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Título Original: © Serenidad. Amado Nervo

 

Versión Original: © Serenidad. Amado Nervo

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

SERENIDAD

Amado Nervo  


Serenidad

Amado Nervo



Table of Contents

 

Autobiografía

LIBRO I

II

III

IV

V

VI

VII

LA AMADA INMÓVIL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera edición SEP, 2025

D.R. © Secretaría de Educación Pública, 2025

Argentina 28, Centro,

06020, Ciudad de México

 

ISBN 978-607-643-137-5

Prohibida su reproducción por cualquier medio mecánico o electrónico sin la autorización escrita de los editores.

Distribución gratuita-Prohibida su venta

 

 

 

 

 

 

Je n’ai pas refusé ma tâche sur la terre.

Mon sillon? Le voilà. Ma gerbe? La voici.

J’ai vécu souriant, toujours plus adouci,

Debut, mais incliné du côté du mystére.

V. H.

 

Autobiografía

 

¿Versos autobiográficos? Ahí están mis canciones,

allí están mis poemas: yo, como las naciones

venturosas y a ejemplo de la mujer honrada,

no tengo historia. ¡Nunca me ha sucedido nada,

¡oh noble amiga ignota, que pudiera contarte!

 

Allá en mis años mozos, adiviné del Arte

la armonía y el ritmo, caros al Musageta,

¡y, pudiendo ser rico, preferí ser poeta!

–¿Y después?

–He sufrido como todos y he amado.

–¿Mucho?

–Lo suficiente para ser perdonado…

 

 

 

Libro I

Apaciblemente...

 

Tene te primò in pace, & tunc poteris alios pacificare.

 

Kempis, Lib. II, Cap. III- I.

 

Primera página

 

He desdeñado todo lo pequeño

y tranquilo, enigmático, risueño,

paso la vida mía

hilando la hebra de oro de mi ensueño

en la rueca de mi melancolía…

 

 

 

Mediumnidad

 

Antrum adjuvat vatem.

 

Si mis rimas fuesen bellas,

enorgullecerme dellas

no está bien;

pues nunca mías han sido

en realidad: Al oído

me las dicta... ¡no sé quién!

Yo no soy más que el acento

del arpa que hiere el viento

veloz;

no soy más que el eco débil,

ya jubiloso, ya flébil,

de una voz...

 

Quizás a través de mí

van departiendo entre sí

dos almas llenas de amor,

en un misterioso estilo,

y yo no soy más que el hilo

conductor      
...

 

 

 

NOTA. Gran número de altos poetas han confesado el carácter mediumnímico de su inspiración.

Alfredo de Musset, dijo:

«On ne travaille pas on écoute, c’est comme un inconnu qui vous parle à l’oreille.»

      
Y Lamartine:

«Ce n’est pas moi qui pense, ce sont mes idées qui pensent pour moi.»

Y nuestro exquisito Gutiérrez Nájera expresó con delicado acierto:

Yo no escribo mis versos; no los creo:

Viven dentro de mí; vienen de fuera:

A ese, travieso, lo formó el deseo;

A aquél, lleno de luz, la Primavera.»

 

 

 

Solidaridad

 

Alondra, ¡vamos a cantar!

Cascada, ¡vamos a saltar!

Riachuelo, ¡vamos a correr!

Diamante, ¡vamos a brillar!

Águila, ¡vamos a volar!

Aurora, ¡vamos a nacer!

¡A cantar!

¡A saltar!

¡A correr!

¡A brillar!

¡A volar!

¡A nacer!

 

 

 

Optimismo

 

No sé si es bueno el mundo... No sé si el mundo es malo;

pero sé que es la forma y expresión de Dios mismo.

Por eso, ya al influjo de azote o de regalo,

nada en el fondo extingue mi tenaz optimismo.

 

Santo es llorar... y lloro si tengo alguna pena;

santo es reír... y río si en mi espíritu hay luz;

mas mi frente se comba siempre limpia y serena,

ya brille al sol, o ya sude hielo en la cruz!

 

 

 

Sosiego

 

Ultra limen.

Más allá de la impaciencia

de los mares enojados,

la tranquila indiferencia

de los limbos irisados

y la plácida existencia

de los monstruos no soñados.

 

Más allá de la violencia

de ciclones y tornados,

la inmutable transparencia

de los cielos estrellados...

 

 

Más allá del río insano

de la vida, del bullir

pasional, el Oceano

Pacífico del morir…

Con su gris onda severa,

con su inmensa espalda inerte

que no azota volandera

brisa alguna...

Y mi galera

de ébano y plata, se advierte

sola, en el mar sin ribera

de la Muerte!

 

 

 

La montaña

 

Desde que no persigo las dichas pasajeras,

muriendo van en mi alma temores y ansiedad;

la Vida se me muestra con amplias y severas

perspectivas y siento que estoy en las laderas

de la montaña augusta de la Serenidad…

 

 

Comprendo al fin el vasto sentido de las cosas;

sé escuchar en silencio lo que en redor de mí

murmuran piedras, árboles, ondas, auras y rosas...

y advierto que me cercan mil formas misteriosas

que nunca presentí.

 

 

Distingo un santo sello sobre todas las frentes;

un divino me fecit Deus, por dondequier

y noto que me hacen signos inteligentes

las estrellas, arcano de las noches fulgentes

y las flores, que ocultan enigmas de mujer.

 

 

La Esfinge, ayer adusta, tiene hoy ojos serenos;

en su boca de piedra florece un sonreir

cordial y hay en la comba potente de sus senos

blanduras de almohada para mis miembros, llenos

a veces de la honda laxitud del vivir.

 

 

Mis labios, antes pródigos de versos y canciones,

ahora experimentan el deseo de dar

ánimo a quien desmaya, de verter bendiciones,

de ser caudal perenne de aquellas expresiones

que saben consolar…

 

 

Finé mi humilde siembra; las mieses en las eras

empiezan a dar fruto de amor y caridad;

se cierne un gran sosiego sobre mis sementeras;

mi andar es firme...

¡Y siento que estoy en las laderas

de la montaña augusta de la Serenidad!

 

 

 

Venganza

 

Hay quien arroja piedras a mi techo, y después

hurta hipócritamente las manos presurosas

que me dañaron...

Yo no tengo piedras, pues

sólo hay en mi huerto rosales de olorosas

rosas frescas, y tal mi idiosincrasia es,

que aun escondo la mano tras de tirar las rosas…

 

 

 

Via, veritas et vita

 

…Ver en todas las cosas

del espíritu incógnito las huellas;

contemplar

sin cesar

en las diáfanas noches misteriosas,

la santa desnudez de las estrellas.

¡Esperar!

¡Esperar!

¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez una futura

y no soñada paz...

Sereno y fuerte,

correr esa aventura

sublime y portentosa de la muerte.

Mientras, amarlo todo... y no amar nada,

sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas;

cuidar de que en la áspera jornada

no se atrofien las alas ni oleada

de cieno vil ensucie nuestras plumas:

 

 

Alma, tal es la orientación mejor,

tal es el instintivo derrotero

que nos muestra un lucero

interior…

 

 

Aunque nada sepamos del destino,

la noche a no temerlo nos convida.

Su alfabeto de luz, claro y divino,

nos dice: «Ven a mí: soy el Camino,

la Verdad y la Vida.»

 

 

 

Éxtasis

 

¡Serenidad! ¡Serenidad!

El mar,

como un gran poeta, nos anima

al ensueño y el enjambre estelar

tan inmediato nos parece estar

cual si fuese a caérsenos encima,

derrumbándose como inmenso altar...

 

 

Un gran fleco espumoso

se desgarra en la arena lentamente,

como encaje de albor fosforescente

y a la vez – ¡oh milagro! – melodioso.

 

 

El mar, así arropado

en la diáfana noche diamantina,

se nos figura más desmesurado

que cuando, a plena luz, lo hemos mirado:

¡siempre es más grande lo que se adivina!

 

 

¡Serenidad! ¡Serenidad!

La palma

con esbelteces núbiles, descuella

cual Sulamita en éxtasis,

...y el alma

¡comulga con la luz de cada estrella!

 

 

 

Paz lunar

 

Llevas en ti mismo un amigo

sublime, a quien no conoces.

KRISHNA.

 

Cuando en la sombría plata del cabello

su plata celestial posa la luna,

viene a mí una gran paz con su destello:

cierta vaga esperanza de algo bello

que tiene que llegar sin duda alguna.

 

Un instinto sutil, me dice: «Lucha

y aguarda: lo que sueñas no es mentira;

hay quizás un oído que te escucha,

y una mano invisible, siempre ducha,

(no tu mano mortal) hiere tu lira.»

 

«En lo más escondido de tu mente,

detrás de una enigmática barrera,

vive un ser misterioso, un dios silente,

un inmortal y arcano Subconsciente

y ese tiene razón: Espera, espera.»

 

 

 

Llegó el otoño

 

Oh mi dilecta paz laboriosa,

mis placideces de solitario

junto a la almita cándida, lírica y jubilosa

de mi canario!

 

¡Oh, sutil aire lleno de arbóreas

emanaciones, oh cielo límpido que se descubre

de mis ventanas, oh loca esencia de mis marmóreas

varas de nardo (nieve olorosa del mes de octubre)!

 

¡Precoz blancura de la eminente

y augusta cumbre del Guadarrama!

¡Tinte ya sepia, pero riente

aún y suave del panorama!

¡Sol quizá triste, por lo distante;

mas con celeste blandura dando su luz y abrigo!

¡Sol que sonríe como el semblante

acaso pálido, mas bondadoso, de un viejo amigo!

 

Y en cada brote, flor o retoño,

cierta solemne gracia tardía

que nos murmura: «¡Soy el otoño! Soy el otoño

lleno de santa melancolía...»

 

«Pasó el verano que hace a la virgen tan seductora;

pasó el impulso febril que sexos y almas agita;

ya del silencio contemplativo llegó la hora...

Piensa serenamente en lo Arcano, ¡calla..., medita!»

 

 

 

Renunciación

 

Oh, Siddharta Gautama, tú tenías razón:

las angustias nos vienen del deseo; el edén

consiste en no anhelar, en la renunciación

completa, irrevocable, de toda posesión:

quien no desea nada, donde quiera está bien.

 

 

El deseo es un vaso de infinita amargura,

un pulpo de tentáculos insaciables, que al par

que se cortan, renacen para nuestra tortura.

El deseo es el padre del esplín, de la hartura,

¡y hay en él más perfidias que en las olas del mar!

 

Quien bebe como el Cínico el agua con la mano,

quien de volver la espalda al dinero es capaz,

quien ama sobre todas las cosas al Arcano,

¡ese es el victorioso, el fuerte, el soberano,

y no hay paz comparable con su perenne paz!

 

 

 

Fidelidad

 

De todo y todo lo que yo he amado,

sólo las rimas no me han dejado.

Conmigo moran bajo la tienda

o vuelan ágiles a mi lado,

mientras claudico, ya fatigado,

por agria senda.

 

 

Doliente, triste..., mas resignado

a que ninguno mi mal comprenda,

en el Misterio me he refugiado...

