© Libro No. 636. Democracia y Mercados en el Nuevo Orden
Mundial. Chomsky, Noam. Colección
E.O. Marzo 8 de 2014
Título original: © Democracia y Mercados en el Nuevo
Orden Mundial. NOAM CHOMSKY
Versión Original: © Democracia y Mercados en el Nuevo Orden Mundial. NOAM
CHOMSKY
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Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
Democracia y Mercados en el Nuevo Orden
Mundial
NOAM CHOMSKY
Democracia y Mercados en
el Nuevo Orden Mundial
NOAM CHOMSKY
ESTADO /
GLOBALIZACION / ANARQUISMO / TERCER MUNDO / DEMOCRACIA
Existe
una imagen convencional acerca de la nueva era en que estamos entrando y las
promesas que implica. Esa imagen fue formulada con claridad por el asesor de
Seguridad Nacional, Anthony Lake, cuando presentó la Doctrina Clinton en
septiembre de 1993: "Durante
la Guerra Fría,
contuvimos la amenaza
global hacia las democracias de mercado: ahora deberíamos
tratar de ampliar su alcance". El "nuevo mundo" que se abre ante
nosotros "presenta inmensas oportunidades" para adelantarse a fin de
"consolidar la victoria de la democracia y de los mercados abiertos",
agregó un año después.
l. La
"verdad duradera"
Las
temáticas son más profundas que la Guerra Fría, dijo Lake. La "verdad
duradera" es que nuestra defensa de la libertad y justicia contra el
fascismo y el comunismo fue solamente una fase en una historia de dedicación
hacia "una sociedad tolerante, en la cual líderes y gobiernos existen, no
para usar o abusar de la gente, sino para proveerles con libertad y
oportunidades. Ésta es la "cara constante" de lo que Estados Unidos
ha hecho en el mundo, y "la idea" que estamos "defendiendo"
nuevamente en la actualidad. Es en la verdad duradera sobre este nuevo
mundo" en que podemos perseguir nuestra misión histórica de una manera más
efectiva, enfrentando a los "enemigos de la sociedad tolerante" -a la
cual siempre estuvimos dedicados- que siguen en pie, moviéndonos desde la
"contención" hacia el "agrandamiento". Por fortuna para el
mundo, la única superpotencia es, "por supuesto", única en la
historia en el sentido de que "no estamos buscando expandir el alcance de
nuestras instituciones mediante la fuerza, subversión o represión",
utilizando la persuasión, compasión y medios pacíficos'
Los
comentaristas estuvieron debidamente impresionados con esta lúcida "visión
de política exterior". Este punto de vista domina el discurso público y
académico a tal grado que es superfluo contrastarlo con la realidad Su temática
básica fue posiblemente expresada de manera más sucinta por el Eaton profesor
para la Ciencia de Gobierno y Director del Instituto Olin para Estudios
Estratégicos de Harvard en la revista académica International Security: los
Estados Unidos tienen que mantener su "primacía internacional" en
beneficio para el mundo, explicaba Samuel Huntington, porque de manera única
entre las naciones, su "identidad nacional está definida por
una serie
de valores políticos y económicos universales", particularmente
"libertad, democracia,
igualdad, propiedad privada,
y mercados"; "la
promoción de la democracia, los derechos humanos y
mercados son (sic) mucho más importantes para la política americana que para la
política de cualquier otro país".
Dado que
esto es un asunto de definición, como enseña la Ciencia de Gobierno, podemos
ahorrarnos la aburrida tarea de la confrontación empírica. Una medida sabia.
Una indagación revelaría rápidamente que la imagen convencional presentada por
Lake tiene un rango de verdad desde dudoso hasta falso en todos los aspectos
cruciales, excepto en uno: tiene razón en urgirnos a que miremos la historia
para descubrir las "verdades duraderas" en lo referente a ciertas
estructuras institucionales y tomarlas en serio cuando consideramos el futuro
probable, cuando esa estructura queda esencialmente sin cambios y libre para
operar con pocas restricciones. Una revisión
honesta sugiere que
"este nuevo mundo"
podría caracterizarse por un
marcado cambio de la "contención" hacia el "agrandamiento",
aunque no precisamente en el sentido que Lake y el coro de seguidores procuran
hacernos entender. Adoptanlo una retórica ligeramente diferente de la Guerra
Fría, lo que estamos viendo en proceso de evolución es un cambio de la
"contención" de la amenaza de una democracia y de mercados que
funcionan, hacia una campaña para "hacer retroceder '' lo que se ha
avanzado en un siglo de luchas frecuentemente amargas.
Aquí no
hay espacio para revisar la "faz constante del poder estadounidense, pero
podría ser de
ayuda ver algunos
casos típicos que
ilustran estructuras que
son bastante generales y que son instructivos en cuanto a eventuales desarrollos
futuros.
Primero,
una verdad trivial metodológica. Si queremos aprender algo sobre los valores y
objetivos de los líderes soviéticos, observamos lo que hicieron dentro de sus
ámbitos de poder. El mismo curso será seguido por un analista racional que
quiere acerca de los valores y objetivos del liderazgo americano y el mundo que
trataron de crear. Los contornos de este mundo fueron delineados por la
embajadora ante las Naciones Unidas, Madeleine Albright, justo cuando Lake
elogiaba nuestro histórico compromiso con
los principios pacifistas.
Ella informó al
Consejo de Seguridad,
que estaba dudando de una
resolución dictada por Estados Unidos acerca de Irak, que Estados Unidos seguirá
actuando de manera
"multilateral, cuando podamos,
y unilateral, cuando tengamos que
hacerlo". Haga su juego como quiera, pero en el mundo real "se
hace lo
que nosotros decimos", como
expresaba el presidente
Bush sobre esta doctrina fundamental de una manera más
brusca, mientras que bombas y misiles
llovían
sobre lrak. Estados Unidos tiene derecho a actuar unilateralmente, la
embajadora Aibright instruía al errado Consejo, porque "nosotros
reconocemos al Medio Oriente como
vital para los
intereses nacionales estadounidenses". No s
requiere mayor concesión de autoridad.
De hecho,
Irak sería un buen ejemplo para ilustrar las "verdades duraderas" del
mundo real, pero es más informativo
volver la mirada hacia la región donde Estados Unidos ha tenido la mayor
libertad para actuar corno te plazca, de tal manera que los valores y objetivos
de] liderazgo político y su versión del "interés nacional" que
representa son exhibidos con la mayor claridad. Volvamos hacia "nuestra
pequeña cercana región que nunca ha preocupado a nadie", como el
secretario de Guerra Henry Stimson describió el hemisferio a final de la
Segunda Guerra Mundial, mientras explicaba que todos los sistemas regionales
tienen que ser desmantelados excepto el nuestro, que tiene que ser extendido.,
una posición perfectamente razonable, dado que "lo que era bueno para
nosotros era bueno para el mundo" y cualquier cosa que hacemos es
"parte de nuestra obligación para con la seguridad del mundo",
agregaba el colega liberal de Stimson, Abe Fortas, descartando las sospechas
irracionales de Churchill de que Estados Unidos albergaba ideas de dominación.
El
derecho de Estados Unidos de actuar unilateralmente y de controlar esas
regiones que selecciona es único, tal como compete a la única potencia que está
"definida" por su dedicación hacia todo lo bueno. El intento de Japón
de mimetizar la Doctrina Monroe en su "pequeña región" produjo la
Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, y la Guerra del Golfo fue una reacción a
la propuesta de Saddam Hussein de que los asuntos de otra región "vital
para los intereses estadounidenses" fueran manejados por una organización
regional. Dentro de "nuestra pequeña región", la organización
regional que nosotros seguramente dominamos está autorizada para funcionar,
pero dentro de límites.
Si los latinoamericanos "intentaran usar
irresponsablemente su fuerza
numérica dentro de la OEA", explicaba John Dreier en su estudio de la
organización, "si llevan a extremos la doctrina de la no-intervención, si
no le dejan a Estados Unidos otra alternativa que la de actuar unilateralmente
para protegerse a sí mismo, entonces habrán destruido no sólo la base de la
cooperación hemisférica para el progreso sino toda la esperanza de un futuro
seguro para ellos mismos". Estados Unidos tendrá que actuar
"unilateralmente cuando esté obligado a hacerlo". Esas condiciones están
aún vigentes en los límites extremos de la tolerancia, bajo la política del
Buen Vecino, de Franklin Delano Rooseveit, que llevaban una "obligación
implícita de reciprocidad", enfatizo el oficial para América Latina del
Departamento de Estado,
Robert
Woodward: "La admisión de una ideología extraña en un gobierno americano
obligaria a Estados Unidos a tomar medidas defensivas" unilateralmente.
Huelga decir, que nadie más tiene tal derecho, en particular, ningún derecho de
defenderse de Estados Unidos y su, "ideología" que no son
"extranjeros", sino, de hecho, nada más que la vindicación de
objetivos que cualquier persona razonable ha de buscar.
