© Libro N° 15354. Serenidad. Nervo, Amado. Emancipación. Julio 18 de 2026
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
SERENIDAD
Amado Nervo
Serenidad
Amado Nervo
Table of Contents
Primera edición SEP, 2025
D.R. © Secretaría de Educación Pública, 2025
Argentina 28, Centro,
06020, Ciudad de México
ISBN 978-607-643-137-5
Prohibida su reproducción por cualquier medio mecánico o electrónico sin la autorización escrita de los editores.
Distribución gratuita-Prohibida su venta
Je n’ai pas refusé ma tâche sur la terre.
Mon sillon? Le voilà. Ma gerbe? La voici.
J’ai vécu souriant, toujours plus adouci,
Debut, mais incliné du côté du mystére.
V. H.
Autobiografía
¿Versos autobiográficos? Ahí están mis canciones,
allí están mis poemas: yo, como las naciones
venturosas y a ejemplo de la mujer honrada,
no tengo historia. ¡Nunca me ha sucedido nada,
¡oh noble amiga ignota, que pudiera contarte!
Allá en mis años mozos, adiviné del Arte
la armonía y el ritmo, caros al Musageta,
¡y, pudiendo ser rico, preferí ser poeta!
–¿Y después?
–He sufrido como todos y he amado.
–¿Mucho?
–Lo suficiente para ser perdonado…
Libro I
Apaciblemente...
Tene te primò in pace, & tunc poteris alios pacificare.
Kempis, Lib. II, Cap. III- I.
He desdeñado todo lo pequeño
y tranquilo, enigmático, risueño,
paso la vida mía
hilando la hebra de oro de mi ensueño
en la rueca de mi melancolía…
Mediumnidad
Antrum adjuvat vatem.
Si mis rimas fuesen bellas,
enorgullecerme dellas
no está bien;
pues nunca mías han sido
en realidad: Al oído
me las dicta... ¡no sé quién!
Yo no soy más que el acento
del arpa que hiere el viento
veloz;
no soy más que el eco débil,
ya jubiloso, ya flébil,
de una voz...
Quizás a través de mí
van departiendo entre sí
dos almas llenas de amor,
en un misterioso estilo,
y yo no soy más que el hilo
conductor
...
NOTA. Gran número de altos poetas han confesado el carácter mediumnímico de su inspiración.
Alfredo de Musset, dijo:
«On ne travaille pas on écoute, c’est comme un inconnu qui vous parle à l’oreille.»
Y Lamartine:
«Ce n’est pas moi qui pense, ce sont mes idées qui pensent pour moi.»
Y nuestro exquisito Gutiérrez Nájera expresó con delicado acierto:
— | Yo no escribo mis versos; no los creo: |
Viven dentro de mí; vienen de fuera:
A ese, travieso, lo formó el deseo;
A aquél, lleno de luz, la Primavera.»
Solidaridad
Alondra, ¡vamos a cantar!
Cascada, ¡vamos a saltar!
Riachuelo, ¡vamos a correr!
Diamante, ¡vamos a brillar!
Águila, ¡vamos a volar!
Aurora, ¡vamos a nacer!
¡A cantar!
¡A saltar!
¡A correr!
¡A brillar!
¡A volar!
¡A nacer!
Optimismo
No sé si es bueno el mundo... No sé si el mundo es malo;
pero sé que es la forma y expresión de Dios mismo.
Por eso, ya al influjo de azote o de regalo,
nada en el fondo extingue mi tenaz optimismo.
Santo es llorar... y lloro si tengo alguna pena;
santo es reír... y río si en mi espíritu hay luz;
mas mi frente se comba siempre limpia y serena,
ya brille al sol, o ya sude hielo en la cruz!
Sosiego
Ultra limen.
Más allá de la impaciencia
de los mares enojados,
la tranquila indiferencia
de los limbos irisados
y la plácida existencia
de los monstruos no soñados.
Más allá de la violencia
de ciclones y tornados,
la inmutable transparencia
de los cielos estrellados...
Más allá del río insano
de la vida, del bullir
pasional, el Oceano
Pacífico del morir…
Con su gris onda severa,
con su inmensa espalda inerte
que no azota volandera
brisa alguna...
Y mi galera
de ébano y plata, se advierte
sola, en el mar sin ribera
de la Muerte!
La montaña
Desde que no persigo las dichas pasajeras,
muriendo van en mi alma temores y ansiedad;
la Vida se me muestra con amplias y severas
perspectivas y siento que estoy en las laderas
de la montaña augusta de la Serenidad…
Comprendo al fin el vasto sentido de las cosas;
sé escuchar en silencio lo que en redor de mí
murmuran piedras, árboles, ondas, auras y rosas...
y advierto que me cercan mil formas misteriosas
que nunca presentí.
Distingo un santo sello sobre todas las frentes;
un divino me fecit Deus, por dondequier
y noto que me hacen signos inteligentes
las estrellas, arcano de las noches fulgentes
y las flores, que ocultan enigmas de mujer.
La Esfinge, ayer adusta, tiene hoy ojos serenos;
en su boca de piedra florece un sonreir
cordial y hay en la comba potente de sus senos
blanduras de almohada para mis miembros, llenos
a veces de la honda laxitud del vivir.
Mis labios, antes pródigos de versos y canciones,
ahora experimentan el deseo de dar
ánimo a quien desmaya, de verter bendiciones,
de ser caudal perenne de aquellas expresiones
que saben consolar…
Finé mi humilde siembra; las mieses en las eras
empiezan a dar fruto de amor y caridad;
se cierne un gran sosiego sobre mis sementeras;
mi andar es firme...
¡Y siento que estoy en las laderas
de la montaña augusta de la Serenidad!
Venganza
Hay quien arroja piedras a mi techo, y después
hurta hipócritamente las manos presurosas
que me dañaron...
Yo no tengo piedras, pues
sólo hay en mi huerto rosales de olorosas
rosas frescas, y tal mi idiosincrasia es,
que aun escondo la mano tras de tirar las rosas…
Via, veritas et vita
…Ver en todas las cosas
del espíritu incógnito las huellas;
contemplar
sin cesar
en las diáfanas noches misteriosas,
la santa desnudez de las estrellas.
¡Esperar!
¡Esperar!
¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez una futura
y no soñada paz...
Sereno y fuerte,
correr esa aventura
sublime y portentosa de la muerte.
Mientras, amarlo todo... y no amar nada,
sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas;
cuidar de que en la áspera jornada
no se atrofien las alas ni oleada
de cieno vil ensucie nuestras plumas:
Alma, tal es la orientación mejor,
tal es el instintivo derrotero
que nos muestra un lucero
interior…
Aunque nada sepamos del destino,
la noche a no temerlo nos convida.
Su alfabeto de luz, claro y divino,
nos dice: «Ven a mí: soy el Camino,
la Verdad y la Vida.»
Éxtasis
¡Serenidad! ¡Serenidad!
El mar,
como un gran poeta, nos anima
al ensueño y el enjambre estelar
tan inmediato nos parece estar
cual si fuese a caérsenos encima,
derrumbándose como inmenso altar...
Un gran fleco espumoso
se desgarra en la arena lentamente,
como encaje de albor fosforescente
y a la vez – ¡oh milagro! – melodioso.
El mar, así arropado
en la diáfana noche diamantina,
se nos figura más desmesurado
que cuando, a plena luz, lo hemos mirado:
¡siempre es más grande lo que se adivina!
¡Serenidad! ¡Serenidad!
La palma
con esbelteces núbiles, descuella
cual Sulamita en éxtasis,
...y el alma
¡comulga con la luz de cada estrella!
Paz lunar
Llevas en ti mismo un amigo
sublime, a quien no conoces.
KRISHNA.
Cuando en la sombría plata del cabello
su plata celestial posa la luna,
viene a mí una gran paz con su destello:
cierta vaga esperanza de algo bello
que tiene que llegar sin duda alguna.
Un instinto sutil, me dice: «Lucha
y aguarda: lo que sueñas no es mentira;
hay quizás un oído que te escucha,
y una mano invisible, siempre ducha,
(no tu mano mortal) hiere tu lira.»
«En lo más escondido de tu mente,
detrás de una enigmática barrera,
vive un ser misterioso, un dios silente,
un inmortal y arcano Subconsciente
y ese tiene razón: Espera, espera.»
Llegó el otoño
Oh mi dilecta paz laboriosa,
mis placideces de solitario
junto a la almita cándida, lírica y jubilosa
de mi canario!
¡Oh, sutil aire lleno de arbóreas
emanaciones, oh cielo límpido que se descubre
de mis ventanas, oh loca esencia de mis marmóreas
varas de nardo (nieve olorosa del mes de octubre)!
¡Precoz blancura de la eminente
y augusta cumbre del Guadarrama!
¡Tinte ya sepia, pero riente
aún y suave del panorama!
¡Sol quizá triste, por lo distante;
mas con celeste blandura dando su luz y abrigo!
¡Sol que sonríe como el semblante
acaso pálido, mas bondadoso, de un viejo amigo!
Y en cada brote, flor o retoño,
cierta solemne gracia tardía
que nos murmura: «¡Soy el otoño! Soy el otoño
lleno de santa melancolía...»
«Pasó el verano que hace a la virgen tan seductora;
pasó el impulso febril que sexos y almas agita;
ya del silencio contemplativo llegó la hora...
Piensa serenamente en lo Arcano, ¡calla..., medita!»
Renunciación
Oh, Siddharta Gautama, tú tenías razón:
las angustias nos vienen del deseo; el edén
consiste en no anhelar, en la renunciación
completa, irrevocable, de toda posesión:
quien no desea nada, donde quiera está bien.
El deseo es un vaso de infinita amargura,
un pulpo de tentáculos insaciables, que al par
que se cortan, renacen para nuestra tortura.
El deseo es el padre del esplín, de la hartura,
¡y hay en él más perfidias que en las olas del mar!
Quien bebe como el Cínico el agua con la mano,
quien de volver la espalda al dinero es capaz,
quien ama sobre todas las cosas al Arcano,
¡ese es el victorioso, el fuerte, el soberano,
y no hay paz comparable con su perenne paz!
Fidelidad
De todo y todo lo que yo he amado,
sólo las rimas no me han dejado.
Conmigo moran bajo la tienda
o vuelan ágiles a mi lado,
mientras claudico, ya fatigado,
por agria senda.
Doliente, triste..., mas resignado
a que ninguno mi mal comprenda,
en el Misterio me he refugiado...
En la comarca de lo soñado,
frente al castillo de la Leyenda,
vivo ignorado.
Pero las rimas no me han dejado,
conmigo moran bajo la tienda.
Væ soli!... dice, rugiendo airado,
el Viento, en torno de mi vivienda.
Væ soli! aúlla desesperado...
Y yo le grito (para que entienda):
–«No estoy tan solo, compadre alado:
tengo mis rimas; no me han dejado,
conmigo moran bajo mi tienda.»
Hatha-yoga
Yo tengo la voluntad
en ejercicio perpetuo:
esa voluntad que acaba
por mandar (si persevero)
a las almas de los vivos
y a las almas de los muertos.
La voluntad, que en la lucha,
en el noble vencimiento
de sí mismo, a cada instante
va creciendo, va creciendo,
y al fin transporta montañas
y al cabo enciende luceros.
Yo tengo la voluntad:
con ella todo lo tengo,
pues Dios mismo sólo es
una voluntad sin término,
que exterioriza, penetra
y mantiene el universo.
Yo tengo la voluntad...
mas no la gasto en terrenos
antojos, ni en procurar
privanzas, honras, empleos.
Mis alas suben más alto:
van lejos, mucho más lejos.
