntos de vista diferentes y posiblemente menos generales, y así la
física abarca un espectro muy amplio: desde lo más grande, el universo, la
cosmología, la astronomía y la astrofísica a lo más pequeño la estructura
interna del átomo y la existencia y comportamiento de las partículas elementales.
Importantísimo para la física es la materia, no solo en su constitución sino
también en sus movimientos e intercambios energéticos. En resumen, todo bajo
algún aspecto puede ser objeto de la física y como pretendía el joven Planck se
trata de comprender los principios por los que el mundo funciona, es decir,
esencialmente el físico debe descubrir conceptos observados en la naturaleza, a
veces con sofisticados aparatos de observación y medida, otras con el poderoso
instrumento mental que son las matemáticas y siempre con su ingenio. Esto se
puede hacer desde dos puntos de vista complementarios, la física experimental y
la teórica.
En la física experimental el físico busca observando
directamente y reproduciendo en su laboratorio, si es posible, fenómenos de
forma controlada buscando regularidades y las leyes que los rigen, que
normalmente se expresan en forma de ecuaciones matemáticas. De esta forma se
cumple uno de los objetivos, la posibilidad de hacer predicciones a plazo más o
menos largo. Ahí surge un problema que el físico debe resolver. Las matemáticas
son exactas, la naturaleza no lo es, además en la práctica nunca un suceso está
aislado y todo experimento implica un error experimental.
El físico teórico opera utilizando sobre todo la herramienta
matemática. Se puede decir que los teóricos trabajan de dos modos uno el que
algunos llaman enfoque de arriba-abajo y consiste es establecer una formulación
general y de ahí trabajar para encontrar una descripción del mundo o del
problema que les ocupa en tanto que, en otro enfoque, de abajo arriba, el
físico teórico parte de los hallazgos de la física experimental para ir creando
gradualmente una teoría. La dificultad es que a veces no existen las
matemáticas necesarias y hay que inventarlas, aunque nuevos descubrimientos
matemáticos pueden inducir nuevas formas de estudiar la física, el
descubrimiento en el siglo XVII del cálculo infinitesimal ayudó en gran manera
al desarrollo de la física, proporcionando una herramienta de la que por
ejemplo Galileo no disponía (tampoco disponía ni siquiera de un simple
cronómetro).
Además de la física experimental y la teórica existe otro
enfoque también muy importante que es la física aplicada que sirve la
resolución de problemas en otras disciplinas, como la ingeniería, la medicina o
lo biología.
¿Qué puede hacer un físico? ¿Dónde y cómo puede desarrollar su
formación?
Hoy día las posibilidades del físico para ejercer su profesión
son inmensas, posiblemente se una de las formaciones básicas más polivalentes.
El primer campo de trabajo es el académico ya sea como
investigador ya como docente En la Universidad prima el físico especializado,
el mundo de la física es tan grande que es imposible que una sola persona
domine "toda la física".
Fig. 1. Laboratorio de Heinrich R. Hertz. Él mismo torneaba las esferas con
las que realizaba sus experimentos.
Normalmente en los grandes centros de investigación se trabaja
en equipo con integrantes de distinta preparación básica, con distintos
intereses y diferentes habilidades.
Fig. 2. Vista aérea del CERN de Ginebra. Se superpone al paisaje el trazado
de los túneles y la posición de los cuatro experimentos. Los túneles tienen del
orden de 7 km de longitud.
Ha pasado a la historia el científico que trabajaba casi en
solitario y con unos medios bastante elementales, como Hertz. Hoy la
investigación profunda requiere grandes equipos materiales y humanos que solo
grandes instituciones, públicas o privadas, pueden costear. A veces, como el
CERN, se trata de proyectos internacionales.
El profesorado universitario normalmente compatibiliza su labor
docente con su labor investigadora y su formación permanente es imprescindible
por ejemplo mediante "años sabáticos" o estancias académicas en otros
centros. Para el acceso a los cuerpos docentes e investigadores públicos se
suele requerir una titulación que muchas veces implica el doctorado y superar
unas pruebas: oposiciones.
Otra forma de ejercer la docencia es en centros de enseñanza
secundaria o bachillerato en estos casos muchas veces la física se acompaña de
química, aunque muchos titulados en física optan por las matemáticas, la
informática o la tecnología. También se requiere una titulación y unas
oposiciones, Fuera del mundo académico los profesionales de la física tienen un
espectro muy amplio de actividad, aplicando directamente sus conocimientos en
la industria, Los meteorólogos son en su mayoría físicos de formación y muchos
físicos se especializan en otras ciencias de la tierra, como sismólogos,
geofísicos, oceanógrafos, producción y transformación de energía. También son
buscados en sectores como la banca, la defensa, incluso el comercio y por el
método que da el estudio de la física en la resolución de muchos problemas y
situaciones Especial interés tienen otros campos en que la física complementa
otras disciplinas, como, la biofísica o la física médica, cuya importancia, y
demanda de especialistas crece constantemente, En resumen, la polivalencia de
los estudios de física es muy amplia.
¿Quiénes pueden estudiar física?
La carrera de físicas no es especialmente difícil, pero requiere
además del interés y la curiosidad que son imprescindibles para quien quiera
dedicarse a las ciencias, una buena base matemática y un cierto gusto por esta
ciencia, al menos en sus aspectos operativos. También, para los aspirantes a
físicos, gusto e interés por el trabajo de laboratorio con rigor y la precisión
y no conformarse con los resultados trillados, ganas y capacidad para trabajar
individualmente y en equipo. Son también imprescindibles los idiomas
extranjeros, por lo menos una buena base de inglés, ya que este es la lengua
franca de la ciencia, como en tiempos no muy lejanos fuera el latín.
¿Cómo son los estudios de física?
En España los estudios reglados empiezan por el Grado, que en
teoría implica cuatro años de formación. Se tara de una formación bastante
general en los campos que concierne a la física y que suelen cerrarse con un
proyecto de investigación de fin de Grado. En muchos casos estos cuatro años no
se consideran suficientes y es necesario complementarlos por
"másteres" o maestrías, que suelen durar por lo menos un curso
académico y que se trata de estudios muy especializados.
Finalmente está el máximo grado académico de la carrera que es
el doctorado. Es un proceso de duración variable y que requiere el desarrollo y
defensa ante un tribunal de un proyecto de investigación, la tesis doctoral. El
doctorado es imprescindible para quienes se orientan hacia la Universidad o los
centros especializados en investigación.
¿Dónde se puede estudiar física en España?
La mayoría de las universidades públicas españolas incluyen en
su oferta el grado de Física. Bastantes de ellas ofrecen dobles grados es decir
los planes estudio contienen un bloque de esas asignaturas comunes a ambos
grados por separado y se incrementan con materias específicas, con la
consiguiente ampliación de carga lectiva. El doble grado más común es el Física
y Matemáticas, sin embargo, en algunas universidades se ofertan otros como
Química y Física, Física e Ingeniería informática; Física y resistencia de
materiales. También hay oferta de físicas en algunas universidades privadas.
En la Web se puede encontrar información actualizada (por
ejemplo, en http://yaq.es/carreras-universitarias/ciencias/fisica) y en las páginas de las diferentes universidades se encuentra
información más detallada.
Detalle importante es que para obtener una formación sólida es
muy recomendable hacer alguna estancia en el extranjero por ejemplo acogiéndose
a programas como Erasmus.
Resumen:
A quien le interese la ciencia y sienta curiosidad por saber
cómo y por qué funciona el mundo el estudio de la física, le es imprescindible.
Hoy una persona culta no debería ignorar los descubrimientos actuales de la
física y este aspecto es muy importante por ejemplo para el profesional de la
filosofía, incluso para el teólogo. No es necesario estudiar la carrera ni
ejercer como profesional de la física, ni siquiera es imprescindible el dominio
de las matemáticas superiores, se puede aprender física "sin matemáticas",
basta con curiosidad y estar dispuesto a dedicar parte del tiempo a la lectura
crítica de libros y revistas, en principio de divulgación, luego más serios.
Hay excelentes libros divulgativos de diferentes niveles y escritos por los
grandes maestros de la física, como Einstein, Heisenberg, Born, Feynman, etc.
En realidad "Físico es todo aquel a quien le interesa saber cómo funciona
el universo y trabaja para averiguarlo".
José Antonio Martínez Pons
Doctor en Química
Licenciado en Física
Capítulo 79
Y yo quiero ser...Físico
(Por Miguel Ángel Fernández Sanjuán)
Sin duda todos nos planteamos en algún momento de nuestras vidas
lo que queremos ser, lo que queremos hacer de nuestras vidas y qué papel
queremos jugar en ella. Ya de niños nos peguntan con frecuencia: y tú
¿qué quieres ser de mayor? Y sorprendidos de tal pregunta, no sabemos
muy bien qué responder, y a veces las respuestas son imágenes infantiles de
nuestros héroes, tales como futbolista, bombero, enfermero o astronauta.
Fig. 1. La Termodinámica Cuántica es una de las novedosas disciplinas que
está emergiendo en los últimos años y de las que se esperan grandes avances en
el conocimiento básico y aplicado. Crédito: Prof. Jianshu Cao. MIT [3]
Comenzamos a adquirir conocimientos de física aproximadamente a
los doce años, y con frecuencia ni siquiera somos capaces de clasificar los
conceptos que adquirimos. Más tarde cuando tenemos cursos de física y química,
o específicamente de física en el bachillerato, entonces comprendemos mejor de
qué se trata. Además, hemos desarrollado paralelamente nuestros conocimientos
de matemáticas, que nos permiten formalizar y modelizar los conceptos de la
física de una manera más ordenada y rigurosa, sin perder de vista que se trata
de una ciencia experimental.
Muy frecuentemente, al plantearse la cuestión de qué quiero ser,
hay un primer paso: nos atraen las ciencias por encima de las humanidades y las
ciencias sociales, o la ingeniería. Pero puede ocurrir que sigamos sin poder
decidir cuál de las diferentes ciencias tradicionales, Física, Matemáticas,
Química, Biología, Geología, es la que más nos atrae.
Fig. 2. Cuenca de atracción de un péndulo caótico. Cada color representa una
región de condiciones iniciales que nos llevan a uno de los posibles
movimientos del péndulo. Crédito: Dibujo realizado en el grupo de Caos de la
Universidad de Maryland que dirige el Prof. James A Yorke.
Lo que nos hace decidirnos por una de ellas es algo muy
personal, y las experiencias personales son muy variadas. Puede ser el haber
tenido un excelente profesor que nos transmitió su pasión y entusiasmo por la
materia, haber leído un libro apasionante de divulgación científica, haber
visitado una feria de la ciencia, un planetario o un museo de ciencias, o
muchas otras razones de índole interno que nos hacen sentir una atracción y un
fuerte deseo de conocer más.
Es ese un momento clave, cuando en realidad, gustándonos las
ciencias, además de las humanidades u otras materias, tenemos que tomar una
decisión: la de comenzar los estudios del grado de Física en la Universidad.
Cuando uno comienza sus estudios de Física en la Universidad, en la gran
mayoría de los casos lo ignora casi todo de qué es realmente la Física y en qué
consiste el trabajo de físico. Dicho de otro modo, qué puede hacer uno en la
vida siendo físico. Esa visión genérica y tal vez inconcreta de la Física, se
va aclarando poco a poco a medida que transcurren los diferentes cursos en qué
consisten los estudios. Se nos van abriendo los ojos a nuevas e insospechadas
disciplinas dentro de la física, que o bien ignorábamos por completo o tan solo
teníamos una ligera idea al respecto. Descubrimos nuevos nombres, que designan
disciplinas tradicionales o nuevas, tales como mecánica, termodinámica, física
estadística, óptica, electromagnetismo, física de la materia condensada, física
nuclear, gravitación y cosmología, física de la atmosfera, física no lineal y
teoría del caos, física de sistemas complejos, física cuántica, biofísica,
física de fluidos, acústica, física de partículas elementales, física
matemática, astrofísica, física solar, geofísica, etc…El panorama que se nos
ofrece es espectacular, las posibilidades innumerables, y eso que no las he
mencionado todas.
Esta es una de las principales razones por las que he elegido
como título de mi contribución "Y yo quiero ser...Físico" y no una
especialidad en concreto, porque considero muy importante adquirir una
formación básica y generalista, y a la vez estar muy abierto, de acuerdo a
nuestras capacidades e inquietudes, a todas aquellas disciplinas que
desconocemos y todas aquellas nuevas que surgirán a lo largo de nuestra vida
profesional.
Sin lugar a duda, a lo largo de los años de nuestra formación,
irán apareciendo disciplinas dentro de la física que nos atraen más. Pero
insisto en que la primera decisión es "quiero ser físico". Es muy
común que alguien idealice una determinada especialización por los motivos que
sean, y que cuando se enfrente a la materia, se dé cuenta que no es lo que
pensaba, o simplemente deje de interesarle. Pues no pasa nada. Lo importante es
saber que con una formación básica podemos ser capaces de realizar funciones
muy diferentes.
Es importante explorar la afirmación "Y yo quiero
ser...Físico", pero también es importante saber qué es lo que hace un
físico. Y un físico de hecho puede hacer muchas cosas. Una pasión de muchos es
la de ampliar el conocimiento a través de la investigación científica. Otra
posibilidad es la de aprovechar los conocimientos adquiridos en el grado de
Física y emplearlos en una profesión donde se requiera la aplicación de
conocimientos científicos y técnicos, y por último otra posibilidad tradicional
es la dedicación a la enseñanza de la física. Todas ellas pueden ser
apasionantes cuando realmente es lo que deseamos hacer.
Una de las vías más emocionantes, si tenemos la oportunidad de
llevarla a cabo, es la ampliación de conocimiento a través de la investigación.
Ello supone poder llegar a descubrir cosas nuevas que nadie haya visto
anteriormente, y supone inventar cosas que puedan tener un impacto en la
sociedad en la que vivimos y en el futuro de la civilización, estando en la
frontera de la ciencia y del conocimiento. En general, y en función de la
naturaleza de los problemas que atacamos o las preguntas que pretendemos resolver,
la investigación puede ser básica o aplicada. Entendemos en general por
investigación básica aquella que responde a un proceso impulsado por la
curiosidad científica, lo que en algunos ambientes científicos recibe el nombre
de curiosity-driven research.
Muchos de los grandes avances de la ciencia y de la física en
particular resultan de afrontar con seriedad, método y rigor esta vía de
conocimiento, la cual posteriormente a través de lo que se llama transferencia
de conocimiento puede llegar a aportar numerosos resultados tecnológicos
contribuyendo al desarrollo de nuestras sociedades.
Fig. 3. Dibujo del agujero negro llamado Cygnus X-1. Se formó
cuando una gran estrella colapsó. Este agujero negro extrae la materia de la
estrella azul a su lado. Créditos: NASA/CXC/M.Weiss [8]
Si bien existen muchos ejemplos, mencionaré tan solo un par de
ellos. Hoy en día utilizamos sistemáticamente los GPS para orientarnos, y su
propia existencia no sería posible sin el previo conocimiento de la llamada
Teoría General de la Relatividad, que desarrolló hace más de un siglo el físico
Albert Einstein. Todos los días usamos memorias USB u otros dispositivos de
almacenamiento de memoria, así como discos duros de ordenadores, fruto de la
aplicación de la llamada magnetoresistencia gigante que desarrolló tan solo
hace unos pocos años el físico francés y Premio Nobel 2007 Albert Fert.
Fig. 4. Las ondas gravitacionales fueron detectadas en 2016. Los físicos
estadounidenses Rainer Weiss, Barry C. Barish and Kip S. Thorne recibieron el
Premio Nobel de Física en 2017 por su descubrimiento.
Dependiendo de la metodología usada, la investigación en física
puede clasificarse en física experimental, física teórica, o física
computacional, si bien las fronteras entre estas últimas son actualmente vagas,
ya que los métodos computacionales son absolutamente necesarios hoy en día en
casi todas las especialidades.
Para finalizar, quisiera enfatizar el hecho de que continuamente
aparecen nuevos problemas de interés donde un físico puede desarrollar su
trabajo de investigación y su creatividad, en numerosas ocasiones en problemas
de naturaleza interdisciplinar, de ahí la importancia de formarse en aspectos
básicos en varias disciplinas. Entre otros muchos ejemplos, puedo mencionar el
auge que está teniendo la nueva y emergente disciplina denominada termodinámica
cuántica [1,2,3], donde se pretende construir una nueva termodinámica para
sistemas muy pequeños donde los efectos cuánticos no son despreciables. También
en los últimos años ha habido un enorme desarrollo de lo que se conoce como
dinámica no lineal, la teoría del caos y la física de sistemas complejos [4,5].
Otro campo emergente es la física del cáncer [6], donde métodos
provenientes de la física y de la modelización matemática pretenden contribuir
a comprender mejor qué es el cáncer y su dinámica.
El enorme interés que ha causado recientemente el descubrimiento
de las ondas gravitacionales [7] a causa de la colisión de agujeros negros [8],
presenta nuevos retos en los futuros avances fundamentales en astronomía y
astrofísica. También son destacables los trabajos recientes del físico
americano Douglas Stanford sobre caos y gravitación cuántica [9], donde usa
aspectos de la teoría del caos para entender mejor la relación entre la física
cuántica y los agujeros negros por los que ha recibido el prestigioso 2018
Breakthrough New Horizons Prize en física.
Todo ello sugiere que los problemas específicos de investigación
en los que un físico va a realizar su trabajo son difíciles de predecir de
antemano, ya sea porque las fuentes de financiación son variables con el
tiempo, o bien porque continuamente están apareciendo nuevos retos apasionantes
donde un físico puede desarrollar su creatividad y sus esfuerzos profesionales
en aras de ampliar y difundir el conocimiento científico.
Referencias:
[1] Natalie Wolchover. The
Quantum Thermodynamics Revolution. Quanta Magazine, May 2, 2017.
[2] Zeeya Merali. The new thermodynamics: how quantum physics is
bending the rules. Nature 551, 20-22, November 2, 2017.
[3] http://web.mit.edu/jianshucaogroup/quther2015.html
[4] Miguel A.F. Sanjuán. Introducción al caos determinista.
Alambique: Didáctica de las Ciencias Experimentales 89, 41-48, 2017
[5] Las Matemáticas y la Física del Caos. Manuel de León and
Miguel A. F. Sanjuán. Los Libros de la Catarata-CSIC, Madrid. ISBN:
978-84-8319-477-5 (2009).
[6] Vicente Crispín y Miguel A.F. Sanjuán. La Física del Cáncer.
Revista Española de Física 30(1), 15-18, 2016
[7] Gravitational waves
https://www.ligo.caltech.edu/page/what-are-gw
[8] What is a Black Hole?
https://www.nasa.gov/audience/forstudents/k-4/stories/nasa-knows/what-is-a-black-hole-k4.html
[9] Douglas Stanford wins Breakthrough New Horizons Prize for
work on chaos and quantum gravity
https://news.stanford.edu/2017/12/03/douglas-stanford-wins-breakthrough-new-horizons-prize/
Miguel Ángel Fernández Sanjuán
Catedrático de Física
Académico Correspondiente de la Real Academia Española de
Ciencias
Director del Grupo de investigación en Dinámica No Lineal,
Teoría del Caos y Sistemas Complejos Universidad Rey Juan Carlos Móstoles
Madrid
Capítulo 80
Y yo quiero ser...Físico de Partículas Experimental
(Por José I. Crespo-Anadón)
¿De qué está hecho el Universo? Esa es la pregunta que mueve la
Física de Partículas. A mí me enganchó cuando estaba en Secundaria, estudiando
Química. Por aquel entonces, yo creía que los protones y neutrones del núcleo
atómico y los electrones, colocados en esos orbitales con formas tan curiosas,
eran los componentes básicos de toda la materia. Me encantaba mirar la Tabla
Periódica, con todos los elementos tan ordenados, escribir ecuaciones
estequiométricas asegurándote de que no se te perdía ningún átomo por el
camino, dibujar estructuras de Lewis e imaginar cómo sería la molécula...
Pero entonces descubrí que todo eso se podía hacer con algo aún
más fundamental: las partículas elementales. Resultaba que el protón no era una
partícula elemental, sino que estaba compuesta por partículas más pequeñas, los
quarks. En concreto, dos quarks up y un quark down. Los quarks up tienen una
carga eléctrica positiva igual a 2/3 de la del electrón, los quarks down tienen
un tercio de la carga eléctrica del electrón. Por eso la carga del protón es 2
× (+2/3) + 1 × (-1/3) = +1. En el caso del neutrón, está compuesto por un quark
up y dos quarks down, por lo que la carga eléctrica total es cero. Los quarks
además tienen una carga adicional llamada carga de color, y que puede ser roja,
verde o azul (no son colores reales sino simbólicos, como el + y el – de la
carga eléctrica). La interacción entre cargas de color se llama interacción
fuerte, y es tan intensa que impide que los quarks puedan ser observados de
manera aislada. Es esta fuerza la que confina a los quarks dentro del protón.
La tabla periódica de los físicos de partículas es la de la fig.
1. En ella se dividen las partículas que componen la materia en dos grandes
grupos: las partículas que tienen carga de color se llaman quarks, las que no
tienen, leptones. Todas ellas tienen espín, esa especie de momento angular
intrínseco de la Física Cuántica, semi-entero, y por ello se les llama
fermiones. En la primera columna, también conocida como primera familia,
reconocemos los quarks up y down que acabo de mencionar, y el leptón más conocido,
el electrón, que aprendemos en Química y que sí es una verdadera partícula
fundamental. Además aparece el primer neutrino, el neutrino electrónico. Uno de
los grandes misterios de la Física de Partículas es que hay dos familias más, y
cada familia es esencialmente una copia de la anterior, pero con partículas más
pesadas. No sabemos por qué hay tres familias y si podría haber más. Además,
para cada una de las partículas que hay en la fig. 1 hay una antipartícula, una
copia con la misma masa pero con carga opuesta.
Fig. 1. Los fermiones (partículas con espín s = ½) fundamentales. La masa
(m) se da en unidades de energía (electrón-voltio, eV) dividida por la
velocidad de la luz al cuadrado (c2); 1 eV/c2≈ 1.783
10-36kg. La carga (Q) se da en unidades de la carga del protón. Los
símbolos
Así, la materia está compuesta por partículas, y la antimateria
está compuesta por antipartículas. Es curioso señalar que tres familias es el
número mínimo para que la materia y la antimateria puedan comportarse de manera
diferente, lo que podría estar relacionado con que vivamos en un Universo hecho
de materia y no de antimateria.
Los físicos de partículas no investigan solo qué partículas
existen sino cómo interaccionan entre sí también. La teoría física que describe
las partículas elementales y sus interacciones se conoce como Modelo Estándar,
y es el resultado de unir la Teoría Cuántica con la Teoría de la Relatividad
Especial. Según este modelo, las interacciones entre partículas también están
mediadas por otras partículas elementales con espín entero, conocidas como
bosones (Fig. 2).
La interacción fuerte de la que ya hemos hablado está mediada
por gluones, que portan una carga de color y una carga de anticolor (el
equivalente del color para la antimateria). El hecho de que los propios gluones
tengan carga de la interacción que median hace que, a pesar de no tener masa,
su rango de acción sea extremadamente limitado, por debajo del diámetro de un
protón. No obstante, es una interacción tan fuerte que incluso su componente
residual es suficientemente intensa para vencer la repulsión eléctrica entre
protones y permitir la formación de núcleos atómicos. La interacción
electromagnética nos es más familiar, es la que mantiene a los electrones de un
átomo ligados a su núcleo. Afecta a las partículas que tienen carga eléctrica.
Su portador es el fotón, una partícula sin masa y sin carga que se propaga a la
máxima velocidad posible en el Universo, la velocidad de la luz (c = 299792458
m/s). El alcance de la interacción electromagnética es infinito, pero a la
escala de un protón es unas cien veces menos intensa que la interacción fuerte.
La última interacción descrita por el Modelo Estándar es la interacción débil.
Se llama así porque en la escala de un protón, es un millón de veces menos
intensa que la interacción fuerte. La causa de esta debilidad es que sus
mediadores, los bosones W± y Z0, son muy masivos (más de 80 veces la masa del
protón), lo que a bajas energías hace que esta interacción esté suprimida. Esta
interacción distingue misteriosamente entre izquierda y derecha, por lo que se
dice que viola la simetría de paridad: sólo afecta a partículas que
"giran" en la dirección contraria a las agujas del reloj (levógiras)
o a antipartículas que "giran" en la dirección de las agujas del
reloj (dextrógiras). Es más, esta interacción afecta de manera diferente a
materia y antimateria.
Los físicos de partículas se suelen dividir en dos grupos:
teóricos y experimentales; aunque la división no es infranqueable y hay físicos
que combinan habilidades de distinta manera.
Fig. 2. Los bosones fundamentales del Modelo Estándar.
Los físicos teóricos trabajan desarrollando el Modelo Estándar;
por ejemplo, calculando las probabilidades de que ciertos procesos se produzcan
(la Física de Partículas es Cuántica, y sólo se puede hablar de probabilidades
de sucesos) o intentando ampliar el Modelo Estándar con nuevas partículas para
explicar misterios como qué es la materia oscura, esa sustancia desconocida que
es necesaria para explicar observaciones astronómicas pero que no emite luz.
Los físicos experimentales realizamos experimentos para comprobar la validez de
esas teorías, medir parámetros fundamentales del Modelo Estándar o realizar
búsquedas de nuevas partículas o interacciones. Los físicos de partículas
experimentales encarnan una versión moderna del ideal renancentista de excelencia
en "las armas y las letras", no sólo deben estar versados en las
últimas teorías de Física de Partículas para poder ponerlas a prueba, sino que
también deben ser capaces de diseñar, construir y operar los experimentos para
ello, y analizar las ingentes cantidades de datos que producen.
En mi caso, yo estudio la física de neutrinos haciendo
experimentos. De todas las partículas que componen el Modelo Estándar, los
neutrinos son los peor conocidos. Sabemos que al menos hay tres tipos (o como
decimos en Física de Partículas, sabores): electrónico, muónico y tauónico. No
sabemos sus masas. Tenemos límites superiores resultantes de aplicar las leyes
de conservación de energía y momento a desintegraciones que implican a
neutrinos, y sabemos que no son cero porque hemos observado transiciones periódicas
de sabor entre neutrinos, conocidas como oscilaciones, que solo son posibles si
son partículas masivas. Esto es, neutrinos producidos con un sabor pueden ser
detectados con otro sabor porque por el camino su sabor no está definido, sino
que se encuentran en una superposición de los tres sabores, al igual que el
gato de Schrödinger está a la vez vivo y muerto hasta que se abre la caja. La
frecuencia con la que cambian de sabor depende de la diferencia entre las masas
al cuadrado de los neutrinos, y por eso sabemos que no son cero.
Durante el doctorado trabajé en el experimento Double Chooz, que
usa los antineutrinos electrónicos producidos en la desintegración radioactiva
de los productos de fisión de la central nuclear de Chooz (Francia). Con un
detector situado a 1 km de los reactores, contamos el número de antineutrinos
electrónicos en función de su energía, descubriendo que había un déficit debido
a que algunos antineutrinos cambiaban de sabor durante el trayecto.
Actualmente, trabajo en los experimentos MicroBooNE y SBND en Fermilab en
Estados Unidos. Nuestro objetivo es investigar una serie de anomalías que
sugieren que podría haber más sabores de neutrinos que los tres conocidos. Para
ello, usamos un haz de neutrinos predominantemente muónicos producido por la
colisión de protones contra un blanco de berilio, que produce partículas
inestables que acaban desintegrándose en neutrinos. Contando el número de
neutrinos en función de su energía seremos capaces de determinar si se está
produciendo una oscilación más rápida de lo esperado gracias al efecto de los
nuevos sabores de neutrinos. Estos nuevos sabores tendrían una peculiaridad: no
estarían sometidos a ninguna de las interacciones del Modelo Estándar, por lo
que se los conoce como estériles. Y en el futuro, DUNE, un experimento en
preparación, usará un haz de neutrinos que atravesará 1300 km de tierra para
medir si los neutrinos oscilan con la misma probabilidad que los antineutrinos,
en búsqueda de las claves de la prevalencia de la materia sobre la antimateria
en el Universo.
Además, como los neutrinos únicamente experimentan la
interacción débil, solo podemos afirmar con certeza que existen neutrinos
levógiros y antineutrinos dextrógiros. Esto, unido al hecho de que tengan masas
tan pequeñas, nos hace preguntarnos si los neutrinos obtienen su masa del campo
de Higgs como el resto de las partículas masivas, o tal vez exista otro
mecanismo. Una posible alternativa requiere que los neutrinos y los
antineutrinos sean en realidad la misma partícula.
¿Cómo se llega a ser físico de partículas experimental?
¡Empezando en el colegio! Te tienen que gustar y se te tienen que dar bien la
Física y las Matemáticas, y durante la carrera de Física profundizarás
muchísimo más en ellas. Pero Lengua e Inglés son igual de importantes. No es
posible hacer ciencia si no puedes comunicar tus conocimientos y discutir temas
con tus colegas de manera efectiva. La Física de Partículas es una disciplina
muy internacional, y el inglés es el idioma oficial. Cuando llegue el momento
de elegir, busca una Universidad que tenga investigadores que trabajen en
Física de Partículas y ve a hablar con ellos. ¡No seas tímido/a! Los primeros
años de la carrera son comunes a todas las especialidades, y ahí aprenderás
todas las herramientas matemáticas que usarás después y los fundamentos de
Física necesarios para poder dar el salto a las asignaturas optativas: Mecánica
Cuántica Avanzada, Teoría Cuántica de Campos, Física de Partículas... Aprender
a programar es muy importante: la cantidad de datos que hay que analizar es
enorme y se usan ordenadores todo el tiempo. Hoy en día, los lenguajes más
usados en Física de Partículas son C++ y Python. Aprende también a usar el
sistema operativo Linux y los comandos básicos de la shell. También te recomiendo
que aprendas a usar uno de los editores Emacs o Vim, y software de control de
versiones (por ejemplo, git). Si quieres saber más [1].
Referencias:
[1] J.I. Crespo-Anadón, I. Ochoa, C. Vilela et al.,
"Columbia University Science Honors Program Particle Physics", Web
para la enseñanza de Física de Partículas, https://twiki.nevis.columbia.edu/twiki/bin/view/Main/ScienceHonorsProgram
José I. Crespo-Anadón
Doctor en Física
Postdoctoral Research Scientist, Nevis Laboratories, Columbia University
Capítulo 81
Y yo quiero ser...Físico Nuclear
(Por Antonio M. Lallena Rojo)
Supe de la existencia de una carrera universitaria en la que se
estudiaba, sobre todo, física por un antiguo alumno del colegio donde yo estaba
cursando el último año de bachillerato, que entonces se denominaba Curso de
Orientación Universitaria, el famoso C.O.U. Acababa de terminar el primer
trimestre y a una reunión de compañeros se sumó ese ex alumno que me dio la
inesperada nueva: él estaba estudiando físicas en la Universidad de Granada.
Por aquel entonces yo estaba convencido de que mi futuro iba a estar
ineludiblemente ligado a la arquitectura. Pero parece que ese convencimiento no
lo tenía suficientemente arraigado y a partir de aquel momento, y casi sin
dificultad, torné mi interés hacia aquella entonces extraña Licenciatura en
Ciencias Físicas de la que fui acumulando información y cuyos encantos acabaron
embelesándome. Lo primero que aprendí al respecto fue que junto a la física se
estudiaban muchas matemáticas, pero eso no constituía en mi caso ningún
inconveniente: las matemáticas ya eran, junto con la física, objeto de mis
preferencias como estudiante y, a diferencia de lo que me ocurría con otras
asignaturas, me encontraba muy a gusto con ambas disciplinas. La perspectiva de
pasar mi vida bregando con ellas no me resultaba nada desagradable.
¿Qué es la física nuclear?
Tuvieron que pasar cuatro años para que pudiera empezar a
desentrañar los misterios de la física nuclear. Bueno, en realidad, supe algo
de ella algún tiempo antes, cuando cursé el tercer año de la licenciatura y me
topé de lleno con la mecánica cuántica, una disciplina que, aún no sé muy bien
porqué, me hizo recuperar en todo su esplendor la ilusión con la que había
empezado la carrera. Los números cuánticos, las funciones de onda, el principio
de incertidumbre, los constituyentes de la materia, los potenciales, el momento
angular, la teoría de colisiones… Todo aquello, que sonaba un poco a ciencia
ficción (o directamente a chino según muchos de mis compañeros de clase), se me
hizo enseguida familiar y me abrió la puerta a un campo de estudio en el que he
seguido trabajando desde entonces y que tiene mucho que ver con la estructura
de la materia.
Todos sabemos que la materia está formada por moléculas, unas
estructuras más o menos complejas, constituidas por varios átomos. A su vez los
átomos contienen un cierto número de electrones que orbitan alrededor de un
centro de fuerzas, que tiene carga positiva y que, por medio de la fuerza de
Coulomb, atrae a esos electrones. Como estos tienen carga negativa, se repelen
mutuamente y son el balance de atracciones y repulsiones, junto con el propio
movimiento de los electrones y del centro de fuerzas, los responsables de que
los átomos existan como sistemas estables.
La física nuclear es la parte de la física que se concentra en
el estudio de ese centro de fuerzas, el núcleo atómico. Aunque los
núcleos tienen una estructura aparentemente simple, en realidad resulta muy
compleja, con propiedades muy variadas. Para empezar cabe señalar que están
constituidos por una amalgama de protones y neutrones que da cuenta de la mayor
parte de la masa del átomo en el que se encuentra. Recordemos en este sentido
que la masa del protón y la del neutrón (la de éste un poco superior a la de
aquél) son, en números redondos, unas 2000 veces la del electrón. Atendiendo a
la carga eléctrica, los sistemas atómicos pueden ser neutros, si el núcleo
tiene un número de protones igual al de electrones, o, en caso contrario, estar
cargados positiva o negativamente, denominándose entonces iones.
Pero como los neutrones son eléctricamente neutros, el número de
ellos existente en el núcleo no cambia el estado de carga del átomo. Y no sólo
eso: como las propiedades químicas de los átomos están relacionadas
directamente con el número de electrones que contienen, el número de neutrones
no las afecta. Surge entonces el concepto de isótopo: se llaman
isótopos aquéllos átomos que se diferencian sólo en el número de neutrones
contenidos en su núcleo, y el nombre proviene de que todos ellos se encuentran
"situados" en la misma casilla de la tabla periódica. Los átomos
conocidos son, por tanto, los que aparecen en dicha tabla, en la actualidad
118. Pero la existencia de isótopos hace que el número de especies nucleares
sean mucho mayor y así, hoy día, son conocidas más de 3000 diferentes.
Estabilidad nuclear
La existencia de los núcleos atómicos fue puesta de manifiesto
en 1911 por Rutherford y sus estudiantes Geiger y Marsden, después de realizar
su famoso experimento en el que bombardearon con partículas
Casi inmediatamente surgió una cuestión muy relevante: ¿cómo es
posible que un conjunto de neutrones y protones pueden formar un sistema
estable a pesar de que éstos se repelen entre sí debido a su carga positiva? La
respuesta resultó simple: existe otra interacción predominantemente atractiva y
capaz de contrarrestar esa repulsión. Esa interacción es la denominada fuerza
nuclear fuerte, que actúa sobre protones y neutrones y que tiene varias
características que la hacen particularmente interesante. De ellas cabe
destacar su intensidad, mucho mayor que la de la interacción electromagnética,
y su corto alcance, que contrasta con el alcance infinito de ésta. Como
consecuencia, la energía de enlace por nucleón (1) resulta ser prácticamente
constante para todos los núcleos, del orden de unos 8 MeV/nucleón. Sin embargo,
como puede verse en la fig. 1, hay pequeñas variaciones y son los núcleos
alrededor del Fe los que presentan un mayor valor de esta cantidad, siendo, por
tanto, los núcleos más estables.
¿Significa esto que hay núcleos inestables? La respuesta es sí y
es importante señalar que de las 3000 especies nucleares conocidas, a las que
antes he aludido, tan sólo poco más de 250 son estables, es decir, que no se ha
podido observar, con la instrumentación existente hoy día, que sufran proceso
de desintegración alguno. Por el contrario, los núcleos
inestables se desintegran; en otras palabras, se transforman en otros núcleos
emitiendo radiación o fragmentándose. Los procesos más usuales son los siguientes:
·
desintegración α, en la que
el núcleo emite una partícula α, que no es sino un núcleo de 4He;
·
desintegración β-,
en la que un neutrón del núcleo se convierte en un protón y se emite un
electrón (y también un antineutrino);
·
desintegración β+,
en la que ocurre lo contrario, esto es, un protón se convierte en un neutrón y
de resultas se emite un positrón (la antipartícula del electrón) y un neutrino;
·
captura electrónica, proceso
en el que el núcleo captura uno de los electrones del átomo en el que se
encuentra, un neutrón se convierte en un protón y se emite un neutrino;
·
desintegración γ, en la que
un núcleo que queda en un estado excitado después de algún otro proceso, pasa a
ocupar otro estado de menor energía emitiendo fotones, y
·
fisión nuclear, que conlleva
la fragmentación del núcleo en dos núcleos más ligeros y la emisión de varias
partículas (como neutrones y fotones). La fisión es la base de la generación de
energía en las centrales nucleares y los núcleos susceptibles de sufrirla son
los más pesados, los que cuentan con muchos nucleones (ver fig. 1).
El escenario es pues más que interesante. Disponemos de un
conjunto de varios miles de núcleos, de muy variada composición y que pueden
bien ser estables o bien evolucionar de distintas formas.
Fig. 1: Energía de enlace por nucleón en función del número de nucleones, A,
para distintos núcleos. La notación empleada para los núcleos indicados
es AZ donde Z, el número de protones, se ha sustituido por el
símbolo químico del átomo neutro correspondiente. Los núcleos pesados son menos
estables que los de la zona del Fe, ya que tienen una energía de enlace por
nucleón más baja, y podrían fisionarse, produciendo energía y transformándose
en otros núcleos más ligeros, más estables. Por otra parte, dos núcleos ligeros
podrían fusionarse, una vez vencida la repulsión coulombiana, dando lugar a
otro núcleo más estable y produciendo también energía: estaríamos entonces ante
la fusión nuclear.
Y no sólo eso sino que, además, las propiedades de estos núcleos
pueden ser muy diferentes aún cuando no lo sea el número de los nucleones que
los forman. Por ejemplo, el núcleo de 238Pu tiene un período de
semidesintegración de 87.7 años, mientras que el del 239Pu es
de 24110 años y sólo se diferencian en un neutrón. Otro ejemplo: el 1H
es el isótopo del hidrógeno más abundante en la naturaleza (99.98%) mientras
que el 2H, que tiene un neutrón más, sólo está presente en un
0.02%. Ambos son estables. Sin embargo el 3H, formado por un
protón y dos neutrones, es radiactivo β-, tiene un período de
semidesintegración de 12.32 años y algunas trazas de él pueden encontrarse en
la naturaleza cuando se producen, por ejemplo, ciertas reacciones de
interacción de rayos cósmicos con la alta atmósfera. Por lo demás se trata de
un núcleo artificial que aparece, por ejemplo, en los reactores nucleares
debido a las reacciones que ocurren en ellos.
Explicar las propiedades de todos estos sistemas requiere
modelos de muy distinta índole que destaquen aquellas características más
relevantes en cada caso concreto. La casuística es tal que aún quedan problemas
por empezar a explorar. Y no sólo en el propio ámbito de la física nuclear,
sino en otros tan aparentemente alejados del mismo como el de la astrofísica.
Por citar uno de mucho interés en la actualidad me gustaría mencionar aquí el
estudio de la abundancia de los elementos en el universo. La determinación de
esa abundancia está ligada a la evolución de las estrellas y ésta, a su vez, al
desarrollo de las distintas cadenas de desintegración nuclear en las que la
aparición o desaparición de unos u otros núcleos ocurre con una determinada
probabilidad que está regida por las propiedades de esos núcleos. No parece
pues la física nuclear un mal campo de trabajo, ¿no?
Radiactividad y aplicaciones
La radiación emitida en los procesos de desintegración antes
descritos entra dentro de la clasificación de radiación ionizante,
ya que tienen energía suficiente para ionizar las moléculas y los átomos de los
materiales con los que interactúan. Estamos hablando de la radiactividad, cuyas
aplicaciones son numerosas en la industria y la medicina. Y esto incrementa
notablemente las temáticas en las que los conceptos básicos de la física
nuclear tienen una salida natural.
De especial interés en mi caso es la física médica, una
disciplina a caballo entre física y medicina, en la que se estudian estrategias
y aplicaciones de la física para la solución de problemas de índole médica. En
ella tiene un papel estelar la radiactividad que ha permitido avanzar, de
manera impensable hace tan solo unas décadas, tanto en el diagnóstico como en
la terapia. En relación al primero basta mencionar todo lo relativo a la imagen
médica (radiografía, mamografía, SPECT, PET, etc.), que tuvo su origen en el
descubrimiento de los rayos X por Roentgen a finales del s. XIX. En cuanto a la
terapia, no descubro nada nuevo aquí si aludo a las enormes mejoras alcanzadas
en el tratamiento del cáncer con fuentes de radiación de muy distinta índole
(isótopos radiactivos y aceleradores de electrones, de fotones, de protones y
de iones pesados).
Conclusión
La física nuclear es una rama de la física que goza a día de hoy
de una vitalidad reseñable. Tanto en lo que respecta a los problemas
intrínsecamente propios, esto es lo que se refieren a los núcleos y sus
propiedades, como los que han derivado de su capacidad para generar nueva
ciencia en otras temáticas, como el caso de la física médica, hacen de ella una
disciplina que contempla un sinfín de enfoques diferentes para la solución de
las cuestiones abiertas. Se trata pues de una ciencia apasionante en la que aún
queda mucho por hacer y las opciones de trabajo son reales. Las puertas están
abiertas de par en par para los entusiastas.
Notas:
(1)Nucleón significa partícula constituyente del núcleo y hace
referencia indistintamente a un protón o a un neutrón.
Antonio M. Lallena Rojo
Doctor en Ciencias Físicas
Catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear.