En la comarca de lo soñado,

frente al castillo de la Leyenda,

vivo ignorado.

Pero las rimas no me han dejado,

conmigo moran bajo la tienda.

 

Væ soli!... dice, rugiendo airado,

el Viento, en torno de mi vivienda.

Væ soli! aúlla desesperado...

Y yo le grito (para que entienda):

–«No estoy tan solo, compadre alado:

tengo mis rimas; no me han dejado,

conmigo moran bajo mi tienda.»

 

 

 

Hatha-yoga

 

Yo tengo la voluntad

en ejercicio perpetuo:

esa voluntad que acaba

por mandar (si persevero)

a las almas de los vivos

y a las almas de los muertos.

 

 

La voluntad, que en la lucha,

en el noble vencimiento

de sí mismo, a cada instante

va creciendo, va creciendo,

y al fin transporta montañas

y al cabo enciende luceros.

 

 

Yo tengo la voluntad:

con ella todo lo tengo,

pues Dios mismo sólo es

una voluntad sin término,

que exterioriza, penetra

y mantiene el universo.

 

 

Yo tengo la voluntad...

mas no la gasto en terrenos

antojos, ni en procurar

privanzas, honras, empleos.

Mis alas suben más alto:

van lejos, mucho más lejos.

Mi reino no es de este mundo

y he de llegar a mi reino.

 

 

 

La muerte nuestra señora…

 

La muerte, nuestra Señora,

está llena de respuestas:

de respuestas para todos

los porqués de la existencia.

 

 

Silencio de los silencios

tal vez llamarla debieran;

mas, quien sabe interrogarla,

quien tiene fina la oreja,

escucha cosas muy hondas

en medio de las tinieblas…

 

 

Es una dama muy pálida

la Muerte; ¡mas tan serena!

Con unos ojos inmensos

que miran de una manera...

 

 

Sobre sus hombros de mármol,

en que los besos se hielan,

cae en negros gajos fúnebres

la majestad de las trenzas...

¡Qué afiladas son sus manos!

¡Qué seguras y qué expertas!

Cogen nuestra alma, al morirnos

con una delicadeza...

 

 

¡Qué maternal su regazo!

¡y qué benigna y qué tierna

su boca, que nos dará,

en voz baja, las respuestas

a los porqués angustiosos

que torturan la existencia!

 

 

 

Hay que...

 

Hay que andar por el camino

posando apenas los pies;

hay que ir por este mundo

como quien no va por él.

 

La alforja ha de ser ligera,

firme el báculo ha de ser

y más firme la esperanza

y más firme aún la fe.

 

A veces la noche es lóbrega;

mas para el que mira bien,

siempre desgarra una estrella

la ceñuda lobreguez.

 

Por último, hay que morir

al deseo y al placer,

para que al llegar la Muerte

a buscarnos, halle que

 

ya estamos muertos del todo,

no tenga nada que hacer

y se limite a llevarnos

de la mano por aquel

 

sendero maravilloso

que habremos de recorrer,

libertados para siempre

de Tiempo y Espacio. ¡Amén!

 

 

 

Serena tu espíritu

 

Serena tu espíritu, vive

tu vida en paz.

Si sólo eres sombra que traga

la eternidad,

¿por qué te torturas, por qué

sufrir, llorar! …

 

 

¿Que fuiste infeliz una hora?

pues búscala...

¿En dónde se encuentra esa hora?

Pasó… ¡no es más!

Tu pobre vivir, malo, bueno,

cayendo va

en un pozo obscuro... Las dichas

¿qué más te dan,

si apenas adviertes un goce

ya muerto está?

 

¡Serena tu espíritu, vive

tu vida en paz!

 

 

 

Yo no soy demasiado sabio...

 

Yo no soy demasiado sabio para negarte,

Señor; encuentro lógica tu existencia divina;

me basta con abrir los ojos para hallarte;

la creación entera me convida a adorarte,

y te adoro en la rosa y te adoro en la espina.

 

¿Qué son nuestras angustias para querer por ellas

argüirte de cruel! ¿Sabemos por ventura

si tú con nuestras lágrimas fabricas las estrellas,

si los seres más altos, si las cosas más bellas

se amasan con el noble barro de la amargura?

 

Esperemos, suframos, no lancemos jamás

a lo Invisible nuestra negación como un reto.

Pobre criatura triste, ¡ya verás, ya verás!

La Muerte se aproxima... ¡De sus labios oirás

el celeste secreto!

 

 

 

A qué...

 

¡A qué tantos y tantos sistemas peregrinos!

¡a qué tantos volúmenes y tanta ciencia, a qué,

si lo que más importa, que son nuestros destinos,

se nos esconde siempre, si todos los caminos

conducen al «no sé»!

 

Marchamos pensativos

por parajes inciertos,

tras el Deus Absconditus que nadie ver logró

y del cual no sabemos ni qué hace con los muertos,

¡ni por qué nos destruye, ni por qué nos creó!

 

(Le amamos, sin embargo, y en este cautiverio,

bebemos, bendiciéndole, su acíbar y su hiel.

Le amamos, sí, le amamos... ¡quizá per el misterio

torturador, inmenso, divino, que hay en El!)

 

...Mas nunca entenderemos la esencia de las cosas

y, pues que lo Absoluto siempre nos ha de huir,

dejemos lo Absoluto y aspiremos las rosas

(las pobres rosas pálidas, enfermas, espinosas

y mustias) del vivir...

 

Brille nuestra sonrisa, cual una mansa luz

crepuscular, en toda labor, en toda pena,

y como Jesucristo, llevemos nuestra cruz,

¡con el alma dolida … pero noble y serena!

 

 

 

Temple

 

Estoy templado para la muerte,

templado para la eternidad

y soy sereno porque soy fuerte:

la fuerza infunde serenidad.

 

 

¿En qué radica mi fuerza?

En una

indiferente resignación

ante los vuelcos de la fortuna

y los embates de la aflicción.

 

 

En el tranquilo convencimiento

de que la vida tan sólo es

vano fantasma que mueve el viento,

¡entre un gran antes y un gran después!

 

 

 

Ultravioleta

 

Hay problemas que tienen claridades de luna

y otros con esplendores de mañana de abril.

Mi problema, luz vierte muy blanda y oportuna:

no es que esté obscuro, es una

claridad más sutil...

 

Claridad para ojos crepusculares, para

ojos contemplativos, avezados a ver

ese presentimiento de luz tan tenue y rara

que palpita en los ortos, antes de amanecer...

 

 

 

Sol

 

Mi alma, serena vive y sumisa.

Maté tristezas, ansia, inquietud.

Sobre el desastre de mi salud

brilla el sol claro de mi sonrisa.

 

Nada mi firme sosiego altera.

La vida amasa barro a mis pies;

pero mi frente más limpia es

que un mediodía de primavera.

 

Doliente amigo, ven de mí en pos.

Si estás por sombras obscurecido,

yo con los tristes mi sol divido:

¡hay luz bastante para los dos!

 

 

 

Limpidez

 

No remuevas el poso de tu vida.

Si hay légamo en el fondo,

qué importa: está muy hondo

y mancillar no logra los cristales.

Sobre el agua dormida,

puede aún retratarse la escondida

verdura de las frondas estivales...

 

 

El légamo no merma

la transparencia casta de la fuente,

a condición de que en el fondo duerma

perennemente

o de que síntoma de su existencia

sea sólo la nítida presencia

de nenúfares blancos, desmayados

de amor sobre los límpidos espejos

del agua, y cuyos tallos alargados

nos dan la flor... ¡dejando el cieno lejos!

 

 

 

Comunión

 

Son horas de infinita serenidad, muy bellas,

y en idéntico ensueño comulgamos los dos.

La noche nos regala con un montón de estrellas;

la paz está en las almas... ¡Bendigamos a Dios!

 

 

Dilata tus pupilas para que el firmamento

refleje y copie en ellas su augusta majestad.

¡Ensancha bien tu espíritu! Abre tu pensamiento,

¡para que en ellos quepa toda la eternidad!

 

 

 

Células, protozoarios

 

Células, protozoarios, microbios..., más allá

de vosotros ¿hay algo?

Pronto nos lo dirá

el microscopio intruso, pertinaz y paciente.

Mas, tal vez la materia se empequeñecerá

tanto bajo su lente,

que un día, como espectro, se desvanecerá

ante el ojo del sabio, quedando solamente

la Fuerza creadora, cuyo oleaje va

y viene omnipotente

y fuera de la cual nada es ni será...

 

 

 

El nudo

 

Apretado era el nudo:

apenas si al mirar atentamente,

se advertía el camino

de las diversas cintas

entrelazadas en estrecho abrazo,

(como si en su inconsciencia se adoraran…)

y formando una sola

protuberancia, que, maciza y fuerte,

desafiaba mis dedos…

 

Apretado era el nudo

y yo estaba anheloso

de saber lo que envuelto

en el blanco papel que sujetaba,

podría contenerse…

 

Apretado era el nudo y grande, grande

la tentación de hacer lo que Alejandro

hizo con el de Gordius, rey de Frigia…

 

Apretado era el nudo;

¡pero no lo corté! Pacientemente,

con los índices ágiles

y los chatos pulgares, lo deshice,

después de largo tiempo de faena...

 

Y quedé satisfecho de mí mismo

y me dije: No más he de cortar

los nudos, por difíciles que sean

de desatarse... Cuidadosamente,

hábilmente, serenamente, puestas

en ello la atención y la paciencia,

habré de deshacerlos.

Jamás los filos rudos

de mis tijeras, forzarán la unida

red de cintas...

¡Jamás cortaré nudos,

por estrechos que sean, en la vida!

 

 

 

Soñar es ver...

 

Soñar es ver: un ángel, que llega callandito,

deshace nuestras vendas con dedos marfileños...

La noche es de los dioses; soñando, los visito.

¡Quién sabe qué ventanas que dan al Infinito

nos abren los ensueños!...

 

 

 

Camino adelante

 

Tranquilo voy por el espacio abierto

a mis firmes pisadas,

para Dios, vivo, para el hombre, muerto;

desdeñoso de halagos, de miradas,

y de toda existencia que no corre

por los cauces divinos del Ensueño.

 

Erguido hacia el azul, como la torre;

antiguo ya como las olimpíadas

y como el sol de abril, claro y risueño.

 

La vida es mía: para mí almacena

sus tesoros de amor y de sustancia

inmortal, que me brinda a mano llena.

 

Igualmente distante

de desalientos como de arrogancia,

con la frente serena

voy camino adelante...

 

 

 

Alma mater

 

Yo me figuro a la Naturaleza

como a la gran giganta

de Baudelaire, Ojos bovinos, baza

piel, labios gruesos y jugosa boca.

 

 

Sí, toda ella es obscura,

como la buena tierra,

como el tronco del árbol,

como el pan de centeno...

 

Y me imagino que sonríe plácida

y serena y augusta

y que, con sus dos manos sarmentosas,

acaricia mi frente

y la apoya en sus senos

de fecundo pezón ennegrecido,

y la recuesta sobre el ritmo blando

de esos senos enormes y parece

decirme: «Ya no inquieras

ni penes más: ¿no ves que yo sonrío?

