© Libro N° 6006.
Una Teoría De Todo. Wilber, Ken. Emancipación. Mayo 18 de 2019.
Título
original: © A THEORY OF EVERYTHING
Traducción: David
González Raga
Versión Original: © Una Teoría De Todo. Ken Wilber
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© Edición, reedición y Colección
Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A
CRÍTICA TODA LA CULTURA
UNA TEORÍA DE TODO
Ken Wilber
Una visión integral de la ciencia,
la política, la empresa
y la espiritualidad
NOTA
PARA EL LECTOR
¿Cuál
es, al despuntar el nuevo milenio, el más candente de los problemas
intelectuales? ¿Cuál es el ítem que despierta el in¬terés de la academia y de
revistas tan eruditas como Atlantic Re¬view y el New Yorker? ¿Cuál es el tema
que atrapa la atención tanto del especialista como del gran público? ¿Acaso se
escon¬den ahí los arcanos más secretos de la condición humana? ¿Cuá¬les son las
nuevas ideas con que nos deslumbrarán quienes andan "en el ajo"?
Habría
quien dirían que se trata de la psicología evolutiva, es decir, la aplicación
de los principios de la evolución al estudio de la conducta humana: como usted
sabe, los hombres somos se¬xualmente promiscuos, mientras que las mujeres, por
su parte, son creadoras de nidos porque millones de años de selección na¬tural
nos han hecho así. Y es muy cierto que la psicología evolu¬tiva se ha
convertido en un ítem candente, porque ha logrado arrinconar al postmodernismo
-el megahit de las últimas tres dé¬cadas- hasta el punto de que hoy en día sólo
despierta bostezos. ¿No les parece irónico que el postmodernismo -que había
logra¬do su enorme cohorte de seguidores gracias a su capacidad para
deconstruir las ideas ajenas y proclamarse así en el rey del mun¬do académico-
forme ya parte del ayer?
La
psicología evolutiva consiguió "mover el piso" de los es¬pecialistas
en "mover el piso", y lo hizo mostrando que los prin¬cipios de la
evolución nos proporcionan explicaciones mucho más sugestivas de la conducta
humana que la monótona cantine¬la postmoderna de que toda conducta es
culturalmente relativa y se ve socialmente construida. Porque el hecho es que
la psicolo¬gía evolutiva explicitó los principios universales de la condición
humana, evidenció que sólo es posible negar la evolución abra¬zando la incoherencia...
y puso de relieve que, a fin de cuentas, el postmodernismo tampoco resultaba
tan divertido.
La
psicología evolutiva es una de las ramas de una perspectiva radicalmente nueva
sobre la evolución. La síntesis neodarwiniana anterior consideraba la evolución
como el resultado de la acumu¬lación de las mutaciones genéticas azarosas que
tienen mayor va-lor de supervivencia, pero eran muchos los que no se hallaban
sa¬tisfechos con esa explicación. ¿Cómo puede la extraordinaria vitalidad y
diversidad de la vida proceder de un universo exclusi¬vamente gobernado por las
leyes de la física, leyes que afirman tajantemente -recordemos el segundo
principio de la termodiná¬mica- que el universo se halla sumido en un proceso
de degrada¬ción continua y que el grado de desorden es cada vez mayor? Porque
el hecho es que la simple observación pone de manifies¬to que, en el mundo
real, la vida genera orden por doquier, como si el universo no se hallara en
proceso de descomposición sino, muy al contrario, de creación.
Las
teorías del "caos" y de la "complejidad" aportaron una
nue¬va y revolucionaria visión, según la cual el universo físico tiende a crear
orden, como el remolino que genera el agua al irse por un de¬sagüe. La vida
biológica se halla inmersa en una serie de vórtices que parecen introducir
orden en el caos y posibilitar la emergencia, a cada nuevo paso, de estructuras
cada vez más ordenadas me¬diante diversos procesos de selección que operan a
todos los nive¬les, desde el físico hasta el cultural. Ésta es, precisamente,
en el do¬minio humano, la conducta estudiada por la nueva psicología evolutiva,
un tópico realmente muy interesante.
Pero,
por más interesante que sea, la psicología evolutiva no es el tema más candente
de nuestro tiempo. Desde comienzos de los ochenta y a lo largo de un proceso
que experimentó un cres¬cendo a finales de los noventa, el mundo de la física
se vio sacu¬dido por el rumor de la aparición de una nueva teoría de todo [una
TOE],* una teoría destinada a unificar todas las leyes cono¬cidas del universo
en un único y omniabarcador modelo que ex¬plicaría literalmente la totalidad de
la existencia. Hubo incluso quienes dijeron que, en su formulación matemática,
podía adver¬tirse la misma mano de Dios, otros proclamaban que se había
descorrido el velo que ocultaba el último misterio y la gran ma¬yoría creía en
silencio que la respuesta final a todas las preguntas no andaba muy lejos.
Conocida
con el nombre de teoría de cuerdas (o, más exacta¬mente, como teoría-M), esa
visión prometía unificar todos los ámbitos conocidos de la física -el
electromagnetismo, las fuerzas nucleares y la gravedad- en un supermodelo que
lo abarcaría todo. Las unidades fundamentales de ese supermodelo son cono¬cidas
con el nombre de "cuerdas" (o cuerdas vibrantes unidimen¬sionales) y
su vibración da origen a las "notas" que constituyen la totalidad de
partículas y fuerzas conocidas del cosmos.
La
teoría-M (según se dice, la "M" lo representa todo, desde matriz
hasta membrana, misterio o madre, configurando así una suerte de "madre de
todas las teorías") es, de hecho, un modelo muy excitante y prometedor, y
si finalmente se demuestra que funciona -y hay que decir, en este sentido, que
la evidencia pare¬ce corroborarla-, se trataría de uno de los principales
descubri¬mientos científicos de todos los tiempos. Por ello, para los
enten¬didos, la teoría de cuerdas o teoría-M es el más candente de todos los
modelos intelectuales, un revolucionario supermodelo que destierra a la
psicología evolutiva al rincón de lo meramente anecdótico.
La
teoría-M ha llegado incluso a influir en el mismo pensa¬miento de los
intelectuales, es decir, les ha llevado a pensar de un
* He
preferido mantener la abreviatura del término original inglés Theoj.ee of
Ere;.vthing. (N. del T )
modo
diferente. Pero ¿qué significaría, a fin de cuentas, una teo¬ría que lo
explicase todo? ¿Y qué significa, exactamente, "todo"? ¿Acaso esta
nueva teoría física puede llegar a explicar, ponga¬mos por caso, la poesía
humana, el funcionamiento de la econo¬mía o los distintos estadios del
desarrollo psicosexual? ¿Es que acaso esta nueva física puede explicar el flujo
de los ecosistemas, la dinámica de la historia o por qué las guerras siguen
siendo tan lamentablemente frecuentes?
Según
se dice, en el interior de los quarks existen cuerdas vi¬brantes que
constituyen las unidades fundamentales que hay de¬trás de todo. Pero, si esto
fuera así, se trataría de una totalidad ex¬traña y más bien anémica, bastante
ajena, por otra parte, a la riqueza del mundo cotidiano. Es muy posible que las
cuerdas constituyan una parte importante -y hasta fundamental- del mundo, pero
en ningún caso parece que se trate de un asunto muy significativo. Usted y yo
sabemos que, si las cuerdas existen, sólo constituyen una pequeña parte de la
imagen global, y lo sa¬bemos cada vez que echamos un vistazo a nuestro
alrededor, cada vez que escuchamos a Bach, hacemos el amor, nos asusta¬mos por
el fragor de un trueno, nos extasiamos ante una puesta de sol o contemplamos un
mundo resplandeciente que parece com¬puesto por algo mucho mayor que esas
delgadas bandas unidi¬mensionales microscópicas...
Los
griegos tenían una hermosa palabra -Kosmos- para refe¬rirse a la Totalidad
ordenada de la existencia, una totalidad que incluía los reinos físicos,
emocionales, mentales y espirituales. Desde su punto de vista, la realidad
última, pues, no era tanto el cosmos (la dimensión estrictamente física) como
el Kosmos (que incluye las dimensiones físicas, emocionales, mentales y
espiri¬tuales). El Kosmos no se refería sólo a la materia inanimada e
in¬sensible, sino a la Totalidad viva compuesta por la materia, el cuerpo, la
mente, el alma y el espíritu. ¡Si debe existir una autén¬tica TOE, ésa no debe
centrarse exclusivamente en el cosmos sino en el Kosmos! Lo que ocurre es que
la modernidad ha aca¬bado reduciendo el Kosmos al cosmos, la totalidad
compuesta de materia-cuerpo-mente-alma-y-espíritu a la materia hasta el punto
de que, en el mundo insípido y anodino del materialismo cientí¬fico, nos
conformamos con la idea de que una teoría que unifique la dimensión física
realmente es una TOE...
Según
se dice, la nueva física nos revela la mente de Dios y tal vez sea así... pero
sólo cuando Dios esté pensando en la mera materia. Preguntémonos, pues -sin
negar por ello, en modo algu¬no, la importancia de una física unificada- si
acaso podemos dis¬poner de una teoría que no se limite al cosmos sino que tenga
re¬almente en cuenta al Kosmos. ¿Acaso puede haber una auténtica TOE?, ¿es
legítimo preguntarse estas cosas? y, en tal caso ¿por dónde tendríamos que
comenzar?
Una
verdadera "visión integral" -una auténtica TOE- debería incluir la
materia, el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu tal y como se nos presentan
en su despliegue a través del yo, la cultura y la naturaleza. Debería tratarse
de una visión comprehensiva, equilibrada e inclusiva, una visión que abrazase
la ciencia, el arte y la moral, una visión que englobase todas las disciplinas
(desde la física hasta la espiritualidad, la biología, la estética, la
sociología y la oración contemplativa) y se expresase a través de una política
integral, una medicina integral, una espiritualidad integral...
Este
libro presenta un esbozo de tal TOE y, en este sentido, está plagado de
limitaciones, es decir, de generalizaciones injus¬tificadas que impiden, en
consecuencia, que alcance su objetivo manifiesto de un abrazo auténticamente
holístico. Pero no es sólo que la empresa se encuentre más allá de cualquier
mente huma¬na, sino que es prácticamente imposible de llevar a cabo, ya que el
conocimiento crece a una velocidad mucho mayor que nuestra capacidad de
conceptualizarlo. La búsqueda holística, pues, es una especie de quimera, un
viaje interminable hacia un horizon¬te que se desplaza al mismo ritmo que
nosotros, una marmita lle¬na de oro al final de un arco iris que nunca
alcanzaremos.
¿Pero
por qué, si esto es así, deberíamos preocuparnos siquie¬ra por embarcarnos en
esa tarea? Porque, en mi opinión, un poco de totalidad es mejor que nada y
cualquier visión integral nos brinda mucha más totalidad que la alternativa
acostumbrada de las meras visiones chatas. Podemos estar más completos o menos
completos, más fragmentados o menos fragmentados, más alie¬nados o menos
alienados y, en este sentido, una visión integral nos ayuda a sanar nuestra
fragmentación y ser un poco más com¬pletos en nuestro trabajo, en nuestra vida
y en nuestro destino.
Además,
y como veremos en las próximas páginas, una visión integral puede
proporcionarnos beneficios inmediatos. En los primeros cuatro capítulos
presentamos una TOE y en los últimos tres hablamos de una política integral, de
una educación integral, de una medicina integral, de una espiritualidad
integral y de una visión integral del mundo de los negocios (campos en los que,
por cierto, ya se está trabajando entusiásticamente), subrayando así su
relevancia en el "mundo real". El último capítulo se centra en una
"práctica transformadora integral", un abordaje integral a la
transformación psicológica y espiritual que puede emprender cualquier lector
interesado.
(Las
notas finales son para los estudiantes avanzados o para una segunda lectura. Y,
en el último capítulo, presento una serie de lecturas recomendadas para todos
aquellos que quieran pro¬fundizar en una visión integral y en una TOE.)
Este
libro es el hermano gemelo de Boomeritis, porque creo que el mundo, en general,
y mi generación, en particular, ha llega¬do a una encrucijada clave en la que,
o bien seguimos el camino marcado por el materialismo científico, el pluralismo
fragmentado y el postmodemismo deconstructivo o bien elegimos un camino más
integral, global, abarcador e inclusivo. Así pues, Boomeritis y Una teoría de
todo parten del mismo punto (el primer capítulo y la mitad del segundo son
prácticamente idénticos), pero luego Boo¬meritis se ocupa de investigar el
camino que hemos seguido has¬ta el momento, el camino de la fragmentación y la
alineación, mientras que Una teoría de todo se dedica a explorar el camino
alternativo del holismo y el abrazo integrador. La decisión final, obviamente,
depende de todos nosotros.
Quisiera,
para finalizar, señalar que las ideas esbozadas en las páginas siguientes no
son más que meras sugerencias. Convendría, pues, que el lector viera si esas
ideas tienen sentido para él, si pue¬de enriquecerlas y si le ayudan a
actualizar sus propias ideas y as¬piraciones más integrales. En cierta ocasión
tuve un profesor que decía que una buena teoría es aquella «que dura lo
suficiente como para alcanzar otra todavía mejor» y lo mismo podríamos decir
con respecto a "una buena TOE". Ésta no es una teoría fija y cerrada,
sino simplemente una teoría que sólo habrá servido con su cometi¬do cuando le
permita alcanzar otra mejor. Entretanto, disfrutemos de la maravilla y la
gloria de la misma búsqueda, una búsqueda sa¬turada desde el comienzo del
resplandor del ser y consumada antes incluso de haberla emprendido.
K.
W.
Boulder,
Colorado Primavera del 2000
1.
LA ESPIRAL SORPRENDENTE
Vivimos
en una época ciertamente extraordinaria, una época en la que disponemos de la
posibilidad de acceder, hasta cierto punto, de modo directo (en tanto que
entidades vivas) o indirec¬to (gracias al registro histórico) a todas las
culturas pasadas y presentes del mundo, una situación privilegiada que nunca
antes se había presentado en la historia del planeta Tierra.
Tal
vez nos resulte hoy difícil de imaginar pero, a lo largo de la historia de la
humanidad, en este planeta -una historia que co¬menzó hace ya varios millones
de años-, la persona que nacía en el seno de una determinada cultura lo
ignoraba casi todo acerca de las demás. Si usted, por ejemplo, nacía en China,
era educado como chino, abrazaba una religión china, se casaba con una chi¬na y
vivía muy a menudo en la misma choza -una choza, por otra parte, enclavada en
la misma tierra que durante siglos habían ocupado sus antepasados- durante toda
su vida. El destino de la humanidad parece ir desde las hordas y tribus
aisladas hasta las pequeñas aldeas agrícolas, los imperios feudales, las
antiguas na¬ciones, las sociedades de estados y la aldea global.
En
la medida en que la vanguardia de la evolución de la con¬ciencia se aproxima a
un milenio integral -o a la posibilidad, cuanto menos, de un milenio integral-,
el ser humano dispone de la posibilidad de acceder a la totalidad del
conocimiento, la sabi-duría y la tecnología que ha ido acumulando con el correr
del tiempo y, más pronto o más tarde, llegaremos a articular una TOE que nos
sirva para explicarlo todo...
Pero,
aun en el mejor de los casos, son muchos los obstáculos que se oponen a ese
abrazo integral. Además, la modalidad típica o promedio de la conciencia se
halla muy lejos de tal visión inte¬gral y necesita desesperadamente de ella. El
estado actual de esta visión integral (tanto en las poblaciones más
evolucionadas como en las menos desarrolladas) constituye uno de los temas
funda¬mentales que estudiaremos en el presente libro. ¿Resultaría acaso
beneficiosa una TOE que fuera aplicable a todo sin marginar nada? Y, en tal
caso, ¿cómo podríamos aseguramos de ello?
¿Cuál
es el estatus, en suma, de la visión integral en el mundo actual, tanto en la
élite cultural como en el mundo en general? Comencemos con la vanguardia y con
los muchos obstáculos que impiden que nuestra élite cultural asuma una visión
auténtica-mente integral.
La
fragmentación de la vanguardia
El
término integral significa integrar, reunir, unir, relacionar, abrazar, pero no
en el sentido de uniformar o eliminar las fecun¬das diferencias, matices y
tonalidades que colorean nuestra plu¬ral humanidad, sino para llegar a
reconocer la unidad-en-la-di-versidad y tener así en cuenta tanto los factores
comunes que compartimos como las diferencias que nos enriquecen. Y lo di¬cho no
sólo es aplicable exclusivamente a la humanidad, sino al Kosmos en general, ya
que debemos encontrar una visión más comprehensiva -una TOE- en la que quepan
tanto el arte como la moral, la ciencia y la religión y no pretenda reducirlo
todo a su fragmento favorito del gran pastel kósmico.
Es
evidente que una visión auténticamente holística o integral de la realidad
deberá también ir acompañada de un nuevo tipo de teoría crítica, es decir, de
una teoría que contemple el statu quo presente desde una perspectiva más
abarcadora -y, en consecuen¬cia, más deseable- tanto para el individuo como
para la cultura en general. Y también es evidente que este paradigma integral
deberá ser crítico con cualquier otro abordaje que sea, comparativamente
hablando, más parcial, estrecho, superficial; menos abarcador e in¬tegrador, en
suma.
En
las siguientes páginas exploraremos esta visión integral, esta TOE, aunque debo
advertir que no se trata de una concepción cerrada o fija y que tampoco es la
única posible, sino que sólo as¬pira a reconocer e incluir de un modo coherente
la mayor cantidad de investigaciones procedentes del mayor número de
disciplinas posibles (la definición, por otra parte, más exacta de lo que
debe¬ría ser una visión más integral o global del Kosmos).'
No
obstante, en el mismo momento de emprender este intento surgen las siguientes
preguntas: ¿Acaso puede existir una visión realmente integral en el clima
actual de guerras culturales, políti¬ca de la identidad, miles de nuevos y
contradictorios paradigmas, postmodernismo deconstructivo, nihilismo,
relativismo pluralista y política del yo? ¿Es que tal caldo de cultivo cultural
puede re¬conocer siquiera la existencia de una visión auténticamente inte¬gral?
¿No está acaso, hoy en día, la élite cultural, más fragmenta¬da y dividida que
nunca? ¿Qué ocurriría si la misma élite cultural se hallara bajo el hechizo de
la guerra tribal y de la limpieza étni¬ca que aqueja a grandes masas de la
población mundial?
Lo
que nos preocupa, dicho en otros términos, es si la van¬guardia de la evolución
de la conciencia está en condiciones de esbozar una visión realmente integral.
Al final descubriremos que todo esto también nos depara buenas noticias pero,
por el momento, comenzaremos echando un vistazo a las malas.
Boomeritis
Como
cualquier otra, la generación de los baby boomer* tie¬ne sus ventajas y sus
inconvenientes. Entre las primeras cabe
*
Término con el que suele designarse a la generación narcisista que llegó a su
mayo¬ría de edad en los años sesenta. (N. del T.)
destacar
una vitalidad, creatividad e idealismo extraordinarios, amén de una gran
disposición a experimentar con nuevas ideas que trascienden los valores
tradicionales. Algunos observadores sociales han considerado a los boomer como
una "generación del despertar", algo que se evidencia por una
extraordinaria creativi¬dad que se expresa en todos los campos, desde la música
hasta la informática, la actividad política, los estilos de vida, la
sensibili¬dad ecológica y los derechos civiles y, en mi opinión, creo que hay
mucha verdad y bondad en todos esos esfuerzos.
Pero
la mayor parte de los críticos también están de acuerdo en que, entre sus
debilidades, se cuenta una buena dosis de ensi¬mismamiento y narcisismo, tanto
que muchas personas -inclui¬dos los mismos boomer- asienten con la cabeza en
cuanto oyen mencionar el término "generación del yo".
Mi
generación, pues, tiñe de una extraña mezcla de generosi¬dad y narcisismo casi
todo lo que hacemos. No parecemos satis¬fechos con tener una buena idea, sino
que necesitamos estar en posesión de un nuevo paradigma que anunciará el
despuntar de una de las principales transformaciones de la historia de la
hu¬manidad; no nos limitamos a reciclar botellas y papeles, sino que
necesitamos vemos como los salvadores del planeta, los salvado¬res de Gaia, los
artífices de la liberación y resurrección de una Diosa que se vio brutalmente
reprimida por las generaciones que nos precedieron; no nos quedamos a gusto con
cuidar nuestro jar¬dín, sino que aspiramos a transfigurar el rostro del planeta
y con¬vertimos así en los promotores de un despertar global como nun¬ca antes
se había visto. Es como si tuviéramos la necesidad de vernos a nosotros mismos
como los artífices de un cambio sin precedentes en la historia.
Contemplada
desde esta perspectiva, la situación parece bas¬tante ridícula, pero no
quisiera insistir en este punto porque cada generación tiene sus debilidades y
todas las manifestaciones de mi generación parecen hallarse teñidas del mismo
talante narci¬sista. Son muchos los críticos sociales que están de acuerdo en
este punto y no sólo estoy hablando de obras tan profundas como The Culture of
Narcisism, de Lasch, Self Seekers, de Restak, Há¬bitos del corazón, de Bellah y
Me: The Narcissistic American, de Stem. En cierta investigación realizada sobre
el estado actual de los estudios culturales en las universidades
norteamericanas que apareció recogida en un libro titulado: The Review of
Academic Life, el profesor Frank Lentricchia concluye: «Resulta imposible
exagerar la inflación heroica del ego que aqueja a la crítica lite¬raria y
cultural académica».
¡Uff!
Pero es cierto que, si echamos un vistazo a los libros que giran en tomo a los
estudios culturales, la espiritualidad alterna¬tiva, el nuevo paradigma y la
gran transformación que tendría lu¬gar si el mundo simplemente escuchara al
autor y sus ideas revo¬lucionarias, no tardaríamos en advertir esta
"heroica inflación del ego". Preocupado por el significado de esta
inflación que parece aquejar a mi generación, esa curiosa mezcolanza entre una
capa¬cidad cognitiva y una inteligencia creativa notables y una dosis muy
elevada de narcisismo emocional, me senté a escribir un li¬bro en tomo a esa
extraña dolencia. Y con ello no pretendo ensa¬ñarme con los boomer, porque
todas las generaciones, como ya he dicho, tienen sus debilidades. Lo único que
ocurre es que "las generaciones del despertar" son muy intensas y, en
consecuencia, también lo son sus insuficiencias que, en el caso de los boomer,
parecen centrarse en una especie de inflación del yo que lleva a enamorarse de
uno mismo (recordemos, en este sentido, la broma de Oscar Levant a Gershwin:
«Dime, George, ¿si vivieras de nuevo volverías a enamorarte de ti mismo»).
En
ese libro -llamado Boomeritis- subrayo decenas de áreas y disciplinas en las
que una verdad importante aunque parcial ha terminado desproporcionándose a
causa de una sobrevaloración del poder y la importancia del yo.' En breve
esbozaré las conclu-siones generales a las que arribé porque, como ya he dicho,
se trata de un punto que se halla estrechamente relacionado con la posibilidad
de una visión integral y con su recepción en el mun¬do actual. La tesis es tan
sencilla que puede formularse en una sola frase: la cultura del narcisismo se
opone a cualquier visión integral (por el simple hecho de que el yo narcisista
y aislado se resiste a la relación). Así es como volvemos al punto
anterior¬mente mencionado: ¿Se halla el mundo en condiciones de admi¬tir la
posibilidad siquiera de una visión integral? y, en caso con¬trario, ¿qué es lo
que se lo impide?
Las
olas de la existencia
¿Acaso
puede la psicología evolutiva -que se ocupa del estu¬dio del crecimiento y
desarrollo de la mente (del estudio del de¬sarrollo interior y de la evolución
de la conciencia)- echar algo de luz sobre este problema?
Una
de las cuestiones que más nos sorprenden cuando obser¬vamos el estado actual de
los estudios acerca del desarrollo es la gran semejanza existente, hablando en
términos generales, entre casi todos sus modelos. En Una visión integral de la
psicología he resumido las conclusiones a las que han arribado cerca de cien
investigadores diferentes y, como uno de ellos resumió: «La secuencia de
estadios [presentadas por todos estos teóricos] atra¬viesa un espacio evolutivo
común que sugiere la posible recon¬ciliación de todas [esas] teorías...».'
Clare
Graves, Abraham Maslow, Deirdre Kramer, Jan Sinnott, Jürgen Habermas, Cheryl
Armon, Kurt Fischer, Jenny Wade, Ro¬bert Kegan y Susanne Cook-Greuter nos
ofrecen un relato muy parecido de los pasos a través de los cuales discurre la
evolución de la conciencia. Porque aunque, obviamente, existan muchas
discrepancias y contradicciones, todas esas visiones nos presen¬tan un relato
muy parecido del crecimiento y desarrollo de la mente en tanto que despliegue
sucesivo de una serie de estadios u olas.
Pocos
de esos esquemas evolutivos son los modelos rígidos y lineales que pretenden
hacernos creer sus críticos. El proceso del desarrollo no tiene nada que ver
con una ascenso lineal a través de una escalera, sino que es un asunto mucho
más fluido que evi¬dencia espirales, remolinos, corrientes, olas y lo que
parece ser un número casi infinito de modalidades diferentes. La mayor par¬te
de las sofisticadas teorías actuales en torno al desarrollo tienen en cuenta
todos estos puntos y -lo que es más importante- están basados en los resultados
de la investigación.
Permítaseme
ejemplificar este punto con el modelo denomi¬nado Spiral Dynamics, un modelo
basado en la obra pionera de Clare Graves, un sistema profundo y muy
sofisticado del desa¬rrollo humano que la investigación subsiguiente no sólo no
ha re-futado sino que ha seguido corroborando y perfeccionando. «Lo que
propongo, dicho en dos palabras, es que el psiquismo del ser humano maduro
atraviesy un proceso de desarrollo emergente y espiralado que se ve jalonado
por la progresiva subordinación de las conductas más rudimentarias e
infraordenadas a nuevas con¬ductas supraordenadas, al tiempo que van
transformándose los problemas existenciales que le aquejan. Cada uno de los
estadios, olas o niveles de la existencia sucesivos constituye así un estado
que la persona atraviesa en su camino hacia otros estados de ser. Cuando el ser
humano se halla centrado en un determinado esta¬do de la existencia, es decir,
cuando el centro de gravedad del yo gira en torno a un determinado nivel de
conciencia, todo su mun¬do psicológico -es decir, sus sentimientos, sus
motivaciones, su ética, sus valores, su sistema de creencias, su visión acerca
de la salud y de la enfermedad mental, así como del modo más adecua¬do de
tratarla, sus concepciones y preferencias en torno a la ges-tión empresarial,
la educación, la economía y la teoría y práctica política- asume también el
aspecto propio de ese estado.»'
Como
veremos en un momento, Graves esbozó la existencia de unos ocho grandes
"niveles u olas de la existencia humana", aunque no debemos olvidar
que casi todos los modelos que ha¬blan de estadios -desde el de Abraham Maslow
hasta los de Jane Loevinger, Robert Kegan y Clare Graves- están basados en la
in¬vestigación y en los datos experimentales. Con ello quiero decir que no se
trata de meras elucubraciones o preferencias persona¬les, sino que se arraiga
en una notable cantidad de evidencias mi-nuciosamente verificadas. En este
sentido, la mayor parte de los modelos de estadios han corroborado su utilidad
en países del primero, segundo y tercer mundo .5 Y lo mismo podríamos decir con
respecto al modelo de Graves, un modelo que se ha visto co¬rroborado en más de
cincuenta mil personas procedentes de todo el mundo sin que, hasta el momento,
se haya encontrado excep¬ción significativa alguna.'
Esto
tampoco implica, obviamente, que cualquiera de esos modelos nos proporcione una
imagen completa -ni siquiera la mayor parte- de la historia del desarrollo de
la conciencia huma¬na. Se trata, por el contrario, de instantáneas parciales
del Gran Río de la Vida que sólo resultan útiles cuando las contemplamos desde
esa perspectiva. Así pues, ello no impide que otras concep¬ciones sean
igualmente útiles, ni que la investigación no pueda seguir refinándolas. Lo
único que estoy diciendo es que cual-quier esfuerzo por entender la lucha de la
humanidad por alcan¬,ar una visión integral deberá tener en cuenta esos
estudios.
El
proyecto de la conciencia humana
Cualquier
TOE que se precie debería prestar atención a estos estudios puesto que, si
realmente queremos tener una visión que incluya las dimensiones físicas,
biológicas, psicológicas y espiri¬tuales de la existencia, esta importante
investigación nos brinda una generosa perspectiva sobre las muchas
posibilidades de la di¬mensión psicológica.
Tal
vez convenga señalar que esta investigación constituye una especie de correlato
psicológico del proyecto del genoma hu¬mano (el proyecto que se ocupa de
cartografiar científicamente todos los genes del ADN humano) a la que bien
podríamos deno¬minar proyecto de la conciencia humana. Su objetivo, pues,
con¬siste en llevar a cabo un proceso de cartografiado intercultural de todos
los estados, estructuras, memes, tipos, niveles, estadios y olas de la
conciencia humana' (que, como luego veremos, consti¬tuye el componente
psicológico de una posible TOE) que com¬plemente estos hallazgos con los
resultados obtenidos en las di¬mensiones físicas, biológicas, culturales y
espirituales. Y, como también veremos, este mapa psicológico nos ayudará a
advertir algunos de los muchos obstáculos que nos impiden alcanzar una visión
más integral de nuestras propias posibilidades.
Volvemos,
pues, a la obra de Clare Graves, que ha sido prose¬guida y perfeccionada por
Don Beck y Christopher Cowan en un enfoque al que denominan Spiral Dynamics.'
Lejos de ser meros analistas de diván, Beck y Cowan participaron en los
diálogos que contribuyeron a acabar con el appartheid de Sudáfrica. Los
principios de la Spiral Dynamics se han visto provechosamente aplicados al
campo de la reestructuración empresarial, la activi¬dad municipal, la
reorganización de los sistemas educativos y la eliminación de las tensiones de
los barrios pobres.
La
Spiral Dynamics considera que el desarrollo humano pro¬cede a través de ocho
estadios generales a los que también deno¬mina memes (véase figura 1.1). (Hay
que decir, en este punto, que el término "meme" está siendo hoy en
día utilizado con significa¬dos tan diversos y contradictorios que, en opinión
de muchos crí¬ticos, carece de todo sentido.) Como ejemplificaremos a
conti¬nuación de manera exhaustiva, desde la perspectiva de la Spiral Dynamics,
un meme es simplemente un estadio básico del desa¬rrollo que puede expresarse
en cualquier actividad. En opinión de Beck y Cowan, los memes (o estadios) no
son niveles rígidos, sino olas fluidas, solapadas e interrelacionadas que dan
lugar a la compleja dinámica espiral del desarrollo de la conciencia. Como dice
Beck: «la Espiral no es simétrica sino muy compleja y no evidencia tanto tipos
definidos como mezclas muy diversas. Se trata, más bien, de mosaicos, redes y
combinaciones».`
Beck
y Cowan usan nombres y colores diferentes para referir¬se a los distintos memes
u olas de la existencia. Y aunque el uso de los colores casi siempre asusta,
Beck y Cowan -que, por cier¬to, suelen trabajar en zonas de graves conflictos
raciales- han descubierto que resulta sumamente útil alejar la mente del color
Figura
1.1. La espiral del desarrollo. Adaptado con permiso de Don Beck Y
Chris
Corran. Spiral Dynamics: Mastering Values, Leadership. and Change
(Camhridge:
Massachusetts: Blackrrell Publishers. 1995).
de
la piel y centrarse, por el contrario, en el "color del meme".
Además, la investigación ha seguido confirmando que todos los individuos
disponen de la capacidad potencial de acceder a todos los mentes. En
consecuencia, las líneas de tensión social ya no gi¬ran en tomo al color de la
piel, la clase económica o el grupo po¬lítico, sino del tipo de meme desde el
que esté operando la perso¬na. En un caso concreto, por ejemplo, ya no se
trataría tanto de "negro versus blanco" como de azul versus púrpura o
de naranja versus verde, por ejemplo, con la ventaja de que, si bien el color
de la piel no puede cambiar, el nivel de conciencia sí que puede hacerlo. Como
dice Beck: «el foco de atención no se centra tanto en tipos de personas, como
en tipos en las personas».
Los
seis primeros niveles son "niveles de subsistencia" y están marcados
por lo que Graves denomina "el pensa¬miento de primer grado". Luego
tiene lugar una revolucio¬naria transformación en la conciencia que implica la
emer¬gencia de los "niveles de ser" y del "pensamiento de
segundo grado", del cual hay dos grandes olas. Veamos ahora una breve
descripción de las ocho olas, del porcen-taje aproximado de población mundial
que se halla en cada una de ellas y de la tasa de poder social de la que
goza.''
1.
Beige: Arcaico-instintivo. Se trata del nivel de la su¬pervivencia básica, un
nivel en el que resultan prioritarios el alimento, el agua, el calor, el sexo y
la seguridad y en el que la supervivencia depende de los hábitos y de los
ins¬tintos. Apenas si existe yo,diferenciado y la perpetuación de la vida
requiere de la agrupación en hordas de supervi¬vencia.
Se
halla presente en las primeras sociedades humanas, en los recién nacidos, los
ancianos, los últimos estadios de quienes padecen la enfermedad de Alzheimer,
los locos que vagabundean por las calles y las masas hambrientas. (Porcentaje
aproximado de la población adulta que se ha¬lla en este nivel: 0,1 %. Tasa de
poder que posee: 0%.)
2.
Púrpura: Mágico-animístico. Está determinado por el pensamiento animista y por
una extrema polarización entre el bien y el mal. Los espíritus mágicos pueblan
la tierra y a ellos hay que supeditarse apelando a todo tipo de bendicio-nes,
maldiciones y hechizos. Se agrupa en tribus étnicas. El espíritu mora en los
ancestros y es el que cohesiona a la tri¬bu. Los vínculos políticos están
determinados por el paren¬tesco y el linaje. Parece "holístico" pero,
en realidad, es ato¬místico ("cada recodo del río tiene su nombre pero el
río carece de nombre").
Se
halla presente en la maldición vudú, los juramentos de sangre, el rencor, los
encantamientos, los rituales fami¬liares, las creencias y las supersticiones
mágicas de la et¬nia. Fuertemente implantado en los asentamientos del Ter¬cer
Mundo, las bandas, los equipos deportivos y las tribus. (10% de la población,
1% del poder.)
3.
Rojo: Dioses de poder. Comienzo de la emergencia de un yo ajeno a la tribu;
poderoso, impulsivo, egocéntri¬co y heroico. Espíritus míticos, dragones,
bestias y perso¬nas poderosas. Los señores feudales protegen a sus
subor¬dinados a cambio de obediencia y trabajo. Fundamento de los imperios
feudales (el poder y la gloria). El mundo se presenta como una jungla llena de
amenazas y de todo tipo de predadores. Dominantes y dominados. El yo campa a
sus anchas sin cortapisas de ningún tipo.
Se
halla presente en el rebelde sin causa, la mentalidad fronteriza, los reinos
feudales, los héroes épicos, los líde¬res de las bandas, los malvados de las
películas de James Bond, los mercenarios, las estrellas del rock, Atila, rey de
los hunos y El señor de las moscas. (20 % de la población y 5% del poder.)
4.
Azul: Orden mítico. La vida tiene un sentido, una di¬rección, un objetivo y un
orden impuesto por un Otro to¬dopoderoso. Este orden impone un código de
conducta ba¬sado en principios absolutistas y fijos acerca de lo que está
"bien" y de lo que está "mal". El acatamiento de ese
códi¬go y de esas reglas se ve recompensado, mientras que su violación, por el
contrario, tiene repercusiones muy graves y duraderas. Fundamento de las
antiguas naciones. Jerar¬quías sociales rígidas y paternalistas, sólo hay un modo
correcto de pensar. Ley y orden, control de la impulsividad a través de la
culpa, creencias literales y fundamentalistas y obediencia a una ley impuesta
por un Otro fuertemente convencional y conformista. A menudo asume un aspecto
"religioso" o "mítico" [en el sentido mítico-pertenencia,
motivo por el cual Graves y Beck se refieren a él como ni¬vel
"santo/absolutista"], aunque también puede asumir el aspecto de un
Orden o de una misión secular o atea.
Se
halla presente en la América puritana, en la China confuciana y en la
Inglaterra de Dickens, en los códigos de honor de la caballería, en las obras
buenas y caritativas, en el fundamentalismo islámico, en las "buenas
obras" de los scouts, en el patriotismo de la "mayoría moral".
(40% de la población y 30% del poder.)
5.
Naranja: Logro científico. En esta ola, el yo "esca¬pa" de la
"mentalidad azul del rebaño" y busca la verdad y el significado en
términos individuales. Es un nivel hipo-tético-deductivo, experimental,
objetivo, mecánico y ope¬rativo (o, lo que es lo mismo, científico). El mundo
se pre¬senta como una maquinaria racional bien engrasada que funciona siguiendo
leyes naturales que pueden ser apren¬didas, dominadas y manipuladas en propio
beneficio. Muy orientada hacia objetivos y especialmente (en Estados Unidos)
hacia el beneficio material. Las leyes de la ciencia gobiernan la política, la
economía y los asuntos humanos. El mundo se presenta como una especie de
tablero de aje¬drez en el que destacan los ganadores. Alianzas comercia¬les y
explotación de los recursos de la Tierra en beneficio propio. Fundamento de las
sociedades de estados.
Se
halla presente en la Ilustración, La rebelión del Atlas (la novela de Ayn
Rand), Wall Street, la Costa Azul, la clase media emergente de todo del mundo,
la industria de la moda y de la cosmética, la búsqueda del triunfo, el
colonialismo, la guerra fría, el materialismo y el liberalismo centrado en uno
mismo. (30% de la población y 50% del poder.)
6.
Verde: El vo sensible. Centrado en la comunidad, en la relación entre los seres
humanos, en las redes y en la sen¬sibilidad ecológica. El espíritu humano debe
ser liberado de la codicia, del dogma y de la división; el respeto y la
atención a los demás reemplaza a la fría razón; respeto y cuidado por la
tierra, Gaia y la vida. Establece vínculos y uniones laterales y es contrario a
las)erarquías. Yo perme¬able y relacional centrado en redes. Enfasis en el
diálogo y las relaciones. Fundamento de las comunidades de valor (agrupaciones
libremente elegidas basadas en sentimientos compartidos). Toma de decisiones
sustentada en la conci¬liación y el consenso (desventaja: dilación
"interminable" del proceso de toma de decisiones). Presta atención a
la es¬piritualidad, la armonía y el enriquecimiento del potencial humano.
Fuertemente igualitario, antijerárquico, centrado en valores plurales, en la
construcción social de la reali¬dad, en la diversidad, el multiculturalismo y
la relativiza¬ción de los valores, una visión del mundo a la que habi¬tualmente
se conoce con el nombre de relativismo pluralista. Subjetivo y centrado en el
pensamiento no line¬al; fomenta la cordialidad, la sensibilidad, el respeto y
el cuidado por la Tierra y por todos sus habitantes.
Se
halla presente en la ecología profunda, el postmo¬dernismo, el idealismo
holandés, el counseling de Rogers, el cuidado por la salud canadiense, la
psicología humanis¬ta, la teología de la liberación, el Consejo Mundial de las
Iglesias, Greenpeace, los derechos de los animales, el eco¬feminismo, el
postcolonialismo, Foucault/Derrida, lo polí¬ticamente correcto, los movimientos
en pro de la diversi¬dad, los derechos humanos y la ecopsicología. (10% de la
población y 15% del poder.)
Con
la actualización del meme verde, la conciencia humana experimenta un verdadero
salto cuántico hacia "el pensamiento de segundo grado", un salto que
Clare Graves califica de "avan¬ce trascendental" que permite
"llegar a profundidades de signifi¬cado anteriormente insondables".
Dicho en dos palabras, con la emergencia de la conciencia del segundo grado, el
ser humano puede pensar tanto vertical como horizontalmente (utilizando tanto
las jerarquías como las heterarquías), con lo cual puede abarcar, por vez
primera, el espectro completo del desarrollo in¬terno y advertir la importancia
crucial que tiene cada nivel, cada meme y cada ola en la salud global de todo
el proceso espiral del desarrollo.
Así
pues, cada ola superior "trasciende e incluye" a sus pre¬decesoras,
lo cual quiere decir que va más allá de ellas (las tras¬ciende), al tiempo que
las engloba en su misma estructura (las in¬cluye). Una célula, por ejemplo,
trasciende pero incluye a las moléculas que, a su vez, trascienden pero
incluyen a los átomos. Decir que una molécula trasciende a un átomo no es decir
que las moléculas odien a los átomos, sino que los aman, los incluyen en su
propio entramado, los abrazan, no los marginan. Por ello cada ola de la
existencia constituye un ingrediente esencial de todas las olas subsiguientes,
y todas deben ser, en consecuencia, ade¬cuadamente respetadas e incluidas.
Además,
cada una de las olas puede verse activada o reactiva¬da en respuesta a las
distintas circunstancias que nos depara la vida.'- Así, las situaciones de
emergencia estimulan los impulsos rojos del poder; el caos reactiva el meme
azul del orden; la bús-queda de un nuevo trabajo incentiva los impulsos naranja
del lo¬gro y el matrimonio y la amistad pone en marcha el meme verde de la
intimidad. Todos los memes, pues, aportan algo sumamen¬te importante.
Lo
que ninguno de esos memes puede hacer, no obstante, es darse plena cuenta de la
existencia del resto de los memes. En consecuencia, cada uno de los memes del
primer grado considera que su visión del mundo es la única adecuada y, por
tanto, reacciona negativamente cada vez que se siente amenazado. Por ello
también el meme azul del orden se siente muy incómodo con la impulsividad roja
y con el individualismo naranja, que el meme naranja del logro considera que el
orden azul es cosa de personas muy rígidas y que la vinculación propia del meme
verde es cues¬tión de gente muy blanda. El igualitarismo del meme verde, por su
parte, no admite fácilmente la excelencia, el ordenamiento jerár¬quico de
valores, las grandes imágenes ni nada que pueda parecer autoritario y por ello
también suele reaccionar con mucha viru-lencia en contra del meme azul, del
naranja y de cualquier otro meme posterior al verde.
Este
estado de cosas empieza a cambiar con la emergencia del "pensamiento de
segundo grado", una modalidad plenamente consciente de los estadios
interiores del desarrollo que permite -aunque no lo haga de un modo claramente
articulado- dar un paso atrás y asumir una visión más global. Por ello el
pensa¬miento de segundo grado reconoce y comprende el papel que de¬sempeñan -y,
en consecuencia, la necesidad- del resto de los memes. Por esta razón la
conciencia de segundo grado no sólo piensa en términos de un determinado nivel
sino de la espiral completa de la existencia.
Así,
cuando el meme verde comienza a aprehender los mu¬chos y muy diversos sistemas
y contextos que existen en las di¬ferentes culturas, el pensamiento de segundo
grado, que no en vano es conocido también con el nombre del meme sensible (es
decir, sensible a la marginación de los demás) va un paso más allá y, al
advertir los ricos contextos que vinculan estos sistemas plurales, comienza a
integrar los sistemas separados en espirales y holoarquías integrales y
holísticas. El pensamiento de segundo grado, dicho en otras palabras, resulta
útil para pasar del relati¬vismo al holismo o, lo que es lo mismo, del
pluralismo al inte¬gralismo.
La
extraordinaria investigación llevada a cabo por Graves, Beck y Cowan señala que
la conciencia integral de segundo gra¬do se despliega, al menos, a través de
dos grandes olas:
7.
Amarillo: Integrador. La vida se presenta como un ca¬leidoscopio de jerarquías
[holoarquías], sistemas y formas naturales cuya prioridad principal gira en
tomo a la flexibi¬lidad, la espontaneidad y la funcionalidad. Las diferencias y
las pluralidades pueden integrarse naturalmente en corrien¬tes
interdependientes. El igualitarismo puede complemen¬tarse, cuando es necesario,
con grados naturales de ordena¬miento y excelencia, con lo cual el rango, el
poder, el estado y la dependcencia del grupo se ven reemplazados por el
co¬nocimiento y la idoneidad. El orden mundial prevalente es el resultado de la
existencia de diferentes niveles de realidad (memes) y de las inexorables
pautas del movimiento de as¬censo y descenso en la espiral dinámica. El
gobierno ade¬cuado facilita la emergencia de entidades pertenecientes a niveles
de complejidad cada vez mayor (jerarquía anidada). (1% de la población y 5% del
poder.)
8.
Turquesa: Holístico. Sistema holístico universal, ho¬lones/olas de energías
integrativas; integra el sentimiento y el conocimiento; múltiples niveles
entrelazados en un sistema consciente." Orden universal consciente y vivo
que no se basa en reglas externas (azul) ni en lazos grupa¬les (verde). Tanto
teórica como prácticamente, es posible una "gran unificación", una
TOE. Hay ocasiones en que desencadena la emergencia de una nueva espiritualidad
que engloba la totalidad de la existencia. El pensamiento turquesa utiliza
todos los niveles de la espiral, advierte la interacción existente entre
múltiples niveles y detecta los armónicos, las fuerzas místicas y los estados
de flujo que impregnan cualquier organización. (1% de la población, 1 % del
poder.)
Con
menos del 2% de la población en el pensamiento de se¬gundo grado (y tan sólo un
1 % en el meme turquesa), el pensa¬miento de segundo grado es relativamente
raro hoy en día y constituye una auténtica "vanguardia" de la
evolución colectiva del ser humano. Beck y Cowan ilustran este tipo de
conciencia con ítems que van desde la noosfera de Teilhard de Chardin has¬ta la
emergencia y expansión de la psicología transpersonal, las teorías del caos y
de la complejidad, el pensamiento sistémico integral-holístico, las
integraciones pluralistas de Gandhi y Man¬dela afirmando con toda claridad que
se halla en marcha un pro¬ceso de actualización de memes todavía más
elevados...
El
salto a la conciencia de segundo grado
Pero,
como señalan Beck y Cowan, la emergencia del pensa¬miento de segundo grado debe
vencer la resistencia que le ofrece el pensamiento de primer grado. De hecho,
existe una versión del meme verde postmoderno (abiertamente pluralista y
relativista) que se muestra francamente refractario a la emergencia de un
pensamiento más integrador y holístico. Como señalan Graves, Beck y Cowan, sin
el pensamiento de segundo grado, la humanidad está condenada a ser la víctima
de una especie de "enfermedad autoinmune" en la que los distintos
memes luchan entre sí por la supremacía.
Éste
es el motivo por el cual muchos de los argumentos pre¬sentados no reflejan
tanto una evidencia objetiva, como el nivel subjetivo de quienes los esgrimen.
Poco importa la cantidad de evidencia científica naranja presentada porque
nunca acabará convenciendo a los creyentes míticos azules y lo mismo ocurrirá
con la relación verde o el holismo turquesa, que jamás impresio¬narán a la
agresividad naranja ni al pluralismo verde, respectiva¬mente... a menos que el
individuo se halle preparado ya para dar un paso hacia adelante en su camino a
través del proceso espiral y dinámico del desarrollo de la conciencia. Y éste
es también el motivo por el cual los debates "inter-niveles" rara vez
se resuel¬ven y que todas las partes implicadas salen de ellos con la
sensa¬ción de no haber sido siquiera escuchadas.
Del
mismo modo, nada de lo que podamos decir en este libro le convencerá de la
plausibilidad de una TOE, a menos que su pa¬leta cognitiva se halle ya teñida
con un toque de turquesa (en cuyo caso pensará: « ¡Esto es algo que ya sabía,
aunque ignoraba el modo adecuado de articularlo! ».
Como
estábamos diciendo, los memes de primer grado suelen resistirse a la emergencia
de los memes de segundo grado. Por ello el materialismo científico (naranja) se
muestra violentamente reduccionista con los constructos de segundo grado y
trata de re¬ducir todos los estadios interiores a fuegos artificiales
neuronales objetivos; el fundamentalismo mítico (azul), por su parte, suele
sentirse ultrajado, con lo que muy a menudo considera como un intento por
derribar su Orden establecido; el egocentrismo (rojo) ignora por completo el
pensamiento de segundo grado; la magia (púrpura) lo maldice, y verde, por su
parte, acusa a la conciencia de segundo grado de ser autoritaria, rígidamente
jerárquica, pa¬triarcal, opresiva, marginalizadora, racista y sexista.
En
las últimas tres décadas, el meme verde -cuyos términos claves probablemente ya
conozca (pluralismo, relativismo, di¬versidad, multiculturalismo,
deconstrucción, antijerarquía, etc.)¬ha estado a cargo de los estudios
culturales.
Y
hay que decir que el relativismo pluralista verde ha ensan¬chado noblemente el
canon de los estudios culturales hasta incluir muchas personas, ideas y
narrativas anteriormente marginadas' y ha actuado con la sensibilidad
suficiente como para tratar de co¬rregir los desequilibrios sociales y evitar
las prácticas marginali¬zadoras. En este sentido, ha sido responsable de
iniciativas funda¬mentales en el campo de los derechos civiles y de la
protección del medio ambiente; ha desarrollado críticas muy elaboradas y
persuasivas de las filosofías, metafísicas y prácticas sociales del meme
religioso convencional (azul) y del meme científico (na¬ranja) y de sus agendas
a menudo exclusivistas, patriarcales, se¬xistas y colonialistas.
Pero
también hay que señalar por otra parte que, por más efi¬caz que haya sido su
crítica de los estadios anteriores, el meme verde también ha dirigido sus
andanadas hacia todos los estadios post-verde, con resultados más que
desafortunados, tomando muy difícil -y, en demasiadas ocasiones, hasta
imposible- su avance hacia construcciones más holísticas e integrales.
Porque
lo cierto es que el relativismo pluralista (verde) -que se encuentra más
avanzado que el absolutismo mítico (azul) y que la razón formal (naranja) y se
adentra en contextos indivi¬dualistas ricamente texturados- se halla teñido de
un fuerte sub-jetivismo. Y ello significa que su visión de la verdad y la
bondad está muy determinada por las preferencias individuales (con tal de que
el individuo no dañe a los demás). Desde esta perspectiva, lo que es cierto
para usted no necesariamente lo es para mí, pues¬to que lo correcto es
simplemente lo que los individuos o las cul¬turas deciden en un determinado
momento; no existe ninguna verdad o conocimiento universal; cada persona es
libre de en¬contrar sus propios valores, que no tienen por qué ser los mismos
que los de los demás. Se trata de una postura que puede ilustrar¬se
perfectamente con la frase «Tú ocúpate de tus cosas que yo lo haré de las
mías».
Éste
es el motivo por el cual este estadio también es conocido como el del "yo
sensible". Y precisamente porque es consciente de la existencia de muchos
contextos diferentes y de numerosas ver¬dades diferentes (pluralismo), vuelve
hacia atrás en un esfuerzo por permitir que cada verdad disponga de su propio
espacio, sin marginar ni desdeñar a ninguna. Por ello, al igual que ocurre con
los términos "antijerarquía", "pluralismo",
"relativismo" e "iguali¬tarismo", cada vez que escuche la
palabra "marginación" se halla¬rá muy probablemente en presencia de
un meme verde.
Lamentablemente,
este noble intento también tiene sus incon¬venientes. Las reuniones que se
atienen a los principios del meme verde tienden a discurrir de un modo muy
similar: todo el mundo comienza expresando sus sentimientos (lo que suele
re¬querir varias horas); luego tiene lugar un proceso casi intermina¬ble en el
que todo el mundo expresa sus opiniones, sin llegar a to¬mar, en muchos casos,
ninguna decisión o curso de acción concreto, porque muy probablemente excluiría
a alguien. Así pues, existe la intención de mantener un abrazo inclusivo, no
marginador y compasivo de todos los puntos de vista, pero sin sa¬ber
exactamente cómo hacerlo, porque lo cierto es que no todos los puntos de vista
tienen el mismo valor. Así es como se llega a la curiosa situación de que el
éxito de la reunión no depende tan¬to de llegar a una conclusión, como de haber
permitido que todo el mundo tuviera la oportunidad de expresar sus
sentimientos. Puesto que se supone que ninguna visión es intrínsecamente me¬jor
que otra, no puede recomendarse ningún curso real de acción más que el de
compartir todas las visiones y, en el caso de que al¬guien exponga una
afirmación con convencimiento, se considera como un ejemplo de opresión
autoritaria. En los años sesenta cir¬culaba un refrán muy común que decía algo
así como que «la li¬bertad es una reunión interminable»... pues bien, no cabe
la me¬nor duda de que la parte "interminable" era cierta.
El
relativismo pluralista es la actitud dominante en el mundo académico. Como bien
resume Colin McGuinn: «Según esta concepción, la razón humana es
intrínsecamente local, cultural¬mente relativa, arraigada en los hechos
cambiantes de la natura¬leza y la historia humana, una cuestión de
"prácticas", "formas de vida", "marcos de
referencia" y "esquemas conceptuales" di¬ferentes. No existe
ninguna norma de razonamiento que trascien¬da lo que es aceptado por una sociedad
o una época determinada y no existe justificación objetiva alguna para la
creencia de que todo el mundo debe respetar el dolor del mal funcionamiento
cognitivo. De este modo diferentes personas pueden asumir legí¬timamente pautas
de acción distintas. La única justificación, en última instancia, de una
creencia asume la forma de "que sea jus¬tificada para mí"»."
Como dice Clare Graves: «Este sistema con¬templa el mundo desde una perspectiva
relativa y el pensamien¬to pone un énfasis radical y compulsivo en verlo todo
desde un marco de referencia relativo y subjetivo».
Tal
vez ahora resulte evidente que el hecho de que el relativis¬mo pluralista asuma
una postura tan subjetivista lo toma especial¬mente proclive a caer en el
narcisismo. Y ése es, precisamente, el meollo del problema, porque el
pluralismo se convierte de mane¬ra inadvertida en un superimcín para el
narcisismo, en el hogar de la cultura del narcisismo y no hay que olvidar que
el narcisismo es el gran destructor de cualquier cultura, en general, y de
cualquier TOE, en particular (puesto que se niega a salir de su propia órbita
subjetiva y no puede permitir la existencia de otras verdades dis¬tintas a la
suya). Así pues, el primero de los obstáculos que impi¬den la emergencia de una
auténtica TOE es, desde mi punto de vista, la cultura del narcisismo.
Y
aquí es, precisamente, donde entra en escena boomeritis.
2.
BOOMERITIS
Aburrida:
persona de mal gusto, más interesada en ella que en mí.
AMBROSE
BIERCE
El
diccionario define al término narcisismo como "interés ex¬cesivo en uno
mismo, en la propia importancia, en las propias ha¬bilidades, etcétera;
egocentrismo". Pero el narcisismo no consiste tan sólo en sobrevalorar el
yo y sus capacidades, sino también en infravalorar correlativamente a los demás
y a sus aptitudes. Así pues, el narcisismo no se caracteriza sólo por una
autoestima des¬proporcionada, sino también por una desvalorización simultánea
de los demás. Según dicen los clínicos, el estado interno caracte¬rístico del
narcisismo es el de un yo vacío o fragmentado que tra¬ta de llenar ese vacío
con un movimiento egocéntrico destinado a engrandecer el yo a expensas de
disminuir el yo de los demás, de modo que su talante emocional queda
perfectamente reflejado por la frase: «¡A mí nadie me dice lo que tengo que
hacer!».
Aunque
existen muchas formas de conceptualizar el narcisis¬mo (y también muchas
modalidades diferentes de narcisismo), la mayor parte de los psicólogos están
de acuerdo en que, hablando en términos generales, se trata de un rasgo normal
de la infancia que, en el mejor de los casos, acaba viéndose superado. De
he¬cho, el proceso de desarrollo de la conciencia puede ser conside¬rado como
una disminución progresiva del egocentrismo. El niño pequeño se halla
fundamentalmente encerrado en su propio mundo, ajeno tanto al entorno que le
rodea como a la mayor par¬te de las interacciones humanas.' En la medida en que
van con¬solidándose la fortaleza y las capacidades de su conciencia, va
cobrando simultáneamente conciencia de sí y de las personas que le rodean, hasta
llegar finalmente a desarrollar cualidades con las que no nace -como el
cuidado, la compasión y el abrazo integral generoso-, que le permiten ponerse
en el lugar de los demás.
El
desarrollo en tanto que disminución del egocentrismo
Como
señala Howard Gardner, el psicólogo evolutivo de Har¬vard:
El
niño pequeño es sumamente egocéntrico, lo cual no signi¬fica que sólo piense
egoístamente en sí mismo sino, muy al con¬trario, que no puede pensar en sí
mismo. El niño egocéntrico es incapaz de diferenciarse del resto del mundo y,
en ese sentido, todavía no se ha separado de los demás ni de los objetos. De
este modo, siente que los otros comparten su dolor o su placer, que
inevitablemente deben comprender las palabras que apenas mas¬culla, que su
perspectiva es compartida por todas las personas y que hasta los animales y las
plantas participan de su conciencia. Así, cuando juega al escondite cree
ingenuamente que, si no ve a los demás, ellos tampoco podrán verle, porque su
egocentris¬mo le impide reconocer que el punto de vista de los demás es
di-ferente del suyo. Desde esta perspectiva, el proceso entero del desarrollo
humano puede ser considerado como una disminu¬ción progresiva del
egocentrismo.¬
El
desarrollo, en gran medida, supone una expansión de la conciencia y una
disminución correlativa del narcisismo, que va acompañada de la capacidad de
tener en cuenta -y, en conse¬cuencia, de expandir la conciencia- hasta llegar a
abarcar a otras personas, lugares y cosas. Carol Gilligan, por ejemplo,
descubrió que el desarrollo moral de las mujeres atraviesa tres grandes
es¬tadios generales a los que denomina egoísta, respeto y respeto universal, en
cada uno de los cuales se amplía el círculo del res¬peto y la compasión al
tiempo que diminuye el egocentrismo. Al comienzo, la niña se halla
fundamentalmente preocupada por sí misma, luego comienza a preocuparse también
por los demás (habitualmente su familia y sus amigos) y, finalmente, puede
ex¬pandir su preocupación y buenos deseos a toda la humanidad (y asumir así un
abrazo más integral). Y hay que decir que cada nue¬vo paso hacia adelante en
ese proceso no significa que uno deje de preocuparse por sí mismo, sino tan
sólo que cada vez incluye más a los demás, por quienes llega también a sentir
una preocu¬pación y una compasión genuinas.
Digamos
también, incidentalmente, en este mismo sentido, que los hombres atraviesan
estos mismos tres estadios generales aunque -según Gilligan- enfatizando más
los derechos y la justi¬cia que el respeto y la relación. Gilligan opina que,
después del tercer estadio, ambos sexos pueden pasar por un cuarto estadio de
integración que contrarresta esta tendencia, de modo que, en el estadio
integral-universal, tanto los hombres como las mujeres integran las facetas
masculinas y femeninas unificando así la jus¬ticia y la compasión. Este abrazo
integral constituye una especie de culminación del tercer estadio general de
respeto universal (que en breve correlacionaré con otras concepciones, como la
Spiral Dynamics, por ejemplo).
Estos
tres estadios generales son comunes a la mayor parte de las facetas del
desarrollo y son conocidos con nombres muy di¬versos, como preconvencional,
convencional y postconvencio¬nal; egocéntrico, sociocéntrico y mundicéntrico, o
"yo", "noso¬tros" y "todos nosotros".
El
estadio egoísta suele denominarse preconvencional, porque el niño pequeño
todavía no ha aprendido las reglas y roles conven¬cionales o, dicho en otras
palabras, porque todavía no se ha socia¬lizado. No puede asumir el papel de los
demás y, en consecuencia, tampoco puede experimentar un respeto y una compasión
genui¬nos. Precisamente por esto sigue siendo egocéntrico, egoísta,
nar¬cisista, etc., lo cual no significa que no experimente ningún tipo de
sentimientos hacia los demás, ni que sea completamente amoral, sino tan sólo
que, comparado con los estadios posteriores del de¬sarrollo, sus sentimientos y
su moral se hallan todavía fuertemente anclados en los impulsos, los instintos
y las necesidades fisiológi¬cas. (Aunque algunos teóricos románticos sostengan
que el niño mora en un estado de libertad no-dual y bondad original, ¿qué bebé
es realmente libre? En el mejor de los casos, se trata de un estado de
potencialidad y apertura, no de presencia real de la libertad, dado que
cualquier estado sometido a los impulsos, el hambre, la tensión y la descarga
no puede ser realmente libre. En cualquier caso, la investigación realizada al
respecto evidencia de manera consistente que el niño no puede asumir el papel
de los demás y, en consecuencia, no se halla en condiciones de experimentar
compa¬sión, respeto o amor por ellos.)'
En
tomo a los 6 o 7 años de edad, aproximadamente, tiene lu¬gar un cambio muy
profundo en la conciencia y el niño comien¬za a estar en condiciones de asumir
el papel de los demás. Su¬pongamos, por ejemplo, que usted tiene un libro de
portada azul y contraportada naranja. Supongamos también que le muestra ese
libro a un niño de cinco años de edad y que después lo sos¬tiene entre ambos de
modo que la tapa naranja quede mirando ha¬cia usted y la azul hacia el niño.
Pregúntele luego qué color está viendo y no dudará en responder correctamente
que el azul. Pero si luego le pregunta qué color es el que usted está viendo,
el niño de cinco responderá equivocadamente que azul, a diferencia de lo que
ocurre con el de siete años.
Dicho
en otros términos, el niño de cinco años no ha desarro¬llado todavía la
capacidad cognitiva que le permita salir de su propia piel y colocarse
provisionalmente en la piel de otro y, en consecuencia, nunca entenderá
realmente su perspectiva, nunca le comprenderá y por lo tanto no será posible
el reconocimiento mutuo. Mal podrá, en tal caso, respetar su punto de vista
(por más que emocionalmente puede amarle). Pero todo eso comienza a cambiar con
la emergencia de la capacidad de asumir el papel de los demás, un avance al que
Gilligan, dicho sea de paso, denomi¬na como el avance desde el estadio egoísta
al del respeto.
El
estadio del respeto -que habitualmente se prolonga desde los siete años de edad
hasta la adolescencia- es conocido también con los nombres de convencional,
conformista, etnocéntrico y so¬ciocéntrico, formas diferentes, todas ellas, de
decir centrado en el grupo (ya sea la familia, el grupo de pares, la tribu o la
nación). En tal caso, el niño sale de su propia perspectiva limitada y empieza
a compartir las visiones y perspectivas de los demás, hasta el pun¬to de quedar
muy a menudo atrapado en la perspectiva de éstos (de ahí el término
conformista). Este estadio suele ser conocido también como el estadio del
"niño bueno" o la "niña buena", "rni patria, esté en
lo cierto o esté equivocada", etc., reflejando, de ese modo, la intensa
conformidad, presión de los pares y autoridad del grupo que normalmente le
acompañan. Por otra parte, aunque el individuo que se halle en este estadio
pueda salir, hasta cierto punto, de su propio punto de vista, no puede hacer lo
mismo con la perspectiva del grupo. Ha pasado del "yo" al
"nosotros" -y ex¬perimentado, por tanto, una mengua del egocentrismo-
pero toda¬vía se halla atrapado en el "mi patria, esté en lo cierto o esté
equi¬vocada".
Esta
situación empieza a cambiar en la adolescencia, con la emergencia de la
conciencia postconvencional y mundicéntrica (el respeto universal de Gilligan),
otro gran paso hacia delante en el proceso de disminución del egocentrismo
porque, en esta oca¬sión, es el grupo de pares el que se pone en cuestión. ¿Qué
es lo correcto y justo, no sólo para mí, mi tribu o mi nación, sino para todos
los seres humanos, independientemente de raza, religión, sexo o credo? Éste es
el momento en que el adolescente puede convertirse en un apasionado idealista,
un cruzado de la justicia o un revolucionario dispuesto a poner al mundo patas
arriba. Y aunque parte de esta situación se deba simplemente a un cambio
hormonal, también tiene que ver con la emergencia del estadio
del
respeto, la justicia y la ecuanimidad universal que jalona el comienzo de la
posibilidad de desarrollar un abrazo auténtica¬mente integral.
La
espiral de la compasión
Estos
tres estadios generales -egocéntrico, etnocéntrico y mundicéntrico- resumen
simplemente las muchas olas por las que atraviesa el proceso del desarrollo de
la conciencia, pero ya podemos advertir que, como dice Gardner, el desarrollo,
en rea-lidad, constituye una disminución del egocentrismo. Cada nueva ola
evolutiva supone, pues, simultáneamente, una disminución del narcisismo y un
aumento correlativo de la conciencia (o un aumento en la capacidad de asumir
perspectivas cada vez más amplias y profundas).