Mi reino no es de este mundo
y he de llegar a mi reino.
La muerte nuestra señora…
La muerte, nuestra Señora,
está llena de respuestas:
de respuestas para todos
los porqués de la existencia.
Silencio de los silencios
tal vez llamarla debieran;
mas, quien sabe interrogarla,
quien tiene fina la oreja,
escucha cosas muy hondas
en medio de las tinieblas…
Es una dama muy pálida
la Muerte; ¡mas tan serena!
Con unos ojos inmensos
que miran de una manera...
Sobre sus hombros de mármol,
en que los besos se hielan,
cae en negros gajos fúnebres
la majestad de las trenzas...
¡Qué afiladas son sus manos!
¡Qué seguras y qué expertas!
Cogen nuestra alma, al morirnos
con una delicadeza...
¡Qué maternal su regazo!
¡y qué benigna y qué tierna
su boca, que nos dará,
en voz baja, las respuestas
a los porqués angustiosos
que torturan la existencia!
Hay que...
Hay que andar por el camino
posando apenas los pies;
hay que ir por este mundo
como quien no va por él.
La alforja ha de ser ligera,
firme el báculo ha de ser
y más firme la esperanza
y más firme aún la fe.
A veces la noche es lóbrega;
mas para el que mira bien,
siempre desgarra una estrella
la ceñuda lobreguez.
Por último, hay que morir
al deseo y al placer,
para que al llegar la Muerte
a buscarnos, halle que
ya estamos muertos del todo,
no tenga nada que hacer
y se limite a llevarnos
de la mano por aquel
sendero maravilloso
que habremos de recorrer,
libertados para siempre
de Tiempo y Espacio. ¡Amén!
Serena tu espíritu
Serena tu espíritu, vive
tu vida en paz.
Si sólo eres sombra que traga
la eternidad,
¿por qué te torturas, por qué
sufrir, llorar! …
¿Que fuiste infeliz una hora?
pues búscala...
¿En dónde se encuentra esa hora?
Pasó… ¡no es más!
Tu pobre vivir, malo, bueno,
cayendo va
en un pozo obscuro... Las dichas
¿qué más te dan,
si apenas adviertes un goce
ya muerto está?
¡Serena tu espíritu, vive
tu vida en paz!
Yo no soy demasiado sabio...
Yo no soy demasiado sabio para negarte,
Señor; encuentro lógica tu existencia divina;
me basta con abrir los ojos para hallarte;
la creación entera me convida a adorarte,
y te adoro en la rosa y te adoro en la espina.
¿Qué son nuestras angustias para querer por ellas
argüirte de cruel! ¿Sabemos por ventura
si tú con nuestras lágrimas fabricas las estrellas,
si los seres más altos, si las cosas más bellas
se amasan con el noble barro de la amargura?
Esperemos, suframos, no lancemos jamás
a lo Invisible nuestra negación como un reto.
Pobre criatura triste, ¡ya verás, ya verás!
La Muerte se aproxima... ¡De sus labios oirás
el celeste secreto!
A qué...
¡A qué tantos y tantos sistemas peregrinos!
¡a qué tantos volúmenes y tanta ciencia, a qué,
si lo que más importa, que son nuestros destinos,
se nos esconde siempre, si todos los caminos
conducen al «no sé»!
Marchamos pensativos
por parajes inciertos,
tras el Deus Absconditus que nadie ver logró
y del cual no sabemos ni qué hace con los muertos,
¡ni por qué nos destruye, ni por qué nos creó!
(Le amamos, sin embargo, y en este cautiverio,
bebemos, bendiciéndole, su acíbar y su hiel.
Le amamos, sí, le amamos... ¡quizá per el misterio
torturador, inmenso, divino, que hay en El!)
...Mas nunca entenderemos la esencia de las cosas
y, pues que lo Absoluto siempre nos ha de huir,
dejemos lo Absoluto y aspiremos las rosas
(las pobres rosas pálidas, enfermas, espinosas
y mustias) del vivir...
Brille nuestra sonrisa, cual una mansa luz
crepuscular, en toda labor, en toda pena,
y como Jesucristo, llevemos nuestra cruz,
¡con el alma dolida … pero noble y serena!
Temple
Estoy templado para la muerte,
templado para la eternidad
y soy sereno porque soy fuerte:
la fuerza infunde serenidad.
¿En qué radica mi fuerza?
En una
indiferente resignación
ante los vuelcos de la fortuna
y los embates de la aflicción.
En el tranquilo convencimiento
de que la vida tan sólo es
vano fantasma que mueve el viento,
¡entre un gran antes y un gran después!
Ultravioleta
Hay problemas que tienen claridades de luna
y otros con esplendores de mañana de abril.
Mi problema, luz vierte muy blanda y oportuna:
no es que esté obscuro, es una
claridad más sutil...
Claridad para ojos crepusculares, para
ojos contemplativos, avezados a ver
ese presentimiento de luz tan tenue y rara
que palpita en los ortos, antes de amanecer...
Sol
Mi alma, serena vive y sumisa.
Maté tristezas, ansia, inquietud.
Sobre el desastre de mi salud
brilla el sol claro de mi sonrisa.
Nada mi firme sosiego altera.
La vida amasa barro a mis pies;
pero mi frente más limpia es
que un mediodía de primavera.
Doliente amigo, ven de mí en pos.
Si estás por sombras obscurecido,
yo con los tristes mi sol divido:
¡hay luz bastante para los dos!
Limpidez
No remuevas el poso de tu vida.
Si hay légamo en el fondo,
qué importa: está muy hondo
y mancillar no logra los cristales.
Sobre el agua dormida,
puede aún retratarse la escondida
verdura de las frondas estivales...
El légamo no merma
la transparencia casta de la fuente,
a condición de que en el fondo duerma
perennemente
o de que síntoma de su existencia
sea sólo la nítida presencia
de nenúfares blancos, desmayados
de amor sobre los límpidos espejos
del agua, y cuyos tallos alargados
nos dan la flor... ¡dejando el cieno lejos!
Comunión
Son horas de infinita serenidad, muy bellas,
y en idéntico ensueño comulgamos los dos.
La noche nos regala con un montón de estrellas;
la paz está en las almas... ¡Bendigamos a Dios!
Dilata tus pupilas para que el firmamento
refleje y copie en ellas su augusta majestad.
¡Ensancha bien tu espíritu! Abre tu pensamiento,
¡para que en ellos quepa toda la eternidad!
Células, protozoarios
Células, protozoarios, microbios..., más allá
de vosotros ¿hay algo?
Pronto nos lo dirá
el microscopio intruso, pertinaz y paciente.
Mas, tal vez la materia se empequeñecerá
tanto bajo su lente,
que un día, como espectro, se desvanecerá
ante el ojo del sabio, quedando solamente
la Fuerza creadora, cuyo oleaje va
y viene omnipotente
y fuera de la cual nada es ni será...
El nudo
Apretado era el nudo:
apenas si al mirar atentamente,
se advertía el camino
de las diversas cintas
entrelazadas en estrecho abrazo,
(como si en su inconsciencia se adoraran…)
y formando una sola
protuberancia, que, maciza y fuerte,
desafiaba mis dedos…
Apretado era el nudo
y yo estaba anheloso
de saber lo que envuelto
en el blanco papel que sujetaba,
podría contenerse…
Apretado era el nudo y grande, grande
la tentación de hacer lo que Alejandro
hizo con el de Gordius, rey de Frigia…
Apretado era el nudo;
¡pero no lo corté! Pacientemente,
con los índices ágiles
y los chatos pulgares, lo deshice,
después de largo tiempo de faena...
Y quedé satisfecho de mí mismo
y me dije: No más he de cortar
los nudos, por difíciles que sean
de desatarse... Cuidadosamente,
hábilmente, serenamente, puestas
en ello la atención y la paciencia,
habré de deshacerlos.
Jamás los filos rudos
de mis tijeras, forzarán la unida
red de cintas...
¡Jamás cortaré nudos,
por estrechos que sean, en la vida!
Soñar es ver...
Soñar es ver: un ángel, que llega callandito,
deshace nuestras vendas con dedos marfileños...
La noche es de los dioses; soñando, los visito.
¡Quién sabe qué ventanas que dan al Infinito
nos abren los ensueños!...
Camino adelante
Tranquilo voy por el espacio abierto
a mis firmes pisadas,
para Dios, vivo, para el hombre, muerto;
desdeñoso de halagos, de miradas,
y de toda existencia que no corre
por los cauces divinos del Ensueño.
Erguido hacia el azul, como la torre;
antiguo ya como las olimpíadas
y como el sol de abril, claro y risueño.
La vida es mía: para mí almacena
sus tesoros de amor y de sustancia
inmortal, que me brinda a mano llena.
Igualmente distante
de desalientos como de arrogancia,
con la frente serena
voy camino adelante...
Alma mater
Yo me figuro a la Naturaleza
como a la gran giganta
de Baudelaire, Ojos bovinos, baza
piel, labios gruesos y jugosa boca.
Sí, toda ella es obscura,
como la buena tierra,
como el tronco del árbol,
como el pan de centeno...
Y me imagino que sonríe plácida
y serena y augusta
y que, con sus dos manos sarmentosas,
acaricia mi frente
y la apoya en sus senos
de fecundo pezón ennegrecido,
y la recuesta sobre el ritmo blando
de esos senos enormes y parece
decirme: «Ya no inquieras
ni penes más: ¿no ves que yo sonrío?
¡Duérmete, que no habré de despertarte
cuando llegue el momento
de todo despertar, pobre hijo mío!»
De pasada
A mis presurosos años, que serenos
por el mundo marchan, al placer ajenos,
díceles la Dicha, viéndoles venir,
y ellos le responden lo que vais a oír:
–«Oh la turba pálida, ¿por qué tan de prisa?
Descansad un rato, vuestra es mi morada;
os daré mi lecho, mi pan, mi sonrisa...»
–«Somos peregrinos; vamos de pasada:
no queremos nada.»
–«Aceptad al menos, para restauraros,
la cándida leche, recién ordeñada,
de mi vaca negra de los ojos claros...»
–«Somos peregrinos; vamos de pasada:
no queremos nada.»
–«Respirad un poco la ideal esencia
de mis bellas flores que el rocío baña:
hay lirios de Harlem, rosas de Florencia,
claveles de España...
Escuchad siquiera los diáfanos trinos
de mis ruiseñores bajo la enramada...»
–«Somos peregrinos;
vamos de pasada:
no queremos nada.»
Mar de la serenidad
Mis ojos se han vuelto claros
de tanto mirar al mar;
de tanto verlo, en mi vida
las olas vienen y van
y hay horizontes sin límites,
de severa majestad.
Mi pensamiento, antes frívolo,
de tanto mirar al mar,
se ha vuelto apacible, grave,
y es tal su profundidad,
que en vano un buzo de almas
fondo habría de buscar...
Mis melancolías cantan
blandamente, como el mar,
la misma canción monótona,
al mismo viejo compás...
En mi corazón, enfriado
por la pena y por la edad,
reinan la quietud y el hielo
del océano glacial.
Recogido, silencioso,
esquivo y áspero, está
como una roca perdida
en la gris inmensidad.
Sólo hay algo que no tiene
mi espíritu como el mar:
las cóleras; no hay en mí
ya vientos de tempestad
ni espumas rabiosas; nada
te puede encolerizar,
mar muerto, mar de mi alma,
«mar de la Serenidad»
Nec spes nec metus
Ni miedo ni esperanza..., ni angustia ni tristeza:
si quiere Dios, mendigo; si así le place, rey.
Mi mente late al ritmo de la naturaleza,
¡mi voluntad es una con la divina ley!
