© Libro No. 693. La prensa libre. Navarro Villoslada, Francisco.
Colección E.O. Abril 5 de 2014.
Título original: © La prensa
libre. Francisco Navarro Villoslada
Versión Original: © La prensa libre. Francisco Navarro Villoslada
Circulación
conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:
http://www.librodot.com
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar,
difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la
fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida
su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los
autores
No
comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No
derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O.
© Edición, reedición y
Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
La prensa libre
Francisco Navarro Villoslada

Índice
La prensa libre
Acto primero
Acto segundo
Acto tercero
PERSONAJES
Dª. Pilar
Sra. Lamadrid (D.ª Bárbara)
Elisa
Sra. Tavela
Mónica
Sra. Sampelayo
D. Rafael de Castilla Sr. Lombia
D. Fabián, ministro Sr. López
D. Félix
Sr. Alverá
D. Ramón Tenorio Sr.
Caltañazor ( D. Vicente)
El barón
Sr. Aznar
D. Silvestre
Sr. Torroba
D. Serapio
Sr. Fernández
Ambrosio
Sr. Spontoni
El regente de la imprenta Sr. Carceller
Fernández
Sr. Rada
JoséCaltañazor (D.
H.)
Un ciego
Sr. Flores
Agentes del ministro. - Dos criadas.
Pueblo.
Acto primero
Un gabinete de la Redacción del Tornasol.
Puerta grande al foro. Puertas-cristales a derecha e izquierda. Un bufete a la
derecha y cerca del foro con papeles y escribanía. Un quinqué encendido. La
puerta de la derecha da a una alcoba, la de la izquierda a las habitaciones
interiores de la casa, y la del foro a una sala que comunica con la calle.
ESCENA PRIMERA
DON RAMÓN. Luego AMBROSIO.
RAMÓN:_ (De
bata, escribiendo delante del bufete.)
Buena tengo la
cabeza
para artículos
de fondo,
cuando todos mis
asuntos
están dados al demonio.
(Arroja la
pluma, se levanta y mira el reloj.)
¡Las once y
nadie aparece!
¿Quién me saca
de este ahogo?
-¿Ambrosio? -Si
no es posible
que salga el
número. -Ambrosio.
(Sale Ambrosio
por el foro.)
Busca pronto a
don Silvestre,
a Serapio, a don
Crisóstomo,
a todos los
redactores...
AMBROSIO: _ Hoy es domingo de antroido...
leve u demo, si
a estas horas
na sua casa os
encontro.
De máscaras
habrán ido...
RAMÓN: _ ¡Pues! Y en las astas del toro
me dejarán,
cuando tengo
la cabeza como
un bombo
de tanto hablar
en las cortes...
Cuando les pago,
y trasnocho...
AMBROSIO: _ Si su mercé les pagase...
RAMÓN: _ ¡Al orden!
AMBROSIO: _
Desde el otoño
no han visto un
cartu siquiera
nin los míos,
nin sus ojos.
RAMÓN: _ ¡Cómo!
¿Subírteme quieres
a las barbas?
AMBROSIO: _ A su bolso
quisiera subir,
mi amo,
yo las barbas
las perdonu.
RAMÓNA: _ orden,
repito... Pero...
¡El barón...!
(Viendo al
barón, que entra por el foro.)
ESCENA II
EL BARÓN. DON RAMÓN. AMBROSIO.
BARÓN: _
(Dándole la mano.) Señor Tenorio...
AMBROSIO: _ ¡Es
el extranjero!
RAMÓN: _ (A Ambrosio.) Aguarda.
AMBROSIO: _
(¿Qué hará desde el año de ocho
este hombre en
España? ¡U vento!
Yo le conocí de
mozo
en la toma de
Medina...
¡Y el director
del periodicu!
Siempre con
gente de estrangis...
¿Non abondamos
nosotros
siquiera para
escribir
en romance?)
RAMÓN: _ Están
beodos...
Champaña...
Burdeos... (A Ambrosio.) Oye...
Vete a los
Leones de oro;
allí están
comiendo, marcha;
y si el alma no
te rompo,
es porque...
AMBROSIO: _ (Porque de balde
como yo, non
sirven moitos.) (Vase.)
ESCENA III
EL BARÓN. DON RAMÓN.
RAMÓN: _ Pero
usted saca de quicio
a mi gente... ¿A
qué propósito
convidarlos...?
BARÓN: _ Yo
protejo
a jóvenes
estudiosos...
RAMÓN: _ Pido la
palabra en contra.
A su aserto no
me opongo;
pero faltan tres
columnas
para este número
próximo.
¡Con qué alegría
pondrán
sus colegas
envidiosos
si no saliese
mañana
un párrafo
necrológico!
«¡Murió el
Tornasol!»
BARÓN: _ ¿Venís a mi soirée?
RAMÓN: _ Pero,
cómo
¿el original que
falta
se improvisa?
BARÓN: _ ¿De
socorro necesitáis?
RAMÓN: _ ¿Quién
lo duda?
BARÓN: _ ¡Pues
aquí tenéis!... (Dándole unos papeles.)
RAMÓN: _ ¡Buen
rollo!
BARÓN: _ El
baile será magnífico.
RAMÓN: _
(Leyendo.) ¡Crédito público...!
BARÓN: _
Hermoso.
RAMÓN: _ (Ídem.)
Eem... em... contratas...
BARÓN: _ Lo más
selecto... gente de tono.
RAMÓN: _ Pero el
artículo arruina
el crédito de...
BARÓN: _ De modo
que si no
queréis... Y asisten
notabilidades
solo.
RAMÓN; _ Notabilidades,
¿eh?
Al punto voy. Es
forzoso.
BARÓN: _ Veréis
a doña Pilar...
RAMÓN: _ ¿Eso
más? ¿Con que el asombro
de discreción,
de belleza,
de virtud de...
de...?
BARÓN: _ De
todo. ¿Con que quedamos...?
RAMÓN: _ De fama
solamente la conozco...
BARÓN: _ Con
que...
RAMÓN: _ Y tengo
mis proyectos,
que voy a
explicar. Su esposo...
BARÓN: _
Quedamos en que el artículo...
RAMÓN: _ Es
ministro, yo soy órgano...
BARÓN:_
Quedamos...
RAMÓN: _ Hombre,
conformes,
y coligados...
BARÓN: _ Muy
pronto
nos veremos.
RAMÓN: _ Y
corrientes,
y unánimes...
BARÓN: _ Bien.
RAMÓN: _ Y un
voto de gracias...
BARÓN: _ Es
excusado.
RAMÓN: _ Como es
costumbre le otorgo.
BARÓN: _ Quedad
con Dios...
RAMÓN: _ No; me
quedo
con la
palabra... (Vase el barón.)
Y celoso de mis
derechos... ¿Quién viene?
¡El predilecto
de Apolo!
Buen muchacho.
Este siquiera
deja hablar...
ESCENA IV
DON FÉLIX. DON RAMÓN.
FÉLIX: _ Hola,
Tenorio.
RAMÓN: _ Adiós,
Félix. ¿Dónde bueno?
Al baile de...
soy un topo.
¿Qué hará en
Madrid el barón?
Sin duda es
pájaro gordo...
Creo que fue
capitán
en las legiones
del corso...
¡Gran calavera!
En el día
hace un papel
misterioso...
Ya sabrás que
andan rumores
de políticos
trastornos.
Dicen... Pero,
¿cómo es eso?
¡Venir al baile
tan solo!
¡Chit! -Calla.
Lo sé. Mi esposa
con el chal
sobre los hombros
ha dos horas que
te aguarda...
Me haces un
favor...
FÉLIX: _
Supongo...
RAMÓN: _ En
llevártela.
FÉLIX: _ ¿No
vas?
RAMÓN: _ ¡Pchs!
Veremos. Mis negocios
son urgentes:
diputado,
escritor público,
y órgano...
FÉLIX: _ (De
Móstoles.)
RAMÓN: _ Esta
tarde
propuse se diese
un voto
de censura...
-¿De qué hablabas?
No me recuerdo.
FÉLIX: _ Yo
tampoco.
RAMÓN: _ ¡Ah!,
sí... pues... de mi discurso.
Amigo, hablé por
los codos,
a mi gusto: a
las tres horas,
qué dolor, me
puse ronco,
y quedó para
mañana
sin concluir el
exordio.
Así principié:
señores...
FÉLIX: _ ¡Por
Dios...!
RAMÓN: _ Escucha
este trozo.
Comenzaré
proponiéndome
ser hoy conciso,
lacónico:
la razón en que
me fundo,
las bases en que
me apoyo
para ser en este
día
tan breve,
sucinto y corto,
son muchas; no
diré todas
por obsequio al
auditorio;
expondré tan
solamente
las principales;
son ocho...
FÉLIX: _ ¡Gran
Dios! pues de cabo a rabo
me encaja el
discurso monstruo.
Me marcho.
RAMÓN: _
¿Adónde?
FÉLIX: _ Al
infierno.
RAMÓN: _ ¿Sin mi
mujer?
FÉLIX: _ Yo me
ahogo
(Pero el remedio
es peor
que la
enfermedad.) Cien loros
no charlan
más...
RAMÓN: _ ¿Qué
remedio?
Si tengo un
humor diabólico.
Va a caer el
gabinete,
y ya se designa
el otro
sin contar
conmigo: juego
a la alza, y
bajan los fondos.
¡Sólo pude hacer
tres primas!
¡Tres primas!
¡Ah! ¡Qué bochorno!
No me llegan
para un diente.
Quiero ir al
baile... y, ¡oh colmo
de fatalidad!,
me faltan
tres columnas de
periódico;
y asiste doña
Pilar,
y su hija...
FÉLIX: _ Y en el
rostro
de esas señoras
osaste...?
RAMÓN: _ ¡Qué!
Si apenas las conozco.
Rechazo tus
alusiones.
¿Pido yo peras
al olmo?
Es un amor
diplomático,
quinta esencia
del platónico;
es el tránsito,
es el vínculo
de dos
principios exóticos,
es proponer una
tregua,
es encubrir un
embrollo,
es físicamente
nada,
políticamente
todo.
ESCENA V
DICHOS. AMBROSIO.
AMBROSIO: _
Cáteme aquí su merced.
RAMÓN: _ ¡Hola!
¿Vienen? ¿Qué te han dicho?
AMBROSIO: _
Decirme, nada dijeron;
más de milagro
estou vivo
de tanto como me
han hecho.
Estaban algo
alegriños...
de media legua
en redondo
se oían. ¡Qué
rebullicio!
Cando me viron
entrar...
RAMÓN: _
¡Hombre, al grano! Es un martirio
vivir con un
hablador.
AMBROSIO: _
¡Miña Virgen du Curpiño!
Llenos de licor
me tiran
vasos y copas de
vidru,
y yo, berrar que
berrar,
reprendíales a
gritos...
RAMÓN: _ Que te
dejasen.
AMBROSIO: _ Que
no
desperdiciasen
el vino.
RAMÓN: _ ¿Y al
fin?
AMBROSIO: _ Al
fin respondieron
que venían en dos
brincos a...
RAMÓN: _ A escribir.
AMBROSIO: _
¡Vaiche boa!
RAMÓN: _ ¿Cómo?
AMBROSIO: _ Al
baile del vecino:
que su mercé no
les paga.
RAMÓN: _ ¡Al
orden! Es ya preciso
intimarles mi
ultimátum...
AMBROSIO: _
¡Santo Dios! Con que les digo
que por último
los mata
(Hablándole del
bolsillu, es capaz de todo.)
RAMÓN: _ ¡Eh!
Largo.
ESCENA VI
DON FÉLIX. DON RAMÓN.
FÉLIX: _ ¡Jesús!
estoy aturdido
de tanta
informalidad.
RAMÓN: _ Están
algo atrasadillos...
y otras
especulaciones
me arruinan. Mañana
mismo
debo hacer un
pago, y luego
la bolsa; y
luego... maldito
entrés...! ¿Y
las elecciones?
¡Oh! Me ha
costado un sentido
salir diputado,
y trueno
como no me hagan
ministro.
Pero no me
aturdo, ¡ca!
Lo seré: sé ya
el camino.
Es la carrera
más corta...
tengo muchos
condiscípulos...
es verdad, pero
la patria
los muda cada
domingo
como camisas...
Nosotros
somos en eso muy
limpios.
Ya por fin soy
diputado;
hablo un poco...
FÉLIX: _
¡Jesucristo!
RAMÓN: _ Es
decir, hablo de todo;
soy de todos enemigo;
están a prueba
de bomba
mis pulmones
diamantinos.
¿La boca quieren
taparme
con una toga? No
admito.
¿Con la cruz
de...? La renuncio.
«Le haremos jefe
político».
¡Nada!
¿Director? Sin sueldo.
Y hablando y
hablando sigo.
¿Encargado?
¡Disparate!
¿Intendente?
¡Desatino!
¿Ministro del
tribunal?
Vamos, el nombre
es bonito;
pero el tribunal
le sobra.
Y sigo hablando.
«¡Magnífico!,
grita el pueblo:
éstos son hechos,
desinterés,
patriotismo;
que presida el
gabinete...»
¡Gracias! es
premio muy digno
de un año de
ayuno y charla
FÉLIX: _ Y te
arrojan a silbidos
a los diez días.
RAMÓN: _ ¡Corriente!
¿Diez días? Me
sobran cinco
para preparar mi
lecho,
y caer sobre
mullido.
ESCENA VII
DICHOS. EL REGENTE.
REGENTE: _
(Saliendo por la puerta del foro.)
Original.
RAMÓN: _ Ni una línea.
Sácame de este
conflicto,
Félix.
REGENTE: _ ¿Hay
original?
FÉLIX: _ No
venía prevenido.
REGENTE: _
Original, don Ramón.
RAMÓN: _ ¿Y al
baile vas desprovisto
de versos? ¿Vas
desarmado?
FÉLIX: _ Tu
esposa tiene unos míos.
RAMÓN: _ (Al
regente.) Vaya por ellos... Y escuche:
vuelva usted por
un artículo.
(Vase el regente
por la izquierda.)
ESCENA VIII
DON FÉLIX. DON RAMÓN. Luego AMBROSIO.
RAMÓN: _ ¡Y el
baile, y la diplomacia!
Ayúdame en este
crítico
lance; quisiera
vestirme
y dictar...
FÉLIX: _ ¿Matar
de un tiro dos pájaros?
RAMÓN: _
Justamente.
FÉLIX: _ Veo tu
apuro, y te sirvo.
RAMÓN: _ ¡Cuánta
bondad!
FÉLIX: _ Con
que, vamos.
RAMÓN: _ Aquí
tienes el principio
de un artículo
de cortes.
-Ambrosio
(Siéntase don
Félix delante del bufete: entra Ambrosio y pasa a la
alcoba con don
Ramón.)
A vestirme.
Listo.
ESCENA IX
DON FÉLIX. DON RAMÓN y AMBROSIO en la alcoba.
FÉLIX: _ Hoy la
voz de un necio puede
hundir en fugaz
olvido
un genio que por
lumbrera
aclamarán otros
siglos.
Tardía venganza,
estéril
fuera para mí,
Dios mío,
que más
herencias no tengo
que el renombre
que conquisto;
para mí, que
idolatrando
en un objeto
divino,
tan sólo anhelo
la gloria
por presentarme
a mi hechizo,
mi incierto
origen cubriendo
con tal fúlgido
atavío.
RAMÓN: _ Léeme
el último párrafo.
FÉLIX: _ Basta:
no más desvaríos.
RAMÓN: _ Qué
torpe estás. ¿No lo encuentras?
FÉLIX: _ Helo
aquí. Me he distraído.
