© Libro No. 705. Dándole poder a los pobres en Venezuela.
De la Barra, Ximena. Colección E.O. Abril 12 de 2014.
Título original: © Dándole
poder a los pobres en Venezuela. Ximena de la Barra
Versión Original: © Dándole poder a los pobres en Venezuela. Ximena de la Barra
Circulación
conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:
http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=19458
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar,
difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la
fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida
su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los
autores
No
comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No
derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de
Imagen original:
http://www.minci.gob.ve/wp-content/uploads/2014/02/mg_487413578461981.jpg
http://laradiodelsur.com/wp-content/uploads/2013/07/marcha-por-la-paz-y-apoyo-al-presidente-chavez-ok.jpg
© Edición, reedición y
Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
Dándole poder a los pobres en
Venezuela
Ximena de la Barra[1]
“¿Queremos
Acabar con la Pobreza?
Demos
Poder a los Pobres”
Hugo
Chávez, Naciones Unidas, Septiembre de 2004.
Resumen:
Este artículo
examina las influencias
ideológicas que fueron
encausando al proceso venezolano y que fueron articuladas
en la Constitución de 1999, en las leyes habilitantes y en las políticas
públicas durante los sucesivos gobiernos de Hugo Chávez Frías. El análisis se
enmarca en el contexto latinoamericano de la época y enfatiza la evolución
desde una democracia representativa electoral a una democracia participativa y
protagónica, desde una economía rentista al servicio de las elites y los
poderes transnacionales hacia una economía soberana al
servicio del pueblo
y de un Estado en
el cual, el
pueblo mantiene permanentemente
su rol constituyente.
Palabras
clave: Venezuela, Hugo Chávez, Constitución, democracia, Socialismo del Siglo
XXI
Abstract:
This
article examines de ideological influences shaping the Venezuelan process,
articulated by the 1999 Constitution, enabling (fast track) laws and public
policies during the successive Chavez
governments. The analysis
is framed within
the Latin-American context
and emphasizes the evolution from a representative, electoral democracy
to a participatory and protagonist democracy, from an economy placing oil
revenues at the service of the elites and transnational interests into a
sovereign economy at the service of the people, and a State where the people
permanently maintain their constituent role.
Key
words: Venezuela, Hugo Chavez, Constitution, democracy, Socialism of the XXI
Century
1. El orden legal en el contexto Latinoamericano
La lucha
por la liberación y la soberanía ha estado siempre presente en la historia de
América Latina, aun después de la independencia. Ya en 1815 el Libertador Simón
Bolívar escribió en su célebre Carta de Jamaica: “Yo deseo más que otro alguno
ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y
riquezas que por su libertad y gloria” (Bolívar, 1815:
79). Años
más tarde, al convocar a los gobiernos a formar el Congreso Anfictiónico de
Panamá expuso la naturaleza política de su ambición integracionista:
“…para
que formásemos una confederación, y reuniésemos en el Istmo de Panamá u otro
punto elegible a pluralidad, una asamblea de plenipotenciarios de cada Estado
“que nos sirviese de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en
los peligros comunes, de fiel interprete en los tratados públicos cuando
ocurran dificultades, y de conciliador, en fin, de nuestras diferencias”
(Bolívar, 1824: 211, 212).
El
colonialismo español, al que combatía Bolívar, fue sucedido posteriormente por
diversas oleadas de neocolonialismo, algunas de las cuales porfiadamente
persisten hasta estos días. Por el camino emancipador, ha habido éxitos y
fracasos que han dejado profundas huellas aun vivas en el ideario de los que
continúan luchando por la integración y por una verdadera independencia. En
1889, al
referirse al Congreso de Washington, el patriota Cubano José Martí, con
palabras que aún mantienen su vigencia, afirmaba que “cambiar de dueño no es
ser libre” (Martí, 1889a: 194) y sostenía además:
“Jamás
hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni
obligue a más vigilancia, ni pida examen más minucioso, que el convite que los
Estados Unidos, potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a
extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos
poder… De la tiranía de España supo salvarse la América Española: y ahora,
después de ver con
ojos judiciales los
antecedentes, causas y
factores del convite, urge decir,
porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de
declarar su segunda independencia” (Martí, 1889b:
152).
Durante
la última mitad del siglo XX, la mayoría de los países latinoamericanos han
tenido que resistir el intervencionismo
estadounidense y sus políticas punitivas, generalmente acompañado por
intervencionismo militar, mecanismos usuales para avanzar sus intereses
estratégicos en la región. Como resultado de ello y del saqueo que implican las
políticas económicas neoliberales impuestas en las últimas décadas, ha habido
una pérdida sustancial de soberanía
por parte de
varias naciones latinoamericanas. Atilio
Borón lo resume magistralmente:
“El
proceso de militarización de las relaciones interamericanas está lejos de ser
un resultado accidental del nuevo escenario internacional sino que refleja las
apremiantes necesidades del imperio para asegurarse el
control
excluyente de los recursos naturales necesarios para mantener su irracional y
despilfarrador patrón de consumo… no hay extractivismo sin represión y no hay
relaciones interamericanas sin militarización” (Borón, 2011).
El
retorno a gobiernos civiles hacia finales del siglo se produjo sin ninguna
garantía de democracia ni de mejores niveles de vida para la población. Por el
contrario, los resultados
no han sido
más que fuertes
incrementos de la pobreza y de la malnutrición, la
disminución de los servicios básicos y la destrucción de la naturaleza. La peor
consecuencia ha sido el aumento de las disparidades sociales, haciendo de
América Latina la región con mayor desigualdad de ingreso entre todas las
regiones del mundo. El coeficiente de Gini regional, que mide la distribución
del ingreso, subió de 0,554 en 1990 a
0,576 en
2002. El 10% más rico de los latinoamericanos tenía en 1990 25,4 veces el
ingreso del 10% más pobre. En 2002 la diferencia se había elevado a 40 veces
(PNUD, 2004: 43 y 44).
La
consolidación política del neoliberalismo post dictatorial fue facilitada
por sistemas electorales
viciados y apoyada
por mecanismos de desinformación y por constituciones
dependientes, represivas y excluyentes. Una asociación de élites compleja y
corrupta, dentro y fuera de la región, se coludió para expandir el ámbito de
las prácticas antidemocráticas en apoyo a intereses transnacionales y
al robo de los recursos
regionales. El aparato estatal permanentemente impulsó
políticas públicas que reprodujeron y mantuvieron las relaciones sociales de
dominación por parte de la élite. Como resultado de ello, la legislación no ha
sido neutra sino que siempre ha estado al servicio de los grupos de poder que
la pusieron en vigor.
Más grave
aún, se evolucionó rápidamente hacia una estrategia regional de mayor
trascendencia, la de implantar principios neoliberales a nivel constitucional
vinculado eficazmente a la región con el orden legal global no democrático,
donde las políticas públicas fundamentales son dictadas por las Instituciones
Financieras Internacionales (IFIs). El caso de Chile y su Constitución
antidemocrática de tiempos de la dictadura, es paradigmático de esta situación.
En virtud de un decreto militar algo retocado, el país quedó simultáneamente
atado al modelo neoliberal y a las políticas represivas de la dictadura, además
condenado a perpetuidad al no incluir mecanismos para modificarlo.
La
economía tomó preponderancia por sobre la política y los tecnócratas por sobre
los políticos de viejo estilo al servicio de los intereses del capital
extranjero. La meta era suplantar la soberanía nacional sobre los principales
asuntos económicos, sociales y ambientales. La subordinación a largo plazo de
las democracias latinoamericanas al Consenso de Washington ya no requería de
dictaduras. Se garantizaba con acuerdos supranacionales vinculantes poniendo a
la política pública al margen de los mecanismos de toma de decisiones de las
democracias representativas.
El
neoliberalismo generó su perversa forma de estabilidad social basada en la
fragmentación social, el individualismo y el consumismo. A medida que se iba
consolidando, iba eliminando muchas de las conquistas económicas que habían logrado
previamente las organizaciones obreras
tradicionales cuya lucha había
fundado las bases sociales de los partidos políticos reformistas. El estallido
de las crisis neoliberales provocó un resurgimiento generalizado de los movimientos
de resistencia social. Las flagrantes limitaciones de las democracias
representativas post-dictatoriales comenzaron a ser cuestionadas. El Estado
neoliberal gestionado por gobiernos civiles liderados por las elites mostraba
signos de pérdida de legitimidad. Un país tras otro, se tambaleaba rumbo a
crisis de gobernabilidad, marcando el principio del fin de la hegemonía
ideológica del neoliberalismo.
El
ejemplo paradigmático ocurrió en Venezuela cuando, en 1989, se produjeron las
revueltas contra el Fondo Monetario Internacional (FMI), conocidas como el
Caracazo. Este evento fue el primero en revelar el resurgimiento de la
resistencia popular que se acumulaba fuera de los partidos políticos
desacreditados y dominados por élites. Otros movimientos semejantes lo
seguirían, como en Argentina, donde el pueblo ocupó masivamente las calles en
2001, en resistencia abierta a las políticas neoliberales. Los arquitectos del
Consenso de Washington subvaloraron la capacidad de los latinoamericanos para
reagruparse y reorganizar su lucha por la soberanía nacional y regional, así
como sobrestimaron la habilidad del neoliberalismo para mantener su
legitimidad. (de la Barra y Dello Buono, 2009: 25). El Neoliberalismo, como
modelo de desarrollo hegemónico en América Latina, entró a una fase de crisis
marcando el declive global de la hegemonía estadounidense sobre la región.
La crisis
de los partidos políticos, entre ellos muchos de los que ostentaban una
plataforma progresista o de izquierda, y la represión estatal y paramilitar,
iban creando situaciones sumamente volátiles y explosivas. Los movimientos
sociales chocaban de inmediato contra los límites legales a la protesta social
y contra el monopolio de la fuerza ejercido por el Estado. Moviéndose fuera de
los canales legalmente reconocidos, fueron perseguidos con toda la furia de la
represión estatal. Se los criminalizaba estigmatizándolos como “socialmente
indeseables” y peligrosos “delincuentes”
o “terroristas”. Los movimientos sociales han permanecido
mayoritariamente incapacitados para hacer realidad el cambio social pacifico en
favor propio (de la Barra, Dello Buono, 2009: 120).
Toda
estrategia emancipatoria necesariamente deberá contemplar la transformación de
los órdenes legales existentes, y confrontar los principios constitucionales
originalmente diseñados para facilitar el gobierno explotador de las elites
capitalistas y terratenientes. El camino revolucionario a través de la lucha
armada resulta inviable en esta etapa histórica. Los movimientos sociales
acertadamente vuelcan ahora sus demandas hacia el cambio constitucional y
legislativo emancipatorio que abra paso a la verdadera participación social.
Este esfuerzo necesariamente habrá de complementarse, con la lucha por
desmontar las políticas neoliberales impuestas por el Consenso de Washington y
por desenmascarar a los intentos de las elites de formular un modelo neoliberal
"más amable, con rostro humano". Las recientes movilizaciones
sociales y la tendencia hacia la victoria de las izquierdas en los procesos
electorales, produjo un cambio de la correlación de fuerzas permitiendo el
surgimiento de nuevas alternativas. El triunfo electoral de Hugo Chávez en
Venezuela, marca el comienzo de esta nueva etapa.
A partir
de ese momento, se ha acuñado una expresión que proviene de las culturas
ancestrales y que define el objetivo final de una América Latina emancipada. Se
trata de vivir bien, que significa pensar no sólo en términos de ingreso
per-cápita sino de identidad cultural, de comunidad, de armonía entre nosotros
y con nuestra madre tierra (Morales, 2006). El Presidente Evo Morales de
Bolivia explicó además que vivir bien significa vivir con equidad y justicia, donde no hay explotadores ni
explotados, ni excluidos ni aquéllos que excluyen a otros. Vivir bien no es lo
mismo que vivir mejor que antes, ni vivir mejor que otros, pero significa vivir
en solidaridad y reciprocidad con otros. Vivir bien, significa vivir en
condiciones de igualdad, en cambio vivir mejor, propio del capitalismo, significa egoísmo, falta de interés por los
otros, e individualismo, lo que no sólo destruye a otros pueblos sino que
también al medioambiente.
El
Presidente Correa de Ecuador ha agregado que “la vida misma es lo más valioso;
pero no cualquier tipo de vida, sino aquella vivida de modo digno, saludable y
a plenitud…si bien existe la supremacía del trabajo sobre el capital, debe
existir ante todo supremacía de la vida sobre el trabajo.” De ahí que
preocupado por el buen uso y apropiación del limitado tiempo de una vida, haya
formulado la célebre frase tantas veces escuchada: “Las personas deben trabajar
para vivir y no vivir para trabajar.” (Correa 2012: 14)
Para
lograr reencauzar el desarrollo hacia estos objetivos, los gobiernos que
lideran procesos emancipatorios, han buscado transformar el orden legal
facilitando nuevas reglas del juego en favor de los intereses populares y
abriendo el espacio necesario para la participación de las masas en el proceso
constitucional y de gobierno. El camino a recorrer para lograr estas
transformaciones está cargado de obstáculos que pueden conducir a violentos
conflictos sociales, especialmente cuando se trata de un cambio abrupto de
orientación política. Descarrilar los procesos constituyentes y desestabilizar
a los gobiernos que los propician, forma parte de una estrategia opositora
apoyada por los Estados Unidos (EE.UU.) para amagar la emancipación de América Latina. Los riesgos
incluyen la intervención extrajurídica de las fuerzas armadas, frecuentemente a
instancias de las élites nacionales históricamente dominantes. Incluso, como en
el reciente caso de Honduras, puede llevar a la intervención extranjera que en
realidad actúa en defensa de intereses corporativos transnacionales.