Estoy contento
Estoy contento porque lo creado
no tiene límites; estoy contento
porque es fatal esta ascensión humana
hacia la luz: porque hay cientos de sabios
que en sus laboratorios,
van arrancando á Isis sus secretos:
porque una fulgurante
legión de altos poetas
ahonda cada vez en el océano
del Subconsciente:
porque se acerca el plazo
en que, cual una aurora irresistible
que invadirá y envolverá la tierra,
ha de venirnos la revelación...
La Ciencia y la Poesía
la traerán, cada una de la mano,
y entonces ya no habrá ningún arcano
y en las almas, ¡por fin! será de día...
Lector, tal vez murmures (y tal vez con verdad)
después de que las páginas de este libro leíste,
que mi serenidad es un poquito triste...
¿No es así, por ventura, toda serenidad?
II
Rimas irónicas y cortesanas
¡Cómo creer, marquesa, que vuestro afán responde
a mi afán! ¿Estáis loca?... Ni siquiera soy conde,
ni esnob, ni deportista. Si voy a los salones,
recórrolos furtivo, como en discreta fuga,
luciendo mi pechera sin mácula ni arruga
y mi solapa virgen de condecoraciones.
Odio el bridge: no tengo ni «Renault» ni «Mercedes»,
ni en mi haber una dama chic, caída en mis redes…
Todavía me gustan las cosas naturales,
los amores sin química ni amistad de maridos,
los embelesos jóvenes, aún semi-dormidos,
el pudor zahareño, los silvestres panales.
¡Esperad a la tarde, mi querida marquesa!
No importa que se amengüen esos tonos de fresa
de vuestros labios; pienso que besarán acaso
con más arte del sol poniente a los reflejos...
Seremos refinados siendo un poco más viejos
¡y beberemos juntos nuestro postrero vaso!
MENSAJE
Dice la Dama, que fué,
que ya no es, que un barrunte
de nieve en su pelo ve…
Decid a la Dama que
su tarde a mi tarde junte.
Decidla que hay un edén
en los besos otoñales
sobre la nuca o la sién;
decidla que huelen bien
en septiembre los rosales;
Que si el ardor que emplée
en requerirla de amor
excesivo acaso fué,
yo le aterciopelaré
en adelante ese ardor;
Que haré blandura mi afán,
y, por obviarla sonrojos,
nuestras manos se unirán
sin fiebre y se encontrarán
pensativos nuestros ojos.
Que nos embelesará
un afecto grave y hondo;
que mi frente ansiosa está
de posarse un poco ya
sobre su seno redondo;
Que aún germina el verdor
en nuestra alma, de un retoño
tardío, quizá el mejor;
que hay todavía fulgor
en las tardes de mi otoño;
Que mi soledad reclama
la suya; que somo dos
hielos que han menester llama...
Decid todo esto a la Dama,
¡oh dueña, y que os guarde Dios!
EL SALUDO MEJOR
I
Su diadema es una flor
y su collar diez y ocho años.
Las otras ostentan perlas
sobre los escotes blancos,
pedrerías en el pecho
y corona en los tocados.
A través de sutil blonda,
Ella insinúa los trazos
breves, divergentes, firmes,
de sus dos senos de mármol.
II
–«Duquesa, ¡qué bello traje!»
–«Es, marquesa, vuestro encaje,
de rara magnificencia.»
...Ella no más una flor
y el abrileño esplendor
de su azul adolescencia.
III
Preside la Embajadora,
la Duquesa va después,
enseguida la Marquesa,
la Condesa al fin se ve.
(Se dirigen a la mesa
ornada de rosas-té.)
… Y Ella al último; mas tienen
sus diez y ocho años sencillos,
aspecto de pajecillos
que la cauda le sostienen.
IV
El joven rey casadero
llega y la advierte primero:
– ¡Hola, Condesa! – ¡Señor!
– ¡Adiós, Blanca! – Sol, ¿qué tal?
– Pues, ¿y vuestro Embajador,
Madama? – ¿Cede ese mal,
Duquesa?
Luego, el mejor
saludo a ella: un temblor
leve en la diestra real…
¡OH, LA RAPAZA!
Oh, la rapaza de quince abriles,
asustadiza como las corzas
y los antílopes:
¡No, no duquesas ni damiselas
llenas de nervios y de melindres,
de carnes fláccidas,
embadurnadas de crema y tintes!
¡Estoy cansado de pose y seudo-
refinamiento, de esnobs y títeres!
Dame tu boca fan fresca,
dame tus brazos tan firmes,
dame tus ojos,
dame tu cuello,
¡dáteme toda tú, Virgen!
NOCTURNO PARISIENSE
(Desde la terraza de un café.)
Pasa la barba poética,
fluvial y profètica,
de un bohemio que no come nada...
Pasa la faz apoplética
y congestionada
de un vividor...
Pasa, ética,
alguna peripatética
trasnochada,
muy pintada...
Pasa un apache con una
golfa; queda el bulevar
encomendado a la luna
de Paris...
¡Voime a acostar!
- Bueno, y a qué tanta vana
verba...
- Pues pregúntalo
mañana:
¡Hoy es tarde y tengo gana
de faire dodo!
CONSONANTE...
Consonante, redoble pueril, murga liviana,
que hace a todos los simples salir a la ventana;
obstáculo invencible del prócer pensamiento;
artificio feudal de juglería; viento
que impide oir los ritmos llenos de aristocracia;
(para el amor platónico, fórmula de eficacia
segura); cascabel de saltimbanqui; treta
que de tantos ingenios es la sola receta;
canutillo sonoro, lentejuela esplendente:
¡imposible dejarte! Soy tu forzado; siente
mi pie tu plomo esférico, tu pesada cadena...
Has cortado las alas al águila serena
de mi idea, por ti cada vez más ignota,
cada vez más esquiva; cada vez más remota.
Como alma de la carne, quizás el Verso puro
logrará, sin embargo, librarse del conjuro
de tu molicie gótica, llena de sortilegios,
de la cadencia bárbara que llora en tus arpegios...
Hallará la ecuación de la Belleza suma:
desnudo como Venus, surgirá de la espuma,
y en su hermético frasco del más limpio cristal,
¡encerrará, cual rayo de luz, al Ideal!
LOS CUATRO CORONELES DE LA REINA (1)
(1) Para complacer a la hermosa muchacha que me pidió «un cuento de reinas, muy raro».
La reina tenía
cuatro coroneles:
un coronel blanco,
y un coronel rojo,
y un coronel negro
y un coronel verde.
El coronel blanco, nunca fué a la guerra;
montaba la guardia cuando los banquetes,
cuando los bautizos y cuando las bodas;
usaba uniforme de blancos satenes;
cruzaban su pecho brandeburgos de oro,
y bajo su frente,
que la gran peluca nívea ennoblecía,
sus límpidos ojos de un azul celeste
brillaban, mostrando los nobles candores
de un adolescente.
El coronel rojo siempre fué a la guerra
con sus mil jinetes
o, llevando antorchas en las cacerías,
con ellas pasaba cual visión de fiebre.
Un yelmo de oro con rojo penacho
cubría sus sienes;
una capa flotante de purpura
al cuello ceñía con vivos joyeles
y su estoque ostentaba en el puño
enorme carbúnculo ardiente.
El coronel negro para las tristezas,
los duelos y las
capillas ardientes;
para erguirse cerca de los catafalcos
y a las hondas criptas descender solemne,
presidiendo mudas filas de alabardas,
tras los ataúdes de infantes y reyes.
Mas cuando la reina dejaba el alcázar
a furto de todos, recelosa y leve;
cuando por las tardes, en su libro de horas
miniado por dedos de monje paciente,
murmuraba rezos tras de los vitrales;
cuando en el reposo de los escabeles
bordaba rubíes sobre los damascos,
mientras la tediosa cauda de los meses
pasaba arrastrando sus mayos floridos,
sus julios quemantes, sus grises diciembres;
cuando en el sueño sumergía su alma,
silencioso, esquivo, la guardaba siempre
con la mano puesta sobre el fino estoque,
el coronel verde...
El coronel verde llevaba en su pecho
vivo coselete
color de cantárida; fijaba en su reina
ojos de batracio, destilando fiebre;
trémula esmeralda lucía en su dedo,
menos que sus crueles
miradas de ópalo, henchidas de arcanos
y sabiduría, como de serpiente...
Y desde que el orto sus destellos lanza
hasta que en ocaso toda luz se pierde,
quizás como un símbolo, como una esperanza,
¡iba tras la reina su coronel verde!
¡PARÍS!
Se escuchan lejanas orquestas,
que tienen no sé qué virtud.
El Bosque es un nido de fiestas...
¡Oh! ¡mi juventud!
Islotes de azul claridad,
cascada que en blando fluir
despeña su diafanidad,
¡dicha de vivir!
Mujeres que sólo se ven
aquí, como cisnes, pasar,
y prometedoras de un bien
que no tiene par...
Prestigio de flores de lis,
perfume de labios en flor...
¡París! ¡Oh, París! ¡Oh, Paris!
¡Invencible amor!
OH, MADUREZ...
¡Oh madurez irónica y maldita!
Por dentro juventud, por fuera daños...
Siempre que veo una mujer bonita,
mi incorregible corazón palpita
¡sin acordarse de sus cuarenta años!
Mas si ella los advierte, preterido
soy por aquel insustancial muchacho
que tal vez no podrá ser ni marido...
Todo porque la sien ha emblanquecido
y hay pimienta con sal en el mostacho.
¿Morir? sí, bien está: ¡morir amado
y amando hasta expirar! mas ver perdida
por siempre a la mujer por que ha nevado
en nuestra sien, no obstante que colmado
corre el río potente de la vida,
¡Es cruel! Es venganza de una ignota
hada vieja, incapaz de amor, que quiso
pagáramos nosotros su derrota,
y hurtó, con aspavientos de devota,
a la virilidad el paraíso.
PAS MÊME UN FUTURISTE...
Yo no sé nada de literatura,
ni de vocales átonas ó tónicas
ni de ritmos, medidas ó cesura,
ni de escuelas (comadres antagónicas)
ni de malabarismos de estructura,
de sístoles ó diástoles eufónicas...
O que cela m'attriste,
mais… je ne suis pas même un futuriste!
Abomino de la pedantería
y el solo título de «Humanidades»
me indigesta el almuerzo...
Poesía,
polo eterno de las idealidades,
¡qué ajena eres a esa algarabía
de necios dómines! Mas no te enfades,
Diosa, ¡que aún nos queda la Ironía!
O que cela m'attriste,
mais… je ne suis pas même un futuriste!
PRODIGALIDAD
Ciertamente, no tengo la admiración muy fácil;
pero adjetivo bien a unas y otros; a ellas
les prodigo lo «chic», lo «lozano», lo «grácil»,
lo «estupendo»; a los hombres los subo a las estrellas.
Por escrito, despacho lo menos, diariamente,
diez «ilustres», dos «sabios», un «gran», cuatro protestas
de adhesión, tres «insignes», con algún «eminente»,
¡y otras cursilerías por el estilo destas!
Desfloro hasta los libros más malos... ¡Ah! bien sé
que muchos ni los abren; pero yo soy pulido
y, por si alguna vez el donante los ve,
la plegadera cómplice me ayuda para que (1)
si es ingenuo, se crea que me los he leído.
Leo poco y muy bueno. Mi vida, de contino
laborar, tiene tanto que aprender todavía...
Luego, la flor, el agua, la estrella, el sol, el trino
del ave, el árbol, piden mi beso de poesía,
diciendo: «Somos todo, ven: ¡lo demás no es sino
tedio y melancolía!»