¡Duérmete, que no habré de despertarte

cuando llegue el momento

de todo despertar, pobre hijo mío!»

 

 

 

De pasada

 

 

A mis presurosos años, que serenos

por el mundo marchan, al placer ajenos,

díceles la Dicha, viéndoles venir,

y ellos le responden lo que vais a oír:

 

–«Oh la turba pálida, ¿por qué tan de prisa?

Descansad un rato, vuestra es mi morada;

os daré mi lecho, mi pan, mi sonrisa...»

 

–«Somos peregrinos; vamos de pasada:

no queremos nada.»

 

–«Aceptad al menos, para restauraros,

la cándida leche, recién ordeñada,

de mi vaca negra de los ojos claros...»

 

–«Somos peregrinos; vamos de pasada:

no queremos nada.»

 

–«Respirad un poco la ideal esencia

de mis bellas flores que el rocío baña:

hay lirios de Harlem, rosas de Florencia,

claveles de España...

Escuchad siquiera los diáfanos trinos

de mis ruiseñores bajo la enramada...»

 

–«Somos peregrinos;

vamos de pasada:

no queremos nada.»

 

 

 

Mar de la serenidad

 

Mis ojos se han vuelto claros

de tanto mirar al mar;

de tanto verlo, en mi vida

las olas vienen y van

y hay horizontes sin límites,

de severa majestad.

 

 

Mi pensamiento, antes frívolo,

de tanto mirar al mar,

se ha vuelto apacible, grave,

y es tal su profundidad,

que en vano un buzo de almas

fondo habría de buscar...

 

 

Mis melancolías cantan

blandamente, como el mar,

la misma canción monótona,

al mismo viejo compás...

 

 

En mi corazón, enfriado

por la pena y por la edad,

reinan la quietud y el hielo

del océano glacial.

 

 

Recogido, silencioso,

esquivo y áspero, está

como una roca perdida

en la gris inmensidad.

 

 

Sólo hay algo que no tiene

mi espíritu como el mar:

las cóleras; no hay en mí

ya vientos de tempestad

ni espumas rabiosas; nada

te puede encolerizar,

mar muerto, mar de mi alma,

«mar de la Serenidad»

 

 

 

Nec spes nec metus

 

Ni miedo ni esperanza..., ni angustia ni tristeza:

si quiere Dios, mendigo; si así le place, rey.

Mi mente late al ritmo de la naturaleza,

¡mi voluntad es una con la divina ley!

 

 

 

Estoy contento

 

Estoy contento porque lo creado

no tiene límites; estoy contento

porque es fatal esta ascensión humana

hacia la luz: porque hay cientos de sabios

que en sus laboratorios,

van arrancando á Isis sus secretos:

porque una fulgurante

legión de altos poetas

ahonda cada vez en el océano

del Subconsciente:

porque se acerca el plazo

en que, cual una aurora irresistible

que invadirá y envolverá la tierra,

ha de venirnos la revelación...

 

 

La Ciencia y la Poesía

la traerán, cada una de la mano,

y entonces ya no habrá ningún arcano

y en las almas, ¡por fin! será de día...

 

 

 

 

 

 

Lector, tal vez murmures (y tal vez con verdad)

después de que las páginas de este libro leíste,

que mi serenidad es un poquito triste...

¿No es así, por ventura, toda serenidad?

 

 

II

Rimas irónicas y cortesanas

 

DISCRETEOS

 

¡Cómo creer, marquesa, que vuestro afán responde

a mi afán! ¿Estáis loca?... Ni siquiera soy conde,

ni esnob, ni deportista. Si voy a los salones,

recórrolos furtivo, como en discreta fuga,

luciendo mi pechera sin mácula ni arruga

y mi solapa virgen de condecoraciones.

 

Odio el bridge: no tengo ni «Renault» ni «Mercedes»,

ni en mi haber una dama chic, caída en mis redes…

Todavía me gustan las cosas naturales,

los amores sin química ni amistad de maridos,

los embelesos jóvenes, aún semi-dormidos,

el pudor zahareño, los silvestres panales.

 

¡Esperad a la tarde, mi querida marquesa!

No importa que se amengüen esos tonos de fresa

de vuestros labios; pienso que besarán acaso

con más arte del sol poniente a los reflejos...

Seremos refinados siendo un poco más viejos

¡y beberemos juntos nuestro postrero vaso!

 

 

 

MENSAJE

 

Dice la Dama, que fué,

que ya no es, que un barrunte

de nieve en su pelo ve…

Decid a la Dama que

su tarde a mi tarde junte.

 

Decidla que hay un edén

en los besos otoñales

sobre la nuca o la sién;

decidla que huelen bien

en septiembre los rosales;

 

Que si el ardor que emplée

en requerirla de amor

excesivo acaso fué,

yo le aterciopelaré

en adelante ese ardor;

 

Que haré blandura mi afán,

y, por obviarla sonrojos,

nuestras manos se unirán

sin fiebre y se encontrarán

pensativos nuestros ojos.

 

 

Que nos embelesará

un afecto grave y hondo;

que mi frente ansiosa está

de posarse un poco ya

sobre su seno redondo;

 

Que aún germina el verdor

en nuestra alma, de un retoño

tardío, quizá el mejor;

que hay todavía fulgor

en las tardes de mi otoño;

 

Que mi soledad reclama

la suya; que somo dos

hielos que han menester llama...

Decid todo esto a la Dama,

¡oh dueña, y que os guarde Dios!

 

 

 

EL SALUDO MEJOR

 

 

      
I

 

Su diadema es una flor

y su collar diez y ocho años.

Las otras ostentan perlas

sobre los escotes blancos,

pedrerías en el pecho

y corona en los tocados.

A través de sutil blonda,

Ella insinúa los trazos

breves, divergentes, firmes,

de sus dos senos de mármol.

 

 

II

 

–«Duquesa, ¡qué bello traje!»

–«Es, marquesa, vuestro encaje,

de rara magnificencia.»

 

...Ella no más una flor

y el abrileño esplendor

de su azul adolescencia.

 

 

III

 

Preside la Embajadora,

la Duquesa va después,

enseguida la Marquesa,

la Condesa al fin se ve.

(Se dirigen a la mesa

ornada de rosas-té.)

 

… Y Ella al último; mas tienen

sus diez y ocho años sencillos,

aspecto de pajecillos

que la cauda le sostienen.

 

 

IV

 

El joven rey casadero

llega y la advierte primero:

– ¡Hola, Condesa! – ¡Señor!

– ¡Adiós, Blanca! – Sol, ¿qué tal?

– Pues, ¿y vuestro Embajador,

Madama? – ¿Cede ese mal,

Duquesa?

Luego, el mejor

saludo a ella: un temblor

leve en la diestra real…

 

 

 

¡OH, LA RAPAZA!

 

Oh, la rapaza de quince abriles,

asustadiza como las corzas

y los antílopes:

¡No, no duquesas ni damiselas

llenas de nervios y de melindres,

de carnes fláccidas,

embadurnadas de crema y tintes!

 

 

¡Estoy cansado de pose y seudo-

refinamiento, de esnobs y títeres!

 

Dame tu boca fan fresca,

dame tus brazos tan firmes,

dame tus ojos,

dame tu cuello,

¡dáteme toda tú, Virgen!

 

 

 

NOCTURNO PARISIENSE

 

(Desde la terraza de un café.)

 

Pasa la barba poética,

fluvial y profètica,

de un bohemio que no come nada...

 

 

Pasa la faz apoplética

y congestionada

de un vividor...

Pasa, ética,

alguna peripatética

trasnochada,

muy pintada...

 

Pasa un apache con una

golfa; queda el bulevar

encomendado a la luna

de Paris...

¡Voime a acostar!

- Bueno, y a qué tanta vana

verba...

- Pues pregúntalo

mañana:

¡Hoy es tarde y tengo gana

de faire dodo!

 

 

 

CONSONANTE...

 

Consonante, redoble pueril, murga liviana,

que hace a todos los simples salir a la ventana;

obstáculo invencible del prócer pensamiento;

artificio feudal de juglería; viento

que impide oir los ritmos llenos de aristocracia;

(para el amor platónico, fórmula de eficacia

segura); cascabel de saltimbanqui; treta

que de tantos ingenios es la sola receta;

canutillo sonoro, lentejuela esplendente:

¡imposible dejarte! Soy tu forzado; siente

mi pie tu plomo esférico, tu pesada cadena...

Has cortado las alas al águila serena

de mi idea, por ti cada vez más ignota,

cada vez más esquiva; cada vez más remota.

 

Como alma de la carne, quizás el Verso puro

logrará, sin embargo, librarse del conjuro

de tu molicie gótica, llena de sortilegios,

de la cadencia bárbara que llora en tus arpegios...

Hallará la ecuación de la Belleza suma:

desnudo como Venus, surgirá de la espuma,

y en su hermético frasco del más limpio cristal,

¡encerrará, cual rayo de luz, al Ideal!

 

 

 

LOS CUATRO CORONELES DE LA REINA (1)

(1) Para complacer a la hermosa muchacha que me pidió «un cuento de reinas, muy raro».

 

La reina tenía

cuatro coroneles:

un coronel blanco,

y un coronel rojo,

y un coronel negro

y un coronel verde.

 

El coronel blanco, nunca fué a la guerra;

montaba la guardia cuando los banquetes,

cuando los bautizos y cuando las bodas;

usaba uniforme de blancos satenes;

cruzaban su pecho brandeburgos de oro,

y bajo su frente,

que la gran peluca nívea ennoblecía,

sus límpidos ojos de un azul celeste

brillaban, mostrando los nobles candores

de un adolescente.

 

 

El coronel rojo siempre fué a la guerra

con sus mil jinetes

o, llevando antorchas en las cacerías,

con ellas pasaba cual visión de fiebre.

Un yelmo de oro con rojo penacho

cubría sus sienes;

una capa flotante de purpura

al cuello ceñía con vivos joyeles

y su estoque ostentaba en el puño

enorme carbúnculo ardiente.

 

El coronel negro para las tristezas,

los duelos y las

capillas ardientes;

para erguirse cerca de los catafalcos

y a las hondas criptas descender solemne,

presidiendo mudas filas de alabardas,

tras los ataúdes de infantes y reyes.

 

 

Mas cuando la reina dejaba el alcázar

a furto de todos, recelosa y leve;

cuando por las tardes, en su libro de horas

miniado por dedos de monje paciente,

murmuraba rezos tras de los vitrales;

cuando en el reposo de los escabeles

bordaba rubíes sobre los damascos,

mientras la tediosa cauda de los meses

pasaba arrastrando sus mayos floridos,

sus julios quemantes, sus grises diciembres;

cuando en el sueño sumergía su alma,

silencioso, esquivo, la guardaba siempre

con la mano puesta sobre el fino estoque,

el coronel verde...

 

El coronel verde llevaba en su pecho

vivo coselete

color de cantárida; fijaba en su reina

ojos de batracio, destilando fiebre;

trémula esmeralda lucía en su dedo,

menos que sus crueles

miradas de ópalo, henchidas de arcanos

y sabiduría, como de serpiente...