La
dedicación hacia las "verdades duraderas" cubre el espectro. En el
extremo disidente, el historiador y asesor del presidente Carter para América
Latina, Robert Pastor, escribe que Estados Unidos quiere que otras naciones
"actúen de manera independiente, excepto cuando esto afectaría los
intereses estadounidenses adversamente"; Estados Unidos nunca ha querido
"controlarlas", mientras que no "salgan del control".
Nadie, pues, puede acusar al liderazgo de Estados Unidos de no estar preocupado
salvo con "el bien del mundo", incluyendo la plena libertad para
actuar como nosotros dictamos. Si nuestros subalternos usan la libertad que
concedimos, en una forma necia, entonces tenemos todo el derecho de responder
unilateralmente en autodefensa, aunque las opiniones varían en cuanto a las
decisiones tácticas correctas,
lo que genera
las divisiones entre
"palomas" y
"halcones".
Por
supuesto, es la región centroamericana~caribeña la que refleja de manera más
clara "la idea" con la cual el poder estadounidense está más
comprometido, de la misma forma que los satélites de Europa oriental revelaron
los objetivos y valores del Kremlin. Esta región, que es rica en recursos y
potenciales, es una de las principales regiones
de horror en
el mundo. Durante
los años ochenta
fue nuevamente el escenario de terribles atrocidades, cuando
Estados Unidos y sus clientes dejaron esos países devastados -seguramente más
allá de una posible recuperación-, cubiertos con cientos de miles de cuerpos
torturados y mutilados. Las guerras terroristas promovidas y organizadas por
Washington se dirigieron en gran medida contra la Iglesia, que se había
atrevido a adoptar "la opción
preferencial para los pobres" y, por lo tanto, tenía que enseñársela las
lecciones habituales por desobediencia criminal. Casi no sorprende que esa
horripilante década se iniciara con el asesinato de un arzobispo y terminara
con la matanza de seis líderes intelectuales jesuitas, en ambos casos por
fuerzas armadas y entrenadas por Washington.
Durante
los años que delimitan ambos eventos, estas fuerzas devastaron toda la región,
acumulando un horroroso récord, incluidos agresión y terror condenados por la
Corte Mundial de
Justicia en una
decisión que fue
descartada con un
gesto de
irritación
y desprecio por Washington y la opinión intelectual, en general. La misma
suerte le tocó al
Consejo de Seguridad y la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuyas
llamadas en favor de la adherencia a la ley internacional apenas fueron
reportadas. Después de todo, un juicio razonable, ¿Por qué debería ponerse
atención a aquellos que sostienen la ridícula idea de que la ley internacional
o los derechos humanos podrían entrar en los cálculos de un poder que siempre
ha rechazado "la fuerza, la subversión o represión", y que, por
definición se adhiere al principio de que "los gobiernos no existen para
usar o abusar de su gente, sino para proveerlas con libertad y
oportunidades"? La "verdad duradera" fue bien formulada por un
distinguido hombre de Estado hace dos siglos: "Grandes almas se preocupan
poco por pequeñas moralidades".
Una
mirada a esta región nos enseña mucho sobre nosotros mismos. Pero éstas son
lecciones falsas y, por ende, excluidas del discurso respetable. Otra lección
equivocada, y por lo mismo necesariamente consignada al mismo destino, es que
la Guerra Fría ha tenido poco que ver con todo esto, aparte de proveer
pretextos. Las políticas fueron las mismas antes de la Revolución Bolchevique y
han continuado sin cambio desde 1989. Sin una "amenaza soviética",
Woodrow Wilson invadió Haití (y a la República Dominicana), desmantelando el
sistema parlamentario porque se negó a adoptar una constitución
"progresista" que permitiera a los norteamericanos apropiarse de las
tierras de Haití, matando a miles de campesinos, restaurando virtualmente la
esclavitud y dejando al país en manos de un ejército terrorista como plantación
estadounidense y posteriormente como una plataforma de exportación para
empresas de ensamblaje bajo condiciones miserables. Después de su desafortunado
y rápidamente terminado experimento con la democracia, el sistema tradicional
fue restaurado con asistencia estadounidense, justo cuando Lake anunciaba la
Doctrina Clinton, mostrando a Haití como el primordial ejemplo de nuestra
pureza moral. En otras partes también las políticas continuaron sin cambio esencial
después de la caída del muro de Berlín, seguido a las pocas semanas por la
invasión de Bush a Panamá para restaurar el poder a una camarilla de banqueros
europeos y narcotraficantes, con las consecuencias previsibles en un país que
quedó bajo ocupación militar, tal como lo aceptó el mismo gobierno títere
puesto en el poder por la fuerza estadounidense.
Habría
mucho que decir sobre estos asuntos. Pero vamos a ver un caso que posiblemente
es aún más revelador y que también ilustra la relevancia marginal de la Guerra
Fría en cuanto a las actitudes tradicionales estadounidenses hacia la
democracia y los derechos humanos. Regresaré a los "mercados libres"
más adelante.
El
ejemplo que sugiero analizar es Brasil, descrito en décadas anteriores de¡
siglo como "el coloso del Sur", un país con enormes riquezas y
ventajas que debería ser uno de los más ricos de¡ mundo. "No hay mejor
territorio en el mundo para la explotación que el de Brasil", observó el
Wall Street Journal hace 70 años. En ese entonces, Estados Unidos procedía a
desplazar a sus principales enemigos, Francia e Inglaterra, aunque éstos
lograron durar hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos fue capaz
de excluirlos de la región y apoderarse de Brasil como un "área de
experimentación para métodos
modernos de desarrollo
industrial", en palabras de
una muy reputada monografía escolástica sobre las relaciones Estados
Unidos-Brasil, escrita por el historiador y diplomático Gerald Haines, que
también es un historiador de jerarquía de la CIA. Esto fue un componente de un
proyecto global, que Estados Unidos "asumió por interés propio, la
responsabilidad para el bienestar del sistema mundial capitalista"
(Haines), Desde 1945, el "área de experimentación" ha sido favorecida
por una intensa guía y tutela de Estados Unidos. El resultado es "una
verdadera historia americana de éxito ; las políticas americanas para Brasil
fueron enormemente exitosas", produciendo
"un crecimiento económico
impresionante basado sólidamente en el capitalismo", un testimonio
de nuestros objetivos y valores-
El éxito
es real. Las inversiones y ganancias estadounidenses florecieron y a la pequeña
elite le fue de maravilla; un ,milagro económico", en el sentido técnico
de este término. Hasta 1989, el crecimiento brasileño superó con creces el de
Chile -muy elogiado-, que ahora es el alumno estrella, dado que Brasil sufrió
un colapso y entonces cambió automáticamente del triunfo de una democracia de
mercado a una ilustración de los fracasos del estatismo, si no marxismo, una
transición que se realiza sin esfuerzos y de manera rutinaria dentro del
sistema doctrinal, según las circunstancias lo requieran.
Mientras
tanto, en el apogeo del milagro económico, la abrumadora mayoría de la
población ocupaba un lugar entre las más miserables en el mundo, y hubiera
considerado a Europa oriental como un paraíso, un hecho que también enseña las
lecciones equivocadas y
que por lo
tanto es suprimido
con una disciplina impresionante, junto con otros
semejantes.
La
historia del éxito para inversionistas extranjeros y una fracción de la
población, refleja los valores que guían a los tutores y diseñadores de esta
política. Su objetivo, como lo describe Haines, consistía en "eliminar
toda competencia extranjera" de
América
Latina a
fin de "mantener el área
como un mercado importante para la surplus-producción industrial estadounidense
e inversiones privadas y explotar las amplias reservas de materias primas y
para mantener fuera al comunismo internacional". La última frase es
simplemente un ritual; como anota Haines, la inteligencia estadounidense no
podía encontrar ninguna indicación de que el "comunismo
internacional" trató de "meterse", aun si esto hubiera sido una
posibilidad.
Pero
aunque el "comunismo internacional" no fue un problema, el
"comunismo" definitivamente lo fue, si entendemos el término en el
sentido técnico de la cultura de elite. Este sentido fue incisivamente
explicado por John Foster Dulles en una conversación privada
con el presidente
Eisenhower, quien había
observado tristemente que en todo el mundo, los comunistas locales
tenían ventajas injustas. Ellos estaban en condiciones de "apelar
directamente a las masas", se quejaba Eisenhower. Es una apelación
"que nosotros no podemos duplicar", agregó Dulles, explicando por
qué: "Ellos apelan a la gente pobre y éstos siempre han querido robar a
los ricos". Nosotros encontramos difícil "apelar directamente a las
masas" en vista de nuestro principio de que los ricos tienen que robar a
los pobres, un problema de relaciones públicas que queda sin resolverse.