(1) | La e de que, no es tónica - para rimar con ve, ¡mi querida... Verónica! |
EL BRAZO DE CONCEPCIÓN...
J'ai peur d'un baiser
comme d'une abeille...
VERLAINE
Soy cosa tan pequeñita,
que, con su brazo desnudo,
mi vecina Concepción
me incita...
Ella sonríe; saludo...
¡y me escapo del balcón,
lleno de susto y de cuita,
ante aquella tentación
maldita!
- ¡Y por qué! -dirás- ¿no es bella?
-Es bella y rubia, en verdad,
y yo libre y libre ella;
¡mas guardo fidelidad
a la que está en otra estrella!
... y además estoy enfermo
y mi alma es un arenal
tan desolado, tan yermo,
que allí no prende un rosal.
¡Nada amo,
nada quiero,
nada busco, nada espero
ni reclamo!
... pero
Soy cosa tan pequeñita
que, en cuanto sale al balcón
mi vecina Concepción,
¡lleno de susto y de cuita,
huyo de la tentación
maldita!
WISKEY AND SODA
A un cuando ya no beba (quizás por no poder)
ni el familiar é inocuo vermut, no se incomoda
mi moral con el triste cuyo sólo placer
es el topacio líquido de su wiskey con soda.
Si como Baudelaire dijo es fuerza estar ébrios
de algo (virtud, ensueño, vino, amor), yo querría
más que el tosco excitante de glóbulos y nervios, (1)
vivir borracho de éxtasis, de fe, de poesía…
¡Pero siento no sé qué atracción singular
por aquellos misántropos de soledad beoda
y lírica, que buscan en el fondo del bar
las mentales caricias de su wiskey con soda!
(1) Ebrios y nervios están rimados intencionalmente.
INMOVILIDAD
No te agites, que la inmovilidad
es la sabiduría de los dioses.
¡Nada logras con ires y venires
ardiliescos! ¿Supones
que hallarás algo nuevo? Ya no hay
ninguna novedad bajo los soles
que como gotas trémulas salpican
el ropaje talar de nuestras noches.
Bien sabes que lo mismo es todo... todo:
el amor, las mujeres y los hombres,
los negocios, el arte, la política,
las ciudades, el tren, el automóvil,
los hoteles, la turba de lacayos;
estos y los antípodas... ¡No estorbes
el hormigueo imbécil de los otros!
... Compra el Eclesiastés cuando lo topes,
y no te agites: ¡la inmovilidad
es la sabiduría de los dioses!
CREDO
¿Preguntas en qué creo de fijo? No recato
mi confesión de fe, muy simple y cristalina:
Creo en Dios y en el noble sulfato de quinina,
y á veces creo en Dios… ¡pero no en el sulfato!
Lo demás, es acaso, puede ser y quizá:
lo demás, son dos mil años de discusiones;
es mucha teología, muchas definiciones,
sobre algo indefinible que envuelto en sombra está!
…Pero si me preguntas qué es lo que amo, verás:
Amo a Cristo Jesús!
- ¿Haya o no haya venido?
- ¿No amamos tantas cosas que nunca han existido?
¿No amamos tantos seres que no veremos más?
¿Piensas que necesito dioses de carne y hueso
para adorarlos? Yo, adoro las ideas
hechas dioses...
- ¿Aun cuando nunca esos dioses veas?
- ¡Quién sabe si los amo justamente por eso!
Á UN GALÓFOBO
Cuando juzgas a Francia, tu dialéctica es
rabiosa... y sin embargo, mi querido escritor,
lo único que vale de tu obra, es francés.
París ha sido siempre tu colaborador.
Así, á pesar de todo: tu orgullo, tu arrogancia,
tu galofobia cáustica, tu mordaz acritud,
el oro de tus libros es buen oro de Francia
y lo tuyo... lo tuyo, ¡sólo es la ingratitud!
LO ETERNO
Vamos suprimiendo las dedicatorias,
amigos poetas? ¿Vamos suprimiendo
todos esos azúcares tontos,
ese adjetiveo
depreciado: los «grandes», «eximios»,
«eminentes», «geniales» «excelsos...?»
Una firma quizás... eso sólo,
y después de la firma, ¡talento!
la tersura serena del libro
y la gracia ondulante del verso.
Á UN AMIGO PIADOSO, ΤΟΝΤΟ Y BUENO
Según el humorismo del ático Anatolio,
Quirón, aquel centauro de Aquiles preceptor,
y Trajano, el honesto purpurado del sólio,
hijo de España, «pío, felice y triunfador»,
Se salvaron, cumpliendo con la ley natural,
y yo de aquí colijo, razonando a mi modo,
que si Quirón salvóse, siendo medio animal,
te salvarás mejor tú que lo eres del todo...
No discutas los dogmas; los dogmas te complican.
Observa, sí, los ritos, simples, a la española;
reza siempre que doblen; ríe cuando repican,
oye misa el domingo y tendrás aureola!
¿Quién dice que no vales más que los que pretenden
hallar el mecanismo de los centros motores?
¡Los sabios!... ¡Si supieras lo poquito que entienden
y qué obtusos cerebros son los de los doctores!
Yo te quiero, pues siempre me sabes escuchar;
ries ingenuamente cuando suelo reir
y callas como piedra cuando quiero callar.
Dios te lo toma en cuenta y al fin te ha de salvar,
como a Quirón, que supo la ciencia de vivir.
RESUMEN
Resulta, pues, que huí del mundo fútil;
que no gocé; que ni amasé riqueza
ni honores... que fuí, en suma, un ser inútil.
(¡Santa inutilidad de la Belleza!)
... Y mi amigo, el finchado, que se mofa
de aquello que no entiende, así me humilla:
« - ¡Menos estimo al que ensambló una estrofa,
que al carpintero que ensambló una silla!»
Sonrío yo, sin el más leve enfado,
y de mi voz poniendo en el registro
una suave ironía, le respondo:
« - Pues por algo llegó usted a ministro
y académico; lo han condecorado
la mar, y es conde… mientras yo me escondo.»
III
AMOR
Si nadie sabe ni por qué reímos
ni por qué lloramos;
si nadie sabe ni por qué vinimos
ni por qué nos vamos;
Si en un mar de tinieblas nos movemos,
si todo es noche en rededor y arcano,
¡a lo menos amemos!
¡Quizás no sea en vano!
CANTO DE AMOR (1)
(1) Escrito en 1997 y hasta hay coleccionado.
I
He rasgado mi capuz
y te muestro (¿no te asombra?)
el prodigio de una sombra
toda trémula de luz.
Espinas, gólgota, cruz:
¡no más! ¡se han desvanecido!
revientan la flor y el nido
en las ramas de mi huerto...
Amor, yo no estaba muerto:
¡estaba sólo dormido!
II
Eres, oh gracia infinita,
voz de vida y de batalla
que dice a la yema: ¡estalla!
y al corazón: ¡resucita!
¡Eres el númen que grita
con inflexión soberana:
el númen del Ramayana,
robusto como un atleta,
en el ánfora discreta
de una rima becqueriana!
III
Tus ojos son mar risueño
o doliente, adonde llega
tenue luz y en que navega
cual góndola azul, el sueño...
¡Oh! tu mirar… ¡qué beleño
da a mi mal! ¡qué singulares
radiaciones estelares
hay, oh diosa, en tu mirar,
ya lo empañes con pesar,
ya con sonrisas lo aclares!
IV
Para que mi mente ejerza
su vigor, la galvanizas,
la despiertas, la electrizas
con heroismos de fuerza.
¿Quién hay que mi rumbo tuerza
si mi alma no te resiste?
¡A ti voy pues que tú hiciste
con tu ternura ideal
una aurora boreal
de mi luna enferma y triste!
V
A ti voy, dejando huella
de fulgor, joven señora.
¡Voy mudo, como la aurora,
pero radiante, cual ella!
La luz que mi ser destella,
inundará la creación,
y animará la pasión
en ti, con el centelleo
del fuego de Prometeo,
la estatua de Pigmalión.
VI
Seré Apolo y seré Marte
por ti; vigor, ó desmayo.
Para protegerte, rayo,
y jazmín para tocarte...
Te vestiré toda de arte
para que tu alma presienta
el prodigio que me alienta,
y la canción que me inspiras
¡será un acorde de liras
glosado por la tormenta!
VII
Te labraré, sola y fiera,
en marfil de Singapur,
una lis en campo azur:
¡la realeza en la quimera!
Y en lampo de primavera,
con un rayito sutil,
dibujaré tu perfil,
tu perfil de medallón,
que brillará en la extensión
en las mañanas de Abril!
VIII
Oye, fuera un arrebol
por volverte nube hermosa;
oye, fuera nebulosa
¡con tal de volverte sol!
Oh mi alma, girasol
de una estrella soberana,
que vas con angustia vana
demandando sus reflejos:
¿no ves que brilla muy lejos?
- Y el alma dice: «¡Mañana!»
IX
Di, ¿qué virtudes exhalas
que aunque estoy de ti distante
hay en mi cielo constante
peregrinación de alas?
¿Por qué en mi espíritu igualas
con tu beldad a la inmensa
visión de Dios?... ¡Cuán intensa
es la fe que te interroga!
¡Soy el cometa que boga
y tú la estrella que piensa!
X
¡No! yo no tengo en mi historia
un cariño al tuyo igual:
quererte es un ideal
y alabarte es una gloria.
¡Que perezca la memoria
de antiguas insensateces!
Sólo tu laude mereces
y ante tu alteza y mi amor,
ha de ser siempre mayor,
puesto que tú me engrandeces.
XI
¡Oh! mi Señora, un profundo
clamor, diciéndome está
que eres un ángel, que va
de incógnito por el mundo…
Tu poder al infecundo
estro, donó la simiente
y es hoy el estro potente
hasta unir en sus querellas
al salmo de las estrellas
la rapsodia del torrente.
XII
Pero su fuerza no ignora
tampoco los cantos suaves:
¡Es mar que arrulla las naves
después de azotar la prora!
Para ti, mi emperadora,
pues que te quiero, no temas,
tendrá caricias supremas,
será leve como un tul
inmenso: un piélago azul
pródigo en iris y gemas.
XIII
Y si ayer los embelesos
de tus dieciséis abriles
cantó con versos gentiles
en que temblaban los besos,
hoy ya no más serán esos
tus pregones ideales:
pues que tus gracias son tales,
¡te labraré con mis brazos
estrofas a martillazos
en granitos inmortales!
LOS DOS
Complacencia de mis ojos,
lujo de mi corazón,
galardón
de mis lentos días tristes,
luz que vistes
mis harapos de ilusión;
Tú que te llamas de todos
los modos,
tú que me amas
por la rubia y la morena,
por la fría y por la ardiente:
tú, llorosa, sonriente,
mala, buena,
según es la dirección
y el rumbo de mis antojos;
complacencia de mis ojos,
lujo de mi corazón:
¡No te apartes de mi vera!
¡Muere tú cuando yo muera!
Llévete yo, pues te traje...
Fuiste noble compañera
de viaje...
Rimemos nuestros destinos
para todos los caminos
futuros, que a mi entender
habremos de recorrer
en lo inmenso del Arcano,
y vayamos por la muerte de la mano,
como fuimos por la vida: ¡sin temer!
LOS ÚLTIMOS
Dicen que el arte de los versos
está llamado a perecer;
que pronto, no se oirá una estrofa
ni para mal ni para bien;
que ni en la faz de las mujeres
habrá poesía (por más que
Bécquer opine lo contrario...)
Tanto mejor, mi rosa-té,
tanto mejor, mi loto místico,
mi lirio cándido, tant mieux!
Cuando la musa el vuelo tienda
ya para nunca más volver,
yo, con celeste exaltación
y de rodillas a tus pies,
diré la flor de mis estrofas
a tu belleza de mujer.
