© Libro N° 5599.
El Perfume De Palestina. Una mirada al conflicto palestino-israelí. Iosu Perales. Emancipación.
Enero 19 de 2019.
Título original: © El Perfume
De Palestina. Una mirada al conflicto palestino-israelí. Iosu Perales
Versión Original: © El Perfume De Palestina. Una mirada al conflicto
palestino-israelí. Iosu Perales
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CRÍTICA TODA LA CULTURA
EL
PERFUME DE PALESTINA
Una mirada al
conflicto palestino-israelí
Iosu Perales
A Xavi Martí y
Fayez Saqa,
mis maestros
Índice
1. Paisaje de Jerusalén I.......................................................
2. La
ocupación...................................................................
3. Oslo.................................................................................
4. El
sionismo......................................................................
5. ¿Hay una
solución?.........................................................
6. Ventana sobre
Hebrón....................................................
7. La tentación judía de la
inocencia..................................
8. Estampa de Jabalya........................................................
9. ¿Qué pasa con la impunidad de
Israel...........................
10. La vida en un checkpoint...............................................
11. Ventana sobre
Belén......................................................
12. Beit Jala, las líneas de su
mano......................................
13. El pianista de
Ramallah.................................................
14. Estampa de
Jenin............................................................
15. Tender un puente entre las dos
orillas...........................
16. Sobrevivir en las cárceles
israelíes................................
17. 11 de septiembre: Una sombra alargada sobre el
conflicto israelí..............
18. Paisaje de Jerusalén
II...................................................
19. Musical
Gaza................................................................
20. Ese mar azul de
Gaza....................................................
21. Estampa de
Nablus........................................................
22. Ventana sobre
Nazaret..................................................
23. Los kibutzim: el declive de un
mito.............................
24. Una Hoja de Ruta
muerta.............................................
25. El Muro del Apartheid………………………………..
26. Las aguas del
Jordán.....................................................
27. Jericó en el
desierto.......................................................
28. ¿La hora de los movimientos sociales?.........................
29. Realidad compleja, solución
compleja.........................
30.
Cronología....................................................................
Agradecimientos
Este libro nunca hubiera sido posible sin el apoyo de
Hirugarren Mundua ta Bakea-Paz y Tercer Mundo, ONGD que trabaja en Palestina
desde 1996 con un alto compromiso con los sectores populares y en pro de la
construcción nacional de una Palestina libre. Con Iñaki Markiegi compartí mis
dos primeros visitas a Cisjordania y Gaza y horas de conversación.
En mis viajes han sido bastantes las personas que me
han ayudado a comprender mejor la complejidad del conflicto. Los doctores Majed
Nassar, Naim Abu-Taer, Nassar Ibrahim agudos y brillantes en sus análisis. La
señora Maha Saqa y su esposo Nader Saqa siempre hospitalarios y críticos con la
realidad. Sergio Yahni, un israelí de corazón limpio, militante activo contra
la ocupación y el sionismo. Farid Jaber de hablar dulce y firme en sus ideas.
Isa Qaraqa que tanto trabaja en silencio a favor de
hombres y mujeres presas. George Salameh, embajador palestino en Managua, me ha
enviado sus comentarios al borrador de este libro. No olvido a Adeeb Hadweh y
su familia, en cuya casa de Beit Jala hemos pasado horas inolvidables repasando
el cancionero pop, sin que el sonido de disparos nos silenciara. A Juani
Rishmawi que se casó con un palestino y forma parte activa de las luchas de las
mujeres. A Lourdes Rubirach que sigue trabajando con Paz y Tercer Mundo
sorteando checkpoints cada día. A Julio de la Guardia, corresponsal de
prensa y radio, magnífico analista y mejor persona. Con Igor Irigoyen he
compartido en Jerusalén y Belén la curiosidad por la historia y las religiones.
Xavi Martí y Fayez Saqa me ayudaron a dar los primeros pasos por el laberinto
de los problemas políticos, pero además me transmitieron su pasión por la
geografía humana y cultural del lugar, por su historia. Martí ha tenido la
gentileza de leer este libro y me ha hecho sugerencias y aportaciones que he
incorporado.
Gracias a Mariví, a Zigor y Rahja por su apoyo
incondicional.pHay viajes y viajes. Hay países y países. Para viaje y para
país, Palestina. Te arrebata.
Produce en el viajero un sentimiento que parece venir
de muy lejos en el tiempo. Basta con abrir bien los ojos y captar voces y
olores para saber que alguna vez has vivido en Jerusalén, Ramallah, Beit Jala o
Belén. Reconozco que hace falta una predisposición, pero sin ella tiene poco
sentido recorrer Palestina. Una racionalidad excesiva no es recomendable si se
quiere capturar toda la leyenda de la región. En cada rincón, en cada esquina y
en cada piedra, te aguarda la huella de un hecho que tal vez nunca sucedió pero
en el que quieres creer. Así es Jerusalén, donde en cada metro cuadrado se
respira mística y misterio. Así es el desierto de Judea y el Valle del Jordán,
donde cada paso levanta el polvo de la historia.
En este escenario de emociones el conflicto
palestino-israelí llena la atmósfera de tristeza.
Una tierra en la que como dice el poeta palestino
Mahmoud Darwish el olivar era en otro tiempo verde/y el cielo/un bosque
azul, amor mío/¿quién lo ha cambiado esta noche? La historia de este hombre
de poemas de una hondura maravillosa es un paralelo de la historia palestina.
Sufrió persecuciones que le obligaron a buscar refugio en El Cairo en 1971.
Durante 25 años Israel le denegó el permiso para
reencontrarse con su familia. Al fin de cuentas, hace ya años que mi nación
es sólo lenguaje, dijo una vez. Quien recorra Palestina encontrará a muchos
hombres y mujeres que como a Mahmoud Darwish se les ha robado media vida. La
otra media es la que les permite luchar por los campos de trigo, por los
olivares, por todas las fronteras, quiero decir por la patria.
Este libro reconoce que el pueblo palestino tiene
razón. Pero también acepta la existencia de un Israel no sionista y, de manera
particular, aprueba la conducta de muchos israelíes que simpatizan con la causa
palestina. Son israelíes que reconocen que la grandeza está en la cantidad de
verdad que se sepa soportar. Del lado palestino está mi debilidad. Mi simpatía
con los vencidos, con los mil veces humillados, con los que están llamados a
lograr un día el gozo de sus derechos, si la justicia existe. Recuerdo
especialmente a mis amigos y amigas que no pierden un minuto sin resistir.pEl
lector o lectora no encontrará en estas páginas un ensayo especializado. No es
un tratado de historia. No es una reconstrucción política. Son trazos pintados
desde la memoria, desde lo vivido, desde lo escuchado y lo leído. Son
sentimientos y reflexiones que se agolpan sin un orden preciso. Son paisajes,
son miradas, son estampas, son breves canciones de amor en agradecimiento al
perfume que me viene de Palestina, cuyo pueblo es el resultado de la fusión de
cananeos y filisteos y cuya causa es causa moral de la humanidad.
Jerusalén, a 30 de agosto de 2003
Paisaje de Jerusalén I
Desde lo alto del Monte de los Olivos la vista de la
vieja ciudad desvela que es más que un lugar. Es el tiempo pasado que se vuelca
sobre el presente con una fuerza repleta de conflictos y emociones. Es el
espacio lleno de mitos que discuten entre sí, minaretes, cúpulas, mezquitas,
templos y sinagogas. Es el aire atravesado por los cantos del muecín, las
campanas y los murmullos de los rezos.
En primer plano la muralla que rodea la ciudad con sus
ocho puertas. Una de ellas, la Puerta Dorada, justo la que tengo enfrente de
mí, permanece cerrada a cal y canto a la espera de abrirse cuando llegue el
Mesías de los judíos. La tradición popular dice que fue cerrada porplos
musulmanes precisamente para evitar la entrada del Mesías que había profetizado
Ezequiel (Ezequiel 44: 1-3), aunque una explicación histórica más fiable dice
que fue tapiada por los musulmanes en el siglo VII para impedir el ingreso de
los no musulmanes a la Explanada de las Mezquitas o Haram El-Shariff. Es la
misma puerta por la que la literatura cristiana dice que entró Jesús1 a
Jerusalén el Domingo de Ramos. Con semejante historial no es extraño que se la
conozca igualmente como la Puerta de la Eternidad. Justo por delante de esta
puerta, al pie de la muralla, se encuentra un cementerio musulmán, verdadero
obstáculo para el tránsito del Dios de los judíos que deberá pisar tierra
infiel, aun cuando como descendiente del Rey David si parece estar autorizado
para pasar por encima de las tumbas. Todo un enigma. En cualquier caso no deja
de ser un problema que no desanima a los miles de judíos que a precio de oro
compran tumbas en la ladera del Monte de los Olivos que cae sobre el pequeño
valle de Josafat, exactamente frente a la Puerta Dorada; aspiran a estar
situados en el mejor observatorio cuando se produzca la entrada de su Mesías a
los sones de los cuernos. Entre los compradores hay muchos millonarios
norteamericanos. El nudo del conflicto se aprieta en unos pocos metros: la
tradición cristiana y judía señala que Josafat es el lugar del Juicio Final,
donde Dios separará a los buenos de los malos. Por razones de conveniencia
mutua las tres religiones monoteístas deberían llegar a un acuerdo para poner
un poco de orden a un tráfico tan intenso.
Por encima de la muralla se levanta la Mezquita
al-Aqsa, tercer lugar en importancia para el culto musulmán tras la Meca y la
Medina. No en vano una oración en al-Aqsa vale por cincuenta mil oraciones,
cuando su valor en una mezquita normal es de veinticinco. Lo que veo desde el
Monte de los Olivos son dos cúpulas imponentes: la de la mezquita de al-Aqsa y
la dorada de veinticuatro quilates de la Noble Mezquita que da cobijo a la
Sagrada Roca, ambas situadas en Haram El-Shariff o Explanada de las Mezquitas.
Bajo la Noble Mezquita se encuentra la piedra desde la cual el profeta Muhammad
ascendió al infinito hasta encontrarse con Dios, del que recibió el mandamiento
de las cinco oraciones diarias para los creyentes.2 Devuelto
por el Arcángel San Gabriel, Mahoma descendió a la Roca, de unos veinte por
doce metros y emprendió el regreso a la Meca. ¿Es la misma Roca en la que
Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac por mandato de Dios?
Estaba a punto de degollarlo cuando un ángel le gritó desde el cielo para
impedírselo. Abraham, por su lealtad a Dios, obtuvo un premio: “Tus
descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos”. Promesa que hay que
añadir a otra anterior en la que el Señor le dijo: “Yo haré de ti un gran
pueblo, te bendeciré y haré famoso tu nombre, que será una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que
te maldigan”.3 Así pues, la Roca es en verdad una piedra de toque.
Si el entorno de la Puerta Dorada es un espacio de
discusión, la Mezquita al-Aqsa, cuya pared oeste, por el exterior, es nada más
y nada menos que el Muro de las Lamentaciones, es uno de los escenarios más
sangrientos del conflicto palestino-israelí. Para los judíos, el lugar ocupado
por la Mezquita y la explanada que la alberga, edificada tras la muerte del
profeta en el año 632, es exactamente el sitio donde Salomón (965-928 a.c.)
construyó el Primer Templo que sería destruido por el conquistador Nabucodonosor
tras la caída de Jerusalén en el 586 a.c. Más tarde Herodes el Grande (37-4
a.c.) edificó el Segundo Templo que los romanos derribaron el año 66 de nuestra
era, tras una revuelta judía. Ahora, en pleno siglo XXI, los Fieles del Tercer
Templo encabezan una campaña cuyo fin es reconquistar la totalidad del Monte
Moriah4 que es la colina sobre la que se levanta la Mezquita
al-Aqsa. Esta colina, en el período bizantino (324-640) era un basurero. Tras
la muerte del profeta, el Califa Umar Ibn al-Jattab ordenó limpiar el área
encontrándose con la imponente Sagrada Roca. Los fieles musulmanes lloraron de
alegría y cuando se les secaron las lágrimas iniciaron la construcción de la
primera mezquita en el Monte Moriah. Más tarde se construirían los recintos de
la Sagrada Roca y de al-Aqsa, de ahí la denominación
"Explanada de las Mezquitas".
En un área reducida, donde creencias y pasiones chocan
con violencia extrema, se juega el futuro del conflicto palestino-israelí.
De modo que cuando el 28 de septiembre de 2000, Ariel
Sharon, protegido por cientos de policías irrumpió en la Explanada de las
Mezquitas para reivindicar la soberanía israelí sobre el lugar sabía
perfectamente que ese gesto desencadenaría una respuesta popular palestina: una
Intifada.5 Su presencia no fue sino una provocación calculada:
inició una partida de ajedrez, siguiendo las normas más elementales de la
Teoría de los Juegos que consiste en hacer un movimiento calculando con
precisión que otros movimientos harán los adversarios. Su propósito era romper
con lo que quedaba del ya frágil proceso de paz acordado en la ciudad noruega
de Oslo y conducir el conflicto al borde del precipicio.
Sharon nunca creyó en los acuerdos de Oslo, a pesar de
que dichos acuerdos eran favorables a las tesis israelíes. Veía en ellos la
lógica implícita de un estado palestino que antes o después debería ser motivo
de negociación y prefirió dinamitar el proceso de paz en un momento en el que
éste estaba ya bastante desacreditado entre el pueblo palestino. Para lograrlo,
violentar la Explanada de las Mezquitas era el método más seguro. Por algo ha
sido escenario de matanzas.
Desde junio de 1967 la Explanada de las Mezquitas está
sometida a un férreo control israelí. En los recintos de las dos mezquitas
dicen que hay guardianes palestinos desarmados, pero como mis tres intentos de
acceder a la explanada han cosechado otros tantos fracasos no he podido
comprobarlo. Los fieles musulmanes entran y salen por las dos puertas del lado
norte que dan a la calle Nuestra Señora de María, siendo los viernes el día en
que una multitud llega de los barrios de Jerusalén Este, para orar y para
fortalecer su resistencia al ocupante. Sin embargo fue un domingo de abril de
1982 cuando un judío llegado de Estados Unidos, Alan Goodman, entró por la
puerta de al-Ghawanima armado con un M-16 y comenzó a disparar sobre los fieles
musulmanes. En lugar de neutralizar al asesino, soldados israelíes se sumaron a
la matanza disparando desde azoteas y desde el Monte de los Olivos. Los
muecines, desde la megafonía de al-Aqsa llamaron a la población palestina de la
ciudad vieja para que acudieran a defender el sagrado lugar. Musulmanes y
cristianos palestinos cerraron sus tiendas, abandonaron sus empleos y sus
compras y corrieron hacia la Explanada de las Mezquitas donde fueron recibidos
a balazos por el ejército israelí que ya había tomado posiciones. Doce muertos
y cien heridos palestinos fue el saldo de unos hechos que dieron origen a
manifestaciones populares masivas en los Territorios Ocupados. A partir de esa
fecha los asaltos armados protagonizados por judíos ultraortodoxos se han
sucedido, siendo de destacar el intento de voladura de las dos mezquitas que
ocupan la explanada por un grupo de unos cuarenta israelíes que intentaron
penetrar en el recinto a través de túneles subterráneos. Fue el 11 de marzo de
1983. Los jueces absolvieron a los asaltantes.
La ocupación de Jerusalén en junio de 1967 dio lugar a
que el parlamento israelí, el Knesset, aprobara una Ley de Protección de los
Santos Lugares que hace del gobierno el guardián arbitrario de los mismos. La
ley consumó la apropiación del Muro de las Lamentaciones para los judíos.
Cuentan los historiadores que en la mañana del 7 de junio los soldados judíos,
precedidos de tanques que entraron en la ciudad vieja por la Puerta de San
Esteban, se precipitaron a la conquista del muro empujados por la espera de dos
mil años. Durante años, arqueólogos y militares han buscado con ahínco restos
del Segundo Templo. El resultado es igual a cero. ¿Qué decir del Arca de la
Alianza, el gran tesoro protegido por Salomón?6 Hoy
día es un buen argumento para el cine de aventuras. Pero los Fieles del Tercer
Templo no se rinden. Seguirán asaltando la Explanada de las Mezquitas.
Sin duda, desde lo alto del Monte de los Olivos, la
vista de la vieja ciudad desvela que es más que un lugar.
La ocupación
El conflicto israelí-palestino es en realidad la
historia de una ocupación. Una ocupación que impulsa y extiende la colonización
con el objetivo de sustituir a un pueblo por otro. Una colonización que
pretende la inversión forzada de la demografía a través de la deportación de
centenares de miles de palestinos, mediante guerras, confiscaciones de tierras,
viviendas y propiedades y acciones punitivas de castigo -ya hay cuatro millones
fuera de su tierra, en el exilio-; la negación a su retorno y la importación de
judíos de todas partes del mundo.
Sólo en el año 2001 el gobierno israelí construyó 34
nuevos asentamientos de colonos en territorios palestinos de Cisjordania.
Entender que se trata de una ocupación es fundamental
para contextualizar la dialéctica de la violencia: se trata de la violencia de
los conquistadores contra la resistencia de los ocupados. Se podrá discutir si
determinadas resistencias de los ocupados son convenientes e incluso éticamente
admisibles, pero no cabe duda que es la violencia sistemática delpocupante a lo
largo de los últimos 55 años la culpable de la tragedia: castigos colectivos,
matanzas, la destrucción literal de 536 poblaciones palestinas en 1948, la
demolición de casas en nuestros días, la ocupación de tierras y propiedades
palestinas y su confiscación, los saqueos, los cierres herméticos de ciudades y
pueblos a lo largo del tiempo, las detenciones masivas... Estas son medidas
visibles a las que hay que añadir otras más sutiles que también tienen un
efecto devastador: la negación de permisos de construcción o para negocios en
Jerusalén, la imposibilidad de acceder a las fuentes de agua, la propia
frustración de sentirte prisionero en tu tierra. Lo que está ocurriendo es una
barbaridad que supera toda capacidad de entendimiento. "El Kamikaze
palestino es una consecuencia de la represión Israelí. La ideología compartida
por los Kamikazes es que el pueblo palestino no se dejará masacrar y que
también la población civil israelí será víctima de las políticas de su
gobierno. Esta estrategia revanchista ha permitido a Israel generalizar la
represión y legitimarla bajo la excusa de "lucha contra el
terrorismo".7 Esta es una espiral realmente infernal en la que no
hay dos bandos simétricos implicados, sino un Estado que proyecta todo su
enorme poder contra un pueblo sin Estado privado de armas eficaces para
defenderse.
Cuando se retiren los tanques y se levante el asedio
sobre las poblaciones palestinas reocupadas, nos echaremos las manos a la
cabeza. ¿Qué objetivo antiterrorista se cumple destruyendo las alcaldías, las
clínicas, las escuelas, los edificios de los ministerios palestinos, varios
institutos especializados en derechos civiles, estaciones de radio? ¿Qué
objetivo antiterrorista se cumple destruyendo la ciudad vieja de Nablus,
patrimonio histórico de la humanidad y que equivale en sentido figurado a una
destrucción de Venecia?
¿Por qué el ejército israelí destruye todo a seres
comunes y corrientes por el solo hecho de ser palestinos? Tantos seres humanos
enterrados en fosas comunes, tanto cientos de desaparecidos, tanto niños
huérfanos a la intemperie entre las ruinas... ¿Cómo es posible que las víctimas
de los nazis alemanes constituidos ahora en verdugos apliquen castigos
colectivos, mostrando una conducta racista propia de quien cree ser el pueblo
elegido por la providencia divina? Golda Meir en 1967, respondió así a una pregunta
de un periodista del Sunday Times: "¿Palestino? qué es eso. El pueblo
palestino no existe". Ellos no existen. La cuestión es tan grave como
sencilla: el terror israelí no persigue sólo matar, desea también destruir todo
aquello que pueda constituir la base de un futuro Estado palestino: destruir su
sociedad, sus infraestructuras (carreteras, torres eléctricas, cableado
telefónico, bombas de agua) sus autoridades, sus símbolos. Su terror humilla y
ataca permanentemente a la identidad palestina.
Un ejemplo de la vileza israelí: La ciudad de Jaffa,
hoy día pegada a Tel Aviv, tiene su origen hace cinco mil años. Como un balcón
sobre el mediterráneo su puerto fue el arco de entrada en Palestina de
civilizaciones, de comerciantes y navegantes, de invasores. En Jaffa plantó sus
reales el mismísimo Napoleón. Una ciudad palestina de sabor antiguo, de cultura
nacional y a la vez cosmopolita. Una ciudad de hondas raíces que podemos
visualizar en su legado artístico, en sus manifestaciones literarias, en sus
mezquitas. Jaffa, ciudad en la que vivían setenta mil palestinos fue
conquistada y anexionada a Israel en la guerra de 1948.
Sus pobladores fueron expulsados y los que hicieron
frente a la ocupación murieron o fueron hechos presos y más tarde obligados al
exilio. Hoy Jaffa es una ciudad judaizada.
Uno de sus barrios de arquitectura más atractiva ha
sido convertido en hogar de artistas judíos. Pues bien, en Jaffa hay un
promontorio desde el que se divisa un mar testigo de tanto dolor. En el
promontorio un monumento en forma de gran placa de bronce. En la placa el
siguiente título: "Historia de Jaffa" Y la historia comienza así:
"Jaffa fue liberada en 1948..." Nada de los cinco mil años de la
ciudad. Como si no existieran. Jaffa existe oficialmente desde 1948. Esto es la
ocupación.
¿Con qué razones puede el ocupante israelí ofenderse
ante la resistencia del ocupado y pretender aparecer como víctima? Podemos
preguntarnos : ¿cuándo es legítimo el uso de la violencia? Si la respuesta es
nunca ¿por qué se demoniza la violencia palestina mientras la israelí se eleva
a la categoría de represalia a modo de autodefensa? Y si la respuesta es
"sólo en caso de autodefensa" ¿por qué no se
admite esa calificación para la resistencia del pueblo ocupado? Curiosamente el
terrorismo es considerado arma de los débiles palestinos porque los fuertes
israelíes controlan el sistema doctrinario y su terror no cuenta como
terror.pLos atentados suicidas, indiscriminados, no son precisamente espejo de
valores que debiéramos impulsar para hacer un mundo mejor. Pero esos atentados
se han de contextualizar en un ambiente psicológico colectivo de desesperación
por la larga ocupación militar israelí de 55 años y la barbarie sistemática
etnicista y racista que implementan los sionistas. A finales del año 2002 un
suicida palestino cometió un horrible atentado en la ciudad israelí de Haifa
matando a 15 ciudadanos israelíes. Un atentado indiscriminado y condenable que
sacudió a la opinión pública. Sin embargo, durante las ocho semanas anteriores
sin atentados, el ejército israelí había matado a 140 palestinos en un goteo
diario que parece formar parte del paisaje natural de Cisjordania y Gaza.
¿Cómo le podemos llamar a lo que viene ocurriendo
desde hace 55 años en los territorios ocupados? Israel controla completamente
Palestina, convertida en una geografía de cientos de islotes que como manchas
de leopardo hacen imposible que los palestinos tengan un territorio continuado.
La infraestructura de la ANP que apenas tiene autoridad sobre un16%
del territorio está siendo destruida. El ejército
israelí controla las entradas y salidas de villas y ciudades palestinas. La
ciudadanía palestina sólo puede moverse de un sitio a otro con permiso israelí.
Todos los puntos de salida al mundo exterior son controlados por Israel. La
economía Palestina está asediada, dependiente de los permisos de Israel para la
entrada y salida de productos. Los asentamientos de colonos, ahora 170,
aumentan y una red de carreteras los unen, dejando a los palestinos como
extranjeros en su propio país. La policía palestina surgida de Oslo está bajo
fiscalización israelí en cuanto a número de efectivos y armas. El propio
presidente Arafat se encuentra confinado en Ramhalla, asediado.
La ocupación progresiva
He dicho que esta es la historia de una ocupación. La
ocupación se ha desarrollado históricamente en varias fases.
La primera Aliya a Palestina se produjo en el
período 1882-1903 con judíos provenientes sobre todo de Rusia, antes de la
elaboración del proyecto sionista de Herzl. Era una estrategia silenciosa de
infiltración que a finales del siglo XIX bajo el impulso del Congreso Sionista
de Basilea en 1897 tomó mayor impulso. En 1903 habían llegado 25.000 judíos
apPalestina. El sionismo no fue bien recibido entre los judíos que se
encontraban asentados en Jerusalén, judíos mesiánicos que afirmaban que Israel
como entidad política no puede existir hasta la llegada del Mesías. Entonces
Palestina estaba ocupada por el Imperio Otomano con cuyo sultanato negoció el
propio Herzl el apoyo a la creación de un hogar judío en Palestina a cambio de
desarrollar la zona con los fondos de la rica comunidad judía. Si hubo acuerdo
éste no funcionó por el inicial rechazo de las familias capitalistas judías al
proyecto sionista.
La idea de formar un Estado judío se había fortalecido
en un ambiente de nacionalismos imperantes en Europa. Pero inicialmente, los
judíos que encabezaban el proyecto no pensaron curiosamente en Palestina, tal y
como afirma Charles Zorgbibe8. Pensaron en Argentina, con mucho territorio
despoblado. Argentina fue propuesta por las familias hacendadas judías -como
los Hirsch – que la consideraban una zona más rica. Cuando vieron inviable la
idea manejaron la posibilidad de Egipto. Wadi El Arish – Península del Sinaí,
Egipto – fue propuesta por Herzl a los británicos como escala previa para un
segundo éxodo a la Tierra Prometida, pero fue rechazada por los británicos
pensando que generaría inestabilidad en la zona del Canal de Suez. Luego se
plantearon la posibilidad de la isla de Chipre lo que fue desestimado por Gran
Bretaña que hizo la contraoferta de Kenia, aunque por un error de localización
geográfica se mencionó Uganda. Herzl defendió la idea en el VI congreso
sionista de 1903 pero fue rechazada. A la muerte de Theodor Hertzl el liderazgo
de Jaírn Weizmann, de acuerdo con los británicos, definieron Palestina como el
Hogar Nacional para el pueblo judío.
Ciertamente Gran Bretaña fue clave en la formación del
Estado de Israel. La declaración del ministro de exteriores Lord Balfour en
1917, al decir que los judíos deben tener "Un Hogar Nacional en
Palestina" desencadenó una oleada de entusiasmo en los medios judíos de
todo el mundo.9 Cuando Gran Bretaña asumió el mandato de tierras
palestinas tras la derrota del Imperio Otomano, de Alemania y del Imperio
Austro-Húngaro en la primera guerra mundial, favoreció que oleadas de judíos
llegaran a Palestina. Los judíos siguieron la estrategia de comprar tierras con
el apoyo del Fondo Nacional Judío que disponía de capitales de los lobbys de
Europa y Estados Unidos.
En la década de los 30 la política británica dio un
giro táctico restringiendo la llegada de inmigrantes por vías ilegales, pero ya
los judíos no estaban dispuestos a retroceder.
Organizaron un ejército secreto, la Haganá;
surgió una organización llamada Irgún, especializada en atentados.
También se organizaron otros grupos terroristas como Stern o Lehi. Las bombas
iban contra los ingleses y contra los árabes. Después, lo ocurrido en Alemania
con el holocausto nazi, rompió la resistencia británica. Estados Unidos se puso
a la cabeza, presionado por el lobby judío norteamericano y las grandes
potencias europeas dieron un Estado a Israel por varias razones: para lavar la
conciencia de lo ocurrido en la Alemania nazi; y para crear un Estado
occidentalizado, aliado, que jugara el papel de futuro gendarme en la región,
guardando el canal de Suez, asegurando vía libre hacia la India y controlando a
los países petrolíferos.
La partición
En 1947 la ONU sancionó la partición de la Palestina
histórica, otorgando el 56% al futuro Estado de Israel y el 44% al futuro
Estado de Palestina. La UNSCOP -Comisión Especial de Naciones Unidas para
Palestina-, encargada de elaborar ese Plan hablaba de Estado judío y Estado
árabe. La reacción del pueblo palestino y del mundo árabe fue la no aceptación
de una solución política que creaba un estado artificial como modo de
resolución de un problema que afectaba a Occidente tras el holocausto judío en
la Alemania nazi.
En 1948 Israel se apoderó de la mayor parte de la
Palestina histórica, destruyendo nada menos que quinientos treinta poblados
árabes.10 En ese tiempo 750.000 palestinos fueron expulsados de
sus hogares: son parte de los cuatro millones de refugiados actuales que no
pueden volver. La guerra de 1948 permitió a Israel aumentar el territorio bajo
su dominio, pasando del 56 al 78%. El resto, el 22%, quedó en manos jordanas y
egipcias, hasta la guerra de 1967.
En 1967, durante la guerra de los seis días, Israel se
apoderó también de la Cisjordania que se encontraba entonces bajo
administración jordana, y de la franja de Gaza que estaba ocupada por Egipto.
La ocupación total se prolongó hasta los acuerdos de Oslo.
Fue la Intifada de 1987-1992 la que obligó a los
israelíes a buscar un camino negociado, si bien en ello pudo influir la
necesidad de normalizar la situación de Israel una vez acabada la Guerra Fría,
sin modificar en lo sustancial su ocupación de los Territorios palestinos.
Oslo
Delegados del gobierno israelí y de la OLP negociaron
en secreto desde enero a septiembre de 1993 en la ciudad de Oslo. Antes de que
comenzara el diálogo patrocinado por el gobierno de Noruega, el primer ministro
Yitzhak Rabin se había dirigido a los palestinos en estos términos: “Os vamos a
hacer la oferta más justa y realista que, en nuestra opinión, hoy es posible:
la autonomía, la autogestión, con sus ventajas y limitaciones. No conseguiréis
todos vuestros deseos, pero tampoco nosotros alcanzaremos los nuestros”. Con
esta posición, la delegación judía encabezada por Simón Peres diseñó una oferta
consistente en entregar el control de la franja de Gaza a Arafat. La delegación
palestina aceptó negociar la autonomía de Gaza pero añadió una nueva plaza: Jericó.
Rabin y Peres aceptaron la contraoferta y se comprometieron a retirar sus
tropas de ambos lugares en dos años.
Inicialmente, a pesar de no abordarse temas
principales, los acuerdos de Oslo despertaron en la mayoría del pueblo
palestino una notable esperanza: mejor eso que nada. Por fin la primera
Intifada que duró de 1987 a 1992, daba algunos resultados. Sin duda el
levantamiento popular prolongado contribuyó decisivamente a trasladar a la
Comunidad Internacional un mensaje fuerte a favor del fin de la ocupación
israelí.pFue en Oslo,11 en 1993, cuando Israel concedió a los palestinos una
autonomía -no soberanía- sobre una parte pequeña de aquel 22% de la Palestina
histórica que Israel ocupó en 1967. En Oslo, se acordó que Gaza y Jericó fueran
los primeros territorios bajo competencia de la ANP. La promesa era que para
1999, sería posible el estatus final de Palestina sobre un territorio próximo
al 16% de la Palestina histórica, quedando para Israel el 84%.
En Oslo se dejó a un lado el Derecho Internacional, al
igual que las resoluciones de la ONU, a fin de que todo fuera negociable.
Israel y Estados Unidos impusieron su tesis de que sólo suspendiendo el derecho
internacional sería factible avanzar en las negociaciones.
Los acuerdos de Oslo tampoco contemplaron la creación
de una comisión internacional de verificación de los acuerdos. Visto
retrospectivamente, uno tiende a pensar que la única negociación aceptable
hubiera sido el cuándo va a tener lugar la retirada total del ejército israelí
de los territorios de Gaza y Cisjordania. Pero reconozco que este puede ser un
punto de vista que choca con la realidad.