Existen,
obviamente, modelos más complejos que presentan más estadios. En el capítulo 1
hemos dado un ejemplo de las ocho olas del desarrollo de la conciencia de las
que habla la Spiral Dy¬namics (véase figura 2.1 para las correspondientes
correlaciones). Según la Spiral Dynamics, existen tres estadios
preconvenciona¬les, el beige (arcaico-instintivo), el púrpura (mágico-animista)
y el rojo (egocéntrico). Advirtamos que, aunque el meme rojo se ca-lifique como
"egocéntrico", los dos estadios anteriores son toda¬vía mucho más
egocéntricos (puesto que, como ya hemos dicho, el proceso de desarrollo se
caracteriza por una franca disminución del narcisismo), lo único que ocurre es
que rojo jalona simple¬mente el final de los reinos egocéntricos y
preconvencionales. En el siguiente estadio (azul, es decir, conformista-rol),
el narcisismo se diluye en el grupo: ¡no soy yo, sino mi país, el que no puede
es-tar equivocado! Esta postura convencional/conformista perdura hasta llegar
al meme naranja (egoico-racional), que jalona el ac¬ceso a los estadios
postconvencionales (verde, amarillo y turque¬sa), que se caracterizan
(especialmente naranja y verde) por el cuestionamiento de los mitos, de los
valores conformistas y de los
Figura
2.1. Visiones del inundo e identidades.
prejuicios
etnocéntricos que casi siempre impregnan los estadios preconvencionales y
convencionales.
Resumiendo,
pues, en la medida en que el proceso de desa¬rrollo avanza desde lo
preconvencional a lo convencional y, pos¬teriormente, hasta lo postconvencional
(o, lo que es lo mismo, desde lo egocéntrico a lo etnocéntrico y,
posteriormente, hasta lo mundicéntrico), el peso del narcisismo y del
egocentrismo va disminuyendo de forma lenta pero segura. En lugar de tratar al
mundo (y a los demás) como una mera extensión del propio yo, el adulto maduro
de la conciencia postconvencional trata al mun¬do en sus propios términos, como
un yo individualizado en una comunidad de otros yoes individualizados entre los
cuales existe un respeto y un reconocimiento mutuo. La espiral del desarrollo
es, dicho en otras palabras, una espiral de compasión que se ex¬pande desde el
"yo" al "nosotros" y, posteriormente, hasta el "to¬dos
nosotros", abriéndose cada vez más a un abrazo realmente integral.
Debo
advertir, no obstante, que con ello no estoy afirmando que el desarrollo
suponga un progreso lineal cada vez más posi¬tivo y luminoso, porque lo cierto
es que cada nuevo estadio no sólo nos proporciona nuevas potencialidades,
nuevas capacida-des y nuevas fortalezas, sino que también abre la puerta a
nuevos desastres, nuevas patologías y nuevas enfermedades. Hablando en términos
generales, podríamos decir que los nuevos sistemas emergentes deberán
enfrentarse a problemas nuevos que no aquejaban a sus predecesores (los perros
pueden padecer cáncer, cosa que no ocurre con los átomos, por ejemplo).
Lamentable¬mente, pues, el proceso de desarrollo de la conciencia se atiene a
una "dialéctica del progreso", según la cual hay un precio que pa-gar
por cada nuevo paso hacia adelante que, en consecuencia, trae consigo buenas y
malas noticias. En cualquiera de los casos, el hecho es que cada una de las
olas del desarrollo de la concien¬cia aporta la posibilidad de una ampliación
del respeto, la com-pasión, la justicia y la misericordia, en el camino hacia
un abrazo más integral.
¡Luchemos
contra el sistema!
Una
de las causas del narcisismo, pues, se asienta sencilla¬mente en el fracaso del
proceso de crecimiento y evolución, es¬pecialmente en la difícil transición que
conduce desde la fase egocéntrica hasta la sociocéntrica, una transición a la
que ciertos aspectos de la conciencia pueden resistirse y quedar así
"atrapa¬dos" en los dominios egocéntricos, con la consiguiente
dificultad en adaptarse a las reglas y roles de la sociedad. Es evidente que
algunas de esas reglas y roles pueden ser indignas de respeto y deben ser
cuestionadas y rechazadas. Pero la actitud postconven¬cional -que observa,
analiza y critica las normas de la sociedad¬sólo puede ser alcanzada después de
los estadios convencionales, porque las competencias logradas en esos estadios
constituyen precisamente los prerrequisitos necesarios para el desarrollo de la
conciencia postconvencional. Dicho en otras palabras, quien no haya alcanzado
los estadios convencionales difícilmente esta¬rá en condiciones de llevar a
cabo una crítica postconvencional a la sociedad y tenderá, por tanto, a caer
presa de la mera rebelión preconvencional. Recordemos que el lema del
narcisismo es « ¡A mí nadie me dice lo que tengo que hacer! », un tópico que
nunca está lejos de las olas preconvencionales de la existencia.
Los
críticos están de acuerdo en que los boomer han sido una generación
notoriamente rebelde. Qué duda cabe de que parte de esa rebeldía ha sido
protagonizada por individuos postconven¬cionales sinceramente interesados en
reformar las facetas injus¬tas, abusivas o amorales de la sociedad pero, del
mismo modo -y, en este sentido, existe una clara evidencia experimental- un
por¬centaje alarmantemente elevado de esa actitud rebelde se ha ori¬ginado en
impulsos preconvencionales que tienen grandes difi¬cultades para adaptarse a la
realidad convencional. Los lemas tan habituales de los años sesenta -«¡Luchemos
contra el sistema!» o «¡ Cuestionemos toda autoridad! »- puede proceder, pues,
tanto de las filas preconvencionales como de las postconvencionales... y la
evidencia sugiere que aquello ocurre con bastante más fre-cuencia que esto.
Existe
un estudio ya clásico a este respecto que tuvo como ob¬jeto a los participantes
de la protesta estudiantil de Berkeley de finales de los años sesenta,
fundamentalmente en contra de la guerra del Vietnam), aunque, según los
estudiantes, estaba moti¬vada por una perspectiva moral más elevada. La
investigación, sin embargo, concluyó que la inmensa mayoría no se hallaba
tan¬to en los estadios postconvencionales del desarrollo como en los
preconvencionales (es innecesario decir que había muy pocos convencionales/conformistas
porque, por definición, la conven¬cionalidad no es muy rebelde que digamos).
Obviamente, la mo¬ral postconvencional y mundicéntrica de la minoría de
activistas resulta muy encomiable (y con ello no me refiero tanto al conte-nido
concreto de sus creencias como al hecho de que llegaron a ellas a través de un
razonamiento moral muy elaborado). En cualquiera de los casos, lo que quiero
recalcar es el egocentrismo preconvencional de la mayoría.
El
ítem más fascinante de este tipo de investigaciones empíri¬cas gira en tomo a
la gran diferencia existente entre lo que podría¬mos denominar "pre"
y "post", una diferencia que, lamentable¬mente, suele soslayarse por
la aparente semejanza superficial existente entre pre-X y post-X (puesto que
ambas son no-X). Con ello quiero decir, por ejemplo, que la no convencionalidad
de las posturas preconvencional y postconvencional (ya que ambas se hallan
fuera de las normas y reglas convencionales) suele llevar erróneamente a
confundirlas. En consecuencia, aunque "pre" y "post" suelan
utilizar la misma retórica y la misma ideología, se hallan, de hecho, separados
por un abismo en términos de creci¬miento y desarrollo. Así pues, aunque casi
todos los estudiantes de las protestas de Berkeley afirmaban actuar movidos por
prin¬cipios morales universales (como, por ejemplo, que «la guerra de Vietnam
viola los derechos humanos universales y, en tanto que ser moral, me niego a
participar en ella»), la investigación de¬mostró inequívocamente que sólo una
pequeña minoría se hallaba realmente motivada por principios morales
postconvencionales y que la inmensa mayoría, por el contrario, estaba
simplemente de¬jándose arrastrar por impulsos egocéntricos preconvencionales
del tipo: «¡A mí nadie me dice lo que tengo que hacer! De modo que haz con tu
guerra lo que quieras».
Pareciera
pues que, en este caso, se utilizaron nobles ideales morales para justificar lo
que, de hecho, no eran más que impulsos bastante menos elevados. Es la extraña
similitud superficial exis¬tente entre los estadios "pre" y
"post" del desarrollo la que permi¬te este tipo de coartada o, dicho
en otros términos, la que permite que el narcisismo preconvencional aceche
detrás de lo que ruido¬samente se presenta como idealismo postconvencional.
Habría, pues, que reinterpretar el supuesto idealismo de los boomer a la luz de
estos hallazgos y diferenciar claramente entre lo preconvencio¬nal y lo
postconvencional para no incurrir en lo que yo denomino "falacia
pre/post".
Y
éste es un punto realmente crucial, porque llama la atención sobre el hecho de
que, sin importar cuán noble, idealista o al¬truista pueda afirmar ser una
determinada causa -desde la ecolo¬gía hasta la diversidad cultural y la paz
mundial-, no basta sim-plemente con ahuecar la voz. Son demasiados los críticos
sociales que simplemente asumen que, si los boomer hablan de "armonía,
amor, respeto mutuo y multiculturalismo", deben estar haciéndolo desde una
perspectiva idealista y no egocéntrica por¬que, como luego veremos, son muchos
los casos en los que sim-plemente se proclaman a voz en grito eslóganes no
egocéntricos como una cortina de humo que sólo cumple con la función de ocultar
el propio egocentrismo.
Y
con ello no estoy diciendo que todos los boomer sean cul¬pables de incurrir en
ese engaño, sino tan sólo que existe una ac¬titud que amalgama, con demasiada
frecuencia, la comprensión postconvencional y la motivación preconvencional a
la que de¬nomino "boomeritis".
Jerarquías
de desarrollo versus jerarquías de dominio
En
el mejor de los casos, el pluralismo, el multiculturalismo y el igualitarismo
emergen de la evolucionada perspectiva propor¬cionada por el meme verde, una
perspectiva que trata muy no¬blemente a todos los memes anteriores con el mismo
respeto y compasión.' Pero su apasionado igualitarismo le impide ver que su
propia postura -la primera, a fin de cuentas, realmente iguali¬taria- es más
bien escasa (puesto que, como ya hemos visto, sólo afecta al 10% de la
población mundial). Pero lo cierto es que, en una extrapolación del
igualitarismo -que le lleva a no emitir nin¬gún juicio jerárquico-, el meme
verde no se queda ahí y acaba negando activamente los mismos estadios que
propiciaron su emergencia. Como ya hemos visto, el igualitarismo verde es el
producto de no menos de seis estadios del desarrollo que, curio¬samente, llega
a un punto, da media vuelta y niega violentamen¬te su pasado.
Gran
parte de esta confusión pluralista se origina en una erró¬nea comprensión del
término jerarquía y del papel que desempe¬ña en el proceso de desarrollo
natural. Veamos ahora, para acla¬rar este punto, cómo contempla cada uno de los
memes la noción de jerarquía. El meme púrpura (mágico) reconoce la existencia
de muy pocas jerarquías porque, como veremos, es preformal y preconvencional.
El meme rojo (poder egocéntrico) reconoce las jerarquías que dependen de la
fuerza bruta (fundamento de los imperios feudales). El meme azul (orden mítico)
reconoce nume¬rosas y muy rígidas jerarquías sociales, como el sistema de
cas¬tas hereditarias, las jerarquías de la Iglesia medieval y la marca¬da
estratificación social de los imperios feudales y las naciones tempranas. El
meme naranja (logro individual) erosiona decisi¬vamente las jerarquías azules
en nombre de la libertad individual y de la igualdad de oportunidades (las
jerarquías naranja difieren de las azules en que sustituyen la herencia y el
privilegio por la meritocracia y la excelencia).
Al
llegar al meme verde, sin embargo, el yo sensible empieza a condenar y atacar
casi todo tipo de jerarquía -muy a menudo, por otra parte, aliada a la opresión
social-, hasta el punto de que su rasgo distintivo es la antijerarquía.
Con
la emergencia del pensamiento de segundo grado, sin embargo, las jerarquías
resurgen de nuevo, pero esta vez de un modo más amable y anidado. Se trata de
jerarquías anidadas -que también se denominan jerarquías del desarrollo- como
la que va desde los átomos hasta las moléculas, las células, los or¬ganismos,
los ecosistemas, la biosfera y el universo.' Cada una de esas unidades, no
importa lo "humilde" que sea, es absolutamen¬te crucial para la
secuencia entera: destruya los átomos y acaba¬rá simultáneamente con las
moléculas, las células, los ecosiste¬mas, etc. Al mismo tiempo, cada ola
superior envuelve y engloba a sus predecesoras -los ecosistemas contienen
organismos que, a su vez, contienen células que, a su vez, contienen molécula-,
en un proceso de desarrollo que es, al mismo tiempo, envolvente. Por ello cada
ola es cada vez más inclusiva, más abarcadora y más integral y,
simultáneamente, menos marginadora, menos ex¬clusivista y menos opresiva. (Cada
ola sucesiva "trasciende a la vez que incluye", es decir, trasciende
su propia estrechez para in¬cluir a las demás.) Como ocurre con los procesos de
crecimiento naturales, la misma espiral del desarrollo constituye una
jerar¬quía anidada, una jerarquía del desarrollo.
Riane
Eisler, autora de El cáliz y la espada, llama la atención sobre la importante
diferencia existente entre "las jerarquías de dominio" y "las
jerarquías de actualización". Aquéllas son rígi¬das jerarquías sociales
que constituyen instrumentos de opresión, mientras que éstas son jerarquías de
desarrollo absolutamente ne¬cesarias para la autorrealización de los individuos
y de las cultu¬ras (y también de casi todos los sistemas biológicos). Y es que
las jerarquías de dominio son instrumentos de opresión, mientras que las
jerarquías de actualización son herramientas de creci¬miento, porque unifican
los elementos anteriormente separados y fragmentados. Así es como los átomos
aislados se unifican en moléculas; las moléculas aisladas se unifican en
células; las cé¬lulas aisladas se unifican en organismos; los organismos
aislados se unifican en ecosistemas; los ecosistemas aislados se unifican en la
biosfera, etc. Resumiendo, las jerarquías de desarrollo inte¬gran los
fragmentos, convierten los montones en totalidades y transforman la alienación
en cooperación.
Todo
esto, según la Spiral Dynamics, es lo que se torna cada vez más consciente en
la conciencia de segundo grado, una mo¬dalidad de conciencia integral que
engloba las jerarquías anida¬das del desarrollo. Por ello, si reaccionamos
negativamente contra todas las jerarquías, no sólo emprenderemos una lucha muy
noble y necesaria contra las injusticias de las jerarquías de domi¬nio sino
que, muy probablemente, obstaculizaremos nuestro pro¬pio desarrollo hasta la
conciencia integral de segundo grado. Como luego veremos, el meme verde
cuestionó adecuadamente los absolutismos y universales de las jerarquías de
dominio pro¬pias de azul y naranja, pero terminó equiparando y negando toda
jerarquía, con lo cual cerró las puertas a su propio desarrollo y quedó estancado
en el pensamiento del primer grado.
(Y
lo mismo ocurre con los universales y "metanarrativas", que están
ausentes en las olas preconvencionales, existen de un modo rígido y opresivo en
el meme azul, se ven atacadas y de¬construidas en el verde y terminan
reapareciendo de un modo más amable y anidado en las olas integrales propias
del pensa¬miento de segundo grado. Así pues, ahí donde advierta un ataque a
todo tipo de metanarrativas y universales, es muy probable que se halle en
presencia de un meme verde.)
Boomeritis
El
hecho es que la elevada postura evolutiva propia del pluralis¬mo -resultado de
no menos de seis grandes estadios de transforma¬ción jerárquica- da media
vuelta y niega todas las jerarquías, niega el mismo camino que dio origen a su
noble posición y extiende su abrazo igualitario a toda posición, sin importar
cuán superficial o narcisista sea, hasta el punto de que cuanto más
igualitaria, más alienta la cultura del narcisismo. ¡Y no olvidemos que la
cultura del narcisismo constituye la antítesis misma de la cultura integral!
(Ya
hemos visto que la esencia del narcisismo se resume en el lema «¡A mí nadie me
dice lo que tengo que hacer!». En conse¬cuencia, pues, no reconoce la
existencia de ningún universal y lu¬cha denodadamente por sacudirse de encima
todo tipo de obliga-ciones y su marcado egocentrismo puede ser evidenciado por
los principios del relativismo pluralista.)
Así
es como la evolucionada ola del pluralismo se convierte en un superimán para el
narcisismo emocional, lo cual nos lleva de nuevo a boomeritis.
Como
han señalado tantos críticos sociales, boomeritis es una extraña mezcolanza
entre una elevada capacidad cognitiva (el meme verde y el noble pluralismo) y
un bajo narcisismo emocio¬nal. Dicho en otros términos, el evolucionado meme
pluralista se convierte en un refugio que posibilita la reactivación de alguno
de los memes más bajos e intensamente egocéntricos (como, por ejemplo, púrpura
y rojo). En su noble intento por ir más allá de las reglas conformistas (muchas
de las cuales son, de hecho, in¬justas y marginadoras) y en su deseo genuino de
deconstruir una racionalidad demasiado rígida (que suele alentar la represión y
la estupidez), en su admirable intento, en suma, de avanzar hasta una postura
postconvencional, el meme verde termina abrazando inadvertidamente todo lo no
convencional... lo cual incluye mu¬chas facetas abiertamente preconvencionales,
regresivas y narci¬sistas.
Boomeritis
es una extraña amalgama entre memes postcon¬vencionales muy elevados y memes
narcisistas preconvenciona¬les muy poco elevados. Y uno de los resultados
típicos de esta si¬tuación es que el yo sensible exagera su importancia y acaba
afirmando que posee el nuevo paradigma que anuncia la mayor transformación de
la historia del mundo, una transformación que revolucionará completamente la
sociedad tal y como la conoce¬mos, revolucionará todo lo que le precedió,
salvará al planeta, salvará a Gaia, salvará a la Diosa...
Tenemos,
pues, que desembarazamos de algunas de las face¬tas negativas de las últimas
tres décadas de dominio boomer de los estudios culturales. Éste es precisamente
el motivo por el cual tantos observadores han señalado, como ya hemos visto con
Len-tricchia, que «resulta manifiestamente imposible exagerar la in¬flación
heroica del ego que aqueja a la crítica literaria y cultural académica».
Señalemos una vez más que, si bien ésa no es la his¬toria completa de los
boomer; ni siquiera la más importante, sí que transmite su aroma más
característico. Boomeritis ha sesga¬do de un modo significativo los estudios
académicos, se halla de¬trás de la mayor parte de las guerras culturales, se
oculta en cada rincón de la Nueva Era, impulsa la mayor parte de la actividad
deconstructiva de la política de identidad y a diario crea nuevos paradigmas.
No existe ningún ámbito, sin importar cuán inocen¬te parezca, que haya escapado
-como documento extensamente en Boomeritis 'de su reformulación.
Si a
lo largo del proceso normal del desarrollo el pluralismo verde deja paso a la
conciencia de segundo grado y a un posterior abrazo integral, ¿por qué mi
generación quedó atrapada en el meme verde, en el relativismo pluralista, en el
igualitarismo ex-tremo, en la oposición a cualquier forma de jerarquía, en el
post¬modernismo deconstructivo y en el pluralismo fragmentador del «Yo hago lo
tengo que hacer, tú haces lo que tienes que hacer y al infierno con cualquier
cosa que suene a integral»? Una de las principales razones parece ser que el
intenso subjetivismo del meme verde fue un imán y un refugio para el narcisismo
que, por las razones que fuere, muchos críticos sociales han encontrado tan
presente en la generación del yo. Parece que boomeritis in-tensifica la
fijación al meme verde hasta el punto de que el narci¬sismo se encuentra tan a
gusto en el pluralismo que le resulta casi imposible abandonarlo. Así pues,
boomeritis, la combinación en¬tre un elevado pluralismo y un narcisismo
francamente inferior, constituye uno de los principales obstáculos para llegar
a un abrazo auténticamente integral.
Los
muchos dones proporcionados por el meme verde
A mi
juicio, boomeritis representa uno de los principales obs¬táculos que dificultan
el desarrollo integral. Pero el punto verda¬deramente importante no es tanto lo
que ha funcionado mal con el meme verde, sino lo que puede funcionar bien,
porque es pre¬
cisamente
desde el meme verde desde donde emerge la conciencia de segundo grado,' es
desde las perspectivas pluralistas alenta¬das por verde como se construyen las
redes integradoras y holís¬ticas.
Este
hecho merece ser subrayado. El desarrollo procede a tra¬vés de un proceso de
diferenciación e integración (un monocigo¬to, por ejemplo, se diferencia en dos
células, luego en cuatro, más tarde en dieciséis, después en treinta y dos...
al tiempo que las células diferenciadas van integrándose en tejidos, sistemas y
ór¬ganos coherentes). El meme verde consigue diferenciar heroica¬mente el
formalismo frecuentemente rígido, abstracto y universal de la ola racional
anterior (el meme naranja, operacional formal y egoico-racional). Verde, por
tanto, no nos revela un uniformis¬mo racional que tiende a ignorar y marginarr
todo lo ajeno, sino una inmensa variedad de contextos múltiples, culturas
diferentes, percepciones pluralistas y diferencias individuales y es
percepti¬vo (por algo se le conoce como el yo sensible) hacia todas aque¬llas
voces habitualmente no escuchadas. Ya hemos visto que cada meme realiza una
valiosa contribución a la salud de la espiral global y, en este sentido, la
sensibilidad plural es uno de los gran¬des dones aportados por verde.
Una
vez realizada esta extraordinaria diferenciación, pueden unificarse en
contextos cada vez más amplios y profundos que descubren un mundo
auténticamente holístico e integral -el salto a la conciencia de segundo
grado-, pero sólo después de que el meme verde haya concluido previamente su
labor. Primero, pues, existe diferenciación y luego integración. La conciencia
de se¬gundo grado consuma la tarea emprendida por el meme verde y permite dar
el salto desde el relativismo pluralista hasta el inte¬gralismo universal (es
decir, el paso que conduce a la visión-ló¬gica madura, el
aperspectivismo-integral de Gebser, el estado in¬tegrado de Loevinger, etc.).
Esto es lo que quiero decir cuando afirmo que el meme verde libera las
múltiples perspectivas que se verán posteriormente integradas por la conciencia
de segundo grado.
Resumamos
diciendo que el meme verde representa la culminación de pensamiento de primer
grado y constituye el trampolín que permite el salto al pensamiento de segundo
grado. Pero para pasar a las construcciones del segundo grado, debe relajarse
pre-viamente la fijación al relativismo pluralista del meme verde, único modo
de que sus logros se vean incorporados y pasen a los estadios posteriores. Pero
antes es preciso relajar su propia posi¬ción y es precisamente boomeritis (la
identificación narcisista con el marcado subjetivismo de la postura
relativista) lo que se lo impide. Al resaltar la fijación al meme verde, creo
que podemos acelerar el proceso que nos permita trascender e incluir sus
ex¬traordinarios logros en un abrazo todavía más generoso.
Más
allá del pluralismo
Pero
¿por qué afirmo que boomeritis representa uno de los principales obstáculos que
dificultan la emergencia de una visión auténticamente integral? ¿Acaso no
ocurre lo mismo con la rígi¬da conformidad del estadio mítico-pertenencia
(azul), y también con el materialismo de la racionalidad-egoica (naranja)? ¿Y
qué diríamos acerca de las terribles condiciones económicas de tan¬tos países
del Tercer Mundo?...
Sí,
todo eso es muy cierto pero, como estábamos diciendo, el integralismo universal
(holismo de segundo grado) únicamente puede emerger desde el estadio del
pluralismo (verde). Obvia¬mente, todos los "memes" pre-verde también
"impiden" la emer¬gencia de una visión integral, el único motivo por
el cual centro mi atención en los boomer es que esta generación (como confir¬ma
la investigación realizada por Graves) es la primera en haber experimentado una
evolución generalizada hasta la ola verde y, en este sentido, se trata de la
primera generación que tiene la oportunidad de dar el paso que la conduzca
hasta la visión-lógica madura, la conciencia de segundo grado y usar esa
conciencia para organizar las instituciones sociales de un modo realmente
integral.
Pero
eso todavía no ha llegado a consumarse plenamente, porque no ha tenido lugar
una transformación significativa a nin¬gún estadio post-verde (como ya hemos
visto, menos del 2% de la población mundial es post-verde). Pero eso todavía
podría ocurrir y, puesto que sólo puede hacerlo desde verde, los boomer todavía
están en condiciones de realizar un salto al hiperespacio de la conciencia de
segundo grado. Y ésa podría ser una gran transformación histórica que tendría
un efecto muy poderoso so¬bre la sociedad, tal y como la conocemos, una
transformación que iría más allá de las meras palabras, ya que se apoya en la
evi¬dencia proporcionada por los estudios evolutivos psicológicos y sociales.
La
cultura integral
El
sociólogo Paul Ray ha descubierto recientemente un nuevo segmento cultural que,
según él, constituye hoy en día un asom¬broso 24% de la población adulta de
nuestro país (cerca de cua¬renta y cuatro millones de personas), y al que, para
distinguirlo de los movimientos culturales anteriores del tradicionalismo y del
modernismo, califica con el nombre de cultura integral. Todavía queda por ver
cuán "integral" es este grupo, pero yo creo que sus categorías
representan corrientes muy reales. Los tradicionalistas están arraigados en los
valores míticos premodernos (azul), los modernistas en los valores
racional-industriales (naranja) y los creativos culturales en los valores
postformales-postmodernos (verde). Esos tres movimientos representan
exactamente lo que podríamos esperar de la investigación realizada acerca del
desa-rrollo y evolución de la conciencia (de lo mítico-preformal a lo formal
racional y el comienzo de lo postformal).
Convendría,
no obstante, subrayar varios puntos. Lo que Ray denomina cultura integral no es
integral en la acepción que yo le doy al término, puesto que no está arraigado
en el integralismo universal, la visión-lógica madura o la conciencia del
segundo grado. Lo que sugieren los resultados del estudio de Ray, por el
contrario, es que la mayor parte de los creativos culturales están simplemente
activando el meme verde, como indican claramente los valores que evidencian:
fuertemente antijerárquicos; compro¬metidos con el diálogo; abrazando el
holismo del mundo chato (como dice Ray, "todo es holístico", sólo que
el verdadero holis¬mo implica una holoarquía o una jerarquía anidada y los
creati¬vos culturales evitan toda holoarquía, de modo que su holismo suele ser
una mera amalgama de afirmaciones monológuicas de totalidad como las que suele
brindamos la física o la teoría sisté¬mica); recelosos de las modalidades
convencionales de la mayo¬ría; admirablemente sensibles a la marginación de las
minorías; comprometidos con los valores pluralistas y el subjetivismo y
en-tusiastas, por último, de una espiritualidad fundamentalmente traslativa (es
decir, no transformadora).' Como señala el mismo Don Beck, resumiendo las
conclusiones de su investigación, «la "cultura integral" de la que
habla Ray es, esencialmente, el meme verde. Existe muy poca evidencia de que
los "creativos cultura¬les" se hallen en el meme amarillo o en el
meme turquesa o, di¬cho en otras palabras, de que apenas hay constancia de los
me¬mes propios de la conciencia de segundo grado».'
Y
son muchas las investigaciones empíricas adicionales que parecen apoyar esta
interpretación. Yo creo que la opinión de Ray de que el 24% de los
estadounidenses son "creativos cultu¬rales" en una cultura integral
se deriva del hecho de que la ma¬yor parte de los creativos culturales se
hallan, por utilizar los tér¬minos de Jane Loevinger y Susanne Cook-Greuter, en
el estadio individualista (verde), no en los estadios autónomo o integrado
(amarillo y turquesa). La investigación evidencia que, en reali-dad, menos del
2% de los norteamericanos se hallan en el esta¬dio autónomo o integrado (lo
cual también se ajusta perfecta¬mente a las conclusiones de la investigación
realizada por Beck y la mayor parte de los desarrollistas, según los cuales
menos del 2% han alcanzado el pensamiento de segundo grado). Resu¬miendo, pues,
los creativos culturales -la mayor parte de los cuales son boomer- no son
realmente integrales, sino que funda¬mentalmente están activando el meme
verde.' 0
Pero
es precisamente el meme verde el que, si no termina siendo abandonado, impide
la emergencia de la integración pro¬pia del pensamiento de segundo grado, de
modo que lo que Paul Ray denomina "cultura integral" es lo que
realmente está impi-diendo la emergencia de una cultura realmente integral.
Porque,
a menos que sesguemos los datos, la "cultura inte¬gralao es realmente
integral.
Pero
el hecho es que puede serlo. Y ése es un punto absoluta¬mente crucial porque,
cuando los creativos culturales alcanzan la segunda mitad de la vida, se hallan
precisamente en el punto en que puede tener lugar un gran salto en su
conciencia que conduz¬ca desde el meme verde hasta la visión-lógica madura y,
en con¬secuencia, hasta la conciencia de segundo grado. Como sugeriré más
adelante, este salto hasta la conciencia integral de segundo grado (y hasta las
olas superiores auténticamente transpersona¬les) puede tener lugar mediante una
práctica transformadora in¬tegral. La única razón por la que insisto en hablar
de boomeritis es con la esperanza de que el hecho de hablar de algunos de los
obstáculos que impiden esta transformación podría ayudar a eli¬minarlos.
Estas
dificultades no se encuentran exclusivamente en los boo¬mer ni en los
norteamericanos. El relativismo pluralista es una ola del desarrollo de la
conciencia de la que disponemos universal¬mente y tiene sus propios peligros y
puntos de anclaje, entre los cuales debemos destacar un subjetivismo que parece
constituir un verdadero imán para el narcisismo. Boonieritis, pues, no está, en
modo alguno, confinado a los boomer, sino que puede afectar a cualquiera que se
encuentre a punto de dar el salto a la conciencia de segundo grado, la única
puerta de entrada a una conciencia es¬piritual y transpersonal permanente.
Prestemos
ahora atención a esa visión más integral.
3.
UNA VISION INTEGRAL
Simplifica
las cosas todo lo que puedas, pero no por ello las tririalices.
ALBERT
EINSTEIN
La
transformación integral
Parece,
pues, que entre el 1 y el 2% de la población mundial se halla en un estadio
integral propio del pensamiento de segundo grado, pero que cerca del 20% está
en el meme verde, a punto de experimentar la transformación integral a la que
Clare Graves ha calificado de auténtico "salto cuántico".
¿Cuáles
son las condiciones que pueden fomentar esa trans¬formación? Los teóricos del
desarrollo han aislado decenas de factores que contribuyen a la transformación
vertical (en tanto que algo opuesto a la traslación horizontal). Desde mi punto
de vista, no obstante, para que realmente se produzca la transforma¬ción deben
hallarse presentes varios factores procedentes de di¬ferentes dimensiones.'
Digamos,
para comenzar, que el individuo debe poseer una estructura orgánica (lo cual
incluye una estructura cerebral) que pueda soportar esa transformación, un
requisito que no suele su¬poner ningún tipo de problema porque, a esta altura
de la evolu¬ción, la mayor parte de los individuos poseen las condiciones
biológicas necesarias para soportar una conciencia integral.
Pero
el sustrato cultural también debe estar en condiciones de sustentar tal
transformación o, en el peor de los casos, de no opo¬nerse a ella. Tal vez,
hace treinta años, este requisito hubiera su¬puesto un auténtico problema, pero
son muchos los indicadores que parecen señalar que, en la actualidad, existe
una predisposi¬ción cultural hacia un abrazo más integral. Digamos, en este
sen¬tido, que las últimas tres décadas de meme verde han preparado el camino
para que un elevado porcentaje de la población (los inte¬grantes del meme verde
que, como sugiere la investigación reali¬zada a este respecto -véase figura
6.2- incluye a unos cuarenta millones de norteamericanos y aproximadamente el
mismo por¬centaje de la población europea) esté preparada para experimen¬tar
esa transformación. A fin de cuentas, ésa es, según Clare Gra¬ves, la principal
función del meme verde, sensibilizar a la espiral del desarrollo (por algo se
le denomina el estadio del yo sensible) y, de ese modo, prepararlo para dar el
paso que conduce hasta el pensamiento de segundo grado.
Pero,
para que tal cosa ocurra, la conciencia debe ir más allá de verde.
Parafraseando a Graves, podríamos decir que «El meme ver¬de debe fracasar y
liberar la energía necesaria para realizar el salto al pensamiento de segundo
grado. Y es ahí, precisamente, donde se halla hoy en día la vanguardia de la
evolución».' Y, puesto que la principal causa de fijación al meme verde radica
en boomeritis, hay que remediar prontamente esa perturbación, al menos hasta
cierto punto. (El lector interesado puede encontrar en Boomeritis varias
sugerencias a este respecto.) En cualquier caso, si uno cobra con¬ciencia del
problema que supone boomeritis y reconoce sus peli¬gros, ya ha dado un
importante paso hacia adelante.
En
lo que respecta a las instituciones sociales y al fundamen¬to tecno-económico
concretos, se requieren profundos avances tecnológicos en una o más áreas que
acicateen a la conciencia in¬dividual. (Se trata, obviamente, del viejo
argumento marxista -una verdad parcial pero todavía válida- según el cual el
cambio de las fuerzas de producción provoca profundas transformacio¬nes
culturales.)
Recientemente
hemos experimentado varios de estos avances en la estructura tecnoeconómica,
entre los cuales cabe destacar la revolución digital/microchip. Nadie duda hoy
de que la nuestra es la "era de la información", una de las grandes
revoluciones sociales que -junto a la recolectora, la hortícola, la agraria y
la industrial-han estimulado la marcha de la historia, y también suele
aceptarse que no necesitamos seguir morando en ella. Debemos damos cuen¬ta de
que la globalización de las comunicaciones han abierto la puerta a la
posibilidad de una conciencia global e integral. Pero esta red tecnológica
global, este nuevo sistema nervioso de la concien¬cia colectiva, no garantiza,
en modo alguno, el desarrollo del indi¬viduo hasta el estadio integral. Es cierto
que lo facilita, pero en modo alguno lo garantiza. Además, global o planetario
no significa necesariamente integral. Después de todo, el meme rojo, el meme
azul y el meme naranja también pueden utilizar Internet, pongamos por caso. Así
pues, por más planetarios o globales que puedan ser los condicionantes
externos, el nivel o estadio de conciencia no está exclusivamente determinado
por ellos sino -como luego veremos más detenidamente- por factores interiores.
Así
es como llegamos a la última dimensión, la de la concien¬cia individual, y a
los factores que posibilitan la transformación personal (puesto que los otros
requisitos ya se hallan más o me¬nos a punto). Y es en este ámbito donde creo
que debemos resal¬tar cuatro factores que, en mi opinión, son especialmente
impor¬tantes: el logro, la disonancia, la visión y la apertura.
Con
el término logro me refiero al hecho de que el individuo tiene que haber
satisfecho las exigencias básicas de un determi¬nado estadio u ola, que haya
consolidado ya una competencia bá¬sica en cualquiera de las líneas del
desarrollo propias de ese ni¬vel. Y con ello no quiero decir que la persona
tenga que dominar a la perfección un determinado nivel o estadio, sino
simplemen¬te que debe funcionar de un modo lo suficientemente adecuado como
para poder dar un paso hacia adelante. En el caso de que la persona no dé ese
paso, experimenta un estancamiento evolutivo que torna improbable el salto.
Desde una perspectiva más subje¬tiva, podríamos decir que, para que el
individuo esté en condi¬ciones de dar un paso hacia adelante, debe haber
degustado antes lo suficientemente el estadio en que se halla como para haberse
hartado de él o, lo que es lo mismo, que quien todavía tenga ham¬bre del
alimento propio de un determinado, estadio estará en con¬diciones de buscarlo
en otra parte.
Quien,
por el contrario, haya degustado lo suficiente un deter¬minado estadio como
para haberse hartado de él, estará en condi¬ciones de aventurarse a sufrir una
transformación. Pero, para que ello ocurra, debe experimentar algún tipo de
disonancia. Es como si la nueva ola estuviera luchando por emerger al tiempo
que la vieja se esforzase en permanecer y el individuo experi¬mentara, en
consecuencia, la tensión de esos dos impulsos como una disonancia que lo
empujase en direcciones diferentes. Así pues, la insatisfacción profunda, la
desazón o incluso el hartazgo con el nivel presente genera una insidiosa y
conflictiva disonan¬cia. (Digamos de paso en este sentido que una de las
razones por las que escribí Boomeritis fue la de generar algún tipo de diso¬nancia
en el meme verde que, por cierto, ha acabado indispo¬niéndome con ellos.)
En
cualquier caso, uno debe estar en condiciones de renunciar -o de morir- al
nivel presente. Tal vez uno haya tropezado con sus limitaciones y
contradicciones intrínsecas (como diría Hegel), haya comenzado a
desidentificarse de él (como diría Assagioli) o quizás simplemente se haya
cansado de permanecer en la misma situación. Llegados a este punto, para que el
individuo pueda dar un paso ha¬cia delante es necesaria algún tipo de visión de
la situación como, por ejemplo, la comprensión de lo que uno quiere y de lo que
la re¬alidad realmente ofrece. Así pues, la afirmación, la volición y la
in¬tención de cambiar pueden ser elementos fundamentales de la vi¬sión de la
situación que alienten el proceso de desarrollo de la conciencia. Esta visión,
además, puede verse estimulada por la in¬trospección, por las conversaciones
con los amigos, por la terapia, por la meditación -o incluso, más
frecuentemente de lo que cree¬mos-, por el simple hecho de vivir.
Cuando
todos esos factores, finalmente, están a punto, se toma posible la apertura a
la siguiente ola más profunda, más elevada, más amplia y más abarcadora del
desarrollo de la conciencia.
Los
factores, pues, que favorecen el "salto cuántico" a la si¬guiente ola
integral -que el individuo se haya hartado del meme verde hasta el punto de
estar dispuesto a abandonarlo, que expe¬rimente algún tipo de disonancia con el
estado presente, que esté buscando algo más profundo, más amplio y más
significativo¬pueden resumirse en dos puntos fundamentales: una visión
inte¬gral y una práctica integral.
La
primera de ellas nos proporciona una cierta comprensión y, en este sentido, nos
ayuda a superar la disonancia y a aventurar¬nos a experimentar una apertura más
amplia y más profunda. La práctica integral, por su parte, consolida más
concretamente to¬dos esos factores para que no terminen convirtiéndose en meras
ideas abstractas y nociones vagas.
Debo
señalar aquí que, en la medida en que la conciencia co¬mienza a asentarse en el
pensamiento de segundo grado, aparece la posibilidad de una auténtica TOE o, en
el peor de los casos, se convierte en algo sumamente interesante porque suele
expresar¬se en los términos holísticos propios de la conciencia de segundo
grado.
En
los próximos capítulos esbozaré mi propia versión de una visión integral (de
una TOE) y también exploraré su utilidad en una serie de ámbitos que van desde
la medicina integral hasta los negocios integrales, la política integral y la
espiritualidad inte¬gral. (Con ello no pretendo decir que se trate de la única
visión integral posible ni tampoco de que sea la mejor. Lo único que afirmo,
por el contrario, es que es la mejor que yo conozco.) Co¬menzaremos, pues,
considerando esta visión integral y luego echaremos un vistazo al aspecto que
podría asumir una práctica integral para que, quien lo desee, pueda actualizar
esta visión in¬tegral en su propio caso y aportar un enfoque más comprehensi¬vo
a los muchos modos en que podemos tratar de ayudar a los de¬más.
Sexo,
ecología, espiritualidad
Ésta
fue la TOE que traté de esbozar en Sexo, ecología, espi¬ritualidad (SEE). Y
puesto que, muy a menudo, se me pregunta por la génesis de ese libro, por los
motivos que me llevaron a es¬cribirlo y por las críticas que recibió,
permítaseme ahora inte¬rrumpir la narrativa teórica y entrar en un relato
personal acerca de este punto.
Sexo,
ecología, espiritualidad fue el primer libro teórico que escribí durante los
casi diez años posteriores a los hechos descri¬tos en Gracia y coraje:
Espiritualidad y curación en la vida y en la muerte de Treya Killam Wilber.
(Diez días después de que Tre¬ya y yo nos casáramos, en 1983, ella fue
diagnosticada de cáncer del pecho y, a partir de ese momento, pasamos los cinco
años si¬guientes luchando contra la enfermedad. Finalmente Treya murió en 1989,
a la edad de cuarenta y un años. Ella fue quien me pidió que escribiera el
relato de nuestra ordalía y Gracia y coraje fue el resultado.)
El
libro anterior, Transformations of Consciousness (escrito en colaboración con
Jack Engler y Daniel P. Brown) [un libro en el que Wilber participa con tres
artículos que fueron recopilados por Editorial Kairós en 1992 con el título de
Psicología integral], se publicó en 1984; en 1991 escribí Gracia y coraje y
luego me dis¬puse a escribir un libro de texto de psicología transpersonal que
llevaba varios años planeando con el título tentativo de System, Self, and
Structure, pero que, por un motivo u otro, nunca termina¬ba de abordar.
Decidido, pues, a terminarlo, me senté y comencé a escribir un libro en dos
volúmenes y fue entonces cuando no tardé en darme cuenta de que cuatro de las
palabras utilizadas en el pri¬mer párrafo (desarrollo, jerarquía, trascendente
y universal) no es¬taban permitidas en el discurso académico. Es innecesario
decir que este hecho paralizó mi decisión de escribir System, Self, and
Structure, que, de nuevo, se vio desterrado al fondo del cajón de los
proyectos. (Recientemente ha salido una versión resumida de ese libro con el
título Integral Psycology [que, en castellano, verá la luz en Editorial Alamah,
Ciudad de México, 2000 con el título de Una visión integral de la psicología]).
Durante
el período de diez años que pasé sin escribir ocurrió un hecho al que no le
presté la debida atención y es que el mun¬do académico, en general, y los
estudios culturales, en particular, se vieron invadidos por el postmodernismo
radical y por el meme verde, hasta el punto de que las universidades y las
instituciones alternativas se hallaban tan infectadas de postmodernismo que el
único discurso aceptable era el de lo políticamente correcto. Des¬de esa
perspectiva, la única visión aceptable del mundo era el re¬lativismo
pluralista, una visión según la cual toda verdad está culturalmente determinada
(excepto la suya propia, que curiosa¬mente es universalmente aplicable a todas
las culturas), no hay verdades trascendentales (excepto las suyas, claro está,
que tras¬cienden todo contexto concreto), se desdeña como opresiva y
marginadora a toda jerarquía o clasificación jerárquica de valor (excepto,
obviamente, la suya, que es superior a todas las alter¬nativas) y no hay
verdades universales (excepto su propio plura-lismo que resulta universalmente
aplicable a todos los seres hu¬manos).
Los
inconvenientes del ala radical del postmodemismo y del relativismo pluralista
son hoy en día muy conocidos, pero en la época en que estaba tratando de
escribir System, Self, and Struc¬ture eran tan religiosamente abrazados como si
se tratara de la Bi¬blia y, consecuentemente, se anatematizaban los estudios
evoluti¬vos y trascendentales. Por ello me sentía como un salmón que tiene que
esforzarse en nadar contracorriente río arriba para poder desovar, de modo que
no tardé en dejar de lado System, Self, and Structure y comencé a buscar
horizontes menos espinosos.
Pero
mientras estaba buscando el mejor modo de proceder en un entorno intelectual
que parecía disfrutar con deconstruir todo aquello que se cruzaba en su camino,
una cosa me quedó clara: debía dar un paso atrás y comenzar desde el principio,
tratando de elaborar un vocabulario más adaptado a una filosofía
cons¬tructivista. Más allá del relativismo pluralista se halla el integra¬lismo
universal y, en consecuencia, me apresté a esbozar una fi¬losofía del
integralismo universal.
O,
dicho de otro modo, busqué un filosofía global o integral que sirviera para
interrelacionar de un modo plausible los múlti¬ples contextos pluralistas de la
ciencia, la moral y la estética, de la filosofía (tanto oriental como
occidental) y de las grandes tra-diciones de sabiduría del mundo entero. Pero
no al nivel de los detalles, lo cual es imposible, sino en tanto que
generalizaciones orientadoras y que sirviera para evidenciar que el mundo no se
halla realmente dividido, sino que es uno, una especie de filoso¬fía holística
(una TOE) para un Kosmos holístico.
Tres
años después había escrito Sexo, ecología, espirituali¬dad. Durante ese período
viví como un ermitaño hasta el punto de que no me habré relacionado con más de
cuatro personas (mi amigo Roger Walsh venía una vez al año para asegurarse de
que todavía seguía vivo). Era como si hubiera emprendido un retiro típico en
silencio de tres años (un período descrito en la entrada del 12 de junio de
Diario).
La
parte más dura de ese libro tenía que ver con las jerarquías. Es evidente que
las jerarquías de dominio son deplorables y que los ordenamientos jerárquicos
sociales opresivos resultan dañi¬nos. Afortunadamente, el postmodernismo nos ha
tornado más sensibles a todas esas injusticias. Pero hay que decir que, hasta
los críticos antijerárquicos tienen sus propias jerarquías (ordena¬mientos
jerárquicos de valor), que, por ejemplo, valoran más el pluralismo que el
absolutismo. Hasta los ecofilósofos -que abo¬rrecen de toda jerarquía que
ubique al ser humano en la cúspide de la escala evolutiva- disponen de su
propia jerarquía, una je¬rarquía según la cual los elementos subatómicos forman
parte de los átomos, que a su vez forman parte de las moléculas, que a su vez
forman parte de las células, que a su vez forman parte de los organismos, que a
su vez forma parte de los ecosistemas, que a su vez forman parte de la
biosfera. Así pues, ellos valoran la biosfe¬ra por encima de los organismos
particulares (como el ser huma¬no, por ejemplo) y se quejan de que el hombre
esté esquilmando la biosfera en aras de sus propios intereses egoístas. Esto es
lo que afirma su peculiar sistema de valores.
Y lo
mismo ocurre con las feministas, que también sostienen sus propias jerarquías
(según las cuales, por ejemplo, las socieda¬des participativas son mejores que
las sociedades de poder; la vin¬culación [linking] es mejor que el ordenamiento
[ranking] y la li¬beración es mejor que la opresión); los teóricos sistémicos
tienen centenares de jerarquías (ya que la mayoría de los sistemas natu¬rales
se hallan dispuestos jerárquicamente), los biólogos, los lin¬güistas y los
psicólogos evolutivos tienen sus propias jerarquías (y hasta los memes que no
reconocen jerarquías como el beige o el púrpura también tienen sus propias
estructuras jerárquicas). De este modo, y aunque explícitamente afirmen lo
contrario, todo el mundo parece tener algún tipo de jerarquía. El problema es
que ninguna de esas jerarquías parece cuadrar con las demás, ninguna de ellas
parece estar de acuerdo con las otras. Ése fue el problema básico que me
mantuvo encerrado en casa durante tres años.
Llegó
un momento en que tenía el suelo empapelado de folios tratando de ver el mejor
modo de encajar casi doscientas jerar¬quías diferentes. Por una parte estaban
las jerarquías de las "cien¬cias naturales", que son las más
sencillas, puesto que todo el mundo parece estar de acuerdo al respecto: desde
los átomos has¬ta las moléculas, las células y los organismos, por ejemplo. Se
trata de jerarquías muy fáciles de entender, porque son muy grá¬ficas y hasta
pueden verse directamente utilizando un microsco-pio: los organismos contienen
células, que a su vez contienen moléculas, que a su vez contienen átomos.
Además, ésa es una jerarquía inclusiva en la que las células abrazan o
envuelven lite¬ralmente a las moléculas.
Otro
tipo de jerarquías fueron las descubiertas por los psicó¬logos evolutivos,
versiones diferentes todas ellas de la jerarquía cognitiva, que va desde lo
preconvencional a lo convencional y lo postconvencional o, visto más
detenidamente, de la jerarquía que va desde la sensación hasta la percepción,
el impulso, la ima¬gen, el símbolo, el concepto, la regla, etc. Los nombres
variaban y los esquemas eran levemente diferentes, pero la sucesión jerár¬quica
era siempre la misma, puesto que cada estadio sucesivo in¬corporaba a sus
predecesores y le agregaba alguna capacidad nueva. Se trataba de algo muy
similar a las jerarquías de las cien¬cias naturales, exceptuando tal vez el
hecho de que todavía no se acomodaban de un modo evidente. Además, uno puede
ver orga¬nismos y células en el mundo empírico, pero no puede ver del mismo
modo los estados interiores de la conciencia y, en conse¬cuencia, no resultaba
evidente el modo en que podían acoplarse todas esas jerarquías.
Y
ésas eran las más fáciles. Había jerarquías lingüísticas, je¬rarquías
contextuales y jerarquías espirituales; había estadios del desarrollo de la
fonética, de los sistemas estelares, de las visiones culturales del mundo, de
los sistemas autopoyéticos, de las mo-dalidades tecnológicas, de las
estructuras económicas, del desa¬rrollo filogenético, de las realizaciones
supraconscientes... Y to¬das ellas parecían reacias a reconciliarse.
En
su reputado Laws of Form, G. Spencer Brown, dijo que los nuevos conocimientos
aparecen simplemente cuando uno no ol¬vida lo que necesita saber, como si
bastara con mantener presen¬te el problema y esperar. La historia de los seres
humanos consti¬tuye el claro testimonio de este hecho. Un individuo tropieza
con un problema y se obsesiona con él hasta que acaba resolviéndo¬lo. Y lo más
curioso de todo es que, más pronto o más tarde, el problema siempre se
resuelve. Tal vez requiera una semana, un mes, un año, una década, un siglo o
un milenio, pero el Kosmos siempre acaba proporcionando soluciones. Durante un
millón de años, los seres humanos han estado contemplando la Luna con la
esperanza de hollarla...
En
mi opinión, cualquier persona competente es capaz de te¬ner presentes los
problemas que le aquejan hasta encontrar una solución, lo que no todos poseemos
es la determinación, la pa¬sión o el grado de obsesión requerido para mantener
el problema durante el tiempo necesario o con la suficiente intensidad. Todo
ese tiempo estuve obsesionado con este problema concreto y, al finalizar ese
período de tres años, las cosas empezaron a aclarar¬se. Entonces me di cuenta
de que las distintas jerarquías se refe¬rían a cuatro grandes grupos (a los
que, como veremos más ade¬lante, terminé llamando los cuatro cuadrantes).
Porque las cosas comenzaron a cobrar sentido cuando advertí que algunas de
ellas se refieren a individuos, otras a colectividades, otras a realidades
exteriores y otras, por último, a realidades interiores.
Los
elementos constitutivos de estas jerarquías son los holo¬nes, totalidades que,
al mismo tiempo, forman parte de otras tota¬lidades. La totalidad átomo, por
ejemplo, forma parte de la totali¬dad molécula; la totalidad molécula forma
parte de la totalidad célula; la totalidad célula forma parte de la totalidad
organismo. Del mismo modo, la totalidad letra forma parte de la totalidad
pa¬labra, que a su vez forma parte de la totalidad frase, que a su vez forma
parte de la totalidad párrafo, etc. Así pues, la realidad no está compuesta de
totalidades ni de partes, sino de totalidades/par¬te u holones. En cualquier
dominio que la consideremos, la reali¬dad está básicamente compuesta de
holones.
Ése
es también el motivo por el cual, como señaló Arthur Koes¬tler, una jerarquía
de desarrollo es, en realidad, una holoarquía, puesto que está compuesta de
holones (como la que va de los áto¬mos a las moléculas, las células y los
organismos y a las que tam¬bién me refiero con los nombres de jerarquía anidada
o jerarquía de actualización. Y debo decir que las holoarquías constituyen el
espi¬nazo central del holismo, puesto que convierten a los montones en
totalidades, que forman parte de otras totalidades, y así hasta el in¬finito).
El Kosmos, pues, está compuesto por una serie de nidos que se hallan dentro de
nidos, que a su vez se hallan dentro de otros ni¬dos, expresando así un abrazo
cada vez más holístico. Miremos donde miremos no veremos más que holoarquías de
holones, por ello todas tienen su propio valor holoárquico y todas, en última
instancia, se hallan interrelacionadas y ajustan perfectamente.
El
universo está compuesto de holones, todo el camino de as¬censo y todo el camino
de descenso. Ésos son los tópicos sobre los que comencé a escribir en Sexo,
ecología, espiritualidad, un libro dividido en dos partes (tres, en realidad,
si contamos las notas finales, que constituyen un libro separado en sí mismo).
La primera parte describe al Kosmos holónico de nidos que se hallan
indefinidamente dentro de otros nidos, y la visión del mundo propia del
integralismo universal. La segunda parte trata de explicar por qué este Kosmos
holístico se ignora o niega con tanta frecuencia. ¿Por qué, si el universo
constituye, en realidad, una pauta de pautas y procesos mutuamente
interrelacionados -holoarquías de holones- tan pocas disciplinas lo reconocen?
Si el Kosmos no es holístico, integral y holónico, sino un asunto fragmentado y
confuso, sin contextos, vinculaciones, uniones o comuniones entre las distintas
partes, el mundo se nos presenta¬rá como el amasijo confuso del que nos hablan
las distintas dis¬ciplinas. Pero si el mundo es holístico y holónico, ¿por qué
no hay más personas que lo vean así? ¿Y por qué tantas disciplinas académicas
lo niegan activamente? Si el mundo es total, ¿por qué tantas personas lo
consideran fragmentado? Y ¿por qué, en última instancia, el mundo está roto,
fragmentado, alienado y di¬vidido?
La
segunda parte del libro, pues, se ocupa de investigar lo que nos impide ver
este Kosmos holístico y se centra en lo que yo de¬nomino mundo chato, el
fracaso en advertir la espiral completa del desarrollo, la totalidad del
espectro de la conciencia, una en¬fermedad cuyo antídoto es precisamente la
visión integral que Sexo, ecología, espiritualidad trata de proporcionar.
Una
vez que el libro fue concebido, el proceso de escritura discurrió bastante
rápidamente y acabó publicándose en 1995. Las críticas fueron desde muy
positivas («Junto a La vida divina, de Aurobindo, Ser y tiempo, de Heidegger y
Process and Reality, de Whitehead, Sexo, ecología, espiritualidad, de Wilber,
es uno de los cuatro grandes libros de este siglo»)' hasta el desconcier¬to, la
confusión y el enojo («Éste es uno de los libros más irri¬tantes del año, un
libro pomposo y engreído»). En cualquier caso, la reacción más común que
provocó la lectura Sexo, ecolo¬gía, espiritualidad fue la alegría. Después de
su publicación me vi literalmente inundado de cartas escritas por lectores que
ha¬blaban acerca de la influencia liberadora que había tenido Sexo, ecología,
espiritualidad en su visión del mundo, en su visión de la realidad y hasta en
su misma conciencia. Sexo, ecología, espi¬ritualidad es, después de todo, una
historia de las hazañas de nuestro Yo esencial y muchos lectores se alegraron
de que se lo recordara. Las mujeres me perdonaron cualquier aroma de
pa¬triarcado y no faltaron los hombres que me dijeron que habían llorado al
leer el último capítulo. Con excepción de Gracia y co¬raje, nunca he recibido
cartas tan cordiales y conmovedoras como las que recibí a propósito de Sexo,
ecología, espiritualidad, cartas que me hicieron concluir que los tres
difíciles años inver¬tidos en él habían merecido la pena.
Cierto
crítico dijo que Sexo, ecología, espiritualidad «honra e incorpora más verdad
que cualquier otro abordaje de la historia». Obviamente, me gustaría creer que
eso es cierto, pero también sé que cada nuevo día nos trae nuevas verdades, nos
abre a nuevos horizontes y requiere de visiones todavía más abarcadoras. Sexo,
ecología, espiritualidad es simplemente el último de una larga serie de
abordajes holísticos y, con toda seguridad, se verá reem¬plazado por un mañana
todavía más inclusivo en el que no será más que una nota a pie de página de
abordajes mucho más glo¬bales.
Entretanto,
sin embargo, creo que Sexo, ecología, espirituali¬dad (y los libros posteriores
que han ido encarnándolo)' puede servir como una útil visión integral. Breve
historia de todas las cosas es una versión popular de Sexo, ecología,
espiritualidad y los lectores interesados podrían comenzar por él. Obviamente,
no es necesario que el lector esté de acuerdo con todo lo que ahí se dice y es
muy probable, además, que cada cual pueda mejorarlo en aquellas regiones en que
se halle más especializado, lo cual me parecería muy bien. Esta es simplemente
una versión de una visión integral -un esbozo de una TOE- que sólo resulta útil
en la medida en que ayude a que cada cual cobre conciencia de sus propias
posibilidades integrales. ¿Echamos un vistazo?
Un
enfoque espectral global
Comenzaremos
esbozando un mapa integral de las posibilida¬des humanas. En las siguientes
tres secciones ofreceremos una visión global de este modelo integral tal y como
aparece en los seres humanos. Se trata de una visión un tanto abstracta, pero
el lector al que no le agrade este tipo de exposición no debe preo¬cuparse,
porque en los capítulos 5 y 6 veremos muchos ejemplos concretos en el campo de
la medicina, la educación, los negocios, la política, etc. Entretanto, sin
embargo, familiaricémonos con las ideas generales que resumiremos de un modo
simple en una serie de diagramas.
Puesto
que ya hemos usado la Spiral Dynamics como un ejem¬plo de algunos de los
niveles u olas del desarrollo de la conciencia, podemos seguir utilizando ese
modelo y luego conectarlo, como muestra la figura 3.1, con una concepción
omninivel y omnicuadrante.5
Convendría
señalar ahora varios puntos con respecto a la fi¬gura 3.1. Los cuatro
cuadrantes -que explicaremos más deteni¬damente en los siguientes capítulos-
simplemente se refieren a las cuatro dimensiones más importantes del Kosmos, es
decir, el interior y el exterior del individuo y de la colectividad. Si
obser¬vamos la figura 4.4 advertiremos algunos ejemplos concretos de algunos de
los holones propios de cada uno de los cuadrantes. La figura 3.1 se refiere
específicamente al holón humano. En esta sección nos centraremos en el
cuadrante superior-izquierdo tal y como aparece en los seres humanos (en la
conciencia indi¬vidual) y en la próxima prestaremos atención a los otros tres
cuadrantes.
El
cuadrante superior-izquierdo (que representa el interior del individuo y que,
en la figura 3.1, sólo incluye una línea y ocho niveles) se refiere, en
realidad, a un espectro completo de los ni¬veles u olas del desarrollo (que van
desde la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu o, dicho de
otro modo, des¬de lo arcaico a la magia, el mito, lo racional, lo integral y lo
transpersonal, pero no a modo de escalones dispuestos de un modo rígido, sino
de olas que se solapan unas a otras); muchas corrientes diferentes o líneas del
desarrollo (los distintos módu¬los, dimensiones o áreas del desarrollo, entre
los que cabe desta¬car el desarrollo cognitivo, el desarrollo moral, el
desarrollo afectivo, el desarrollo lingüístico, el desarrollo kinestésico, el
desarrollo somático, el desarrollo interpersonal, etc.); diferentes estados de
conciencia (que incluyen la vigilia, el sueño, el sueño sin sueños y los
estados alterados, no-ordinarios y meditativos), y diferentes tipos de
conciencia o posibles orientaciones dentro de cada nivel (lo que incluye, entre
otras cosas, los diferentes ti¬pos de personalidad y estilos de género), todo
lo cual se explica¬rá en la siguiente sección proporcionando una visión
integral ho¬lodinámica y ricamente texturada de la conciencia.
Centrémonos,
por el momento, en las olas, corrientes y tipos. Las olas son los
"niveles" del desarrollo concebidos de un modo fluido e
interrelacionado, que es como lo consideran hoy en día la mayor parte de los
evolucionistas. La figura 3.1 nos habla de ocho niveles del desarrollo, pero
como luego veremos creo que existen, al menos, cuatro olas superiores
transpersonales o espi¬rituales (psíquica, sutil, causal y no-dual).
Obviamente, ninguna de ellas constituye una plataforma rígida o lineal, a modo
de la-drillos apilados uno sobre otro, sino más bien modalidades pro¬medio y
fluidas de la conciencia.
Centrémonos
ahora, por un momento, en las olas, corrientes y tipos. Las olas son los
"niveles" del desarrollo concebidos de un modo fluido e
interrelacionado, que es el modo en que hoy en día lo consideran la mayor parte
de los psicólogos evolutivos. La fi¬gura 3.1 nos habla de ocho niveles del
desarrollo, pero como ve¬remos creo que existen, al menos, cuatro olas
superiores, trans¬personales o espirituales (psíquica, sutil, causal y
no-dual). Obviamente, no hay que considerar ninguna de estas olas como escalones
rígidos o lineales a modo de ladrillos colocados uno sobre otro, sino más bien
como modalidades promedio de la con¬ciencia.
Figura
3.1. Algunos ejemplos de los cuatro cuadrantes en los seres humanos.
A
través de estos niveles u olas del desarrollo discurren mu¬chas líneas o
corrientes diferentes del desarrollo. Disponemos de la suficiente evidencia
para afirmar que estas líneas, corrientes o módulos diferentes incluyen la
cognición, la moral, la identidad, la psicosexualidad, las ideas acerca de lo
bueno, la asunción de roles, la capacidad socioemocional, la creatividad, el
altruismo,
varias
líneas que pueden denominarse "espirituales" (como el respeto, la
apertura, la preocupación, la fe religiosa o los estadios meditativos, por
ejemplo), la competencia comunicativa, las mo¬dalidades espaciales y
temporales, el afecto/emoción, las amena-zas de muerte, las necesidades, las
visiones del mundo, la com¬petencia matemática, las habilidades musicales, la
kinestesia, la identidad de género, los mecanismos de defensa, la capacidad
in¬terpersonal y la empatía.'
Uno
de los ítems más reveladores acerca de estos módulos o corrientes múltiples es
que la mayor parte de ellos se desarrollan de un modo relativamente
independiente. La investigación toda¬vía no dispone de los detalles suficientes
acerca de estas relacio¬nes; algunas líneas son necesarias pero no suficientes
para el de¬sarrollo de otras, mientras que otras, por el contrario, discurren
estrechamente unidas. Hablando en términos generales, no obs¬tante, muchas de
las corrientes se desarrollan a su propio ritmo y siguiendo su propia dinámica.
En este sentido, por ejemplo, una persona puede hallarse en un nivel
relativamente elevado del de¬sarrollo de algunas corrientes, en un nivel
intermedio en otras y en un nivel francamente bajo en unas terceras. Dicho de otro
modo, el desarrollo global puede ser completamente desigual.
Esto
es lo que he indicado de un modo muy simplificado en la figura 3.2, en la que
los niveles de desarrollo (o los niveles de con¬ciencia) se hallan
representados en el eje vertical con los memes de la Spiral Dynamics de
Graves.' He añadido tres de las que consi¬dero que son las olas transpersonales
más elevadas (psíquica, sutil y causal), que veremos más adelante.' También he
ubicado en la iz¬quierda los términos cristianos habituales propios del
espectro completo de la izquierda (materia, cuerpo, mente, alma y espíritu),
mostrando de este modo sus correlaciones generales.
A
través de esos niveles generales u olas discurren varias líneas o corrientes
diferentes del desarrollo, de las que, a modo de ejemplo, he seleccionado sólo
cinco (kinestésica, cognitiva, moral, emocional y espiritual), pero queda ya
patente la posibilidad de un desarrollo desigual (como suele corroborar la
investigación empírica).
Figura
3.2. Olas), corrientes.
Y
puesto que las olas del desarrollo son, en realidad, una holo¬arquía, esta
situación puede también representarse como he hecho en la figura 3.3, donde he
utilizado simplemente cuatro grandes olas (cuerpo, mente, alma y espíritu) cada
una de las cuales tras¬ciende, a la vez que incluye, a sus predecesoras en un
abrazo inte¬gral cada vez mayor (una auténtica holoarquía de nidos que se
ha¬llan dentro de otros nidos, que a su vez se hallan dentro de otros nidos).
Así pues, dado que la mayor parte de las líneas del desa¬rrollo no discurren de
un modo lineal sino, por el contrario, de una manera fluida y espiralada, el
modo más adecuado de represen¬tarlo es el de la Figura 3.4. En cualquier caso,
todas estas figuras muestran la naturaleza dispar y no lineal del desarrollo.
Este
modelo arroja una considerable luz sobre el hecho de que algunos individuos
-entre los que se hallan los maestros espiri¬tuales- pueden hallarse muy
evolucionados en determinados as¬pectos (como la conciencia meditativa o la
lucidez cognitiva) y
Figura
3.3. La holoarquía del desarrollo.
evidenciar,
no obstante, un desarrollo muy limitado (o incluso al¬guna que otra patología)
en otras corrientes (como la interperso¬nal o la psicosexual, pongamos por
caso).
Y lo
mismo puede ocurrir con las tradiciones espirituales -des¬de el chamanismo
hasta el budismo, el cristianismo y las religio¬nes indígenas-, que pueden
hallarse muy avanzadas en ciertos módulos, pero muy atrasadas en otros e
incluso mostrarse fran-camente patológicas en unas terceras. En consecuencia,
una práctica transformadora más integral debería tener en cuenta un enfoque
omninivel y omnicuadrante más equilibrado (véase más adelante).