Si una
fuerza política progresista proyecta seriamente una agenda emancipatoria a
través de una estrategia electoral, parecería indispensable contar con
suficiente apoyo de masas no solo para obtener la victoria electoral sino
también para lograr una asamblea constituyente mayoritariamente favorable al
nuevo proyecto. La forma en que se eligen los delegados constituyentes, debe
asegurar que ellos puedan representar legítimamente los intereses de toda la
sociedad, superando las limitaciones del ámbito parlamentario. Una simple
reforma parlamentaria o tecnocrática de la constitución vigente no cumpliría
los objetivos propuestos.
Igualmente
imprescindible es defender el carácter supra-constitucional de las asambleas
constituyentes. De lo contrario, todo cambio innovador que se propusiera, seria
impedido por la constitución anterior (de la Barra 2011: 17). El proceso
Boliviano por ejemplo, tuvo un comienzo muy dificil por no haber
considerado suficientemente este
crucial asunto al
haber acordado altos quorum de aprobación. El exigir quorums
superiores a la mayoria, implica, ni mas ni menos, darle capacidad de veto a
las minorias .
Por otra
parte, tan pronto como comienza a lograrse la democratización, los nuevos
mecanismos pueden proporcionar oportunidades a las fuerzas conservadoras para
trabar con obstáculos legales a los procesos de transformación. Esto subraya la
naturaleza contradictoria de un proceso sustentable de emancipación social y la
importancia de la unidad popular y la movilización social, mecanismos
garantistas por excelencia. De no
haberlos, el cambio constitucional seguirá siendo favorable a la elite o será
insuficiente. Se hace necesario, además, un proceso permanente de educación
popular para que los pueblos logren conocer efectivamente la realidad de la
cual hacen parte y se defiendan de la realidad virtual imaginaria creada
interesadamente por los medios de comunicación masiva al servicio del gran
capital, con el objetivo de impedir el cambio.
De haber
un cambio constitucional en favor de las grandes mayorías, sin la presión
popular para su puesta en práctica, este cambio será prácticamente
insostenible, ineficaz y muy susceptible a la reversión. El pueblo, como poder
constituyente deberá mantenerse en posición de garante y de control social del
cambio, lo que esencialmente significa la transformación de una democracia
liberal representativa en
una democracia popular,
participativa. Como argumenta Marta
Harnecker (2007a: 1 y 4),
la visión revolucionaria con respecto al poder constituyente -aunque
reconociendo que la soberanía reside en el pueblo- es que ese poder
constituyente no tiene límite temporal. No se detiene cuando el poder se ha
constituido. Se mantiene en actividad permanente, elaborando continuamente
nuevas respuestas y actuando sobre el poder constituido, en una relación
dialéctica complementaria, donde ambos son indispensables.
La
existencia en el Estado de voluntad política para lograr el cambio es
fundamental para que un orden legal progresista resulte exitoso. Además,
resultan imprescindibles las políticas públicas afines al proyecto político, en
especial la política fiscal, mecanismo garantista que asegura las asignaciones
presupuestarias necesarias. En los procesos constitucionales recientes en
Venezuela, Bolivia y Ecuador, se ha producido una combinación de líderes
populares y carismáticos como jefes del ejecutivo y una fuerte presión de las
bases populares con habilidad demostrada de unir, organizar y movilizar
alrededor de su propia agenda. El Presidente Morales a menudo repite una frase
que fue acuñada originalmente por el Subcomandante Marcos del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas: “Hay la necesidad de
gobernar, obedeciendo” (al pueblo). Las Asambleas Constituyentes verdaderamente
participativas que han liderado dichos procesos, han abierto la real
posibilidad de impulsar agendas populares emancipatorias.
Un rasgo
común entre ellos es la inclusión en las nuevas constituciones de formas
novedosas de democracia participativa directa o de recuperación de formas
ancestrales: el referendo popular ya sea para la toma de decisiones o para
revocar los mandatos de quienes dejan de representar al pueblo o no cumplen con
sus compromisos políticos; las Asambleas comunales, y los referéndums
descentralizados para abordar problemas que necesitan ser resueltos a ese
nivel; los gobiernos en la calle; etc.
Emerge
una sociedad nueva que abre camino a la participación ciudadana en la toma de
decisiones y simultáneamente al pleno desarrollo de las potencialidades de sus
ciudadanos. La participación en la formulación y aplicación de los procesos de
desarrollo social, está enraizándose política e ideológicamente. (Lebowitz,
2006: 49). Ha adquirido status constitucional en Venezuela, Bolivia
y Ecuador, precisamente
donde ha sido
el pueblo organizado quien ha
repuesto a sus líderes en el poder cuando las fuerzas opositoras golpistas han
intentado destituirlos. Resulta novedoso ver como los movimientos sociales
que entre 1985
y 2004 lograron
destituir a 13 gobernantes que no los representaban, se han visto en la
coyuntura historia de defender a los gobernantes con los que se identifican,
para mantenerlos en el poder.
Los datos
del instituto regional encuestador, Latinobarómetro revelan que desde 2007, el
apoyo a la democracia comienza a aumentar, siendo Venezuela con un 84% de
apoyo, el país que más destaca, y Ecuador el país donde más
ha aumentado el
apoyo (Latinobarómetro, 2010:
26). La disminución de las
disparidades en materia de ingresos o de acceso a los derechos sociales
constituye otra forma de medir el nivel de democracia. La Comisión Económica
para América Latina y el Caribe (CEPAL) que en 2009 dedicó su anuario, Panorama
Social, al tema de las desigualdades en el contexto de la crisis, informa que
durante el período 2003 – 2008 el índice de Gini se redujo en promedio un 5%
gracias a caídas importantes en varios países, siendo la mayor en Venezuela
(-18%). El 10% más rico de la población latinoamericana concentra el 34% del
ingreso, sin embargo, en Venezuela y Uruguay, los países con mejor distribución
de ingresos, no exceden el 27% (CEPAL, 2009: 58).
Crece la
conciencia de que los niveles de pobreza y exclusión existentes demuestran que
la prolongada alianza hegemónica con los EE.UU. no ha dado resultado, que es
imprescindible recuperar la soberanía y el rol de los estados, para lo cual se
necesita un modelo de desarrollo muy distinto al del capitalismo neoliberal.
Cuba ha sido y sigue siendo el ejemplo incólume de resistencia al imperialismo
norteamericano. El Consenso de Washington jamás influyo en lo más mínimo su
política pública.
Casi 200
años después del Congreso Anfictiónico de Panamá, América Latina se encuentra
nuevamente empeñada en concretar el sueño de Bolívar y de Martí al impulsar
iniciativas integracionistas como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de
Nuestra América (ALBA) y la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), que
permite avanzar los procesos emancipatorios uniendo fuerzas para enfrentar las
incesantes presiones imperiales. Se impulsa además, un
proceso de integración
que incluye a
todos los Estados Americanos con la excepción de EE.UU.
y Canadá. Se trata de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños
(CELAC) que torna obsoleta a la Organización de Estados Americanos (OEA), aquel
Ministerio de las Colonias de EE.UU., como la denominó en su día el Che
Guevara. El imperialismo reacciona con
la creación de la Alianza del Pacifico, entre aquellos países que aún lo
sirven.
2. Antecedentes ideológicos del proceso
constitucional venezolano
Ante el vacío
ideológico en los antiguos partidos políticos y ante la tendencia de importar
modelos desde otras latitudes, el Presidente Chávez argumentaba que “las
ideologías son ayudas de navegación para surcar los tiempos y los espacios,
dándole rumbos precisos a las sociedades y a las naciones.” A eso se debe que
él decidiera “invocar un modelo ideológico autóctono y enraizado en lo más
profundo de nuestro origen y en el subconsciente histórico del ser nacional.”
(Chávez, 2007:10).
Complementando
los antecedentes ideológicos anti-imperialistas e integracionistas, ya
reseñados, es imprescindible agregar las influencias del pensamiento de Simón
Rodríguez, el maestro revolucionario que tuvo en suerte tener Simón Bolívar, y
de Exequiel Zamora el líder llanero revolucionario. De ellos extrajo los
pilares principales de su proyecto político y social: la independencia, la
soberanía; la justicia social, la inclusión, la igualdad; y la integración latinoamericana. Chávez basó
en ellos su tesis de las “tres raíces” (Chávez, 2007: 11), de donde surge un
nacionalismo revolucionario de gran llegada popular. De ahí que el proceso
bolivariano sea único y propio, la última revolución del Siglo XX y la primera
del Siglo XXI, al decir de Chávez (Chávez, 2010).
La
primera raíz, es Simón Rodríguez (quien utilizó el seudónimo de Robinson), a
quien denomino “El Maestro”, y a sus enseñanzas, “El Modelo Robinsoniano”. Era
el paladín de pobres, negros e indios, abogando por su inclusión por la vía de
la educación, única fórmula, decía, para evitar que vuelvan a ser colonizados
por inmigrantes europeos. Con similares propósitos, proponía también la
revolución agraria.
“En la
médula del pensamiento de don Simón Rodríguez se encuentra la simiente de un
proyecto de sociedad basado en la educación popular y en la creatividad. Simón
Rodríguez concibe la idea concreta de la República y talla las formas del
Estado Nacional y las líneas geo- históricas de su proyección en el tiempo”
(Chávez, 2007: 10).
“La
América no debe imitar servilmente, sino ser original. ¿Dónde iremos a buscar
modelos? La América española es original. Originales han de ser sus
instituciones y su gobierno. Y originales, los medios de fundar unas y otro. O
inventamos o erramos” (Rodríguez, 1828: 88).
Este
concepto vuelve a reaparecer casi un siglo más tarde con José Carlos
Mariátegui
que escribió en un artículo en 1928:
“No
queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser
creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro
propio lenguaje, al socialismo indo- americano. He aquí una misión digna de una
generación nueva” (Mariátegui, 1971: 249).
Simón
Bolívar, la segunda raíz, ciertamente había asimilado esta lección de su
maestro. Al referirse a Bolívar como El Líder, Chávez resaltó la siguiente
frase de su Discurso ante el Congreso de Angostura que dice relación con el
orden legal necesario:
“Nuestras leyes
son funestas reliquias
de todos los
despotismos antiguos y modernos, que este edificio monstruoso se
derribe, caiga y, apartando hasta sus ruinas, elevemos el templo a la justicia
y, bajo los auspicios de su santa inspiración, dictemos un Código de leyes
venezolanas” (Bolívar, 1819: 140, 141).
De
Exequiel Zamora, la tercera raíz, a quien Chávez llamó “El General del Pueblo Soberano”,
surge la idea
de la unión
del pueblo con
las fuerzas armadas para hacer la
revolución. Sus consignas federales para las insurrecciones campesinas de los
años cuarenta y cincuenta del Siglo XIX eran:
“Tierras
y hombres libres” “Elección popular”
“Horror a
la oligarquía” (Zamora cit. por Chávez 2007:18)
El rol
revolucionario potencial de las fuerzas armadas fue madurado y desarrollado por
Chávez a medida que conocía a Omar Torrijos en Panamá y a Juan Velasco Alvarado
en Perú, dos militares progresistas, anti-imperialistas, que gobernaron a favor
de sus pueblos. El primero de ellos lo pago con su vida, y el segundo fue
depuesto, víctima de sus propios errores al no involucrar suficientemente la
participación civil en su gobierno y al estar en situación de dependencia financiera
(Gott, 2000: 92).
La derrota de
Velasco Alvarado, reforzó en
Chávez su convencimiento de involucrar a los civiles en su proyecto. El golpe
militar en Chile, terminó de convencer a Chávez que la revolución debería ser
pacifica pero no desarmada. Sin embargo, en Salvador Allende y en su vía
democrática al socialismo se basa el reconocimiento de que el socialismo no
significa ruptura de la democracia y del Estado de derecho, sino por el
contrario, su plena realización.
La
formación del Frente Patriótico a raíz del Caracazo, y que fue liderado por
Luis Miquilena, un antiguo luchador en contra de la Dictadura de Pérez Jiménez,
materializó esta unión. Al ser entrevistado respecto de este tema, Chávez declaró:
“La idea es
retornar el ejército
a sus funciones
sociales básicas, para que ellos puedan incorporarse como ciudadanos y
como una institución a los proyectos democráticos de desarrollo del país”
(Chávez cit. por Gott, 2000: 223). A pesar de ello, un proyecto de reforma
constitucional propuesto en agosto de 2007 y que incluía una disposición para
transformar el contingente de la Reserva Nacional en las Milicias Populares
Bolivarianas, como un componente importante de las Fuerzas Armadas
Bolivarianas, no prosperó.