 

 

Y desde que el orto sus destellos lanza

hasta que en ocaso toda luz se pierde,

quizás como un símbolo, como una esperanza,

¡iba tras la reina su coronel verde!

 

 

 

¡PARÍS!

 

Se escuchan lejanas orquestas,

que tienen no sé qué virtud.

El Bosque es un nido de fiestas...

¡Oh! ¡mi juventud!

 

Islotes de azul claridad,

cascada que en blando fluir

despeña su diafanidad,

¡dicha de vivir!

 

Mujeres que sólo se ven

aquí, como cisnes, pasar,

y prometedoras de un bien

que no tiene par...

 

Prestigio de flores de lis,

perfume de labios en flor...

¡París! ¡Oh, París! ¡Oh, Paris!

¡Invencible amor!

 

 

 

OH, MADUREZ...

 

¡Oh madurez irónica y maldita!

Por dentro juventud, por fuera daños...

Siempre que veo una mujer bonita,

mi incorregible corazón palpita

¡sin acordarse de sus cuarenta años!

 

 

Mas si ella los advierte, preterido

soy por aquel insustancial muchacho

que tal vez no podrá ser ni marido...

Todo porque la sien ha emblanquecido

y hay pimienta con sal en el mostacho.

 

 

¿Morir? sí, bien está: ¡morir amado

y amando hasta expirar! mas ver perdida

por siempre a la mujer por que ha nevado

en nuestra sien, no obstante que colmado

corre el río potente de la vida,

 

 

¡Es cruel! Es venganza de una ignota

hada vieja, incapaz de amor, que quiso

pagáramos nosotros su derrota,

y hurtó, con aspavientos de devota,

a la virilidad el paraíso.

 

 

 

PAS MÊME UN FUTURISTE...

 

Yo no sé nada de literatura,

ni de vocales átonas ó tónicas

ni de ritmos, medidas ó cesura,

ni de escuelas (comadres antagónicas)

ni de malabarismos de estructura,

de sístoles ó diástoles eufónicas...

 

 

O que cela m'attriste,

mais… je ne suis pas même un futuriste!

 

 

Abomino de la pedantería

y el solo título de «Humanidades»

me indigesta el almuerzo...

Poesía,

polo eterno de las idealidades,

¡qué ajena eres a esa algarabía

de necios dómines! Mas no te enfades,

Diosa, ¡que aún nos queda la Ironía!

 

 

O que cela m'attriste,

mais… je ne suis pas même un futuriste!

 

 

 

PRODIGALIDAD

 

Ciertamente, no tengo la admiración muy fácil;

pero adjetivo bien a unas y otros; a ellas

les prodigo lo «chic», lo «lozano», lo «grácil»,

lo «estupendo»; a los hombres los subo a las estrellas.

 

 

Por escrito, despacho lo menos, diariamente,

diez «ilustres», dos «sabios», un «gran», cuatro protestas

de adhesión, tres «insignes», con algún «eminente»,

¡y otras cursilerías por el estilo destas!

 

Desfloro hasta los libros más malos... ¡Ah! bien sé

que muchos ni los abren; pero yo soy pulido

y, por si alguna vez el donante los ve,

la plegadera cómplice me ayuda para que (1)

si es ingenuo, se crea que me los he leído.

 

 

Leo poco y muy bueno. Mi vida, de contino

laborar, tiene tanto que aprender todavía...

Luego, la flor, el agua, la estrella, el sol, el trino

del ave, el árbol, piden mi beso de poesía,

diciendo: «Somos todo, ven: ¡lo demás no es sino

tedio y melancolía!»

 

 

(1)

La e de que, no es tónica - para rimar con ve, ¡mi querida... Verónica!

 

 

 

EL BRAZO DE CONCEPCIÓN...

 

J'ai peur d'un baiser

comme d'une abeille...

VERLAINE

 

Soy cosa tan pequeñita,

que, con su brazo desnudo,

mi vecina Concepción

me incita...

 

 

Ella sonríe; saludo...

¡y me escapo del balcón,

lleno de susto y de cuita,

ante aquella tentación

maldita!

 

 

- ¡Y por qué! -dirás- ¿no es bella?

-Es bella y rubia, en verdad,

y yo libre y libre ella;

¡mas guardo fidelidad

a la que está en otra estrella!

 

 

... y además estoy enfermo

y mi alma es un arenal

tan desolado, tan yermo,

que allí no prende un rosal.

 

 

¡Nada amo,

nada quiero,

nada busco, nada espero

ni reclamo!

 

 

... pero

Soy cosa tan pequeñita

que, en cuanto sale al balcón

mi vecina Concepción,

¡lleno de susto y de cuita,

huyo de la tentación

maldita!

 

 

 

WISKEY AND SODA

 

A un cuando ya no beba (quizás por no poder)

ni el familiar é inocuo vermut, no se incomoda

mi moral con el triste cuyo sólo placer

es el topacio líquido de su wiskey con soda.

 

Si como Baudelaire dijo es fuerza estar ébrios

de algo (virtud, ensueño, vino, amor), yo querría

más que el tosco excitante de glóbulos y nervios, (1)

vivir borracho de éxtasis, de fe, de poesía…

 

¡Pero siento no sé qué atracción singular

por aquellos misántropos de soledad beoda

y lírica, que buscan en el fondo del bar

las mentales caricias de su wiskey con soda!

 

 

(1) Ebrios y nervios están rimados intencionalmente.

 

 

 

 

INMOVILIDAD

 

No te agites, que la inmovilidad

es la sabiduría de los dioses.

¡Nada logras con ires y venires

ardiliescos! ¿Supones

que hallarás algo nuevo? Ya no hay

ninguna novedad bajo los soles

que como gotas trémulas salpican

el ropaje talar de nuestras noches.

 

 

Bien sabes que lo mismo es todo... todo:

el amor, las mujeres y los hombres,

los negocios, el arte, la política,

las ciudades, el tren, el automóvil,

los hoteles, la turba de lacayos;

estos y los antípodas... ¡No estorbes

el hormigueo imbécil de los otros!

... Compra el Eclesiastés cuando lo topes,

y no te agites: ¡la inmovilidad

es la sabiduría de los dioses!

 

 

 

CREDO

 

¿Preguntas en qué creo de fijo? No recato

mi confesión de fe, muy simple y cristalina:

Creo en Dios y en el noble sulfato de quinina,

y á veces creo en Dios… ¡pero no en el sulfato!

 

 

Lo demás, es acaso, puede ser y quizá:

lo demás, son dos mil años de discusiones;

es mucha teología, muchas definiciones,

sobre algo indefinible que envuelto en sombra está!

 

 

…Pero si me preguntas qué es lo que amo, verás:

Amo a Cristo Jesús!

- ¿Haya o no haya venido?

- ¿No amamos tantas cosas que nunca han existido?

¿No amamos tantos seres que no veremos más?

 

 

¿Piensas que necesito dioses de carne y hueso

para adorarlos? Yo, adoro las ideas

hechas dioses...

- ¿Aun cuando nunca esos dioses veas?

- ¡Quién sabe si los amo justamente por eso!

 

 

 

Á UN GALÓFOBO

 

Cuando juzgas a Francia, tu dialéctica es

rabiosa... y sin embargo, mi querido escritor,

lo único que vale de tu obra, es francés.

París ha sido siempre tu colaborador.

 

 

Así, á pesar de todo: tu orgullo, tu arrogancia,

tu galofobia cáustica, tu mordaz acritud,

el oro de tus libros es buen oro de Francia

y lo tuyo... lo tuyo, ¡sólo es la ingratitud!

 

 

 

LO ETERNO

 

Vamos suprimiendo las dedicatorias,

amigos poetas? ¿Vamos suprimiendo

todos esos azúcares tontos,

ese adjetiveo

depreciado: los «grandes», «eximios»,

«eminentes», «geniales» «excelsos...?»

 

 

Una firma quizás... eso sólo,

y después de la firma, ¡talento!

la tersura serena del libro

y la gracia ondulante del verso.

 

 

 

Á UN AMIGO PIADOSO, ΤΟΝΤΟ Y BUENO

 

Según el humorismo del ático Anatolio,

Quirón, aquel centauro de Aquiles preceptor,

y Trajano, el honesto purpurado del sólio,

hijo de España, «pío, felice y triunfador»,

 

 

Se salvaron, cumpliendo con la ley natural,

y yo de aquí colijo, razonando a mi modo,

que si Quirón salvóse, siendo medio animal,

te salvarás mejor tú que lo eres del todo...

 

 

No discutas los dogmas; los dogmas te complican.

Observa, sí, los ritos, simples, a la española;

reza siempre que doblen; ríe cuando repican,

oye misa el domingo y tendrás aureola!

 

 

¿Quién dice que no vales más que los que pretenden

hallar el mecanismo de los centros motores?

¡Los sabios!... ¡Si supieras lo poquito que entienden

y qué obtusos cerebros son los de los doctores!

 

 

Yo te quiero, pues siempre me sabes escuchar;

ries ingenuamente cuando suelo reir

y callas como piedra cuando quiero callar.

Dios te lo toma en cuenta y al fin te ha de salvar,

como a Quirón, que supo la ciencia de vivir.

 

 

 

RESUMEN

 

Resulta, pues, que huí del mundo fútil;

que no gocé; que ni amasé riqueza

ni honores... que fuí, en suma, un ser inútil.

(¡Santa inutilidad de la Belleza!)

 

 

... Y mi amigo, el finchado, que se mofa

de aquello que no entiende, así me humilla:

« - ¡Menos estimo al que ensambló una estrofa,

que al carpintero que ensambló una silla!»

 

 

Sonrío yo, sin el más leve enfado,

y de mi voz poniendo en el registro

una suave ironía, le respondo:

« - Pues por algo llegó usted a ministro

y académico; lo han condecorado

la mar, y es conde… mientras yo me escondo

 

 

III

AMOR

 

 

¡AMEMOS!

 

Si nadie sabe ni por qué reímos

ni por qué lloramos;

si nadie sabe ni por qué vinimos

ni por qué nos vamos;

 

Si en un mar de tinieblas nos movemos,

si todo es noche en rededor y arcano,

¡a lo menos amemos!

¡Quizás no sea en vano!

 

 

 

CANTO DE AMOR (1)

 

(1) Escrito en 1997 y hasta hay coleccionado.

 

I

 

He rasgado mi capuz

y te muestro (¿no te asombra?)

el prodigio de una sombra

toda trémula de luz.

Espinas, gólgota, cruz:

¡no más! ¡se han desvanecido!

revientan la flor y el nido

en las ramas de mi huerto...

Amor, yo no estaba muerto:

¡estaba sólo dormido!

 

II

 

Eres, oh gracia infinita,

voz de vida y de batalla

que dice a la yema: ¡estalla!

y al corazón: ¡resucita!

¡Eres el númen que grita

con inflexión soberana:

el númen del Ramayana,

robusto como un atleta,

en el ánfora discreta

de una rima becqueriana!