En Oslo, los negociadores palestinos dirigidos por
Arafat cedieron mucho, mostrando una gran voluntad de llegar a un acuerdo:
1. En primer lugar los palestinos reconocieron
formalmente al Estado de Israel, algo que significa una revolución mental,
política, cultural: el derecho de Israel a ser un Estado con fronteras seguras,
siendo como es un producto colonial. Esta revolución todavía no la ha hecho
Israel que aún no reconoce formalmente el derecho de los palestinos a un Estado
propio y seguro, aun cuando la reciente aceptación de la Hoja de Ruta por el
gobierno supone un reconocimiento implícito, lo que es un primer paso. De modo
que en Oslo hubo un reconocimiento unilateral de una de las partes; por eso
hablo de cesión.
2. La parte palestina renunció a poner sobre la mesa
aquel 44% que en su día le otorgó Naciones Unidas al dividir el territorio para
dos estados.
3. La parte palestina obvió la resolución 242 de
Naciones Unidas que obliga a Israel a regresar a las fronteras de antes de
1967, lo que hubiera supuesto el control palestino sobre el 22% del territorio,
sin someterse a los chantajes israelíes.12
4. En cuarto lugar, Oslo no abordó los derechos de los
millones de palestinos en el exilio que están bajo el amparo de la resolución
194 de la Asamblea General de la ONU. Israel no quiere saber nada de este
asunto, pues reconocer el derecho de los refugiados a volver a sus lugares de
origen pondría en peligro su proyecto sionista de colonización y hegemonía y el
propio carácter étnico judío del Estado de Israel.
5. Oslo no abordó el tema de Jerusalén, bien a pesar
que la parte palestina se conforma con tener su capitalidad en la parte Este de
la ciudad.
6. Oslo no abordó temas importantes como las
fronteras, el control del agua, y el grave asunto de los asentamientos de
colonos judíos levantados en territorios destinados para el control palestino.
Esto último es muy grave. La Cuarta Convención de
Ginebra sobre asuntos de guerra, prohíbe a cualquier potencia ocupante
construir asentamientos en el territorio conquistado.
Es verdad que tras Jericó, la ANP extendió sus
competencias a ciudades como Hebrón, (sólo en la parte H1, que no contempla la
Ciudad Vieja) Nablus, Ramallah, Jenin, Belén, Tulkarem, Qalqilia, Gaza, en
materias de educación, salud, cultura, justicia siempre que no hubiera
implicado un ciudadano israelí, impuestos directos y policía interna. En 1995
un segundo acuerdo dividió Cisjordania en tres zonas: a) la Zona -un 4% del
territorio- donde la ANP ejerce la administración civil y de seguridad interna;
b) la Zona B -cerca del 27%
del territorio de Cisjordania- en donde la ANP ejerce
la administración civil pero comparte con la israelí la materia de seguridad;
c) y la Zona C -cerca del 70% del territorio- donde el control israelí es
absoluto. También se da esta distribución administrativa en la Franja de Gaza,
aunque allí es básicamente Zona A y C.
En tales condiciones ¿qué pasó con los asentamientos
judíos después de Oslo? Desde septiembre de 1993, Israel ha duplicado con
creces su población de colonos en territorios palestinos, añadiendo docenas de
nuevos asentamientos, sobrepasando los 300.000 colonos.
Sólo el año 2001 con Ariel Sharon surgieron 34 nuevos
asentamientos. Es la política de hechos consumados, irreversibles, sobre el
terreno, con el fin de tomar posiciones de fuerza en cualquier negociación y
asegurarse enclaves en el interior del futuro Estado palestino.
Esta ha sido la línea de guerra, no de paz, seguida
por Netanyahu primero, por Barak después y ahora por Sharon. Hay que tener en
cuenta que cada nuevo asentamiento significa un nuevo problema para la paz. En
cierto modo Oslo dio a Israel el derecho a hacer lo que ha querido: seguir
conquistando y colonizando la tierra.
Sin embargo, por el lado de Israel muchos eran los
opositores al plan de paz de Oslo, ya que el sólo hecho de hablar con los
palestinos y reconocer a la OLP era considerado una traición. Yitzhak Rabin
pagó por ello la tarde del 2 de noviembre de 1995 en la Plaza de los Reyes de
Tel Aviv. Yigal Amir, estudiante de clases talmúdicas, le asesinó por la
espalda con dos balas dum-dum por pretender ceder la tierra que Dios
regaló a Abraham a los árabes. Tal vez fue en ese momento en que el primer
ministro se desplomaba hacia delante cuando el acuerdo de Oslo entró en una vía
muerta. Una vía que enterró definitivamente Ariel Sharon el día 28 de
septiembre del 200013. Su acto de invasión de la Explanada de las
Mezquitas, obtuvo la comprensión de Estados Unidos y la mirada resignada de una
Europa insignificante.
El sionismo
La posición israelí, de sus dirigentes, debe
explicarse a la luz de lo que significa el sionismo como motor religioso y
político. Daré tan sólo algunas ideas. Sionismo es una palabra que deviene de
Sión que es el nombre que los judíos dan a Jerusalén. Regresar a Sión es una
idea expandida por las juderías en Europa en el siglo XIX. El sionismo basa su
idea de Estado en datos bíblicos. La primera parte de la Biblia, la Torah (Ley)14 está
compuesta por cinco libros en los que se refiere la historia de la creación, de
los patriarcas, la esclavitud en Egipto y la huída liderada por Moisés hacia el
1300 antes de Cristo (AC). Este tránsito por el desierto duró 40 años, según
los textos, hacia la tierra de Canaán (Palestina) que era la tierra prometida.
La Haggada, libro leído en la noche de Pascua por casi todas las familias
judías del mundo, las incita a sentirse ellas mismas como si hubieran salido de
Egipto:
"Acuérdate que fuiste siervo en tierra de
Egipto" es una frase elegida para endurecer el corazón de los sirvientes.
Naturalmente todo esto es muy controvertido y de ningún modo puede ser pretexto
para un proyecto político, etnicista y racista. Sin duda el mito unifica.
El mito tomó forma política en el ensayo Der
Judenstaat (El Estado judío), obra del periodista y dramaturgo judío
nacido en Budapest y de nacionalidad austriaca Theodor Herzl. El texto afirmaba
que la asimilación de los judíos había fracasado y era el momento de afirmar la
cuestión judía, "una parte de la Edad Media extraviada en nuestra
época".
Herzl defendió su propuesta como la única solución:
hizo del Estado judío una necesidad histórica, la respuesta a un problema
mundial. "El Estado judío se hará, no es ninguna utopía ni un simple sueño
político" afirmaba Herzl.15
El sionismo sería
la expresión concreta que lograría bajar la profecía a la tierra.
Su impulso original lo marcan los trágicos
acontecimientos que golpearon a la sociedad judía en el imperio zarista, a
partir de 1880. El asesinato de Alejandro II, el 13 de marzo de 1881, abre una
oleada de progroms que afectan muy duramente a los judíos rusos. Desde
ese momento, muchos de ellos rompen con el zarismo, ligándose a los movimientos
revolucionarios u optando por la emigración. La gran masa de expatriados se
instalará en los Estados Unidos, pero una parte de ellos se dirigirá a Eretz
Israel (Tierra de Israel, eufemismo de el Gran Israel), donde
construirán pueblos que habrán de formar la base de una sociedad judía
autónoma, cuya motivación era más nacional que religiosa. Pero en los albores
del siglo XX, el balance era aún modesto; 6.000
personas, repartidas en una veintena de nuevas
implantaciones, viven entonces en Palestina, entablando relativamente buenas
relaciones con los árabes de la región.
El sionismo se basa en tres asunciones fundamentales:
a) los judíos son un pueblo: mucho más que una comunidad religiosa (cuestión
nacional); b) el antisemitismo y la persecución es un peligro latente para el
pueblo judío; y c) Palestina (Eretz Israel) fue y sigue siendo la tierra del
pueblo judío. De esta retórica se derivan una serie de supuestos:
Israel se define como un Estado judío. No es el país
de los israelíes sino de los judíos. Esto quiere decir que a Israel pertenecen
todas las personas judías, independientemente del país en el que vivan. Esto
quiere decir en la práctica que un judío de cualquier parte del mundo tiene más
derechos que, por ejemplo, la población árabe que se quedó viviendo en Israel
tras la ocupación. Otra consecuencia es la siguiente: los cientos de miles de
palestinos que tuvieron que huir tras las guerras del 48 y del 67 no tienen
reconocido el derecho a volver a sus casas y recuperar sus propiedades. La
razón es simple: no son judíos. Semejante discriminación racista es permitida
por la llamada Comunidad Internacional.
¿Admitiríamos semejante lógica en el caso de vascos o
gallegos que al calor de la crisis argentina decidieran regresar a la tierra de
sus antepasados, apropiarse de lo que no es suyo y obligar a los actuales
propietarios de bienes y casas de origen extremeño, andaluz, o castellano a un
exilio forzado? ¿Semejante barbaridad en nombre de la pertenencia a un pueblo,
a una raza?
La retórica sionista se apoya también en tópicos para
la creación en Palestina de un estado hebreo. Dice que Palestina siempre fue un
territorio árido poblado por tribus nómadas. La consigna: "una tierra
sin pueblo, para un pueblo sin tierra" cohesiona a los israelíes.
Niega al mismo tiempo la existencia de una identidad palestina, para el
sionismo se trata simplemente de árabes que debieran ser acogidos en países
vecinos como Jordania. ""Ellos tienen 22 países árabes a los que ir, nosotros
sólo tenemos a Israel" se dice en medios israelíes.
El Fondo Nacional Judío administra el 92% de las
tierras de Israel. El FNJ niega a los no-judíos residir o abrir un negocio en
esas tierras. En las escuelas se enseña la máxima de redimir a Israel. Detrás
de este argumento que se apoya en lecturas del antiguo testamento se encuentra
la base de las confiscaciones de tierras. Los palestinos que quedaron dentro de
las fronteras de Israel, una vez acabada la guerra de 1948 suponen cerca del
20% de la población. Pueden votar y ser votados, pero la política discriminatoria
que existe hacia ellos es espectacular; por supuesto no son reconocidos como
palestinos sino como árabes.
Curiosamente el más joven de los movimientos
nacionales que nace en Europa, el sionismo, se atribuye a sí mismo un pasado
sumamente remoto. Este nacionalismo tuvo un gran impulso como respuesta a los
salvajes pogromos cometidos en Rusia y el tumultuoso "casopDreyfus"
ocurrido en Francia.16 Estos hechos llevaron a los líderes del sionismo a
abandonar el ideal de una posible asimilación progresiva del judaísmo en la
población europea.
Israel nació en guerra. Es un Estado militarista que
utiliza la lucha contra el pueblo palestino como un factor de cohesión de su
población que procede de Rusia, Centro-Europa, Estados Unidos, Argentina,
Yemen, Etiopía y otros países árabes y del sudeste asiático. La razón de la
seguridad es el pilar sobre el que se construye toda su política interna y
externa, incluidos sus planes de educación. Para el estado de Israel la Paz ha
sido históricamente un componente de la guerra. Su paz se construye sobre los pilares
del militarismo. El afán de los dirigentes derechistas israelíes es expulsar al
pueblo palestino hacia Jordania. Sólo si esto no es posible, y no parece
posible, están dispuestos a transigir alguna solución.17
Pero cualquier cesión israelí tropieza con un
obstáculo: hay cinco NOES que son cinco razones de Estado: No a la retirada del
ejército israelí hasta las fronteras de 1967; No a la
"creación de un ejército extranjero" en
Cisjordania; No a la partición de Jerusalén; No al desmantelamiento de los
asentamientos de colonos judíos en territorios palestinos; No al retorno de los
refugiados palestinos. Los israelíes se encuentran encerrados en la jaula de su
propio dogmatismo.
En el fondo de esta política agresiva, represora, se
encuentra un discurso ideológico de mucho calado: es el recuerdo del pasado,
del holocausto, el que se esgrime como permanente tentación de la inocencia.
Nada de lo que hagan los judíos, el Estado de Israel puede ser motivo de
sanción o condena. Su terrible pasado de persecuciones les ha redimido para
siempre de toda culpa. Ese es el punto de partida para considerarse impunes,
impermeables a toda culpa. Son los palestinos los únicos responsables de que Israel
mate para sobrevivir.
¿Hay una solución?
Israel ha incumplido 35 resoluciones de Naciones
Unidas sin que por ello sufra sanciones ni presiones significativas. Este
conflicto tiene responsables principales que conviene señalar pues su
resolución no puede abordarse al margen de los hechos. En Sudáfrica se dio una
reconciliación, si bien todo el mundo sabe que los responsables del apartheid
eran una minoría de blancos. En el caso que nos ocupa la responsabilidad del
gran sionismo es evidente, como también hay una responsabilidad de potencias
occidentales por colaboración necesaria.
Sin embargo, israelíes y palestinos siempre estarán
ahí, unos junto a otros. Antes o después deberán encontrar en el diálogo y la
negociación la satisfacción de sus respectivos derechos sin olvidar la
legislación internacional. Una catástrofe humanitaria que nos rompe los ojos
señala miles de muertos y decenas de miles de heridos; una catástrofe política
revela el fracaso de Naciones Unidas para obligar a Israel la aplicación de sus
más de treinta resoluciones; la catástrofe social es extraordinaria como consecuencia
de los castigos colectivos que el gobierno israelí inflige al pueblo palestino;
la catástrofe económica la apreciamos en la destrucción sistemática de las
infraestructuras y propiedades en los territorios ocupados, así como en la
pérdida de empleos y quiebra de empresas.pLos israelíes viven obsesionados por
la seguridad. Muchos judíos inocentes pagan un precio muy alto por la política
agresiva de sus dirigentes. Muchos judíos forman parte de movimientos por los
DDHH y por la paz; son gentes que aceptan a los palestinos y abogan por la
convivencia de dos pueblos con todos su derechos. Hay ya puentes testimoniales,
proféticos, entre movimientos sociales israelíes y palestinos, incluso existen
organizaciones que son mixtas. Los pequeños pasos de algunos movimientos
sociales de ambos pueblos tienen por el momento un mínima influencia en el
rumbo político y militar del conflicto.
Pero nos muestra la fotografía del futuro. Contiene
una idea espiritual y política fuerte que está destinada a abrirse camino: dos
pueblos conviviendo en paz y libertad.
Pero ¿qué ocurrirá si la razón de la fuerza se impone
a la fuerza de la razón y la confrontación continúa? El Estado sionista tiene
todavía mucho margen para seguir matando y destruyendo el tejido social
palestino, pero estratégicamente la resistencia palestina tiene ventaja: es la
expresión de una nación. En cambio el Estado de Israel es un hecho artificial,
un implante, una unidad política edificada alrededor de un ejército de
ocupación. Sólo la guerra mantiene su cohesión. De un millón de personas llegadas
de Rusia, el 35% forma su propio grupo lingüístico y cultural, con sus propios
códigos de conducta social, lo que constituye una distorsión. Si el viajero
pregunta a un soldado israelí venido de Argentina –hay unas 700.000 personas
procedentes de este país- ¿qué hace un bonaerense en este lugar del mundo,
haciendo la guerra a un pueblo que hunde sus raíces en esta tierra?, le pondrá
en un buen compromiso. Lo más probable es que acuda a su origen judío y a una
lectura del Antiguo Testamento que suena a explicación fuera del siglo en que
vivimos. Lo que ocurre es que el gobierno de Israel le ha una ofrecido tierra
que defender.
Un caso paradigmático es el caso del indio andino
Manuel Pérez. Como quiera que es un apellido muy corriente entre los judíos
sefardíes, al hombre le reclutaron convenciéndole que sus orígenes y la tierra
de sus antepasados está en Israel. Le ofrecieron todo lo que no tenía en su
aldea peruana y se lo llevaron con toda su parentela de la misma aldea. Manuel
Pérez descubrió que era judío sin tener ni idea de lo que significaba semejante
palabra. Pero hoy está en Israel y es uno más de los que defienden su nuevo
estatus frente a la amenaza palestina. Mi conclusión es que la locura sionista
no tiene una identidad nacionalpcomparable con la causa palestina; tiene eso sí
la razón de la fuerza. Pero la fuerza de la razón está de parte del pueblo
palestino. En estas condiciones la continuidad de la guerra es la prolongación
del sufrimiento. La solución justa debe venir en primer lugar de la
recapacitación israelí: haciendo la guerra jamás tendrá la paz.
Ventana sobre Hebrón
Hebrón es una ciudad palestina antiquísima, situada a
unos 30 kilómetros al sur de Belén.
Tras la guerra de 1967, un buen día, un grupo de
judíos se inscribieron en un hotel céntrico de la ciudad y se quedaron para
siempre. Ellos fueron los pioneros del asentamiento de 400
colonos que hoy se impone en la mitad de la vieja
ciudad bíblica donde la mitología dice que está enterrado el patriarca Abraham.
En la kasba de la ciudad también viven muchos palestinos que están
sometidos a los toques de queda del Ejército israelí y a las amenazas de los
colonos. Al otro lado de los muros que circundan el asentamiento, 120.000
palestinos se amontonan en los suburbios sin permiso para entrar en el corazón
de su propia ciudad, desterrados. Los cuatrocientos judíos viven en permanente
estado de alerta, paranoicos y armados hasta los dientes a pesar de estar
protegidos por el ejército. Padecen del síndrome propio de quien vive encerrado,
pero no están dispuestos a marcharse: cumplen una misión divina. El barrio en
el que viven se llama Avrham-Avino, un gran búnker de pasos subterráneos. No
trabajan, sólo son ocupantes y su lectura favorita es la Biblia que, según
dicen ellos mismos, les alimenta con razones eternas.
Como bien afirma el escritor Luis Reyes Blanc,18 Hebrón
es el espejo de cómo la religión y la arqueología son un arma política en manos
de los judíos. Efectivamente, la leyenda indica que hace cuatro mil años
Abraham tras salir de su nativa Caldea (Irak) anduvo por diversos lugares de
Canaan19 como nómada, y después se desplazó a Egipto desde
donde llegó a Hebrón para terminar comprando una tumba por 400 shekels de plata
a Efrón para enterrar a su esposa Sara. 20
Esta es la
historia, la leyenda o el cuento al que se agarran los ultranacionalistas
judíos para negarse a abandonar una ciudad en la que según el Génesis vivieron
Abraham, Isaac y Jacob, los tres grandes patriarcas judíos. Muchos judíos
renunciarían antes a Tel Aviv que a Hebrón. De hecho, el rabino Meïr Kahane,
líder del grupo fundamentalista judío Kach, había proclamado en los años 80 el
Estado de Judea, con capital en Hebrón. Por otro lado, en 1929 vivía en la
ciudad una importante comunidad judía que fue masacrada durante la revuelta
árabe de aquel año. Según el Antiguo Testamento en la Cueva de los Patriarcas
llamada Majpelá están enterrados también Isaac, Jacob21 y
sus respectivas mujeres, Sara, Rebeca y Lea. La leyenda judía aún se estira un
poco más y afirma que Adán y Eva, tras ser expulsados del paraíso llegaron a
Hebrón donde murieron. El caso es que sobre Majpelá se levanta una mezquita con
aspecto de fortaleza, llamada Haram al- Ibrahim por los palestinos –lo que pone
de relieve los nexos entre ambas religiones- y que ha sido sinagoga e iglesia
en distintos momentos de la historia, siendo hoy cuarto lugar sagrado musulmán
para lo suníes.22 Se dice que Mahoma descansó en Hebrón en su viaje
nocturno de La Meca a Jerusalén. Además, Ibrahim (Abraham) es también un figura
venerada por el Islam ya que se dice que de su hijo Ismael derivan los árabes
que vivían en aquella época en La Meca, mientras que de su otro hijo, Isaac,
descienden los judíos. De manera que el mismo espacio es un punto de culto de
las dos religiones, pero no precisamente un recinto ecuménico sino de
confrontación.
En la Hebrón palestina, garantizados los derechos del
pueblo palestino a un Estado propio, Majpelá podría ser un lugar de culto de
los judíos a donde llegar como turistas o peregrinos, del mismo modo que
palestinos podrían llegar a las mezquitas de Jaffa, ciudad que forma parte del
Estado de Israel tras la guerra de 1948. Lo que resulta inaceptable y un hecho
provocador es que las creencias religiosas sean excusa para ocupar un
territorio ajeno, asentarse en él y expulsar a su población originaria. Los principios
históricos de los judíos, derivan de creencias religiosas y de fronteras
territoriales bíblicas (o históricas para el sionismo), que según el propio
Estado otorga a Israel el mandato divino que recibieron Abraham y Moisés:
ocupar y apropiarse de toda la Tierra Prometida. Terrible asunto, fuente de
innumerables crímenes de Estado.
Si Hebrón es hoy un lugar de odio es gracias a los
belicosos colonos que tienen al doctor Baruch Goldstein como el Dios al que
imitar. De origen norteamericano, Goldstein celebró a su manera la paz entre
Arafat y Rabin. Seis meses después de los acuerdos de Oslo, se puso su uniforme
de oficial israelí, tomó en sus manos un fusil semiautomático galil y se
colocó en un plano elevado sobre la mezquita de Ibrahim. Apuntó en dirección a
los fieles palestinos que estaban agachados y de espaldas y vació cuatro cargadores
antes de morir el mismo. Soldados israelíes creyeron que se trataba de un
ataque palestino y también dispararon. El resultado, treinta personas muertas,
cuenta Luis Reyes Blanc. Hoy en día, su tumba, situada en la colonia judía de
Kiryat Arbá, es un centro de peregrinación al que no dejan de llegar fanáticos
religiosos, entre ellos muchos norteamericanos que rinden culto a las armas.
Goldstein es un héroe para los colonos judíos que dominan el centro de la
ciudad de Hebrón , paranoicos que educan a sus inocentes hijos en el odio y la
venganza. A fin de cuentas Goldstein llevó a cabo lo que cuenta el II Libro de
Samuel: <<David ordenó a sus servidores que los matasen; les cortaron las
manos y los pies y los colgaron cerca de la piscina de Hebrón>>
En el otro lado, los palestinos de Hebrón han
aprendido a odiar a los judíos. No es de ningún modo extraño que Hebrón sea un
punto fuerte del radicalismo islámico.
La tentación
judía de la inocencia
Quienes hemos visitado Cisjordania desde el inicio de
la segunda Intifada –septiembre de
2000- hemos podido comprobar los métodos del Estado de
Israel para someter al pueblo palestino. Su represión es mucho más que física;
tiene un fuerte contenido de humillación, de venganza dirigida a golpear la
dignidad, las emociones y el mundo espiritual palestino.
Hemos visto en Hebrón como los soldados saqueaban
tiendas, arrojaban las mercaderías al centro de la calle y le daban fuego.
Hemos visto amontonamientos de piedras junto a las carreteras que se dirigen al
desierto de Judea, allí donde hacía sólo días había aldeas y pueblos hasta que
llegaron los bulldozers de los ocupantes. Hemos visto como los soldados
israelíes arrancan los nombres de los pueblos palestinos, como para borrarlos
del mapa y decir "ya no existen", siguiendo la conducta practicada en
las poblaciones arrasadas tras la creación del Estado de Israel para intentar
borrar de la memoria cualquier vestigio de presencia palestina.23 Hemos
visto en Jerusalén como se impide a los palestinos y árabes acceder a zonas que
siempre fueron suyas y que en junio de 1967 fueron apropiadas por el Estado
sionista. Hemos visto en pleno corazón de la ciudad vieja de Jerusalén la casa
–
desafiante- que Ariel Sharon tomó como suya para
afirmar arbitrariamente la judaización sobre la ciudad que fue siempre
multicultural y multireligiosa. Los musulmanes que entran por la Puerta de
Damasco y se dirigen a la Mezquita por la vía principal de Tarik el Wadi tienen
que pasar por debajo de la casa de Sharon, para más humillación. Hemos visto y
padecido los innumerables controles militares que te interrogan, te registran,
te atemorizan, siempre con las armas apuntándote.
Hemos visto ciudades palestinas cercadas por tanques
en primera fila y por los asentamientos de colonos judíos que dominan las
alturas circundantes. Jericó rodeada por ocho asentamientos que vigilan a una población
cautiva en pleno desierto. Gaza, franja cercada por alambradas eléctricas y
altos muros, donde 6.000 colonos y 12.000 soldados dominan el 40% de su
territorio, mientras millón y medio de palestinos viven hacinados en el otro
60%.
Hemos visto lo suficiente como para afirmar que el
Estado de Israel utiliza métodos que los nazis desplegaron contra los judíos.
Pero durante mucho tiempo callamos para no herir susceptibilidades, para no
parecer exagerados. Pero los hechos son los hechos. Las marcas que los soldados
israelíes pintan en los brazos de los palestinos y en las puertas de sus
viviendas en los días de razzias han conmocionado al mundo. Pero sin
marcas, ya los métodos de represión eran y son claramente filonazis. ¿Cómo si
no calificar las redadas indiscriminadas en campos de refugiados, en las
calles, para una vez detenidos durante horas, días, semanas o meses, nunca se
sabe, sin asistencia judicial decidir quiénes son culpables y quienes poner en
libertad? ¿Cómo calificar las destrucciones de casas, dejando a familias sin
hogar, bajo la acusación o sospecha de que algún miembro forma parte de un
grupo de resistencia? Este último método, terrible, es una copia calcada del
utilizado por el Imperio británico durante su mandato.
Aspirando al estatuto de víctima eterna el sionismo
culpa al contrario incluso de sus propios estragos.24 La
invocación de los males sufridos por el pueblo judío constituye la base de un
discurso que pretende un pasaporte de inmunidad perpetua con el fin de ejercer
una violencia despiadada, llamada defensiva, sobre sus enemigos palestinos a
quienes considera
"simplemente árabes que tienen su lugar natural
en Jordania". En Consejo de Ministros del gobierno israelí se vota a mano
alzada la comisión de asesinatos contra dirigentes palestinos, como si de un
acto juramentado se tratara, elevando la decisión a categoría de legítima
venganza, ojo por ojo.
El victimismo israelí sólo habla consigo mismo para
decir: "Tenemos razón, porque estamos solos en una región enemiga".
"Puesto que padecemos tanto los embates del terrorismo palestino somos
nosotros los únicos que podemos dictar lo que es justo; nada nos puede ser
negado". La previa deshumanización del enemigo permite programar cómo
eliminarlo con toda la buena conciencia del mundo. Posición que alcanza la
máxima degeneración del que se declara inocente: "Decido, porque me conviene,
que siendo como somos los perseguidos de la historia tenemos derecho a matar
desde la inocencia". La inocencia se vuelve aquí un ejercicio cínico,
violento, ilegítimo, oportunista.
Estampa de Jabalya
En el mes de octubre de 2002 visité el campo de
refugiados de Jabalya en la franja de Gaza.
Fue en este lugar donde comenzó la primera Intifada un
9 de diciembre de 1987, lo que es recordado por un monumento hecho con un bidón
y unos cuantos palos. Aquella Intifada, en la que fueron asesinados 1206
palestinos -la mayoría de Gaza-, terminó en Jabalya el primero de junio de
1992, día en que los refugiados pudieron iniciar la recogida de montañas de
basura que se habían acumulado durante seis años debido a la prohibición
israelí de retirarla.
Jabalya, como la franja de Gaza, es el objetivo
recurrente del gobierno sionista cuando se trata de tomar venganza. Las
incursiones de tanques y de flotillas de helicópteros artillados con misiles,
han causado en este campo de refugiados decenas de palestinos muertos, entre
ellos un número significativo de jóvenes comprendidos entre los 12 y los 18
años. Los cien mil refugiados de Jabalya viven en un infierno. Sin
posibilidades de autodefensa asisten perplejos y encerrados a su propia muerte.
En Jabalya se vive en el límite de la angustia. Cada
hora que pasa sin un ataque israelí es un tiempo que se le arranca a la vida.
Cuando los militares judíos no tienen claro de dónde proviene el último suicida
vuelven sus miradas hacia Jabalya. Así sucedió a finales del año
2002. Jabalaya fue nuevamente atacada como vendetta,
en respuesta a un atentado cometido por un palestino en la ciudad norteña
de Haifa. ¿Qué pueden hacer los ocupados?
¿Resignarse? ¿Aceptar que los niños y niñas asesinados
por soldados medio-locos y palestinófobos eran terroristas? ¿Aceptar que
mujeres, algunas embarazadas, y ancianos merecían morir bajo la coartada de la
lucha contra el terrorismo? ¿Pueden aceptar los ocupados la constante
demolición de sus viviendas?pRecuerdo a un enjambre de niños y niñas de tres o
cuatro años deambulando entre los escombros de Jabalya. Condenados a sobrevivir
entre la inmundicia, asistiendo a velatorios de otros niños, medio-muertos y
medio-hambrientos, acumulan rabia frente al ocupante.
Ese ejército ocupante formado de soldados sin
escrúpulos que con alguna frecuencia, tiran al blanco por el placer de dar en
el blanco sobre estos niñas y niñas. Me acongoja saber que los niños de Jabalya
cuando cumplan unos años se prestarán como voluntarios para quién
sabe qué atentado en Israel. No tienen nada que
perder.
¿Qué pasa con la impunidad de Israel?
Israel ostenta el record histórico de incumplimientos
de resoluciones de Naciones Unidas, después que terminara el apartheid
sudafricano. Son docenas las resoluciones incumplidas, siendo las más conocidas
la 242 que exige la retirada de Israel a las fronteras de 1967 y la
194 sobre el derecho al retorno de los refugiados.
Otras resoluciones exigen el desmantelamiento de asentamientos de colonos; las
hay que exigen el fin de la expropiaciones de tierras a palestinos; algunas
condenan la anexión unilateral de Jerusalén al estado de Israel. Ninguna de las
resoluciones ha sido cumplida. ¿Qué pasa entonces con la autoridad de Naciones
Unidas y del Consejo de Seguridad? ¿Dónde está el celo de Washington, Londres y
Madrid, para imponer al sionismo el cumplimiento urgente de las resoluciones
que le obligan a retirarse de los territorios ocupados? Y, ¿por qué hay tanto
interés en ocultar hipócritamente que Israel posee armas nucleares en
abundancia?
El 3 de febrero del año 2000 el diputado israelí Issam
Makhoul hizo historia en el Knesset
(Parlamento). Makhoul afirmó que Israel es el sexto
país del mundo en lo que concierne a la cantidad de plutonio de alta calidad en
su poder. Añadió: "El mundo sabe que Israel es un gran depósito de armas
nucleares, biológicas y químicas" Makhoul reconoció que Israel tiene más
de 200 bombas atómicas almacenadas en el desierto de Negev. ¿Se ha dirigido el
Consejo de Seguridad a Israel para que destruya sus armas de destrucción
masiva? No. Y si lo hiciera Estados Unidos vetaría automáticamente dicha
resolución, ya que el asunto que está en juego no es el desarme de Oriente
Medio, sino el desarme de Irak como pretexto para cambiar el régimen de ese
país, poniendo en su lugar un gobierno vasallo de Estados Unidos que aspira al
control del petróleo en el siglo XXI.pCiertamente, en el fondo el desarme de
Irak era irrelevante. No hay pruebas fehacientes de que Sadam Husein tuviera
armas de destrucción masiva y, además, casi todos los países que pueden
tenerlas las tienen. Fue cinismo puro montar una guerra preventiva por el
peligro potencial de Sadam cuando Sharon lo es ya de hecho, ocupando contra las
resoluciones de la ONU el territorio palestino a sangre y fuego. Son dos varas
de medir que van en descrédito del sistema de Naciones Unidas cuya crisis exige
una refundación urgente, so pena de hundirse irremediablemente para gozo del
imperio y del imperialismo que habita en los herederos de Morgenthau.
La vida en un checkpoint
Los 150 controles militares israelíes forman una malla
que cierra Cisjordania y hacen de la región un inmenso campo de concentración.