Universidad de Granada
Capítulo 82
Y yo quiero ser...Físico Nuclear y de Partículas
(Por Óscar Moreno)
Cuando se piensa en los laboratorios necesarios para realizar
experimentos con núcleos y partículas, inmediatamente nos vienen a la mente las
grandes instalaciones que aparecen de vez en cuando en los medios de
comunicación, como el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en
inglés), que es el mayor de los aceleradores del CERN, en Ginebra. ¿Por qué se
necesita un anillo de 27 km de longitud para estudiar partículas tan pequeñas
que en muchos casos son consideradas como puntos matemáticos? La razón es que
la teoría cuántica predice que cuanto más pequeña es la región del espacio que
queremos explorar y más cortos los tiempos en que suceden los procesos, más
amplios deben ser los rangos empleados de energía. Esta es una de las
consecuencias más extrañas del mundo cuántico, que impone severas restricciones
en el avance experimental de la disciplina.
Sin embargo, un físico nuclear y de partículas teórico se aísla
en cierto modo de esas dificultades (y éxitos) de la ingeniería y concentra su
trabajo en el verdadero laboratorio que ofrece la naturaleza para estudiar las
partículas: el núcleo atómico. La utilidad de este microscópico sistema (del
tamaño de una milbillonésima de metro, 10-15 m) es que las
partículas interactúan en él y con él de muy diversas maneras, y del estudio de
esos procesos se puede extraer una gran cantidad de información sobre la naturaleza
de esas partículas o sobre la propia estructura de los núcleos y de los átomos.
Buena parte de las interacciones entre partículas y núcleos no son más que
choques entre ellos, que se denominan dispersiones o procesos de scattering.
Se trata de la versión científicamente rigurosa de matar moscas a cañonazos,
solo que en este caso no es sinónimo de método ineficaz sino de todo lo
contrario, porque estudiando la energía con la que salen despedidas las
partículas que chocan con los núcleos se aprende muchísimo de la física a
escalas microscópicas. También son muy interesantes los procesos en que los
núcleos emiten partículas espontáneamente, que se denominan desintegraciones
radiactivas. Las más conocidas son la desintegración alfa (que emite núcleos
del elemento helio), la beta (que emite electrones, neutrinos y otras
partículas similares) y la gama (que emite fotones, como los de la luz visible
pero mucho más energéticos).
Para entender mejor por qué los núcleos son tan buenos
laboratorios para estudiar las partículas, es necesario retroceder a la física
más fundamental que conocemos. En el nivel más básico de la naturaleza existen
solamente, que sepamos, cuatro fuerzas distintas que actúan entre las
partículas de materia. Reciben el nombre de interacciones fundamentales, y en
la vida cotidiana estamos familiarizados con dos de ellas: la interacción
gravitatoria y la electromagnética. La primera nos mantiene pegados a la superficie
terrestre, además de retener a la Luna en órbita alrededor de la Tierra y a
esta en torno al Sol. La interacción electromagnética, por su parte, es la
responsable de todos los fenómenos eléctricos, magnéticos, ópticos y químicos
que nos rodean. Las dos interacciones fundamentales restantes, por el
contrario, no tienen efectos aparentes en las escalas de tamaño en las que
vivimos, sino solo en la pequeñísima escala de los núcleos atómicos. Se
denominan interacción fuerte e interacción débil, haciendo referencia a su
intensidad. La primera es responsable de mantener unidas las partículas que
forman los núcleos atómicos, protones y neutrones, y la segunda es la causante
de una de las desintegraciones de las que hablábamos antes, la beta, entre
otros procesos. El núcleo atómico es el único sistema físico complejo en el que
intervienen tres de las cuatro interacciones fundamentales: la electromagnética
(porque los protones tienen carga eléctrica), la fuerte y la débil. Por eso las
partículas subatómicas que interactúan con los núcleos lo hacen de maneras tan
variadas y revelando tanta información sobre su naturaleza.
La cuarta interacción, la gravitatoria, es mucho menos intensa
que las demás, y no tiene apenas relevancia en procesos nucleares y de
partículas. Pero sí interviene de manera esencial en otros objetos mucho más
grandes de nuestro universo: las estrellas. Ellas constituyen el otro gran
laboratorio de los físicos nucleares teóricos, ya que su estructura y
comportamiento depende de las tres interacciones relevantes en la escala
nuclear y, además, de la interacción gravitatoria. Efectivamente, el interior de
las estrellas se rige por las leyes de la física nuclear, en concreto de la
rama denominada astrofísica nuclear.
Fig. 1. Esquema de la estructura de la materia desde las escalas cuánticas
hasta las astrofísicas, indicando los tamaños característicos y las
interacciones fundamentales predominantes. La física nuclear y de partículas
juega un papel esencial en el interior de los átomos y en el interior de las
estrellas.
La ingente cantidad de energía que se libera en las estrellas
procede de reacciones de fusión (unión) entre núcleos, que son también las
encargadas de producir los elementos pesados en nuestro universo. A excepción
del hidrógeno, el resto de elementos que forman parte de nuestro planeta y de
nosotros mismos han sido creados en el interior de una estrella: somos, en
sentido literal, polvo de estrellas.
Una de las características más seductoras de la física nuclear y
de partículas es su carácter reduccionista, en el sentido de que describe los
enormemente complejos procesos que ocurren en la naturaleza con sólo cuatro
interacciones distintas actuando entre un conjunto reducido de partículas
elementales. Para todo científico movido por una irreprimible necesidad de
comprender el mundo en el que vive, esta simplificación aparece casi como una
revelación. Sin embargo, el reduccionismo no es algo que deba llevarse
demasiado lejos. ¿Se atrevería alguien a explicar el funcionamiento del cerebro
humano a partir de las leyes de la mecánica cuántica que rigen el
comportamiento de los núcleos y las partículas? Casi mejor no intentarlo. Para
eso tiene la ciencia otras disciplinas más adecuadas a cada nivel de
complejidad, como la química, la bioquímica, la biología, la psicología, etc.
Pero no deja de ser cierto que, al menos en teoría, todas las leyes y
principios del resto de ciencias naturales se podrían reducir a los de la
física nuclear y de partículas, porque es esta la que contiene los ladrillos
básicos de la materia, sus influencias mutuas y, en definitiva, las leyes más
fundamentales del universo.
Además de su evidente relación con la ciencia básica, la física
nuclear y de partículas tiene numerosas aplicaciones tecnológicas. Se emplea en
el análisis de materiales, que son bombardeados por diversos tipos de
partículas para estudiar su estructura; para estudiar procesos biológicos,
geológicos o agrícolas mediante trazadores, que son moléculas que contienen
átomos radiactivos; en diversos procesos industriales para medir el espesor de
materiales, el nivel de llenado de recipientes, etc.; para esterilizar
alimentos y materiales de uso médico; para la datación de rocas, restos
biológicos, etc., como la conocida prueba del carbono-14; y otros muchos usos.
Mención especial merece la obtención de energía de origen nuclear en forma
controlada para impulsar vehículos (submarinos, sondas espaciales) o para ser
transformada en energía eléctrica en las centrales nucleoeléctricas. En estas
se aprovecha la energía liberada en reacciones controladas de fisión (escisión,
ruptura) nuclear en cadena, que se pusieron a prueba por primera vez hace ahora
75 años en la denominada pila de Fermi, en honor al impulsor del proyecto,
Enrico Fermi. De hecho, casi todas las fuentes de energía que aprovecha la
humanidad en su beneficio proceden directa o indirectamente de la energía
nuclear. Así, la energía solar térmica y fotovoltaica proviene indirectamente
de las reacciones de fusión nuclear en el interior del Sol. Lo mismo ocurre con
la energía eólica, de las olas y de las corrientes marinas, que se generan por
la distinta incidencia de la radiación solar en diferentes regiones de la
atmósfera o de los océanos. Las masas de agua situadas a cierta altura, cuya
caída se aprovecha para la generación de energía hidroeléctrica, han llegado
hasta ahí tras absorber radiación solar, evaporarse y finalmente caer en forma
de precipitación. Por último, los combustibles fósiles y biocombustibles no son
otra cosa que luz solar captada y almacenada mediante las reacciones
fotosintéticas de las plantas.
Con mayor énfasis aún cabe reflejar aquí los usos médicos de las
radiaciones nucleares, que tuvieron una de sus primeras aplicaciones en los
coches dotados con máquinas de rayos X que ideó Marie Curie para atender a los
soldados en la Primera Guerra Mundial. Los usos médicos incluyen métodos de
diagnóstico, como las radiografías realizadas con los mencionados rayos X, y
métodos de terapia, como las radiaciones ionizantes empleadas para el
tratamiento de tumores. La fuente de las radiaciones puede estar encapsulada y
situarse a cierta distancia del paciente, constituyendo los métodos
radiológicos; o bien puede tratarse de fuentes abiertas y de radiofármacos que
se inyectan directamente en el paciente, técnicas que se engloban en la
medicina nuclear. Tampoco podemos olvidar el protagonismo que, por desgracia,
ha tenido la física nuclear en los acontecimientos históricos desde mediados
del siglo XX hasta hoy, a través de las armas nucleares, que emplean reacciones
de fisión y fusión. La ciencia y la tecnología nucleares resultan
imprescindibles para entender el devenir histórico de la Segunda Guerra
Mundial, de la posterior Guerra Fría, y buena parte del statu quo geopolítico
actual.
En definitiva, la física nuclear y de partículas nos permite
comprender el origen y evolución de la materia tras el Big Bang, así como la
creación de elementos pesados y la generación de energía en las estrellas, que
es el motor del desarrollo de la vida y de nuestra civilización. Nos abre las
puertas a la comprensión de los ladrillos básicos de la materia, para
profundizar en los que ya conocemos y descubrir otros nuevos, como la materia
oscura. Esto a su vez nos ilumina el camino hacia la comprensión del universo a
gran escala, a través de los efectos gravitatorios y cosmológicos. Empleamos
las radiaciones nucleares en multitud de aplicaciones industriales y
tecnológicas, incluyendo la obtención directa de energía de la fisión nuclear,
y quizá en un futuro también de la fusión nuclear, y para el diagnóstico y el
tratamiento de enfermedades. Además, la física nuclear nos ofrece claves para
interpretar los últimos 80 años de nuestra historia, con la vista puesta en no
repetir los errores del pasado y en centrar nuestros esfuerzos en el avance
tecnológico pacífico de la humanidad. ¿Quién da más?
Óscar Moreno
Doctor en Ciencias Físicas
Departamento de Estructura de la Materia, Facultad de Ciencias
Físicas, Universidad Complutense de Madrid, y Grupo de Química y Física
Teóricas, Instituto de Estructura de la Materia, CSIC
Capítulo 83
Y yo quiero ser...Físico Solar
(Por Ramón Oliver)
—Entonces, ¿quieres saber por qué sucedió?
—Sí, claro —respondo.
—La "Gran Tormenta Solar" —dice Montse tristemente—.
Nos pilló con los pantalones bajados. Hasta los tobillos. A pesar de que
sabíamos que podía pasar.
Estamos casi a oscuras, tan solo iluminados por algunas velas.
Casi nada funciona: únicamente el reloj de pulsera de Montse y la radio (de
pilas, claro). Desde la GTS, hace 3 meses, no hay electricidad. Y, por tanto,
no podemos emplear los móviles, ni los electrodomésticos,... ni nada. En la
calle no circulan vehículos a motor. Según Montse, esta situación va a durar
muchos meses hasta que los transformadores de las centrales eléctricas sean
reparados y se pueda "poner la civilización en marcha nuevamente".
—¡Vamos allá! —arranca Montse—. El Sol es una bola de gas de
700.000 km...
—¡Vaya rollo! —la interrumpo—. ¿No puedes ir al grano?
—Ja, ja. De acuerdo. ¿Tienes idea de por qué brilla el Sol? ¿No?
Para empezar, en su centro la temperatura ronda los 16 millones de K. ¿Sabes
que cuánto más alta es la temperatura, mayor es la velocidad de las partículas
de un gas? Pues en el centro del Sol los protones se mueven a una velocidad
media de más de 500 km/s.
—¿Y? —pregunto.
—Pues que a estas velocidades dos protones pueden vencer la
repulsión de sus cargas eléctricas positivas y fusionarse para
crear un núcleo de deuterio—Montse duda y se rasca la cabeza—. Bueno, un poco
de Mecánica Cuántica vendría bien ahora...
—Me parece estupendo —ironizo—, pero ¿qué es el deuterio?
—¡Ah, sí! Mira, es un núcleo con un protón y un neutrón. O sea,
es un isótopo de hidrógeno. Esto... ¿dónde estábamos?
Montse se para a pensar un momento.
—¿Por qué brilla el Sol?—le recuerdo.
—Claro, claro. Para simplificar: en el núcleo del Sol tiene
lugar una serie de reacciones nucleares como la anterior, esa en la que se
produce un núcleo de deuterio a partir de dos protones. Al final de esta cadena
de reacciones nucleares, cuatro protones se juntan y se crea un núcleo de Helio
4.
—¿Y qué? —intento que no se note que me estoy poniendo
impaciente.
—Resulta que la masa de este núcleo de He es menor que la de los
cuatro protones. Se ha perdido masa por el camino... ¿cómo puede ser? ¿Te suena
un tal Einstein?
—¡¡Por supuesto!!
—¿Y la ecuación E = m c2? La masa no se crea ni se
destruye...
—... ¡sino que se convierte en energía! —termino la frase a mi
manera—. La diferencia de masa se transforma en energía...
—... y por eso brilla el Sol—remata Montse.
Montse continúa explicándome cómo la energía que se genera en el
núcleo solar gracias a estas reacciones de fusión realiza un lento camino hacia
la superficie.
—A unos 470.000 km del centro, la energía empieza a
transportarse hacia arriba gracias a la convección...
—¡Ah, eso me lo sé!—la interrumpo—. Es lo mismo que pasa cuando
ponemos... cuando poníamos... la calefacción en marcha. Al calentarse el aire
que está en contacto con un radiador, su densidad decrece y el aire sube hacia
arriba. Entra en contacto con aire más frío y le cede calor. Entonces se
enfría, se vuelve más denso y vuelve a bajar.
—¡Muy bien! —Montse me guiña un ojo—. Pues ahora vas a tener que
fiarte de mí otra vez. El gas está casi completamente ionizado: es
una "sopa" de electrones e iones (protones, He+2, etc.).
Es lo que se llama un plasma.
—¿Cómo el plasma de la sangre? —vuelvo a interrumpir.
—Ja, ja, nooo. Es solo el mismo nombre, pero no tienen nada que
ver —y continúa—. Así que tenemos cargas y movimientos convectivos, vamos,
cargas en movimiento. Ya sabes que una carga en movimiento produce un campo
magnético, por lo que de esta manera se crean campos magnéticos en el interior
del Sol.
—Me cuesta seguirte —le digo.
—Me lo imagino, no es fácil. Te dije que te tenías que fiar de
mí. El mecanismo por el que se crean estos campos magnéticos se llama dinamo.
También tiene lugar en la Tierra y por eso puedes emplear una brújula cuando
vas de excursión.
—Eso sí lo entiendo —sonrío—. La aguja de la brújula se alinea
con la dirección del campo magnético.
—Bien, entonces recuerda que en el Universo nada es gratis: para
crear campos magnéticos es necesario "gastar" energía. La dinamo
solar convierte energía cinética de la convección en energía potencial
magnética.
—¿Qué me estás contando? —digo, enarcando las cejas—. Me suena a
chino.
—Muy sencillo: si alzas ese libro de ahí, le estás dando energía
potencial gravitatoria, ¿no? Si después sueltas el libro, esa energía se
convierte en cinética y el libro cae. Con los campos magnéticos pasa
exactamente lo mismo: pueden almacenar energía potencial (magnética, claro) y
luego la pueden devolver como energía cinética. ¡Y con esto, casi hemos llegado
a la GTS!
Justo en este momento la vela se apaga y tenemos que usar una de
las pocas cerillas que quedan para volver a encenderla. Montse me propone
tomarnos un descanso, pero, aunque me cueste reconocerlo, quiero que me siga
contando su historieta. Y la convenzo. Me explica que los campos magnéticos que
se "fabrican" en el interior del Sol suben hacia la superficie como
un corcho colocado bajo el agua.
—Sí, esa es otra cosa en la que te tienes que fiar de mí.
—De acuerdo, te creo. ¿Y después?
—Después... sabes que un imán tiene un polo norte y un polo sur,
¿verdad? ¿Y qué lo mismo pasa con la Tierra?
—Pues claro.
—Pues la superficie del Sol, que se llama fotosfera,
está llena de polos magnéticos norte y sur. Por todos lados.
Montse rebusca en una carpeta y saca una fotografía con un
círculo gris cubierto de manchas blancas y negras (Fig. 1a).
—Mira, esto es un magnetograma de la superficie
del Sol —prosigue—. Los campos magnéticos más intensos corresponden a los
colores blanco (polo norte) y negro (polo sur). En la superficie solar una
brújula ¡podría apuntar en cualquier dirección!
—Vaya, pues sí que es curioso.
—Y aún hay más: estos campos magnéticos intensos impiden los
movimientos convectivos, es decir, no permiten que la convección lleve la
energía hacia arriba. Por eso el gas fotosférico está más frío en las zonas
blancas y negras del magnetograma —Montse rebusca de nuevo en la carpeta y saca
otra fotografía, con un disco anaranjado (Fig. 1b)—. Ves, esta es una imagen de
la fotosfera, como la veríamos a simple vista con unas gafas especiales para
eclipses. Y las manchas negras son manchas solares.
—Galileo ya observaba manchas solares con un telescopio,
¿verdad?
—Efectivamente. Pero Galileo no podía ver la atmósfera del Sol.
Sin embargo, ahora la podemos estudiar gracias a telescopios que
captan la luz ultravioleta. Mira —me dice mientras hace aparecer dos fotos
más—. Aquí (Fig. 1c) puedes ver que encima de los campos magnéticos intensos, o
sea, encima de las manchas solares, la atmósfera solar es muy brillante; estas
zonas brillantes se llaman regiones activas y son las
discotecas de la atmósfera del Sol, dónde pasan cosas, dónde está la marcha.
Fig. 1. (a) Magnetograma de la superficie solar (fotosfera). (b) Imagen de
la fotosfera. (c) Imagen de la atmósfera solar en la longitud de onda de 21.1
nm, que muestra el plasma de la atmósfera solar a temperaturas cercanas a 2×106 K.
(d) Ampliación de la parte de la Fig. 1c dentro del recuadro blanco. ©
NASA/SDO.
A Montse le gusta hacer este tipo de bromas. ¿Qué le vamos a
hacer?
—Si miras esta ampliación (Fig. 1d) verás que esta región activa
—y señala a la que está en la parte de arriba de la foto— tiene un montón de
arcos (les llamamos bucles) que conectan un polo norte y un polo
sur —y ahora señala a las correspondientes manchas, blanca y negra, del
magnetograma (Fig. 1a).
—Esto me suena familiar —intervengo—. Pero no sé a qué me
recuerda.
—Quizás al experimento que consiste en tirar limaduras de hierro
sobre un papel colocado encima de un imán. Las limaduras se alinean a lo largo
del campo magnético.
—Entonces, ¿el gas de la atmósfera solar se alinea a lo largo
del campo magnético?
—¡Exactamente!
—¿Y tiene esto algo que ver con la GTS?
—Sí, lo has adivinado. Esta otra región activa —señala la que
está abajo a la derecha (Fig. 1d)— tiene una pinta rara, ¿no te parece? Esa
traza blanca vertical nos dice que el detector está recibiendo demasiada luz.
—¿Y por qué emite tanta luz esta región activa?
—Porque se ha acumulado tanto campo magnético en la misma zona
que la configuración es inestable. Es como si empujases esa caja que está
encima de la mesa: al llegar al borde la caja caerá al suelo. Con la
consiguiente conversión de energía potencial (gravitatoria) en cinética. Lo
mismo pasa en esta región activa: se ha almacenado una gran cantidad de energía
potencial (magnética) y en un momento dado se transforma en energía cinética.
—Creo que lo entiendo.
—Esto se conoce como fulguración. Es una explosión
gigantesca que puede expulsar una enorme cantidad de materia de la atmósfera
solar hacia el medio interplanetario. Y si la Tierra está en el camino de esta
materia, entonces ¡empiezan los fuegos artificiales! Estas cargas que llegan desde
el Sol pueden inducir corrientes en muchos de nuestros aparatos electrónicos y,
lo que es peor, en las líneas de distribución eléctrica...
—¿La GTS? —¡¡al fin!!, pienso.
—¡Eso es! Las fulguraciones normales (puede haber incluso unas
cuantas en un día) solo provocan auroras boreales y australes. Las más
energéticas pueden afectar a las naves espaciales y obligar a modificar las
rutas de avión que sobrevuelan el ártico.
—Eso no es muy impresionante...
—Cierto, pero en 1859, por ejemplo, hubo una fulguración tan
energética que las líneas del telégrafo se llenaron de electrones perversos
corriendo alegremente. A finales del siglo XX ya sabíamos que una fulguración
como esa nos pondría en apuros muy serios, porque dependemos, mejor dicho,
dependíamos muchísimo de la electrónica.
—¿Y no se hizo nada para prevenir un suceso así?
—Sí, pero no fue suficiente. Al lado de la GTS, el suceso de
1859 fue como una brisa comparada con un huracán. Los electrones perversos que
se "colaron" en las líneas de distribución eléctrica llegaron a las
centrales eléctricas y "fundieron" la mayoría de transformadores.
La vela se apaga de nuevo. Es tarde y hace frío, así que
decidimos dejarlo por hoy.
F I N
Es difícil asegurar que la ficción anterior no vaya a suceder,
aunque es poco probable porque las fulguraciones solares tan extremas ocurren
muy raramente. Se estima que una fulguración como la de 1859 puede provocar
daños por valor de varios billones de $ solo en los EUA y que la economía
tardaría varios años en volver a la normalidad. A parte de la GTS, el resto del
texto está basado en datos reales, aunque en alguna ocasión he tenido que
simplificar la explicación para que resulte más comprensible.
Si piensas que estudiar el Sol puede ser divertido, ¡apúntate a
un grado en Física!
Notas:
Las imágenes están tomadas de la web del satélite SDO
(https://sdo.gsfc.nasa.gov/).
Para ver el desarrollo de la fulguración de la Fig. 1 podemos
descargar la película de: https://sdo.gsfc.nasa.gov/gallery/main/item/837
Ramón Oliver
Doctor en Física
Catedrático de Universidad, Universitat de les Illes Balears
Capítulo 84
Y yo quiero ser...Físico Teórico
(Por Ángel M. Uranga)
Mi vocación por la Física se fraguó hacia los 17 años, cuando la
curiosidad me llevaba a husmear en los últimos capítulos de los libros de
texto, aquellos que nunca da tiempo a ver en clase, en especial los de Física y
de Filosofía. Allí me topé con fenómenos como el extraño comportamiento de los
electrones en los átomos, o maravillas como la idea del espacio-tiempo y su
curvatura como explicación de la fuerza de la gravedad. Estos
"descubrimientos" de juventud me fascinaron y me produjeron una
atracción irresistible. En aquella época sin internet y casi sin acceso a
material de divulgación científica, no sabía poner nombre a esta vocación, pero
el tiempo se encargó de mostrarme que lo que quería, aunque aún no lo supiera,
es ser Físico Teórico.
¿Qué es la Física Teórica y para qué sirve?
Hoy el término "Física Teórica" es mucho más conocido,
a través de grandes figuras mediáticas como Stephen Hawking o de su
incorporación a la cultura popular con personajes como Sheldon Cooper de la
serie "The Big Bang Theory". Pero ¿qué es en realidad la Física
Teórica?
La Física Teórica es la rama de la Física que propone modelos
teóricos para los fenómenos fundamentales observados en la naturaleza. Por
"fundamentales" podemos entender los que se manifiestan en las
situaciones más extremas de la materia y la energía, y que proporcionan
respuestas científicas a las preguntas fundamentales que se planeta el ser
humano sobre el mundo que le rodea.
Un ejemplo es lo infinitamente pequeño, donde se estudian las
leyes que rigen el comportamiento de las partículas elementales a las más altas
energías accesibles en los colisionadores de partículas como el LHC del CERN en
Ginebra. Éstas incluyen los electrones, los quarks que componen protones y
neutrones, las partículas que median sus interacciones, el bosón de Higgs, etc.
Es decir, las que componen el Modelo Estándar de Partículas Elementales, la
teoría que describe el frenesí cuántico, que constituye nuestra respuesta
científica actual a la pregunta "¿de qué están hechas las cosas?"
Otro ejemplo es el de lo infinitamente grande, el estudio del
Universo como un todo, como respuesta a las preguntas "¿cómo es el
Universo y de qué está compuesto?" "¿cómo empezó?" y "¿cuál
es su destino final?".
Fig. 1. La Física Teórica abarca las principales incógnitas del Universo,
desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande.
La Cosmología estudia la estructura del Universo, su
composición, y su origen como un plasma primigenio a las más altas temperaturas
y lanzado a una expansión desbocada. Esta expansión, fruto de la dinámica del
espacio-tiempo descrita en el marco teórico de la Relatividad General, no solo
determina la historia pasada del Universo, sino su destino último, en una
expansión eternamente acelerada, alimentada por una energía de vacío, que
denominamos energía oscura, pero cuya naturaleza está aún por determinar.
Un ejemplo final es la frontera de la complejidad, en la que la
Física Teórica estudia la aparición de nuevos fenómenos emergentes en sistemas
de muchos componentes, nuevos modos de comportamiento de la materia y la
energía que no están manifiestos en la descripción microscópica del sistema.
Esta vibrante rama de la Física se encuentra en la interface de
otras áreas, como la Física de la Materia Condensada y la Información Cuántica.
¿Y el experimento?
Gran parte de estas exploraciones es experimental y
observacional, en tanto que en Física, como ciencia empírica, la última palabra
la tiene el experimento. Pero de forma complementaria, la Física Teórica
permite llevar más allá las fronteras del pensamiento científico, y plantear
preguntas cuyas respuestas solo podrán ser confirmadas experimentalmente en un
futuro. De esta manera, la Física Teórica no solo construye la interpretación
teórica de fenómenos observados, sino que sirve de guía en la exploración
futura de la naturaleza.
Esto ha sucedido en el pasado reciente, por ejemplo con el
mecanismo de Higgs, que permaneció durante décadas como un modelo teórico
propuesto como explicación de la generación de masas para las partículas
elementales del Modelo Estándar, y una guía en la propuesta de nuevos y más
potentes aceleradores de partículas. El descubrimiento del bosón de Higgs en
los experimentos ATLAS y CMS del CERN confirma la realidad física de este
fenómeno, completando una preciosa historia de colaboración entre Física Teórica
y Física Experimental durante los últimos 50 años.
De forma similar, la reciente detección directa por la
colaboración LIGO (y posteriormente con VIRGO) de ondas gravitacionales en
procesos de fusión de sistemas binarios de agujeros negros, y de estrellas de
neutrones, culmina con una fascinante confirmación observacional una predicción
teórica centenaria de la Relatividad General. Y cuya importancia radica en que
abre una revolucionaria nueva ventana al Universo con la promesa de numerosas
sorpresas teóricas y observacionales en los próximos años.
Se espera que de igual modo, las fronteras que la Física Teórica
explora hoy día guíen el desarrollo de nuevos experimentos y métodos de
medición que permitan avanzar en el futuro conocimiento de la naturaleza. Por
ejemplo, propuestas como el origen del Universo en una etapa de inflación
cósmica en la primera fracción de segundo; o cuestiones que hoy parecen remotas
especulaciones, como la descripción de gravedad cuántica en términos de teoría
de cuerdas, o el estudio de los agujeros negros a nivel cuántico a través de
modelos teóricos como las dualidades holográficas. Estas construcciones
teóricas pueden quizás contener las claves que marquen nuestra concepción del
Universo y la realidad física dentro de algunas décadas.
¿Y las aplicaciones prácticas?
La Ciencia tiene una indudable faceta de aplicaciones prácticas,
claramente manifiesta en nuestra vida cotidiana, desde el ámbito más individual
como el del electromagnetismo subyacente en el funcionamiento del microondas
que nos calienta el café por la mañana, hasta el más colectivo y social de la
electrónica y la tecnología de comunicaciones que nos vinculan a través de
dispositivos digitales y canalizan nuestras conversaciones y las corrientes de
opinión de nuestra sociedad.
Esta faceta práctica parece ausente en el campo de la Física
Teórica. Y en el fondo, así es... ¡y así debe ser! La Física Teórica se nutre
de la curiosidad pura del ser humano, y su objetivo es y debe ser generar el
conocimiento para satisfacerla. No obstante, también es correcto que incluso
desarrollos teóricos extremadamente abstractos han sido fundamentales en el
desarrollo de nuevas tecnologías y aplicaciones prácticas. El estudio de la
Física Cuántica a principios del siglo XX constituía un área de interés
meramente académico; pero su impacto en la comprensión fundamental de las
propiedades químicas de los elementos, de la dinámica de moléculas complejas
incluidas las orgánicas, o de las propiedades de nuevos materiales como los
semiconductores, han implicado revoluciones en las aplicaciones prácticas de la
Química, la Biomedicina, o en el desarrollo de nuevas disciplinas como la
Computación y las Nuevas Tecnologías. Igualmente, el conocimiento de las
sutiles correcciones a la gravedad de Newton dictadas por la Relatividad
General de Einstein son esenciales para el correcto funcionamiento de
tecnologías muy precisas, pero cotidianas, como los navegadores GPS.
Lo que la Historia recomienda, por tanto, es evitar puntos de
vista cortoplacistas en lo que respecta a la Física Teórica, y promover su
investigación en tanto que motivada por la curiosidad pura, con la certeza de
que la aplicación práctica de los nuevos conocimientos adquiridos terminará
llevándose a cabo de maneras imposibles de anticipar hoy día. Podemos
plantearnos esta investigación, por tanto, como un acto de generosidad para las
generaciones venideras, que esperamos plasmen en herramientas útiles muchos de
los resultados que hoy nos parecen tan alejados de la vida cotidiana.
Un poco de mi investigación...
Retomando mi relato biográfico inicial, mi carrera tomó el
camino más común hacia el mundo de la investigación: estudios de licenciatura,
iniciación en la investigación durante los años de preparación de mi tesis
doctoral y diversas estancias postdoctorales de varios años en centros de
investigación extranjeros hasta incorporarme a mi centro actual, el Instituto
de Física Teórica en Madrid. Una travesía no siempre exenta de complicaciones,
pero en la que la pasión por la Física ha sido un motor constante.
A lo largo de estos años, mi campo de investigación se orientó y
especializó hacia el estudio de la teoría de cuerdas, especialmente el problema
de cómo encajar la Física de Partículas conocida, el Modelo Estándar, en este
marco teórico. La teoría de cuerdas proporciona una descripción en la que la
gravedad, así como el resto de interacciones fundamentales, quedan descritas de
forma compatible con las leyes de la Física Cuántica. Parte de la hipótesis de
que las partículas elementales no son entes puntuales, sino objetos extensos
unidimensionales (cuerdas) de tamaño tan extraordinariamente pequeño que su
carácter extenso no se manifiesta en los experimentos actuales. Sin embargo, la
teoría lleva a modificaciones brutales de la Física, como la necesidad de que
existan dimensiones espaciales adicionales, igualmente de tamaño tan minúsculo
que escapan cualquier intento de detección directa. A pesar de ello, la
geometría y otras propiedades del espacio interno definido por estas
dimensiones extra son esenciales en determinar el contenido preciso de
partículas elementales e interacciones fundamentales que se observarían a las
escalas ordinarias de Física de Partículas. Por tanto es una cuestión
fundamental el análisis de las propiedades de estos espacios internos que
producen una Física de Partículas que corresponda al Modelo Estándar.
El estudio de este área de la Física Teórica me resulta
enormemente divertido y satisfactorio, porque me permite visualizar las
partículas ordinarias y sus propiedades como pistas en un mapa geográfico de
estos espacios interiores que estoy seguro ocultan más de un tesoro
(científico).
A modo de conclusión
La Física Teórica es un área de investigación extremadamente
interdisciplinar (Fig. 1) y que permite acceder a las cuestiones más
fundamentales del Universo, y describir la naturaleza en términos de leyes de
enorme potencia conceptual y belleza matemática. Si te interesan las grandes
incógnitas del Universo, su origen, su destino final, la materia y energía que
lo componen, y los principios fundamentales de su dinámica, es muy posible que
¡tú también quieras dedicarte a la Física Teórica!
Ángel M. Uranga
Doctor en Física Teórica
Profesor de Investigación, Instituto de Física Teórica UAM-CSIC
Capítulo 85
Y yo quiero ser...Físico Teórico
(Por Pedro Naranjo)
¿Por qué ser científico?
“¿Mamá, por qué veo la luz con tantos colores en ese espejo?”
“¿Y por qué cuando salto siempre caigo al suelo?” Éstas son sólo dos de las
cientos de preguntas que cualquier niño/a hace para saciar su curiosidad.
Desafortunadamente, esta inocente curiosidad hacia los fenómenos naturales que
nos rodean se va perdiendo a medida que crecemos. Pero no en el caso del
científico.
En efecto, la característica esencial de un científico es su
interés, en muchas ocasiones rozando la obsesión, sobre el funcionamiento de la
Naturaleza. En algunos casos, tal interés se centra en una única rama de la
ciencia (matemáticas, química, biología,…); en otros, por su parte, el
científico cuestiona aspectos tan variados como las mareas, la fotosíntesis o
la evolución de las especies. En los albores del pensamiento científico, allá
en la época de los presocráticos hace unos veintiséis siglos, los pocos que se
preocupaban por la Naturaleza, los filósofos, tenían un rango de
intereses bastante amplio. Tras el letargo intelectual en que se sumió Europa
durante unos diez siglos, el Renacimiento impulsó el desarrollo de la filosofía
natural y la tecnología, culminando en la Revolución Industrial. A partir del
s. XIX, la filosofía natural dejó paso a la ciencia moderna, que se especializó
en diversas disciplinas debido a la acumulación del conocimiento científico.
Una de estas ramas de la ciencia, quizás la segunda más antigua
por detrás de la astronomía, es la física. No es nada fácil definir qué estudia
la física, ya que las teorías modernas han roto viejas fronteras entre
distintas ciencias. A modo de ejemplo, ¡toda la química se explica mediante
teorías físicas! Y la astronomía, en su día una ciencia independiente, no es
más que la aplicación de la física a los cuerpos celestes. Incluso la biología,
tradicionalmente totalmente separada de la física, es susceptible de modelos
teóricos aproximados basados en los mismos conceptos de la propia física. Así,
podemos decir que la física estudia… ¡todos los procesos naturales!
Física: experimental vs teórica.
Conviene aclarar la diferencia entre física experimental y
física teórica. Para ello, es más útil comentar brevemente un par de ejemplos.
Astronomía.
Los orígenes de la astronomía se remontan a la época sumeria de
la antigua Mesopotamia, hace unos cinco milenios, que figuran en los catálogos
de estrellas de la antigua Babilonia, hace unos 3200 años. El objetivo era la
ayuda en navegación y la confección de calendarios para organizar la retahíla
de festividades religiosas. Su trabajo consistía en realizar observaciones, sin
importarles la causa de los movimientos celestes. Sin apenas cambios
significativos, las tablas astronómicas babilónicas llegaron a manos de
Ptolomeo en el s. II, con las que creó su modelo geocéntrico del Universo (esto
es, el Sol, los planetas desde Mercurio hasta Saturno y las estrellas fijas).
Tuvieron que pasar unos catorce siglos hasta que Copérnico desarrollase su
modelo heliocéntrico, el cual inspiró a Kepler a hallar las leyes del
movimiento planetario.
Kepler se basó en las modernas observaciones de Brahe, quien
mejoró notablemente la precisión de los aparatos astronómicos. Gracias a ello,
Kepler dispuso de una ingente cantidad de datos para tratar de encontrar la
causa del movimiento celeste. Aquí es donde entra en escena su condición de
teórico. Pasó varios años calculando cómo debían de ser las órbitas de los
planetas para que concordasen con los datos de Brahe. En particular, se
obsesionó con el díscolo Marte, cuya órbita exhibía un movimiento retrógrado
del planeta. Al final, tras un esfuerzo mental extenuante, logró enunciar sus
famosas leyes. Así, tenemos:
-Observacional: Las tablas astronómicas de los
babilonios, primero, y de Brahe, después, que sólo se preocupaban por su uso,
sin entrar en las causas de los movimientos observados.
-Teórico: Los modelos de Ptolomeo y Copérnico, primero, a
partir de los datos babilónicos, y de Kepler, después, tomando las
observaciones de Brahe. Los tres, Ptolomeo, Copérnico y Kepler sí tratan de
explicar los movimientos celestes; otra cosa es que hoy día consideremos que el
último, el modelo de Kepler, sea el mejor.
Electricidad, magnetismo y luz.
El segundo ejemplo sobre la diferencia entre experimentación y
teoría tiene como temas la electricidad, el magnetismo y la luz. Antes de ello,
conviene aclarar la diferencia entre observar y experimentar. Básicamente:
-La observación es un acto pasivo, donde la persona se limita a
ver qué pasa con un proceso natural dado. El movimiento planetario es un
ejemplo claro. No podemos cambiar las posiciones o velocidades de los cuerpos
celestes para ver qué ocurriría si sus valores fuesen distintos. Son los que
son.
-La experimentación, por su parte, es una tarea activa del
experimentador. Él o ella tienen la libertad de establecer las condiciones
iniciales del experimento y de jugar con ellas para analizar cómo influyen
tales cambios en la evolución del fenómeno natural. Un ejemplo sencillo es
jugar con un conjunto de lentes de diferente tamaño y curvatura, así como con
la distancia entre ellas y el foco de luz. El experimentador controla las
condiciones del proceso y puede obtener imágenes con distintas características
(color, tamaño, derecha o invertida, etc.).
Volvamos a la historia de la electricidad, el magnetismo y la
luz. A riesgo de trivializar en exceso el desarrollo histórico, nuestros
protagonistas serán el inglés Michael Faraday y el escocés James Clerk Maxwell.
Durante el siglo XVIII y primera mitad del XIX, numerosos
científicos, culminando con Faraday, habían realizado toda una serie de
experimentos sobre electricidad y magnetismo que dejaban claro que existía
alguna relación entre ambos fenómenos. Enfaticemos que estamos hablando de
experimentar, no observar. Por tanto, estos científicos controlaban las
condiciones de sus experimentos y las modificaban convenientemente para
estudiar los cambios. Además, algo muy importante, estos físicos, al contrario
que los astrónomos (babilonios o griegos), sí se interesaban por las causas de
los procesos físicos. Faraday sabía perfectamente cuándo una corriente
eléctrica generaba magnetismo o, al revés, cuándo un imán daba lugar a una
corriente eléctrica. Lo que ignoraba era la relación exacta entre electricidad
y magnetismo.
El reto era precisamente elucidar tal relación. Partiendo de un
riguroso estudio de los descubrimientos de Faraday, Maxwell se propuso hallar
una teoría que unificase la electricidad y el magnetismo, es decir, un conjunto
de ecuaciones que describiesen todos los hallazgos experimentales sobre los
procesos electromagnéticos. Al igual que Kepler, se sumergió en el problema
durante varios años (en tres etapas, ¡eso sí!). El resultado, cuatro ecuaciones
que, como el genial Einstein dijo, supusieron un antes y un después en la
historia de la física. Porque estas ecuaciones no sólo unificaron la
electricidad y el magnetismo: la luz, el objeto de estudio de la óptica durante
los dos siglos anteriores, ¡resulta que no es más que una manifestación del
electromagnetismo! Así, de una tacada, Maxwell logró explicar de manera
unificada fenómenos tan dispares como los rayos, el funcionamiento de la
brújula o el arcoíris.
Fig. 1. Las figuras muestran la teoría de Maxwell: arriba, el espectro
electromagnético barriendo longitudes de onda y frecuencia/energía; abajo, las
componentes eléctrica y magnética de una onda electromagnética genérica (la
parte magnética no se ilustra arriba, pero iría perpendicular al plano de la
pantalla, como se indica abajo).
Por tanto, podemos resumir la diferencia entre experimentación y
teoría:
-El físico experimental se centra en realizar meticulosos
experimentos para comprobar una hipótesis. Tales experimentos generan una
enorme cantidad de datos a analizar. A continuación, propone modelos para
obtener una explicación cualitativa de los resultados. Además, puede emplear
sencillas ecuaciones para lograr una estimación cuantitativa de los datos. En
general, los experimentos se refieren a un área concreta de la física (en el
ejemplo, electricidad y magnetismo).
-El físico teórico, por su parte, explica resultados
experimentales mediante modelos matemáticos más avanzados que los modelos
usados por los experimentales, lo que le permite una mayor descripción
cuantitativa. Y si es bueno, el teórico también unificará, en un mismo conjunto
de ecuaciones, procesos que aparentemente no tienen una misma causa. En nuestro
caso, Maxwell creó el electromagnetismo. Finalmente, una buena teoría debe
predecir nuevos fenómenos que nadie haya contemplado antes (ya sean físicos experimentales
o teóricos). Maxwell predijo que la luz no es sino una manifestación del
electromagnetismo, algo que se verificó experimentalmente una década después de
su muerte. Así, tres ramas de la física que inicialmente no guardaban conexión
entre ellas, electricidad, magnetismo y óptica, se fusionaban en una sola.
Lo que me llevó a ser físico teórico.
El motivo por el que una persona decide (porque tiene la opción
de elegir) ser científico/a es necesariamente una cuestión muy personal. En mi
caso, me decanté por la física precisamente por el hecho que hemos comentado
arriba, a saber, que sus ideas y métodos se pueden aplicar, en principio, a
cualquier fenómeno natural. En otras palabras, la física es la ciencia más
general de todas.
¿Y por qué físico teórico? Como hemos dicho, una teoría busca
relacionar procesos aparentemente distintos. Esto requiere de abstracción, es
decir, la capacidad de hallar patrones comunes en diferentes objetos (llamar ‘
Para concluir, quisiera resaltar las dos cualidades más valiosas
de todo científico: la honestidad y la pasión. Puede parecer algo sin mucha
importancia. Permitidme contar una historia real que me ha servido de
inspiración.