 

 

III

 

Tus ojos son mar risueño

o doliente, adonde llega

tenue luz y en que navega

cual góndola azul, el sueño...

¡Oh! tu mirar… ¡qué beleño

da a mi mal! ¡qué singulares

radiaciones estelares

hay, oh diosa, en tu mirar,

ya lo empañes con pesar,

ya con sonrisas lo aclares!

 

 

IV

 

Para que mi mente ejerza

su vigor, la galvanizas,

la despiertas, la electrizas

con heroismos de fuerza.

¿Quién hay que mi rumbo tuerza

si mi alma no te resiste?

¡A ti voy pues que tú hiciste

con tu ternura ideal

una aurora boreal

de mi luna enferma y triste!

 

 

V

 

A ti voy, dejando huella

de fulgor, joven señora.

¡Voy mudo, como la aurora,

pero radiante, cual ella!

La luz que mi ser destella,

inundará la creación,

y animará la pasión

en ti, con el centelleo

del fuego de Prometeo,

la estatua de Pigmalión.

 

 

VI

 

Seré Apolo y seré Marte

por ti; vigor, ó desmayo.

Para protegerte, rayo,

y jazmín para tocarte...

Te vestiré toda de arte

para que tu alma presienta

el prodigio que me alienta,

y la canción que me inspiras

¡será un acorde de liras

glosado por la tormenta!

 

 

VII

 

Te labraré, sola y fiera,

en marfil de Singapur,

una lis en campo azur:

¡la realeza en la quimera!

Y en lampo de primavera,

con un rayito sutil,

dibujaré tu perfil,

tu perfil de medallón,

que brillará en la extensión

en las mañanas de Abril!

 

 

VIII

 

Oye, fuera un arrebol

por volverte nube hermosa;

oye, fuera nebulosa

¡con tal de volverte sol!

Oh mi alma, girasol

de una estrella soberana,

que vas con angustia vana

demandando sus reflejos:

¿no ves que brilla muy lejos?

- Y el alma dice: «¡Mañana!»

 

 

IX

 

Di, ¿qué virtudes exhalas

que aunque estoy de ti distante

hay en mi cielo constante

peregrinación de alas?

¿Por qué en mi espíritu igualas

con tu beldad a la inmensa

visión de Dios?... ¡Cuán intensa

es la fe que te interroga!

¡Soy el cometa que boga

y tú la estrella que piensa!

 

 

X

 

¡No! yo no tengo en mi historia

un cariño al tuyo igual:

quererte es un ideal

y alabarte es una gloria.

¡Que perezca la memoria

de antiguas insensateces!

Sólo tu laude mereces

y ante tu alteza y mi amor,

ha de ser siempre mayor,

puesto que tú me engrandeces.

 

 

XI

 

¡Oh! mi Señora, un profundo

clamor, diciéndome está

que eres un ángel, que va

de incógnito por el mundo…

Tu poder al infecundo

estro, donó la simiente

y es hoy el estro potente

hasta unir en sus querellas

al salmo de las estrellas

la rapsodia del torrente.

 

 

XII

 

Pero su fuerza no ignora

tampoco los cantos suaves:

¡Es mar que arrulla las naves

después de azotar la prora!

Para ti, mi emperadora,

pues que te quiero, no temas,

tendrá caricias supremas,

será leve como un tul

inmenso: un piélago azul

pródigo en iris y gemas.

 

 

XIII

Y si ayer los embelesos

de tus dieciséis abriles

cantó con versos gentiles

en que temblaban los besos,

hoy ya no más serán esos

tus pregones ideales:

pues que tus gracias son tales,

¡te labraré con mis brazos

estrofas a martillazos

en granitos inmortales!

 

 

 

 

LOS DOS

 

Complacencia de mis ojos,

lujo de mi corazón,

galardón

de mis lentos días tristes,

luz que vistes

mis harapos de ilusión;

 

Tú que te llamas de todos

los modos,

tú que me amas

por la rubia y la morena,

por la fría y por la ardiente:

tú, llorosa, sonriente,

mala, buena,

según es la dirección

y el rumbo de mis antojos;

complacencia de mis ojos,

lujo de mi corazón:

 

¡No te apartes de mi vera!

¡Muere tú cuando yo muera!

Llévete yo, pues te traje...

Fuiste noble compañera

de viaje...

 

Rimemos nuestros destinos

para todos los caminos

futuros, que a mi entender

habremos de recorrer

en lo inmenso del Arcano,

y vayamos por la muerte de la mano,

como fuimos por la vida: ¡sin temer!

 

 

 

LOS ÚLTIMOS

 

Dicen que el arte de los versos

está llamado a perecer;

que pronto, no se oirá una estrofa

ni para mal ni para bien;

que ni en la faz de las mujeres

habrá poesía (por más que

Bécquer opine lo contrario...)

 

 

Tanto mejor, mi rosa-té,

tanto mejor, mi loto místico,

mi lirio cándido, tant mieux!

 

 

Cuando la musa el vuelo tienda

ya para nunca más volver,

yo, con celeste exaltación

y de rodillas a tus pies,

diré la flor de mis estrofas

a tu belleza de mujer.

 

 

Y en los umbrales de ese mundo

lleno de tedio y de aridez,

tú la postrer inspiradora

serás y yo el cantor postrer!

 

 

 

EL SECRETO

 

Hay en tus ojos azules

un gran secreto escondido,

y hay al mirarte, Señora,

una pregunta en los míos...

 

¿Cuál es la pregunta? ¿Cuál es el secreto?

¡Yo lo sé de sobra, pero no lo digo!

Tú, bien que lo sabes, pero te lo callas...

 

Digámoslo entrambos, si te place, a un mismo

tiempo y de manera que nadie lo escuche:

con los trémulos labios unidos...

 

 

 

DOMINIO

 

Unos ojos verdes... color de sulfato de cobre;

unos rizos rubios, de pálido sol boreal;

un cuerpo alargado, con ocho cabezas de altura;

un extraño espíritu,

¡complejo, profundo, huraño y audaz!

 

Una voz que finge venir de muy lejos… acaso

de un mundo en que todo lo nuestro será aberración

y un amor tiránico, fatal, exclusivo, imperioso,

¡que ya para siempre,

con timbre de acero mi vida selló!

 

 

 

EL VIEJO PALACIO

 

Sobre el viejo Palacio de los Reyes de España,

vierte, místicamente, su palidez la luna,

impregnándolo todo de un éxtasis y de una

paz que alivian al alma, pensativa y huraña.

 

 

Sobre el viejo Palacio de los Reyes de España

vierte, místicamente, su palidez la luna.

 

 

Nieblas inmateriales cobijan la campaña,

que va a soñar su sueño bajo la noche bruna,

y el enigma exquisito de la hora oportuna,

nos invade, nos cerca, nos satura, nos baña.

 

 

Sobre el viejo Palacio de los Reyes de España

vierte, místicamente, su palidez la luna.

 

 

Enorme, altivo y prócer, el gris alcázar, cuna

de tanta vieja historia y apolillada hazaña,

se impregna de añoranzas y su misterio aduna

al vaho de misterios que envía la montaña...

 

 

Vierte, místicamente, su palidez la luna

sobre el viejo Palacio de los Reyes de España.

 

 

¡Oh!, ven tú, la Escogida, la que fué, cual ninguna,

celestial! Ven al seno de mi amor, que no engaña,

y a la noche de plata que nos envuelve, una

su temblorosa noche de seda, tu pestaña.

 

 

Besa, místicamente, mi faz, bajo la luna,

junto al viejo Palacio de los Reyes de España.

 

 

 

BIEN HAYA LA VIDA

 

Entre el amor que se me va

y el amor nuevo que hoy asoma,

mi corazón, suspenso ya,

como el sepulcro de Mahoma,

entre dos imanes está.

 

Bien haya la Vida,

que si tanto al mar se lleva,

nos da en cambio una fe

nueva por cada fe perdida.

 

Adiós rubia, que me ofreciste

lo más precioso que tenías

y tu, morena, que viniste

esta mañana, ¡buenos días!

 

Bien haya la vida,

que si tanto al mar se lleva,

nos da en cambio una fe nueva

por cada fe perdida!

 

 

 

LOOR

 

¡Loor á la mujer que me ha mirado!

¡Loor a la que me haya sonreido!

Y aquella que me ha amado,

¡bendital por el éxtasis logrado,

¡por el supremo bien inmerecido!

 

¡Tuyo, tuyo, mujer,

hasta el aliento último he de ser!

 

Todavía, oh Deidad (aun cuando expiren

mis años mozos), quiero que me quieran,

suspiro porque amándome suspiren,

muero porque de amor por mí se mueran

¡y me transporta el alma que me miren!

 

¡Tuyo, tuyo, mujer,

hasta el aliento último he de ser!

 

De ti vine, a ti voy, y hasta el descanso

rítmico de tu seno, irá la Parca

a cortar de mi vida el hilo manso.

¡Serán tus ojos postrimer remanso,

limpio, sereno, azul, para mi barca!

 

¡Tuyo, tuyo, mujer.

hasta el aliento último he de ser!

 

Mas ¡ay dolor! Octubre viene aprisa…

Me da miedo pensar que cuando troven

mis versos con su música imprecisa,

puedan mis canas incitar a risa,

¡y por eso quisiera morir joven!

 

¡Tuyo, tuyo, mujer,

hasta el aliento último he de ser!

 

 

 

EL BALCÓN VIEJO

 

Ir por esos pueblos de Castilla, esquivos,

entre húmedas tapias y obscuros casones,

buscando con tristes ojos pensativos

el romanticismo de los callejones...

 

Tener una novia que, al blando reflejo

vespertino, salga, de luto vestida,

a mirarnos mucho desde el balcón viejo

de una vieja casa semi derruida...

 

(Desde el balcón vasto donde, con suprema

molicie, hila un gato sus ensueños quietos

y un olor se exhala como de alhucema

y reina un mutismo lleno de secretos...)

 

Oir las campanas de los monasterios

en la paz unciosa, mientras que derramas

¡oh! divina tarde, todos tus misterios

en la mansedumbre de los panoramas...

 

Por la noche, en íntimo rincón apartado,

del velón antiguo so la luz escasa,

componer el verso noble y delicado,

que leerá la novia del traje enlutado,

en el balcón viejo de la vieja casa…

 

- Y mientras, la Vida sus aguas potentes

va rodando al margen de tu ilusión yerta,

en nobles, fecundas y claras corrientes.

Y tú no la miras, y tú no la sientes....

¡Poeta, despierta, despierta, despierta!

 

De la Musa pálida deja los hechizos,

no beses sus labios que besan tan quedo,

no alises el oro tenue de sus rizos...

Huye de sus grandes ojos enfermizos...

- Amigo, ¡qué quieres! ¡no puedo! ¡no puedo!

 

 

 

UNA ESPAÑOLA

 

Deseo que me quiera una española

de tez mate, de obscura trenza lisa,

de ojos negros. (Pilar, Carmen o Lola,

si gustáis...) Sosegada, fiel, sumisa.

 

Un poco maternal en su dulzura,

casta al darse, aunque tierna en su abandono

y que sepa poner en mi ventura

cierto lánguido y tenue medio tono...