(Leyendo.)Así terminó la interpelación de nuestro amigo y
colaborador don Rafael de Castilla. No porque nuestro humilde
periódico se honre muchas veces con sus celebrados escritos,
hemos
de pasar en silencio los entusiastas aplausos que sus palabras
arrancaron de todos los ángulos del congreso. Difícilmente se
encontrará entre nuestros oradores una voz tan simpática como la
de
su señoría; porque difícilmente hallaremos un corazón más
henchido
de amor patrio,
más desinteresado y más dispuesto a todo género de
sacrificios en
bien del país. El pueblo le adora: el trono descansa
en él como en su
más firme columna. Cuando tomó la palabra, todos
sabíamos que su
anciana madre había caído gravemente enferma al leer
en un periódico
que su único y adorado hijo don Rafael, había muerto
en un desafío;
pero ni una queja salió de sus labios, y aunque su
alterado
semblante revelaba sus interiores tormentos, su voz al
denunciar los
graves males que al país amenazan, era robusta y
atronadora, y
salía de un pecho donde no cabe otro sentimiento que
el del amor a la
patria. Formuló después un voto de censura contra
el moribundo
gabinete el no menos ilustre y dignísimo diputado don
Ramón Tenorio...
FÉLIX: _ ¡Mal
parecen en tu boca
elogios tan
desmedidos...!
¡A Castilla te
comparas!
¡A don Rafael!
¡Tú!
RAMÓN: _ Chico,
¿quién se toma
ese trabajo
si yo no...?
FÉLIX: _ Me has
convencido.
RAMÓN: _
(Dictando.) Don Ramón Tenorio... que causó
sensación en los
bancos...
FÉLIX: _ Los
bancos... (Escribiendo.)
(Se queda
distraído de codos sobre el bufete,
y con la pluma
en la mano.) Divina Elisa,
los cielos por
mi martirio tanta gracia derramaron
en tu rostro
peregrino...
RAMÓN: _
(Dictando.) No hay remedio...
FÉLIX: _ (Sin
oírle.) Y a tan sublimes regiones
sin duda te han
ascendido,
porque yo me
desespere,
desde el fondo
de mi abismo.
RAMÓN: _
(Dictando.) La situación del país es espantosa
reina la
consternación por doquier...
FÉLIX: _ Pero
no: bien lo dispone
mi venturoso
destino;
aunque la bella
que adoro
huelle el zafir
del olimpo,
allí en alas de
la gloria
subiré con vuelo
altivo.
RAMÓN: _
(Dictando.) De boca en boca corren los nombres
de conspiración,
traición, revolución, conjuración, rebelión.
El que mejor te
parezca. (Dictando.) Qué haces tú, gobierno,
decía Tenorio,
¿te duermes?
FÉLIX: _
(Volviendo en sí, sobrecogido.)
¡Ca!
¡Dormirme... Y no he escrito...
¡ni una
palabra...!
RAMÓN: _
(Dictando.) Y aunque nada se sabe de positivo...
FÉLIX: _ En
efecto,
nada sé de
positivo.
RAMÓN:
_(Dictando.) Cuando el relámpago alumbra...
Puntos
suspensivos. ¿Oyes?
FÉLIX: _ !Oh!
Sí... puntos... suspensivos.
Preciso es
desengañarle...
RAMÓN: _
(Dictando.) ¿Cuándo se ha visto situación más
crítica?
FÉLIX: _ ¡Es
claro! ¿Cuándo se ha visto...?
Y el regente
vendrá luego...
¡Ah! ¡Cabeza de
chorlito...!
Voy a decirle...
(Se levanta y da
un paso en dirección de la alcoba, y aparecen en la
sala del foro
doña Pilar y Elisa en traje de máscara, sin caretas y
con albornoces.)
¡Señoras!
ESCENA X
DICHOS. DOÑA PILAR. ELISA.
RAMÓN(Dictando.)
Nos amenaza un cataclismo de males...
PILAR: _
Equivocadas venimos.
¿Con que no vive
el barón...?
FÉLIX: _ Vive en
este mismo piso;
pero en el
cuarto de enfrente.
PILAR: _ Como
abiertos los dos vimos...
FÉLIX: _ Pero,
¡al baile! ¿Qué milagro...?
PILAR: _ Danos
el brazo...
FÉLIX: _ ¡Oh
prodigio
(Volviéndose a
coger el sombrero.)
de bondad! ¡Oh
qué ventura!
Nada en este
mundo envidio.
(Vanse por el
foro.)
ESCENA XI
DON RAMÓN. AMBROSIO. (En la alcoba.)
RAMÓN: _
(Dictando.) Bajo nuestros pies muge un volcán
desconocido... y
si revienta...
AMBROSIO: _ Mi
amo; ¿estamos seguros?
RAMÓN: _
¡Silencio! ¡Voto va Crispos...!
¡Manía de
interrumpirme!
¡Eh! Ya me has
cortado el hilo:
Félix, ten
paciencia... escucha...
Léeme ese
parrafillo...
¡Eem! No te
oigo... Nada... Félix...
¡Félix, o
diablo...!
(Saliendo a la
escena, y luego Ambrosio.)
¡Se ha ido!
Yo continuaré...
no hay tiempo...
(Acercándose a
la mesa.)
¡Ni una letra!
¡Esto es inicuo!
¡Adiós, baile!
¡Pues me gusta
la jugarreta!
AMBROSIO: _ El
junquillu
necesita usté...
RAMÓN: _ Un
cordel
para ahorcarme
necesito. (Vase Ambrosio.)
ESCENA XII
DOÑA MÓNICA. EL REGENTE. DON RAMÓN.
MÓNICA: _ ¿Y don
Félix?
RAMÓN: _ ¿Y don
Félix?
MÓNICA: _ ¿Dónde
está?
RAMÓN: _ ¡Pues
eso digo!
¿Dónde está?
MÓNICA: _ ¿Con
que estoy sola?
Con que el
insolente, el pícaro,
¿sin decirme tus
ni mus...?
Tú tienes la
culpa...
RAMÓN: _ Pido...
REGENTE: _
Original.
RAMÓN Pido la...
MÓNICA: _ Tú la tienes:
le habrás dicho...
Vete al baile, y
mi mujer
que se muera de
fastidio.
RAMÓN: _ Pido la
palabra...
MÓNICA: _ ¡Es
claro!
¿Pues qué le
importa a un marido?
RAMÓN: _ Si me
dejó con un palmo
de narices...
MÓNICA: _
¡Asesino!
¿Y luego pides
los versos
que me dio por
un descuido?
REGENTE: _ Don
Ramón, original.
MÓNICA: _
(Sacando un papel, y dándoselo al regente.)
Tome usted:
mañana mismo
el mundo entero
sabrá...
REGENTE: _ Esto
no basta: es poquísimo.
RAMÓN: _ ¿Pero
qué le has dado...?
MÓNICA: _ Nada.
Son los versos:
ya le digo
que es un
coquetón, un pérfido...
RAMÓN: _ Mujer,
¡estás en tu juicio!
¿Con que
Félix...?
MÓNICA : _ Deja hablar.
RAMÓN: _ No hay palabra. ¿Se ha atrevido...?
REGENTE: _
Original.
RAMÓN: _ ¿A
decirte...?
MÓNICA: _ Pues
¿soy algún cocodrilo?
RAMÓN: _ ¡Ya!
MÓNICA: _ ¿Qué
tuviera de extraño?
¿Soy mujer del
otro siglo?
RAMÓN: _ ¡Ca!
MÓNICA: _ Si tú
no me haces caso...
RAMÓN: _ ¡Qué!
MÓNICA:_ ¿Otros
no tienen sus cinco
sentidos? ¿Pues
no reparan?
Pues qué, ¿son
todos los niños
de estos
tiempos?
RAMON: _ ¿Qué
hace al caso...?
REGENTE: _
Original, ¡por San Críspulo!
RAMÓN: _ ¿Y a
qué vienen esas voces?
¿Y qué sacamos
en limpio?
MÓNICA: _ Que
aunque esos versos infames
no están a mí
dirigidos...
RAMÓN: _ ¡Pues
entonces...!
MÓNICA: _ Ahí
está.
REGENTE: _ Don
Ramón.
RAMÓN: _ Don
diablo. -Entonces...
MÓNICA: _ Son
atroces, son impíos...
RAMÓN: _ ¿Por
qué?
MÓNICA: _ Para
la mujer
de un ministro
están escritos.
Mas, buena carda
le doy...
Han de ser un
sinapismo
los tales
versos... Te juro
que ha de
llegarle a lo vivo
la nota que les
he puesto.
RAMÓN: _ ¿Y qué
le dices?
MÓNICA: _ En
limpio,
que Pilar tiene
un amante,
y que hace un
papel ridículo
su esposo...
RAMÓN: _ Pero,
mujer...
MÓNICA: _ Pero,
hombre, si es el ministro:
a un ministro se
le dice
todo.
RAMÓN: _ ¿Y tan
claro?
MÓNICA: _ Clarito.
RAMÓN: _ ¿Y a
doña Pilar insultas...?
MÓNICA: _ ¡Si la
alabas, pierdo el tino!
Mira que te vas
volviendo
muy ministerial.
RAMÓN: _ ¡Delirios!
¡A buen tiempo!
Pero Félix
al baile sin
duda ha ido
tras ella...
MÓNICA: _ ¡Al
baile! ¡Qué escándalo!
Voy, voy a ver
si tranquilo
consiente Dios
en la tierra
un hombre tan
libertino. (Vase.)
ESCENA XIII
EL REGENTE. DON RAMÓN.
RAMÓN: _ Hoy
debe darme un sofoco.
¡Qué mujer!,
¡qué tarabilla!
REGENTE: _ ¿Y no
hay más que esta cuartilla?
RAMÓN: _ ¿Quiere
usted volverme loco?
REGENTE: _
(Mirando por el foro.)
¡Don Rafael!
RAMÓN: _ Vuelva
usté.
Éste debe traer
algo.
REGENTE: _ A la antesala
me salgo,
dentro de poco
entraré.
¡Éste sí que es
escritor!
No hay mejor
hombre en Europa.
La cosa va
viento en popa
mientras escriba
el señor.
ESCENA XIV
DON RAFAEL. DON RAMÓN.
RAMÓN: _
¡Jesús!, en mi vida vi
un horizonte más
negro.
RAFAEL: _ Don
Ramón, ¡cuánto me alegro
de encontrarle a
usted aquí!
RAMÓN: _ ¿Hay
novedad?
RAFAEL : _ Sí
por cierto.
RAMÓN: _ Espero
que usted se explique.
RAFAEL: _ El
Estado se va a pique
si no le
buscamos puerto.
Los sordos
rumores vagos
de que hemos hecho
mención
en el congreso,
ya son
cuando no
golpes, amagos.
Hasta el modo de
gobierno
se trata de
destruir,
y se quiere
convertir
a la España en
un infierno.
Este es el plan:
mantener
sin aliento la
esperanza;
hoy por mezquina
venganza,
por ruin
ambición ayer.
Alimentar la
inquietud
con nuevos
sacudimientos,
y hacer a tantos
tormentos
preferir la
esclavitud.
Porque, tras
tanta contienda,
débiles, hechos
pedazos,
nos lancemos a
los brazos
del que primero
los tienda.
Un extranjero la
red
de conspiración
tan vasta
urde.
RAMÓN: _ ¡Mal
haya su casta!¿No se lo decía a usted?
¿Y juzgaban ser
ridículo
mi clamor en el
congreso?
-A propósito:
sobre eso...
¡qué bien
vendría un artículo!
RAFAEL: _ Y el
número de mañana
¿está compuesto?
RAMÓN: _ Cabal.
(Éste trae original.)
RAFAEL: _
¡Compuesto! ¡Suerte tirana!
RAMÓN: _ En
periódicos como éste,
original siempre
sobra...
RAFAEL: _ Pero
la patria zozobra...
y... sí, cueste
lo que cueste;
por medio de un
suplemento,
o como quiera
que sea,
preciso es que
la luz vea
este artículo al
momento.
(Saca unos
papeles.)
Ésta es la única
traza
de salvarnos,
don Ramón:
denunciar a la
nación
todo el mal que
la amenaza.
RAMÓN: _ Venga.
RAFAEL : _
Siguiendo su curso
la conspiración,
revienta
dentro de poco,
y la imprenta
es nuestro solo
recurso.
La imprenta, que
en torpes manos
es un puñal
asesino,
es el paladión
divino
de los libres
ciudadanos.
Por más que en
sueño profundo
la nación duerma
indolente,
su voz de trueno
es potente
para despertar
al mundo.
RAMÓN: _ ¿Y no
fuera más sencillo
dar parte al
gobierno?
RAFAEL: _ Sí;
pero el gobierno es aquí
el cómplice, y
el caudillo.
RAMÓN: _
¡Cáspita! ¿Será verdad?
¿Y cómo sabe
todo eso?
RAFAEL: _ Por un
aciago suceso;
lo diré con
brevedad.
Un amigo ayer
tarde
motejado por
otro de cobarde,
tuvo un lance de
honor. Al punto vuelo
para estorbar el
insensato duelo.
Moribundo lo
hallé: la vez postrera
quiso hablar en
su mísera agonía,
y sacando del
pecho una cartera
su helada mano
enlaza con la mía,
diciendo al expirar
con labio yerto:
«enmienda,
Rafael, mi desacierto».
¡Cuántos pasos
no di! Pierdo la noche
cumpliendo mi
deber, y a la mañana
vuelvo a mi
casa, y al bajar del coche
sé que mi madre
anciana
muerto en el
desafío me creía,
cual un diario
enemigo lo decía.
Los desvelos
filiales
estorbaron que
abriese
la cartera, y
que tramas infernales
hasta dos horas
hace conociese.
Ábrola al fin
sobresaltado el pecho:
veo el horrible
plan, y no reparo
que gime cerca
en moribundo lecho
mi pobre madre,
en triste desamparo.
Víctima de la
imprenta, parecía
que al mirarme
escribir se horrorizaba;
mas la patria a
la imprenta me llamaba,
y al ver mi
justo afán se sonreía.
RAMÓN: _ ¿Con
que el gobierno está comprometido,
y un
extranjero...? (Triunfan sin remedio.)
Pero no dice
usted en qué sentido
se hace la
rebelión, ni por qué medio...
RAFAEL: _ Oiga
usted... Pero no; mucho más presto
se lo dirá mi
escrito.
(Dándole los
papeles.)
Todo lo pongo
aquí de manifiesto;
porque fuera el
callar nuevo delito.
RAMÓN: _ (Pasando
la vista por el artículo.)
¡Qué elocuencia!
¡Qué fuego! ¡Qué entusiasmo!
Si en el aire
levanta.
RAFAEL: _ ¿Qué
le parece a usted del plan?
RAMÓN: _
Espanta.
RAFAEL: _
Pásmese usted de su intención.
RAMÓN: _ ¡Me
pasmo!
Llueven las
suscripciones a millares
por sólo aqueste
artículo.
RAFAEL: _
Estremece
su audacia, ¿no
es verdad?
RAMÓN: _ Sí: me
parece
que se tiren de
más mil ejemplares.
ESCENA XV
EL REGENTE. DICHOS.
REGENTE: _ Señor
director, están
los cajistas ya
que trin...
RAMÓN: _ (Tapándole
la boca para no dejarle hablar.)
Tome usted. (Le
da el artículo.)
REGENTE: _ ¿Esto
hay al fin?
¿Qué es esto?
RAMÓN: _ Lo que
le dan.
REGENTE: _ Cree
usted que habrá bastan...
RAMÓN: _ Cerrándole la boca otra vez.)
(¡Eh!, no sea
preguntón.)
Sin cercenarle
un renglón
ha de salir,
¡voto a quien...!
REGENTE: _ ¿Si
no por su amigo... hem?
RAMÓN: _
(Interrumpiéndole.)
¡Es claro...!
¡Pobre nación!
ESCENA XVI
DON RAFAEL. DON RAMÓN.