Y en los umbrales de ese mundo
lleno de tedio y de aridez,
tú la postrer inspiradora
serás y yo el cantor postrer!
EL SECRETO
Hay en tus ojos azules
un gran secreto escondido,
y hay al mirarte, Señora,
una pregunta en los míos...
¿Cuál es la pregunta? ¿Cuál es el secreto?
¡Yo lo sé de sobra, pero no lo digo!
Tú, bien que lo sabes, pero te lo callas...
Digámoslo entrambos, si te place, a un mismo
tiempo y de manera que nadie lo escuche:
con los trémulos labios unidos...
DOMINIO
Unos ojos verdes... color de sulfato de cobre;
unos rizos rubios, de pálido sol boreal;
un cuerpo alargado, con ocho cabezas de altura;
un extraño espíritu,
¡complejo, profundo, huraño y audaz!
Una voz que finge venir de muy lejos… acaso
de un mundo en que todo lo nuestro será aberración
y un amor tiránico, fatal, exclusivo, imperioso,
¡que ya para siempre,
con timbre de acero mi vida selló!
EL VIEJO PALACIO
Sobre el viejo Palacio de los Reyes de España,
vierte, místicamente, su palidez la luna,
impregnándolo todo de un éxtasis y de una
paz que alivian al alma, pensativa y huraña.
Sobre el viejo Palacio de los Reyes de España
vierte, místicamente, su palidez la luna.
Nieblas inmateriales cobijan la campaña,
que va a soñar su sueño bajo la noche bruna,
y el enigma exquisito de la hora oportuna,
nos invade, nos cerca, nos satura, nos baña.
Sobre el viejo Palacio de los Reyes de España
vierte, místicamente, su palidez la luna.
Enorme, altivo y prócer, el gris alcázar, cuna
de tanta vieja historia y apolillada hazaña,
se impregna de añoranzas y su misterio aduna
al vaho de misterios que envía la montaña...
Vierte, místicamente, su palidez la luna
sobre el viejo Palacio de los Reyes de España.
¡Oh!, ven tú, la Escogida, la que fué, cual ninguna,
celestial! Ven al seno de mi amor, que no engaña,
y a la noche de plata que nos envuelve, una
su temblorosa noche de seda, tu pestaña.
Besa, místicamente, mi faz, bajo la luna,
junto al viejo Palacio de los Reyes de España.
BIEN HAYA LA VIDA
Entre el amor que se me va
y el amor nuevo que hoy asoma,
mi corazón, suspenso ya,
como el sepulcro de Mahoma,
entre dos imanes está.
Bien haya la Vida,
que si tanto al mar se lleva,
nos da en cambio una fe
nueva por cada fe perdida.
Adiós rubia, que me ofreciste
lo más precioso que tenías
y tu, morena, que viniste
esta mañana, ¡buenos días!
Bien haya la vida,
que si tanto al mar se lleva,
nos da en cambio una fe nueva
por cada fe perdida!
LOOR
¡Loor á la mujer que me ha mirado!
¡Loor a la que me haya sonreido!
Y aquella que me ha amado,
¡bendital por el éxtasis logrado,
¡por el supremo bien inmerecido!
¡Tuyo, tuyo, mujer,
hasta el aliento último he de ser!
Todavía, oh Deidad (aun cuando expiren
mis años mozos), quiero que me quieran,
suspiro porque amándome suspiren,
muero porque de amor por mí se mueran
¡y me transporta el alma que me miren!
¡Tuyo, tuyo, mujer,
hasta el aliento último he de ser!
De ti vine, a ti voy, y hasta el descanso
rítmico de tu seno, irá la Parca
a cortar de mi vida el hilo manso.
¡Serán tus ojos postrimer remanso,
limpio, sereno, azul, para mi barca!
¡Tuyo, tuyo, mujer.
hasta el aliento último he de ser!
Mas ¡ay dolor! Octubre viene aprisa…
Me da miedo pensar que cuando troven
mis versos con su música imprecisa,
puedan mis canas incitar a risa,
¡y por eso quisiera morir joven!
¡Tuyo, tuyo, mujer,
hasta el aliento último he de ser!
EL BALCÓN VIEJO
Ir por esos pueblos de Castilla, esquivos,
entre húmedas tapias y obscuros casones,
buscando con tristes ojos pensativos
el romanticismo de los callejones...
Tener una novia que, al blando reflejo
vespertino, salga, de luto vestida,
a mirarnos mucho desde el balcón viejo
de una vieja casa semi derruida...
(Desde el balcón vasto donde, con suprema
molicie, hila un gato sus ensueños quietos
y un olor se exhala como de alhucema
y reina un mutismo lleno de secretos...)
Oir las campanas de los monasterios
en la paz unciosa, mientras que derramas
¡oh! divina tarde, todos tus misterios
en la mansedumbre de los panoramas...
Por la noche, en íntimo rincón apartado,
del velón antiguo so la luz escasa,
componer el verso noble y delicado,
que leerá la novia del traje enlutado,
en el balcón viejo de la vieja casa…
- Y mientras, la Vida sus aguas potentes
va rodando al margen de tu ilusión yerta,
en nobles, fecundas y claras corrientes.
Y tú no la miras, y tú no la sientes....
¡Poeta, despierta, despierta, despierta!
De la Musa pálida deja los hechizos,
no beses sus labios que besan tan quedo,
no alises el oro tenue de sus rizos...
Huye de sus grandes ojos enfermizos...
- Amigo, ¡qué quieres! ¡no puedo! ¡no puedo!
UNA ESPAÑOLA
Deseo que me quiera una española
de tez mate, de obscura trenza lisa,
de ojos negros. (Pilar, Carmen o Lola,
si gustáis...) Sosegada, fiel, sumisa.
Un poco maternal en su dulzura,
casta al darse, aunque tierna en su abandono
y que sepa poner en mi ventura
cierto lánguido y tenue medio tono...
Que tenga mucha paz en la alma sana,
mucha luz en los ojos de trigueña,
y un timbre en el reír, de sevillana,
y un ritmo en el andar, de malagueña.
Que en un paraje viva, rodeado
de íntimo huerto, misterioso a veces,
en donde yergan, junto al olmo osado,
el terso tronco pardo los almeces.
Y allí, gozando su beldad morena,
mientras el oro de su voz escucho,
pasar mi vida, mansa, honda, serena,
viendo que ella me mima, que es muy buena,
que reza un poco ¡y que me besa mucho!
SILENCIOSAMENTE...
Silenciosamente miraré tus ojos,
silenciosamente cogeré tus manos,
silenciosamente,
cuando el sol poniente
nos bañe en sus rojos
fuegos soberanos,
posaré mis labios en tu limpia frente
y nos besaremos como dos hermanos.
Ansío ternuras castas y cordiales,
dulces e indulgentes rostros compasivos,
manos tibias... ¡tibias manos fraternales!
ojos claros… ¡claros ojos pensativos!
Ansío regazos que a entibiar empiecen
mis otoños; almas que con mi alma oren,
labios virginales que conmigo recen,
¡diáfanas pupilas que conmigo lloren!
COBARDÍA
Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza
de porte! Qué formas bajo el fino tul...
Pasó con su madre. Volvió la cabeza,
¡me clavó muy hondo su mirada azul!
Quedé como en éxtasis...
Con febril premura,
«¡Síguela!» gritaron cuerpo y alma al par.
…Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la dejé pasar!
YO NO NACÍ PARA REIR (1)
(1) Escritos en 1899, y hasta hoy coleccionados.
Yo nací para reír, en vano
el sol baña en sus oros mi cabeza.
Soy gentilhombre del Dolor humano
y envuelto voy al insondable arcano
en el manto imperial de mi tristeza.
Nunca supe de bien, supe de dolo,
de frío y soledad: Mi ser remeda
la noche pertinaz que cubre al polo.
Dejadme con mi angustia, estoy tan solo...
Si me quitan mi angustia, ¡qué me queda!
Me quieres, bien lo sé. Piadosa y franca
desciendes a mi mal con heroismo
y donde todo es negro tú eres blanca:
florecita de nieve en la barranca
y estrellita de paz en el abismo.
Me quieres, bien lo sé; pero me espanta
pensar que mi existencia es tan obscura,
que tu almita de luz, tu almita santa,
negra se volverá con sombra tanta
por querer que amanezca en mi negrura.
... Y el cielo prueba nuestro amor, el gozo
se alejó, gorjeando, de la reja
donde el sol alumbró tanto alborozo
y hoy tú ya no eres más que un gran sollozo
y yo ya no soy más que una gran queja.
¡Cuántas dichas ayer en nuestra escena!
Pero el ala de Dios cubrió el santuario
y sin piedad de ti que eres tan buena,
te clavó en el madero de la pena,
te trocó en virgencita del calvario...
¡Mas qué importa! El dolor es soberano
dispensador de gloria y de nobleza.
¡Mi estrellita, mi flor, dame la mano
y vayamos envueltos al Arcano,
en el manto imperial de mi tristeza!
CÓMO EN HERIRNOS LA CRUELDAD SE AFANA (1)
(1) | Escritos en 1994, y hasta hoy coleccionados. |
¡Cómo en herirnos la crueldad se afana!
¡Cómo á esquivarnos la piedad empieza!
Si parece mentira, mi Damiana,
que siendo tan pequeña el alma humana,
pueda en ella caber tanta tristeza....
¡Oh sombra sin luceros, bien te ensanchas!
¡Oh hierro, bien escarbas nuestra herida!
Mas qué importan, Dolor, tus avalanchas
de angustia! ¡Nuestras almas son dos manchas
muy blancas, en lo negro de la vida!
¡Valor! Tú eres virtud y yo denuedo.
Antes de herirnos temblará la daga
y acaso rompa tan mezquino enredo.
No temas: el puñal tiene más miedo
que el noble corazón a quien amaga...
Ama, sufre, ora, aguarda y no te asombre
si siendo buena, tu tormento crece.
¿Qué es la ventura en la existencia? Un nombre.
¿Qué es la vida? Un sollozo, ¿qué es el hombre?
Un átomo de noche, que padece...
Ama y aguarda: La creación entera
amando radia y aguardando enflora.
Mira el nido y la rosa en la pradera:
Todos los nidos te dirán: «¡espera!»
todas las rosas te dirán: «¡adora!»
Sufre y aguarda: en la existencia vana
nuestro amor será luz que siempre arde
y que siempre arderá, triste o ufana.
Si ayer fué como el sol en la mañana,
hoy será como Vesper en la tarde.
Ora y aguarda: la fortuna inquieta
romper no puede nuestros firmes lazos.
Cuando llegues conmigo hasta la meta,
¡Con cuánta fe te cantará el poeta!
¡Con cuánto amor te arrullará en sus brazos!
DIVINIZACIÓN
Te divinizaré como si fuera
yo poderoso emperador romano,
y una vez vuelta diosa,
tendrás tu ofrenda a diario.
La ofrenda de mis versos, que son otra
deificación, la ofrenda de mis brazos,
que ceñirán tu talle, respetuosos
y ardorosos al propio tiempo y ávidos
como sierpes de fuego;
la ofrenda de mi espasmo...
Diosa mía, mi diosa, paraíso
único de mis años,
he de pintar tus santas formas vírgenes
y a tus pies ha de abrir el gran milagro
de su azul y enjoyada suficiencia,
el olímpico pavo,
soberbio y voluptuoso como yo
y como tú maravilloso y vano…
IV
…AD ASTRA
PÁJARO MILAGROSO (1)
(1) Después de un concurso de Aviación. - ΙΧ - 1910.