En este
sentido -el operativo-, los comunistas abundan, y nosotros tenemos que asegurar
"la sociedad tolerante" de sus abusos y crímenes, asesinando a
sacerdotes, torturando a organizadores sindicales, matando campesinos y
persiguiendo en otras formas nuestra vocación gandhiana.
El
problema existía aun antes de que el término "comunista" se volviera
disponible para etiquetar a los heréticos. En los debates de 1787 sobre la
Constitución Federal, james Madison observó que: "En Inglaterra, en este
día, si las elecciones fueran abiertas para toda clase de gente, la propiedad
de los dueños de tierras estaría insegura. Pronto se haría una ley
agraria". Para parar semejante injusticia, "nuestro gobierno debe
asegurar los intereses permanentes de¡ país contra la innovación",
estableciendo pesos y contrapesos para "proteger a la minoría de los
opulentos contra la mayoría"'. Se requiere bastante talento para no ver
que esta "verdad duradera" ha sido el "interés nacional"
desde entonces hasta hoy día, y que la "sociedad tolerante" reconoce
el derecho de sostener este principio "unilateralmente si nos
obligan", y con extrema violencia si es necesario.
El
lamento de Dulles es persistente en los documentos internos. De ahí que, en julio de 1945,
cuando Washington , asumió por interés propio la responsabilidad por el sistema
capitalista mundial", una extensa investigación de los Departamentos de
Estado y de Guerra advirtió sobre una "creciente marea a nivel mundial en
la cual la gente común aspira
a horizontes más
altos y amplios". La
Guerra Fría no fue
irrelevante para este prospecto ominoso. El estudio advierte -si bien Rusia no
había dado señales del crimen- que ella "no hubiera coqueteado con la
idea" de apoyar esas aspiraciones de la gente común. Tenemos que actuar,
en consecuencia, en forma directa
para contener la
amenaza para las
democracias de mercado,
como entendemos la noción. De hecho, el Kremlin alegremente se unió con
el capo en jefe de la Mafia en la destrucción de las aspiraciones de la gente
común, en "nuestra pequeña región" y otras partes. Pero uno nunca
puede estar seguro, y la mera existencia de una fuerza "fuera de
control" ofreció un espacio peligroso para la no- alineación e
independencia, lo que es parte del significado real de la Guerra Fría.
Por
cierto, la URSS fue culpable de otros crímenes. Washington y sus aliados
estaban profundamente preocupados porque sus dependencias tradicionales
estuvieran impresionadas con el desarrollo soviético (y chino), particularmente
en comparación con "historias de éxito" como la de Brasil; los
disciplinados intelectuales occidentales posiblemente no son capaces de
entender esto, pero los campesinos tercermundistas pueden. La asistencia
económica del bloque soviético fue considerado también una seria amenaza, a la
luz de las prácticas occidentales. Tomemos india como ejemplo. Bajo el dominio
británico cayó en decadencia y miseria, pero algún desarrollo comenzó después
de la salida de los británicos. Esto, sin embargo, no fue
válido para la industria farmacéutica, donde empresas transnacionales (en su
mayoría británicas) hicieron ganancias tremendas en la India mediante precios
muy altos, aprovechando su monopolio de mercado. Con ayuda de la Organización
Mundial de la Salud y de UNICEF, India comenzó a escaparse de estos controles,
pero la producción de medicinas por parte del sector público fue finalmente
establecida mediante tecnología soviética.
Esto produjo una
reducción radical en los precios
de medicinas; para algunos antibióticos los precios cayeron
hasta el 70%, obligando a las transnacionales a
recortar sus precios.
Una vez más,
la malicia soviética
había socavado la democracia de mercado, permitiendo a
millones de personas en India sobrevivir a enfermedades. Por suerte, con el
criminal ido y el capitalismo triunfante, las transnacionales están volviendo a
tener el control, gracias, recientemente, a las características fuertemente
proteccionistas del último tratado de GATT; de ahí que quizás podemos esperar
un marcado incremento en defunciones junto con crecientes
ganancias
para la "minoría opulenta" en cuyos "intereses permanentes"
los gobiernos democráticos tienen que trabajar'.
La
historia oficial es que occidente estuvo horrorizado por el estalinismo debido
a sus atrocidades. Esta pretensión no puede tomarse en serio ni por un momento,
como tampoco las pretensiones semejantes sobre los horrores fascistas.
Moralistas occidentales han tenido poca dificultad en unirse con asesinos a
gran escala y torturadores, desde Mussolini y Hitler hasta Suharto y Saddam
Hussein, Los horribles crímenes de Stalin preocupaban poco. El presidente
Truman admiraba al brutal tirano, considerándolo "honesto" y
"astuto como el diablo". Truman sentía que su muerte sería una
"verdadera catástrofe". Él podía "entenderse" con Stalin,
mientras Estados Unidos imponía sus intereses el 85% de las veces, observaba
Truman: lo que pasaba dentro de la URSS no era su asunto. Otras figuras
dirigentes estaban de acuerdo. En reuniones de los tres grandes, Winston
Churchill elogiaba a Stalin como "un gran hombre, cuya fama se ha
extendido no sólo en toda Rusia sino en el mundo entero", y hablaba
cálidamente de su relación de "amistad e intimidad" con esta
estimable criatura: "Mi esperanza -decía Churchill- radica en el ilustre
presidente de Estados Unidos y en el Mariscal Stalin, en quienes encontraremos
los campeones de la paz, quienes, después de golpear al enemigo nos conducirán
para llevar adelante la tarea contra la pobreza, la confusión, el caos y la
opresión". "El Premíer Stalin es una persona de
mucho poder, en quien tengo toda la confianza", dijo Churchill a su gabinete te en privado en
febrero de 1945, después de Yalta; por eso era importante que quedara en el
poder. Churchill estuvo particularmente impresionado con el apoyo de Stalin a
la sanguinaria represión de la resistencia antifascista griega, encabezada por
los comunistas, que fue uno de los brutales episodios dentro de la campaña
mundial de los libertadores para restaurar las estructuras básicas y las
relaciones de poder de los enemigos fascistas, mientras dispersaban o destruían
la resistencia, con sus radicales democráticas
tendencias y su
incapacidad para comprender
los derechos y necesidades de la "minoría opulenta".
Regresando
a Brasil, durante los primeros años de la década de los sesenta, el experimento
estadounidense se enfrentó a un problema familiar:' la democracia
parlamentaria. Para remover el impedimento, el gobierno de Kennedy preparó las
bases para un golpe militar, que instituyó un régimen de torturadores y
asesinos que entendieron las "verdades duraderas". Brasil es uno de
los países principales, y el golpe tuvo un significativo efecto de dominó, La
plaga de la represión se extendió desde
el Coloso del Sur a
través de todo
el continente, con
un apoyo e
involucramiento
consistente de Estados Unidos. El objetivo fue descrito de manera precisa por
Lars Schoultz, el reconocido especialista académico americano en derechos
humanos y política exterior estadounidense en América Latina: "Destruir de
manera permanente una amenaza percibido para la estructura existente de
privilegio socioeconómico mediante la eliminación de la participación de la
mayoría numérica.....
''Nuevamente,
la Guerra Fría no tenía virtualmente nada que ver con esto. Y como
siempre, la URSS
estuvo muy contenta
de colaborar con
los asesinos más depravados, aunque por razones
completamente cínicas ofreció a veces asistencia a gente que trataba de
defenderse de] ejecutor hemisférico, y sirvió como un disuasivo contra la
implementación total de la violencia estadounidense -uno de los pocos casos
auténticos de disuasión, pero que por algún motivo sufre de prominencia en
tantos estudios sobrios de la teoría de la disuasión.
Conforme
a la doctrina convencional, mediante el derrocamiento del régimen parlamentario
en nuestra "área privada" e instalando un Estado de Seguridad
Nacional gobernado por generales
neonazis, los gobiernos
de Kennedy y
Johnson -en el apogeo del liberalismo americano- estaban
"conteniendo la amenaza mundial hacia las democracias de mercado".
Ésta es la tesis que debíamos entonar con propia solemnidad. Y en aquel
entonces el asunto fue presentado en esta forma, levantando pocos escrúpulos
detestables. El golpe militar fue "una gran victoria para el mundo
libre", explicó el embajador deyennedy, Lincon Gordon, antes de volverse
presidente de una gran universidad no lejos de aquí. El golpe fue realizado
"para preservar y no para destruir la democracia brasileña". En
efecto, se trató del "caso más decisivo de victoria de la libertad durante
mediados de¡ siglo XX", que debería "crear un clima muy mejorado para
las inversiones privadas", de ahí que contenía una amenaza para la
democracia de mercado, en un cierto sentido del término.
Esta
concepción de democracia es ampliamente aceptada. En Estados Unidos, sus
pobladores son "entrometidos e ignorantes extraños" que pueden ser
"espectadores" pero no "participantes en acción", sostenía
Walter Lippmann en sus ensayos progresistas
sobre la democracia.