RAFAEL: _
Marchemos: el más activo
debe quedar vencedor;
a todos los
diputados,
a todos sin
distinción
la intriga
revelaremos;
y do quiera que
haya honor,
donde con noble
altivez
se lleve el
nombre español,
allí
encontraremos siempre
quien alce
nuestro pendón.
Vamos...
RAMÓN: _ Vamos:
en lo mismo
estaba pensando
yo,
en ir a dar una
vuelta
al baile de ese
señor...
RAFAEL: _ ¿Se
burla usted? ¿Es posible?
RAMÓN: _ Para
una equivocación
pido la palabra.
¿Cómo?
¡Burlarme!
¡Nunca... eso no!
Del verdadero
terreno
usted saca la
cuestión.
Conocido es mi
programa
a la Europa
entera... ¡oh!
RAFAEL: _ ¿Y a
qué viene...?
RAMÓN: _
Independencia,
y trono y
constitución...
RAFAEL: _ Pero
en el baile...
RAMÓN: _ En el
baile
veré a las
gentes de pro;
y les aviso,
y... ¿quién sabe?
mientras bailo
un rigodón
con la mujer del
ministro
destruyo todo el
complot.
RAFAEL: _ Cuando
la patria nos habla
callar debe el
corazón.
Cuán dulce no
fuera al mío
cabe el lecho de
dolor
velar a mi
triste madre,
que en torno de
su aflicción
buscará mi
rostro en vano,
y este abandono
feroz
tal vez el
trance apresure
¡que me hiela de
pavor!
¡Cuán dulce para
mí fuera
abalanzarme al
salón,
cual ciervo
sediento al agua,
de dos ángeles
en pos!
¡Ah!, sepa usted
que uno de ellos,
o fue todo una
ilusión
que mi loca
fantasía
para tentarme fingió,
o es la beldad
que idolatro,
es un tesoro de
amor
que en Francia
dejé escondido,
y el destino me
robó.
En frente están
las dos puertas,
la de usted, la
del barón:
y en una de
amor, y en otra
del deber siento
la voz.
Vacilé, dudé un
momento...
me sonrojé... y
aquí estoy.
RAMÓN: _ No ha
de aventajarme nadie
en patriotismo,
en valor.
RAFAEL: _ ¿Qué
bulla es ésa?
RAMÓN: _ ¿Si
habrá
estallado? Yo me
voy...
estamos
comprometidos...
Abur...
RAFAEL: _ Pero,
hombre, si son
los redactores.
ESCENA XVII
DON SILVESTRE. DON SERAPIO. DON RAFAEL. DON
RAMÓN.
RAMÓN: _
¡Troneras!
Váyanse ustedes
con Dios.
¡No nos han dado
mal susto!
Ya está el
número.
SERAPIO: _
Mejor.
SILVESTRE: _ Si
faltaban tres columnas;
si ni una chispa
quedó...
RAMÓN: _ ¿Y qué
se sabe de nuevo?
SILVESTRE: _ Si
no quedó ni un renglón.
RAMÓN:-_
(¡Dale!) ¿Y qué tal?
SILVESTRE: :_
¡Es milagro!
RAMÓN: _ ¿Qué
hay por la Puerta del Sol?
SILVESTRE: _ Se
habla de revoluciones
con un
descaro... ¡Qué horror!
RAFAEL: _ ¿Y
saben ustedes algo?
SERAPIO: _
(Llevándole aparte con misterio.)
Todo: escuche
usted.
SILVESTRE: _ (A
don Ramón.) Y yo
por puntos y
comas puedo
contárselo, don
Ramón. (Llevándolo aparte.)
SERAPIO: _ Es un
golpe democrático.
República, sí
señor...
SILVESTRE: _Un
gobierno de Turquía
con frailes,
inquisición.
SERAPIO:
_Nivelación de fortunas,
el régimen del
terror...
SILVESTRE:
_Mandarán los sacerdotes.
SERAPIO: _ Ni un
cura habrá desde hoy.
SILVESTRE: _
Doctrina de Torquemada.
SERAPIO: _
Principios de San Simón.
RAFAEL: _ No
perdamos tiempo, vamos.
RAMÓN: _
Marchemos: al punto voy...
Mi sombrero...
¡Qué trastornos!
SILVESTRE: _ Y
al baile iremos los dos:
allí están los
compañeros...
SERAPIO: _ Pero
hombre, así...
SILVESTRE: _
Sans façon.
Creo que ha venido
Elisa.
RAFAEL: _
¡Elisa! ¿Quién?
SILVESTRE: _ Es
un sol,
¡un portento!
RAFAEL: _ (¡Es
ella!, ¡es ella!)
SILVESTRE: _ En
grande está el trovador.
SERAPIO: _
¿Quién? ¿Félix? Si es a su madre...
a quien
obsequia.
SILVESTRE: _ Eso
no: su madre...
SERAPIO: _ Su
madre... ¿qué?
es como todas.
SILVESTRE: _
¡Qué error!
(Este último
diálogo lo han dicho marchándose por el foro.)
ESCENA XVIII
AMBROSIO. DON RAFAEL. DON RAMÓN.
RAMÓN: _ Cuando
usted guste saldremos.
AMBROSIO: _ Don
Rafael... señor don...
RAFAEL: _ ¿Quién
me llama? ¿Hay novedad?
AMBROSIO: _ ¿Eh?
novedad non, señor;
su madre no
más...
RAFAEL: _ Acaba.
AMBROSIO: _ Está
expirando.
RAFAEL: _ ¡Gran Dios!
AMBROSIO: _ Y
manda el médico...
RAFAEL: _
¡Cielos!
Ya lo oye usted,
don Ramón,
me es imposible
hacer nada.
RAMÓN: _
Descuide usted.
RAFAEL: _ Por
favor
trabaje usted
sin descanso...
RAMÓN: _ Sin
tregua, sin dilación.
RAFAEL: _ Los
destinos de la patria
penden de...
RAMÓN Vaya con Dios,
hombre, y que no
sea cosa
de cuidado...
RAFAEL ¡Qué dolor!
Actividad y
constancia.
¡Madre de mi
corazón!
ESCENA XIX
DON RAMÓN, y luego DON FABIÁN y EL BARÓN, de
máscara.
RAMÓN: _ ¡Una
noche toledana!
No me hace
gracia maldita...
¡Patria, patria,
a cuán tremendos
sacrificios nos
obligas!
(Al tiempo de
marcharse por el foro, salen las dos máscaras y le
detienen.)
¿Quién va...?
Máscaras...
BARÓN: _ Detente.
RAMÓN: _ No
puede ser, voy de prisa.
Aquí no se
baila, aquí
tocamos la
sinfonía,
y a su compás
allá fuera
se mueve media
península.
BARÓN: _ Asuntos
de gravedad
aquí nos traen;
Castilla
te ha dado un
escrito...
RAMÓN: _ Cierto.
BARÓN: _
Queremos que a nuestra vista
hagas un auto de
fe
con ese papel.
RAMÓN: _
¿Bromitas de Carnaval?
BARÓN: _ Pronto,
pronto.
RAMÓN: _¡Qué
déspota...! Ni en Turquía...
BARÓN: _ Te
acuestas luego, te duermes;
estás en cama
dos días...
y al tercero...
RAMÓN: _
Resucito
de entre los
muertos...
BARÓN: _ No
chistas
una palabra, no
escribes
ni una cara, ni
una línea.
RAMÓN: _ ¡Sin
hablar tres días...! ¡Diantre...!
¡Barbaridad
inaudita!
BARÓN: _
Duermes, callas, comes, salvas
al país de un
cataclismo...
RAMÓN: _ ¡Ya!
BARÓN: _ Y te
levantas ministro.
RAMÓN: _
¡Ministro yo!
BARÓN: _ De
marina.
RAMÓN: _ Hombre,
¡si otra mar no he visto
que en Aranjuez
el de Antígola!
BARÓN: _ Ese no
es impedimento
dirimente, no te
aflijas.
RAMÓN: _ Basta
de bromas: dejadme
salir... ¡ea!
FABIÁN: _ Esta
entrevista
ningún otro
objeto tiene
que impedirte la
salida.
Yo soy claro;
siempre recta
mi voluntad se
encamina.
Sólo Castilla y
usted
tienen exactas
noticias
de un
levantamiento: está
mi conducta
decidida:
a usted elijo
por cómplice.
RAMÓN: _ ¿Y a
don Rafael?
FABIÁN: _ Por
víctima.
RAMÓN: _ Pero
yo...
FABIÁN: _ Si más le agrada
estotro término,
elija.
Es más noble,
más glorioso...
RAMÓN: _ Sí,
pero...
FABIÁN: _ Cuesta
la vida.
Con que...
RAMÓN: _ ¡Qué
vivo de genio...!
FABIÁN: _ Opte
usted.
RAMÓN: _ Sin
garantías,
sin
seguridades...
FABIÁN: _Yo
las daré. (Se quita
la careta). ¿Más necesita?
RAMÓN: _ ¡Señor
ministro! ¿Es posible?
¡Don Fabián!
¿Usted conspira?
FABIÁN: _ Parece
extraño, ¿no es cierto?
En un rincón de
provincia,
en Medina,
retirado
con mi esposa,
con mi hija,
bálsamo del
corazón,
dulce encanto de
mi vida,
querido en tomo
y honrado,
y en holgada
medianía...
tranquilos, sin
ambición
se deslizaban
mis días,
cual arroyuelo
entre flores
de tapizada
colina.
Mas súbito
ciertos hombres
a quienes mi fe
sencilla
debió parecerles
fácil
instrumento de
sus miras,
del santuario de
las leyes
con un asiento
me brindan;
acepté porque mi
esposa
en vivas ansias
ardía
de establecerse
en la corte,
hasta entonces
aborrecida.
Vine aquí, y el
mundo nuevo
que se presentó
a mi vista
despertó nuevas
pasiones
que en mi
corazón dormían.
Han llovido
sobre mí
distinciones a
porfía,
y el sol del
favor, que triste
al ocaso se
encamina,
desde el cenit
derramó
torrentes de
lumbre un día.
Yo quiero como
Josué
pararle cuando
declina;
quiero apuntalar
el techo
que se me
desploma encima.
Inmortal será mi
nombre
si mi plan se
realiza,
y si no será
execrado
con horror, con
ignominia.
Perdido habré mi
salud,
mis riquezas.
BARÓN (Y las mías.)
FABIÁN: _ Pero
hundido o ensalzado
saldré de esa medianía,
do los hombres
de mi temple
desfallecen, no
respiran.
RAMÓN: _ Bien,
pero...
FABIÁN Soy inflexible;
mi voluntad no
vacila
porque dos
hombres se opongan
a los planes que
conciba:
gano dos amigos
más,
o mis agentes me
libran
de dos enemigos.
RAMÓN ¡Cáspita!
¡Algo fuerte es
la medida!
Y aquí donde
usted me ve
tengo mi apego a
la vida...
Tengo hambre...
digo, ambición;
sino que uno se
alucina
con las cosas, o
más bien
por falta de
cosas. Diga:
con que si
entrego el escrito,
ministro de...
FABIÁN: _ De
marina.
RAMÓN: _ Don
Fabián, yo soy hidrófobo...
ver el agua me
horroriza:
por otra parte,
he tratado
con el suegro de
mi prima,
que pierde
siempre en la bolsa
lo que gana de
asentista,
y soy por
concomitancia
ducho en
materias rentísticas.
FABIÁN: _ Será
ministro de hacienda.
¿Admite usted?
RAMÓN: _¿Que no
admita
quiere usted,
cuando mi genio
me arrastra, me
precipita
tras la hacienda
nacional?
(Llamando.)
¿Ambrosio? Las
cosas listas.
FABIÁN: _
(Poniéndose la careta.)
Espere usted que
me cubra.
RAMÓN: _ (No se
arrepienta, y per istam
me deje.) ¡Hola!
ESCENA XX
EL REGENTE. AMBROSIO. DON FABIÁN. DON RAMÓN.
REGENTE: _
Original,
don Ramón; estas
cuartillas...
RAMÓN: _ Vengan
aquí.
REGENTE: _ No se entienden:
en árabe están
escritas...
¡Jesús que
letra!
RAMÓN: _ Me
alegro.
REGENTE: _ Bien
se conoce la prisa
de su autor.
RAMÓN: _ Ya no
se imprimen.
REGENTE: _¿Hay
algo ya?
RAMÓN: _ Ni una chispa.
REGENTE: _ Pues
los cajistas están
dando un
escándalo, gritan
cantan el
requiem eternam
al periódico...
RAMÓN: _ ¡Por vida!
(A Ambrosio.)
Llama a
cualquier redactor:
ahí en la casa
vecina
los tienes.
(Vase Ambrosio.) Señor regente,
esta noche a los
cajistas
se les paga
doble, y luego...
luego... una
buena propina. (Vase el regente.)
(Al ministro.)
Vaya, tome usted
su artículo.
FABIÁN: _
(Recibiéndolo.)
Muy bien. (La
victoria es mía.)
RAMÓN: _ ¿Con
que pasado mañana
debe reventar la
mina?
¿Salvarse la
patria...?
FABIÁN: _ En mí
jamás cabe
hipocresía.
Usted pasado
mañana
es ministro, y
yo...
RAMÓN: _ Prosiga.
FABIÁN: _ Yo, en
la cima del poder,
o del cadalso en
la cima.
RAMÓN: _ ¡Un
ministro en el cadalso...!
¡Cáspita! Me
aterroriza...
(De repente.)
Pero, ¡ea!, nunca
estos dramas
así en España
terminan.
FIN DEL ACTO PRIMERO
Acto segundo
Sala en casa del ministro. Balcón al foro.
Dos puertas laterales. Otra secreta a la izquierda.
ESCENA PRIMERA
DOÑA PILAR. ELISA.
PILAR: _
Asómate, niña. Un coche...
ELISA: _
(Abriendo el balcón.)
Sí; pero de
largo pasa. (Cierra.)
PILAR: _¡Jesús,
no venir a casa
tu padre en toda
la noche!
ELISA: _ Vete;
acuéstate, mamá.
Puedes dormir
sin cuidado.
Según nos tiene
avisado,
en el ministerio
está.
PILAR: _ Anda
tú: no tengo sueño.
¡Ir de máscara
las dos
mientras él...!
ELISA: _ Sábelo
Dios
que nos obligó
su empeño.
Al bien de
nuestra nación
nos dijo que
convenía.
PILAR: _ Que
bailásemos...
ELISA: _ Querría
tener contento
al barón.
PILAR: _ No sé
qué aversión me inspira
ese hombre; mas
no es extraño:
por vidrios de
desengaño
el alma todo lo
mira.
ELISA: _¿Pues
cómo empeños hiciste
para vivir en la
corte?
PILAR: _¡Ah...!
me has tocado un resorte...
¡Era Medina tan
triste...!
¡Si supieras
cuán amargos
recuerdos me
suscitaba!
¡La soledad me
abrumaba,
los días eran
tan largos...!
ELISA: _ Te
cansa la soledad
en nuestro
pueblo, y aquí
huyes de la
gente...
PILAR : _ Sí:
me basta con la
amistad
de algunos.
ELISA: _ Más
afortuna: _ dos
éramos todos en
él.
¡Qué cielo, qué
campo aquel!
¡Qué sosiego!
Sus honrados
moradores nos
tenían
por sus padres y
monarcas,
y las vecinas
comarcas
nuestro nombre
bendecían.
Era nuestra
quinta abrigo
franco siempre
al desgraciado;
no había en
torno un malvado,
ni suspiraba un
mendigo.
Al pasear por
los sotos,
regalaban
nuestro oído
del colono
agradecido
prósperos y
ardientes votos.
Y si una madre
nos veía
del pecho al
niño apartaba,
con el dedo nos
mostraba,
y el niño se sonreía.
