© Libro N° 5602.
Memorias De Un Suicida. Pereira, Yvonne A. Emancipación. Enero 26 de 2019.
Título original: © Memorias De Un
Suicida. Yvonne A. Pereira
Versión Original: © Memorias De Un Suicida. Yvonne A. Pereira
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© Edición, reedición y Colección
Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A
CRÍTICA TODA LA CULTURA
MEMORIAS DE UN SUICIDA
Yvonne A.
Pereira
16ª Edicion
INDICE:
Introducción
Prefacio de la segunda edición
PRIMERA PARTE
Los Réprobos
I – El Valle de los Suicidas
II - Los
réprobos
III.-. En el
Hospital “María de Nazaret”
IV - Jerónimo de Araújo Silveira y familia
V – El reconocimiento
VI – La comunión
con lo Alto
VII - Nuestros amigos - los discípulos de Allan Kardec
SEGUNDA PARTE
Los Departamentos
I – La Torre del
Vigía
II - Los archivos del alma
III - El Manicomio
IV - Otra vez Jerónimo y familia
V - Preludios de la reencarnación
VI - "Cada uno según sus obras"
VII - Los primeros ensayos
VIII - Nuevos rumbos
TERCERA PARTE
La Ciudad Universitaria
I – La Mansión
de la Esperanza
II - "Venid a mí"
III - "Hombre, conócete a ti mismo"
IV - El "hombre viejo"
V - La causa de
mi ceguera en el siglo XIX
VI - El elemento femenino
VII – Ultimos trazos
INTRODUCCIÓN
Debo estas páginas a la caridad de un eminente habitante del mundo
espiritual, al cual me siento ligada por un sentimiento de gratitud que
presiento se extenderá mas allá de la vida presente. Si no fuera por la amorosa
solicitud de ese iluminado representante de la Doctrina de los Espíritus – que
prometió, en las páginas fulgurantes de los volúmenes que dejó en la Tierra
sobre filosofía espirita, acudir al llamado de todo corazón sincero que
recurriese a su auxilio con la intención de progresar, una vez que él haya
pasado al plano invisible siempre que la condescendencia de los Cielos le
permitiesen - y se perderían apuntes que, desde el año 1926, o sea, desde los
días de mi juventud y los albores de mi mediunidad, que juntos florecieron en
mi vida, penosamente yo venia obteniendo de Espíritus de suicidas que
voluntariamente acudían a las reuniones del antiguo "Centro Espirita de
Lavras", en la ciudad del mismo nombre, en el extremo sur del Estado de
Minas Gerais, y de cuyo Directorio formé parte durante algún tiempo. Me refiero
Léon Denis, el gran apóstol del Espiritismo, tan admirado por los adeptos de la
magna filosofía, y a quien tengo los mejores motivos para atribuirle las
intuiciones venidas para la compilación y redacción de la presente obra.
Durante cerca de veinte años tuve la felicidad de sentir la atención de tan
noble entidad del mundo espiritual piadosamente vuelta hacia mí, inspirándome
un día, aconsejándome otro, enjugándome las lágrimas en los momentos decisivos
en que renuncias dolorosas se imponían como rescates indispensables para la
elevación de mi conciencia, abismada todavía en el oprobio de las consecuencias
de un suicidio en la existencia pasada.
Y durante veinte años conviví, por así decir, con ese hermano venerable
cuyas lecciones llenaron mi alma de consuelo y esperanza, cuyos consejos trate
siempre de poner en práctica, y que hoy como nunca, cuando la existencia ya
declina hacia su ocaso, me habla mas tiernamente todavía en el secreto del
recinto humilde donde estas líneas son escritas!
Entre los
numerosos Espíritus de suicidas con quienes mantuve intercambio a través de las
facultades mediúnicas que dispongo, uno se destacó por la asiduidad y simpatía
con que siempre me honró, y, principalmente, por el nombre glorioso que dejó en
la literatura de la lengua portuguesa, pues se trataba de un novelista fecundo
y talentoso, señor de una cultura tan vasta que hasta hoy me pregunto la razón
por la que me distinguiera con tanto afecto si yo, tan oscura, trayendo un
bagaje intelectual reducidísimo, solamente poseía para ofrecer a su peregrino
saber, como instrumento, mi corazón respetuoso y la firmeza en la aceptación de
la Doctrina, ya que, por aquel tiempo, ni siquiera cultura doctrinaria
eficiente yo tenia!
Le llamaremos en
estas páginas - Camilo Càndido Botelho, aun contrariando, sus propios deseos de
ser mencionado con su verdadera identidad. Ese noble espíritu, a quien
poderosas corrientes afectivas espirituales me ligaban, frecuentemente se hacia
visible, satisfecho de sentirse bien querido y aceptado. Hasta el año 1.926,
sin embargo, sólo muy superficialmente oyera hablar su nombre. No conocía
siquiera su bagaje literario, copioso y erudito.
No obstante,
vino él a descubrirme en una mesa de sesión experimental, realizada en la
hacienda del Coronel Cristiano José de Souza, antiguo presidente del
"Centro Espirita de Lavras", dándome entonces su primer mensaje. De
ahí en adelante, ya en sesiones normalmente organizadas, ya en reuniones
intimas, llevadas a cabo en domicilios particulares, o en el silencio de mi
aposento, a altas horas de la noche, me daba apuntes, noticias periódicas,
escritas o verbales, ensayos literarios, verdaderos reportajes relativos a
casos de suicidio y sus tristes consecuencias mas allá de la tumba, en la época
verdaderamente convulsionantes para mí. Sin embargo, mucho mas frecuentemente,
me arrebataban, él y otros amigos y protectores espirituales, de la cárcel
corpórea, a fin de, de esa manera cómoda y eficiente, ampliar dictados y
experiencias. Entonces, mi Espíritu se elevaba a convivir en el mundo invisible
y los mensajes ya no eran escritos, y sí narrados, mostrados, exhibidos a mi facultad mediunica para que, al despertar,
yo encontrase mayor facilidad para comprender aquello que, por merced
inestimable del Cielo, me pudiese auxiliar a describirlas, pues yo no era
escritora para hacerlo por mi misma! Estas páginas, por tanto, rigurosamente,
no fueron psicografiadas, pues yo veía y oía nítidamente las escenas aquí
descritas, veía a los personajes, los lugares, con claridad y certeza
absolutas, como si los visitase y en todo estuviese presente y no como si
apenas obtuviese noticias a través de una simple narración. Si describían un
personaje o algún paisaje, la configuración de lo expuesto se definía
inmediatamente, a medida que la palabra fulgurante de Camilo, o la onda
vibratoria de su pensamiento, las creaban. Fue así de esa forma esencialmente
poética, maravillosa, que obtuve la larga serie de ensayos literarios proveídos
por los habitantes de lo invisible y hasta hoy mantenidos en el secreto de las
gavetas, y no psicográficamente. De la psicografia los Espíritus que me
asistían apenas usaban para los servicios de recetas y pequeños mensajes
instructivos referentes al ambiente en que trabajábamos. !Y puedo realmente
decir que fue gracias a esa extraña convivencia con los Espíritus, que tuve las
únicas horas de felicidad y alegría que disfruté en este mundo, como la resistencia
para los testimonios que fui llamada a presentar ante la Gran Ley!
Sin embargo, los
referidos mensajes y los apuntes hechos al despertar, eran bastante vagos, no
presentando ni el aspecto romántico ni las conclusiones doctrinarias que,
después, para ellos creó su compilador, por desear aplicarles un medio suave de
exponer verdades amargas, mas necesarias al momento que vivimos. Se preguntará
por que el mismo Camilo no lo hizo pues tenia, por cierto, capacidad para eso!
Responderé, que
hasta el momento en que estas líneas van siendo trazadas, lo ignoro tanto como
cualquier otra persona! Jamas perquirí, a los Espíritus la razón de tal
acontecimiento. Por otro lado, durante cerca de cuatro años me vi en la
imposibilidad de mantener un intercambio normal con los Espíritus, por motivos
independientes de mi voluntad. Y cuando las barreras existentes fueron
removidas de mi camino, el autor de los mensajes sólo acudió a mis reiterados
llamados a fin de participarme su próxima vuelta a la existencia planetaria. Me
vi entonces en una situación difícil para escribir el trabajo, dándole un
aspecto doctrinario y educativo a las revelaciones concedidas a mi Espíritu
durante el sueño magnético, las que yo sabia deseaban las nobles entidades
asistentes fuesen transmitidas a la colectividad, pues yo no era una escritora,
y no me tenia capacidad para, por mi misma, tentar la experiencia. Los relegué,
por tanto, al olvido de la gaveta de un escritorio y oré, suplicando ayuda e
inspiración. Oré, sin embargo, durante ocho años, diariamente, sintiendo en el
corazón el ardor de una llama viva de intuición cuchicheándome que aguardase el
futuro, no destruyendo los antiguos manuscritos. Hasta que, hace cerca de un
año, recibí instrucciones a fin de proseguir, pues me seria concedida la
necesaria asistencia!
Prosiguiendo, no
obstante, diré que tengo las más fuertes razones para afirmar que la palabra de
los Espíritus es escena viva y creadora, real, perfecta! siendo también una
vibración del pensamiento capaz de mantener, por la acción de la voluntad, lo
que desee! Durante cerca de treinta años he penetrado de algún modo en los
mistérios del mundo invisible, y no fue otra cosa lo que allá percibí. Es de
notar, todavía, que, al despertar, el recuerdo solo me acompañaba cuando los
asistentes me autorizaban a recordar! La mayoría de las veces en que me fueron
facultados esos vuelos, apenas permaneció la impresión de lo acontecido, la
intima certeza de que conviviera por instantes con los Espíritus, mas no el
recuerdo.
Los más insignificantes detalles podrán ser notados cuando un Espíritu
iluminado o apenas noble "habla', como, por ejemplo - una camada de polvo
sobre un mueble; una agitación de la brisa agitando un cortinado; un velo, un
lazo de cinta gracioso, aun con el brillo de la seda, en un vestido femenino;
el titilar de las llamas en el hogar y hasta el perfume, pues todo eso tuve la
ocasión de observar en la palabra mágica de Camilo, de Víctor Hugo, de Charles
y hasta del apóstol del Espiritismo en el Brasil - Bezerra de Menezes, a quien
desde la cuna fui habituada a venerar, por mis padres. Cierta vez en que Camilo
describía una tarde de invierno riguroso en Portugal, juntamente con el
interior entibiado por el hogar encendido, me sentí invadir de una tal sensación
de frío que tirité, buscando las llamas para calentarme, mientras, satisfecho
con la experiencia, el se ponía a reír... Además, el fenómeno no era por cierto
nuevo. No fue de otra forma que Juan el Evangelista obtuvo los dictados para el
Apocalipsis y que los profetas de Judea recibían las revelaciones con que
instruían al pueblo.
En el
Apocalipsis, versículos l0 y 11 y siguientes, del primer capítulo, el eminente
siervo del Señor evidencia el fenómeno al que aludimos, en pocas palabras:
"Yo fui arrebatado en Espíritu, un día domingo, y oí detrás de mí una gran
voz como de trompeta, que decía: - Lo que ves, escríbelo en un libro y envíalo
a las siete iglesias..." - etc., etc.; y todo el importante volumen le
fue narrado al apóstol así, a través de escenas reales, palpitantes,
vivas, en visiones detalladas y precisas! El espiritismo ha tratado
ampliamente de todos esos interesantes casos para que no se torne causa de
admiración lo que venimos exponiendo; y en el primer capítulo de la magistral
obra de Allan Kardec - "La Génesis" - existe este tópico, por cierto
muy conocido por los estudiantes de la Doctrina de los Espíritus: “Las
instrucciones (de los Espíritus) pueden ser transmitidas por diversos medios:
por la simple inspiración, por la audición de la palabra, por la visión de los
Espíritus instructores, en las visiones y apariciones, ya sea en sueños ya sea
en estado de vigilia, de lo que hay muchos ejemplos en el Evangelio, en la
Biblia y en los libros sagrados de todos los pueblos."
Lejos de mí la
veleidad de ponerme en un plano equivalente al de aquel misionero citado mas
arriba, o sea, Juan el Evangelista. Por las dificultades con que luché a fin de
componer este volumen, quedaron patentes a mi raciocinio los bagajes de
inferioridad que me deprimen el Espíritu. El discípulo amado, sin embargo, que,
aun siendo un misionero escogido, era también un modesto pescador, tuvo sin
duda su asistente espiritual para poder describir las bellas páginas aureoladas
de ciencia y otras enseñanzas, de valor incontestable, los cuales romperían los
siglos g1orificando la Verdad. Es bien probable que el mismo Maestro fuese
aquel asistente...
No puedo juzgar
respecto a los méritos de esta obra. Me prohibí, durante mucho tiempo, llevarla
a conocimiento ajeno, reconociéndome incapaz de analizarla. No me siento
siquiera a la altura de rechazarla, como tampoco oso aceptarla. Vosotros lo
haréis por mí. De una cosa, sin embargo, estoy bien segura: - es de que estas
páginas fueron elaboradas, del principio al fin, con el máximo respeto a la
Doctrina de los Espíritus y bajo la invocación sincera del nombre Sacrosanto
del Altísimo.
Río de Janeiro,
18 de mayo de 1.954.
Yvonne A. Pereira
PREFACIO DE LA SEGUNDA EDICIÓN
Una revisión criteriosa se imponía a esta obra que hace algunos años me fuera confiada para examen y compilación,
en virtud de las tareas subordinadas espiritualmente a mí, como de la
ascendencia adquirida sobre el instrumento mediúnico a mi disposición.
Lo hice, sin
embargo, algo extemporáneamente, ya que no me no fuera posible hacerlo en la
fecha oportuna, por motivos debidos mas a los prejuicios de las sociedades
terrenas contra las que el mismo instrumento se debatía, de que a mi voluntad
de operario atento en el cumplimiento del deber. Y la revisión se imponía,
tanto mas cuanto, al transmitir la obra, me fuera necesario agrandar de tal
suerte las vibraciones aun rudas del cerebro mediúnico, operando en él
posibilidades psíquicas para la captación de las visiones más indispensable
para tal efecto, que, activadas al grado máximo que aquel podría soportar, tan
excitadas se tornaron que serian cual cataratas rebeldes no siempre obedeciendo
con facilidad a la presión que les hacia, procurando evitar excesos de
vocabulario, acumulación de figuras representativas, las que solo ahora fueron
suprimidas. Nada se alteró, sin embargo, en el aspecto doctrinario de la obra,
como en su particular carácter revelador. La entrego al lector, por segunda
vez, tal como fue recibida de los Mayores que me incumbieron de la espinosa
tarea de presentarla a los hombres. Y si, buscando aclarar al público, por
facilitarle el entendimiento de los anales espirituales, no siempre conservé el
modo literario de los originales que tenia ante mis ojos; sin embargo, no les
alteré ni los informes preciosos ni las conclusiones, que respeté como labor
sagrada de origen ajeno.
¡Medita sobre
estas páginas, lector, aunque duro se torne para tu orgullo personal el
aceptarlas! ¡Y si las lágrimas alguna vez rocían tus mejillas, al paso de un
lance más dramático, no resistas contra el impulso generoso de exaltar tu
corazón en oración piadosa, por aquellos que se retuercen en las trágicas
convulsiones de la inconsecuencia de infracciones contra la Ley de Dios!
Leon Denis
Belo Horizonte, 04 de abril de 1.957.
PRIMERA PARTE
LOS RÉPROBOS
CAPITULO I
El Valle de los Suicidas
Precisamente en el mes de enero del año de gracia de 1.891, fuera yo
sorprendido con mi prisión en la región del Mundo Invisible cuyo desolador panorama
estaba compuesto por valles profundos, en los que las sombras presidían:
gargantas sinuosas y cavernas siniestras, en el interior de las cuales
aullaban, cual bando de demonios enfurecidos, Espíritus que fueran hombres,
enloquecidos por la intensidad y el espanto, verdaderamente inconcebibles, de
los sufrimientos que los martirizaban.
En ese paraje
aflictivo la vista torturada del forzado no distinguiría siquiera la dulce
imagen de un bosquecillo que testificase sus horas de desesperación; tampoco
paisajes confortadores, que pudiesen distraerlo de la contemplación cansadora
de esas gargantas donde no penetraba otra forma de vida que no fuere la
traducida por el supremo horror!
¡El suelo,
cubierto de materias ennegrecidas y fétidas, recordando el hollín, era inmundo,
pastoso, resbaladizo, repugnante! El aire pesadísimo, asfixiante, helado,
oscurecido por volcanes amenazadores como si eternas tempestades rugiesen en
torno; y, al respirarlo, los Espíritus allí encarcelados se sofocaban como si
materias pulverizadas, nocivas mas que la ceniza y la cal, les invadiesen las
vías respiratorias, martirizándolos con un suplicio inconcebible al cerebro
humano habituado a las gloriosas claridades del Sol - dádiva celeste que
diariamente bendice la Tierra – y las corrientes vivificadoras de los vientos
sanos que tonifican la organización física de sus habitantes.
No había
entonces allí, como no habrá jamas, ni paz, ni consuelo, ni esperanza: todo en
su ámbito marcado por la desgracia era miseria, asombro, desesperación y
horror. Se diría la caverna tétrica de lo Incomprensible, indescriptible
realmente, rigurosamente, hasta para un Espíritu que sufriese la penalidad de
habitarla.
El valle de los
leprosos, lugar repulsivo de la antigua Jerusalén de tantas emocionantes
tradiciones, y que en el orbe terráqueo evoca el último grado de la abyección y
del sufrimiento humano, seria un consolador lugar de reposo comparado al lugar
que intento describir. ¡Por lo menos, allí existiría solidaridad entre los
leprosos!. ¡Los de sexo diferente llegaban hasta a amarse!. ¡Se adoptaban
buenas amistades, hermanándose en el seno del dolor para suavizarlo! ¡Creaban
su sociedad, se divertían, se hacían favores, dormían y soñaban que eran
felices!
¡Mas en el
presidio del que os deseo dar a conocer nada de eso era posible, porque las
lágrimas que allí se lloraban eran por demás ardientes para permitirse otras atenciones que no
fuesen las derivadas da su misma intensidad!
¡En el valle de
los leprosos existía la magnitud compensatoria del Sol para retemplar los
corazones! ¡Existía el aire fresco de las madrugadas con su rocío regenerador!
¡Podría el reo allí detenido contemplar una faja del cielo azul!... ¡Seguir,
con la mirada enternecida, bandos de golondrinas o de palomas que pasaban
revoloteando!... ¡El soñaría, ¿quien sabe? lleno de amargura, al poético
clarear del plenilunio, enamorándose del suave centelleo de las estrellas que,
allá en lo Inalcanzable, saludaban a su desdicha, dándole consuelo en el
aislamiento al que lo forzaban las férreas leyes de la época!... ¡Y, después,
la Primavera fecunda volvía, rejuvenecía las plantas para embalsamar con sus
perfumes acariciantes las corrientes de aire que la brisa diariamente
tonificaba con otros tantos bálsamos generosos que traían en su seno
amoroso!... ¡Y todo eso era como dádiva celestial para reconciliarlo con Dios,
dándole tregua en la desgracia!
Más en la
caverna donde padecí el martirio que me sorprendió mas allá de la tumba, nada
de eso había!. Aquí, era el dolor que nada consuela, la desgracia que ningún
favor ameniza, la tragedia que ninguna idea tranquilizadora viene a rociar de
esperanza! ¡No hay cielo, no hay luz, no hay sol, no hay perfumes, no hay
tregua! ¡Lo que hay es el llanto convulsivo e inconsolable de los condenados
que nunca se armonizan! ¡El terrorífico "chirriar de dientes" de la
advertencia prudente y sabia del sabio Maestro de Nazaret. La blasfemia
premeditada del réprobo al acusarse a cada nuevo ataque de la mente flagelada
por los recuerdos penosos! ¡La locura inalterable de consciencias contundidas
por el latigazo infame de los remordimientos! ¡Lo que sí hay es la rabia envenenada
de aquel que ya no puede llorar, porque quedó exhausto bajo el exceso de las
lágrimas! ¡Lo que hay es la decepción, la sorpresa aterradora de aquel que se
siente vivo a despecho de haberse arrojado en la muerte! ¡Es la rebelión, la
maldición, el insulto, el ulular de corazones que la repercusión monstruosa de
la expiación transformó en fieras! ¡Lo que hay es la consciencia conflagrada,
el alma ofendida por la imprudencia de las acciones cometidas, la mente
revolucionada, las facultades espirituales envueltas en las tinieblas oriundas
de si misma! ¡Lo que hay es el "chirriar de dientes en las tinieblas
exteriores de un presidio creado por el crimen, dedicado al martirio y
consagrado a la corrección! ¡es el infierno, en la mas hedionda y dramática
exposición, porque, además, existen escenas repulsivas de animalidad, prácticas
abyectas de los mas sórdidos instintos, las cuales yo dudaría de revelar a mis
hermanos, los hombres !
¡Quien allí
queda temporalmente, como yo quedé, son grandes personajes del crimen! ¡Es la
escoria del mundo espiritual - falanges de suicidas que fluyen periódicamente a
sus canales llevados por el torbellino de las desgracias en que se enredaran,
al despojarse de las fuerzas vitales que se encuentran, generalmente intactas,
revistiendo sus envoltorios físico-espirituales, por las secuencias sacrílegas
del suicidio, y provenientes, preferentemente, de Portugal, de España, del
Brasil y colonias portuguesas del África, infelices carentes del auxilio
fortificante de la oración; aquellos,
imprudentes e inconsecuentes, que, hartos de la vida que no quisieron
comprender, se aventuraron a lo Desconocido, en busca del Olvido, en los
despeñaderos de la Muerte!
El Mas Allá de
la tumba está lejos de ser la abstracción que en la Tierra se supone, o las
regiones paradisíacas fáciles de conquistar con algunas pocas fórmulas
inexpresivas. El es, antes que nada, simplemente la Vida Real, es lo que
encontramos al entrar en sus regiones ¡es Vida!. Vida intensa desarrollándose
en modalidades infinitas de expresión, sabiamente dividida en continentes y
falanges como la Tierra lo está en naciones y razas; teniendo organizaciones
sociales y educativas modelo, que servirán de padrón para el progreso de la
Humanidad. Es en lo Invisible, mas que en mundos planetarios, que las criaturas
humanas cogen inspiraciones para los progresos que lentamente aplican en el
orbe.
No se como serán los trabajos correccionales para suicidas en los demás
núcleos o colonias espirituales destinadas a los mismos fines y que se
desarrollarán bajo cielos portugueses, españoles y otros. Apenas sé que formé
parte de la siniestra falange detenida; por causas naturales y lógicas, en ese
paraje horrendo cuyo recuerdo aun hoy me repugna la sensibilidad. Es bien
posible que haya quien se ponga a discutir mordazmente la veracidad de lo que
se expone en estas páginas. Dirán que la fantasía mórbida de un inconsciente
exhausto de asimilar a Dante habrá producido por cuenta propia la exposición
aquí ventilada, olvidando que, al contrario, el vate florentino es el que
conocería lo que el presente siglo siente dificultad en aceptar...
¡No os invitaré
a creer. La creencia no es asunto que se imponga, simplemente, y sí al
razonamiento, al examen, a la investigación. Si saben razonar y pueden
investigar - que lo hagan, y llegaran a conclusiones lógicas que los pondrán en
la pista de verdades asaz interesantes para toda la especie humana! A lo que os
invito, lo que ardientemente deseo y para lo que tengo todo el interés en
combatir, es de que renuncien a conocer esa realidad a través de los canales
tenebrosos a que me expuse, al suicidarme, por no entender la advertencia de
que la muerte no es mas que la verdadera forma de existir!.
¡De otro modo, ¿qué pretendería el lector que exista en las camadas
invisibles que contornan los mundos o planetas, sino la matriz de todo cuanto
en ellos se refleja?!...
¡En ningún lugar se encontraría la abstracción, o la nada, puesto que
semejantes vocablos son inexpresivos en el Universo creado y regido por una
Inteligencia Omnipotente!. Negar lo que se desconoce, por no estar a la altura
de comprender lo que se niega, es una insania incompatible con los días
actuales. El siglo convida al hombre a la investigación y al libre examen,
porque la Ciencia en sus múltiples manifestaciones viene probando la
inexactitud de lo imposible dentro de su cada vez más dilatado radio de acción.
Y las pruebas de la realidad de los continentes extra terrenales se encuentran
en los arcanos de las ciencias psíquicas transcendentales, a las que el hombre
ha dado muy relativa importancia hasta hoy.
¿Que conoce el hombre, además, de su proprio planeta donde ha renacido
desde hace milenios, para criteriosamente rechazar lo que el futuro ha de
popularizar bajo los auspicios del Psiquismo?... ¿Su país, su capital, su
aldea, su choza o, cuando está mas excedido de ambiciones, algunas naciones
vecinas cuyas costumbres se nivelen a las que le son usuales?...
¡Por todas
partes, a su alrededor, existen mundos reales, llenos de vida abundante e
intensa: y si él lo ignora será porque se complace en la ceguera, perdiendo el
tiempo en futilidades y pasiones que son de su cuño. No investigó jamas las
profundidades oceánicas – y no podrá realmente hacerlo, por ahora. No obstante,
de existir debajo de las aguas verdes y agitadas no solo un mundo perfectamente
organizado, y si un universo que asombraría por su grandiosidad e ideal
perfección!. ¡En el mismo aire que respira, en el suelo donde pisa encontraría
el hombre otros núcleos organizados de vida, obedeciendo al impulso inteligente
y sabio de leyes magnánimas fundamentadas en el Pensamiento Divino, que las
acciona para el progreso, en la conquista de lo más perfecto! ¡Bastaría que se
muniese de aparatos precisos, para averiguar la veracidad de esas
colectividades desconocidas que, por ser invisible unas, y otras apenas
sospechadas, no por eso dejan de ser concretas, armoniosas, verdaderas!.
¡Siendo así, prepárese también, desarrollando los dones psíquicos que heredó de
su divino origen... Impulse pensamiento, voluntad, acción, corazón, a través de
las vías sublimes de la Espiritualidad superior, y alcanzará las esferas
astrales que circundan la Tierra!
..........................................................................................................................................................
!Yo era, pues, presidiario de ese antro ominoso del horror!
No vivía, sin
embargo, allí solo. Me acompañaba una colectividad, una falange extensa de
delincuentes, como yo.
Entonces aun me sentía ciego. Por lo menos, me sugestionaba que lo era, y,
como tal, me mantenía, no obstante mi ceguera se definiese, en verdad, por la
inferioridad moral de un Espíritu distanciado de la Luz. Sin embargo, aun
ciego, no me pasaría desapercibido lo que se presentase malo, feo, siniestro,
inmoral, obsceno, pues conservaban mis ojos bastante visión para ver toda esa
escoria - agravándose así mi desdicha.
Dotado de gran sensibilidad, para mayor mal la tenia ahora como
superexcitada, lo que me llevaba a experimentar también los sufrimientos de los
otros mártires mis iguales, fenómeno ese ocasionado por las corrientes mentales
que se vertían sobre toda la falange y oriundas de ella misma, que así
realizaba una impresionante afinidad de clases, lo que es lo mismo que aseverar
que sufríamos también las sugestiones de los sufrimientos unos de otros, a
mas de las insidias a que nos
sometían nuestros mismos sufrimientos. (l)
¡A veces,
conflictos brutales se realizaban por los callejones lodosos donde se alineaban
las cavernas que nos servían de domicilio. Invariablemente irritados, por
motivos insignificantes nos tirábamos unos contra otros en luchas corporales
violentas, en las cuales, tal como sucede en las bajas camadas sociales
terrenas, llevaría siempre la mejor parte aquel que mayor destreza y
truculencia presentase. Frecuentemente fui allí insultado, ridiculizado en mis
sentimientos mas caros y delicados con chistes y sarcasmos que me revelaban
hasta el alma; apedreado y zurrado hasta que, excitado por una fobia idéntica,
yo me arrojaba a represalias salvajes, rivalizando con los agresores y con
ellos recreándome en el barro del mismo antro espiritual!
¡El hambre, la
sed, el frío gélido, la fatiga, el insomnio; exigencias físicas martirizantes,
fáciles de que el lector prevea; la naturaleza como que aguzada en todos sus
deseos y apetitos, como si todavía trajésemos el envoltorio carnal; la
promiscuidad, muy vejatoria, con Espíritus que fueran hombres y de los que
animaran cuerpos femeninos; tempestades constantes, grandes inundaciones, el
barro, la fetidez, las sombras perennes, la desesperación de no vernos libres
de tantos martirios sobrepuestos, el supremo desconsuelo físico y moral – aquí
está el panorama por así decir "material" que enmarcaban nuestros aun
más punzantes padecimientos morales!
¡Ni soñar con lo
Bello, darse a devaneos balsamizantes o a recuerdos beneficiosos era concedido
a aquel que por ventura poseyese capacidad para hacerlo. ¡En aquel ambiente
super lleno de males el pensamiento yacía encarcelado en las fraguas que lo
rodeaban, sólo pudiendo emitir vibraciones que se afinasen al tono de la propia
perfidia local!... ¡Y, envueltos en tan enloquecedores fuegos, no había nadie
que pudiese alcanzar un instante de serenidad y de reflexión para recordarse de
Dios y clamar por Su paternal misericordia!. ¡No se podía orar porque la
oración es un bien, es un bálsamo, es una tregua, es una esperanza! ¡y a los
desgraciados que se tiraban en los torrentes del suicidio les seria imposible
alcanzar tan alta merced!
¡No sabíamos
cuando era día o cuando era de noche, porque sombras perennes rodeaban las
horas que vivíamos. Perdimos la noción del tiempo. ¡Apenas una postrante
sensación de distancia y longevidad de lo que representase el pasado quedara
para azotar nuestras interrogaciones, figurándosenos que estábamos desde hacia
siglos ungidos a tan ríspido calvario! ¡De allí no esperábamos salir, aunque
fuese tal deseo una de las cáusticas obsesiones que nos alucinaban, pues el
Desanimo generador de la desesperanza que nos suscitara el gesto de suicidas
nos afirmaba que tal estado de cosas seria eterno!.
¡El contaje del tiempo, para aquellos que se sumergieron en ese abismo, se
estacionara en el momento exacto en que hicieran caer para siempre su propia
armadura de carne!. ¡Desde ahí solo existían - terror, confusión, engañosas
inducciones, suposiciones insidiosas! Igualmente ignorábamos dónde nos
encontrábamos, que significado tendría nuestra espantosa situación.
¡Tentábamos, afligidos, huir de ella, sin percibir que era patrimonio de
nuestra propia mente conflagrada, de nuestras vibraciones entrechocadas por mil
maleficios indescriptibles!
(l) Después de
la muerte, antes que el Espíritu se oriente gravitando hacia el verdadero
"hogar espiritual" que le cabe, será siempre necesario el estadio en
una “antecámara”, en una región cuya densidad y aflictivas configuraciones
locales corresponderán a los estados vibratorios y mentales del
recien-desencarnado. Ahí se detendrá hasta que sea naturalmente
"desanimalizado", o sea, que se desprenda de los fluidos y fuerzas
vitales de que están impregnados todos los cuerpos materiales. Por ahí se verá
que a estada será temporal en ese umbral del Mas Allá, aunque generalmente
penosa. De acuerdo al carácter, las acciones practicadas, el género de vida, el
género de muerte que tuvo la entidad desencarnada - tales serán el tiempo y la
penuria en ese lugar. Existen unos que ahí apenas se demoran algunas horas.
Otros llevarán meses, años consecutivos, volviendo a la reencarnación sin
alcanzar la Espiritualidad. Y tratándose de suicidas el caso asume proporciones
especiales, por dolorosas y complejas. Estos se demorarán ahí, generalmente, el
tiempo que todavía les restaba para concluir el compromiso de la existencia que
prematuramente cortaran. Trayendo grandes cargas de fuerzas vitales
animalizadas, a mas del bagaje de las pasiones criminales y una desorganización
mental, nerviosa y vibratoria completas, es fácil entrever cual será la
situación de esos infelices para los que existe un solo bálsamo: - la oración
de las almas caritativas.
Si, por muy largo, ese estadio exceda de las medidas normales al caso - la
reencarnación inmediata será la terapéutica indicada, aunque acerba y dolorosa,
lo que será preferible a pasar muchos años en tan desgraciada situación,
completándose así, entonces, el tiempo que faltaba para terminar la existencia
cortada.
¡Tratábamos entonces de huir del lugar maldito para volver a nuestros
hogares; y lo hacíamos precipitadamente, en insanas correrías de locos
furiosos! ¡Prisionero maldito, sin consuelo, sin paz, sin descanso en ningún
lugar... mientras que corrientes irresistibles, como imanes poderosos, nos
atraían de vuelta al tugurio sombrío, arrastrándonos confusamente a un
tenebroso torbellino de nubes sofocantes y perturbadoras!
¡Otras veces,
tanteando en las sombras, allá íbamos, entre gargantas, callejones, sin lograr
indicios de salida... Cavernas, siempre cavernas – todas numeradas ; o anchos
espacios pantanosos como lagos lodosos rodeados de murallas abruptas, que nos
parecían levantadas en piedra y hierro, como se fuéramos sepultados vivos en la
profundas tenebrosidad de algún volcán! ¡Era un laberinto donde nos perdíamos
sin poder jamas alcanzar el fin! A veces sucedía que no sabíamos retornar al
punto de partida, o sea, a las cavernas que nos servían de domicilio, lo que
forzaba la permanencia al relente hasta que encontrásemos alguna cueva
deshabitada para abrigarnos. Nuestra más común impresión era de que nos
encontrábamos encarcelados en el subsuelo, en un presidio cavado en la Tierra,
quien sabe si en las entrañas de una cordillera de la cual formara parte
también algún volcán extinto, como lo parecían atestar aquellos
inconmensurables pozos de limo con paredes agujereadas recordando minerales
pesados?!
¡Aterrados, entrábamos entonces a bramar en coro, furiosamente como bandos
de chacales furiosos, para que nos retirasen de allí, restituyéndonos la
libertad!. Las más violentas manifestaciones de terror seguían entonces; y todo
cuanto el lector pueda imaginar, dentro de la confusión de escenas patéticas
inventadas por la fobia del Horror, quedará mucho menor que la expresión real
vivida por nosotros en esas horas
creadas por nuestros mismos pensamientos distanciados de la Luz y del Amor de
Dios. !
¡Como si fantásticos espejos persiguiesen obsesivamente nuestras
facultades, allá se reproducía la visión macabra: - el cuerpo descomponiéndose
bajo el ataque de los vibriones hambrientos; lidia detestable de la podredumbre
siguiendo su curso natural de destrucción orgánica, llevando en tropel nuestras
carnes, nuestras vísceras, nuestra sangre pervertida por la podredumbre,
nuestro cuerpo en fin, que desaparecía para siempre en el banquete asqueroso de
millones de vermes voraces, nuestro cuerpo, que era carcomido lentamente, ante
nuestra vista estupefacta! ... que moría, era bien cierto, mientras nosotros,
sus dueños, nuestro Ego sensible, pensante, inteligente, que usara de él apenas
como un vestido transitorio, continuaba vivo, sensible, pensante, inteligente,
embotado y pávido, desafiando la posibilidad de también morir!. ¡Es - la
tétrica magia que ultrapasaba todo el poder que tuviésemos de reflexionar y
comprender! - el castigo inevitable, puniendo al renegado que osó insultar a la
Naturaleza destruyendo prematuramente lo que sólo ella podía decidir y
realizar: - ¡Vivos, nosotros, en espíritu, ante el cuerpo putrefacto, sentíamos
la corrupción alcanzarnos!... ¡Nos dolía en nuestra configuración astral las
picadas monstruosas de los vermes!. Nos enfurecía hasta la demencia la
martirizante repercusión que llevaba a nuestro periespíritu, todavía
animalizado y lleno de abundantes fuerzas vitales, a reflexionar lo que pasaba
con su antiguo envoltorio limoso - tal el eco de un rumor reproduciéndose de
quebrada en quebrada de la montaña, a lo largo de todo el valle...
Nuestra cobardía, entonces, la misma que nos brutalizara induciéndonos al
suicidio, nos forzaba a retroceder.
Retrocedíamos.
Mas el suicidio es una red envolvente en que la víctima - el suicida - sólo
se debate para confundirse cada vez mas, enredarse, complicarse. Se sobreponía
a la confusión. Ahora, ante la persistencia de la autosugestión maléfica
recordaba las leyendas supersticiosas, oídas en la infancia y guardadas por
largo tiempo en las camadas de la subconsciencia; se corporeizaba en visiones
extravagantes, a las que prestaba una realidad integral. ¡Nos juzgábamos nada
menos que ante el tribunal de los infiernos!... ¡Sí!. ¡Vivíamos en la plenitud
de la región de las sombras!... Y Espíritus de ínfima clase de lo Invisible -
obsesores que pululan por todas las camadas inferiores, tanto de la Tierra como
del Mas Allá; los mismos que habían alimentado en nuestras mentes las
sugestiones para el suicidio, divirtiéndose con nuestras angustias, se
prevalecían de la situación anormal en la cual cayéramos, a fin de convencernos
de que eran jueces que nos deberían juzgar y castigar, presentándose a nuestras
facultades conturbadas por el sufrimiento como seres fantásticos, fantasmas
impresionantes y trágicos. Inventaban escenas satánicas, con las que nos
torturaban. ¡Nos sometían a vejámenes indescriptibles! ¡Nos obligaban a
torpezas y licenciosidades, obligándonos a transigir con sus infames
obscenidades!. ¡Doncellas que se habían suicidado, disculpándose con motivos de
amor, olvidadas de que el verdadero amor es paciente, virtuoso y obediente a
Dios; olvidándo, en su egoísmo pasional del que dieran pruebas, el amor
sacrosanto de una madre que quedara inconsolable; sin respetar las canas
venerables de un padre - los que jamas olvidarían el golpe en sus corazones
heridos por la hija ingrata que prefirió la muerte a continuar en el
tabernáculo del hogar paterno -, eran ahora insultadas en su corazón y en su
pudor por esas entidades animalizadas y viles, que las hacían creer que debían
ser obligadas a esclavizarse por ser ellos los dueños del imperio de tinieblas
que escogieran en detrimento del hogar que abandonaran!. En verdad, que esas entidades
no pasaban de Espíritus que también fueran hombres, mas que vivieron en el
crimen: - sensuales, alcohólicos, libertinos, intrigantes, hipócritas,
perjuros, traidores, seductores, asesinos perversos, calumniadores, sátiros –
en fin, esa falange maléfica que causa desdicha a la Sociedad terrena, que
muchas veces tienen funerales pomposos y exequias solemnes, mas que en la
existencia espiritual se resumen en la canalla repugnante que mencionamos...
hasta que reencarnaciones expiatorias, miserables y rastreantes, vengan a
impulsarlas a nuevas tentativas de progreso.
¡A tan deplorables secuencias sucedían otras no menos dramáticas y
escaldantes: - actos incorrectos practicados por nosotros durante la
encarnación, nuestros errores, nuestras caídas pecaminosas, aun nuestros
crímenes, se corporeizaban ante nuestras consciencias como otras visiones
acusadoras, intransigentes en la condenación perenne a que nos sometían. ¡Las
víctimas de nuestro egoísmo reaparecían ahora, en reminiscencias vergonzosas y
contumaces, yendo y viniendo a nuestro lado en confusión pertinaz, infundiendo
a nuestra ya tan abatida organización espiritual el más angustioso
desequilibrio nervioso forjado por el remordimiento!.
Sobreponiéndose, sin embargo, a tan lamentable acervo de iniquidades,
encima de tanta vergüenza y de tan rudas humillaciones estaba, vigilante y
compasiva, la paternal misericordia del Dios Altísimo, del Padre justo y bueno
que "no quiere la muerte del pecador, y si que el viva y se
arrepienta".
En las
peripecias que el suicida entra a sufrir después del desperdicio que
prematuramente lo llevó al túmulo, el Valle Siniestro apenas representa un
estadio temporal, siendo él dirigido allá por un movimiento de impulsión
natural, con el cual se afina, hasta que se deshagan las pesadas cadenas que lo
prenden al cuerpo físico-terrenal, destruido antes de la ocasión prevista por
la ley natural. Será preciso que se desagreguen de él las poderosas camadas de
fluidos vitales que revestían su organización física, adaptadas por afinidades
especiales de la Gran Madre Naturaleza a la organización astral, o sea, al
periespíritu, las cuales en el se aglomeran en reservas suficientes para el
compromiso de la existencia completa; que se envilecen, por fin, las mismas
afinidades, labor que en la individualidad de un suicida será acompañada de las
más aflictivas dificultades, de lentitud impresionante, para, sólo entonces,
obtener una posibilidad vibratoria que le faculte alivio y progreso (2). De otro modo, sea tal la índole de
su carácter, tales
(2) Las
impresiones y sensaciones penosas, oriundas del cuerpo carnal, que acompañan al
Espíritu aun materializado, llamaremos repercusiones magnéticas, en virtud
del magnetismo animal, existente en todos los seres vivos, y sus afinidades con
el perispiritu. Se trata de un fenómeno idéntico al que hace a un hombre que
tuvo el brazo o la pierna amputados sentir picazón en la palma de la mano que
ya no existe, o en la planta del pié, igualmente inexistente. Conocemos en
cierto hospital a un pobre operario que tuvo ambas piernas amputadas
sintiéndolas tan vivamente consigo, así como los pies, que, olvidando de que ya
no los tenia, trató de levantarse, llevando, inmediatamente, una estruendosa
caída hiriendose. Esos fenómenos son fáciles de observar.
las imperfecciones y grado de responsabilidad general - tal será el
perjuicio de la situación, tal la intensidad de los padecimientos por
experimentar, pues, en estos casos, no serán apenas las consecuencias
decepcionantes del suicidio las que le afligirán el alma, mas también el pago
por los actos pecaminosos anteriormente cometidos.
Periódicamente, una singular caravana visitaba ese antro de sombras.
Era como la
inspección de alguna asociación caritativa, una asistencia protectora de alguna
institución humanitaria, cuyos abnegados fines no se podrían poner en duda.
Venia a buscar a aquellos entre nosotros cuyos fluidos vitales, aplacados
por la desintegración completa de la materia, permitiese su remoción a las
camadas de lo Invisible intermedio, o de transición.
Suponíamos que, la caravana, se compusiese de un grupo de hombres. Mas en
realidad eran Espíritus que extendían la fraternidad al extremo de
materializarse lo suficiente para hacerse percibir plenamente a nuestra
precaria visión e infundirnos confianza en el socorro que nos daban.
Vestidos de
blanco, se presentaban caminando por las calles barrosas del Valle, en columna
de a uno rigurosamente disciplinada, mientras, mirándolos atentamente
distinguiríamos, a la altura del pecho de todos una pequeña cruz azul-celeste,
lo que parecía ser un emblema, un distintivo.
Señoras formaban
parte de esa caravana. Precedía, la columna, un pequeño pelotón de lanceros,
como exploradores de caminos, mientras que otros milicianos de la misma arma
rodeaban a los visitadores, como tejiendo un cordón de aislamiento, lo que
mostraba que estos estaban muy bien guardados contra cualquier hostilidad que
pudiese venir del exterior. Con la diestra el oficial comandante erguía una
blanquisima banderola, en la cual se leía, en caracteres también azul-celeste,
esta extraordinaria leyenda, que tenia el don de infundir invencible y singular
temor:
- LEGION DE LOS SIERVOS DE MARIA -
Los lanceros, ostentando escudo y lanza, tenían la tez bronceada y vestían
con sobriedad, recordando a guerreros egipcios de la antigüedad. Y, comandando
la expedición, se destacaba un varón respetable, el cual traía un delantal
blanco e insignias de médico al par de la cruz ya referida. Le cubría la
cabeza, en vez del gorro característico, un turbante hindú, cuyas doblas eran
sujetas en la frente por la tradicional esmeralda, símbolo de los esculapios.
Entraban aquí y allá, por el interior de las cavernas habitadas, examinando
a sus ocupantes. Se curvaban llenos de piedad, junto a las cunetas, levantando
aquí y más allá a algún desgraciado tumbado bajo el exceso de sufrimiento;
retiraban a los que presentasen condiciones de poder ser socorridos y los
colocaban en las camillas conducidas por varones que se dirían servidores o
aprendices.
La voz grave y
dominante, de alguien invisible que hablase sobrevolando en el aire, los guiaba
en caritativo afán, aclarando detalles o arreglando confusiones momentáneamente
suscitadas. La misma voz hacia la llamada de los prisioneros a ser socorridos, profiriendo
sus nombres propios, lo que hacia que se presentasen sin la necesidad de ser
buscados, aquellos que se encontrasen en mejores condiciones, facilitando así
el servicio de los camilleros. Hoy puedo decir que todas esas voces amigas y
protectoras eran transmitidas a través de ondas delicadas y sensibles del éter,
con la sublime ayuda de aparatos magnéticos mantenidos para fines humanitarios
en determinados puntos de lo Invisible, o sea, justamente en la localidad que
nos recibiría al salir del Valle. Mas, entonces, ignorábamos el detalle y muy
confusos nos sentíamos.
Las camillas,
transportadas cuidadosamente, eran resguardadas por el cordón de aislamiento ya
referido y abrigadas en el interior de grandes vehículos a modo de convoyes,
que acompañaban la expedición. Esos convoyes, sin embargo, tenían una singularidad interesante, digna de relato. En
vez de tener los vagones comunes a los trenes, como los que conocíamos,
recordaban, antes, un medio de transporte primitivo, pues se componían de
pequeñas diligencias atadas una a las otras y rodeadas de persianas muy opacas,
lo que impediría al pasajero ver los locales por donde deberían transitar.
Blancos, leves, como pulidos con materias específicas hábilmente laqueadas,
eran tirados por hermosas parejas de caballos también blancos, nobles animales
cuya extraordinaria belleza y elegancia incomun despertarían nuestra atención
si estuviésemos en condiciones de notar algo mas allá de las desgracias que nos
mantenían absortos dentro de nuestro ámbito personal. Parecían, ejemplares de
la más alta raza normanda, vigorosos e inteligentes, las bellas crines
ondulantes y graciosas adornándoles los altivos pescuezos como mantos de seda,
níveos y finalmente franjeados. En los carros se distinguía también el mismo
emblema azul-celeste y la leyenda respetable.
Generalmente, los infelices así socorridos se encontraban desfallecidos,
exánimes, como estando en un singular estado comatoso. Otros, sin embargo,
alucinados o doloridos, infundían compasión por el estado de supremo desaliento
en que estaban.
Después de una rigurosa búsqueda, la extraña columna marchaba en retirada
hasta el local en que estaba el convoy, igualmente defendido por los lanceros
hindúes. Silenciosamente se retiraba a través de los callejones, se alejaban,
se alejaban,...desapareciendo otra vez en la pesada soledad que nos cercaba...
En vano pedían socorro los que se sentían rechazados, incapaces de comprender
que, si así sucedía, era porque no todos se encontraban en condiciones
vibratorias para emigrar a regiones menos hostiles. En vano suplicaban justicia
y compasión
o se amotinaban,
sublevados, exigiendo que los dejasen también seguir con los que fueron. No
respondían los del convoy ni siquiera con un gesto; y si alguno mas desgraciado
o audaz tentase asaltar el convoy a fin de alcanzarlas e ingresar en ellas,
diez, veinte lanzas los hacían recular, interceptándole el paso.
¡Entonces, un
coro hediondo de aullidos y siniestro llanto, de imprecaciones y carcajadas
satánicas, el chirriar de dientes común al réprobo que agoniza en las tinieblas
de los males forjados por si mismo, repercutían larga y dolorosamente por las
calles lodosas, pareciendo que una locura colectiva atacara a los miserables
detenidos, elevando su rabia a lo incomprensible en el lenguaje humano!.
Y así quedaban. . . ¿cuanto tiempo?. .. ¡Oh! ¡Dios piadoso! ¿Cuánto
tiempo?. . .
Hasta que sus
inimaginables condiciones de suicidas, de muertos-vivos, les permitiesen
también la transferencia a una localidad menos trágica...
CAPITULO II
LOS RÉPROBOS
En general aquellos que se arrojan al suicidio, esperan librarse para
siempre de sinsabores que juzgan insoportables, de sufrimientos y problemas
considerados insolubles por la tibieza de la voluntad sin educación, que se
acobarda muchas veces ante, la vergüenza del descrédito o de la deshonra, de
los remordimientos deprimentes que empuercan la consciencia, consecuencias de
acciones practicadas contra las leyes del Bien y de la Justicia.
Yo también pensé
así, muy a pesar de la aureola de idealista que mi vanidad creía me glorificaba
la frente.
Me engañé, sin embargo; y luchas infinitamente más vivas y más ríspidas me
esperaban dentro de la tumba para castigar a mi alma de incrédulo y rebelde,
con merecida justicia.
Las primeras horas que siguieron al gesto brutal que usé, para conmigo mismo,
pasaron sin que verdaderamente yo pudiese darme cuenta. Mi Espíritu, rudamente
violentado, como que desmayara sufriendo un abyecto colapso. Los sentidos, las
facultades que traducen el "yo" racional, se paralizaron como si un
indescriptible cataclismo hubiese desbaratado el mundo prevaleciendo, sin
embargo, por encima de los destrozos, la fuerte sensación del aniquilamiento
que sobre mí acabara de caer. Fuera como si aquel estampido maldito, que hasta
hoy resuena siniestramente en mis vibraciones mentales, -siempre que, abriendo
los velos de la memoria como en este instante, revivo el pasado execrable -
hubiese dispersado una a una las moléculas que en mi ser constituían la ¡Vida!
El lenguaje
humano todavía no precisó inventar vocablos bastante justos y comprensibles
para definir las impresiones absolutamente inconcebibles, que pasan a
contaminar el "yo" de un suicida después de las primeras horas que
siguen al desastre, las que suben y se agrandan, se envuelven en complejos y se
radican y cristalizan en un crescendo que traduce el estado vibratorio y mental
que el hombre no puede comprender, porque está fuera de sus posibilidades de
criatura que, merced a Dios, se conservó hacia acá de esa anormalidad. ¡Para
entenderla y medir con precisión la intensidad de esa dramática sorpresa, sólo
otro Espíritu cuyas facultades se hubiesen quemado en las efervescencias del
mismo dolor!
En esas primeras horas, que por sí mismas constituyeron la configuración
del abismo en el que se precipitó, si no representasen apenas el preludio de la
diabólica sinfonía que será constreñido a interpretar por las disposiciones
lógicas de las leyes naturales que violó, el suicida, semi-inconsciente,
atormentado, desmayado sin que, para mayor suplicio, se le oscurezca del todo
la percepción de los sentidos, se siente dolorosamente confundido, nulo,
disperso en sus millones de filamentos psíquicos violentamente alcanzados por
el malvado acontecimiento. Lo absurdo en torbellino gira a su alrededor,
afligiéndo la fragilidad de las percepciones con martirizantes explosiones de
sensaciones confusas. Se pierde en el vacío... ¡Se ignora... Sin embargo se
aterra, se acobarda, siente la profundidad asustadora del error contra el que
chocó, se deprime en la aniquiladora certeza de que ultrapasó los limites de
las acciones que le eran permitidas practicar, se desorienta entreviendo que
avanzó demasiado, mas allá de la demarcación trazada por la Razón!. Es el
traumatismo psíquico, el choque nefasto que lo dilaceró con sus tenazas
inevitables, y el cual, para ser minorado, le exigirá un camino de espinas y
lágrimas, decenios de rígidos testimonios hasta que se reconduzca a las vías
naturales del progreso, interrumpidas por el acto arbitrario y
contraproducente.
Poco a poco, me
sentí resucitando de las sombras confusas en que sumergí mi pobre Espíritu,
después de la caída del cuerpo físico, el atributo máximo que la Paternidad
Divina impuso sobre aquellos que, al paso de los milenios, deberán reflejar Su
imagen y semejanza: - ¡la Consciencia! ¡la Memoria! ¡el divino don de pensar!
Me sentí helar de frío. ¿Tiritaba?. La impresión incomoda de que
vestimentas de hielo se me pegaban al cuerpo, me provocó un increíble malestar.
Me faltaba, además, el aire para el libre mecanismo de los pulmones, lo que me
llevó a creer que, ya que yo deseara huir de la vida, que era la muerte que se
aproximaba con su cortejo de síntomas dilacerantes.
Olores fétidos y nauseabundos, sin embargo, me revelaban brutalmente el
olfato. Dolor agudo, violento, enloquecedor, me arremetió instantáneamente el
cuerpo entero, localizándose particularmente en el cerebro e iniciándose en el
aparato auditivo. Presa de convulsiones indescriptibles de dolor físico, llevé
la diestra al oído derecho: - la sangre corría del orificio causado por el
proyectil del arma de fuego que usara para el suicidio me manchó las manos, las
ropas, el cuerpo... Yo no veía nada, sin embargo. Conviene recordar que mi
suicidio se derivó de la rebeldía por encontrarme ciego, expiación que
consideré superior a mis fuerzas, injusta punición de la Naturaleza a mis ojos
necesitados de ver, con los que obtenía, con el trabajo, la subsistencia honrada
y altiva.
¡Me sentía pues, todavía ciego; y, para colmo de mi estado de
desorientación, me encontraba herido. ¡Solo herido y no muerto!. Porque la vida
continuaba en mi como antes del suicidio!.
Pasé a reunir
ideas, mal que me pesara. Reví mi vida
en retrospecto, hasta la infancia y sin siquiera omitir el drama del último
acto, programación extra bajo mi entera responsabilidad. Sintiéndome vivo
verifiqué, por consiguiente, que la herida que me causara, tentando matarme,
fuera insuficiente, aumentando así los ya tan grandes sufrimientos que desde
hacia mucho tiempo me venían persiguiendo la existencia. Me supuse preso a un
lecho de hospital o en mi propia casa. Mas la imposibilidad de reconocer el local,
pues nada veía; la incomodidad que me afligía, la soledad que me rodeaba,
fueron angustiándome profundamente, mientras lúgubres presentimientos me
avisaban que acontecimientos irremediables se habían confirmado. Grité por mis
familiares, por amigos que yo conocía bastante devotos para acompañarme en
momentos críticos. El más sorprendente silencio continuó enervándome. Indagué
malhumorado por enfermeros, por médicos que posiblemente me atenderían, dado
que no me encontraba en mi residencia y si retenido en algún hospital; por
servidores, criados, fuese quien fuese, que me pudiese ayudar, abriendo las
ventanas del aposento donde me suponía recogido, a fin de que corrientes de
aire puro me reconfortase los pulmones; que me consiguiesen frazadas calientes,
encendiesen la chimenea para amenizar el frío que me entorpecía los miembros,
proveyeran bálsamo a los dolores que me torturaban el organismo, y alimento, y
agua, porque yo tenia hambre y tenia sed.
Con espanto, en
vez de las respuestas amistosas por las que tanto suspiraba, lo que mi audición
distinguió, pasadas algunas horas, fue un vocerío ensordecedor, que, indeciso y
lejano al principio, como salido de una pesadilla, se definió gradualmente hasta
evidenciarse en pormenores categóricos. Era un coro siniestro, de muchas voces
mezcladas confusamente, perturbadas, como pasaría en una asamblea de locos.
¡Sin embargo, estas voces no hablaban entre sí, no conversaban.
Blasfemaban, se quejaban de múltiples desventuras, se lamentaban, reclamaban,
aullaban, gritaban enfurecidas, gemían, se extinguían, lloraban
desoladoramente, derramando hediondo llanto, por el tono de desesperación con
que se distinguían; suplicaban, rabiosas, socorro y compasión!.
Aterrado sentí que extraños empujones, como escalofríos irresistibles, me
transmitían influencias abominables, venidas de ese todo que se revelaba a
través de la audición, estableciendo una corriente similar entre mi ser
superexcitado y aquellos cuyo vocerío yo distinguía. Ese coro, isócrono,
rigurosamente observado y medido en sus intervalos, me infundió tan grande
terror que, reuniendo todas las fuerzas que podría mi Espíritu disponer en tan
molesta situación, me moví intención de alejarme de donde me encontraba para un
local en el que no lo oyese más.
Tanteando en las tinieblas tenté caminar. Mas parecía que vigorosas raíces
me plantaban en aquel lugar húmedo y helado en que encontraba. ¡No podía
despegarme!. ¡Sí! Eran pesadas cadenas que me prendían, raíces llenas de savia,
que me tenían engrillado en aquel extraordinario lecho desconocido,
imposibilitándome el deseado alejamiento. Además, ¿cómo huir si estaba herido,
destruyéndome en hemorragias internas, manchadas las ropas de sangre, y ciego,
positivamente ciego?. ! ¿Cómo presentarme al público en tan repugnante
estado?...
¡La cobardía -
la misma hidra que me llevara al abismo en el que ahora me convulsionaba –
prolongó aun más sus tentáculos insaciables y me cogió irremediablemente! ¡Me
olvidé que era hombre, por segunda vez! !Y que debía luchar para tentar vencer,
aunque lo pagase en sufrimientos! ¡Me reduje por eso a la miseria del vencido!.
Y, considerando insoluble la situación, me entregué a las lágrimas y lloré
angustiosamente, no sabiendo que tentar para mi socorro. Mas, mientras me
deshacía en llanto, el coro de locos, siempre el mismo, trágico, fúnebre,
regular como el péndulo de un reloj, me acompañaba con singular similitud,
atrayéndome como imantado por irresistibles afinidades...
Insistí en el
deseo de huir de la terrible audición. Después de desesperados esfuerzos, me
levanté. Mi cuerpo helado, los músculos tensos por el entorpecimiento general,
me dificultaban sobremanera el intento. Sin embargo, me levanté. Al hacerlo,
sin embargo, un olor penetrante a sangre y vísceras putrefactas apareció a mi
alrededor, repugnándome hasta las nauseas. Partía del lugar exacto donde yo
estuviera acostado. ¡No comprendía como podía oler tan desagradablemente el
lecho donde me encontraba- Para mí que era el mismo que me acogía todas las
noches!. ¡Y, sin embargo, que de olores fétidos me sorprendían ahora!. Atribuí
el hecho a la herida que me hiciera en la intención de matarme, a fin de
explicarme de algún modo la extraña angustia, por la sangre que corría,
manchándome las ropas. ¡Realmente!. Yo me encontraba empastado de secreciones,
que como un lodo asqueroso que chorrease de mi proprio cuerpo, empapando
desconfortablemente la indumentaria que usaba, pues, con sorpresa, me vi
trajeando ceremoniosamente, aun acostado en un lecho de dolor. Mas, al mismo
tiempo que así me justificaba, me confundía interrogándome de como podría ser
así, visto que no era posible que una simple herida, aunque la cantidad de
sangre derramada fuese mucha, pudiese exhalar tanta podredumbre sin que mis
amigos y enfermeros dispusiesen la debida higienización.
Inquieto, tanteé en la oscuridad con la intención de encontrar la mi
habitual puerta de salida, ya que todos me abandonaban en una hora tan crítica.
Tropecé, sin embargo, en un momento
dado, en un montón de destrozos e, instintivamente, me agaché, para examinar lo
que así me interceptaba el paso. Entonces, repentinamente, la locura
irremediable se apoderó de mis facultades y comencé a gritar y aullar cual
demonio enfurecido, respondiendo en la misma dramática tonalidad a la macabra
sinfonía cuyo coro de voces no cesaba de perseguir mi audición en
intermitencias de angustiosa expectativa.
¡El montón de
escombros era nada menos que la tierra de una tumba recientemente cerrada!
¡No se como,
estando ciego, pude entrever, en medio de las sombras que me rodeaban, lo que
había a mi alrededor. !
¡Yo me encontraba en un cementerio!. Las tumbas, con sus tristes cruces en
mármol blanco o madera negra, al lado de imágenes sugestivas de ángeles
pensativos, se alineaban en la inmovilidad majestuosa del drama que
simbolizaban.
La confusión
creció: - ¿Por que me encontraría allí?. ¿Cómo viniera, pues no tenia ningún recuerdo?... Y ¿qué viniera a
hacer solo, herido, dolorido, extenuado?... Era verdad que "tentara"
suicidarme, mas...
Un susurro
macabro, cual sugestión inevitable de la Consciencia aclarando a la memoria
aturdida por lo inaudito que presenciaba, repercutió estruendosamente por los
más recónditos rincones alarmados de mi ser:
"¿No
quisiste el suicidio?... Pues ahí lo tienes..."
¿Mas, como?...
¿Cómo podía ser... si yo no morí?!... ¿Acaso no me sentía allí vivo?... ¿Por
que entonces solo, inmerso en la soledad tétrica de la morada de los
muertos?!...
Los hechos irremediables, sin embargo, se imponen a los hombres como a los
Espíritus con una majestuosa naturalidad. ¡No concluyera aun mis ingenuas y
dramáticas interrogaciones, y me veo, a mí mismo! como ante un espejo, muerto,
tendido en un ataúd, en franco estado de descomposición, en el fondo de una
sepultura,
justamente aquella sobre la cual acababa de tropezar!.
¡Huí despavorido, deseoso de ocultarme de mí mismo, obsesionado por el más
tenebroso horror, mientras carcajadas estruendosas, de individuos que yo no
lograba ver explotaban detrás de mí y el coro nefasto perseguía mis oídos
torturados, adonde quiera que me refugiase. Como loco, que realmente me
tornara, yo corría, corría, mientras a mis ojos ciegos se diseñaba la hediondez
satánica de mi propio cadáver pudriéndose en la tumba, empastado de barro
graso, cubierto de asquerosos gusanos que, voraces, luchaban por saciar en sus
pústulas el hambre inextinguible que traían, transformándolo en el mas
repugnante e infernal monstruo que me fuera dado conocer!.
¡Quise esconderme de mi misma presencia,
tratando de recaer en el acto que me desgraciara, o sea, reproduje mentalmente la escena
patética de mi suicidio, como si por segunda vez tratase de morir a fin de
desaparecer en la región que, en mi ignorancia de los hechos de mas allá de la
muerte, yo suponía, que existía el eterno olvido!. ¡Mas nada había
capaz de aplacar la malvada visión!. ¡Ella era, antes que nada, verdadera!.
¡Imagen perfecta de la realidad que se reflejaba sobre mi fisico-espiritual, y
por eso me acompañaba donde quiera que fuese, perseguía mis retinas sin luz,
invadía mis facultades anímicas en choque y se imponía a mi ceguera de Espíritu
caído en pecado, torturándome sin remisión!
En la fuga precipitada que emprendí, iba entrando en todas las puertas que
encontraba abiertas, a fin de ocultarme en alguna parte. Mas en cada domicilio
al que me abrigaba, en la insensatez de la locura en que me enredara, era
expulsado a pedradas sin poder distinguir quien, con tanto desprecio, así me
trataba. Vagaba por las calles tanteando aquí, tropezando mas allá, en la misma
ciudad donde mi nombre era endiosado como el de un genio - siempre afligido y
perseguido. Respecto a los acontecimientos que se relacionaban con mi persona,
oí comentarios destilados en críticas mordaces e irreverentes, o llenos de
pesar sincero por mi fallecimiento, que lamentaban.
Volví a mi casa.
Un sorprendente desorden se estableciera en mis aposentos, alcanzando a objetos
de mi uso personal, mis libros, manuscritos y apuntes, los que ya no eran
encontrados en el lugar acostumbrado, lo que mucho me enfureció. ¡ Parecía que
se prescindiera de todo! ¡Me encontré un extraño en mi propia casa!. Busqué a
amigos, parientes a quienes me habituara. La indiferencia que les sorprendí
hacia mi desgracia me chocó dolorosamente, agravando mi estado de excitación.
Me dirigí entonces a consultorios médicos. Tenté quedarme en hospitales, ya que
sufría, tenia fiebre y alucinaciones, un supremo malestar torturaba a mi ser,
reduciéndome al desolador estado de humillación y amargura. Mas, donde iba, me
sentía desprotegido, me negaban atenciones, todos despreocupados e indiferentes
ante mi situación. ¡En vano ácidas reprensiones salían de mis labios
acompañadas de la presentación, hecha por mí mismo, de mi estado y de las
cualidades personales que mi incorregible orgullo reputaba irresistibles: - parecían
ajenos a mi insistente algarabía, no concediéndome nadie siquiera el favor de
una mirada!.
¡Afligido, impaciente, alucinado, mi ser absorto por las ondas de
agobiantes amarguras, en ningún lugar encontraba la posibilidad de
estabilizarme a fin de lograr consuelo y alivio! ¡Me faltaba alguna cosa
irremediable, me sentía incompleto! ¡Yo perdiera algo que me dejaba así,
atontado, y esa "cosa" que yo perdiera, una parte de mí mismo, me
atraía al local en que se encontraba, con la fuerza irresistible de un imán, me
llamaba imperiosa, irremediablemente!. Y era tal la atracción que ejercía sobre
mí, tal el vacío que produjera en mi ese irreparable acontecimiento, tan
profunda la afinidad, verdaderamente vital, que a esa "cosa" me unía
- que, no siendo posible, de ninguna manera, quedarme en ningún lugar para que
volviese, torné al sitio tenebroso de donde viniera: - ¡el cementerio!
¡Esa "cosa", cuya falta así me enloquecía, era mi propio cuerpo -
mi cadáver! – ¡Pudriéndose en la oscuridad de una tumba! (3)
¡Me incliné, sollozante e inconsolable, sobre la sepultura que guardaba mis
míseros despojos corporales, y me
retorcí en pavorosas convulsiones
de dolor y de rabia, revolcándome en crisis de furor diabólico, comprendiendo
que me suicidara, que estaba sepultado, mas que, no obstante, continuaba vivo y
sufriendo, mas, mucho mas de lo que sufría antes, superlativamente,
monstruosamente mas que antes del gesto cobarde
impensado!
¡Cerca de dos
meses vague desorientado y tonto, en un atribulado estado de incomprensión.
Ligado al fardo carnal que se pudría, vivían en mí todas las imperiosas
necesidades del físico-humano, amargura que, aliada a las demás incomodidades,
me llevaba a una constante desesperación. Rebeliones, blasfemias, crisis de
furor me acometían como si el mismo infierno soplase sobre mí sus nefastas
inspiraciones, así coronando las vibraciones maléficas que me rodeaban de
tinieblas. ¡Veía fantasmas ambulando por las calles del campo santo, no
obstante mi ceguera, llorosos y afligidos, y, a veces, terrores inconcebibles
me sacudían el sistema vibratorio a tal punto que me reducían a un singular
estado de desmayo, como si, sin fuerzas para continuar vibrando, mis potencias
anímicas desfalleciesen!
Desesperado ante
el extraordinario problema, me entregaba cada vez mas al deseo de desaparecer,
de huir de mí mismo a fin de no interrogarme mas sin lograr lucidez para
responder, incapaz de razonar que, en verdad, el cuerpo físico-material,
modelado de limo putrescible de la Tierra, fuera realmente aniquilado por el
suicidio; y que lo que ahora yo sentía confundirse con él, porque sólidamente
unido a él por leyes naturales de afinidad que el suicidio definitivamente no
destruye, era el físico-espiritual, indestructible e inmortal, organización
viva, semi material, predestinada a elevados destinos, a un porvenir glorioso
en el seno del progreso infinito, relicario donde se archivan, cual cofre que
encerrase valores, nuestros sentimientos y actos, nuestras realizaciones y
pensamientos, envoltorio que es de la centella sublime que rige al hombre, o
sea, ¡el Alma! ¡Eterna e inmortal como
aquel que de Sí Mismo la creo!
Cierta vez en
que iba y venia, tanteando por las calles, irreconocible a amigos y
admiradores, pobre ciego humillado en el mas allá de la tumba gracias a la
deshonra de un suicidio; mendigo en la sociedad espiritual, hambriento en la
miseria de Luz en que me debatía; angustiado fantasma vagabundo, sin hogar, sin
abrigo en el mundo inmenso, en el mundo infinito de los Espíritus; expuesto a
peligros deplorables, que también los hay entre desencarnados; perseguido por
entidades perversas, bandoleros de la erraticidad, que gustan de sorprender,
con celadas odiosas, a criaturas en las condiciones amargas en que me veía,
para esclavizarlas y con ellas engrosar las filas obsesoras que desbaratan a
las sociedades terrenas y arruinan a los hombres llevándolos a las tentaciones
mas torpes, a través de influencias letales - al doblar una esquina me topé con
cierta multitud, cerca de doscientos individuos de ambos sexos. ¡Era de noche.
Por lo menos yo así lo
suponía, pues, como
siempre, las tinieblas
me
(3) Cierta vez,
hace cerca de veinte años, uno de mis dedicados educadores espirituales -
Charles – me llevó a un cementerio público en Río de Janeiro, a fin de visitar
a un suicida que rondaba sus propios despojos en putrefacción. Será disculpado
el aclarar que tal visita fue realizada en cuerpo astral. El perispiritu del
referido suicida, hediondo cual demonio, me infundió pavor y repugnancia. Se
presentaba completamente desfigurado e irreconocible, cubierto de cicatrices,
tantas cicatrices cuantos habían sido los pedazos a que quedara reducido su
envoltorio carnal, pues el desgraciado se tirara bajo las ruedas de un tren,
quedando despedazado. ¡No hay descripción posible para el estado de sufrimiento
de ese Espíritu!. Estaba enloquecido, aturdido, a veces furioso, sin poder
calmarse para razonar, insensible a toda y cualquier vibración que no fuese su
inmensa desgracia!. ¡Tentamos hablarle: - no nos oía! Y Charles, tristemente,
con un acento indefinible de ternura, dijo: - " !Aquí, sólo la oración
tendrá la virtud capaz de imponerse!. Será el único bálsamo que podremos
destilar en su favor, suficientemente santo para, después de cierto periodo de
tiempo, poder aliviarlo...." - ¿Y esas cicatrices? – pregunté,
impresionada. - "Sólo desaparecerán - volvió Charles después de la expiación del error, de la reparación
en existencias amargas, que requerirán de ininterrumpidas lagrimas, lo que no
llevará menos de un siglo, tal vez mucho mas... Que Dios se compadezca de él,
porque, hasta allá....” Durante muchos años oré por ese infeliz hermano en mis
oraciones diarias.-(Nota de la medium)
envolvían, y yo,
todo lo que vengo narrando, percibía mas o menos bien dentro de la oscuridad,
como si viese mas por la percepción de los sentidos que por la misma visión.
Además, yo me consideraba ciego, mas no me explicaba hasta entonces como,
destituido del inestimable sentido, poseía no obstante la capacidad para ver
tantas torpezas mientras que no la tenia siquiera para reconocer la luz del Sol
y del azul del firmamento!.
¡Esa multitud,
sin embargo, era la misma que venia concertando el coro siniestro que me
aterraba, habiéndola yo reconocido porque, en el momento en que nos
encontramos, entró a aullar desesperadamente, lanzando a los cielos blasfemias
ante las cuales las mias serian meros gracejos!.
¡Tenté recular, huir, ocultarme de ella,
aterrorizado por haberme reconocido. ¡Sin embargo, porque marchaba en sentido
contrario al que yo seguía, rápido me envolvió, mezclándome a su todo para
absorverme completamente en sus ondas!
Fui llevado de en tropel, empujado, arrastrado mal que me pesase; y tal era
la aglomeración que me perdí totalmente entre ellos. Apenas me enteraba de un
hecho, porque eso mismo oía murmurar alrededor, y era que estábamos todos
guardados por soldados, los cuales nos conducían. ¡La multitud acababa de ser
aprisionada! Cada momento se juntaba a ella otro y otro vagabundo, como
aconteciera conmigo, es que del mismo modo no podrían salir más. Se diría que
el escuadrón completo de milicianos montados nos conducía a la prisión. Se oían
las patadas de los caballos sobre el pavimento de las calles y lanzas afiladas
brillaban en la oscuridad, imponiendo temor.
Protesté contra la violencia de la que me reconocía objeto. A los gritos
dije que no era un criminal y me hice conocer, enumerando mis títulos y
cualidades. ¡Mas los caballeros, si me oían, no se dignaban a responder.
Silenciosos, mudos, erectos, marchaban en sus monturas cerrándonos en un
círculo intransponible!. Al frente el comandante, abriendo camino dentro de las
tinieblas, empuñaba un bastón en lo alto del cual fluctuaba una pequeña flama,
donde adivinábamos una inscripción. Sin embargo eran tan acentuadas las sombras
que no podríamos leerla, aunque la desesperación que nos fustigaba diese una
pausa para manifestar tal deseo.
¡La caminata fue
larga. El frío cortante nos congelaba. Mezclé mis lágrimas y mis gritos de
dolor y desesperación al coro horripilante y participé de la atroz sinfonía de
blasfemias y lamentaciones. Presentíamos que bien seguros estábamos, que jamas
podríamos escapar!. Llevados lentamente, sin que un único monosílabo lográsemos
arrancar a nuestros conductores, comenzamos, finalmente, a caminar penosamente
por un valle profundo, donde nos vimos obligados a enfilarnos de dos en dos,
mientras hacían una idéntica maniobra nuestros vigilantes.
¡Cavernas surgieron de un lado y del otro de las calles que se dirían antes
estrechas gargantas entre montañas abruptas y sombrías, y todas numeradas. Se
trataba, ciertamente, de una extraña "población", una
"ciudad" en la que las habitaciones serian cavernas, dada la miseria
de sus habitantes, los cuales no poseerían dinero suficiente para tornarlas
agradables y fácilmente habitables. ¡Lo que era cierto, sin embargo, es que
todo allí estaba por hacer y que seria bien aquella la morada exacta de la
Desgracia! No se veían terrenos, sino piedras, barriales o pantanos, sombras,
pantanos... Bajo los ardores de la fiebre excitante de mi desgracia, llegué a
pensar que, si tal región no fuese un pequeño antro de la Luna, existirían
allá, por cierto, locales muy semejantes...
Nos internaban
cada vez mas en aquel abismo... Seguíamos, seguíamos... Y, finalmente, en el
centro de una gran plaza encharcada cual un pantano, los caballeros hicieron
alto. Con ellos paró la multitud.
En medio del silencio que repentinamente se estableció, se vio que la
soldadesca volvía sobre sus propios pasos a fin de retirarse.
¡En efecto!. Uno a uno vimos que se alejaban todos en las curvas tortuosas
de los callejones barrosas, abandonándonos allí.
¡Confusos y atemorizados seguimos su rastro, ansiosos por irnos también.
¡Mas fue en vano!. Las callejas, las cavernas y los pantanos se sucedían,
barajándose en un laberinto en que nos perdíamos, pues, adonde nos
dirigiésemos, encontraríamos siempre el mismo escenario y la misma topografía.
¡Un inconcebible terror se apoderó del extraño bando!. A mi vez, no podría
siquiera pensar o reflexionar, buscando la solución para el momento. ¡Me sentía
como que envuelto en los tentáculos de una horrible pesadilla, y, cuanto hacia
mayores esfuerzos para explicarme racionalmente que pasaba, menos comprendía
los acontecimientos y más abatido me confesaba en mi terrible asombro!.
¡Mis compañeros eran hediondos, como también
hediondos estaban los demás desgraciados que encontramos en ese valle maldito,
los que nos recibieron entre lagrimas y estertores idénticos a los nuestros!.
Feos, dejando ver fisonomías alarmadas por el horror; escuálidos, desfigurados
por la intensidad de los sufrimientos; desaliñados, inconcebiblemente trágicos,
serian irreconocibles por aquellos mismos que los amasen, a los que
repugnarían!. Me puse a gritar desesperadamente, acometido de una odiosa fobia o
¿Pavor?. ¡Un hombre normal, sin que haya caído en las garras de la demencia, no
será capaz de evaluar lo que entré a padecer desde que me convencí de que lo
que veía no era un sueño, una pesadilla motivada por la deplorable locura de la
embriaguez!. ¡No!.. ¡Yo no era un alcohólico para verme así en las garras de
tan perverso delirio!. ¡No era tampoco un sueño, o pesadilla, creando en mi
mente, prostituída por el libertinaje de los hábitos, o que a mis ojos
alarmados por la infernal sorpresa se presentaba como la más punzante realidad
que los infiernos pudiesen inventar - la realidad maldita, asombrosa, feroz!.-
creada por una falange de réprobos del suicidio aprisionada en un medio
ambiente de acuerdo a su crítico y pudoroso estado, como precaución y caridad
para con el genero humano, que no soportaría, sin grandes confusiones y
desgracias, la intromisión de tales infelices en su vida cotidiana! (4)
¡Sí!. ¡Imaginad una asamblea numerosa de criaturas disformes - hombres y
mujeres – caracterizada por la alucinación de cada uno, correspondiente a casos
íntimos, vistiendo, todos, ropas como que empastadas del lodo de las
sepulturas, con las facciones alteradas y doloridas mostrando los estigmas de
penosos sufrimientos!. ¡Imaginad una localidad, un poblado envuelto en densos
velos de penumbra, gélida y asfixiante, donde se aglomerasen habitantes del mas
allá de la tumba abatidos por el suicidio, ostentando, cada uno, el estigma
infame del género de muerte escogido en el intento de burlar la Ley Divina –
que les concediera la vida corporal terrena como preciosa oportunidad de
progreso, invalorable instrumento para el pago de pesadas faltas del pasado!.
¡Pues era así la multitud de criaturas que mis ojos asombrados encontraron en
las tinieblas que les eran favorables al terrible genero de percepción,
olvidado por mí, en la insania de mi orgullo, que también yo pertenecía a tan
repugnante todo, que era igualmente un feo alucinado, un pegajoso ignominioso!.
¡Yo veía por aquí, y por allí, a estos manifestando, de cuando en cuando,
en tics nerviosos, las ansias del ahorcamiento, ahorcándose, con gestos
instintivos, altamente emocionantes, por librar el pescuezo, entumecido y
violáceo, de los harapos de cuerdas o de paños que se reflejaban en las
repercusiones periespirituales, ante las desarmónicas vibraciones mentales que
permanecían torturándolos!. ¡Aquellos, yendo y viniendo como locos, en
correrías espantosas, gritando por socorro en voces estentóreas, creyéndose, de
rato en rato, envueltos en llamas, aterrorizándose con el fuego que les
devoraba el cuerpo físico y que, desde entonces, ardía sin treguas en la
sensibilidad semi material del periespíritu!. Estos últimos sin embargo, yo
notaba que eran, generalmente, mujeres. !Súbitamente aparecían otros todavía:
el pecho o el oído, o la garganta bañados en sangre ¡oh! inalterable,
permanente, que verdaderamente nada
(4)
Efectivamente, en el mas allá de la tumba, las vibraciones mentales largamente
violadas del alcohólico, del sensual, del cocainómano, etc., etc., podrán crear
y mantener visiones y ambientes nefastos, pervertidos. Si, además, traen los
desequilibrios de un suicidio, la situación podrá alcanzar proporciones
Inconcebibles.
conseguía hacer desaparecer de la sutileza del fisico-espiritual sino la
reencarnación expiatoria y reparadora!. ¡Esos infelices, a mas de las múltiples
modalidades de penurias por las que se veían atacados, estaban siempre
preocupados, por tentar estancar aquella sangre chorreante, ora con las manos,
ora con las ropas o con cualquier otra
cosa que encontraran a su
alcance, sin conseguirlo nunca, pues se trataba de un deplorable estado mental
que las incomodaba e impresionaba hasta la desesperación!. ¡La presencia de
estos desgraciados impresionaba hasta la locura, dado el inconcebible
dramatismo de los gestos isocronos, inalterables, a los que, aun sin
proponérselo, se veían forzados!. ¡Y todavía estos otros sofocándose en la
bárbara asfixia del ahogamiento braceando en ansias furiosas en busca de algo
que los pudiese socorrer, tal como sucediera en la hora extrema y que sus
mentes registraron, ingiriendo agua en gorgoteos ininterrumpidos, exhaustivos,
prolongando indefinidamente escenas de agonía salvaje, las cuales ojos humanos
serian incapaces de presenciar sin alcanzar la demencia!.
¡No obstante había más todavía!... El lector perdone a mi memoria estas
menudencias tal vez poco interesantes para su buen gusto literario, mas útiles,
por cierto, como advertencia a su posible carácter impetuoso, llamado a vivir
las inconveniencias de un siglo en que el "morbus" terrible del
suicidio se tornó un mal endémico. ¡No pretendemos, además, presentar una obra
literaria para deleitar el gusto y temperamento artísticos. ¡Cumplimos un deber
sagrado, tan solo, buscando hablar a los que sufren, diciendo la verdad sobre
el abismo que, con malvadas seducciones, ha perdido a muchas almas incrédulas
en medio de los disgustos comunes a la vida de cada uno!.
Mientras, bien próximo al local en que me encerrara buscando refugiarme de
la recua siniestra, se destacaban, por su fealdad impresionante, media docena
de desgraciados que habían buscado el "olvido eterno", tirándose bajo
las ruedas de un tren. ¡Trayendo los periespíritus desfigurados, se diría en
una coraza de monstruosa deformidad, las ropas en harapos flotantes, cubiertos
de cicatrices sanguinolentas, despedazadas, confusas, en una maraña de golpes y
sobre golpes, tal modo fuera fotografiada, en aquella placa sensible y sutil, o
sea, en el periespíritu, la deplorable condición a la que el suicidio les
redujera el envoltorio carnal - ese templo, oh mi Dios, que el Divino Maestro
recomienda como vehículo precioso y eficiente para auxiliarnos en la caminata
en busca de las gloriosas conquistas espirituales!. Enloquecidos por
sufrimientos superlativos, llenos de la suprema aflicción que alcanzar pueda el
alma originada en la centella divina, presentando a los ojos pávidos del
observador lo que lo Invisible inferior tiene de más trágico, más emocionante y
horrible, esos desgraciados aullaban en lamentos tan dramáticos e
impresionantes que inmediatamente contagiaban con su influencia dolorosa a
quien quiera que se encontrase indefenso en su camino, el cual entraría a
coparticipar de la locura inconsolable de la que se acompañaban... pues ese
terrible género del suicidio, es de los mas deplorables que tenemos para
registrar en nuestras páginas, les conmoviera tan violenta y profundamente a la
organización nerviosa y a la sensibilidad general del cuerpo astral, congéneres
de aquella que traumatizara a todas, entorpeciendo, gracias a la brutalidad
usada, hasta mismo los valores de la inteligencia, que, por eso mismo, yacía
incapaz de orientarse, dispersa y confusa en medio del caos que se formara
alrededor suyo!.
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¡La mente
edifica y produce!. ¡El pensamiento - ya bastantes veces declararan - es
creador, y, por tanto, fabrica, corporifica, retiene imágenes por sí mismo
engendradas, realiza, fija lo que pasó y, con poderosas garras, lo conserva
presente hasta cuando se desee!.
¡Cada uno de nosotros, en el Valle Siniestro, vibrando violentamente y
reteniendo con las fuerzas mentales el momento atroz en que nos suicidamos,
creábamos los escenarios y respectivas escenas que viviéramos en nuestros
últimos momentos de hombres terrestres. Tales escenas, reflejadas alrededor de
cada uno, llevaban la confusión al lugar, esparcían tragedia e infierno por
todas partes, seviciando de aflicciones superlativas a los desgraciados
prisioneros. ¡Así era que se topaban, aquí y allí, fuerzas erguidas,
balanceando el cuerpo del propio suicida, que evocaba la hora en que se
precipitara en la muerte voluntaria. ¡Vehículos variados, así como convoyes
humeantes y rápidos, los cogían y trituraban, bajo sus ruedas, míseros
desvariados que buscaran matar su propio cuerpo por ese medio execrable, los
cuales, ahora, con la mente "impregnada" del momento siniestro,
reflejaban sin cesar el episodio, poniendo a la vista de los compañeros afines
sus hediondos recuerdos!. (4-A) Ríos
caudalosos y aun trechos lejanos del océano surgían repentinamente en medio de
aquellas callejuelas sombrías: - eran una media docena de réprobos que pasaba
enloquecida, dejando muestras de escenas de ahogamiento, por arrastrar en la
mente incendiada el trágico recuerdo de cuando se tiraran a sus aguas!...
¡Hombres y mujeres transitaban desesperados: unos ensangrentados, otros
retorciéndose en el suplicio de los dolores del envenenamiento, y, lo que era
peor, dejando a la vista el reflejo de las entrañas carnales corroídas por el
tóxico ingerido, mientras otros mas, excitados gritando por socorro en
correrías insensatas, traían un pánico aun mayor entre los compañeros de
desgracia, los cuales temían quemarse a su contacto, todos poseídos de la
locura colectiva!. ¡Y coronando la profundidad e intensidad de esos
inimaginables martirios - las penas morales: los remordimientos, la añoranza de
los seres amados, de los cuales no tenían noticias, los mismos sinsabores que
habían dado origen a la desesperación y que persistían en afligir!... ¡Y las
penas físico-materiales: - el hambre, el frío, la sed, exigencias fisiológicas
en general, torturantes, irritantes, desesperantes!. ¡La fatiga, el insomnio
depresivo, la debilidad, el sincope! ... Necesidades imperiosas, desconsuelos
de toda especie, insolubles, desafiando posibilidades de suavización - ¡oh! la
visión insidiosa e ineluctable del cadáver pudriéndose, su fetidez asquerosa,
la repercusión, en la mente excitada, de los vermes consumiendo el lodo carnal,
haciendo que el desgraciado mártir se supusiese igualmente atacado de la
podredumbre!. ¡Cosa singular! Esa escoria traía, pendiente de sí, fragmentos
del cordón luminoso, fosforescente, en cual, despedazado, como violentamente
roto, se desprendía en astillas como un cable compacto de hilos eléctricos
reventados, desprendiendo fluidos que deberían permanecer organizados para
determinado fin. Ora, ese pormenor, aparentemente insignificante, tenia, al
contrario importancia capital, pues era justamente en él que se establecía la
desorganización del estado del suicida. Hoy sabemos que ese cordón
fluídico-magnético, que liga el alma al envoltorio carnal y le da la vida,
solamente deberá estar en condiciones apropiadas para separarse de este, en
ocasión de la muerte natural, lo que entonces se hará naturalmente, sin
choques, sin violencia. Con el suicidio, sin embargo, una vez roto y no
desligado, rudamente arrancado, despedazado cuando aun estaba en toda a su
pujanza fluídica y magnética, producirá gran parte de los desequilibrios, sino
todos los que venimos indicando, ya que, en la constitución vital para la
existencia que debería ser, muchas veces, larga, la reserva de fuerzas
magnéticas aun no se habían extinguido, lo que lleva al suicida a sentirse un
"muerto-vivo" en la mas expresiva significación del termino. Mas, en
la ocasión en que por primera vez lo notáramos, desconocíamos el hecho natural,
imaginándonos que era un motivo mas para confusiones y terrores.
Tan deplorable estado de cosas, para la comprensión de la cual el hombre no
tiene un vocabulario ni imágenes adecuadas, se prolonga hasta que las reservas
de fuerzas vitales y magnéticas se agoten, lo que varia según el grado de
vitalidad de cada uno. El mismo carácter individual influye en la prolongación
del delicado estado, cuando la persona fuese mas o menos afecta a las
atracciones de los sentidos materiales, groseros e inferiores.
Es pues
un complejo
(4-A) En varias
sesiones prácticas a las que tuvimos ocasión de asistir en organizaciones
espiritas del Estado de Minas Gerais, los videntes eran concordantes en afirmar
que no percibían apenas el Espíritu atribulado del suicida comunicándose, y si
también la escena del mismo suicidio, revelándose a sus facultades mediúnicas
el momento supremo del trágico suceso. - (Nota de la médium)
que se establece, que solo el tiempo, con una extensa cola de sufrimientos,
conseguirá corregir.
........................................................................................................................................................
Un día, una profunda postración le sucedió a mi ser a causa de la
prolongada excitación. Una debilidad insólita me conservó quieto, como
desfallecido. Yo y muchos otros semejantes de mi falange estábamos extenuados,
incapaces de resistir por mas tiempo la situación tan desesperante. La urgencia
de reposo nos hacia desmayar frecuentemente, obligándonos a recogernos en
nuestras incómodas cavernas.
No habían pasado, sin embargo, ni siquiera veinticuatro horas desde que el
nuevo estado nos sorprendiera, cuando una vez mas fuimos alarmados por el
significativo rumor de aquel mismo "convoy" que ya en otras ocasiones
había aparecido en nuestro Valle.
Yo compartía el mismo antro residencial con otros cuatro individuos, como
yo portugueses, y, a lo largo del largo martirio en común, nos hicimos
inseparables, a fuerza de sufrir juntos en el mismo tugurio de dolor. Entre
todos, sin embargo, uno me irritaba sobremanera, predisponiéndome a la
discusión, como la de usar, a pesar de la situación precaria, el inseparable
monóculo, el frac bien entallado y el respectivo bastón con mango de oro,
conjunto que, para mi concepto neurasténico e impertinente, lo tornaba pedante
y antipático, en un lugar donde se vivía torturado con olores fétidos y
podredumbre y en el que nuestra indumentaria se diría empastada de extrañas
substancias grasas, reflejos mentales de la podredumbre elaborada alrededor de
nuestro envoltorio carnal. Yo, no obstante, me olvidaba de que continuaba
usando el "pince-nez" con su hilo de torzal, la capa de los días
ceremoniosos, el copioso bigote peinado... Confieso que, entonces, a pesar de
la larga convivencia, no sabia sus nombres. En el Valle Siniestro la desgracia
es por demás ardiente para que el réprobo se preocupe la identidad ajena...
El conocido
rumor se aproximaba cada vez mas...
Salimos de un salto a la calle... Callejas y plazas se llenaran de réprobos
como las veces pasadas, al mismo tiempo que los mismos angustiosos gritos de
socorro resonaban por las quebradas sombrías, con la intención de despertar la
atención de los que venían para el acostumbrado registro...
Hasta que,
dentro de la atmósfera densa y penumbrosa, surgieron los carros blancos,
rompiendo las tinieblas con poderosos reflectores.
Paró el tren
caravanero en la plaza barrosa. Bajó un pelotón de lanceros. Enseguida, damas y
caballeros, que parecían enfermeros, mas el jefe de la expedición, el cual,
como anteriormente aclaramos, se particularizaba por usar turbante y túnica
hindú.
Silenciosos y discretos iniciaran el reconocimiento de aquellos que serian
socorridos. La misma voz austera que se diría, como las veces anteriores,
vibraba en el aire, hizo, pacientemente, la llamada de los que deberían ser
recogidos los que, al oír sus propios nombres, se presentaban por sí mismos.
Otros, sin
embargo, por no presentarse a tiempo, imponían a los socorristas la necesidad
de buscarlos. Mas la extraña voz indicaba el lugar exacto en el que estarían
los míseros, diciendo simplemente: Abrigo número tal.... Calle número tal...
O, conforme a la
circunstancia:
- Demente...
Inconsciente... No se encuentra en el abrigo... Vagando en tal calle... No
atenderá por el nombre... Reconocible por esta o aquella particularidad...
Se diría que alguien, de muy lejos, apuntaba un poderoso telescopio hasta
nuestra desgraciada morada, para así informar detalladamente del momento actual
a la expedición laboriosa...
Los obreros de
la Fraternidad consultaban un plano, iban rápidamente al local indicado y
traían a los llamados, algunos cargados en sus brazos generosos, otros en
camillas...
Súbitamente resonó en la atmósfera dramática de aquel infierno donde tanto
padecí, repercutiendo estruendosamente por los más profundos rincones de mi ser
mi nombre, ¡llamado para la liberación!. Enseguida, se oyeron los de los cuatro
compañeros que conmigo estaban en la plaza. Entonces conocí sus nombres y ellos
el mío.
Dijo la voz lejana, sirviéndose del desconocido y poderoso altoparlante:
Abrigo número 36 de la calle numero 48
¡Atención!...Abrigo
número 36 – Ingresar al convoy de socorro - ¡Atención!----Camilo Cândido
Botelho – Belarmino De Queiroz e Souza – Jerónimo de Araújo Silveira - João
d'Azevedo - Mário Sobral – Ingresar al convoy... (4-B)
Fue entre
lágrimas de emoción indefinible que subí los pequeños escalones de la
plataforma que un enfermero indicaba, atento y paciente, mientras los policías
cerraban el cerco alrededor mío y de
mis cuatro compañeros, evitando que los desgraciados que aun quedaban subiesen
con nosotros o nos arrastrasen en su torbellino, creando una confusión y
retardando por eso mismo el regreso de la expedición.
Entré. Eran
vagones amplios, cómodos, confortables, cuyas poltronas individuales como que
acolchadas con armiño blanco presentaban el respaldo vuelto hacia los
respiradores, que parecían las ventanillas de las modernas aeronaves terrenas.
Al centro cuatro poltronas idénticas, donde se acomodaran enfermeros, todo
indicando que permanecían allí a fin de cuidarnos. En las puertas de entrada se
leía la leyenda entrevista antes, en el estandarte empuñado por el comandante
del pelotón de guardias:
Legión de los Siervos de María
Al rato la tarea de los abnegados legionarios estaba cumplida. Se oía en el
interior el tintinear apagado de una campanilla, seguido de un movimiento
rápido de subida de puentes de acceso y embarque de los obreros. Por lo menos
fue esa la serie de imágenes mentales que concebí...
El extraño
convoy osciló sin que ninguna sensación de temblor ni el más leve balanceo
impresionase nuestra sensibilidad. No contuvimos las lágrimas, sin embargo, al
oír el ensordecedor coro de blasfemias, la gritería desesperada y salvaje de
los desgraciados que quedaron, por no estar suficientemente desmaterializados
todavía para alcanzar camadas invisibles menos compactas.
Señoras que nos
acompañaban, velando por nosotros durante el viaje. Nos hablaban con dulzura,
convidándonos a reposar, confirmándonos su solidaridad. Nos acomodaron
cuidadosamente en las almohadas de las poltronas, cuales desveladas, y
bondadosas hermanas de Caridad...
Se alejaba el
vehículo... Poco a poco la cerrazón de cenizas se iba disipando a nuestros ojos
torturados, durante tantos años, por la más acuciante de las cegueras: - ¡la de
la consciencia culpable!.
Se apresuraba la
marcha... La neblina de sombras quedaba atrás como pesadilla maldita que se
extinguía al despertar de un mal sueño... Ahora las estradas eran amplias y
rectas, perdiéndose a lo lejos... La atmósfera se hacia blanca como la nieve...
Vientos fertilizantes soplaban, alegrando el aire...
¡Dios
Misericordioso!... ¡Habíamos dejado el Valle Siniestro!....
¡Allá quedó él,
perdido en las tinieblas de lo abominable!...
¡Quedó allá,
incrustado en los abismos invisibles creados por el pecado de los hombres,
fustigando el alma de aquel que se olvidó de su Dios y Creador!
¡Conmovido y pávido, pude, entonces, elevar el
pensamiento a la Fuente Inmortal del Bien Eterno, para humildemente agradecer
la gran merced que recibía!
(4-B) Perdóneme
el lector por no transcribir todos los nombres de estos personajes, tal como
fueran revelados por el autor de estas páginas. - (Nota da médium)
CAPITULO III
EN EL HOSPITAL «MARÍA DE
NAZARET»
Después de algún
tiempo de marcha, teníamos la impresión de estar venciendo grandes distancias,
vimos que fueron abiertas las persianas, dándonos la posibilidad de distinguir,
en el horizonte aun alejado, un severo conjunto de murallas fortificadas. Mientras
una pesada fortaleza se elevaba imponiendo respeto y temor en la soledad que se
cercaba.
Era una región
triste y desolada, envuelta en la neblina como si todo el paisaje fuera
recubierto por el sudario de continuas nevadas, aunque ofreciendo posibilidad
de visión. No se distinguía, al inicio, ninguna vegetación ni señales de
habitantes en los alrededores de la inmensa fortaleza. Apenas extensas
planicies blancas, colinas salpicando la inmensidad, semejando montículos
acumulados por la nieve. Y al fondo, plantadas en medio de esa melancolía
desoladora, murallas amenazantes, la grandiosa fortaleza, modelo de las viejas
fortificaciones medievales, teniendo por detalle primordial media docena de
torres cuyas líneas enormemente sugestivas despertarían la atención de quien
por allí transitase.
Una profunda
inquietud repercutió vigorosamente en nuestras sensibilidades, vivificando
recelos algo acomodados durante el trayecto.
¿Que nos
esperaría mas allá de tan sombrías fronteras?... Pues era evidente que allí nos
conducían...
Vista, a la
distancia, la edificación asustaba, sugiriendo rigores y disciplina austera...
Nos asaltó tal impresión de poder, grandiosidad y e majestad que nos sentimos
pequeños, acobardados sólo de avistarla.
Aproximándose
cada vez mas, el convoy finalmente paró ante un gran portón, que seria la
entrada principal.
Mas allá de la
cornisa, esmeradamente trabajada, y entrelazadas en letras artísticas y
grandes, se leía en portugués esta inscripción ya conocida nuestra, la cual,
como por encanto, serenó nuestra agitación luego que la descubrimos.
Legión de los Siervos de María
siguiendo esta
indicación que, emocionante, nos forzó a nuevas preocupaciones:
Colonia Correccional
Sin respuesta a
las indagaciones confusas del pensamiento aun lerdo y aturdido por las largas
mortificaciones que me venían persiguiendo desde hacia mucho, me desobligué de
averiguaciones y dejé que las cosas siguiesen su curso, percibiendo que mis
compañeros hacían lo mismo.
No le faltaba a
la fortaleza ni siquiera la defensa exterior de una foso. Un puente bajó sobre
él y el convoy venció el obstáculo, haciéndonos ingresar definitivamente a la
Colonia, no eximidos, sin embargo, de serias preocupaciones respecto al futuro
que nos aguardaba. De entrada, notamos por las inmediaciones a numerosos
militares, como si allí se acuartelase un regimiento. En tanto, estos se
parecían mucho a los antiguos soldados egipcios e hindúes, lo que nos admiró
mucho. Sobre el pórtico de la torre principal se leía otra inscripción,
pareciéndonos todo muy interesante, como
un sueño que nos llenase de incertidumbre:
Torre del Vigía
¿En que lugar
estaríamos?...¿Volveríamos a Portugal?... viajaríamos por algún país
desconocido, mientras la nieve se esparcía dominando el paisaje?...
Pasamos sin
parar por esa gran plaza militar, convencidos de que se trataría de una
fortificación militar idéntica a las de la Tierra, aunque revestida de
indefinible nobleza, inexistente en las congéneres que conociéramos en toda
Europa, pues no podíamos, entonces, determinar la verdadera finalidad de su
existencia en aquellas regiones desoladas de lo Invisible inferior, cercadas de
peligros bien mas serios que los que podíamos presumir.
Con sorpresa
comprobamos que entrábamos a una ciudad movidísima, aunque recubierta por
extensos mantos de nieve, y cerrazón pesada. No hacia, no obstante, frío
intenso, lo que nos sorprendió, y el Sol, mostrándose medroso entre la
cerrazón, daba ocasión no solo para calentarnos, mas también para distinguir lo
que había alrededor.
Soberbios
edificios se hacían apreciar, presentando el hermoso estilo portugués clásico,
que tanto nos hablaba al alma. Individuos atareados, entraban en ellos y de
ellos salían en afanoso movimiento, todos uniformados con largos delantales
blancos, ostentando en el pecho la cruz azul-celeste flanqueada por las
iniciales: L. S. M.
Parecían los
edificios, ministerios públicos o departamentos. Casas residenciales se
alineaban, graciosas y evocativas en su estilo noble y superior, trazando
calles artísticas que se extendían laqueadas en blanco, como que asfaltadas de
nieve. Ante uno de aquellos edificios paró el convoy y fuimos convidados a
bajar. Sobre el pórtico se definía su finalidad en letras visibles:
Departamento de Vigilancia
(Sección de Reconocimiento y Matricula)
¡Se trataba de la sede del Departamento donde seríamos reconocidos y
matriculados por la dirección, como internos de la Colonia. Desde aquel momento en adelante estaríamos
bajo la tutela directa de una de las más importantes agremiaciones
pertenecientes a la Legión dirigida por el gran Espíritu María de Nazaret, ser
angélico y sublime que en la Tierra mereció la misión honrosa de seguir, con
solicitud maternal, a Aquel que fue el redentor de los hombres!
Conducidos a un
patio extenso y majestuoso, que nos recordaba a antiguos claustros de Portugal,
fuimos enseguida transportados en pequeños grupos de diez individuos, hacia un
determinado gabinete donde varios funcionarios colaboraban en los trabajos de registro.
Allí dejaríamos la identidad terrena, como también así las razones que nos
indujeron al suicidio, el genero del mismo como el lugar en que yacían los
despojos. En caso que el recién llegado no estuviese en condiciones de
responder, el jefe de la expedición supliría rápidamente la insuficiencia, pues
estaba presente en la ceremonia, dando cuentas al director del Departamento de
la importante misión que acababa de desempeñar. Tan arduo trabajo, en torno de
toda una falange, llevara cuando memos de media hora, ya que los procesos
usados no eran idénticos a los conocidos en las reparticiones terrenas. Las
respuestas de los pacientes serian antes gravadas en discos singulares, especie
de álbumes animados de escenas y movimientos, gracias a la ayuda de aparatos
magnéticos especiales. Esos albumes hasta reproducían el sonido de nuestra voz,
como también nuestra imagen y la prolongación de las noticias sobre nosotros
mismos, ya que puesto en contacto con una admirable maquina, apropiada al
efecto, exactamente como los discos y filmes en la Tierra reproducen la voz
humana y todas las demás variedades de sonidos e imágenes existentes en ellos y
que deban ser retenidos y conservados. Nuestra identidad, era, por lo tanto,
antes fotografiada: las imágenes emitidas por nuestros pensamientos, en el
momento de las respuestas a las preguntas formuladas, serian captadas por
procesos que en esa ocasión escapaban a nuestra comprensión.
Durante mucho tiempo perdimos de vista a las
mujeres que habían llegado con nosotros al Departamento de Vigilancia. Los
reglamentos de la Colonia imponían la necesidad de separarlas de sus compañeros
de desventura.
Siendo así, luego a la llegada e inmediatamente después de la matrícula,
fueron confiadas a las damas funcionarias de la Vigilancia a fin de ser
encaminadas a los Departamentos Femeninos. Desde el momento, en que nos
matriculaban, éramos separados del elemento femenino.
Al rato,
entregados a nuevos servidores, cuyas tareas se desarrollaban dentro de los
muros de la institución, fuimos compelidos a ingresar en nuevos medios de
transporte, que todo indicaba eran para uso en los perímetros internos, por
cuanto debíamos continuar lo iniciado desde el Valle.
Nuestros
vehículos ahora eran leves y graciosos, como trineos ligeros y confortables,
tirados por las mismas admirables parejas de caballos normandos, y con
capacidad para diez pasajeros cada uno. Al cabo de una hora de viaje moderado,
durante el cual dejábamos para atrás el barrio de la Vigi1ancia, entrando, por
así decir, al campo, porque avanzando en una región despoblada, aunque las
estradas se presentasen esmeradamente proyectadas, orladas de arbustos níveos
cuales flores de los Alpes, avistamos grandes hitos, como arcos de triunfo,
indicando el ingreso a un nuevo Departamento, una nueva provincia de esa
Colonia Correccional localizada en las fronteras invisibles de la Tierra con la
Espiritualidad propiamente dicha.
En efecto. Allá
estaba la indicación necesaria al frente de la arcada principal, guiando al
recién llegado para ayudarlo y aclararle posibles dudas:
Departamento Hospitalario
A uno y otro lado sobresalían otras en que flechas indicaban el inicio de
nuevos caminos, mientras que nuevas inscripciones satisfacían la curiosidad o
necesidad del viajero:
A la derecha -
Manicomio.
A la izquierda -
Aislamiento.
Los conductores los hicieron
ingresar en la del centro, donde también se leía, el subtítulo:
Hospital María de Nazaret
¡Un inmenso parque jardinado nos sorprendió mas allá de la entrada,
mientras amplios edificios se erguían en lugares apacibles del sitio.
Padronizando siempre el estilo portugués clásico, esos edificios exhibían mucha
belleza y amplias sugestiones con sus arcadas, columnas, torres, terrazas,
donde flores trepadoras se enroscaban acentuando la agradable estética. Para
quién, como nosotros, angustiados y miserables, veníamos de aquellas regiones,
semejante lugar, aunque insulso, gracias a su inalterable blancura, aparecía como
la suprema esperanza de redención!. Y no faltaban, hermoseando el parque,
estanques con labrados artísticos borboteando agua límpida y cristalina,
cayendo en silencio, en cascadas graciosas gotas como perlas, mientras mansas
aves, con un bando de palomas graciosas sobrevolaban ligeros entre azucenas.
A diferencia de
las demás dependencias hospitalarias, como el Aislamiento y el Manicomio, el
Hospital María de Nazaret, u "Hospital Matriz", no se rodeaba de
ninguna muralla. Apenas árboles frondosos, tablones de azucenas y rosas
formaban graciosas murallas. Muchas veces pense, en mis días de convalecencia,
como seria arrebatador el paisaje si la policromía natural rompiese el sudario
níveo que envolvía todo aquello entristeciendo el ambiente de incorregible
monotonía!.
Fatigados,
somnolientos y tristes, subimos las escaleras Grupos de enfermeros atentos,
todos hombres, a cargo de dos jóvenes vestidos a lo hindú, asistentes del
director del Departamento, mas tarde supimos que se llamaban - Romeu y Alceste,
nos recibieron de las manos de los funcionarios de la Vigilancia encargados,
hasta entonces de nuestra guardia, y, amparándonos bondadosamente, nos
condujeron al interior.
Atravesamos
galerías magníficas, a lo largo de las cuales amplias puertas vidrieras, con
molduras levemente azules, dejaban ver el interior de la enfermería, lo que
venia a mostrar que el enfermo jamas estaría a solas. Nuestros grupos se
separaron por indicación de los enfermeros: - diez a la derecha... diez a la
izquierda... Cada dormitorio tenia diez lechos blanquisimos y confortables,
amplios salines con balcones hacia el parque. Nos dieron, caritativamente, un
baño, vestidos de hospital, lo que nos produjo lágrimas de reconocimiento y
satisfacción. A cada uno de nosotros le fue servido un delicioso caldo, tibio,
reconfortante, en platos tan albos cuanto las sabanas: y cada uno sintió el
sabor de aquello que le apetecía. Hecho singular: - mientras hacíamos la
refección frugal, era el hogar paterno el que acudía del recuerdo, las
reuniones en familia, la mesa de la cena, la dulce figura de nuestras madres
sirviéndonos, la figura austera del padre a la cabecera... Y lágrimas
indefinibles se mezclaron al alimento reconfortante...
¡En un ángulo
favorable a los diez lechos una chimenea calentaba el recinto,
proporcionándonos alivio. Y arriba, suspendida en lo alto de la pared, que se
diría estructurada en porcelana, una fascinante tela de color, luminosa y como
animada de vida e inteligencia, despertó nuestra atención luego que traspusimos
los acogedores umbrales. ¡Era un cuadro de la Virgen de Nazaret, algo semejante
al célebre de Murillo, que yo tan bien conocía, mas sublimado por virtuosidades
inexistentes entre los genios de la pintura en la Tierra!.
Al terminar la
refección, súbitamente dos varones hindúes entraron en nuestro cuarto,
presentando particularidades que los reconocían como médicos. Se hacían
acompañar por otros dos varones, los que deberían acompañarnos durante toda
nuestra hospitalización, pues eran los responsables de la enfermería que
ocupábamos. Se llamaban Carlos y Roberto de Canalejas, eran padre e hijo,
respectivamente, y, cuando estaban encarnados, habían sido médicos españoles en
la Tierra. Era sin embargo que a todos ellos les distinguíamos imperfectamente,
dado el estado de debilidad en que nos encontrábamos. Se diría que soñábamos, y
lo que venimos narrando al lector sólo podía ser visto por nosotros como
durante las oscilaciones del sueño...
No obstante, los
hindúes se aproximaron a cada uno de los lechos, hablaron dulcemente a cada uno
de nosotros, pusieron sobre nuestras cabezas atormentadas las delicadas y
blancas manos que aprecian translúcidas, acomodaron nuestras almohadas,
obligándonos al reposo; nos cubrieron paternalmente, acercando cobertores a
nuestros cuerpos helados, mientras cantaban tonadas tan cariñosas y sugestivas, que una pesada
somnolencia nos venció inmediatamente:
"-
Necesitáis de reposo... Reposad sin recelo, mis amigos... Sois todos huéspedes
de María de Nazaret, la dulce Madre de Jesús... Esta casa es de ella..."
¡Y si con
nosotros así procedieron, otros asistentes, por cierto, hacían lo mismo con los
demás componentes de la trágica falange recogida por el Amor de Dios!.
..........................................................................................................................................................
Al despertar,
después de un sueño profundo y reparador, me pareció haber dormido largas
horas, y de algún modo sentí que mi razonamiento se me aclaraba, ofreciendo una
mayor posibilidad de entendimiento y comprensión de las circunstancias. Me veía
seguro de mí mismo, como libre de aquel estado mórbido de pesadilla, que tantas
exasperaciones me acarreaba. ¡Mas, ay de mí! ¡Semejante alivio mental
profundizaba antes que balzamizar angustias, pues me compelía a examinar con
mayor dosis de sentido común y serenidad la profundidad de la falta que contra
mí mismo cometiera!. Un ardiente sentimiento de disgusto, remordimiento, temor,
decepción, me impedía apreciar debidamente la mejoría de la situación. ¡Y una
incómoda sensación de vergüenza me chicoteaba el pudor, gritándole a mi orgullo
que allí me encontraba indebidamente, sin ningún derecho a que me asistan
tanto, únicamente tolerado por la magnanimidad de individuos altamente
caritativos, iluminados por el verdadero amor de Dios!.
Amargas dudas
continuaban remolineando en mi mente. No era posible que yo hubiese muerto. ¡El
suicidio absolutamente no me matara!. ¡Yo continuaba vivo y bien vivo!...
¿Que pasara,
entonces?... ¡Mis compañeros de enfermería y, por cierto, todos los demás que
integraban el extenso cortejo proveniente de las oscuridades del Valle, se
entregarían a idénticas elucubraciones!. Se estampaba el asombro, el temor y el
pesar inconsolable en aquellos semblantes desfigurados.
Y, acompañando
la nueva serie de amarguras que nos invadía a pesar de la hospitalización y del
sueño reconfortante, los dolores físicos oriundos de la herida que nos
hiciéramos continuaba torturando nuestra sensibilidad, como recordándonos nuestro
estado irremediable de réprobos.
¡Yo y Jerônimo
gemíamos de cuando en cuando, bajo el imperativo de la herida hecha en el oído
por el arma de fuego que usáramos en el momento trágico; Mário Sobral re
retorcía, el cuello, entumecido, debatiéndose en tics periódicos contra la
asfixia, pues se ahorcara; João d'Azevedo, reteniendo en la mente torturada el
envenenamiento de su cuerpo que allá se consumiera, bajo el secreto de la
tumba, lloraba mansamente, exigiendo la visita de un médico; y Belarmino
yéndose en sangre, el brazo dolorido, entorpecido, ya paralítico - ¡oh!
preludiando, desde ese momento, el drama físico que seria suyo, en la
encarnación posterior - pues se suicidara cortándose los pulsos!.
¡Mas el alivio
era sensible!. Bastaría que observásemos que ya no veíamos las escenas mentales
de cada uno, reproduciendo en asombrosas escenas el momento supremo, tal como
sucedía en el Valle, donde no existía otro paisaje. La enfermería, muy
confortable, decía de como nos habían instalado bien. Existían hasta trazos de
arte y belleza en aquellos atrios de molduras azules, forradas de substancias
pulidas como la porcelana; en aquellas cortinas bordadas también azules, en las
trepadoras blancas que subían por los balcones, metiéndose dentro de la
terraza, como espiando nuestras caretas dramáticas de réprobos cogidos en
flagrante.
Súbitamente, la
voz de un enfermo, compañero nuestro, quebró el silencio de la meditación en la
que sumergíamos el pensamiento, exteriorizando sus impresiones, como si apenas
para sí hablase:
"- Llegué a
la conclusión - dijo, pausada
amargamente - de que lo mejor que todos tenemos que hacer es
enecomendarnos a Dios, resignándonos buenamente a las peripecias que aun nos
sobrevengan... ¡De nada vale desesperarse, sino para ser todavía más
desgraciados! ¡Tanta rebelión e insensatez... y nada obtuvimos a no ser agravar
nuestras ya tán atroces desgracias!... Por ahí se podrá ver que venimos
escogiendo caminos errados para nuestros destinos... ¡Es innegable, no
obstante, que estamos todos subordinados a una Dirección Mayor, independiente de nuestra voluntad!... ¡Eso es
asas significativo... No sé bien si morí... Mas, sinceramente, creo que no!...
Mi madre era una
persona simple, humilde, de pocas letras, más devota a la creencia y al respeto
a. Dios. Afirmaba a sus hijos, con extraña convicción, cuando los reunía al pié
de la chimenea a fin de enseñarles las oraciones nocturnas, mezclados con los
principios de la fe cristiana, que todas las criaturas traemos un alma
inmortal, creada por el Ser Supremo y destinada a la gloriosa redención por el
amor de Jesús Cristo, y que esa alma algún día daríamos cuenta al Padre
Creador. ¡Nunca mas, desde entonces, adquirí una ciencia de mas elevado valor!.
Considero que las aulas que mi madre nos administrara, durante el sarao de la
familia, superiores a las que más tarde aprendí en la Universidad. Infelizmente
para mí, me reí de la sabiduría materna, enbreñandome por los desvíos de las
pasiones mundanas... ¡ !Sin embargo, oh
madre mía! ¡Yo aceptaba la posibilidad de la hermosa creencia que tentaste
infundir a mi alma rebelde!. ¡ No fui realmente ateo!.
¡Hoy pasados
tantos años, y después de tantos sufrimientos, situado ante situaciones que
escapan a mi análisis, yo estoy convencido de que mi madre tenia razón: debo
tener un alma, realmente inmortal!.
¡Escapar de un
tiro de revolver, uno hasta puede restablecerse!.
¡Curarnos de la
ingestión de un veneno, cualesquiera que sean las circunstancias en que lo
hayamos usado. Más no se escapa de una fuerza como a la que yo me destiné. Y estoy aquí y si sufrí todo cuanto sufrí sin
conseguir aniquilar dentro de mis las potencias de la vida, es porque soy
inmortal!. ¡Y si soy inmortal es porque tengo un alma, sin duda, porque en
cuanto al cuerpo humano, ese no es inmortal, pues se consume en la tumba!. ¡Y
si tengo un alma dotada de la virtud de la inmortalidad es que elle provino de
Dios, que es Sempiterno!. ¡Oh, madre
mía, tu decías la verdad!. ¡Oh, mi Dios!. ¡Mi Dios!. ¡Tu existes!. ¡Y yo
renegándote siempre, con mis actos, mis pasiones, mi desobediencia a tus
normas, mi indiferencia criminal a tus principios!... ¡Ahora... que súbitamente
está sonada la hora de rendirte cuentas de mi alma que tu creaste – de mi
alma!. ¡Aquí está que nada tengo para decirte, Señor, sino que mis pasiones la
hicieron infeliz, cuando lo que determinaste al crearla era que yo la condujese
obedientemente a tu regazo de Luz!. ¡Perdóname!. ¡Perdóname, Señor Dios
!..."
Abundantes
lágrimas se mezclaron a estertores de asfixia. Mas, a pesar de saber a la
intensa amargura, ya no traían lo macabro característico de las convulsiones
que, en el Valle, las lágrimas provocan.
Era Mário Sobral
el que hablara.
Mário tenia
grandes ojos negros, cabellera revuelta, mirar alucinado. Cursara a Universidad
de Coimbra y se reconocía en el tipo bien acabado del bohemio rico de Lisboa.
Su conversación, ordinariamente, era nerviosa y fácil. Seria un excelente
orador, si de la Universidad hubiera salido sabio y no bohemio. En el
cautiverio del Valle fuera una de las entidades que más sufría que tuve ocasión
de conocer, y así mismo se destacó durante todo el largo período de internación
en la Colonia.
Con ese discurso
se inicio una serie de confidencias entre los diez. No sé por que deseáramos
conversar. Tal vez la necesidad de mutuo consuelo nos empujase a abrir los
corazones, recurso, además, ineficaz para lenificar angustias, porque, si le es
difícil a un suicida el consolarse, no
será, por cierto, recordando dolores y desgracias pasadas que logrará amenizar
la penuria que le oprime el alma.
"- Eres
fuerte en dialéctica, amigo, te felicito por la progresión del modo de razonar:
- no fue así que tuve la honra de conocerte en otro lugar..." – me mofe
yo, a quien incomodara mucho la quiebra del silencio.
"- ¡También
yo así lo creo y admiro la lógica de sus consideraciones, amigo Sobral!."
– intervino un portugués de grandes bigotes, mi vecino de lecho, cuya herida en
el oído derecho, sangrando sin intermitencia me causaba un infinito malestar, puesto
que, cuantas veces le prestase atención, me recordaba que también yo traía una
herida idéntica y me torturaba en reminiscencias atroces.
Era, ese,
Jerónimo de Araújo Silveira, el más impactante y pretensioso entre los diez, el
más incoherente y revelado. Prosiguió él:
“- Además, yo
jamás negué la existencia del Dios, Creador de Todas las Cosas. ¡Fui..., es
más, soy!. ¡Yo soy, ya que no morí!.
Católico militante, hermano salvado de la Venerable Hermandad de la Santísima
Trinidad, de Lisboa, con derecho a bendiciones e indulgencias especiales,
cuando las necesite...”
“-Creo, vecino mío, que llegó, o ya va pasando,
la ocasión de que reclames los favores a los que tienes derecho... No puedes
estar más necesitado de ellos...”- repliqué, en un creciente mal humor,
haciéndome el obsesor.
No respondió, y continuó.
“-¡Fui, sin
embargo, muy impaciente y nervioso desde mi juventud!. Me impresionaba
fácilmente, era indomable y disconforme, a veces melancólico y sentimental... y
confieso que nunca tuve en cuenta los verdaderos deberes de un cristiano,
expresados en las santas advertencias de nuestro consejero y confesor, de
Lisboa. Por eso mismo, por cierto, cuando me enfrenté con la ruina de mis
negocios comerciales, pues no sé si sabéis que fui importador y exportador de
vinos; lleno de deudas impagables; sorprendido por una estruendosa e
irremediable quiebra; sin posibilidad de evitar la miseria que a mí y a mi
familia abría sus fauces irremediables; acusado por propios y extraños como
único responsable del dramático fracaso;
abatido por la perspectiva de lo que sucedería a mi mujer e hijos, a
quien yo, por mucho mimar, habituara a una excesiva comodidad, realmente al
lujo, mas los que, ahora que me veían castigado y sofriendo, me
responsabilizaban crudamente de todo, en vez de pacientemente ayudarme a llevar
la cruz del fracaso, que a todos nos abatía – flaqueé en el coraje que hasta
entonces tuviera y "traté" desertar ante todos y hasta
de mi mismo, a fin de evitarme censuras y humillaciones. Mas, me engañé: mude apenas de habitación, sin conseguir
encontrar la muerte, y perdí de vista a mi familia, lo que me ha acarreado
insoportables contrariedades!."
"- ¡Si, es
lastimoso! - tornó Mário en la misma tonalidad abatida, como si no hubiese oído
lo precedente, - Caí en las tinieblas de la Desgracia! ... ¡Cuándo tan buenas oportunidades encontré
durante toda la vida, facilitándome el dominio de las pasiones para el devenir
de conquistas honestas!. ¡Me olvide de que el respeto a Dios, a la Familia, al
Deber, seria el objetivo sagrado a alcanzar, pues recibí buenos principios de
moral en la casa paterna!... ¡Joven, seductor, inteligente, culto, me envanecí
con las dotes que me favorecían y cultivé el egoísmo, dando alas a los
instintos inferiores, que reclamaban placeres siempre más febriles... La
convivencia vanidosa de la Universidad hizo de mi un pedante, un tonto cuyas
únicas preocupaciones eran las exhibiciones ostentosas, sino escandalosas... De
ahí a perderme en el tropel de las embocaduras de las pasiones deprimentes...
Y, después, cuando no conseguí mas encontrarme a fin de reconducirme a mi mismo,
busque la muerte suponiendo poder esconderme de los remordimientos tras el
olvido de una tumba!... ¡Me engañé! ¡La muerte no me acepto!. ¡Me encontró por
cierto demasiado vil para honrarme con su protección!. ¡Por eso me devolvió a
la vida cuando el sepulturero tuvo la honra de cubrir mi figura repulsiva da la
luz del Sol!...
Mi madre, sin embargo, esa si, no se engañó: - yo soy inmortal!. ¡Jamas,
jamas moriré!. ¡He de existir por toda la consumación de los evos, en presencia
de Aquel que es mi Creador!. ¡Sí!. ¡Porque, para sobrevivir a las desgracias
que crucificaran mi sentir, desde la noche aciaga de la primavera del año
1.889, sólo podría un ser que sea inmortal!."
Extendió la mirada
congestionada, como llamando recuerdos pasados al presente y murmuró,
anhelante, aterrorizado, ante la página más negra que le condenaba la
consciencia:
"- ¡Si, mi
Dios!. ¡Perdóname!. ¡Perdóname!. !Yo me arrepiento y me someto, visto que
reconozco que erre!. ¡Me perdí ante ti, mi Dios, ante la desesperante pasión
que nutrí por Eulina!... ¡Mas, si me lo permites, me rehabilitaré por amor a
ti...
"
¡Eulina!... ¡Tu no valías siquiera el pan que yo te daba para saciar tu hambre!
¡Sin embargo, te amaba, mas allá de todas las conveniencias, a despecho hasta
de la misma honra!. ¡Eras pérfida, malvada!... ¡Yo, sin embargo, debía ser
inferior, todavía mas que tu, porque casado, siendo mi esposa noble y digna
señora!. ¡Era padre de tres inocentes criaturas, a las cuales debía amor y
protección!. ¡Los abandoné por ti, Eulina, me desinteresé de sus encantos,
porque me arrebaté irremediablemente de los tuyos, extraña belleza de las
tierras sudamericanas, que eras tu!... ¡Oh, como eras linda!... ¡Mas no me amabas..!
Y después de arrastrarme de caída en caída, explotando mi bolso y mi
corazón, me abandonaste a la desesperación de la miseria y de la ingratitud, al
rechazarme por el capitalista brasileño, tu compatriota, que te pretendió!.
¡Fui a tu casa:
me vi despechado... Te supliqué, me arrastré a tus pies como un loco,
desesperado al perderte, como un insensato que siempre fui!. ¡Imploré migajas
de tu compasión, viendo que ya no seria posible tu amor!.
¡Provoqué la
discusión, viendo que te hacías la insensible a mis desesperadas tentativas de
reconciliación... y, ciego por los insultos que repetías, te agredí, hiriendo
el rostro que yo adoraba; te golpee sin
piedad, te maltraté a puntapiés, mi Dios!. ¡Oh mi Dios!. ¡Te estrangulé, Eulina!. ¡Te maté!... ¡Te maté!..."
Paró sofocado,
en las convulsiones odiosas de un perfecto réprobo, para continuar después,
como dirigiéndose a los compañeros:
"- Cuando,
lleno de horror, contemplé la acción abominable que practicara, apenas un
recurso acudió en mi mente, rápido cual impulso obsesor, a fin de escapar a las
consecuencias que, en aquel momento, se me figuraban insoportables: - ¡el
suicidio!. Entonces, allí mismo, sin perder tiempo, rasgué las sabanas de la
desgraciada... y me colgué de una viga existente en la cocina..."
"-¡Que
forma, esa, tan poco poética de morir un amante... – me mofé yo, enfadado con
la larga descripción que desde el Valle diariamente lo oía repetir. – Apuesto
en como V. Excia., Sr. Profesor, que tan elegantemente deseó morir, recordando
a Petronio, ¿lo hizo por el amor platónico de alguna señora inglesa, rubia y
bien parecida?... Portugueses ilustres, como V. Excia. vienen demostrando ser
así, gustan de amar a damas inglesas..."
Me dirigía ahora
a Belarmino de Queiroz e Sousa, cuyo nombre exhalaba hidalguía. Hasta ese
momento todavía me irritaban las actitudes del pobre cómplice del gran drama
que también yo vivía; y, siempre que había una oportunidad, lo ridiculizaba,
defecto muy mío y que muchos vejámenes y sinsabores me costó hasta corregirlo,
durante los trabajos de reforma interior que impuse a mi carácter en la Patria
Espiritual.
Belarmino era
alto y seco, muy elegante y fino de maneras. Se decía rico y viajado, profesor
de Dialéctica, de Filosofía y Matemática, era poliglota – respetable patrimonio
para un sólo hombre que se arrastre en la Tierra, no había duda, mas que no lo
impidiera de demorarse, y más el monóculo, el frac y el bastón, en las pocilgas
del Valle Siniestro, durante la interesante pasantía que allí hiciera, por
haberse suicidado. Eso mismo le echara yo en cara muchas veces, malhumorado
ante la vanidosa enumeración que hacia de sus diferentes títulos. El doctor,
todavía - porque era doctor, honrado por mas de una Universidad -, jamas
respondió a mis impertinencias. Pulido, educado, sentimental, llegaría también
a la vera de la bondad de corazón si a la par de tan bonitas dotes no cargara
los defectos del orgullo, del egoísmo de endiosarse a sí mismo por juzgarse
superior a todos.
Al oírme, no
respondió con irritación como siempre. Fue en un tono suave, aunque pesaroso,
que se expandió, dirigiéndose a todos:
"- Yo
creía, sinceramente, que la tumba absorbería mi personalidad, transmutándola en
la esencia que se perderá en los abismos de la Naturaleza:- ¡ que seria la
Nada!-
Discípulo de
Augusto Comte, la filosofía me llevó al Materialismo, al mecaninisismo
accidental de las cosas - única explicación satisfactoria que al razonamiento
pude ofrecer ante las anomalías con que me encontraba a cada paso por toda la
existencia, para alarmarme el corazón y decepcionar mi mente.
¡Siempre nutrí
una gran ternura y compasión por los hombres, a los que consideraba hermanos en
la desgracia, aunque tratase de ellos cuanto fuera posible, temiendo amarlos
demasiado, y, por tanto sufrir!. ¡Yo comprendía mejor que nada, que el nacer
era para el hombre solo una desgracia; nacer, vivir, trabajar, sufrir, luchar
por todos los pretextos...para después deshacerse irremediablemente en el polvo
en la tumba!.
No fui jamas,
dado a enamoramientos con mujeres de clase alta ni baja. ¿Para que amar,
construir una familia, contribuyendo a lanzar a la vida a otros desgraciados
mas, si la Filosofa me convenciera, además, de que el Amor era apenas una
secreción del cerebro?... Fui un estudioso, eso sí, y estudiaba a fin de
aturdirme, evitando el cumulo de elucubraciones sobre la miserable situación de
la Humanidad. ¡Siendo así, a mi no me sobraban horas para cultivar el amor
junto a damas inglesas ni portuguesas... Estudiaba para olvidar de un día
también me perdería en el vacío!. ¡Fui un infeliz, como toda la Humanidad lo
es. Solamente en el ambiente sereno del hogar disfrutaba de alguna
satisfacción... ¡Me agarré al hogar cuanto era posible, pesaroso de, un día,
ser forzado a abandonarlo para aniquilarme entre los vermes que destruían mi
individualidad!. ¡Mi madre, que compartía mis convicciones, porque también las
recibiera de mi genitor, me bastaba para compañía en las horas de ocio. ¡El
móvil de mi "tentativa" de suicidio, como ve, no fue el disgusto
amoroso. Fué la perdida de la salud!. Fui siempre físicamente débil, delgado,
un triste, soñador infeliz e insatisfecho, aterrorizado de Existir!. ¡Un
incorregible desconsuelo ennegreció los días de mi vida!. ¡Encerrado en este
círculo deprimente, vi a la tuberculosis apoderarse de mi organismo, mal
hereditario que no me fue posible combatir!. ¡Desengañado por la Ciencia,
preferí, entonces acabar de una vez, sin mayores sufrimientos, con la materia
miserable que comenzaba a pudrirse bajo la desintegración producida por una
molestia incurable, materia que, por su misma naturaleza, estaba destinada era
a la podredumbre de la muerte, a la eterna caída en las vorágines de la Nada!.
¿Para que, pues,
yo esperaría que el avance doloroso de la tuberculosis extinguiese mi
individualidad en lento suplicio, sin consuelo, sin esperanza compensadora en
el porvenir del mas allá de la muerte, donde no encontraría sino el
aniquilamiento absoluto, la desintegración perfecta, espantajo humano tirado al
desaliento, del cual huirían todos, inclusive mi propia madre – ¿quien lo
diría? - temiendo los peligros del contagio?!...
Morir era una
buena solución, muy lógica, para quien como yo, sólo veía ante sí un cuerpo
aniquilado por la enfermedad y la destrucción absoluta del ser como
desanimadoras expectativas
"- No poseo
a competencia de V. Excia., Señor Profesor, ni me será dado razonar con tanta
finura. Todavía, con el debido respeto a la persona de V. Excelencia, considero
un execrable pecado que el hombre no acepte la existencia de Dios, Su Paternidad
para con sus criaturas y la eternidad del alma, por más criminal y abyecto que
sea. Felizmente para mí, esas fueron cosas en que siempre creí con
vehemencia..." – se entrometió Jerônimó con simplicidad, sin percibir la
tesis profunda que presentaba a un ex-profesor de Dialéctica.
"- ¿Cómo y
por qué, entonces, os revelasteis contra las circunstancias naturales de la
vida humana, o sea, a los sufrimientos que os cabian en la desoladora herencia,
al punto de confesaros que deseasteis morir, Sr. de Araújo Silveira?... ¡Si yo,
desfavorecido por la Fe, carente de Esperanza, desamparado por la incredulidad
en un Ser Supremo, a merced del pesimismo al que mis convicciones conducían,
para quien la tumba apenas significaba olvido, aniquilación, la absorción en el
vacío, me desorientase al embate de la desventura y "tentase" matarme
a fin de evitar la lucha desigual e inútil, se concibe!.
¡Mas,
¿vosotros?. ... Vosotros, creyentes en la Paternidad de un Dios Creador, sede
de perfecciones infinitas, como decís, bajo cuya dirección sabia camináis;
vosotros, convencidos de la personalidad eterna, destinada a la misma finalidad
gloriosa de su Creador, heredera de la propia eternidad existente en aquel Ser
Supremo, hacia la cual marcha por el Orden natural de la ley de atracción y
afinidad, caer en desesperaciones y revelarse contra la misma ley, pues se que
la creencia en un Poder Absoluto prohibe la infracción del suicidio, es una
paradoja que no se puede admitir. Portadores de tal Ciencia, corazones
alumbrados por los ardores de tan radiosa convección, energías revigorizadas
por la fortaleza de tan sublime esperanza, deberiais consideraros también
dioses, hombres sublimados para quienes los infortunios serian meros
contratiempos del momento!.
¡Oh!. si yo
pudiese convencerme de esa realidad, no temería enfrentar, nuevamente, ni los
disgustos que arruinaron mis días, ni la tuberculosis que me redujo a lo que
veis!.- replicó con lógica férrea el discípulo de Comte, cuya sinceridad
despertó mi simpatía.
“-¿Y ahora, cual
es la opinión de V.Ecia. sobre el momento presente?. ¿Que explicación sugiere
la filosofía comtista para lo que pasa? ... -interrogué, lleno de curiosidad,
interesándome por el debate.
"- ¡Nada! -
respondió simplemente. - No sugiere nada...Continuo igual... No conseguí
morir!..."
Era evidente que
desconcertante dudas nos atacaban a todos, a él también. Lo que no queríamos
era curvarnos ante la evidencia. Teníamos miedo de encarar de frente la
realidad.
"- Decid
algo de vos, Sr. Botelho – se atrevió João a exhortarme. – Desde hace mucho
tiempo estimáis observarnos, mas habéis silenciado sobre vuestra persona, que
tan interesante nos parece... ¡En cuanto a mí, no deseo permanecer incógnito!.
Bien sabéis los motivos que me arrojaran al piélago abyecto del suicidio: - la
pasión por lo juego. - ¡Jugué todo!. ¡La honra inclusive, y la propia
vida!..."
"- ¡Perdón,
amigo d'Azevedo, ¿como jugaste la vida... si ahí estás hablándonos de
ti?!" - intervino Jerônimo desconcertado .
El interlocutor
se sobresaltó y, sin responder, insistió en su propósito de excitarme :
"- Vamos,
ilustre romancista, viejo bohemio de Porto, baja de tu feo pedestal del
orgullo... Ven a decir algo de tu "majestuosa" superioridad..."
Sentí la
mordacidad en las descorteses expresiones de João, que se antipatizara conmigo
en la misma proporción que yo y Belarmino, del cuál era muy amigo, y que dejara
un momento, de lloriquear para provocar mi mal humor.
Me enfadé.
Siempre fui un individuo susceptible, y la muerte no corrigiera todavía la
grave anormalidad.
"- ¡¿Por
que?!... ¡¿Seria yo, acaso, forzado a confesar intimidades a tal canalla, sólo
porque ellos habían confesado las suyas?!... ¡¿Por ventura debía yo cualquier
consideración a esa ralea, que fui a encontrar en el Valle inmundo?!..." -
pensé, sofocado por el orgullo, realmente, juzgándome superior.
La consideración
que a los compañeros de infortunio mi mal juicio negaba, la continuaba a mí
mismo dispensando dulcemente, él entendiendo que, si para allá yo también me
viera arrojado, era que en mi caso existiera una injusticia calamitosa; que yo
no mereciera la represión por ser mejor, mas digno, mas acreedor de favores que
los otros que conmigo allá se habían matado. Fuese como fuese, preferiría no
expandirme porque mi orgullo a tanto no me animaba. Mas, personajes de nuestra
infeliz categoría no están a la altura de vencer impulsos del pensamiento
callando expansiones ante iguales; tampoco saben dominar emociones,
esquivándose de la vergüenza de las indagaciones en el campo íntimo, en
presencia de extraños. Siendo así, los torrentes de vibraciones maleducadas se
derraman de su interior configuradas en un palabrerío ardiente y emotivo,
aunque ellas mismas no lo deseen, como si las compuertas magnéticas que las
retuviesen en los abismos mentales, se hubiesen roto gracias a las agitaciones
de que se hicieron presas. Además, el tono sincero, la hermosa llaneza del
profesor de Filosofía y Dialéctica, convidándome a una actitud menos descortés
de la que me habituara hasta entonces, me hizo concordar a la sugestión de João
d'Azevedo. Mas fue, antes, dirigiéndome preferentemente a aquel que, por
entender que sólo a su elevada cultura estaría a la altura de comprenderme, fui
diciendo grave, compenetrado, concediéndome una importancia ridícula en la
humillante situación en que me encontraba:
"- ¡Yo, Sr.
Profesor, soy un individuo que se imaginaba iluminado por un saber sin manchas,
mas que, en verdad hoy comienza a comprender que ignoraba, y continua
ignorando, lo que a dos dedos de su propia nariz existe. Fui paupérrimo (digo
"fui" porque algo cuchichea a mi ser que todo eso perteneció al
pretérito), con el insoportable defecto de ser orgulloso. Un hombre,
finalmente, que no negaba la existencia de un Ser Superior presidiendo su
Creación, es cierto, mas que, considerándolo una Incógnita desafiando sus
posibilidades humanas de descifrar sus
enigmas, no solamente dejaba de asociar el respeto a ese Ser a su vida, como,
principalmente, no le daba ninguna explicación de lo que hacia o pretendía
hacer para placer de sus mismos caprichos y pasiones. ! Será pues, una
redundancia afirmar que, muy sabio - como me juzgaba – arrastraba la disonante
ignorancia de la incredulidad en la posibilidad de existir leyes omnipotentes,
irremediables, partiendo de una Divinidad Creadora y Orientadora para dirigir
la Creación, lo que me hizo cometer errores gravísimos!.
¡Sufrí, y mi
existencia fue fértil en situaciones desanimadoras!. ¡La resignación nunca fue
virtud a la que se amoldase mi carácter violento y agitado por naturaleza. La
profundidad de mis sufrimientos me tornó irritadizo, irascible. El orgullo me
aisló en la convicción de que después de mí sólo existirían valores sufribles.
¡Después de
décadas de luchas malogradas, de aspiraciones desterradas de la imaginación por
irrealizables en el campo de la objetividad, de ideales decepcionados, de
deseos tan justos cuanto insatisfechos, de esfuerzos rechazados, de energías
barridas por sucesivas decepciones y voluntades conjugadas hacia el bien
volvieran al punto de origen debilitadas y rotas por impíos fracasos - la
ceguera, ¡amigo!. ¡Que apagó mis ojos cansados -, como un desconcertante premio
a las luchas que de mis fuerzas exigieran impulsos supremos!.
¡Quedé ciego!-
¡El espectro
negro de la eterna oscuridad se extendía sobre mis ojos pávidos de su manto de
tinieblas, que ni la ciencia de los hombres, ni la fe candorosa e ingenua de
los amigos que me tentaban llevar a la conformidad, ni los votos místicos de
los corazones que me amaban a las Potestades Celestes - serian capaces de
desviar!.
Negué a las
mismas Potestades:
- ¡¿Ciego?!.
¡¿Ciego, yo?!...
- ¡¿Cómo viviría
yo, ciego ?!...
Entendí que, si
el Ente Supremo, de quien yo no negaba hasta entonces, que existiese realmente,
tal cosa no se daría, porque no querría por cierto desgraciarme. ¡Me olvidaba
de que existían esparcidos por el mundo millones de hombres ciegos, muchos en
condiciones aun más apremiantes que la mía, y que eran todos, como yo,
criaturas venidas del mismo Dios!. ¡Negué porque entendí que, si había otros
ciegos, que los hubiese: - mas que yo no debería serlo!. ¡Era, sí, una
injusticia, un fin de esos para mí!.
¡¡Ciego!!... ¡Era lo máximo!.
¡Tan profunda cuan sorprendente desesperación devoraba mi voluntad, mi
energía mental, mi coraje moral, reduciéndome a la inferioridad del cobarde!.
¡Yo, que tan heroicamente supiera superar los abrojos que dificultaran mi
marcha hacia la conquista de la existencia, sobreponiéndome a ellas, de ahí
para adelante iba a encontrarme imposibilitado de continuar luchando! Me Di por
vencido. Ciego, yo entendía que mi vida era como una cosa que perteneciese al
pretérito, una realidad que "fuera", mas que ya no "era"...
La obsesión
fatal del suicidio entró a hacer ronda en torno de mis facultades. Me enamoré
de ella y le di guarida con todo el abandono de mi ser desanimado y
vencido. La muerte me atraía como remate
honroso de una existencia que jamas curvara la cerviz ante quien quiera que
fuese!. ¡La muerte me extendía los brazos seductores, falsamente mostrando, a
mis concepciones viciadas por la incredulidad en Dios, la paz de la tumba en
consoladoras visiones!.
¡Confirmada la
resolución sobre sugestiones enfermizas; atormentado y a solas con mi
superlativa desgracia; abandonado por el sereno consuelo de la Fe, que habría
suavizado el ardor de mi íntima desesperación; excitada la imaginación ya de sí
misma audaz y ardiente, creé un romance dolorido en torno de mí mismo y,
considerándome mártir, me condené sin apelación!.
¡Es que tuve
miedo y vergüenza de ser ciego!.
¡Me maté con la
intención de encubrir de la sociedad, de los hombres, de mis enemigos la
incapacidad a la que quedara reducido!.
¡No!. ¡Nadie se
gloriaría viéndome recibir el amargo pan de la compasión ajena!. ¡Nadie
contemplaría el espectáculo, humillante para mí, de mi figura vacilante,
tanteando en las tinieblas de mis ojos incapacitados para la visión!. ¡Mis
enemigos nos se refocilarían, alegrándose en la venganza de asistir a mi
irremediable derrota!. ¡Mil veces no!. ¡Yo no me brutalizaría en la inercia de
mirar dentro de mí mismo, cuando el Universo continuaría irradiando vida
fecunda y progresiva alrededor de mi sombra empobrecida por la ceguera!.
¡Me maté porque
me reconocí excesivamente débil para continuar, dentro de la noche pávida de la
ceguera, la jornada que, ya enfrentada a la buena luz de los ojos, estuviera
llena de obstáculos y trastornos!.
¡Era demasiado!.
¡Me revelé hasta lo indecible contra el Destino que me reservara tan
desconcertante sorpresa e inconsolable permanecí bajo la aniquilación de la
dramática ingratitud que supuse proviniese de Dios!. ¡Para mí, la Providencia,
el Destino; el mundo, la sociedad, estaban errados todos: - sólo yo tenia
razón, exagerando la tragedia de mis desesperanzas!.
¡¿Por que?!...
¡Yo, que poseía una capacidad intelectual superior, era paupérrimo, casi
hambriento, mientras que circulaban mi alrededor ignorantes e ignorantes de
cofres llenos!. ¡Yo, que me sentía idealista y bueno, vivía molestado por
adversidades que me tejían un continuo cerco, sitiándome en campos que
desafiaban posibilidades de victoria!. ¡Yo, cuyo corazón sentimental se
abrazaba en ansias generosas y tiernas, de excelencia quizá sublime, al saberme
incesantemente incomprendido, incompensado, herido por desconsideraciones tanto
mas amargas cuanto más extensas fuesen las radiaciones de mi sentir!. ¡Yo,
honesto, probo, recto, a pautarme por directrices sanas por entenderlas más
bellas y ajustadas al idealismo que acompañaba mi carácter, a tratar con bellacos,
a comerciar con ladrones, a disputar con hipócritas, a confiar en pusilánimes,
a atender a traficantes!....
¡Si, era
demasiado!...
¡Y después de
tan extenso panorama de desventuras - porque, para mí, individuo
impaciente nada conformado, esos hechos,
tan vulgares en mi vida cotidiana, acentuaban como verdaderas calamidades
morales -, el doloroso remate de la ceguera reduciéndome a la insignificancia
del verme, en la angustia del desamparo, en la inercia del idiota, en la
soledad del encarcelado!.
¡No pude
mas!. ¡Me faltó comprensión para tan grande anomalía!. ¡No
comprendí a Dios!. ¡No entendí su Ley!. ¡No entendí a la Vida!. ¡Un torrente de
confusión sin solución llenó mi pensamiento aterrado ante la realidad!. ¡Sólo
comprendí una cosa: - y era que precisaba morir, debía morir!. ¡Y cuando una
criatura deja de confiar en su Dios y Creador – se torna desgraciada!. ¡Es un
miserable, es un demonio, es un réprobo!, ¡Quiere el abismo, busca el abismo,
se precipita en el abismo!.
“Me
precipité."
..........................................................................................................................................................
No sé que malvadas sugestiones a mi elocuencia blasfema esparció por el
ambiente mórbido de nuestra enfermería. Lo que sí es que la triste asamblea se
dejó resbalar hacia las vibraciones desarmonicas, entregándose al llanto
dolorido y a crisis impresionantes, notoriamente el antiguo exportador de vinos
- Jerônimo – y el universitario Sobral, que eran los que más sufrían. Yo mismo,
mientras proseguía en mi angustiosa exposición, infectada de conceptos
enfermizos, retrocedía mentalmente a las situaciones temerarias de mi pasada
vida carnal, a las fases doloridas e ineluctables que me deprimieran crudamente
- que lágrimas escaldantes volvían a correr por mis mejillas mortificadas,
mientras nuevamente se me oscurecía la visión y las tinieblas substituían a los
dulces detalles de los coordinados azules, flotantes, y de las róseas
trepadoras trepando las columnatas de los balcones.
Acudieron
enfermeros solícitos a ver lo que pasaba, ya que no era previsto el incidente.
En el Hospital María de Nazaret el enfermo, rodeado de las emanaciones mentales
revivificantes de sus tutelares y dirigentes, bañados por ondas magnéticas
saludables y generosas, que tenian por objetivo beneficiarlo, debería ayudar el
tratamiento conservándose silencioso, sin entretenerse jamas en conversaciones
sobre asuntos personales. Convenía reposar, tratar de olvidar el pasado
tormentoso, barrer recuerdos chocantes, rehaciéndose cuanto fuese posible de
las largas dilaceraciones que desde hacia mucho lo acuchillaban. Fuimos
advertidos, por tanto, como infractores de uno de los más importantes
reglamentos internos. Y ni podríamos exculparnos alegando ignorancia, porque, a
lo largo de las paredes, letreros fosforescentes a cada momento despertaban
nuestra atención con permanentes pedidos de silencio, mientras la propia
institución daba el ejemplo moviendo su constante agitación bajo el control de
una criteriosa discreción. Y, aunque bondadosamente, dijeron que una
reincidencia implicaría en actitud punitiva por parte de la dirección, como la
transferencia para el Aislamiento, pues, el hecho, de repetirse, produciría
disturbios de consecuencias imprevisibles, no solo para nuestro estado general,
mas también para la disciplina del hospital, que debería ser rigurosamente
observada - lo que nos llevó a percibir que eran mas austeras las reglas en el
Aislamiento, mas temible su disciplina. Y para que medida tan ríspida fuese evitada,
fue establecida una severa vigilancia en nuestra dependencia. Desde aquel
momento, un guardia del regimiento de lanceros hindúes, acuartelados en el
Departamento de Vigilancia, fue designado para la guardia en nuestros
apartamentos.