Actualmente Cisjordania está dividida en 64
enclaves separados, siendo necesarios permisos
militares para ir de un sitio a otro. Los checkpoints no conocen la
compasión. En ellos mueren niños en brazos de sus madres porque los soldados
impiden el paso de ambulancias. En ellos mueren mujeres, desangrándose;
ancianos que no pueden llegar a una clínica; jóvenes heridos de bala. Estos
controles de la muerte acumulan un record en la violación de los derechos
humanos.
Soldados entrenados para no hablar, para no oír, para
no sentir, sólo conocen el lenguaje de las balas y de las órdenes que dan: ¡un
paso más y disparo!
En estos puntos el sionismo muestra un rostro de
venganza. Es el deseo de castigar, no el de la seguridad, el que inmoviliza a
cientos de miles de palestinos encerrados en sus villas y ciudades. No pueden
acudir a sus campos de labranza. No pueden trasladarse a las universidades, a
sus centros de trabajo. No pueden visitar a sus familiares. No pueden, no
pueden.
Los checkpoints son bloques enormes de cemento
que impiden el paso de vehículos y de personas. Son torretas en cuya cima
asoman los cañones de las ametralladoras. Son alambradas y sacos terrero. Son
soldados cuyos valores humanos han sido neutralizados por una política etnicista,
racista y violenta: todo palestino es un árabe enemigo. Matar palestinos en
estos controles está permitido. El gobierno dirá que los vigilantes
respondieron a una agresión, que temieron por sus vidas, que observaron
movimientos muy sospechosos, que los muertos no atendieron a la orden de alto,
que lo soldados dispararon al aire con la mala suerte de que aquellos
palestinos volaban. Un checkpoint es un chollo parapun soldado que busca
en la meritocracia hacerse con un lugar en una sociedad a la que acaba de
llegar hace unos pocos meses con una mano delante y la otra detrás. Ves a un
soldado empujando a una anciana de ochenta años y te entra rabia, vergüenza,
¿qué tendrá en su cerebro este tipo? te preguntas perplejo.
En los checkpoints se pasa miedo. Sobre todo si
ha caído la noche. No vayas nunca deprisa.
Te detienes a cien metros de distancia de las cabinas
desde cuyo interior te apuntan los soldados, no a las ruedas del vehículo ¡te
apuntan a ti! con sus fusiles telescópicos. Esperas su señal, puede ser con una
luz de linterna, puede ser por megafonía, puede ser con un gesto del brazo que
apenas logras ver. Avanzas muy lentamente. Cuando llegas a la altura de las
cabinas te ves rodeado de pronto por soldados que te apuntan, por delante, por
detrás, por los costados. Te hacen preguntas, de dónde vienes, adónde vas, por
qué has ido a donde has ido. Si eres extranjero pasarás el control. Si eres
palestino...quién sabe.
La malla militar de los ocupantes tiene mucho que ver
con el desempleo del 65% que ahora padecen los palestinos. También con la
perdida del ingreso medio familiar de más del 50%
Los checkpoints, junto con los toques de queda,
constituyen el sistema de una padecimiento cotidiano que resulta invisible para
la opinión pública mundial. En los noticieros de televisión y en las páginas de
la prensa la dialéctica de la violencia está asociada a los hechos de armas.
Siempre he pensado que la mayor violencia es la que no se ve. La que entierra
sus muertos en el anonimato. La que destruye la economía familiar. La que
impide vivir dignamente. Y son precisamente los cierres de los pueblos, rurales
y urbanos, de las ciudades, los que fabrican la bomba más destructiva.
En los checkpoints, a veces la vida, a veces la
muerte.
Ventana sobre Belén
Situada a 12 kilómetros de Jerusalén, Bethlehem o
Belén se levanta a 765 metros sobre el nivel del mar. Su distrito cuenta con
una población de 140.000 cristianos y musulmanes, de los cuales 15.000 son
refugiados en los campos de Aida, Beit Jibrin y Duheishe. Ubicada en una
antigua ruta de caravanas, Belén ha sido siempre un crisol donde se fundieron
importantes culturas. Bizantinos, árabes, cruzados, turcos, británicos,
invadieron y gobernaron Palestina dejando huellas imborrables en esta hermosa
ciudad, cobijo de tesoros místicos y legendarios, entre los que destaca la
iglesia de la Natividad que se levanta sobre la gruta en la que se supone nació
Jesucristo. Bajando unas pocas escaleras se accede hasta el pesebre, donde se
respira historia, leyenda, mitos, emociones, un halo espiritual, misterioso,
que afecta incluso a los agnósticos y ateos.
La ciudad, poblada por gentes ortodoxas, católicas,
armenias, musulmanas, ama y protege el pesebre de Jesús, y lo hacen desde el
respeto mutuo, y una tolerancia multireligiosa que es ejemplo para el mundo. El
poeta palestino Mahmud Darwich lo dice así: Mis raíces/se hundieron antes
del nacimiento/ de los tiempos/antes del inicio de las eras/antes del ciprés y
del olivo/antes de la primicia de la hierba.
No puedo dejar de pensar en la ciudad de Belén, tantas
veces raptada por el ejército israelí, para humillación del pueblo palestino y
de los creyentes cristianos en general. Cada vez que la ciudad es ocupada, lo
que sucede con frecuencia, la Plaza del Pesebre que tan bien conozco es
convertida en el centro de operaciones militares de los insaciables israelíes
que gustan de los castigos colectivos y por ello mantienen a la ciudad en toque
de queda, bien bajo la excusa de que un suicida que mató a ciudadanos judíos
era natural de Belén, bienpbajo el pretexto de que un ejército de niños lanzan
piedras sobre los soldados, bien sin excusas ni pretextos.
En la Plaza del Pesebre, frente a frente, se ubican la
Mezquita de Omar y uno de los templos más antiguos de Palestina: La Natividad.
Este último lo construyó en el siglo IV Justiniano sobre las ruinas del de
Constantino, a su vez construido sobre la Cueva del Pesebre donde según la
leyenda nació el Niño Jesús. Basílica cristiana y Mezquita han convivido desde
hace cientos de años en amistosa paz. Mujeres y hombres palestinos se dividen
en la plaza en ambas direcciones, para volver a encontrarse acabados los
oficios como lo que siempre han sido: ciudadanos de dos religiones y de un
mismo pueblo. Asisten a los oficios y luego comparten dulces y conversan
amigablemente en corros separados de hombres y mujeres. Esta Belén ejemplar, de
vocación pacífica, se encuentra sometida sistemáticamente a la represión de un
ocupante, soberbio y matarife, que como un cuerpo extraño violenta el espíritu
de la ciudad y la convierte en objetivo de guerra.
El gobierno de Israel ha herido de muerte varias veces
a Belén. Su acoso a la ciudad intimida a la cristiandad que ya no peregrina a
la famosa Cueva para rezar ante la estrella de plata. Su economía popular
basada en el turismo está muerta. Sus hoteles cerrados por falta de clientes.
Sus calles tomadas por los blindados impiden la vida de la ciudad. Y cuando los
tanques no recorren la ciudad es porque se encuentran a su derredor formando un
cinturón de hierro. A la ciudad los israelíes sionistas le han arrancado un 20%
de su territorio bajo la cortada de proteger la Tumba de Raquel (esposa de
Jacob) a la que sólo acceden colonos ultraortodoxos protegidos por el ejército.
En vísperas del nuevo milenio, la Autoridad Nacional
Palestina elaboró con el apoyo de Naciones Unidas el proyecto "Belén
2000", un proyecto para la humanidad y de encuentro de todas las
religiones, donde lo antiguo y lo moderno se abrazaran rodeados de viñedos,
olivares y aldeas que se extienden hacia el desierto de Judea. El plan no pudo
llevarse a cabo. La ocupación israelí impide la rehabilitación de la
ciudad.pEsta ciudad mártir necesita urgentemente de la solidaridad de esta
Europa que coloca nacimientos en sus plazas ignorando que la Belén verdadera
está siendo de nuevo crucificada. No basta con celebrar un recuerdo, es
necesario decir al mundo que los nuevos Herodes matan todos los días. Hasta el
esplendor de la liturgia ortodoxa, con sus voces de bajos y barítonos, en el
interior de La Natividad, padece de soledad; faltan los fieles y visitantes.
Beit Jala, las líneas de su mano
En el lado este de Belén se encuentra el municipio de
Beit Jala, de mayoría cristiana, donde por todas partes se observa los impactos
y la destrucción producidas por los tanques y morteros israelíes. En mi primer
viaje, con ayuda de mi amigo Adeeb, pregunté a una pareja de ancianos,
visiblemente pobres, por su vida. Pero ellos no hablaron de su pobreza, de sus
carencias materiales; el viejo señaló el asentamiento de colonos judíos de
Gilo, justo enfrente, y nos dijo en árabe: "Allí teníamos nuestros olivos,
pero un día llegaron con sus tanques y sus máquinas y nos expulsaron; allí
teníamos nuestra casa, pero ellos la destruyeron". Entonces la anciana
sacó de sus faldones una gran llave de hierro y anunció con firmeza:
"Cuando ellos se vayan, volveremos a nuestro hogar". Aquellos
ancianos no nos hablaron de sus dificultades materiales, nos hablaron de la
libertad, nos hablaron de su país con las lágrimas asomando por sus ojos. Y yo,
en el segundo día de mi estancia en Palestina, comprendí en el acto el significado
terrible de la palabra ocupación.
Beit Jala es invadida con frecuencia por tropas
israelíes estacionadas en la cercana línea verde. Lo hacen como represalia por
los disparos de francotiradores contra la colonia judía de Gilo, una fortaleza
de cemento que se levanta al otro lado de la ancha quebrada. Gilo fue levantada
en tierras confiscadas al municipio y familias de Beit Jala, dentro del
programa de ampliación de los anillos periféricos de Jerusalén. Centenares de
familias palestinas vieron como los bulldozers de los ocupantes destruían sus
casas y sus olivares en cuestión de horas. ¿Es de extrañar que algunos
palestinos humillados reaccionen disparando al atardecer contra los muros de la
colonia? Nunca han matado a nadie. Tal sólo desahogan su rabia.pBeit Jala vive
en vilo. Cuando las tropas israelíes cercan Belén, lo que sucede a menudo, una
columna de tanques entra por los altos de Beit Jala, desde el asentamiento de
Har Gilo, y pasan justo por delante de la casa de Maha Rumman Saqa y de su
esposo el ingeniero Nader Saqa. Maha es una institución en Palestina. Ella, con
ayuda de su esposo, ha abierto el Palestinian Heritage Center en Belén, el
mejor museo de artesanía palestina que contiene piezas únicas. Maha tiene un
amplísimo conocimiento de la historia de su país, de sus raíces culturales, de
sus costumbres, de la variedad de sus artesanías, de su poesía y literatura en
general. Todo lo ha hecho y lo sigue haciendo sin apenas ayuda, con sus propias
fuerzas y la de su leal compañero que no duda en invertir en el proyecto de
Maha sus moderados ingresos. Ambos son la prueba de una resistencia que se
extiende a todos los ámbitos de la vida. De modo de ser pacífico, amantes de la
música clásica, enamorados de la buena conversación, están plenamente
convencidos de su labor: mostrar al mundo que Palestina es un pueblo de larga
historia, en cuyo territorio se levanta la que probablemente es la ciudad más
antigua del mundo, Jericó, y en cuyas villas y aldeas hace ya muchos siglos se
producía arte. Es una forma de refutar con pruebas la tesis judía de que los
palestinos no eran otra cosa que árabes nómadas sin conciencia de pueblo. Maha
posee una colección de vestidos que representa a todas las regiones, desde
Nazaret hasta Gaza, desde Jaffa hasta el valle del Jordán. Su museo está
situado en un punto caliente de la ciudad de Belén, junto a la Tumba de Raquel
guardada por decenas de soldados israelíes. Precisamente por ello, visitarlo es
una forma de solidaridad, de resistencia a la que se suma el viajero.
Recuerdo que en un segundo viaje a Palestina Maha nos
regaló una sorpresa. Era un atardecer de domingo, tenso como todos a la espera
de algún incidente armado. Nos condujo a un lugar de Beit Jala, una especie de
centro de jóvenes en el que un cuarteto de cuerda ofrecía un concierto de
música clásica árabe. En el pequeño local no cabía un alfiler.
En uno de los puntos más conflictivos de Oriente
medio, sesenta personas escuchaban casi con mística las interpretaciones del
grupo jordano-palestino. Era de poner los pelos de punta. En esos momentos para
aquella gente no había nada más en el mundo, ni siquiera guerra. Era la pasión
por la música que lo llenaba todo y llenaba las regiones de sus almas.
Sé que afuera, junto a la puerta, había una vigilancia
permanente por si era necesariopdesalojar a toda prisa el local. Pero quién
sabe. Adentro se vivía con palabras no-dichas el esplendor momentáneo de la
libertad. Sólo había oídos para la música.
Fayez Saqa es el hermano de Nader, el esposo de Maha.
Aunque joven es un veterano de Beirut. Él nos inició en la aventura de
Palestina. Nos guió los primeros pasos, nos regaló los primeros consejos. Vive
para y por Palestina. Hay algo en él que me admira: habla con igual firmeza que
dulzura. Su dedicación a la causa de su pueblo le obliga a vivir en un difícil
equilibrio. Pero nunca le oyes quejarse, ni siquiera ante los amigos. Es uno de
esos ejemplos que dan sana envidia y te hacen pensar que te gustaría ser él.
Fayez se casó con una vasca, Begoña, y tienen un hijo y una hija que son el
resultado de una bonita mezcla:
muy buena gente con carácter. A Fayez casi lo mata un
helicóptero apache en una calle de Beit Jala. Durante uno de los
frecuentes ataques acudió en auxilio de un grupo de personas indefensas. El
tirador lo vio, el helicóptero hizo un giro para tomar la mejor posición y le
disparó a discreción. Fayez consiguió tirarse rápidamente junto a un pretil que
hizo las veces de escudo, logrando salvar la vida. Una vez más. En cambio, un
doctor alemán, una de esa personas buenas que circulan por el mundo practicando
el humanismo, quedó tendido en el suelo, para siempre.
El pianista de Ramallah
Cada día, al atardecer, en su vivienda perfumada por
los naranjos, el doctor Ibrahim se sienta ante su viejo piano de marca checa, y
con los ojos cerrados sus dedos recuerdan viejas melodías palestinas y
libanesas. Nunca falta a la cita, incluso en aquellos días aciagos en que puede
ver a los tanques israelíes desde la ventana, listos para matar. Precisamente,
en esos días, el doctor Ibrahim alarga su concierto haciendo del mismo un modo
de resistencia al invasor. Su mujer se llama Sarifa y es como él sexagenaria.
Siempre atenta, sirve el té muy cargado de menta a su pianista de toda la vida,
mientras escucha cada tarde esa música que le hace olvidar momentáneamente la
tragedia.
El doctor Ibrahim ha hecho de su piano un arma de
lucha. Sus vecinos le escuchan cada tarde como nosotros hace años escuchábamos
Radio París, la BBC, Radio Euzkadi y Radio Pireanica. Cuando la calle lo
permite abren las ventanas para que las melodías alegren los oídos y las
regiones del alma. Cuando los tanques invaden la calle, las ventanas se cierran
a cal y canto, y la gente recuerda mentalmente la música porque necesita vivir.
Hace unos días recordé al doctor Ibrahim durante la
proyección de la película El Pianista de Polanski. Confieso que no pude
evitar hacer un ejercicio de comparaciones. Imaginé el gheto de Varsovia como
un lugar de Gaza o Cisjordania poblado por palestinos y vi en los verdugos
alemanes a los actuales soldados israelíes. Hermané por mi cuenta a los dos
pianistas y vi en ambos esa combinación de angustia, miedo, deseo de vivir y
esperanza.
En la película podemos ver a pelotones hitlerianos
irrumpiendo sin piedad en las casas de los judíos, destruyéndolo todo. Hoy, en
los territorios ocupados, la soldadesca israelí derriba las puertas de las
casas, detiene a sus ocupantes y enseguida demolen las viviendaspcon
escavadoras o disparos de tanques. En el gheto de Varsovia los alemanes
marcaban las casas de los judíos, destruían sus comercios y quemaban sus
bienes. Es lo mismo que ocurre en Tulkarem, Hebrón, Nablus, Jenin, Gaza, en
Ramallah. Polanski reconstruye los hechos y en ellos vemos a miles de judíos
obligados a refugiarse en un pequeño territorio de Varsovia, rodeados de
alambradas y de muros, en una gran prisión al aire libre.
Exactamente así es hoy en día la situación de millones
de palestinos en Cisjordania y Gaza:
cerradas sus poblaciones no pueden moverse y para más
escarnio deben soportar incursiones sistemáticas de columnas de tanques que lo
destruyen todo. Lo he escrito en otras ocasiones: el gobierno de Israel utiliza
métodos nazis. Viajar por Cisjordania con los ojos bien abiertos, sin
prejuicios ni ideas preconcebidas, es suficiente para detectar la villanía de
los sionistas en el poder. La grandeza se mide por la cantidad de verdad que se
sea capaz de soportar.
El pianista de Varsovia no puede entender la
persecución que sufre por el hecho de ser judío. El pianista de Ramallah no
puede entender la ocupación que sufre su pueblo al que, además, se le condena
por ejercer su derecho a la defensa. Realmente esto último no es asunto que
tenga que ver con el entendimiento, con la razón, sino con la fuerza. Quien
tiene la fuerza determina las reglas del juego y administra la doctrina. El
sionismo tiene armas nucleares, aviones último modelo, infinidad de tanques y
decenas de miles de mercenarios que pasan por ser judíos a conveniencia del
Gobierno. Con semejante fuerza se permite el lujo de imponer una primera
condición al pueblo ocupado: "Dejen de utilizar las armas y poco a poco
nos iremos". Es verdad que la primera preocupación de Israel es la
seguridad y el primer peligro los atentados suicidas. Pero si éstos acaban, la
condición sionista seguirá vigente pues tampoco consiente la resistencia del
ocupado en los propios territorios que sus tropas ocupan. ¿Prepotencia? ¿O quizás
una estratagema para no abandonar jamás Samaría y Judea, ya que no es posible
esperar que las armas palestinas callen por completo cuando se trata de
defender sus tierras y ciudades? Esta condición israelí ha contaminado ya la
famosa Hoja de Ruta. Un plan que, significativamente, para que pueda
avanzar pone en suspensión las resoluciones de las Naciones Unidas siempre
incumplidas por Israel.pLa película de Polanski me emocionó, me impactó, me
hizo tomar conciencia una vez más de un episodio de la historia europea que
jamás debería repetirse. El Holocausto nazi no sólo fue escalofriante por el
enorme número de víctimas que generó, sino porque además supuso la
representación de una política sistemática de exterminio, sostenida en la
creencia de la superioridad espiritual y racial del pueblo ario. El caso es que
es igualmente tremendo que los sionistas se comporten como rentistas del
Holocausto –tomando las palabras del escritor Saramago-, para reproducir
con sus víctimas palestinas valores y métodos repugnantes. Como los arios se
creen elegidos por Dios. Como los arios están convencidos de que la espada y la
sangre es el método aprobado por su Dios para exterminar al contrario.
Los sionistas ejercen la tentación de la inocencia, es
decir la impunidad permanente, mediante el recurso a las persecuciones
sufridas. Su Dios es un Dios cruel, violento, impositivo, excluyente, inhumano.
Arios y sionistas no son sino la expresión del fracaso del género humano.
No sé como hubiera actuado hoy el pianista de la
película de Polanski. Pero me hubiera gustado que él no fuera sionista, que
fuera un judío –como hay muchos- humanista y solidario, dispuesto a tocar a
cuatro manos con el doctor Ibrahim, los dos sentados frente al viejo piano de
Ramallah, compartiendo la tierra y la vida. Los imagino y quiero ver en esa
escena la fotografía del futuro.
Estampa de Jenin
En el campo de refugiados de Jenin vivían 14.000
personas hacinadas en unos cientos de metros. Ahora, una montaña ondulada de
piedras y hierros retorcidos es lo que queda de doscientas casas que fueron
literalmente destruidas por los 300 misiles e innumerables obuses de tanques
que los israelíes dispararon durante once días en la primavera de 2002.
Otras trescientas casas permanecen en pie, agujereadas
y con señales de incendios.
Caminamos con dificultades por entre las ruinas, miles
de toneladas de escombros que forman una inmensa tumba que todavía meses
después despide un hedor a matanza. Nadie sabe qué puede haber quince metros
más abajo. Familias enteras mueven cascotes, ladrillos y piedras con las manos,
al tiempo que algunos niños deambulan sin rumbo. Vemos mujeres sentadas,
inmóviles, como si ya formaran parte del paisaje estático de la tragedia.
Sus ojos miran sin mirar, inmutables al paso de los
visitantes. Como estatuas, esperan.
Algunas familias han levantado champas de plástico y
sobre colchones viven en el punto exacto de la que fue su casa. Se han contado
58 muertos debidamente localizados, pero hay
300 personas desaparecidas que nadie sabe en Jenin si
fueron llevadas por los soldados israelíes o permanecen enterradas. Nos lo
cuentan los testigos: Obligaban a la gente a salir de sus casas sin ropa,
maniataban a los hombres sospechosos, y las familias reunidas a una cierta
distancia veían como los tanques terminaban la obra iniciada por los misiles
lanzados por los helicópteros. El joven Mohamed era paralítico y no pudo
escapar a tiempo. Hoy, su silla de ruedas permanece colgada de una pared
tambaleante, como una denuncia, como un grito. El caso de Mohamed me trae el
recuerdo de Naim, un discapacitado psíquico de Beit Jala al que mataron de un
disparo en la cabeza por no respetar el toque de queda. Naim murió sin saber
qué es un toque de queda.pEn la municipalidad de Jenin –un pueblo de unos
15.000 habitantes al que se adosó el campo de refugiados con gentes procedentes
de Galilea-, el alcalde Abu Muweis nos muestra fotografías. Un hombre ya mayor
salvajemente torturado antes de ser asesinado. Un niño literalmente destripado
por un obús. Una joven con unas formas sanguinolentas en lugar de cabeza. La
imagen de una mujer aterrada. Una anciana huyendo despavorida. Los pedazos de
un hombre reventado por un misil. Una colección para entregar a la misión de investigación
de las Naciones Unidas que nunca vino, porque Ariel Sharon manda más que el
Consejo de Seguridad, al menos en este asunto. El primer ministro sionista no
teme justificar el número de muertos cazados en Jenin; su temor radica en tener
que explicar lo que escapa a todo entendimiento. El campo arrasado, objetivo
civil inmenso, no puede ser explicado desde el pretexto de luchar contra el
terrorismo. En realidad, los resultados de esta campaña militar fanática
demuestran que el objetivo principal del gobierno israelí no era el
apresamiento de miembros de Hamas25
y de milicianos de
Al Aqsa sino el de aterrorizar a los habitantes de Jenin, empujándoles al
exilio, y de paso dinamitar todos los puentes del proceso de paz iniciado en
1993 en Oslo, teniendo como blancos principales, de un lado a la Autoridad
Nacional Palestina, al liderazgo de Arafat, a sus infraestructuras y equipos, y
del otro a la propia sociedad palestina y sus bienes colectivos y familiares.
Tender un puente entre las dos orillas
LA ORILLA ISRAELÍ. Ariel Sharon tiene una tendencia
innata a empujar el conflicto al borde del precipicio. Sabe que la mesa de
negociaciones es un mal escenario para los propósitos colonizadores del
sionismo. Negociar significa ceder en algo, transigir, algo que es contrario a
la misión de conquista total. Los acuerdos de Oslo concedieron a los palestinos
bantustanes (prácticamente cada pueblo y cada ciudad), sobre todo dentro
de Cisjordania, inmovilizados por la presencia de colonos y soldados israelíes
a cada pocos kilómetros. Fue un acuerdo muy favorable para los intereses
sionistas que incluso multiplicaron el número de asentamientos de colonos en
los territorios ocupados, pero aun y así, como todo proceso de paz negociada,
Oslo era el germen potencial de un futuro peligro:
el Estado palestino, antes o después ocuparía el
primer lugar de la agenda. El Estado que Arafat había prometido a su pueblo
para septiembre del año 2000, mes y año en el que Sharon penetró violentamente
en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén en un acto de provocación que
daría comienzo a la segunda Intifada palestina. Desde entonces, derrotados en
las elecciones Ehud Barak y el Laborismo, la obra de Sharon ha consistido en
hacer la guerra para deshacer el nudo negociador y ha cumplido con creces su misión.
En realidad las contradicciones entre la derecha y el
laborismo sionista se mueven en un campo limitado por la razón de Estado basada
en la idea de seguridad; las disensiones son de orden pragmático. Para el
laborismo es una buena solución una unidad política palestina que sin llegar a
ser un Estado soberano se presente como un "Estado" subordinado en un
territorio fragmentado por islotes de apenas un 16% del territorio cisjordano.
La lógica del laborismo quiere combinar una paz estable con unas condiciones
sobre las que apenas se escucha disidencia significativa alguna en la sociedad
israelí: un Estado palestino sin ejército y sin control sobre sus fronteras ni
derecho a beneficiarse equitativamente de las fuentes de agua. Así tiene que
ser, porque de lo contrario, en palabras de Perry Anderson,ppor muy bien
protegidos que estuvieran por sus propios perros de guerra ¿cómo podrían
dormir profundamente quienes se han apropiado de la mayor parte de la tierra
palestina? La exigencia sobre la que coincide la mayor parte de la sociedad
israelí, confiesa su crimen original.
Sin embargo, la voracidad del gran sionismo
representado por el partido derechista Likud26
no acepta de buena gana la realpolitik del
laborismo. En el mes de mayo de 2002 votó en la Knesset (parlamento
israelí) una resolución en contra del derecho palestino a un Estado.
Para el gran sionismo no hay lugar para una estructura
política palestina independiente. Lo dice muy claro: "Ellos tienen 22
países árabes a los que marchar, nosotros los judíos sólo tenemos a
Israel". Eretz Israel, la Tierra de Israel, la tierra prometida a Abraham
y a la que se dirigió Moisés conduciendo al pueblo judío desde Egipto. Eretz,
la tierra sagrada no puede tolerar a un Estado extranjero como sería el
palestino (es la lógica de esta ideología extremista que no tolera no ya sólo
un Estado extranjero, sino la presencia de un pueblo extranjero, es decir, no
judío). Una ideología que fusiona lo político y lo religioso hasta el punto de
apoyarse en datos bíblicos para justificar una ocupación progresiva anegada en
sangre es sin duda un serio peligro para la paz. El Likud, cuyo electorado son
los sectores sociales más bajos (muchos son judíos procedentes de países
árabes) cuenta con padrinos internacionales que apoyan su dureza; no es el caso
del sionismo laborista, que tiene una base de judíos procedentes del centro y
este de Europa27, y que ha estado siempre dispuesto a hacer ajustes
temporales de su política para complacer a la Internacional Socialista.
Ahora bien, en honor a la verdad, la gran ofensiva de
Sharon durante dos años no ha dado respiro al laborismo. Simón Peres, cuyo
prestigio es mayor en el exterior que en Israel, no ha sabido o querido
separarse un milímetro del discurso del gobierno y menos aún de los hechos. Su
nuevo liderazgo no ha tenido aún tiempo de recuperar el espacio político que
nunca debió haber perdido. Lo cierto es que el partido laborista ha sido
tragado por la marea nacionalista del gran sionismo que aprovechando el 11 de septiembre
está decidido a estabilizar durante tiempo una política de incursiones
punitivas sobre Cisjordania y Gaza, haciendo inútil las “fronteras” que
delimitaban el terreno adjudicado en Oslo a la Autoridad Nacional Palestina.
Enterrado Oslo el ejército de Israel entra y sale a cada momento en
expediciones de castigo, con el apoyo explícito del patético Peres durante su
estancia en el gobierno de coalición. Es la misma marea que ha devorado al
resto de la izquierda sionista.
Así, el pensador judío Yitzhak Laor advierte que
Intelectuales como Avi Shlaim y Gershom Shafir, que han dedicado años a
desmantelar un edificio tras otro de la mitología sionista oficial han quedado
inmóviles, paralizados ante la fiebre que imputa el cartel de traidores a
quienes osen ejercer la crítica. Es el caso de Yosef Sarid, dirigente del
partido socialdemócrata Meretz (fundado en 1992)28 quien
nos recibió en el parlamento después de haber sido incapaz de votar en contra
de la "ley contra la incitación" que persigue la ilegalización de los
partidos árabes-israelíes (formados por los palestinos que viven en el interior
del Estado de Israel). Sarid fue claro a la hora de responder a una pregunta
que es tabú en Israel: ¿Qué pasó en Jenin? Sarid, quien se sitúa a la izquierda
del laborismo, nos dijo: "Teníamos tres alternativas: meter en el campo
más tropas de tierra para apresar a los terroristas, lo que hubiera supuesto la
muerte de muchos de los nuestros; dejar escapar a los milicianos armados,
terroristas; o bombardear el campo dando tiempo a su desalojo". Sarid y el
60% de su partido apoyaron la tercera solución, si bien se olvida de matizar
que el bombardeo fue más eficaz que el desalojo. Respecto de los palestinos
tiene un punto de vista cuando menos sorprendente: "Son insaciables. Si yo
pudiera asegurar a la sociedad de Israel que tras un acuerdo no harán más
demandas, sería primer ministro". El ocupante afirma que los ocupados son
insaciables.
El problema consiste en que incluso los sionistas más
presentables como Shlomo Ben-Ami, que fue negociador jefe bajo Barak y que es
por cierto una paloma laborista, escribió en
1998 un libro en hebreo en el que indica de manera
exacta su visión del mejor proceso de paz con los palestinos: "El objetivo
es establecer una dependencia colonial permanente para los territorios
ocupados". Tanta sinceridad es reveladora y señala los límites de las vías
diplomáticas. Entre los sionistas el asunto de cómo tratar al pueblo palestino
es cuestión de grado, no se observa conceptualmente hablando ideas de fondo
diferentes. Incluso israelíes como Moshe Dayan –vencedor de la guerra del 67-,
que de todos los dirigentes sionistas puede haber sido el más comprensivo hacia
los palestinos, repetía hace treinta años en las discusiones internas del
Gobierno: "No les den nada: debiéramos tratarlos como a perros y aquellos
que puedan se irán y después de eso, veremos lo que ocurre".
Para encontrar en Israel a sectores sociales
organizados críticos con la política genocida hay que buscar entre las ONG y
los movimientos pacifistas. Llaman la atención por su claridad de ideas y su
práctica en favor de los derechos integrales del pueblo palestino el movimiento
Women in Black que se despliega todos los viernes por la geografía de Israel,
delante de cárceles y cuarteles, soportando las amenazas de los colonos. Estas
mujeres, judías y palestinas (palestinas que viven en Israel) demuestran que
con frecuencia la paz exige más coraje que la guerra. Gush Shalom, Grupo de
Objetores Taayush, Yesh Gvul, B
´Tselem, Israeli Committee Against House Demolitions,
Public Commitee Against Torture y Bat Shalom, son organizaciones que luchan por
los derechos humanos y la convivencia de los dos pueblos en base a una paz
justa. En esta línea trabaja la Alternative Information Center, uno de cuyos
portavoces es Sergio Yahni, de padre judío, nacido en Argentina, lucha codo con
codo con el palestino Farid Jaber, dando impulso a un movimiento mixto formado
por hombres y mujeres de los dos pueblos.29
Yahni conoce bien
las cárceles israelíes por negarse a tomar las armas contra sus hermanos
palestinos: "No vestiré el uniforme de un ejército que comete crímenes de
guerra" escribió en una carta que ha recorrido el mundo, minutos antes de
ser encarcelado en el mes de marzo.30
Hubo un tiempo en
el que el conjunto de los activistas por la paz en Israel habrían cabido en una
cabina de teléfonos. El día 11 de mayo de 2002, más de cien mil personas
desfilaron por Tel Aviv en contra del primer ministro Sharon y a favor de la
paz. Como tantas veces ocurre, los ideales que se anticipan a la realidad van
tomando forma y vida.