PILAR: _
Teníamos paz, es cierto.
Mas si tú
vuelves allí,
sospecho que
como a mí
te parecerá un
desierto.
ELISA: _ Yo...
pues...
PILAR: _¿Qué
buscan: _ tus ojos,
con mal
encubierto afán,
en esos bailes
que dan
fastidio al
alma, y enojos?
Para volver de
París
mostraste tal
repugnancia...
más debió
gustarte Francia
que tu encantado
país.
ELISA: _ No fue
mi pensión muy triste.
PILAR: _¿Pagaste
al amor tributo?
ELISA: _ Mamá... por qué...
PILAR Sí: de luto
tu albor más
puro cubriste.
La que abriga
una pasión
con mano blanda
y amiga,
¡incauta!, un
áspid abriga,
que le hiere el
corazón.
ELISA: _ ¿De
veras?
PILAR : _ Sí: no
te asombres;
sólo efímeros
placeres
buscan hoy en
las mujeres
los hombres.
ELISA:_ ¿Todos
los hombres?
PILAR: _ Todos por nuestra desgracia.
ELISA: _ ¡Ah!
Mamá...! Tienes razón.
¿Y no hay alguna
excepción...?
Dime... Félix...
verbi gracia...
PILAR: _ ¿Amas
tú a Félix?
ELISA: _ Jamás,
aunque su
talento admiro.
PILAR: _ (Me estremecí.
Ya respiro.)
ELISA: _ Es un
amigo y no más.
PILAR: _
(Acalorándose gradualmente.)
Es un joven de
los pocos.
Bien tus
excepciones fundas.
Me alegro; no le
confundas
con esa turba de
locos.
Galán, juicioso,
gallardo,
su blando acento
seduce,
y en sus ojos se
trasluce
el alma ardiente
de un bardo.
Pasmo ya de todo
el mundo
es su talento
precoz,
todos dicen a
una voz
que en España es
sin segundo.
ELISA: _ (No
vino de Francia, es fijo,
Rafael... ¡si
aquí le vieran!)
PILAR: _¡Oh,
cuántas madres quisieran
poder decir...
es mi hijo!
ELISA: _ Él
consigue por sus obras
renombre, prez y
alabanza;
y papá... ¿qué
es lo que alcanza
después de
tantas zozobras?
PILAR: _ Seguir
por su perdición
de hombres
ocultos la pauta...
Yo tengo la
culpa, incauta,
que desperté su
ambición.
Yo sólo quise
lograr
que saliese
diputado,
y nos trajese...
a poblado,
lejos de nuestro
lugar.
A contentarse mi
esposo
con ser útil,
nada más
a su provincia,
jamás
turbara nuestro
reposo.
Mas luego a
soñar se dio
con planes,
notas, registros,
con despachos y
ministros,
y en otro hombre
se tornó.
En una pensión
te pone
extranjera, por
supuesto,
y con gente de
alto puesto
quiere que me
relacione.
Logra por fin
sus afanes,
es ministro,
y... ¡santos cielos!
nueva inquietud
y desvelos,
nuevo rumbo,
nuevos planes.
Tórnanse de día
en día
sus cabellos
como nieve,
es su sueño
inquieto y breve,
su faz adusta y
sombría...
ESCENA II
JOSÉ. DOÑA PILAR. ELISA.
JOSÉ: _ (Entra
por la derecha con los periódicos y los deja sobre un
velador.)
Los periódicos
de hoy.
ELISA: _ Déjelos
usted. (Hojea algunos papeles.)
(Vase José.)
PILAR: _ Elisa,
tú por leerlos
tal prisa,
cuando yo
temblando estoy...
ELISA: _¿Pues?
PILAR: _ Tan
fácil como hablar
se va haciendo
el imprimir,
y por sólo hacer
reír
se acostumbra a
calumniar.
ELISA: _ Aquí
veo versos.
PILAR: _¡Ah!
(Se levanta y le
quita de las manos el periódico).
¿Son de Félix?
-Lo veremos.
Su firma es
ésta.
ELISA: _¡Qué
extremos!)
José(Anunciando).
Su excelencia.
PILAR: _
(Soltando el periódico.)
¿Dónde está?
ESCENA III
DON FABIÁN. DOÑA PILAR. ELISA.
ELISA: _¡Ah!
Papá...
PILAR: _
¡Querido esposo!
FABIÁN: _ Basta.
¡Cómo! ¿no estuvisteis
de máscara?
¿Aquí también
he de hallar
quien contraríe...?
PILAR: _ De allá
venimos.
FABIÁN: _ Entonces...
a dormir...
PILAR: _ ¿Será
posible
que duerma quien
por tu suerte
tan sobresaltada
vive?
Cuando te
amenaza...
FABIÁN: _ ¡A mí!
¿Quién viene con
esos chismes?
No fue nada.
PILAR: _ Pues...
¿qué ocurre?
ELISA: _¿Qué ha
pasado?
FABIÁN: _ Nada.
PILAR: _ Dime
ELISA: _¡Papá!
FABIÁN: _
¡Dejadme, por Dios!
Os vais haciendo
insufribles.
Yo creí... pero
no importa...
Los periódicos
hostiles
lo abultarán...
y... no es nada.
Ayer noche al
dirigirme
a casa, me vi
cercado
por un grupo de
hombres viles;
gritaron, y
algunas piedras...
PILAR: _¡Santo
Dios!
FABIÁN: _ Era
difícil
escapar; mas de
repente
llega un hombre,
les dirige
su voz, y la
turba airada
se fue retirando
humilde.
Abre mi
libertador
la puerta del
coche, y dice:
«Prosiga usted
sin cuidado»;
y al ministerio
volvíme.
PILAR: _¿Sin
conocerle?
FABIÁN: _ No
quiso
su nombre jamás
decirme.
Era lóbrega la
noche:
sospecho que
cerca vive,
y que a las
voces salió,
sin sombrero, y
sin...
PILAR: _ Existes
por milagro, y
los milagros
¡ay!, ¡no suelen
repetirse!
ELISA: _ Papá,
¿qué sirve la gloria,
el mando, el
favor, qué sirven,
si tu dulce vida
exponen
al vaivén de los
motines?
PILAR: _¡Tanto afán...!
¿Y para qué?
Para que no te
derriben
del puesto.
Desciende tú;
sucédate quien
lo envidie;
y en oscuridad
tranquila
volvamos a ser
felices.
FABIÁN: _ (Con
amargura.)
¡Felices! Es
tarde. (Con sequedad.) Y tú,
tú, que en mi
pecho encendiste
de ambición la
inmensa hoguera,
al ver su llama
te afliges?
Así enciende
estéril zarza
el pastor por
divertirse,
y llora cuando
las selvas
traga el fuego
inextinguible.
¿Quién es
culpable, responde,
del estrago? ¿Es
el que gime
necio pastor, o
la llama
que el vuelo del
viento sigue?
PILAR: _ Basta,
cruel: no mi pecho
tanto tiempo
martirices.
¡Ah! ¡Te veo y
no te abrazo
después que en
riesgo estuviste
de morir...!
¿Quieres más pena?
ELISA: _¡Padre!
FABIÁN: _
(Abrazándolas.) ¡Venid, infelices!
Perdona, querida
esposa,
perdona: no sé
qué dije...
sufro tanto...
no es extraño
que mi razón se
extravíe.
PILAR: _¡Dulce
esposo!
FABIÁN: _ Mis palabras
podrán no ser
apacibles;
pero el
corazón... encierra
tesoros de amor
sublime.
¡Cuando junto al
vuestro late
tan grata
expansión recibe...!
ELISA: _ ¿Por
qué te has de separar
un instante?
¿Quién te impide...?
FABIÁN:
_¡Silencio, niña!
PILAR: _
Abandona
esa tormentosa
sirte...
todos en ella
naufragan,
nadie al puerto
vuelve libre...
FABIÁN: _¿Has
visto tú que a la audacia
escarmientos
intimiden?
¿No hay un más
allá grandioso
tras un
ministerio simple,
donde al través
de cien tumbas
mi paso audaz
encamine?
¿De esclarecidos
varones,
legisladores
insignes,
que sustentan en
sus hombros
todo un reino,
hablar oísteis?
El pueblo los
lleva en triunfo,
luego estatuas
les erige...
PILAR: _¡Ah!
FABIÁN: _ Pues
yo no he de ser menos,
si la suerte nos
sonríe.
Quieren
derribarme, quieren
que mi altiva
frente humille...
ESCENA IV
DICHOS. JOSÉ.
JOSÉE: _ l
almuerzo está en la mesa.
PILAR: _¡Qué
delirios!
FABIÁN: _ Cuanto
existe
ha de trastornar
mi mano,
y ésta será la
que afirme
la
independencia... (A José.) ¿Qué aguardas?
JOSÉE: _ barón de... es tan difícil
de pronunciar.
FABIÁN: _
delante.
JOSÉ: _ Espera a
vuecencia...
FABIÁN: _
Dile...
PILAR: _ Que no
has dormido esta noche.
FABIÁN: _
Desairarle... es imposible.
Vamos todos. No
descanso
hasta salir de
esta crisis.
(A José.) Al
señor barón, que pase
al comedor. (A
su esposa.) ¿Estás triste?,
¿qué tienes?
PILAR: _
Presentimientos
por fatales
infalibles.
(Vanse: el
ministro queda el último, y al oír la puerta secreta de
la izquierda se
detiene.)
ESCENA V
DON RAFAEL. DON FABIÁN.
FABIÁN: _¿Quién
viene?
RAFAEL: _
(Embozado.) Soy un amigo.
(No conviene
descubrirme.)
FABIÁN: _¿Qué
busca?
RAFAEL: _
(Misteriosamente.) Honor y constancia.
FABIÁN: _
Extraño que se anticipe
más de dos
horas...
RAFAEL: _ Es
que...
(Era claro; a
bulto vine.)
FABIÁN: _¿Hay
novedad?
RAFAEL: _ No, ninguna;
pero tengo que
advertirle...
FABIÁN: _
Después: el barón me aguarda.
Al punto que
allí termine,
soy de usted...
RAFAEL: _ No
corre prisa
(¡El barón!)
FABIÁN: _ Puede
en el ínterin
ir al sitio
consabido. (Vase.)
ESCENA VI
:
DON RAFAEL: _ Es fuerza que yo adivine...
Pero no: me
siento aquí;
el corazón se me
oprime.
¡Madre mía! La
memoria
de tus virtudes
me inspire.
ESCENA VII
ELISA, DON RAFAEL.
ELISA: _ Se me
olvidó con la prisa
el Tornasol...
helo allí.
RAFAEL: _¡Dios
mío!
ELISA: _ ¿Quién
está aquí?
RAFAEL: _¿Eres
tú?
ELISA: _¡Gran
Dios!
RAFAEL: _¡Elisa!
Elisa ¡Rafael!
Cómo... tú... sí...
(Siéntase
desvanecida.)
RAFAEL: _
Alienta... ¡Elisa! yo soy...
no te turbes.
¿Has creído
quizá que a
inculparte voy?
No pienses que
resentido
de tu ingratitud
estoy.
ELISA: _¿Qué
dice usted?
RAFAEL: _ Vida mía,
yo no puedo
merecerte.
¿Ni cómo te
culparía,
cuando mi
desgracia impía
sólo es hija de
mi suerte?
ELISA: _ Quejas
usted, caballero...
Quizá en mi
labio severo
sentaran algo
mejor;
pero suponen
amor
y sellar mi
labio quiero.
RAFAEL: _
Aguarda, detente, infiel...
ELISA: _ Si
busca usted a papá
le avisaré.
RAFAEL Ve, cruel:
huye como todos
ya
de tu pobre
Rafael.
Hoy a mi madre
perdí...
ELISA: _¡Cielo!
RAFAEL: _ Y con desdén
profundo
todos me
abandonan, sí.
Hoy también te
pierdo a ti.
¿Qué me resta ya
en el mundo?
Llorar de una
tumba al lado,
sufrir tu cruda
sentencia,
saber que sólo
han bastado
para hacerme
desdichado
algunos días de
ausencia.
¡Cuán poco lo
presumí
cuando en París
te dejé
bañada en llanto
por mí!
¡Cuán confiado
marché
en los extremos
que vi!
Desde aquel
fatal instante
me diste mil y
mil pruebas
de condición
inconstante.
Yo en escribirte
incesante,
tú sin darme
nunca nuevas...
ELISA: _¡Cómo!
Que me inculpas creo,
porque no te las
arguya,
faltas que en ti
sólo veo.
Mira que ningún
correo
me ha traído
carta tuya.
RAFAEL:
_¡Cielos! ¿Con que tú tampoco
las mías has
recibido?
ELISA: _ Ninguna, y en vano ha sido
buscarte,
haciendo tan poco
que de París he
venido.
RAFAEL: _ No
más, Elisa; perdón.
Necesitaba
creerte
para no buscar
la muerte...
¡ah! mi postrera
ilusión
perdía yo con
perderte.
Hoy voló mi
madre al cielo
y huérfano me
dejó,
sumido en eterno
duelo:
tú eras mi único
consuelo;
y ¿habrás de
faltarme?
ELISA: _ No:
jamás.
RAFAEL: _
Hermosa mía,
no es el cielo
tan cruel.
Lo esperaba, lo
sabía...
¿con qué me amas
todavía?
ELISA: _ Sí: te
adoro, Rafael.
Nunca dejé de
quererte:
tu muerte el
alma temió
antes que tu
olvido.
RAFAEL: _ No:
yo nunca temí tu
muerte;
porque respiraba
yo.
Ya conozco,
madre mía,
que tu maternal
desvelo
vive tras la
tumba fría;
éste es el don
que me envía
por tus súplicas
el cielo.
Ésta es aquella
mujer
ignorada y
misteriosa
que yo te enseñé
a querer.
Dime si otra
puede haber
en el cielo más
hermosa.
ELISA:
_¡Rafael!, mi único dueño,
para un amor tan
sublime
es mi corazón
pequeño.
Pero, ¿estoy
soñando? dime:
¿no te parece
esto un sueño?
¿Cómo es que te
encuentro aquí?
¿Vienes a ver a
papá?
RAFAEL: _¿Es el ministro
quizá?
ELISA: _ El
mismo.
RAFAEL: _ Le
busco, sí;
y vengo a
salvarle.
ELISA:_ ¡Ah!
¿Quién le
amenaza? Volemos
a decírselo. ¡En
qué trance
este favor te
debemos!
¿Dónde será que
no alcance
nuestra
gratitud? Entremos.
RAFAEL: _ Detente, Elisa, detente:
si no queréis
que peligre
su vida
continuamente,
será preciso que
emigre...
tal vez contigo
se ausente...
tal vez...
ELISA: _¿Y en
qué ha delinquido?
RAFAEL: _ Hoy lo
dice el Tornasol.
ELISA: _¿Y quién
el traidor ha sido...?
RAFAEL: _ Traidor
no, buen español:
con su deber ha
cumplido.
ELISA: _¿Y osas
defenderle?, ¿a él?,
¿al infame
delator,
que en un
villano papel...?
RAFAEL: _ Yo he
sido, Elisa, el autor.
ELISA:
_¡Imposible, Rafael!
RAFAEL: _ Elisa,
a nadie delato:
en mi escrito no
hay un nombre.
Mas el pueblo en
su arrebato
puede atropellar
a un hombre,
y salvar a este
hombre trato.
Contempla lo que
hoy perdí...
ELISA: _¿Y, es
posible que de ti
proceda tanta
amargura?
(Cogiendo el
Tornasol de encima de la mesa.)
¿Que mi eterna
desventura
haya de
encerrarse aquí?
RAFAEL: _
(Arrebatando el periódico de las manos de Elisa, y pasándole
rápidamente la
vista.)
Dame: ni tiempo
he tenido...