En el otro
lado del espectro,
estadistas reaccionarios de la variedad de los reaganistas les niegan
aun el papel de espectadores: de ahí su dedicación sin precedente a la censura,
y operaciones clandestinas que son secretas únicamente para el enemigo
doméstico. La "gran bestia", como Alexander Hamilton llamaba al temido
y odiado enemigo público, tiene que ser domesticado o enjaulado, si el gobierno
quiere asegurar "los intereses permanentes del país".
Las
mismas "verdades duraderas" son aplicables a nuestros clientes
extranjeros, de hecho con mucho más vigor, dado que sus limitaciones son mucho
menores. Su práctica consistente lo demuestra con brutal claridad.
La
tradicional oposición estadounidense a la democracia es entendible, y a veces
reconocida con justa explicitud. Tómese la década de los ochenta, cuando
Estados Unidos estuvo dedicado
a una "cruzada
por la democracia", particularmente en América Latina, según la doctrina
estándar. Algunos de los mejores estudios de este proyecto -un libro y varios
artículos- son de Thomas Carothers, quien combina el enfoque del historiador
con el del informador. Él estuvo en el Departamento de Estado bajo Reagan,
involucrado en los programas para "asistir la democracia" en América
Latina. Ésos fueron "honestos", escribe, pero en gran medida un
fracaso -un fracaso extrañamente sistemático-. Donde la influencia
estadounidense era menor, el progreso fue mayor: en el cono sur de América
Latina, donde hubo un progreso real al cual se opusieron los reaganistas, éstos
se adjudicaron el crédito por él, cuando no pudieron impedirlo. Donde la
influencia estadounidense fue más grande -en Centroamérica-, el progreso fue
menor. Ahí Washington "buscó inevitablemente sólo formas de cambio
democrático limitadas y
de arriba hacia
abajo, que no
pusieran en riesgo
las estructuras tradicionales de poder con las cuales Estados Unidos ha
estado aliado por mucho tiempo", escribe Carothers. Estados Unidos buscó
mantener "el orden básico de... sociedades bastante no-democráticas"
y de evitar "cambio basado en el populismo" que podría trastornar
"órdenes económicos y políticos establecidos" y abrir "una dirección
de izquierda".
Esto es
precisamente lo que estamos viendo justo ahora en el modelo primordial de Lake,
si decidimos abrir nuestros ojos. En Haití, al presidente electo le fue
permitido regresar después de que las organizaciones populares fuesen sometidas
a una dosis suficiente de terror, pero únicamente después de que aceptó un
programa económico dictado por Estados
Unidos que estipulaba
que "el Estado
renovado tiene que centrarse en una estrategia económica
enfocada hacia la energía e iniciativa de la sociedad civil, especialmente del
sector privado, tanto nacional como internacional". lnversionistas
estadounidenses son el núcleo de la sociedad civil haitiana junto con los
super-ricos que apoyaron el golpe de Estado, pero no los campesinos y
habitantes de los guetos que escandalizaron a Washington creando una sociedad
civil tan viva y vibrante que fueron capaces de elegir un presidente y entrar
en la arena pública. Esta desviación de
las normas aceptables fue
superada de manera usual, con amplia
complicidad
estadounidense; por ejemplo, mediante la decisión de los gobiernos de Bush y
Clinton de permitir a Texaco el envío de petróleo a los líderes golpistas en
violación de las sanciones, un hecho crucial revelado por la Associated Press
el día antes del desembarco de tropas estadounidenses, pero que todavía tiene
que pasar por los portales de los medios nacionales. El "Estado
renovado" ha vuelto a la normalidad, siguiendo las políticas apoyadas por
el candidato de Washington en las elecciones de 1990, que "salieron fuera
de control", en las que recibió el 14% del voto.
Las
mismas "verdades duraderas" son válidas para el peor violador de los
derechos humanos en el hemisferio que -sin sorpresa alguna para cualquiera que
sabe de historia- recibe la mitad de toda la ayuda militar estadounidense en el
hemisferio: Colombia. Aquí se elogia como una democracia excepcional y es
descrita por un grupo de derechos humanos de los jesuitas -que trata de
funcionar a pesar del terror- como una "democra-dura", un término de
Eduardo Galeano para la mezcla de formas democráticas y terror totalitario
favorecida por la "sociedad tolerante realmente existente", cuando la
democracia amenaza con "salirse del control".
2.
Democracia, mercados y derechos humanos
En el
mundo real, democracia, mercados, y derechos humanos están bajo un serio ataque
en muchas partes del mundo, incluyendo a las más importantes democracias
industriales. Además, la más poderosa de ellas -Estados Unidos- en cabeza el
ataque. Y en el mundo real, Estados Unidos nunca ha apoyado mercados libres,
desde su historia más temprana hasta los años de Reagan, en que establecieron
nuevos estándares de proteccionismo e intervención estatal en la economía,
contrario a muchas ilusiones.
El
historiador de economía Paul Bairoch recalca que "la escuela moderna de
pensamiento proteccionista... nació en efecto en Estados Unidos", que fue
el "país padrino y el bastión del proteccionismo moderno". Tampoco
estuvo solo Estados Unidos. Gran Bretaña seguía un curso semejante antes que
nosotros, volcándose hacia el libre comercio sólo después de que 150 años de
proteccionismo le hubiese dado tan enormes ventajas que "condiciones
competitivas iguales" parecían estar aseguradas, abandonando esta posición
cuando. la expectativa dejó de ser satisfecha. No es fácil encontrar una
excepción. Los Primer y Tercer Mundos de hoy fueron mucho más similares durante
el siglo XVIII. Una de las razones de las enormes
diferencias
desde entonces es que los que dominaban no aceptarían la disciplina del mercado
que impusieron a la fuerza en sus dependencias. El "mito" más
extraordinario de la ciencia económica, concluye Bairoch desde una revisión del
desarrollo histórico, consiste en que el mercado libre provee el sendero del
desarrollo: "Es difícil encontrar otro caso donde los hechos contradicen
tanto una teoría dominante", escribe, subvalorando la importancia de la
intervención del Estado para los ricos porque se limita de manera convencional
a una restringida categoría de interferencias de mercado.
Para
mencionar sólo un aspecto de la intervención estatal que, comúnmente se omite
de la historia económica estrechamente construida, hay que recordar que la
revolución industrial temprana fue fundada sobre el algodón barato, al igual
que la "edad de oro" de post-1945 dependía del petróleo barato. El
algodón no se mantuvo barato por los mecanismos de mercado: más bien, por la
eliminación de la población nativa y la esclavitud, -una interferencia más bien
seria con el mercado, no considerado como un tópico de economía, sino de otra
disciplina-. Si las ciencias naturales tuvieran un departamento dedicado a los
protones, otro a los electrones, un tercero a la luz, etc., cada uno
limitándose a su dominio designado, habría poco temor de que se entendiera a la
naturaleza.
El
historial es impresionantemente consistente. Gran Bretaña utilizaba la fuerza
para impedir el desarrollo industrial en la India y Egipto, actuando muy
conscientemente para socavar una potencial competencia. Después de la
revolución estadounidense, sus antiguas colonias se desarrollaron sobre un
sendero propio, basándose en una extensiva
protección y subsidios
para su propia
revolución industrial, primero
en textiles y maquinaria, después acero y manufactura y así hasta el día
de hoy: computadoras y electrónica en general, metalurgia, la industria
aeronáutica, la agricultura, los farmacéuticos, de hecho, virtualmente todo
sector operativo de la economía. Desde la Segunda Guerra Mundial, el sistema
del Pentágono -incluyendo a la NASA y al Departamento de Energía ha sido usado
como un mecanismo óptimo para canalizar subsidios públicos hacia los sectores
avanzados de la industria, una de las razones por las que sigue existiendo con
escasos cambios después de la desaparición del presupuesto alegado. El actual
presupuesto del Pentágono es más alto en dólares reales que bajo Nixon y no muy
por debajo de su promedio durante la Guerra Fría y probablemente se
incrementará bajo las políticas de los reaccionarios estadistas mal llamados
"conservadores". Como siempre, mucho de eso funciona
como una
forma de política industrial, un subsidio del contribuyente fiscal a la
ganancia y el poder privados.
Partidarios
más extremos del poder estatal y de la intervención han expandido estos
mecanismos de asistencia social para los ricos. Básicamente por medio de los
gastos militares, el gobierno de Reagan aumentó la proporción estatal en el PIB
a más del
35% hasta
el año de 1983, un incremento mayor al 30%, comparado con la década anterior.