Cerca de un
cuarto de hora después, un enfermero rubio y risueño, joven que andaría por los
veintitrés años, el cual entreviéramos al darnos entrada en el importante
establecimiento del astral, por ser uno de aquellos que nos recibieron a la par
de Romeu y de Alceste, nos visitó haciéndose acompañar de más dos obreros de la
casa; e, irradiando simpatía, fue diciendo muy afectuosamente, poneos a gusto:
"- Mis
amigos, me llamo Joel Steel, soy – o fui, como quieran - portugués nato, mas de
origen ingles. En verdad el viejo Portugal fue siempre muy querido a mi
corazón... Jamas pude olvidar los días venturosos que en su seno generoso
pasé... Fui feliz en Portugal... mas después... los hados me arrastraron para
el País de Gales, cuna natal de mi querida madre, Doris Mary Steel da Costa, y
entonces... Bien, es como compatriota y amigo que os convido al gabinete
cirúrgico a fin de que seáis sometidos a los necesarios exámenes, puesto que se
iniciarán en este momento los trabajos de cirugía..."
Nos preparamos, esperanzados. ¡No deseábamos otra cosa desde hacia mucho
tiempo!. Los dolores que sentíamos, nuestra indisposición general, reflejando
penosamente lo que ocurriera con el cuerpo físico-material, hacia mucho que nos
hacia ansiar por la presencia de un facultativo.
Mário y João,
cuyo estado era delicado, fueron transportados en camillas, mientras los demás
seguían apoyados en los brazos fraternos de los enfermeros bondadosos.
Pude entonces
distinguir algo de esa casa magnánima asistida por la cariñosa protección de la
excelsa Madre del Nazareno.
No solo el
excelente conjunto arquitectónico seria digno de admiración. También el
montaje, los grandiosos equipos, conjunto de piezas extraordinarias, apropiadas
a las necesidades de la clínica en el astral, demostrando el elevado grado que
alcanzara la Medicina entre nuestros tutelares, aunque no se tratase, el local
donde nos encontrábamos, de una zona adelantada de la Espiritualidad.
Médicos
dedicados y diligentes atendían con fraternas solicitudes a los míseros
necesitados de su servicio y protección. Se estampaba en sus fisionomías
bondadosas el compasivo interés del ser superior por el más frágil, de la
inteligencia preocupada por el hermano infeliz todavía inmerso en las tinieblas
de la ignorancia. Entre tanto, no todos vestían uniformes a lo hindú. Muchos
llevaban largos delantales vaporosos y alvísimos, como túnicas singulares, de
tejido fosforescente...
No asistí a lo
que les pasó a mis compañeros de desdicha. Mas, en cuanto a mí, al llegar al
pabellón reservado a las labores asistenciales, fui transferido de los cuidados
de Joel Steel para los del joven doctor Roberto de Canalejas, el cual me
encaminó a determinada dependencia, donde mi organización físico-espiritual - o
periespíritu - fue sometida a minuciosos e importantes exámenes. Carlos de
Canalejas, padre del precedente anciano venerable, antiguo facultativo español
que hiciera de la Medicina un sacerdocio, pagina heroica de abnegación y
caridad digna del beneplácito del Medico Celeste, y más uno de los psiquistas
hindúes que nos socorrieran a la llegada - Rosendo -, fueron mis asistentes.
Roberto pasó entonces a asistir a la importante labor como siguiendo las
lecciones de los maestros en los santuarios de la Ciencia, lo que venia a
aclarar que se encontraba el todavía en aprendizaje de la Medicina local.
A mi
organización astral le prestaran socorros físico-astrales justamente en las
regiones correspondientes a las que, en el envoltorio físico-terreno, fueran
dilaceradas por el proyectil del arma de fuego que utilizara para el suicidio,
o sea, los aparatos faríngeos, auditivos, visuales y cerebral, pues la herida
alcanzara toda esa delicada región de mi infeliz envoltorio carnal.
Era como si yo,
cuando fuera hombre encarnado (y realmente fuera así, así es con todas las
criaturas) poseyese un segundo cuerpo, molde, modelo del que fuera destruido
por el acto brutal del suicidio; como si yo fuera el "doble" y el
segundo cuerpo, poseyendo la facultad de ser indestructible, si se resintiese,
en ese lapso, o cuando le sucediese algo al primitivo, como si extrañas
propiedades acústicas sustentasen repercusiones vibratorias capaces de
prolongarse por indeterminado plazo, haciendo enfermar a aquel.
Sé que los
tejidos semimateriales de las regiones ya citadas de mi periespíritu,
profundamente afectadas, recibieron sondas de luz, baños de propiedades
magnéticas, bálsamos quintesenciados, intervenciones de substancias luminosas
extraídas de los rayos solares; que de ellos extraían fotografías y mapas con
movimiento, y sonoros, para análisis especiales; y que esas fotografías y mapas
mas tarde serian encaminados a la "Sección de Planeamiento de Cuerpos
Físicos", del Departamento de Reencarnación, para estudios concernientes a
la preparación de la nueva vestidura carnal que me cabria para el retorno a los
testimonios y expiaciones en la Tierra, a los cuales juzgara haber podido
evitar con el desvariado gesto que tuviera. Sé que, sometido al extraño
tratamiento, envuelto en aparatos sutiles, luminosos, transcendentes, permanecí
una hora, durante la cual el viejo doctor de Canalejas y el cirujano hindú se
desvelaran cariñosamente, reanimándome con palabras de coraje, exhortándome a
la confianza en el futuro, a la esperanza en el Supremo Amor de Dios!. ¡Y
también sé que causé trabajos arduos, y hasta fatigas a aquellos abnegados
siervos del Bien de quienes exigí preocupaciones, obligándolos a deducciones
profundas hasta que en mi físico-astral se extinguiesen las corrientes
magnéticas afines con el físico-terreno, las cuales mantenían el clamoroso
desequilibrio que ninguna expresión humana será bastante veraz para describir!
Es que el
"cuerpo astral", o sea, el periespíritu – o todavía el
"físico-espiritual" - no es una abstracción, figura incorpórea,
etérea, como supusieran. Él es, al contrario de eso, una organización viva,
real, sede de las sensaciones, en la cual se imprimen y repercuten todos los
acontecimientos que impresionen la mente y afecten el sistema nervioso, del
cual es el dirigente.
Es que, en ese
envoltorio admirable del Alma – de la Esencia Divina que en cada uno de
nosotros existe, señalando el origen del que provenimos -, persiste también una
substancia material, aunque quintaesenciada, la que a él le faculta la
posibilidad de enfermarse, resentirse, puesto que semejante estado de materia
es asaz impresionable y sensible, de naturaleza delicada, indestructible,
progresible, sublime, no pudiendo, por eso mismo, padecer, sin grandes
disturbios, la violencia de un acto brutal como el suicidio, para su envoltorio
terreno.
En tanto, bajo
tantos cuidados médicos mas se agrandaban mis dudas en cuanto a mi situación.
¡Muchas veces, durante la desesperante permanencia en el Valle Siniestro, yo
llegara a creer que muriera, oh, sí! Y que mi alma condenada expiaba en los
infiernos los tremendos desatinos practicados en vida. Ahora, sin embargo, mas
sereno, viéndome internado en un buen hospital, sometido a intervenciones
quirúrgicas, aunque muy diferentes fuesen los métodos locales de los que me
eran habituales, nuevas camadas de incertidumbre me inquietaban el espíritu:
¡No!. ¡No era
posible que yo hubiese muerto!.
¿Seria esto la
muerte?.. . ¿Seria la vida?...
Fui, entonces,
derramando un afligido llanto que, en un momento dado, en aquel primer día,
bajo las desveladas atenciones de Carlos y Rosendo, grité excitado, febril,
incapaz de contenerme por mas tiempo:
"- ¿Mas, al
final, donde estoy yo?... ¿Que pasó?... ¿Estaré soñando?... ¿Morí o no morí?...
¿Estaré vivo?... ¿Estaré muerto?... "
Me atendió el
cirujano hindú, sin detenerse en la delicada actuación. Mirándome con dulzura,
tal vez para demostrar que mi situación le causaba lástima o compasión, escogió
el tono más persuasivo de expresión, y respondió, sin dejar margen a segundas
interpretaciones:
"- ¡No, mi
amigo!. ¡No moriste!. ¡No morirás jamas!... porque la muerte no existe en la
Ley que rige el Universo!. Lo que pasó fue, simplemente, un lamentable desastre
con tu cuerpo físico-terreno, aniquilado antes de la ocasión oportuna por un
acto mal orientado de tu razonamiento... La Vida, sin embargo, no residía en
aquel cuerpo físico-terreno y sí en este que ves y contigo sientes en el
momento, el cual es el que realmente sufre, el que realmente vive y piensa y
que trae la calidad sublime de ser inmortal, mientras que el otro, el de carne,
que rechazaste, aquel, apropiado solo para el uso durante la permanencia en los
proscenios de la Tierra, ya desapareció bajo la sombría losa de una tumba, como
vestimenta pasajera que es de este otro que aquí está... Cálmate, ya...
Comprenderás mejor a medida de que te vayas restableciendo..."
Me trajeron en
camilla rumbo a la enfermería. Mi estado requería reposo. Me sirvieron un
reconfortante caldo, pues yo tenia hambre. Me dieron de beber agua cristalina y
balsamizante, pues yo tenia sed. Alrededor, el silencio y la quietud, envueltos
en ondas de bienestar y beneficencia, convidaban al recogimiento. Obedeciendo a
la caritativa sugestión de Rosendo, traté de dormir, mientras la desilusion,
traída por la inapelable realidad, hacia resonar sus decisivas expresiones en
mi mente atormentada:
"- ¡La Vida
no residía en el cuerpo físico-terreno, que destruiste, y sí en este que ves y
sientes en el momento, el cual tiene la calidad sublime de ser inmortal!."
CAPITULO IV
JERÔNIMO DE ARAÚJO SILVERA Y FAMILIA
No teníamos
noticias de nuestras familias ni tampoco de los amigos. Una punzante añoranza,
como ácido corrosivo que nos retorciese el dominio afectivo, lanzaban sobre
nuestros corazones infelices la decepcionante amargura de mil angustiosas
incertidumbres. ¡Muchas veces, Joel y Roberto nos sorprendían llorando a
escondidas, suspirando por nombres queridos que jamas oíamos pronunciar!.
Caritativamente, esos buenos amigos nos reanimaban con palabras de coraje,
aseverando ser tal contrariedad pasajera, pues tendíamos a suavizar la
situación propia, lo que necesariamente resolvería los problemas más
apremiantes.
Entre tanto,
existía el permiso para informarnos de las visitas mentales y votos fraternos
de paz y felicidad futuras, y cualquier gentileza emanada del Amor, y que
proviniesen de los entes queridos dejados en la Tierra o de los simpatizantes,
a mas de los que, aun de las moradas espirituales, nos amasen, interesándose
por nuestro restablecimiento y progreso. Siempre que esos pensamientos fuesen
irradiados por una mente verdaderamente erguida a expresiones superiores, nos
eran ellos transmitidos por un medio asaz curioso y muy eficiente, el cual, en
la ocasión vigente, nos llevaba a la perplejidad, dado nuestro desajuste
espiritual, mas que posteriormente comprendimos se trataba de un acontecimiento
natural y hasta común en localidades educativas del Astral intermedio.
Existía en cada
dormitorio cierto aparato delicadísimo, estructurado con substancias
electromagnéticas, que, acumulando un potencial de atracción invalorable,
selección, reproducción y transmisión, estampaba en una región reflectante, que
formaba parte integrante, cualquier imagen y sonido que benévola y
caritativamente nos fuesen dirigidos. ¡Cuándo un corazón generoso,
perteneciente a nuestras familias o mismo de los desconocidos, lanzase
vibraciones fraternas por la inmensidad del Espacio, al Padre Altísimo
invocando merced para nuestras almas enlutadas por los sinsabores, éramos
inmediatamente informados por una luminosidad repentina, que, traduciendo el
balbuceo de la oración, reproducía también la imagen de la persona operante, lo
que, a veces, nos sorprendía sobremanera, viendo suceder que personas a quienes
no siempre distinguiéramos con nuestro afecto y desvelo se presentaban
frecuentemente en el espejo magnético, mientras que otras, que de nuestros
corazones obtuvieron las máximas solicitudes, raramente mitigaban las asperezas
de nuestra íntima situación con las blandura santificante de la Oración!.
Podíamos, así, saber cuando pensasen a nuestro respecto; de las súplicas
dirigidas a las Divinas Potestades, de todo el bien que nos pudiesen desear o, a
nuestro favor, practicar.
Infelizmente
para nosotros, sin embargo, tal acontecimiento, que tanto amenizaría las
agruras de la soledad en que vivíamos; que seria como un refrigerante sereno
sobre las escaldantes añoranzas que nos abatían la mente y el corazón era
rarísimo en la casi totalidad del Hospital, referente a los afectos dejados en
la Tierra, puesto que el genial aparato sólo era susceptible de registrar las
invocaciones sinceras, aquellas que, por la naturaleza sublimada de las
vibraciones emitidas en el momento de la Oración, pudiesen armonizarse a las
ondas magnéticas transmisoras capaces de romper las dificultades naturales y
llegar a las mansiones excelsas, donde la Oración es acogida entre fulgores y
bendiciones. Sin embargo, al realizarse tan generoso hecho esto no nos
facultaría la posibilidad de obtener noticias respecto a la persona que lo
practicase, tal como lo desearía nuestra ansiedad. ¡De ahí las angustias
excesivamente amargas, y la desoladora añoranza por sentirnos olvidados,
privados de cualquier informe!.
No obstante, los mismos preciosos instrumentos de transmisión
incesantemente revelaban que éramos recordados por habitantes del Mas Allá. De
otras zonas astrales, como de otras localidades de nuestra propia Colonia,
llegaban fraternos votos de paz, alivio amistoso, animo para los días futuros.
Oraban por nosotros en súplicas ardientes, no apenas invocando el amparo
maternal de María para nuestras inmensas debilidades, mas aun la intervención
misericordiosa del maestro Divino.
De la Tierra
todavía, no eran raras las veces que discípulos de Allan Kardec, tratando de
pautar actitudes de acuerdo a directrices cristianas, se congregaban
periódicamente en gabinetes secretos, como los antiguos iniciados en el secreto
de los santuarios; y, respetuosos, obedeciendo a impulsos fraternos por amor al
Cristo Divino, emitían pensamientos caritativos en nuestro favor, visitándonos
frecuentemente a través de cadenas mentales vigorosas que la Oración
santificaba, tornándolas ungidas de ternura y compasión, las que caían en el
fondo de nuestras almas crucificadas y olvidadas, como fulgores de consoladora
esperanza!.
No obstante, no
era sólo eso.
Caravanas
fraternas, de Espíritus en estudio y aprendizaje beneficiosos, asistidas por
Mentores eméritos, entraban en nuestra triste región, venidas de zonas
espirituales más favorecidas, a fin de traer su piadosa solidaridad, en visitas
que mucho nos calmaban. Así hicimos buenas relaciones de amistad con individuos
moralmente mucho más elevados que nosotros,
los que no desdeñaban el honrarnos con su estima. ¡Esas amistades, tan
suaves afectos serian duraderas, porque estaban fundadas en los desinteresados,
en los elevados principios de la fraternidad cristiana!.
Sólo mucho más
tarde nos fue otorgada la satisfacción de recibir las visitas de los entes
caros que nos habían precedido en al tumba. Aun así, sin embargo, deberíamos
contentarnos con aproximaciones rápidas, pues el suicida está en la vida
espiritual como el sentenciado en la sociedad terrena: no tienen regalías
normales, vive en un plano expiatorio penoso, donde no es lícita la presencia
de otros que no sean sus educadores, mientras que él mismo. Dado su precario
estado vibratorio, no logrará alejarse del pequeño círculo en que se
agita...hasta que los efectos de la calamitosa infracción sean totalmente
expurgados.
"- ...Y
serás atado de pies y manos, lanzado en las tinieblas exteriores, donde habrá
llanto y crujir de dientes. De allí no
saldrás mientras no pagues hasta el último ceitil..." – avisó
prudentemente el Celeste Instructor, hace muchos siglos.
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Dos acontecimientos de profunda significación para el desarrollo de
nuestras fuerzas en el ajuste al plano espiritual se verificaron luego en los
primeros días que siguieron a nuestra admisión al magno instituto del astral.
Dedicaremos el presente capítulo al más sensacional, reservando para el
siguiente la exposición del segundo, no menos importante, por decisivo en la
lección que, entonces, nos ofreció.
Cierta mañana,
se nos presentó el joven Dr. Roberto de Canalejas, a participarnos de que
estabamos invitados a una importante reunión para esa tarde, debiendo todos los
recién llegados reunirse con el director del Departamento al que estábamos
confiados en el momento, para aclaraciones de interés general.
Jerónimo, cuyo
malhumor se agravaba de modo asustador, formalmente declaró no desear
comparecer a la misma, puesto que no se creía obligado a obediencias serviles
por el simple hecho de encontrarse hospitalizado, y más aun, que en la ocasión,
solo se interesaba por la obtención de noticias de su familia. Roberto, sin
embargo, dijo delicadamente, sin muestras de ninguna irritación, que era
portador de una invitación y no de una orden, y que, por eso mismo, ninguno de
nosotros seria forzado a asistir.
Avergonzados
ante la actitud grosera del compañero, nos sentimos también chocados, y fué con
la mejor sonrisa que encontramos en los archivos de antiguos recuerdos que
concordamos, agradeciendo todavía la honra que nos dispensaban.
¡Ya en ese tiempo éramos sometidos a un tratamiento especializado, del cual
adelante trataremos y con el cual igualmente no concordara el antiguo hermano
de la Santísima Trinidad, de Lisboa, así que supo era la terapia fundada en las
fuentes magnético-psíquicas, asuntos que absolutamente no admitía!.
No obstante,
impaciente y displicente, se dirigió al bondadoso facultativo, después del
incidente, y dijo, olvidado ya de su lamentable actitud anterior:
"- Sr.
doctor, un obsequio inestimable vengo pensando obtener de V. Excia., confiado
en los sentimientos generosos que por cierto adornan tan noble
carácter..."
Roberto de
Canalejas que, en efecto, antes de ser un espíritu convertido al Bien, dedicado
operario de la Fraternidad, habría sido en la sociedad terrena un perfecto
caballero, esbozó una sonrisa indefinible y respondió:
"- Estoy a
su entera disposición, amigo!". ¿En que debo atenderlo?..."
"- Es
que... Tengo la necesidad imperiosa de dirigir cierta petición a la benemérita
dirección de esta casa... Me aflijo por la falta de noticias de mi familia, que
no veo desde hace mucho... ni siquiera se desde cuando!... En vano he esperado
noticias... y ya no me restan fuerzas para sufrir en el pecho las ansias que me
dilaceran... Deseo la obtención de licencia, de la muy digna dirección de este
Hospital, para ir hasta mi casa, a certificarme de los motivos que ocasionan
tan ingrato silencio... No soy visitado por los míos. . . No recibo cartas. . .
Será posible a V. Excia. conducir un requerimiento al Sr. Director? ¿No
prohibirán, por cierto, los reglamentos internos, la actitud que deseo
tomar?..."
Como vemos por
lo expuesto, el pobre ex-comerciante de Porto parecía no hacerse una idea muy
justa de la situación en que se encontraba, y, mas que los demas compañeros de
habitación, se perdía en un desorden mental, entre los estados terreno y
espiritual.
"- ¡De
ningún modo, mi caro amigo!. ¡No hay prohibición!. ¡El director de este
establecimiento tendrá la satisfacción de oírlo!”.- - afirmó el paciente
médico.
"- ¿Haré
entonces hoy mismo el pedido?..."
"-
Encaminaré verbalmente la solicitud... y Joel lo participará de lo que quede
resuelto..."
Cerca de media hora
después, Joel volvía a la enfermería a fin de comunicar al afligido enfermo que
el director lo convidaba a presentarse
personalmente a su gabinete. Venia, sin embargo, pensativo, y descubrimos un
acento de pesar en su semblante generalmente límpido y sonriente.
Nuestro
compañero que, como es sabido, era, entre los diez, el más rebelde e
indisciplinado, exigió que Joel le devolviese el traje que le fuera sacado a la
entrada, pues le repugnaba presentarse al gabinete del mayoral envuelto en un
feo sudario de enfermería, tal como nos encontrábamos todos.
Muy serio, Joel
no tentó contrariarlo. Le devolvió, enseguida, la referida indumentaria.
Salieron.
No habían
transpuesto aun la galería inmensa, hacia donde se proyectaban las puertas de
los dormitorios, y súbitamente el joven Dr. de Canalejas y uno dos nuestros
asistentes hindúes entraron en nuestro compartimento, mientras, sonriente, fue
diciendo el último, con acento amistoso:
"- Aquí nos
encontramos, mis caros amigos, a fin de convidaros a acompañar a vuestro amigo
Jerônimo de Araújo Silveira en la peregrinación que desea tentar. Estamos
conscientes de que ninguno de vosotros se siente satisfecho con los reglamentos
de esta casa, que de ningún modo intercepta noticias circunstanciales
provenientes de los planos terrenos. Sin embargo, será bueno que seáis
informados de que, si tal rigor se verifica, a vuestro beneficio lo
establecemos, aunque no exista una formal prohibición para una rápida visita a
la Tierra, como veréis dentro de poco. Atended en este aparato de visión a la
distancia, que ya conocéis, y acompañad los pasos de nuestro Jerônimo desde
este momento. En caso que vaya a obtener la licencia que ruega, como espero que
suceda, dada la insistencia a que se atiene, haréis con él la peregrinación que
tanto desea respecto a su familia, sin, sin embargo, precisar salir de este
local... Y mañana, si todavía deseáis bajar a vuestros antiguos hogares en
visita prematura, seréis atendidos inmediatamente... a fin de que la rebelión
que os viene hiriendo la mente no continúe retardando la adquisición de nuevas
tendencias que os puedan beneficiar en el futuro... Todos los demás enfermos en
idénticas condiciones reciben igual sugestión en este momento..."
Se aproximó del
aparato y, con graciosa desenvoltura; lo amplió hasta que pudiese retratar la
imagen de un hombre en tamaño natural.
Perplejos, mas
interesados, dejamos el lecho, que raramente abandonábamos, a fin de apostarnos
ante la placa que comenzaba a iluminarse. Nos hicieron sentar cómodamente, en
poltronas que ornaban el recinto, mientras aquellos celosos colaboradores del
Bien tomaran lugar a nuestro lado. Era como si aguardásemos el inicio de una
pieza teatral.
De súbito Joel
surgió ante nosotros, tan visible y naturalmente, destacándose en el mismo
plano en que nos encontrábamos, que lo supusimos dentro de la enfermería, o que
nosotros le siguiésemos el rastro... Sostenía a Jerônimo por el brazo...
caminando en busca de la salida de servicio... y tan intensa se iba tornando la
sugestión que luego nos abstraímos, olvidados de que, en verdad, continuábamos
cómodamente sentados en poltronas, en nuestro aposento...
Mas real que el
actual cinematógrafo y superior al ingenio de la televisión del momento, ese
magnífico receptor de escenas y actos, tan usado en nuestra Colonia, y que
tanta admiración nos causaba, en esferas mas elevadas se incrementa, evoluciona
hasta alcanzar lo sublime en el auxilio para la instrucción de Espíritus en
marcha hacia la adquisición de valores teóricos que les permitan, en el futuro,
testimonios decisivos en las luchas terrenas, yendo a rebuscar y seleccionar,
en las lejanas planicies del espacio celeste, el propio pasado del Globo
Terráqueo y de sus Humanidades, su Historia y sus Civilizaciones, así como o
pretérito de los individuos, si es necesario, los cuales yacen esparcidos y
confundidos en las ondas etéreas que se agitan, se eternizan por el invisible
todo, y en ellas permaneciendo fotografiados, impresos como en un espejo,
mientras se conserven confusamente, en tropel con otras imágenes, tal como en
la consciencia de las criaturas se imprimieran también sus propios hechos, sus
acciones diarias!.
Así fue que
atravesamos algunas alamedas del parque blanco y alcanzamos el Edificio
Central, donde se asentaba la jefatura de aquella hermosa falange de
científicos iniciados que laboraban en el Departamento Hospitalario.
¡La llegada, sin embargo, de Jerônimo pasó para la
tutela de un asistente del director y Joel se retiró, habiendo aquel conducido
inmediatamente al visitante,
haciéndolo pasar a una sala donde amplias ventanas permitían la vista hacia el
jardín, dejándose ver el panorama melancólico el arrabal donde tantos y tantos
dolores se entrechocaban!.
Era un gabinete,
una especie de escritorio de consultas o sala de visita, dispuesto en perfecto
estilo hindú. Un perfume sutil, de alguna esencia desconocida a nuestro olfato,
nos deleitó, al mismo tiempo que alongaba nuestra admiración por la naturalidad
inapreciable del aparato que nos servia. Una leve cortina, de un tejido
flexible y dulcemente centelleante, se agitó en una puerta al frente y el
director-general del Departamento Hospitalario se presentó.
De un salto el
pobre Jerônimo, que se había sentado, procuró levantarse y su primer gesto fue
de fuga, en la que se vio interceptado por su acompañante.
Ante sí estaba
un varón de entre cuarenta y cincuenta años, rigurosamente trajeado a lo hindú,
con un turbante albo donde centelleaba una hermosa esmeralda cual estrella; una
túnica de grandes mangas, la faja a la cintura y sandalias típicas. El oval del
rostro, suavemente moreno, era de una pureza clásica de líneas, y de sus ojos
brillantes y penetrantes como que se desprendían chispas de inteligencia y
penetración magnética. En el anular de la siniestra, una gema preciosa,
semejante a la del turbante, lo distinguía, quizá como maestro de los demás
componentes da pleyade hermosa de médicos al servicio del Hospital María de
Nazaret.
Tan encantados
cuanto el propio Jerônimo, nos confesamos vivamente atraídos por la noble
figura.
Sin demora el asistente Romeu, pues era él el que había recibido al
impetrante, decia al que venia:
"- Caro
hermano Teócrito, aquí está nuestro pupilo Jerônimo de Araújo Silveira, que
tanto nos viene preocupando... Desea visitar a su familia en el ambiente
terreno, pues cree estar mas allá de sus posibilidades de resignación a la
obediencia de los principios de nuestra institución... Y afirma preferir la
acumulación de pesares a la espera de una ocasión oportuna para el deseado
desideratum..."
Irreverente, el
presentado interrumpió con nerviosismo:
"- ¡Es bien
esa la expresión de la Verdad, Sr. Príncipe!. – pues se imaginaba en presencia
de un soberano.
- !Prefiero
envolverme nuevamente en el remolino del dolor del cual salí hace poco, a
soportar por mas tiempo la feroz añoranza que me crucifica por la falta de
noticias de mi familia!... !Si, realmente, no existe una prohibición
intransigente en las leyes que facultarían esa posibilidad, ruego a la
generosidad de Vuestra Alteza la concesión para rever a mis hijos!... ¡Oh! !A
mis queridas hijas!. !Cómo son hermosas, señor!. Son tres, y apenas un varón: -
Arinda, Marieta, Margarida, que dejé con siete años, y Albino, que contaba ya
los diez!... Sufro de tanta añoranza, Señor mi Dios!... !Mi esposa se llama
Zulmira, bonita mujer! !Y bastante educada!... Me aflijo desesperadamente!. !No
consigo calma para la necesaria ponderación respecto a mi rara situación actual!...
!Y por eso ruego humildemente a Vuestra Alteza compadecerse de mis
angustias!."
Los ojos chispeantes
del jefe de la falange de médicos cayeron enternecidos sobre el Espíritu
intranquilo de aquel que demoraría todavía a aprender a dominarse. !Lo
contempló bondadosamente, con pena ante la desarmonía mental del suplicante,
entreviendo el largo carrero de luchas que le seria necesario hasta que
consiguiese allanarlas a las gratas actitudes de la renuncia o de la
conformidad!. Sorprendido, Jerônimo, que contaba encontrarse ante los
acostumbrados burócratas terrenos, estancados en la complicación a que se
apegan, a los cuales estaba habituado, percibió en aquella mirada indagadora la
humildad de una lágrima oscilando en las pestañas.
El noble varón
lo tomó dulcemente del brazo, y lo hizo sentar a su frente, en un cómodo cojín,
mientras Romeu, de pié, observaba respetuosamente. El hindú ofreció al suicida
un vaso de agua cristalina, servido por el mismo de una elegante jarra
reluciente cual neblina bajo la caricia del sol. El portugués la sorbió,
incapacitado de rechazar; después de que, algo sereno, tomó la actitud de
espera a la solicitud enunciada.
"- ¡Mi
amigo!. ¡Mi hermano Jerònimo!. – comenzó Teócrito. - Antes de ofrecer respuesta
a la versión de tu súplica, debo aclarar que, absolutamente, no soy un
príncipe, como supusiste, y, por eso mismo, no tengo el título de Alteza. Soy,
simplemente, un Espíritu que fue hombre que, habiendo vivido, sufrido y
trabajado en varias existencias sobre la Tierra, aprendió, en el trayecto, algo
que con la propia Tierra se relaciona. !Un siervo de Jesús el Nazareno – aquí
está lo que me honro de ser, aunque muy modesto, pobre de méritos, rodeado de
señores!. Un trabajador humilde que, junto a vosotros, que sufrís, ensaya los
primeros pasos en el cultivo de la Viña del Maestro Divino; destinado
temporalmente, y por Su orden magnánima, para los servicios de María de Nazaret,
Su augusta Madre!.
Entre nosotros
dos, Jerônimo – yo y tu -, una muy pequeña diferencia existe, una distancia no
muy avanzada: - es que, he vivido mayor número de veces sobre la Tierra, sufrí
mas, trabajé un poco mas, aprendiendo, por tanto, a resignarme mejor, a
renunciar siempre por amor a Dios, y a dominar las propias emociones; observé,
luché con mas ardor, obteniendo, así, mayor suma de experiencia. No soy, como
ves, soberano de estos dominios, y sí un simple operario de la Legión de María
- María,
única Majestad
que gobierna este Instituto Correccional donde te abrigas temporalmente!. !Un
hermano tuyo más viejo – aquí está la verdadera cualidad que en mi debieras
ver!... sinceramente deseo auxiliarte en la solución de los graves problemas
que te enredan... Llámame pues, hermano Teocrito, y habrás
acertado..."
Hizo una breve pausa extendiendo los bellos
ojos por la amplitud nebulosa que se adivinaba a través de las ventanas, y
prosiguió, tierno:
"- ¡¿Deseas
rever a tus hijos, Jerônimo?!... ¡Es justo, mi amigo!. !Los hijos son parcelas
de nuestro ser moral también, cuyo amor nos transporta de emociones supremas,
mas que no raramente también nos reduce a la desolación de percucientes
disgustos!. !Comprendo tus ansias violentas de padre amoroso, pues sé que
amaste a tus hijos con sinceridad y desprendimiento!. !Sé de la dureza de tus
dudas actuales, alejado de aquellos entes queridos que allá- quedaron, en
Porto, huérfanos de tu dirección y de tu amparo!. !Como tu, yo también fui
padre y también ame, Jerônimo!. !Es mas que justo, pues, que yo, validando tus
sentimientos afectivos por la termometría de los míos, loe tu aspiración antes
de censurarla, por cuanto mucho atesta ella en favor de tus respetos por la
Familia!. !Sin embargo, de ningún modo yo aconsejaría a que dejes este recinto,
donde tan penosamente te deshaces, de las influencias deletéreas de los
ambientes terrenos, aunque sea apenas por una hora!. !Aunque sea para buscar
informes de tus hijos!..."
"- ¡Señor!.
!Con el debido respeto a vuestra autoridad, suplico conmiseración!... Se trata
de una visita rápida... dandoos yo mi palabra de honor en que volveré... pues
bien sé que no paso de un prisionero..." – se recalcitró todavía el
antiguo impaciente, perdiéndose nuevamente en las confusiones mentales en que
se placía enredar.
"- !Aun así
no aprobaré la realización de ese deseo en este momento, aunque lo vea justo...
Sofrena un poco mas los impulsos de tu carácter, mi Jerônimo!. !Aprende a
dominar tus emociones, a retener ansiedades, tornándolas aspiraciones
equilibradas bajo la protección santa de la Esperanza!. !Recuerda que fueron
esos impulsos, desequilibrados, estribados en la falta de resignación, en la
impaciencia y la desarmonía del sentido, que te llevaran a la violencia del
suicidio!. !Verás, sí, a tus hijos!. Sin embargo, por tu propio beneficio te
pido que concuerdes en postergar el proyecto para de aquí a algunos pocos
meses... cuando estés mas bien preparado para enfrentar las consecuencias que
se precipitaron después de tu desordenado gesto!. !Concuerda, Jerônimo, en
someterte al tratamiento conveniente a tu estado, al cual tus compañeros se
someten buenamente, confiando en los servidores leales que a todos vosotros
desean socorrer con amor y desprendimiento!. Cede a al invitación para la
reunión de hoy a la noche, porque inmensos beneficios sacarás de ella.
mientras que una visita a la Tierra en
este momento, el contacto con la familia, en las precarias condiciones en que
te encuentras, estaría en oposición con los planes benignos ya elaborados para
conducirte a la tan necesaria reorganización de tus fuerzas. .. "
"- !!Mas...
Yo no adquiriría serenidad para ningún proyecto futuro mientras no obtuviese
las deseadas informaciones, señor!... Oh, Dios del Cielo!. Margaridinha, mi
pequeña, que allá quedó, con siete años, tan rubia y tan linda!..."
"- ¿Ya te
acordaste de apelar para la grandeza paternal del Señor Todo-Poderoso, a fin de
obtener valor para la resignación de una espera muy prudente, que seria
coronada de éxitos?... !!Queremos tu bienestar, Jerônimo, nuestro deseo es el
de encaminarte a la situación que te dé tregua para la rehabilitación que se
impone... Vuélvete hacia María de
Nazaret, bajo cuyos cuidados fuiste acogido... es preciso que tengas buena
voluntad para elevarte al Bien!. Practica la oración... procura comulgar con
las vibraciones superiores, capaces de animarte hacia emprendimientos
redentores... Es indispensable que lo hagas por libre y espontanea voluntad,
porque no te podremos obligar a hacerlo ni podríamos hacerlo por ti...
Renuncia, pues, a ese proyecto contraproducente y confía en nuestros buenos
deseos de auxilio y protección hacia tu persona!."
Mas el
ex-comerciante de Porto era inaccesible. El carácter rebelde y violento, que en
un asomo de voluntariedad siniestra prefirió la muerte a tener que luchar,
imponiéndose a la adversidad hasta corregirla y vencerla, replicó impaciente,
no comprendiendo la sublime caridad que recibía:
"-
Confiaré, señor. !Hermano Teócrito. . . Viviré de rodillas a los pies de todos
vosotros, si es necesario!... mas después de rever a mis entes caros y
enterarme de las razones por las que me abandonaron, resarciendo, de algún
modo, esta añoranza que me despedaza..."
Cumplido su
deber de consejero, Teócrito comprendió que seria inútil insistir. Contempló al
pupilo deshecho en lágrimas y murmuró tristemente, mientras Romeu sacudía la
cabeza, con pena:
"- ¡Dices
una gran verdad, pobre hermano!. ¡Sí!. ¡Sólo después!... ¡Sólo después
encontrarás el camino de
rehabilitación!... ¡Hay tendencias que sólo los duros aguijones del
Dolor serán bastante poderosos para corregir, encaminándolas
hacia el
Deber!... ¡Aun no sufriste lo suficiente para recordarte que desciendes de un
Padre Todo-Misericordioso..."
Se dejó estar
algunos instantes pensativo y continuó:
"-
Podríamos evitar este incidente, impedir la visita y punirte por la actitud
tomada. Nos asiste para eso autoridad y permiso. !Mas éstas aun demasiado
materializado, padeciendo, por tanto, muchos prejuicios terrenos, para que nos
puedas comprender!... “Además, nuestros métodos, son persuasivos y no
punitivos, serian incompatibles con una prohibición intransigente, por mas
armonizados con la Razón... Sin embargo, consultaré a nuestros Instructores del
Templo, como es nuestra obligación en dilemas como el que acabas de
crear..."
Se concentró
firmemente, retirándose hacia un compartimento secreto, contiguo al gabinete de
consultas. Se comunicó telepáticamente con la direccion-general del Instituto,
que sobresalía al costado del Templo, y, después de un corto espacio de tiempo,
tornó, dando la nota final:
"- Nuestros
orientadores mayores te permiten libertad de acción. Aunque una entidad en tus
condiciones no pueda disfrutar de la libertad natural a un Espíritu libre de
las ataduras carnales, no podrás también ser violentado por nosotros a deberes
que te repugnarían. Visitarás a tus entes queridos en la Tierra... Irás, por
tanto, a Portugal, a la ciudad de Porto, donde residías, a Lisboa, tal como
deseas... Y como la ternura paternal del Creador lleva a extraer, muchas veces,
de un acto imprudente o condenable, ejemplos saludables para el propio
delincuente o para su observador, estoy convencido de que tu inconsecuencia no
será estéril para ti mismo ni dejará de agrandar profundas advertencias para
cuantos de buena-voluntad tomen de ellas conocimiento. Atiende sin embargo, lo
siguiente, mi caro Jerônimo: - Es que, dejando de aceptar nuestros consejos y
sublevándote contra los reglamentos de este Instituto, cometerás una falta
cuyas consecuencias recaerán sobre ti mismo. !Esa visita será realizada bajo tu
exclusiva responsabilidad!. !No hay permiso para ella: - es tu libre-albedrio
el que la impone!. Si el descontento que de ahí provenga excede de tu capacidad
para el sufrimiento, dirigirás las quejas contra ti mismo, por que nuestros
esfuerzos sólo se emplean en dulcificar infortunios y evitarlos cuando son
innecesarios... Por eso mismo dejamos de darles las tan deseadas noticias por
los medios de los que disponemos... pues la verdad es que no había necesidad de
alejarte de aquí a fin de obtenerlas..."
Se volvió hacia
el asistente y prosiguió:
"-
Prepárenlo para que vaya... Satisfáganle los caprichos sociales terrenos...
porque muy rápido va a detestar la Tierra... Que lo dejen actuar como desea...
La lección será amarga, mas le dará una mas rápida comprensión y
consecuentemente progreso..."
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Se hizo una
pausa en la secuencia de la reproducción de los acontecimientos. Nos
sorprendiera una gran ansiedad mientras censurábamos al compañero por la
displicencia con que se portara. Concordáramos en atribuir a la mala educación
de Jerônimo la falta de respeto manifiesta a los reglamentos de la noble
institución, en lo que fuimos interrumpidos por los servidores presentes:
"-
Ciertamente, la buena educación social auxilia grandemente a la adaptación a
los ambientes espirituales. Ella no es, sin embargo, todo. Los sentimientos
depurados, estado mental armonioso a los principios elevados, las buenas
cualidades del carácter y del corazón, produciendo la "buena
educación" moral, son los que constituyen el elemento primordial para una
prometedora situación en al mas allá... siempre que un suicidio no venga a
anular esa posibilidad..."
"- ¿No
podrían los directores de esta casa dar las noticias solicitadas, sin que el
enfermo se arriesgase a un viaje de onerosas consecuencias para su estado
general?..." - inquirí, curioso.
"- Si, si
esas noticias concurriesen para el bienestar del paciente. !Además, en regla
general, les conviene a entidades en vuestras condiciones abstenerse de
cualquier choque o emociones que alimenten el estado de excitación en que se
encuentren... Noticias de la Tierra jamas confortarán a ninguno de nosotros,
que pertenecemos a la Espiritualidad!. Y en este caso se torna evidente el
deseo de la administración de la casa de ocultar al pobre enfermo algo que lo
herirá profundamente, sin necesidad. Si se sometiese de buena-voluntad a los
reglamentos protectores, la realidad que verá dentro de poco vendría en un
tiempo en que él estuviese suficientemente preparado para enfrentarla, lo que
evitaría choques grandemente dolorosos. Insubordinándose, sin embargo, se
coloca en una situación delicada, razón por la que él fue entregado a sus
propias inconsecuencias, las que lo harán con violencia, a él, siendo que el
trabajo educativo sus consejeros lo efectuarían suave y amorosamente... "
Súbitamente sin
embargo, volvíamos a observar movimientos en la luminosidad del receptor de
imágenes. Y lo que entonces pasó excedió tanto nuestra expectativa que pasamos
a sufrir con el desventurado Jerônimo los dramáticos sucesos con su familia
desarrollados después de su muerte.
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El asistente
Romeu providenció ordenes para el Departamento de Vigilancia, del cual
dependían todos los servicios exteriores de la Colonia. Olivier de Guzman, su
celoso director, apeló a la Sección de Relaciones Externas, en el sentido de
ser proporcionados dos guías vigilantes, de competencia comprobada, a fin de
acompañar al visitante a la Tierra, pues no seria admisible largar a los
peligros de tal excursión a un pupilo de la Legión de los Siervos de María, aun
sin experiencia y débil.
Se presentaron -
Ramiro de Guzman -, en el cual reconocimos al jefe de las expediciones que
visitaban el Valle Siniestro, bajo cuya responsabilidad de allá también
saliéramos; y otro cuyo nombre ignorábamos, ambos igualmente vistiendo la ya
popular indumentaria de los iniciados orientales.
Comenzábamos a
comprender que, en ese Instituto modelo, los puestos avanzados, de mayor
responsabilidad; las tareas delicadas, que exigiesen mayor suma de energía,
voluntad, saber y virtudes, estaban a cargo de esos personajes atrayentes y
bellos, en quienes vimos, desde los primeros días, elevadas cualidades morales
e intelectuales.
A las ordenes de
Olivier fue preparada la expedición condigna, en la cual no faltó ni siquiera
la guardia de milicianos.
Entre tanto, una
transformación sensible se operara en las actitudes del pobre Jerônimo. La
auto-obsesion de la visita a la familia, conturbándole las facultades, lo
tornaba ajeno a todo lo que lo rodeaba, reintegrándolo mas que nunca a la
condición que fuera la suya cuando era hombre: - burgués rico de Portugal,
comerciante de vinos, celoso de la opinión social, esclavo de los preconceptos,
jefe de familia amoroso y extremado. Lo veíamos ahora vistiendo una buena capa,
una vistosa corbata, bastón de mango dorado y bajo el brazo un ramillete de
rosas para ofrecer a su esposa, pues todo eso exigiera de la paciente
vigilancia de Joel, a quien habían recomendado satisfacerle los deseos. Y
nuestros mentores, presentes en la enfermería, viendo nuestra admiración,
aclararon que, sólo muy lentamente, Espíritus vulgares o muy humanizados
consiguen deshacerse de esas pequeñas frivolidades inseparables de las rutinas
terrestres.
Rigurosamente
guardado, viajando en un vehículo discretamente cerrado, Jerônimo parecía, en
efecto, un prisionero. Él parecía no darse cuenta de eso, sin embargo. Parecía
no distinguir realmente la presencia de Ramiro y sus auxiliares, tan abstraído
se encontraba, juzgándose viajando como otras veces que otrora le eran comunes.
Corría
regularmente el vehículo. Si no fuera por la presencia de los guardianes
recordando a cada instante la naturaleza espiritual de la escena, afirmaríamos
que se trataba de un carruaje que nada tenia de "creación
semimaterial", que la necesidad de los métodos educativos del Mas Allá
impone, y si de un muy pesado y confortable medio de transporte que bien podría
pertenecer a la propia Tierra.
Vimos que
recorrían estradas sombrías, gargantas cubiertas de plúmbeas nevadas,
desfiladeros, valles lodosos cual pantanos desoladores, cuya visión nos dejaba
inquietos, pues aseguraban nuestros atentos asistentes que tales panoramas eran
productos mentales viciados de los hombres terrenos y de infelices Espíritus
desencarnados, arraigados a las manifestaciones inferiores del pensamiento. Los
viajeros, sin embargo, llegaban a lugares como aldeas miserables, habitadas por
entidades pertenecientes a los planos más bajos de lo Invisible, bandoleros y
hordas de criminales desencarnados, los que investían sobre el carruaje, malos
y rabiosos, como deseando atacarla por adivinar en su interior a criaturas mas
felices que ellas mismas. Mas la banderola de blancura inmaculada, llevando el
emblema de la respetable Legión, los hacia recular atemorizados. Muchos de esos
futuros arrepentidos y regenerados - pues tendían todos al progreso y a la
reforma moral por derivar, como las demás criaturas, del Amor de un Creador Todo
Justicia y Bondad – se descubrían como si homenajeasen el nombre respetable
evocado por la banderola, aun conservando el hábito, tan común en la Tierra,
del sombrero a la cabeza, mientras otros se alejaban gritando y llorando,
profiriendo blasfemias e imprecaciones, causándonos pasmo y conmiseración... Y
el carro proseguía siempre, sin que sus ocupantes se dirigiesen a ninguno de
ellos, convencidos de que no sonara aun para sus corazones endurecidos en el
mal el momento de ser socorridos para voluntariamente cogitar su propia
rehabilitación.
De súbito, un
grito unísono, aunque discreto, se exhaló de nuestros pechos cual sollozo de
añoranza enternecedora, vibrando dulcemente por la enfermería:
- ¡Portugal!.
¡Patria venerada!. ¡Portugal!...
- ¡Oh!. ¡Dios
del Cielo!.... ¡Lisboa!. ¡El Tajo hermoso y orgulloso!... ¡El Porto!. ¡El Porto
de tan gratos recuerdos!...
- ¡Gracias,
Señor Dios!... ¡Gracias por la merced de rever la tierra natal después de
tantos años de ausencia y de tumultuosa añoranza!...
¡Y llorábamos
enternecidos, gratamente emocionados!.
¡Paisajes
portugueses, en efecto, todos muy queridos a nuestros doloridos corazones, nos
rodeaban como si, tal como afirmaran de inicio los mentores presentes,
formásemos parte de la comitiva del pobre Jerônimo!.
¡Arraigándose
mas en nosotros a sugestión consoladora por la excelencia del receptor, mas se
acentuaban en nuestras facultades la impresión de que personalmente pisábamos
el suelo portugués, cuando la verdad era que no salimos del Hospital!...
La silueta al
principio lejana, de la ciudad de Porto, se diseñó pálidamente en las brumas
tristes en que envuelve la atmósfera terráquea, cual diseño en
"crayón" sobre un lienzo ceniciento. Algunos instantes mas y la
extraña caravana caminaba por las calles de la ciudad, como lo hiciese en el
cantón de la Vigilancia, lo que mucho nos edificó.
Algunas arterias
portuguesas, viejas conocidas de nuestro tumultuoso pasado, desfilaran ante
nuestros ojos cuajados de conmovido llanto, como si también transitásemos por
ellas Agitadisimo, Jerônimo, presintiendo la realidad de aquello que una
ominosa angustia le cuchicheaban al oído, y que apenas la insania del pavor a
lo inevitable se obstinaba inútilmente en encubrir, paró frente a una
residencia de buena apariencia, con jardines y balcones, subiendo
precipitadamente las escaleras, mientras los tutelares se predisponían
caritativamente a la espera.
Fuera allí su
residencia.
El antiguo
comerciante de vinos entró desembarazadamente, y su primer impulso de afecto y
añoranza fue para su hija menor, por quien nutria la mas apasionada atracción:
"-
Margaridita, ¡oh! !Mi hija querida!. ¡Aquí está tu papá!, Margaridita!... ¡¿Mar-ga-ri-di-ta?!...
- tal cual le llamara otrora, todas las tardes, al volver al hogar después de
las penosas lides del día...
¡Mas nadie
acudía a sus amorosos llamados!. !Solo la indiferencia, la soledad
decepcionante alrededor augurando desgracias por ventura aun más duras de las
que soportadas por su corazón hasta allí, mientras en las profundidades
sentimentales de su alma atormentada por múltiples sinsabores retumbaban
desoladoramente los alaridos amorosos, más inútiles, de su cariño de padre, no
correspondidos ahora por la mimosa niña ya alejada de aquel lugar, que tan
querido le fuera!.
"-
¡Margarita!... ¿Dónde estás, hijita?... ¡Margaridita!... ¡Mira que es tu papito
el que llega, mi hija!...”
Buscó por toda
la casa. !Parecía, en tanto, que habían desaparecido de bajo la luz del Sol
todos aquellos pedazos sacrosantos de su alma, que allí dejara, y que él, único
sobreviviente, de la inconmensurable catástrofe, no se podía acomodar a la
irrefutable realidad de rever deshabitado, dramáticamente vacío, el hogar que
tanto amara!.
Llamó a su
esposa, llamó a sus hijos de a uno, y finalmente gritó por los criados: - ¡No
veía a nadie!. !Sombras y figuras extrañas, sin embargo, se movían por los
compartimentos que pertenecieran a la familia y lo dejaran gritar y preguntar
sin dignarse a responder, no percibiendo su presencia... puesto que se trataba
de individuos encarnados, eran los nuevos habitantes de la casa que le
perteneciera!. El propio mobiliario, la decoración interior, todo se presentaba
diferente, indicando acontecimientos que lo confundían. Una decepción punzante
le dio un golpe certero, extrayéndole del alma el primitivo entusiasmo para que
aflictivas inducciones en ella mas se fortaleciesen. Reparando suspendidas a
los muros de un determinado aposento telas que le eran desconocidas, su mirada
se fijó en un calendario colocado en un ángulo de la estufa, cuya hoja indicaba
la fecha de ese día. Leyó ahí:
-6 de noviembre de 1.903-
Un escalofrío de
terror insoportable pasó lúgubremente por sus facultades vibratorias. Hizo un
esfuerzo inaudito, moviendo recuerdos; escudriñó reminiscencias, sacudiendo el
polvo mental de mil ideas confusas que le nublaban la claridad del
razonamiento. El vértigo de la sorpresa ante la realidad irremediable, que
hasta allí él retardara a costa de la mala voluntad de sofismas ingenuos, le
perturbó el raciocinio: - no cogitara enterarse de fechas durante mucho
tiempo!. La verdad era que perdiera la noción del tiempo envuelto en el volcán
de las desgracias que lo cogieran después del desgraciado gesto de tránsfuga de
la vida terrenal Tan agudo fuera el estado de locura en el que se debatiera
desde el trágico momento en que tentara el suicidio; tan grave la enfermedad
que lo alcanzara después del choque por la introducción del proyectil en su
cerebro, que, gracias a los tormentos de ahí consecuentes, perdiera la cuenta
de los días, se alucinara dentro de lo
Desconocido sin averiguar mas si los días eran noches, si las noches eran
días... pues, en el abismo en el que se viera aprisionado tanto tiempo, sólo
existían tinieblas. ante él!. Para él, para su percepción obliterada por la
desesperación, el conteo social del Tiempo aun era el mismo del día aciago,
pues no se recordaba de otra fecha después de esa:
-l5 de febrero de 1.890-
¡Aquí está, sin
embargo, que la hojita a su frente, indiferente, más expresiva, sirviendo a una
grandiosa causa, revelaba al mártir que estuviera ausente de su casa durante
trece años!.
Salió a la calle corriendo, abatido y aterrorizado
frente al choque del pretérito, de encuentro con la realidad del presente, la
mente conflagrada por un inalienable desconsuelo. Indagaría a los vecinos el
paradero de la familia, que se mudara, por cierto, en su ausencia. Los
lanceros, sin embargo, en la puerta, cruzando las armas, formaran una barrera
intransponible, interceptando su fuga impensada, y obligándolo a refugiarse en
el interior del carro. Ante las protestas impresionantes del infeliz, inconforme
con la prisión en la que se reconocía, acudieran curiosos y vagabundos del
plano invisible, Espíritus aun escondidos en las camadas depresivas de la
Tierra. Entre chacotas, excesos y carcajadas lo atormentaban con
incriminaciones y censuras, al paso que lo enteraban de lo que les había
sucedido a aquellos a quienes buscaba. Ramiro de Guzman y sus auxiliares no lo
interfirieron, en el sentido de evitar a Jerônimo el sinsabor de oírlos, ya que
la visita corría bajo su responsabilidad, y que solo les habían recomendado
garantir el regreso a la Colonia dentro de pocas horas.
"-
¿Pretendes entonces saber el paradero de tu muy amada familia, oh miserable
príncipe de los buenos vinos?... vociferaban los infelices. - !Pues debes saber
tu que de ahí fueron todos expulsados, hace muchos años!... !Tus acreedores les
sacaron la casa y lo poco que, para tus hijos, anduviste ocultando a última
hora!. !Busca a tu hijo Albino en la Penitenciaría de Lisboa!. !Tu
"Margaridita" en las alcantarillas del Embarcadero da Ribeira,
vendiendo peces, haciendo recados y amores a quien se digne remunerarla con mas
prodigalidad, explotada por su propia madre, tu esposa Zulmira, a quien
habituaste al lujo exorbitante para tu posición, y cuyo orgullo jamas puede
dedicarse al trabajo digno y a la pobreza!... ¿Y tus otras hijas Marieta y
Arinda?... ¡Oh! !!La primera está casada, sobrecargada de hijos enfermizos, a
bracear en la miseria, a sufrir hambre, golpeada por un marido ebrio y rudo...
La segunda... criada de hoteles de quinto orden, lavando el piso, bruñendo
cacerolas, limpiando botas de viajantes inmundos!... ¿Oyes y te espantas?...
¿Tiemblas y te aterrorizas?... ¿Por que?... ¡¿Que esperabas, entonces, que
sucediese?!... ¡¿No fue esa la herencia que les dejaste con tu suicidio,
canalla?!...."
Y pasaron a
insultar al desventurado con injurias y vituperios cual chiflidos impíos,
intentando atacar el carro a fin de arrebatarlo, en lo que fueron impedidos por
la guardia protectora.
No obstante,
exigió el rebelde pupilo de la Legión de los Siervos de María que lo llevasen
donde se encontraba su hijo, esperanza que fuera de su vida, aquel brote
querido, que quedara en el florecimiento delicado de las diez primaveras cuando
el mismo, su padre, lo hubiera abandonado a los peligros de la orfandad,
matándose.
Convulsionado
bajo el ardor de un llanto insólito, comprendió que era conducido y que
atravesaba los muros siniestros de una cárcel, sin que hubiese podido
distinguir si se encontraba en Porto o realmente en Lisboa.
¡En efecto!.
!Ahí estaba Albino, metido en una celda sombría, implicado en crímenes de
chantaje y latrocinio, condenado a cinco años de prisión celular y a otros
tantos de trabajos forzados en África, como reincidente en las gravísimas
faltas!. !A pesar de la diferencia evidente de trece años de ausencia, Jerónimo
reconoció a su hijo, escuálido, pálido, maltratado por los rigores del
cautiverio, embrutecido por los sufrimientos y por la miseria, prueba patética
del hombre destruido por los vicios!.
El antiguo
negociante contempló el mísero bulto sentado sobre un banco de piedra, en la
semi-oscuridad de la celda, el rostro entre las manos. De los ojos mortecinos,
fijos en las losas del piso, caían lágrimas de desesperación, comprendiendo el
suicida que el joven sufría profundamente. !Un extenso desfilar de pensamientos
caliginosos corría por la mente del cautivo, y, dada la circunstancia de la
atracción magnética existente entre ambos, pudo el huésped del Hospital María
de Nazaret enterarse de las conmovedoras peripecias que al desventurado mozo le
habían arrastrado a tan deplorable ocaso de la vida social, apenas saliera de
la infancia!. Como si la presencia de la atribulada alma de Jerónimo impregnase
de advertencias telepáticas a sus dones sensibles, Albino entró a recordar,
satisfaciendo, sin saberlo, los deseos de su padre, que ansiaba enterarse de
los acontecimientos; y, como avergonzado de las malas acciones cometidas,
recordaba al genitor muerto hacia trece años y diciendo a su mismo pensamiento,
mientras las lágrimas le escaldaban el rostro y Jerônimo le oía como si hablase
en voz alta:
"-
!Perdóname, Señor, mi buen Dios!. !Y ven con Vuestra Misericordia a socorrerme
en esta emergencia penosa de mi vida!. !No fue, exactamente, mi deseo el
precipitarme en este báratro insoluble que me atormenta para siempre!. !Yo
quisiera ser bueno, mi Dios mas me faltaron amigos generosos que me extendiesen
las manos salvadoras, ocasiones favorables que me ampliasen las perspectivas
honestas!. ¡Me vi lanzado al abandono después de la muerte de mi padre,
criatura indefensa e inexperta!. ¡No tuve recursos para instruirme,
habilitándome en alguna cosa seria y digna!. ¡Sufrí hambre!. ¡Y el hambre
maltrata el cuerpo mientras envenena el corazón con al ansiedad de la
rebelión!. ¡Tirité de frío en mansardas inhóspitas, y el frío, que hiela el
cuerpo, también hiela el corazón!. ¡Sufrí la angustia negra de la miseria sin
esperanza y sin treguas, la soledad del huérfano corroído de añoranzas del
pasado, envejecido en plena alborada de la vida, gracias a las desilusiones de
múltiples sinsabores!. ¡No me pude allegar a los buenos, a los honestos y
respetables, para que me comprendiesen y ayudasen en la conquista laboriosa de
un futuro digno, porque aquellos de nuestros antiguos amigos a quien busqué,
confiado, me repelieron con desconfianza,
entendiendo que yo pertenecía a una descendencia marcada por la deshonra, pues,
además, mi madre se desvirtuó tan luego se reconoció desamparada y sola!. ¡Me
torné hombre después de entrechocarme con los peores aspectos y elementos de la
sociedad!. ¡Precisé vivir!. ¡Me acicateaba el orgullo herido, la indomable
ambición de liberarme de la miseria abominable que me acosaba sin treguas desde
el suicidio de mi pobre padre!. ¡Me vi arrastrado a tentaciones perversas, mas
que, a mi ignorancia y a mi debilidad, se me figuraban soluciones salvadoras!...
¡Y cedí a sus seducciones, porque no tuve el amparo orientador de un verdadero
amigo que me indicara el carrero cierto a preferir!... ¡Oh, mi Dios!. ¡Que
triste es verse la criatura huérfana y abandonada, aun en la infancia, en este
mundo repleto de torpezas!... ¡Mi pobre y querido padre!. ¡¿Porqué te mataste,
porqué?!... ¿No amabas entonces a tus hijos, que se desgraciaron con tu
muerte?... ¿Porqué te mataste, padre mío?... ¡Oh! ¿No tuviste siquiera
compasión de nosotros?... ¡Me recuerdo tanto de ti!... ¡Yo te amaba!. ¡Yo
sí!... ¡Muchas veces, en aquellos primeros tiempos, lloré inconsolable, con
añoranza de ti, tan bondadoso eras para con tus hijos!... ¿Si nos amabas,
porqué te mataste, porqué?... ¿Porqué preferiste morir, lanzarnos a la miseria
y al abandono, a luchar por amor a nosotros?... ¿Porqué no resististe a los
sinsabores, previendo que co tu falta desgraciarías a tus pobres hijos que sólo
contigo contaban en este mundo?... ¡Si vivieras y nos hubieras terminado de
criar yo seria hoy, ciertamente, un hombre útil, respetado y honesto, mientras
que, en verdad, no paso de un precito maculado por la deshonra
irreparable!..."
!Eran
vibraciones sombrías y cáusticas, que repercutían en la consciencia del
padre-suicida como estiletes que le rasgaban el corazón!. ¡Se confesaba único
culpado de los desastres insolubles del hijo, y semejante convicción se
dilataba de intensidad, en diástoles torturantes, en proporción a que los
recuerdos, emergiendo de las fraguas mentales de Albino, desfilaban cuales
retazos de episodios dolorosos, a sus ojos aterrados de tránsfuga del Deber!.
¡Jamas un hombre, en la Tierra, recibiría tan significativo libelo acusatorio,
ante el tribunal de la ley, como ese que el desventurado suicida lanzaba contra
sí mismo validando la narración de los infortunios descritos a través de las
reminiscencias del hijo, y que las sombras del presidio circundaban de los
lúgubres atavíos de los dramas profundos e irremediables!.
¡Desorientado,
se precipitó hacia el joven, en el incontenido deseo de resarcir tantas y tan
profundas amarguras con el testimonio de su presencia, de su perenne interés
paternal, su indisoluble amor pronto a extender la mano amiga y protectora!.
¡Quería disculparse, suplicar perdón, él, el padre faltoso; darle expresivos
consejos que lo reconfortasen, levantándole el animo de aquella ruinosa
prestación!. ¡Mas era en vano que lo tentaba, porque Albino dejaba correr el
llanto, sin verlo, sin oírlo, sin poder suponer la presencia de aquel mismo por
quien lloraba todavía!.
Entonces el
mísero se puso a llorar también, emitiendo vibraciones chocantes,
reconociéndose impotente para socorrer al hijo encarcelado. Y como su
presencia, expidiendo desaliento, diseminando ondas nocivas de pensamientos
dramáticos, podría actuar funestamente sobre la mentalidad frágil del detenido,
sugiriéndole quizá el mismo desánimo generador del suicidio - Ramiro de Guzman
y su asistente se aproximaron y le desarmaron
las investidas encubriendo a Albino de su visión.
"- Volvamos
a nuestra mansión de paz, mi amigo, donde encontrarás reposo y solución suave
para tus atroces penurias. . . - ponderaba amigablemente el jefe de la
expedición. - ¡No recalcitres!. ¡Vuélvete al Amor de Aquel que, clavado sobre
el madero, ofreció a los hombres, como a los Espíritus, las reglas de la
conformidad en el infortunio, de la resignación en el sufrimiento!...!Estás
cansado... precisas serenarte para reflexionar, porque, en el delicado estado
en que te encuentras, nada alcanzarás a hacer en beneficio de quien quiera que
sea!..."
Mas, por lo que
todo indicaba, Jerônimo aun no padeciera lo suficiente a fin de acomodarse a
las advertencias de sus guías espirituales.
"- ¡No
puedo, quiera disculparme, señor!... - gritó voluntarioso. - No dejaré a mi
hija, mi Margaridita!. !Quiero verla!. ¡Preciso desenmascarar a la turba de
maledicientes que la vienen difamando!... ¿Mi chiquita, tirada al Embarcadero
de la Ribeira?... ¿Vendiendo peces?... ¿Mandados?...y... ¡Era lo que
faltaba!... ¡Imposible!. !Imposible tanta desgracia acumulada sobre un sólo
corazón!... ¡No!. ¡No es verdad!. ¡No puede ser verdad!. ¡Confío en Zulmira!.
¡Es madre!. ¡Velaría por la hija en mi ausencia!. ¡Quiero verla, mi Dios!. !Mi
Dios!. ¡Preciso ver a mi hija! ¡Preciso ver a m hija, oh Dios del Cielo!."
!Era bien
cierto, sin embargo, que nuevas y más atroces torrentes de decepciones se
derramarían sobre su ulcerado corazón, super lleno de dolores irreparables!.
Aun a lo lejos,
se diseñara a la visión ansiosa del extraño peregrino la perspectiva del
Embarcadero de la Ribeira, lleno de personas que iban y venían en afanes
incansables. Se acentuaban las vendedoras y regateras, mujeres que se
alquilaban para mandados, de ínfima educación y honestidad dudosa.
Jerónimo se puso
a caminar entre los transeúntes, seguido de cerca por sus guardias y el
paciente vigilante, que se diría su propia sombra. Angustiosos presentimientos
lo advertían de la veracidad de lo que afirmaban los "difamadores".
¡Mas, deseando mentirse a sí mismo, en la suprema repugnancia de aceptar la
abominable realidad, se veía compelido a investigar las fisionomías de las
regateras; iba, y volvía, nerviosamente, afligido, aterrado ante la idea de
encontrarse entre aquellas despreocupadas e insolentes criaturas las facciones
añoradas de su adorada hija menor!.
Se detuvo
súbitamente, en una reculada dramática de alarma: - acabara de reconocer a
Zulmira gesticulando, en discusión acalorada con una joven rubia y delicada,
que se defendía, llorando, de las injustas e insufribles acusaciones que le
eran tiradas por aquella. Se acercó apresuradamente el pupilo del noble
Teòcrito, como impelido una por desesperante diástole, para, enseguida,
alcanzado por un supremo golpe, parar, sumiso a la sístole no menos torturante,
reconociendo en la joven llorosa a su Margaridita.
¡Era, en efecto,
pecera!. A su lado estaban los cestos vacíos. Traía el vestido típico de la
clase y suecos inmundos. Zulmira, al contrario, vestíase casi como las señoras,
lo que no le impedía portarse como las regateras.
Giraba alrededor
de las ferias del día la discusión vergonzosa. Zulmira acusaba a su hija de
robarle parte del producto de las. ventas, desviándola para fines oscuros. La
moza protestaba entre lágrimas, avergonzada y sufriendo afirmando que no todos
los cliente del día habían pagado sus deudas. En el calor de la discusión,
Zulmira, excitándose mas, abofeteó a la hija, sin que las personas presentes
pareciesen admiradas o tentasen impedir la violencia, serenando los ánimos.
Indignado, el
antiguo comerciante se interpone entre ambas, con la intención de sanar la
escena deplorable. Amonesta a su esposa, habla cariñosamente a su hija, le
enjuga el llanto, que corría por el rostro, la convida a recogerse a su
domicilio. Mas ninguna de las dos
mujeres podían verlo, ni podían oírlo, no se daban cuenta de sus intenciones,
lo que grandemente lo irritaba, llevándolo a convencerse de la inutilidad de
sus propias tentativas.
No obstante,
Margaridita alzó los cestos, los puso al hombro y se alejó. Zulmira, a quien
las adversidades mal soportadas y mal comprendidas habían arrastrado a los
excesos, transformándola en una bruja innoble, la siguió rabiosa, explotando en
vituperios e insultos soeces.
El recorrido fue
breve. Residían en una sombría mansarda, en las inmediaciones de la Ribeira. Y
al llegar al miserable domicilio, la madre inhumana entró a golpear
dolorosamente a la pobre moza, exigiéndole a toda costa la totalidad de la
feria, mientras, impotente, la pecera imploraba tregua y compasión. Finalmente,
la desalmada - para quien el Espíritu atribulado de su esposo leal le trajera,
de las moradas del Astral, un ramillete de rosas - salió precipitadamente,
arrastrando ondas turbias de odio y pensamientos caliginosos, lanzando a los
aires insultos y blasfemias y groserías que, ahora, le eran comunes, y de lo
cual Jerônimo se sorprendió, confesando desconocerla.
La joven quedó
sola. !A su lado la figura invisible de su padre amoroso y sufridor se
entregaba a crucificantes expansiones de llanto, reconociéndose imposibilitado
de socorrer al adorado pedazo de su corazón, su Margarita, a quien entrevía
todavía, mentalmente, tan rubia y tan linda, en la lírica candidez de los siete
años!... ¡Mas, tal como sucediera con su hermano Albino, la infeliz muchacha
ocultó el rostro bañado en lágrimas entre las manos y, sentándose en un rincón,
rememoró dolorosamente los oscuros días de su tan corta y ya tan accidentada
vida!.
Margarina abrió las compuertas de los pensamientos, y ondas de recuerdos
punzantes se desprendieron a los borbotones, mostrando a su padre el extenso
calvario de desventuras que pasara a recorrer desde el día nefasto en que el se
tornara reo ante la Providencia, esquivándose del deber de vivir a fin de
protegerla, tornándola mujer honesta y útil a la sociedad, a la familia y a
Dios. ¡La oía como si ella le hablase en voz alta. !A medida que se
consolidaban las desgracias de la mísera huérfana, se acentuaban la decepción,
la sorpresa crucificante, el dolor inconsolable, que le partía el corazón como
venablos asesinos robándole la vida!. Cayó de rodillas a los pies de su
desventurada hija menor, las manos juntas y suplicantes, mientras derramaba el
llanto convulsivamente de su alma de precito y temblores traumáticos le
sacudían la configuración astral, como si extraños temblores pudiesen
súbitamente alcanzarlo.
¡Y fue en esa
humillada posición de culpa que el pupilo de la legión excelsa recibió el
supremo castigo que las consecuencias de su ominoso y salvaje gesto de suicidio
podría infligir a su consciencia!.
Este es el
resumen acerbo del drama vivido por Margarina Sirviera, tan común en las
sociedades hedieras, donde diariamente padres inconscientes desertan de la
responsabilidad sagrada de guías de la Familia, donde madres vanidosas y
livianas, desposeídas de la aureola sublime que el deber bien cumplido confiere
a sus héroes, se desvirtúan al balanceo brutal de las pasiones insanas,
incontenidas por la perversión de las costumbres:
Siendo huérfana
de padre a los siete años, la rubia y linda Margaridita, frágil y delicada como
un lirio floreciente, se criara en la miseria, entre rebeliones e
incomprensiones, junto a su madre que, habituada a los excesos de su insidioso
orgullo, como al imperativo de vanidades funestas, nunca se resignara a la
decadencia financiera y social que la sorprendiera con la trágica desaparición
de su marido. Zulmira se prostituyera, esperando, en vano, rever el antiguo
fausto de esa manera culposa y condenable. Arrastrara a la hija inexperta al
barro del que se contaminara. Indefensa y desconocedora de las insidias
brutales de los ambientes y hábitos viciados que a rodeaban, la moza sucumbió
muy pronto a los enredos del mal, a despecho de no presentar inclinaciones
hacia las miserables situaciones diariamente surgidas. !La decadencia llegó
rápida, como rápido había llegado la caída deshonrosa. El trabajo exhaustivo y
el Embarcadero de la Ribeira con su usual movimiento de feria les ofrecieran
recursos para no extinguirse, ella y su madre, a las ásperas torturas del
hambre Zulmira agenciaba mandados, ventas variadas, negocios no siempre
honestos, empleando generalmente en su ejecución las fuerzas y la juventud
atrayente de su hija, a quien esclavizara usurpando lucros y ventajas para su
exclusivo regalo. La pobre pecera, sin embargo, cuya índole modesta y
aprovechable no se aclimataba a la hiel del execrable servilismo, sufría por no
entrever alguna posibilidad de sustraerse de la miserable existencia que le reservara
el destino. ¡E, inculta, inexperta, tímida, no sabría actuar en defensa propia,
lo que la hacia conservarse sumisa a la negra situación creada por su propia
madre!. Como Albino, también pensó en su padre, advertida, en el fondo del
corazón, de su invisible presencia, y murmuró, oprimida y anhelante:
"- !Que
falta tan grande tu me haces, oh mi querido y añorado papá!... ¡Te recuerdo
tanto!... y mis desventuras nunca permitirán olvidar tu memoria, tan bueno y
desvelado fuiste con tus hijos!. !!Cuantos males el destino me habría ahorrado,
padre mío, si no te hubieras hurtado al deber de velar por tus hijos hasta el
final!... ¡Dónde estés, recibe mis lágrimas, perdona la maldad que sobre tu
nombre involuntariamente lancé, y compadécete de mis viles desdichas,
ayudándome a desligarme de este espinero terrible que me sofoca sin que ningún
fulgor de esperanza libertadora venga a darme coraje!..."
¡Era lo máximo
que el prisionero del Astral podría soportar!.! !El no poseía energías para
continuar sorbiendo la hiel de las amarguras lanzadas en el sacrosanto seno de
su propia familia por el acto condenable que contra sí mismo practicara!.
¡Oyendo los lamentos de la desgraciada hija a quien tanto amaba, se sintió
abominablemente herido en la más delicada profundidad de su corazón paternal,
donde los infernales clamores del remordimiento repercutían violentamente,
despertando en sus entrañas espirituales un dolor inconsolable, un dolor
redentor de la mas sincera compasión que podría experimentar!. Desesperándose,
ante la imposibilidad de prestar socorro inmediato a la hijita infeliz, de
hablarle, por lo menos, insuflando animo a su alma con el consuelo de su
presencia, o aconsejándola, Jerônimo ensanchó el padrón de los desatinos que le
eran comunes y se entregó a la alucinación, completamente influenciado por la
locura de la inconformidad.
Acudieron los
lanceros ante una imperceptible señal de Ramiro de Guzman. Lo cercaran,
protegiéndolo contra el peligro de una posible evasión, alejándolo rápidamente.
Condolido ante los infortunios de la joven Margarida, Ramiro, que fuera hombre,
fuera padre y tuviera una hija muy amada, por ventura más infeliz aun, se
aproximó cariñosamente y, posando en su frente las manos protectoras, le
transmitió al ser suaves efluvios magnéticos, confortantes y de animo.
¡Margaridita buscó el lecho y se durmió profundamente, bajo la bendición
paternal del siervo de María... mientras el suicida, debatiéndose entre el
"llanto y el chirriar de dientes", suplicaba que lo dejasen socorrer,
de cualquier modo, a su hija despreciablemente ultrajada!. Dominándolo, en
tanto, con energía, a fin de que por un momento procurase razonar, replicó el
paciente guía:
"- ¡Basta
de desatinos, hermano Jerônimo!. ¡Llegaste a lo máximo de la desobediencia y
capricho que nuestra tolerancia podría aceptar!. ¿No quieres, pues, comprender,
que nada podrás hacer en beneficio de tus hijos, mientras no conquistes las
cualidades imprescindibles para ello, y que en ti mismo escasean?... ¿No
entiendes que tus hijos, luchando contra pruebas muy ásperas, sucumbirían
fatalmente al suicidio, como tu, si permaneces junto a ellos, influenciando sus
indefensas sensibilidades con las vibraciones funestas que te son propias, aun
no debidamente informado respecto al estado general en que te debates, tal como
te prefieres conservar?... ¡Partamos, Jerônimo!. Regresemos al Hospital... ¿O
desearás, por ventura, todavía sondar los pasos de Marieta y de
Arinda?..."
Chocado como que
ante la acción de fuerzas renovadoras, el precito tuvo un momento de tregua
contra sí mismo, a fin de considerar algunos instantes. Sacudió las
desesperantes alucinaciones que le cegaban el razonamiento, y respondió,
resuelto:
"-¡Oh!.
¡No!. ¡No, mi buen amigo!. ¡Basta!. ¡No puedo mas!. ¡Mis pobres hijos!. ¡A que
abismo os arrojé, yo mismo, que tanto os ame!.
¡Perdón, hermano
Teócrito!. Ahora comprendo... Perdón, hermano Teócrito..."
Y, de nuestra
enfermería, vimos que retornaban con las mismas precauciones...
Jerónimo ya no
volvió a formar parte de nuestro grupo.
CAPITULO V
EL RECONOCIMIENTO
El segundo
acontecimiento que, a la par del que acabamos de narrar, se impuso marcando una
etapa decisiva en nuestros destinos, tuvo inicio en el honroso convite que
recibimos de la dirección del Hospital para asistir a una reunión académica, de
estudios y experiencias psíquicas. Como sabemos, Jerônimo se negara a aceptar
el convite, y, por eso, en la tarde de aquel mismo día en que visitara a su
familia, mientras nos dirigíamos a la sede del Departamento a fin asistir a
ella, él, presa de una desolación profunda, de supremo desconsuelo, solicitaba
la presencia de un sacerdote, pues se confesaba católico apostólico romano y
sus sentimientos lo impelían a la necesidad de aconsejarse y reconfortarse, a
fin de revigorizar la fe en el Poder Divino y serenar su corazón que, como
nunca, sentía despedazado. Aceptó el magnánimo orientador del Departamento
Hospitalario, comprendiendo que en el espíritu del ex-mercader portugués sonaba
el momento de aclarar para el progreso, y que, dado los principios religiosos
que tenia, a los que se apegaba intransigentemente, por su propio beneficio
seria prudente que la palabra que mas respeto y confianza le inspirase fuese la
misma que lo preparase para la adaptación a la vida espiritual y sus
transformaciones.
En la Legión de
los Siervos de María y hasta aun en los servicios de la Colonia que nos
abrigaba, existían Espíritus eminentes que, en existencias pasadas, habían
vestido la sotana sacerdotal, honrándola de acciones nobles inspiradas en las
fuentes fulgidas de los sacrosantos ejemplos del Divino Pescador. Entre varios
que colaboraban en los servicios educativos del Instituto al que nos hemos
reportado, se destacaba el padre Miguel de Santarém, siervo de María, discípulo
respetuoso y humilde de las Doctrinas consagradas en lo alto del Calvario.
Era el director
del Aislamiento, institución que, como sabemos, está anexa al Hospital María de
Nazaret, este ejercía métodos educativos severos, manteniendo inalterables
disciplinas por hospedar en sus dominios apenas a individualidades
recalcitrantes, perjudicadas por excesivos prejuicios terrenos o endurecidas en
los preconceptos insidiosos y en las amarguras muy ardientes del corazón.
Portador de una increíble paciencia, ejemplo respetable de humildad, cordura y
conformidad, aureolado por elevados sentimientos de amor a los infelices y
corrompidos y lleno de una paternal compasión por cuantos Espíritus de suicidas
existiesen, era el consejero que convenía, el mentor adecuado para los internos
del Aislamiento. A mas de sacerdote era también filósofo profundo, psicólogo y
científico. Hacía mucho, que en una existencia pasada cursara Doctrinas
Secretas en la India, aunque después tuviese otras migraciones terrestres,
probando siempre las mejores disposiciones para el desempeño del apostolado
cristiano. Entre estas, la última fuera pasada en Portugal, donde recibiera el
nombre arriba citado, continuando a usarlo en el mas allá de la tumba, como
también la cualidad de religioso sincero y probo.
El hermano
Teócrito entregó al penitente Jerônimo a ese obrero devoto, convencido de su
capacidad para resolver problemas de tan espinosa naturaleza. Y fue así que, en
aquella misma tarde, cuando las líneas del crepúsculo llenaban de nubes pardas
los jardines nevados de los arrabales del
hospital, Jerônimo de Araújo Silveira se transfirió al Aislamiento,
pasando a los cuidados protectores de un sacerdote, tal como deseara. Desde ese
día en adelante perdimos de vista al pobre cómplice de culpas. Un año mas tarde,
sin embargo, tuvimos la satisfacción de reencontrarlo. En capítulos posteriores
volveremos a tratar de este muy querido compañero de luchas rehabilitadoras.
Al día siguiente del de nuestra internación en el magno Instituto del
Astral, pasamos a ser diariamente llevados a los gabinetes clínico-psíquicos
donde nos eran administrados tratamientos magnéticos muy eficientes, pues
después de algunos días ya nos podíamos ver mas animados y razonando con mayor
claridad, gradualmente fortalecidos como si tónicos revivificantes ingiriésemos
a través de las aplicaciones a las que nos sometían. Para esos gabinetes éramos
encaminados todas las mañanas, por nuestros amables enfermeros. Entrábamos,
cada grupo de diez, a una antecámara rodeada de pequeños bancos acolchados,
donde esperaríamos durante un corto espacio de tiempo. Notábamos que existían
varias dependencias como esa, todas situadas en una extensa galería donde sugestivas
columnas se alineaban en una perspectiva majestuosa. Transcendía en esos
recintos el estilo hindú, convidando a la meditación y a la gravedad.
Entrábamos
entonces al ambiente de los trabajos.
Impregnado de
fosforescencias azuladas, entonces todavía imperceptibles a nuestra capacidad
espiritual, las dimensiones de esos gabinetes no eran grandes. Pequeños cojines
orientales parecidos a la felpa blanca, y dispuestos en semicírculo, nos
aguardaban, indicando que deberíamos sentarnos. Seis varones hindúes esperaban
a los pacientes, concentrados en el caritativo mandato.
Al principio
esas ceremonias, sugestivas y rodeadas de un casi misterio, nos intrigaron
mucho. No conociéramos a indúes psiquistas en Portugal. Tampoco fuéramos
aplicados a estudios y exámenes de naturaleza transcendental. Aquí está,
todavía, que nos sorprendíamos ahora bajo la dependencia y protección de una
falange de iniciados orientales, a cuya existencia real no diéramos jamas sino
un relativo crédito, por figurársenos excesivamente mística y legendaria. El
ambiente que ahora veíamos, sin embargo, impregnado de unción religiosa, la
cual actuaba poderosamente sobre nuestras facultades, suavizándolas al impulso
de un religioso fervor, que imprimía tan profundas y atrayentes impresiones en nuestros
Espíritus que, perturbados en el seno lo inédito, juzgábamos soñar. Cuando, las
primeras veces, entramos a esos gabinetes saturados de ignotas virtudes, fuimos
realmente acometidos de una invencible somnolencia, que nos provocó un como
estado de semi-inconsciencia.
Los operadores
nos indicaban el semicírculo formado por los albos cojines. Cinco de esos
médicos espirituales se apostaban detrás de nosotros, distanciados unos de
otros por un espacio simétrico, uniforme, hasta alcanzar uno cada extremidad
del semicírculo. El sexto se colocaba al frente, como cerrando el círculo
dentro del cual quedábamos nosotros prisioneros - los brazos cruzados a la
altura del cinto, la frente atenta y cerrada, como expidiendo fuerzas mentales
dominadoras para una caritativa revista e inspección en las fraguas de nuestro
atormentado ser.
En sordina
vibraban alrededor nuestro susurros armoniosos de oración. Mas no sabríamos
distinguir si oraban, invocando a las excelsas virtudes del Médico Celeste para
nuestro alivio o si nos advertían y adoctrinaban. Lo que no nos dejaba duda,
porque era evidente, era que atravesaban nuestro pensamiento con los poderes
mentales que poseían, penetraban en nuestro carácter, examinando nuestra
personalidad moral a fin de resolver sobre la corrección mas acertada – cual un
cirujano investigando las vísceras del cliente para localizar la
enfermedad y combatirla. Tal certeza nos
infundia múltiples impresiones, a despecho del singular estado en que nos
encontrábamos. La vergüenza por haber pretendido burlar las Leyes Superiores de
la Creación, ofendiéndolas con el acto brutal que usáramos; el remordimiento
por el desprecio a la Majestad del Omnipotente; la deprimente amargura de haber
dedicado nuestras mejores energías a los gozos inferiores de la Matéria,
atendiendo preferentemente a los imperativos mundanos, sin jamas observar las
urgentes necesidades del alma, dejando de darnos momentos para la iluminación
interior - eran dolorosos estiletes que nos entraban hasta el fondo del alma
durante la sublime inspección a que nos sometían, inspirándonos pesares y
disgustos que eran el preludio de un real y fecundo arrepentimiento. ¡Nuestros
menores actos pretéritos volvían de los abismos tenebrosos en que yacían para
reanimarse ante nosotros, nítidamente impresos en nosotros mismos!. ¡Nuestra
vida, que el suicidio interrumpiera, desde la infancia era así reproducida a
nuestros ojos aterrorizados y sorprendidos, sin que fuese posible detener el
torrente de las escenas revividas para su examen!. ¡Quisiéramos poder huir a
fin de escaparnos de la vergüenza de poner al descubierto tanta infamia,
juzgada oculta para siempre hasta de nosotros mismos, pues, en efecto, era
dramático, excesivamente penoso desatar volúmenes tan variados de maldad y de
torpezas ante testigos tan nobles y respetables!. ¡Mas era en vano que lo
deseábamos!. ¡Sentíamos que nos vinculábamos a aquellos cojines por la acción
de voluntades que se habían posesionado de nuestro ser!. ¡Después de algunos
minutos, sin embargo, suspendían la operación. Se disipaba el torpor. Las
lúgubres sombras del pasado eran eliminadas de nuestra visión, pues eran
recogidas en el abismo revuelto de la subconsciencia, aliviando la crudeza de
los recuerdos. Entonces la frente cargada de los operadores se serenaran cual
arco-íris hialoide. Un aire de amorosa compasión se derramaba de sus actitudes,
y, aproximándose, abrían sobre nuestras cabezas sus manos níveas, mientras los
cinco asistentes restantes lo acompañaban en los gestos y en las expresiones
compasivas, los fluidos beneficiosos que a seguir nos hacían asimilar -
terapéutica divina - los que irían, gradualmente, a auxiliarnos a corregir las
impresiones de hambre y de sed; a postergar la insana sensación de frío
intenso, que en un suicida resulta de la gelidez cadavérica que se comunica al
perispíritu, a atenuar los apetitos y atracciones inconfesables, tales como los
vicios sexuales, el alcohol, el tabaco, cuyas repercusiones y efectos producían
desequilibrios dañinos en nuestros sentidos espirituales, impidiendo
posibilidades de progreso en la adaptación e imponiéndonos notables
humillaciones, por señalar la ínfima categoría a la que pertenecíamos, en la
respetable sociedad de los Espíritus que nos rodeaban.
Entre los
esfuerzos que nos sugerían emprender, se destacaba el ejercicio de la educación
mental en lo que respecta la necesidad de limpiar de nuestras impresiones el
dramático y pavoroso hábito, convertido en el tic nervioso de un alucinado, de
socorrernos a nosotros mismos, en el ansia contumaz de aliviarnos del
sufrimiento físico que el genero de muerte provocara.
¡Como quedó
explicado, estaban aquellos que se preocupaban en parar hemorragias, estaban
los ahorcados debatiéndose ve vez en cuando, porfiando en el esfuerzo ilusorio
de deshacerse de los harapos de cuerdas o trapos que les pendían del pescuezo;
los ahogados, braceando contra las corrientes que los habían arrastrado al
fondo; los "despedazados", hediondos como fantasmas fabulosos, se
curvaban en intervalos macabros, en la ilusión de recoger los fragmentos
dispersos, ensangrentados, de su cuerpo carnal que quedara allá en otro lugar,
despedazados bajo las ruedas del vehículo ante el cual se arrojaron en la audaz aventura, suponiendo esquivarse del
sagrado compromiso de la existencia!. ¡Esos gestos, repetidos, a fuerza de
reproducirse desde el instante en que se produjera el suicidio, y cuando el
instinto de conservación imprimió en la mente el impulso primitivo para la
tentativa de salvamento, habían degenerado en un tic nervioso mental,
sucediéndose a través de las vibraciones naturales al principio vital, reflejadas
en la mente y transmitidas a la organización físico-espiritual. Urgía que la
Caridad, siempre pronta a abrir sus alas protectoras sobre los que padecen,
corrigiendo, amenizando, dulcificando males y sufrimientos, impusiese su
benevolencia a la anomalía de tantos desgraciados perdidos en los pantanales de
falsas alucinaciones. Para eso, mientras ponían las manos sobre nuestras
cabezas, envolviéndolas en ondas magnéticas apropiadas a la caritativa
finalidad, los hermanos operadores murmuraban, mientras que sugestiones
magnánimas rebotaban por los laberintos de nuestro "yo" con
repercusiones precisas y fuertes, cual una clarinada despertándonos a una
alborada de esperanzas:
"-
¡Recordad que ya no sois hombres!... ¡Al alejaros de aquí no debéis pensar a no
ser en vuestra calidad de alma inmortal, a quien no debe afectar mas los
disturbios del envoltorio físico-carnal!... ¡Sois Espíritus!. ¡Y sea como
Espíritus que deberéis proseguir la marcha de progreso en los planos
espirituales!."
..........................................................................................................................................................
El convite para la reunión presidida por Teócrito nos dejara satisfechos.
Éramos sensibles a las demostraciones de afecto y consideración.
Un rumor de
horror recorrió mi sensibilidad al reconocer en la vasta asamblea a las figuras
hirsutas, desgreñadas y asustadoras del Valle Siniestro, aunque me confesase a
mí mismo encontrarlas algo serenas, tal como nos sucedía a mí y a mis
compañeros de apartamento. Será útil aclarar que los componentes de nuestra
falange podrían ser calificados como "arrepentidos", y, por eso
mismo, dóciles a las orientaciones dadas por los insignes directores del asilo
que nos abrigaba. Uno que otro se mantenía menos homogéneo, dando algún
problema mas serio a resolver. Todavía, era cierto que la mayoría se conservaba
fuertemente animalizada, tal vez en consecuencia de la inferioridad de su
propio carácter o resultado de la violencia del choque ocasionado por la
brutalidad del suicidio escogido. Entre estos se destacaban los
"destrozados", ahogados, despeñados de grandes alturas, etc., etc.
Pasmados, como que atontados, no era con facilidad que conseguían una
suficiente dosis de raciocinio para comprender las imposiciones de la vida
espiritual. Ocupaban ellos el asilo del Manicomio por innumerables
conveniencias, entre otras porque que arrastraban la necesidad de encubrirlos a
nuestra visión, pues nos repugnaba la presencia de ellos, excitando impresiones
desarmonicas, prejudiciales para la serenidad que carecíamos para el
restablecimiento.
No obstante,
fueron llevados igualmente al local de la reunión; y, cuando, acompañados por
nuestros dedicados amigos Joel y Roberto, entramos en el amplio salón, allí los
vimos entre muchos otros enfermos que, como nosotros, habían sido invitados.
Mirando a los
antiguos compañeros del valle de tinieblas, vi que se esforzaban, como nosotros
mismos veníamos tentando desde hacia algunos días, para corregir los feos tics
ya mencionados, pues, si el hábito nos impelía a su repetición, lo recordaban a
tiempo y frenaban a medio camino el impulso mental que los ocasionaba llevando
en consideración la sugestión hecha por los amorosos asistentes. Entonces, se
reían de sí mismos en un conmovedor desahogo, nerviosamente, pensando que ya no
deberían sentir los efectos físicos del acto macabro. Se reían uno de otros
como felicitándose mutuamente por el alivio recibido a través de la información
de que
ya no debían sentir aquellas impresiones... y como si la
risa les diese unas vibraciones tormentosas. Se reían para desacostumbrarse de
aquel llanto malévolo que despertaba sensaciones temerarias... En el Hospital
estaban prohibidas las rabiosas convulsiones del Valle Siniestro... y llorar,
con la desesperante aflicción con que antes habíamos llorado, era destapar la compuerta
del torrente de agonías que la caridad sacrosanta de María minorava a través
del desvelo de sus siervos...
Y yo,
observándolos, también reía, sin huir a la extraña similitud de la falange...
Nos sentamos a
una señal de Roberto.
Nada tenia la
sala que despertase una particular atención. Sin embargo, si no fuese
suficiente el grado de visión que disponíamos para alcanzar las sublimes
manifestaciones de caridad que alrededor de nosotros pululaban, habríamos
notado que delicadas vaporizaciones fluídicas, como rocío refrigerante y ameno,
se esparcían por el recinto, impregnándolo de suaves vibraciones.
En un ángulo del
tablado que del fondo del salón enfrentaba a la asamblea, se notaba un aparato
muy semejante a los existentes en las enfermerías, aunque presentase ciertas
particularidades. Dos jóvenes iniciados se pusieron a examinarlo al tiempo que
el Hermano Teócrito tomaba lugar en la cátedra acompañado por otros dos
compañeros, a los que presentó a la asamblea como instructores que nos deberían
orientar, y a quienes debíamos el máximo respeto. Satisfechos, reconocimos en
estos a los dos jóvenes hindúes que nos recibieron cuando nuestra entrada en el
Hospital: Romeu y Alceste.
Un silencio
religioso se extendió en ondas armoniosas de recogimiento por el vasto salón,
donde cerca de doscientos Espíritus, envueltos en las más embarazosas redes de
la desgracia, acudían arrastrando el bagaje gravoso de las propias debilidades,
de las amarguras incontables que oscurecían sus vidas.
Bajaban sobre
las latitudes del nuestro melancólico cantón las tonalidades tristonas del
crepúsculo, que allí muchas veces arrancaba lágrimas de nuestros corazones, tal
la pesada melancolía que infundia en derredor.
Seis melodiosas
campanadas de un reloj que no veíamos, sonaron dulcemente en la amplitud de la
sala, como anunciando el inicio de la reunión. Y el cántico armonioso de la
oración, envolvente, emocionada, se elevó en sordina como si hasta nuestra
audición llegase a través de ondas invisibles del éter, provenientes del un
lugar distante, que no podríamos saber, mientras se diseñaba en una pantalla
junto a la cátedra del Hermano Teócrito el sugestivo cuadro de la aparición de
Gabriel la Virgen de Nazaret, anunciando
la llegada del Redentor a las ingratas playas del Planeta.
Era el instante
tierno del Angelus...
Levantándose, el
director hizo un breve y emocionante saludo a María, presentándonos reunidos
por primera vez para una invocación. Un dulce consuelo se extendió sobre
nuestros corazones. !Las lágrimas irrumpieran y emociones gratas se irguieron
de las tumbas íntimas en que yacían, despertadas por los recuerdos del hogar
paterno, de la lejana infancia, de nuestras madres, a quienes ninguno de
nosotros ciertamente amó debidamente, al enseñarnos al pié del lecho el
balbuceo sublime de la primera oración!...
¡Como todo eso
estaba distante, casi borrado bajo las vorágines de las pasiones y las
desgracias de ahí resultantes!... !Súbitamente, inesperadamente, esos recuerdos
suscitaban, benignos fantasmas que venían para impornerse con el sabor de
ósculos maternos en nuestras frentes abatidas!.
Una honda
añoranza dilató nuestros pensamientos, predisponiéndolos a la ternura del
momento grandioso que nos ofrecían como una oportunidad bendita...
Seria largo
enumerar las minucias de las bellas cuanto provechosas secuencias de las
enseñanzas y experiencias que pasamos a recibir desde esa tarde memorable, los
que integraban el delicado tratamiento a ser administrado, especie de
adoctrinacion - terapéutica moral -, con acción decisiva sobre las reacciones
necesarias a la reeducacion de la que teníamos urgencia. Diremos apenas que en
esa primera aula fuimos sometidos a operaciones tan delicadas, llevadas a cabo
en nuestro entendimiento íntimo, que la incertidumbre respecto al estado
espiritual, hacia el cual resbalaramos, fue hábil y caritativamente apartado de
nuestra comprensión, dejando que la luz de la verdad, sin constreñimientos, se
impusiese a la evidencia. ¡Quedamos categóricamente convencidos de nuestra
calidad de Espíritus separados del envoltorio corporal terreno, lo que hasta
entonces, para la mayoría, era motivo de confusiones acerbas, de terrores
incomprensibles!. ¡Y todo se desarrolló sencillamente, siendo nosotros mismos
los compendios vivos usados para las magníficas instrucciones - las operaciones
irrefutables!. Veamos como los eruditos instructores llevaban a cabo el
sacrosanto mandato:
Belarmino de
Queiroz e Sousa que, como sabemos, era la individualidad portadora de una vasta
cultura intelectual, además de ser adepto a las doctrinas filosóficas de
Augusto Comte, fue convidado, entre otros que después recibieran el privilegio,
a subir al estrado donde se realizaría la hermosa experiencia instructiva.
Debemos observar que el Hermano Teócrito formaba parte en tan delicada
ceremonia como presidente de honor, profesor insigne de los profesores en
acción.
Colocaran al
ex-profesor de lenguas ante el aparato luminoso que despertara nuestra atención
a la llegada, al cual lo ligaran por una diadema presa a tenues hilos que se
dirían centellas imponderables de luz. Mientras Alceste lo ligaba, Romeu lo
informaba, en tono asaz grave, de que le convendría volver a algunos años del
pasado de su vida, coordinando los pensamientos a rigor, en la secuencia de los
recuerdos, y partiendo del momento exacto en que la resolución trágica se
posesionara de sus facultades. Para que al conseguido, lo auxiliase
revigorizanando su mente con emanaciones generosas que de sus propias fuerzas
extraía.
Belarmino
obedeció, pasivo y dócil a una autoridad para la que no tenia fuerzas para
desagradar. Y, recordando, revivió los sufrimientos oriundos de la tuberculosis
que lo alcanzara, las luchas sustentadas consigo mismo ante la idea del
suicidio, la tristeza inconsolable, la veraz agonía que se apoderara de sus
facultades en litigio entre el deseo de vivir, y el miedo a la molestia impía
que avasallaba su organización física, torturándolo sin treguas, y la urgencia
del suicidio para, en su enfermizo modo de pensar, alcanzar mas suavemente el
fin al que la enfermedad lo arrastraba bajo atroces sufrimientos. A medida que
se aproximaba el desenlace, sin embargo, el filósofo comtista se esquivaba,
recalcitrando la orden recibida. Sudores helados le bañaban la frente amplia de
pensador, donde el terror mas y más se acentuaba, estampando expresiones de
desesperación a cada nuevo arranque de las dolorosas reminiscencias...
¡En tanto, lo
que más sorprendía era que, en la pantalla fosforescente a la cual se ligaba,
se iban reproduciendo las escenas evocadas por el paciente, hecho impresionante
que a él mismo, como a la asistencia, le facultaba la posibilidad de ver, de
presenciar todo el amargo drama que precedió a su acto de desesperanza y las
minucias emocionantes y lamentables del execrable momento!. A este se seguían
las tormentosas situaciones del mas allá de la tumba que fueron las
consecuencias, el drama abominable que lo sorprendiera, las confusas
sensaciones que durante tanto tiempo lo mantuvieron enloquecido.
Mientras el
primer operador auxiliaba al paciente a extraer los recuerdos, el segundo los
comentaba explicando los acontecimientos en torno del suicidio, antes y después
de consumado, cual emérito profesor aclarando a ignorantes en una materia
indispensable. Lo hacia mostrando los fenómenos originados del desprendimiento
del ser inteligente de su capullo de limo corporal, violentado por el
desastroso gesto practicado contra sí mismo. ¡Asistimos así a la sorprendente,
y oscura odisea vivida por el Espíritu expulsado de la existencia carnal bajo
su propia responsabilidad, a atenuar como un loco la rebelión a la Ley que
violó, presa de los tentáculos monstruosos de secuencias inevitables, creadas
por la infracción a una cantidad determinante y armoniosa de leyes naturales,
sabias, invariables, eternas!.
Esos
extraordinarios panoramas vinieron a anular las convicciones materialistas del
filósofo comtista, ya bastante disminuidas, permitiéndole evidenciar en sí
mismo, con un minucioso examen, la separación de su propio astral del
envoltorio de barro corporal de que se revestía, sobreviviendo lucido a pesar
del suicidio de la descomposición
cadavérica.
Por ese
eficiente cuan simple método, la gran mayoría de la asistencia pudo comprender
la razón del ardor indescriptible de los sufrimientos por los que venia
pasando, de las sensaciones físicas atormentadoras que perduraban todavía, de
las múltiples perturbaciones que impedían la serenidad o el olvido que
erróneamente esperara encontrar en la tumba.
Entre otras
observaciones llevadas a cabo, una merece especial comentario, por la sorpresa
de que se revestía, el hecho de todos traer pendientes de la configuración
astral, cuando todavía estabamos en el Valle, fragmentos relucientes, como si
de una cuerda o un cabo eléctrico rotos se desprendiesen astillas de hilos
tenuísimos que los estructurasen, sin que la energía se hubiese extinguido,
mientras explicaban los mentores que residía en tan curioso fenómeno toda la
extensión de nuestra acrimoniosa desgracia, ya que ese cordón, por la muerte
natural, será suavemente desatado, desligado de las afinidades que mantiene al
cuerpo carnal, a través de caritativos cuidados de obreros de la Viña del Señor
incumbidos de la sacrosanta misión de la asistencia a los moribundos, mientras
que, por el suicidio, es él violentamente despedazado, y, lo que es peor,
cuando las fuentes vitales, llenas de savia para todo el curso de una
existencia a veces larga, todavía mas lo solidificaban, manteniendo la
atracción necesaria para el equilibrio de la misma.
Ahora, nos
decían que, a fin de deshacernos del profundo desequilibrio que semejante hecho
producía en nuestra organización fluídica (no se habla aquí de la
desorganización moral, acaso todavía más dolorosa) nos seria indispensable
volver a animar otro cuerpo carnal, visto que, mientras no lo hiciésemos,
seríamos criaturas desarmonizadas con las leyes que rigen el Universo, a
quienes indefinibles incomodidades privarían de cualquier realización
verdaderamente concorde con el progreso.
Entre tanto,
Belarmino se debatía, presa de llanto y convulsiones espasmódicas, reviviendo
las dañosas aflicciones que lo acometieron, mientras la asistencia se
solidarizaba, con él deduciendo de aquella pavorosa demostración de ocurrencias
que a él se relacionaban.
Comentaba, sin
embargo, el instructor:
"- ¡Podréis
observar, mis amigos, que, justamente porque el hombre deseó esquivarse de la
existencia planetaria por los engañosos acantilados del suicidio, no se eximió,
absolutamente, de ninguna de las amarguras situaciones que lo disgustaban, antes
acumuló desdichas nuevas, quizá más ardientes y punzantes, el bagaje de los
males que antes lo afectaban, los que serian ciertamente soportables si una
educación moral sólida, basada en el cumplimiento del Deber, le inspirase las
acciones diarias. !Esa educación orientadora, consejera, salvadora, por tanto,
de desastres como el que lamentamos en este momento, el hombre solo no la ha
adquirido en el propio escenario terreno, donde es llamado a realizaciones
imperiosas, porque no la quiso adquirir, viendo sobrar en torno a sus pasos, en
el orbe de su residencia, instrucciones y enseñanzas capaces de conducirlo a
las alboradas redentoras del Bien y del Deber!.
El incauto
viajero terreno, sin embargo, ha preferido siempre desperdiciar oportunidades
benéficas proporcionadas por la Divina Providencia con vistas a su
engrandecimiento moral y espiritual, para con mayor libertad englobarse a las
sombras insidiosas de las pasiones mantenedoras de los vicios y desatinos que
lo impelen a la irremediable caída al abismo.
En el torbellino
de las atracciones mundanas, como en el embate de las pruebas que lo
martirizan; al choque de las vicisitudes diarias, inalienables al medio en que
realiza las experiencias para el progreso, como en la fruición de las ternuras
ofrecidas por el hogar próspero y feliz - jamas al hombre se le ocurre
emprender ningún esfuerzo para la iluminación interior de sí mismo, la
reeducacion moral, mental y espiritual cuya necesidad inapelablemente se impone
en el porvenir que su Espíritu será llamado a conquistar por el orden natural
de las Leyes de la Creación. !Ni él mismo comprende que posee un alma dotada de
los gérmenes divinos para a adquisición de excelentes prendas morales y
cualidades espirituales eternas, gérmenes cuyo desarrollo le corresponde
realizar y mejorar a través del glorioso trabajo de ascensión hacia Dios, hacia
la Vida Inmortal!. Ignora ser justamente en el cultivo de esos dones que reside
el secreto de la obtención perfecta de los ideales mas caros que se avecinen,
de los sueños venerados que suspira concretizar; y más, que, despreciando el
ser divino que en si palpita, el cual es él mismo, es su Espíritu inmortal,
descendiente que es del Todo-Poderoso, se da voluntariamente a la condenación
por el Dolor, cayendo por los ominosos desvíos de la animalidad y quizá del
crimen, los cuales necesariamente lo arrastrarán a la lógica de las
reparaciones, de las renovaciones y experiencias dolorosas en los testimonios
de la reencarnación, cuanto mas suave se tornaría la jornada ascensional si meditase
prudentemente, procurando investigar el proprio origen y el futuro que le
compete alcanzar!.
¡Fue esa fatal
ignorancia la que os impelió a la desoladora situación en que hoy os afligís,
mis caros hermanos! mas a qué nuestro fraterno interés, inspirado en el ejemplo
del Divino Cordero, tentará remediar, no obstante que sólo el tiempo y vuestros
propios esfuerzos, en sentido opuesto a los verificados hasta ahora, sean
indispensables como la mas acertada tentativa en pro de la recuperación que se
impone.
Como veis,
destruisteis el cuerpo material, propio de la condición del Espíritu
reencarnado en la Tierra, único que os encaprichasteis en reconocer como
absoluto padrón de vida. Sin embargo, no desaparecisteis, como deseabais, ni os
liberasteis de los sinsabores que os desesperaban. ¡Vivís!. ¡Vivís todavía!.
¡Viviréis siempre!. ¡Viviereis por toda la consumación de los evos una Vida que
es inmortal, que jamas, jamas se extinguirá dentro de vuestro ser, jamas
dejando de proyectar sobre vuestra consciencia el impulso irresistible hacia
adelante, hacia el mas allá!...
¡Es que sois la
candela de valor inestimable, fecundada por el Foco Eterno que derrama Su
Inmortalidad sobre toda la Creación que de Sí irradió, concediéndole las
bendiciones del progreso a través de los evos, hasta alcanzar la plenitud de la
gloria en la comunión suprema de Su Seno!.
Lo que
contempláis en vosotros mismos, en este momento inolvidable y solemne para
vosotros, a reflejarse de vuestra mente impresionada con los acontecimientos
sensacionales que os interesan, por cierto marcarán etapas decisivas en la
trayectoria que insofismablemente desarrollareis en el futuro. !De ahora en
adelante deseareis, ciertamente, aprender algo respecto de vosotros
mismos...pues la verdad es que todo desconocéis respecto del Ser, de la Vida,
del Dolor y del Destino... a pesar de los pergaminos que ostentabais con
gallardía en la Tierra, a pesar de las distinciones y honores que tanto
exaltaban vuestras insulsas vanidades de hombres divorciados del ideal
divino!..."
Reanimado por
los sabios distribuidores de energías magnéticas, Belarmino volvió al lugar que
ocupaba en la platea, mientras que otro paciente subía al estrado para un nuevo
examen demostrativo. !Volvía, sin embargo, reflejando en su semblante, antes
abatido y cargado, como un aleluya de esperanzas!. Al sentarse a nuestro lado,
nos apretó furtivamente las manos, exclamando:
"- -¡Sí,
mis amigos!. !Yo soy inmortal!. ¡Acabo de evidenciar, sin sombras de duda, en mi
mismo, la existencia concreta de mi "yo" inmaterial, del ser
espiritual que negué! ¡No sé nada!. ¡No se nada!. ¡Debo recomenzar los
estudios!... Mas sólo aquella certeza constituye para mi una gran conquista de
felicidad: - ¡Yo soy inmortal!. ¡Yo soy inmortal!..."
En los días
siguientes, durante las mismas reuniones fuimos llevados a examinar, con
detalles complicadisimos, los actos erróneos practicados en el transcurso de la
existencia que habíamos destruido, observando la maraña de prejuicios morales,
mentales, educativos, sociales, materiales, que nos arrastraran al detestable
resultado al que llegáramos. Asistidos por los mentores pacientes retrocedimos
con el pensamiento hasta la infancia y volvimos sobre nuestros mismos pasos, y,
muchas veces bañados en copioso llanto, e invariablemente avergonzados, nos
confesamos los reales autores de los desengaños que nos abatieran en los
volcanes del suicidio. ¡Como actuáramos mal en el desempeño de las tareas
diarias que la sociedad imponía!. !Como nos portáramos salvajemente en todo
momento, a pesar del barniz de civilización del que nos jactábamos!...
!Integrando la
arrepentida falange, muchos habían manifestado el fruto nefasto de la escasa
educación moral obtenida en los hogares desposeídos de la verdadera iluminación
cristiana!. !Jóvenes que, apenas salidos de la adolescencia, habían caído
inermes al primer choque con las contrariedades comunes a la existencia
terrena, prefiriendo la aventura del suicidio, completamente faltos de ideal,
de sentido común, de respeto por sí mismos, a la Familia y a Dios!. !Las
desgracias encontradas por ellos, a mas del suicidio, eran como una terrible
prueba, un pavoroso libelo contra la irresponsabilidad de los padres o
responsables por ellos ante Dios, la
prueba infamante de la desatención con que se portaran dejando de diligenciar
una sólida edificación moral en torno a ellos!. !Para esos casos, supimos que
severas cuentas deberán prestar en el futuro a las Soberanas Leyes los
descuidados padres que dieron alas a las perniciosas inclinaciones de sus
hijos, sin tentar corregirlas, favoreciendo así ocasiones a los desequilibrios
desesperados de los que el suicidio fue el lógico resultado!.
Después de tan
complejos exámenes volvíamos a nuevas reuniones a fin de aprender como debíamos
preferentemente haber actuado para evitar el suicidio, cuales deberían haber
sido los actos diarios, los emprendimientos, si no nos hubiéramos alejados del
raciocinio inspirado en el Deber, en la fe en nosotros mismos y en el paternal
amor de Dios: !En varios casos, la solución para los problemas, que abrieron
las puertas hacia el abismo, se encontraba a dos pasos de distancia del
sufridor; surgiría el socorro enviado por la Providencia a su hijo bien amado,
en algunos días, unos pocos meses, bastando solamente que este se animase para
la diminuta espera, en un glorioso testimonio de voluntad, paciencia y coraje
moral, necesario para su progreso espiritual!. !Entonces vimos con
decepcionante sorpresa que fácil habría sido la victoria y hasta la felicidad,
si buscáramos en el Amor Divino la inspiración para los dictámenes de la
existencia que desgraciadamente destruyéramos!.
Esas
instrucciones nos proporcionaran sensibles beneficios a todos. Se repetían
bisemanalmente, habiéndoles los dignos mentores adicionado provechosas
palestras elucidativas. Mejoras prometedoras experimentábamos en nuestro
aspecto general, mientras dulces
esperanzas cuchicheaban edificantes consuelos a nuestros corazones doloridos.
La presencia de los instructores pasó a constituir un motivo de inmensa
satisfacción para nuestras almas convalecientes de tan áspera desesperación.
Las palabras que nos dirigían durante las lecciones eran como refrigerante
rocío sobre la comburencia de nuestras aflicciones; y sus palestras e
instrucciones, el trato cariñoso y compasivo de los auxiliares y otras tantas
razones para considerarnos esperanzados y confiantes. Sin embargo, jamas los
veíamos a no ser en aquellos momentos oportunos; y, cuando en presencia de
ellos, tanto nos intimidábamos, a pesar de la ternura que nos dispensaban, que
no nos animábamos a pronunciar siquiera un monosílabo sin antes ser
interpelados.
En poco mas de
dos meses estábamos habilitados para amplias inducciones, cotejando las
lecciones recibidas y sobre ellas madurando en el recogimiento de nuestros
apartamentos.
De los análisis
llevados al efecto resultaba la certeza, cada vez mas clara, de la gravedad de
la situación en la que nos encontrábamos. El hecho de estar aliviados de los
exuberantes trastornos pasados no implicaba una disminución de culpabilidad. Al
contrario, la posibilidad de razonar pormenorizaba la extensión del delito, lo
que mucho nos decepcionaba y entristecía. Y, de las instrucciones y
experiencias cariñosamente ministradas a nuestro entendimiento a título de base
e incentivo para una urgente auto-reforma de la que teníamos imperiosa
necesidad, visando el impostergable progreso a ser realizado, destacaremos este
esquema que reuniremos en estas simples anotaciones de mas allá de la tumba:
1 – ¡El hombre
es un compuesto de triple naturaleza: - humana, astral y espiritual, o sea -
materia, fluido y esencia. Ese compuesto podrá también ser traducido en una
expresión mas concreta y popular, asimilable al primer grado de observación: -
cuerpo carnal, cuerpo fluídico o perispíritu, y alma o Espíritu, siendo de este
último que se irradian Vida, Inteligencia, Sentimiento, etc., etc. - centella
donde se verifica la esencia divina y que en el hombre señala la herencia
celeste!. De esos tres cuerpos, el primero es temporal, obedeciendo apenas a la
necesidad de las circunstancias inalienables que rodean a su poseedor,
destinado a la desorganización total por su propia naturaleza putrescible,
oriunda del limo primitivo: - es el de carne. El segundo es inmortal y tiende a
progresar, desarrollarse, perfeccionarse a través de los trabajos incesantes en
las luchas de los milenios: - es el fluídico; mientras que el Espíritu, eterno
como el Origen del cual proviene, luz imperecible que tiende a rebrillar siempre
mas hermoseada hasta retratar en grado relativo el Fulgor Supremo que le dio la
Vida, para gloria de su mismo Creador - es la esencia divina, imagen y
semejanza - (que lo será algún día) - del Todo-Poderoso Dios!.
2 - Viviendo en
la Tierra, ese ser inteligente, que deberá evolucionar hacia la Eternidad, se
denomina Hombre! siendo, por tanto, el hombre un Espíritu encarcelado en un
cuerpo de carne o encarnado.
3 - Un Espíritu
vuelve varias veces a tomar un nuevo cuerpo carnal sobre la Tierra, nace
varias veces a fin de tornar a convivir en las sociedades terrenas,
como Hombre, exactamente como este es llevado a cambiar de ropa muchas veces...
4 - El suicida
es un Espíritu criminal, fracasado en los compromisos que tenia para con las
Leyes sabias, justas e inmutables establecidas por el Creador, y que
se ve obligado a repetir la experiencia en la Tierra, tomando un cuerpo nuevo,
ya que destruyó aquel que la Ley le confiara para instrumento de auxilio en la
conquista de su propio perfeccionamiento - depósito sagrado que el
antes debería estimar y respetar antes que destruir, visto que no le asistían
derechos para faltar a los grandes compromisos de la vida planetaria, tomados
antes del nacimiento en presencia de su propia consciencia y ante la Paternidad
Divina, que le diera la Vida y medios para ello.
5 - El Espíritu
de un suicida volverá a un nuevo cuerpo terreno en condiciones muy penosas de
sufrimiento, agravadas por las resultantes del gran desequilibrio que
el desesperado gesto provocó en su cuerpo astral, o sea, en el perispíritu.
6 – La vuelta de
un suicida a un nuevo cuerpo carnal es la ley. Es la Ley inevitable,
irrevocable: Una expiación irremediable, a la cual tendrá que someterse
voluntariamente o no, porque por su propio beneficio no habrá otro recurso sino
la
repetición del programa terreno que dejó de ejecutar.
7 - Sucumbiendo
al suicidio el hombre rechaza y destruye una ocasión sagrada, facultado por
ley, para la conquista de situaciones honrosas y dignificantes para la propia
consciencia, pues los sufrimientos, cuando son heroicamente soportados,
dominados por la voluntad soberana de vencer, son como una esponja mágica para
eliminar de la consciencia culpable las tinieblas infamantes, muchas veces, de
un pasado criminal, en anteriores etapas terrenas. !Mas, si, en vez del
heroísmo salvador, prefiere el hombre la fuga a las labores promisorias,
valiéndose de un auto-atentado que bien revelará la degradación moral y la
inferioridad que le descompone el carácter, retardará el momento ansiado para
la satisfacción de sus más caros deseos, visto que jamas se podrá destruir
porque la fuente de su Vida reside en su Espíritu y este es indestructible y
eterno como el Foco Sagrado del que descendió!.
8 – En la
Espiritualidad raramente el suicida permanecerá durante mucho tiempo. Bajará a
la reencarnación prestamente, según sea el acervo de las dañosas consecuencias
acarreadas; o postergará el cumplimiento de aquella inalienable necesidad en
caso de que circunstancias atenuantes provean condiciones para el ingreso a
cursos de aprendizaje educativos, que facilitaran los combates futuros en pro
de su misma rehabilitación.
9 - El suicida
es como un clandestino de la Espiritualidad. Las leyes que regulan la armonía
del mundo invisible son contrariadas con su presencia en sus páramos antes de
la época determinada y legal; y son tolerados y amparados y convenientemente
encaminados porque la excelencia de las mismas, derramada del seno amoroso del
Padre Altísimo, estableció que a todos los pecadores les sean incesantemente
renovadas las oportunidades de corrección y rehabilitación!.
10 - ¡Renaciendo
en un nuevo cuerpo carnal, remontará el suicida a la programación de trabajos y
combates diferentes a los que imaginó erradamente poder escapar por los atajos
del suicidio; experimentará nuevamente tareas, pruebas semejantes o absolutamente
idénticas de las que pretendiera esquivarse; pasará inevitablemente por la
tentación del mismo suicidio, porque el mismo se colocó en esa difícil
situación cargando para la reencarnación expiatoria las amargas consecuencias
de un pasado delictivo!. A esa tentación, no obstante, podrá resistir, ya que
en la Espiritualidad fue debidamente ilustrado, preparado para esa resistencia.
!Si sin embargo fuese a fallar por una segunda vez - lo que será improbable -,
se multiplicará su responsabilidad, multiplicándose, por eso mismo,
desastrosamente, las series de sufrimientos y combates rehabilitantes, ya que
es inmortal!.
11 – !El estado
indefinible, de angustia inconsolable, de inquietud aflictiva, tristeza e
insatisfacción permanente; las situaciones anormales que aparecen y siguen en
el alma, en la mente y en la vida de un suicida reencarnado, indescriptibles a
la comprensión humana y sólo asimilables por él mismo, solamente le permitirán
el retorno a la normalidad al terminar las causas que las provocaran, después
de existencias expiatorias, testimonios severos donde sus valores morales serán
duramente comprobados, acompañándose de lágrimas ininterruptas, realizaciones
ennoblecientes, renuncias dolorosas de las que no se podrá librar... pudiendo
tan dificultosa labor suya exigir la perseverancia de un siglo de luchas, de
dos siglos... tal vez mas... según sea el grado de sus propios deméritos y las
disposiciones para las refriegas justas e inalienables!.
Esas
conclusiones no nos dejaban, absolutamente, ilusiones acerca del futuro que nos
aguardaba. Enseguida, por tanto, comprendimos que, en la espinosa actualidad
que vivíamos, un solo camino se presentaba como recurso a posibles
suavizaciones en el porvenir cuya distancia no podíamos prever: - Someternos a
los imperativos de las leyes que habitamos infringido, observar consejos y
orientaciones ofrecidas por nuestros amorosos mentores, dejándonos educar y
guiar al sabor de sus altos criterios, como ovejas sumisas y deseosas de
encontrar el supremo consuelo de un aprisco...
CAPITULO VI
La comunión con lo Alto
"Dijo
entonces Jesús estas palabras:
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la
Tierra, porque escondiste estas cosas de
los sabios y
de los entendidos, y las
rebelaste a los niños."
S. MATEO, 11:25.
"Porque donde están dos o
tres
congregados en mi nombre, allí estoy
yo en medio de ellos."
S. MATEO, 18:20.
No obstante la
eficiencia de métodos realmente tan apreciables, en el recinto del Hospital y,
mas aun, entre los asilados del Aislamiento y del Manicomio, estaban aquellos
que no habían conseguido reconocer todavía su propia situación con la confianza
que era de esperar.
Permanecían
confundidos, semi-inconscientes, inmersos en un lamentable estado de inercia
mental, incapacitados para cualquier adquisición que facultase el progreso.
Urgía despertarlos. ¡Urgía chocarlos con la reviviscencia de vibraciones
animalizadas a las que estaban habituados, tornándolos capaces de entender algo
a través de la acción y de la palabra humanas!. ¿Que hacer, si no llegaban a
comprender la palabra armoniosa de los mentores espirituales, ni siquiera
verlos con el desembarazo preciso, aceptando sus sugestiones caritativas,
aunque se materializasen ellos cuanto les era posible, a fin de hacer más
eficientes las operaciones?
¡La augusta Protectora del Instituto tenia prisa de verlos también
aliviados, pues así lo deseaba su excelso corazón de Madre!.
No vacilaran, pues, en lanzar mano de recursos supremos, a fin de conseguir
el piadoso desideratum, - los abnegados servidores de la hermosa Legión
gobernada por María.
Nuestros
instructores - Romeu y Alceste – participaran al eminente director del
Departamento Hospitalario que existía la necesidad urgente de ir a la Tierra en
busca de aprendices de ciencias psíquicas a fin de resolver los complejos
mentales de algunos internos, insolubles en la Espiritualidad. Enterado de las
particularidades, en conferencias a las que también asistieron los devotos
operadores de los gabinetes, El Hermano Teócrito nombró una comisión que
debería sin demora partir a la Tierra a fin de ver las posibilidades de una
eficiente colaboración terrena. Se expidió al mismo tiempo una petición de
asistencia al Departamento de Vigilancia, pues este gabinete, como sabemos,
estaba a cargo del movimiento de intercambio entre nuestra Colonia y los proscenios
terrestres.
Olivier de
Guzman, con la presteza que caracterizaban las resoluciones y ordenes en todos
aquellos núcleos de servicio, puso a disposición de su antiguo colega de luchas
benéficas el personal necesario, competente para la magna tentativa, al mismo
tiempo que solicitaba de la Sección de Relaciones Externas indicaciones seguras
en cuanto a la existencia de agremiaciones de estudio y experiencias psíquicas
reconocidamente serias, distinguidas por el emblema cristiano de la verdadera
fraternidad de principios, en el perímetro astral compuesto por Portugal,
España, Brasil, países latinoamericanos y colonias portuguesas, así como las
fichas espirituales de los médiums congregados en las mismas.
Cupo al Brasil
la preferencia, dada la variedad de organizaciones científicas donde el sentido
religioso y la fulgida moral cristiana consolidaban el ideal de Amor y
Fraternidad, tan admirado por los de la Legión, estimando la magnífica falange
de médiums bien dotados para el espinoso mandato, y que el fichero de la
Vigilancia registraba en la tierra de Santa Cruz.
Esa misma noche,
del arrabal de la Vigilancia partió una pequeña caravana con destino al Brasil,
a cargo de nuestro ya muy estimado amigo Ramiro de Guzman. Ya que se trataba
de. Espíritus lúcidos, completamente desmaterializados, fue dispensada la
necesidad de vehículos de transporte, pues emplearían la volitacion para el
viaje, por ser más rápido y concorde con sus experiencias espirituales.
Integraban esa caravana, a mas de los dedicados instructores Alceste y Romeu,
dos cirujanos responsables por los pacientes en cuestión, especializados en la
ciencia de la organización físico-astral, como los dos Canalejas lo eran de
nuestra enfermería. Iban, con poderes conferidos por el director, a examinar
las posibilidades de los médiums cuyos nombres y referencias recomendables
habían obtenido de la Sección de Relaciones Externas. De ese examen dependería
la elección definitiva de las agremiaciones a ser visitadas.
No obstante,
antes de la partida de esa comisión, fue expedido un mensaje telepático de la
direccion-general del Instituto, localizado en la mansión del Templo, a los
directores y guías instructores espirituales de las agremiaciones a las que
pertenecían los referidos médiums, así como a sus propios guías y mentores
particulares, solicitándoles el indispensable permiso y la preciosa
colaboración para los entendimientos a ser firmados con aquellos.
Los servios a
ser prestados por los vehículos humanos - los médiums - deberían ser
voluntarios. Absolutamente nada les seria impuesto o exigido. Al contrario,
irían los emisarios del Instituto a solicitar, en nombre de la Legión de los
Siervos de María, el favor de su colaboración, pues era norma de las escuelas
de iniciación a las que pertenecían los responsables del Instituto Correccional
María de Nazaret, perteneciente a aquella Legión, nada imponer a nadie, sino
convencer a la práctica del cumplimento del deber.
Concertado el
entendimiento por la correspondencia telepática, quedó establecido que los
mentores espirituales de los médiums aceptados les sugiriesen el recogimiento
en el lecho antes de lo usual; que los zambullesen en un suave sueño magnético,
permitiendo una amplitud de acción y lucidez a sus Espíritus para el buen
entendimiento de las negociaciones a realizarse toda por la noche. Una vez
desprendidos de sus cuerpos físicos por el sueño, deberían los referidos
mediums ser encaminados a la sede de la agremiación a la que pertenecían, local
escogido para las confabulaciones.
Todo programado,
partió del Instituto la caravana misionera, compuesta por ocho personas, o sea,
cuatro servidores especializados, del Hospital, y cuatro asistentes de la
Vigilancia, que los guiarían con seguridad a las localidades indicadas.
Sonaban
precisamente las veintitrés horas en los campanarios sencillos de las primeras
localidades a ser visitadas, cuando los dedicados siervos de María comenzaron a
planear en las latitudes pintorescas de la tierra de Santa Cruz, dirigiéndose
sin vacilaciones al centro del país.
Suaves
claridades emitidas por las últimas fases del plenilunio derramaban dulcemente,
sobre el dorso del planeta de pruebas, tonos melancólicos y sugestivos,
mientras los olores vivos de la flora brasileña, rica en esencias virtuosas,
embalsamaban la atmósfera, como que encendiendo piras de perfumes raros en
honor a los nobles visitantes, sabiendo de sus predilecciones de iniciados
orientales...
Consultaron
entonces el mapa que traían con las necesarias indicaciones; escogieron algunas
de las ciudades del centro de la gran nación planetaria, en las indicadas por
la Sección de Relaciones Externas como defensoras de grupos serios de estudios
y aprendizaje psíquicos; y, separándose en cuatro grupos de apenas dos
individualidades, alcanzaron rápido los puntos determinados. Habían
establecido, así, que visitarían cuatro ciudades cada vez, en busca de los
médiums; y que, una vez firmados los entendimientos, se reunirían en
determinado local de la Espiritualidad, con los guías y mentores de ellos, para
indispensables entendimientos relativos al importante debate.
En varios núcleos de experiencias, luego, en esa noche serena, en el
interior del Brasil, donde la quietud y la simplicidad de costumbres no
contaminan de muy graves impurezas el medio ambiente social, la caritativa
actividad del mundo astral se efectuaba en locales humildes, sin ninguna opulencia ni vanidad, mas donde la
sacrosanta lampara de la Fraternidad se mantenía encendida para el culto
inmortal del amor a Dios y al prójimo.
Los emisarios
expusieron a lo que venían, pidiendo a los médiums, cuyos Espíritus a allí
habían sido conducidos mientras sus cuerpos continuaban profundamente dormidos,
su ayuda piadosa para la iluminación de míseros suicidas incapacitados de
convencerse de los imperativos de la vida espiritual si no es con la ayuda
astral. El estado lamentable al que se redujeron aquellos infelices no fue
omitido en la larga exposición hecha por los solicitantes. Los médiums deberían contribuir
con grandes parcelas de sus propias energías para alivio de los desgraciados
que
les golpeaban la puerta. Se agotarían, probablemente, en el caritativo
afán de pararles las lagrimas. Seria realmente hasta posible que, durante el
tiempo que estuviesen en contacto con ellos, impresiones de indefinibles
amarguras, malestar inquietante, perdida del apetito, demencia, diminución del
peso natural del cuerpo físico viniese a sorprenderlos y afligirlos. Aun así,
la dirección del Instituto María de Nazaret ofrecía garantía: - provisión de
fuerzas consumidas, ya sean orgánicas, mentales o magnéticas, inmediatamente
después de la cesación del compromiso, mientras que la Legión de los Siervos de
María, a partir de aquella fecha, jamas los dejarían sin su fraterna y
agradecida observación. Si se arriesgaban a la solicitud de tan considerable
concurso era porque entendían que los
médiums educados a la 1uz de la áurea moral cristiana son iniciados modernos,
y, por eso deben saber que los puestos
que ocupan, en el seno de la Escuela a la que pertenecen, fatalmente tendrán
que obedecer a dos principios esenciales y sagrados de la Iniciación Cristiana
heroicamente ejemplificados por el Insigne Maestro que la legó: - ¡Amor y
Abnegación!.
No obstante, de
ser libres de consentir o no al convite. El encargo debería distinguirse por
voluntario, realizado sin constreñimientos de ninguna especie, estribándose en
la confianza y en el sincero deseo del Bien.
Así se
realizaron las primeras confabulaciones en doce poblaciones visitadas, siendo
los convites presentados a veinte médiums de ambos sexos. Entre estos, sin
embargo, apenas cuatro señoras, humildes, bondadosas, dejando desprenderse de
su envoltorio astral estrías luminosas a la altura del corazón, ofrecieron
incondicional y abnegadamente su ayuda a los emisarios de la Luz, prontas para
el generoso desempeño. De los representantes masculinos apenas dos
consintieron, sin rasgos de legítima abnegación, es cierto, mas fieles a los
compromisos de que se invistieron, pareciéndose al funcionario asiduo a su
repartición por ser ese el deber del subordinado. Los restantes, aunque
honestos, sinceros en el ideal abrazado por amor a Jesús, no se animaron a un
compromiso formal. Los cuadros expuestos, mostrándoles el precario estado de
los pacientes que deberían socorrer, su martirológio de mas allá de la tumba,
les infundieron tal pavor e impresiones que creyeron mejor retirar los impulsos
asistenciales, ofreciendo, sin embargo, para un permanente auxilio a través de
las irradiaciones benévolas de oraciones sinceras. Fueron, por consiguiente,
desobligados de cualquier compromiso directo, dándose los visitantes por
ampliamente satisfechos. Era de notar, no obstante, que el Brasil fuera
señalado como ambiente preferible, donde se encontraban médiums ricamente
dotados, honestos, sinceros, y absolutamente desinteresados!.
Siguieron los
indispensables exámenes de la organización astral y del envoltorio material de
los que se comprometieron al alto mandato.
A la vera de sus
lechos una inspección minuciosa fue efectuada en sus fardos carnales. El vigor
cerebral, las actividades cardíacas, la armonía de la circulación, el estado
general de las vísceras y del sistema nervioso, y hasta las funciones
gástricas, renales e intestinales fueron cuidadosamente investigadas. Las
deficiencias por ventura observadas serian a tiempo reparadas por acción
fluídica y magnética, pues tenían por delante todavía veinticuatro horas para
los preparativos.
Pasaron
enseguida a la inspección del envoltorio físico-astral, o sea, al perispíritu.
Conducidos a uno de los puestos de emergencia y socorro, mantenidos por la
Colonia a los que se deberían prestar cuidadosa ayuda, en las proximidades de
esta como de la propia Tierra, una especie de Departamento Auxiliar donde
frecuentemente se realizaban importantes trabajos de investigaciones y otras
labores, afectos a los servicios de la misma Colonia, fueron los Espíritus de
los seis médiums contratados minuciosamente instruidos en cuanto a los
servicios que deberían prestar, examinados sus perispíritus, revivificados con
aplicaciones fluídicas de excelencia soberana para el desempeño, analizados el
volumen y grado de las vibraciones emitidas y corregidos los excesos o
deficiencias presentadas, a fin de que resistiesen sin sufrir cualquier disturbio y
dominasen, tanto cuanto fuese posible, beneficiandolas con el vigor
sano que desprendiesen - las emanaciones mentales nocivas, enfermizas,
desesperantes, de los desgraciados suicidas absorbidos por la locura del dolor
superlativo!. Se puede realmente aseverar que el contacto mediúnico con los
futuros comunicantes se estableció en esa ocasión, cuando corrientes magnéticas
armoniosas fueran dispuestas de unos para otros, así determinando la atracción
simpática, la combinación de los fluidos, factor indispensable para la
operación de los fenómenos de tan delicado cuan sublime genero.
Una vez
ultimados esos preparativos, recondujeron a los colaboradores terrenos a sus
hogares, liberándolos del sueño en que los habían inmerso, a fin de que
retomasen los fardos materiales cuando les pareciese bien, e, incansables
héroes del amor fraterno, tornaran a sus puestos de lo Invisible, prosiguiendo
una nueva serie de actividades preparatorias para la jornada de la noche
siguiente, cuando se iniciaría la sucesión de reuniones en cuatro ciudades del
interior del Brasil. Y no es de admirar que así lo hiciesen, sabido como es que
todos los iniciados graduados son doctores en Medicina, con amplios
conocimientos también de las organizaciones físico-astrales.
Desde el regreso
de la comisión de entendimiento, un movimiento incomun presentaban las
reparticiones del barrio de la Vigilancia y del Hospital. En la mañana
siguiente fuimos informados de que, al caer el crepúsculo, partiríamos en
visita de instrucción a los planos terrenos, lo que mucho vino a alborozar
nuestros corazones, por imaginar posibilidades de rever a nuestras familias y
amigos. De la Vigilancia, grupos de operarios y técnicos partieron al alba,
conduciendo los aparatos necesarios para el importante trabajo a ser realizado
en las primeras horas de la noche. Como los directores de nuestra Colonia, y
los instructores y educadores, y sus auxiliares, eran severos en la observación
de los métodos empleados, meticulosos en las disciplinas exigidas para el
intercambio entre el Mundo Astral y la Tierra, fieles a los programas
establecidos por los santuarios orientales, donde, hacia mucho, cuando eran
hombres, aprendieron las magnas ciencias del Psiquismo. Por eso mismo, un escuadrón de lanceros bajó y, después
de inspeccionar rigurosamente el interior del edificio donde se realizaría la
reunión de psiquismo, o, como usualmente se denomina - la Sesión Espirita -, se
puso de guardia haciendo una segura ronda desde las primeras horas de la
madrugada. Quedó, así, rodeada por milicianos hindúes, que parecía una
invencible barrera, la casa humilde, sede del Centro Espirita escogido para la
primera etapa, mientras el emblema respetable de la Legión fue izado en lo alto
de la fachada principal, invisible a los ojos humanos comunes, mas no por eso
menos real y verdadera, ya que la noble agremiación fuera temporalmente cedida
a aquella insigne y benemérita corporación espiritual. Obreros dedicados, bajo
la dirección de técnicos y directores de la Sección de Relaciones Externas,
preparaban el recinto reservado para la práctica de los fenómenos, tornándolo,
tanto cuanto fuese posible, idéntico a los ambientes que en el Instituto les
eran favorables para la instrucción de los pacientes. Mientras eso, fue
solicitado al director espiritual del Centro en cuestión la fineza de
recomendar al director terreno, por vía mediúnica, absolutamente no permitir la
asistencia de laica o desatenta a los trabajos de aquella noche, los que serian
importantes y delicados, pues, nada menos que una falange de Espíritus suicidas
seria llevada hasta allí a fin de ser asistidos, y trabajos de esa naturaleza
es menester que sean ocultos, admitiéndose solamente a los aprendices probos,
aplicados y sinceros de la iniciación cristiana, ya moralizados por la alborada
de las virtudes evangélicas.
Fluidos
magnéticos fueron pródigamente esparcidos en el recinto de la sala de
operaciones, obedeciendo a dos finalidades: - servir como material necesario
para la creación de cuadros visuales demostrativos, durante las instrucciones a
los pacientes, y refrigerantes tónicos para el combate a las vibraciones
nocivas, inquietantes y desarmonicas, de los Espíritus sufridores presentes y
aun de algún colaborador terreno que dejase de orar y vigilar en aquel día,
arrastrando a la mesa sacrosanta de la comunión con lo Invisible las
emanaciones de la mente conturbada.
Todo preparado,
al atardecer se inició el transporte de las entidades llamadas para la gran
empresa. Por la mañana del mismo día, sin embargo, después de la preleccion que
seguía a las aplicaciones balsamizantes para nuestro tratamiento, en los
gabinetes ya descriptos, fuimos informados respecto a la importancia de la
reunión a la que íbamos a asistir.
- Durante el
viaje seria preferible abstenernos de ninguna palestra. Deberíamos equilibrar
nuestras fuerzas mentales, impeliéndolas en sentido generoso. Que procurásemos
recordar, durante el trayecto, las instrucciones que veníamos recibiendo desee
hacia dos meses, recapitulándolas como si fuéramos a dar un examen. Eso nos
conservaría concentrados, auxiliando, por tanto, a nuestros conductores en la
defensa que nos debían, pues atravesaríamos peligrosas zonas inferiores de lo
Invisible, donde pululaban hordas de vagabundos del Astral inferior, lo que
indicaba que era grande la responsabilidad de aquellos que tenían el trabajo de
cuidarnos durante la excursión. El silencio y la concentración que pudiésemos
observar imprimirían una mayor velocidad a los vehículos que nos transportaban,
alejando la posibilidad de tentativas de asalto por parte de aquellos
malhechores, aunque tuviesen los legionarios la certeza de fácilmente poder
dominar sus posibles investidas.
- No nos
podríamos separar de la falange en ningún caso, ni siquiera con la loable
intención de visitar a la Patria o a la familia. !Semejante indisciplina podría
costarnos muchos sinsabores y lágrimas, pues estabamos débiles, inexpertos,
poco conocedores del mundo invisible, donde proliferan las seducciones, las
tentaciones, la hipocresía, la mistificación, la maldad, mas todavía que en la
Tierra!. En una ocasión oportuna visitaríamos a los nuestros sin que ningún
contratiempo viniese a molestarnos.
- En el recinto
de las operaciones deberíamos portarnos como ante el proprio Tabernáculo
Supremo, puesto que la reunión era por sobre todo respetable, porque era
realizada bajo la invocación del sacrosanto nombre del Altísimo, mientras que
Su Unigénito estada presente a través de las irradiaciones misericordiosas de
Su gran amor fraterno, ya que eso mismo les prometiera a sus discípulos
sinceros de Su Excelsa Doctrina, que en Su nombre se reuniesen para la comunión
con el Cielo.
- Si era el
deber del cristiano honesto y serio callar las pasiones y deseos impuros,
procurando escudarse en la buena - voluntad para dominarlos, reeducándose
diariamente, en los momentos en que estuviésemos presentes ante el venerable
Templo donde se consagraría el sublime misterio de la confraternidad entre
muertos y vivos para trocar impresiones, iluminándose así mutuamente,
instruyéndose e iluminándose, mas les convenía a todos, hombres y Espíritus,
prevenirse con las mas dignas actitudes, llamando a los pensamientos mas sanos
para aureolar las mentes de nobleza de acuerdo con el venerable acontecimiento;
olvidar pesares, preocupaciones subalternas, llevando bien alto el padrón de
los sentimientos caritativos en el intento de beneficiar al prójimo, puesto que
seria bueno recordarnos que, integrando nuestra misma falange, iban entidades
todavía más desafortunadas que nosotros, aquellas que ningún alivio todavía
habían conseguido, tales la desorganización nerviosa, la dispersión mental en
la que se mantenían, y a las que ordenaba el deber de fraternidad que
auxiliásemos a pesar de nuestra debilidad, contribuyendo con nuestros
pensamientos benevolentes, firmes, vibrando en sentido favorable a ellas. Tal
proceder de nuestra parte las rodearía
de vigor nuevo, el cual suavizaría el ardor de las angustias que les oprimían,
concediéndonos al mismo tiempo, a nosotros, el mérito de la verdadera
cooperación.
Nos dijeron
además que, en la Tierra, no todos los hombres admitidos al cenáculo sagrado de
las evocaciones guardaban esa higiene moral y mental, necesaria para la buena
marcha del intercambio con lo Invisible. Que, en los días siguientes, entre los
encarnados existía hasta mismo liviandad y abuso en la práctica de las
relaciones con los muertos, lo que es lamentable por cuanto, todo aquel que
actúa de forma liviana o sin criterio, en torno de tan respetable cuan delicado
asunto, acumula responsabilidades gravísimas para sí mismo, las que pesaran
amargamente en su consciencia, en días futuros. Por eso mismo, las reuniones
luminosas, donde la visión de muchas grandezas espirituales seria posible, se
tornan raras, pues no siempre los componentes de un cuadro de operadores son
realmente dignos del alto mandato que presumen poder desempeñar. !Se olvidan
que, para que las verdades de los mistérios celestes refuljan a su
entendimiento, sometiéndose a su entendimiento para desvendarles la sublimidad
que les es peculiar, es y siempre fue indispensable a los investigadores la
autodisciplina moral y mental, preparación individual previa, que obliga a
modificaciones sensibles en el interior de cada uno, o, por lo menos, el deseo
vehemente de reformarse, voluntad convincente de alcanzar el verdadero centro
del Bien!... Mas que, aun así y a pesar de todo, ordena el deber de Fraternidad
que Espíritus angelicales miren frecuentemente hacia núcleos donde esas
infracciones se verifican, observando caritativamente la mejor oportunidad para
comparecer a ellas buscando aconsejar a aquellos mismos imprudentes, e
instruirlos cuanto fuere posible, despertando en sus consciencias el sentido
real de la responsabilidad terrible de que se sobrecargan, dejando de vestir
las túnicas de la virtud, indicada en la vieja parábola del Celeste Consejero
como traje obligatorio para la mesa del divino banquete con las sociedades
astrales y siderales!... (5)
¡Es que,
actuando así, dichos Espíritus nada mas hacían que observar los principios de
la fraternidad establecida por lo mismo Maestro nazareno, en cual no despreció
bajar de las esferas deificas hasta el abismo tormentoso de las maldades
humanas, a fin de dirigir a los pecadores en el camino del Deber y a la
practica de las virtudes regeneradoras!.
Al atardecer,
pues, partimos, fuimos a los planos terrenos. Nos custodiaba una pesada escolta
de lanceros, grupos de asistentes, psiquistas y técnicos de la Vigilancia,
puesto que de ninguna dependencia de la Colonia, aun del Templo, nadie
visitaría la Tierra u otras localidades vecinas sin la ayuda valiosa de los
abnegados e intrépidos obreros de aquel Departamento, los que en verdad eran
los responsables por las más arduas tareas que allí se realizaban. Ya bastante
instruidos, nos portamos a la altura de las recomendaciones recibidas. Nuestros
cómplices en peores condiciones, justamente aquellos por quienes tantos
trabajos se realizaban, fueron transportados
en carros apropiados, rigurosamente cerrados y guardados por la fiel
milicia hindú, cual prisiones volantes para apestados, lo que nos imposibilitó
verlos. Sus gritos punzantes, no obstante, sus gemidos y el llanto convulsivo
que tan bien conocíamos, llegaban hasta nosotros indistintamente, lo que nos
conmovía, despertándonos una honda compasión. Ansiosos, procuramos socorro al
malestar de allí originado en las prudentes recomendaciones de Romeu y Alceste,
nuestros caros instructores, afirmando nuestras fuerzas mentales en vibraciones
caritativas y favorables a ellos, lo que hasta a nosotros mismos vino a
beneficiar.
Llegados al fin
del viaje, un deslumbramiento sorprendió a nuestros ojos habituados a las
brumas nostálgicas del Hospital. !Era de notarse como podíamos ver mejor todo
en derredor, una vez en la Tierra, pues, en ningún momento, jamas viéramos un
edificio tan magníficamente engalanado de luces como aquella humilde morada lo
era por los esplendores que de lo Alto se
(5) Mateo, 22:1 a 14.
proyectaban,
envolviéndola en un abrazo de vibraciones hialinas!. ¡Allá arriba, estaba la
Cruz radiosa - emblema de los siervos de María acuartelados en el Instituto –
con las iniciales conocidas nuestras, y cuyo centelleo azulado confundía y
arrebataba!. Lanceros montaban guardia a la pequeñita mansión transformada en
solar de estrellas, habiendo mismo un cordón luminoso, cual bastión de densa
neblina, rodeándola cuidadosamente, separándola de la vía pública en cerca de
dos metros. A un entendido no le seria difícil percibir la finalidad de tales
precauciones exigidas por los ilustres trabajadores del Instituto María de
Nazaret. !No deseaban la intromisión en el recinto de las operaciones ni aun de
emanaciones mentales heterogéneas, previniéndose cuanto era posible de las
envestidas nocivas exteriores de cualquier naturaleza!.
Entramos.
Nuestra admiración aumentaba...
La agitación del
plano espiritual era intensa. En cuanto a la parte que tocaba al hombre
ejecutar aparecia diminuta, conforme fue fácil observar.
Al ingresar en
el salón indicado para el noble acontecimiento, apenas encontramos a un un
varón viejo, absorto en la lectura de un manual de filosofía transcendental, el
cual parecía lo arrebataba, pues, realmente concentrado en los pensamientos que
iba captando de las sabias paginas, dejaba irradiar de su frente centellas
luminosas que mucho lo recomendaban en el concepto de lo Invisible. Todo
indicaba que le correspondía la responsabilidad de los trabajos de aquella
noche, que sobre sus hombros también pesaban, y, por eso, se preparaba a
tiempo, estableciendo cadenas armoniosas entre sí mismo y sus dilectos amigos
espirituales. Era el director terreno de la casa.
El cuadro a
contemplar, además, era sugestivo y majestuoso.
Habían
desaparecido los limites de la sala de trabajos, como si las paredes fuesen
mágicamente alejadas a fin de ampliarse el recinto. En su lugar veíamos
tribunas circulares, como graderías. Se diría un anfiteatro para académicos.
Nuestros guías vigilantes indicaron las graderías y los lugares reservados para
nosotros. Obedecimos sin oposición, mientras los infelices compañeros, cuyo
estado grave diera razón al trabajoso recurso, eran pacientemente conducidos
por sus médicos asistentes y enfermeros y colocados en el primer plano de las
graderías, en un lugar apropiado a sus condiciones.