¿Qué veo...? ¡Me
han engañado!
ELISA: _¿Qué
sucede?
RAFAEL: _ No ha
salido
mi artículo...
¡Desdichado!
ELISA: _¡Aún hay
tiempo! (Con gozo.)
RAFAEL: _ Estoy
vendido;
pero, hay
tiempo. (En ademán de marchar.)
ELISA: _
(Sobresaltada.) ¿Adónde vas?
RAFAEL: _¡Ah!,
la nación se sepulta
si tardo.
ELISA: _
(Deteniéndole). No, no saldrás.
RAFAEL: _¿Cómo?
A la razón consulta,
Elisa, que ciega
estás.
Mató a mi madre
la prensa,
y de la patria
en defensa
escribo sobre su
tumba.
Quien tal obra,
quien tal piensa
no esperes, no,
que sucumba.
A mil vidas te
prefiero,
ángel inocente y
puro;
pero la patria
es primero.
ELISA: _ Y mi
padre...
RAFAEL: _ Yo te
juro
salvarle: soy
caballero.
(Aparece don
Ramón a la puerta de la derecha.)
ELISA: _ ¿Y
cuándo tornaré a verte?
RAFAEL: _ Vuelvo
dentro de una hora
si no me impide
la muerte.
(Hace que se va
por la izquierda y vuelve.)
Di: ¿podrás
quererme ahora?
ELISA: _¿Puedo
dejar de quererte?
(Vase don Rafael
por la izquierda. Elisa coge el periódico y se
marcha por la
derecha, al tiempo que sale don Ramón).
ESCENA VIII
DON RAMÓN: _ A los pies de usted. -¿Qué tal?
¡Para el amante
otra puerta!
Miren la
mosquita muerta.
Digo, ¿en crisis
tan fatal
y con citas?, no
hay excusa.
Si te quiero, si
me quieres...
reniego de las
mujeres,
mi cara mitad
inclusa.
¿Y don Rafael?
¡Qué oprobio!
es ya nuestro
partidario.
¡Contrarrevolucionario
que se ha
convertido en novio...!
ESCENA IX
DON FABIÁN. DON RAMÓN.
FABIÁN: _
Perdone usted si he tardado.
RAMÓN: _ Nada de
eso, no hay de qué.
FABIÁN: _ Venir
aquí le mandé
por ser lo más
retirado.
Del pabellón del
jardín,
donde con los
nuestros tengo
las juntas, de
aguardar vengo
a un
conjurado... por fin...
RAMÓN: _ Vamos
al orden del día.
FABIÁN: _¿Y el
Tornasol ha salido?
RAMÓN: _¡Uf!
FABIÁN: _¿Qué
tal?
RAMÓN: _ (No lo
he leído
No estoy en
mí... de alegría...).
FABIÁN: _
Supongo que...
RAMÓN: _ or
supuesto.
FABIÁN: _ Que...
RAMÓN: _ Pues!
FABIÁN: _ Que nada dirá,
y que de hoy en
más saldrá
RAMÓN: _ No se
hable ya más en esto.
FABIÁN: _ Con
cierta mesura y tino
cambiando irá de
matiz.
RAMÓN: _ En esto
será feliz;
lo suele hacer
de continuo.
¿Y qué tal
vamos?
FABIÁN: _ Ayer,
hubo un motín
algo serio.
RAMÓN: _
Respecto a mi ministerio
decía.
FABIÁN: _ ¿Qué
hay que temer?
Yo mismo soy
quien le nombro.
RAMÓN: _ Es
revolución maestra.
¡Qué plan! ¡Qué
audacia la nuestra!
No sé cuál es y
me asombro.
FABIÁN: _ Sí; pero un hombre no más,
activo y
emprendedor,
el torrente
asolador
puede detener
quizás.
Si no logramos
que calle,
la revolución
aborta.
Arrestarlo nos
importa
hasta que por
fin estalle.
Pero el modo
dificulto.
Los medios viles
detesto,
y si no es bueno
el pretexto
se suscitará un
tumulto.
RAMÓN: _¿Hay
otro moro en campaña?
Pues se volvió
la tortilla.
FABIÁN: _
Hablando estoy de Castilla.
RAMÓN: _ Pues es
cosa bien extraña.
¿No es don
Rafael amigo?
FABIÁN: _¡El
amigo!
RAMÓN: _ ¿Estaré
loco?
Si aquí estaba
hace muy poco.
FABIÁN: _¿Dónde?
RAMÓN: _ Aquí.
FABIÁN: _¿Diga
usted?
RAMÓN:_ Digo,
que aquí le he
visto muy tierno
con su hija de
usted.
FABIÁN: _¡Mi
hija!
¡Imposible!
RAMÓN: _ No se
aflija,
más sírvale de
gobierno.
FABIÁN: _¡No te
basta combatir,
hombre cruel, mi
ambición,
que en mitad del
corazón
me quieres
también herir!
¡No te basta tu
elocuencia
fulminar en mi
desdoro,
que me robas un
tesoro
de virtud y de
inocencia!
¿Y le hace usted
partidario?
RAMÓN: _¿Quién
de un engaño se libra?
FABIÁN: _ Bien
sabe cuál es la fibra
más blanda de su
contrario.
Pero yo me
vengaré
de enemigo tan
odioso:
de mi poder es
forzoso
abusar, y
abusaré.
(Se acerca a la
puerta de la izquierda; la abre y llama.)
¡Fernández!
ESCENA X
DICHOS. FERNÁNDEZ.
Fernández Mande vuecencia.
FABIÁN: _ Que
sin perder un momento
a don Rafael
Castilla
pongas
arrestado.
Fernández Bueno.
Pero es
diputado.
FABIÁN: _Hoy
mismo
se cerrará el
parlamento.
Fernández: _
Pero entre tanto, arrestarle
sin licencia del
congreso...
RAMÓN: _ Puede
haber un alboroto,
es el ídolo del
pueblo.
FABIÁN: _
(Pensativo.)
¿Qué he de
hacer? -Pronto: obedece.
RAMÓN: _ Un
medio seguro tengo.
FABIÁN: _¡Cuál,
dígale usted!
RAMÓN(Llevándole
aparte.) Castilla,
en este mismo
aposento,
dentro de una
hora...
FABIÁN: _ Basta.
RAMÓN: _ En
oscura capa envuelto...
FABIÁN: _¡Una
cita! ¡Y yo en mis manos
tuve a ese
hombre ha poco tiempo!
¿Y cuando el
honor me arranca
le veo, le hablo
y le dejo
salir impune...?
¡Insensato!
Silencio, por
Dios, silencio.
-Fernández, no
es menester
dar un
escándalo... presto
vendrá aquí don
Rafael:
ponte aquí cerca
en acecho;
busca dos de tu
confianza,
y cuando te
llame...
Fernández Entiendo.
(Vase.)
ESCENA XI
ELISA. DON FABIÁN. DON RAMÓN.
FABIÁN: _¡Elisa,
cómo...! ¿Ya lloras?
Sin duda el
remordimiento
te arrastra a
mis pies; sin duda
sabes ya...
¡Todo!
FABIÁN:_ Sincero
podrá ser tu
llanto, Elisa;
pero es tardío.
Mi pecho
sufrió mortales
heridas:
mis esperanzas
han muerto
a manos de lo
que amaba
con más
cariño...
ELISA: _ Que al
menos
ignore mamá...
FABIÁN: _
Perdiste
de suplicar el
derecho.
ELISA: _ Que
ignore nuestra deshonra.
FABIÁN:
_¡Nuestra deshonra! ¿Qué es esto?
¿Deshonra has
dicho? No, no...
Me engañé... no
estoy seguro...
Di que me
engañé... ¡Deshonra!
¡Mentira!, que
hubieras muerto
al abrir los
labios...
ELISA: _¡Padre!
FABIÁN:
_¡Callas! Levanta del suelo
esos ojos... ¿No
te atreves?
¡Hija vil!
Aparta.
ELISA: _ ¡Padre!
FABIÁN: _ Tú
eras mi amor, mi embeleso:
pensando en tu
bien no más
pasaba días
enteros:
¿qué te hice yo,
responde?
ELISA: _ Señor,
¿y qué culpa tengo...?
FABIÁN: _¿Que no
tienes culpa, dices?
ELISA: _¿Eran
para mí los versos?
FABIÁN:
_¡Versos!
RAMÓN: _ (¡Ah!)
ELISA: _ ¿Viste
el papel?
FABIÁN: _¿Qué
papel? ¿Es esto un sueño?
¡Un papel! ¿Es
éste? (Quitándoselo a Elisa.)
RAMÓN: _ (¡El mío!)
FABIÁN: _
(Queriendo devorar con sus ojos el periódico: su misma
agitación le
impide leer.)
¿Qué trae? ¿Qué
dice...? Estoy ciego.
ELISA: _
(Indicándole).
Aquí.
RAMÓN: _ (Mi
mujer me pierde.
Yo me voy).
Señora, beso...
FABIÁN: _
Téngase usted, miserable.
¡Mi esposa infiel!
No lo creo.
RAMÓN: _
(Maldita mujer, por ti,
por ti la
cartera pierdo,
y sus
consecuencias...! ¡Cáspita!
me hormiguea
todo el cuerpo...
¡Cómo se
turba...! ¡Si estoy
en ascuas!)
FABIÁN: _ (Dobla
el periódico con terrible calma.)
Ve: ni un
momento
dejes a tu madre
sola.
Encarga el mayor
secreto
a los criados, y
enjuga
tus lágrimas. Si
a saberlo
llega tu
madre... ¡Por Dios!
Serénate: haz un
esfuerzo. (Vase Elisa.)
ESCENA XII
DON JUAN. DON RAMÓN.
RAMÓN: _ (Si no
soy ministro... ¡diantre!,
a la oposición
me vuelvo).
FABIÁN: _ (A
media voz).
¡Me ha perdido
usted, infame!
RAMÓN: _¡Yo!
Perdone usted...
FABIÁN: _
Silencio;
no quiero que
nos escuchen.
Sierpe vil, a
quien mi aliento
hizo revivir, tú
en pago
me has
emponzoñado el pecho.
RAMÓN: _ Yo, señor...yo...
(Si pudiera
tomar las de
Villadiego.)
FABIÁN: _ En tu
sangre he de empapar
este papel: ya
no quiero
ni
engrandecerme, ni ser
presidente del
consejo;
sed de sangre,
no ambición,
ansia de
vengarme tengo.
RAMÓN: _¡Pido la
palabra!
FABIÁN: _
Infame,
salgamos.
RAMÓN: _ Cálmese
usted.
FABIÁN: _
Salgamos.
RAMÓN: _ Antes
un hecho
tengo que
rectificar.
Escúcheme con
sosiego:
venía con esta
calma
porque...
(Válgame el enredo.)
porque...
FABIÁN: _ No admito disculpas.
RAMÓN: _ Por lo mismo, pues, por eso...
por descuido
involuntario...
esas coplas se
imprimieron.
Más todo está
reparado.
FABIÁN: _ ¿Será posible? Qué medios...
RAMÓN: _ ¡Uf! ¡Medíos nunca me faltan!
FABIÁN: _ ¿Sí?
RAMÓN:_ No bien se repartieron
tres ejemplares,
y es claro
que era para
aquí el primero,
advertí esa
cosa, ¡pues...!
advertí esa
falta, y luego...
¡zas!, impido
que circule,
la edición
entera quemo...
FABIÁN: _ ¡Ah!, me vuelve usted la vida,
más que la vida,
si es cierto.
RAMÓN: _ ¡Toma! ¡Cuando yo lo digo!
(Una por una
escapemos.)
Pues no se armó
mala hoguera.
¿No oyó usted
tocar a fuego?
La casa se puso
de humo
que parecía un
infierno.
Las vecinas
regañaban,
los horteras y
mancebos
cerraron
puertas, ventanas,
mostradores...
y... ¡qué estruendo!
La gente
apretaba el paso
gritando:
¡pronunciamiento!
FABIÁN: _ Pues a las dos o tres casas
donde fue el
número...
RAMÓN: _ Cierto.
Las cosas
prontas. (Cogiendo el sombrero.)
Yo mismo
voy ahora a
recogerlo.
(Óyense voces
lejanas de ciegos que venden papeles: cada vez se
perciben más
claras).
FABIÁN: _ Espere usted un instante.
¿Qué publican
esos ciegos?
RAMÓN: _ (Sobresaltado y levantando la voz para no
deja oír.)
Nada: nada. (Sí
serán.)
¿Con que
quedamos en eso?
FABIÁN: _ ¡Silencio!
RAMÓN: _ Don Rafael
será arrestado,
y...
FABIÁN: _ (Con voz terrible.) ¡Silencio!
(Abre las hojas
del balcón de par en par y se oye una voz que dice.)
«A cuarto, a
cuarto el periódico que nos han dado ahora de gratis,
para que llegue
a noticia del público, ¡a cuarto! ¡Con las aventuras
de una menistra,
a cuarto!» (Don Ramón entre tanto se ha marchado:
el ministro
vuelve lleno de cólera al proscenio.)
ESCENA XIII
DON FABIÁN. Luego DOÑA PILAR. ELISA.
FABIÁN: _ ¡Miserable! Miente ya,
si tienes la
avilantez...
¿Dónde está?
¡Cielos! Tal vez...
¡Marchó! Vil,
cobarde... ¡ah!
PILAR: _ (Adentro).
Yo quiero verle.
ELISA: _ (Ídem.) Está bien.
Si contigo no va
nada.
PILAR: _ (Entra y se arroja en los brazos de don Fabián.)
¡Esposo!
FABIÁN : _ Desventurada!
PILAR: _ No me engañes tú también.
Esta duda es
espantosa...
¡Ese
periódico...! ¿En dónde
está...?
Dámelo... Responde,
¡por piedad!
FABIÁN: _ ¡Querida esposa!
ELISA: _ Pero, si es una aprensión...
PILAR: _ ¡Calla! Que calles te mando.
Todos me estáis
engañando,
y os desmiente
el corazón.
FABIÁN: _ Escucha, pues.
ELISA: _ (Como reconviniéndole.)
¡Padre!
FABIÁN: _ Sí;
el callar es más
funesto.
Dime: ¿Félix te
ha compuesto
versos?
PILAR: _ Yo se los pedí.
FABIÁN: _ El Tornasol los inserta,
dice, y con
ellos se escuda
que Félix... te
ama...
PILAR Sin duda.
FABIÁN: _ Que tú... le quieres.
PILAR Y acierta.
FABIÁN: _ Que es tu amante, desdichada;
tu galán...
¿entiendes?
PILAR: _ ¡Ah!
¡Infeliz de mí!
ELISA: _ Mamá!
PILAR: _ Aparta... estoy deshonrada.
FABIÁN: _ Que el oprobio y el baldón
sobre mí viertes
sin tasa,
que quien mal
rige su casa
mal gobierna la
nación.
PILAR(De mi
silencio es castigo.)
¿Y a calumnia
tan horrible
darás crédito?
ELISA: _
Imposible.
FABIÁN: _ No soy injusto contigo;
pero la infamia
detrás
de la calumnia
se asienta,
y si calumnia la
imprenta
no se separan
jamás.
PILAR: _ ¡Infeliz!
ELISA: _ Y ese
delito
¿no castiga un
tribunal?
FABIÁN: _ Alguna vez; ¿pero cuál
es el que borra
lo escrito?
Un «se dice» por
broquel
basta al
escritor infame
para que impune
derrame
su ponzoña en un
papel.
Y si el jurado
algún día
le declara delincuente,
otro por él,
inocente,
el castigo
sufriría.
La nota infame
que llevas
ningún poder te
la quita,
porque la
calumnia grita:
«verdad es, mas
faltan pruebas».
Pruebas hay
aquí.
PILAR: _
¡Fabián!