La
influencia ideológica que ejerció el Che Guevara en la izquierda
Latinoamericana es indiscutible, y el proceso bolivariano no está exento. Con
su vida y sus escritos el Che dejó un gran legado respecto del compromiso, el
altruismo y la dedicación total a la causa del pueblo. El ideal del “hombre
nuevo” que no actúe solo por su interés material. Una de las frases del Che que
Chávez utilizaba más frecuentemente y que reforzaba el hecho de asimilar al Che
con Cristo, y a la revolución con el cristianismo y con el amor era:
“Déjenme
decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está
guiado por grandes sentimientos de amor”… “Todos los días hay que luchar porque
ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos
que sirvan de ejemplo, de movilización” (Guevara, 1965).
Chávez
que era profundamente cristiano, exhortaba a su pueblo a ser como el Che:
“Lo
colectivo debe estar por encima de lo individual. Que no haya egoísmo en
ustedes, que no haya ambiciones bastardas, que no haya la ambición del lucro
material, de la riqueza material, que lo que lleva es a la corrupción,
indudable e inevitablemente. Despréndanse de ustedes mismos. Sean como el Che,
como Cristo, como Bolívar” (Chávez, 2011:
42).
Cuando
Chávez ya había declarado la naturaleza socialista del proceso bolivariano,
afirmaba sobre Cristo:
“Cristo,
para mí fue y es uno de los más grandes actores y pensadores socialistas de
nuestra historia. Para mí el cristianismo o es socialista o no es cristianismo.
El cristianismo es eminentemente socialista. Hay que leer los discursos de
Cristo y su acción vital, antiimperialista, enfrentado a las élites del poder
económico, político y religioso de su tiempo. Pregonaba la igualdad, la
libertad del ser humano, su dignidad, su dignificación. Terminó yendo al
martirio por los pobres de la tierra” (Chávez, 2011: 21, 22).
“Recordemos
a Cristo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Eso es algo fundamental para que
haya socialismo. En el capitalismo, nos ponen a odiarnos entre todos…El
socialismo es el amor; por eso digo que el principal nutriente del proyecto
socialista bolivariano debe ser el amor” (Chávez, 2011: 42,43)
La
admiración por las enseñanzas del Che, no constituyó más que la primera
aproximación de Chávez a Cuba. El encuentro, en 1994, con Fidel Castro demostró
ser decisivo en su pensamiento. Cuando la Revolución Venezolana se profundizó,
extendió la mano hacia Cuba, formando una relación simbiótica que ha potenciado
a las corrientes emancipatorias en “Nuestra América”. En Octubre de 2007,
durante las conversaciones que sostuvieron en Santa Clara en recuerdo de los 40
años del asesinato del Che Guevara, Chávez se refirió a Fidel diciendo: “Tú,
forjador de historia, maestro, yo lo digo sin complejos, tú eres padre de los
revolucionarios de este continente, tu eres el padre nuestro”. Ya Chávez había
asumido el pensamiento martiano y había llegado al convencimiento de la
necesidad de la colaboración entre Cuba y Venezuela, y entre todos los pueblos
de la América Latina. La fundación del ALBA es la máxima expresión de la
alianza entre estos dos líderes. Chávez afirmaba: “Abrimos y abriremos el
sendero de un mundo nuevo, aunque nos cueste la vida” (Chávez cit. por
Rodríguez, 2013).
A estas
influencias fundamentales, se suman varias otras: Salvador de la Plaza, líder
de “los negros” (comunistas escindidos) es considerado el pionero de la
corriente comunista anti estalinista e influenció a la izquierda a mediados del
siglo pasado. Esto explica los esfuerzos de Chávez por diferenciar el
Socialismo del Siglo XXI del socialismo real del Siglo XX.
En 1989,
el Frente Patriótico ya llamaba a una Asamblea Constituyente. El Presidente
Caldera manipuló el proceso transformándolo en una reforma constitucional
redactada por una comisión bicameral inoperante que lo llevo al fracaso. Solo
Chávez estuvo dispuesto a hacer de la Asamblea Constituyente el elemento
central de su propuesta de gobierno. En
años más recientes, persistió la influencia de Miquilena ya que presidio la
Asamblea Constituyente de 1999 (Gott, 2000) aunque posteriormente se separó del
proceso.
Ignacio
Ramonet nos narra que a escondidas en la Academia Militar, Chávez leyó a Marx,
Lenin, Gramsci, Fanon, Guevara. (Ramonet, 2013). A pesar de ello, Chávez no se
definió como marxista, tampoco antimarxista, sino como revolucionario y
bolivariano. Estaba convencido que sólo una revolución es decir, una
transformación económico—social profunda podía sacar a Venezuela de la crisis,
y sobre este tema no estaba dispuesto a tranzar (Harnecker 2002). Frecuentó
diversos círculos políticos de extrema izquierda: el Partido Comunista (PCV),
La Causa R, el Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR), el Movimiento al
Socialismo (MAS) aunque se resistió a las invitaciones a incorporarse a alguna
de ellas.
Tanto en
la Academia de Guerra, donde Chávez se aficionó al estudio de la historia
y de la filosofía
militar, como durante
su posterior encarcelamiento, Chávez
fortaleció su convicción
de que el
ejército era indispensable para
un proceso revolucionario. Una de sus lecturas fundamentales fue el libro de
Claus Héller, El ejército como agente de cambio social. Paralelamente, estudiaba
y posteriormente enseñaba
la técnica del liderazgo, para conducir grupos humanos.
Alfredo Maneiro, ex militante del Partido Comunista Venezolano (PCV), fundador
y principal teórico de La Causa R, tuvo una gran influencia en Chávez ”sobre
todo por su trabajo en el movimiento popular, que era vital para la visión
cívico—militar de la lucha que comenzaba a germinar en mí. Yo tenía entonces
muy clara la idea del trabajo de masas.” (Chávez cit. por Harnecker, 2002: 14).
Maneiro
inculcó en Chávez que la toma del poder del Estado, tema central de la
política, era imprescindible para poder transformarlo a la medida de los
objetivos revolucionarios. Toda organización política debe tener el más alto
grado de eficacia política y calidad revolucionaria afirmaba Maneiro. “Por
eficacia política entendemos la capacidad de cualquier organización para
convertirse en una alternativa real de gobierno y para, eventualmente, llegar a
dirigir éste” (Maneiro cit. por Harnecker, 2007b:16). Chávez rápidamente
entendió que había que complementar esta idea fundamental diciendo: “no sólo se
trata de convertirse en alternativa real de gobierno y llegar a dirigirlo, sino
conservarlo y transformar la forma y el fondo, las estructuras del gobierno y
del Estado.” (Chávez, 2011: 55).
Maneiro
“desarrolló un modelo de organización que hoy se conoce como
partido-movimiento. Una forma de romper con el esquema de los partidos
políticos tradicionales que se encuentran solos, en lo que conocemos como la
“clase política”, divorciados y separados, y muchas veces en abierta
contradicción con los movimientos sociales, a los que les niegan el acceso a la
sociedad política. “No (fue) un político de la “clase política”, sino uno más,
que abría espacio, para el movimiento, en el plano político” (Anna Brumlik y
Ana Maneiro, cit. por Harnecker, 2007b:
11).
Consecuentemente,
Chávez salió de la Academia Militar con una sola idea en la mente: terminar de
una vez con aquel régimen injusto y corrupto, y refundar la República,
convencido de que era posible forjar una alianza entre las fuerzas armadas y las
organizaciones políticas de izquierdas y tomar el poder para acabar de una vez
con la pobreza endémica. Esta será su idea matriz: la “unión cívico-militar”
(Ramonet, 2013).
Resulta
imprescindible situarse en los acontecimientos de los años 80 del
siglo pasado para
entender como Venezuela
logró un vuelco
tan significativo a partir de la primera década de este siglo. Una aguda
caída mundial del precio del petróleo, parcialmente auto-infligida a
consecuencia del exceso de producción de
crudo, puso en marcha el poder de la élite para explotar aún más a los sectores
populares. La crisis culminó en 1989 cuando la administración de Carlos Andrés
Pérez, en su segundo mandato, decidió aceptar un severo programa de ajuste
estructural del FMI.
En 1989,
hastiado con el bipartidismo del Pacto de Punto Fijo (alianza de partidos con
el fin de repartirse y alternarse en el poder), y no soportando más las medidas
de austeridad, el pueblo se rebeló. La chispa del Caracazo se forjaba esta vez
fuera de los partidos políticos desacreditados y dominados por élites.
“Cuando
Carlos Andrés Pérez envió a la Fuerza Armada a la calle a reprimir aquella
explosión social y hubo una masacre, los militares bolivarianos del MBR 200
analizamos que habíamos pasado el punto de no retorno y decidimos que había que
ir a las armas. No podíamos seguir siendo los cancerberos de un régimen
genocida” (Chávez cit. por Harnecker, 2002: 15)
El
Caracazo hizo historia en más de un sentido. Primero porque constituyó la
primera reacción popular de gran envergadura en contra del Consenso de
Washington en la región. También porque contribuyó a consolidar un movimiento
disidente de jóvenes cuadros dentro de las Fuerzas Armadas Venezolanas
conocidas como el Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200), fundado
en 1982. Por último, porque en ese año, y con ese acto, Chávez emergía en la
política Venezolana jurando reformar el Ejército y luchar por la construcción
de una nueva República.
El
MBR-200 posteriormente dio inicio a una sublevación que culminaría el 4 de
febrero de 1992 con un fallido golpe de estado liderado por Hugo Chávez. Muerto
ya Maneiro, la Causa R se dividió y no cumplió con la movilización popular que
había acordado organizar para respaldar la sublevación. A pesar de ese relativo
fracaso, Hugo Chávez surgió como líder popular al haber asumido la
responsabilidad del fracaso, agregando que sería “por ahora” (mientras se
cambiaba la correlación de fuerzas), al haber rechazado el neoliberalismo, y al
haber jurado traer una democracia verdadera a Venezuela.
Desde la
cárcel, Chávez y los otros dirigentes seguían los acontecimientos, mientras
elaboraban sus nuevas estrategias. Cuando Carlos Andrés Pérez fue depuesto por
el Congreso Venezolano bajo imputaciones de corrupción, estos presos lo
denunciaron como “una jugada de las clases dominantes, para aprovechar de
lanzar el fardo que les estorbaba, y claro, en efecto, eso funcionó como una
válvula de escape” (Chávez, cit. por Harnecker, 2002: 19). En consecuencia,
comenzaron un periodo de “abstención activa: no a los partidos, no a las
elecciones y sí a la propuesta alternativa de constituyente popular. En ese
momento no había condiciones políticas, ni sociales, ni psicológicas, ni
militares para otra rebelión” (Harnecker 2002: 20).
De estos
hechos surgió en aquellos militares presos, la convicción de la necesidad de un
proceso constituyente como alternativa a la vía armada que había fracasado.
Dedicaron su tiempo a estudiar a los teóricos constitucionalistas, a analizar
en forma crítica las particularidades de la Asamblea Constituyente Colombiana
que resultó subordinada al poder constituido, y a desarrollar una propuesta
propia. El gobierno de Caldera que ganó las elecciones con promesas en contra
del neoliberalismo, se retractó y endosó la estricta austeridad del FMI. La
escena estaba servida para cuando los militares salieron de la cárcel y
recorrieron el país con su planteamiento. El MBR—200 dejó de ser un movimiento
militar clandestino para fortalecerse transformándose en un movimiento
cívico—militar.
Surge en
consecuencia, la idea de los comités bolivarianos, y de los comités
constituyentes como instrumentos de organización del movimiento popular.
Convocar a una Asamblea Constituyente se pregonó como el único camino para
salir de la falsa democracia en la que devino el Pacto de Punto Fijo. La
positiva respuesta popular consolidó la opción por la vía pacífica pero con las
armas necesarias para defenderla. También se abandonó la postura abstencionista
y se optó por la riesgosa vía electoral con el objetivo de lograr la
presidencia para convocar a la Asamblea Constituyente. Chávez transformó al
MBR-200 en una fuerza impulsora del proceso electoral de 1998, integrando una
coalición de izquierda, el Movimiento Quinta República (MVR). Ganó las
elecciones, proclamó la
Revolución Bolivariana y
cumpliendo su promesa, llamó a un referéndum que le
permitió establecer una Asamblea Constituyente.
3. El cambio revolucionario por la vía legal, democrática y
pacífica.
En su
discurso de Angostura, en 1819, Simón Bolívar presentó su proyecto de
Constitución señalando hechos que bien podían estar describiendo la realidad
Venezolana a finales del Siglo XX:
“Nuestras leyes
son funestas reliquias
de todos los
despotismos antiguos y modernos, que este edificio monstruoso se
derribe, caiga y, apartando hasta sus ruinas, elevemos el templo a la justicia
y, bajo los auspicios de su santa inspiración, dictemos un Código de leyes
venezolanas” (Bolívar, 1819: 140, 141).