Véase
la figura 3.5 en lo que respecta a los tipos, que se hallan ilustrados, en este
caso, por el eneagrama. Lo que he hecho aquí ha
Figura
3.4 Corrientes .y olas espirales.
sido
tomar un solo módulo o corriente del desarrollo (cualquiera, desde la moral,
hasta la cognición, los mecanismos de defensa, etc.) y enumerar ocho niveles u
olas del desarrollo a través de las que suele desplegarse esta corriente
concreta (usando la Spiral Dy¬namics como un ejemplo de las olas). En cada uno
de los niveles he dibujado el eneagrama como ejemplo de lo que podríamos
de¬nominar una tipología horizontal o una tipología de los tipos de
personalidad que pueden presentarse en casi cualquiera de los ni¬veles
verticales del desarrollo. El hecho es que una persona pue¬de ser un tipo
concreto (usando la tipología junguiana, la de Myers-Briggs, el eneagrama,
etc.) en casi cualquiera de los nive¬les. Así pues, si una persona es, pongamos
por caso, un tipo 5 del eneagrama, cuando se desarrolla, podría ser púrpura 5,
rojo 5,
77
Figura
3.5. Niveles y tipos.
azul
5, etc. (aunque de nuevo debo señalar que esto no tiene lu¬gar de forma
rígidamente lineal sino, por el contrario, de un modo sumamente fluido).
Son
muchas las feministas para las cuales las orientaciones masculina y femenina
también constituyen un tipo. La idea, funda¬mentalmente basada en la obra de
Carol Gilligan y Deborah Tan¬nen, es que la orientación masculina típica, más
asentada en el de¬recho y la justicia, tiende a ser más individualista,
autónoma, abstracta e independiente, mientras que la orientación femenina, por
su parte, basada en el respeto y la responsabilidad, tiende a ser más
permeable, relacional y emocional. Recordemos que Gilligan está de acuerdo en
que tanto las mujeres como los hombres atra¬viesan tres (o cuatro) estadios
jerárquicos del desarrollo: precon¬vencional, convencional, postconvencional (e
integrado).
La
razón por la que tantas personas, especialmente las femi¬nistas, siguen
creyendo erróneamente que Gilligan negó la exis¬tencia de una jerarquía
femenina del desarrollo se basa en el he¬cho de que Gilligan descubrió que los
juicios emitidos por los hombres tienden a basarse en el pensamiento jerárquico
u ordena¬dor, mientras que las mujeres, por su parte, suelen hacer lo mismo
basándose en el pensamiento relacional o vinculador (centrándo¬se así,
respectivamente, en lo que yo denomino individualidad y relación). Pero lo que
muchas personas olvidan es que Gilligan también dijo que la orientación
femenina atraviesa tres (o cua¬tro) estadios jerárquicos, desde el egoísmo
hasta el respeto, el respeto universal y el integrado. Muchas feministas, pues,
han confundido la idea de que las mujeres tienden a no pensar jerár¬quicamente
con la idea de que su desarrollo no procede de un modo jerárquico, porque,
según la misma Gilligan, lo primero es cierto, pero lo último es falso.` (Y, en
mi opinión, el hecho de que Gilligan haya sido tan mal interpretada a este
respecto se debe a que el meme verde niega todo tipo de jerarquías y, en
con¬secuencia, no puede siquiera percibir literalmente su mensaje con
exactitud.)
En
el capítulo 8 de El ojo del Espíritu (un capítulo titulado «El feminismo
integral») resumí esta investigación diciendo que los hombres y las mujeres
atraviesan las mismas olas generales del desarrollo, pero que los hombres
tienden a hacerlo subrayan¬do la individualidad, mientras que las mujeres, por
su parte, cen¬tran más su atención en la relación.''
Esta
visión del desarrollo del género nos permite servimos de las muchas
contribuciones de los estudios acerca del desarrollo, pero también las
complementa con una mejor comprensión del motivo por el cual las mujeres
atraviesan las grandes olas de la existencia "con una voz diferente".
En el pasado, no era raro en¬contrar investigadores psicológicos ortodoxos que
describían a las mujeres como "hombres" deficientes (afirmando, por
ejem¬plo, que las mujeres "carecen" de lógica, racionalidad o sentido
de la justicia, e incluso los hubo que llegaron a definirlas por "la
envidia del pene" o, lo que es lo mismo, deseando aquello de lo que
carecen). Hoy en día, por el contrario, no es extraño descu¬brir, sobre todo
entre las feministas, el prejuicio opuesto, según el cual los hombres son
"mujeres deficientes" (es decir, que "care¬cen" de
sensibilidad, respeto, capacidad de relación, encarna¬ción, etc.).
Como
se ve, en todas partes cuecen habas, de modo que un abordaje más integral
podría permitimos rastrear el desarrollo a través de las grandes olas y
corrientes de la existencia, pero tam¬bién reconocer que unos y otras pueden
navegar por el Gran Río de la Vida utilizando, en cada caso, un estilo, un tipo
o "una voz diferente". Y ello significa que podemos reconocer las
olas prin¬cipales de la existencia -que, de hecho, son genéricamente neu¬tras-
sin negar, no obstante, la validez de ambas modalidades.`
Recordemos,
finalmente, que cualquier persona ubicada en cualquier estadio del desarrollo
puede tener un estado alterado o una experiencia cumbre -incluyendo las
llamadas experiencias espirituales- que tengan un efecto profundo en su
conciencia y en su desarrollo. Es incorrecta, pues, la idea de que el acceso a
las experiencias espirituales sólo puede tener lugar desde los esta¬dios más
elevados del desarrollo. Pero hay que advertir, no obs¬tante, que para que los
estados alterados terminen convirtiéndose en rasgos (o estructuras) permanentes
deben entrar en la corrien¬te del desarrollo permanente."
El
hecho es que, aun cuando sólo tengamos en cuenta el cua¬drante
superior-izquierdo, es posible disponer de un mapa más in¬tegral de la
conciencia, un mapa que incluya olas, corrientes, esta¬dos y tipos,
ingredientes importantes, todos ellos, del extraordinario espectro del
desarrollo de la conciencia.
Omnicuadrante
Pero
la conciencia individual o subjetiva no existe en el vacío -ningún sujeto es
una isla- y, en este mismo sentido, la concien¬cia individual está
inextricablemente unida al organismo y al ce¬rebro objetivo (cuadrante
superior-derecho), a la naturaleza, al sistema social y al medio ambiente
(cuadrante inferior-derecho) y a los contextos culturales, los valores y las
visiones colectivas del mundo (cuadrante inferior-izquierdo). Y, una vez más,
cada uno de estos cuadrantes experimenta un proceso de desarrollo que discurre
a través de numerosas olas, corrientes y tipos (de los cuales la figura 3.1
sólo recoge unos pocos). En libros como Bre¬ve historia de todas las cosas, El
ojo del Espíritu y Una visión in¬tegral de la psicología, he dado una amplia
variedad de ejemplos procedentes de cada cuadrante relacionados con el arte y
la inter¬pretación literaria, el feminismo y los estudios del género, la
an¬tropología, la filosofía, la psicología y la religión. Veamos ahora
rápidamente unos pocos ejemplos.
El
cuadrante superior-derecho nos proporciona una visión ob¬jetiva, empírica y
"científica" de lo individual, lo cual incluye los estados corporales
orgánicos, la bioquímica, los factores neuro¬biológicos, los neurotransmisores,
las estructuras orgánicas del cerebro (el tallo cerebral, el sistema límbico,
el neocórtex) etc. Pensemos lo que pensemos en torno a la relación existente
entre la mente y la conciencia (cuadrante superior-izquierdo) y entre el
cerebro y el cuerpo (cuadrante superior-derecho), lo cierto es que se trata de
dos ámbitos que se hallan indisolublemente unidos. Así pues, cualquier modelo
omninivel y omnicuadrante debería incluir las importantes correlaciones
existentes entre los estados, las olas, las corrientes y los tipos de
conciencia (cuadrante supe¬rior-izquierdo) y los estados cerebrales, los
sustratos orgánicos, los neurotransmisores, etc. (cuadrante superior-derecho).
Hoy
en día está llevándose a cabo una ingente investigación en tomo a los estados
orgánicos del cerebro y su relación con la conciencia. Lamentablemente, sin
embargo, la mayor parte de los investigadores ortodoxos tiende a reducir la
conciencia a me-canismos cerebrales y a caer así en un reduccionismo que
resulta devastador para la conciencia, ya que reduce las experiencias del
"yo" a los sistemas del "ello" y llega incluso a negar la
realidad fenoménica de todos los dominios internos. Pero esta reducción tan
nefasta del cuadrante superior-izquierdo al cuadrante supe¬rior-derecho puede
ser evitada si asumimos un enfoque omnini¬vel y omnicuadrante que se niegue a
reducir injustificadamente cualquier nivel, línea o cuadrante a cualquier
otro.'
El
cuadrante inferior-izquierdo incluye todas aquellas pautas de la conciencia que
son compartidas por quienes se hallan "in¬mersos" en el seno de una
cultura o subcultura particular. Para que usted y yo nos comprendamos -para que
exista siquiera la menor posibilidad de comunicación- necesitamos, cuanto
me¬nos, compartir cierta semántica lingüística, numerosas percep¬ciones, tener
visiones relativamente parecidas del mundo, etc. Y a estos valores,
percepciones, significados, hábitats semánticos, prácticas culturales, ética,
etc., compartidos es, precisamente, a lo que me refiero con el término cultura
o pautas intersubjetivas de la conciencia.
Todas
estas percepciones culturales que se mueven en el es¬pacio intersubjetivo de la
conciencia tienen correlatos objetivos que pueden ser registrados de un modo
empírico en tanto que es¬tructuras e instituciones físicas, lo cual incluye las
modalidades tecnoeconómicas (recolectora, hortícola, marítima, agraria,
in¬dustrial, informática), los estilos arquitectónicos, las estructuras
geopolíticas, las formas de transmisión de la información (como las señales
vocales, los ideogramas, la imprenta, las telecomuni¬caciones, el microchip),
las estructuras sociales (los clanes de su¬pervivencia, las tribus étnicas, los
ordenamientos feudales, las naciones antiguas, las agrupaciones de estados, las
comunidades de valor, etc.) y las realidades interobjetivas, a todas las cuales
me refiero, en general, con el término sistema social (cuadrante
inferior-derecho).
La
figura 3.6 ilustra el hecho de que, a lo largo de la historia, los diferentes
teóricos han solido centrar su atención en un solo cuadrante excluyendo a todos
los demás. En este sentido, los "ca¬minos de la mano derecha" tienden
a ocuparse de los cuadrantes exteriores cuyos ítems pueden percibirse con los
sentidos o con sus extensiones. Así, los teóricos e investigadores del
cuadrante superior-derecho se han centrado en el exterior del individuo, como
el conductismo, el empirismo, la física, la biología, las ciencias cognitivas,
la neurología, la fisiología cerebral, etc. (Aunque el cerebro se halle en el
interior del organismo, se in¬
Figura
3.6. Algunos de los teóricos representativos de los cuatro cuadrantes.
vestiga
de un modo objetivo, externo y científico y, en ese senti¬do, se halla en el
cuadrante superior-derecho, que es en lo que ha¬bitualmente pensamos cuando
hablamos de ciencias duras.)
Los
teóricos del cuadrante inferior-derecho, por su parte, se ocupan del exterior
de lo colectivo, las ciencias sistémicas, la teo¬ría sistémica, la red
ecológica de la vida, las teorías del caos y de la complejidad, las estructuras
tecnoeconómicas, las redes medio¬ambientales y los sistemas sociales. Los dos
cuadrantes de la mano derecha se expresan en el lenguaje objetivo en tercera
per¬sona del "ello", y es precisamente por ese motivo que suelen ser
calificados como "científicos" (el cuadrante superior-derecho
co¬rresponde a las ciencias individuales, mientras que el cuadrante
inferior-derecho tiene que ver con las ciencias sistémicas).'S
Todos
los "caminos de la mano izquierda" se centran en los cua¬drantes
interiores. Así, los teóricos e investigadores del cuadrante superior-izquierdo
investigan la conciencia interior tal y como apa¬rece en los individuos, lo
cual ha dado origen al psicoanálisis, la fe¬nomenología, la psicología
introspectiva y los estados meditativos (desde Freud hasta Jung, Piaget y
Buda). Y estas realidades feno¬ménicas no se expresan en el lenguaje del
"ello" (en tercera perso¬na), sino en el lenguaje del "yo"
(en primera persona).
Los
teóricos del cuadrante inferior-izquierdo investigan el in¬terior de lo
colectivo, los valores, las percepciones, las visiones del mundo y los
sustratos y contextos compartidos que no se ex¬presan tanto en el lenguaje del
"yo" como en el lenguaje del "no¬sotros". Estos teóricos
incluyen los estudios culturales herme-néuticos, interpretativos y
fenomenológicos (como, por ejemplo,
Thomas
Kuhn y Jean Gebser). Los efectos profundos de los sus¬tratos culturales en los
otros cuadrantes han sido subrayados
aunque
de un modo, en mi opinión, exagerado- por varios im¬portantes autores
postmodernos (como Nietzsche, Heidegger, Foucault y Derrida).
Como
veremos en las páginas siguientes, el enfoque integral que estoy recomendando
-y al que me refiero como omninivel y omnicuadrante- es lo suficientemente
amplio como para incluir.
sin
reducirlas a otras, todas las irreductibles realidades de todos los cuadrantes,
es decir, todas las olas, corrientes, estados, reinos y tipos de las que hablan
los investigadores más reputados. Hay que decir, además, que las realidades de
los cuatro cuadrantes in-teractúan entre sí, es decir,
"tetrainteractúan" y "tetraevolucio¬nan" y que cualquier
abordaje integral debería ser lo suficiente¬mente sensible como para advertir
las pautas ricamente texturadas de todas esas interacciones.
En
ciertas ocasiones simplifico todavía más este modelo de¬nominándolo «enfoque
1-2-3» al Kosmos, refiriéndome, en tal caso, a las realidades propias de la
primera persona, de la segun¬da persona y de la tercera persona. Como ya he
apuntado (y como evidencian también las figuras 3.1 y 3.6), el cuadrante
superior¬izquierdo puede ser expresado en el lenguaje del "yo" (es
decir, el relato en primera persona); el cuadrante inferior-izquierdo en el
lenguaje del "nosotros" (es decir, el relato en segunda perso¬na), y
los dos cuadrantes de la mano derecha -puesto que ambos son pautas objetivas-
en el lenguaje del "ello" (es decir, el relato en tercera persona).`
Así
es como podemos llegar a simplificar los cuatro cuadran¬tes hablando del
"Gran Tres" (el "yo", el "nosotros" y el
"ello"), tres importantes dimensiones que pueden afirmarse de modos
muy diferentes, como el arte, la moral y la ciencia; la Belleza, la Bondad y la
Verdad, o el ego, la cultura y la naturaleza. El hecho, en cualquier caso, es
que cualquier abordaje omninivel y omni¬cuadrante debería honrar por igual
todas las olas de la existencia, desde el cuerpo hasta la mente, el alma y el
espíritu en su des-pliegue simultáneo a través del ego, la cultura y la
naturaleza.
Y
todavía me refiero de un modo más sencillo a este modelo con el apelativo de
"holónico". Recordemos que un holón es una totalidad que forma parte
de otra totalidad. De este modo, la to¬talidad átomo forma parte de la
totalidad molécula, la totalidad molécula forma parte de la totalidad célula,
la totalidad célula forma parte de la totalidad organismo, etc. La realidad no
está compuesta de totalidades ni de partes, sino de totalidades/parte u
holones.
Las entidades fundamentales de todos los cuadrantes, niveles y líneas son
simplemente holones (véase Sexo, ecología, espiritualidad para una elaboración
más completa acerca de este tópico). Como señaló Arthur Koestler, una jerarquía
de desarro¬llo es realmente un holoarquía, puesto que está compuesta de
ho¬lones (como la que va de los átomos a las moléculas, las células y los
organismos). Este es el motivo por el cual la única vía para el holismo es la
holoarquía, y también explica por qué quienes niegan las jerarquías no alcanzan
el holismo sino que se conde¬nan al "montonismo".
Existe
aquí un paralelismo con lo que Beck y Cowan denomi¬nan específicamente
pensamiento de segundo grado, una modali¬dad de conciencia que reconoce y opera
con "holones". Dicho en sus propias palabras, «el término holón se
refiere a aquello que fluye con todo lo demás en los sistemas vivos y el
pensamiento de segundo grado vincula partículas, personas, funciones y nodos en
redes y niveles estratificados [jerarquías anidadas u holoar¬quías] y detecta
los campos de energía que rodean, infunden y fluyen naturalmente en una
"gran imagen" del orden cósmico». Esa "gran imagen" es una
TOE y ese orden es holónico...
Un
mapa más integral
¿Qué
es lo que podríamos decir acerca de un modelo más in¬tegral de las
posibilidades humanas? Antes de poder abordar las aplicaciones de una visión
más integral en el campo de la educa¬ción, de la política, de la empresa, de la
salud, etc., necesitamos tener alguna idea general sobre lo que estamos
aplicando. ¿Qué tipo de mapa podemos utilizar cuando pasamos del relativismo
pluralista al integralismo universal? Recordemos que un mapa más integral
debería incluir:
• múltiples niveles u olas de la existencia,
mostrándonos así una gran holoarquía que abarque el espectro completo de
la
conciencia, desde la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu
(o desde beige hasta púrpura, rojo, azul, naranja... lo sutil lo causal y lo
no-dual). Desplazándose a través de esos niveles del desarrollo, existen:
• muchas corrientes, módulos o líneas diferentes
del desa¬rrollo, entre las que cabe destacar la cognitiva, la moral, la
espiritual, la estética, la somática, la imaginativa, la inter¬personal, etc.
(en este sentido, por ejemplo, uno puede ser cognitivamente naranja,
emocionalmente púrpura, moral¬mente azul, etc.). Además, en casi todos los
estadios del desarrollo, uno tiene la posibilidad de acceder a:
• muchos estados diferentes de conciencia, como
la vigilia, el sueño, el sueño sin sueños y los estados alterados,
no-ordi¬narios y meditativos (muchos de los cuales pueden presen-tarse en
cualquier nivel de cualquier línea, de modo que, en casi cualquier estadio del
desarrollo, uno puede tener acce¬so a una gran variedad de experiencias
religiosas);"
• muchos tipos diferentes de conciencia, lo cual
incluye los tipos del género, los tipos de personalidad (como la tipolo¬gía
eneagramática, la de Myers-Briggs, la junguiana), etc. Estos tipos pueden
ocurrir en los distintos niveles, líneas y estados;
• muchos factores orgánicos y estados cerebrales
(propios del cuadrante superior-derecho que hoy en día recibe una gran atención
por parte de la psiquiatría, las ciencias cog-nitivas y la neurobiología,
aunque debo destacar que, por más importante que sea, no es más que "una
cuarta parte" de la historia);
• el extraordinario impacto de muchos factores
culturales, como la rica textura de las diversas realidades culturales, los
contextos que operan a modo de sustrato, las percepciones plurales, la
semántica lingüística, etc., ninguno de los cuales debe soslayarse sino que,
por el contrario, debe ser incluido e integrado en el amplio marco de una
visión aperspectivis¬ta-integral. (Por otra parte, "una práctica
transformadora au-ténticamente integral" debería también conceder el
adecua¬do peso a las relaciones, la comunidad, la cultura y los fac¬tores
intersubjetivos, en general, no sólo como un reino de aplicación de la visión
espiritual, sino como una herramien¬ta de transformación espiritual);
• las fuerzas que se derivan del sistema social,
en todos los niveles (desde la naturaleza hasta las estructuras humanas, como
el fundamento tecnoeconómico y también la impor¬tantísima relación que
mantienen con los sistemas sociales no humanos, desde Gaia hasta los
ecosistemas);
• aunque no haya hablado de ello en esta simple
revisión su¬maria, una visión global tampoco debe soslayar la impor¬tancia del
yo en tanto que navegante del gran Río de la Vida. Desde esta perspectiva, el
yo no es tanto una entidad monolítica como una sociedad de yoes que giran en
torno a un centro de gravedad que opera a modo de aglutinante de las muchas
olas, estados, corrientes y reinos, en una es-pecie de organización unificada
cuya interrupción, en cualquiera de los estadios, puede ocasionar un problema
patológico. `
Éstos
son algunos de los muchos factores que debería incluir cualquier visión
realmente holónica del Kosmos, ya que cual¬quier modelo que no incluya de un
modo coherente todos estos ítems no es un modelo integral. La mayor parte de mi
obra se ha centrado en presentar al lector las conclusiones de investigadores
que operan con las concepciones del segundo grado, tanto de fuentes
premodernas, como de fuentes modernas o de fuentes postmodernas, es decir, de
investigadores que tienen en cuenta el espectro completo de la conciencia y de
sus múltiples olas, co¬rrientes, estados y reinos. En el mejor de los casos, se
trataría de presentar una visión omninivel y omnicuadrante que englobase las
múltiples modalidades de la totalidad del espectro, una visión que incluyera la
mayor cantidad de evidencia posible procedente del mayor número posible de
investigadores.
Todo
esto, como anteriormente apuntaba, es un tanto seco y abs¬tracto porque nos
hemos visto obligados a abarcar un espacio muy amplio en muy pocas páginas. En
los siguientes capítulos veremos ejemplos muy concretos de todas estas ideas,
con la esperanza de que, de ese modo, las cosas resulten mucho más claras.
Creo
que este esfuerzo integrador apunta al problema central de los estudios
espirituales e integrales de este cambio de mile¬nio. ¿Permaneceremos
estancados en el meme verde, con la con¬siguiente identificación con sus
extraordinarias contribuciones (como la exquisita sensibilidad pluralista, por
ejemplo) y sus la¬mentables patologías (como boomeritis, por ejemplo) o daremos
el salto al hiperespacio de la conciencia de segundo grado y, de ese modo, nos
abriremos a la posibilidad de seguir evolucionan¬do hacia las olas
transpersonales de la autorrealización del espí¬ritu?
Transformar
al cartógrafo
Una
de las cuestiones con las que estamos tratando, dicho en otros términos, es el
modo en que podemos implementar una for¬ma más eficaz de alentar la emergencia
de una conciencia autén¬ticamente integral (e incluso transpersonal). Porque
para ello no basta, en mi opinión, con una nueva teoría integral, sino que
tam¬bién es necesaria una nueva práctica integral. Aun cuando pose¬yéramos el
mapa integral perfecto del Kosmos, un mapa que fue¬ra inequívocamente
exhaustivo y holístico, ese mapa, por sí solo, no transformaría a las personas.
No nos basta, pues, con un mapa, sino que también necesitamos herramientas que
nos permitan transformar al cartógrafo.
Así,
aunque la mayoría de mis libros tratan de ofrecer una vi¬sión auténticamente
integral, siempre acaban con alguna invita¬ción a una práctica integral, una
práctica que ejercite el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu en los ámbitos
del yo, la cultura y la naturaleza (una práctica, dicho en otras palabras,
"omninivel y omnicuadrante"). Ésta es la invitación que escuchará
reiterada¬mente en las páginas siguientes, junto a sugerencias concretas acerca
del modo específico de acometer, si lo desea, una práctica auténticamente
integral.
La
directriz primordial
En
los capítulos 5 y 6 exploraremos las aplicaciones de este modelo holónico en
los campos de la educación, la práctica espi¬ritual, la política, los negocios,
la salud, etc. Permítasenos, entre¬tanto, volver a nuestro punto principal -el
impacto de una visión integral tanto en la modalidad promedio como en la
vanguardia del desarrollo de la conciencia- y advirtamos lo siguiente: una de
las principales conclusiones de cualquier enfoque omninivel y omnicuadrante es
que cada meme -cada nivel de conciencia y cada ola de la existencia-
constituye, en su forma saludable, un elemento absolutamente necesario y
deseable de la espiral glo¬bal, del espectro global de la conciencia. No hay
que olvidar que, aun en el supuesto de que todas las sociedades de la tierra se
ha¬llaran completamente establecidas en el pensamiento de segundo grado, cada
niño nacido en ellas todavía debería comenzar su proceso de desarrollo en el
nivel 1, en beige, en los instintos y percepciones sensoriomotoras y, a partir
de ahí, debería crecer y evolucionar -en su camino hacia lo transpersonal- a
través de la magia púrpura, el mito rojo y azul, el racionalismo naranja, la
sensibilidad verde y la visión-lógica amarilla y turquesa propias del
pensamiento de segundo grado. Así pues, todas esas olas cumplen con funciones
esencialmente importantes, todas ellas deben ser asumidas e integradas en las
olas subsiguientes y, en consecuencia, no es posible eludir o relajar ninguna
de ellas sin graves consecuencias para el yo y para la sociedad. Así pues, la
directriz primordial no aspira tanto a sanar un determinado ni¬vel, sino a
preservar la salud de la espiral completa del desarro¬llo.
Moderar
nuestras expectativas
La
salud del espectro global de la conciencia es superior a la de cualquier nivel
particular, lo cual significa que un integralis¬mo auténticamente universal
debería ponderar con sumo cuidado su impacto real. Yo creo que las revoluciones
reales que afectan al mundo de hoy en día no suponen tanto un glorioso avance
co¬lectivo hacia los dominios transpersonales, sino pequeños cam¬bios
fundamentales que afectan a las olas mágica, mítica y racio¬nal de la
existencia.
Los
seres humanos nacen y empiezan su evolución a través de la gran espiral de la
conciencia siguiendo un camino que va des¬de los dominios arcaicos hasta los
mágicos, los míticos, los ra¬cionales, los integrales... y tal vez incluso los
auténticamente transpersonales. Pero por cada persona que avanza hacia el
esta¬dio integral o superior nacen decenas en el estadio arcaico. La es¬piral
de la existencia es un gran e interminable flujo de miles de millones de
personas que van desplazándose desde la fuente has¬ta el océano del Río de la
Vida, atravesando los estadios del cuer¬po, la mente, el alma y el espíritu.
Ninguna sociedad se hallará nunca en el nivel integral, porque ese flujo es
incesante (aunque, como evidencia la historia -véase, por ejemplo, Después del
Edén-, el centro de gravedad de una determinada cultura pueda ir ascendiendo).
Nuestro problema no se centra, pues, tanto en el modo de alcanzar la ola
integral o superior, como en la forma en que podemos mejorar la salud de toda
la espiral, una espiral que año tras año se ve atravesada de un extremo a otro
por miles de millones de seres humanos.
Nuestra
tarea, dicho en otros términos, debe centrarse en sa¬nar las olas más bajas (y
más fundamentales). Por ello nuestra atención no debe ocuparse tanto del modo
de alentar la evolución de un puñado de boomer hasta el pensamiento de segundo
grado, como del modo de alimentar a los millones de seres humanos que pasan
hambre, de alojar a los millones de personas que carecen de hogar y de mejorar
la salud de millones de enfermos que no la poseen. Así pues, la visión integral
constituye uno de los proble¬mas más urgentes que debe afrontar el planeta.
La
visión integral en el mundo en general
Permítanme
concluir este capítulo con la siguiente estima¬ción, realizada por el doctor
Phillip Harter, de la Facultad de Me¬dicina de la Stanford University. Si
consideramos a toda la po¬blación de la tierra como una aldea de sólo cien
personas, ésta se asemejaría a lo siguiente:
57 de ellos serían asiáticos
21 europeos
14
americanos (tanto de Norteamérica como de Sudamérica)
8
africanos 30 blancos 70 no blancos
6
poseerían el 59% de la riqueza del mundo
(y
los 6 serían estadounidenses)
80 viviría en condiciones infrahumanas
70 serían analfabetos
50 sufrirían desnutrición
1 tendría educación universitaria
1 poseería ordenador
Como
ya he señalado, pues, la resolución de los problemas más urgentes que aquejan a
nuestro planeta depende del desarro¬llo de una visión integral. Por ello
nuestra principal exigencia éti¬ca consiste en sanar la espiral completa del
desarrollo y, más con¬cretamente, de sus olas más tempranas.
No
obstante, la ventaja de la conciencia visión-lógica de se¬gundo grado es que
nos proporciona una visión más creativa para abordar esos apremiantes
problemas, porque la comprensión de la imagen global puede ayudarnos a
encontrar soluciones más in-teligentes. En este sentido, es el cuerpo
gobernante el que más necesita de un abordaje integral; son nuestras
instituciones edu¬cativas, desbordadas por el postmodernismo deconstructivo,
las que necesitan desesperadamente de una visión más integral; es nuestra práctica
comercial, centrada en los logros fragmentarios, la que requiere de un enfoque
más equilibrado; son nuestras ins¬tituciones sanitarias las que más podrían
beneficiarse de la visión compasiva de un abordaje más integral; y son los
gobernantes los que más claramente podrían advertir sus propias posibilidades.
De todas estas formas -y de muchas otras más- podríamos utili¬zar una visión
integral para cambiar el rumbo de un mundo que está enloqueciendo poco a poco.
4.
CIENCIA Y RELIGIÓN
Una
ciencia sin religión está coja, una religión sin ciencia está ciega.
ALBERT
EINSTEIN
Si
la humanidad fuera realmente sensible, hace ya tiempo que hubiera enloquecido
por la extraña relación que mantienen la ciencia y la religión. En su estado
actual, la relación que existe entre la ciencia y la religión refleja una de
esas lamentables dua-lidades -como la que existe entre la mente y el cuerpo, la
con¬ciencia y la materia, los hechos y los valores- que siguen siendo la espina
cavada en el costado del filósofo. Los hombres y muje¬res normales y
corrientes, por otro lado, siempre han utilizado li-bremente la ciencia (o
algún tipo de conocimiento empírico-téc¬nico) y la religión (o alguna especie
de significado, valor, objetivo trascendental o presencia inmanente). ¿Cómo
encajarlas adecuadamente? Porque ése es -momo diría Shakespeare- el di¬lema,
puesto que cualquier visión realmente integral -cualquier TOE- deberá
reconciliar, de un modo u otro, a la ciencia con la religión.
Son
varios los libros en los que he tratado de centrarme con¬cretamente en este
espinoso problema.' Creo que en ellos se aborda el tema desde una perspectiva
(que luego resumiré) que no suele escucharse en los debates al uso entre la
ciencia y la es-piritualidad y que sospecho que seguirán siendo ignorados,
por¬que no barajan exclusivamente ideas en torno al Espíritu, sino que apuntan
hacia una experiencia directa del Espíritu. Mi obje¬tivo, dicho en otros
términos, dista mucho del habitual (exclusi¬vamente centrado en las ideas
filosóficas o científicas que parece preferir las abstracciones a la
experiencia directa) y aspira a abrir un espacio en ese debate para la
espiritualidad contemplativa y meditativa. La situación es tan curiosa como la
de un grupo de eruditos que estuviera discutiendo interminablemente acerca de
las playas de Hawai y, en lugar de viajar hasta allí para verlas por sí mismos,
se contentaran simplemente con estudiar los mapas de que disponen desdeñando el
territorio. Lo dicho, una situación, desde luego, un tanto extraña.
Porque
el caso es que, muy posiblemente, haya lugar para am¬bas opciones, para la
experiencia espiritual directa y para la ela¬boración de mapas y modelos más
exactos de esas experiencias. Veamos.
La
relación existente entre la ciencia y la religión
Son
muchos los teóricos que se han ocupado de clasificar las perspectivas que
suelen asumirse en las discusiones habituales en torno a la relación existente
entre la ciencia y la religión. Todos esos esquemas clasificatorios son
bastante similares y se mueven en un continuo que va desde la guerra declarada
hasta la coexis¬tencia pacífica, la influencia, el intercambio mutuo y los
intentos de integración.
En
opinión de Ian Barbour, por ejemplo, tenemos: 1) Conflic¬to: la ciencia y
religión están en guerra; una es verdadera y la otra falsa. 2) Independencia:
ambas pueden estar en lo cierto, pero sus verdades se refieren a dominios
esencialmente separados entre los que apenas existe contacto. 3) Diálogo: la
ciencia y la religión pueden beneficiarse y enriquecerse mutuamente a través
del diá¬logo. 4) Integración: la ciencia y la religión forman parte de una
"gran imagen" que integra sus respectivas contribuciones.'-
Según
Eugenie Scott, tenemos las siguientes posturas: 1) Guerra: la ciencia y la
religión están inmersas en una lucha en la que el perdedor está condenado a
muerte. 2) Reinos separados: la ciencia se ocupa de los hechos naturales,
mientras que la religión, por su parte, se centra en los problemas
espirituales, de modo que no hay entre ellas posible acuerdo ni conflicto. 3)
Acomodación: la religión se amolda a los hechos de la ciencia y la utiliza para
reinterpretar -sin abandonar, no obstante- la esencia de las cre-encias
teológicas (a modo de una calle de un solo sentido). 4) Compromiso: la ciencia
y la religión se amoldan e interactúan mutuamente (a modo de una calle de doble
sentido).;
En
Ciencia y religión. El matrimonio entre el alma y los sen¬tidos he presentado
mi propia clasificación de las perspectivas más habituales a este respecto, de
las cuales ofrecemos ahora un breve resumen:
1.
La ciencia niega la religión. Ésta sigue siendo la agresiva actitud más
característica entre los científicos ac¬tuales, una perspectiva representada
por pensadores como Richard Dawkins, Francis Crick y Steven Pinker, por
ejemplo. Desde este punto de vista, la religión es una mera reliquia de las
supersticiones del pasado o, en el mejor de los casos, un mecanismo de
supervivencia utilizado por la naturaleza para reproducir las especies.
2.
La religión niega la ciencia. La respuesta típica del fundamentalismo a la
perspectiva anterior es que la cien¬cia forma parte del mundo caído y, en
consecuencia, no tiene acceso a la verdad real. Dios creó el mundo -inclu¬yendo
en él la totalidad de los fósiles- en seis días y eso es todo. La Biblia es la
verdad revelada, y tanto peor para la ciencia si discrepa de ella.
3.
La ciencia y la religión se ocupan de reinos diferen¬tes del ser y, en
consecuencia, no hay impedimento alguno para que puedan coexistir
pacíficamente. Ésta es una de las posiciones más sofisticadas que suele
presentarse en dos versiones, una fuerte y otra débil.
Según
la versión fuerte -el pluralismo epistemológi¬co-, la realidad está compuesta
de varias dimensiones o reinos (como la materia, el cuerpo, la mente, el alma y
el espíritu) y la ciencia se ocupa fundamentalmente de los dominios inferiores
de la materia y del cuerpo, mientras que la religión, por su parte, se centra
principalmente en los dominios superiores del alma y el espíritu. En cual¬quier
caso, la ciencia y la religión forman igualmente par¬te de una "gran
imagen" en la que caben ambas y en la que, en consecuencia, es posible
llegar a integrar sus respecti¬vas contribuciones. La Gran Cadena del Ser
tradicional, una visión generalmente representada por Plotino, Kant, Schelling,
Coomaraswamy, Whitehead, Frithjof Schuon, Huston Smith e Ian Barbour, cae
dentro de esta categoría (véase figura 4.3).
La
versión débil, por su parte, se denomina NOMA (nonoverlapping magisteria),
"dominios no solapados"-, un término acuñado por Stephen Jay Gould
para referirse a la idea de que la ciencia y religión se ocupan de reinos
diferentes que no pueden verse integrados en ningún tipo de "gran
imagen", puesto que son fundamentalmente in¬conmensurables. Ambos pueden
ser respetados, pero no pueden integrarse. Se trata de la actitud más frecuente
en¬tre muchos científicos que profesan la creencia en alguna clase de Espíritu,
pero no pueden imaginar siquiera el modo de articularlas con la ciencia, de
modo que terminan asumiendo la postura de dar al César lo que es del César y a
Dios lo que es de Dios.
4.
La ciencia nos ofrece "argumentos plausibles" acer¬ca de la
existencia del Espíritu. Esta perspectiva afirma que son muchos los hechos y
descubrimientos científicos que apuntan directamente a la existencia de las
realidades espi¬rituales y, en este sentido, la ciencia puede ayudamos a
re¬velar directamente la existencia del Dios/la Diosa. Desde este punto de
vista, por ejemplo, el Big Bang parece reque¬rir la existencia de algún tipo de
principio creativo; la evo¬lución parece atenerse a un plan inteligente; el
principio an¬trópico implica alguna clase de inteligencia creativa que se halle
detrás de la evolución cósmica, etc. Esta postura se asemeja a la calle de una
sola dirección de Scott, en el sen¬tido de que la ciencia se utiliza para
enriquecer a la religión, pero no viceversa. También es semejante a lo que
Barbour denomina "teología natural" en tanto que opuesta a una
"te¬ología de la naturaleza". Según aquélla -como afirman mu¬chos
ecofilósofos-, la simple lectura de la naturaleza reve-la la existencia del
Espíritu; según la "teología de la naturaleza", el Espíritu revelado
se utiliza para interpretar la naturaleza en términos espirituales (Barbour
parece in-clinarse por esta última, que es una versión de nuestra cate¬goría
3). Se trata de un abordaje muy común a este tópico y, sin duda, el más
frecuente entre los divulgadores del «nuevo paradigma científico que [según
afirman] demues¬tra o apoya las verdades del misticismo».
5.
La ciencia no es el conocimiento del mundo, sino tan sólo una interpretación
del mundo y, en consecuencia, tiene la misma validez -ni más ni menos- que el
arte o la poesía. Ésta es, obviamente, la posición "postmoderna"
típica. Mientras que el abordaje anterior es el más fre¬cuente entre los
divulgadores del tema de la ciencia y la religión, éste es el más habitual
entre la élite académica y cultural, que no se dedica tanto a elaborar
integraciones como a deconstruir todo aquello de valor que los demás tengan que
decir. También debo señalar, en honor a la ver¬dad, que algunos postmodemistas
abordan problemas re¬almente importantes (que he tratado de incluir, por
cierto, en una visión más integral).' En cualquiera de los casos, no obstante,
el postmodernismo radical termina abocando a un callejón sin salida (véase
Boomeritis).
La
mayor parte de los teóricos que se ocupan de este tipo de clasificaciones creen
que con ellas abarcan y reflejan la totalidad del espectro de perspectivas
posibles, pero debo señalar que sólo resumen los abordajes que hasta el momento
no han funcionado. Todas esas listas -desde la de Barbour hasta la mía- no son
tanto listas de éxitos como de fracasos. Dicho con más precisión, algu¬nos de
esos abordajes (fundamentalmente 3, 4 y 5) han propor¬cionado elementos
importantes para lo que podría ser una visión realmente integral, pero ninguno
de ellos ha rozado siquiera el núcleo de la religión -a saber, la experiencia
espiritual directa¬que, en mi opinión, resulta imprescindible para cualquier
aborda¬je que aspire a ser realmente integrador. Así, aunque algunos te¬óricos
(como Barbour, por ejemplo)' reconocen, al menos, la re¬alidad de la
experiencia espiritual, no dicen absolutamente nada acerca de los
descubrimientos realizados en los campos de la ciencia cognitiva, de las
ciencias del cerebro y de la fenomenolo¬gía contemplativa que tan decisivamente
pueden contribuir a la integración entre la ciencia y la religión.
Se
trata de un enfoque integral que yo he calificado como "omninivel y
omnicuadrante" cuyos rasgos fundamentales esbo¬zaremos ahora brevemente.
¿Dominios
no solapados?
Comenzaremos
con el enfoque de Stephen Jay Gould -un en¬foque sostenido también, por otra
parte, por un gran número de científicos y religiosos-, según el cual la
religión y la ciencia son importantes, pero pertenecen a dominios completamente
separa¬dos entre los que no existe ningún punto de contacto. En opinión de
Gould, «La falta de conflicto entre la ciencia y religión [recordemos que Gould
sostiene la versión débil de la postura 3] emerge de la falta de solapamiento
entre sus respectivos domi-nios, según lo cual la ciencia se ocupa de la
constitución empíri¬ca del universo, mientras que la religión se dedica a la
búsqueda de los valores éticos y del significado espiritual de nuestra vida».
Gould también reconoce, obviamente, que la ciencia y la religión "se
hallan en continuo choque" y que esa fricción proporciona una luz muy
interesante y, bastante a menudo, un calor más bien desagradable. En última
instancia, sin embargo, no hay conflicto ni acuerdo posible entre la ciencia y
la religión, porque son tan incongruentes como las peras y las manzanas.
Pero
para sustentar su punto de vista Gould se ve obligado a establecer un dualismo
bastante estricto entre la naturaleza y lo humano. Desde esa perspectiva,
"la naturaleza" está ligada al rei¬no de los hechos (revelado por la
ciencia), mientras que "lo hu¬mano" tiene que ver con el dominio de
los valores y de los signi¬ficados (revelado por la religión). «En los términos
últimamente inadecuados del discurso ético, la naturaleza puede ser realmen¬te
"cruel" e "indiferente", puesto que no existe para nosotros,
no sabemos de dónde procede y, metafóricamente hablando, le im-portamos un
bledo.» Desde ese punto de vista, sin embargo, es como si el ser humano no
formase parte de la naturaleza y no hu¬biera punto de contacto alguno entre los
dominios del "nosotros" (o la parte de nosotros que se halla
comprometida con la reli¬gión/ética) y de "la naturaleza" (los hechos
brutos desprovistos de todo valor). «Desde mi perspectiva -dice Gould- esta
postura no resulta deprimente sino esencialmente liberadora, porque nos brinda
la extraordinaria posibilidad de conducir nuestro discurso moral o, dicho en
nuestros propios términos... nos libera de la facticidad de la naturaleza.»'
Pero
es precisamente ese torpe dualismo, en cualquiera de sus muchas formas -el
dualismo entre los hechos y los valores, entre la naturaleza y el ser humano,
entre la ciencia y la religión, entre lo empírico y lo espiritual, entre lo
exterior y lo interior, entre lo ob¬jetivo y lo subjetivo, etc.-, el que ha
motivado todos los esfuer¬zos realizados para llegar a algún tipo de gran
imagen que unifi¬que de manera inconsútil esos dos dominios y no termine
sim¬plemente condenándonos a movernos exclusivamente en uno u otro lado de la
calle.
Obviamente,
se trata de un problema muy difícil e intrincado. La respuesta teológica
habitual al dualismo "empírico versus espi¬ritual" afirma que el
Espíritu creó el mundo empírico y que ésa es la relación que los vincula. Desde
esa perspectiva, si actuamos si¬guiendo los dictados de Dios (y evitamos el
mal) nos salvaremos, mientras que si, por el contrario, nos alejamos de Él (y
caemos en el mal) nos condenaremos. Pero, en tal caso, volvemos nuevamen¬te a
tropezar con el mismo problema, porque si Dios creó el mun¬do y el mundo
incluye el mal, ¿no creó, entonces, Dios el mal? Y, en tal caso, ¿no sería Dios
el responsable último del mal?, ¿por qué, pues, debo ser yo el culpable?, ¿no
le pedimos, acaso, cuentas al fabricante cuando nos entrega un producto roto?
(Pareciera, pues, como si la relación existente entre lo empírico y lo
espiritual no fuera, después de todo, tan fácil de resolver.)
Los
teóricos de la ecoespiritualidad no parecen haber encon¬trado tampoco una
solución mucho mejor. En lugar de un Dios trascendente y ultramundano que crea
la naturaleza, ellos postu¬lan la existencia de un Dios/Diosa intramundano/a
completa-mente inmanente, es decir, la naturaleza y su proceso de desarro¬llo
evolutivo. Desde esa perspectiva, si vivimos en armonía con la naturaleza nos
salvaremos, mientras que si nos alejamos de ella nos condenaremos, con lo cual,
en este caso, también caemos en el mismo problema. Si la naturaleza (vía
evolución) produjo al ser humano y el ser humano es el causante del agujero de
ozono, ¿no es acaso, en última instancia, la naturaleza la responsable del
agujero de ozono? Porque, en caso contrario -si hubiera algo en el ser humano
que no formara parte de la naturaleza-, no sería el fundamento último de la
existencia. La naturaleza, en suma, no puede ser un verdadero Dios, Diosa o
Espíritu, porque no lo abar¬ca todo, sino que forma parte de un pastel mucho
más grande. Pero ¿cuál es ese pastel más grande? Y, por encima de todo
-reiterémoslo una vez más-, ¿cómo llegar a trascender el dualismo existente
entre la naturaleza y lo humano?
Son
muchos los teóricos de la tradición perenne -desde Ploti¬no hasta Huston Smith
y Seyyed Nasr- que han intentado abor¬dar estas dificultades apelando a la Gran
Cadena del Ser (una postura que se corresponde con la versión fuerte de la
categoría 3). La idea es que, en realidad, no sólo existen dos reinos
estric¬tamente separados (la materia y el espíritu), sino, al menos, cua¬tro o
cinco reinos sumamente imbricados (como la materia, el cuerpo, la mente, el
alma y el espíritu). Desde este punto de vis¬ta, el dominio más elevado es el
fundamento no-dual de todos los demás, de modo que el espíritu último está más
allá de todos los dualismos. Sin embargo, en la medida en que el espíritu
descien¬de a la creación, va generando los diversos dualismos que, aun¬que
inevitables en el reino manifiesto, pueden sanarse y unificar¬se en la
realización última o no-dual del espíritu.
De
todas las posturas típicas ante la relación existente entre la ciencia y la
religión yo me decanto, como expliqué en Ciencia y religión, por ésta (la Gran
Cadena tradicional). Sin embargo, en ese libro también señalo que la
presentación tradicional de la Gran Cadena adolece de una serie de graves
limitaciones, mu¬chas de las cuales no difieren de las afrontadas por los
modelos dualistas más simples, como el de Gould, por ejemplo.' Po'que aunque
los tradicionalistas no postulen tan sólo la existencia de dos dominios no
solapados sino de cuatro o cinco, y aunque esos dominios (los diversos niveles
de la Gran Cadena) sean habitual¬mente considerados a modo de nidos que se
hallan englobados dentro de otros nidos, seguimos sin resolver el problema.
¿Cuál es, exactamente, la relación que existe entre los dominios más elevados
(como el espiritual) y los dominios inferiores (como el material)? Y, más
concretamente, ¿se halla la ciencia exclusiva¬mente relegada a los dominios
inferiores (materia y cuerpo) y, en ese sentido, tiene poco o nada que decirnos
acerca de los domi¬nios más elevados (el alma y espíritu)?, ¿es acaso la
relación que existe entre la ciencia y la religión la misma que hay en un
edifi¬cio de cinco pisos, donde la ciencia se ocupa de los dos pisos
in¬feriores, mientras que la religión nos habla de los dos pisos supe¬riores?
La mayor parte de las respuestas dadas a este debate -des¬de la de Huston Smith
hasta las de Ian Barbour y Stephen Jay Gould- son todas ellas variaciones sobre
ese mismo tema (cate¬goría 3, en sus versiones fuerte o débil).
Pero
¿qué ocurriría si en lugar de que la ciencia nos hablara de un piso y la
religión de otro ambas nos dijeran cosas diferentes sobre los mismos pisos?
¿Qué sucedería si la relación existente entre la ciencia y la religión no fuera
como la que hay entre los distintos pisos de un edificio, sino como la que se
da entre las dis¬tintas columnas de un mismo piso? ¿Qué ocurriría en el caso de
que la religión no se hallara en un piso más elevado que la cien¬cia, sino que
ambas discurrieran una junto a otra, todo el camino de ascenso y todo el camino
de descenso?
Éste
es un enfoque que todavía no ha sido llevado a la prácti¬ca y, puesto que los
demás han demostrado su inoperancia, val¬dría la pena investigarlo.
El
cerebro de un místico
Comencemos
con un sencillo ejemplo conectando a una me¬ditadora a un EEG
[electroencefalógrafo]. Supongamos ahora que cuando la meditadora entra en un
estado contemplativo pro¬fundo el EEG muestra una pauta de onda cerebral
inequívoca¬mente nueva (como, por ejemplo, la presencia de ondas delta de gran
amplitud que normalmente sólo aparecen durante el sueño profundo sin sueños).
Supongamos también que la meditadora afirma que su experiencia directa de ese
estado es una especie de expansión de su conciencia, una intensa sensación de
amor y compasión y el sentimiento de haber descubierto algo numinoso y sagrado
en sí misma y en el mundo; en general, una experien¬cia para la que no se le
ocurre mejor calificativo que el término espintual". Supongamos ahora que
otro meditador avezado entra en ese mismo estado y el EEG evidencia el mismo
conjunto objetivo de pautas de onda cerebral e informa de la presencia de
similares experiencias espirituales subjetivas.
Sigamos
suponiendo, por seguir con este mismo tema, que lo dicho hasta ahora sea cierto
(y tal vez convenga, en este punto, señalar que no se trata de algo tan extraño
como pudiera parecer a simple vista, porque hoy en día existe un cuerpo
sustancial de investigación que así lo corrobora).` En tal caso, los ámbitos de
la ciencia y de la religión no se hallarían tan separados como cree¬mos -no
serían dominios no solapados-, sino que, muy al con¬trario, se hallarían
profundamente imbricados.
Porque
lo cierto es que el argumento NOMA habitual (tanto en la versión fuerte como en
la débil de la categoría 3) tiende a soslayar que, aun cuando el mundo de los
valores y el de los he¬chos constituyan, en cierto modo, dominios separados, la
expe-riencia subjetiva de los valores no está exenta de correlatos cere¬brales
objetivos. Y debo advertir de partida que con ello no pretendo, en modo alguno,
afirmar que los valores pueden ser re¬ducidos a estados cerebrales, ni que las
experiencias espirituales puedan considerarse exclusivamente como meros estados
de la naturaleza, sino tan sólo que las realidades espirituales (propias del
ámbito de la religión) y las realidades empíricas (característi¬cas del ámbito
de la ciencia) no constituyen ámbitos tan estancos como parecen suponer los
abordajes típicos.
El
modelo integral que propongo -un modelo omninivel y omnicuadrante- trata de
proporcionar un marco de referencia adecuado al que puedan acomodarse todos
esos "hechos", es de¬cir, tanto las realidades interiores como las
realidades exteriores, tanto las experiencias "espirituales" como las
experiencias "cien¬tíficas", tanto las realidades subjetivas como las
realidades obje¬tivas. Este modelo proporciona además el espacio suficiente
para la Gran Cadena tradicional del Ser y del Conocimiento -desde la materia
hasta el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu- y también relaciona de un
modo concreto esas realidades con los hechos empíricos.
Figura
4.1. El Gran Nido del Ser. Adaptado, con permiso de Huston Smith, de
Verdad
olvidada. La visión común de las grandes religiones del mundo (Edito¬
rial
Kairós, Barcelona, 2001, en preparación).
Omnicuadrante
y omninivel
Comenzaremos
esta sección recurriendo a varios diagramas que pueden ayudarnos a ilustrar
este enfoque integral que aspira a incluir la ciencia moderna y la religión
tradicional en una posi¬ble TOE.
La
figura 4.1 representa la Gran Cadena tradicional del Ser,
Figura
4.2. El Gran Nido en las diversas tradiciones
(cortesía
de Brad Reynolds).
que
va desde el cuerpo hasta la mente, el alma y el espíritu, una figura
esencialmente similar a la 3.3 y la 3.4. Y puesto que cada nivel superior
trasciende, al tiempo que incluye, a sus predeceso¬res, también podemos hablar
de él, como sugiere la figura, como un Gran Nido del Ser. De hecho, la Gran
Cadena del Ser es una Gran Holoarquía del Ser. Esta figura del Gran Nido
procede del li¬bro Verdad olvidada. La visión común de las grandes religiones
del mundo, de Huston Smith (una de las principales autoridades vivas en el
campo de las religiones), que resume las similitudes esenciales que comparten
las grandes tradiciones de sabiduría del mundo. La figura 4.1 ilustra
simplemente el hecho de que cada uno de los grandes sistemas religiosos
reconoce alguna versión del amplio espectro que va desde el cuerpo hasta la
mente, el alma y el espíritu. Se trata de un resumen muy simple de la visión
reli¬giosa tradicional que se encuentra en el inundo. La figura 4.2, también
esbozada por Smith, da varios ejemplos al respecto.
Aunque
las figuras 4.1 y 4.2 sólo hablen de cuatro niveles, la mayor parte de las
tradiciones nos ofrecen mapas mucho más ri¬cos y detallados. Las hay que hacen
referencia a cinco niveles, otras a siete (como ocurre en el caso de los siete
chakras [véase el capítulo 6]) y otras a decenas. En la figura 3.2 presento un
mapa de once niveles (los ocho de la Spiral Dynamics comple¬mentados con tres
niveles superiores). En cualquier caso, el nú¬mero exacto es menos importante
que el hecho de comprender que la realidad está compuesta de varios niveles u
olas del ser y del conocimiento.
En
la figura 4.3, he reproducido un esquema simple del Gran Nido subrayando que se
trata de una Gran Holoarquía. Adviérta¬se que, según la visión tradicional, la
ciencia (como, por ejem¬plo, la física, la biología y la psicología) ocupa los
niveles infe¬riores, mientras que la religión (la teología y el misticismo) se
ocupa de los niveles superiores. (Éste es también el fundamento de la categoría
3, que como ya hemos visto probablemente sea la postura más influyente de todas
aquellas que, de un modo u otro, admiten la espiritualidad.) Pero es
precisamente esta visión la que proporciona a la Gran Cadena tradicional su
ontología "ul¬tramundana", ya que los pisos superiores se hallan
literalmente "fuera de este mundo" y tienen muy pocos puntos de
contacto -si es que tienen alguno- con el reino material. (Dicho más
concre¬tamente, la clase de eventos que hemos etiquetado como D y E
Figura
4.3. La Gran Holoarquía. El Espíritu es, al mismo tiempo, el nivel su¬
perior
(causal) y el fundamento no-dual de todos los niveles.
casi
no tienen correlación directa alguna con A y B, de ahí que se les considere
"ultramundanos".)
El
advenimiento de la ciencia moderna supuso un golpe letal para esa concepción
tradicional. La investigación moderna, por ejemplo, demostró claramente que la
conciencia (es decir, la men¬te), lejos de ser un noúmeno meramente
trascendental, se hallaba, en realidad, anclada de modos muy diversos en el
cerebro orgáni¬co y material, con lo cual muchos científicos modernos acabaron
reduciendo la conciencia a la mera interrelación de sistemas neu¬ronales. Pero
no es preciso atenernos al materialismo científico más estricto para comprender
que la conciencia está lejos de ser la esencia desencarnada que suponía la
mayor parte de las tradiciones religiosas. En última instancia, la conciencia
está íntimamente li¬gada al cerebro biomaterial y al organismo empírico, de
modo que, sea cual fuere su relación, la ciencia y la religión distan mucho de
ser meros "dominios no solapados".
La
emergencia de la ciencia moderna (especialmente durante el siglo xviii) formaba
parte de un conjunto de eventos que han ter¬minado englobándose bajo el
calificativo de "modernidad" aun¬que, en mi opinión, se ajustan más a
la noción de Max Weber de "diferenciación entre las esferas de valor
cultural" (fundamental¬mente, el arte, la moral y la ciencia). Hablando,
pues, en términos muy generales, habría que decir que la mayor parte de las
culturas premodernas fracasaron en diferenciar claramente esas esferas, pero
que la modernidad consiguió distinguir el arte, la moral y la ciencia,
permitiendo así que cada uno de ellos siguiera sus propias verdades a su propio
ritmo, libres de cualquier usurpación o intru¬sión por parte de las demás. (En
la Europa premoderna, por ejem¬plo, Galileo no podía mirar a través de su
telescopio e informar li¬bremente de lo que estaba viendo porque la ciencia y
el dogma de la Iglesia todavía no se habían separado. Fue la diferenciación
lle¬vada a cabo por la modernidad la que las dejó libres para seguir su propio
camino.) Y esta diferenciación fue la responsable del es¬pectacular avance del
conocimiento científico, de la multitud de nuevos abordajes artísticos y de una
visión más racional y natural de la moral, es decir, de las muchas cosas que
hoy en día engloba-mos bajo el calificativo de "modernas".
Las
esferas del "Gran Tres" (el arte, la moral y la ciencia) se re¬fieren
básicamente a los reinos de "yo", del "nosotros" y del
"ello'. El arte tiene que ver con el reino estético/expresivo, el rei¬no
subjetivo descrito en el lenguaje en primera persona del "yo". La
moral se refiere al reino ético/normativo, el reino intersubjetivo descrito en
el lenguaje en segunda persona del "nosotros". La cien¬cia, por
último, se ocupa del reino exterior/empírico, el reino obje¬tivo descrito en el
lenguaje en tercera persona del "ello" (un reino que puede
subdividirse en dos: el "ello" individual y el "ellos"
co¬lectivo). De este modo, disponemos de cuatro grandes dominios:
"yo",
"nosotros", "ello" y "ellos". En la figura 4.4
damos varios ejemplos de cada uno (cuya terminología -que, por cierto, el
lector no tiene que aprenderse de memoria- se explicará con más deteni¬miento
en una nota final),10 y en las páginas siguientes veremos también con más
detalle este árido esquema.
Adviértase
que los dos cuadrantes superiores de la figura 4.4, son singulares o
individuales y que los dos cuadrantes inferiores son plu¬rales o colectivos.
Por su parte, los dos cuadrantes de la Mano Iz¬quierda son
"interiores" o "subjetivos", mientras que los dos
cua¬drantes de la Mano Derecha son "exteriores" u
"objetivos".
La
idea global es muy sencilla. El complejo neocórtex del ser humano (10 de la
figura 4.4), por ejemplo, puede ser descrito en términos exteriores, objetivos
y científicos (en tanto que una serie de cisuras materiales en el estrato más
superficial del cerebro, compuesto de varios tejidos neuronales,
neurotransmisores y sen¬deros neurales) propios del cuadrante superior-derecho.
Pero en el momento en que los seres humanos comenzaron a desarrollar un
neocórtex complejo y a alejarse de los grandes primates, pasaron del meme
interior beige al meme interior púrpura (magia), es de¬cir, no sólo tuvo lugar
un cambio objetivo en la estructura cere¬bral, sino también una transformación
subjetiva de beige a púrpu¬ra que supuso el cambio de una visión arcaica del
mundo a una
Figura
4.4. Los cuatro cuadrantes.
Figura
4.5. El Gran Nido del Ser y los cuatro cuadrantes.
visión
mágica. En la figura también se muestran estos cambios in¬teriores en lo
individual (cuadrante superior-izquierdo) y en lo co¬lectivo (cuadrante
inferior-izquierdo). Finalmente, la descripción exterior (material o social)
del colectivo de los primeros humanos refleja el paso de las hordas de
supervivencia a las tribus étnicas (como evidencian las figuras 3.1 y 4.4).
Y es
la investigación científica la que clarifica todos estos de¬talles (la
estructura del neocórtex, los datos científicos acerca de los distintos
sistemas sociales, los memes interculturales del de¬sarrollo de la conciencia,
etc.).
La
figura 4.1 constituye un resumen de la visión del mundo tradicional, premoderna
o "religiosa", mientras que la figura 4.4 nos brinda un resumen de la
visión moderna, diferenciada o "cien¬tífica" del mundo. Por el
momento, vamos a "integrarlas" super¬
poniéndolas,
aunque, obviamente, las cosas no son tan simples y en varios libros he dado
explicaciones detalladas acerca de lo que realmente supone tal
integración." Pero puesto que ésta no es más que una breve introducción,
superpongamos simplemente la con¬cepción moderna sobre la premoderna, como
evidencia la figura 4.5 y echemos también un vistazo a la figura 4.6, que nos
presen¬ta una versión de la figura 4.5 que evidencia la relación existente
entre los estados interiores (los sentimientos corporales, las ideas mentales y
las experiencias espirituales) y los dominios materia¬les exteriores
(investigados por la ciencia objetiva).
Si
la concepción mostrada en las figuras 4.5 y 4.6 es válida, habremos dado un
gran paso hacia la integración entre la visión religiosa premoderna y la
moderna visión científica, habremos integrado el Gran Nido de Ser con las
diferenciaciones de la mo-dernidad, uno de los logros inmediatos de lo que
supondría una integración sin fisuras entre los reinos y visiones del mundo
ca¬racterísticas de la religión y de la ciencia, sin violar, en modo al¬guno,
sus propios criterios.
Este
enfoque integral también satisfaría el único criterio que anteriormente hemos
dicho que todavía no ha sido demostrado, es decir, el que afirma que la ciencia
(o las realidades exteriores) y la religión (o las realidades interiores)
podrían desarrollarse, no una después de la otra (como ilustra la figura 4.3),
sino una junto a la otra (en tanto que vertientes de la Mano Izquierda y de la
Mano Derecha del abordaje "omninivel y omnicuadrante" ejemplifica¬do
por las figuras 4.5 y 4.6). Desde esta perspectiva, la Figura 4.6 puede
explicar fácilmente el ejemplo mencionado de la meditado¬ra conectada a un
electroencefalógrafo que experimentaría reali¬dades subjetivas y espirituales
muy internas (cuadrante superior¬izquierdo) que también poseen verdaderos correlatos
externos, objetivos y empíricos (cuadrante superior-derecho) debidamente
registrados por el EEG. De este modo, la ciencia y la religión nos brindarían
algunos de los correlatos -interiores y exteriores- de las realidades
espirituales, uno de los ingredientes fundamentales para su integración en una
visión mayor y más abarcadora.
Figura
4.6. Correlaciones existentes entre los estados interiores (conciencia)
y
los estados exteriores (rnateriales).
La
buena ciencia
«Espere
un momento -tal vez diga el científico empírico-. Estoy completamente de
acuerdo con usted hasta el momento en que concede realidad a los reinos
espirituales. No me cabe la me¬nor duda de que los meditadores están
experimentando algo, pero tal vez no se trate más que de un estado emocional
subjeti¬vo. ¿Quién dice que estén experimentando el mismo tipo de rea¬lidades
reales a las que se refiere la ciencia?»
Aquí
es donde Ciencia y religión asume un giro novedoso. Di¬gamos, para empezar que,
hasta ahora, he dejado sin definir los tér¬minos "ciencia" y
"religión" (o "espiritualidad") '- y los he utilizado de un
modo un tanto vago en la acepción amplia en la que suelen utilizarse. Pero en
varios libros, he analizado cuidadosamente las muchas posibles acepciones
diferentes que se han dado a los térmi¬nos "ciencia" y
"religión" (Un Dios sociable, por ejemplo, esboza nueve significados
habituales muy distintos del término "religión"). Y debo decir que
gran parte del debate existente entre la "ciencia y la religión" se
complica por el uso de una extraña amalgama de acepciones inadecuadamente
clarificadas.
En
el campo de la espiritualidad, por ejemplo, debemos dis¬tinguir entre la
espiritualidad horizontal o traslativa (que aspira a proporcionar significado y
sosiego al yo separado y fortalecer al ego) y la espiritualidad vertical o
transformadora (que busca trascender el yo separado en un estado de conciencia
de unidad no-dual que se encuentra más allá del ego), dos abordajes a los que,
a partir de ahora, llamaremos "religión estrecha" y "religión
amplia" (o "religión superficial" y "religión
profunda", según la metáfora que prefiramos).''
También
debemos distinguir entre una acepción estricta y una acepción amplia de la
ciencia. La ciencia estricta se ocupa, fun¬damentalmente, del mundo exterior,
físico y sensoriomotor, lo que habitualmente tenemos en mente cuando pensamos
en las "ciencias duras" como la física, la química y la biología, por
ejemplo. Pero ¿acaso significa eso que la ciencia no puede decir¬nos
absolutamente nada acerca de los dominios interiores?, ¿aca¬so no puede existir
una ciencia más amplia que no se contente con comprender las piedras y los
árboles, sino que también aspi¬re comprender las mentes y los seres humanos?
Todos
conocemos este tipo de ciencias amplias, ciencias que no están exclusivamente
atadas al mundo exterior, físico y sen¬soriomotor, sino que también se
interesan por los estados interio¬res y por las metodologías de la
investigación cualitativa. Me re¬fiero, claro está, a las llamadas ciencias
"ciencias humanas", a lo que los alemanes denominan "ciencias
geist" (de geist que, en alemán, significa mente o espíritu). Así pues, la
psicología, la so¬ciología, la antropología, la lingüística, la semiótica y las
cien¬cias cognitivas son "ciencias amplias" que se ocupan del estudio
de la conciencia humana utilizando un enfoque generalmente
"científico". Debemos ser sumamente cuidadosos para que estos
enfoques no se limiten simplemente a emular la simplicidad po¬sitivista de las
ciencias estrictas. No obstante, creo que la dife¬rencia existente entre la
ciencia estricta y la ciencia amplia es algo que ya reconoce mucha gente. (En
breve volveremos a este punto, pero si echamos un vistazo a la figura 4.6 no
tardaremos en advertir que las ciencias estrictas se ocupan del estudio de los
cuadrantes de la Mano Derecha o materiales, mientras que las ciencias amplias,
por su parte, dedican al estudio de algunos as¬pectos de los cuadrantes de la
Mano Izquierda.)