Mención aparte merece el movimiento de Rabinos por los
Derechos Humanos. Hablamos con su director Arik Asherman, quien nos lo puso muy
claro: "No es motivo de discusión que Dios otorgó a los judíos toda la
antigua tierra de Canaan. Pero el derecho divino no delimita exactamente las
fronteras que fueron variando a lo largo de los siglos. Esto quiere decir que
desde una posición moral que coloca a la vida en un lugar más sagrado que la
tierra, debemos ceder a los palestinos un territorio para su Estado. Ello acabaría
con la violencia". Me interesó vivamente la entrevista con el rabino
puesto que me resulta difícil de admitir a comienzos del siglo XXI que un
proyecto político estatal pueda justificarse en una interpretación de hechos
que dicen que sucedieron hace unos cuantos miles de años. El rabino, bien a
pesar de su generosa posición moral me dejó un poco desmoralizado. ¿Tiene
remedio el sionismo, sea laico o religioso?
LA ORILLA PALESTINA.
Yasir Arafat nos recibe en la Mukata, su cuartel de
Ramallah, cuando la tarde ya está cayendo. Para llegar hasta él hemos de
circular por pasillos forrados de sacos terreros. Su aspecto es cansado pero
sereno cuando nos saluda uno a uno con los tres besos de rigor. Es exactamente
el primer día que ha podido salir del asedio de Ramallah y viene de visitar
Belén y la municipalidad de Jenin donde no ha llegado al campo de refugiados
por razones de seguridad, dicen fuentes oficiales, mientras otros rumores indican
su temor a ser abucheado por sobrevivientes que necesitan descargar su
tragedia. Ha sido un día duro para un Arafat sentado a la cabecera de la mesa
alargada en la habitación que fue su bunker durante su reciente
cautiverio. Escucha el nombre del vasco Paul Nicholson y del brasileño Mario
Lill y sonríe. Es consciente de que un grupo de internacionales le protegieron
durante semanas, erigiéndose seguramente en un factor decisivo para su supervivencia.
Durante casi una hora la audiencia con Arafat se desarrolla sin entrar en
profundidades. Sabe que debe medir sus palabras en extremo, en un momento en el
que es el centro de una discusión entre Sharon y Bush acerca de si es o no
conveniente la sustitución de su liderazgo.
Mientras Arafat escucha las palabras de mi amigo
Xavier Martí quien les expone los programas de cooperación de Paz y Tercer
Mundo,31 pienso en las diversas encrucijadas en que se
encuentra el Rais, en sus múltiples cautiverios:
En primer lugar, aun cuando su liderazgo dentro de la
Autoridad Nacional Palestina (ANP)
parece indiscutible, la planta política de su gobierno
tiene bastante de reparto de poder entre grandes familias palestinas (son cerca
de 30 los ministros, cifra a todas luces exagerada)
con mando histórico territorial, lo que le convierte
en punto de equilibrio pero a la vez en el centro al que se dirigen muchas
tensiones derivadas de una cierta poliarquía que favorece prácticas de
corrupción y la vigencia de espacios clientelares. Lo cierto es que Arafat,
hasta ahora al menos, ha sido excesivamente permisivo con prácticas muy
criticadas por la sociedad palestina. Este tipo de liderazgo lo es también en
el interior de Al Fatah,32 un partido formado por diversas tendencias que
configuran secciones o estructuras verticales, con dirigentes en cada una de
ellas, y que tienen en la cúspide al propio Arafat. Este último controla los
fondos y administra las cuotas de poder lo que le permite mantener a la
organización unida. Este equilibrio se ha deteriorado últimamente por motivo de
la radicalización de las Brigadas de Al Aqsa, formadas por jóvenes que actúan
en las esferas locales contra la ocupación Israelí, y que son a la vez la
expresión de un descontento con la clase dirigente de los "retornados"
–popularmente llamados tunecinos- que tras los acuerdos de Oslo han ido
ocupando los puestos mejor pagados en el esquema de la Autoridad Nacional
Palestina.
En segundo término es un hecho indiscutible que Arafat
nunca sabe que ocurrirá al minuto siguiente si actúa Hamas e incluso los
milicianos de Al Aqsa. Particularmente la estrategia de Hamas empuja
invariablemente a la ANP a situaciones de hechos consumados. Arafat se
encuentra cautivo de una lógica de la organización islámica que se sintetiza de
este modo:
"Los palestinos no podemos enfrentarnos a los
soldados israelíes en los territorios ocupados, puesto que vienen con aviones,
helicópteros, tanques, artillería...de ahí que nuestra ventaja sea la de actuar
en su propio territorio, en Israel, mediante atentados que no pueden contener.
De este modo ellos sufren una parte de lo que nosotros sufrimos. Sólo así
comprenderán que deben reconocer nuestros derechos". La lógica de Hamas
parece desconsiderar tres hechos: sus acciones militares son asumibles por el
sistema israelí que las aprovecha para cohesionar a la sociedad; sus acciones
no benefician la causa palestina ante la opinión pública internacional,
particularmente después del 11 de septiembre, permitiendo que Israel explote un
discurso de víctima que tiene derecho a la defensa; es peligroso hacer del
número de víctimas palestinas civiles que aumentan tras cada represalia
israelí, la palanca de una estrategia para la captación de nuevos voluntariados
suicidas; de ahí a la lógica de cuanto peor mejor hay tan sólo una frontera muy
fina.
Veo a un Arafat cautivo también del mundo árabe. Mundo
dividido en el que mientras dos potencias clave, Egipto con su población y
Arabia Saudí con su petróleo sigan siendo Estados-cliente de Estados Unidos, no
podrá llegar a un acuerdo de estrategia común frente al conflicto. Unos
gobiernos árabes hacen declaraciones pro-palestinas de vez en cuando, mientras
coquetean con Estados Unidos; otros boicotean todo proceso negociador
arrogándose más legitimidad que los propios palestinos para decidir el camino a
seguir. En resumen, una Palestina en soledad resiste a Israel. Así es como
Arafat asiste impotente a la nulidad del mundo árabe, mientras le queda el
consuelo de ver por televisión a millones de árabes enfrentados con sus
gobiernos, alzando banderas palestinas.
El Yasir Arafat que ahora habla para agradecer las
acciones de solidaridad con su pueblo, es un hombre atrapado por la historia.
Durante el cautiverio de Ramallah su liderazgo subió como la espuma. Convertido
en un símbolo de la resistencia es un hombre necesario; su desaparición por
asesinato –algo que Sharon parece sopesar a menudo- supondría un enorme golpe a
la moral palestina. Necesario también como interlocutor con Israel y Estados
Unidos, en la medida en que un vacío de poder desataría una lucha interna
desgastante en las fuerzas políticas palestinas y llevaría a la sociedad a una
importante confusión. Pero al mismo tiempo, este hombre de 73 años que duerme
apenas cinco horas diarias, ha fundido su destino personal al destino nacional,
dicen los que le tachan de autócrata, para a renglón seguido lanzarle críticas
de capitulador con tal de permanecer a flote tras cada crisis. Sin embargo, en
sentido contrario, hay quienes consideran que su decisión de morir sin rendirse
para permanecer en la memoria de su pueblo es una garantía de que no negociará
cualquier cosa. Todo es según el cristal con que se mire.
Arafat nos habla del papel nefasto de Estados Unidos
para responder a una pregunta acerca de las posibles disensiones entre Sharon y
Bush durante la ofensiva militar israelí tras el comienzo de la segunda
Intifada –septiembre 2001-. “¿Ustedes creen que Sharon actuó sin el apoyo real
de la Administración norteamericana?” interroga con una sonrisa cómplice.
Otra cosa diferente es lo que Bush y Powell digan en
público en el sentido de frenar la ofensiva israelí, pero siempre salvando el
derecho de Sharon a tomarse su tiempo. EstepArafat que nos habla se encuentra
también en la encrucijada de depender tal vez en exceso del papel de Estados
Unidos en la región. Clinton lo engatusó y estuvo a punto de convencerle en
Camp David. "Ningún líder israelí anterior –refiriéndose a Barak- ha
ofrecido jamás un plan similar a los palestinos" afirmó Clinton. Barak
quería que Arafat renunciara para siempre al retorno de los refugiados y a la
doble capitalidad de Jerusalén.
Por otra parte mucha gente sabe que al 90% de
Cisjordania que Barak ofrecía a los palestinos sería el 90 por 100 de lo que
quedaría después de que Israel mantuviera su expansión alrededor de Jerusalén,
sus carreteras, sus bases militares y sus asentamientos.
Arafat no firmó y fue recibido como héroe en Gaza.
Pero, regresando al punto de esta encrucijada, es muy cierto que Arafat pende
de un hilo que se mueve desde la Casa Blanca.
Si Bush lo cortara quedaría a merced del sionismo más
duro.
Termina la entrevista con Yasir Arafat y sobre
Ramallah ha caído la noche. Regresar a Jerusalén nos producirá el cosquilleo de
lo desconocido: los controles israelíes nos esperan en la oscuridad, a la
salida del combativo campo de refugiados de Qalandia por donde hemos de
circular de regreso a Jerusalén. Ya en la camioneta otorgo toda la confianza al
conductor palestino, un experto en moverse por los territorios ocupados, y
continúo pensando en la encrucijada de Arafat.
Arafat se mueve en espacios políticos reducidos,
debiendo calcular meticulosamente cada iniciativa, cada gesto y cada palabra.
Su posición, en todo caso, no encuentra facilidades en la falta de unidad entre
las fuerzas políticas palestinas. De las entrevistas a otras fuerzas políticas,
algunas realizadas en la franja de Gaza, he podido concluir que la construcción
de la unidad preocupa a todas ellas y, sin embargo, no es un asunto fácil de
lograr. El nudo de las desavenencias se cierra cuando se habla de estrategia.
¿Cuál es el camino más eficaz para vencer la inflexible posición israelí? ¿La
mesa de negociaciones o la lucha armada?
¿La lucha armada en los territorios ocupados o también
en Israel? En nuestras conversaciones hablamos de la importancia que tuvo la
opinión pública norteamericana en la derrota de Estados Unidos en Vietnam; y
mencionamos como el Congreso Nacional Africano, derrotado militarmente y
profundamente golpeado en su estructura política, ganó finalmente su lucha
contra el racismo por el enorme apoyo de la opinión públicapinternacional. Las
fuerzas políticas palestinas valoran estas experiencias de manera muy desigual.
En el caso de Hamas no hay desde luego confianza en que desde el exterior
puedan llegar buenas noticias.
Las elecciones palestinas, anuladas por la ofensiva
militar israelí, pudieron ser una oportunidad para animar el debate necesario y
dar a cada fuerza política un espacio de representación más o menos acorde con
las opciones del electorado. En todo caso, el parlamento palestino, deberá
tratar de unificar una estrategia, sea cual sea. Lo que resulta inviable a
estas alturas es que frente a un enemigo tan poderoso, cada fuerza política
palestina vaya por su lado.
Ahora bien, no será fácil asimilar la reciente
ofensiva israelí sin que surjan nuevos actos y actores suicidas, más allá
incluso de las voluntades políticas. Las paredes de Gaza están repletas de
póster de mártires que interpelan a la juventud. Las dos madres que en Gaza nos
contaron como fueron asesinados sus hijos –una de ellas enterró a tres- dan por
buena la voluntad de Alá y el sacrificio por una Palestina en libertad. Nos
expresaron su dolor delante de un buen número de niños que escuchaban los relatos
con los ojos y los oídos atentos. ¿Qué harán estos niños dentro de unos pocos
años, si antes no hay una paz justa?
En toda Cisjordania y Gaza el aire que se respira es
una mezcla de dolor, tristeza y rabia, pero también las miradas, los gestos y
las palabras apoyan acciones de respuesta. La espiral está servida y me temo
que semejante dinámica conviene a un Sharon reforzado por su nueva victoria
electoral y espoleado por la ocupación de Irak. Un Sharon que, sin duda,
comparte la tesis de los halcones de la Casa Blanca en el sentido de modificar
el mapa político de la región, lo que abriría más fácilmente las puertas a una
"transferencia" de miles de palestinos a una nueva Jordania.
TENDER UN PUENTE ENTRE LAS DOS ORILLAS. No puedo
entender que frente al ocupante, usurpador de la tierra palestina, haya voces
que clamen por echar a los judíos al mar. Los israelíes e Israel siempre
estarán ahí. Volver la rueda de la historia a fechas anteriores a 1948 es
sencillamente imposible, a menos que imaginemos un mundo tan distinto que en
nada se parezca al que vivimos. Los judíos deben reconocer para siemprepque los
palestinos también estarán ahí, al lado, y que su derecho a un Estado soberano
y viable es aún más legítimo. Confieso que en líneas generales me gustan las
ideas de Edward Said quien proféticamente denunció los acuerdos de Oslo desde
el primer minuto. Pero Said, que aboga por la dimensión moral como una eficaz
línea de resistencia, está persuadido que hay que negociar desde la mutua
aceptación y en igualdad de condiciones.
Tender estos puentes no es situarse en la neutralidad
ni en la equidistancia. No cabe algo así cuando se trata de la historia de una
ocupación. Pero es necesario que las gentes de las dos orillas puedan vivir con
la misma libertad, sin miedo, con todos sus derechos individuales y colectivos.
Sobrevivir en las cárceles israelíes
Desde el comienzo de la más reciente Intifada de
Al-Aqsa, el 29 de septiembre de 2000, el gobierno sionista ha realizado una
amplia campaña de arrestos. Actualmente, en agosto de
2003, en las cárceles y centros de detención israelíes
hay unos 6.500 prisioneros palestinos en condiciones intolerables.33 El
trato a los presos por parte del gobierno de Israel ha seguido un curso de
empeoramiento en los últimos años. Según las organizaciones de derechos
humanos, las prácticas israelíes contra los presos palestinos se pueden resumir
de la siguiente manera: el uso de la tortura física contra presos palestinos
fue aprobado por el Corte Supremo Israelí el 11 de noviembre de 1996; las
condiciones sanitarias son deplorables; Israel ha impuesto nuevas condiciones a
las visitas, permitiendo sólo las de los padres y negando este derecho a
hermanos y hermanas mayores de 16 años; las detenciones administrativas
(detenciones sin cargos y de forma indefinida), junto con otras condiciones que
son claramente contrarias a los convenios internacionales, son generalizadas.
Vale la pena mencionar que unos mil prisioneros no han podido recibir visitas
de sus familiares en los últimos tres años, siendo los abogados su único
contacto con el exterior, una o dos veces por año. Esto ha tenido un impacto
destructivo en la situación de los prisioneros.
En su último estudio de las declaraciones juradas
-‘affidavits’- de muchos prisioneros, la Sociedad de Prisioneros Palestinos
revela que el 95 % de los prisioneros palestinos han sido expuestos a tortura,
trato inhumano y presión psicológica en el proceso de su detención e
interrogatorio. El estudio cubre el período desde el 1 de Abril al 20 de Junio
de 2002. La investigación muestra que las prácticas de tortura han aumentado de
manera alarmante. En tales prácticas contra los prisioneros palestinos toman parte
tanto la policía como el ejército israelí. La práctica de la tortura se ha
convertido en norma y no excepción en el modo en que las autoridades israelíes
tratan a los prisioneros palestinos. El estudio llegó a la conclusión de que
Israel ignora el derecho internacional humanitario relativo al trato dedicado a
los prisioneros. Esta política ha incluido tortura a personas enfermas y
discapacitadas.
La justicia de los ocupantes no entiende de derechos
de la infancia: en el pueblo de Hussan, en el área de Belén, en un momento dado
había 40 niños encarcelados de un total de 75
personas. En la prisión de Telmod, 60 niños
prisioneros fueron destinados a compartir celdas con prisioneros criminales que
amenazaban la vida de los jóvenes palestinos. En algunos pocos casos, los
menores palestinos fueron violados; su comida y ropas fueron robadas.
Los tribunales militares israelíes realizan
procedimientos injustos en el trato a los prisioneros palestinos. En muchos
casos la ignorancia de los procedimientos legales por parte de los palestinos y
la ausencia de abogados conducen a sentencias muy altas. Niños que han arrojado
piedras reciben sentencias absolutamente desproporcionadas, se les imponen
grandes multas y fianzas que sus familias no pueden pagar. Al mismo tiempo,
Israel emplea de forma extendida la detención administrativa contra los palestinos;
diversos estudios indican que uno 40% de los varones palestinos han pasado
alguna vez por una cárcel israelí. Dicha detención puede prolongarse durante
seis meses y prorrogarse una y otra vez. Es así como en la actualidad de los
6.500 prisioneros, sólo 1.500 se encuentran encarcelados con sentencia
condenatoria.
Como resultado de los cierres militares, toques de
queda y reocupación, los palestinos no tienen ingresos y por ello las familias
palestinas no pueden contratar abogados para defender a sus hijos e hijas antes
los tribunales israelíes. A cada familia particular le cuesta entre 4.000 y
5.000 dólares contratar un abogado para representar y visitar a su hijo/a
encarcelado.
Me parece sensato afirmar que mientras este drama
humano que es al mismo tiempo expresión de una injusticia flagrante no se
solucione con la libertad general de los hombres y mujeres prisioneras en
cárceles israelíes, la Hoja de Ruta no podrá avanzar. Es imposible persuadir al
pueblo palestino de que las negociaciones van bien al tiempo que la prisión, la
continuidad de las detenciones y la tortura, siguen siendo los métodos del
gobierno israelí contra la resistencia de los ocupados. Sin lugar a dudas este es
uno de los temas más sensibles al pueblo palestino y debe serlo también para la
comunidad internacional.pCuando se firmó la Declaración de Principios el 13 de
septiembre de 1993, en Washington DC, había 12.700 presos palestinos en las
cárceles israelíes, acusados de “delitos” relacionados con la Intifada. El
tratado de paz de Oslo no se preocupó de la cuestión de los presos, sino que
Israel utilizó esta cuestión para negociar y consiguió que se considerase el
asunto como un tema de transacción política. Posteriormente, cuando se firmó el
Acuerdo de El Cairo el 4 de mayo de 1994, había 10.546 palestinos en las
cárceles. El acuerdo contenía artículos que decretaban la transferencia de
5.000 presos a las cárceles de la Autoridad Nacional Palestina hasta cumplir
sus cadenas. Sin embargo, Israel no respetó este acuerdo e impuso nuevas
condiciones que relacionaban la puesta en libertad de los presos palestinos con
cesiones políticas que deberían hacer los palestinos. Además, los israelíes se
negaban a poner en libertad a los presos detenidos en fechas posteriores al 13
de septiembre de 1993. Después de la firma de los acuerdos de Taba (Egipto),
1.100 presos palestinos fueron puestos en libertad.
Según lo firmado, las dos partes acordaron además
poner en libertad a todas las presas, junto con los presos que había cumplido
2/3 partes de su condena, los presos jóvenes, los mayores y los enfermos. Pero
Israel tampoco cumplió estos acuerdos.
La ocupación conlleva detenciones arbitrarias;
permanencia indefinida de miles de prisioneros sin acusaciones concretas;
aislamiento en cárceles inaccesibles para los familiares, a veces secretas. Del
lado de las víctimas el 27 de septiembre de 1993 se creó la Sociedad de
Prisioneros Palestinos. El concepto de la organización cristalizó dentro de las
prisiones y fue desarrollado por los prisioneros mismos después de su
liberación. Mejor que otros, los prisioneros liberados reconocen la necesidad
de una institución nacional de base que se ocupe de los problemas de los
encarcelados y sus familias. Abierta a todos los prisioneros palestinos, la
Sociedad está compuesta por hombres y mujeres que han sufrido cárcel y sus
empleados son los mismos exprisioneros. La Sociedad de Prisioneros Palestinos
trabaja en cooperación con otras organizaciones de derechos humanos en la
atención a los presos políticos. Visité sus oficinas de Belén, formando parte
de una delegación34, y hablé con sus responsables en al menos dos
oportunidades. Ellos me explicaron cuál es su misión:
1. Se ocupa de los problemas personales –físicos,
económicos, sociales, emocionales, familiares- de prisioneros actuales y ya
liberados, junto con los desafíos a que se enfrentan sus familias.
2. Lidera y participa junto con otras organizaciones e
instituciones en la construcción de una infraestructura económica, educativa,
social y de salud que satisfaga las necesidades de formación y rehabilitación
de los prisioneros.
3. Fortalece el patrimonio cultural, creativo e
intelectual de los prisioneros como parte del patrimonio Nacional Palestino.
4. Impulsa la concienciación nacional e internacional
respecto al tema de los prisioneros, y trabaja con otras organizaciones
internacionales que están interesadas en derechos humanos.
5. Más importante aún: la organización focaliza sus
actividades hacia asegurar el apoyo legal para los prisioneros políticos dentro
de las cárceles israelíes. Esto lo realiza a través de un equipo de abogados
profesionales tanto palestinos como israelíes que representan a los prisioneros
palestinos ante los tribunales militares, les visitan y trabajan como enlace
entre cada prisionero y su familia.
No sé cuál será el devenir de la Hoja de Ruta. No soy
optimista al respecto. Pero sea como fuere la represión israelí debe parar y
los miles de presos y presas palestinas que resisten la ocupación merecen una
vida mejor: la libertad.
11 de septiembre:
Una sombra alargada sobre el conflicto
palestino-israelí
El 11 de septiembre de 2001 es una fecha para la
historia. También para la historia del conflicto palestino-israelí.
A decir verdad y aún sin pruebas nunca he creído la
versión oficial de la Casa Blanca y el Pentágono. Una gran cantidad de hechos
históricos han puesto de relieve que la mentira es un arma habitual de la
política exterior de Estados Unidos, del mismo modo que acontecimientos
terribles sucedidos en el interior de sus fronteras no han sido nunca
desvelados, si bien los síntomas han apuntado hacia mafias del entorno del
Estado ligadas a grupos de interés político extremadamente ideologizados y de
la industria armamentística.
No sé quién fue, si bien parece bastante irrefutable
que manos árabes manejaron los aviones que se estrellaron contra las Torres
Gemelas. Pero la cuestión en este grave asunto, es que el pilotaje no es tan
importante como saber quién o quiénes organizaron los ataques y si lo hicieron
por propia iniciativa o inducidos y, sobre todo, para lograr qué.
Como es sabido, a lo largo del tiempo transcurrido han
sido publicado libros e innumerables artículos que rebaten la posición oficial,
siendo los autores de los mismos principalmente analistas norteamericanos. Con
seguridad habrán de pasar cuatro o más décadas para que la desclasificación de
documentos den alguna pista certera. Para entonces, como ocurrió con Vietnam y
más recientemente con la Guerra del Golfo, lo sucedido será historia y no
ocurrirá nada que pueda perturbar la tranquilidad de los responsables.
He unido mi preocupación a una responsabilidad que me
atribuyo, con el fin de alejarme de la tentación de poner al enemigo peor
de lo que es y ejercer un antinorteamericanismo fácil.
Pero he aquí que cuando menos lo espero, de manera
regular, una nota perdida en un rincón de la prensa diaria me recuerda que el
11-S es un misterio. Así el presidente paquistaní Musharraf, un aliado clave de
Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo internacional, declaraba a la
revista Nueva York, el 12 de agosto de 2002, estar convencido de que
Osama Ben Laden no fue el organizador de los atentados. Este tipo de opiniones
y comentarios se han repetido cíclicamente durante doce meses y han tomado
mayor importancia al conocerse las extrañas neglicencias del FBI y la CIA en el
seguimiento y control de supuestos miembros de Al-Qaeda. Ciertamente, mientras
no existan pruebaspmateriales incuestionables –que el presidente Bush nunca ha
podido presentar-, parece lógico considerar todas las probabilidades.
Mi interés por el asunto se vio avivado
sorpresivamente en Nicaragua en el verano de 2002.
En Managua, tuve la oportunidad de conversar durante
dos encuentros con el embajador palestino George Salameh sobre el caso. Él
había dado una conferencia sobre los impactos del 11 de septiembre en el
sistema internacional, en la Facultad de Diplomacia y Relaciones
Internacionales de la Universidad Americana de Nicaragua, ante la presencia de
la Consejera política de la Embajada de Estados Unidos y miembros de la
embajada de la Federación Rusa. Sus puntos de vista me impactaron, en cierto
modo por su sencillez alejada de explicaciones laberínticas. Reconozco no
obstante que su vía de investigación explora sobre todo en torno a la pregunta
¿quién se beneficia de lo ocurrido?, pero esta metodología, deductivista, se
usa de forma habitual y cotidiana en nuestra vida política, curiosamente con
gran reconocimiento. Tomé notas de nuestras conversaciones y de regreso,
sobrevolando el Atlántico, las puse en orden.
Salameh me dibujó desde el inicio el siguiente cuadro:
1. Llama la atención la calificación de los hechos y
su atribución a autores de determinadas identidades de forma acelerada y
precipitada, adelantándose a las investigaciones y sobre la base de suposiciones
y datos e imágenes de archivo.
2. La declaración inmediata de la guerra contra el
“terrorismo internacional”, contraparte no identificada que enseguida se enfoca
sobre Afganistán.
3. La definición de las reglas del juego: Estar del
lado de Estados Unidos o estar con el terrorismo internacional; el que no está
con el primero estará forzosamente del lado de los terroristas. La prohibición
de la publicación y difusión de información y el establecimiento de mecanismos
de control y censura centralizada a los medios nacionales e internacionales.
Ciertamente, el embajador Salameh pone el acento en
algo singular: escasas horas después de que cayeran las Torres Gemelas,
mientras el mundo enteró sufría aún una parálisis mental por la salvaje muerte
de miles de inocentes, la Casa Blanca acusaba de manerapapresurada a Osama Ben
Laden, teniendo como base “pruebas de archivo”, suposiciones que posteriormente
no han podido ser comprobadas en ningún caso. El asunto no es de poca monta,
sobre todo si tenemos en cuenta el caso de Oklahoma (1996) cuando inicialmente
se atribuyó el atentado a grupos fundamentalistas árabes, pero después resultó
ser el autor un norteamericano. O el caso del World Trade Center (1993) del que
aún no se sabe a ciencia cierta quiénes fueron los verdaderos autores. 35
Para Salameh, los atentados de Nueva York están
conectados a un plan estratégico de gran alcance y de varias etapas. Semejante
plan sobrepasa los límites intelectuales de un individuo o un simple grupo. Por
lo tanto es normal pensar que “no son todos los que están ni están todos los
que son”. La tesis de que se debe considerar la existencia, en el ámbito
norteamericano, de un grupo de interés poderoso, hegemónico e influyente,
detrás del plan, es una probabilidad. ¿Qué plan sería este? pregunté al embajador
palestino. “El futuro nos lo dirá. Sin embargo existen tendencias que nos
invitan a pensar en la consecución de una meta global que abarcaría el inicio
de la modificación y transformación de un orden internacional actualmente
problemático” respuesta a la que agregó: “Puede ser que los autores, ejecutores
e intelectuales, pertenecieran al grupo de Al-Qaeda, pero detrás de este grupo
existen manos oscuras conectadas a enormes grupos de interés”. Esta hipótesis
de la existencia de un poderoso grupo de interés de origen norteamericano
manejando los hilos de los atentados no es una frivolidad si consideramos los
cambios que según Salameh se han producido en las relaciones internacionales
tras el 11 de septiembre. Cambios que según él son la respuesta a la pregunta
¿quién se beneficia de lo ocurrido?:
1. La hegemonía mundial ha quedado en manos de una
sola potencia que pretende consolidar a cualquier costo un sistema unipolar
bajo su control, ordenándolo conforme a sus intereses nacionales estratégicos e
impedir la aparición de una nueva potencia competitiva en el campo
internacional.
2. Estados Unidos tenía una urgente necesidad de
imponer su posición como respuesta a las siguientes críticas y
cuestionamientos:
a) La prepotencia, arrogancia e injerencia directa y
pública en los asuntos internos de otros países.
b) La falta de respeto y sensibilidad hacia los
sentimientos nacionales de los pueblos.
c) La pérdida de la racionalidad y la falta de buen
juicio, en el trato con los asuntos internacionales, especialmente con los
conflictos regionales.
d) La política de humillación intencionada a los
países y gobernantes del Tercer Mundo, por medio de la nueva práctica de emitir
certificados de buena y mala conducta.
e) Los conceptos de soberanía, igualdad de los estados
y del interés nacional de los mismos han sido abolidos en la concepción
norteamericana de las relaciones internacionales con el Tercer Mundo.
f) La preponderancia de los intereses nacionales
estratégicos norteamericanos sobre los intereses de otros miembros de la
comunidad internacional.
g) La intolerancia a la diferencia es cada vez más
notable, siendo de notar de forma especial el incremento de la influencia y el
poderío árabe e islámico, su expansión territorial y poblacional dentro de la
sociedad norteamericana, lo que empieza a afectar al poderío de los grupos
judío-sionistas de Estados Unidos.
h) La imposición de valores paramétricos para la
conducta de la comunidad internacional, buscando afanosamente la uniformidad y
castigando con la marginación y el bloqueo a países disidentes.
i) La obstaculización y paralización internacional del
rol de la ONU por motivo de la posición de Estados Unidos de impedir su
funcionamiento y resoluciones de acuerdo con mecanismos democráticos.
Espero que las notas que tomé en su presencia sean
fieles a las palabras del embajador palestino. Siguiendo su razonamiento, el 11
de septiembre ha deparado a Estados Unidos un papel de víctima que le otorga la
facultad de erigirse en líder mundial incuestionado por sus aliados. Pero este
liderazgo apunta a una modificación, como asegura Salameh, de la propia
naturaleza de la globalización. Sigamos por un momento la reflexión que tuve
oportunidad de hacer en voz alta en el marco de nuestras conversaciones.pLa
caída de la URSS abrió en la década de los años noventa una esperanza para los
defensores del paradigma de la inter-dependencia. Pasada la página de la
historia en la que había prevalecido un mundo dividido en dos bloques, la idea
de que era factible reconstruir el mundo sobre bases de cooperación y ayuda
mutua, teniendo como centralidad la negociación, levantó expectativas en el
mundo de la política e intelectual, así como en la opinión pública. Se
multiplicaron los ensayos académicos y los discursos acerca de la conveniencia
de dotar a las estructuras supraestatales e inter-gubernamentales,
particularmente a las Naciones Unidas, de un espacio significativo en lo que
vino a enunciarse como "gobierno mundial" . El mundo visto como
sociedad internacional global con múltiples actores, donde la extensión de la
democracia y las reformas económicas podían promover nuevos valores y normas a
favor de la paz, de los Derechos Humanos y de una mayor justicia social en el
ámbito internacional. La creación de un Tribunal Penal Internacional; las
réplicas en otras regiones del mundo de la experiencia de cooperación europea
(UE); las Investigaciones para la Paz; las reformas en el comercio, etc,
formaban parte de la agenda de las relaciones internacionales.
Tras el 11 de septiembre algo importante se ha movido
en la esfera de las relaciones internacionales. El paradigma de la
inter-dependencia que implicaba marcos de relación formalmente igualitarios y
la práctica del consenso, ha sido desplazado por el unilateralismo
norteamericano. El procedimiento parece haber sido el siguiente:
-El restablecimiento del miedo a escala global, ha
sustituido el temor a la guerra nuclear, por un enemigo difuso pero poderoso
que está en todas partes, incluso en los territorios propios. El terrorismo
internacional, con acceso a grandes tecnologías, al estar fuera de las
relaciones internacionales –no es un gobierno o un Estado preciso- actúa fuera
del sistema, lo que justifica medidas de excepción a escala también global.