FABIÁN: _ De ese joven las frecuentes
visitas, los
imprudentes
elogios que se
le dan;
el entusiasmo
que inspiran
sus obras, sí,
pruebas son,
que en la común
opinión
contra nosotros
conspiran.
PILAR: _ ¡Salvadme, Dios bondadoso!
ELISA: _ ¿Y no hay remedio ninguno?
FABIÁN. - Uno
sólo.
PILAR. - ¿Cuál
es?
FABIÁN: _ Uno. (A Elisa.)
Que Félix sea tu
esposo.
PILAR: _ ¡Eso no!
ELISA (¡Triste de mí!)
FABIÁN: _ ¿Por qué? Con eso verán
que sus
obsequios no van
dirigidos hacia
ti.
PILAR: _ ¿Qué es para tu hija ese hombre?
FABIÁN: _ De gran porvenir le creo.
Como escritor,
europeo
será luego su
renombre.
Por su
elocuencia en el foro
asombra como
abogado;
y al congreso
trasladado,
será su mayor
decoro.
PILAR: _ Tiene Elisa una pasión
oculta... (A
Elisa.) No me desmientas.
FABIÁN: _ ¿Y aunque tú se la consientas,
merece mi
aprobación?
ELISA: _ ¡Cielos!
FABIÁN: _ Sabed
que ese amante
es mi mortal
enemigo...
ELISA: _ Ah, pues él...
PILAR: _ (No sé qué digo...)
Félix también...
FABIÁN: _ (¡Qué constante
oposición!)
PILAR: _ Tiene amores...
FABIÁN: _ Félix sacrifica todo,
si complace de
ese modo,
a sus
favorecedores.
Él viene aquí.
ELISA: _ ¡Justo
Dios!
PILAR: _ No doy mi consentimiento.
FABIÁN: _ Dejadme solo un momento,
y luego
entraréis las dos.
(Vanse las damas
por la puerta grande de la izquierda.)
ESCENA XIV
DON FÉLIX. DON FABIÁN.
FABIÁN: _ ¿De dónde nace, Dios mío,
esa extraña
terquedad?
-Félix, ya
sabes...
FÉLIX : _ Sé todo:
sé que debo
consagrar
mi vida entera
al reparo
de una
imprudencia fatal.
Sé que la negra
calumnia
se ha sabido
aprovechar
de unos versos
inocentes,
porque rebosando
están
el noble y puro
entusiasmo
de que mi pecho
es capaz
por la mujer a
quien debo
mi nombre en la
sociedad.
El que me hace
un beneficio
siervo suyo me
hace ya,
y a la gratitud
se ha dado
aire de amor
criminal.
FABIÁN: _ Pero esa imprudencia...
FÉLIX: _ Entiendo.
Yo la debo
reparar.
No me descuidé;
y hoy mismo
el redactor
principal
de ese
periódico, o yo,
dejamos de
existir.
PILAR: _ (Que estará escuchando desde la puerta.)
¡Ay!
FABIÁN: _ No
basta aún: ese duelo
sería una prueba
más
de la calumnia;
mañana
verificarse
podrá;
hoy, tu mano,
sí, tu mano
a mi Elisa debes
dar...
FÉLIX: _ ¡Yo...! Señor... ¡Elisa...! ¿Es cierto?
¡Qué es esto!
FABIÁN: _ Tuya
será.
FÉLIX: _ (Cayendo de rodillas, y abrazándole.)
¡Oh! ¡Gracias,
gracias...! Señor...
es terrible
crueldad
si me engañan.
FABIÁN(Levantándole.)
¡Hijo mío!
FÉLIX: _ De gozo no puedo hablar.
FABIÁN: _ ¿Con que la amabas...?
FÉLIX: _ ¡Amarla!
¡Sin esta
casualidad,
ni a mí mismo
esta pasión
me atreviera a
confesar!
¡Amarla...! No.
La idolatro:
siglos de gloria
inmortal
daré por una
sonrisa de sus labios, ¡oh!
ESCENA XV
DICHOS. DOÑA PILAR
PILAR: _ Callad.
¿Qué estás
diciendo, insensato?
¡Su esposo tú!
¡no, jamás...!
Mal pagas los
beneficios...
Marchad,
ingrato, marchad.
FABIÁN: _ ¡Silencio, Pilar, silencio!
Esa inquietud...
ese afán...
PILAR: _ Marcha, obedece...
FABIÁN: _
¡Infeliz!
¡dice el papel
la verdad!
PILAR: _ ¡Esposo!
FÉLIX: _ ¡Señor!
PILAR: _ ¿Qué
dices?
De mi fe puedes
dudar...
FABIÁN: _ ¿Quieres que no dude?
PILAR: _ ¿Cómo?
FABIÁN: _ La mano de Félix da...
ESCENA XVI
DICHOS. JOSÉ
JOSÉ: _ (Con una carta en la mano).
Señorito, para
usted...
PILAR: _ Venga. (Le quita el billete y lo abre).
FÉLIX: _ Por Dios, don Fabián...
PILAR: _ Un desafío... a pistola
a las dos
horas... detrás
del jardín.
-Aunque me maten
no sales de
aquí.
FABIÁN: _ ¡Pilar!
Don Félix, al
campo... presto.
PILAR: _ Tente, tente... ¿Dónde vas?
A la muerte te
conducen
esos pies...
FABIÁN: _ (A Félix). Marcha.
PILAR: _ (Yendo a detener a don Félix, al llegar a la
puerta de la
derecha abraza
sus pies y cae desmayada).
¡Piedad! (Vase
don Félix).
FABIÁN: _ ¡Cuánto le ama!
ELISA: _ (Saliendo al socorro de su madre).
¡Madre mía!
ESCENA XVII
ELISA. DOS CRIADAS. DON FABIÁN. (Las criadas
aparecen a la puerta).
FABIÁN: _ De mi vista la apartad
antes que... Si
vuelve en sí,
decidla que de
hoy en más
en odio eterno
profundo
se trocó mi
amor.
ELISA: _ ¡Papá!
FABIÁN: _ Huid todos de mi vista.
También de tu
liviandad
espero el último
golpe
que con mi honra
ha de acabar.
ELISA: _ Mira que sólo a salvarnos
viene Rafael.
FABIÁN: _ Marchad.
(Levantan Elisa
y las criadas a doña Pilar, y se la llevan.)
Los vínculos que
me unían
al mundo rotos
están;
sólo el placer
de vengarme
detenerme en él
podrá.
ESCENA XVIII
DON RAFAEL. DON FABIÁN. Luego FERNÁNDEZ y
AGENTES.
FABIÁN: _ (Viendo a don Rafael, que sale por la puerta
secreta.)
¡Ah!
RAFAEL: _ ¡Señor ministro!
FABIÁN: _ ¡Es él!
(Llamando.)
¡Hola!
(Salen Fernández y cuatro agentes, y se
apoderan de don Rafael.)
RAFAEL: _ ¿Qué
es esto?
FABIÁN: _ Que estás
en poder de tu
enemigo:
que es cierta la
trama audaz
que denunciabas:
que tiene
la prensa voz de
huracán,
y sólo con un
rugido
puede al orbe
amedrentar;
pero esa voz
enmudece
al reflejo del
puñal,
o en céfiro
lisonjero
la torna el oro
quizá.
RAFAEL: _ Bien, amontona tesoros,
prepare tu
crueldad
ingeniosa mil
tormentos,
y mándame
retirar
el escrito que
provoca
sobre ti la
tempestad.
Podrás mi lengua
tal vez
de un solo golpe
acallar;
pero en alas de
la imprenta
mi artículo
volará,
y en el hueco de
mi tumba
su honda voz te
hará temblar.
Es tardía mi
prisión:
mi escrito en la
prensa está;
este pecho es
quien le escuda
con silencio
pertinaz;
no hay
traidores: hoy tu furia
contra mí se
estrellará.
FABIÁN: _ ¡Ah! Tu muerte...
RAFAEL: _ ¿Y qué es mi muerte?
mi muerte no
estorbará
la publicación:
¡mi sangre
sello augusto de
verdad
dará a mis
palabras, sí!
Llévame al
cadalso ya;
arrogante de su
cima
con desdén te he
de mirar,
y alborozado mi
pecho
desde allí
saludará
al nuevo sol de
ventura,
de sosiego y
libertad,
que eternos días
de gloria
debe en España
alumbrar.
(A una
demostración del ministro se llevan los agentes a don
Rafael.)
FIN DEL ACTO
SEGUNDO
Acto tercero
El teatro está dividido verticalmente en dos
mitades. La una representa el pabellón de un jardín, con puerta al foro, una
mesa con papeles y escribanía a la derecha, y puerta y ventana con reja y
persianas a la izquierda, dando vista y salida al campo. La otra
mitad representa un campo: árboles a la
izquierda, y las tapias del jardín al foro).
ESCENA PRIMERA
DON FABIÁN. EL BARÓN. (En el pabellón).
BARÓN: _ ¿Preso don Rafael, y no halláis medio
de recoger su
artículo?
FABIÁN: _ Ninguno.
BARÓN: _ ¿Se ha publicado ya?
FABIÁN: _ No, que vendrían
mis agentes aquí
con el anuncio.
BARÓN: _ Si ve la luz ese papel funesto,
¡cuán fiero
golpe os amenaza!
FABIÁN: _ El
último;
pero tranquilo
estoy. ¿Qué miedo infunden
del tormentoso
mar los hondos tumbos
al mísero bajel,
que un leve soplo
sepulta
fácilmente en el profundo?
BARÓN: _ ¿Y tantas y tan ricas esperanzas
se habrán de
convertir súbito en humo?
¿De qué os sirve
tener en poder vuestro
al criminal
autor de esos disturbios?
FABIÁN: _ Una
sola palabra de su boca
solo un renglón,
un rasgo de su puño,
puede el hacha
apartar de mi garganta,
puede atajar de
la impresión el curso.
BARÓN: _ ¿No tenéis una hija?
FABIÁN: _ ¿Y
bien...?
BARÓN: _ ¿Hermosa...?
¿Don Rafael no confesáis
que puso
apasionados ojos
en su rostro?
FABIÁN: _ ¿Y qué, qué intenta usted...? Con ansia
escucho...
BARÓN: _ Que saque sin demora de la imprenta
el temido papel,
y en cambio es justo...
FABIÁN: _ ¡Basta, señor barón!
BARÓN: _ Sí, que
la mano
de Elisa le
otorguéis.
FABIÁN: _ No, no: renuncio
a salvarme jamás
por este medio:
es degradante,
es vil, es...
BARÓN: _ Es el
único.
FABIÁN: _ ¡Vender su mano yo! Nunca: es más noble,
más alta mi
ambición; nobles mis rumbos
serán.
BARÓN: _ ¡Qué necedad! todos son buenos
los caminos que
van rectos al triunfo.
FABIÁN: _ ¿Qué me importa el poder?
BARÓN : _ Es ya la vida
la que hoy
aventuráis: nada os oculto.
FABIÁN: _ Moriré.
BARÓN: _ Moriréis en un cadalso.
FABIÁN: _ Mi cuello doblarán, mas no mi orgullo.
BARÓN: _ Y morirán con vos tantos valientes
que siguen
vuestras órdenes ilusos,
que juraron
morir por quien hoy trata
de entregar sus
gargantas al verdugo.
Padres, hijos,
esposos...
FABIÁN
¡Desdichado,
desdichado de
mí!
BARÓN (Necios
escrúpulos.)
¿Y dejaréis que
desfrenadas turbas
asalten como el
tigre furibundo
sus hogares, y
arrastren, y atropellen...?
¿que el tálamo
nupcial ojos inmundos
profanen sin
piedad?
FABIÁN: _ Nunca.
BARÓN: _ Que
torpes,
allí, en el
templo del pudor augusto...
FABIÁN: _ ¡Antes morir! A combatir salgamos.
A despecho de
bárbaros tumultos
levantémonos
hoy, anticipemos
el grito
salvador. Ea: son muchos
los que deben seguirnos.
Sin caudillo,
¿qué puede hacer
el ignorante vulgo?
Voy a poner la
orden: a las doce
que su lugar
ocupe cada uno.
BARÓN: _ ¿Qué hacéis? Para ese tiempo ha circulado
el ansiado papel
por todo el mundo.
Busca el pueblo
a su autor; tan sólo encuentra
de su madre el
cadáver insepulto;
se redobla su
cólera... ¿y quién pone
diques al mar
que hierve del profundo?
FABIÁN: _ Pues bien, dentro dos horas dése el grito.
BARÓN: _ ¿Y cómo queréis dar el oportuno
aviso a los
demás? ¿Cómo tan presto
los jefes se
colocan en sus puntos?
FABIÁN: _ ¿Y no hay remedio ya?
BARÓN: _ Lo habéis oído.
FABIÁN: _ No; con la mano de mi Elisa cubro
la mancha de mi
honor.
BARÓN: _ ¿Daréis su mano
en galardón
quizá de un fuego adúltero?
¿Y qué mayor deshonra
que ese enlace?
FABIÁN: _ Lengua de sierpe, ¡calla...! Me confundo.
-Tiene razón.
BARÓN: _ Si a Rafael ganamos,
el triunfo, don
Fabián, os aseguro;
ofusca su
esplendor, ciega su pompa,
y nada en vos se
advertirá de impuro.
Al estruendo de
vítores y aplausos
el rencor y la
envidia quedan mudos.
Vida, fama,
poder, todo pendiente,
de la victoria
está; todo es injusto
para el triste
que muere derrotado;
todo, señor, lo
santifica el triunfo.
FABIÁN: _ ¡Es verdad, es verdad! Vencer tan sólo
es mi postrero y
único recurso.
(Llamando.)
¿Fernández?
(Al barón, que
se dispone a salir por la puerta de la derecha.)
¿Qué hace usted?
BARÓN: _ Vuelvo
al
instante.
Respirar
necesito el aire puro.
FABIÁN: _ (Llamando).
¿Fernández?
BARÓN: _ (Mejor es que no me vea,
por si tenemos
que mudar de rumbo.)
(El barón sale
al campo, y vuelve a entornar la puerta: Fernández
viene por el
fondo.)
ESCENA II
FERNÁNDEZ. DON FABIÁN, en el pabellón. EL
BARÓN, en el campo.
FERNÁNDEZ:
_ ¿Qué manda su excelencia?
FABIÁN: _ Ve
volando
y aquí a don
Rafael conduce al punto:
mientras esté
conmigo en esta sala,
tú rondarás con
cuatro de los tuyos
por si...
FERNÁNDEZ: _ Lo
entiendo.
FABIÁN: _ Vuela.
(Vase Fernández,
y el barón entra en el pabellón.)
BARÓN: _ Adiós,
amigo.
FABIÁN: _ ¡Ah!,
¿me abandona usted?
BARÓN: _ Más útil juzgo
que en esta
conferencia es vuestra hija,
y la voy a
llamar.
FABIÁN : _
¡Barón...!
BARÓN : _ Presumo
que ella puede
hacer más con un suspiro,
que vos con cien
promesas y discursos.
(Vase por el
foro.)
ESCENA III
DON FABIÁN.: _
Se va. -¡Que tenga el barón
tal influjo
sobre mí!
No: quien me
hace obrar así
es tan sólo la
razón.
Mi inquietud y
mis desvelos
mi deshonra, de
este modo
debe concluirse
todo:
todo, sí...
menos mis celos.
¡Ah! Si tímido
procedo
se sumerge en un
abismo
la patria...
¡Patria! Yo mismo
quiero engañarme
y no puedo.
ESCENA IV
DON RAFAEL. DON FABIÁN.
FABIÁN: _ Helo aquí... ¡Qué noble aspecto!
Don Rafael...
(Me confundo.)
Señor Castilla,
si intenta...
(Su calma me
deja mudo.)
RAFAEL: _ Si a inútiles amenazas
torna otra vez
importuno...