El
matrimonio entre el alma y los sentidos procede luego a discutir lo que
específicamente se considera religión amplia y ciencia amplia. Comencemos con
esta última.
Como
ya hemos visto, no podemos definir la ciencia -ya sea amplia o estrecha-
diciendo que basa todo su conocimiento en el mundo sensoriomotor, porque hasta
la más estricta de las cien¬cias (la física) recurre al uso de herramientas que
no son empíri¬cas ni sensoriomotoras, como la lógica y las matemáticas, por
ejemplo, sino que se refieren a realidades interiores (nadie ha visto nunca en
el mundo empírico la raíz cuadrada de un número negativo).
No,
la "ciencia" tiene más que ver con una cierta actitud de
experimentación, honestidad e investigación en equipo, que, en la medida en que
puede, asienta su conocimiento en la evidencia (ya sea en la evidencia externa,
como ocurre con las ciencias es¬trechas, o en la evidencia interior, como
sucede con las ciencias amplias). Hablando en términos generales, éstas son, en
mi opi¬nión, las tres vertientes que caracterizan la investigación científi¬ca,
ya sea en un sentido estricto o en uno amplio:
1.
Una prescripción práctica o modelo. Si usted quiere saber si está lloviendo o
no, deberá abrir la ventana y ver lo que ocurre. Porque la cuestión es que los
"hechos" no están aguardando en tomo nuestro dispuestos, por así
de¬cirlo, a que todo el mundo pueda verlos. Si usted quiere saber esto, deberá
hacer aquello otro, deberá llevar a cabo algún tipo de experimento, seguir
alguna instrucción o em¬prender algún tipo de práctica, una práctica social.
Ésta es, en última instancia, una de las facetas distintivas de las principales
formas de buena ciencia y también, en el fon¬do, el significado de la noción
kuhniana de "paradigma", que no se refiere tanto a una superteoría
como a un mode¬lo o práctica real.
2.
Una aprehensión, iluminación o experiencia. Una vez que ha realizado el
experimento, una vez que se ha llevado a cabo la instrucción -una vez que se ha
comprometido pragmáticamente con el mundo-, se hallará en condiciones de
acceder directamente a las experiencias o aprehensiones proporcionadas por la
instrucción que técnicamente son co¬nocidas con el nombre de datos. Como señaló
William Ja¬mes, el significado real del término dato es, precisamente, el de
experiencia inmediata." Y debo decir que, en este senti¬do, uno puede
tener experiencias físicas (o datos físicos), experiencias mentales (o datos
mentales) y experiencias es¬pirituales (o datos espirituales). Toda buena
ciencia -ya seaestrecha o amplia- se halla, hasta cierto punto, anclada en
datos o evidencias experienciales.
3.
Verificación o refutación colectiva. Una vez hemos llevado a cabo el paradigma
(o la práctica social) y hemos generado una serie de experiencias y evidencias
(o datos), resulta de mucha utilidad cotejar esas experiencias con otros que
también hayan llevado a cabo la instrucción y hayan registrado las evidencias.
Y el mejor modo de veri¬ficar los datos recopilados -uno de los rasgos
distintivos de toda buena ciencia- reside en el cotejo con la comuni¬dad de
pares -de personas que hayan completado adecua¬damente las primeras dos
vertientes (prescripción y da¬tos)- que pueda confirmar o refutar la bondad de
los datos. Ahí es donde resulta de mucha utilidad el principio de fal-sabilidad
que, como creía sir Karl Popper, representa un ingrediente importante de la
buena ciencia. Porque la idea, resumida en dos palabras, es que la comunidad de
pares adecuadamente entrenados puede ayudar a rechazar los malos datos. Si no
hay ningún modo deponer en cuestión el propio sistema de creencias, tampoco hay
forma alguna de despojarse de él, aunque sea manifiestamente incorrec¬to y, en
consecuencia, tales creencias, sean cuales fueren, no serán científicas sino lo
que habitualmente se denomi-na "dogma" (es decir, una verdad
exclusivamente basada en el criterio de autoridad). Obviamente, hay muchas
rea¬lidades que no pueden someterse al criterio de falsabilidad (ya que, como
bien sabía Descartes, uno no puede, por ejemplo, rechazar ni dudar de su propia
conciencia). Pero este tercer criterio simplemente afirma que la buena cien¬cia
aspira de continuo a confirmar (o refutar) su conoci¬miento y el criterio de
falsabilidad se usa con mucha fre¬cuencia como una parte de esta tercera
vertiente que debe presentar toda buena ciencia.
La
religión profunda
Éstos
son los tres criterios generales característicos de la bue¬na ciencia, tanto en
su acepción estricta como amplia o, dicho de otro modo, éstas son las tres
vertientes a las que se atiene la bue¬na ciencia, en cualquiera de los dominios
(ya sea físico, mental o espiritual) para recopilar sus datos y corroborar su
validez. Casi todas las modalidades de la ciencia esbozan hipótesis para
expli¬car los datos y posteriormente se ven verificadas por una aplica¬ción
posterior de las tres vertientes de la buena ciencia (más ex¬perimentos, más
datos y comprobación posterior para confirmar o refutar la hipótesis).
Resumiendo, tanto la ciencia estrecha (cu¬yos datos proceden fundamentalmente
de los reinos exteriores o de los cuadrantes de la Mano Derecha) como la
ciencia amplia (cuyos datos proceden fundamentalmente de los reinos interiores
o de los cuadrantes de la Mano Izquierda) tratan de ser una bue¬na ciencia (una
ciencia que tiene en cuenta las tres vertientes de acumulación, evidencia y
verificación).
Permítasenos
ahora echar un breve vistazo a la religión. Ya he¬mos dicho que, al igual que
ocurre con el caso de la ciencia, exis¬te una religión estrecha (que sólo busca
consolidar el yo separado) y una religión amplia o profunda (que aspira a
trascenderlo). Pero ¿qué es exactamente una religión o una espiritualidad
profunda y cómo puede ser verificada? Porque el hecho es que, después de todo,
la espiritualidad profunda no se refiere a estados emociona¬les subjetivos,
sino que despliega auténticas verdades sobre el Kosmos. Y aquí es donde Ciencia
y religión formula su afirma¬ción más radical: La espiritualidad profunda es la
ciencia amplia de los niveles más elevados del desarrollo del ser humano.
La
revelación integral
Como
luego veremos, aunque ésta no sea la historia completa de la espiritualidad
profunda, constituye una parte esencial que todavía no ha recibido la atención
suficiente. Si echamos un vis¬tazo a la figura 4.3 -que representa la Gran
Cadena tradicional del Ser-, advertiremos la existencia de un despliegue que va
des¬de la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu. Des¬de una
perspectiva tradicional -en Plotino, por ejemplo-, éstos eran tanto los niveles
ontológicos del ser como los niveles cro¬nológicos del desarrollo individual
(aunque debemos señalar de nuevo que no se.trata tanto de un desarrollo rígido
y lineal como de un proceso que sedespliega a modo de olas fluidas). Si
echa¬mos un vistazo a la figura 4.4, advertiremos que los niveles indi¬viduales
del desarrollo se detienen en la visión-lógica y el cen¬tauro
(amarillo/turquesa). El motivo por el cual la figura 4.4 no incluye las olas
transpersonales y supramentales más elevadas del desarrollo de la conciencia
(como el alma y el espíritu) es porque esta figura representa simplemente la
evolución prome¬dio hasta el momento presente y, en consecuencia, no incluye
las olas más elevadas del desarrollo supraconsciente (aunque los in¬dividuos
pueden desarrollarse hasta ellas). Pero la afirmación de las grandes
tradiciones de sabiduría es que existen olas o estadios del desarrollo de la
conciencia más elevados, de modo que no sólo disponemos de la materia, el
cuerpo y la mente, sino tam¬bién del alma y el espíritu, que he incluido, por
otra parte, en las figura 4.5 y 4.6 (como también en el cuadrante
superior-izquier¬do de la figura 3.2, aunque el hecho es que todos esos niveles
tie¬nen correlatos en los cuatro cuadrantes).
Mi
tesis es simplemente ésta: la espiritualidad profunda im¬plica la investigación
directa de la evidencia experiencial que se revela en los estadios más elevados
de la evolución de la con¬ciencia (estadios a los que he denominado psíquico,
sutil, causal y no-dual y que, en las distintas figuras, se presentan de forma
re¬sumida como "alma" y "espíritu"). Y esa investigación
espiritual profunda se atiene a las tres vertientes de toda buena ciencia (no
de la ciencia estrecha, sino de la buena ciencia). En este sentido, pues,
descansan en prácticas sociales concretas o instrucciones (como la meditación),
apoyan sus afirmaciones en datos y evidencias experienciales y perfeccionan y
verifican de continuo sus datos con la comunidad de personas adecuadamente entrena¬das.
Y es precisamente por ello que pueden denominarse -y se autodenominan- ciencias
contemplativas.
Así
pues, con respecto a la figura 4.3, la espiritualidad pro¬funda es, en parte,
la ciencia amplia de los fenómenos, datos y experiencias etiquetados como D y
E. (En la figura 4.6, D es el alma y E el espíritu.) Pero también hay que
advertir -y esto for¬ma parte de la nueva formulación de este abordaje- que los
datos y experiencias interiores del alma y del espíritu (en el cuadrante
superior-izquierdo) poseen correlatos en las evidencias senso¬riomotoras del
cuadrante superior-derecho (véase figura 4.6). Dicho en otros términos, la
espiritualidad profunda del cuadran¬te superior-izquierdo investigada por la
ciencia amplia tiene co¬rrelatos en el cuadrante superior-derecho investigado
por la cien¬cia estrecha. Las ciencias contemplativas y fenomenológicas (las
ciencias amplias de las interioridades) pueden aliarse con la bue¬na ciencia
para lograr datos experienciales directos del cuadran¬te superior-izquierdo y
con la ciencia estrecha para obtener los correlatos propios del cuadrante
superior-derecho. (Debo reiterar que los aspectos científicos -tanto amplios
como estrechos- de los reinos superiores, si bien no representan la totalidad
de la his¬toria, sí constituyen una parte fundamental que habitualmente se ha
visto soslayada; y ciertamente también constituyen un ingre¬diente esencial de
cualquier abordaje realmente integral. )15
Así
pues, cualquier abordaje omninivel y omnicuadrante inte¬grará la ciencia y la
religión en muchos frentes diferentes. Por una parte, integrará la religión
profunda con la ciencia amplia, mostrando que la espiritualidad profunda es una
ciencia amplia de las cúspides más elevadas del potencial humano. También
in¬tegrará la religión profunda con la ciencia estrecha, porque hasta los datos
y experiencias espirituales profundas (como las expe¬riencias místicas), por
ejemplo, poseen correlatos reales en el ce¬rebro material que pueden
investigarse con la ayuda de la ciencia estrecha (como ocurre con la meditadora
conectada a un EEG con que comenzábamos este capítulo). Por último -y como
vere¬mos en breve-, este abordaje también deja suficiente espacio para la
religión estrecha. En todos estos casos, el enfoque omni¬nivel y omnicuadrante
nos brinda la posibilidad de interrelacio¬nar de un modo inconsútil lo que
anteriormente se consideraba como "dominios no solapados".
Vive
la différence!
Este
enfoque integral también respeta las grandes diferencias existentes entre los
distintos tipos de ciencia y religión. Decir que una investigación se atiene a
los criterios de la buena ciencia no supone decir que su contenido o
metodología real también lo sea, sino tan sólo que esa investigación compromete
al mundo (pres¬cripción), que proporciona experiencias sobre él (datos) y que,
fi¬nalmente, será corroborado tan minuciosamente como sea posi¬ble
(confirmación). Pero la forma real que asuma la investigación -sus métodos y
contenidos- variarán notablemente de un nivel a otro y de un cuadrante a otro.
A diferencia del positivismo, que sólo admite el uso de un método (empírico) en
un único reino (sensoriomotor), este abordaje abre las puertas a tantos métodos
e investigaciones como niveles y cuadrantes existen.
Por
dar un ejemplo muy sencillo, los fenómenos llamados B, C, D y E son entidades
muy diferentes y se han desarrollado me¬todologías para abordar cada una de
ellas en sus propios térmi¬nos. En Los tres ojos del conocimiento he expuesto
muchas razo¬nes por las cuales ninguno de estos tipos de investigación pueden
reducirse a los demás (diferenciando entre la experiencia senso¬riomotora, la
experiencia empírico-analítica, la experiencia her¬menéutico-fenomenológica, la
experiencia mandálica y la expe¬riencia gnóstica). En la medida en que todas
esas investigaciones intentan atenerse a ciertas prescripciones (o compromisos
prag¬máticos), apoyan sus afirmaciones en la evidencia experiencial y tratan de
verificar, en la medida de lo posible, la veracidad de susconclusiones, pueden
ser calificadas como "buena ciencia". Pero, más allá de todo eso, son
fundamentalmente diferentes y sus diferencias son respetadas -e incluso
abanderadas- por este abordaje integral.
La
religión estrecha
Hablando
en términos generales, la crítica recibió muy positi¬vamente la publicación de
Ciencia y religión. También hubo quienes me reprocharon haber desdeñado -hasta
el punto de ig¬norar- la religión estrecha, con lo cual estaba cuestionando
exce¬sivamente la faceta religiosa del pretendido matrimonio entre la ciencia y
la religión. En opinión de los críticos, el creyente pro¬medio jamás
renunciaría a los mitos y relatos que constituyen el 95% de la mayor parte de
las formas de espiritualidad. Y no sólo fueron los profesionales quienes me
hicieron esta advertencia, sino también muchos de mis amigos que, después de
mostrarles el libro a sus padres, pongamos por caso, vieron cómo movían de un
lado a otro la cabeza diciendo: «¿Así que Cristo no resucitó?», «¿de modo que
Dios no estableció ninguna alianza con Moi¬sés?», «¿nada de rezar a diario
orientado hacia La Meca?» «¡ésa no es mi religión! », etc.
Muy
bien, acepto mi culpabilidad. No cabe la menor duda de que en ese libro me
centré casi exclusivamente en las experien¬cias espirituales profundas (de los
dominios psíquico, sutil, cau¬sal y no-dual), ignorando la mucho más frecuente
dimensión re¬ligiosa de la espiritualidad traslativa (o religión estrecha).
También debo decir en mi favor que en ningún momento llegué a negar -ni a
sugerir siquiera- que hubiera que rechazar esa di-mensión. Reiteremos aquí lo
dicho en Ciencia y religión: «Hay que decir también, al mismo tiempo, que esto
no significa que debamos diluir toda diferencia religiosa, todo matiz local, y
caer en una suerte de espiritualidad... homogeneizada. La Gran Ca¬dena es
simplemente el esqueleto de cualquier abordaje indivi¬dual a lo Divino, un
esqueleto que cada individuo y cada religión deberá investir con su propia
carne y sus propias vísceras. La mayor parte de las religiones seguirán
ofreciendo sacramentos, distracción y mitos (y otros consuelos horizontales que
cumplen con funciones meramente traslativas), amén de las prácticas
au¬ténticamente contemplativas que cumplen con la función de alentar una
transformación vertical. No es preciso, pues, que las religiones experimenten
un cambio espectacular...». `
Pero
sí que hice, no obstante, dos acusaciones que sigo consi¬derando necesarias. La
primera de ellas es que, si la religión estre¬cha realiza afirmaciones
empíricas (es decir, afirmaciones acerca de entidades propias de los cuadrantes
de la Mano Derecha), esas afirmaciones deberán atenerse al criterio de la
ciencia empírica (estrecha). Si la religión, por ejemplo, dice que la Tierra
fue crea¬da en seis días, deberá contrastar esa afirmación con la ciencia
em¬pírica, una prueba en la que, por cierto, naufragan estrepitosamen¬te; uno
es libre de creer o no creer en ellas, pero no puede reclamar el respaldo de la
buena ciencia ni de la espiritualidad profunda. En segundo lugar, el núcleo
fundamental de la religión es la religión profunda o la espiritualidad profunda
que tiende a relajar y debili-tar el celo de la religión estrecha, y así, en la
medida en que uno despierte a sus potencialidades más elevadas, se hallará cada
vez menos atraído por la religión estricta."
Obviamente,
los críticos tienen razón en que la mayor parte de las personas abrazan una
religión estrecha o traslativa -sea la creencia en la Biblia, la creencia en
Gaia o la creencia en la teo¬ría holística de sistemas- y no desean transformar
al sujeto de esas creencias. Desde la perspectiva proporcionada por mi mo¬delo,
esas creencias mentales se refieren a los niveles del desa¬rrollo mágico,
mítico, racional o visión-lógico (es decir, desde púrpura hasta turquesa). Pero
yo también quisiera dirigirme a los dominios transpersonales más elevados
(psíquico, sutil y causal) que se encuentran más allá de las meras creencias,
los reinos su¬praconscientes y supramentales que constituyen el núcleo de la
espiritualidad profunda y de las ciencias contemplativas. Un modelo realmente
omninivel y omnicuadrante debe hacer suficiente espacio para todas esas
alternativas, desde la premental hasta la mental y la supramental.
Espiritualidad
y liberalismo
El
último punto que me gustaría discutir brevemente en este capítulo es muy
sencillo: la religión y la ciencia nunca se lleva¬rán bien hasta que la
religión y el liberalismo se reconcilien.
La
Ilustración clásica occidental -y su vástago, el liberalis¬mo- nacieron como un
movimiento fundamentalmente antirreli¬gioso. Los filósofos liberales y los
teóricos políticos de la Ilus¬tración buscaban, entre otras muchas cosas,
liberar a los individuos de los dictados de la religión del Estado y de la
men¬talidad del rebaño, ya que, hasta ese momento, si alguien se atre¬vía a
discrepar en voz alta de lo que decía el Papa, tenía que vér¬selas con la
Inquisición. El liberalismo, por el contrario, sostenía
que
el estado no debe alentar ninguna versión particular de la buena vida, sino que
debe permitir que los individuos decidan por sí mismos (separación entre la
Iglesia y el Estado). En la ac¬tualidad, el liberalismo tiende a contemplar con
mucha suspica¬cia a la religión, por el simple hecho de que muchos creyentes
son muy proclives a tratar de imponer su sistema de valores so¬bre los demás.
Además, el liberalismo también se alió estrecha¬mente con las ciencias
naturales recién emergentes -como la fí¬sica, la biología y la química-, que no
encontraron evidencia experimental alguna de las creencias sustentadas por la
religión mítica (como que el mundo fuera creado en seis días, por ejem¬plo).
Por su parte, la religión mítica acabó concluyendo que el li¬beralismo no era
mucho más que un "horrible ateísmo" que aca¬baría arruinando a la
sociedad. Resumiendo, el liberalismo y la religión se hallan enfrentadas casi
desde el mismo momento de partida.
Pero
ahora que hemos visto que al menos existen dos tipos di¬ferentes de religión
(estrecha y profunda), permítasenos revisar esa antigua animosidad. La religión
tradicional cuestionada por la Ilustración era la religión azul, con sus mitos
y absolutismos et¬nocéntricos (crea en su Dios mítico y será salvado, no lo
haga y se condenará eternamente). En este sentido, la Ilustración represen¬taba
la nueva ola emergente naranja de la existencia, con su fuer¬te creencia en el
materialismo científico, el progreso lineal, el co¬mercio y el empirismo. El
resultado de todo ello fue un conflicto titánico de memes que acabó originando,
al menos, dos grandes revoluciones (la americana y la francesa).
Como
ya hemos visto, la ola naranja es, de hecho, la primera de las olas de la
conciencia postconvencional y mundicéntrica. Por ello los filósofos fueron los
primeros abanderados de esa ex¬traordinaria ola que enfatizaba los derechos
universales del hom-bre (derechos que, siguiendo su misma lógica, no tardaron
en ex¬tenderse a las mujeres, los esclavos, los niños y hasta los animales). Se
trataba del gran avance que va desde lo etnocéntri¬co hasta lo mundicéntrico,
desde las jerarquías de dominio social hasta las meritocracias, desde el deber
hasta la dignidad. Y los fi¬lósofos también estaban en lo cierto al afirmar que
la mayor par¬te de los dogmas de las religiones propias del estadio
mítico-per¬tenencia no eran más que supersticiones despojadas de toda
evidencia, pero también estaban profundamente errados al extra¬polar que la
religión tradicional no era otra cosa más que un mito como el de Santa Claus.
Porque lo cierto es que la esencia de cada una de las grandes tradiciones de
sabiduría también nos pro¬porciona una serie de prácticas contemplativas que,
en el mejor de los casos, permiten acceder de un modo estable a las olas
transracionales y transpersonales de la conciencia.` Estas cien¬cias
contemplativas no nos revelan los mitos pre-racionales, sino las realidades
trans-racionales y la Ilustración racional, al reac¬cionar en contra de todo
tipo de afirmaciones no-racionales, arro¬jó también descuidadamente por la
ventana lo transracional con lo prerracional, y el hermoso bebé del espíritu se
fue por el mis¬mo desagüe que el agua de la bañera.
Así
pues, con la Ilustración, el materialismo científico estre¬cho (naranja) asumió
una postura abiertamente hostil hacia casi todas las formas de religión (tanto
pre como trans)." Hasta el mo¬mento, la religión tiende a identificarse
con las creencias azules mítico-pertenencia (la creencia en la verdad literal
de la Biblia, la Torah, el Corán, etc.), y la ciencia, por su parte, tiende a
identifi¬carse con una posición francamente antirreligiosa. En mi opi¬nión,
ambas precisan liberarse de su fanatismo estrecho y poco profundo y abrirse a
la buena ciencia y a la espiritualidad pro¬funda propias de las olas más
elevadas de la existencia, donde pueden acabar reconciliándose.
Esta
sería una espiritualidad postconservadora y postliberal que tendría en cuenta
los logros de la Ilustración mundicéntrica sin atrincherarse en las
afirmaciones de la religión mítico-perte¬nencia y de la moral prescriptiva, una
espiritualidad que no fuera preliberal y reaccionaria, sino progresiva y
evolutiva,20 una espiri¬tualidad que no aspiraría a imponer sus dogmas sobre
los demás, sino que alentaría a todo el mundo a desarrollar sus
potencialida¬des y, de ese modo, a descubrir su propia espiritualidad profunda,
infinitamente radiante, resplandeciente en medio de la oscuridad, eternamente
feliz, el asombroso descubrimiento de su propio Ros¬tro Original, su alma y su
espíritu divino, que nunca ha dejado de resplandecer.
5.
EL MUNDO REAL
O
pendemos unos de otros o terminaremos colgando cada cual por su cuenta.
BENJAMIN
FRANKLIN
A
menudo me pregunto cuáles son las aplicaciones prácticas de mi trabajo, es
decir, cuáles son las aplicaciones del modelo ho¬lónico o integral en el
"mundo real". Veamos ahora una breve muestra de lo que está
ocurriendo en este sentido.
La
política integral
He
colaborado con Drexel Sprecher, Lawrence Chickering, Don Beck, Michael Lerner,
Jack Crittenden y algunos otros en la elaboración de un enfoque político
omninivel y omnicuadrante (que tiene en cuenta la obra de tantos teóricos
políticos que resulta imposible enumerarlos a todos). También he colaborado con
con¬sejeros de Bill Clinton, Al Gore, Bill Bradley, Tony Blair, George W Bush y
Jeb Bush, entre otros. Porque lo cierto es que todo el mundo parece estar
buscando una "tercera vía" que integre lo me¬jor de las visiones
liberal y conservadora -el vital center del presi-dente Clinton, el
compassionate conservatism de George W Bush, el neue mitte de Alemania, la
third way de Tony Blair y el African renaissance de Thabo Mbeki, por nombrar
sólo unos pocos- y son muchos los teóricos que tratan de establecer los
cimientos sóli¬dos de una nueva visión omninivel y omnicuadrante.
Veremos
ahora mi propia visión teórica concreta, una visión que he desarrollado
fundamentalmente por mi propia cuenta y que se ha convertido en un fértil marco
de referencia para el debate con las ideas aportadas por otros teóricos. Para
ello, comenzaré esbozando mis propias ideas al respecto y luego señalaré las
áreas en las que las ideas de otros teóricos me han resultado de suma utilidad.
En
el último capítulo de Después del Edén («Republicanos, demócratas y místicos»)
dije que, en lo que respecta al sufrimien¬to humano, los liberales tienden a
creer en la causación objetiva, mientras que los conservadores creen en la
causación subjetiva. Con ello quiero decir que, desde la perspectiva liberal,
la respon¬sabilidad del sufrimiento individual recae en las instituciones
so¬ciales objetivas (si usted es pobre es porque la sociedad le opri¬me),
mientras que la perspectiva conservadora culpa a los factores subjetivos (si
usted es pobre es porque es perezoso). Consecuentemente, el liberal aborda ese
problema recomendan¬do algún tipo de intervención social objetiva, como una
reforma de las instituciones sociales y una redistribución de la riqueza que
aliente la igualdad entre todos los seres humanos. El aborda¬je conservador,
por su parte, recomienda inculcar los valores de la familia, exige que los
individuos asuman la responsabilidad de sus acciones, propone el endurecimiento
de las normas morales (lo cual supone, en muchos casos, la aceptación de los
valores re¬ligiosos tradicionales), alienta la ética del trabajo, el uso de
in¬centivos que recompensen el logro, etc.
Dicho
en otras palabras, el liberal suele creer en la causación de la Mano Derecha,
mientras que el conservador cree en la cau¬sación de la Mano Izquierda (aunque
hay que advertir en este punto que cuando elaboré los cuatro cuadrantes no tuve
en cuen¬ta la posible confusión terminológica que podría ocasionar.
Rei¬teremos, pues, que la llamada izquierda política cree en la causa¬ción de
la Mano Derecha, mientras que la derecha política, por su parte, cree en la
causación de la Mano Izquierda).
El
hecho, en cualquier caso, es que el primer paso hacia una "tercera
vía" -que integre lo mejor de la visión liberal y de la vi¬sión
conservadora y que subraye en consecuencia, tanto el desa¬rrollo interior como
el desarrollo exterior- consiste en reconocer la realidad e importancia tanto
de los cuadrantes interiores como de los cuadrantes exteriores y en orientar
nuestros esfuerzos tanto hacia los factores internos (los valores, los
significados, la moral y el desarrollo de la conciencia) como hacia los factores
externos (las condiciones económicas, el bienestar material, los avances
tecnológicos, la seguridad social, el medio ambiente).
Centremos
ahora nuestra atención en el área del desarrollo de conciencia, ya que ésta es,
después de todo, la parte más difícil para los liberales, que suelen oponerse a
todo tipo de "estadios" o de "niveles" (incluyendo los
niveles de conciencia), convencidos de que tales "juicios" son
racistas, sexistas, marginadores, etc. Re¬cordemos que, en este sentido, el
liberal no suele creer en la causa¬lidad interior y que incluso llega, en
ocasiones, a cuestionar la exis¬tencia misma de cualquier tipo de interioridad.
La epistemología liberal típica (como la sostenida, por ejemplo, por John
Locke) considera que la mente es como una tabula rasa, una pizarra en blanco
que va llenándose con imágenes procedentes del mundo externo. Así pues, si
existe algún problema interior (si usted está sufriendo, en suma), es porque
algo funciona mal en el exterior (en las instituciones sociales), ya que, desde
esa perspectiva, toda inte¬rioridad constituye, de un modo u otro, un reflejo
del exterior.
Pero
¿qué ocurriría si lo interior no dependiera exclusivamen¬te del mundo externo y
tuviera sus propios estadios de crecimien¬to y desarrollo? Si el logro de una
auténtica "tercera vía" exigiera tener en cuenta tanto el desarrollo
interior como el desarrollo ex-terior, deberíamos prestar también una atención
cuidadosa a los estadios interiores del desarrollo de la conciencia. En libros
tales como Una visión integral de la psicología he establecido las
co¬rrelaciones existentes entre unos cien modelos diferentes del de-sarrollo de
la conciencia, tanto orientales como occidentales, tan¬to antiguos como
modernos, que pueden proporcionarnos una imagen muy clara de los estadios del
desarrollo del reino subjeti¬vo, pero no a modo de una secuencia fija e inalterable
de niveles, sino como una guía general de las posibles olas del desarrollo de
la conciencia.
Así
pues, el primer paso hacia una "tercera vía" auténtica¬mente integral
nos obliga a combinar adecuadamente lo interior y el exterior (la Mano
Izquierda y la Mano Derecha, lo subjetivo y lo objetivo), mientras que el
segundo consiste en reconocer que lo subjetivo -es decir, la conciencia- se
despliega a través de una serie de estadios. Quien quiera dilucidar más
detalladamente es¬tos estadios puede recurrir a cualquiera de los mapas de los
in¬vestigadores más reputados del desarrollo interior, como Jane Loevinger,
Robert Kegan, Clare Graves, William Torbert, Susan¬ne Cook-Greuter o la Spiral
Dynamics de Beck y Cowan. Basta¬rá, para ilustrar esta visión global y
simplificada, con utilizar una versión de tres grandes estadios: el
preconvencional (o egocén¬trico), el convencional (o sociocéntrico) y el
postconvencional (o mundicéntrico).
La
ideología tradicional conservadora se halla asentada en una ola convencional y
sociocéntrica del desarrollo propia del es¬tadio mítico-pertenencia cuyos
valores hunden sus raíces en la orientación mítico-religiosa (como la Biblia,
por ejemplo), suele subrayar la importancia de los valores de la familia y de
la patria, es fuertemente sociocéntrica (y, en consecuencia, también suele ser
muy etnocéntrica), afirma los valores sociales aristocráticos y jerárquicos
(meme azul) y tiende hacia el patriarcado y el milita¬rismo. Ésta fue la
modalidad mítico-pertenencia que subrayó las virtudes cívicas y que dominó la
conciencia cultural desde apro¬ximadamente el año -1000 hasta la Ilustración
occidental, des¬pués de la cual apareció una modalidad de conciencia radical¬mente
nueva -la conciencia racional-egoica (el meme naranja postconvencional)- que
trajo consigo la nueva ideología política liberal.
La
Ilustración liberal nace, pues, como una reacción en contra del fundamentalismo
propio de la estructura mítico-pertenencia.
Estoy
hablando, claro está, de la opresión social generada por los mitos y sus
prejuicios etnocéntricos (que afirma que los cristia¬nos se salvarán, mientras
que los paganos irán al infierno, por ejemplo) y de la naturaleza no científica
del conocimiento pro¬porcionado por los mitos (como que el universo fue creado
en seis días, pongamos por caso). Así pues, uno de los principales objetivos de
la Ilustración fue aliviar el sufrimiento impuesto por la opresión de la
religión mítico/etnocéntrica y su carácter no científico. No olvidemos que el
grito de batalla de Voltaire -el verdadero lema de la Ilustración- fue el de «
¡Recordad las cruel¬dades! », recordad el sufrimiento infligido por la Iglesia
sobre mi¬llones de seres humanos en nombre de su Dios mítico.
Así
pues, en lugar del etnocentrismo mítico-pertenencia basa¬do en una identidad de
rol inserta en una jerarquía de identidades de rol, la Ilustración anhelaba una
identidad egoica libre de los prejuicios etnocéntricos (los derechos
universales del hombre) y basada en la investigación racional y científica.
Desde la pers¬pectiva de la Ilustración -una perspectiva, por otra parte, muy
acertada-, los derechos universales acabarían con la esclavitud, la democracia
nos libraría de la monarquía, el ego autónomo ven¬cería a la mentalidad del
rebaño y la ciencia se impondría sobre el mito. Dicho en otros términos, en el
mejor de los casos, la Ilus¬tración liberal representó -a la vez que fue un
producto- la evo¬lución de la conciencia desde la ola convencional y sociocéntrica
hasta la postconvencional y mundicéntrica.
Ahora
bien, si el liberalismo se hubiera limitado a ser el pro¬ducto de un avance
evolutivo desde lo etnocéntrico hasta lo mun¬dicéntrico, hubiera terminado,
pura y simplemente, ganando la batalla. Pero lo cierto es que el liberalismo
emergió en un clima al que he denominado mundo chato -o materialismo
científico-, según el cual lo único real es la materia (o, en el mejor de los
ca¬sos, la materia/energía) y, en consecuencia, la posesión de la ver¬dad sólo
pertenece a la ciencia más estricta.' (Recordemos que la ciencia estrecha -ya
se trate de la ciencia atomística propia del cuadrante superior-derecho como de
la ciencia sistémica, característica del cuadrante inferior-derecho- es la
ciencia de los do¬minios de la Mano Derecha.) El mundo chato, dicho en otras
pa¬labras, es la creencia de que lo único real son los cuadrantes de la Mano
Derecha.
Y el
liberalismo, al emerger en el seno del materialismo cien¬tífico, no sólo se
tragó el cebo, sino también el anzuelo, el sedal y hasta el pescador ideológico
y acabó convirtiéndose en el ada¬lid político de mundo chato, abanderando la
realidad exclusiva del mundo material y sensoriomotor propio de la Mano
Derecha. Desde esa perspectiva, la mente no es más que una tabula rasa, una
pizarra vacía que va llenándose con representaciones del mundo de la Mano
Derecha. En consecuencia, si el reino subjeti¬vo está enfermo es porque también
lo están las instituciones so¬ciales objetivas y, por tanto, el mejor modo de
liberar al ser hu¬mano y de acabar con el sufrimiento consiste en
proporcionarle la libertad material y económica, para lo cual hay que apelar al
materialismo científico y a la igualdad económica. Pero, de ese modo, acaban
soslayándose -o, en el peor de los casos, hasta ne¬gándose de un plumazo- los
dominios interiores de la Mano Iz¬quierda. Así es como se zanja toda posible
discusión con la con¬clusión de que todas las interioridades son iguales.' No
existen, pues, olas, estadios ni niveles de conciencia, porque eso sería
es¬tablecer un juicio de valor y los juicios de valor son malos, muy malos...
un sentimiento muy noble, ciertamente, pero que acaba jurando fidelidad al
mundo chato y negando al Kosmos toda in¬terioridad.
Así
pues, el deseo liberal de aliviar el sufrimiento humano de forma universal -ya
que todas las personas son merecedoras de la misma justicia, con independencia
de raza, color, sexo o cre¬do- evidenció un cambio de actitud (de lo
etnocéntrico a lo mun-dicéntrico), que terminó, no obstante, atrapado en la
visión pato¬lógica del mundo chato o, dicho en dos palabras, convirtiéndose en
una versión enferma de un nivel superior.
Ésta
es la gran paradoja del liberalismo. Hace mucho que los teóricos están de
acuerdo en que el liberalismo es intrínsecamen¬te contradictorio, porque
abandera la igualdad y la libertad... y sólo es posible tener una o la otra,
pero no ambas al mismo tiem¬po. Yo formularía esta contradicción del siguiente
modo: el libe¬ralismo es el resultado de una secuencia de estadios interiores
del desarrollo de la conciencia -que va desde lo egocéntrico hasta lo
etnocéntrico y, finalmente, a lo mundicéntrico-, después de lo cual da media
vuelta y niega el valor -y, en ocasiones, hasta la misma existencia- de los
niveles interiores del desarrollo que le dieron origen. Es como si el
liberalismo, al creer exclusivamente en la causación objetiva (es decir, en el
mundo chato), acabase también negando el camino interno recorrido hasta llegar
ahí.; La
postura
liberal es el producto de una serie de estadios que termi¬nan siendo negados,
ésa es la contradicción intrínseca del libera¬lismo.
Así
fue como el liberalismo se negó a emitir cualquier tipo de "juicio' en
torno a las interioridades y los individuos -¡ninguna posición es mejor que
otra!- y centró exclusivamente su atención en la reforma de las instituciones
exteriores, económicas y socia¬les, abandonando, de ese modo, toda interioridad
(los valores, los significados y el desarrollo interno, por ejemplo) a los
conserva¬dores.
Los
conservadores, por su parte, abrazaron el desarrollo inte¬rior, pero únicamente
hasta el estadio mítico-pertenencia, un es¬tadio sano en su propio nivel, una
versión saludable de un nivel inferior que defendía el estadio
mítico-pertenencia, la ola con-vencional/conformista, la virtud cívica, el meme
azul, un estadio, por otra parte, completamente sano, natural y necesario del
desa¬rrollo humano.
Ésta
es la curiosa encrucijada política en la que hoy en día nos encontramos y que
nos obliga a elegir entre una versión enferma de un nivel superior
(liberalismo) o una versión sana de un nivel inferior (conservadurismo).
Cualquier
auténtica "tercera vía" integral debería abrazar una versión sana del
nivel superior -es decir, un nivel arraigado en las olas postconvencionales y
mundicéntricas del desarrollo- que alentase por igual el desarrollo interior
(el crecimiento y el desa-rrollo de la conciencia y del bienestar subjetivo) y
el desarrollo exterior (el crecimiento y el desarrollo del bienestar económico
y material). Se trataría, dicho en otros términos, de bosquejar una teoría y
una práctica política omninivel y omnicuadrante.5
Además,
desde este ventajoso punto de vista, la directriz pri¬mordial de una auténtica
"tercera vía" no debería centrarse tanto en que todo el mundo
alcanzara un determinado estadio de desa¬rrollo de la conciencia (ya fuera
integral, pluralista o liberal), como en asegurar la salud de la espiral
completa del desarrollo
en
cada uno de sus niveles y olas. Así pues, los dos pasos que de¬ben conducirnos
a una "tercera vía" realmente integral serían los siguientes: 1)
incluir tanto lo subjetivo como lo objetivo y 2) dis¬cernir los diferentes
estadios del desarrollo de lo subjetivo y res¬petar la directriz primordial.'
Esa
es, precisamente, la orientación general que he seguido en las discusiones
políticas que he mantenido con los teóricos ante¬riormente mencionados. De
Chickering (Beyond Left and Right) y Sprecher he adoptado la importante
distinción que realizan en¬tre las vertientes "ordenada" (que subraya
la importancia de la colectividad) y "libre" (que subraya la
importancia del indivi¬duo) tanto del conservadurismo como del liberalismo .7
Además, ellos también consideran que la izquierda y la derecha creen, res¬pectivamente,
en la causación objetiva y en la causación subjeti¬va. Desde esta perspectiva,
las vertientes "ordenada" y "libre" -tanto de la derecha
como de la izquierda- se caracterizan por tratar de imponer sus creencias sobre
los demás (habitualmente a través del gobierno) o por colocar en primer lugar
los derechos del individuo, respectivamente. En este sentido, la vertiente
"or¬denada" de la derecha recurre a la autoridad del Estado para
for¬talecer los roles y valores convencionales, mientras que la ver¬tiente
"ordenada" de la izquierda está ejemplificada por el movimiento
políticamente correcto y el feminismo ortodoxo, que pretenden apelar al Estado
para imponer su propia versión de la igualdad. Por su parte, la vertiente
"libre" de la derecha está constituida por los defensores del libre
mercado, mientras que la vertiente "libre" de la izquierda se
ejemplifica con los libertarios civiles.
Esta
visión de la política se ajusta perfectamente a mis cuatro cuadrantes, porque
los cuadrantes superiores son individuales o "libres" y los
inferiores son colectivos u "ordenados", mientras que los interiores
son derecha/conservadores y los exteriores son izquierda/liberales.' De este
modo disponemos de un marco de re¬ferencia que nos sirve para determinar el
cuadrante que un deter¬minado teórico considera más importante (y, por
consiguiente, que debe ser manipulado, dirigido o protegido para tratar de obtener
los resultados deseados). Desde mi punto de vista, los cuatro cua-drantes son
igualmente importantes y, en consecuencia, un aborda¬je auténticamente
omninivel y omnicuadrante puede servir de base teórica para una orientación
política realmente integral.
En
Beyond Individualism, Jack Crittenden ha aplicado la no¬ción de individualidad
compuesta desarrollada en Después del Edén a los ámbitos de la teoría política
y de la educación y la ha complementado con sus propias conclusiones al
respecto. Por mi parte, también me he beneficiado mucho de las aportaciones
pro¬porcionadas por la Spiral Dynamics de Don Beck (desarrollada conjuntamente
con Christopher Cowan), heredera de la obra pio¬nera de Clare Graves. Se trata
de un enfoque que ha tenido mu-chas aplicaciones en el "mundo real",
desde el ámbito de la polí¬tica y la educación hasta el mundo empresarial. He
de resaltar, en este sentido, que Beck tiene una idea muy clara de la necesidad
de respetar la directriz primordial. Jim Garrison, presidente del State of the
World Forum, tiene muy claro el papel que puede de¬sempeñar una visión integral
en el mundo actual. La politics of meaning, de Michael Lerner, aunque muy
ligada a la vertiente "ordenada" de la izquierda -y, en consecuencia,
muy poco inte¬gral- insiste en que los liberales tengan también en cuenta los
cuadrantes interiores (significados, valores y espiritualidad) que hasta el
momento han eludido como si se tratara de una plaga, una actitud que ha tenido
consecuencias muy lamentables (por-que ha dejado en manos de los conservadores
y de su actitud fre¬cuentemente reaccionaria los valores mítico-pertenencia tan
ne¬cesarios para fundamentar la sociedad y tan desastrosos cuando se les deja
abandonados a su cuenta y riesgo).
El
gobierno integral
Esta
investigación sólo aspira a atisbar los efectos que podría tener una visión
integral -una visión propia del pensamiento de segundo grado- sobre el mundo
del gobierno.
Hablando
en términos generales, la Constitución de Estados Unidos es un documento
característico del estadio moral 5 (post¬convencional y mundicéntrico), un
estadio en el que, en el mo¬mento en que fue redactada, sólo se hallaba,
aproximadamente, el 10% de la población del país. Se trata de un documento
extra-ordinariamente brillante -que reflejaba fielmente el talento de sus
redactores- que encontró el modo de institucionalizar la pos¬tura mundicéntrica
y postconvencional (estadio moral 5) y lo convirtió en un sistema de gobierno
para personas que, en su ma¬yor parte, no se hallaban en ese nivel. Así fue
como la misma Constitución se convirtió en una especie de marcador de la
transformación que estimulaba amablemente el desarrollo hacia un clima moral
no-etnocéntrico sino postconvencional y mundi¬céntrico.
La
Constitución de Estados Unidos representa la culminación de las filosofías de
gobierno características del pensamiento de primer grado. Porque, aunque sus
artífices utilizaran a menudo el pensamiento de segundo grado, las realidades
de las que se ocu¬paban todavía pertenecían al pensamiento de primer grado,
espe¬cialmente en lo que respecta a la formación y relación de las agrupaciones
de estados que evolucionaron de los imperios feu¬dales y de las antiguas
naciones.
Pero,
hoy en día, las agrupaciones de estados y comunidades de valor están dando
lugar a los sistemas globales y las redes in¬tegrales (véase figura 3.1),
sistemas interdependientes que re¬quieren de un gobierno capaz de integrar
(imponer) los grupos y comunidades de la espiral completa del desarrollo
interior y ex¬terior. Lo que el mundo actual necesita, pues, es la primera
filo¬sofía política y la primera forma de gobierno propia del pensa¬miento de
segundo grado, que en mi opinión será una teoría y una práctica política
omninivel y omnicuadrante que se atenga a pau¬tas profundamente integrales. Y
ello no supone, en modo alguno, modificar la Constitución de Estados Unidos (ni
de ningún otro país), sino simplemente ubicarla en el lugar que le corresponda,
en el seno de una red global que fomente el mutuo desarrollo y mejora, una
política realmente integral y holónica.
Pero
para ello todavía debemos responder a las siguientes pre¬guntas: ¿cómo podemos
llegar a concebir, abrazar y aplicar esa visión?, ¿qué detalles precisos, qué
contenidos reales, dónde, cómo y cuándo se aplicará? Estas son las grandes
preguntas a las que debe responder la política global de este nuevo milenio.`
Es¬tamos aguardando la visita de los nuevos padres y madres funda¬dores de un
sistema de gobierno integral, un sistema de gobierno que nos empuje hacia un
futuro mejor y que opere a modo de marcador de la transformación de la espiral
completa del desa¬rrollo humano, al tiempo que honre el desarrollo de cada una
de sus olas y nos invite amablemente a alcanzar profundidades to¬davía mayores.
La
medicina integral
En
ningún ámbito resultan más inmediatamente aplicables los cuatro cuadrantes que
en el caso de la medicina, y tal vez sea por ello que este modelo está siendo
adaptado cada vez con más fre¬cuencia por las instituciones de salud mental de
todo el mundo. Basta con echar un rápido vistazo a los cuadrantes para cobrar
conciencia de la utilidad de un modelo integral. (Recordemos que, en este caso,
estamos hablando de enfermedades físicas –la rotura de un hueso, cáncer, una
enfermedad cardíaca, etc.- y del mejor modo de tratarla, puesto que ése es el
enfoque de la medi¬cina ortodoxa.)
La
medicina ortodoxa o convencional constituye un abordaje típico del cuadrante
superior-derecho al organismo físico me¬diante intervenciones exclusivamente
físicas, como la cirugía, los fármacos, la medicación y la modificación de
conducta. La medicina ortodoxa cree esencialmente en las causas físicas de la
enfermedad física y, en consecuencia, prescribe intervenciones fundamentalmente
físicas. Pero el modelo holónico afirma que cada evento físico (cuadrante
superior-derecho) tiene, al menos, cuatro dimensiones (o cuadrantes), y que
hasta la enfermedad fí¬sica debe contemplarse desde los cuatro cuadrantes (por
no men¬cionar los niveles de los que luego hablaremos). De este modo, el modelo
integral no afirma que el cuadrante superior-derecho carezca de importancia,
sino tan sólo que, considerado de forma aislada, únicamente representa, en el
mejor de los casos, una cuarta parte de la historia.
La
reciente explosión del interés despertado por las prácticas alternativas -por
no mencionar disciplinas como la psiconeu¬roinmunología- evidencia que los
estados internos de la persona (sus emociones, su actitud psicológica, su
imaginería e incluso sus intenciones) desempeñan un papel fundamental tanto en
la génesis como en el tratamiento de toda enfermedad, hasta de la enfermedad
física. Dicho en otros términos, el cuadrante supe¬rior-izquierdo constituye un
ingrediente clave de cualquier abor¬daje médico realmente global. En este
sentido, se ha demostrado fehacientemente que la visualización, y el uso
consciente de las afirmaciones y de la imaginería desempeñan un papel
importan¬te en la etiología de la mayor parte de las enfermedades, y tam¬bién
está más allá de toda duda que el tratamiento depende de los estados
emocionales y de la actitud mental."
Pero,
por más importantes que sean estos factores subjetivos, la conciencia
individual no existe en el vacío, sino que está indisolu¬blemente unida a
valores culturales, creencias y visiones compar¬tidas del mundo. El modo en que
una cultura (cuadrante inferior¬izquierdo) considere una determinada enfermedad
-de un modo respetuoso y compasivo o, por el contrario, con desprecio o
ironía¬tiene un profundo impacto en el modo en que los individuos la abordan
(cuadrante superior-izquierdo), lo cual puede llegar a in¬fluir directamente en
el curso de la misma enfermedad física (cua¬drante inferior-derecho). De hecho,
existen muchas enfermedades que no pueden siquiera definirse sin hacer
referencia al trasfondo cultural compartido (del mismo modo que lo que se considera
"ci¬zaña" depende de lo que se espera cultivar). Recordemos que el
cuadrante inferior-izquierdo incluye todo el extraordinario abanico de factores
intersubjetivos que tan cruciales resultan para cualquier interacción humana,
como el intercambio de comunicación entre doctor y paciente, las actitudes de
la familia y los amigos y del modo en que se relacionan con el paciente; la
aceptación (o recha¬zo) cultural de la enfermedad (como ocurre, por ejemplo, en
el caso del sida) y hasta los mismos valores culturales que se ven amenazados
por esa enfermedad. En cierta medida, todos esos fac¬tores inciden tanto en la
génesis como en la curación de la enfer¬medad física (por el simple hecho de
que cada holón presenta cua¬tro vertientes o cuadrantes diferentes).
En
la práctica, obviamente, este punto debe centrarse sólo en aquellos factores
que puedan abordarse de un modo eficaz como, por ejemplo, la comunicación
(entre el paciente y el médico, la familia, los amigos, los grupos de apoyo) y
una comprensión ge-neral de los juicios culturales al respecto y de sus efectos
sobre la enfermedad. Digamos, a modo de ejemplo, que la investigación ha
demostrado de forma consistente que los pacientes de cáncer que se hallan
integrados en un grupo de apoyo tienen una mayor esperanza de vida que aquellos
otros que carecen de él. Así pues, los factores más relevantes del cuadrante
inferior-izquierdo tam¬bién resultan esenciales para cualquier abordaje médico
realmen¬te global.
El
cuadrante inferior-derecho tiene que ver con todos aquellos aspectos
materiales, económicos y sociales que, si bien no forman parte directa de la
entidad mórbida desempeñan, no obstante -como ocurre con cualquier otro
cuadrante-, un papel esencial tanto en su génesis como en su curación. En este
sentido, por ejemplo, un sistema social incapaz de distribuir alimentos a sus
ciudadanos acabará matándoles (como lamentablemente ocurre a diario en los
países asediados por el hambre), y lo mismo sucede¬rá si vive en un país
desarrollado cuya seguridad social no cubre cierta enfermedad letal de la que
usted se halla aquejado, aunque habitualmente no lo consideremos así y
concluyamos que "el vi¬rus acabó con él". Así pues, aunque una
persona se halle aquejada de una enfermedad vírica, no debemos olvidar que los
cuatro cua¬drantes desempeñan un papel importante en su etiología. Recuer¬do
que, cuando la burocracia del FDA retiró el apoyo a la investi¬gación
farmacológica sobre el sida, un hombre aquejado de la enfermedad se puso de pie
ante el Congreso y dijo: «No permitan que mi epitafio rece: "Murió de
papeleo"», una afirmación muy cierta porque todas las entidades del mundo
real presentan cuatro cuadrantes y, en consecuencia, aunque el problema focal
se centre en un virus ubicado en el cuadrante superior-derecho, en ausencia de
un adecuado sistema social (cuadrante inferior-derecho), uno puede terminar
muriendo. Y no se trata de dos problemas diferen¬tes, sino del mismo problema,
porque todos los holones presentan cuatro cuadrantes. Así, el cuadrante
inferior-derecho incluye fac¬tores tales como la economía, la cobertura
sanitaria, los sistemas de distribución social, e incluso cosas tan sencillas
como la es¬tructura misma de las habitaciones de los hospitales (en el modo en
que favorezcan o dificulten la libertad de movimientos, el ac¬ceso de los
visitantes, etc.), por no mencionar cuestiones tan evi-dentes como la polución
medioambiental.
El
aspecto omnicuadrante, pues, se refiere tanto a la causa como a la curación (o
gestión) de la enfermedad, mientras que la faceta omninivel, por su parte, se
refiere a la existencia de nive¬les físicos, emocionales, mentales y
espirituales en cada uno de esos cuadrantes (véase figuras 4.5 y 4.6). Existen
muchas enfer¬medades que tienen causas y tratamientos fundamentalmente fí¬sicos
(cuando uno es atropellado por un autobús y se rompe la pierna, por ejemplo, se
la ubica de nuevo en su sitio y se la enye¬sa), pero la mayor parte de las
enfermedades tienen causas y tra¬tamientos que incluyen las dimensiones
emocionales, mentales y espirituales. En Gracia y coraje he hablado de este
punto y no reiteraré ahora lo dicho allí, baste sólo con apuntar que existen
li¬teralmente cientos de investigadores de todo el mundo que han contribuido
enormemente a aumentar nuestra comprensión de la naturaleza
"multiestratificada" de la enfermedad y de la curación (incluyendo
las inestimables contribuciones realizadas por las grandes tradiciones de la
sabiduría, desde la chamánica hasta la tibetana). El hecho, en suma, es que si
tenemos en cuenta la exis¬tencia de muchos niveles dentro de esos cuatro
cuadrantes dis¬pondremos de un modelo médico mucho más comprehensivo y, en consecuencia,
mucho más eficaz.
Una
visión omninivel y omnicuadrante, pues, nos permitirá elaborar un abordaje
médico mucho más global y eficaz, porque cada cuadrante o dimensión
-"yo", "nosotros" y "ello"- posee niveles u olas
físicas, emocionales, mentales y espirituales (figu¬ra 4.6), y un tratamiento
auténticamente integral debería tener en cuenta todas esas realidades. Y ese
tipo de tratamiento no sólo se¬ría más eficaz-, sino también más económico, uno
de los criterios fundamentales, a fin de cuentas, de la administración médica.
De los muchos teóricos que están trabajando en esta línea conviene destacar a
John Astin, que ha escrito varios artículos sobre la aplicación de la teoría
holónica en la medicina complementaria y alternativa,''- Pat Odgen y Kekuni
Minton,'' Gary Schwartz y Linda Russek," Wanda Jones y James Ensign (del
New Century Healthcare Institute) y Barbara Dossey y Larry Dossey, que han
utilizado la teoría holónica para complementar su abordaje origi¬nal de lo que
denominan "la gran cadena de la curación"."
Varios
de nosotros hemos constituido recientemente el Integral Institute, una
organización cuyas ramificaciones se extienden, por el momento, como veremos, a
los campos de la medicina integral, la psicología integral, la política
integral, etc. Entre los integrantes del Institute of Integral Medicine se
cuentan, además de los te¬óricos enumerados en el párrafo anterior, Ken
Pelletier, Mike Murphy, George Leonard, Marilyn Schlitz, Joan Borysenko,
Je¬anne Achterberg y Jon Kabat-Zinn. Debo también decir que, si bien no todos
los miembros del Integral Institute están necesaria¬mente de acuerdo con los
pormenores de mi versión integralista, todos ellos comparten el mismo interés
profundo por un abordaje más integral, equilibrado y comprehensivo que abarque
la totali¬dad del espectro que va desde la materia hasta la mente y el
espí¬ritu en los dominios del yo, de la cultura y de la naturaleza.
Una
visión integral del mundo de los negocios
Recientemente
han aparecido multitud de aplicaciones del modelo holónico al campo de los
negocios, lo cual tal vez tam¬bién se deba a la evidencia e inmediatez de sus
aplicaciones por¬que, en este ámbito, los cuatro cuadrantes nos proporcionan
los cuatro "entornos" o dimensiones en que debe sobrevivir un
de¬terminado producto, y los niveles, por su parte, se refieren tanto al tipo
de valores que lo producen como a los que determinan su compra. Las
investigaciones realizadas en el campo de la jerar¬quía de valores, como las de
Maslow y Graves (es decir, la Spiral Dynamics), por ejemplo, ya han tenido una
extraordinaria in¬fluencia en el mundo de los negocios, por ello los
"VALS" pue¬den combinarse con los cuadrantes (que muestran la
apariencia de esos niveles de valores en los cuatro entornos diferentes),
pro¬porcionándonos así una visión más global del mercado (que abarca tanto el
mercado tradicional como el cibermercado). Y aunque es evidente que esta visión
también puede manipularse en propio beneficio -después de todo, los negocios
son los nego¬cios-, no lo es menos que también puede utilizarse para hacer
lle¬gar más eficazmente a los seres humanos aquellos productos y servicios que
más necesiten (promoviendo, en tal caso, la salud de la espiral global).
En
este sentido, debo decir que los programas deformación en gestión y liderazgo
empresarial basados en un modelo inte¬gral también han empezado a florecer por
doquier. Daryl Paul¬son, en «Management: A Multidimensional/Multilevel
Perspecti¬ve», señala que existen cuatro grandes teorías de la gestión
empresarial: la teoría X (que se centra en la conducta individual), la teoría Y
(que lo hace en la visión psicológica), la gestión cul¬tural (que enfatiza la
cultura de la organización) y la gestión de sistemas (que se ocupa
fundamentalmente de la gestión de los sistemas sociales). Estas cuatro teorías,
según el mismo Paulson, ejemplifican los cuatro cuadrantes que debería incluir
cualquier modelo realmente integral. Luego Paulson se ocupa de la parte
"omninivel" y sugiere la existencia de cuatro estadios muy sim¬ples
pero también muy útiles por los que atraviesan los cuadran¬tes, con sugerencias
concretas para implementar una gestión real-mente omninivel y omnicuadrante.1ó
Otros
pioneros de este campo son Geoffrey Giaja y JMJ As¬sociates, cuyo seminario
Integral Leadership (que utiliza tres ni¬veles en los cuatro cuadrantes) ha
sido presentado a decenas de empresas de Fortune («El enfoque transformativo ha
sido, hasta muy recientemente, el líder indiscutible del cambio en el mundo
empresarial, tanto en el campo de lo subjetivo como en el de lo objetivo. Pero
hoy en día, sin embargo, estamos asistiendo a la emergencia de un abordaje
integral que está eclipsándolo progre¬sivamente»); John Forman, de R.W. Beck
Associates, que recu¬rre a un abordaje omninivel y omnicuadrante para.
complementar y corregir las reducciones y distorsiones generadas por las
teorí¬as sistémicas y la teoría de la complejidad; On Purpose Associa¬tes (John
Cleveland, Joann Neuroth, Pete Plastrik y Deb Plas¬trik); Bob Anderson, Jim
Stuart y Eric Klein (coautores de Awakening Corporate Soul), cuyo Leadership
Circle representa un enfoque omninivel y omnicuadrante del campo de la
transfor¬mación y el liderazgo integral («El asunto es que la evolución de
todas las corrientes del desarrollo de todos los cuadrantes se ha¬llan
íntimamente relacionadas. La inteligencia espiritual constituye una especie de
alfabetización en la práctica de la transfor¬mación. La inteligencia espiritual
está convirtiéndose rápida¬mente en uno de los imperativos del liderazgo»); Leo
Burke, di¬rector y decano del College of Leadership and Transcultural Studies
de la Motorola University, que se ocupa de la formación de cerca de veinte mil
ejecutivos de todo el mundo; Ian Mitroff (A Spiritual Audit of Corporate
America); Ron Cacioppe y Si¬mon Albrecht («Developing Leadership and Management
Skills Using the Holonic Model and 360 Degree Feedback Process»); Don Beck, de
Spiral Dynamics, cuyo modelo ya ha sido imple-mentado en situaciones que
incluyen a cientos de miles de perso¬nas, y Jim Loehr y Tony Schwartz, que
están trabajando en un en¬foque omninivel y omnicuadrante ligado a tecnologías
de cambio muy concretas que giran en torno al manejo óptimo de la energía,
tanto física, como emocional y mental. En la actualidad, Tony se ocupa de la
columna mensual Life/Work de Fast Company, y quien esté interesado puede
contactar con él a través de Internet en esa dirección. Otros miembros, además
de los mencionados, del Institute of Integral Business son Deepak Chopra, Joe
Firma¬ge (Project Voyager), Bob Richards (Clarus), Sam Bercholz (Shambhala),
Fred Kofman, Bill Torbert y Warren Bennis.
La
educación integral
Hay
mucha gente que considera que, como soy un pensador "integral" u
"holístico", debo apoyar todos los abordajes que se autodenominan
"holísticos", ya sean convencionales o alternati¬vos, pero ése no es,
en modo alguno, el caso porque existen mul¬titud de abordajes que se
autocalifican de "holísticos" que, en mi opinión, son sumamente
chatos (es decir, que están basados en la teoría sistémica convencional y sólo
tienen en cuenta el cuadran¬te inferior-derecho) o que se hallan exclusivamente
centrados en el meme verde (un abordaje plural que trata noblemente de no
marginar otras visiones, pero que de hecho desdeña, demasiado a menudo, el
desarrollo jerárquico, con lo cual acaba entorpecien¬do el desarrollo y la
evolución). Debo decir, en este sentido, que la mayor parte de los abordajes
supuestamente holísticos sosla¬yan la directriz primordial, el imperativo ético
central según el cual no hay que centrarse en ningún nivel concreto sino
apuntar a la salud de la espiral global. Por ello cualquier educación au¬ténticamente
integral no debería centrarse exclusivamente en im¬poner el meme verde a todos
los alumnos, sino en comprender que el desarrollo se despliega a través de una
serie de olas con¬cretas de inclusividad cada vez mayor (o, por usar la versión
de Gebser, que la conciencia atraviesa una serie de olas que van des¬de la
arcaica, hasta la mágica, la mítica, la racional y la integral), y que, por
tanto, una educación realmente integral no debería su¬brayar tan sólo la última
ola, sino el adecuado desarrollo de todas ellas.
Son
muchos los teóricos integrales que han tratado de aplicar un enfoque
verdaderamente omninivel y omnicuadrante al cam¬po de la educación y existen ya
muchos casos en los que las es¬tructura organizativa (administrativa y docente)
de las escuelas y el currículum ofrecido a los alumnos se ha organizado en
torno a un formato omninivel y omnicuadrante. Y no me estoy refiriendo tan sólo
a las escuelas convencionales, sino también a las de edu¬cación especial.
Espero tener pronto más cosas que decir en tor¬no a este punto, que constituye
uno de los objetivos fundamenta-les del Institute of Integral Education.
Los
estudios sobre la conciencia
El
enfoque predominante de los estudios sobre la conciencia en nuestro país sigue
siendo estrictamente científico (es decir, la ciencia cognitiva exclusivamente
centrada en el cuadrante supe¬rior-derecho). Como ya he señalado en Una visión
integral de la psicología, cualquier abordaje global de la conciencia debería
im¬plicar los cuatro cuadrantes o simplemente el Gran Tres del "yo",
el "nosotros" y el "ello" (los relatos fenomenológicos de
la con¬ciencia realizados en primera-persona, las estructuras intersubje¬tivas
consideradas desde la perspectiva de la segunda-persona y la investigación
acerca de los mecanismos y sistemas científicos re¬alizada en tercera-persona).
Como evidencian libros como The View fironi Within, editado por Francisco
Varela y Jonathan Shear, y muchos de los artículos incluidos regularmente en el
Journal of Consciousness Studies, se trata de un abordaje "1-2-3" de
la con¬ciencia que ya ha sido emprendido. El siguiente estadio que debe¬rá
acometer un enfoque más comprehensivo -un paso que esbozo en Una visión
integral de la psicología- no podrá ser sólo omni¬cuadrante, sino que también
deberá ser omninivel.
Ya
son varios los teóricos interesados en una visión más glo¬bal y equilibrada de
la psicología y los estudios sobre la concien¬cia que se han integrado en el
Institute of Integral Psychology. De todos ellos cabe destacar a Roger Walsh,
Frances Vaughan, Ro¬bert Kegan, Susanne Cook-Greuter, Jenny Wade, Kaisa
Puhakka, Don Beck, Robert Forman, Richard Mann, Brian van der Horst, Allan
Combs, Raz Ingrasci, Anthony Arcari, T. George Harris, Francisco Varela, Connie
Hilliard y Michael Murphy.
Una
espiritualidad relacional y socialmente comprometida
Cualquier
abordaje omninivel y omnicuadrante de la espiri¬tualidad debe subrayar la
necesidad de ejercitar simultáneamente las olas físicas, emocionales, mentales
y espirituales del ser en los ámbitos del yo, la cultura y la naturaleza (es
decir, en los do¬minios del "yo", del "nosotros" y del
"ello"). Existen muchas po¬sibles variaciones sobre este tema, que
van desde la práctica transformadora integral hasta la espiritualidad
socialmente com¬prometida, y el mundo de las relaciones en tanto que camino
es¬piritual, ámbitos en los que el número de grupos y organizacio¬nes que están
abriéndose paso es demasiado grande como para poder mencionarlos a todos.
Convendría señalar, en cualquier caso, en este sentido, la obra de Thich Nhat
Hanh, Diana Wins¬ton, Donald Rothberg, la revista Tikkun y Robert Forman y el
Forge Institute (del que soy miembro); todos ellos están tratando de aportar
nuevas ideas a este noble quehacer.
La
ecología integral
Tanto
si están de acuerdo como si no, los críticos parecen coincidir en que la visión
de la ecología presentada en Sexo, eco¬logía, espiritualidad es única en el
sentido de que combina la unidad ecológica, la teoría sistémica y la
espiritualidad no-dual sin privilegiar, no obstante, la biosfera y sin usar la
noción de red-de-la-vida, un concepto, en mi opinión, chato y reduccionis¬ta.
El hecho es que cualquier abordaje realmente omninivel y omnicuadrante de la
ecología debería permitimos ubicar la bios¬fera, la noosfera y la teosfera en
el lugar que ocupan en el Kos¬mos y, de este modo, subrayar la importancia de
la biosfera sin caer en la necesidad de reducirlo todo a ella.