-De lo anterior se deriva el despliegue de una nueva
cultura de la guerra. La militarización de la sociedad mundial, las guerras
punitivas, las medidas de seguridad que afectan a las libertades. Crece de
nuevo el secretismo de la guerra fría y el poderío militar norteamericano como
pilar central del nuevo orden mundialpSobre estos principios se asienta la
hegemonía norteamericana que conduce a la globalización a estar bajo un dominio
unipolar con un fuerte discurso y despliegue militarista. El paradigma de la
inter-dependencia queda desplazado por la visión clásica del realismo
hobbesiano que percibe el mundo como un campo de batalla de todos contra todos,
donde la cooperación es sustituida por la jerarquía y la seguridad se confía a
la fuerza. Se trata de la visión tradicional de Estados Unidos desde su momento
fundacional.
Una visión que la enviste de liderazgo como guardián
del mundo civilizado (Destino Manifiesto, Doctrina Monroe) y le lleva a
comportarse unilateralmente, negándose a someterse al Derecho Internacional. Es
la idea de que en la cima de la pirámide jerárquica sólo puede haber un motor,
una fuerza conductora, inmediatamente debajo de la cual se alinean los países
aliados de la OTAN, hasta encontrarnos en la base de la pirámide con un gran
número de países parias, muchos de ellos díscolos y particularmente con la
amenaza de países islámicos.
El unilateralismo pasa por el rechazo al Tribunal
Penal Internacional –algo que espanta a los gobiernos europeos, pero que
aceptan dócilmente- con el fin de dar impunidad a las tropas y agentes
norteamericanos en el extranjero. El rechazo también a la Cumbre Climática y
cualquier tratado internacional que ponga freno al unilateralismo
norteamericano.
George Salameh, embajador de Palestina en Nicaragua
desde 1991, dijo estar de acuerdo con mis alegaciones. Recuerdo que en ese
momento le dije que me parecía casi increíble que algún grupo de interés de
origen norteamericano estuviera detrás de semejante matanza cometida en su
propio país y que manejar esa hipótesis me resultaba de alguna manera inmoral.
Mi interlocutor me recordó como Henry Kissinger, para favorecer los intereses
electorales de Nixon y su propia carrera política, detuvo las negociaciones de
paz con los vietnamitas en París, prolongando innecesariamente la guerra cuatro
años más. No menos de veintidós mil (22.000) soldados norteamericanos murieron
durante esa prórroga, y cientos de miles de vietnamitas, sin que Kissinger y su
grupo hayan mostrado nunca el menor arrepentimiento. Salameh me miró con los
ojos bien abiertos –como habla él- e inquirió: "Quiénes arrojaron la bomba
sobre Hirosima funcionan con otra moral". Pero lapnovedad del 11 de
septiembre era que se trataba de compatriotas y de atacar un símbolo de la
civilización estadounidense. Sin lugar a dudas, este significativo
"detalle" es el que más dudas me crea. Pero también es verdad que el
logro de determinados fines conlleva cometer hechos proporcionados terribles.
Si el ataque hubiera sido contra una base militar en Turquía o contra población
civil norteamericana en Panamá, el impacto hubiera sido infinitamente menor y
mucho menor sería la legitimidad del presidente Bush para articular una cruzada
internacional contra el terrorismo y bajo su dirección. De hecho el detective
que se pregunta a quién beneficia el crimen investiga en primer lugar entre los
allegados del muerto. Al parecer tampoco el detective tiene mucha confianza en
la condición humana.
Para Salameh el 11 de septiembre puso en entredicho la
seguridad nacional americana, pero también afectó al sistema militar
estratégico internacional. Afirma que veremos muchas cosas que escapan a todo
entendimiento. Utiliza el bombardeo inmisericorde de Israel sobre el campo de
refugiados de Jenin que yo pude ver en mayo de 2002, como ejemplo de sucesos
que nunca quisiéramos ver. El ataque a gran escala previsto contra Irak, nada
tiene que ver con los Derechos Humanos y con la democracia, sino con la fijación
estratégica norteamericana de cambiar el régimen para asegurarse el control
sobre la región. El embajador palestino enumera como alta probabilidad que tras
la campaña de Irak la lista continúe con Irán, debido a su potencial
tecnológico y nuclear. Señala la hipótesis de un ataque combinado
Israel-India-Estados Unidos contra Pakistán para secuestrar su arsenal nuclear
y destruir sus reactores, en caso de un golpe militar contra el régimen actual.
Todas estas reflexiones me perturban en el sentido de
que me "acusan" de un subjetivismo exacerbado. Pero uno encuentra a
veces consuelo al comprobar que otros analistas más ecuánimes cargan las tintas
en la misma dirección. Así, Diego Hidalgo, en EL PAIS del 10
de julio, escribía: "La postura imperialista ha
acogido con entusiasmo los discursos del presidente Bush que, tras la reacción
moderada inmediatamente después del 11 de septiembre, han crecido en
belicosidad a lo largo de 2002; al Eje del Mal del estado de la Unión ha
sucedido el reciente de Wets Point en el que Bush considera un error esperar a
que las amenazas militares/terroristas se materialicen y considera legítimo el
derecho a iniciar ataques y guerras preventivas. La doctrina de la necesidad de
efectivos militares seppuede resumir en un "4+2+1". El 4 representa
el número de lugares en los que Estados Unidos debe ser capaz de ejercer su
poder disuasivo. El 2 representa el número de guerras simultáneas (por ejemplo,
Irak y Corea del Norte), y el 1 la capacidad de estados Unidos de forzar un
cambio de régimen, lo cual presupone la necesidad de ocupar ese país por un
ejército terrestre". Hidalgo, que es presidente de la Fundación para las
Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior, con su explicación del
"4+2+1+" parece adentrarnos en una novela de ciencia-ficción, pero
ocurre que este asunto fue discutido a finales de junio de 2002 en la
Universidad de Harvard en el marco de una reunión de expertos norteamericanos
en política exterior. La pregunta es entonces muy interesante: ¿Podría Estados
Unidos ejercer su liderazgo actual, brutalmente unilateral y militarista, sin
el 11 de septiembre?
La intervención sobre Afganistán, hoy ya casi
olvidada, fue oficialmente ejecutada para combatir al régimen, a la red
Al-Qaeda, y para cambiar los valores de una sociedad arcaica que humillaba a
las mujeres. Resultados: se cambió el régimen, pero Al-Qaeda sigue viva y la
mujer continúa siendo humillada bajo el burka. ¿No será más cierto que pasado
el ciclo del apoyo a los talibanes en su lucha contra la ocupación soviética,
aquellos constituían ya un estorbo a eliminar en la búsqueda de un nuevo
tablero regional de relación de fuerzas en Euroasia que permitiera a Estados
Unidos el control del petróleo, del uranio y otras materias primas? Son
demasiadas las mentiras de los distintos gobiernos norteamericanos como para
creer ahora en las palabras de un presidente matador impasible de tanta gente
en Tejas, ajeno a ruegos e imploraciones. Lo que me subleva casi tanto como a
Salameh, es que sean tantos los gobiernos alineados con Estados Unidos, pase lo
que pase, sin la mínima consideración a la opinión de sus respectivos pueblos;
algunos lo han hecho de manera voluntaria y por iniciativa propia, otros de
manera negociada con cálculo de pérdidas y de ganancias, mientras que unos
terceros por presiones y amenazas. En todo caso se ha creado la Alianza
Internacional más grande de la historia contra el terrorismo, concepto este
último que abarca todo aquello que los dueños de la doctrina deseen incluir.
Una Alianza que funciona como un ejército a la voz de mando y que ha desplazado
toda función significativa de Naciones Unidas. El mundo alineado en fila de a
uno.pLos acontecimientos del 11 de septiembre, afirma George Salameh, han
generado daños incalculables que alcanza a toda la sociedad internacional; han
abierto heridas sociales donde no existían, dando lugar al renacimiento de
divisiones étnicas y religiosas con posibles consecuencias conflictivas; han
forzado la introducción de negativos cambios políticos y legislativos en muchos
países; han implantado tribunales militares en Estados Unidos donde se han
abierto auténticos campos de concentración para sospechosos árabes, han dado a
Ariel Sharon y el fundamentalismo sionista que representa carta blanca para
destruir el proceso de paz y realizar matanzas contra la población palestina.
Fundamentalismos, radicalismos, fanatismos varios, no
era este el ambiente que los defensores de una globalización de y para la
cooperación y la paz esperaban. Los amantes del realismo en política exterior
están encantados con Bush: el mundo no ha dejado de ser la calle mayor de una
película del Oeste.
Paisaje de Jerusalén II
Quien vaya a Jerusalén no debe perderse el deleite de
tomarse un café o un buen té en la terraza del Restaurante Papa Andreasa
cercano al Santo Sepulcro. Tendrá bajo su mirada los cuatro barrios, el
musulmán, el cristiano, el armenio y el judío, con sus tejados peculiares por
los que asoman las torres y cúpulas de decenas de recintos sagrados. Es
entonces que hueles Jerusalén, su mística y sus misterios, su atmósfera de
incienso. Una ciudad que tiene el poder de enajenarte a nada que tengas la
predisposición de dejarte llevarppor la historia y la leyenda. Esta Jerusalén
que perturba dista mucho de ser la ciudad abierta que buena parte de la opinión
pública mundial desea. Por las callejuelas estrechas que puedes divisar y
adivinar desde lo alto patrullan incesantemente soldados y milicianos israelíes
que son la vanguardia de un plan de judaización de la ciudad, apoyado
significativamente por el movimiento cristiano neocatecumenal que tiene sus
raíces en el Antiguo Testamento.
En la mañana del 7 de junio de 1967 cayeron las
débiles defensas jordanas y el ejército israelí pasó a controlar toda la
ciudad. Tan sólo cuatro días más tarde los sionistas iniciaron la destrucción
del Barrio Magrebí sin que sus pobladores pudieran llevarse sus propios
enseres. Me lo cuenta un palestino llamado Ahmed con su castellano chileno:
"Demolieron edificios históricos como la escuela al-Afdaliyya. No dejaron
piedra sobre piedra, expropiando todo el terreno". Pregunto por el actual
barrio judío que incorpora al Muro de las Lamentaciones. "Lo han
construido en el espacio que antes ocupaba el barrio musulmán que pertenecía a
la familia al-Waqf. En 1968 llevaron a cabo la expulsión de los residentes del
barrio, se llamaba Barrio del Honor, utilizando para ello la fuerza".36 Hoy
día es un barrio ultraortodoxo y selecto de israelíes millonarios procedentes
mayoritariamente de Nueva York, en un número superior a cuatro mil. Esta y otra
medidas practicadas para judaizar la ciudad y cambiar el estatus de Jerusalén,
han sido numerosas veces condenadas por resoluciones de Naciones Unidas. Así,
la resolución 252 del 21 de mayo de 1968
declara ilegales el derribo de viviendas, la
expropiación de tierras y propiedades y llama a Israel a no cambiar el estatus
de Jerusalén. Desde entonces otras ocho resoluciones del Consejo de Seguridad
han sido ignoradas por el gobierno israelí.
Las condenas a la política de judaización de Jerusalén
han surgido también de instituciones religiosas que reivindican el carácter
multireligioso de la ciudad. Pero hay que reconocer el poco éxito del Vaticano
en sus protestas. La posición israelí no acepta siquiera negociar su presencia
en la ciudad santa, pero, por otra parte, puede que la disposición de lucha
vaticana sea mínima. Me lo dijo un fraile granadino en la Iglesia de las
Naciones que se encuentra junto al huerto de Getsemaní: "En el Vaticano hay
mucha influencia judía y poca actitud de defensa de nuestros santos
lugares". Frente a la persistente judaización han reaccionado asimismo la
Liga de los Estados Árabes y las más altas autoridades islámicas. Todo en vano.
De hecho la lógica israelí rechaza la Convención de Ginebra que prohíbe toda
destrucción del poder ocupante; su respuesta es lacónica: ocupamos lo que es
nuestro. La conquista de toda Jerusalén –de Sión- era una obsesión de militares
y religiosos. El Comandante de la Brigada Israelí que esperaba a primera hora
del 7 de junio de 1967 la señal de ataque a la ciudad amurallada dijo a sus
oficiales: "El Monte del Templo, la pared Oeste, la Ciudad Vieja. Por dos
mil años nuestra gente ha rezado por este momento, vamos a ir adelante a la
victoria".37 En la misma línea, el Rabino Supremo del ejército,
Shlomo Goren, dijo después: "Nosotros hemos tomado la Ciudad de Dios.
Estamos entrando en la era mesiánica del pueblo judío".
La ofensiva israelí se extiende fuera de la muralla de
la ciudad vieja hacia Jerusalén Este. El objetivo es ocupar los actuales
barrios palestinos mediante dos procedimientos: la prohibición administrativa
de rehabilitar sus viviendas y la progresiva acción de los colonos que, con
paciencia, van instalándose casa por casa. Así se puede ver en Silwan, un
barrio palestino de historia combativa, algunas azoteas protegidas con
alambradas y torretas para tiradores.38
En ellas ondea la
bandera israelí. Sus habitantes son protegidos día y noche por una especie de
milicianos y sólo salen a la calle fuertemente escoltados; la mayoría
pertenecen a una organización fundamentalista judía denominada El Ad. De este
modo se sigue militarizando el barrio y, metro a metro, se judaiza. Otra medida
administrativa consiste en anular el derecho de residencia en Jerusalén a
aquellas personas que se ausenten de sus domicilios durante siete años.
He comenzado a pintar este paisaje desde lo alto de la
terraza del Restaurante Papa Andreas. Ciertamente es un sensación llena de
placer la que produce semejante observatorio. Desde la que me encuentro al
escribir estas notas veo perfectamente a pocos metros la cúpula del Santo
Sepulcro. Recinto compartido y discutido por ortodoxos griegos, católicos y
armenios, es también cobijo de coptos y monjes etíopes, estos últimos adosados
como lapas al exterior del techo del templo. Allí viven en una especie de cuevas
como si el tiempo fuera un invento absurdo ajeno a sus vidas. Pienso en que no
hay visitantes occidentales, no hay excursiones de peregrinos que al menos
discutan a los israelíes un espacio tan paradigmático para el mundo cristiano.
Hasta la azotea donde me encuentro llegan los efluvios
de especias de todas clases y colores que suben desde el Zoco de los Especieros
y desde las calles Tariq Jan el Zeit, Suq el Lahamín y Suq el Attarín trepan
los olores de uvas, naranjas, aceitunas, membrillos, dátiles, almendras,
plátanos y una gran variedad de frutos. Cerca, la Vía Dolorosa. En tiempos, por
esta calle estrecha, empinada y escoltada a ambos lados por comercios
palestinos que hacen de la misma un espacio acotado por donde a veces pasan rápido
judíos dotados de guardaespaldas que exhiben sus armas, subían peregrinos con
una cruz a cuestas y una corona de espinas sobre sus cabezas. Hoy, cruces y
espinas son mostradas en las tiendas sin que haya quienes las quieran cargar.
En cambio la Vía Dolorosa y el laberinto de calles adyacentes son un jardín de
olores maravillosos que con sus mezclas forman el perfume de Palestina.
Musical Gaza
Camino por entre las calles de túmulos y no observo
nada que pueda indicarme su presencia, siquiera una huella de su muerte, una
leve señal que me indique ante que montón de tierra he de llorar mis lágrimas y
gritar mi vehemencia. Miro hacia los cuatro horizontes y no veo otra cosa que
el páramo de la tragedia que interpela su queja a los ingenieros del espanto.
¿Dónde pondré mis flores y las regaré con el agua del pozo de los amantes? Nada
conocí más dulce que su risa, nada más intenso que los anhelos que plantó en
mí. Su silencio y mis pensamientos son ondas de una memoria sellada que guarda
nuestro ayer. Ya no beberé más elpagua de la vida que ellos mataron. Seré
errante aún dentro de mi casa y seguramente ignoraré la fragancia de los
naranjos y limoneros cuando florezcan. Nada me dirán los nenúfares. Mi olfato
estará ocupado en captar su olor. Y mis ojos no verán otra cosa que la soledad
que me dejaron. Soportaré en mi cerebro los silbidos de la destrucción que me
acompañarán hasta la muerte. Podrán reconstruir la ciudad y repartir su limosna
puerta por puerta. Podrán amasar nuevos discursos e inventar palabras que
hablen de una ciudad más próspera. Podrán regresar los pájaros que huyeron
cuando el cielo se cubrió de bombas. Podrán incluso revivir los árboles
derribados. Pero jamás mis nervios y mi aliento tendrán un segundo para el
olvido.
Sobreviviré guardando la venganza que ya grabé en las
regiones de mi alma, y aunque no pueda contener mis suspiros seguiré
recorriendo las tumbas en busca de su rastro, y mientras lo haga seré la
acusación inocultable del horror que trajeron. Y cuando le halle me tenderé y
uniré mis manos a las suyas y las extenderemos al tiempo sin horas suspendido
en la memoria.
Me despiertan los rayos de sol amanecido que se cuelan
por las rendijas de las paredes de lo queda de mi casa. Cada mañana me muerde
el dolor de su ausencia. Busco el calor de su cuerpo y no lo encuentro. Y
entonces quisiera no levantarme más, sumirme en un sopor hasta enlazar con la
eternidad. Con frecuencia corro a adelantar las manecillas del reloj para
acortar el día. Las sirenas anuncian el fin del toque de queda. Es la
civilización que nos pisa los talones. Mis nietos duermen mientras la ciudad comienza
un día más a despedazarse. Sé que su sueño oculta un orgullo detrás de la
docilidad del momento. Los que sobreviven no tendrán otro futuro que el rencor.
En este tiempo, por las tardes las tumbas están cubiertas por una fina lluvia
de polvo. Alguna vez crecerán briznas sobre la pólvora y las primeras flores
serán la venganza de la vida. Por unos instantes he creído ver sus zapatos
junto a los restos de una bomba con inscripciones en hebreo. Creo que,
lentamente, una porción de locura se apodera de mí. Mi cerebro no puede aceptar
la evidencia. Mis sentidos recuerdan a cada instante sus largos y delgados
dedos acariciando a los niños. Veo a hombres y mujeres deambular por estas
avenidas de la tragedia, llenando el viento del camposanto de un odio irreparable.
Murmuran nombres y emiten gemidos terribles entre lágrimas rodantes. La guerra
nos dejó una desesperanza incurable. Regreso. La sangre, como argamasa,
sostiene las paredes de la ciudad.
Los que pueden recordar abren las puertas de las
casas, llorando. En algunas paredes manos anónimas han escrito su compasión por
los milicianos muertos. ¿Y los que murieron rumiandopsu mala suerte y su odio
bajo las piedras grises de sus casas impactadas por los misiles? Sólo restos y
fango. Tras los jirones de los edificios juegan los niños envueltos en la
pátina del miedo. En la noche la radio de la ciudad informa que en Europa hay
preocupación por el futuro de Palestina. Otra vez la civilización nos pisa los
talones.
Bajo las escalinatas de una mezquita semidestruida con
las manos apretadas. Pienso en Ariel Sharon y en el señor Bush. Nos escupís a
cada segundo como si no tuvierais bastante. Estáis hechos del mismo barbecho
que se apodera de la ciudad. En cada muro derruido, en cada agujero, en cada
señal del genocidio, se revela la complicidad de los que decidieron eliminar
para siempre la palabra tolerancia, la palabra Palestina.
¡Si al menos hubieran dejado una indicación en cada
metro de la fosa común! Se me han roto los ojos de tanto mirar. Quizás eran sus
palabras torpes, o su valentía, o su explosiva ternura, o su furiosa
determinación de vivir, o su manera ingenua de acariciar, quizás era todo eso y
ahora me queda un insoportable vacío. Sobre un túmulo de tierra rojiza un
muchacho reza con los puños cerrados a un cadáver anónimo; necesita un lugar
donde manifestar su tristeza. Más allá un viejito camina jadeante con sus líquidos
hirviendo. En la tierra reposa la civilización carcomida por las hormigas. El
progreso ha muerto con ojos de almendra en esta ciudad, sorprendido. Ante una
tumba me arrodillo y escarbo sin saber para qué. Busco sus huesos y no los
encuentro, sólo mis dedos tintados por la tierra húmeda y roja. Pasará el
tiempo inexorable y la sangre permanecerá grabada en la greda y la piedra y
todas las manos estarán manchadas, incluso las de los inocentes.
En la llanura de túmulos hay abundantes rastros de
visitantes que diariamente gatean en busca de un hilo de ropa, de un pelo, de
un aliento familiar. Hoy he venido con mis dos nietos a errar por este océano
congestionado de cadáveres. El más pequeño pregunta: ¿Dónde está el abuelo? Le
miro, luego miro sin mirar en dirección al horizonte y le digo: Está en
nuestros corazones. ¿Quién le mato? inquiere la mayor. La codicia del usurpador
y el egoísmo de quienes enviaron sus aviones para asesinarnos a nombre de la
paz que gobiernan, respondo.
No me entienden y vuelven sus ojos hacia mis ojos.
Escucho una música lúgubre que viene de alguna parte del cementerio en honor de
los que yacen por nada bajo la tierra. Con labiosptrémulos hablo a mis nietos y
los tres rezamos. Pido a Alá misericordioso que mueran todo los generales de la
Tierra.
Por las noches tengo delirios y me veo blandiendo una
larga espada, errante por Jerusalén. Mis nietos juegan sin entusiasmo en el
umbral de la casa esperando a su madre, ajenos a la locura que me atrapa. Un
día encaminaré mis pasos hacia la casa de Ariel Sharon en la ciudad santa.
Gritaré un grito gutural y alargaré el brazo que
sostiene la espada. No pienso en lo que pueda ocurrirme después.
Ese mar azul de Gaza
Mi compañera Mariví sólo tenía ojos para ver a las
mujeres y niños palestinos jugar en el mar de Gaza. Era un mediodía de calor
aliviado por la brisa mediterránea. Las mujeres cubiertas con vestidos largos,
negros, y tocadas con pañuelos blancos no dejaban de reír y dar grititos
saltando por encima de las suaves ondulaciones de una sábana azul. Muy cerca
niñas y niños, como en cualquier lugar del mundo, jugaban corriendo sobre las
últimas olas.
Nadie hubiera dicho que nos encontrábamos en uno de
los escenarios más conflictivos del mundo, donde la violencia es casi pan de
cada día. En este mar, durante años, la población palestina ha tenido prohibido
bañarse y ahora puede hacerlo siempre que no se aleje de laporilla. Sin
embargo, Gaza, su historia, está ligada profundamente al mar. El mar es parte
de su cultura, de su modo de vivir.
Durante la administración egipcia, entre 1948 y 1967,
se levantaron a lo largo de las playas de Gaza numerosos hoteles y
restaurantes. Hoy están vacíos. Algunos mantienen sus servicios y reciben a los
pocos clientes como si fueran lo más preciado del mundo. De esta manera ejercen
una singular resistencia y cuidan de la dignidad de paredes decoradas,
mobiliarios tallados, lámparas colgantes magníficas, suelos de azulejos
brillantes y altos techos artesonados de estilo palaciego. "Gaza volverá a
su esplendor" es una frase que repite con serenidad y voz suave nuestro
amigo Fayez Saqa, seguro de que antes o después Palestina será libre. Ese día
las playas de Gaza se llenarán de gentes de todas partes, pues en verdad su
paisaje marítimo es magnífico.
Antes de que eso ocurra, esta pequeña franja, de unos
cincuenta kilómetros de largo por menos de diez de ancho, superpoblada, tendrá
que sufrir aún más. En ella viven cerca de un millón y medio de palestinos y
seis mil colonos judíos escoltados por doce mil soldados que ocupan el 40% del
territorio. Rodeada de muros y alambradas electrificadas, su población
palestina no puede salir ni a Cisjordania ni a ninguna parte. Bajo el asedio
permanente el desempleo alcanza a más del 60%. Cada día, cientos de trabajadores
circulan por túneles que llevan a fábricas israelíes situadas en la frontera
norte; en los túneles son cacheados a conciencia. No tienen derechos laborales
ni sindicales en estas maquilas39, pero se sienten afortunados.
Fue en el 9 de diciembre de 1987. Volvían al campo de
refugiados de Jabalya cuando cuatro trabajadores palestinos fueron atropellados
y muertos por un camión israelí. Miles de personas iniciaron una marcha de
protesta sobre una base militar judía. Del lado del ejército surgieron disparos
que mataron a otros cuatro palestinos. Uno de ellos, Hatem al-Sisi, es
considerado el primer mártir de la Intifada. En cuestión de horas toda Gaza se
alzó contra las tropas ocupantes: piedras y cócteles molotov eran las
armas de los jóvenes que por toda la franja prendieron fuego a neumáticos para
frenar el avance de los vehículos militares israelíes. El levantamiento pronto
se extendió a Cisjordania. Duró nada menos que cinco años.
180.000 refugiados. Surgieron los campamentos donde se
organizaron guerrillas para realizar incursiones en territorio israelí. El
cierre decretado por Egipto al paso de los barcos israelíes por el Canal de
Suez y los ataques de la guerrilla palestina desde Gaza fueron la excusa para
la participación de Israel en la Guerra del Canal de 1956. Israel expulsó al
ejército egipcio y ocupó la Franja durante aproximadamente cinco meses antes
que la administración Eisenhower presionara para que la abandonara. Israel
ocupó la franja de nuevo durante la Guerra de los Seis Días de junio de 1967.
Enseguida la OLP convirtió Gaza en una base con un sinfín de búnkeres y
refugios subterráneos, desde donde libraba una guerra de guerrillas. El
gobierno Israelí envió al general Ariel Sharon para aplastar la sublevación.
Éste hizo abrir espacios entre los campamentos densamente poblados para que los
jeeps del ejército pudieran patrullar con seguridad por las calzadas. Los
refugiados, cuyas casas habían sido destruidas por Sharon, fueron trasladados a
la fuerza a barracones abandonados por efectivos de la ONU cercanos a la
frontera con Egipto. Básicamente el plan de Sharon consistía en deshacerse de
todos los campos de refugiados palestinos.
Nada más iniciarse la segunda Intifada, en septiembre
de 2000, Gaza volvió a ser el centro del sufrimiento. En nuestras retinas están
grabadas las imágenes que Al Yazira difundió por el mundo: el niño de 12
años Mohammed El-Dura era asesinado por disparos de los soldados judíos
mientras su padre trataba de protegerle con su cuerpo y suplicaba indefenso el
fin del tiroteo. Como este niño hecho mártir, decenas de niños han muerto por
certeros disparos en la cabeza en toda Palestina. Los soldados utilizan balas dum-dum
que explotan cuando ya han impactado y balas de plomo recubiertas de caucho
para repeler manifestaciones. Es la heroicidad de estos soldados
israelíes que con frecuencia disparan a jóvenes por el mero placer de abatirlos
batiendo un record de distancia.pIsrael ha hecho tanto daño en Gaza que no es
extraño que las opciones más radicales sean las que tienen mayor seguimiento. El
jeque Ahmed Yasin tiene más autoridad moral que la propia Autoridad Nacional
Palestina. Hamás y la Yihad Islámica40
cuentan con miles
de simpatizantes y miles de armas. Han sabido aprovechar los estragos sionistas
para la consolidación de su propio discurso y dotar de base social real a sus
prácticas militares.
Pero, además, han tejido una red de asistencia social
eficaz, haciendo las veces de un Estado capaz de dar seguridad alimentaria,
educación y asistencia sanitaria. Mientras buena parte de la sociedad de Gaza
desconfía del gobierno de Arafat los militantes islámicos ganan el corazón de
los desesperados; ellos garantizan el cuidado de las familias de los activistas
muertos en misión e incluso de las familias objeto de los ataques
indiscriminados del ejército israelí. La posición de Hamás y de la Yihad Islámica
quedó reforzada cuando sus estructuras y militantes fueron golpeados duramente
por la policía palestina al mando de Mohamed Dahlan, a mediados de los años
noventa, tras el acuerdo de Oslo. Sectores moderados de Gaza se pusieron del
lado de los islámicos, a pesar de no simpatizar con ellos; simplemente no
podían aceptar que su propia seguridad policial reprimiera a compatriotas. Para
mucha gente moderada el problema es la ocupación. No son complacientes con la
violencia radicalizada de los movimientos islámicos, pero admite que se trata
de una consecuencia: "Si no tenemos todas las libertades, si no se acaba
con la ocupación, ¿de qué sirve pintar Gaza de blanco pacifista?" dicen
desde el Centro Palestino por los Derechos Humanos, creado en 1995.
En esta Gaza llena de tensión, el mar azul creo que
representa la esperanza. Es el lado opuesto a la tragedia.
Estampa de Nablus
Situada a sesenta y cinco kilómetros al norte de
Jerusalén, Nablus o Naplusa es mencionada
71 veces en la Biblia.41 Es
la ciudad más grande Cisjordania con unos 150.000 habitantes y un entorno que
reúne a un total de 300.000 ciudadanos. Es un centro urbano que combina lo
moderno y lo tradicional. En pocos metros conviven la Bolsa de Comercio de
Palestina que cuenta con una de las tecnologías más avanzadas del mundo y el
pozo de Jacob, lugar donde la historia cristiana dice que Jesús se encontró con
una mujer samaritana que le ofreció agua. Nablus es además el centro industrial
más importante de Cisjordania y es seguramente por ello que tiene el honor de
verse atacada con frecuencia por las fuerzas ocupantes.
Cuando visitamos Nablus aún se lamía las heridas de
una cobarde invasión de helicópteros artillados que destruyó numerosos
edificios de valor histórico y mató a un número de personas que no pude
determinar. Sobre unos escombros unos amigos palestinos me relataron que allí
mismo había sido asesinada una familia entera. La abuela recibió un impacto en
la cabeza cuando quiso recoger al niño menor de la azotea. Todos los demás
murieron bajo los cascotes de la casa al derrumbarse. Escuchas algo así en el
mismo lugar de los hechos y no te acostumbras. Crees ver por un momento a la
familia moviéndose por el lugar, cuyos retratos cuelgan ahora de los muros
disminuidos que logran mantenerse en pie. Lo he visto muchas veces en otros
pueblos y ciudades: los retratos de las mujeres y hombres de cualquier edad,
muertos por los israelíes en diferentes circunstancias son mostrados
públicamente con un orgullo incomparable. De este modo se les mantiene vivos,
como militantes activos de una resistencia que se desarrolla con armas
desiguales. Con frecuencia, la categoría de los marcos de los retratos revelan
la dignidad y el valor que se otorga a los fallecidos.
Recorriendo las calles de Nablus observé una gran
cantidad de póster en los que los actores son jóvenes, a veces niños, vestidos
de milicianos y armados. Sólo Gaza bate el record en cuanto al número de póster
de este tipo. La profusión de estos carteles se debe a una costumbre: en
momentos emblemáticos de sus vidas los jóvenes se "disfrazan" así
para mostrar su compromiso con la resistencia al ocupante. Muchos de ellos no
tomarán jamás un arma, pero en el póster dejan constancia de que de uno u otro
modo forman parte de una voluntad general. Sin duda esas imágenes militares nos
representan valores muy atractivos para un mundo mejor, pero sólo en un país
ocupado, siendo parte de un pueblo ocupado, se puede dar por bueno semejante
testimonio. Si yo fuera palestino tal vez tuviese un foto igual. Nunca se sabe.
En Nablus pude ver centros clínicos golpeados por los
obuses. Las médicas y los médicos trabajan en condiciones penosas. Carecen de
insumos elementales para curar heridas epintervenir en el quirófano; utilizan
instrumental malamente esterilizado. Hacen lo que pueden y lo hacen bien. Mayor
problema tienen las personas heridas o enfermas que no pueden llegar hasta los
centros clínicos por culpa del rigor de los militares israelíes. Un riesgo que
es realmente una forma de castigo, odiosa. No dejan pasar las ambulancias en
las mismas puertas de la ciudad, impasibles a los ruegos de los conductores de
los pacientes y sus familiares. Sí para los sionistas los palestinos no
existen, debe ser que la muerte de mujeres y hombres es tan sólo la muerte de
nadie. Mientras esto ocurre los soldados muchas veces ríen su propia venganza y
son oídos sordos a las críticas de los internacionalistas de las ONG que con
frecuencia se enfrentan a ellos dialécticamente en los puestos de control.