La guerra de las galaxias fue vendida al público como "defensa" y a
la comunidad empresarial como un subsidio público para tecnología avanzada. Si
se hubiera permitido que las fuerzas del mercado funcionaran, entonces no
habría una industria de acero automovilístico estadounidense ahora. Los
reaganistas simplemente cerraron el mercado a la competencia japonesa. El
entonces secretario de Hacienda,
]ames Baker,
proclamó orgullosamente ante
un público empresarial
que Reagan "había concedido
más alivio de las importaciones a la industria estadounidense que cualquiera de
sus predecesores en más de medio siglo". Era demasiado modesto: fue, de
hecho, más que todos sus predecesores juntos, aumentándose las restricciones a
las importaciones en un 23%. El economista internacional y director del
instituto para la Economía Internacional, en Washington, Fred Bergsten (quien
realmente aboga en favor del comercio libre), agrega que el gobierno de Reagan
se especializó en el tipo de "comercio gerenciado" que más
"restringe el comercio y cierra mercados", como por ejemplo los
acuerdos de restricción voluntaria de exportaciones. Ésta es la "forma más
insidiosa de proteccionismo", recalcaba, que "aumenta los precios,
reduce la competencia y refuerza el comportamiento tipo cartel". El
Informe Económico 1994 para el Congreso estima que las medidas proteccionistas
de Reagan redujeron las importaciones industriales en un 20%.
Mientras
que la mayoría de las sociedades industriales se han vuelto más proteccionistas
en las décadas recientes, los reaganistas muchas veces lideraron el proceso.
Los efectos sobre el Sur han sido devastadores. Las medidas proteccionistas de
los ricos han sido un factor principal en la duplicación del abismo -ya de por
sí grande- entre los países más pobres y los más ricos, desde 1960. El Informe
de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo, de 1992, estima que tales medidas
han privado al Sur de 500.000 millones de dólares al año, esto es alrededor de
12 veces la "ayuda" total -que en su mayor parte, de hecho, es
promoción de exportaciones bajo diferentes disfraces. Este comportamiento es
"virtualmente criminal", observó recientemente el distinguido
diplomático y autor irlandés, Erskine Childers.. Uno podría detenerse un
momento para ver, por ejemplo el "genocidio silencioso" condenado por
la OMS: 1 1
millones
de niños que mueren cada año porque los países ricos les niegan centavos de
ayuda, siendo Estados Unidos el más miserable de todos, aun si incluimos el
componente más grande de "ayuda", que va hacia uno de los países
ricos, el cliente americano Israel. Es un tributo al sistema de propaganda
estadounidense el que sus ciudadanos
groseramente sobrestimen los
gastos de ayuda externa, al igual
que hacen con la asistencia social, que también es miserable a la luz de los
estándares internacionales, si excluimos la asistencia social para los ricos, y
no la que tienen en la mente.
Los
reaganistas reconstruyeron también la industria estadounidense de tarjetas
electrónicas (chips) mediante medidas proteccionistas y un consorcio de
gobierno e industria, para impedir que los japoneses se posesionaran de ella.
El Pentágono, bajo Reagan, apoyó también el desarrollo de computadoras
avanzadas, convirtiéndose -en palabras de la revista Science- en "una
fuerza clave del mercado" y "catapultando la computación paralela
masiva del laboratorio hacia el estado de una industria naciente", para
ayudar de esta manera a la creación de muchas "jóvenes compañías de
supercomputación".
La
historia sigue y sigue en prácticamente todos los sectores de la economía que
funcionan.
La crisis
social y económica global es comúnmente atribuida a fuerzas de mercado que son inexorables.
Los analistas se dividen entonces en torno a la contribución de varios
factores, primordialmente la automatización y el comercio internacional. Hay un
elemento considerable de decepción en todo esto. Grandes subsidios estatales y
la intervención del Estado siempre han sido necesarios, y todavía lo son, para
hacer aparentar como eficiente
al comercio, pasando
por alto los
costos ecológicos impuestos a las
generaciones futuras que no "votan" en el mercado, y otras
"externalidades", consignadas en las notas al pie de página. Para
mencionar sólo una pequeña distorsión del mercado, una buena parte del
presupuesto del Pentágono ha sido dedicada para "asegurar el flujo del
petróleo a precios razonables" desde el medio Oriente, "predominantemente
un territorio reservado para Estados Unidos", como observa Phebe Marr, de
la Universidad de Defensa Nacional, en una revista académica; ésta es una
contribución a la "eficiencia del comercio" que pocas veces recibe atención.
Véase el
segundo factor, la automatización. Seguramente contribuye a las ganancias en
algún momento, pero este momento fue alcanzado por décadas de protección dentro
del sector estatal -la industria militar- como David Noble ha demostrado en una
obra importante. Además ha demostrado que la forma específica de automatización
fue escogida frecuentemente por razones de poder más que de ganancia o
eficiencia; fue diseñada para des profesionalizar a los trabajadores y
subordinarlos al management, no por principios de mercado o la naturaleza de la
tecnología, sino por razones de dominación y control.
Lo mismo
es cierto en un sentido más general. Ejecutivos han informado a la prensa
empresarial que una razón principal para trasladar trabajos industriales a
países que tienen mano de obra más cara es obtener ventajas en la guerra de
clases. "Nos preocupa tener sólo un lugar donde se hace un producto",
explica un ejecutivo de la corporación Gillette, principalmente por
"problemas laborales". Si los trabajadores en Boston van a la huelga,
explica, Gillette podría suministrar tanto a los mercados europeos como a los
estadounidenses desde su planta en Berlín, rompiendo, de esta manera la huelga.
Por lo mismo es simplemente razonable que Gillette emplee tres veces más
trabajadores fuera de Estados Unidos, independientemente de los costos y no por
razones de eficiencia económica. De manera similar, la corporación Caterpillar,
que ahora está tratando de destruir los últimos restos del sindicalismo
industrial, está prosiguiendo "una estrategia empresarial que ha empujado
a los trabajadores americanos desde una posición de desafío hacia una de
sumisión", informa el corresponsal para asuntos empresariales, James
Tyson. La estrategia incluye "manufacturar en instalaciones más baratas en
el exterior y contar con importaciones desde fábricas en Brasil, Japón y
Europa". Esto se facilita por las ganancias que se han vuelto
extraordinarias al tiempo que se diseña la política social para enriquecer a
los acaudalados; la contratación de "temporales" y "trabajadores
de remplazo permanente" en violación
de los estándares
internacionales del trabajo;
y la complicidad del Estado
criminal que se niega a cumplir con las leyes laborales, una posición
convertida en cuestión de principio por los reaganistas, como Business Week
documentó en una importante reseña.
El
significado real del "conservadurismo de mercado libre" es ilustrado
si observamos de cerca a los entusiastas más apasionados por querer
"quitarnos el gobierno de encima" y dejar que el mercado reine sin
ser perturbado. El vocero de la Cámara baja, Newt Gingrich, es quizás el
ejemplo más impresionante. Él representa al Condado de Cobb en Georgia, que el
New York Times seleccionó para ilustrar en una nota de
primera
plana a la creciente ola de "conservadurismo" y de desprecio para el
"Estado- nana". El título dice: "El conservadurismo florece
entre los supermercados", en este acaudalado suburbio de Atlanta,
escrupulosamente aislado de cualquier infección urbana, de tal manera que los
habitantes pueden disfrutar de sus "valores empresariales" y
entusiasmos de mercado, defendidos en el Congreso por el guía conservador, Newt
Gingrich, en un "mundo de Norman Rockwell con computadores de fibra óptica
y aviones jet", como Gingricht describió su distrito con mucho orgullo'.
Hay, sin
embargo, una pequeña nota al pie de página. El Condado de Cobb recibe más
subsidios federales que cualquier otro suburbio en el país, con dos excepciones
interesantes: Arlington, Virginia, que es, efectivamente, parte del gobierno
federal, y la zona de Florida que alberga el Centro Espacial Kennedy, otro
componente del sistema de subsidio público-ganancia privada. Si salimos del
sistema federal mismo, el Condado de Cobb toma el liderazgo en extorsionar
fondos del contribuyente fiscal, quien es también responsable del
financiamiento de "aviones jet y computadores con fi fibras ópticas"
del mundo de Norman Rockwell. La mayoría de los trabajos en el Condado de Cobb,
debidamente con altos salarios, se ganan nutriéndose del pesebre público. La
riqueza de la
región de Atlanta,
en general, puede
trazarse sustancialmente hacia la misma fuente, Mientras tanto, los
elogios de los milagros de mercado llegan a los cielos donde el
"conservadurismo está floreciendo".
El
"contrato con América" de Gingricht ejemplifica claramente la
ideología del "libre mercado" de doble filo: protección estatal y
subsidio público para los ricos, disciplina de mercado para los pobres. Llama a
"recortar los gastos sociales" y los pagos en salud para los pobres y
personas mayores, negando ayuda para niños y recortando programas de asistencia
social -para los pobres-. También convoca a incrementar la asistencia a los
ricos, siguiendo el camino clásico: medidas fiscales regresivas y subsidios
directos. En la primera categoría están incluidas mayores franquicias fiscales
para empresas yricos, reducción de impuestos sobre ganancias de capital, etc.