Más
adelante, Bolívar, en comunicación oficial dirigida al Gobierno del Perú
reafirmó su fe en la soberanía popular como base del poder político:
“Nada es
tan conforme con las doctrinas populares como el consultar a la nación en masa
sobre los puntos capitales en que se fundan los estados, las leyes
fundamentales y el Magistrado Supremo. Todos los particulares están sujetos al
error o a la seducción; pero no así el pueblo, que posee en grado eminente la
conciencia de su bien y la medida de su independencia. De este modo, su juicio
es puro, su voluntad fuerte; y por consiguiente, nadie puede corromperlo, ni
menos intimidarlo. Yo tengo pruebas irrefragables del tino del pueblo en las
grandes resoluciones; y por eso es que siempre he preferido sus opiniones a las
de los sabios”
(Bolívar,
1826: 268).
Chávez,
siempre recurrió a esta cita de Bolívar “Todo el Poder para el pueblo” que ha
sido su consigna
orientadora (Chávez, 2007:
40). Explicando su modelo de las tres raíces:
“El
Proyecto Nacional Simón Bolívar debe romper los límites de la farsa
representativa, para avanzar hacia la conquista de nuevos espacios
participativos en una primera fase de su desarrollo…Pero el objetivo
estratégico debe ser la democracia popular bolivariana como sistema de
gobierno. Y más
aún, como expresión
de vida económica,
social y cultural del modelo de
sociedad original Robinsoniano … La democracia popular bolivariana rompe con
este esquema de engaño y vasallaje, para
llevar los límites de la acción hasta el nivel de protagonización en la toma de
decisiones ... La democracia popular bolivariana nacerá en las comunidades, y
su savia benefactora se extenderá por todo el cuerpo social de la Nación, para
nutrir con su vigor igualitario, libertario y solidario al Estado Federal
Zamorano. Y su follaje abarcará las estructuras del modelo de sociedad
Robinsoniano” (Chávez, 2007: 41-43).
Las
influencias ideológicas acumuladas a lo largo del proceso histórico que hemos
reseñado, culminan con el éxito MVR en Diciembre de 1998 con la elección de
Hugo Chávez como Presidente con 56% de los votos, propinando otro espectacular
golpe a los partidos políticos tradicionales acostumbrados a dominar la esfera
política. El mismo día de su toma de posesión, cumpliendo su promesa, Chávez
anunció un decreto presidencial solicitando un referéndum para que el pueblo
manifestara su voluntad de aceptación de una Asamblea Constituyente para poder
reformar el Estado, construir la democracia participativa y refundar la
República.
Como
argumento jurídico para justificar el plebiscito, se utilizó el artículo 4 de
la vieja Constitución que permite al presidente convocar a un referéndum al
establecer que: “La Soberanía reside en el pueblo quien la ejerce mediante el
sufragio”, entendiéndose el referéndum como una forma de sufragio. Las
objeciones de la oposición fueron desestimadas por la Corte Suprema,
estableciéndose la legalidad de una Asamblea Constituyente cuya convocatoria
fue aprobada con 88% de los votos (Wilpert, 2003).
En la
elección de los 131 delegados a la Asamblea Constituyente, no solo participaron
candidatos de los partidos políticos sino que ciudadanos sin trayectoria
política previa, designados por las más diversas agrupaciones del país. El voto popular dio una mayoría absoluta a
los partidarios del Presidente Chávez (95%) (Wilpert, 2003). Resistiendo nuevamente, la oposición argumentó que la Asamblea
Constituyente no tenía el derecho legal de asumir la autoridad legislativa
pasando por sobre la ya existente. Las Cortes discreparon y establecieron que
la Asamblea era originaria, significando que no era subordinada al sistema
político constituido en ese momento. Los debates constituyentes fueron
transmitidos en directo por la televisión y se abrieron líneas telefónicas
gratuitas para recibir ideas, acentuando el carácter participativo y asegurando
el voto informado del pueblo.
Se
constituyeron 21 comisiones temáticas incluyendo una que recibía propuestas y
sugerencias desde fuera de la Asamblea Constituyente. Entre ellas, una comisión
para “la emergencia judicial” que evaluó a los jueces y a los miembros de la
Corte Suprema que siempre habían sido designados por los partidos en el poder.
Más de la mitad de ellos fueron encontrados corruptos o incompetentes como lo
había denunciado insistentemente la ciudadanía. (Gott, 200: 160). Después de
seis meses de sesión, en Diciembre de 1999, aprobada por el 71.8% de los
votantes la nueva Constitución proclamando la República Bolivariana de Venezuela, entró en vigor (Wilpert, 2003).
El
preámbulo de la Constitución Bolivariana consigna el fin supremo de refundar la
República:
“para
establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y
pluricultural; para garantizar el pleno desarrollo humano y desarrollar el
potencial creativo de cada ser humano; y para impulsar y consolidar la
integración latinoamericana. en un Estado
de justicia, federal y
descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la
paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y
el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a
la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la
igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación
pacífica entre las naciones e impulse
y consolide la
integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no
intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e
indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad
internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes
jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad; en
ejercicio de su poder originario
representado por la
Asamblea Nacional Constituyente mediante el voto libre y en
referendo democrático” (Gobierno de Venezuela,
Constitución de la
República Bolivariana de
Venezuela, 1999: Preámbulo).
Participación,
protagonismo, y el transformarse a sí mismo en el proceso de transformar a la
sociedad con el objeto de lograr el desarrollo humano integral, es el concepto
que permea la totalidad la Carta Magna, y los Consejos Comunales como el marco
institucional para lograrlo. Chávez solía decir: “La maravilla de nuestra nueva
Constitución es que no permite que se aliene el poder constituyente” (Chávez,
cit. por Harnecker, 2002: 7). Efectivamente, la Constitución dice:
“Todos
los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de participar libremente en los
asuntos públicos, directamente o por medio de sus representantes elegidos o
elegidas. La participación del pueblo en la formación, ejecución
y control de
la gestión pública
es el medio necesario para lograr el protagonismo
que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo. Es obligación del Estado y deber de la sociedad
facilitar la generación de las condiciones más favorables para su práctica”
(Art. 62).
“La
creación de nuevos sujetos de descentralización a nivel de las parroquias, las
comunidades, los barrios y las vecindades a los fines de garantizar el
principio de la corresponsabilidad en la gestión pública de los gobiernos
locales y estadales y desarrollar procesos autogestionarios y cogestionarios en
la administración y control de los servicios públicos estatales y municipales”
(Art. 6).
Chávez agregaba:
“Creo que en los 200
años de vida
republicana de Venezuela jamás un
pueblo sintió tan suya una Constitución como ésta. Y creo que ese es un paso
importantísimo de una Revolución, no sólo en lo ideológico: lograr sembrar el
concepto bolivariano en el alma de un pueblo” (Chávez, cit. por Harnecker,
2002: 62). El trabajo quedó definido por su función social y puso a la
producción y la distribución bajo el mando de los productores y los
consumidores. El flujo de información sobre las necesidades y metas, así como
el proceso de toma de decisiones, se diseñó para fluir desde las bases (de la
Barra, 2011).
Se
establecieron cinco poderes del Estado: El Poder Ejecutivo con un período
presidencial de seis años, un límite de dos reelecciones y la obligación de
rendir cuenta anualmente de su gestión a la Asamblea. El Poder Legislativo
reorganizado en una Asamblea Nacional unicameral. El Poder Judicial con el
requerimiento a los jueces de presentar sus credenciales para acceder a sus
cargos mediante concurso público. El Poder Electoral instituyendo al Consejo
Nacional Electoral (CNE) como órgano rector, encargado de la organización,
realización, y vigilancia independiente de las elecciones a todos los niveles.
Finalmente, el Poder Ciudadano organizado bajo el Defensor del Pueblo quién
junto con el Contralor General y el Fiscal General estarían encargados de
proteger los intereses de los ciudadanos (Gobierno de Venezuela, 1999: Título
V).
Para
enfrentar las elecciones de las nuevas autoridades de gobierno bajo el mandato
de la nueva Constitución, y para mejor enfrentar la ofensiva de la oposición,
se tomaron dos medidas complementarias: 1) Con el objetivo de ampliar las
alianzas, mejorar la correlación de fuerzas en las instituciones del Estado y
revitalizar el trabajo de masas que se había debilitado, el MVR y otros
partidos de izquierda partidarios del Presidente Chávez, formaron el Polo
Patriótico. La decisión demostró ser fundamental ya que se obtuvo una mayoría
abrumadora de diputados y los partidos de la oposición se debilitaron. Sin
embargo, se mantuvo el poder político de los medios de comunicación. 2) Se
crean los “círculos
bolivarianos” constituidos por
pequeños grupos de partidarios para difundir la Constitución
y movilizar a los barrios emprendiendo pequeñas actividades de desarrollo.
Chávez
fue reelecto bajo los nuevos términos de la Constitución Bolivariana, y el MVR
obtuvo una fuerte mayoría en la Asamblea Nacional. Este triunfo abrumador no
eliminó el poder de clase de la élite que se oponía a su agenda de
transformación social, incluso desde la institucionalidad pública. Chávez tuvo
que rescatar funciones públicas del control de la élite, creando las Misiones -
verdaderos mecanismos de inclusión y participación social - lo cual a su vez
generó una enorme resistencia.
Un
mecanismo legal se destacó por sobre todos los otros en contribuir a la
consolidación de la Revolución Bolivariana: las “Leyes Habilitantes” que fueron
medidas transitorias permitiendo a la autoridad ejecutiva legislar en un área
problemática específica para promulgar cambios acelerados. Por este medio, el
presidente recibía autorización de la Asamblea Nacional para emitir decretos
presidenciales que más tarde se convertían en ley al ser sancionados por la
Asamblea. El primer conjunto de Leyes habilitantes en 2001, incluyendo la Ley
de Hidrocarburos que regulaba la participación del Estado en las sociedades
mixtas con las transnacionales en materia petrolera, fue sucedido por varias
otras a medida que avanzaba el proceso. La inmediata reacción de la oposición
no se dejó esperar.
Se
instauraron tres tipos de referéndum populares: El consultivo que sería una
expresión popular no vinculante para recomendar acciones respecto de problemas
específicos de alta importancia nacional. El aprobatorio que sería un voto
vinculante para aprobar
ciertas leyes específicas, incluyendo enmiendas constitucionales o
adherencia a tratados que limiten la
soberanía nacional. El revocatorio para suprimir leyes o revocar a cualquier
funcionario público, electo. Los
representantes deben rendir
cuentas públicas, transparentes y
periódicas sobre su gestión, de acuerdo con el programa presentado (Gobierno de
Venezuela, 1999. Art. 71 al 74 y 66). Se consigna así el control permanente del
pueblo sobre sus elegidos.
4. El Proceso se Radicaliza
Después de
la llegada del
Presidente Chávez al
poder en Venezuela,
la National Endowment for
Democracy (NED, Fondo
Nacional para la Democracia) comenzó a trabajar
conjuntamente con la Agencia de los EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID) con el fin
de fortalecer a la oposición. (Robinson, 2006). Entre 2000–2005 los EE.UU.
gastaron al menos treinta millones de dólares para desestabilizar al gobierno
democráticamente elegido en Venezuela (Golinger, 2007) y hasta el día de hoy
continúan haciéndolo. En la Empresa Nacional
de Petróleo (PDVSA)
que es la
principal fuente de ingresos fiscales, los intereses
extranjeros, aliados a los EE.UU., conspiraban con los gerentes venezolanos,
resistiéndose a poner a la industria del petróleo al servicio de la
transformación social.
El acoso
al gobierno por parte de los medios de comunicación derechistas lo acusaban de
represión contra “la prensa libre”.
Después de una larga historia de total dominación por los latifundios
mediáticos, la Constitución estableció
el derecho al
acceso público a
los canales y
medios de comunicación con base
comunitaria (Golinger, 2004).
“Los
medios de comunicación social, públicos y privados, deben contribuir a la
formación ciudadana. El Estado garantizará servicios públicos de radio,
televisión y redes de bibliotecas y de informática, con el fin de permitir el
acceso universal a la información. Los centros educativos deben incorporar el
conocimiento y aplicación de las nuevas tecnologías, de sus innovaciones, según
los requisitos que establezca la ley” (Art. 108).
Al comienzo del proceso, Chávez decía:
“Nuestro
proyecto no es ni estatista ni neoliberal; nosotros somos exploradores de la
vía media, donde la mano invisible del mercado estrecha la mano visible del
Estado: Todo el Estado que sea posible, todo el mercado que sea necesario”
(Chávez, cit. por Gott, 2000: 172)
Entrevistado
por Marta Harnecker en 2002, ella le preguntó:
“Se trata,
según has dicho
de un “proyecto
revolucionario anti neoliberal”;
de un modelo económico “humanista, autogestionario, endógeno fundamentalmente,
pero que no se cierre al mundo, que satisfaga las necesidades básicas de la
gente”, donde el desarrollo humano
sea más importante
que el desarrollo
económico mismo,
¿quiere
decir esto que tú consideras que el sistema capitalista es reformable,
humanizable?” (Harnecker 2002: 69)
Chávez
aclara:
“…creo
que el capitalismo no es humanizable visto en el marco del más puro sustrato
capitalista - un capitalismo salvaje como lo califica Juan Pablo II - no es
humanizable... Pero en el caso venezolano, con un gobierno como éste, con una
Constitución como ésta, con un pueblo que ha despertado como el nuestro, con
una correlación de fuerzas como la que tenemos, sí es humanizable. Creo que en
estos tres años le hemos dado más de algún toque. Nosotros estamos en el marco
de un sistema capitalista, no lo hemos cambiado, sería mentira decirlo… Claro,
como una etapa transitoria” (Chávez cit. por Harnecker 2002: 69).