En Nablus se fabrica el mejor jabón de aceite de
oliva. Veo sus factorías bombardeadas, seriamente dañadas. La ciudad cuenta con
los mejores centros de joyería en oro; algunos han sido asaltados por lo
soldados israelíes, mucho de ellos rusos que llegaron a Israel con una mano
delante y otra detrás, un tercio sin ser siquiera judíos pero tratados como a
tales por una administración que necesita seguir importando aunque sea judíos
de pacotilla. Estos rusos actúan de acuerdo con la idea de meritocracia: cuanto
más bestia más patriota.
Enclavada entre los montes Gerzim y Ebal, Nablus o
Naplusa fue fundada por el emperador romano Tito en honor a su padre Flavio.
Como fue Tito (70 año d.C) el que destruyó el Segundo Templo de Herodes, tal
vez los israelíes la tengan tomada con Nablus, en su particular ojo por ojo.
Ventana sobre Nazaret
No había imaginado cómo es Nazaret. Cuando la vi por
primera vez sobre el hueco de una meseta de unos 1200 metros de altura sobre el
nivel del Mediterráneo que se levanta en Galilea, me sorprendió vivamente. En
árabe moderno se llama en-Nasra, pero es notable supvariedad dialectal, Nazara,
Nazarat, Nazareth, Nazaret. Desde algunos de sus miradores puedes contemplar la
llanura de Galilea, su verde vegetación, su geografía compuesta de lugares
sagrados para las tres religiones monoteístas.
Como junto a las murallas de Jerusalén en Nazaret la
discusión continua. La Basílica de la Anunciación regida por franciscanos,
sencillamente maravillosa por su avanzada disposición interior y uso de
materiales, obra de un italiano cuyo nombre no recuerdo, guarda la gruta donde
el Arcángel Gabriel anunció a María la encarnación del Verbo.
Ocurre que a sólo cien metros de la singular Basílica
fue encontrada la tumba de Makam Shihab e-Din, líder musulmán y sobrino de
Saladino. A partir de ese momento activistas musulmanes exigieron y exigen que
en ese lugar se levante una mezquita, a lo que se opone la Custodia de Tierra
Santa, un organismo cristiano, por entender que es una provocación.
Para hacer más complejo el asunto, parece probado que
hasta Constantino Nazaret era un pueblo judío. De manera que por cualquier lado
surge una fila de tumbas judías, una edificación o lugar de culto. Otra vez un
pequeño territorio en disputa.
Musulmanes, judíos y cristianos, ¿es posible que no
puedan convivir? ¿De dónde viene ese sectarismo que afirma con carácter
exclusivo la propia verdad negando la verdad del otro?
Es como si se tratara de una gratuita carrera hacia la
salvación. ¿O tal vez se trate de una disputa por obtener un mayor poder
terrenal? Nazaret ha sido a lo largo de su historia gobernada por romanos,
árabes, griegos, y ahora por judíos.42
Demasiadas
tensiones concentradas en lo que era una aldea agrícola habitada por unas
decenas de familias, tan pequeña que ni siquiera es citada entre las 63
ciudades de la Galilea nombradas en el Talmud. Ahora cuenta con un 30% de
cristianos –repartidos entre católicos y ortodoxos griegos- y una mayoría
musulmana.
Nazaret forma parte de Israel. Según el reparto de
Naciones Unidas de 1947 debería ser parte de Palestina. Pero la primera guerra
del 48 permitió a Israel anexionarse Nazaret para su proyecto sionista. Su
posición geográfica, en el centro de un triángulo formado al sur por Jenin
(Cisjordania), al este por el Lago Tiberiades -a la entrada de los altos del
Golán-, y al oeste por Haifa y el Mediterráneo, hace de la ciudad un fortín
estratégico desde el que se domina toda la llanura y colinas de Galilea. Botín apetitoso,
los israelíes aprovecharon la primera oportunidad para hacerse con la ciudad.
Una ciudad que hoy vota mayoritariamente a los partidos árabes del estado de
Israel que hacen vida política en condiciones de merma de derechos con respecto
a los partidos judíos.
Los kibutzim: el declive de un mito
“Existe la sensación de que el fin de la vida
colectiva está próximo”, afirma Mario Yahni, un veterano del kibutz Maabarot,
creado en 1936 y uno de los pioneros de los 269 que existen en Israel.43 “Hemos
entrado en una dinámica de fragmentación, algunos kibutz están introduciendo
salarios y precios y la privatización se despliega en todas las direcciones de
nuestras vidas”, agrega este argentino de izquierda que tuvo que huir con toda
su familia de la represión impuesta por la Junta Militar. Mario Yahni, como
otros muchos componentes de los kibutzim44, iniciaron hace ya muchos años una experiencia que
consideraban próxima al socialismo. En realidad, el socialismo predominante en
el movimiento estuvo influido desde el principio por el sionismo, dando lugar a
una ideología que la familia Yahni denomina críticamente socialismo
constructivo por su negación de la lucha de clases y su carácter nacional
orgánico. Un socialismo mayoritario que dejó en minoría y terminó neutralizando
a gentes provenientes de la izquierda crítica al socialismo real y próxima a
una marxismo revolucionario.
El kibutz de Maabarot, al norte de Tel Aviv, tiene un
aspecto ordenado y limpio. Es un espacio vallado en el que viven unas mil
personas de las que 410 son miembros de pleno derecho. Como la inmensa mayoría
fue en su momento una comunidad agrícola sin propiedad privada, esto es basada
en la propiedad común de los bienes. Hoy día es un kibutz industrial que
produce leche en polvo para bebes, con una cuota del 40% del mercado nacional,
alimentos para animales domésticos y medicinas. En las fábricas, situadas a un
par de kilómetros, se emplea a trabajadores externos al kibutz en régimen
salarial. De modo que los miembros de Maabarot se han convertido en empleadores
y por tanto en capitalistas en la medida en que son los propietarios de los
medios de producción.
Le pregunto a Mario Yahni por esta metamorfosis del
kibutz. “Al compás del neoliberalismo las cosas están cambiando. Los miembros
del kibutz no tenemos un salario sino que gozamos de una asignación
presupuestaria por igual, sea cual sea tu trabajo, operario de una máquina de
envase o ingeniero. Pero este sentido igualitario no se practica hacia fuera ya
que se contrata mano de obra y cuadros técnicos a precio de mercado como en
cualquier fábrica; además dentro del kibutz ya existe un movimiento a favor de
establecer una escala salarial entre sus miembros en función del trabajo que
desempeña cada cual. Es cierto que la salud, la educación , la guardería
infantil y otros servicios corren a cargo de la comunidad. Antes el comedor
colectivo era gratuito y hoy se paga el servicio”
Mario Yahni, hospitalario y deseoso de informar sigue
hablando, ahora con un cierto deje de tristeza: “La privatización amenaza a
todas las esferas del kibutz. Hay quienes desean comprar la vivienda para
hacerse propietarios y poder disponer de ella; los medios de producción es muy
probable que terminen en manos privadas. Estamos viviendo un movimiento en
sentido contrario a lo que fue la filosofía fundacional de los kibutzim. No sé
por cuanto tiempo lograremos mantener ciertos valores colectivos. Ahora ustedes
están viendo que los cuarenta vehículos de que disponemos son de la comunidad;
cualquier miembro puede tomar uno para horas o por día, simplemente mirando los
que están libres mediante un ordenador que se encuentra en el comedor. Pero ya
hay interés en obtener vehículos propios. Les diré algo: antes la vida
democrática era más rica, las decisiones se tomaban por medio de la democracia
directa tras debates que en ocasiones se prolongaban hasta altas horas de la
noche; hoy día funciona un sistema representativo que permite a la gente
delegar responsabilidades y en cierto modo desentenderse de la toma de
decisiones”.
Maabarot está ubicado en el centro geográfico del
movimiento sionista. En la zona hay 48
kibutz que llevan el mismo camino de la privatización.
A esta región llegaron los “padres fundadores” del movimiento a finales del
siglo XIX y principios del XX, principalmente desde Rusia. Sus ideas eran de
inspiración socialista y estaban imbuidos del espíritu de la época. Creían
también en un sionismo basado en el retorno a la Tierra de Israel y el cultivo
de los campos. Consideraban que de este modo lograrían una identidad nacional
judía. En los años 30 se instaló en la zona un movimiento kibutziano religioso
que a diferencia de sus predecesores laicos veía como ideal la concreción de
una vida normativa judía. La existencia de una red de kibutz facilitó el
reconocimiento internacional de las fronteras de
1948, pues los judíos pudieron demostrar la existencia
de población judía trabajando en asentamientos de frontera. Sin embargo fue
tras la proclamación del Estado de Israel que el movimiento kibutzim alcanzó su
esplendor: de 82 que existían en 1940 se pasó a 214 en
1950. Los kibutzim fueron creando una sociedad
singular, siendo un instrumento muy eficaz en el proceso de colonización de
tierras palestinas. Muchos de ellos se asentaron en zonas en disputa, otros
directamente en Cisjordania, absorbiendo la entrada de inmigrantes dispuestos a
defender su nueva tierra.
A partir de los 80 los kibutzim entraron en una crisis
económica de la que pocos kibutz han podido salir.45 Las
deudas que habían contraído con los bancos aumentaron a la par de una inflación
que en 1984 era del 450%. Los kibutzim habían tomado grandes préstamos para el
desarrollo industrial y cambios en su estructura interna. En 1985 cerca de cien
kibutz estaban en la ruina. En tales circunstancias las federaciones
kibutzianas, los bancos y el gobierno, llegaron a un acuerdo para la
cancelación y reestructuración de las deudas, pero el precio fue elevado:
algunos kibutz debieron vender tierras laborables, otros reducir costos
operativos y en general buscar nuevas fuentes de ingresos. De todo ello derivó
una tendencia en los kibutzim a adelgazar los servicios comunitarios y el
progresivo abandono de concepciones ideológicas y principios colectivistas de
funcionamiento. Este proceso de revisión de la mentalidad kibutzim fue
acentuado por la crisis general de las ideas socialistas –incluso de tipo
constructivista-, la extensión del individualismo propio de la cultura
neoliberal y por la llegada de nuevas tecnologías como internet que llevaron a
los kibutz a conectarse con el mundo. A todo ello hay que añadir un hecho
relativamente nuevo: la llegada a algunos kibutz de jóvenes procedentes de la
ex Unión Soviética. Esta nueva generación de colonos no quiere oír hablar de
nada que les recuerde a los koljós. Si a este hecho agregamos que el 60% de los
jóvenes educados con valores colectivistas, nacidos en el kibutz, lo abandonan
antes de cumplir los 30 años, ya tenemos una clave que explica la metamorfosis.
Mientras nuevas familias llegan, la continuidad de las que llegaron hace mucho
tiempo es un desafío.
La fractura social que amenaza a los kibutz puede
terminar erosionando algo que ellos han ayudado a construir en Israel: la
cohesión nacional alrededor de la idea de una empresa, de una misión
colonizadora. Numerosos estudiosos israelíes están de acuerdo en que el avance
del neoliberalismo plantea nuevos problemas nacionales y concluyen que esa es
una de las razones por las cuales las elites sionistas prefieren mantener el
conflicto vivo. Tener enfrente a un enemigo que “nos quiere matar” silencia los
problemas sociales y actúa como contrapeso a la fisión social. Esta política
impulsada con eficacia desde el Estado ha logrado que el judío pobre vea como
su enemigo al árabe pobre y no al judío rico.
Un breve repaso a los cambios que se están produciendo
en el movimiento kibutzim da una fotografía reveladora:
-Antes su economía era totalmente agrícola. Ahora sólo
un 15% de los miembros desempeñan tareas en la agricultura. La industria con
asalariados contratados ha ganadopmucho terreno. Un número de kibutz se han
convertido en centros para el turismo. Crece el número de profesionales
liberales que ejerce fuera del kibutz.
-Antes la asignación mensual era igualitaria en
función del tamaño de la familia.
Hoy se están estableciendo escalas diferenciales,
aunque existe un cierto control sobre las principales fuentes de desigualdad:
herencias, rentas de un apartamento en la ciudad, otros ingresos privados.
-Antes todo era de propiedad común, habiendo un
control colectivo de los medios de producción. Las decisiones se tomaban en
asambleas. Hoy existe la propiedad comunitaria, pero se ha reducido el control
de los medios de producción por los miembros que gestionan gerentes y
directores.
-Antes, como parte de la ideología de educación
comunitaria los niños y niñas vivían en residencias infantiles. Los padres
estaban con sus hijos sólo después de las horas de trabajo. Hoy los hijos viven
con los padres.
-Antes, la vida social y cultural tomaba la forma de
compartir todo y ser una gran familia. Una elevada participación organizaba
actividades y fiestas. Hoy, con la llegada de la televisión por cable, los
videos y las computadoras personales, la vida social se ha reducido mucho y el
esparcimiento se ha vuelto doméstico.
No se trata tanto de enjuiciar si cada uno de los
cambios habidos representa un avance o no en sí mismo. Lo significativo es el
declive de una ideología y unas formas de vida que han sustentado la razón de
ser del kibutzim durante décadas. Los cambios que se están produciendo afectan
sobre todo a las miembros veteranos que como Mario Yahni perciben la caída de
un ideal. Para las nuevas generaciones del kibutz los cambios apenas significan
algo que les afecte en el campo de las ideas y de su vida espiritual. En
realidad ellos son los actores principales de los cambios, en la misma medida
en que el ambiente neoliberal influye sobre sus actitudes ante la vida y sus
aspiraciones profesionales y sociales.
El futuro de los kibutzim es problemático. La
agricultura no es rentable y no es atractiva para los jóvenes. Sus industrias
han erosionado la vida comunitaria y en términos generales
–Maabarot forma parte de las excepciones- no generan
suficientes ingresos para mantener el kibutz. Se extiende la práctica del
kibutz como ente empleador de contratados por el valorpdel salario mínimo
legal. La lucha por la implantación de diferenciales en el salario parece ya
imparable. Como consecuencia su tejido social se resiente y la vida en el
kibutz es más individual. Sin embargo, los kibutzim siguen teniendo peso en la
vida política. En los gobiernos laboristas siempre es nombrado ministro de Agricultura
un miembro de un kibutz. No en vano numerosos personajes ilustres de Israel han
vivido en ellos: la que fue primera ministra Golda Meir y el laborista Ehud
Barak son dos ejemplos. El asesinado presidente de Israel, Isaac Rabin también
fue educado en las ideas socialistas y sionistas del movimiento kibutzim.
Como la familia Yahni, toda ella comprometida en la
lucha contra lo ocupación de los Territorios de Cisjordania y Gaza, hay en
Israel cientos de miles de judíos de origen suramericano. En los últimos veinte
años, alrededor de 700.000 judíos argentinos han dejado su país de origen para
buscar un bienestar en Israel. Así por ejemplo, en el desierto del Negev, donde
hay 66 kibutz, algunos están formados íntegramente por familias argentinas y
latinoamericanas. En estos asentamientos se conservan las costumbres y los
horarios de sus países. Se bebe vino habitualmente y la siesta es sagrada. En
los últimos años, habida cuenta la grave crisis económica en la que vive
Argentina, prosigue el esfuerzo de captación de nuevos emigrantes. Los kibutzim
latinoamericanos son laicos. Mario Yahni me informa que en Maabarot no hay
sinagoga, y en un alarde de orgullo un poco bromista matiza “aquí todos somos
ateos”. Lo cierto es que a la federación de kibutz religiosos Hakibutz Hadatí
están afiliados un 6% de los kibutzim. La federación nacional más grande es el
Movimiento Kibutziano Unificado, a la que están afiliados el 60% de los
kibutzim, siendo su carácter laico.
En Maabarot no tuve oportunidad de hablar con una
variedad de sus miembros y pedirles opinión sobre cuestiones sensibles como los
derechos palestinos. Tengo una buena razón para volver.
Una Hoja de Ruta muerta
En estos últimos meses estamos asistiendo a un
diálogo en permanente crisis entre israelíes y
palestinos en el marco de la llamada Hoja de Ruta46.
La dimisión de Abu Mazen fue un hecho que se venía venir, habida cuenta su
impopularidad entre el pueblo palestino y, sobre todo, su posición débil frente
al gobierno israelí que no dejó de exigirle el cumplimiento de condiciones
previas sin ceder contrapartidas significativas. Ciertamente no era posible que
un primer ministro utilizado por Israel y Estados Unidos como un ariete contra
Arafat pudiera tener éxito. Al menos, su sustituto, Ahmed Queria (Abú Alá) no
está dispuesto a jugar a ese absurdo juego. Pero la cuestión que nos interesa
en este libro, más allá de los hechos coyunturales, es responder a la pregunta
¿qué es en realidad esta propuesta llamada Hoja de Ruta?
El hecho de que Estados Unidos sea valedor de este
plan es un factor decisivo para que las partes, especialmente el gobierno de
Ariel Sharon, hayan aceptado esta compleja iniciativa, frente a la cual declaro
inicialmente mi escepticismo por una razón esencial: el núcleo central de la
Hoja de Ruta es la seguridad israelí, no la soberanía palestina, y los ritmos
que propone se justifican en condiciones previas impuestas a una de las partes,
no en una dinámica de paz que exija resultados tangibles rápidos.
Lo cierto es que, tras la ocupación de Irak, Estados
Unidos tenía necesidad de presentar ante la comunidad internacional y
particularmente ante el mundo árabe una iniciativa que mostrara su voluntad
pacificadora en la región, abordando el problema histórico más relevante. La
idea de neutralizar un conflicto que millones de mulsulmanes viven como una
humillación y opresión propia y es fuente de inspiración de movimientos
radicales islámicos, está también en el fondo de este gesto norteamericano que,
en mi opinión, no supone variación alguna respecto de su alianza estratégica
con Israel y de su propósito de imponer un estado palestino pequeño y
vulnerable, resultado de una cantonización de Cisjordania y Gaza. Por otra
parte, como bien afirma el estudioso de la región Xavi Martí, tras el 11 de
septiembre, hay un interés en “normalizar” la relación de Israel con los países
árabes y extender así los mecanismos de la globalización, situando a Israel
como centro de la periferia árabe.
La Hoja de Ruta presenta deficiencias importantes.
Como las negociaciones de Oslo, la Hoja de Ruta deja en suspenso las
resoluciones de Naciones Unidas no obligando a su cumplimiento. Todo depende
del acuerdo de las partes; una de ellas es la sexta potencia militar del mundo
y tiene armas nucleares en abundancia; la otra parte sólo posee la fuerza de la
razón. Además, su puesta en marcha ha estado en función de la neutralización
política de Arafat, en un ejercicio unilateral –¿por qué no lo mismo con Sharon?-
y sectario de Estados Unidos e Israel. Como colofón, la participación de la
Unión Europea es puramente simbólica, limitada a los pequeños espacios
diplomáticos que en cada momento le conceda Israel.
¿Qué pretenden Estados Unidos e Israel con la Hoja de
Ruta? Me temo que están dibujando un diseño que otorgue a los palestinos un
pequeño territorio fraccionado de menos un 20%, quedándose Israel con más del
80% del territorio de la Palestina histórica. La creación de un mini-Estado
frágil, con una estrecha viabilidad económica, surtidor de fuerza de trabajo
barata para la industria israelí. Obviamente, un diseño de este tipo encontrará
fuertes resistencias en la sociedad palestina, en sus organizaciones y previsiblemente
en sus autoridades. Es verdad, sin embargo, que la Autoridad Nacional Palestina
depende de fondos extranjeros para su funcionamiento y el pago de sus 122.000
empleados públicos, lo que representa un punto vulnerable ante presiones
externas. En todo caso los palestinos hacen bien en negociar en el marco de la
Hoja de Ruta. De este modo muestran al mundo que sus razones anhelan encontrar
una vía pacífica y justa. Otra cosa son los contornos de un plan de paz
contaminado por la prepotencia militar israelí y el consentimiento
estadounidense.
Es muy difícil, por no decir imposible, que la
iniciativa patrocinada por el presidente Bush permita alcanzar la paz. La clave
estriba, como ya he indicado, en que ha sido concebidapcomo un esquema
antiterrorista y no como la restitución de los derechos del pueblo palestino
sancionados por Naciones Unidas en 35 resoluciones. La propuesta, en lugar de
descansar en las resolución 242 que obliga a Israel a regresar a las fronteras
de 1967; en la
194 que resuelve el derecho de los refugiados
palestinos a retornar a sus hogares y sus tierras o a recibir compensaciones
por las pérdidas; en la 338 que exige a Israel el fin de la ocupación, incluso
de Jerusalén Este; en la E-10/3 que declara ilegales todos los asentamientos de
colonos en los territorios ocupados; en la 2851 que pide enérgicamente a Israel
anular todas las anexiones, establecimiento de asentamientos, confiscaciones de
tierras; en la 43/177 por la que el Consejo de Seguridad toma nota de la
proclamación del Estado de Palestina, emanada del Consejo Nacional Palestino,
lo que unido a la resolución
3236 que reconoce la libre determinación nacional del
pueblo palestino, significa el reconocimiento de hecho de un Estado palestino;
en lugar de partir de la legalidad internacional, la Hoja de Ruta la ignora y
pretende la apertura de una negociación sobre la base de hechos consumados por
el poder militar israelí. Esto supone de hecho concebir los territorios de
Cisjordania y Gaza no como territorios ocupados sino como tierras en disputa.
Este punto de partida da lugar a una lógica perversa:
Israel se irá retirando, unilateralmente, hasta donde crea conveniente por
razones de seguridad y en la medida en que la resistencia del ocupado sea
aniquilada por cuerpos de represión de la propia autoridad palestina. Se le
pide a esta última que actúe con el poder de un Estado, en tanto se siguen
destruyendo sus infraestructuras y recursos y se mantiene el confinamiento del
presidente Arafat. Para lograrlo se inviste al dimitido Abu Mazen como primer ministro
con la misión de rebajar el perfil de las exigencias palestinas, erosionando si
es necesario la fractura social y política del pueblo palestino, sin más
contrapartidas a corto plazo que el desmantelamiento de 15
asentamientos de colonos que no son otra cosa que
auto-caravanas sin población. La lógica de la Hoja de Ruta identifica el
terrorismo como la raíz del conflicto, no a la ocupación que es el verdadero
problema. Por cierto que Abu Mazen puesto como ejemplo de una burguesía
compradora, es un exitoso hombre de negocios, con una clara mentalidad
conservadora muy receptiva a los mensajes norteamericanos.pEn realidad, la Hoja
de Ruta, aun cuando tiene la ventaja formal de reconocer un futuro estado
palestino, algo que no hacía el acuerdo de Oslo, es una propuesta hecha a la
medida de los intereses estratégicos de Israel: diseña un "hogar
palestino" formalmente llamado Estado, pero sin la soberanía de un
Estado-nación, ya que propone una entidad política desmilitarizada, sitiada
geográficamente por un Muro de separación que los israelíes están construyendo
velozmente para aislar Cisjordania, y dependiente en recursos como el agua de
Israel. Un "hogar" seccionado en múltiples islotes rodeados de vías
de comunicación exclusivamente israelíes y dominados desde las colinas por unos
170 asentamientos de colonos judíos armados hasta los dientes. Por si fuera
poco, las catorce enmiendas propuestas por Sharon advierten de antemano que el
gobierno de Israel no acepta el derecho al retorno de cuatro millones de
palestinos que viven en los países vecinos y anhelan el retorno, ni acepta el
desmantelamiento significativo de los asentamientos de colonos judíos en los
territorios de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este. Son dos asuntos que afectan
decisivamente a su política de ocupación, a la que no va a renunciar, por
cuanto es la vía de construcción del proyecto sionista: el Gran Israel. Pero
las autoridades palestinas no pueden aceptar las pretensiones israelíes sin
traicionar a su propio pueblo y a la idea de un Estado propio soberano y
viable.pEsta Hoja de Ruta se encuentra muy distante de lo que pudo ser –y no
fue- el acuerdo de Taba (Egipto) en enero de 2001. Israel proponía una retirada
del 94% de Cisjordania y la ANP estaba dispuesta a abandonar un 3,1 por ciento
de ese mismo territorio; hubo un acuerdo sobre Jerusalén según la población
mayoritaria de cada distrito; el problema de los refugiados se abordaría con la
absorción por Israel de unas docenas de millares cuyo regreso se escalonaría y
otros miles se instalarían en tierras canjeadas que quedarían en manos
palestinas.47 El acuerdo –parcial desde luego- estaba hecho pero
Ehud Barak no tuvo la valentía de presentarlo al electorado. No es que fuera el
acuerdo deseado por el pueblo palestino, particularmente en lo referente al
tema de los refugiados, pero ocurre que la Hoja de Ruta no se acerca ni de
lejos al diseño de Taba. La clave en la posición de Ariel Sharon ante la
presión norteamericana que quiere hacer de la Hoja de Ruta el punto y final del
conflicto consiste en negociar sin ceder un ápice en sus principios sionistas.
La resultante de ello es una estrecha salida para el pueblo palestino,
consistente en verse obligado a aceptar un mini-Estado vulnerable y sometido.
A la Hoja de Ruta le hace Sharon catorce enmiendas que
de ser aceptadas dará como resultado un mapa con un 16-18 por ciento de la
palestina histórica para los palestinos (la partición de Naciones Unidas de
1947 dio a los palestinos el 44%). Dentro de los territorios palestinos
quedarían cerca de 200.000 colonos judíos en Cisjordania y Gaza y unos 190.000
en Jerusalén Este. Pero incluso así la mentalidad
sionista seguirá operando sobre el terreno, manteniendo la lucha por Judea y
Samaría. Y es que, para los sionistas, la guerra de 1948
no ha terminado y sólo lo hará cuando Eretz Israel, el
Gran Israel, sea una realidad plena.
Para esta estrategia que busca la sustitución de un
pueblo por otro, Sharon sigue fagocitando los resultados del 11 de septiembre
mediante la ecuación Bin Laden=Arafat=pueblo palestino; todos los terrorismos
son el mismo terrorismo. Su jugada para aislar a Arafat ha sido maestra:
liquidar al rais para negociar con los jefes proclives a luchar contra
los sectores más combativos de su propio pueblo. Si embargo, Arafat sigue y
seguirá siendo hasta su muerte el poder que mueve los hilos en la estructura de
poder palestina. A pesar de Sharon.
El conflicto parece haber encontrado en la Hoja de
Ruta un cierto espacio de diálogo y negociaciones muy parciales, sometido a las
turbulencias de la violencia. Pero en lo esencial pienso que sigue en situación
de bloqueo. Sólo una acción concertada desde el exterior podrá doblar el brazo
del sionismo, comenzando por el despliegue de una fuerza de interposición bajo
el mando de Naciones Unidas. En cuanto a una solución justa del conflicto la
agenda está hecha: es la misma que Naciones Unidas ha elaborado desde 1967
hasta hoy. Por una sola resolución se ha invadido
Irak. ¿Por qué Israel goza de tanta impunidad?
Una buena y sana Hoja de Ruta hubiera comenzado por
medidas que son un clamor:
Una
primera a favor del despliegue de una fuerza internacional de interposición,
con el fin de poner fin a la violencia.
Una
segunda en exigencia del fin de los asesinatos selectivos que ejecuta Israel,
el fin de las operaciones represivas y de incursiones militares israelíes; el
fin también de atentados palestinos.
El
repliegue de las fuerzas militares israelíes a las fronteras de 1967, pues mal
se puede negociar cuando una de las partes ocupa el territorio de la otra.
Es
importante la participación activa en las negociaciones, en igualdad de
condiciones que Estados Unidos, de otros padrinazgos como la Unión Europea,
Rusia, Naciones Unidas.
Las
resoluciones de Naciones Unidas no pueden ser obviadas pues marcan una ruta
para la paz. Dejarlas a un lado significaría una conducta arbitraria en el
tratamiento de los conflictos, más todavía cuando acabamos de asistir a la
ocupación de Irak bajo el pretexto del incumplimiento de una resolución de la
ONU.
En todo caso hay que ser lúcidos para evitar alimentar
esquemas de desesperación. Hace falta que los dos pueblos visualicen un camino
creíble. Los procesos demasiado largos facilitan la labor de aquellos agentes
interesados en reventar la dinámica de paz. Creo que convienen acciones de tipo
electroshock: decisiones valientes y rápidas. Es preciso que se den
hechos irreversibles, rompiendo ese círculo vicioso mediante el que Israel
impone lospritmos y la agenda, concede y arrebata, avanza y retrocede,
retira su ejército un día y al siguiente reocupa, mostrando una prepotencia
difícil de asimilar por la otra parte. Sólo si los palestinos tocan con sus
manos resultados concretos podremos ver un proceso de paz que avanza. La crisis
de la Hoja de Ruta en agosto de 2003 es una prueba de la extrema debilidad de
cualquier proyecto que no se base en la restauración de la soberanía palestina.
El Muro del Apartheid
Delante de mí el Muro. Un monumento a la perversidad y
al racismo. Un Muro para encerrar de por vida al pueblo palestino,
inmovilizándolo bajo siete llaves. Lo miro con ojos de tristeza y de rabia en
Qalqilia y poco más tarde en Jayyus. Ocho metros de altura, una alambrada de
púas, una zanja insalvable de cuatro metros de ancha por dos de profundidad,
provisto de un sistema de alarma electrónico, de una pista asfaltada para la
circulación de los vehículos militares israelíes y de nuevo una alambrada de púas.
Mientras lo observo pienso en el muro que durante
décadas fue calificado por Occidente como el de la vergüenza. Derribar el Muro
de Berlín fue el empeño de gobiernos que se consideraban a sí mismos como
baluartes de la libertad. Del lado occidental el progreso y la democracia, del
lado oriental un mundo oscuro y la opresión. Este fue el modo como se enfocó el
asunto hasta la caída de los regímenes comunistas. Lo sucedido después en los
países del Este no ha dejado en muy buen lugar al capitalismo. El Muro de
Berlín fue un envite, un símbolo, la frontera entre dos mundos. Sin embargo,
desde 1989 hasta hoy, el llamado mundo libre no ha dejado de levantar nuevos
muros que sumar a otros todavía vigentes. En el laberinto balcánico hay muros.
Y en Chipre. En el Sahara el muro marroquí.
El gobierno español construye muros en Ceuta y
Melilla. Además hay muros compuestos de otros materiales que responden a las
palabras ley, política, economía, seguridad, xenofobia, riqueza y pobreza,
racismo... Nuestro mundo está lleno de muros. El que tengo delante de mí, en
Qalqilia, es un Muro cárcel, ladrón, que pertenece a la tradición totalitaria.
Como el que rodea Gaza.pEl Muro fue anunciado por Ariel Sharon en abril de 2002
como procedimiento para aislar y enjaular a los palestinos. Su construcción se
inició poco después y comprende la Cisjordania occidental, 360 kilómetros que
discurren serpenteando y rodeando aldeas, pueblos y ciudades. Pero el gobierno
de Israel no descarta su continuidad en el valle del Jordán, completando el
cerco. Las obras costarán al menos dos billones de dólares. El Muro no respeta
la Línea Verde (la frontera del 4 de junio de 1967) que separa teóricamente a
Israel de los territorios ocupados, sino que se adentra en Cisjordania, dejando
del lado israelí tierras productivas, manantiales, olivares y bosques, en un
acto de latrocinio. En Qalqilia y la vecina Tulkarem, 28 pozos de agua han
quedado al otro lado del Muro. El distrito de Qalqilia se asienta en una base
acuífera que genera más de trescientos millones de metros cúbicos; el Muro roba
para Israel algo más de un 30% de esta producción.