La
figura 4.6 evidencia la clave de las relaciones existentes en¬tre los ámbitos
mencionados en el párrafo anterior y también ex¬plica el motivo por el cual
suelen ser tan mal comprendidas. Ad¬viértase que la figura incluye el cuerpo
(la biosfera), la mente (la noosfera) y el alma/espíritu (la teosfera), y que
cada ola mayor trasciende, a la vez que incluye, a sus predecesoras, a modo de
ni¬dos envolventes. En ese sentido, es correcto decir que la mente trasciende e
incluye al cuerpo o que la noosfera trasciende e in¬cluye a la biosfera. Qué
duda cabe de que la biosfera es un com-ponente fundamental de la noosfera, pero
no viceversa, como erróneamente concluyen la mayor parte de los ecólogos. Con
ello quiero decir que uno puede destruir la noosfera -o la mente hu¬mana- y la
biosfera, no obstante, seguirá sobreviviendo, pero que la destrucción de la
biosfera acarrea necesariamente la destruc¬ción de todas las mentes humanas. Y
ello es así porque la biosfera forma parte de la noosfera, pero no viceversa. A
fin de cuentas, el átomo forma parte de una molécula, de modo que si usted
des¬truye la molécula el átomo todavía puede seguir existiendo, pero la
destrucción del átomo necesariamente conlleva la destrucción de la molécula. Y
lo mismo podríamos decir con respecto a la biosfera y la noosfera, destruya
ésta y aquélla todavía podrá exis¬tir, pero no viceversa, lo cual evidencia
que, en los dominios inte¬riores, la biosfera forma parte de la noosfera, pero
no viceversa (como evidencian claramente las figuras 4.3 y 4.6). No es cierto,
pues, que la mente humana (la noosfera) forme parte de la natura¬leza (o
biosfera), sino más bien todo lo contrario.
Pero
hay que señalar que cada evento interior tiene su corre¬lato en el mundo
sensorial exterior al que solemos llamar "natu¬raleza". Así pues, la
mayor parte de los ecoteóricos observa el mundo externo, empírico, sensorial y
concluye que "todo forma parte de naturaleza", porque (como
evidencian las figuras 4.4 y 4.6) todo posee un correlato en el mundo de la
Mano Derecha. Así es como llegan a la conclusión de que la
"naturaleza" (o la "biosfera") es la realidad última, se
preguntan si actuamos de acuerdo con la "naturaleza" y acaban
reduciéndolo todo a alguna versión de la ecología, de la biosfera o de la
gran-red-de-la-vida. Pero debo decir que ésa es sólo la mitad de la historia,
la mitad derecha, por cierto. En las dimensiones interiores de la Mano
Iz-quierda, vemos que la naturaleza -las dimensiones sensoriales, sentidas o
empíricas- sólo constituye una pequeña parte de una historia mucho mayor, una
pequeña porción del Gran Pastel, un pastel que incluye la biosfera, la noosfera
y la teosfera. Y aunque todas esas olas interiores tengan sus correlatos
externos en el mundo de la naturaleza, no pueden reducirse a ellos, no pueden
reducirse a la naturaleza. Hacer eso es simplemente incurrir en una versión del
mundo chato, el mundo monocromo de la reali¬dad propia de la Mano Derecha, la
red empírica y sensorial de la vida. Ese es el peor de los reduccionismos
ecológicos -reducir la totalidad del Kosmos al cuadrante inferior-derecho-, un
reduc¬cionismo en el que caen la mayor parte de las ecofilosofías.
Una
visión ecológica realmente omninivel y omnicuadrante -que presentamos de manera
resumida en la figura 4.6- nos per¬mitiría honrar la fisiosfera, la biosfera,
la noosfera y la teosfera, sin tratar de reducir una a las otras, sino
reconociendo y respe-tando el papel crucial que desempeña cada una de ellas en
este extraordinario Kosmos.'8
Llegar
a las minorías
Los
modelos realmente integrales no deberían aspirar a tomar un solo nivel o
dimensión del desarrollo (como el pluralista, el transpersonal o incluso el
integral) e imponerlo a la fuerza, sino atenerse a la directriz primordial de
preocuparse por la salud de toda la espiral del desarrollo y, en consecuencia,
acercarse a las minorías de un modo distinto al propio de los enfoques típicos
li¬berales, conservadores y contraculturales/holísticos. Porque no se trata
tanto de imponer el pluralismo liberal, los valores con¬servadores, el
multiculturalismo verde o las ideas holísticas, como de cuidar las condiciones
-tanto internas como externas¬que promueven el desarrollo armónico de los
individuos y de las culturas a través de toda la espiral.` Y lo mismo podríamos
decir con respecto a un enfoque más integral a los países en vías de
de¬sarrollo. Ilustremos todo esto con el ejemplo que nos proporcio¬na el caso
de la UNICEF.
Omnicuadrante,
omninivel y omnilínea: una visión global de la UNICEF
El
«Process of Integral Development» y el «Integrative Ap¬proach: All-Quadrants,
All-Levels, All-Lines» son dos estudios realizados por iSchaik Development
Associates, asesores de la UNICEF. En esos artículos, esbozan los cuatro
cuadrantes y los ejemplifican; luego resumen los principales niveles u olas de
Figura
5.1. UNICEF (iSchaikDevelopmnentAssociates).
cada
cuadrante y, por último, señalan la importancia de las mu¬chas líneas o
corrientes del desarrollo que discurren de un modo relativamente independiente
a través de las distintas olas. (Véase figura 5.1, realizada por el iSchaik
Development Associates.) Se-gún afirman, «ésta es la gran imagen dentro de la
que deben con¬templarse todas las ideas y proyectos en los que se halla
implica¬da la UNICEF».
Luego
pasan a los contenidos concretos: «Para profundizar nuestra comprensión acerca
de la naturaleza compleja e interre¬lacionada del mundo en que vivimos resulta
absolutamente nece¬sario disponer de algún mapa del desarrollo de la conciencia
en los campos de la evolución social y cultural, lo cual también de¬bería
incluir un abordaje integral que nos asegurase que la evolu¬ción -y, en
consecuencia, el estado de los niños, de la humani¬dad, de la cultura y de la
sociedad, en general- recuperase un nivel de desarrollo sostenible». Y esto
requiere, según ellos, «un marco de referencia que nos permita ir más allá de
la mera com¬prensión del sistema o red objetivo/superficial y abarcase tam¬bién
una comprensión cultural de la diversidad». Dicho en otras palabras, debemos ir
más allá de la red-de-la-vida y del análisis habitual de la teoría sistémica
(que sólo abarca el cuadrante infe¬rior-derecho) y más allá también del mero
abrazo del pluralismo y la diversidad (que se halla confinado al meme verde).
Lo que se requiere, en su opinión, es un abordaje "omninivel,
omnicua¬drante y omnilínea", después de lo cual emprenden una revisión
crítica de las actividades pasadas de la UNICEF y de la ONU.
Es
evidente que, si queremos alentar un proceso de desa¬rrollo sostenible, el
análisis debe apuntar a la integración de los cuatro cuadrantes. Pero esto
también resulta igualmente evidente cuando contemplamos la evolución de la
implica¬ción de la UNICEF en este proceso, junto al proceso global del
desarrollo humano y al modo en que ambos se interrela¬cionan, porque el
progreso realizado hasta el momento no ha provocado ningún cambio sostenible.
Cualquier esfuerzo por entender los procesos de cambio, transformación o
de¬sarrollo sin una comprensión adecuada de la naturaleza de la evolución o del
desarrollo de la conciencia (del ser huma¬no) no parecen tener mucho
éxito."
Luego
tratan de analizar las principales razones que, a su jui¬cio, explican algunos
de los fracasos pasados de la UNICEF y la ONU. «Las actividades de la UNICEF se
han centrado funda¬mentalmente en los cuadrantes superior e inferior de la Mano
De-recha, es decir, en los cuadrantes objetivos y exteriores (indivi¬dual y
social), ignorando, al mismo tiempo, en gran medida, los cuadrantes interiores
y culturales», un abordaje al que, por cier¬to, yo también he calificado de
"monológuico" (otro modo de ha¬blar del mundo chato). Luego el
análisis prosigue diciendo: «Es muy probable que su visión excesivamente
monológuica no les haya permitido tener en cuenta la imagen global en la que
esta¬ban moviéndose y haya lastrado los esfuerzos realizados hasta el momento
por la UNICEF y la ONU. Tal vez esta visión monoló¬guica haya sido necesaria
durante el período en que la conciencia atraviesa -y sigue atravesando- los
estadios arcaico, mágico, mí¬tico y racional del desarrollo (y hay que decir
que hoy en día gira en torno a la visión-lógica o red-lógica [es decir, el
pensamiento de segundo grado]). Pero en la actualidad, no obstante, resulta
in¬dispensable que esas organizaciones adopten un enfoque postra¬cional o
transracional que incorpore las ideas positivas proceden¬tes del nivel racional
[y, en mi opinión, todas las contribuciones positivas de todas las olas
anteriores], pero también las trascien¬da a un nivel postracional más alto o
profundo de la conciencia, en todos los cuadrantes».
Luego
esbozan la historia de los distintos programas empren¬didos por la UNICEF,
señalando que, por más importantes que hayan sido, todos ellos se centraron en
iniciativas de la Mano De¬recha:
• Los años cincuenta fueron la época de las
campañas en contra de la enfermedad, «firmemente ancladas en el cua¬drante
superior-derecho, mensurable, observable y objeti¬vo».
• Los años sesenta constituyeron la década del
desarrollo «que subrayaba el cuadrante inferior-derecho, es decir, el
"ajuste funcional"».
• Los años setenta fueron la época de las
alternativas que, no obstante, «se centraron fundamentalmente en los
cuadran¬tes de la Mano Derecha».
• Los años ochenta fueron la época de la
supervivencia del niño, pero sin mencionar siquiera el desarrollo interior.
• Los noventa fueron la década de los derechos
del niño (todo ello contemplado desde una perspectiva abiertamente
con¬ductista), unos años que rápidamente dieron paso a la épo¬ca de la fatiga
del donante, en la que «los donantes y los gobiernos volvieron ["regresaron"]
a un estadio preglobal y nacionalista que sólo se preocupa de los problemas
loca¬les, cuya falta de comprensión acabó originando la noción equivocada de
que todas las perspectivas son iguales [la "locura aperspectivista"
propia del relativismo pluralista]». A menudo he señalado que todo holón, para
sobrevivir, ne¬cesita del adecuado equilibrio entre justicia y derechos
(in¬dividualidad) y respeto y responsabilidades (relación), y esto,
precisamente, es lo que refleja el comentario del estu¬dio realizado por
iSchialk Associates sobre los esfuerzos realizados por la UNICEF y la ONU «no
yuxtaponían cla¬ramente los "derechos" (justicia) con la
jurisprudencia (respeto y responsabilidad) a un nivel global».
A la
vista de todo lo anterior, su conclusión es que la primera década del 2000 será
la época del enfoque integral, «en la que el proceso de desarrollo sostenible
será contemplado desde una perspectiva integradora que explore más
profundamente los dos cuadrantes de la Mano Izquierda (intencional y cultural),
algo que, en el caso de la UNICEF, se centrará más en los niños, los jó¬venes y
las mujeres». Hasta el momento, pues, el problema es que «todas las ideas de
las últimas cinco décadas eran tan monológui¬cas que excluían la necesidad del
desarrollo interior/subjetivo de los individuos y de las sociedades para que el
proceso del cambio y, sobre todo, de la transformación, pudiera ser
sostenible».
Finalmente,
los autores señalan la necesidad de acometer un enfoque "omnicuadrante,
omninivel y omnilínea" adaptado a cada situación concreta para
«asegurarnos de que las acciones que em¬prendemos o los
programas/ideas/metáforas que proponemos ten¬gan alguna posibilidad de alentar
un proceso de cambio sostenible, orientado y transformador».
Permítaseme
señalar (como hacen iSchaikAssociates) que cualquier abordaje integral debe ser
llevado a cabo con sumo cuidado, respeto y compasión. Con ello quiero decir que
no hay que abordar ninguno de los niveles, líneas o cuadrantes de un modo
rígido y predeterminado. La investigación acerca del desarrollo no pretende
etiquetar a las personas ni juzgarlas inferiores o superiores, sino que sólo
aspira a señalar las potencialidades infrautilizadas. La direc¬triz primordial
nos obliga a valorar la necesaria y única contribu¬ción proporcionada por cada
una de las olas del desarrollo de la conciencia con la intención de proteger y
promover la salud de toda la espiral y no sólo de uno cualquiera de sus
dominios. Al mismo tiempo, nos invita a sugerir amablemente una visión más
global del espectro de la conciencia, de la espiral completa del desarrollo,
para que los individuos y las culturas (incluida la nuestra) -que no son
conscientes de algunas de las dimensiones más profundas o más elevadas del ser
humano- puedan decidir actualizar esos extraordi¬narios recursos, lo cual, a su
vez, podría contribuir a desactivar al¬gunos de los problemas más
recalcitrantes que no han sido resuel¬tos por enfoques menos integrales.
El
terror del mañana
Uno
de los problemas más insidiosos que han acosado desde siempre a la humanidad es
que los cuadrantes de la Mano Dere¬cha son materiales y que, una vez producida
una entidad mate¬rial, puede ser utilizada por individuos que se hallen en casi
cual¬quiera de los niveles del desarrollo interior. La bomba atómica, por
ejemplo, es un producto claro del pensamiento operacional¬formal (naranja),
pero, una vez que existe, puede ser utilizada por individuos que se hallen en
niveles inferiores del desarrollo que nunca hubieran, por otra parte, podido
llegar a crearla. Además, aunque nadie que se halle en el estadio moral
mundicéntrico lan¬zaría alegremente la bomba atómica, no podríamos decir lo
mis¬mo de quien se encuentre en el meme rojo, preconvencional y egocéntrico.
Hablando,
pues, en términos muy generales, podríamos decir que la humanidad se ha visto
continuamente aquejada por la pe¬sadilla de que el desarrollo tecnológico de
los cuadrantes de la Mano Derecha siempre ha ido por delante del desarrollo de
la sa-biduría, del respeto y del uso compasivo de esa tecnología o, di¬cho en
otros términos, que el desarrollo externo ha ido más rápi¬do que el desarrollo
interno. Reiterémoslo de nuevo: una vez que se ha producido un determinado
artefacto material, puede ser uti-lizado por cualquier ser humano que se halle
en cualquier nivel interior. Sólo un genio cognitivo -como James Watt, por
ejem¬plo- pudo concebir y producir un avance tecnológico del calibre de la
máquina de vapor, que a partir de entonces pudo ser utiliza-da por individuos
que se hallaban en cualquiera de los niveles de desarrollo, la inmensa mayoría
de los cuales jamás podría haber llegado a inventarla.
Debo
decir también que hasta el advenimiento de la era mo¬derna éste era un problema
relativamente pequeño, porque las tecnologías disponibles también eran bastante
limitadas. Poco daño puede infligirse a la biosfera y al resto de los seres
humanos con el mero concurso de un arco y una flecha. Pero con la emer¬gencia
de la modernidad, del meme naranja y de sus aplastantes avances científicos, la
humanidad comenzó a producir tecnología del nivel naranja cuando la inmensa
mayoría todavía no había trascendido la conciencia moral azul y roja. Fue
entonces cuando el desarrollo exterior emprendió un sprint que le llevó a ir
muy por delante del desarrollo interior, ocasionando un defase entre la
tecnología de la Mano Derecha y la sabiduría de la Mano Iz¬quierda que tomó
posible -y hasta probable-, por vez primera en la historia, una catástrofe de
dimensiones globales. Entonces fue cuando la humanidad comenzó a afrontar a
gran escala su pro¬blema fundamental: la falta de desarrollo integral, un
problema que podría terminar abocando al holocausto atómico o al suicidio
ecológico.
La
aparición de las poderosas tecnologías actuales propias del pensamiento de
segundo grado -desde la producción a escala global de energía cuántica hasta la
inteligencia artificial (robótica), la in¬geniería genética y la
nanotecnología- enfrenta de nuevo a la hu¬manidad a su principal pesadilla: un
desarrollo explosivo de las tecnologías de la Mano Derecha que no se ha visto
equiparado con un desarrollo equivalente en los ámbitos de la conciencia y la
sa¬biduría interior que podría suponer el final de la humanidad.
En
un artículo titulado «Why the Future Doesn't Need Us» y presentado en el número
de abril del 2000 de la revista Wired, Bill Joy, cofundador de Sun
Microsystems, ha dicho que dentro de unos cincuenta años los avances
tecnológicos realizados en los campos de la genética, la robótica y la
nanotecnología podrí¬an suponer el final de la especie. De un modo deliberado o
acci¬dental, la genética podría terminar creando una especie de "plaga
blanca"; la robótica, por su parte, podría permitimos transferir la conciencia
humana a las máquinas y acabar con el ser humano, tal y como lo conocemos;'' y
la nanotecnología podría convertir a la biosfera en polvo en cuestión de días.
Además, en opinión de los científicos a los que cita, entre el 30 y el 50% de
la población de la humanidad no sobrevivirá a este siglo.
Se
trata, obviamente, de un asunto sumamente complejo, pero podríamos decir alguna
que otra cosa al respecto. En primer lu¬gar -y hablando en términos generales-,
sólo existen dos modos de "controlar" esta tecnología, una imposición
legal externa (que prohiba, por ejemplo, cierto tipo de investigaciones) o las
restric¬ciones morales internas (mediante un desarrollo de la sabiduría
colectiva que promueva el uso adecuado de la tecnología). Y, aunque creo que
finalmente se llegará a algún tipo de solución de compromiso que integre ambas
perspectivas, me parece evidente que no podemos comenzar siquiera a discutir el
desarrollo de la sabiduría y de la conciencia interior si seguimos ignorando
todo tipo de interioridades, de modo que o bien encontramos solucio¬nes
integrales a estas pesadillas globales, o muy probablemente perezcamos en el
intento.
Bill
Joy recomienda una adecuada combinación entre el con¬trol externo y el control
interno. En este sentido, está a favor de la prohibición o la renuncia a
ciertos tipos de investigaciones, pero también comprende que, aun cuando tal
cosa fuera posible (aunque, por otra parte, bastante improbable, puesto que el
cono¬cimiento carece de fronteras), no resolvería el problema funda¬mental, que
gira en tomo a la necesidad de desarrollar la sabidu¬ría colectiva. «¿Dónde
podemos encontrar un nuevo fundamento ético en el que asentar nuestra
actividad? -se pregunta Bill Joy-. En este sentido, las ideas expuestas por el
Dala¡ Lama en El arte de vivir en el nuevo milenio me parecen muy adecuadas.
Como es bien conocido -aunque tal vez no se le haya prestado la debi¬da
atención-, el Dala¡ Lama considera que lo más importante es desarrollar el amor
y la compasión hacia los demás, y que, en este sentido, nuestras sociedades
necesitan desarrollar una no¬ción más clara de nuestra responsabilidad e
interdependencia.» Se trata de una propuesta de la que, sin la menor duda, se
haría eco cualquier otro líder espiritual, tanto cristiano como judío o
hinduista.
Pero
hay que advertir que no podemos sencillamente reco¬mendar el amor y la
compasión per se, porque el amor se des¬pliega desde lo egocéntrico hasta lo
etnocéntrico y lo mundicén¬trico, y no creo que nadie deseara más amor
etnocéntrico. ¿No les parece que ésa es, precisamente, la causa de muchos de
estos pro¬blemas? ¿O es que acaso cree alguien que los nazis no amaban a sus
familias, a su raza y a su tribu? Yo creo que ése es el motivo por el cual la
mayor parte de las religiones, centradas en el meme azul, no sólo no han
obstaculizado el surgimiento de las guerras, sino que en muchos casos las han
ocasionado. Y no sólo quiero decir con ello que las religiones han causado más
guerras que cualquier otra fuerza de la historia, sino que lo hicieron en
nom¬bre del amor a Dios y a la patria, porque ese amor y esa compa¬sión sólo
era etnocéntrico y se orientaba exclusivamente hacia los creyentes y ciertas
personas elegidas, al tiempo que se oca¬sionaba la muerte de todos los demás.
Es
muy probable, por otra parte, que cuando el Dala¡ Lama y otros líderes
mundiales apelan al "amor y la compasión" estén refiriéndose al amor
y compasión universales, postconvencionales y mundicéntricos... pero ése es un
estadio del desarrollo que sólo han alcanzado menos del 30% de la población
mundial, mientras que casi el 100% puede acceder a tecnologías globalmente
des¬tructivas.
Debemos
aprestamos, pues, a poner al día los cuadrantes in¬teriores. ¿De qué sirve
seguir centrando nuestra atención en las maravillas tecnológicas externas que
se despliegan ante nosotros -desde la prolongación indefinida de la vida hasta
la interrela¬ción mente/ordenador, la energía ilimitada y el viaje interestelar
por agujeros de gusano intergalácticos- si nuestra conciencia si¬gue
circunscrita al estadio egocéntrico o etnocéntrico? ¿Quere¬mos colonizar el
espacio galáctico de nazis y miembros del KKK que se hallen en el meme rojo?
¿Pretendemos realmente que Jack el Destripador viva cuatrocientos años yendo de
un lado al otro en su hipercoche creando nanorrobots misóginos? Porque,
mien¬tras las cosas sigan tal y como están, es decir, mientras el desa¬rrollo
exterior prosiga su veloz carrera -o, lo que es lo mismo, mientras persista la
falta de desarrollo interior- seguiremos ha¬llándonos en un aprieto.
Edwin
Firmage, una reconocida autoridad en los ámbitos del derecho constitucional y
del derecho internacional que ha traba¬jado durante varias décadas en el mundo
del control de las armas nucleares, ha escrito: «La ley [el control legal
exterior] puede ayudar pero, lamentablemente, resulta muy limitada. Aun en el
caso de que la ley pudiera eliminar por decreto todas las armas nucleares de la
tierra, no es posible lobotomizar a toda una gene¬ración de físicos, y por ese
camino volveríamos a encontramos implicados, más pronto o más tarde, en la
carrera armamentísti¬ca. ¿Cómo podemos cambiar el alma de los seres humanos?
Te¬nemos que ir más allá del ámbito de aplicación de las leyes...».'-' Y con
ello quiere decir que debemos alentar el desarrollo de los cuadrantes
interiores, el desarrollo del alma, el desarrollo de la sabiduría, el
desarrollo de la conciencia, el desarrollo interior de los cuadrantes de la
Mano Izquierda de modo tal que marchen al mismo paso que el desarrollo
tecnológico de la Mano Derecha. 2 Poco importa que se trate de una tarea muy
compleja, porque la alternativa resulta demasiado dolorosa.
Sean
cuales fueren las soluciones a todos estos problemas, la discusión debe
orientarse hacia cuestiones más integrales, porque cualquier solución menos que
integral omitirá dimensiones fun¬damentales de la crisis que, en tal caso,
seguirá acelerándose y descontrolándose en su desenfrenada carrera hacia la
muerte.
Integral
Institute
Todos
los abordajes que hemos mencionado en este capítulo -desde el más prosaico
hasta el más apocalíptico- son algunas de las áreas de aplicación inmediata de
un enfoque más integral, de un enfoque "omninivel y omnicuadrante".
Existen otras que no he mencionado en este sumario, como el feminismo integral,
el derecho integral, el arte y la teoría literaria integral e, incluso, la
reforma penitenciaria integral. Algunos de estos abordajes han sido presentados
en un libro que próximamente publicará Shambhala, editado por Jack Crittenden,
que tentativamente lle¬va por título Kindred Visions. Ken Wilber and Other
Leading In¬tegral Thinkers, y que incluye contribuciones de Alex Grey, Jim
Garrison, Joyce Nielsen, Ed Kowalczyk, T. George Harris, Ma¬rilyn Schlitz,
Georg Feuerstein, Larry Dossey, Jenny Wade, Juan Pascual-Leone, Michael Lerner,
James Fadiman, Roger Walsh, Leland van den Daele, Francisco Varela, Robert
Shear, George Leonard, Michael Zimmerman, Stan Grof, el padre Thomas Ke¬ating,
Ervin Laszlo, Thomas McCarthy (Jürgen Habermas), Eduardo Mendieta (Karl-Otto
Apel), Hameed Ali, Robert Frager, Drexel Sprecher, Lawrence Chickering, Gus
diZegera, Elizabeth Debold, Lama Surya Das, el rabino Zalman Schachter-Shalomi,
Mitchell Kapor, Don Beck, Frances Vaughan, Robert Forman, Michael Murphy, Max
Velmans, Tony Schwartz, David Chal¬mers, Susanne Cook-Greuter, Howard Gardner,
Robert Kegan, John Searle y Charles Taylor, entre muchos otros. Todos ellos han
contribuido, a su modo, a una visión más integral y amable del Kosmos.
Muchos
de los teóricos que han participado en Kindred Vi¬sions y de los presentados en
este libro se han unido para fundar el Integral Institute, que en este momento
tiene ramas dedicadas a la medicina integral, la psicología integral, la
espiritualidad in¬tegral, los negocios integrales, la ecología integral, la
educación integral, el arte integral y la política integral. También existen
va¬rias ramas que no tardarán en desarrollarse (como las que afectan a los
medios de comunicación, la diplomacia o el derecho). El objetivo del Integral
Institute es convertirse en una organización en la que quepan todos los
estudios auténticamente integrales y encontrar el modo de canalizar recursos
que permitan la puesta en marcha de proyectos integrales. Pensamos abrir un
centro in¬tegral que sirva de oficina principal del instituto (en Nueva York
y/o San Francisco), y ya hemos comenzado IntegralMedia con Shambhala. Si usted
está interesado en unirse al Integral Institu¬te o en apoyarlo, consulte el
website de Shambhala en:
www.shambhala.com
6.
MAPAS DEL KOSMOS
En
un debate intelectual, ambas partes tienden a estar en lo cierto en lo que
afirman y equivocadas en lo que niegan.
JOHN
STUART MILL
Un
sistema de clasificación holístico
Cualquier
modelo holónico que fuera realmente comprehen¬sivo y holístico -cualquier
auténtica TOE- debería tener en con¬sideración todas las olas, corrientes,
estados, reinos y cuadrantes y en consecuencia nos proporcionaría también un
sistema muy útil para clasificar las distintas visiones del mundo, filosofías,
re¬ligiones y ciencias que han aparecido a lo largo de la historia. Debo
insistir en que no se trata de que alguna de esas visiones del mundo
(incluyendo la mía propia) acabe brindándonos una ima¬gen completa, sino que
cuantas más visiones puedan incluirse, más exacta será la visión resultante del
Kosmos. En tal caso, esta visión más abarcadora no sólo actuará como un
catalizador de la transformación individual -a la que, por cierto, nos
referiremos en el próximo capítulo-, sino como sistema de clasificación
ho¬lístico de las numerosas visiones del mundo, evidenciando la re¬lación que
mantienen y la importancia irreemplazable de cada una de ellas.'
En
este capítulo centraremos nuestra atención en las distintas visiones del mundo
y señalaremos el modo de articularlas en una visión más integral. También
echaremos un vistazo a la situación política internacional y trataremos de
sugerir el modo en que tal sistema de clasificación holístico puede clarificar
nuestros análi¬sis políticos y sugerir cursos prácticos de acción política en
los ámbitos nacional e internacional.
Todas
las teorías presentadas en este capítulo no son más que eso, simples teorías o
mapas del mundo y, en ese sentido, pueden servirnos para componer una visión
más integral, pero debo se¬ñalar que la competencia básica del pensamiento
integral de se¬gundo grado no exige el dominio de todos esos mapas y sistemas.
Así pues, el lector no tiene que preocuparse por memorizar los distintos
niveles, conocer todos los bloques de civilización que mencionaremos ni
esforzarse en llegar a comprenderlos en deta¬lle. Para ejercitar el pensamiento
de segundo nivel basta con tra¬tar de entender estos mapas integrales -mapas
"omnicuadrante, omninivel y omnilínea"- y abrir nuestras mentes y
nuestros co¬razones a un abrazo más abierto y compasivo hacia el Kosmos y todos
sus habitantes.
Así
pues, aunque no tengamos que memorizar ni conocer al dedillo los siguientes
mapas, comprometámonos a abrir nuestras mentes y nuestros corazones. En el
próximo capítulo prestare¬mos atención a una práctica integral que apunta más
concreta¬mente a despertar nuestras capacidades integrales.
Visiones
del mundo
Son
muchos los intentos realizados a lo largo de los años para clasificar las
distintas visiones del mundo de que disponen los hombres y las mujeres. Platón
nos ofreció un brillante relato de las alternativas filosóficas presentes en la
antigua Grecia, Fa-hsiang categorizó los sistemas religiosos de la China T' ang
y santo Tomás de Aquino nos proporcionó una representación exhaustiva de las
filosofías más acreditadas de su tiempo, por nombrar sólo a unos pocos.
Con
el advenimiento de la era moderna y de la idea de evolu¬ción, fueron muchos los
teóricos que comenzaron a clasificar las diversas visiones del mundo en función
de su nivel de desarrollo. Una de las primeras -y todavía más influyente-
clasificación fue la llevada a cabo por Auguste Comte, fundador del
positivismo, cuya famosa Ley del Tres afirmaba que, en su búsqueda del
co¬nocimiento, la humanidad ha atravesado tres grandes estadios -la religión,
la metafísica y la ciencia- y que cada uno de ellos es menos primitivo y más
exacto que los anteriores (un proceso que, curiosamente, termina abocando al
estadio en que se hallaba el mismo Comte. Y es que ése es, precisamente, el
problema del que suelen adolecer las teorías evolutivas, una pretensión de la
que, por mi parte, me apresuro a desmarcarme). En cualquier caso, hay que decir
que la más sofisticada de todas las clasifica¬ciones evolutivas del
conocimiento fue la elaborada por Georg Hegel, cuyo brillante sistema
filosófico dejaba lugar, en su opi¬nión, a todas las grandes visiones de la
historia, tanto orientales como occidentales. (Lamentablemente, sin embargo
-como bien señaló Bertrand Russell-, todo lo que Hegel sabía de China, por
ejemplo, era que existía. Y fue este tipo de desconocimiento el que, junto a
otros problemas bastante más sutiles, terminó soca¬vando, con el tiempo, el
sistema hegeliano. Pero no, por ello, de¬bemos soslayar la extraordinaria
riqueza desplegada por el idea-lismo.)'- Otros bien conocidos modelos
histórico-evolutivos (que implican tanto progreso como decadencia) son los
elaborados por Adam Smith, Karl Marx, Herbert Spencer, Oswald Spengler, Arnold
Toynbee, Pitirim Sorokin, Antonio Gramsci, Teilhard de Chardin, Carroll
Quigley, Jürgen Habermas, Gerhard Lenski, Jean Gebser y Sri Aurobindo.
Más
recientemente, ciertos filósofos han esbozado modelos "globales" que
se centran en tipos de visiones del mundo que pueden articular los seres
humanos. Uno de los primeros mode¬los de esta categoría fue World Hypotheses,
de Stephen C. Pepper (1942), que subraya la existencia de cuatro grandes tipos:
el for¬mal (según el cual el mundo existe en tanto que categorías), el
mecanicista (el mundo depende de relaciones causa-efecto), el contextual (el
mundo es relacional) y organísmico (el mundo es in¬teractivo y relacional).
Posteriormente, Schwartz y Russek (véase la sección dedicada a la medicina
integral en el capítulo 5) agrega¬ron cuatro tipos más a la tipología de
Pepper: procesos implícitos (el mundo posee energías y conciencia más sutiles),
causalidad cir¬cular (cibernética), desarrollo creativo (adaptación emergente)
y diversidad integradora (que intenta integrarlos a todos).'
Otra
influyente clasificación de las visiones del mundo según los tipos disponibles
fue la presentada por el teórico de los siste¬mas sociales Talcott Parsons, que
organizó las visiones del mun¬do a lo largo de un continuo de cinco grandes
posturas: sistemista derecho, marginalista derecho, marginalista medio,
marginalista izquierdo y sistemista izquierdo, una clasificación que, aunque
posea ciertas ventajas, abarca, no obstante -como luego vere¬mos-, un rango muy
limitado de posibles visiones del mundo. Ro¬bert Bellah ha enfocado su análisis
desde otro ángulo, descu¬briendo la existencia de cuatro grandes visiones del
mundo en Estados Unidos: republicana, bíblica, utilitaria y romántica. Mark
Gerzon, por su parte, habla de seis: religiosa, capitalista, descontenta,
medios de comunicación, nueva era y política. Sa¬muel Huntington, por último,
considera que el mundo se halla sometido al choque de ocho o nueve grandes
visiones culturales del mundo (o civilizaciones): occidental, latinoamericana,
africa¬na, islámica, sínica, hindú, ortodoxa, budista y japonesa. Todos éstos
son buenos ejemplos de "metaanálisis" de tipos de visiones del mundo
que muchos eruditos modernos han encontrado útiles y que ciertamente pueden
serlo, siempre y cuando encontremos un contexto más abarcador que los integre a
todos. (Y ahí es, pre¬cisamente, donde radica el problema.)
La
noción de niveles de realidad (u olas de la existencia) nos proporciona otro
sistema de clasificación. Ya sea que utilicemos la Spiral Dynamics, la Gran
Cadena del Ser, o los niveles del yo de Jane Loevinger, lo cierto es que
podemos clasificar fácilmen¬te diferentes tipos de visiones del mundo según el
nivel de la mis¬ nia visión del mundo, y eso es, precisamente, lo que han hecho
numerosos teóricos. Señalemos, en este sentido, por dar unos po¬cos ejemplos,
que las visiones del mundo sexuales y vitales (como las de Freud y Bergson, por
ejemplo) provienen funda¬mentalmente del nivel de la vida biológica, del meme
beige; que las visiones del mundo centradas, de un modo u otro, en el poder
(como la de Nietzsche) se asientan en el meme rojo; que las vi¬siones
racionales del mundo (como la de Descartes) se asientan en el meme naranja; que
el postmodernismo (de Derrida y Lyo¬tard, por ejemplo) se asienta en el meme
verde; que el misticismo natural (como el de Thoreau) se sustenta en el meme
coral/psí¬quico; que el misticismo teísta (como el de santa Teresa de Ávila) se
apoya en el meme sutil, y que el misticismo sin forma (como el de Meister
Eckhart) lo hace en el meme causal.;
Parece
razonable suponer que los niveles del ser y del conoci¬miento contribuyen a la
existencia de las diversas visiones del mundo, de ahí que sea interesante
incluir este hecho en cualquier TOE.
Conviene
señalar, por último -aunque no por ello es menos importante-, que cualquier
síntesis que aspire a ser realmente in¬tegral debe reconocer la verdad
(ciertamente parcial) de todas las grandes visiones del mundo. Porque no se
trata de que los nive¬les más elevados nos proporcionen visiones más exactas y
que los niveles más bajos sólo hablen de falsedades, supersticiones o absurdos
primitivos. Existe un sentido en el que hasta la "magia" infantil y
el mito de Santa Claus son verdaderos. Por ello hay que señalar que las
distintas visiones del mundo son simplemente el modo en que se nos presenta el
mundo desde ese nivel u ola y que todas las olas son ingredientes fundamentales
del Kosmos. En el nivel mítico, Santa Claus (o Zeus, Apolo o la astrología, ponga¬mos
por caso) constituye una auténtica realidad fenomenológica. No es adecuado,
pues, concluir: «Muy bien. Ahora que hemos evolucionado sabemos que Santa Claus
no es real», porque sí que lo es. A la luz de la evolución, todos los estadios
anteriores pare¬cen primitivos y falsos, y también ocurrirá lo mismo con
nuestra visión actual del mundo (porque la evolución futura acabará
lle-vándonos más allá de ella). No se trata, pues, de que sólo exista un nivel
de realidad y que las demás visiones sean versiones pri¬mitivas e incorrectas
de ese único nivel, sino que cada una de las visiones del mundo es una visión
correcta de un nivel inferior, aunque ciertamente fundamental de la realidad,
no una visión in¬correcta del único nivel real. Desde esta perspectiva, la
noción de desarrollo nos permite descubrir verdades anidadas, no
supersti¬ciones primitivas.'
A
menudo me preguntan ¿por qué hemos de integrar las dis¬tintas visiones del
mundo? ¿Acaso no nos basta con celebrar sim¬plemente la rica diversidad de las
distintas visiones sin necesidad de integrarlas? Obviamente, el reconocimiento
de la diversidad constituye un noble esfuerzo, y debo decir que apoyo
sincera¬mente el pluralismo. Pero si nos quedamos en la mera celebración de la
diversidad, estaremos promoviendo, en última instancia, la fragmentación, la
alienación, la separación y la desesperación, en cuyo caso, usted seguirá su
camino, yo seguiré el mío y cada vez nos separaremos más, que es precisamente
lo que tan a menudo ha ocurrido en el reino postmoderno del relativismo
pluralista, que en tantos frentes nos ha abocado a una Torre de Babel. No basta,
pues, con reconocer las muchas diferencias que nos separan, sino que también
necesitamos ir más allá y comenzar a reconocer las muchas similitudes que nos
unen. De otro modo, no contribuire¬mos al holismo sino al
"montonismo". Debemos asentarnos en la rica diversidad que nos brinda
el relativismo pluralista y, desde ahí, dar el siguiente paso que nos permita
entretejer la diversidad en una espiral holónica de conexiones unificadas hasta
advertir las múltiples relaciones del Kosmos; necesitamos pasar del relati¬vismo
pluralista al integralismo universal, necesitamos encontrar, en suma, el
Uno-en-los-muchos que pone de relieve el entramado mismo del Kosmos.
Ése
es el motivo por el cual creo que debemos esforzarnos en alcanzar una visión
integral a sabiendas de que nunca llegaremos a conseguirla plenamente, y
también creo que el intento merece la pena, porque en ese intento de encontrar
el Uno-en-los-mu¬chos sintonizaremos nuestros corazones y nuestras mentes con
el Espíritu tal y como resplandece en este mundo.
Creo
que el enfoque integral es el esfuerzo más valioso para representar la
Unidad-en-la-multiplicidad, porque incluye de un modo explícito todas las
visiones del mundo mencionadas en este capítulo. Esta visión integral -esta
TOE- nos servirá, como luego veremos, como un sistema de clasificación de todas
las vi¬siones del mundo, permitiéndonos así apreciar y valorar adecua¬damente
la contribución especial y profunda realizada por cada una de ellas. Es
innecesario decir que mi propia versión de esta TOE -aun cuando sea
completamente cierta- está destinada a pa¬sar a mejor vida y a dejar paso a
visiones posteriores todavía me¬jores.
Este
sistema de clasificación integral ya está usándose en aplicaciones muy
diversas, desde los llamados "websites trans¬formacionales" hasta las
"bibliotecas mundiales". El World Eco¬nomic Forum celebrado
recientemente en Davos (Suiza) invitó a varios expertos del abordaje
omnicuadrante y omninivel, lo cual tal vez evidencie su utilidad práctica.
Robert
Bellah y Mark Gerzon
Si
tenemos en cuenta los distintos cuadrantes, niveles, líneas, tipos y estados,
abriremos suficiente espacio para todas las visio¬nes del mundo mencionadas en
este capítulo. Se trata de algo mucho más sencillo de lo que parece. Veamos
algunos ejemplos concretos.
Muchos
de los teóricos de las visiones del mundo se centran en un solo cuadrante y
subrayan sus principales estadios y/o tipos (la figura 3.6 nos ofrece varios
ejemplos de este fenómeno "mo¬nocuadrante"). Robert Bellah, por
ejemplo, se centra en dos ni-veles del cuadrante inferior-izquierdo: el
mítico-pertenencia (azul), con dos principales tipos (el republicano y el
bíblico), y el racional-egoico (naranja), con dos principales tipos (el
utilitario y el terapéutico, uno de cuyos subconjuntos es el meme verde). Su
análisis, en mi opinión, constituye una adecuada descripción sociológica de
estos cuatro niveles-tipos en el cuadrante inferior¬izquierdo, aunque sus
prescripciones parecen demasiado sesga¬das hacia el meme azul.'
El
análisis de Gerzon descubre la existencia de seis grandes "naciones"
o "sistemas de creencias" en Estados Unidos hoy en día: religioso,
capitalista, descontento, medios de comunicación, nueva era y político (que
significan exactamente lo que sugieren los nombres). Su análisis, realizado
fundamentalmente a través del meme verde (que expresa su exquisita sensibilidad
pluralis¬ta), es otra descripción fenomenológica útil de alguna de las
principales visiones del mundo presentes en nuestro país (cuyas correlaciones
esbozaré en una nota final).' Adviértase que todas estas "naciones"
corresponden al pensamiento de primer grado y que no hay "naciones"
correspondientes al pensamiento de se¬gundo grado ni tampoco grandes masas de
población en torno a las cuales puedan articularse provechosamente
organizaciones propias del segundo grado (la "nación" Gaia o
"transformacio¬nal" es fuertemente verde/púrpura/roja, como sólo una
pequeñí¬sima minoría -tal vez inferior al 2%- activamente comprometida en
actividades propias del pensamiento de segundo grado y su¬periores). Pero sin
el fundamento del pensamiento de segundo grado, el "nuevo
patriotismo" que sabiamente recomienda Ger-zon probablemente no deje de
ser meramente fortuito.
La
profundidad vertical
Aunque
útil, el esquema clasificatorio de Talcott Parsons ilus¬tra claramente las
limitaciones de un enfoque que no tenga en cuenta los fenómenos omninivel. El
continuo de Parsons (siste¬mista derecho, marginalista derecho, marginalista
medio, margi¬nalista izquierdo y sistemista izquierdo) ejemplifica algunos de
los tipos de visiones del mundo que pueden percibirse desde los niveles
racionales, ya que todos ellos son visiones racionales del mundo. Porque ese
espectro de visiones no es tanto una escala vertical que se extienda por encima
y por debajo de los niveles racionales, sino una escala horizontal que va desde
la creencia sistémica en la causación subjetiva (sistemista derecho) hasta la
creencia sistémica en la causación objetiva (sistemista izquier¬do). Como ya
hemos visto en el capítulo 3, cada uno de los nive¬les de conciencia dispone de
varios tipos horizontales. La orien¬tación política es un tipo que se halla
disponible en distintos niveles (usted puede ser de la izquierda o de la
derecha del meme rojo, de la izquierda o de la derecha del meme azul, de la
iz¬quierda o de la derecha del meme verde, etc.).' En cualquier caso, ésas son
escalas independientes: niveles horizontales versus las distintas tipologías de
que disponemos dentro de los distintos ni¬veles.
Así
pues, el esquema de Parsons constituye una tipología fun¬damentalmente
horizontal dentro de las olas racional-egoicas. Y ése es, precisamente, el
motivo por el cual su esquema no cubre (de hecho, ni siquiera reconoce) las
importantes visiones del mundo que pueden contemplarse desde las olas arcaica
(beige), mágica (púrpura) y mítica (rojo/azul) en las que se halla,
aproxi¬madamente, el 70% de la población mundial, algo que Parsons parece
soslayar (por no mencionar las olas superiores, transmen¬tales y transpersonales
de lo psíquico, lo sutil y lo causal, a las que volveremos en breve).
El
esquema de Parsons adolece de una falta de la dimensión vertical de profundidad
que, como veremos, aqueja también a la mayor parte de los teóricos presentados
en este capítulo.' De he¬cho, todos los teóricos mencionados aquí (exceptuando
a Evelyn Underhill) operan desde nivel(es) exclusivamente racional(es) y, desde
esa perspectiva, nos brindan una serie de visiones muy úti¬les del mundo. Pero,
como luego veremos, necesitamos comple¬mentar esas importantes aunque limitadas
visiones con un enfo¬que más omninivel y omnicuadrante, especialmente en lo que
respecta a los estadios superiores y, lo que todavía es más impor¬tante, en lo
que respecta a los estadios tempranos del desarrollo (púrpura, rojo y azul), en
los que se halla la mayor parte de la po¬blación mundial.
Francis
Fukuyama:
"El
fin de la historia y el último hombre"
Tres
de los más influyentes analistas de las cuestiones interna¬cionales de hoy en
día son Francis Fukuyama, Samuel Huntington y, a un nivel más popular, Thomas
Friedman. Sus visiones ilustran el diferente énfasis que dan a los distintos
cuadrantes, niveles y lí¬neas. Fukuyama (El fin de la historia y el último
hombre) se cen¬tra en el nivel egoico-racional (naranja) y su necesidad de
reco¬nocimiento (la necesidad de autoestima de la holoarquía de necesidades de
Maslow), un reconocimiento que, según Fukuya¬ma, el estado liberal-económico ha
logrado transmitir de un modo mucho más eficaz que cualquier otro sistema de la
historia. Por ello en este sentido, concluye que no podrá ocurrir ningún cambio
histórico más y que, en consecuencia, el Occidente liberal ha ven¬cido a la
historia y le ha puesto "fin".
Pero
por más importantes que sean las verdades señaladas por Fukuyama, su análisis
sólo es válido para los niveles egoico-ra¬cionales, postconvencionales y
mundicéntricos (naranja y ver¬de), que, como ya hemos visto, sólo afectan, en
el mejor de los casos, al 30% de la población mundial. Pero hay que decir que
cualquier persona -incluso las nacidos en un país egoico-racio¬nal, liberal y
postconvencional- debe comenzar su existencia en el estadio 1 (arcaico y beige)
y, a partir de ahí, debe acometer el proceso que le llevará a emigrar a través
de toda la espiral del de¬sarrollo que, al cabo de cinco o seis grandes
estadios, termina abocando a la conciencia postconvencional (naranja). Pero tal
cosa sólo ocurre con menos de una tercera parte de la población mundial -debido
a factores procedentes de los cuatro cuadran¬
tes-,
de modo que el resto del mundo (un 70% aproximado de la población mundial) no
comparte el amor ni el reconocimiento de Fukuyama por la ola egoico-racional
(el meme naranja), sino que se decanta por diversas versiones de la ola
arcaica, la mágica y la mítica (púrpura, rojo y azul). Así pues, el análisis de
Fukuyama se halla circunscrito al meme naranja de los cuadrantes de la Mano
Izquierda y a los factores económicos liberal-capitalistas del cuadrante
inferior-derecho, pero deja fuera los estadios pre-naranja del desarrollo, en
los que se halla la mayor parte de la po¬blación mundial.
Samuel
P. Huntington:
"El
choque de las civilizaciones"
Aquí
es donde el análisis de Samuel Huntington resulta su¬mamente útil porque,
"por debajo" de los memes mundicéntricos y postconvencionales de
naranja y verde, se asientan las raíces y los cimientos de las distintas
civilizaciones etnocéntricas (inclu-yendo la nuestra). Y aunque muchas de esas
civilizaciones etno¬céntricas alienten ideales mundicéntricos, la gran mayoría
de los integrantes de cada civilización siguen fuertemente asentados en las
olas púrpura, roja y azul (y, más raramente, naranja) del desa¬rrollo de la
conciencia. El análisis de Huntington nos habla de nueve grandes bloques de
civilización: occidental, latinoameri¬cano, africano, islámico, sínico, hindú,
ortodoxo, budista y japo¬nés (véase figura 6.1). Éstas son las placas
tectónicas horizonta¬les, por así decirlo, de la cultura humana y resulta
absolutamente esencial tenerlas en cuenta porque, como persuasivamente seña¬la
Huntington, en ellas se asientan algunos de los principales fac¬tores
motivadores de la política, el comercio, la guerra y la di¬plomacia
internacional. lo
Como
luego veremos, aunque Huntington da una definición bastante amplia del término
civilización, se centra fundamental¬mente en el cuadrante inferior-izquierdo,
es decir, en la cultura," y sus recomendaciones se localizan fuertemente
en el meme azul, la postura conservador-republicana (que no es necesariamente
tan mala como muchos liberales quieren hacernos creer. Recor¬demos, a fin de
cuentas, que el 70% de la población mundial está en el meme azul o en algún
meme inferior. Además, como ya he¬mos visto, los conservadores, reconocen la
causación subjetiva y la existencia de los estadios internos hasta el azul, de
modo que suelen ser jueces muchos más fiables y realistas de esos dominios
interiores a los que los liberales suelen ser ciegos y, en conse-cuencia, se
ven obligados a exigir cambios exclusivamente ex¬ternos).
Durante
la mayor parte de la historia de la humanidad, los cuadrantes de la Mano
Izquierda y de la Mano Derecha se desa¬rrollaron al mismo ritmo. Así, la
evolución que condujo, en el cuadrante inferior-izquierdo, desde el nivel
arcaico (beige) hasta el mágico (púrpura), el mítico (rojo/azul) y el racional
(naranja) se vio jalonada, en el cuadrante inferior-derecho, por un desarro¬llo
tecnológico que pasó de la visión del mundo característica de los pueblos
recolectores a la propia de los pueblos hortícola, agrario e industrial,
respectivamente (véase figura 4.4). Así fue como la visión mágica del mundo
tenía un fundamento recolec¬tor, la visión mítica del mundo un fundamento
agrario, la visión racional del mundo un fundamento industrial, etc.
Con
el advenimiento de la modernidad (racional-industrial), no obstante, la
globalización creciente de la economía posibilitó la emergencia de un tipo muy
intenso de fenómenos inter-nivel que permitieron, por ejemplo, que las culturas
tribales pudieran acceder a la tecnología racional-industrial, con resultados
fre¬cuentemente catastróficos. Es más, este mismo tipo de fenóme¬nos
inter-nivel podía también tener lugar dentro de una determi¬nada cultura, como
ocurrió en el caso de Auschwitz el resultado de la capacidad tecnológica de la
visión racional (naranja) del mundo puesta en manos de una agresividad
etnocéntrica intensa¬mente prerracional (rojo/azul). Por ello hoy en día, casi
cualquier tribu étnica u orden feudal puede acceder a las armas nucleares, biológicas
y químicas -que jamás hubieran podido producir por sí solos- con resultados más
que lamentables. Como comenzába¬mos a advertir en los capítulos anteriores, el
hecho de que todos los cuadrantes de la Mano Derecha sean materiales posibilita
que esos artefactos materiales (desde las modalidades tecnológicas hasta las
armas nucleares) puedan ser utilizados por individuos que se hallen en casi
cualquier estadio del desarrollo interior de la Mano Izquierda, aun cuando
nunca hubieran podido llegar a producirlos. Y son precisamente estos fenómenos
los que tornan imperativo el análisis inter-nivel de cuadrantes, niveles y
líneas en la política mundial de hoy en día y condenan todo análisis que haga
menos que eso (más adelante volveremos sobre este impor¬tante tópico).
Las
civilizaciones evidencian una pirámide del desarrollo en la que, cuanto más
alto es el nivel de desarrollo, menos indivi¬duos lo alcanzan, lo cual
significa, como ya hemos dicho, que el grueso de la población mundial se halla
en las olas más bajas del desarrollo, fundamentalmente púrpura, rojo y azul (y,
más rara vez, naranja). Y éste no es un juicio moral, porque todos los
esta¬dios desempeñan funciones cruciales y constituyen el fundamen¬to necesario
para el desarrollo superior. Pero cada recién nacido debe comenzar su proceso
de desarrollo en el primer nivel, sin importar cuán "elevada" o
"avanzada" sea la cultura en que se encuentre. La directriz
primordial, pues, nos obliga a proteger y promover la salud de toda la espiral
del desarrollo sin privilegiar ninguna ola determinada.
Esto
significa que una nueva realpolitik deberá tener en cuen¬ta la espiral
completa, sin olvidar que el grueso de la población se halla en púrpura/rojo
(preconvencional) y azul (convencional). Así pues, el centro de gravedad de la
población mundial se en-cuentra en los estadios egocéntrico y etnocéntrico y,
como dice Huntington, esos bloques etnocéntricos tendrán una extraordina¬ria
importancia en la formación de las corrientes mundiales, aun¬que no sean lo
único que importe. Como ya hemos señalado en el capítulo 1, Beck y Cowan
estiman que el 10% de la población mundial se halla en el meme púrpura, el 20%
en el rojo y el 40% tienen un centro de gravedad azul, de modo que cerca del
70% de la población mundial tiene un centro de gravedad etnocéntrico o inferior,
una masa extraordinaria, en suma, de la humanidad.
Y
eso también significa que cerca del 70% de la población mundial se halla
bastante lejos del nivel en que se centra el aná¬lisis de Fukuyama. (Tal vez
cuando el porcentaje de población mundial que se halle en el meme naranja sea
de cerca del 100%, ése sea realmente el "fin de la historia" que
preconiza Fukuyama, pero para ello todavía quedan, en el mejor de los casos,
varios si¬glos. Pero, además, después del meme naranja se halla el verde, el
amarillo, el coral/psíquico... No parece, pues, advertirse signo alguno del fin
de la historia...
Vertical
y horizontal
Pero
por más inteligente y útil que pueda ser, el análisis de Huntington resulta
fundamentalmente horizontal porque, si bien reconoce la existencia y la
profunda importancia de los grandes bloques de la civilización, no parece
advertir siquiera los niveles verticales del desarrollo (es decir, púrpura,
rojo, azul, naranja, ver¬de y amarillo) que constituyen algunos de los estratos
arqueológi¬cos cruciales de esos bloques. Huntington nos brinda una lectura
superficial de los territorios reales actualmente presentes, pero no dice
absolutamente nada en tomo al análisis evolutivo de las infraestructuras de
esos bloques. Si su análisis de la dimensión horizontal se hubiera
complementado con una revisión de la di¬mensión vertical -es decir, si no sólo
hubiera reconocido las dis¬tintas placas tectónicas presentes, sino también los
distintos es¬tratos arqueológicos que yacen bajo esas placas-, dispondríamos de
una visión mucho más integral desde la que emitir juicios po¬líticos más
asentados.
Permítaseme
dar unos pocos ejemplos de lo que supondría este enfoque omninivel y
omnicuadrante. La figura 6.2 es un dia-
Figura
6.2. Mosaico de los sistemas de valor adaptado, con permiso. de Don
Beck
y Graham Linscott. The Crucible: Forging South Africa's Future (Johan¬
nesburg.
South Africa: The New Paradigm Press, 1991, págs. 80-81).
grama
sacado del libro The Crucible: Forging South Africa's Fu¬ture, de Don Beck y
Graham Linscott que ilustra la mezcla me¬mética de la población adulta de
Estados Unidos, Europa, África subsahariana y Sudáfrica. De este modo, la
complementación del análisis horizontal de Huntington con la dimensión vertical
nos proporcionaría una visión mucho más completa e integral de lo que realmente
está ocurriendo en las distintas poblaciones (polí¬tica, militar,
culturalmente, etc.).
(Beck
viajó unas sesenta veces a Sudáfrica para trabajar con quienes estaban tratando
de desmantelar el apartheid. Los libera¬les, obviamente, sostenían que las
nociones de "estadios" o "ni¬veles" son marginadoras y
opresivas, pero lo cierto es que tal cosa sólo ocurre cuando son utilizadas de
un modo inadecuado por quienes tratan de oprimir a los demás, ya sea que
utilicen es¬tadios jerárquicos o concepciones antijerárquicas políticamente
correctas. Beck no se ha cansado de señalar que el uso adecuado de la noción de
estadios sirve para liberar a las personas de los es¬tereotipos raciales. Desde
esta perspectiva, «no hay personas blancas o personas negras, sino personas
púrpura, personas ama¬rillas, personas naranja, personas verde, etcétera». No
debe, pues, extrañarnos que su innovador trabajo en esta área haya sido tan
elogiado tanto por Nelson Mandela como por el líder zulú Mongosuthu Buthelezi.)
Son
varios los ítems de esta figura que inmediatamente llaman nuestra atención.
Europa y América tienen un centro de gravedad fundamentalmente naranja, con
grandes bolsas de población azul y verde (como trato de señalar en Boomeritis,
la mayor parte de las "guerras culturales", de hecho, tienen que ver
con la lucha que mantienen los conservadores azules con los liberales verdes).
El África subsahariana todavía se halla dominada por la conciencia tribal que
va de púrpura a rojo. El norte de África y gran parte del Oriente Medio se
hallan sometidos al orden patriarcal y feudal azul (fundamentalmente basados en
una visión religiosa literal y estrecha del Corán). Habría, pues, que
complementar la visión ho¬rizontal de las civilizaciones de Huntington con el
concepto de memes para disponer de una visión realmente integral.
El
caso de Sudáfrica era especialmente complejo porque constituía una complicada
mezcla de diferentes civilizaciones horizontales (europea y África
subsahariana) y de distintas es¬tructuras meméticas verticales (púrpura/rojo
versus azul/naran¬ja). El mismo apartheid era una organización típicamente
azul, puesto que las jerarquías de dominio social -tanto orientales como
occidentales (desde el apartheid hasta el sistema de cas-tas)- se asientan casi
exclusivamente en las estructuras azules propias del nivel mítico-pertenencia.
Y sobre ese fundamento azul, los blancos de Sudáfrica habían erigido un estado
naranja fuertemente capitalista. Cuando el apartheid se vio desmantela¬do -de
un modo muy rápido y sin haber pensado, por cierto, gran cosa en lo que lo reemplazaría-,
Sudáfrica quedó sumida en la confusión. Es evidente que el apartheid debía ser
desmantelado, pero los sudafricanos necesitaban más tiempo para desarrollar una
estructura azul propia que pudiera reemplazar la versión eu¬ropea. Esto es,
según Beck -que ha permanecido muy cerca de los líderes sudafricanos-, lo que
ahora está ocurriendo con todo tipo de altibajos (un proceso en el que los
liberales verdes no han ayudado gran cosa, puesto que, con su habitual falta de
reconoci¬miento de los estadios interiores, insistían pura y simplemente en el
desmantelamiento de toda la estructura azul).
Al
igual que ocurrió en el caso de Sudáfrica, son muchos los conflictos
internacionales que aquejan a nuestro mundo que se derivan de la colisión entre
distintos bloques de civilización (en la escala horizontal) y de la lucha entre
distintos memes (en la es¬cala vertical). El caso de Vietnam, por ejemplo, se
debió a un conflicto interminable provocado por el choque de dos
civiliza¬ciones (la sínica y la occidental) que se hallaban en diferentes
ni¬veles del desarrollo (rojo/azul y naranja/verde, respectivamente), con el
resultado de que un estado corporativo como Estados Uni¬dos acabó atrapado en
el lodazal de las naciones antiguas y de los imperios feudales.
El
conflicto serbio, por su parte, ha sido una auténtica pesadi¬lla porque
representa el violento choque de no menos de tres blo¬ques de civilización
(ortodoxa, islámica y occidental) que in¬cluía, al menos, cuatro niveles
diferentes del desarrollo (las tribus étnicas púrpuras, los imperios feudales
rojos, las naciones antiguas azules y los estados naranja/verdes). Slobodan
Milose¬vic, el presidente de la antigua nación azul de Serbia, desencade¬nó la
limpieza étnica, la violación y la tortura rojo-tribal. La in¬tervención de los
liberales sensibles verdes Bill Clinton y Tony Blair han provocado multitud de
alegatos en pro de los derechos humanos verdes que han sido desoídos por las
naciones antiguas azules de Rusia, China e Irán, que les consideran (al igual
que a todo el meme verde) como auténticos criminales de guerra. Nada sustancial
ha cambiado en esta área, ya que las placas tectónicas y los memes todavía
siguen yuxtaponiéndose de un modo muy inestable, prestos al próximo terremoto.
El
importante papel desempeñado por las olas o memes verti¬cales puede verse en
situaciones tales como la reunificación de Alemania. Porque, aunque todos los
alemanes comparten el mis¬mo bloque de civilización, la misma dotación genética
y casi la misma historia, los eventos ocurridos durante la guerra fría
per¬mitieron que Alemania Oriental cayera bajo el influjo de un esta¬do
fundamentalista y marxista basado en el poder, una antigua nación azul que se
regía por las normas dictadas por un partido único y la obediencia al Estado,
mientras que Alemania Occiden¬tal seguía su camino de desarrollo hacia una
agrupación de esta¬dos naranja muy teñida del meme verde. Los problemas de la
reunificación, pues, tienen que ver con el modo de entrelazar es¬tas dos diferentes
olas del desarrollo cultural (azul versus naran¬ja/verde). Obviamente, en el
fondo de ambas Alemanias acecha la locura provisional de la regresión a la
limpieza étnica y el ho-locausto de la Segunda Guerra Mundial llevados a cabo
con una tecnología naranja sumamente poderosa, la peculiar pesadilla de mezcla
de niveles posibilitada por la modernidad. Así pues, las dificultades que
conlleva la reunificación de Alemania no se de¬ben tanto a un choque horizontal
de civilizaciones como a un choque vertical de memes.
Y lo
mismo ocurre con la Unión Soviética, un estado mani¬fiestamente moderno, pero
cuya infraestructura sigue firmemen¬te anclada en una antigua nación azul,
totalitaria, unipartidista y centrada en una economía dirigida por el estado y
por ideales co-lectivistas. Y puesto que el meme naranja, la iniciativa
individual y el mercado capitalista no pueden desarrollarse en esas
circuns¬tancias, cuando trató de adoptarse -de un modo, ciertamente, un tanto
abrupto- algo semejante a una economía del mercado, la nación antigua no
evolucionó hacia un estado moderno naranja, sino que, en muchos sentidos,
retrocedió a un imperio feudal rojo, a las guerras de bandas y a mafias en
lucha por el control del mercado. Y en la medida en que la nación antigua
continuó su di¬fícil proceso de desarrollo hacia un estado moderno, se ha visto
acompañado de déficit estructurales correlativos en el cuadrante
inferior-derecho, hasta el punto de que es innecesario decir que, en este
momento, los derechos humanos verdes ocupan el último lugar de su escala de
intereses.
Algo
semejante está ocurriendo también en el continente chi¬no, donde una antigua
nación azul está tratando de avanzar a trompicones hacia un estado moderno
naranja, un desarrollo que, hablando en términos generales, no se cataliza
convirtiendo los derechos humanos verdes en el principal problema. Y es que las
naciones azules comprenden de un modo intuitivo (y correcto, por otro lado) que
los derechos humanos verdes disolverán la es¬tructura azul, lo cual supondría
un verdadero desastre para Chi-na. Sólo en la medida en que se asiente una
infraestructura na¬ranja -con una clase media emergente, una tecnología en vías
de desarrollo, un respeto por los derechos humanos objetivos y una iniciativa
individual verdaderamente libre-, comienzan a tener sentido los derechos
humanos verdes. Así pues, aun cuando una nación azul quisiera avanzar hacia al
pluralismo verde, se halla¬ría estructuralmente imposibilitada para hacerlo, de
modo que el simple hecho de pretenderlo no hace más que generar todo tipo de
respuestas paranoicas.
Todo
esto nos revela un hecho fundamental de las civilizacio¬nes y de sus problemas,
y es que el desarrollo exterior sólo pue¬de implementarse y sostenerse sobre la
base del correspondiente desarrollo interior. Y como evidencia un análisis
omninivel y omnicuadrante, no es que uno sea más importante que el otro, sino
que ambos aparecen y desaparecen juntos.
El
mal meme verde
Aunque
el análisis de Huntington carece de profundidad verti¬cal, nos proporciona una
visión adecuada del papel que desempe¬ñan los bloques horizontales de la
civilización en los ámbitos de la política, el comercio, las relaciones
culturales y los conflictos internacionales. Su análisis -altamente
recomendable- testimonia el hecho de que, en la gran espiral del desarrollo que
va desde lo egocéntrico a lo etnocéntrico y mundicéntrico, el grueso de la
po¬blación mundial todavía se halla en el estadio etnocéntrico y pro¬bablemente
permanezca ahí durante un futuro indefinido (como ha ocurrido desde hace
milenios). Esto no supone, en modo al¬guno, negar la posibilidad de que emerjan
culturas mundicéntri¬cas -puesto que Huntington aporta alguna evidencia a este res¬pecto-,
sino tan sólo que el centro de gravedad de los distintos bloques de
civilización es sumamente etnocéntrico y que, debido a la pirámide del
desarrollo, los clusters etnocéntricos serán siempre factores muy poderosos (y
a menudo dominantes) de la conciencia individual y cultural.
No
cabe la menor duda de que las recomendaciones políticas de Huntington se
asientan fuertemente en el meme azul (y en una visión del mundo
republicano-conservadora), lo cual ha desper¬tado con frecuencia las iras de
los liberales (y del meme verde, en general), porque transgrede sus objetivos
declarados de diversi¬dad, multiculturalismo y sensibilidad. Además -y al igual
que decíamos con respecto al análisis de Fukuyama-, el análisis libe¬ral-verde
sólo se aplica a un porcentaje muy pequeño de la po¬blación mundial. De hecho,
Beck y Cowan han descubierto que menos del 10% de la población mundial se halla
en el meme ver¬de (y casi completamente circunscrito al bloque de la
civilización occidental, lo cual desconcierta a los multiculturalistas verdes
que parecen dispuestos a abanderar cualquier cosa menos la civi¬lización
occidental).
Además,
para que el resto del mundo alcance el meme verde, los individuos tienen que
desarrollarse desde púrpura hasta rojo, azul, naranja y verde. Como subrayan de
continuo Beck y Cowan (y casi todos los investigadores del desarrollo), el meme
azul (llamémosle como le llamemos) constituye un estadio absoluta¬mente
necesario, crucial e inevitable para la emergencia de los estadios más elevados
(incluyendo el verde) y, en consecuencia, resulta lamentable que el meme verde
haga todo lo posible por destruir el meme azul dondequiera tropiece con él.
Como afirma la Spiral Dynamics, "verde disuelve azul" y por ello,
como con¬cluye el mismo Beck: «Verde ha generado más daño en los últi¬mos
treinta años que cualquier otro "meme"».