En la sala ya se
encontraban reunidos los elementos terrenos seleccionados para aquella noche, o
sea, los médiums indicados, los colaboradores homogéneos, de buena-voluntad,
-tomando cada uno su lugar conveniente. Para estos nada mas había en el tosco
aposento a mas de las paredes blancas y sin adornos, la mesa que un sencillo
mantel guarnecía, libros, papeles en blanco, esparcidos, a la altura de las
manos de los médiums, y algunos lápices. Los dotados de videncia, ya, percibían
algo inusitado y fuera de rutina, y comunicaban tímidamente a sus pares, en
discreta confidencia, que una visita importante del Mas Allá
honraba a la Casa esa noche, siguiendo la descripción de algunos
detalles, como la presencia de la milicia de lanceros, de los médicos con sus
delantales y emblemas y enfermeros atareadisimos, en lo que, en verdad, no eran
creídos, pues, todavía en el primer decenio de este siglo, mismo muchos de los
espiritas mas convencidos tenían dificultad para aceptar la posibilidad de que
existieran en el Espacio necesidad de militares en acción, de enfermeros y
médicos desarrollando los menesteres de su magna ciencia en torno de enfermos
desencarnados...
Nosotros, en
tanto, si no fuera por la degradante indigencia que nos engrillaba a la
inferioridad espiritual, imposibilitándonos la amplitud de la visión que sería
natural si otras fuesen nuestras condiciones, abríamos abarcado el escenario en
su augusta realidad, en vez de percibir pálidamente lo que nuestros guías y
mentores veían en todo el esplendor de su glorioso significado:
- En el centro
del salón se destacaba la mesa de trabajos de los colaboradores encarnados. La
rodeaban su Presidente con la comitiva de médiums y afines para la cadena
simpática de atracción. Lo que de lejos notáramos al entrar, ahora se tornaba
de una blancura inmaculada, pues de los confines de lo Invisible Superior se
derramaba sobre ella una cascada de luz resplandeciente, elevándola al nivel de
altar venerable, donde la comunión de la Fraternidad entre hombres y Espíritus
se realizaría bajo los divinos auspicios del Cordero de Dios, cuyo nombre
respetable era allí invocado.
- Abarcando esa
primera cadena magnética producida por las vibraciones armoniosas de los
encarnados, existía una segunda, compuesta por entidades translúcidas y
hermosas, cuyas facciones mal podíamos mirar, tales los reflejos vivos que
emitían, pareciendo antes siluetas encantadas, orladas de rayos cristalinos y
puros: - eran los Espíritus Guías del Centro visitado, los protectores de los
médiums, asistentes y familiares de las personas presentes, que, abnegadamente,
tal vez desde hacía milenios se dedicaban al objetivo de su redención!.
- A mas de esta,
ocupando el mayor espacio en el recinto y, como las dos primeras, dispuestas en
círculo, la super-cadena proveída por los visitantes y compuesta, en su
totalidad, por el personal especializado comisionado por el Departamento de
Vigilancia y subordinado a la Sección de Relaciones Externas, personal ese a
cargo de nuestro amigo Ramiro de Guzman.
- En la cabecera
de la mesa, el lugar de honor ocupado por el director de la Casa, el cual
requiere de su ocupante elevadas disposiciones hacia el Bien, y que, para los
métodos hindúes usados en el Instituto, seria la llave del círculo propicio al
noble desempeño, se apostaban, a mas de este, su director espiritual y además
el jefe de nuestra expedición, o sea, Ramiro de Guzman, mientras que mas arriba
Romeu y Alceste, los instructores directos de la atormentada falange, cuyo
delicado desempeño se va a verificar a través de la palabra del instructor
terreno - el presidente de la mesa.
A uno y otro le
caben recoger las vibraciones de los pensamientos y de las palabras del
presidente, desarrolladas durante el magno combate; asociarlas a los elementos
quintaesenciados de que disponen, mezclados con las ondas magnéticas, de los
circunstantes encarnados; elaborarlos y transformarlos en escenas, dándoles
vida y acción, concretizándolas, materializándolas hasta que los infelices
asistentes desencarnados sean capaces de comprender todo con facilidad. Para
eso cuentan con el apoyo del personal especializado proveído por la Vigilancia,
o sea, por la Sección de Relaciones Externas, y la ayuda amorosa e
indispensable de los gabinetes científicos localizados en el Hospital, a cargo
de Teócrito.
En cuanto a
nuestros médicos y enfermeros ya estaban en sus puestos, ya junto a los médiums
ya al lado de los enfermos, yendo y viniendo, fieles al hermoso cuanto sublime
sacerdocio que en el Astral la Medicina les confiere – todavía más noble que en
la Tierra porque, además, es únicamente bajo la augusta inspiración del Amor y
de la Fraternidad que se dedican a tan nobles labores.
...!!Y, serenos
en los puestos que les competían, los lanceros - esos colaboradores arrojados y
silenciosos – se diría traer las fuerzas de que disponían, en verdad no en las
lanzas, que en sus manos no expresaban violencia, y sí en sus mentes rigurosamente
moldeadas en las forjas de trabajos
austeros, de ineludibles disciplinas, de renuncias y aprendizajes realzados en
el dolor de los sacrificios!.
Cada colaborador
en el puesto que le correspondía, le cabia iniciar la llamada, como rezaban los
métodos de la iniciación. Le tocó al hermano Conde de Guzman llevarla a cabo,
como responsable que era de la numerosa comitiva. Los comisionados por los
jefes del Instituto María de Nazaret, para la tarea de aquella noche, estaban
presentes. A su pedido lo imitó el director espiritual del Centro, notificando
que también sus subordinados correspondían al santo compromiso. !En cuanto a
los pares terrestres, los auxiliares humanos - no todos se encontraban
fielmente reunidos a la hora marcada!. A la llamada que, del plano espiritual,
se les hiciera, acusaba nada menos que tres ausentes al cumplimiento del
Deber...
Se iniciaron,
finalmente, los trabajos bajo el nombre sacrosanto del Altísimo y la protección
solicitada del Excelso Maestro de Nazaret. Visiblemente inspirado por los
pensamientos vigorosos de las entidades iluminadas presentes, el presidente de
la Casa desarrolló una ardiente oración, conmovedora y substanciosa, la cual
predispuso a nuestros corazones al enternecimiento y al fervoroso recogimiento.
A medida que oraba, sin embargo, con mayor vigor incidían sobre la mesa los
arreboles níveo-azulados emanados de lo Alto, cual bendición dadivosa que nos
llevaran a imaginar relámpagos de la mirada caritativa de María orientando a
sus obreros en la piadosa misión de socorro a pobres arruinados.
Supliquemos, no
obstante, a los mentores e tutelares presentes la gracia de concedernos por
unos instantes el poder de la visión a la distancia, que en ellos es uno de los
hermosos atributos del progreso adquirido, y el que no poseemos todavía, y
respetuosamente acompañamos esa cascada azulina que engalanó la sede humilde de
la agremiación de los discípulos del gran iniciado Allan Kardec, a ver si
conseguimos descubrir su origen...
Súbitamente
fuimos satisfechos en nuestras pretensiones, con la condición de conducir al
lector en el giro que emprenderemos a través de las deseadas investigaciones...
Una vez puesto, el binóculo mágico nos
reveló que, bajo las fulguraciones purísimas que visitaban el tosco
albergue, desaparecieron los limites que lo encerraban en el ergástulo de una
simple habitación terrena para transformarlo en blanco de irradiaciones
generosas por parte de los directores de nuestro Instituto. Veíamos, reflejada
en las ondas pulcras de aquellos dulces centelleos, la reproducción de lo que,
en el mismo momento, se desarrollaba en el gabinete secreto del
Templo-santuário, donde se reunían los responsables de los que vivían en la
Colonia, ante la Excelsa Dirección de la Legión. También esos austeros
maestros, por tanto, están presentes en la reunión donde estamos, puesto que
los vemos: están, como nosotros, reunidos en torno a una mesa augusta y de
blancura inmaculada - la mesa de la comunión con lo Más Alto -, altar venerable
que testifica todos los días sus elevadas manifestaciones de idealistas, sus
investigaciones profundas de científicos cristianizados, en torno a la Creación
Divina y de los graves problemas referentes al genero humano; ¡sus fervorosas
vibraciones de amor y respeto al Omnipotente Padre y al prójimo!. !Son doce
varones, bellos, nobles, cuya edad, a primera vista, no se podría calcular, mas
que un examen más cuidadoso revelaría que bien podría ser la que les fuese mas
grata al corazón o al recuerdo!. !De las mentes graves y pensantes, así como de
los corazones generosos, centellas argénteas irradian, testimoniando la gran
firmeza de los principios virtuosos que los impulsan!.
No vemos
asistentes para la reunión que efectúan. !Están solos, aislados en el cenáculo
santificado por las vibraciones de las oraciones que de sus almas extraen,
arrebatados por la Fe!. Ni siquiera los
discípulos inmediatos, los que diariamente cooperan para el progreso y
bienestar de la Colonia, son admitidos en aquel secreto. !La reunión es íntima,
sólo de ellos!. !Precisan de la más sólida homogeneidad de que podrán disponer
sus fuerzas dirigidas en el sentido del Bien!. - pues urge mantener armonía general
de la asamblea que osó reunirse en nombre del Creador Supremo del Universo y
ante la vista de Su Unigénito, cuya presencia fue solicitada ardientemente al
iniciarse los trabajos. ¡Ante María son ellos los responsables por lo
que pase en la tienda humildísima de los discípulos de Allan Kardec, en la
cumbre de la cual se asentó el emblema de Su Legion.! !Y, lo que es todavía más
grave, ante Su Augusto Hijo, el Maestro y Redentor, a quien todas las Legiones
prestan obediencia, porque es él El Director Mayor a quien el Creador le dio
poderes para redimir el planeta Tierra y sus humanidades, y Ella la responsable
por lo que allí pasa, a mas de las responsabilidades de ellos mismos, motivo
por el cual será absolutamente imprescindible la conservación de la armonía
para a obtención de los buenos éxitos!.
Para que el
Maestro Amado sea todavía una vez glorificado; para que Su Nombre Excelso no
sirva de pretexto para livianas realizaciones; para que no se cometa el
sacrilegio de hacer degenerar en una simple fórmula banal la invocación hecha
al Cordero Inmaculado de Dios; para que esté presente en dichos trabajos, y
para que sea real Su Presencia, en espíritu y verdad, en el santuario de los
seguidores de Kardec, visitado por sus pupilos, vibran allí ellos, reunidos
secretamente, elevando los pensamientos en aspiraciones sublimes, concentrados
y firmes, extendiendo, con las mejores reservas mentales que tengan, las
propias almas en la súplica, para que merezcan, en efecto, todos! !todos los
presentes en la magna reunión, la presencia del Gran Consolador, estableciendo así las cadenas invencibles, virtuosas y
cándidas para aquella noche, cadenas que son el trazo de unión entre la
presencia del Maestro Divino y la reunión espirita terrena seria, bien
dirigida!.
Por eso mismo es
que los demás servidores, aunque probos, dedicados y sinceros, no pueden
presenciar esa magna asamblea en el Mas Allá realizada. No alcanzaron todavía
las vibraciones perfectamente homogéneas con las suyas, tal como requiere la
santidad del mandato. !En la vasta colonización del Instituto María de Nazaret,
apenas esos doce maestros de iniciación se presentan perfectamente idénticos en
cualidades morales, grados de virtud y de ciencia y estado de espiritualización
para la comunión en el sublime ágape que efectúan!.
Son, no
obstante, simples y modestos. !Saben que de sí mismos poco tienen para
distribuir con los mas necesitados y sufridores, porque consideran diminuto el
patrimonio de ciencia adquirido, a pesar del largo carrero de experiencia que
comparten, la serie de peregrinaciones por las vías del sacrificio y de las
lágrimas!. !Consecuentemente, no desconocen que se encuentran todavía
distanciados de la perfección!. !Mas
porfían en caminar con pasos siempre mas firmes en el rastro del grandioso
ideal que acarician - la unión definitiva con Jesús, y revelan, con
demostraciones insofismables, que ni pasiones personales, ni deseos impuros
balancean mas sus voluntades rígidamente retempladas en el Amor, en la Justicia
y en el Deber!.
¡Por esa razón
oran y suplican en un armonioso conjunto, sin que ninguno se considere
suficientemente digno para ser llamado maestro o jefe de los demás!. !Sólo
saben que deben servir, porque no pasan de siervos de una gran corporación
donde la ley es el amor al prójimo, la devoción a las causas generosas, a la
justicia, a la abnegación, al trabajo, el progreso hacia la conquista de lo
mejor!. !Para ellos, el verdadero jefe, el Maestro - es Jesús de Nazaret - y
como tal lo honran y respetuosamente lo invocan siempre que las circunstancias
lo requieran!. !Y como siervos, como discípulos y subordinados desean practicar
acciones dignas, alcanzar méritos a fin de elevarse en el concepto del Amado
Señor!.
Creen
fervorosamente que el Magno Instructor, a quien imploran asistencia y
protección, no desatendió las invocaciones extraídas del fondo más sensible de
sus Espíritus, antes bajó, misericordioso y tierno como siempre, no apenas
hasta el santuario hialino donde sólo ellos entran, mas también a la humilde
choza en la que se efectúa el divino banquete de la Fraternidad, al cual
también concurrieron pobres hombres y mujeres aun encarnados, arrastrándose
penosamente a través de los cardos de las pruebas para aprendizajes redentores.
!Lo atestigua el torrente de luz sideral que la santificó!. Es que la certeza
de la presencia de Jesús en las reuniones engrandecidas por las virtudes y
disposiciones morales e intelectuales de sus orientadores, ya sea encarnados,
ya sea desencarnados, proviene del hecho de que jamas se hayan extinguido de su
audición espiritual las miríficas expresiones de aquella voz amorosa,
inolvidable y sublime, afirmando la promesa inmortal:
"Porque donde están dos o tres
congregados en mi nombre, allí estoy
yo estaré en medio de ellos." (6)
(6) Mateo, l8:20.
Como suele
suceder en las reuniones legítimas de la iniciación espírita-cristiana, cuyos
principios elevados imponen
como base
inalienable para su adepto la auto-reforma moral y mental, en aquella noche
memorable para todos los de mi siniestra falange fue escogido el tema
evangélico a ser estudiado y comentado. Como vemos, la enseñanza era
administrada por Jesús, considerado allí Profesor Magnífico, Presidente de
Honor, cuyas lecciones levantaban el pedestal de todo lo que se desarrollaría.
Fue iniciada,
pues, la lectura del Evangelio, siguiendo una explicación hermosa y fecunda,
del presidente terreno. Las parábolas elucidativas, las acciones magnánimas y
cariñosas, las promesas inolvidables una vez mas enternecieron el corazón de
los aprendices de la Escuela de Allan Kardec, que rodeaban la mesa,
repercutiendo gratamente, por primera vez, en el interior de
cada uno de nosotros, el divino convite para la redención - pues hasta entonces
no oyéramos todavía disertaciones congéneres. Para las criaturas terrenas allí
presentes se trataba apenas del hermano presidente leyendo y comentando el
asunto escogido, en una hora de inspiración radiosa, en que chorros de
vivisimas intuiciones, centelleaban, cual cascada de lo Alto reviviendo la
extensa relación de los ejemplos del Modelo Divino y las expresiones de Su
moral impoluta. !Para los Espíritus que se aglomeraban en el recinto, no
obstante, invisible para la casi totalidad de los humanos presentes, y,
particularmente, para los desdichados que fueron hasta allí encaminados a fin
de iluminarse, había mucho, mucho más que eso!. !Para estos, eran figuras,
bultos, secuencias que se agitaban a cada frase del orador!. ¡Era un aula -
extraña, singular terapéutica! - que nos administraban cual medicamento celeste
a fin de balsamizar nuestras desgracias!. La palabra, las vibraciones del
pensamiento creador, repercutiendo en ondas sonoras, donde se retrataban las
imágenes mentales de aquel que las profería, y esparciéndose por el recinto
saturado de substancias fluido-magnéticas apropiadas y fluidos animalizados de
los médiums y asistentes encarnados, es rápidamente accionada y concretizada,
tornándose visible gracias a efectos naturales que las fuerzas mentales
conjugadas de los Tutelares reunidos en el Templo, con las de los demás
cooperadores en acción, produjeron. !Se intensificaron las actividades de los
técnicos de la Vigilancia, comisionados para la delicada labor de la captación
de las ondas donde las imágenes mentales se retratarán, de la coordinación y estabilidad
de las secuencias, etc., etc. La palabra así trabajada en el maravilloso
laboratorio mental, así modelada y retenida por eminentes especialistas devotos
al bien del prójimo – se corporificó, se hizo realidad, creando la escena viva
de lo que fue leído y expuesto!.
De nuestras
graderías, rodeados de lanceros como prisioneros del pecado, lo que en verdad
éramos, tuvimos la inédita y grata sorpresa de asistir al desarrollo de las
narraciones escogidas, en movimiento, en la faja flameante que de lo Alto
bajaba iluminando la mesa y el recinto. !Se hacia referencia a la personalidad
inconfundible el Maestro Nazareno - era la reproducción de Su augusta imagen
que se diseñaba, ¡tal como cada uno se habituara a imaginarlo en el fondo de su
pensamiento desde la infancia!. Se recordaban sus hechos, su vida de
ejemplos sublimes, sus gestos inolvidables de Protector Incondicional de los
que sufren – además lo veíamos tal como el texto evangélico lo describía: -
bondadoso y afable distribuyendo las fragancias de Su manantial de Amor y de
las virtudes deificas de las que era el Excelso Relicario - a los Pobres y sufridores, a los ciegos y
paralíticos, a los lunáticos, a los locos y a los leprosos, a los ignorantes ya
los niños, a los viejos y a los de buena-voluntad, a los pecadores y a las
adúlteras, a los publicanos, a los samaritanos, a los doctores, a los
desesperados y afligidos, a los enfermos del cuerpo y del espíritu, a los
arrepentidos como a los propios creyentes de Su Doctrina de Luz y a Sus propios
apóstoles!... mientras el presidente -
que no veía con sus ojos materiales esos cuadros majestuosos que se elevaban de
su lectura y del comentario hecho, mas sentía las vibraciones armoniosas y
tiernas que los producían conmoviendo su sensibilidad - iba repitiendo y
comentando las encantadoras, e inolvidables aserciones que tantas lágrimas han
enjugado a través de los siglos, tantos corazones ávidos han aplacado, tantas y
tan angustiosas incertidumbres han transformado en la serenidad de una
convicción sólida e inquebrantable:
"- Venid a mí, vosotros que sufrís y os encontráis sobrecargados, y yo
os aliviaré.
Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended conmigo,
que soy blando y humilde de corazón,
y hallareis reposo para vuestras almas
pués es suave mi yugo y leve mi fardo."
"- Bienaventurados los que lloran y sufren,
porque serán consolados.
Bienaventurados los hambrientos y
los sedientos de justicia, pues serán saciados. Bienaventurados los que sufren
persecución por amor a la justicia,
pués que es de ellos el reino de los cielos."
"- Bienaventurados vosotros, que sois pobres,
porque vuestro es el reino de los
cielos.
Bienaventurados vosotros que ahora teneis hambre,
porque seréis saciados.
Dichosos sois, vosotros que ahora
lloráis, porque reiréis."
"- Dios no quiere la muerte del pecador, y sí que el viva y se
arrepienta."
"-El hijo de Dios vino a buscar y salvar
lo que se había perdido."
"-De las ovejas que el Padre me confió,
ninguna se perderá."
"- Si quieres entrar en el reino de Dios, ven,
toma a tu cruz y sígueme... "
"- ¡Yo soy el Gran Médico de las almas
y vengo a traeros el remedio que os ha de curar.
Los débiles, los sufridores y los
enfermos
son mis hijos predilectos. Vengo a salvarlos!.
Venid pues a mí, vosotros que sufrís
y que os halláis oprimidos,
y seréis aliviados y consolados."
"-Vengo a instruir y consolar a los pobres desheredados. Vengo a
decirles que eleven su resignación al nivel de sus pruebas,
que lloren, por cuanto el dolor fue consagrado
en el Jardín de los Olivos;
mas que esperen, puesto que también a ellos
los ángeles consoladores
les vendrán a enjugar las lágrimas."
"Vuestras almas no están olvidadas;
yo, el Divino Jardinero,
las cultivo en el silencio de vuestros pensamientos."
"Dios consuela a los humildes
y da fuerza a los afligidos que la piden.
Su poder cubre la Tierra y,
por todas partes, junto a cada lágrima colocó Él
un bálsamo que consuela."
"-Nada queda perdido en el reino de nuestro Padre
y vuestros sudores y miserias forman el tesoro
que os hará ricos en las esferas superiores,
donde la luz substituye a las tinieblas
y donde el mas desnudo de entre todos vosotros
será tal vez el más resplandeciente!." (8)
(8) El Evangelio Según el Espiritismo, de Allan Kardec, (Comunicación del Espíritu de
Verdad)
¡Y era un desfile arrebatador de escenas, de las cuales el Amable
Consolador se destacaba irradiando convites irresistibles para nosotros,
réprobos sufridores y sin esperanzas, mientras el orador rememoraba las divinas
acciones practicadas por Él!...
Un silencio
religioso presidía las tribunas. Una vibración de emociones desconocidas
llegaba, a las profundidades sensibles de nuestros Espíritus atribulados y
tristes, una alborada de confianza, un preludio prometedor de la Fe que nos
debería impulsar hacia los albores de la salvación. ¡Atónitos por el interés de
la enseñanza poderosamente seductora, mirábamos extasiados aquellos cuadros
sugestivos, creados momentáneamente para nuestra iluminación, y en los cuales
sobresalían el Nazareno socorriendo a los desgraciados, mientras la palabra
afable del orador, envuelta en ondas fluídicas, aun más dulces, del pensamiento
caritativo de los seres angélicos que nos asistían, instruía tiernamente, con
entonaciones que repercutían hasta el fondo de nuestros Espíritus sedientos de
consuelo, como imprimiendo en lo mas profundo, para siempre, la imagen
incomparable del Médico Celeste que nos debería curar!. ¡Entonces sentimos que,
pea primera vez, desde hacia muchos años, la Esperanza bajaba su manto de luz
sobre nuestras almas enlutadas por las tinieblas del desánimo y de la impía
incredulidad!.
¡De súbito, un
grito angustioso, de suprema desesperación, rasgó la majestad del religioso
silencio que bendecía el cenáculo!.
Uno de nuestros
míseros pares, justamente de aquellos a quienes denominábamos
"destrozados", durante el cautiverio en el Valle Siniestro, por
conservar en el cuerpo astral las trágicas sombras del destrozo del envoltorio
carnal bajo las ruedas de pesados vehículos, y cuyo estado de incomprensión y
sufrimiento, muy grave, exigiera la ayuda humana a fin de ser suavizado –
esperando recibir también alivio a sus fieros padecimientos que lo exasperaban,
se arrojó de rodillas al suelo y suplicó entre lágrimas, tan punzantes que
llenaron de compasión las fibras de los presentes - como otrora habrían hecho
los desgraciados ante la presencia del Dulce Rabino Galilea:
"-
¡Jesucristo!. !Mi Señor y Salvador!. ¡Compadeceos también de mí!. ¡Yo creo,
Señor! y quiero vuestra misericordia!. ¡No puedo mas!. ¡No puedo mas!.
¡Enloquecí en el sufrimiento!. ¡Socorredme, Jesús de Nazaret, a mí también, por
piedad!..."
A una señal de
Alceste y de Romeu, los bondadosos enfermeros lo ampararan, conduciéndolo hasta
el médium, una señora aun joven, delicada de talle y de facciones, y que en la
víspera se comprometiera para el magno trabajo, según las investigaciones de
los obreros del Instituto antes de marcar la reunión. Dos médicos, responsables
por el Espíritu en cuestión, lo acompañaron, estableciendo su ligación con el precioso vehículo, y
también dispensando a este la mas desvelada asistencia, a fin de que ningún
contratiempo sobreviniese.
¡La escena,
entonces alcanzó el zenit más patético y, al mismo tiempo, el mas sublime que
imaginar se pueda!.
¡Apoderándose de
un aparato carnal que, piadosamente, por algún momento le prestaban, con la
intención cristiana de beneficiarlo, por ayudarlo a conseguir alivio, el
desgraciado suicida sintió, en toda su plenitud, la tragedia que hacia largos
años venia experimentando viviendo en las tinieblas de un martirio
inconcebible!... pues tenia ahora, a su disposición, otros órganos materiales,
en los cuales sus vibraciones, ardientes y tempestuosas, encontradas
brutalmente, volvían plenamente animalizadas para producir en su torturado
cuerpo astral repercusiones minuciosas de lo que pasara!. ¡Gritos punzantes,
estertores macabros, terrores satánicos, todo el pavoroso estado mental que
arrastraba, reflejó él sobre la médium, que tradujo, tanto cuanto lo permitían las
fuerzas del sublime don que poseía, para los encarnados allí presentes -, la
asombrosa calamidad que la tumba encubría!.
¡Enloquecido, viendo
sobre la mesa los fragmentos en que se convirtiera su desgraciado cuerpo de
carne, por él mismo tirado bajo las ruedas de un tren, pues su inatacable
estado mental le hacia ver, por todas partes, el mal que existía en sí mismo,
llaga que le violentaba la conciencia - arrebató a la joven médium en penosas
agitaciones y, de bruces sobre la mesa, se puso a juntar aquellos mismos fragmentos,
tentando reorganizar los pedazos del cuerpo, que veía, lleno de horror,
eternamente dispersos sobre las vías, presa dramática de una de las mas
abominables alucinaciones que el Mas Allá acostumbra registrar!.
Herido por el
fuego de la inconcebible tortura del réprobo a estamparse en la realización de
la severa afirmación del Evangelio:
"- y seréis tirados en las tinieblas exteriores
donde llorareis y chirriareis los dientes",
la infortunada
oveja descarriada, que desdeñara oír las advertencias del prudente y sabio
Pastor de Galilea, iba, nerviosamente, tirando papeles, libros y lápices que
estaban colocados sobre la mesa, a disposición de los psicógrafos, y, creyendo
reconocer en ellos sus propias vísceras despedazadas, huesos triturados, carnes
sangrientas – el corazón, el cerebro - reducidos a montículos
repugnantes – los mostraba, llorando convulsivamente, al presidente de
la reunión, a quien veía con facilidad, suplicando su intervención ante Jesús
el Nazareno, ya que tan bien lo conocía, para remediarle la alucinante
situación de sentirse así despedazado y reconocerse, y sentirse vivo!.
¡Nervioso, inquieto, excitadísimo, el dantesco prisionero de los tentáculos
malvados del suicidio, reía y lloraba a un mismo tiempo, suplicaba y gemía, se
retorcía y aullaba, se veía, sofocado en lágrimas inflamadas por el martirio,
el drama inconmensurable que para sí mismo creara con el suicidio, el
remordimiento inconsolable de preferir la incredulidad en que viviera y muriera
a la conformidad que aconseja prudencia, frente a las penas de la adversidad,
pues, reconocía ahora, tardíamente, que todos los dramas que la vida terrena
presenta son meros contratiempos pasajeros, contrariedades banales, comparados
a los monstruosos sufrimientos originarios del suicidio, cuya naturaleza e
intensidad ningún ser humano, ni aun un Espíritu desencarnado, es capaz de
medir, si no lo ha experimentado!.
Conmovido - el
personaje principal de la mesa – el presidente, a quien tutelares invisibles
amorosamente inspiraban, le habla piadosamente, lo consuela mencionando la luz
sacrosanta del Evangelio del Maestro Divino como el recurso supremo y único
capaz de socorrerlo, afirmándole todavía, con su palabra de honor, la cual no
duda en empeñar, tal la certeza de lo que afirma, la intervención del Médico
Celeste, que le proporcionará alivio inmediato a los extraños males que lo
afligen. !Eleva entonces una oración, sencilla y amorosa, después de convidar a
todos los corazones presentes a elevarse con él en el espacio infinito, en
busca del seno amoroso de Jesús, para suplicarle merced inmediata para el
desgraciado que precisa serenidad a fin de eliminar de la mente la visión
macabra con que los propios delitos le fustigan el alma y la continuación de la
Vida, la que pretendió aniquilar con la deserción por los atajos del suicidio!.
Lo acompañaron
de buena voluntad todos cuantos se interesaban por el infeliz alucinado: -
encarnados que componen la mesa, desencarnados que realizaron la magnifica
sesión, o sea, instructores, vigilantes, asistentes guías de la Casa, lanceros
y hasta nosotros, los delincuentes, mas serenos, y profundamente conmovidos.
Oran todavía los directores de nuestra Colonia, que, desde el secreto del
Templo, asisten a todo cuanto se desarrolla entre nosotros; oran Teócrito y sus
adjuntos, los que, del Hospital, igualmente asisten a los trabajos a través de
los extraordinarios aparatos que conocemos o simplemente sirviéndose de la
doble vista, que fácilmente accionan. ¡Y así dulcemente armonizada y
fortalecida al impulso vigoroso de los pensamientos homogéneos de tantos
corazones fraternalmente unidos bajo el ósculo sublime de la Caridad, en lo que
puede ella encerrar de más bello y desinteresado – la oración depurada y santa se transformó en una cadena vigorosa
de luz esplendente, que en unos minutos alcanzó el Blanco Sagrado y volvió
fecundada por el abrazo de Su divina misericordia!. ¡Cada pensamiento, que se
unifica a los demás en ansias compasivas, cada expresión caritativa extraída
del corazón, que subía en busca del Padre Altísimo en favor del infeliz
castigado por el suicidio, que precisó de la ayuda humana para adaptarse al Mas
Allá - son voces cuchicheándole esperanzas, son bálsamos fecundos e
inestimables, dando descanso, indicios de bonanza en las cruentas tempestades
que sacuden su Espíritu ergastulado en la desgracia!.
Después de la
oración siguió un silencio impresionante, como sólo existiría sobre la Tierra
otrora, durante la práctica de los mistérios, en los santuarios de los antiguos
templos de ciencias orientales. Todos concentrados, apenas la médium se
retorcía y lloraba, traduciendo el asombro de la entidad comunicante.
Poco a poco, sin
que una única palabra volviese a ser proferida, y mientras apenas las fuerzas
mentales de desencarnados conjugadas con las de encarnados trabajaban, se
produjo la Divina Intervención... y no desdeñaremos describirla, porque es
digno y trascendental que lo apreciemos.
Las vibraciones
mentales de los asistentes encarnados, y particularmente de la médium, cuya
salud físico-material, físico-astral, moral y mental, se encontraba en
condiciones satisfactorias, ya que fuera anteriormente examinada por
los realizadores de la importante contienda espiritual, reaccionaban
contra las del comunicante, que, viciadas, enfermas, positivamente
descontroladas, investían violentamente sobre aquellas, como ondas revueltas de
un inmenso torrente que se derramase abruptamente en el seno esmeraldino del
océano, hermoso y arrogante reflejando los esplendores del firmamento soleado.
Se estableció, así, una lucha ardua, en la realización de la sublime operación
psíquica, ya ver que 1nfluencias saludables, fluidos magnéticos mezclados de
esencias espirituales aconsejables en ese caso, proveídos por la médium y por
los guías asistentes, deberían imponerse y domar a las emitidas por la entidad
sufridora, incapaz de producir algo que no sea inferior. !La cadena poderosa
poco a poco presentó sus frutos saludables que eran de esperar, dominando
suavemente a las vibraciones nefastas del suicida después de pasar por el áureo
vehículo mediúnico, el cual, materializándola, adaptándola en afinidades
con el paciente, la tornaba asimilable por este, cuyo envoltorio astral
fuertemente se resentía de las impresiones animalizadas dejadas por el cuerpo
carnal que se extinguía bajo la piedra del sepulcro.! Eran como que
compresas anestesiantes que se aplicasen en la organización fluídica del
penitente, suavizándole el efervescer de las múltiples excitaciones, a fin de
ponerla en condiciones de soportar la verdadera terapéutica requisitada por el
delicado caso. !Era como un sedativo divino que piadosamente pusiese virtudes
hialinas sobre sus llagas anímicas, a través del filtro humano representado por
el magnetismo mediunico, sin el cual el infeliz no asimilaría, de
ningún modo, ningún beneficio que se le desease aplicar!. Y era como una
transfusión de sangre en un moribundo
que lo volviese a la vida después de haberse encontrado al borde de la tumba,
la infiltración de esencias preciosas que la médium recibía de lo Alto, o de
los mentores presentes, en abundancia, transmitiendo enseguida al padeciente.
Lentamente la
médium se aquietó, porque el desgraciado "destrozado" se calmara. Ya
no veía los reflejos mentales del acto temerario, lo que equivale a decir que
desapareciera la satánica visión de los fragmentos de su propio cuerpo, que en
vano tentara recoger para recomponerlo.
Una grata
sensación de alivio atravesaba sus fibras perispirituales doloridas por la
amargura largamente soportada... Continuaba el silencio augusto propicio a las,
dulces revelaciones inmateriales del amparo maternal de María, y de la
misericordia inefable de su Hijo Inmaculado. Por el recinto repercutían todavía
las blandas tonalidades de la melodía evangélica, cual cavatina sideral
arpegiando esperanzas:
“- Venid a mí, vosotros que sufrís y os halláis
sobrecargados, que yo os aliviaré..."
mientras él
lloraba en gran desahogo, entreviendo la posibilidad de una mejor situación.
Sus lágrimas, sin embargo, ya no traducían los estertores violentos del inicio,
y sí la expresión agradecida de quien siente la intervención saludable...
Entonces,
Alceste y Romeu accionaron las fuerzas de la intuición, con vehemencia, sobre
la mente del presidente de la mesa, que se coronó de luminosidades adamantinas.
Se aproximaron los técnicos del aparato mediúnico, al que el infeliz se
arrimaba. Le explica el presidente, detalladamente, cuanto le sucedió y por que
le sucedió. Le da una explicación clara, de lo que aquellos agentes
corporifican con la creación de cuadros demostrativos. Vimos que se repetía
entonces en la sesión espiritista terrena lo que habíamos asistido en las
asambleas del Hospital presididas por el insigne Téócrito: - La vida de
paciente resurge, como fotografiada, y reflejada en esos cuadros, de sus mismos
recuerdos, desfilando ante sus ojos desde la cuna hasta la tumba cavada por el
mismo!. Él revió lo que practicó, asistió a los estertores rápidos de la agonía
que se ofreció a sí mismo bajo las ruedas de un tren; contempló, perplejo y
aterrado, los destrozos a los que su gesto brutal redujera su configuración
humana llena de vigor y de savia para la continuación de la existencia... mas
lo hizo ahora ya sin aquellos destrozos, como si hubiera despertado de una
hedionda pesadilla!.., Observó realmente, deshecho en lágrimas, que manos
piadosas recogieran sus despojos ensangrentados de sobre las vías; asistió
conmovido al sepelio de los mismos en tierra consagrada... y vio la figura
confortadora de una Cruz montando guardia en su sepultura. ¡Comprendió, así, y
aceptó el acontecimiento que tenia dificultades y repulsa en acatar, o sea, que
era inmortal y continuaría viviendo, viviendo todavía y para siempre, a pesar
del suicidio!. ¡Que de nada le sirviera la resolución infernal de pretender
burlar las leyes divinas sino para sobrecargar su existencia, así como la
consciencia, de responsabilidades tan graves cuanto pesadísimas!. !Y que, si el
cuerpo material se extinguía, en efecto, en el lodo pútrido de un sepulcro - el
Espíritu, que es la personalidad real, porque descendiente de la Luz Eterna del
Supremo Creador, marcharía indestructible hacia el futuro, a pesar de todos las
dificultades y contratiempos, vivo y eterno como la misma Esencia Inmortal que
le diera Vida!.
¡Oh, Dios del
Cielo.! ¡¿Que oficio religioso superará en gloria a esa sencilla reunión,
desprovista de atavíos y repercusiones sociales, mas donde el alma atribulada
de un suicida, incrédulo de la misericordia de su Creador, desesperada por lo
acervo de los sufrimientos de ahí consecuentes y la inclemencia de los
remordimientos, es convertida a los albores de la Fe, por la dulzura
irresistible del Evangelio del Dulce Nazareno?!... ¿Que ceremonia, que ritual,
que festividades y pompas existentes sobre la Tierra podrán codearse con la
magnificencia del santuario secreto de un núcleo de estudios y labores
espirituales donde los misioneros del Amor y de la Caridad del Unigénito de
Dios en Su nombre sobrevuelan, inmersos en vibraciones puras y sin mancha,
ofreciendo a los iniciados modernos, que se congregan en cadenas mentales
excelentes, el precioso ejemplo de una nueva práctica de la Fraternidad?!...
¡¿En que sector humano encontraría el hombre glorificación más honrosa para
condecorarle el alma, que esa, de ser elevado a la meritoria categoría de
colaborador de las Esferas Celestes, mientras los Embajadores de la Luz le
desvendan los mistérios de la tumba ofertándole la sacrosanta enseñanza de una
Moral redentora, de una Ciencia Divina, en la intensión generosa de reeducarlo
para su definitivo ingreso en el redil del Divino Pastor?!...
¡Hombre!
¡Hermano, que, como yo, desciendes del mismo Foco Glorioso de Luz!. ¡Alma
inmortal predestinada a excelsos destinos en el seno magnánimo de la
Eternidad!. ¡Apresura la marcha de tu evolución hacia lo Alto en los caminos
del Conocimiento, reeducando tu carácter a los fulgores del Evangelio del
Cristo de Dios!. Cultiva tus facultades anímicas en el silencio augusto de las
meditaciones nobles y sinceras; olvida las vanidades depresivas; relega los
placeres mundanos que para nada sirven sino para excitar tus sentidos en
perjuicio de las felices expansiones del ser divino que en ti palpita; aleja
bien lejos de tu corazón el egoísmo fatal que te hace inferior en el concierto
de las sociedades espirituales... pues todo eso no son mas que escollos terribles
que dificultan tu ascensión hacia la Luz!... Abre tu seno para la adquisición
de virtudes activas y deja que tu corazón se dilate para la comunión con el
Cielo. ¡Entonces, las aristas del calvario terrenal que transitas serán
aliviadas y todo le parecerá más suave y más justo a tu entendimiento aclarado
por la comprensión sublime de la Verdad, pues habrás dado abrigo en tu seno a
las fuerzas del Bien que promanan del Supremo Amor de Dios!... Y después,
cuando te sientas afecto a las renuncias; cuando seas capaz de las rígidas
reservas necesarias al verdadero iniciado de las Ciencias Redentoras; cuando
hayas apartado tu corazón de las ilusiones efímeras del mundo en el que
experimentas la sabiduría de la Vida, y tu alma se sienta conmovida por el
santo ideal del Amor Divino - que tus dones mediúnicos se entreabran cual
preciosa y cándida flor celeste, hacia la convivencia ostensiva con el Mundo
Invisible, deshojando aljófares de caridad fraterna al paso de los infelices
que no supieron prevenirse a tiempo, como tu, con las fuerzas indestructibles
que al alma le proporciona la Ciencia Inmarcesible del Evangelio de Cristo!.
CAPITULO VII
NUESTROS AMIGOS - LOS
DISCÍPULOS
DE ALLAN KARDEC
En los intervalos que seguían de una reunión y la otra no volvíamos a nuestro
abrigo de la Espiritualidad. Al contrario permanecíamos en el mismo ambiente
terrestre, en virtud de ser el viaje a emprender excesivamente dificultoso para
un grupo numeroso y pesado, como el nuestro, para repetirlo diariamente. Así
fue que quedamos entre los hombres cerca de dos meses, tiempo necesario para la
prosecución de las reuniones intimas ya que carecíamos de otros grupos de
preparación iniciática, en los otros, apenas existían los principios y
conceptos morales y filosóficos los que eran examinados, sin la práctica de los
mistérios.
Nuestra calidad
de suicidas, cuya aura virulenta por radiaciones inferiores podría llevar a la
perturbación y a la repugnancia a las pobres criaturas encarnadas de las que
nos aproximásemos, o de ellas recibir influencias perjudiciales para el
delicado tratamiento al que éramos sometidos, nos inhibía de permanecer en
cualquier recinto habitado o visitado por almas encarnadas.
Conviene aclarar
que éramos entidades en vías de reeducacion, y, por eso mismo, sometidas a
reglas muy severas de conducta, lo que impedía de viviéramos tranquilamente
entre los hombres, influenciando molestamente a la sociedad terrena... cosa que
fatalmente sucedería si continuásemos rebeldes, recalcitrantes en el error.
Éramos entonces
conducidos a lugares pintorescos, en los alrededores de los poblados en que nos
encontrásemos, y donde se tornase difícil el ingreso de los hombres: - bosques
amenos, prados sombreados por árboles frutales, colinas fértiles y verdosas donde
el ganado saboreaba el pasto fresco de su predilección. Tiendas eran levantadas
y una aldea graciosa, invisible a los ojos humanos, mas perfectamente real para
nosotros, y en la que una dulce poesía bucólica distinguía de matices
seductores, surgía abajo el cimborrio eternamente azul de los cielos
brasileños, donde el carro flameante del Astro Rey resplandecía con la pompa
inigualable de sus rayos revigorantes.
A la noche, una
tierna melancolía endulzaba nuestras amarguras de exilados del hogar y de la
familia, cuando, al volver de asistir a las arrebatadoras conferencias
evangélicas, durante las reuniones de los espiritistas cristianos, nos
quedábamos a meditar, bajo el silencio inalterable de las colinas o de la
placidez de los vergeles, rememorando las lecciones fecundas sobre la
existencia del Ser Supremo como Creador y Padre, mientras mirábamos la umbela
celeste orlada de estrellas centelleantes y lindas. ¡Profundas elucubraciones
entonces dilataban nuestro raciocinio, mientras contemplábamos, enternecidos
como jóvenes enamorados, aquel espacio sideral arrastrando a gloria invalorable
con la que el Arquitecto Supremo lo dotó: - aquí, eran astros fulgurantes e
inmensos, soles poderosos, centros de fuerza, de luz, de calor y de vida; ¡Mas
allá, mundos arrebatadores de belleza y grandeza inconcebibles, cuyo esplendor
llegaba hasta nuestra visión de precitos del mundo invisible como amorosa señal
fraterna, a afirmar que también ellos abrigaban a otras humanidades, almas
hermanas nuestras en marcha hacia la redención, enamoradas del Bien y de la
Luz, y, como nosotros, oriundas del mismo soplo paternal divino que en nuestro
interior sentíamos ahora palpitar, a pesar de la extrema pobreza moral en que
nos debatíamos!. !Y por todas partes la expresión gloriosa del pensamiento del
Altísimo hablando de Su poder, de Su amor, de Su sabiduría!.
No era raro,
bajo el susurro tierno de las frondas que engalanaban aquellas colinas, ante
las dulces vibraciones que refrescaban la noche clareada por la refulgencia de
los astros que rodaban por la inmensidad, nuestros amigos, los discípulos de
Allan Kardec, o sea, los médiums, los adoctrinadores, los evangelizadores cuyo
altruismo y buena-voluntad tanto contribuían para alivio de nuestras
inquietudes, nos visitaban en nuestro acampamiento, en lo callado de la noche,
mal que sus cuerpos físicos reposaban en un sueño profundo. ¡Confabulaban con
nosotros piadosa y amorosamente, pues tenían libre acceso a nuestra aldea de
emergencia, ampliaban aclaraciones sobre la excelencia de las doctrinas que
profesaban, revelándose respetuosos creyentes de la paternidad de Dios, de la
inmortalidad del alma y de la evolución del ser hacia su Todo Poderoso
Creador!.
¡Grandes
entusiastas de la Fe, nos concitaban al amor a Dios, a la esperanza en Su
paternal bondad, a la confianza en el porvenir por Él reservado al género
humano, al coraje para vencer, como bases inalienables de serenidad en el gran
esfuerzo por el progreso!. ¡Aseguraban ser, todos ellos, pruebas insofismables,
patéticas, de la excelencia de las enseñanzas filosóficas ofrecidas por la
Doctrina de la que eran afiliados, Doctrina cuyas bases, asentadas en la moral
grandiosa del Divino Modelo y en la Ciencia de lo Invisible, que los
transformara en rígidas fortalezas de Fe, capaces de resistir a toda y
cualquier adversidad con animo sereno, mente equilibrada y la sonrisa en los
labios, señalando el cielo que traían en si mismos gracias a los conocimientos superiores
que tenían de la Vida y del destino humano!. Exponían, entonces, llenos de
elocuencia, los ardores de la adversidad con la que muchos de ellos luchaban,
y, oyéndolos, nos abismábamos, y nuestra admiración crecía, tornándolos mayores
en el concepto que de ellos nos hacíamos: - este varón respetable, jefe de una
familia numerosa, era paupérrimo, luchando para vivir, sin treguas por la
subsistencia de los suyos; aquel otro, incomprendido en el hogar, aislado en el
seno de su propia familia, que no respetaba su derecho sagrado de pensar y de
creer como mejor le pareciese; esta señora, cargando la pesada cruz de un
matrimonio desventurado, subyugada al imperativo de duras humillaciones y
disgustos diarios!... Y aquí, todavía, esta, que viera morir a su hijo único en
plena juventud, arrimo y dulzura de su viudez y de su vejez!.. ¡Mientras esta
joven, en víspera del consorcio tiernamente ansiado, se viera recompensada, en
su dulce y prometedora dedicación, con el perjurio abominable de aquel que le
despertara los primeros arrobos del corazón!... ¡Pues, el ser iniciado en el
Espiritismo Cristiano no excluye la necesidad de grandes reparaciones y
testimonios dolorosos!.
¡Sin embargo, la
serenidad, la paciente conformidad presidían esos choques en sus corazones!.
¡Se habían vuelto confiados hacia el seno amoroso de Jesús, fieles al convite
tierno que de él recibían permanentemente!. ¡Abrieron sus corazones y su
entendimiento a las dulces influencias celestes, sublimándose a los influjos
asistenciales de sus guías instructores... y ahora marchaban confiantes,
esperando el futuro, confiados de la victoria final!. !!No tuvieron vergüenza,
antes fue con visible buen humor que narraran que entre ellos había los que
iban para el cumplimiento del deber en sus reuniones sin haber hecho la
merienda tarde, por escasez de recursos, mas que no por eso se sentían
desgraciados, pues esperaban que el Padre Supremo, que viste los lirios de los
campos y provee las necesidades de los pájaros que vuelan en el aire (9), también habría que remediar su
situación, tan deprisa cuanto fuere posible... y se sentían fuertes para, por
sí mismos, y escudados en la Fe y en el buen animo consecuentes de ella,
reaccionen contra la penuria del momento oportuno, y venzan!.
De esa
convivencia, por así decir diaria, resultó que grandes afectos y simpatías
indestructibles se estableciesen de parte a parte, mayormente entre nosotros,
desencarnados, que nos sentíamos sinceramente agradecidos por el interés que
nos dispensaban y las inestimables mercedes que les debíamos. (l0)
(9) Mate, 6:19 a
21 y 25 a 34.
(l0) En efecto,
en el curso de nuestras actividades mediúnicas tuvimos ocasión de hacer sólidas
relaciones de amistad con habitantes del plano invisible. En determinada fase
de nuestra existencia, cuando testimonios dolorosos y decisivos nos fueron
impuestos por la Ley de Causa y Efectos, una pequeña falange de antiguos
sufridores que habíamos auxiliado antes, inclusive algunos suicidas y dos
ex-obsesores que se tornaran nuestros amigos durante trabajos prácticos para la
cura de obsesionados, se tornaron visibles en cierta visita que nos hicieron,
ofreciendo ayuda Para suavizarnos la situación. No siendo, sin embargo, posible
hacer, por cuanto la situación era irremediable, mezclaron con nuestras
lagrimas las suyas, visitándonos frecuentemente y así proporciondonos un gran
alivio con la prueba, que nos dieron, de tan benévolo afecto. - (Nota de la
médium)
Teníamos
licencia para seguirlos en jornadas laboriosas, en el desempeño de la
beneficencia. Poderosamente interesantes, esas labores nos servían de
magnificas lecciones, ya que, arraigados al insano egoísmo, no comprendíamos
como podría alguien dedicarse al bien ajeno con tan elevada demostración de
desinterés y amor fraterno. No me eximiré de dedicar algunas líneas de este
relato a la descripción de la laboriosidad a la que asistimos entonces, para
sólo referirnos a lo que realizado era
por ellos en cuerpo astral, durante las horas dedicadas al sueño y al descanso
físico-material.
Los médiums, y
demás iniciados cristianos encarnados, comisionados por el Instituto María de
Nazaret, merecían su confianza y estaban bajo su vigilancia hasta terminar los
compromisos que habían asumido con sus directores. Muchas veces, sin embargo,
esa vigilancia se extendía por tiempo indeterminado, pasando el aprendiz
terreno a formar parte de la falange de trabajadores de la Colonia, lo que es
lo mismo que decir que se tornaba colaborador de la magna Legión de los Siervos
de María. Si eran verdaderamente dedicados al ministerio apostólico que
experimentaban bajo los auspicios de la gran doctrina compilada por el jefe de
la Escuela en que se iniciaran, o sea, por Allan Kardec, no limitarían la ayuda
de su buena-voluntad a las sesiones semanales de cuño secreto, en el núcleo a
que pertenecían. Al contrario, ensancharían el radio de acciones propias
haciendo un esfuerzo favorable para la exaltación de la Causa a la que servían.
A lo largo de la
noche, aquellos a quienes nos ligábamos se transportaban a grandes distancias,
en cuerpo astral, asociándose a sus mentores y guías para nobles realizaciones.
En nuestra falange cada grupo de diez o menos, podría asociárseles con la intención
de instruirse, seguirlos en las peregrinaciones dignificantes en pro de la
causa abrazada por el Maestro Magnánimo, desde que sus tutelares y asistentes
dirigiesen los servicios y que mentores de la Legión tomasen parte en la
comitiva.
Durante los dos
meses de nuestra convivencia en la Tierra, tuve ocasión de seguirlos algunas
veces, acompañado de otros iguales de la falange, inclusive Belarmino, y
seguidos de nuestros afectuosos amigos, los de Canalejas y de Ramiro de Guzman.
Dirigidos por
sus instructores espirituales, visitaban hospitales durante el silencio de la
noche, acercándose de los lechos en que gemían pobres enfermos desesperanzados
y tristes, con el piadoso interés de darles alivio y vigor nuevo con
aplicaciones magnéticas vitalizantes, de las que eran fecundos depositarios.
Les hablaban amigablemente, valiéndose de la somnolencia en que los veían
sumergidos, los reanimaban transfundiéndoles los albores de la Fe y de la
Esperanza que iluminaban sus Espíritus de creyentes fieles, les daban coraje y
voluntad de vencer a través de consejos y sugestiones cuya inspiración recibían
de sus bondadosos acompañantes. !Con ellos, así, ingresamos también a
domicilios particulares, observando que la intención que llevaban era siempre
la de servir y aprender, ya sea que se tratase de una visita a los palacios, a
las chozas y hasta a los prostíbulos, pues entendían, con sus guías, que
también aquí habían corazones a consolar, Espíritus enflaquecidos que reerguir
y aconsejar!. Otras veces solicitaban nuestra cooperación en el empeño de
consolar a grandes infelices, o sea, a personas encarnadas que vivían
testimonios dolorosos en la serie de pruebas convenientes, y cuya tendencia
para o desánimo y la desesperación podría tornarse fatal. ¡Nos levaban entonces
a la sede de la agremiación a la que pertenecían y, allí, mientras sus fardos
materiales continuaban en profundo sueño, así como los de aquellos por quienes
se interesaban, reanimaban a los pobres sufridores exponiéndoles conceptos vivos
y prudentes, administrándoles las grandiosas enseñanzas evangélicas que
enriquecían sus propias almas y hacían de ellos grandes y animosos batalladores
diarios, incapaces de darse por vencidos, desanimados, desesperados!....!Y era
entonces que prestábamos nuestra dolorosa experiencia, consintiendo en hablar
de la siniestra aventura a la que el desánimo nos reservara arrastrándonos al
abismo del suicidio!. Belarmino encontraba la oportunidad, entonces, para
expandir su verbo arrebatador de orador fecundo y brillante; y más de una vez
pudo él arrancar, de una caída cierta, a infelices que ya se inclinaban hacia
la oscura región de la cual veníamos. ¡Todo eso nos valió valiosas, enseñanzas,
aclaraciones de alto valor, ejemplos seductores, al paso que la reacción
consoladora nos reanimaba, dándonos esperanzas!.
Pasados dos
meses, sin embargo, no necesitando nada mas recibir del piano material terreno,
fue ordenado el regreso de la falange a su Colonia del Astral.
No fue sin profunda
emoción que abrazamos a esos tiernos y sencillos amigos, en la última visita a
nuestra bucólica aldea para las despedidas, y cuya placidez comunicativa del
corazón, tan sano vigor prestara a nuestras almas vacilantes y aprehensivas.
Aun cuando sus cuerpos carnales se mantenían adormecidos cuando iban a vernos,
era bien cierto que los veíamos realmente, como hombres o mujeres, sin que
llegase a impresionarnos la diferencia del envoltorio.
Les hipotecamos
gratitud eterna, les juramos afecto inquebrantable, les prometimos visitas
frecuentes tan pronto como lo permitiesen las circunstancias, y retribución de
las gentilezas y pruebas de consideración con que nos habían honrado, así
estuviésemos capacitados para ello. A su vez prometieron continuar
interesándose por el drama que nos aprisionaba, ya sea orando a la Clemencia
Divina en nuestro favor, o transmitiéndonos sus expresiones de amistad a través
de las misivas telepáticas que sus facultades anímicas comenzaban a producir,
promesa que inmensamente nos halagó.
En efecto,
después de llegar a nuestro nevado asilo, frecuentemente veíamos sus figuras
amigas destacándose en la lucidez de nuestros aparatos de televisión, envueltas
siempre en las ondas opalinas de la oración y de los pensamientos generosos con
que elevaban a Dios los buenas votos que hacían por la mejoría de nuestra
situación.
¡Pasando dos
largos meses sobre a costra terrestre, huéspedes de los serenos cielos
brasileños, no nos concedieran los guardianes la debida autorización para
visitar los sitios queridos de nuestra Patria, cuyo añorado recuerdo humedecía
de llanto las fibras sensibles de nuestras almas, nos dieran, sin embargo, a
conocer estos amigos serviciales y
gentiles, dóciles y humildes, discípulos del noble maestro de la Iniciación -
Allan Kardec -, a cuya memoria, desde entonces, pasamos a rendir respetuoso
homenaje de admiración!. ¡Y pensábamos, con ternura y sinceramente encantados:
- Una doctrina como esa, capaz de lapidar corazones, iluminándolos con las
cándidas manifestaciones de la Bondad, como veíamos irradiándose en torno de
nuestros nuevos amigos, no puede estar distante de las verdades celestes!.
..........................................................................................................................................................
¡Pasaron dos
años, largos y trabajosos, durante los cuales mucho lloramos bajo el peso de
arrebatados remordimientos, analizando diariamente el error cometido contra
nosotros mismos, contra la Naturaleza y las sabias Leyes del Sempiterno,
yéndonos a la situación amarga dejada por el suicidio!. Volvimos algunas veces
a asistir a otras reuniones en los gabinetes terrestres de experimentos
psíquicos, visitando a nuestros amigos hablándoles por vía mediúnica.
En ese tiempo me
relacionara con un delicado aparato mediúnico, o sea, un médium dotado de una
extraordinaria facultad, el cual nos visitaba frecuentemente, a mí y a los
demás, ya sea a través de los pensamientos e irradiaciones benévolas que
dirigía a nuestro favor o en el fervor de la oración. !Era compatriota mío, lo
que me atrajo y sensibilizó poderosamente, forzoso será confesar!. Minucioso,
corajudo, impávido, y hasta imprudente, entusiasta indomable que también era de
las Ciencias Invisibles, para las que se inclinaba con férvido encantamiento,
iba al extremo de rondar, cual romántico enamorado, las murallas de nuestra
Colonia, en cuerpo astral, durante el reposo nocturno o en expresivos transes
mediúnicos, intentando atraernos a fin de ponerse en comunicación directa con
nosotros, lo que preocupaba soberanamente a nuestros instructores y a la
dirección de la Colonia. No le permitían la entrada por ser asaz peligroso para
él el contacto tan directo con un ambiente privativo de réprobos, mas la daban
guardia y asistencia para el retorno, llevando en cuenta la sinceridad de las
intenciones en que se escudaba, ya que pasaría por lugares peligrosos de la
Espiritualidad. Tan amable cuan intrépido amigo poseía, es cierto, consejeros y
guías, asistencia particular, como médium que era. !Sin embargo tenia también -
el libre-albedrio – la voluntad libre para actuar como le parecía, ya que le
fue recomendado precaverse con la disciplina apropiadas al ejercicio de las
facultades mediúnicas, las que compete al iniciado observar con el máximo
rigor!. Él, sin embargo, se arrojaba imprudentemente, por lo Invisible,
atreviéndose por sombrías regiones sin esperar convites u oportunidades
ofrecidas por sus mayorales, escudándose en la ardiente Fe que le inspiraba el
deseo del Bien. Una vez, de las veces que visitamos a nuestros amigos
brasileños, nos proporcionaron los dedicados mentores una entrevista amistosa
con el amoroso compatriota. ¡Inesperadamente lo visitamos, fuimos vistos
fácilmente por él, que se alegró sinceramente, mientras me daban ordenes de
decirle algo por vía mediúnica, como recompensa a su gran dedicación!.
Súbitamente conmovido, indeciso, perturbado, escribiendo para mis antiguos
amigos de Lisboa y de Porto, después de tantos años de ausencia!. No visitamos,
sin embargo, sino al médium, retornando a los puestos de concentración de la
falange inmediatamente.
A despecho, no
obstante, de todo eso, las disciplinas de los primeros días proseguían sin
alteraciones: - continuábamos hospitalizados, sometidos a un tratamiento
meticuloso y a ejercicios complejos para corrección de los vicios mentales así
como a instrucciones y a la práctica en los servios de reeducacion. Conocíamos
ya la lógica férrea de la Reencarnación - fantasma que asustaba a cualquier
Espíritu delincuente y a un suicida en particular, y que él se niega a aceptar,
íntimamente convencido, en tanto, de que es verdad que se impone; que procura
negar por que la teme, sintiendo, todavía, que cada día que pasa, cada minuto
que corre en el estadio consolador donde asisten sus guías desvelados, es por
él atraído como un bloque minúsculo de acero por un imán poderoso e
irresistible, y al cual porfía en alejar de sus propias cogitaciones,
sabiéndola inevitable de su destino como la muerte lo es de los destinos
humanos!. Entre tanto, no la experimentáramos aun personalmente, escudriñando
los archivos reveladores de la subconsciencia a fin de contemplar nuestro ser
en la plenitud de la inferioridad moral que le era propia. Nuestra calidad de
suicidas, cuyas vibraciones excitadas nos torturaban la mente con repercusiones
e impresiones excesivamente dolorosas, retardaba la consecución de ese progreso
que se verifica fácilmente en las entidades normales o evolucionadas.
Para ese tiempo
habían estrechado poderosamente nuestras relaciones de amistad con el personal
de los servicios hospitalarios, y particularmente cada grupo con sus guías
responsables más directos, o sea, médicos, enfermeros, vigilantes, instructores
y psiquistas.
Bien, el
asistente que más asiduamente nos seguía era el joven médico español Roberto de
Canalejas, cuyas excelentes cualidades intelectuales y morales veíamos
diariamente. El y su padre Carlos de Canalejas, pequeño hidalgo español, alma
de apóstol, corazón angelical, y más Joel Steel, merecían, de nuestro pabellón
en general y de nuestra enfermería en particular, las más efusivas
demostraciones de amistad y respeto. Roberto, sin embargo, no era una entidad
muy evolucionada, aunque fuese aventajado su capital de prendas morales
adquiridas por él duramente a través de existencias planetarias. Se trataba de
un Espíritu en marcha franca en el carrero áspero del progreso, y viniera para
el estadio del Mas Allá de la tumba no hacia ni siquiera un siglo, después de
una encarnación reparadora muy acerba, e la cual el dolor de una brutal
traición conyugal le despedazara el corazón y la felicidad que juzgara
disfrutar. Tuviera Roberto nada menos que un hogar destrozado por el perjurio
de la esposa a quien amara con toda la devoción posible en un corazón de
esposo; vino a morir su hija querida, la primogénita de esa unión que todo
hiciera suponer sería auspiciosa y duradera, a los siete años de edad, víctima
de la nostalgia originada por la ausencia materna, agravada con la tuberculosis
heredada de él mismo, su padre, que, a su vez, la adquiriera durante abnegadas
pesquisas en enfermos portadores del terrible mal, pues, como médico, se
dedicara a humanitarios estudios en torno del hasta hoy insoluble problema!.
¡Sufriera humillaciones penosas y mil situaciones difíciles, a causa del
casamiento desigual que hiciera, pues el destino lo llevara a apasionarse
irremediablemente de la encantadora Lela, hija del Conde de Guzman, nuestro muy
amado amigo de la Vigilancia!. Correspondido con vehemencia por la voluble
muchacha, que entonces contaba apenas quince primaveras, se uniera a ella por
el matrimonio no obstante la oposición de D. Admiro, cuya penetración
psicológica en torno de su propia hija no augurara final feliz para el importante
acontecimiento. Roberto de Canalejas, en verdad, no pasaba de un pobre y oscuro
hijo adoptivo de un hidalgo generoso que le diera nombre y posición social, mas
cuya fortuna fuera diseminada en meritorias obras de socorro y protección a la
infancia desvalida.
A fines del
siglo XVU tuviera Roberto una existencia en el centro de Europa, tornándose
suicida en el año 1.680. Por esa dolorosa razón, ya en el siglo XX, en que
estabamos en la Espiritualidad, aun sufría las consecuencias del condenado acto
de entonces, pues su drama conyugal verificado en España, en la primera mitad
del siglo XIX, mas no fuera igual que la experiencia a la que no se quisiera
someter a fines del siglo XVI. Ese noble amigo, cuyo aspecto grave y
meditabundo tanto nos atraía, aparecía en el Mas Allá de la tumba tal como
existiera en ropas carnales durante la última existencia, pasada en España: -
de estatura mediana, barba negra y cerrada elegantemente terminada en punta,
como usaban los aristócratas de la época, y acompañada de bigotes bien
tratados; cabellera voluminosa y abundante, tez blanquísima, casi nívea, ojos
negros, grandes, pensativos, recordando a los gitanos andaluces, y manos de
dedos largos indicando el ejercicio continuo del pianista o el mal terrible que
le hiciera caer de su último fardo carnal. El mismo me revelara esa pavorosa
síntesis de su vida, durante los saraos en que nos acompañaba por los senderos
tranquilos del parque del Hospital. Lo hiciera, sin embargo, con la intención
altruista de aclaración, concitándonos al valor para enfrentar el futuro que
áspero nos aguardaba, por cuanto al suicida le cabe reparar la flaqueza, de las
que dio pruebas, curándose del desánimo que lo ata a la inferioridad, con
testimonios decisivos de fortaleza y resoluciones salvadoras.
Ya fuese porque
él conociera y amara Portugal, habiendo vivido allí los últimos meses de su
vida, recibiendo como ultimo poso para su armadura humana la arcilla
portuguesa; ya fuese porque, a mas de médico, era también artista de elevado
mérito, por cuanto cultivaba las bellas-letras y la música, mientras la verdad
era que nuestro grupo se componía de intelectuales portugueses orgullosos de su
heroica Patria, lo cierto fue que una afectuosa simpatía por él nos enlazó,
fundiéndose luego en un inmortal afecto fraternal.
Belarmino de
Queiroz e Sousa, el poliglota filósofo que, por ese tiempo, sólo de tiempo en
tiempo se recordaba del antiguo monóculo, era de los que más vivamente se
agarraban con la nueva amistad, pues en el amigo pretendiera descubrir de algún
modo un igual. Confesara de Canalejas que tuviera la desdicha de profesar
doctrinas materialistas cuando estuvo encarnado, renegando a la idea de un Ser
Supremo y rechazando la luz de los sentimientos cristianos por el dominio
exclusivo de la Ciencia, hecho que lo desamparara grandemente durante los
continuos sinsabores de la existencia, agravando, mas tarde, su propia
situación moral, cuando la adversidad le lanzara el supremo golpe en el hogar
doméstico. Continuamente entretejían largas disertaciones en torno de los tan
palpitantes temas materialistas a la luz de la ciencia psíquica, respondiendo
Roberto con lógica irrefutable a los argumentos vivos de Belarmino, que mal
iniciara la reeducaron en el campo espiritual, pues traía aquel, sobre el
interlocutor, la ventaja de conocimientos mucho más profundos no solo en
Filosofía como todavía en Ciencia y Moral... Y era de verlos, amistosa y
fraternalmente discutiendo sobre los mas bellos y profundos asuntos: - el
poliglota deseando reaprender, renovando sus patrimonios sobre las ruinas de
las antiguas convicciones; el joven doctor encendiendo para él antorchas de
luces inéditas con las que orientar la
trayectoria del porvenir, estribándose en hechos positivos que tan del agrado
eran del interlocutor!. ¡Muchas veces nosotros, los oyentes, sonreíamos
furtivamente, al ver la nulidad del pobre Belarmino, que se considerara un
iluminado en la Tierra, ante un simple asistente de hospital de una Colonia de
suicidas, humilde trabajador que ni siquiera tenia méritos sensibles en la
Espiritualidad!...
Un día en que se
demorara un poco mas la visita a nuestros apartamentos, avisándonos que fuera
informado de que recibiríamos alta dentro de pocos días, le hablé yo, no sin un
cierto constreñimiento ante la su indiscreción:
"- ¡Mi caro
Sr. doctor!. Los pequeños
relatos de vuestra vida, que tuvo la magnanimidad de confiarme, calaran
fundamente lo mas profundo de mi ser, conmoviéndome profundamente, y haciéndome
reflexionar. Fui romancista en la Tierra y, escribiendo, procuré estampar en
mis humildes producciones un determinado carácter moral. ¡Dejé en la Tierra una
obra voluminosa si no en calidad, - pues hoy reconozco que bien pequeñas fueron
mis capacidades intelectuales – por lo menos en cantidad!... ¡Confieso, sin
embargo, que raramente inventaba mis
romances!. !Ellos eran antes hijos del connubio de la observación con los
retoques sentimentales que varias veces usé para adornar la dureza de la
realidad y así cautivar mas rápidamente a editores y lectores, de los que
dependía a mi bolsa casi siempre vacía... lo que no debe ser una cualidad muy
recomendable para un escritor terreno!.
¡Quién sabe,
Sr., doctor, si vuestra franqueza me diese todavía algunos informes acerca de
su propio drama personal, que tanto me impresionó, para que algún día pueda yo
volver a la Tierra y, a través de un aparato mediúnico, narrar a los hombres
algo interesante intercalado con las luminosas doctrinas que comienzo a
aprender!... ¡Quién sabe podría yo transmitir a mis antiguos lectores de mis
obras terrenas las radiosas novedades con las que aquí me enfrenté, adornadoras
con aspectos reales de la vida íntima, tan humana y tan instructiva, de
Espíritus que aquí yo conozca, y que fueran hombres y también sufrieron, y
también amaron, y también lucharon y murieron, como toda la Humanidad!... ¡Y
esto porque he oído aseverar, a nuestros maestros locales, que es muy meritorio
para un Espíritu, deseoso de progresar, el romper las barreras de la tumba a
fin de relatar a los hombres las impresiones cogidas en la Espiritualidad, la
moral que a todos los recien-venidos de la Tierra aquí sorprende!..."
Quedóse el
pensativo, mientras una ruda melancolía le ensombrecía el semblante que yo me
habituara a ver sereno, lo que me hizo arrepentir de lo que había dicho.
Pasados algunos instantes, sin embargo, respondió, como resucitando del pasado
por mí tímidamente recordado:
"- ¡Sí!.
¡Es meritorio para un Espíritu esa labor, justamente por tratarse de uno de los
más difíciles géneros que es dado a alguno de nosotros realizar!.
Con la mayor
facilidad penetraremos en un antro de obsesores, en las camadas más bárbaras de
la esfera terrestre, a fin de retenerlos, casándoles la libertad, o a un antro
de magia con su arsenal de patrañas, donde se practicaban atrocidades con
desencarnados y encarnados, a fin de anular tentativas criminales; para con mas
presteza convencer a un endurecido en el mal a volver a una reencarnacion
expiatória, que conseguir vencer el cerrado espinero que representaba la mente
de un médium para conseguir transmitir centellas de las claridades que aqui nos
deslumbran!.
¡De inicio
deberé aclarar que no existen muchos médiums dispuestos a tan delicado genero
de tareas!... ¡y cuando se nos presenta uno que otro dotado con las necesarias
aptitudes, a mas de encontrarlos sin la educación en moral cristiana, elemento
indispensable para el fin idealizado por los grandes instructores que estimulan
ese genero de experiencias, se entrincheran ellos de tal forma en el comodismo,
sin disposición para las disciplinas que por su propio beneficio exigimos de
ellos, así como en la duda y en la vanidad de que se presumen iluminados,
predestinados, indispensables para el movimiento de propaganda de lo Invisible,
que anulan completamente nuestro entusiasmo, como si sus mentes nos bañasen con
duchas heladas!. !De ahí el preferir a las almas simples, los humildes y
pequeñitos, los que, a su vez, por no disponer sino de un bien pequeño capital
intelectual, exigen de nuestra parte perseverancia, dedicación y trabajo
exhaustivo para revelar algo a los hombres a través de sus facultades!.
¡Mi vida,
apreciado amigo, o mejor, mis vidas, a través de las migraciones terrenas en
las que he experimentado las lides del progreso, si fuesen relatadas, en
efecto, a sus lectores, le ofrecerían lecciones que no serian de rechazar! !La
vida de cualquier hombre o de cualquier Espíritu es siempre fértil de
secuencias para iluminación, romance instructivo que arrebata, porque refleja
la lucha de la Humanidad contra sí misma, a través de largas jornadas en busca
del puerto florido y áureo de la redención!. Podrá coger su observación aquí
mismo, pues en la estrechez de este asilo hay buenos temas educativos para
transmitir a los humanos por vía mediúnica. !Mas debo advertirlo de que las más
decepcionantes dificultades lo obstruirán, enfrentando sus loables deseos,
todavía porque todos los obstáculos surgen ante un suicida, pues él se puso en
una situación anormal, que afectó hasta la más insignificante fibra de su
organización psíquica, así como su destino!. En tanto, sus nobles
intenciones, su perseverancia, su amor al trabajo, sus ansias por el bien y lo
bello podrán operar milagros y estoy convencido de que sus futuros maestros y
guías educadores lo orientaran al respecto.
!En cuanto a los
informes solicitados tendría mucha satisfacción en dárselos, mi amigo!. !Lo
reconozco sinceramente bien intencionado, y el Espíritu, una vez despojado de
los preconceptos terrenos, pierde el pudor, que el hombre conserva, de revelar
a los amigos los infortunios y particularidades que lo angustian.
!Infelizmente, sin embargo, no siento en mi el desprendimiento necesario para
revivir el drama terrible que aun me conturba!. ¡Observar el pasado cuyas
cenizas aun se encuentran palpitantes, tibias por el fuego interior de un amor
inolvidable, que amortaja de añoranzas y pesares implacables todos mis pasos en
la Espiritualidad; sacar de las sombras de la subconsciencia la imagen
idolatrada de la perjura, a quien no pude jamas despreciar, tentando concederme
el consuelo supremo del olvido; verla resurgir del abismo de mis recuerdos tal
como existió todavía ayer, hermosa y seductora, enlazada a mi destino por el
matrimonio, y revivir las horas felices de la convivencia conyugal, cuando las
imaginaba inmortales, sin percibir que eran mentiras, ficticias, tan sólo
oriundas de mi sinceridad, de la fe que me inspiraba, de mi gran
buena-voluntad, será padecer por segunda vez la insoportable aflicción de
saberla adúltera cuando todo mi ser ansiaba por verla redimida de la infamia
que la arrojó al báratro repugnante de la mas torpe situación que a un Espíritu
femenino podrá macular: - !el adulterio!. !No puedo, Camilo, no puedo!. !Amo a
Leila y siento que tal sentimiento se prolongará conmigo a través de los evos,
porque me ha acompañado a todo lo largo de mi destino desde hace muchos
siglos... desde cuando la voz compasiva de Pablo de Tarso resonaba victoriosa y
pura, anunciando la Buena-Nueva bajo la fronda pujante de las florestas de la
vieja Iberia!... !y no descansaré mientras no la tenga nuevamente a mi lado,
exculpada de la afrenta dirigida a mí, y a sí misma, a la Ley de Dios, a
nuestros hijos y a su calidad de esposa y madre, por las reparaciones
crucificantes a que se sometió, llevada por los remordimientos!."
Hizo una pausa,
durante la cual dejó trasparecer en sus ojos la inmensa ternura que vivía en su
corazón y e continuó en tonalidades humildes, que me llevaron a doblemente
admirar el diamantino carácter que hacia tres años yo observaba diariamente:
"- !Si yo
pudiese, Camilo, evitaría los dolores de la expiación para mi pobre Leila,
llamándola para una convivencia cariñosa y borrando de nuestro entendimiento,
como otrora lo tenté, las manchas del delito con el ósculo del perdón que desde
hace mucho voluntaria y buenamente le concedí!. !Sin embargo, ella misma nada
quiere aceptar de mí antes de resarcir su proprio débito al embate de las
tormentas de una reencarnación amortajada en las lágrimas de duros
sufrimientos, a fin de poder considerarse digna de mi amor y del perdón de
Dios!. !Su consciencia ennegrecida por el error fue el austero juez que la
juzgó y la condenó, pues, con el alma llagada por las dentelladas del
remordimiento, se aterra tanto con su propio pasado y tanto lo execra, que
nada, nada será capaz de mitigar los ardores que la torturan sino el dolor
irremediable en el sacrificio de la expiación terrena!. !Bien quisiera yo
aproximarme de ella, refrigerar mi añoranza hablándole personalmente, en
vigilia o durante el sueño, consolándola, incitándola a la lucha por la
victoria con mis protestas de perenne amistad! !Mientras, no puedo ni siquiera
aproximarme porque, si me percibe, se aterroriza y procura huir, avergonzada
con la mácula de que la acusa su consciencia!. En cuanto a mí, podré verla o
acompañarla en cualquier momento que lo desee, sin embargo, cautelosamente, a
fin de que no me perciba, para evitar desorientarla..."
"- Cada vez
me convenzo mas, Sr. doctor, de cuanto mis lectores apreciaran que yo les
narrase los conmovedores episodios que veo en las entrelineas de vuestra exposición..."
"- Pediré
al padre de Leila que posteriormente lleve al conocimiento de mi caro escritor
lusitano el drama que tanto lo atrae... ¡¿Quien sabe?!... El trabajo es
consagrado como elemento primordial para el progreso y la intención noble y
generosa que inspire al trabajador sincero siempre obtendrá el beneplácito
divino para su realización... D. Ramiro de Guzman está a la altura de hacerlo.
Se trata de un Espíritu fuerte, experimentado en las luchas del infortunio, y
que sabe dominar sus emociones, poseyendo en grado adelantado la disciplina
mental. Podrá y querrá hacerlo, pues se comprometió conmigo mismo a pugnar por
la reeducacion moral de la juventud femenina en la Tierra, en memoria de su
infeliz hija tan amada por su corazón de padre, mas que tantos y tan acerbos
disgustos le causó... a pesar de la educación primorosa que se esforzó en
darle. Le hablaré al respecto."
Viéndolo
dispuesto a retirarse, vi todavía, fiel a la impertinencia de la antigua
curiosidad del novelista, que en todas partes huele substancias sentimentales
con que engrandecer sus temas:
"- Y...
perdonadme, excelentísimo doctor... ¿Vuestra esposa... la hermosa Leila...
¿donde se encuentra actualmente?..."
Se levantó
calmo, firmó el pensamiento gravemente, como ejercitando un mensaje telepático
a sus mayorales, y enseguida se aproximó al espléndido receptor de imágenes, lo
sintonizó cuidadosamente para la costra terrestre y esperó, murmurando como que
para sí mismo:
"- Debe
estar atardeciendo en el hemisferio sur occidental... ¿No habrá indiscreción en
buscar verla en este momento?..."
¡En efecto!. Al
rato la figura de una criatura se destacaba en la penumbra de un aposento de
una familia paupérrima. Todo indicaba que se trataba de un hogar brasileño de
los más modestos, aunque no miserable. Una niña aparentando unos cinco años de
edad, cuyas facciones concentradas y tristes indicaban la violencia de las
tempestades que le agitaban el Espíritu, se entretenía con sus modestos
juguetes de criatura pobre, pareciendo mentalmente preocupada con recuerdos que
se barajaban con los hechos del presente, pues le hablaba a las muñecas como si
conversase con personajes cuyas imágenes se diseñaban como contornos a
"crayon" en sus vibraciones mentales. Roberto la miró tristemente y,
volviéndose hacia mí, que me apropiaba de la enseñanza deslumbrado ante la
majestad del drama cuyos inicios me daban a conocer:
"- ¡Ahí
está!. !Reencarnada en la Tierra de Santa Cruz... donde transitará su doloroso
calvario de expiaciones... Vive ahora fuera de los ambientes que tanto
amaba!... !Desamparada por la ausencia de aquellos que tan profundamente la
amaban, mas cuyos corazones humilló con la más cruel ingratitud!. !Leila
desapareció para siempre en la vorágine del pretérito!... Su nombre ahora es
otro: - la llaman María... el nombre venerable de nuestra augusta Guardiana...
Para el mundo terrestre será una linda y graciosa niña, inocente y cándida como
los ángeles del Cielo!. Ante la consciencia de ella misma, sin embargo, es el
resultado del juicio de la Ley Sacrosanta que infringió, es la gran infractora
que cumplirá su merecida pena, es la adúltera, la perjura, la infiel, la
blasfema y suicida, pues Leila fue también suicida, que renegó padres, esposo,
hijos, la Familia, el Honor, el Deber, por la funesta atracción de las pasiones
inferiores..."
Dos lágrimas
oscilaran en el terciopelo de sus bellas pestañas de andaluz, sin embargo
continuó conmovedoramente:
"- ¡Oh,
Camilo!. ¡Gloria a Dios!. ¡Hosannas a Su Paternal Bondad, que encubre de los
hombres encarnados el cortejo siniestro de sus errores pasados!... ¿Que seria
de la sociedad humana si a cada criatura le fuese facultado el recuerdo de sus
pasadas existencias?... ¿si todos los hombres conociesen el pasado espiritual
de cada uno?... "
De repente, un
grito indefinible, mezcla de pavor, de emoción o vergüenza, que rozaría la
locura, rompió el silencio del humilde hogar brasileño, resonando en la
placidez de nuestra enfermería del Mas Allá: - la niña acabara de presentir a
Roberto, lo viera como reflejado en ondas telepáticas, pues el remordimiento le
cuchicheaba a su consciencia que era él, la gran víctima de sus desatinos, y,
en llanto, procurara refugio en los brazos maternos, sin que nadie comprendiese
la razón de la súbita crisis...
Se detuvo el asistente
de Teócrito, aislando rápidamente el impresionante aparato.
"- Es
siempre así - dijo tristemente – no tiene coraje para enfrentarme... No
obstante, piensa en mí y desea volver a vivir conmigo..."
Se despidió y se
retiró meditabundo. Nunca mas volví a hablarle del asunto. En tanto, en esa
misma tarde inicié los apuntes para la preparación de estas humildes páginas...
¿Quién sabia
además lo que la misericordia del Altísimo reservaría para concederme?... Tal
vez no me fuese del todo imposible escribir como otrora... ¿No tenia yo ahora
algunos amigos terrenos capaces de oírme y comprenderme?...
¡Sí!. ¡Yo
mejorara muchísimo, gracias al eficiente tratamiento usado en el Hospital María
de Nazaret... Lo afirmaba la Esperanza radiosa que fortalecía mi Espíritu!.
SEGUNDA PARTE
LOS DEPARTAMENTOS
CAPITULO I
LA TORRE DEL VIGÍA
¿Que os parece? Si un hombre tiene cien
ovejas, y se descarría una de ellas, ¿por
ventura no deja
las noventa y nueve
y va por los
montes a buscarla que se
había extraviado.? Así, no es de la
voluntad de vuestro Padre, que está en los
cielos, que perezca uno de estos pequeños.
JESUS-CRISTO - El Nuevo
Testamento. (ll)
(ll) Mateo, 18:12 y 14.
El hermano
Teócrito nos enviara un mensajero con una honrosa invitación para una asamblea
en la sala de audición del
Hospital.
Al llegar ahí
percibimos que un reducido número de hospitalizados fuera distinguido con
idéntica solicitud, pues apenas integraban la asistencia aquellos componentes
de nuestra falange que recibirían alta del tratamiento al que venían
sometiéndose.
No se hizo
esperar el buen director del Departamento Hospitalario. Acompañado de Romeu y
de Alceste, tomó asiento en la cátedra de honor, acompañado por aquellos,
mientras el cuerpo clínico, que nos asistiera durante la internación, aparecía
en segundo plano, en la tribuna que le estaba destinada.
Haciendo uso de su acostumbrada dignidad, y manteniendo las expresiones de
la mas elevada cortesía y cordura nunca perdidas, el preclaro iniciado se
dirigió a los presentes mas o menos en estos términos:
"- !Seguro
que Dios, Creador de Todas las Cosas, en lo mas alto de los Cielos, mis amados
hermanos y amigos, haya testimoniado esta reunión para la cual imploramos Su
vista de Padre y Señor!.
Una sincera
satisfacción hace que hoy nuestras almas se ensanchen en hosannas de
agradecimientos al Maestro Magnánimo, llevándolas al júbilo del triunfo que nos
es dado contemplar: - vuestra conversión al estado de sumisión a la Paternidad
Divina y, por tanto, a la aceptación del Espíritu como originario de la
centella emitida por la voluntad del Todo-Poderoso y destinado a una gloriosa
evolución a través de la Eternidad!. Continuáis, no obstante, débiles,
vacilantes y pequeñitos. Mas un carrero infinito de luchas rehabilitantes no
por eso dejará de manifestarse ante vosotros a través de los milenios futuros,
convidandoos a la perseverante labor del Progreso para la conquista de la
redención definitiva en el seno amoroso del Cristo de Dios.
¡¿Convencidos de
que un Padre misericordioso, justiciero, amantísimo, vela dedicadamente por su
prole, pronto para extender su mano protectora a fin de elevarlas a las
inmarcesibles alegrías de Su Reino - quien de entre vosotros no se sentirá
estimulado, bastante animado para la lucha compensadora, convencido de la
victoria final?!... ¡¿Quién dejará de reunir toda la buena-voluntad que pueda
disponer a fin de que todos los días buscar elevarse mas un grado en la larga y
difícil, mas no imposible, ascensión, cuyo ápice es la comunión con el Maestro
Bien-Amado, la unidad gloriosa de Su Amor?!...
Os reunimos a
fin de llevar a vuestro conocimiento que se cierra hoy el estadio al que os era
permitido llegar en este Hospital, de acuerdo a las condiciones orgánicas de
vuestro físico-astral, obteniendo sensibles mejoras, es todo lo que podrían
pretender de nuestra hospitalidad. !Es mas, no sólo todavía no estáis curados
como que hasta continuáis enfermos... y enfermos continuareis por mucho tiempo
si la voluntad disciplinada y fuerte no venga en vuestro auxilio para el
restablecimiento completo!. !No desconocemos los indefinibles males, las
pesadas angustias e indisposiciones aflictivas que en vuestro interior están
clamando por socorro, sin que comprendáis por que os libertamos del estadio
hospitalario cuando que de tantos y tantos cuidados todavía sentís falta!. Es
que, mis caros hermanos - entráis ahora en una nueva fase del tratamiento que
conviene a vuestra recuperación, tratamiento este de orden exclusivamente moral
y mental, pues la verdad es que ya no precisaríais de un hospital, tampoco de
cirujanos y enfermeros a fin de conseguir la recuperación del plano espiritual,
si fueseis individualidades dotadas de cualidades morales elevadas, de un
desarrollo mental estribado en las virtudes del corazón y en el cumplimiento
del deber. !Entonces, vuestra voluntad, conjugada a las vibraciones superiores
con que deberíais armonizar vuestras propias vibraciones, abrirían los velos
del conocimiento espiritual hacia el cual vuestras mentes estarían habilitadas,
gracias a las afinidades que les serian espontaneas... e ingresaríais natural y
francamente al Mundo Invisible como si lo hicieseis en vuestro propio hogar
doméstico – como patria de origen que es, lo Invisible, de todas las
criaturas!. Infelizmente, sin embargo, bien sabéis que vuestra vida terrena,
así como las acciones que practicasteis no se padronizaron con las preclaras
actitudes necesarias para la venturosa admisión de un Espíritu en las
sociedades del mundo astral. Descuidasteis la nobleza de los principios, de la
elevación de los fines; mal educasteis vuestro carácter al embate febril de las
pasiones deprimentes, que en la Tierra intoxican la mente; esclavizasteis el
corazón a los preconceptos maliciosos; rebajasteis la propia alma a los
insidiosos impulsos del orgullo desorientador y rematasteis la serie de
imprudencias, en las que os complacisteis, con el atentado innominable contra
la Ley de Aquel que es el Único Señor de toda la Creación, y que, por eso
mismo, también es el Único Soberanamente Poderoso para disponer de la Vida de
Sus criaturas!.
En tan viciadas
condiciones, ungidos a prejuicios calamitosos, nada lograríais asimilar en la
Espiritualidad, que no fuera el recurso de las formas concretizadas, de los
emprendimientos a que vuestra mente estaba habituada. Convenía tolerar vuestra
ignorancia y debilidad mental en beneficio de vuestro propio progreso. Convenía
aplicar la caridad, suficientemente santa para los más importantes logros en un
corto espacio de tiempo. Infinitamente misericordiosa, la Providencia Suprema
faculta a sus ejecutores libertad para servir al Bien, disponiendo métodos
suaves, de preferencia prudentes y persuasivos. De ahí el daros a todos
vosotros, en medio de la calamidad a que os entregasteis, el tratamiento que
mejor favorecería a vuestro estado mental, por ser más rápido y eficiente en el
auxilio urgente de que carecíais cuando bastaría, en verdad, la reacción mental
de vosotros mismos para conjurar el mal que os afligía - si estuvieseis en
estado de tentarla.
Merced a la
Sabia Providencia, hoy aquí nos reunimos para estas sencillas instrucciones a
las que ya podéis prestar el valor debido.
Así es, por
tanto, que lo que nos competía realizar en vuestro beneficio fue íntegramente
realizado, o sea, llevar hábil y pacientemente vuestro estado vibratorio a las
condiciones de soportar la nueva programación en vuestra trayectoria de
Espíritus delincuentes que, por eso mismo, mucho tendrán que realizar. Una vez
recuperados al estado espiritual, deberéis trabajar en pro de vuestra
rehabilitación. Vuestra permanencia en este Departamento fue como el curso
preparatorio para la admisión a planos donde será preciso que demostréis todo
el valor y la buena voluntad de que sois
capaces.
Una nueva
reencarnación será inevitable en vuestro caso. Deberéis repetir la experiencia
terrena que malograsteis con el suicidio, negandoos al cumplimiento del sagrado
deber de vivir el aprendizaje del Dolor, en beneficio de vosotros mismos, de
vuestro progreso, de vuestra felicidad futura. No obstante, sois libres de
preferirla ahora o más tarde, después que, mas bien equipados con el patrimonio
moral que adquiristeis entre nosotros, os consideréis aptos para, en una sola
etapa terrena, resolver los compromisos expiatorios más urgentes -, lo que será
de mucho provecho para vuestros Espíritus y muy meritorio.
Comprenderéis,
ciertamente, que eso quiere decir que, si reencarnáis ya, resolveréis apenas
una pequeña parcela de la deuda que adquiristeis; si reencarnáis mas tarde, la
resolveréis toda, porque estaréis en condiciones favorables para la resistencia
a los embates que tan gran expurgación exigiría.
Seria, sí,
aconsejable que retardeis aun un poco la repetición del compromiso terreno para
la reparación. !Mientras tanto, podríais, en caso que os sintieseis
verdaderamente inclinados a los estudios de la Ciencia de lo Invisible, hacer
un curso de iniciación entre nosotros, lo que – os lo aseguramos - os habilitaría sobremanera para la
victoria, suavizando todavía el amargor y los trastornos inherentes a las
experiencias rehabilitadoras dolorosas, como son ellas, como sabéis, pues, lo
que os ofreceríamos, con tal enseñanza, seria justamente la Ciencia de la Vida,
bajo los auspicios del Gran Educador Jesús de Nazaret, cuya doctrina la
Humanidad insiste en rechazar, desconociendo que, rechazándolas, es a la misma
felicidad, es a la gloria inmarcesible para su destino infinito que postergan
hacia futuro remoto!.
Esa Ciencia,
podríais aprenderla en la Tierra misma, porque allá existen varios elementos,
sólidos y veraces, capaces de iluminar cerebros y corazones, impulsándolos
hacia el camino de la Verdad. En la grandiosa historia de la Humanidad
resplandecen figuras eminentes, señalados con las verdaderas credenciales de
las virtudes y de la sabiduría que les otorgaran el título de instructores
capaces de orientar a los hombres hacia sus magníficos destinos de hijos de la
Divinidad Suprema. !Bajaron ellos de las altas esferas espirituales,
reencarnaran entre sus hermanos, los hombres, se rebajaran al sacrificio del
cuerpo carnal, a fin de servir a los soberanos designios del Creador a través
del Amor a las criaturas menos evolucionadas, a las que tratan de educar y
elevar, concediendo a los trabajos en torno de tan sublime ideal el mejor de
los esfuerzos y de la buena voluntad que subliman sus almas de misioneros e
instructores!. !En Jesús de Nazaret encontrareis lo más eminente de esas
respetables Figuras que visitaran las sombrías regiones terrenas, y bajo cuya
orientación actuaran las demás, visto que hasta hoy ninguna entidad que habitó
la Tierra tuvo capacidad para alcanzar, con el pensamiento remontado a los
orígenes del planeta, la época exacta en que el Señor Amado recibió de las
manos del Todo-Poderoso la Tierra y sus humanidades para elevarlas del abismo
inicial, educarlas y glorificarlas en las irradiaciones de la Luz Inmortal!.
Mas... hace
milenios que venís reencarnando en la Tierra y hasta ahora, de tan preciosos
tesoros depositados en ella por las inestimables bondades del Cielo, jamas
cogitasteis de serviros... ante ellos habéis pasado indiferentes, sin verles
siquiera el valor debido, siendo de temer que, si partís de aquí sin las
habilitaciones que allá, en la Tierra, también podríais coger, continuéis
debatiendoos en el mismo círculo vicioso en que venís permaneciendo... pues
sois debiles, no sabéis resistir a las tentaciones del mismo orgullo y
necesitáis de fuerzas para recomenzar la caminata...
Entre tantos que
con vosotros aquí ingresaran hace tres años, muchos continúan en condiciones de
absolutamente nada poder, por ahora, tentar. Algunos, presos a los recueros de
las pasiones absorbentes, endurecidos en el error de la incredulidad y del desanimo,
completamente incapacitados moral y mentalmente para los servicios del progreso
normal, requerirán todavía de la tolerancia de la caridad del amor santo de
María, que tanto se compadece de los desgraciados, como Madre Modelo que es.
Otros deberán, por el contrario, reencarnar inmediatamente, a fin de corregir
disturbios gravísimos que en sus cuerpos astrales permanecen como resultantes
de la violencia del choque recibido con la muerte voluntaria. !Sin que
reencarnen para corregir esos disturbios, que les obscurecen hasta la razón,
nada podrán tentar, ni siquiera la repetición del drama que los llevó al acto
execrable, drama que fatalmente será vivido nuevamente, puesto que era un
rescate de crímenes practicados en existencias pasadas, cuando no consecuencias
de desvíos actuales por los cuales se tornaran responsables ante la Grande Ley,
y de los cuales se quisieron esquivar a través del suicidio, a los que también
tendrán que cubrir, porque así lo exigirá su misma consciencia, desarmonizada y
envilecida ante sí misma!. Son, estos, aquellos mismos cuyo genero de suicidio,
muy violento, desorbitó de la posibilidad de alivio a través de la terapéutica
psíquica aplicada en vosotros, y a los cuales conocéis bastante para que se
haga necesario enunciarlos. !El estadio en la materia, largo, será provechoso,
como se percibe, la terapéutica urgente y de excelencia comprobada, visto que
corregirá el desorden vibratorio por disminuir la intensidad y el ardor de la
misma, tornando al Espíritu, después de tan alucinante paréntesis, a la lucidez
propicia a la nueva etapa, preocupándose, sólo entonces, con las experiencias
de rehabilitación, pues ya se encontrará en estado de hacerlo, con tendencias
hacia la victoria!.
“!Como veis, mis
caros amigos, un siglo, dos siglos... tal vez todavía mas!... y el suicida
estará sorbiendo la hiel de la consecuencia espantosa de su acto de
irrespetuosidad a la ley del Grande Creador de Todas las Cosas!."
Oíamos
atentamente, curiosos y pávidos ante la perspectiva del futuro, incapaces de
precisarlo, temerosos de la gravedad de la falta en la que incurriéramos, la
cual nos sabia al alma tanto mas acremente que una condenación al patíbulo,
penalizados al comprender la necesidad de dejar aquel caritativo abrigo a cuya
sombra, si no encontráramos la satisfacción por la que suspirábamos -
inmerecedores que éramos de ella – sin embargo adquiriéramos el mas precioso
bien al que un Espíritu delincuente podrá aspirar para servirle de promisor
farol en las estradas donde se resolverá su calvario de expiaciones: -
abnegados hermanos, amigos tutelares fieles a los elevados principios
cristianos del Amor y de la Fraternidad!.
Continuó, sin
embargo, Teócrito, satisfecho por percibir nuestra actitud mental, que
solicitaba consejo franco: "- Llegó la oportunidad de visitar la Tierra,
como tanto deseáis!. !Les daremos guardianes y medios seguros de transporte,
visto que sois inexpertos y continuáis ligados a la Legión, por lo que no damos
por terminada la ayuda que debemos prestar a la causa de vuestra
rehabilitación!. Una vez llegados a la costra terrestre, conviene que
reflexionéis con la máxima prudencia - orando y vigilando -, como aconsejaría
nuestro Divino Modelo, o sea, razonando claramente a las inspiraciones del
Deber, de la Moral, del Bien, y no dejandoos arrebatar por antiguos deseos y
seducciones, por las vanidades, por la ociosidad tan común en las bajas
regiones del planeta.
Os advertimos
que os daréis mal si preferís permanecer en la Tierra olvidando a vuestros
amigos de esta Colonia, y el amparo fraternal y cristiano que aquí disfrutáis.
Porfiad por no perder el deseo de volver con los dedicados acompañantes que os
servirán. !Si volvéis a este hogar, que temporalmente será el único verdadero
al que pertenecéis, entregandoos buenamente a la dirección maternal de nuestra
Augusta Protectora, os será facultado el ingreso a otro Departamento de este
Instituto, mejor dotado que la Vigilancia y el Hospital, y para el cual
subiréis, no para disfrutar alegrías y venturas a la que no tenéis derecho
todavía, por que no las conquistasteis, y sí en busca de habilitaciones para
las luchas del progreso que debéis alcanzar!.
Antes de partir
a la Tierra sois convidados a una visita de instrucción a los Departamentos que
componen los primeros planos de nuestro Instituto. Nada perderéis con los
esclarecimientos que podrán ser dados por la Vigilancia, así también las
dependencias del Departamento Hospitalario, o sea, el Aislamiento, el
Manicomio, y aun el Departamento de Reencarnación y sus interesantes secciones,
que muy de cerca os interesaran...pues la verdad es que no debéis rever la
Patria terrena sin los conocimientos que nuestros Departamentos os darán: -
estaréis más fuertes para resistir a los recuerdos de las antiguas
seducciones... Conviene, no obstante, que no conservéis ilusiones en cuanto a
lo que os aguarda en esa peregrinación por la Tierra: - ¡recordad a Jerônimo!...
Hace ya muchos años que dejasteis los despojos carnales en el barro del
sepulcro... ¡Muchos de vosotros ya fueron olvidados por aquellos a quienes
lastimaran con el suicidio... si no completamente, por lo menos lo bastante
para haberse desinteresado por la suerte del ingrato que no vaciló en herirlos
con tan acerbo disgusto: - envuelto en las efervescencias de la vida material,
el hombre todo olvida con facilidad...No juzguéis, por tanto, encontrar
alegrías en esa peregrinación!. !Además, la Tierra jamas concedió dádivas
compensadoras a aquel que, sabiendo ser descendiente de una centella divina,
procura marchar hacia Dios impresionado por las alegrías celestes que
adivina... Nos sentimos, sin embargo, despreocupados respecto de tales
particularidades!. !Con vosotros no sucederá lo que sorprendió a Jerônimo: -
estáis preparados para las posibles decepciones, para los choques inesperados
de sucesos que ignoráis!.
Ahora, ved a
reposar... Y que el Maestro Divino os conceda inspiraciones..."
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A la mañana
siguiente, mudamos de residencia. Joel nos condujo a un pabellón anexo al
Hospital, a una especie de albergue donde se hospedaban los recién desligados
de la gran institución, enguirnaldado de rosas trepadoras y todo rodeado de
esbeltos cipreses, recordando paisajes clásicos de la vieja India, tan querida
y celebrada por la pleyade de maestros a los que nos veíamos ligados. Le
llamaban Pabellón Hindú o la Mansión de las Rosas. No obstante, las brumas
amortajaban de nostalgias también a ese rincón plácido, envolviéndolo en su
eterno sudario blanco.
Un bienestar
indefinible nos visitaba el alma en esa mañana encantadora. Belarmino, que de
ordinario se mantenía serio y pensativo, estaba risueño, comunicativo. João
d'Azevedo se confesaba muy esperanzado y afirmaba estar dispuesto a realizar
todo lo que el Hermano Teócrito aconsejase, para lo que pretendía dialogar
todavía con aquel buenísimo director. En cuanto a mí, me sentía hasta feliz,
permitiéndome hasta la veleidad de proyectos literarios para el futuro, pues
creía que en la próxima visita a la Tierra conseguiría un estruendoso suceso de
mas allá de la tumba, volviendo a las lides literarias que me fueran comunes
con el concurso del primer instrumento mediúnico que encontrase. Entonces,
estábamos todavía lejos de sospechar el volumen de las arduas luchas que la
jornada de las reparaciones exigiría de nuestros esfuerzos... y el consuelo, la
cariñosa acogida recibida de aquellos abnegados siervos del Bien, habiendo
deshecho la clámide trágica que recubriera de dolor a nuestros Espíritus, nos
levaba a raciocinar que, al final, el suicidio no fuera tan cruel como querría
parecer...
Mário Sobral era
el único que no se ilusionaba, pues nos dijo, viendo nuestra satisfacción en
las primeras horas que pasamos en el Pabellón Hindú:
"- ¡Que
Dios así os conserve para siempre, amigos!...!!Mi consciencia no me permite
tanto!...!Me acusa intransigentemente, no permitiendo treguas a mi desgraciado
corazón!. !El silencio que nuestros amigos guardan, acerca del crimen por mí
practicado, me asustaba mas que si me acusasen diariamente, preanunciandome
represalias!... No es posible que mi procedimiento con mi esposa e hijos, con
la desgraciada Eulina, con mis pobres padres, pase desapercibido a la Ley cuyos
umbrales comienzan a abrirse a mi raciocínio... Si soy un criminal para conmigo
mismo, suicidándome, lo seré también por el mal practicado a otros... ¿Sabes,
Camilo?... Hace ya algún tiempo que vengo sintiendo las manos entorpecidas...
aéreas... vacías... como si hubiesen sido cortadas... ¡A veces las busco,
confuso, pues dejo de sentirlas conmigo... y, de repente, mientras a mí mismo
indago de lo que podría motivar tal extrañeza, una visión dolorosa me conturba
el cerebro: - veo a Eulina abatida sobre el canapé, retorciéndose bajo el fragor
de las bofetadas con que le destrocé el rostro... estertoroso entre mis manos
asesinas... que allá están, separadas de mis puños, estrangulándola!... ¡Oh, mi
Dios! ¡¿Que representará semejante anormalidad?!... ¡¿Que mayor confusión
mental aparecerá para castigarme?!... ¿Que pasa?, Camilo amigo, dame tu opinión
valiosa..."
"- Deben
ser los pesares que te alucinan la mente, mi caro amigo... Los remordimientos
que te inquietan la conciencia... pues, al final de cuentas, no dejaste de amar
a aquella pobre mujer... ¡¿Por qué no te aconsejas con el Hermano Teócrito ?!. "
"- Ya lo
hice, Camilo, ya lo hice... "
"- ¿Y
entonces?... ¡¿que te dijo él?!..."
"- Me
aconsejó confiar en la Providencia Divina, que jamas abandona a cualquier
criatura que le suplique asistencia; a resignarme ante lo irremediable de la
situación por mí mismo creada y a revigorarme en la Fe para corregirla... Me
incitó a la oración constante, al esfuerzo para establecer una cadena magnética
simpática, en súplicas a María para que me socorra, ilumine, consuele,
preparándome íntimamente para el futuro... pues no existe otro recurso a mi
alcance a no ser ese, por el momento..."
"- ¡Pues
hazlo!... Si él a eso te aconsejó es que solamente de ahí vendrá lo de que
necesitas... "
"- ¡Lo he
hecho, Camilo, lo he hecho!... - insistió, excitado y sufridor. - !Mas, cuanto
más lo intento y al fervor me consagro, mas me certifico que es esa una visión
un preanúncio del futuro: - al reencarnar, como lo afirman Alceste y Romeu que
acontecerá, para expiar mi doble crimen, iré mutilado, sin las manos... porque
ellas están ocupadas en otra parte, al servicio del crimen... ellas se
deshonraron en mi compañía, estrangulando a una pobre mujer indefensa... Ya ni
siquiera las tengo, Camilo!... !No las siento, no las veo... fueran sepultadas
con el cuerpo de Eulina... y a fin de reverlas, honradas y redimidas de la
mácula infamante, precisaré padecer el martirio de una existencia terrena
despojado de ellas, a fin de aprender en el sacrificio, en las torturas
inimaginables de ahí consecuentes, en la vergüenza de la anormalidad
humillante, que las manos son un patrimonio sacrosanto del aparato carnal, a
advertirnos de que solamente deberemos emplearlas al servicio del Bien y de la
Justicia, y no del crimen!... Eulina era doblemente indefensa: - por ser mujer,
y, por tanto, frágil, y desamparada de la familia y de la sociedad, pues era
apenas una desgraciada meretriz!. !Mas... antes de ser así, tan infeliz y
desgraciada, era, por encima de todo, una criatura de Dios, hija de un Ser
Supremo, Todo-Poderoso y Justiciero... como yo también lo soy, como tu, Camilo
amigo, y toda la Humanidad!. !Ese Padre, que a todos los hijos ama
indistintamente, ahora me pide cuentas de la vida que yo corté, bien supremo del
que sólo Él sabe y puede disponer, visto que sólo Él sabe y puede conceder!. El
derecho de hija del Creador Supremo nadie podría arrebatarle a Eulina!... !A
ella, pobre infeliz, que ningún otro derecho tenia en aquel mundo de
abyecciones, ni siquiera el de vivir, puesto que yo no quise que ella continuase
viviendo y por eso la maté!. ¡Yo maté a Eulina!... Y, ahora, oigo repercutir, en lo más recóndito y profundo de mi Espíritu
impregnado de remordimientos, la voz austera y conmovedora de la Consciencia -
que es como la voz del propio Dios repercutiendo en nuestro ser inmortal:
"- Cain, Cain!... ¿Que hiciste de tu hermano?..." ¡Oh, Camilo,
Camilo, mi amigo!... !Cuando estrangulé a Eulina, yo me olvidé de que también
ella era hija de Dios! !que también tenia sagrados derechos concedidos por ese
Padre Misericordioso y Justiciero!. Y ahora..."
Las lágrimas
corrían a borbotones entrecortándole las palabras, y una nube conmovedora
cubrió de tristeza el aire sereno de la Mansión de las Rosas. Además, la
satisfacción intima que tuvimos esa mañana se originara tan solo en el hecho de
haberle causado alegría a Teócrito con el progreso conquistado durante aquellos
tres años de internación...
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Carlos y Roberto de Canalejas se aprontaron a acompañarnos en la visita de
instrucción sugerida por el experimentado director del Departamento
Hospitalario. Decidiéramos iniciarla justamente en la Torre del Vigía que, cual
fortaleza invencible en plena región bárbara de lo Invisible, defendía un
puesto avanzado de vigilancia contra las envestidas nocivas de múltiples
géneros, visto que hasta las emanaciones mentales inferiores, provenidas del
exterior, eran allí combatidas como si fuesen las peores invasiones temidas.
La extensión a
recorrer era grande. Un carro sencillo y ligero nos recogió, pues ni siquiera
vislumbráramos, hasta entonces, la posibilidad de impulsarnos con el
pensamiento, practicando la volitacion. A cierta altura del viaje, estando ya
bien distanciados del Pabellón hindú, respondiendo a cierta confidencia de
Mário Sobral, oímos que Roberto decía:
"- ¡El
desanimo es mal consejero, amigo Sobral!. Será interesante que meditéis
serenamente en la propuesta ofrecida por la experiencia del Hermano Teócrito.
Aparentemente es un consejo trivial e inexpresivo. !Mas queda sabiendo que
encierra una sabiduría profunda y representa la llave áurea con que abrirás
barreras que encontrarás en las estradas hacia la rehabilitación!. !Que
importa, además, una existencia de treinta, sesenta años de sacrificios, en la
cual el cuerpo carnal podrá ser mutilado, si a través de ella reconquistaremos
la honra espiritual, la paz que nos falta a la consciencia, la oportunidad para
la realización salvadora que nos identificará con la Ley que infringimos?!...
No temas los trabajos de la expiación, Mário, ya que todos nosotros, los que
erramos, carecemos de su ayuda para desobligar la consciencia y, por tanto, el
destino, de las responsabilidades envilecen cuyo volumen tanto nos indispone
con la armonía de la Ley Divina, creando anormalidades en torno de nosotros.
!Tienes el Futuro ante de ti a fin de auxiliarte en la renovación moral que
necesitas!. !Él afirmará tu raciocinio, si te quisieras dar el trabajo de
llegar a conclusiones prudentes y serias, con las que podrás eliminar del alma
el reflejo humillante de las malas acciones con la interferencia de los deberes
santificantes!. !Sí, por tanto, es necesario renovar la experiencia terrena en
un cuerpo mutilado, a fin de que aprendas en las dificultades de ahí originadas
a servirte de todo el conjunto del envoltorio carnal solamente en un sentido
digno, no vaciles, enfrenta el sacrificio! pues estas convencido de que
erraste, y por eso ciertamente entenderás justo el asumir la responsabilidad de
los actos que practicaste en detrimento de tu propia individualidad, pues la
honra espiritual y la dignidad moral del Espíritu así lo exigen!. !Y si a
tiempo supieres aclarar tu ser con los resplandores de la confianza en Dios, de
la esperanza en Su paternal bondad, alimentándolo de coraje y resignación,
convencido de que jamas te abandonará en la severidad del camino reparador, que
el Amor de aquel Padre que no condena y sí ayuda a Su criatura a erguirse del
abismo en que se dejó caer, podrás hasta mismo sonreír a la desgracia,
encontrar encantos a lo largo del calvario que recorrerás!."
La vehemencia
con que el joven doctor emitiera sus competentes advertencias pareciera
reanimar a nuestro mísero cómplice, que calló, mostrándose sereno el resto del
día.
Súbitamente, sin
embargo, que a lo lejos se entreveía el sugestivo poblado del Departamento al
que pertenecíamos. Pensativo, murmuré, sin prever que seria comprendido:
"- ¿En que
rincón de aquí estará el pobre Jerônimo?..."
"- Vuestro
amigo Jerônimo de Araújo Silveira se encuentra mas allá, detenido en el
Aislamiento - replicó Carlos de Canalejas -, como infractor que fue de los
reglamentos del hospital.
"- ¿Por que
dan a esa dependencia la designación de Aislamiento?. .. " - interpeló Mário receloso. "- Porque allí son enviados aquellos cuyo
comportamiento se contrapone a las disciplinas exigidas por los reglamentos del
Hospital, los incontrolados, que abusan de la libertad, sin ser, todavía,
verdaderos rebeldes... Será una como prisión... Repugna, no obstante, este
termino humillante a los directores de la Colonia, y que, además, no traduciría
la verdadera naturaleza de la finalidad a que se destina, como todavía habréis
de verificar..."
"-
¿Jerónimo se encuentra, por tanto, detenido?..."
"-
¡Claro!... Para su propio beneficio y para bien de aquellos a quienes
ama..."
Mário se agitó,
impresionado, volviendo a perquirir:
"- ¡¿Cómo
es posible comprender, Dr. de Canalejas, que Jerônimo, esposo amantísimo, padre
extremoso, se encuentre preso, mientras que yo, dos, tres, diez veces criminal,
estoy entre buenos amigos?!..."
"- !Eres un
Espíritu sinceramente arrepentido, Mário, que te dejas aconsejar por los
responsables de tu tutela ante María; que deseas ser debidamente guiado hacia
normas salvadoras, ya que te muestras dispuesto a los más rudos sacrificios a
fin de borrar el pasado culpable... mientras que Jerônimo se obsesionó con la
inconformidad y la incomprensión apegándose intransigentemente a todos los
recuerdos del pasado, cuya perdida lamenta y de los cuales vive, sin fuerzas
para olvidarlo, opuesto a la cogitacion de elementos para suavizar la
situación, que seria bien otra si tuviese la prudencia de la resignación!...
¿Además, no estuviste largos años prisionero de las tinieblas siniestras del
Valle, cautivo, en desesperación, amargando ante el peso férreo que te destrozaba
la consciencia?... ¿Y por ventura no te conservas moralmente cautivo de ti
mismo, pues tu mente triste e inconsolable no prohibe a tu corazón y a tu
entendimiento toda y cualquier satisfacción?..."
"- Me
sorprende verificar que, cuando morimos, podremos sufrir, entre muchas cosas
inesperadas y sorprendentes, el hecho de vernos tirados a una cárcel..." -
murmuré, contrariado con la novedad, que se me figuró absurda.
Carlos, sin
embargo, delicada y buenamente, me conquistó el raciocinio como conquistara mi
corazón, apenas con esta sensata y lógica exposición:
"- En
primer lugar, Camilo, tu te refieres a una "cárcel", cuando yo apenas
llamé Aislamiento, pues el vocablo prisión se tornaba impropio para la
finalidad que allí se verifica. En segundo lugar, debéis concordar, todos
vosotros, que no debería constituir una sorpresa a existencia de prisiones
aquí, en el mas allá. !Fuisteis hombres de muchas luces, pensadores eruditos,
profundos dialécticos... y tal ignorancia se torna notable justamente porque
sois esclarecidos!.
!Pensamos aquí,
muchas veces, después que llegamos a comprender las actuaciones generales de
los Espíritus desencarnados inferiores, sobre lo que sería la Humanidad
terrestre si no existiesen represiones en las sociedades espirituales, ya que,
mismo habiéndolas, hordas siniestras de malhechores del plano invisible atacan
a todas horas a los hombres incautos que les favorecen el acceso, contribuyendo
para su caída y para el desorden entre las naciones!.
En la Tierra no hay quien ignore la realidad
que acabáis de descubrir aquí y que tanto parece disgustaros. Jesús se refirió
a ese importante hecho varias veces, y hasta mismo insinuó la posibilidad de
atarse al delincuente de pies y manos. !Las religiones insisten en pregonar tan
sombría enseñanza; y, aunque lo hagan imperfectamente, no por eso dejan de
prever una realidad!. !A su vez, la Tercera Revelación, que, en la Tierra,
desde hace ya algunos años viene presentando extensas noticias del Mundo Invisible,
pone al descubierto, para el entendimiento de cualquier inteligencia,
impresionantes detalles al respecto de la palpitante realidad que hará
realmente los pueblos más antiguos aceptaban y comprendían en su justa
expresión, como verdades dignas de respeto!. !Si os sorprendéis en este momento
con la información de que vuestro amigo se encuentra detenido en el Aislamiento
de los rebeldes, será porque nunca os preocupasteis con asuntos realmente
serios, prefiriendo orientar vuestras peregrinos dotes intelectuales hacia los
abismos de las frivolidades improductivas, propias de las sociedades humanas
que se complacen en la ociosidad mental, en la inercia del comodismo
intelectual!..."
Me callé,
forzado, rememorando efectivamente no pocas referencias que a tal respecto
obtuviera cuando era hombre, a través de lecturas y estudios, mas a las cuales
no prestara sino una relativa atención, pues, enceguecido por la vanidad de
suponerme sabio, prudente y lógico, consideraba las filosofías religiosas, en
general, fuentes sospechosas del interés colectivo que las ideara, reservando
respetuosas deferencias apenas para los Santos Evangelios, a los que reputaba
excelentes códigos de Moral y Fraternidad, estatuidos, en efecto, por un Hombre
Superior que se presentaría como el padrón modelo de la Humanidad, no obstante,
excesivamente místico para poder ser imitado por criaturas en choque perenne
con opresivos obstáculos, tanto que, para mi enfermizo entendimiento,
envenenado por la ignorancia presuntuosa, que, fuera del proprio ámbito,
exhacerbado por el orgullo, sólo tinieblas puede encontrar, fracasara él mismo
en la práctica de las normas áureas que expusiera, pues se dejara vencer en un
patíbulo infame, mientras la Humanidad continuó resbalando hacia la secuencia
de insondables abismos.
De Canalejas,
sin embargo, continuó, atrayéndonos con la conversación:
"-
¡¿Además, por que no existiría de este lado de la vida prisiones y rigores si
hay acá un mayor porcentaje de delincuentes que allá?!... ¡pues grandes errores
han sido, cometidos por los hombres, contra los cuales no hay penalidad
estatuida en la jurisdicción humana, mas los que sobremanera pesan en los
incorruptibles estatutos de la Justicia del Mas Allá?!. ¡¿También, cuantos
crímenes dejan de recibir castigo en la Tierra, no obstante, de haber para
ellos penalidades en la misma jurisdicción terrena?! ¡¿O pensáis que podría el
hombre vivir en rebeldía a la Justicia, al sabor de sus propias
inconveniencias?!... ¿Por ventura creéis que la muerte transforme en
bienaventurados a cuantos se excedieran en la práctica de desatinos en el mundo
material?... ¡Os engañáis!. ¡El hombre que vivió como un impío, desafiando
diariamente las leyes divinas con actos desarmónicos en contra de sí mismo, del
prójimo y de la sociedad, en chocante falta de respeto al futuro espiritual que
lo aguarda, entrará como impío, como reo que es, en el mundo de las realidades,
donde será punido por las consecuencias lógicas e irremediables de las causas
que creó!. De ahí que lo veáis aquí o en otras regiones en las que proliferen
los elementos espirituales inferiores, y también en el propio escenario
terreno, ya que la Tierra ofrece a la Jurisdicción Divina campos vastísimos
para el ejercicio de las penalidades necesarias a sus reos: - acumulación de
sufrimientos, luchas arduas, incontables, en el sentido de borrar de las
consciencias culpables los fuegos del remordimiento alucinante... Y como en las
estancias sombrías de lo Invisible solo ingresan Espíritus criminales que se
juzgan aun hombres, voluntariosos y prepotentes, queriendo continuar actuando
en perjuicio del prójimo y de sí mismo, la necesidad de rigores se impone, como
en la sociedad terrena sucede con aquellos que infringen las leyes humanas,
pues es bueno que sepáis que las organizaciones terrestres son copias
imperfectas de las instituciones modelo de la Espiritualidad!.
Se deslizaba el vehículo, ya aproximándose a la meta hacia la cual nos
dirigíamos. Cayó un silencio alrededor nuestro, conservándonos a todos nosotros
pensativos con lo que acabáramos de oír. !Tan simple, tan real se presentaba
aquel mundo astral, que su misma realidad, su impresionante simplicidad
contribuía para la confusión de juzgarnos hombres, cuanto éramos Espíritus!.
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La Torre del Vigía se diseñaba como incrustada en las camadas cenicientas
de la cerrazón, trayendo al recuerdo antiguas fortalezas de Europa. Majestuosa
y sugestiva, infundiría respeto, sino pavor, al transeúnte de las vías de lo
Invisible que no conociesen su finalidad.
Acompañados de
los guías que llevábamos, tuvimos paso libre en sus pórticos. Una conmoción
penosa llenó de vibraciones de angustia a nuestro ser acobardado por el
recuerdo de los sinsabores soportados, pues se diría que aquel ambiente pesado
y sombrío hablaba a nuestra alma de los dramas vividos en las penumbras del Valle
Siniestro.
La Torre era,
como sabemos, dependencia del Departamento de Vigilancia, y, aunque tuviese una
dirección autárquica, debía ella trabajar en armonía con la direccion-general
de aquel Departamento, en cohesión perfecta de ideas y fraterna solidaridad.
Seria el puesto de mayor responsabilidad de toda Colonia, si allí pudiese
existir alguien menos responsable que su congénere, porque situada en una zona
peligrosa del astral inferior, rodeada de elementos nocivos y perturbadores,
siendo su deber combatir a estos, desviar, impidiendo el asedio de Espíritus
asaltantes, encaminar hacia otros parajes a infelices perseguidos por
obsesores, que a toda costa se quisiesen abrigar en la Colonia, lo que no seria
posible, porque se trataba de un local especializado para el alojamiento de
suicidas.
La dirección
interna estaba a cargo de un ex-sacerdote católico, portugués, también hacia
mucho tiempo iniciado en los Templos de Ciencias de la India. !Bajo su
orientación servían varios otros condiscípulos no iniciados, sometidos,
todavía, a las más exhaustivas labores en regiones inferiores, servicios por
ellos mismos escogidos voluntariamente, como expiación por los desmanes con que
habían tratado los intereses del Evangelio del Crucificado, cuando en la
Tierra, investidos de la alta dignidad de pastores de almas, y a la cual habían
manchado con la mentira, la hipocresía, las falsas y astutas interpretaciones!.
Las funciones del director, en tanto, eran apenas internas, limitadas a una
fiscalización (asistencia de Mayoral); las providencias para la defensa cabian
a la sede central del Departamento.
Recibidos por
asistentes amables, fuimos inmediatamente conducidos a la sala del director y
presentados por nuestros buenos amigos de Canalejas, los que a su vez
presentaran la credencial provista por Teócrito, solicitando la visita que
tanto convenía a los grupos que iniciaban su instrucción.
Bondadosamente
acogidos, fuimos saludados en nombre del Maestro de los maestros y de la
Guardiana de la Legión, habiendo todavía el director presentado buenos votos
por nuestro restablecimiento completo
consiguiente progreso. Encantados, notamos que no existía
superficialidad o afectación social en las maneras de aquellos que nos
hablaban. !Al contrario, la simplicidad, las hermosas expresiones de verdadera
solidaridad irradiaban indefinibles atractivos, cautivándonos gratamente!.
Concertado el
programa de la visita entre nuestros guías y el director, Padre Anselmo de
Santa María, no se perdió tiempo en conversaciones ociosas, iniciando
inmediatamente el digno dirigente importantes explicaciones mientras
caminábamos hacia los pavimentos superiores.
No nos
hurtaremos al grato deber de concluir este capítulo con los informes cogidos
durante la curiosa visita.
"-
Comenzaré aclarando, mis queridos amigos - iba diciendo el Padre Anselmo,
mientras subíamos -, que la Torre del Vigía, en este momento, acumula
ocupaciones dada la circunstancia de no estar todavía nuestro Instituto
definitivamente establecido. Hay carencia de trabajadores especializados, y
todos nuestros Departamentos se encuentran sobrecargados, desdoblándose en
actividades múltiples. Nosotros, por ejemplo, los de la Torre, atendemos a
casos tan variados cuanto espinosos, como veréis, realmente diferentes de la
especialidad que sólo deberíamos tratar."
Habíamos, ya,
alcanzado el pavimento mas elevado, pues nuestra inspección partiría en sentido
inverso, o sea, del piso superior hacia los que estaban abajo.
Un salón
circular, vastísimo, inmerso en la penumbra, como si las quintaesencias de las
que estaba construido se basasen en los mas pesados ejemplares que por allí
existiesen, surgió a nuestro frente, rodeado de cómodos bancos con almohadones.
Puertas anchas, con vidrieras, se extendían alrededor, dejando ver lo que
pasaba en el interior de cada aposento. A convite del amable cicerone nos
aproximábamos de las puertas y examinábamos tanto cuanto era posible el
interior, no siéndonos, sin embargo, franqueada la entrada. Sin embargo, no
oíamos ningún sonido: - !las vidrieras serian de substancias aislantes, a
prueba total de ruidos!.
En el primer
gabinete habían extrañas baterías de aparatos que parecían ser grandiosos
telescopios, maquinarias perfeccionadas, elevadas al estado ideal, para el
sondaje a grandes distancias, una especie de "Rayos X", capaces de
perquirir los abismos del Espacio infinito, así como del Mundo Invisible y de
la Tierra. Otros, sin embargo, desafiaban nuestra comprensión de inexpertos del
mundo espiritual.
En el segundo
gabinete, pantallas luminosas, colosales, de las cuales las existentes en las
enfermerías del Hospital parecían graciosas miniaturas, indicaban que había la
necesidad, allí también, de retratar acontecimientos y escenas ocurridas a
inconmensurables distancias, tornándolas presentes a los técnicos y
observadores acreditados para ello, a fin de ser debidamente estudiados y
examinados. Semejantes aparatos, cuya perfección el hombre aun no concibe, no
obstante, de estar ya en su huella. Permitiría al operador conocer hasta los
mínimos detalles cualquier asunto, hasta el desarrollo de los infusorios en los
lechos abismales del océano, si fuese necesario, también así la secuencia de
una existencia humana que se precisase conocer o las acciones de un Espíritu en
actividades en lo Invisible, en las camadas inferiores o durante misiones
penosas y excursiones pertinentes a los servicios asistenciales. Sin embargo,
los reglamentos, rigurosamente observados, prescribían su utilización apenas en
casos verdaderamente necesarios.
Existía, no
obstante, todavía un tercer gabinete, el mayor de todos, pues ocupaba todo un
piso de la majestuosa torre, pareciendo tratarse antes de un taller por así
decir mecánico, donde los operarios serian eminentes figuras de la Ciencia. Era
este el local reservado a la maquinaria magnética que permitiría el uso y la
acción de todos los magníficos aparatos existentes en la Colonia, inclusive el
del sistema de iluminación nocturna, especie de usina electromagnética
distribuidora de fluidos diversos, necesarios para el buen funcionamiento de
los mismos aparatos. Y en todos los compartimentos una agitación sin
interrupciones, una labor incesante y ardua, quizá exhaustiva. Muchas damas
figuraban en el cuadro de funcionarios que en tales dependencias veíamos
desarrollando meritorias actividades. Parecían figuras aladas, yendo y viniendo
en silencio, serias y atentas, envueltas en bellos vestidos blancos, tan albos
que se dirían resplandecientes, particularidad que nos despertó la atención,
haciendo suponer a nuestra incapacidad tratarse de uniformes para uso interno,
cuando que en verdad era solo el padrón del buen estado vibratorio de sus
mentes. !Se esforzaban por disminuirlo, en un local incompatible con sus
verdaderas expansiones!.
"- Esta
fortaleza - continuó Anselmo de Santa María -, a la cual pertenece no sólo la
Torre del Vigía como las demás que aquí se ven, acuartela al regimiento de
milicianos y lanceros especializados, que hacen la guardia y defensa de la
misma contra posibles contratiempos venidos del exterior. !Muchos de los
integrantes de ese regimiento son discípulos de la Iniciación Cristiana
popular, y ensayan los primeros pasos en la senda de las labores edificantes, a
camino de la redención!. Algunos fueron también suicidas, que ahora
experimentan con nosotros la reparación de antiguos deslices. !Otros, en tanto,
salieran de la más negra impiedad, pues fueron, a mas de suicidas, temibles
obsesores, y sus delitos, los crímenes que practicaron durante tan lamentables
oficios, son bien fáciles de evaluar!. Todos ellos, sin embargo, son tratados
por la dirección de la Colonia con desvelado amor y caridad cristiana a la cual
están afectos los trabajos de auxilio a su reeducacion. !Sobre los últimos, o
sea, los obsesores, existen hasta recomendaciones especiales venidas de lo Mas
Alto, visto que la Insigne Guardiana de la Legión desea verlos lo más rápido
posible integrados en las huestes de los verdaderos convertidos de la Doctrina
de su Amado Hijo, en la Legión de los trabajadores devotos de la Causa
Magnánima del Maestro de los maestros!. Siendo así, además de los trabajos que
desempeñan y que también forman parte de la instrucción que les corresponde,
todos estudian, aprenden con sus instructores nociones indispensables de Amor,
de Justicia, del Deber, del Bien legítimo, se habilitan en la Moral del Cristo
de Dios, en el respeto debido al Todo-Poderoso, hasta que vuelvan a la
reencarnación para los testimonios decisivos. !No obstante, muchos ya vencieron
las primeras etapas de los testimonios indispensables, o sea, volvieron ya de
las terribles reencarnaciones expiatorias, continuando aquí la instrucción para
progresos futuros!. No podré dejar de hacer referencias a los batallones de
lanceros hindúes aquí también acuartelados, los que, voluntaria y
abnegadamente, se dedican a servir de modelo para los recién-arrepentidos,
fiscalizándolos y cooperando con nosotros para su rehabilitación, mientras
prestan además inestimable ayuda a la dirección de nuestro Instituto. Esos
hindúes, antiguos discípulos particulares de los iniciados aquí domiciliados,
algunos ya bastante encaminados hacia la luz de la Verdad, son, como fácilmente
percibimos, el verdadero sustento de la orden y de la disciplina que mantiene
la paz entre los demás.
Nuestra
vigilancia ha de ser incansable, rigurosa, minuciosa, dada la zona de
desordenes en que se encuentra situada nuestra morada, vecina de la Tierra y
recibiendo de esta sus múltiples reflejos perturbadores; de las gargantas
siniestras donde se localiza el valle en el cual están aglomerados nuestros
futuros huéspedes; de las regiones inferiores donde proliferan los elementos
malos provenientes de las sociedades terrenas, y de las estradas por donde
ambulan hordas endurecidas en el mal, cuya preocupación es seducir, atrayendo
para sus huestes a Espíritus incautos e inexpertos, como vosotros. Todo eso sin
nombrar a las ondas malignas invisibles de fluidos y emanaciones mentales que
suben de la Tierra, engrosando las de lo invisible inferior, y a las cuales, de
esta Torre, damos caza como lo haríamos a microbios endémicos de la peste.
A través de los
aparatos que veis, estamos en ligación permanente con los sucesos desarrollados
en el Valle de los Suicidas. Gracias a ellos permanecemos enterados de lo que
allí ocurre, de todo sabemos y todo oímos. Podríamos ejercitar la
clarividencia, la visión a distancia, así como otros dones anímicos que
igualmente poseen nuestros técnicos, a fin de enterarnos de lo que necesitamos
saber, pues tenemos, realmente en la Torre, funcionarios capaces de tan grande
cuanto delicado servicio, como aquellas laboriosas hermanas que mas allá
observamos atentas en el cumplimiento del Deber. Preferimos, sin embargo,
generalmente, los aparatos, porque seria sacrificar excesivamente, sin
necesidad, tan preciosas facultades anímicas en un local heterogéneo como este,
cargado de influencias pesadas, que exigirían de ellas gran dispendio de
energías preciosas, esfuerzos supremos, cuando los aparatos que disponemos
realiza el mismo servicio sin grandes exigencias de orden mental.
Por muy
desgraciados, pues, que sean los condenados del Valle, o los desviados que se
complacen en el mal y cuyo radio de acción se encuentre en el camino de
nuestras actividades, jamas estarán desamparados, pues los siervos de María
velan por ellos con la ayuda de estos magníficos aparatos de visión y
comunicación y los socorren en el momento oportuno, o sea, desde que ellos
mismos estén en condiciones de ser socorridos, transportados para otro local.
Mas... existe como una fatalidad a extraerse del mismo acto del suicidio,
contra sus atribuladas prisas, las que impiden que sean socorridos con la
presteza que seria de esperar de la Caridad propia de los obreros de la
Fraternidad: - es el no encontrarse ellos radicalmente desligados de las
ligaciones que los unen al envoltorio carnal, o sea, al conservarse
semi-encarnados o semidesencarnados, como quisierais!.
!Las potencias
vitales que la Naturaleza Divina imprimió en todos los géneros de la Creación
y, en particular, en el ser humano, actúan sobre el suicida con todas las
energías de su grandiosa y sutil actividad!. Y eso gracias a la naturaleza
semimaterial del cuerpo astral que posee, además del envoltorio material.
!Vivirá él, así, de la vida animal todavía por mucho tiempo, a despecho mismo,
en varios casos, de la desorganización del cuerpo de carne!. Palpitaran en él,
con pujanza impresionante, las atracciones vivísimas de su calidad humana,
hasta que las reservas vitales, suministradas para el período completo del
compromiso de la existencia, se agoten por haber alcanzado la época, prevista
por la Ley, de la desencarnacion. En tan anormal cuan deplorable situación
permanecerá el suicida, sin que nada podamos hacer para socorrerlo, a
pesar de
nuestra buena voluntad!.(11-a)
(11-a) La
Excelsa Misericordia encamina, generalmente, esos casos, tenidos como los mas
graves, a reencarnaciones inmediatas donde el delincuente completará el tiempo
que le faltaba para el término de la existencia que cortó. Aunque muy
dolorosas, y hasta anormales, tales reencarnaciones serán preferibles a la
desesperación de mas allá de la tumba, evitando, además, una gran perdida de
tiempo al paciente. Veremos entonces a hombres deformados, mudos, sordos,
débiles mentales, idiotas o retardados de nacimiento, etc. Es un caso de
vibraciones tan solo. El perispiritu no tuvo fuerzas vibratorias para modelar
la nueva forma corpórea, a despecho de la ayuda recibida de los técnicos del
mundo invisible. Así concluirán el tiempo que les faltaba para finalizar el
compromiso de la existencia prematuramente cortada, corregirán los disturbios
vibratorios y, lógicamente, se sentirán aliviados. Se trata de una terapéutica,
nada mas, recursos extremos exigidos por la calamidad de la situación. Es el
único, además para los casos en que la vida interrumpida debiera ser larga.
¡Vosotros que leéis estas páginas!. !Cuando encontréis por las calles a un
hermano vuestro así anormal, no dudéis de orar en su presencia: vuestras
vibraciones armoniosas serán también una excelente terapéutica!.
Eso, mis hijos,
es realmente así, y vosotros, mas que nadie, lo sabéis!. !Es la Ley, Ley
rigurosa, incorruptible, irremediable porque es perfecta y sabia, cabiéndonos a
nosotros tratar de comprenderla y respetarla, para no ser desdichados por el
intento que tuvimos de violarla!.
De ahí la
calamidad que sobreviene a los suicidas y la imposibilidad de abreviarles los
males que los afligen. Lo que les sucede es un efecto natural de la causa por
creada por ellos mismos, pues se colocaron en la delicada situación de que sólo
el tiempo pueda ayudarlos. ¡Lo que a su beneficio podemos tentar, nosotros lo
tentamos sin medir sacrificios: - y, de vez en cuando, o mejor, en la ocasión
justa y adecuada, organizamos expediciones de misioneros voluntarios, que hasta
su infierno bajan a fin de encaminarlos a esta institución, donde son asilados
y debidamente orientados hacia el respeto a Dios, del que no se recordaron
jamas, cuando eran hombres!; y nos reunimos para el cultivo de oraciones
diarias en su beneficio, irradiando centellas benéficas de nuestras vibraciones
en torno de sus mentes superexcitadas, procurando ablandar el ardor de los
sufrimientos que experimentan con suaves intuiciones de esperanza!. Si no se
conservasen tan alucinados, exacerbados en los callejones de la desesperanza, de
la funesta incredulidad en Dios, en la cual siempre se complacieron,
percibirían los convites a la oración que todas las tardes les dirigimos, al
caer el crepúsculo, así como las palabras de coraje, intentando despertarlos
para la llegada de la confianza en los poderes misericordiosos del Padre
Altísimo, pues no debemos olvidar que tratamos con pueblos cristianos que mas o
menos se emocionan al recordar la infancia distante, cuando, al pié de la
chimenea, junto al regazo materno, balbuceaban las dulces frases de la
anunciación de Gabriel a la Virgen de Nazaret, que recibiera como hijo al
Redentor de la Humanidad... y nosotros nos vemos en la preocupación de utilizar
todos los recursos lícitos para, de algún modo, enjugar las lágrimas de esos
míseros incrédulos que se precipitaran en tan pavoroso abismo!.
Siempre que un
condenado haya extinguido o aun aliviado la carga de vitalidad animalizada -
esté él sinceramente arrepentido o no -, avisaremos al servicio de socorro de
la Vigilancia, el cual partirá
inmediatamente en su
busca, a traerlo a la guardia de
la Legión. Entonces, tal sea su condición moral - arrepentido, rebelado,
endurecido - será encaminado por aquel Departamento al local que le quepa,
conforme ya lo sabéis: - el Hospital, el Aislamiento, el Manicomio y hasta a
estas Torres, pues, como dijimos, en virtud de que todavía no estamos
debidamente instalados, acumulamos quehaceres, manteniendo, aquí mismo, puestos
auxiliares para custodiar a grandes criminales de los que ha sido suspendida la
libertad por excesiva permanencia en las vías del error, o sea -
suicidas-obsesores.
Con nuestros
aparatos de visión a distancia - (clarividente-magnético-mecánico) - los que
traerán hasta nuestra presencia los hechos y las escenas que precisamos
conocer, seleccionándolas de otras tantas, gracias a las disposiciones lúcidas
con que son usados por nuestros técnicos, - así como un imán poderoso atrayendo
las astillas de acero - localizamos a aquel que deberá ser socorrido, trazamos
el esquema del trayecto, presentándolo enseguida a la dirección de la
Vigilancia; esta da los elementos para la expedición... y arrebatamos, con el
favor de Dios y el beneplácito de Su Unigénito, a una oveja mas de las garras
del mal...
Está
rigurosamente prohibida la entrada a estos gabinetes a quien no ejerza alguna
actividad. Por esa razón no os convidaré a una inspección minuciosa al conjunto
de aparatos. !Los funcionarios son Espíritus de elite, misioneros del Amor,
técnicos especializados en el genero de servicio, los que, pudiendo desarrollar
actividades en esferas floridas de luz y de bendiciones, prefieren bajar a los
báratros sombríos de la desgracia para servir, por amor al Maestro Divino, a la
causa sacrosanta de sus hermanos inferiores e infelices - verdaderos
angeles-guardianes de los infortunados por quienes velan!.
Son, estos,
substituidos por otro grupo, de doce en doce horas. Descansaran, si lo desean,
en los jardines del Templo, que, como sabéis, es el mas elevado plano de
nuestra humilde Colonia; o se dedicaran a otros menesteres que les gusten o
pueden elevarse a las moradas a las que en verdad pertenecen. !Se rehacen, ahí,
de las angustias soportadas en el ambiente tenebroso donde heroicamente laboran
en favor del prójimo y retornan al día siguiente, fieles al deber que
voluntariamente abrazaran...pues conviene distinguir, mis amigos, que, para los
servicios de socorro y protección a los parias del suicidio, no existen
nombramientos ni imposiciones de leyes, ya que él mismo, el suicidio, está
fuera de la Ley!. !Son tareas, por tanto, realizadas por voluntarios,
florescencia sagrada de los sentimientos de Caridad y Abnegación de aquellos
que desean ejercerlas por amor a las doctrinas inmaculadas del Cordero de Dios,
de aquel Modelo Divino que hizo de la Caridad la virtud por excelencia, ya que
la ley facultadora del derecho de ejercerla confiere el ejercicio de todo el
bien posible en favor de los que sufren!.
"- Me
admira ver a personajes tan altamente dotados dedicarse en locales y labores
tan poco agradables - observó Belarmino con la ácida impertinencia de quien, en
la Tierra, llevó una vida de hidalgo, de capitalista ocioso, para quien será un
descrédito los trabajos arduos las lides continuas del deber. - ¿No existirían
en la Legión funcionarios espiritualmente menos evolucionados, más acordes, por
tanto, con la naturaleza del ambiente y de los exhaustivos trabajos en él
desarrollados?... Por cierto que sufrirían menos, visto que tendrían un menor
grado de sensibilidad..."
Se rió Anselmo
con bonhomia y simpatía, replicando:
"- !Bien se
ve, hermano Belarmino, que desconocéis la delicadeza y la profundidad de los
asuntos espirituales, cuya intensidad no es siquiera sospechada en el globo
terrestre! !Nuestro cuerpo de funcionarios menos evolucionados, policías,
asistentes, enfermeros, vigilantes, etc., etc., podrá presentar un óptimo
contingente de buena-voluntad, como realmente presenta, permanente disposición
para el trabajo, deseo de progresar a través de actos heroicos, mas no se
encuentra aun a la altura de tan magno desempeño!.
Solamente un
Espíritu dotado de cándidas virtudes y experimentado saber podría distinguir en
los meandros del carácter complejo de un infractor, como el suicida, las
verdaderas predisposiciones para el arrepentimiento, o si en su envoltorio
físico-astral ya no se reflejan influencias del principio vital muy pesadas
para, entonces, providenciar socorros que lo encaminen al local donde este
seguro. Sólo un técnico, investido de extensos conocimientos psíquicos, sabría
extraer de la memoria profunda de uno de esos reos, martirizados por el
sufrimiento, el pretérito de sus existencias, retrocediendo con él por las vías
del pasado, reviéndole la historia vivida en la Tierra, para, de ahí,
formándole la biografía, estudiar la causa que lo impelió al fracaso, orientando
de ahí en adelante el programa reeducativo que en el Instituto le será
aplicado, pues es con los apuntes dados por los técnicos de los Departamentos
de la Vigilancia y del Hospital que los padecientes admitidos en la Colonia
serán clasificados y encaminados a los varios puestos de recuperación de que
disponemos, los que se extienden hasta mismo a los parajes terrenos, a través
de los servicios reencarnatórios. !Solamente un ser abnegado, bastante
evolucionado seguro de sí mismo, podría contemplar, sin horrorizarse hasta la
locura, las localidades inferiores donde la degradación y el dolor alcanzan la
cumbre del mal, comparado a las cuales el Valle donde estuvisteis parecería
confortable!.
Por ejemplo: -
Existen almas de suicidas que no llegan a ingresar al Valle por vías naturales.
Ingresar allí ya será estar el delincuente mas o menos amparado, porque bajo
nuestra asistencia y vigilancia, aunque oculta, registrado en los registros de
la Colonia como candidato a la futura hospitalización. !Están en tanto aquellos
que son aprisionados, o seducidos y desencaminados, antes de llegar al Valle,
por bandas de obsesores, que, a veces, también fueron suicidas, o
mistificadores, entidades perversas y criminales, cuyo placer es la práctica de
vilezas, escoria del mundo invisible desorientados por sus propias maldades,
que continúan viviendo en la Tierra al lado de los hombres, contaminando la
sociedad y los hogares terrenos que no les ofrecen resistencia a través de la
vigilancia de los buenos pensamientos y prudentes acciones, haciendo infelices
a incautas criaturas que les dan acceso con su misma inferioridad moral y
menta!. Esclavizándose por semejante horda, el suicida comienza a experimentar
torturas ante las cuales los acontecimientos verificados en el Valle - que son
el resultado lógico del acto del suicidio - parecerían cosas agradables. !
Porque no
disponían de poderes espirituales verdaderos, esos infelices, que viven
divorciados de la luz del Bien y del Amor al prójimo, se alojan, generalmente,
en locales pavorosos y siniestros de la propia Tierra, afinados con sus estados
mentales, tales como en el seno de las florestas tenebrosas, catacumbas
abandonadas de los cementerios, cavernas solitarias de montañas muchas veces
desconocidas por los hombres y hasta en los antros sombríos de roquedales
marinos y cráteres de volcanes extintos.
Hipócritas y
mentirosos, hacen creer a sus víctimas que tales regiones son obra suya,
construidas por el poder de sus capacidades, pues envidian a las Colonias
regeneradoras dirigidas por las entidades iluminadas, y, aprisionándolas, las torturan de todas las formas, desde la
aplicación de malos tratos "físicos" y de la obscenidad, hasta la
creación de la locura para sus mentes ya inflamadas por la profundidad de los
sufrimientos que les eran personales; les infligen suplicios, finalmente, cuya
concepción ultrapasa la posibilidad de raciocinio de vuestras mentes, y cuya
visión no soportaríais por todavía ser excesivamente débiles para aislaros de
las pesadas sugestiones que sobre vosotros cairían, capaces de llevaros a
enfermar!.
!Mas... a los
trabajadores especializados, iluminados por un excelente progreso, nada
afecta!. !Son inmunizados, dominan el propio horror al que asisten con las
fuerzas mentales y vibratorias de que disponen, y hasta las más extrañas
regiones del globo bajan las lentes de sus telescopios magnéticos, de su
televisión poderosa, así como la solicitud de sus elevados pensamientos de
fraternidad cristiana... Y van en busca del alma superatribulada de los
desgraciados que se vieron doblemente desviados de la ruta lógica del destino,
por el mismo acto del suicidio y por la afinidad inferior que los arrastró a la
unión con los elementos de la más baja especie existente en lo Invisible!.
Los encontramos,
a veces, después de pesquisas perseverantes y exhaustivas. No siempre, sin
embargo, al localizarlos, es de eso informada la dirección de la Vigilancia, la
cual, a su vez, se entiende con la direccion-general del Instituto, y podremos
arrebatarlos inmediatamente. Será necesario trazar un plan para el rescate, un
programa definido, bien delineado; la ayuda de otras falanges, a veces muy
inferiores a la nuestra, en capacidad y moral, más conocedoras del terreno
áspero y tenebroso en el que seremos llamados a operar; diligencias, embajadas,
negociaciones, insistencias y hasta trucos, batallas ríspidas, donde la espada
no será llamada a intervenir, es cierto, mas en que la paciencia, la
tolerancia, el interés hacia el Bien, la energía moral, el coraje para el
trabajo, usados por los libertadores, causarían admiración y respeto por el
heroísmo del que dan testimonio!. No es raro bajar estos a los locales
satánicos donde el alma cautiva se retuerce flagelada por los verdugos que la
desean adaptar a sus propias costumbres. Se inmiscuyen con la horda. !Se
someten a la dramática necesidad de dejarse superar, muchas veces, por secuaces
de las tinieblas!... !Invariablemente sufren en esas ocasiones, esos abnegados
obreros del Amor!. !Derraman lágrimas amargas, fieles, sin embargo, a los
sacrosantos compromisos para con la causa redentora a la que se consagraran!.
!Mas no vacilan en el puesto de misioneros, al que se comprometieron con el
Divino Modelo que se sacrificó por la Humanidad, y prosiguen, enérgicos y
heroicos, en los servicios para el bien de sus hermanos menores!.
Y finalmente,
después de luchas inimaginables, agarran a los sufridores que, en el momento
debido, no se encaminaran hacia el Valle; y nos los entregan, como por derecho,
a la Vigilancia, que, a su vez, los dirige al local conveniente, generalmente
al Manicomio, pues los desgraciados salen enloquecidos, en efecto, de las redes
obsesoras en las que se dejaron enredar... Y, lo que es sumamente importante: -
arreaban también a los mismos obsesores, los verdugos, los que no son mas que
Espíritus audaces, de hombre malos que vivieran envueltos en las tinieblas del
crimen, apartados de Dios!. Si, a mas de obsesores, son también suicidas,
nuestra Colonia podrá retenerlos. !Los hospedamos, entre tanto, aquí mismo, en
la Vigilancia, en un local apropiado de esta fortaleza, pues, no teniendo ellos
afinidades para ningún otro plano mejor que este, son, además, considerados
elementos peligrosos e indeseables en dependencias donde se opera la elevación
de la moral de otros delincuentes ya predispuestas al bien!. Los mantenemos
bajo severa custodia, procurando, tanto cuanto sea posible, darles fuerzas y
medios para reeducarse y rehabilitarse. De aquí no se elevaran a planos mas
enrarecidos y confortadores sin que antes
hayan vuelto a la nueva existencia carnal a fin de despojarse del peso
de los crímenes más repugnantes que cometieran, pues sus condiciones morales y
mentales, excesivamente perjudicadas, les impiden mayores posibilidades. La
instrucción de ellos se limitará a un pequeño aprendizaje acerca de sí mismos,
nociones de las leyes fraternas expuestas en el Evangelio del Señor y a labores
regeneradores ejercidas en los palcos de la Tierra, bajo la dirección de
asistentes rigurosos, o en nuestro regimiento de milicianos, donde mentores
especializados en el genero los guiaran a la práctica de servicios
ennoblecedores, en oposición al gran mal que practicaran en el pasado. Como
milicianos, darán caza a otras hordas obsesoras que conozcan, nos indican
antros maléficos que bien saben que existen aquí y más allá, prestando, así,
valiosa ayuda a nuestra causa, lo que mucho será llevado en cuenta en la
programación de las expiaciones a las que se obligaran. Si se trata, en tanto,
de elementos simplemente perversos, no suicidas, no nos será permitido
asilarlos. !Entre tanto, nuestro servicio de Socorro los encaminará a los
puestos de abrigo existentes en las zonas de transición, un poco por todas
partes - especie de puestos policiales de lo Invisible!. -
y, una vez ahí,
tendrán el destino que mejor convenga a su triste condición de Espíritus
inferiores, destino acorde, no obstante, con las leyes de la afinidad, de la
justicia y de la fraternidad."