Actualmente ya están construidos 160 kilómetros en la
zona norte de Cisjordania, para lo que han trabajado a destajo 500 excavadoras
simultáneamente. El gobierno de Israel tomo la decisión, pero han sido el
ejército y los colonos quienes han determinado en la práctica el curso del
trazado. De momento son ya 30.000 campesinos los que han perdido sus medios de
subsistencia, dado que sus campos se encuentran al otro lado del Muro. El
gobierno tiene previsto un mecanismo de permisos a palestinos para trabajar sus
tierras, siempre que colaboren con el ocupante. ¿Se puede imaginar mayor
perversidad? Los ingenieros de este espanto lo tienen previsto todo: según la
ley israelí, si estas tierras dejan de ser trabajadas durante tres años pasarán
a propiedad del Estado de Israel.
El Muro del apartheid es también el instrumento físico
pensado para sancionar un sistema de cercos y enclaves que impide la
continuidad territorial de Cisjordania y fortalece la posición de los
asentamientos de colonos. El Muro se adentrará en algunos puntos de Cisjordania
hasta treinta kilómetros, con el fin de cumplir ese objetivo. En la región de
Jerusalén un sistema de muros anexionarán una parte de Belén y cerrarán
círculos sobre suburbios palestinos y barrios árabes del gran Jerusalén. El
enclave de Qalqilia ha dejado encerrados a 40.000 personas que han de pasar por
una puerta militarizada para acceder al resto de Cisjordania. Es decir, para ir
de territorio palestino a territorio palestino es el ejército ocupante quien da
o niega permisos. Cuando se complete el cerco de Tulkarempotros 74.000
palestinos quedarán inmovilizados. Mientras en la zona norte el Muro completa
su misión, los arquitectos sionistas dibujan en sus planos futuro proyectos:
los cercos de Hebrón y Jericó.
En Yayyus, el muro toma la forma de una alta alambrada
electrificada. Del lado palestino una pista de arena revela las pisadas de
quienes osen acercarse. Del otro lado hay una pista asfaltada exclusiva para
los vehículos militares israelíes. En la alcaldía nos muestran mapas y nos dan
indicadores. De 540 familias que viven en el pueblo 300 dependen de las tierras
que han quedado en la otra parte de la alambrada. De éstas, 180 familias han
quedado sin ningún recurso para sobrevivir. Sesenta pozos de agua de Jayyus han
sido confiscados y para más humillación los soldados israelíes se dedican a
tirotear los tanques de agua particulares de este pueblo asentado en un alto:
falta el agua, para beber y para la tierra.
Muchos jóvenes de Yayyus no pueden acudir a la
universidad. Quien logra producir en sus huertas no puede caminar al mercado
del pueblo vecino. Como Jayyus hay otras 55
poblaciones afectadas de igual manera en la región.
La perversidad del Muro logra su máxima expresión al
dejar atrapados, de momento, a
200.000 palestinos entre la Línea Verde y la imponente
construcción de hormigón y despliegue de alambradas eléctricas. Muchas
viviendas han quedado desgajadas de sus aldeas y pueblos, como islas en tierra
de nadie, vulnerables a los disparos nocturnos de los soldados que gritan.
“¡Váyanse!” No es fácil que estas familias soporten mucho tiempo semejante
presión. Probablemente, dentro de un año las contabilizaremos como familias
desplazadas, tal vez refugiadas en alguna parte.
Da que pensar el hecho de que 160 kilómetros de este
Muro maldito se hayan construido sin que los gobiernos de occidente hayan
abierto la boca. Los mismos que hicieron del Muro de Berlín un principio, una
herramienta ideológica, una doctrina, para significar las maldades de los
regímenes de Europa del Este, ahora callan. Lo hacen porque Israel tiene
permitido todo. Pueden molestar algunas de sus conductas, de sus matanzas.
Molesta incluso la ocupación. Pero esa molestia es un mal menor que me recuerda
a la ya famosa frase que un presidente norteamericano dedicara al general
Anastasio Somoza “es un hijo de... pero espnuestro hijo de...” Últimamente, en
el contexto de una Hoja de Ruta que va de crisis en crisis, Estados Unidos ha
aconsejado al primer ministro Ariel Sharon que detenga la construcción del
Muro. Es un consejo táctico que no podemos interpretar como oposición sino tan
solo como un consejo de prudencia política. Las posiciones de Estados Unidos y
de la Unión Europea son de permisividad, atendiendo al criterio israelí de
seguridad.
Sin embargo, como dice la competente arabista Loles
Oliván, el Muro viola la IV Convención de Ginebra que prohíbe tajantemente a la
potencia ocupante extender, destruir y expropiar propiedades situadas en el
territorio ocupado, sin justificación derivada del concepto de seguridad. La
violación de esta norma, constituye un crimen de guerra. Israel trata de
justificar su conducta precisamente en nombre de su seguridad, pero como afirma
Oliván, el Muro no tiene nada que ver con la seguridad de las fuerzas de ocupación
o con la de su administración sino con la de los colonos asentados ilegalmente
y el objetivo de consolidar la partición de Cisjordania en enclaves separados
entre sí. Europa y Estados Unidos lo saben. Pero miran para otro lado. Al
parecer el 11 de septiembre justifica cualquier método de castigo colectivo
siempre que se apele a la seguridad, la nueva Diosa investida por George W. Bus
y ante la que Europa hace su propia genuflexión.
Las aguas del
Jordán
En los días en que Jesús de Nazaret se iba abriendo
camino como predicador en las orillas del Tiberíades, Juan el Bautista era ya
muy famoso. De toda la región de Judea e incluso desde Jerusalén acudían a él y
después de reconocer sus pecados eran bautizados en el río Jordán. Juan iba
vestido con pelo de camello, llevaba una correa de cuero a su cintura y se
alimentaba de saltamontes y de miel silvestre, según nos cuenta el evangelio de
San Marcos. Enterado Jesús de su fama acudió a él para que lo bautizara.
Cuentan los evangelios que nada más verlo, Juan el Bautista supo que aquel que
venía de Galilea era el hijo de Dios y dijo: “Este es el cordero de Dios”. Juan
tuvo que convencer a los que le seguían que él no era el Mesías y que semejante
honor correspondía al recién llegado, un desconocido en la región del Jordán.
¿Aprovechó Juan el Bautista la oportunidad para liberarse de una
responsabilidad que le empezaba a pesar, debido a las presiones que sobre su
figura ejercían las comisiones de sacerdotes y levitas que viajaban desde
Jerusalén?48
Las aguas del Jordán fueron en una época el pasaporte
para la vida eterna, en el más allá.
Hoy son el agua indispensable para la vida, para el
desarrollo de la agricultura, de la industria y de los servicios. El control de
la cuenca del Jordán es un asunto geoestratégico de primera magnitud. Lo es
para Israel, para los territorios ocupados y para el reino de Jordania. El río
Jordán tiene su curso por los tres países; baja desde el monte Hermon hasta
desembocar en el Mar Muerto.
Un día de sol espléndido hicimos casi todo el
recorrido, en paralelo a la línea fronteriza.
Pudimos observar el despliegue militar israelí que
desde 1967 ocupa la ribera occidental del río, ejerciendo un severo control
sobre gran parte de sus recursos. Israel también se ha apropiado del lago
Tiberíades y de gran parte de los acuíferos de Cisjordania. Es de este modo que
se ha producido el “milagro israelí” de convertir parte del desierto en
prósperas huertas.49 Hoy día el monopolio israelí sobre el agua es casi
absoluto, en virtud de una hidropolítica que premia los judíos y restringe el
uso del agua a los palestinos que deben pagarla hasta veinte veces más cara. El
gobierno de Israel facilita el agua necesaria a los asentamientos de colonos en
Cisjordania y Gaza. Para el caso de los palestinos menos del
10% del agua disponible en la franja de Gaza es
considerada óptima para el consumo humano, mientras que el 24% de las viviendas
palestinas en Cisjordania carecen de agua corriente. Para los colonos el agua
está subvencionada; dicho de otra manera, la pagan los palestinos a un
sobreprecio. El agua, como la arqueología, es en Palestina un arma
políticomilitar.
En todo el Oriente Medio el agua es un factor
potencial de conflictos. Es así en el Nilo y en la cuencas del Eufrates y
Tigris. En el caso del Jordán el asunto es más grave pues una potencia ocupante
mantiene una posición de dominio, utilizando el agua como parte de una
estrategia de castigo del pueblo ocupado y como arma de presión para despoblar
de palestinos determinadas zonas. Sionismo, agricultura y agua forman una
ecuación política.
No hay que olvidar que la conquista de la tierra, para
que sea real y efectiva, requiere una colonización con resultados exitosos, lo
que coloca a la agricultura en un espacio de centralidad ideológica y política
dentro del proyecto estatal sionista. Tal es la importancia del agua en el
conflicto que en 1959 la Liga Árabe preparó un proyecto para desviar el agua de
las fuentes superiores del Jordán que nacen en el sur de Líbano y en los Altos
del Golán sirios. Pero las conquistas israelíes de 1967 dejaron el Golán en sus
manos y el proyecto árabe fue derrotado. Esta “guerra de los seis días” dio
lugar a una Orden Militar que puso bajo la autoridad militar israelí todos los
recursos hídricos de los territorios ocupados. Hoy día, sectores sionistas
justifican la ocupación permanente de los Altos del Golán por su situación
estratégica respecto del agua.
Una muestra de la política israelí lo da el hecho de
que tras 1967 disminuyó casi un 30% de la superficie irrigada de propiedad
palestina. Tras los acuerdos de Oslo ha habido una mejora que ha reducido este
porcentaje a menos del 10%. Pero el hecho es que el Gobierno de Israel sigue
manejando las cuotas que concede a los palestinos de un agua que en buena parte
es robada. Algunos estudios indican que los colonos gozan de un consumo per
cápita entre cinco y diez veces superior al de los palestinos. Lo cierto es que
el futuro Estado palestino necesitará de la agricultura para su desarrollo y
para facilitar el asentamiento de aquellos refugiados que retornen. Actualmente
la agricultura contiene el 47% de su población activa y significa el 39% de su
PIB. El agua jugará un papel decisivo en la formación de ese Estado.
El valle del Jordán, siguiendo el curso del río, es
espectacular al atardecer. Las montañas jordanas del otro lado del río y del
Mar Muerto se visten de naranja y rosa. Un cielo violeta proyecta su luz sobre
los blancos pueblos dormidos sobre sus laderas. Sobre el azul violeta cupular
destacan unas finas nubes oscuras pintadas por algún impresionista. La belleza
del paisaje inspira armonía e invita a olvidar por unas horas la existencia de
un conflicto bajo el mismo cielo. Contemplándolo pienso en el conflicto de las
aguas, pero enseguida mis pensamientos encuentran el consuelo de que al menos
algo mágico permanece vivo con el paso de los siglos: me refiero a este cielo,
el mismo cielo que gozaron Juan el Bautista y Jesús de Nazaret.
Jericó en el desierto
Cuentan que cuando Jesús atravesaba Jericó era tanta
la gente que le esperaba que un hombre llamado Zaqueo, bajo de estatura, hubo
de subirse a una higuera para verlo mejor.
Es muy probable que hoy día Jesús no pasaría del checkpoint
israelí que controla las entradas y salidas de la ciudad. Jericó está
doblemente aislada: es un oasis en el desierto de Judea, conectada con
Jerusalén por una carretera bien asfaltada, y es asimismo una prisión al aire
libre ya que son los soldados judíos quienes deciden a cada momento quién entra
y sale de la ciudad. A partir de las nueve de la noche se cierra el checkpoint
y sólo queda mirar a las estrellas y encontrar en ellas la libertad. Jericó
fue junto a Gaza el primer territorio bajo mandato de la Autoridad Nacional
Palestina, según los acuerdos de Oslo.
Pero Oslo ha muerto y con su muerte Jericó padece su
agonía.
Jericó es la ciudad de los naranjos, pomelos, bananas,
dátiles, flores y vegetales. Cuando entramos, al atardecer, la ciudad está
vestida de los mismos colores que hemos contemplado en el Mar Muerto, ¡qué
bella es Jericó! Recorriendo la ciudad pienso en el mito judío. Según la
Biblia, tras cuarenta años de deambular por el desierto, los israelitas
dirigidos por Josué llegaron a las murallas de la ciudad. Marcharon alrededor
de la ciudad una vez al día durante seis días. Al séptimo dieron siete vueltas
completas, los sacerdotes soplaron las trompetas, las personas gritaron y las
murallas cayeron. Después mataron a filo de espada a hombres, mujeres, jóvenes
y viejos, y aún los bueyes, las ovejas y los asnos. Lo cierto es que todas las
investigaciones realizadas mediante excavaciones demuestran que fue un
accidente natural, un terremoto, el que echó abajo las paredes. Ocurre que la
historia reconstruida juega en este caso a favor de quienes se sienten
instrumentos de Dios.
Jericó-Ariha, como Nablus, es mencionada 71 veces en
la Biblia. Es una de las ciudades más antiguas del mundo, con 10.000 años de
existencia y de presencia cananea. Hoy día elpnombre de Jericó se asocia a los
acuerdos de Oslo, al sufrimiento diario de sus habitantes aislados, y al
misterio que sigue inspirando su nombre. El Acuerdo Gaza-Jericó tomado en Oslo
fue diseñado en sus detalles y firmado en El Cairo el 4 de mayo de 1994, luego
de siete meses de debates. Los elementos centrales de las conversaciones fueron
los temas referentes a la seguridad de los asentamientos israelíes, así como la
seguridad externa en los límites y los cruces de frontera. El documento incluye
un acuerdo referente a la retirada de las fuerzas militares israelíes de Gaza y
Jericó, la transferencia de autoridad de la Administración Civil Israelí a la
Autoridad Palestina, la estructura y composición de la Autoridad Palestina, su
jurisdicción y poderes legislativos, la fuerza policial palestina y las
relaciones entre Israel y la Autoridad Palestina.
El Acuerdo Gaza-Jericó se aplica a la Franja de Gaza y
a un área definida de unos 65
kilómetros cuadrados, incluyendo a Jericó y sus
alrededores. Aunque la declaración de principios es un documento corto,
consistente en unas 20 páginas, el Acuerdo Gaza-Jericó contiene unas 300
páginas y seis mapas adjuntos. El Acuerdo Gaza-Jericó se refiere a cuatro
cuestiones principales: acuerdos de seguridad, asuntos civiles, cuestiones
legales y relaciones económicas. Según el concepto de seguridad aplicado a Gaza
y Jericó, estas áreas se consideran parte de la "cobertura" de
seguridad israelí. Esta cobertura está destinada a proveer seguridad ante
amenazas externas a lo largo de las fronteras. Dentro de esta área, las
responsabilidades de seguridad interna son divididas entre Israel y los
palestinos. Mientras Israel sigue siendo responsable de la seguridad de los
israelíes y en particular de los asentamientos de colonos, los palestinos son
teóricamente responsables del orden público y de la seguridad interna de los
palestinos. En la práctica, lo que se puede ver en Jericó es una policía
palestina casi sin armas replegada en el centro urbano y un cinturón militar
israelí que vigila la ciudad como Josué rodeando las murallas. Una prueba del
escarnio es que según los acuerdos Israel garantizará el "paso
seguro" para personas y transportes palestinos entre la Franja de Gaza y
el área de Jericó durante las horas de luz del día; de hecho ni personas ni
transportes palestinos tienen libertad de movimientos.
Cuando salimos de la ciudad poblada por gente
hospitalaria que necesita ser visitada pienso en el absurdo del control militar
sobre la ciudad. Como si el desierto no fuera bastante. La respuesta sólo puede
ser una: es la venganza, el deseo irrefrenable de castigo colectivo quepel
sionismo ejerce sobre el pueblo palestino. Cuarenta siglos después, la historia
de Josué se repite trágicamente: Ariel Sharon rodea la ciudad. Cuando lo
disponga sus tropas entrarán a sangre y fuego.
La hora de los movimientos sociales?
El ruido de la violencia acalla las voces de la
sociedad palestina e israelí y la ineficaz diplomacia desplaza a los
movimientos sociales de ambos lados impidiéndoles tener un espacio para la
propuesta. Ni en Oslo ni ahora en la fallida Hoja de Ruta se contempla
consultar a la gente y a las organizaciones sociales acerca de decisiones
importantes. Sin embargo, en Palestina y en Israel, hay una riqueza social con
gran capacidad para proponer alternativas democráticas y por eso mismo
radicales, superando los meandros de procesos inoperantes que dan ventaja a
quienes no desean una resolución del conflicto por la vía
negociada.pPrecisamente a finales del mes de agosto de 2003, un grupo de
internacionales fuimos testigos de algo singular: en la ciudad de Belén docenas
de palestinos e israelíes de diferentes movimientos sociales se reunieron
durante dos días para reflexionar juntos sobre el conflicto en el contexto de
la globalización neoliberal y de la ofensiva político-militar de Estados Unidos
en la región. El encuentro no era algo obvio. Muy al contrario fue un acto de
desobediencia a las ideas dominantes en ambas sociedades que excluyen el
acercamiento; de resistencia a las doctrinas del sectarismo y del dogmatismo;
de superación del miedo; un miedo que es con frecuencia un factor de control de
las poblaciones. Un acto singular, excepcional por cuanto era el primero en la
historia del conflicto, por su número de participantes y la duración del mismo.
El encuentro no deambuló por el firmamento de la retórica y la indefinición,
sino que fue claro y unánime en contra de la ocupación y de la colonización y a
favor de todos los derechos palestinos incluido el del retorno de los
refugiados. Fue un acto de coraje político. Contra el muro que está
construyendo Israel para aislar al pueblo palestino, pero también contra otro
muro que responde a otro nombre: el muro mental que invita permanentemente a la
no relación, por temor.
Los movimientos sociales palestinos e israelíes allí
reunidos criticaron duramente la Hoja de Ruta por responder a un diseño del
Imperio y de los intereses de Israel. Si ellos tuvieran voz en la mesa de
negociaciones plantearían algo muy sencillo como centralidad: el fin inmediato
de la ocupación, como paso primero e inevitable para empezar a negociar
aspectos concretos del conflicto. En este punto hay coincidencia: una medida
radical, no sujeta por el ocupante a condiciones previas que deba cumplir la parte
ocupada, no sólo es justa, es la única manera de mostrar que la vía negociadora
puede producir resultados tangibles satisfactorios.
Ocurre sin embargo que la voz de estos movimientos
sociales contra la ocupación es una voz molesta. Se prefiere que sigan siendo
realidades invisibles, mudas a efectos prácticos.
Para el sionismo, los movimientos israelíes insumisos
y solidarios con la causa palestina son un grano en las nalgas. El hecho de que
sean pequeños no les impide ser cualitativamente significativos. Las Mujeres de
Negro con su testimonio recuerdan todos los días que los gobiernos de Israel se
emplean con el pueblo palestino como fascistas.pLlegará el momento en que la
persistencia y la claridad de principios de los movimientos sociales dará sus
frutos. Para la Autoridad Nacional Palestina (ANP) los movimientos sociales
representan la amenaza de quien señala con el dedo políticas poco presentables
y conducciones a veces lamentables en los espacios de negociación con los
israelíes. Es significativo que numerosos movimientos sociales estén
proponiendo una reforma política en la estructura de poder de la entidad
palestina, pues parten del principio que un futuro Estado viable está
íntimamente conectado a cambios profundos en la ANP y en el sistema de gobierno
incluyendo el funcionamiento de los poderes legislativo y judicial. En realidad
sucede como en otras partes: los movimientos sociales piensan demasiado y son
demasiado libres. Pero están ahí y con cada día mayor fuerza.
Los movimientos sociales palestinos e israelíes son
los llamados a proyectar en el mundo la tragedia de la vida cotidiana.
Organizados alrededor de ejes temáticos están en condiciones de informar,
denunciar y exigir el fin de las atrocidades, impulsando redes internacionales
de apoyo. Esto es muy importante en un momento en que buena parte de la opinión
pública occidental percibe el conflicto como un asunto de fronteras y no
entre ocupante y ocupado.
Estoy persuadido que en este conflicto la opinión
pública y los medios de comunicación pueden cambiar el curso de los hechos.
Sucedió en Sudáfrica: el apartheid entró en su recta final cuando la
opinión pública fue un clamor y una minoría de blancos rompió la supuesta
cohesión de los blancos racistas, uniéndose al Congreso Nacional Africano. En
este conflicto, exponer las condiciones de la vida cotidiana: el infierno de
los checkpoint, la barbaridad del muro, la existencia de cárceles
secretas israelíes, es la gran misión de los movimientos sociales. En Israel
funciona un grupo dedicado a denunciar el derribo de casas palestinas por el
ejército sionista;50 su misión puede parecer poca cosa en relación a la
gravedad del conflicto, pero es a partir de hechos particularmente injustos
como puede mostrarse el verdadero rostro de los ocupantes.
Algunos analistas árabes están pidiendo a los
movimientos sociales palestinos, particularmente a los laicos, un mayor
compromiso con los procesos de construcción nacional. Esta opinión sostiene que
la visión panarabista de la lucha difumina con frecuencia el objetivo de lograr
un Estado propio, palestino. En mi opinión este es un problema mayor entre las
organizaciones sociales islámicas. En todo caso es verdad que hay una brecha
entre la visión de un Estado árabe y la visión de un Estado concreto, nacional.
El asunto no es de matiz, ya que la prioridad de construcción de un Estado
propio pone por delante la agenda de su logro, incluyendo el diseño de
estrategias realistas. No quiere esto decir que deba olvidarse que el papel del
sionismo en la región es modificar el escenario no sólo en sus aspectos
territoriales, políticos y económicos sino, muy particularmente, en lo que a la
identidad cultural árabe se refiere. No soy quién para dimensionar este
problema y mucho menos para aconsejar lo que debe hacerse. En todo caso este
fue un punto de reflexión en el mencionado encuentro de Belén.
Los movimientos sociales palestinos tienen ante sí el
desafío de buscar espacios de mayor unidad entre laicos y musulmanes. La
afiliación a estos últimos de muchos jóvenes responde a la necesidad de
defender una entidad frente al ataque que viene de occidente.
Los escenarios geográficos también inciden
notablemente en una cierta separación. No es lo mismo Hebrón y Gaza que la
región de Belén. Ramallah presenta una variedad. Tratándose de una lucha
nacional frente a un ocupante tan poderoso parece evidente que lo que une debe
prevalecer sobre las diferencias estratégicas y de modelos de sociedad.
“Crucemos juntos el río y luego que cada cual haga su propia propuesta” es una
frase que responde bien a la necesidad imperativa de unir fuerzas. También es
un reto la mayor participación de las mujeres en las organizaciones sociales,
laicas y musulmanes. Los movimientos sociales israelíes parecen necesitar de
una especie de confederación que reúna la actual constelación de grupos
pequeños para conseguir una influencia mayor en una sociedad machacada por la
propaganda oficial. Parece de mucho interés asimismo que estos movimientos
pongan en su sitio a la democracia israelí. Esta última tiene una buena
propaganda, pues se presenta como una isla dentro de una región totalitaria,
pero en realidad es una maquinaria de opresión hacia fuera y en su propio
Estado. Lo cierto es que Israel exporta su propio producto político con no poco
éxito: la sharonización se observa en las relaciones internacionales, el
ascenso del estado penal y la ilegalización de partidos políticos, así como en
el impulso de una confrontación entre civilizaciones. Pero es en la cuestión
del sionismo donde los movimientos sociales israelíes han de poner un especial
énfasis: el sionismo es unapideología etnocéntrica y fascista que se ha
coaligado con los intereses del capital internacional para integrar a Oriente
Medio en los circuitos de la globalización. Incluso cuando acabe la ocupación
la lucha contra el sionismo deberá proseguir, pues de otro modo nunca habrá paz
y seguridad en la región.
Me parece importante regresar al acto de Belén. Creo
que para la dimensión internacional de la causa palestina es muy importante el
acercamiento entre movimientos sociales de ambos lados. Cada día de ocupación
ya es demasiado. Y creo sinceramente que la suma de voces compone una polifonía
necesaria desde la que cantar la misma partitura contra la ocupación,
complementándose. Occidente necesita ver revitalizada la conciencia de que el
sufrimiento palestino debe acabar de inmediato. Debe regresar a una percepción
clara de que el problema principal no es el terrorismo sino la ocupación que
provoca lo que no se desea. Para lograr esta vuelta al sentido común, el
concurso de voces israelíes que denuncian a su propio gobierno, al sionismo,
sin renunciar a Israel, puede ser algo importante, una llamada de atención.
Palestinos e israelíes juntos, con lealtad a la causa de la libertad completa
del pueblo ocupado, es un hecho que rompe esquemas, que muestra que del lado
del opresor no toda la gente está de acuerdo; que hay disidentes; que hay
hombres y mujeres como los muchos que en el mundo aspiramos a la fraternidad, a
la igualdad, a la libertad toda y para todos.
Realidad compleja, solución compleja
Aspiraciones políticas nacionales, versiones
unilaterales de la historia, la lucha por la misma tierra, el choque de
religiones y confrontaciones violentas, son algunos de los materiales de que
está compuesto el conflicto palestino-israelí. Si a todo ello añadimos los
odios acumulados, los deseos de venganza, el no reconocimiento del otro, nos
encontramos ante un nudo que parece imposible desatar. No resulta fácil
imaginar de qué manera podrá encontrarse una solución en la mesa de
negociaciones, pero incluso si ello es posible algunos problemas seguirán
latentes y exigirán la máxima atención internacional. El hecho de que ambos
pueblos tengan interés en los mismos lugares y territorios hará que más allá de
los acuerdos de fronteras las tensiones proseguirán. Por otra parte la
presencia de un Estado judío provoca o potencia un proyecto islámico del lado
palestino. La solución solamente podría venir de una verdadera democracia en la
región. Cualquier acuerdo deberápabordar con precisión las competencias sobre recursos
como el agua y sin embargo la lucha por su control continuará. Un acuerdo de
paz deberá garantizar todos los derechos nacionales palestinos sin los que no
es posible un Estado. Sin embargo, es probable que si alguna vez se firma la
paz, la lucha de los palestinos por todos sus derechos no cejará. En el futuro,
el Estado palestino tendrá que comenzar a caminar sin resolver
satisfactoriamente la cuestión de los asentamientos de colonos judíos en su
territorio. Los dos Estados vecinos serán muy desiguales y es más que probable
que el afán hegemónico de Israel se exprese con formas económicas y también
militares. Por consiguiente, una primera conclusión nos recuerda la complejidad
del conflicto.
El nudo del conflicto ha sido apretado aún más desde
el 11 de septiembre. La primacía de la seguridad y la extensión arbitraria de
la calificación de terrorismo a todo movimiento radical contra el poder global
o local, complica hasta la posibilidad de la comunicación; el lenguaje se ha
pervertido y apenas sirve para el diálogo.
Cada vez que el gobierno de Israel habla del
terrorismo palestino da un paso más en el proceso de ocupación y colonización
de Cisjordania. La apelación a la lucha contra el terrorismo es un falso
pretexto para aislar a Yasir Arafat y pretender su deportación o su asesinato
y, lo que es más alucinante, es el principio por el cual la potencia agresora
trata de imponer quién debe ser el interlocutor del pueblo ocupado como
condición para abrir cualquier proceso de negociación. El antiterrorismo como
doctrina y estratagema política alcanza del lado israelí la mayor cota de
oportunismo y de maniqueísmo. Da la impresión que el sionismo prefiere que la
herida abierta no cicatrice en un período en el que el campo de las relaciones
internacionales, sumamente jerarquizado bajo el mandato del Imperio, le otorga
todas las ventajas para proseguir en su empeño de hacerse con el control del
máximo de tierra en Judea y Samaría. La herida abierta permite la continuidad
de las crueldades, de la represión y la construcción de nuevos asentamientos de
colonos y la prolongación del Muro, un monumento a la opresión.
El discurso de Israel cuenta con apoyos
incondicionales, previsibles, en los partidos republicano y demócrata de
Estados Unidos, pero suena a hipocresía y sometimiento lapcomprensión que se le
otorga desde la Unión Europea, más preocupada por presionar a la Autoridad
Nacional Palestina (ANP) que de imponer medidas económicas de castigo al
gobierno ocupante, denunciando los actuales acuerdos comerciales. Creo que la
conducta diplomática de manga ancha con el agresor y de presión unilateral al
lado débil del conflicto, como estrategia para obtener audiencia ante el
gobierno de Tel Aviv, ha fracasado. Ariel Sharon sólo escucha a la
administración norteamericana y al sionismo del que forma parte estelar. Pienso
asimismo que es insostenible la afirmación que sitúa a Sharon y Arafat en un
mismo plano de responsabilidad, siendo que el primero mantiene cautivo en
Ramallah al segundo y la correlación de fuerzas entre ambos es abismal. La
complacencia con la política israelí, amparada retóricamente en la lucha contra
el terrorismo, cuando el ejército en manos del sionismo es una máquina de
terror cotidiano en Cisjordania y Gaza, es un hecho que impide avanzar en un
proceso de paz justa. De modo que un gesto a favor de la paz debe pasar por un
cambio sustancial de la posición que mantiene la Unión Europea ante el gobierno
de Israel. Europa no puede tragar un minuto más la burla sionista.
Quienes acusan a Arafat de no hacer lo posible por
calmar la ira israelí deteniendo a cientos o miles de militantes de Hamas,
abusan de connivencia con el ocupante y de dureza con la víctima. Olvidan que
si el conflicto es complejo, tan o más complejo es ejercer la represión contra
quienes representan un segmento amplio de la sociedad gracias justamente al
permanente acoso que el ejército israelí implementa contra la población
palestina. Cada asesinato selectivo cometido por Israel contra un líder de Hamas
multiplica los apoyos sociales que esta organización recibe. Empujar a la ANP a
una política de ruptura de la sociedad palestina es injusto, errático y conduce
el conflicto al borde de un precipicio. Se impone, por el contrario, una
deconstrucción de la ideología alimentada por el 11 de septiembre,
reduccionista y sectaria, para recuperar el sentido común y sancionar la acción
colonial de Israel como el origen del problema. Pero esto no sucederá mientras
Europa, raptada, prosiga con su seguidismo hacia Estados Unidos, en un acto de
enajenación y pérdida del sentido. Lástima, porque el pueblo palestino
necesitado de esperanza piensa en Europa.pUna segunda conclusión es que la
complejidad del conflicto se visualiza también en su desnaturalización. Los
gobiernos más fuertes, particularmente occidentales, hace mucho tiempo que no
hablan de ocupación, de colonización; prefieren omitir el carácter del
conflicto y difuminarlo en llamamientos a las partes como si el asunto fuera un
contecioso de fronteras y de voluntades torticeras.
En cuanto a la posición de la Administración y de los
grandes medios de comunicación de Estados Unidos revista gravedad el hecho de
que se da por supuesto que el mundo considera el conflicto palestino-israelí
como parte de la lucha contra el terror y del choque universal de culturas,
creencias y civilizaciones. La última guerra colonial del planeta se ve
beneficiada por el predominio y exportación de una ideología simplista y
peligrosa. Se ha llegado al extremo de considerar a Arafat como terrorista y a
Sharon, responsable personal de la matanza de Sabra y Chatila, como hombre de
paz. Mayor manipulación no cabe.
Actualmente Estados Unidos manda más que nunca y en lo
que se refiere al conflicto palestino-israelí la unidad es casi total alrededor
de las posiciones neoconservadoras que conectan con fervor su cristianismo al
Antiguo Testamento judaico, sumándose a las fuerzas del sionismo. Tom DeLay,
dirigente de la mayoría republicana en la Cámara de diputados, declara que Dios
le confió la tarea de dar “una visión bíblica del mundo” a la política
estadounidense. El presidente Bush comparte con entusiasmo esta creencia. Rara
vez desaprovecha la oportunidad de citar la Biblia: “La libertad a que estamos
apegados no es el don de América al mundo, sino el don de Dios a la humanidad”.