En la segunda categoría se
trata de subsidios
de los contribuyentes fiscales
para inversiones en plantas y equipo, reglas más favorables para la
depreciación, el desmantelamiento del aparato regulatorio que sólo protege a la
población y las generaciones futuras y fortaleciendo nuestra defensa
nacional" para que podamos "mantener (mejor) nuestra credibilidad en
el mundo" de tal manera que, cualquieraque tenga ideas extrañas, corno
sacerdotes y organizadores campesinos en América Latina, va a entender que
"lo que nosotros decimos, se hace".
La frase
"defensa nacional" no es siquiera un chiste enfermizo, que debería
provocar burlas entre gente que se respeta a sí misma. Estados Unidos no
enfrenta ninguna amenaza, pero gasta casi tanto en "defensa" como el
resto del mundo combinado. Sin embargo, los gastos militares no son bromas.
Además de asegurar una particular forma de "estabilidad" en el
"interés permanente" de los que cuentan, , necesita el Pentágono para
proveer a Gingrich y a su rica clientela , para que puedan fulminar contra el
Estado-nana que está llenando sus bolsillos.
El
contrato es notablemente descarado. De ahí que las propuestas para incentivos
empresariales, reducción de impuestos sobre ganancias y otras asistencias
sociales de este tipo para los ricos aparecen bajo el concepto de "Ley
para la creación de empleos y el acrecentamiento de los salarios". La
sección incluye, en efecto, una provisión de medidas "para crear empleos y
aumentar los salarios de los trabajadores"
-con la
palabra agregada: "sin financiamiento"-. Pero no importa. En el
-Newspeak contemporáneo, la palabra "empleos" debe entenderse como
"ganancias", de ahí que se trata, en efecto, de una propuesta para
"crear empleos", que continuará "acrecentando" los salarios
hacia abajo.
Este
patrón retórico es también general. Mientras estamos reunidos en noviembre de
1994,
Clinton se prepara para ir a la cumbre económica de Asia-Pacífico en Jakarta,
donde tendrá poco que decir sobre la conquista de Timor Oriental que llegó a su
clímax casi genocida con la amplia ayuda militar estadounidense, o sobre el
hecho de que los salarios, en lndonesia son el 50% de los de China, mientras
que los trabajadores que tratan de formar sindicatos son asesinados o
encarcelados. Pero, sin lugar a dudas, hablará sobre los temas que enfatizó en
la última cumbre de la APEC en Seattle, donde presentó su "gran visión de
un futuro de libre mercado", ante mucha reverencia, asombro y aclamación.
Había decidido hacer esto en un hangar de la corporación aérea Boeing,
ofreciendo este triunfo de valores empresariales como el ejemplo primordial de
la gran visión de¡ mercado libre. La selección (del lugar) tiene sentido:
Boeing es el principal exportador del país, aviones civiles encabezan las
exportaciones industriales estadounidenses, y la industria del turismo -basada
en el transporte aéreo- cuenta con
el 30% del
surplus comercial estadounidense en servicios.
Sólo
algunos hechos fueron omitidos ante el entusiasta coro. Antes de la Segunda
Guerra Mundial, Boeing prácticamente no tenía beneficios. Se enriqueció durante
la guerra, con un gran incremento en inversiones, de las que más del 90%
provenían del
gobierno
federal, Las ganancias también florecieron cuando Boeing incremento su valor
neto en más de cinco veces, realizando su deber patriótico. Su "fenomenal
historia financiera" en los años que siguieron, se basaba también en la
largueza del contribuyente fiscal, señaló Frarik Kofsky en un estudio de las
primeras fases de posguerra del sistema del Pentágono, "permitiendo a los
dueños de las compañías aéreas cosechar ganancias fantásticas con inversiones
mínimas de su parte".
Después
de la guerra, el mundo empresarial reconoció que "la industria aérea
contemporánea no puede existir satisfactoriamente en una economía libre
empresarial pura, competitiva, sin subsidios y que "el gobierno es su
único salvador posible" (Fortune,
Business Week). El sistema del Pentágono fue revitalizado como el
"salvador", para sostener y expandir la industria junto con la mayor
parte del resto de la economía industrial. La Guerra Fría proveyó el pretexto.
El primer secretario de la Fuerza Aérea, Stuart Symington, presentó el asunto
con claridad en enero de 1948: "La palabra a usar no era 'subsidio'; la
palabra a usar era 'seguridad". Como representante industrial en
Washington, Symington regularmente demandó suficientes fondos de adquisición en
el presupuesto militar para "satisfacer las necesidades de la industria
aérea", como decía, ganando la Boeing la mayor parte.
Y así la
historia continúa. A inicios de los ochenta, Boeing contaba con los negocios
militares para "la mayor parte de sus ganancias" y después de una
baja de 1989 a
1991 , su
sección de defensa y espacial tuvo una "tremenda vuelta" como informó
el WallStreet Journal. Una
razón es el
auge de ventas
militares externas, cuando Estados Unidos se volvía el mayor
vendedor de armamentos, cubriendo alrededor del
75% del
mercado del Tercer Mundo, basándose en una amplia intervención del gobierno y
subsidios públicos para suavizar el camino. En cuanto a las ganancias del
mercado civil, una estimación adecuada de su volumen excluiría la contribución
que se deriva de la tecnología de doble uso y otras contribuciones del sector
público que son difíciles de cuantificar con precisión pero, sin lugar a dudas,
muy sustanciales.
La
comprensión de que la industria no puede sobrevivir en una "economía de
libre empresa" se extendió mucho más allá de los aviones. La pregunta
operativo después de la guerra consistía en qué forma debería tomar el subsidio
público. Líderes empresariales entendieron que gastos sociales podrían
estimular la economía, pero prefirieron la alternativas militar, por razones
que tienen que ver con privilegio y poder, no con "racionalidad
económica". En 1948, la prensa empresarial consideraba los "gastos de
Guerra Fría" de Truman como una "fórmula mágica para tiempos buenos
casi
interminables" (Steel). Tales subsidios públicos podrían "mantener un
tono ascendente", comentó Business Week, siempre y cuando los rusos
cooperaran con una postura lo suficientemente amenazante. En 1949, notaron con
alivio que "hasta ahora las iniciativas
de paz han
sido barridas a
un lado" por
Washington, pero siguieron
preocupados porque su "ofensiva de paz", pese a todo, pudiera
interferir con "el prospecto de un continuo crecimiento en los gastos
militares". El Magazine of Wall Street vio los gastos militares como una
forma de "inyectar nueva fuerza en toda la economía" y un par de años
más tarde, consideró "obvio que tanto las economías extranjeras como la
nuestra dependen ahora principalmente del volumen de los continuos gastos
para armamentos en
este país", referiéndose
al keynesianismo militar
internacional que finalmente tuvo éxito en la reconstrucción de las sociedades
capitalistas industriales foráneas.
El
sistema del Pentágono tiene numerosas ventajas sobre formas alternativas de
intervención en la economía. importe al público una gran carga de los costos
mientras asegura un mercado garantizado para la producción en exceso. No menos
significante es que no tiene los efectos colaterales indeseables que tiene el
gasto social dirigido hacia las necesidades humanas. Aparte de sus efectos
redistributivos no bienvenidos, tales gastos tienden a interferir con las
prerrogativas de los managers; una producción útil puede
socavar la ganancia
privada, mientras que
la producción de
derroche (armas, extravagancias tales como el hombre en la luna, etc.)
subsidiada por el Estado es un regalo para el dueño y el manager quien se
entregará en seguida cualquier producto derivado que sea interesante para el
mercado. Los gastos sociales pueden levantar también el interés y la
participación públicos, aumentando de esta forma la amenaza de la democracia.
Por estas razones, Business Week explicaba en 1949 que, "existe una
diferencia social y económica tremenda entre gastos de inversiones
gubernamentales para la asistencia social v para lo militar", siendo lo
último mucho más preferible. Y así continúa, notablemente en el Condado de Cobb
y otros baluartes semejantes de la doctrina libertaria y de los valores
empresariales.
Mercados
libres son buenos para el Tercer Mundo y su creciente contraparte aquí. Madres
con niños dependientes pueden ser aleccionadas severamente sobre la necesidad
de tener confianza en sí mismas, pero no los ejecutivos e inversionistas
dependientes, por favor. Para ellos, el Estado benefactor tiene que florecer.
"Amor duro" es justo la consigna adecuada para la política estatal,
siempre y cuando le demos el significado correcto: amor para los ricos, dureza
para todos los demás.