Siguió un corto
silencio. !Estábamos suspensos, sorprendidos con la inesperada da exposición
que nos hacían, la cual, en verdad, valía por un aula de elevada erudición!.
Anselmo de Santa María fijó dulcemente la mirada en nuestros semblantes
preocupados por la atención despertada por su palabra, y murmuró, como si
extendiese el pensamiento a través de las floridas estradas perfumadas por la
esencia incomparable del Evangelio del Magnánimo Educador:
"- !Sí, mis
hijos!... !Así es que fatalmente tendría que suceder, pues el mismo Nazareno
afirmó que el buen pastor deja su rebaño obediente, amparado en su redil, e
parte en busca de la oveja extraviada, sólo descansando después de
reconducirla, salva de los peligros que la cercaban!... Y acrecentó, para
justicia y gloria de nuestros esfuerzos en cooperar con Él:
"- De las
ovejas que mi Padre me confió, ninguna se perderá..."
CAPITULO II
LOS ARCHIVOS DEL ALMA
"Honrad a vuestro padre y a vuestra madre.
(Decálogo.)
EXODO, 2l:12.
Iba
atardeciendo. Las sombras se acentuaban en el horizonte plúmbeo de la pesada
región. Descendimos al pavimento inmediato y, en el trayecto, arriesgué una
interrogación:
"-
Disculpad, Reverendo Padre, el deseo de investigar pormenores de un asunto que
interesa a mis sentimientos de cristiano y a mi preocupación de aprendiz: -
¿Cómo llegan los directores de esta magna Institución a saber que Espíritus
infelices por el suicidio son aprisionados por falanges hostiles, encontrándose
desaparecidos?..."
"- Si nos
comprometimos ante Jesús al servicio de auxiliares de su ideal de redención,
afiliándonos a la Legión patrocinada por Su venerable Madre - respondió
prontamente -, mantenemos técnicos en esta Torre con la función exclusiva de
procurar a los desaparecidos, auxiliados con el empleo infalible de los
aparatos que acabasteis de ver... Tienen ellos, cada uno, demarcadas las
regiones que deberán sondar... A su vez, antiguos opresores, regenerados bajo
nuestros cuidados y agregados al cuerpo de milicianos, tocados por el
arrepentimiento vienen, voluntariamente, a indicar localidades de lo Invisible
o de la Tierra, que conocen, donde son aglomeradas las víctimas de la opresión
obsesora y donde las mayores atrocidades se practican. Verificados como exactos,
esos locales serán visitados y saneados... Generalmente, sin embargo, los
avisos y las ordenes vienen de Mas Alto... de allá, donde sobrevuela la
asistencia magnánima de la piadosa Madre de la Humanidad, la Gobernadora de
nuestra Legión... Si las entidades consideradas no pertenecen a su tutela
directa de Guardiana, podrá el Guardián de la falange o de la legión a la que
pertenecen impetrar su favor en pro de los desviados, su amorosa ayuda para el
blanco pretendido, por cuanto que existe una fraterna solidaridad entre las
varias agremiaciones del Universo Sideral, infinitamente mas perfectas que las
existentes entre las naciones fisico-terrenas... ¡Igualmente, por mas
desgraciado y olvidado que sea un delincuente, existirá siempre quien lo ame y
por él sinceramente se interese, dirigiendo invocaciones fervorosas a María en
su favor, cuando no lo hicieren directamente al Divino Maestro o al mismo
Creador!. Si, por tanto, un suicida no deja en la Tierra alguien que se apiade
de su inmensa desgracia, concediéndole blandas y cariñosas expresiones de
caridad a través de la Oración generosa, será bien cierto que en el Mas Allá
habrá quien lo haga: - afectos remotos, antiguos amigos, temporalmente
olvidados gracias a la encarnación; seres queridos que lo acompañaran en
peregrinaciones pasadas, en la Tierra; su tutelar, el amoroso Guardián que
conoce todos sus pasos, como sus menores pensamientos, lo asistirán con
verdaderos testimonios del amor fraterno, que cultivan inspirados en el amor de
Dios!. Si es dirigida a María la súplica, inmediatamente serán expedidas
ordenes a sus mensajeros, las que, distribuidas por estos a los varios puestos
e institutos de socorro y asilo a los suicidas, mantenidos por la Legión,
indican a los servidores el momento de las actividades en torno al nuevo
sufridor, su nombre, su nacionalidad, la fecha del desastre, el local en que se
verificó, el genero de suicidio escogido. Con esos informes, si, por ejemplo,
el individuo en cuestión se encuentra en una región perteneciente al radio de nuestras
acciones, la búsqueda será hecha por los siervos de la Vigilancia, conforme
quedo dicho. !Donde quiera que se encuentre será localizado a despecho de
cualquier sacrificio!. Generalmente, si no fue arrebatado de la situación
normal al caso por las hordas perversas y obsesoras que lo asediaban desde
antes, el trabajo será fácil. Si, no en ese ínterin, la tarea, por muy espinosa
y ardua, y carecer de la ayuda de otros elementos de nuestra misma Legión o
extraños a ella, tenemos el derecho de solicitarlos, siendo prontamente
atendidos. !Hay casos, como quedó aclarado, en que nos vemos en la necesidad de
apelar hasta a la ayuda de elementos inferiores, o sea, la ayuda de falanges
inferiores en moral y esclarecimientos!.
!Entre tanto, si
a otro eminente Espíritu fuera dirigida la súplica, será esta encaminada a
María y se seguirán las mismas providencias, pues, como venimos afirmando, es
María la sublime acogedora de los réprobos que se arrojaron a los tenebrosos
abismos de la muerte voluntaria... Todo eso, sin embargo, no querrá ciertamente
decir que nuestra Excelsa Directora precisará esperar súplicas y pedidos de
quien quiera que sea a fin de tomar sus caritativas providencias!. Al
contrario, estas fueron perennemente tomadas, con la manutención de los puestos
de observación y socorro especiales para suicidas; con los no especializados,
mas que igualmente los acogerán en ocasión oportuna, diseminados por todas
partes, en lo Invisible como en la Tierra, y con los propios dispositivos de la
ley del amor y fraternidad, que manda que practiquemos todo el bien posible,
haciendo al prójimo lo que desearíamos que él nos hiciese, ley que en lo
Invisible esclarecido es Amorosa y rigurosamente observada!.
!De cualquier
forma, sin embargo, la Oración, como visteis, exteriorizada con amor y
vehemencia en favor de un suicida, es el sacrosanto vehículo que acarrea, en
cualquier tiempo, inestimable consuelo, mercedes celestes para aquel
desafortunado, por cuanto es uno de los valiosos elementos de socorro
estatuidos por la citada ley en favor de los que sufren, elemento con el cual
ella cuenta a fin de accionar vibraciones balsamizantes necesarias para el
tratamiento que la carencia del mártir requiere, constituyendo, por eso mismo,
un error calamitoso la negativa, por parte de las criaturas terrenas, de ese
acto de solidaridad interés y beneficencia por la injusta suposición de que
seria inútil su aplicación por lo irremediable la desgraciada situación de los
suicidas!. !La Oración, al contrario, se torna un acto de tan loable y benévola
repercusión, que aquel que ora, por uno de vosotros, se hace voluntario
colaborador de los obreros de la Legión de María, coadyuvando sus esfuerzos y
sacrificios en la obra de alivio y reeducación a la que se consagran!.
Como habéis
percibido, de esta pálida muestra, nuestra labor es considerable e intensa. !Si
las criaturas que atentan contra el sagrado patrimonio de la existencia
corporal – concedido por el Todo-Poderoso al alma culpada como oportunidad
bendita y noble de rehabilitación – conociesen la extensión de los sufrimientos
y de los sacrificios que por ellas arrostramos, realmente se detendrían a la
vera del abismo, reflexionando en la grave responsabilidad que asumirían,
cuando no por amor o compasión de sí mismas, al menos en consideración y
respeto a nosotros, sus guías espirituales y amigos devotos, que tantas luchas
exhaustivas, tantos sinsabores soportamos, tantas lágrimas arrancaremos del
corazón hasta que os podamos encaminar hacia las consoladoras estancias
protegidas por la Esperanza!."
..........................................................................................................................................................
El amable
cicerone hablara de la existencia, en una de aquellas sombrías dependencias que
circundaban la torre central, denominada simplemente - la Torre -, de aquellos
temidos obsesores, jefes o prosélitos de falanges tenebrosas y perversas, los
cuales, a mas de suicidas, serian también responsables por crímenes nefastos,
previstos en las leyes sublimes del Eterno Legislador como pasibles de
reparaciones durísimas a través de los siglos. Manifestáramos el deseo de
verlos. Nos pareció tratarse de entidades anormales, desconocidas completamente
por nuestra capacidad de imaginación, monstruos apocalípticos, tal vez,
fantasmas infernales que ni siquiera presentarían forma humana. Sonriendo
paternalmente, el viejo doctor de Canalejas interroga al emérito expositor, que
nos guiaba, si seria posible ver a alguno de ellos, ya que seria de utilidad
conocerlos a fin de precavernos durante el próximo viaje a los planos terrenos,
donde pululan numerosos bandas de la misma especie. El Padre Anselmo
bondadosamente aceptó, no sin embargo una pequeña restricción:
"- Estoy
informado, por el director de vuestro Hospital, de las conveniencias que cabe a
los aprendices aquí presentes. Concordaré por tanto en presentarles un pequeño
panorama del local donde alojamos a los pobres pupilos responsables por tantos
delitos, justamente la Torre que nos queda cerca. !Allí están localizadas las
llamadas prisiones, y allí son ellos custodiados sin interrupción, como jamas
lo serian prisioneros en la Tierra!.
Debo informaros
de que esos obsesores están ya en vías de regeneración. Les sacuden el pesado
torpor en el que han mantenido sus consciencias los embates aflictivos de los
primeros remordimientos. Se acobardan con el fantasma del futuro. Bien perciben
lo que los espera en la angustiosa región de las expiaciones, bajo el ardor de
las variadas reparaciones que tendrán que testimoniar tarde o temprano.
Amedrentados ante el tamaño infamante de sus propias culpas, suponen que,
mientras resistan a los convites que diariamente reciben para la regeneración,
estarán liberados de aquellas obligaciones... De aquí, sin embargo, no lograran
salir, reviendo la libertad, sin que el arrepentimiento marque el nuevo camino
para sus consciencias denigradas por la blasfemia del pecado, aunque
permanezcan enclaustrados durante siglos - lo que no es muy probable que pase.
!Oh, mis caros
amigos, vosotros, que iniciáis los primeros pasos en las sendas redentoras de
esa Ciencia Divina que redime y eleva el carácter de la criatura, sea hombre o
Espíritu!. !Oh, vosotros, cuya visita a mi humilde puesto de trabajador del
Sembradío del Señor tanto me honra y alivia!. !Colaborad conmigo y mis
auxiliares en esta espinosa sección del Departamento de Vigilancia!. !Colaborad
con la Dirección de este Instituto, bajo cuya responsabilidad pesan tantos
destinos de criaturas que deben ir hacia Dios!. !Cooperad con la Legión de los
Siervos de María y con la causa de la Redención, abrazada por el Maestro
Divino, orando fervorosamente por estas ovejas desviadas que se resisten al
dulce llamado de su Dulce Pastor!. Sea el primer acto con que iniciáis la
caminata extensa de las reparaciones que deberéis practicar - el gesto de la
sublime caridad que irá reencender sus inmortales aromas de beneficencias en el
seno amoroso del Cristo de Dios: - la Oración por la conversión de estos
infelices tránsfugas de la Ley, que se arrojaron, temerarios y locos, al más
tenebroso y trágico abismo en el que puede deshonrarse una criatura dotada de
raciocinio y libre-albedrío!. !Orad!. ¡Yo os aseguro, creed! - !que habréis
comenzado brillantemente la programación de las acciones que deberéis realizar
para la confirmación de vuestro progreso!.
Sin embargo, son
ellos aquí - continuó, después de una pausa que no osamos profanar con ninguna
indiscreción - asistidos por dedicados celadores. Llevada en cuenta la
ignorancia fatal de la que dieran muestras, escogiendo la práctica del mal,
único atenuante con el que pueden contar a fin de merecer protección y amparo,
la misericordia expuesta en la Ley que nos rige nos ordena darles enseñanzas y
esclarecimientos, medios seguros de rehabilitarse para el reingreso a las vías
normales de la evolución y del progreso, elementos con que combatan, ellos
mismos, las tinieblas de que se rodearan. Para eso, reteniéndolos,
suspendiéndoles la libertad, de la que mucho, mucho abusaran, les damos
consejeros y maestros, figuras experimentadas en el secreto de las catequesis
de salvajes y nativos de las regiones bárbaras de la Tierra, tales como del
África, de Indochina, de América, de la Patagonia distante y desolada...
Venid..., y
asistiréis, a través de nuestros aparatos de visión a distancia, lo que pasa en
la cercana Tierra...
Se dirigió a un
amplio salón que parecía un gabinete de
fiscalización general del director. Mobiliario sobrio, utensilios de estudio y
muchos aparatos de transmisión de visión y sonidos, permitiendo una rápida
comunicación con toda la Colonia, era todo lo que tenia el solitario
compartimento. Nos hizo sentar, y mientras él se conservaba de pié cual maestro
que era, al instante prosiguió su interesante elucidación:
"- Aquí
está en que consisten las "prisiones" en este rincón sombrío del
Instituto María de Nazaret..."
Se aproximó a
los aparatos televisivos, los accionó diestramente... , y nos encontramos
milagrosamente en una extensa galería cuyas arcadas, recordando antiguos
claustros, revelaban el estilo portugués clásico, que tanto nos hablaba al
alma.
No sé si las
ondas fluido-magnéticas que se producían como vehículo de esos aparatos
tendrían el poder de infiltrarse en las fibras de nuestro físico-astral,
uniéndose a nuestras irradiaciones; no sé si, irradiando sus propiedades
ignotas por el ambiente, nos predisponían la mente para el elevado fenómeno de
sugestión lúcida o si seria esta el fruto poderoso de la fuerza mental de los
maestros del magnetismo psíquico que invariablemente nos acompañaban cuando nos
llevaban a examinar las transmisiones. Lo cierto era que, en aquel momento,
teníamos la impresión de que caminábamos, realmente, por aquella galería toda
envuelta en una pesada penumbra, lo que transmitía penosas impresiones de
angustia y temor a nuestros inexpertos Espíritus.
De un lado y del
otro de la galería, los "calabozos" se presentaban a nuestros ojos
sorprendidos como pequeños recintos para estudio y residencia, tales como una
sala de aula, refectorio y dormitorio, ofreciendo suficiente confort para no
chocar al recluso con la humillación de la necesidad insoluble,
predisponiéndolo a la desconfianza y a la rebelión. !Parecían pequeños
apartamentos de internado modelo, en el cual el alumno recibía hospedaje
individual, pues esos aposentos eran para la habitación de apenas un
prisionero!.
No me pude
contener y me atreví a exteriorizar impresiones, dirigiéndome al Padre Anselmo:
"-
¡¿Pero?!... ¡Veo aquí un colegio, no una prisión!... Rodeados de amplias
ventanas y bellos y sugestivos balcones por donde penetran vientos saludables
desguarnecidos de rejas y de centinelas, estos aposentos convidan antes al
recogimiento, a la meditación y al estudio provechoso, dado el silencio
inquebrantable del que se rodean...!Oh! veo bien la influencia de eméritos
misioneros educadores, habituados a la dirección de instituciones escolares, y
no carceleros que se imponen por la violencia...”
"- Si -
replicó sonriendo el noble gobernador de la Torre -, cumplimos los dispositivos
de las leyes del amor y de la Fraternidad, bajo las normas esencialmente
educadoras del Maestro Magnífico. !Realmente, no nos cumple castigar a nadie,
por más criminal que se figure, por que ni Él lo hizo!. !Nuestro deber es
instruir y reeducar, levantando el animo decaído, el carácter vacilante, a
través de elucidaciones sanas, para la regeneración por la práctica del
Bien!..., puesto que la punición, el castigo, el mismo delincuente los trae
dentro de sí, como el infierno en que se convirtió su consciencia sin
ininterrupcion conflagrada por mil diferentes aflicciones.., lo que dispensa
atormentarlo con mas castigos y represalias!. El mismo es el que se juzgará y
en sí mismo aplicará las puniciones que merezca... ¿Queréis un ejemplo vivo, de
los más sugestivos?... Prestad atención..."
Se aproximó a
uno de aquellos aparatos que ornaban la sala, accionó atentamente un nuevo
botón luminoso y, mientras se reproducía en el espejo magnético una figura
masculina, en todo semejante a nosotros, en el vigor de los cuarenta años, iba
gentilmente elucidando siempre: .
"- !Aquí
está uno de los temibles obsesores, jefe de una pequeña falange de entidades
endurecidas y malvadas, portador de múltiples vicios y degradaciones morales,
criminal y suicida, que arrastró a su abismo de vileza y miserias a cuantos
incautos - desencarnados y encarnados - pudo seducir y convencer a seguirlo, y
cuyos crímenes se agrandan con tal gravedad en los códigos de las leyes divinas
que no nos admiraríamos ver llegar, de una a otra hora, ordenes de lo Alto para
encaminarlo a los canales competentes para una reencarnación expiatoria fuera
del Globo Terrestre, en un planeta mas inferior que la Tierra, o para un
estadio espiritual en sus alrededores astrales, en las cuales, en un período
relativamente corto, podría expiar el débito que en la Tierra requeriría
siglos!. !Tal emprendimiento, todavía, seria una medida drástica que repugnaría
a la caridad y al inimaginable amor de nuestro Dulce Pastor, el cual preferirá,
primero, agotar todos los recursos lógicos y legales para persuadirlo al
arrepentimiento así como a la regeneración, sirviéndose de la gran ternura y
piedad de las que sólo El sabe disponer!.
!María
intercedió por este infeliz, junto a su Divino Hijo, mientras que a nosotros
nos recomendó la máxima paciencia, la mas fecunda expresión de caridad y de
amor de las que fuésemos capaces, a fin de ser aplicados en su lamentable
caso!. Así es que, aunque prisionero, como lo veis, recibe sin interrupción
toda la asistencia moral, espiritual y hasta "física", si así me
puedo expresar, que su naturaleza animalizada y grosera necesita. La moral
cristiana, que absolutamente desconoce, le es ofrecida diariamente, como
alimento indispensable del que no puede prescindir, en la indigencia chocante
en que se encuentra... Y la recibe a través de la enseñanza del Evangelio
bendito, durante aulas colectivas, figuradas y escenificadas, como
presenciasteis en aquellas reuniones terrenas a las que fuisteis conducidos,
las que no son mas que pequeños puestos auxiliares de los servicios realizados
en lo Invisible; y es, como los demás alumnos prisioneros, ayudado a examinar
las excelsas enseñanzas del Redentor y a confrontarlos con sus propias
acciones.., aquel Redentor que, fiel a Su finalidad de Maestro y Salvador, le
extiende la mano compasiva, llevándolo a levantarse del pecado!.
Nuestros
métodos, todavía, tienen otra especie de enseñanza, enérgica, casi violenta, a
la cual solamente los iniciados podrán atender, dada la delicadeza de la
operación a ser tentada, que requiere de una técnica especial... Por esa razón
esta parte será siempre confiada a un técnico especializado de los más
populares en nuestra Colonia - Un técnico - Olivier de Guzman, a quien conocéis
como director del Departamento de Vigilancia. Acumula él, así, tareas de las
más delicadas, no sólo por ser ese el deber que le corresponde, visto que en el
Sembradío del Señor jamas un buen obrero estará inactivo, como también debido a
la escasez de trabajadores, a la que me referí. Apreciad lo que pasa en el
apartamento de este reo-alumno y evaluad por vosotros mismos..."
!En efecto!.
¡Sentado a la mesa de estudio, el rostro entre las manos, en actitud de
desánimo o preocupación profunda; los cabellos revueltos, abundantes y
ondulados; el semblante atormentado por pensamientos conflagrados, que emitían
en torno del cerebro evaporaciones espesas como nubes plúmbeas, se encontraba
el prisionero, allí, frente a nosotros, como presente en el mismo salón en que
nos encontrábamos!. !Sorprendidos, sin embargo, en ese terrible obsesor
reconocimos apenas a un hombre, simplemente un hombre - o un Espíritu que fuera
hombre! - !mas no a un ser fantástico!. !Un Espíritu apartado de las formas
carnales, es cierto, mas trayendo la configuración humana, grosera y pesada,
indicando la inferioridad moral que lo distanciaba de la espiritualidad!.
Vestía tal como en el momento en que sucumbiera, en su organización carnal,
bajo el golpe del suicidio: - pantalón de fino tejido de lana negra, lo que
indicaba que, en la Tierra, fuera un personaje de elevado trato social, y
camisa de seda blanca con puños y pecho de encaje de Flandes. ¡A juzgar por la
indumentaria entrevista fuimos llevados a creer que no andaría lejos de un
siglo su estada entre las sombras de la maldad del plano invisible, lo que
hasta lo más profundo de nuestro animo llevó un penoso temblor de compasión. A
la altura del corazón, a pesar del largo tiempo pasado, el estigma trágico lo
denunciaba como integrante de la siniestra falange de réprobos a la cual
también pertenecíamos: - la sangre, viva y fresca, como si hubiera comenzado a
chorrear en aquel momento, se derramaba del ancho orificio producido
ciertamente por un florete o puñal, hiriendo sin piedad su físico-astral; se
derramaba siempre, sin interrupción, a pesar del tiempo, como si se tratase
antes de la impresión del hecho ocurrido, sobre la mente alucinada y tenebrosa
del desgraciado!.
!Aquí está, en
tanto, que entraba el maestro que lo asistía, el cual, piadosamente, iba, de
aposento en aposento, a encender en los corazones incultos de aquellos míseros
delincuentes las lamparas estelíferas del Conocimiento, a fin de que se
dirigiesen con ellas a estradas más compensadoras!.
El antiguo obsesor se levantó respetuoso, haciendo una venia propia de un
gentilhombre. Olivier de Guzman - pues era él el maestro – lo cumplimentó
cariñosamente:
"- ¡La paz
del Señor sea contigo, Agenor Peñalva!."
El reo no
respondió, conservándose de ceño fruncido; y, a una señal de aquel, se sentó
nuevamente a la mesa, mientras el agradable guía permanecía de pié.
¡De fisionomía
grave, actitudes delicadas, conversación paternal, Olivier de Guzman, que, como
los demás iniciados superiores, vestía la indumentaria de la bella y
trabajadora falange a que pertenecía, entró a exponer al discípulo la
explicación del día, haciendo que lo anotara en cuadernos, o sea, llevándolo a
analizarla, a meditar sobre ella a fin de cuidadosamente imprimirla en la
mente. Al día siguiente debería el discípulo presentar la reseña de las
conclusiones hechas sobre el asunto ventilado. Consistía esa aula, presenciada
por nosotros, en una importante tesis sobre los derechos de cada individuo, así
en la sociedad terrena como en la astral, a la luz de la Ley Magnánima del
Creador; en los derechos de mutuo respeto, solidaridad y fraternidad que la
Humanidad debe a sí misma en la armoniosa cadena de las acciones de cada
criatura en torno de sí misma y de sus semejantes. Analizaría el alumno la
tesis delicada en comparación con sus propias acciones cometidas durante la
existencia última, que tuviera en la Tierra, y durante su permanencia en lo
Invisible hasta aquella fecha, confrontándolas todavía con las normas expresas
en las leyes que rigen el mundo astral y en los códigos de la moral cristiana,
indispensables para el progreso y el bienestar de todas las criaturas, y de las
cuales él venia recibiendo esclarecimientos desde hacia ya algún tiempo. Al
alumno le asistía el derecho de presentar objeciones, indagar en torno de dudas
que pudiese tener, y hasta de cuestionar.., observando nosotros el volumen de
preciosos esclarecimientos dados por el maestro a cada impugnación del
endurecido discípulo!. (12)
¡Y tal labor, de
la exclusiva competencia de la consciencia, podría ser tentado por todos los
reclusos, independientemente de su cultura intelectual!.
Perplejos ante
la intensidad y extensión de los servicios en la Torre, indagamos al paciente
expositor:
"- Una vez
que este pobre Espíritu se convenza de la necesidad del Bien, ¿para donde será
encaminado?...¿Que va a ser de él?... ¡¿Y por que obtiene, a pesar de la mala
voluntad manifiesta, un maestro de tal categoría, y lecciones profundísimas
como las que presenciamos, mientras que nosotros, que nos disponemos a caminar
en el futuro buenamente, a través de vuestros consejos, mal vislumbramos a esos
iniciados que tanto nos agradan, y ni conseguimos siquiera un texto donde
aprender las leyes que nos regirán de aquí en adelante, cuanto más pertrechos
de escribir?!..."
Fue concluyente
la respuesta que no se hizo esperar:
"- !En
primer lugar – aclaró el Padre Anselmo -, no debierais olvidar que sois
enfermos a quienes solo ahora concedieron el alta del Hospital, y mas que,
habiendo ingresado hace apenas tres años en este abrigo, no pasáis de recién
llegados que ni siquiera concluyeran el reajuste psíquico... Tan flagrante
diferencia, además, se ve en vuestras mutuas condiciones, que no admiten
siquiera un enfrentamiento para discusiones!. No os admiréis, por tanto, que
ese, que allá observamos, obtenga lo que parece inmerecido... Vuestra época de
iluminación vendrá a su tiempo y no perderéis por esperarla... Hace treinta y
ocho años que ingresó Agenor Peñalva a esta Torre y sólo ahora concuerda en
consagrarse al indispensable estudio de sí mismo para acatar la Ley y minorar
la situación propia, que le viene pesando amargamente... Por otro lado,
justamente debido a la inferioridad moral de que se rodea, necesita mayor
vigilancia y asistencia que vosotros, cuya tendencia para la conversión a la
Luz muy bien auguran para el futuro...
(12) Seria como
una “adoctrinacion” llevada a cabo por el Guía, como las que acostumbramos a
asistir en las sesiones experimentales bien dirigidas, ciertamente aventajadas
por las circunstancias y por la sabiduría del expositor.
Un trabajo prolongado ha requerido el endurecimiento del corazón en que se
atrincheró aquel pecador, temeroso como se siente de las consecuencias futuras
de los desbaratos que convirtieran en tinieblas su vida. !Fuera realmente
necesaria la perseverancia paternal de un Olivier de Guzman, afecto al trato
con los nativos del Norte y semibárbaros del Oriente, a fin de convencer al
gran desviado que ahí tenéis a animarse para la corrección!. !Volverá el muy en
breve a la reencarnación!. !Se encuentra excesivamente perjudicado, en sus
condiciones mentales, para que sea lícito conducirse a situaciones de verdadero
progreso!. Sólo una existencia terrena larga, dolorosa, produciéndole decisivas
transformaciones mentales, por librar a su consciencia, sobrecargada de
sombras, de un considerable bagaje de impurezas, le permitirá oportunidad para
nuevos trazados en la ruta del progreso normal... Y es a fin de convencerlo
satisfactoriamente a tal resolución, sin jamas obligarlo; es con la intención
de prepararlo para la adquisición de fuerzas suficientes para las luchas
ardientes que enfrentará en los proscenios terrestres, que así lo detenemos,
procurando moralizarlo lo más posible, reconciliándolo consigo mismo y con la
Ley!. !Si no lo hiciésemos, su próxima e inevitable reencarnación lo llevará al
mismo círculo vicioso en el que ha degenerado las demás, lo que absolutamente
no le conviene a él ni tampoco a nosotros, visto que por su reeducacion nos
responsabilizamos ante la misma Ley!.
“Continuad, no
obstante, observando lo que pasa en sus aposentos..."
Prestando
seguidamente la máxima atención, fuimos sorprendidos con acontecimientos que se
desarrollaron con precipitación, los cuales por su naturaleza altamente
educativa merecen ser narrados con especial cariño.
A un gesto del
preceptor, vimos que el paciente se levantó a fin de acompañarlo sumisamente,
como tocado por influencias irresistibles. Caminaran a lo largo de la galería
extensa, donde se localizaban las "prisiones" de los encerrados,
Olivier al frente. Entraron, enseguida, una espaciosa sala, especie de gabinete
de experimentos científicos. Se diría un tabernáculo donde mistérios
sacrosantos se desvendaban, afirmando al observador cuanto le convenía aprender
y progresar en psiquismo, para hacerse merecedor de la herencia inmortal que el
Cielo legó al genero humano.
El citado
gabinete se mantenía perennemente saturado de vaporizaciones magnéticas
apropiadas para la finalidad para la que fuera organizado, las que suavemente
emitían fosforescencias azuladas, tenues, sutiles, casi imperceptible a nuestra
visión aun muy débil para las cosas espirituales, y absolutamente invisibles a
la percepción embrutecida de aquel que en ellas entraba a fin de someterse a
una operación conveniente. Sobre un tablado pulido como el cristal se veía una
silla estructurada en substancias que igualmente asemejaban a la transparencia
del cristal, mas que por su interior pasaba un fluido azul, fosforescente, como
si fuera sangre que corriese por los canales arteriales de un envoltorio
carnal, desde que fuesen accionados botones minúsculos, cuales pequeñas
estrellas, que se veían en el conjunto de todo ese extraño aparato. Ante la
singular pieza, congénere de aquella existente en la sala de recepciones del
Hospital, donde asistiéramos al fenómeno de nuestro propio desprendimiento de
la organización material, retrocediendo mentalmente hasta la fecha del
suicidio, bajo la dirección de Teócrito y la asistencia de Romeu y Alceste, se
destacaba un cuadrilátero de cerca de dos metros, fulgurante cual espejo, una
placa fluido-magnética ultra-sensible, capaz de registrar, en su inmaculada
pureza, la menor impresión mental o emocional de quien allí se presentase, y a
la cual vimos ensombrecerse gradualmente, a la entrada de Agenor, como si un
hálito impuro la hubiese empañado.
Impaciente y
curioso inquirí, reparando en el aparato y descuidándome de la discreción que
convenía conservar:
"- ¡Se
diría un gabinete de fenomenologia transcendental!. ¿Cuál es la utilidad de
esto, Reverendo Padre?..."
"- ¡Decís
bien!. !En efecto se trata de un sagrario de operaciones transcendentalísimas,
mi amigo!. Los aparatos que veis, armonizado en substancias extraídas de los
rayos solares - cuyo magnetismo ejercerá la influencia del imán -, es una
especie de termómetro o máquina fotográfica, con la que acostumbramos medir,
reproducir y movilizar los pensamientos.., los recuerdos, los actos pasados que
se imprimieron en lo mas intimo del psíquismo de la mente, y que, por la acción
magnética, resurgen, como por encanto, de los escombros de la memoria profunda
de nuestros discípulos, para impresionar la placa y tornarse visible como la
misma realidad que fue vivida!..."
Un
estremecimiento de terror sacudió nuestras fibras psíquicas. El primer ímpetu
que tuvimos, oyendo la respuesta sucinta cuanto profunda en su vertiginosa
amplitud, fue el de huir, tan asustados que quedamos ante la perspectiva de ver
también nuestros pensamientos y acciones pasadas, así investigados.
Intimamente
presumíamos que nuestros mentores conocían minuciosamente todo a nuestro
respecto, sin excepción hasta del mismo pensamiento. Mas la discreción, la
caridad de esos incomparables amigos, que jamas se prevalecían de tal poder
para afligirnos o humillarnos, nos dejaban a gusto, prevaleciendo en nuestro
interior la cómoda opinión de que seríamos enteramente ignorados. ¡Lo que, sin
embargo, en verdad nos alarmaba no era el ser totalmente conocidos por elles, i
si la posibilidad de ver, nosotros mismos, esas fotografías del pasado; de
asistir, nosotros mismos, a las monstruosas escenas que fatalmente se
reflejarían en el insospechable espejo, analizándolas y midiéndolas, lo que
inesperadamente aparecía para nosotros como un patíbulo infamante que nos
esperaba como un nuevo genero de suplicio!.
"- Una
entidad iluminada - continuó explicando el profesor emérito, director interno
de la Torre del Vigía -, ya educada en buenos principios de moral y ciencia, no
se utilizará esos aparatos cuando desee o necesite extraer de los archivos de
la memoria sus propios pensamientos, los recuerdos, el pasado, en fin le
bastará la simple expresión de la voluntad, la energía de la mente accionada en
sentido inverso... y se hará presente el pasado, viviendo ella los momentos que
fueran evocados, tal como los viviera, realmente, otrora!. Para la reeducación
de los inexpertos, no obstante, así se hacen útiles e indispensables a los
inferiores, motivo por el cual los utilizamos aquí, facilitando sobremanera
nuestro servicio.
Aun así, todo
cuanto obtengamos de la mente de cada uno será para nosotros como un sacrosanto
depósito que jamas será traicionado, pudiéndose realmente anticipar que apenas
el maestro instructor del paciente será el depositario de sus terribles
secretos, guardándolos celosamente para la instrucción del mismo, pues así
determinan las leyes de la caridad. Esporádicamente, como en este momento,
podremos sorprender algo, visto que se trata de la iluminación de la
colectividad, aun con mayor razón cuando esa colectividad se arma de
buena-voluntad para el progreso y del criterio que vemos irradiando de
vosotros..."
Mientras,
Agenor, visiblemente asustado con el aspecto que iban tomando los
acontecimientos, apeló a la mistificación, ignorando a elevada mentalidad de
aquel por quien era servido, el cual piadosamente se rebajó a fin de ser mejor comprendido:
"- ¡No
señor, mi maestro, no señor! ¡No fui mal hijo para mis padres!... Las
anotaciones que ayer presenté de esa particularidad de mi vida son verdaderas,
¡os lo juro!... ¡Existe, por cierto, algún error en el detalle que os llevó a
rechazarlas!... ¡Error y rigor excesivos para conmigo!... ¡Me hacéis escribir
las normas de un buen hijo, de acuerdo con las leyes del Señor Dios
Todo-Poderoso, que yo temo y respeto! !Queréis que, una vez mas, yo las estudie
para, mañana, exponer mis recuerdos respecto de mi condición de hijo, en las
páginas del diario íntimo que soy forzado a escribir, analizándolas en
comparación con aquellas normas... Sin embargo, si tengo certeza de lo que
vengo afirmando respecto de mis recuerdos, ¿para que tan exhaustiva labor?!...
Os pido, antes, que encaminéis a quien corresponda mi ruego de liberación...
¿Por qué me hacen sufrir tanto?... ¿No existe, pues, perdón y benevolencia en
la ley del buen Dios, que yo tanto amo?.., pues soy profundamente religioso..,
y estoy arrepentido de mis grandes pecados... ¡Me encuentro aquí hace tantos
años!... Pasé por infernales calabozos, en manos de una horda malvada que me
raptó, después del suicidio, a su banda... Atormentado, vagué por islas
desiertas, antes de someterme a sus detestables deseos... Enfrenté las furias
tétricas del océano, abandonado y perdido sobre roquedales solitarios...
¡Durante diez años me vi encadenado al antro inmundo de un cementerio, donde
sepultaran mi cuerpo asqueroso, embarrado y fétido!. Perseguido fui por grupos
siniestros de enemigos vengadores; golpeado como perro rabioso, maltratado como
un reptil, corroído por millones de vermes que me enloquecieran de horror y
angustia, bajo la tortura suprema de la confusión que nada permite esclarecer,
sin lograr comprender la trágica aflicción de sentirme vivo y encontrarme
sepultado, podrido, devorado por inmundos vibriones!..., me llevaran
prisionero, los malvados, atado con cuerdas resistentes, y me prendieron a mi
propia sepultura en la que yacía... bien..., quiero decir... Vos ya lo sabéis,
mi maestro... En la que yacía aquella
que yo amé... ¡Si!. Que yo desgracié y después asesiné, temiendo represalias de
su familia, visto que se trataba de una niña calidad aristócratica... Nadie
jamas identificó al asesino... Mas aquellos malvados sabían todo y después de
mi suicidio vengaran a la muerta... De tal forma me vi perseguido que, a fin de
liberarme de tal yugo y eximirme de los malos tratos que recibía, tuve que
unirme al bando y volverme un igual, pues era esa la alternativa que
ofrecían... Debo, por tanto, tener muchos atenuantes... Después, además,
aprisionado por lanceros, encarcelado en el Valle Siniestro, donde padecí una
nueva serie de horrores... ¡Y ahora, en esta Torre, privado de mi libertad, sin
siquiera poder recrearme por las calles de Madrid, que yo tanto amaba, ni
respirar el aire puro y fresco de los campos, como tanto me gusta!...!¿Soy o no
soy hijo del Buen Dios?!..!¿O seré hermano del mismo Satanás?!...
Demostrando la
más singular serenidad, replicó el mentor generoso:
"-
¡Oyéndote alguien extraño a tus eternas quejas, Agenor Peñalva, supondría que
se cometen injusticias en el recinto iluminado por los benignos favores de la
Magnánima Directora de nuestra Legión!.... Sin embargo, la larga serie de
infortunios que expusiste tuvo origen apenas en los excesos pecaminosos de tus
propios actos y en la truculencia de los instintos primitivos que conservas...
¡Hace treinta y ocho años vienes siendo pacientemente exhortado a una reforma
íntima, que te asegure situaciones menos ingratas! !No obstante, te niegas
sistemáticamente a toda y cualquier experiencia hacia el bien, enclaustrado en
la mala voluntad de un orgullo que te viene intoxicando el Espíritu, por
entorpecer los movimientos en pro de los progresos que desde hace mucho
deberías haber concretado!. !Una gran tolerancia se ha desarrollado aquí, a tu
alrededor, a pesar de no reconocerla!. !Bien sabes que tu retención en nuestro
círculo de vigilancia equivale a la protección contra el yugo obsesor de la
falange que liderabas, así como no ignoras que de ti depende la obtención de la
libertad que tanto ansias!. Jamas fuiste molestado aquí. !Tesoros espirituales
diariamente te ofrecemos deseosos que somos de verte enriquecido con la
adquisición de las luces que de ellos se irradian!. !Huésped de la Legión de
María, fuiste por Ella recomendado a la dirección de este Instituto, en el
sentido de no concertar tu vuelta al círculo carnal – a la reencarnación - sin
que alcances un grado de progreso eficiente para el buen éxito de los futuros
testimonios terrenos, que serán duros, dada la gravedad de tus deudas en el
concepto de la Ley!.
Diariamente son
expuestos a tu examen los motivos por los que tu libertad fue privada. Sabes
que eres culpable. Sabes que arrastraste al torbellino del suicidio a una
decena de hombres incautos, que se dejaron seducir por las funestas sugestiones
de tus mañas de obsesor inteligente, desgraciándolos por el simple placer de
practicar el mal o por envidiarlos de algún modo, así como otrora, cuando eras
hombre, desvirtuabas a pobres doncellas enamoradas y livianamente confiadas,
llevándolas al suicidio con la amarga traición con que las decepcionabas -
preanúncios del obsesor que serias en el futuro...
!Mas tu orgullo
sofoca las conclusiones lógicas del raciocinio y prefieres la rebelión y el
sofisma por ser más cómodos, hurtándote a las responsabilidades por permanecer
dilatando la aceptación de compromisos que te asustan, porque tienes miedo del
futuro que tu mismo preparaste con las iniquidades que practicaste!. Ahora, sin
embargo, existen ordenes superiores a tu respecto: - urge que apresuremos tu
marcha hacia el progreso, evitándote la permanencia indefinida en el círculo
vicioso que te prolonga los sufrimientos. !Para que pongamos fin a tan
lamentable estado de cosas, haremos la experiencia suprema!. Quisiéramos
evitarla por dolorosa, concediéndote un plazo mas que justo para, que por ti
mismo, busques el camino de la rehabilitación. Te advierto que, a partir de
este momento, diariamente harás un examen sobre ti mismo, provocado por
nosotros, lento, gradual, minucioso, que te permita la convicción de la
urgencia en la reforma interior que careces... Sé que será penoso tal cotejo.
!Lo provocaste, sin embargo, tu mismo, con la resistencia en la que te vienes
manteniendo para el ingreso en el camino de la elevación moral!.
¿Fuiste un buen
hijo para tus padres, dices?... Tanto mejor, nada deberás temer ante la
evocación de ese pasado!. !Será, por tanto, por esa confrontación que
iniciaremos la serie de los análisis necesarios para tu caso, ya que el primer
deber que cabe al hombre cumplir en la sociedad en que vive será en el
santuario del hogar y de la Familia!.
Veamos, pues,
los méritos que tienes como hijo, pues todos los que puedas tener serán
rigurosamente acreditados en tu favor, suavizando tus futuras reparaciones:
¡Agenor
Peñalva!. !Siéntate ante este espejo, bajo el palio magnético que fotografiará
tus pensamientos y recuerdos!. !Vuelve tu atención a la época de tus cinco años
de edad, en la última existencia que tuviste en la Tierra!. !Rememora todos los
actos que practicaste en torno a tus padres, de tu madre en particular!...
!Asistirás al desfile de tus propias acciones y serás juzgado por ti mismo, por
tu consciencia, que en este momento recibirá el eco poderoso de la realidad de
lo que pasó y de la cual no te podrás esquivar, porque fue fiel y rigurosamente
archivado en lo mas intimo e imperecible de tu alma inmortal!..."
Como todo
Espíritu grandemente culpado, en el momento preciso Agenor quiso tentar la
evasión. Se acorraló, de súbito, en un ángulo del aposento, gritando
aterrorizado, en el auge de la aflicción, la mirada desvariada de un perfecto
réprobo:
"- ¡No
señor, mi maestro, por favor, os lo suplico!... !Dejadme regresar a mi aposento
por esta vez, para una nueva preparación!..."
Mas, por primera
vez desde que ingresáramos al magno establecimiento de educación, sonó a
nuestros oídos una expresión fuerte y autoritaria, proferida por uno de
aquellos delicados educadores, porque que Olivier de Guzman repitió con
energía:
"-
¡Siéntate, Agenor Peñalva!. !Te ordeno!."
¡El pecador se
sentó, dominado, sin proferir mas una palabra!. Suspendimos hasta la
respiración. El silencio se extendiera religiosamente. !Parecía que la
venerable ceremonia recibía la bendición de la asistencia sacrosanta del Divino
Médico de almas, que desearía presidir al cortejo de la consciencia de mas un
hijo pródigo pronto a dirigirse a los brazos perdonadores del Padre!..
Agenor parecía
muy calmo, ahora. Olivier, cuyo semblante se tornara profundamente grave, como
si concentrase las fuerzas mentales a la más alta tensión, lo acomodó
convenientemente, envolviéndole la frente con una faja de textura luminosa,
cuya albura transcendente la denunciaba como originándose de la misma luz
solar. La faja, en tanto, que recordaría a una guirnalda, se unía al palio que
cubría la silla a través de hilos luminosos, casi imperceptibles, de naturaleza
idéntica, lo que nos llevó a deducir que el palio era el motor principal de ese
mecanismo tan simple cuanto magnífico en la su finalidad. La pantalla, a su
vez, igualmente se ligaba al palio por múltiples estrías centelleantes,
pareciendo armonizada en el mismo elemento de luz solar.
La voz del
mentor se elevó, mas, autoritaria, envuelta, sin embargo, en intraducibles
vibraciones de ternura:
“- !Tienes cinco
años de edad, Agenor Peñalva, y resides en el solar paterno, en los alrededores
de Málaga... Eres el único hijo varón de un matrimonio feliz y honrado...y tus
padres sueñan en darte un futuro destacado y brillante!... !Son profundamente religiosos
y practican nobles virtudes conjuntamente con las acciones diarias, acariciando
el ideal de consagrarte a Dios, haciéndote vestir la sotana sacerdotal...
Despierta de lo mas intimo de tu alma tus acciones como hijo, alrededor de
tus padres... de tu madre particularmente!. !Hazlo sin vacilar! !Estás en
presencia del Creador Todo-Poderoso! ¡que te dio la Consciencia como portavoz
de Sus Leyes!..."
¡Entonces,
surgió ante nuestra vista asombrada lo inenarrable en el lenguaje humano!. !El
pensamiento, los recuerdos del desgraciado, su pasado, sus faltas, aun sus
crímenes, como hijo, ante sus padres, traducidos en escenas vivas,
moviéndose en el espejo sensible e impoluto, ante él, retratando su propia
imagen moral, para que el asistiese a todo, reviéndose con toda la hediondez de
las caídas en que zozobrara, como si su Consciencia fuese un repositorio de
todos los actos practicados por él, y los que, ahora, arrebatados del fondo de
la memoria adormecida, por una transcendentalísima atracción magnética, se
levantasen conflagrados, triturándolo con el peso insoportable de la tenebrosa
realidad!.
La lamentable
historia de ese personaje - asesino, suicida, seductor, obsesor - ocuparía un
volumen profunda1nente dramático. Nos hurtamos al deseo de narrarla. !Para
complemento del presente capítulo, sin embargo, presentaremos un pequeño tópico
de lo que presenciamos en aquella memorable tarde de mas allá de la tumba, y
que juzgamos no será totalmente destituido de interés para el lector, ya que,
infelizmente, ni aun hoy son comunes los hijos modelo en el respetable
instituto de la Familia terrena!.
..........................................................................................................................................................
- ¡Desde los primeros años de su juventud
fuera Agenor Peñalva hijo rebelde y esquivo a la ternura y al respeto a sus
padres. No reconociera jamas las solicitudes de que era objeto: - sus padres
serian esclavos cuyo deber consistiría en servirlo, preparándole un digno futuro, pues era él el señor, o sea, el hijo!.
- ¡En la intimidad del hogar mantenía actitudes
invariablemente despóticas, hostiles, irreverentes, crueles fuera del hogar,
sin embargo, prodigaba amabilidades, afabilidades, gentilezas!.
- Rebelde a toda y cualquier tentativa de corrección.
- Deseosos de garantizarle un futuro sin trabajos
excesivos, en las duras lides de los campos agrícolas, que tan bien conocían; y
sabiéndolo, además, ambicioso e inconforme con la oscuridad de su nacimiento,
arrojaron los heroicos genitores a sacrificios inconmensurables, manteniéndolo
en la capital del Reino y pagándole los derechos para la adquisición de un
lugar en la compañía de los ejércitos del rey, visto que no sintiera atracción
hacia la vida eclesiástica, desencantando rápido de inicio el ideal paterno.
Pretendiera antes la carrera militar, más concorde con las aspiraciones
mundanas que lo arrebataban, y que facilitaría, además, el ingreso a los
ambientes aristocráticos, que envidiaba.
- Se avergonzara de la condición humilde de aquellos
que le habían dado el ser y velado abnegadamente por su vida y bienestar desde
la cual; repudió el honrado nombre paterno, de Peñalva, por otro ficticio que
mejor sonase a los oídos aristócratas, proclamándose mentirosamente
descendiente de generales, cruzados y nobles caballeros libertadores de España
del yugo árabe.
- !Con el fallecimiento de su viejo padre, a quien no
visitara durante la pertinaz enfermedad de la que fuera víctima, desamparó
inhumanamente a su propia madre!. Le arrebató los bienes, le chupó los recursos
con que contaba para la vejez, olvidándola en la Provincia, sin medios de
subsistencia.
- !Le hizo verter inconsolables lágrimas de desilusion
ante la ingratitud con que le brindara cuando más la viera carente de
protección y cariño, relegándola a una
dolorosa vía crusis de humillaciones
por vivir en lo de una parentela lejana, donde la mísera representaba un
estorbo indeseable!.
- Se negó a recibirla en su casa de Madrid - pobre
vieja ruda en el trato, simple en el lenguaje, rústica en su presentación -,
pues era su casa frecuentada por personajes destacados entre la alta burguesía
y la pequeña nobleza, en cuya clase contraería matrimonio, haciéndose pasar por
noble.
- La envió en secreto a Portugal, visto que insistía
la pobre criatura en valerse de su protección en la miseria insoluble en que se
veía zozobrar. La envió a un tío paterno que hacia mucho se transfiriera a
Porto. Lo hiciera, no obstante, aéreamente, sin certificarse del paradero
exacto del aludido pariente. Su madre, así, no lograra localizar a su cuñado
que allí ya no residía, y se perdiera en tierras lusitanas, donde fuera acogida
por favor por unos compatriotas piadosos.
- Le escribieron los mismos compatriotas,
participándole de la angustiosa situación de su genitora, que nuevamente le
imploraba socorro. No respondiera, disculpándose ante
la consciencia con un determinado viaje que emprendería en breve.
- En efecto, alimentando ideales desmedidamente
ambiciosos, se transfiriera a la lejana América, abandonando realmente hasta a
su esposa, a quien ilusionara con falaces promesas, para al fin escaparse a
consecuencia de un repugnante caso pasional, en el cual una vez mas asumió el
papel de verdugo, seduciendo, vilipendiando y hasta induciendo al suicidio a
una pobre e ingenua doncella de sus relaciones. !Desinteresándose, así,
completamente de su madre, la abandonó para siempre, viendo a la infeliz viejita
al extremo de arrastrarse miserablemente por las calles públicas, a merced de
la caridad ajena, mientras tanto él prosperaba en la libre y auspiciosa
América!.
Eran los cuadros
dramáticos y repulsivos, que se sucedían en escenas, de un realismo conmovedor,
angustiando nuestra sensibilidad, disgustando a los mentores presentes, que
bajaban la cabeza, entristecidos.
Agenor, todavía,
que, al principio, pareciera sereno, se exhaltara gradualmente, hasta la
desesperación; y, llorando convulsivamente, ahora gritaba, en alaridos
alarmantes, que lo perdonasen y de él se compadeciese el instructor, repeliendo
las visiones como si el mismo infierno amenazase con devorarlo, el semblante
congestionado, enloquecido por la suprema angustia, atacado de la fobia cien
veces torturadora del remordimiento!.
"- ¡No!.
!No, mi maestro, mil veces no! - vociferaba entre lágrimas y gestos dramáticos
de desesperada repugnancia. - !Basta, por el amor de Dios!. ¡No puedo!. ¡No
puedo!. !Enloquezco de dolor, mi buen Dios!. ¡Madre!. ¡Mi pobre madre,
perdóname!. !Aparece, madre mía, para saber que no maldices a tu hijo ingrato
que te olvidó, y me podré sentir aliviado!. !Socórreme con la limosna de tu
perdón, ya que no puedo ir hasta donde estás a suplicártelo, pues vivo en el
infierno, soy un réprobo, condenado por la sabia ley de Dios!... !!No puedo mas
soportar la existencia sin tu presencia, madre mía!. !Las más angustiosas
añoranzas desorientan mi corazón, donde tu imagen humilde y vilipendiada por mí
se gravó en caracteres indelebles, bajo el fuego devorador del remordimiento
por el mal que contra ti practique!. ¡Oh! que venga tu figura triste a clarear
las tinieblas de la desgracia en que se perdió mi miserable ser, envenenado por
la hiel de tantos crímenes!. !Aparéceme al menos en sueños, al menos en mis
alucinaciones, para que al menos yo tenga el consuelo de tentar un gesto
respetuoso para contigo, que suavice la amargura insoportable de la tortura que
me destroza por haberte ofendido!. Aparece, para que Dios, por ti, me pueda
perdonar todos los males de que vilmente te hice!... ¡Perdón, mi Dios, perdón!.
¡Fui un hijo infame, oh Dios clemente!. ¡Sé que soy inmortal, mi Dios! !Y que
Tu eres la misericordia y la sabiduría infinitas!. ¡Concédeme entonces la
gracia de retornar a la Tierra a fin de expurgar de la consciencia la
abominación que la deturpa!. ¡Déjame reparar la falta monstruosa, Señor!. ¡Dame
el sufrimiento!. ¡Quiero sufrir por mi madre, a fin de merecer su perdón y su
amor, que fue tan santo, y el cual no llevé en consideración! ¡Castígame, Señor
Dios!. ¡Yo me arrepiento!. !Yo me arrepiento!. ¡Perdóname, madre mía!.
¡Perdóname!... "
Le retiró el
sabio profesor la faja centelleante de la frente.
"-
¡Levántate, Agenor Peñalva!" - ordenó, autoritario.
Se levantó el
desgraciado, tambaleante, los ojos alucinados, como atacado de embriaguez.
Habían cesado
las visiones.
Inconsolable,
todavía, él - mísero furioso consciente – se arrojó de rodillas, cubrió el
rostro trastornado con las manos crispadas y dejó continuar el llanto, vencido
por el más impresionante desaliento que me fuera dado presenciar en nuestro
Instituto hasta aquella fecha...
Olivier de
Guzman no intervino, tentando consolarlo. Apenas lo levantó y, sosteniéndolo
paternalmente, lo recondujo a sus apartamentos. Al llegar allí puso sobre la
mesa de estudio un gran álbum, cuyas páginas aprecian arrugadas; y, en una hoja
en blanco, escribió un título y un subtítulo cuya profundidad lanzó a nuestra
alma un estremecimiento de gran, de penosa emoción:
-TESIS:
El 4º Mandamiento de la Ley de Dios: -
“Honrad a vuestro padre y a vuestra madre, a fin de que viváis largo tiempo en
la Tierra que el Señor vuestro Dios os dará.”
-Descripción de
los deberes de los hijos para con sus padres.
Luego se alejó. ¡Sin articular más ninguna
palabra!. Otro discípulo lo esperaba. Una nueva tarea requería su desvelada
actividad.
¡El Padre
Anselmo tocó un minúsculo botón del aparato! ¡Finalizara nuestra visión!.
No me pude contener y, malhumorado, inquirí:
¡”-¿Conque, entonces, dejan al infeliz así
desamparado, entregado a tan desesperante situación?... ¿Habrá en ese gesto
suficiente caridad de parte de los obreros de la magnánima Legión que nos
acoge, incumbido de su protección?..."
Carlos y Roberto
sonrieron vagamente, sin responder, mientras el viejo sacerdote iniciado
satisfacía bondadosamente, a mi indiscreta ansiedad:
"- Los
mentores conocen minuciosamente a sus discípulos y las tareas a las que se
dedican. !Saben lo que hacen, cuando operan!... ¡De cualquier manera!. ¡¿Quién
os dice que el penitente quedará sólo y desamparado?!... ¡Por si acaso, ¿no se
encuentra bajo la tutela maternal de María de Nazaret?!..."
Cuando los
portones de la fortaleza se cerraron detrás de nosotros, a fin de iniciar la
marcha de retorno, oíamos todavía, resonando angustioso en nuestras mentes
atontadas, el alarido del mal hijo entre sus convulsiones rabiosas
CAPITULO III
EL MANICOMIO
"Por tanto, si tu mano o tu pie es ocasión
de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te
es entrar en la vida cojo o manco, que
teniendo dos manos o dos pies ser echado
en el fuego eterno."
JESUS-CRISTO - El Nuevo Testamento.
(13)
(13) Mateo,
18:8.
No nos hurtaremos al deseo de transcribir las sensacionales impresiones
suscitadas a nuestro razonamiento por la segunda visita de la serie programada
por la previsión del Hermano Teócrito, para nuestra ilustración, en la tarde
del día inmediato al que visitáramos la Torre.
Se abrieron de par en par los magníficos portones del Manicomio,
permitiéndonos el paso como si fuéramos personas amigas.
Como tan bien lo
indicaba su denominación, el Manicomio recogía a las individualidades cuyo
estado mental excesivamente deprimido por las repercusiones originadas del
efecto del suicidio les imposibilitase la facultad de raciocinar normalmente.
Era el director
del Manicomio un antiguo psiquista natural de la vieja India - cuna de la
sabiduría espiritual de la Tierra -, conocedor profundo de la ciencia esotérica
del alma humana, lúcido y experimentado alienista, cuyos cabellos nevados
escapando del albo turbante semejaban una hermosa corona de laurel evidenciando
sus méritos adquiridos en el trabajo y en la dedicación a sus hermanos
infelices. Su nombre - un nombre cristiano - adoptado después de la iniciación
en la luz redentora del Cristianismo, seria João, el mismo del apóstol venerado
que le desvendara los arcanos radiosos de la Doctrina Inmaculada a la que para
siempre se consagrara, desde entonces. ¡Y como el Hermano João, simplemente,
fue que conocimos a ese encantador personaje sobre cuyos hombros pesaba la
tremenda responsabilidad de los enfermos mas graves de toda la Colonia!.
Suficientemente materializado, a fin de permitirnos una mejor comprensión, el
Hermano João mostraba una tez morena, como generalmente la tienen los hindúes;
grandes ojos penetrantes, frente amplia e inteligente, cabellos completamente
encanecidos y estatura elevada. En el dedo anular de la siniestra la esmeralda,
que indicaba su calidad de médico, así como en lo alto del turbante, pues, en
verdad, no viéramos aun a ninguno de aquellos sabios iniciados que no se
vistiesen de la misma manera que los demás compañeros, excepción hecha de los
sacerdotes, que preferían conservar la sotana sacerdotal atendiendo a
exigencias circunstanciales.
Extremamente
simpatizados por esa figura venerable, lo rodeamos sin mas ceremonias, como si
de largo tiempo lo conociésemos, atraídos por las espléndidas vibraciones que
le eran naturales, mientras iba él dirigiéndose hacia el interior del
importante establecimiento que comprobábamos rigurosamente montado bajo los
reclamos de la Fraternidad inspirada en el divino amor cristiano, así como en
las exigencias de la ciencia médico-psíquica.
"- Antes de
tratar cualquier asunto interesante – aclaró, gentil y atento -, deberé
informaros de que mis queridos pupilos son inofensivos, como entidades
anormales a causa del sufrimiento, que son. Algunos están todavía en un estado
de alucinación; otros inmersos en una prestación impresionante, necesitando de
nuestros cuidados y celos especiales, conforme veréis. Digo, sin embargo, que
son inofensivos, tomando por base a un loco terreno, pues mis pobres pupilos no
agraviarían a nadie, conscientemente; no agredirían, no atacarían, como
generalmente acontece con los locos de los manicomios terrenos. No obstante,
son portadores de los más nefastos peligros - no sólo para hombres encarnados,
sino hasta para Espíritus aun no inmunizados por las actitudes mentales sanas y
vigorosas -, razón por la cual los tenemos separados de vosotros,
manteniéndolos aislados. ¡Sus deplorables estados vibratorios, rebajados a un
nivel superlativo de depresión e inferioridad, son de tal suerte perjudiciales
que, si se aproximasen de un hombre encarnado, permaneciendo junto a él
veinticuatro horas, y si ese hombre, ignorante en asuntos psíquicos, les
ofreciese analogías mentales, prestándose con su pasividad para el dominio de
las sugestiones, podría suceder que lo llevasen al suicidio, inconscientes de
que lo hacían, o lo prostrasen gravemente enfermo, alucinado, realmente loco!.
Junto a una criatura podrán matarla de un mal súbito, si el pequeño ser no
tuviera alrededor de él a alguien que, por disposiciones naturales, atraiga para
sí tan perniciosas irradiaciones, o una terapéutica espiritual inmediata, que
lo salvaguarde del funesto contagio, que, en ese caso, seria considerada como
el efecto lógico de alguna peste que se propagó..."
Impresionado,
Belarmino inquirió, frunciendo el ceño:
"- ¡¿Cómo
podría darse un caso delicado de esos, Hermano João?!...¿Será que no existen
tales posibilidades bajo la vista de la Ley Sabia del Creador?...!¿Cómo he de
comprenderlas sin perjudicar mi respeto por las mismas?!...
El interlocutor
esbozó un gesto de indefinible amargura y retrucó, con sabiduria:
"- La Ley
de la Divina Providencia, mi hijo, estatuyó y preconizó el Bien, como también
lo Bello, como padrón supremo para la armonía en todos los sectores del
Universo. !Distanciándose de ese magnifico principio – camino evolutivo
incorruptible - , el hombre se responsabiliza por toda la desarmonía en la que
está enredado!. Esos casos, como los que tratamos, tienen posibilidades de
suceder y son el resultado de infracciones cometidas por nuestros estados de
imperfección, perjuicios desagradables y constantes de la inferioridad del
planeta en que se dan. !Conviene notar, sin embargo, que no estoy afirmando que
tales casos sean frecuentes, y sí que pueden acontecer, y han realmente
acontecido!. Y así acontecerá cuando exista semejanza de tendencias - afinidades
- entre las dos partes, o sea, entre el desencarnado y el encarnado. En cuanto
a la criatura, ser delicado e impresionable por excelencia, convengamos que
será susceptible de afectarse por muy insignificantes factores, bastando que no
estén estos concordes con su delicada naturaleza. !No ignoramos, por ejemplo,
que un susto, una impresión fuerte, un sentimiento dominante, como la añoranza
de alguien muy querido, podrán igualmente llevarla a enfermar y abandonar su
pequeño fardo carnal!.
¡La misma Ley,
bajo la contradicción de la cual aquellas posibilidades podrán subsistir,
también da a los hombres medios eficaces de defensa!.
A través de la
higiene mental, en el reajuste de los sentimientos en la práctica del verdadero
Bien, así como en el cumplimiento del Deber; en las armoniosas vibraciones
originadas en la comunión de la mente con la Luz que de lo Alto irradia en
tonos de beneficencia para aquellos que la buscan, podrá la individualidad
encarnada inmunizarse de tal contagio, así como el hombre se inmuniza contra
males epidémicos, propios del físico-terrestre, con las substancias
profilácticas apropiadas a la organización carnal, o sea, vacunas... Tratándose
de un virus psíquico, es claro que el antídoto será análogo, armonizado en
energías opuestas, también psíquicas... Por nuestra parte, existiendo, en la
Ley que orienta a la Patria Invisible, ordenes perennes para que calamidades de
ese tamaño sean evitadas lo mas posible, todos los esfuerzos empleamos a fin de
cumplirlas bien, constituyendo un deber sagrado, para nosotros, el preservar a
los hombres en general, y a los niños en particular, de accidentes de esa
naturaleza.
Infelizmente,
todavía, no siempre somos comprendidos y auxiliados en nuestra intención,
porque los hombres se entregan voluntariamente, a través de actitudes impías y
completamente desgobernadas, a esas
posibilidades, las que conforme venimos afirmando, aunque anormales,
podrán verificarse...
“! Para aquel
que se dejó vencer por el asedio de la entidad desencarnada, los males de ahí
resultantes serán la consecuencia del descuido, de la inferioridad de las
costumbres y sentimientos, del acervo de actitudes mentales inferiores, del
alejamiento de la idea de Dios, a la que se prefiere paralizar, olvidando de
que la idea de Dios es al manantial inmarcesible a proveer de elementos
imprescindibles para el bienestar, para la victoria, en cualquier sector en que
se mueva la criatura!. Para el causante "inconsciente" del mal
evidenciado, será el demérito de una carga mas, derivada del acto de su
suicidio, y cuya responsabilidad irá a juntarse a las demás que lo
sobrecargan..."
"- ¿Y no
existirá, por ventura, algún medio seguro de prevenir al hombre del nefasto
peligro al que está expuesto, como él pisase en un terreno falso, minado por
explosivos mortíferos?..." - interrogué, pensativo, entreviendo muchos
dramas terrenos cuya causa estaría en la exposición que nos hacían.
"- ¡Si,
existen!. – replicó vivamente el esclarecido doctor. - !Existen varios medios
por los cuales son ellos avisados, y hasta realmente puedo asegurar que la
alarma es permanente, incansable, sin interrupción, eterna!. – !y no dirigido a
este o a aquel grupo de ciudadanos, solo y sí a la Humanidad entera!.
!Los avisos de
que carecen los hombres para desviarse no sólo de ese ominoso resultado, como
de los demás tormentos que podrán alcanzarlos durante los ensayos terrenos para
el progreso, están en las advertencias de la propia consciencia de cada uno, la
cual es el portavoz de la legislatura por la que se deberá pautar, indicándole
la práctica del Deber como protección contra todo y cualquier fracaso que pueda
sorprenderlo en la sociedad terrena como en la espiritual!. Se estampan en los
dispositivos que las creencias y tradiciones sagradas de todos los pueblos
popularizan a lo largo de las generaciones, así como se encuentran en las
reseñas de la moral educativa legada al genero humano, como a los Espíritus que
pertenecen en la Tierra, por el Gran Maestro Nazareno, la cual, lejos de ser el
fruto del misticismo hiperbólico de un pueblo apasionado y fantasioso, como
presumen los supuestos espíritus fuertes, es, al contrario, la norma lógica y
viva, cuya aplicación en los actos de la vida práctica diaria vendrá a
garantizar al hombre – a la Humanidad - los estados felices con los que desde
hace milenios sueña, por los que se debate a través de luchas incesantes y sin
gloria, mas para la conquista de las cueles han desperdiciado un tiempo valioso
dejando de abrazar los únicos elementos que lo ayudarían en la heroica odisea,
o esa, el respeto a las leyes que rigen el Universo y presiden su destino, la
auto-reforma indispensable y de allí consecuente!. Y actualmente, con absoluta
eficiencia, están en los códigos luminosos de la llamada Nueva Revelación que
preside, en los tiempos actuales, sobre la Tierra, la transformación social que
se esboza en el mencionado planeta. Facultando a francas relaciones entre los
planos objetivo e invisible; estableciendo y popularizando la comunión de ideas
entre nosotros, los Espíritus desencarnados, y los hombres aun retenidos en la
armadura carnal, la Nueva Revelación instruirá a cuantos se interesen por los
edificantes y magnos asuntos de su especialidad, así permitiendo a los hombres
recibir de lo Invisible todo lo que necesiten realmente, a fin de fortalecerse
para la ciencia de la Victoria. !Siendo así, necesariamente el hombre conocerá
todos los aspectos de la vida de lo Invisible que el estado de su progreso
moral y mental le permita!. Sus glorias y bellezas le serán reveladas; los
supuestos secretos que envolvían a la muerte, en planos inaccesibles, serán
solucionados por hechos clarividentes y elucidativos, así como los peligros que
lo cercan - como los que tratamos -, los abismos, las calamidades de las que
podría ser víctima por parte de habitantes de lo Invisible, todavía inferiores.
Todo cuanto los Espíritus han podido tentar para despertar la atención de los
hombres con la intención de instruirlos, advirtiéndoles en lo que concierne a
sus destinos espirituales, ha sido tentado a través de la Nueva Revelación.
!Mas los hombres sólo atienden de buena-voluntad a los imperativos de las
pasiones!. !Les interesan tan solo las opiniones personales, los goces del
momento!. !Preferentemente atienden a la satisfacción de sus propios caprichos,
aunque deprimentes, como las exigencias del egoísmo generador de caídas
fatales, y, por eso mismo, frecuentemente se disuaden de todo que los podría
elevar hacia Dios evitándoles desgracias y decepciones - posibilidades
pavorosas como las que acabé de mencionar -, pues no será condenándose
diariamente, al ímpetu de las ruines pasiones, que se inmunizaran contra una
especie de males cuyo único antídoto se encuentra en la práctica de las
Virtudes reales, como en la elevación mental hacia los dominios de la Luz!. Se
hacen adrede los sordos a las invocaciones del Protector Divino, que desea
resguardarlos de las envestidas del mal a la sombra de Su Evangelio de Amor,
así como al verbo de la Revelación Nueva, que, en Su nombre, a todos convoca
para la sublime transformación, al advertir:
- ¡Oh! Hombre,
criatura forjada del aliento radiosos del Foco Divino: - !Recuerda que eres
inmortal!... ¡Piensa que todo lo que ves, todo lo que palpas y tienes - las
conquistas hodiernas que en tu seno fomentan el orgullo, las vanidades que
cortejan tu egoísmo, las locas pasiones que te arrasan el carácter,
comprometiendo tu futuro; las ficticias glorias mundanas que te lisonjean y
adulan tu vanidad, esclavizándote a la materialidad - todo pasará,
desapareciendo un día, destruyéndose ante el fuego implacable de la realidad,
inmersas que serán en el olvido de las cosas insustentables que no podrán
prevalecer en el seno de una Creación Perfecta. ¡Mas tu persistirás siempre!.
¡Quedarás de pié para contemplar los deplorable escombros de tus propios
engaños, aguardando pávidamente la aurora de los nuevos sucesos del porvenir!.
Recuerda que los mundos que ruedan en el infinito azul, esos focos de luz y
energía, que te tonifican las ideas cuando, a la noche, disfrutando el merecido
reposo después de las lides diuturnas, te abandonas a cortejarlos fulgurando a
distancias impenetrables; los Planetas lejanos, que en diversos parajes
siderales del Universo Ilimitado crecen, progresan y relucen en el carrero de
los milenios, cargando en sus espaldas generosas a otras humanidades, tus
hermanas, en ascensión constante hacia el Eterno Distribuidor de la Vida, y
arrastrando en su órbita hermosa Pleyades de otras tantas joyas del inimitable
escriño del Universo; el mismo Astro Rey que te vio nacer y renacer tantas
veces sobre la Tierra, prestándote vida, guiando y entibiando tus pasos,
sonriendo ante tus victorias de Espíritu en marcha, velando por tu salud y
protegiéndote en la noche de los milenios, colaborando contigo en las batallas
de los aprendizajes necesarios para tu educación de heredero divino -
igualmente pasaran, morirán para ser substituidos por otros ejemplares nuevos y
mejores, que a su vez alcanzaran idénticos destinos!. ¡Tu, sin embargo, no
pasarás Resistirás a la sucesión de los evos, como Aquel que te creó y te hizo
eterno como El mismo, dotándote con la esencia de la Vida que es El mismo, y de
cuyo seno promanaste!.
Cuídate por eso
mismo, ¡oh Hombre!. !Siendo tu, por derecho de filiación, predestinado a la
gloria divina en el seno de la Eternidad, no podrás huir a los servicios de la
evolución que es imprescindible que hagas, de los movimientos de ascensión
propios de tu naturaleza, a fin de que alcances la órbita de la que
desciendes!.., y, en ese largo trayecto que te será indispensable recorrer,
cuantas veces infrinjas los dispositivos que determinan la armoniosa escala de
tu elevación, tantas veces sufrirás los efectos de la disonancia que creaste
contrariando la Ley a la que estás sujeto como criatura de un Ser Perfecto!...
¡Cuida de ti mientras haya tiempo!.., !mientras estás en el camino del trayecto
normal, que te pide apenas realizaciones beneméritas... No va el Dolor
visitarte, obligándote a estadios penosos, por tu negligencia en el
cumplimiento del Deber, forzándote a lavar la consciencia, con reparaciones
inapelables, al par de aquellas realizaciones!... ¡Aprende con tu Padre
Altísimo, que tan bien te dotó para la gloria de Su Reino, el amor y el respeto
al Bien, base inconfundible en la que te deberás apoyar para alcanzar la
magnífica victoria que eres convidado a concretar en honor de ti mismo,
felicidad que, por ley, y atributo de tu Espíritu inmortal!... !Trata, pues, de
modelar tu carácter abrillantando de virtudes esa alma que deberá reflejar, en
algún día de la Eternidad, la imagen y semejanza de su Creador!...
Para la
consecución de tan glorioso objetivo te fue concedido por el Cielo Magnánimo -
el Modelo Ideal, el Instructor Insuperable, capaz de guiarte hasta la cumbre
del destino que te es reservado: - Jesus de Nazaret, el Cristo de Dios!.
“¡Ámalo!.
¡Síguelo!. ¡Imítalo!... !Y alcanzarás el Reino del Padre Altísimo!..."
Así habla la
Revelación Nueva que los Invisibles proclaman sobre la Tierra.
¡¿Quién, en
tanto, se dispone a oírla con reverencia, porfiando en aceptar los sublimes
convites que el Cielo, abriéndose a través de ella, a los hombres dirige?!...
!Los hijos del
infortunio, de preferencia aquellos, cuyas almas abatidas por las supremas
desilusiones del mundo, tuvieran sus corazones revividos al influjo de las
verdades celestes que sus enseñanzas preciosas dejan entrever!. ¡Los bondadosos
idealistas de almas sensibles y humildes, enamoradas del Bien y de lo Bello,
los cerebros pensantes, no contaminados de indigestas teorías hijas de falibles
opiniones personales, y cuyos vuelos mentales ultrapasaron las barreras
terrestres, en el ansia incontenida y generosa de afinarse con las armoniosas
vibraciones que se irradian de lo Perfecto!... Los grandes y poderosos, no
obstante, los mandatarios endiosados por las buenas situaciones terrenas, cuya
bolsa bien proveída y mesa lauta desafiaban preocupaciones: el caudal inmenso
que sólo en sí mismo cree y sólo a sí mismo adora, porque todos los caprichos
podrá comprar, todas las pasiones conseguirá regaladamente saciar,
regocijándose en la adulación de las ruines alegrías que engañan los sentidos
mientras les envenenan el alma - esos prefieren nada de eso entender, dando las
espaldas a todo cuanto tendería a detener su caída en el precipicio... Hasta
que, en efecto, allá se despeñan, no obstante los reiterados avisos esparcidos
desde hace milenios por todo el mundo... Y allá se enredan, reduciéndose a este
deplorable estado. .. ¿Queréis verificar?...
Dijo y,
avanzando, se encaminó hacia una baranda que miraba a un extenso patio, especie
de claustro pintoresco donde arbustos graciosos mostraban agradablemente el
limitado paisaje.
Algunos bancos
artísticos adornaban las pequeñas alamedas, donde tristes e impresionantes
figuras, de entidades sufridoras que, como nosotros, habían sido hombres, se
sentaban para, en silencio, descansar.
El Hermano João
nos convidó a inclinarnos sobre la baranda, que se elevaba cerca de un metro
encima del nivel del patio, y continuó:
"- Estas
extrañas figuras que de aquí contempláis, pues no conviene que de ellas os
aproximéis, llegaran, como vosotros, del Valle de los Suicidas. ¡Mientras,
vosotros, recuperasteis la serenidad, consiguiendo condiciones satisfactorias
para tentativas prometedoras, estos pobres hermanitos apenas lograron
desprenderse de las exasperaciones de las que se castigaban para caer en la
apatía, lo que indicará que están bien diferentes de vuestro nivel moral y del
grado de responsabilidad en el suicidio... Están atontados, entorpecidos bajo
las impresiones muy chocantes y, por ahora, invencibles!. !No pueden raciocinar
como sería de desear en un Espíritu desencarnado; no consiguen reflexionar con
la plenitud de sus sentidos, y apenas comprenden lo que pasa alrededor como si
del fondo de un sarcófago entreviesen la realidad!.
¡Los empujones
dramáticos que los sorprendieron en las procelas de sus propias inconsecuencias
a la truculencia de los males que desde hace mucho se circundaron, se elevaron
a una extensión tal que les adormeció la vivacidad propia del Espíritu, del ser
consciente originario de un impulso divino!.
Aquí, en la
desoladora estrechez de este patio, que la misericordia sempiterna del Señor de
Todas las Cosas permitió fuese dotado de comodidades y expresiones agradables,
se encuentran, en una gran penuria moral, muchas entidades que fueron hombres
ilustres en la Tierra, a los que admiradores solícitos prepararan necrologías
elocuentes en páginas de periódicos importantes y en memoria de quienes
exequias pomposas se celebraran; que todo poseían de lo que de mejor existe
sobre la Tierra, mas que, infelizmente, se olvidaran de que no todo en el
Universo Ilimitado se resume a placeres, a faustos; y que no siempre las
elevadas posiciones sociales o las riquezas materiales serán garantías para
aquellos que las asociaron a los errores; no siempre la práctica de abominaciones
o las inconsecuencias de la inmoralidad, así como las odiosas actitudes del
egoísmo, quedaran impunes, abandonados sus dispensadores en la caída
irreparable a las tinieblas!.
Se encuentran,
aquí, orgullosos y sensuales que juzgaran poder disponer livianamente de sus
mismos cuerpos carnales, entregándose a la disolución de las costumbres,
saciando sus sentidos con mil gozos funestos, deletéreos, sabiendo, sin
embargo, que perjudicaban su salud y se irían a la tumba antes de la época
oportuna prevista en los códigos de la Creación, porque de eso mismo les
prevenían los facultativos a quienes recurrían cuando los excesos de todo orden
traían indisposiciones orgánicas en sus armaduras camales – en caso no se
detuviesen a tiempo, corrigiendo los disturbios con la práctica de la
temperancia.
¡Todos estos, lo
sabían también!. ¡Sin embargo, continuaban practicando el crimen contra sí
mismos!. ¡Sentían los efectos depresivos que el vicio nefasto producía en sus
contexturas físicas, como en sus contexturas morales. !Mas proseguían, sin
ninguna tentativa para la enmienda!. ¡Se mataran, pues, lentamente,
conscientemente, convencidos del acto que practicaban, ya que tuvieran tiempo
para reflexionar!. ¡Se suicidaran fría e indignamente, obcecados por los
vicios, conscientes de que se mataban, debilitando la prenda invalorable que
del Sempiterno recibieron con aquel cuerpo que les daba la oportunidad de
nuevos progresos!.
Observareis, mis
caros amigos, que, entre tantos, muchos querrían olvidar pesados infortunios
con el adormecimiento cerebral provocado por las libaciones. Que,
inconsolables, apremiados por angustias irremediables, buscarían el supremo
consuelo en la embriaguez que los llevaría, posiblemente, a la deseada tregua
ante el sufrimiento. Mas ese supuesto atenuante es el sofisma propio del
inveterado rebelde, porque el convite al alivio de los pesares, que afligen y e
persiguen a la Humanidad, desde hace dos milenios resuena por todos los
rincones del Planeta, y os puedo realmente garantizar que ni un sólo hombre,
desde que fue proferido por el Gran Exponente del Amor, que se dio en
sacrificio en lo alto del Calvario, dejó de conocerlo, ya sea cuando le fue
dado el instrumento carnal o durante el estadio en lo Invisible a la espera de
la reencarnación, y, por eso, ciertamente, también estos pobres que aquí están
tuvieron la ocasión de oírlo en algún lugar de la Tierra o de la Patria
Espiritual:
"- Venid a mí, vosotros que estáis trabajados y cargados, y os haré
descansar..." (14)
(14) Mateo,
11:28.
... ¡¿Cómo, por
tanto, quisieran olvidar pesares e infortunios torturantes en las libaciones
viciosas, desmoralizadoras y
deprimentes, las que no sólo no podrían socorrerlos sino hasta agravarles la
situación, tornándolos suicidas cien veces responsables?!... ¡Pues quedad
sabiendo que infractores de este orden cargan aun un mayor grado de
responsabilidad que el desgraciado que, traicionado por la violencia de una
pasión, en un momento de supremo desaliento se deja arrebatar hacia el abismo!.
¡Atended, sin
embargo, para esta nueva especie: - son los cocainómanos, los amantes del opio
e entorpecientes en general, viciados que se dejaran rebajar al ultimo estado
de decadencia a que un Espíritu, criatura de Dios, podría llegar!. !Se
encuentran en un lamentable estado de depresión vibratoria, verdaderos débiles
mentales, idiotas del plano espiritual, humillados moral, mental y
espiritualmente, pues sus monstruosos vicios no sólo deprimieron y mataron el
cuerpo material como hasta comunicaron al físico-astral las nefastas
consecuencias de la abominable intemperancia, contaminándolo de impurezas, de
influencias pestíferas que lo macularon atrozmente -, a esa constitución
impresionable y delicada, entretejida de delicado brillo, a la cual deberá al
hombre hermosear con la adquisición de virtudes siempre mas ágiles y
meritorias, ennoblecer y exaltar a través de pensamientos puros, irradiados en
impulsos ennoblecedores que limitan con las aspiraciones divinas - mas, jamas!.
¡Jamas rebajar con la práctica de tan tristes estigmas!..."
Efectivamente,
veíamos, siguiendo con la mirada interesada las indicaciones que el emérito
moralista nos hacia, individualidades desfiguradas por el mal que conservaban
en si, las consecuencias calamitosas de la intemperancia - atontadas, llorosas,
doloridas, abatidas, cuyas facciones alteradas, feas, deprimidas, recordaban
todavía los trágicos panoramas del Valle Siniestro. !Excesivamente maculadas,
dejaban a la vista, en su configuración astral, los estigmas del vicio al que
se habían entregado, algunos ofreciendo realmente la idea de estar leprosos,
mientras que otros exhalaban olores fétidos, repugnantes, como si la mezcla de
tabaco, de alcohol, de los entorpecientes, de los que tanto abusaron,
fermentasen exhalaciones pútridas cuyas repercusiones contaminasen sus mismas
vibraciones que, pesadas, viciadas, traduciesen el virus que había envenenado
el cuerpo material!.
Los
"destrozados" integraban la desgraciadísima falange relegada al
Manicomio. Conservaban todavía la impresionante armadura de cicatrices
sanguinolentas. De cuando en cuando espasmos crucificantes los sacudían como si
se mortificase con el recuerdo del pasado. Pesados y lerdos eran los
movimientos que hacían; se movían con dificultad, mostrando la carencia de
fuerzas vibratorias para accionar la mente y usar de las facultades naturales
del hombre como del Espíritu. Parecían reumáticos, enfermos envueltos en
ataduras que los envolviesen, dificultando la agilidad de las articulaciones...
Entristecidos
ante tan ásperos sufrimientos, y tan espantosa decadencia moral, interrogamos,
llenos de angustia:
"- ¿Y que
ha de ser de estas pobres criaturas?... ¿Que futuro les aguarda?..."
En un gesto
rápido y en idéntica diapasón, el eminente jefe del singular establecimiento
satisfizo nuestra ansiosa expectativa, traduciendo la indudable tristeza que
enternecía su noble alma de discípulo del Evangelio, ante tan lamentables
manifestaciones de inferioridad:
"- ¡Oh!
¡Que dramático futuro les aguarda, en la confusión expiatoria de la
reencarnación próxima e inevitable! – !Respondió él! - ¡Los ejemplos que presento en este momento
son irremediables en la vida espiritual!. ¡Nada, aquí, podrá sanar las feroces
angustias que los oprimen, ni modificar la situación embarazosa que para sí
mismos entretejieron con las actitudes salvajes de la incontinencia, de la
imprevisión sacrílega en la que creyeron bueno saciarse, en el libre curso de
los vicios con que se disminuyeron!. ¡Ellos mismos, únicamente ellos, serán los
agentes de la misericordia para consigo mismos, ya que voluntariamente se
responsabilizaron por los desvíos de los que no quisieron sustraerse!. ¡Mas
esto les costará disgustos, opresiones y dolores infinitamente amargos, ante
los que una individualidad normal se quedaría aterrada! Para que se convenzan
de la situación propia, sometiéndose mas o menos resignadamente a las
consecuencias futuras de las pasadas imprevisiones, se torna necesario de nuestra parte, mientras aquí se
demoren, un trabajo arduo de catequesis, aplicaciones incansables de terapia
moral y fluídica especial, una cariñosa asistencia de hermanos investidos de
una sagrada responsabilidad. Acontece frecuentemente, en tanto, que muchos de estos
infelices traen la rebelión en el corazón, la rabia impenitente por la
desgracia de considerarse víctimas y no responsables. !No se resignan a la
evidencia del presente y, inconformes, parten a tomar un nuevo envoltorio
terreno, agravando su misma situación con la mala-voluntad en la que se
ratifican, a falta de sumisión y la impaciencia, acobardados ante la
expectativa de los embates tormentosos de la expiación irremediable!.
Tal como se
encuentran aquí, estos no representan mas que una pequeña banda de futuros
leprosos que renacerán entre las amarguras de las sombrías vertientes del globo
terrestre, en los planos miserables de la sociedad planetaria; de cancerosos y
paralíticos, de débiles mentales y de idiotas, nerviosos, convulsivos, enfermos
incurables llenos de complejos desorientantes para la medicina terrena,
desafiando las tentativas generosas de la noble ciencia, pesando mientras
desagradablemente en la sociedad humana, pues son fruto de ella, de sus
errores, le pertenecen, siendo justo que ella misma los hospede y mantenga
mientras sea necesario, hasta cuando la calamitosa situación sea atenuada!.
Reencarnarán en
breve. Con nosotros permanecerán apenas el tiempo necesario para rehacerse de
las crisis mas violentas, bajo el cuidado de nuestros dedicados cooperadores
incumbidos de su vigilancia. ¡Partirán hacia un nuevo renacimiento así como
están, pues no hay otro remedio capaz de disminuirles la profundidad de los
males que cargan!. Llevaran al futuro cuerpo, que moldearan con la configuración
maculada con la que actualmente se encuentran, todos los perjuicios derivados
de la disolución de las costumbres de las que se hicieron incontenidos
esclavos... y allí, como quedó aclarado, serán grandes desgraciados
arrastrándose penosamente en estaciones de miserias y lágrimas...
“Tan ardientes
manifestaciones de sufrimiento, sin embargo, les hará coger buenas
adquisiciones de provechos futuros. Bajo el fuego redentor del infortunio, las
camadas impuras que impiden el brillo de ese cuerpo astral se reducirán, dando
lugar a que las vibraciones se activen, reanimándose para acciones precisas en
el campo de las reparaciones. Sus corazones, impulsados por el dolor educador,
ascenderán en aspiraciones de súplicas vibrantes en busca de la Causa Suprema
de la Vida, en un crescendo constante de
vehemencia y de fe, hasta alcanzar las camadas luminosas de la Espiritualidad,
donde reflejaran, afinándose al amparo de vibraciones generosas y superiores,
que, lentamente, educaran las suyas... Poco a poco, siendo así, el virus se irá
deshaciendo hasta que, con la desagregacion del envoltorio carnal, se
encuentren aliviados y en condiciones de aprender algo aquí con nosotros,
incentivando su misma reeducacion, después de recibir alta d nuestro
establecimiento..."
"- ¿Si entendí
bien, entonces, la reencarnación punitiva que aguarda a esos desgraciados les
es impuesta, simplemente, como un tratamiento médico hospitalario de esta
Sección de nuestro Departamento?... ¿Se trata de un antídoto, de un remedio,
verdad?..." - inquirí, sacudido por aguda decepción.
"- ¡Sí! -
dijo tristemente el lúcido conferencista. – ¡Un medicamento, apenas!. ¡Un tipo
de tratamiento que la urgencia y la gravedad del mal imponen al enfermo!. ¡Una
operación dolorosa que nos pesa hacer, mas a la cual no vacilamos en conducir a
los pacientes, convencidos de que solo después de realizada es que entraran
ellos en convalecencia. ¡Realmente, no será propiamente una punición, conforme
sea considerada, pues nadie infringió el castigo o dio la sentencia, sino que,
todos los que aquí servimos a la Ley nos esforzamos, tanto cuanto esté a
nuestro alcance, por lenificarles la insidiosa situación. !Será antes - eso sí!
- el
efecto de la misma causa que el mismo paciente creó con los excesos en los que
se deleitó... Como tuvisteis ocasión de saber, no obstante, la
solicitud maternal de María, sometida a la ley áurea de la Fraternidad
preconizada por el Amigo Incansable que nos conduce a la redención, les da una
asistencia desvelada y constante. Reencarnados, inmersos en las ondas
terrestres de la expiación, continuaran bajo nuestra dependencia, de la misma
forma hospitalizados y registrados e nuestro Departamento, visitados y
asistidos por nuestros médicos y vigilantes como si todavía aquí
permaneciesen... mientras que será aquí mismo que volverán, al finalizar el
terrible destierro para el que los preparamos."
Seguimos,
todavía, visitando los gabinetes médicos en el interior del edificio. !De paso,
sin embargo, el Hermano João nos hizo entrar en las enfermerías donde se
encontraban aquellos que continuaban presos de una postración impresionante
desde su ingreso desde el Valle Siniestro, ya que, deprimidos por excesos de
toda naturaleza, notoriamente en los de carácter sexual, sus facultades
anímicas se habían deprimido, reduciéndolos a aquella insólita situación -
prueba indudable de los instintos a los que se aficionaron!.
Acostados en
lechos que la bondad excelsa de Jesús les diera el derecho de usar, a través de
los dispositivos amorosos de las leyes de Caridad que inspiraban todos los
servicios de la Colonia, estaban ellos aislados dos demás, en amplios recintos,
superllenos. Pertenecían a todas las clases sociales y nacionalidades admitidos
en la circunscripción de la Colonia. Pesadillas atroces los tenían en
constantes sobresaltos, sin que, a pesar de eso, lograsen despertar del
angustiante marasmo. Incapaces de moverse, de hablar, exponiendo los tormentos
que remolineaban en el cerebro, apenas gemidos débiles proferían, acompañados
de repugnantes contorsiones, como si estuviesen atacados de un virus
desconocido.
Emocionados,
pasamos entre las filas de los lechos, ligeramente observándolos a las
indicaciones del lúcido mentor, que ilustraba la impresionante presentación con
el verbo atrayente que tan bien sabía usar.
"- !Si
tuvierais bastante desarrollo de la visión espiritual - iba diciendo -, veríais
las terribles emanaciones que se elevan de sus mentes, contemplando en figuras
y escenas deprimentes y vergonzosas, el resultado de la disolución de las
costumbres que fueran suyas, de los
actos practicados contra la decencia y la moral, pues quedad sabiendo que tanto
los actos practicados por los hombres como los pensamientos emanados de su
mente se imprimen en caracteres indelebles en su estructura perispiritual,
escapándose después, en practicas abominables, a nuestros ojos, cuando, sin
respetar la ley, pasaron a este lado de la vida!. En estos lechos hay suicidas
de todos tipos: - desde los que empuñaron el
arma o el tóxico fatal hasta aquellos que se consumieron víctimas de sus
mismos vicios!. !Los une la más abyecta afinidad, o sea, la de la inferioridad
del carácter y de los sentimientos!..."
¡En efecto!. Si
no podíamos ver las escenas mentales indicadas, como otrora en el Valle
Siniestro, cuando destacamos las relacionadas con el acto violento del
suicidio, sin embargo percibíamos vapores oscurísimos, como nubes espesas,
elevándose de sus cerebros, esparciéndose en ondas voluminosas por el ambiente,
el cual se oscurecía envolviendo los aposentos en una penumbra crepuscular
acentuada, como si las sombras nocturnas allí fuesen eternas... lo que será lo
mismo que afirmar que, para aquellas pobres víctimas de si mismas, no rayaría
aun la aurora confortadora que para nosotros ya se vislumbraba en el horizonte
del futuro. ¡¿Además, como no seria así si allí estaban grandes criminales
morales, verdugos que tanto pervirtieran e hicieran infelices a su prójimo,
impelidos por la torpeza de los instintos, monstruos humanos que tantas veces
se saciaron en la calamidad que hacían caer sobre el corazón y el destino
ajenos?!... !¿Cómo no encontrarse contaminados en las tinieblas de los recintos
en que se abrigaban, si las tinieblas de que se rodeaban provenían de ellos
mismos, pues siempre se recrearon en sus vicios, provocándolos, produciéndolos,
y saciándose en ellos durante la vida social e íntima que vivieran,
acentuándolos con el remate acerbo del suicidio?!... !Allí los veíamos, tales como eran, ayer en la Tierra,
hombres galantes seductores, insinuantes, hipócritas, mentirosos, sin moral,
muchas veces colgados de los mejores puestos sociales, licenciosos, borrachos,
incrédulos del Bien, incrédulos de Dios, siervos del mal, esclavos de la
animalidad, arrastrándose en el lodo de los instintos, rivalizando con los
vermes, olvidados de que eran criaturas de Dios y que a Dios rendirían cuentas,
un día, del abuso que hacían de la libertad en que la Creación mantiene al ser
humano? !Ahora, no obstante,
aniquilados, estigmatizados por el pasado vergonzoso, cuya imagen los seguía
cual fantasma acusatorio, demostrando la situación de indigencia, única que les
cabria soportar como resultado del indebido procedimiento!.
Viendo nuestro
interés, el expositor prosiguió, fiel a la solicitud de Teócrito, para permitir
instruirnos:
"- ¿Será la
reencarnación el único correctivo asaz enérgico para levantarles corajudamente
las fuerzas deprimidas. Aquí, sólo muy débilmente asimilaran los fluidos
tónicos perennemente esparcidos en el recinto de las enfermerías, pues muy
espesas están las camadas de impurezas que envuelven sus facultades para que se
permitan beneficios, como les pasa a otros internos en nuestro Instituto.
Igual que sus
semejantes de este establecimiento, frecuentemente son conducidos a la Tierra a
fin de lograr beneficios al contacto con médiums moralmente aptos para
favorecerles irradiaciones fluídicas capaces de actuar benéficamente,
auxiliándolos en el despertar...
"- ¿Y
cuando reencarnaran ellos?... ¿Cómo se presentaran en la sociedad en la que
vivirán otrora?..." - indagó de súbito el antiguo estudiante de Coimbra,
con los grandes ojos encendidos por el interés.
"-En el
momento en que se atenúe el estado de postración, los encaminaremos a nuevos
renacimientos, sin que en realidad se
den cuenta de eso, lo que equivale decir que serán incapaces de solicitar algo
para la nueva existencia (todavía porque
para tanto les faltarían méritos), de colaborar en las providencias para la
importante lucha en al que no desempeñaran el principal papel - observó,
bondadoso, el siervo de María. - !Solamente nosotros, por tanto, los
gobernadores del Manicomio, como los técnicos del Departamento de
Reencarnación, trataremos de los acontecimientos en torno a ellos, de acuerdo
con la justicia de las leyes estatuidas por el Creador y bajo las ordenes de la
amorosa caridad del Maestro Salvador, que a todos los desgraciados trata de socorrer
con en consuelo de su inmarcesible ternura, y al que todos los obreros deben
sumisión, respeto y veneración!.
“¡Que lúgubre
falange emigrará entonces, en retorno expiatorio, para las arenas de la Tierra,
con mis pobres pacientes!. No podré todavía precisar minucias. !Mas los
conocimientos adquiridos por mí en asuntos espirituales me dan el derecho de
examinar aquí a retardados mentales, locos, epilépticos, posiblemente
sordomudos de nacimiento y hasta ciegos - todos deplorablemente atormentados
por la infamia de que se rodearon, en un grado equivalente a los delitos
practicados!."
"- ¿No
seria excesivamente severo el castigo citado, venerable Sr., director...,
partiendo del principio de que toda la Humanidad yerra, cometiendo crímenes
diariamente?..." - inquirí inconforme, mientras ante mi visión interior se
desarrollaban panoramas análogos a las sugestiones presentadas por el eminente
moralista y por mí otrora verificados diariamente, en los escenarios terrenos.
"- ¡No lo
creas así, mi amigo! – retrucó gravemente. - Reflexiona antes en lo que expuse
sobre las leyes de causa y efecto, estatuidas por el Legislador Supremo
intentando advertir al hombre, como a los Espíritus, de los errores que
practican en oposición a la armonía de las demás leyes. !Ved el castigo
impuesto por el mismo disoluto, que violó aquellas leyes, colocándose en la
situación de sufrir el rebote, pues las facultades radiosas, concedidas por el
Sempiterno a las criaturas, jamas serán contaminadas por impurezas por el mal
uso que haga de ellas su poseedor, sin que lo alcancen dolorosamente
consecuencias inevitables! ¿Siendo el Bien la base suprema de la Vida, en que
amarga situación se pondrá el ente que las manchó, dándose al mal, desviándose
todos los días del trayecto natural que asciende hacia la Perfección,
arrastrado por actos opuestos a los que el Señor estatuyó como carrero normal
en la sublime jornada?... ¿Olvidáis
entonces las lágrimas que estos infelices hicieran derramar a sus
hermanos, a los que infligieron tormentos oriundos del egoísmo y de las demás
expresiones viles que dejaban transbordar del corazón infame?... ¿De las
difamaciones con que hirieron a sus víctimas, complaciéndose en tirarlas al
descrédito de las personas de buena reputación?... ¿De las delaciones, de las
críticas ferinas, de las ignominias con que muchas veces emporcaron el nombre
respetable del prójimo, valiéndose de las facultades del raciocinio y de la
inteligencia solo para perjudicar a otros, preparando también, para sí mismos,
los abismos en que se habían de despeñar?... ¿Pensasteis en la ingratitud en
las traiciones cometidas a los simplotes corazones femeninos, que enredaran en
sus garras abominables, imaginados por instintos sórdidos?.., ¿en la inocencia
infantil y juvenil, que muchos de estos que aquí veis pervirtieron
monstruosamente?... ¿en las escenas degradantes creadas por ellos y practicadas
comúnmente, durante la existencia terrena, llevando a la corrupción y a la
perversión a los circunstantes de los planos objetivo e invisible que las
presenciasen, y desgraciando las cadenas fluídico-magnéticas que suben de la
Tierra hacia lo Invisible, sobrecargándonos a nosotros de preocupaciones por
obligarnos a exhaustivos servicios de saneamiento e higienización, a fin de que
nuestras propias colonias no fuesen corrompidas?...
¡Ah!. !Mis
hijos! ¡¿Cómo os admiráis, ahora, de que renazcan estos pobres tullidos por
incapacidades invencibles si de la existencia que les fue concedida, a fin de
tratar de progresar, hicieran un arma contra las reglas sagradas del propio
Creador de Todas las Cosas, a quien mucho y mucho ofendieran, ofendiéndose a si
mismos y al prójimo?!... !Además, no estarán eternamente caídos en los abismos
llenos de las iniquidades que cometieran!...
¡El dolor
educador corregirá las anomalías de las que se cercaran, reconciliándolos con
la Ley!. ¡Oh!. ¡Dios es la Misericordia Infinita, mis amigos! ¡Y desea a las
criaturas armonizadas con la belleza eterna de sus leyes! ¡Y si sabemos que
esas leyes son incorruptibles, debemos observarlas y respetarlas a fin de no
venir a tragar la hiel irremediable de las consecuencias que creamos por
nuestra propia voluntad al desviarnos de la ruta natural y luminosa..."
Bajé la frente,
como siempre, ante la lógica irreplicable de aquel discípulo del Maestro
Nazareno...
..........................................................................................................................................................
Por las galerías
y antecámaras próximas a los santuarios, o sea, a los gabinetes médicos, donde
la distribución de efluvios minorativos era sabia y caritativamente realizada,
vimos que enfermeros iban y venían, protegiendo a enfermos débiles y atemorizados
venidos del patio que acabáramos de visitar y de otras dependencias, a fin de
ser beneficiados. A los "destrozados" vimos que les daban una
especial atención, dado que muy penosamente se podían mover. A juzgar por la
exposición del Hermano João, que tejía consideraciones importantes al respecto
de cuanto les esperaba, serian ellos, futuros paralíticos y enfermos de
nacimiento, desde la infancia revelando anormalidades impresionantes.
¡En efecto! Sus
actitudes eran tullidas por dificultades externas de vibraciones, dispersadas
que fueran estas por el choque terrible; sus gestos pesados y torpes, como que
embarazados por las sombras de los golpes y contragolpes que se fotografiaran
trágicamente en el espejo sensible de la organización astral!. Lloraban sin
interrupción, como si el llanto hubiese
degenerado en un hábito atroz creado por la intensidad del martirio, inquietos
siempre bajo la crucificante angustia de un perenne malestar, aunque sumisos,
incapaces de blasfemar, como generalmente sucede a los suicidas muy
desgraciados.
Dejando,
todavía, atrás los santuarios, donde no entramos, alcanzamos un amplio salón,
una especie de auditorio sencillo y sugestivo, donde enseñanzas moralizadoras
eran suministradas por un joven siervo que, en una existencia remota, vistiera
muy dignamente el feo habito de religioso franciscano, mas cuya alma se
iluminara bajo las virtudes sorbidas en las enseñanzas redentoras del
Testamento del Divino Misionero, tan fielmente servido por su jefe.
Usando aquella
inconfundible dulzura, atributo de los caracteres moldeados en la verdadera
escuela de la iniciación cristiana, ese nuevo legionario exponía sencillamente,
como quien aconsejase o enseñase a observar, la idea de Dios y de Su paternidad
sobre toda la Creación, así también la misión mesiánica y sus dilatadas
consecuencias beneficiando al genero humano.
El convite a la
Oración, al examen individual interior, era repetido y satisfactoriamente
explicado todos los días, antes del ingreso a los gabinetes para la
higienización fluídica realizada por los dedicados psiquistas. Esos eran los
principales recursos a ser tentados en la ocasión para el tratamiento de los
enfermos, visto que serian tentativas para la reeducacion mental, ejercicios
que llevarían al paciente a establecer mas tarde cadenas armoniosas con los
benéficos poderes de lo Alto; y tan transcendente enseñanza era enunciada
sencillamente, al criterio de métodos al alcance de aquellas mentes
conturbadas, y bajo inspiraciones de una dulce y fraternal caridad cuya
fragancia penetró hasta el fondo nuestras almas conmovidas ante la visión de
tan nobles corazones dedicados al auxilio amoroso del prójimo!.
El joven obrero, sincero, humilde en su inconmensurable esfuerzo por la
caridad, no veía, en aquellos réprobos feos y repulsivos a quienes servia, a
los individuos maculados por los errores vergonzosos, ni la configuración
astral execrable del que fuera un hombre disoluto que dispersara la facultad
noble de los sentidos en el dominio de los gozos impuros. Lo que él veía y
piadosamente amaba, deseando servir y engrandecer, era a hermanos menores que
él, los que mandaba el Deber fuesen ayudados por los mas viejos a subir las
laderas del progreso; eran almas destinadas a la glorificación de la Luz, que
necesitaban orientarse en la larga estrada en la que realizarían el espinoso
trayecto de la ascensión hacia el Foco Sublime, generador de la Vida!.
"-
¡¿Podremos ser informados de las providencias también respecto a esos
compañeros para el notable acontecimiento de la vuelta al cuerpo
material?!..." – preguntó nuevamente el doctor de Coimbra, a quien
interesaban muy vivamente las referencias al delicado asunto de un renacimiento
en la Tierra, por cuanto le afligían incesantemente a la consciencia fuertes
intuiciones en cuanto al deber urgentísimo, pendiente en su caso, de una nueva
permanencia en un cuerpo de hombre, a fin de desobligarse, a través de la
expiación, del crimen en la persona indefensa de aquella a quien amara.
"- ¡Si, mi
joven amigo – lo satisfizo el amable guía -, será posible y hasta indispensable
ponerlos a la par de los trabajos generales en torno a ese importante asunto
que de tan cerca os interesa a todos vosotros. Sin embargo, no es a esta
repartición que compete aclaraciones más amplios, ya que existe en nuestro
Instituto el Departamento autorizado para los servicios generales del retorno a
las existencias corporales. Ciertamente lo visitareis todavía.
En ese
Departamento veréis que sobresalen, por su invulgar importancia, los
laboratorios donde se concertan planes para la delicada lucha, donde son
preparados los diseños y planos para los futuros cuerpos a ser habitados por
los delincuentes cuya tutela nos sea temporalmente confiada. Si este fuere
susceptible de renacer con un envoltorio carnal deformado, o adquirir alguna
enfermedad como la ceguera, por ejemplo, en la secuencia de la existencia, o
accidentarse en su curso, tornándose mutilado, el plano que le sea destinado
será trazado con las necesarias indicaciones, pues ya sobre su organismo
perispirítico existirá la señal de la futura deformidad física, porque su
estado mental y vibratorio, coaccionado por los remordimientos, imprimió en la
poderosa sensibilidad de aquella sutil organización la voluntad de tornarse
mutilado, ciego, mudo, etc., etc., a fin de expiar el mal pasado, como viene
realmente sucediendo con vosotros, caro hermano Sobral, que os hayas
fuertemente impresionado con el caso de tus propias manos...
Necesariamente,
la preparación de esos diseños estará siempre a cargo de técnicos conscientes
de la alta responsabilidad que les es conferida, lo que indicará que son ellos
Espíritus merecedores de la plena confianza de los directores de esta Colonia.
Una vez
concluidos serán encaminados a la dirección de los gabinetes de análisis, los
que realizaran los servicios comparativamente con las urgencias expiatorias del
interesado, exaltando la justicia de los méritos que tenga, curvándose a las
imposiciones a las desventajas de la falta de merecimientos, todo concorde con
las conclusiones anteriormente hechas por la sección de "Programación de
las Recapitulaciones". Cuanto sea posible para suavizar las penurias de
las pruebas, será por ley concedido al delincuente que vuelve a renacer en la
Tierra. Por otro lado, sus fuerzas morales y sus capacidades de resistencia
serán igualmente balanceadas.
“Conviene
acentuar, mis caros amigos, que la reencarnación es una concesión sublime hecha
por el Padre Supremo a Sus criaturas para que progresen y se engrandezcan,
preparándose para la herencia que les estará reservada en la gloria de Su
reino. Es la ley. !Y no hay nadie que
alcance su destino inmortal sin recorrer los escalones de los renacimientos, en
la Tierra o en otros mundos planetarios!. Sin embargo, si el alma rebelde ha
desperdiciado un largo tiempo, abusando de esa concesión, con manifiesta falta
de respeto a la Ley Magnánima que le permite tantas veces la misma ocasión, se
tornará una concesión aun más apreciable porque, generalmente, para esos casos,
existirá la intercesión del propio Maestro Redentor, que al Creador Supremo
suplicará nuevos ciclos de experimentos a fin de poder el rebelde
rehabilitarse..."
"- ¿De lo
expuesto, respetable hermano, sólo nos cumple concluir que, siendo el cuerpo
físico-terreno un depósito sagrado, como verdadera dádiva celeste que es, las
criaturas encarnadas procederían con mucho mas inteligencia si se condujesen a
la altura de la concesión recibida, portándose con respeto, consideración
y prudencia durante el período en que se
obligasen a permanecer usufructuando las ventajas morales que la estadía en el
planeta les confiere?... ¿y eso porque evitaría la repetición de existencias
expiatorias, dolorosas e inevitables, resultantes que son del uso de la falta
de respeto a las leyes venerables a que es sometida la Vida Universal?..."
– intervine yo, algo forzado.
"- ¡Es así,
mi amigo!. !Muchos dolores serian así evitados!. – volvió el director del
Manicomio. – !Y si el cuerpo físico-terreno es un depósito sagrado que al
hombre cumple respetar y proteger, salvaguardándolo cuanto sea posible de
impurezas y daños, el físico-astral, que es lo que traéis ahora, no lo será
menos!.., mientras que nuestra Alma, Inteligencia, Consciencia, Razón,
Sentimiento, el Ser, en fin, es la misma esencia del Creador, partícula Suya,
centella extraída de Su Supremo Ser!.
!Por ahí
percibiréis, mis caros amigos, que todos somos templos venerables, puesto que
tenemos la gloria de traer a Dios en nosotros, y que, ya en la Tierra, como
seres humanos, o en lo Invisible, como Espíritus libertos, debemos respeto y
veneración a nosotros mismos, como así también a nuestros semejantes,
atendiendo a que todas las criaturas son perfectamente iguales ante su Creador,
joyas muy amadas del joyero sempiterno de Aquel que es la Suprema Razón de la
Vida!. De ahí ciertamente se origina la ley básica divina:
"- Amar a Dios sobre todas las cosas y al
prójimo como a ti mismo."
Siguió una pausa dilatada mientras el leal servidor atendía a exigencias
impostergables de su cargo y durante la cual nos quedamos, pensativos y
silenciosos, observando cuanto era posible a las figuras angustiadas de los
pobres internos que podíamos contemplar. A la vuelta del mentor, Mário Sobral,
impaciente e interesado, quebró el silencio, exclamando manso:
"-
Gustaría, si es posible, continuar oyendo vuestras explicaciones técnicas,
venerable hermano..."
El viejo siervo
de Jesús sonrió y, correspondiendo a la humilde solicitud con un amigable
gesto, continuó, atrayendo nuevamente nuestra atención:
"- Aun así,
consonante os decía, han habido casos en que nuestra Guardiana no permite la
reencarnación tal como ideada es por nosotros, concediéndonos entonces el
gracioso favor de su inspiración para una programación mas acertada, de acuerdo
con el estado del postulante. De cualquier forma, no obstante, los planeamientos
para las peripecias de una encarnación serán rigurosamente estudiadas,
combinadas, realizadas y revisadas, concordes siempre con la más equitativa
justicia... entrando en pleno cumplimiento la elevada expresión de la sentencia
inmortal sancionada por el Maestro Divino, la cual viene a esclarecer también
todos los grandes e irremediables problemas que afligen y decepcionan a la
Humanidad:
"- A cada uno le será dado según sus obras."
Comúnmente es el
mismo pretendiente al renacimiento el que escoge las pruebas por las que
pasará, los acres espinos que le irán a dilacerar los días de la existencia
terrena, y donde convendrá que remedie las consecuencias del pretérito culposo.
El mismo suplicará a las Potestades Guiadoras nuevas ocasiones propicias que le
permitan testimoniar el arrepentimiento del que está poseído, así como el deseo
de iniciar la caminata regeneradora, que le favorezca la ocasión de corregirse
de los impulsos inferiores que lo arrastraron al mal procedimiento..., y tales
testimonios tanto podrán ser realizados en un cuerpo cualquiera, cuando dominen
los sufrimientos morales superlativos, como en uno mutilado o tullido por
enfermedades irremediables, si son tales los agravantes de la falta, o la falta
de méritos acumulados...
Siendo así, el
mismo paciente organizará el trazado de los planos para su futuro estado
corporal y la programación de los acontecimientos principales e inevitables que
deberá vivir, efectos lógicos e inseparables de las causas creadas con las
infracciones cometidas, mas asistido siempre por sus mentores dedicados.
En lo que
concierne a los internados en esta dependencia hospitalaria, no será, todavía,
así. Mis pobres pupilos no se encuentran en condiciones de tentar algo
voluntariamente. Su vuelta al renacimiento carnal será entonces el cumplimiento
de un dispositivo de la Gran Ley, que faculta una nueva ocasión al infractor
siempre que haya fracasado en la ocasión anterior... Será el movimiento de
impulso hacia el progreso, el medicamento decisivo que ha de colocarlos en
situación de convalecientes, señalando la alborada de etapas redentoras en sus
destinos..."
Aturdido ante la
presencia de tan profunda cuanto delicada tesis, que, yo bien lo percibía,
cabria en muchos volúmenes, seguidamente pregunté todavía, mientras caminábamos
buscando el exterior, cogitando en el regreso:
"-
Disculpad mi insistencia, venerable hermano director... Todavía, el asunto que
acabáis de exponer, por su ineditismo, por la intensidad y profundidad de los
raciocinios que provoca es insuperable la sorpresa que proporciona al Pensador,
no sólo arrebata como sinceramente conmueve... ¿Seria acaso posible examinar
desde ya algunos de esos planos, aun antes de la preparación de los que nos
correspondan?... ¿Cómo son ellos?... ¿O será tan noble labor oculta a los ojos
profanos?..."
!Y me sentía
realmente conmovido, realmente acobardado, recordando que también yo era reo,
que me suicidara huyendo de la ceguera de los ojos, que todo indicaba que el
pobre Mário tendría en su futuro mapa corporal las manos mutiladas, y que algo
me cuchicheaba que yo debería volver a ser ciego, de cualquier forma ciego!.
El Hermano João
por cierto percibió la angustia que me ensombrecía la mente y el corazón,
puesto que asumió una expresión de inconfundible bondad al responder:
"-
Ciertamente que un servicio de tanta responsabilidad no será realizado
públicamente, para divertir a curiosos, que también los hay aquí. No obstante,
con recomendaciones de autoridades competentes, las cámaras podrán ser
franqueadas para una visita. !Seréis encaminados a ellas, estoy convencido,
viendo que se trata de la necesidad de instruiros... Porfiad por no desanimaros
ante las perspectivas futuras, mi amigo!. !Confiad antes en la impasible
ternura de nuestro Amado Maestro y Señor, que es el Guía infalible de nuestros
destinos... Recordad también que Aquel que estableció la sabiduría de las leyes
que rigen el Universo también os sabrá fortalecer para la victoria sobre
vosotros mismos!..."
..........................................................................................................................................................
Todo era
suavidad en torno del Pabellón hindú, donde acabábamos de llegar. A nuestros
oídos sonaran los dulces convites para la meditación de la noche. Era el
momento solemne en que la Colonia se consagraba a la comunión mental con su
augusta tutelar María de Nazaret...
Mis recuerdos
señalan todavía que, en esa tarde, nuestras oraciones fueron más tiernas, más
humildes, más puras...
CAPITULO IV
OTRA VEZ GERÓNIMO Y FAMILIA
"!Ay del mundo por los tropiezos!
porque es necesario que vengan
tropiezos, ¡ay de aquel hombre
por quien viene el tropiezo!
JESUS-CRISTO – El Nuevo Testamento.
(l5)
(15) Mateo,
18:7.
Carlos de Canalejas viniera a buscarnos al Pabellón Hindú bien temprano, y,
después de efusivos saludos, nos dijera:
"- Soy de
la opinión de que la programación de hoy se inicie por el Aislamiento. Se
encuentra allí vuestro amigo Jerônimo de Araújo Silveira y aprovechareis la
oportunidad para hacerle una visita que hace tanto venís proyectando. Se
sentirá el ciertamente reconfortado con vuestra presencia, en tanto habréis
cumplido un delicado deber de solidaridad y fraternidad."
No distaba mucho
el Aislamiento del edificio central, en cuyas inmediaciones nos encontrábamos
albergados.
Hasta perderse
la vista se extendía al el planalto donde la ciudadela del importante
Departamento se asentaba, envuelta en su triste sudario de neblinas. A lo largo
de los caminos que pasábamos se destacaban los tableros de azucenas y rosas
blancas, que se parecían se las flores más adaptables al melancólico retiro.
Nos venia la impresión de que el Departamento Hospitalario, como el de la
Vigilancia, serian arrabales bucólicos de una gran metrópolis, cuyos ecos a la
distancia no nos permitía sospechar. Y conversábamos familiarmente, sin darnos
cuenta de que ya no éramos hombres y sí Espíritus despojados de las vestiduras
carnales.
La dirección del
Aislamiento, así como el tratamiento fraternal dispensado a los penitentes,
eran idénticos a los de las demás filiales que visitáramos, inspirados en la
más convincente justicia, en la caridad amorosa y fraterna.
Se encontraban,
en efecto, asilados mas allá de aquellos muros inmensos, donde ni siquiera
faltaba la interdicción de un puente levadizo, pobres colegas nuestros a quien
los dolores impuestos por el desanimo o la rebelión sobrepujaban a las del
arrepentimiento por el mal acto practicado y estos corazones desolados e
inconsolables, el arrepentimiento se limitaba al insoportable pesar de concluir
que el suicidio para nada sirvió sino para dilatar y prolongar los sufrimientos
antes juzgados insoportables, a mas de presentar, entre otras, la desalentadora
decepción de verse con vida, mas separados de los objetos de sus mayores
predilecciones. Se puede realmente afirmar que el Aislamiento estaba
especializado en los casos sentimentales... pues es sabido que el sentimentalismo
llevado al exceso constituye un gravisimo complejo, enfermedad moral capaz de
los más deplorables resultados. !Y encontramos, en efecto, allí, a los mas
variados casos de suicidios sentimentales, en los que el réprobo es agitado por
un verdadero sentimiento extraído del corazón, no resta duda, aunque
desequilibrado, desde el amante anhelante de pasión y celos por la felicidad
concedida al rival feliz hasta el jefe de familia desorientado por impases
difíciles o el padre subyugado por el desaliento ante el cajón del adorado ente
que era a razón de su felicidad!.
Una
consternación general dominaba el ambiente de esa filial del Hospital María de
Nazaret. Invariablemente insatisfechos, sus huéspedes presentaban la
característica de las criaturas irresignadas e impacientes por todo, a mas de
entregarse al dolor sin animarse a esfuerzos para vencerlo, reteniéndolo,
antes, con la exageración de un sentimentalismo enfermizo y exagerado, mientras
engendraban nuevos motivos para sufrir, a través de autosugestiones pesadas que
les envenenaban todos los instantes.
La dirección
interna del Aislamiento, tal como la de la Torre, estaba confiada a un
sacerdote católico, envés de uno de aquellos atrayentes iniciados a quienes ya
nos habituáramos a ver al frente de las organizaciones de la Colonia,
Todo el cuerpo
de auxiliares internos, todavía, estaba constituido por religiosos católicos,
excepción hecha del cuerpo clínico, que se componía de psiquiatras iniciados.
No obstante, el cargo más importante, o sea, el de director, consejero y
educador, era ocupado por un sacerdote, era este también iniciado en las
elevadas doctrinas secretas, Espíritu de elite, poseedor de méritos
distinguidos ante la Ley, y bienquisto en la Legión de los Siervos de María, a
mas de honrosamente graduado en el seno de la falange de científicos que
gobernaba el Instituto Correccional María de Nazaret.
La disciplina
era verdaderamente conventual.
Urgía que fuesen
alejadas de aquellos eternos insatisfechos y caprichosos las atracciones por
las pasiones mundanas y personales, los arrastres impuros y caprichosos que los
perdieran. Cumplía a la institución que los acogía instruirlos hacia las reglas
de la resignación en la desventura, hacia las resoluciones decisivas, hacia las
renuncias inalienables, reconciliándolos todavía con la verdadera fe cristiana,
que hasta entonces despreciaron conocer la luz del debido criterio.
Habían sido,
todos ellos, educados, en la Tierra, bajo los auspicios de enseñanzas
católicas-romanas. En sus corazones y en sus mentes, en las concepciones
religiosas que dirigían sus pensamientos, no existía lugar para otros conceptos
que no provinieran de la Iglesia acataban desde la infancia. Sentimentales
fanáticos y obstinados, ablandados mentalmente por el descuido en el ejercicio
del razonamiento sobre elevados asuntos, ensanchaban la morbidez de los
preconceptos que eran propios a las conclusiones religiosas dadas por los
catecismos, apasionándose intransigentemente por todo cuanto las tradiciones
Católicas hubieran infundido en el entendimiento poco maduro de la Humanidad.
Muchos ni siquiera una creencia definitiva tenían. Incrédulos, y hasta impíos,
jamas se habían preocupado con el aspecto religioso o divino de las cosas. Mas,
habituados a la Iglesia por el comodismo y la tradición, solo a ella le daban
los derechos de guiar consciencias, solo a ella le permitirían suficiente
sabiduría para los servicios de exégesis.
Seria
caritativo, pues, que la reeducación de tales mentalidades se hiciese a la
sombra de un ambiente idéntico a aquel que les inspiraba confianza y respeto.
¡El mismo padre,
por tanto, les hablaría del Evangelio de la Verdad, para que aprendiesen que
por encima de su fanatismo dogmático sobrevolaba el eterno lucero de las
realidades que necesitaban aceptar a fin de saber venerar debidamente al
Creador.!. !El mismo padre los instruía sobre la vida del mundo astral,
enseñándoles observaciones y experiencias, barriéndoles del cerebro las
suposiciones tontas a las que se amoldaron perezosamente, rasgando a su
entendimiento los velos del conocimiento verdadero, a fin de que concluyesen
por si mismos que, tanto en el seno de la Religión como en el de la Ciencia,
podrá resplandecer el ardor de aquella Fe que dirige al corazón hacia lo Alto,
purificándolo al calor siempre vivo del Amor de Dios!.
Manifestado el
deseo que traíamos de visitar a un amigo allí retenido, después de la visita,
cuyos detalles omitiremos por representar la generalidad de las demás, el Padre
Miguel de Santarém, mayoral de la comunidad, exclamó bondadosamente, entre
risueño y satisfecho:
"-
¡Hicisteis bien en venir, mis hijos!... Os agradezco el afectuoso interés por
un compañero de jornada tan carente de aliento como ese en cuestión. Visitar a
un enfermo, reanimar, con la presencia consoladora, al pobre detenido
entristecido por la angustia de remordimientos implacables, es una obra
meritoria sancionada por el Modelo Divino, amigo de los pobres y pequeñitos...
Jerónimo quedará satisfecho. .. Lo mandaré llamar inmediatamente..."
!Mientras
hablaba, reconocimos en él al religioso que confortara al antiguo mercader de
vinos, en la memorable tarde de la visita a su familia hacia cerca de tres
años!. El Hermano, conforme lo recordamos, lo reclamara a fin de asistir al
rebelde, a pedido del mismo, y, desde entonces, se encontraba Jerônimo a cargo
del competente consejero.
Mientras
aguardábamos la presencia del compañero de desdichas, iba diciendo el director
del Aislamiento:
"- Vuestro
amigo entra en una fase de transición, precursora del restablecimiento. Podréis
apreciar en las circunstancias que lo rodean el padrón de los demás internos de
que están aquí, pues el Aislamiento se interesa por casos que tienen, mas o menos,
los mismos fundamentos, como no deja de también suceder con las demás
organizaciones de nuestro Instituto.
Después de
vencer la apatía a la que lo condujo la rebelión inútil, resultante de desilusiones
crucificantes, estará preparado para la repetición de las experiencias en las
que fracasó.
Se encuentra
bajo una asistencia rigurosa, como todos los que nos son confiados, pues su
envoltorio perispiritual, y su propia mente, necesitan de profundos cuidados.
Al cuerpo clínico destacado para los servicios de este puesto corresponde el
tratamiento de aquel, y que se resume en aplicaciones magnéticas especiales; a
estas, no obstante, atendemos con las atenciones inspiradas en los estatutos de
la Legión, que, en el caso, aplica la reeducación, y un tratamiento enteramente
moral, porque el mal que desgraciara a Jerônimo, como el que os atormenta a
vosotros, solamente con la renovación individual, operada interiormente por el
mismo paciente, será removido. . .
!La pasión
mórbida que de manera desequilibrada nutrió por su esposa y por sus hijos se
prestó como instrumento para las grandes expiaciones que sus entes queridos
tenían en débito en los asientos de la Ley de Justicia que rige los destinos
humanos!. Jerônimo amaba de un modo egoísta, desorientado, entrincherando el
corazón contra toda posibilidad de amparo que la razón y el razonamiento lúcido
podrían conferir... y, como no debéis ignorar, debemos estar siempre advertidos
de que, ni siquiera a sus propios hijos, deberá el hombre amar arbitrariamente,
con los impulsos ciegos de la pasión!.
Ciertamente que
la devoción a la familia le da méritos ante el Legislador Supremo. Sin embargo,
más honrosos serian los laureles si hubiera dirigido a sus seres amados el
culto legítimo del cumplimiento del Deber, y no proporcionándoles lujos y gozos
mundanos mientras descuidaba de la educación moral que debería promover en
primer lugar, aunque sea luchando contra los ataques de la pobreza adversa, ya
que todas las criaturas del Señor son aprovechables y que, justamente a fin de
auxiliarlas a progresar y educarse en sentido benéfico, es que confiere Dios la
autoridad paterna al hombre encarnado. Si así lo hiciera, cumpliendo el sagrado
deber de padre previsor y honrado, Jerônimo se hubiese ahorrado la amargura de
las situaciones embarazosas, por las que se hizo responsable del acto dramático
del suicidio... Vedlo, que llega... El os dirá cosas interesantes..."
En efecto.
Acompañado por el Hermano Ambrósio, un asistente religioso, el antiguo
negociante de Porto entró en la sala donde estabamos y se tiró en nuestros brazos, conmovido.
"-
!Gracias, queridos compañeros!. - exclamó - !Por haberos recordado de mi
humilde persona tan gentilmente!. !Vuestra visita me cala dulcemente el
corazón!. !Si supieseis cuan terribles han sido mis aflicciones!..."
Lo abrazamos
efusivamente, dándole votos por su felicidad personal, pues otra cosa no
sabíamos hasta entonces, decir o desear a los amigos.
Nos pareció
Jerônimo asaz modificado. Lo veíamos sereno, señor de maneras ornado de una
encantadora distinción, la cual no le conociéramos antes. !Y pensamos que,
ciertamente, el Aislamiento, dirigido por virtuosos Espíritus de antiguos
sacerdotes, tendría la misión de elevar también o nivel de la buena educación
social, como internado conventual que era!.
Ardíamos por el
deseo de interrogar al antiguo cómplice del Valle Siniestro, de recoger
noticias de sus desgraciados hijos, que quedaron allá, en la Tierra,
amortajados de lágrimas y desdichas. Mas el recelo de una indiscreción nos
detuvo, lo que hizo que el silencio se prolongase después de los saludos.
Luego, sin embargo, el virtuoso mentor Santarém nos dio la feliz oportunidad,
conociendo la sinceridad que nos impelía.
"-
Hablábamos de ti, mi caro Jerônimo... Tus amigos desean saber si te sientes
mejor y más reconfortado en el amor de Dios, pues partirán en breve hacia otro
plano de nuestra Colonia y, han venido para despedirse, gustarían de llevar la
impresión de que dejan atrás a un amigo en vías de un verdadero
reerguimiento..."
Aplaudimos,
corroborando tales expresiones con el incentivo de mostrarnos, a él mismo,
resignados y confiados en los días futuros, y acrecentamos:
"-
Amparados por amigos tan desvelados como los que encontramos desde que para
aquí nos encaminaran, nos sentiríamos hasta felices, si no fuera por la
inclemencia de los pesares que nos persiguen por la deshonra con que
envilecimos nuestra alma..."
El antiguo
cómplice curvó la frente con tierna humildad, replicando:
"- !Tenéis
razón, mis caros amigos!. !Será posible, sí! para nosotros, el alivio supremo
en la conquista de la resignación y de la fe, que llevará a la conformidad...
Felices, sin embargo, no creo que podremos ser tan rápido, porque no será por
las vías del suicidio que la individualidad encontrará a la Diosa Felicidad,
que más se aleja cuanto mas mayores fueran la rebelión y la insubordinación en
el corazón que la desea!. ¡Quisiera yo que el suicidio me hubiera exterminado
para siempre el Ser. ¡Pero no fue así. !...Y no siendo así comprendí que solo
me restaba curvarme ante lo inevitable, enfrentando con resignación y fortaleza
de animo la amarga situación creada por mí mismo. Debo a la solicitud del
Hermano de Santarem, a sus consejos y ejemplos edificantes, cono a sus
abnegados asistentes y a las reglas verdaderamente providenciales de esta
mansión educadora, la transformación que se viene operando en mi. !Tal como
vos, sorbí mi cáliz de hiel, tragué muchas amarguras entre aullidos de
desesperación y blasfemias de réprobo!. !Mas ahora me siento otro individuo, a
quien la confianza en el amor del Ser Supremo resucitó de los escombros de la
más nefasta incredulidad, porque la incredulidad mascarada con la hipocresía de
la falsa fe, de la afectación de la virtud, las que se mostraban con la
ostentación convencional, lo que, si satisface a la sociedad, no aprovecha,
todavía, ni siquiera para convencer al mismo que las simuló, que seria para
edificar su alma ante el Creador!...
Yo podría ser
feliz, mis amigos, de algún modo, rodeado con la atención de estos nobles y
excelentes protectores, instruido, fortalecido, confortado como me veo por su
incansable caridad, convencido de las luchas y deberes que me cabe, dispuesto a
enfrentarlos. !Mas cometí un crimen de duras consecuencias, de consecuencias
extensas para mí y los míos Me veo cargado de faltas... y no me puedo, de
ningún modo, sentir satisfecho en ningún lugar, cuando el arrepentimiento vivo
y ardiente flagela mis horas, exigiendo rescate inmediato a fin de que la
serenidad me retome el corazón, permitiéndome nuevos emprendimientos,
dignificantes y honrosos... justamente lo opuesto de lo actos de antaño!.
Debo confesaros
que, como comerciante que fui, fundido, arruinado, traicionando la confianza de
firmas honestas, con las que mantuviera compromisos, de instituciones
bancarias, cuya honorabilidad no tuve en cuenta, y hasta de las autoridades
municipales, pues les di grandes perjuicios, di también a los fiscalizadores
legales, como a los derechos de aduana, visto que practiqué no raras veces el
contrabando, me avergüenzo de tal manera, por no haberme esforzado por salir
honrosamente de esa maraña de interioridades; me avergüenzo tanto de no haber
resuelto esos compromisos escondiéndome bajo la macabra ilusión del suicidio,
que el rubor sólo me desaparecerá del rostro cuando me sea posible ser
comerciante otra vez, a fin de resolverlos personalmente, digna, y
honestamente!. ¡Oh, que acto indecoroso cometí ante la sociedad, mis amigos!.
¡Yo debo y no pague!. ¡Yo defraudé a los sacrosantos derechos de la Patria, de
la bendita tierra en que viví!. ¡Tengo compromisos vencidos, préstamos, cuentas
y más cuentas, letras y más letras que pagar!... !Y nada rescaté hasta hoy!.
!El peso de esta deshonra convirtió mis días en torturas ininterruptas, al par
de las desventuras que, por mi incúria, alcanzaron a mis hijos!..."
"-
Felizmente, sin embargo, la Ley de la Sabia Providencia confiere al Espíritu en
bancarrota medios honrosos para liberarse de situaciones incómodas y vejatorias
como esas, y Jerônimo, en un futuro no muy lejano, podrá reparar esos
compromisos, recuperando el beneplácito de su misma consciencia, sirviéndose de
experiencias nuevas y nuevas oportunidades, gracias a la reencarnación, que a
todos nos es facultada como medio de progreso y rehabilitación, y él se
encuentra muy animado para la nueva jornada..." – dijo el hermano
Santarém, cortando a expresividad humillante para el mismo expositor.
"- !Me
alegro sabiéndote confortado y decidido a los embates por el honor de una
victoria que encubra a tu consciencia de la visión deshonrosa de la caída
fuerte que también a ti te arrastró a la desgracia, amigo Jerônimo!... Le
plazca a los cielos que las fuerzas se
centupliquen en tu alma como las mías se multiplican a cada nueva vibración de
mi propio dolor... pues también estoy animado a las más rudas experiencias, con
tal de que se aleje de mis íntimas visiones el trágico fantasma de los
remordimientos por el monstruoso delito que practiqué" - vibró Mário
Sobral, a quien un impresionante estremecimiento sacudió, haciéndole agitar las
manos como que esforzándose por desprenderlas de algo que lo inquietaba y
afligía.
"- La
oración, que aprendí a practicar, tornándola en un manantial indispensable para
mi pobre alma, guiado por las fértiles exhortaciones del Hermano Santarém –
continuó el ex-comerciante de Porto -, las súplicas vehementes que aprendí a
dirigir a María - nuestra Madre y Guía – me concedieran la tregua precisa para
reunir los pensamientos atropellados por la desesperación y fijarlos en el
raciocinio... acontecimiento que fue la llave áurea para la solución de muchos
problemas por mi considerados insolubles...
!La suerte imprevista de mis infelices hijos, a los que tanto y tanto
amaba, la conducta de Zulmira, prostituída y envilecida - como yo, incapaz de
consagrarse al Deber, venciendo honestamente las difíciles circunstancias de la
miseria – eran hechos que me hacían perder la razón hasta la locura y la
blasfemia, convirtiendo mi alma en la de un reo salvaje y furioso como no lo
seria una fiera de las selvas africanas!. ¡La oración, sin embargo, continua,
humilde, tal como el buen consejero recomendaba, corrigió la anomalía; y, poco
a poco, recobré la lucidez y el tino, pareciéndome, después de serenado el
animo, que estuviera durante siglos inmerso en las tinieblas inferiores de la
irresponsabilidad!. !Aun así, la situación de mis hijos, que habéis de recordar,
me llevaba a sufrimientos inconsolables!...
Al vigor de las
evocaciones, Jerônimo se reanimaba. Nuestro grupo quedara muy atento, vibrando
homogéneamente con el emocionado narrador. Y tales fueron los colores vivos y
sugestivos con que supo esbozar los acontecimientos que le sucedieron, tales
las expresiones ardientes emitidas por las vibraciones con que traducía las
sutilezas de la memoria, que juzgamos rever con él los episodios narrados. Y
será como si también los hubiera asistido que los transmitiremos al lector.
"- Cierto
día, al atardecer - iba diciendo el enclaustrado del Aislamiento -, me
encontraba casi absolutamente sólo, deambulando tristemente por las ruas
melancólicas del inmenso parque que veis... Se aproximaba el dulce, emocionante
momento del Angelus. La unción religiosa - consuelo y esperanza de los
desafortunados irremediables - sutilmente se infiltró por los rincones de mi
ser, reportándome el pensamiento al seno maternal de María, Madre buenísima de
los pecadores y afligidos... No ignoráis que el momento de la salutación a
María es fielmente respetado por sus legionarios, homenajeado con sinceras
demostraciones de gratitud en esta Colonia, la que se edificó, creció y produjo
excelentes frutos de amor y caridad, para servirme de las expresión que oigo de
mis bondadosos instructores, a la sombra augusta de su protección.
Me senté en el
pasto, dispuesto a recogerme también.
Con el corazón
palpitante de fe aguardé el solemne momento de la oración, el cual fue luego
anunciado por las dulcisimas melodías que del Templo se amplían hacia los
rincones más distantes de esta habitación - ecos de las vibraciones de los
varones directores mayores de la Colonia en comunión con los planos superiores
– aun sirviéndome de las expresiones de los mentores de esta casa...
!Oré, esa vez,
como nunca, jamas había orado!. !Supliqué a la amorosa Madre de nuestro
Redentor asistencia y misericordia para mis hijos!. !Que intercediese ante
Jesús Nuestro Señor, en el sentido de beneficiar a las infelices criaturas por
mi abandonadas a las inclementes embestidas de la adversidad!. !Nombré a
Margaridinha, mi Pobre hija menor, tirada al lodo de las cunetas por la
orfandad en que se encontrara con mi suicidio!. !Recordé a Albino, tirado en
una cárcel en el verdor de los años, porque su Padre no tuviera, suficiente
dignidad, para darle caminos y orientaciones honrosas, puesto que yo!. ¡Yo!.
!Que fuera su padre, que ante Dios y la sociedad me comprometiera a la noble
misión de la paternidad, me deshonra y lo deshonrara con los malos ejemplos
dejados como única y pervertida herencia!. !Grité por su maternal intervención
respecto a la angustiosa situación de ambos, aunque mis propios sufrimientos se
dilatasen por tiempo indeterminado!. !Le ofrecía, como garantía de mi
reconocimiento por cualquier beneficio que les concediese su tierna compasión
de Madre, la renuncia a ellos mismos, pues bien reconocía yo no merecer la
sacrosanta misión de la paternidad!. !¿Me alejaría para siempre, si eso fuese
necesario... mas que Margaridinha, bajo su maternal amparo, fuese apartada del
Embarcadero de la Ribera y albino no fuese llevado a la desesperación hasta
arrojarse al suicidio, y que se resignase a la cárcel, al exilio, donde, mas
tarde, podría rehabilitarse, quien sabe?!...
El Hermano
Ambrosio, vigilante incumbido de reunirnos al anochecer, vino a encontrarme
bañado en lágrimas. Una vez mas le narré mis desventuras, poniéndolo al par de
las suplicas que acababa de dirigir a María. Me dio él tiernas expresiones de
aliento, llenándome de esperanzas el corazón dolorido, concluyendo, mientras me
sostenía bondadosamente para el regreso a la comunidad:
"- !Debes
perseverar en esos ruegos, mi caro Jerônimo!. Hazlo con buen ánimo y coraje,
exaltando enérgicamente, tanto cuanto sea posible, el grado de tus vibraciones,
a fin de que repercutan armoniosamente tus pedidos, en el momento justo, en las
superiores camadas astrales donde brota, irradiando flores de auxilios y
bendiciones, la amorosa caridad de la dulcísima Guardiana de nuestra Legión. No
obstante, te aconsejo todavía orar en conjunto, reuniendo a otros a tu
pensamiento, a fin de que tus fuerzas, todavía inexpertas, se revigoricen y se
exalten al calor de los demás, pues tus súplicas de este momento son asaz
importantes, representando un verdadero mensaje dirigido a María... Hablaré de
lo ocurrido a nuestro bondadoso consejero."
En la mañana siguiente, en efecto, El Hermano
Miguel de Santarém me visitó discretamente, convidándome a tomar parte en sus
reuniones particulares, con mas algunos afines, para que, fraternalmente
unidos, solicitásemos los favores por mí deseados sobre los hechos que mas me
afligían, por cuanto era justo que ayudasen, no apenas por ser yo un discípulo
del internado que dirigían, mas, por encima de todo, porque sería caritativo
asistir a quien sufría, deber que alegremente cumplirían dada la justicia de las
aspiraciones por mi alimentadas en torno de mis entes queridos.
Así fue hecho,
realmente.
Bajo las frondas
rumorosas, en cierto rincón aislado del inmenso parque, y cuando las melodías
de la salutación diaria a María cautivaban con suaves sugestiones la quietud
armoniosa del crepúsculo, el Hermano de Santarém elevaba el pensamiento fiel y,
humildemente, transmitía en sentidas oraciones mi pedido a la celestial Señora.
Dejé, así, varias veces, a mi alma arrastrarse a través del trazado luminoso
que iban dejando las mentes virtuosas de mis buenísimos consejeros, y
acompañaba, vibrante de confianza y de esperanza, las expresiones que, del
fondo del ser, arrancaban en mi beneficio. Se repitieran estas simples y dulces
reuniones muy en secreto, varias veces seguidas, y siempre generosas y
ardientes. !Los nombres añorados de mis hijos eran allí pronunciados
diariamente!. !Y como era consolador a mi compungido Espíritu oír que a ellos
caritativamente se referían los amorosos seguidores del complaciente Maestro y
Señor, que hasta en los brazos infamantes de la cruz trataba de regenerar a los
pecadores, condolido de sus grandes miserias!... !Y una tierna esperanza, y
humilde paciencia, y respetuosa resignación visitaran los meandros de mi ser,
cual rayo de sol elevando aleluyas en las tinieblas angustiosas después de una
noche de tormenta!.
Pasados algunos
pocos días, tuve la sorpresa de ver reclamada mi presencia en el gabinete del
Hermano Director. Me presenté inquieto y conmovido, pues hacia muchos años que
me habituara a solo encontrar disgustos en vuelta de mis pasos. El Director,
sin embargo, me serenó luego de inicio por presentarme un pequeño rollo de
pergamino, especie de "papiro" estructurado en rayos de luz
compensada, mientras era yo informado de lo que acontecía:
"- !Antes
de nada, da gracias al Señor Todo Bondadoso y Misericordioso, caro Jerônimo!.
!Vuestros mensajes a María alcanzaron éxitos ante las leyes eternas e
incorruptibles!... !Aquí está la respuesta de nuestra Amable Señora y
Guardiana, la cual, en honor a su Augusto Hijo, atiende a la intervención que
le rogaste!...Del Templo, donde militan los responsables por nuestra Colonia y
donde llegan las instrucciones de lo Más Alto, mandan nuestros orientadores
estas instrucciones, una especie de programación a ser efectuada en torno de
vuestros hijos Albino y Margarida... Con el visto del Hermano Teócrito, como se
encuentra, hoy mismo podremos iniciar la tarea...
!Aturdido con lo
inesperado de la noticia, nada respondí de momento, dejando, no obstante, que
mi alma, célere, exteriorizase en el secreto del pensamiento, mi agradecimiento
al Dios Bueno, al Dios Misericordia que tan prontamente permitía que fuese yo
atendido en mis más fuertes deseos del momento!.
Tomé el
pergamino centelleante, girándolo varias veces entre las manos, sin osar
abrirlo. El mismo director, todavía, con la bondad que le es peculiar, vino en
mi auxilio, desdoblándolo cuidadosamente...
Eran cuatro
páginas sueltas, las que centelleaban con reflejos de estrellas, en sus manos.
!Caracteres azulados, como si estrías del firmamento azul sirviesen a los
iluminados del Templo para transmitir las sublimes inspiraciones que recibían
en el sentido de beneficencia a los sufridores, traducían las ordenes que la
Magnánima Señora enviara para mi socorro supremo!.
Ordenaban que mi
pobre Margaridinha, así como Albino, fuesen, sin mas tardanzas, atraídos a un
puesto de emergencia mantenido por este Instituto en la Tierra, o en sus
inmediaciones, a fin de someterse a un tratamiento magnético especial, con
vistas al reajuste psíquico de los sistemas nervioso y mental, ambos muy
enredados en las garras del medio ambiente viciado en que se desarrollaban,
desorganizados por la intensidad de los choques derivados de las luchas que
eran llamados a enfrentar en los testimonios diarios. Que fuesen los pobrecitos
aconsejados, advertidos, aclarados, por que lo que más carecían era la
iluminación interior de sí mismos. Y que, alrededor de ambos, una caritativa
cadena de amor, simpatía y protección se estableciese, porque el Astral
Superior se encargaría de crear las oportunidades necesarias a los
acontecimientos...
Debo confesaros,
sin embargo, bondadosos amigos, que bien poco, hasta ahora, entiendo de estas
cosas... Las narro como aquel que de un hecho sabe por haberlo presenciado, sin
aptitudes para el necesario análisis...
En cuanto a
Marieta y Arinda, que me tranquilizase: - eran honestas y trabajadoras,
encontrándose ambas armonizadas con las situaciones que les cabian. Que
perseverásemos, sin embargo, en socorrer al infeliz esposo de la primera - por
quien yo no rogara en mis ardientes súplicas, mas que no fuera olvidado por
la Amable Madre del Señor Jesús -, presa que era de arrastres inferiores, que
de él hacían el tirano del hogar. Que una severa vigilancia se efectuase en su
favor, pues seria dócil a las influencias generosas que le dispensasen. Sus
obsesores deberían ser aprisionados y encaminados a las respectivas comunidades
astrales, lo que nuevas oportunidades y beneficios nuevos les proporcionarían..."
"- Vemos
que es bien ardua la labor conferida al Aislamiento y que esfuerzos máximos
requieren, de todos vosotros, buena-voluntad siempre creciente - interrumpió
Roberto de Canalejas, también visiblemente interesado. - ¿Ya iniciasteis el
movimiento regenerador?..."
El Hermano de
Santarém, a quien él se dirigiera, se adelantó sonriente, satisfaciendo la
justa curiosidad.
"- Si –
dijo él -, y con muy buen éxito, visto que tenemos a la Madre de las Madres
como patrocinadora de estos casos de redención... cuyas excelentes
consecuencias fácilmente entrevemos..."
"- Ruego
aclaraciones respecto al desempeño de tan espinosa cuan noble tarea, Hermano
Santarém" – Dijo el joven doctor.
"- Con
mucho placer, mi joven amigo, visto reconocer que hablamos a amigos generosos y
sinceros, que podrán hasta mismo prestarnos el auxilio de su fraterna
simpatía...
Conforme no
podría dejar de ser – continuó el noble religioso -, asumí la dirección del
emprendimiento, con ordenes del Hermano Director del Departamento, convencido
de que la intervención de nuestra augusta Protectora, así como la generosa
asistencia de nuestros mayorales del Templo, no nos abandonarían a la
indecisión de las propias flaquezas.
En esa misma
mañana fue encaminada a la dirección del Departamento una petición requiriendo
auxiliares voluntarios para el áspero combate, pues no ignoráis que para esa
naturaleza de tareas no existe obligatoriedad en nuestro núcleo. Los obreros
para servicios externos han de ofrecer espontáneamente su ayuda, atendiendo
apenas al llamado especial que se proclama, además de que son todos voluntarios
los propios servidores de nuestra Colonia...
Atendido sin tardanza, me entendí cordialmente con los preciosos
colaboradores que se presentan, todos animados de interés y buena-voluntad por
la causa del Bien, quedando establecido que, antes de la delineación del
programa decisivo, visitásemos a los personajes en cuestión, estudiando todas
las faces del asunto y comparándolas con nuestras propias posibilidades. Así lo
hicimos, hasta que, en la noche del tercer día, después del homenaje que muy gratamente prestamos
diariamente a nuestra Guardiana, partimos todos juntos, hacia la Tierra...
Era plenilunio.
La luz dulce y melancólica de la Luna - la humilde hermana de la Tierra -
suavemente aclaraba los caminos tristes del astral inferior por donde
deberíamos transitar. Para transporte nos servimos de la levitación lenta,
visto que las zonas pesadas por donde gravitaríamos no nos permiten el empleo
de la rapidez sino con gran esfuerzo de nuestra parte, lo que de ningún modo
convendría hacer porque necesitábamos reservas de energías para los servicios a
realizar.
¡Oh, mis caros
amigos! – continuó el antiguo sacerdote con dulzura intraducible. - !No fue sin
delicados estremecimientos de emoción que avistamos los contornos de la vieja
ciudad de Porto, envuelta en los velos de las ondas atmosféricas, que la
tornaban como inundada de sutil torrente de humo transparente a nuestros ojos
de Espíritus, para quien el vacío es un
vocablo inexpresivo!.