Bush gusta decir:
“Los acontecimientos no son movidos por cambios ciegos
ni por el azar, sino por la mano de un Dios justo y fiel”. El puritanismo de
Bush es exportador de violencia y guerras y peligrosamente sectario. Sus
posiciones son similares a las del sionismo que afirma: “Esa gente –los
palestinos- debe desaparecer . No hay otro remedio. Dios dio esta tierra a
quienes la dominarán y la cultivarán y es en vano combatir su justo orden”. Su
discurso mesiánico considera que Estados Unidos tiene el privilegio de cumplir
su destino de salvar al mundo, si es necesario por la fuerza. Su cristianismo
ultraortodoxo comparte con el sionismo un Dios colérico: “Por Dios te despojaré
como se descorteza un árbol”. Este mensaje encuentra tras el 11 de septiembre
un campo abonado. En Nueva York, ciudadpabierta y multicultural, la gente toma
distancia respecto de todo lo árabe y musulmán. En este ambiente nadie que
aspire a un puesto político relevante en Estados Unidos puede hacer públicas
opiniones comprensivas con los derechos palestinos so pena de suicidarse
políticamente. Pareciera que son los amigos del Gran Israel quienes dictan la
política exterior de la primera potencia mundial y esta influencia se extiende
ya a toda la llamada clase política norteamericana. Hillary Clinton comprendió
rápidamente el problema. Para ser elegida senadora en noviembre de 2000 por la
ciudad de Nueva York tuvo que renegar de su apoyo a la idea de un estado
palestino que había expresado en 1998. Mi punto de vista es que poco bueno cabe
esperar de la política norteamericana en lo que respecta a una paz justa para
Palestina. El error de la comunidad internacional, de la Unión Europea y de
Naciones Unidas , es confiar en el liderazgo del inquilino de turno de la Casa
Blanca La tercera conclusión plantea la necesidad de sustituir el liderazgo
pro-sionista de Estados Unidos por un liderazgo multilateral que fuerce a
Israel a cumplir las resoluciones de Naciones Unidas. Seguir confiando en la
voluntad del actual o del próximo gobierno norteamericano es una forma de
dejación de las obligaciones de los organismos intergubernamentales y de los
gobiernos europeos.
Oriente Medio, y dentro de la región el conflicto
palestino-israelí, es un escenario en el que la coalición de la industria del
petróleo y de armamentos, tiene intereses particulares que se expresan en la
geopolítica de la primera potencia del mundo y de sus aliados-subordinados.
Para abordar el problema político debe impedirse su
contaminación por las grandes corporaciones. Esta es una cuarta conclusión.
Despejado significativamente el camino el nudo seguirá
ahí, fuertemente apretado. Pero al menos las posibilidades de alcanzar buenos
resultados habrán aumentado.pCronología
1896 Theodor Herzl publica en Viena el libro “El
Estado judío” donde elabora el proyecto sionista
1897 Primer congreso sionista mundial en Basilea, en
el que se afirma el propósito de crear un hogar para el pueblo judío.
1900 A partir de este año se da un auge de la
inmigración judía a Palestina.
1916 Acuerdo Sykes-Picot por el que Gran Bretaña y
Francia se reparten en secreto la zona de Oriente Medio. Se determina que
Palestina se constituiría como zona internacional bajo mandato británico
1917 (noviembre) Declaración Balfour: el
ministro británico de Exteriores propone la creación de un “hogar nacional”
judío en Palestina. (diciembre) Las tropas británicas entran en
Jerusalén y acaban con el dominio otomano en la zona.
1920 Constitución del mandato británico en Palestina.
La Sociedad de Naciones no entrega Palestina como mandato a Gran Bretaña hasta
1922, aunque ya la administraban desde 1917. Lo importante es que la Resolución
de la Sociedad de Naciones recoge la Declaración Balfour.
1920 Auge el nacionalismo árabe y choques entre la
población autóctona palestina y los colonos judíosp1921 Primera gran revuelta
de la población árabe contra las fuerzas británicas por la creciente llegada de
inmigrantes judíos a Palestina. Masacre de judíos en Hebrón..
1922 Se establece la Agencia Judía para que represente
a la comunidad judía frente a las autoridades del Mandato Británico.
Anteriormente, en 1897 (durante el primer Congreso Sionista) se había fundado
la Organización Sionista Mundial, y en 1901
(durante el quinto Congreso Sionista) se había creado
el Fondo Nacional Judío para financiar la compra de tierras en Palestina.
1935 Gran avalancha de judíos alemanes a Palestina
ante el auge del nazismo.
1936 Gran revuelta palestina en contra de la policía
británica por favorecer la instalación de colonias judías en Palestina. Duró
hasta 1939.
1939 Radicalización de los grupos sionistas ante las
restricciones puestas por los británicos a la inmigración. Gran Bretaña publica
el Libro Blanco sobre Palestina, limitando la inmigración judía para
calmar la situación en la región.
1946 El grupo clandestino terrorista judío Irgun dinamita
el Hotel King David de Jerusalén, matando a cerca de 100 personas,
mayoritariamente soldados británicos.
(julio) Los británicos proponen la partición de
Palestina. Gran Bretaña no anuncia oficialmente su deseo de entregar el Mandato
de Palestina (que no la partición) a Naciones Unidas hasta febrero de 1947. Lo
que sí es cierto es que en 1937, el informe de la Comisión Peel había
recomendado ya la partición del territorio entre judíos y árabes, en un
contexto marcado por los duros enfrentamientos de la etapa
1936-39, pero no tuvo mayor repercusión.
1947 (noviembre) La Asamblea General de la ONU
aprueba la partición de Palestina en dos estados mediante la resolución 181,
con los votos afirmativos de EEUU y la URSS. La propuesta fue realizada por la
UNSCOP (Comisión Especial de Naciones Unidas para Palestina), creada por
Naciones Unidas ese mismo año. Los enfrentamientos entre judíos y la población
árabe se recrudecen.
1948 Matanza de Deir Yasin a cargo de los grupos
judíos Irgun y Stern. Retirada británica. (15 de mayo)
Proclamación del Estado de Israel. Ben Gurion proclamó el Estado de Israel el
14 de mayo, un día antes de la retirada británica. EEUU y la URSS reconocieron
rápidamente a Israel. Primera guerra árabe-israelí (Guerra de la Independencia
para los israelíes y Al-Naqba o el Desastre para los palestinos).
Éxodo de refugiados palestinos a países vecinos. El
grupo terrorista judio LEHI asesina al representante de Naciones Unidas
en Palestina (el Conde Bernadotte) que acababa de presentar un nuevo Plan de
Partición que corregía el anterior (en detrimento de la posición israelí) y que
abogaba por el retorno de los refugiados palestinos. (11 de diciembre) Aprobada
la Resolucion 194 de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre el derecho al
retorno de los refugiados palestinos.
1949(marzo-junio) Armisticios entre los estados
árabes e israelí en base a las Negociaciones de Rodas. Israel se apodera de
cerca de una cuarta parte más del territorio de Palestina acordado en el Plan
de Partición. Cisjordania y la Franja de Gaza son administrados por Jordania y
Egipto respectivamente. Jerusalén queda dividida bajo dominio israelí y
jordano.
1950La Knesset proclama Jerusalén como capital
de Israel ante el repudio de la comunidad internacional. Israel aprueba la Ley
del Retorno, por la que todo judío tiene derecho a residir en el país, y la Ley
de la Propiedad Ausente, por la que se apropia de las tierras abandonadas por
los palestinos en su huída.p1952 En el período 1948-52 se produce una
inmigración masiva de judíos provenientes de Europa y los países árabes. Golpe
de los Oficiales Libres en Egipto, liderado entre otros generales por Abdel Nasser,
que obligó al rey Faruq a abdicar.
1956El Presidente Nasser nacionaliza la Compañía del
Canal de Suez. Francia, Gran Bretaña e Israel acuerdan atacar a Egipto en la
reunión de Sèvres (donde Israel alcanzaría el compromiso del Gobierno francés
de apoyar la construcción de un reactor nuclear en Dimona, Neguev). Segunda
guerra árabe-israelí, en el marco de la nacionalización del canal de Suez por
Egipto. Israel invade el Sinaí y EEUU adquiere un papel más protagonista en la
región en detrimento de Francia y Gran Bretaña
1957 Israel se retira del Sinaí.
1958-9 Fundación de al-Fatah 1964 Fundación de la OLP
(Organización para la Liberación de Palestina).
1967 (junio) Guerra de los Seis Días. Israel
ocupa militarmente Cisjordania y la Franja de Gaza. Israel ocupa también los
Altos del Golan (Siria) y la península del Sinai
(Egipto). (noviembre) El Consejo de Seguridad
de la ONU aprueba la resolución
242 por la que rechaza la ocupación de Gaza,
Cisjordania y Jerusalén Oriental
1967 El Gobierno de Israel elabora el llamado Plan
Allon, que contempla la construcción de asentamientos judíos en los territorios
ocupados de Cisjordania, Franja de Gaza, Altos del Golán y Sinaí.
1969 Yasir Arafat es elegido presidente de la OLP.
1970 Septiembre negro: los fedayines palestinos
son expulsados de Jordania. La OLP se instala en Beirut (Líbano). Muere Nasser
y Sadat ocupa la presidencia de Egipto
1973 (octubre) Guerra del Yom Kippur y Alto(o
Guerra del Ramadán para los musulmanes) en la que Egipto y Siria atacan a
Israel para recuperar los territorios del Sinaí y del Golán. El Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas aprueba la Resolución 338, que insta a todas las
partes a poner en práctica la Resolución 242 de
1967.
1974 La ONU, mediante la resolución 3236 de la
Asamblea General de Naciones Unidas reconoce a la OLP como legítima
representante del pueblo palestino y como miembro observador de la ONU. (noviembre)
Yasir Arafat pronuncia un discurso ante la Asamblea General de Naciones
Unidas en Nueva York.
1975 La Resolución 3379 de la ONU define al sionismo
como una forma de racismo y discriminación racial (revocada en 1991 a
instancias de EEUU para pavimentar el camino hacia las negociaciones de paz de
Madrid). Israel pasa a ser miembro asociado del Mercado Común Europeo.
1975 (abril) Comienza la guerra civil del
Líbano.
1976 (30 de marzo) Protestas y huelgas de la
población palestina del interior de Israel para protestar por el intento de
expropiación de tierras árabes por parte del Gobierno hebreo. Ese día pasará a
historia como el Día de la Tierra.
1977 Sadat viaja a Jerusalén y pronuncia un dicurso
ante la Knesset
1978 (septiembre) Acuerdos de Camp David entre
Israel y Egipto, que constituyen el intento de establecer un marco para la paz
en Oriente Medio y una propuesta para hacer frente a los ataques de los
fedayines palestinos. Fundación del grupo Paz Ahora de autogobierno palestino.
Israel invade el Sur del Líbano bajo el pretexto de por parte de militares
reservistas israelíes que exigían negociaciones con los palestinos.p1979 (marzo)
Firma del Tratado de paz entre Egipto e Israel. Egipto recupera el Sinaí y reconoce
el Estado de Israel. Poco después es expulsado de la Liga Árabe. Anwar el-
Sadat y Menachem Beguin son galardonados con el Premio
Nobel de la Paz.
1980 (30 de julio) La Knesset aprueba la Ley
Básica “Jerusalén” por la que declara la ciudad capital eterna e indivisible de
Israel. No reconocimiento por parte de la comunidad internacional
1981 Anwar el-Sadat es asesinado. Le sustituye Hosni
Mubarak.
1982 Israel se retira definitivamente del Sinaí.
Israel lanza la Operación Paz para Galilea e invade el Líbano hasta Beirut. La
OLP se traslada a Túnez a raíz de la invasión del Líbano. (septiembre) Matanzas
(en los campos de refugiados palestinos) de Sabra y Shatila perpetradas por las
brigadas falangistas cristianas libanesas con la connivencia de las tropas
israelíes. Darían lugar a una acusación por parte de algunas de las víctimas
supervivientes y por familiares contra Ariel Sharon como criminal de guerra. La
Comisión Kahan, creada al efecto por el Gobierno israelí para dilucidar de
manera independiente la culpabilidad de los hechos, acusó a Ariel Sharon,
entonces,Ministro de Defensa, de tener una “responsabilidad personal” por
“no haber tomado las medidas necesarias para prevenir
y evitar las matanzas”. A su vez, la Comisión invitaba a Sharon a dimitir. Si
bien Sharon tuvo que renunciar a Defensa, pasó a ser Ministro sin cartera en el
mismo Gobierno y a presidir varias Comisiones parlamentarias, entre ellas la de
Asuntos del Líbano.
1984 Simón Peres es elegido primer ministro israelí.Su
victoria fue tan pingüe que tuvo que formar un Gobierno de unidad con el Likud
y repartirse con Shamir la Jefatura de Gobierno. Operación Moisés organizada
por el Gobierno israelí y que supone la inmigración de los judíos de Etiopía.
1985 Ataque aéreo israelí contra el cuartel general de
la OLP en Túnez
1986 España establece relaciones diplomáticas con
Israel
1987 (diciembre ) comienza la Intifada que se
prolongará hasta 1992.
1988 El Consejo Nacional Palestino, con la negativa
del FPLP, proclama en Argel el Estado palestino sin especificar las fronteras.
En diciembre se hizo público un documento en el que la OLP reconocía
implícitamente el derecho a existir de Israel, aceptando la Resolución 242 de
Naciones Unidas y renunciando a cualquier forma de terrorismo. Buscaba así el
reconocimiento de EEUU. En cualquier caso, el CNP ya había aceptado esta
Resolución en una reunión en Amman en 1984.
1989 (abril) Arafat es elegido presidente del
Estado palestino. Comienza la inmigración masiva de los judíos de la Unión
Soviética.
1990 Guerra del Golfo. La OLP apoya a Irak que invade
Kuwait en agosto de 1990 pero EEUU no ataca a Irak hasta enero de 1991.
1991 (octubre) Conferencia de Madrid. Primera
negociación pública directa entre Israel y los palestinos. Los palestinos van
dentro de una delegación jordana y representados formalmente por los líderes
del interior, ya que Israel no reconocía a la OLP.
1992 (junio) Victoria laborista en Israel.
Rabin primer ministro.
1993 (agosto) Conversaciones secretas en Oslo
entre israelíes y palestinos. (septiembre)
Arafat y Rabin firman en Washington el acuerdo por el
que ambas partes se reconocen recíprocamente y se establecen pasos
provisionales de autogobierno palestino en Gaza y Jericó. Rabin y Arafat firman
en Washington la Declaración de Principios para un Acuerdo de Autogobierno
Interino, por la que Israel y la OLP se reconocen mutuamente (los israelíes
sólo reconocen a la OLP como representantepdel pueblo palestino, pero nada más)
y se establecen los pasos provisionales para un gobierno palestino en Gaza y
Jericó.
1994 (25 de febrero) En la ciudad de Hebrón un
colono judío, Baruch Goldstein, asesina a
29 palestinos en la mezquita). (6 de abril) Rashid
Zakarna, de la organización Hamas, se convierte en el primer suicida palestino
con víctimas israelíes al estallarse en la ciudad de Afula. (mayo) Rabin
y Arafat fiman en el Cairo el acuerdo para la implementación del autogobierno
palestino en la Franja de Gaza y Jericó.
(julio)
Arafat se convierte en (Arafat llega a Gaza el 1 de julio como) presidente
provisional de la Autoridad Palestina con residencia en Gaza. Arafat, Rabin y
Peres reciben el Premio Nobel de la Paz. Israel establece relaciones
diplomáticas con la Santa Sede y algunos países árabes (Marruecos y Túnez)
abren oficinas de intereses comerciales en Israel. (octubre) Israel y
Jordania firman un Acuerdo de Paz.
1995 (septiembre) Firma en Washington de los
acuerdos llamados de Oslo II o de Taba para la ampliación territorial de la
autonomía palestina. Se dividen los Territorios Palestinos Ocupados (TPO) en
zonas con diverso grado de autonomía (Zonas A, B, C) dejando el mapa de los TPO
en lo que ha venido a llamarse la “piel de leopardo”.
(4 de noviembre) Asesinato del primer ministro
Isaac Rabin por un fundamentalista judío, Yigal Amir, del grupo Eyal.
1996 (enero) Arafat es elegido presidente de la
ANP, al obtener al-Fatah dos tercios de los escaños al Consejo Legislativo
palestino. Las elecciones de enero fueron presidenciales y legislativas. Arafat
fue elegido directamente por el electorado. A su vez, al-Fatah obtuvo cerca de
2/3 de escaños en las legislativas. (abril) La Carta Nacional Palestina
es enmendada para eliminar los artículos que hacen referencia a la destrucción
de Israel. Oleada de atentados suicidas en Israel tras el asesinato de un líder
de Hamas, Yehiye Ayash, apodado el Ingeniero. Shimon Peres ordena la Operación
Uvas de la Ira contra Líbano como represalia a los sucesivos ataques de
Hizbollah sobre el norte de Israel. Israel bombardea el centro de acogida de
Naciones Unidas en la población libanesa de Qana y mata cerca de 100 personas.
(noviembre) En Israel es elegido Primer
Ministro el candidato conservador del Likud Benjamín Netanyahu. Revuelta
palestina por la decisión de Netanyahu de abrir el Túnel de los Asmoneos
bordeando la Explanada de las Mezquitas.
1997 Paralización del proceso de paz por las acciones
militares israelíes en Cisjordania.
(enero) Firma del Procolo de Hebrón tras el atentado de un
colono judío contra habitantes palestinos. Dicho Acuerdo dividía la ciudad en
dos zonas: H1, bajo control palestino, y H2 (donde se encuentra la Cueva de
Macpelá y los asentamientos judíos) bajo control de los soldados israelíes.
Nueva crisis en las relaciones palestino-israelíes tras la decisión de
construir un gran asentamiento judío, Har Homa en la montaña de Abu Gneim, a
las afueras de Belén.
1998 Celebración de los 50 años del Estado de Israel.
El Gobierno de Israel crea el Plan del Gran Jerusalén, ampliando el municipio
con nuevos asentamientos a fin de acelerar la judaización de la ciudad. (octubre)
Memorándum de Wye Plantation firmados por Arafat y Netanyahu (bajo la
mediación de Clinton) para desbloquear el proceso de paz. Se acuerdan nuevas
cesiones territoriales a los palestinos.
(noviembre) Apertura del aeropuerto de Gaza construido con
fondos europeos, bajo control israelí.p1999 (marzo) La Unión Europea
reconoce el derecho de autodeterminación del pueblo palestino. Termina el
período de transición acordado en Oslo en 1993 sin que los objetivos previstos
hayan sido cubiertos.
1999 (mayo) El laborista Ehud Barak gana las
elecciones en Israel. Forma un gobierno de coalición con partidos religiosos y
también con el Meretz. (noviembre) Una veintena de personalidades
palestinas firman una carta crítica a Arafat. Algunos firmantes son detenidos.
2000 (mayo) Israel, ante el acoso de Hezbollah,
se retira de la franja de seguridad del sur del Líbano, aunque permanecen en
una zona llamada Granjas de Sheba, que los libaneses reclaman como suya y que
los israelíes atribuyen a Siria. (julio)
Negociaciones de Camp David entre Arafat, Barak y
Clinton. Barak se muestra intransigente en el asunto de Jerusalén y Arafat
rechaza un acuerdo. Lo que se dice, por parte palestina, es que Clinton (que no
Barak) proponía unos acuerdos sobre territorio, agua, refugiados y Jerusalén
que no satisfacían a los palestinos. Después se ha vendido que fue Arafat quien
desaprovechó la gran oportunidad de alcanzar la paz pese a las “tremendas
concesiones” a las que se comprometía Barak.
(septiembre) El líder del Likud, Ariel Sharon
visita la Explanada de las Mezquitas
(Monte del Templo para los judíos), acompañado por
cientos de soldados y policías.
Se producen y protestas y da inicio la Intifada de
Al-Aqsa. (octubre) Cumbre de Sharm el-Sheij en la que participan
Clinton, Kofi Annan, Javier Solana, Abdallah de Jordania, Barak y Arafat, para
poner fin a la violencia. En El Cairo la cumbre de jefes árabes condenan al
Estado de Israel. (diciembre) Dimisión de Barak, provocada por la
estrategia de Sharon de adelantar las elecciones.
2001 (febrero) Victoria del ultraderechista
Sharon en las elecciones israelíes. Los laboristas dirigidos por Peres entran
en un gobierno de coalición. En el programa de gobierno se sanciona a Jerusalén
como “capital eterna e indivisible de Israel y de los judíos” (como han hecho
todos los gobiernos israelíes desde la Ley Básica de 1980).
Se rechaza cualquier negociación con los palestinos
antes de que cese la violencia de sus organizaciones. (marzo) El
gobierno de Israel bloquea las ciudades y villas palestinas. (abril) Se
hacen público el Informe Mitchell y el Plan Tenet (iniciativas estadounidenses)
que pretenden el reinicio de las negociaciones, pero poniendo como condición
inicial el fin de la violencia. (septiembre) El día 11 se produce el
atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York.
2002 (marzo) El príncipe Abdullah de Arabia
Saudí da a conocer una plan de paz que prevé la retirada de los israelíes a las
fronteras de 1967 y el reconocimiento de Israel por los Estados árabes. (marzo-abril)
El Gobierno de Sharon lanza la operación Muro Defensivo que consiste en la
reocupación de las poblaciones de Cisjordania.
Arafat queda sitiado en Ramallah. El ejército israelí
destruye infraestructuras, sedes oficiales de la ANP, archivos palestinos. Se
produce la tragedia del campo de refugiados de Jenin (mayo) Se pone fin
a los asedios de Ramallah y a la basílica de la Natividad de Belén. Arafat
anuncia elecciones, bajo presión de los EEUU, que no podrán realizarse debido a
la ocupación. (junio) Sharon anuncia la construcción de un muro de unos
360 kilómetros de longitud para separar los territorios ocupados de Israel. El
definitivo trazado superará los 650 km.
2003 (marzo) Estados Unidos y sus aliados
atacan a Irak. (abril) A iniciativa del Cuarteto formado por EEUU, Unión
Europea, Rusia y Naciones Unidas se hace público la Hoja de Ruta que prevé la
implementación de medidas para poner fin a la violencia.p(abril) Abu
Mazen es elegido primer ministro palestino. El ejército israelí detiene en
Tulkarem a 1000 palestinos para interrogarles. (mayo) Abuz Mazen solicita la
liberación de miles de prisioneros palestinos. (junio) El gobierno de
Ariel Sharon hace públicas catorce objeciones a la Hoja de Ruta. Bus se
entrevista con Abu Mazen y Sharon en Sharm el Sheik. (marzo) Estados
Unidos y sus aliados atacan a Irak. (abril) A iniciativa del Cuarteto
formado por EEUU, Unión Europea, Rusia y Naciones Unidas se hace público la
Hoja de Ruta que prevé la implementación de medidas para poner fin a la
violencia. (abril) Abu Mazen es elegido primer ministro palestino. El
ejército israelí detiene en Tulkarem a 1000 palestinos para interrogarles.
(mayo) Abuz Mazen solicita la liberación de miles de prisioneros palestinos. (junio)
El gobierno de Ariel Sharon hace públicas catorce objeciones a la Hoja de Ruta.
Bus se entrevista con Abu Mazen y Sharon en Sharm el Sheik.
(junio) En la Conferencia de Aqaba, Abu Mazen, Sharon y Bush
hacen público su compromiso con la implementación de la Hoja de Ruta, plan de
paz estadounidense avalado por el Cuarteto (EEUU, UE, ONU y Rusia). (agosto)
Israel pone en libertad a unos cientos de prisioneros palestinos de los 6.500
existentes. El gobierno israelí amenaza a Siria y Líbano con un ataque aéreo
como represalia a las acciones de Hezbollah contra colonos judíos. Prosiguen
los asesinato selectivos de militantes de la resistencia palestina. Un atentado
reivindicado por la Yihad mata a 20
personas judías en Jerusalén. Israel suspende las
negociaciones de la Hoja de Ruta.
Glosario
OLP. Organización
para la Liberación de Palestina creada en mayo de 1964 en Jerusalén.
Es una unión de partidos. En los años setenta fue
reconocida por la Liga Arabe y después por la ONU como representante del pueblo
palestino.
Al Fatah. Movimiento Palestino de Liberación Nacional, creado y
dirigido por Arafat. Es la organización más importante de la OLP. Tendencia
socialdemócrata.
ANP. Autoridad
Nacional Palestina equivalente a un gobierno .
FLP.
Frente de Liberación Palestina, escindido del FPLP en 1977.
FPLP. Frente
Popular para la Liberación de Palestina. Segunda fuerza de la OLP. Creado el 11
de diciembre de 1967 por el doctor George Habash y personas cercanas al
nasserismo.
Se considera marxista.
FDLP. Frente
Democrático para la Liberación de Palestina. Se escindió del FPLP en 1968-
69. Es la tercera fuerza de la OLP.
PPP.
Partido del Pueblo Palestino, antes Partido Comunista de Palestina.
Hamas (celo/entusiasmo). Movimiento Islámico de Resistencia creada en 1987 como
movimiento político-militar. Mucha influencia entre la juventud, especialmente
en Gaza.
Defienden una Palestina musulmana. Se oponen a la
autonomía y por ello no están en la OLP. Dirigida por el jeque Ahmed Yassin.
Yihad islámica (guerra santa). Organización musulmana integrista cuyo fin es
recuperar Palestina entera y echar a los judíos. Surge en las universidades de
Gaza a principios de los
80. Escasa implantación social pese a su fama.
Hizbollah (Partido de Dios). Movimiento libanés integrista shií pro-iraní. Actúa
sobre todo en el sur de Líbano. Surgió en 1982 con la ocupación sionista.
Intifada. Rebelión palestina 1987-1992 y desde septiembre 2001
hasta hoy.
Likud.
Actual partido gobernante en Israel, en coalición con fuerzas religiosas. Es
una Coalición
nacionalista de derechas, reunida por Menajen Bejín en 1973 en torno a su partido, el Herut. Reivindica toda Palestina como
tierra de Retes Israel.
Partido Laborista. Surge como es hoy en día en 1969 con la unión con
el MAPAI que era el Partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel. Está
afiliado a la Internacional Socialista. Líder conocido, Simón Peres.
Meretz. Coalición israelí socialdemócrata, considerada una
escisión del partido Laborista.
Pacifistas moderados, defienden la igualdad entre
palestinos e israelíes, así como la retirada de los Territorios Ocupados.
Agencia judía. Organización internacional sionista dedicada al
establecimiento judío en Palestina.
Asentamientos. Poblados por colonos se extienden a lo largo y ancho
de los territorios palestinos. Se ubican sobre todo en los altos de las colinas
y en zonas con recursos de vegetación y agua.. Están defendidos militarmente.
Ashkenazíes. Judíos de origen europeo. (Ashkenaz significa
Renania). Convertidos al judaísmo durante el siglo VII.
Beduinos. Se refiere a pueblos nómadas o semi-nómadas árabes.
Mantienen una estructura social de tribu.
Canaán. Término empleado para designar la región que
actualmente ocuparía Siria, Líbano, Jordania, Palestina e Israel, aunque a
veces, como en este libro, se usa para denominar únicamente la antigua
Palestina. Sus habitantes eran los cananeos.
Ciudad Vieja. Es la Jerusalén amurallada que engloba los Santos
Lugares. Se divide en cuatro barrios: judío, cristiano, musulmán y armenio.
Diáspora. Término con el que se define el mundo de fuera de
Israel, donde se supone que los judíos vivían exiliados según los sionistas.
Eretz Israel. Literalmente la Tierra de Israel.
Fenicios. Pueblo de la antigüedad situado en las costas de
Canaán.
Hebreos. Pueblo semita nómada que pasó por Palestina dirigido
por Abraham. Siglos más tarde regresó de Egipto para ocupar el territorio
ocupado por otros pueblos como los filisteos y los cananeos.
Judío. Frente
a israelita designaba inicialmente a los habitantes de Judá, una de las 12
tribus hebreas de la cual procedía David que reunificó
a todas en su reino. Según la legislación judía es todo varón mayor de trece
años que no presenta ningún impedimento que le impida hacer la oración en la
sinagoga.
Ismael. Hijo de Abraham, considerado el padre de los árabes.
Jacob. Nieto de Abraham e hijo de Isaac, considerado
el padre del pueblo hebreo pues sus hijos fueron el origen de las 12 tribus de
Israel.pKibutz. Organización colectiva, inicialmente agraria. Basada en
la idea “de cada cual según sus capacidad, a cada cual según sus necesidades”.
Su plural es kibutzim. Quedan
269 y se están privatizando.
Línea verde. Israel propiamente dicha está dentro de la línea
verde. Cisjordania y Gaza queda del otro lado. Teóricamente sigue dividiendo
Jerusalén Este-Oeste, en la práctica Israel ha tomado toda la ciudad.
Menorah. Candelabro de siete brazos. Emblema oficial del Estado
de Israel y antiguo símbolo del pueblo judío que aparece en un bajorrelieve del
Arco de Tito de Roma.
Muro de las lamentaciones. Según la tradición judía son los restos del muro
occidental exterior del templo de Salomón, reedificado en tiempos de Herodes el
Grande. Es un lugar sagrado, de oración para los Judíos.
Al Nakba (el desastre). Término árabe con que se conoce la formación del
Estado de Israel y la pérdida de Palestina.
Panabarismo. Designa la corriente política árabe nacionalista que
defiende la reunificación de los estados árabes.
Progrom. Originariamente en Rusia, eran levantamientos
populares contra los judíos.
Saharia, Charia o Sharía. Sistema legal islámico.
Sefardíes. Judíos descendientes de los que habitaron la España
musulmana y fueron expulsados por los Reyes Católicos.
Semitas. De Sem, hijo de Noé. Se aplica a una serie de pueblos
descendientes de Sem: los árabes, hebreos, caldeos, fenicios y sirios son los
pueblos más representativos. Por tanto está fuera de lugar acusarnos de
antisemitas a quienes somos contrarios al sionismo.
Sión. Nombre
dado al monte del Templo, antes llamado Moriah, sobre el que se edificó
Jerusalén
Sinagoga. Se refiere a una asamblea judía o al edificio donde
se realizan las reuniones de adoración y cánticos..
Sunna. Conjunto
de relatos y dichos sobre la vida de Mahoma.
Talmud. Interpretación de la Biblia judía (Antiguo Testamento)
por los rabinos
Torah. Ley
judía como puede ser leída en el Pentateuco. Se basa en un Dios vengativo,
tribal y sádico.
Yom Kippur. Fiesta judía del gran perdón o expiación.
Zelotes. Grupos cananeos de Judea que surgen en el siglo I a.C.
Se oponen al dominio romano y comenzaron a no pagar tributos a Roma. Entre
ellos surgió un grupo más radical, los sicarios de la pequeña daga que
creían en el asesinato como instrumento político.
Bibliografía para conocer más
BASTENIER, MIGUEL ANGEL. (2002) Israel-Palestina:
la casa de la guerra. Taurus. Madrid.
DEZCALLAR, RAFAEL. (1998) Entre el desierto y el
mar: viajes por Israel y Palestina. Destino. Barcelona.
FEILER, BRUCE. (2003) Recorriendo la Biblia: un
viaje literario. Ediciones Bronce. Barcelona REYES BLANC, LUIS. (1999) Viaje
a Palestina. Ediciones B. Punto de Lectura. Madrid.pSOLAR, DAVID. (1997) El
laberinto de Palestina: un siglo de conflicto árabe-israelí. Espasa y
Calpe.
Madrid.
W. SAID, EDWARD.
(2003) Nuevas crónicas palestinas. Mondadori.
Barcelona.

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