 

Que tenga mucha paz en la alma sana,

mucha luz en los ojos de trigueña,

y un timbre en el reír, de sevillana,

y un ritmo en el andar, de malagueña.

 

Que en un paraje viva, rodeado

de íntimo huerto, misterioso a veces,

en donde yergan, junto al olmo osado,

el terso tronco pardo los almeces.

 

Y allí, gozando su beldad morena,

mientras el oro de su voz escucho,

pasar mi vida, mansa, honda, serena,

viendo que ella me mima, que es muy buena,

que reza un poco ¡y que me besa mucho!

 

 

 

SILENCIOSAMENTE...

 

Silenciosamente miraré tus ojos,

silenciosamente cogeré tus manos,

silenciosamente,

cuando el sol poniente

nos bañe en sus rojos

fuegos soberanos,

posaré mis labios en tu limpia frente

y nos besaremos como dos hermanos.

 

Ansío ternuras castas y cordiales,

dulces e indulgentes rostros compasivos,

manos tibias... ¡tibias manos fraternales!

ojos claros… ¡claros ojos pensativos!

 

Ansío regazos que a entibiar empiecen

mis otoños; almas que con mi alma oren,

labios virginales que conmigo recen,

¡diáfanas pupilas que conmigo lloren!

 

 

 

COBARDÍA

 

Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!

¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!

¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza

de porte! Qué formas bajo el fino tul...

 

 

Pasó con su madre. Volvió la cabeza,

¡me clavó muy hondo su mirada azul!

 

 

Quedé como en éxtasis...

Con febril premura,

«¡Síguela!» gritaron cuerpo y alma al par.

…Pero tuve miedo de amar con locura,

de abrir mis heridas, que suelen sangrar,

¡y no obstante toda mi sed de ternura,

cerrando los ojos, la dejé pasar!

 

 

 

YO NO NACÍ PARA REIR (1)

(1) Escritos en 1899, y hasta hoy coleccionados.

 

Yo nací para reír, en vano

el sol baña en sus oros mi cabeza.

Soy gentilhombre del Dolor humano

y envuelto voy al insondable arcano

en el manto imperial de mi tristeza.

 

 

Nunca supe de bien, supe de dolo,

de frío y soledad: Mi ser remeda

la noche pertinaz que cubre al polo.

Dejadme con mi angustia, estoy tan solo...

Si me quitan mi angustia, ¡qué me queda!

 

 

Me quieres, bien lo sé. Piadosa y franca

desciendes a mi mal con heroismo

y donde todo es negro tú eres blanca:

florecita de nieve en la barranca

y estrellita de paz en el abismo.

 

 

Me quieres, bien lo sé; pero me espanta

pensar que mi existencia es tan obscura,

que tu almita de luz, tu almita santa,

negra se volverá con sombra tanta

por querer que amanezca en mi negrura.

 

 

... Y el cielo prueba nuestro amor, el gozo

se alejó, gorjeando, de la reja

donde el sol alumbró tanto alborozo

y hoy tú ya no eres más que un gran sollozo

y yo ya no soy más que una gran queja.

 

 

¡Cuántas dichas ayer en nuestra escena!

Pero el ala de Dios cubrió el santuario

y sin piedad de ti que eres tan buena,

te clavó en el madero de la pena,

te trocó en virgencita del calvario...

 

¡Mas qué importa! El dolor es soberano

dispensador de gloria y de nobleza.

¡Mi estrellita, mi flor, dame la mano

y vayamos envueltos al Arcano,

en el manto imperial de mi tristeza!

 

 

 

CÓMO EN HERIRNOS LA CRUELDAD SE AFANA (1)

(1)

Escritos en 1994, y hasta hoy coleccionados.

 

¡Cómo en herirnos la crueldad se afana!

¡Cómo á esquivarnos la piedad empieza!

Si parece mentira, mi Damiana,

que siendo tan pequeña el alma humana,

pueda en ella caber tanta tristeza....

 

 

¡Oh sombra sin luceros, bien te ensanchas!

¡Oh hierro, bien escarbas nuestra herida!

Mas qué importan, Dolor, tus avalanchas

de angustia! ¡Nuestras almas son dos manchas

muy blancas, en lo negro de la vida!

 

 

¡Valor! Tú eres virtud y yo denuedo.

Antes de herirnos temblará la daga

y acaso rompa tan mezquino enredo.

No temas: el puñal tiene más miedo

que el noble corazón a quien amaga...

 

 

Ama, sufre, ora, aguarda y no te asombre

si siendo buena, tu tormento crece.

¿Qué es la ventura en la existencia? Un nombre.

¿Qué es la vida? Un sollozo, ¿qué es el hombre?

Un átomo de noche, que padece...

 

 

Ama y aguarda: La creación entera

amando radia y aguardando enflora.

Mira el nido y la rosa en la pradera:

Todos los nidos te dirán: «¡espera!»

todas las rosas te dirán: «¡adora!»

 

 

Sufre y aguarda: en la existencia vana

nuestro amor será luz que siempre arde

y que siempre arderá, triste o ufana.

Si ayer fué como el sol en la mañana,

hoy será como Vesper en la tarde.

 

 

Ora y aguarda: la fortuna inquieta

romper no puede nuestros firmes lazos.

Cuando llegues conmigo hasta la meta,

¡Con cuánta fe te cantará el poeta!

¡Con cuánto amor te arrullará en sus brazos!

 

 

 

DIVINIZACIÓN

 

Te divinizaré como si fuera

yo poderoso emperador romano,

y una vez vuelta diosa,

tendrás tu ofrenda a diario.

 

 

La ofrenda de mis versos, que son otra

deificación, la ofrenda de mis brazos,

que ceñirán tu talle, respetuosos

y ardorosos al propio tiempo y ávidos

como sierpes de fuego;

la ofrenda de mi espasmo...

 

 

Diosa mía, mi diosa, paraíso

único de mis años,

he de pintar tus santas formas vírgenes

y a tus pies ha de abrir el gran milagro

de su azul y enjoyada suficiencia,

el olímpico pavo,

soberbio y voluptuoso como yo

y como tú maravilloso y vano…

 

 

 

 

 

IV

…AD ASTRA

 

PÁJARO MILAGROSO (1)

(1) Después de un concurso de Aviación. - ΙΧ - 1910.

 

 

Pájaro milagroso, colosal ave blanca

que realizas el sueño de las generaciones;

tú que reconquistaste para el ángel caído

las alas que perdiera luchando con los dioses;

pájaro milagroso, colosal ave blanca,

jamás mis ojos, hartos de avizorar el orbe,

se abrieron más que ahora para abarcar tu vuelo,

mojados por el llanto de las consolaciones.

 

¡Por fin! ¡por fin! clamaba mi espíritu imperioso;

¡por fin! ¡por fin! decía mi corazón indócil;

¡por fin! cantaba el ritmo de la sangre en mis venas;

¡por fin tenemos alas los hijos de los hombres!

 

Padre que ansiabas ésto, que moriste sin verlo,

poetas que por siglos soñásteis tales dones,

Icaros lamentables que despertábais risas,

¡hoy, sobre vuestras tumbas, vuela zumbando, enorme,

el milagroso pájaro de las alas nevadas,

que cristaliza el sueño de las generaciones!

¡Y se abren para verle más aún vuestras cuencas,

y vuestros huesos áridos se coronan de flores!

 

Oh Dios, yo que cansado del trajín triste y frívolo

del mundo, muchas veces ansié la eterna noche,

hoy te digo: ¡más vida, Señor, quiero más vida

para poder cernerme como un águila, sobre

todas las vanidades y todas las bellezas,

proyectando sobre ellas mi vasto vuelo prócer!

 

 

¡Ya tenemos de nuevo pegaso los poetas!

¡y qué pegaso, amigos, nos restituye Jove!

 

¡Exaltación divina llene nuestros espíritus,

un Tedeum Laudamus de nuestros labios brote

y mueran sofocadas por las manos viriles,

viejas melancolías, vagas preocupaciones!

 

¡A vivir! ¡a volar! ¡borremos las fronteras!

¡Gobiernos, vanamente queréis hacer un óbice

de lo que es un gran signo de paz entre los pueblos!

¡No mancilléis al pájaro celeste con misiones

de guerra: él las rechaza; nació para el mensaje

cordial y siembra besos de paz entre los hombres!

 

 

 

SI ME DAN A ESCOGER...

 

Si me dan a escoger una tarde,

quiero aquella que augusta y tranquila

se despide, la que sin alarde

muere en calma sobre un fondo lila....

 

Si me dan a escoger una bella,

quiero aquella, nada más aquella

que, del alma mitad, la completa;

(un lucero en su frente destella.)

 

¡Si me dan a escoger una estrella,

quiero ir a una estrella violeta!

 

 

 

IMÁN

 

Hay en la misteriosa geometría

de las constelaciones,

un imán tan potente de mis ojos

(girasoles obscuros de las noches),

que tal vez cuando muera, mis dos ávidas

pupilas se transformen

en dos destellos ágiles,

que vayan a fundirse con los vórtices

igneos de Aldebarán, Sirio, Capella,

Rigel, Arturo y sus septentriones,

o con la dulce Vega de la Lira,

en pos de cuyo azul, remoto acorde,

marcha el sol con su coro de planetas,

describiendo espirales por los orbes...

 

 

Sí, mis ojos irán á las estrellas,

siendo en su luz dos mínimos fulgores,

dos gotas en su mar de oro convulso,

dos chispas en su hoguera multiforme,

dos puntos más en esa geometría

misteriosa de las constelaciones…

 

 

 

LOS COMETAS

 

La luna en creciente, con

su terminador dentado,

finge en la azul extensión

un peine de luz, forjado

para peinar cabelleras

de cometas errabundos,

que en la noche sin riberas,

van derramando fecundos

gérmenes de venideras

especies sobre los mundos.

 

De ellos habrán de salir

los Cristos del Porvenir,

los Sócrates de mañana,

la potente raza humana

que ignore lo que es morir.

 

Ries... «¡Sueño de poetas!»

dices. ¡Bueno! Yo te adoro

porque ese sueño completas:

tienes, como los cometas,

la cabellera de oro...

 

 

 

EL VIAJE

 

Viéndome, adviertes las huellas

de una ruta portentosa:

la espiral vertiginosa

que conduce a las estrellas;

 

Piensas que a Sirio llegué

(y envidias tamaño lauro)

o que el Alpha del Centauro

con mis ojos desdoblé...

 

Te engañas: más lejos fui

que la estrella más lejana.

(Noche, misteriosa hermana,

tú lo sabes, tú lo di...)

 

Al Vértice omniradiante

de donde todo dimana,

tal vez llegué, tal vez ante

Aquel en cuyo semblante

hay más luz que en la mañana.

 

(Tú lo sabes, expectante

noche, misteriosa hermana...)

 

 

 

EL COLOR DE LA LUNA

 

¡Quién pudiera decirnos el color de la luna!

Los pintores jamás tuvieron la fortuna

de sorprenderlo. Nunca lo definió el poeta.