Insisto
en que no se trata de que lo que diga el meme verde sea falso, sino tan sólo de
que lo hace a destiempo, porque el mundo en general -incluida la mayor parte de
la población de Estados Unidos- todavía no se halla en condiciones de dar el
salto al plu-ralismo verde. Además, como adecuadamente dice Huntington, ninguna
civilización que haya sostenido una agenda pluralista ha sobrevivido, pero no
porque, como él opina, ninguna civilización pueda sobrevivir en esas
condiciones, sino porque, hasta que más del 10% de la población se encuentre
realmente en la ola verde y el centro de gravedad cultural sea fuertemente
pre-verde, toda cultura que trate de imponer a la fuerza el pluralismo y
multicul¬turalismo se rasgará por sus costuras más rápidamente de lo que
tardamos en pronunciar el término "deconstrucción". Eso,
preci¬samente, es lo que Beck quiere decir cuando afirma que el daño provocado
por el meme verde ha solido pesar más que sus evi¬dentes bondades, y hacia ahí
apunta también la crítica de Hun-tington.
La
diferencia, sin embargo -y se trata de una gran diferencia-, es que Beck nos
brinda un análisis post-verde que tiene en cuen¬ta la directriz primordial.
Según dicho análisis, cuando el meme verde disuelve el meme azul, mutila la
espiral del desarrollo e imposibilita, de ese modo, el avance hacia púrpura y
rojo, porque no hay ninguna base azul para aceptar el desarrollo. Es así como
el meme verde lesiona la espiral completa del desarrollo humano, aquí y en
todas partes, desdibujando, de ese modo, sus innega-bles bondades. La directriz
primordial nos obliga a reconocer que todos los memes, incluidos el azul y el
verde, constituyen aspec¬tos necesarios de la espiral global y que todos
desempeñan un pa¬pel fundamental en la salud de toda la espiral del desarrollo.
A
Huntington, por su parte, no parece gustarle el meme verde y está abanderando
una especie de ataque pre-verde a verde. (Con ello no quiero decir que
Huntington ataque la noción de "pluralismo internacional", puesto que
él reconoce la importan¬cia y legitimidad de los principales bloques de la
civilización y es un abierto defensor del pluralismo internacional. Lo único
que Huntington está atacando es la versión multiculturalista de Esta¬dos
Unidos, que en su opinión está disolviendo ciertas facetas ab¬solutamente
fundamentales.) Por ello muchos liberales ignoran el análisis de Huntington,
pero en mi opinión -y aun cuando sus sugerencias se hallen muy teñidas del meme
azul- por ahí es, precisamente, por donde debemos empezar. De forma deliberada
o inconsciente, el meme verde ha dañado las infraestructuras azules y
convendría emprender, en este sentido, una restauración estructural
(invirtiendo así lo que George W. Bush ha denomina¬do «un fanatismo blando de
expectativas limitadas»).
Los
ideales del meme verde sólo pueden erigirse sobre los só¬lidos cimientos
proporcionados por los memes azul y naranja. Sin azul y naranja, no hay verde.
Así pues, el ataque del meme verde a los memes azul y naranja es profundamente
suicida. Pero la cosa no termina ahí porque, cuando la muy desarrollada ola
verde postformal alienta todos y cada uno de los movimientos
"multiculturales", está alentándoles también a no alcanzar el meme
verde. De este modo se llega a la paradójica situación de que cuando más éxito
tiene el meme verde, más autodestructivo resulta. Sería, pues, muy interesante
que el meme verde tuviera en cuenta la directriz primordial y buscara el modo
de alentar la espiral completa del desarrollo, sin asumir la actitud típica de
la izquierda "ordenada", según la cual todo el mundo debería
desa¬rrollarse hasta alcanzar el meme sensible.
El
meme verde -que representa cerca del 20% de la población adulta norteamericana
y constituye el núcleo de lo que Paul Ray denomina inadecuadamente
"cultura integral"- se halla hoy en día en condiciones de avanzar
hasta el pensamiento de segundo grado y las construcciones auténticamente
integrales. El meme verde, que durante las últimas tres décadas, ha estado a
cargo del mundo académico, de la élite cultural y de gran parte de la polí¬tica
liberal, está siendo desafiado en todos los frentes (a causa de sus propias
contradicciones internas, su fracasada agenda políti¬ca, la intolerancia puesta
de relieve por el pensamiento política¬mente correcto, su afirmación de ser
superior en un mundo en el que se supone que nada es superior, el nihilismo y
narcisismo ca¬racterísticos del postmodernismo radical, su marginamiento
agresivo de las holoarquías y su falta de visión integral). Como ocurre cada
vez que un meme empieza a perder su hegemonía, sus inquisidores comienzan con
mucha frecuencia una beligeran¬te y reaccionaria defensa que, en este caso,
podría llamarse el "mal meme verde" (el hogar de boomeritis).
Actualmente, boo¬meritis y el mal meme verde son los impedimentos principales
para la emergencia de un abordaje auténticamente integral e in¬clusivo. Queda
por ver si durante las próximas décadas el mal meme verde renuncia a su
hegemonía -dejándonos las muchas funciones positivas, importantes y necesarias
del meme verde sano-, o si habrá que aguardar a la muerte de sus adherentes (la
alternativa más probable si escuchamos a la historia).
Por
consiguiente, cuantas más personas cabalguen la ola ver¬de, más se hallarán en
condiciones de dar el salto al hiperespacio de la conciencia de segundo grado,
donde pueden concebirse e implementarse abordajes realmente integrales de los
problemas del mundo.
La
Civilización Mundial
Huntington
acaba su discusión azul con el reconocimiento de la lenta emergencia actual de
una Civilización Mundial (las ma¬yúsculas son suyas) postconvencional y
mundicéntrica que no sólo incluye las olas naranja y verde, sino que también
empieza a intuir las olas integrales propias del pensamiento de segundo gra¬do,
una especie de Civilización Mundial integral y global. Y aun¬que sus
recomendaciones no provengan de ese nivel, Huntington lo reconoce, con lo cual
también reconoce que el mundo está mo¬viéndose lentamente en una dirección
integral.
Huntington
señala que lo que habitualmente se denomina "universalismo" es, en
realidad, una forma de imperialismo, es decir, el intento de un bloque de
civilización (como el occidental, por ejemplo) de imponer sus valores sobre
todos los demás, un universalismo que, por mi parte, también me parece
categórica¬mente reprobable. En su lugar, Huntington propone un universa¬lismo
alternativo de "comunidades" que, además de reconocer y honrar las
muchas y muy importantes diferencias existentes entre las culturas, también
reconozca las cosas que tenemos en común en tanto que seres humanos que viven
en un pequeño planeta, un universalismo sano que comparto (y al que también
denomino unidad-en-la-diversidad, pluralismo universal, unitas multiplex,
integralismo universal, etc.). Estoy completamente de acuerdo cuando Huntington
afirma que: «en un mundo multicivilizacio¬nal, el avance constructivo debe
llevarnos a renunciar al univer¬salismo [el imperialismo], aceptar la
diversidad [el pluralismo internacional] y buscar las cosas que nos unen [el
universalismo sano]».
En
lo que respecta a un universalismo sano y a una Civiliza¬ción Mundial, una
auténtica civilización integral, Huntington concluye -muy adecuadamente en mi
opinión- que «si los seres humanos acaban desarrollando una civilización
universal, ésta surgirá gradualmente a través de la búsqueda y ampliación de
los elementos compartidos. Por ello... las gentes de todas las civili¬zaciones
deben buscar y tratar de ampliar los valores, institucio¬nes y prácticas que
comparten con los integrantes de otras civili¬zaciones».
Luego,
Huntington se centra en el núcleo de la cuestión: la transformación de lo
etnocéntrico (azul) a lo mundicéntrico (e in¬tegral): «Este esfuerzo no sólo
contribuiría a reducir el choque de civilizaciones, sino que fortalecería la
Civilización Mundial [no el imperialismo, sino el universalismo sano]. Esta
Civilización Mundial probablemente implique una compleja mezcla de los ni¬veles
más elevados de la moral, la religión, el aprendizaje, el arte, la filosofía,
la tecnología, el bienestar material y probablemente otras cosas» (las cursivas
son mías). Dicho en mis propios térmi¬nos, las distintas líneas o corrientes
del desarrollo (desde la mo¬ral hasta la religión, el aprendizaje, el arte,
etc.) discurren a tra¬vés de los distintos niveles u olas evolutivas (desde
púrpura, hasta rojo, azul, naranja, verde, etc. o, dicho de otro modo, desde lo
egocéntrico hasta lo etnocéntrico y lo mundicéntrico), y cuan¬to más elevado
sea el nivel del desarrollo de las distintas líneas, más probable será que
asistamos a la emergencia de una Civili¬zación Mundial, precisamente porque las
placas tectónicas van desde lo egocéntrico hasta lo etnocéntrico y lo
mundicéntrico. El análisis de Huntington nos recuerda que la inmensa mayoría de
la población mundial todavía se halla en la ola etnocéntrica y que cualquier
realpolitik que quiera fomentar el desarrollo mundi¬céntrico debe tomar buena
cuenta de ello.
Pero
una civilización mundicéntrica no es un conglomerado imperialista uniforme y
homogéneo que abandere exclusivamen¬te la diversidad etnocéntrica y aboque a
los horrores señalados por Huntington -fragmentación, alineación y guerras-,
sino un rico entramado de unidad-en-la-diversidad que subraya tanto la unidad
como la diversidad.
Finalmente,
Huntington concluye su análisis con la pregunta crucial a la que apunta todo su
libro: «¿Cómo podemos llegar a comprender el complejo proceso que conduce al
desarrollo de una auténtica Civilización Mundial?».
En
mi opinión, obviamente, uno de los mejores modos de car¬tografiar el
extraordinario viaje que conduce desde lo egocéntri¬co hasta lo etnocéntrico y
lo mundicéntrico y todos los peligrosos recodos que jalonan el camino a la
tierra prometida de la Civili¬zación mundicéntrica y de unitas multiplex,
reside en un enfoque omnicuadrante, omninivel y omnilínea. Y debo decir que ése
no es tanto un punto final, como un nuevo comienzo.
Thomas
L. Friedman:
"The
Lexus and the Olive Tree"
Aunque
haya quienes consideren a Thomas Friedman como un mero divulgador, lo cierto es
que subraya varios ítems que el res¬to de los analistas soslayan o no aciertan
a señalar. Desafortuna¬damente, sin embargo, su visión global también es muy
superfi¬cial u horizontal, ya que sólo tiene en cuenta seis grandes dominios o
corrientes, pero carece de niveles y de olas. (Recorde¬mos que este enfoque
chato, que ignora la importancia de los ni¬veles del desarrollo, no es
exclusivo de Friedman sino que, como hemos ido viendo a lo largo de este
capítulo, constituye el abor¬daje más frecuente de la mayor parte de los
analistas políticos y socioculturales de hoy en día, entre los que cabe
destacar a Sa¬muel Huntington, Zbigniew Brzezinski, Paul Kennedy, Robert Kaplan,
etc., aunque su obra sea, en otros sentidos, admirable y cualquier análisis
realmente integral debería asumir sus verdades parciales).
Los
seis dominios o corrientes señalados por Friedman son la política, la cultura,
la seguridad nacional, las finanzas, la tecno¬logía y el medio ambiente, seis
dominios que, en su opinión, sólo pueden comprenderse individualmente
comprendiéndolos a to¬dos. Luego felicita a Paul Kennedy y John Lewis Gaddis
por tra¬tar de ser más "integrales" y "globales" aunque,
desde mi punto de vista, sólo son "medio integrales", puesto que su
visión se centra en la chata red-de-la-vida que, si bien está interconectada en
un determinado nivel, carece de toda profundidad vertical. «En un ensayo
escrito por ambos -dice Friedman-, Gaddis y Kennedy se lamentan de que la
política internacional se halle, tan a menudo y en tantos países, en manos de
particularistas. Según los dos historiadores de Yale: "Son personas
sumamente compe¬tentes a la hora de considerar aspectos parciales, pero que
tienen dificultades en ver la imagen global. Ordenan las prioridades y tratan
de cumplirlas separada y simultáneamente, sin pensar en el modo en que se
interfieren mutuamente. Se mueven perfectamente de árbol en árbol, pero parecen
hallarse completamente perdidos en medio del bosque. Los grandes estrategas del
pasado eran generalistas que veían tanto los bosques como los árboles y
operaban desde una perspectiva ecológica, comprendiendo que el mundo es una red
en la que todo está interconectado y que los cambios realizados aquí repercuten
allí. ¿Dónde, sin embargo, podemos encontrar hoy a un generalista?... La
tendencia domi¬nante en las universidades y en el mundo del pensamiento
expe¬rimenta una especialización cada vez mayor que premia más la comprensión
profunda de un solo campo que la diversificación en varios. Pero sin
comprensión de la totalidad... no puede haber estrategia alguna y, sin estrategia,
no hay más que movimiento a la deriva".»
Y
sin profundidad, la deriva es todavía mayor. Todos esos teó¬ricos -entre los
que cabe destacar a Kennedy, Gaddis y al mismo Friedman- se centran casi
exclusivamente en los cuadrantes de la Mano Derecha (que incluye la teoría
sistémica, las teorías del caos y de la complejidad, la red de la vida, el
holismo chato, la globalización tecnoeconómica, etc.). O bien ignoran los
cuadran¬tes de la Mano Izquierda o sólo los admiten de pasada, pero sin
reconocer los distintos niveles verticales de profundidad del de¬sarrollo de
esos cuadrantes. Y por ello incurren con tanta fre¬cuencia en el reduccionismo
sutil -que consiste en reducir todos los eventos de la Mano Izquierda a ajustes
funcionales de la Mano Derecha- y no nos presentan tanto un holismo integral
(que atienda a las realidades de la Mano Izquierda y a las reali¬dades de la
Mano Derecha) como un holismo chato (exclusivo de la Mano Derecha).`
Así
pues, el holismo chato y la red ecológica de la vida deben verse complementados
con la dimensión vertical y la pirámide de la vida, dos dimensiones
esencialmente importantes. Cualquier análisis que no preste la debida atención
a la dimensión vertical de las olas del desarrollo de la conciencia está
moviéndose en un es¬pacio bidimensional, no en un espacio tridimensional (que
es, por cierto, el espacio en que se mueve el mundo real), con lo cual las
dimensiones de altura y profundidad se escapan del análisis que, en
consecuencia -y por defecto-, tiene lugar desde el nivel de de¬sarrollo
subjetivo alcanzado por el analista, lo cual suele signifi¬car que el meme
azul, naranja o verde trata de comprender la espi¬ral completa del desarrollo a
través de la lente que le proporciona su propio nivel, con resultados más que
lamentables.
Así,
aunque yo aplauda las interconexiones de la "red de la vida" (que
tiene en cuenta dos cuadrantes y ningún nivel) subra¬yadas por estos analistas,
sugiero que una visión más global (om¬nicuadrante y omninivel) serviría a la
estrategia con una deriva mucho menor."
Pero
volvamos a Friedman. El título de su último libro, The Lexus and the Olive
Tree, refleja uno de los conflictos funda¬mentales del mundo actual, la tensión
entre las culturas concretas (una noción semejante a las
"civilizaciones" de Huntington), que son locales, y la globalización
creciente, que no lo es. El mundo actual se halla sometido a una lucha por la
globalización tecno¬económica (representada por el Lexus) que tiende a
fracturar -e incluso, en ocasiones, a destruir- las tradiciones y culturas loca¬les
(representadas por el olivo). El análisis realizado por Fried¬man nos habla de
la existencia de seis dominios y del papel que desempeñan en ese conflicto,
pero el protagonismo gira en tomo a la tecnología global -desde el Lexus hasta
el ciberespacio- y a su implacable lógica de homogeneizar el mundo. Pero, nos
guste o no, la globalización está aquí para quedarse: «Si queremos comprender
el mundo de la postguerra fría, tendremos que co-menzar a reconocer la
aparición de un nuevo sistema mundial: la globalización, y en ella deberemos
centrar nuestra atención. Evi¬dentemente, no se trata del único factor que
influye en los even¬tos del mundo actual, pero ésa es, por así decirlo, la
Estrella Po¬lar y una de las fuerzas conformadoras del mundo actual. Lo nuevo
es el sistema, lo viejo es la política del poder, el caos, el choque de
civilizaciones y el liberalismo. Y el drama en que se halla inmerso el mundo
posterior a la guerra fría radica en la re¬lación existente entre el nuevo
sistema y las viejas pasiones».
El
análisis de Friedman de la globalización, si bien reconoce la existencia de
muchas corrientes, se centra casi exclusivamente en el cuadrante
inferior-derecho, el sistema social de globalización tecnoeconómica, la
locomotora que está tirando del resto de tren. Pero por más cierto que sea esto
desde la perspectiva del cuadran¬te inferior-derecho, su análisis adolece de
profundidad vertical en los cuadrantes interiores. Por otra parte, sus
conclusiones (en lo que respecta, al menos, al cuadrante inferior-derecho) se
hallan también en línea con el polémico -aunque hoy en día prevalente¬análisis
realizado por Peter Schwartz y Peter Leyden y expuesto en «The Long Boom»,
Wired, julio de 1997, donde los autores se–alan las cinco corrientes
tecnológicas actuales que, a su juicio, se hallan presentes en el impulso hacia
la integración global (el or¬denador personal, las telecomunicaciones, la
biotecnología, la na¬notecnología y la energía alternativa).
Pero
aunque ése sea un análisis completamente correcto, hay que matizarlo con los
resultados de los análisis realizados desde una perspectiva omninivel y
omnicuadrante que tenga en cuenta los otros cuadrantes y los estratos
arqueológicos de la conciencia en los cuadrantes interiores que afectan a todo
evento, aun a aquellos que se encuentren en la tecno-red global (no debemos
olvidar que, por más que lo hagamos en el seno de una cultura integral, todos
na¬cemos en el primer nivel y que, a partir de ahí, debemos comenzar nuestro
proceso de desarrollo a través de toda la espiral, un proceso en el que se
hallan inmersos miles de millones de personas y abar¬ca todos los colores del
espectro global de la conciencia).
Si
nos centramos exclusivamente en la red tecnológica global soslayaremos un rasgo
absolutamente esencial, los niveles de con¬ciencia que se mueven a través de
esa red ¿Acaso nos interesa que el globo entero se halle en el estadio moral 1?
Porque, en tal caso, lo más global que podríamos tener es la pesadilla de la
guerra. Existe un bien global y también hay un mal global y si no se da un
desarrollo correlativo de la conciencia, tendremos más de éste que de aquél. Si
no centremos nuestra atención en el desarrollo de la Mano Izquierda y el
desarrollo simultáneo de la Mano Derecha -es decir, si no ponemos la misma
atención en el desarrollo de la conciencia y en el desarrollo de la tecnología
material-, lo único que haremos será ahondar nuestra locura colectiva."
Recordemos que ésta fue también la conclusión a la que arribaron los asesores
de UNICEF, según la cual -como ya hemos visto en el último ca¬pítulo-, el
desarrollo exterior no puede sostenerse sin el corres¬pondiente correlato de un
adecuado desarrollo interior.
Pero
el análisis del cuadrante inferior-derecho de Friedman nos ayuda a equilibrar
la igualmente desproporcionada imagen que nos han brindado analistas como
Kaplan y Huntington, que casi ignoran por completo el cuadrante
inferior-derecho (espe¬cialmente la emergencia de las redes sistémicas, el
impacto del ciberespacio, el poder de los mercados globales y la difusión de la
tecnología, que están transformando por completo los ámbitos financieros,
medioambientales y comerciales). Existe un Eros en el Kosmos, una tendencia
evolutiva sutil, lenta e implacable, una especie de corriente migratoria que
nos lleva a establecer cone¬xiones cada vez más elevadas y profundas, en un
viaje que va desde lo egocéntrico hasta lo etnocéntrico y lo mundicéntrico. Es
cierto que la tecnología mundicéntrica y globalizadora tiene a Eros de su lado,
pero ello no significa que la globalización deba limitarse a transmitir los
valores superficiales de Occidente (ya que son muchas las razones por las que
no debe hacerlo, aunque eso sería objeto de otro análisis). En cualquier caso,
Friedman tiene razón cuando afirma que la tecnología está impulsando una ola
integral-global.
Y
esa ola tecnológica global afecta básicamente al cuadrante inferior-derecho, el
correlato de la Civilización Mundial (cuadran¬te inferior-izquierdo) de la que
nos habla Huntington. Así pues, Huntington y Friedman nos proporcionan algunas
de las piezas del puzzle que alienta la lenta emergencia de una Civilización
Mun¬dial. Y como suele ocurrir, el fundamento tecnoeconómico -el cua¬drante
inferior-derecho- es el que toma la delantera y da forma a las sociedades en
las que se desarrollan los individuos. La tecnolo¬gía suele expandirse muy
rápidamente y esa tecnología va modelando lentamente, a lo largo de muchas
generaciones, las culturas que brotan en su seno. Esto fue lo que sucedió con
las olas reco¬lectora, hortícola, agraria e industrial, y eso es también lo que
aho¬ra está ocurriendo con la revolución informática.
Pero
más allá de las estructuras tecnoeconómicas (agraria, in¬dustrial, informática,
etc.) propias de la Mano Derecha también hay que tener en cuenta -en la Mano
Izquierda- las placas tectó¬nicas horizontales y las capas verticales del
desarrollo en las que tiene -y siempre tendrá lugar- la mayor parte de la
acción." Por¬que debo insistir, una vez más, en que todo el mundo (incluso
en una Civilización Mundial) nace en el primer nivel y que, desde él, debe
emprender el proceso espiral del desarrollo, de modo que cualquier civilización
siempre tendrá bolsas de subculturas. En el seno de cualquier civilización
-occidental, pongamos por caso¬hay -y siempre habrá- bandas callejeras
púrpuras, tribus atléti¬cas rojas, órdenes feudales azules y comunidades
verdes. Y ése es precisamente el motivo por el cual ninguna tecnología
mundi¬céntrica podrá llegar a imponer una cultura homogénea. Y todo eso,
precisamente, es lo que soslayan los análisis del cuadrante inferior-derecho
que se centran exclusivamente en la tecno-glo-balización superficial.
El
enfoque omnicuadrante y omninivel, por su parte, nos per¬mite seleccionar lo
mejor de cada análisis y ubicarlo en el lugar que le corresponde dentro de una
visión mayor que nos permita apreciar sus importantes contribuciones (y
limitaciones). Creo que los tiempos están hoy en día ya lo suficientemente
maduros como para que el análisis de la política mundial dé un paso hacia
delante en el camino que le conduce a una ola más integral.
Las
olas de la experiencia espiritual
Permítaseme
redondear esta visión global -que gira en tomo a la integración de las
distintas visiones del mundo (o mapas del Kosmos) de que disponemos- con
algunos ejemplos de los logros
superiores
del desarrollo de la conciencia y de las experiencias es¬pirituales. Son varios
los libros en los que he presentado una con¬siderable evidencia acerca de la
existencia de cuatro tipos diferen¬tes de experiencias místicas -el misticismo
natural (psíquico), el misticismo teísta (sutil), el misticismo sin forma
(causal) y el mis¬ticismo no-dual (no-dual)-, cuatro olas transpersonales y
transra¬cionales de profundidad creciente' que no tienen nada que ver con las
olas prerracionales púrpura (magia) y roja (mito)."
La
evidencia intercultural de que disponemos acerca de la existencia de esas olas
superiores se halla hoy en día fuera de toda cuestión. Digamos, en este
sentido, por poner un solo ejem¬plo, que Evelyn Underhill -cuyo Mysticism sigue
siendo un clá¬sico de las tradiciones místicas occidentales- concluye que la
ex¬periencia espiritual discurre a través de un continuo evolutivo que va desde
el misticismo natural (que constituye una especie de unión con
la-red-de-la-vida) hasta el misticismo metafísico (que incluye la iluminación
sutil y la absorción sin forma) y el misticismo divino (y los estados de unión
no-dual), un modelo, por otra parte, muy semejante al mío.
El
espectro global -que va desde la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma (lo
psíquico y sutil) y el espíritu (causal y no¬dual)- no es más que la Gran
Cadena del Ser. En las figuras 4.1, 4.2 y 4.3 presentamos varias versiones de
este Gran Nido cuya evidencia intercultural es, como Huston Smith y tantos
otros han señalado, incuestionable.` Mi propuesta, recordémoslo, consiste en
llegar a integrar las importantes comprensiones proporciona¬das por el Gran
Nido del Ser con las verdades del mundo moder¬no de un modo que sintetice lo
mejor de la sabiduría antigua con lo mejor del conocimiento moderno y abra así
el camino hacia una auténtica TOE.
El
reconocimiento del espectro global de la conciencia (que nos muestra la figura
3.2, por ejemplo) nos permite acometer un análisis inter-nivel cuyos detalles
técnicos expondré en una nota final,'` pero cuyos rasgos generales pueden
formularse de un modo muy sencillo diciendo, por ejemplo, que la persona que se
halla en casi cualquier estadio del desarrollo típico (desde el meme púrpura,
hasta el rojo, el azul, el naranja, el verde o el ama¬rillo) puede experimentar
un estado alterado de conciencia o una experiencia cumbre de cualquiera de los
reinos más elevados (desde el psíquico hasta el sutil, el causal o el no-dual),
y que, posteriormente, la persona debe interpretar esas experiencias en los
términos del nivel en que habitualmente se halle. Y esto nos obliga a llevar a
cabo un análisis combinatorio inter-nivel que tenga en cuenta, por ejemplo, que
una persona que se halle en el meme azul puede tener una experiencia psíquica,
sutil, causal o no-dual y que lo mismo puede ocurrir desde los memes naranja, verde,
etc. De este modo, dispondríamos de una rejilla de cerca de dos decenas de
tipos de experiencias espirituales muy reales y
diferentes.20
También
debo decir que, aunque los análisis convencionales realizados por Fukuyama,
Friedman, Huntington, Kaplan, Ken¬nedy, etc., excluyan este tipo de
experiencias espirituales, su im¬portancia, a menudo marginal, resulta, en
otras ocasiones, decisi¬va. Más de un líder mundial, por ejemplo, ha
experimentado, durante su período de formación, una experiencia cumbre o un
estado alterado de conciencia, de naturaleza frecuentemente reli¬giosa, que
acabó conformando profundamente su visión consi¬guiente del mundo y su
agenda... y no necesariamente en el buen sentido (no olvidemos que Hitler y
Rasputín eran, en cierto modo, una especie de místicos). Hay veces en que los
efectos de ese tipo de experiencias resultan ciertamente admirables (como
ocurre, pongamos por caso, con Juana de Arco, Gandhi o Martin Luther King
junior), pero en otros resultan francamente negati¬vos (como sucedió, por
ejemplo, en los casos de Himmler y Charles Manson). Por ello un análisis
inter-nivel resulta absolu¬tamente crucial: ¿de qué nivel procede la
experiencia espiritual y desde qué nivel está siendo interpretada?
Cuando
los niveles egocéntricos se ven sacudidos por una ex¬periencia transpersonal el
resultado más habitual suele abocar a una potenciación del egocentrismo que
llega incluso, en ocasio¬nes, a límites psicóticos; cuando tal conmoción afecta
a los nive¬les etocéntricos, por su parte, se activa la cólera y, cuando
ocu¬rre en los niveles mundicéntricos, aparece un Abraham Lincoln o un Ralph
Waldo Emerson. Creo que cualquier enfoque realmen¬te integral -omninivel y
omnicuadrante- debería tener en cuenta todos estos factores. Y no estoy
hablando tan sólo de los líderes mundiales, porque los datos -aunque
ciertamente poco fiables¬parecen señalar que un elevado porcentaje de la
población afirma haber tenido, al menos, una experiencia cumbre/espiritual a lo
largo de su vida. Hay que subrayar que este tipo de eventos cons¬tituye unas de
las fuerzas motivadoras más poderosas del psi¬quismo humano, ya sea que
iluminen el rostro de una madre Te¬resa o azuzen el intenso fanatismo de una
jihad (una guerra santa), de modo que ningún análisis de los eventos mundiales
que los ignore puede esperar tener éxito.
¿Por
qué no desembarazarnos simplemente de la religión?
Un
análisis más integral de la situación mundial nos permitiría resolver de
inmediato uno de los problemas más recalcitrantes a los que se han acercado los
analistas sociales durante los últimos dos siglos: ¿Por qué la modernidad
(naranja) sigue siendo la fuer¬za política, tecnológica y económica más
importante de la faz del planeta? ¿Por qué siguen teniendo tanto peso los
movimientos culturales premodemos (desde púrpura hasta rojo y azul)? Desde hace
mucho tiempo, los sociólogos han señalado que la moderni¬dad acabaría con los
movimientos religiosos, meros vestigios de primitivas supersticiones
premodernas. Pero ¿por qué -si esto es así- los movimientos religiosos siguen
tan presentes en el mundo actual?
No
debemos olvidar que, también en el mundo moderno, to¬dos nacemos en la ola 1
(beige) y, desde ahí, debemos emprender nuestro proceso de desarrollo a través
de las olas púrpura, roja y azul hasta llegar a la naranja (la verde e incluso
las olas superio¬res). Tampoco hay que olvidar que, según la llamada pirámide
del desarrollo (cuanto más elevado es el nivel, menos gente tien¬de a
alcanzarlo), siempre habrá una gran población de la huma¬nidad en las olas
mágica y mítica, habitualmente muy ligadas a la religión tradicional. Resulta,
pues, muy poco probable que las creencias religiosas tradicionales acaben
desapareciendo.
En
el mejor de los casos, los analistas políticos que carezcan de una visión
global no llegarán a comprender la dinámica psicológi¬ca central de las
poblaciones humanas reales. Y es que los analis¬tas del mundo chato suponen
que, para resolver el problema, basta con imponer la tecnología naranja o los
derechos humanos verdes sobre las poblaciones púrpura, roja y azules cuando, de
ese modo, lo único que suelen conseguir es desencadenar una fanática jihad azul
o una revolución roja. Así pues, dado que el 70% aproximado de la población
mundial se halla inmerso en una orientación "reli-giosa" tradicional
-púrpura, roja o azul-, los analistas políticos na¬ranja y verde harían bien en
adoptar un análisis espectral más inte¬gral que tuviera en cuenta esos hechos
si no quieren que sus análisis sigan tropezando con los mismos escollos.
Pero
hay que decir que esto sólo se refiere a la religión estre¬cha. Porque en la
medida en que el centro de gravedad de la hu¬manidad se desplace a niveles más
elevados, irán apareciendo cada vez con más frecuencia las olas transpersonales
superiores post-turquesa que constituyen la religión profunda. Las religio¬nes
prerracionales dominaron el pasado premoderno, pero las re¬ligiones
transracionales todavía se hallan en camino, prestas a señalar a la humanidad
la senda que conduce hacia una concien¬cia global.
Como
ya hemos señalado, la investigación de los individuos que han alcanzado el
pensamiento de segundo grado indica que, en esos niveles, existe la creencia de
que "la tierra es un organis¬mo que posee una mente colectiva", una
visión que aumenta en el nivel coral/psíquico, donde acaba floreciendo el
misticismo natural, el misticismo teísta, el misticismo sin forma y el
misti¬cismo no-dual. Y hay que decir que las olas más elevadas no de¬jan atrás
las olas inferiores -ya que quien se halle en el nivel su¬til todavía tiene
acceso, por ejemplo, a la racionalidad naranja, la sensibilidad verde y el
holismo de segundo grado-, porque cada ola trasciende e incluye a las
anteriores.
Todo
esto significa que la religión prerracional siempre estará con nosotros (porque
todos comenzamos nuestro proceso evolu¬tivo en el primer nivel), y que las
religiones transracionales serán cada vez más frecuentes en la medida en que la
humanidad siga evolucionando. No parece, pues, nada probable que lleguemos a
desembarazamos de la religión.
La
práctica integral
Permítaseme
ahora repetir lo que dije al comienzo de este capí¬tulo. Todas las teorías
presentadas en él son meras teorías o mapas del mundo y, en tanto que tales,
pueden servir de escalones provi¬sionales para ayudarnos a alcanzar una visión
más integral. Por otra parte, la capacidad básica del pensamiento integral de
segundo gra¬do no exige memorizar todos esos distintos niveles, conocer todos
los bloques de civilización ni elaborar mapas más comprehensivos. Pero el
intento de comprender esos mapas integrales ejercita el pen¬samiento de segundo
grado, porque esos mapas abren nuestras mentes -y nuestros corazones- a un
abrazo más expansivo, inclusi¬vo, compasivo e integral del Kosmos y de todos
sus habitantes. Y es que las grandes imágenes y los grandes mapas abren nuestra
mente -y nuestro corazón- a una transformación integral.
Si
usted ha llegado hasta aquí, ya dispone de la capacidad para la conciencia
integral de segundo grado (porque, en caso contrario, habría dejado de leer
este libro hace ya mucho tiempo). No es preciso, por tanto, memorizar mapas
concretos, sino llevar a la práctica esta visión integral, una práctica en la
que ahora cen¬traremos nuestra atención.
7.
UN SOLO SABOR
El
ser humano forma parte de la totalidad espacial y temporal¬
mente
limitada a la que denominamos universo y, en una especie de
ilusión
óptica de la conciencia, se experimenta a sí mismo, a sus pen¬
samientos
y a sus sentimientos, como algo separado del resto. Esta
ilusión
es un tipo de prisión que nos circunscribe a nuestros deseos
personales
y al afecto por las personas que más cerca se hallan de no¬
sotros.
Nuestra tarea es liberarnos de esa cárcel y ampliar el círculo
de
la compasión hasta llegar a abrazar a todas las criaturas viras y a
la
totalidad de la naturaleza, en todo su esplendor.
ALBERT
EINSTEIN
Poco
después de haber acabado Ciencia y religión decidí aco¬meter, durante un año,
la escritura de un diario personal. La razón fundamental por la que lo hice fue
que el trabajo académico no permite las manifestaciones subjetivas ni las
afirmaciones dema-siado personales, que son consideradas como la evidencia de
una suerte de "sesgo" o "información no objetiva". Y
aunque, en al¬gunos campos, se trate de un requisito relativamente razonable,
lo cierto es que no tiene mucho sentido cuando el área a investi¬gar es
precisamente el dominio de lo subjetivo. Por ello tomé la decisión de registrar
por escrito en un diario mis actividades co¬tidianas, incluida la práctica
espiritual.
Lo
que quise transmitir en Diario era la idea de lo que puede ser una vida
integral, una vida en la que quepa tanto el cuerpo como la mente, el alma y el
espíritu en su despliegue a través de los dominios del yo, de la cultura y de
la naturaleza. Se trata, di-cho en otros términos, de un ejemplo omninivel y
omnicuadran¬te del modo en que uno puede estar en cualquier estadio. Con ello
no quiero decir que la mía sea una vida integral -jamás he pre¬tendido tal
cosa-, sino tan sólo señalar que ésa es una aspiración muy digna. Además,
Diario también brinda detalles concretos sobre mi propia versión de lo que debe
ser una práctica transfor¬madora auténticamente integral (que en breve
resumiré).
La
mayor parte de los libros que hablan de espiritualidad son tratados de una vida
espiritual divorciada de la vida cotidiana. Cuando leemos un libro titulado,
por ejemplo, ¿Cómo conocer a Dios? o ¿Cómo encontrar su Yo sagrado?, no
esperamos encon¬trarnos con capítulos dedicados al modo de ganar el dinero,
man¬tener relaciones sexuales, beber vino o veranear en Hawai. Pare¬ce un tanto
insólito ver relatos genuinamente espirituales en medio de un viaje a South
Beach, que fue precisamente lo que hice. Los conservadores fundamentalistas
-que creen en la moral prescriptiva- lo contemplarían alarmados como un pecado,
mientras que los liberales -que no creen en la causación interior ni en ningún
tipo de interioridades- se alarmarían de que dedica¬se tanta atención, ya fuese
contemplativa o de cualquier otro tipo, a las realidades subjetivas, en lugar
de trabajar incansablemente en la redistribución más adecuada de la riqueza.
Y
debo insistir en que, si bien no domino este enfoque inte¬gral, quería
simplemente presentar una visión que no comparti¬mentalizase las cosas, un
relato que no mostrase la espiritualidad como algo opuesto a la vida, sino que,
por el contrario, se halla¬se completamente inmersa en la vida cotidiana, en
medio del tra¬bajo, de las fiestas, de la enfermedad, de las vacaciones, del
sexo, del dinero y de la familia, y que invitara a los lectores a asumir un
enfoque más amable e integral de sus propias vidas.
Obviamente,
hay momentos en que resulta imprescindible di¬ferenciar provisionalmente las
cosas y centrarse en un tipo con¬creto de desarrollo, como ocurre, por ejemplo,
cuando uno está aprendiendo a cocinar, paseando por la naturaleza o sentado en
mitad de un retiro meditativo. En lo que respecta al desarrollo es¬piritual, yo
siempre he sido un fuerte defensor de la meditación, en cualquiera de sus
múltiples formas. Por ello el segundo punto que quería subrayar en Diario es la
importancia de la meditación como un ingrediente necesario de cualquier
abordaje realmente integral.
Así,
el feedback más común que recibí de Diario fue: «He co¬menzado a meditar»,
«Después de leer el libro me apunté a un re¬tiro intensivo de meditación» o «He
tomado la determinación de fortalecer mi práctica meditativa». Ese era,
precisamente, el efecto que esperaba que tuviera el libro, porque el mero hecho
de adoptar una nueva filosofía holística, de pensar en términos inte¬grales o
de creer en Gaia -por más importante que todo ello pue-da ser- carecen de toda
importancia ante la alternativa de la transformación espiritual. Descubrir
quién cree en todas esas co¬sas es atravesar el umbral de la puerta que conduce
a Dios.
La
práctica transformadora integral
La
idea básica de una práctica transformadora integral (PTI) es muy sencilla:
cuantas más dimensiones de nuestro ser ejercitemos simultáneamente, más
probable es que tenga lugar la transforma¬ción. Una PTI, pues, trata de
ejercitar todas esas dimensiones, no sólo en el ámbito del yo, sino también en
el de la cultura y en el de la naturaleza, en la creencia de que tal empresa
supone un verda¬dero catalizador de la transformación. Así, si usted se halla
en azul, la PTI le ayudará a transformarse hasta naranja; si está en verde, le
ayudará a avanzar hasta el pensamiento de segundo gra¬do; y si ya está en el
pensamiento de segundo grado, le ayudará a avanzar hasta la ola transpersonal y
espiritual, y no sólo como un estado alterado, sino como un rasgo permanente.
El
término "omninivel" se refiere a las distintas olas de la existencia
(que van desde la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu),
mientras que término "omnicuadrante", por su parte, tiene que ver con
las dimensiones del "yo", del "noso¬tros" y del
"ello" (o del yo, de la cultura y de la naturaleza; del arte, de la
moral y de la ciencia; de la primera-persona, de la se¬gunda-persona y de la
tercera-persona, etc.). En este sentido, un abordaje realmente omninivel y
omnicuadrante supone ejercitar las olas físicas, emocionales, mentales y
espirituales en los ámbi¬tos del yo, la cultura y la naturaleza.
Comencemos
con el yo. Existe un amplio espectro de prácticas para ejercitar las distintas
olas de la existencia (desde la física has¬ta la emocional, la mental y la
espiritual), como el ejercicio físico (levantamiento de pesas, dieta, jogging,
yoga), ejercicios emocio¬nales (qi gong, counseling, psicoterapia), ejercicios
mentales (afirmaciones y visualizaciones) y ejercicios espirituales (como la
meditación o la oración contemplativa, por ejemplo).
Pero
estas olas no sólo deben ejercitarse en el ámbito del yo -a menos que queramos
incurrir en booreritis-, sino también en los de la cultura y la naturaleza.
Centrándonos en el ámbito de la cultura, ello podría significar algún tipo de
servicio desinteresa¬do a la comunidad, como trabajar en el movimiento Hospice,
par¬ticipar en el gobierno local, trabajar en la rehabilitación de la ciu¬dad o
ayudar a los "sin techo", por ejemplo. También puede implicar el uso
de las relaciones (como el matrimonio, la amistad o el parentaje) para alentar
el desarrollo de uno mismo y de los demás. En este sentido, el diálogo
respetuoso constituye, de he¬cho, un método muy honrado por el tiempo de
implicar al yo en una danza de comprensión con los demás que constituye un au¬téntico
catalizador para un abrazo realmente integral.
El
ejercicio de las olas de la existencia en el ámbito de la na¬turaleza, por
último, nos lleva a considerar la naturaleza no como una especie de mero
escenario en el que tienen lugar nuestras ac¬ciones, sino como un elemento que
participa activamente en nuestra propia evolución. Comprometerse activamente a
respetar la naturaleza, en cualquiera de sus múltiples formas (reciclando,
protegiendo al medio ambiente, celebrando su existencia) no sólo supone honrar
la naturaleza, sino que también alienta nues¬tra propia capacidad curativa.
Resumiendo,
una práctica transformadora integral debería ejer¬citar todas las olas básicas
del ser humano -física, emocional, mental y espiritual- en los ámbitos del ego,
de la cultura y de la na¬turaleza. Uno es tan omninivel y omnicuadrante como
pueda serlo en el estadio real del desarrollo en que se encuentre -o, dicho de
otro modo, tan sano como pueda serlo en el estadio en que se ha¬lle, sea éste
el que fuere (¡un logro, por otra parte, nada desdeña¬ble!)-, y ése es el modo
más eficaz de poner en marcha el proceso de transformación que conduce hasta el
siguiente estadio.
Es
evidente que si un individuo se encuentra, pongamos por caso, en la ola azul no
puede acceder de manera permanente a las olas más elevadas, entre las que se
cuentan las olas transpersona¬les (y ello porque la ola azul, etnocéntrica y
convencional, no es todavía una postura postconvencional o mundicéntrica y, en
con¬secuencia, no puede ver el Espíritu que resplandece por igual en todos los
seres sensibles y, por tanto, tampoco puede experimen¬tar la compasión global
que dimana de la auténtica conciencia es-piritual). Pero esos individuos sí que
pueden, como veremos, ex¬perimentar un estado alterado o tener una experiencia
cumbre de esos reinos transpersonales.
Lo
que las experiencias cumbre -y la meditación- sí pueden hacer es promover la
desidentificación de las personas con el es¬tadio en que se hallen y catalizar,
de ese modo, el avance hacia el siguiente estadio. Existe una considerable
evidencia de que ése es uno de los efectos de la meditación. La investigación
realiza¬da en este campo, por ejemplo, ha puesto de relieve que la medi¬tación
aumenta el porcentaje de población que se halla en el pen¬samiento de segundo
grado de menos de 2% a un asombroso 38% (véase el capítulo 10 de El ojo del
Espíritu). Así pues, la me¬ditación constituye un ingrediente esencial de
cualquier práctica auténticamente integral.
Mike
Murphy y George Leonard fueron los primeros en hablar de una PTI en su libro
The Life We Are Given. Yo he seguido tra¬bajando estrechamente con Mike en la
clarificación de los funda¬mentos teóricos de tal práctica. En la actualidad
existen cerca de cuarenta grupos PTI distribuidos por todo el país (quien esté
inte¬resado en comenzar un grupo o unirse a alguno de los que ya es¬tán en
marcha puede conectar con Murphy y Leonard en www.itp¬life.com). Por otra
parte, el Stanford Center for Research in Disease Prevention (de la Facultad de
Medicina de la Stanford University) está supervisando los grupos comprometidos
en esta práctica que ya ha tenido efectos más que extraordinarios y augu¬ran un
prometedor futuro a una práctica transformadora realmen¬te integral. Hay muchos
otros tipos similares de abordaje omnini¬vel y omnicuadrante que están
desarrollándose en todo el país y espero ver una pronta explosión del interés
por estos programas globales que tan eficaces han demostrado ser a la hora de
promo¬ver la transformación.
Recomendaciones
En
este sentido, tengo varias recomendaciones que hacer a quienes quieran
emprender una práctica transformadora integral. En primer lugar, leer Diario y
Life We Are Given, dos libros que contienen todos los detalles necesarios para
que uno emprenda su propia PTI. También es aconsejable leer In Over Our Heads,
de Robert Kegan (una soberbia aproximación a la transformación psicológica); Lo
que realmente importa. La búsqueda de la sabi¬duría en Occidente, de Tony
Schwartz (una visión global de las muchas tecnologías del desarrollo que puede
incluir una práctica integral); y Essential Spirituality, de Roger Walsh, que
creo que es el mejor libro sobre las grandes tradiciones de sabiduría; su¬braya
que, en su esencia, todas ellas son ciencias espirituales y contemplativas (en
su acepción de buena ciencia, no de ciencia estrecha). A aquellos que deseen
una visión global de mi aborda¬je integral les recomiendo Una visión integral
de la psicología y Breve historia de todas las cosas.
Cierto
pero parcial
Las
respuestas a los varios libros en los que he intentado po¬ner a punto un
abordaje más integral pueden agruparse en dos grandes campos. El primero -y
afortunadamente el más frecuen¬te- ha sido el entusiasmo. El segundo, por el
contrario, ha sido el rechazo y el enojo, un enojo que, en mi opinión, se
deriva sim¬plemente del hecho de que algunas personas sienten que trato de
obligarles a asumir un abordaje más integral y que la visión glo¬bal y
holística que sugiero les despoja, de algún modo, de su li-bertad, que estas
ideas son, en suma, una especie de camisa de fuerza conceptual contra la que
deben rebelarse.
Pero
mi verdadero objetivo no pretende imponer un cambio de manera de pensar, sino
evidenciar la existencia de las muchas facetas importantes de este
extraordinario Kosmos. ¿Ha pensado acaso en incluirlas en su propia visión del
mundo? Porque mi obra, dicho en otras palabras, trata de hacer sitio en el
Kosmos a todas las dimensiones, los niveles, los dominios, las olas, los
me¬mes, las modalidades, los individuos, las culturas, etc.
Esta
TOE debe atenerse a una gran regla: Todo está bien o, di¬cho más concretamente,
todo el mundo -incluido yo- posee una parcela importante de la verdad, y todos,
en consecuencia, deben ser admitidos e incluidos en un abrazo más amable,
espacioso y compasivo, en una auténtica TOE.
Cuando
todo ha concluido
Creo
que finalmente todos descubriremos el gozo intrínseco, la existencia, un gozo
que dimana de la gran perfección de éste y de todos los instantes, una
totalidad maravillosa en sí misma que, sin embargo, forma parte de la totalidad
del momento siguiente, en una cadena interminable de totalidades y partes que
se despeñan hasta el infinito y regresan, sin carecer de nada -y sin desear,
por tanto, nada-, porque siempre se hallan plenas de la plenitud del ahora. Y
una vez que esta visión integral haya cumplido con su co¬metido, se verá
finalmente eclipsada por el resplandor de un Espí-ritu que es demasiado
evidente como para verlo y demasiado pró¬ximo como para alcanzarlo, hasta que
la búsqueda integral se consuma renunciando a ella y disolviéndose en una Libertad
y una Plenitud radical que nunca han dejado de estar presentes, en cuyo momento
uno abandona la búsqueda de una TOE para serlo simplemente Todo y fundirse con
la Totalidad de esa conciencia incesante que mantiene el Kosmos entero en la
palma de su mano. Y cuando el Misterio se desvela, el rostro del Espíritu
sonríe en si¬lencio, el Sol resplandece en su corazón, la Tierra se convierte
en su cuerpo, las galaxias se arremolinan en sus venas, las estrellas iluminan
las neuronas de su noche y nunca más emprenderá la búsqueda de una mera teoría
de lo que ya es su propio Rostro Ori¬ginal.
NOTAS
Capítulo
1. La espiral sorprendente
1.
Aunque esta visión integral del Kosmos -esta TOE- pueda incluir cuerdas y
membranas, no es, sin embargo, susceptible de verse reducida a ellas. Quienes
hayan leído Sexo, ecología, espiritualidad coincidirán conmigo en que la teoría
de cuerdas (o teoría M) es perfectamente compatible con los veinte principios
(las pautas básicas que evidencian todos los holones en to¬dos los dominios).
Según Sexo, ecología, espiritualidad, la realidad no está compuesta de
partículas, quarks, dimensiones sin extensión, cuerdas o membranas, sino de
holones (totalidades que, simultáneamente, forman parte de otras totalidades).
La totalidad quark, por ejemplo, forma parte de la totalidad protón que, a su
vez, forma parte de la totalidad átomo que, a su vez, forma parte de la
totalidad molécula que, a su vez, forma parte de la to¬talidad célula que, a su
vez, forma parte de la totalidad organismo que, a su vez, forma parte de la
totalidad Kosmos que, a su vez, forma parte de la to¬talidad del Kosmos del
instante siguiente... y así hasta el infinito (lo que Sexo, ecología,
espiritualidad denomina "tortugas todo el camino de ascen¬so y tortugas
todo el camino de descenso"). Antes, pues, que cualquier otra cosa, todas
esas entidades son holones, es decir, totalidades/parte. Desde esta
perspectiva, el Kosmos está compuesto de holones que se hallan ubi¬cados en
distintos niveles de organización (holones físicos, holones emo-cionales,
holones mentales, holones espirituales, etc.), una visión que nos evita caer en
el terrible reduccionismo de acabar afirmando, por ejemplo, que el Kosmos está
compuesto de quarks. En este sentido, cada nivel holó¬nico superior tiene
cualidades emergentes que no pueden derivarse ni redu¬cirse completamente a los
niveles precedentes, lo cual nos brinda una visión no sólo del cosmos, sino del
Kosmos. Cuanto más bajo es el nivel de organización de un determinado holón,
más fundamental es, y cuanto más elevado, por el contrario, más significativo.
Con
ello quiero decir, por ejemplo, que un quark es un holón muy funda¬mental,
porque forma parte de muchos otros holones (es un subholón de los átomos, de
las moléculas, de las células, etc.), mientras que una célula, por su parte, es
más significativa porque, al hallarse en un nivel superior de la escala
organizativa, contiene (o significa) a muchos otros holones (como las
moléculas, los átomos y los quarks) en su propia estructura compositi¬va. Así
pues, los holones inferiores son más fundamentales, mientras que los holones
más elevados son más significativos. Los holones inferiores son elementos
constitutivos necesarios -pero no suficientes- de los holones más elevados, lo
cual, a su vez, confiere significado e importancia a los ho-lones inferiores.
Los holones superiores, por su parte, contienen más ser, porque engloban a
muchos otros holones en su estructura. Como he explicado en Sexo, ecología,
espiritualidad, los datos parecen su¬gerir que no existe ningún límite superior
a los holones ("tortugas todo el camino de ascenso"). Pero ¿existe
acaso algún límite inferior?, es decir, ¿existe algún holón auténticamente
fundamental (un holón que, por defini¬ción, forme parte de otras totalidades,
pero que no contenga ninguna parte)? ¿Existen también, dicho en otros términos,
"tortugas todo el camino de des¬censo" o acaso tropezamos ahí con
holones fundamentales que no pueden seguir siendo divididos?
La
postura que he defendido en Sexo, ecología, espiritualidad es que exis¬ten -y
siempre existirán- "tortugas durante todo el camino de ascenso y tor¬tugas
durante todo el camino de descenso" y que, cada vez que creemos tro¬pezar
con lo que provisionalmente consideramos unidades u holones fundamentales,
acabamos descubriendo, más pronto o más tarde, que esos holones están
compuestos de holones todavía más fundamentales. De he¬cho, en ese libro sugerí
que cada vez que la conciencia humana experimen¬ta un avance a un nivel más
elevado acaba descubriendo la existencia de ho¬lones más profundos y
fundamentales, en una sucesión prácticamente interminable.
En
este sentido, la teoría de cuerdas no es más que una nueva versión de esta
historia interminable. Durante mucho tiempo se creyó que los proto¬nes, los
neutrones y los electrones eran las unidades básicas e indivisibles de la
existencia, pero. como luego se descubrió, esos holones estaban com¬puestos de
holones todavía más pequeños, a saber, los distintos tipos de quarks, que
existían en el mismo nivel de otros elementos (como los muo¬nes, los gluones,
los bosones, los neutrinos, etc. ), a los que el modelo físico prevalente
proclamó como el estrato fundamental de las unidades funda-mentales (esbozado
por la matemática no dimensional). Pero la teoría de cuerdas no tardó en acabar
con esa ilusión ya que, en 1908, se sugirió que los quarks -y, en realidad,
todas las fuerzas, partículas y an¬tipartículas físicas- no eran más que el
resultado de pautas de resonancia de entidades fundamentales a las que se llamó
cuerdas. A diferencia del mode¬lo estándar de la física, según la cual las
unidades fundamentales de la exis¬tencia son puntos carentes de dimensión, las
cuerdas son líneas microscópi¬cas unidimensionales que, muy a menudo, se hallan
dobladas como una goma elástica. Desde esa perspectiva, las distintas
"notas" producidas por estas cuerdas vibrantes son las que dan lugar
a las diversas partículas y fuer¬zas del mundo físico. Así fue como terminó
descubriéndose un nivel holó¬nico más fundamental.
La
teoría de cuerdas suponía varias ventajas inmediatas, entre las cuales se
hallaba el hecho de que, dando a las cuerdas un tamaño real, acotaba los
lí¬mites de la teoría cuántica y proporcionaba -por vez primera- un camino para
llegar a unificar la mecánica cuántica con la teoría de la relatividad. Además,
una de las pautas de resonancia de teoría de cuerdas producía los gravitones y,
de ese modo, posibilitaba (también por vez primera) que el nuevo modelo
explicara la gravedad (puesto que el viejo modelo de la físi¬ca cuántica podía
explicar el electromagnetismo, fuerte y débil, pero no la gravedad). Así fue
como la teoría de cuerdas acabó convirtiéndose en una TOE (o, para ser más
exactos, en "una teoría de todo el universo físico"). Entonces fue
cuando se proclamó que las cuerdas constituían el nivel holóni¬co fundamental
de la existencia y que, por debajo de ellas, no había ningún otro nivel
holónico hasta que, a mediados de los noventa, tuvo lugar la "se¬gunda
revolución" en la teoría de las cuerdas, introducida por Edward Witten (la
llamada teoría M), que sugería que las cuerdas no eran más que la punta de un
iceberg que contenía membranas tridimensionales, membranas
tetradi¬mensionales... y así hasta membranas eneadimensionales (más la décima
di¬mensión del tiempo), a todo lo cual se refería de un modo global como
"p¬branes". Estos holones todavía más fundamentales existen en una
heterarquía de formas (que dependen de factores tales como constantes de
acoplamiento) de la cual emerge la jerarquía de holones superiores (primero las
cuerdas, lue¬go los quarks, después los átomos, etc., en la medida en que va
evolucionan¬do la holoarquía del Kosmos). Y debo decir que todo ello resulta
bastante fa¬miliar desde la perspectiva de los veinte principios expuestos en
Sexo, ecología, espiritualidad, y que la teoría de cuerdas y la teoría M son
meras variaciones de estas pautas desplegadas en tantos otros dominios. Parece,
pues, que en este momento los "p-branes" son los holones
funda¬mentales de la existencia, pero les apuesto que este estado de cosas sólo
perdurará hasta el momento en que nuestra conciencia experimente un nue¬vo paso
hacia delante que le permita sondear más profundamente el reino subcuántico...
donde encontrará holones todavía más fundamentales ("tor-tugas todo el
camino de descenso").
(Debo
decir que no hay nada malo en descubrir holones fundamentales, es decir,
holones que no pueden descomponerse en unidades todavía más pe¬queñas. Muchas
líneas emergentes del desarrollo comienzan a partir de la unión de holones
originales. Las frases están compuestas de palabras que, a su vez, están
compuestas de letras, pero las letras no están compuestas de ningún otro
símbolo, porque ahí es donde se inicia la línea del símbolo lin¬güístico. Pero
el Kosmos considerado como totalidad parece carecer de fondo y no tener
techo...)
Es
muy probable que el presente libro sea la mejor introducción a mi obra (aunque
puede complementarse con Breve historia de todas las cosas, Una visión integral
de la psicología y Diario). El principal texto de esta TOE si¬gue siendo la
segunda edición revisada de Sexo, ecología, espiritualidad. del que existe una
edición en rústica y otra incluida en el volumen 6 de mis Collected Works
(CW6).
2.
Desde el énfasis desproporcionado en la construcción social de la realidad (que
llega a afimar que el yo cultural omnipotente crea todas las realidades), hasta
la relatividad del conocimiento (que sostiene que todo conocimiento es
culturalmente relativo, exceptuando el mío propio, claro está), la
de¬construcción extrema (yo tengo el poder de deconstruir todos los textos), la
teoría de la respuesta del espectador (cuando veo una obra de arte, soy yo, y
no el artista, el que la crea), las teorías que salvarán y resucitarán a Gaia.
la Diosa y el Espíritu (cuando habitualmente se cree que será el Espíritu el
que nos salvará), la noción "nueva era" de que nosotros creamos
nuestra propia realidad (ciertamente, los psicópatas crean su propia realidad),
las abducciones de los extraterrestres (inteligencias sumamente avanzadas que
no tienen nada más importante que hacer que ocuparse de nosotros) y los
centenares de nuevos paradigmas (ya que todo el mundo parece haber des¬cubierto
un nuevo paradigma que acabará transformando al mundo). ¿No cree usted que son
muchos los campos en los que atribuyen un poder extra¬ordinario al yo finito?
Pareciera, pues, que los críticos sociales que han per¬cibido una notable
cantidad de "inflación del yo" están señalando hacia algo importante.
¿No opinan ustedes igual?
3.
F. Richards y M. Commons en Alexander et al., Higher Stages of Human
Development, pág. 160 (en cursiva en el original).
4.
C. Graves, «Sumary Statement: The Emergent, Cyclical, Double-helix Me¬del of
the Adult Human Biopsychosocial Systems», Boston, 20 de mayo de 1981.
5.
Quienes estén interesados en las referencias de la investigación intercultu¬ral
que apoya la validez de todos estos modelos pueden echar un vistazo a Una
visión integral de la psicología.
6.
Don Beck, comunicación personal. Este dato está sacado de un archivo
in¬formático que se halla en el National Values Center, de Denton (Texas) y al
que pueden acceder todos aquellos investigadores que posean la acredita¬ción
adecuada.
Según
mi propio sistema, existen realmente numerosos módulos, corrientes y líneas que
discurren de un modo relativamente independientemente a tra¬vés de los
distintos niveles u olas. Debo decir, en este sentido, que el desa¬rrollo
global no procede de un modo lineal, porque los individuos pueden hallarse en
un nivel relativamente elevado del desarrollo en algunos módu¬los, intermedio
en otros y muy bajo en unos terceros. El modelo de Graves es lo que denomino un
modelo del tipo "wilber-2", según el cual los indivi¬duos pueden
fluctuar en distintas situaciones hacia arriba o hacia abajo a lo largo de un
gran eje evolutivo. El modelo de tipo "wilber-3", por su parte,
sostiene que, en la misma situación, un determinado individuo puede ha¬llarse
en un nivel elevado del desarrollo en ciertas líneas, intermedio en otras y muy
bajo en unas terceras. (El modelo de tipo "wilber-4",-por últi¬mo,
ubicaría al modelo "wilber-3" en el contexto de los cuatro
cuadrantes. Véase El ojo del Espíritu [CW7] para una explicación más detenida
de es¬tos cuatro tipos de modelos.) Además, un individuo puede tener un estado
alterado o una experiencia cumbre en casi cualquier estadio del desarrollo, de
modo que la idea de que sólo es posible acceder a las experiencias
espi¬rituales desde los estadios más elevados es manifiestamente falsa (véase
Una visión integral de la psicología para una discusión más detenida acer¬ca de
estos temas). La Spiral Dynamics no incluye estados de conciencia ni tampoco
abarca las olas transpersonales más elevadas de conciencia (véase también nota
10). En cualquier caso debo decir que,'en lo que respecta al te¬rreno que
cubre, nos proporciona una imagen muy útil y elegante del yo y de su viaje a
través de lo que Clare Graves denominó las "olas de la exis¬tencia".
Don
Beck ha dado los pasos necesarios para convertir el modelo de Graves en un
modelo del tipo "wilber-4" que utiliza los cuatro cuadrantes, un
mo¬delo al que califica como "4Q/8L" (ocho niveles en cada uno de los
cuatro cuadrantes). También debo decir, por otra parte, que se muestra muy
recep¬tivo con respecto a la idea de estados y estructuras transpersonales. Los
es¬tadios esbozados por la Spiral Dynamics se basan en los datos
proporciona¬dos por la investigación y, en este sentido, como siempre, el problema
es que, si bien los estados alterados son muy comunes, los estadios
permanen-tes más elevados son relativamente raros (no olvidemos que, cuanto
mayor es la profundidad, menor es la amplitud). Si sólo un 0,1% de la población
mundial se halla en la ola turquesa (como se explicará en el texto), no
re¬sulta difícil comprender cuán pocos se hallarán establecidos -no de un modo
provisional, sino como rasgo o actualización permanente- en las olas más
elevadas de la conciencia. Y ése es, precisamente. el motivo que expli¬ca por
qué resulta tan difícil disponer de datos procedentes de los estadios
auténticamente elevados. En una de sus publicaciones, Beck y Cowan cali¬fican
como "coral' el estadio que se halla más allá del turquesa -mi ola
psí¬quica- matizando que «se trata de un estadio todavía incierto» y del que,
ciertamente, no resulta nada fácil obtener datos fiables. Quienes estén
inte¬resados en este tema pueden consultar Una visión integral de la
psicología.
7.
En este capítulo sólo esbozamos las estructuras y los estadios (los memes). En
el capítulo 3 agregaremos las nociones de estados, corrientes y tipos.
8.
Todas las interpretaciones y usos de la Spiral Dynamics presentados en este
libro han sido cuidadosamente revisados por Don Beck. Quienes estén
inte¬resados en las interpretaciones y usos de mi amigo Chris Cowan pueden
consultar cowan@spyradynamics.com. En la actualidad, Beck y Cowan es¬tán
trabajando en la segunda edición revisada de Spiral Dynamics que re¬fleja su
obra más reciente. Para otro interesante modelo del desarrollo ins¬pirado
también en la obra de Graves, véase Changes of Mind, de Jenny Wade.
9.
Personalmente creo que las numerosas teorías que recurren al concepto de memes
-todas las cuales sostienen, de un modo u otro, que los memes son las unidades
de un tipo de proceso de selección natural que opera en los campos de la mente
y de la cultura y que se transmiten de un modo pareci¬do a un virus mental que
cumple con la función de asegurar la superviven¬cia (el ajuste funcional)- son
muy confusas. Y mis objeciones a este res¬pecto son numerosas porque, tal y
como habitualmente suele ser utilizado.. I) el término meme se refiere a
unidades que se explican en el lenguaje de la tercera persona del
"ello", con lo cual no alcanzan a capturar los cua¬drantes interiores
de la Mano Izquierda del "yo" y del "nosotros"; 2) en ese
mismo sentido, constituyen un ejemplo típico del reduccionismo sutil, de modo
que su uso no suele alentar sino, por el contrario, entorpecer la causa
integral porque, una vez dado el paso de reducir la conciencia a unidades del
"ello", resulta muy difícil no caer en el materialismo científico y
en el reduccionismo burdo; 3) los memes suelen considerarse unidades
mental¬culturales individuales, con lo cual la teoría de los memes no permite
com¬prender que cada unidad de la existencia (de otro modo un mero montón o
agregado) constituye un holón, un compuesto individual que se atiene a un
proceso de desarrollo concreto, de modo que cada meme no sólo depende de una
historia horizontal, sino que también está compuesto de subholones articulados
en una arqueología evolutiva vertical: 4) los memes son simple¬mente las
unidades de la mente y de la cultura tal y como son concebidas por el mundo
chato (es decir, proyecciones distorsionadas e inexactas en un espacio
bidimensional de holones tetradimensionales). Así, suelen presen¬tarse como una
especie de virus unidimensionales que avanzan hacia una segunda dimensión del
tiempo cuya supervivencia sólo depende del criterio del ajuste funcional
cuando, en el mejor de los casos, son holones tridimen¬sionales, es decir,
holones que poseen las dimensiones del "yo", del
"noso¬tros" y del "ello" o, dicho de otro modo, un interior
("yo"), un exterior ("ello") y un interior compartido
("nosotros") que se mueven en la cuarta dimensión del tiempo y cuya
supervivencia depende de los criterios aporta¬dos por las tres dimensiones (las
pruebas de validez del Gran Tres o, para ser más exactos, las pruebas de
validez de los cuatro cuadrantes [para una discusión más completa del concepto
"dimensión", véase más adelante en esta misma nota]); 5) incluso
dentro del mundo chato, la inmensa mayoría de los científicos rechazan el
concepto de memes debido a su falta de ope¬ratividad.