Nuestro preclaro
hermano, el Conde Ramiro de Guzman, que, como sabéis, dirige las expediciones
misioneras en el exterior de nuestra Colonia, y que, como siempre, fue el
primer voluntario a apresurarse en atender nuestro humilde convite para el
servicio extra, nos llevó a una vuelta por la ciudad que tanto habíamos amado,
pues también el viviera en Porto y se abrigara bajo aquellos techos amigos,
cuyas cornisas y vidrieras ahora distinguíamos besadas por las tiernas
centellas del plenilunio...
“Buscamos a
Margarida Silveira por las inmediaciones del Embarcadero de la Ribera. !El
Duero amigo se agitaba dulcemente, retornando su poesía a nuestra audición de
portugueses, para quienes las dulzuras del viejo terruño natal – que lo seria
nuevamente, en posterior encarnación - no se extinguiera todavía, muy a pesar
de la larga permanencia en la Patria Espiritual, el Espacio!..."
“- ¿Y Jerônimo
formó, por cierto, parte de la importante expedición? ..." - indagué,
ansioso.
"- ¡Oh,
no!. !No seria prudente que lo hiciese!. Debíamos evitarle el disgusto de
realidades durísimas... y hasta seria Jerônimo un estorbo para nosotros, envés
de ayuda...
¡No me
permitiré, ahora, describir, mis amigos, el espectáculo amargo en el que
encontramos a Margaridinha representando el principal papel!. ¡Imaginad, sin
embargo, uno de aquellos antros de vicios y libertinajes, como tantos que,
infelizmente, existen en el sombrío globo terrestre, clasificado policialmente
como de quinto orden, como si pudiesen existir vicios menos degradantes unos
que otros!. !Pensad en lo que seria el impudor allí reinante, la licenciosidad,
los torpes arrastres de los instintos inferiores y deprimidos por la perversión
de las costumbres – y tendréis una pálida idea del infierno del que deberíamos
sacar a Margarida Silveira - porque así lo ordenara el Astral Superior,
solícito a nuestras invocaciones!.
¡¿Cómo hacerlo,
todavía?!...
Ante las escenas
lamentables que veíamos, la angustia de la repugnancia intentó dominar nuestras
almas, tornándose necesario de nuestra parte la vigilancia de la comunión
mental con nuestros directores del Templo y de lo Mas Alto, a fin de que
nuestras voluntades no se debilitasen, perjudicando la misión.
!Torturada por
infamias inclementes, vilipendiada por la degradación, maniatada al miserable
tronco de una situación insoluble para su inexperiencia, Margaridinha se nos
apareció como la gran víctima de un nuevo Calvario, donde también faltaban el
consuelo, el socorro de corazones generosos dispuestos a aliviar y consolar!.
!La vimos, a contragusto de sus mismas repugnancias íntimas, inmediatamente
reconocidas por nosotros, sometida a los torpes caprichos de verdugos
desalmados, los que la forzaban a sorber copázos de vino, intoxicándola,
emborrachándola, sin piedad! ¡La desgraciada, semidesnuda, pues traía las ropas
rotas por las brutalidades infligidas por los verdugos, y empapadas de vino;
los cabellos desgreñados, ojos alucinados por los desvaríos del alcohol!; boca
espumante, desfigurada por gestos ridículos, se veía también forzada a danzar
al son de guitarras tediosas, cantando las piezas mas en boga, para divertir a
los ínfimos verdugos. Sin que lo pudiese hacer convenientemente, sin embargo,
dado el lamentable estado en que se encontraba, se veía por este o aquel
personaje duramente abofeteada, mientras los vestidos eran todavía otra vez
dilacerados por las mismas manos brutales.
Recordando que
las instrucciones recibidas de lo Más Alto recomendaban que fuese la pobre
muchacha retirada con urgencia de aquel malsano ambiente, no vacilé en tomar
providencias inmediatas, haciendo uso de medidas extremas.
A un aprendiz de
la Vigilancia, que conmigo llevara, justamente de aquellos que iniciaban en
experiencias regeneradoras a través de los servicios de beneficencia al
prójimo, indiqué a la mísera joven, diciendo:
- Será necesario
arrebatarla de aquí... El Astral Superior recomienda asistencia inmediata en
torno a ella... Adormécela, mi amigo, con una descarga magnética fuerte,
sirviéndote de los elementos fluidos de los presentes. . . Dale apariencias de
enferma grave...y aleja con presteza a estos infelices que la maltratan...
Este aprendiz
sabia operar con cierto desembarazo, no obstante ser parcos sus conocimientos y
pequeño el capital moral que tenia. Fuera, no hacia mucho, jefe de una falange
contraria al Bien y al Amor. Convertido, no obstante, desde hacia cierto
tiempo, al aprendizaje sincero de la Luz y de la Verdad, ahora era un obrero
sumiso, subordinado a la dirección de individualidades iluminadas, capaces de
guiarlo a la regeneración completa, las que no sólo lo ayudaban a instruirse
como a elevarse moralmente, ofreciéndole oportunidades de servicios
rehabilitares. Se llama Osario y, como es natural, aun se encuentra bajo
nuestros cuidados. Otrora viviera en las selvas brasileñas, donde practicara
ritos y magias africanas.
El resultado, de la orden por mi emitida no se
hizo esperar.
Se aproximó él a
la infeliz pescadera del Embarcadero de la Ribera, le pasó ambas manos a la
altura de las rodillas, como aflojándolas. La pobre muchacha tambaleó,
sujetándose a una banca próxima. !Casi sin interrupción, el mismo
"pase" se repitió a la altura del busto y, enseguida, rodeando la
frente, toda la cabeza! Margaridinha
cayó tiesa en el piso, presa de convulsiones impresionantes, llevando la mano
al pecho y gimiendo plañideramente. Sin interrumpirse en el afán de su
competencia, y mientras yo distribuía otras recomendaciones a los demás
voluntarios, Osório se llegó a uno de los comensales que se veían estupefactos
ante el incidente, y le cuchicheó algo al oído, con vehemencia y emoción,
interesado en salirse bien de la tarea. El individuo se sobresaltó súbitamente,
exclamando aterrado, creando un pánico indescriptible entre los bohemios:
- !Cielos!. La
pobre está por morir por nuestra culpa ...!Huyamos! ¡Huyamos antes que aparezcan los policías!...
Salieron en
confusión, empujándose mutuamente, dejando a la pobre víctima de tantas
brutalidades a merced de los posibles sentimientos de caridad del propietario
del antro.
Margarida, en
efecto, se debatía pareciendo en el borde de la agonía. La rodeamos, yo y mis
dedicados auxiliares, con la intención de ayudarla con los bálsamos que en el
momento podríamos disponer. Conviene aclarar, sin embargo, que ni yo ni mis
adjuntos éramos siquiera presentidos, ya sea por ella o por los demás presentes
del plano material, pues nuestra calidad de Espíritus desencarnados nos hacia
inalcanzable a la visión de ellos.
Entre tanto, la
moza experimentaba la acción nerviosa producida por la rispidez de la descarga
magnética necesaria para su lamentable estado. Le aplicamos bálsamoss sedantes,
compungidos ante sus sufrimientos. Quedó inanimada, gradualmente calmándose, continuando,
sin embargo, tirada sobre las losas del antro, mientras el tabernero, en pánico
con el acontecimiento, providenciaba socorros médicos y un lecho en el interior
de la casa, pues debía ocultar la verdad del caso, por no desear complicaciones
con la policía, dada la ilegalidad del comercio.
!En cuanto a
nosotros, los siervos de María, deseábamos verla en un hospital y jamas en una
cárcel!. Por esa razón alejamos la posibilidad de la presencia de la policía,
mientras buscábamos la ayuda de algún facultativo cuyos sentimientos de caridad
nos inspirasen confianza.
Algunos minutos
después, llegó el facultativo, que la consideró gravemente enferma en virtud de
la gran intoxicación por el alcohol, providencias humanitarias fueron tomadas,
pues tejimos en torno de él una corriente armoniosa de sugestiones compasivas...
“Y así fue que,
tal como deseáramos y se hacia necesario, pasadas las sombras dramáticas de
aquella noche decisiva, la hija de nuestro pupilo aquí presente daba entrada en
un modesto hospital, bastante caritativo para resguardarla mientras
providenciásemos sobre sus días futuros, guiados por las inspiraciones
generosas de María..."
"- ¡Sí
nuestro Jerônimo no debía tomar parte en la expedición, a fin de que le fuesen
evitadas las crucificantes amarguras, ¿cómo está informado de los
acontecimientos?!... ¿No te sientes compungido, chocado con estas
descripciones, amigo? ... Principalmente porque son extraños los que las
oyen?..." - inquirí osadamente, deseoso de investigar todo.
"- !En
efecto, me siento amargado, y ni podría dejar de ser así... Además, la amargura
y el pesar han sido mis compañeros de todos los momentos... No obstante, el
sufrimiento y las instrucciones que vengo aquí recibiendo me iluminaron lo
bastante para hoy razonar mejor que en otro tiempo... Conviene que
reflexionéis, mi caro Sr. Botelho, que, si el Hermano de Santarém describe,
para vosotros, los acontecimientos a mi respecto, será porque aquí vinisteis
para los servicios de instrucción, a mas de que sois amigos sinceros, hermanos
afines capaces de actitudes fraternales no apenas en mi beneficio, mas también
de aquellos que me son caros!. No data de hoy nuestro afecto, recuerdo bien que
estamos unidos por una conmovedora amistad desde las tristes peripecias del
Valle Maldito..."
"- ¡Sí!. –
cortó el lúcido instructor -, él debería ser informado de todo, en una ocasión
oportuna, aunque la caridad hubiese aconsejado su ausencia del teatro de los
acontecimientos... Nada podría realmente ignorar, ya que se tornó responsable
por todo lo que resultó del abandono de su familia y porque aun le urgía
meditar sobre los delicados acontecimientos con vistas a los planes para las
próximas reparaciones... "
Al incidente
siguió una pequeña pausa, la cual fue quebrada por el mismo Jerônimo, al
exclamar:
"- Os ruego
continuéis explicando a mis compañeros de jornada con la secuencia de mi drama
personal, venerado Hermano Santarém, pues lo juzgo bastante expresivo, conforme
tantas veces me habéis hecho analizar, para también a otros edificar y instruir...
"
"- Si, mi
hijo, estoy convencido de que calará bien en sus almas el oír el episodio que
venimos narrando... - concordó pacientemente el sacerdote, cuya sonrisa
bondadosa dulcificó el malestar creado por mi impertinencia. - Además, la vida
de cada uno de nosotros guardará enseñanzas majestuosas y sublimes, siempre que
nos demos el trabajo de comprenderla a la luz de las leyes divinas que rigen
los destinos humanos..."
Se interrumpió
por un momento, como si concatenase recuerdos, continuando enseguida:
“- En el
instante en que Margarida Silveira caía sobre las losas de la taberna, tratamos
de llevar a su Espíritu - parcial y temporalmente desligado del fardo carnal –
al puesto de Emergencia que este Instituto mantiene en las adyacencias del
globo terrestre.
Los servicios allí son variados y constantes
como en el interior de la Colonia. Muchos enfermos encarnados son allí curados
por la medicina del plano espiritual, muchas criaturas desviadas del camino del
deber han recibido bajo aquel hospitalario abrigo fuerzas y nuevos vigores para
la enmienda y consecuente regeneración, mientras que muchos corazones afligidos
y llorosos han sido consolados, aconsejados, dirigidos hacia Dios, salvos del
suicidio, reintegrados en el plano de las acciones para las que nacieran y de
las cuales se habían alejado.
Conducida allí
en Espíritu, Margarida fue sometida a exámenes rigurosos, viendo nuestros
hermanos incumbidos del mandato las precarias condiciones en que se encontraba
su organización - fluídica - el perispíritu - y que se hacia urgente un
tratamiento riguroso. Mientras eso el cuerpo carnal también lo era por el
medico terreno - el médico asistente del hospital donde fuera transportada en
estado comatoso.
“Quedara
resuelto por nosotros que, a beneficio del futuro de Margarida Silveira, el
estado letárgico se prolongase por varios días, tantos cuanto fuere necesario
para la asistencia moral más urgente que la urgencia de la situación lo exigía.
Por eso mismo, todo el interés, los cuidados más delicados tributamos a su
cuerpo físico--material, al cual transmitíamos las vitalidades necesarias a la
salud y conservación. La joven no estaba, además, verdaderamente enferma, sino
apenas intoxicada por las forzadas libaciones de alcohol. Presentaba órganos
normales, excepción hecha del sistema nervioso, que sufría los resultados de la
amarga anormalidad que vivía. Sus sufrimientos graves, cuya naturaleza estaba
exigiendo desvelos abnegados, eran morales, razón por la que los facultativos
del hospital de Porto, donde se encontraba su fardo carnal, la dejaran en
observación, confundidos con el estado letárgico singular."
El Hermano
Santarém se detuvo durante algunos instantes, consultando si nos interesaría la
secuencia de la narración. En coro suplicamos que no se detuviese, por cuanto,
no sólo la suerte de la pobre muchacha nos preocupaba muchísimo, pues, a fuerza
de que de ella oyeramos hablar a su padre, desde hacía tantos años, mucho de
corazón la estimábamos ahora, como también las enseñanzas nos atraían
profundamente, calándonos profundamente con fuertes repercusiones. Por otro
lado, el mismo Jeronimo animaba la exposición de los hechos pasados, lo que era
el mejor incentivo para el narrador.
Agradeció el
bondadoso consejero con una amable sonrisa y continuó, mientras nuestra
atención recrudecía.
"- Quedad
sabiendo, mis amigos, que Margaridinha no sólo no era mala como no se amoldaba
por su gusto al vicio. Hasta le repugnaba, ansiando liberarse de él. !En su
caso doloroso, lo que había era una tenebrosa expiación, secuencia funesta e
imprescindible de arbitrarias acciones por ella misma practicadas en
antecedentes encarnaciones y que quedaron clamando justicia y reparaciones a
través de los siglos, no apenas en los rincones de su propia consciencia, mas
también en los armoniosos códigos de la Ley Suprema, que absolutamente no se
armonizan con ningún desvío del camino recto!."
"-
¿Podríais darnos una pequeña muestra de las acciones practicadas por el
Espíritu de esta joven en antecedentes encarnaciones y que diesen causa a tan
graves situaciones que en este momento ella experimenta?" – me atreví a
solicitar, llevado por el sincero deseo de aprender.
"- El
estudio de la Ley de Reencarnación es profundo y delicado, mi amigo, al mismo
tiempo que simple y fácil de comprensión, por cuanto nos presenta el indicio
aclaratorio de muchos problemas que persiguen a la Humanidad, los que
aparentemente se presentan insolubles. En el futuro lo haréis en vosotros
mismos, releyendo las paginas del libro de la consciencia... Hasta allá, en
tanto, no habrá ningún inconveniente en satisfaceros la natural curiosidad, ya
que tendréis lucro conociendo mas uno de sus múltiples aspectos.
¡Sí, mis
amigos!. !La profundidad de las leyes divinas es vertiginosa, pudiendo
realmente asustar a los Espíritus mediocres, no experimentados aun para su
comprensión!. !Mas la justicia que resulta de esas leyes destila tanta
sabiduría y tan gran misericordia, que el temor se transformará en respetuosa
admiración, ante un examen más prudente y minucioso!.
!Por más
increíble e incómodo que os parezca, mis hijos, en anteriores vidas
planetarias, o sea, en mas de una existencia terrena, el Espíritu que
actualmente conocéis con el nombre de Margarida Silveira anduvo reencarnado en
cuerpos masculinos!. !Existiendo como hombre - porque el Espíritu no está
subordinado a los imperativos del sexo, tal como en la Tierra se comprende –
abusó de la libertad, de las prerrogativas que la sociedad terrena concede a
los varones en detrimento de los valores del Espíritu, y pervirtió deberes
sagrados!. Como hombre, llevó a la deshonra a hogares respetables, envileció a
doncellas confiadas, esparció la hiel de la prostitucion en torno de sus pasos,
desgració y destruyó destinos que parecían róseos, esperanzas dulcemente acariciadas!...
Mas... Llegó el día en que la Suprema Ley, que no quiere la destrucción
del pecador, y sí que el viva y se arrepienta – le impidió continuar el
execrable atentado contra Su Soberanía!. !Le casó la libertad, le impuso
ocasiones propicias favorables para rehacerse de la anomalía de tantas
iniquidades, impeliéndolo a renacer con ropas carnales femeninas, a fin de
probar mas eficientemente la misma hiel que hizo a otros sorber, y así
ahorrarse un tiempo precioso en la programación de los rescates, por sujetarse
al rigor de penalidades idénticas a las otrora impuestas por su mal orientado
libre-albedrío!. !Reencarnó como mujer a fin de aprender, en la desgracia de
ser traicionada en su castidad, desacreditada, vilipendiada, abandonada, una
arrebatadora lección de que no es en vano que se infringe uno sólo de los
mandamientos entregados en lo alto del Sinaí como padrón de honor para la
Humanidad, que antes se debería educar visando la finalidad sublime del amor a
Dios y al prójimo!."
Un inquietante
malestar trajo emociones de pavor a nuestra mente sorprendida con la expectante
novedad. Nos estremecimos, mientras sentíamos como que rezumar un sudor helado de nuestra epidermis. En aquel
momento recordábamos, vivamente, de que fuéramos hombres, de que nuestras
consciencias no acusaban apenas acciones angelicales respecto al gravísimo
asunto. No obstante, fiel al enraizado defecto de polemista, que se obstinaba
en acompañarme asustadoramente, hasta en los parajes mas allá de la muerte, vibré,
decepcionado, aturdido:
"- Si fue
así, ¿cómo Jerônimo se tornó responsable por los desastres de su hija?..."
“- ¡Ah, mi
amigo!. !Bastaría una pequeña dosis de razonamiento para comprender que no por
ser así dejará la consciencia del pobre padre de acusarlo duramente!... -
suspiró tristemente o sacerdote iniciado. - "!El escándalo ha de venir,
mas ay del hombre por quien el escandalo venga" - aseveró nuestro Maestro
Sabio y educador incomparable, visto que, si así procedió, era que él creía,
positivamente, en desacuerdo con los dictados virtuosos de la Ley Suprema!.
Margarida Silveira tenia reparaciones a testimoniar, es cierto; mas,
infelizmente, el suicidio de su padre, desamparándola, fue la piedra de toque
que la llevó a precipitarse en los tristes acontecimientos!. La deuda tenebrosa
debería ser rescatada a través del tiempo. Podría no ser obligatoria para la
existencia presente, permaneciendo pendiente de una ocasión oportuna. !El
libre-albedrío de su padre, en tanto, llevándolo al error fatal del suicidio,
precipitó los acontecimientos cuya responsabilidad bien podría dejar de pesar
sobre sus hombros, a fin de que, ahora, no sofriese él las consecuencias del
remordimiento!. !Que me dirías, caro amigo, de un hombre que se tornase causa
de la muerte trágica de un ser amado, aunque no alimentase intenciones de
asesinarlo, abominando hasta la idea de verlo morir!... ¿No sufriría, acaso?...
¡¿No viviría corroído de remordimientos el resto de sus días, amargado,
desolado para siempre?!... Margaridinha debería expiar el pasado, es cierto.
!Mas no seria necesario que la piedra del escándalo que la debiese alcanzar fuese
engendrada por las consecuencias de un acto practicado por la imprevisión de su
propio padre!..."
Desilusionado,
callé, mientras el Hermano Santarém continuaba:
"- Ya que
la joven pecera no se complacía con el vicio, por el contrario sufría la
humillante situación ansiando por la hora libertadora de eximirse de él, fácil
nos fue a nosotros ayudarla a reerguirse, convencerla a la regeneración,
dirigiéndose hacia un fin seguro.
Durante los seis días en que la hospedamos en
la mansión de reposo del mencionado Puesto, largas conversaciones establecí con
ella, ya que, respecto de la solución para ese drama inmenso, fui indicado como
consejero y agente jerárquico de los verdaderos Guías que trabajan en pro de la
regeneración de la penitente. !Allí albergada, era encaminada a cierto gabinete
apropiado al genero de confabulaciones que convenía promover, una especie de
locutorio, en el que ondas magnéticas, de excelencia capital, favorecían la
retención de mis palabras en su consciencia, actuando fielmente sobre su
memoria y así llevándola a coleccionar, en las camadas recónditas de la
subconsciencia, todas las recomendaciones que yo le hacía y que le convenía
recordar cuando despierta, en la ocasión oportuna para la ejecución, lo que, en
efecto, vino a hacer mas tarde, sin percibir, sin embargo, que apenas cumplía
las recomendaciones que habían sido aconsejadas a su Espíritu durante la
letargia en que estuviera inmerso su cuerpo material, pues, al despertar,
olvidara todo, como era natural!.
Exhorté a
Margarida, en primer lugar, a la oración. !La hice orar, lo que hizo bañada en
lágrimas!. Le di a conocer el recurso salvador de la oración como luz redentora
capaz de arrancarla de las tinieblas en que se confundía, para guiarla a
parajes rehabilitadores. Le di, tanto cuanto me permitían la exigüidad del
tiempo del que disponía, y también así la circunstancia incomun que me fue
preciso provocar, rudimentos de educación moral religiosa, y ella, que jamas la
recibiera, hablando de los deberes impuestos por el Creador Supremo en Sus
Leyes, recordando todavía que, en el amor del Divino Crucificado, encontraría
ella la fortaleza de animo a fin de remover las montañas de iniquidades que la
venían esclavizando a la inferioridad, así como bálsamos bastante eficaces para
lenificar la hiel que hacia infeliz su vida. !Le infundí esperanzas, nuevo
animo, coraje para una segunda etapa que se hacia necesaria en su destino,
confianza en el Amigo Celeste que les extendía su mano compasiva y protectora a
los pecadores, amparándolos en la renovación de sí mismos... y la convencí de
que, si como mujer fuera desgraciada, sin embargo su alma encerraba valores
cuyo origen divino de su fuerza de voluntad exigía acciones nobles y heroicas,
capaces de promover su rehabilitación ante su propia consciencia y en el
concepto de Aquel que de Si mismo extrajo estrías de luz para darnos la Vida!.
!Fiel a las
observaciones que del Templo recibía por vía telepática, la incité a aumentar
esfuerzos para alejarse de Porto, y hasta de Portugal!. !Continuar en la tierra
natal seria imposibilitar la reacción de la voluntad para la consecución de la
enmienda, cuando ella necesitaba realmente olvidar que un día vivió en el
Embarcadero de la Ribera!. Que crease, con el esfuerzo heroico de la
buena-voluntad, un abismo entre sí misma y el pasado nefasto, a fin de iniciar
una nueva fase de vida. !Era imprescindible que confiase en sí misma,
juzgándose buena y fuerte para vencer en la lucha contra la adversidad!..,
porque el Cielo enviaría ocasiones propicias para la renovación!. El Brasil era
una tierra hospitalaria, amiga de los desgraciados, mientras sus puertos, como
el corazón de sus hijos, eran bastante generosos para acogerla sin cuidarse de
particularidades pretéritas... Que prefiriese el exilio en el suelo brasileño,
porque tal exilio se convertiría mas tarde en mansión confortadora.., todavía
porque el Espíritu es ciudadano universal y su verdadera Patria es el infinito,
lo que lo llevará a entender que, donde quiera que se encuentre, el hombre
estará siempre en su Patria, a la cual deberá siempre amar y servir, honrándola
y engrandeciéndola para los altos destinos morales!. !Que olvidase el pasado!.
Y, con alma y corazón vueltos hacia el Eterno Compasivo, esperase la acción del
tiempo, las dádivas del futuro: - la solicitud celeste no la dejaría huérfana
en la experiencia para la regeneración!."
Oíamos
conmovidos, apreciando el valor inherente a la tesis bastante amplia para
servir a cuantos se viesen incursos en penalidades idénticas. Guardábamos
todavía silencio, mientras el digno educador, cuyas palabras mas se endulzaban
a medida que se arrebataba en el discurso hermoso, continuó, después de algunos
instantes de pausa:
Convenía
despertar a Margarida, o sea, hacer que su espíritu vuelva al templo sagrado
del aparato carnal, retornarlo a fin de continuar las tareas impuestas por el
curso de la existencia.
Como, realmente, no estaba enferma, el despertar se operó natural y
suavemente, bajo nuestra desvelada asistencia, tal como si volviese de un
prolongado y benéfico sueño. Médicos y enfermeros se confesaran atónitos. La
joven, sin embargo, se mostraba con pena por haber vuelto a la vida objetiva, y
derramaba abundantes lágrimas. Una incoercible angustia le pesaba sobre el
corazón. De lo que pasara con su Espíritu durante aquellos seis días de sueño
magnético no se recordaba, de nada. Apenas una vaga sensación de ternura le
imprimía en el fondo de su ser una misteriosa dulce añoranza, que no podría
definir...
Después de
algunos días de ansiosa expectación, deliberara viajar hasta Lisboa en busca de
su hermana Arinda, a quien la sabía sirviendo en un hotel de buena reputación.
La situación,
sin embargo, se presentaba difícil para la desventurada joven. No poseía
recursos a fin de emprender el viaje. Su pasado lleno de máculas y su infeliz
reputación la inhibían de ubicarse en casas honestas, como criada de servir.
Todavía, en torno de los desgraciados existen siempre ángeles tutelares prontos
a intervenir en la ocasión oportuna, remediando situaciones consideradas
insolubles. En torno de Margaridinha la intervención del Cielo se hizo
representar, para conseguir los recursos necesarios al transporte, por sus
pobres compañeras de la enfermería, las que, viéndola llorar frecuentemente, le
arrancaron la confesión de la amarga situación. Pobres, humildes, bondadosas,
sufridoras, y, por eso mismo, pudiendo interpretar mejor las desdichas ajenas,
las buenas criaturas se contribuyeron, exigieron ayuda a sus maridos y
parientes y, al cabo de pocos días, Margarida recibió lo necesario para viajar
a la capital del Reino.
Arinda acogió a
su hermana. Le perdonó los pasados desvaríos, comprendiendo, finalmente, que en
tan lamentable drama hubiera mas ignorancia y desgracia que verdadera maldad,
pues no poseía esclarecimientos filosóficos capaces de percibir, en los
acontecimientos en torno de su hermanita menor, los antecedentes espirituales
que acabé de revelar.
La empleó en un
hotel, cerca suyo, procurando habilitarla en los menesteres domésticos visando
colocarla mas adelante en ambientes familiares. Acontece, sin embargo, mis
amigos, que la hija de Jerônimo irá al Brasil mas deprisa de lo que se
esperaba... Es que, en este hotel, se hospeda actualmente una familia
portuguesa residente en S. Paulo - el gran centro industrial brasileño.
Visitando la tierra natal y yendo de excursión por la capital, a la cual solo
ahora tuvieron ocasión de conocer... Margarida, guiada por la hermana, la sirve
con atenciones y bondad... Hay simpatías de parte a parte... La muchacha acaba
de ser convidada a partir para el Brasil, en compañía de la familia, como
criada de servir... Arinda interino, comprendiendo las ventajas de ahí consecuentes...
Margaridinha concordó con placer... y después de algunos días será encerrada la
página negra de su existencia para recomenzar experiencias nuevas, con nuevas
ocasiones de progreso y realizaciones..."
!Nos miramos
ansiosos, como en un singular desahogo, deteniéndonos compungidos a mirar a
Jerônimo, personaje que figuraba en la tormentosa odisea que acabábamos de oír,
con la tremenda responsabilidad, ante la ley divina, de haberla provocado con
su acción relapsa del suicidio!. El ex-comerciante de vinos, sin embargo,
conservaba la frente baja, concentrado en pensamientos profundos.
De súbito, en
medio del silencio augusto que sucediera a la conmovedora exposición, una voz
compasiva, revelando cariñosas entonaciones, interrogó, sinceramente
interesada:
"- ¿Y
Albino, Hermano Santarém?... ¿por cierto el Cielo le concedió también alguna
dádiva?..."
Era Belarmino,
cuja alma bondadosa, convertida a la enmienda, presentaba ya las mejores y más
sólidas características de fraternidad, entre los de nuestro grupo.
“- ¡¿Albino?!...
- dijo sonriente el digno sacerdote, como absorto en una grata recordación.-
Albino va muy bien, muchas veces mejor que su hermana!...!El aislamiento de la
cárcel le fue propicio a la meditación, haciéndole reflexionar con madurez y
llevándolo a buscar a Dios a través de las alas remisoras del sufrimiento!.
!Tal como fue hecho a su hermana, adoctrinándolo en nuestro campo de reposo, y,
fácilmente aceptando nuestras amonestaciones, rápido se resignó a la dolorosa
situación, comprendiendo la justa punición, puesto que realmente erró en el
seno de la sociedad!. Se dedicó a lecturas y estudios educativos, guiado muy de
cerca por un alma de elite en quien depositamos mucha confianza, y actualmente
encarnada en la Tierra- nuestro agente fiel y portavoz sincero – o sea un
médium, un iniciado cristiano de la Tercera Revelación, llamado Fernando...
Bien, todavía en
los servicios realizados en el Puesto de Emergencia ya citado, instrucciones
fueran dadas al caro interprete respecto de lo que debería hacer a fin de
auxiliarnos en torno a la joven que apreciamos, siendo transportado a aquel
local su Espíritu laborioso, durante el sueño profundo. Mas, siendo así,
Fernando, que ejerce actividades profesionales en la propia inspección de
Policía, como adepto que es de la Tercera Revelación viene procurando, cuanto
era posible, testimoniar los preceptos del Divino Misionero. Entre los
innumerables actos generosos que viene evidenciando como espírita-cristiano,
destacaremos el interés tomado por los encarcelados y sentenciados, a los
cuales procura asistir y servir. Llevándoles un rayo de amor en cada visita que
les hace. Les infunde esperanzas a los corazones desfallecidos. !Les calma la
rebelión interior con suavidad fraterna y buena de su palabra inspirada, de
donde fluyen aclaraciones regeneradoras para desalterarles la sed de justicia y
protección!.
!Albino se
sintió atraído por aquellas expresiones tiernas que le revelaran las dulzuras
del Evangelio del Reino de Dios, como hablando de un mundo nuevo, una era nueva
que surgiría en su vida de joven desamparado!. !Los ojos grandes y soñadores de
Fernando, como reflejando el manantial de Luz que deslumbraba su alma de
escogido del Cielo, impresionaran fuertemente al hijo de Jerônimo, que,
aturdido y dominado por una singular simpatía, le confió su propia historia
atormentada!. Nuestro querido agente se conmovió sinceramente. Confortó al
mozo, le dio educación moral-religiosa bajo las inspiraciones de la Tercera
Revelación, tal como le habíamos recomendado, lo que nos evitó grandes trabajos
en torno del joven encarcelado...
!En la soledad
de la misma cárcel, así bien temprano, Albino pudo recibir directamente
nuestros incentivos, pues, gracias a los piadosos esfuerzos del siervo del
Señor y a la buena-voluntad del propio penitente, se le hizo posible a este
hablarnos, tomándole de la mano y dictándole preceptos educativos, de los
cuales tanto y tanto necesitaba a fin de fortalecerse para las caminatas
redentoras!. !Y el propio Albino escribió lo que le susurrábamos al pensamiento
a través de la intuición, bañado en lágrimas, protestando interiormente
continua buena-voluntad para el futuro!.
Sin embargo, no
paró allí la solicitud verdaderamente fraterna de nuestro caro Fernando.
Tiene él
relaciones de amistad social con el Palacio Real. Se empeñó y obtuvo las
atenciones de Su Majestad, la Reina D. Amélia, para el infeliz hijo de nuestro
suicida. Le hizo comprender que se trataba de la persona de un huérfano
desamparado, a quien la inexperiencia y las seducciones maléficas habían
desdichado, mas a quien se podría auxiliar todavía, tornándolo útil a la
Sociedad, con un poco de protección y ayuda fraterna.
Aquí, en nuestro
Instituto, no se ignora que el Espíritu de esa ilustre dama de la sociedad
terrena es asaz generoso, compasivo, deseoso siempre de enmendar. Para el
progreso moral y espiritual de Albino, a su vez, según las instrucciones que
recibiéramos de lo Mas Alto, seria indispensable prolongar la prueba de la
cárcel todavía por tres años. Coadyuvamos, por tanto, en el momento, los
esfuerzos de Fernando, fielmente inspirado por nosotros, en el sentido de
obtener cuanto antes la proyectada remoción del prisionero al Africa, donde, de
acuerdo fuera estipulado, quedaría en libertad..."
“- Perdón,
respetable Padre Santarém!. !Preferiría yo que Albino fuese enviado al
extranjero... Al Brasil, por ejemplo, la segunda Patria de los portugueses,
donde gustamos tanto de vivir y también de morir, al dejar Portugal!... !Pobre
Albino!. ¡Africa!... !Inhóspita e inclemente!... " – se atrevió
ingenuamente Màrio Sobral, sin medir la inconveniencia que profería.
"- !No, mi
joven amigo!. !Albino necesita todavía ser conservado en custodia, ya sea
policial terrena ya sea espiritual, por parte de los que celan por su futuro...
En el Brasil encontraría demasiadas facilidades, que podrían alejarlo de la
unción en la cual se viene conservando desde que conoció a Fernando y se filió
a la magna Ciencia de la Espiritualidad! Tendría libertad excesiva, pues la
gran democracia brasileña no es lo que le conviene en el momento... Lo
arrastraría, posiblemente, a desvíos perjudiciales, cuando, al iniciar su
propia regeneración, rodeado de responsabilidades, se encuentra aun muy débil
para vencer tantas y tan grandes tentaciones, como las que encontraría en el
seno de aquel generoso país. !El África inclemente le seria mas propicia a los
intereses espirituales!. !Hay mas caridad mandándole allí que para ambientes
contrarios a la enmienda que debe tentar a bien de los propios destinos
inmortales!.
Estamos, pues,
en la expectativa de verlo transladarse para Lourenço Marques u otra cualquier
localidad africana..."
Considerando que
los acontecimientos descritos por el verbo elocuente y sugestivo del consejero
del Aislamiento necesariamente influirían en el corazón afligido de aquel padre
suicida, ofreciéndole a un mismo tiempo recuerdos torturantes y esperanzas reanimadoras,
lo felicité sinceramente por el hermoso éxito de sus ruegos de oraciones,
loando todavía, con júbilo, la amorosa solicitud de la Virgen de Nazaret, cuya
intervención remediara situaciones supuestas definitivas. Y concluí con una
pregunta, cuya respuesta tan interesante me pareció, que no me hurtaré al deseo
de adjuntarla a estas notas, finalizando el capítulo. Indagué a Jerõnimo,
abrazándolo fraternalmente, mientras los compañeros de caravana parecían apoyar
mi gesto, con sonrisas amistosas:
"- ...Y
ahora, mi caro Jerõnimo, resueltos los más urgentes problemas que te
ensombrecían de amarguras la vida, ¿no te sentirás, por ventura, mas sereno a
fin de cuidar del futuro que, según veo, bastante perjudicado ya fue por las
aflicciones constantes e impaciencias contraproducentes, en que te traía el
recuerdo de tus hijos queridos?... ¿No te exultas, sabiendo al heredero de tu
nombre presto a poder servir honradamente a la sociedad, el corazón abierto a
las auras celestiales de una fe religiosa que es como la bendición del
Todo-Poderoso glorificando su futuro?... ¿No sonreirás, resignado, sabiendo a
tu rubia Margaridinha recibida en el seno de una familia respetable, tan
respetable que fue honrada con las atenciones de la Virgen, a quien suplicaste,
para dirigirla a la rehabilitación eterna?... !Si, Jerônimo, estarás jubiloso!
!Todos nos congratulamos contigo, amigo mío!...”
Sólo entonces
levantó el semblante entristecido, mientras respondía con entonación lacrimosa:
"- ¡Si,
amigo Camilo!. !Tan vastos y de tan profundo alcance fueron los beneficios por
mí recibidos a través de la asistencia dispensada a mis entes más caros, que
jamas serán bastante elocuentes cuantas expresiones pueda yo tener para
testimoniar a la Madre Santa de mi Salvador la gratitud que me enternece el
pecho... a no ser que, por misericordia aun más extensa, venga a transformarme
en protector de huérfanos y abandonados, evitando que se despeñen por los
abismos en que vi inmersos a mis queridos hijitos!.
!Me alienta la
esperanza de que tal milagro se concretice, oh Camilo!. !Pues aprendí con mis
dedicados maestros de esta casa acogedora que el Espíritu vive sobre la Tierra
sucesivas vidas, naciendo y renaciendo en formas humanas cuantas veces sean
necesarias para el desarrollo de su ser en busca de la bendición de Dios!.
!Espero, por tanto, eso mismo hacer un día, en la Tierra, con otra forma humana
que me sea concedida!. !Si, como hoy
ardiente y sinceramente acepto, que tenemos un alma inmortal, marchando
progresivamente hacia Dios, demostraré mi reconocimiento a las Potestades
Celestes, creando, reencarnado en la Tierra, orfanatos, internados amorosos y
acogedores, hogares cristianos donde pequeñitos huérfanos estén al abrigo de
las dramáticas situaciones en las que mi suicidio lanzó a mis indefensos
hijos!...!Si!. !Reconfortado, agradecido, esperanzado, yo estoy!. !Mas,
jubiloso, aun no, porque una avalancha incómoda de deudas a pagar me abrasa la
consciencia, requemándola con los fuegos impíos de mil razones para los
remordimientos!. ¡Oh! ¡Yo no acuso a Zulmira, porque también me siento culpado
de su caída nefasta!. !La pobreza irremediable, las privaciones acumuladas, el
hambre torturante, fueron verdugos que la persiguieron y vencieron,
encontrándola moralmente despreparada para la resistencia necesaria para las
luchas diarias contra la adversidad, pues la infeliz, que en el hogar paterno
fuera educada a las brutas, y por mí, que la amaba tanto, habituada estaba a la
comodidad excesiva y contraproducente, a la ociosidad nefasta que el dinero mal
dirigido produce!. Si yo, el varón, a quien cabria el deber sagrado de velar
por el futuro de la familia, educando a la prole, defendiéndola, honrándola,
flaqueé desastrosamente, abandonándola en la desgracia, ocultándome tras un
suicidio a fin de evitar la lucha honrosa, completamente sin coraje para el
desempeño de la misión que hasta los seres inferiores de la Creación observan
con apego, ternura y satisfacción; si yo, el jefe natural, que ante los hombres
con el Matrimonio, y ante Dios con la Paternidad, me comprometiera a conducir
el rebaño de la Familia al santuario de la Honra y la Felicidad, los abandoné
al fuego vivo de las iniquidades mundanas, escondiéndome bajo del túmulo cavado
por la cobardía de un suicidio - !¿Quién mas se obligaría al deber que era
mío?!... ¡¿Que podría hacer la pobre Zulmira, si yo, peor que ella, llegué a
matarme para evitar el cumplimiento de deberes inalienables?!... ¡Oh! !Para que
Zulmira venciese ante la desgracia, defendiendo y honrando cuatro hijos
menores, seria preciso que se hubiese habilitado a la luz de principios
elevados, bajo la orientación de elevada comprensión cristiana, como tantas
veces aseveró el Hermano Santarém, viéndome sufrir disconforme con su
procedimiento!. !Pobre Zulmira, que, como yo, ignoraba realmente hasta, que en
efecto, era creación divina!... !No obstante la afectación religiosa exigida
por la sociedad herética e hipócrita en que vivíamos!. La oración es mi alivio,
así como los estudios que vengo realizando respecto de la pretensión a la nueva
concesión de un cuerpo terreno... Y dando gracias a Dios por todo eso, mi
amigo, pues ya es mucho para quien, absolutamente, nada hizo para merecer tanta
misericordia..."
"-
¿Podríais prestarnos algunos informes respecto a las condiciones en que se
verificaran las experiencias nuevas de nuestro caro Jerônimo, Hermano de
Santarém?" - inquirí, atraído por la sucesión de las enseñanzas que de
todos aquellos hechos se desprendían.
"- Será un
razonamiento simple, mi amigo, al alcance de todo aprendiz aplicado.
Cuando, en la
sociedad terrena, practicamos delitos irremediables, al volver a la Patria
Espiritual debemos prepararnos para mas tarde tornar al teatro des nuestras
infracciones, en existencias posteriores, a fin de recapitular el pasado actuando
de modo contrario al de nuestro fracaso. Partiendo de esa regla, es
este caso, necesariamente, mi estimado pupilo deberá nuevamente enfrentarse con
la ruina financiera, la deshonra comercial, tal como la Tierra considera la
banca rota de una firma comercial; con la pobreza, con el descrédito - motivos
estos que ayer lo llevaran al suicidio -, a fin de que pruebe el
arrepentimiento del que está poseído y de los valores morales que la amarga
experiencia de mas allá del túmulo lo llevó a adquirir. Para que así sea, la
ruina deberá producirse, en tanto, a despecho de sus esfuerzos por evitarla y a
pesar de su probidad mas nunca por la incúria de que acaba de dar pruebas,
depredando en goces y vanidades mundanas el préstamo de la fortuna que el
Distribuidor Supremo le confiara visando la posibilidad de progreso para él
mismo como para sus semejantes .. Restará el grave impase creado con su
familia, a quien abandonó en una situación espinosa, huyendo al deber sagrado
de luchar para defenderla...La conciencia lo aconsejará sobre las
particularidades en el desempeño de tan delicada reparación, pues él tiene el
libre-albedrío. Las luchas de la expiación, en tanto, los testimonios amargos,
los dramas que será llevado a vivir en el ámbito de las reparaciones
impostergables serán agravados por un precario estado de salud orgánica y
moral, males indefinibles, que la ciencia de los hombres no curarán, porque
serán repercusiones dañinas de las vibraciones del perispíritu perjudicado por
el traumatismo, resultante del suicidio, sobre el sistema nervioso del
envoltorio físico-material, que entonces poseerá. Es posible que hasta mismo la
sordez y una parálisis parcial, que podrá afectar el aparato visual, marcará su
futuro estado de reencarnado... porque él prefirió matarse dilacerando su
aparato auditivo con un proyectil de un arma de fuego... y sabéis, mis amigos,
que el cuerpo astral - el Perispíritu -, siendo, como es, una organización viva
y semimaterial, también se resentirá, forzosamente, con la brutalidad de un
suicidio, y así modelará el futuro cuerpo padeciendo mentalmente de los mismos
perjuicios..."
..........................................................................................................................................................
Nos despedimos del Hermano Santarém con las lágrimas cayendo por nuestras
mejillas. No teníamos expresiones con que agradecer la gentileza de las
elucidaciones proporcionadas. Abrazamos a Jerônimo y salimos, penados con la
gravedad de la situación que oprimía, pues, a pesar de todo cuanto acabáramos
de saber, el pobre compañero no pasaba de un solitario circunscripto al
Aislamiento, de donde no saldría ni siquiera para visitar a sus hijos, sino
para instruirse dentro de la medida de sus capacidades, y bajo la vigilancia
severa de los mentores. Cargado de vibraciones pesadas y chocantes, el contacto
con los seres amados podría sugestionarlos angustiosamente, arrastrándolos a
posibilidades desastrosas.
"- Debéis
encerrar esta serie de visitas con una pequeña demora por el Departamento de
Reencarnación – advirtió el viejo doctor de Canalejas -, pues, dentro de
algunos días mas, deberéis realizar vuestro antiguo sueño, reviendo la Patria y
el antiguo hogar..."
El pequeño vehículo nos esperaba. Ante cayó el
inmenso puente levadizo. Salimos al extenso campo matizado de azucenas. Una
indefinible amargura apretó nuestros corazones, mientras yo mismo traducía las
impresiones de todos mis pobres cómplices, al exclamar:
"- !Adiós,
pobre Jerônimo!. !No sé si nos
veremos todavía, antes que la gran e inevitable jornada de la reencarnación nos
separe... Que el Celeste Bienhechor se apiade de tu Espíritu, iluminando con
los favores de Su paternal clemencia la ruta por donde peregrinarás rodeado de
espinos y decepciones!. !Tu historia es también la nuestra, yo bien lo sé!...
Cuando el noble Hermano de Santarém explicaba tus problemas con su verbo
sugestivo y elucidador, bien percibía yo que, caritativamente, él deseaba
advertirnos respecto de los momentos difíciles que a nosotros también nos
esperan..."
CAPITULO V
PRELUDIOS DE REENCARNACIÓN
"Respondió Jesús y le dijo: De cierto, te digo,
que aquel que no naciere de nuevo, no puede ver
el reino de
Dios."
“No te maravilles de que te dije: Os es necesario
nacer de
nuevo."
JESUS JUAN, 3:3 y 7.
El Departamento de Reencarnación se localizaba en el extremo de la Colonia
Correccional María de Nazaret, limitando con las regiones propiamente
consideradas espirituales, o zona educacional. Y eso será fácilmente
comprendido al razonar que, tanto de la zona inferior como de la regeneradora
de la Colonia, golpeaban a su puerta, frecuentemente, grupos de pretendientes a
los grandes testimonios del estadio en la carne, o sea, de la reencarnación
planetaria.
Componía el
importante núcleo de servicios de las siguientes secciones, todas ejerciendo
funciones destacadas, aunque interdependientes:
1 -
Recogimiento.
2 - Análisis -
(Gabinete secreto, inaccesible a los visitantes).
3 – Programación
de las recapitulaciones.
4 - Pesquisas.
5 - Planeamiento
de los envoltorios físico-terrenos.
6 - Laboratorio
de restricciones - (Gabinete secreto,inaccesible a los visitantes).
Comenzaba
entonces a aparecer el elemento femenino, pues gran parte de los obreros y
funcionarios, que allí trabajaban, estaba compuesta de Espíritus que se
engrandecieran en la jerarquía espiritual insistiendo en las encarnaciones en
cuerpos femeninos. Si embargo, los puestos claves, así como la
direccion-general del Departamento, todavía cabian a iniciados de la pleyade
brillante que conocemos.
Al transponer
sus limites demarcados por murallas intransponibles para visitantes no
habilitados, la luz suave del Sol nos ofreció una grata sorpresa, pues no dio a
contemplar los primeros tonos coloridos que nos fuera dado percibir en cuatro
años de hospitalización.
Con sorpresa,
vimos convertirse en una metrópolis movidísima, donde se elevaban edificios
soberbios, en elegante estilo hindú. !La India legendaria, de tan sabias
sugestiones, surgía en aquellas avenidas pintorescas y encantadoras, pareciendo
convidar a la meditación, al estudio, al elevado cultivo de las cosas sagradas
de la Espiritualidad, de los destinos del Alma!.
En aquellos
palacios circundados de columnas o adornados de cúpulas típicas, como también
en las mansiones residenciales, graciosas y sugestivas, hermosas miniaturas de
aquellos, y donde residían servidores dedicados a la Causa Redentora del
Maestro de Jerusalén, se imprimía la belleza grave e indescriptible del
ambiente sacrosanto de lo Invisible, servido por entidades de elite cuyo ideal era la observación de la Ley
Suprema, los servicios de Jesús y la protección a los débiles y pequeñitos.
!Parecía encontrarse allí la verdadera civilización hindú, la cual solo fue
entrevista entre los éxtasis de los iniciados de los antiguos santuarios
secretos, y que nunca fue comprendida y, por eso mismo, jamas practicada sobre
la Tierra!.
Nos sentíamos
bien. Emociones auspiciosas hablaban de consuelo y esperanzas a nuestras almas.
Y para mayor realce de nuestra satisfacción, el Sol hermoso, reuniendo en las
mismas dulces expresiones de belleza de parques y jardines, lagos y cascadas
chispeantes, el caserío como el horizonte que se extendía hasta el infinito,
acariciándolos con tonalidades mansas, como si su luz de oro fluido se colase a
través de velos translúcidos, reduciendo el tamaño del panorama lindo como si
todo fuera construido en finísima porcelana...
Guiados por
nuestros caros amigos de Canalejas, entramos al bello edificio donde se
establecía el gobierno central del Departamento.
La bondad y
gentileza del eminente gobernador iniciado, el Hermano Demétrio, decidieron
concedernos hasta mismo un instructor local, capacitado a prestar
esclarecimientos posibles a nuestra asimilación de principiantes en la vida
espiritual. Era esta una joven dama cuyo semblante risueño y atrayente nos
infundiera inmediata confianza. De tan amable personaje nada mas logramos saber
sino que se llamaba Rosália y viviera en Portugal su última peregrinación
terrena.
Se hacía
dispensable la presencia de Carlos y Roberto. Nos entregaran, pues, a los
cuidados de Rosália y se despidieron a fin de atender a labores más urgentes,
con la promesa de venir a nuestro encuentro, para el retorno al Pabellón donde
residíamos.
Nos reunió la
dama a su alrededor, y, centralizando el grupo, nos dijo, ya bajando las
escaleras del edificio:
"- Empezaré
la pequeña tarea ordenada por nuestro querido jefe, el Hermano Demétrio, mis
caros amigos, adelantandoos que es inmensamente grato a mi corazón el servir a
vuestra instrucción, como si lo hiciese a hermanos muy amados. Siento que el
loable deseo de examinar para aprender y progresar florece en vuestras mentes.
!Por eso mismo, os auguro un compensador futuro en el ámbito de nuestra
agremiación, cuya finalidad es servir para engrandecer al prójimo carente de
amor y auxilio!. Mas, dejo de dar ninguna felicitación, porque seria prematuro.
Ansío antes, para vosotros, el aliento misericordioso de lo Alto, a fin de
ayudaras en el mantenimiento de los buenos propósitos actuales..."
Agradecimos,
encantados. Seguimos caminando por una de aquellas magnificas avenidas orladas
de canteros de primorosas plantas, mientras iban y venían, cruzando con
nosotros, funcionarios y obreros apresurados, dando gran animación al ambiente.
Un singular silencio reinaba en ese nuevo núcleo, tal como sucedía a los demás
ya conocidos, lo que no dejó de despertar nuestra atención.
La joven señora
continuó, mientras una sensible corriente de superioridad se desprendía de su
personalidad, infiltrándose en el fondo de nuestro ser y así despertando las
mejores actitudes de respeto y veneración que éramos capaces:
"- Como
verificareis, nadie que, sea acogido en este Instituto, como tutelado temporal,
que necesite recapitular experiencias terrenas, podrá hacerlo sin antes
ingresar en nuestro Departamento para una pasantía que varia de uno a dos años,
de acuerdo a su estado, antes de providenciarse las actividades relacionadas
con el cuerpo que será llamado a animar. !Diariamente comparecen aquí Espíritus
ansiosos por volver al teatro de sus propias caídas, presurosos por reparar el
pasado cuyo recuerdo los desespera, de expiar faltas, de recapitular el drama
íntimo, a fin de conseguir vencer el remordimiento tiránico que les retuerce la
consciencia - fantasmas sangrientos de sí mismos, atados al infamante resultado
del suicidio!
Obteniendo el
beneplácito del Templo para la reencarnación que traen en mira, el cual, a su
vez, ya lo recibió de lo Mas Alto, donde está la dirección soberana de la
Legión, el pretendiente, al presentarse a la jefatura de este Departamento,
será encaminado, primero, a la sección del Recogimiento, donde se harán sus
registros relativos a la Tierra, y en cuyo internado será admitido, bajo los
cuidados paternales de guías que lo asistirán fielmente a partir de esa fecha,
acompañándolo incondicionalmente y in desmayos durante su "vía
crucis" expiatoria en los escenarios terrenos.
Resuelto el
primer problema, acudirán los técnicos de la Sección de Análisis, los que
deberán estudiar, en aquellos internos, las tendencias característica,
estudiándoles pormenorizadamente su psicología. Su alma, su ser, los rincones
más remotos de su consciencia serán escudriñados por esos criteriosos operarios
del Señor, los que, invariablemente, por ser iniciados superiores de la falange
brillante, están a la altura de la delicada misión. Para eso, sirviéndose de
las facultades magnéticas superiores que poseen, obligan al paciente a abrir
las páginas del libro inmenso del Alma, en él recapitulando el pretérito, y así
revelándose tal como realmente es, pues, quedad sabiendo – en caso que lo
ignoréis todavía - que todas las criaturas traen la historia de si mismas
impresa en caracteres indelebles en los laberintos del ser, siendo capaces de,
en determinadas circunstancias, revivirla en detalle y darlas a otros para
igualmente examinarlas, ya sea si están presas a los lazos carnales, ya sea que
estén de ellos liberadas...
Existen
excepciones, sin embargo, para los asilados del Manicomio. !Estos,
infelizmente, reencarnaran tales como se encuentran!. Nada será posible tentar
a fin de beneficiarlos a no ser el retorno al estadio en la carne, que entonces
pasará a figurar como terapéutica impuesta para correctivo del descontrol
general de las vibraciones, creando, así, ocasiones para nuevas tentativas
futuras. !Esa terapéutica, balsamizada por la oración que diariamente les será
administrada en cadenas simpáticas, dulces y benéficas, partidas de aquí, en su
favor, es todo cuanto, de momento, lograran aquellos infelices obtener, no
obstante el gran deseo que tenemos de verlos serenos y dichosos!
Una vez
concluidos los trabajos analíticos del carácter de cada uno, los mismos
técnicos harán un relatório de lo que verificaron, minucioso y rigurosamente
exacto, pasando entonces el caso a la sección de Programación de las
Recapitulaciones.
Por lo expuesto
habréis comprendido que estos análisis justamente serán indispensables por dar
el patrimonio para el programa de la existencia a seguir. Los méritos y los
deméritos del reencarnante, las caídas pretéritas más graves y que, por eso
mismo, mayor urgencia exigirán en la reparación; las concesiones balsamizadoras
que se les pueda hacer, la urdimbre, en fin, de la existencia proyectada, será
establecida a través de la investigación descrita, preciso será aclarar, sin
embargo, que tan importante elaboración se separa en dos partes distintas,
ocasionando una sensible diferencia en la forma de operar. Será difícil,
exigiendo hasta varias experiencias, realmente torturantes hasta para el mismo
operador, cuando el condenado a la galera de la carne proviene de la zona
inferior de la Colonia, o sea, de los departamentos del hospital, así como de
las prisiones de la Torre; al paso que será simple revisión para efecto de la
técnica, constatación indispensable a los relatorios cuando el pretendiente
haya sido interno del Instituto propiamente dicho, o sea, de la región
regeneradora donde se efectúan los estadios para la reeducacion, el Colegio de
la Iniciación, etc., para los que no tardareis en ser encaminados. De cualquier
forma, ese trabajo será grandemente facilitado por los informes derivados del
Templo y por el concurso de los Guías misioneros indicados por el Astral
Superior, sin la presencia de los cuales absolutamente nada será tentado para
la finalidad de la reencarnación.
Establecida la
programación, concluido el esbozo de las luchas expiatorias o reparadoras del
reencarnante, de acuerdo con sus fuerzas de resistencia moral - posibilidades
de las que disponga para la victoria -; previstos los emprendimientos que pueda
concretar al par de las expiaciones; las realizaciones para que tenga
capacidad; las facilidades que deba encontrar por el camino, justo efecto de
los méritos anteriormente conquistados; o las dificultades que, en su propio
beneficio, venga a encontrar durante el desarrollo de la existencia, justa
consecuencia de deméritos que arrastre del mal pasado; afirmado, en fin, el
panorama de la vida que lo espera dentro de la reencarnación terrena, que tanto
le conviene, y la cual, generalmente, es tan deseada por el mismo pecador
golpeado por el arrepentimiento, será el bellísimo trabajo, verdadera epopeya
sabiamente trazada, enviado a la direccion-general de la Colonia, que lo
examinará. (17)
l7) No se
deberán hacer conclusiones exageradas de esa exposición. Antes de la
encarnación, el Espíritu podrá escoger las pruebas de la pobreza, por ejemplo,
sujetándose entonces a las peripecias del grado de pobreza que le convenga
acarrear a su existencia. No se inferirá, por tanto, que en al mas allá de la
tumba hubiesen sido discriminados minuciosamente todos los detalles y
accidentes de la pobreza prevista. Si se hubiere de cegar o tornarse mutilado,
eso vendrá a suceder sin que se haga necesario indicar en la programación hecha
antes de la vuelta al cuerpo carnal, el accidente o la enfermedad que lo
conducirá al estado conveniente de prueba. Esto es lo que se concluye de las
obras básicas de la Doctrina. - (Nota de la médium).
Existen casos en que serán necesarias
enmiendas. !Estas, tanto podrán referirse a la disminución de las pruebas,
retardando para un futuro remoto la solución de algunos problemas, de la
concesión de un incremento de misericordia, por tanto, como del aumento del
volumen de las reparaciones para un período más corto, de acuerdo con las
posibilidades generales del tutelado!. El mismo Templo, no obstante, sólo
expedirá ordenes de este último sentido cuando de lo Mas Alto reciba
autorización. Como, en tanto, Guías misioneros del penitente, así como los
técnicos del Departamento de Reencarnación, son Espíritus de elevado linaje en
las regiones virtuosas del Mas Allá, portadores de gran saber y gloriosa
inspiración al servicio de la causa de la redención humana, generalmente los
programas establecidos por ellos conquistan el beneplácito del Gobierno General
de la Legión a la que pertenecemos, el cual, por intermedio del Templo,
autoriza la preparación del aparato físico-terreno para el aprendizaje en la
costra del planeta..."
Habíamos
estacionado bajo la fronda de los arboles a lo largo de la avenida por donde
caminábamos, y oíamos tales exposiciones interesadísimos, recordando todavía
las noticias que nos daban ciertos libros antiguos sobre aulas administradas
por Pitágoras, Sócrates y Platón, rodeados de discípulos, y más o menos basadas
en principios análogos, a la sombra de las cortinas de los plátanos, en los
parques de Atenas.
Pensativo,
intervino Belarmino, que sorbía las palabras de Rosàlia con manifiesto fervor:
"- Se
deduce de vuestras aserciones, mi señora... mi hermana! que los dramas de la
vida humana, las desgracias, las tragedias que diariamente sacuden el Globo,
haciendo de la Humanidad un juguete de fuerzas ciegas y superiores, son
dirigidas por una fatalidad irreprimible?..."
Sonriendo con
encantadora sencillez, la lúcida sierva de María retrucó, mientras señalaba,
convidándonos a subir las escaleras del noble edificio rodeado de columnas y
velado por apacibles encajes de arbustos floridos y arboles frondosos, en cuyos
pórticos se leía esta simple inscripción - "Recogimiento":
"- ¡No, mi
amigo!. !El sentido común indica que no podrá la Humanidad ser regida por la
ceguera de una fatalidad abominable! Deberíais antes haber comprendido que
aquello que llamáis fatalidad no es sino el efecto de una causa que el mismo
hombre creó en el enredo de las acciones practicadas en la Tierra, cuando en
ella vivió divorciado del bien, de la moral y del deber, o, en al Mas Allá,
como Espíritu desviado de la Ley, embrutecido en las
tinieblas de las que se rodeó, pues es el mismo, a través de los actos buenos o
malos que practica, que determina la naturaleza, consoladora o punitiva, del
propio futuro!. !La fatalidad existirá, si así lo queréis, no ciegamente,
reduciendo a la Humanidad a un mero juguete, mas como secuencia lógica,
inteligentemente correctiva, de desvíos delictuosos, programada por su propio
libre-albedrío al preferir el error a las reglas de la razón y de la
consciencia! Tratándose, pues, de un correctivo, ese estado de cosas
desaparecerá en el momento en que se corrija la causa que le dio origen, o sea,
el trazo inferior de la maldad en que se estribaron los actos practicados. !Así
también, en los programas que se elaboran aquí, visando el futuro del
delincuente, no se incluirán los pormenores, las actividades diarias, que será
llamado a desarrollar en los trabajos, de la vida terrena, así como no se
cogitaran de las particularidades que le sean necesarias a fin de alcanzar lo
inevitable!. !Apenas los puntos capitales serán anotados por nosotros, los que
constituyan reparaciones trechos decisivos, secuencias que marcaran justamente
la lógica de los pasados acontecimientos, o sea, de la Causa!. La misma
expiación se encuentra de tal forma arraigada en la consciencia del pecador,
como efecto de los remordimientos, de las necesidades de progreso de un pasado
criminal, que él mismo, bajo el impulso de su voluntad libre, le daría cumplimiento,
aunque no fuese delineada bajo el criterio de nuestros relatos.
Conviene, sin embargo, que así lo hagamos, porque, entregado a sí mismo,
resbalaría hacia excesos perjudiciales, creando posibilidades desastrosas.
Igualmente, las
capacidades que tenga para realizaciones meritorias serán también anotadas, y
estas podrán hasta mismo ser discriminadas, indicadas..., pues ningún Espíritu,
encarnado o no, sólo porque se encuentre ungido al ergástulo de las pruebas,
será inhibido de auxiliar su progreso propio con la dedicación a las causas
nobles, dedicándose a los emprendimientos generosos hacia el bien del prójimo.
Él, sin embargo, el reencarnado, será libre de efectuar o no aquellas
realizaciones, que, antes de la reencarnación, cuando se preparaban las líneas
de su futuro, se comprometió a atender. Será libre, sí. Mas, en el caso de
desviarse del compromiso asumido, grandes pesares lo angustiaran mas tarde, al
sentir que, a mas de haber faltado con la palabra empeñada con sus Guías, dejó
de aureolarse con méritos que mucho podrían haber abreviado las caminadas
ríspidas de las recapitulaciones a hacer... Como ve, mi amigo, no se trata de
fatalidad, sino de un encadenamiento armonioso de "causas" y
"efectos..."
Entramos a una
vasta antecámara, cuyas puertas jamas eran trancadas, velándose apenas el
ingreso al interior de cada una con discretas cortinas de suavísimo tejido
azul-celeste. Un silencio impresionante continuó allí despertando nuestra
atención, haciéndonos creer al noble edificio inmerso en la soledad. Un aroma
delicado y sugestivo, en tanto, prestaba un encanto indefinible a ese interior
lleno de atractivos, donde una luz dulcemente dorada penetraba por ojivas
graciosas enguirnaldadas de rosas blancas. Ramilletes de las mismas flores
ornaban discretamente el recinto, dejando entrever el gusto femenino inspirando
la ornamentación.
En un ángulo do
salón, sobresalía una tribuna tallada en medialuna. Una señora de edad
indefinible se irguió inmediatamente al avistarnos, y, dejando aflorar en los
labios una bondadosa sonrisa, nos saludó con esta fórmula singular, mientras
caminaba en nuestra dirección, extendiendo gentilmente la diestra:
"- !Sea con
vosotros la paz del Divino Maestro!"
Rosália nos la
presentó a ella, amablemente:
"- ¡Yo os
esperaba, mis amigos! El Hermano Teòcrito se comunicó conmigo esta mañana,
informándome de vuestra necesidad de rápidas aclaraciones, relativas a este
núcleo... Os acompañaré yo misma por el interior de nuestro albergue..., este
recogimiento, que a todos vosotros recibirá un día, pues nadie hay, internado
en esta Colonia, que deje de pasar bajo sus umbrales..."
Era una
religiosa. Su hábito níveo, como atenuado por fosforescencias de oro pálido,
que se dirían provenidas de la luz que se proyectaba sobre el apacible recinto,
era muy bello, semejándose s la túnica de una virgen legendaria glorificada por
un poema sacro arrebatador.
No cogité en
saber a que congregación religiosa pertenecía, cuando vivía en la Tierra, esa
dama encantadora que, ahora, en el mundo espiritual, nos sorprendía como
funcionaria de una Colonia auxiliar para corrección de suicidas, colaborando,
al lado de ilustres iniciados de las Doctrinas Secretas, en los servicios de la
Viña del Señor. !Sé, si embargo, que, honrando ciertamente el hábito humilde en
el desempeño de tareas terrenas ennoblecedoras, yo la veía ahora sublimarlo en
al Mas Allá, en el seno de una congregación fraterna y modelo, donde merecía
dirigir una de las más importantes secciones, tal como la sección del
Recogimiento, como fiel iniciada cristiana que era!
Gentil y
bondadosa, nos convidó a reposar por algunos instantes, ofreciendo a cada uno
de nosotros, así como a Rosalia, una das sus bellas rosas, mientras hablaba,
risueña y simple como una grácil muchacha:
!En la época, en que viví, reclusa y quieta, en
el Convento de Santa María, en mi exilio terreno, cultivaba rosas en mis horas
de ocio, cuando uno u otro enfermo no solicitaba de mis servicios mas allá
de los muros que me aislaban...Fue este
el único pasatiempo del que disfruté en el mundo de las sombras, durante mi
última peregrinación en él realizada! !Yo hablaba a las rosas, como a las otras
flores!. Las entendía, las educaba, las criaba como si lo hiciese a seres
pensantes muy queridos, me divertía con ellas, y con ellas confidenciaba,
depositando en sus corolas perfumadas las lágrimas que los infortunios oriundos
de las desilusiones y de la tierna añoranza me salían del corazón!. En la
comunidad no se permitía tener siquiera un animalito, un pájaro que siquiera,
nada que pudiese desviar el afecto y las atenciones de las reclusas, de los
deberes austeros a que eran obligadas o de la contemplación íntima a que se
deberían invariablemente quedar, con la intención de limpiar carácter y
sentimientos para la buena sintonía con los efluvios divinos... Aun las flores,
no eran para mí que las cultivaba, sino para la comunidad... Mas yo seguía las
normas estatuidas por Francisco de Asís y estaba convencida de no haber ningún
mal en dedicar un poco de mis afectos también a las mimosas flores que surgían
de los canteros bajo mis cuidados... Me habitué a ellas, desde entonces...y no
sólo no me impidieron de armonizar vibraciones con los planos del Amor y del
Bien, como que hasta las continúo cultivando en la plena intensidad de la vida
espiritual, sin jamas olvidarlas..."
Bien
impresionado con los encantos que se desprendían de la virgen religiosa,
Belarmino sugirió una interrogación, que reputé indiscreta y de mucho mal
gusto.
"- Si –
dijo él -, veo que continuáis cultivando rosas en estos parajes del mundo
invisible... Me siento, sin embargo, confuso... Es, pues, posible tal cosa,
hermana ...?"
"-
...hermana Celestina... ¡Para serviros, caro hermano Belarmino!. ¡¿Cómo
decís?!... ¿No veis ahí las flores?...¿Cómo no va a ser, entonces, posible?.
¡Oh! ¡¿Y por que no se cultivarían flores en al Mas Allá del túmulo, si es
aquí, y no en los mundos materiales, que existe el verdadero padrón de la Vida,
enriquecido cada día con los progresos de cada uno de sus habitantes?!... ¿Acaso
existirá en la Tierra alguna cosa, en lo que concierne al Bien y a lo Bello,
que no sea una pálida reminiscencia conservada de la Patria Espiritual por los
precitos allí retenidos?... El fluido de la Vida, que hace germinar las flores
y plantas terrenas, perfumándolas, hermoseándolas, encantándolas, ¿no es por
ventura el mismo que fecunda y anima la quintaesencia y sus derivaciones, de
las cuales nos servimos en estas regiones?... El Artista Divino que adornó la
Tierra, con tantos motivos galantes, no es el mismo, por ventura, que vivifica
y embellece el Universo todo?..."
Agradecimos a
dádiva mimosa, que parecía refulgir y vibrar, poseída de ignotos principios
magnéticos. Aspiramos el aroma sutil que impregnaba el salón, mientras la
interlocutora nos hacia pasar a una extensa galería, sustentada por columnatas
majestuosas. Parecía un claustro. De un lado y otro, puertas esculpidas en
motivos clásicos hindúes se alineaban. Y, de arriba, la misma claridad fluida y
dulce, encendiendo tonalidades doradas, a cada paso infundiendo confianza y
alegría.
Nos guió la
gentil señora a una de aquellas puertas y, mientras entrábamos, sorprendidos
verificábamos que pertenecían, a extensos dormitorios. Explicaba ella:
"- Cuando
se evidencia la necesidad y la época de que el asilado de esta Colonia retorne
al aprendizaje de la carne, a fin de completar el compromiso de la existencia
interrumpida con el suicidio, se representa él al Departamento de Reencarnación
acompañado de los mentores por los cuales viene siendo asistido y ofreciendo
las recomendaciones y autorizaciones necesarias, provenientes de la jefatura
del Departamento en que hizo él el estadio entre nosotros.
Del gabinete,
entonces, del Hermano Demétrio, será encaminado a esta sección y aquí pasará a
residir como interno. Lo hospedaremos con afecto y satisfacción, procurando
tornar el estadio lo más consolador y reanimador posible... porque,
generalmente, el suicida es un triste a quien nada alegrará, un inconsolable
que, sabiendo que no tardará a volver a la arena terrestre en durisimas
condiciones, mas se angustia al entrar en estos umbrales...
Aquí que
demorará mientras duren los preparativos para la gran caminata. Sus
aprehensiones, las meditaciones acerca de lo que pasará en el futuro,
enclaustrado nuevamente en la vestimenta carnal, se van dilatando a cada minuto
que pasa, pues él no ignora, antes percibe con claridad, lo que a él le aguarda
en la arena en que deberá representar el heroico papel de aquel que se deberá
habilitar. !Para la conquista de sí mismo, para los planos del verdadero Bien!.
Tal estado de ansiedad, agravándose en la proporción que se van formando los
preparativos, se torna verdaderamente angustioso, provocando lágrimas
frecuentes de sus corazones dilacerados por el arrepentimiento, por el temor,
por la añoranza..., pues, desde el día que un pretendiente a la reencarnación
transpone los umbrales del Recogimiento, se despide de la Colonia o del
Instituto, de los maestros que lo instruyeran, de los compañeros y amigos que
allí adquirió, sólo los reencontrará mas tarde, al terminar el exilio... Es
bien verdad que, una vez reencarnado, no estará separado de estos, tal como a
primera vista se podría suponer. Al contrario, continuará blanco de las
atenciones de cuantos por él celaran durante la internación en la Colonia, por
cuanto la permanencia en el plano físico no disminuirá el deber de estos para
con él, ni estará, por eso, desligado de ella. Podrá mismo continuar siendo
recibido aquí, aconsejado, instruido, confortado por sus antiguos mentores,
gracias al sueño del cuerpo físico, que le facultará una relativa libertad para
tanto, y lo hará, necesariamente, pues no se desligó aun de nuestra tutela,
está de la misma forma internado en nuestro Instituto porque la reencarnación a
que se somete no es sino uno de los recursos con que contamos para el trabajo
de educación que se torna necesario para su recuperación al plano normal de la
marcha gloriosa hacia el Progreso. !
Mas..., ellos
saben que, una vez en posesión del pesado fardo de limo terrestre, ya no serán
tan lúcidos, olvidaran la convivencia fraterna, las caritativas bendiciones de
la presencia de aquellos que les fueran como angeles-tutelares a enjugarles las
lágrimas de la desgracia, y, por eso, se angustian y sufren. !
!Yo y mis
auxiliares velaremos por ellos aquí, en el Recogimiento, ayudándolos a la
readaptación a las cosas de la Tierra, despertándoles el gusto por la
existencia en el seno generoso del planeta tan bien dotado por la Sabiduría del
Todo Misericordioso, y que sólo los desvaríos del hombre tornaran inclemente e
ingrato!.., pues conviene no olvidar que el suicida se desencantó de la
permanencia en la sociedad terrena, él la detesta y quisiera afinarse con otra
que le hablase mejor a sus ansias íntimas! Muchos, asustados con las
perspectivas de las expiaciones, que sólo pasan a conocer minuciosamente
después que aquí son internados, se arrepienten de la intención que traían y,
acobardados, piden para dilatar un poco mas la época del renacimiento, en lo
que son atendidos. En lágrimas, son reconducidos, entonces, al local de donde
vinieron y entregados a sus tutores locales, allá quedando sin otros progresos
hasta que se decidan al único recurso que les conferirá, en efecto,
posibilidades de días mejores: - la reencarnación!
Una vez aquí
recogidos, todavía, no permanecerán inactivos, a la espera de quien les prepare
la morada terrena del futuro. Con sus instructores trabajan en los preparativos
para su renacimiento propio, colaboran en la exhaustiva labor de las pesquisas
para escoger los genitores que mejor convengan a la especie de testimonios que
deberán presentar ante las leyes sacrosantas que infringieron, por que,
generalmente, los suicidas no reencarnan, para la expiación, en los círculos de
afectos que les son mas caros, y sí fuera de ellos; para que estudien, bajo la
orientación de los guías misioneros, la programación de sus actividades en la
Tierra, aprendiendo, en una especie de aula Práctica, ofrecida a través de
cuadros inteligentes y movidos cual escenas teatrales o cinematográficas, a
desenvolverlas, realizarlas, remediarlas, llevarlas a una finalidad heroica,
actuando con acierto y prudencia; viajan asiduamente a la Tierra, donde se
demoran, siempre acompañados de sus tutelares generosos, procurando orientarse
en los hábitos a los que tendrán que adaptarse, conforme sean los ambientes en
los que arrastraran la condena vergonzosa que consigo llevan, por cuanto, a
ellos mismos conviene que se resignen a la situación antes del ingreso en el
cuerpo carnal, para que no sientan demasiado ardiente la mudanza de los hábitos
que la convivencia con nosotros les dio; y, después de las investigaciones
ultimadas y escogido el medio familiar en que ingresaran, se demorarían aun en
torno de sus futuros padres, procurando ajustarse con ellos, conocerlos mejor,
adaptarse a sus costumbres, principalmente si cabe como punición o necesidad
para el progreso la difícil situación de aceptar para el renacimiento un medio
hostil, donde existirán apenas, rodeándolos al paso de los días, enemigos de
existencias pretéritas, Espíritus extraños, indiferentes por tanto a los
infortunios que los sacudirán..."
"- Quiere
decir, mi hermana, que esas pesquisas a que os referís..." - inquirí yo,
aprovechando una pequeña pausa de la elocuente interlocutora.
"- ... !Se
mueven en torno de la búsqueda de una familia, de un ambiente, de genitores
principalmente, caritativos bastante para concordar en recibir en su seno a un
hijo extraño, que será motivo de constantes preocupaciones, puesto que
condenado a los dolorosos testimonios que acompañan la reencarnación de un
suicida! !Existen realmente casos penosos, difíciles de ser resueltos, mis
amigos! !Y es cuando desgraciados, como aquellos que visteis en el Manicomio,
quedan aquí, detenidos en el Recogimiento, esperando que se les consigan
genitores, pues, como sabéis, ellos, a mas de incapacitados para la
colaboración con sus mentores en torno de la causa propia, el estado que
arrastran es de tal forma precario que, para el renacimiento, sólo les
permitirá la posibilidad de un envoltorio material entorpecido por achaques
insolubles, inaccesible al estado normal de la criatura encarnada,
constituyendo una angustiosa prueba para los padres que los reciban!. Según ya
fue explicado para vuestro entendimiento, muchos de aquellos infelices volverán
a la vida planetaria ocupando cuerpos carnales paralíticos, dementes,
posiblemente sordomudos, enfermos incurables, etc., etc., y apenas deberán
planear en ambientes donde existan grandes pruebas a ser expiadas por los
Padres. Entonces sus guías y dedicados mentores establecen, con aquellos que
tienen la posibilidad de tornarse sus genitores y tienen débitos gravosos a
pagar ante a Divina Justicia, conmovedores convenios, acuerdos supremos como
este:
“- Que
concuerden en recibir en su seno a aquellos desdichados, como hijos, y los
amparen en la "vía crucis" de la expiación, pues ellos necesitan de
la reencarnación a fin de volver en si del entorpecimiento a que el suicidio
los arrojó, y, así, mejorar de situación.
"- Que
practiquen, por el amor del Divino Cordero, inmolado en lo alto del Calvario
por mucho amar a los pecadores y desear recuperarlos para las aleluyas de la
Vida Inmortal, tan sagrada caridad, porque la Suprema Ley del Amor al Prójimo
les conferirá el mérito de la Buena Obra, favoreciéndoles oportunidades
dignificantes para realizaciones rápidas en el plano de la evolución, para los
estados compensadores y felices.
"- !Que
consientan en tornarse temporalmente agentes de la Legión de María, abrigando
en su hogar generoso a sus pupilos, de los más infelices por el pasado
pecaminoso, hasta que finalizada la expiación necesaria, lo que les sobró de la
lección pavorosa del suicidio!... Pues, determina la Ley que la Caridad cubra
una multitud de pecados.., y ellos, genitores, que también fallaran contra la
supremacía de la Incorruptible Ley, verían muchos delitos lavados por esa
sublime virtud que bien pudieron practicar, sirviendo a los sagrados designios
del Creador!
En tanto, mis
amigos, si algunos bondadosamente concuerdan en cumplir la honrosa cuan amarga
tarea, otros existen que las rechazan, prefiriendo reparar las propias faltas
hasta el último ceitil, a contribuir con sus servicios para que uno de estos
infelices repare la consecuencia del gesto macabro que cometió, bajo un techo
amoroso e honradamente constituido. No sintiéndose obligados a eso por ley,
prefieren las asperezas de las propias pruebas, al lado de una prole sana y
graciosa, a la suavización de las penas, con la concesión de oportunidades generosas
y compensadoras, bajo la condición de ejercer la sublime caridad de prestarse a
la paternidad de pequeños monstruos y anormales, que solo les acarrearían
disgustos e inquietudes..."
“- ¡¿Y como,
pues, reencarnaran esos miserables compañeros de desgracia, oh Dios del
cielo?!... ¿Como nosotros reencarnaremos entonces, nosotros, a quienes todo
faltará, hasta mismo padres?..." - inquirí, impresionado y ansioso,
recordando que yo volvería al cuerpo ciertamente ciego, Màrio sin las manos,
Belarmino enfermizo e infeliz desde la cuna..."
"-
!Tendréis nuevos informes en la Sección de Pesquisas, mis caros hermanos!. Por
ahora, sin embargo, visitemos estas dependencias que también los abrigaran un
día, al iniciarse las jornadas reparadoras..."
Era el
Recogimiento como un enorme internado, componiéndose de cuatro pavimentos bien
diferentes, aunque no existiese ninguna diferencia en las disposiciones internas.
En el primero,
se reunían Espíritus venidos de las regiones menos infelices de la Colonia, o
sea, los internos y aprendices del Instituto, ya iniciados en la Ciencia de la
Espiritualidad propiamente dicha. En el segundo, permanecían los abrigados del
Hospital María de Nazaret que prefirieran la reencarnación inmediata, también
así los del Aislamiento, mientras que en el tercero abrigaba a los prisioneros
de la Torre, y el cuarto era reservado a los del Manicomio. Al elemento
femenino se reservaba un hospedaje idéntico, localizado, sin embargo, en un
sitio vecino al nuestro, en un edificio separado.
Celestina nos
llevó a investigar todo. El reencarnante seria allí registrado: - su nombre, el
local donde renacería, la fecha del acontecimiento, el nombre de sus padres, el
periodo que debería pasar investido de la existencia planetaria, etc.-, etc.,
todo, a su respecto, quedaría ejemplarmente archivado!.
Los internos
vivían allí hermanados por idénticas preocupaciones orientados por los
asistentes incansables, que todo tentaban a fin de verlos victoriosos en las
luchas de los testimonios de las lides terrenas. A cualquier parte a que las
obligaciones del momento los llamasen o sea a la Tierra, a los gabinetes de
Análisis, donde eran sometidos a la delicada intervención ya descrita; a las
secciones de programación de las Recapitulaciones y de Pesquisas, sería el
Recogimiento al punto de retorno, hacia donde convergirían todos hasta el
término de los preparativos y hacia donde gravitarían mas tarde, cuando
extinguida la existencia corporal para que entonces se preparaban. Estos, o
sea, los preparativos, frecuentemente se dilataban por algún tiempo, excepción
hecha a los pupilos del Manicomio, cuyas providencias para el retorno a la
gleba terrestre eran sucintas, resumiéndose casi que exclusivamente a los
trabajos de pesquisas.
Una vez
concluidos los predispuestos preludios, venían las fases de las realizaciones.
Era cuando la jefatura del Departamento expedía ordenes a la dirección del
Laboratorio de Restricción para iniciar la operación magnética necesaria al
caso del renacimiento, así como la respectiva atracción hacia el feto, cuyos
elementos biológicos ya se encontrarían en proceso de desenvolvimiento en el
óvulo fecundado, en el santuario de las entrañas maternas, las que no serian
mas, entonces, que la prosecución del mismo Laboratorio, como una dependencia
temporal, o de emergencia del Departamento de Reencarnación, sujeta a la
vigilancia de los técnicos incumbidos del grandioso servicio y de los guías
misioneros del Espíritu que, así constreñido y restringido en sus vibraciones
normales, iba modelando el cuerpo a medida que se adelantaba el fenómeno de la
gestación. !Y nos explicaran, todavía, que el molde ideal para definirse a la
forma de ese feto en elaboración seria justamente el cuerpo astral que en el
momento traíamos - el perispíritu -, lo que ampliamente a nuestro entendimiento
esclareció en cuanto a lo que vendría a ser el futuro cuerpo que ocuparíamos,
estructurado bajo el magnetismo enfermizo de vibraciones oriundas de grandes
desgraciados, como nosotros, según lo que, en efecto, ya nos habían participado
los pacientes mentores!.
No nos
permitirían la entrada en el "Laboratorio de Restricciones”, así como no
fuera permitida la visita a los gabinetes de Análisis. En tanto, nos informaran
que, al internarse en el Laboratorio, no se prendería a él al Condenado. !Al
contrario, poderosas cadenas magnéticas que partirían de las mismas fuerzas
ilimitadas y divinas, que mantiene el Universo, lo impelían hacia el cuerpo que
debía habitar, afinándolo con este, al mismo tiempo que armonizaba su
perispíritu al de aquella que consintiera, voluntariamente o constreñida por un
dispositivo de la Gran Ley, en ser su madre, para con él sufrir y llorar la
consecuencia dramática e irremediable del suicidio, de delitos graves y
deshonrosos!. Que, durante la época de esa atracción, que se opera lentamente,
a medida que la gestación progresa, va el condenado perdiendo poco a poco la
facultad de recordar su propio pasado, ya que su cuerpo astral sufrió las
restricciones necesarias al fenómeno del modelaje del feto, cosa que se
verifica también gracias al auxilio magnético y vibratorio de los psiquistas
afectos a la delicada contienda, sobre la voluntad y sobre las vibraciones
mentales del paciente. !Que, a medida que se adelanta el estado de gestación en
el seno materno, sus vibraciones, mas y más se comprimen, van comprimiendo muy
profundamente, en la organización astral, los recuerdos, las reminiscencias,
las impresiones vivaces de los dramas dolorosos por él vividos en el pretérito,
produciéndose entonces el Olvido impuesto como un incremento de Misericordia
por parte del Legislador Supremo, condolido de las desgracias que vendrían si
los hombres pudiesen recordar libremente los verdaderos motivos de porque nacen
en la Tierra en condiciones lastimosas, muchas veces luchando y llorando de la
cuna al túmulo!. Que, al entrar allí, se inicia en su amargado ser como que un
estado pré-agónico, fácil de ser comprendido en virtud del constreñimiento que
sufren todas sus facultades, su mente, sus vibraciones. Que tal estado, muy
penoso para cualquier Espíritu, se torna odioso a un suicida, dado que su
organización astral se encuentra angustiosamente perturbada con el choque
sufrido por la violencia producida en él por el suicidio, y del cual solo será
aliviado muchos años mas tarde, cuando se verifique el desenlace natural y
lento de las cadenas magnéticas que prenden al cuerpo, al cual él comienza a
estar ligado desde la intervención en el Laboratorio. !Supimos todavía que toda
esa epopeya, digna de una Creación Divina será fac1litada en su cumplimiento, y
suavizada en sus perspectivas, cuando el paciente demuestre un arrepentimiento
sincero por el mal pasado que anduvo viviendo, y buena-voluntad y humildad para
reparar errores cometidos progresar en busca de los beneplácitos dignificantes
de la consciencia, pues, entonces, su voluntad se tornará maleable bajo la
acción protectora de los Guías desvelados, los que, por cierto, emplearan todos
los esfuerzos a fin de llevarlo a salir victorioso y rehabilitado de ese feo
enredo de caídas y delitos contra la Ley Incorruptible del todopoderoso!.
Pasando, así,
por todas las dependencias y obteniendo siempre, ora de la Hermana Celestina,
ora de Rosália, o de uno y otro jefe de gabinete, valiosas elucidaciones,
llegamos a los recintos reservados a la Programación de Recapitulaciones, cuya
finalidad fue razonablemente descripta en este mismo capítulo. Acrecentaremos
apenas que, al ingresar en el confortable edificio donde estaba aquella
sección, fuimos tomados por una agradable sorpresa: - eran señoras, jóvenes
algunas, realmente jovencitas mal salidas de la infancia; otras ya en plena
madurez y hasta ancianas venerables, que componían el cuerpo de funcionarias. !
Activas, lúcidas, perfectamente capaces para el elevado desempeño que les era
confiado, consultaban las notas venidas de los gabinetes de Análisis y las
ordenes del Templo y trazaban con sabiduría el esquema fecundo de la existencia
que convendría a cada pupilo de la Colonia que a la Tierra volviese con ropas
carnales. Eran, no obstante, dirigidas por sabios iniciados y Guías misioneros
de cada uno, a los que prestaban filial obediencia. Conforme ya fue señalado,
vimos que muchos de los mismos pretendientes colaboraban en esos mismos planos
que constituirían, nada mas, y nada menos, que el extremo rosario de sus
expiaciones, los días de angustias que les arrancarían lágrimas escaldantes del
oprimido corazón; los testimonios decisivos que todo delincuente siente
necesidad de presentarse a sí mismo a fin de aliviar la consciencia de la
deshonra que la aflige, sobretodo a un suicida, mas que a cualquier otro
inconsolable ante el abismo por sí mismo creado.
No me pude
contener. Ante un ejemplar de los mismos esquemas - verdadero compendio de
salvación que, al ser Observado, haría del pecador el hombre ideal, convertido
a la sublime ciencia del Deber -, inquirí, dirigiéndome a uno de los ilustres
técnicos que dirigían el importante establecimiento:
"-...¿Y
todos nosotros, los suicidas, una vez reencarnados, llegaremos a ver
perfectamente tal programación?..."
Sonrío el
insigne psiquista, no encubriendo, sin embargo, cierta expresión melancólica,
al tiempo que respondía:
"- !Si todo
cuanto ahí queda, mi amigo, se deriva de una causa, es evidente que la misma
causa deba ser corregida a fin de que los respectivos efectos se armonicen con
la ley incorruptible que rige la Creación!. !Si hay una programación a ser
observada, es que la Justicia Suprema puede dictarla, y, por eso, será
observada a despecho de cualquier conveniencia o sacrificio!. !La legislación
que fundamenta los principios de esta institución es la misma que mueve el
Universo Absoluto!. !De ahí el ser nuestras determinaciones concordes con la
más perfecta ecuanimidad, lo que equivale a decir que no será posible el dejar
de ser rigurosamente cumplida por el penitente una programación de estas, ya
que, si ella existe, es porque el mismo paciente la originó con las causas que
dio con su mal proceder!. Ella, pues, existe con él. ! Está en él, formando
parte de su personalidad!. Y será preciso que la observe para liberarse del
cortejo de sombras que la inobservancia en su alma proyecta. ! Es más, él puede
observarla, teniendo para eso todas las posibilidades. Si no siempre, si
embargo, lo hace, será porque se dejó nuevamente desviar de la buena ruta. !
Entonces, adquirirá nuevas responsabilidades, y repetirá dos, tres, cuatro
peregrinaciones planetarias para que pueda pagar, hasta el último ceitil, los
débitos que haya adquirido con la Suprema Ley, según la advertencia del Maestro
Insigne!..."
A esa altura nos
despedimos de la amable cultivadora de flores, dejando la sección de
Programación de Recapitulaciones para ir a la de Pesquisas.
Un gran numero
de funcionarios prestaban allí eficiente colaboración, bajo la dirección de un
jefe y varios subjefes, pues los servios habían de ser elaborados por
comisiones compuestas de dos a cuatro personas y un dirigente, los que recibían
en encargo de la predican de posibilidades para la reencarnación de determinado
grupo de asilados.
Había, no
obstante, como no ignoramos, escasez de trabajadores. Así fue que encontramos,
prestando valiosa ayuda a ese Departamento, a algunos personajes conocidos
nuestros de otras localidades, tales como el propio Teócrito, dirigiendo una
pequeña caravana de investigaciones, cuyos trabajos se desenvolverían, como
sabemos, sobre la costra terrestre, y compuesta de sus discípulos Romeu y
Alceste; el Conde Ramiro de Guzman, como jefe de otra comisión, de la cual
formaban parte los dos Canalejas; Olivier de Guzman, el emérito educador de la
Torre, al lado del Padre Anselmo; El Hermano João, venerable en su porte
impresionante de oriental, y varios otros, eficientemente prudentes y
esclarecidos para el desempeño de la alta misión conferida.
!Reconocíamos
conmovidos la benevolencia insofismable de esos siervos del Dulce Nazareno, los
que, a ejemplo del Maestro que tanto amaban - que no desdeñara en presentarse
en la Tierra vistiendo la configuración humana, por servir a la instrucción de
las criaturas confiadas por el Padre Supremo a Su Guardia -, se disminuyeron
también, disminuían sus propias vibraciones, se materializaban, tornándose
densos y casi humanizados, con la intención de servir a la causa abrazada por
Aquel Maestro inolvidable e incomparable!. Nos admiraba el hecho de merecer por
parte de ellos de tan expresivas demostraciones de fraternidad, mientras,
enternecidas, nuestras almas murmuraban a nuestro entendimiento que cabia que
correspondiésemos a tan amorosas solicitudes, disponiéndonos a actitudes
pasivas, dignas de tan nobles instructores. El Hermano Teófrito nos sacó de
tales cogitaciones, dirigiéndose hasta nosotros y saludándonos, después que
interrogó, sonriendo:
"- Según lo
que vengo observando, mis amigos, habéis aprovechado bastante las instrucciones
que os han sido administradas... Estoy informado de vuestro interés por todo,
lo que a mí me causa una excelente impresión, por preanunciar modificaciones compensadoras
en vuestras resoluciones y, necesariamente, en vuestros destinos... ¿Qué
deducís de cuanto hasta ahora observasteis?..."
Fue Belarmino de
Queiroz e Sousa quien se hizo portador de la opinión general:
"-
!Deducimos, eminentísimo hermano - dijo con vehemencia -, que, si nos fuera
dado conocer estas cosas cuando fuimos hombres, sería mas que probable el haber
evitado el suicidio, conduciéndonos por sistemas opuestos a los que nos
perdieran!... En cuanto a lo que a mí particularmente concierne, entiendo que
seré fuerte para las consecuencias que habré de arrostrar destino afuera...
hasta cubrir los déficits que me emporcaron la consciencia. ! ¡Oh! caro Hermano
Teócrito!. ¡Aunque sufra, me siento ahora otro hombre..., o sea, otro
Espíritu!. !Se encendieron en mi ser luces de esperanzas inapagables, que me
fortalecen y reaniman poderosamente, induciéndome a partir en busca del futuro,
sea cual sea!. Saber positivamente que Existo, que Soy, que Seré,
convenciéndome de que ni uno sólo de mis afectos más santos, de mis
aspiraciones, mis ideales, así como de los esfuerzos empleados para el
enriquecimiento de mis patrimonios intelectuales y morales se perderán jamas,
triturados en los recovecos execrables de la muerte, juzgada por mi otrora el
punto final de todo cuanto existe; convencido de que la Eternidad es mi sublime
herencia, a la cual me asisten derechos legítimos, por la filiación divina de
que, como Espíritu, desciendo; y, por eso, también habilitado de que deberé
alcanzar la sucesión de los evos progresando incesantemente, enriqueciendo mis
facultades con atributos que me llevaran a alcanzar honrosamente los planos magníficos
de la Espiritualidad, con la conquista de mí mismo para la realización del
ideal divino, es para mi una felicidad arrebatadora, que hará oscurecer
sacrificios y lágrimas, domar fatigas, arrostrar todas las consecuencias
delictuosas del pasado, para sólo ocuparme de la conquista del futuro, aunque
tenga que transponer calvarios dolorosos, martirizantes!. Jamas, como hombre,
concebí posibilidades de tornarme héroe de tan sublime epopeya. ! ¡Estoy
dispuesto a luchar, Hermano Teócrito!. ¡A luchar y sufrir, para aprender,
realizar y vencer.! Sé lo que me aguarda en el embate de las existencias que se
sucedieran en mi trayecto. ! Sé que de horas amargas han de sacudirme las
potencias del alma, en los siglos que rodaran en el carrero de mi jornada
evolutiva. !Mas no importa!
!No importa! !Yo soy inmortal!
Y si un Dios Todo-Poderoso me destinó a la Eternidad, será para la realización
de un ideal sublime, cuya verdadera perfección escapa a mis concepciones aun
bisoñas de precito de una Colonia Correccional; no, sin embargo, para errar y
sufrir siempre, por cuanto el Creador Omnipotente no se limitaría a dejar a su
descendencia tan parcos recursos de acción!... !Oh, venerable Teócrito!
"Me siento disminuido todavía!. !Aun no me despojé siquiera de los bacilos
que corroyeran mi última organización animal, por mí destruida antes que el
virus de la tuberculosis terrible la pudriese finalmente, enervado como quedé
al verla nauseabunda y detestable!. Sé que tendré que volver a la Tierra muy en
breve, pobre, huérfano, tuberculoso todavía, tullido por decepciones diarias,
precito a quien no calentará el calor de una sola ilusión: ! !Sé eso!. Mas
estoy dispuesto a todo aguantar. ! Me regocijo hasta, con la severidad de esa
Justicia Soberana, porque la lógica irrefragable que la proclama la revela
también oriunda de una sabiduría que impone con la fuerza del Derecho:
!Y me curvo,
entonces, resignado y respetuoso!..."
Teócrito sonrió.
Pasó, complacientemente, la diestra sobre el hombro del interlocutor y observó,
paternalmente:
"- !Tienes
el verbo inflamado y lucido, mi caro Belarmino!...!Y, mientras hablabas, estuve
pensando en como serian bellos los discursos que proferías en tus aulas
clásicas de Dialéctica!... !Que perseveres en tan hermosas cuanto edificantes
resoluciones son mis mas sinceros votos... puesto que, siendo así, los caminos
del progreso que serás compelido a realizar serán planos y fáciles de
vencer!... Sin embargo, no te dejes arrebatar demasiado por el esplendor del
panorama divino de la Vida que, a muchos otros, antes de ti, ofuscó...La
evolución del Espíritu hacia la Luz es bella y grandiosa, no resta duda. !La
vida del hombre, en su incesante escalada hacia lo mejor hasta lo divino, es
una gloriosa epopeya que honra a aquel que la vive! !Mas el trayecto es duro,
mi amigo!. !Los cardos y las espinas llenan esas estradas redentoras, exigiendo
del peregrino de la Luz las mas activas energías, los más edificantes
sacrificios!. !Te veo sincero, idealista animado de una dignificante
buena-voluntad, y eso mucho me satisface!. !Sin embargo, el entusiasmo por si
sólo no llevará a nadie a la victoria real, sino a la aventura dudosa!.
¡Pondera sobre la necesidad de aprestarte con armas morales sólidas, para la
travesía tumultuosa a la que te obligarás a fin de conquistar el primer escalón
de esa inmensa espiral evolutiva de tu destino, el cual ha de ser, simplemente,
la próxima existencia que tomarás en la arena terrestre... Vienes de una
encarnación en la que fuiste primogénito de una familia conceptuada, en el seno
de la cual no te faltaran atenciones y respeto!. !Fuiste un individuo culto,
viviendo fácilmente entre gozos y comodidades varias, prestados por el oro y
por las solicitudes insofismables de una madre tierna y dedicada... A pesar de
todo eso, fallaste, no soportando siquiera las aflicciones de una enfermedad
física, patrimonio común a toda la Humanidad!. ¡Piensa, ahora, mi caro
Belarmino, en lo que será tu vida, siendo tu, como deseas, huérfano, pobre,
enfermo, baldío de consuelos y esperanzas, perseguido por una adversidad
inevitable!... ¡Será también una epopeya no pequeña ni libre de sublime
grandeza, a ser vivida y vencida - pues tu quieres vencer! - ¡porque será un
calvario de redención que deberás andar con resignación y dignidad, jamas entre
rebeliones y ultrajes a la Providencia, porque eso empalidecería la victoria,
si no la anulase!... ¡Será necesario algo mas que el entusiasmo, Belarmino,
mucho mas!... y conviene que te prepares antes de iniciada la lucha..."
Mário Sobral se
aproximó, intranquilo como siempre:
"- ¿Dignaos
atenderme un instante, Hermano Teócrito?..."
"- ¡Aquí me
tienes, hijo!. Dime todo, confiante..."
"- Es
que..., deseo tomar una resolución..., la tomé ya... mas preciso ser
ayudado..., me siento tanto desorientado..."
- Bien sé,
Mário, continua..." – tornó tierno el director del Hospital María de
Nazaret.
"- ¡Hermano
Teócrito!. Quién es el responsable directo por mí, en esta Colonia Correccional en la que me veo
internado?..."
"- ¡Soy yo,
Màrio!..."
"- ¡Gracias
a Dios!. ¡Espero, así, encontrar facilidades para los proyectos que me
interesan... Señor... Hermano... Por quien sois, apiadaos de mí, no puedo mas!.
¡Providenciad mi retorno a la sociedad terrena, quiero ser hombre otra vez!
¡Quiero librarme de los ultrajes por mí mismo llevados a cabo en el seno de mi
familia!... ¡A mi madre, Dios del Cielo, a quien cubrí de disgustos, desde la
cuna al túmulo, a mi esposa, a quien traicioné y abandoné a las vicisitudes
diarias!. !A mis hijos, los que rechacé y olvidé... y a Eulina... Quiero
sacarme la obsesión ejercida en mis recuerdos por el remordimiento por el
crimen cometido contra aquella pobre mujer!. Preciso olvidar, Hermano Teócrito,
¡oh! y por sobre todo, olvidar, a fin de lograr tregua, serenidad, para
desenvolver acciones apaciguadoras, capaces de amansar las angustias que me
hierven la consciencia!. Todo quiero tentar, a fin de que yo también progrese –
ya que la Ley es progreso incesante para toda la Creación, conforme las
instrucciones que aquí recibimos. ¡Quiero expiar y reparar!
¡La imagen
humillada y frágil de Eulina, indefensa bajo mi brutalidad, debatiéndose en la
agonía malvada del estrangulamiento entre mis manos, absorbe mis facultades,
anulando ocasiones para cualquier otras ponderaciones, obsesionándome las
ideas, enloqueciendo las fibras más íntimas de mi ser!. ¡Y yo preciso alejar de
la mente ese cuadro satánico a fin de poder sentir el perdón del Cielo rociar
de esperanzas mi consciencia inconsolable!. !Quiero sufrir, Hermano Teócrito!.
¡La trágica tormenta del Valle Siniestro no bastó!. ¡No fue por Eulina que allí
me debatí, y sí por mí mismo, siguiendo los escalones disonantes de mi acto de
suicidio!. !Prometí, de rodillas, a la sombra dolorosa de Eulina agonizante,
ser otra vez hombre, arrastrar una existencia, de la cuna a la vejez y al
túmulo, destituido de las manos que la estrangularan!... ¡Yo mismo me daré tal
punición, como testimonio de mi sincero arrepentimiento!. ¡No es el Señor Dios
el que me la impone!. ¡No es la Ley que me la exige: soy yo el que, voluntariamente,
suplicó al Padre Todo-Misericordia que me la conceda como supremo aliento a mi
desventura de tránsfuga de Su Ley de Amor al Prójimo, como suprema ocasión de
rehabilitación en mi propio concepto, ya que la muerte es una quimera
ilusionando a los incautos que se arrojan en los enredos del suicidio!. ¡Sí!.
¡Pasaré sin las manos que sirvieron para asesinar a una pobre mujer indefensa!.
¡Que se vuelva contra mí el crimen cometido contra Eulina!. ¡Y que yo me vea
tan indefenso, destituido de las manos, como Eulina destituida de fuerzas, en
aquella noche abominable, acometida de sorpresa ante mi ferocidad!. !Creo,
Hermano Teócrito, que solamente así tendré alivio para, después, encarar de
frente los demás débitos a ser saldados, con la ayuda paternal de mi Dios y mi
Creador...!"
El antiguo
bohemio de Lisboa discurría deshecho en llanto, mientras que nuestro digno
tutor espiritual, enternecido, obtemperó gravemente:
"- ¿Ya
reflexionaste maduramente en la extensión de las responsabilidades que
arrostrarás con semejante reencarnación, mi pobre Mário?..."
"- ¡Ya,
Hermano Teócrito!"
"- ¡Sí!.
¡Te reconozco sincero y fuerte para el rescate, plenamente arrepentido del
pasado culpable!. !Realmente, ese será el recurso aconsejable para tu caso, una
medida drástica que te moverá con mucha menor morosidad a la rehabilitación
honrosa que de ti exige la consciencia!. ¡Pondera, en tanto, que fuiste también
suicida y, por eso, necesariamente, las condiciones precarias en que se
encuentra tu presente organización, tu envoltorio fluídico, modelador que será
de tu futura estructura carnal, te llevara a recibir, con el renacimiento, un
cuerpo enfermo, debilitado por achaques irreparables en el plano objetivo o
terreno..."
"- ¡Yo lo
deseo, Hermano Teócrito!... ¡Todo, todo me será preferible al suplicio de este
remordimiento que me tiene engrillado al infierno que se extendió por mi
alma!... Al menos, como hombre, cuando todo me falte, para que sólo las
desgracias me flagelen, tendré un consuelo, el cual la Misericordia del Todo
Generoso Padre concederá como limosna suprema a mi irremediable situación:
¡El
olvido!..."
Condolido, el
bello iniciado prometió interesarse inmediatamente por su pretensión,
acrecentando paternalmente:
"- En el
momento que se concluyan las instrucciones que os hemos propiciado, visítame,
en mi Departamento, Mário, a fin de establecer entendimientos para los
preparativos de tan delicadas realizaciones..."
Enseguida nos
convidó a tomar parte en la comitiva que bajo sus cuidados buscaría pesquisar
medios para la reencarnación, ya ordenada y programada, de algunos pupilos
suyos, los que se someterían, así, a la terapéutica por excelencia, aun bajo su
vigilancia, aunque ya varios de ellos no se encontrasen dependientes del
Hospital María de Nazaret. Iríamos, en tanto, como simples observadores, viendo
que nuestras condiciones no permitían colaboración de ninguna naturaleza.
Ya en posesión
de las instrucciones necesarias y pronto para encetar la espinosa misión, el
abnegado paladín de María se volvió hacia nosotros, exclamando:
"- Tenemos
todavía mucho tiempo, pues los servicios que me están destinados solamente
serán realizables en la tranquilidad de la noche. Id a reposar, mis caros
amigos, hasta que os mande a buscar a fin de seguir hacia el local indicado, ya
que sólo en la alta madrugada estaremos de vuelta... "
Roberto y Carlos
de Canalejas se aproximaban, con la intención de reconducirnos al Pabellón
donde residíamos. Rosalia se despidiera, prometiendo reencontrarnos en el mismo
local, ya al día siguiente, para proseguir las recomendaciones de nuestro muy
querido tutor, el Hermano Teocrito.
CAPITULO VI
“A CADA UNO SEGÚN SUS OBRAS”
"De cierto te digo que no
saldrás
de allí, hasta que pagues el último
cuadrante."
JESUS. Marcos: 5:26.
Fue con emoción que, cerca de media noche, dejamos el Pabellón Hindú
atendiendo al llamado de nuestro paternal amigo, por intermedio de los dos
Canalejas.
Hasta entonces
no saliéramos jamas de noche. La disciplina rigurosa de las mansiones
hospitalarias, verdadero método correccional, nos imponía el deber de
recogernos a las seis de la tarde, no siendo permitido jamas a un interno la
permanencia fuera de los muros de su albergue después de esa hora. Solamente el
director del Departamento podría ordenar una excepción, y muy raramente lo
hacia, y solo para fines de instrucción.
Los locales por
donde transitaríamos hasta el de la Vigilancia, así como los demás núcleos y
Departamentos, no se encontraban, todavía, en tinieblas, mas iluminados por un
sistema de luminarias que a ninguna otra concepción congénere pudiésemos
comparar. No comprendíamos cuál era la naturaleza de esa luz que se extendía lo
largo de las alamedas inmensas contornadas de arboles cubiertos de neblina. Mas
tarde, en tanto, llegamos a la deducción de que seria la propia electricidad
condicionada de modo favorable al ambiente astral. Lo que era cierto es que ese
fulgor, no obstante sobrio, discreto, se irisaba al sereno produciendo efectos
cristalinos muy apreciables, realmente bellos, sobre la estructura nívea local.
Nos aguardaba un
vehículo de los que comúnmente usaban los internos para viajes locales. Al
llegar todavía a la sede de la Vigilancia, vimos que una enorme caravana se
disponía a partir, mientras que milicianos y lanceros la integraban, celando
por la tranquilidad general.
Durante algún
tiempo los sentimos deslizarse suavemente, sin ninguna dificultad. Era tanta la
naturalidad que de ningún modo nos daríamos cuenta de la verdadera naturaleza
del medio de tracción.
Súbitamente paró
el vehículo, mientras, atento, un vigilante nos convidaba a bajar, lo que
hicimos, curiosos y satisfechos.
Nos
encontrábamos en un vasto patio cercado de majestuosas murallas, lo cual, a
pesar de lo adelantado de la hora, tenia una gran movimiento de transeúntes,
desencarnados y hasta de encarnados, aunque se presentasen estos apenas con sus
configuraciones astrales, mientras los cuerpos materiales yacían descansados en
sus lechos, entregados a un sueño reparador. Al fondo, el edificio inmenso,
hartamente iluminado, todo blanco y centelleante a la claridad de poderosas
lamparas, nos pareció un hotel o repartición pública destinada a expedientes
nocturnos. En verdad se trataba apenas de un apéndice de la Colonia, aldea
necesaria a la variedad de servicios realizados por aquella noble institución,
puesto de emergencia móvil de la que hablara el jefe de nuestro Departamento, y
el cual no nos resultaba totalmente extraño por haber oído de él referencia en
el caso de Margaridinha Silveira. Milicianos de la Legión se apostaban de
centinelas en los portones de entrada, y aun cercando la vigilancia por los
alrededores.
Cada grupo de carabineros tenia en ese edificio
dependencias particulares, donde establecían gabinetes de trabajo. Llegando al
lugar reservado a Teocrito, vimos resumirse esas dependencias a un gabinete de
trabajo con aparatos variados, ya conocidos de la Colonia, y un locutorio
secreto.
Teòcrito reunió a Romeu y Alceste y, mientras nos hacia sentar en las
confortables poltronas que guarnecían la antecámara les entregó dos direcciones
diferentes, observando:
"- Hace
cerca de dos horas que estas damas, cuyas direcciones os confío, conciliaran el
sueño reparador. Traedmelas aquí, después de prevenirles el cuerpo físico con
reservas magnéticas... Porfiad por traer con ellas a sus respectivos esposos o
compañeros... Sin embargo, no es indispensable esta última
recomendación..."
Les proporcionó
auxiliares retirados de la guarnición del mismo Puesto y milicianos para las
garantías necesarias, despidiéndolos con animadoras palabras. Enseguida, se
volvió hacia nosotros y, sentándose a nuestro lado, inició con nosotros una
animada palestra.
Nos sentíamos
grandemente satisfechos. La presencia de ese atrayente personaje, cuyas
actitudes democráticas tanto nos aliviaba, nos infundia interiormente tan
suaves y benévolas impresiones, que nos confesábamos renovados y encantados.
Una natural timidez, en tanto, nos inhibía para dirigirle la palabra antes de
ser interpelados. Él, sin embargo, leyendo en nuestros pensamientos las ansias
que flotaban, no se hizo esperar, viniendo a nuestro encuentro con
esclarecimientos utilísimos, bondadoso y sonriente:
"- Bien se
– dijo él - el interrogante que desde hoy a la tarde os excita la curiosidad,
loable curiosidad en este caso, porque veo irradiar de vuestras cogitaciones el
deseo noble de aprender. Mientras esperamos el regreso de mis caros discípulos
en misión, aprovecharemos la ocasión para pequeñas observaciones. Estoy a
vuestra disposición, interrogadme."
Fue Mário, como
siempre, el que se atrevió, pues, como sabemos, se agitaba todas las veces que
oía referencias a la Tierra y a los renacimientos en sus proscenios:
"-
¿Podríamos saber, caro maestro, lo que fueron a hacer en la Tierra vuestros
discípulos?..."
"- ¡Sí, mi
amigo!. Yo no os traería aquí sino para proporcionaros algunas observaciones en
torno a nuestros trabajos de pesquisas. Romeu y Alceste fueron a la isla de S.
Miguel y a un lugarejo del Nordeste brasilero - lugares donde la penuria del infortunio
alcanza proporciones inconcebibles a los felices habitantes de los centros
civilizados – la búsqueda de dos hermanas nuestras cuyos nombres están
registrados en nuestros archivos como grandes delincuentes del pretérito, las
que, en este momento, procuran erguirse moralmente, a través de una existencia
de severos testimonios de arrepentimiento, resignación, humildad, paciencia...
Mis discípulos atraerán a sus Espíritus hacia aquí, cuando sus envoltorios
materiales estén inmersos en un sueño profundo y reparador, gracias a lo
adelantado de la hora. Aquí, entraremos en entendimientos sobre la posibilidad
de ser madres de dos pobres internos del Manicomio, cuyo único recurso por
tentar, en este momento, a fin de aliviarse, será la reencarnación en un círculo
familiar oscuro y sufridor, pues solo ahí conseguirán liberarse de las
deprimentes sombras de las que se contaminaran..."
"- Por lo
que venimos observando, ¿esos infelices renacerán en condiciones asaz
embarazosas?..." - intervino Belarmino, impresionado.
"- ¡Si,
hermano Belarmino! - continuó. – Se encuentran en situación tan desfavorable
que, antes de las experiencias mismas, que deberán repetir, ya que de ellas se
esquivaron con el suicidio consciente y perfectamente responsable, sólo podrán
animar un envoltorio carnal enfermizo, medio deturpado, donde se sentirán
tullidos e insatisfechos a lo largo de toda la existencia. ! Así, en posesión
de tal envoltorio – con el cual se afinaran por las acciones que practicaron -,
cumplirán el tiempo que les restaba de permanencia en la Tierra, interrumpida,
antes del tiempo justo, por el suicidio. De esa forma se aliviaran de la
perturbación vibratoria que se crearon, y obtendrán capacidad y serenidad para
repetir la experiencia en la que fracasaran...mas esto implicará una segunda
etapa terrena, o sea, una nueva reencarnación, como será fácil entender...Ya
hemos consultado a varias señoras, en otras localidades análogas, si se
prestarían, de buena voluntad, a la caridad de aceptar hijos enfermos, por amor
al Bien y respeto a los sublimes preceptos de la Fraternidad Universal.
!Infelizmente, sin embargo, ninguna de ellas tenia principios de moral bastante
elevados a fin de aceptar en servicio a la Causa Divina con abnegación,
voluntariamente!. !La vuelta al mundo de las expiaciones, de aquellos
sufridores, en vista de eso, sufría demoras, cuando urgía proporcionarles
alivio por ese medio supremo! !Entonces, la direccion-general del Instituto nos
envió datos sobre las dos señoras ya mencionadas, capaces ambas de enfrentarse
a la espinosa misión por deudoras de grandes reparaciones a las Leyes de la
Creación!..."
"-
¿Supongamos, Hermano Teócrito, que se recusen?..." - pregunté, fiel al
ácido pesimismo que no me dejara todavía.
"- ¡No será
probable, mi caro Camilo, ya que se trata de dos almas bastante arrepentidas de
un mal pasado, y que, actualmente, humildes, ignoradas, sólo deseando la
rehabilitación por el sacrificio y la abnegación. ! Estoy encargado de
convencerlas a aceptar buenamente la delicada y heroica tarea. Sin embargo, si
la rechazan, la Divina Providencia encarnada en la Ley que rige el plan de las
Causas estará en el derecho de imponerles el mandato como prueba en los
servicios de reparación de las malas acciones pasadas, pues ambas son Espíritus
que, en anteriores existencias planetarias, erraran como madres, hurtándose,
criminalmente, a las sublimes funciones de la Maternidad, sacrificando, en sus
propias entrañas, los envoltorios carnales en preparación para Espíritus que de
ellas deberían renacer, algunos en misiones brillantes, y descuidándose,
lamentablemente, de los cuidados y celos a los hijos que la misma Providencia
les confiara otras veces... Ahora, inmersas en las tinieblas de los crímenes
que cometieran contra la Divina Legislación, por menospreciar la Naturaleza, la
Moral, el Matrimonio, los derechos ajenos y a sí mismas,- encarceladas, una en
la soledad de una isla de donde jamas podrá escapar, la otra en la aspereza de
un desierto inclemente, en vez de hijos misioneros, inteligentes, considerados
nobles y dignos en el Plano Astral, y, por eso mismo, útiles y queridos por
todos – tendrán que expiar los infanticidios pasados, inclinándose sobre
miserables cunas donde generaran, chirriando sus dientes, a
otros Espíritus, ahora culpables, reputados como grandes condenados en el plano
espiritual, transformados por el renacimiento expiatorio en monstruos
repulsivos, a los que deberán dedicarse como verdaderas madres: amorosas,
pacientes, resignadas, prontas para el sacrificio en defensa del fruto de sus
entrañas, por mas desarmonioso que este sea!..."
Después de un
penoso silencio, en el que todos nosotros, razonando angustiosamente, nos
perdíamos en conjeturas confusas, apareció todavía Belarmino, justificando el
antiguo renombre de profesor de dialéctica:
"- Decidme,
Hermano Teócrito: ¿nos obliga la Ley a reencarnar entre extraños?.., como hijos de padres cuyos
Espíritus nos sean completamente desconocidos?... ¡Pensamos que semejante
castigo será sumamente doloroso!..."
"- !Si, es
doloroso, no resta la menor duda, mi amigo!. ¡Mas no por eso dejará de ser
justo y sabio el acontecimiento! !Generalmente, eso sucede no sólo a suicidas,
como también a aquellos que fallaran en el seno de la familia llevando, de
cualquier forma, el disgusto a los corazones que los amaban!. El suicida, sin
embargo, perturbando el seno de su propia familia al infringirle el áspero
disgusto con su gesto, ultrajando, con el menosprecio del que dio prueba, el
santuario del hogar que lo amaba, incapacitándose para la conquista de un nuevo
hogar afín, se colocó, de cualquier forma, en la penosa necesidad de reeditar
su propia existencia corpórea fuera del círculo familiar que le era grato.
Existen casos, no obstante, en los que podrá volver a un ambiente afectuoso, si
posee afectos remotos que se encuentren nuevamente presentes en las
experiencias terrestres, en la época en que haya de reencarnar, si estas
consienten en recibirlo para ayudarlo en la expiación... De cualquier manera,
sin embargo, renacerá en un circulo favorable al genero de pruebas que deberá
testimoniar. !Otros casos no raramente se verifican, son los más dolorosos, en
los que tendrán que reiniciar el aprendizaje carnal, del que huyeran, entre
Espíritus enemigos, lo que será mucho peor que si lo hiciesen entre extraños,
simplemente... Acrecienta la circunstancia de que todas las criaturas son
hermanas por su origen espiritual y que es menester que esas cosas se
verifiquen bajo la sublime ley de Amor que debe atraer y unir, indisolublemente,
a todos los hijos del mismo Creador y Padre!... "
Entretanto,
daban entrada en el singular gabinete a dos infelices asilados del Manicomio,
amparados por auxiliares del Hermano João. !Pasaban tristes, pareciendo ajenos
a todo los que los cercaba, la mirada vaga e indecisa, lerdos los pasos,
expresiones de angustias indefinibles!. Conducidos al locutorio, fueron allí
introducidos por Teócrito, desapareciendo de nuestra vista. Pasaron algunos
minutos. Los asistentes del Hermano João aguardaban nuevas ordenes en la misma
sala donde nos encontrábamos, conservando una respetuosa actitud. No nos
atrevíamos a emitir siquiera un monosílabo. El silencio dominaba el amplio
ambiente del Puesto singular y un vago temor nos inhibía de proseguir en la
conversación.
¡De súbito, se
movió el exterior como si algo muy importante pasase..., y Romeu y AIceste, y
Carlos y Roberto, con algunos auxiliares mas, entraran en el salón conduciendo
a dos señoras, dos mujeres de humildísima condición social, con lanceros a
ambos lados, como prisioneras de gran importancia!
Curiosos, las
examinamos. Una, flaquita, delicada, pareciendo enfermiza y frágil, rubia
reflejando en su físico-astral los trajes a que se habituara en la existencia
objetiva diaria, era portuguesa y no contaría sino dieciocho primaveras, todo
indicando tratarse de una recién casada. El marido la acompañaba, humilde,
respetuoso: era !un pescador!. !La otra, trigueña, vivaz, espantadiza y
nerviosa, se revelaba inmediatamente como siendo brasilera, haciendo recordar
el tipo clásico egipcio, con los cabellos negros y lisos caídos en las
espaldas, bien pronunciadas las manzanas del rostro, una expresión enigmática
en los bellos ojos profundos y relucientes, donde las lágrimas parecían señalar
ilógicas amarguras!. Se encontraba sola. ¡No estaba casada!. !El engaño de un
seductor la abandonara a merced de los acontecimientos oriundos de un amor
infeliz, mal conducido y profanado por la traición masculina – en una sociedad
que no perdona a la mujer el dejarse engañar por el hombre en quien depositó su
confianza! – ¡lo supimos mas tarde, con pena!.
Los tres eran
como que protegidos por un tenuísimo envoltorio que se diría de cristal, cuya
forma correspondía exactamente a la de la silueta que traían, y de ellos se
desprendía una estrecha faja luminosa, extendiéndose, estirándose como si
estuviese atada a las paredes de una prisión invencible!. (19)
Teócrito los
acogió bondadosamente, y, tratándolos con inmensa ternura, los hizo entrar a
los gabinetes del locutorio, donde ya se encontraban los pupilos del Hermano
João. Enseguida nos sorprendimos con la presencia del propio Hermano João, que
se aproximara, sonriente. Nos levantamos respetuosos y emocionados ante su
presencia, recibiendo de él un cordial saludo. Entró, con Teócrito, en el
locutorio, y el silencio cayó de nuevo en el salón.
Aunque allí nos
encontrásemos para instrucción, no asistimos a lo que pasó en secreto entre los
obreros de Jesús y los delincuentes necesitados de redención. Hoy, sin embargo,
trazando un esbozo de estas memorias - treinta años después que estas escenas pasaran
- podré esclarecer al lector en cuanto al dramático episodio desarrollado en
aquel augusto recinto que entonces nos era vedado, pues, en ese largo espacio
de tiempo, un sólido conocimiento adquirimos que a tanto nos autoriza.
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Teócrito y João
procuraban entrar en entendimientos con la pareja portuguesa y con la brasileña
nordestina sobre la ventaja del renacimiento, por su intermedio, de aquellos
míseros infractores de la Soberana Ley, necesitados de la existencia corporal
terrena para aliviarse de los insoportables sufrimientos por los que venían
pasando!. Los acontecimientos fueron explicados
(19) Se trata
del revestimiento de fluidos vitales propios de todos los seres vivos y del
cordón fluidico que une el Espíritu al cuerpo material, durante la encarnación,
respectivamente.
con detalles a
los tres, mientras los pretendientes a la calidad de hijos les eran presentados
en toda la dramática veracidad de las circunstancias en que se debatían. Los
pacientes paladines de la Fraternidad actuaban como eméritos causidicos, que
eran, de la Suprema Legislación, exponiendo con eficiencia y nobleza de vistas
el sublime alcance de la medida que aconsejaban. Los indicados para la
grandiosa misión de caridad, o sea, de recibir el sagrado deposito de los hijos
de Dios que necesitaban hacerse hijos del hombre a fin de rehabilitarse del
pecado, se resistían, todavía, esquivándose del impresionante convite:
"- ¡Oh, no, no! - diría la humilde pareja
de portugueses. - !No deseamos hijos enfermos, defectuosos o débiles mentales!.
!Nos casamos hace apenas un mes!... !Y nuestro sueño más querido es que en buen
Dios nos conceda para el primogénito la almita de un querubín rosado y sano!.
!Queremos hijos, oh, sí! mas que sean fuertes y alegres... y que nos sirvan de
arrimo precioso en la vejez!...
Y diría la
brasilera, debatiéndose, avergonzada, ante una entidad como Teócrito, que
conocía sus más secretos pensamientos, revelándose señor de todas las acciones
por ella practicadas:
"- ¡No, mi
señor, no puedo ser madre, prefiero antes la muerte!. ¡¿Cómo arrastraré esa
vergüenza ante mis padres, de mis vecinos, de mis caras amiguitas?!... Seria
por todos, ciertamente, menospreciada... y hasta aun por "él", ¡bien
lo sé! ¡Un hijo paralítico!... ¡Dios del Cielo, ¿cómo criarlo y
soportarlo?..."
Intervenía, sin
embargo, Teócrito, secundado por el Hermano João, lógico y grave, digno
defensor de la Causa Redentora, cuyo jefe expiró en los brazos de una cruz
mostrando a los hombres el camino sublime de la abnegación:
"- ¡Si,
como mujer, erraste, descuidando el sexto dispositivo de la Ley Suprema, que
impone a la doncella el respetuoso deber de la castidad hasta el advenimiento
sacrosanto del Matrimonio, carecerás, forzosamente, de la rehabilitación por la
abnegación del sacrificio, observando con fidelidad otros dispositivos de la
misma Ley, capaces, por la generosidad de la expresión, de cubrir la infracción
del primero!. !La oportunidad ahí está, naturalmente resultante de tus propios
actos!. !Sí, necesariamente, serás madre, visto que la maternidad es una
función natural de la mujer fecundada para el divino servicio de la
reproducción de la especie humana, que aceptes para animar la arcilla que se
reproducirá de ti, un pobre Espíritu delincuente, como tu, y también necesitado
de rehabilitación!. !Ayudándolo a erguirse del báratro donde se arrojó,
ayudaras a tu propia redención, y te garanto, mi hija en nombre del Divino
Mesías, que, cumpliendo tus deberes de madre, mientras los hombres te cubran de
oprobio y humillaciones, castigándote por tu error, el Cielo te reanimará a fin
de que resistas a todos los embates y venzas la prueba, glorificándote
espiritualmente por el heroísmo que testimoniaste como madre de un miserable
enfermo, de un pobre suicida del pasado, carente de nadie bastante caritativo
para amarlo y protegerlo a pesar de su desgracia, y que, sirviendo a los
misericordiosos designios del Señor, por él vele, conduciéndolo en las
expiaciones de una nueva permanencia en la carne!. Agachada sobre la cuna pobre
y humillada de tu hijo menospreciado por todos, mas no por ti ni por la Divina
Providencia, sonriendo con amor al pequeñito paralítico que te buscará con los
ojos tristes llenos de confianza, reconociendo tu voz entre mil y aquietándose
a tus murmullos afectuosos, habrás encontrado, mi hija, la linfa generosa que
lavará la mácula deshonrosa de la que te contaminaste..."
¡Resistían,
entre tanto, los interlocutores. !Mas Teocrito y João continuaban la exposición
de las ventajas de tal desprendimiento, de los méritos que conquistarían ante
la Ley Suprema, de la asistencia celestial de la que se harán acreedores, de la
palma honrosa que recibirían, en el futuro, de la Legión patrocinada por María,
como premio supremo al gesto de caridad para con aquellos sus pobres
tutelados!.
!Mientras se verificaban tales diligencias,
estos, presentes a la grave confabulación, entreviendo dificultosamente lo que
pasaba, se sentían atraídos hacia las dos señoras, afinándose con el tono
vibratorio emitido por sus emanaciones mentales y sentimentales, pudiéndose
realmente aseverar que la atracción magnética, indispensable al fenómeno de
incorporación a través del nacimiento, desde aquel momento comenzara a recibir
el impulso divino que la debería consolidar!. Sin embargo, porque llorosos e
inconformes los tres personajes humanos no se animasen a establecer el acuerdo
definitivo, los dos incansables instructores, requiriendo la colaboración de
Romeu y Alceste, se decidieron a tomar una medida vigorosa, capaz de
encaminarlas buenamente al razonable asentimiento.
Bajo la acción
de la voluntad de los dos abnegados obreros de la Fraternidad, pasaron las dos
mujeres y el varón a rever los panoramas de sus propias existencias pretéritas
vividas sobre la Tierra y archivadas en las camadas incorruptibles del
organismo perispiritual: las acciones inconfesables practicadas contra la
Soberana Legislación, en perjuicio del prójimo y de sí mismos, luego; los
crímenes nefastos, cuyas consecuencias estaban exigiendo siglos de reparaciones
y reajuste, entre las lágrimas de mil dolores decepcionantes!
!La pareja de
portugueses se revió como adinerados hidalgos emigrados al Brasil, a extraer de
brazos de esclavos el bienestar del que se ufanaban, llevando a la
desesperación a míseros africanos que subyugaban, enfermos y exhaustos, bajo la
rudeza de trabajos excesivos, maltratados, cada día por nuevas disposiciones
arbitrarias e impías!. !La infeliz nordestina, a su vez, se reconoció como dama
orgullosa de su propia hermosura, que tuviera en una antecedente existencia
planetaria, irreverente y vanidosa, profanando los deberes conyugales con la
falta de respeto a sus juramentos consagrados en el altar del Matrimonio,
negándose además, al tributo a las leyes
sublimes de la Naturaleza, que le exigieron el desempeño de la Maternidad,
rechazo que la llevara hasta el infanticidio!.
!Un desfile siniestro de faltas abominables, de
errores calamitosos, de acciones irreverentes e infaustos emergieron de los
escriños de la consciencia de aquellos infortunados, que habían encarnado
deseosos de los testimonios de la rehabilitación, lo que, ahora, como un
incremento de misericordia concedida por el Todo-Generoso, reciban el dadivoso
convite para ayudar a su propia causa practicando la excelente acción de
prestar los servicios de paternidad terrena a otros delincuentes, como ellos,
carentes de evolución y progreso moral!. Y tal fue la intensidad de las escenas
revividas, que gritos lancinantes eran oídos del salón donde nos encontrábamos,
lo que vivamente nos emocionaba y sorprendía.
Pasado algún
tiempo tornó el silencio a dominar. Se reabrieran las puertas de los gabinetes
secretos, dando paso a cuantos allí estaban. Tristona, más resignada, pronta
para cumplir su generosa misión, la portuguesa caminaba al lado de su esposo,
que compartía su conformidad con lo inevitable, mientras la brasilera, deshecha
en lagrimas ardientes, se veía reconducida bajo la ayuda fraterna del viejo de
Canalejas y de su inseparable hijo Roberto.
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Al día siguiente, era ya adelantada la hora en que nos vinieran a buscar
para proseguir la visita de instrucción que debíamos realizar antes de
desligarnos de la tutela del Departamento Hospitalario.
Reconducidos al
edificio central del Departamento a ser visitado, allí encontramos a Rosália,
tal como fuera por ella misma prometido, y que, solícita, nos aguardaba.
"- Haremos
hoy nuestra ultima excursión - esclareció – el Hermano Teócrito desea llevaros
a la Tierra, donde culminareis la gira instructiva que venís experimentando.
Como tenéis ya idea de lo que es un trabajo de "Pesquisas" para
afirmarse el medio ambiente favorable a las condiciones en que deberá uno de
vosotros encarnar, os llevaré a la Sección de Planeamiento de Cuerpos Físicos.
No ignoráis, mis
amigos, que antes de que la reencarnación de uno de vosotros esté
definitivamente establecida, fue estudiado no sólo el medio ambiente como hasta
el estado fisiológico de los futuros padres, o sea, su salud, la cuestiones de
herencia física, etc., etc., mayormente si el Espíritu culpable es pasible de
sufrir deformaciones físicas, enfermedades graves e incurable, etc. Solo
después de todo eso esclarecido, se esbozaran los planes para los futuros
cuerpos, los que, absolutamente, no serán construidos sin el conocimiento del
Espíritu reencarnante ni tampoco de los científicos, representantes del Señor
para el notable emprendimiento que deberán fiscalizar.
"- ¡Sed
bienvenidos a esta casa, mis amigos! – exclamó la dama que nos recibiera, e a
quien fuimos presentados por nuestra gentil acompañante. – Entrad confiados...
La Hermana Rosália os acompañará "
Enseguida, nos
condujo a una sala de grandiosas proporciones, rodeada de puertas cuyas arcadas
de fina labor artística estaban cubiertas por extensas cortinas centelleantes y
flexibles como la mejor seda.
Entramos al
interior por una de aquéllos pasajes, y enseguida se nos presentó un iniciado
risueño y simpático.
Sorprendidos,
vimos que ingresamos a un recinto que nos parecía como un legitimo cenáculo de
Arte, rincón seductor, si así nos podemos referir a un atelier de artistas
eméritos donde los maestros de las artes plásticas practicaban sublimes
encargos, conscientes de las responsabilidades de la que los investía la acción
de la Divina Providencia-
Varias salas se
sucedían en una bonita perspectiva circular, dejando todas pasar de unas a
otras directamente a través de magnificas arcadas, trazadas por bien inspirados
ingenieros en la más pura arquitectura hindú, y casa una comunicándose hacia el
exterior con una entrada independiente, como vimos en la antecámara guardada
por el vigilante.
En la primera
dependencia de esa admirable fila de salas circulares sobresalían obreros
agachados sobre paginas de apuntes y documentos importantes para los servicios
a realizarse, venidos de otras secciones como la de Análisis y la de Pesquisas,
como así también del Templo, y relativos a los pretendientes al ingreso al
mundo objetivo o material.
Era una larga fila de escritorios de estudio y
trabajo, dispuesta como la sala, o sea, en semicírculo, bajo la impresionante
claridad azul-dorada que bajaba de la majestuosa cúpula, recordando viejas
catedrales. De las ventanas, sugestivos encantos de arquitectura, se destacaban
del panorama vasto del Departamento con sus jardines suavemente coloridos a la
1nfluência magnánima del azul del cielo sublimado por la luz del Sol, que,
allí, esparcía los sanos valores de su magnetismo, que parecía una bendición inspiradora
iluminando la mente de los artistas.
Una vez
estudiado ahí el contenido de los apuntes venidos del exterior, seguían las
ordenes para la sección de Modelaje, dispuesta en la sala siguiente, para
esbozarse el futuro cuerpo tal como las instrucciones determinaban, a saber:
a) - mutilado de nacimiento.
b) – pasible de serlo en el transcurso de la
existencia, por enfermedad o accidente;
c) - pasible de la adquisición de enfermedades graves
e incurables;
d) - normales,
lo que
indicaría, por tanto, hechos decisivos en la programación del carrero a ser
vivido por el paciente, armonizados de acuerdo a las expiaciones y testimonios
de cada caso pues conviene no olvidar que muchos de aquellos míseros
albergados, cómplices nuestros, reencarnarían posiblemente en envoltorios
físicos normales y hasta bellos y sanos, por exigir sus nuevas experiencias que
así lo fuese, agrandando, en esos casos, luchas y sufrimientos irreparables, de
orden moral tan solo.
Mas, en el gabinete siguiente se veían también
los esbozos de los cuerpos primitivos, o sea, de los que el suicidio había
desperdiciado, destruido antes de la época normal, hábilmente clasificados de
la siguiente manera, en un lugar apropiado, de fácil acceso al observador, y en
un pedestal conveniente, pues estos esbozos eran como estatuas móviles,
enormemente bellas, dadas la perfección y naturalidad que tenían, sugiriendo la
presencia real del mismo envoltorio destruido:
a)– el
envoltorio primitivo, tal como existió y fue aniquilado por el suicidio.
b)– al lado, en
una placa fosforescente, la descripción del estado en que se encontraba el
mismo envoltorio en la ocasión del siniestro, a saber: - estado de salud,
volumen de las fuerzas vitales, grado de vibración, estado mental, grado de
instrucción social, ambiente en que vivió, fecha de nacimiento, fecha de la
época normal en que se debería dar el traspase y la extinción de la fuerza
vital, fecha en que se verificó el suicidio, local del desastre, el genero de
mismo, causas determinantes, nombre del infractor;
c)- el órgano
alcanzado por el atentado, y cuya alteración motivara la extinción de las
fuentes de vida localizadas en el envoltorio, era señalado, en el esbozo, con
la lesión idéntica a la que sufriera el cuerpo material;
d)- casos
especiales: ahogamientos, trituración por destrucción, caída. Reproducción
plástica de los restos del envoltorio, tal como el suicidio lo redujo.
La impresionante
perfección de esta última reproducción chocaría a cualquier otro observador no
esclarecido como aquellos maestros, o no dolorosamente experimentados como
nosotros.
A esta sala, que
sería la más bella y sugestiva, si hubiese allí algún lugar inferior a los
demás, le seguía el de la preparación de los esbozos para los cuerpos futuros
de la siguiente encarnación. Seria la Sección de Modelaje. Idéntica a sus
congéneres, esta recamara se sobreponía, sin embargo, por la intensidad y
delicadeza de los trabajos desarrollados y por el elevado numero de obreros.
Los mapas o esbozos encomendados eran organizados bajo la rigurosa obediencia a
las instrucciones recibidas, encaminándose después para revisión y aprobación
del Templo, de las secciones de Análisis y Pesquisas y hasta para el
Recogimiento, donde los pretendientes los examinaban demoradamente, bajo el
criterio de sus mentores y Guías particulares. !No era raro que sus futuros
ocupantes los aprobaran entre crisis de angustiosas lagrimas, dándose a veces
casos de requerirse postergaciones para los preparativos finales, a fin de
fortalecerse todavía un poco mejor tomar
coraje para lo inevitable!. Mas si, por ventura, el estado del penitente, por
ser demasiado precario, no le permitiese la lucidez para un examen conveniente
y la respectiva aprobación, el Templo y sus Guías misioneros suplían las
deficiencias, celando por sus intereses con justicia y amor, como criteriosos abogados
con sus clientes.
Recorrimos la
agrupación y salas poseídos de singular conmoción, todo observando con máximo
interés. Nos acompañaba, dando esclarecimientos preciosos, a mas de nuestra
buena Rosália, el iniciado responsable de la sección, el Hermano Clemente, cuya
cultura y grado de elevación en el mundo en que vivíamos serian fáciles de
entrever a través de las responsabilidades de las que estaba investido.
"- ¡Sí, mis
caros amigos, mis hermanos! – decía Clemente, mientras paternalmente nos guiaba
de sala en sala, proponiéndonos tesis hermosas y reconfortantes respecto de las
Soberanas Leyes de las que él era digno intérprete, las que tantas elucidaciones
llevaran a mi pobre alma oscurecida por el error, es que no me negaré al deseo
de también transcribirlas para estas modestas páginas de mas allá del túmulo. -
!Si, mis amigos, bendito sea el Creador Supremo, Dirigente del Universo, cuya
sabiduría y bondad inexcedibles nos levantan de las incomprensibles del error
para las elevadas vías de la regeneración, a través de los servicios sin
interrupción de los renacimientos planetarios!. !En la Tierra, los hombres
están aun lejos de conocer la sublime expresión de esa Ley que sólo el
Pensamiento Divino, realmente, seria capaz de establecer a fin de dotar a Su
Creación con posibilidades de victoria!.
!La ignorancia
de los elevados principios que presiden los destinos de la Humanidad, la mala
voluntad de querer participar de conocimientos que los conducirían a las
fuentes elucidadoras de la Vida, así como los preconceptos inseparables de las
mentalidades esclavizadas al servilismo de la inferioridad, han impedido a los
hombres reconocer ese vasto y glorioso cimiento de su propia evolución, de su
emancipación espiritual!. El hombre de ciencia, por ejemplo, considerado un
semidiós en las sociedades terrenas, de las que exige todos los honores y
ficticias glorias, no admitirá, en ningún caso, con el gran orgullo que
arrastra, al par de la ilustración, posteriormente pueda condenarlo a una
reencarnación obscura y humilde, en la cual su corazón, reseco y árido de
virtudes edificantes, adquirirá los dulces sentimientos de amor al prójimo, a
las delicadas expresiones de la verdadera fraternidad, que solo el respeto y la
veneración a la causa cristiana podrán inspirar, mientras el intelecto
reposa... El soberano, el magnate, las clases consideradas
"privilegiadas" por la sociedad terrena, que livianamente usan de las
concesiones hechas por el Soberano Supremo a fin de que contribuyesen en la
labor de protección a la Humanidad y al desarrollo del planeta, no admitirán
que las burradas cometidas en incompatibilidad con las divinas leyes los
induzcan a renacimientos desgraciados, en los cuales existirán miseria,
esclavitud, humillaciones, luchas continuas y adversas, a fin de que en tan
laboriosas recapitulaciones expíen por la indiferencia o la maldad que dieran
pruebas en el pasado, dejando de favorecer a las clases oprimidas, el bienestar
general de la sociedad y de la nación en la que vivieran, prefiriendo a la
solidaridad fraterna, debida por los hombres unos a otros, el egoísmo cómodo y
pusilánime!. !El blanco, el de piel alba, celoso de la pureza de la raza que la
preconceptuosa conclusión del orgullo con la vanidad le hace suponer que sea
privilegiada por el favor divino, no concordará en rendir homenaje a una Ley
Universal y Divina capaz de imponerle, un día, la necesidad de renovar la
existencia carnal ocupando un envoltorio cuya piel será negra, o amarilla,
bronceada, mestiza, etc., etc., obligándolo a reconocer que el Espíritu, y no
su pasajero y circunstancial envoltorio físico material, es el que necesitará
clarearse y resplandecer, a través de las virtudes abnegadas y adquisiciones
mentales e intelectuales, cosas que podrá obtener en el seno de una o de otra
raza!. Y más: que negros, blancos, amarillos, etc., todos descienden del mismo
Principio de Luz, del mismo Foco Inmortal y Eterno, que es el Padre Supremo de
toda la Creación!.
!En tanto, mis
amigos, admitan o dejen de admitir a todos esos respetables ciudadanos
terrenos, aunque a ellos y también a vosotros os repugne el imperativo de esa
Ley magistral, lo cierto es que ella es irremediable e indestructible y que,
por eso mismo, todos los hombres mueren en un cuerpo para resurgir en la vida
espiritual y después volver a renacer en nuevos cuerpos humanos... hasta que
les sea concedido, por el progreso ya realizado, ingresar en planetas mas
dichosos - también reencarnados – y en cuyas sociedades iniciaran un nuevo
ciclo de progreso, en la escala ascensional de la larga y gloriosa preparación
para la Vida Eterna!. !Esto, sin embargo, llevará milenios y milenios!...
!Ningún hombre,
por tanto, como ningún Espíritu, podrá huir de las atracciones irresistibles de
esa Ley, le guste o no le guste, ya que es necesaria a toda la Creación, como
factor que es de su progreso, de su ascensión hacia lo Mejor, hasta lo
Perfecto!.
En la Viña del
Señor - el Universo Infinito - existen obreros indicados para el delicado
servicio de promoverla. En lo que concierne a la Tierra, se encuentran ellos
bajo el control del Unigénito de Dios, a quien está afecta la redención del
género humano. !Así como diariamente el hombre asiste al nacer del Sol y a su
ocaso en el horizonte; así como siente soplar los vientos y ve caer la lluvia,
crecer y frutecer las plantas, las flores reencender sus perfumes y los astros
rebrillar en el infinito de los espacios, sin evaluar la inmensidad y aspereza
del trabajo que todo eso significa, y aun menos la dedicación, los sacrificios
que tan sublime labor requiere de las legiones de siervos invisibles que, en el
mundo astral, están encargados de la conservación del planeta, según los altos
designios del Omnipotente Creador, también diariamente asiste a millares de
renacimientos de semejantes suyos, y de muchos otros seres vivos y organizados,
ignorando la emocionante, encantadora epopeya divina que contempla!. !Y tanto
se habituó el hombre a verse rodeado de las manifestaciones divinas, que se
volvió a ellas indiferente, no cogitando de la apreciación y del loor a sus
grandezas, considerándolas naturales, y hasta comunes, como realmente son!.
!Cómo, sin embargo, no es así, si él mismo está inmerso en el seno del Universo
Divino!, ¡¿Cómo descendiente del Divino Creador de Todas las Cosas?!..."
¡Oíamos con
mucho agrado, sin animarnos al menor desvío. Todo aquello era nuevo y muy
emocionante para nosotros. Nos sentíamos como disminuidos, vejados ante una
sociedad para la cual nos reconocíamos incapacitados. !Y nos admiraba que de
ella recibiésemos un trato tan gentil, amistosas atenciones, como en aquel
momento!
Fuimos llevados
hacia una de las espléndidas galerías donde se alineaban las bellísimas
estátuas-planos. Al frente de cada una, la mesa de trabajo del operador.
!Varios iniciados se encontraban allí, fieles al noble deber de servir a
hermanos con menos experiencia en la ciencia de la Vida, mas atrasados en la
peregrinación hacia Dios!. !Algunos examinaban detenidamente los detalles de la
configuración a su cuidado, otros estudiaban apuntes e instrucciones, mientras
todavía otros examinaban la fotografía de los despojos, esbozando mapas de
futuros envoltorios a ser encaminados para las pruebas, etc., etc. Y cada uno,
empleando en ese extraordinario ministerio lo máximo de la atención y de la
buena voluntad que eran capaces, nos hizo concebir el ideal del funcionalismo
perfecto, consciente del deber a cumplir!.
Nos aproximamos
a las estatuas. Eran el plano antiguo, anterior al suicidio. Sorprendidos,
observamos que estaban esos modelos singulares animados de movimientos y
vibraciones, tornándose, así, el tipo ideal a ser plasmado. Así era que, a
través de las arterias, veíamos deslizar, en toda la pujanza y precipitación
naturales al cuerpo humano, un filete de líquido rojo luminoso, indicando la
sangre con sus manifestaciones normales en un cuerpo material terreno. !Las
vísceras, tal como la sangre, estaban trazadas por substancias fluídicas
luminosas sutilísimas translúcidas, como si para obtenerlas tuviesen que
comprimir reflejos de la luz delicada de la luna... En cuanto a los cartílagos,
el encaje de los nervios, la carne, eran igualmente representados por organizaciones
delicadas, de cambiantes níveos, jade, roseos, respectivamente, por lo que la
pieza tenia una expresión de gran belleza!.
!El pequeño Universo del cuerpo humano, pues,
con todos sus detalles, se encontraba allí ideado con la maestría de verdaderos
artistas y verdaderos anatomistas!.
Había dependencias exclusivas para los modelos y para los casos femeninos.
!Jamas, en nuestras observaciones, vimos servicios mixtos, en ningún sector!.
Pasados algunos
minutos, oímos que Rosália decía, con singular emoción:
"-
¡Efectivamente, mis amigos!. !Es un mecanismo magnífico!.... !El hombre
terrestre debería considerarse honrado y dichoso, por obtener de la inexcedible
bondad del Creador la merced de poder hacer la propia evolución planetaria en
la posesión de un vehículo así!... En el Universo Infinito existen mundos
físicos donde el Espíritu que en ellos reencarna tiene que arrastrar ciclos de
progreso ocupando fardos materiales pesadísimos, los que, comparados a estos,
serian considerados monstruosos..."
Callamos,
chocados, sin animo para divergir, comenzando polémicas tan de nuestro agrado,
dada la ignorancia en que nos encontrábamos respecto al palpitante y arrojado
asunto... El noble instructor, sin embargo, intervino, dirigiéndose a nosotros,
risueño como siempre:
"- ¡Sí!.
!Es mas que un simple maquinismo, mis amigos!. !!Es el propio Universo en miniatura, donde suntuosos fenómenos en todo
momento se reproducen, pues, en efecto, su naturaleza participa de muchas
condiciones contenidas en la organización del propio Universo!. ¡Es un
templo!... Un santuario sonde será depositada la centella sagrada que emanó del
Todo-Poderoso, o sea, el Alma inmortal, para que en ella se embellezca y
perfeccione en la secuencia de los renacimientos...
¡Ved el
corazón!. Organo sensible y heroico, infatigable centinela, destinado a los mas
elevados servicios de una reencarnación, escriño donde el Espíritu localiza la
sede de los sentimientos que consigo carga desde la vida espiritual!...
!Examinad el cerebro, aparato prodigioso, joya solo imaginada por el Excelso
Artista, tesoro inapreciable que el hombre recibe al nacer, sobre en cual
actuará la mente espiritual, sirviéndose
de él para las nuevas adquisiciones de los trabajos realizados!. !Es
otro universo en miniatura, farol que dirige la misma vida humana, brújula
generosa en medio de las tinieblas del encarcelamiento físico-terrestre!