El físico inglés Julian Barbour es una persona peculiar. Tras su
doctorado, se dio cuenta que, honestamente, no entendía qué era eso que la
gente llamaba “tiempo”. Sabiendo que este tipo de cuestiones tan “filosóficas”
no están de moda en los departamentos de física, decidió no seguir el camino
normal de un investigador. Durante toda su vida, trabajando como traductor de
artículos científicos del ruso al inglés, ha estado obsesionado con desarrollar
una teoría física despojada del concepto de tiempo. Ésta es su gran pasión.
Tuve el privilegio, en mis años de doctorado, de pasar un fin de
semana en su casa rural cerca de Oxford. Me di cuenta que mi situación era muy
similar a la suya cuando tenía mi edad. Desde entonces, procuro seguir el
camino por el que me conduce mi pasión, la gravitación cuántica, aunque ello
signifique tener que buscar un trabajo no directamente relacionado, pero que,
al menos, me permita la mayor libertad posible.
La ciencia es un largo viaje hacia la búsqueda de territorios
inexplorados.
Pedro Naranjo
Doctor en Física
Geometric Energy Corporation, Calgary, Alberta, Canadá
Capítulo 86
Y yo quiero ser...Físico-Matemático
(Por Gustavo Arciniega)
Cuando era niño, en el preescolar, le pregunté a mi papá si
había alguna profesión que estudiara el cielo y me dijo que los astrónomos
hacían eso. Así que decidí que, de grande, iba a ser astrónomo. Después quise
dedicarme al dibujo y después a la música. Cuando me tocó tomar la decisión,
casi me hago músico pero, pensando que música podría tocar toda mi vida (aún
haciéndolo mal), en cambio hacer física parecía necesario tener cierta
preparación, decidí (con mucho trabajo y casi cerrando los ojos para no ver lo
que estaba dejando atrás), entrar a la carrera de física. ¿Y la astronomía?
Bueno, en aquellos tiempos descubrí que para ser astrónomo o astrofísico, era
necesario tener primero el grado de físico y luego el posgrado en astronomía.
Durante mis estudios me enamoré de las matemáticas formales, su lógica
inquebrantable, su pensamiento abstracto de las ideas, el ingenio necesario
para resolver un problema con el puro uso de la mente y las reglas lógicas. Al
mismo tiempo, me fui enamorando de la física teórica, la cual utiliza
magníficamente el lenguaje abstracto de las matemáticas para describir el
mundo. La astronomía fue siendo relegada a medida que avanzaba en mis estudios.
La Cosmología, la Teoría de Relatividad, la Mecánica Cuántica, la Teoría Cuántica
de Campos, la Teoría de Cuerdas... ¡todo me llamaba a estudiarlas y dedicarme a
eso! Pero, claro, sin dejar de lado las matemáticas, entre más matemáticas y
más abstracto, mejor. Así es como, al final de mis estudios de grado descubrí
un formalismo matemático nuevo que estaba en desarrollo en la física: la
Cuantización Topológica. El nombre en sí dice mucho y no dice nada pero podemos
remarcar lo obvio: la palabra "cuantización" tiene que ver con la
física cuántica (es decir, el estudio de los fenómenos del mundo subatómico:
átomos, protones, neutrones, electrones, quarks, gluones,…), y la palabra
"topológica" tiene que ver con el área de las matemáticas que estudia
las formas distintas del espacio (por ejemplo, la diferencia entre una dona y
una pelota: una tiene un agujero y la otra no), pero eso no es todo, lo que no
dice el nombre "Cuantización Topológica", es que es una estructura
matemática (topológica) que se usa para estudiar comportamientos cuánticos
(propiedades que se ven en el mundo subatómico) de casi ¡cualquier sistema
físico! (sistemas gravitacionales, teoría de cuerdas, agujeros negros, etc.).
De esta manera abandoné la astronomía y me convertí en físico-matemático.
¿Qué es un físico-matemático?
Es un físico teórico; es una persona que trabaja haciendo
modelos de lo que se observa en la naturaleza, pero donde esos modelos son
matemáticos. Por ejemplo, en la Teoría de Relatividad General existen los
agujeros negros, esas masas enormes contenidas en una región muy pequeña que
son capaces de "tragar" la luz que les llega y no la dejan escapar
debido a la enorme gravedad que hay cerca de ellos. Como físico-matemático, me
construí (junto a otros dos científicos) un modelo geométrico abstracto que
"codifica" en una superficie de sólo dos dimensiones: largo y ancho,
por ejemplo (¡la Teoría de Relatividad usa cuatro dimensiones!) toda la
información de un tipo de agujeros negros (hay muchos tipos), de modo que es
más fácil investigar algunas propiedades físicas de los agujeros negros usando
este modelo geométrico.
¿En qué áreas de investigación puede trabajar un
físico-matemático?
Casi en cualquiera. Yo, por ejemplo, he trabajado en mecánica
cuántica, en teoría de cuerdas, en termodinámica, en gravitación, en
relatividad, incluso estuve trabajando en ¡modelar papel! Tengamos en cuenta
que el lenguaje natural de la física es la matemática, por lo que si lo hablas
bien puedes platicar con investigadores de distintas áreas en física. Pero, por
lo mismo, también puede uno trabajar en investigación puramente matemática,
pero eso depende de los gustos de investigación de cada uno, lo importante es
lo flexible que llega a ser uno para involucrarse en distintas áreas, lo cual,
dicho sea de paso, no es común que ocurra con las otras disciplinas en física.
¿Qué desventajas tiene ser físico-matemático?
Un físico-matemático es un buen físico teórico en general pero
no es especialista en ningún área de la física en particular, lo cual implica
un montón de estudio y de trabajo para entender el área particular en la que se
que quiere trabajar en ese momento o en colaboraciones con otros
investigadores. Lo puse como desventaja, lo sé, aunque realmente me gusta tanto
que para mí, aprender más y más cada vez, me parece más una ventaja aunque es
cierto que cuesta más horas de trabajo y estudio en cada paso que se da.
¿Quién puede ser un físico-matemático?
Cualquiera que encuentre en su interior un gusto honesto por las
matemáticas y por entender los fenómenos de la naturaleza. La carrera de
física, y la labor de investigación misma, no está hecha por los genios, en
realidad, está hecha por personas normales cuya cosa en común es su amor por su
trabajo. Si hay disposición a entender el mundo que observamos, por difícil que
parezca hacerlo, entonces hay carácter para ser físico, lo de matemático se
meterá en la tripa posteriormente, si fuera el caso.
¿Qué hay que estudiar para ser físico-matemático?
Se puede empezar estudiando la carrera de física (con perfil
teórico) o la de matemáticas. Posteriormente hay que hacer un posgrado y
obtener el doctorado, lo cual es necesario para dedicarse a la investigación en
las universidades. Ahora una advertencia, en mi experiencia, es más común que
un físico haga física-matemática que un matemático, aunque si uno tiene la
pasión, cualquiera lo puede hacer.
¿Dónde trabaja un físico-matemático?
En su mayoría, en las universidades del mundo. Aunque, como
físico-matemático es relativamente fácil dedicarse a la industria o a la
matemática aplicada, la labor de investigación libre se realiza casi
exclusivamente en las universidades.
Comentarios finales.
No es necesario ser un físico-matemático para hacer cosas en
física-matemática, de hecho, muchos investigadores teóricos han hecho proyectos
muy interesantes que se consideran de física-matemática, por lo que es posible
dedicarse a cualquier área de la física y trabajar paralelamente en
física-matemática, sin embargo, algunos tenemos ese amor por trabajar siempre
en modelos de esta área y es así como uno termina dedicado de tiempo completo a
ésta área.
He intentado hacer notar que para dedicarse a la ciencia, sólo
hay que tener el gusto y no tener miedo al fracaso, al final, sólo hay que
dedicarle tiempo y seguir aprendiendo. Al final del día, los científicos
hacemos lo que más nos gusta y por eso, todo el tiempo que le dedicamos, es más
un tiempo de jugar que de "trabajo". Sin dejar de mencionar que la
ciencia es una disciplina altamente colaborativa en la que uno conoce muchas
personas y trabaja con personas diferentes y en varias cosas.
Así que, si te gusta la ciencia, pruébala. Si te enamora, no
tengas miedo y dedícate a ella, si no lo hace, ¡corre!, porque sólo enamorado
de la ciencia se puede vivir con ella.
Gustavo Alfredo Arciniega Durán
Doctor en Ciencias (Física), por la Universidad Nacional
Autónoma de México.
Investigador postdoctoral en la Universidad de Santiago de
Compostela, España.
Capítulo 87
Y yo quiero ser...Geofísica
(Por Pilar S. Sánchez-Pastor)
Física, una palabra que inspira tanto y a la vez tan poco. Todos
hemos oído hablar de esta ciencia desde que somos pequeños pero, a no ser que
se tenga a algún físico en el entorno, no sabemos bien qué pensar. Suena
difícil, complejo, misterioso y, a la vez, majestuoso. Cuando vemos películas
como por ejemplo Interestellar, nos despierta un interés en
querer entender si es posible lo que vemos o ciencia ficción, surgen debates
entre amigos e incluso muchos buscan información en internet. Nace un interés
por saber lo que hay detrás, o lo que es lo mismo, la física.
La física que estudiamos en el instituto me resultaba bastante
aburrida, un poco lejos de lo que me inspiraban los documentales de galaxias,
las visitas al planetario, o videos de YouTube sobre agujeros negros. Ahora
entiendo que para entender todo eso, es necesaria la base que nos explican en
el colegio y, no menos importante, un buen profesor que nos motive y nos
relacione esa base físico-matemática con las más punteras investigaciones.
Yo tuve mucha suerte al tener un excelente profesor. En las
clases nos enseñaba el temario del curso, nos explicaba noticias sobre ciencia,
los premios Nobel y, además, a ser unas personas críticas con nuestro entorno y
con nosotros mismos. No se puede saber qué pasaría si cambiamos algo de nuestro
pasado, pero a lo mejor no estaría escribiendo estas palabras ahora si no
hubiera sido por tener aquel profesor. Si no tenéis dicha suerte, buscadla.
Pero no os dejéis influenciar por un mal profesor, orientador, amigo o
familiar.
Personalmente se me recomendó que no estudiara física. "Es
una carrera muy complicada y tú sueles suspender matemáticas, física y
química" – solían decirme. Es cierto que suspendía, pero aquellos que lo
decían no se preocupaban por saber por qué lo hacía. Tenía varias razones, no
estudiaba lo suficiente, los nervios me hacían equivocarme con frecuencia y no
tenía un entorno favorable para estudiar como la mayoría de mis compañeros.
Pero entendía los conceptos y tenía claro que era lo que me gustaba aprender,
física. Así que ignoré todos esos comentarios y tuve presente la cita de
Santiago Ramón y Cajal: "Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor
de su propio cerebro".
Nunca me he arrepentido. En la carrera encontré una motivación
que no creo que hubiera encontrado en otro lugar. Ese sentimiento de emoción
cuando te demuestran algo que durante mucho tiempo te has creído. No tener que
memorizar nada, sólo pensar. Ser capaz de resolver problemas que nunca antes
había visto. Entender el mundo que nos rodea. Por todo ello, los años de
universidad no sólo me formaron como profesional, también como persona.
Durante la carrera tuve la oportunidad de profundizar en
diversas ramas, como geofísica, astrofísica, física cuántica… Y dentro de ellas
se pueden estudiar muchos temas más específicos. A veces ese amplio abanico de
estudios es abrumador, hay tanto conocimiento por descubrir que puede resultar
complejo elegir. A lo mejor te encuentras ahora en ese mismo punto. Mi consejo
es que vayas a aquel sitio que te inspira, que te hace pensar y te relaja, pero
ve solo, sin nadie. Y deja volar la imaginación, ¿dónde te ves en 10 años?,
¿cómo te gustaría vivir?, ¿quién te gustaría ser? Ahí podrás encontrar esa
motivación que será tu motor. Éste irá cambiando a compás del tiempo, pero
recuerda, el tiempo nunca se para así que no lo pierdas.
Poco a poco me fui dando cuenta de que encajaba en la física
aplicada. Me gustaba estar en los laboratorios tomando medidas, hacer programas
para tratar los datos y sacar conclusiones sobre los resultados; además del
interés por entender la parte más teórica. Por otro lado, me motivaba la idea
de poder aportar algo a la sociedad y de que el trabajo que hiciera pudiera
tener una aplicación directa a un problema actual. Todo esto, junto con que las
noticias sobre terremotos y erupciones volcánicas siempre me habían cautivado,
me llevaron a decir un día: ¡yo quiero ser geofísica!
¿Qué es la geofísica y para qué sirve?
El prefijo geo- proviene del griego y significa ‘tierra’ o ‘La
Tierra’ por lo que podemos deducir que es la parte de la física centrada en el
estudio de la Tierra. Dentro de esta rama podemos encontrar otras muchas que a
veces no son muy conocidas y después comentaré. Pero antes, ¿por qué es
importante? Por un lado está el conocimiento en sí del lugar en el que vivimos,
saber cómo era en el pasado, poder compararlo con el presente y poder imaginar
cómo será en un futuro. Por otro lado, destaca el interés por proteger al ser
humano de amenazas naturales como por ejemplo: terremotos, erupciones
volcánicas, tormentas geomagnéticas, tsunamis…
Fig. 1. Representación gráfica de la magnetosfera terrestre. Las
líneas rojas representan el campo magnético de la Tierra y las blancas el del
Sol.
Y, en los últimos años, en la extracción y utilización de
recursos naturales como petróleo, minerales, gas…
La Tierra es un planeta más del Sistema Solar, por lo que todo
el conocimiento que se va adquiriendo sobre él lo podemos extrapolar a otros
cuerpos celestes. Hay estudios sobre la tectónica de placas de los planetas
rocosos, la actividad volcánica del satélite Io, la atmósfera de Venus…Son
temas que típicamente se relacionan con astrofísica pero la base de todos ellos
es la misma, la física. Por lo que geofísicos y geólogos también realizan una
importante aportación. Es muy enriquecedor en una investigación, al igual que
en cualquier tema cotidiano, contar con diferentes puntos de vista. En la
actualidad esto se está fomentando y encontramos muchos trabajos que se conocen
como multidisciplinarios.
Otro campo que actualmente está en auge dentro de la geofísica
es lo que se conoce como ‘space weather’. Consiste en el estudio de las
condiciones electromagnéticas del espacio interplanetario. Como puede verse en
la Fig. 1, el campo magnético del Sol y la Tierra interaccionan formando
diferentes estructuras alrededor de ésta que en su conjunto forman la
magnetosfera.
Fig. 2. Fotomontaje de Saturno con una aurora (imágenes tomadas por el
telescopio espacial Hubble).
Gracias a ella, la superficie del planeta está protegida de la
actividad solar, aunque cuando ésta aumenta, la magnetosfera se debilita y las
partículas expulsadas por el Sol llegan a la Tierra, entran por los polos y
pueden causar importantes daños. Esto se conoce como tormenta geomagnética. La
más fuerte de la que se tiene registro es conocida como el evento de Carrigton
en 1859. Puesto que la radiación tarda unos minutos en llegar a la Tierra,
podemos anticiparnos y evitar grandes daños en los sistemas eléctricos debido a
las corrientes inducidas que se generan. Por ello, es importante tener
satélites como el SOHO vigilando la actividad solar. Aunque no todo es
destrucción, las auroras son una bella consecuencia de las tormentas
magnéticas. De nuevo, esto también ocurre en otros planetas como puede verse en
la Fig. 2.
Las ramas más clásicas de la geofísica son la sismología y la
vulcanología. Hoy en día, tanto terremotos como erupciones siguen causando
muchos daños a la población y quedan muchas preguntas sin respuesta. Gracias al
avance de la tecnología y a la concienciación de muchos gobiernos sobre la
importancia de esta ciencia, se dispone de redes de estaciones sísmicas
distribuidas por muchos países que se encargan de recoger datos del movimiento
del suelo, así como terremotos y ruido sísmico (Fig.3).
Fig. 3. Red de estaciones sísmicas de IberArray (proyecto Topo-Iberia
financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia).
Este último es generado principalmente por el oleaje de los
océanos, creando ondas sísmicas que viajan a través de la tierra y podemos
registrarlas en cualquier momento y en el cualquier punto de la superficie.
Esto ofrece interesantes aplicaciones como la monitorización de volcanes en
tiempo real. Si hay un ascenso de magma hacia la superficie, el medio
circundante cambiará y, por tanto, el ruido registrado será diferente.
Recientemente han surgido varios estudios que comentan la posibilidad de
avecinar (que no prever) las erupciones volcánicas.
La Geofísica es una ciencia que debería promoverse y darse a
conocer más. Se pueden conseguir grandes resultados de los cuales todos nos
veríamos beneficiados. También debería de fomentarse la concienciación sobre
diversos riesgos naturales. Siguen muriendo personas en España a causa de la
falta de conocimiento sobre cómo actuar si hay un terremoto. Y, a la contra de
lo que se piensa, hay terremotos todos los días del año. Además, esta ciencia
ofrece un amplio espectro de posibilidades de estudio y trabajo entre los
cuales es sencillo encontrar en cuál encajar.
Así, con este pequeño resumen de mi experiencia como geofísica
pretendo promover un sentimiento de reflexión y autocrítica. Muchas veces no es
sencillo ser conscientes de nuestras limitaciones pero no permitas que nadie
las ponga por ti. Es importante pensar hacia dónde se quiere ir y a dónde se
quiere llegar. Pasaréis muchas horas trabajando así que recuerda, el tiempo de
trabajo es también tiempo de vida. Yo he encontrado mi motor en aprender,
pensar, investigar y, todo ello, dentro del marco de la geofísica. ¿Cuál es el
tuyo?
Pilar S. Sánchez-Pastor
Estudiante de Doctorado en Ciencias de la Tierra
ICTJA-CSIC
Capítulo 88
Y yo quiero ser...Historiador de la Ciencia
(Por José Manuel Sánchez Ron)
Ser historiador de la ciencia tiene un buen número de
atractivos. Por un lado, hay que saber de ciencia – ¿cómo hacer la historia de
"algo", si no se conoce ese "algo"? –, la actividad, en mi
opinión (y es una opinión muy firme) que más ha hecho a lo largo de la historia
por liberar a los humanos de ataduras materiales e intelectuales (de mitos). Es
posible hacer lo que se denomina "historia internalista", o
"historia de las ideas", esto es, reconstruir el pasado científico
tomando en cuenta casi únicamente los contenidos de la ciencia (teorías,
experimentos) y sus protagonistas, prestando muy poca atención al mundo –
político, económico, filosófico, religioso… – en el que los científicos que
crearon esa ciencia estaban inmersos. En mi primer libro, El origen y
desarrollo de la relatividad (1983), yo mismo utilicé, básicamente,
semejante enfoque. Pero si se pretende construir una historia lo más completa
posible, es necesario incluir esos "otros elementos", no científicos
si se quiere decir así, pero que pueden afectar en mil formas diferentes al
proceso de creación científica. Ningún ejemplo mejor en este sentido que la
historia de la física del siglo XX, una centuria en la que tuvieron lugar dos
guerras mundiales, y otra llamada "Guerra Fría, que influyeron fuertemente
en los contenidos y desarrollos de la física. Y para incluir esos "otros
elementos" es necesario conocer cuanta más historia general, política y
económica mejor, de manera que el historiador de la ciencia tiene que mostrar
una gran polivalencia (lo que exige, por supuesto, esfuerzo). Diré en este
punto que, recíprocamente, el historiador "general" y el económico
debe, asimismo, conocer bien la historia de la ciencia y la tecnología. ¿Cómo,
por ejemplo, se puede entender lo que sucedió en el siglo XIX, en los ámbitos
de la política, la economía y la salud pública, sin tomar en consideración lo
que significó para las comunicaciones la física del electromagnetismo, o los
avances que se produjeron en la química orgánica (medicamentos, abonos artificiales,
tintes) y en la denominada "medicina científica" (teoría microbiana
de la enfermedad de Pasteur y Koch, vacunación, técnicas de asepsia)? La
historia de la ciencia, en definitiva, permite comprender mejor el mundo, el
internacional y también, si esa historia es más local, más nacional, la
historia de los diferentes países, algo de lo que yo soy testigo, pues gracias
a alguno de mis libros - Cincel, martillo y piedra. Historia de la
ciencia en España (siglos XIX y XX) (1999), INTA. 50 años de
ciencia y técnica aeroespacial (1997) y Energía nuclear en
España. De la JEN al CIEMAT (2001) – pude comprender mejor la historia
general de España.
Por cierto, yo reconocí que la historia de la ciencia debe ser
así y, por así decir, he "compensado" el demasiado internalista
enfoque de El origen y desarrollo de la relatividad sobre todo
con otro libro: El poder de la ciencia. Historia social, política y
económica de la ciencia (siglos XIX y XX) (2007).
He incluido la historia de la tecnología en los requisitos para
comprender el pasado – y el presente – histórico. Es cierto que la historia de
la tecnología constituye una disciplina diferente de la historia de la ciencia,
pero ambas están relacionadas entre sí. La ciencia no puede vivir – no habría
existido – al margen de las observaciones y los experimentos (la naturaleza es
mucho más "imaginativa" de lo que cualquier científico teórico puede
imaginar solo con su cerebro). Y para observar y hacer experimentos se
necesitan instrumentos, esto es, tecnología. En el pasado abundaron los
historiadores de la ciencia que centraban sus reconstrucciones sobre todo en
los desarrollos teóricos, pero afortunadamente ese vicio ya no es tan
frecuente. Lavoisier, quien puso en marcha la química moderna (la notación que
introdujo es la misma que se utiliza ahora, más de dos siglos después) tuvo que
realizar muchos experimentos, con instrumentos como calorímetros, gasómetros o
una balanza química de precisión. En su casa-laboratorio de Downe, Charles
Darwin llevó a cabo innumerables experimentos con plantas, semillas o criando
palomas. Y Santiago Ramón y Cajal, ¿habría podido llegar a la teoría neuronal,
que aún nos guía en la comprensión del cerebro, sin disponer de un buen
microscopio? Sin duda, no. De hecho, una de sus luchas fue intentar conseguir
uno de los mejores microscopios de la época. Así, el 1 de enero de 1885,
escribía a uno de sus primeros discípulos, el jesuita Antonio Vicent Dolz, que
se encontraba en Lovaina para completar su formación: "¡Ah! ¡Quién tuviera
esos magníficos objetivos a los que Flemming, Strassburger y Carnoy deben sus
descubrimientos! Aquí desgraciadamente las facultades no tienen material."
Afortunadamente, en 1877 consiguió un microscopio Zeiss, que le regaló la
Diputación de Zaragoza en agradecimiento al informe que había preparado sobre
la epidemia de cólera y la vacunación de Jaume Ferrán. "Al recibir aquel
impensado obsequio", escribió en sus Recuerdos, "no cabía
en mi de satisfacción y alegría. La culta Corporación aragonesa cooperó
eficacísimamente a mi futura labor científica, permitiéndome abordar, con la
debida eficiencia, los delicados problemas de la estructura de las
células".
Fig.1. Máquina de vapor de Watt, procedente de la Fábrica Nacional de Moneda
y Timbre, expuesta en el vestíbulo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros
Industriales de Madrid. Crédito: De Nicolás Pérez, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=195711
Sin la ciencia, la tecnología se habría limitado a máquinas
demasiado básicas (palancas, norias hidráulicas, molinos de viento…) como para
producir una civilización de las características de la actual.
Consecuentemente, se tiende a pensar que la ciencia es siempre previa a la
tecnología, que primero se dispone de la ciencia pura, básica, y que cuando
ésta se aplica se convierte en tecnología, pero no siempre es así. El origen de
la denominada Revolución Industrial (siglos XVIII y XIX), que cambió el mundo, reside
en la máquina de vapor, que se basaba en la utilización de la fuerza elástica
del vapor de agua como fuerza motriz. La idea que la sustentaba era la de
intercambios de energía, pero la termodinámica, la rama de la física que se
ocupa de tales intercambios, no existía todavía, nació, por el contrario, con
el fin de hacer más eficientes aquellas máquinas.
De lo que he dicho debería quedar claro que entre las virtudes
de la historia de la ciencia se halla el que permite entender mejor la propia
ciencia, sus contenidos, orígenes y contextos. Al científico, yo le
recomendaría que se ocupase un poco de estudiar la historia de la ciencia a la
que se dedica: la entenderá mejor. Esto es lo que me sucedió a mí, y, me lo han
dicho, a muchos otros, con otro de mis libros: Historia de la física
cuántica, I: El período fundacional (1860-1926) (2001). A cualquiera
que haya tenido que estudiar la mecánica cuántica, le parecerá un milagro,
incomprensible, cómo pudo llegar a ser esta teoría; ¿a quién se le habría
ocurrido? Mi libro me permitió comprenderlo. Y eso me hizo mejor físico.
José Manuel Sánchez Ron
Doctor en Ciencias Físicas
Catedrático de Historia de la Ciencia, Universidad Autónoma de
Madrid
Miembro de número de la Real Academia Española sillón G)
Premio Nacional de Ensayo 2015
Capítulo 89
Y yo quiero ser...Ingeniera de Materiales
(Por Mercedes Pérez de la Parte)
Yo quiero ser Ingeniera de Materiales, y es lo que soy, bueno,
en realidad es en lo que trabajo, en enseñar ciencia y tecnología de
materiales, pues mis estudios son en Ingeniería de Telecomunicaciones y mi
doctorado en control automático. Con esta breve presentación quiero animar a
las chicas a que se decanten por las ingenierías, que afortunadamente es lo que
ya ocurre, pero que apenas estábamos representadas cuando yo estudiaba, y
también animo a las ingenieras e ingenieros a que busquen la disciplina de la
ingeniería que de verdad les apasiona, aunque su formación inicial fuese otra
(los ingenieros valemos para todo, como se suele decir, lo mismo planchamos un
huevo que freímos una corbata).
En mi caso concreto, por si os sirve de inspiración a alguna o
alguno, como experta en control y en automática lideraba un proyecto de
investigación multidiscipliar con especialistas en varios tipos de ingeniería,
orientado a determinar errores en la soldadura mediante técnicas de emisión
acústica (es decir, con sensores que "escuchaban" el ruido de la
soldadura). El proyecto era apasionante: un sistema automático realizaba
soldadura, y se iba captando todos los sonidos producidos; cuando se detectaban
errores en la soldadura se relacionaban con el sonido que se escuchaba en ese
momento, y se empleaba esa información para entrenar un sistema de inteligencia
artificial (en nuestro caso basado en redes neuronales) que iba aprendiendo a
detectar los sonidos que correspondían a los errores. Así una vez entrenado el
sistema, ya se podía emplear en sistemas reales de soldadura, y cuando el
sonido era interpretado por nuestro sistema como correspondiente a un error, se
verificaba que realmente existía ese error (lo que ocurría prácticamente
siempre, pues nuestro sistema experto funcionaba muy bien) y se desechaba la
pieza soldada. Y aunque en ese equipo yo era la responsable de las señales
acústicas, me "enamoré" de la soldadura a lo largo de ese proyecto, y
cuando pude me dediqué a la ciencia y tecnología de materiales, que es lo que
enseño en la actualidad en la Universidad de La Rioja.
La Wikipedia nos cuenta de manera muy concisa qué es la ingeniería
de materiales y cuáles son sus
objetivos: "La ingeniería de materiales es una rama de la ingeniería que
se fundamenta en las relaciones propiedades-estructura y diseña o proyecta la
estructura de un material para conseguir un conjunto predeterminado de propiedades.
Esta ingeniería está muy relacionada con la mecánica y la fabricación. Los
objetivos del ingeniero de materiales son dominar al máximo nivel las técnicas
avanzadas de producción y transformación de los materiales y ser capaz de
contribuir al desarrollo de materiales nuevos y de nuevos procesos de
producción. En el mundo cambiante de las nuevas tecnologías del siglo XXI, el
Ingeniero de Materiales va a ser un agente imprescindible en la selección de
materiales para todas las áreas de la ingeniería y en particular en el mundo
del diseño".
Un buen profesor de electrónica que tuve nos comentaba que por
mucho que se avance en electrónica, o en computación, la ciencia y tecnología
de materiales siempre será fundamental, porque TODO, ya sea un transistor, un
microchip, o una memoria de estado sólido, se produce con materiales, y los
nuevos materiales están presentes en prácticamente todos los avances de la
ingeniería.
Los sectores industriales más importantes en los que podréis
trabajar si os dedicáis a la Ingeniería de Materiales son, entre otros, los
siguientes:
-Construcción
-Obra civil
-Industria automovilística
-Transporte ferroviario, aeronáutico y aeroespacial.
-Ingeniería de productos.
-Control y garantía de calidad y fiabilidad de materias primas,
procesos industriales y productos.
-Producción de la energía.
-Electrónica y Telecomunicaciones.
-Salud
Los materiales se clasifican en un primer lugar en metales,
materiales cerámicos y polímeros, pues cualquier material puede clasificarse en
uno de esos grupos, si bien las clasificaciones pueden ser mucho más complejas.
Por ejemplo es habitual considerar junto a esos 3 grupos los semiconductores
(pese a que pertenecen a los materiales cerámicos) y los materiales compuestos
(pese a que son simplemente mezclas de materiales pertenecientes a las otras
categorías). Las características principales de esos grupos son:
-Metales: Son buenos conductores del calor y la electricidad,
poseen alta densidad, son sólidos a temperatura ambiente (excepto el mercurio),
y sus sales forman iones electropositivos en disolución.
-Materiales cerámicos: En su sentido estricto se refiere a la
arcilla en todas sus formas, aunque el uso moderno de este término incluye a
todos los materiales inorgánicos no metálicos que se forman por acción del
calor (por sinterización).
-Polímeros: son macromoléculas, generalmente orgánicas (como el
almidón, la celulosa, la seda y el ADN) aunque también sintéticas (como el
nailon, el polietileno y la baquelita) formadas por la unión mediante enlaces
covalentes de una o más unidades simples llamadas monómeros, que forman largas
cadenas que se unen entre sí, consiguiendo elevadas masas moleculares, que
pueden alcanzar (incluso millones de unidades de masa atómica).
-Compuestos: se forman por la unión de dos o más materiales para
conseguir la combinación de propiedades que no es posible obtener en los
materiales originales.
-Semiconductores: se comportan como un conductor o como un
aislante dependiendo de diversos factores, tales como el campo eléctrico o
magnético, la presión, la radiación, o la temperatura.
Tras esa breve descripción sobre cada uno de esos tipos de
materiales (por desgracia no puedo extenderme más) creo que es muy importante
para los actuales estudiantes o quienes se plantean serlo, y por tanto futuros
profesionales, las competencias de esta profesión, entre las que destacaría las
siguientes (entre muchísimas otras, por supuesto):
-Análisis y selección de materiales para aplicaciones
específicas
-Diseño, desarrollo de materiales específicos
-Caracterización, evaluación y certificación de materiales según
sus aplicaciones
-Diseño y desarrollo de procesos de producción y trasformación
de materiales
-Inspección y control de calidad de materiales
-Procesos de producción y transformación de materiales
-Determinación de productos y procesos idóneos para cada
material
-Definición, desarrollo, y elaboración de normativas y
especificaciones de los materiales y sus aplicaciones
-Diseño, cálculo y modelizado de elementos, componentes
mecánicos, estructuras y equipos
-Evaluación de la seguridad, durabilidad y vida útil de
materiales
-Diseño, desarrollo y control de procesos de recuperación,
reutilización y reciclado de materiales
-Dirección o gestión de industrias relacionadas con los puntos
anteriores
-Dictámenes, peritaciones e informes en relación con los puntos
anteriores
-Y por supuesto, docencia e investigación en ciencia y
tecnología de materiales (que es mi profesión :-)
Por ejemplo, en mi grupo de investigación hemos trabajado
con caracterización de procesos de soldadura de elementos diferentes (como
cobre y aluminio) por fricción-agitación (es decir, metiendo una herramienta
giratoria que gira tan rápido que "derrite" y mezcla los materiales a
medida que va avanzando por ellos), o también caracterización de diferentes
materiales al incluir ciertas cantidades de ese novedoso y prometedor material,
grafeno.
Fig. 1. Iron Bridge de Coalbrookdale. Ironbridge1
JPG
Y empleando esos estudios hemos sido capaces de desarrollar y
patentar pinturas que cambian totalmente sus propiedades eléctricas
(conductividad eléctrica) en contacto con humedad, lo que las hace ideales para
aplicaciones como pintura de carretera o de tejados en zonas con peligros por
hielo.
Por último quería hacer notar la importancia que en la
Ingeniería de Materiales actual tiene la simulación por computación. Hoy en día
muchísimos de los ensayos que se realizaban en laboratorio se realizan en el
computador. Por ejemplo para determinar el comportamiento de ciertas piezas en
función del tipo de material (pongamos una pieza de avión que queramos ver su
comportamiento con acero, aluminio o titanio) se emplea un modelo que se simula
mediante el método de elementos
finitos y nos permite no sólo conocer el
comportamiento, sino poder variar parámetros estructurales, de tamaño o de
material para buscar la solución óptima.
Fig. 2. Construcción
del viaducto sobre el río Almonte.
A modo de ejemplo de los avances que la Ingeniería de Materiales
ha permitido, presento una fotografía, Fig.1, (perteneciente a Wikipedia) del
primer puente de hierro, el famoso Iron Bridge de Coalbrookdale, de 1777, de 60
m de longitud hecho en hierro fundido, y dos fotografías, Fig. 2 y 3, (también
de Wikipedia) del viaducto sobre el río Almonte.
Mercedes Pérez de la Parte
Doctora Ingeniera de Telecomunicaciones; Universidad de la Rioja
Capítulo 90
Y yo quiero ser...Ingeniera de Telecomunicación
(Por Mª Asunción Pérez Pascual)
Yo quiero ser Ingeniera de Telecomunicación, eso le dije a mi
madre cuando tenía 14 años y me preguntó acerca de qué quería estudiar. Desde
ese momento el objetivo estaba claro y la línea a seguir debía ser recta. Tenía
que conseguir la meta marcada en un plazo de 4 años, al cumplir los 18 debía
estar matriculada en una de las carreras más demandadas en aquel momento.
No podía imaginar por aquel entonces cuánto trabajo y cuánto
sacrificio iba a tener que afrontar. Para mí era un gran reto, dado que debía
superar numerosos obstáculos. Pese a que siempre he tenido mucha facilidad para
superar con éxito las asignaturas relacionadas con las matemáticas o la física,
me costaba horrores empaparme de otras como historia o filosofía. Sin embargo,
tenía que obtener notas brillantes en todas ellas, porque mi objetivo requería
un expediente con una nota muy elevada. Así pues, ideé un plan para afrontar
aquellas asignaturas que me resultaban más tediosas. El plan consistía en
imaginar que era una especialista en historia, en filosofía, o en literatura,
que tenía que enfrentarse a una prueba que cambiaría el rumbo de la historia.
Cualquier aventura que imaginase me servía para motivarme a estudiar y sacar el
máximo provecho de las horas dedicadas a ello. Esto me enseñó a motivarme y a
concentrarme, dos cualidades que no he abandonado y que me permiten superarme
día a día.
Pero volvamos al principio, ¿por qué quería estudiar
telecomunicaciones? En aquella época empezaban a comercializarse los primeros
ordenadores, y se hicieron populares algunos lenguajes de programación que os
sonarán a chino. A mi padre le encanta la tecnología, por lo que tuve la suerte
de que se comprara un ordenador con el cual comencé a realizar mis primeros
pinitos en programación. ¡Aquello me entusiasmó!, ser capaz de, con cuatro
líneas de código, realizar un pequeño juego para entretener a mi hermana...
para mí era algo realmente maravilloso. A partir de ahí seguí realizando
pequeños avances, pero tuve que auto-limitarme para no ocupar demasiado tiempo
programando, nada debía desviarme de mi meta.
Poco tiempo después tuve un profesor de tecnología que me
introdujo en el mundo de la electrónica. El poner cuatro componentes en una
placa y poder hacer que se encendiera un led, que sonase una melodía o que se
activase un motor era un mundo nuevo e inesperado. Poco a poco empecé a
entrever el enorme futuro que podrían tener mis dos pasiones unidas, si llegara
a dominar la programación y la electrónica podría ser capaz de desarrollar gran
cantidad de inventos. Y lo mejor de todo es lo bien que lo iba a pasar mientras
trabajase en estos futuros proyectos. Así fue como comenzó mi vocación en
ingeniería, y más concretamente en Telecomunicaciones. Por aquel entonces no
podía ni imaginar el gran desarrollo que se iba a producir en este campo. Los
teléfonos móviles, las televisiones inteligentes, la robótica y el internet
eran cosas de ciencia ficción.
Con mucho esfuerzo y tesón fui capaz de conseguir la primera
parte de la meta marcada, pero el primer día en la Universidad me di cuenta de
que el camino no había hecho nada más que empezar. En primer lugar éramos 200
estudiantes con unos expedientes brillantes (la mayoría mucho más brillantes
que el mío) en una titulación tremendamente exigente, en la que se impartían
una serie de asignaturas con un contenido teórico brutal, sobre el que había
que poner mucha imaginación para encontrarle la aplicación práctica. Ese
aspecto me desesperaba. Tener que pasar horas haciendo integrales triples sin
encontrarle la aplicación práctica era frustrante. Lo anterior unido al
desproporcionado nivel que los profesores exigían en los exámenes, hizo que
muchos de mis compañeros fueran abandonando el primer curso de carrera,
desviándose hacia títulos que podrían considerarse más "fáciles" o
más aplicados.
Pero yo seguí insistiendo, en el fondo algo me decía que, al
final del camino se hallaba la meta, aquella que me proporcionaría la capacidad
para poder realizar todos los inventos soñados. Así pues, poco a poco, conseguí
ir aprobando los primeros cursos, y llegar a los cursos más altos, en los
cuales nos dividíamos en especialidades. Yo elegí la especialidad de
electrónica, en la cual las clases eran menos numerosas y eso permitía que los
profesores del departamento de ingeniería electrónica nos propusieran otros
modos de trabajar. Pequeños proyectos que para mí eran verdaderos tesoros, ya
que me permitían poder al fin desarrollar mis pequeños inventos.
De todos los años de universidad, lo mejor de todo fueron los
grupos de trabajo que montábamos los alumnos para realizar los proyectos. El
trabajar en equipo, aprender a organizar nuestro tiempo y ayudarnos los unos a
los otros a conseguir el objetivo fue una experiencia que más tarde he podido
repetir en mi trabajo profesional y que nunca deja de sorprenderme. Cuando
tienes un buen equipo de trabajo eres capaz de alzar el vuelo y llegar mucho
más lejos de lo que habías soñado, y encima disfrutas de lo lindo.
Al terminar la universidad tuve la suerte de poder entrar en un
grupo de investigación gracias al cual aprendí la importancia de la
investigación básica y de la colaboración con otras instituciones. En mi caso
estuve un año trabajando en colaboración con los cirujanos de un hospital para
realizar algoritmos de detección de arritmias cardíacas, vamos lo que todos
conocemos por infartos de corazón. Esto me permitió unir mis conocimientos a
las ciencias de la salud, porque sí, lo bueno que tiene ser ingeniera de
telecomunicación es que no hay campo del conocimiento que no necesite de
nuestra colaboración. En esta época descubrí que, todo el esfuerzo puesto en
aprender aquellas asignaturas teóricas que tan pesadas me parecían, había
moldeado mi cerebro, de manera que era capaz de enfrentarme sola a cualquier
problema. Sabía buscar información, procesarla, entenderla y aplicarla para
encontrar la solución al problema en un espacio de tiempo realmente breve.
Además los contactos hechos en la universidad me proveían de una red de
profesionales a los que acudir en caso de duda. Mi vida estaba encauzada y mi
objetivo cumplido, o eso creía yo.
Sin embargo la vida da muchas vueltas y nunca sabes en qué
momento puedes encontrar una oportunidad que le puede dar la vuelta a todo lo
que conoces. De la noche a la mañana me enteré de que se había publicado una
oferta de trabajo en la universidad, para ocupar una plaza de profesor en el
departamento de ingeniería electrónica, sí, aquel departamento del que tan buen
recuerdo tenía porque me había permitido realizar mis primeros proyectos
durante la carrera. Tenía que conseguirlo, tenía que optar a la plaza y
ganarla.
Y lo hice, conseguí un contrato con el departamento y comenzó
otra carrera, esta si cabe aún más larga que la anterior. Ahora había que
cursar estudios de Doctorado y hacer la Tesis, todo ello a la vez que impartía
clases de electrónica.
De nuevo muchas horas de estudio, de cursar asignaturas
teóricas, de publicar los resultados de mi investigación sin tener muy claro si
iban a ser alguna vez útiles. En paralelo desarrollaba proyectos en las
asignaturas que impartía, intentando que mis alumnos no se sintieran tan
desconectados y perdidos como yo el primer año. Y poco a poco, año a año,
conseguí el doctorado, la tesis, la plaza de titular, un niño, otro niño, sí
porque que sea ingeniera de telecomunicación no significa que no pueda ser MADRE.
Y claro, parón en mi carrera, no os voy a engañar, la llegada de
un nuevo miembro a la familia trastoca todos tus planes, tus metas y tus
expectativas. Pero vale la pena más que nada en el mundo. En cuanto te das
cuenta te encuentras preguntándoles: ¿y tú qué quieres estudiar?, y ellos te
dicen "Yo quiero ser…" y el ciclo comienza de nuevo.
Todos estos recuerdos me llevan a querer exponeros lo que ha
cambiado la universidad en los veinte años que llevo dando clase. Actualmente,
aunque siguen impartiéndose asignaturas puramente teóricas, que como ya hemos
visto sí que sirven para algo, la mayoría de las titulaciones incluyen
numerosas prácticas, proyectos y otras metodologías que os permitirán ver la
aplicación de vuestros estudios mucho antes de lo que pude hacerlo yo. Además,
muchos de los profesores con los que os encontraréis son conscientes de la
importancia de aplicar su conocimiento a la sociedad, por lo que cada vez son
más las colaboraciones que se producen y que os abren un sinfín de campos de
aplicación.