FABIÁN: _ No perdamos tiempo; vale
un siglo cada
minuto.
RAFAEL: _ Pues por abreviar el plazo
a repetir me
apresuro
que el vil temor
de la muerte
jamás en mi
pecho cupo.
FABIÁN: _ No intento yo...
RAFAEL : _ Por favor
espero, que al
torpe abuso
del poder que me
encadena,
no añada usted
el insulto
de vergonzosos
halagos...
¡venga primero
el verdugo!
FABIÁN: _ Mire usted mi anciana frente;
firme está, si
bien con surcos;
y en su firmeza
mostrando
que a medios
viles no acudo.
No es el
ministro quien le habla,
es un anciano
caduco,
que del borde
del abismo
hoy retrocede
con susto.
Un padre que
mira expuesto
al embate del
tumulto
pedazos de sus
entrañas,
una hija, ¡oh
Dios! el único
vástago del seco
tronco
RAFAEL: _ ¿Y quién aquí me condujo
si no el
impaciente anhelo
de ser su amparo
y escudo?
Todo abandoné
por ella,
hasta el
venerando túmulo
de una madre que
adoraba...
Véame libre, y
le juro
salvarla y
salvar a un tiempo
al que entre
hierros me puso.
FABIÁN: _ ¡Libre es usted!
RAFAEL: _ ¡Ah! Por ella,
¡gracias os doy,
¡cielo justo!
FABIÁN: _ Libre... mas corra a la imprenta,
saque el
escrito...
RAFAEL: _ ¿Qué
escucho?
FABIÁN: _ Y a que al cielo una madre
hoy arrebatarle
plugo,
a los brazos de
una esposa,
de mi Elisa,
torne al punto.
RAFAEL: _ ¡Ella mi esposa...! ¡Dios mío!
FABIÁN: _ Sí; ya conozco lo sumo
de la pasión que
os abrasa,
conozco el amor
profundo...
RAFAEL: _ Su mano, su pura mano
¡precio será del
perjurio!
FABIÁN: _ Noble premio del que salve
al inocente.
RAFAEL: _ Ninguno
perecerá, si del
plan
desiste usted.
FABIÁN: _ No renuncio
al proyecto...
RAFAEL: _ Iré a la imprenta,
calmaré el
anhelo público;
al sendero de la
ley
vuelva, y todo
quede oculto.
FABIÁN: _ Es imposible.
RAFAEL: _ ¡Imposible!
Basta: no más;
ya descubro
el fin que usted
se propone,
y de rubor me
confundo.
¿Cómo quiere que
mancille
en un instante
seis lustros
de honra
inmaculada? ¿Intenta
verme en el
conflicto duro
de optar entre
amor y patria,
pudiendo
salvarse juntos?
¿Y es usted
padre, y esposo?
¡Miente, vive
Dios! El humo
de la ambición
ha secado
su corazón
infecundo.
Por dar un paso
adelante
del favor al
templo augusto,
no reparáis en
hollar
lo más santo, lo
más puro,
lo que forman
las delicias
de hombres
modestos y oscuros.
Cuando entráis
allí, rompéis
los vínculos con
el mundo
y abatís al que
os encumbra
sobre sus
hombros robustos.
ESCENA V
DICHOS. ELISA.
ELISA: _ ¡Ah! ¡Rafael! -Padre mío,
contémplate ya
seguro...
sin riesgo. Don
Rafael
tiene poder,
tiene influjo...
y... era mi
amante...
FABIÁN: _ Y su
mano
hoy mismo en
perpetuo nudo...
ELISA: _ ¿Qué dices? Toda yo tiemblo...
repítelo...
RAFAEL: _ (Estoy
confuso.)
ELISA: _ Habla...
FABIÁN: _ Si
entrega un escrito
será en premio
esposo tuyo.
ELISA: _ ¿Mi esposo tú? Sí; perdona
que dude papá.
Lo sumo
de tu pasión desconoce:
¡yo la comprendo
y no dudo!
Ven, y póstrate
a sus plantas:
ven conmigo.
RAFAEL: _ (¡Oh,
cuanto sufro!).
ELISA: _ Ven... pero, ¡qué!, ¿tiemblas?, ¿callas?,
ese tu semblante
adusto...
RAFAEL: _ Ten compasión...
ELISA: _ Ya
recuerdo
que un deber
mentido y crudo
a inmolar otros
más santos
deberes te
arrastra iluso.
¿Y tienes honra?
RAFAEL: _ La tengo,
y porque la
tengo lucho
con mi pasión
brazo a brazo:
sí, la tengo, y
no sucumbo.
FELISA: _ ¡Ah! si mi padre perece
me mata el dolor
agudo.
Mírame a tus
pies postrada;
de lágrimas los
inundo...
¡Rafael! Mira
que intentan
alzar entre
ambos un muro
de eterna
separación.
RAFAEL: _ Levanta.
ELISA : _ Si desanudo
estos vínculos,
hoy quieren
imponerme odioso
yugo.
RAFAEL: _ ¡Nunca!, ¡no!, lo pierdo todo
por la patria,
nada excuso;
pero la
esperanza... ¡nunca!
FABIÁN: _ Corra pues...
RAFAEL: _ ¡A ser
perjuro!
¡A la traición!
Si fui débil...
ya de vergüenza
me cubro.
ELISA: _ ¡Ah!
RAFAEL Si me conoces, calla.
ELISAO: _ ye.
RAFAEL: _ A mi conciencia escucho.
ELISA: _ ¡Tu conciencia! ¿Y no te dice
que evites el
infortunio
de cien dichosas
familias,
su orfandad, su
eterno luto...?
RAFAEL: _ Vamos.
FABIÁN: _ ¿Dónde?
RAFAEL: _ A la prisión.
FABIÁN: _ Vuelve, y desde allí mi triunfo
presenciarás,
desde allí
escucharás el
murmullo
de los nupciales
festines,
arrepentido y
confuso.
Allí encontrarás
la muerte...
RAFAEL: _ ¡La muerte, la muerte busco!
FABIÁN: _ La tendrás, pronta, segura...
Pero...
marcha... siento impulsos...
me ciega la
ira... marcha...
ELISA: _ ¡Padre!
RAFAEL ¡Elisa!
ELISA: _ (A su padre.) Sois injusto.
RAFAEL: _ Tu nombre será el postrero
de mis labios
moribundos.
(Don Rafael va a
salir por la puerta que conduce a la prisión, y don
Fabián le
detiene bruscamente.)
FABIÁN: _ ¡Dónde vas! Sal por aquí.
(Abriéndole la
del campo.)
Por esa marcha
seguro.
ELISA: _ ¡Ah!
RAFAEL: _ ¿Qué
es esto?
FABIÁN : _ Envidia tengo
de un corazón como
el tuyo...
Sí; de cólera...
y de lágrimas
están ya mis
ojos turbios.
(Con ternura.)
Dame tu mano...
(Se dan las manos.)
(Con sequedad.)
Y... sal presto.
RAFAEL: _ Vendré a salvaros, lo juro.
FABIÁN: _ (Con altivez.) ¡Infeliz! mi salvación
sólo en tu
muerte la fundo...
Libre vas...
porque mereces
bajar con gloria
al sepulcro.
(Vase don Rafael
por la puerta del campo, y don Fabián vuelve a
cerrarla.)
ESCENA VI
ELISA. DON FABIÁN. Luego EL BARÓN.
ELISAS: _ i del pecho generoso
el noble acento
escuchaste;
si piedad con
otros tienes,
apiádate de mi
madre.
FABIÁN: _ ¡No la nombres!
ELISA: _ ¡Si tú
vieras
su estado tan
deplorable...!
FABIÁN: _ Déjame.
ELISA ¡Si su gemido
desgarrador
escuchases...!
FABIÁN: _ ¿Mi honra ultrajada no gime
más
hondamente...? (Con ternura.)
Y... ¿qué hace?
ELISA: _ Sola en su cuarto, escribiendo,
lanzando
profundos ayes...
FABIÁN: _ ¿Escribe? -Si es para mí,
no quiero verlo,
no. Salte.
¿Cómo de tan
negro crimen
ha de poder
disculparse?
Pero, ¡qué...!
¿Llorando vas?
¡Por Dios, hija,
no traspases
mi corazón!
Harto sufre
sin que tú le
despedaces.
ELISA: _ Perdónala, padre.
FABIÁN: _
¡Nunca!
que nunca torne
delante
de mis ojos...
(Sale el barón
por la parte del campo; se acerca a la puerta del
pabellón, y da
tres golpecitos misteriosos.)
Pero... ¡Llaman!
Ellos son, que
aquí esta tarde
nos reunimos...
ELISA: _ ¡Papá!
FABIÁN: _ ¡Silencio! Puedes marcharte.
(Vase Elisa por
el foro.)
¿Quién llama?
BARÓN: _ Honor y
constancia.
FABIÁN: _ (Abriendo.)
Entre usted.
BARÓN: _ (Dentro del pabellón.)
¡Cómo! ¿No hay
nadie?
FABIÁN: _ Nadie vino.
BARÓN: _ Don Fabián,
¿si serán todos
leales?
FABIÁN: _ Son españoles, barón;
y a un español
es en balde
pedirle que sus
promesas
ni aun por su
dama quebrante.
BARÓN: _ Es decir que el prisionero
prefiere estar
en la cárcel.
FABIÁN: _ Sí, Barón; y como yo
no sufro que me
aventajen
en valor, en
honradez
y en firmeza de carácter...
BARÓN: _ Le habéis quitado de enmedio.
FABIÁN: _ Le puse libre en la calle.
BARÓN: _ (¡Entre qué gente he venido
a conspirar...!
¡Dios me saque
con bien!) ¡Ah!
Los españoles
no servís para
estos lances.
FABIÁN: _ Pues qué, ¿nos falta osadía?
BARÓN: _ Tenéis corazón muy grande.
Pero, aunque
hubierais rendido
esa constancia
indomable
era en vano ya.
FABIÁN: _ ¿Pues qué...?
BARÓN: _ Impreso en hojas volantes
el fatal
tremendo artículo
de Castilla, a
centenares
en los gabinetes
bulle,
en las plazas,
en las calles,
y donde nuestros
agentes
uno rasgan, mil
renacen.
Si a los pies
del trono llega,
si el pueblo
enciende en coraje
todo, todo se ha
perdido.
FABIÁN: _ No, no hay que desanimarse.
BARÓN: _ Si necesitáis dinero...
FABIÁNA: _ agoté ya mis caudales...
Será preciso...
En la junta
que aquí debe
celebrarse
daremos orden a
todos
para esta
noche...
BARÓN: _ Sí, antes
de que los
contrarios puedan
para la lid
prepararse...
A las provincias
también
haremos que se
despachen
extraordinarios.
FABIÁN: _ Pronto,
no perdamos un
instante.
(Se sienta
delante de la mesa, escribe y cierra diferentes pliegos
hasta el final
de la escena siguiente.)
BARÓN: _ En tanto vendrá la gente...
FABIÁN: _ Con eso no hay más que darles
santo y seña...
dos palabras,
y en la hora
conformarse.
Si resistencia
encontramos,
les probaremos
que audaces
para concebir un
plan,
tenemos valor
bastante
para
ejecutarlo...
BARÓN: _ Bien:
conspiradores
vulgares
se presentarán:
nosotros
mientras la
tormenta brame
en puerto
seguro...
FABIÁN: _ No:
yo el primero en
el combate
como un león
lidiaré,
o moriré como un
mártir.
ESCENA VII
DON FÉLIX. DON RAMÓN, en el campo. EL BARÓN.
DON FABIÁN.
RAMÓN: _ ¡Qué soledad!
FÉLIX: _ Me parece
excusado ir
adelante.
RAMÓN: _ Pido la
palabra en contra.
FÉLIX: _ El
sitio es bueno.
RAMÓN: _ ¡Qué diantre!
mi gusto es más
delicado
en cuanto a
sitios. No es fácil
que para andar a
estocadas
encuentre uno
que me agrade.
FÉLIX: _ Aquí, presto: do las víctimas
de tu horrible
pluma yacen
en expiación, es
justo
que viertas tu
negra sangre.
FABIÁN: _ ¿Oye usted, barón?
BARÓN: _
Silencio.
FABIÁN: _ ¿Y qué hemos de hacer?
BARÓN: _ Dejarles,
que allá se
entiendan; nosotros
continuaremos...
FABIÁN: _ (Acercándose a la puerta del foro y
llamando.)
Fernández.
ESCENA VIII
DICHOS. FERNÁNDEZ.
(Durante esta escena, entrará Fernández
muchas veces y saldrá con
pliegos cerrados. Habrá mucha actividad. El
barón sin tomar parte
alguna estará observando por la reja a los
del campo.)
RAMÓN: _ Vamos, ha sido una picia
que mil
perjuicios me trae.
Los redactores
han hecho
dimisión: no
encuentro nadie
de provecho que
al periódico
quiera jamás
asociarse.
FÉLIX: _ Vamos.
RAMÓN: _ Escucha primero.
FÉLIX: _ ¿Tus disculpas?
RAMÓN: _ Mi dictamen.
Tú entenderás
cuanto quieras
de dramas y de
unidades,
de procesos y
recursos,
mas ni siquiera
una tarde
vas al tiro de
pistola;
ni del manejo
del sable
entiendes
jota... Y apuesto
¡a que ni
cuadrarte sabes!
Yo que a falta
de razones
empiezo
arrojando el guante
FÉLIX: _ Pues bien: tirando a dos pasos
nadie yerra el
tiro.
RAMÓN: _ ¡ Calle!
Me ocurre un
plan de batalla.
Escucha... me
quito el fraque,
lo cuelgo de un
árbol, saco
el chisme...
¡apunten!, ¡disparen!,
¡Pum! Quedan en
las solapas
inequívocas
señales
de nuestro
valor... me visto:
son las tres...
tenemos hambre.
A la fonda, que
yo pago:
comida de
ochenta reales,
y engullimos sin
conciencia,
mientras los
tontos aplauden.
FÉLIX: _ ¿A mí farsas? No, tu pluma...
RAMÓN: _ Que no fue mi pluma, ¡dale!
Es un hecho que
no puede
dejar de
rectificarse.
Fue la pluma de
mi esposa,
y si no que
cartas canten...
Yo te juro
desplumarla
para que...
FÉLIX: _ No, miserable,
vamos a
cargar...
RAMÓN: _ Pero, hombre,
si hubiese aquí
una catástrofe
lo sentiría...
me has dado
tantos
folletines gratis,
¡siempre
gratis...! Has sufrido
a mi esposa
inaguantable...
FÉLIX: _ Pues bien... ¡villano!
RAMÓN:_ Rechazo
esa alusión...
esa frase
no es
parlamentaria, y yo...
FÉLIX: _ Vamos...
RAMÓN: _ Yo, representante
del país...
FÉLIX: _ ¡Ea!, carguemos.
RAMÓN: _ Qué hemos de cargar; que carguen
contigo dos mil
legiones...
me carga
tanto...
FÉLIX: _ ¡Cobarde!
RAMÓN: _ Eso no lo sufro... Vamos.
FÉLIXA: _ quí, detrás de estos árboles...
RAMÓN: _ Yo que acostumbro a tener
cada semana dos
lances
por aqueste
estilo... habérmelas
con un chambón
principiante,
lleno de
ilusiones, lleno
de...
FÉLIX: _ ¿Venís?
RAMÓN: _ ¡Y va a
matarme
(Desaparecen
entre los árboles.)
ESCENA IX
EL BARÓN. DON FABIÁN.
(Al final de la escena anterior acaban de
salir del pabellón algunos
hombres embozados, que han estado hablando
con don Fabián.)
FABIÁN: _ ¡Perdidos estamos!
BARÓN ¿Pues?