Pájaro milagroso, colosal ave blanca
que realizas el sueño de las generaciones;
tú que reconquistaste para el ángel caído
las alas que perdiera luchando con los dioses;
pájaro milagroso, colosal ave blanca,
jamás mis ojos, hartos de avizorar el orbe,
se abrieron más que ahora para abarcar tu vuelo,
mojados por el llanto de las consolaciones.
¡Por fin! ¡por fin! clamaba mi espíritu imperioso;
¡por fin! ¡por fin! decía mi corazón indócil;
¡por fin! cantaba el ritmo de la sangre en mis venas;
¡por fin tenemos alas los hijos de los hombres!
Padre que ansiabas ésto, que moriste sin verlo,
poetas que por siglos soñásteis tales dones,
Icaros lamentables que despertábais risas,
¡hoy, sobre vuestras tumbas, vuela zumbando, enorme,
el milagroso pájaro de las alas nevadas,
que cristaliza el sueño de las generaciones!
¡Y se abren para verle más aún vuestras cuencas,
y vuestros huesos áridos se coronan de flores!
Oh Dios, yo que cansado del trajín triste y frívolo
del mundo, muchas veces ansié la eterna noche,
hoy te digo: ¡más vida, Señor, quiero más vida
para poder cernerme como un águila, sobre
todas las vanidades y todas las bellezas,
proyectando sobre ellas mi vasto vuelo prócer!
¡Ya tenemos de nuevo pegaso los poetas!
¡y qué pegaso, amigos, nos restituye Jove!
¡Exaltación divina llene nuestros espíritus,
un Tedeum Laudamus de nuestros labios brote
y mueran sofocadas por las manos viriles,
viejas melancolías, vagas preocupaciones!
¡A vivir! ¡a volar! ¡borremos las fronteras!
¡Gobiernos, vanamente queréis hacer un óbice
de lo que es un gran signo de paz entre los pueblos!
¡No mancilléis al pájaro celeste con misiones
de guerra: él las rechaza; nació para el mensaje
cordial y siembra besos de paz entre los hombres!
SI ME DAN A ESCOGER...
Si me dan a escoger una tarde,
quiero aquella que augusta y tranquila
se despide, la que sin alarde
muere en calma sobre un fondo lila....
Si me dan a escoger una bella,
quiero aquella, nada más aquella
que, del alma mitad, la completa;
(un lucero en su frente destella.)
¡Si me dan a escoger una estrella,
quiero ir a una estrella violeta!
IMÁN
Hay en la misteriosa geometría
de las constelaciones,
un imán tan potente de mis ojos
(girasoles obscuros de las noches),
que tal vez cuando muera, mis dos ávidas
pupilas se transformen
en dos destellos ágiles,
que vayan a fundirse con los vórtices
igneos de Aldebarán, Sirio, Capella,
Rigel, Arturo y sus septentriones,
o con la dulce Vega de la Lira,
en pos de cuyo azul, remoto acorde,
marcha el sol con su coro de planetas,
describiendo espirales por los orbes...
Sí, mis ojos irán á las estrellas,
siendo en su luz dos mínimos fulgores,
dos gotas en su mar de oro convulso,
dos chispas en su hoguera multiforme,
dos puntos más en esa geometría
misteriosa de las constelaciones…
LOS COMETAS
La luna en creciente, con
su terminador dentado,
finge en la azul extensión
un peine de luz, forjado
para peinar cabelleras
de cometas errabundos,
que en la noche sin riberas,
van derramando fecundos
gérmenes de venideras
especies sobre los mundos.
De ellos habrán de salir
los Cristos del Porvenir,
los Sócrates de mañana,
la potente raza humana
que ignore lo que es morir.
Ries... «¡Sueño de poetas!»
dices. ¡Bueno! Yo te adoro
porque ese sueño completas:
tienes, como los cometas,
la cabellera de oro...
EL VIAJE
Viéndome, adviertes las huellas
de una ruta portentosa:
la espiral vertiginosa
que conduce a las estrellas;
Piensas que a Sirio llegué
(y envidias tamaño lauro)
o que el Alpha del Centauro
con mis ojos desdoblé...
Te engañas: más lejos fui
que la estrella más lejana.
(Noche, misteriosa hermana,
tú lo sabes, tú lo di...)
Al Vértice omniradiante
de donde todo dimana,
tal vez llegué, tal vez ante
Aquel en cuyo semblante
hay más luz que en la mañana.
(Tú lo sabes, expectante
noche, misteriosa hermana...)
EL COLOR DE LA LUNA
¡Quién pudiera decirnos el color de la luna!
Los pintores jamás tuvieron la fortuna
de sorprenderlo. Nunca lo definió el poeta.
No tiene nombre en la habla ni tono en la paleta...
Hace miles de años que los tristes la miran,
Hace miles de años que los novios suspiran
de pena o de placer a su luz oportuna
¡y nadie sabe aún el color de la luna!
De fijo que no es oro, de fijo que no es plata,
ni nácar ni alabastro, esa claridad grata,
para la dicha cómplice, para el dolor discreta;
farol de los ausentes y de la serenata,
sudario misterioso de un ya muerto planeta...
Los que hemos contemplado tras los reveladores
vidrios de un objetivo esos terminadores
que fingen filigranas ténues, inmateriales
casi; los que asomados a los limpios cristales
del ocular, miramos amanecer en esas
montañas que destacan de las sombras espesas
cada cúspide cual estrella diminuta,
mientras yacen sus moles en tiniebla absoluta;
Los que vemos, oh luna, esa luz cenicienta
que en tu hemisferio obscuro tímida nos orienta
y que proviene acaso de nuestro fulgor mismo,
del claro de la tierra, que a través del abismo
va a alumbrarte en las noches, apreciamos mejor
el raro y delicioso matiz de tu fulgor...
Mas, a pesar de todo, comprendemos también
que no existen palabras que lo concreten bien;
y que hay en ese beso divino que nos das,
el prestigio celeste de que nunca jamás
podremos definirlo con expresión completa:
¡no tiene nombre en la habla ni tono en la paleta!
¿Quién logrará en futuras edades la fortuna
de acertar a decirnos el color de la luna?
EL CONVENTO
Oh soñado convento,
donde no hubiera dogmas,
sino mucho silencio...
Una gran biblioteca,
un vastísimo huerto
con recodos de sombra,
de quietud y misterio,
y en él un telescopio
para asomarse al cielo,
¡para mirar siquiera
la Patria desde lejos,
mientras llega el instante
de volver a lo eterno!
VOCES
DIOS. - Mi Verbo va creando en todos
los instantes y formas y modos.
SIRIO Y CORO DE ESTRELLAS. - Bogamos
alumbrando los mundos; brillamos,
ardemos...
LOS VIENTOS. - Cantamos, rugimos,
y mil impalpables gérmenes sembramos
en nuestro perenne volar.
LOS MARES. - Latimos, latimos,
al compás del viento;
nuestras ondas arrullan la Vida.
LA TIERRA. Germino, transformo, sustento,
prodigando mi savia escondida...
(Enmudecen y se oye un lamento):
EL HOMBRE. ¡Ay! ¡ay! ¡ay!
V
PIEDAD
Cuando en el ponto sonoro,
el sol, milagro de oro,
diaria transfiguración,
derrama en la onda sumisa
como una sonrisa
sus rayos que hacían cantar a Memnon,
las viejas sirenas repasan en coro
una nueva canción.
Tiene la canción, divino
ritmo, lento, cristalino,
(que recuerda un responso latino)
y hecha está para arrullar
a las víctimas de cada submarino,
que rotos los flancos, en un torbellino
de espumas, al fondo desciende del mar...
HOSPITALIDAD
Cristo, la ciencia moderna
te arroja sin compasión
de todas partes; ¡no tienes
donde residir, Señor!
Las teorías positivas
y la experimentación
materialista, no dejan
sitio en los orbes á Dios.
En cuanto al alma del hombre,
a piedra y cal se cerró
hace tiempo a todo ensueño.
En el umbral, la Visión
muerta de angustia, de frío
y de soledad quedó...
En las moradas humanas
ya tan sólo caben hoy
la vanidad, el deseo
voluptuoso y la ambición.
¡Ya no tienes casa, Cristo!
... ¿Mas cómo has de irte por
esos caminos, si apenas
has sonado el aldabón
de una puerta te la cierran
con estruendo y ronca voz?
El pájaro tiene nido,
cubil el raposo halló
y tú en cambio vas expuesto
a la intemperie, al horror
de las noches congeladas,
a tanto abandono...
Yo
no valgo dos cuartos, Cristo:
mi corazón (tú mejor
que nadie lo sabe) tiene
poco espacio y poco sol;
pero qué le hemos de hacer
si en esta comarca по
hay otro... ¡Ven y permite
que confuso, con temblor
de vergüenza, yo te hospede
en mi propio corazón!
SALMO
¡Oh Señor, no te enojes con la brizna de yerba!
Mi nada no merece la indignación acerba
de un Dios... ¿Es ley que emplees la flamígera espada
de tu resplandeciente Miguel contra mi nada?
Piedad para la oruga, Rey manso de Judea:
Tú, que jamás rompiste la caña ya cascada,
Tú, que nunca apagaste la mecha que aún humea.
CONFIANZA
Dios es mejor de lo que opina el cura.
Hay más piedad de la que espera él mismo
en las entrañas de la Esfinge obscura.
Hay más luz de la que él mira, en la hondura;
¡más amor del que él piensa, en el abismo!
¡Alma, no tengas miedo! Ya en la meta
recobrarás al ángel que se fué
y encontrarás perdón. Vive quieta
y dí lo que al morir dijo el poeta: (1)
¡Dieu me pardonnera: c'est son metier!
(1) Heine.
SÍ, POBRE VIEJECITA...
¡Sí, pobre viejecita, ya ninguno te escucha!
Los fastidias a todos con tu buena memoria.
Tu lentitud es grande, su frivolidad, mucha...
y te huyen porque siempre narras la misma historia.
Pero yo soy paciente, y, sentado a tu puerta,
escucharé. No temas, puedes hablar tranquila,
mientras menea el viento las ramas de la huerta
y se muere a lo lejos un crepúsculo lila.
Déjalos que se vayan, en su atolondramiento,
a decir ellos y ellas, palabras mentirosas,
y cuéntame, abuelita, tu mismo viejo cuento,
al compás de tus manos largas y sarmentosas...
VI
PENUMBRA
Página primordial de la vida,
trémulos parpadeos del alba,
límpido borbotar de la fuente,
prístino verberar de las alas,
¡No conturbéis mi espíritu
Con vuestras añoranzas!
Nébulas del ensueño naciente,
(¡nítidas, risueñas, ingrávidas!)
férvido regocijo de amores,
éxtasis de las hondas miradas,
¡No conturbéis mi espíritu
Con vuestras añoranzas!
Mítico fulgurar de la gloria,
hálitos de soberbia y pujanza,
júbilos infantiles del verso,
vítores y laureles y hosannas,
¡No conturbéis mi espíritu
Con vuestras añoranzas!
¡Plácido tu callar es, memoria!
¡Déjame para siempre, fantasma!
Mística desnudez de deseos,
búdhico reposar de nirvanas,
¡Eso no más quieren
mi cuerpo y mi alma!
SUAVIDAD
Ha tantos lustros ya que estoy penando,
que al fin con mi penar marcho tranquilo.
Mi perenne dolor es como un filo
que a fuerza de cortar, se va gastando.
Bronca al principio; mas hoy casi leda,
pasa mi angustia por los eriales
del mundo y el cilicio de mis males,
en un tiempo de crín, hoy es de seda.