No tiene nombre en la habla ni tono en la paleta...

 

 

Hace miles de años que los tristes la miran,

Hace miles de años que los novios suspiran

de pena o de placer a su luz oportuna

¡y nadie sabe aún el color de la luna!

 

 

De fijo que no es oro, de fijo que no es plata,

ni nácar ni alabastro, esa claridad grata,

para la dicha cómplice, para el dolor discreta;

farol de los ausentes y de la serenata,

sudario misterioso de un ya muerto planeta...

 

 

 

Los que hemos contemplado tras los reveladores

vidrios de un objetivo esos terminadores

que fingen filigranas ténues, inmateriales

casi; los que asomados a los limpios cristales

del ocular, miramos amanecer en esas

montañas que destacan de las sombras espesas

cada cúspide cual estrella diminuta,

mientras yacen sus moles en tiniebla absoluta;

 

 

Los que vemos, oh luna, esa luz cenicienta

que en tu hemisferio obscuro tímida nos orienta

y que proviene acaso de nuestro fulgor mismo,

del claro de la tierra, que a través del abismo

va a alumbrarte en las noches, apreciamos mejor

el raro y delicioso matiz de tu fulgor...

 

 

Mas, a pesar de todo, comprendemos también

que no existen palabras que lo concreten bien;

y que hay en ese beso divino que nos das,

el prestigio celeste de que nunca jamás

podremos definirlo con expresión completa:

¡no tiene nombre en la habla ni tono en la paleta!

 

 

¿Quién logrará en futuras edades la fortuna

de acertar a decirnos el color de la luna?

 

 

 

EL CONVENTO

 

Oh soñado convento,

donde no hubiera dogmas,

sino mucho silencio...

Una gran biblioteca,

un vastísimo huerto

con recodos de sombra,

de quietud y misterio,

y en él un telescopio

para asomarse al cielo,

¡para mirar siquiera

la Patria desde lejos,

mientras llega el instante

de volver a lo eterno!

 

 

 

VOCES

 

DIOS. - Mi Verbo va creando en todos

los instantes y formas y modos.

SIRIO Y CORO DE ESTRELLAS. - Bogamos

alumbrando los mundos; brillamos,

ardemos...

LOS VIENTOS. - Cantamos, rugimos,

y mil impalpables gérmenes sembramos

en nuestro perenne volar.

LOS MARES. - Latimos, latimos,

al compás del viento;

nuestras ondas arrullan la Vida.

LA TIERRA. Germino, transformo, sustento,

prodigando mi savia escondida...

(Enmudecen y se oye un lamento):

EL HOMBRE. ¡Ay! ¡ay! ¡ay!

 

 

 

 

 

 

V

PIEDAD

 

 

 

SUPREMO ARRULLO

 

Cuando en el ponto sonoro,

el sol, milagro de oro,

diaria transfiguración,

derrama en la onda sumisa

como una sonrisa

sus rayos que hacían cantar a Memnon,

las viejas sirenas repasan en coro

una nueva canción.

 

Tiene la canción, divino

ritmo, lento, cristalino,

(que recuerda un responso latino)

y hecha está para arrullar

a las víctimas de cada submarino,

que rotos los flancos, en un torbellino

de espumas, al fondo desciende del mar...

 

 

 

HOSPITALIDAD

 

Cristo, la ciencia moderna

te arroja sin compasión

de todas partes; ¡no tienes

donde residir, Señor!

 

 

Las teorías positivas

y la experimentación

materialista, no dejan

sitio en los orbes á Dios.

En cuanto al alma del hombre,

a piedra y cal se cerró

hace tiempo a todo ensueño.

 

 

En el umbral, la Visión

muerta de angustia, de frío

y de soledad quedó...

 

 

En las moradas humanas

ya tan sólo caben hoy

la vanidad, el deseo

voluptuoso y la ambición.

 

 

¡Ya no tienes casa, Cristo!

... ¿Mas cómo has de irte por

esos caminos, si apenas

has sonado el aldabón

de una puerta te la cierran

con estruendo y ronca voz?

 

 

El pájaro tiene nido,

cubil el raposo halló

y tú en cambio vas expuesto

a la intemperie, al horror

de las noches congeladas,

a tanto abandono...

Yo

no valgo dos cuartos, Cristo:

mi corazón (tú mejor

que nadie lo sabe) tiene

poco espacio y poco sol;

pero qué le hemos de hacer

si en esta comarca по

hay otro... ¡Ven y permite

que confuso, con temblor

de vergüenza, yo te hospede

en mi propio corazón!

 

 

 

SALMO

 

¡Oh Señor, no te enojes con la brizna de yerba!

Mi nada no merece la indignación acerba

de un Dios... ¿Es ley que emplees la flamígera espada

de tu resplandeciente Miguel contra mi nada?

Piedad para la oruga, Rey manso de Judea:

Tú, que jamás rompiste la caña ya cascada,

Tú, que nunca apagaste la mecha que aún humea.

 

 

 

CONFIANZA

 

Dios es mejor de lo que opina el cura.

Hay más piedad de la que espera él mismo

en las entrañas de la Esfinge obscura.

Hay más luz de la que él mira, en la hondura;

¡más amor del que él piensa, en el abismo!

 

¡Alma, no tengas miedo! Ya en la meta

recobrarás al ángel que se fué

y encontrarás perdón. Vive quieta

y dí lo que al morir dijo el poeta: (1)

¡Dieu me pardonnera: c'est son metier!

 

(1) Heine.

 

 

 

SÍ, POBRE VIEJECITA...

 

¡Sí, pobre viejecita, ya ninguno te escucha!

Los fastidias a todos con tu buena memoria.

Tu lentitud es grande, su frivolidad, mucha...

y te huyen porque siempre narras la misma historia.

 

Pero yo soy paciente, y, sentado a tu puerta,

escucharé. No temas, puedes hablar tranquila,

mientras menea el viento las ramas de la huerta

y se muere a lo lejos un crepúsculo lila.

 

Déjalos que se vayan, en su atolondramiento,

a decir ellos y ellas, palabras mentirosas,

y cuéntame, abuelita, tu mismo viejo cuento,

al compás de tus manos largas y sarmentosas...

 

 

 

 

 

 

 

VI

PENUMBRA

 

ESO NO MÁS

 

Página primordial de la vida,

trémulos parpadeos del alba,

límpido borbotar de la fuente,

prístino verberar de las alas,

¡No conturbéis mi espíritu

Con vuestras añoranzas!

 

 

Nébulas del ensueño naciente,

(¡nítidas, risueñas, ingrávidas!)

férvido regocijo de amores,

éxtasis de las hondas miradas,

¡No conturbéis mi espíritu

Con vuestras añoranzas!

 

 

Mítico fulgurar de la gloria,

hálitos de soberbia y pujanza,

júbilos infantiles del verso,

vítores y laureles y hosannas,

¡No conturbéis mi espíritu

Con vuestras añoranzas!

 

 

¡Plácido tu callar es, memoria!

¡Déjame para siempre, fantasma!

Mística desnudez de deseos,

búdhico reposar de nirvanas,

¡Eso no más quieren

mi cuerpo y mi alma!

 

 

 

SUAVIDAD

 

Ha tantos lustros ya que estoy penando,

que al fin con mi penar marcho tranquilo.

Mi perenne dolor es como un filo

que a fuerza de cortar, se va gastando.

 

Bronca al principio; mas hoy casi leda,

pasa mi angustia por los eriales

del mundo y el cilicio de mis males,

en un tiempo de crín, hoy es de seda.

 

Mi tristeza de ayer, hosca, importuna,

hoy se esconde y esquiva los alardes:

es ya crepuscular, como las tardes,

y mansa como el claro de la luna...

 

Siempre más tenue, siempre más suave,

el estribillo ingénuo de mi queja

parece una romanza ya muy vieja,

arrancada al marfil de un viejo clave...

 

 

Por igual en mis rimas se deslíen

aljófares y lágrimas radiantes

¡y al mirarlos caer como diamantes,

nadie sabe si lloran o si ríen!

 

 

 

EL MENTOR MUERTO

 

Aun vibra en mi oído tu acento sonoro,

aun miro en mis sueños tu faz monacal,

tu lejano aspecto de leyenda de oro,

tus largos cabellos, tu barba fluvial.

 

Aun veo tus manos exangües y largas,

pródigas de dones y de bendición,

subrayar las prédicas unciosas o amargas

que me conducían a la perfección.

 

Oh padre, oh custodio, ¿por qué te me fuiste?

Bien ves que me faltas, bien ves que me pierdo

en los laberintos de la vida triste

y que ansiosamente, desde que partiste,

vivo asomado a tu recuerdo...

 

 

 

DE TODO MI PASADO

 

De todo mi pasado;

de todas mis tristezas, de todos mis contentos;

de lo mucho perdido,

de lo poco ganado,

de lo que he sonreído

y de lo que he llorado,

¿qué me queda? Una cosa no más: ¡remordimientos!

 

 

¿Por qué no fuí mejor

con los que me quisieron?

¿Por qué no pude darles tanto amor, tanto amor

como el que ellos me dieron?

 

 

¿Por qué me causó escándalo

vivir mal comprendido?

¿Por qué ante la injusticia no fuí yo como el sándalo,

«que llena de perfumes el hacha que lo ha herido?»

 

 

¿Por qué, sintiendo siempre el celeste apetito

de lo eterno, a la tierra demasiado miré?

¿Por qué no pudo mi alma cernerse en lo infinito,

desdeñando miserias mundanales, por qué?

 

 

¡Oh! Señor, ¡no me es dado vivir una vez más

para llenar de nuevo mis ánforas vacías

del vino generoso que tú al nacer nos das!

Ennoblece a lo menos mis postrimeros días,

y si hubo muchos yerros. ¡ya los perdonarás,

teniendo en cuenta las

tan raras alegrías!

 

 

 

MIEDO

 

Dicen que un muerto es un sér elevado

al Misterio absoluto... (1)

Tú, pues, amigo diáfano, que amabas

la claridad socrática, tú, el justo

ingenuo y candoroso, eres ahora

el misterio por excelencia, el único,

el más abrumador de los misterios...

 

 

Nada en ese tu simple vivir hubo

de inextricable, nada de enigmático,

de arcano ni de obscuro.

(1)

Novalis.

 

 

¡Eras la propia limpidez del aire!

…Y hoy todos los secretos en ti juntos

florecen y tu sombra es cual la sombra

del ala de la esfinge. En vano busco

la santa nitidez de tus pupilas:

ya todo tú eres negro, ya el sañudo

prestigio de la eternidad te envuelve;

ya ves la cuarta dimensión, en cuyo

contrasentido abismase la lógica.

 

 

¡Tengo miedo de ti! y en mi convulso

sueño angustioso, yo, que ansiaba verte

y hablarte siempre, pávido formulo

esta orden mental: - Vete, fantasma;

¡no te materialices! Vuelve al húmedo

agujero en que estás; si eres la ansiada

revelación del más allá, renuncio

a ella, torna allí donde te pudres;

¡no quiero saber nada de otros mundos!

 

 

 

¡QUIÉN SABE!