FABIÁN: _ Sí: me acaban de avisar
que hirviendo en
furor el pueblo,
y en formidable
ademán,
por las calles
se derrama,
y a voces
pidiendo va
nuestras
cabezas: ¡perdidos
estamos!
BARÓN: _ (Con calma.) Sí que lo estáis.
FABIÁN: _ Brazo tengo todavía.
Llegó el trance,
llegó ya
la hora de
prueba... Vamos
¡a morir!
BARÓN: _ ¿Cómo?
FABIÁN : _ A
salvar
el honor.
BARÓN: _ ¿Quién os detiene?
FABIÁN: _ Con la gente que aquí está
lancemos el
santo grito...
BARÓN: _ Sí, sí, lo debéis lanzar...
FABIÁN: _ Usted entre tanto...
BARÓN: _ ¡Yo!
FABIÁN: _ Puede defender...
BARÓN: _ ¡Yo...! ¡Ca!
FABIÁN: _ ¿Qué decís?
BARÓN: _ A un extranjero
le sienta
siempre muy mal
mezclarse en vuestros
asuntos...
FABIÁN: _ ¡Ah! Traidor... ¿Por qué os mezcláis
para atizar la
discordia,
para urdir, para
intrigar
si luego os
falta el valor
para mostrarnos
la faz?
BARÓN: _ Nunca de causas perdidas
fui partidario,
jamás.
FABIÁN: _ ¡Perdida, tienes razón!
Perdida, perdida
está,
porque a la
sombra de extraños
nos fuimos a
cobijar;
perdida, porque
esa sombra
ha sido siempre
letal.
¡Ah!, pero si yo
sucumbo
tú también
sucumbirás.
Si conspiré,
conspiraste;
nuestro delito
es igual.
BARÓN: _ ¿Y quién sabe el mío?
FABIÁN: _ ¡Yo!
BARÓN: _ Vos lo sabéis, nadie más.
¿Tenéis pruebas?
FABIÁN: _ Mi palabra.
BARÓN: _ ¡Palabra de un desleal!
FABIÁN: _ Servicios me habéis prestado.
BARÓN: _ Mayores preste quizá
a los otros.
FABIÁN: _ ¡Me vendías!
BARÓN: _ Hacía lo del refrán:
ni quito rey, ni
lo pongo;
pero ayudo a
mi...
FABIÁN ¡Callad!
¡Ah! Ya
comprendo que he sido
vil juguete...
BARÓN: _ ¿Y qué pensáis
cuando hermanos
contra hermanos
blandís
sangriento puñal,
por una vana
quimera,
por un nombre
nada más;
cuando en
pólvora, en espadas
consumís vuestro
caudal,
y campos de
rubia mies
negros páramos
tornáis,
y escombros los
edificios
noble orgullo de
otra edad;
cuando al eco
del cañón
despavoridas se
van
de un suelo
ingrato las ciencias
y las artes, qué
pensáis
sino que juguete
sois
de alguna nación
rival?
FABIÁN: _ ¡Patria mía!
BARÓN: _ Al santo grito,
santo, sí, de
libertad,
de trono, de
independencia,
la España
incendiando vais;
y cien naciones
en torno
del ancha
hoguera al solaz,
como allá Nerón
en Roma,
su triunfo
cantando están.
FABIÁN: _ Si pudiese España entera
tus palabras
escuchar.
BARÓN: _ No: la ambición de unos pocos
sorda siempre la
tendrá.
¿Oís? Rugiendo
terrible
se acerca la
tempestad...
¡Adiós...!
(Va a salir por
la puerta del campo.)
FABIÁN: _ (Quitando la llave.) Traidor, ya eres mío.
Una nuestra
suerte es ya.
BARÓN: _ Abrid.
FABIÁN: _ ¡No!, tu muerte pide
la justicia
nacional,
y este brazo, aunque
caduco...
PILAR: _ (Desde el jardín.)
¡Esposo!
BARÓN: _ ¡Abrid, don Fabián!
(Doña Pilar
entra por el foro.)
ESCENA X
DOÑA
PILAR. EL BARÓN. DON FABIÁN.
FABIÁN: _ ¡Cómo! ¿A qué vienes aquí?
PILAR: _ Vengo a preguntar por él.
¿Le has visto?
¿Sabes...?
FABIÁN: _ Infiel,
huye, apártate
de mí.
PILAR: _ ¡Ah, no! Por piedad, responde.
FABIÁN: _ Cerca le tienes.
PILAR: _ ¡Gran Dios!
FABIÁN: _ Batiéndose están los dos.
PILAR: _ Abre aquí... ¿Dónde está, dónde?
FABIÁN: _ Tras de esos árboles. (Llevándola a la
reja.)
PILAR: _
¡Cielos!
¡La llave! Tú le
has llevado
a la muerte,
alucinado
por unos
bárbaros celos.
Deja, déjame
salir.
Antes que el
acero impío
traspase su
pecho, el mío,
el mío debe de
herir.
FABIÁN: _ Pronunciando estás su muerte:
¡infeliz, cierra
esa boca!
Si el amor te ha
vuelto loca
me venga de ti
la suerte.
PILAR: _ ¡Ábreme!
FABIÁN: _ No; su rival
en armas es
entendido;
él nunca las ha
cogido.
PILAR: _ ¡Murió! Déjame...
FABIÁN No tal.
PILAR: _ Depón esa negra saña,
mira que soy
inocente...
FABIÁN: _ Ese ahínco te desmiente.
PILAR: _ Este acento no te engaña.
(Arrodillándose.)
Piedad,
compasión de mí.
FABIÁN: _ Infiel, vengándome estoy.
PILAR: _ ¡Ah! ¡Piedad...! ¡Su madre soy!
FABIÁN: _ ¡Cielos! ¿Hijo tuyo?
PILAR: _ Sí.
Abre y mátame
después:
abrácele muerto
o vivo.
¡Ah! Si esta
gracia recibo,
vuelvo a morir a
tus pies.
FABIÁN: _ ¡Hijo tuyo...! ¿Y qué secreto...?
PILAR: _ La ansiedad hablar me impide:
gracia una madre
te pide,
¡gracia!, y mi
pudor... respeto.
FABIÁN: _ ¿Haces de afligirme alarde?
PILAR: _ (Dándole un pliego.)
Abre y toma este
papel.
Verás mi
inocencia en él.
(Viendo a su
esposo, que va a abrir la puerta.)
¡Ah!
FABIÁN: _ (Abriendo.) Sal.
(Sale al campo
doña Pilar, y suena un tiro.)
PILAR: _ (Se arrodilla.) ¡Dios mío! Ya es tarde.
(Cae desmayada.
Un momento de silencio. Don Fabián abre el pliego y
lee con
agitación.)
FABIÁN: _ Cielos... Después de un asalto...
Guerra de la
independencia...
Un extranjero...
Violencia...
¡Infame!
BARÓN : _ (¡Qué sobresalto!).
ABIÁN: _ Perdió una carta...
BARÓN: _ (Con inquietud.) ¿Qué es esto?
¿Dónde está?
FABIÁN: _ ¿Qué
le interesa?
BARÓN: _ ¡Esa carta...! Pronto. ¿Es ésa?
(Quitándole a
don Fabián una carta que venía dentro del pliego.)
¡Ah! Sí: ¡mi
nombre supuesto!
¿El pueblo? Tal
vez...
FABIÁN: _ Medina.
BARÓN: _ ¡Ah!
FABIÁN ¿Luego tú...?
BARÓN: _ Soy su padre...
es inocente su
madre;
contra mí el
rigor fulmina.
En el pueblo a
sangre y fuego
tras de un
combate prolijo
entramos,
pero... ¡mi hijo!
Si sois padre,
abridme luego.
FABIÁN: _ Nunca a tu hijo verás...
Hay un Dios,
señor barón,
vengador de mi nación
Su justicia
sentirás. (Le agarra.)
Fernández.
(Llamando.)
ESCENA XI
DICHOS FERNÁNDEZ.
BARÓN: _ ¡Jesús mil veces!
(Aparece
Fernández, y a una seña del ministro se apodera del barón.)
FABIÁN: _ (A Fernández.)
El señor es mi
enemigo...
BARÓN: _ Imponedme otro castigo...
¡Compasión!
FABIÁN(Empujándole.)
No la mereces.
(Vanse todos por
la puerta del foro.)
ESCENA XII
DOÑA PILAR.
Luego DON FÉLIX.
PILAR: _ (Volviendo de su desmayo.)
¿En dónde estoy?
¡Ah! Mi hijo...
¡Mi hijo! ¿Dónde
está...? Venga,
venga a mis
brazos; por todo
mi corazón
atropella.
¡Murió tal
vez...! ¡Asesino!
¡Murió sin saber
quién era
su madre! ¡Sin
recibir
un solo abrazo!
¡Ay! ¡Apenas
moverme puedo.
Dios mío!
Siento pasos...
ya se acerca.
Su asesino...
¡No! ¿Quién sabe?
Horrorosa duda
es ésta.
Si él fuese...
Valor me falta
para mirar.
(Volviendo el rostro.)
FÉLIX: _ (Saliendo con la mano vendada.)
Su destreza
le ha valido:
libre va...
PILAR: _ Toda tiemblo... Esa voz... esa...
¡Ay! ¡Hijo de
mis entrañas!
¡Hijo mío! (Le
abraza.)
FÉLIX: _ ¡Yo!
PILAR: _ Esa venda...
FÉLIX: _ No fue nada.
PILAR: _ Es una madre
la que en sus
brazos te estrecha.
¡Hijo mío!
FÉLIX: _ ¡Madre mía!
PILAR: _ ¡Benditos los cielos sean!
ESCENA XIII
DON FABIÁN. ELISA, en el pabellón. DICHOS, en
el campo.
ELISA: _ (Entrando por el foro.)
Huye al campo...
por aquí...
Sálvete la
Providencia...
FABIÁN: _ Pero...
ELISA: _ No es tiempo de dudas.
Los rebeldes se
apoderan
de toda la
casa... Marcha.
FABIÁN: _ Y habéis de quedar expuestas...
ELISA: _ Dios nos salvará...
FABIÁN: _ Fernández...
ELISA: _ Fernández también se entrega...
¿El fin
sangriento y terrible
del barón, no te
amedrenta?
No des tú
también en manos
de la
multitud... ¡Perezca
antes de verlo...!
FABIÁN: _ ¿Y vosotros?
ELISA: _ Deja que Dios nos defienda.
PILAR(Acercándose
a la puerta del pabellón.)
¡Esposo...!
FÉLIX : _ Abridnos.
FABIÁN: _ ¡Ah!
¡Félix!
Este podrá...
(Abriendo.) Sí, sí; entra.
(Entran madre e
hijo en el pabellón.)
PILAR: _ Mátame si soy culpable...
FABIÁN: _ No: conozco tu inocencia.
Félix... ¿oyes
esos gritos?
¿Oyes? Piden mi
cabeza...
Me marcho... a
ti te abandono
lo que en el
mundo me resta...
¡Todo lo
perdí...!
FÉLIX : _ La muerte
arrostraré en su
defensa.
FABIÁN: _ ¡A Dios! El cielo os bendiga...
(Va a salir:
óyense gritos cercanos del pueblo por la parte del
campo.)
PUEBLO: _ (Dentro.) ¡Muera!
TODOS: _ ¡Ah!
FABIÁN: _ (Cerrando.) ¡No hay tiempo!
PUEBLO: _ (Dentro.)
¡Muera!
FABIÁN: _ ¡Ah...! ¡No hay tiempo...! y... lo confieso
Toda mi sangre
se hiela.
¡Hija del alma!
¡Hija mía!
¡Esposa! La vez
postrera
os abrazaré...
(Las abraza.) ¡Cuán cara
mi loca ambición
me cuesta!
¿Quién puede
salvaros?
ESCENA XIV
DICHOS
DON RAFAEL.
RAFAEL: _ (Entrando por el foro.) Yo.
FABIÁN: _ ¡Ah!
ELISA: _ ¡Rafael, tarde llegas!
RAFAEL: _ ¿Tarde?
ELISA: _ Escucha...
(Se oyen gritos
por la parte del jardín.)
RAFAEL: _ No temáis:
yo les diré que
la imprenta,
si contra el
error fulmina
debe salvar al
que yerra.
FABIÁN: _ ¡Imposible es ya...! Esa gente...
RAFAEL: _ Anoche a mi voz dispersa,
huyó la
insolente turba
que os
amenazó...
FABIÁN: _ ¿Vos erais...?
RAFAEL: _ Hoy en un pueblo valiente,
¿cómo queréis
que no tenga
eco la piedad?
FABIÁN: _ ¡Oh! Basta...
(Tomando la mano
de su hija.)
Esta mano en
recompensa...
RAFAEL: _ (Señalando el cielo.)
Mi recompensa
allí está:
allí, sobre las
estrellas
sonríe mi madre:
aquí
me sonríe la
conciencia.
Salvé a la
patria: alcancé
la destitución
completa
del
ministerio... Ante el trono
llegó la voz de
la prensa...
lea usted
aqueste oficio... (Dándole un oficio.)
Sólo salvaros me
resta.
FABIÁN: _ (Después de haber leído).
¿No es usted
quien me sucede?
RAFAEL: _ ¡Nunca, no! ¡Maldito sea
quien por
ambición de mando
del pueblo el
furor despierta!
Esa mano que yo
envidio
el señor por mí
la acepta.
(Señalando a don
Félix.)
FÉLIX: _ ¡Es imposible...! ¡Es mi hermana!
RAFAEL: _ (Con gozo a don Fabián).
¡Ah! Pues bien:
vuelva usted, vuelva
a su quinta,
dulce abrigo
tras la pasada
tormenta:
a ese mundo de
ambiciones
la espalda
tornemos, ¡ea!
Yo también...
FABIÁN: _ ¡Usted renuncia...!
RAFAEL: _ ¿Quién en usted no escarmienta?
PUEBLO: _ (Saliendo.)
¡Muera el
ministro!
PILAR: _ ¡Esa plebe
¡Imposible es
contenerla...!
RAFAEL: _ No es la plebe; es un gran pueblo
que vencedor se
presenta.
PUEBLO: _ ¡Muera!
RAFAEL: _ (Saliendo al campo.)
¿Muerte pedís?
Entrad, valientes,
de acero armada
la triunfante diestra:
en ancianos y
niñas inocentes
hundid el hierro
de valor en muestra:
de noble sangre
verteréis torrentes
sin exponeros a
verter la vuestra:
su pecho está
indefenso, yo lo fío:
herid... mas
antes, traspasad el mío.
Hoy calumniando
pérfida la imprenta
el honor de esta
gente despedaza:
hoy la prensa
también noble se ostenta,
y hunde el loco
poder que os amenaza.
Si noble la
queréis, no se ensangrienta...
si pérfida...
ponedla una mordaza
antes que
mancillar con lodo inmundo
la fuente del
saber, el sol del mundo.
Si la razón
alcanza la victoria
nunca riega con
sangre sus laureles
y es plácido su
triunfo a la memoria
cual sonrisa del
alba a los vergeles.
Más que vencer
ejércitos es gloria
de contrarios
hacer amigos fieles;
dejad que el
noble corazón se ablande,
que quien no es
generoso, nunca es grande.
PUEBLO: _ ¡Sí, lo seremos!
RAFAEL: _
Mientras el pueblo cuente
con un eco en la
prensa decidido,
no tema, no, la
vencedora frente
reclinar en el
seno del vencido;
es la prensa
ilustrada, omnipotente,
y despertarle
debe. ¡Paz y olvido!
PUEBLO: _ (Arrojando las armas, y abrazando a don
Rafael.)
¡Olvido y paz!
RAFAEL: _ (A los de adentro.)
¿Lo veis? Jamás
en vano
se apela al
corazón del pueblo hispano.
FIN DE LA COMEDIA

No hay comentarios:
Publicar un comentario