No
obstante, hay quienes prefieren seguir utilizando el término meme en un sentido
que tiene en cuenta los cuatro cuadrantes y, puesto que Don Beck es uno de
ellos -y estamos presentando la Spiral Dynamics-, me veo en la obligación de
utilizar también esta terminología, acotando que me parece una elección un
tanto desafortunada porque, cuando la teoría de los mentes deje de ser una
novedad intelectual, es muy probable que su declive arras¬tre consigo a todas
las teorías asociadas. Éste es precisamente el motivo por el cual insisto tanto
en que la investigación apoya fuertemente la noción de estadios u olas del
desarrollo de la conciencia y que su articulación en me¬mes constituye un modo
no del todo feliz de formular esa investigación. En este sentido, Beck es muy
cuidadoso y se encuentra a gusto con sus formu¬laciones, pero es una rara
excepción. Por mi parte, siempre que utilizo el término meme me refiero
concretamente, como antes decía, a un holón cua¬drático mental-cultural.
El
término "dimensión", por su parte, tiene tantas acepciones que, sin
una larga explicación (como la que sigue), puede acabar convirtiéndose en un
confuso cajón de sastre. En el campo de la física, por ejemplo, la palabra
"dimensión" hace referencia a las cuatro dimensiones del mundo
macros¬cópico, del espacio-tiempo físico, las tres dimensiones espaciales
(longitud, anchura y altura) más la cuarta dimensión del tiempo. En la teoría
de cuer¬das y en la teoría M, sin embargo, se afirma que el dominio físico está
com¬puesto de nueve o diez dimensiones microespaciales más la dimensión del
tiempo, un total, pues, de diez u once dimensiones. Pero hay que señalar, no
obstante, que todas esas dimensiones se refieren únicamente al universo físico
ya que, desde la perspectiva proporcionada por la visión materialista y
científica del mundo, ésos son los únicos domi¬nios realmente reales. Ahora
bien, si reconocemos la existencia de dimen-siones emocionales, mentales y
espirituales comenzaremos a tropezar con
multitud
de problemas terminológicos, porque careceremos de palabras para referimos a
esos otros dominios.
Como
ya he señalado en Ciencia y religión (CW8), mi uso de los términos niveles y
dimensiones suele referirse a las estructuras u olas verticales y a las facetas
horizontales con que nos encontramos, respectivamente, en cada uno de esos
niveles. En este sentido, las dimensiones más relevantes pro¬pias de cada nivel
son, simplemente, los cuatro cuadrantes ("yo", "noso¬tros",
"ello" y "ellos" o, lo que es lo mismo, los
"espacios" subjetivo, inter¬subjetivo, objetivo e interobjetivo). Y,
puesto que tanto la dimensión del "ello' como la de los "ellos"
son objetivas, suelo resumir estas cuatro di-mensiones como el Gran Tres (del
"yo", el "nosotros" y el "ello"; del arte, la
moral y la ciencia; de la Belleza, la Bondad y la Verdad, etc.). Desde este
punto de vista, pues, cada uno de los niveles del ser posee, al menos, cuatro
dimensiones. Si partimos, por ejemplo, de la existencia de cinco grandes
niveles del ser (la materia, el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu) y
consideramos que cada uno de ellos posee cuatro dimensiones o cuadrantes,
arribamos a un modelo de veinte niveles-dimensiones del ser (es decir, un
"yo" físico, un "yo" emocional, un "yo" mental,
un "yo" alma y un "yo" espíritu; un "nosotros"
físico, un "nosotros" emocional, un "no¬sotros" mental,
etc.).
Cada
uno de los niveles posee una modalidad diferente de tiempo, un modo distinto de
experimentar el tiempo. En este sentido, por ejemplo, existe un tiempo físico
(el tiempo medido por el reloj), un tiempo emocional (que es el modo en que
experimentamos el tiempo en este instante concreto), un tiempo mental (el
tiempo en que se despliega la historia. Así, por ejemplo cuando pensamos en
nuestra vida, ese tiempo se despliega en una narrativa temporal, el tiempo de
las historias, los mitos y los dramas, un tiempo muy real, el tiempo de la
narrativa simbólica) y un tiempo espiritual (el instante atemporal en el que
puede contemplarse la eternidad). Todos ésos son nive¬les muy reales del
tiempo, diferentes modalidades en que se despliega el Kosmos en los distintos
niveles del ser. (Véase El proyecto Atman y Des¬pués del Edén [ambos incluidos
en CW2] para una discusión más detenida en tomo a los múltiples niveles del
tiempo.) Es frecuente considerar al tiempo como una dimensión diferente (aunque
inseparable), en cuyo caso podríamos decir que cada nivel posee, al menos.
cinco dimensiones diferentes (es decir, los cuatro cuadrantes desplegándo¬se en
el tiempo de cada nivel). Así, si partimos de cinco grandes niveles, cada uno
de los cuales tiene cuatro dimensiones "espaciales" ("yo",
"noso¬tros", "ello" y "ellos") y una dimensión
correlativa del tiempo, dispondría¬mos de veinticinco niveles-dimensiones del
ser. Desde esta perspectiva considero la dimensión física del "ello'-que,
según se dice, contiene nueve o diez dimensiones microfísicas- como una sola
(sin negar, por ello, la existencia de nueve o diez subdimensiones). También
debo decir que el plano físico contiene unas rudimentarias dimensiones
"yo", "nosotros" y "ello". ¡Sí, ciertamente, este
asunto de las dimensiones resulta un tanto confuso!
Como
ya he dicho, resulta un tanto difícil utilizar de un modo coherente tér¬minos
tales como "dimensiones" sin entrar en este tipo de definiciones, de
modo que, a veces -y por mera conveniencia-, utilizo el término en un sen¬tido
técnico como equivalente a "cuadrante" (o a cualquier aspecto
hori¬zontal de cualquiera de los niveles) mientras que, en otras ocasiones, lo
uso de un modo un tanto laxo para referirme a niveles verticales o a las
dimen¬siones horizontales. En cualquiera de los casos, será el contexto el que
ayu-de a determinar qué acepción concreta esté utilizando.
10.
Comunicación personal. Beck utiliza el término "meme" en un sentido
con¬creto al que denomina "valor meme" o "vmeme" y al que
define como «un sistema de valor esencial, una visión del mundo, un principio
organizador que impregna las estructuras del pensamiento, los sistemas de toma
de de¬cisión y las diversas expresiones culturales». El sistema de Graves/Beck
no distingue claramente entre las estructuras provisionales y las estructuras
permanentes, ni entre las estructuras básicas y las estructuras relacionadas
con el yo. Desde mi punto de vista, sin em¬bargo, las estructuras básicas son
duraderas y permanecen completamente operativas en todos los estadios
posteriores, pero la mayor parte de las co¬rrientes relacionadas con el yo
(como las de la moral, los valores y la iden¬tidad del yo) son estadios
provisionales que tienden a verse reemplazados por los estadios subsiguientes.
(Las subpersonalidades pueden existir en ni¬veles -o memes- diferentes, de modo
que uno puede tener una subpersona¬lidad púrpura, una subpersonalidad azul,
etc., que suelen verse activadas por el contexto, por lo que uno puede tener
diversos tipos de respuesta mo¬ral, afectiva, de las necesidades, etc., en las
distintas situaciones.) Hablan¬do en términos generales, no obstante, para el
yo central o proximal, una vez que su centro de gravedad ha alcanzado, pongamos
por caso, el nivel verde, no activará un meme púrpura a menos que esté
experimentando una franca regresión, aunque puede (y eso es algo que ocurre de
continuo) acti¬var las estructuras básicas correspondientes al meme púrpura (es
decir, el nivel emocional-fantásmico). Así, cuando un adulto verde
"activa" un meme púrpura, no se trata del mismo meme que posee el
niño de dos años de edad. El meme púrpura constituye el fundamento de la
identidad central, del yo proximal (o "yo") del niño de dos años de
edad. mientras que. para un adulto verde, forma parte del yo distal (o
"mí"). Cuando el adulto verde "activa" púrpura, está
activando, en realidad, las capacidades básicas (es-tructuras básicas) que se
vieron abandonadas durante el comienzo del "es¬tadio púrpura" (es
decir, fantásmico-emocional), pero dado que la identidad exclusiva del yo ya no
se halla en el nivel púrpura, las estructuras provisio¬nales correspondientes
(morales, valores, visiones del mundo, etc.) no se activan del todo a menos que
uno se halle completamente inmerso en una regresión (o que uno esté activando
una subpersonalidad púrpura). Debe¬mos diferenciar, pues, al menos, entre las
"capacidades púrpura" (que son duraderas) y el "yo púrpura"
(que es provisional). Véanse Una visión inte¬gral de la psicología y nota 6
para una discusión más detallada en tomo a esta cuestión.
Éstas
son discriminaciones más bien técnicas. de modo que queda mucho campo para la
discordancia amistosa. En este sentido, cuando el sistema de Graves/Beck habla
de "activar los memes", nos ofrece un modo simple y conciso de tratar
con las facetas más generales e importantes de las olas de la existencia (como
el hecho de que existen olas generales de conciencia que, una vez emergen,
pueden verse activadas por situaciones muy diversas, de modo que uno puede ser,
de hecho, una "persona diferente" en distintas circunstancias). Desde
una perspectiva fundamentalmenbte pedagógica, yo también creo que las
distinciones técnicas (permanente/provisional, bási¬co/yo) resultan un tanto
confusas, y una visión general de los memes puede bastar para ayudar a las
personas a pensar en términos de la espiral global del desarrollo que tenga en
cuenta el espectro completo del desarrollo de la con¬ciencia. Pero el hecho
crucial es que todos nosotros disponemos de todas esas olas de la conciencia en
forma de potenciales que pueden desplegarse cuando se constelen las condiciones
adecuadas.
11.
Muchas de las siguientes descripciones consisten en citas o paráfrasis de las
distintas publicaciones de Graves, Beck y Beck y Cowan. Quienes estén
in¬teresados en las referencias concretas pueden consultar también Una visión
integral de la psicología.
12.
Véase nota 6.
13.
Ésta "unión entre el sentimiento y el conocimiento' es una de las
definiciones generales del centauro maduro (ver Breve historia de todas las
cosas). Según mi modelo y centrándonos, por el momento, únicamente en la línea
cognitiva.. verde es la visión-lógica temprana (y la transición de formop a la
visión-lógi¬ca). En ese sentido, verde o la visión-lógica temprana diferencia
los sistemas formales en contextos múltiples. La visión-lógica media y tardía
(amarillo y turquesa) integran posteriormente esa diferenciación en grados
distintos (al tiempo que introducen sus propias diferenciaciones nuevas que las
olas poste¬riores tendrán que integrar). El nivel coral es mi nivel psíquico,
el comienzo de las olas auténticamente transpersonales. Véase Una visión integral
de la psi¬cología para una elaboración más completa de todos estos tópicos.
14.
Todos los ítems positivos mencionados en este párrafo empiezan realmente con el
meme naranja (e históricamente, con la Ilustración), porque naranja. como
veremos, es la primera ola realmente mundicéntrica y postconvencio¬nal del
desarrollo. El meme verde es simplemente una expansión de la justi¬cia
mundicéntrica y sus ataques a naranja están fundamentalmente equivo¬cados y a
menudo motivados por Boomeritis (véase capítulo 2 y véase también Boomeritis).
15.
Quienes estén interesados en las referencias bibliográficas y en una discu¬sión
más detalladas de todos estos tópicos pueden ver, por ejemplo, la en¬trada
correspondiente al 23 de noviembre de Diario.
Capítulo
2. Boomeritis
1.
Con ello no pretendo negar la existencia de distintos tipos de espiritualidad
infantil, sino que tan sólo quiero subrayar que los vehículos a través de los
cuales se expresan son muy preconvencionales y egocéntricos. Véase el ca¬pítulo
11 de Una visión integral de la psicología, «¿Existe acaso una espi¬ritualidad
infantil?»
2.
The Quest for Mina, pág. 63.
3.
Véase nota 1.
4.
Véase nota 3. Haan et al, «Moral Reasoning of Young Adults», Journal of
Personality and Social Psvchology, 1968, 10, págs. 183-201.
5.-
Como hemos indicado en la nota 12 del capítulo 1, la justicia igualitaria y
mundicéntrica empieza con el meme naranja (y la Ilustración), pero alcan¬za su
momento culminante con el meme verde, que expandió históricamen¬te los derechos
civiles, legales y políticos a grupos de personas que ante¬riormente se
hallaban marginadas, no por naranja, sino por azul y rojo (un hecho
habitualmente soslayado por los frecuentes y erróneos ataques de verde a la
Ilustración. Véase Boomeritis para una discusión más detallada acerca de este
punto).
6.
Como explicaré en el Capítulo 3, también me refiero a las jerarquías de
ac¬tualización con el nombre de holoarquías. Los estudiosos de mi obra
ad¬vertirán que. en esta secuencia (que va desde los átomos, hasta las
molécu¬las... y el universo). no estoy diferenciando lo individual (cuadrantes
superiores) de lo colectivo (cuadrantes inferiores). En realidad, lo
indivi¬dual y lo colectivo constituyen aspectos correlativos de todos los
holones de cada nivel del desarrollo (véase Sexo, ecología. espiritualidad). En
cual¬quier caso, para el ejemplo que hemos dado en el texto, la conclusión
sigue siendo la misma.
7.
Jenny Wade. que ha llevado a cabo un minucioso estudio de la obra de Gra¬ves.
cree que naranja (logro) y verde (afiliativo) no son dos niveles diferentes,
sino dos alternativas distintas de las que dispone azul (conformista), de modo
que ambos pueden avanzar directamente hasta el pensamiento de se¬gundo grado
(auténtico). El libro de Wade Changes of Mind constituye una soberbia
exposición global del espectro de la conciencia que he analizado extensamente
en la segunda edición de El ojo del Espíritu, volumen 7 de The Collected Works.
8.
Véase la entrada correspondiente al día 23 de septiembre de Diario para una
discusión de la cultura integral de Ray como ejemplo de la recién emer¬gente
"religión civil centrada en la persona".
9.
Don Beck, comunicación personal. Adviértase que, en la descripción del meme
verde que presentamos en el capítulo 1, Beck y Cown estiman que cerca del 10%
de la población mundial se halla en verde, aunque la mayor parte de ellos se
encuentra en Estados Unidos y en Europa. La investigación realizada por Beck
indica que aproximadamente el 20% de los adultos de nuestro país se hallan en
el meme verde, un dato que se ajusta perfecta¬mente a las figuras de Ray.
10.
Véase El ojo del Espíritu para las referencias y la discusión en torno a estos
datos. Véase también Una visión integral de la psicología para una valora¬ción
global a este respecto.
Capítulo
3. Una visión integral
1.
Lo que sigue es un análisis omnicuadrante de los factores necesarios para la
transformación personal. Dado que todavía no he introducido ni definido los
cuadrantes no estoy nombrándolos. aunque los conocedores de mi obra los
reconocerán de inmediato.
2.
Obviamente, con el término "ruptura" Graves se refiere a la necesidad
de trascender la fijación al meme verde, que por otra parte sigue siendo un
componente crucial de la espiral global del desarrollo.
3.
La cita es de Mike Murphy, cofundador del Esalen Institute y autor de The
Future
of the Bodv y de Golf in the Kingdom. Véase el prólogo de El ojo del
Espíritu
(CW7).
4.
Los libros posteriores a Seco, ecología, espiritualidad se ocupan de encar¬nar
sus distintas ideas. Entre ellos cabe destacar Breve historia de todas las
cosas, El ojo del Espíritu, El matrimonio ente el alma y los sentidos, Dia¬rio
y Una visión integral de la psicología. Para una introducción popular.
recomiendo encarecidamente la lectura de Breve historia de todas las co¬sas.
5.
Don Beck ha comenzado también a utilizar una figura parecida a ésta, a la que
denomina «4Q/8L» (un término con el que se refiere a ocho niveles y a cuatro
cuadrantes). Obviamente, yo extiendo los niveles hasta incluir las olas y estados transpersonales superiores y
también muchos estados altera¬dos y corrientes evolutivas diferentes que
discurren a través de las grandes olas, pero esta figura simplificada resulta
muy adecuada para ilustrar el tema. Digamos también incidentalmente que, si el
lector quisiera colaborar con Don Beck en la aplicación del modelo
"graves/wilber" y de la Spiral Dynamics, en general, puede conectar
con él en spiwiz@iglobal.net Véan¬se también, en este sentido, las obras de
Peter McNab, Wyatt Woodsmall, Brian van der Horst y Maureen Silos, entre otros.
6.
En El ojo del Espíritu (CW7) y Una visión integral de la psicología presen¬to
evidencia sustancial acerca de la existencia de estos módulos indepen¬dientes.
7.
Técnicamente, los valores de Graves representan una línea del desarrollo, pero
los niveles de esa línea -que, en mi sistema, son realmente niveles de
conciencia- pueden ser utilizados para representar niveles en general. Véa¬se,
en este sentido, Una visión integral de la psicología.
8.
Los términos "integrado" e "integral" tienen muchos
significados diferen¬tes en lo que se refiere a su aplicación a los estadios
del desarrollo humano. Señalemos, para comenzar, dos significados generales
diferentes, uno hori¬zontal y el otro vertical. La integración horizontal se
refiere a que los dis¬tintos elementos de un determinado nivel -púrpura, azul,
amarillo, etc.- se integran mucho mejor en ese nivel. No olvidemos que un nivel
bien inte¬grado es un nivel sano, un nivel que funciona lo mejor posible dadas
las po¬sibilidades -y limitaciones- de su estructura. La integración horizontal
im¬plica básicamente una integración de los cuatro cuadrantes en cualquier
nivel concreto. Inversamente, un desequilibrio (o falta de integración) de los
cuatro cuadrantes en cualquier nivel (ya sea por un énfasis exagerado en los
dominios del "yo", del "nosotros" o del "ello")
provoca un desequilibrio patológico en ese nivel. En consecuencia, el
restablecimiento de la salud de ese nivel supone la recuperación del equilibrio
o integración de los elemen-tos y cuadrantes de ese nivel (pasando, por
ejemplo, de un azul insano a un azul sano). Así es como funciona la integración
horizontal. La integración vertical, por el contrario, supone avanzar a un
nivel de inte¬gración más elevado. En este punto, pues, la definición de
"integral" co¬mienza a diverger, dependiendo del nivel más elevado
del desarrollo que re¬conozca cada teórico. El hecho es que cada nivel del
desarrollo tiene la capacidad de ser relativamente más integrador que sus
precesores, por el simple hecho de que cada nivel sano "trasciende e
incluye" a sus predece¬sores y que cada nivel superior, por tanto, puede
englobar más holones en su ser y tiende, por ello, a ser relativamente más
integral. Así pues, los distintos teóricos tienden a calificar con el nombre de
"inte¬gral" el nivel más elevado que reconocen. Gebser, por ejemplo,
habla de los niveles arcaico, mágico, mítico, racional e integral; mientras que
Jane Loe¬vinger, por su parte, se refiere a los niveles autístico, simbiótico,
impulsivo, seguridad, conformista, consciente, individualista, autónomo e
integrado; la Spiral Dynamics califica los niveles superiores (pensamiento de
segundo grado) con los nombres de integral y holístico, etc. En la figura 2.1
puede verse la mayor parte de estos términos, que abarcan el rango de niveles
del desarrollo de la conciencia hasta llegar al "centau¬ro". Debo
advertir, no obstante, que creo en la existencia de niveles u olas superiores a
los que denomino "transpersonales" (y que son propios del pensamiento
de "tercer grado"). En muchos libros he rastreado estos nive¬les de
conciencia superiores utilizando los datos proporcionados por la in¬vestigación
(véase Una risión integral de la psicología). Bien podríamos calificar, pues, a
esos estadios superiores como "integrales", puesto que to¬davía son
más integrados que el centauro, el integral-aperspectivista de Gebser. el
integrado de Loevinger, etc. El hecho, una vez más, es simple¬mente que cada
ola evolutiva es relativamente más integradora que sus pre¬decesoras, de modo
que lo que denominamos nivel integral dependerá del nivel más elevado que
reconozcamos. Dado que el nivel superior reconocido por la mayor parte de los
investiga¬dores es el centáurico (el integral-aperspectivista, el pensamiento
de segun¬do grado, etc.), en este libro he utilizado genéricamente el término
"inte¬gral" para referirme a esos niveles. En cualquier caso, no
obstante, hay que comprender que se trata de un término muy relativo y que, en
última ins¬tancia, el único nivel auténticamente integral es el Kosmos no-dual,
que es, al mismo tiempo, el nivel más elevado de conciencia y el fundamento de
to¬dos y cada uno de los niveles sin excepción alguna.
9.
Esto puede ocurrir en cualquiera de las líneas. En la línea moral, por
ejem¬plo, una persona puede ser fundamentalmente un tipo 7 del eneagrama en el
nivel verde en el ámbito laboral, pero en situaciones de estrés esa misma
persona puede convertirse en el tipo 1 de la ola naranja (o incluso de la ola
azul) y, cognitivamente, en un tipo 4 del meme turquesa, etc. Adviértase, no
obstante, que, por sí solo, el eneagrama no refleja los cambios de nivel
ver¬tical. Como afirma la teoría del eneagrama, un tipo 7 naranja puede
despla¬zarse, en una situación de estrés, hasta naranja 1, pero en una
situación de estrés real puede regresar hasta azul, rojo o incluso púrpura. No
se trata sólo de tipos diferentes, sino de distintos niveles de tipos. Una vez
más, la com-binación de las tipologías horizontales con las tipologías
verticales puede permitirnos utilizar las construcciones del segundo grado para
alcanzar una visión más integral.
En
Breve historia de todas las cosas comencé a sugerir la posibilidad de mezclar
las tipologías horizontales, como el eneagrama, por ejemplo, con los niveles
verticales del desarrollo, una conclusión a la que también han arribado otros
investigadores de forma independiente. Digamos, en este sentido, que ciertas
versiones del eneagrama pueden ser utilizadas de un modo vertical -en tanto que
niveles del desarrollo (desde los intestinos has¬ta el corazón y la coronilla)-
y no como tipos disponibles en cada nivel; ésta es una versión -actualmente la
más popular- que también me parece ade¬cuada y a la que ha apelado de tanto en
cuanto.
10.
Para un buen resumen de la visión jerárquica de Gilligan acerca del desa¬rrollo
masculino y femenino, véase Alexander y Langer, Higher Stages of Human
Developrnent, especialmente la introducción de los editores y el ca¬pítulo 9 de
Gilligan.
11.
La conclusión presentada en El ojo del Espíritu es que los hombres tienden a
experimentar la traslación centrándose en la individualidad, mientras que las
mujeres lo hacen subrayando la relación; y que los hombres tienden a
transformarse centrándose en Eros, mientras que las mujeres lo hacen
su¬brayando Agape. De todas formas, las olas generales del desarrollo siguen
siendo esencialmente idénticas en ambos casos, ya que en sí mismas son
ge¬néricamente neutras, Véase el capítulo 8 de El ojo del Espíritu, titulado
«Feminismo integral».
12.
Utilizando, pues, nuestro ejemplo de la Spiral Dynamics, las mujeres se
de¬sarrollan atravesando las mismas olas de la existencia (o la misma jerarquía
del desarrollo) que los hombres, pero con una orientación más relacional,
permeable o comunal, de modo que un feminismo auténticamente integral debería
dedicarse a explorar la dinámica y las pautas presentes en todas las olas,
estados y corrientes con su peculiar "voz diferente". Véase el
capítulo 8 de El ojo del Espíritu, titulado «Feminismo integral».
13.
Véase Una visión integral de la psicología para una discusión más deteni¬da
acerca de este tópico.
14.
Para la naturaleza injustificada de la reducción del cuadrante
superior-iz¬quierdo al cuadrante superior-derecho, véanse la Una visión
integral de la psicología y Breve historia de todas las cosas. La relación
exacta entre la mente y el cerebro es explorada en detalle en Una visión
integral de la psi¬cología.
15.
Esto no significa que las ciencias sistémicas sólo se apliquen al cuadrante
inferior-derecho, porque el cuadrante superior-derecho -especialmente los
mecanismos cerebrales- se abordan cada vez más desde una perspectiva sistémica.
Lo único que quiero decir es que el cuadrante superior-derecho es un holón
individual y que el cuadrante inferior-derecho es un holón so¬cial, pero ambos
tienen aspectos sistémicos porque los individuos, en reali¬dad, son compuestos.
Véase Sexo, ecología, espiritualidad para una discu¬sión más detenida acerca de
este tema.
Adviértase,
no obstante, que la teoría sistémica sólo abarca los cuadrantes de la Mano
Derecha (tanto el superior como el inferior). Éste es, precisa. mente, el
motivo por el cual la teoría sistémica (al igual que las teorías del caos y de
la complejidad) no puede modelar adecuadamente la conciencia (o los cuadrantes
interiores). Como Whitehead, Hartshorne y David Ray Griffin han señalado, los
únicos holones poseedores de conciencia son los holones individuales (es decir,
sólo los compuestos individuales poseen conciencia). Las colectividades o
sistemas no tienen conciencia (aunque in¬cluyen individuos compuestos
poseedores de conciencia). Dicho en dos pa¬labras, todas las versiones de la
teoría sistémica se hallan estructuradas en el lenguaje del "ello",
mientras que la conciencia, por su parte. está estruc¬turada en el lenguaje del
"yo". En consecuencia, los acercamientos a la con¬ciencia en términos
de las teorías sistémicas (la teoría del caos, la teoría de la complejidad y la
autopoyesis) están muy equivocados. Y con ello no quiero decir que carezcan de
toda importancia ya que, según mi modelo, el cuadrante inferior-derecho
constituye una parte importante de la historia global de la conciencia, puesto
que todos los holones poseen cuatro cuadrantes. Así pues, los abordajes
sistémicos son importantes para proporcionarnos una visión de la conciencia que
implica sus formas exte¬riores en los sistemas colectivos. Pero hay que decir
que los abordajes sis¬témicos deben verse complementados con los modelos y los
métodos del "yo" y del "nosotros". Véase «An Integral
Theory of Consciousness» CW7.
16.
Técnicamente hablando, el "nosotros" es la primera persona del plural
y "tú" es la segunda persona tanto del singular como del plural [no
olvidemos que el you inglés significa tanto "tú" como
"ustedes"]. Desde mi punto de vista, tanto la primera persona del
plural ("nosotros") como la segunda per¬sona ("tú/usted")
se hallan en el cuadrante inferior-izquierdo al que habi¬tualmente me refiero
cuando hablo del "nosotros". La razón por la que lo hago es porque,
en inglés, no hay segunda persona del plural diferenciada (motivo por el cual,
dicho sea de paso, los sureños suelen utilizar la expre¬sión "todos
ustedes"). Dicho en otros términos, el "nosotros" respetuoso
in¬cluye la relación yo-tú (algo imposible a menos que compartamos un con¬junto
de percepciones comunes).
En
mi opinión, pues, los teóricos del yo-tú se refieren a un subconjunto del
cuadrante inferior-izquierdo, a un "nosotros" amplio. Y ése es,
ciertamente. el motivo por el cual la mayor parte de los teóricos del
"nosotros", como Habermas, por ejemplo, admiten la existencia del
reino intersubjetivo (es decir, que el verdadero yo-tú constituye un
subconjunto del "nosotros"). De otro modo, la investigación del
"tú" en segunda persona puede terminar de¬generando y convertir el
"tú" en un objeto o "ello". Así pues, toda verdade¬ra
investigación de la segunda persona cae implícitamente dentro del cam¬po de la
primera persona del plural o "nosotros" intersubjetivo (al menos en
parte, incluso aunque el "tú" se diferencie del "nosotros").
En este sentido, el simple hecho de enfatizar el "yo-tú" o la
investigación en segunda perso¬na puede ser, en sí misma, objetivadora y
degradante. Por mi parte, soy un ferviente defensor de la investigación
intersubjetiva del nosotros/tú llevada a cabo por los grandes filósofos hermenéuticos
y estoy completamente de acuerdo en que los dominios intersubjetivos (tanto del
"nosotros" como del "tú") se han visto muy menospreciados
por la ciencia del "ello" y por el subjetivismo del "yo".
Cualquier enfoque "omninivel y omnicuadrante" -cualquier enfoque
1-2-3- debe tener en cuenta los ámbitos del "yo", del
"nosotros" y del "ello".
17.
Quienes estén interesados en la relación existente entre los estados de
con¬ciencia y las estructuras de conciencia pueden echar un vistazo a Una
visión integral de la psicología.
18.
Véase Una visión integral de la psicología para una discusión más detalla¬da
acerca del yo, los niveles de patología y las modalidades de tratamiento más
habituales.
Capítulo
4. Ciencia y religión
1.
Véase Los ti-es ojos del conocimiento (CW2), El matrimonio entre el alma v los
sentidos (CW8) y Una visión integral de la psicología.
2.
lan G. Barbour. Problemas de religión y ciencia.
3.
Eugenie Scott, «The "Science and Religion Movement"» Skeptical
Inquiry, julio/agosto de 1999.
4.
Véase, en lo que respecta a la importancia del postmodernismo constructi¬vo, El
matrimonio entre el alma y los sentidos (CW8), Una risión integral de la
psicología y Boomeritis.
5.
En Problemas de religión y ciencia (el texto fundamental de Barbour en tor¬no a
este tópico), el autor señala que los datos de la religión implican la
rea¬lidad de las experiencias espirituales. «Los datos característicos de una
co¬munidad religiosa son las experiencias distintivas de los individuos, los
relatos y los rituales de una determinada tradición religiosa». A diferencia de
los críticos que suponen que el uso del término "datos" implica
alguna suer¬te de positivismo, Barbour comprende que el término
"datos" se refiere a la materia prima procedente de cualquier reino,
incluidas las experiencias mís¬ticas. Pero resulta ciertamente desafortunado
que sólo consagre menos de dos páginas (de un total de casi cuatrocientas) a
hablar de estos datos (cómo se recopilan. cómo se verifican o refutan, etc.).
Éste es un vacío lamenta-blemente demasiado frecuente en este tipo de
abordajes, que traté de llenar con El matrimonio entre el alma y los sentidos.
Más adelante esbozaré cómo y por qué encajan los datos en lo que se considera
buena ciencia (in¬cluyendo aquellas facetas de la experiencia espiritual que
están siendo inves¬tigadas por la buena ciencia).
Considero
provechosos y útiles muchos de los comentarios de Barbour y estoy de acuerdo
con su valoración pero, en lo que respecta a la naturaleza real de los datos de
religión, creo, francamente, que se queda muy corto.
6.
S. Gould, «Non-Overlapping Magisteria», Skeptical Inquirer, julio/agosto de
1999. (Las cursivas son suyas.)
7.
S. Gould, «Non-Overlapping Magisteria», Skeptical Inquirer, julio/agosto de
1999. (Las cursivas son suyas.)
8.
Quienes estén interesados en mi crítica a la filosofía perenne y a la Gran
Cadena
tradicional pueden ver la nota 16.
9.
Véanse Wilber, El ojo del Espíritu, y Alexander y Larger, Higher Stages of
Hurtan
Development.
10.
En el cuadrante superior-izquierdo. las "reglas" se refieren al
pensamiento operacional concreto (aproximadamente azul) y "formal" al
pensamiento operacional formal (aproximadamente naranja) y
"visión-lógica" al pensa¬miento sistémico (verde, amarillo y
turquesa). En el cuadrante superior-de¬recho, EF1, EF2 y EF3 se refieren a las
"estructura-funciones" del cerebro que constituyen los correlatos de
las reglas, del pensamiento formal y de la visión-lógica, respectivamente. En
el cuadrante inferior-izquierdo, "urobó¬rico" se refiere a la visión
del mundo propia del tallo cerebral reptiliano y "tifónico" a la
visión del mundo propia del sistema límbico. Véase Sexo, ecología,
espiritualidad para una visión más detallada acerca de este punto.
11.
Véanse también Se-yo. ecología, espiritualidad (CW6), Breve historia de to¬das
las cosas (CW7) y Una visión integral de la psicología.
12.
Es frecuente distinguir entre la "religión" (en tanto que formas
autoritarias e institucionales) y la "espiritualidad" (en el sentido
de creencias y expe¬riencias personales), una diferencia que si bien, en
ciertos casos, resulta útil, en otros, en cambio, puede ser un tanto confusa.
No olvidemos que la ma¬yor parte de las religiones institucionalizadas poseen
vertientes personal/místicas muy profundas, hasta el punto de que podríamos
llegar a concluir que, en muchos sentidos, la religión representa una
institucionali¬zación de la espiritualidad (si la espiritualidad de la nueva
era, por ejemplo. se expandiera y consolidara, acabaría convirtiéndose en una
religión). Por mi parte, prefiero hablar de concepciones estrechas y amplias (o
profundas y superficiales, según la metáfora que prefiramos) de la religión y
de la es¬piritualidad. Todo esto se aclarará posteriormente en el texto, aunque
mis comentarios se aplican tanto a la "religión" como a la
"espiritualidad".
13.
En Un Dios sociable (CW3) establecí una diferencia entre el religión legíti¬ma.
que permite la traslación (o el cambio en las estructuras superficiales) y la
religión auténtica, que posibilita la verdadera transformación (es decir, el
cambio en las estructuras profundas). La primera se ocupa de mudar los muebles
de habitación sin cambiar de piso, mientras que la segunda, por el contrario,
se ocupa de cambiar de piso.
14.
Véase el capítulo 2 de Los tres ojos del conocimiento (CW3). En lo que
res¬pecta a si existen experiencias "inmediatas" o si sólo hay
experiencias "me¬diatas", hay que tener en cuenta que, aunque las
experiencias -ya sean sen¬soriales, mentales o espirituales- se hallen mediadas
por factores culturales (lo cual es cierto, puesto que todos los holones poseen
cuatro cuadrantes), en el momento mismo de la aprehensión, toda experiencia es
inmediata. Esto es lo que quiero decir cuando hablo de experiencias inmediatas
o da¬tos. (Véase Sexo, ecología, espiritualidad para una discusión más extensa
en tomo a este tema.)
Cuando
hablo de estos tres factores (prescripción, iluminación y valida¬ción), siempre
subrayo que el paradigma o prescripción no nos revela los datos, sino que nos
los proporciona. Esto es precisamente lo que afirman las distintas posiciones
postkantianas postmodemas que niegan el "mito de lo dado" y también
está en línea con el paradigma enactivo de Varela. Al mismo tiempo, como
también he señalado en El matrimonio entre el alma y los sentidos, el hecho de
negar el mito de lo dado, en cualquiera de los do¬minios, no supone negar la
realidad objetiva de los rasgos reales o intrínse¬cos propios de cada dominio.
La noción de objeto puro que no se ve afecta¬do por la percepción y la idea de
que todas las realidades se hallan socialmente construidas son visiones
demasiado extremas y, en ese sentido, insatisfactorias. Cualquier epistemología
que tenga en cuenta los cuatro cuadrantes deberá encontrar una visión
intermedia que armonice de un modo equilibrado las verdades parciales del
objetivismo y del subjetivismo. Al mismo tiempo, y debido al predominio de las
epistemologías constructi¬vistas extremas, yo subrayo a menudo los componentes
objetivamente rea¬les de muchas formas del conocimiento, dado que ésa es,
lamentablemente, la importante verdad parcial que se niega más habitualmente.
Véase John Searle, La construcción de la realidad social (como algo opuesto a
"la construcción social de la realidad"), y también la introducción a
El ojo del Espíritu (KW7) y Boomeritis.
15.
Pero la ciencia -tanto en su sentido amplio como estrecho- no es, como ya he
dicho, la historia entera de la espiritualidad profunda. La ciencia amplia de
los dominios interiores sólo nos proporciona los datos o las experiencias
inmediatas de esos dominios interiores esenciales, por otra parte, para la
elaboración posterior de los juicios estético/expresivos y ético/normativos.
Así, aun en el caso de la ciencia amplia, nosotros no reducimos las
interio¬ridades a mera ciencia (ya sea amplia o estrecha). La ciencia, tanto
amplia como estrecha, no deja de ser uno de los aspectos del Gran Tres y
simple¬mente nos ayuda a investigar los datos o experiencias inmediatas que
re¬presentan la materia prima de las experiencias estéticas y normativas.
Cual¬quier acusación, por tanto, de que mi perspectiva es positivista resulta,
en este punto, equivocada.
En
El matrimonio entre el alma v los sentidos he tratado de mostrar la exis¬tencia
de una ciencia del reino corporal (ordinario), de una ciencia del rei¬no sutil
(sutil) y de una ciencia del reino causal (espíritu). Pero el hecho es que
también existe un arte del reino corporal, un arte del reino sutil y un arte
del reino espiritual, y una moral del reino corporal, una moral del reino
mental y una moral del reino del espíritu. Así pues, todos los niveles
mani¬fiestos del Gran Nido tienen una dimensión "yo", una dimensión
"nosotros" y una dimensión "ello", es decir, todos los
niveles tienen un arte, una moral y una ciencia. De ahí se deriva que, aun
cuando extendamos la ciencia a los reinos más elevados, sus métodos siguen
siendo tan sólo "un tercio" de la historia total, porque los niveles
superiores también tienen arte y moral que se atienen a sus particulares
metodologías (siguiendo sus propios y distin¬tos criterios de validez, a saber,
la veracidad y la justicia, respectivamente). Debemos, por tanto, tener bien
presentes los siguientes dos puntos: yo he sugerido que podemos extender
legítimamente la ciencia para que no sólo se ocupe de los dominios del cuerpo o
reino sensorimotor (empirismo es¬trecho). sino también de la mente y del
espíritu (ciencias geist). Pero, aun en ese caso, no sólo hay ciencias de los
reinos más elevados, sino que tam¬bién hay artes y morales de los reinos más
elevados (o, dicho con más pre¬cisión, hay cuatro cuadrantes de las olas más
elevadas, cada una de las cua¬les tiene metodología y criterios de validez
diferentes: la verdad, la veracidad, la justicia y el ajuste funcional). Así
pues, aunque utilice una acepción amplia de la ciencia. yo nunca re¬duzco los
reinos más elevados a la ciencia, porque también existen un arte y una moral de
esos reinos y, como explico claramente, el arte y la moral se atienen a
metodologías distintas a la propiamente científica. Algunos críti¬cos han dicho
que, al expandir la ciencia hasta incluir los reinos más eleva¬dos, yo estaba
reduciendo éstos a aquélla. Adviértase también que, en el texto, estoy
centrándome exclusivamente en lo individual. La ciencia amplia también puede
formar parte de la investi¬gación del cuadrante inferior-izquierdo y de sus
realidades. Pero. en lo que respecta a todos los dominios interiores, la
ciencia amplia es dialógica (y translógira), no meramente monológuica, y ahí
estamos en presencia de las ciencias amplias de la fenomenología, la
metodología de la investigación cualitativa. las ciencias interpretativas. etc.
La ciencia estrecha, por su par¬te -ya sea individual (como, por ejemplo, la
física, la química o la biología) o colectiva (como la teoría sistémica, la
teoría del caos y las teorías de la complejidad)- es esencialmente monológuica,
ya que no investiga "yoes" ni "nosotros" sino
"ellos". Véanse los capítulos 1 y 2 de Los tres ojos de! conocimiento
(CW3), El ojo del Espíritu (CW7) y muchas de las notas fina¬les de Sexo,
ecología, espiritualidad (CW6).
16.
Página 204.
Algunos
críticos han atacado Ciencia y religión porque consideran que es una defensa de
la "filosofía perenne", a la que, dicho sea de paso, aborrecen. Los
relativistas pluralistas y los enfoques espirituales fuertemente asentados en
el meme verde (véase introducción a CW7), por ejemplo, llevan tres dé¬cadas
atacando la noción de filosofía perenne. Desde su punto de vista, no existen
verdades universales (excepto sus propia visión pluralista que recla¬ma ser
universalmente válida para todas las culturas) y afirman que la filo¬sofía
perenne, aun cuando exista, es rígida y autoritaria (después de lo cual no
dudan en reemplazarla con su propia ideología autoritaria políticamente
correcta). A pesar de ello, sin embargo, yo simpatizo con muchas de las
crí¬ticas realizadas a la filosofía perenne. Véanse, en este sentido, El ojo
del Es¬píritu (CW7), El matrimonio entre el alma y los sentidos (CW8), Una
visión integral de la psicología (CW4), Diario (CW8), Sexo, ecología,
espirituali¬dad (CW6) y las introducciones a CW2. CW3 y CW4.
Cuando
esos críticos me identifican con la filosofía perenne, no parecen darse cuenta
de que el único ítem de la filosofía perenne que realmente sos¬tengo es la
noción de reinos de ser y de conocimiento, y de que sólo de¬fiendo a capa y
espada tres de ellos: la materia, la mente y el espíritu (o rei¬no ordinario,
reino sutil y reino causal)... aunque, en ocasiones, los extienda hasta cinco
(materia, cuerpo, mente, alma y espíritu). Porque el he¬cho es que todas las
grandes culturas del homo sapiens han reconocido la existencia de estos tres
reinos fundamentales de la existencia (algo que tam¬bién evidencian los estados
de vigilia, sueño y sueño profundo). No creo, por tanto, en la universalidad de
otros aspectos de la versión tradicional de la filosofía perenne (como los que
sostienen, por ejemplo, Frithjof Schuon, Ananda Coomaraswamy, Henry Corbin,
Seyyed Nasr, Huston Smith, Mar¬co Pallis, René Guénon, etc.) acerca de la
inmutabilidad de los arquetipos, la involución y la evolución como algo fijo y
predeterminado, la naturaleza estrictamente jerárquica (que no holónica, es
decir, cuadrática) de la reali¬dad, etc., y, en ese sentido, me he distanciado
claramente de esos teóricos. Aunque he sido un duro crítico de la filosofía
perenne, todavía creo que, en lo que respecta a sus formas más sofisticadas,
sigue siendo una excelente fuente de sabiduría, aun cuando ciertamente habría
que desempolvarla. En mi opinión, una auténtica TOE requiere de la adecuada
combinación entre lo mejor de la premodernidad, lo mejor de la modernidad y lo
mejor de la postmodernidad, el objetivo explícito, por cierto, de Sexo,
ecología, espiri¬tualidad y de todos los libros que he escrito posteriormente.
17.
Desde cierto punto de vista, la religión estrecha es simplemente la visión del
mundo propia de cualquier estadio del desarrollo. Así pues, existe una religión
púrpura, una religión roja, una religión azul, una religión naranja, una
religión verde, etc. La religión estrecha trata de proporcionar sentido y solaz
al yo de cualquier nivel. (La religión profunda, por el contrario, aspi¬ra a
cambiar completamente de nivel, transformando al yo -ya sea de modo provisional
o permanente- a los reinos psíquico, sutil, causal o no-dual.) Ésta es también,
además, como he descrito en Un Dios sociable (CW3), la diferencia existente
entre la religión legítima y la religión auténtica. La religión estrecha es lo
que queremos decir cuando afirmamos, por ejem¬plo, que alguien cree
"religiosamente" en algo. Por ello, en este sentido, el contenido
concreto de la creencia no tiene que ser estrictamente religioso. sino que
basta simplemente con creer intensamente en ella. Es en este sen¬tido que los
seguidores de Star Trek, por ejemplo, afirman que la lógica es la religión de
Spock. Así pues, cuando el yo se identifica con un determina¬do nivel u ola del
desarrollo, cree religiosamente en la visión del mundo propia de ese nivel y la
defiende como si en ello le fuera la vida. Esta in¬tensa identificación, en
cualquier nivel, genera la religión "estrecha" carac¬terística de ese
nivel, el apego y la identificación emocional con la visión del mundo propia de
ese nivel que el yo necesariamente siente en cada una de sus olas de desarrollo
(hasta que finalmente se desidentifica de ese nivel y avanza hasta el
siguiente, que también abraza religiosamente. Y este pro¬ceso prosigue a menos
que tenga lugar un estancamiento del desarrollo o uno se desarrolle hasta los
reinos del alma y del espíritu, en donde descu¬brirá la espiritualidad profunda
y el Yo divino, en cuyo momento, la religión estrecha se habrá convertido en
una religión profunda). Veamos ahora unos pocos ejemplos de la religión
estrecha de cada una de las olas de la existencia: la religión púrpura incluye
algunas formas de vudú y la creencia en palabras que poseen un poder mágico. La
religión roja, por su parte, es una religión de creencias míticas y
arquetípicas que subrayan el poder mágico de las figuras arquetípicas (según
las cuales, por ejemplo. Moisés separó las aguas del mar Rojo, Cristo nació de
una virgen, Lao Tzu tenía ochocientos años de edad en el momento en que nació.
etc.). La reli¬gión azul es la religión de la ley y el orden, una estructura
mítico-pertenen¬cia que mantiene la cohesión del grupo mediante la obediencia a
un gran Orden o a un gran Otro; se trata de una religión autoritaria y
rígidamente je¬rárquica que utiliza la culpa como forma de control social (los
diez manda¬mientos, las Analectas de Confucio, la mayor parte del Corán, etc.),
pero que sólo extiende su abrazo a quienes aceptan las creencias míticas (al
tiem¬
po
que condena a todos aquellos que no lo hagan). La religión naranja es la
religión del positivismo y el materialismo científico. No olvidemos que sus
defensores creen en ella tan religiosamente como lo hace cualquier
funda¬mentalista y tienen sus propios inquisidores escépticos que no dudan en
ata¬car y ridiculizar cualquiera de las visiones del mundo propias de los demás
niveles. (Recordemos, en este sentido, que Auguste Cocote -el padre de
po¬sitivismo científico moderno- llegó a proponer la elección de un Papa del
positivismo, un buen ejemplo de lo que puede llegar a ser una religión
es¬trecha en el nivel egoico-racional. Se trata, repitámoslo una vez más, de la
"religión" de Spock.) Pero la religión naranja también jalona el
comienzo de la creencia en la igualdad de derechos para todos los individuos,
inde¬pendientemente de raza, color, credo o género. La religión verde, por su
parte, extiende la bondad y el respeto subjetivo a todas las almas y muestra
una exquisita sensibilidad hacia todos los habitantes de la tierra (aunque se
muestra muy negativa -"el mal meme verde"- hacia quienes no comparten
su religión de lo políticamente correcto). La religión propia del pensamien¬to
de segundo grado que subraya el holismo, la unidad cósmica y las pautas
universales (según Beck y Cowan, el pensamiento de segundo grado cree que
"la tierra es un organismo con una mente colectiva"). Más allá
todavía de la creencia integral en la unidad cósmica, la religión psíquica
constituye una experiencia real de esa unidad cósmica (una especie de
misticismo na¬tural). La religión sutil es una experiencia directa del
Fundamento divino de este orden cósmico (misticismo teísta). Y la religión
causal, por último, constituye una experiencia directa de la naturaleza
radicalmente infinita e incualificable de ese Fundamento (misticismo sin
forma). Así pues, la religión estrecha se refiere simplemente a las creencias,
prácti¬cas, costumbres, experiencias y tradiciones que nos ayudan a traducir y
abrazar la visión del mundo propia de cualquier ola concreta; mientras que la
religión profunda tiene que ver con aquellas prácticas, técnicas y tradi¬ciones
que nos ayudan a transformamos hasta las olas transracionales y transpersonales
más elevadas (psíquica, sutil, causal y no-dual o, dicho de otro modo, a
despertar el alma y el espíritu). Y estas prácticas de espiritua¬lidad profunda
nos revelan realidades auténticas y nos conectan con verda¬des genuinas. Estas
prácticas de espiritualidad profunda también son par¬cialmente conocidas como
ciencias contemplativas -o simplemente buena ciencia- porque no son meras
creencias, sino prácticas reales arraigadas en instrucciones, evidencias
experimentales y corroboración por parte de los adecuadamente entrenados. Se
trata de prácticas públicas, repetibles y com¬partibles que revelan realidades,
es decir, verdades reales y no meros signi¬ficados culturales, estructuras de
valor local, etc. Estas olas superiores son tan verdaderas como la azul, la
naranja o la verde. Si usted cree que existe
evidencia
sobre estas olas, lo mismo ocurre en el caso de las olas transper¬sonales que
afirman experimentar directamente lo Divino.
18.
Pero esto no significa que estén saltándose estadios, porque decir que el mundo
anterior a la Ilustración se halla anclado, por ejemplo, en la ola azul. sólo
significa que el nivel promedio de la conciencia estaba centrado en azul. Bien
pudiera, por tanto, haber individuos concretos que se hallaran por encima o por
debajo de esa ola y que, partiendo del pensamiento de se¬gundo grado o de la
conciencia universal, evolucionaran hasta las olas psí¬quicas, sutiles y
causales. Pero la sociedad, en general, no podía soportar las olas más elevadas
y su presencia fue muy escasa fuera de enclaves o comu¬nidades protegidas,
viéndose fundamentalmente circunscrita a los grandes chamanes, santos y sabios.
Véase Una visión integral de la psicología para una discusión más detallada
acerca de este tema y para acceder a un resu¬men de la gran cantidad de
evidencia intercultural disponible acerca de las olas más elevadas del
desarrollo.
19.
En términos de la nota 17 podríamos decir que, con la Ilustración, la reli¬gión
estrecha naranja del materialismo científico asumió una actitud muy agresiva
contra la religión estrecha azul de la Iglesia.
20.
Para una discusión en torno a la espiritualidad postliberal, véanse El ojo del
Espíritu (CW7). El matrimonio entre el alma y los sentidos (CW8) y Boo¬meritis.
Capítulo
5. El mundo real
1.
En El matrimonio entre el alma V los sentidos y, más concretamente, en Sexo,
ecología, espiritualidad y en Breve historia de todas las cosas se ex¬plica el
significado del término "mundo chato", que yo utilizo en dos
senti¬dos diferentes. 1) Técnicamente, se trata de la creencia de que las
únicas re¬alidades auténticamente reales son las propias de la Mano Derecha y
la consiguiente reducción de todos los eventos de la Mano Izquierda a sus
co¬rrelatos en la Mano Derecha. 2) En otro sentido, el término "mundo
chato" se refiere a la creencia de la Mano Izquierda en un sólo nivel de
conciencia. Desde esta perspectiva, pues, los conductistas -que sólo creen en
la con¬ducta que puede ser observada de un modo objetivo- ejemplifican la
pri¬mera acepción del "mundo chato", mientras que el relativisismo
pluralista -que sólo reconoce los valores propios del meme verde- constituyen
un ejemplo de la segunda acepción del término. El reduccionismo del mundo chato
(en el primero de los sentidos) admite dos grados diferentes el reduccionismo
sutil, que lo reduce todo al cuadrante inferior-derecho (como hacen los
sistemas de procesos dinámicos. las teorías del caos y de la complejidad, la
teoría sistémica tradicional, la autopoyesis so-cial, la red-de-la-vida, etc.),
y el reduccionismo burdo, que va todavía un paso más allá y termina reduciendo
esos sistemas objetivos a átomos objeti¬vos (reduciendo todos los fenómenos a
unidades atomísticas del cuadrante superior-derecho). El reduccionismo sutil es
conocido también con los nom¬bres de holismo exterior u holismo chato (en
contraste con el holismo inte¬gral, que incurre tanto en el holismo interior
como en el holismo exterior). Ambos -tanto el reduccionismo burdo como el
reduccionismo sutil- creen que el mundo puede ser explicado en el lenguaje en
tercera persona del "ello" (es decir, ambos son monológuicos, no
dialóguicos ni translóguicos). Digamos, a propósito de este punto, que el
"crimen cometido por la Ilustra¬ción" no consiste tanto en el
reduccionismo burdo como en el reduccionis¬mo sutil. Los filósofos de la
Ilustración pensaban en términos sistémicos, ellos fueron los primeros grandes
defensores del sistema de la Naturaleza y del "gran orden
interrelacionado" (Charles Taylor, Sources of the Self, véan¬se también
los capítulos 12 y 13 de Sexo, ecología, espiritualidad).
2.
La psicología conductista, el asociacionismo y la epistemología adoptaron
rápidamente la visión de la mente como una tabula rasa porque, entre otras
muchas razones, prometía una "perfectibilidad ilimitada" de los seres
hu¬manos mediante el uso de los distintos tipos de ingeniería social objetiva.
Se trata de una visión que rechaza sumariamente de un plumazo todas las
diferencias, capacidades y estructuras innatas y considera que el ser huma¬no
nace en un estado semejante a una masa de arcilla que puede verse mol¬deada a
gusto por las fuerzas y las instituciones externas (conductismo,
aso¬ciacionismo) hasta conseguir el estado deseado. En su Observations on Man,
publicado en 1749, David Hartley presentó una nueva teoría psicológica -el
asociacionismo- que consideraba la men¬te como un conjunto de sensaciones, una
visión que encajaba perfectamen¬te con la epistemología empirista de Locke.
Berkeley y Hume y terminó dando origen a una nueva teoría política: el
liberalismo. James Mill y su hijo John Stuart Mill abrazaron estas ideas por
una razón muy sencilla: «La principal doctrina psicológica de mi padre
-escribió John- sostenía que el carácter del ser humano es modelado por las
circunstancias [causación ob¬jetiva] a través del principio universal de
asociación, con la consiguiente posibilidad de una mejora sin fin de las
condiciones morales e intelectuales de la humanidad...». Y el logro de esta
mejora requería de una educación conductista que modelase el interior en
función de las condiciones externas o -especialmente en las versiones
posteriores- mediante el uso de las dis¬tintas formas de ingeniería social. Por
ello el conductismo -por más burdo e incorrecto que fuera- acabó convirtiéndose
en la psicología oficial de la Unión Soviética y sigue siendo la psicología
implícita de muchas formas de liberalismo tradicional.
Como
señala John Passmore en Cien años de filosofía: «En uno de sus pri¬meros
discursos, [John Stuart] Mil] anunció que compartía la creencia de su padre en
la perfectibilidad, una fe que siguió manifestando hasta sus últimos escritos.
Tal vez en ningún lugar expresó más abiertamente su rechazo de las diferencias
innatas como en The Subjection of Women (1869), donde defen¬día que "hasta
las diferencias más incuestionables" entre los sexos son tales que
"bien pudieran deberse a las circunstancias [causación objetiva] sin que
existiera. en realidad, la menor diferencia entre las capacidades naturales
[causación subjetiva]"». Desde esta perspectiva, el ser humano es una
tabu¬la rasa en la que siempre puede verterse desde el exterior un mundo más
per¬fecto, sin centrarse en la modificación de las realidades internas. Así fue
como la doctrina de la tabula rasa acabó convirtiéndose en la política social
radical. «Así pues, para Mill, el asociacionismo no es tan sólo una hipótesis
psicológica, sino el presupuesto fundamental del radicalismo político.» Y lo
mismo podríamos decir con respecto al empirismo, que no es sólo una
epistemología, sino un proyecto de acción social que sólo se basaba en la
causación objetiva (y en el consiguiente rechazo implícito de la causación
subjetiva), uno de los principales motivos, por cierto, por los que se adop¬tó.
«De manera similar. el empirismo es bastante más que un análisis
epis¬temológico, porque no ser empirista supone la adhesión implícita al
esta¬blishment y el compromiso con doctrinas e instituciones supuestamente
"sagradas".» En opinión de Mill, «las creencias ajenas al empirismo
cons¬tituyen el fundamento intelectual de las falsas doctrinas y de las malas
ins-tituciones». Por ello el empirismo constituye la puerta de entrada para el
modelado de los seres humanos (y, por tanto. de la "perfectibilidad",
una de los proyectos fundamentales de la ingeniería social).
Como
luego veremos, esta actitud reflejaba un noble empeño por pasar de las nociones
etnocéntricas que hablan de "diferencias" innatas (como, por ejemplo,
que los paganos nacen sin alma) tan frecuentemente excluyentes a una moralidad
mundicéntrica postconvencional libre de prejuicios y sesgos (un intención que,
por cierto, comparto). Porque el hecho es que el esta¬blishment -que, en la
época de Mill, se centraba en las doctrinas etnocén¬tricas mítico-pertenencia
de la Iglesia (las "instituciones sagradas")- re¬quiere de una
revisión crítica, y el empirismo puede ayudarnos a llevarla a cabo (porque
cuestiona las demandas empíricas de la religión estrecha). Por otra parte. sin
embargo, la psicología y la filosofía liberal, al negar la reali¬dad de los
reinos, estadios y estados interiores y reducirlos, en consecuen¬cia, a meras
improntas del mundo sensorimotor, acabarían traicionando sus propios objetivos.
Porque su fidelidad al empirismo exclusivamente senso¬rial y a la tabula rasa
acabó convirtiendo a los liberales en los primeros pro¬motores de la visión del
mundo propia del materialismo científico, una visión chata del universo que
termina socavando -y, en ocasiones, llega a des¬baratar- cualquier posible
crecimiento y desarrollo de los dominios interio¬res. Si los seres humanos
poseen realmente una "perfectibilidad ilimitada", ésta no yace
exclusivamente en el desarrollo exterior, sino también en la es¬piral del
desarrollo interior. Como veremos a lo largo de este capítulo, la ta¬bula rasa
liberal aspiraba noblemente a la conciencia moral mundicéntrica, pero acabó
equivocándose de camino.
3.
Éste es. precisamente, el motivo por el cual las sociedades más
"liberales" o más "permisivas", son las que menos alientan
el liberalismo. Porque el hecho es que, cuando todas las actitudes se
consideran iguales y no se esta¬blece "ningún juicio" al respecto -es
decir, cuando no se "margina" ningu¬na-, caben todas las posturas,
desde el egocentrismo hasta el etnocentrismo. en cuyo momento la existencia
misma del liberalismo mundicéntrico se ve profundamente amenazada. Así es como
el liberalismo tradicional acaba socavando sus cimientos. Véanse las entradas
correspondientes a los días 3 y 15 de diciembre de Diario y Boomeritis.
4.
Dado que la ola mítico-pertenencia (meme azul) constituye un estadio
ab-solutamente normal y necesario del desarrollo humano, cualquier política
realmente integral -y que se atenga, por tanto, a la directriz primordial¬debe
comprender el papel absolutamente necesario (aunque ciertamente li¬mitado) que
desempeña el meme azul en cualquier sociedad y no pretender simplemente
disolverlo a la menor oportunidad. Porque la animadversión que muestra el meme
verde por el azul y su intención de disolverlo ha aca¬bado convirtiéndose en
una de las pesadillas políticas que asolan a este país y al mundo entero.
5.
Cualquier política realmente integral debe tratar de incluir armónicamente las
orientaciones políticas de todo el espectro en tres grandes regiones, al menos,
de un modelo omninivel y omnicuadrante: las que se refieren a la causación
social, a la relación entre lo individual y lo colectivo y a los ni¬veles del
desarrollo. Existen otros ámbitos que no necesitan ser considera¬dos en esta
breve introducción. como los que se refieren a la dirección del cambio
(regresivo, progresivo o estacionario; bondad recapturada versus crecimiento
hacia la bondad, etc.), los métodos de cambio (crítico, traslati¬vo o
transformador) y los tipos de libertad (negativa, positiva). Así pues. las
siguientes tres regiones son las más importantes:
1)
Causación social. ¿Cuál es la causa fundamental del sufrimiento, de la
inferioridad o de la falta de derechos de una persona. en ella misma o en la
organización social?, ¿en la naturaleza o en la educación?, ¿en la causación
interior o en la causación exterior? Desde la perspectiva liberal, la causa del
sufrimiento depende de las instituciones sociales objetivas: las personas
su¬fren porque la sociedad es injusta: usted es pobre porque se ha visto
oprimido, marginado o, en el mejor de los casos, porque no le han brindado
otras oportunidades (J.S. Mill). El conservadurismo, por su parte, atribuye el
sufrimiento a la misma persona: usted es pobre simplemente porque es perezoso.
Así pues, desde el punto de vista conservador, la culpa del sufri¬miento humano
reside en los factores internos y las instituciones sociales no reprimen a las
personas, sino que, muy al contrario, las ayudan a desarrollar sus
potencialidades más elevadas (Edmund Burke). Así pues, para los con¬servadores,
la causa básica del sufrimiento no reside en el entorno, en la educación o en
las instituciones sociales sino en el mismo individuo. Ésta fue la definición
de las visiones liberal y conservadora que esbocé en Después del Edén (1981),
una definición que desde entonces se ha popula¬rizado. Veamos ahora un ejemplo
procedente de la revisión realizada por Lance Morrow del libro Hating Whiten,
de David Horowitz, publicada en la revista Time el día 22 de noviembre de 1999:
«Ésta es la línea que separa lo que podríamos denominar la visión externalista
y la visión internalista. Los extemalistas -que tienden hacia la izquierda
política- afirman que los pro¬blemas raciales de Estados Unidos deben ser
corregidos mediante interven¬ciones externas (acción afirmativa, transporte
gratuito y otros programas gubernamentales orientados a subsanar las
injusticias pasadas y robustecer la justicia racial). Los internalistas
-proclives a las soluciones conservado¬ras- subrayan la necesidad de adoptar
soluciones que exigen esfuerzos pro¬cedentes del interior, como la educación,
el trabajo duro, la automotivación, el desarrollo de la moral, los valores
burgueses, la demora de la gratifica¬ción, en suma, las viejas virtudes de los
inmigrantes». Así pues, la distin¬ción entre la causación interior y la
causación exterior constituye una di¬mensión absolutamente necesaria de
cualquier abordaje integral a la política.
2)
Individual/colectivo. ¿El establecimiento de una sociedad justa debe su¬brayar
la importancia del individuo o de la colectividad? Éste es un dilema muy
antiguo que alcanzó su punto culminante con el advenimiento de la Ilustración y
el yo individualizado, una emergencia, por cierto, bastante re¬ciente (véase
Después del Edén). En Beyond Left and Right, Lawrence Chickering señala la
diferencia existente entre las vertientes "libre" y
"or¬denada" de cualquier política partidaria. De este modo, la
yuxtaposición de esta diferencia con los conceptos de liberal (izquierda) y
conservador (de¬recha) nos proporciona cuatro grandes orientaciones políticas:
izquierda li¬bre e izquierda ordenada y derecha libre y derecha ordenada.
(Véase en nota 8 la llamada matriz de Chickering/Sprecher.) Desde esta
perspectiva, los defensores de la economía libre tienden a ser li¬berales (en
el sentido de que subrayan las libertades individuales) de dere¬chas (porque
creen en la causación interior que, como el lector recordará, afirma que uno es
pobre porque no trabaja lo suficientemente duro). En consecuencia, desde este
punto de vista, el gobierno debe mantener las ma¬nos alejadas del mercado
laboral y permitir que éste recompense la iniciati¬va individual). Los
conservadores tradicionales, por su parte, son ordena¬dos (porque enfatizan los
valores colectivos, la virtud cívica, los valores familiares, cte.) de derechas
(porque creen en la causación interior, según la cual la sociedad funciona mal
porque no se han inculcado en los individuos los valores tradicionales, como la
oración escolar, el trabajo ético, los valo¬res familiares, cte.).
El
liberal clásico de la Ilustración era un liberal (en el sentido de que opo¬nía
la libertad individual a la mentalidad del rebaño y la religión etnocén¬trica)
de izquierdas (por cuanto consideraba que la causa del sufrimiento humano
radica en instituciones sociales corruptas y opresivas y sostenía la creencia
de que todos los seres humanos nacen iguales, pero que la socie¬dad los trata
injustamente). No es de extrañar, por tanto, que la orientación liberal de
izquierdas asumiera una actitud política revolucionaria, según la cual, si la
sociedad es injusta, basta con liberarnos de ella (como ocurrió, por cierto, en
Francia y en Estados Unidos). Los partidarios de las liberta¬des civiles siguen
ateniéndose a esta orientación liberal de izquierdas que sostiene que los
derechos libres del individuo se hallan por encima de casi cualquier otro
desafío.
Los
liberales verdes casi siempre son ordenados de izquierdas y quieren im¬poner
sus valores -ya sean multiculturalistas, feministas o lo que fuere- a toda la
sociedad a través de la educación y de la acción del gobierno. Éste es el
motivo por el cual los ordenados de izquierdas y de derechas suelen es¬tablecer
alianzas de lo más insólitas. El deseo de imponer sus valores sobre los demás,
por ejemplo, ha llevado a los conservadores y a algunas femi¬nistas radicales,
por ejemplo, a ir más allá de sus diferencias y unir sus fuer-zas para
solicitar la prohibición de la pornografía.
A
menudo se ha dicho que el liberalismo es un movimiento que se originó en los
liberales de izquierdas (que afirman que el gobierno no debe inmis¬cuirse en la
vida de los individuos) que lentamente fue escorando hacia una perspectiva de
izquierda ordenada (según la cual, existen razones morales que justifican la
interferencia del gobierno en la vida cotidiana del indivi¬duo). El ejemplo
típico, en este sentido, nos lo proporciona la lucha por los derechos civiles
ya que, si el gobierno no hubiera intervenido, todavía nos hallaríamos inmersos
en plena segregación racial. Y si bien debo admitir que hay algo de cierto en
todo ello, también es evidente que la postura ordenada de izquierdas -además de
sus sanas e importantes contribuciones- ha termi-nado convirtiéndose en el
hogar de hoomeritis (un pluralismo postconven¬cional verde preñado de
narcisismo preconvencional), que quiere inmiscuirse en la vida de las personas
por el poder que de ello se deriva. Así es como la izquierda ordenada ha
acabado convirtiéndose en el hogar del feminismo hoomeritis, del
multiculturalismo hoomeritis, de la ecología booateritis (es decir, del
ecofascismo) etc. Quienes estén interesados en una integración de las posturas
liberal y ordenada (o entre la individualidad y la relación), pue¬den consultar
la nota 7.