Sobra decir
que concentrándose en los países
ricos como el
nuestro, esto es altamente engañoso. El
"neoliberalismo" de doble filo tiene, por mucho, sus efectos más
letales en los tradicionales dominios coloniales, que -aparte del área basada
en Japón-, son en gran medida un desastre, mejorando solamente por medidas
económicas asentadas ideológicamente, que ignoran los efectos sobre las
personas. Con apologías desesperanzadamente inadecuadas para las víctimas,
dejaré a un lado esta terrible historia
de grandes crímenes
contra la humanidad,
por los cuales seguimos teniendo responsabilidad.
3. Crisis
global económica
Los
principales factores que han conducido a la actual crisis económica global se
entienden razonablemente bien. Uno es la globalización de la producción, que ha
ofrecido a los empresarios el provocador prospecto de hacer retroceder las
victorias en derechos humanos conquistadas por la gente trabajadora. La prensa
empresarial francamente advierte a los mimados trabajadores occidentales"
que tienen que abandonar sus "estilos
de vida lujosos"
y tales "rigideces del
mercado" como seguridad del
trabajo, pensiones, salud y seguridad laboral, y otras tonterías anacrónicas.
Economistas enfatizan que el flujo laboral es difícil de estimar, pero ésta es
una parte pequeña del problema. La amenaza es suficiente, para forzar a la
gente a aceptar salarios más bajos, jornada,, más largas, beneficios y
seguridad reducidos y otras "inflexibilidades" de esta naturaleza. El
fin de la Guerra Fría que retorna a la mayor parte de Europa del Este a su
tradicional papel de servicio, pone nuevas armas en las manos de los dueños,
como informa la prensa empresarial con irrestricto regocijo, General
Motors y Volkswagen pueden desplazar la producción hacia un Tercer Mundo
restaurado en el Este, donde pueden encontrar trabajadores a una fracción de
los costos de los "mimados trabajadores occidentales", mientras se
benefician con altas tarifas proteccionistas y demás amenidades que los
"mercados libres realmente existentes" proveen para los ricos.
Estados Unidos y Gran Bretaña conducen el proceso de pulverizar a los pobres y
a la gente trabajadora, pero otros serán arrastrados, gracias a la integración
global.
Y
mientras el ingreso familiar medio continúa su baja, aun bajo las condiciones
de una recuperación lenta, la revista Fortune goza con malicia de las ganancias
"deslumbrantes" de los Fortune 500, pese al "estancado"
crecimiento de las ventas. La realidad de la "magra y mala era" es
que el país está inundado en capital -pero en las
manos
correctas-. La desigualdad ha regresado a los niveles anteriores a la Segunda
Guerra Mundial, si bien América Latina tiene la peor historia en el mundo,
gracias a nuestra benevolente tutela. Como el Banco Mundial -entre otros-
reconoce, una igualdad relativa y gastos para la salud y educación son factores
significantes para el crecimiento económico (para no mencionar la calidad de
vida da). Pero aquél sigue actuando también, para incrementar la desigualdad y
socavar el gasto social, en beneficio de los "intereses permanentes".
Un
segundo factor en la actual catástrofe del capitalismo de Estado que ha dejado
una tercera parte de la población mundial virtualmente sin medios de
subsistencia, es la gran explosión del capital financiero no regulado desde que
el sistema de Bretton Woods fue desmantelado hace veinte años, con quizás un
billón de dólares fluyendo diariamente. Su constitución ha cambiado también de
manera radical. Antes de que el sistema fuera desmantelado por Richard Nixon,
alrededor del 90% del capital en intercambios internacionales era para
inversión y comercio, el 10% para especulación Alrededor de 1990, esos números
se habían invertido. Un informe de la UNCTAD estima que el 95% se usa
actualmente para la especulación. En 1978, cuando los efectos ya estaban a la
vista, el premio Nobel en Economía, James Tobin, sugirió en su discurso
presidencial a la Asociación Economistas Estadounidenses que deberían
constituirse impuestos para
desacelerar los flujos
especulativos, que llevarían
el mundo hacia una economía de escaso crecimiento, bajos salarios y
altas ganancias. En la actualidad, este punto es ampliamente reconocido; un
estudio dirigido por Paul Volcker, anterior jefe de la Reserva Federal,
atribuye alrededor de la mitad de la desaceleración sustancial en el
crecimiento económico desde los comienzos de los años setenta al incremento de
la especulación.
En
general, el mundo está siendo movido hacia un tipo de modelo del Tercer Mundo,
por una política deliberada de Estado y las corporaciones, con sectores de gran
riqueza, una gran masa de miseria y una gran población superflua, desprovista
de todo derecho porque no contribuye en nada a la generación de ganancias, el
único valor humano.
La
surplus población tiene que ser mantenida ignorante, pero también debe ser
controlada. Este problema es enfrentado de manera directa en los dominios del
Tercer Mundo que han sido sometidos por mucho tiempo al control occidental, y,
por lo tanto, reflejan los valores conductores con mayor claridad: mecanismos
favorecidos incluyen el terror a gran escala, escuadrones de la muerte, la
"limpieza social" y otros métodos
de
probada eficiencia. Aquí, el método favorito ha sido el de confinar a la gente
superflua en guetos urbanos que crecientemente se parecen a campos de
concentración. Si esto falla, van a las cárceles, que son la contraparte en una
sociedad más rica, a los escuadrones de la muerte que nosotros entrenamos y
apoyarnos en nuestros dominios. Bajo los entusiastas reaganistas del poder
estatal, el número de presos en Estados Unidos casi se triplicó, dejando
nuestros principales competidores, África del Sur y Rusia, muy atrás, - si bien
Rusia acaba de alcanzamos, va que empieza a dominar los valores de sus tutores
estadounidenses.
La
"guerra de drogas", que es en gran medida fraudulenta, ha servido
como un mecanismo principal para encarcelar a la población no deseada. Una
nueva legislación penal debería facilitar el proceso, con sus procedimientos
judiciales mucho más severos. Los nuevos y enormes gastos para prisiones
también son bienvenidos como otro estímulo keynesiano a la economía. "Las
empresas cobran", escribe el Wall Street Journal, reconociendo una nueva
manera de ordeñar al publico en esta era "conservadora". Entre los
afortunados se encuentran la industria de la construcción, consultorios
legales, el floreciente y beneficioso complejo de cárceles privadas, "los
nombres más elevados de las finanzas", tales como Goldman Sachs,
Prudential y otros, "competiendo para asegurar la construcción de cárceles
con bonds (obligaciones) privados, exentos
de impuestos"; y,
para no olvidarse
"el establecimiento de defensa" (Westinghouse, etc.),
"olfateando un nuevo campo de negocios" en la supervisión de alta
tecnología y sistemas de control del tipo que Big Brother habría admirado'.
No
sorprende que el Contrato de Gingrich llama a la expansión de esta guerra
contra los pobres. La guerra tiene como blanco primordial a los afro
estadounidenses; la estrecha correlación entre
raza y clase
hace el procedimiento
simplemente más natural. Hombres
negros son considerados como una población criminal, concluye el criminólogo William
Chambliss, autor de muchos estudios, incluyendo la observación directa por
parte de estudiantes y profesores en un proyecto con la policía de Washington.
Esto no es exactamente correcto; se supone que los criminales tienen derechos
constitucionales, pero como muestran los estudios de Chambliss y otros, esto no
es verdad para las comunidades escogidas como puntos de mira, que son tratadas
como una población bajo ocupación militar-.
Los
negros constituyen un blanco particularmente bien escogido porque están
indefensos. Y la generación de miedo y odio es, por supuesto, un método
estándar de
control de
la población, trátese
de negros, judíos,
homosexuales, reinas de la
asistencia social o algún otro diablo designado. Éstas son las razones básicas,
parece, para el crecimiento de lo que Chambliss llama "la industria de
control del crimen". No es que el crimen no sea una amenaza real para la
seguridad y la sobrevivencia; lo es y lo ha sido durante mucho tiempo. Pero no
se enfrentan las causas; más bien, el crimen es explotado de diferentes maneras
como un método de control de la población.
En
general, son los sectores más vulnerables, lo- que están siendo atacados. Los
niños son otro blanco natural. El asunto ha sido tocado en varios estudios
importantes, uno de ellos es un análisis de 1993 de la UNICEF, realizado por la
reconocida economista estadounidense Silvia Ann Hewlett, llamado la negligencia
para con niños en las sociedades ricas. Estudiando los últimos quince años,
Hewlett encuentra una marcada división entre las sociedades angloamericanas y
las de Europa continental y Japón. El modelo angloamericano, escribe Hewlett,
es un "desastre" para niños y familias; el modelo europeo-japonés, en
contraste, ha mejorado su situación considerablemente. Como otros, Hewlett,
atribuye el "desastre" angloamericano a la preferencia ideológica
para los "mercados libres". Pero ésta es sólo una verdad a medias,
como he mencionado. Cualquier nombre que uno quisiera dar a la ideología
reinante, es injusto manchar el buen nombre de "conservadurismo",
aplicándolo a esta forma de estatismo reaccionario, violento y sin ley, con su
desprecio hacia la democracia y los derechos humanos, y también a los mercados.