Por otro lado, si no tenéis claro qué queréis estudiar pero os
gusta la tecnología, las matemáticas y la física, estoy convencida de que la
ingeniería de telecomunicación no os defraudará. Los conocimientos que podéis
adquirir en esta carrera se pueden llegar a aplicar a todos los campos de la
ciencia, os reto a que lo intentéis, seguro que sois capaces.
Mª Asunción Pérez Pascual
Doctora Ingeniera de Telecomunicación
Profesora Titular de Universidad, Universidad Politécnica de
Valencia
Capítulo 91
Y yo quiero ser...Ingeniera Óptica
(Por María Viñas Peña)
Yo quiero ser Ingeniera Óptica y jugar con la luz, porque
básicamente es a lo que nos dedicamos: a utilizar las propiedades de la Luz en
multitud de desarrollos científicos y tecnológicos. La Ingeniería Óptica se
ocupa de las aplicaciones de la Óptica y la Fotónica: la Óptica es la ciencia
que se ocupa del estudio de la Luz y de los fenómenos luminosos, y la Fotónica
es la ciencia de la generación, control y detección de partículas luminosas,
"fotones". La Ingeniería Óptica, por tanto, trata de la Luz.
La Luz está presente en todo lo que nos rodea, desde que nos
levantamos hasta que nos acostamos y, ya desde la Antigüedad, el ser humano ha
sentido curiosidad científica por la Luz y sus aplicaciones. Una de las
primeras preguntas filosóficas que se planteó el ser humano tiene que ver con
la visión, con la percepción del mundo exterior y en por qué vemos, o qué es la
Luz: el ser humano percibe el 80% de la información del mundo que le rodea
gracias al sentido de la vista, y, sin duda, esta es una de las razones que
impulsó a los primeros científicos a intentar comprender por qué ve el ser
humano y qué lo hace posible.
¿Cómo era un Ingeniero Óptico en la Antigüedad?
Existen algunas evidencias que sugieren que los primeros
ingenieros ópticos existían ya hace 4000 años y que muchas de las grandes
construcciones de la Antigüedad (Pirámides egipcias y mayas, Stonehenge, etc.)
fueron construidas teniendo en cuenta los principios básicos de la Ingeniería
Óptica. Estos pioneros sabían ya que la luz viaja en línea recta, entendían el
ciclo de las estaciones y su dependencia con el ciclo solar, y conocían algunas
de las interacciones entre la Luz y su entorno y tomaban ventaja de las mismas,
creando las primeras aplicaciones ópticas. La fabricación de lentes, de
diferentes tipos y aplicaciones, constituyó el primer paso en el desarrollo de
instrumentos ópticos, gracias a los cuales se sentaron las bases de los
primeros tratados de Óptica sobre la Luz y la Visión.
En la Grecia clásica se produjeron avances notables en el
estudio de la Luz: Euclides, en su libro Óptica (˜siglo III a.c), ya aludía al
concepto de "rayo de luz" y al hecho de que la Luz viaja en línea
recta. Las bases de la Óptica Geométrica ya eran un hecho. Más adelante, en la
Edad Media comenzó el desarrollo de la Óptica Física y la Óptica Fisiológica,
manteniendo aún unidos el estudio de la Visión y del agente físico que la
provoca, la Luz. Es en la Edad Media cuando Alhacen (siglo X) enuncia la idea de
que las fuentes de luz iluminan los objetos y que la luz reflejada por estos
llega a los ojos, permitiendo la visión en contraposición a la escuela
platónica que consideraba la visión como una propiedad del alma, que hacía que
los rayos emergían de los ojos del observador hasta alcanzar los objetos.
La Óptica Geométrica se basa en el concepto de rayo de Luz y se
utiliza principalmente para explicar los fenómenos de propagación de la luz,
las trayectorias que sigue esta al propagarse y la reflexión y la refracción
lumínicas sobre distintos medios materiales. Sus aplicaciones tecnológicas han
sido innumerables, sobre todo en la fabricación de instrumentos ópticos para la
formación de imágenes (por ejemplo cámaras fotográficas, microscopios,
telescopios). Sin embargo la Óptica Geométrica no era capaz de explicar toda la
casuística óptica.
En el momento en el que aparece la Óptica Difractiva, se pasa de
la Óptica Clásica a la Óptica Moderna, ya en el siglo XX. La Óptica Ondulatoria
se introdujo para explicar fenómenos de difracción, interferencia y
polarización de la luz y, en combinación con la idea de que la Luz está
compuesta por ondas electromagnéticas, permite explicar fenómenos en los que la
Luz interactúa con la materia (dispersión de la Luz en la atmósfera o absorción
de la Luz en materiales). Esto supuso un importantísimo avance de las
tecnologías ópticas relacionadas con el procesado óptico de imágenes o la
metrología óptica (por ejemplo gracias a la interferometría). Para ir un paso
más allá y explicar fenómenos de interacción de la Luz con la materia, a nivel
microscópico, se desarrolló la Óptica Cuántica, que permitió explicar la
naturaleza dual onda-partícula de la Luz: las partículas luminosas pueden
exhibir comportamientos típicos de ondas en unos casos y de partículas
compactas y localizadas en otros. La Óptica Cuántica ha permitido la evolución
de la Fotónica y las tecnologías derivadas de la misma como los láseres, las
tecnologías de las comunicaciones ópticas o los detectores de radiación basados
en semiconductores.
¿Qué hace un Ingeniero Óptico hoy en día?
En la actualidad, los Ingenieros Ópticos trabajan en multitud de
áreas relacionadas principalmente con el diseño de sistemas ópticos, la óptica
visual, la óptica de materiales y láminas delgadas, la fabricación y los
controles de calidad ópticos, así como la óptica astronómica, aeronáutica y
espacial.
El diseño de sistemas ópticos comprende el diseño de componentes
de instrumentos ópticos como lentes, espejos, cámaras fotográficas,
microscopios, telescopios y otros instrumentos más complejos basados en las
tecnologías de la Luz, como sensores ópticos y sistemas de medición, láser,
sistemas de comunicación de fibras ópticas, o sistemas de almacenamiento de
datos. La complejidad de los sistemas ópticos depende en gran medida de la
finalidad de los mismos y de la tarea a llevar a cabo.
La Ingeniería Óptica es imprescindible en el diseño de sistemas
complejos que permitan estudiar la Óptica/Física de la visión, muy similar a la
de un sistema de fotografía, y la interpretación que hace el cerebro de la
información que recibimos del exterior, el procesado neuronal. La Óptica y la
Visión permanecen igual de unidas que en la Antigüedad, inherentes una a la
otra, con la ventaja de que las tecnologías ópticas existentes permiten un
estudio más detallado de las mismas. De hecho, algunas tecnologías ópticas
utilizadas en Astronomía (Óptica Adaptativa) o Metrología (Interferometría), se
utilizan de manera convencional para estudiar el sistema visual humano.
Uno de los temas candentes en Ingeniería Óptica tiene que ver
con la selección, diseño y desarrollo de material con nuevas propiedades
ópticas y físicas, la Óptica de materiales y láminas delgadas. Cuanto más
complejos son los sistemas ópticos, mayores las exigencias en cuanto a las
características de los materiales empleados: transparencia, dureza, índice de
refracción, biocompatibilidad, propiedades cromáticas, entre otros.
En esa línea, la Ingeniería Óptica de materiales está muy
relacionada con la fabricación de nuevos materiales, pero también en técnicas
ópticas de control de calidad, como por ejemplo las que utilizan patrones de
interferencia de Moiré para detectar fallos estructurales en sistemas complejos
(por ejemplo controles de calidad en la fabricación de fuselajes de aviones).
Por supuesto, un campo clásico de aplicación de la Ingeniería
Óptica es la Óptica Astronómica, Aeronáutica y Espacial. ¿Quién no ha oído
hablar de las misiones de la NASA a diferentes planetas? ¿Y los grandes
telescopios astronómicos como el Hubble? ¿Habéis ido a un planetario? En todas
esas áreas de trabajo, exploración e investigación es imprescindible la
Ingeniería Óptica.
En resumen, la Luz y la Óptica están en todas partes y, por
tanto los trabajos relacionados con ellas también.
¿Cómo llegar a ser un Ingeniero Óptico?
El diseño y construcción de dispositivos para aprovechar las
propiedades de la luz es una tarea compleja que requiere conocimientos extensos
de Óptica y Física. Sin embargo, debido a la complejidad de los sistemas
ópticos otros conocimientos son también necesarios.
Fuente laser de supercontinuo del Sistema Óptica Adaptativa policromático
del Grupo de Óptica Visual y Biofotónica del Instituto de Óptica “Daza de
Valdés” del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Tesis
doctoral “Polychromatic Adaptive Optics to evaluate the impact of manipulated
optics on vision”, M. Viñas.
Las fuentes de luz utilizadas en este tipo de sistemas pueden
ser de múltiples tipos y capacidades (principalmente fuentes láser) por lo que
son necesarios conocimientos de Fotometría y Radiometría, así como de Seguridad
y protección láser.
El diseño de sistemas tan complejos requiere a menudo el
conocimiento de software de diseño óptico (Zemax, Oslo) que permite conocer las
capacidades teóricas del sistema antes de su desarrollo.
Muchos sistemas ópticos incluyen fuentes de luz (láseres,
fuentes de fibra), sistemas optomecánicos, microprocesadores, fibras ópticas,
detectores, cámaras científicas, sistemas de proyección de imagen, y/o sistemas
de medida (intensidades, potencias) entre otros. Son imprescindibles
conocimientos de programación (Matlab, C#) que permitan el control de
semejantes dispositivos.
Pero lo más apasionante de ser Ingeniero Óptico es que, puesto
que la Óptica tiene infinidad de aplicaciones, durante tu carrera profesional
tienes la oportunidad de aprender y desarrollar multitud de proyectos de
temáticas muy alejadas entre sí: desde desarrollar un telescopio para observar
las estrellas hasta diseñar un sistema para mejorar la óptica del ojo humano.
Bibliografía:
[1] Unidad Didáctica Ciencia con luz propia. Aplicaciones
tecnológicas de la luz: Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología
(FECyT) M-26468-2015
[2] Optical engineering. R. M. Scott. Applied optics, 1962 (1) 4
[3] Optical engineering and the Optical Society of America. Jay
M.J.M. Eastman. Appliedoptics, 1982 (21) 22
María Viñas Peña
Doctor en Ciencias Físicas, Máster Ingeniería Óptica, Grado en
Óptica
Investigador Postdoctoral, Laboratorio de Óptica Visual y
Biofotónica,
Instituto de Óptica, Consejo Superior de Investigaciones
Científicas
(IO-CSIC)
Capítulo 92
Y yo quiero ser...Ingeniero Aeroespacial
(Por José Ignacio González Núñez)
Muchas veces a lo largo de mi carrera, cuando alguien me ha
preguntado a qué me dedico o en qué tipo de empresa o institución trabajo y he
contestado "en la Agencia Europea del Espacio" o "en un operador
de telecomunicaciones vía satélite", casi inmediatamente después me he
encontrado explicando cómo es posible que los satélites no se caigan al suelo o
para qué sirven los satélites o cuantos satélites hay orbitando la Tierra. Y
claro, aquí uno puede pasarse horas, incluso días, argumentando y aportando
datos sobre usos y aplicaciones de esos ingenios. Justamente son esos usos y
aplicaciones los que marcan una característica fundamental de los satélites: su
órbita.
Las órbitas de los satélites, los planetas y las estrellas se
rigen por las leyes de la mecánica espacial. Las leyes de Kepler [1],
enunciadas a principios del siglo XVII, describieron por primera vez de forma
matemática el movimiento de los planetas de nuestro Sistema Solar alrededor del
Sol. Unas décadas después, en 1687 Isaac Newton publicó su "Philosophiae
Naturalis Principia Mathematica" [2]; quizás el libro de ciencia más
importante de la historia, en el que se formula la ley de la gravitación
universal. En ella se establece la relación entre la fuerza de atracción entre
dos objetos masivos, sus masas (directamente proporcional) y la distancia que
les separa (inversamente proporcional al cuadrado de ésta).
Cuando lanzamos una piedra desde lo alto de un acantilado vemos
que, por mucha fuerza que apliquemos a nuestro tiro, la piedra acaba cayendo al
fondo de barranco. Aun siendo un gran campeón de atletismo difícilmente
podríamos impulsar la piedra a más de 35 metros por segundo. Ahora bien, si no
hubiera aire en la atmosfera que ralentizase la piedra y fuésemos, algo
parecido al primo de Superman, capaces de impulsar la piedra a 8 kilómetros por
segundo, al cabo de poco más de 80 minutos deberíamos agachar la cabeza para
evitar que la piedra nos diese en la nuca. ¡Esa piedra hipersónica se habría
convertido en un satélite artificial de la Tierra! En una órbita circular, la
magnitud de velocidad es inversamente proporcional a la raíz cuadrada del radio
de la órbita, mientras que el cuadrado del periodo orbital es proporcional al
cubo del radio de la órbita. Además del periodo y el radio, otras dos
características fundamentales (hay más) de una órbita son su inclinación
respecto al plano ecuatorial y su forma o excentricidad (circulares, elípticas,
etc.).
En el sector aeroespacial, como en otros muchos, el desarrollo
tecnológico y la imparable imaginación e inventiva del hombre ha permitido dar
solución a antiguas y nuevas necesidades y crear nuevas aplicaciones. De esta
manera, es imposible hablar de un único tipo de satélites. La especialización
de los mismos ha ido de la mano del uso de diferentes recursos orbitales.
Típicamente los satélites para mapeado y observación de la
tierra, satélites de reconocimiento (también llamados satélites espía) y
algunos satélites meteorológicos giran alrededor de nuestro planeta en las
llamadas órbitas bajas o LEO ("LowEarthOrbit"), cuya altura sobre la
superficie terrestre está entre unos 200 km y 2.000 km. Las órbitas de estos
satélites tienen una gran inclinación (típicamente cerca de 90 grados) para
poder barrer en su periplo toda la superficie terrestre. En ese rango de
alturas encontramos también a la Estación Espacial Internacional
("InternationalSpaceStation" o "ISS") a unos 400 km de
altura y una inclinación de 51.6 grados para facilitar la trayectoria de los
lanzamientos desde el cosmódromo de Baikonur en Kazakstán. Con el objeto de
proporcionar servicios de telecomunicaciones en cualquier punto de la
superficie terrestre, los 72 satélites de la constelación Iridium ocupan seis
planos orbitales inclinados 86.4 grados a una altura de 781 km.
Los principales sistemas satelitales de geo localización y
navegación están formados por constelaciones de satélites en órbitas de altura
media o MEO ("MediumEarthOrbit"). Los 32 satélites del sistema
estadounidense GPS ("GlobalPositioningSystem") ocupan seis planos
orbitales con 55 grados de inclinación a una altura de 20.200 km. Los satélites
del sistema ruso GLONASS están un poco más abajo, a 19.100 km con una
inclinación de 64.8 grados, mientras que los del europeo Galileo están un poco
más arriba, a 23.222 km con una inclinación de 56 grados.
Quizás los satélites más populares, si es que podemos llamarlos
así, son los geoestacionarios. La órbita geoestacionaria o GEO
("Geo-stationaryOrbit") fue propuesta por primera vez por el
ingeniero esloveno Herman Potočnik en 1928 y más tarde popularizada por el
famoso científico y escritor Arthur C. Clarke. El origen de la idea es poder
tener un punto muy alto en el espacio que, aparentando estar en reposo desde la
superficie terrestre, pueda ver puntos muy distantes entre sí. Esto permitiría
la transmisión de señales entre sitios sin línea de vista a través de ese punto
estático como si fuera una torre de comunicaciones colgada en el espacio.
Resulta que resolviendo las ecuaciones de Newton, una órbita circular con una
altura de 35.786 km sobre nivel del mar tiene un periodo de 24 horas, es decir,
es geo síncrona. Si además, la órbita está en el plano ecuatorial (inclinación
cero) los cuerpos que desde allí circunvalan la Tierra aparecen estáticos
respecto a un observador en la superficie terrestre. El anillo geo estacionario
ha sido y es utilizado por centenares de satélites de telecomunicaciones que
ofrecen servicios en todo el mundo de difusión de cadenas de televisión y
radio, de comunicaciones móviles con barcos y aeronaves y todo tipo de
servicios de telecomunicaciones en zonas remotas del planeta.
Para solventar el problema del bajo ángulo de elevación en la
recepción de los satélites geo estacionarios en territorios alejados del
ecuador, en Rusia usan satélites en órbitas elípticas o HEO
("HighlyEllipticalOrbit") llamadas Molniya que poseen perigeos (los
puntos más cercanos a la superficie terrestre) de unos 1.000 km y apogeos (los
puntos más alejados) de hasta 24.000 km y una inclinación de 63.4 grados. En
Estados Unidos, la empresa Sirius XM Satellite Radio emplea satélites en órbitas
elípticas geo síncronas o HEGO
("HighlyEllipticalGeosynchronousOrbit") llamadas Tundra para
proporcionar servicios de radiodifusión a más de 30 millones de usuarios
móviles.
El abanico de órbitas no se acaba aquí. En estas líneas me he
referido únicamente a las órbitas alrededor de la Tierra. Las próximas
generaciones de ingenieros aeroespaciales sin duda se preocuparán más por las
órbitas abiertas interplanetarias. Bastará únicamente con superar la velocidad
de 11.2 km/s para escapar de la atracción gravitatoria terrestre.
En los años 60 las misiones Apolo llevaron al hombre a la Luna,
en los 70 los Voyagers iniciaron el más largo viaje jamás hecho por un ingenio
fabricado por el hombre, Marte ha sido visitado durante décadas por los
Vikings, el Pathfinder y muchos otros, Rosetta se posó en el cometa
67P/Churyumov–Gerasimenko en 2014…
Ante necesidades más sofisticadas, siempre aparecerá un
ingeniero aeroespacial que inventará, si se me permite la expresión, una órbita
nueva.
Referencias:
[1] Johannes Kepler, "Harmonices Mundi"
https://books.google.es/books/about/Harmonices_mundi_libri_V.html?id=ZLlCAAAAcAAJ
[2] Isaac Newton, "Philosophiae Naturalis Principia
Mathematica"
http://www.wilbourhall.org/pdfs/newton/NewtonPrincipia.pdf
José Ignacio González Núñez
Ingeniero Superior de Telecomunicaciones (Universidad
Politécnica de Madrid)
Máster en Tecnología Aeroespacial y Telecomunicaciones vía
Satélite (UniversityCollege London)
Vicepresidente de Desarrollo de Negocios y Estrategia
Regulatoria en Eutelsat Américas
Capítulo 93
Y yo quiero ser...Ingeniero de Sistemas y Automática
(Por Emilio Jiménez)
Yo quiero ser Ingeniero de Sistemas y Automática, que
afortunadamente es lo que soy, por lo que tengo la gran suerte de hacer lo que
me gusta (y que además me paguen por ello 😉. Bueno,
además de la Ingeniería de Sistemas y Automática me gusta enseñar, y me gusta
investigar, ambas tareas en este maravilloso campo, y es lo que hago como
catedrático de Ingeniería de Sistemas y Automática en la Universidad de La
Rioja, donde también me dedico a hacer Transferencia, es decir, aplicar los
resultados de la Investigación y la Innovación para mejora de los productos y
de los procesos productivos (logística, producción, etc.), así como de los
servicios (aeropuertos, hospitales, etc.). Por eso cuando Quintín me propuso
hacer este capítulo acepté encantado, para poder orientar a todos los jóvenes
que lo deseen en lo que consiste esta disciplina de la ingeniería y en lo que
podrán hacer si optan por ella.
Todo lo que he adelantado que hago, no lo realizo yo solo, pues
hoy en día un ingeniero que trabaje solo no puede competir ni puede avanzar al
ritmo de los que trabajan en grupo, y por tanto lo que aquí os digo que hago en
realidad no lo hago yo, sino que lo hacemos mi grupo. Y de nuevo me considero
afortunado al contar con un grupo de amigos que trabajamos juntos, es decir,
que además de trabajar en lo que nos gusta lo hacemos con quienes nos gusta
hacerlo.
Lo que acabo de contar, no lo he hecho porque quiera
"contar mi vida", sino porque de ello se desprenden muchas ideas muy
importantes sobre nuestro propósito. Algunas ya están adelantadas, como que el
trabajo en equipo es fundamental, como lo es tener un buen ambiente de trabajo,
tanto en la Ingeniería de Sistemas y Automática, como en la Ingeniería en
general, como en cualquier trabajo. Pero hay otra idea oculta en todo ello que
es la base de la Ingeniería
de Sistemas: un sistema es un conjunto de elementos que se relacionan entre sí
constituyendo una entidad que no es simplemente la suma de sus elementos.
Bueno, he dado una definición un poco rigurosa, y como Quintín
me pidió que el capítulo fuese informal y directo para futuros científicos 😉 de ahora 14 a 18 años, voy a tratar de explicarlo de otra
manera, y además voy a hacer referencia únicamente en este capítulo a las redes
sociales (en lo que esos chicos de 14 a 18 años son mucho mejores que yo), y en
concreto a la Wikipedia.
Supongamos que tenemos una caja con un cerebro (de un conejo por
ejemplo, para no ser muy macabro), un hígado, unos riñones, unos cuantos litros
de sangre, etc. Es decir, los elementos que constituyen el sistema que es el
conejo. Por separado el cerebro no puede hacer nada, y de hecho muere en poco
tiempo, como lo hace el resto de elementos sin el cerebro, o sin el hígado,
etc. Pero todos juntos, y debidamente relacionados, constituyen un Sistema, y
además un sistema fantástico, pues es un ser vivo. Lo mismo podríamos pensar
con el disco duro, el teclado, la CPU, la memoria, etc. de nuestro ordenador, o
con sistemas muy muy complejos, como puede ser los fenómenos atmosféricos y
meteorológicos, los entornos naturales y los ecosistemas, etc.
Pues bien, entender las relaciones entre las partes que componen
los sistemas y entender el comportamiento del sistema completo es la base de la
Ingeniería de Sistemas. Voy a poner un par de ejemplos:
-Supongamos un modelo muy simple de un entorno natural en el que
hay zorros y hay conejos. Tanto unos como otros se reproducen a un cierto
ritmo, dependiendo del número de parejas de su especie que haya. Por otro lado,
como los zorros se alimentan de conejos, cuantos más conejos haya más va a
crecer la población de zorros, pero cuantos más zorros haya más va a decrecer
la población de conejos. Se trata de un sistema muy simple, con sólo dos
elementos (un depredador y una presa), y unas pocas relaciones entre ellos. Y
sin embargo la evolución del sistema es muy compleja, con variaciones cíclicas
de las poblaciones en unos casos, o la desaparición de los conejos y luego de
los zorros, o la desaparición sólo de los zorros, dependiendo de los valores
iniciales y del tipo de relaciones concretas que definamos. Ese análisis lo
realizaron ¡hace menos de un siglo! de manera independiente dos matemáticos,
Alfred J. Lotka en 1925 y Vito Volterra en 1926, y se conoce como Las
ecuaciones de Lotka-Volterra o las
ecuaciones predador-presa.
-Más tarde todavía (para que veáis lo reciente que es esta
disciplina), otro ingeniero, Jay Wright Forrester (1918-2016) se dio cuenta de que en un simple almacén con
mercancías almacenadas para vender, empleados, y clientes, con unas relaciones
muy simples se producían unas oscilaciones similares en el número de empleados
y el producto almacenado, y lo plasmó en el célebre libro Industrial Dynamics
(en 1961, ayer mismo como quien dice), considerado el origen de la dinámica de
sistemas, de la que Forrester es considerado el padre.
La dinámica
de sistemas busca los elementos que componen
los sistemas, analiza las relaciones entre ellos (especialmente buscando ciclos
de relaciones) y determina de qué tipo será la respuesta. Para ello emplea
diagramas causales, que después se depuran en diagramas de Forrester, y
finalmente se transforman en ecuaciones para analizarlas (eso ya hoy en día lo
hacen muy bien las aplicaciones informáticas).
Por ejemplo, un ingeniero de sistemas puede determinar de esta
manera cómo evolucionará una epidemia (pongamos que de gripe) en la población,
en la que habrá personas sanas (sin contagiar), personas contagiadas, personas
que ya se han curado y por tanto están inmunizadas, etc. Así que cuando oigamos
por los medios de comunicación que se espera un descenso de la incidencia de
une epidemia con un repunte posterior, además de médicos seguro que hay un
ingeniero de sistemas que ha analizado la evolución de la epidemia y ha
generado un modelo para determinar su dinámica.
Por eso la ingeniería de sistemas está hoy en día relacionada
con la disciplina conocida como Modelado y Simulación, consistente en eso
mismo, modelar las partes del sistema y sus relaciones, simularlo
computacionalmente, y determinar el comportamiento. Y eso se emplea en
cualquier campo de la ingeniería: comportamiento del viento en lo
aerogeneradores, comportamiento de las aeronaves y su capacidad de vuelo,
determinación de movimientos de personas, equipajes y aviones en un aeropuerto,
etc.
Un ejemplo muy divertido es el "juego
de la cerveza" (the beer game), que
simula la producción y venta de una fábrica de cerveza, y muestra la dificultad
que tiene hacer los pedidos de varios puestos intermedios sin llevar la fábrica
a la ruina. Y todo ello está relacionado con la automática como veremos. En
realidad el término automática comprende dos cosas diferenciadas: la Ingeniería
de Control y la Automatización
Industrial.
La Ingeniería de Control lo que hace es, no sólo determinar el
comportamiento de un sistema, sino la forma de controlarlo para que su
comportamiento sea el adecuado. Es decir, se diseñan y desarrollan
"controladores" y algoritmos de control, que son los encargados de
hacer que el sistema se comporte como deseamos. Se basan en conocer el
comportamiento, compararlo con el que queríamos, y determinar la acción de
control necesaria en cada momento. Por ejemplo un avión no podría volar como lo
hace sin un sistema de control automático, y mucho menos una nave espacial,
pero también sistemas tan sencillos como motores, aires acondicionados,
amortiguación activa de los coches, etc. emplean controladores.
Por otro lado la automatización Industrial lo que hace es
emplear sistemas o elementos computarizados y electromecánicos para controlar
maquinarias y procesos industriales, incluyendo robótica, visión artificial, y
técnicas de inteligencia artificial para la toma de decisiones.
Es evidente la relación directa que todo ello tiene con la nueva
revolución industrial, la cuarta revolución industrial o Industria 4.0, también conocida como la de los sistemas ciberfísicos, que
tenemos ya a la vuelta de la esquina, y que va a cambiar el mundo (no sólo la
producción y el trabajo sino toda la sociedad) en muy pocos años.
Por eso, como resumen, no puedo deciros que si decidís como yo
haceros ingenieros de sistemas y automática vayáis a trabajar con robots,
visión artificial, sistemas inteligentes de producción, modelado y simulación,
regulación automática, o analizando, comprendiendo y controlando sistemas
complejos de cualquier tipo, porque en pocos años, muy pocos, lo que van a
hacer los Ingenieros de Sistemas y Automática es adaptar los sistemas
productivos a la Industria 4.0, para lo que ADEMÁS de todo lo anterior trabajaréis
con Big Data, Realidad Aumentada, Cloud Computing, Robótica colaborativa,
Internet de las Cosas, etc., es decir, las disciplinas en las que se basa la
Industria 4.0.
Como ejemplo, cuelgo unas imágenes de algunos de nuestros
trabajos en esas líneas: Un simulador de robótica colaborativa (desarrollado
como proyecto fin de carrera por el mejor estudiante que he tenido, ahora ya
compañero) y dos plantas industriales en las que hemos sido capaces de aplicar
los conceptos de Industria 4.0, y desarrollarlas plenamente de manera virtual,
antes de que ese concepto se pusiese en marcha.
Es el futuro, que ya está aquí, y es lo que tendréis que hacer
en este oficio.
Emilio Jiménez
Doctor Ingeniero Industrial
Universidad de la Rioja
Capítulo 94
Y yo quiero ser...Ingeniero Eléctrico
(Por Eduardo Martínez Cámara)
Yo quiero ser Ingeniero Eléctrico, aunque tengo que reconocer
que los ingenieros en ramas industriales solemos ser más ingenieros que
especialistas, en este caso en ingeniería eléctrica. Y como prueba, mis
estudios comenzaron con Ingeniería Técnica Industrial en Ingeniería Electrónica
y Automática, que se supone que era mi especialidad cuando concluí Ingeniería
Industrial, aunque mi Tesis doctoral la orienté a lo que acababa de ser mi
comienzo profesional, la energía eléctrica producida por molinos eólicos. Y así
me convertí, profesionalmente, en Ingeniero Eléctrico y especialista en
energías renovables, sobre todo energía eólica.
Y como es una profesión apasionante, y con un futuro muy
prometedor, quiero contribuir a este trabajo con un capítulo en el que
transmitiros lo más interesante que tiene y lo que os puede esperar si elegís
este camino.
Comencemos con una definición de los que es ingeniería
eléctrica, para lo que voy a permitirme copiar los 2 primeros párrafos de la
Wikipedia, Ingeniería
Eléctrica, que lo resumen muy bien, y
posteriormente los matizaré en base a mi experiencia personal y profesional:
"La ingeniería eléctrica es el campo de la ingeniería
que se ocupa del estudio y la aplicación de la electricidad, la electrónica y
el electromagnetismo. Aplica conocimientos de ciencias como la física y las
matemáticas para diseñar sistemas y equipos que permiten generar, transportar,
distribuir y utilizar la energía eléctrica.
Dicha área de la ingeniería es reconocida como carrera profesional en todo
el mundo y constituye una de las áreas fundamentales de la ingeniería desde el
siglo XIX con la comercialización del telégrafo eléctrico y la generación
industrial de energía eléctrica. Dada su evolución en el tiempo, este campo
ahora abarca una serie de disciplinas que incluyen la electrotecnia, la
electrónica, los sistemas de control, el procesamiento de señales y las
telecomunicaciones."
Como sabéis la energía ha ido siempre ligada al desarrollo del
ser humano. El control del fuego puede considerarse uno de los elementos
distintivos de la humanidad, si no el que más, y básicamente consiste en
controlar energía que puede liberarse rápidamente para conseguir altas
temperaturas, que permitió no sólo alimentarse mejor, o defenderse de
depredadores más grandes, o combatir las inclemencias del tiempo, sino comenzar
el desarrollo de la tecnología, en la edad de los metales, pudiendo fundir el metal,
y obtenerlo en mucha mayor cantidad que simplemente maleando las escasas piezas
de metal natural.
Posteriormente (muy posteriormente), el control de la energía
para conseguir que gire un mecanismo (con la máquina de vapor) constituyó la
primera revolución industrial, al poderse emplear energía de la naturaleza
(carbón o madera) en la fabricación mediante máquinas conectadas a esa máquina
de vapor. Ello supuso una revolución industrial, pero sobre todo social, que
originó el comienzo del crecimiento de la población y de la sociedad urbana
predominante actual.
La siguiente revolución industrial también tiene mucho que ver
con esta profesión, pues se basó en la electricidad. Ahora ya no sólo se podía
emplear la energía natural en la fabricación, sino que además podía trasladarse
esa energía a grandes distancias de manera inmediata y muy barata, simplemente
con cables metálicos. Ya no era necesario trasladar grandes cantidades de
carbón o poner las fábricas cerca de las fuentes de energía, sino que bastaba
con conectar las fábricas y las ciudades con los centros de obtención de
energía, mediante líneas eléctricas. A todos los que os guste este campo os
recomiendo leer la biografía de Nikola Tesla, e irremediablemente os
convertiréis en apasionados de su trabajo y de la energía eléctrica. También es
interesantísima su relación antagónica con Edison, tanto en cuestiones técnicas
(corriente continua frente a corriente alterna) como en su concepción de la
vida (idealismo frente a pragmatismo).
Posteriormente ha habido una tercera revolución industrial,
basada en la informática y la robótica, que aunque no sea tan evidentemente
también ha tenido mucho que ver en esta profesión, pues gracias a los
desarrollos electrónicos es posible que los molinos eólicos sean más
eficientes, puedan conectarse a la red casi sin limitaciones (hace pocos años
no era posible porque producían inestabilidades), e incluso se ha llegado a que
en muchos ámbitos es más conveniente el transporte de energía eléctrica en corriente
continua que en corriente alterna, lo cual era absolutamente imposible en
tiempos de la segunda revolución industrial.
Fig. 1. Parque eólico. By
Sitomon (Own work) [Public domain], via Wikimedia Commons
Actualmente estamos en puertas de la cuarta revolución
industrial, la de los sistemas ciberfísicos, que casi sin darnos cuenta está
llegando a nuestra sociedad, y sin duda también será clave en esta profesión.
Fig. 2. Centro de transformación. By
Rjcastillo (Own work) [CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons
Muchos de los que os dediquéis a la generación y transporte de
energía eléctrica lo haréis trabajando en dispositivos para teléfonos
inteligentes que permitan optimizar el consumo y la distribución, pero
especialmente parece ser que la cuarta revolución industrial está llegando al
sector con el desarrollo de las mini y micro redes aisladas, para edificios, o
para poblaciones, tendiendo hacia la generación renovable y el autoconsumo,
junto a una utilización inteligente de la energía para minimizar el impacto
ambiental.
Tanto en las futuras redes de autoconsumo, como en las grandes
redes eléctricas existentes en la actualidad, se integran además de los
consumidores (fábricas y hogares), los diferentes productores de energía
eléctrica: centrales térmicas y de ciclo combinado, centrales nucleares,
centrales hidráulicas, parques eólicos y solares, etc.
Fig. 3. Líneas eléctricas de distribución. By
Vincent van Zeijst (Own work) [CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons
Y los ingenieros eléctricos nos encargamos de la generación de
esa electricidad y su distribución, aunque como veis hay una rama profesional
muy cercana, que es la de los ingenieros energéticos, que tratan además de esas
fuentes de energía que producen electricidad, las fuentes que producen calor
(como la termosolar, la energía de la biomasa, geotérmica, etc.).
En resumen, podríamos considerar que las labores que os
corresponderán como ingenieros eléctricos a los que elijáis este camino,
incluyen entre otras:
-Producción de energía eléctrica: diseñar, instalar, mantener y
optimizar sistemas de producción de energía eléctrica a partir de las
diferentes fuentes de energía: hidráulica, fósiles (carbón, petróleo, y gas
natural), nuclear, solar (fotoeléctrica o fototérmica), eólica, etc.…
-Transporte de energía eléctrica: diseñar, instalar, mantener y
optimizar los sistemas de transformación, transmisión y distribución de energía
eléctrica.
-Análisis de sistemas eléctricos: modelar, analizar, evaluar, y
optimizar los sistemas y equipos que intervienen en las fases de producción,
consumo, y transporte de la energía eléctrica.
-Investigar la mejora de sistemas de almacenamiento de energía
eléctrica.
-Control, protección, medición y optimización de sistemas
eléctricos en sus diferentes fases de producción, transporte y consumo.
-Análisis de la demanda y adaptación a los sistemas técnicos y a
las mejores opciones de comercialización de energía eléctrica.
-Mejora de la eficiencia energética en los sectores residencial
e industrial
-Optimización de la integración en red de sistemas distribuidos
de producción y de los consumos
-Adaptación de los sistemas eléctricos a las nuevas tecnologías
de la información y las comunicaciones y a los sistemas ciberfísicos basados en
las tecnologías de la Industria 4.0.
Os adjunto finalmente 4 imágenes, de Wikipedia, de instalaciones
en las que es frecuente encontrar ingenieros eléctricos. Hubiese puesto más,
como centrales hidráulicas o de ciclo combinado, pero me han pedido no
extenderme demasiado, así que ahí lo dejo, pero quedo a disposición de quien
quiera consultarme cualquier cuestión adicional.
Eduardo Martínez Cámara
Doctor Ingeniero Industrial
Grupo Energías Renovables, Universidad de la Rioja
Capítulo 95
Y yo quiero ser...Ingeniero en Fluidomecánica
(Por Mario Sánchez Sanz)
Un ingeniero en Fluidomecánica se encarga de estudiar y
aprovechar, en beneficio propio, el movimiento de los fluidos, las fuerzas
inducidas por ese desplazamiento y el intercambio de energía asociado a él. La
rama de la física que fundamenta esa rama de la ingeniería es la Mecánica de
Fluidos y engloba tanto a líquidos como a gases. Creo que no existe ese título
para definir a ningún ingeniero, pero la especialidad y la asignatura sí que se
imparte, bajo diferentes nombres, en distintos títulos de grado de todas las
escuelas de Ingeniería de España. Un ejemplo cercano es la asignatura de
"Ingeniería Fluidomecánica" de la Universidad Carlos III de Madrid,
donde imparto clase, y que se imparte en varios títulos de grado.
El agua y el aire han sido los fluidos más usados por el hombre.
Existen evidencias históricas que sugieren la utilización de molinos de agua en
la India en el siglo IV a. de C. Su importancia práctica y filosófica en el
antiguo Egipto, Grecia y Roma es indudable. En el Renacimiento, Leonardo da
Vinci, Torricelli, Pascal y Newton hicieron aportaciones importantes en el
estudio de los fluidos. Sin embargo, durante siglos, todo avance tecnológico
relacionado con el uso de los fluidos para la realización de un trabajo útil
estuvo basado en el método de ensayo y error y era, por lo tanto, lento e
impreciso. Para la cimentación de los fundamentos matemáticos de esa ciencia
tendríamos que esperar al el matemático suizo Leonard Euler, al ingeniero
francés Claude-Louis Navier y al físico y matemático irlandés George Gabriel
Stokes.
En su trabajo original, que hacía uso de las aportaciones de
otros científicos, Euler escribió las ecuaciones sin tener en cuenta el efecto
de la viscosidad del fluido. Navier y Stokes si incluyeron los esfuerzos
viscosos en las ecuaciones de Euler para, finalmente, escribir las que a la
postre se denominaron ecuaciones de Navier-Stokes (NS de aquí en adelante): un
conjunto de tres ecuaciones diferenciales en derivadas parciales que, junto a
la ecuación de continuidad, permite obtener las tres componentes de la
velocidad y la presión del fluido. Las ecuaciones de NS son esencialmente una
nueva forma de escribir la tercera ley de Newton en las que la variación de la
cantidad de movimiento es igual a la suma de las fuerzas que actúan sobre el
fluido. A diferencia de los cuerpos sólidos, los fluidos se deforman bajo el
efecto de las fuerzas, modificando su forma y, a veces, algunas de sus
propiedades. Estas particularidades, que se derivan de la organización
molecular de los fluidos, complica sustancialmente la descripción de su
movimiento.
Esos tres científicos arriba mencionados redujeron el movimiento
de un fluido a un problema de análisis matemático, ¡pero qué problema! Resolver
las ecuaciones de NS es tan complicado que constituye uno de los siete
problemas del milenio propuestos por el Clay Mathematics Institute y por los
que pagará un sustancioso premio de un millón de dólares a quien logre obtener
la solución general de las ecuaciones. Durante gran parte del siglo XX se
avanzó poco en ese objetivo. La dificultad radica en el comportamiento
aparentemente impredecible y caótico que muestra el movimiento de los fluidos
debido, fundamentalmente, a la sensibilidad extrema del mismo a las condiciones
iniciales: dos sistemas con condiciones iniciales casi idénticas dan lugar a
soluciones que, rápidamente, divergen en dos soluciones sin relación aparente.
Puesto que las matemáticas no permiten integrar exactamente las
ecuaciones de NS, la mecánica de fluidos ha utilizado los ordenadores de forma
intensiva para resolver las ecuaciones mediante técnicas numéricas. Aunque
siempre introducen pequeños errores en la solución final, las soluciones
numéricas pueden llegar a ser muy precisas. Gracias a los ordenadores somos
capaces de realizar multitud de operaciones matemáticas simples (sumas, restas,
multiplicaciones y divisiones) en muy poco tiempo. La potencia de cálculo de
los computadores se mide en FLOPS (operaciones en coma flotante por segundo que
son capaces de realizar). Por poner un ejemplo, podemos estimar que un
ordenador de sobremesa, como el que podamos tener en casa, realiza del orden de
109 operaciones por segundo. El mayor ordenador de España, el
MareNostrum4, alojado en el centro de Supercomputación de Barcelona, tiene,
desde su actualización en Julio de 2017, una potencia pico de 11.15 PetaFlops
o, lo que es lo mismo, es capaz de realizar 13,000,000,000,000,000 (trece mil
trillones o 1015) operaciones por segundo.
Cuando un niño aprende a escribir, para enseñarle el trazado de
las letras, se disponen una serie de puntos sobre una lámina de papel para que,
después de unir todos los puntos mediante rectas, obtenga la letra buscada. De
forma parecida, la mecánica de fluidos computacional calcula la presión y las
tres componentes velocidad en ciertos puntos del espacio y, después, imitando
la técnica de los niños de unir esos puntos, conforma la descripción continua
de los campos de velocidad y presión. Esos puntos forman la malla
computacional, como se denomina en la jerga del oficio. Lógicamente, cuanto
más complicado es el movimiento del fluido o mayor precisión en la descripción
del mismo se requiera, más puntos necesitamos, lo que a su vez implica un mayor
coste a la hora de llevar a cabo ese cálculo.
De forma general, las características del movimiento de un
fluido depende del valor del número de Reynolds, definido como Re= ρuclc/μ,
siendo ρ la densidad y μ la viscosidad del
fluido, uc la velocidad característica del fluido
y lc una longitud características del problema a
estudiar. El parámetro Reynolds es un número sin dimensiones y mide la
importancia relativa entre las fuerza de inercia ρu2c /lc y
la de viscosidad del fluido μuc/l2c.
Si el número de Reynolds es pequeño, la viscosidad del fluido domina el
movimiento y decimos que éste se encuentra en régimen laminar. Como indica su
nombre, en este régimen el movimiento del fluido se ordena en capas paralelas,
como si fueran láminas que deslizan en la misma dirección una sobre otra, con
la viscosidad actuando como mecanismo de disipación de energía.
Fig. 1. Escalas características para el flujo sobre un perfil NACA-0012 con
Re=50.000. La figura de arriba presenta niveles de turbulencia menores que la
figura de abajo [1]. Las líneas azules representan el vector velocidad antes de
llegar al perfil y sobre él.