Pero a la
oligarquía, aun la humanización del capitalismo, le parecía inaceptable. El día
en que se promulgaron las primeras leyes habilitantes, sintieron que sus
intereses económicos estaban amenazados. Lliderados por la asociación patronal
Fedecámaras, y apoyados por la alta jerarquía de la Iglesia Católica, la
opositora Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y los medios masivos
de comunicación, promovieron grandes manifestaciones callejeras y el primer
paro patronal. A ellos se sumaron los terratenientes que se sintieron
ultrajados cuando el gobierno tomó tierras ociosas y las puso a disposición del
Instituto Nacional de la Reforma Agraria, que las distribuyó a los campesinos.
Los resultados no fueron los que la oposición esperaba porque cada
manifestación de masas provocaba movilizaciones aún mayores, organizadas por
los sectores populares a favor del gobierno.
A pesar
del amplio apoyo de que el proceso bolivariano disfrutaba en las fuerzas
armadas, el 12 de Abril de 2002, Chávez fue víctima de un efímero golpe de
estado por parte de la cúpula de la dirección militar que optó por repudiar la
Constitución y volcar su apoyo hacia las élites. El Palacio Presidencial había
sido rodeado por tanques que amenazaron bombardearlo si Chávez no lo
abandonaba, para que las fuerzas golpistas lo escoltaran fuera de Caracas. La
estación estatal de televisión fue sacada del aire con lo que se cortó toda
comunicación entre el pueblo y su gobierno constitucional. Los monopolios
televisivos informaban falsamente que el Presidente había renunciado a su
puesto y se preparaba para abandonar el país. “El papel de los medios de
comunicación como organizadores de la contrarrevolución fue tan evidente que
se ha hablado
del primer golpe
mediático del Siglo
XXI” (Harnecker, 2004: 22)
La figura
seleccionada para poner cara civil al operativo fue Pedro Carmona, el más alto
ejecutivo de Fedecámaras. En su base de operaciones en Venevisión fue
apresuradamente “juramentado” como uno de los dictadores de más corta vida en
la historia. A su lado, además de los
generales golpistas, se encontraban los embajadores de España y de los EE.UU.
Harnecker define este momento diciendo: “Paradójicamente habría habido una
contrarrevolución sin que haya existido realmente una revolución, entendiendo
por ésta una transformación socio-económica” (Harnecker, 2002: 62).
El
dictador Carmona intentó montar un reestreno del golpe de Pinochet en Chile,
anunciando que la Constitución venezolana estaba suspendida, el Congreso y los
Tribunales disueltos y que la República Bolivariana de Venezuela había vuelto a
llamarse República de Venezuela. Para la sorpresa de los golpistas, el anuncio
contribuyó a sacar a los sectores populares hacia las calles. Los jefes del
ejército pronto comprendieron que tanto la tropa como los
mandos medios ya no obedecían sus órdenes. Decenas de miles de venezolanos
rodearon el Palacio Presidencial vitoreando enardecidos a la Guardia
Presidencial en tanto esta se reagrupaba y volvía a tomar el control (de la
Barra, Dello Buono, 2009: 236). Los generales de la cúpula habían sobrestimado su
influencia sobre los
subalternos quienes rompieron
la jerarquía para defender el orden constitucional.
En menos
de 48 horas, el golpe colapsó, sus líderes huyeron y Chávez surgió victorioso
entre una multitud popular que defendía su Revolución. La unión cívico-militar,
enseñanza visionaria de Maneiro, en ese momento rendía sus frutos. Chávez
reasumió la Presidencia de la República y se movió rápidamente para reorganizar
y consolidar su mando sobre las Fuerzas Armadas limpiándolas de elementos
golpistas e involucrándolas en la gestión de servicios estratégicos para
acelerar los programas sociales urgentemente necesarios.
Se
fortaleció así el Plan Bolívar, máxima expresión de la unión cívico- militar
que une la capacidad organizativa y los conocimientos técnicos de las Fuerzas
Armadas con la participación de las comunidades en el desarrollo local. Se
contrarrestó además la ineficiencia y el boicot de la oposición atrincherada en
las instituciones del estado y se comenzó a satisfacer las expectativas
populares. A finales de 2003 surgieron las misiones sociales, estructuras
paralelas a la institucionalidad pública, apoyadas por los recursos del Estado,
y el poder popular. “Estas misiones son el núcleo de la ofensiva estratégica
para reducir progresivamente la pobreza dándole poder a los pobres” (Chávez,
2004: 9). Por primera vez el pueblo Venezolano sintió que era posible vivir en
un mundo mejor.
Venezuela
se ha convertido así en un caso único en América Latina en el cual los
militares apoyan activamente a un proceso democrático revolucionario lo que
sumado al apoyo popular, fortaleció al gobierno en su intensión de conducir una
Revolución democrática y pacífica. A partir de ese momento, se radicaliza el
proceso Bolivariano, al igual que la oposición al él. Cerrados los caminos del
golpe militar y del golpe institucional, se intentó paralizar la economía.
El hecho
de que los monopolios mediáticos resultaran intactos les permitió mantenerse a
la ofensiva. Pocos meses más tarde, impulsaron un masivo cierre patronal y
sabotaje a la industria del petróleo que no fue más que un esfuerzo por lograr,
a través de medios civiles, lo que un manojo de conspiradores militares no
pudieron en abril de 2002 (Berkowitz, 2004). La prensa mañosamente retrató al
cierre como una iniciativa de los obreros, “apoyada” por los dueños y gerentes,
desinformación que circuló ampliamente en los medios internacionales de
comunicación. La realidad fue que la mayor parte de los obreros estuvo
dispuesta a trabajar, y que fueron los dueños de las empresas y los altos
ejecutivos de (PDVSA) quienes intentaban cerrar las puertas de las fábricas,
impedir el acceso a la información, interrumpir los procesos de producción y
bloquear la distribución y exportación del petróleo.
El daño
económico resultó considerable pero el gobierno se mantuvo firme, tomando el
control de PDVSA. La oposición sufrió otra gran derrota y se fortaleció la
conciencia política tanto por parte del pueblo como de las Fuerzas Armadas que
defendieron la Constitución,
la soberanía y
el patrimonio nacional. La clase
trabajadora industrial se incorporó de pleno al proceso revolucionario.
Surgieron nuevas organizaciones populares y sindicales que se plegaron,
sintiéndose actores de su propio destino. Los diferentes partidos de izquierda,
que seguían apoyando a Chávez, pero con actitudes muy críticas, decidieron hacer
un frente común
de apoyo a
su gobierno. “Se
va constituyendo así un sujeto revolucionario cada vez más amplio,
combativo y consciente” (Harnecker, 2004: 25-27). La nueva correlación de
fuerzas permite a Chávez anunciar el carácter anti-imperialista de la
revolución y declara que “la lógica del capital es perversa” (Chávez, 2003).
La
oposición derrotada retornó al uso de medios de resistencia legal y recogió
suficientes peticiones para solicitar una revocación presidencial con enorme
apoyo financiero mediático norteamericano. En 2004, Chávez fue el primer
presidente democráticamente electo que se sometió a la prueba revocatoria. La
Comisión Nacional Electoral llevó a cabo el referéndum en el cual el 59,1% del
electorado votó por mantener a Chávez en el poder (Carter Center, 2005: 14),
transformando eficazmente el montaje opositor en un acto de reafirmación del
proyecto revolucionario. Nuevamente
derrotada, la oposición optó por
no participar con sus candidatos en las elecciones a la Asamblea Nacional
en 2005, lo
que le otorgó
al gobierno el apoyo
de la totalidad de sus miembros.
Tras los
sucesivos fracasos de sus estrategias desestabilizadoras, Washington aumentó su
financiamiento, instalando agencias-fachada en la Embajada de EE.UU. en
Caracas. Chávez reaccionó levantando la bandera del socialismo afirmando “El
socialismo salvará a los pueblos del mundo de la miseria, de la pobreza, del
hambre, de la desigualdad” (Chávez, 2011: 9). En su discurso de clausura del
Foro Social de Porto Alegre, Chávez afirmó que es necesario reinventar el
socialismo de manera que sea esencialmente democrático y que privilegie al ser
humano en lugar de al Estado o a las maquinas como en el socialismo soviético
del Siglo XX (Chávez, 2005). Surge así el concepto del Socialismo del Siglo XXI
como alternativa al capitalismo neoliberal.
Durante
la campaña electoral de 2006, el Presidente llamó a votar por la construcción
de la sociedad socialista y con ese discurso ganó el 62,8% de los votos
válidos. Este impresionante triunfo electoral permitió a Chávez lanzar en su
programa radial, Aló Presidente, el concepto del “triángulo elemental del
socialismo productivo, primero
la propiedad social;
segundo la producción social; y tercero la satisfacción
de las necesidades sociales” (Chávez, 2007b), influenciado por la lectura de
Mas allá del capital, de István Mészáros.
Como la
revolución seguía radicalizándose, Chávez
propuso la disolución del MVR en
favor de la formación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Había
pleno convencimiento de que para el objetivo político de la construcción del
socialismo, se requiere de una relación indisoluble entre la lucha social, la
lucha política y la lucha cultural (Figueroa, 2007: 83). El énfasis de la
propuesta fue la creación de una unidad autosuficiente de poder popular que
articulara con el Estado organizando un partido de masas profundamente democrático,
que no se
limite a fines
electorales sino que triunfe en la batalla de las ideas y que
luche por el proyecto socialista.
Chávez
fue consciente de que la Constitución, reflejando la correlación de fuerzas
existentes en 1999, contenía contradicciones al respaldar tanto la lógica del
capital como la lógica del desarrollo humano, que son incompatibles (Lebowitz,
2006). Frescos aún los ecos del triunfo electoral, al Presidente le pareció
propicio el momento para usar su privilegio constitucional y solicitar un
referéndum aprobatorio de un paquete de reformas constitucionales, para
profundizar el proceso revolucionario.
Propuso
reformar el Artículo 112 que llama al Estado a “promover la empresa privada
como una manera de crear riqueza y distribuirla equitativamente”, para por el
contrario, establecer la obligación del Estado de construir una economía
socialista basada en la cooperación y priorizando los intereses comunes por
encima de los individuales. La propiedad privada sólo sería respetada
si se orientaba
hacia la satisfacción de
necesidades nacionales, prohibiendo explícitamente el latifundio. Se reconocerían
cinco formas de propiedad: pública, social, colectiva, mixta y privada.
En la
esfera social, se incluyó una propuesta para
el establecimiento de un Fondo para Estabilidad Social que habría garantizado beneficios universales,
incluyendo a los obreros informales e independientes. Se habría promovido el
empleo formal y dado a los obreros más tiempo para la vida familiar y la
participación política. Se habría cambiado la estructura del ejército para
incluir unidades combinadas en las cuales la población participaría en la
protección de la soberanía nacional a través de los consejos comunales.
Los
críticos reclamaron que las enmiendas centralizaban el poder en las manos del
presidente. La mayor controversia surgió de la posibilidad de establecer un
sistema parlamentario/presidencial, porque éste, en efecto habría significado
la eliminación de los límites de reelección para el ejecutivo, como es el caso
con los primeros ministros en países europeos. Esta propuesta se volvió un arma
poderosa en manos de la oposición que acusaba a Chávez de querer convertirse en
“presidente de por vida”. Igualmente polémico fue el hecho de que el proyecto
necesitaba ser aprobado o rechazado en su totalidad. La oposición exigió un
proceso de aprobación artículo por artículo que podría permitirle enfocar mejor
sus esfuerzos (de la Barra, 2011).
La
naturaleza sistémica de la propuesta del Presidente Chávez no fue entendida.
Cuando la Asamblea Nacional agrego 36 propuestas a los 33 artículos originales,
el proyecto se volvió demasiado complejo. Algunos simpatizantes además
sostuvieron que había falta de claridad en las definiciones esenciales acerca
de qué tipo de socialismo se estaba previendo (de la Barra, 2011). El proceso
mismo no fue lo suficientemente participativo, lo que dificultó el conocimiento
de los contenidos específicos de las reformas. Por ejemplo, no se entendía la
necesidad de crear un Poder Popular, cuando la Constitución ya entregaba el
poder del Estado en su totalidad al pueblo. (Lander, 2007). Algunos analistas
coinciden en que esto puede haber contribuido a una gran abstención. Tan pronto
se obtuvieron los resultados, quedó claro que el gobierno había cometido un
error político (de la Barra,2011).