Mi tristeza de ayer, hosca, importuna,
hoy se esconde y esquiva los alardes:
es ya crepuscular, como las tardes,
y mansa como el claro de la luna...
Siempre más tenue, siempre más suave,
el estribillo ingénuo de mi queja
parece una romanza ya muy vieja,
arrancada al marfil de un viejo clave...
Por igual en mis rimas se deslíen
aljófares y lágrimas radiantes
¡y al mirarlos caer como diamantes,
nadie sabe si lloran o si ríen!
EL MENTOR MUERTO
Aun vibra en mi oído tu acento sonoro,
aun miro en mis sueños tu faz monacal,
tu lejano aspecto de leyenda de oro,
tus largos cabellos, tu barba fluvial.
Aun veo tus manos exangües y largas,
pródigas de dones y de bendición,
subrayar las prédicas unciosas o amargas
que me conducían a la perfección.
Oh padre, oh custodio, ¿por qué te me fuiste?
Bien ves que me faltas, bien ves que me pierdo
en los laberintos de la vida triste
y que ansiosamente, desde que partiste,
vivo asomado a tu recuerdo...
DE TODO MI PASADO
De todo mi pasado;
de todas mis tristezas, de todos mis contentos;
de lo mucho perdido,
de lo poco ganado,
de lo que he sonreído
y de lo que he llorado,
¿qué me queda? Una cosa no más: ¡remordimientos!
¿Por qué no fuí mejor
con los que me quisieron?
¿Por qué no pude darles tanto amor, tanto amor
como el que ellos me dieron?
¿Por qué me causó escándalo
vivir mal comprendido?
¿Por qué ante la injusticia no fuí yo como el sándalo,
«que llena de perfumes el hacha que lo ha herido?»
¿Por qué, sintiendo siempre el celeste apetito
de lo eterno, a la tierra demasiado miré?
¿Por qué no pudo mi alma cernerse en lo infinito,
desdeñando miserias mundanales, por qué?
¡Oh! Señor, ¡no me es dado vivir una vez más
para llenar de nuevo mis ánforas vacías
del vino generoso que tú al nacer nos das!
Ennoblece a lo menos mis postrimeros días,
y si hubo muchos yerros. ¡ya los perdonarás,
teniendo en cuenta las
tan raras alegrías!
MIEDO
Dicen que un muerto es un sér elevado
al Misterio absoluto... (1)
Tú, pues, amigo diáfano, que amabas
la claridad socrática, tú, el justo
ingenuo y candoroso, eres ahora
el misterio por excelencia, el único,
el más abrumador de los misterios...
Nada en ese tu simple vivir hubo
de inextricable, nada de enigmático,
de arcano ni de obscuro.
(1) | Novalis. |
¡Eras la propia limpidez del aire!
…Y hoy todos los secretos en ti juntos
florecen y tu sombra es cual la sombra
del ala de la esfinge. En vano busco
la santa nitidez de tus pupilas:
ya todo tú eres negro, ya el sañudo
prestigio de la eternidad te envuelve;
ya ves la cuarta dimensión, en cuyo
contrasentido abismase la lógica.
¡Tengo miedo de ti! y en mi convulso
sueño angustioso, yo, que ansiaba verte
y hablarte siempre, pávido formulo
esta orden mental: - Vete, fantasma;
¡no te materialices! Vuelve al húmedo
agujero en que estás; si eres la ansiada
revelación del más allá, renuncio
a ella, torna allí donde te pudres;
¡no quiero saber nada de otros mundos!
¡QUIÉN SABE!
Les morts font des songs voyages.
Esa indefinible devoción lejana
que vibra en tus cartas, está bien, hermana.
Ese amor vestido de melancolía,
tiene una sutil y honda poesía.
Me place que digas que me conociste
quizá en otros mundos, que por mí estás triste;
que en vano me llamas... Me place. Me place.
Oh espíritu ausente, ¿cuánto tiempo hace
que los dos nos vimos?
Tal vez tú recuerdes en donde vivimos…
Eso de existencias anteriores, gusta
a muchos. A mí me gusta… ¡y me asusta
por la inenarrable, por la atroz fatiga
de ir viviendo vidas sin cesar, amiga!
¡Qué horror en el dogma brahmánico cabe!
Mas, después de todo, quién sabe... quién sabe...
Y si el karma quiso, si hoy ya no lo quiere,
es cruel que a mi alma tu pobre alma espere
junto a un mar de sombras, viendo con afán
las olas que vienen, las olas que van...
¡Qué horror en el dogma brahmánico cabe!
Mas, después de todo, ¡quién sabe! ¡quién sabe!
TEDIO
Magna me cibi satietas.
Tengo el peor de todos los cansancios:
¡el terrible cansancio de mí mismo!
¿Dónde ir que a mí propio по me lleve,
con el necio gritar de mis sentidos
y el vano abejear de mis deseos
y el tedio insoportable de lo visto
y el gran desabrimiento de los labios
después del amargor de lo bebido?
¡Oh! qué hambre de paz y de penumbra
y de quietud y de silencio altivo
y de serenidad... ¡Dormir, dormir!
¡Toda una eternidad estar dormido!
ARCANIDAD...
Cuando me asomo a mí como a un cristal
diáfano, sí, mas insondable, siento
en redor un sutil vaho de enigma,
un glacial calosfrío de misterio...
¿Soy acaso uno solo o bien soy muchos?
¿Quién tiene autoridad en el colegio
discordante y al par disciplinado
de mis células, quién dice: «yo quiero»?
¿Quién lucha cual Jacob con ese ángel
que anida de mí dentro?
¿Quién clama: «no! mientras que clama: «si!»
un instintivo yo... que yo detesto?
Qué necedad la de los que imaginan
escudriñar las cosas… ¡Si no vemos
jamás lo que en si son las cosas!
Tontos
que edificáis sobre apariencias, necios
que investigais el documento humano:
(el más obscuro de los documentos)
¡y con cinco sentidos, siempre erróneos,
pretendéis calibrar el universo!
INMORTALIDAD...
Nosotros que no más somos fantasmas,
queremos perdurar en la memoria
de otro fantasma: la posteridad,
que ha de surgir mañana de la sombra
en que nosotros nos desvanecemos
y se irá sin remedio algunas horas
después, arrebatada por el viento...
¡y a perdurar así llamamos gloria!
Pedimos un esfuerzo a los humanos
para que nos recuerden, cuando locas
sus míseras cabezas se derrumban
a cada instante en las tinieblas lóbregas...
Fijar ansiamos en el torbellino
en que giran los seres y las cosas
por un momento nuestra estrella pálida...
En la balumba inextricable y pródiga
de gritos de dolor, hacer queremos
que los demás escuchen nuestra historia,
que repitan siquiera nuestro nombre
una vez, entre aullidos de congoja, ...
¡Y es esta, amigos, la celebridad!
¡Esta es, inmortales, vuestra gloria!
¿Y POR QUÉ NO?
Pregunta el hombre, triste y serio:
- ¿Vive quizás el que murió?
¿Es un engaño el cementerio?
- ¡Quién sabe! - dícele el Misterio: -
¿Y por qué nо?
Pregunta el hombre: - ¿Y el consuelo
íntimo y dulce, que solió
prometerme un futuro vuelo,
es por ventura voz del cielo?
Dice el Misterio: - ¿Y por qué no?
- ¿Debe esperar, pues, refrigerio
para su mal el que penó
en este obscuro cautiverio?
- ¡Quién sabe! - dícele el Misterio: -
¿Y por qué no?
Y así marchamos por la vida,
con la ilusión bien encendida
para alumbrar lo que soñó
nuestra pobre alma entelerida.
Así marchamos por la vida,
entre un «¡quién sabe!» y un «¡por qué no!»...
NO ES CULPA MÍA...
Si alternan la fe y la duda
como la noche y el día
en mi alma yerma y desnuda,
¡no es culpa mía!
Culpa es del siglo, que forja
sistemas a discreción
y que no trae en su alforja
ni una afirmación.
Culpa es de la obscuridad,
de la esquiva lobreguez,
del no dar con la verdad
ni una vez;
Del duro insomnio, que acecha
en la esquiva cerrazón,
el relámpago, la brecha
de luz de una convicción;
Del silencio que responde
a nuestro ansioso por qué;
del vano preguntar: ¡dónde!
para que digan: ¡no sé!
…………………………………..
Si pues alternan fe y duda
como la noche y el día
en mi alma yerma y desnuda,
¡no es culpa mía!
... Sin embargo, allá, en el fondo
del obscuro laberinto,
muy hondo, mucho, muy hondo,
habla un instinto.
Es como un sí que confirma
mi raro sí de creyente
y que, cuando niego, afirma
tímidamente.
Es... yo no sé qué simpática
insinuación oportuna
y discreta; es, como una
voz enigmática...
Como vago cuchicheo
que surge apenas de los
abismos de mi deseo
y que murmura: «yo creo
en Dios»...
CANSANCIO
Está cansada ya de gritar mi laringe,
interrogando a cada mundo del firmamento;
está cansado ya mi pobre pensamiento
de proponer enigmas a la inmutable Esfinge...
¡A qué pensar, a qué lanzar nuestro reproche
a lo Desconocido!
¡Comamos y bebamos!
¡Quizás es preferible que nunca comprendamos
el enorme secreto que palpita en la noche!
LA PREGUNTA
«¿Y qué quieres ser tú?» - dijo el Destino.
Respondí: Yo, ser santo;
y repuso el Destino:
«Habrá que contentarse.
con menos...»
Pesaroso,
Aguardé en mi rincón una pregunta
nueva:
- «¿Qué quieres ser?» - dijo el Destino
otra vez: - Yo, ser genio, respondile;
y él, irónico, «Habrá que contentarse
con menos»...
Mudo y triste
en mi rincón de sombra, ya no espero
la pregunta postrer, a la que sólo
responderá mi trágico silencio...
VII
LA AMADA INMÓVIL
Versos a una muerta (1)
(1) | Estas composiciones han sido entresacadas del libro La amada inmóvil, que sigue cronológicamente á SERENIDAD, y que verá la luz en 1915, s. D. q. |
Deus dedit, Deus abstulit.
Dios mío, yo te ofrezco mi dolor:
Es todo lo que puedo ya ofrecerte.
Tú me diste un amor, un solo amor,
un gran amor...
Me lo robó la muerte
¡y no me queda más que mi dolor!
Acéptalo, Señor,
¡es todo lo que puedo ya ofrecerte!
GRATIA PLENA
Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar.
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era llena de gracia, como el Avemaría.
¡Quien la vió, no la pudo ya jamás olvidar!
Ingenua como el agua, diáfana como el día,
rubia y nevada como margarita sin par,
al influjo de su alma celeste, amanecía...
Era llena de gracia, como el Avemaría.
¡Quien la vió no la pudo ya jamás olvidar!
Cierta dulce y amable dignidad, la investía
de no sé qué prestigio lejano y singular...
Más que muchas princesas, princesa parecía.
Era llena de gracia, como el Avemaría.
¡Quien la vió no la pudo ya jamás olvidar!
Yo gocé el privilegio de encontrarla en mi vía
dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar
y cadencias arcanas halló mi poesía...
Era llena de gracia, como el Avemaría.
¡Quien la vió no la pudo ya jamás olvidar!
¡Cuánto! ¡Cuánto! la quise. Por diez años fué mía;
… ¡pero flores tan bellas nunca pueden durar!
Era llena de gracia como el Avemaría
y a la Fuente de Gracia de donde procedía,
se volvió... ¡como gota que se vuelve á la mar!
Marzo de 1912.
PUELLA ΜΕΑ
Muchachita mía,
gloria y ufanía
de mi atardecer,
¡yo sólo tenía
la santa alegría
de mi poesía
y de tu querer!