Dejando a
un lado las causas, no hay mucha duda sobre los efectos de lo que Hewlett
llama "el espíritu
anti-niños desatado en
estas tierras", primordialmente Estados Unidos y
Gran Bretaña. El
"modelo angloamericano lleno
de negligencia" ha privatizado en gran medida los servicios
de atención a los niños, dejándolos fuera del alcance de la mayoría de la
población. El resultado es un desastre para niños y familias, mientras
que en el 'modelo europeo que es
mucho más asistencial", la política social ha reforzado los sistemas de
apoyo para ellos.
Una
comisión de alto nivel de los Consejos Educativos de los estados y de la AMA ha
recalcado que "nunca antes una generación de niños ha sido menos salubre,
menos atendida o menos preparada para la vida que sus padres en la misma
edad"; si bien es sólo en las sociedades angloamericanas, donde "un
espíritu anti-niño y anti-familia" ha dominado durante quince años bajo la
apariencia del "conservadurismo" y de los "valores
familiares", un triunfo doctrinal que cualquier dictador admiraría.
En parte,
el desastre es simplemente un resultado de los salarios decrecientes. Para una
gran parte de la población, ambos padres tienen que trabajar tiempo extra
simplemente para proveer lo necesario. Y la eliminación de las "rigideces
del mercado" significa que tienes que trabajar horas extras por salarios
más bajos -si no, las consecuencias son imprevisibles-. El tiempo en que padres
y niños están en contacto se ha reducido radicalmente. Hay un fuerte incremento
en el uso de la televisión para la supervisión de los niños, niños encerrados,
alcoholismo infantil y uso de drogas, criminalidad, violencia de y contra
niños, y otros efectos evidentes sobre la salud, la educación y la capacidad de
participar en una sociedad democrática -o, siquiera, la sobrevivencia-.
Éstas no
son, nuevamente, leyes de la naturaleza, pero sí políticas sociales
conscientemente diseñadas con un objetivo particular: enriquecer a los Fortune
500 (los 500 más ricos que menciona la revista Fortune-H.D.), exactamente lo
que sucede, mientras Gingrich y sus semejantes predican impunemente
"valores familiares", con la ayuda de aquellos que la prensa obrera
de] siglo XIX llamaba "el sacerdocio comprado".
Algunas
consecuencias de la guerra contra niños y familias, sí reciben gran atención,
en una manera que es ilustradora. En las últimas semanas, importantes revistas
han puesto amplia atención en nuevos libros preocupados con decrecientes
coeficientes de inteligencia (IQ) y aprendizajes escolares. El New York Times
Book Review dedicó un artículo desusadamente largo a este tópico, escrito por
su redactor de ciencias, Macolm Browne, quien lo inicia con la advertencia de
que gobiernos y sociedades que ignoren los tópicos tematizados por estos libros
"lo harán a su propio riesgo". No hay ninguna mención del estudio de
la UNICEF, y tampoco he visto ninguna reseña en otra parte -o de hecho, de
cualquier estudio que se ocupara de la guerra contra los niños y familias en
las sociedades angloamericanas.
Entonces,
¿cuál es la pregunta que ignoramos a nuestro propio riesgo? Sucede que es
bastante limitada: posiblemente el IQ es parcialmente heredado, y de manera más
ominosa, vinculado a la raza, con negros que engendran como conejos y echan a
perder la reserva genética. Quizás las madres negras no crían a sus niños
porque se desarrollaron en el cálido pero altamente impredicible ambiente de
África, sugiere uno de los autores de los libros reseñados. Ésta es ciencia
verdadera, que ignoramos a nuestro propio peligro. Pero podemos, de hecho
tenemos que ignorar las políticas sociales para los pobres y la protección
estatal para los ricos -basadas en el mercado
libre-, y
el hecho, por ejemplo, de que en la ciudad donde aparecen estos materiales -
que es la más rica en el mundo- el 40% de los niños vive debajo de la línea de
pobreza, privado de la esperanza de escapar de la miseria e indigencia. ¿Podría
esto tener algo que ver con el estado de los niños y sus logros? Podemos
ignorar en seguida tales interrogantes -una decisión natural de los ricos y
poderosos, dirigiéndose unos a los otros y buscando justificaciones para la
guerra de clases que conducen y sus efectos humanos.
No
insultaré su inteligencia discutiendo los méritos científicos de estas
contribuciones, habiéndole hecho en otros trabajos, como ya lo hicieron muchos
otros.
Éstas son
algunas de las formas más feas de control de la población. En la variante más
benigna, el populacho tiene que ser desviado hacia actividades no problemáticas
por las grandes instituciones de propaganda, organizadas y dirigidas par la
comunidad empresarial, medio-estadounidense, que dedica un enorme capital y
energía para convertir a la gente en átomos de consumición y herramientas
obedientes de producción (si tienen la suficiente suerte para encontrar
trabajo) -aislados uno del otro, carentes aun de una concepción de lo que una
vida humana decente podría ser. Esto es importante. Sentimientos humanos
normales tienen que ser aplastados. Son inconsistentes con una ideología
acomodada a las necesidades del privilegio y poder, que celebra la ganancia privada
como el valor humano supremo y niega los derechos de la gente más allá de lo
que ésta puede salvar en el mercado laboral- aparte de los ricos, que deben
recibir una amplia protección por el Estado.
Junto con
la democracia, los mercados también son atacados. Aun dejando a un lado la
masiva intervención estatal en Estados Unidos y en la economía internacional,
la creciente concentración económica y el control de mercado ofrecen mecanismos
infinitos para evadir y socavar la disciplina de mercado, una larga historia
que no podemos abordar en este ensayo por razones de espacio. Para mencionar
sólo un aspecto, alrededor del 40% del "comercio mundial" no es,
realmente, comercio; consiste en operaciones internas de las corporaciones,
gerenciadas de manera central por una mano altamente visible, con toda clase de
mecanismos para socavar los mercados en beneficio de ganancia y poder. El
sistema casi-mercantilista del capitalismo transnacional corporativo está lleno
de las formas de conspiraciones de los dominantes, sobre las cuales advertía
Adam Smith, para no hablar de la tradicional utilización y dependencia del
poder estatal y del subsidio público. Un estudio de 1992 de la OECD concluye
que la "competencia oligopolítica y la interacción estratégica
entre
empresas y gobiernos, antes que la mano invisible de las fuerzas del mercado,
condicionan en la actualidad las ventajas competitivas y la división
internacional del trabajo en las industrias de alta tecnología", tales
como agricultura, farmacéuticos, servicios y otras áreas importantes de la
economía, en general. La gran mayoría de la población mundial, que está sujeta
a la disciplina del mercado e inundada con odas a sus milagros, no debe
escuchar esas palabras; y pocas veces las oye.
Me temo
que esto apenas toca la superficie. Es fácil de entender el estado de
desesperación, ansiedad, falta de esperanza, enojo y temor que prevalece en el
mundo, fuera de los sectores opulentos y privilegiados y del "sacerdocio
comprado" que cantan alabanzas a nuestra magnificencia, una característica
notable de nuestra "cultura contemporánea", si se puede pronunciar
esta frase sin vergüenza.
Hace 170
años, muy preocupado con el destino del experimento democrático, Thomas
Jefferson hizo una distinción útil entre "aristócratas" y
"demócratas". Los "aristócratas' eran "quienes tienen temor
y desconfianza en la gente y desean quitarles todos los poderes para ponerlos
en manos de las clases altas". Los demócratas, en cambio, "se
identifican con la gente, tienen confianza en ella, la elogian y la consideran
el honesto y seguro depositario del interés público", si no siempre
"los más sabios". Los aristócratas de sus días eran los protagonistas
del naciente Estado capitalista, que Jefferson consideraba con mucha
consternación, reconociendo la contradicción entre democracia y
capitalismo, que es
mucho más evidente
en la actualidad,
cuando tiranías privadas sin
control adquieren un
poder extraordinario sobre
todos los aspectos de la vida.
Como
siempre en el pasado, uno puede escoger ser un demócrata en el sentido de
Jefferson, o un aristócrata. El segundo camino ofrece ricas recompensas, dado
el lugar de riqueza, privilegio y poder, y los fines que naturalmente busca. El
otro sendero es uno de lucha, muchas veces de derrota, pero también de
recompensas que no pueden ser imaginadas por aquellos que sucumben a lo que la
prensa obrera denunciaba hace 150 años como "el Nuevo Espíritu de la
Era": "Gana riqueza, olvidando todo menos lo tuyo".
El mundo
de hoy está lejos del mundo de Thomas Jefferson o de los trabajadores de
mediados del siglo
XIX. Pero, las
alternativas que ofrece,
no han cambiado
en esencia.

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