Fue la
primera derrota por un diminuto margen de poco más de un punto y con un 44.1%
de abstencionismo, después de once triunfos electorales nacionales. Hubo una
clara advertencia popular al gobierno de que su apoyo no significaba
simplemente colocar un sello de aprobación a su agenda emancipatoria. Chávez
aceptó la derrota, confirmó su lealtad al orden constitucional y declaró que el
movimiento al socialismo continuaría pero con un ritmo más lento. La oposición
cayó en la contradicción de reconocer que “la dictadura Chavista” honró los
resultados del referéndum. Arrepentidos de haber dejado el poder legislativo
exclusivamente en manos del Chavismo, y defendiendo desesperadamente sus
privilegios, la oposición llegó a dudar de su estrategia de boicotear el juego
político, decidiendo retornar al juego electoral.
Dos años
más tarde, en una nueva victoria en las urnas, con 54,8% de los votos, un nuevo
referendo permitió a todos los funcionarios públicos electos presentarse
indefinidamente a reelección. El Presidente Chávez interpretó este triunfo como
un mandato a acelerar el proceso de transformación hacia el socialismo.
En
definitiva, la profundización de la revolución ha sido un proceso de
aproximaciones sucesivas, de acción y reacción de las fuerzas opuestas,
producto de la lucha de clases. Las victorias electorales continuaron
hasta2012, la última elección presidencial antes del fallecimiento prematuro de
HugoChávez, a comienzos de 2013.
5. La Economía al servicio de la justicia social
Siempre
educando al pueblo, Hugo Chávez se refería al objetivo primordial del proceso:
“Bolívar
lo definía (el objetivo) en Angostura: “El sistema de Gobierno más perfecto
es aquel que
le dé a
su pueblo la
mayor suma de estabilidad política, la mayor suma de
seguridad social y la mayor suma de felicidad posible...”; ése es el gran
objetivo. Nadie puede ni debe tener proyectos particulares. El que tenga un
proyecto particular atenta contra el proyecto general” (Chávez, 2011: 29).
Resonando
con Bolívar, la Constitución de 1999, en su artículo 299, estipula que el
objetivo último es “asegurar el desarrollo humano integral”. Es por esto que la
Constitución plantea un nuevo modelo de democracia profundamente participativa,
un nuevo modelo económico emancipador, y un nuevo modelo de gobierno con
capacidad para intervenir
estratégicamente en la
economía. Tanto el capitalismo como el neoliberalismo y el
individualismo han encontrado en ella su freno. Se han cambiado las reglas del juego.
“El
régimen socioeconómico de la República Bolivariana de Venezuela se fundamenta
en los principios de justicia social, democracia, eficiencia, libre
competencia, protección del ambiente, productividad y solidaridad, a los fines
de asegurar el desarrollo humano integral y una existencia digna y provechosa
para la colectividad. El Estado conjuntamente con la iniciativa privada
promoverá el desarrollo armónico de la economía nacional con el fin de generar
fuentes de trabajo, alto valor agregado nacional, elevar el nivel de vida de la
población y fortalecer la soberanía económica del país, garantizando la
seguridad jurídica, solidez, dinamismo, sustentabilidad, permanencia y equidad
del crecimiento de la economía, para lograr una justa distribución de la riqueza
mediante una planificación estratégica democrática participativa y de consulta
abierta” (Art. 299).
La
Constitución contempla la propiedad privada pero estipula que los sectores
estratégicos, incluidos los servicios públicos se mantendrán en manos del
Estado. Simón Rodríguez ya “invocaba a la revolución económica como una
necesidad para colorar la revolución política dirigida por Simón Bolívar”
(Rodríguez cit. por Chávez 2007: 57). Las “leyes habilitantes” de 2001, como
las leyes de la Pesca y la Acuicultura, de la Tierra y del Desarrollo Agrario,
y de los Hidrocarburos, hicieron posible cambios más radicales en la política
económica. Los recursos marinos y de pesca se declararon propiedad pública y
sujetos a protección por la regulación del Estado. Grandes haciendas fueron
declaradas de interés público, y por consiguiente, sujetas a expropiación para
asegurar la soberanía alimentaria. Los yacimientos de petróleo fueron
declarados públicos, paralizando su privatización y permitiendo el
establecimiento de un
mayor control gubernamental. Las
compañías extranjeras fueron despojadas de sus antiguos incentivos
impositivos y todos los obreros del sector petrolero fueron contratados bajo
nómina estatal para evitar formas históricas de explotación (Ellner, 2007). Se
cambió el énfasis exportador cuantitativo hacia el estímulo de los precios del
petróleo que se encontraban deprimidos. Como miembro de la Organización de
Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Chávez comenzó a promover
sistemáticamente la planificación y cumplimiento internacional de las cuotas de
producción.
Venezuela
fue clasificada en 2008 como el sexto mayor exportador de petróleo del mundo,
siguiéndole los talones a los Emiratos Árabes Unidos, Irán y Noruega. Venezuela
continúa suministrando crudo a EE.UU. y muchas refinerías de la Costa del Golfo
estadounidense están configuradas específicamente para la pesada textura del
crudo Venezolano. Sumado a la desestabilización del mundo Árabe, Washington
debe sopesar si le conviene atestar un golpe definitivo a Venezuela para
capturar su petróleo, o si mantener el status quo mientras Venezuela no corte
el suministro.
Preventivamente,
Venezuela diversificó simultáneamente sus mercados y su dependencia
tecnológica. La reforma en esta industria estratégica, en lugar de traducirse
en expropiaciones o nacionalizaciones, como denuncia la oposición, se ha
limitado a la renegociación de los contratos con las compañías extractoras para
aumentar el control del Estado sin dejar de recibir capital y tecnología
extranjera. Las grandes compañías petroleras estadounidenses han decidido no
asociarse con el gobierno venezolano, lo que no ha constituido una gran
pérdida, ya que hay muchas compañías extranjeras esperando una oportunidad para
asociarse con Venezuela.
Exxon
Mobil, una transnacional con base en EE.UU., no sólo rechazó las condiciones
que el gobierno propuso, sino que solicitó el arbitraje de una Corte de
Justicia en Londres. Nunca imaginaron que se fallaría en su contra y que se le
obligaría a compensar a Venezuela a cuenta de las pérdidas causadas debido a la
inmovilización temporal de sus fondos, de la caída estrepitosa en el precio de
los depósitos venezolanos y del aumento inesperado en el índice de riesgo país.
Este no sólo fue un triunfo para Venezuela, sino que para todos los países
saqueados por corporaciones transnacionales.
El
Presidente Chávez afirmaba que habían suficientes reservas energéticas en
Venezuela para abastecer la demanda local más allá de este siglo y para
proporcionar petróleo y tecnología en condiciones preferenciales al Caribe y
a América del
Sur a través
de mecanismos como
PetroCaribe, PetroSur, PetroAndina y Tratados de Seguridad Energética de
largo plazo. El trueque con Cuba ha provisto a Venezuela y a otros países de
maestros y médicos urgentemente necesarios a cambio de petróleo, en lo que equivale
a un esfuerzo de cooperación Sur-Sur sin precedentes. Durante la Cumbre de
PetroCaribe en Diciembre de 2007, el Presidente Chávez lo resumió diciendo: el
“petróleo, de instrumento de dominación se está convirtiendo en instrumento de
liberación”.
El alza
de los precios del petróleo a partir de 2003 trajo consigo el ingreso de rentas
petroleras sin precedentes, permitiendo a Venezuela rembolsar sus deudas con el
FMI y el Banco Mundial y ayudar a otros países suramericanos a hacerlo,
liberándolos de las condicionalidades que estas instituciones imponían con sus
préstamos. El aumento de los ingresos fiscales contribuyó a estimular las
inversiones nacionales y extranjeras y dentro de un contexto de política
económica mixta privada/pública, se emprendieron nuevos desarrollos en la
agricultura, la industria y los servicios (Lander y Navarrete, 2007: 22-24).
De
acuerdo con el mandato constitucional, se fortaleció el desarrollo económico
basado en iniciativas populares, proporcionando capacitación y ayuda técnica y
financiera al sector cooperativo (El Troudi y Monedero, 2006:
203–209). Se intentaba construir una alternativa a la
globalización neoliberal promoviendo un modelo de desarrollo de orientación
comunitaria con el propósito de satisfacer las necesidades básicas, mejorar las
condiciones de vida, incentivar la participación, proteger el medioambiente, y
de vincularse más ventajosamente a la economía nacional y global (Gobierno de
Venezuela,
2005).
Las consecuencias
negativas para la
economía tanto del
golpe de estado como del paro
petrolero hicieron al gobierno tomar conciencia de la fragilidad de la economía
frente a los embates de la oposición y a las crisis cíclicas del capitalismo.
Se decidió disminuir la dependencia – de larga data - sobre el petróleo dando
un gran impulso a la agricultura, en busca de un desarrollo más equilibrado y
de soberanía alimentaria. Es en esta coyuntura política donde
las enseñanzas de
Osvaldo Sunkel acuden
en apoyo del proceso venezolano. Resonando con las
palabras de Simón Rodríguez: “Originales han de ser sus instituciones y su
gobierno”, Sunkel afirmaba que el único desarrollo posible es desde dentro con
un rol importante del Estado, porque el desarrollo no se importa. Argumentaba,
además, que no hay ningún caso en la historia económica del mundo en que un
país haya sido desarrollado desde afuera (Sunkel, 1991).
Sunkel
argumentaba que en oposición al modelo rentista heredado, basado en la
exportación petrolera, esta nueva forma de desarrollo busca la acumulación de
capacidades humanas, capacidades tecnológicas propias y el desarrollo
institucional, que son procesos esencialmente endógenos (Sunkel, 1991). De ahí
la importancia de transformar las estructuras internas -que en Venezuela
estaban paralizadas por la oposición o por la ineficiencia- romper los
obstáculos al desarrollo y permitir nuevas formas de integración a la economía
mundial. Surgen en consecuencia, las misiones, que asumían las tareas de
gobierno que la institucionalidad heredada no cumplía.
Entre
muchas otras, a partir del 2004, se inició la Misión Vuelvan Caras, una combinación
de iniciativas estatales
y de cooperativas
orientadas a impulsar el
desarrollo endógeno y la creación
de empleo al
satisfacer necesidades internas. Se preparaba técnica y culturalmente a
la fuerza laboral. Las relaciones de producción se transformaban radicalmente,
abandonando la lógica del capital para reemplazarla por los principios de
cooperación, solidaridad, participación y desarrollo humano. El Estado se
apoyaba en su base legal para promover y proteger el proceso de transformación
en función de los intereses populares. El artículo 184 de la Constitución
incluye:
“2. La
participación de las comunidades y de ciudadanos o ciudadanas, a través de las
asociaciones vecinales y organizaciones no gubernamentales, en la formulación
de propuestas de inversión ante las autoridades estadales y municipales
encargadas de la elaboración de los respectivos planes de inversión, así como
en la ejecución, evaluación y control de obras, programas sociales y servicios
públicos en su jurisdicción”.
“3. La
participación en los procesos económicos estimulando las expresiones de la
economía social, tales como cooperativas, cajas de ahorro, mutuales y otras
formas asociativas”.
“4. La
participación de los trabajadores y trabajadoras y comunidades en la gestión de
las empresas públicas mediante mecanismos autogestionarios y cogestionarios”
(Art. 184).
Intentando
transformar simultáneamente las circunstancias y las capacidades de los
sectores populares, la Revolución Bolivariana está construyendo su propia vía
al desarrollo, y está demostrando que efectivamente existe una alternativa al
capitalismo neoliberal. El Estado busca ser un mero “facilitador” de un avance
liderado desde la base. La descentralización de recursos sustanciales desde el
nivel municipal hasta el nivel comunitario, el apoyo a nuevos bancos comunales
que financian proyectos locales, y la formación de nuevos consejos comunales,
en conjunto proporcionan una base para la transformación de las actividades
productivas asentadas en necesidades y propósitos comunales (Lebowitz, 2006).
En
múltiples ocasiones, Chávez ha afirmado que la pobreza no puede eliminarse si
el poder no se transfiere al pueblo (Chávez, 2004). La nueva estructura
institucional basada en la comunidad garantiza el derecho de opinar, de
decidir, de financiar, de gestionar e incluso, de influenciar y controlar la
gestión del nivel
superior del nuevo
Estado. El poder
se deposita en la
asamblea comunal, en lugar de estar en manos de representantes. La efectividad
de los consejos es reforzada por la naturaleza integrada y sistémica de su
organización territorial, la mejor forma de controlar el sabotaje y de defender
el proceso.
En
materia de integralidad se complementa lo productivo con lo social, lo cultural
y lo ambiental. Por sobre todo, en este ámbito prima lo formativo del proceso
en el cual la “gente” va haciendo camino al avanzar, va experimentando, va
aproximándose sucesivamente hacia etapas superiores de desarrollo tanto
personal como comunal y nacional, va contribuyendo a desarrollar las políticas
públicas, en tanto aprende haciendo.