¿Por qué te partiste?
¿por qué te me fuiste?
mira que estoy triste,
triste, triste, triste,
con tristeza tal,
que mi cara mustia
deja ver mi angustia,
como si fuera de cristal...
Muchachita mía,
¡qué sola, qué fría
te fuiste aquel día!
¿En qué estrella estás?
¿En qué espacio vuelas,
en qué mar rielas,
cuándo volverás?
... - ¡Nunca, nunca más!
Marzo de 1912.
¿QUÉ MÁS ME DA?
¡Con ella todo, sin ella nada!
para qué viajes,
cielos, paisajes...
¡Qué importan soles en la jornada!
¡Qué más me da
la ciudad loca, la mar airada,
el valle plácido, la cima helada,
si ya conmigo mi amor no está!
¡Qué más me da!
Venecias, Romas, Vienas, Parises,
bellos sin duda... ¡Pero copiados
en sus celestes pupilas grises,
en sus divinos ojos rasgados!
Venecias, Romas, Vienas, Parises,
¡qué más me da
vuestra balumba febril y vana,
si de mi brazo no va mi Ana,
si ya conmigo mi amor no está!
¡Qué más me da!
Un rinconcito que, en cualquier parte,
me preste abrigo;
un apartado refugio amigo
donde pensar;
un libro austero que me conforte,
una esperanza que sea norte
de mi penar;
y un apacible morir sereno,
mientras más pronto más dulce y bueno,
¡qué mejor cosa puedo anhelar!
Marzo de 1912.
METAFISIQUEOS
¡De qué sirve al triste la filosofía!
Kant o Schopenhauer o Nietzsche o Bergson...
¡Metafisiquéos!
En tanto, Ana mía,
te me has muerto y yo no sé todavía
dónde ha de buscarte mi pobre razón.
¡Metafisiqueos, pura teoría!
Nadie sabe nada de nada: ¡mejor
"que esa” pobre ciencia, confusa y vacía,
nos alumbra el alma como luz del día,
el secreto instinto del eterno Amor!
No ha de haber abismo que ese amor no ahonde
y he de hallarte. ¿Dónde? ¡No me importa dónde!
¿Cuándo? No me importa... ¡Pero te hallaré!
Si pregunto a un sabio, «¿Qué sé yo?» responde.
Si pregunto a mi alma, me dice: «¡Yo sé!»
Marzo 27 de 1912.
UNIDAD
No, madre, no te olvido;
… mas, apenas ayer ella se ha ido
y es natural que mi dolor presente
cubra tu dulce imagen en mi mente
con la imagen del otro bien perdido.
Ya juntas viviréis en mi memoria,
como oriente y ocaso de mi historia,
como principio y fin de mi sendero,
como nido y sepulcro de mi gloria:
¡pues contigo, nací, con ella, muero!
Ya viviréis las dos en mis amores
sin jamás separaros;
pues como en un matiz hay dos colores
y en un tallo dos flores,
en una misma pena he de juntaros!
Marzo 28 de 1912.
EL FANTASMA SOY YO
Vivants vous êtes des fantomes,
c'est nous qui sommes les vivants.
V. H.
Mi alma es una princesa en su torre metida,
con cinco ventanitas para mirar la vida.
Es una triste diosa que el cuerpo aprisionó.
Y tu alma, que desde antes de morirte volaba,
es un ala magnífica, libre de toda traba…
Tú no eres el fantasma, ¡el fantasma soy yo!
¡Qué entiendo de las cosas! Las cosas se me ofrecen
no como son de suyo, sino como aparecen
a los cinco sentidos con que Dios limitó
mi sensorio grosero, mi percepción menguada.
Tú lo sabes hoy todo... ¡Yo, en cambio, no sé nada!
Tú no eres el fantasma, ¡el fantasma soy yo!
Abril 5 de 1912
ME BESABA MUCHO
Me besaba mucho, como si temiera
irse muy temprano... Su cariño era
inquieto, nervioso.
Yo no comprendía
tan febril premura; ¡mi intuición grosera
nunca vió muy lejos!
¡Ella presentía!
Ella presentía que era corto el plazo;
que la vela, herida por el latigazo
del viento, aguardaba ya, y en su ansiedad,
quería dejarme su alma en cada abrazo,
poner en sus besos una eternidad.
Mayo 4 de 1912.
AQUEL OLOR...
Era un'amicizia di terra lontana...
GABRIELE D'ANNUNZIO
¿En qué cuento te leí?
¿En qué sueño te soñé?
¿En qué planeta te vi
antes de mirarte aquí?
¡Ah! no lo sé... ¡no lo sé!
Pero brotó nuestro amor
con un antiguo fervor
y hubo, al tendernos la mano,
cierta emoción anterior,
venida de lo lejano.
Tenía nuestra amistad
desde el comienzo, un cariz
de otro sitio, de otra edad,
y una familiaridad
de indefinible matiz...
Explique alguien (si lo osa)
el hecho y por qué, además,
de tus caricias de diosa
me queda una misteriosa
esencia sutil de rosa,
que viene de un siglo atrás...
Mayo 7 de 1912.
YA TODO ES IMPOSIBLE
¡Dios no ha de devolvértela porque llores!
Mientras tú vas y vienes por la casa
vacía, mientras gimes,
la pobre está pudriéndose en su agujero:
¡ya todo es imposible!
Así llenaras veinte lacrimatorias
con la sal de tus ojos, así suspires
hasta luchar en ímpetu
con el viento que pasa destrozando
las flores de los jardines;
así solloces hasta herir la entraña
de la noche sublime,
nada obtendrás: la Muerte no devuelve
sino cenizas a los tristes...
La pobre está pudriéndose en su agujero:
¡ya todo es imposible!
Dios lo ha querido... Inclina la cabeza,
¡humillate! ¡humillate!
y aguarda, recogido, en las tinieblas,
el beso de la Esfinge.
Mayo 31 de 1912.
¡QUÉ BIEN ESTÁN LOS MUERTOS!
¡Qué bien están los muertos!
Ya sin calor ni frío,
ya sin tedio ni hastío.
Por la tierra cubiertos,
en su caja extendidos,
blandamente dormidos...
Qué bien están los muertos,
con las manos cruzadas,
con las bocas cerradas,
Con los ojos abiertos
para ver el arcano
que yo persigo en vano.
¡Qué bien estás, mi amor!
ya por siempre exceptuada
de la vejez odiada,
Del verdugo dolor...
¡Inmortalmente joven,
dejando que te troven
Su trova cotidiana
los pájaros poetas,
que moran en las quietas
Tumbas, y en la mañana,
donde la muerte anida,
saludan a la vida…
Junio 17 de 1912.
SONETO
¡Qué son diez años para la vida de una estrella!
... mas, para el triste amante que encontró la mitad
de su alma en el camino y se enamoró della,
¡diez años de connubio, son una eternidad!
Diez años, cuatro meses y siete días, quiso
el Arcano (que encauza las vidas paralelas)
juntarnos, no en meloso y estulto paraíso,
sino en la comunión de las almas gemelas.
Conducidos marchamos
por un amor experto;
del brazo siempre fuimos,
y tal nos adoramos,
que... no sé quién ha muerto,
¡ó si los dos morimos!
Junio 29 de 1912.
BENDICIÓN A FRANCIA
¡Bendita seas, Francia, porque me diste amor!
En tu París inmenso y cordial, encontré,
para mi cuerpo, abrigo, para mi alma, fulgor,
para mis ideales el ambiente mejor
... ¡y además una dulce francesa que adoré!
Por esa mujer noble, tuyo es, Francia querida,
mi reconocimiento; pues que merced a ella
tuve todos los bienes: el gusto por la vida,
la intimidad celeste, la ternura escondida
¡y la luz de la lámpara y la luz de la estrella!
Yo no sé qué demiurgo la sustrajo a mi anhelo,
tras una amputación repentina y cruel,
y ya tú sola, Francia, puedes darme consuelo:
con un refugio amigo para llorar mi duelo,
tu maternal regazo para verter mi hiel,
la sombra de algún árbol en tu florido suelo
... ¡y acaso, en tus colmenas, una gota de miel!
Julio 3 de 1912.
SEIS MESES
¡Seis meses ya de muerta! Y en vano he pretendido
un beso, una palabra, un hálito, un sonido...
¡Y a pesar de mi fe, cada día evidencio
que detrás de la tumba ya no hay más que silencio!
Si yo me hubiese muerto, qué mar, qué cataclismos,
qué vórtices, qué nieblas, qué cimas ni qué abismos
burlaran mi deseo febril y omnipotente
de venir por las noches a besarte en la frente,
de bajar con la luz de un astro zahorí
a decirte al oído: «¡No te olvides de mí!»
Y tú, que me querías tal vez más que te amé,
callas inexorable, de suerte que no sé
sino dudar de todo: del alma, del destino
y ponerme a llorar en medio del camino;
¡pues con desolación infinita evidencio
que detrás de la tumba ya no hay más que silencio!
Julio 7 de 1912.
POR ESTA SELVA
Por esta selva tan espesa
donde nunca el sol penetró,
buscando voy una princesa
que se me perdió.
Entre los árboles copudos,
entre las lianas verdinegras
que trepan por los desnudos
troncos, como las culebras,
Entre las rocas de hosquedad
hostil y provocativa
y la pavorosa soledad
y la penumbra esquiva,
Buscando voy una princesa
rubia como la madrugada,
que ha partido y que no regresa
desta espesura malhadada.
Dicen que al fin de aquella ruta
que bordan el ciprés y el enebro,
hay una reina muy enjuta
que mora en un castillo muy negro;
Que guarda en fieros torreones
otras princesas como la mía
y que es sorda a las rogaciones
del desamparo y de la agonía.
…Mas acaso, si yo pudiese
ver a la reina y su huella
seguir astuto, ¡al cabo diese
con el castillo negro y con Ella!
Pero el más seguro instinto
no se sentiría capaz
de guiarse por el laberinto
desta penumbra pertinaz,
En que el espíritu presiente
algo fatal que se avecina
y en que acaso es más imponente
que lo que vemos claramente,
lo que tan solo se adivina...
Heme aquí pues con la alma opresa
en medio de la obscuridad,
enamorado de una princesa
que se perdió en la selva espesa
¡tal vez por una eternidad!
Julio 31 de 1912.
UN SIGNO
Eternidad, ¡devuélveme lo que me has sustraído!
Abismo, ¡restitúyeme lo que sorbió tu hondura!
Esfinge, ¡abre tu oído!
¡Compadécete ya, noche obscura!
¡Oye mi imploradora
voz, oh Isis, desgarra tu capuz!
... Y tú, lucero ignoto en que Ella mora,
¡por piedad, hazme un signo de luz!
Octubre 16 de 1912.
LA SANTIDAD DE LA MUERTE
La santidad de la muerte
llenó de paz tu semblante
y yo no puedo ya verte
de mi memoria delante
sino en el sosiego inerte
y glacial de aquel instante...
En el ataúd exiguo,
de ceras a la luz fatua,
tenía tu rostro ambiguo,
quietud augusta de estatua
en un sarcófago antiguo...
Quietud con yo no sé qué
de dulce y meditativo;
majestad de lo que fué;
reposo definitivo
de quien ya sabe el por qué...
Placidez honda, sumisa
a la Ley, y en la gentil
boca breve, una sonrisa
enigmática, sutil,
iluminando, indecisa,
la tez color de marfil.
A pesar de tanta pena
como desde entonces siento,
aquella visión me llena
de blando recogimiento
y unción... Como cuando suena
la esquila de algun convento,
en una tarde serena.
Noviembre 15 de 1912.
FIN

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