¡¿Y el aparato visual?!... !Que lleva al cerebro la impresión de las
imágenes, traduciéndolas en entendimiento, comprensión, certeza, hecho?!... ¿No
será, por ventura, digno similar de los primeros?... ¿Será en ese precioso
relicario de luz que se acumularan las potencias sublimes de la visión
espiritual, dosadas armoniosa y sensatamente, para el uso conveniente del
individuo durante el estadio carnal, facilitándole así las realizaciones que le
competan en el concierto de las sociedades humanas...
¡Observad, no
obstante, en estos joyeros auditivos, laberintos perfectos que presentan
indudables armonías con los antecedentes!. ¡Tan bien dotados, tan perfectamente
dispuestos que permitirán al encarcelado terrestre alcanzar las más delicadas
vibraciones, aquellas que le sean necesarias para el progreso y tareas que
deberá realizar, y hasta mismo, en muchos casos, la sutil expresión provenida
de un ansia, de un murmullo de los planos invisibles!...
¡Mas, no es solo
eso. Aquí está la organización gustativa, detentora del paladar. !Sutil,
oscura, modesta, tan preciosa cualidad del envoltorio carnal, no obstante,
absolutamente indispensable al genero humano, a este auxilia generosamente,
co-participando del trabajo de la alimentación, fiel colaborador de la
conservación del fardo precioso del cuerpo!. !Cuan grandiosa deberá,
igualmente, parecer la labor de la lengua al observador consciente, órgano que
traduce, además, el pensamiento de la criatura encarnada, a través de la magia
de la palabra enunciada!. ¡Oh! !Cómo el hombre seria respetable si de ese
aparato sublime lo usase apenas al servicio del Bien, de lo Bello, de la
Verdad!. Es de las complejas fibras de la lengua que se desprenden las
vibraciones emitidas por el pensamiento, haciendo posible el entendimiento
entre la Humanidad a través de la palabra. ¡Es gracias a su productiva labor
que se concretan los sones de las más bellas expresiones conocidas en la
Tierra, tales como las dulces promesas de amor, cuando el corazón entusiasmado,
ennoblecido por elevados proyectos sentimentales, se inflama de ardientes
deseos; las armonías arrebatadoras de vuestros más caros poemas, así como las
suaves nenias del amor materno junto a la cuna en la que adormece al querubín
risueño... y también el nombre sacratísimo del Todo-Poderoso, en los murmullos
férvidos de la oración!...
¡Ninguna pieza
inútil!. !Ninguna línea superflua, consagrada a la inactividad!. ¡Todas las
particularidades son esenciales, integrando un todo generoso; son
indispensables para su armonía magistral, se completan, se corresponden, se
atraen, se confraternizan, en una belleza majestuosa de actividades
subsecuentes y heroicas, dependiendo unas de otras para la sublimidad de vistas
del gracioso conjunto favorable al equilibrio del Espirito que en él
temporalmente habitará, cual lampara sagrada en un santuario eficaz!. . .
¡La Naturaleza,
mis amigos, que es la Voluntad de Dios manifestada bajo la presión soberana de
Su Divino Poder Magnético, tomó el cuerpo humano habitación suntuosa para el
Espíritu necesitado de la reencarnación para el aprendizaje que le cumple en el
ciclo terreno... pues quedad convencidos de que la finalidad de la
reencarnación es la preparación del ser espiritual para el triunfo en la
inmortalidad, y no apenas para los servicios de la expiación!. ¡Esta será la
consecuencia del desvío de la verdadera ruta, simplemente, y existe únicamente
por la responsabilidad del "yo" de cada uno!
¡El estado
definitivo de los fardos humanos para la temporal habitación de aquel que
proviene de un soplo divino, el modelo originado de la voluntad del Sublime
Artista, penosamente evolucionado a través de los siglos, es la belleza!. ¡La
existencia de desarmonías en el conjunto proviene de que los Espíritus que lo
modelaran a fin de habitar en él, sirviendo a su propio progreso o a causas
excelentes, así lo desearan, ya fuese por modestia y humildad, ya fuese por
comodidad o recelo de situaciones perturbadoras, pues la belleza física, muy
admirada sobre la Tierra, se torna, sin embargo, en una cualidad peligrosa en
sus sociedades, ante las tentaciones y excesos a los que se ve expuesta.
¡También muchas veces la rechazan, prefiriendo lo inverso o la mediocridad de
líneas discretas, aquellos que renacen expiando grandes errores pretéritos,
pues no ignoráis que el estado de fealdad, de anormalidad de trazos, que por no
ser lo natural, se torna repugnante, penoso para aquel que lo arrastra,
constituyendo una prueba!.
!Ved estos
modelos en tamaño natural!... Al reencarnar, sus poseedores recibirán cuerpos
carnales así, perfectos: hermosos, dotados de fuerzas vitales y magnéticas que
garantizarían excelentes funciones orgánicas, salud permanente, capacidad para
las competiciones diarias. !Nada les faltó a sus ocupantes sino la fuerza de
voluntad, el coraje de vencer!. !La ayuda que dependió de la Naturaleza, para
que venciesen, ella lo dio con el envoltorio carnal apropiado al genero de
labor a que eran llamados a desenvolver, cual armadura sólida de otros cruzados
que pleiteasen la victoria del Espíritu!. !A pesar, sin embargo, de todas las
reservas concedidas por el Cielo en su provecho, no solo fallaron, huyendo de
los deberes para que reencarnaran, como hasta destruyeron el precioso fardo
puesto en su poder, tan bien dotado, aniquilándolo con el suicidio!..."
No nos calaba
bien en la consciencia las exposiciones del ilustre técnico de Planeamiento.
Una amarga tristeza iba avasallando nuestras más íntimas facultades a cada
nuevo concepto proferido. No obstante, lo seguimos buenamente, ante la
renovación del convite para aproximarnos a las mesas donde inspirados
anatomistas trazaban los planos de futuros envoltorios a ser modelados en la
carne por el espíritu culpable, pronto a reencarnar.
“- En estas
bancas de trabajo - continuó, minucioso – mis auxiliares preparan mapas
corporales para suicidas portadores de debidos grandiosos, los que, antes del
fracaso, habían recibido aparatos materiales bien dotados en toda su admirable
organización.
Abusaran ellos
de la magnifica salud que tenían. ¡Salud! !Bien inapreciable que el hombre
desdeña, fingiendo ignorar que se trata de una ayuda divina que la solicitud
del Altísimo concede a las criaturas, con vistas de darles coraje para los
trabajos dignificantes que le facultaran los laureles del progreso espiritual!.
!Sin la mínima
demostración de respeto a la autoridad del Creador, estos desdichados hermanos
nuestros envenenaron los fardos preciosos con excesos de toda laya!.
!Lentamente, los depredaron con los abusos del alcohol!. !Los intoxicaron con
las inhalaciones del tabaco!. !Los envilecieron con los vicios sexuales!. !Los brutalizaron con los
excesos alimenticios, desviándose a la gula, lo que para aquellos conquistó
alteraciones en las funciones gástricas, infartando las glándulas hepáticas,
dañando lamentablemente, por exceso de trabajo, el delicado aparato digestivo,
que veis allá, en el modelo primitivo, retratado en aquellas estatuas que tanto
admirasteis!. !Otros, no satisfechos con ese grave desacato a sí mismos como al
Generoso Donante de la Vida, el cual, solo por sí mismo, respondería por un
autentico gesto de suicidio, incapaces de soportar las consecuencias de tanta
intemperancia, ya sea, un cáncer, muchas veces, la tuberculosis torturante, una
úlcera, la neurastenia, un desvío mental, alucinaciones producidas por el
pésimo estado del sistema nervioso, la hipocondría, enfermedades físicas,
mentales y morales que para si mismos crearon, usaron de una violencia
igualmente reprobable!...!Y coronaron el acervo de inconsecuencias destruyendo
completamente, matando brutalmente al fardo concedido por la bondad paternal de
Dios, empuñando contra sí mismos armas homicidas!
¡Aquí está, sin
embargo, el resultado del que se asustan!
¡No murieron,
porque el verdadero ser no era aquel santuario destruido, mas la individualidad
que en él habitaba!. Y ahora, arrepentidos, martirizados por el inalienable
dolor de los remordimientos y convencidos del error que practicaron, vuelven al
teatro de los desatinos cometidos, animando arcillas corporales ya no idénticas
a las destruidas por su espontanea voluntad, mas apropiadas al genero de
expiación que crearon con la consecuencia natural de las mismas
infracciones..."
A esa altura nos
sentíamos como fatigados de aflicción, profundamente melancólicos. !La fuerte
realidad que se irradiaba de aquellos planeamientos, el mismo ambiente, rodeado
por sugestiones inherentes a las reencarnaciones expiatorias, infiltraba un angustioso
malestar en nuestros corazones, acobardándonos hasta la ansiedad!. Mas el
estado de aprehensión y angustia era un acontecimiento tan vulgar en nuestro
ser que de nada nos quejamos, y lo silenciábamos, pensativos.
Nos convidó a
continuar oyéndolo, en reposo, ofreciéndonos confortables poltronas donde nos
sentamos. Enseguida, tomando lugar a nuestro lado, fraternalmente recomendó el
trabajador Hermano Clemente:
"- Os
habéis enterado por la Hermana Celestina de como se verifica vuestra
internación en este Departamento, para que me explaye en la misma exposición.
Diré apenas que seremos por vosotros responsables mientras dure vuestra
existencia planetaria, esa existencia anormal que creasteis fuera de la
programación estatuida por la Divina Providencia; asistiremos vuestros momentos
difíciles en el ardor de la expiación; enjugaremos vuestras lágrimas en los
momentos culminantes, insuflando nuevo animo en vuestros corazones a través de
sugestiones benéficas, que no regatearemos en vuestro favor; cuchichearemos
sugestiones mediadores para las aflicciones que os alcancen a través de vuestra
facultad de intuición, viva por la malicia del sufrimiento; celaremos por vuestra
salud, por vuestras condiciones físicas, necesarias para la permanencia en la
experiencia terrestre; vigilaremos para que no se agraven las pruebas por que
pasareis, dadas las condiciones egoístas en que se mantienen las sociedades en
que seréis llamados a testimoniar el arrepentimiento en que permanecéis, las
que os podrían dificultar demasiado la victoria, acumulando dolores excesivos
en vuestro trayecto, ya de sí mismo contaminado de brezos y espinos... Y
solamente concluiremos tan vasta cuan espinosa misión cuando, terminada vuestra
expiación reparadora del acto del suicidio, cortemos las conexiones fluídicas
que os ligaron al fardo vuelto naturalmente cadáver, y os reconduciremos hacia
aquí, encaminandoos al Departamento del cual os recibimos, y el cual, a su vez,
aguardará ordenes del Templo a fin de encaminaros a nuevos lugares que por
derecho y afinidades os convinieren...
Jamas -
repitamos - el retorno al campo físico-material se efectuará a contragusto
vuestro. Podrá dilatarse vuestra permanencia en esta Colonia por largo tiempo,
porque, contra vuestra voluntad, no reencarnareis. ¡Ni siquiera la Ley Soberana
os constreñirá a nuevas tentativas en las luchas terrenas porque, uno de sus
más sublimes dispositivos, que nos empuja a la adquisición de honrosos méritos,
es justamente el no imponer el cumplimiento del Deber a nadie, sino dar a todos
las posibilidades de observarla voluntariamente!. Lo máximo que haremos,
teniendo en vista el animaros para el buen desempeño, es aconsejaros, tratando
de convenceros de la importancia del renacimiento a través del razonamiento y
del examen de los hechos. Esas diligencias, en tanto, serán efectuadas durante
la pasantía den el Departamento al que ingresasteis y no en este, conforme
tuvisteis ocasión de ver durante las instrucciones que habéis tenido.
“¡Generalmente,
sin embargo, el suicida se ve en tan precarias condiciones, ya físico-astrales,
ya morales y mentales, que bien pocas veces nos obligamos al trabajo de
catequesis para la reencarnación!. El mismo la desea ansiosamente, se apresura
en obtenerla, la suplica realmente al Todo-Misericordioso, a través de
oraciones ardientes, no raramente en ocasión inoportuna, lo que nos fuerza a
contrariarlo, obligándolo a una espera que permitirá mayores probabilidades de
éxito..."
Se permitió
nuestro respetable expositor una pequeña pausa durante la cual atendió a
algunos discípulos, que lo consultaban acerca de los importantes servicios en
elaboración.
Los miramos con
mucho interés, durante los rápidos minutos en que confabulaba con los suyos. No
supimos lo de que trataban. ¡En compensación notamos que conservaba,
invariablemente, en su delicado semblante, una cautivadora sonrisa que bien
podría ser la característica de su ser eternamente afable!. El Hermano Clemente
era, muy joven y dotado de gran pureza de líneas. !Parecía el modelo ideal que
a los escultores de la Grecia antigua inspiró las obras-primas que nunca mas
los hombres produjeron!. Parecía no tener todavía las treinta primaveras, lo
que bastante nos suspendió, dada la elevada responsabilidad de la que lo
veíamos investido, pues, entonces, ignorábamos que el Espíritu es independiente
de la edad, pudiendo presentarse con el aspecto fisionómico que le fuera mas
grato al corazón como al recuerdo. Lo veíamos como si fuera realmente un
hombre, noblemente vestido con el uniforme de la falange. Mas algo se irradiaba
de su personalidad, indefinible para nosotros, atestando su excelente calidad
espiritual, no obstante el caritativo favor de materializarse tanto, a fin de
consolarnos y servirnos.
Retornando a
nuestro grupo, continuó, paciente y grave:
"- De toda
la extensa falange de penitentes que por estos umbrales han pasado, exceptúo de
ejemplos en aprecio a los internos del Manicomio. !Excesivamente perjudicados,
bajo una presión vibratoria limitadísima, reencarnaran bajo los imperativos de la
Ley, mas igualmente asistidos por la Paternal Solicitud de aquel que es el Amor
Supremo para todas las criaturas!. !No estando en situación de facilitar
auxilio en provecho propio, sus lagunas serán llenadas por su Guardián Mayor y
demás guías dedicados, los que pasaran a dirigir directamente todo lo que más
convenga al pobre tutelado, incapacitado para el ejercicio del raciocinio, del
libre-albadrío!..."
Nos ofreció para
examinar ciertos mapas que balanceaba entre sus manos, tomados a uno de sus
discípulos. Eran esbozos para el futuro, miniaturas encomendadas para la
encarnación próxima, mientras que las estatuas en tamaño natural eran lo que,
en verdad, deberían estar en actividad, porque representaban la configuración
carnal aniquilada por el suicidio. !Tomando las miniaturas, vimos que no se
encontraban en ellas, diseñados ni siquiera, los remedos de aquellas, y sí
figuras escuálidas, torturadas por síntomas impresionantes de profunda amargura
interior, caricaturas marcadas por indicios de enfermedades atroces, tales como
la parálisis, la ceguera, la demencia, etc. - que tanto afligen a las criaturas
en todas las clases sociales terrenas!
Nos hizo caminar
con él hasta uno de los clásicos modelos que se veían a lo largo de la hermosa
galería de las estatuas y explicó, no sin dejar entrever un expresivo acento de
tristeza, mientras, asombrados, leíamos sobre la placa del pedestal esta curiosa
inscripción:
"Vicente de Siqueira Fortes.(20)
Reencarnado el l0 de Octubre de 1.86S.
Debería retornar al hogar Espiritual a los setenta y
cuatro años de edad, o sea, en el año 1.942.
Se suicidó en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil, en el año
1.897, tirándose bajo un tren, contando veintinueve años."
(2O) Nombre
ficticio. Cualquier semejanza será mera coincidencia.
"- ¿Veis
esta miniatura? - continuó Clemente, destacando una de las que examinábamos. -
¡Pues, así alterada, reproduce el estado mental y vibratorio al que se redujo
Vicente con el desesperado gesto que practicó!. ¡Fue sacada del mismo estado
actual de su físico-astral, lo que es lo mismo que decir que, si así se
encuentra, es porque así se hizo, pues la Ley que crea la Belleza no impone
este estado dramático y feo a sus criaturas! !Ahora, el pobre Vicente, como
tantos otros que entre nosotros están, es obligado a retomar el cuerpo carnal, nacer
de nuevo a fin de completar el tiempo que le faltaba para el compromiso de la
existencia que destruyó!. !Urge, por demás, que reencarne, con apenas
nueve años de estadía en lo Invisible, porque, tan grave fue el choque
convulsionado en su organización astral por la infernal resolución de matar su
organización animal que, a fin de lograr la comprensión que le permita un
progreso razonable, será precisa su permanencia en la carne, única terapéutica,
como ya sabéis, bastante eficaz para reconducirlo al estado de alivio!. ¡Mas
volverá plasmando el barro carnal bajo un molde perispiritual que un este
momento arrastra, lo que significa decir que renacerá enfermo, presa de males
atrocísimos, irremediables en el plano objetivo, indefinibles fuera de las
leyes psíquicas; abatido por vibraciones anormales, que lo incapacitaran para
que disfrute de buena salud, aunque herede de sus genitores una composición
animal vigorosa, así como de cualquier expresión de paz y de alegría!. !Y tal
aquella composición, de padres sifilíticos, por ejemplo, anémicos, alcohólicos,
etc., etc., será posiblemente paralítico, o débil mental, o aun tuberculoso,
etc., etc. !"
"- ¿No
podría el desgraciado demorarse todavía en el Manicomio hasta que, de cualquier
forma, se minorase tan lamentable estado de cosas, a fin de no exponerse a
situaciones tan dramáticas y dolorosas, en el plano de la reencarnación?"
- inquirí, desolado.”
"- ¡Oh,
no!. "Absolutamente no convendría a sus intereses espirituales semejante
demora! – tornó el erudito jefe del Planeamiento. - ¡Seria demasiado largo y
doloroso tal proceso! ¡El no tiene ni podrá adquirir percepciones para la vida
espiritual mientras se encuentre en este estado! !Debe rehacerse al contacto de
las fuerzas vitales que, con el suicidio, se dispersaron indebidamente por su
físico-astral, con el cual concertaban poderosas afinidades
químico-magnético-psíquicas, dando como resultado este tenebroso efecto, esta
incalificable intoxicación perispirítica y mental, no prevista por la ley, más
realizable por aquel que se disoció de las leyes mentales y morales que se
inclinan hacia la verdadera idea de Dios!..."
"- !Mas...
mi ilustre Hermano!... !Semejante estado de cosas evidenciará el elevado padrón
de la Justicia Celeste, en la cual tanta esperanza depositábamos?...
¿considerando lo que hace poco afirmasteis, o sea, que el Supremo Amor del
Padre Altísimo acompañaría a estos desgraciados en sus renacimientos
expiatorios?... ¿Que digo yo?... ¿nos acompañaría a mí, a Belarmino, a Mário, a
João, pues también estamos encadenados a esta falange infortunada?... ¿Existirá
misericordia al consentir la Providencia este montón de desgracias con lo -
infelices que somos? - !Si nos perdimos en los breñales del suicidio, fue
porque múltiples desventuras nos desgraciaban la existencia!... " –
pregunté yo mismo, poseído de superlativa angustia.
El Hermano
Clemente sonrió con bondad, no llevando mis protestas en consideración.
Respondió simplemente, con naturalidad desconcertante para nosotros:
"-
¿Olvidaste, mi amigo, de que todo el Universo está sometido a leyes Inmutables
y Armoniosas, las que debemos tratar de conocer y respetar, mientras nos
honramos con su sublime observación?. ¿Por que tanto se descuidan los hombres
encarnados respecto del deber de estudiarse a sí mismos a fin de conocerse
mejor, procurando respetarse, dándose a sí mismos el valor que merecen como
creación divina que son?... El que juzgamos ahora apenas se trata de una
inobservancia de las mencionadas Leyes... ¡Es un simple efecto lógico de una
desarmonía, nada mas!... Es lo que es, lo que los hombres inventaron para
torturarse, en desacuerdo con lo que para su felicidad el Creador estableció
con Sus Leyes Armoniosas, Inmutables y Perfectas... ¿Además, no es para aliviar
al suicida, justamente, desligándolo de ese estado de cosas, insostenible para
un Espíritu, que la ley lo impele a la reencarnación?... ¡¿Que juzgareis,
entonces, que haríamos a Vicente o a cualquiera de vosotros, bajo los planes
amorosos del Médico Celeste y los consejos maternales de Su Madre, por quien
somos orientados.?!... ¡La reencarnación para Vicente - tal como él está, y tal
como será ella – es el medicamento apropiado para el caso!. ¡Reencarnado,
continuará albergado en nuestro Instituto!. ¡Estará, de la misma forma,
hospitalizado en el Manicomio, tal como está en este momento! ¡Asistido por los
médicos y psiquistas de aquel establecimiento, a mas de la vigilancia ejercida
por la dirección del Departamento Hospitalario, del Departamento de Reencarnación,
de la Dirección-general del Templo, así como por los asistentes misioneros
nombrados por lo Alto!. ¡Esta reencarnación, que os parece horrorizar, será
como una delicada intervención quirúrgica, medida drástica, prevista por la
Gran Ley para la reacción de lo Mejor sobre lo inferior, mas que proporcionará
alivio y cura, reerguimiento de las fuerzas vibratorias, desentorpecimiento de
las facultades contundidas por el traumatismo atroz!."
¡¿Si, hay amor y
misericordia en permitir la Ley el retorno a la arena carnal en la condición
actual?!... ¡Oh! ¿Cómo osáis concebir mayor suma de tolerancia, de amparo, de
misericordia que esa, de conceder el Altísimo nuevas oportunidades al gran
pecador - llamado suicida - reerguirse del báratro en que se despeñó, mas
reerguirse honrosamente, bajo la tutela del Dulce Nazareno, y a costa de sus
propios esfuerzos, de la nobleza edificante del Deber fielmente cumplido?...
¡¿Por ventura estará él destituido de los derechos de criatura de Dios, de
Espíritu en marcha evolutiva hacia la gloria de la Vida Inmortal?!... ¿No le
están siendo, al contrario, dadas oportunidades preciosas, con la
reencarnación?... ¿No estará, por ventura, amparado, hoy como mañana, por los
cuidados de Jesús el Nazareno, paternalmente asistido por sus obreros, por
legionarios de María, que lo ayudarán en la caminata áspera de ese calvario
forjado por el acto insano que practicó en rebelión contra la Ley de Dios?...
Espíritus que sobrevuelan en las esferas celestes, como el mismo Divino Médico
de las Almas, ¿no están, por ventura, preocupados con él, solicitando al
Soberano Omnipotente nuevas oportunidades para que se reconstruya al calor de
actos justos y meritorios, saliendo de la humillante situación en la que yace
en este momento, dentro del menor plazo posible?...
Si él sufre, ¿de
quien fue la responsabilidad?... ¿No es, además, el sufrimiento, una lección
magnificente, que acumula sabiduría a través de la experiencia?...
¡¿Quién, en la
Tierra, ignora que el suicidio es una infracción que no se debe cometer por ser
contraria a la Naturaleza y a la Ley y al Amor de Dios?!...
¡En la Tierra,
las religiones, la razón, el sentimiento, el sentido común, la honra, todo lo
reprueba y condena!...
¡Ahí está
porque: el pensamiento, la intuición que el buen sentido tiene de la deplorable
situación a que se reduce el alma de un suicida!...
¡A Vicente, como
veis, la Ley le otorgara el sagrado derecho de existir sobre la Tierra animando
un envoltorio físico-material perfecto, como este modelo que aquí está, en este
pedestal!
¿Que hizo él de
ese cuerpo, sin embargo?...
¡Lo rechazó!.
¡Lo humilló!. ¡Lo lanzó brutalmente a la destrucción!... ¡Tan irrespetuosamente
como si se lo tirase de vuelta a la cara del mismo Dios!
¡El insulto a la Ley, todavía, muy caro le
costará!
¡Expiará las
consecuencias naturales del acto, reparará los desastres ocasionados a sí
mismo, como a otros, si alguien, a mas de él, fue perjudicado; se amargará
entre sacrificios y lágrimas, herencia lógica del desatino practicado, hasta
que consiga fuerzas vibratorias suficientes para obtener de la Providencia la
concesión de otro préstamo corporal equivalente al destruido, otro templo,
perfecto y sano, a fin de recomendar el camino normal de la evolución,
interrumpido por la caída en los desvíos del suicidio!
Él sufre, es
cierto. Mas.., ¿Quién lo hizo sufrir?... ¿Por que sufre?. . .
¿Dónde está el
mayor responsable por sus sufrimientos?..."
Contrahecho y
triste, bajé la cabeza, prefiriendo callar.
CAPITULO VII
LOS PRIMEROS ENSAYOS
"De cierto os digo que en
cuanto
no lo
hicisteis a uno de estos mas
pequeños, tampoco por mí lo hicisteis."
JESUS-Mateo, 25:45.(21)
Dos días pasaron después de los acontecimientos hace poco narrados, durante
los cuales nos entregamos a serias ponderaciones sobre cuanto viéramos y
aprendiéramos en las visitas a los Departamentos del Hospital.
Comprendimos las
lecciones.
¡Ninguna ilusión
más seria posible tener después de concluido el estudio de aquella Biblia
cristalina y sabia que representaba cada una de las secciones visitadas!
¡Estábamos
angustiados!. !Y en el recinto plúmbeo del Pabellón Hindú, rodeados de
nostalgia y soledad, vimos las lágrimas bañar el rostro de unos y otros!
En la mañana del
tercer día fue todavía Roberto de Canalejas quien contribuyó para arredrar
nuestro estado de depresión hacia el cual resbalábamos, convidándonos a pasear
por el parque en su compañía.
Sirviéndose de
la encantadora afabilidad que en él era característica, discreto y simple, nos
advirtió mientras caminábamos:
"- ¡El
desánimo es siempre mal consejero, cuyas sugestiones debemos fustigar con todas
nuestras mejores fuerzas! Reaccionad, mis amigos, volviendo vuestra voluntad
hacia la Fuerza Suprema, de donde emanan las energías que alimentan el
Universo... y luego sentiréis que inclinaciones regeneradoras reerguirán
vuestras capacidades para proseguir la jornada...
¡Cuándo os
sintáis pusilánimes y tristes ante lo inevitable, trabajad!. ¡Buscad en la
oportunidad, en la acción enoblecedora y honesta la restauración de las
facultades en crisis!. Nunca seremos tan insignificantes y destituidos de
posibilidades, ya sea en la Tierra como hombres o en lo Invisible como
Espíritus desagregados de la carne, que no nos permitamos servir a nuestro
prójimo, cooperando para su alivio y bienestar. En vez de aprisionaros en este
Pabellón, dando largueza de expansión a pensamientos crucificantes e
improductivos, que os agravan los sufrimientos, venid conmigo, a visitar a
vuestros hermanos que sufren mas que vosotros y están hospitalizados todavía,
ergastulados en el drama de las tinieblas que sobre vosotros también ya se
extendió... Volvamos al Hospital a fin de rever a los amigos, a los colegas, a
los enfermeros que bondadosamente celaran por vosotros, consolando vuestros
corazones esmorecidos por el dolor, a los médicos que os ayudaran a expulsar de
la mente las impresiónes contumaces que os amortecían el coraje..."
¡Concordamos.
Acompañados por él todo el día, visitamos a nuevos enfermos, dirigimos frases
solidarias a pobres recién llegados del Valle Siniestro, abrazamos a Joel y
demás dedicados amigos que por nosotros se desvelaran por días y noches de
angustiosa memoria, presentamos respetos y homenajes a los eminentes psiquistas
que tantas veces se acercaran a nuestros lechos llevándonos caritativos
refrigerios en las reconstituyentes energías de sus virtudes hialinas!... ¡Y
por todo eso un suave animo rozó nuestras aprehensiones, enseñándonos a buscar
treguas para los propios dolores, aliviando los dolores ajenos, calentándonos
junto a corazones virtuosos capaces de comprendernos!.
A la tarde, ya
de regreso al albergue, un emisario de Teocrito nos comunicara que, al día
siguiente, deberíamos ir a la Sede de la Vigilancia, reuniéndonos a la gran
caravana que iría a la Tierra.
Teócrito no formaría parte de los que irían en esa caravana. Sin embargo,
su autoridad se hizo representar en las personas de sus dignos discípulos Romeu
y Alceste, los que celarían por nuestros intereses y necesidades mientras nos
encontrásemos en libertad, no obstante deberían hacerlo disimuladamente, a fin
de no privarnos del mérito y de la responsabilidad. Carlos y Roberto de
Canalejas, mientras, Ramiro y Olivier de Guzman, el Padre Anselmo y otros
amigos a quienes nos habituáramos a querer, integraban el numeroso cortejo,
incumbidos, por ordenes superiores, de las instrucciones que se tornasen
precisas, en caso de que nuestro procedimiento durante la libertad tuviesen la
necesidad de más grandes emprendimientos.
...!!Y cuando
los primeros paisajes del terruño natal se diseñaron indecisamente, entre las
emanaciones pesadas de la atmósfera, el llanto me salió de lo mas intimo del
ser, en una sacrosanta aspiración de añoranzas, respeto y alegría!
¡Hacía dieciséis
años que el fardo carnal, recibido por mí de la Madre Naturaleza para, a través
de su inestimable ayuda, habilitarme para el radioso reinado de la
inmortalidad, cayera en convulsiones siniestras, triturado en las garras
tétricas del suicidio!
¡Dieciséis años
de prisión, de lágrimas, de dolores crucificantes e inenarrables en su
verdadera expresión!
¡Aturdido, ya
desambientado de mi propia tierra natal, me asaltó un irreprimible recelo de
recorrer solo las tan conocidas y añoradas calles de Lisboa, de Porto, de
Coimbra, que yo tanto amara!. Me sentí constreñido y triste, viéndome en
posesión de la libertad. Nuestros amigos se retiraron de nuestra visión,
refugiándose en la invisibilidad inalcanzable a nuestras capacidades, y nos
dejaron entregados a nosotros mismos, no obstante, de no habernos abandonado
del todo. ¡Profundas modificaciones, por cierto, el largo estadio de
sufrimientos en lo Invisible había conseguido cambiar de mi interior, porque me
reconocí tímido y asustado cara a cara, otra vez, con aquella sociedad a quien
yo amara y despreciara al mismo tiempo; que yo fustigara en ira incontenida al
descubrirle los defectos morales, para después otra vez exaltarla en conmovidas
páginas salidas del corazón, herido siempre por bien dramáticas razones!.
Recordé de que adversas etapas constituyeran mi existencia a la que la
desesperación acabó por destruir, la cual, si no primó por las virtudes, que no
demostré tener, al menos se impuso por el padrón del infortunio que la
arrastró!
!Despertada la
subconsciencia, tan cariñosamente serenada y adormecida por la terapéutica del
Instituto María de Nazaret, ante el retorno al teatro del pretérito, el drama
que viví se desarrolló en mi recuerdo con el mismo acre sabor de antaño,
agitándome las entrañas anímicas con el agror y las tribulaciones otrora
soportadas!. !Recordé a los que amé, a los que me amaran, o, por lo menos, a
los que tenían el deber de amarme, y tuve miedo de buscarlos!
¡Las
desilusiones sufridas por Jerônimo Silveira estaban todavía muy vivas en mis
recuerdos para que imprudentemente me arrojase a provocármelas, visitando, sin
mucho ponderar, el viejo hogar, los amigos, la parentela de quien yo apenas
tuviera huidizas noticias, por jamas de ella recibir demostraciones de añoranza
a través de buenos votos que me dirigiesen, en el fervor de una oración!
!Me valí,
entonces del afecto de Belarmino, a quien yo conociera en los días de
desgracia, suplicándole que no me abandonase, y que mejor marchásemos juntos,
en las idas y venidas que pretendiésemos..., pues Mário allá se fuera en busca
de noticias de su esposa y de sus hijos, de los cuales jamas supiera en lo
Invisible, hasta ese momento!.
El antiguo
profesor de lenguas se dejara rodear por idénticas impresiones. Se conservaba
mudo y firme, mientras yo daba elasticidad al pensamiento, exteriorizándolo por
cualquier motivo.
!Volví con él al
antiguo solar que lo viera nacer y vegetar, donde disfrutara de la convivencia
amorosa de la familia, que tanto lo preciara, y por cuyas salas alfombradas la
figura de su inconsolable madre parecía todavía moverse alucinadamente, desde el
momento en que lo viera extinguiéndose, con los pulsos seccionados!. !Ya no
pertenecía a los de Queiroz e Sousa la quinta hermosa, ni allá se encontraba a
amorosa viejita que él, ahora, los remordimientos exudando de los archivos del
alma, buscaba con aflicción, inconsolable por no lograr jamas noticias de ella,
cuando todo su ser vibraba en ansias de añoranza!... Vi al antiguo profesor de
Dialéctica llorar ante chimenea, de rodillas en el local justo donde otrora se
conservaba el sillón de la vieja señora, rogando su perdón por el disgusto
atroz infligido a su tierno corazón de madre; suplicando, entre aflictivo y
conmovedor llanto, su añorada presencia, aunque fuera por algunos instantes, a
fin de que se amenizase en su pecho el dolor feroz de la añoranza que le
destrozaba el alma!.
¡Cual peregrino
desolado la buscó por todas partes donde supuso probable encontrarla. La
amorosa viejita, sin embargo, para quien la vida, la alegría y la felicidad se
resumían en él, no era encontrada en ningún lugar!. Hasta que una idea
desconcertante le indicó la ultima posibilidad: se dirigió al panteón de la
familia, donde reposaban las cenizas de sus antepasados. Su madre por cierto
también allá estaría...
¡En efecto!. El
nombre adorado allá se encontraba, gravado en la piedra tumular, al lado de su
propio nombre...
Belarmino se
arrodilló entonces, a la vera de su propio túmulo, y oró por su madre, deshecho
en lágrimas.
Atardecía
cuando, silenciosos, bajamos la cuesta alfombrada del Campo Santo. Traté, en la
medida de mis posibilidades, levantar el animo de mi amigo querido; y, mientras
vagábamos por las calles, observé, esforzándome por parecer confiado y
consolador:
"- ¡Será
fácil deducir el destino de tu venerada madre, oh mi amigo!. ¡No estará, con
certeza, enclaustrada en aquella jaula de mármol y podredumbre, pulverizándose
con los últimos elementos materiales que allí se encierran... ya que ni tu allá
te encuentras!... El sentido común nos indicará que, siendo nosotros dos seres
portadores de personalidad eterna, también ella lo será...y que, como nosotros,
se encontrará en el lugar apropiado a su existencia extracorporal, mas nunca en
el pozo tumulario..."
"- ¡Sí!...
Yo ya lo había pensado, Camilo... Sin embargo, ¿donde estará ella?... ¿En que
lugar del Infinito Invisible?... ¿Y por que será que nunca mas, nunca mas,
siendo yo inmortal, pude encontrar a mi madre querida?...¿Por que no la entreví
jamas, reflejada en los grandiosos aparatos de nuestra enfermería, en visita
telepática?... ¿La veré por ventura algún día?..."
"- Perdón,
Belarmino... ¿Me pareció oírte decir que también tu respetable señora madre
compartía las creencias materialistas que profesaste?...
¿Cómo querrías,
entonces, que viviese orando por ti, haciéndose reflejar en la sensibilidad de
un medidor de vibraciones espiritualizadas, para servirme de las explicaciones
de nuestros caros amigos de la Colonia?... Indaguemos antes sobre su paradero
al Dr., de Canalejas o a nuestro Roberto... ¡En cuanto a mi no antepongo dudas
a la posibilidad de que tú la volverás a ver!. Si todo cuanto nos ha rodeado,
desde que entramos en el Mas Allá, se impone por la precisión de la lógica, la
misma lógica te conducirá a rever a tu madre, tarde o temprano..."
"- Si,
preguntemos todavía otra vez a los doctores de Canalejas... ¡¿Cuantas veces ya
lo hice, esquivándose ambos a respuestas decisivas.?! ?!... Mas... ¿donde los
encontraremos ahora?... ¡No dejaron direcciones!... "
"-
¡Esperemos, entonces, hasta encontrarlos... Seamos pacientes... ¡Amigo de Queiroz e Sousa!. ¡En dieciséis años de desgracias sorprendentes, creo
que aprendí rudimentos de la sublime virtud denominada Paciencia!...."
"- Sin
embargo, Camilo amigo, prefería no haber vuelto a Portugal... Me siento
intranquilo y triste..."
No obstante,
sentíamos fatiga y queríamos descansar.
¡¿Dónde, sin
embargo, encontrar abrigo?!...
El decoro, el
respeto al domicilio ajeno nos inhibía de buscar hospedaje en casas extrañas...
En cuanto a los viejos amigos, no pudiéndonos ver, se tornaban aun más
respetables para nosotros, por no desear participar de su intimidad como
intrusos o indiscretos.
Habituados a la disciplina sólida del Instituto, presionados por la
añoranza de un suave abrigo que continuábamos transitando por las calles de la
ciudad. Una irreprimible tristeza nos nublaba el corazón, mientras el
crepúsculo derramaba nostalgias alrededor, agrandando las sombras y las
impresiones que nos chocaban.
Belarmino
sugirió que nos hospedáramos en una iglesia, cuya nave, repleta de fieles,
convidaba francamente a la intrusión. Rechacé, en tanto, la sugestión, fiel a
mi antigua incompatibilidad con los representantes del clero. Numerosos lugares
fueron, en consecuencia, recordados, mas al indicarlos eran inmediatamente
rechazados...
De súbito, como
si la fraternal solicitud de Teócrito nos viese a través de los espejos
magnéticos, acompañando nuestros pasos como lo hiciera a Jerônimo, una idea
salvadora me iluminó la mente y grité, jubiloso:
¡Fernando!...
¡Sí, Fernando de
Lacerda! !El protector inolvidable, cuyos caritativos pensamientos de amor y de
paz, diluidos en centellas de oraciones, tantas veces me visitara en el
desconsuelo asustador del tugurio de tinieblas, donde mi alma expiaba la osadía
de haberse antecedido a la determinación de la Justa Ley!.
¡Sí, Fernando!
!El corazón buenísimo, que continuaba, incansable y piadoso como él solo, a
cautivarme con sus constantes visitas mentales, sus abrazos amorosos
convertidos en radiaciones benéficas de nuevas oraciones para nuevas conquistas
de días mejores para mi destino!...
No ignorábamos
el domicilio del viejo amigo. Tampoco la repartición donde ejercía su honesta
labor. Tampoco el lugar donde se reunía preferentemente, para experimentos
científicos y culturales, la que, al lado de atentos compañeros, dedicaba sus
mejores esfuerzos, por haberlo ya visitado la primera vez que lográramos bajar
a la Tierra. A su domicilio, pues, nos dirigimos, abrigándonos allí, discretos
y humildes, ocupando un cuarto encima del tejado, "a dos aguas" que
parecía apropiado por lo Invisible para huéspedes de nuestra categoría.
Algunos días de
permanencia al lado de Fernando y sus amigos fueron suficientes para
readaptarme a los acontecimientos terrenos, reambientandome en la vida social.
No fue, todavía, sin sensibles constreñimientos que lo hice, sinceramente
añorando la convivencia serena y leal de la sociedad invisible a la que ya me
habituara.
Largamente
confidencié con el precioso médium tan estimado en nuestro Instituto. En el
dulce abrigo ofrecido por las "dos aguas" reuní ideas y resolví
realizar un programa, con vistas a la realización de las recomendaciones de
Teócrito. Debería, antes de todo, volver a esclarecer a mis antiguos amigos,
colegas, editores, y hasta a los adversarios, que el suicidio no lograra
cortarme la vida, tampoco la inteligencia y la acción. Escribí, entonces,
hablando al cerebro de Fernando, en coloquios amistosos que mucho me
confortaban, y sirviéndome de su mano como de un guante que calzase a mi propia
mano, largas cartas a amigos de otrora, que la muerte no me hiciera olvidar;
noticias sinceras y verídicas de mis impresiones, procurando identificarme en
el estilo literario que me conocían. ¡No contenía ya, sin embargo, vanidades mi
gesto!. Pretendía antes preparar el ambiente para más amplios reportajes
futuros. !Mi intento era avisarles, antes de nada, de que yo continuaba vivo,
bien vivo y pensante, no obstante la tragedia inconcebible que el túmulo
ocultara a los débiles ojos humanos!. ¡Mi deseo era revelarme a aquella misma
sociedad que me conociera, alegrarla con la noticia de que, como yo, también
ella era inmortal; prevenirla, en fin, conscientemente, de los peligros
existentes tras las sombrías celadas forjadas por el monstruo - ¡Suicidio!
Mas... a pesar
de la buena voluntad de la que me sentía poseído, de la dedicación del generoso
amigo - que me prestaba su inestimable ayuda, pasé por la decepción y la
vergüenza de ser rechazado por la mayoría de aquellos mismos a quienes deseaba
servir revelándome una individualidad pensante, una inteligencia viva,
independiente y normal, no obstante la invisibilidad del estado en que estaba.
Sin desearlo, grandes disgustos atraje para el pobre Fernando, a quien antes yo
quisiera, respetara y honrara en virtud del magnífico don que traía, tal el de
transmitir fácilmente el pensamiento de las almas difuntas: !Y fue él el blanco
de críticas demasiado ardientes e injustas, insultos ingratos, burlas
abusivas!.
Me decepcioné,
contrariado. ¡No le era posible a mi buena voluntad defender al noble amigo,
visto que no me querían oír. De nada valían tantas y tan interesantes noticias
que traía yo de mis bandas nevadas del Mas Allá a fin de sorprender a antiguos
competidores en la literatura; tantos y tan impresionantes dramas y narraciones
con que enriquecer a otros editores que necesariamente me reconocerían a través
del lenguaje que les fuera habitual!. ¡Me veía forzado a callar, porque bien
pocos eran los que me aceptaban de vuelta!
En tanto, la
convivencia con Fernando me compensaba de las derrotas en los otros sectores,
muy elevado me sentí gracias a las palestras que comúnmente con él entablaba,
reservándole yo mi mayor afecto, un tono siempre creciente de gratitud por la
simpatía que a mí, como a mis amigos, infatigablemente demostraba.
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Una tarde de
sol, un mes después de nuestra llegada a Portugal, cuando los perfumes amenos
de los matacanes se mezclaban al sugestivo olor de los pomares hartos,
esparciendo vida y encanto por la atmósfera serena, volví, solo y pensativo, en
un gesto abusivo y temerario, a la Quinta de S...
!Recuerdos
dolorosos se erguían como duendes obsesores a cada paso por el sendero
alfombrado y tibio... y el Pasado se imponía poco a poco, sacudiendo de mis
recuerdos las cenizas del olvido, que los dulces favores celestes habían
esparcido sobre mis dolores, así avivándolos para nuevamente crucificarme el
corazón!.
Me pareció
desguarnecido el viejo caserón. Uno a uno los solitarios compartimentos fueron
por mí visitados bajo el ácido mental de recalcitrantes ansiedades. ¡Sombras de
odiosas amarguras incidían sobre mi raciocinio, compeliéndolo hacia atrás a
cada resurgimiento de los recuerdos que establecían una extraña retrospección
de la vida que tan fértil me fuera en episodios adversos, decepcionantes!. ¡Un
panorama autentico de lo que había sido mi vivir, con luchas y
responsabilidades inmanentes a cada día, desenvolviese milagrosamente en mi
consciencia superexcitada por el fenómeno de la introspección voluntaria,
obligándome a la sumisión de sentir otra vez, sufrir y revivir íntegramente lo
que en el pasado me pungiera, lastimándome el alma!. ¡Y sudores de agonía
exudaban de las sutilezas de mi ser astral, denunciando a la consciencia la
completa ausencia de méritos para que, en aquel instante delicado, me
galardonasen con honrosos beneplácitos!. ¡Se diría que los episodios evocados
por las emociones impregnadas en el ambiente en que otrora viví, pensé, actué e
impregné de fuerzas mentales deletéreas se agigantaban ante mi
hipersensibilidad momentánea, transmutándose en fantasmas tiránicos que me
deprimían, cuando me dejaban de acusar!
La insoportable
convivencia con la intimidad doméstica, que las vetustas paredes testimoniaron;
las desarmonías e incompatibilidades constantes, que me volvían la vida un
océano conflagrado; el peso lúgubre de pensamientos viciados por la
insatisfacción enfermiza, que la tara neurasténica arrastró a la completa
desorganización nerviosa; la desolación de las tinieblas que se confirmaban,
tapándome la luz de los ojos, que se cegaron; la larga premeditación para el
desenlace siniestro; la desesperación suprema; la caída final hacia el abismo,
todo se erguió asombrosamente, de las entrañas de mi "yo", bajo las
sugestiones pesadas del ambiente condenado que presenció los últimos días de mi
existencia de hombre!. !Y - la grandiosa facultad, que tanto premia como pune
la consciencia, tales sean las acciones desempeñadas que se hayan fotografiado
en sus susceptibilidades! - !Reví, sintiendo sus efectos, hasta realmente las
ultimas escenas, o sea, los estertores macabros de la muerte aniquilando, antes
del justo plazo, a aquel fardo que me fuera confiado por la solicitud divina
como sagrado deposito, para la recuperación honrosa de un pasado ominoso,
cargado de oprobios!.
!Desorientado,
subyugado por una crisis conmovedora, perdí la memoria del presente, embreñado
como estaba por los espineros del pretérito, como absorbido por una infernal
demencia retrospectiva, y entré a gritar, como réprobo que fuera en las
convulsiones siniestras de antaño, a ulular y gemir, a blasfemar y llorar con
el llanto satánico de aquel para quien se extinguieran la esperanza de
consuelo, la tregua para reposar y reflexionar!... !Y quien, por ventura, allí
todavía residiese, o por los alrededores pasase entonces, y pudiese dilatar los
dones psíquicos, percibiendo la tragedia por mí rememorada, afirmaría que
dieciséis años después de mi muerte allí me presintiera todavía, entre gemidos
y aturdimientos de incontenidos dolores!.
¡Cuando volví en
mi, rehecho del colapso maldito, Romeu y Alceste, tiernos y solícitos, ungían
mi frente con los refrigerantes efluvios de sus peregrinas potencias
magnéticas, las que me tonificaban el alma como neblina caritativa sobre la
planta reseca y débil!
¡En el Cielo la
luna revelaba que muchas horas yo así pasara, alucinado dentro del círculo
ígneo del Pasado, pues era ya de noche, las estrellas lejanas titilaban,
hermoseando el firmamento!
Me vi de reposo
bajo el frescor de la arboleda perfumada, y los viejos ramajes del viñedo
próximo me dijeran que me encontraba aun en la Quinta. Un inaudito disgusto me
pungía el corazón, mientras las lágrimas caían suavizando la opresión que me
sofocaba el pecho.
¡Rogué a los
eminentes Guías que, por una merced especial, me recondujecen al Pabellón
Hindú, donde me consideraría seguro, cubierto de cualquier celada de la mente
chocada por las pasadas burradas. Portugal con sus recuerdos amargos, Lisboa,
el viejo Porto - la Tierra en fin - todo ennegrecía mi Espíritu,
predisponiéndolo a la extracción de sombras y sufrimientos que yo deseaba,
precisaba olvidar!. ¡Mas no fui atendido, para beneficio de mi propia
rehabilitación moral, aseverándome los nobles mentores que algo yo debería
realizar en aquellos mismos ambientes, como testimonio de las capacidades de
renuncia y desprendimiento adquiridas para incursiones nuevas en los planos
espirituales, los que ni yo ni tampoco mis compañeros habíamos verdaderamente
alcanzado hasta entonces, no obstante la repugnancia infligida por los
atormentantes recuerdos locales!.
Conmovido hasta
las lágrimas, emití entonces una ardiente súplica, intimidado ante las pesadas
responsabilidades que me sobrecargaban:
"- ¡Nobles
y queridos mentores, indicadme entonces lo que sea lícito tentar a fin de
mitigar las torturas morales que me intoxican las energías, depauperándome la
voluntad!. ¡Los recuerdos revividos, el ambiente, las desilusiones, el olvido
sentimental al que lanzaran a mi memoria aquellos en quienes más confié, son
sinsabores que me lastiman dolorosamente el corazón, superexcitandome la
sensibilidad hasta un grado desolador!... ¡Que yo sepa actuar con acierto,
practicar algo meritorio, bastante honroso para permitirme el alivio y el
consuelo eficiente!. ¡Aconsejadme !...”
Proferida mi
súplica, y mientras las imágenes hermosas de los dos jóvenes se reducían cada
vez mas, rarefaciendose bajo los rayos opalinos del creciente lunar que hacia
romántico el paisaje, oí que me respondían con un interrogante:
"- ¿Cuales
fueron las advertencias de Roberto a vuestro grupo, en la víspera de la partida
para estas instrucciones?..."
"- ¡Oh!...
¡Ah! si, me recuerdo... Que tratásemos de enfriar las facultades convulsionadas
por el sufrimiento... llevando un balsamizador auxilio a sufridores en peores
condiciones... Y que nos reanimásemos al contacto de los buenos y sinceros
amigos, cuyos corazones, iluminados por las refulgencias de autenticas
virtudes, fuesen bastante fuertes para calentarnos el frío del desanimo,
indicándonos los pasos para caminos prometedores..."
"- Pues
haced eso... Aconsejó Roberto como debía... "
Reuní entonces
todas las fuerzas de que era capaz, impuse serenidad a los sentidos perturbados
por las emociones, elevé las energías mentales recordando las invocaciones al
Maestro Nazareno, y oré también, fervoroso y humilde, pidiendo socorro y
protección.
¡La soledad a mi
alrededor me aterraba! ¡contemplé el caserío siniestro y escalofríos de odiosas
emociones incentivaron en mí el deseo de alejarme, mas alejarme para muy lejos,
donde fuese posible olvidar la tragedia que, para mí, todo aquello recordaba!.
Apuré los pasos y me alejé... mas, al transponer los umbrales malditos, una
compensadora sorpresa me aguardaba, respuesta, ciertamente, a la súplica hecha
al Amigo Divino:
¡Ramiro de
Guzman y Roberto de Canalejas allí estaban a mi espera!.
"- ¡Loado
sea Dios!" - exclamé, en un suspiro de gratitud profunda...
Y confiado seguí
a tan valiosa compañía, que me llevó piadosamente a un modesto domicilio
terreno, retirándose enseguida.
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Obedientes a
impulsos de largas elucubraciones, oriundas de antiguos consejos, advertencias
y ejemplos de nuestros vigilantes e instructores, organizamos como una
"asociación de clase" con la intención de estudiar y realizar
acciones combativas a las ideas de suicidio, a las inclinaciones mórbidas,
detentoras de la infernal predisposición que contaminaba a las diferentes
clases sociales, a las que, ahora, podríamos volver, como entidades invisibles
que éramos. Contaminada de duros trastornos, todavía, se nos presentó la
grandiosa empresa... Y si no fuera por los eficientes socorros de la luminosa
asistencia que nos inspiraba, ciertamente no lograríamos ningún resultado
satisfactorio.
Quisiéramos de
inicio tornarnos visibles y comprensibles a los hombres, que creyeran nuestros
conceptos a través de testimonios, francos y minuciosos, que les dábamos, de la
realidad del mundo en que vivíamos, ya fuese evidenciando nuestra identidad, o
por varias otras particularidades a nuestro alcance. Quisiéramos con ellos
tener relaciones amistosas y serias, confabulaciones interesantes y
elucidativas, un intercambio permanente de noticias, considerado por nosotros
de la mayor utilidad para todo el genero humano, porque tendía a advertirlo del
peligro desconocido que representaba el suicidio para la sociedad terrena.
Raros eran, sin embargo, aquellos que consintieron en aceptar nuestras tan
sinceras efusiones, y, así mismo, casi todos extraños para nosotros, afuera,
mismo, de Portugal! Comúnmente, en tanto, sucedía que, después de grandes
esfuerzos y fatigas en el trabajo de crear oportunidades para el ansiado
momento; después de muchos días de experiencias exhaustivas con médiums
ansiosamente descubiertos aquí y allí, porque nuestros versos o nuestra prosa
del mas allá se presentasen algo desfigurados por falta da puridad del estilo
que nos fuera habitual, como si no tuviésemos que vencer exhaustivas
dificultades presentadas, no apenas por aquellos instrumentos como,
principalmente, por la exigente e impía comitiva que generalmente los cerca, se
negaban a darnos crédito y nos rechazaban ríspida y chocantemente, sirviéndose
para las críticas, con que nos recibían, de burlas y chanzas ofensivas,
impropias de corazones educados, auyentandonos como a vagabundos e indeseables
del Astral, tratándonos de mistificadores y malintencionados!. Si tentábamos
narrar las sorprendentes peripecias encontradas por el desvío del suicidio, o
describir la vida mas allá de las fronteras del túmulo, con todos los colores
mas fuertes de lo original, por entender como un deber de solidaridad el ayudar
a los incautos a percatarse, desviaban la atención del plano espiritual serio y
dignificante para permitirse interrogarnos sobre asuntos subalternos que sólo a
ellos mismos interesaban, y los que ignorábamos completamente, humillándonos la
idea de solicitar ayuda a nuestros nobles instructores a fin de tornarnos
agradables; preferían tratar de frivolidades y de cuestiones mediocres, poco
criteriosas muchas veces, lo que nos decepcionaba y entristecía, provocando
frecuentemente nuestras lágrimas, pues el tiempo pasaba y nada obteníamos que
tuviese algo de bueno y meritorio en el severo libro de la Consciencia!.
Nos encontrábamos, así, en lucha para conseguir ese desideratum, cuando nos
asaltó el deseo ardiente de irnos al Brasil. Sabíamos que era un país hermano
campo vasto y fácil para los ejercicios que teníamos en mira, ciertamente mucho
menos preconceptuoso que el encontrado en nuestra Patria. Repercutía aun en
nuestros recuerdos la hermosa reunión a la que asistiéramos cierta noche, en el
interior de minas Gerais, donde fuéramos llevados en falange por nuestros
desvelados educadores del Instituto, y queríamos, ahora, tratar de hablar con
los brasileros, a ver si lográbamos algo mas positivo. ¡¿Como hacer, todavía,
para llegar hasta allá?!...
Fueron todavía
aquellos incansables legionarios los que acudieron a los vehementes gritos de
socorro dirigidos por nuestras mentes ansiosas, unidas en oraciones, a la
Caridad Sublime de la que eran dignos representantes. Nos llevaron al lugar
deseado transportándonos fácilmente bajo su protección, congratulándonos con
nuevas instrucciones en un asilo seguro, bajo la protección del cual estaríamos
a salvo de sorpresas desagradables. Se trataba de una benemérita institución registrada
en el Mundo Espiritual como depositaria de inspiraciones superiores, sirviendo
de padrón para las demás que se quisiesen expandir en tierras de Santa Cruz,
dedicándose a los estudios y practicas de las doctrinas secretas y a los hechos
beneméritos propios de verdaderos iniciados cristianos.
Iniciamos,
entonces, una lucha ardua y exhaustiva.
Todos los
recursos, sin embargo, de que podíamos disponer, tentamos a fin de aprovechar
médiums brasileños para el santo, sacrosanto proyecto que teníamos en la mira!.
Humildes, dóciles, afables, amorosos, sinceros en el deseo de servir,
encontramos a varios de ellos que se podrían haber tornado cireneos de nuestras
aflicciones, suavizando nuestro calvario de reparaciones y experiencias. Todo
hicimos por utilizar sus facultades para los trabajos literarios con los que
queríamos testimoniar a Dios nuestro arrepentimiento por infringir Sus Leyes.
Mas, ¡oh! ¡la
tortura del idioma!
¡¿Porque los
brasileros, Dios del Cielo, descendientes nuestros, nuestra raza, nuestra misma
sangre, tanto se desviaron do nuestro culto por la lengua patria?!... ¡¿Y por
qué al menos los hombres no trataban de habilitarse en un idioma universal, que
a nosotros, los Espíritus, como a ellos, diese posibilidades de expansiones
brillantes? !... ¡Que, entonces, no podríamos producir, sirviéndonos de médiums
como los hay en tierras del Brasil!...
¡Me acordé,
cierta vez, de las advertencias de Roberto, previniéndome de las dificultades
con que tropezaría para comunicarme con los hombres, y las reconocí justas,
verdaderas!
¡El desánimo me
invadió!. Una profunda tristeza amenazaba renovar sinsabores deprimentes,
humillándome el alma, cuando, una noche en que estabamos reunidos, tratando
tristemente de lo que tanto nos preocupaba, en nuestro abrigo de la magna
institución brasileña, fuimos sorprendidos por la visita de Fernando, cuya
vestidura carnal durmiera profundamente, en su domicilio, en el viejo y amado
Portugal, pues allá ya era alta la noche. Orara él en nuestro beneficio al
recogerse, impresionado con nuestras frecuentes apariciones a su peregrino don
mediúnico; y, por cierto impulsado por inspiraciones caritativas del plano
etéreo, no tardó en descubrirnos a fin de piadosamente servirnos todavía otra
vez, servicial como siempre.
Se estableció
entonces una amistosa y útil confabulación en el silencio propicio de la magna
agremiación. Nos convidó él a ejercer con mas frecuencia el santo deber de la
oración, creando, a través de él, medios de comunicación mas directos con
nuestros mentores, a fin de recibir de ellos con mayor viveza la inspiración
permitida en el caso, pues éramos como alumnos que pusiesen a prueba enseñanzas
ya recibidas para permitirse oportunidades nuevas en el futuro. Reiteró
ofrecimientos para la intención que teníamos, afligidos como nos reconoció ante
la imposibilidad que se nos antojaba. Nos incitó a continuar diciendo algo al
mundo por su intermedio, y que no nos diésemos por vencidos ante las algarabías
de adversarios acostumbrados al hábito de la critica insana, dejando a nuestra
disposición, como siempre, sus hialinas facultades psíquicas, donde nos
sentíamos reflejar como en un espejo!. De su corazón generoso supo extraer
consejos y advertencias, con lo que nos mitigó la ansiedad del terror que nos
oprimía ante la idea de un fracaso en los penosos exámenes a los que por
derecho nos veíamos expuestos. Y acrecentó conmovido y sincero, deseoso de
impelernos al camino recto:
"- Si en
vez de lo que venís tentando improficuamente, procuraseis medios de tornaros
agentes de la autentica Fraternidad, ejercida con tanta eficiencia por el
Divino Modelo del Amor, ya os encontraríais victoriosos, espalmando alegrías
que lejos estarían de mantener vuestra alma así torva y agitada.
¡La Caridad, mis
amigos - permítanme que se lo recuerde -, es la generosa redentora de aquellos
que se desviaran de la ruta delineada por la Providencia!. ¡Por eso mismo el
sabio Rabí de Galilea la ofreció como enseñanza suprema a la Humanidad, que El
sabia divorciada de la Luz, por ser el mas fácil mas rápido camino hacia la
regeneración!
¡Es tiempo ya de
penséis con desprendimiento en el Divino Mensaje traído por Jesús y de saturar
los arcanos del ser con algunas gotas de sus esencias inmortales e
incomparables!
Reparando el
rápido gesto que os impelió al abismo, podréis practicarla, sirviendo a un
mismo tiempo a vuestra y a la causa ajena.
Aumentan en las
camadas sociales terrenas, como en las invisibles, problemas dolorosos a ser
solucionados, desvaríos a ser moderados, infinitas modalidades de desgracias,
desventuras acérrimas que afligen a la Humanidad, solicitando ayuda fraterna de
cada corazón generoso a fin de ser resarcidas, consoladas!
¡En los
hospitales, en las prisiones, en las residencias humildes como en la opulencia
de los palacios, por todas partes se encuentran mentes enlutadas por la
incomprensión y por la desesperación, corazones imprudentes por el ritmo
violento de pruebas y de problemas insolubles en este siglo! En cualquier
rincón donde se haya ocultado la incredulidad, donde la pasión se instale y la
desventura y el infortunio se mezclen con la rebelión o el desánimo; donde el
honor, y la moral, el respeto propio y ajeno no fuesen consultados para la
práctica de las acciones, y donde, en fin, la vida se convirtió en fuente de
animalidad y egoísmo, se labra la posibilidad de una caída en los abismos de
tinieblas donde os agitasteis entre rabiosas convulsiones!.
¡Diligenciad por
encontrar tales rincones: están por ahí, a cada paso!... ¡Aconsejad al pecador
a detenerse, en nombre de vuestra experiencia!... e indicadle, como bálsamo
para las amarguras, a aquel mismo que desdeñasteis cuando erais hombres y hoy
reconocéis como el único alivio, la única fuerza capaz de elevar a la criatura
de la desgracia para ennoblecerla a la mirífica luz de la conformidad en los
prélios dignificantes de donde saldrá victoriosa, cualesquiera que sean las
decepciones que la azoten: el Amor a Dios!. ¡La sumisión a lo Irrevocable!
Haceos consoladores, ejercitando requerir la Beneficencia, susurrando
sugestiones animadoras y reconfortantes al corazón de las madres afligidas, de
los jóvenes desesperados por las desilusiones prematuras, de las desgraciadas
mujeres tiradas al lodo, cuyos infortunios raramente encuentran la compasión
ajena, las que sufren aisladas entre los espinos de sus propias
inconsecuencias, sin coraje de reclamar, para sí también, la ternura paternal
de Dios, la que, como las demás criaturas tienen sacrosantos derechos!. Son,
todos estos, seres que están buscando el aliento protector de los corazones
sensibles, bien intencionados, cuanto mas no sea con la dádiva luminosa de una
oración!. Pues dadla, ya que también la recibisteis de almas serviciales y
tiernas, cuando os encontrabais braceando entre bramidos de dolor, en las
tinieblas que os sorprendieran después de la tragedia en que os dejasteis
enredar!. Contadles lo que os sucedió incitadlos a sufrir todas las situaciones
deplorables que os deprimían, con aquella paciencia y aquel valor que os
faltaran, a fin de que no vayan a pasar por los transes dramáticos que os
enloquecieran en el mas allá de las fronteras de la vida objetiva!
...Y cuando,
virtualmente, encontréis médiums cuyas organizaciones vibratorias se adapten a
las vuestras, no os preocupéis con los laureles pasados, que aureolaran vuestro
nombre entre los humanos. Esta gloria se despeñó con vosotros en los piélagos
del pretérito, que no supisteis legítimamente honrar!. Hurtaos al vanidoso
placer de identificaros al hacer vuestros discursos o mensajes psicográficos a
través de los médiums. Aunque afirmando, grandes verdades, no seriéis tales
como fuisteis, como hasta ahora no lo habéis sido!. Vuestro nombre se glorificó
de singular popularidad sobre la Tierra, para que la Tierra se conforme en
verlo retornar a su sociedad filtrado por la mente humilde de médiums
oscuros!...
“Preferíd, por
tanto, las maniobras santificantes de la Caridad discreta y oscura,
preferíd!... Y bien rápido reconoceréis, a través de los caminos que habéis de
caminar, las florescencias de muy dulces alegrías..."
Lo oímos con
mucho agrado e interés. Fernando, realmente hablando en cuerpo astral, mientras
su armadura carnal roncaba mas allá, en Portugal, parecía inspirado por alguien
de nuestra Colonia añorada, interesado en nuestros éxitos. Reconocimos
realmente, varias veces, en su fraseado vigoroso y tierno a un mismo tiempo,
las expresiones dulces de Teócrito, el acento paternal, simple, amoroso, del
amigo distante que no nos olvidaba... y las lágrimas rodaron de nuestros ojos,
mientras una honda añoranza nos transportaba el corazón...
Al día siguiente
decidimos visitar hospitales, enfermos en general, dejando para mas adelante
otros emprendimientos, relativos a los servicios de auxilios al prójimo, que
nos fuesen sugeridos. Éramos en total treinta entidades, y acordamos dividirnos
en tres grupos distintos, por imitar los métodos de nuestro abrigo del mundo
astral.
Con sorpresa
notamos que, no sólo nos percibían los pobres enfermos en sus lechos de dolor,
como hasta que naturalmente nos oían, gracias a la modorra en que los mantenía
suspendidos la gravedad del mal que los afligía, la fiebre como la postración
de los fluidos que los ataban al tronco corporal. Tanto cuanto se hizo posible,
llevamos a esas amargadas almas enjauladas en la carne el lenitivo de nuestra
solidaridad, ora insuflándoles conformidad en el presente y esperanzas en el
futuro, ora procurando, por todos los medios a nuestro alcance, minorar las
causas morales de los muchos disgustos que percibíamos duplicando sus males.
Belarmino, a
quien la tuberculosis impeliera a la deserción de la vida objetiva, prefiriera
dirigirse a los enfermos de esa categoría, a fin de susurrarles sugestiones de
paciencia, esperanza y buen animo a los que así expurgaban débitos embarazosos
de existencias antiguas o consecuencias desastrosas de burradas del mismo
presente. Yo, que fuera paupérrimo, que prefiriera desobligarme del deber de
arrastrar la vida, hasta el final, por los ruinosos caminos de la ceguera,
dándome a la aventura endiablada de un suicidio, fui impelido, de mala
voluntad, por el remordimiento, a procurar no sólo en los hospitales a aquellos
que se iban cegando a despecho de todos los recursos, mas también por las
calle, por los caminos, a pobres ciegos y miserables, para servirles de
consejero, murmurando a sus pensamientos, como me lo permitían las
dificultades, el gran consuelo de la Moral Radiosa por mi entrevista al
contacto de los eminentes amigos que me habían asistido y confortado en el
estadio del hospital donde me asilaran los favores del Señor Supremo!. Y muchas
veces comprendí que tenía éxitos, que corazones marcados por el desánimo y por
la desolación se reanimaban ante mis sinceras y ardientes exhortaciones
telepáticas!. João d'Azevedo, el desgraciado que se deshonrara en las tinieblas
de inominables consecuencias espirituales, esclavizándose al vicio del juego;
que todo sacrificara al abominable dominio de las cartas y de la ruleta:
fortuna, salud, dignidad, honra, y hasta su propia vida, como la paz
espiritual, volviera, angustiado y oprimido, a los antros en los que se
perjudicara a fin de sugerir advertencias y
consejos
prudentes a pobres dominados, como él lo fuera, por el letal arrastre, todo
tentando con la intención de alejar del abismo al menos a uno sólo de aquellos
infelices, suplicando fuerzas a lo Alto, ayuda a los mentores que él sabia
dedicados a la acción de desviar del suicidio a incautos que se dejan rodear de
mil posibilidades desastrosas.
¡Eran mas rudas aun, sin embargo, los testimonios del desventurado Mário
Sobral!.
Ulcerada por los
hábitos del pasado, su mentalidad lo arrastraba a los lupanares, contra la
voluntad del su sincero arrepentimiento por el que se veía poseído; le exigía
reparaciones difíciles para un Espíritu, actividades heroicas que
frecuentemente lo llevaban a la violencia de sufrimientos indecibles,
provocándole lágrimas escaldantes!. Lo veíamos queriendo remover,
desesperadamente, a la juventud inconsecuente de la contumacia en los malos
principios a los que se iban esclavizando, narrando a uno y otros, a través de
discursos en locales inadecuados, sus propias desventuras, en lo que no era
absolutamente acatado, porque, en los antros donde la perversión ha mantenido
su imperio letal, las intuiciones del mas allá no se hacen sentir, porque, las
excitaciones de los sentidos animalizados, viciados por tóxicos materiales como
psíquicos, de repulsiva inferioridad, se tornan barreras que ninguna entidad en
sus condiciones será capaz de remover a fin de hacerse comprender!.
Extendimos tales
ensayos, después, a las prisiones, teniendo éxito en el sombrío silencio de las
celdas donde se formaban remordimientos, en el trabajo de la meditación... Y
por fin invadíamos domicilios particulares en busca de sufridores inclinados a
la posibilidad del suicidio, y que aceptasen nuestras advertencias contrarias a
través de sugestiones benévolas. Había casos en que el único recurso que nos
quedaba al alcance era el sugerir la idea de la oración y de la fe en los
Poderes Supremos, induciendo a aquellos a quienes nos dirigíamos, generalmente
mujeres, a una mas amplia devoción a la creencia que poseían. En tanto,
sufríamos, porque el trabajo era demasiado rudo, excesivamente grande para
nuestra debilidad de penitentes cuyo único mérito estaba en la sinceridad con
que actuaban, en la buena voluntad para el trabajo reparador!.
Así fue que
viajamos por el interior del Brasil procurando, cuanto fuere posible, prevenir
contra la mala tendencia observada, tristemente, por nuestros Guías, en el
carácter impulsivo de los brasileños, tendencia que daba en un resultado
estadístico inquietante en los casos de suicidios!.
¡Conocimos, así,
las extensiones desoladas del Nordeste inclemente, rindiendo homenaje al
campesino heroico que, en luchas arduas e incesantes con la penuria de la
eterna sequía, no niega jamas ni a su Dios ni al futuro, esperanzado siempre en
la venida de días mejores, de una Patria compensadora que, en verdad, sólo
encontraría en el seno de la inmortalidad!.
En las caravanas
altamente instructivas a que nos llevaban, grandes lecciones recibimos
entonces, las que muy profundamente calaran en nuestros corazones, iluminando
nuestras mentes con nuevas y fecundas apreciaciones filosóficas. Representantes
de la dirección espiritual de las tierras de Santa Cruz, como el gran, y
buenísimo Bezerra de Menezes, y el tierno poeta del Señor – Bittencourt Sampaio
- nos enseñaban otros, al lado de nuestros mentores, ejemplos fecundos cogidos
en la vida cotidiana de muchos brasileros, sobre los que lloramos de pena y
arrepentimiento, pues tuvimos ocasión de examinar con ellos modalidades de
desgracias y sufrimientos comparados a los cuales aquellos que nos habían
llevado a la desesperación no se presentarían sino como pequeñeces propias de
bohemios sentimentales... En tanto, nordestinos, amazónicos y hasta nativos del
centro incivilizado del país todo superaban refinadamente, hasta realmente la
indiferencia de sus compatriotas mas felices, con el pensamiento vigoroso de
aquel que sabe creer, que sabe esperar!.
¡Entretanto,
veíamos con disgusto que Màrio Sobral se distanciaba poco a poco de las
posibilidades de otro futuro inmediato que no aquel por él mismo escogido,
único, además, hacia el que se sentía impulsado: el retorno inmediato a la
encarnación, para rescates pesados, en un medio familiar afinado con su estado
mental!.
¡Mário
desatendía frecuentemente al llamado del deber para las reuniones y caravanas
elucidativas presididas por los asistentes; faltaba a las expedites piadosas de
visita a los sufridores, olvidando deberes sagrados que convenía cumpliese para
bien de su propia rehabilitación!.
Parecía que, al contacto con la sociedad
terrena, se dejaba brutalizar por las antiguas atracciones mundanas, olvidado
de las vehementes protestas de obediencia durante la retención en el
Departamento Hospitalario. Se sentía arrastrado hacia los locales degradantes
que fueron sus preferidos de otrora; y, con el pretexto de tentar convertir a
desviados e inconscientes a la moderación de las costumbres, se comprometía
grandemente ante los Guías observadores, afinándose con el pasado a tal punto
que, a su alrededor, presentíamos la posibilidad de un renacer en las bajas
esferas del vicio!. Ya varias veces fuera advertido piadosamente, por Alceste y
Romeu, que procuraban convencerlo de los peligros de aquella predilección para
ejercer actividades reparadoras.
¡Infelizmente,
sin embargo, la pasión por Eulina que lo desgraciara en la Tierra y perturbara
en lo Invisibles, lo soldaba al pretencioso deseo de, en su memoria procurar
reerguir del lodazal de los vicios, prematuramente, a otras tantas criaturas
decaídas del pedestal del Deber!.
Nuestro estadio
en la Tierra era un como examen para ascender a nuevos cursos. Teníamos
libertad de acción, aun cuando no estuviésemos desamparados y fuese muy
relativa la libertad con que contábamos.
Nosotros
veníamos obteniendo aprobación en los exámenes.
Mario, sin
embargo, incidía en las causas pasibles de reprobación.
CAPITULO VIII
NUEVOS RUMBOS
"No se
turbe vuestro corazón;
creéis en Dios, creed también
en mi. En casa de mi Padre muchas
moradas hay; si así no fuera, yo
os lo hubiera dicho; voy, pues, a
solo preparar lugar para
vosotros."
JESUS – Juan, 14: 1 y 2.
Hacía cerca de dos meses que acabara nuestra pasantía en las camadas
terrenas. Regresáramos al Instituto María de Nazaret y nuevamente nos
instalamos en el pabellón anexo al Hospital, donde residíamos desde que
recibimos alta. No lográramos aun, vernos con el Hermano Teòcrito a fin de
conocer su opinión relativa al modo en que nos conducimos en libertad.
Lo que mas nos
preocupaba era la opinión de Teòcrito, las deliberaciones de la
direccion-general sobre nuestro futuro.
¿A donde
iríamos?... ¿Que seria de nosotros una vez separados de Teòcrito, de Roberto,
de Carlos, de Joel, de aquella elite acogedora de los Departamentos de
Hospital?... ¿Reencarnaríamos inmediatamente, en caso de no haber conseguido
méritos para un mayor estadio en el aprendizaje espiritual?...
Uno de aquellos
días de ansiosa expectación, fuimos sorprendidos con la visita del viejo amigo
Jerônimo de Araújo Silveira.
Llegara al
Pabellón Hindú por la mañana, acompañado del asistente Ambrósio, a cuya bondad
tanto debía. Pasara ya por el Hospital, a despedirse de Teòcrito y sus
auxiliares, en cuyos corazones encontrara siempre sólido afecto; y ahora nos
buscaba a fin de retribuir las visitas que le hiciéramos y también parra
despedirse, pues aquella misma semana se dirigiría al Recogimiento, a cuidar de
los preparativos de la reencarnación próxima. Se veía la amargura timbrarle las
facciones, en un aspecto de postración ineludible. Jerónimo no fuera jamas
resignado!. Desde el Valle Siniestro lo conocíamos como de los mas
desarmonizados de nuestra desarmoniosa falange!. Con pena, sugerí, midiendo por
mis los acicates que lo debían herir:
"- ¡¿Por
que no retardas un poco mas la vuelta al teatro de los infortunios que te
pungieran, amigo Silveira?!... Me consta que no es obligatorio, en determinados
casos, el constreñimiento a la vuelta... En cuanto a mi dilataré lo mas posible
la permanencia aquí... a no ser que me disuadan resoluciones
ulteriores..."
Mas,
ciertamente, las deliberaciones tomadas después de la
última visita
que al Aislamiento hiciéramos fueran muy serias e importantes, porque respondió
con ardor y vehemencia:
"-
Absolutamente no conviene a mis intereses personales dilatar por mas tiempo el
cumplimiento del deber... ¿que digo yo?... de la sentencia por mi mismo labrada
el día en que comencé a desviarme de la Ley Soberana que rige el Universo!. Fui
bien preparado por el Hermano Santarém y el Hermano Ambròsio, mis dignos
tutores, para ese servicio que se impone a mis críticas necesidades del
momento. Después de mucho ponderar, llegué a la conclusión de que debo,
realmente, renovar la existencia humana cuanto antes, ya que mis errores fueran
graves, grandes mis responsabilidades, los que, por tanto, onerando de
exorbitantes débitos, ahora, mi inquieta consciencia, me obligan a expurgar de
ella los reflejos deshonrosos que la ensombrecen, lo que solo podrá realizarse
volviendo yo al teatro de mis infracciones a fin de realizar nuevamente – y realizarlas
honrosamente – lo mismo que en un pasado indigno desbaraté, incluso mi propia
organización material!."
"-
¿Quieres, así, decir que renacerás en Porto?..." - indagamos en coro.
"- ¡Si,
amigos!. ¡Dios sea loado!... Renaceré realmente Porto, como aun ayer... Pasare
la vida objetiva en una hacienda!... Seré nuevamente una persona rica, cuidaré
de capitales financieros, míos como ajenos, enfrentaré por segunda vez las
rigurosas tentaciones sopladas por el orgullo, por las vanidades y por el
egoísmo!... Subiré en el concepto de mis semejantes, me consideraran persona
honrada y grata... Seré el mismo, tal cual ayer fui!... Apenas, no me conocerán
mas con el nombre deshonrado de Jerônimo de Araújo Silveira, porque otro
recibiré al nacer, a fin de cubrirme de la vergüenza que me sigue los pasos...
Apenas todo eso realizare como expiación, la terrible expiación de tener
riquezas, mas arriesgada y temible que la de la miseria, mas difícil de
conceder méritos a su infeliz poseedor!...
La cercanía de
una nueva cuna para todavía una vez ser hombre y resarcir antiguos delitos, me
conmueve hasta las lágrimas el verificar la paternal bondad del Omnipotente,
concediéndome la gracia del retorno protegido por el Olvido, por el disfraz de
una nueva armadura carnal, un nombre nuevo, a fin de fin de que mi deshonra de
otrora no sea reconocida y execrada por toda la sociedad en que viví; y yo, así
confiado y fortalecido, pueda tentar la rehabilitación ante la Ley Universal
que de todas las formas infringí, ante mi mismo, finalmente!... Pues sabed
todos vosotros, amigos: la vergüenza de la deshonra me ruboriza todavía el
rostro espiritual, como en el día aciago en que me confíe al suicidio, en el
intento de librare de ella!..."
"- Me
impresiona tu argumentación, oh Jerônimo!. Con satisfacción verifico que no
fueron inútiles los esfuerzos del Hermano Santarém y el Hermano Ambrósio en tu
caso..." - intervino João d'Azevedo.
"- Si, - acudí,
conmovido y preocupado en desmenuzar las noticias para los apuntes de mis
proyectadas memorias. - Observo que modificaciones serias realizaran un
milagroso efecto en tu modo de ponderar...
“Sin embargo,
¡¿de que familia renacerás, oh Silveira?!... Todavía de allá nos recordamos de
varias familias ricas..."
"- Aunque
lo supiese, no os lo podría revelar, mi caro Sr., de Botelho!. Fui informado
por mis tutores de que tan sutil realización se verifica en el santuario de
sigilos impenetrables, por no permitir la Ley Magnánima ninguna indiscreción
que venga a perturbar el buen andamiento de la evolución a confirmarse... Según
explicaciones del Hermano Ambrósio sabremos, cuanto mucho, apenas el local
donde emigraremos.., hasta que nos internemos en el Recogimiento, donde,
entonces, todo se delineará para nosotros..."
"- Sin
embargo, asistí a cierta entrevista de dos reencarnantes del Manicomio con sus
futuros padres.., y he oído decir, a algunos vigilantes nuestros, que muchos
pormenores podrán ser dados sobre el asunto, aun hasta a los hombres..." -
retruqué irritado, recordando la visita hecha al Puesto de Emergencia de la
Colonia, con la expedición del Departamento de Reencarnación.
El Hermano
Ambrósio intervino, corroborando con autoridad las asertivas oídas al ya ahora
futuro capitalista de Porto:
"!Si!. Para
estudio colectivo o esclarecimientos personales que produzcan efectos
saludables, y también como premio a la sinceridad de las intenciones y a la
dedicación al trabajo, serán permitidas ciertas revelaciones respecto del
delicado acontecimiento, aun hasta a los legos!. A los hombres, principalmente,
ha sido facultadas muchas indicaciones al respecto, a fin de que les sirvan de
incentivo para el progreso y hasta de alivio durante las asperezas, de las
reparaciones. Para satisfacción de mera curiosidad, sin embargo, ya sea entre
nosotros o entre los humanos, nada será concedido de positivo. El reencarnante
será esclarecido, al internarse en el Recogimiento, de lo que a él respecta, de
lo que le sea útil y necesario.
¿Os referís al
acontecimiento del Puesto de Emergencia?... ¡¿Mas, quienes son aquellos
personajes?!....¿Sus nombres?...¿Sus residencias?...Una isla existente bajo
bandera portuguesa, apenas!...Cierta localidad del inmenso nordeste
brasilero...Convengamos, mi amigo, que el sacrosanto secreto no fue revelado,
¿no es verdad?..."
Bajé la frente,
desarmado, mientras Belarmino, interesado, se volvía hacia el viejo amigo
Jerônimo:
"- ¿Y
tienes confianza en la victoria de la rehabilitación?..."
- ¡Sinceramente,
la tengo! aun cuando me sienta compungido ante la idea de reproducir, acto por
acto, con circunstancias agravantes, la existencia en que fracasé!. Creo estar,
todavía, preparado para tanto, porque, si no lo estuviera, dejaría de recibir beneplácitos
de mis mentores mayores para proseguir en el único intento rehabilitante que me
sobra!. Además, mi caro Sr., profesor, absolutamente nada mas lograré alcanzar
del plano Invisible sin la expurgación triunfal de mis inmensos débitos!.
Forzoso será
comprender que desgracié mi propia familia!. Que lancé en los torrentes
dificultosos de la miseria, a otras familias cuyos jefes me prestaban la ayuda
de sus propios bienes y de labores sagradas, los cuales por mi se vieron
vilipendiados gracias a mi insania de jugador y libertino!. Será preciso
también recordar que lesé a la Patria, crimen que repugna a cualquier hombre
honrado, dejando mal, todavía, a funcionarios que, bondadosamente, intentando
socorrerme, al darme plazo para rehabilitarme, dejaban de actuar como era su
deber, haciendo embargos, denunciándome a la Justicia, decretando bancarrota,
etc., ¡.Todas estas cosas feas pesan en la balanza de una consciencia despierta
por el arrepentimiento, oh Belarmino! pues constituye un crimen perpetrado bajo
las inspiraciones de la incuria, de la mala fe, de la licenciosidad de las
costumbres, de la inconsecuencia liviana, del desamor al Bien!. Me enredé de
tal forma en el siniestro porqué del suicidio, que me siento ahora engrillado
al pretérito por tan insidiosa cadena que, a fin de algo realizar en los planos
espirituales, deberé volver al escenario de mis deslices para quebrarlos,
rehaciendo dignamente lo que insensatamente anduve practicando!."
Como nadie de
nosotros osase pararlo, el visitante prosiguió, al paso que una ruda tristeza
ensombrecía nuestros corazones:
"- ¡No tendré mas a mis hijos junto a mi!.
¡Dejando de celar por mi familia hasta el final; rechazando a medio camino la
honrosa tarea de jefe del Instituto del hogar, concedido por el Cielo con la
intención de hacerme ascender en méritos, me puse en la desgraciada situación
de no conseguir oportunidades, en esa próxima existencia, de constituir un
hogar y ser nuevamente padre!.
No obstante, a
fin de resarcir la fea actitud contra Zulmira y mis hijos, prometí a María,
madre buenísima de mi Redentor, cuya solicitud maternal rehabilitó a
Margaridinha y Albino, emplear todos los esfuerzos, cuando esté en la Tierra,
en el sentido de amparar a criaturas huérfanas, levantar, de cualquier modo,
abrigos que asilen a la infancia, y volverme el celador de los pobrecitos como
lo sería de hijos generados por mi!. Será mi ideal en la existencia expiatoria
a la que no tardaré en regresar..."
"- ¡Quieran
los Cielos que construyas tus abrigos para la infancia desvalida, antes que la
ruina financiera te cercene las posibilidades futuras, amigo Jerônimo!." -
interrumpí yo, sorprendido con el coraje que se transparentaba de sus aserciones.
"- ¡Quieran
los Cielos mi amigo!... porque, antes o después de la ruina financiera que me
aguarda en la expiación terrestre, he de tornarme arrimo de muchos huérfanos:
las figuras llorosas de mis hijos destinados al desamparo y a la desgracia por
mi muerte prematura están indeleblemente fotografiadas en mi consciencia,
esperando de mi parte un rescate a la altura, sea a costa del sacrificio que
fuera!..."
Nuevamente
interrumpió el Hermano Ambròsio, elucidando cautelosamente:
- Si, quieran lo
Cielos que, sea en el apogeo de las posibilidades monetarias o en el ocaso de
las mismas prosperidades, sus pensamientos y su voluntad sino se desvían de la
ruta rehabilitadora que resolvió caminar!. En este momento nuestro penitente
está animado de las mejores intenciones. Todavía, dependerá de su fuerza de
voluntad, de la continuidad de buenos propósitos que abriga, la victoria de las
realizaciones pretendidas. Generalmente el Espíritu, una vez reencarnado, se
deja engañar por las fraudulentas atracciones del medio ambiente a que se ve
sometido, olvidando - compromisos de honor asumidos en la Espiritualidad, los
que mucho le convendrá, al propio que los olvida, sean cumplidos a la altura de
la importancia que tienen... Mas, si la voluntad firme de vencer lo impulsa
perennemente, sobreponiéndose a las influencias deletéreas del mundo egoísta,
será bien cierto que establecerá una armoniosa correspondencia telepática con
sus mentores invisibles, los que procuraran impelerlo hacia el frente a través
de inspiraciones sanas, aunque discretas, auxiliándolo según la ley de
solidaridad establecida con el intento de fraternizar el Universo
entero..."
"-
Supongamos que Jerónimo venga a descuidarse de las promesas hechas al
reencarnar... ¿Que sucederá?..." - interrogué, apegado al ácido criterio
de reportar pesimista.
"- La
consciencia lo inquietará perennemente, y, mas tarde, al regresar a la
Espiritualidad, se avergonzará de haber faltado a su palabra, comprendiendo,
además, la necesidad de cumplirla en una nueva migración terrena... Esperamos,
sin embargo, que eso no acontezca en este caso. Jerónimo tiene el principal
factor para realizar lo prometido: la buena voluntad, la ternura por el hermano
abandonado..."
Súbitamente, en
medio del rápido silencio que se dio enseguida, Belarmino, cuyos sentimientos
delicados el lector ya tuvo ocasión de apreciar, levantó la vista interesada
hacia el futuro capitalista de Porto e interrogó afectuosamente:
"- ¿Que
noticias darás a los amigos de tu Margaridinha?... Se fue al Brasil?... ¡¿Y
Albino?!...¿continua en la prisión?... ¿Su Majestad se interesó por él,
realmente?... "
"- ¡Ah!
¡si!... – dijo el inconsolable padre suicida, como si hubiesen vibrado acordes
punzantes en las mas sensibles cuerdas de su corazón. - Estaba realmente por
participaros buenas nuevas!... Nunca mas pude visitarlos, como sabéis, por no
permitírmelo la situación moral apasionada, capaz de muchas indiscreciones...
En tanto, estoy bien informado de que Margaridinha, al llegar al Brasil, se
casó con un compatriota, hombre honesto y probo, que le dio amor leal y un
nombre honrado!. Loado sea Dios!. Que bien hace a mi alma el daros esta
noticia!... En cuanto a Albiho, es comerciante, aunque modesto, en Lourenço
Marques, se escribe asiduamente con su amigo Fernando, que lo ha aconsejado muy
honradamente, que todos los esfuerzos usó para favorecerle medios honestos de
vivir, instruyéndolo todavía, además, en la Ciencia de los Espíritus, de la
cual es fiel adepto. Se casó también, hace poco mas de un año, con una bonita
morena portuguesa-africana.., ahora es
padre de dos lindas gemelas recién nacidas!..."
"- ¿Tu los
vistes, por cierto, oh Jerônimo, si bien no los visitasteis?..." -
interrogué, compartiendo la añoranza que se rebelaba de sus expresiones.
"- ¡Si,
amigo Botelho!. Los veo a través de los aparatos del Hermano Santarém, y es
como si los viese de bien cerca hablase con ellos, pues eso me es
permitido...En cuanto a Zulmira, cúmplase infeliz de mis desatinos, termina su
desgraciada vida amparada por sus dos hijas mas viejas, las que no se negaran -
merced a Dios - a socorrerla, cuando las buscó. Tentó impedir la ida de
Margarida al Brasil, sin conseguirlo. Pobre Zulmira!. La Amaba tanto, mi Dios!.
Fui el responsable de sus caídas!. También la ella le debo reparaciones, que
mas tarde proveeré, con el favor del Cielo..."
Dos días
después, Roberto de Canalejas volvió a visitarnos con una invitación del
Hermano Teòcrito para, a la noche, tener una reunión solemne a realizarse en la
Sede del Departamento Hospitalario. Se trataba, decía el joven de Canalejas, de
una ceremonia de despedida, durante la cual seríamos desligados de la tutela
del Departamento y considerados habilitados para otros caminos en busca de las
reparaciones para los servicios del progreso.
De los barrios
anexos al hospital vendrían antiguos tutelados a asistir al importante
cónclave, que a todos profundamente interesaba. Como será fácil de entender, el
movimiento era intenso, en ese crepúsculo en que todas las dependencias del
gran Departamento enviaban a contingentes de Espíritus considerados aptos o
necesitados de las luchas terribles de la renovación carnal expiatoria, debido
al crimen de la mayor infracción de la criatura ante su Creador!.
Por primera vez
entrando a la sede del Departamento donde Teócrito mantenía los gabinetes de
dirección y trabajos que le correspondían, fuimos sorprendidos por la
majestuosa estructura interior del mismo, la cual presentaba, como los demás,
el estilo portugués clásico, de gran belleza y sobriedad de líneas.
Al llegar,
éramos gentilmente encaminados a la amplia sala de asamblea, a modo de las
Cámaras representativas, donde las tribunas de los discursantes serian ocupadas
por el gran público, o sea, por nosotros, los tutelados, reservando el nivel
mas bajo a los directores, como en un anfiteatro. Sobresalía el escenario, no
desposeído de magnitud, por una singular palidez iluminada de manera que se
diría chorrear del exterior, irisando el ambiente de miríficas graduaciones
blanco-azuladas.
Poco a poco se
llenó el recinto. Los lugares reservados a las secciones eran rigurosamente
separados por líneas divisorias, tornándose las graderías, o tribunas, como
grandes camarotes destinados a clases sociales diferentes. Allí, sin embargo,
si no era social la diferencia existente, lo era, no obstante, moral y vibratoria, lo que quiere decir que los
grupos que llenaban cada camarote se armonizaban satisfactoriamente, teniendo
un grado idéntico en la escala de las responsabilidades, de los méritos y deméritos.
Mientras eso nos
sucedía, los responsables por las diferentes dependencias del gran Departamento
se mantenían al lado de su director, o sea, de Teòcrito, la tribuna de honor
situada al nivel de la sala. Asistentes y vigilantes, a su vez, acompañaban a
los internos en las tribunas, con estos fraternalmente codeándose, como
modestos espectadores.
Así fue que,
entre los primeros, notamos la presençia del Padre Anselmo, educador de la
falange de suicidas-obsesores prisioneros de la Torre; del Hermano Miguel de
Santarém, el abnegado consejero del Aislamiento; del Hermano João, el venerable
anciano, guía paciente y caritativo de la triste falange del Manicomio, todos
rodeando al director del Departamento, responsable, a su vez, por el Hospital
María de Nazaret, mientras que sus asistentes se mantenían con nosotros,
excepción hecha de Romeu y Alceste que, como iniciados, pertenecían a la
graduación mas elevada en la jerarquía espiritual, no obstante la calidad de
discípulos de Teòcrito.
De lejos
podíamos distinguir bien, la claridad argéntea que bajaba de la majestuosa
cúpula, algunos antiguos compañeros, como Jerônimo, cabizbajo y pensativo; y
como Agenor Peñalva, el obsesor convertido bajo cuidados del Padre Anselmo y de
Olivier de Guzman, después de treinta y ocho años de pacientes esfuerzos, y
cuyas facciones, severas, duras, aprecian traducir desconfianza, expectativa
ansiosa y sombría, pavor indefinible.
En medio de la
augusta simplicidad, en tanto, fue que se desarrolló la magna ceremonia.
Ninguna particularidad o trazo de ineditismo sorprendió nuestra atención ávida
del sensacionalismo mórbido de la Tierra. Quieran los Cielos que, un día, los
hombres encarnados, responsables por los graves problemas que agitan a la
Humanidad, aprendan con los Espíritus la simplicidad que entonces tuvimos
ocasión de apreciar, cuando se reúnan en festividades o deliberaciones!. sin
embargo, se trataba de una sesión magna, en la cual se resolverían los destinos
de centenas de criaturas que se deberían recuperar del error a fin de marchar
hacia Dios!.
Efectivamente,
Teócrito se levantara, dejando irradiar de su semblante fino, casi translúcido,
una sonrisa amable para sus pupilos, como si muy fraternalmente los saludase,
y, después de una seña afable, comenzó insuflando nuevas ansias de vida en
nuestras almas, rejuvenecimiento para las luchas del porvenir, que venia a
anunciar:
"- ¡Os
saludamos, dilectos pupilos! caros hermanos en Jesucristo!. ¡Y es en Su nombre
excelso que os deseamos la gloriosa conquista de la Paz!."
La voz del
insigne director, sin embargo, o las vibraciones de su pensamiento generoso en
nuestro favor, el cual entendíamos como si se tratase de su voz, llegaba a
nuestro entendimiento dulce y murmurante, casi confidencial. Sin embargo, la
gran asistencia lo oía nítidamente, sin que un sólo monosílabo se perdiese.
Españoles afirmaban, después, que el orador hablara, aquella noche, en su
idioma patrio, habiendo realmente hasta expresiones usuales del hogar paterno,
por ellos conocidas desde la infancia, lo que mucho los conmovía y
sensibilizaba. Nosotros, los portugueses, sin embargo, los contradecíamos, pues
lo que oyéramos fuera un buen portugués clásico de Coimbra; mientras que los
brasileros presentes pretendían haber oído el suave y tierno lenguaje de las
tierras nativas, con sus acentos propios y la modulación que tanto desagrada en
Portugal...(23)
Y un sincero
encanto impregnaba a toda la asistencia de lenientes emociones...El, no
obstante, prosiguió:
"- No sois
extraños, mis amigos, del móvil de la presente reunión. Es vuestro futuro el
que aquí se delinea, el destino que os aguarda que será concertado en la
programación que deberéis no solo conocer, mas, principalmente, establecer y
aprobar!.
Desde el día en
que los umbrales de esta Colonia Correccional se abrieran, por ordenes de lo
Alto, a fin de recebiros y hospedaros, habéis vivido entre las alternativas de
un hospital-presídio. Por vuestro propio beneficio lo hicimos, sin embargo,
para que no fuesen mas profundas vuestras desgracias, mas ríspidas vuestras
responsabilidades en los desvíos de las inconsecuencias funestas que fatalmente
os habrían absorbido totalmente, por siglos de gravísimas transgresiones, si no
fuese la intervención caritativa del Pastor inmaculado que partió en busca de
vosotros, ansioso por traeros al aprisco. En tanto, hoy vengo para participaros
que, a partir de este momento, los mismos portones que se cerraran detrás
vuestro, aprisionandoos por imposiciones de severa protección y vigilancia, se
abren ahora, permitiendoos la libertad!. Sois libres de la tutela del
Departamento Hospitalario, mis hermanos. Todo cuanto a estos hospitales y a
estos presidios competía tentar a fin de auxiliaros en la emergencia crítica en
la que estabais embarazados, fue realizado!. De ahora en adelante nuevas
tentativas se imponen en vuestro trayecto, nuevos quehaceres y condiciones de
vida reclaman de vuestra parte actividades y energías que sinceramente deseamos
sin desaliento ni tibieza... pues ya bien habéis comprendido que jamas! jamas
habréis de morir! jamas conseguiréis desaparecer de ante vosotros mismos, ni de
la Creación, ni del Universo!. Y esto os sucede porque sois criaturas emanadas
del fluido Eterno de la Mente Divina, en vosotros reside la Vida Eterna de
Aquel que os la concedió la gloria de crearos a Su Semejanza, lo que equivale a
decir que seréis como El es: Eternos!.
¡Ved que,
poseyendo Vida Eterna, una finalidad gloriosa reclama vuestra presencia en el
seno de la Patria Eterna, donde el Soberano Señor del Universo mantiene la
intensidad de Su Gloria!.
¿Para que,
entonces, habéis de recalcitrar contra vuestro origen divino?. ¡¿Por que se
disminuye la criatura en la desobediencia contumaz a las leyes inmutables de la
Creación, si en su cumplimiento es que encontrará los verdaderos motivos para
sentirse honrada, así como la felicidad por la que tanto se empeña y suspira,
la alegría, la paz, la gloria inmortal?!... Vuestro suicidio, ¿de que os
sirvió?... Apenas para demostraras el grado de la ignorancia y de la
inferioridad en la que lidiáis, presumiendo poseer mucho saber y mucha ciencia;
apenas para dilatar vuestras amarguras a magnitudes incalculables para vuestro
entendimiento, cuanto que seria mucho mas leve, porque es meritorio, el
acomodaros a las
imposiciones de la
ley que
(23) Aun entre
desencarnados, solamente los Espíritus muy elevados podrán producir semejante
fenómeno telepático.
permite las
tribulaciones cotidianas como incentivo al Espíritu para el progreso y para el
desarrollo de las facultades sublimes de las que es depositario.
¡Que os sirva la
amarga lección de la experiencia, mis amigos!. Que las lágrimas vertidas por
vuestras almas, inconsolables ante la realidad que venís contemplando, se
perpetúe en el fondo de vuestras consciencias como saludable advertencia para
los días venideros, cuando, renovando las experiencias que dejasteis fracasar,
practiquéis las sublimes tentativas de la rehabilitación!.
Dandoos la
libertad que por ley os es otorgada, nos referimos al derecho que tenéis que,
por vosotros mismos, y bajo vuestra responsabilidad, tratar de vuestros
intereses, presidiendo con vuestro propio raciocinio los destinos que os
aguardan!. ¡Si! sois libres de escoger lo que mejor os parezca!. Recibisteis,
hasta donde ahora estuvisteis, elucidaciones convenientes, que os permiten el
criterio de la elección:
¿Queréis
retornar a la Tierra inmediatamente, tomando un nuevo fardo corpóreo, vosotros,
cuya razón debidamente esclarecida concluyó por la necesidad imperiosa,
indispensable, de la terapéutica reencarnacionista, la única que os conducirá a
la cura definitiva de los complejos que os han hundido en los pantanales de
irremediables amarguras?...
¡Tenéis libertad
para hacerlo, ya que estáis para ello preparados!.
¿Preferís
quedaros y cooperar con nosotros, durante algún tiempo, dilatando la época del
inevitable retorno a la orbe terráquea, sea aprendiendo a servir en el cuerpo
de nuestra milicia, sea desenvolviendo facultades de amor en el aprendizaje
fraterno de catequesis a las falanges obsesoras que infestan la Tierra y lo
Invisible inferior, o en la ayuda obsequiosa a nuestros hospitales:
enfermerías, o sea, en asistencia benemérita de caridad y consuelo fraternal,
vigilancia, etc. ?..
¡Tenéis
autorización para escoger!.
Nuestro campo de
acción es intenso y muy amplio, y en las filas de nuestra agremiación bien
recibido será el voluntario que, amando al Señor, respetando sus Leyes,
deseando trabajar y servir para progresar, sometiéndose a nuestros principios y
dirección, si es inexperto, quisiera colaborar para el engrandecimiento del
Bien y de la Justicia!.
Ved a Joel, a
quien tanto queréis: aquí entró en vuestras condiciones. El amor de Jesús lo
convirtió en una oveja pacífica. Y a pesar de lo mucho que aun tendrá que
experimentar en la Tierra, como resultado del infeliz gesto que prefirió en
medio de la jornada que le convenía vencer, en cuanto al amor a sus hermanos
sufrientes sabe él ofertar, ¡¿cuantos gestos nobles y meritorios todos los días
distribuye entre aquellos que le son confiados a su vigilancia?!...
¿Por ventura
deseáis aquí quedar, sin nada tentar para el beneficio propio, ambulando de
Departamento en Departamento, observando hechos, presos a un círculo vicioso de
contemplación improductiva, o entre lo Invisible inferior y la Tierra,
arriesgándose a peligrosas tentaciones, inactivos, ociosos, ejerciendo la
mendicidad en lo astral, sin nada de meritorio practicar, aunque incapaces de
la práctica del mal, ya que no sois malos?...
¡No nos
opondremos tampoco, aunque, con todas las fuerzas de nuestra alma y todo el
sincero empeño de nuestros corazones, os aconsejemos que así no procedáis!.
¡Aunque esto redunde en daños penosísimos para vuestra situación, en angustias
evitables, mas que se prolongarían en estados insostenibles que os acumularían
desventajas amargas, de incertezas y responsabilidades que mucho convendría que
evitéis!...
¿O, de otro
modo, si deseáis prolongar la permanencia a nuestro lado, a fin de iniciaros en
los conocimientos superiores de la Vida, consagrandoos a los cursos
preparatorios para la Verdadera Iniciación, solo posible después de los
rescates a que os comprometisteis con la propia Consciencia?
¡Sed
bienvenidos, oh amigos!. Y aprended con el Maestro de los maestros los
principios que os han faltado!. Y recebid en Su Nombre los elementos con que os
fortificareis para la consecución de los ideales del Amor, de la Justicia y de
la Verdad!.
Muchos de
vosotros, presentes en esta asamblea, se están habilitados para ese curso
preparatorio. Para otros, sin embargo, el momento aun no llegó!. Sus
consciencias les cuchichean el camino a seguir sin que nos constriñamos a
decirles los nombres. Aun a los habilitados, sin embargo, nada obligará a la
aceptación del confite que ahora fue hecho. Aceptadlo si lo queréis, por libre
y espontanea voluntad..."
Un murmullo discreto recorrió la asistencia. Era por que admirábamos la
caritativa sutileza del método puesto en práctica, el cual inhibía a unos y
otros, de nuestra falange, de juzgarse favorecidos de cualquier superioridad,
ya que no podíamos evaluar los dictados de nuestras consciencias, así como
aboliera la suposición de predilección por parte de los mentores. Teócrito
continuó, después de una pausa:
"- Os será
concedido un plazo de treinta días para que meditéis deliberadamente sobre lo
que acabáis de oír; pues, aunque estéis desde hace bastante tiempo adoctrinados
y esclarecidos para tomar, por vosotros mismos, la decisión que os conviene, la
tolerancia manda que os acautelemos con aun algún tiempo de meditación,
respecto de las tentativas futuras.
Durante ese
plazo, diariamente seréis atendidos en la sede del Departamento, en caso
deseéis informaciones y mas esclarecimientos en lo que os interesar
particularmente... y podréis, sin constreñimientos, expandiros con aquel que
aquí os reciba, porque hablará él en nombre del Divino Pastor, y todavía porque
os conoce en todas las particularidades y sutilezas, leyendo en vuestras almas
como en un libro abierto!. También, sois convidados a las reuniones que para
vosotros se realizaran en este mismo local, en las que trataremos de todo
cuanto, de modo general, os pueda esclarecer, instruir y reanimar para el
futuro al que seréis impelidos por vuestras afinidades Agotado, sin embargo, el
plazo concedido, participareis a la dirección de la institución, a la que
estáis afiliados, de las resoluciones tomadas, condecendiendose ella, entonces,
bajo nuestros planes, encaminaros hacia el destino que voluntariamente hayáis
escogido!."
A tan simples
cuan importantes conversaciones siguió la primera exposición de los deberes que
nos cabrían como Espíritus arrepentidos y deseosos de rehabilitación. Sería
como la primera conferencia de la serie para la que nos convidaban. El mismo
Teòcrito fuera el orador. Hablara paternal y aconsejando, sin éxtasis
apasionados de oratoria, mas dejando penetrar hasta el fondo de nuestras almas
profundas reflexiones respecto de las particularidades inferiores de cada uno.
Parecía que, legítimo conocedor de los complejos que enredaban nuestro ser,
traía el objetivo de ayudarnos a reconocerlos, medirlos, desmenuzarlos, a fin
de animarnos a darles combate. De allí nos retiramos, en esa noche memorable,
reconfortados, como fortalecidos por benéficas esperanzas... Y allí volvimos
todavía muchas veces para oírlo expandirse sobre los mas elevados conceptos que
podríamos concebir, acerca de la Vida, de las Leyes del Universo, de las
magnificencias morales resultantes del cumplimiento del Deber, de la
observancia de la Justicia, de la práctica del Amor y de la Fraternidad, de la
obediencia a la Razón como a la Moral y a todos los demás principios del Bien!.
Extinto el plazo
establecido por los reglamentos internos, una gran movimentacion se verificó en
la fisionomía tranquila del Departamento Hospitalario y de la Torre. Grupos de
asilados cruzaban las alamedas nevadas de los parques, yendo a la sede del Departamento,
acompañadas de Sus mentores, a fin de participar a la autoridad máxima de la
noble agremiación las resoluciones definitivamente tomadas después de las mas
graves elucubraciones y análisis sobre la situación propia, asistidas por los
desvelados consejeros y educadores y orientadas por el mismo Teócrito, como
vimos.
Agenor Peñalva,
así como varios otros prisioneros de la Torre, suicidas-obsesores que habían
sembrado desorden, lágrimas, incontables desgracias en el pretérito, ya sea en
la calidad de hombres encarnados, ya sea, mas tarde, como Espíritus inferiores
que eran; Jerônimo de Araújo Silveira, Màrio Sobral y otros declararon preferir
la reencarnación inmediata, tales las incomodidades de los remordimientos, las
angustiosas perspectivas del pasado, que obsesionaban sus mentes en
flagelaciones insoportables, incapacitándolos para cualquier otra tentativa.
Tenían urgencia de expiación, a fin de verse conseguir treguas en el olvido
temporal de los servicios de renovación planetaria, para después, entonces
cuidar, mas serenos, de mayores realizaciones. Otros se decidieron por la
pasantía en los trabajos de la Vigilancia, donde podrían aprender algo para
fortalecerse un poco mas, porque, tibios, indecisos, temían aun el contacto con
la carne, desconfiados de sus propias flaquezas. Algún tiempo de contacto con
las caravanas heroicas, en el servicio de socorro y auxilio a los desgraciados
del Valle Siniestro, como de la Tierra, desempeñando la beneficencia, los
prepararía con mayor seguridad, entendían, señalándoles caminos mas amplios en
la senda de la Fraternidad!. Yo, Belarmino, João d'Azevedo también así algunos
pocos que con nosotros muy bien se afinaban, todos del Hospital María de
Nazaret, atraídos por las magníficas enseñanzas del preclaro director del
Departamento, durante sus apreciadas exposiciones, después de muchas y
cuidadosas investigaciones dentro de nosotros mismos, nos presentamos ante su
presencia, declarando que, en caso que fuésemos merecedores de la honrosa
merced de proseguir en las sendas preparatorias de la Iniciación, a despecho de
los deméritos que sabíamos sobrecargando nuestras consciencias, nosotros lo
preferíamos, porque nos seducía la perspectiva del Conocimiento que nos dejara
entrever.
"- ¡Sed
bienvenidos, amigos! – fue la respuesta. – Mañana mismo podréis seguir vuestro
nuevo destino... ¿Para que retardar mas?... No continuareis, sin embargo, bajo
mi dependencia... Mi misión junto a vosotros está culminada, ya que seréis
encaminados hacia adelante, bajo los cuidados de nuevos mentores...
Nos unirá,- sin
embargo, para siempre, el dulce afecto que se estableció en nuestros Espíritus
durante el tiempo que aquí pasasteis..."
Convencidos de
que luego al día siguiente dejaríamos el Departamento Hospitalario,
separándonos de los generosos amigos que tanto nos consolaron en la desgracia,
una tristeza profunda nos ensombreció el corazón. La permanencia en un
hospital, sin embargo, todos nosotros lo sabíamos, es temporal, y generalmente
corta.
Procuramos
despedirnos. Comenzamos por el propio Hospital, que estaba cerca. Joel, nos
abrazó entre una sonrisa y un minuto de intervalo en los quehaceres que eran
muchos en aquella mañana en virtud de la llegada, en pocas horas, de un nuevo
contingente
de réprobos
traídos del Valle, nos dijo, confortándonos mas una vez :
"- No
penséis que estaréis separados de nosotros... Nos veremos muchas veces...
Paciencia, mis amigos, paciencia..."
Carlos y
Roberto, como siempre, se aprontaron a guiarnos en las visitas de despedida.
Revimos y abrazamos a todos los nobles mentores, amigos de incansable
dedicación, a quienes tanto debíamos los delicados conocimientos que tuvimos a
honra de hacer fuera de nuestro Departamento, los que se extendieron a través
del tiempo, solidificándose en perpetuo afecto!.
Estabamos en el
Departamento de Reencarnación, acompañados de las gentiles Hermanas servidoras,
Rosália y Celestina, cuando allí dieron entrada a varios pretendientes a la
matrícula en el Recogimiento. Era doloroso verlos madurando sobre los dramas
nefastos que así los impelían hacia el futuro acerbo tan rápido, el futuro
redentor!. Parecían réprobos expulsados del Paraíso por falta de afinidades
para habitarlo por mas tiempo, el triste éxodo de condenados a los infiernos,
por las mas graves desobediencias a las Leyes del Señor Todo Bondad y
Misericordia!.
¡Era, en efecto,
eso!. Era una falange de arrepentidos que, entre las luchas de las
incomprensiones de las pruebas terrenas, iban a pulir la consciencia maculada
por el pecado, bautizándola en el fuego redentor del sufrimiento y, así,
sacarla de la deshonra!.
Caminaban en
extensa fila, de dos en dos, subiendo las escaleras de la sede del Departamento
y desaparecían enseguida en el interior del mismo... Prisioneros de un pasado
ominoso, esclavizados por el negror de la mente, incapacitados, en vista de sus
punzantes remordimientos, para cualquier tentativa antes de una reencarnación
expiatoria, seguían cabizbajos, tristes, constreñidos, temerosos, dando la
impresión de que se sometían a la dura penalidad solo porque otro remedio no
habían encontrado para restituirles el honor espiritual, la Serenidad íntima,
sino ese providencial recurso que la Ley Magnánima les indicaba: volver a ser
hombres!.
Se renovarían en las lides planetarias a través de los ejercicios
rehabilitadores del cumplimiento del Deber!.
Una desoladora
sensación de pavor hizo estremecerse a nuestras fibras mas sensibles al
encontrarnos con un grupo conducido por el Hermano João, director del
Manicomio!. Incapaces de raciocinar libremente, seguían hacia la reencarnación
impelidos por la necesidad imperiosa de una mejora y algún progreso; y solo los
escasos atenuantes que deberían traer, como los deméritos que evidentemente
mostraban, establecerían las condiciones para la existencia que buscaban, así
como sus lastimosos estados vibratorios. El Hermano João, el generoso Teócrito,
los técnicos del Departamento de Reencarnación, la dirección-general de la
Colonia, sus Guardianes Mayores, todos criteriosamente inspirados en la
Justicia y en la Misericordia de las Leyes Soberanas del Omnipotente Creador,
eran los mismos que suplían sus incapacidades de justo discernimiento para
libremente escoger su futuro, estableciendo en consejo lo que mejor les
convenía, y recibiendo para eso el beneplácito del Maestro Redentor – Jesús!.
No contuvimos
las lágrimas al ver a Jerônimo y a Mário, nuestros pobres compañeros y afines
desde la sombría desesperación del Valle Siniestro. El primero, abatido,
curvaba la cabeza sobre el pecho, cual el condenado sumiso en el momento
supremo. No nos vio a la distancia, tan absorto seguía en las ondas aflictivas
del pensamiento!. El segundo, sin embargo, sonriente y valeroso, los cabellos
revueltos, como en el primer día en que lo viéramos; el pecho, en tanto,
impávido, erguido como desafiando las luchas futuras, los ojos vivos mirando al
frente, cual soñador anteviendo el ápice honroso de la empresa penosamente
iniciada entre los sacrificios exigidos por la Razón y las lágrimas vertidas
por el Corazón, ambos conflagrados por un sincero arrepentimiento, que será
preciso expurgar!. Al vernos, saludó amigablemente, en un adiós que parecía el
ultimo, mientras un rumor de indescriptible horror angustiaba nuestras almas:
el desgraciado saludara con dos miserables tocos de brazos, donde no existían
manos, mientras que estas allá estaban, arrancadas, enclavadas en su propio
cuello, como recordando la muerte violenta por estrangulación, la misma por él
dada a la infeliz Eulina!.
"- Este
será bien seguro que vencerá – profetizó la Hermana Celestina, pensativa. - Su
próxima migración terrena será un calvario áspero, propio de las almas
valientes, que se arrepienten!. De la cuna al túmulo apenas lágrimas y
asperezas conocerá!. Se arrastrará sin esperanzas ni compensaciones, mutilado,
enfermo, humillado, ridiculizado, traicionado por su propia madre, que lo
repudiará al darle la vida, pues sólo obtendrá un cuerpo en los ambientes
viciados en que otrora se revolvió... ¿Mas será preciso que así sea, oh mi
Dios? para que se reconcilie con su propia consciencia y se reencuentre armonizado con el progreso
natural de cada criatura en busca de Dios!. También así lo comprendió, que él
mismo escribió la sentencia que le convenía y la entregó al Hermano Teócrito
para encaminarla a la direccion-general y conseguir la aprobación de su
Guardián Mayor, o sea, de María, gobernadora de la Legión a la que
pertenecemos... Mário se impuso una expiación durísima, como tantos y tantos
hermanos nuestros existentes sobre la costra de la Tierra, en el rescate severo
y decisivo!."
...Y al
atardecer del día siguiente dejamos el Departamento Hospitalario...
Un vehículo
modesto, que era del tipo usual en el interior de la Colonia, nos vino a
buscar. Silenciosamente, conmovidos, tomamos lugar y, confortados por la
presencia de Romeu y Alceste, que nos deberían acompañar al nuevo domicilio,
observábamos que, mientras se deslizaba suavemente, las nieves melancólicas se
adelgazaban, el paisaje se coloreaba de hermosos tonos de madreperla, flores
surgían en una fiesta policroma a la vera del camino amorosamente cuidado..,
mientras los primeros caseríos de una magnifica metrópolis hindú aparecían ante
nuestros ojos sorprendidos, que creían soñar!.
¡Loado sea
Dios!. ¡Era, pues, verdad, que habíamos progresado!.
TERCERA PARTE
LA CIUDAD UNIVERSITARIA
CAPITULO I
LA MANSIÓN DE LA ESPERANZA
La primera noche
la pasamos en ansiosa expectación. Nuestros aposentos daban sobre el jardín y
de las ojivas que los rodeaban veíamos el amplio horizonte de la metrópolis,
adornado de pabellones graciosos como construidos en madreperla y de cuyos
quioscos, que lo adornaban pintorescamente, emanaban fragancias delicadas de
miríadas de arbustos y tiernas flores, ya no monótonas, níveas, como en el
Departamento Hospitalario.
Todo indicaba
que gravitáramos, según nuestras afinidades, a una Ciudad Universitaria, donde
nuevos ciclos de estudio y aprendizaje se nos concedería, según nuestro deseo.
Mientras
paseábamos, ante nuestros ojos interesados se extendía un paisaje ameno y
seductor, donde soberbios edificios, finamente trabajados en un estilo ideal,
que recordaría el padrón de una civilización que nunca llegaría a concretarse
en las camadas terrestres, nos llevaron a meditar sobre la posibilidad de
neblinas ignotas, irisadas de palideces también desconocidas, servir a artistas
aquellas cúpulas seductoras, los encajes sugestivos, el pintoresco encanto de
los balcones convidando a la mente del poeta a devaneos profusos, camino al
Ideal!. Inmensas avenidas se abrían entre arboledas majestuosas y lagos
dulcemente encrespados, orlados de ramilletes floridos y perfumados. Y,
alineadas, como en visión inolvidable de una ciudad de hadas, las Academias
donde el infeliz que atentara contra la sacrosanta oportunidad de la existencia
terrena debería habilitarse para las decisivas reformas personales que serian
indispensables para, mas tarde, después de una nueva encarnación terrena, donde
testificase los valores adquiridos durante la preparación, ser admitido en la
verdadera Iniciación.
No me permitiré
el intento de describir el encanto que se irradiaba de ese barrio donde las
cúpulas y torres de los edificios parecían filigranas resplandeciendo
discretamente, como que rociadas, y sobre las que los rayos del Astro Rey,
proyectados en conjunto con evaporaciones de gases sublimados, prestaban
tonalidades de efectos cuya belleza a nada se puede comparar!.
En todo, sin
embargo, se diseñaba una augusta superioridad, desprendiendo sugestiones
grandiosas, inconcebibles al hombre encarnado.
Y, en tanto, no
era residencia privilegiada!. Apenas un grado mas arriba del triste asilo
hospitalario!...
Emocionados, nos
detuvimos ante las Escuelas que deberíamos cursar. Allá estaban, coronándolas,
los letreros descriptivos de las enseñanzas que recibiríamos:
- Moral,
Filosofía, Ciencia, Psicología, Pedagogía, Cosmogonía, y hasta un idioma nuevo,
que no seria apenas una lengua mas, a ser usada en la Tierra como adorno de
ricos, ornamento frívolo de quien tuviese recursos monetarios suficientes para
comprar el privilegio de aprenderla. ¡No!. El idioma cuya indicación allí nos
sorprendía seria el Idioma Definitivo, que había de en el
futuro estrechar las relaciones entre los hombres y los Espíritus, por
facilitarles el entendimiento, removiendo igualmente las barreras de la
incomprensión entre los humanos y contribuyendo para la confraternización
ideada por Jesús de Nazaret:
"Una sola lengua, una
sola bandera, un solo pastor!"
Ese idioma, cuya
ausencia entre médiums brasileros le había imposibilitado realizar obras como
deseara, contribuyendo para que fuera mas penoso el trabajo de mi
rehabilitación, tenia un nombre que se aliaba al dulce alivio que aclaraba
nuestras mentes. Se llamaba, como nuestro barrio, Esperanza, y allá estaba,
junto a los demás, el majestuoso edificio donde era enseñado, acompañándose de
las recomendaciones fraternales para las que fue ideado!. Convendría, así, que
lo aprendiésemos, para que, al reencarnar, llevándolo impreso en el fondo del
Espíritu, no descuidásemos de ejercitarlo en la Tierra.
El benéfico
frescor matinal nos traía al olfato el perfume dulcísimo, que afirmaríamos ser
de los claveros sanguíneos que las damas portuguesas tanto gustan de cultivar
en sus canteros, de las tiernas glicinas, excitadas por el rocío saludable de
la alborada. Y pájaros, como si cantasen a lo lejos, sonaban tiernas melodías,
completando el dulzor del cuadro.
Habíamos llegado
en la víspera, cuando las estrellas comenzaban a fulgir irradiando caricias
luminosas.
Romeu y Alceste,
nos presentaron a la dirección del nuevo Instituto, se despidieron enseguida,
dando por terminada la misión junto a nosotros. No fue sin profunda emoción que
vimos partir a los jóvenes buenísimos a quienes tanto debíamos, y a los que abrazamos,
conmovidos, aunque, sonriendo, observasen:
"- No
estaremos separados. Apenas mudasteis de recinto, dentro del mismo hogar. ¡¿Por
ventura el mismo Universo Infinito no es el hogar de las criaturas de
Dios?!..."
El hermano
Sòstenes era el director de la Ciudad Esperanza. Nos habló grave, discreto,
bondadoso, sin que nos animásemos a mirarlo:
"- Sed
bienvenidos, mis caros hijos!. Que Jesús, el único Maestro que, en verdad, aquí
encontrareis, os inspire la conducta a seguir en la nueva etapa que hoy se
delinea para vosotros. ¡Confiad!. ¡Aprended!. ¡Trabajadad!. – ¡a fin de que
podáis vencer!. ¡Esta mansión os pertenece. Habitáis, por tanto, en un hogar
que es vuestro, y donde encontrareis hermanos, como vosotros, hijos del
Eterno!. María, bajo el beneplácito de su Augusto hijo, ordenó su creación.
Para que os fuese proporcionada ocasión de preparativos honrosos para la
rehabilitación indispensable. Encontrareis en su amor de madre el sustentáculo
sublime para vencer el negror de los errores que os alejaron de los pasos del
Gran Maestro a quien debéis antes amor y obediencia!. Cumple, por tanto, apresurar
la marcha, recuperar el tiempo perdido!. Espero que sabréis comprender con
inteligencia vuestras propias necesidades..."
No respondimos.
Lágrimas humedecieron nuestras mejillas. Eramos como niños tímidos que se
viesen solas por primera vez con el viejo y respetable profesor aun
incomprendido. Fue cuando, después, nos condujeron al Internado donde
deberíamos residir, donde pasáramos la noche y de donde, por la mañana,
saldríamos a pasear.
Aquí y allí, por
los parques que bordeaban la ciudad, encontrábamos a grupos de alumnos oyendo a
sus maestros bajo la poesía dulcísima de arboledas frondosas, atentos y
absortoscomo otrosra lo habrian sido los discípulos de Sócrates o de Platón,
bajo el murmullo de los plátanos de Atenas; los iniciados del gran Pitágoras y
los desgraciados de Galilea y Judea, los sufridores de Cafarnaum o Genesaré,
embebidos ante a intraducible magia de la palabra mesiánica!.
Señoras
caminaban por las alamedas, acompañadas de severos vigilantes como Marie
Nimiers, a quien mas tarde conoceríamos muy de cerca; o impenetrables como
Vicência de Guzman (24), joven
religiosa de la antigua Orden de S. Francisco, hermana de nuestro antiguo
benefactor, Conde Ramiro de Guzman, a la cual igualmente pasamos a bien querer
tan luego supimos de los eslabones inmarcesibles que la unían a aquel dedicado
servidor de la Sección de las Relaciones con la Tierra.
Absortos,
consentíamos que la imaginación se desbocase arrastrada por las sugestiones,
dejando palpitar en nuestra mente múltiples impresiones, cuando suavemente
alguien me tocó el
(24) Personajes
de una narración incluida en los apuntes concedidos por el verdadero autor de estas páginas en el
curso de veinte años de experiencias mediúnicas, mas la cual su compilador tuvo
por bien omitir en el presente volumen, reservándolo para un nuevo ensayo
literario en moldes espiritas.
hombro,
produciendo en mi sensibilidad la suave emoción de una caricia infantil que me
despertase de un prolongado torpor. Me volví, ya mis compañeros mas cercanos
reducidos a Joâo y Belarmino, ya que los demás se habían internado en el
Recogimiento. Dos damas estaban a nuestro lado, invitándonos para una reunión
de honor para la cual fuera convocada la pequeña falange llegada ayer. Decían
las damas, que, entonces, seriamos presentados a nuestros nuevos mentores,
aquellos que nos darían la educación definitiva. Seriamos entregados a ellos
como los verdaderos guardianes que por nosotros celarían paternalmente, hasta
terminar el curso de experiencias renovadoras que urgía las realizásemos en la
próxima encarnación en los planos terrestres.
La primera de
esas damas, justamente la que me tocara, era una niña rubia y delicada, que
andaría por las quince primaveras, dueña de una gracilidad irresistible!.
Vestía, sin embargo, curiosamente, no escapándosenos, ninguno de nosotros, del
impertinente análisis. Una túnica blanca atada a la cintura, manto azul colgado
al antiguo uso griego y una pequeña guirnalda de minúsculas rosas adornándole
la frente eburnea. Parecía un ángel a quien le faltasen las alas. Al comienzo
me creí víctima de una alucinación, que, salido del Valle de los Réprobos para
la Ciudad de la Esperanza, tendría el don de crear lo opuesto de lo hediondo, o
sea, lo agradable y lo Bello. La niña tenia el poético e imponente nombre de
Cassia de Forjaz Franzâo, decasílabo que la habría implicado en un circulo
familiar aristócrata, en la ultima etapa terrena sufrida en tierras de
Portugal. Pasados algunos días, no teniendo el deseo de elucidarme acerca de
sus interesantes vestidos, la veía entristecerse ante ni indiscreción, mientras
oía su respuesta a mi interrogante:
“- Me sepultaron así, o mejor, así vistieron mi
fardo carnal, cuando lo abandoné por ultima vez, en la Tierra. Tan grata fue a
mi corazón la vuelta a lo Invisible, no obstante del desastre que ocasionó a un
ser muy querido para mi, que retuve en la mente el recuerdo del último
"toilette" terreno..."
La segunda,
alta, también rubia, debería haber dejado la vestidura corporal no lejos de los
cincuenta años, conservando aun las impresiones mentales que permitían esas
observaciones. Simpática y atrayente, me extendió la diestra muy gentilmente,
presentándose de modo asaz cautivante para:
"- Tengo la
certeza que ya oísteis hablar de mi... Soy Doris Mary Steel da Costa.., y vengo
de una existencia terrena en la que muy gratamente serví de madre a mi pobre
Joel... vuestro amigo del Departamento Hospitalario. "
Nos confesamos
encantados, no teniendo frases suficientemente expresivas para traducir la
emoción que nos conmovía. Respetuosamente osculamos la mano que tan
democráticamente nos era extendida, mas sinceramente lo hicimos, sin la
afectación a que nos habituáramos siempre...
A la hora
marcada fuimos introducidos a la sala de reuniones, situada en la sede central
del nuevo Departamento, por hermanas vigilantes encargadas del servicio
interno.
Nuestro grupo,
que contaba cerca de doscientos pecadores, era de las mas grandes que en el
momento habían en la Ciudad, contando en su conjunto con un gran contingente de
damas brasileñas pertenecientes a variados planos sociales de la Tierra, lo que
mucho nos admiró, reconociendo que las estadísticas de suicidios de mujeres en
el Brasil era mucho mayor que la de Portugal. Presidía la magna reunión el
Guardián jefe del Instituto, el Hermano Sóstenes.
Iniciándola, nos
exhortó a un homenaje mental al Creador, lo que hicimos orando íntimamente, tal
como nos fuese posible, impelidos, todavía, por un sincero respeto. A su
derecha estaba un anciano, cuyas barbas níveas, bajando hasta la cintura, para
terminar en punta, le imprimían tal aspecto de venerabilidad a su personalidad
que, emocionados, nos creímos en presencia de uno de aquellos patriarcas que
los libros sagrados nos retratan o a un
faquir hindú experimentado en virtudes y ciencias a través de las mas austeras
disciplinas. A la izquierda, otro iniciado nos despertó la atención con su
perfil hindú clásico, lo que infundió a nuestro espíritu un singular
sentimiento de atracción. Tan venerable cuanto el otro, el nuevo personaje
tenia, sin embargo, menos edad, reflejando antes la madurez con la pujanza de
su equilibrio racional estampada en el vigor de sus facciones que nos dejaba
ver con nitidez. Mas allá, un joven casi adolescente nos despertó mayor
atención, ya que ocupaba otra cátedra de maestro, y no el lugar reservado a los
adjuntos. Hermosísimo de rostro, de una hechura por así decir angelical, su
perfil hebreo irradiaba tan impresionante dulzura que creíamos tratarse antes
de una aparición de las que los libros orientales eran fértiles en mencionar,
si no fuera por la realidad indiscutible de todo cuanto nos cercaba. A la
derecha de Sóstenes, codeándose con el anciano.
A una seña del
Hermano Sóstenes, se inició la llamada de los pacientes. Nuestros nombres,
registrados en el voluminoso libro de matrícula donde los firmáramos al llegar
resonaban, uno a uno, proferidos por la vigorosa voz de un adjunto que, al lado
da tribuna de honor, como secretario de la reunión. Y, oyendo que nos llamaban,
respondíamos tímidamente, como colegiales bisoños, mientras el eco hacia
repetir nuestros nombres mas allá, entre salas y galerías, llevándolos, a
través de las alamedas distantes, de los parques de la ciudad que se extendía
entre flores y pabellones grandiosos, para perpetuarlos, quien sabe?
repercutiéndolos a través del Infinito y de la Eternidad!...
Ante todos los
presentes, se levantó el director para el discurso de honor:
"- Iniciáis
en este momento una nueva fase en vuestra existencia de Espíritus delincuentes,
mis caros amigos!. Entre tantos padecientes que con vosotros llegaran a esta
Colonia, fuisteis los únicos a alcanzar las condiciones indispensables para las
luchas del aprendizaje espiritual que os conferirá una base sólida para
adquirir valores personales en los días por venir. Seréis matriculados en
nuestras escuelas, una vez que presentáis el necesario desenvolvimiento moral y
e mental para la adquisición de esclarecimientos que os permitirán la próxima
reencarnación recuperadora, capaz de daros la rehabilitación decisiva del error
en que sucumbisteis.
Como desde hace
mucho debéis haber percibido, no sois condenados irrecuperables a los que la
Ley Universal aplicaría medidas extremas, relegandoos a la eterna inferioridad
del presente, al abandono de las angustias inconsolables de la actualidad, por
excluiros de la armonía apropiada a toda criatura originada del Sempiterno
Amor!. Al contrario, estamos participandoos que tenéis el derecho de mucho
esperar de la bondad paternal del Omnipotente Creador, porque, la misma Ley,
por El establecida, que infringisteis con el acto irrespetuoso de la rebelión
contraproducente, a todos os facultará la posibilidad de recomenzar la
experiencia interrumpida por el suicidio, dandoos, honrosamente, oportunidad de
rehabilitación segura.
Nada conocéis,
sin embargo, de la Vida Espiritual y urge que la conozcáis. Hasta ahora
vuestras estadías en la erraticidad vienen verificándose en zonas inferiores de
lo Invisible donde poco habéis aprovechado moralmente, a causa de la coraza de
animalidad que envuelve vuestras vibraciones mentales soldadas,
particularmente, al dominio de las sensaciones. Hace cerca de un siglo, sin
embargo, llegó la época de anteponer rigores a vuestros continuados desatinos y
despertaros del círculo vicioso en que os dejasteis estar encaminandoos hacia
la alborada de la redención con Jesús, que os conducirá al verdadero objetivo
que, como criaturas de Dios, debéis forzosamente alcanzar!.
Muchos de
vosotros, que fuisteis doctos en la Tierra, lúcidas inteligencias que se
impusieron en el concepto de la sociedad terrena, desconocéis, todavía, los mas
rudimentarios principios de espiritualidad, llevando realmente la displicencia
al extremo de negarlos y combatirlos, cuando los descubristeis ornando el
carácter del prójimo. Debéis, por eso mismo, iniciar con nosotros un curso de
reeducacion moral-mental-espiritual, que es lo que os ha faltado, ya que las
predisposiciones para tan elevado acto acudieron a las invocaciones
desesperadas de los sufrimientos por los que pasáis!.
Si no fuera por
el gesto audaz de precipitación, afrontando leyes invariables que aun
desconocéis, y hoy estaríais glorificados por una victoria magnífica, laureados
por el cumplimiento del Deber, preparados para nuevos ciclos de aprendizaje.
Sin embargo, el suicidio, que no os trajo la muerte, porque la muerte es
ficción en este Universo vivo y regido por leyes eternas oriundas de la
sabiduría de un Creador Eterno; que no os concedió ni reposo, ni olvido, ni
aniquilamiento, porque no alcanzó sino el cuerpo fisico-terreno y no, jamas! el
espiritual, donde reside vuestra personalidad verdadera y eterna, el suicidio,
decimos, arrebató todo el mérito que podríais tener, precipitandoos a una
situación calamitosa, de la cual no saldréis mientras restauraciones totales no
sean realizadas. Y os advierto, mis amigos, que, en la lucha que emprenderéis
para conseguir tal desideratum, mas de un siglo presenciará las lágrimas que
derramareis sobre las consecuencias del execrable acto irrespetuoso hacia
vosotros mismos, como hacia Dios!.
Sin embargo, las
enseñanzas que os administraremos influirán bastante en la victoria que
deberéis alcanzar contra vosotros mismos. Mas, no saldréis de este local,
alcanzando esferas espirituales mas compensadoras, mientras de nuestro
Instituto, o de vuestras Consciencias, no recibáis certificados de
rehabilitación, los que os conferirán el ingreso a lugares normales en la
jerarquía de la evolución, y tales certificados, mis amigos, solo os serán
confiados después de la reencarnación que deberéis abrazar, una vez terminado
el curso iniciado en este momento..."
Siguió una pausa
breve, que nos dio la impresión de que nuevas disposiciones despertaban las
fibras de nuestras almas. Volviéndose hacia los tres compañeros que lo
rodeaban, el orador continuó, prendiendo acaso aun mas nuestra atención:
"- Aquí
tenéis a vuestros educadores. Son como angeles-tutelares que sobre vosotros,
como sobre vuestros destinos, se inclinaran, amparandoos en la espinosa
jornada!. Os acompañaran, a partir de este momento, en todos los días de
vuestra vida, y solo darán por cumplida la noble misión de que encargaron junto
a vosotros, cuando, ya glorificados por la observancia de la Ley que
infringisteis, volváis de la Tierra, nuevamente, a este asilo, recibiendo,
entonces, como que el pasaporte para otra localidad espiritual, donde retornéis
el hilo normal de la ruta evolutiva interrumpida por el suicidio.
Las credenciales
de los maestros a quienes, en este momento, sois entregados en nombre del
Pastor Celeste, se extienden, en virtudes y méritos, a un pasado remoto, muchas
veces comprobado en los testimonios santificantes.
A mi derecha,
está Epaminondas de Vigo, en cual, en escala ascensional brillante, viene desde
el antiguo Egipto hasta los sombríos días de la Edad Media, en España,
sirviendo a la Verdad y exaltando el nombre de Dios, sin que sus triunfos se
enfriasen en los planos de la Espiritualidad hasta el momento presente. En los
tiempos apostólicos, donde, como discípulo de Simón Pedro, glorificó al Maestro
Divino, tuvo el honor supremo de sufrir el martirio y la muerte en el circo de
Domício Nerón. En España, bajo el imperio de las tinieblas que circundaban las
leyes impuestas por el llamado Santo-Ofício, brilló como estrella salvadora,
mostrando caminos sublimes a los desgraciados y perseguidos, como a muchos
corazones ansiosos por el ideal divino, empuñando antorchas de ciencias
sublimadas en el amor y en el respeto a los Evangelios del Cordero Inmaculado,
ciencias que fuera a buscar, desde hacia mucho, en peregrinaciones devotas, a
los arcanos sagrados de la vieja India, sabia y protectora, en la Tierra, de
verdades inmortales!. Mas justamente porque brillara en medio de tinieblas, lo
sacrificaran nuevamente, ya no tirando su viejo cuerpo carnal a las fieras
hambrientas, y sí quemándolo en la hoguera pública, donde, todavía una vez mas,
probó él su inmarcesible dedicación al Señor Jesús de Nazaret!.
A la izquierda
tenéis a Souria-Omar, antiguo maestro de iniciación en Alejandría; filósofo en
Grecia, luego después de la venida de Sócrates, cuando fulgores inmortales
comenzaban a encenderse para el pueblo, hasta entonces alejado de los
conocimientos sublimes, ya que estos eran mantenidos en secreto y apenas para
conocimiento y uso de sabios y doctos. Como el eminente precursor del Gran
Maestro, enseñó la Doctrina Secreta a discípulos elevados de las mas modestas
clases sociales, a los desheredados e infelices; y, a la sombra benéfica de las
hayas frondosas o bajo la amenidad poética de los plátanos, les hacia sorber
enseñanzas llenas de divina magnificencia, transportándolos de felicidad en la
elevación de los pensamientos hacia el Dios Sempiterno, Creador de Todas las
Cosas, aquel Dios desconocido cuya imagen no constaba en la colección de los
altares de piedra de la antigua Hélade... Mas tarde, lo tenéis reencarnado en
la propia Judéa, atraído por la figura incomparable del Maestro de los
maestros, manifestándose en actitudes humildes, oscuras, mas generosas y sanas,
por seguir los pasos luminosos del Celeste Pastor!. Entrado ya en edad
avanzada, conoció las férreas persecuciones de Jerusalén, después del
apedreamiento de Esteban. Estoico, fortalecido por una fe inquebrantable,
sufrió un largo martirio en el fondo siniestro de un antiguo calabozo;
torturado con la ceguera, por ser considerado varón de muchas letras y, por
tanto, peligroso, nocivo a los intereses farisaicos; martirizado con golpizas,
mutilaciones dolorosas, hasta sucumbir, ignorado por la sociedad, irreconocible
por el propia familia, mas glorificado por el Maestro Excelso, por amor de
quien todo soportó con humildad, amor y reconocimiento. Souria-Omar, como
Epaminondas, tuvo la mente vuelta, desde hace muchos siglos, hacia las altas
expresiones de la Espiritualidad, el alma fervorosamente balizada en la pira
sagrada de la Ciencia Divina y del amor a Dios!. Hoy, se encuentra trabajando
en la región de angustias en que nos encontramos todos, materializado al punto
de ser por vosotros reconocido como en su ultima estructura corporal, no será
porque le falten luces y merecimientos para alcanzar otros lugares, en armonía
con sus méritos, mas porque fieles, ambos, a principios de la iniciación cristiana,
que observa por encima de cualquier otra norma, prefieren extender atenciones y
amor a los mas desgraciados y desprovistos de animo, dedicándose a encaminarlos
a la redención inspirados en el ejemplo del Príncipe Celeste que abandonó Su
reino de glorias para darse, en sacrificios continuos, al bien de las ovejas de
la Tierra...
...!Y Aníbal,
mis caros hijos!. Este joven que conoció personalmente a Jesús de Nazaret,
durante sus sermones inolvidables a través de la sufrida Judea!. Aníbal de
Silas, uno de aquellos niños presentes en el grupo que Jesús acarició cuando
exclamó, demostrando la inconfundible ternura que una vez mas expandía entre
las ovejas aun vacilantes:
"Dejad que los niños
vengan a mi,
porque de ellas es el reino de los Cielos..."
Aníbal, que os
dará enseñanzas cristianas exactamente como las oyera del mismo Rabí, a quien
ama con arrebatos de idealista entusiasta y ardoroso, desde la infancia lejana,
pasada, entonces, en el Oriente!.
Asevera él que,
cuando el Señor enseñaba su hermosa Doctrina de Amor, cuadros explicativos, de
maravillosa precisión y encanto inefable, surgían inesperadamente a la visión
del oyente de buena voluntad, elucidándolo de forma inconfundible, por imprimir
en los arcanos del ser de cada uno el ejemplo que nunca mas sería olvidado!.
Que era por eso que, hablando, conseguía el gran Enviado refrenar, en serenidad
inalterable, multitudes hambrientas, por largas horas, dominar turbas rebeldes,
arrebatar oyentes, convencer corazones que, o se prosternaban a su paso,
tímidos y aturdidos, o a Su Doctrina para siempre se prendían, encantados y
fieles. Los impíos, sin embargo, cuyas mentes viciadas permanecían desafinadas
con las vibraciones divinas, nada perciban, oyendo apenas relatos cuya
excelsitud no eran capaces de alcanzar, ya que traían las almas impregnadas del
virus letal de la mala voluntad!. Uno de esos cuadros, ciertamente el mas bello
de cuantos el Maestro Amado creó para instruir a sus ovejas descarriadas, porque
aquel mismo que lo retrataba en su gloria de Unigénito del Altísimo, bastó para
que Saulo de Tarso se transformase en arrimo ardiente de la Doctrina Redentora
con que honrara al mundo!.
Aníbal creció se
hizo hombre, sintiéndose siempre envuelto por las radiaciones inmarcesibles del
Divino Pastor, y que nunca mas se apagaran de sus recuerdos. Trabajó por la
Causa, repitió aquí como mas allá lo que oyera del Señor o de sus Apóstoles,
prefiriendo, sin embargo, instruir a criaturas y jóvenes, recordándose de la
dulzura indecible con que Jesús se dirigía a la infancia. Viajó y sufrió
persecuciones, ultrajes, injurias, injusticias, todavía porque era de buen
gusto social criticar a los adeptos del Nazareno, ofenderlos, perseguirlos,
matarlos!. Y, una vez llegado a Roma, se vio glorificado por el martirio, por
amor al Enviado Celeste: tuvo su fardo carnal incinerado en uno de aquellos
postes de iluminación festiva, en la célebre ornamentación de los jardines de
Nerón, a los treinta y siete de edad!. Mas, entre la tortura del fuego
resinoso, por ventura aun mas atroz, y el espanto por verse cogido en las redes
del sublime testimonio, él que se consideraba humilde, incapaz de merecer tan
elevada honra, revió nuevamente las márgenes del Tiberíades, el lago hermoso de
Genesaré, las aldeas simples y pintorescas de Galilea y a Jesús evangelizando
dulcemente la Buena Nueva celestial con aquellos arrebatadores cuadros que, en
la hora suprema, se mostraban aun mas bellos y fascinantes a su alma de adepto
humilde y fervoroso, mientras Su Voz dulcisima repetía, como el ósculo de la
extremaunción que le bendijese su alma, destinándola a la gloria de la
Inmortalidad:
"Venid a mi, benditos de Mi Padre,
pasad a mi derecha..."
Enamorado
sincero de la Buena Nueva del Cordero inmaculado, será la Buena Nueva la
enseñanza que os administrará, pues, para él, sois niños que todo ignoráis
acerca de ella... Y lo hará como aprendió del Maestro Inolvidable: - en cuadros
demostrativos que os representen, lo mas fielmente posible, el encanto que para
siempre lo arrebató y prendió a Jesús!.
A fin de
especializarse en tan sublime genero de confabulación mental le han sido
necesarias al devoto Aníbal vidas sucesivas de renuncias, trabajos,
sacrificios, múltiples experiencias y dolorosas en el carrero del progreso,
pues solamente así seria posible desarrollar en las facultades del alma tan
precioso don. El lo consiguió, sin embargo, porque jamas en su corazón faltó la
voluntad de vencer, jamas olvidó los días gloriosos de los sermones mesiánicos,
el momento, sempiterno en su Espíritu, en que sintió la diestra del Celeste
Mensajero posándose sobre su frágil cabeza de niño, para el convite
inolvidable:
"Dejad que los niños
vengan a mi..."
Es que Aníbal
venia siendo, para eso, preparado desde eras lejanas!.
Vivió en los tiempos
de Elías, respetando el nombre del verdadero Dios!. Fue, mas tarde, iniciado en
los mistérios augustos de las Ciencias, por la antigua escuela de los Egipcios.
El respeto y la devoción al Dios Verdadero, y a la esperanza inquebrantable en
el advenimiento libertador del Mesías Divino, iluminaban su mente desde
entonces, por entre antorchas de virtudes que no se desmayarían mas!.
No obstante,
después del sacrificio en Roma, trabajador e infatigable, renació Todavía sobre
la costra del planeta. Lo seducía la voluntad poderosa e inflexible de seguir
en las pisadas del Maestro, consintiendo a Sus divinas invocaciones. Sufrió,
por eso, nuevas persecuciones en tiempos de Adriano, y exultó con la victoria
de Constantino!.
Desde entonces,
se dedicó particularmente al amparo y a la educación de la infancia y de la
juventud. Sacerdote católico en la Edad Media, mas de una vez se hizo ángel
tutelar de pobres criaturas abandonadas, olvidadas por la prepotencia de los
señores de entonces, convirtiéndolas en hombres útiles y aprovechables para la
sociedad, en mujeres honestas, dedicadas al culto del Deber y de la Familia!. Y
tanto Aníbal se preocupó con la infancia y la juventud, tanto fijó energías
mentales en aquellas caritas hermosas y dulces, que su mente imprimió en si
misma un eterno rostro de adolescente gentil, pues, como veis, se diría que aun
es el niño acariciado por el Maestro Nazareno, en Judéa, hace casi dos mil
años!...
... Hasta que un
día, glorioso para su Espíritu de siervo fiel y amoroso, una orden directa bajó
de las altas esferas de luz, como gracia concedida por tantos siglos de
abnegación y amor:
"- Ve,
Aníbal... y ofrece tus labores a la Legión de Mi Madre!. Socorre con Mis
enseñanzas, que tanto aprecias, a los que mas destituidos de luces y de fuerzas
encuentres, confiados a tus cuidados... Piensa, preferentemente, en aquellos
cuyas mentes han desfallecido bajo las penas del suicidio... Los entregué,
desde hace mucho, a la dirección de Mi Madre, porque sólo la inspiración
maternal será bastante caritativa para erguirlos hacia Dios!. Enséñales Mi
palabra!. Despiértalos, recordándoles los ejemplos que dejé!. A través de Mi
lecciones, enséñalos a amar, a servir, a dominar las pasiones, oponiendo a
ellas las fuerzas del Conocimiento, a encontrar el camino de redención en el
cumplimiento del Deber, que para los hombres tracé, a sufrir con paciencia, porque
el sufrimiento es preanúncio de gloria, palanca poderosa del progreso...
Abreles el libro de tus recuerdos!. Recuerda de cuando me oías, en Judéa... e
ilumínalos con las claridades de Mi Evangelio, pues es solo eso lo que les
falta!... "
Y aquí lo
tenéis, mis caros hijos, modesto, pequeñito como un adolescente, mas tocado por
la flama inmortal de la inspiración con que lo une a la bondad inmarcesible del
Maestro Excelso... A él os confío!."