Para valores grandes del número de Reynolds, el movimiento deja
de ser ordenado para formar un flujo medio sobre el que se superponen un gran
número de vórtices y de remolinos que giran. El flujo medio tiene una
velocidad um a la que se añaden oscilaciones de
velocidad u’ inducidas por esos vórtices y remolinos. El tamaño del
menor de estos torbellinos η es función del valor del Re, siendo
menor cuanto más grande es el número de Reynolds y mayor es el nivel de
turbulencia. Su tamaño se relaciona con la longitud característica a través del
número de Reynolds lc/η = Re3/4.
Es en esas escalas más pequeñas donde la viscosidad del fluido se hace
dominante disipando la energía almacenada en el fluido. Como se indica en la
Fig. 1, es común que un flujo laminar se inestabilice y se transforme en uno
turbulento. Para complicar las cosas todavía un poco más, flujos con igual
valor del número de Reynolds pueden presentar distintos valores de turbulencia
debido, por ejemplo, a factores que amplifican las oscilaciones de velocidad
(por ejemplo, la rugosidad del material).
Un ejemplo de integración numérica de las ecuaciones de NS se
puede ver en la Fig. 1, donde se muestran los resultados de los cálculos
llevados a cabo por Jones et al [1] para un flujo con Re=5x104basado
en la velocidad a la que el fluido se acerca al perfil U∞ y en
la cuerda del mismo c. Basados en ese ejemplo podemos concluir que
para describir numéricamente un flujo laminar, como el que se desarrolla cerca
del borde de ataque del álabe de la Fig. 1, necesitamos mallas computacionales
con puntos suficientes para describir cambios en la velocidad en una región de
tamaño característico lc ~ c, pero para
un flujo turbulento necesitamos que la distancia entre los puntos de nuestra
malla sea de orden η<<lc. Al ser esa
distancia entre puntos mucho más pequeña, será necesario disponer de muchos más
y el cálculo será más costoso.
A partir de las estimaciones hechas más arribas, podemos
anticipar que el número de puntos necesarios para integrar numéricamente uno de
estos flujos turbulentos crece como N ~ Re9/4.
Consideramos, por ejemplo, la avioneta Air Tractor 802F que se usa en labores
de extinción de incendios todos los veranos en España. Este pequeño avión tiene
un ala de cuerda lc = c = 1 m, un
perfil semejante al mostrado en la Fig. 1 y se desplaza por el aire a baja
altura con una velocidad de crucero de unos uc=300
km/h=83 m/s. Usando los valores de densidad y viscosidad del aire a nivel del
mar, tenemos valores del número de Reynolds del orden de Re= 1.38 x 105.
Para obtener la velocidad y la presión en una porción del ala de ese avión de 1
m² tendremos que integrar numéricamente las ecuaciones de NS. Si lo hacemos en
un ordenador de sobremesa doméstico, ese cálculo llevaría 1013 s
o 317.100 años. Para el mayor ordenador de España, el Marenostrum 4
necesitarías esperar 107 s, poco más de 4 meses. Si tenemos en
cuenta el área total del ala de la avioneta es 18 m², rápidamente nos damos
cuenta de que cálculos como el descrito en el párrafo anterior son, de momento,
inasumibles tanto por el tiempo de cálculo que necesitan como por el tamaño
descomunal de la información generada que hay que almacenar para su posterior
análisis.
El cálculo de flujos industriales, con valores de Re mucho
mayores al del ejemplo, es todavía una utopía y no se espera que podamos
abordarlo hasta, al menos, dentro de un siglo. Y eso si la potencia de cálculo
continua creciendo al mismo ritmo que lo hace actualmente, es decir,
multiplicando el número de operaciones por segundo por un factor 10 cada siete
años. La disponibilidad de los recursos computacionales para integrar las
ecuaciones es una condición necesaria, aunque no suficiente. Las técnicas para la
integración de las ecuaciones son complejas y su implementación en códigos
requieres de años de estudio y dedicación. Además, hay que tener en cuenta que
proceso de cálculo arriba descrito es la parte más sencilla del proceso de
diseño. Posteriormente, es necesario analizar con mucho detalle todos esos
datos para extraer conclusiones útiles tanto desde el punto de vista científico
como técnico e ingenieril. Y ahí es donde el ingeniero es la clave, no hay
ordenador que interprete los resultados obtenidos a partir de la integración de
las ecuaciones.
Conocedores de esas limitaciones, ingenieros y científicos han
obtenido resultados más que notables mediante aproximaciones y modelos con los
que, pese a no conocer los detalles de la turbulencia, han hecho volar a los
aviones y girar a las turbinas eólicas, han predicho el tiempo y navegar a los
aviones. Hoy en día hay multitud de códigos comerciales que permiten integrar
las ecuaciones de NS con poca formación previa. Sin embargo, esos códigos usan
aproximaciones y técnicas numéricas que arrojan unos resultados que deben
usarse con cautela por parte de los usuarios para evitar llegar a conclusiones
de poca validez física. En el último siglo, nuestro conocimiento de la mecánica
de fluidos ha crecido gracias a modelos simplificados de problemas complejos que
se fundamentaban en hipótesis que se validaban, después, experimentalmente. La
disponibilidad de recursos computacionales no debería modificar la secuencia
que acabamos de describir y que es aplicación directa del método científico.
Todo cálculo numérico debería estar soportado en la teoría ya que, de lo
contrario, corremos el riesgo de reducir la práctica del ingeniero
fluidomecánico a la creación de coloridos gráficos que nadie entiende y que
nada representan.
Un ejemplo de buena práctica fue la misión Apolo 11 con la que
se llegó a la Luna por primera vez en 1969. Los ordenadores usados para los
sistemas de guiado de las naves tenían una capacidad de cálculos de entorno a
las 85.000 operaciones por segundo. Hoy, un teléfono iPhone 7 es capaz de
realizar 172.000.000.000 operaciones por segundo, más de dos millones de veces
más capacidad de cálculo que los ordenadores del Apollo 11, que se usan,
excepto excepciones, para mandar mensajes de texto o para consultar alguna que
otra página web.
Referencias:
[1] L. E. Jones,R. D. Sandberg, N. D. Sandham,
Journal of Fluid Mechanics, 602 (2008) 175-207.
[2] J. Jiménez, Journal of Turbulence 4 (2003) Paper 22.
Mario Sánchez Sanz
Doctor en Ingeniería Matemática, Profesor titular.
Departamento Ing. Térmica y de Fluidos, Universidad Carlos III
de Madrid
Capítulo 96
Y yo quiero ser...Ingeniero Industrial (Tecnologías Energéticas)
(Por José Ramón Sánchez Moreno)
Desde luego no es fácil decidir aquello a lo que queremos
dedicar nuestra vida profesional. En ocasiones la decisión se produce de forma
repentina, quizás tras una magistral exposición por parte de un profesor de una
materia que despierta nuestra atención y en otras ocasiones no se produce de
forma tan evidente, sino que requiere analizar esos aspectos cotidianos que nos
hacen sentirnos realizados.
En mi caso fue durante mi infancia donde siempre me habían
atraído los objetos que pudieran montarse y desmontarse. Me fascinaba poder
entender el modo como encajaban las piezas, porqué alguien había decidido esas
formas para unir las piezas, el modo en el que todas juntas conformaban un
elemento plenamente funcional. Ese interés por entender el funcionamiento de
todo lo que me rodeaba, de tener la capacidad de decidir cómo combinar los
diferentes materiales para crear un dispositivo fue lo que me llevó a cursar
estudios de Ingeniería Industrial.
Una carrera multidisciplinar con un gran número de
especialidades que permite entender el funcionamiento de sistemas, máquinas e
instalaciones que nos rodean. De entre todas las especialidades que esta
carrera permite elegir, de modo que queden cubiertas todas las tecnologías de
que disponemos hoy en día en cualquier máquina o dispositivo, elegí la de
Tecnologías Energéticas por incluir todas aquellas disciplinas relacionadas con
la producción y aprovechamiento de la energía con especial énfasis en la eficiencia
energética.
Y es que la búsqueda del mínimo consumo resulta en muchos casos
un reto mayor y más complejo que descubrir un nuevo dispositivo o maquinaria
que facilite nuestro trabajo. Y para mí este campo despertó una gran admiración
y un gran interés en colaborar para desarrollar y contribuir a dar a conocer
sistemas que consuman cada vez menos energía. La búsqueda del móvil perpetuo es
para muchos una aventura comparable a la búsqueda del Santo Grial. Encontrar la
máquina u objeto capaz de moverse o funcionar sin apenas energía es un
descubrimiento que sin duda revolucionaría el mundo y contribuiría de forma
importante a reducir el impacto medioambiental que el consumo de energía tiene
inevitablemente en nuestro mundo con unos recursos cada vez más limitados y
donde hoy ya nadie duda de los efectos que el cambio climático tiene en nuestro
planeta. No en vano, reducir el consumo energético es una preocupación mundial
hacia la que la comunidad internacional está dando importantes pasos a través
de acciones y políticas como el Protocolo de Kyoto o la
apuesta 20/20/20 de la UE.
De modo que aunque por progreso y avance tecnológico muchos
puedan entender el descubrimiento de máquinas y mecanismos que hagan nuestra
vida más cómoda como medios de transporte más rápidos, sistemas de comunicación
globales, sistemas de control integrados, etc. Por progreso también ha de
entenderse el conseguir un estado de bienestar e industrialización dentro de
una sociedad con el mínimo consumo e impacto ambiental que no ponga en peligro
los limitados recursos del planeta. Y es que no es entendible considerar como
verdadero progreso disponer de hogares con sistemas domóticos que permiten hoy
en día interconectar todas las instalaciones de una vivienda como los sistemas
de climatización, iluminación, seguridad e incluso electrodomésticos si la
factura eléctrica a pagar por ello es prohibitiva o si el aislamiento de la
vivienda no es el adecuado y estoy enfriando o calentando el exterior o
trasmitiendo ruidos a los vecinos ¿Se puede entender esto como progreso? Yo
creo que no.
Es por esta razón por la que desde hace tiempo tengo la
oportunidad de trabajar en el campo de las instalaciones en edificios donde tan
importante como elegir los equipos de climatización y calefacción más adecuados
en coste y funcionalidad según el uso del edificio (residencial, hospitalario,
de trabajo, de ocio, etc.), igualmente importante resulta que esa energía
empleada en enfriar o calentar un fluido, y como resultado una edificación, no
se pierda a través de ésta.
De nada sirve invertir dinero en la última tecnología de
producción de frío o calor, en la más potente y eficiente del mercado, si ese
frío o calor se pierde al exterior.
Y es aquí donde cobran gran protagonismo los aislamientos. A
veces los grandes infravalorados por su sencillez, pero de una importancia
enorme al mantener la temperatura de una habitación o de una conducción y
evitando emplear energía de más en cubrir las pérdidas. Aislamientos tan
importantes como los que se colocan en fachadas que impiden transmisiones de
energía al exterior por conducción de entre los que destacan las lanas
minerales como la fibra de vidrio y la lana de roca, los poliestirenos, las espumas
elastoméricas, con unas resistencias a la trasmisión de energía importantes.
Aislamientos también presentes en las conducciones de fluidos refrigerantes en
forma de coquillas o mantas que permiten el transporte de un fluido atemperado
bien agua, refrigerante o aire, reduciendo la pérdida de energía ocasionada en
el transporte. O vidrios y ventanas de nueva construcción, como los vidrios
dobles cuya cámara interior de aire actúa como un gran aislante, o la nueva
generación de ventanas en PVC o metálicas con rotura de puente térmico con unos
niveles de conductividad térmica muy inferiores a las típicas ventanas
correderas que tan profusamente se han ido aplicando en la construcción de
viviendas por su bajo coste, y que sin duda han contribuido a un despilfarro de
energía por su baja hermeticidad y su estructura enteramente metálica. Todo un
error constructivo en una época en la que solo se miraba el precio y que hoy se
paga con facturas de gas y electricidad desorbitadas. Errores que
afortunadamente las administraciones y organismos preocupados por el uso
racional de la energía han ido corrigiendo en los últimos años con la adopción
de nuevas normativas como el Código Técnico de la Edificación (CTE) en
su versión HE de ahorro de energía que garantiza en las nuevas construcciones y
reformas, limitar el consumo energético (no en vano la edificación consume el
40% de la energía), mediante la obligatoriedad de instalación de unos mínimos
aislamientos y de unos equipos de producción térmica eficientes apoyados por fuentes
de energía renovables como paneles solares térmicos y fotovoltaicos.
Los cuales contribuyen de forma notable a dar cumplimiento a la
directiva 2010/31/UE que pretende certificar edificios de
consumo casi nulo para 2018 en el caso de edificios públicos y 2020 para
edificios de uso privado. Hasta entonces disponemos actualmente de la
certificación energética de edificios (por imperativo de la Directiva 2002/91/CE)
que mediante etiquetas similares a las utilizadas en los electrodomésticos,
permite a los inquilinos prever el gasto energético que sus edificaciones
tendrán.
No solo se busca con esas medidas reducir las pérdidas de
energía y garantizar el máximo aprovechamiento de los recursos energéticos
disponibles. Hoy en día se están haciendo importantes avances en la edificación
en soluciones que buscan igualmente reducir el consumo de un bien tan
importante como es el agua. Todos somos conscientes de lo limitados que son los
recursos hídricos en nuestro país y nuestra fuerte dependencia en la
climatología. De modo que además de medidas de ahorro de agua como el uso de
aireadores en grifos, últimamente se están aplicando medidas de ahorro de agua
sobre el elemento de más consumo de agua en los edificios como son los
inodoros. Y pese a que los nuevos inodoros de doble descarga permiten
importantes ahorros, no cabe duda que aún se produce un consumo importante de
agua que además ha necesitado de un proceso de cloración y potabilización solo
para ser empleada como limpiador del inodoro. Bien, pues aquí alguien
preocupado por ese despilfarro de agua se le ocurrió porqué no utilizar agua
reciclada para alimentar el inodoro. ¿Y reciclada de dónde? Ya que traer una
red de agua reciclada de las depuradoras sería costosísimo. Mejor, reciclarla
en el propio edificio. Hay ya numerosos ejemplos de hoteles, donde se está
aplicando una tecnología denominada de aprovechamiento de aguas grises que
consiste en recoger el agua de lavabos y duchas/bañeras (agua gris) para
filtrarla y tratarla en un depósito instalado en el propio edificio e
impulsarla a través de una red independiente a los inodoros. Una sencilla
solución, que no supone una gran inversión y sin embargo repercute en una
indudable reducción en el consumo de agua del edificio. Un bien, el agua, del
que somos tan dependientes y que bien se merece todo esfuerzo por limitar su
derroche.
En definitiva, la ingeniería no busca solo hacer la vida más
fácil mediante la introducción en la sociedad de dispositivos o máquinas
capaces de realizar tareas de ardua ejecución ya sea en los hogares, en las
fábricas, de resolver problemas de movilidad, de comunicación o de control a
distancia o incluso de garantizar el confort en nuestro propio hogar, también
se preocupa de conseguirlo de la manera más eficiente y con el mínimo consumo
de energía y recursos. Todos somos conscientes que vivimos en un planeta con
recursos limitados y somos responsables de dejarlo en las mejores condiciones
para las generaciones venideras. Es por ello que en este mundo todavía queda
mucho por hacer en materia de aprovechamiento eficiente de la energía y de los
recursos.
Referencias:
[1] www.isover.es
José Ramón Sánchez Moreno
Ingeniero Industrial (Tecnologías Energéticas)
Capítulo 97
Y yo quiero ser...Ingeniero Mecánico
(Por Julio Blanco Fernández)
Yo quiero ser Ingeniero Mecánico, y es lo que soy, aunque no os
creáis que me parece sencillo explicar lo que hace un Ingeniero Mecánico en
general, pues la Ingeniería Mecánica es tan amplia que puede haber varios
Ingenieros Mecánicos que hagan trabajos que nada tenga que ver uno con el otro,
pero ambos totalmente integrados en esta disciplina.
Y además me alegra ver que el conocimiento popular (Wikipedia)
me da la razón en lo amplia que es esta disciplina y la inmensidad de campos
que abarca. Nos cuenta esa fuente que (Ingeniería
Mecánica):
"La ingeniería mecánica es una rama de la ingeniería que
aplica, específicamente, los principios de la termodinámica, mecánica, mecánica
clásica, mecánica cuántica, mecánica de fluidos, análisis estructural,
estática, dinámica, ecuación diferencial, trigonometría, ciencia de materiales
para el diseño y análisis de diversos elementos usados en la actualidad, tales
como maquinaria con diversos fines (térmicos, hidráulicos, transporte,
manufactura), así como también de sistemas de ventilación, refrigeración, vehículos
motorizados terrestres, aéreos y marítimos, entre otras aplicaciones.
Los principales ámbitos generales desarrollados por ingenieros mecánicos
incluyen el desarrollo de proyectos en los campos de la ingeniería que tengan
por objeto la construcción, reforma, reparación, conservación, demolición,
fabricación, instalación, montaje o explotación de: estructuras, equipos
mecánicos, instalaciones energéticas, instalaciones y plantas industriales."
He puesto en negrita las ciencias en las que se basa la
Ingeniería Mecánica y los campos en los que se aplica, que resume finalmente en
el segundo párrafo en una descripción que me parece buenísima sobre lo que es
Ingeniería Mecánica, y que me he permitido ampliar y reordenar como "diseño,
construcción, reforma, reparación, conservación, demolición, fabricación,
instalación, montaje, análisis, optimización o explotación de instalaciones y
plantas industriales, estructuras, equipos mecánicos, e instalaciones
energéticas, entre otros".
Lo que para mí tiene que quedar muy claro es que la Ingeniería
Mecánica se encuadra dentro de la Ingeniería Industrial, junto a las otras dos
Ingenierías básicas en esa disciplina, la Ingeniería Eléctrica y la Ingeniería
Electrónica y Automática (además de otras oficialmente reconocidas, como la
Ingeniería Química o la Ingeniería Textil, aunque para mí ésta última por
ejemplo la considero una especificación dentro de la Ingeniería Mecánica).
Además hay que tener en cuenta que en España llamamos Ingeniería Industrial a
algo totalmente diferente a lo que se entiende por Ingeniería Industrial en
otras zonas, como en la mayoría de países de Hispanoamérica, donde está más
bien relacionada con la disciplina de administración de empresas o
administración de industrias. Pero en este capítulo nos referimos a la
Ingeniería Industrial de la que se habla aquí.
Y esa integración de la Ingeniería Mecánica como parte de la
Ingeniería Industrial la quiero mostrar con unos ejemplos, para que aquellos de
vosotros que optéis por la Ingeniería Mecánica como profesión veáis que casi
con total seguridad tendréis que trabajar con Ingenieros Eléctricos,
Electrónicos y de Sistemas y Automática, Químicos, o de otras disciplinas que
podrían integrarse en las anteriores, como por ejemplo Ingenieros de
Materiales, que yo lo considero parte de la Ingeniería Mecánica, aunque por supuesto
eso es discutible.
Y como son tantos los ejemplos que se me ocurren de integración
de la Ingeniería Mecánica en la Ingeniería Industrial, voy a comentar
simplemente los que la web anterior, para no tener más que una referencia en
todo este capítulo.
Centrales hidroeléctricas
Como primer ejemplo vamos a pensar en mi fuente de energía
preferida, la energía hidráulica.
Fig. 1. Central hidroeléctrica. Crédito: De
Diego Delso, CC BY-SA 3.0
En una central hidroeléctrica conviven máquinas hidráulicas,
turbinas, tuberías, etc. que son sin duda trabajo de ingenieros mecánicos,
junto a generadores eléctricos (Ingeniería Eléctrica), sistemas de regulación
automática (Ingeniería de Sistemas y Automática), sistemas electrónicos de
potencia (Ingeniería Electrónica), etc. Y el trabajo de los Ingenieros
Mecánicos incluye tanto el empleo de la dinámica de fluidos para el diseño y
optimización de la turbina y de las tuberías, análisis mediante elementos finitos
del comportamiento de las piezas que componen la maquinaria, etc.
Motor a reacción
Relacionado con lo anterior están los motores a reacción, que
tienen cierta similitud con las turbinas hidráulicas.
Fig. 2. Motor a reacción. De
Harpagornis - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0
En este ejemplo tal vez la Ingeniería Eléctrica no tenga tanto
peso, pero en cambio la Ingeniería Química tiene un papel fundamental en
combinación con la Ingeniería Mecánica. Yo en realidad más que de la turbina me
centro en el propio motor a reacción. Pero al igual que los motores a reacción,
cualquier motor de explosión es puramente Ingeniería Mecánica junto a
Ingeniería Química, y similarmente a un avión, un coche (ya sea un turismo o un
coche de competición) integra junto a ellas Ingeniería de Sistemas y
Automática, Ingeniería Electrónica, Ingeniería Eléctrica, etc. Existen varios
ejemplos de aeronaves o de coches totalmente despiezados en aplicaciones
informáticas de diseño mecánico, que podéis encontrar en internet, realmente
espectaculares, con cientos de miles de piezas y hasta por encima de un millón.
Trasbordador espacial
Aunque hemos comentado los aviones como representantes del
sector aeroespacial, y tal vez un buque sería más equitativo en cuanto a la
grandísima importancia del sector naval en la Ingeniería Mecánica, considero
que el ejemplo del trasbordador espacial merece la pena comentarlo como uno de
los mayores hitos de la Ingeniería en general, en los que la Ingeniería
Mecánica es una de las fundamentales por la diversidad de materiales críticos
empleados, las prestaciones mecánicas requeridas a todas las piezas para
soportar las presiones y fuerzas tan tremendas sin comprometer el peso, el
análisis aerodinámico del comportamiento de todos los sistemas, etc.
Fig. 3. Trasbordador espacial. Crédito: De
User:FEXX, from NASA photo. – NASA, Dominio
público 1 , Dominio
público 2,
Por no contar la gran estructura necesaria para el despegue,
como puede verse en la fotografía.
Un aspecto fundamental a considerar en la Ingeniería Mecánica es
la grandísima evolución que ha tenido en los últimos años con el desarrollo
computacional, pasando de cálculos con fórmulas y tablas simplemente hace unos
años (cuando yo estudiaba e incluso cuando comencé a trabajar) a potentísimas
aplicaciones informáticas en la actualidad, que son ya herramientas
fundamentales para el Ingeniero Mecánico.
Pueden destacarse las aplicaciones CAM
(ComputerAidedManufacturing) y CAD (ComputerAidedDesign), con las que en
diseño, análisis y optimización de sistemas complejos es hoy en día una labor
además de muy eficiente, apasionante. Cuando trabajo con ellas, realmente no
trabajo, sino que disfruto, como sé que os pasará a muchos de vosotros. En vez
de nombrar las que yo suelo emplear, prefiero incluir la lista completa
indicada en la web de Wikipedia para evitar discriminar a ninguna, que no es mi
intención, aunque para quien quiera conocer mis preferencias respecto a ellas o
las ventajas e inconvenientes que veo a cada una sólo tiene que contactar
conmigo, que encantado le comentaré.
|
ALGOR |
Solid Edge |
Unigraphics NX |
|
ABAQUS |
Autocad |
Autodesk Inventor |
|
ANSYS |
CATIA |
FLUENT |
|
LabVIE |
WLS-DYNA |
Maple |
|
MSC.Adams |
MSC.Nastran |
Matlab |
|
ProE |
RADIOSS |
SolidWorks |
|
Workingmodel |
WorkXPlore 3D |
Julio Blanco Fernández
Doctor Ingeniero Industrial
Universidad de la Rioja
Capítulo 98
Y yo quiero ser...Ingeniero Nuclear
(Por Emma López-Alonso Conty)
Hace ya 75 años, el 2 de diciembre de 1942, tuvo lugar la
primera reacción nuclear en cadena auto-mantenida en el Chicago Pile-1 (Fig.
1.), el primer reactor nuclear artificial del mundo, nacía así la era de la
energía nuclear.
Fig. 1. Grupo de científicos liderados por Enrico Fermi consiguen la primera
reacción en cadena auto-mantenida en la Universidad de Chicago en el Chicago
Pile- I.
Muchos han sido los avances desde ese primer reactor nuclear, el
principal objetivo de este capítulo es acercar al lector a las nociones básicas
de la generación eléctrica, el funcionamiento y tipos de centrales nucleares.
Actualmente, la energía es la fuerza que mueve el mundo. Nuestro
estilo de vida y la evolución de nuestra sociedad serían imposibles sin ella.
De ella depende, entre otras cosas, la iluminación de interiores y exteriores,
calentamiento y refrigeración, transporte de personas y mercancías, la
obtención de alimentos y su preparación o el funcionamiento de fábricas...
En una central nuclear se aprovecha el calor generado mediante
la fisión del átomo para generar el vapor que moverá la turbina para producir
el movimiento de alternadores que transforman dicho trabajo mecánico en energía
eléctrica. Habitualmente, las centrales nucleares constan de uno o más
reactores.
El núcleo de un reactor nuclear está compuesto por una vasija en
cuyo interior se hallan los elementos combustibles formados por material
fisible (uranio-235 o plutonio-239). Para moderar la reacción sostenida de
fisión se emplea lo que se denomina moderador, generalmente agua aunque también
se utiliza gas inerte, que absorbe el exceso de neutrones liberados manteniendo
bajo control la reacción en cadena del material radiactivo. Rodeando al núcleo
de un reactor nuclear está el reflector cuya función consiste en devolver al
núcleo parte de los neutrones que se fugan de la reacción. Para moderar algo
más rápido o acelerar el factor de multiplicación del proceso de reacción en
cadena del circuito nuclear existen las barras de control, que se sumergen
facultativamente en el reactor. Existe un blindaje especial que rodea al
reactor para absorber la radiactividad emitida y proteger la instalación y a
sus trabajadores.
Tipos de centrales nucleares
Existen muchos diseños diferentes de centrales nucleares en el
mundo cada una con sus propias ventajas e inconvenientes. En España hay
instalados únicamente dos tipos: centrales de agua a presión (Pressurized Water
reactor o PWR) y centrales de agua en ebullición (Boiling Water Reactor o BWR).
-Reactor de agua a presión (PWR)
El reactor de agua a presión es el reactor nuclear más utilizado
en el mundo. La característica principal de este tipo de centrales es que
poseen tres circuitos diferenciados. En la Fig. 2. se puede observar dichos
circuitos además de los componentes principales.
Fig. 2. Esquema de un reactor de agua a presión (PWR)
En el circuito primario se encuentra el reactor. La energía
generada por el núcleo del reactor es transportada mediante el agua de
refrigeración que circula a gran presión hasta un intercambiador de calor. Esta
agua no llega a evaporarse, sino que permanece en estado líquido gracias a que
se encuentra a grandes presiones. El presionador es el componente que permite
controlar la presión del circuito. Este circuito primario es un circuito
cerrado, el agua, que se calienta en el reactor, circula gracias al impulso de
unas bombas, pasando por un generador de vapor, donde se enfría y vuelve al
reactor.
El circuito secundario es un circuito cerrado, el agua entra en
el generador de vapor donde se calienta y se evapora, sin entrar en contacto
con el agua del primario. El vapor se introduce en una turbina que acciona un
generador eléctrico y se envía a un condensador, donde se enfría y se condensa.
El agua condensada es enviada de nuevo al generador de vapor, empezando el
ciclo de nuevo.
El último circuito, el terciario, a diferencia de los
anteriores, es abierto.
El agua procedente de una fuente externa como el mar, un rio o
un embalse se bombea hacia el condensador para enfriar el vapor procedente del
generador de vapor del circuito secundario y se devuelve a su origen o a la
atmosfera, en forma de vapor de agua, a través de las torres de refrigeración.
-Reactor de agua en ebullición (BWR)
El reactor de agua en ebullición, también se utiliza con
frecuencia. A diferencia del PWR, en este tipo de centrales no existen tres
circuitos independientes, sino que solo hay dos. El calor generado en el núcleo
se utiliza para hacer hervir el agua.
Fig. 3. Esquema de un reactor de agua en ebullición (BWR)
El vapor producido se introduce en una turbina que acciona un generador
eléctrico, por lo que no es necesario un generador de vapor, como se observa en
el esquema de la Fig. 3. El vapor que sale de la turbina pasa por un
condensador, donde se transforma nuevamente en agua líquida. Posteriormente
vuelve al reactor al ser impulsada por una bomba.
Otra diferencia fundamental entre ambos tipos de tecnología es
la parte de la vasija por la que se insertan las barras de control en los
elementos combustibles. En las centrales tipo BWR se introducen las barras por
la parte inferior de la vasija del reactor, mientras que en las centrales tipo
PWR se hace por la parte superior.
Centrales nucleares en España
En España existen siete reactores en funcionamiento: Almaraz I y
II, Ascó I y II, Cofrentes, Trillo I y Vandellós II. Además de un reactor
desconectado: Santa María de Garoña, y dos en proceso de desmantelamiento:
Vandellós I y José Cabrera (Zorita).
Entre todas las centrales nucleares españolas se produce una
potencia de 7.864,7 MW en 2016, liderando así la producción en el Sistema
Eléctrico español al haber producido el 21,39% de electricidad bruta total. En
2016, la producción eléctrica nuclear supuso el 35,18% de la electricidad
generada en España, sin emisiones. En España resultan esenciales para la
estabilidad del sistema eléctrico al estar siempre disponibles (24 horas 365
días al año). En la última década la energía nuclear viene aportando una quinta
parte de la electricidad que consumimos de manera constante, sin intermitencias
y libre de CO2.
Existen, además, otras instalaciones nucleares como la fábrica
de combustible nuclear en Juzbado, Salamanca y un centro de almacenamiento de
residuos radiactivos de baja y media actividad en El Cabril, Córdoba. Además,
del proyecto de construcción de Almacén Temporal Centralizado (ATC) en Villar
de Cañas, Cuenca, para los de mayor radioactividad.
Otras aplicaciones
La ingeniería nuclear, no solo se refiere a la generación
eléctrica, sino a toda aplicación práctica del átomo, desde las técnicas de
análisis de datación arqueológica (arqueometría nuclear) hasta las técnicas
utilizadas en la medicina nuclear o pilas de mucha duración para sistemas que
requieren poco consumo eléctrico. En la Fig. 4. se observan algunos ejemplos de
dichas aplicaciones.
Fig. 4. (a) Howard Carter analizando la tumba de Tutankamón (New York Times,
1923); (b) imagen de un cerebro por resonancia magnética nuclear; y (c) ejemplo
de pilas nucleares de 20 años de duración.
Conclusiones
La diferencia fundamental entre una central nuclear y el resto
de centrales eléctricas, es la fuente para la generación de calor. Mientras que
en las centrales térmicas, se usan combustibles fósiles (carbón, gas o
petróleo), en las centrales nucleares se aprovecha la inmensa energía existente
en los átomos. En las centrales nucleares el calor generado de la fisión del
átomo se utiliza para calentar agua y producir vapor. El vapor se convierte en
energía mecánica en las turbinas y esta se transforma finalmente en
electricidad en el alternador.
La energía nuclear produce una gran cantidad de energía
eléctrica, pero también produce residuos nucleares que hay que guardar en
depósitos especializados. Aunque la mayor ventaja de todas es que NO produce
contaminación atmosférica de gases derivados de la combustión que producen el
efecto invernadero, ya que no precisan del empleo de combustibles fósiles para
su operación.
"Sea lo que sea lo que la naturaleza tiene reservado para
la humanidad, por desagradable que pueda ser, los hombres deben aceptar, que
la ignorancia nunca es mejor que el conocimiento" (Enrico Fermi).
Referencias para lectores curiosos, más información en:
[1] Foro de la Industria nuclear Española: www.foronuclear.org/
[2] Westinghouse Company: www.westinghousenuclear.com/
[3] Consejo de Seguridad Nuclear (CSN): www.csn.es/
[4] Central Nuclear Almaraz Trillo: www.cnat.es/
Emma López-Alonso Conty
Doctor en Ciencia y Tecnología Nuclear
Capítulo 99
Y yo quiero ser...Inventor
(Por Juan Carlos Sáenz-Díez Muro)
Yo quiero ser, y soy, inventor. Qué le voy a hacer, si es lo que
me gusta, y además parece que se me da bien. Voy a contar mi experiencia,
esperando que sirva de motivación para unos, y de guía para otros (de lo que
pueden hacer, o de lo que no 😉). En realidad inventar es
una actividad puramente de ingeniería: se emplea el ingenio, junto a los
conocimientos científicos y técnicos, la experiencia, la observación, y el
esfuerzo, para tratar de encontrar nuevas soluciones a problemas existentes. Vamos,
una buena definición de lo que es Ingeniería.
De hecho, el grupo con el que desarrollo las invenciones, el
Grupo de Modelado Y Simulación en Ciencia e Ingeniería de la Universidad de La
Rioja, está formado por ingenieros de todo tipo y condición: ingenieros
eléctricos, mecánicos, el electrónica y automática, de sistemas, de
telecomunicaciones, etc., aunque a decir verdad, para esta actividad cualquier
aportación puede ser buena, y no despreciaríamos la ayuda de matemáticos,
físicos, o incluso de cualquier persona con titulación de letras, sin titulación
de ningún tipo, y hasta de niños (nuestros hijos han llegado a aportarnos ideas
muy interesantes) para colaborar en la búsqueda de soluciones, sobre todo en
las labores iniciales de búsqueda de problemas y lluvia de ideas de soluciones.
¿Y en qué consiste ser inventor? Pues básicamente consiste en
buscar algún problema existente, estudiar las posibles soluciones que ya
existen para ese problema, y las ventajas e inconvenientes de esas soluciones,
para aplicar la actividad inventiva en busca de una nueva solución que mejore
lo ya existente. Muchas veces esas labores son premeditadas, y otras
simplemente llega la idea para algún problema al que les has estado dando
vueltas mucho tiempo anteriormente.
Si la invención es suficientemente sólida y estamos seguros de
que es explotable, entonces hay que patentarla, teniendo en cuenta los gastos
que ello conlleva y también que a veces buenos inventos no llegan a
materializarse en el mercado. Pero si efectivamente lo que hemos inventado
triunfa, tendremos prioridad sobre el invento durante 20 años en los países en
los que lo hayamos patentado, y podremos o bien explotarlo nosotros o bien
licenciar la patente para que la explote otro (normalmente una empresa experta
en el sector). Hay quienes prefieren no hacer la patente incluso en inventos
claramente explotables, básicamente por dos motivos. Unos porque prefieren
compartir su invención con el resto del mundo renunciando a esa prioridad.
Nosotros creemos que eso es un error, pues precisamente la prioridad es una
recompensa por haber compartido el conocimiento de tu invención, y porque los
beneficios pueden emplearse para desarrollar nuevas invenciones (además de para
vivir, que los ingenieros somos profesionales, que aportamos nuestros
conocimientos como profesión, para vivir de ello). Otros no patentan para
mantener el "secreto industrial", ya que cuando se patenta algo hay
que proporcionar TODA la información que haga falta para poderlo fabricar (hay
que compartir plenamente la información), y pasado el tiempo de prioridad esa
información la puede emplear cualquier persona.
De lo que acabo de comentar puede deducirse que una patente no
consiste simplemente en tener la idea de un invento (al estilo de lo que saca
de su bolsillo mágico Doraemon , sino que tenemos que decir cómo se consigue
fabricar esa idea. Por poner un ejemplo (algo radical) no podemos patentar la
idea de una cabina de teletransporte (la "puerta mágica de Doraemon")
salvo que sepamos cómo hacer una.
A veces las invenciones son ideas muy simples (lo que no impide
que puedan ser tremendamente eficaces), en cuyo caso exponer cómo se fabrica es
muy sencillo o incluso evidente, y otras veces son sistemas altamente complejos
que requieren una presentación técnica de gran nivel de dificultad.
Como ejemplo de invención simple podemos poner un invento
español bien conocido, la fregona, aunque no sólo consistió en ponerle un palo
al trapo de limpiar sino que además incorporaba el sistema de
"estrujarlo" para extraer el agua en el caldero. Otro invento,
también de aportación española, es el del caramelo con palo, lo que hoy en día
conocemos por la marca que lo comercializa (chupa-chups), y que en realidad lo
que hizo fue comercializar muy bien un producto, que no pudo patentar, pero sí
pudo hacerse con los derechos de las patentes que existían y estaban en vigor,
pues antes de su intento de patente existían otras (como la patente nº
70454:¨Un sistema de confección de caramelos de diversos tamaños y formas provistos
de una espiga o mango, que penetrando parcialmente en la masa, queda
sólidamente unido a ella, pudiéndose utilizar el extremo libre como cogedor).
También como ejemplo de patente simple que me ha fascinado por su combinación
de simplicidad y utilidad, es la cisterna de inodoros que acabo de ver en mi
último viaje a Japón: una cisterna se llena después de cada uso del inodoro,
con agua potable, que se va a desperdiciar, y posteriormente nos lavamos las
manos en el lavabo con agua potable que también se pierde con ese uso; lo que
hace esta invención es incorporar un lavabo sobre la cisterna, con un grifo que
se activa al vaciarse la cisterna para llenarla de nuevo, como haría una
cisterna normal, pero en este caso se llena desde un grifo por encima que
permite lavarnos las manos con el agua con la que se llenará la cisterna y que
se empleará la siguiente vez que "tiremos de la cadena". Sistema
tremendamente útil y sencillo, por el que me alegro que alguien haya podido
conseguir una buena recompensa, bien merecida.
Como ejemplos de invenciones complejas, cuya descripción incluye
complicadas conexiones de elementos y dispositivos mecánicos, eléctricos y
electrónicos, pondré alguna de las nuestras, como "Interruptor automático
de protección contra contactos directos", o "Central Eléctrica de
baja tensión energizada con descargas atmosféricas", o "Bicicleta
eléctrica regenerativa", entre las muchas (ya acercándonos a 100) que
pueden verse en la OEPM. En realidad, si queréis ver las patentes que he
realizado, o las que ha realizado cualquier persona en España, o las que
existen en nuestro país sobre algún tema, basta con que vayáis a la Web de la Oficina Española
de Patentes y Marcas, y entréis dentro del
apartado de bases de datos de invenciones en la base
Invenes.
Pero para motivaros en esta apasionante dedicación de las
invenciones, voy a mostraros las 2 patentes más mediáticas hasta el momento de
las desarrolladas hasta ahora.
La primera de ellas se denomina "Dispositivo avisador
antirrobo del cableado eléctrico de un alumbrado exterior", ha sido
realizado para el Ayuntamiento de Logroño, y consiste en un sistema que detecta
al instante y avisa del robo de cable de alumbrado, uno de los mayores
problemas de los ayuntamientos actualmente en todo el país.
La segunda se denomina "Dispositivo automático para inflado
de neumáticos" y junto con su patente complementaria, denominada
"Procedimiento automático para inflado de neumáticos", fueron
premiadas con la edición 2017 del Premio Ponle Freno AXA a la Innovación, lo
que ha constituido para nosotros como inventores un grandísimo honor,
especialmente en el momento de entrega del Premio, en el Palacio del Senado,
por el prestigioso presentados de Televisión Matías Prats y en presencia de varios
Senadores, Ministros y Directores Generales.
El invento consiste en un dispositivo (como un tubo toroidal) en
el interior del neumático, cargado con aire a alta presión, que permite
rellenar de aire el neumático si es necesario, bien porque se haya pinchado o
bien porque sea más conveniente para la conducción, y por eso también puede
reducirse la presión del neumático para mejorar la conducción dependiendo de
las características de la carretera, sabiendo que se podrá volver a inflar al
instante cuando se necesite.
Juan Carlos Sáenz-Díez Muro
Doctor Ingeniero Industrial
Universidad de la Rioja
Capítulo 100
Y yo quiero ser...Matemática Física
(Por Ángela Capel Cuevas)
No ha pasado mucho tiempo desde el momento en el que tuve que
tomar una de las decisiones más trascendentales de mi vida: Qué carrera
estudiar. O, al menos, eso era lo que me parecía en aquel momento. La cuestión
era permanente: ¿Matemáticas o Física? Disfrutaba muchísimo aprendiendo sobre
ambas y soñaba con poder dedicar mi vida a estudiar algo que las combinase,
pero en la época pre-doble grado en matemáticas y física había que elegir una
para comenzar. Y sin una idea clara de a qué me dedicaría tras la época
universitaria, se me antojaba que una decisión equivocada en este momento
condicionaría el resto de mi vida laboral.
¡Nada más lejos de la realidad! Finalmente, elegí estudiar
matemáticas y tomar algunos cursos de física, con la finalidad de dedicarme a
la investigación en algún campo de intersección entre ambas, pero por el camino
he descubierto que a la misma situación en la que me encuentro actualmente
podría haber llegado de muchas otras maneras. Y también que, aunque durante la
época de secundaria y carrera parezca en numerosas ocasiones que uno se puede
dedicar a las matemáticas o a la física, pero no a las dos, la investigación en
los abundantes puntos en los que ambas se cruzan es de lo más interesante que
se puede encontrar.
En este capítulo, voy a hablar de un campo que se incluye dentro
de la Matemática Física y se llama Información Cuántica. De hecho, es un campo
que se encuentra en la intersección entre las matemáticas, la física y la
ciencia de la computación y en el que se trabaja tanto en la parte académica
como en numerosas empresas relacionadas con la tecnología informática. Tiene
como principal finalidad el desarrollo de un ordenador cuántico, con todo lo
que ello conlleva.
¿Qué es la Teoría de la Información Cuántica?
Vivimos en un mundo en el que el desarrollo de las tecnologías
está a la orden del día, y en el que los medios de comunicación juegan un papel
fundamental. Sin embargo, raramente conocemos cómo funciona la transmisión de
información. Aunque sí sabemos que, para enviar una fotografía, audio o vídeo,
se empleará una cantidad diferente de bits dependiendo de la complejidad de los
archivos. En general, la teoría que describe los procesos de transmisión y
procesamiento de la información es la Teoría de la Información,
cuyas bases fueron establecidas por Claude Shannon hace más de medio siglo.