Respecto
del carácter sistémico, el desarrollo de los consejos comunales es viable y
sustentable porque existe un nivel municipal dispuesto a apoyarlo en su proceso
de aprendizaje organizativo, técnico y financiero. Está dispuesto a hacerlo en
forma respetuosa de las decisiones comunales, dando el tiempo y el espacio
que todo proceso
requiere. Igualmente, el
conjunto comuna/municipio resulta viable y sustentable porque hay niveles
intermedios y un nivel nacional que lo complementan, que son parte del mismo
proceso y que están decididos a descentralizar las decisiones, el presupuesto
público y la gestión hasta el nivel de base, en busca de una verdadera
democracia participativa. Se trata de un pueblo que gradualmente supera el
aislamiento y la marginación de los individuos y se integra a la sociedad en
forma solidaria y constructiva, aportando, al tiempo que recibe lo que con
justeza le pertenece (de la Barra, 2007).
La Ley de
los Consejos Comunales aprobada por la Asamblea Nacional Venezolana en 2006,
legalizó a estos consejos. Como era de esperar, las fuerzas opositoras los
tildaron falazmente como un mecanismo de Chávez para canalizar recursos a sus
partidarios. Contradictoriamente, los opositores comenzaron a organizar
consejos comunales bajo las mismas reglas del juego, para ser capaces de
“proteger” a sus comunidades contra los programas y las propuestas
gubernamentales.
Después
de la reelección del Presidente Chávez en 2006, se hicieron renovados esfuerzos
para transformar estos
consejos en bases
reales de poder, promoviendo su
creación a lo largo de todo el territorio Venezolano, incluyendo las áreas
pobladas por indígenas, históricamente desatendidas. Chávez consideró como una
tarea urgente comenzar a desmantelar el viejo Estado burgués y avanzar hacia el
Estado comunal, un Estado socialista, un Estado Bolivariano, un Estado
revolucionario (Chávez, 2007c). Además
de la influencia ideológica marxista en la noción de la práctica
revolucionaria, Chávez reconoce la influencia ideológica de István Mészáros
afirmando que es en las comunas donde se va generando el autogobierno, la
contraloría social, el poder popular (Chávez, 2011: 85, 86). La comuna sería el
espacio donde se construiría el socialismo porque este debe surgir desde las
bases, no se decreta, “es una creación popular” (Chávez, 2011: 80). En las últimas palabras de Chávez a su
equipo, recomendaba fortalecer las comunas.
La
iniciativa estatal también ha estado presente en los sectores estratégicos como
la electricidad, las telecomunicaciones, el transporte, las finanzas, etc.
regidos no por la lógica del lucro, sino por una lógica humanista y solidaria, con
un papel importante
de los trabajadores
en su gestión.
Se crearon, además, Empresas de Producción Social de propiedad pública,
mixta o colectiva, controladas por sus trabajadores, dedicadas a la producción
de bienes y servicios bajo condiciones de total igualdad laboral, donde la
planificación es participativa. En el ámbito de la integración regional se
crearon las empresas gran-nacionales para complementar los esfuerzos de
desarrollo de países hermanos.
El manejo
eficaz de los ingresos petroleros así como el control sobre la política
monetaria y los sectores estratégicos, han sido instrumentales a la ejecución
de la política social. Las altas tasas de crecimiento producto del aumento de
los precios internacionales del petróleo, de la aplicación de una política
progresiva de impuestos y del aumento de los royalties a la extracción
petrolera, permitió el aumento sustancial de los gastos sociales, aumentos
salariales, reducción del
desempleo y aumento
de los niveles
de empleo formal. En 2006,
Venezuela tenía una de las tasas más altas de crecimiento económico en la
región, un 10.3%, casi el doble del 5.3% del promedio regional (EIU, 2007). La
Constitución dispone que:
“El
ingreso que se genere por la explotación de la riqueza del subsuelo y los
minerales, en general, propenderá a financiar la inversión real productiva, la
educación y la salud” (Art. 311).
“La
educación es un derecho humano y un deber social fundamental, es democrática,
gratuita y obligatoria. El Estado la asumirá como función indeclinable y de
máximo interés en todos sus niveles y modalidades, y como instrumento del
conocimiento científico, humanístico y tecnológico al servicio de la sociedad”
(Art. 102).
“La salud
es un derecho social fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará
como parte del derecho a la vida. El Estado promoverá y desarrollará políticas
orientadas a elevar la calidad de vida, el bienestar colectivo y el acceso a
los servicios” (Art. 83).
Las
estadísticas más recientes que comparan la situación al 2002 con la del 2010
dan testimonio del cumplimiento de estas disposiciones constitucionales. La
pobreza se redujo de 48,6% al 27,8% y la indigencia del 22,2% a 10,7% (CEPAL,
2012a: 18). En ese periodo, Venezuela mantuvo tasas anuales de reducción del
índice de Gini superiores al 2% (CEPAL, 2012a: 91). En 2011, Venezuela junto
con Uruguay ostentaban la menor
concentración del ingreso (CEPAL, 2012a: 23), los menores niveles de
desconfianza en el estado y las instituciones políticas, y la menor percepción
de injusticia distributiva (CEPAL,2012a: 27). La CEPAL también informa que
Venezuela es el país con el mayor promedio de inversión pública de la región
con 16,8% del PIB en comparación con un 4,8% de promedio regional (CEPAL.
2012b: 128) y tiene uno de los mayores niveles de ahorro para el periodo
2004-2010 (CEPAL 2012b:140).
La
disminución de la pobreza vino aparejada con un aumento del consumo per cápita
lo que sumado al aumento de la población ha obligado al gobierno a aumentar las
importaciones de alimentos a pesar de que la tierra bajo producción y la
producción de cereales, leche y frijoles han aumentado sustancialmente, después
de haber estado estancada durante los años 90 (Carlson, 2012). Los sectores
populares se beneficiaron de la educación y la atención de salud gratuitas y de
alimentos a precios subsidiados, algo totalmente desconocido en la mayoría de
los países de la región. En 2005, Venezuela fue declarada libre de
analfabetismo por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO). La desnutrición tanto de niños como de adultos
ha disminuido aproximadamente a la mitad de las que existían antes de la
Revolución. El volumen de la construcción de viviendas y de obras públicas, no
tiene parangón en América Latina.
El
Coordinador Residente de Naciones Unidas en Venezuela, Alfredo Missair ha
felicitado al Gobierno de Venezuela y ha afirmado:
“Venezuela
representa una voluntad política, a través del Ejecutivo y del presidente Hugo
Chávez, de una transformación hacia el cumplimiento de los
Objetivos de Desarrollo del
Milenio… Tanto en
las áreas de acceso a la educación, como servicios a la
salud y erradicación de la pobreza, Venezuela es un caso ejemplar. Del año 2007
a 2009 el Indicador de Desarrollo Humano, que mide el acceso a la educación, la
esperanza de vida,
erradicación de la
pobreza, ya se
había incrementado cuatro puntos… No hay otro país que se pueda comparar
con los avances que ha tenido Venezuela en un período tan corto de tiempo, en
materia alimentaria… Venezuela es un modelo en política alimentaria, por su
enfoque, por la penetración y capilaridad en los lugares más pobres y
excluidos, y por cómo trata de reemplazar progresivamente la importación por la
producción nacional, es decir, que atiende también la soberanía” (Missair,
2011a, 2011b).
La
Encuesta Gallup sobre el bienestar, califica a Venezuela con un 64% de sus
habitantes con un
estado de ánimo
floreciente, compartiendo el
50 lugar mundial con
Finlandia (Gallup, 2010).
Sin temor a
equivocarse, se puede afirmar que el proceso venezolano ha
cumplido con la propuesta de Bolívar en Angostura. Ha dado al pueblo venezolano
la mayor suma de felicidad posible.
6. Conclusiones
La
Revolución Bolivariana de Venezuela nacida en medio del desastre neoliberal
ilustra el poderoso potencial transformador de la movilización social una vez
vinculada a un Estado revolucionario comprometido con el cambio social
fundamental y con el rescate de la soberanía nacional. El proceso venezolano
tuvo además en Hugo Chávez a un líder popular que opto por las grandes mayorías
empobrecidas, invisibilizadas y resignadas. Un líder que escuchaba a su pueblo
-para gobernar obedeciendo- y que recogía las enseñanzas de quienes abrieron el
camino emancipatorio antes que él. Más que nada, Chávez era un gran educador,
que con su carisma, iba formando a su pueblo a medida que se formaba él mismo y
que cambiaban las circunstancias.
Gano así el
respeto y el
afecto de las
mayorías que recuperaban la
dignidad, y que estaban dispuestas a tomar riesgos por respaldar su liderazgo.
Por lo mismo, ganó la enemistad más tenaz de sus detractores que no trepidaban
en entregar la soberanía venezolana, aliándose con el imperialismo
estadounidense para combatirlo.
Chávez
fue visionario en que era capaz de imaginar un futuro mejor para Venezuela,
para América Latina y para la humanidad y una estrategia para lograrlo. Siendo
militar, creía firmemente en la vía pacífica y democrática para hacer la
revolución, aunque apoyándose en la unión cívico-militar para defenderla. Por
eso comenzó con el cambio constitucional democrático por medio de una Asamblea
Constituyente. Así impulsó lo que él consideraba como la gran
tarea: transformar un
Estado contrarrevolucionario en uno
revolucionario.
Fue un
estratega en que era capaz de analizar la realidad nacional y el sistema mundo
para visualizar los múltiples flancos que debía reforzar para lograr el
objetivo final. Sabía que con solo haber ganado las elecciones presidenciales,
no había logrado el poder transformador que se requería. Sabía que Venezuela
necesitaba de América Latina porque sola no podría triunfar.
Sabía que
el petróleo venezolano sin la OPEP y sin amplios mercados, se mantendría en
posición vulnerable, y seria de utilidad limitada para impulsar el proceso.
Sabía que la nueva lógica humanista y democrática, requería de recursos para
satisfacer necesidades, y de una nueva correlación de fuerzas que
conscientemente fue construyendo. Tanto es así, que desaparecido el, las
diversas posiciones políticas populares se han articulado en una sola fuerza:
el chavismo, y con un gran objetivo común: construir una sociedad alternativa
al capitalismo.
La
solidaridad fue una característica que vino a cambiar la lógica por la que se
asociaban las elites de los países Latinoamericanos. Gracias a los ejemplos
humanistas de Venezuela y Cuba, la integración regional ya no se trató más de
la unión de los mercados. Se trató de la unión de los pueblos para ejercer un
rol de vanguardia en la defensa contra el neoliberalismo, el imperialismo y la
dependencia financiera. Una integración solidaria sobre la base de
la complementariedad entre
los países, en
oposición a la competitividad entre ellos. En esta lucha
por la soberanía, surgen el ALBA, la UNASUR, la CELAC. El ejemplo de los logros
venezolanos ha despertado a la América Latina donde los sectores populares en
varios países han elevado el listón, han entendido que la vía pacífica y
democrática de lucha para reducir las desigualdades y las injusticias, es
posible, y para ello han puesto en el poder a la más brillante generación de
líderes progresistas de la historia.
El
mandato para estos líderes es claro: liderar la construcción de un futuro en el
cual la política prime sobre la economía; donde se recupere el rol del Estado
como mecanismo regulador y redistribuidor, rol que el mercado y los servicios
públicos privatizados son incapaces de ejercer; donde prime el interés del bien
común por sobre
los intereses del
gran capital nacional
y transnacional; donde se recupere la soberanía popular sobre los
recursos; y donde el desarrollo social sea compatible en el plano ambiental con
el de las generaciones futuras.
La opción
revolucionaria venezolana también
rompió moldes con la
nueva forma de entender la democracia, trascendiendo mucho más allá de la
democracia liberal, electoral, representativa de la que hacen gala aquellos
países que creen poder dar lecciones de democracia. Chávez pensaba que para ser
revolucionaria, la democracia debía ser directa, participativa y
protagónica y abrir
espacios para que
en la lucha
por el cambio
de las circunstancias, el
sujeto político se
vaya transformando a
sí mismo y se
mantenga permanentemente en su rol constituyente.
Por una
parte se pretendía construir una democracia bolivariana, que diera la máxima
suma de felicidad al pueblo, pero por otra, se advertía que no se trataba solo
de darle un contenido social a la democracia sino que de transformarla en
construcción popular cotidiana. La igualdad social y la redistribución de la
riqueza colectiva serian componentes esenciales de ella. Nada de esto quedaba
en la mera retórica. Chávez confiaba en la inteligencia colectiva de los
ciudadanos y por eso acató sus decisiones como guía fundamental, aun cuando no
coincidieran con las suyas. Por lo mismo, el ritmo del proceso lo determinaba
el ritmo al que el pueblo se educaba para poder ser libre.
De esta
firme vocación democrática, surge la propuesta que podría considerarse más
trascendente, la apuesta por un socialismo democrático. Chávez afirmaba que la
democracia es una condición sin la cual el socialismo no puede existir. El
Socialismo del Siglo XXI, la vía venezolana al socialismo con amplia
participación y con amplias libertades, ha logrado revivir el interés por el
socialismo en el mundo entero.
Referencias:
BERKOWITZ,
Bill.
2004.