Una intensa
conmoción alcanzaba nuestras almas, extrayendo de lo mas íntimo de nuestro ser,
reales sentimientos de admiración por las tres figuras que nos eran presentadas
y que tan estrechamente se ligarían a nuestro destino por un tiempo que no
podríamos, absolutamente, prever. También la inconfundible figura del Nazareno
nos fuera singularmente presentada. La verdad era que, hasta entonces, El se
nos aparecía a las cogitaciones mas como una sublimidad ideal, incomprensible a
la mente humana, que como una personalidad real, capaz de hacerse comprensible
e imitada por las demás criaturas. Nuestros tres maestros, sin embargo, habían
sido contemporáneos de El. Lo conocieron. Le oyeron hablar. Realmente hablaron,
con El, porque era de notarse que ese Divino Maestro jamas se negó a hablar con
quien lo buscase!. Uno de aquellos mismos maestros sintiera a blanda caricia de
su mano acariciarle la cabeza. Jesucristo, así conocido, así visto, así amado,
atraía nuestra atención.
Muchos internos
presentes habían bajado la frente. Otros se abandonaban a las lágrimas
silenciosas, discretas, que bajaban, como rociando sus almas, en un grato y
fervoroso bautismo!. El silencio continuó por algunos instantes, después
Sóstenes continuó, orientador y celoso:
"- Como
jamas será aconsejable la perdida de tiempo, porque, algunos minutos
desperdiciados en la bendita labor del progreso podrán acarrear para el futuro
sinsabores difícilmente reparables, iniciaremos hoy mismo medidas favorables a
vosotros. Seréis nuevamente divididos en grupos homogéneos de diez individuos,
continuando separadas, como en el Hospital, las damas de los caballeros.
Solamente durante las aulas o en días fijados para reuniones recreativas,
podréis veros y trocar ideas. Eso acontecerá porque traéis aun restos penosos
de la Matéria, inquietudes mentales perturbadoras, que conviene educar.
Vuestros pensamientos deberán habituarse a la disciplina higiénica,
encaminándose lo mas rápidamente posible hacia las buenas expresiones del
Espíritu, para cogitaciones cuyo avo estará en la idea de Dios!. Haréis con
nosotros el ejercicio mental de elevación del ser hacia el Infinito; mas para
que consigáis tanto será indispensable que os desobliguéis de preocupaciones
subalternas. ¡La idea del sexo es una de las mas incomodas trabas a las
conquistas mentales!. Las inclinaciones sexuales oprimen la voluntad, turban
las energías del alma, le entorpecen las facultades, arrastrándola a
vibraciones pesadas e inferiores, que retardan la acción del verdadero estado
de espiritualidad. Por eso, será prudente, mientras no progreséis bastante, el
aislamiento será, un buen consejero que os llevará al olvido de que fuisteis
hombres y mujeres todavía ayer, recordandoos, enseguida, de que, ahora, os
debéis buscar preferentemente con el amor espiritual, con el sentimiento
fraterno inmarcesible, inclinación divina, apropiada para los arrebatos del
Espíritu. No obstante, entidades ya educadas en las reales afinidades del alma,
y que animaran, en la Tierra, cuerpos femeninos, son indicadas para acompañaros
en misión educativa, como familiar. Escogidas en nuestro cuerpo de vigilantes,
serán como preceptoras que os auxiliaran en la verdadera adaptación al ambiente
espiritual, que en verdad desconocéis, visto que vuestros estadios en el Mas
Allá se han verificado, hasta ahora, apenas entre las camadas inferiores de lo
Invisible, lo que no es la misma cosa... Oirán ellas vuestras confidencias, os
consolaran con sus consejos y experiencias, cuando las fatigas o las posibles
añoranzas os amenacen el ánimo; atenderán vuestros pedidos, transmitiéndolos a
la dirección de esta Mansión, y, así actuando, mantendrán alrededor de vuestros
corazones los dulces y sacrosantos sentimientos de la Familia, impidiendo que
los olvidéis por una larga separación, pues no podréis prescindir de los
sentimientos de familia, tal como en la Tierra son ellos experimentados, porque
todavía muchas veces reencarnareis en sus escenarios, reconstituyendo hogares
que no siempre supisteis apreciar, testimoniando enseñanzas que habéis de
aprender en el plano espiritual, con vuestros maestros, delegados de Jesús.
Junto a vosotros, aquí desempeñaran ellas como que el papel de la solicitud
materna, del interés y de la dedicación fraternas!.
Como veis, toda
la ayuda que la Ley permite en vuestro deplorable caso, os será facultada por
la magna dirección de la Colonia Correccional que os abriga, cuyos estatutos,
fundamentados en la Doctrina Excelsa del Amor y de la Fraternidad, tienen por
ideal el educar para elevar y redimir!.
Avanzad, pues,
caros amigos y hermanos! corajudos y decididos, para la batalla que os
concederá la libertad de las graves consecuencias que creasteis en la hora de
la infeliz y temeraria inspiración!."
..........................................................................................................................................................
En un salón que
precedía a la sala de asambleas, encontramos a las Damas de la Vigilancia,
noble corporación de legionarias que ejercían el aprendizaje sublime para las
futuras tareas femeninas a ser experimentadas en la Tierra, y lo hacian junto a
nosotros, sus hermanos sufrientes carentes de elucidaciones y consuelo.
Esperaban por sus protegidos, a fin de ser debidamente presentadas. Ora, un
grupo formado desde el Hospital por mi, Belarmimo de Queiroz e Souza y Jôao
d´Azevedo, y que viera enriquecido, ahí mismo, por mas algunos aprendices
afines, portugueses y brasileños, recibió como futuros “genios buenos” a las
damas que nos habían encaminado a la reunión de la que saliéramos, o sea, Doris
Mary y Rita de Cássia. Encantados con el acontecimiento, porque una
irresistible simpatía ya impelía a nuestros Espíritus hacia ellas, fue
conmovidos que confesamos la satisfacción que nos avasallaba la besarles la
diestra que bondadosamente nos fuera extendida.
Sin perdida de
tiempo, fuimos encaminados al noble edificio en el quem funcionaban las clases
de Filosofía y Moral, uno de los magníficos palacios situados en la hermosa
Avenida Académica.
Cuando entramos
al recinto de las aulas, una suave conmoción agitó las fibras doloridas de
nuestro ser. Era un salón inmenso, dispuesto en semicírculo, cuyas cómodas
graderías acompañaban un trazado idéntico, mientras una placa luminosa de
grandes dimensiones despertaba la atención del visitante, y en el centro, junto
a ella, la cátedra del expositor, profesor emérito del trascendental curso que
iniciaríamos. Notamos que no nos resultaban extraños los aparatos. Ya los
viéramos, mas de una vez en los servicios del hospital. Sin embargo ese, ahora,
parecía perfeccionado, presentando una leveza y dimensiones diferentes.
Suaves
tonalidades blanco-azuladas proyectaban en el ambiente en que entrábamos por
primera vez el encanto sugestivo de los santuarios. Jamas sintiéramos tan
profundamente la insignificancia de nuestra personalidad como al entrar al
extraño anfiteatro donde el primer detalle a despertar nuestra atención era el
sublime convite del Señor de Nazaret, escrito en caracteres fulgurantes
leyéndose sobre el telón:
"Venid a mi; todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os
haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, que soy manso
y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas; Porque mi yugo
es fácil, y ligera mi carga.” (25)
(25)
JESUS-Mateo, 11:28,29, y 30.
Súbitamente, sin
embargo, el tintinear suave de una campanilla despertó nuestra atención. El
maestro apareció: - era el joven Aníbal de Silas, a quien fuéramos presentados
hacia pocos minutos. Venia seguido de dos adjuntos, Pedro y Salústio, dos
adolescentes, como él, delicados y atrayentes, que inmediatamente iniciaron los
preparativos para la magna actividad. Pensamientos remolineaban
precipitadamente por los rincones de mi consciencia, dejando que recuerdos
queridos de la infancia aflorasen gratamente al corazón... y me reví pequeñito,
conmovido y
temeroso al enfrentar, por primera vez, al viejo maestro que me diera a conocer
las primeras letras del alfabeto...
Los adjuntos
conectaron al sillón, donde ya Aníbal se sentara, hilos imperceptibles, no
obstante, luminosos, y prepararan como una diadema que distinguimos como
semejante a la vista en la Torre, para la elucidación de Agenor Peñalva. el
silencio era religioso. Se percibía una gran homogeneidad en la asamblea, pues
la armonía se imponía, creando un bienestar indefinible a todos nosotros.
Sufridores, excitados, afligidos, angustiados que éramos, aquietamos quejas y
preocupaciones personales, aguardando la secuencia del momento!.
Sobre el tablado
mas seis hermanos iniciados se presentaran. Se sentaran en cojines dispuestos
en semicírculo, mientras Aníbal se conservaba en el centro y Pedro y Salústio
se distanciaban.
Aníbal se
levantó. Parecía que besos maternales rociasen nuestras almas caliginosas.
Ansias de esperanza susurraban misteriosamente a nuestros corazones obliterados
por la larga desesperación, y suspiros se distendieran, aliviando opresiones
abominables. Oímos sones lejanos y armonías de conmovedoras melodías, como un
himno sacro, los que predispusieron a nuestros Espíritus, alejando del ambiente
cualquier resquicio de preocupación subalterna que aun permaneciesen por la
atmósfera. Instintivamente nos vimos presa de profundo y singular respeto, que
llegaba realmente a una impresión de temor. Ignotos escalofríos rozaban
nuestras fibras psíquicas, calentándolas dulcemente, mientras que un extraño
burbujeo de lágrimas refrescaba nuestras pupilas ardientes por el llanto
inflamado de la desgracia!. Era evidente que ondas magnéticas preparativas eran
conducidas a través de los sones de aquel himno mirífico, que unificaba
nuestras mentes a los balanceos de acordes irresistibles, haciéndonos vibrar
convenientemente, en un armonioso estado de concentración de pensamientos y
voluntades.
En medio de un
silencio de tumba, en el que no nos distraíamos siquiera con las molestias
provenidas de los males que nos afectaban, la voz de Aníbal, grave y cariñosa a
un solo tiempo, esparció por la sala el tierno convite:
"- ¡Vamos a
orar, mis hermanos!. Antes de ningún emprendimiento que tentemos para fines
elevados, tenemos el honroso deber de presentarnos a Dios Altísimo a través de
las fuerzas mentales de nuestro Espíritu, homenageandolo con nuestros respetos
para que solicitemos su bendición divina..."
Las pupilas
encendidas, con el fulgor de la inteligencia, entraron en lo mas intimo de
nuestros corazones, como si levantasen de las sombras interiores de nuestro ser
el acervo de nuestros pensamientos, con la intención de iluminarlos. Tuvimos la
impresión perfecta de que aquella mirada chispeante era una antorcha viva que
iluminaba nuestras almas temerosas y abatidas, una a una, y bajamos las míseras
cabezas, amedrentados ante de la superior fuerza psíquica que nos penetraba en
lo mas recóndito del alma!.
Bondadoso,
prosiguió, como en un preludio armonioso:
"- La
oración, mis caros hermanos, será el vigoroso baluarte capaz de mantener
serenos vuestros pensamientos ante las tormentas oriundas de las experiencias y
renovaciones indispensables para el progreso que haréis. Aprendiendo a elevar
la mente al Infinito, en las suaves y sencillas expresiones de una oración
sincera e inteligente, estaréis en posesión de la llave áurea que os suscitará
el secreto de la buena inspiración. Orando, y presentandoos, confiados y
respetuosos, ante el Padre Supremo, es como un deber de cada uno de nosotros,
de El recibiréis el influjo bendito de fuerzas ignotas, que os habilitaran para
el heroísmo necesario para las luchas de las realizaciones cotidianas, propias
de aquellos que desean avanzar por el camino del progreso y de la luz!.
Impulsados por la oración bien sentida y comprendida, aprenderéis,
progresivamente, a sumergir el pensamiento en las regiones acariciadas por las
claridades celestes, y volveréis esclarecidos para el desempeño de las mas
arduas tareas!.
Es con la
intención de iniciaros en ese itinerario provechoso que os convido a extender
el pensamiento por el Infinito, acompañando el mío... No importa que el
ardiente recuerdo de los delitos cometidos en el pasado os pese en las
consciencias, ni que, por eso, dificultades de expansión os traben el necesario
desprendimiento. Lo que es preciso, lo que se torna urgente e impostergable es
querer iniciar la tentativa, y os arrojareis, vigorosamente reanimados por el
mas vivo coraje que pudiereis convocar de lo profundo del ser, para la caminada
por los compensadores canales de la oración... porque, sin que os preparéis en
este curso iniciatico de conjugación mental con los planos superiores, ¡¿como
habéis de entrar en ellos a fin de que os edifiquéis?!.
Y Aníbal oró,
entonces atrayendo nuestros míseros pensamientos hacia aquellas vías suaves,
distribuidoras de los bálsamos consoladores, de las fuerzas renovadoras!. A
medida que oraba, sin embargo, una faja fosforescente, de radiación opalina, se
extendía sobre él, y, abarcando a la asistencia, a todos envolvía como en un
ósculo maravilloso de bendiciones. El himno acompañaba dulcemente, en sordina,
las palabras ungidas de fe, que Aníbal profería... y dulcísimas impresiones
lenificaban las contusiones todavía doloridas del pasado... .
Aníbal de Silas
se sentó en el centro del semicírculo formado por los seis iniciados que lo
acompañaban. Pedro y Salústio le colocaran en la frente la diadema de luz,
conectándola a una pantalla a través de los hilos argénteos que conocemos. Un
minuto grave de recogimiento y fijación mental predominó entre el grupo de
maestros que veíamos en acción, concentrando, armonizando sus voluntades. Luego
después, inició el catedrático la explicación de su importante aula.
Por la magnitud
de lo que pasó, entonces, no solo en aquel día, como en los subsiguientes,
durante esas aulas inolvidables; por la capital influência que ejerció sobre
nuestro destino, nuestro desarrollo moral y mental y la importancia del método
pedagógico, absolutamente inédito para nosotros, dedicaremos un capítulo
especial para su exposición, conscientes de que, a pesar del esfuerzo y de la
buena voluntad que empleemos, apenas un reflejo muy pálido de lo que
presenciamos conseguiremos presentar al lector:
CAPITULO II
«VENID A MI»
Aníbal entró a comentar la urgencia de que cada uno de nosotros, como de la
Humanidad entera, ya sea del plano físico-terreno o del Invisible inferior e
intermediario, se reeducarse bajo la orientación de las fecundas normas
cristianas. Afirmó, en un análisis sucinto, contrariando ideas que muchos de
nosotros abrigábamos, que no existían ni misticismo supersticioso ni hechos
milagrosos y anormales en la epopeya magnífica del Cristianismo, epopeya que no
se limitaba del pesebre de Belén al drama del Calvario, mas que se extendía de
las Esferas de Luz a las sombras de la Tierra, perennemente, en lances
patéticos, positivos, sublimes, los que solo la ceguera de la ignorancia deja
de apreciar debidamente. Al contrario de eso, el Cristianismo, doctrina
universal cuyo origen se fija en las propias Leyes Sempiternas, poseía bases
prácticas por excelencia, trayendo por finalidad la recuperación moral del
hombre para si mismo y la sociedad en que sea llamado a vivir en su larga
caminata evolutiva, con vistas al engrandecimiento de la Humanidad ante las
Leyes Sabias del Creador. Recordó que los hombres terrenos proyectaran sombras
sobre las enseñanzas del Maestro Excelso, envolviéndolas en complejos calamitosos,
por empañarles el brillo de la esencia primitiva con innovaciones y atavíos
propios de la inferioridad personal de cada uno, desfigurando, de ese modo, la
verdad de que son, las mismas enseñanzas, el exponente máximo. Aseveró con
vehemencia impresionante, de la cual no juzgaríamos capaz a un adolescente, que
solo los magnos y altruistas conocimientos de las doctrinas educativas
expuestas por el Excelso Catedrático Jesús de Nazaret nos permitirían a
nosotros, como a la Humanidad, la ocasión a la rehabilitación imprescindible,
preparándonos para la adquisición de una nueva y elevada Moral, para la sanidad
de acciones capaces de llevar a aparecer en nuestros míseros corazones
horizontes vastisimos, de resurgimiento personal y colectivo, de un progreso
legítimo, en la escala de ascensión para la Vida abundante de la Inmortalidad!.
Que por, doctos, sabios, genios que fuésemos, que de nada nos servirían tan
ilustre acervo si continuásemos ignorantes de las normas de la Moral del Cristo
de Dios, en cuya aplicación reside la gloria de la felicidad eterna, ya que
Sabiduría sin Amor y sin Fraternidad tiene sus fictícias glorias apenas en el
seno de las sociedades terrenas...
Nos participó,
enseguida, que su primera aula consistiría en presentarnos a nosotros, sus
discípulos, su personalidad. Que seria necesario que lo conociésemos
íntimamente, a fin de que sus ejemplo nos estimulase en la senda espinosa en la
que seríamos llamados a solventar grandes débitos, porque será siempre buena
pedagogía que el mentor presente sus propios ejemplos a los alumnos, a quienes
inicie, y también para que aprendiésemos a amarlo, a confiar en él, tornándonos
sus amigos, considerándolo bastante digno de ser oído y acatado. Que
pudiésemos, en un primer análisis, observar en él mismo los efectos
inmarcesible de un carácter reedificado por el amor del Buen Pastor, redimido a
través de los preceptos que deberíamos, a nuestra vez, conocer para reerguirnos
de las sombras de la impiedad en la que yacíamos, pues la verdad era que
desconocíamos totalmente el Cristianismo legado por el Maestro Nazareno, no
éramos cristianos, sino adversarios de Cristo, ovejas rebeldes que, en verdad,
no conocían a su Pastor!
Entonces, el
joven Aníbal nos contó su vida!. No apenas la existencia última, testimoniada
en tierras de Italia durante los ominosos días de la Edad Media, y sí las
variadas migraciones terrenas en su giro evolutivo que le correspondiera, sus
deslices como Espíritu en marcha, que también es, las luchas por la redención,
frente a los sacrificios y las lágrimas de las reparaciones, los impulsos hacia
el Bien, las incansables labores que le trajeran los méritos en las
inspiraciones del verdadero arrepentimiento por el tiempo perdido, labores
siempre crecientes, cada vez mas arduas, así también el aprendizaje realizado
durante la erraticidad, tareas y misiones en el plano Astral como en el
material, a fin de probar la eficiencia de los progresos adquiridos, su
devoción a Jesús Nazareno, a quien se ligara por los ardores de una pasión que
nada mas podría ensombrecer o enfriar!.
En tanto, era
con asombro que oíamos las palabras de Aníbal traducidas en imágenes y escenas
que se reflejaban en la pantalla milagrosa que estaba a su lado. Así fue que,
mientras hablaba, la realidad de sus transmigraciones terrenas espirituales se
reproducían, allí, con tan verídica nitidez, que nos creíamos coparticipantes
suyos a través de las edades resucitadas de los repositorios secretos de sus
pensamientos, pues la elevada sugestión ejercida sobre nosotros dominaba
nuestras facultades, ligándolas a la voluntad del mentor y de sus iguales allí
presentes, y llevándonos a olvidar que no pasábamos de meros alumnos que
recibían la introducción a la primera aula!. Positivamente mas real, mas
completo y sugestivo que el cinematógrafo de nuestros días, mas convincente que
las escenas teatrales que tanto absorben y arrebatan al observador, porque era
la vida en si misma, natural, humana, realmente vivida, el retrospecto del
pensamiento de Aníbal fue pasando gradualmente por el telón mientras ni
siquiera de este nos recordábamos, pues no lo distinguíamos, sino los hechos
conmovedores que se calcarían en nuestras mentes como estímulos para futuras
tentativas!. Cuando cesó el dramático desfile, el bello instructor adolescente
surgía a nuestro entendimiento como un ser amado de quien nunca mas nos desearíamos apartar!. Fuera,
por así decir, un consorcio de nuestras almas con la suya lo que se verificara
a través de las exposiciones hechas, porque, la mas viva atracción afectiva nos
impelía hacia él, correspondiendo, así, nuestros sentimientos a sus nobles y
fraternos deseos.
No obstante,
viendo nuestra confusión, pues nos sorprendía el hecho para la explicación de
la cual no teníamos conocimientos suficientes en el acervo del capital
intelectual hasta entonces adquirido, habló todavía el profesor, suspendiendo,
enseguida, los trabajos, del día:
"- Las
escenas que acabasteis de ver, en esta pantalla reproductora, que no son sino
un espejo singular, para vosotros desconocido, donde dejé que se reflejase mi
propia alma, fueron mis recuerdos, carísimos discípulos, despiertos intactos,
vivos, de los rincones supremos de la Consciencia!.
Todos los hijos
del Altísimo, al vivir las existencias planetarias, como las espirituales, las
imprimen en las gavetas del alma, en las camadas profundas de la Consciencia,
toda la gran epopeya de las trayectorias vividas, las acciones, las obras y
hasta los pensamientos que conciben!. Su larga y tumultuosa historia se
encuentra en ellas mismos gravada, como la historia del globo, donde ya
vivimos, está archivada en las camadas geológicas y eternamente reproducida,
fotografiada, igualmente archivada, en las ondas luminosas del éter, a través
del Infinito del Tiempo!. A su vez el cuerpo astral, envoltorio que traemos
actualmente, como Espíritus libres del fardo material; aparato delicadísimo y
fiel, cuya maravillosa constitución aun no sois capaces de comprender,
registra, con nitidez idéntica, los mismos depósitos que la Consciencia
almacenó a través del tiempo, los archiva en sus arcanos, los refleja o expande
conforme a la necesidad del momento - tal como lo hice ahora -, bastando para
eso la acción de la voluntad educada!. Bien, si tuvieseis educadas las
facultades de vuestra alma, si, cursando Universidades, en la Tierra,
esclareciendo inteligencias como hombres que fuisteis, igualmente hubieseis
cultivado los preciosos dones del Espíritu, así conquistando los sublimes
conocimientos de las Ciencias Psíquicas, a mas de no haber con vosotros la
posibilidad de una derrota producida por el suicidio, porque os habríais
colocado en planos muchas veces superiores a los planos en que medran las
pasiones e insanias que a este dan origen, ahora estaríais a la altura de
comprender mis expresiones mentales sin la ayuda, por así decir, material, de
este aparato que me fotografió y animó los pensamientos, los recuerdos y
reminiscencias, reproduciéndolas, para vosotros, tal como están archivadas en
los libros secretos de mi Espíritu!.
Es una operación
delicada la que acabáis de ver!. Exige sacrificio por parte de quien la tienta.
Mis hermanos de ideal aquí presentes y mis discípulos me dieran los fluidos
magnéticos necesarios para la corporificacion de las imágenes y la reproducción
de los sonidos, a fin de que mi esfuerzo no fuese mucho; y, envueltos en un
ambiente dominado por ondas especiales, de un magnetismo superior, que es
nuestro principal elemento, vosotros mismos os sugeristeis la convicción de que
conmigo vivisteis mis vidas, cuando la verdad era, apenas, que asistíais al
desarrollo del pasado en mi ser depositado... Os participo, a tiempo, que no
tardareis en conocer las mismas experiencias, extrayendo de vosotros mismos el
pasado que aun dormita, porque mantenéis, embrutecidas por las repercusiones
chocantes de vuestro estado de suicidas, dones del alma que en las entidades
normales despiertan con facilidad tan luego ingresan en la espiritualidad...
sin embargo, no me competirá el orientaros en este áspero y doloroso retrospecto...
El conocimiento
que, con el hecho ahora presenciado, adquiristeis, común en los planos de la
Espiritualidad, aunque vulgarísimo, un día enriquecerá las adquisiciones
intelectuales y científicas de la Tierra, para galardón de los hombres, a
través de la Ciencia Psíquica Transcendental. Hasta allá, todavía, habrá el
hombre de moralizarse, desenvolver facultades preciosas del Espíritu, las que,
en el momento, él ignora poseer, a fin de, sólo entonces, tornarse digno de tan
sublime adquisición, para que no venga a servirse de un don de naturaleza
divina como instrumento de crímenes y pasiones subalternas, como ha acontecido
con otros valores sagrados que hasta hoy ha recibido!. "
En la propia
Tierra, ese don, cuyo valor inestimable aun es desconocido a las inteligencias
vulgares, fue ejercido para las altas finalidades de la educación de las
primeras masas que se hicieran cristianas. Seria difícil hacer comprender el
sublime alcance del Evangelio del Reino a criaturas simples e iletradas, apenas
con el ardor de la oratoria, la magia del verbo. El Nazareno, compasivo y
amoroso, señor de poderes psíquicos incalculables para nosotros, donó la mayor
fuerza mental que ya nos fue dado concebir, exponiendo sus hermosas lecciones
creaba escenas y las corporificava, dando a los oyentes maravillados el
esplendor de visiones interiores, que su pensamiento fecundo y poderoso no se
cansaba de distribuir, Es cierto, sin embargo, que no todos aquellos que lo
oían estarían a la altura de comprenderlo. Aun entre los escogidos para
auxiliarle en el ministerio redentor hubo quien no lo comprendiese. Mas los
otros, para quienes El representaba la luz incorruptible de la Verdad, los
simples, los sufridores sedientos de justicia y de esperanza, los de buena
voluntad, destituidos de vanidad, en quienes el egoísmo del siglo ya no
medraba, vibrando mas o menos armoniosamente con El, le seguían las ondas
creadoras del pensamiento luminoso y absorbían sus enseñanzas ejemplificadas de
todas formas. Sus discípulos, del mismo modo, al hablar de Él,
inconscientemente proyectaban recuerdos y pensamientos que, recogidos por los
cooperadores espirituales incumbidos de asistirlos, eran inmediatamente
corporificados, en sugestiones poderosas, para la visión del oyente sincero y
de buena voluntad, en cual pasaba, entonces, no apenas a oír una narración, y
sí verla, y la veía como si estuviese presente a los hechos sublimes del
Inolvidable Maestro.
De este modo
también, caros discípulos, realizaremos nuestras lecciones respecto a la
Doctrina legada por el Divino Instructor, pues muy inspiradamente anduvo la
dirección de esta Colonia de reclusos adoptando tal método para instrucción de
sus internos, por ser imposible, a través del ella, interpretaciones
personales, conceptos erróneos, sofismas o interpolaciones!."
..........................................................................................................................................................
A partir de aquel día asistíamos periódicamente a las aulas de Aníbal, ya
iniciado, definitivamente, nuestra preparación moral a la luz de las superiores
doctrinas expuestas por el verbo inmarcesible del Divino Mesías.
El catedrático explanó, al principio, las causas de la venida de Jesús a la
Tierra. Un arrebatador desfile de civilizaciones pasó, gradualmente, por el
telón mágico, mostrando a nuestros sorprendidos testimoniamos la mas fecunda
exposición de las necesidades humanas, muchas de las cuales jamas habíamos
tenido ocasión de percibir!. Sin la palabra mesiánica las sociedades terrenas,
entonces, se nos figuraran, en efecto, como tan bien conceptuaba Aníbal de
Silas, un mundo sin la tibia luz de un globo solar, un corazón vacío de la
fuerza impulsora de la Esperanza!. El maestro hablaba y sus historias, sus
exposiciones magistrales, sus ejemplos mas que convincentes, irresistibles, y
su verbo entusiasta y ardiente arrancaban del torbellino polvoriento de los
siglos muertos, de las edades desaparecidas y hasta de los momentos
contemporáneos, imágenes y escenas, motivos reales, ejemplos colectivos o
individuales, que, bajo el calor magnético de su superior voluntad, asociada a
la de sus pares, se humanizaban ante de nosotros, llevándonos a examinarlos y
estudiarlos bajo el criterio elucidativo de sus orientaciones.
Un curso
superior y atrayente de Filosofía y Análisis comparado fue por nosotros
iniciado, entonces. Y era conmovedor, era bello e impresionante, con nuestro
emérito instructor resucitar del silencio de los siglos la existencia de las
sociedades que se fueron en la sucesión de las edades, sus costumbres, sus
caídas, su heroísmo, sus victorias!. Ante nuestro entendimiento se presentó la
vida de la Humanidad desde los orígenes, ofreciéndonos el mas bello estudio que
osaríamos concebir, la mas fecunda elucidación que nuestras mentes serian
capaces de abarcar, porque la historia magnífica del crecimiento de las
sociedades que lucharan sobre la costra del planeta, de las falanges que allí
iniciaran su propio desenvolvimiento moral y mental, que nacieran y renacieran
muchas veces y después se fueran, alcanzando ciclos mejores en otras moradas
del Universo, y, así, dando lugar a otras falanges, a otras humanidades, sus
hermanas, las que, a su vez, lucharían también, a través de los renacimientos,
trabajando continuamente en busca del mismo progreso, enamoradas del mismo
objetivo - la Perfección!.
En tanto, al correr de tales exámenes tantas eran las desgracias que
descubríamos para estudiar, tantos los sufrimientos, las apremiantes
situaciones, los problemas indefinidos, los desorientantes complejos
engendrados por el egoísmo con sus múltiples modos apasionados, tan grandes las
luchas de la humanidad ignorante de su propia finalidad, que imposible se tornó
permanecer indiferentes como un frío observador que estudia apenas el cadáver.
Formando parte de esa sociedad terrena, de esa humanidad desgraciada, impía y
sufridora que desconoce a Dios por preferirlo a las pasiones, éramos solidarios
con sus mismos infortunios, puesto que también eran nuestros, y una pesada
angustia se infiltraba por los meandros de nuestro espíritu, despertando ansias
inexpresables, estados mentales y alucinatorios inconcebibles al pensamiento
humano, como deseos sacrosantos de algo que nos liberase de las tinieblas
famélicas por la que nos sentíamos tragados...
Hasta que, en
cierta aula, en un día ameno y armonioso en el que palpitaban en nuestro
interior ansias vagas de esperanzas, como promesas benditas que entornasen
aleluyas por nuestro ser, Aníbal nos presentó la figura inconfundible, la
figura inolvidable del Dulce Rabí de Galilea, a través del recuerdo reproducido
en el telón magnético con el colorido vivo y seductor de la realidad!.
Entonces, la epopeya augusta del Cristianismo, desde el pesebre humilde de
Belén transformada en cuna celeste, se desarrolló magistralmente, en estudios
fecundos para nuestro entendimiento, que comenzó a deletrear, solo entonces, la
palabra sacrosanta de la redención!. Las escenas descriptas por el expositor,
que tan bien conociera la época de la venida de la Buena Nueva del Reino de
Dios, mostraban circunstancialmente, con claridad impresionante, las prédicas
inolvidables del Divino Mensajero, los discursos sugestivos, animados por el
vivo colorido de los cuadros citados, las lecciones resplandecientes de la mas
elevada y pura moral, lanzadas a los aires de la humilde y oprimida Judéa, mas
resonando por los rincones mas lejanos del mundo como convites amistosos y
perennes a la regeneración de las costumbres para el reinado del verdadero
Bien, invocaciones amorosas de confraternizacion personal y social, para la
concreción de una Patria ideal en la Tierra, cuyas normas de gobierno El
ofrecía a través de Su oratoria impecable, de Su ejemplo en la vida práctica
sin precedentes, como en las fulguraciones imperecibles de aquella áurea Doctrina
cuyo objetivo era la educación moral del hombre, cuya finalidad era su
exaltación hacia la gloria de la vida sin ocasos, de la Vida Eterna en la
unidad con Dios!. La imagen seductora del Enviado Celeste se gravó, por así
decir, también en nuestras mentes, en trazos cautivantes e indelebles, tornando
cada uno de nuestros corazones sincero enamorado del Cristianismo,
predispuestos a adquisiciones morales bajo sus benéficas inspiraciones, pues,
mientras Aníbal narraba hechos, recordando pasajes enternecedores, mientras su
palabra vibraba en ondas sonoras de comentarios fértiles, extrayendo esencias
de enseñanzas capitales para nuestra iluminación, veíamos los escenarios que
servían a la acción grandiosa del Gran Maestro, al mismo tiempo que su figura
inconfundible dominaba la expresión, ejerciendo el apostolado sublime!.
Teníamos la impresión convincente de estarlo oyendo proferir el Sermón de la
Montaña, mientras la brisa perfumada que venía dulcemente de la cumbre de la
colina le hacia volar el manto, desaliñándole los cabellos... Otra vez, era a
las márgenes del Tiberíades, era en Genesaré, por las ciudades de Judéa o por
las aldeas pobres de Galilea, como si lo siguiésemos también, formando parte de
aquella masa de pueblo ávido de sus palabras consoladoras, de sus favores
dulcísimos!... Y por todas partes: en conversaciones con partidarios, amigos o
discípulos; en el Templo, explicando a los exegetas de la época las reglas
áureas de la Buena Nueva que traía; o curando, favoreciendo, protegiendo, consolando,
exaltando, educando, enseñando, redimiendo, Aníbal nos llevaba a oírlo y a
aprender, con El mismo, los caminos para nuestra urgente rehabilitación!. Lo
hacia, sin embargo, Aníbal, pacientemente, tejiendo comentarios cual un
profesor emérito celoso de la claridad de las tesis expuestas, para la buena
comprensión de los alumnos...
Así fue que
fuimos informados de que no solo la Tierra recibiera el premio de la Buena
Nueva, a través de su palabra de bondad y redención, mas también el Astral
inferior fue visitado por su presencia, ya que Él tenia suficiente poder para
presentarse en cualquier lugar, tornándose visible como quería, y ya que se
trataba de un lugar donde los infortunios y las calamidades de orden moral son,
indudablemente, mas intensos y profundos que los del planeta, allí también
comparecía, convirtiendo Espíritus que hacia siglos permanecían en las
tinieblas de la ignorancia o en el pozo del ostracismo, tal como en la Tierra
convertía hombres, extendiendo a todos su mano fraterna y redentora! Igualmente
nos decía que el mundo terreno desconoce gran parte de las enseñanzas traídas
por El, puesto que, fueron destruidos muchos aspectos, verdaderamente feéricos,
de la Verdad Divina expuesta por El, que fueron rechazados por la mala fe o por
la ignorancia presuntuosa de los hombres!. Mas que, en tanto, llegara el
momento en que su Doctrina Grandiosa seria debidamente erguida para el
conocimiento de todas las camadas sociales!. Para eso, la Tercera Revelación de
Dios a los hombres era ya ofrecida a la Humanidad en nombre del Redentor... y
nosotros mismos, que éramos Espíritus, estábamos convidados a colaborar en ese
conmovedor movimiento dirigido por el Maestro, procurando hablar con los
hombres a fin de revelarles todas estas cosas, porque la llamada Tercera
Revelación no era mas que un intercambio ostensivo, minucioso, de ideas entre
los Espíritus y la Humanidad, subordinado a los dictámenes de la Ciencia
Universal como de la Moral Excelente del propio Cristo de Dios!.
Después, al
terminar el drama del Calvario, conocimos las ardientes luchas de los
discípulos por la difusión del Testamento regenerador del Maestro, el martirio
de los humildes y abnegados cristianos, inspirados siempre por la fuerza
inmanente de la fe... y la reforma consiguiente de los individuos que se
sometían a aquellos principios regeneradores y educativos!. Estudiamos,
analizamos e investigamos todo cuanto fue posible a nuestra mentalidad admitir
respecto a la Doctrina de Jesús Nazareno. Muchos tomos, complejos, delicados,
precisaríamos escribir para que pudiésemos dar cuentas al lector de la
profundidad y extensión de esa incomparable Doctrina que tiene origen el propio
pensamiento divino, y que, siendo la misma Ley estatuida por el Creador de Todas
las Cosas, un día envolverá en sus imperecibles fulgores a todos los sectores
de las sociedades terrestres y espirituales!.
Nos sentíamos
atraídos y arrebatados. Sólo entonces comprendimos la razón de la súbita
transformación de aquella María de Magdalena, tan seductoramente señalada en el
Evangelio del Señor; de aquel Saulo de Tarso, persona escogida por el Mesías
Celeste; y que antes nos parecían un mito, leyendas fabulosas de místicos
orientales, se agrandó en nuestro entendimiento como un hecho lógico e
irresistible, que no podría dejar de existir tal como se dio y las tradiciones
narraran!. Presentado a nuestra comprensión así, naturalmente, con simpleza,
sin los atavíos de los mistérios con que los hombres se obstinan en ofuscar su
grandeza, el Enviado Celeste se impuso a nuestra convicción realmente como el
Maestro por excelencia, el Guía Incomparable, dedicado al superior ideal de la
regeneración humana a través del Amor, de la Justicia, del Trabajo!. Lo
comprendimos y lo amamos, entonces, lo necesario para abastecernos de la Fe y
de la Esperanza, cualidades indispensables al Espíritu en marcha de progreso,
las que, hacia siglos, nos faltaban como patrimonio de nuestros corazones!.
Ese admirable
curso requirió de nuestra buena voluntad y esfuerzos, y de la abnegación de
nuestro preceptor espiritual, largos años de dedicación y estudios incansables,
así como de ejemplos y práctica, ya que la Doctrina Mesiánica es práctica por
excelencia, confirmándose invariablemente a través de la vida cotidiana de cada
adepto. Era la iniciación cristiana rigurosamente administrada, de forma a no
dejarnos motivos ni ocasiones para futuros deslices en los campos de la Moral!.
Mas la caminata
parecía ardua, extremadamente larga para muchos de nuestros pares, los que se
dejaban turbar ante la labor espinosa y constante, que se tornaría
imprescindible desenvolver todavía, llegáramos a una época de nuestra
existencia de Espíritus en la que ya no era posible parar, aplastados bajo los
engranajes del desánimo. Reaccionábamos contra las amenazas de la debilidad, de
la angustia feraz que nos rondaba, comprendiendo que urgía proseguir a despecho
de las infinitas luchas que esperaban en porvenir, mientras que la protectora
voz de la Consciencia nos advertía de que, con el Profesor Magnífico de
Nazaret, adquiriríamos capitales justos para la jornada que se delineaba ante
nuestro pávido entendimiento de delincuentes arrepentido!.
"Venid a mi, los que sufrís, y yo os
aliviaré..."
Y nosotros atendíamos al dulce e irresistible llamado y avanzábamos... y
seguíamos... a Jesucristo, Divino Redentor de las almas frágiles y rebelabas
cumplía la promesa: nos atraía con sus enseñanzas sublimes, nos tomaba a su
redil y nos convencía a perseverar en sus consejos, probándonos todos los días,
a través de la transformación milagrosa que en nuestro ser se operaba, el
caritativo interés en desviarnos de la desgracia para encaminarnos a la
redención!.
Impresionados
por ese curso atrayente, que tanto alivio nos trajera, olvidábamos los dramas
penosos, el desequilibrio de las pasiones que nos habían desgraciado,
olvidábamos la Tierra y de ella sólo nos recordábamos gracias a otros estudios
que alternadamente éramos conducidos a experimentar, para eficiencia de la
preparación, pues, como afirmamos mas arriba, teníamos aulas prácticas, donde
comprobaríamos la eficiencia del aprendizaje teórico, antes de que las pruebas
reales de una nueva encarnación terrestre nos diese la palma de la
rehabilitación.
No era raro
recibir la visita, durante las arrebatadoras aulas que pálidamente esbozamos,
de otros antiguos maestros de iniciación, los que, presentados por nuestro
catedrático, exploraban conceptos y apreciaciones respecto a las doctrinas y
normas cristianas, con un ardor impresionante y sublime!. Nuevos motivos para
instrucción obteníamos entonces, nunca menos bellos ni menos agradables de lo
que los que diariamente nos eran expuestos.
Vivíamos reclusos, era bien cierto. Continuaba no existiendo permiso para
salir de la Colonia a no ser en grupos escoltados, en los grupos de aprendices,
mas también no era menos verdadero que vivíamos rodeados de una asistencia
selecta, en el ámbito social de una pleyade de educadores e intelectuales cuya
elevación de principios ultrapasaba todo cuanto podríamos concebir!. Y porque
comprendiésemos que tal reclusión nos resultaba como una dádiva magnánima a
auxiliarnos a progresar, a ella nos resignábamos con paciencia y buena
voluntad.
Diariamente, al
atardecer, nos eran permitidos recreos en el gran parque de la Universidad. Nos
reuníamos entonces en grupos homogéneos y nos dábamos a conversaciones,
comentarios alrededor de nuestras vidas y de la situación presente. Nuestras
buenas preceptoras, las vigilantes de cada grupo, generalmente tomaban parte en
esos recreos, ya hasta nuestras hermanas de los Departamentos Femeninos, lo que
nos permitió ensanchar intensamente el número de nuestras relaciones de
amistad. Seria difícil, después de diez años de internado en el Instituto de
Ciudad Esperanza, reconocer en nosotros las figuras enfurecidas y trágicas del
Valle Siniestro, aquellos mentecatos ridículos reproduciendo a cada instante el
acto maléfico del suicidio y sus satánicas impresiones!. Sosegados por la
Esperanza, aliviados por la magia envolvente del Amor de Jesús, bajo la
inspiración de cuyas enseñanzas ensayábamos un nuevo vuelo, éramos entidades
que podrían ser consideradas normales, si no fuera la consciencia que teníamos
de nuestra propia inferioridad de tránsfugas del Deber, cosa que mucho nos
afligía y avergonzaba, tornándonos indignos en nuestro propio concepto,
inmerecedores del auxilio de que nos rodeaba!.
Las solemnidades
del Angelus nos encontraban, frecuentemente, todavía en el parque. Se acentuaba
la penumbra en nuestra Ciudad y la nostalgia dominante envolvía nuestros
sentimientos. Del Templo, situado en la Mansión de la Armonía, región donde se
demoraban con frecuencia los directores y educadores de la Colonia, partía el
convite los homenajes que, en aquel momento, seria bueno prestar a la
Protectora de la Legión a la que pertenecíamos todos – María de Nazaret. Por
los rincones mas sombríos de la Colonia resonaban entonces dulces acordes,
melodías sumarísimas, entonadas por las vigilantes. Era el momento en que la
direccion-general rendía gracias al Eterno por los favores concedidos a cuantos
vivían bajo el abrigo generoso de aquel reducto de amonestaciones, bendiciendo
la solicitud incansable del Buen Pastor en torno de las ovejitas rebeldes,
tuteladas de la Legión de su Madre amorosa y piadosa. Y era todavía cuando
ordenes bajaban de lo Mas Alto, orientando los intensos servicios que se
agitaban bajo la responsabilidad de los dedicados siervos de la misma Legión.
Sin embargo, no éramos obligados a orar. Lo haríamos si lo quisiésemos. En
Ciudad Esperanza, sin embargo, jamas tuviéramos conocimiento de que algún
aprendiz o interno se negase a agradecer al Nazareno Maestro o a su buenisima
Madre, entre lágrimas de sincera gratitud, la merced recibida de su
inapreciable amparo!.
La ternura de
aquella oración, cuya simplicidad solo igualaba su propia excelsitud,
despertaba en nuestras mentes los mas tiernos recuerdos de la existencia: -
reveíamos, llevados por el imperio de gratas sugestiones, los dulces, añorados
días de la infancia, las figuras cariñosas de nuestras madres - enseñándonos el
dulce homenaje del Arcángel a la Virgen de Nazaret, y las palabras inolvidables
de Gabriel, ungidas de veneración y respeto, repercutían en las profundidades
de nuestro "yo" tocadas del añorado sabor del desvelo materno que, en
la vida planetaria, jamas supimos debidamente considerar. ¡Llorábamos!. Y
añoranzas muy punzantes de la Familia y de la cuna natal, del hogar que
habíamos menospreciado y enlutado, de los entes queridos y amigos que hiriéramos
con la deserción de la vida, rodeaban a nuestro ser, predisponiéndonos a
grandes pesares sentimentales, como nuevas fases de remordimientos dolorosos.
Entonces orábamos, allí mismo en la quietud envolvente del parque o recogidos
en un lugar determinado, orábamos sintiendo cada día el ósculo de un benéfico
aliento vivificando nuestras almas, como si misericordiosos bálsamos
refrescasen nuestras consciencias de los excesivos ardores que habían rasgado
nuestro ser las garras infames del suicidio que nos deprimiera y desgraciara
ante nosotros mismos!. Y, mezclado con el consuelo, súbitamente se agrandaba la
necesidad imperiosa de hacernos dignos de esa misericordia que nos amparaba
tanto - la necesidad de los testimonios que a Dios probasen nuestro inmenso
pesar por reconocernos graves
infractores de sus Magníficas Leyes!.
CAPITULO III
«¡HOMBRE, CONÓCETE A TI MISMO!»
Hacíamos otros cursos, no menos importantes para nuestra reeducacion,
alternados con el de Moral estatuida por el insigne Maestro Nazareno. Uno de
ellos trataba de la Ciencia Universal, cuyos rudimentos nos dieran, entonces a conocer
- dos años después de iniciados en el curso de Moral Cristiana -, a través de
estudios profundos, análisis tan penosos cuan sublimes!. Y en estos mismos
análisis entraba la necesidad de estudiarnos a nosotros mismos, aprendiendo a
conocernos íntimamente!. Exámenes personales delicados eran efectuados con
detalles aterrorizantes para nuestro orgullo y para nuestra vanidad, pasiones
dañinas que nos habían ayudado en la caída hacia el abismo, al mismo tiempo
que, siendo las aulas mixtas, adquiríamos la doble enseñanza de disecar también
el carácter, la consciencia, el alma, en fin, de nuestros pares, como de
nuestras hermanas de infortunio, lo que nos confería un valioso conocimiento
del alma humana!.
Era profesor de
esa cátedra magnífica el venerado educador Epaminondas de Vigo, Espíritu cuya
rigidez de costumbres, virtudes inatacables y energía inquebrantable, nos
infundían mas que respeto, una verdadera impresión de pavor!. En su presencia
nos sentíamos, desnudos de los disfraces, de cualquier atenuante inventado por
los sofismas conciliatorios, el peso vergonzoso de la inferioridad que nos
marcaba, el oprobio de la incómoda situación de responsables por delitos
degradantes, pues dominaba las potencialidades de nuestra mente la convicción
de que no pasábamos de rebeldes cuya insensatez obligaba a obreros abnegados
del Mundo Espiritual a sacrificios permanentes a fin de conseguir elevarnos de
las tinieblas en las que nos precipitáramos. Bien, la vergüenza que azotaba
nuestros Espíritus en presencia de Epaminondas era un suplicio, nuevo e
inesperado, de naturaleza absolutamente moral, sin embargo, superlativa, que se
presentaba en esta segunda fase de nuestra situación de suicidas en preparación
de futuras realizaciones reparadoras.
El emérito
educador nos auxiliaba hojear la propia consciencia, llevándola a abrirse hasta
los recuerdos remotos de las sucesivas migraciones terrenas que tuviéramos en
el pasado Cuando inquiría a nuestra alma, penetrándola con la mirada
centelleante de fuerzas psíquicas como baterías de irresistibles energías,
estremecimientos sacudían lo mas intimo de nuestro ser, al paso que deseos
aflictivos de fuga precipitada, que nos libraese de su presencia, como de la
nuestra propia, alucinaban nuestros sentidos!. Mientras Aníbal de Silas, con la
ternura consoladora del Evangelio, encendía en nuestro seno antorchas benéficas
de confianza en el porvenir, clareando el ámbito de nuestras vidas con las
auspiciosas posibilidades de redención, Epaminondas arrancaba lágrimas de
nuestros corazones, renovaba angustias al obligarnos a estudios en el inmenso
libro del Alma, arrastrándonos a estados de sufrimientos cuya intensidad y
aterradora complejidad, absolutamente inconcebible a la mente humana, nos
hacían alcanzar los limites de la locura!. Por esa razón lo temíamos, y era
dominados que por un sentimiento fuerte de pavor, al par de angustias
irreprimibles, que subíamos, diariamente, las escalas de la Academia para con
él aprender los inicios de la terrible disciplina exigida igualmente a antiguos
iniciados de las Escuelas de Filosofía y Ciencias del Egipto y de la India: el
reconocimiento de la inferioridad personal para el método de la elevación moral
por la auto-educacion!.
En tanto, tales
aulas eran tan necesarias para nuestro desarrollo psíquico cuanto lo eran las
de Aníbal!. Eran realmente su continuación, como pasaremos a exponer mas
adelante.
Había, todavía, un tercer curso, el cual se resumía al ensayo de la
aplicación, en la vida práctica, de los valores adquiridos durante los estudios
y observaciones de los cursos anteriormente mencionados. En vez, sin embargo,
de instruirnos para una "práctica profesional", como se diría en
lenguaje terreno, ese tercer aprendizaje, orientado hacia la práctica de la
observancia de las Leyes de la Providencia, que, hacia siglos, infringiéramos,
tenia por mentor al Profesor Souria-Omar y se desarrollaba, generalmente, fuera
del santuario, o sea, del recinto de la Escuela, preferentemente en la costra
de la Tierra y en los dominios inferiores de nuestro Instituto.
Los domingos
reposábamos. A más, que no éramos individuos cuyas facultades espirituales poco
desarrolladas y, aun mas, perturbadas por el traumatismo vibratorio provocado
por el suicidio, no permitía labores continuas, como veíamos ejercer a nuestros
devotos instructores, que jamas estaban ociosos. Descansábamos, por tanto, y
hasta nos divertíamos, en reuniones fraternas efectuadas por las vigilantes o
visitando, en caravanas amistosas, otros Departamentos de la Colonia,
inferiores al nuestro, así reviendo a viejos amigos y antiguos maestros, como
Teócrito, y, de esa forma, prestando solidaridad y alivio a hermanos mas
desdichados que nosotros, que se encontrasen, a su vez, en aquellas
dependencias conocidas. Ni así, como vemos, dejábamos totalmente de ejercer
actividades. Aprendíamos, todavía!. Progresábamos en conocimientos obteniendo,
en las citadas reuniones, nociones de Arte Clásico Transcendental, del que eran
dignos exponentes no apenas nuestros maestros, como otros que caritativamente
nos visitaban, y hasta nuestras vigilantes, que ensayaban con ellos una nueva
modalidad de servir a Dios y a la Creación, o sea, utilizando lo Bello,
empleando la Belleza!.., pues conviene acentuar que nuestros maestros, siendo
científicos, también se revelaban estetas, enamorados de la Suprema Belleza que
se origina del Sempiterno Artista!.
Veamos, no
obstante, en que consistían las tan importantes cuanto pavorosas aulas del
eminente preceptor Epaminondas de Vigo, el cual, como sabemos, fuera maestro de
iniciación en antiguas Escuelas de la Doctrina Secreta, en la India como en el
Egipto.
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En uno de los
encantadores palacios de la Avenida Académica se instalaba la Escuela de
Ciencias de la Universidad del Barrio de la Esperanza.
Majestuoso y
severo en sus líneas arquitectónicas, al pasar sus umbrales nos acometía la
impresión de que allí se veneraba a Dios con todas las fuerza de la Razón, de la Lógica y del
Conocimiento!. Soplos de indefinibles convicciones agitaban nuestras potencias
anímicas, dándonos la intuición de nuestra propia pequeñez ante la Sabiduría,
mientras que fuertes emociones nos infundían un singular respeto por lo
Desconocido que allí encontraríamos, llevándonos a los limites del terror!.
Recordábamos entonces a Aníbal. Su recuerdo nos traía la imagen dulcísima del
Maestro de Nazaret, a quien en toda la Colonia llamaban el Maestro de los
Maestros, el Magnífico Rector de la Espiritualidad!. Nos sentíamos, entonces,
corajudos, convencidos de que estábamos bajo su dependencia, efectivamente
abrigados en su redil, amados por El y por él mismo protegidos.
Exactamente
igual al recinto del Santuario donde se administraba la Ciencia del Evangelio,
el nuevo Sagrario tenia la diferencia de ostentar el célebre precepto griego
ornamentando en fulgores diamantinos en lo alto del indispensable telón, en
todas las aulas, para la captación de las vibraciones del pensamiento:
"!Hombre! ¡Conócete a ti mismo!"
Antes de una no
menos célebre sentencia cristiana cuya profundidad y excelsitud todavía
revolverá el mundo terrestre y sus sociedades, una especie de autorización del
verbo Divino para los trabajos que se desarrollaban bajo la invocación de sus
Leyes:
"Nadie entrará en el reino de Dios
si no renace de nuevo."
Se hacia evidente que los educadores que nos dirigían subordinaban sus
métodos a las normas estatuidas por Jesús de Nazaret, al cual inequívocamente
demostraban venerar como orientador y jefe del movimiento impetrado no apenas
en nuestro favor, como de la Humanidad toda. Que se trataba de iniciados
cristianos de elevada clase moral no teníamos, pues, ninguna duda. Y si eran
filósofos, científicos, pesquisadores, sociólogos, pedagogos eméritos, como mas
tarde tuvimos ocasión de verificar, también estaba fuera de duda que era en la
sublime Escuela de Moral y de Fraternidad establecida por el Cristo de Dios que
extraían modelos y métodos para ejercer, entre los hombres encarnados y los
Espíritus en transito, las elevadas aptitudes que poseían.
Intrigados con
todo cuanto nos era dado observar, nos acometían, a veces, vértigos, al pensar
sobre la realidad de la vida que en el mas allá del túmulo encontrábamos,
cuando creyéramos no existir mas después de que el último bocado de arcilla
ocultase nuestro cuerpo inerte de la visión humana!.
Presintiendo, no
obstante, enseguida, acontecimientos importantes en torno de nosotros mismos,
oímos que el discreto y sugestivo tintinear de una campanilla nos advertía,
atrayendo nuestra atención. Un respetuoso silencio dominó el recinto. Se diría
que todos los pensamientos se entrelazaban en la conjugación fraterna de
sentimientos homogéneos, mientras ondas fluídicas armoniosas de lo Mas Alto
bajaban en chorros de bendiciones esclarecedoras, protegiendo, inspirando los
sacrosantos trabajos que seguirían.
Se levantó
Epaminondas de Vigo.
Por primera vez
"oímos" su voz!.
Enérgica,
positiva, intrépida, imperiosa, la palabra del nuevo maestro, de aquel que
afrontara otrora el suplicio de la hoguera por amor a los elevados ideales de
la Verdad, se extendió por el salón inmenso, vibrando bajo las bóvedas que nos
abrigaban y como que reproduciéndose para siempre en los meandros de nuestras
almas, suscitándonos las facultades para nuevas conquistas morales, mentales,
intelectuales y espirituales!.
Delgado,
modesto, venerable con su barba larga, que tenían una inmaculada blancura de
luminosidades transcendentes, aquel anciano que nos fuera presentado dos años
antes, y en quien supusiéramos la vacilación de la decrepitud, ahora surgía
ante nuestros ojos sorpresos en actitud varonil, cual gigante de la oratoria,
exponiendo las bases de una Doctrina Renovadora hasta entonces desconocida para
nosotros, y cuyos fundamentos se asentaban en la Ciencia Universal!.
De inicio nos
explicó que debíamos, en efecto, recibir, en primer lugar, las enseñanzas
morales expuestas en los Evangelios del Redentor, a fin de que, al encanto de
sus palabras remisoras, adquiriésemos criterio suficiente para, sólo entonces,
alcanzar otros esclarecimientos que, administrados sin conocimiento de la
reeducación moral ofrecida por aquellos, resultarían estériles sino hasta
nulos, sino se tornasen, antes, perjudiciales!. La moral divina del Cristo
Jesús, sin embargo, saneando, de algún modo, nuestra mente y, por tanto,
nuestro carácter, de la mucha vileza que nos congestionaba las facultades,
había, en aquellos dos años de aplicación incansable, predispuesto nuestro
"yo" para, ahora, recibir la continuación del curso que nos favorecería
habilitaciones para el reerguimiento moral decisivo!. Que, por esa razón,
solamente ahora nos fuera dado entrar en contacto con él. Que haríamos bajo su
dirección un curso leve, rápido, por así decir preparatorio, de Ciencia
Universal, denominada, en antiguas edades - Doctrina Secreta -, y antes apenas
enseñada a mentalidades muy esclarecidas y muy fuertes, aptas, por tanto, por
las virtudes de las que diesen pruebas, de penetrar mistérios de orden divino,
que se conservan, invariablemente, ocultos a las inteligencias vulgares,
ociosas o presuntuosas. Que, en los tiempos remotos, anteriores a la venida del
Misionero Celeste, las enseñanzas secretas solo eran dadas a individuos que,
durante diez años, por lo menos, diesen las mas rigurosas pruebas de sanidad moral
y mental; que, en idéntico espacio de tiempo, demostrasen, de forma inequívoca,
la propia reforma interior, o sea, el dominio de las pasiones, de los
instintos, de los deseos en general, de las emociones, por la Voluntad
iluminada con las santas aspiraciones del Bien y los testimonios de las
Virtudes. Mas que, con la bajada del Maestro Complaciente de las Esferas de Luz
a las sombras de la Tierra y a las regiones astrales inferiores del mismo
planeta, fuera popularizada la enseñanza secreta, porque su Doctrina, una vez
afirmada en el corazón de la criatura, la habilitaría a vuelos largos en el
terreno científico-psíquico!. Todavía porque la Doctrina Mesiánica trajo a la
Humanidad otros esclarecimientos, rechazados por los hombres, donde expresaba
El los valores inmortales de la Ciencia Psíquica!. Que, desde entonces,
decretos divinos habían ordenado que se diese la enseñanza secreta a todas las
criaturas terrenas como a Espíritus en transito en las regiones astrales
inferiores que circundan el Planeta, pues el Padre Supremo, condolido con las
amarguras humanas, oriundas de la ignorancia, deseaba que fuesen todos sus
hijos iluminados por el sol de las Verdades Eternas!. Que luchas insanas
comenzaron entonces ante los preanuncios de la Luz, a sustentarse con los
conductores de las pasiones inferiores, lucha áspera y constante, que se
dilataba por casi dos mil años, y que de todos los recursos ya habían hecho uso
los obreros del Mesías a fin de instruir a los rebeldes con las Verdades
Celestes, que se obstinaban en no aceptar!. Y que, por eso mismo, nuevos
decretos habían bajado de lo Mas Alto, para que las Enseñanzas fueran ofrecidas
mas ostensivamente, con toda la eficacia posible, y también con la mayor
claridad, no a uno o dos de buena voluntad, y sí a toda la Humanidad, como a
todos los Espíritus errantes que deseasen aprender, fuesen virtuosos o
pecadores, puesto que urgía auxiliar a la regeneración del genero humano, ya
que estaba inminente una rigurosa selección, por parte de la Providencia, entre
los Espíritus y los hombres pertenecientes a los núcleos terrenos, porque el
planeta sufriría en breve su parto de valores, expulsando para mundos
inferiores a los incorregibles desde hace dos mil años, para conservar en su
seno apenas a los mansos y a los pacíficos (26), a los de buena voluntad, para, entonces, establecerse, no
solo en el planeta como en sus continentes astrales, aquella era
de progreso soñada por el Maestro de Galilea, presidida por el
socialismo fraterno estatuido en los áureos códigos de su Doctrina!. Que, por
eso mismo, recibiríamos también los rudimentos de la Enseñanza Secreta,
rudimentos, apenas, suficientes para fortalecernos para la eficacia de la
reparación que debíamos a la Ley, pues éramos aun muy frágiles, mentes
traumatizadas por la violencia del acto que se desviara de la Ley de la
Naturaleza, caracteres viciados por el abuso de siglos y siglos inmersos en el
demérito del materialismo!. Que la Enseñanza seria concedida gradualmente, de
acuerdo con nuestras capacidades, siendo por esa razón que nos dividían en
grupos homogéneos. Que la Doctrina Secreta en su plenitud solo la conocían el
Señor Jesús de Nazaret, que era Uno con Dios Padre, y sus Arcángeles, falange
de auxiliares, como que ministros, que eran unos con El!. Que, pues, comenzaba
esa Enseñanza en la Tierra, en parcelas diminutas para los hombres inmersos en
las sombras del Principio, y ascendía en progresión sin limites hasta el
Infinito del Seno Divino!. Por eso mismo, era llamado dicho Conocimiento -
Ciencia Universal - y que nosotros, míseros suicidas, ínfimos ciudadanos del
Universo de Dios, parias de las sociedades del Astral, para quienes se hacia
necesario crear siempre colonias de abrigo, éramos convidados a compartir la
asamblea luminosa de la Verdad, porque fuera justamente la falta de las mismas
enseñanzas que lo nos llevara, de caída en caída, hasta la calamitosa situación
de la caída máxima a través del suicidio!. Y que él, en nombre de Jesús
Nazareno, a quien deberíamos el resurgimiento de nuestras almas para la redención,
y en nombre de María, su Madre, a quien debíamos el amparo recibido hasta el
momento presente, nos concitaba al rigor de un ensayo para una severa
iniciación, mas tarde, en los mistérios, pues, de nuestra buena voluntad, de
nuestro valor en la aplicación del experimento presente, dependerían los éxitos
futuros. Vibrante y fecunda hasta el deslumbramiento, como bien podrá el lector
entrever, esa pieza oratoria aunó nuestro sincero interés, siendo con legítima
admiración que, íntimamente, ovacionamos
al catedrático apenas
(26) Mateo,
5:5-Bienaventurados los que son mansos. Porque poseerán la Tierra.
terminara el
exordio magnífico. Expresándose en portugués clásico; fulgurante para
portugueses y brasileños, y en español claro y puro para españoles, Epaminondas
de Vigo hacia fulgir la palabra en inflexiones suaves y melodiosas, o vibrantes
y fuertes como si un himno literario, que bien podría parecer también musicado,
si él lo hubiese deseado, nos deleitase los oídos y la sensibilidad.
Encantados, yo, Belarmino, João y mas los amigos brasileros Raul y Amadeu, que
se habían incluido en nuestro antiguo grupo, mal llegados al Barrio de la
Esperanza, luego nos sentimos atraídos hacia el nuevo monitor, y ansiosos por
las lecciones que seguirían. Y suponemos que idénticas impresiones animaban a
los demás colegas, porque percibíamos sonrisas de satisfacción y autentico
interés agitarse por la asistencia.
En tanto, el aprendizaje
científico siguió su curso normal, alternándose con el que veníamos ya
recibiendo y mas los conocimientos prácticos a través de las aulas del eminente
Souria-Omar.
Así fue que el
respetable anciano nos dio el encanto de presenciar el nacimiento y progresión,
lenta y esplendente, del propio Globo Terrestre!. El que superficialmente
conocíamos (permítanme que así me exprese ante a magnificencia de lo que,
entonces, me fue concedido apreciar) a través de los códigos de la Ciencia
terrestre, o sea, de la Geología, de la Arqueología, de la Geografía, de la
Topografía, el ilustre instructor nos sacó del sueño de los milenios para
ofertarnos como un regalo descrito en escenas vivas, en actividades reales,
como si hubiéramos participado, en efecto, del nacimiento y crecimiento de la
generosa estancia del sistema solar que un día nos abrigaría, protegiendo
nuestra ascensión hacia el Infinito, auxiliándonos en el perfeccionamiento del
germen divino que en nosotros, Hombres, como en ella misma, también palpita!.
Todo presenciamos: la centella en ebullición, las tinieblas del caos, los
aguaceros y diluvios aterrorizantes, los grandes cataclismos para la formación
de los océanos y ríos, el maravilloso advenimiento de los continentes como el
nacimiento de las montañas majestuosas, cadenas graníticas eternas como el
propio globo, tan conocidas y amadas por aquellos que en la Tierra han hecho su
ciclo de progreso: los Alpes sombríos como monarcas poderosos desafiando las
edades, los Pirineos graciosos, el Himalaya y el Tíbet venerados, la
Mantiqueira sombría y majestuosa, todos, en diferentes épocas, surgieron de la
cuna ante nuestros ojos deslumbrados, arrancando lágrimas a nuestras almas, que
se prosternaban, tímidas ante tanta grandeza, tanta belleza y majestad!. Mas,
antes de eso, en continuación feérica de maravillas, la lucha de los elementos
furiosos para el crecimiento del pequeño continente del cielo, el océano
conflagrado en convulsiones pavorosas, sacudiendo el seno naciente del mundo
inmerso en la soledad, el cataclismo de los vientos y tempestades que nada
podrá dar al hombre idea aproximada... así como las primeras señales de
movimiento y vida en el inmenso lecho de las aguas convulsas, la vegetación,
fabulosa y tétrica, en el gigantesco volumen de las proporciones... los
dinosaurios monstruosos, los lagartos de forma y fuerza inconcebibles la
delicadeza corporal del Hombre, los mastodontes, la Pré-História!.
Era un libro
tenebroso, inmenso, magnífico, la Epopeya Divina de la Creación, soltando
algunos pocos acordes de su Inmortal Sinfonía a través del Infinito del Tiempo,
de la Eternidad de las Cosas!. Y en ese libro deletreábamos el a b c de la
Iniciación, gradualmente, pacientemente, a veces impresionados hasta el
delirio; otras, bañados en lágrimas hasta el temor, mas siempre ávidos y
encantados, ansiosos por mas conocimientos, lamentando mas que nunca nuestras
diminutas fuerzas de suicidas, que ni la tercia parte nos permitía entrever del
programa excelso ofertado por la Naturaleza!.
Un desfile
indescriptible de períodos genesíacos se evidenció a nuestra observación, al
análisis elucidativo y sano, durante el cual, diariamente, radicaba en nuestro
Espíritu el respeto, la veneración por Aquel Ser Supremo y Creador a quien
habíamos negado, de quien dudáramos a lo largo de los siglos, mas a quien ahora
dábamos las gracias, asustados e ínfimos que nos sentíamos frente a su
Grandeza, mientras que también felicísimos al reconocernos sus hijos, herederos
de su gloria eterna!.
Aquí, eran la
flora y la fauna inmensas en la variedad de las especies; a mas, la geología
rica de atracciones y encantos, poblando el seno del globo con la multiplicidad
mirífica de los minerales; mas allá, el infinito laboratorio del planeta, el
océano con sus infusórios prodigiosos, sus infinitos depósitos de vida, de
creación, de especies, de riqueza indudablemente divina, y todo a mano del
Hombre, todo creado para él, mas que él desconoce, viviendo, como vive,
engañado en la tinieblas de la animalidad a través de los milenios, incapaz,
por eso mismo, de tomar posesión de ese paraíso que para él mismo el Señor ideó
y creó con toda a amabilidad de su amor infinito de Padre, con toda la fuerza
de su mente poderosa de Supremo Creador!.
...Y así surgió,
en lecciones siempre seguidas y hábilmente parceladas, la edad del Hombre, la
división de las razas, la suprema gloria del planeta abrigando, finalmente, a
la parcela divina que, un día, deberá reflejar la imagen y la semejanza de su
Creador!.
Durante largos
años ininterruptos, diariamente deletreamos ese libro asombroso cuya intensidad
y magnificencia comúnmente nos causaban vértigos llevándonos a adolecer y a la
necesidad de aspirar nuevas energías mentales al contacto de los clínicos
incumbidos de nuestra vigilancia, siendo el mismo Epaminondas uno de los mas
dedicados a la causa de nuestro restablecimiento... Y hoy, en la víspera de
nuestra vuelta a los proscenios de esa misma estancia, que ahora conocemos
desde su nacimiento, apenas averiguamos que nada pudimos aprender todavía, que
apenas deletreamos las primeras letras del plan material terreno!.
¡¿De que forma,
sin embargo, podrían Examinandas y sus acólitos darnos esas aulas, tornando
visible en el presente lo que los milenios devoraron en el pasado?!... ¡¿Como
reedificar con tan real pujanza, al punto de asustarnos, las edades primitivas
del planeta, los períodos devastados por el Tiempo?!...
Y de que vivimos todos en plena Eternidad, somos ciudadanos del Infinito, y
para la Eternidad lo que existe es el momento presente, sin ocasos, sin
lapsos!. Ella, la Eternidad, vive dentro del presente, porque justamente es
esta su particularidad!.
De las ondas
luminosas del éter invisible, o sea, de los archivos del Infinito como de los
sacrosantos depósitos de la Eternidad, extraía Epaminondas la Matéria grandiosa
para las aulas dadas. Las imágenes que se eternizaron, retenidas en las ondas
vibratorias del éter luminoso, la reproducción de lo que pasara en la Tierra
desde su creación, guardada, fotografiada, impresa en las vibraciones de la Luz
como el paisaje en la fragilidad de una pompa de jabón, eran seleccionadas por
los magos de la Ciencia Transcendente, captadas y transportadas hasta nuestro
conocimiento a través de procesos y aparatos cuya sensibilidad y potencia
magnética ya hoy el hombre no ignora totalmente. Podría Epaminondas, al
confabular con un igual, reportarse al pasado dispensando aparatos. Nosotros,
en tanto, no los dispensaríamos, a menos que el abnegado monitor disminuyese
aun mas sus propias posibilidades a fin de tornarse comprensivo, mientras
agrandase las nuestras, torturándonos hasta el sacrificio, lo que seria
dispensable. Lo cierto era que un equipo de magos especialistas en el servicio
y artistas de la palabra y de la sugestión, escudriñaban el éter con sus
poderes de atracción científico-transcendente, en busca de lo que convenía, y
lo estampaba en el telón sensible a través de sugestiones poderosas, y todo con
perfección tal que era como si a todo cuanto veíamos hubiésemos realmente
asistido!. Proceso vulgar en el Mundo Invisible, esa forma de captación de la
imagen, de los acontecimientos, llevará un día al hombre a la misma
posibilidad, como al conocimiento de los propios planos del Astral
intermediario!. Una cosa única acelerará tal conquista de la Ciencia para la
Humanidad: - el dominio de la Moral en sus sociedades, el imperio de la
Honradez!.
No dejaré de
citar el espectáculo sublime de la marcha armoniosa de los astros, que nos fue
proporcionado durante la prolongación de los mismos estudios, ahora, sin
embargo, obedeciendo no ya a los procesos circunscriptos a un recinto académico
limitado, y sí a excursiones en pleno Espacio, viajando a través del Infinito,
como universitarios en curso práctico. Nuestras fuerzas, en tanto, muy
limitadas, no nos permitirán la contemplación feérica de los mundos estelares
en el conjunto sorprendente de su grandeza. Como estímulo, apenas, nos fueron
facultadas visiones mas o menos aproximadas de esa esplendente grandeza, a
través de aparatos diferentes, apropiados para la percepción de la Astronomía,
de la que recibíamos pálidos convites. Nuestras observaciones y estudios, por
tanto, no ultrapasaran conocimientos sino relativos a nuestros hermanos de
sistema, permitiéndonos las mas bellas adquisiciones a que nuestro estado
podría aspirar, lo que mucho ya nos encantaba y satisfacía... Hasta que pasamos
al estudio de nosotros mismos, joyas que somos, todos nosotros, las Almas, del
joyero sideral, futuros ornamentos de la Corte Universal en la que se imprimió
el sello sagrado del Pensamiento Supremo, y para quien todo, todo fue imaginado
y creado por el Padre Amoroso que de nada necesita, que nada quiere sino que
nos amemos unos a otros!.
Nos explicó el
maestro, convincentemente, a lo largo del aprendizaje, a triple naturaleza
humana, probando prácticamente su tesis con análisis llevados a averiguaciones
en torno de nosotros mismos y de otros, lo que, a veces sorpresas muy ríspidas
para nuestros preconceptos y orgullo arraigados, nos traían. Ese mismo estudio
entreviéramos en el Departamento Hospitalario, donde el asilado impregnaba
rudimentos de su propia calidad de Espíritu, sin, todavía, alcanzar los
pormenores que en Ciudad Esperanza se abren para nosotros.
Expuso él la
realidad de las vidas sucesivas, sus leyes, sus consecuencias benéficas, su
finalidad magistral, sublime, su inalienable necesidad para la gloriosa
evolución del ser!. Nos indicó la jornada espinosa del Espíritu en esa
ascensión sublime hacia lo Alto, sometido al trabajo de los renacimientos y
renovaciones en cuerpos carnales, de los estadios en el Mas Allá, de las
labores ininterruptas en uno y otro plano!. No era, todavía, sin emoción a
veces muy chocante que veíamos rasgarse, a través de esos estudios, los campos
de la Vida Espiritual, la cual solo entonces comenzamos a comprender con la
debida eficiencia, pues sus realidades, no raramente muy amargas, derribaban
viejas convicciones filosóficas, destruían arraigados preconceptos religiosos condescendientes,
modificaban conceptos científicos que las tradiciones y también el orgullo
ciego del fanatismo materialista habían enseñado a conservar y homenajear!.
A fin de conocer
bien ciertas particularidades de la personalidad humana partíamos, entonces,
con nuestros maestros, en caravanas de estudios prácticos. Souria-Omar era el
catedrático de esa nueva modalidad, haciéndose acompañar por adjuntos lúcidos e
igualmente versados. Visitábamos los Departamentos Hospitalarios, observando,
como académicos de Medicina, la constitución de los cuerpos astrales de
nuestros hermanos allí detenidos, coadyuvados por Teócrito, que todo nos
facilitaba, fraternalmente asistidos por nuestros amigos Roberto y Carlos de
Canalejas. Bajábamos a la Tierra, periódicamente, visitándola durante años
consecutivos, en estadios de algunas horas, por los hospitales y Casas de
Salud, estudiando el fenómeno de los desprendimientos, siempre asistidos por
eminentes individualidades de la Patria Espiritual, así como por las casas
particulares y hasta prisiones, a la espera de sentenciados a la pena capital,
pues debíamos enriquecer la mente con análisis en torno de todas las
modalidades del fenómeno de la separación de un Espíritu de su temporal
envoltorio carnal, desde el feto, expulsado o no, voluntariamente, del órgano
generador materno, hasta el condenado por la justicia de los hombres a la
muerte en el patíbulo!. Cada carácter, cada personalidad o genero de
enfermedad, como la naturaleza del desprendimiento, nueva adquisición de
esclarecimientos, a través de estudios minuciosos y sublimes!. Era bien cierto
que jamas asistimos a ninguna escena de asesinato, o catástrofe. Llegábamos
siempre después del drama, a tiempo de coger la necesaria elucidación.
Frecuentemente nos era impuesto el doloroso deber de acompañar la desligacion
penosa, envuelta en trabajos de repercusiones aterradoras, muros adentro de un
campo santo!. Entonces, era allí que Souria-Omar discurría sus clases
magistrales, catedrático genial, digno de ser oído por discípulos prosternados
y reverentes!. Y, bajo el susurrar del ramaje donde graciosos pajaritos piaban
a la noche, enternecidos, soñando con la alborada, o a la sombra augusta de los
cipreses asombrados y majestuosos, por la noche callada bordada de estrellas,
como a los resplandores del Astro Rey, es que recibíamos las anotaciones del
antiguo maestro de Alejandría, aprendiendo con él el fenómeno magnífico del
Alma que se despoja de la armadura que la enclaustraba, para retornar a la
libertad de los páramos espirituales!. No nos podríamos, en tanto, muchas
veces, hurtar la vivas impresiones de sufrimiento, durante tan augustos
espectáculos!. El aprendizaje implicaba la contemplación de muchas desgracias
ajenas, dolores superlativos, intraducibles angustias, miserias y desesperación
ante las cuales corrían nuestras lágrimas, anhelaba dolorosamente nuestro seno,
y se compungía nuestro corazón. Mas era también preciso aprender, con esos
espectáculos, el dominio de las emociones, imponer serenidad a las fuerzas
mentales como al sentimiento, tratando, antes, de reflexionar, a fin de aplicar
esfuerzos en el sentido de auxiliar y remediar situaciones, sin perder tiempo
precioso con lamentaciones estériles y lágrimas improductivas. Semejantes
impresiones alcanzaron su clímax cuando nos vimos obligados a la observación de
los desprendimientos prematuros ocasionados por el suicidio!. Entonces, la
locura que nos atacara otrora subía de las profundidades anímicas a donde
habían sido relegadas e irrumpían a contragusto nuestro, afligiéndonos con el
espectro de un pasado que se transmutaba en presente!. El tono abominable de
nuestras pasadas rabias se agrandaba en la fiebre de reminiscencias malvadas,
desorientándonos, haciéndonos resbalar hacia la alucinación colectiva!. Era
cuando toda la energía, toda la caridad y sabia asistencia de nuestros
Guardianes entraba en acción, imponiendo silencio a nuestras emociones,
repeliendo vehementemente nuestras imposturas alucinatorias, chicoteando, al
contacto benévolo de sus terapéuticas fluídicas, las excitaciones mentales
provenientes de los recuerdos, hasta que el presente se impusiese!.
Volvimos, así,
al Valle Siniestro, integrando las caravanas de socorro, fieles al aprendizaje
sublime, y, allí, llorando sobre nuestra misma desgracia, tuvimos ocasión de
asistir a hermanos nuestros inmersos en la misma situación de calamidad que tan
bien conocíamos, examinándolos, con nuestros maestros, viendo si estarían en
condiciones de partir al Departamento de la Colonia, que les cabria.
Piadosamente les hablábamos, animándolos, consolándolos. Mas no éramos
comprendidos, pasábamos anónimamente... Y fue así que debimos haber sido
nosotros, otrora, también benévolamente asistidos por otros, sin que nuestras
precarias condiciones lo sospechasen...
De todos los
conocimientos que gradualmente adquiríamos, debíamos presentar puntos
construidos por nosotros mismos, crear ejemplos en tesis que mucho honrarían a
los institutos terrenos, en caso que quisieran adoptar las mismas enseñanzas
para esclarecimiento y moralización de sus alumnos; extraer análisis, todo lo
que viniese a probar nuestro aprovechamiento en la iniciación en el psiquismo.
Nos daban para ello albumes bellísimos, cuadernos y libros centelleantes cuales
flocos de estrellas, y hasta aparatos delicados, los que nos enseñaban a
accionar, para que también aprendiésemos a proyectar para otros los ejemplos
que creábamos, o mismo los análisis extraídos de los ejemplos dados por los
maestros durante las aulas prácticas en la Tierra o en otra localidad de
nuestra Colonia. De ahí la creación de mis novelas y la ansiedad de dictar
obras a los médiums, pues, durante las aulas prácticas existía permiso para
hacerlo, siempre que uno y otro trabajo compuesto por nosotros consiguiese
aprobación de los mayorales; de ahí nuestro sacrificio de tentar durante cerca
de treinta años, escribir algo, que a un sólo tiempo testimoniase a Dios
nuestro reconocimiento por lo mucho que Su Misericordia nos permitía y el deseo
de relatar a nuestros hermanos de infortunio, encarcelados en los dolores
terrenos, lo que el Mas Allá les reservaba. Para tal cosa no habría necesidad
de ser escritores, porque el aprendizaje con nuestros mentores nos educaba el
sentimiento, equilibrándonos el razonamiento de manera a conseguir servir a la
Verdad que nos rodeaba!.
Mucha aplicación
y dedicación exigían esos estudios transcendentes, porque eran vastísimos los
campos de observación, como grandiosos los motivos diariamente encontrados.
Conviene
enumerar las palpitantes materias estudiadas y auscultadas por nosotros hasta
donde nos permitieran las fuerzas mentales que teníamos:
- Génesis
planetaria o Cosmogonía - Pré-História
- La evolución
del ser
- Inmortalidad
del alma
- La triple
naturaleza humana
- Las facultades
del alma
- La ley de las
vidas sucesivas en cuerpos carnales
terrenos, o reencarnación
- Medicina
Psíquica
- Magnetismo -
Nociones de magnetismo transcendental
- Moral
Cristiana
- Psicología -
Civilizaciones terrenas
Alternados con
las aulas de Evangelio, tales estudios presentaban intima correlación con
aquellas, lo que nos impelía a comprender mejor y venerar la sublime
personalidad de Jesús Nazareno, al cual pasamos a distinguir, tal como lo
hacían nuestros instructores, como el jefe supremo de la Iniciación, pues, en
efecto, en todos los compendios que consultábamos, buscando elucidación en la
Ciencia, encontrábamos lecciones, claras enseñanzas, actos y ejemplos de aquel
Gran Maestro, como padrón máximo de sabiduría y verdad, modelos irresistibles,
brújulas que nos convidaban a seguir para alcanzar la finalidad sin los desvíos
oriundos de la adulación astuta y de las falsas interpretaciones.
Como mas de una
vez ya aclaramos, nuestros estudios eran enriquecidos con la práctica y el
ejemplo. Ese detalle, sin embargo, que implicaba hasta mismo realizaciones que
testimoniaríamos en el futuro, durante la renovación imprescindible de un
cuerpo carnal, no siempre nos daban satisfacciones al corazón. Al contrario,
frecuentemente nos ocasionaba grandes angustias, arrancándonos lágrimas
dolorosisimas y hasta momentos tenebrosos de desesperación que nos abatía,
llevándonos a enfermar. Situaciones críticas, vejámenes aumentaban sobre
nosotros, como veremos, sin que a tan desagradables cosas nos pudiésemos
eximir, porque todo era consecuencia del bagaje moral inferior que con nosotros
transportáramos al Mas Allá del túmulo.
Luego en el
primer día de aula, al terminar la fulgurante pieza oratoria, que expusiera el
venerado Epaminondas de Vigo, lanzando una advertencia que nunca mas se
borraría de nuestra alma:
"- Ninguna
tentativa para el reerguimiento moral será eficiente si continuamos presos a la
ignorancia de nosotros mismos!. Será indispensable, primero, averiguar quienes
somos, de donde vinimos y hacia donde vamos, a fin de que nos convenzamos del valor
de nuestra misma personalidad y de que a su elevación moral nos dediquemos,
consagrando a nosotros mismos toda la consideración y la máxima estima. Hasta
aquí, mis caros discípulos (al contrario de Aníbal, que nos mimaba con el
tierno tratamiento de hermano, Epaminondas solo nos daba la ceremonia de un
trato disciplinario), habéis caminado ciegamente, por las etapas de las
migraciones en la Tierra y estadios en el Astral, moviendoos en un círculo
vicioso, sin conocimientos ni virtudes que os indujesen a un progreso
satisfactorio. Seducidos en los deseos impuros de la Matéria, pasivos a los
impulsos ciegos de las mas dañinas pasiones o embrutecidos en la ganga oscura
de los instintos, habéis ignorado, a propósito, gracias a la mala voluntad, o
absortos por una criminal indiferencia, que a nuestro ser el Todo-Poderoso
enalteció con esencias que Le son propias, a las cuales debemos cultivar
bajo las bendiciones del progreso, hasta
que florezcan y fructifiquen en la plenitud de la Victoria para la que fuimos,
por eso mismo, destinados!..."
Lo dijo e,
indicando a uno de los penitentes que estaban mas próximos, en las graderías,
lo hizo entrar al círculo en que se erguía su cátedra y se agrupaban,
concentrados y mudos, sus adjuntos.
Determinó el azar, o la propia clarividencia del Profesor, que la elección
alcanzase a nuestro compañero de grupo, Amadeu Ferrari, un brasileño de origen
romano, natural del interior del Estado de S. Paulo, el cual, según pasamos a
conocer en esa misma hora, se suicidara a los treinta y siete años de edad,
creyendo posible escapar a la vergüenza de la prisión, debido a ciertos hechos
imprudentes, como también a la amenaza de un cáncer que comenzara a entumecerle
la región glótica. Lo puso ante sí y lo interrogó, demostrando autoridad:
"- ¿Vuestro
nombre, caro discípulo?..."
Un súbito
malestar dominó a la asistencia, advirtiéndola de algo muy grave que la
alcanzaría. Queríamos huir, escaparnos a la responsabilidad terrible del
aprendizaje que se nos figuró, repentinamente, por demás grandioso y por demás
delicado para a él consagrarnos para siempre!. Tuvimos la intuición de que
irían a pasar cosas irremediables, que marcarían una nueva era en nuestros
destinos, y tuvimos miedo!. Epaminondas de Vigo se nos presentó entonces cual
un juez inflexible que nos juzgaría, arrastrándonos hasta toparnos con el
tribunal temible de nuestra propia consciencia, y un profundo terror nos
inspiró su presencia venerable, mientras la figura jovial y tierna de Aníbal de
Silas, con sus exposiciones auspiciosas en torno a la Buena Nueva, que tanto nos
habían consolado, se diseñó a nuestra imaginación, produciendo una profunda
añoranza de su verbo manso que cariñosamente rememoraba los hechos sublimes del
Dulce Nazareno. Mas el anciano nos advirtió, en un aparte precioso y enérgico,
sorprendiéndonos con el conocimiento, que demostró, de las impresiones
suscitadas en nuestra mente:
"-
Recordaos de que el Señor Jesús de Nazaret, a quien invocáis en este momento,
es el Gran Maestro que nos inspira, y que, bajo Sus auspicios, es que os damos
las Enseñanzas Sagradas que engrandecerán vuestros Espíritus para la conquista
de los méritos futuros, pues es El el jefe supremo de nuestra Escuela y
distribuidor de nuestra Ciência!... "
Se volvió hacia
él expectante y repitió:
"-
¡¿Vuestro nombre, por favor?!... "
"- Amadeu
Ferrari... "
"- ¿Donde
vivías antes de ingresar a este sitio?... "
"- En la
ciudad de XXX... en el Brasil... "
"- ¡¿Porqué
procurasteis abandonar vuestro destino, cuya finalidad debe ser la unidad con
Jesús, nuestro Redentor, confiándolo a la ilusión de un suicidio?!... ¿No
sabíais que practicabais un crimen contra Dios Padre, y contra vos mismo, visto
que es cierto que todos traemos centellas del Creador en nosotros?... ¿Creíais,
por ventura, poder aniquilar los elementos de Vida existentes en vos, esa Vida
que justamente es eterna porque la recibisteis del Eterno Creador?..."
Visiblemente
constreñido, se esquivó Amadeu a través del sofisma, único recurso que se le
ocurrió en la delicada situación:
"-
Felizmente, señor, fue apenas una pesadilla... una alucinación... Yo no me pude
matar, aunque lo desease, puesto que estoy vivo!... ¡Vivo! ¡Vivo loado sea
Dios, estoy vivo!..."
Mas, señor de
una serenidad desconcertante, que a nosotros nos irritaría si no estuviésemos
sinceramente dispuestos a dejarnos conducir, insistió el sabio anciano:
"- Reitero
la pregunta, Amadeu Ferrari: - ¿por que deseaste desaparecer de la presencia de
vos mismo como de vuestros semejantes, cuando el poema del Universo cantaba a
vuestro alrededor el sacrosanto deber de los compromisos, como la excelsa
belleza de la existencia humana, que debe habilitar al Alma para el reinado de
la Inmortalidad?"
"- Señor...
Es que... yo me desanimé... yo... si... ¿Mas responderé aquí, en presencia de
toda esta asistencia?... ¿Estaré, pues, nuevamente enfrentando a un
tribunal?... "
"- Existe,
sí, un tribunal y todos vosotros lo enfrentáis: es vuestra consciencia, que
inicia el despertar de la larga letárgia que desde hace siglos la mantiene
presa a las mas deplorables inconsecuencias!. Y imprescindible es que yo,
autorizado por los poderes máximos de mí y de vuestro Redentor, os oriente a
fin de que, examinándola, aprendáis a despojaros del orgullo que os ha cegado
desde hace muchos siglos, impidiendo que os reconozcáis vosotros mismos y, por
tanto, a la soberanía de las Leyes que rigen los destinos de la
Humanidad!."
"- Señor,
la miseria, la enfermedad, el desanimo, fueron la causa... Cometí una falta
grave, ante tan dolorosas circunstancias... No tuve otro recurso a no ser lo
que hice... La prisión... la enfermedad..."
"- Y ese
acto – el suicidio – ¿lavó la mancha de la que os habíais contaminado antes?...
¿Os consideráis inculpado, honesto, honrado aun después del acto?..."
"- .!Oh!
¡no!. ¡No puedo huir a la responsabilidad de los actos que practiqué!. Me
siento deshonrado por haber abusado de dineros que me fueran confiados..,
aunque lo hiciese tentando recuperar la salud, pues la amenaza tenebrosa de un
cáncer me desorientaba, justamente cuando estaba presto a realizar un consorcio
cuja expectativa era mi razón de ser... La cantidad era abultada... yo era
bancario... La prisión o la muerte... El cáncer, el robo, pues era robo... ¡El
ideal de amor desmoronado!. ¡Preferí el suicidio!... Se que fueron grandes
crímenes... Mas me siento todavía confuso, a pesar de mucho ya haberme
esclarecido, últimamente... ¿Por que, ¡oh! por que fui colocado en tan
desgraciadas circunstancias?... La confusión remolina en mi mente... Intuiciones
pavorosas me cuchichean un pasado del cual tengo pavor... ¡Oh! Jesús de Nazaret!. !Misericordia!... Yo tiemblo y vacilo... No comprendo
bien..."
"- ¡Pues
iréis a comprender, Amadeu Ferrari!. ¡Es imprescindible que lo comprendáis!."
Llamó a dos
adjuntos que aguardaban sus ordenes. Hicieron sentar al penitente ante un telón
claro, colocándole, enseguida, una diadema idéntica a la usada por el maestro
para las disertaciones.
Había en el
ambiente una sincera emoción religiosa.
Sentíamos que un
grandioso, sacrosanto misterio rebelaría, en aquel instante, a nuestro
entendimiento, y contritos y temerosos aguardábamos, mientras benéficas
1nfluências envolvían el momento sagrado que vivíamos.
Epaminondas se
volvió hacia la asamblea de discípulos y clamó:
"-
¡Atended!. ¡La historia de este hermano vuestro es también vuestra historia!.
¡Sus caídas no representan mas que las caídas de la propia Humanidad en luchas
diarias con sus propias pasiones!. Por la misma razón no debéis comentar lo que
iréis a presenciar, antes observad la lección que os será dada como ejemplo,
del cual extraeréis la necesaria moral para aplicarla en vosotros mismos...
pues será útil recordar que sois todos almas decaídas a quienes la iniciación
en principios de moral elevada y redentora trata de conducir a los pórticos del
Deber!."
Se puso de manos
cruzadas hacia el Infinito, en actitud de oración y concentración fervorosa. Se
le acercaron los adjuntos, como para ayudarle mentalmente en sus intenciones.
Una poderosa cadena fluídica se estableció, envolviendo en ondas fuertes la asamblea
de pecadores, que se dejaba estar atenta y respetuosa. Hasta que, de súbito,
una orden singular resonó en tono enérgico, que no admitiría tergiversación!.
Epaminondas de
Vigo imponía a Amadeu Ferrari la vuelta al pasado, o sea, a un minucioso examen
de consciencia pasando en revista los hechos de sus pasadas migraciones
terrenas, a fin de que comprendiese en toda su plenitud la razón de las
circunstancias dolorosas en que se viera colocado, circunstancias a las que no
se resignara y que, para resolverlas, se comprometiera aun mas con un acto de
deshonestidad, el suicidio!.
En sentido
retrospectivo, pasando del suicidio al inicio de su existencia, súbitamente
fuimos a encontrarlo en bien diferentes condiciones!. Era bien verdad, puesto,
que estaban, en una encarnación anterior, los motivos de aquella pobreza que
desafiara todos los esfuerzos para remediarla, ya que Amadeu fuera obstinado en
el trabajo y en la fuerza de voluntad; contra aquel cáncer que lo torturaba con
sus garras invencibles, corroyéndole la lengua y la garganta lentamente; de
aquel repudio de amor que absorbió sus últimas fuerzas, incompatibilizandolo
definitivamente con el deseo de vivir!.
La cortina del presente se abrió... El. primer velo de la Consciencia fue
suspendido a fin de que, en el proscenio de otra existencia terrena, un drama
inmenso fuese revelado, drama que no alcanzó apenas a una o dos personalidades,
y sí a una colectividad, implicando realmente a toda una raza heroica y
sufridora!
Amadeu Ferrari
se nos apareció descrito por su propia mente en el año 1.840, como traficante
de esclavos negros de Angola para el Brasil... Era, entonces, de nacionalidad
portuguesa, y de ahí nuestra afinidad. con él. En viajes reiterados, se
enriquecía en el comercio abominable, no ahorrándose trabajos ante la torpe
ambición de retornar millonario a la metrópolis, infligiendo martirios
incontables a los míseros que arreaba de su patria para esclavizarlos a otros
tantos despreciables cómplices de las mismas alucinadas ambiciones!. En la
truculencia de instintos inhumanos, se cebaba en el maltrato a los negros,
ordenando chicotearlos por la mas insignificante falta o un por ninguna,
infligiéndoles castigos cuya fiereza gritaba a los cielos, tales como el hambre
la sed, la tortura y la separación de las familias, puesto que vendía, aquí, a
los hijos, y mas allá a la madre, mas allá, al padre... los que nunca mas,
nunca mas se encontrarían a no ser mas tarde, en el Mas Allá, muriendo muchos
de estos desgraciados atacados por la nostalgia y por la añoranza de los seres
amados!. Cierta vez, en su hacienda, humillara a una joven esclava negra, mal
salida de la infancia. Y porque el desventurado padre de la desgraciada, un
viejo esclavo de sesenta años, que en un momento de suprema desesperación, loco
de dolor, ante el cadáver de su hija que procurara en la muerte encubrir la
vergüenza de que se sentía poseída, le gritase su vil procedimiento, acusándolo
del suicidio de la moza, mandó que feroces capataces quemasen la lengua del
viejo esclavo con un hierro al rojo vivo, hasta verlo caer exánime, en las
convulsiones de la agonía...
Ahora, mientras
nos elucidábamos en la majestuosa lección, el paciente se reconocía tal como
era : portador de pasiones inferiores, múltiples defectos, grandes
desmerecimientos, y se debatía violentamente, presa de convulsiones
indescriptibles, acobardado frente al tormento que le infligía la consciencia,
desorientada en la tortura de los remordimientos.
"-
¡Apiadaos de mi, Señor!. – gritaba en expresiones de dolor y arrepentimiento,
repitiendo en presencia de la numerosa asamblea la súplica vehemente que diera
causa a la existencia expiatoria que, al final, interrumpiera criminalmente,
enredado como se dejara estar en complejos desconcertantes. - ¡Por desgraciado
y miserable que soy!. Dejad que yo vuelva aun otra vez a la calidad humana y
vea mi propia lengua, así como la boca y la garganta desaparecer bajo la
trituración de cualquier maleficio, reducidas al punto que reduje las del
desventurado esclavo Felício... ¡Dadme la miseria, Señor!. Que yo sufra el
suplicio del hambre, de la sed, y que ni siquiera puede hablar a fin de
quejarme!. Que se aparten de mi todos con asco, dejándome limpiar solo esta mancha
infamante que me humilla ante mi mismo!..."
El noble orientador, sin embargo, impuso
silencio al pecador, balsamizandolo con fluidos apaciguadores. Enseguida, dijo,
como respondiendo:
"-¡Es bien
cierto, es inevitable vuestro retorno a las reencarnaciones expiatorias, Amadeu
Ferrari ya que es esa la ocasión bendita para la remisión de los culpados!.
Otra vez la pobreza, el cáncer, el perjurio... agravados, ahora, con los
indefinibles males acumulados con el suicidio... ya que vos no quisisteis
someteros debidamente... Mas es imprescindible que no conservéis ilusiones: mas
de una encarnación expiatoria será necesaria para cubrir los agravantes de las
acciones que recordamos..."
En tanto, la
lección continuaba desarrollándose, viniendo su remate a asustarnos por ventura
aun mas:
Fue así que,
muerto el viejo esclavo, pasaran los años...
El gran señor lo
olvidara, como todo, absorto e la agitación de la buena suerte... Volviera a
Europa, feliz, habiendo enriquecido a costa del "trabajo honesto"
bien visto y considerado por la gran riqueza que llevara de las Tierras de
Santa Cruz...
¡Mas.., un día
murió: - exequias solemnes, cánticos punzantes, gran luto, lágrimas doloridas y
muchas flores.., porque el vil metal adquirido en la iniquidad todo eso puede
comprar!
¡Ahora,
súbitamente se encuentra en el Mas Allá!. ¡Es el momento sagrado de la
realidad, del cumplimento integral de la Justicia Incorruptible!. Lo vimos
debatirse, perdido en pleno desierto africano, atacado por una hedionda falange
de fantasmas negros sedientos de venganza, los que venían a pedirle cuentas de
los desgraciados compatriotas esclavizados por él y perdidos para siempre,
lejos de las tierras nativas!. Eran los padres que habían perdido sus hijos,
arrancados por él para llevarlos lejos... Eran las madres despojadas de hijos
pequeñitos, los que él vendiera a otro, cual mercadería miserable!. Eran las
hijas ultrajadas y sacrificadas lejos de los padres, los hijos que conocieran,
por caricias maternales, el látigo inclemente del señor a quien servían!. Y
todos le pedían cuentas de los martirios que sufrieran!. Aprisionaran a su
Espíritu en el seno de las florestas tenebrosas y lo martirizaran a su vez!. Lo
aterraran con la reproducción, que su presencia daba, de las maldades que
contra todos practicara!. El silencio de la selva, sólo interrumpido por
motivos de pavor; las tinieblas inalterables, el rugir de las fieras, las
acusaciones perennes del remordimiento, la rabia y el bramido de los fantasmas
alternándose con todos los demás pavores, acabaran por enloquecerlo. Entonces,
lo dejaran entregado sí mismo, en pleno desamparo, cautivo de sí mismo, de las
torpezas que sembrara contra indefensos hermanos suyos, como él hijos del mismo
Creador y Padre, portadores de la misma Esencia Inmortal!. El hambre, la sed,
mil necesidades imperiosas se juntaran a fin de torturarlo aun mas, aferrado a
la animalidad de los instintos y apetitos inferiores, como se conservaba
todavía... Vagó desesperadamente, presa de las mas absurdas alucinaciones,
flagelado por su mente, que sólo se alimentara del mal!. A cada súplica que
tentaba proferir, el llanto de los esclavos que morían de añoranza, separados
de sus entes queridos, era la lúgubre respuesta!. Si un grito de misericordia
se le escapaba en la incertidumbre de la demencia, venía el estallido del
chicote sobre la desnuda espalda de los negros cautivos de la hacienda; sobre
el busto profanado de las desgraciadas cautivas que amamantaran a sus hijos,
criándolos con amor mientras los de ellas mismas eran relegados al hambre y al
mal trato!. A un sollozo de remordimiento, el lamento de agonía de alguien que
sucumbía subyugado al poste de la mansión... oh! el grito supremo de aquellos
que, ingenuos, sufridores, desgraciados, se tiraban a las represas, a la
corriente de los ríos, impelidos por el terror al trato que recibían!...
Se alejaba
entonces en loca carrera a través de las breñas salvajes, presa de la mas
perturbadora demencia espiritual!. Mas, para cualquier lado que fuese, entre el
ramaje secular de le floresta majestuosa, como en pantanos lodosos, en el
espinoso suelo que pisaba como entre los bejucos traicioneros, encontraba a sus
víctimas llorando, agonizantes, desesperadas...
Hasta que,
cierta noche en que se sentía exhausto, en pleno terror, y después de muchos
años... en cierta alameda que repentinamente se abrió ante él, súbitamente vio
al esclavo Felício caminando a se encuentro, trayendo una antorcha feérica, que
iluminaba el camino tenebroso, permitiéndole orientarse... Felício venia
lentamente, sereno, grave, no mas torturado por el hierro ardiente, casi,
compasivo, extendiéndole la diestra, tentando levantarlo:
Salga de ahí,
"miseñó", levántese... Vamonos..."
Él acompañó a
Felício... Y a través de la continuación del intenso drama vimos que el viejo
esclavo perdonara a su verdugo, intercediera por él ante la Divina
Complacencia... y fuera, a conseguir liberarlo de las garras de los que no le
habían perdonado...
No obstante,
todo eso era por nosotros preciado intensamente, como si fuéramos los mismos
que tan dramáticas escenas vivieran, gracias al privilegio, que el hombre
desconoce, de las profundas capacidades inherentes al Espíritu alejado de la
carne, capacidades que lo llevan a sufrir, sentir, comprender, impresionarse,
conmoverse, alegrarse, etc., en grado superlativo, lo cual fulminaría a una
criatura encarnada, si fuera esta susceptible de tentar experimentarlo.
Mientras el drama se desarrollaba, el maestro emitía conceptos, elevando la
psicología de los personajes presentados, así enseñando con sabiduría la tesis
magnífica a la luz de la Ciencia Sagrada en la que nos iniciábamos!. Y
acrecentó, severo, como rematando la serie de pequeños discursos que el pasado
espiritual de Amadeu provocara, vibrante, en el diapasón enérgico que tan bien
traducía el carácter inquebrantable del que afrontara el suplicio del fuego por
amor a la Verdad:
"- La
sociedad brasilera, mis caros discípulos, sufre hoy y sufrirá aun, por un
espacio de tiempo que estará a su alcance dilatar o reprimir, las consecuencias
de las iniquidades que en pleno dominio de la era cristiana permitieran que
fuesen cometidas en su seno. Me refiero, como bien sabéis, a la esclavitud de
seres humanos, tratados por ella con mayor rigor de lo que lo eran los propios
animales inferiores, para conseguir posesiones y haberes que les facultasen el
gozo y el imperio de las pasiones!. Si no fue un crimen individual y sí
colectivo, será la colectividad la que expiará y reparará el gran oprobio, el
gran martirio infligido a una raza carente del amparo fraternal de la
civilización cristiana, a fin de que, a su vez, también se gloriase de las
bondades de la educación ofrecida a través de la Buena Nueva del Reino de
Dios!. Bajo los cielos señalados por el símbolo augusto de la Iniciación como
el del Cristianismo - la Cruz -, resuenan todavía, repercutiendo
angustiosamente en la Espiritualidad, los gritos angustiosos de millares de
corazones torturados que durante el paso de los decenios se compungieran ante
la infamia de la que eran víctimas!. No dejaran de repercutir todavía en las
ondas delicadas del éter, donde se asientan las esferas de protección de las
sociedades humanas, los rumores trágicos del látigo temible de los capataces
diabólicos, azotando hombres y mujeres indefensos, cuyas lágrimas, recogidas
una a una por la Incorruptible Justicia del todopoderoso, fueran, por ley,
esparcidas, enseguida, sobre esa misma colectividad criminal, para que, a su
vez, las sorbiese en luchas posteriores, purificándose del acervo de maldades e
infamias practicadas!. Por eso, aquí está la gran Patria sudamericana
debatiéndose contra problemas complejos, sus sociedades en luchas dolorosas
consigo misma, víctimas de un cúmulo de daños que la desorienta, ocupando un
lugar mas favorable de aquellos que ayer se vieran oprimidos, y doblados bajo
aflicciones colectivas, relegados a la indiferencia de las clases favorecidas,
de los orgullosos e imprevisores del pasado, los que a tiempo no se empaparan
de los ejemplos del Celeste Enviado, renegando de la cordura, de la fraternidad
para con sus semejantes, y se precavieron de sembrar el amor a fin de recibir
misericordia en el día del Supremo Juicio!. Y así proseguirán hasta que la Voz
Celeste de los Misioneros del Señor las oriente para una finalidad
apaciguadora, en el trabajo sublime de la reconciliación individual por amor al
Cristo de Dios!. Oh vosotros, discípulos que presenciáis los dramas – antiguo y
moderno - vividos por Amadeu Ferrari!. Oh vosotros que presenciasteis su pasado
como su presente, rematado por un suicidio contraproducente, del cual ha de dar
igualmente cuentas al Señor de las Vidas y de las Cosas!. Sabed que entre los
esclavos que, bajo los cielos de la Cruz Sublime, lloraran, doblados bajo el
trabajo excesivo, hambrientos, rotos, enfermos, tristes, anhelantes,
desesperados ante la opresión, la fatiga, la maldad, no todos traían las
características íntimas de la inferioridad, como muchas veces fue comprobado
por testigos idóneos; no todos presentaban caracteres primitivos!. Grandes
falanges de romanos ilustres, del imperio de los Cesares; de patricios
orgullosos, de guerreros altivos, autoridades de las huestes de Diocleciano,
como de Adriano y Majencio, dolorosamente arrepentidas de las monstruosas
series de arbitrariedades cometidas en nombre de la Fuerza y del Poder contra
pacíficos adeptos del Cordero Inmaculado, pidieron reencarnaciones en el África
infeliz y desolada, a fin de demostrar nuevos propósitos al contacto de
expiaciones decisivas, fustigando, así, el desmedido orgullo que la raza
poderosa de los romanos adquiriera con las mentirosas glorias del exterminio de
la dignidad y de los derechos ajenos!. Suplicaran, aun y siempre corajudos y
fuertes, nuevas conquistas!. Mas, ahora, en las luchas contra sí mismos, en el
combate al orgullo dañino que los perdiera!. Suplicaran por un disfraz carnal
cual armadura redentora, en envoltorios negros, donde obstruyesen sus
posibilidades de reacción, y enarbolada en sus consciencias la blanca bandera
de la paz, flámula, augusta concedida por la reparación del mal!. Y los
esclavizadores de tantos pueblos y tantas generaciones dignas!. Los inhumanos
señores del mundo terráqueo, que reían mientras gemían los oprimidos!. Que
hacían su alegría del martirio y la sangre inocente de los cristianos,
limpiaron bajo el cautiverio africano la mancha que les ensuciaba el Espíritu!.
De ahí, mis
discípulos queridos, la dulce, realmente sublime resignación de esa raza
africana digna, por todos los motivos, de nuestra admiración y de nuestro
respeto, la pasividad heroica que no siempre se estribó en la ignorancia y en
la incapacidad oriunda de un estado inferior, mas también en el deseo ardiente
y sublime de la propia rehabilitación espiritual!. Y sabed además que el
esclavo Felício, que acabáis de ver como símbolo entre todos, redimido de una
serie de culpas calamitosas, como tantos otros, cuando vivió y ejerció
autoridad bajo las ordenes de Adriano, volvió a Roma en Espíritu, al terminar
su compromiso entre los de la raza africana, y retornó a su antigua falange de
itálicos y..."
Un murmullo
irreprimible de sorpresa desconcertante sacudió a la asistencia de pecadores, aterrada mientras Amadeu
Ferrari caía de rodillas, dejando escapar un grito cuyo tono no distinguiríamos
si fue también de sorpresa, si de horror, de alegría, vergüenza o de otro
cualquier sentimiento indefinible, solo experimentado por entidades en sus
deplorables condiciones, mientras que un llanto violento lo sacudía en
agitaciones indescriptibles:
Se abriera una
puerta lateral silenciosamente, a una seña de Epaminondas, y Felício
apareciera, sereno, grave, dirigiéndose hacia su antiguo señor de otras
vidas... Aterrado, Amadeu lo contemplaba de ojos medrosos, ya ahora señor de
todo su pasado de Espíritu... Mas, lentamente, imperceptiblemente, se
transformara Felício bajo el poder de la voluntad, que actúa fácilmente sobre
la configuración del envoltorio astral, y se dejaba ver ahora, en la actual
personalidad de Rômulo Ferrari, el genitor de Amadeu!
Es que,
retornando a las falanges que le correspondían, Felicio allí reencarnara a fin
de proseguir en la peregrinación para la redención completa, bajo los auspicios
de aquel Dulce Nazareno a quien persiguiera en tiempos de Adriauo, en la
persona de sus adeptos!. Recibiera entonces una nueva fase de progreso bajo
otro nombre; se transportara, aun joven, a la Tierra de Santa Cruz, llevado por
un indefinible sentimiento de atracción, allí constituyendo familia y
piadosamente consintiendo en servir de genitor para su antiguo verdugo...
Ahora, seria
bien cierto que continuaría auxiliándolo a expulsar de la consciencia una nueva
infracción: - la del suicidio!.
Cuando,
pensativos y silenciosos, dejamos el recinto del Santuario, donde tan sublime
misterio nos fuera desvendado con la primera lección, repercutía en lo mas
intimo de nuestra Alma esta profunda, inenarrable impresión:
- ¡Oh! Dios de
Misericordia!. ¡Sed bendito por habernos concedido la Ley de la
Reencarnación!...
CAPITULO IV
EL «HOMBRE VIEJO»
Volvimos a la Tierra muchas veces, permaneciendo en sus sociedades, con
pequeños intervalos, desde el inicio del año 1.906. Múltiples deberes allí nos
llamaban. Era el campo vasto de nuestras experiencias mas eficientes, porque,
teniendo que revivir aun muchas veces en sus arenas, se hacia de gran utilidad
el ejercitar entre nuestros hermanos de Humanidad los conocimientos
gradualmente adquiridos en los servicios de la Espiritualidad. Así fue que,
bajo los cuidados de Aníbal de Silas, mas teniendo por asistente práctico la
experiencia secular de Souria-Omar, dilatamos las lides de beneficencia
iniciada bajo la dirección de Teócrito, multiplicando esfuerzos para servir a
corazones sufridores bajo las dulces inspiraciones de las lecciones mesiánicas,
ya sea que los encontrásemos aun engrillados en los planos de la Matéria, ya
sea en luchas permanentes en lo Invisible. Nos servimos de los puestos de
emergencia de la Colonia a la que pertenecíamos, como en el Hospital María de
Nazaret y sus filiales; integramos caravanas de socorros a infelices suicidas
perdidos en las soledades de lo Invisible inferior como en los abismos
terrenos, acosados por falanges obsesoras; seguimos en el rastro de nuestros
maestros de la Vigilancia, aprendiendo con ellos la caza a jefes temibles de
falanges mistificadoras, perseguidores de míseros mortales, a los cuales
indujeran muchas veces al suicidio; visitábamos frecuentemente reuniones
organizadas por discípulos de Allan Kardec, con ellos colaborando tanto cuanto
ellos mismos lo permitían; acudimos ante la necesidad imperiosa de muchos
sufridores ajenos a las ideas espiritas, mas verdaderamente carentes de
socorro; invadimos presidios y hospitales; descubríamos desolados desiertos
brasileños y africanos, cogitando de fortalecer el animo y proveer socorro
material a desgraciados prisioneros de un mal pasado espiritual, ahora los
regresos con testimonios recuperadores, en envoltorios carnales desfigurados
por la lepra, humillados por la demencia o marcados por la mutilación; y nos atrevíamos
hasta por los domicilios de los grandes de la Tierra, donde, también,
posibilidades de dolores intensos y de graves ocasiones para el pecado del
suicidio pululaban, no obstante las ficticias glorias de las que se cercaban!.
Y por todas partes donde existiesen lágrimas a enjugar, corazones exhaustos a
reanimar, almas vacilantes y desfallecidas por los infortunios a aconsejar,
Aníbal nos llevaba a fin de guiarnos a las enseñanzas del Maestro Modelo, con
los cuales aprenderíamos a ejercer, a nuestra vez, el apostolado sublime de la
Fraternidad!.
Ostensivas a
través de la colaboración mediúnica organizada para fines superiores, ocultas y
oscuras a través de acciones diversas, imposibles de ser narradas íntegramente
al lector, nuestras actividades se multiplicaran durante muchos años en los
diferentes sectores de la Caridad; y, se mas de una vez indóciles aflicciones
nos sorprendieran al contacto de las angustias ajenas, en tanto, mas veces
todavía obtuvimos dulces consuelos al sentir que nuestra buena voluntad había
contribuido para que una u otra lágrima fuese enjugada, para que uno u otro
desgraciado calentase las propias ansias a las sugestiones santas de la
Esperanza, uno u otro corazón se calentase a la lumbre sagrada del Amor y de la
Fe que igualmente aprendíamos a conceptuar!.
A cada lección
del Evangelio del Señor, explicada por el joven catedrático, a cada ejemplo
apreciado del Maestro Inolvidable, seguían nuestros testimonios, en la práctica
entre los humanos y los desventurados sufridores, así como análisis a través de
temas que deberíamos desarrollar y presentar a una junta examinadora, la cual
verificaría nuestro aprovechamiento y comprensión de la Matéria.
Frecuentemente, pues, producíamos piezas basadas en temas elevados e inspirados
en el Evangelio, en la Moral como en la Ciencia, romances, poemas, noticias,
etc., etc. Una vez aprobados, estos trabajos podrían ser dictados por nosotros
o revelados a los hombres, por ser instructivos y educativos, convenientes, por
eso mismo, para su regeneración; y lo haríamos a través del trabajo mediúnico,
subordinados a una filosofía, o sirviéndonos de sugestiones e inspiraciones
para cualquier mentalidad seria capaz de captar nuestras ideas en torno de
asuntos moralizadores o instructivos. Y cuando eran reprobados, repetiríamos la
experiencia hasta concordar plenamente el tema con la Verdad que abrazábamos y
también con las expresiones del Arte, del que no podríamos prescindir.
Los días
consagrados a esos exámenes eran festivos para todo el Barrio de la Esperanza.
Legítimos certámenes de un Arte Sagrado – la del bien -, el encanto que de esas
reuniones se destacaba ultrapasava todas las concepciones de belleza que antes
podríamos tener!. Se esforzaban las vigilantes en la decoración de los
ambientes, en la cual entraban juegos y efectos de luces transcendentes
indescriptibles en el lenguaje humano, mientras luminarias de nuestra Colonia,
como Teócrito, Ramiro de Guzman y Aníbal de Silas se revelaban artistas
portadores de dones superiores, ya sea en la literatura como en la música y
oratoria descriptiva, o sea, en la exposición mental, a través de imágenes, de
las producciones propias. De otras esferas vecinas bajaban caravanas fraternas
a prestar brillo artístico y confortador a nuestras experiencias. Nombres que
en la Tierra se pronuncian con respeto y admiración acudían bondadosamente a reanimarnos para el
progreso, activando en nuestros corazón humildes el deseo de proseguir en las
luchas promisorias. No faltaran realmente en esas asambleas el estímulo genial
de figuras como Víctor Hugo y Federico Chopin -, este último considerado
suicida en la Patria Espiritual, dado el desinterés con que se atuviera
respecto a su propia salud corporal; ambos, como muchos otros, cuyos nombres
sorprenderían igualmente al lector, expresaban la magia de sus pensamientos,
dilatados por las adquisiciones del largo período en la Espiritualidad, a
través de creaciones intraducibles para las apreciaciones humanas del momento!.
Tuvimos, así, ocasión de oír al gran compositor que vivió en la Tierra mas de
una experiencia carnal, siempre consagrado al Arte o a las Bellas Letras sus
mejores energías mentales, traducir su música en imágenes y narraciones, en una
variedad conmocionante de temas, mientras que el genio de Hugo mostraba en
lecciones inapreciables de belleza e instrucción la realidad mental de sus
creaciones literarias!. El poder creador de esta mentalidad, a quien la Tierra
aun no olvidó y que a ella volverá todavía al servicio de la Verdad,
sirviéndola bajo prismas sorprendentes, en verdadera misión artística al
servicio de Aquel que es la Suprema Belleza, deslumbraba nuestra sensibilidad
hasta las lágrimas, atrayéndonos hacia la adoración al Ser Divino acaso con
idéntico fervor, idéntica atracción con que la hacían Anibal de Silas y
Epaminondas de Vigo valiéndose del Evangelio de la Redención y de la Ciencia.
Era el pensamiento del gran Hugo vivificado por la acción de la realidad,
concretizado de forma a poder conocer debidamente los matices primorosos de sus
vibraciones emotivas transubstanciadas en asuntos encantadores de la epopeya
del Espíritu a través de migraciones terrenas y estadios en lo Invisible, lo
que equivale decir que también él colaboraba en la obra de nuestra reeducación.
Nos sorprendió entonces la noticia, allí ventilada, de que el genio de Víctor
Hugo se confirmaba en la Tierra desde hacia muchos siglos, partiendo de Grecia
para Italia y Francia, siempre dejando tras de si un rastro luminoso de cultura
superior y de Arte. Su Espíritu, pues, en varias edades diferentes ha sido
venerado por muchas generaciones, cabiéndole positivamente la gloria que tiene
en planos intelectuales. En cuanto al otro, Chopin, alma insatisfecha, que solo
ahora comprendió que con el humilde carpintero de Nazaret encontrará el secreto
de los sublimes ideales que lo saciaran, en miríficas expansiones de música
arrebatadora, transportada de la magia de los sones para el deslumbramiento de
la expresión real, nos dio el dramático poema de sus migraciones terrenas, una
de ellas anterior realmente al advenimiento del Gran Emisario, mas ya al
servicio del Arte, cultivando las Bellas Letras como poeta inolvidable, que
vivió en pleno imperio de la fuerza, en la Roma de los Cesares!.
En cuanto a
nosotros, los ensayos que deberíamos realizar serian igualmente traduciendo
nuestras creaciones mentales en imágenes y escenas, como hacían nuestros
mentores con sus lecciones y los visitantes con su gentileza. Para tal
desideratum había el concurso de técnicos incumbidos del delicado servicio, un
equipo de eminentes científicos, señores del secreto de la captación del
pensamiento con los aparatos transcendentes a los que nos hemos referido.
Algunos médiums de confianza de nuestro Instituto eran atraídos a esas
reuniones, bajo la tutela de sus Guardianes, y ahí entreveían dificultosamente
lo que para nosotros se revelaba en todo su esplendor! .Seria para ellos como
un estímulo al trabajo mediúnico al que se comprometieran al reencarnar,
instrucción inherente al programa de reeducacion conveniente a su progreso de
intérpretes del Mundo Invisible y medio menos dificultoso de prepararlos para
desempeños que vivían en nuestras cogitaciones de aprendices. Entonces, nos
llenamos de santo entusiasmo por juzgar fácil tarea la de enterar a los hombres
de las novedades que íbamos consiguiendo, convencidos de que serian
inmediatamente aceptados nuestros esfuerzos para informar bien. No contábamos,
sin embargo, con el problema desconcertante que es el poco deseo existente en
el corazón de los médiums, de sinceramente intensificarse en torno de los
ideales cristianos, que ellos creen defender cuando son incapaces para una sola
renuncia, contrarios a los altos estudios a que será obligado todo aquel que se
cree iniciado, tibios en el desamor a la redención de sí mismos y de sus
semejantes, a los que tienen el deber sagrado de defender de la ignorancia
relativa a las cosas espirituales, ya que dotados, como son, de facultades
apropiadas para ello; y cuando, desarmonizados consigo mismos y las esferas
iluminadas, traducen efectos mentales, conceptos personales, convencidos de que
interpretan el pensamiento de los Espíritus, cuando la verdad muchas veces
manda que se afirme que nada hicieron a fin de merecer el alto mandato, ni
mismo la moralización de la propia mente!. Y es con la mas profunda tristeza
que señalamos en estas páginas, escritas con nuestro mas ardiente deseo de
servir, el disgusto de cuantos se interesan por el bien de la Humanidad, en el
Mas Allá, al ver la falta de vigilancia mantenida por los médiums en general,
sus parcos deseos de desprenderse de los atractivos como de las ociosidades
naturales del plano material, esquivándose del deber urgente de despojarse de
muchas actitudes nocivas al mandato sublime de la mediunidad, de las que la voz
dulcísima del Buen Pastor aun no consiguió desprenderlos!. Nos valemos, pues,
de estas divagaciones, para resaltar el hecho de que ellos mismos, los médiums,
infelizmente dificultan la acción de los Espíritus instructores del planeta,
porque muchos aparatos mediúnicos excelentes en sus disposiciones
físico-psíquicas resbalan hacia el ostracismo y la improductividad de cosas
serias, mientras en torno se acumula el servicio del Señor por falta de buenos
obreros del plano terreno y la Humanidad se agita en las tinieblas, en pleno
siglo de las luces, prosiguiendo desorientada por falta del pan espiritual,
hambrienta de luz de Conocimiento, sedienta de aquella Agua Viva que le calmara
el alma desconsolada y triste por la acumulación de desgracias!
..........................................................................................................................................................
Dos acontecimientos de gran importancia vinieron a modificar soberanamente
ciertos pormenores de una situación que parecía indecisa e indefinible, aunque
un espacio de dos años distanciase la realización de uno para el otro.
Fuera uno de
aquellos días festivos que permitían las visitas.
En la víspera,
nos previnieron de que los internos recibirían visitas de sus
"muertos" queridos, o sea, miembros de la familia, entes caros ya
desencarnados. Desatentos, sin embargo, del movimiento, lo supusimos apenas
para los mas antiguos que nosotros en el aprendizaje del Instituto, y, por eso,
nos limitamos a esperar que algún día tocaría también a nosotros el rever a los
nuestros. Buena y caritativas, como toda mujer que tiene la educación moral
inspirada en el ideal divino, las damas vigilantes dispusieron los parques para
la gran recepción que se verificaría al otro día, utilizando toda la habilidad
de que eran capaces; y, con arte y talento, crearon rincones dulcísimos a
nuestra sensibilidad, ambientes íntimos encantadores por hablarnos a los recuerdos
mas queridos de la infancia como de la juventud, cuando las desesperanzas de la
existencia aun no nos habían dado a sorber el cáliz fatal de las amarguras. Y,
creándolos, para nosotros los ofrecían como agradables sorpresas, a fin de
recibir a nuestra parentela y amigos, a medida que llegaban. Creados al aire
libre, o sea, diseminados por los parques y jardines, de los que la ciudad era
pródiga; a la vera de los lagos serenos, sobre las laderas de las colinas
graciosas que parecían brillar, suavemente irisadas bajo el reflejo indefinible
de reverberos multicolores, esos rincones no eran permanentes, existiendo
temporalmente, apenas mientras durasen nuestras necesidades de comprensión y
consuelo. Muchos de ellos traducían el hogar paterno, aquel recinto sacrosanto
en que pasara nuestra infancia y donde las primeras, ansias de vida, las
primeras esperanzas habían florecido, y el cual tan añorado y ardientemente
recordado es por aquel que solo tinieblas y desesperación encontró al llegar al
Mas Allá. Otros recordarían escenarios edificados bajo las dulzuras del amor
conyugal: un rincón de la sala, una baranda florida, mientras que otros
mostraban cierto paisaje mas grato de la tierra natal: un puente bucólico, un
trecho sugestivo de playa, una alameda conocida, por donde muchas veces
paseábamos del brazo protector de nuestras madres...
y fue, pues, en
el propio escenario que parecía la casa donde nací, que tuve la inefable
satisfacción de rever a mi madre querida, la cual aun en la infancia yo viera
morir y sepultar, de besarle las manos como otrora, mientras me tiraba,
sollozando, en sus brazos protectores, de mi viejo padre, aliviando el corazón
de una añoranza que jamas se esfumara de mi corazón, torturado siempre por la
incomprensión y mil razones adversas!.
Reví a mi
esposa, a quien la muerte arrebatara de mi destino en pleno sueño de un
matrimonio venturoso, y a la cual yo desde hacia mucho podría haber
reencontrado en lo Invisible, si no fuera por la rebelión de mi gesto nefasto!.
De todos ellos recibí cariñosas advertencias, consejos preciosos, testimonio de
un afecto perenne, reparando que ninguno me pedía cuentas del desperdicio en
que las pasiones y las desdichas me habían transformado a vida!. y los recibí
como se estuviésemos en nuestro antiguo hogar terreno: los mismos muebles, la
misma decoración interna, la misma disposición del ambiente que yo tan bien
conociera... porque Ritinha de Cássia y Doris Mary habían preparado todo para
que se perpetuasen en mi corazón las impresiones sacrosantas de los verdaderos
lazos de familia!. Ambas aseveraran mas tarde que nosotros mismos, sin
percibirlo, dábamos los elementos para que todo fuese realizado así, puesto
que, nuestros maestros, que, siendo instructores y educadores, eran también
auténticos agentes de la Caridad, examinando nuestros pensamientos e
impresiones mentales mas caras, descubrieron lo que de mejor nos calaría en el
animo y les transmitían a través de planos y visiones equivalentes, a fin de
que la reproducción fuese la mas exacta posible, porque necesitaríamos de toda
la serenidad, del mayor estado de placidez mental posible, para que
aprovechásemos mucho del aprendizaje que haríamos!. Para mayor sorpresa,
nuestros entes caros acrecentaran que nada podían hacer en nuestro beneficio
debido a la situación delicada que creáramos con el suicidio, situación
equivalente a la del sentenciado terrestre, a quien las leyes vigentes del país
imponen un método de vida aparte de los demás ciudadanos. Muchas lágrimas
derramé entonces, escondido mi rostro avergonzado en el seno compasivo de mi
madre, cuyos consejos saludables reanimaran mis fuerzas, reavivando en mi ser
la esperanza de días menos acres para la consciencia!. Y bajo el cortinado
oloroso de los arboles, reunidos todos bajo el dosel florido que recordaba a
los pomares y al patio de la vieja casa en que viví, acunado por la protección
de mis inolvidables padres terrenos, me demoraba muchas veces en dulce coloquio
con muchos miembros de mi familia que, como yo, habían muerto!. A su vez, mis
compañeros de infortunio lo hacían igual, no habiendo allí favores especiales
ni predilecciones, sino una rigurosa justicia basada en las leyes de atracción
y afinidad.
Y, finalmente,
Belarmino de Queiroz e Sousa pudo encontrar a su madre, a quien amara con todas
las fuerzas de su corazón, recibiendo su visita inesperada aquella misma tarde.
A este, pues, le participara la señora de Queiroz e Sousa el dolor profundo e inconsolable
que tuviera con la sorpresa de verlo sucumbir al suicidio, afectándole la salud
irremediablemente, sucumbiendo ella también, medio año después, sin resignarse
jamas a la desventura de perderlo tan trágicamente!. Que las mas angustiosas
decepciones le asaltaran después de su muerte, ya que, creyendo encontrar el
supremo olvido en el seno de la Naturaleza, se encontrara viva después de la
muerte y llena de disgustos, al no tener ninguna capacidad mental y espiritual
que le pudiese indicar las regiones felices o consoladoras de lo Invisible. Que
en vano lo buscara por las sombrías regiones por donde anduvo acosada por
funestas confusiones, debatiéndose entre los sorprendentes efectos del orgullo
y del egoísmo que le marcaban la personalidad y el arrepentimiento por haber
renegado a las dulces efusiones del amor a Dios por el dominio exclusivo da
Ciencia Materialista, puesto que le aseveraba la consciencia tener una gran
dosis de responsabilidad por el desastre de su hijo, ya que fuera ella, madre
incrédula de los ideales divinos, madre imprevisora y orgullosa cuyas
aspiraciones no iban mas allá de los gozos y de las pasiones mundanas, que le
modelara el carácter, dándole de beber del mismo virus mental que a ambos
arrastrara a tan deplorables caídas morales!. Mas, llegada finalmente la razón,
gracias a los imperativos del dolor educador, trabajara, luchara, sufriera
resignadamente en el Espacio durante varios años, suplicara, sinceramente
convertida a la verdad existente en la idea de Dios y sus Leyes, y, así,
llevado en cuenta su ardiente deseo de enmienda y progreso, recibiera el
permiso para rever a su hijo, dádiva misericordiosa del Ser Supremo, ahora
reconocido con respeto y contrición!.
...Y Doris Mary
y Rita de Cássia a la madre y al hijo dieran el blando alivio de un gratísimo y
nostálgico ambiente: la vieja biblioteca de la mansión de los de Queiroz e
Sousa; el hogar crepitando alegremente; la mecedora de la vieja señora; la
pequeña poltrona de Belarmino junto al regazo de su madre, como en su
infancia...
El segundo
acontecimiento que, al par del primero, aunque venido dos años mas tarde, marcó
el camino decisivo para mi Espíritu, fue el conocimiento que tuve de mi mismo,
rebuscando en el gran compendio de mi alma los recuerdos del pasado, los que
desde hacia mucho yacían cobardemente adormecidos debido a la mala voluntad de
la consciencia en revisarla integral, meticulosamente. Así fue que, algunos
días después de la primera aula de Ciencias dada por Epaminondas de Vigo, me
tocó la vez de extraer de los arcanos profundos de mi ser el recuerdo de las
encarnaciones pasadas de mi Espíritu en luchas por la conquista del progreso,
memoria que mi orgullo repudiaba, confesándose asustado con las perspectivas
que sentía palpitando en derredor. Epaminondas, sin embargo, incisivo,
autoritario, no concedió moratoria al momento exacto destinado a mi. Me senté,
pues, en la silla que nos figuraba el venerable tribunal de la Suprema
Justicia, en aquellos momentos terribles en que enfrentábamos al lúcido
instructor. Un silencio absoluto circundaba el recinto, como siempre. Apenas
las vibraciones mentales de Epaminondas, traducidas en vocabulario correcto,
llenaban la atmósfera respetable donde sacrosantos mistérios de la Ciencia
Celeste se revelaban para iluminarnos el Espíritu ensombrecido por la
ignorancia. No ignoraban los circunstantes la especie de individuo que yo fui
en Portugal, caracterizado por un gran orgullo que me corrompiera el carácter,
porque tan ruin bagaje moral me rondaba aun los pasos, haciéndome corte adrede,
no obstante a la humíldisima condición a la que me veía reducido. Lo que, sin
embargo, tal vez no todos supiesen, porque se trataba de un hecho que el mismo
orgullo raramente me permitía esclarecer, y era que yo fuera paupérrimo de
fortuna, luchando siempre ásperamente contra la adversidad de una pobreza
desconcertante, la cual no sólo no me daba cuartel como hasta desafiaba
cualquier recurso, por mis razonamientos agitados, con la intención de
suavizarla; y que, para huir a la calamidad de la ceguera que sobre mis ojos,
sin fuerzas para resistir, extendía un denso velo de sombras, reduciéndome a la
indigencia mas despiadada que, en mi concepto, el mundo podría abrigar, fue que
me precipitara en la satánica aventura cuyas dolorosas consecuencias me condenaban
a las circunstancias que todos conocían.
Delicadamente
los adjuntos me prepararan, tal como convenía al reo que, frente a frente con
el tribunal de la Consciencia, se va a examinar, juzgándose a sí mismo sin los
atenuantes acomodaticios de los conceptos y subterfugios humanos, porque lo que
él va a ver, es lo que él mismo dejó registrado en los archivos vibratorios de
su alma a través de cada una de las acciones que anduvo practicando durante la
existencia como Espíritu, encarnado o no encarnado.
Me rodearan los
maestros, lanzando sobre las potencialidades de mi ser abatido poderosos
recursos fluídicos, con la intención caritativa de auxiliar. Era como si fuesen
médicos que me operasen el alma, poniendo al descubierto su anatomía para que
yo mismo la examinase descubriendo el origen de los males inflexibles que me
perseguían, sin acusar mas a la Providencia!.
Intuiciones de
angustia auguraban desesperanzas en mi pecho. Yo estaba ciertamente bañado en
un sudor helado, si fuera todavía carnal mi envoltorio. Todavía, la sensación
penosa de pavor me acobardó y yo quise resistir, previendo la vergonzosa
situación que me esperaba frente a los circunstantes, y, derramando lagrimas
amargas, pedí suplicante, de manera a ser oído apenas por Epaminondas:
"- ¡Señor,
por piedad!. ¡ Compadeceos de mi!." "- ¡No vaciles! – respondió en
aquel tono imperioso que le era. peculiar, mientras sus palabras resonaban por
el anfiteatro, oídas por todos. - A fin de realizar la renovación interior que
llevará a nuestras almas a la redención precisaremos apoyarnos en el mas vivo
coraje. Sin decisión, sin heroísmo, sin valor no conseguiremos progresar, no
marcharemos hacia la gloria!.
Recuerda que los pusilánimes son punidos con la
propia inferioridad en que se dejan estar, con la degradación de que se
cercan!. Recuerda que es por tu rehabilitación que se impone todas las veces
que el dolor se acerca de ti, siempre que el sufrimiento hace vibrar
dolorosamente las fibras de tu ser!. Sé fuerte, pues, porque el Sumo Creador
premia a las almas valerosas con la satisfacción de la Victoria!."
Me conformé al
1nflujo de aquella mentalidad vigorosa, invocando íntimamente el auxilio
maternal de María de Nazaret, a quien yo aprendiera a venerar desde que
ingresara en el caritativo Instituto, recordando que bajo sus amorosos cuidados
era que nos asiláramos.
Entonces,
armonizando mi propia voluntad con las de los tutelares que me dirigían, no sé
positivamente describir lo que se desarrolló en mi ser!. Vi a Epaminondas y el
equipo de sus auxiliares acercárseme envolviéndome en extraños chorros de luz.
Un invencible sincope me atontó el cerebro como si de las potencias sagradas de
mi "yo" repercusiones excepcionales se levantasen, extrayendo de los
repositorios del alma, para reanimarse en mi presencia, toda la larga serie de
vidas planetarias que yo tuviera en uso de la responsabilidad y del libre
albedrío!. Necesariamente, las demoras en lo Invisible entre una y otra
reencarnación acompañaran los dramas inmensos pasados en la Tierra,
inseparables como son esos estadios de las consecuencias acarreadas por los actos
practicados en el sector terreno. Tuve la impresión extraordinaria y magnifica
de encontrarme ante mi propio "yo" - o de mi doble -, si así me puedo expresar, tal
como si ante un espejo pasase a ver que en mi propia memoria se iba sucediendo
un revivir espantoso!. La palabra irresistible del instructor repercutió, cual
clarinada dominante, en el interior de mi Espíritu apaciguado por la voluntad
de obedecer, e invadió todos los rincones de mi consciencia, como la irrupción
de olas que saltasen los diques y se proyectasen en un impulso irresistible,
inundando una región indefensa:
"- Yo te lo
ordeno, Alma creada para la gloria de la elección en el Seno Divino: Vuelve al
punto de partida y estudia en el libro que traes dentro de ti misma las
lecciones que las experiencias proporcionan!. Y contigo misma aprende el
cumplimiento del Deber y el respeto a la Ley de Aquel que te creó!. Traza,
después, tu misma, los programas de rescates y edificación que te convienen, a
fin de que a ti misma debas la gloria que edificar para alzar vuelos redentores
hasta el seno Eterno de donde partiste!..."
Lentamente, me
sentí envolver por un singular entorpecimiento, como si todo a mi alrededor
girase vertiginosamente... Sombras espesas, cual nubes amenazadoras, me
circundaban la frente... Mi pensamiento se alejó del anfiteatro, de la Ciudad
Esperanza, de la Colonia Correccional... Ya no distinguía a Epaminondas, ni
siquiera lo conocía, y ni me recordaba de mis compañeros de infortunio... ¡Mas,
yo no durmiera!. Continuaba lúcido y razonaba, reflexionaba, pensaba, actuaba,
lo que indica que me encontraba en posesión absoluta de mi mismo... aunque
retrocediese en la escala de los recuerdos acumulados durante los siglos!...
Perdí, pues, el recuerdo del presente y zambullí la Consciencia en el Pasado...
Entonces, me
sentí viviendo en el año treinta y tres de la era cristiana!. Yo, sin embargo,
no recordaba, simplemente : - yo vivía esa época, estaba en ella como realmente
estuve!.
La vieja ciudad
santa de los judíos - Jerusalén - vivía horas febriles en esa mañana soleada y
caliente. Me encontré poseído de una alegría satánica, yendo y viniendo por las
calles llenas de forasteros, promoviendo desordenes, soplando intrigas, derramando
rumores inquietantes, incentivando desordenes, pues estábamos en el gran día
del Calvario y se sabía que un cierto revolucionario, llamado Jesús de Nazaret,
fuera condenado a muerte en la cruz por las autoridades de Cesar, con otros dos
reos. Corrí al Pretório, sabiendo que de allí saldría para el patíbulo el
sentenciado a quien tanto los judíos maldecían. Yo era miserable, pobre y malo.
Debía favores a muchos judíos de Jerusalén. Comía las sobras de sus mesas. Me
vestía de los trapos que me daban. Ante el Pretório, por tanto, ovacioné,
frenético, a la figura hirsuta y torpe de Barrabás, mientras que, a la ultima
tentativa del Procónsul para librar al carpintero nazareno, pedí la ejecución
de este en estertores de demonio enfurecido, pues me placía ver tragedias,
emborracharme en la sangre ajena, contemplar la desgracia hiriendo a indefensos
e inocentes, a los que despreciaba, considerándolos pusilánimes... Y ver a
aquel delicado joven, tan bello cuanto modesto, subiendo pacientemente la
cuesta pedregosa bajo los ardores del inclemente Sol, el pesado madero a los
hombros, alcanzado por los azotes de los rudos soldados de Roma contrariados
ante el deber de exponerse a una subida tan ardua en pleno calor del medio día,
era un espectáculo que sabía bien a la maldad de mi carácter y al que, de
cualquier forma, no podría dejar de asistir!...
No obstante,
reviéndome en ese pasado, la misma Consciencia, que guardara este
acontecimiento, entró a repudiarlo, acusándose violentamente. Sudores de pavor
y agonía como que me empastaran la frente alucinada por el remordimiento y
grité enloquecido, sintiendo que mi grito repercutía por todos los rincones de
mi Espíritu:
"- ¡Oh!
¡Jesús Nazareno!. ¡Mi Salvador y mi Maestro!. ¡No fui yo, Señor! ¡Yo estaba
loco!. ¡yo estaba loco!. ¡No me veo mas como enemigo Tuyo!. ¡Perdón!. ¡Perdón!.
¡ Jesús!... "
Un llanto
rescaldante incendió mi alma y recalcitré, alejando el recuerdo amargo del
pasado. Mas, vigilante, gritó enseguida el catedrático ilustre, celoso del
progreso de su pupilo:
"- ¡Avante,
oh Alma, creación divina!. Prosigue sin desánimo, que de la lectura que ahora
haces en ti misma será preciso que salgas convertida al servicio de ese Maestro
que ayer apedreaste..."
Yo no me podría
hurtar al impulso vibratorio que me arrojaba en el sondeo de ese pasado remoto,
porque allí estaban, con sus voluntades conjugadas piadosamente en mi favor,
Epaminondas y sus auxiliares; y proseguí, entonces, en la recapitulación
deprimente:
Súbitamente me encontré ante el Pretório, en actitud hostil. No hubo
insulto que mi palabra traicionera dejase de verberar contra el Nazareno. Feroz
en mi pertinacia, lo acompañé en la jornada dolorosa gritando chiflidos y
burlas soeces; y confieso que sólo no lo agredí a pedradas o aun con la fuerza
de mi brazo asesino, por ser severa la guardia a su alrededor. Es que yo me
sentía inferior y mezquino en todas partes donde me llevaban las aventuras.
Nutría envidia y odio a todo lo que supiese o considerase superior a mi!. Feo,
hirsuto, abyecto, mutilado, pues me faltaba un brazo, degenerado, ambicioso, de
mi corazón destilaba el virus de la maldad. Yo maldecía y perseguía todo, todo
lo que reconociese bello y noble, consciente de mi imposibilidad de alcanzarlo!.
Integrando el
cortejo extenso, entré a perturbar con difamaciones viles y sarcasmos infames a
su Madre sufriente y humilde, ángel conductor de ternuras inenarrables para los
hombres desterrados en los sufrimientos terrenos, ya entonces, la misma María,
piadosa y consoladora, que ahora me albergaba maternalmente, con solicitudes
celestes!. Y después, en subsecuencias siniestras y aterradoras me veo
continuando el abominable papel de verdugo: denunciando a cristianos al
Sanedrín, persiguiendo, espiando, flagelando cuanto podía por cuenta propia;
apedreando a Estaban, mezclándome a la turba temible de la ralea ignara;
traicionando a los "santos del Señor" por el simple placer de
practicar el mal, pues no me asistía ni siquiera el celo que impelía a la raza
hebraica a la suposición de que defendía un patrimonio nacional cuando tentaba
exterminar a los cristianos : yo no era hijo de Israel!. Viniera de lejos,
incrédulo y aventurero, de la Galia distante, forajido de mi tribu, donde fuera
condenado a muerte por el doble crimen de traición a la Patria y homicidio,
habiendo llegado a Judéa casualmente, en los últimos meses del apostolado del
Salvador!.
Me fuera, pues,
concedida la oportunidad máxima de regeneración y yo la rechazara, sublebandome
contra la "Luz que brilló en medio de las tinieblas"...
Siguiera, no
obstante, el curso del tiempo arrastrándome a luchas constantes.
Reencarnaciones se sucedieron a través de los siglos... Yo pertenecía a las
tinieblas... y durante el intervalo de una existencia y otra, me placía
permanecer en las inferiores camadas de la animalidad!... Convites reiterados
para los trabajos de regeneración recibía yo en cualquier plano al que me
impeliese la secuencia del existir, fuese en la condición de hombre o en la de
Espíritu sin el envoltorio carnal, porque también en las regiones astrales
inferiores resuenan las dulzuras del Evangelio y la figura sublime del
Crucificado es tenida como el modelo generoso a imitar!. Mas me hacía el sordo,
enceguecido por la mala voluntad de los instintos, tal como sucede a tantos
otros... Puedo hasta aseverar mi siquiera llegaba a percibir con la debida
claridad la diferencia existente entre la encarnación y la estadía en lo
Invisible, pues era mi modo de ser siempre el mismo: la animalidad!. Hoy se que
la ley inmanente del Progreso, cual imán sabio e irresistible, me impetra hacia
nuevas posibilidades en cuerpos carnales, bajo la orientación de dedicados
obreros del Señor, haciéndome renacer como hombre a fin de que los choques de
la expiación y las luchas incesantes inherentes a las condiciones de la vida en
la Tierra, los sufrimientos inevitables, oriundos del estado de imperfección
tanto del planeta como de su Humanidad, me desarrollasen lentamente las
potencias del alma embrutecida por la inferioridad. En la época a la que me
reporto, en tanto, nada de eso percibía, y tanto la existencia humana como el
intervalo en el Mas Allá me parecían la misma cosa!.
Mas a través de
los siglos experimenté también grandes infortunios.
Criminal
impenitente, ateniéndome a las prácticas nefastas del mal, sufría, como es
natural, el reverso de mis propias acciones, cuyos efectos en mi propio estado
se reflejaban. Subía, a veces, a alturas notables de la escala social terrena,
hecho este que no implicaba tener virtudes, porque eran ilimitadas las
ambiciones que me orientaban!. Esas ambiciones, no obstante, viles y
degradantes, me llevaban a caídas morales retumbantes, revolcándome cada vez
mas en el pantano de los deméritos, y creando para mi Consciencia
responsabilidades espantosas!. Sin embargo, mis renovaciones carnales siempre
se realizaran entre pueblos cristianos. Todo indica, en la vida laboriosa y
disciplinada de lo Invisible, que los Espíritus son registrados en falanges o
colonias, y bajo sus auspicios es que se educan y evolucionan, sin disociarse
de su tutela sino ya cuando completado el ciclo evolutivo normal, o sea, una
vez adquiridos patrimonios que les permitan transmutaciones difíciles y útiles
al bien propio y ajeno. Lo cierto es que nunca me moví de las Gálias o de
Iberia, hasta el momento presente.
La idea de la
regeneración comenzó a insinuarse en mis cogitaciones a fuerza de percibir lo
susurrado a mis oídos a través del tiempo, ya me encontrase en la Tierra bajo
formas humanas o inmerso en las penumbras espirituales propias de los seres de
mi inferior categoría. Acepté calculada e interesadamente, entrando a procurar
recursos para solucionar las pesadas adversidades que me perseguían el destino,
a través de los siglos, en esa doctrina cristiana que, según afirmaban, tantos
beneficios concedía a aquel que a su tutela se confiase. Lo que yo no podía
comprender, sin embargo, absorto en mi mundo íntimo inferior, era el elevado
alcance moral y filosófico de tales consejos o convites, repetidos siempre en
torno de mi en cualquier lugar terreno o astral a que la vida me llevase... y
por eso esperaba de la Gran Doctrina apenas ventajas personales, poderes
misteriosos o supersticiosos, que me llevasen a conquistar la satisfacción de
mil caprichos y pasiones...
Sin embargo, al
oír referencias de aquel Maestro Nazareno cuyas virtudes eran modelo para la
regeneración de la Humanidad, un súbito malestar me alucinaba, como si
incómodas repercusiones vibrasen en mi interior, mientras una corriente hostil
se establecía en mi consciencia, que parecía temer investigaciones sobre el
delicado asunto. Era por tanto concluyente que si mi inteligencia y mis
conocimientos intelectuales se robustecían al embate de las luchas por la
existencia y de los infortunios bajo el impulso poderoso del esfuerzo propio,
como hasta de las ambiciones, el corazón yacía inactivo y helado, el alma
embrutecida para las generosas manifestaciones del Bien, de la Moral y de la
Justicia!.
La primera mitad
del siglo XVII me sorprendió en confusiones deplorables, en la obscuridad de
una cárcel terrena envuelto en tinieblas, no obstante mi calidad de habitante
del mundo invisible.
¿Que odiosa
serie de hechos criminales, sin embargo, ocasionara tan amarga represión para
la dignidad de un Espíritu liberto de las cadenas de la carne?... ¿Que
abominables razones habría yo dado a la ley de atracción y afinidad para que mi
estado mental y de consciencia apenas se afinase con las tinieblas de la
mazmorra de una prisión terrena, infecta y martirizante?...
Conviene que te
enteres de lo que hice en aquel tiempo, amigo lector...
CAPITULO V
LA CAUSA DE MI CEGUERA
EN EL SIGLO XIX
Transcurrían los primeros decenios del siglo XVII cuando renací en los
alrededores de Toledo, la antigua y noble capital de los Visigodos, que las
aguas amigas susurrantes del viejo Tajo la rodean cual incansable centinela...
Me arrojaba a
otro renacimiento en los escarpados proscenios terrestres en busca de
posibilidades para el urgente aprendizaje que me liberase el Espíritu inmerso
en confusiones, el cual debería aliviar los débitos de mi consciencia ante la
Incorruptible ley, pues se imponía la necesidad de los testimonios de
resignación en la pobreza, de humildad pasiva y regeneradora, de conformidad
ante un perjurio de amor hasta entonces en débito en los registros del Pasado,
de consagración al instituto de la Familia.