A partir de los primeros trabajos de Shannon, la teoría fue
creciendo conforme lo hacía la necesidad de comunicación en la sociedad. Uno de
los aspectos más positivos de dicha teoría es que se puede explicar a partir de
una base muy sencilla, a la vez que su desarrollo alcanza una gran abstracción
matemática. Para ello, se introdujo el concepto de bit. Un bit es
un dígito del sistema de numeración binario, es decir, sólo puede tomar el
valor 0 o el 1 (podemos imaginarlo como una
bombilla que se encuentra apagada o encendida). Para codificar información en
un dispositivo se utilizan secuencias de bits, en las que la
posición de cada bit es determinante. Cuanto mayor es la información que se
quiere transmitir, mayor es el número de bits necesarios, y, por tanto, mayor
debe ser el tamaño del soporte del que se disponga y de las memorias en las que
se almacenen. El proceso de miniaturización tecnológica que comenzó a
desarrollarse entonces fue de los más importantes avances tecnológicos de la
época, dado que también proporcionó un aumento en la velocidad de transmisión
de la información.
Sin embargo, a principios de los 80 se planteó una situación
problemática: de continuar reduciendo el tamaño de los dispositivos mencionados
anteriormente, en algún momento se llegaría a una escala microscópica, ¡en la
que las leyes de Newton no pueden predecir los fenómenos que se producen! De
este hecho precisamente surgieron a finales del siglo XIX una serie de
experimentos que darían lugar después a la Física Cuántica. Por
tanto, la computación digital tradicional no tardaría en llegar a su límite,
puesto que ya se habían alcanzado escalas nanométricas. Surgió entonces la
necesidad de trabajar en nuevos campos de la física para desarrollar nuevas
tecnologías, y ahí la Información Cuántica entró en escena.
La idea en la que se fundamenta la computación cuántica es la
siguiente. Mientras que en la computación clásica un bit sólo puede tomar dos
valores, 0 ó 1, en la computación cuántica intervienen las leyes de la mecánica
cuántica y, puesto que una partícula puede estar en un estado de superposición, se
puede encontrar en el estado 0, en el 1, ¡o en el 0 y el 1 a la vez! Esto
permite que se puedan realizar varias operaciones a la vez, según el número de
qubits, lo que conlleva una gran mejora respecto al caso clásico. Lo podemos
ver en el siguiente ejemplo: Si tenemos un vector de 3 bits, la partícula puede
tomar 8 valores distintos, pero solo uno a la vez. Sin embargo, si tenemos un
vector de 3 qubits, se pueden tomar los 8 valores distintos a la vez, de forma
paralela. Por tanto, el número de operaciones permitidas por una secuencia de
qubits es exponencial con el número de qubits.
Este hecho hace que diseñar un ordenador cuya unidad fundamental
de información sea el qubit, el llamado ordenador cuántico, sea
un problema muy estudiado y de gran interés en todo el mundo actualmente. Se
cree que en los dispositivos a partir de 50 qubits ya se empezarán a obtener
resultados interesantes, ya que la cantidad de operaciones a las que darán
lugar en paralelo será de 250, es decir, ¡un número de 15 cifras! Y
con un ordenador de 300 qubits, se podrán realizar en paralelo tantas
operaciones como partículas hay en todo el universo. Esto permitirá resolver
problemas que con los computadores actuales no se pueden resolver, aunque
provocará que los sistemas de cifrado actuales dejen de ser útiles, puesto que
se podrán descifrar de forma rápida y sencilla, lo que está propiciando el
desarrollo de un nuevo campo llamado criptografía cuántica.
Por el momento, al ordenador cuántico todavía le queda bastante
para poder ser comercial. A principios de 2018, los prototipos más potentes que
se han presentado tienen alrededor de 50 qubits: Google ha presentado uno de 49
qubits, IBM uno de 50 y el Moscow Institute of Physics and Technology, uno de
51.
(a) Prototipo de 5 qubits; (b) Prototipo de 17 qubits; (c)
Prototipo de 50 qubits; (d) Refrigerador de IBM
Sin embargo, los qubits, a diferencia de los bits, son muy
sensibles y cualquier interacción que tengan con el entorno puede modificar
completamente el cálculo, por lo que es necesario mejorar el aislamiento de
este tipo de computadoras, el que es probablemente el mayor problema con el que
se encuentran este tipo de empresas a la hora de intentar realizar prototipos
con un mayor número de qubits. En la siguiente tabla recogemos una serie de
fotografías sobre distintos prototipos presentados por IBM.
¿Cómo puede investigar un/a matemático/a en Información
Cuántica?
Una pregunta de carácter tan general como la anterior,
difícilmente admite una respuesta global. No me planteo buscarla en esta
sección; mi intención es simplemente contar qué intento aportar yo, como
matemática, a este campo.
Dentro del proceso de creación de un ordenador cuántico, es
esencial diseñar dispositivos en los que se pueda almacenar la enorme cantidad
de información que estos ordenadores manejan. Puesto que se espera que los
ordenadores cuánticos aumenten exponencialmente la información con la que
trabajan los clásicos, de igual manera deben aumentar su capacidad los
dispositivos en los que se almacene dicha información, también llamados memorias
cuánticas. Y a pesar de que, por el momento, no hay una opinión
unánime sobre cómo debe ser exactamente una memoria cuántica, hace unos años se
realizaron unos estudios, que se enmarcaron en lo que se conoce como ingeniería
cuántica, en los que se mostró que unos buenos candidatos a memorias
cuánticas son los llamados sistemas cuánticos de muchos cuerpos
abiertos que verifican la propiedad de mezclado rápido.
Los sistemas cuánticos de muchos cuerpos abiertos están formados
por una gran cantidad de partículas que interaccionan entre sí, rodeadas por un
entorno que las influencia de forma no despreciable. Estos sistemas también se
pueden ver como disipativos, en los que la energía se disipa
hasta alcanzar un equilibrio térmico con el entorno (como
cuando se deja un plato de comida caliente en una habitación y tras un tiempo
éste se ha enfriado).
Los sistemas disipativos con los que trabajamos siempre
convergen a un estado de equilibrio, ¡aunque puede que esto suceda en un tiempo
infinito! Sin embargo, no nos interesa estudiar el tiempo que tardan en
converger, sino la velocidad. Si esta velocidad es suficientemente
alta, se dice que hay mezclado rápido, y, por tanto, el material con el que se
está trabajando es un buen candidato a memoria cuántica.
Consecuentemente, dado un sistema cuántico de muchos cuerpos
abierto, el problema de estudiar si tiene la propiedad de mezclado rápido es un
problema extremadamente útil, a la par que interesante. Y para atacarlo, son
necesarios amplios conocimientos matemáticos.
Conclusión
La Información Cuántica es uno de los campos más transversales
que ha surgido en los últimos años, puesto que se encuentra en la intersección
entre las matemáticas, la física y las ciencias de la computación. Constituye
un mundo de interés no sólo en la parte académica, sino que trata de un tema
ampliamente estudiado por las más importantes empresas del planeta relacionadas
con la computación y el desarrollo de la tecnología, puesto que su principal
objetivo, la obtención del ordenador cuántico, supondrá, probablemente, una de
las grandes revoluciones tecnológicas del siglo XXI. Sin embargo, el trabajo
acaba de empezar; aún queda mucho hasta llegar al ansiado computador cuántico
comercial. Mientras tanto, cada día nuevas personas a lo largo del mundo deciden
aportar su granito de arena para que ello suceda.
¡Tú puedes ser el siguiente!
Referencias:
-. Introducción a la información cuántica: http://www.fgcsic.es/lychnos/es_es/articulos/informacion_cuantica
-. Desarrollo de la computación cuántica en el tiempo: https://es.wikipedia.org/wiki/Computación_cuántica
-. Estado de la computación cuántica a principios de 2018:
-. Fotografías: IBM.
Ángela Capel Cuevas
Estudiante de doctorado en Matemáticas
Instituto de Ciencias Matemáticas (CSIC-UAM-UC3M-UCM)
Capítulo 101
Y yo quiero ser...Matemática Industrial
(Por M. Elena Vázquez-Cendón)
Saludo desde estas líneas a las personas que desarrollarán
ciencia y tecnología en los próximos años y lo hago firmando como matemática
industrial. Si tengo que concretar unas coordenadas temporales para identificar
el inicio de mi vocación respondo con un depende de gallega
que trataré de explicar.
Fig. 1. Visita al IES As Lagoas Mayo 2017
Mi gusto por entender y la seguridad que me daban las
Matemáticas se remonta a los comienzos de mi formación. En el Instituto,
entonces lo iniciábamos con 14 años en equivalencia con tercero de la ESO de
ahora, tenía claro que me gustaba resolver problemas. Esta competencia se
desarrollaba sobre todo en Matemáticas, pero luego este reto reaparece en
Física y en Química. La foto que acompaña a este texto es con mis profesores de
Física, y Química, Arias y Boullón, y mi profesora de Matemáticas, Lourdes, cuando
volví al instituto, 33 años después de terminar, para participar en las
Jornadas Matemáticas. Creo que el salir con los ojos cerrados es un retrato del
sueño que supuso volver a mi casa académica, para contar lo que gracias a sus
impulsos pude hacer. Les llevaba un ejemplo de aplicaciones a la red de gas, al
agua y también a la parte de la Biología al hablarles del flujo en sangre, y mi
profesora de Biología también estaba presente.
Seguro que esta experiencia la vivirá alguna alumna, hoy de
instituto, que lea estas líneas. Confesé en mi intervención que dar esa charla
era una deuda y al mismo tiempo una refutación que tenía pendiente con mi yo de
18 años. Hoy en día los centros de enseñanzas medias son muy dinámicos
organizando jornadas de este tipo, pero hace 33 no había muchas conferencias y
recordaba que en una ocasión que no conocíamos el tema de la conferencia, me
aventuré a decir que de lo que estaba claro es que no sería era de Matemáticas.
¿Cómo se iba a hablar una hora de mates? Pensaba yo hace 33 años,
sin hacer ejercicios o poner ejemplos. ¡Ese no podía ser el tema! No lo era en
esa ocasión, pero tenía que enseñarle a María Elena, que sí se podía hablar de
Matemáticas.
Fue una experiencia entrañable, me reencontré con profesores y
alguna compañera de facultad y volví con apuntes sobre un matemático gallego al
que admiro, Domingo Fontán, que quiero compartir con las lectoras y los
lectores, para con un ejemplo gallego histórico ilustrarles la Matemática
Industrial.
Domingo Fontán Rodríguez (Portas, 1788 - Cuntis, 1866) fue un
visionario. La suya fue una labor grandiosa y su compromiso con la ciencia,
inquebrantable. Se formó en la Universidad de Santiago de Compostela (USC) en
muchas disciplinas hace unos doscientos años, y entre ellas estaban las
matemáticas. Fue discípulo del matemático José Rodríguez González, otro
referente de la matemática gallega, que participó en la medición del meridiano
de Greenwich. Con este maestro y mentor de referencia, Fontán decide asumir el
reto de realizar la "Carta geométrica de Galicia". Una gran aventura
matemática con la impronta de compromiso social de comunicar Galicia. Él tenía
claro que el desarrollo de nuestra tierra pasaba por establecer una red de
comunicaciones y para definirla era necesario conocer con precisión la
topografía del territorio. Este fue el planteamiento que se hizo cuando en 1817
asumió el reto. La solución, un regalo científico y tecnológico, es la realidad
de la Carta
geométrica.
Fig. 2. Con el Fontán de Otero Pedrayo en Trasalva (Ourense)
El trabajo concluido en 1834 se presentó oficialmente a la Reina
María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, y la impresión de la misma se hizo en
1845 en París. Para ello recorrió durante 17 años Galicia en burro, realizando
una triangulación del territorio y midiendo en cada vértice la presión
atmosférica a las mismas horas que su hermano lo hacía en Noya, para
posteriormente obtener la altura. Para identificar correctamente la
triangulación sin fronteras, que Fontán calculó para Galicia, necesitó medir no
solo los ángulos de cada triángulo, le hacía falta calcular al menos un lado de
un triángulo, lo que hizo midiendo con varas. Para validar los cálculos y
filtrar errores decidió calcular dos lados y verificó la precisión de las
medidas. Para valorar el reto logrado debemos de ser conscientes que lo inició
hace doscientos años.
Seguro que ya están preguntándose si finalmente el trazado de
los ferrocarriles y las carreteras gallegas tienen ADN del Fontán, que es así
como se reseña este mapa en textos de los grandes literatos gallegos como Otero
Pedrayo, que creció imaginando viajes por Galicia en el Fontán que tenía en
casa, con el que me retraté en la Fig. 2. ¡La respuesta es afirmativa!
Si ahora preguntase como resumir en dos palabras la conexión
entre objetivo formulado y la metodología científica empleada por Domingo
Fontán, seguro que Matemática Industrial puede ser un buen
binomio de respuesta.
Si este fue un reto logrado hace doscientos años, no seré yo
quien ponga límites a los de las personas que hoy sienten admiración conociendo
la figura de este ilustre matemático cuyos restos reposan hoy a los pies de los
de Rosalía de Castro. Sois vosotras y vosotros, si me permitís la confianza de
colegas en algún instante temporal, quienes tenéis que soñarlos e imaginarnos.
En este texto juego a adivinar mi profesión en el futuro
intersecando el tiempo en 33 años y me aventuro desde el pasado a decir lo que
sé que seré hoy.
Cuando tenía las mismas dudas, mis referentes eran mis
profesores del instituto. Primero pensé en hacer Física, tener como profesor
al Señor Arias, generó mi primera vocación. Pero cuando aparecieron
las dudas, el que actuó de mentor en el camino de la decisión, fue Alfonso
Amorín, mi profesor de Matemáticas en COU, actualmente presidente de la empresa
gallega EDISA. Por aquel entonces, año 1984 no se conocía en binomio Matemática
Industrial, pero sin el término, yo confieso que era con lo que soñaba: hermanar
la física y las matemáticas para resolver problemas, y hoy puedo compartir que
es lo que hago. En diferentes escritos he agradecido a todos estos docentes su
capacidad para enseñarnos las disciplinas que los motivaron y que hicieron
nacer nuestras vocaciones, por sus lecciones y por atendernos también en los
caminos de las dudas.
Si sigo despertando preguntas, y hay lectores que me acompañan
en esta parte del texto, seguro que quieren saber qué hice, cuáles son mis
granitos de arena de hermanamiento de las matemáticas con otras disciplinas
para resolver problemas.
Seguí el camino de la investigación gracias a encontrarme a uno
de los referentes de la Matemática Industrial, el profesor Alfredo Bermúdez del
Departamento de Matemática
Aplicada de la USC. Él me brindó poder
desarrollar, con la beca de colaboración del último año de carrera, un proyecto
que sería mi tesina de licenciatura para resolver las ecuaciones de las aguas
someras con la metodología de volúmenes finitos.
Fig. 3. Cálculo de la propagación de una onda de marea en la ría de
Pontevedra.
La motivación de estos problemas estaba en un proyecto con la
Xunta de Galicia para el estudio de las corrientes en las rías gallegas.
Trabajar con el Prof. Bermúdez es uno de los grandes regalos que siempre
agradeceré a mi universidad, la USC. El tema, al no existir en el año 1989 un
software que permitiese hacer los cálculos, nos llevó a una tesis doctoral, de
la que es director, para desarrollar métodos numéricos que calculasen
correctamente las corrientes cuando el fondo no es plano, esto es, respetando
la batimetría, la topografía del fondo de las rías.
Aprendimos como hacerlo y lo compartimos con la comunidad
científica en forma de publicaciones. Además, forma parte de un software,
TURBILLON registrado en 2005, que se enriqueció con el trabajo desarrollado por
un compañero de la Universidade de A Coruña (UDC), Luis Cea, con el que aprendí
mucho al actuar de codirectora de su tesis doctoral junto con el también
profesor de esa universidad, Jerónimo Puertas. En este trabajo aportamos la
implementación de modelos de turbulencia bidimensionales y resolvimos problemas
de escalas de peces, ver Fig. 4. Gracias a la formación de los profesores de la
UDC, son Ingenieros de Caminos, pudimos realizar validaciones experimentales.
Es estos problemas son los profesionales de la Bilogía los que nos indican los
caudales y los calados óptimos para el desarrollo de las escalas atendiendo a
las especies que viven en los ríos. Medir errores y aprender de ellos para
cuantificar en qué medida nuestros modelos representan la realidad es hacer lo
que soñaba, cuando no sabía poner nombre a lo que sería.
Fig. 4. Simulación en una escala de peces en la que se representa el
módulo de la velocidad calculado.
Esta conexión con la UDC nos llevó a colaborar con la
Universidad Politécnica de Cataluña y pasar de un software registrado, al
proyecto Aula
Iber y al software libre del mismo nombre, Iber, con una gran
proyección nacional e internacional, con el que se están resolviendo muchas
regiones del mundo.
En este camino seguimos aprendiendo de las matemáticas y con las
matemáticas para aplicarlas a problemas reales. Estos estudios nos permitieron
trabajar en un contrato gestionado por el Instituto Tecnológico de Matemática
Industrial (ITMATI) con Endesa Generación S.A. Se trataba de hacer una simulación
numérica del sistema hidrológico del Eume en las inmediaciones del Lago minero
para determinar el deslinde del lago y el dominio público hidráulico. El
compañero de trabajo en este contrato fue Pedro Fontán, y para el mismo
empleamos la metodología desarrollada en su trabajo fin de máster, del Máster
en Ingeniería Matemática, que luego se transformó en el Máster en Matemática
Industrial (www.m2i.es).
Para finalizar me gustaría compartir, que además de aplicaciones
variadas en el contexto de la resolución de las ecuaciones de las aguas
someras, con las que comencé a tener contacto gracias a la beca de
colaboración, las matemáticas permiten aplicar las mismas metodologías a
problemas aparentemente muy diferentes.
Comenzaba diciendo que en mi visita al instituto presente
problemas de simulación en redes de gas, el trabajo forma parte de un contrato
liderado por el Prof. Bermúdez con la empresa Reganosa y dio lugar al software
"GANESO:
Simulación y Optimización de Redes de Gas".
En el código de este software, en la parte transitoria, está implementado el
método de volúmenes finitos en el que también desarrollamos contribuciones que
hemos publicado y que siguen las metodologías que empleamos para resolver los
modelos de corrientes en las rías y en las escalas de peces. De nuevo tener en
cuenta la topografía, los tubos de la red de gas van enterrados, la que Fontán
calculó en la Carta Geométrica, es un tema que nos ocupa a las personas que nos
dedicamos a la Matemática Industrial hoy.
Gracias desde estas líneas a todas las personas con las que
comparto autoría de trabajos y proyectos, por todo lo aprendido y compartido en
el camino de la Matemática Industrial.
Gracias a ti, lectora o lector, por llegar al final por hoy de
esta historia. ¡Te deseo que pronto seas tú lo que quieras ser!
M. Elena Vázquez Cendón
Doctora en Matemáticas, Profesora Titular de Matemática
Aplicada, Universidade de Santiago de Compostela
Capítulo 102
Y yo quiero ser...Matemática Pesquera
(Por Margarita María Rincón Hidalgo)
Quiero empezar este capítulo, aclarando que hace diez años no
tenía idea de que terminaría aplicando las matemáticas a la biología y en
particular a la pesca.
Las matemáticas ocuparon siempre un lugar importante en mi vida,
en el colegio me gustaban y se me daban bien, había una cierta alegría en la
resolución de problemas y en esos instantes cuando comprendía de verdad algún
concepto, además lo mágico que hay en las matemáticas es que cuando entiendes
un concepto, se abre una estructura completa ante ti y el significado de muchos
conceptos más se abren, como abrir una caja que contiene muchos compartimentos.
Recuerdo cuando tenía 15 años y estaba en plena crisis
adolescente, me encontraba en estado de desasosiego y empecé a resolver
identidades trigonométricas, una mezcla entre lógica y trigonometría, y la
calma llegó y el tiempo pasó sin que lo notara.
Cuando encuentras algo que te lleva a la calma y que a su vez
despierta en ti mucha curiosidad, te das cuenta que has encontrado un tesoro.
Buscando saber más de ese tesoro decidí estudiar matemáticas en la mejor
Universidad de mi país de nacimiento, la Universidad Nacional de Colombia y es
allí donde tengo dos revelaciones que cambiaron la visión que tenía hasta
entonces. La primera, que las matemáticas que me habían enseñado en el colegio,
eran matemáticas antiguas, que llevaban gestándose desde antes del 400 a.c
(Pitágoras y otros pensadores importantes nacieron por esa época), es decir que
mis profesores habían intentado enseñarme los descubrimientos hechos durante
aproximadamente 2000 años en los 10 años que estuve en el colegio. Normal que a
veces uno se sintiera atosigado y no entendiera para que servían tantas cosas,
a veces no había tiempo para poner tanto conocimiento en el contexto adecuado.
Sin embargo, los dos primeros años de la carrera también estaban dedicados a
las matemáticas antiguas, aunque ya abarcaban un periodo más reciente, se
podría decir que de 1800 en adelante. La segunda revelación, que tiene que ver
con la primera, es que para estudiar matemáticas no hay que ser muy
inteligente, hay que dedicarle tiempo, ser muy constante y hay que tener
paciencia, porque entender todo lo que se ha hecho en los últimos 2000 años
requiere trabajo, y como decía un querido profesor de la universidad, las
matemáticas más que con la cabeza se hacen con el culo, refiriéndose a la
cantidad de horas que pasaba uno sentado frente al papel intentando resolver
problemas varios.
Yo decidí dedicarme a una rama de esas matemáticas antiguas que
se remonta al siglo XVIII cuando Thomas Robert Malthus empezó a encontrar
patrones matemáticos analizando varias poblaciones humanas, estos estudios
demográficos fueron la base de lo que hoy se conoce como ciencia de pesquerías.
Esta rama de la ciencia gira en torno a la resolución de la siguiente pregunta:
¿Cuántos peces hay en el mar?
La necesidad de resolver este interrogante radica en que la
pesca es muy importante para nosotros desde el punto de vista ecológico y
económico: hace parte de la biodiversidad siendo un eslabón de la cadena
alimenticia y miles de familias alrededor del mundo logran subsistir gracias al
gran número de trabajos que genera la pesca. A principios del siglo XX algunos
científicos postularon que era imposible que los peces se acabaran, en una
época donde no se explotaba el mar de la forma en que se hace ahora, ya en esta
época sabemos que eso no es cierto porque lamentablemente han colapsado grandes
pesquerías (como el Bacalao en Terranova o la anchoveta en Perú). Por lo tanto,
si sabemos cuántos peces hay, podemos encontrar un límite que permita que los
peces se reproduzcan con éxito pero que a su vez la pesca sea rentable
económicamente.
Sin embargo es imposible responder a esta pregunta de forma
exacta, los peces se mueven constantemente y no disponemos de un sistema de
monitorización en una extensión tan grande como la que ocupa el mar, lo único
que podemos hacer es aproximar y es aquí donde las matemáticas empiezan a ser
útiles. La cantidad de peces en un área se aproxima usando modelos matemáticos.
Fig. 1. Diagrama del ciclo de vida de la anchoa (boquerón) en el Golfo de
Cádiz incluyendo los factores ambientales que afectan las diferentes etapas.
Cortesía de Integration and Application Network, University of Maryland Center
for Environmental Science (ian.umces.edu/symbols/). Tomada de [1].
Para esos modelos se necesitan datos, por un lado los pescadores
están obligados a registrar todo lo que pescan y esta es una de las principales
fuentes de información de las que disponemos, pero por otro lado los organismos
de investigación realizan periódicamente campañas oceanográficas en las cuales
un barco con una ecosonda traza una ruta delimitando una zona determinada, y
este barco a su vez pesca pequeñas cantidades para hacerse una idea del tamaño,
peso, madurez y edad de los peces que se ven con la ecosonda. Toda la
información proveniente de las capturas y de las campañas es el alimento de los
modelos matemáticos.
En esos datos se buscan patrones que permitan responder
preguntas intermedias como ¿Cuántos huevos pone una hembra?, ¿Cómo es el
crecimiento de la población? ¿Hay otros factores en el ecosistema que afecten
la supervivencia de los peces?
En el caso de la anchoa (conocido también como boquerón) en el
Golfo de Cádiz, estos modelos han permitido encontrar conexiones entre los
fuertes vientos de levante y la mortalidad de los peces cuando estos aún son
muy pequeños: el viento los arrastra con fuerza hacia grandes corrientes donde
su supervivencia es muy difícil. También sabemos que hacen la puesta de huevos
cuando las temperaturas son altas y que lo hacen cerca de la desembocadura del
río Guadalquivir, que el agua dulce del río hace que esa zona sea muy rica en
nutrientes favoreciendo su desarrollo y que si al contrario viene poca agua
dulce del río (por ejemplo cuando llueve muy poco) su mortalidad es mayor (Fig.
1).
Conociendo todas estas variables y los procesos involucrados
podemos estimar si el año siguiente habrán muchos o pocos boquerones y así los
científicos cada año damos una recomendación de cuánto se puede pescar de forma
sostenible.
A modo de conclusión
La importancia de los peces dentro del ecosistema y la de la
pesca como fuente de alimentación y de generación de empleo ha incentivado el
desarrollo de modelos matemáticos que permiten sintetizar el ciclo de vida de
los peces incluyendo la influencia del ecosistema y el efecto de la pesca. En
estos modelos se aprecia cómo interactúan la biología, la física, la
oceanografía, la estadística, las matemáticas e incluso hasta la economía y la
política. La ciencia pesquera es un campo interdisciplinar donde la comunicación
fluida entre las partes favorece la buena gestión.
Conoce, comparte, divulga, participa.
Yo que venía de un mundo de números he encontrado en esta
aplicación la forma de convertir muchas ecuaciones en un beneficio tangible
para la sociedad y el ecosistema.
Referencias:
[1] Margarita María Rincón, John D. Mumford, Polina Levontin,
Adrian W. Leach, Javier Ruiz; The economic value of environmental data: a
notional insurances cheme for the European anchovy, ICES Journal of Marine
Science, Volume 73, Issue 4, 1 March 2016, Pages 1033–1041, https://doi.org/10.1093/icesjms/fsv268
Margarita María Rincón Hidalgo
Twitter: Margarita_RH
Doctora en Física y Matemáticas
Investigadora Postdoctoral en el Instituto de Ciencias Marinas
de Andalucía (ICMAN-CSIC)
Capítulo 103
Y yo quiero ser...Matemático
(Por Enrique Zuazua)
Desde que ser estudiante es acudir a una Escuela Infantil para
aprender cantando y jugando, el oficio de escolar se va complicando a medida
que avanzamos en los diferentes estadios del sistema educativo.
Poco a poco empiezan a hacer aparición libros de texto,
cuadernos de apuntes, hojas de ejercicios, fichas de ordenador o en internet,
calendarios, horarios, trabajos en grupo, proyectos, exámenes, reválidas y
selectividades,...
Pero cuando ser estudiante empieza a parecerse definitivamente
más a una profesión que a una ocupación formativa es cuando llega la hora de
hacer elecciones importantes, lo cual necesariamente genera tensión y ansiedad.
Elegir entre varias optativas o especialidades de Secundaria, entre
Bachillerato o Formación Profesional (FP) o, llegado el momento, elegir la
carrera, son decisiones relevantes que definirán en gran medida el bagaje
cultural, formativo y metodológico con el que abordaremos el resto de nuestra
vida profesional, al menos en sus primeros pasos.
Hay en todas esas elecciones un cierto grado de irreversibilidad
que, afortunadamente, no es completa, por supuesto, pero sí importante. En
efecto, podemos elegir una carrera y, al acabarla, hacer otra o cambiar a medio
camino. Podemos pasar de un Bachillerato a otro, o del Bachillerato a la FP o
viceversa. Pero cada uno de esos cambios supone invertir al menos un curso
académico más y, aunque a veces es conveniente, recomendable y necesario
hacerlo, siempre se genera una cierta frustración y tensión en uno mismo y su
entorno.
Conviene pues, desdramatizando la coyuntura, elegir bien. Y hay,
diría, dos tipos de criterios: uno es el de las salidas profesionales y el
otro, el del gusto y el interés personal por las diferentes materias y opciones
académicas.
Todos compartimos experiencias semejantes. Yo, en 1979, al
elegir la carrera, y aunque eran tiempos de crisis económica en el entorno,
animado por mi familia, me decanté por dar prioridad al segundo criterio, el de
mi propia pasión por las Matemáticas.
En aquel momento la carrera, que se denominaba de
"Exactas", se percibía como casi sin salida alguna más allá que la
docencia en el Bachillerato puesto que, en particular, las oportunidades de
desarrollar una carrera profesional en la Universidad eran escasísimas y eran
pocos los ámbitos de actividad económica en los que un matemático era
considerado potencialmente útil.
Pero lo que desde pequeño me gustaba eran las Matemáticas. Había
opciones afines como la Ingeniería, que con contenidos matemáticos importantes,
gozaba de más prestigio social y, sin duda alguna, ofrecía un abanico más
amplio de salidas profesionales. Estaba también la opción de estudiar Economía,
con una vinculación más directa con el tejido productivo y el mundo de las
finanzas, de tanta tradición en nuestro país.
Pero llegado el instante decisivo me decanté por seguir mi
instinto y apostar por lo que realmente me gustaba, asumiendo el riesgo de
entrar en un túnel académico que conduciría a un destino profesional incierto.
Hasta hoy no me he arrepentido.
Es importante, en efecto, elegir la carrera en función de la
pasión, del impulso y gusto personal y estudiar con alegría, ilusión y
dedicación, lo que realmente a uno le gusta.
Hoy vivimos un momento dulce para las Matemáticas a nivel
mundial. En la que podríamos denominar la década de los datos, el
diploma de matemático es uno de los más codiciados en el mercado laboral. Así
lo indican todos los rankings y clasificaciones de los países más avanzados:
Informáticos, Estadísticos y Matemáticos están entre los diplomas más
demandados.
Por tanto, hoy hay más razones que nunca para elegir una
formación en Matemáticas. Pero, con independencia de estas circunstancias,
animo a todos los jóvenes con un gusto genuino por esta disciplina a elegir la
carrera, sin dudarlo.
Al fin y al cabo, como decía Galileo, para los humanos, el
universo está escrito en el apasionante lenguaje de las Matemáticas que son a
su vez hoy, más que nunca, la llave que abre las puertas a todo un universo de
oportunidades profesionales.
Como es bien sabido, las Matemáticas se caracterizan por ser a
la vez tan amadas por unos pocos como aborrecidas por muchos otros. Por tanto
una gran mayoría de los estudiantes, llegado el momento de elegir, descartarán
las Matemáticas. Razón añadida para que quienes realmente disfrutan con ellas
alimenten esa pasión apostando por la disciplina.
Hay hoy en España, un buen número de Universidades Públicas que
ofertan la Licenciatura de Matemáticas. En algunas de ellas, además de
ofertarse en español y, cada vez más, en inglés, los estudios pueden también
ser cursados en las demás lenguas oficiales del Estado. Además, tanto en las
instituciones públicas como en las privadas, son cada vez más frecuentes los
estudios de Máster y Títulos Propios con un fuerte contenido matemático.
Aunque lo más habitual sigue siendo que los estudiantes opten
por estudiar en la Universidad más próxima, es cada vez más frecuente también
que los jóvenes elijan otros campus a la búsqueda de ofertas diferenciadas. Es
el caso por ejemplo del Doble Grado en "Matemáticas e Informática" de
la Universidad Autónoma de Madrid o el de "Matemáticas y Física" de
la Universidad Complutense. En ellos los estudiantes adquieren competencias
añadidas que complementan de manera significativa la formación matemática tanto
de cara a continuar con una carrera académica como con vistas a la inserción en
el mercado laboral.
También son cada vez más los que se animan a intentar estudiar
en los campus europeos más competitivos, a la vez que el programa Erasmus
ofrece la posibilidad de una experiencia formativa complementaria en alguna
universidad europea, siempre recomendable, para aquellos que decidan estudiar
en España.
Nunca como hasta ahora estudiar Matemáticas había ofrecido un
abanico tan amplio de opciones a la hora de hacerlo. Tampoco nunca el diploma
había estado tan cotizado.
ENIAC, Crédito: De Desconocido - U.S. Army Photo, Dominio
público,
Y es que, a medida que nuestra sociedad avanza y se hace más
compleja, las Matemáticas se van haciendo más necesarias. En las últimas
décadas el mundo de las Finanzas, de las Ciencias Médicas y de los Datos, entre
otros, han ido experimentando revoluciones internas que han venido siempre
acompañadas del desarrollo y uso de herramientas matemáticas más sofisticadas.
Ese proceso de proliferación de los ámbitos en los que usan y necesitan de las
Matemáticas, que se acentúa progresivamente, hoy se percibe con claridad
también en el ámbito de las Ciencias Sociales.
Basta mirar cincuenta años atrás para ver cómo, a pesar de las
calamidades que nos acechan aún en el día a día y de las que tenemos
información en tiempo real gracias a los medios de comunicación en un mundo
global, en forma de catástrofes naturales, guerras y atentados, el planeta ha
evolucionado en promedio de manera muy positiva habiendo recortado la
mortalidad infantil, el analfabetismo y la pobreza extrema a la vez que se
prolongaba la esperanza de vida. La Ciencia en general y las Matemáticas en particular
han jugado un papel decisivo en ese avance, digno de elogio.
Estudiar Matemáticas hoy es, más que nunca, una excelente
inversión de cara a un futuro que es imposible predecir pero que, sin duda,
será próspero y que estará lleno de avances científicos que afectarán a nuestro
modo de vivir de manera hoy imprevisible pero que, con certeza, seguirá estando
escrito en lenguaje matemático.
Enrique Zuazua
Doctor en Matemáticas
Catedrático de DeustoTech-Bilbao y la Universidad Autónoma de
Madrid
Capítulo 104
Y yo quiero ser...Matemático
(Por Fernando Alcalde Cuesta)
¿Cuándo decidí ser matemático? Creo que tendría unos quince años
cuando decidí estudiar matemáticas, pero, pese a la influencia de mi profesor
de matemáticas en aquella época, nada me hubiese hecho pensar antes que sería
matemático. Quizás físico o químico, probablemente arquitecto o ingeniero, como
deseaba mi padre, pero no matemático. Sin embargo, ahora sé que de algún modo
estaba destinado a serlo. Lo he explicado en un corto texto dedicado a mi padre
y a sus raíces, El hijo del agrimensor,publicado en mi blog
personal Matemáticas
en imágenes. Pero nada de eso sabía cuando comencé
mis estudios de matemáticas, aunque con el tiempo he descubierto que, pese a
ser el primero en la familia de mi padre en tener estudios, mi gusto por las
matemáticas es parte de una herencia antigua y mi decisión, como la vida, fruto
del azar y de la necesidad. Mi hijo tiene quince años y pronto tendrá que
decidir qué quiere estudiar. Yo lo animo a ampliar sus opciones aprendiendo
robótica, programación o neurociencia, pero soy consciente que su manera de
abordar los problemas es más propia de un matemático que de un físico, un
informático o un biólogo. Estudiará física, ingeniería o biología, lo que
desee, pero intuyo que probablemente, tarde o temprano, se convertirá en
matemático. Quizás otra vez el juego del sutil equilibrio entre azar y
necesidad que rige nuestros destinos.
Pero, ¿qué son las matemáticas? Para explicar mi idea de las
matemáticas, tomaré prestada la definición de William Thurston para quien las
matemáticas serían algo así como la teoría de los patrones formales.
Lo que Eugene Wigner definió como "la irrazonable eficacia de las
matemáticas en las ciencias naturales" obedece a mi juicio al interés
humano por la profundidad y la belleza de los patrones que irremisiblemente
aparecen por doquier en la naturaleza y en la ciencia. Personalmente son los
patrones espaciales los que más me interesan, pero no por ello me considero
geómetra o topólogo, sino matemático. Si quiero entender las simetrías de un
objeto, un sistema o un proceso, no me puedo contentar con aplicar mis
conocimientos geométricos o topológicos, pues seguramente tendré que
enfrentarme a cuestiones algebraicas, analíticas o probabilísticas. Las buenas
matemáticas son imposibles de parcelar.
Muchas personas creen que las matemáticas son una disciplina
árida que usa reglas complicadas y oscuras para manipular números, símbolos y
ecuaciones, algo así como una rutinaria y compleja contabilidad. Sin embargo,
aunque maneje números, símbolos y ecuaciones, yo no concibo las matemáticas sin
imágenes y soy incapaz de pensar en un concepto matemático sin asociarle algún
tipo de representación. Como sostiene Thurston, "en matemáticas, saber qué
es fascinante, desconcertante, interesante, sorprendente, aburrido, tedioso,
emocionante es crucial; no es accidental, sino que conforma nuestra manera de
pensar." Pero lo fascinante o emocionante en matemáticas no es constante,
ya que nuestro interés evoluciona con el tiempo. En mi caso, yo me inicié en la
teoría de foliaciones, que aún estaba de moda en los años 1980, con un problema
que treinta y tantos años después sigue sin resolver. En mi tesis, adaptaba un
teorema clásico sobre simetrías de sistemas de ecuaciones diferenciales al
contexto no menos clásico de la geometría de Poisson. Mis contribuciones eran
básicamente una revisión de ideas y resultados de Sophus Lie, Heinz Hopf, Henri
Cartan y Alexander Grothendieck, en algunos casos a través de la visión de
gente como Willem Van Est o Pierre Molino. Esto es precisamente lo que más me
satisface de ese trabajo, que humildemente entronca con el pensamiento de
auténticos gigantes, lo que me lleva a un aspecto fundamental del trabajo
científico sobre el que insistiré más tarde: en matemáticas, como en física o biología,
nunca se parte de cero, sino que nuestras ideas y soluciones se nutren de las
ideas y soluciones de quienes nos precedieron. La ventaja de haberme formado en
el extranjero no está en el nivel o la calidad de la formación, sino en la
pertenencia a una escuela y en el sentimiento que propicia esa pertenencia. Me
abruma pensar que apenas once generaciones me separan de Jacob Bernoulli y ver
la lista de quienes me precedieron, aunque eso me anime a contribuir haciendo
perdurar esa escuela en la medida de mis posibilidades.
Fig. 1. Patrón de difracción de un casi-cristal y mosaico con simetría
pentagonal descrito por Johannes Kepler en su libro Harmonices Mundi.
Mi vuelta a las foliaciones ha derivado poco a poco en un
interés creciente por los sistemas dinámicos en un sentido muy amplio, lo que
me ha llevado recientemente a interesarme por los procesos de invasión en redes
complejas y la topología de las redes neuronales. En este viaje, no he estado,
ni estoy solo. Hay una parte del trabajo matemático que es radicalmente
solitaria, a veces excluyente y obsesiva. Pero hay otra parte de ese trabajo
que es necesariamente colectiva y no se trata solo de la influencia de los
clásicos como comentaba antes o de la necesidad de exponer ideas y resultados
al conocimiento y a la crítica de otros matemáticos, sino del placer
emocionante de discutir lo que uno piensa, la poca claridad que uno atisba en
medio de la confusión, con colaboradores cercanos: viejos conocidos o nuevos
compañeros de viaje, antiguos alumnos convertidos en pares mejores que uno
mismo o jóvenes armados de un entusiasmo nuevo. Son momentos impagables que
pocas profesiones ofrecen.
Y en ese viaje de la teoría a las aplicaciones, que parece una
constante en el trabajo de muchos matemáticos puros y que jocosamente atribuyo
a la atracción del lado oscuro de la fuerza, he descubierto un
diálogo completamente nuevo para mí. El trabajo de los referees o
árbitros en las publicaciones de matemáticas es particular. Con un estilo a
menudo desagradable y desabrido, que nadie ha explicado mejor que Wystan Hugh
Auden -¡Qué suerte la del matemático! Solo lo juzgan sus iguales y la exigencia
es tan alta que ningún colega o rival poseerá jamás una reputación que no
merezca-, no suele ser frecuente que los informes supongan mejoras en un
artículo fuera del hecho de repensar alguna cuestión o su formulación. Sin
embargo, la evaluación de mis últimos artículos en el mundo vertiginoso y
despiadado de las aplicaciones me ha permitido abordar discusiones emocionantes
con científicos que provienen de otras áreas como la biología o la física. En
algunos casos, los comentarios y las réplicas han sido en realidad más
interesantes que los propios artículos, que han terminado beneficiándose
finalmente de esa dinámica. La comprensión de fenómenos complejos que ponen en
juego cantidades ingentes de datos nos obliga a una revisión del modelo actual
de ciencia haciendo necesaria la colaboración de especialistas con visiones
complementarias o cuando menos diferentes de esos fenómenos. No se trata de que
los matemáticos se limiten al análisis de los datos o contribuyan a la
descripción formal de modelos o ecuaciones, sino de abordar nuevos retos de
modo global. Una mirada a la interrelación entre matemática y física en el
tránsito del siglo XIX al siglo XX puede ayudarnos a comprender los retos a los
que enfrentamos un siglo después y al papel que sin duda jugará la biología en
el desarrollo de las matemáticas del siglo XXI.
Entonces, ¿qué aportan las matemáticas? Las matemáticas aportan
claridad permitiéndonos tener una visión integral y ordenada de nuestro mundo.
Como les digo a mis alumnos del doble grado de Ingeniería Informática y
Matemáticas, lo importante no son los enunciados concretos de los teoremas, que
probablemente no necesitarán jamás, sino las ideas y estrategias que usamos
para demostrarlos, con las que podemos extraer descripciones y fórmulas
generales o comprender fenómenos extremadamente complejos.
Fig. 2. Probabilidad de fijación de un invasor o mutante en cada uno de los
274.668 grafos de 9 vértices expresada en función del número total de caminos
que unen cada par vértices en cada grafo. El código de color permite visualizar
como se distribuyen.
La importancia de teoremas como los demostrados por Andrew Wiles
o Grigori Perelman no reside en sus enunciados concretos, sino en el desafío
que han supuesto para el entendimiento humano. Si quieres participar en esa
extraordinaria aventura, investigando en teoría de números o topología, pero
también en big data, análisis de redes o neurociencia, entonces
hazte matemático.