“National Endowment for Democracy Targets Venezuela.” Zmagazine, Mayo. Versión
electrónica disponible en http://www.zcommunications.org/ned-targets-venezuela-by-bill-
berkowitz.html (visitada en Agosto de
2006)
BOLIVAR,
Simón. 1826. Comunicación oficial al Gobierno del Perú en Bolívar, Doctrina del
Libertador. En Bolívar, Simón. 2009. Doctrina del Libertador. Venezuela:
Biblioteca Ayacucho. . Versión electrónica disponible en:
http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=96&
swords=bolivar&tt_products=1 (visitada el 3 de Julio de 2013)
Venezuela:
Fundación Biblioteca de Ayacucho, 1824. Convocatoria del Congreso de Panamá. En
Bolívar, Simón. 2009. Doctrina del Libertador. Venezuela: Biblioteca Ayacucho.
Versión electrónica disponible en:
http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=96&
swords=bolivar&tt_products=1 (visitada el 3 de Julio de 2013)
1819.
Discurso ante el Congreso de Angostura. En Bolívar, Simón. 2009. Doctrina del
Libertador. Venezuela: Biblioteca Ayacucho. . Versión electrónica disponible
en: http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=96&
swords=bolivar&tt_products=1 (visitada el 3 de Julio de 2013)
1815.
Carta de Jamaica. En Bolívar, Simón. 2009. Doctrina del Libertador. Venezuela:
Biblioteca Ayacucho. Versión electrónica disponible en: http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=96& swords=bolivar&tt_products=1
(visitada el 3 de Julio de 2013) BORÓN, Atilio.
2011. “La
coyuntura geopolítica de América Latina y el Caribe en 2010”, Transnational
Institute, Enero. Versión electrónica disponible en:
http://www.tni.org/es/article/la-coyuntura-geopol%C3%ADtica-
deam%C3%A9rica-latina-y-el-caribe-en-2010 (visitado el 14 de Enero de 2011)
CARLSON, Chris.
2012.
“What statistics tell us about Venezuela in the Chavez era”. Venezuelanalysis,
30 de Noviembre. http://venezuelanalysis.com/analysis/7513 (visitada el 10 de Septiembre de 2013)
CARTER
CENTER. 2005. Observación del Referendo Revocatorio Presidencial en Venezuela: Informe integral.
http://www.cartercenter.org/documents/2021.pdf
(visitado el 12 de Septiembre de 2013)
CEPAL. 2012a.
Panorama social de América Latina 2012. Santiago de Chile: Naciones Unidas.
2012b.
Cambio estructural para la igualdad: una visión integrada del desarrollo.
Santiago de Chile. Naciones Unidas.
2009.
Panorama social de América Latina 2009. Santiago de Chile: Naciones Unidas.
CHÁVEZ,
Hugo. 2011. El Socialismo del siglo XXI. Colección Cuadernos para el Debate. http://www.minci.gob.ve/wp-content/uploads/downloads/2013/01/reflexiones_del_siglo_xxicdw.pdf visitado
el 16 de Agosto de 2013).
2010. “La
ultima revolución del siglo XX y primera del XXI”. Discurso en encuentro con
diputadas y diputados electos del PSUV. Teatro Teresa Carreño, 02 de Octubre.
http://blog.chavez.org.ve/temas/discursos/primera-xxi/#.UiIPfn89WjI
2007a. El
libro azul. Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e
Información.
http://portaleducativo.edu.ve/Politicas_edu/planes/documentos/2007_02L
ibroAzul.pdf (Visitado el 12 de Agosto de 2013).
2007b.
“Aló Presidente 264”. Centro de Formación Socialista José Laurencio Silva, San
Carlos - Estado Cojedes, Domingo, 28 de enero.
http://www.alopresidente.gob.ve/materia_alo/25/p--12/tp--32/
2007c.
“Discurso de toma de posesión de Hugo Chávez”. Versión electrónica disponible en
http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=1225
(Visitada el 30 de Agosto de 2013).
2005. “El Sur, Norte de nuestros pueblos”. Discurso
de Clausura del Foro Social de Porto Alegre, Brasil, 30 de enero de 2005.
2004.
“¿Queremos acabar con la pobreza? Demos poder a los pobres”.Discurso ante
Naciones Unidas, Septiembre. http://pbolivarianapv.tripod.com/pbolivarianapv/imagplataf/acabar_con_la _pobreza.pdf
2003.
“Aló Presidente 164”. Palacio de Miraflores, Distrito Capital. Domingo, 14 de
septiembre.
CORREA,
Rafael. 2012. “Prologo”. En Ramírez, Rene. La Vida (buena) como riqueza de los
pueblos: Hacia una socioecologia política del tiempo. Quito: Instituto de Altos
Estudios Nacionales. DE LA BARRA, Ximena.
2011.
“Estructuras legales trasformadoras en América Latina en el siglo XXI”. En
Revista Sociedad&Equidad Nº 1, Enero de 2011. Universidad de Chile. Versión
electrónica disponible en http://www.sye.uchile.cl/index.php/RSE/article/viewFile/10600/10818 (visitada
el 18 de Junio de 2013).
2007.
Ahora Yo También Soy Gente: Inclusión y Emancipación Sistémica en la Venezuela
de Comienzos del Siglo XXI. 18 de Septiembre. Caracas: Centro Internacional
Miranda. Versión electrónica disponible en
http://www.centrointernacionalmiranda.gob.ve. (visitada el 20 de Marzo
de 2008).
DE LA
BARRA, Ximena y Ricardo DELLO BUONO. 2009. Latin America after the neoliberal
debacle. Nueva York: Rowman and Littlefield.
Economic
Intelligence Unit (EIU, Unidad Inteligencia Económica). 2007. 2007 Country
Forecast: Latin America Regional Overview. Londres: EIU.
EL
TROUDI, Heiman y Juan Carlos Monedero. 2006. Empresas de producción social:
instrumento para el Socialismo del Siglo XXI. Caracas: Centro Internacional
Miranda.
ELLNER,
Steve. 2007. “Using oil diplomacy to sever Venezuela’s dependence”.
Venezuelanalysis. 3 de Octubre. Versión electrónica disponible en
http://venezuelanalysis.com/analysis/2677
(visitada en Agosto de 2008).
FIGUEROA,
Amilcar, 2007. La Revolución Bolivariana: nuevos desafíos de una creación
heroica. Caracas: Editorial El Tapial.
GALLUP. 2010.
“Encuesta sobre el bienestar”. Versión electrónica disponible en
http://www.gallup.com/poll/147167/High-Wellbeing-Eludes-Masses-
Countries-Worldwide.aspx (visitada el 19 de Julio de 2013).
GOBIERNO
DE VENEZUELA. 2005. Desarrollo endógeno. 15 de Febrero. Versión electrónica
disponible en
www.gobiernoenlinea.ve/misc-view/sharedfiles/Desarrollo_endogeno_2.pdf
(visitada el 24 de Julio de 2013).
1999.
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Gaceta oficial
extraordinaria N° 36.860 de fecha 30 de diciembre de 1.999. Versión electrónica
disponible en
http://www.cne.gob.ve/web/normativa_electoral/constitucion/indice.php (visitada
en múltiples ocasiones).
GOLINGER,
Eva. 2007. The Chávez Code: Cracking US Intervention in Venezuela.
Londres:
Pluto Press. 2004. “A Case Study of Media Concentration and Power in
Venezuela.” Venezuelanalysis, 25 de Septiembre.
http://venezuelanalysis.com/analysis/710 (visitada en julio de 2007).
GOTT,
Richard. 2000. In the shadow of the liberator. Londres: Verso. GUEVARA,
Ernesto.
1965. El
socialismo y el hombre en Cuba. En archivos marxistas
http://www.marxists.org/espanol/guevara/65-socyh.htm
HARNECKER,
Marta. 2007a. Notas para un Debate sobre el Poder Constituyente y Constituido.
Rebelión, Libro Libre. Versión electrónica disponible en: http://www.rebelion.org/docs/62325.pdf
(visitada en Octubre de 2009).
2007b.
Alfredo Maneiro, ideas políticas para el debate actual. Caracas: Editorial El
Perro y la Rana. http://www.rebelion.org/docs/97079.pdf
2004.
Venezuela una revolución sui generis. Rebelión, Libro Libre. Versión
electrónica disponible en
http://www.rebelion.org/docs/97071.pdf
2002.
Hugo Chávez Frías: Un hombre, un pueblo. San Sebastián: Tercera Prensa.
Consultado en Rebelión, Libro Libre. Versión disponible en http://www.rebelion.org/docs/97068.pdf
(visitada el 6 de Julio de 2013). LANDER, Edgardo.
2007.
“Contribución al Debate sobre la Propuesta de la Reforma Constitucional en
Venezuela”. En Transnational Institute. Versión electrónica disponible en
http://www.tni.org/es/archives/lander_reformaconstitucional (visitada en Octubre de 2011)
LANDER,
Edgardo, y Pablo Navarrete. 2007. “La política económica de la izquierda
Latinoamericana en el Gobierno: Venezuela”. En Transnational Institute. Versión
electrónica disponible en
http://www.tni.org/sites/www.tni.org/files/download/venezuelaeconomicpo
licy-s.pdf (visitada en Julio de 2011).
LATINOBARÓMETRO.
2010. Informe Latinobarómetro 2010. Versión electrónica disponible en: http://www.latinobarometro.org/latino/LATContenidos.jsp
(visitada el 9 de
Julio de
2013)
2007.
Informe Latinobarómetro 2007. Versión electrónica disponible en: http://www.latinobarometro.org/latino/LATContenidos.jsp
(visitada el 9 de Agosto de 2013)
LEBOWITZ,
Michael. 2006. Build It Now: Socialism for the Twenty-First Century. New York,
EE.UU: Monthly Review Press.
MARIÁTEGUI,
José Carlos. 1971. “Aniversario y balance”. En: Ideología y política. Lima:
Biblioteca
Amauta.
MARTÍ, José. 1889a. Carta a Gonzalo Quezada, 12 de Noviembre. En José Martí,
Política de Nuestra América. México/España/Argentina/Colombia: Siglo XXI, sexta
edición.
1889b.
Carta al Director de la Nación de Buenos Aires. En José Martí, Política de
Nuestra América. México/España/Argentina/Colombia: Siglo XXI, sexta edición.
MÉSZÁROS, István.
2010, Más
allá del capital. Caracas: Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia,
Presidencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional, La Paz. Primera edición
en Ingles 1995, Monthly Review Press, Nueva York.
MISSAIR,
Alfredo. 2011a. “ONU: Venezuela es un ejemplo en erradicación de la pobreza y
acceso a educación.” Versión electrónica disponible en
http://www.vtv.gov.ve/noticiasecon%C3%B3micas/53231 (visitada en Enero de
2012).
2011b.
“FAO considera política alimentaria venezolana como modelo a seguir.” Versión
disponible en http://www.vtv.gov.ve/noticias-ciencia-y- salud/54789 (visitada
en Enero de 2012).
MORALES,
Evo. 2006. Carta Abierta del Presidente Evo Morales dirigida a los presidentes
Suramericanos y los pueblos de la región en ocasión de la preparación para la
Cumbre Suramericana de Cochabamba el 8 al 9 de diciembre de 2006. La Paz,
Bolivia, 2 de Diciembre. Versión electrónica disponible en:
http://www.forumdesalternatives.org/propuesta-del- presidente-evo-morales
(visitada en Agosto de 2007).
PNUD
2004. La Democracia en América Latina: Hacia una democracia de ciudadanas y
ciudadanos. Nueva York: Naciones Unidas.
RAMONET,
Ignacio.2013. “Chávez, la epifanía”. Le Monde Diplomatique, Abril. Editorial.
ROBINSON, William.
2006.
“Promoviendo la Poliarquía: El nuevo intervencionismo político de EEUU en A.
Latina.” Agencia Latinoamericana de Información (ALAI). 17 de Febrero. Versión
electrónica disponible en http://www.alainet.org/active/10626&lang=es
(visitada en Septiembre de
2007)
RODRÍGUEZ,
Pedro Pablo. 2013.” Martí en Hugo Chávez” En Cubarte. 28 de Julio. Versión
electrónica disponible en
http://www.cubarte.cult.cu/periodico/letra-con-filo/marti-en-hugo-chavez/13107.html (visitada el 10 de Septiembre de 2013).
RODRÍGUEZ,
Simón. 1828. Sociedades Americanas.
Caracas: Biblioteca Ayacucho
SUNKEL,
Osvaldo. 1991. El desarrollo desde dentro. Un enfoque neoestructuralista para
la América Latina; Fondo de Cultura Económica; México; 1º edición; 1990
WILPERT,
Gregory. 2003. “Venezuela’s New Constitution.” Venezuelanalysis, 27 de Agosto.
Versión electrónica disponible en http://www.venezuelanalysis.com/analysis/70 (visitada en Septiembre de
2007).
[1] Ximena de la Barra: Cientista social,
participó en el gobierno de Salvador Allende. Enseñó en la Universidad de
Columbia de Nueva York. Ex-funcionaria de Naciones Unidas. Es docente,
consultora internacional y publica sobre América Latina. xdelabarra@yahoo.es

No hay comentarios:
Publicar un comentario