Pertenecía
entonces a una antigua familia de nobles arruinados y, en la ocasión,
perseguidos por adversidades insuperables, tales como rivalidades políticas y
religiosas y desavenencias con la Corona.
La primera
juventud me dejó aun analfabeto, braceando en las arduas tareas del campo.
Apacentaba ovejas, araba la tierra cual miserable tributario, repartiéndome en
múltiples quehaceres bajo la mirada severa de mi padre, rudo hidalgo
provinciano a quien el desmedido orgullo religioso, inspirado en las ideas de
la Reforma, hiciera caer en desgracia, en el concepto del soberano, al ser
sospechoso de infidelidad a la fe católica y mantenido en vigilancia; riguroso
en el trato con la familia como con los siervos, cual condestable con los
feudos. Los rígidos deberes que me atenían ante las responsabilidades agrarias,
sin embargo, mas aun atizaban en mi interior la nostalgia singular que
desalentaba mi carácter, pues en lo oculto de mi alma se tumultuaban ambiciones
vertiginosas, impropia en un joven en mis penosas condiciones. Soñaba, nada
menos, que abandonar el campo, rebelarme contra el despotismo paterno, tornarme
hombre culto y útil como los primos residentes en Madrid, algunos de ellos
militares, cubiertos de glorias y condecoraciones; otros formando en la
poderosa Compañía de Jesús, eruditos representantes de la Iglesia por mí
considerada la única justa y verdadera, en desajuste con las opiniones
paternas, que la repudiaban. Envidiaba a esa parentela rica y poderosa,
sintiéndome capaz de los mas pesados sacrificios a fin de alcanzar una posición
social idéntica.
Cierto día
revelé a mi madre el deseo que, con la edad, se agrandaba, tornándome
insatisfecho e infeliz. La pobre señora que, como los hijos y los siervos,
también sufría a opresión del tirano doméstico, me aconsejó prudentemente, como
inspirada por el Cielo, la moderación de los anhelos por la obediencia a los
principios de la Familia por mí encontrados al nacer, objetando aun ser mi
presencia indispensable en la casa paterna, visto no poder prescindir el buen
andamiento de los cultivos de la experimentada ayuda del primogénito, su futuro
jefe. No obstante, dada mi insistencia, intercedió ante el señor y padre en el
sentido de permitir instruirme, lo que me valió malos tratos y castigos
inconcebibles en un corazón paterno!. Con la rebelión de ahí consecuente se
fortaleció el deseo vuelto obsesión irresistible, la cual solo con inmenso
sacrificio era contenida por mi genio impetuoso y rebelde.
Recurrí al
párroco de la circunscripción, a quien sabia servicial y amigo de las letras.
Le narré las desventuras que me humillaban, poniéndolo a la par del deseo de
alfabetizarme, instruirme cuanto fuese posible. Aceptó con bondad y
desprendimiento, pasando a enseñarme cuanto sabía. Y porque se trataba de un
hombre culto, intelectualmente superior, sorbí a grandes sorbos las lecciones
que caritativamente me concedía, demostrando siempre tanta lucidez y buena
voluntad que el digno profesor mas aun se esmeraba, encantado con las
posibilidades intelectuales encontradas en su alumno. A mi pedido, si embargo,
y comprendiendo, con elevado espíritu de colaboración, las razones por mi
presentadas, mi familia no fue puesta al corriente de tal acontecimiento. Mi frecuencia
a la casa parroquial pasó a ser interpretada como ayuda a la parroquia para el
cultivo de la tierra, favor que mi padre no osaba negar, temeroso de
represalias y delaciones.
Un día, después
de mucho tiempo pasado en martirizar la mente en busca de la solución para lo
que consideraba yo mi desventura, surgió en las cogitaciones desesperadas de
mis ambiciones la infeliz idea de hacerme sacerdote. Sería, pensé, un medio
seguro y fácil de llegar a los fines los que me encantaban... No se trataba,
ciertamente, de una honrosa vocación para los ideales divinos, como no se
trataba de servir a las causas del Bien y de la Justicia a través de un
apostolado eficiente, puesto que, en las manifestaciones de religiosidad que a
mi y a mi madre impelían, no entraban la verdadera creencia en Dios ni el
respeto debido a sus Leyes!. Expuse al párroco, mi antiguo maestro, la
intención considerada loable por mis pretensiosas ambiciones. Para sorpresa
mía, en tanto, me aconsejó, buena y dignamente, a evitar cometer el sacrilegio
de prevalecerme de la sombra santa del Divino Cordero para servir a las
pasiones personales que me inquietaban el corazón, oscureciéndole la razón...
pues percibía muy bien, por ver al descubierto mi carácter, que ninguna
verdadera inclinación me inducía al difícil ministerio.
"- El
Evangelio del Señor, mi hijo – remató cierta vez, después de uno de los
prudentes discursos en que acostumbraba a exponer las graves responsabilidades
que pesan sobre la consciencia de un sacerdote -, deberá ser servido con
inflamado amor al bien, renuncias continuas, durante las que debemos muchas
veces morir para nosotros mismos, como para el mundo y sus pasiones; con
trabajo siempre activo, incansable, renovador, en beneficio ajeno y para gloria
de la Verdad, y que se destaque por su legítima honestidad, espíritu de
independencia y cooperación, sin ningún personalismo, porque el servidor de
Jesús debe darse incondicionalmente a la Causa, abstrayéndose de las opiniones
y voluntades propias, que ningún valor podrán tener ante los estatutos y las
normas de su doctrina!. Es un camino áspero, sembrado de brezos y percances, de
inacabables testimonios, sobre el cual el peregrino derramará lágrimas y se
herirá continuamente, al contacto de disgustos enormes!. Las flores, solo mas
tarde él cogerá, cuando pueda presentar al Excelso Señor de la Viña los
preciosos talentos confiados a su celo de siervo obediente y servicial...
"Quien quiere venir tras de mi - fue
El mismo
quien lo dijo -, renuncie a si mismo,
tome su cruz y me siga!"
¡Fuera de eso,
mi caro hijo, apenas servirá al ambicioso el regalo de las ambiciones
personales, alejándose del Señor con acciones reprobables mientras finge
servirlo!.
No tienes vocaciones
para la renuncia que se impone ante el honroso desempeño?... Déjate quedar
tranquilamente, sirviendo al prójimo con buena voluntad y como puedas, mismo en
el seno de tu familia, que no andarás mal...
¿No te sientes
verdaderamente sumiso a la palabra de comando de Aquel que se dio en sacrificio
en los brazos de una Cruz?... No te precipites, entonces, queriendo arrostrar
responsabilidades tan grandiosas y pesadas que te podrán comprometer el futuro
espiritual!. Retorna, hijo, tus obligaciones de ciudadano, porfiando en el
cumplimiento de los deberes cotidianos, experimentando a cada paso la decencia
de las costumbres... Vuelve a tu aldea, apacienta tu ganado, déjate estar libre
de ambiciones precipitadas, que te será eso mas meritorio que traicionar un
ministerio para en cual no te encuentras aun preparado... Ara cuidadosamente la
tierra amiga, celando alegremente por el terruño que te sirvió de cuna... y,
esparciendo en su generoso seno las semillas pequeñas y fecundas, bien pronto
comprenderás que Dios permanece contigo, porque verás sus bendiciones siempre
renovadas en los frutos sabrosos de tus pomares, en las espigas rubias del
trigo que alimentará a tu familia toda, en la leche nutritiva que robustecerá
el cuerpo de tus hijos... Crea antes tu hogar!. Educa a tus hijos en el respeto
a Dios, en el culto a la Justicia en el desprendimiento del Amor al prójimo!.
Sé, tu mismo, amigo de cuantos te rodean, sin olvidar tus plantaciones y los
animales amigos que te sirven tan bien como tus propios siervos, que todo eso
es un sacerdocio sublime, es servicio santificante del Señor de la Viña...
"
..........................................................................................................................................................
La idea del casamiento substituyó con rapidez a las antiguas aspiraciones,
impresionándome los consejos del digno siervo del Evangelio, que me calaran
fuertemente. Audaz y apasionado, me entregué al noble anhelo con gran arrebato
del corazón, pasando a prepararme, satisfecho, para su consecución. Dada, sin
embargo, la situación delicada en que me colocara en la casa paterna,
desarmonizado con el genio de mi genitor, y la pobreza desconcertante que me
dificultaba las acciones, mantuve en secreto los proyectos del consorcio
elaborados cariñosamente por el corazón, que perdidamente se enamorara...
Entre las
numerosas muchachas que hermoseaban nuestra aldea con la gracia de los
atractivos personales y las prendas morales que eran sus mejores
recomendaciones, se destacaba una, sobrina de mi madre, a la cual hacia mucho
que admiraba, sin todavía osar exteriorizar a nadie los ardores que me avivaban
el pecho al verla y hablar con ella.
Se llamaba María
Magda. Era esbelta, linda, sonrosada, con largas trenzas negras y perfumadas
que le caían hasta la cintura, y un bello par de ojos lánguidos y seductores.
Como yo, era hija de nobles arruinados, con la ventaja única de haber adquirido
buena educación doméstica y hasta social, gracias a la buena predisposición de
sus padres.
Pasé a buscarla
con ardor, muy enamorado desde el inicio del romance, tal como seria lógico en
un carácter violento rebelde. Me sentí correspondido, no sospechando que solo
la soledad de una aldea aislada entre los arrabales tristes de Toledo, donde
escaseaban jóvenes galantes, creara la oportunidad considerada por mis sueños
irresistible!. Amé a la joven Magda con indomable fervor, en sus manos
depositando mi destino. De buen grado me habría para siempre refugiado en la
lenidad de un hogar honradamente constituido, poniendo en práctica los consejos
del generoso consejero. La adversidad, en tanto, me rondaba los pasos,
presentándome tentaciones fuertes en los trabajos de los testimonios
impostergables, tentaciones de las que no me pude librar, debido a mi genio que
me destruía el carácter, a la insumisión del orgullo herido como a la rebelión
que desde la cual predominaba en mis actitudes ante un disgusto o de una simple
contrariedad!.
María Magda, con
quien, secretamente, yo concertara la alianza matrimonial para una ocasión
propicia, me rechazó por un joven madrileño, primo de mi padre, adepto oculto
de la Reforma, que visitara nuestra humilde mansión, pasando con nosotros la
temporada estival!. Se trataba de un guapo militar de veinticinco años, a quien
muy bien le quedaban los cabellos largos, los bigotes brillantes y arreglados,
como buen caballero de la guardia real que era; la espada de mango reluciente
como oro, los guantes de gamuza, la capa oscilante y olorosa, que le daba aires
de héroe!. Se llamaba Jacinto de Ornelas y Ruiz y se creía, o realmente era,
conde provinciano, heredero de buenas tierras y buena fortuna. Entre su figura
reconocidamente elegante, las ventajas financieras que tenia y mi sombra
rústica de labrador bisoño y paupérrimo, no seria difícil escoger para una
joven que no tenia aun las veinte primaveras!.
Jacinto de
Ornelas no volvió solo a su mansión de Madrid!.
María Magda
concordó en ligar su destino al de él por los vínculos sagrados del Matrimonio,
dejando la aldea, alejándose para siempre de mi, risueña y feliz,
prevaleciéndose, para la traición infligida a mis sentimientos de dignidad, del
secreto de nuestros proyectos, porque nuestros padres todo ignoraban al
respecto, mientras yo, humillado, el corazón sangrando insoportablemente
torturas morales, tuve, desde entonces, el futuro irremediablemente
comprometido para aquella existencia, fracasando en los motivos para los que
reencarné, olvidando consejos y advertencias de abnegados amigos, en vista de
la disconformidad y la rebelión que eran el atributo de mi personalidad!.
Juré odio eterno
a ambos. Rencoroso y despechado, les deseé toda suerte de desgracias, mientras
proyectos de venganza compelía a mi mente a sugestiones contumaces de maldad,
tornando mi existencia en un infierno sin bálsamos, en un desierto de
esperanzas!. Mi aldea se me tornó odiosa!. Por todas partes por donde
transitase era como si me enfrentase a la imagen graciosa de Magda con sus
trenzas negras balanceando a lo largo de su cuerpo... La añoranza inconsolable
me ahogaba, humillándome profundamente!. Me avergonzaba ante el pueblo por la
traición de la que fuera víctima. Me sentía ridiculizado, apuntado por antiguos
compañeros de juerga, creyendo girar mi nombre en comentarios chistosos, pues
muchos habían que descubrieron mi secreto. Perdí las ganas de trabajar. El
campo se me volvió intolerable, por sentirme humillado ante el recuerdo del
elegante aspecto de mi rival que me arrebatara los sueños de novio!. En vano
compasivos amigos me aconsejaran a escoger otra compañera a fin de asociarla a
mi destino, advirtiéndome de que el hecho, que tan profundamente me hiriera,
seria una cosa vulgar en la vida de cualquier hombre menos riguroso e
irascible. Ardiente y exageradamente sentimental, sin embargo, abolí el
matrimonio de mis aspiraciones, encerrando en mi corazón sublevado la añoranza
del corto romance que me tornara desdichado.
Entonces
volvieron nuevamente a mi mente las antiguas tendencias hacia el sacerdocio.
Las acogí ahora con alborozo, dispuesto a no me dejar seducir por las
cantilenas de quien fuese, encontrando gran serenidad y alivio en la idea de
servir a la Iglesia mientras llevase a elevar mi humíldisima condición social.
No seria por cierto difícil: si recursos financieros escaseaban, había un
nombre respetable y parientes bien vistos que no me negarían ayuda para la
realización del gran intento. Me amparé todavía en la impetuosa esperanza de
vencer, de ser alguien, de subir fuese por el medio que fuese, con tal que
pasase a Jacinto en la sociedad y en el poder, haciéndolo curvarse ante mi, al
mismo tiempo que de cualquier modo humillase a María Magda, obligándola a preocuparse
conmigo aunque apenas fuese para odiarme!.
A la muerte de
mi venerado genitor simplificó la realización de mis nuevos proyectos. No
atendí a las razones alegadas por mi madre, tendientes a detenerme en la
dirección de la propiedad, substituyendo al brazo fuerte que se fuera. Una
inquietud insoportable desvariaba mis días. Ideas ominosas creaban en mi
cerebro un estado permanente de agitación
y angustia, estableciéndose un complejo en mi ser, difícil de solucionar
en el curso de apenas una existencial Seguidamente presa de pesadillas
alucinatorios, soñaba, noches enteras, que mi viejo padre, como otros amigos
fallecidos, volvían del túmulo a fin de aconsejarme a detenerme en la
pretensión adoptada respecto al futuro, prefiriendo el consorcio honesto con
alguna de mis compañeras de infancia, pues era ese el camino mas digno para
darme tranquilidad de consciencia y ventura cierta. Mas el resentimiento por
Magda, incompatibilizandome con nuevas tentativas sentimentales, deshacía
rápidamente las impresiones tentadas a mi favor por los venerables amigos espirituales
que deseaban impedir que yo practicase nuevos y deplorables deslices ante la
Ley de la Providencia.
¡Me hice
sacerdote con gran facilidad!.
La Compañía de
Jesús, famosa por el poderío ejercido en todos los sectores de las sociedades
regidas por la legislación católica-romana y por los hechos y realizaciones que
no siempre primaran por la obediencia y el respeto a las recomendaciones de su
excelso patrono, de cuyo nombre usó y abusó, me proporcionó ayuda inestimable,
ventajas verdaderamente inapreciables!. Me instruí brillantemente y rápidamente a su sombra, como tanto ansiaba
desde la infancia!. Absorbía, ávido, el manantial de ilustración que me
ofrecían en la comunidad al ver mis ambiciones vehementes, como fácil
instrumento que seria yo para amoldarse bajo el férreo dominio de sus garras!.
Era como si mi inteligencia apenas se recordase de lo que debía aprender, tal
el poder de asimilación que en mis facultades existia!. Mi gratitud, a su vez,
no conoció limites!. Me prendí a la Compañía con todas las fuerzas de que
disponía mi alma ardorosa. Obedecía a los superiores con un celo fervoroso,
sirviéndolos satisfactoriamente, yendo realmente en busca de sus deseos!. A los
intereses de la Iglesia, como del clero de la organización,
aprendí a
respetar y servir por encima de todas las demás conveniencias, fuesen las que
fuesen, tal como bien lo haría un verdadero jesuita!.
No me referiré a
la causa divina. No la desposé, pensando edificar mi alma con las claridades de
la Justicia y del Deber. Tampoco aprendí a amar a Dios o a servir al Maestro
Redentor en el seno de la comunidad a la que me filiara.
Ciertamente que
en la Compañía de Jesús existían siervos eminentes, cuyos padrones de desempeño
cristiano se podrían equiparar a los de los primeros obreros del apostolado
mesiánico. Con esos, todavía, sin embargo, no me solidaricé. No los conocí ni
sus existencias lograran interesarme. De la poderosa organización religiosa que
fue la Compañía de Jesús, yo apenas deseaba la posición social que ella me
podía proporcionar, la cual me compensase de la oscuridad de mi nacimiento: así
como los deleites del mundo, las locas satisfacciones del orgullo, de las
ambiciones inferiores, de las vanidades soeces, ya que el perjurio de la novia
idolatrada cercenara mis nacientes proyectos honestos!.
Siendo así, o
sea, a fin de lograr adquirir todo ese detestable patrimonio, serví con celo
frenético a las leyes de la Inquisición!. Perseguí, denuncié, calumnié,
intrigué, mentí, condené, torturé, maté!. Denunciaría, a mi propio padre, tal
la demencia que de mí se posesionara, llevándolo al tribunal como agente de la
Reforma, si, protegido por la misericordia celeste, no hubiese él entregado
antes su alma al Creador!. No lo haría, sin embargo, propiamente con
refinamientos de maldad: mi intención era servir a los superiores, engrandecer
la causa de la Compañía, probar con dedicación eterna la incondicional gratitud
que me dominaba el alma apasionada, por el amparo que me habían dispensado!.
Fui, yo mismo, víctima de la misma institución, porque, sabiéndome sumiso,
grato por los favores recibidos, explotaban los jefes mayorales esos
sentimientos, induciéndome a la practica de crímenes abominables, ciertos de mi
imposibilidad de retroceder. Si, en vez de esta compañía, yo optase por alguna
comunidad franciscana, me habría ciertamente educado, transformándome en un
alma de creyente, incapaz de prácticas dañinas. Por lo menos me habría
habituado a la honradez de las costumbres, al respeto al nombre del Creador, al
interés por las desgracias ajenas, pensando en remediarlas. La Compañía de
Jesús, sin embargo, a pesar del nombre excelso del cual se valió a fin de
inspirarse, me convirtió en un réprobo, ya que me atrajo justamente el
departamento político-social, que tantos abusos cometió en el seno de las
sociedades, ¡y en nombre de la religión!.
Durante mucho
tiempo olvidé a aquellos que me habían traicionado. No los busqué, no me
importó el destino que habían tomado. La verdad es que se mudaran a Holanda,
donde Jacinto de Ornelas se incumbió de cierta misión militar. Mas un día el
azar me puso nuevamente ante la presencia de ellos!. Habían ya pasado quince
largos años que su execrada visita a la mansión de mis padres convirtiera mi
corazón sentimental en hornalla de odios!. Los deberes profesionales, que lo
habían alejado de la Patria, ahora lo hacían retornar, gozando de un excelente
concepto hasta realmente en las antecámaras reales, disfrutando una envidiable
posición social. Al verlo, obligado a apretarle la mano en cierta ceremonia
religiosa, lo hice como a un extraño, sintiendo, no obstante, que en el corazón
agitado en mi pecho, a causa de la antigua rivalidad, hervían las doloridas
angustias experimentadas en el pasado, tumultuosas, ante su presencia,
previniéndome que, si el sentimiento de amor por María Magda desapareciera,
sofocándome en la vergüenza del perjurio indigno, en tanto, la llaga abierta
entonces sangraba aun, clamando por desquites y represalias!.
Procuré observar
la vida de tan odiado varón: sus pasos de adepto a la Reforma, su pasado como
su presente, lo que hacía, lo que pretendía, como vivía, el grado de armonía
existente en el hogar doméstico y hasta las particularidades de su existencia,
gracias al experimentado cuerpo de espías que estaba a mis ordenes, como buen
agente del Santo-Ofício que era yo. Jacinto de Ornelas era feliz con su esposa
y se amaban tierna y fielmente. Tenían hijos, a los que procuraban educar en
los preceptos de una buena moral. María Magda, dama hermosa y cortejada, que se
imponía en la sociedad por virtudes inatacables, tenia la belleza altiva y
digna de sus treinta y tres primaveras, y, desorientado, enloquecido por mil
proyectos nefastos y degradantes, al verla por primera vez, después de tantos
años de ausencia, sentí que no la olvidara como al principio supusiera, que la
amaba aun, para desventura de todos nosotros!.
La antigua
pasión, difícilmente adormecida por el tiempo, irrumpió acaso aun mas ardiente
desde que comencé a verla nuevamente, todas las semanas, practicando oficios
religiosos en una de las iglesias de nuestra diócesis, como buena católica que
deseaba parecer, a fin de ocultar sus verdaderas inclinaciones reformistas que
animaban a la familia toda.
Deseé atraerla y
cautivar, ahora, las atenciones amorosas negadas otrora, y, bajo la presión de
tal intento, la visité ofreciendo ayuda y deshecho en amabilidades. No lo
conseguí, sin embargo, no obstante las visitas continuaran. Recrudeció en mi
pecho el furor sentimental, sabiéndome totalmente olvidado, tal como la
erupción inesperada y violenta de un volcán adormecido siglos!. Tenté
cautivarla tiernamente, arrastrándome en mil actitudes serviles, apasionadas y
humillantes. Me resistió con dignidad, probando el absoluto desinterés por el
afecto que le ponía a los pies, como también por las ventajas sociales que yo
le podría ofrecer. Tenté sobornarla llevándola a comprender el poder del que
disponía, la fuerza que el hábito de la Compañía me proporcionaba en todo el
mundo, el acervo de favores que le podría prestar a su marido, hasta reales
garantías para ejercer su fe religiosa, pues yo sabría protegerlos contra las
represiones de la ley, siempre que concordase en consentir a mis ansiosos
proyectos de amor!. Me rechazó, en tanto, sin compasión ni temor, escudada en
la mas santificante fidelidad conyugal por mi apreciada hasta entonces,
dejándome, además, convencido de que mas que nunca se abriera un abismo entre
nuestros destinos, que yo tanto quisiera unidos para siempre!.
Ahora, Jacinto
de Ornelas y Ruiz, que era conocedor de la pasión que me destruyera la
existencia, ahora, viéndome asediar su hogar con actitudes amistosas, percibió
fácilmente la naturaleza de los intentos que me animaban. Yo, además, no
procuraba disimularlos. Actuaba, al contrario de eso, provocativamente, dado
que la persona de un jesuita y, aun más, oficial del Santo-Ofício, era
inviolable para un lego!. Puesto al corriente de los hechos por su misma
esposa, que en él procuraba fuerzas y consejos a fin de resistir a mis
insidiosas propuestas, se llenó de temor, desacreditando de los lazos de
parentesco; y, concertando entendimientos y resoluciones con sus superiores, se
preparó a fin de dejar Madrid, buscando refugio en el extranjero para sí mismo,
como para su familia.
Lo descubrí, sin
embargo, a tiempo!. Vivir sin Magda era una tortura que ya no me seria posible
soportar!. Yo quería antes tornarme desgraciado, aun despreciado por ella con
una desconsideración por ventura mas chocante, quería realmente ser odiado con
todas las fuerzas de su corazón, mas que la tuviese al alcance de mis ojos, que
la viese a menudo, que la supiese junto a mí, aunque en verdad separados
estuviéramos por duras e irremediables imposibilidades!.
Desesperado,
pues, deseando lo inalcanzable a cualquier precio, denuncié a Jacinto de
Ornelas como hugonote, al Tribunal del Santo Oficio, pensando librarme de él
para mejor conquistar a su esposa!. Probé con hechos la denuncia: libros
heréticos en relación a la Virgen Madre, que siempre fueron armas terribles en
las manos de los denunciantes para perder a las víctimas de sus persecuciones,
espantajos fabricados, casi siempre, por los mismos que hacían la denuncia;
harta correspondencia comprometedora con luteranos de Alemania; acuerdos con
adeptos dispersos por el país entero como en Francia; su ausencia sistemática
al confesionario, los propios nombres de los hijos, que recordaban a Alemania y
a Inglaterra, mas no a España, y cuyos registros de bautismo no pudo presentar,
alegando haber sido realizados en Holanda las importantes ceremonias!. Todo
probé, no, sin embargo, por celo a la causa de la religión que yo pudiese
considerar digna de respeto, y sí para vengarme del desprecio que por amor a él
María Magda me consagraba!.
Una vez preso y
procesado, Jacinto me fue entregado por orden de mis superiores, los que no me
pudieran negar la primera solicitud que en el genero yo les hacía, dados los
buenos servicios prestados por mí a la institución.
Lo conservé
desde entonces en el fondo de una mazmorra infecta, donde el desgraciado pasó a
soportar una larga serie de martirizantes privaciones, de angustias y
sufrimientos indescriptibles, por inconcebibles a la mentalidad del hombre
hodierno, educado bajo los auspicios de democracias que, aunque bastante
imperfectas aun, no pueden permitirse la comprensión exacta de la aplicación de
las leyes férreas y absurdas del pasado!. En él cebé la rebelión que me
retorcía el corazón sintiéndome despreciado por la mujer amada, por su causa!.
Mi despecho inconsolable y el celo nefasto que me alucinara desde tantos años
me inspiraran géneros de torturas feraces, las que yo aplicaba poseído de
demoníaco placer, recordando el rostro sonrosado de María Magda, que yo no
besara jamas; las trenzas ondulantes cuyo perfume no fuera yo el que aspirara;
los brazos acariciantes y lindos que a otro y no a mí - que a él! habían
tiernamente abrazado contra su corazón!. Cobré, infame y satánicamente, a
Jacinto de Ornelas y Ruiz, en la sala de torturas del tribunal de la
Inquisición, en Madrid, todos los besos y caricias que me robara de aquella a
quien yo amara hasta la locura y la desesperación!.
Hice que le
arrancaran las uñas y los dientes; que le fracturasen los dedos y dislocasen
los pulsos; que le quemasen la planta de los pies hasta llagarlas, mas
lentamente, pacientemente, con laminas calentadas sobre brasas; que le azotasen
las carnes, destrozándolas, y todo bajo el pretexto de salvarlo del infierno
por haber anatematizado, obligándolo a confesiones de supuestas conspiraciones
contra la Iglesia, bajo cuyo nombre me cubrí para la práctica de vilezas! .
Presa de
enloquecedora inquietud, Magda me buscó...
Me suplicó,
entre lágrimas, tregua y compasión!. Me recordó su calidad de pariente cercano,
como la calidad de Jacinto, también ser pariente; los días lejanos de la
infancia encantadora, disfrutados en la dulce convivencia campestre, entre las
alegrías del hogar doméstico, protegidos ambos por la intimidad de casi
hermanos...
Cínico y cruel,
le respondí, interrogando si fue pensando en todos aquellos detalles inefables
de nuestra juventud que, consigo misma, o tal vez con Jacinto, concertaran la
traición abominable que me infligiera...
Me habló de sus
hijos, que quedaran a merced de durísimas consecuencias, con el padre acusado
por el Santo Oficio; y, aun mas, si viniese él a morir, en vista del
encarcelamiento prolongado; concluyendo por suplicar, bañada en lagrimas, por
la vida y la libertad de su marido, como también mi protección a fin de
refugiarse en Inglaterra...
Hablé entonces,
después de lanzarle en el rostro la odiosa hiel que transbordaba de mi alma,
viéndola a merced de mi resolución:
"- Tendrás
de vuelta a tu marido, María Magda... Mas bajo una condición, de la cual no
desistiré jamas: ¡Entrégate!. !Sé mía!. Consiente en unir tu existencia a la
mía, aunque a escondidas... y te lo restituiré sin incomodarlo mas... "
Se resistió la
desgraciada aun durante algunos días Todos las razones que una dama virtuosa,
fiel a su consciencia y a los deberes que le son propios, podría concebir a fin
de eximirse al prevaricato, mi antigua novia presentó a mi saña de conquistador
desalmado e inescrupuloso, entre lágrimas y súplicas, con la intención de
hacerme renunciar de la resolución indigna. Mas yo
me hice
irreductible y bárbaro, tal como ella misma, cuando otrora le suplicara,
desesperado al verme abandonado, que se apiadase de mi, no traicionando mi amor
en favor de Jacinto!. Aquella mujer que yo tanto amara, que habría hecho de mí
un esposo esclavo y humilde, me hiciera feroz con el perjurio en favor de
otro!. Se levantaban, del fondo de mi ser psíquico, las remotas tendencias
maléficas que, en Jerusalén, en el año 33, me hicieran condenar a Jesús de
Nazaret en favor de la libertad del bandolero Barrabás!. Además, existía mucho
de capricho y vanidad en las actitudes que me llevaban a desear la ruina de
Magda; y, mientras la pareja execrada sufría el drama punzante que el hombre
moderno no comprende sino a través del colorido de la leyenda, yo me alegraba
con la satisfacción de vencerla, destrozándole la felicidad, que incomodaba a
mi orgullo herido!.
Cuando, algunos
días después de nuestra reunión, la desventurada novia de mi juventud, bajando
a la sala de torturas, vio el espectro a que se redujera su bello oficial de
mosqueteros, ya no dudó en acceder a mis innobles caprichos!. Yo la llevara
hasta allí a propósito, a título de visitarlo, viendo que su rechazo amenazaba
prolongarse!.
Para suavizar
los sufrimientos de su marido, ahorrándole las torturas diarias, que lo
extenuaban; a fin de salvar aquella vida para ella preciosa sobre todos los
demás bienes, y a la cual mi saña asesina amenazaba exterminar, la infeliz
esposa se curvó al verdugo, se inmoló para que de su sacrificio resultase la
liberación, la vida del padre de sus hijos muy queridos!.
No obstante, mi
despecho se exasperó con el triunfo, puesto, que mas que nunca, me reconocí
execrado!. Yo pretendiera convencer a Magda a asociarse para siempre a mi
destino, aunque concediéndole el retorno de su esposo. Ella, sin embargo, que
se sacrificara a mis exigencias intentando salvarle la vida, no pudiera ocultar
el desprecio, el odio que mi desgraciada persona le inspiraba, lo que,
finalmente, me provocó el cansancio y la rebelión. Me detuve entonces, exhausto
de luchar por un bien inalcanzable, y renuncié a los insensatos anhelos que me
enloquecían. Mas, aun así, una siniestra venganza se engendró en mi cerebro
inspirado en los poderes del Mal, la cual, realizada con el refinamiento la mas
detestable atrocidad que puede fluir de las profundidades de un corazón orlado
de envidia, de despecho, de celos, de todos los viles testimonios de la
inferioridad en que se regodea, dio causa a las desgracias que desde hace tres
siglos me persiguen el Espíritu como sombra siniestra de mí mismo proyectada
sobre mi destino, desgracias que los siglos futuros aun verán en sus dolorosos
epílogos!.
María Magda me
pidiera la vida y la libertad de su marido y me comprometí a concederlas. Se
olvidó, sin embargo, de hacerme prometer restituirlo intacto, sin
mutilaciones!. Entonces, hice que le vaciasen los ojos, perforándolos
con puntas de hierro candente, así bárbaramente desgraciándolo para siempre,
lanzándolo en las tinieblas de un martirio intolerable, sin darme
cuenta de que existía un Dios todopoderoso contemplando, de lo alto de Su
Justicia, mi acto abominable, que yo archivara en lo mas intimo de mi
consciencia como reflejado en un espejo, a fin de acusarme y de exigirme
inapelables rescates a través de los siglos!.
¡Oh! aun hoy,
tres siglos después de estos tristes hechos consumados, recordando tan
tenebroso pretérito, me hiere intolerablemente al alma la visión de la
desgraciada esposa que, yendo, a mi pedido, a recibir a su pobre compañero en
el patio de la prisión, al ver la extensión de mi perversidad nada mas hizo
sino contemplarme sorprendida para, después, deshacerse en llanto, postrada de
rodillas ante su esposo ciego, abrazándole las piernas vacilantes, besándole
las manos con indescriptible ternura, recibiéndolo maltratado e inválido con
increíble amor, mientras entre risas yo me burlaba:
"- Le
concedí la vida y la libertad del hombre amado, señora, tal como constó en
nuestro ajuste... No podréis negar mi
generosidad, para con la novia perjura de otro tiempo, puesto que,
pudiendo ahora matarlo, lo pongo en sus brazos..."
Mas estaba
escrito, o yo así lo quise, que María Magda continuaría recorriendo un calvario
áspero y tempestuoso, irremediable para aquella desventurada existencia:
Jacinto de Ornelas y Ruiz, sin resignarse con la situación inesperada cuanto
deplorable, no deseando tornarse un estorbo nefasto para la vida de su dedicada
compañera, que pasara a dirigir el hogar, dividiéndose en actividades heroicas,
abandonada por los amigos, que temían las sospechas del mismo tribunal que
juzgara a su marido; olvidada hasta por mí, que me desinteresara de poseerla,
exhausto de las inútiles tentativas para hacerme amar; Jacinto, que a ella
misma, como a sus hijos, deseara salvar de la persecución religiosa, que
fatalmente se extendería contra todos los de la familia, se suicidó dos meses
después de obtener la libertad, ayudado en su gesto siniestro por su propio
hijo mas joven, que, en la inocencia de sus cinco años, entregara a su padre el
puñal por este solicitado discretamente, y el cual usó poniéndolo en su
garganta mientras la otra extremidad era apoyada sobre el borde de una mesa,
poniendo, así, fin a su existencia!.
María Magda
volvió a la aldea natal con sus hijos, desolada e infeliz. Nunca mas, hasta el
momento en que esbozo estas páginas, pude verla o de ella tener noticias!. ¡Y
ya pasaron tres siglos, oh mi Dios!...
..........................................................................................................................................................
El
arrepentimiento no tardó en iniciar su vigorosa reacción en mi disminuido ser.
Nunca mas, desde entonces, logré tranquilidad siquiera para conciliar el sueño.
Un indescriptible estado de superexitacion nerviosa me tenía invariablemente
aturdido y perplejo, haciéndome ver la imagen de Jacinto de Ornelas,
martirizado y ciego, por todas partes donde me encontrase, como si se hubiera
estampado en mis recuerdos indeleblemente!.
Puedo realmente asegurar que mi deseo de enmienda tuvo inicio en el momento
justo en que, al entregar a Jacinto a su mujer, y al verla a esta postrarse
ante él, cubriéndole las manos de besos y de lágrimas como mostrando, en el
ápice del infortunio, no sé que sentimiento sublime de amor y compasión, que yo
no estaba a la altura de comprender!. Desde ese momento en adelante traté de
evitar cumplir las tenebrosas ordenes de mis superiores, lo que, lentamente me
indujo a la inobservancia de los deberes a mí confiados, lo que me hizo perder
la confianza que hasta entonces me tenían y, mas tarde, me llevó a la prisión
perpetua!. Desde la segunda mitad, pues, del siglo XVII hasta ahora, entré a
expiar, ya en la Tierra como hombre o en lo Invisible como Espíritu, los
crímenes y perversidades cometidos bajo la tutela del Santo Oficio!. Un
arrepentimiento sincero y que yo os garantizo, mis amigos, ha inspirando todos
mis actos, me ha animado a enfrentar situaciones de todos los matices del
infortunio, con tal de que de mi consciencia se venga a borrar la mancha
vejatoria de haberme prevalecido del nombre augusto del Divino Crucificado para
la práctica de acciones criminales. Narrar lo que han sido tales luchas hasta
hoy, las lágrimas que me han escaldado el alma arrepentida y desolada, las insólitas investidas de los
remordimientos torturantes, impuestos por la consciencia exacerbada, la serie,
en fin, de los acontecimientos dramáticos que desde entonces me persiguen,
seria tarea cansadora, realmente horripilante, a la cual no me expondré. Se
harían necesarios, además, algunos volúmenes especiales, para cada etapa...
Hasta que, en la
segunda mitad del siglo XIX, yo me preparé, solo entonces! para la última fase
de las expiaciones inapelables: - la ceguera!.
Debía perder, de
cualquier modo, la vista, imposibilitarme, de esa forma, de garantizar mi
subsistencia, privarme del trabajo honroso a fin de aceptar la ayuda, tanto mas
vejatoria y humillante para el desmedido orgullo que aun no pude exterminar de
mi carácter rebelde, cuanto mas compasivo y tierno era; desbaratar ideales,
deseos, ambiciones, viendo, al mismo tiempo, caer fragorosamente mis valores
morales e intelectuales, mi posición social, para aceptar la oscuridad
inalterable con mis ojos apagados para siempre!. Mas también debía hacerlo
resignada y dignamente, testimoniando pesar por las salvajes acciones cometidas
contra el rival de otrora, como demostrando respeto y probando íntimos
homenajes hacia aquel mismo Jesús cuya memoria fuera por mi ultrajada tantas
veces!.
Todos vosotros
sabéis de la debilidad que me asaltó al verme ciego!. No tuve, absolutamente,
fuerzas para el terrible testimonio, en la hora culminante de mi
rehabilitación!. ¡Oh! la Justicia inmanente del Creador, que nos deja
entregados a nuestras propias responsabilidades, a fin de que nos castiguemos o
nos glorifiquemos a través del enredo y secuencia, fatídicas o brillantes, de
las acciones que cometemos a lo largo de las sucesivas existencias!. El mismo
horror que Jacinto de Ornelas sintió con la ceguera lo sentí yo también, tres
siglos después, al percibir que perdiera la luz de mis ojos!. Los tormentos
morales, las angustias, las humillaciones insufribles, la desesperación
inconsolable, al verse uno a merced de las tinieblas, y que llevaron a aquel
desgraciado al funesto error del suicidio, también en mi ser se acumularon con
tan dominante efervescencia que le imité el gesto, tornándome, en 1.890,
suicida como él lo fuera a mediados del siglo XVII...
Eso todo pasó
así. Cierto, errado o discutible, así fue que aconteció... y tal como fue es
que debía relatar.
De la tesitura
de este enredo pavoroso, ¡se comprenderá que la Suprema ley del Creador me
impondría como expiación cometer un suicidio para sufrir sus consecuencias?
¡Absolutamente
no!.
La Suprema Ley,
cuyos dispositivos se afirman en la supremacía del Amor, de la Fraternidad, del
Bien, de la Justicia, como del Deber y de toda el camino luminoso de sus
gloriosas consecuencias, y que, al mismo tiempo, previene contra todas las
posibilidades de desarmonizacion y heterogeneidad con sus sublimes vibraciones,
no establecería como ley, jamas, la infracción máxima, por ella misma
condenada!. Lo que pasó conmigo fue, antes, el efecto lógico de una causa
creada por mí sin conocimiento de la ley Soberana y armoniosa que rige el
Universo!. Con ella desarmonizado, enredándome en complejos cada
vez mas
deprimentes a través de las escabrosidades perpetradas en las sucesivas
ligaciones de las existencias corporales, fatalmente llegaría al desastre
máximo, como el cuerpo de una roca que, cayendo de lo alto de la montaña, rueda
rápido e inapelablemente hasta el fondo del abismo...
Y la fatalidad
es esa creación nuestra, generada en nuestros errores e inconsecuencias a
través de las edades y del tiempo!.
Que me creas o
no, lector, no destruirá las líneas de la verdad pálidamente expuesta en estas
páginas: la triste historia de la Humanidad con su carga de desgracias, que tan
bien conoces, ahí está, diariamente daando ejemplos idénticos al que acabo de
presentarte...
CAPITULO VI
EL ELEMENTO FEMENINO
Dejé el santuario donde el misterio sacrosanto de tantas migraciones se
levantara de los repositorios de mi alma, ofreciendo a mí mismo como mis pares
elucidaciones preciosas - amparado por los brazos compasivos de Pedro y de
Salústio. Fuera exhaustivo el esfuerzo para rememorarlas, no obstante la
presencia y la ayuda poderosa de los eméritos instructores que me asistían. Los
recuerdos del pasado delictuoso, los sufrimientos experimentados a lo largo de
las edades vividas por mí, y ahora reanimados y acarreados para la apreciación
en el presente, me chocaron profundamente, abatiéndome el animo, como que
traumatizando mis sentimientos y mis facultades. Me sentí, pues, enfermo, ya
que la mente, como los sentimientos, se habían entrechocado en un cansador y delicado
servicio de revisión psíquica personal; y, por eso, fui encaminado a cierto
gabinete clínico anexo al propio recinto de las singulares cuan sublimes
experiencias. Dos iniciados hacían la guardia del día, puesto, que accidentes,
como el experimentado por mí, eran comunes, realmente diarios entre los
discípulos cuya bagaje mental pecaminoso los lanzaba a crisis insoportables de
alucinación, las que, a veces, llegaban al borde de la demencia.
Bondadosamente
recibido en dicha dependencia, donde mas una fragancia de la Caridad
consoladora era dada a aspirar a nuestros Espíritus frágiles y pusilánimes, me
administraran aquellos laboriosos siervos de la Legión un tratamiento magnético
como que balsamizante, para la urgencia del momento, siguiendo después, en los
días siguientes, una vigilancia clínico-psíquica especializada, eficientísima.
Pasados algunos
días, tornado la luz de la realidad insofismable, completamente lúcido en
cuanto a mi verdadera personalidad, reflexioné maduramente y a una conclusión
única llegué a fin de poderme, algún día, sentir plenamente rehabilitado ante
mi propia consciencia y de la Ley Suprema que, hacía tanto, yo venia
infringiendo: - ¡Reencarnar!. ¡Sí, renacer una vez mas!. Sufrir dignamente,
serenamente, el testimonio de la perdida de la visión material, en lo que yo
fracasara hacía poco, puesto que a ello no me sometiera, prefiriendo el
suicidio a avanzar por la vida ungido a la incapacidad de ver; hacer lo
contrario de lo que hiciera antes, o sea, amar compasiva y caritativamente a
mis semejantes, proteger, auxiliar, servir al prójimo, utilizando todos los medios
lícitos a mi alcance, lícitos y generosos; llegando, si es posible y necesario,
a la abnegación del sacrificio, bajo las hecatombes morales de mi pasado
amargo, construyendo santos aspectos del Bien! legítimo, los que me ayudasen a
resarcir las tinieblas entonces sembradas!.
Una tristeza
irresistible, por ventura aun mas crucificante de la que hasta ese momento, me
cubrió de angustias nuevas las horas que pasé a vivir; y las impresiones
ingratas y dominantes de un remordimiento, que nada entre los humanos será
capaz de traducir, me cercaban la posibilidad de alcanzar cualquier modo de
verdadera felicidad!.
Si embargo, los
bondadosos instructores como los dilectos amigos que nos rodeaban y las
vigilantes caritativas y afables reanimaban mis fuerzas, como también lo hacían
a mis compañeros de luchas e infortunios, pues los sufrimientos de uno
reflejaban los de los demás, dando lo mejor de sus consejos y ejemplos,
insistiendo en las lecciones del aprendizaje, que seguía su curso normal,
encaminándonos al trabajo reconstructivo desde luego, sin esperar los servicios
del renacimiento físico-material, los cuales aun ni siquiera estaban
delineados.
Ahora, uno de
los grandes incentivos que nos ofrecían para la conformidad con la situación,
eran justamente las reuniones de Arte y Moral a las que ya tuvimos ocasión de
referirnos, las que, al paso del tiempo, asumieron un aspecto especial por
servir a la causa de la rehabilitación particular, en los ejemplos, en las
demostraciones, en los análisis que nos ofrecían, indicándonos caminos a
seguir, ejemplos a imitar, etc., etc. Así era, que, en los parques de la
Ciudad, cuya extensión no consiguiéramos hasta entonces evaluar, habían
rincones con una especie de belleza sugestiva inconcebible a un ser humano, tal
era la superioridad ideal del conjunto como de cada detalle, tales los matices
evocativos que atraían al pensamiento hacia el dominio de la armonía en el
Arte. Se trataba particularmente de residencias, habitaciones, en que la
arquitectura, como el arte decorativo, sobrepujarían todo cuanto los clásicos
terrenos han imaginado de mas noble y mas bello; de miniaturas de ciudades o
aldeas pintorescas y lindas, con lagos graciosos marginados de alfombras
floridas y olorosas; de templos consagrados al cultivo de las Bellas letras
como de las Artes en general, particularmente de la Música y de la Poesía, que
allí notamos alcanzar proporciones vertiginosas, inimaginables para cualquier
pensador terreno, como en el caso de Frédéric Chopin, a quien tuvimos ocasión
de ver transfigurar la magia del sonido, en encanto de vocabulario poético
traducido en una secuencia arrebatadora de visiones ideales, las que ultrapasaban
nuestras posibilidades en cuanto a la idea de lo Bello, arrancándonos lágrimas
de enternecimientos inéditos, ayudando así al despertar de facultades
espirituales que en nuestro ego yacían latentes!. Parecía realmente que eran la
Música y la Poesía las artes preferidas por los iniciados - si fuera posible
afirmar tales predilecciones en mentes como aquellas, educadas bajo los mas
adelantados principios del Ideal que podríamos concebir!. Y hasta
reproducciones exactas, sin embargo presentadas en sublime estado de
quintaesencia, auténticamente hermoseadas hasta la reverencia, porque
construidas fluidicamente, bajo la presión de voluntades adiestradas en la
superioridad de las concepciones magnánimas del Amor y del Bien, - de los
paisajes evocativos de la peregrinación mesiánica, escenarios sugestivos y
atrayentes de los primeros acordes de la palabra inmortal que bajara de las
Regiones Celestes para consuelo de los sufridores y liberación de los
oprimidos!.
Nos fue
concedida, así, la satisfacción gratísima de caminar a lo largo del lago de
Genesaré como de Tiberíades y de otros lugares nostálgicos, testigos del divino
apostolado del Señor; y, tales eran las sugestiones de que se impregnaban esas
reproducciones, que era como si el Divino Amigo se hubiese alejado de allí
hacia apenas unos pocos momentos, pues recibíamos todavía, en nuestras
repercusiones mentales, el dulce murmullo de su voz como que emitiendo los
últimos acordes, que se dirían vibrando en el aire, de la melodía inolvidable
que tan bien ha calado en el corazón de los desheredados, hace dos mil años:
"Venid a mi, vosotros que sufrís, y yo os
aliviaré.
Aprended conmigo, que soy blando y humi1de de
corazón, y hallareis reposo para vuestras almas..."
Ante esas
augustas expresiones de amor y veneración al Maestro, concedidas por las nobles
entidades ejecutoras de la belleza del barrio donde vivíamos, muchas veces me
abismé en meditaciones profundas y tiernas, mientras dejaba rodar doloridas
lágrimas de arrepentimiento ante la evocación de aquel año 33, que, ahora, yo
podría recordar con facilidad -, cuando, madero al hombro, paciente, humilde,
resignado, el Mesías, ahora
venerado en mi
corazón, entonces subía la cuesta rumbo al Calvario, mientras yo vociferaba
demoniacamente, exigiendo con presteza su suplicio!.
En tanto, a la
entrada de cada uno de esos locales se veía el distintivo da la Legión y el
nombre de las servidoras que los imaginaban y realizaban, pues conviene
esclarecer que todas esas minucias eran realizadas por la mente femenina con sede en los servicios educativos de
nuestro Instituto.
Cada día de
reunión, eran ofrecidas a los circunstantes, como en particular a los internos,
horas gratísimas de sublime aprendizaje, durante el cual nos daban conmovedores
ejemplos de abnegación, de dedicación al prójimo, de humildad y paciencia, como
de heroísmo y valor moral frente a la adversidad, los que caían en nuestra alma
como generoso estímulo al progreso que necesitábamos tentar. Ese aprendizaje,
concedido por la arrebatadora elucidación extraída de la propia historia de la
Humanidad con sus luchas y dolores innumerables, sus victorias y
rehabilitaciones, nos era administrado, conforme fue esclarecido, por nuestros
propios maestros y mentores o por las caravanas visitadoras que hasta nosotros
bajaban en el intento fraterno de contribuir para nuestro alivio y progreso. No
obstante, muchos dramas fuertes, vividos por las propias damas de la
Vigilancia, así como por personajes destacados de nuestra Colonia, como Ramiro
de Guzman y los dos de Canalejas, nos fueron permitidos conocer como ejemplo y
advertencia, muchos presentados realmente como modelos dignos de ser imitados.
Y esos dramas no eran mas que la narración, que hacían, de las luchas
sustentadas durante las experiencias de progreso, de los sacrificios
testimoniados en la encarnación o a través de labores incansables en el
Espacio. Sobre lo que nos daban a conocer, éramos convidados, después, a opinar
y hacer apreciaciones y comentarios morales y artísticos, observando nosotros,
entre muchas otras cosas importantes para nuestro reajuste en los campos de la
Moral, el hecho sorprendente de encontrarse el hombre rodeado de las mas
hermosas expresiones de un Arte superior entre todos, durante las lides
profundas de cada día: - el Arte glorioso de aprender a desenvolver en sí mismo
los valores espirituales que se encuentran latentes en sus profundidades
anímicas!.
Un día,
finalmente, fuimos informados de que tocara la vez a nuestras bondadosas
vigilantes presentar el fruto de sus meditaciones fulgentes, de su sensibilidad
noblemente inclinada hacia los ideales superiores. Un gran alborozo agitó
nuestro grupo, como sería natural; la expectativa nos emocionaba, y fue
poseídos de incontenida satisfacción que, en el día marcado, nos dirigimos a
los locales creados. por aquellas tiernas amigas, cuyo fraternal desvelo
mantenía siempre encendida en nuestra alma la llama el amor sacrosanto a la
Familia, el deseo del hogar, el respeto a nosotros mismos.
Rita de Cássia
era poetisa. Su sensible
configuración de creyente convencida y su hermoso carácter fortalecido en el
fervor diario de actos de amor y dedicación al prójimo, ya en el seno de la
sociedad en que espiritualmente vivía o en el desempeño de tareas a su cuidado
confiadas para las labores en planos terrenos, se dejaban sosegar al ritmo de
una legítima inspiración. Ella misma viniera al Internado a requerir nuestra
presencia, conduciéndonos a su residencia, donde entonces entramos por primera
vez. Se trataba de un delicado santuario construido bajo el dominio de
sugestiones conmovedoras de su gran piedad filial, pues ella lo imaginara a
través de añoranzas santificantes y resignadas de aquellos que fueran sus
padres en la Tierra, los que mucho la habían amado, pues Ritinha era modelo de
hija amorosa tierna, agradecida y
respetuosa!. A su residencia en Ciudad Esperanza ella imprimiera, por tanto, un
conjunto minucioso, no obstante elevado por un singular hermoseamiento, del
hogar paterno, bajo cuyos desvelos viviera su corta existencia planetaria, la
última vez, en Portugal, extinta allá por los años idos de 1.790...
...Atardecía
suavemente. Tonalidades mansas mezclaban de reverberaciones variadas la
atmósfera melancólica de la Ciudad Universitaria, que se diría penetrada de
fluidos lucilantes y regeneradores, los que, hermoseándola, lenificandola, a
todas las mentes allí acuarteladas inducían a vibraciones tiernas, a todos los
corazones moviéndolos hacia ritmos superiores.
Eran pocos los
convidados de la hermosa entidad que recibía aquella tarde. Sus pupilos,
algunos amigos mas íntimos y los maestros iniciados, cuya presencia seria
indispensable - puesto que también ella aprendía al contacto de las lúcidas
mentalidades que nos educaban -, era toda la asistencia. Entre los amigos
notamos con placer a los dos de Canalejas, a Joel Steel, a quien la muchacha
parecía rendir culto fraterno y fervoroso, y a Ramiro de Guzman.
Todos reunidos,
la joven poetisa nos llamó para cierto rincón ameno del jardín, donde el efecto
de los últimos rayos del Astro Rey, casándose a los fluidos del ambientes,
realizaban un arrebatador matiz, cosa que, para nosotros, pobres ignorantes de
los fascinantes motivos comunes al mundo espiritual, se parecía a un retazo del
cielo, allí transplantado como bendición encantadora y consoladora. Entramos,
sin embargo, entonces, como que en una cámara de dimensiones amplias y
agradables, un verdadero escriño de sueño, cuya gracilidad y dulce belleza
serian como una demostración delicada de la gentileza de su creadora, muchacha
cuya mente, no obstante de ser muy esclarecida, se complacía en conservar la
delicada sensibilidad de las quince primaveras. Se trataba de un pequeño salón
al aire libre, engalanado de rosas trepadoras cuyo aroma deleitaba, estimulando
el sentido de lo Bello, el ansia por lo mejor. Artísticas y originales
poltronas se alineaban en semicírculo, las que, como estructuradas en ramas de
arbustos floridos, predisponían graciosamente el recinto, como si se esperasen
ángeles o hadas para una reunión selecta, mientras arriba el firmamento
dulcemente azulado dejaba escurrir la claridad lejana de los planetas y de los
soles multicolores, derramando también con ella la armonía esplendente de su
celestial belleza.
Un arpa, que se
diría estructurada con esencias aurifulgentes, muy bellas y translúcidas, se
destacaba al lado de una pequeña mesa de construcción idéntica, artística cual
joya de filigrana, y sobre ella un libro – un gran álbum -, primor fluídico,
luminoso cual pequeña estrella azul, despertando inmediatamente la atención de
los presentes.
Se sentó Ritinha
de Cássia a la mesa, después de haber dispuesto a los convidados en las
poltronas, permaneciendo nosotros, sus tutelados, en primer plano. Tomó el
libro la gentil preceptora, abriéndolo enseguida. Se trataba de la mas reciente
colección de sus composiciones poéticas, impolutas creaciones de su mente
vuelta hacia ideales superiores, en los campos de la noble y meritorio arte del
buen verso. Los caracteres luminosos, como accionados por almo e indefinible
magnetismo, centelleaba como reproducidos en estrías besadas por los reverberos
de las estrellas distantes que, con nosotros, compartían de la armonía del
atardecer.
Solicitó la
joven anfitriona al hermano Ramiro de Guzman que la acompañase al son del arpa,
en lo que fue gentilmente atendida. Unos acordes clásicos de una suave melodía
serpenteaban por el recinto florido y perfumado, dando la extraña impresión,
sin embargo, de que una orquestación completa se hacia oír apoyada solamente en
la protección sugestiva ofrecida por el divino instrumento.
Entonces, en el
silencio armonioso de la hermosa Ciudad Universitaria, bajo el florido dosel de
las rosas centelleantes y la bendición fulgurante de las estrellas, Ritinha
entró a declamar sus producciones poéticas. Y nosotros, que, en ese momento,
apenas acabábamos de ambientarnos al lugar; nosotros, que, a pesar de eso, ya
recibiéramos hermosas lecciones de Moral, de Filosofía y de Ciencia, fuimos
también agraciados con visiones inéditas de indescriptible belleza literaria,
hasta entonces inconcebibles a nuestras mentes!. Ritinha leía en su álbum. Mas,
su lectura superior, su declamación mas que maravillosa – divina! -,
artísticamente entonada por vibraciones cuya arrebatadora dulzura ultrapasaba
la posibilidad de una descripción en el lenguaje terreno, sugerían encantos,
emociones inimaginables, mientras de Guzman completaba la fascinación de la
pieza con los acordes de una música elevada y pura!. Espíritu habilitado ya
para los carreros del progreso franco, Rita de Cássia de Forjaz Frazão, cuyo
nombre era, por si mismo, poesía, también era una de las pocas vigilantes que
sabían plenamente crear las escenas del pensamiento, coordinarlas, darles vida,
contornándolas de un aspecto moral y pedagógico, realizando, en un mismo
trabajo mental, lo bello del Arte, la moral de la Ley, la Utilidad de la
lección que trate de indicar el sagrado deber de cada uno servir a la causa de
la Verdad con las dotes intelectuales y mentales que tenga!. Nosotros, el grupo
de los diez delincuentes presentes, habíamos cultivado las Bellas Letras cuando
estabamos encarnados en el globo terráqueo. Ninguno de nosotros, sin embargo,
supiera ennoblecer el don magnánimo conferido por la labor continua del
Pensamiento, aplicándolo al servicio regenerador de los lectores. Serviríamos,
cuando mucho, a nuestra propia bolsa, la vanidad y el orgullo, satisfechos, por
creernos privilegiados, señores de una situación especial, aparte de los demás
hombres, mas en verdad apenas produciendo banalidades destinadas al olvido,
cuando, con teorías erróneas, no envenenásemos la mente impresionable de uno
que otro lector, tan frívolo cuanto nosotros, que nos tomase en serio.
Súbitamente, sin
embargo, que, en el Mas Allá, una muchacha de apenas quince años nos presentaba
el padrón del intelectual moralizado, enseñándonos a servir a la noble causa de
la redención propia y ajena mientras cultivaba lo que fuese agradable y lindo,
ofreciéndonos, así, la provechosa lección que cayó en las sutilezas de nuestro
entendimiento, confundiéndonos y avergonzándonos ante el recuerdo del
desperdicio de los valores intelectuales que tuvimos
Entretanto,
mientras declamaba la gentil poetisa, leyendo en su álbum color de estrellas,
de su mente ebúrnea emanaban ondas luminosas, que, tomando todo el recinto
ornamentado de rosas, lo absorbía en sus vibraciones dulcísimas, todo
impregnando de su franco poder sugestivo. Las escenas descriptas en los versos
cantantes y deliciosos se corporeizaban alrededor de nosotros, tenían vida y
movimiento arrastrándonos a la ilusión inefable de estar presentes en todos los
escenarios y paisajes, asistiendo, cual extras fabulosos, las elegías o
epopeyas, los dulces romances de amor magníficamente contados a través de los
mas lindos y perfectos poemas que hasta ese momento pudimos concebir!. El
desfile poético que la Tierra venera como patrimonio inmortal, legado por los
genios que la han visitado, daría una pálida idea de lo que presenciamos
aquella tarde lenificante del Barrio de la Esperanza!. Los versos cantaban
preferentemente a la Naturaleza, tanto de la Tierra como del Espacio, y de
algunos otros planetas habitados, ya estudiados por ella atentamente, loando en
arrebatadas aspiraciones o glorificando en dulzuras de oración la obra de la
Divina Sabiduría, envuelta siempre en las miríficas expresiones de la Belleza y
de la Perfección!.
Aquí, eran los
mares y océanos deslumbrantes, retratados hábilmente a nuestra vista, a medida
que declamaba la poetisa, evidenciando la suntuosa belleza que tienen. A la
página siguiente venían las odas triunfales las montañas altaneras e
imponentes, monumentos eternos de la Naturaleza a la gloria de la Creación,
ricas depositarias de valores inestimables, como escriños sagrados donde el
Omnipotente ocultó tesoros hasta que los hombres, por sí mismos, dignamente de
ellos tomen pose, como herederos que son de la divina herencia!. Mas adelante,
la exuberancia de las selvas, mundos ignotos ante los cuales la criatura
mediocre se intimida y recula, mas que al idealista emociona y revigoriza de
fervor en el respeto a Dios. ¡Las selvas!. Sagrario fecundo y profuso, como el
océano, en cuyo seno un tropel de seres inician el giro multimilenario en la
ascensión hacia los pináculos de la Existencia, y seres, como toda la Creación,
marcados con las bendiciones vivificantes del Sempiterno, que los dirige a
través de la perfección suprema de sus leyes!. Mas no era todo: - mas allá, en
otra página mas, florecían elegías diciendo de los panoramas humanos en busca
de la redención; historias emocionantes, atrayentes, de amigos de la misma
poetisa, y que recorrieran caminos de sacrificios, por alcanzar dichosos planos
en la escala espiritual!...
A la
arrebatadora ansia poética de Ritinha, nuestras mentes con ella vibraban,
captando sus mismas emociones, las que penetraban nuestras fibras espirituales
como refrigerantes bálsamos propiciadores de treguas a las constantes penurias
personales que nos serenaban. Y era como si estuviésemos presentes, con su
pensamiento, en todo aquel fastigio imaginado: - bogando por los mares
inmensos, escalando montañas suntuosas para ver horizontes arrebatadores;
exaltando espacios estelíferos, inmersos en el éter irisado para el éxtasis de
la contemplación armoniosa de la marcha de los astros; coarticipando de dramas
y acontecimientos narrados elocuentemente, en las elevadas, sublimes
expresiones a las que solo la legítima poesía será capaz de arrastrarnos!.
En verdad, los
temas presentados no nos eran desconocidos .
Ella hablara,
simplemente, de asuntos existentes en nuestros conocimientos. Justamente por
eso era que podíamos sorber hasta el deslumbramiento la grandiosa belleza que
de todo se irradiaba. Todavía, sus análisis de orden superior revelaban
aspectos inéditos para nuestra percepción, traduciendo el hecho una novedad
impresionante para nuestros espíritus engodados en las conjeturas simplemente
humanas, cuando lo que presenciábamos ahora era la clase elevada con que,
literariamente, se podría informar al plano divino!. Cuando calló su voz y los
sones del arpa se desvanecían en los acordes finales, nosotros, que desde hacía
mucho nos olvidáramos de sonreír, dejamos expandir del pecho reconfortado una
sonrisa buena de saludable satisfacción. Ella misma hizo uso de la palabra,
dirigiéndose a nosotros:
"- Como
habéis comprendido, mis caros hermanos, procuré asociar la idea de lo divino a
mis humildes composiciones. Os convidé, como celadora que también soy del
progreso del sentimiento moral-religioso en vuestros corazones, a fin de
recordaros de que olvidasteis de laurear vuestros ensayos literarios, cuando
fuisteis hombres, con las benéficas ilaciones en torno de las magnificencias
que el Universo ofrece al legítimo pensador... Tenéis a Dios revelándose a
vuestros ojos, representado en los fastos inconfundibles de la Naturaleza!
Podríais glorificarlo haciendo de vuestras producciones oblatas y exaltaciones
la Verdad, así auxiliando a otros, menos esclarecidos que vosotros, a encontrar
también el Pensamiento Divino esparcido en la gloriosa historia de la
Creación!... Mas preferisteis el negativismo destructor, formas y análisis
insulsos, conceptos puramente humanos, infectados, por tanto, de prejuicios, y
destinados al olvido, porque ni siquiera a vosotros mismos fueron capaces de
edificar, preparandoos para cualquier sector de victoria!... Lo que presenté en
la tarde de hoy, recibisteis como la mas elevada y sublime expresión literaria
que podríais concebir. Sabed, en tanto, que, para nosotros, es apenas el punto
inicial, el simple abecedario de conocimientos artísticos, pues soy apenas una
aprendiz humilde y aun titubeante, de la Ciencia Universal... "
..........................................................................................................................................................
No finalizaremos
esta exposición sin dar cuenta al lector de lo que se desarrollaba en los
Departamentos Femeninos. Tratamos hasta ahora de los casos de suicidio
atinentes al elemento masculino. Sabed, sin embargo, que bien poco tendré que
acrecentar sobre lo que quedó descripto en este volumen, y así mismo
ponderando, apenas, en cuanto a ciertas particularidades de instrucción y
reeducaron íntima, algo diferente para Espíritus que deberían insistir en
renacimientos, bajo la apariencia carnal femenina, a fin de renovar esfuerzos
fracasados o reparar delitos graves, empañan para el sexo como para la entidad
que los cometiera.
Como Espíritus
que son, todas las criaturas tienen un grado idéntico de responsabilidad en los
actos que practican dentro o fuera de los dispositivos de la Ley Soberana que
todo rige, lo que será lo mismo que decir que nuestras hermanas, las mujeres
que se dejan absorber por la desesperación del suicidio, están sujetas a los
mismos efectos resultantes de la causa siniestra que crearan con un acto de su
propia voluntad, efectos ya bastante indicados en estas páginas. Son, pues, tan
responsables por sus propias acciones, pensamientos, estados mentales, como
nosotros, los hombres. De ahí se concluirá que el bagaje moral que tengan,
bueno o pésimo, influirá sobremanera en el estado a que se verán reducidas por
el suicidio, estado ya de sí
mismo calamitoso y, por eso mismo, digno
de ser evitado con el uso del coraje moral, ante los embates comunes a la
existencia, y con resignación ante lo inevitable. Ahora, durante el desarrollo
de nuestro aprendizaje practico, en cual tenia por instructor responsable al
insigne maestro Souria-Omar, entidad extraordinaria, cuyas reencarnaciones
habían abarcado todos los sectores sociales terrenos y que, por eso mismo,
obtuviera latos conocimientos sociológicos, en experiencias incomunes en el
terreno psicológico, Souria-Omar, cuyas aulas solo eran dadas en sentido
práctico, nos llevó de una vez a observaciones muy interesantes en las
dependencias donde se asilaban nuestras hermanas de infortunio, infelices
mujeres que, huyendo al noble papel de depositarias de virtudes sublimadas, en
el mundo, se dejaron arrastrar hasta el mismo abismo de las pasiones
desordenadas, que nos tragó. Nos recordamos que, al llegar al Valle Siniestro,
aun en el Departamento de Vigilancia, al ser inscriptos como tutelados de la
Legión de los Siervos de María, nos separamos de ellas, en virtud de la
necesidad de ocupar locales indicados para nuestra recuperación. Hacíamos,
pues, el reajuste espiritual en sectores diferentes, aunque dirigidos por
normas idénticas y bajo la tutela de la misma institución.
Jamas convivimos
con el elemento femenino suicida. Al ingresar la Ciudad Universitaria, sin
embargo, pasamos a entreverlo, porque habían también varias señoras suicidas
cursando el mismo aprendizaje renovador y, tal como nosotros, allí mismo
viviendo hasta el momento del retorno a la encarnación, continuando, no
obstante, una completa separación entre ellas y nosotros.
Una mañana clara
y fresca orlaba de tonalidades áureo - azuladas las avenidas inmensas del
cantón de la Esperanza, las que veíamos insólitamente movimentadas. Era un gran
grupo de académicos que partían, con sus preceptores, en visita de instrucción
a los Departamentos Femeninos, situados en la otra extremidad de la Colonia.
Ibamos todos no sin dilatar nuestra sensibilidad hacia un estado de real
satisfacción, reconfortados por la inefable atracción de la selecta compañía
que nos honraba con su protección, porque también Aníbal de Silas, Epaminondas
de Vigo y varias vigilantes formaban parte de la caravana.
Hacía, entonces,
precisamente diez años que nos internáramos en Ciudad Esperanza. Ya no nos
arrastrábamos, caminando por el suelo o obligados a la ayuda de un vehículo,
como otrora. Progresáramos!. Nos hiciéramos menos densos, menos sujetos las atracciones planetarias. Aprendiéramos a
planear por el espacio, transportándonos por un impulso de la voluntad, en
volitaciones suaves que mucho nos placían, mayormente en el perímetro de
nuestra Colonia, donde todo aprecia mas fácil, como lo seria en la casa paterna.
Ese es el modo común para transportarse un Espíritu, mas que nuestro estado
disminuido de réprobos impidiera por largo tiempo.
A fin de
alcanzar los Departamentos Femeninos, sin embargo, iniciamos la caminata
partiendo del limite entre la Vigilancia y los Departamentos Hospitalarios,
pues allá estaban las fronteras en la magnífica avenida divisoria, indicando
rumbos para los diversos agrupamientos en que se resumía la solitaria Colonia
Correccional del astral intermediario.
Al entrar,
sorprendidos, al Departamento Hospitalario Femenino, creímos encontrarnos en el
nuestro propio, aquel que nos abrigara al llegar, tal la semejanza existente
entre ambos!. Las mismas filiales, tales como el Aislamiento, el Manicomio;
características idénticas en el estado moral y mental de las hermanas
delincuentes, modos semejantes en las disposiciones internas del barrio!. Sin
embargo, la dirección de los establecimientos anexos era la misma, pues fuimos
a encontrar a Teócrito como jefe general de los hospitales, Al Hermano João a
la cabeza del Manicomio, al padre Miguel de Santarém en los servicios del
Aislamiento, y al padre Aúselmo como apéndice de la Torre, los funcionarios
internos, pero los enfermeros, vigilantes, guardias etc., ya no eran los mismos
conocidos nuestros en los sectores masculinos. Llenaban esos cargos, allí,
hermanas cuyos méritos y virtudes nada envidiarían a los varones de los
Departamentos Masculinos. Al contrario, en el altruista afán de instruir,
consolar, acompañar, celar, dirigir las actividades internas de aquel barrio,
encontramos figuras femeninas tan respetables y virtuosas que no es sin gran
emoción pasando por nuestra sensibilidad espiritual que los recordamos,
procurando retratarlos en estas páginas. Al primer momento, como en la sucesión
de las conclusiones a las que nos llevaran las observaciones, la gran verdad
resaltó a nuestros ojos, chocándonos hasta las lágrimas, mientras que en
nuestro ego se inició la construcción de un legítimo respeto por la mujer, a la
cual pasamos a juzgar con mas subida consideración, mayor dosis de buena
voluntad - es que el Espíritu muchas veces reencarnado para tareas y misiones
femeninas adquiere con mucho mas presteza y eficiencia las virtudes sólidas y
redentoras, engrandeciéndose moralmente en menos tiempo!. Las funcionarias de
los barrios femeninos, como, auxiliares de los jefes iniciados, indispensable
será confesarlo, tenían mucho mas elevadas cualidades morales y espirituales
que nuestros de Canalejas, Joel Steel, el Hermano Ambrósio, etc., etc., a los
que tanto debíamos por el celo incansable con que nos asistieran. El cuerpo
clínico, compuesto, como sabemos, por científicos iniciados, era el único
representante de actividades masculinas ejerciendo tareas allí. Aun así, discretos,
apenas entrevistos en los cortos minutos en que operaban, también eran para
nuestras compañeras de Colonia el mismo enigma que habían sido para nosotros.
No supiéramos jamas sus nombres, ni siquiera oyéramos algún día el timbre de
sus voces!. En tanto, que de favores les debíamos! que de bendiciones
celestiales tararían para lenificarnos los dolores íntimos, gracias a los
fecundos poderes psíquico-magnéticos de los que eran depositarios!. Con cuanta
devoción los vimos dedicarse a la causa de nuestro reajuste, consolándonos las
exaltaciones mentales al influjo de bálsamos fluídicos poderosos, refrigerando
los ardores de las repercusiones feroces que durante tantos años persiguieran a
nuestros perispíritus perturbados por el choque derivado del suicidio!.
Sonriente, el
hermano Teócrito, recibiéndonos en la sede del Departamento, franqueó los
hospitales para la visita. Recordamos entonces que, cuando estabamos bajo de su
jurisdicción, muchas veces fuimos visitados por caravanas idénticas, y
sonreímos ahora, comprendiendo lo que había pasado...
Había una
vice-directora, la cual se incumbía de transmitir las ordenes de los iniciados
a las funcionarias que bajo su dirección desempeñaban nobles y santificantes
labores. Se llamaba Hortênsia de Queluz, aparentaba unos treinta años y la
vimos irradiando una singular belleza fisonómica, probando el sereno equilibrio
de sus pensamientos vueltos hacia el Bien y de las vibraciones armoniosas de la
mente fortalecida por incorruptibles directrices. Bondadosamente se ofreció
para acompañarnos, y, mientras caminábamos, oscilando blandamente sobre las
anchas avenidas recubiertas por el sudario blanco tan conocido nuestro, que
allí, como en nuestro antiguo barrio hospitalario, presentaba la característica
de las zonas astrales muy densas, Hortênsia de Queluz hablaba, dando a ver
elevados conocimientos referentes al carácter femenino:
"- Os
llevaré primero, conforme a la orientación de vuestros maestros, a uno de los
mas trágicos cuarteles de nuestro Instituto, donde veréis lo inconcebible
reflejarse en efectos inesperados, en torno a nuestras infelices hermanas
delincuentes... Será oportuno recordar, mis hermanos, antes que vuestros
mentores inicien los esclarecimientos que os serán necesarios de que la mujer,
en su gran mayoría, infelizmente, en la Tierra, aun no llegó a comprender el
verdadero móvil por el cual reencarna como mujer, el papel que le corresponde
en el concierto de las naciones terrenas, en el seno de la Humanidad, que está
llamada a servir, tanto cuanto el hombre! Habituado a la costumbre de juzgar
inferior a lo largo de los siglos, al elemento femenino terreno acabó este por
acomodarse a la inferioridad, sin animo para elevarse virtuosamente del oprobio
que soporta... y a tal punto que, en los días de hoy, como en el pasado, él
apenas se limita a la orientación del servilismo en pro del elemento masculino,
incrédula de los ideales redentores, incapacitándose para llenar las
intenciones del Creador, disminuyéndose mas aun cuando juzga equipararse al
hombre, por imitar sus acciones con pasiones y actos sucios, lo que, al final
de cuentas, si a los representantes del primer genero desacredita, a las del
segundo enreda en un laberinto de deméritos ante la Soberana Ley. De ahí las
desgracias que vienen sobrecargando a la mujer, las que serian ciertamente
insolubles si la Providencia no estableciese las necesarias correcciones a
través de sus leyes tan misericordiosas cuanto sabias, correctivos que tenderán
siempre a la rehabilitación justa y rápida de la mujer, en los campos de la
Moral Espiritual!... Observad, sin embargo, con vuestros propios ojos...
Vuestros preceptores sabrán que presentar para la lección del día..."
Legamos al
Manicomio. Una religiosa nos recibió. Era Vicência de Guzman, la noble hermana
de nuestro amigo de la Vigilancia.
Después de los
fraternales saludos y presentaciones, Hortênsia nos recomendó a la hermana
Vicéncia, a quien dio autorización para llevarnos a los recintos prohibidos a
las visitas comunes, pues se trataba, en este caso, de las instrucciones
programadas para los aprendices universitarios, retirándose enseguida. Amable y
delicada, la joven religiosa que atendía el expediente, en ausencia del hermano
João, no llevó a un patio de enormes dimensiones, pintoresco y agradable, hacia
el cual daban numerosas ventanas, todas enrejadas, pertenecientes a cámaras
secretas, o mejor, a celdas individuales donde se debatían Espíritus de mujeres
suicidas atacados del mas abominable genero de demencia que me fue dado
observar durante el largo tiempo que pasé en la Mas Allá. Gritos desesperados,
gemidos aterrorizantes llenaban el local de ondas trágicas, tornándolo
repulsivo y de mal agüero, como verdadera morada de locos!. A pesar del tiempo
que hacía de nuestro ingreso en la caritativa Colonia, nos recordamos del Valle
Siniestro y admiramos profundamente oír allí el coro nefasto propio de aquellos
parajes de tinieblas. Nada indagamos, en tanto, ciertos de que las
elucidaciones vendrían a su tiempo.
Realmente, como
que comprendiendo nuestro interés, la propia religiosa esclareció la duda que
nos asaltara, al mismo tiempo que nos hacia aproximar de las ventanas a fin de
ver el interior de las cámaras, porque imposible seria entrar allí de otra
forma:
"- Son las
suicidas que tienen el mayor grado de responsabilidad en la práctica del delito
y que, por eso mismo, arrastran el mayor acervo de perjuicios para el futuro,
enfrentando a lo largo del tiempo situaciones atroces, que necesitaran períodos
seculares a fin de ser modificados, completamente sanadas!. Estas infelices,
mis caros hermanos, se dejaron esclavizar por complejos siniestros, los que se
extienden en secuencias tan desastrosas que, moralmente, es como si se
debatiesen ellas como quien, naufragando en el lodo, mas se revuelve en el
barro, humillándose para liberarse... Un trazo de estos pavorosos complejos es
el vergonzoso motivo que las arrancó de la existencia terrena antes de la época
determinada por la acción de la ley natural... Muchas, además, mancharon las
leyes del Matrimonio, traicionando la moral del compromiso conyugal, olvidando
que, al reencarnar, habían prometido a la Ley, como a sus Guardianes, servir de
fieles celadoras del instituto sagrado de la Familia, educando a sus hijos en las leyes del Deber y de la
Justicia, procurando tornarlos ciudadanos útiles a la Patria y a la Humanidad
y, por tanto, a la Causa Divina y a al ley de Dios!. Pues bien!. Con semejantes
compromisos pesándoles la consciencia y ante la Suprema Ley, sin embargo, no
solo profanaron los vínculos santos del Matrimonio como también las leyes de la
Creación, negándose a las funciones de la Maternidad y entregándose a las
pasiones y a los vicios terrenos, tan absorbidas que prefirieron quedar sin
cumplir los sacrosantos deberes, dominadas por las vanidades letales propias de
las esferas sociales viciosas y siguiendo por los caminos de la inferioridad
moral!. Expulsaban de sus propias entrañas, esquivando los compromisos
meritorios y sublimes de la Maternidad, los cuerpos en gestación, apropiados
para la habitación temporal de pobres Espíritus que tenían compromisos por
desempeñar a su lado como en el seno de la misma familia, los que precisaban
urgentemente renacer de ellas mismas, a fin de progresar en su ámbito familiar
y social, y tal crimen practicaron, muchas veces, anulando benditas labores
llevadas a cabo, en los planos espirituales, por obreros dedicados de la Viña
del Señor, los que habían preparado la sublime hazaña de la reencarnación del
Espíritu carente de progreso, con todo el celo para que el éxito compensase los
esfuerzos, y, lo que es mas grave todavía, después que la entidad reencarnante
ya se encontraba ligada a su nuevo fardo en preparación, lo que equivale decir
que, conscientes de lo que hacían, cometían infanticidios abominables!.
Acontece que, al fin de tantos y tan graves desatinos a la luz de la Razón, de
la Consciencia, del Deber, de la Moral, como del pudor pertinente al estado
femenino, dejaron prematuramente el cuerpo carnal, muriendo, ellas mismas, para
el mundo físico-material, en uno de los mas vergonzosos ultrajes cometidos
contra los sagrados derechos de la Naturaleza; otras, después de una lucha
deshonesta y despreciable, durante la cual, a costa de criminales deméritos,
extinguiendo en sí mismas las fuentes sublimes de la reproducción, propias de
su condición humana, adquirieron, como secuencia natural, enfermedades
lastimosas, tales como la tuberculosis, el cáncer, infecciones repulsivas,
etc., etc., que les hicieron prematuramente ir al plano invisible, sacrificando
con el cuerpo carnal también el futuro espiritual y la paz de la consciencia,
maculando, además, su envoltorio físico-astral - el perispíritu - con estigmas
degradantes, conforme podreis examinar... y rodeandose de ondas vibratórias tan
desarmonicas y densas que lo deformaran completamente, reduciendolo a la
expresion vil de sus própias mentes... "
Nos aproximamos,
temerosos de lo que veriamos, mientras la hermana de Ramiro de Guzman
acrecentaba:
"-
Pertenecen a todas las clases sociales terrenas, mas aquí se nivelan por la
idéntica inferioridad moral y mental!. De las clases elevadas, sin embargo,
viene el mayor contingente, con agravantes insolubles hasta dentro de dos o
tres siglos y hasta mas... puesto que, infelizmente, mis hermanos, soy obligada
a declarar que existen algunas que, a fin de librarse de las garras de tanto
oprobio, en menos tiempo, tendrán la terrible necesidad de hacer pasantía en
mundos inferiores a la Tierra, durante algún tiempo, ya que no es en vano que
la criatura osara impedir la marcha de los designios divinos, con la Ley
Suprema abriendo tan sombría lucha!..."
A un gesto de la
celosa servidora miramos el interior de las celdas, mas reculamos
inmediatamente, con un involuntario gesto de horror.
Se acercó
Souria-Omar, obligándonos a una actitud digna y respetuosa, mientras se
retiraba Vicência hacia un ángulo.
Volvimos a la
observación, y, mientras disertaba el elucidador, dándonos la ciencia dentro
del examen práctico en torno a lo que veíamos, y cuya contextura cabria en un
volumen, se destacaban a nuestros ojos espirituales las envilecidas figuras de
las infanticidas, también consideradas suicidas.
¡Oh, Señor Dios
de todas las Misericordias!. Como se verificarían tales monstruosidades bajo la
luz sacrosanta del Universo que creaste para que el Hombre en él se
glorificase, a sus impulsos progresando en Amor, Virtud y Sabiduría hasta
alcanzar Tu imagen y semejanza!.... ¡¿Que formas repelentes y abominables se
presentaran, entonces, ante nuestros ojos pávidos de Espíritus que pretendían
deletrear las primeras frases del majestuoso libro de la Vida?!... ¡¿Como
podría la mujer, ser delicado y lindo, rodeado de encantos y atractivos
indudables, moralmente disminuirse tanto, para llegar a tan funestos
resultados?!... ¡¿Lo que veíamos, entonces, allí?!... ¡¿Seria una mujer?!!!
¿Ese monstruo primitivo?...
¡No!. ¡Veíamos -
eso si! - ¡un Espíritu defraudador de la mas sublime cuanto respetable ley del
Creador, la Ley de la reproducción de la especie para la finalidad suntuosa del
Progreso!. ¡La ley divina de la procreación!.
Bultos negros,
desgreñados, como envueltos en harapos, padrón trágico de la Ruina, braceaban
contra mil formas perseguidoras que superllenaban el recinto rodeándoles la
personalidad. A lo largo de sus cuerpos ennegrecidos por las impurezas
mentales, se les notaban placas como llagas generalizadas, sobre las que
diseños singulares aparecían como marcados a fuego o sangre!. Fijamos la
atención, procurando observar mejor, a una señal del instructor. Se trataba de
la reproducción mental de embriones humanos que tendrían que haberse
desarrollado otrora, en los aparatos procreadores carnales, mas que se vieran
rechazados del sagrado óvulo materno por un acto de falta de respeto a la
Naturaleza como a la paternidad divina, permaneciendo, todavía, su bagaje
reflejado en el perispíritu de su genitora infiel, como producto mental de un
crimen cometido contra un ser indefenso y merecedor de todo el amparo y de la
máxima dedicación!.
Varias de
aquellas criminales entidades se veían desfiguradas por tres, por cinco, diez
imágenes pequeñitas, lo que les alteraba sobremanera las vibraciones,
desarmonizándoles completamente el estado mental. Escenas deplorables, fieles
productos de la mente que sólo se alimentó de la ociosidad nociva del
pensamiento; recuerdos lujuriosos, postrantes pruebas de la conducta infiel a
la Moral poblaban el lúgubre recinto, transformándolo en la habitación de una
colectividad execrable, enloquecedora!. Luchaban las desgraciadas, braceando
sin treguas, en el intento de rechazar las visiones macabras oriundas de sus
propios pensamientos!. Los pequeñitos seres, sacrificados otrora por ellas en
sus entrañas, sobrevolaba a su alrededor, llevados de las repercusiones del
perispíritu a las ondas vibratorias de la mente, ya irradiadas, y ahí
reflejadas a través de magnifico, sublime servicio de la consciencia,
castigando a la infractora en la secuencia de leyes naturales, accionadas por
ellas mismas al cometer la infracción!. Eran como moscas zumbando
inalterablemente alrededor de la mísera cancerosa, desorientándola hasta la
locura en vista de los inevitables desequilibrios de ahí derivados!. Se
presentaban algunas, además, plenamente obsesionadas por las individualidades
que deberían habitar aquellos cuerpos repudiados; individualidades que, al no
perdonables las negras acciones, que redundaron en perjuicios para sus urgentes
intereses espirituales, pasaran a perseguirlas con odios y rebelión, afinados
sus perispíritus con los de ellas mismas por las cadenas magnéticas naturales a
los procesos creadores del renacimiento carnal; unificados todavía, como si
continuase en el Mas Allá el proceso de gestación fetal iniciado en el estado
humano-terreno que el infanticidio interrumpió
Estas, parecían monstruos fabulosos y ninguna expresión del lenguaje
humano habrá que pueda describir la fealdad que arrastraban!. Renacerían,
expiando el error fatídico, calamitoso, como explicara el insigne catedrático,
locas irremediables, en el intento de corrección para las desarmonías
vibratorias, ya que tales casos son irremediables en el estado espiritual;
serian repulsivos monstruos, deformados, enfermos, cuyo grado de anormalidad
llevaría a los hombres a dudar de la Sabiduría de un Dios Omnipotente, cuando
justamente estarían estos ante una hermosa página de la Excelsa Sabiduría!. Y
otras marcharían a las tinieblas exteriores, donde chirriarían sus dientes y
llorarían hasta que se pudiesen liberar del mayor oprobio que puede
deprimir al Espíritu de una mujer ante su Creador y Padre!. Las tinieblas
exteriores, sin embargo no eran mas que la terrible pasantía en
habitaciones planetarias inferiores a la Tierra, el destierro vergonzoso de
aquel que no mereció consideración entre las sociedades civilizadas de un
planeta que tiende a elevarse en el concierto del progreso, rumbo a la
Fraternidad y la Moral!.
Horrorizados de
lo que veíamos y de todo cuanto decía el elucidador, y no sin sorpresa, vimos
que eran los casos del Manicomio Femenino profundamente mas dolorosos y graves
que los de la misma institución reservada a nosotros, los hombres, porque a
estos ultrapasan en la tragedia de las consecuencias!.
¡Nos sentíamos
impresionados ante tanta miseria, la cual, no obstante de ser también culpados
como éramos, jamas pudiéramos concebir!. Bien preferiríamos el verbo tierno de
Aníbal, repleto de la magia suave del Evangelio y de las visiones encantadoras
del apostolado mesiánico... Mas debíamos aprender, porque teníamos en propósito
de progresar, y todo cuanto veíamos seria labor de reeducacion, experiencia a
enriquecernos la mente y el corazón!.
Uno de los
aprendices aventó la pregunta que bailaba en la mente de los demás:
"- A estas
no nos recordamos de verlas en el Valle Siniestro... ¿El estado en que se están
no será antes propio de lugares como aquel?..." .
"- Suponéis
por ventura que la generalidad de los delincuentes será obligado, por fuerza de
la ley, a permanecer en una única y determinada región de lo Invisible?. -
esclareció el mentor, condescendiendo. - ¿o ignorabais, que también se
arrastran por las bajas camadas sociales terrenas, en contacto con ámbitos
viciosos con los que se afinaban realmente antes de la desencarnacion?... ¿Que
su infierno, el ardor que les requema la consciencia, se establece,
preferentemente, en las hornallas de los remordimientos encendidas por ellos
mismos en su propia mente?...
¡No!. Estas, que
ahí veis, no estuvieron en el Valle Siniestro, porque, el hecho de ir allí la
entidad considerada suicida, ya traduce algo que implicará afinidades para el
progreso normal del caso... Estas infelices hermanas, sin embargo, totalmente
afinadas con las tinieblas, la consciencia emponzoñada por tremendas
responsabilidades, y acompañadas, todas, desde hace mucho, por un siniestro
cortejo de entidades inferiorizadas en la práctica del mal, a cuyas sugestiones
se prendían a través de lazos mentales idénticos, al expirar, en la vida
carnal, fueran envueltas en las ondas vibratorias maléficas que les eran
afines, permaneciendo así hasta ahora y siguiendo así en el futuro, hasta que
expiaciones durísimas, existencias fértiles en los servicios en pro del bien
legítimo, vengan a desatar las ligaduras que al mal las esclavizaran,
expurgando de sus consciencias todo ese patrimonio siniestro que las desfigura
ahora... En la deplorable situación en que las vemos, es bien verdad que se encuentran en mejor estado que
ya estuvieran... Por lo menos están bajo una dedicada protección de fieles
amigos del Bien, abrigadas en un local seguro donde no las perturbaran mas los
odiosos complices adquiridos en la práctica del mal, tampoco los enemigos que
desde hace mucho les seguían los pasos, como los cuervos olfateando a
podredumbre. Muchas desgraciadas que ahí vemos - al desencarnar fueron
arrebatadas por los componentes de la falange perversa que merecieron con los
desatinos que practicaran y aprisionadas en localidades tétricas de lo
Invisible y aun de la propia Tierra, siendo allí sometidas a malos tratos y
vejámenes inconcebibles, indescriptibles!. Casos existen en que las
individualidades que de ellas debían renacer, y fueron rechazadas con un montón
de perjuicios y sufrimientos, se asocian a los seres perversos que las rodean
para también castigarlas, con actos de execrables venganzas. Otras, llevadas
por antiguas propensiones, permanecerán en antros de perversión e inmoralidad,
de la sociedad terrena, durante largo tiempo, ahí viviendo animalizadas,
mentalmente esclavizadas a soeces instintos; mientras que otras, aun
desesperadas, malas, se acercaban a otras mujeres, todavía encarnadas, y que
les permiten acceso, para sugerirles la práctica de acciones idénticas a las
que las perdieran, tejiendo, así, una acción perfectamente demoníaca por
inspirarse en los mas degradantes testimonios de la envidia y del despecho, por
no tener mas ellas un envoltorio carnal!. Deciros de los exhaustivos trabajos
que se imponen los servidores de la Sección de Relaciones Externas y los demás
voluntarios, a fin de liberarlas de las garras de tamaña degradación, será
superfluo en este momento, ya que de ellos tenéis algunas nociones, gracias a
vuestra colaboración en los servicios de la Vigilancia, colaboración que forma
parte, como sabéis, del aprendizaje que entre nosotros sois llamados a
experimentar. Reencarnaran tal como se encuentran y todas las providencias ya
fueron tomadas para a vuelta de ellas al renacimiento... No estando en condiciones
de escoger nada voluntariamente, la Ley les impone la renovación carnal, para
la conquista de una mejor situación, de acuerdo al grado de responsabilidad que
traen, o mejor, el demérito acumulado por los errores practicados las impele a
reencarnaciones expiatorias terribles, lo que quiere decir que, cuando
delinquieron otrora trazaban, ellas mismas, ese destino de tinieblas, lágrimas
y expiaciones, de las que no podrán escapar!. Los complejos de los que se
rodearan son insolubles en el Mas Allá y, urgentemente necesitadas de mejorías
vibratorias, renacerán en cualquier medio familiar terreno donde igualmente
haya rescates dolorosos a confirmarse o bastante cristianos y abnegados para
que quieran hacer la caridad de recibirlas por amor a Dios...lo que no será así
tan fácil..."
Las demás
dependencias del Manicomio, así como las filiales del Aislamiento y de la Torre
presentaran, a nuestro examen, una dramaticidad comparable a la que ya fue
expuesta por nosotros, no permitiéndonos, por eso mismo, una repetición
descriptiva. Todo eso nos probó, ahí, una gran y esplendente verdad: - la mujer
es tan responsable cuanto el hombre, espiritualmente, ante la Gran Ley, porque,
antes de ser mujer, ella, antes que nada, un Espíritu que se deberá afinar con
el Bien, con la Justicia y con la Luz, concordando buenamente a desempeñar las
nobles y santificantes tareas que les son confiadas por la ley del Creador, si
no quiere incurrir en los mismos deméritos y responsabilidades!.
Sin embargo,
todavia descubrimos en el Departamento Femenino una sección inexistente en los
parques residenciales masculinos, y que conviene describir. Era el Internado de
las Mozas - como le llamaban las buenas vigilantes -, una especie de Colegio
modelo para jóvenes suicidas, llevadas al siniestro acto por desequilibrios
sentimentales o no, desilusiones amorosas, etc., etc. Tal dependencia existía
tanto en el parque del hospital como en Ciudad Esperanza, lo que vino a
explicarme porque no vivían estas en promiscuidad con los demás casos
femeninos, desde la internación en la Colonia. Durante el estadio en el parque
del hospital, sujetas a un severo tratamiento psíquico, bajo los cuidados de
los mismos abnegados médicos que a nosotros nos asistían, las que, sin embargo,
conseguían mejoras vibratorias suficientes para el ingreso al parque
reeducativo de la Ciudad Universitaria eran dirigidas por virtuosos Espíritus
femeninos, que trataban de prepararlas para el retorno a los testimonios en la
Tierra, teniendo en vista deberes que acababan de desacatar a través de la
grave infracción cometida con el suicidio, y mas tareas apropiadas a los
desvelos de la mujer. La iniciación, entonces, era realizada a la sombra de los
mismos maestros que a nosotros nos atendían, como también el aprendizaje en los
sectores de la cooperación a los servicios internos y externos de la Colonia,
conforme quedó esclarecido. Cursaban, en fin, una Academia Femenina, donde
deberían aprender el legítimo papel al que es llamada la mujer a ejercer en
contacto con las sociedades terrenas, o sea, el papel de la mujer virtuosa y
cristiana, porque fuera justamente la deficiencia de ese ajuste el móvil de los
arrastres que redundaron en la temible infracción en la que se precipitaran!.
No obstante, del Manicomio jamas saldrían contingentes para los cursos de la
referida Academia, así como raras fueron las individualidades abastecidas por
el Aislamiento para los mismos magnos preparativos. Generalmente, tales
contingentes eran pequeños y, tal como a nosotros, los hombres, sucedía,
partían del Hospital Matriz. Del Internado de las Mozas, sin embargo, acudía
siempre en mayor porcentaje para os variados cursos de la Ciudad Universitaria.
CAPITULO VII
ÚLTIMOS TRAZOS
Hace precisamente cincuenta y dos años que habito el mundo astral.
Habiéndolo alcanzado a través de la violencia de un suicidio, aun hoy no logré
alcanzar la felicidad, como tampoco la paz íntima que es el deleite inmortal de
los justos y obedientes de la Ley. Durante tan largo tiempo he voluntariamente
postergado el sagrado deber de renacer en el plano físico-material envuelto en
la armadura de un nuevo cuerpo, lo que ya ahora me viene amargando sobremanera
los días, no obstante haberlo hecho deseoso de sorber todavía, junto a los
nobles instructores, el elemento educativo capaz de, una vez inmerso en la
carne, protegerme, lo suficiente para salir victorioso en las grandes luchas
que enfrentaré rumbo a la rehabilitación moral-espiritual.
Mucho aprendí
durante este medio siglo en que permanecí internado en esta Colonia
Correccional que me abrigó en los días en que eran mas ardientes las lágrimas
que mi alma lloraba, mas dolorosos los estiletes que me herían el corazón
vacilante, mas atroces y desanimantes las decepciones que sorprendieran mi
Espíritu, dentro del túmulo cavado por el acto insano del suicidio!. Mas, si
algo aprendí de lo que ignoraba y me era necesario para la rehabilitación,
también mucho sufrí y lloré, de bruces sobre la perspectiva de las
responsabilidades de los actos practicados por mí!. Aun disfrutando de la
convivencia confortante de tantos amigos dedicados, tantos mentores celosos del
progreso de sus pupilos, derramé llanto punzante, mientras, muchas veces, el
desánimo, esa hidra avasalladora y maldita, tentaba detener mis pasos en las
vías del programa que me tracé.
Aprendí, sin
embargo, a respetar la idea de Dios, lo que ya era una fuerza vigorosa que me
escuda, auxiliándome en el combate contra mi mismo. Aprendí a orar,
confabulando con el Maestro Amado en las alas luminosas y consoladoras de la
oración autentica y provechosa!. Mucho trabajé, esforzándome diariamente,
durante cuarenta años con las lecciones sublimes de maestros virtuosos y
sabios, a fin de que, de las profundidades ignotas de mi ser, la imagen linda
de la Humildad surgiese para combatir la figura perniciosa y malhechora del
Orgullo que durante tantos siglos me viene conservando entre las breñales del
mal, zozobrado en los bajíos de la animalidad!. Al influjo cariñoso de los
legionarios de María también comencé a deletrear las primeras letras del divino
alfabeto del Amor, y con ellos colaboré en los servicios de auxilio y
asistencia al prójimo, desarrollándome en labores de dedicación a aquellos que
sufren, como jamas me creyera capaz!. Luché por el bien, guiado por esas nobles
entidades, extendí las actividades tanto en los parques de trabajos
espirituales accesibles a mi humildísima capacidad como también llevándolas al
plano material, donde me fue permitido contribuir para que en varios corazones
maternos la tranquilidad volviese a brillar, en muchos rostros infantiles,
lindos y graciosos, la sonrisa despuntase nuevamente, después de días y noches
de impaciente expectativa, durante los que la fiebre o la tos y la bronquitis
los habían debilitado, y hasta en el corazón de los mozos, desesperanzados ante
la realidad adversa, pude colocar la lampara bendita de la Esperanza que hoy
dirige mis pasos, desviándolos de la ruta peligrosa tan traicionera del
desanimo, que los habría impelido a abismos idénticos a los conocidos por mi!.
Durante cuarenta años trabajé, pues, denodadamente, al lado de mis bien amados
Guardianes!. No serví tan solo al Bien, experimentando actitudes fraternas, y
sí también por lo Bello, aprendiendo con insignes artistas y “virtuosos” a
homenajear a la Verdad y respetar la Ley, dando al Arte lo que de mejor y mas
digno fue posible extraer de lo profundo de mi alma.
No obstante, jamas me sentí satisfecho y tranquilo conmigo mismo!. Existe
un vacío en mi ser que no será llenado sino después de la renovación en un
cuerpo carnal, después de plenamente testimoniado a mí mismo el deber que no
fue perfectamente cumplido en la última romería terrena, abreviada por el
suicídio!. El recuerdo doloroso de aquel Jacinto de Ornelas y Ruiz, desgraciado
por mí con la ceguera irremediable, en un gesto de despecho y celos, permanece
indeleble, imponiéndose a las cuerdas sensibles de mi ser como un estigma
trágico del Remordimiento inconsolable, requiriendo para mi destino futuro una
penalidad idéntica, o sea - la ceguera, ya que la prueba máxima de ser ciego
fuera anulada por mí, en la primera ocasión ofertada por la Providencia, mediante
el suicidio con que juzgara poder liberarme de ella, quedando, por tanto, con
ese débito en la consciencia!. Ya hace mucho debiera yo haber vuelto a la
reencarnación. Lo que fuera lícito aprender en las Academias de Ciudad
Esperanza me fue dado generosamente, por la magnánima dirección de la Colonia,
la cual no interpuso dificultades al largo aprendizaje que deseé hacer. Hasta
realmente aventajados elementos de la medicina psíquica adquirí al contacto de
los maestros, durante aulas de Ciencia y en el desempeño de tareas junto a las
enfermerías del Hospital María de Nazaret, donde sirvo desde hace doce años,
substituyendo a Joel, que partió para nuevas experiencias terrenas, en el
testimonio que a la Ley debía, como suicida que también fue. Tal aptitud me valdrá
el poder tornarme "médium curador", mas tarde, cuando nuevamente
habite la costra del planeta donde tan grandes y tan graves expresiones de
sufrimiento existen para flagelar a la Humanidad culpable de errores
constantes!.
Me faltaba,
todavía, el idioma fraterno del futuro, aquel empeño inestimable de la
Humanidad, y que tendrá que envolverla en el abrazo unificador de las razas y
de los pueblos confraternizados para la conquista del mismo ideal: - el
progreso, la armonía, la civilización iluminada por el Amor!. Era ese un
estudio voluntario, como, además, todos los demás deberes que tendríamos que
abrazar, mas que los iniciados, particularmente, aconsejaban que hiciéramos,
dándoles a estos gran importancia, porque ese idioma, cuyo nombre simbólico es
el mismo de nuestra Ciudad Universitaria, o sea, Esperanza - (Esperanto) -, que
resolverá problemas hasta aun en el Mas Allá, permitiendo a los Espíritus
elevados el comunicarse eficiente y brillantemente, a través de obras literarias
y científicas, las que el mundo terreno tiende a recibir de lo Invisible en los
días futuros - sirviéndose de aparatos mediúnicos que también se hayan
habilitado con esa facultad a fin de atender bien a los imperativos de la
misión que, en nombre de Cristo y por amor a la Verdad y a la redención del
genero humano, deberán ejercer.
Ahora, convenía
extraordinariamente a mis intereses en general y a los espirituales en
particular, la adquisición, en el plano invisible, de ese nuevo conocimiento, o
sea, del idioma "Esperanto". Al reencarnar, llevándolo calcado en las
fibras luminosas del cerebro perispiritual, en la ocasión oportuna tendría la
intuición de reaprenderlo al contacto de maestros terrenos. Yo fuera, además,
informado de que seria médium en la existencia futura y me comprometiera a
trabajar, una vez reencarnado, por la difusión de las verdades celestes entre
la Humanidad, no obstante el fantasma de la ceguera que se puso a mi espera en
los caminos del futuro. Medité profundamente en la conveniencia que derivaría
de la ciencia de un idioma universal entre los hombres y los Espíritus, de
cuanto yo mismo, como médium que seré, podré producir en pro de la causa de la
Fraternidad - la misma de Cristo -, una vez que mi intelecto posea tal tesoro!.
Obtenido, pues, el permiso para tomar el curso, me matriculé en la Academia que
lo enseñaba y me dediqué fervorosamente al noble estudio.
No era
simplemente un edificio mas, figurando en la extensa Avenida Académica donde
suntuosos palacios se alineaban en magistral efecto de arte puro, y sí un
escriño de belleza arquitectónica, que llevaría al pensador al sueño y al
deslumbramiento!. Era también un templo, como las demás edificaciones, y en sus
majestuosos recintos interiores, la Fraternidad Universal era homenajeada sin
desanimo, y bajo las mas sanas inspiraciones de la Esperanza, por ministros del
Bien, incansable en laboriosidad tendiente al beneficio y progreso de la
Humanidad. Localizado en un extremo de la arteria principal de la noble y
graciosa ciudad del Astral, se elevaba sobre un ligero planalto rodeado de
jardines cuyos tableros profusos también se multiplicaban en matices suaves,
sobrevolando ofrendas de perfumes al aire fresco, que se impregnaba de esencias
agradables y puras. Una arboleda florida, caprichosamente mezcladas de
tonalidades verdes y como que translúcidas, ora esbeltos, de gajos alegres, o
frondosos, orlados de festones garridos donde dulces brisas salmodiaban tiernas
quejas, se alineaban en las alamedas y pequeñas plazas del jardín, prestando al
encantador rincón el idealismo augusto de los ambientes creados bajo el fulgor
de las inspiraciones de mas elevadas esferas.
No fue sin
sentir vibrar en las cuerdas sutiles de mi Espíritu un estremecimiento de
insólita emoción que lentamente subí las escaleras que llevaban a la alameda
principal, acompañado, la primera vez, de Pedro y Salústio, como representantes
de la dirección del movimiento universitario del cantón, o sea, una especie de
inspectores escolares.
A lo lejos, el
edificio fulgía dulcemente, como estructurado en esmeraldinos tonos de delicada
quintaesencia del Astral. Parecía que los reverberos del Astro Rey, que muy
suavemente penetraba el horizonte de nuestro barrio, resbalando blandamente por
los cimborios y por las cornisas bordadas y graciosas, lo envolvían en
bendiciones diarias, entibiando con besos de fraterno estímulo la idea genial
procesada en su interior augusto por un grupo de entidades esclarecidas,
enamoradas del progreso de la Humanidad, de realizaciones transcendentes entre
las sociedades de la Tierra como del Espacio. Era, sin embargo, la única
edificación refulgiendo tonalidades esmeraldinas y flavas, a diferencia de sus
congéneres, que centelleaban matices azulados y blancos, y que no obedecía al
clásico estilo hindú. Recordaría antes al estilo gótico, evocando realmente
ciertas construcciones famosas de Europa, como la catedral de Colonia, con sus
divisiones y reentradas bordadas cual joya de filigrana, sus torres apuntando
graciosamente hacia lo alto entre resplandores que parecían ondas transmisoras
de perennes inspiraciones hacia el exterior. Los recintos interiores no
decepcionaban, porque eran lo que de mas bello de mas noble pude apreciar
dentro de la Ciudad Esperanza. Con aspecto de catedral, con efectos de luces
sorprendentes y un acento de arte fluídico de la mas fina clase que me seria
posible concebir, se comprendía inmediatamente que no eran orientales ni
tampoco iniciados sus idealizadores; que no pertenecían a la falange bajo cuyos
cuidados nos reeducábamos y que antes debería tratarse de una realización
transplantada de otras falanges, como que una embajada especial, montada en
otras regiones, mas con elevadas misiones entre nosotros, y cuya finalidad
sería, sin sombra de dudas, igualmente altruista.
¡En efecto!. A
una pregunta mía, Pedro y Salústio respondieron que se trataba de una filial de
la gran Universidad de Ciudad Esperanza del Astral, con sede en otra esfera mas
elevada, la cual irradiaba inspiraciones para sus dependencias de lo Invisible,
y hasta de la Tierra, donde ya se iniciaba una apreciable movimentacion en
torno de la nobilísima lucha, entre intelectuales y pensadores de todas las
razas planetarias!.
Igualmente no
era, como las demás Escuelas de nuestro barrio, dirigida por iniciados en
Doctrinas Secretas. Sus directores serian neutros en la Tierra como en el Mas
Allá, en Matéria de conocimientos filosóficos o creencias religiosas en
general. Serian preferentemente renovadores por excelencia, idealistas pugnando
por un mejor estado en las relaciones sociales, comerciales, culturales, etc.,
etc., que tanto interesan a la Humanidad. Allí destacamos a grandes figuras
reformadoras del Pasado prestando su valiosa ayuda a la hermosa causa, algunos
de ellos habiendo vivido en la Tierra aureolados por insospechables virtudes, y
con sus mismos nombres registrados en la Historia como mártires del Progreso,
porque trabajaron en varias etapas terrenas, noble y heroicamente, por la
mejoría de la situación humana y de la confraternizacion de las sociedades.
Sorprendido, allí encontré una pleyade centelleante de intelectuales de toda
Europa adheridos al movimiento, entre muchos el gran Víctor Hugo, para
referirme a un solo representante de Francia, todavía y siempre genial y
trabajador, dando de sus vastas energías la idea de la difusión de un
inapreciable patrimonio entre la Humanidad. Cuando, por eso mismo, tomé lugar
en el amplio y bien iluminado salón para el advenimiento de las primeras aulas,
me confesaba grandemente atraído hacia esa nueva y admirable falange de
servidores de la Luz. Una vez en el recinto, donde tonalidades dulcemente
esmeraldinas se casaban al bordado dorado de la arquitectura fluídica y sutil,
prestándole sugestiones encantadoras, no me pude hurtar a la sorpresa de
averiguar ser el elemento femenino superior en número al masculino, referencia
hecha a los aprendices. Y, durante la prosecución de todo el interesante curso,
pude verificar con que fervor mis gentiles colegas de aprendizaje, las mujeres,
se dedicaban a la gran conquista de almacenar en el fondo de su cerebro
perispirítico las bases espirituales de un idioma que, una vez reencarnadas,
les seria grato consuelo en el futuro, un afán generoso para abrirles
horizontes mas vastos, así para la mente como para el corazón, dilatando aun
mas posibilidades mucho mas ricas para suavizar críticas situaciones, remover
obstáculos, solucionar problemas con los que por ventura viniesen a encontrarse
en el trayecto de las reparaciones y testimonios inalienables del porvenir. Y
que afectos purismos y blandos, durante la mencionada labor?!...Al amable
amparo de mis compañeros de ideal esperantista, desde los primeros días
armonizadas las cuerdas de mi ser a sus vibraciones gemelas de las mías, se
llenó mi Espíritu de una indecible satisfacción, el corazón dilatándoseme para
la llegada de la mas viva y consoladora Esperanza de mejores días presidiendo
las sociedades terrenas del futuro, en el seno de las cuales tantas veces
todavía renaceríamos, rumbo a las sublimes regiones del Progreso!.
Tal como al
desarrollarse de las lecciones dadas por los antiguos maestros Aníbal y
Epaminondas, desde el primer día de aula en la Academia de Esperanto se vio un
magistral desfile de civilizaciones terrenas. Sus dificultades, muchas hasta
hoy no remediadas, muchos de sus mas graves impases fueron analizados ante
nuestra visión interesadas, en cuadros expositivos y sucesivos como en el cine,
mostrando a la Humanidad debatiéndose contra las ondas hasta hoy insuperables
de la multiplicidad de idiomas y dialectos, dificultades que aparecían allí
como uno de los flagelos que asolan a la atribulada Humanidad, complicando
realmente hasta su futuro espiritual, porque en el mismo Mundo Invisible se
lucha contra estorbos motivados por la diferencia de lenguas, en las zonas
inferiores o de transición, donde prolifera el elemento espiritual poco
evolucionado o aun muy materializado. Detalles, ramificaciones, consecuencias
realmente sorprendentes hasta dentro del hogar doméstico, obstáculos
desanimadores, en la prolongación de las relaciones y hasta del amor, entre las
naciones, los pueblos y los individuos, todo fue magistralmente examinado desde
las primeras civilizaciones vistas en el planeta hasta el siglo XX, que yo
mismo no alcanzara en el plano material.
Y, después, la simplificación de los mismos casos, la remoción de las mismas
dificultades, la aurora de un progreso franco, también cimentado en la claridad
de un idioma que será patrimonio universal, de la misma forma que la
Fraternidad y el Amor, uniendo ideas, mentes, corazones y esfuerzos para un
único movimiento general, una gloriosa conquista: - la difusión de la cultura
en general, la aproximación de los pueblos para el triunfo de la unidad de
puntos de vista, y la felicidad de las criaturas!.
Deletreamos,
entonces los vocablos. Nos eran presentados artística y gentilmente, a través
de cuadros vivos e inteligentes. Se mostraban estos en secuencias admirables de
lectura, dándonos lo que necesitábamos para alcanzar los secretos que nos
permitirían mas tarde hasta discursear fluentemente, en asambleas selectas.
Eran, por tanto, álbumes, libros móviles, inteligentes, como que animados por
algún fluido singular, para enseñarnos la conversación, la escritura, toda la
esplendente irradiación de un idioma que se iba calcando en nuestro intelecto,
permitiéndonos, al reencarnar, la explosión de intuiciones brillantes tan luego
nos encontrásemos en la pista del asunto!. Y tales eran las perspectivas que
nos enunciaban los hechos de la cima gloriosa de aquella conquista, que nos
sentimos triplemente hermanados a toda la Humanidad: por los lazos amorosos de
la Doctrina de Cristo; por lo beneplácito de la Ciencia que nos iluminaba el
corazón y por la finalidad a la que nos arrastraría el uso de un idioma que en el
futuro nos habilitaría para sentirnos como en nuestra propia casa, estuviésemos
en nuestra Patria o viviendo en el seno de naciones situadas en los mas
diferentes rincones del globo terrestre, y hasta en el mundo invisible!.
Ahora, la
Embajada Eaperantista en nuestra Colonia no se limitaba a darnos elementos
lingüísticos capaces de confraternizarnos con los demás ciudadanos terrestres,
con quienes seríamos compelidos a vivir en los pueblos de la costra planetaria,
en un futuro próximo.
De cuando en
cuando, de las esferas mas elevadas bajaban visitas de confraternizacion, con
la intención generosa de dar coraje a los hermanos de ideal aun ergastulados en
las dificultades de antiguos delitos. Verdaderos congresos que eran, tales
visitas a nuestra Academia trataban, en asambleas brillantes, del interés de la
Causa, de las actividades para la victoria del Ideal, de los sacrificios y
luchas de muchos pares del nuevo emprendimiento para su difusión y progreso!.
Era cuando teníamos ocasión de evaluar la colaboración de aquellas figuras
eminentes que vivieran en la Tierra y cuyos nombres la Historia registró, y de
los cuales hablamos mas atrás. Grandes grupos de alumnos, aprendices del mismo
movimiento, y pertenecientes a otras esferas, se adherían a esos congresos,
piadosamente colaborando para el alivio de sus pobres hermanos prisioneros del
suicidio.
Entonces., eran
días festivos en Ciudad Esperanza!. En las suntuosas plazas y jardines que
circundaban el majestuoso palacio de la Embajada Esperantista, sobre suaves
tapetes de gramíneas, garridamente mezcladas de miosótis azules, de azaleas
níveas o rosadas, se creaban los juegos florales, perfectos torneos de Arte
Clásico, durante los cuales el alma del espectador se dejaba transportar al
ápice de las emociones gloriosas, deslumbrada ante la majestad de lo Bello, que
entonces se revelaba en todos los delicados y tiernos matices posibles a su
comprensión!. Se destacaban los bailes coreográficos y hasta individuales,
llevados a escena por jóvenes y laboriosas esperantistas, cuyas almas
reeducadas a la luz benéfica de la Fraternidad no desdeñaban testimoniar a sus
hermanos cautivos del pecado el aprecio y la consideración que les tenían,
bajando de los parajes luminosos y felices en los que vivían para la visita
amistosa, con que les daban treguas para las ominosas preocupaciones a través
del refrigerio de magnificas expresiónes artísticas!.
Entonces, la
belleza del espectáculo alcanzaba lo indescriptible, cuando, deslizándose
graciosamente por el pasto florido, sobrevolando en el aire cual libélulas
multicolores, los hermosos conjuntos evolucionaban traduciendo el hermoso arte
de Terpsícore a través del tiempo y de las características de las falanges que
mejor supieran interpretarla; ahora, eran jóvenes que vivieran otrora en
Grecia, interpretando la belleza ideal de los "ballets" de su antigua
cuna natal; después, eran egipcias, persas, hebreas, hindúes, europeas, una
extensa falange de cultivadoras de lo Bello a encantarnos con la gracia y la
gentileza de que eran portadoras, cada grupo mostrando el sublime talento que
les enriquecía el ser, mientras suntuosos efectos de luz inundaban el escenario
como si feéricos, singulares fuegos de artificio bajasen de los confines del
firmamento para irradiar en bendiciones de luz sobre la ciudad, que se
engalanaba toda de tonalidades multicolores, matices delicados y lindos, que se
transmutaban cada momento en rayos que se entrechocaban, indescriptiblemente,
en artísticos juegos de colores, entrecruzándose, derramándose en centelleos
siempre nuevos y sorprendentes!. Y todo ese conmovedor e intraducible
espectáculo de arte, que por si solo seria una oferta al Supremo Detentor de la
Belleza, realizada al aire libre y no en el recinto sacrosanto de los Templos,
se hacía acompañar de orquestaciones delicadas donde los sones mas delicados,
los acordes llorosos de poderosos conjuntos de arpas y violines, que eran como
pájaros gorjeando modulaciones siderales, arrancaban de nuestros ojos
deslumbrados, de nuestros corazones enternecidos, aspiraciones de emociones
generosas que venían para tonificar nuestros Espíritus, alimentando nuestras
tendencias hacia lo mejor, a nuestro ser aun frágil abriendo horizontes jamas
entrevistos hacia el plano intelectual!. Cuantas veces músicos célebres que
vivieron en la Tierra acompañaran a las caravanas esperantistas a nuestra
Colonia, colaborando con sus sublimes inspiraciones, ahora mucho mas ricas y
nobles, en esas fraternas festividades que el Amor al prójimo y el culto a la
Belleza promovían!. Mas todo eso era manifestado en un estado de superioridad y
grandiosa moral que los humanos están lejos de concebir!.
Se sucedían, sin
embargo, los conciertos: cánticos orfeónicos alcanzaban expresiones miríficas;
piezas musicales ante las cuales las mas arrebatadas melodías terrenas
empalidecerían; certámenes poéticos en escenas de declamación cuya suntuosidad
rozaba lo inimaginable, arrebatándonos hasta el éxtasis!. Y el idioma selecto
que utilizaba ese grupo magnífico de artistas pertenecientes a falanges que
vivieron y progresaron bajo la bandera de todos los climas, de todas las
Patrias del globo terrestre, era el Esperanto, aquel que iría coronar la
iniciación que hiciéramos, reeducandonos los conceptos de la Moral, de la
Ciencia y del Amor!.
Solo se admitía,
en tanto, el Arte Clásico. En nuestra Ciudad Universitaria jamas vimos el
regionalismo de cualquier especie. Y después que las lágrimas bañaban nuestro
rostro, conmovidas nuestras almas ante tanto esplendor y maravillas, decían
nuestras buenas vigilantes, acompañándonos al internado para el reposo
nocturno: - No os admiréis, mis amigos!. Lo que visteis es apenas el inicio del
Arte en el Mas Allá... Se trata de la expresión mas simple de lo Bello, la
única que vuestras mentalidades podrán alcanzar, por ahora... En esferas mas
bien dotadas que la nuestra existe mas, mucho mas!... Debe, sin embargo, el
alma pecadora rehacerse de las caídas en las que incurrió, haciéndose virtuosa
a través de la renuncia, del trabajo, del amor, a fin de merecer el gravitar
hacia ellas...
..........................................................................................................................................................
El sentimiento del deber me lleva a pensar seriamente en la necesidad de
volver a los páramos terrestres para testimoniar el deseo de afinarme
definitivamente con la Ciencia de la Verdad que acabo de entrever durante mi
estadía en esta Colonia. No deberé permanecer mas en Ciudad Esperanza, a menos
que pretenda agravar mis responsabilidades con un estado de estacionamiento
incompatible con los códigos que acabo de estudiar y aceptar. Incurriría en una
grave falta dilatando por mas tiempo la reparación que a mí mismo debo, como
también a la ley del Sempiterno, por mi vejada desde hace muchos siglos. De los
antiguos compañeros y amigos que emigraran del Valle Siniestro y que del
Hospital ingresaran a la Ciudad Universitaria, soy yo el único que hasta hoy
aquí permanece, sin coraje de experimentar sus propias fuerzas en los embates
expiatorios de las arenas terrestres. Belarmino de Queiroz e Souza, el noble
amigo cuyo precioso afecto era uno de los mas gratos lenitivos durante as
difíciles luchas espirituales a camino de la rehabilitación, hace diez años que
partió para nuevas experiencias, habiendo preferido renacer en el Brasil, por
la mayor facilidad que ofrecía, allí, el amparo de la protectora Doctrina que
abrazó durante las preparaciones en las Academias. Me agaché, conmovido y
afectuoso, sobre su triste cuna de huérfano pobre, pues perdió a su madre,
tuberculosa, un año después de su nacimiento. Muchas veces he susurrado
protestas de sempiterna ternura a sus oídos infantiles, durante las horas
desoladas en que se pone a meditar, pequeñito e infeliz, en los espinos que ya
le hieren el corazón. Y mucho he llorado de compasión y tristeza contemplando
su infancia angustiosa: - el brazo semiparalítico, herencia inevitable del
suicidio en el siglo XIX; marchito y enfermo hijo de una tuberculosa, con
idéntico futuro aguardándolo cuando adulto!. Deseé partir con él, servirle de
hermano, viviendo a su lado a fin de ampararlo, consolarlo, reanimándome a mi
mismo al contacto de su leal afecto. Imposible hacerlo, sin embargo!. Seria una
misión de amor que no estaría al alcance de un réprobo como yo, carente de los
mismos socorros y atenciones!. En la Tierra, nuestros destinos y situaciones
serán diferentes. Solo mas tarde, después de la victoria de los testimonios
bien soportados, nos reencontraremos, aquí mismo, a fin de reiniciar la marcha
hacia lo Mejor. Doris Mary igualmente se presentó a su favor. Deseaba seguirlo
en el círculo familiar, puesto que lo amaba tiernamente, disponiéndose a
sacrificios por desear suavizarle las mismas amarguras con los desvelos de un
sentimiento basado en la fraternidad cristiana. No le fue, sin embargo,
concedido el permiso para ello, porque tal abnegación implicaría un círculo de
infortunios sucesivos y Doris tenia méritos, tenia derechos y compensaciones
concedidas por la Ley, en el panorama social terreno, por haber venido de una
existencia en que transitó una áspera vía de amarguras bien soportadas al lado
de un esposo incomprensivo y brutal, vía que el suicidio de Joel desdichó aun mas.
Ahora, sus guías no aconsejaban nuevos sacrificios por el hijo en los
testimonios que seria llamada a hacer y tampoco por Belarmino, que idéntico
disgusto causara a su vieja y dedicada madre!. Ella velaría, antes, por ambos,
cual sombra luminosa y protectora que del Mas Allá proyectase, sobre el camino
a realizar, inspiración y consuelo en las horas decisivas!.
Como vemos, no
solo Belarmino, mas también Joel bajara a las renovaciones reparadoras. João
d'Azevedo y Amadeu Ferrari igualmente volvieron al deber de renovar las
experiencias fracasadas, y hace ocho años ya que los vi ingresar en el
Recogimiento para los debidos preparativos. Este último, presa de disgustos e
inconsolables remordimientos, ni siquiera terminó el curso de preparación que
nos convendría a todos nosotros. Se munió de ardiente coraje a la luz de las
enseñanzas del Divino Emisario y partió, al Brasil aun, solicitando la merced
de un envoltorio corporal negro y humildísimo, donde evidenciase pacientemente
el doble pesar que lo afligía: - el suicidio de ayer y la tiranía de otrora,
como señor de esclavos que fuera!. Y no se, Dios mío, por qué no me animo
todavía a imitar su gesto noble, cuando hasta el mismo Roberto de Canalejas ya
no formaba parte del cuerpo de médicos aprendices del Departamento
Hospitalario, pues acaba de tomar nuevo vestido carnal en una hermosa misión en
los Campos de la Tercera Revelación, y también Ritinha de Cássia, la linda y
encantadora vigilante que tantas lágrimas enjugó de mis ojos torturados de
penitente, Ritinha, a quien me aficionara con la mas dulce ternura fraternal
posible a mi corazón, imitó el gesto de Roberto!. En las luchas planetarias no
existirá la tarea matrimonial en las cogitaciones de este amigo admirable. Fiel
al antiguo sentimiento por su consorte adorada, prefirió antes servir a causas
mas vastas, esforzándose en actividades en pro de la colectividad. Rita, sin
embargo, carácter diamantino, corazón vuelto hacia las altas aspiraciones,
capaz, por eso mismo, de realizar misiones femeninas de gran responsabilidad,
pidió y obtuvo permiso para seguir los pasos de Joel, desposándolo después del
testimonio que a este será indispensable ante la repetición de las experiencias
en las que fracasó, surgiendo en su vida como radiante aleluya después que él
se rehabilitase ante su propia consciencia!. Se amaban. Bien rápido lo
percibí!. Y, mientas escribo estas líneas, me pongo a pensar sobre la
excelsitud de la bondad del Señor de los Mundos y de las Criaturas, que permite
al alma humana tales compensaciones, después del resurgimiento de las tinieblas
del pecado!... (28)
Rita será, en la
Tierra como fue en el Espacio, la vigilante amorosa y gentil que, en el círculo
familiar terreno, se rodeará de almas aun carentes de amparo, consolándolas,
reanimándolas, animándolas bajo las dulzuras de su afectos, al mismo tiempo
que, a través de virtuosos ejemplos, las impulsan para los caminos de la
Victoria!.
En el amplio
dormitorio del Internado de Ciudad Esperanza, donde habito desde los albores
del año 1.910, solo existen "novatos". A veces una profunda
desolación viene a postrar mi alma, como si alguien que, viviendo en la Tierra
muchas décadas, se viese despojado de la presencia de los amigos y familiares
mas queridos, viendo las ruinas que la ausencia de los seres amados, tragados
por la muerte, dejaron para su vejez, donde el hielo de las íntimas agonías se
ubica, tornándolo incomprensible e intolerable para el concepto de los jóvenes
que ahora acompañan mis días. Los lechos de mis viejos amigos son
hoy ocupados por
otras entidades
(28) Cuantas
veces, en las efervescencias de un sufrimiento creído irremediable, se
desespera la criatura, tirándose a la aventura siniestra del suicidio, cuando,
dentro de un corto espacio de tiempo, encontraría la solución para su problema,
y la compensación, el auxilio de la Providencia como consuelo del que carecía!.
Le faltó la paciencia, y, la necesaria calma para reflexionar y esperar la
mejoría de la situación, y por eso tendrá un abismo de tinieblas, en siglos de
luchas y renovaciones idénticas a las fracasadas, las que se creó para su
destino; aprendiendo que lo que le conviene a la criatura es la fortaleza y la
paciencia en la adversidad, mas jamas la rebelión y la desesperación, que de
nada sirven!.
que, aunque
también afinadas por idénticos principios e ideales, no están tan tiernamente
estrechadas conmigo por las cadenas forjadas en el tiempos e infortunios
pasados juntos... Allí está la ventana de balaústres bordados, amplia, dividida
en tres arcos de fina labor artística, recordando construcciones hindúes
sublimadas por una clase superior. Al amanecer, Belarmino se recostaba en su
antepecho para saludar la alborada y comulgar con lo Alto en la patena augusta
de la Oración!. Aquí, la sencilla mesa en que me parece ver todavía posternada
la figura constreñida y triste de João d'Azevedo ejercitando la programación de
las actividades convenientes que le competían, en los campos carnales. Mas
allá, dispuestos pintorescamente bajo el cortinado oloroso de los arboles del
parque, los bancos donde yo y mis viejos compañeros de infortunio en nos
recreábamos, hablando de las esperanzas que prendían energías nuevas en nuestro
interior!. Contemplando esas pequeñas cosas las lágrimas me corren de los ojos.
Es la añoranza que susurra angustias a lo mas intimo de mi alma, diciendo que
debo imitarlos sin demora, buscando resolver las deudas incómodas de la
consciencia!. Jamas, sin embargo, me dejé estar ocioso. Procuro serenar mi
corazón entristecido, al lado de mis caros consejeros, dándome al afán de
servir a los mas sufridores que yo. Me reparto entre las tareas del Hospital y
varias otras incumbencias a mi alcance, tanto en la costra del planeta como en
el perímetro de nuestra Colonia, únicos limites en los que podré transitar
mientras no presente a la Gran Ley los testimonios debidos!. Mas nada de eso
será capaz de alejar de mis ansiosas preocupaciones el juicio que de mi mismo
tengo, juicio despreciativo de aquel que sabe que comienza a incurrir en nuevas
faltas, agravando voluntariamente sus responsabilidades que ya le pesan. Parece
que no paso de un inescrupuloso parásito, ocupando lugares que mejor le cabria
a otro!. Y el rubor me cobre el rostro siempre que, por las alamedas
pintorescas de la Ciudad, me cruzo con Aníbal de Silas, Epaminondas de Vigo y
Souria-Omar, los que desde hace mucho me dispensaron de sus aulas, hasta que,
con la experiencia del renacimiento, pueda yo dignamente probar los valores
adquiridos. Sonriéndome bondadosamente, me miran con interés. Mas las miradas
que me dirigen son como flechas de fuego perquiriendome en mi consciencia la
razón por que no me animé todavía al cumplimiento del deber!.
Carlos de
Canalejas y Ramiro de Guzman mucho me han aconsejado en estos últimos tiempos.
Antes de partir a la reencarnación, Roberto hizo que se estrechasen mis
relaciones de amistad con su antiguo suegro y amigo, recomendándole todavía que
no se olvidase narrarme, algún día, la historia dramática de Leila, cuyo amor
transportó a las cumbres del dolor al corazón de ambos. He servido bajo su
asistencia frecuentemente, lo que me dio un vasto campo de trabajo en el sector
terreno, pues, como sabemos, él es el jefe de la Sección de Relaciones
Externas. Bajo su orientación he visitado a los amigos de otrora, ahora de
vuelta a la cárcel carnal. Hace cerca de dos meses regresé de un estadio de
doce semanas en las tierras brasileñas, donde servicios de experiencias, en el
campo de la propaganda de las verdades sublimes que hoy me edifican,
absorbieron mis preocupaciones. Me llevó el buen mentor a visitar a Mário
Sobral, reencarnado en una capital tumultuosa del Brasil. No me contuvo y me
dejé prorrumpir en copioso llanto junto al garabato en el que vi reposando el
cuerpo mutilado del desgraciado amante y asesino de la hermosa Eulina. Su
habitación miserable, construida de frágiles tablas de pino y chapas de zinc
arruinadas por el tiempo, es la expresión de la mas sórdida miseria de los
brasileros ungidos a los fuegos de expiaciones dolorosas, en la reconstrucción
sublime de sí mismos. Mas es también el único hogar que conviene a la
reencarnación de un antiguo bohemio vanidoso de sus dotes físicas, que, por los
antros de vagancia brillante y por la vileza de los lupanares, desbarató la
herencia paterna honrada y dificultosamente adquirida en las labores
campestres!.
Andrajosamente
vestido, pies descalzos callosos por el continuo contacto con las piedras y el
polvo del camino que camina; mutilado de las manos, cabellos aun revueltos,
despeinados, tal cual lo veíamos desde el Valle Siniestro, en lo Invisible;
trazos fisionómicos semejantes a los que conocíamos en el Mas Allá; enfermo y
nervioso, atacado por extraña enfermedad que le tortura la traquea como los
canales faríngeos, lo que lo lleva frecuentemente a crisis penosas, con fiebre
alta y dejándolo afónico; sin familia, porque otrora, en Lisboa, ultrajó el
círculo familiar en el que había nacido, honrado y amoroso, que la Providencia
le diera a fin de que a su contacto virtuoso se muniese de buena voluntad para
realizaciones honestas; pobre, miserable, hasta hambriento, porque no fue
depositario fiel en el pretérito, de los bienes materiales que el Cielo le
confió, antes los disipó, valiéndose de ellos para la perversión de las
costumbres; analfabeto, ya que, cuando fue universitario en Coimbra en la
existencia pasada, no aprovechara para ninguna finalidad noble la rica cultura
intelectual con que la ciencia de las letras lo dotara, antes se dejó resbalar
a la improductividad, conturbándose en la brutalidad de las costumbres e
incapacidades morales para la edificación de sí mismo como de sus semejantes;
lo que yo tenia ahora bajo mi vista asustada ya no era aquel Mário cuyo verbo
brillante y harto vocabulario encantaba a los compañeros de la enfermería, y sí
un infeliz mendicante, que suplicaba la caridad de los transeúntes!. Era la
ruina social reducida al mas bajo y amargo nivel que me fuera posible ver, y,
por eso mismo, prorrumpí en llanto compadecido y angustiado. Mas a mi lado
Ramiro de Guzman sonreía enternecido, tentando reconfortarme con la luminosidad
consoladora de las sabias apreciaciones emitidas:
"-
Exageras, Camilo!. No vemos un repositorio de ruinas en este rancho o en este
fardo corporal mutilado, y sí un trabajo de reerguimiento de un Alma
perteneciente a la Inmortalidad, a quien los fuegos de sinceros remordimientos
fustigaran, impeliéndola a conquistas ennoblecedoras!. Profundamente
arrepentido del pasado malo, como debes recordar, Mário trazó - él mismo! – el
plan de expiaciones que ahí ves, mientras el suicidio por ahorcamiento dio
origen a la enfermedad nerviosa y a la insuficiencia vibratoria de los aparatos
faringeos, ya que su organismo perispiritual se vio grandemente alcanzado por
las repercusiones de allí provenidas... lo que viene a demostrar que todo este
lamentable presente es obra de su propio pasado y no punición provenida de un
juez austero o inclemente que se deseara vengar.
Ves ruinas,
dices?... Pues bien, de estos escombros ruinosos, cuya visión te amarga,
despuntará para tu amigo Mário Sobral una alborada de progresos nuevos, porque,
aquí rehaciéndose, estará pagada la deuda deshonrosa que lo ataba a la galera
del remordimiento, rehabilitandolo ante sí mismo y ante las leyes que
infringió... Además, juzgas, por ventura, verlo aquí abandonado, a merced tan
solo de la caridad de las criaturas humanas?... Te engañas...Pues no es, acaso,
pupilo de la Legión de los Siervos de María?... No está registrado en el
Hospital María de Nazaret?. Debes recordar que tal encarnación es el
tratamiento conveniente a los casos graves como el de él, sublime cirugía que
lo llevará bien rápido a la convalecencia... El Hermano Teócrito no estará, por
ventura, a la cabeza de sus pasos?... Vigilantes y enfermeros del Hospital,
como del Departamento al que pertenezco, no lo asisten cariñosamente, velando
por él como por un enfermo grave, diariamente transfundiendo energías, coraje,
esperanzas, siempre nuevas y mas sólidas, en la sublime preocupación de
ayudarlo a remover las pesadas montañas de las iniquidades provocadas en su
destino por los actos por él mismo cometidos en contra del Bien?...
Frecuentemente, yo mismo no lo visito, como en este momento lo hago, fiel a las
obligaciones que me corresponden, y no encamino su Espíritu, muchas veces, a
nuestros puestos de emergencia del Astral, en el intento de reconfortarlo,
avivando energías fluídicas en su envoltorio físico-espiritual, a fin de que
soporte la amarga sentencia que se trazó sin demasiado desfallecimiento?... No
sabes, además, que se arrastra entre sonrisas de una conformidad que viene
construyendo la victoria insofismable en el ciclo expiatorio inapelable que
debe vencer?... Se siente él realmente feliz, pues, en lo profundo de su
consciencia, existe iluminándolo la certeza hermosa de que así, tal cual lo
ves, está cumpliendo el sagrado deber de ciudadano inmortal, cuyo destino será
afinarse con los ritmos armoniosos de la ley del Bien y de la Justicia
universal!."
Me callé,
resignado y pensativo, poniéndome a meditar en las resoluciones urgentes que yo
mismo debería tomar. De Guzman puso las manos translúcidas sobre la frente
escaldante del antiguo pupilo de Teócrito, transmitiendo virtudes fluídicas que
le beneficiasen la postrante disnea. Me detuve en concentración respetuosa,
suplicando a la Gobernadora Amorosa de nuestra Legión concediese alivio al
mísero cómplice de mis antiguas desventuras, mientras que, terminada la
operación generosa, se volvió nuevamente al noble amigo, consolador:
"- La
Providencia nos depara caminos de glorias, mi caro amigo, en luchas fecundas
entre lágrimas y oportunidades de redención... Y, en el trayecto, concede a los
penitentes arrepentidos compensaciones que frecuentemente no estarán a la
altura de apreciar, dadas las imposiciones creadas por él estadio en un fardo
carnal..."
Se volvió hacia
un ángulo sombrío del rancho, que yo dejara de examinar, preocupado con el
cuadro presentado por la presencia de Mário reencarnado, y apuntó hacia una
forma que, humilde y silenciosa, velaba al enfermo, mientras cosía remiendos en
ropas ya rotas, y dijo:
"- Ves esta
pobre mujer?... No podrás siquiera evaluar el trabajo de redención que, ante la
vista del Excelso Maestro, se opera en lo mas intimo de su alma, tan
arrepentida cuanto la de Mário, entre las espinas de la pobreza extrema, de
luchas tan arduas cuanto dignamente soportadas!..."
Traté de
orientarme, interesado y conmovido ante el acento enternecido del noble
pensador que me acompañaba. Al lado de la puerta de entrada, la única existente
en el paupérrimo domicilio, procurando un poco de claridad que la auxiliase en
el trabajo humilde en el que se entretenía, vi a una mujer de color, negra,
pobremente vestida, no obstante, aseada, aparentando cerca de cincuenta años.
De su fisionomía serena se transmitía sencillez y humildad. Admirado, interpelé
al caritativo mentor:
"- No la
conozco... ¿De quien se trata?..."
"- Haz tu
mismo un esfuerzo, Camilo... Entra en las ondas vibratorias de su pensamiento,
que progresa en el trabajo de los recuerdos, y ve que sucedió hace cerca de
cuarenta años, o sea, en la época en que retornó Mário al círculo carnal
terreno..."
Obedecí,
intrigado, mientras la mujer negra se aproximaba al enfermo, dándole cierto
medicamento homeópata, cariñosamente levantándole la cabeza para, enseguida,
retornar al trabajo. Alrededor, el silencio convidaba a la eclosión de los
recuerdos. Atardecía afuera y el Sol feérico del Brasil hervía el occidente con sus rayos ardientes de oro
festivo, iluminando el firmamento con mil reflejos coralinos. Adentro la mujer
pensaba, pensaba... En su cerebro las imágenes se erguían agitadas en
secuencias caprichosas, mientras, asustado y conmovido, yo leía y comprendía
como en un instructivo libro abierto ante mis ojos:
- Mário
renaciera en un lupanar... Su madre, inconforme con la maternidad, viendo, para
cúmulo de desgracia, la mutilación deprimente, y viendo al hijo sin fuerzas
para soltar los alegres vagidos de un recién nacido, medio sofocado por
contracciones espasmódicas como si manos férreas quisieran prematuramente
estrangularlo, se llenó de horror y prorrumpió en torturado llanto, repeliendo
al monstruo que concibiera. Se trataba de una infeliz pecadora, para quien la
maternidad seria el obstáculo contra la continuación de la libertad que se
permitía. Constreñida, pues, confió el miserable retoño a una pobre lavandera
que vivía por las inmediaciones, honestamente curvada sobre las duras tareas
impuestas por la pobreza, prometiendo gratificarla mensualmente por los
servicios prestados al pequeñito. Accedió la buena operaria, no viendo tan solo
el aumento del rendimiento para su desprovista bolsa, y sí, principalmente,
obedeciendo a los impulsos caritativos del bien formado corazón que traía,
porque, adepta de un harto manantial de luces y esclarecimientos - la Tercera
Revelación -, no obstante la condición oscura que ocupaba en el plano social,
sabía que la adopción de aquel ente que así entraba en la vida terrena, rodeado
de tan sombríos informes del pasado y tan desoladoras perspectivas en el
presente, seria ciertamente un designio trazado por lo Alto!. Lo recibió, pues,
en su humilde choza, procurando amarlo cuanto fuere posible, ya que a su puerta
golpeara al nacer. Tenia además una hija, una niña de diez años, pensativa y
trabajadora, y que obedientemente cooperaba con su madre en las lides difíciles
de cada día. Se aficionó al hermanito que el destino lanzara en sus brazos y,
para ayudar al esfuerzo materno, crió pacientemente al desgraciado enfermo,
dedicándose durante cuarenta años a la afanosa misión - como jamas lo haría una
gran dama!. Muerta su genitora hacia mas
de quince años y fallando muy rápido la promesa de gratificación de la madre
irresponsable, hecha en el momento del repudio al hijo infeliz, allí estaba
todavía, fiel en el puesto de abnegación, trabajando para que su desventurado
hermano tuviese que mendigar por las calles lo menos posible!...
Me acerqué a la
mujer y, en un gesto de agradecimiento por lo mucho que, venia dando a mi,
amigo querido, puse la diestra sobre aquella frente negra que, para mí, en
aquel momento, era como si se aureolase de diamantinos fulgores:
"- Que
Jesús te bendiga, hermana, por lo mucho que haces por el pobre Mário, a quien
siempre conocí tan sufridor!." - murmuré, sintiendo lágrimas de dolor
invadir mis pobres ojos espirituales.
D. Admiro de
Guzman, se aproximó grave, como reverenciando la Ley Sublime cuyo magnánimo
esplendor centelleaba en aquel tugurio propicio a la redención, susurró,
sorprendiéndome hasta el asombro :
"- Tal vez
aun no adivinaste quien está ahí está, cubierta en este envoltorio corporal de
color negro, desdoblándose en actividades cristianas al servicio de su propio
reerguimiento espiritual?... "
Y porque lo
miré, interrogativo, dijo:
"-
¡Eulina!... "
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Tomé la
resolución impostergable: - iré mañana al Departamento de Reencarnación, y de
allí al Recogimiento, para tratar del esbozo corporal físico-terreno, cuidando
de pesquisas para el ambiente mas propicio para el renacimiento reparador.
Consulté a todas las autoridades de la Colonia dedicadas a mi caso y fueron
unánimes en reanimarme para la indispensable y provechosa lucha. Deseé sugerir,
yo mismo, el programa para mis tareas de reajuste a las leyes infringidas por
el suicidio, puesto que tengo lucidez suficiente para tomar responsabilidades
de tal importancia. He de quedar ciego a los cuarenta años, mas
irremediablemente ciego, como si las órbitas vacías de Jacinto de Ornelas se
transfiriesen a mi máscara fisonómica después de tres siglos de expectativa de
mi Espíritu dolorosamente asustado ante la imagen incorruptible de la
Justicia!. Consulté, todavía, pidiendo inspiración y auxilio, a los maestros
queridos - Aníbal de Silas, Epanimondas de Vigo, Souria-Omar y Teócrito -, los
que cariñosamente atendieron a mi solicitud para ayudarme a equilibrar las
líneas generales de la programación con los dispositivos de la Ley. Sin
embargo, solo después de mi internación en el Recogimiento subirán los informes
para el beneplácito del Templo. Me afianzaron, aquellos amigos queridos, que se
curvaron sobre mis pasos, guiándome en la senda del deber, inspirándome en las
horas decisivas como tutelares incumbidos de mi guardia mientras durase mi
estadio en este generoso Instituto. Me dijeron que la asistencia médica acuartelada
en el Departamento Hospitalario acompañará la evolución de mi próximo futuro
envoltorio carnal desde el embrión, en el sagrado escriño genético, hasta los
últimos instantes de la agonía y de la separación de mi Espíritu del fardo que
arrastraré para la recuperación del tiempo perdido con el suicidio!. Se dará mi
liberación de la ligación física-terrena a los sesenta años. de edad, teniendo,
por tanto, veinte anos para mirar solo hacia dentro de mí mismo, a realizar el
trabajo fecundo y glorioso de la auto-educación para domar manifestaciones del
orgullo que en mi ser no se extinguió todavía!. Frecuentemente me asalta el
recelo de una nueva caída, del olvido de los deberes y tareas a cumplir una vez
inmerso en el océano de una reedición corporal, olvido tan común al Espíritu
que ensaya su propia rehabilitación. Mas mis instructores me advirtieron que
llevaré sólidos elementos de victoria adquiridos en el largo estadio
reeducativo, y que por eso mismo será bien poco probable que mi voluntad se
corrompa al punto de arrastrarme a mayores y mas graves responsabilidades.
Me despedí de
todos los amigos y compañeros, en peregrinación fraterna por los Departamentos
de la Colonia, comenzando por la Vigilancia, con Olivier de Guzman y el Padre
Anselmo. Todos fueron unánimes en prometerme asistencia durante el exilio
irremediable, a través de ruegos al Señor de Todas las Cosas. Me siento,
prematuramente, añorando este suave reducto que por espacio tan largo de tiempo
me abrigó, y donde tantos y preciosos esclarecimientos adquirí para el reinício
de actividades en los medios sociales en los que seré llamado a probar nuevos
valores morales. Hace algunos días una verdadera romería de amigos viene a este
Internado, a fi de visitarme. Jefes de sección, enfermeros, vigilantes, y hasta
psiquiatras e instructores me abrazan, felicitándome por la resolución tomada y
augurando días gloriosos para mi Espíritu en los servicios de rehabilitación.
Me dan todavía, llenos de bondad y estímulo, votos de victoria y adquisición de
méritos. Y por todo me siento agradecido, convencido de que, en los testimonios
nuevos que me esperan a las márgenes pintorescas del viejo y querido Tajo que
tanto he amado y del cual aun ahora no me deseo separar, una falange luminosa
de entidades amigas estará presente a fin de reanimarme con su alentadora
inspiración. Y ayer me ofrecieron un festín de despedida!. Aliviadora sorpresa
me esperaba en medio de esa reunión donde la fraternidad y la belleza una vez
mas dictaban sus intraducibles expresiones: - a través de nuestros majestuosos
aparatos de visión a distancia pude ver, por primera vez, la hermosa Mansión
del Templo, en la plenitud de su armoniosa e intraducible belleza ambiental!.
Asistí, así, a una asamblea de iniciados, oí sus discursos sublimes, inspirados
en las mas elevadas expresiones de la Moral, de la Filosofía, de la Ciencia, de
lo Bello – de la Verdad, en fin – que me fuera posible soportar!. En el
santuario donde se reunían, allá estaban – en la mesa augusta de la comunión
con lo Alto y los doce varones responsables por toda la Colonia unidos en
identidad de puntos de vista e ideales para el solemne momento de la Oración!.
Y después el panorama arrebatador del barrio al que yo no podré entrar sino a
la vuelta de la encarnación que me espera, la sucesión de residencias, los
vastos horizontes floridos atenuados por delicadas tonalidades azuladas a los
que los reverberos del Astro Rey transmiten centelleos dorados... Las lágrimas
inundaron mis ojos, mientras que, calcando la augusta visión en lo mas intimo
de mi consciencia, como bienhechor estímulo para las lides ásperas del futuro,
mi alma decía si misma:
¡Coraje,
peregrino del pecado!. Vuelve al punto de partida y reconstruye tu destino y
virtualiza tu carácter a los embates remisores del Dolor Educador!. ¡Sufre y
llora resignado, porque tus lágrimas serán el manantial bendito donde se irá a
saciar tu consciencia sedienta de paz!. ¡Deja que tus pies sangren entre los
cardos y las aristas de los infortunios de las reparaciones terrenas; que tu
corazón se despedace en las forjas de la adversidad; que tus horas se envuelvan
en el negro manto de las desilusiones, llenas de angustia y soledad!. ¡Mas ten
paciencia y sé humilde, recordando de que todo eso es pasajero, tiende a
modificarse con tu reajuste a las sagradas leyes que infringiste... y aprende,
de una vez para siempre, que - eres inmortal y que no será por los desvíos
temerarios del suicidio que la criatura humana encontrará el puerto de la
verdadera felicidad...
FIN

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