Fernando Alcalde Cuesta
Doctor en Matemáticas por la Universidad Claude Bernard Lyon 1
Profesor Titular de la Universidad de Santiago de Compostela
Capítulo 105
Y yo quiero ser...Nanocientífico
(Por Pedro A. Serena Domingo)
Una experiencia personal
Hace ya muchos años que terminé la Licenciatura de Ciencias
Físicas en la Universidad Autónoma de Madrid, en la especialidad de Física
Teórica, Sin embargo, al terminar estos estudios surgió la posibilidad de
realizar la tesis doctoral en el campo de la Física de la Materia Condensada,
abandonando la física de partículas y la cosmología, fascinantes, por un mundo
igual de fascinante pero quizás con menos "glamour". Sin embargo este
cambio de rumbo tuvo lugar en el momento en el que los seres humanos empezaron
a desarrollar las primeras herramientas con las que mirar directamente la
estructura atómica de las superficies, los Microscopios de Efecto Túnel (STM),
herramientas que dieron lugar a otras muchas con las que se pueden observar
átomos y moléculas e incluso manipularlos. Estas herramientas son los
"ojos" con los que se empezaron a ver lo que ahora llamamos el
nanomundo, siendo fundamentales para el desarrollo de lo que hemos denominado
nanociencia y nanotecnología, de las que hablaré en este capítulo. Durante el
doctorado y la etapa postdoctoral mi carrera se orientó hacia el estudio
computacional de las propiedades electrónicas, magnéticas, y mecánicas de
diversas nanoestructuras, y más recientemente he trabajado en propiedades
mecánicas de virus o en la adsorción de proteínas sobre diversas superficies.
Así es la actividad en ciencia, en muchas ocasiones la curiosidad nos hace
seguir unos caminos a veces insospechados, pero siempre guiados por el ansia de
entender cómo está constituida y cómo funciona la naturaleza que nos rodea y de
la que formamos parte. Esta introducción tiene como propósito hacer reflexionar
al lector sobre la belleza de toda la ciencia, en cualquiera de sus disciplinas
y la continua interconexión de las mismas, y como el camino que se puede seguir
cuando uno se adentra en el conocimiento puede trazar rutas no previstas
inicialmente. En cualquier caso, investigar es una aventura en la que sobre
todo hay que ir pertrechado con grandes dosis de curiosidad, el deseo de
aprender, una pizca de paciencia, otra de perseverancia, y ganas de colaborar
con otros aventureros con los que nos encontramos continuamente y cuyos
descubrimientos pueden cambiar el mundo.
¿Qué es la nanociencia?
En la sección anterior ha aparecido, sin presentación, el
prefijo "nano" en varias ocasiones. En ciencia, "nano" se
asocia a algo pequeño, como "micro" o "pico". Sin embargo
el prefijo "nano" hace referencia a la milmillonésima parte de algo
(que se puede expresar como 10-9 o 0,000000001). Cuando
anteponemos el prefijo "nano" a alguna unidad física podemos hablar
de nanosegundos (ns) o nanómetros (nm). En concreto estos últimos son las
unidades en las que me interesa detenerme un poco más. Un nanómetro es una
longitud muy pequeña, en la que podemos alinear 3-5 átomos. Un virus tiene un
diámetro entre 25 y 400 nm. Un cabello humano tiene un diámetro de unos 80.000
nm. Cuando hablamos de nanociencia estamos hablando del conjunto de
conocimientos y técnicas que los seres humano hemos adquirido y que nos
permiten comprender el "nanomundo" o la "nanoescala",
refiriéndome con estos dos términos al conjunto de los materiales, estructuras
y las entidades que poseen tamaños, al menos en una de sus tres dimensiones, inferiores
a los 100 nanometros. Por tanto, la nanociencia tiene como finalidad entender
los fenómenos que ocurren en la nanoescala, las propiedades de los materiales y
las estructuras que tienen tamaños nanométricos y cómo interactúan entre ellas
o con entidades de mayor tamaño.
Efectos de tamaño
La nanociencia, que requiere desarrollar habilidades e
instrumentos que permiten trabajar con entidades muy pequeñas, es un campo
apasionante porque cuando las partículas, las estructuras y los objetos poseen
tamaño nanométrico (y los podemos llamar "nanopartículas",
"nanoestructuras" y "nanoobjetos") presentan propiedades
notablemente diferentes de sus "hermanos mayores".
Fig. 1. El carácter multidisciplinar de la nanociencia y el carácter
transversal de la nanotecnología.
Por ejemplo, podemos encontrarnos ante hechos fascinantes como
el cambio de color, o de las propiedades eléctricas o magnéticas, cuando el
tamaño de los objetos decrece. Estos cambios tienen su explicación en los
denominados "efectos de tamaño" que son de dos tipos: clásicos y
cuánticos. ¿Cuánticos? Evidentemente, en la nanoescala se trabajan con objetos
de tamaños atómicos y moleculares, en los que los efectos cuánticos se ponen
continuamente de relieve. El nanomundo, además de ser más pequeño es ciertamente
diferente. La nanociencia se esfuerza por entender estas diferencias, por
entender que leyes siguen estos efectos de tamaño, y proponer experimentos para
poner a prueba estas leyes. Por otro lado, para trabajar en el nanomundo y
entenderlo se necesitan herramientas para observar y medir sus propiedades, y
con lo que aprendemos se desarrollan métodos para fabricar nanoestructuras y
nanoobjetos con las formas, tamaños y composición que deseemos. Esto es, en
resumen, lo que se hace en los laboratorios de los centros de investigación:
comprender y controlar el nanomundo.
La nanociencia: punto de encuentro
En nanociencia se trabaja con entidades muy básicas (átomos y
pequeñas moléculas) que se van uniendo entre sí para formar estructuras más
complejas con más funcionalidades "bottom-up" (visión "de abajo
hacia arriba"). En otras ocasiones se parte de estructuras con tamaños
grandes y mediante diferentes técnicas se pueden dividir de forma controlada
hasta llegar a obtener nanoestructuras "top-down" (aproximación
"de arriba hacia abajo"). Lo que es cierto es que las unidades de
trabajo (átomos y moléculas) son las mismas para todos los científicos,
independientemente de su disciplina, por eso la nanotecnología "es de
todos", es multidisciplinar (Fig. 1). Cada disciplina aporta su propia
jerga, sus propios métodos y técnicas, por lo que en ocasiones trabajar en
nanociencia es un tanto complicado porque se mezclan ideas, conceptos, y
vocabularios de diversas procedencia. Por ejemplo, un grupo de química
inorgánica puede sintetizar nanopartículas, otro grupo de bioquímicos puede
modificarlas para que sean capaces de detectar una determinada proteína, otro
grupo de físicos puede preparar un sustrato conductor al que unir las
nanopartículas con el fin de fabricar un sensor con la ayuda de un equipo de
ingenieros y, finalmente, un grupo de biólogos y médicos puede someter el
dispositivo a prueba con experimentos específicos. Este carácter
multidisciplinar es importante para las personas interesadas en trabajar en
nanociencia, pues se puede llegar a dicha disciplina estudiando diferentes
grados: física, química, biología, ingeniería, etc.
Una rica fauna, una rica historia
Dado que la nanociencia se refiere a la nanoescala, el tipo de
estructuras y objetos que son de interés en esta disciplina no están
determinados por su composición o forma. De esta forma nos encontramos con
nanopartículas, nanohilos, nanotubos, nanoláminas, etc. que pueden estar
formadas por materiales metálicos, cerámicos, orgánicos, semiconductores, etc.
Además estas nanoestructuras pueden combinarse entre sí para formar entidades
más complejas. Parece evidente que la "nanofauna" es muy extensa y
compleja. Muchos de estos nanoobjetos han saltado a la fama en los últimos años
como ocurre con los fullerenos, los nanotubos de carbono, o el grafeno. Por
cierto, alguno de estos materiales han supuesto el Premio Nobel para sus
descubridores: el de Química en 1996 a R. Curl, H. Kroto y R. Smalley, por el
descubrimiento del C60 o fullereno, y el de Física en 2010 a A.
Geim y K. Novoselov, por descubrir el grafeno (verdadero material
revolucionario). Sin embargo la nanociencia no es una disciplina reciente y a
lo largo de los últimos 50 años se han venido realizando aportaciones desde
otras disciplinas que han permitido que la nanociencia se vaya desarrollando.
Se puede decir que las ideas fundamentales de la nanociencia vieron la luz
gracias a la conferencia de R. Feynman impartida a finales de 1959. Por citar
otro momento clave en la nanociencia se puede mencionar también el
descubrimiento de Microscopio de Efecto Túnel por parte de H. Rohrer y G.
Binnig (Premio Nobel de Fisica de 1986, junto con E. Ruska descubridor del
Microscopio Electrónico de Transmisión).
De la nanociencia a la nanotecnología
La nanociencia tiene como fin entender y dominar las propiedades
fascinantes de los nanoobjetos, nanoestructuras o nanomateriales. Estas
novedosas propiedades permiten pensar en su aplicación en diferentes sectores
de actividad económica. Los nanotubos y el grafeno pueden usarse en electrónica
gracias a sus fabulosas propiedades electrónicas, pero también en construcción
o aeronáutica gracias a sus impresionantes propiedades mecánicas, las
nanopartículas de diverso tipo se utilizan en la fabricación de materiales, en
cosmética, baterías, etc. Cuando se pasa de pensar en entender el nanomundo a
dominarlo para obtener aplicaciones novedosas o rupturistas, la nanociencia da
paso a la nanotecnología. En realidad, se puede decir que no hay sector
económico en el que la nanotecnología no tenga impacto, como se pone de
manifiesto en la Figura 1. Este impacto en todos los sectores económicos (se
habla de impacto transversal y de nueva revolución industrial) es, sin duda
alguna, lo que ha hecho que los gobiernos y las empresas de todo el mundo hayan
financiado cuantiosamente muchos programas de investigación en nanociencia y
nanotecnología. En otro capítulo de este libro se profundiza más sobre la
nanotecnología. La llegada de la nanotecnología al mercado a su vez plantea
nuevas incógnitas relacionadas con la posible peligrosidad para las personas y
para el medioambiente de algunos nanomateriales, por lo que ha comenzado a
desarrollar una nueva rama de investigación, la nano-eco-toxicología, que
tendrá gran importancia en los próximos años.
Muchos son los caminos que llegan a la nanociencia
El camino estándar para formarse en nanociencia es seguir un
grado de química, ingeniería, física, biología y medicina (adquiriendo las
destrezas propias de estos campos). Se debe mencionar que la Universidad
Autónoma de Barcelona puso en marcha hace varios años el Grado de Nanociencia y
Nanotecnología, donde se combinan conocimientos de física, química, biología y
matemáticas. Posteriormente se podría realizar un máster, de los muchos que se
ofertan en nuestro sistema universitario, en el que aparezcan contenidos más
específicos de nanociencia y nanotecnología. Posteriormente se puede realizar
un doctorado que siga profundizando en la comprensión del nanomundo. Hay cierta
polémica sobre qué tipo itinerario es mejor, con sus defensores y sus
detractores para cada opción (grado generalista o grado específico), pero lo
cierto es que la persona que quiera ser un nanocientífico seguro que llegará a
su meta por cualquier camino. Una vez finalizada la formación como doctor, se
deben seguir los caminos habituales para convertirse en un investigador
consolidado bien en el sector público o en sector privado. Para llegar a ser
investigador se requiere mucha vocación, paciencia, y perseverancia pero
también estar al tanto de las oportunidades (convocatorias, contratos laborales)
que ofertan universidades, gobiernos regionales o nacionales, y empresas. Por
otro lado se espera que la administración pública y las empresas, en el caso de
España, inviertan mucho más en educación, formación, investigación, generación
de conocimiento y su traslado a la sociedad. Sin esta inversión, bien
planificada, será imposible cambiar de modelo económico del que tanto se habla
en foros económicos y políticos, pero esto es otra historia sobre la que habría
mucho que hablar y que se escapa del contenido de este pequeño capítulo.
Referencias:
[1] J.A. Martín-Gago, Elena Casero, Carlos Briones, Pedro A.
Serena, "Unidad Didáctica Nanociencia y Nanotecnología. Entre la ciencia
ficción del presente y la tecnología del futuro." Fundación Española de
Ciencia y Tecnología (2008) ISBN: 978-84-691-7266-7
[2] Pedro A. Serena, "La Nanotecnología", CSIC-La
Catarata (2010), ISBN: 978-84-00-09169-9
[3] José Ángel Martín-Gago; Pedro Serena Domingo; Carlos Briones
Llorente; Elena Casero Junquera, "El nanomundo en tus manos: Las claves de
la Nanociencia y la Nanotecnología", Colección Drakontos, Editorial
Crítica (2014). ISBN: 8498927196
[4] Pedro A. Serena, J.K. Giraldo, N. Takeuchi, J.D. Tutor
(coord), "Guía Didáctica para la Educación de la Nanotecnología en
Educación Secundaria" CYTED y Red NANODYF (2014). Edición en CD. ISBN: 13
978-84-15413-33-2
[5] Marta Bermejo y Pedro A. Serena, "Los riesgos de la
Nanotecnología", CSIC-La Catarata (2017). ISBN: 978-84-00-10185-5
Pedro Amalio Serena Domingo
Doctor en Ciencias Físicas
Investigador Científico, Instituto de Ciencia de Materiales de
Madrid (ICMM), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Capítulo 106
Y yo quiero ser…Nanotecnólogo
(Por José Miguel García-Martín)
Durante la segunda guerra mundial y los posteriores años de
guerra fría, la ciencia ficción experimentó una época dorada. En sus diversas
manifestaciones (cómic, literatura y cine), se convirtió en una poderosa
herramienta para plasmar las esperanzas y los miedos asociados al desarrollo
tecnológico en una época de grandes transformaciones. La miniaturización fue
uno de los temas que más calado tuvieron, sobre todo a partir de la novela
"El hombre menguante" de Richard Matheson, publicada en 1956, de su
adaptación cinematográfica por Jack Arnold un año después, y de la película
"Viaje alucinante" de Richard Fleischer en 1966, que también dio pie
a un libro de igual título de Isaac Asimov. Fue así, con la ciencia ficción de
la era dorada, como empecé a entusiasmarme en mi adolescencia a finales de los
años ochenta con la idea de trabajar con objetos a una escala minúscula. Y no
sería hasta unos años después, cuando ya estudiaba Ciencias Físicas en la
Universidad Complutense, que conocí la Conferencia visionaria que impartió
Richard Feynman a finales de 1959: "Hay mucho sitio al fondo" [1]. En
ella, el físico estadounidense ya anticipaba la manipulación atómica
("arrange the atoms the way we want"), discutía el almacenamiento en
la nanoescala proponiendo guardar los 24 tomos de la Enciclopedia Británica en
un objeto del tamaño de la cabeza de un alfiler, e incluso apuntaba la
posibilidad de emplear nanodispositivos para la medicina ("swallow the
surgeon"). Inauguraba así, de forma ilusionante, la nanotecnología, es
decir, el diseño, la fabricación y la aplicación de estructuras, dispositivos y
sistemas mediante el control de la forma, el tamaño y la composición a escala
nanométrica.
Cabe preguntarse si la nanotecnología es un nuevo campo del
conocimiento. En la naturaleza podemos encontrar ejemplos de nanoentidades que
juegan un papel importante en la adaptación de especies a su entorno, como por
ejemplo sucede en las alas de las cigarras, que están formadas por nanopilares
(de proteínas, quitina y ceras) que le confieren dos importantes propiedades:
hidrofobicidad y efecto antibacteriano [2]. Y el ser humano lleva cientos de
años produciendo materiales en los que nanoobjetos provocan interesantes
propiedades, como sucede en las cerámicas fabricadas en Persia en el siglo X
durante la Dinastia Abasí, que presentan un efecto iridiscente producido por
nanopartículas de plata precipitadas durante el proceso de cocción [3]. Sin
embargo, lo que ha sucedido en las últimas décadas es que se han desarrollado
herramientas que permiten visualizar esos objetos en la nanoescala, comprender
los fenómenos a que dan lugar, y por último fabricarlos de forma controlada
para optimizar la propiedad deseada. La nanotecnología ha sido posible gracias
a los avances instrumentales, por lo que el nanotecnólogo debe seguirlos de
cerca.
Los nanoobjetos pueden analizarse gracias a los microscopios
electrónicos, desarrollados desde finales de los años 20 del siglo pasado, y
los microscopios de sonda de barrido o SPM, surgidos en los años 80 [4]. Entre
los primeros hay que distinguir entre los microscopios electrónicos de barrido
o SEM (que trabajan con los electrones reflejados y/o re-emitidos y con
voltajes típicos entre 1 y 30 kV) y los de transmisión o TEM (que emplean
electrones que atraviesan la muestra y voltaje entre 100 y 300 kV). Entre los
segundos, primero surgió el microscopio de efecto túnel o STM (que sólo podía
emplearse con muestras conductoras), luego el microscopio de fuerzas atómicas o
AFM, y posteriormente diversas variantes: el microscopio de fuerzas magnéticas
Fig. 1. (MFM), el de fuerzas electrostáticas (EFM), el de fricción (SFFM), el
de potencial superficial (KPFM), el de campo cercano (SNOM), etc. Combinando
las técnicas de microscopía electrónica con las de sonda de barrido y con las
nuevas técnicas de microscopía óptica de súper-resolución, no sólo se puede
estudiar la morfología de los materiales en la nanoescala, sino que se tiene
acceso a la composición química, a la estructura cristalina, y a la medida de
diversas propiedades: electrónicas, magnéticas, mecánicas, ópticas…
Fig. 1. Imagen de un disco duro de ordenador obtenida con un microscopio de
fuerzas magnéticas (MFM). Los rectángulos rojos o azules son los bits de
información ("unos" o "ceros").
En cuanto a la fabricación de nanoestructuras, cabe distinguir
dos aproximaciones denominadas descendente y ascendente:
-Por un lado, al igual que un escultor emplea cincel y martillo
para sacar formas de un bloque de piedra, en la vía descendente (top-down)
se emplean diversas herramientas para miniaturizar o moldear desde lo
macroscópico. Las técnicas más empleadas en la aproximación descendente son la
molienda, el ataque por iones, y diversos tipos de litografía: por luz
ultravioleta (se usan longitudes de onda más cortas para hacer cosas cada vez
más pequeñas, hoy en día ya se emplea el ultra-violeta extremo), por electrones,
por haz de iones, o por nanoimpresión.
-Por otro, a semejanza del aficionado a Lego que construye
casitas uniendo pequeñas piezas, en la vía ascendente (bottom-up) se
ensamblan nanoentidades (átomos, moléculas), ya sea de forma forzada, ya
mediante procesos de autoensamblado. En lo que respecta a la aproximación
ascendente, las técnicas más conocidas son la síntesis química, la síntesis
electroquímica, la manipulación por SPM, los procesos sol-gel, y las diversas
técnicas de condensación desde fase vapor: la deposición química de vapor
(CVD), la deposición de capas atómicas (ALD), la epitaxia de haces moleculares
(MBE), la ablación láser (PLD), y la pulverización catódica (sputtering).
Todo este conjunto de técnicas permite fabricar de forma
controlada diversas nanoestructuras que podemos clasificar por el número de
dimensiones que poseen en la nanoescala:
-Con una dimensión, el espesor, se preparan láminas delgadas y
ultra-delgadas. Los discos duros de ordenador o los paneles fotovoltaicos son
ejemplos de este tipo de láminas, en muchos casos formados por varias capas de
composición y espesores distintos (y entonces se las denomina
"multicapas").
-Con dos dimensiones se fabrican nanotubos, nanohilos,
nanopilares y biopolímeros. Por ejemplo, los nanotubos de carbono son ligeros y
muy resistentes, por lo que ya se emplean en la fabricación de raquetas de
tenis y palos de golf y se está investigando su uso en materiales para
aeronáutica.
-Con las tres dimensiones nanométricas se producen fulerenos,
nanopartículas, puntos cuánticos, dendrímeros y liposomas. A modo ilustrativo,
cabe mencionar que estos últimos son esferas que se emplean como
transportadoras de medicamentos en diversas terapias contra el cáncer.
Conviene asimismo señalar que todos estos materiales pueden ser
susceptibles de "funcionalización", esto es, de ser modificados en su
superficie e incluso combinarse para dotarles de nuevas funciones o conseguir
una mejora de alguna de sus propiedades. Así, las nanopartículas suelen
recubrirse con surfactantes para impedir que se aglomeren. Y en los sensores de
gases basados en la resonancia de plasmón de una lámina delgada de oro, ésta se
funcionaliza con una capa porosa (por ejemplo formada por nanopilares de
dióxido de titanio) que capta las especies que se desea detectar.
Como acabamos de ver en los ejemplos anteriores, la
nanotecnología ya tiene aplicación hoy en día en tres grandes sectores:
tecnologías de la información y las comunicaciones, energía y medioambiente,
ciencias de la salud y biotecnología [5,6]. Y en ocasiones, un mismo tipo de
nanoestructuras puede ser útil en todos ellos. Por ejemplo, nanoestructuras con
propiedades antibacterianas pueden emplearse en dispositivos de reconocimiento
de huella para impedir la propagación de infecciones en un centro de trabajo,
en dispositivos de tratamiento de aguas y en implantes medicinales.
En mi caso particular, he llegado a trabajar en nanotecnología
desde la Física, esto es, desde el estudio de las entidades elementales de
materia que podemos manipular (los átomos) y de sus diversas interacciones.
Pero puede llegarse a la nanotecnología desde otros campos del saber. Tanto el
desarrollo instrumental como los materiales que forman las nanoestructuras
pueden abarcarse desde la Ingeniería. Dado que en los sistemas nanométricos
cobran especial importancia las superficies y las intercaras donde comienzan
las reacciones, la Química también es una buena base desde la que construir una
carrera profesional en nanotecnología. Como también lo son la Biología, la
Farmacia y la Medicina, puesto que esos sistemas van a relacionarse con
entidades biológicas de unos pocos nanómetros (moléculas orgánicas), de
centenares de nm (virus y bacterias) e incluso de miles de nm (células). Y
tampoco hay que olvidar que la Informática y las Matemáticas pueden
proporcionarnos poderosas herramientas de cálculo para modelizar las
propiedades en la nanoescala. Llegamos así a un hecho indudable: la
nanotecnología es un campo eminentemente multidisciplinar. Por ello, el
nanotecnólogo no sólo debe informarse de los recientes avances en su campo de
especialización, sino que debe diversificar su atención, estar atento a los
descubrimientos en otras áreas y, en la medida de lo posible, asistir a
congresos que le permitan abarcar otras disciplinas. Asimismo, es necesario que
consiga crear una red de colaboración que pueda hacer frente a los distintos
retos científico-tecnológicos que encuentre en su labor investigadora, pues
será difícil que pueda resolver todos por sí solo. Y por último, pero no por
ello menos importante, debe ser consciente de los posibles riesgos que puedan
ocasionar la fabricación y el uso de los nanomateriales. La nanotecnología
puede mejorar el mundo en muchos aspectos, pero sólo si se trabaja en ella con
entusiasmo y responsabilidad.
Referencias:
[1] Richard Feynman: "There'sPlenty of Room at the
Bottom", conferencia impartida en Caltech el 29 de Diciembre de 1959,http://calteches.library.caltech.edu/47/2/1960Bottom.pdf
[2] E. P. Ivanovaet al., "Natural Bactericidal
Surfaces: Mechanical Rupture of Pseudomonas aeruginosa Cells by Cicada
Wings", Small 16, 2489 (2012)
[3] D. Erhardt: "Materials conservation, not-so-new
technology", Nature Materials 2, 509 (2003)
[4] El Premio Nobel de Física de 1986 reconoció estos
descubrimientos: fue compartido entre Ernst Ruska, que construyó el primer
microscopio electrónico de transmisión, y Gerd Binnig y Heinrich Rohrer,
co-inventores del microscopio de efecto túnel:
https://www.nobelprize.org/nobel_prizes/physics/laureates/1986/
[5] Unos pocos ejemplos en: J.M. García Martín, "¿Qué son
la nanociencia y la nanotecnología? ¿Cómo afectarán a nuestras vidas?",
Capítulo 68 del Libro "CIENCIA, y además lo entiendo!!!" (Ed.: Q.
Garrido Garrido):http://divulgacioncientificadecientificos.blogspot.com.es/p/libro-book.html
[6] Y más ejemplos en este excelente ensayo divulgativo:
"La nanotecnología", Pedro Serena, Los Libros de la Catarata (2010)
José Miguel García-Martín
Doctor en Ciencias Físicas
Investigador Científico, Instituto de Micro y Nanotecnología,
CSIC
Capítulo 107
Y yo quiero ser...Óptico
(Por Alejandro Turpin)
La física es probablemente la ciencia más sexy de todas, la que
más llama la atención, crea más debate y atrae más al público por su
complejidad, por lo alocadas que parecen algunas de sus ideas, y por qué no
decirlo, por la serie The Big Bang Theory. Cuando pensamos en temas
relacionados con la física, nos viene a la cabeza la astrofísica, la
cosmología, la física nuclear, el electromagnetismo o incluso la termodinámica,
pero prácticamente nunca la óptica. ¿Óptica? ¿No es eso lo que estudian quiénes
nos revisan la vista y nos hacen las gafas? ¿Qué tiene que ver exactamente con
todo eso con la física?
Ciertamente, cuando yo mismo empecé la carrera, lo que quería
era conocer los entresijos del universo, dominar la relatividad general, acabar
siendo un experto en teoría de cuerdas, pero lo que nunca se me pasó por la
cabeza era ser óptico. Más que nada, porque no tenía ni idea de qué englobaba
la óptica. La óptica tampoco me conquistó en 3º de carrera, cuando estudiamos
óptica geométrica, que es fundamentalmente la óptica que se estudia en óptica y
optometría -esta sí es la carrera que necesaria para saber el funcionamiento de
la vista y cómo corregir sus deficiencias. No obstante, el último año de
carrera hubo una asignatura muy concreta que cambió mi percepción sobre la
óptica y me enseñó lo que la óptica nos ofrece: óptica cuántica. Pero para
entender el porqué de ese cambio, primero debemos entender qué es exactamente
la óptica.
¿Qué es la óptica?
La óptica (o fotónica, como se le viene llamando desde hace unos
años) es la ciencia que estudia la luz, las tecnologías basadas en la luz y
cómo ésta interacciona con la materia. Por tanto, primero hay que entender qué
es la luz.
La luz visible -que puede ser percibida por el ojo humano-es un
tipo de radiación electromagnética, es decir, es una onda electromagnética (si
nos olvidamos por el momento de la física cuántica), cuya longitud de onda (λ)
va desde los 400 nanómetros (ultra-violeta cercano) hasta los 800 (infra-rojo
cercano) nanómetros aproximadamente. Aun así, en física se acepta englobar
dentro del concepto luztambién a los rayos X blandos (λ = 0.1
nanómetros) y al infra-rojo lejano (λ = 1500 nanómetros). Como toda onda, la
luz tiene asociada además una cierta frecuencia
De hecho, la concepción de que la luz es emitida en pequeños
paquetes de energía
Puede parecer que considerar la luz como una partícula sea una
idea muy revolucionaria, pero este concepto es mucho más antiguo de lo pueda
parecer. De hecho, siempre me gusta hacer un ejercicio de reflexión muy
sencillo: piensa en una bombilla iluminando una habitación y piensa cómo ves
esa bombilla, como tus ojos captan su luz.
Si pones un trozo de papel oscuro entre la bombilla y tu ojo, ya
no puedes ver más esa luz. La única luz que te puede llegar es la que está
rebotando en las paredes de la habitación. Por tanto, parece que la luz viaja
en línea recta. Además, ¿cómo nuestros ojos pueden captar la luz?
Fig. 1. La luz está formada por una parte muy pequeña de radiación dentro
del espectro electromagnético.
Lo más intuitivo sería decir que la luz está formada por
pequeñas partículas, cada una de un color y que tenemos diferentes receptores
que interactúan con esos diferentes colores, por ejemplo. Además, si la luz es
una onda, ¿a través de qué medio se propaga? Por el aire no puede ser, puesto
que sabemos que la luz viaja por el espacio vacío. Así, a primera vista es muy
difícil decir que la luz pueda ser una onda. Todas estas preguntas se las
habían hecho filósofos desde la Edad Antigua hasta bien entrado el siglo XVII.
Es más, Isaac Newton fue uno de los grandes defensores de la teoría corpuscular
de la luz, ayudando a establecer todo un conjunto de leyes para los fenómenos
ópticos conocidos. Solo había un par de fenómenos para los cuales no se tenía
una buena explicación si se consideraba que la luz era una partícula: la
difracción producida por un obstáculo circular y la refracción en cristales
biáxicos (que, por cierto, fueron el tema central de mi tesis doctoral). Estos
dos fenómenos fueron los que inclinaron la balanza a principios del siglo XIX
hacia la teoría ondulatoria de la luz e hicieron que la teoría corpuscular
cayera en el olvido hasta que la física cuántica la recuperó. Personalmente,
todos estos conceptos de la luz fueron los que me atraparon definitivamente y
me encaminaron hacia ser un científico que estudia la luz desde el punto de
vista fundamental y las muchas aplicaciones que se derivan de ella.
La óptica en nuestro día a día
¿Cuáles son esas aplicaciones de las que tanto hablo? Para
hacernos una idea de la magnitud de la óptica en nuestras vidas y en la
ciencia, solo decir que en los últimos 25 años se han dado 10 premios Nobel (7
en Física y 3 en Química) a avances científicos y tecnológicos basados en la
luz. Uno de los elementos más comunes a todos estos avances es el uso del láser
(Light Amplification by Spontaneous Emission of Radiation o
amplificación de luz por emisión estimulada de radiación) y no es por
casualidad que también sea la tecnología fotónica que más versátil es en
nuestras vidas. La luz láser, cuyo funcionamiento solo puede ser entendido
mediante la mecánica cuántica, tiene dos propiedades que la hacen única: alta
coherencia temporal, relacionada con el rango de longitudes de onda contenidas
en la emisión de luz, que en el caso del láser son muy estrecho; y alta
coherencia espacial, relacionada con la direccionalidad de la emisión; en otras
palabras, que la luz láser sea de un solo color y funcione a modo de puntero.
Estas propiedades hacen que el láser pueda ser utilizado como lector de códigos
de barras en el supermercado, como lector/grabador de discos compactos como
CDs, DVDs o Blue-Ray discs; como elemento de corte en la empresa textil,
metalúrgica y en medicina; en impresión 3D de materiales polimerizables (como
algunas resinas), en topografía (para estudiar el relevo del terreno), en
comunicaciones (ya sea por fibra óptica como por el espacio libre, como entre
dos satélites, por ejemplo), en medición de distancias, y la lista podría
continuar.
Fig. 2. Ejemplos de tecnologías ópticas: impresión 3D basada en
polimerización a 2 fotones; operaciones oftalmológicas con láser;
comunicaciones Tierra-satélites; faros LED de un coche.
Obviamente, otra área en la que la óptica destaca es en el
diseño de lentes ya sea para gafas, para cámaras u otros sistemas de imagen,
para lentes intraoculares, o en el estudio general de la visión humana. La
optometría y la óptica de la visión es un campo que está avanzando muy
rápidamente durante los últimos años y en el que en España tenemos grandes
expertas y expertos mundiales. Y tampoco me gustaría olvidar a los LEDs (Light
Emiting Diode o diodo emisor de luz), que están cada vez más
introducidos en la iluminación tanto de nuestras casas como de ciudades y que
también están siendo muy usados en pantallas publicitarias.
El día a día de un óptico: una perspectiva personal
Como ya he comentado más arriba, mis inicios como científico
estuvieron ligados al estudio de la propagación de la luz en cristales
biáxicos, que son unos tipos de cristales (se pueden encontrar en la naturaleza
en forma de mineral o pueden ser producidos artificialmente) que dividen el haz
de luz inicial en dos haces que se propagan en direcciones distintas dentro del
cristal y emergen con polarizaciones ortogonales, un fenómeno conocido como
refracción doble. Cambiando el ángulo de incidencia del haz de entrada, cambia
la separación entre los dos haces, hasta que para ángulo muy concreto éstos se
unen formando un anillo de luz, fenómeno conocido como refracción cónica. Lo
más bonito de esta fenomenología es que permite estudiar todas las propiedades
físicas de la luz como la polarización o algunas menos conocidas como el
momento angular de espín y momento angular orbital. Todas estas propiedades de
la luz se entrelazan y son modificadas por los cristales biáxicos, lo que me ha
dado una perspectiva amplia de los fundamentos físicos de la óptica y me ha
permitido aplicarlo a nuevos sistemas de telecomunicaciones ópticas, a la
captura y manipulación de macropartículas (tan grandes como el grueso de un
cabello) y átomos ultra-fríos y, actualmente, a la microscopía de dos fotones
(TPM, Two-Photon Microscopy). TPM es un tipo de microscopía de
fluorescencia utilizada comúnmente en neurociencia para ver la actividad
neuronal de un animal. Para ello, típicamente se modifica genéticamente el ADN
del animal en cuestión, introduciendo una proteína fluorescente que se
manifiesta en ciertas partes del cuerpo (en mi caso, en zonas escogidas del
cerebro). Cuando la neurona donde se halla la proteína se activa, la proteína
también pasa a activarse y emite luz cuando es iluminada con un láser de una
cierta longitud de onda. Dicho de otro modo, se puede observar la actividad
neuronal a través de la fluorescencia de la proteína. Se llama microscopía de
dos fotones, porque la proteína necesita absorber dos fotones de una misma longitud
de onda para pasar a su estado excitado y emitir fluorescencia. En realidad, lo
mismo se podría hacer con un solo fotón a otra longitud de onda, pero el
resultado sería el de una resolución menor.
Fig. 3. Izquierda: la microscopía de fluorescencia nos permite ver la
actividad neuronal de animales; en la imagen, el cerebro de una mosca de la
fruta. Derecha: una rata con una fibra óptica implantada en el cerebro para
manipular ópticamente sus neuronas mediante optogenética.
Alternativamente, también se puede hacer el proceso opuesto:
inducir un estado activo en la neurona solo cuando la proteína absorbe luz,
técnica que se conoce como optogenética y que ha servido, por ejemplo, para
crear recuerdos artificiales en ratones. Todo esto son ejemplos para mostrarte
en casos prácticos que utilizando la óptica he podido estudiar una gran
variedad de temas distintos de investigación.
A modo de conclusión
La óptica es una disciplina propia de la física que es
indispensable tanto para nuestro día a día como para el avance de la ciencia en
todas las áreas de la ciencia que van desde la criptografía cuántica hasta la
neurociencia, pasando por la química, la biología, la astronomía, etc. Esto
hace de la óptica una ciencia muy versátil y atractiva de estudiar y ha hecho
que mi profesión como científico sea muy agradecida, al poder ayudar a dar
soluciones a problemas reales, a la vez que me lo he pasado en grande aprendiendo
de todos ellos.
Referencias
[1] Alonso, B., Borrego, R., Hernández-García, C., Pérez, J. A.,
Romero, C. Eds. (2011), El láser: la luz de nuestro tiempo,
Globalia. Accesible online: http://optica.usal.es/gioe/images/El_laser.pdf
Alejandro Turpin
Doctor en Física, Investigador en el Center of Advanced
European Studies and Research en Bonn, Alemania.
Capítulo 108
Y yo quiero ser...Probabilista (casi seguramente)
(Por Carlos Escudero Liébana)
Doscientos mil demonios
de su furia infernal den testimonios,
volviéndose inclementes
doscientas mil serpientes
que asiéndome de un vuelo
den conmigo de patas en el cielo,
del mandato oprimidos
de Dios, por justos juicios compelidos,
si vivir no quisiera, sin injurias
en Galicia o Asturias
antes que en esta corte [1].
Agosto de dos mil diecisiete. Algún lugar del norte de España.
Llueve intensamente. Solo en casa, pienso que es el momento óptimo para
escribir. No en vano, Quintín me había encargado hacía unas semanas escribir un
capítulo de su libro. Acepté el encargo con gran gusto, pensando que sería
sencillo escribir sobre un tema que me parece tan apasionante como la
probabilidad. Sin embargo aquí estoy, con una página que continua en blanco. Me
reclino sobre la silla, noto como su respaldo de madera se clava en los huesos
de mi espalda mientras miro a través de la ventana como la lluvia sigue
cayendo. Balanceo el bolígrafo entre mis dedos sobre el papel impoluto mientras
recuerdo la conversación que unos turistas mantenían uno de estos días:
"No volvemos, ¡aquí siempre está lloviendo!". En definitiva, es una
tarea imposible: ¡a nadie le gusta la probabilidad! Ciertamente, la mayoría de
la gente quiere explicaciones sencillas, no argumentos probabilistas. El
repiqueteo de las gotas de lluvia contra el cristal de la ventana me saca
súbitamente de mi ensoñación, pero miro hacia abajo y el papel sigue en blanco.
En fin, imposible.
Dos veces, dos, has tenido
ocasión para jugarte
la vida en una partida,
y las dos te la jugaste [2].
Juegos de azar
Los seres humanos han desarrollado y practicado juegos de azar a
lo largo de los siglos. El estudio sistemático de los mismos, con el objetivo
de obtener ventaja sobre los rivales, está relacionado con el origen de la
teoría de la probabilidad. No en vano ejemplos y ejercicios ilustrados con
juegos de azar son muy comunes en los cursos de probabilidad. Entre ellos se
podría decir que destaca en cierto modo el problema de Monty Hall [3]. Podemos
explicarlo brevemente de la siguiente manera: un concursante en un programa de
televisión tiene que elegir una puerta entre tres. Detrás de dos se encuentran
sendas cabras y detrás de la tercera un coche. A falta de más información el
concursante escoge una de las tres puertas al azar. En ese momento el
presentador abre una de las dos puertas restantes y muestra una cabra. A
continuación da la oportunidad al concursante de cambiar de puerta, ¿debería
hacerlo? Contra lo que la intuición parece sugerir, sí debería hacerlo para
maximizar sus posibilidades de ganar el coche; concretamente las doblaría si
cambiase su elección original. Podemos volver a ilustrar la importancia de un
estudio sistemático de las probabilidades en los juegos de azar con una versión
un poco más sofisticada de este ejemplo. Supongamos que tenemos tres cajas con
dos monedas cada una: en una caja hay dos monedas de tres peniques, en otra dos
monedas falsas (que no valen nada) y en la tercera una de cada, y asumimos que
las cajas son indistinguibles.
Fig. 1. Dados de 4, 6, 8, 10, 12 y 20 caras con los que practicar diversos
juegos de azar.
Nos enfrentamos a otro jugador que escoge al azar una de las
tres cajas, tras lo cual nosotros elegimos al azar una de las dos restantes. Lo
que haya en nuestra caja es lo que ganaremos. Una vez escogidas las cajas
nuestro rival extrae al azar una moneda de la suya y nos la muestra: es una
moneda de tres peniques. En este momento el moderador del juego nos ofrece dos
peniques por nuestra caja, ¿qué deberíamos hacer? Un análisis de la situación
revela que deberíamos aceptar la oferta, aunque iguala en magnitud a la
recompensa esperada, tiene la virtud de reducir el riesgo. ¿Y si cambiásemos
las reglas para que solo el mayor premio se materializase? Entonces aún con más
razón deberíamos aceptar los dos peniques, porque la probabilidad de quedarse
sin nada sería alta. Dejamos al lector los detalles del análisis, para que así
aprecie mejor el desarrollo de los argumentos probabilistas.
A pesar de que estos ejemplos ilustran cómo la probabilidad
puede ayudarnos en los juegos de azar (aun siendo ejemplos teóricos), su
estudio sigue sin ser popular. Más al contrario, es muy común ver que ciertos
argumentos totalmente falsos se repiten una y otra vez. Un ejemplo
paradigmático tiene lugar durante las fechas prenavideñas debido a la
popularidad de los sorteos de lotería. Argumentos tales como que unos números
tienen mayor probabilidad de salir que otros (que ya han salido, o que no son "bonitos",
signifique lo que signifique este concepto en este contexto) o que los décimos
comprados en ciertos lugares tienden a ser más favorecidos por la suerte
carecen de cualquier rigor científico y son sin embargo empleados de forma
recursiva.
Pero aun bien no lo he creído
porque cosa extraña fuera
que un hombre a Madrid viniera
y hallase recién venido
una dama que rogase
que su vida defendiese,
un hermano que le hiriese,
y otro que le aposentase.
Fuera notable suceso
y, aunque todo puede ser,
no lo tengo de creer
sin vello [1].
Los sucesos extremos existen
Acostumbrados como estamos a la cotidianeidad del día a día los
sucesos poco frecuentes nos puede parecer algo desde sorprendente hasta
molesto. Es habitual que se intenten encontrar motivos para que estos sucesos
hayan tenido lugar, pero su origen puede ser de naturaleza aleatoria. Entre
estos sucesos se encuentran los fenómenos meteorológicos extremos y las
extinciones masivas de poblaciones, o bien la aparición de plagas.
Fig. 2. Una moneda de tres peniques como las usadas en nuestro juego de
azar.
Es muy común encontrar en estos tiempos opiniones sobre los días
veraniegos de calor duro, relativamente frecuentes en gran parte del país,
relacionadas de una manera u otra con el cambio climático. Sin embargo, los
fenómenos meteorológicos extremos siempre han estado presentes a lo largo de la
historia, y prolongadas sequías, inundaciones o inviernos anormalmente largos
aparecen descritos en los diferentes siglos. Luego la aparición de un suceso
tal no indica más que la naturaleza aleatoria del clima. Sin embargo, un
aumento de la frecuencia con la que aparecen sucesos meteorológicos extremos sí
podría estar emparentado con un cambio climático [4], lo que nos aboca
necesariamente a un estudio probabilista cuantitativo de la situación. En
general, la naturaleza aleatoria del tiempo meteorológico suele provocar un
cierto despiste en algunas personas. La predicción meteorológica siempre es
probabilista y uno no puede tomarla como infalible. De la misma manera, el
hecho de haber estado unos días en una ciudad y haber encontrado lluvia, frío o
calor excesivo no es sinónimo de que ese sea el clima usual allí: de nuevo
conviene resaltar que la variabilidad meteorológica puede ser enorme.