3)
Niveles del desarrollo. La última gran región a considerar tiene que ver con la
ola general de la existencia que pretende modificar la acción políti¬ca. Así,
los conservadores tienden a alentar las olas convencionales (desde azul hasta
naranja), mientras que los liberales suelen abanderar las olas
no¬convencionales (es decir, púrpura/rojo y naranja/verde). Cualquier política
auténticamente integral debe tener en cuenta dos grandes puntos: 1) Utilizar
esas tres grandes dimensiones (y otra menor que apunta¬mos al comienzo) para
cartografiar el espectro completo de las orientacio¬nes políticas. 2) Ver el
modo más adecuado de integrar plenamente todas esas orientaciones políticas (no
en sus facetas extremas, sino en sus versio¬nes sanas). Y en lo que respecta a
estas tres grandes dimensiones, esto sig¬nifica: a) subrayar tanto la causación
interna como la causación externa y alentar, de ese modo, el desarrollo
interior y el desarrollo exterior; b) reco¬nocer una democracia auténticamente
participativa en la que el individuo pueda sentirse artífice de las leyes
colectivas que regulan su conducta y c) reconocer la directriz primordial de
toda la espiral completa del desarrollo humano.
Para
integrar estas tres dimensiones de un modo coherente necesitamos una filosofía
que pueda revelarnos la relación precisa que existe entre ellas, la filosofía
integral omninivel y omnicuadrante que he tratado de presentar en una serie de
libros, para los cuales ésta es una buena introducción. (Quienes estén
interesados en una visión más detallada de la política integral pueden
consultar Boomeritis.) El uso de ese modelo nos permite integrar teórica¬mente
esas dimensiones y todavía nos queda la labor de traducir todo ello a una
práctica política que integre lo mejor del conservadurismo y lo mejor del
liberalismo en una síntesis que nos deja cabalgar armónicamente la ola del
futuro integral.
6.
La directriz primordial nos obliga a dejar de lado el modelo de
"recapturar la verdad" y asumir decididamente el modelo de
"crecimiento hacia la bon¬dad" (véase la entrada correspondiente al
día 10 de diciembre de Diario y Boomeritis). El liberal tradicional cree en un
estado de "bondad original" que se ve oprimido y reprimido por
instituciones sociales corruptas. Y aun¬que esta noción encierre algún tipo de
verdad -como explico en la mencio¬nada entrada de Diario-, la investigación
psicológica sostiene decidida¬mente la versión de "crecimiento hacia la
bondad", según la cual, el desarrollo se despliega desde las fases
preconvencionales hasta las conven¬cionales y las postconvencionales. La
versión liberal, la epistemología em-pírica y la psicología conductista, que
sostienen la "bondad original" y la noción de tábida rasa, no ha
encontrado el menor apoyo en la investiga¬ción, dejando así al liberalismo
tradicional sin el sostén de una filosofía, una psicología y una ética
plausible. El enfoque omninivel y omnicuadran¬te trata de asentar los nobles
objetivos del liberalismo sobre cimientos más sólidos recurriendo, para ello, a
las contribuciones positivas de la tradición conservadora.
En
lo que respecta a los "estadios interiores", esto supone la
existencia de estadios en todos los cuadrantes, es decir, tanto en el cuadrante
subjetivo (intencional), como en el objetivo (conductual), el intersubjetivo
(cultural) y el interobjetivo (social). Las olas del desarrollo se despliegan
en los cua¬tro cuadrantes y, en consecuencia, hay que tenerlos en cuenta a
todos ellos. Además, puede haber un desarrollo desigual entre los distintos
cuadrantes -de modo que tecnologías muy sofisticadas ("ello") pueden
ser utilizadas por culturas etnocéntricas ("nosotros") pobremente
desarrolladas, con re¬sultados más que desastrosos (por ejemplo, Kosovo)-, etc.
Así
pues, los dos pasos técnicamente necesarios para aproximarnos a una política
integral son los siguientes: 1) unir el interior y el exterior y 2) reco¬nocer
que tanto el interior como el exterior se despliegan a través de una se¬rie de
estadios y llegar así a la directriz primordial. Es evidente que todas las
dimensiones esbozadas en la nota 5 son esenciales para una política
au¬ténticamente integral, pero tal vez estas dos sean las más urgentes. La
implementación práctica de estos dos pasos resulta levemente diferente en el
caso de los liberales que en el de los conservadores, puesto que cada uno de
ellos deberá aplicarlos subrayando, precisamente, aquello de lo que carecen.
Así, en el caso de los conservadores (que creen en la causación in¬terior y en
los niveles interiores, pero sólo hasta el estadio mítico-pertenen¬cia o hasta
los memes azul/naranja), por ejemplo, la fase 1 implica el reco¬nocimiento de
la importancia parcial pero cierta de la causación exterior en muchas
circunstancias y, de ese modo, actuar de un modo "más compasivo"
hacia los damnificados (de ahí que hable de "conservadurismo
compasi¬vo"). La fase 2 -que todavía no ha sido emprendida-, por su parte,
supone dar el paso que lleva de los valores mítico-pertenencia a los
mundicéntri¬cos, sin necesidad de abandonar aquéllos sino enriqueciéndolos (con
el complemento de los estadios postazules más elevados). En el caso de los
liberales (que creen en la causación exterior y en ningún tipo de estadio
interior), la fase 1 supone el reconocimiento de la existencia de la causación
interior. Debo decir, en este sentido, que hacia ello apunta¬ba, precisamente,
la síntesis esgrimida por Bill Clinton de "oportunidad y
responsabilidad" (aplicada, entre otros ítems, a la reforma del estado del
bienestar), que asumía así una actitud novedosa para el liberalismo clásico.
porque la faceta "responsabilidad" supone el reconocimiento de la
causa¬ción interior (las personas -que no sólo las instituciones- son
parcialmente responsables de su propia situación). Éste es -como adecuadamente
me se¬ñaló Drexel Sprecher- uno de los modos en los que Clinton trató de
imple¬mentar la fase 1 combinando la "responsabilidad" (de la
persona) con la "oportunidad" (proporcionada por el gobierno) y
reflejando así un esfuerzo por unir el interior y el exterior. La fase 2 -que,
por cierto, todavía no ha sido emprendida- no sólo supone reconocer la
existencia del ámbito inte¬rior, sino también los distintos estadios del
desarrollo interior (lo paradóji¬co, una vez más, es que la propia actitud
liberal tradicional ya procede del estadio mundicéntrico, de modo que no
resulta un problema tan grave como pudiera parecer a simple vista, ya que lo
único que se requiere es que los li¬berales reconozcan más adecuadamente su
propia postura y los distintos es¬tadios del desarrollo que le dieron origen).
A esta altura histórica, ambos abordajes han tratado de implementar, de un modo
u otro, la fase 1, aunque ninguno de ellos -por más que lo pretendan¬se ha
adentrado en la fase 2. En la actualidad, ambos frentes están sumidos en una
carrera para ver cuál de ellos puede reconocer y corregir más pronta¬mente sus
deficiencias y arribar así a una visión política más auténticamen¬te integral.
¿Será más difícil para los conservadores tradicionales pasar del estadio
mítico-pertenencia al mundicéntrico o, por el contrario, serán los li¬berales
quienes más dificultades tengan para reconocer la realidad de los es¬tadios
interiores? Porque el abordaje que primero corrija sus defectos llega¬rá más
pronto a una concepción política integral propia del pensamiento de segundo
grado, la comprenderá más plenamente, implementará antes la di¬rectriz
primordial (abrazar la mayor profundidad y la mayor amplitud posi¬ble) y
tendrá, en consecuencia, ventajas en el ámbito del futuro político.
7.
Hay que decir que, en lo que respecta a la integración de lo liberal
(autóno¬mo) y de lo ordenado (relación), el término "autonomía"
resulta bastante desafortunado. Porque no existe, para comenzar, yo finito que
sea comple¬tamente autónomo, sino sólo relativamente autónomo (aunque el grado
de autonomía relativa sea ciertamente mayor en las olas más elevadas). En
se¬gundo lugar, el yo relativamente autónomo propio de cada uno de los
esta¬dios se halla sumido en una red inmensa de relaciones y procesos (natura¬les,
objetivos, culturales y sociales) -o, dicho de otro modo, la individualidad
siempre es individualidad-en-relación-, lo cual parece eludir cualquier
posibilidad de una "autonomía" o individualidad completamente
separada. En tercer lugar, el yo relativamente autónomo propio de cada uno de
los estadios también está inmerso en un sistema de intercambios con otros yoes
relativamente autónomos que se encuentran en un nivel similar de desarrollo.
Señalemos,
por último, un cuarto punto especialmente importante, y es que el yo púrpura se
halla sumido en un sistema de intercambios con otros yoes púrpuras, que el yo
azul hace lo propio con otros yoes azules y que lo mis¬mo hacen los yoes
naranjas y verdes con otros yoes naranjas y verdes, res¬pectivamente; sin
negar, por ello, que azul interactúe con púrpura, rojo, na¬ranja, verde,
amarillo, etc. Lo que quiero subrayar, en suma, es que que cada nivel de
identidad se reconoce, fundamentalmente, en los intercam¬bios que mantiene con
otros yoes de profundidad similar. Resumiendo, el yo de cada uno de los niveles
es un yo-en-relación-con-otros-yoes (indivi¬dualidad-en-relación).
Y
así es como, súbitamente, nos vemos inmersos en el espinoso debate exis¬tente
entre los liberales y los colectivistas, ya que ambos poseen una pieza
importante, aunque parcial, del puzzle. Estos están en lo cierto cuando di¬cen
que el yo es siempre un yo situado o saturado, un yo-en-contexto (una
individualidad-en-relación o una autonomía-en-relación), mientras que aquéllos
no lo están menos al afirmar que el yo naranja tiene una autonomía
relativamente mayor que la del yo azul y que esa mayor autonomía relativa debe
resguardarse de la mentalidad de rebaño propia del meme azul (de ahí su
insistencia en reivindicar los derechos del individuo). Así pues, el yo
li¬beral relativamente autónomo (naranja) es un yo-en-relación que sólo se
re¬conoce en el intercambio que mantiene con otros yoes relativamente
autó¬nomos y, aunque la autonomía de un determinado nivel sea algo mayor que la
del nivel inferior, la autonomía siempre es autonomía-en-relación (la
in¬dividualidad siempre es individualidad-en-relación), algo que resulta
inclu¬so aplicable al "yo autónomo" e integral (de la figura 2. l),
que sólo existe en relación con otros yoes autónomos. Es como si la
individualidad requi¬riera de individualidades de una profundidad similar, y
una de sus necesi¬dades primordiales fuera, precisamente, la del
reconocimiento. Así, en los estadios más tempranos del desarrollo, esas
relaciones son necesarias para la formación del yo mientras que, en el caso del
adulto. son imprescindibles para su felicidad y su bienestar del yo y para su
existencia real en el reco¬nocimiento mutuo. Obviamente, el yo adulto puede
subsistir sin esas rela¬ciones -como ocurre, por ejemplo, en el caso de verse
obligado a vivir en una isla desierta-, pero hay que decir que, en una
situación de tal aridez, el yo acaba languideciendo.
La
noción liberal típica de autonomía comprende adecuadamente el relati¬vo aumento
de la autonomía del yo naranja con respecto del azul -y, conse¬cuentemente,
exige un sistema de derechos que protejan la individualidad naranja de la
opresión azul-, pero luego concluye erróneamente que tal au-
tonomía
era una especie de libertad meramente atomística. Porque lo cierto es que el
liberalismo entendió que la autonomía significaba individualidad aislada y, por
ello mismo, también se equivocó al concebir la naturaleza del yo (que siempre
es individualidad-en-relación) y la naturaleza de la socie¬dad (que no es tanto
un contrato entre yoes aislados, como una expresión manifiesta de
individualidades-en-relación). Como he señalado en Sexo, ecología,
espiritualidad y en Breve historia de todas las cosas, toda individualidad
comporta derechos, y toda relación, responsabilidades; de modo que la auténtica
individualidad-en-relación sig¬nifica que el yo (en cualquiera de los niveles)
siempre implica derechos-y¬responsabilidades o libertades-con-obligaciones. Pero
el yo liberal de la Ilustración (naranja) sólo se identificó con los derechos y
las libertades, al tiempo que identificó al yo azul con los deberes y las
responsabilidades, de modo que, en su noble esfuerzo por proteger al yo naranja
de la mentalidad de rebaño de azul -lo que realmente significa proteger la
individualidad-en¬relación naranja de la individualidad-en-relación azul (o
proteger los dere¬chos-y-responsabilidades naranja de los
derechos-y-responsabilidades azul)-, desgajó los derechos de las
responsabilidades, identificándose con aquéllos, y que lo mismo hizo azul con
las responsabilidades. Y fue preci¬samente esta estrategia defensiva la que le
llevó a creer inadvertidamente que podría tener derechos sin las
correspondientes responsabilidades, indi¬vidualidad sin la correspondiente
relación, libertades sin las correspondien¬tes obligaciones y diversiones sin
los correspondientes deberes. Así fue como la noción liberal de autonomía acabó
convirtiéndose en uno de los ca¬talizadores de la desintegración egocéntrica,
regresiva y narcisista de las re-laciones, del respeto y de las obligaciones
sociales. Por ello uno de los ítems más importantes de cualquier agenda
política re¬almente integral debería centrarse en vincular los derechos y las
responsa¬bilidades postconvencionales (nivel naranja y superiores), sin que
ello su¬pusiera un retroceso a los derechos-y-responsabilidades azules. No
olvidemos que el yo autónomo liberal sólo existe en una red de intercam-bios
mutuos con otros yoes autónomos y que esa red de individualidades¬en-relación
no sólo proporciona nuevas libertades y oportunidades, sino que también impone
nuevos deberes y responsabilidades. (Véase Después del Edén para una discusión
acerca del tipo de intercambio que tiene lugar en cada uno de los niveles de
identidad; véanse también Sexo, ecología, es¬piritualidad y Breve historia de
todas las cosas para una discusión en torno a la individualidad-en-relación y a
los derechos-y-responsabilidades.)
8.
Aunque Sprecher y Chickering no hayan formulado todavía de un modo ex¬plícito
su definición de derecha e izquierda, el primero afirma que llegó a esta noción
de un modo independiente al año de hacerlo yo, cosa que me parece muy
razonable. La combinación de las definiciones de liberal y con¬servador con las
nociones de ordenado y libre nos proporciona una matriz de cuatrto elementos
-liberal de izquierdas, ordenado de izquierdas, liberal de derechas y ordenado
de derechas-, a la que suele conocerse como la ma¬triz de Chickering/Sprecher
(véase nota 5).
Sprecher
es el creador de dos disciplinas integrales denominadas "lideraz¬go
generativo" (que subraya el desarrollo subjetivo) y "gobierno
integrado y descentralizado" (que enfatiza el desarrollo objetivo) y
también ha pues¬to a punto un abordaje muy interesante al tema de la formación
del lideraz¬go político, para la enseñanza de las visiones integrales, que
incluye una se¬rie de ejercicios que se atiene a las tres vertientes que debe
satisfacer toda ciencia amplia (prescriptiva, experimental y verificación
posterior). Sprecher ha llegado a una conclusión bastante similar a la que yo
he seña¬lado en la nota 6, relativa a los dos pasos necesarios para avanzar
hacia una política más integral («unir el interior y el exterior» y «advertir
que el desa¬rrollo interior y el desarrollo exterior atraviesa una serie de
estadios y llegar así a la directriz primordial»), una concepción -que estimuló
considerable¬mente mi propia formulación teórica- a la que denomina
"tercera vía". Des¬de su punto de vista, los "dos pasos'
necesarios para acercarnos a una "ter¬cera vía" son, en primer lugar,
económicos y horizontales y, en segundo lugar, culturales y verticales. El
primero se centra en la integración hori¬zontal de la izquierda y la derecha;
el segundo se ocupa de la integración vertical entre ordenado y liberal. Muchos
de estos importantes problemas serán tratados en un artículo de próxima
publicación sobre el renacimiento norteamericano titulado «The Future in the
Third Way», escrito por Spre¬cher con la colaboración de Chickering y la mía
propia.
9.
Así pues, los ordenados (que subrayan la importancia de los cuadrantes
in¬feriores o colectivos) de i_quierdas (por cuanto se centran en la
importancia de la causación exterior, es decir, de los cuadrantes de la Mano
Derecha) -es decir, los socialistas- enfatizan el cuadrante inferior-derecho
(el siste¬ma social económico y objetivo) y apuestan, en consecuencia, por la
inter¬vención del gobierno en ese cuadrante (Estado del bienestar, por
ejemplo).
Los
ordenados (inferior o colectivo) ¿le derechas (que creen en la causación
interior
o en los cuadrantes de la Mano Izquierda) -es decir. los tradiciona¬listas o
fundamentalistas- se centran en el cuadrante inferior-izquierdo (creencias
culturales y visiones del mundo) e insisten en que todos debemos obedecer sus
normas y valores, mediante la intervención del Estado si fue¬ra preciso
(imponiendo la obligatoriedad de la oración en las escuelas, por ejemplo). Los
liberales (superior o individual) de derechas (que creen en la causación
interior o en las realidades de la Mano Izquierda) -es decir. los defensores
del mercado libre- enfatizan el cuadrante superior-izquierdo y sostienen, por
tanto, que los individuos deben asumir la responsabilidad de sus acciones y que
el gobierno no debe interferir en los cuadrantes de la Mano Derecha (económicamente,
por ejemplo), excepto para proteger esos derechos y esas libertades. Los
liberales de i_quierdas -es decir, los defen¬sores de las libertades civiles-
subrayan la libertad de la conducta indivi¬dual (cuadrante superior-derecho) y
sostienen que el gobierno sólo debe in¬tervenir para proteger esas libertades.
Hay muchas variantes posibles de estos cuatro grandes tipos y también debemos
tener en cuenta los niveles del desarrollo, pero bastan estos simples ejemplos
para indicar la importan¬cia de un análisis más integral.
10.
Cualquier abordaje integral al gobierno mundial provendría, en parte, de lo que
Clare Graves denomina el desarrollo psicológico de "segundo grado",
es decir, los memes amarillo y turquesa. (Son muchos los teóricos que uti¬lizan
el concepto de grados de desarrollo -primero, segundo, tercero, cuar¬to, etc.-,
pero debo decir, en este sentido, que la noción gravesiana de "se¬gundo
grado" se ajusta perfectamente al tema que ahora estamos tratando. En el
próximo capítulo hablaremos también de la noción de desarrollo de "tercer
grado" para referirnos a las realidades transpersonales que empiezan con
el coral/psíquico.) Utilizando los términos de la Spiral Dynamics, la
Constitución de Estados Unidos representó el punto culminante del gobier¬no de
primer-grado (que emerge fundamentalmente de los principios que van de
naranja-a-verde) y estableció los sistemas de gobierno de las agru¬paciones de
estados (y, hasta cierto punto, de las comunidades de valor). En el mundo
postnacional y postverde de hoy en día, necesitamos un sistema de gobierno para
una Civilización Mundial (véase capítulo 6) que posibili¬te la emergencia de un
mundo interrelacionado realmente holístico y que, en mi opinión, obviamente,
debería ser un abordaje omnicuadrante y omni¬nivel que se guiara por la
Intuición Moral Básica (que consiste en «proteger y alentar la mayor
profundidad y la mayor amplitud posible») y que tam¬bién permitiese encarnar la
directriz primordial (alentar la salud de la espi¬ral completa del desarrollo
sin privilegiar ninguna ola concreta) y propor¬cionase un marcador para la
transformación del amplio abanico de los recursos humanos (que invite a las
personas a crecer y desarrollar todos sus potenciales, tanto internos como
externos). Todos estos ítems -el abordaje integral, la Intuición Moral Básica,
la directriz primordial y el marcador de la transformación- son, en mi opinión,
los ingredientes fundamentales de cualquier sistema de gobierno integral o de
segundo grado. La implementa¬ción práctica de estas ideas en el ámbito del
gobierno mundial -que debería considerar tanto la diferenciación de los
gobiernos nacionales como su in¬tegración e implementación práctica- representa
uno de los principales re¬tos a los que deberá enfrentarse la política de este
milenio.
11.
Véase las obras de Larry Dossey, Jon Kabat-Zinn, Jeanne Achterberg, Ken
Pelletier y Joan Borysenko, entre otros.
12.
John Astin, «The Integral Philosophy of Ken Wilber: Contributions to the Study
of CAM [Complementary and Alternative Medicine] and Conventio¬nal Medicine», en
preparación.
13.
«Sensorimotor Sequencing», artículo presentado en el congreso Psycholo¬gical
Trauma, patrocinado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston y
la Harvard Medical School.
14.
G. Schwartz y L. Russek «The Challenge of One Medicine: Theories of Health and
Eight World Hypotheses», Advances: The Journal of Mind-Body Health.
15.
Véase L. Dossey «The Great Chain of Healing: Toward an Integral Vision of
Medicine (With a Bow to Ken Wilber)» , en Crittenden et al. (eds.), Kin¬dred
Visions, próximamente publicado por Shambhala.
16.
D. Paulson, «Management: A Multidimensional/Multilevel Perspective», en
Crittenden et al. (eds.), Kindred Visions, próximamente publicado por
Shambhala. Véase también D. Paulson, Topical Antimicrobial Testing and
Evaluation, Marcel Dekker, 1999; «Succesfully Marketing Skin Moisturi¬zing
Products», Soap/CosmeticslChemical Specialties, agosto de 1999; «Developing
Effective Topical Antimicrobials», Soap/CosmeticslChemical Specialties,
diciembre de 1997. Daryl ha publicado muchos artículos sobre las aplicaciones
omninivel y omnicuadrante a muchos campos, incluyendo una interesante
valoración de las llamadas "experiencias de aproximación a la muerte"
(«The Near-Death Experience: An Integration of Cultural, Spiri¬tual, and
Physical Perspectives», Journal of Near Death Studies, 18 [I], oto¬ño de 1999).
Daryl también forma parte del panel de expertos de la FDA so¬bre la seguridad
de los alimentos. «Utilizamos el modelo de los cuatro cuadrantes para
contrarrestar las infecciones de bacilos tales como los bro¬tes de Escherichia
coli 0517-H7.»
En
lo que respecta a la faceta omninivel de los seres humanos, puede recu¬rrirse a
cualquiera de los modelos más conocidos, desde el de Maslow has¬ta el de Graves
y el de Loevinger. Éste es un campo en el que el modelo de la Spiral Dynamics
ha tenido mucho éxito y debo decir que hoy en día uti¬liza un enfoque
omnicuadrante y omninivel (muy semejante al presentado en la figura 3.1).
17.
G. Gioja, «Creating Leaders (Beyond Transformation: An integral Mani¬festo)»,
On Purpose Associates (Cleveland et at.), «The Practical Philosop¬her: How Ken
Wilber Changed Our Practice» y L. Burke, «Not Just Money, Meaning», todos ellos
incluidos en Crittenden et al. (eds.), Kindred Visions, próximamente publicado
por Shambhala. La cita de The Leadership Circle (Bob Anderson, Jim Stuart y
Eric Klein) está tomada de «The Leadership Circle: Bringing Spiritual
Intelligence to the Work». Quienes estén interesados en contactar con ellos
pueden hacerlo a través de Klein, el editor de su Atirakening Corporate Soul.
18.
De entre los muchos ecoteóricos que han comenzado a utilizar un enfoque más
integral, quisiera destacar especialmente la obra de Matthew Kalman, Michael
Zimmerman (Radical Ecology) y Gus diZerega. DiZerega y yo hemos tenido nuestras
diferencias teóricas, pero creo que hoy en día abordamos del mismo modo muchos
problemas ecológicos, hasta el punto de que es muy probable que próximamente
publiquemos un artículo escrito entre los dos. El núcleo de la crítica de Gus
se centraba en mi comentario de que mucha gente experimen¬ta el misticismo
natural desde una perspectiva prerracional y hasta regresiva, aunque ello no
significa, obviamente -como luego maticé-, que ésa sea la acti¬tud
generalizada. Tampoco quiero decir que Gus esté completamente de acuer¬do con
mi visión, pero creo que contempla con muy buenos ojos un enfoque omnicuadrante
y omninivel que incluya el misticismo natural, el misticismo te’sta, el
misticismo sin forma y el misticismo no-dual (o, lo que es lo mismo, los
niveles psíquico, sutil, causal y no-dual del misticismo). Y aunque los dos
so¬mos muy conscientes de los problemas ocasionados por la modernidad y la
Ilustración, también valoramos muy positivamente muchas de sus contribucio¬nes
(cosa que, dicho sea de paso, no suelen hacer los ecoteóricos).
19.
Esto suena a inclusividad liberal, con la diferencia de que el liberal
tradicio¬nal no admite fácilmente muchos de los estadios naturales y necesarios
del desarrollo interior (especialmente los estadios conformista, ley-y-orden y
fundamentalista), a través de los cuales discurre el proceso de desarrollo de
los seres humanos. Por ello los liberales tienden a oponerse frontalmente a
esas importantes estructuras dondequiera que las encuentren, lo cual tiene un
efecto profundamente disolvente y regresivo. Como señala la Spiral Dyna¬mies,
verde disuelve a azul, lo cual suele tener un efecto dañino sobre la di¬rectriz
primordial, no sólo en cuestiones de política interna, sino también en lo que
respecta a la política exterior (tratando, por ejemplo, de impulsar por doquier
los "derechos humanos" del meme verde, lo cual resulta, en los
paí¬ses que se hallan asentados en el meme azul, una completa pérdida de tiempo
en el mejor de los casos y, en el peor de ellos, un intento francamente
reac¬cionario. El modo más adecuado de fomentar el desarrollo de la rigidez
azul no consiste en alentar la sensibilidad verde, sino la tecnología naranja).
Entre los teóricos que se muestran más proclives a una orientación integral
ha¬cia las minorías (y hacia los países en vías de desarrollo), cabe destacar a
Beck, Connie Hilliard y Maureen Silos: todos ellos colaboran en Kindred
Visions, de Crittenden et al. (eds.), un libro que próximamente publicará
Shambhala.
20.
Reiteremos los dos estadios de una política más integral: admitir la
existen¬cia de las interioridades y, posteriormente, reconocer también las
diferentes olas del desarrollo de esas interioridades.
21.
El problema de la Inteligencia Artificial (IA) y de la robótica es que la
ma¬yor parte de sus proponentes son psicólogos aficionados que poseen una
vi¬sión muy empobrecida de la conciencia y de su desarrollo. Si echamos un
vistazo al cuadrante superior-izquierdo de la figura 4.4, advertiremos tam¬bién
la historia (y los holones constitutivos) de la conciencia humana: la
aprehensión de los átomos y las moléculas se ve subsumida por la irritabili¬dad
celular, que a su vez se ve subsumida por las sensaciones de los organis¬mos
neuronales, que a su vez se ven subsumidas por los animales que pose¬en cuerda
neural, que a su vez se ven subsumidos por los impulsos de los animales con
tallo cerebral reptiliano, que a su vez se ven subsumidos por las emociones y
sentimientos de los animales poseedores de sistema límbico, que a su vez se ven
subsumidos por los símbolos y conceptos de los anima¬les que poseen neocórtex,
en cuyo punto, la inteligencia humana puede lle¬gar a producir el pensamiento
operacional formal o lógica. Así pues, la con¬ciencia humana se halla
constituida por todos y cada uno de esos holones, que se ven trascendidos al
tiempo que incluidos por sus sucesores. Los programadores informáticos, no
obstante, tienden a centrar su atención en el tipo de conciencia que mejor
conocen -el pensamiento lógico y mate¬mático-, quedándose con esta delgada
película exterior de la conciencia y programando en base a ellas sus
algoritmos, como si la conciencia humana pudiera equipararse a la inteligencia
artificial superficial, desencarnada y disociada. Así es como llegan a la
extraña conclusión de que, dentro de una década o dos, la "conciencia
humana" podrá ser "descargada" en chips de silicona y que ello
nos permitirá alcanzar la vida eterna, cuando lo único que habrían hecho, en
tal caso, es simplemente reproducir las facetas más externas y disociadas de la
conciencia humana.
Para
crear una inteligencia artificial semejante a la humana, los ingenieros que se
dedican a la IA deberían recrear todos y cada uno de los holones cons¬titutivos
del superholón de la conciencia humana. Y, para ello, deberían ser capaces de
crear todos y cada uno de los niveles, desde la irritabilidad celu¬lar hasta
los instintos reptilianos, las emociones del sistema límbico y la ra¬cionalidad
y la conectividad del neocórtex (y no olvidemos que el neocór¬tex tiene más
conexiones neuronales que estrellas hay en el universo conocido). Por ello
debemos decir que, en este sentido, la IA todavía se ha¬lla muy lejos incluso
de estar en condiciones de recrear la irritabilidad de los organismos
celulares, de modo que, por el momento, podemos ignorar sus grandes pretensiones.
La robótica del próximo siglo se hallará confina¬da a conductas que pueden ser
programadas siguiendo ciertos algoritmos, reglas lógico-digitales, modelos de
lógica difusa y redes de aprendizaje neural que, en el mejor de los casos, sólo
lograrán replicar las facetas más superficiales de la conciencia.
Pero
además existe otra gran dificultad y es que la conciencia es un asunto de
cuatro cuadrantes. En este sentido, la IA está intentando programar
ex-clusivamente las reglas de conducta y los mecanismos de aprendizaje
(cua¬drante superior-derecho), pero de ese modo jamás podremos reproducir la
entidad tetradimensional a la que denominamos conciencia. Como dice John
Searle, la conducta (cuadrante superior-derecho) nunca será lo mismo que la
intencionalidad (cuadrante superior-izquierdo) y, del mismo modo, la conducta
del cuadrante superior-derecho jamás podrá llegar a producir valores culturales
intersubjetivos (cuadrante inferior-izquierdo). Hay que señalar además, en este
punto, los argumentos aducidos por la es¬piritualidad profunda, según la cual
la conciencia -ya se trate de inteligen¬cias humanas o de robots- no es el
producto de nada. La conciencia pura, por el contrario, es el Origen y
Fundamento de toda manifestación, y está usted apañado si cree que es posible
poner todo eso dentro de un ordena¬dor... El ordenador es una manifestación de
la conciencia, no viceversa, y todo lo que usted puede meter en un ordenador
-o, lo que es lo mismo, sa¬car de él- no será más que una loncha esmirriada y
superficial del Gran Pas¬tel Kósmico. Además, la idea de que la conciencia
puede ser "descargada" en un microchip suele proceder normalmente de
adolescentes que padecen insomnio y pasan la noche frente al monitor de su
ordenador, disociados, abstraídos y disueltos en un pensamiento desencarnado...
aunque he de de¬cir, en este sentido, que yo también me reconozco en ellos...
así que, por favor... hay muchos más holones en la conciencia humana de los que
pue¬de soñar incluso la IA.
22.
Edwin Firmage, Leaving the Fold, J. Ure (ed.), pág. 229.
23.
En el texto he señalado que, para superar estos problemas, es necesaria una
adecuada combinación entre limitaciones externas/legales y sabiduría
inter-na/moral -o, hablando en términos más generales, un enfoque más
inte¬gral- o, lo que es lo mismo, un sistema de gobierno de segundo grado (dado
que sólo el pensamiento de segundo grado es capaz de llegar a soluciones
integrales). Lo más probable es que, en un futuro previsible, el grueso de la
humanidad se halle en las olas premundicéntricas (egocéntrica y etnocén¬trica)
y para abordar esos problemas sea necesario un gobierno mundial de segundo
grado. Esto es algo análogo a la Constitución de Estados Unidos que, como ya
hemos señalado, fue un documento del estadio moral 5 que sirvió para gobernar a
una colectividad en la que menos del 10% se hallaba en dicho estadio. De este
modo, un gobierno mundial de segundo grado ten¬drá que facilitar la integración
de un mundo en el que menos del 10% de la población haya alcanzado realmente el
pensamiento de segundo grado. Ob¬viamente, no estamos en condiciones de esbozar
el modo concreto en que tal cosa ocurrirá, porque la política integral está
recién empezando a apare¬cer y resulta imposible prever la forma final que
asumirán las emergencias complejas. Lo que es casi cierto es que si logramos
sobrevivir hasta enton¬ces tal cosa ocurrirá; cómo, cuándo y dónde es algo que,
en cierto modo, nos sorprenderá (puesto que, si no lo hiciera, no se trataría
de un auténtico emergente). A pesar de ello, no obstante, es posible subrayar
muchos de sus rasgos generales característicos y también muchos de los
catalizadores que propicien su emergencia. Y ése, precisamente, es uno de los
objetivos prio¬ritarios del Institute of Integral Politics. Joe Firmage
(cofundador de USWeb/CKS, Intend Change y Project Voya¬ger, y uno de los
miembros del Integral Institute) señala que existen dos as¬pectos generales en
este sentido -a los que denomina "coercitivo" (el con¬trol externo
impuesto por la fuerza) y "no coercitivo" (la sabiduría moral interior
que proporciona una guía adecuada), respectivamente- y que la cuestión radica
en el modo adecuado de armonizar esas dos facetas por las pesadillas que podría
ocasionar una falta de desarrollo integral. De un lado tenemos los sistemas de
gobierno "descentralizados e integrados" que están siendo
investigados por varios miembros del Integral Institute y que, según la versión
de Firmage, constituyen una «nueva alternativa ideotecnómica que pueden
posibilitar nuevas prioridades holísticas y fomentar la evolu¬ción del gobierno
hacia un rol más pequeño, menos controlador, más cohe¬rente y más orientado
hacia el servicio». Por otro lado, también debemos prestar una atención
renovada al desarrollo interior, lo cual incluye la edu¬cación global, la
conciencia pública comprometida, el liderazgo político in¬tegral y la
espiritualidad profunda. En opinión de Firmage: «Desde mi pun¬to de vista, es
necesaria una auténtica revolución espiritual integral, puesto que ningún tipo
de control exterior podría funcionar y cualquiera que lo pretendiera tornaría
inviable la existencia misma de la vida».
La
integración armónica entre el desarrollo exterior y el desarrollo interior
constituye, por supuesto, otra versión de la política integral, y hoy en día
parece cierto que sólo los enfoques políticos integrales pueden abordar esos
problemas de un modo más inteligente. (Véanse notas 5, 6, 7, 8 y 10.) Pero de
ahí podemos extraer una conclusión clara: los aspectos coercitivos re¬queridos
por el gobierno mundial aumentarán en proporción directa a la fal¬ta de
desarrollo interior.
Capítulo
6. Mapas del Kosmos
1.
Cierto crítico me ha reprendido por utilizar el término "holístico"
en lugar de su preferido "holónico". El crítico en cuestión coincidía
conmigo en que la mayor parte de las formas de holismo subrayan la faceta
"totalidad" des¬deñando al aspecto "parte", con lo cual
incurren en graves insuficiencias
que
sólo pueden verse superadas con un abordaje holónico que tenga en cuenta a la
totalidad sin olvidar las partes y se centre, en consecuencia, en las total
idade s/p arte o los holones. Pero aunque ciertamente existan impor¬tantes
diferencias entre los términos holístico y holónico, sigo utilizándolos como
sinónimos, porque el término "holónico" no es muy conocido.
2.
Véanse Sexo, ecología, espiritualidad, Breve historia de todas las cosas y El
matrimonio entre el alma y los sentidos para una visión más completa de las
fortalezas y debilidades del idealismo.
3.
Schwartz et al. sugieren que un modelo holónico podría abrazarlos a los ocho.
Véase G. Schwartz, C. Santerre y L. Russek «Bringing Order to the Whole: Eight
World Hypotheses Applied to Ken Wilber's Integral Appro¬ach to Consciousness»,
Kindred Visions, de Crittenden et al., que próxima¬mente publicará Shambhala.
4.
Éste es, obviamente, un esquema útil, y puede serlo todavía más si utiliza¬mos
lo que yo denomino un análisis inter-nivel, una aportación muy intere¬sante que
discutiremos más detenidamente en la nota 19.
5.
Véanse las entradas correspondientes a los días 3 y 15 de octubre de Diario
para una discusión más detenida acerca del motivo por el cual la noción del
desarrollo resulta crucial para poder integrar las distintas visiones del
mundo. Véase también la nota 18 para lo que respecta a los niveles de los
chakras. Obviamente, cualquier afirmación sobre los niveles superiores
realizada desde las visiones del mundo propias de los inferiores deberá ser
verificada utilizando los criterios de aquéllos. Si la astrología, por ejemplo,
formula una afirmación empírica racional (es decir, si el chakra 3 lleva a cabo
una afirmación propia del chakra 4). deberá contrastar sus pretensiones con
cri¬terios racional-empíricos, algo en lo que, dicho sea de paso, fracasa
estrepi¬tosamente (recordemos que la astrología, por ejemplo, no ha logrado
supe¬rar las pruebas empíricas diseñadas al respecto por los mismos astrólogos.
Véanse, en este sentido, las notas correspondientes a los días 29 de julio y 21
de diciembre de Diario). Pero debo insistir en que no por ello la astrolo¬gía
deja de ser una de las numerosas visiones del mundo válidas a las que puede
accederse desde el nivel de conciencia mítico y que, a ese nivel, lo¬gra
exactamente lo que se propone: proporcionar sentido, sensación de co¬nexión con
el cosmos y una justificación para el yo en la inmensidad del universo. Pero en
modo alguno es, como pretende, una ciencia del chakra¬4 racional que posea
capacidad predictiva (motivo por el cual no ha conse¬guido superar las pruebas
empíricas). Y, por la misma razón, tampoco de-bemos conceder mucha importancia
a lo que diga la ciencia racional en torno a los chakras 5, 6 o 7.
Cuando
digo que «todas las visiones son correctas», me refiero al hecho de que todos
los niveles tienen sus propias verdades importantes, que no sólo desvelan ese
nivel, sino que también operan a modo de ingredientes impor¬tantes y necesarios
de los niveles más elevados (siempre que hayan sido ade¬cuadamente
diferenciados e integrados o. lo que es lo mismo, trascendidos e incluidos).
Del nivel mítico, por ejemplo, queremos conservar la experiencia de pertenencia
y la capacidad de formar parte de una comunidad. Pero den¬tro de un determinado
nivel de realidad, los criterios propios de ese nivel de¬terminan la existencia
de visiones más válidas y de visiones menos válidas. La astrología, por
ejemplo, se asienta en el nivel mítico y, en este sentido, hay astrólogos
buenos y astrólogos malos, aunque ninguno de ellos logre su¬perar las pruebas
racional-empíricas, que no representa, por cierto, el crite¬rio real del nivel
mítico. Éste, como cualquier otro, trata de proporcionar co¬herencia,
significado, conexión con el cosmos, respeto hacia los demás y directrices
pragmáticas. La versión mitológica (de la que la astrología no es más que un
subconjunto) constituye un esquema interpretativo que propor¬ciona significado,
ethos, ni vthos y aprobación al yo separado propio de ese nivel. La mitología y
la astrología nos hablan de este nivel a todos nosotros y, cuando se mantiene
en contacto con ese nivel, proporcionan una extraor¬dinaria sensación de
conexión con nuestras raíces vitales, algo que, juzgado según los criterios
propios de ese nivel, sólo hacen los buenos astrólogos. Es evidente que una
cosa es adentrarse en ese nivel inferior y otra muy distinta permanecer allí (y
mucho menos abanderar el nivel inferior como si se trata¬ra de la realidad
última). No hay que hacer caso, pues, de quienes hacen este tipo de
afirmaciones sin poder demostrarlas. Por su parte. un científico racional que
desdeña la mitología como algo pro¬pio de un nivel inferior (y que no supera,
en consecuencia. las pruebas ra¬cional-empíricas) es alguien que muy
probablemente se halle desconectado de sus raíces. El individuo integrado se
encuentra a gusto en cualquiera de los niveles de la realidad tal y como se
manifiestan en y a través de él y pue¬de expresarse en el lenguaje de todos los
chakras (y memes) en las diversas situaciones. Como sucede en tantas otras
ocasiones, la causa del problema reside sólo en la identificación exclusiva con
un determinado chakra.
6.
Véanse Sexo, ecología, espiritualidad (CW6) y «Sociocultural Evolution» (CW4),
para una discusión más detenida acerca de la obra de Bellah.
7.
Las seis "naciones" o "estados" que Gerzon ha descubierto
en Estados Uni¬dos hoy en día son las siguientes: Patria o el estado religioso
(arraigado en el estadio mítico-pertenencia [azul] y que muy a menudo es
ordenado de derechas): Corporatia o el estado capitalista (arraigado en el
estadio de la racionalidad egoico-instrumental [naranja] y que muy a menudo es
liberal de derechas defensor del mercado libre); Disia o los desencantados
(gene¬ralmente asentada en las olas preconvencionales o postconvencionales
púr¬pura/rojo o verde en lucha contra azul y naranja convencional; a menudo
ordenados de izquierdas); Media, o el estado informativo (generalmente li-beral
naranja de izquierdas); Gaia, o la nueva era (una combinación de
pre-convencionales y postconvencionales, fuertemente teñidos de verde y, muy a
menudo, ordenados de izquierdas, combinados con púrpura y rojo, con un efecto
frecuentemente regresivo), y Officia, la clase política (que si bien se asienta
en todos los niveles, es fundamentalmente azul, naranja y verde, re¬flejando
así las distintas poblaciones a las que sirve).
8.
La orientación política es un tipo que se halla disponible en distintos
nive¬les (uno puede ser rojo de derechas o rojo de izquierdas, azul de derechas
o azul de izquierdas, naranja de derechas o naranja de izquierdas. etc.),
aun¬que tradicionalmente la izquierda y la derecha hayan atraído a públicos
pro¬cedentes de detenninados niveles (izquierda púrpura y verde, por ejemplo, y
derecha azul), grupos que pueden rastrearse fácilmente utilizando un sis¬tema
omnicuadrante y omninivel.
9.
La profundidad vertical no sólo suele ser ajena a la mayor parte de los
au¬tores convencionales, sino también a muchos alternativos, transpersonales y
espirituales. Y es muy probable que ello se deba a que la mayor parte de ellos
estén tan inconscientemente sumidos en el meme verde que sean re¬fractarios a
usar siquiera la noción de holoarquía. Lamentablemente, esta espiritualidad
"chata" es muy común y suele cristalizar el proceso de desa¬rrollo en
la ola presente.
10.
Huntington plantea la disyuntiva de los modelos evolutivos de la historia
versus los circulares, dos alternativas, en mi opinión, correctas, porque
existen olas evolutivas (que tienen que ver con la transformación), dentro de
las cuales existen ciclos, estancamientos y fases del desarrollo (que tie¬nen
que ver con la traslación). En muchos casos, la consumación de un ci¬clo abre
la puerta para que el sistema (individual o colectivo) experimente una
transformación que puede ser trascendental y progresiva o, por el con¬trario,
desintegradora y regresiva. Véase Una risión integral de la psicolo¬gía para
una discusión más detallada acerca de este tema.
11.
En un determinado momento de su argumentación. Huntington minimiza la
distinción alemana entre la civilización y la cultura. «Los pensadores
ale¬manes -afirma- establecieron una diferenciación demasiado estricta entre la
civilización (la mecánica, la tecnología y los factores materiales) y la
cul¬tura (los valores, los ideales y las cualidades intelectuales, artísticas y
mo¬rales más elevadas de una determinada sociedad).» Pero ésa es una
distin¬ción muy real que se refiere, de hecho, a la diferencia existente entre
los cuadrantes inferior-derecho (social) e inferior-izquierdo (cultural) y el
mis¬mo Huntington recurre a ambos (y me gustaría decir, de paso, que yo no
suelo discrepar con los alemanes en lo que se refiere al campo de la
filoso¬fía). Lo que Huntington objeta -adecuadamente, en mi opinión- es la
"agu¬da" separación existente entre lo cultural y lo social, porque
si bien los cua¬drantes son distintos, no son inseparables y ambos deben ser
tenidos en cuenta.
Tal
y como Huntington las define, las civilizaciones son grandes pautas cul¬turales
(y por "cultural" quiere decir "sociocultural');
"comprehensivas" ("es decir, que ninguna de sus unidades
constitutivas puede comprenderse sin referencia a la civilización de la que
forman parte"), que muestran un proceso de desarrollo o evolución
("son dinámicas, evolucionan, se adap¬tan", lo que también puede
incluir declive y muerte, como normalmente ocurre), y no son políticas, sino
más profundas que todo eso ("una civiliza¬ción puede contener una o muchas
unidades políticas"). Y aunque todos es¬tos puntos, a mi juicio, sean
esencialmente correctos, quisiera agregar algu¬nos más. Porque, desde mi punto
de vista, las civilizaciones amalgaman varias líneas o corrientes del
desarrollo (como los valores, los estilos cog¬nitivos. el lenguaje, la moral,
la ética. las costumbres y las tradiciones) en su camino de desplazamiento a
través de los diferentes niveles u olas (por ejemplo, púrpura, rojo, azul,
naranja, verde) tal y como se manifiestan en cada uno de los cuadrantes
(individual, conductual, cultural y social). La determinación de cada uno de
estos puntos resulta mucho más factible con el uso de un sistema de
clasificación holónico.
12.
Para una discusión acerca del reduccionismo sutil, véase la nota 1 del
capí¬tulo 5.
13.
Cuando digo que analistas como Friedman, Gaddis y Kennedy, por ejem¬plo, nos
ofrecen una interpretación reticular-de-la-vida (una interpretación que tiene
en cuenta dos cuadrantes y ningún nivel), lo único que quiero de¬cir es que, si
bien reconocen la importancia de los cuadrantes interiores (es decir, de la
cultura, de las visiones del mundo y de los valores, por ejemplo), no hacen lo
mismo con los muchos niveles diferentes de esas interioridades y terminan
colapsándolas en una entidad confusa (llamada "cultura" o algo por el
estilo), que subordina los cuadrantes de la Mano Derecha a las finan¬zas, el
mercado, la seguridad nacional, las prácticas de la banca mundial, la
globalización tecnológica o la red ecológica de la vida. Su perspectiva y la de
los teóricos de la red-de-la-vida son así "dos-cuadrantes y ningún
nivel" (e incurren así de lleno, como indicamos en el texto, en el
reduccionismo sutil). Hay algunos teóricos sistémicos que admiten, no obstante,
la exis¬tencia de niveles jerárquicos e incluso los abanderan, pero sólo siguen
re-conociendo las realidades de la Mano Derecha (en cuyo caso son "dos
cua¬drantes y omninivel" ), con lo cual siguen todavía firmemente
arraigados en el mundo chato y en el reduccionismo sutil. Por otra parte, al
tener en cuen¬ta cinco o seis corrientes dentro de los cuadrantes de la Mano
Derecha (como la finanzas, el mercado global, los factores medioambientales,
los avances tecnológicos y la seguridad militar) y tratarlos de un modo
holísti¬camente interrelacionado (lo que es cierto en la medida en que
funciona), están avanzando lentamente hacia una visión más integral.
Lo
mismo podríamos decir con respecto al campo de los estudios futuros, que se
halla dominado por los esquemas chatos de la Mano Derecha que tra¬tan de
predecir posibles futuros basados en varios escenarios. Pero el hecho de que
estos diversos escenarios adolezcan de los datos procedentes de los dominios
interiores -y de que la espiral completa del desarrollo interior opera, no
obstante, en el mundo real- evidencia que esos escenarios futuros están mal
concebidos porque carecen de un conjunto de datos más globales procedentes de
todos los cuadrantes. Ésta es una de las razones por las cua¬les esos futuros
escenarios se hallan tan equivocados cuando tratan de pre¬decir lo que harán
las poblaciones reales. Un modelo «omnicuadrante, om¬ninivel y omnilínea» nos
mostraría así una imagen mucho más aproximada del modo en que los agentes
reales se comportan en el mundo real.
14.
Véase la entrada correspondiente al día 15 de diciembre de Diario para una
discusión en torno a la necesidad de equilibrar el desarrollo interior y el
de¬sarrollo exterior.
15.
En la medida en que la humanidad evoluciona hacia una cultura integral, es
concebible que, en algún momento distante -tal vez dentro de muchos si¬glos-,
aparezca una Civilización Mundial que borre las fronteras existentes entre las
placas tectónicas horizontales analizadas por Huntington y dé ori¬gen a una
mezcla de culturas que alcance incluso al estrato genético. Pero esa
posibilidad, no obstante, no modificará los niveles básicos a través de los
cuales deberán seguir desarrollándose los individuos. Tal vez entonces las
culturas posean un centro de gravedad amarillo, turquesa o incluso su¬perior
(con las instituciones y modalidad de gobierno que les corresponda), pero cada
ser humano seguirá naciendo en beige y, desde ahí, deberá co¬menzar su proceso
de desarrollo a través de toda la espiral, y las poblacio¬nes todavía se
distribuirán a través de todo el espectro vertical de los me¬mes. El ser humano
es un individuo compuesto (un holón) que recapitula todos los subholones
pasados (es decir, los seres humanos todavía contie¬nen átomos, moléculas,
células, un tallo cerebral reptiliano, un sistema lím¬bico paleomamífero, etc.)
y esos subholones no desaparecen por más que emerjan holones más elevados. Y lo
mismo podríamos decir con respecto a los cuadrantes interiores, ya que aun
cuando nos hallemos en el nivel inte¬gral, no nos hemos despojado, en modo
alguno, del arcaico, el mágico, el mítico y el racional.
16.
Véanse El proyecto Atoran, Después del Edén, Los tres ojos del conoci¬miento,
Psicología integral, El ojo del Espíritu, Seco, ecología, espirituali¬dad y Una
visión integral de la psicología.
17.
¿Significa acaso esto que las tribus indígenas cuyo centro cultural de
gra¬vedad se hallaba asentado en la magia púrpura no tenían acceso a una
au¬téntica espiritualidad transpersonal? En modo alguno. No olvidemos que el
centro de gravedad de una cultura es simplemente un promedio y que cual¬quier
individuo concreto puede hallarse por encima o por debajo de él. Existe una
evidencia substancial, por ejemplo, de que, durante la época má¬gico-púrpura
(aproximadamente -50.000), hubo individuos altamente evo¬lucionados (los
chamanes) que llegaron a alcanzar, al menos, la ola psíqui¬ca de la conciencia,
ya sea en forma de adaptación permanente o, mucho más probablemente, de
experiencia cumbre o experiencia meseta. Y como explico en Una visión integral
de la psicología, ello no implica la posibili¬dad de saltar estadios.
18.
Véanse Huston Smith, La verdad olvidada y Las religiones del mundo; Wil¬ber,
Una visión integral de la psicología; Roger Walsh, Essential Spiritua¬litr;
Underhill, Mysticism; Trungpa, Shanrhhala: La senda sagrada del gue¬rrero, y
Murphy, The Future of Body.
Una
de las versiones más habituales de la Gran Cadena se presenta, en Oriente (y
también, con mucha frecuencia, en Occidente), en forma de los siete chakras que
representan los distintos niveles de ser y de conocimiento de que disponemos
los seres humanos. Según se dice, los chakras son cen¬tros de energía sutil del
organismo humano en los que se apoyan los distin¬tos tipos correlativos de ser
y de saber. Generalmente se habla de siete, que se hallan ubicados en la base
del cuerpo, la región genital, el abdomen, la región cordial, la garganta, la
frente y la coronilla. También se habla de la existencia de numerosos chakras
secundarios que se encuentran por encima y por debajo de aquéllos (que se
reflejan, por ejemplo, en los meridianos de la acupuntura).
Obviamente,
hay quienes desdeñarían los chakras como meras supersticio¬nes, pero vamos a
asumir una actitud cultural más generosa y supongamos que esa idea -presente,
por otra parte, en casi toda la civilización oriental¬es algo más que una
superstición que deba ser menospreciada por los occi¬dentales superiores y
permitámonos, en su lugar, tratar de atisbar la sabidu¬ría que pudiera
encerrar. Porque el hecho esencial es que los siete chakras son simplemente una
versión levemente más sofisticada del espectro que va desde la materia 1) hasta
el cuerpo 2), la mente 3-4), el alma 5-6) y el espí¬ritu 7).
Para
esta discusión usaré las siguientes correlaciones generales (si usted tie¬ne su
propia versión favorita de los chakras, no tiene motivo alguno para
abandonarla, porque este ejemplo sólo depende de la noción de siete
moda¬lidades estructurales de la conciencia y cada cual puede rellenar los
detalles como más le plazca). Los chakras son muy difíciles de definir, puesto
quecumplen con funciones muy diferentes dependiendo de su mayor o menor grado
de apertura. Hecha esa advertencia, definiré los chacras-niveles en un sentido
amplio del siguiente modo: 1) materia (y la visión arcaica del mun¬do, beige);
2) la fuerza de vida biológica, prana, la energía emocional-se¬xual, la libido,
el élan vital, el nivel mágico (púrpura); 3) la mente inferior. que incluye el
poder y la conformidad, mítico (rojo/azul); 4) la mente inter¬media, que
incluye la razón y las emociones más profundas. como el amor (naranja y verde);
5) la mente superior que incluye el pensamiento de se¬gundo grado y la apertura
psíquica (de amarillo a coral), la visión creativa, los primeros estadios de la
conciencia espiritual y trascendental, el misti¬cismo natural; 6) la conciencia
sutil, la gnosis, los arquetipos genuinos, el misticismo teísta; 7) el espíritu
radiante manifiesto y sin manifestar, el Abismo, el Fundamento vacío, el
misticismo sin forma. En la figura 6.3 pueden verse todas estas correlaciones.
Quienes estén interesados en el modo de utilizar la idea de niveles de ser y de
conocimiento -desde la Spi¬ral Dynamics hasta la Gran Cadena y los siete
chakras- en un análisis inter¬nivel pueden consultar la nota 19.
19.
Para discutir la noción de análisis inter-nivel y evitar así incurrir en
cual¬quier sesgo eurocéntrico, usaré el sistema de los chakras (véase nota 18).
aunque
debo decir que este análisis es aplicable a todos los esquemas del desarrollo,
desde la Spiral Dynamics hasta los modelos de Jane Loevinger, Robert Kegan,
Jenny Wade y Carol Gilligan. Y puesto que las olas básicas son casi
universales, resultan tan aplicables a los occidentales como a los orientales.
Como
ya hemos señalado, los siete chakras reflejan diferentes niveles de rea¬lidad
y, por este motivo, pueden ser utilizados para clasificar las visiones del
mundo en función del chakra en que se asientan, como han hecho numerosos
teóricos. Señalemos, por dar tan sólo unos pocos ejemplos, que las visiones
materialistas del mundo (como las de Hobbes y Marx) proceden del chakra 1; las
visiones pránicas y vitales del mundo (como las de Freud y Bergson) del chakra
2; las visiones impulsivas del mundo (como la de Nietzsche) del cha¬cra 3; las
visiones racionales del mundo (como la de Descartes) del chacra 4; el
misticismo natural (característico de H.D. Thoreau, por ejemplo) del cha¬cra 5;
el misticismo teísta (como el de santa Teresa de Ávila) del chalcra 6, y el
misticismo sin forma (como el de Meister Eckhart) del chacra 7. Pero por más
útiles que puedan ser todas estas clasificaciones de niveles de conciencia,
existen ciertos problemas que sólo pueden superarse con lo que podríamos
denominar un análisis inter-nivel. Porque lo cierto es que debe¬mos distinguir
el nivel en que se origina una determinada visión del mundo y el nivel hacia el
que apunta. Marx, por ejemplo, suele considerarse como un ejemplo de una visión
materialista (chakra 1), pero el mismo Marx ni se asienta ni proviene de ese
chakra. Lo único que existe en el chakra 1 son las piedras, el polvo, la
materia inerte, la dimensión física (y el nivel inferior de conciencia propio
de ese reino, es decir, el arcaico, beige). Marx era un pen¬sador muy racional
que operaba desde el chakra 4. pero siguiendo a Feuer¬bach creyó que las
realidades fundamentales del mundo son esencialmente materiales, de modo que
operaba desde el chacra 4 pero centró casi exclu¬sivamente su atención en el
chakra 1. Algo parecido podríamos decir con respecto a Freud. ya que su modelo
de la psicología de la libido temprana procede del chakra 4, pero apunta al
chakra 2. En el otro extremo, por así decirlo, los Deist operan también desde
el chacra 4 pero apuntan al chakra 6 (representando, en este sentido, un
intento racional de comprender el Es¬píritu). etc.
Así
es como podemos rastrear tanto el nivel de conciencia desde el que está
operando el sujeto como el nivel de realidad (u objetos) que considera real. De
este modo, nuestra capacidad de clasificar las visiones del mundo se ve
considerablemente enriquecida y podremos llevar a cabo una especie de
"doble-rastreo" que tenga en cuenta tanto el nivel del sujeto como
los nive¬les de realidad que reconoce. algo que en ocasiones se conoce con los
nom¬bres de "niveles de identidad" y "niveles de realidad"
o, dicho de otro modo, el nivel del sujeto y el nivel del objeto, algo que
puede verse con suma claridad en los mapas en los que Huston Smith resume las
grandes tradiciones de sabiduría del mundo entero (figuras 4.1 y 4.2). Demos
ahora un paso más y digamos que este análisis inter-nivel y este pro¬ceso de
"doble-rastreo' fue introducido ya en Un Dios sociable y Los tres ojos del
conocimiento y se vio posteriormente perfeccionado en Una risión integral de la
psicología. Yo también denomino a los "niveles de realidad" o
"planos de realidad" con el nombre de "reinos de la
realidad" (y así hablo del reino ordinario, del reino sutil, del reino
causal) o "esferas de realidad" (como la biosfera, la noosfera y la
teosfera, por ejemplo). En cuanto a `los niveles de identidad", también
los llamo "niveles de conciencia" o "niveles de
subjeti¬vidad", pero habitualmente me refiero a ambos como niveles
básicos, estruc¬turas básicas u olas básicas, puesto que todos ellos son
correlativos (es decir. que existen tantos niveles de identidad como niveles de
realidad). El punto es que, especialmente en el rango intermedio (chakras 3, 4
y 5). el sujeto o yo de esos chakras puede tomar como objeto a cualquiera de
los otros chakras (cualquiera de los otros niveles de realidad) -puede pensar
so¬bre ellos, elaborar teorías. crear obras de arte al respecto, etc.- y
debemos tenerlos en cuenta a todos. Aun cuando digamos que sólo los chakras
inter¬medios participan en este análisis inter-nivel (cosa que no hacen los
chakras inferiores, como las piedras, por ejemplo, y los chakras más elevados
tien¬den a ser transmentales, aunque ciertamente pueden elaborar teorías
menta¬les pero los omitiremos en aras de la simplicidad). los chakras 3. 4 y 5
pue¬den prestar atención a cada uno de los siete chakras, brindándonos así una
visión diferente del mundo en cada caso, con lo cual dispondremos de unas
veinticinco grandes risiones del mundo desde los siete niveles estructurales de
conciencia en el cuerpomente humano. (Siete desde cada uno de esos tres y uno
de cada uno de los otros cuatro.) ¡El hecho es que, en cualquier caso, esos
siete niveles pueden servir de soporte a varias decenas de visio-nes del mundo!
Y,
obviamente, éste no es más que el punto de partida. Si la concepción ho¬lónica
tiene en cuenta "todos los niveles, todos los cuadrantes, todas las
lí¬neas, todos los tipos, todos los estados y todos los reinos",
simplemente ha¬bremos discutido brevemente de niveles de identidad (o sujeto) y
de niveles de realidad (u objetos). En cuanto al número de esos niveles. yo uso
gene¬ralmente desde siete (como los chakras) a doce (como muestran las figuras
3.2 y 6.1). Y debo decir que el número exacto no es tan importante como el
hecho de reconocer la existencia de una auténtica holoarquía de ser y de
co¬nocimiento.
Pero
todavía debemos incluir los cuadrantes de cada uno de esos niveles. las
diferentes líneas o corrientes que se mueven a través de esos niveles, los
distintos tipos de orientaciones disponibles desde cada uno de ellos y los
muchos estados alterados que permiten acceder de manera provisional a los
diferentes reinos. Es más, los individuos, los grupos, las organizaciones, las
naciones y las civilizaciones experimentan un proceso de desarrollo a tra¬vés
de cada una de esas variables. Todos los factores anteriores contribuyen a los
diferentes tipos de visiones del mundo y, en consecuencia, todos de-ben ser
tenidos en cuenta para brindar una valoración global e integral de las visiones
del mundo disponibles. Por último, como también trato de de¬mostrar en el
texto, el resultado es un sistema del clasificación holística que simplifica
muchísimo las cosas. (Véase nota 20.)
20.
Es evidente que, para que esos estados temporales acaben convirtiéndose en
actualizaciones permanentes, la persona deberá crecer y desarrollarse a tra¬vés
de la espiral y adentrarse en estos reinos superiores en tanto que
actua¬lización permanente y no sólo como un estado no ordinario provisional o,
dicho de otro modo, que los estados temporales deben terminar transfor¬mándose
en rasgos permanentes. Véase Una visión integral de la psicolo¬gía para una
discusión más amplia acerca de estos temas.
Ya
hemos visto que existen algunos esquemas que tratan de introducir la
profundidad vertical usando algo parecido al sistema de los chakras. En este
sentido, se dice que Marx es un ejemplo de materialismo (chakra 1), que Freud
representa el pansexualismo (chakra 2). que Adler ilustra la psicolo¬gía del
poder (chakra 3), que Carl Rogers abraza la psicología humanista (chakra 4).
etc. Pero también hemos visto que la mayor parte de esos es¬quemas, no tienen
en cuenta los fenómenos inter-niveles de modo que la "profundidad"
que ofrecen se ve seriamente limitada. Marx, Freud y Adler son pensadores
racionales que parten del ehakra 4 y prestan atención a los chakras inferiores.
Pero los mismos chakras inferiores poseen visiones del mundo que van desde lo
arcaico (beige, chakra 1) hasta la magia (púrpura, ehakra 2) y el mito
(rojo/azul, ehakra 3). En este punto es cuando emergen las visiones del mundo
egoico-racionales (naranja/verde, chakra 4) que también pueden tomar como
objeto cualquiera de los otros chakras. Así que cuando el chakra 4 cree en la
realidad exclusiva del chakra 1. nos hallamos ante las filosofías
racional-materialistas, donde destacan las figuras de Hobbes y Marx. Cuando el
ehakra 4 cree que la dimensión fundamental es la emocional-sexual, nos hallamos
frente a un Freud; cuando centra su aten¬ción en el chakra 3, nos hallamos ante
un Adler, etc. Cuando el chakra 4 va irás allá de su estadio y piensa en los
dominios su¬periores y transracionales -pero sin experimentar realmente una
transfor¬mación a esos niveles-, nos hallamos ante las distintas filosofías
mentales sobre la espiritualidad y estamos en presencia del teísmo racional (4
orien¬tado hacia 6), las teorías sistémicas racionales que toman a Gaia como el
Espíritu (4 orientado hacia 5), una concepción filosófica del Abismo o del
Fundamento del Ser (4 orientado hacia 7) etc. Y todo ello procede del cha¬kra
4, porque el sujeto se halla en ese chakra cuando piensa en los chakras más
elevados. Si el sujeto (o nivel de identidad) experimenta una transfor¬mación
real a esos niveles más elevados de realidad, nos hallaremos ante las visiones
del mundo que pueden contemplarse desde esos chakras más ele¬vados. En el
chakra 5. uno ya no piensa en la red-de-la-vida, sino que expe¬rimenta
directamente la conciencia cósmica al fundirse con todo el reino de la
naturaleza. En el chakra 6, uno ya no piensa en los arquetipos platónicos ni
reza meramente a una forma de la Deidad, sino que desaparece y se fun¬de en la
Presencia Divina. En el chakra 7, uno se sumerge en el infinito no manifestado,
en el Abismo, el Vacío, el Urgrund, Ayn, el nirvikalpa sha¬madhi, etc. (Véase
nota 19.)
La
mayor parte de las creencias religiosas pertenecen a la variedad púrpura, roja
o azul (segundo y tercer chakra) que constituyen cerca del 70% de la población
mundial (motivo por el cual el mundo está "lleno de creyentes
re¬ligiosos"). Pero una cosa es la creencia religiosa estrecha y otra muy
distin¬ta la experiencia espiritual profunda. Por ello las visiones del mundo
de los niveles más elevados sólo pueden contemplarse desde esos niveles más
ele¬vados. Así que conviene distinguir claramente entre, pongamos por caso, el
chakra 3 y tener una experiencia provisional de un dominio más elevado o pensar
simplemente en los reinos superiores, versus estar directamente en esas olas
más elevadas, ya que las visiones del mundo resultantes son abso¬lutamente distintas
en cada uno de los casos.

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