Como ya hemos mencionado, la aleatoriedad también es inherente a
muchas facetas de las poblaciones biológicas; y no solo extinciones y plagas
pueden aparecer por azar. La evolución biológica está fuertemente determinada
por las mutaciones aleatorias, que pueden ser seleccionadas de manera natural o
neutra [5], dando la segunda opción más peso al azar que a las ventajas
selectivas. De la misma manera, hay fenómenos de diferente naturaleza que
pueden tener un origen puramente aleatorio, como las crisis financieras o las
expansiones económicas; y en ambos casos es usual encontrarse colectivos que se
afanan por explicarlas por medio de causas simples. Dicho esto, es importante
resaltar que no todas las crisis económicas, fenómenos meteorológicos o sucesos
extremos en general están causados por el azar. Frecuentemente unas pocas
causas, sencillas y bien definidas, están en la base de tales sucesos. Lo que
en ocasiones olvidamos es que, además de estos sucesos, más previsibles y
evitables, están los que tienen en el azar su origen. Para entender el impacto
que pueden llegar a tener estos últimos no cabe más que un estudio cuantitativo
de sus probabilidades, estudio que puede también llevarnos a comprender con
mayor profundidad sucesos ya acontecidos.
En conclusión
Hemos comentado unos pocos ejemplos de casos en los que la
teoría de la probabilidad puede arrojar luz sobre hechos científicos o sucesos
cotidianos. Realmente hay muchísimos ejemplos más que van desde la mecánica
cuántica hasta la valoración de productos financieros. Un hecho particularmente
interesante acerca de la teoría de la probabilidad es, en mi opinión, su
capacidad de contradecir el pensamiento mágico o pseudocientífico. Por poner un
último ejemplo, como una matrona me comentó hace tiempo, parece que hay días
que nacen muchos bebés y días que no nace ninguno. Es decir, que los
nacimientos se distribuyen en el tiempo de forma poco homogénea. Este hecho ha
dado lugar a diferentes teorías pseudocientíficas sobre qué días es más
probable que nazca un bebé. Sin embargo, se puede encontrar una explicación
meramente probabilista: el hecho de que los nacimientos se produzcan
homogéneamente repartidos en el tiempo es muy poco probable. De nuevo, tal y
como hemos comentado anteriormente, parece que se trata de una explicación poco
popular y que las teorías pseudocientíficas siguen prevaleciendo sobre las
probabilistas en este respecto en al menos parte del imaginario popular.
Finalmente, ¿cómo puede saber alguien si le gustaría ser probabilista? Si los
temas mencionados en este capítulo le resultan de interés es posible que le
gustase internarse más profundamente en la teoría de la probabilidad. Si los
problemas planteados le resultan atractivos y no rompecabezas sin mucho sentido
entonces puede avanzar sin miedo en la disciplina. A lo largo del tiempo me he
encontrado personas que se sentían atraídas por la probabilidad. En unos casos
por sus aplicaciones en diferentes campos, como la física o la biología, o
simplemente por la intrínseca belleza matemática de esta materia. Pero puestos
a resumir experiencias creo que los juegos de azar y las aplicaciones
financieras han tenido un papel destacado entre las motivaciones que la gente
ha tenido a bien contarme a lo largo de los años. Y es que a día de hoy sigue siendo
posible sacar ventaja en unos y otras mediante estudios probabilistas
sistemáticos de los casos particulares de interés, máxime habida cuenta la
escasa popularidad de la que, en mi opinión, goza esta disciplina. ¿Y respecto
a mi experiencia personal? Sin duda muchas de las cuestiones que he mencionado
me han atraído a lo largo del tiempo, y esa es una de las razones por las que
me gusta la probabilidad. Pero para ser honesto he de añadir que hay muchas
otras cosas que me han gustado también, y sin embargo no les he dedicado mi
trabajo. Creo que, a fin de cuentas, ha sido un proceso fuertemente aleatorio
el que me ha llevado a la teoría de la probabilidad.
Por no malograr el tiempo;
que en estas cosas se gasta,
pudiéndolo aprovechar
en pedir de nuestras faltas
perdón, humilde el autor
os le pide a vuestras plantas [1].
Notas:
[1] La dama duende, Pedro Calderón de la Barca.
[2] Poesías de la guerra española, Pedro Garfias
Zurita.
[3] Mathematical Games,columna de Scientific
American, Martin Gardner,octubre de 1959,pp.180–182.
[4] https://www.nasa.gov/centers/langley/science/climate_assessment_2012.html
[5] https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_neutralista_de_la_evoluci%C3%B3n_molecular
Carlos Escudero Liébana
Doctor en Ciencias Físicas
Departamento de Matemáticas, Universidad Autónoma de Madrid
Capítulo 109
Y yo quiero ser...Profesora de Física
(Por Verónica Tricio Gómez)
Quiero ser profesora de física recuerdo
que me decía mi amiga Isabel cuando en el sexto curso de Bachillerato Superior
de Ciencias hacíamos juntas las tareas que nos mandaba el profesor de física
del colegio privado donde estudiábamos. ¿Qué significaba ser profesora de
física? ¿Qué se requería para ser buena profesora? me preguntaba yo mientras
buscábamos afanosamente la fórmula que teníamos que aplicar para resolver el
problema. En aquel curso me conformaba con entender las explicaciones del
profesor y saber resolver los ejercicios que teníamos mi amiga y yo entre
manos. En síntesis, yo lo que quería entonces era aprender física, pero ¿Cómo
podría yo aprender y saber física?
¿Cómo se aprendía física en la enseñanza tradicional?
Tras la reválida de sexto, hice el curso preuniversitario.
Fig. 1. El papel del profesor en un modelo clásico de enseñanza
En el "Preu" cursé la asignatura de física, con un
programa muy extenso orientado a la prueba de acceso a la Universidad, que el
profesor seguía con el libro de texto de Santiago Burbano Ercilla.
Como alumna de licenciatura ya pude apreciar que un profesor
excelente puede hacer bueno un programa malo de estudios y viceversa, el mejor
plan de estudios está abocado al fracaso en manos de profesores ineptos. En
todas las asignaturas de la carrera de Físicas en la Universidad de Valladolid,
se seguía un sistema tradicional de enseñanza (se conoce como pasivo) cuyo
principal objetivo era la adquisición del conocimiento, en el que los
profesores usaban el método de lección magistral (Fig. 1) y resolución de
ejercicios y problemas, en las dos modalidades de clases teóricas y clases
prácticas, además de las tutorías. Los profesores que me daban clase
desarrollaban todas las demostraciones en la pizarra y los alumnos estudiábamos
por apuntes que tomábamos en clase, por libros recomendados en cada asignatura
(entre otros: Sears Zemansky, Aguilar Peris, Goldstein, Alonso Finn, Reitz
Milford, Messiah) y por apuntes elaborados por los profesores. Como alumna
inquieta intelectualmente yo asistía a seminarios y conferencias y adquiría o
me prestaban algún libro extranjero sobre todo de problemas.
Soy profesora de física en la universidad desde que terminé mis
estudios (hace muchos años) y me he podido responder las preguntas que en mi
juventud me hacía, y ahora me toca responder a las que se me hacen. Casualmente
este verano una destacada alumna en la última olimpiada de física, también me
ha dicho que quiere ser lo mismo que mi amiga y que está muy interesada en
saber qué significa ser profesora de física y ser una buena profesora. Sus
inquietudes son las mismas que fueron las mías y eso me motiva a transcribir a
continuación una breve descripción de las respuestas que daré a la joven
estudiante.
¿Qué es ser profesora de física y para qué sirve?
En general, ser profesor de física va mucho más allá que enseñar
los contenidos científicos de la materia y evaluar que los estudiantes los
hayan adquirido. En la educación superior, en particular, ha de estar
capacitado para desempeñar correctamente las tres funciones que le son
encomendadas: la docencia, la investigación y la gestión. Respecto a la primera
de estas funciones, desde la incorporación al EEES en el curso 2009-10, la
docencia en general y de la física en particular, ha asumido un nuevo paradigma
centrado en el trabajo del estudiante (con la necesaria ayuda del profesor como
facilitador de su aprendizaje) y el nuevo modelo competencial en el que las
competencias constituyen el núcleo del proceso de enseñanza y aprendizaje.
Fig. 2. El profesor eslabón de la transmisión del sabe.
Por eso, el profesor de física ha de planificar la metodología
del proceso de enseñanza-aprendizaje (las modalidades, los métodos de enseñanza
y los sistemas de evaluación) de sus materias de Grado y de Máster, teniendo en
cuenta las competencias establecidas. He de comentarla que estoy de acuerdo con
los autores que afirman que de los cuatro perfiles que distinguen del profesor
universitario (investigador puro, investigador pragmático, docente y
comunitario), el perfil docente posee una verdadera vocación universitaria,
siente un gran interés y motivación por la docencia, a la que dedica mucho
tiempo y esfuerzo, le gusta la relación con sus alumnos y le preocupa que los
alumnos tengan un aprendizaje de calidad y formar a buenos profesionales [1].
Una de las vías de transmitir la ciencia a la sociedad (Fig. 2)
es mediante la actividad académica (la educación científica reglada) a
estudiantes en diferentes niveles educativos; y le expresaré que los profesores
de física constituyen el eslabón imprescindible y principal de transmisión de
ese saber entre los científicos y la sociedad [2]. Recordando las muy sabias
palabras de Ilya Pregogine durante Conferencia en el Forum Filosófico de la
UNESCO en 1995, le diré a esta alumna que deberá estar siempre dispuesta a
ampliar su conocimiento [¿Qué es lo que no sé? Esta pregunta me hace pensar
en otra pregunta, que se puede considerar complementaria: "¿qué es lo que
sé?". Mi respuesta a esta pregunta está clara: muy poco. No digo esto por
modestia excesiva, sino por una convicción profunda: nos encontramos al final
de esa era de la historia de la ciencia que se abrió con Galileo y Copérnico.
Un período glorioso en verdad, pero que nos ha dejado una visión del mundo
demasiado simplista. La ciencia clásica enfatizaba los factores de equilibrio,
orden, estabilidad. Hoy vemos fluctuación e inestabilidad por todas partes.
Estamos empezando a ser conscientes de la complejidad inherente del universo.
Esta toma de conciencia, estoy seguro, es el primer paso hacia una nueva
racionalidad. Pero sólo el primer paso].
Cuando sea profesora esta jovencita, podrá enseñar tantos y tan
importantes aspectos de qué son y para qué sirven las diferentes áreas de esta
ciencia….Que la física es soporte de otras disciplinas científicas y de
numerosas aplicaciones tecnológicas en amplios campos de la actividad humana.
Mediante la enseñanza de esta ciencia básica podrá facilitar a sus alumnos la
comprensión del mundo en su complejidad mediante una estructura formal, desde
la elaboración de modelos simplificados hasta la aportación de enfoques más
aproximados al problema complejo. En sus actividades docentes de transmisión
del conocimiento, podrá utilizará los métodos de razonamiento propios de esta
ciencia ligados con la descripción de fenómenos físicos, de sus leyes y
principios, a través de un lenguaje específico como es la formulación
matemática. Por tratarse la física de una materia dinámica, podrá explicar en
cada nivel de estudios diversas y adecuadas construcciones teóricas que no son
dogmáticas ni definitivas.
¿Cómo ser una buena profesora de física?
Siempre deberá enseñar a sus estudiantes a aprender a aprender,
a pensar, a reflexionar y criticar constructivamente y como profesora de física
tendrá que ser altamente competente. En particular, las competencias que ha de
desarrollar una profesora de física en la educación superior [3] son entre
otras: Conocer y saber aplicar los contenidos curriculares de la materia/s
concretas de física. Conocer el contexto universitario y saber desenvolverse en
él. Trabajar en equipo con personas del mismo y de distinto ámbito profesional.
Conocer y saber aplicar metodologías docentes innovadoras. Evaluar el proceso
de enseñanza-aprendizaje. Organizar y gestionar eventos científicos [4].
Destaco aquí que la profesora de física ha de tener inquietud hacia la
innovación y actualización de los programas porque en la enseñanza de esta
disciplina es preciso revisar y adaptar continuamente los conceptos y
contenidos, además de la metodología; éstas y otras adaptaciones proponía el
profesor Marcelo Alonso ya en el año 1997 en respuesta a la pregunta ¿enseñamos
bien la física?, durante el 27º Encuentro Ibérico de Enseñanza de la
Física.
No se consigue ni rápido ni fácilmente ser una buena profesora
de física.
Fig. 3. Izquierda, Portadas de algunos libros de comunicaciones de los
Encuentros Ibéricos de Enseñanza de la Física. Derecha, Portada de una
monografía de aprendizaje activo de física básica universitaria
Para lograrlo le citaré a la estudiante algunos de los
requisitos que considero significativos y que serán importantes retos para
quien desea ser una excelente profesora. En síntesis, estos requisitos son:
Saber física. Informarse sobre las innovaciones de la ciencia física. Conocer y
relacionar entre sí sus aplicaciones tecnológicas, impactos en la sociedad y
consecuencias ambientales. Presentar el impacto de la sociedad en la ciencia y
en la enseñanza. Contribuir como educadora al desarrollo sostenible y el
mejoramiento del conjunto de la sociedad. Estar al tanto de las experiencias de
los profesores que hacen investigación didáctica. Saber enseñar física con el
adecuado rigor científico. Contextualizar el nivel de enseñanza y la
orientación de los estudios universitarios en que han matriculado los
estudiantes.
La profesora de física también deberá saber aplicar las
distintas metodologías didácticas para conectar con el estudiante, motivarle en
su aprendizaje, fomentar su interés por la ciencia que se estudia y su
investigación, reforzar el interés por la cultura científica, hacer uso de las
nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Difundir sus
experiencias innovadoras [5] y sus resultados de investigación didáctica en
monografías, revistas y congresos (Fig. 3) estará también entre sus retos... y,
por supuesto, gustarle mucho lo que hace y sentir pasión por aprender y enseñar
física a sus alumnos.
A modo de cierre
Esas son algunas de las respuestas a las inquietudes de la joven
estudiante; espero que le hagan reflexionar y le sirvan para fortalecer su
entusiasmo por aprender y enseñar física. Si es así, estoy convencida que
dentro de pocos años volverá a visitarme para decirme que está en el camino
de…. ¡ser profesora de física!
Referencias:
[1] Tricio Gómez, V. y Valdés Castro, R. (2015) Los
científicos y la divulgación de la ciencia. Divulgación. Innovación en la
enseñanza de las ciencias. Reflexiones, experiencias y buenas prácticas",
pp.83-111, Ed. Q Divulgación. ISBN 13: 978-84-15575-04-7.
[2] Galán, A. y Rubalcaba, L. (2007) El perfil del
profesor universitario. Fines, motivación y ámbito del trabajo en la
universidad. En A. Galán (ed.), pp. 33-55. Madrid: Encuentro
[3] García Sanz, Mª. Paz y Maquilón Sánchez, J. (2010). El
futuro de la formación del profesorado universitario. REIFOP, 14 (1),
17-26. http://www.aufop.com/ (consultada el14-08-17)
[4] Tricio, V. y al. Los Encuentros Ibéricos sobre Enseñanza de
la Física (2013). La vida de la Ciencia, REF, 27-1, pp.17-22.
[5] Experiencias de Innovación docente en la enseñanza de la
física universitaria. Ed. A. Nájera y E. Arribas. ISBN 978-1-4457-3466-8.
Verónica Tricio Gómez
Doctora en Ciencias Físicas
Profesora Titular de Universidad, Área de Física Aplicada,
Departamento de Física, Universidad de Burgos.
Capítulo 110
Y yo quiero ser...Rastreador de Materia Oscura
(Por Javier Quilis)
No os voy a engañar, la carrera de rastreador de materia oscura
no existe, no la busquéis después de hacer la selectividad. En realidad soy
físico teórico y estudio la materia oscura, pero de la otra manera suena mucho
mejor.
Mentiría si dijese que desde pequeño quería ser físico teórico.
De hecho, hasta segundo de Bachiller no sabía que la física iba más allá de los
planos inclinados, los movimientos rectilíneos uniformes y acelerados, las
fuerzas y poco más. Me habían contado un poco de la gravedad pero solo que era
una fuerza que producía una aceleración hacia abajo. Hasta primero de
Bachillerato la física no va más allá de la cinemática y la dinámica. Sin
embargo, esto no es así. Ni de lejos. Cuando llegas a segundo de Bachiller,
posiblemente el año más estresante de la vida de un estudiante, te empiezan a
hablar un poco de cosas como campos eléctricos, magnéticos y gravitatorios, de
que hay partículas que se desintegran sin venir a cuento o de que el tiempo es
relativo. Y despertó una curiosidad que antes no estaba. Por supuesto ese año
lo único importante que había que hacer era prepararse para la selectividad y
eso fue para todo lo que hubo tiempo. Pero por suerte mi profesor de física de
ese año era físico, que puede sonar a obvio pero no lo es para nada, y entre
ejercicio y ejercicio intentaba contarnos un poco el trasfondo de esas fórmulas
que nos teníamos que aprender. Una vez acabado el estrés del año, hablando con
él me dijo que si sentía curiosidad por todo lo que habíamos visto que hiciese
la carrera de física para intentar resolver las dudas. Y eso hice.
Una vez en la carrera aprendes que la física es ese maravilloso
mundo en el que por cada duda que resuelves te salen 27 nuevas (el número varía
pero siempre aparecen dudas nuevas, siempre) y que cuanto más sabes más te
queda por saber. Lo que te habían enseñado hasta primero de Bachiller era solo
una pequeñísima parte de la mecánica. Y la mecánica era solo una pequeña parte
de lo que es la física. Empiezas a aprender de dónde salen las fórmulas y
profundizas en todo lo que viste en segundo de Bachillerato. Lo que antes era
un tema ahora se convierte en una asignatura anual. Y como ya he dicho, sí,
resolver dudas, resuelves. Pero empiezas a ver que el mundo no es tan simple
como podías pensar. Te enseñan cosas como la relatividad especial y te empiezan
a decir que el mundo depende de quién lo mire, que lo que para uno va a una
velocidad o mide una longitud determinada para otro la velocidad y la longitud
son distintas por el simple hecho de que el otro se está moviendo. O, incluso,
que dos sucesos que para ti pasan en dos momentos diferentes para otra persona
pueden pasar a la vez. O la física cuántica que te dice que un gato está vivo y
muerto al mismo tiempo hasta que se demuestre lo contrario y que las partículas
pueden desintegrarse de repente en otras sin que les hayamos hecho nada. Y
aunque todo esto te suena a cuento chino en un primer momento, te lo demuestran
con "simples" matemáticas. Ahí fue cuando decidí ser físico teórico.
Ves que el mundo funciona de maneras muy "antiintuitivas", pero al
mismo tiempo te demuestran que es así. Y quieres saber más.
Una vez terminada la carrera y el máster en Valencia me vine a
Madrid a hacer el doctorado, sin tener mucha idea de qué hacer. Y mi director
de tesis me habló de algo llamado materia oscura, en la que, en el momento que
escribo esto, llevo tres años trabajando.
Probablemente la gran mayoría de vosotros no hayáis oído hablar
de la materia oscura. Normal. Todo el mundo que me pregunta de qué va mi
doctorado, al escuchar que estudio la materia oscura la segunda pregunta que
sueltan suele ser un "¿y eso qué es?". La respuesta es que no lo sé.
Después de esto quizás penséis que soy un farsante que os está vendiendo la
moto y ni siquiera sabe qué es lo que estudia y puede que hasta cierto punto
tengáis razón. Pero lo cierto es que ni lo sé yo ni lo sabe nadie. Qué es la
materia oscura es uno de los misterios sin resolver de la astrofísica y la
física de partículas.
Todo lo que podemos ver y tocar está formado por un tipo de
materia que se llama bariónica. Esta materia está formada por los quarks y
leptones y, junto con las cuatro tipos de interacciones fundamentales, podemos
intentar entender cómo funciona el universo, tanto desde el punto de vista
subatómico (con las interacciones electromagnética, fuerte y débil), como el
macroscópico (con la interacción gravitatoria). Desde por qué si hay partículas
que se desintegran espontáneamente nosotros seguimos enteros y no vamos
disparando partículas a la gente por allá donde vamos, por qué brilla una
estrella o por qué se mueven los astros como se mueven, por ejemplo. Y aunque
todavía hay detalles importantes de esta materia que estamos intentando
averiguar, tenemos un conocimiento bastante considerable de ella.
El problema viene cuando descubres que, de todo el contenido del
universo, la materia bariónica solo constituye alrededor del 5% del total. El
resto está formado por materia oscura, cerca de un 25% y energía oscura, el 70
restante. Y lo que sabemos de estos dos es más bien poco.
En el caso de la materia oscura, estudiarla es un poco
complicado porque no podemos verla. Para ver cualquier cosa se necesita que
interaccione con la luz o, dicho de otro modo, que interaccione
electromagnéticamente. La materia oscura ni emite ni absorbe luz de ningún
tipo. Los fotones, las partículas de luz, simplemente la atraviesan. Por tanto,
ningún telescopio de ningún tipo puede ver luz que venga directamente de la
materia oscura. Sin embargo sabemos que existir existe. Hemos observado los
efectos gravitatorios que produce en el resto de la materia visible. Por
ejemplo que la galaxia en la que nos encontramos gira a mayor velocidad de la
que debería si solo consideramos la materia que vemos y esto es debido a que
también está la materia oscura que no vemos. Con esos efectos gravitatorios los
astrofísicos han sabido medir aproximadamente cuánta hay y cómo se distribuye,
pero ahí termina todo lo que sabemos sobre ella. No tenemos ni idea de qué tipo
de partículas la forman y cómo interacciona, si es que lo hace, con la materia
bariónica. Averiguar eso es el trabajo de los físicos teóricos y experimentales
que nos dedicamos a estudiarla. Mientras que los experimentales intentan medir
las características de la materia oscura, los teóricos nos dedicamos a hacer
los modelos que expliquen los resultados que obtienen los experimentales y
además predigan nuevas características que les guíen en la manera de buscar
indicios de materia oscura. Hasta ahora, por desgracia, no ha habido ninguna
medida directa de materia oscura, aunque seguimos buscando.
No obstante la materia oscura no es el único misterio sin
revolver de la física. Incluso dentro de la materia bariónica hay muchos
fenómenos sin explicación y el trabajo de un físico teórico es encontrarla. Por
eso aparte de los rastreadores de materia oscura también hay cazadores de
neutrinos, exploradores del vacío y una gran variedad de físicos teóricos que
intentan entender por qué las cosas son como son y funcionan como funcionan.
Quizás algunos de vosotros os planteéis estudiar física porque
habéis leído o visto cosas de divulgación en libros o en internet y os ha
despertado curiosidad, pero al informarte oyes que vivir de la investigación es
muy complicado. Bueno, esto es verdad. Llegar a vivir de la investigación es
muy muy muy complicado. Somos muchos para muy pocas plazas y la financiación en
investigación no es que sea muy prioritaria en la mayoría de países, por
decirlo suavemente. Pero, ¿debe ser esto una razón para no estudiar física? No.
No solo de la investigación vive el físico. Aparte de aprender física como tal,
en la carrera se aprende a pensar y trabajar de un modo que, por ejemplo, no
aprende un estudiante de economía. Por eso en empresas y bancos se buscan
físicos y matemáticos para puestos relacionados con las finanzas, aprendiendo
programación podréis optar a puestos relacionados con desarrollo de software o
si os gusta enseñar podéis convertiros en profesores. Y esto solo son unos
ejemplos. La realidad es que la carrera de física es una de las carreras con
menos índice de paro, a pesar de lo que piensa la gente. Si la investigación no
es vuestro camino, con poco esfuerzo podéis orientaros hacia otras áreas de
empleo. Por tanto a la hora de elegir si estudiar física o no, dejad a un lado
el tema laboral, porque lo normal es que en el momento de elegir carrera no
sepáis dónde queréis terminar trabajando.
Si os interesa la física estudiad física, no para trabajar en
esto o aquello, sino simplemente para aprender física.
Javier Quilis
Estudiante de Doctorado en Física Teórica
Universidad Autónoma de Madrid, UAM
Capítulo 111
Y yo quiero ser...Topólogo
(Por Enrique Macías Virgós)
En Matemáticas, la solución de muchos problemas no consiste en
realizar cálculos (álgebra) o medir distancias (geometría), sino en entender la
configuración o la estructura de un objeto.
Fig. 1. Los puentes de Königsberg
El primero en resolver una cuestión así fue el matemático suizo
Leonhard Euler (1707-1783), al que plantearon el siguiente acertijo (ver Fig.
1): "En la antigua ciudad de Königsberg, en Prusia, el río Pregel forma
dos islas que están unidas entre ellas y a las orillas por siete puentes. ¿Es
posible hacer un paseo que recorra todos los puentes y pase una sola vez por
cada uno?"Como puedes ver, este problema no depende del tamaño de la
ciudad, ni de la longitud de los puentes, ni de si están lejos o cerca unos de
otros, sino de la manera en que conectan las distintas porciones del terreno.
Es un problema "topológico". La gran innovación de Euler fue
estudiarlo de manera abstracta, lo que le permitió demostrar que no existe tal
paseo, además de dar un método para estudiar cualquier número de puentes y
regiones.
¿Qué es la Topología?
La Topología es una rama de las Matemáticas, que tiene muchas
aplicaciones en otras disciplinas científicas como la Física, la Ingeniería o
la Biología. Es una versión moderna de la geometría, que permite estudiar todo
tipo de situaciones desde un punto de vista cualitativo y estructural, más que
cuantitativo, y aun así extraer información valiosa. Resuelve problemas que no
dependen de la forma exacta de los objetos implicados, sino de la manera en que
están colocados, y no importa si los deformamos, retorcemos o estiramos; eso
sí, sin romper ni hacer agujeros. La Topología se fija en propiedades que son
"invariantes", es decir, que no cambian aunque deformemos los datos,
como en el problema de Königsberg, donde a cada región del plano le corresponde
el número de puentes que la conectan con las otras regiones. A continuación
veremos otros temas que interesan a la Topología.
La característica de Euler-Poincaré
Los "sólidos platónicos" (tetraedro, cubo, octaedro,
dodecaedro e icosaedro) son conocidos desde la antigüedad. En el siglo XVIII,
Euler se dio cuenta de que todos cumplen la siguiente fórmula: V-A+C=2, donde V
es el número de vértices, A es el número de aristas y C es el número de
caras.Por ejemplo, en el cubo (ver Fig. 2) tenemos V=8 vértices, A=12 aristas y
C=6 caras, de modo que V-A+C vale 2 (se llama su "característica de
Euler").
El mismo resultado se obtiene con objetos más complicados, como
el "icosaedro truncado" de la Fig. 2, que posee V=60 vértices, A=90
aristas, 12 caras pentagonales y 20 hexagonales; por tanto, C=32, así que su
característica también es 2.
Fig. 2. El cubo, el icosaedro truncado y una esfera
Lo que tienen en común todas estas figuras es que son
deformaciones de una "esfera" (la superficie de una pelota), como
puedes comprobar si piensas en el conocido balón de fútbol de la Fig. 2.
Fig. 3. Una rosquilla “topológica”
En cambio, a diferencia de las anteriores, la característica de
un "toro" (la superficie de una rosquilla), vale cero, como puedes
comprobar si calculas V, A y C en la Fig. 3. Vemos así que la característica de
Euler es un "invariante" topológico que permite distinguir unas
superficies de otras.
Se considera al matemático francés Henri Poincaré (1854-1912)
como el fundador de la topología moderna. En su época, y debido a la aparición
de la teoría de la relatividad y de las llamadas "geometrías no
euclidianas", los físicos y los matemáticos empezaron a plantearse el
estudio de las posibles "formas" que puede tener el espacio-tiempo en
que vivimos, y fue él quien generalizó la característica de Euler a dimensiones
superiores.
La banda de Moebius
Existen otros invariantes topológicos que son aún más sutiles.
El matemático alemán Augustus Möbius (1790-1868) descubrió la curiosa
superficie de la Fig. 4, que se obtiene pegando una banda alargada de papel,
pero dando un giro a los extremos antes de unirlos.
Fig. 4. La banda de Möbius y el cilindro
Como puedes comprobar por ti mismo, es imposible colorear una
cara y la otra no ¡porque solo tiene una cara! Además, el borde está formado
por una única circunferencia (no como el cilindro, que tiene dos bordes). En el
vídeo de la referencia [3] el topólogo Raúl Ibáñez explica qué ocurre si cortas
una banda de Möbius a lo largo. Tendrás un resultado diferente según que cortes
exactamente por el centro (obtendrás una cinta más larga y retorcida) o a un
tercio de distancia del borde (en este caso obtendrás ¡dos cintas separadas
pero enlazadas!). El invariante que está detrás de estos extraños fenómenos es
la "orientabilidad", es decir la posibilidad de decir cuando se está
"hacia arriba" y cuando se está "hacia abajo". El cilindro
es "orientable", pero la banda de Möbius no.
Teoría de nudos
Una teoría topológica muy interesante es el estudio de los
"nudos". En Topología, para simplificar, se supone que los dos
extremos del cordel están unidos.
Fig. 5. Tres nudos
Todos los nudos son deformaciones de una circunferencia, pero se
trata de decidir si podemos desenredarlos o no, es decir, si hay una
transformación de todo el espacio que convierta un nudo en otro. ¿Podrías
decidir si hay una manera de transformar los tres nudos de la Fig. 5 entre
ellos sin cortarlos?
Un juego topológico
El siguiente juego fue inventado por el matemático inglés John
H. Conway (1937- ), y se conoce con distintos nombres (juego de los brotes,
juego de las coles de Bruselas). Se empieza dibujando dos puntos (los
"brotes") y después por turno cada jugador traza una línea que
empiece y acabe en un brote (vale que sea el mismo punto), y dibuja un nuevo
brote en el medio de la línea.
Fig. 6. Una partida de “brotes”
Las líneas pueden tener cualquier forma, pero no pueden
cortarse. Además, cuando de un brote salen tres líneas, se considera que está
muerto y ya no puede usarse. Se pierde el juego cuando ya no se puede dibujar
ninguna línea. Es una situación claramente topológica (no importa demasiado la
posición de los puntos ni la forma de las curvas) y hay resultados
interesantes: por ejemplo, una partida no puede durar menos de cuatro jugadas
ni más de cinco. Posibles variantes del juego son: empezar con más puntos, o
permitir que de cada brote puedan salir cuatro ramas en vez de tres.
En el blog de mi amigo el mago Moebius (referencia [6])
encontrarás más juegos topológicos.
Algunas aplicaciones de la Topología
La Topología se considera una parte de la "matemática
pura" y en principio no está enfocada a problemas que tengan una
aplicación directa. De todos modos, en la actualidad ya tiene muchas
aplicaciones. Veamos algunas.
-Física. La Topología se usa en la física de la
materia condensada, para explicar el comportamiento de superfluídos y
superconductores. El premio Nobel de Física de 2016 se otorgó a tres
investigadores americanos que usaron la Topología para estudiar cambios de fase
diferentes de los usuales (sólido, líquido y gaseoso).
-Robótica. Para
planificar el movimiento de uno o más robots es necesario conocer el conjunto
de posiciones posibles (el "espacio de configuraciones") e
implementar instrucciones ("algoritmos") para que se muevan sin
colisiones. Es necesario estudiar un invariante, la llamada "complejidad
topológica", para saber cuántos algoritmos se necesitan para cubrir todas
las posiciones posibles.
-Biología. En el
estudio del cerebro aún no conocemos bien la relación entre la complejidad de
las conexiones de una red de neuronas y la función que realizan. La topóloga
Katrhyn Hess (1967- )está usando técnicas de "topología algebraica"
para esquematizar el flujo de información y entender cómo se procesan los
estímulos.
-Química. La Topología
juega un papel destacado cuando se estudia la estructura tridimensional de
nuevas moléculas con propiedades inusuales o el plegamiento de proteínas.
-Computación. El
"análisis topológico de datos" es importante para entender las
estructuras complejas que aparecen en muchos procesos mecánicos, físicos y
biológicos. Las técnicas topológicas consiguen suficiente información en un
tiempo de computación aceptable y proporcionan métodos para describir los
datos, como por ejemplo la manera en que están agrupados
("clustering").
-Matemáticas. La Topología
se usa en un montón de resultados interesantes: teoremas del punto fijo,
existencia de soluciones de ecuaciones, comportamiento cualitativo de modelos
matemáticos, teorema de la curva de Jordan, teorema de la esfera peluda,
conjetura de Poincaré, …
A modo de conclusión
Cuando miramos el plano del metro de una gran ciudad (Fig. 7)
tenemos una información que no es "geométrica" (distancias, ángulos)
sino "topológica" (estructura, conexiones, ciclos).
Fig. 7. El metro de Valencia
La Topología estudia "espacios" abstractos, que tanto
pueden representar el escenario de un experimento físico como las posibles
configuraciones de una máquina o de una molécula de ADN. Desde el punto de
vista de la Topología, dos espacios son equivalentes si pueden ser
transformados el uno en el otro deformándolos sin cortar ni pegar. Un chiste
clásico dice que un topólogo ¡no es capaz de distinguir una rosquilla de una
taza con asa!
Referencias:
[1] Los puentes de Königsberg: Matemáticas en el Mundo
Moderno, Editorial Blume 1974.
[2] Característica de Euler: https://es.wikipedia.org/wiki/Caracter%C3%ADstica_de_Euler.
[3] Banda de Moebius: http://www.rtve.es/alacarta/videos/orbita-laika/orbita-laika-banda-moebius/2949086/.
[4] Nudos: https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_de_nudos, ver también la versión en inglés.
[5] Juego de los brotes: M. Gardner, Carnaval matemático,
Alianza Editorial, 1995.
[6] Juegos topológicos: https://topologia.wordpress.com/.
Copyright de las figuras: Fig. 1: The Euler archive E53; Fig. 2:
Eigil Nielsen Select Sports; Fig. 7: Metrovalencia. Wikimedia Commons,
the free media repository: Fig. 2: File: Hexahedron.jpg, File:
Truncatedicosahedron.jpg., Fig. 3: File: Hexagonal torus.png, Fig. 4: File:
MobiusStrip-01.png, File: Cylinder-Ruled-Surface.png, Fig. 5: File: Blue
Figure-Eight Knot.png, Fig. 6: File: Sprouts-2spot-game.png
Enrique Macías Virgós
Doctor en Matemáticas
Profesor del área de Geometría y Topología de la Universidad de
Santiago de Compostela
Apéndice
Y yo quiero ser...Como mi Profe
(Por Quintín Garrido Garrido)
"Y ahora, después de todo, viene éste y nos dice que quiere
ser como su profe. Lo que nos faltaba."
Estoy convencido de que esta es una manera suave de expresar el
pensamiento que estaréis teniendo la mayoría de los que lleguéis hasta aquí en
vuestra lectura de este libro. Os quiero confesar que en ningún momento mi idea
era participar con un capítulo. No quiero que este apéndice se entienda como
tal. Más bien se puede entender como una reflexión en voz alta y con el permiso
de todos vosotros un pequeño homenaje.
En el transcurso del año, o casi, que llevo embarcado en este
libro siempre me ha movido el mismo pensamiento, intentar divulgar ciencia
motivando a chavales a ser científicos. Tengo que confesar que según iba
avanzando este proyecto cada vez me gustaba más, no solo como participe en la
elaboración sino como lector. Aunque no estoy "exactamente" en el
rango de edad al que va dirigido, me paso por una treintena larga, lo he
disfrutado y lo disfruto ya más tranquilamente.
Creo que recoge perfectamente la idea inicial de "amigos
ayudarme a despertar vocaciones científicas, a despertar esa curiosidad innata
que todos los quinceañeros tienen y que van dejando a un lado por otras
inquietudes" y, casualidades de la vida, mis hijos se están acercando a
esas edades.
En mi posición de lector, me encanta aprender cosas nuevas y en
la elaboración y lectura de este libro he aprendido multitud de ellas. Pero
sobre todo lo que más me ha gustado de la lectura de todos estos capítulos es
descubrir la inmensa cantidad de cosas que todavía tengo por aprender.
Coincido en muchas de las opiniones que se han vertido en este
libro y sobre todo con algunas de las que se han repetido bastantes veces: la
motivación que suele despertar la lectura de un buen libro de divulgación a
edades tempranas, y sobre todo la influencia muy positiva que tiene un buen
profesor de Instituto.
Es por ello que quiero aprovechar y rendir un pequeño homenaje a
"mí Profe" del Instituto, sin desmerecer con ello al resto de los
profesores que tuve. Lo quiero hacer copiando unas líneas que redacté hace
cuatro años con motivo del homenaje que le dieron en el Instituto, en un acto
donde se descubría una placa en el Laboratorio de Física con su nombre. Este
acto iba precedido de varios discursos en el salón de actos y yo me preparé uno
por si se daba la circunstancia de que alguno de sus alumnos tuviera que decir
unas palabras, cosa que al final no tuve que hacer.
"""Hola amigos.
Agradeceros a todos vuestra presencia en este acto y a las autoridades del
Cervantes por llevarlo a cabo.
Yo anduve por estos pasillos y aulas hace ya 30 años y la verdad es que ahora
mismo, al igual que entonces, estoy bastante nervioso al hablar ante un público
numeroso. Recuerdo vivamente cuando se me ocurría hacer alguna pregunta en las
conferencias divulgativas que D. Ricardo organizaba. Para mí en aquellos años
los nervios se debían, por un lado, a hablar en público y, por otro, por a la
pregunta en sí misma. Siempre tenía la duda sobre si la pregunta sería
adecuada, o si el público, el ponente y, sobre todo, D. Ricardo la encontrarían
una obviedad o una tontería. Realmente creo que si hay una persona que se
merece un homenaje y un acto como el que celebramos hoy, esa persona es D.
Ricardo, o si se me permite la licencia, "El Richi", que era como le
llamábamos de forma coloquial entre los alumnos en aquellos años. Creo que
hablo en nombre de muchos de sus alumnos cuando digo que el haber pasado por
sus clases fue un auténtico placer, bueno había que trabajar un poco o
bastante. Las clases eran muy amenas, llenas de divertidas anécdotas, sin
perder rigurosidad, y para los que queríamos ir un poco más allá de lo que
marcaba el temario nos daba la oportunidad de hacerlo. También es de resaltar
su labor a la hora de inculcarnos valores fundamentales para chavales de quince
años: la importancia de la familia, el compañerismo, el esfuerzo, la honradez,
etc.
De los diversos momentos de aquellos años querría resaltar algunos que recuerdo
vivamente:
-En segundo (de BUP), el primer día de clase de Física y Química, además de
presentarse él y de presentar la asignatura que nos iba a impartir, nos
recomendó varias lecturas que nos vendrían bien. Creo que uno de aquellos
libros, que aún conservo y que fue uno de los primeros que, por iniciativa
propia, me compré y leí con avidez. era el Momentos Estelares de la Ciencia de
Isaac Asimov.
-Durante los tres años que tuve la suerte de tenerle de maestro, sí maestro o
eso era apara mí, sin querer menospreciar a nadie, los demás eran
"profes" y D. Ricardo era "Maestro", resaltar la cantidad
de recreos, y alguna que otra tarde, que pasamos con él en el laboratorio. Allí
se sucedían los bajo su tutela los experimentos de mecánica, óptica,
electricidad y magnetismo, y lo que nos fascinó a todos, los de óptica
utilizando un láser. En todos los casos los experimentos, fueran más o menos
sencillos, tenían un por qué, eran rigurosos y se nos fue haciendo como propio,
como el pan nuestro de cada día, el "método científico".
-En lo relacionado con actividades extraescolares mencionar los ciclos de
conferencias organizadas por el Instituto o por otras instituciones pero con la
presencia siempre en mayor o menor medida de D. Ricardo. De estas conferencias
quiero destacar aquellas organizadas, fomentadas o patrocinadas por alguna
empresa eléctrica, creo recordar, y que versaban sobre energía eléctrica en
general, desde la generación hasta su uso y aplicaciones. También comentar
alguna de, no recuerdo como se llamaba el ponente, creo que era de la
Universidad de Comillas y que había estado en la NASA, donde la colección de
imágenes que nos enseñaba (en aquellos años las conferencias eran con
diapositivas y transparencias) eran espectaculares y para todos nosotros
únicas. Quiero recordar que a una conferencia de este señor en el Ateneo de
Madrid, D. Ricardo nos llevó o nos invitó a que fuéramos, me impresionó mucho,
el ambiente del lugar, la historia. Hoy en día todavía presumo de haber estado
una vez en el Ateneo, y como no podía ser de otra manera, en aquella
conferencia, en aquel lugar de tradición, realice una pregunta al final,
poniéndome de pie, cogiendo un micrófono y con las piernas temblando como me
pasaba siempre.
Con el paso de los años he seguido manteniendo un cierto contacto con D.
Ricardo. En uno de esos contactos despertó en mí una segunda juventud y me
matriculé en la UNED, para intentar seguir con los estudios de Física que había
abandonado en 2º, años atrás en la Autónoma. Esta vez, como la anterior,
tampoco tuve éxito y tras un año volví a abandonar. En otro de esos esporádicos
contactos tuve la oportunidad de conocer al profesor Sánchez Ron, fue con
motivo del centenario del "nacimiento del átomo" y unas conferencias
que dirigía o promovía, pero en aquella ocasión lo que realmente me movía era
pasar unas horas con D. Ricardo, volver los dos juntos a casa, contarle como me
iba la vida, que me contara como le iba a él y recibiendo sus consejos, sin desmerecer
la conferencia realmente creo que lo verdaderamente importante de aquella tarde
fue la charla con mi "maestro".
Vuelvo a reiterar mi agradecimiento al Cervantes por este
reconocimiento y homenaje. Cuando pienso en Inglaterra, pienso en Cambridge y
en el laboratorio Cavendish, cuando pienso en Copenhague pienso en Bohr, cuando
pienso en Suiza pienso en la oficina de patentes y en Einstein y cuando pienso
en Embajadores pienso en el Cervantes y en D. Ricardo Fernández y "su
laboratorio".
Muchas gracias a todos y…
Muchas gracias D. Ricardo Quintín Garrido
Madrid 30 de Octubre de 2013."""
Espero y confío en que este libro ayude a ese "despertar de
la fuerza" científica que todos lleváis dentro. Humildemente con que ayude
y guíe a alguno de vosotros me doy por satisfecho y creo que el esfuerzo en la
elaboración de este libro habrá merecido la pena.
Confío en leer, en un "futuro no muy lejano", los
libros de divulgación científica en que participéis vosotros.
Quintín Garrido Garrido
Contable
Aprendiz de Divulgador Científico y "Generador de Ideas
Peregrinas"
F I N

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