 

Les morts font des songs voyages.

 

Esa indefinible devoción lejana

que vibra en tus cartas, está bien, hermana.

 

Ese amor vestido de melancolía,

tiene una sutil y honda poesía.

 

Me place que digas que me conociste

quizá en otros mundos, que por mí estás triste;

que en vano me llamas... Me place. Me place.

 

Oh espíritu ausente, ¿cuánto tiempo hace

que los dos nos vimos?

Tal vez tú recuerdes en donde vivimos…

 

Eso de existencias anteriores, gusta

a muchos. A mí me gusta… ¡y me asusta

por la inenarrable, por la atroz fatiga

de ir viviendo vidas sin cesar, amiga!

 

¡Qué horror en el dogma brahmánico cabe!

Mas, después de todo, quién sabe... quién sabe...

 

Y si el karma quiso, si hoy ya no lo quiere,

es cruel que a mi alma tu pobre alma espere

junto a un mar de sombras, viendo con afán

las olas que vienen, las olas que van...

 

¡Qué horror en el dogma brahmánico cabe!

Mas, después de todo, ¡quién sabe! ¡quién sabe!

 

 

 

TEDIO

 

Magna me cibi satietas.

 

Tengo el peor de todos los cansancios:

¡el terrible cansancio de mí mismo!

¿Dónde ir que a mí propio по me lleve,

con el necio gritar de mis sentidos

y el vano abejear de mis deseos

y el tedio insoportable de lo visto

y el gran desabrimiento de los labios

después del amargor de lo bebido?

 

¡Oh! qué hambre de paz y de penumbra

y de quietud y de silencio altivo

y de serenidad... ¡Dormir, dormir!

¡Toda una eternidad estar dormido!

 

 

 

ARCANIDAD...

 

Cuando me asomo a mí como a un cristal

diáfano, sí, mas insondable, siento

en redor un sutil vaho de enigma,

un glacial calosfrío de misterio...

 

 

 

¿Soy acaso uno solo o bien soy muchos?

¿Quién tiene autoridad en el colegio

discordante y al par disciplinado

de mis células, quién dice: «yo quiero»?

¿Quién lucha cual Jacob con ese ángel

que anida de mí dentro?

¿Quién clama: «no! mientras que clama: «si!»

un instintivo yo... que yo detesto?

 

Qué necedad la de los que imaginan

escudriñar las cosas… ¡Si no vemos

jamás lo que en si son las cosas!

Tontos

que edificáis sobre apariencias, necios

que investigais el documento humano:

(el más obscuro de los documentos)

¡y con cinco sentidos, siempre erróneos,

pretendéis calibrar el universo!

 

 

 

INMORTALIDAD...

 

Nosotros que no más somos fantasmas,

queremos perdurar en la memoria

de otro fantasma: la posteridad,

que ha de surgir mañana de la sombra

en que nosotros nos desvanecemos

y se irá sin remedio algunas horas

después, arrebatada por el viento...

¡y a perdurar así llamamos gloria!

 

 

Pedimos un esfuerzo a los humanos

para que nos recuerden, cuando locas

sus míseras cabezas se derrumban

a cada instante en las tinieblas lóbregas...

 

 

Fijar ansiamos en el torbellino

en que giran los seres y las cosas

por un momento nuestra estrella pálida...

En la balumba inextricable y pródiga

de gritos de dolor, hacer queremos

que los demás escuchen nuestra historia,

que repitan siquiera nuestro nombre

una vez, entre aullidos de congoja, ...

¡Y es esta, amigos, la celebridad!

¡Esta es, inmortales, vuestra gloria!

 

 

 

¿Y POR QUÉ NO?

 

Pregunta el hombre, triste y serio:

- ¿Vive quizás el que murió?

¿Es un engaño el cementerio?

- ¡Quién sabe! - dícele el Misterio: -

¿Y por qué nо?

 

 

Pregunta el hombre: - ¿Y el consuelo

íntimo y dulce, que solió

prometerme un futuro vuelo,

es por ventura voz del cielo?

Dice el Misterio: - ¿Y por qué no?

 

- ¿Debe esperar, pues, refrigerio

para su mal el que penó

en este obscuro cautiverio?

- ¡Quién sabe! - dícele el Misterio: -

¿Y por qué no?

 

 

Y así marchamos por la vida,

con la ilusión bien encendida

para alumbrar lo que soñó

nuestra pobre alma entelerida.

Así marchamos por la vida,

entre un «¡quién sabe!» y un «¡por qué no!»...

 

 

 

NO ES CULPA MÍA...

 

Si alternan la fe y la duda

como la noche y el día

en mi alma yerma y desnuda,

¡no es culpa mía!

 

 

Culpa es del siglo, que forja

sistemas a discreción

y que no trae en su alforja

ni una afirmación.

 

 

Culpa es de la obscuridad,

de la esquiva lobreguez,

del no dar con la verdad

ni una vez;

 

Del duro insomnio, que acecha

en la esquiva cerrazón,

el relámpago, la brecha

de luz de una convicción;

 

 

Del silencio que responde

a nuestro ansioso por qué;

del vano preguntar: ¡dónde!

para que digan: ¡no sé!

…………………………………..

 

 

Si pues alternan fe y duda

como la noche y el día

en mi alma yerma y desnuda,

¡no es culpa mía!

 

 

... Sin embargo, allá, en el fondo

del obscuro laberinto,

muy hondo, mucho, muy hondo,

habla un instinto.

 

 

Es como un que confirma

mi raro de creyente

y que, cuando niego, afirma

tímidamente.

 

 

Es... yo no sé qué simpática

insinuación oportuna

y discreta; es, como una

voz enigmática...

 

 

Como vago cuchicheo

que surge apenas de los

abismos de mi deseo

y que murmura: «yo creo

en Dios»...

 

 

 

CANSANCIO

 

Está cansada ya de gritar mi laringe,

interrogando a cada mundo del firmamento;

está cansado ya mi pobre pensamiento

de proponer enigmas a la inmutable Esfinge...

 

¡A qué pensar, a qué lanzar nuestro reproche

a lo Desconocido!

¡Comamos y bebamos!

¡Quizás es preferible que nunca comprendamos

el enorme secreto que palpita en la noche!

 

 

 

LA PREGUNTA

 

«¿Y qué quieres ser tú?» - dijo el Destino.

Respondí: Yo, ser santo;

y repuso el Destino:

«Habrá que contentarse.

con menos...»

Pesaroso,

Aguardé en mi rincón una pregunta

nueva:

- «¿Qué quieres ser?» - dijo el Destino

otra vez: - Yo, ser genio, respondile;

y él, irónico, «Habrá que contentarse

con menos»...

Mudo y triste

en mi rincón de sombra, ya no espero

la pregunta postrer, a la que sólo

responderá mi trágico silencio...

 

 

VII

LA AMADA INMÓVIL

Versos a una muerta (1)

 

 

 

 

(1)

Estas composiciones han sido entresacadas del libro La amada inmóvil, que sigue cronológicamente á SERENIDAD, y que verá la luz en 1915, s. D. q.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OFERTORIO

 

Deus dedit, Deus abstulit.

 

Dios mío, yo te ofrezco mi dolor:

Es todo lo que puedo ya ofrecerte.

Tú me diste un amor, un solo amor,

un gran amor...

Me lo robó la muerte

¡y no me queda más que mi dolor!

 

Acéptalo, Señor,

¡es todo lo que puedo ya ofrecerte!

 

 

 

GRATIA PLENA

 

Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:

su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar.

El ingenio de Francia de su boca fluía.

Era llena de gracia, como el Avemaría.

¡Quien la vió, no la pudo ya jamás olvidar!

 

 

Ingenua como el agua, diáfana como el día,

rubia y nevada como margarita sin par,

al influjo de su alma celeste, amanecía...

Era llena de gracia, como el Avemaría.

¡Quien la vió no la pudo ya jamás olvidar!

 

 

Cierta dulce y amable dignidad, la investía

de no sé qué prestigio lejano y singular...

Más que muchas princesas, princesa parecía.

Era llena de gracia, como el Avemaría.

¡Quien la vió no la pudo ya jamás olvidar!

 

 

Yo gocé el privilegio de encontrarla en mi vía

dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar

y cadencias arcanas halló mi poesía...

Era llena de gracia, como el Avemaría.

¡Quien la vió no la pudo ya jamás olvidar!

¡Cuánto! ¡Cuánto! la quise. Por diez años fué mía;

… ¡pero flores tan bellas nunca pueden durar!

Era llena de gracia como el Avemaría

y a la Fuente de Gracia de donde procedía,

se volvió... ¡como gota que se vuelve á la mar!

 

Marzo de 1912.

 

 

 

PUELLA ΜΕΑ

 

Muchachita mía,

gloria y ufanía

de mi atardecer,

¡yo sólo tenía

la santa alegría

de mi poesía

y de tu querer!

 

¿Por qué te partiste?

¿por qué te me fuiste?

mira que estoy triste,

triste, triste, triste,

con tristeza tal,

que mi cara mustia

deja ver mi angustia,

como si fuera de cristal...

 

Muchachita mía,

¡qué sola, qué fría

te fuiste aquel día!

 

¿En qué estrella estás?

¿En qué espacio vuelas,

en qué mar rielas,

cuándo volverás?

... - ¡Nunca, nunca más!

 

Marzo de 1912.

 

 

 

¿QUÉ MÁS ME DA?

 

¡Con ella todo, sin ella nada!

para qué viajes,

cielos, paisajes...

¡Qué importan soles en la jornada!

¡Qué más me da

la ciudad loca, la mar airada,

el valle plácido, la cima helada,

si ya conmigo mi amor no está!

¡Qué más me da!

 

Venecias, Romas, Vienas, Parises,

bellos sin duda... ¡Pero copiados

en sus celestes pupilas grises,

en sus divinos ojos rasgados!

Venecias, Romas, Vienas, Parises,

¡qué más me da

vuestra balumba febril y vana,

si de mi brazo no va mi Ana,

si ya conmigo mi amor no está!

¡Qué más me da!

 

Un rinconcito que, en cualquier parte,

me preste abrigo;

un apartado refugio amigo

donde pensar;

un libro austero que me conforte,

una esperanza que sea norte

de mi penar;

y un apacible morir sereno,

mientras más pronto más dulce y bueno,

¡qué mejor cosa puedo anhelar!

 

Marzo de 1912.

 

 

 

METAFISIQUEOS

 

¡De qué sirve al triste la filosofía!

Kant o Schopenhauer o Nietzsche o Bergson...

¡Metafisiquéos!

En tanto, Ana mía,

te me has muerto y yo no sé todavía

dónde ha de buscarte mi pobre razón.

 

 

¡Metafisiqueos, pura teoría!

Nadie sabe nada de nada: ¡mejor

"que esa” pobre ciencia, confusa y vacía,

nos alumbra el alma como luz del día,

el secreto instinto del eterno Amor!

 

No ha de haber abismo que ese amor no ahonde

y he de hallarte. ¿Dónde? ¡No me importa dónde!

¿Cuándo? No me importa... ¡Pero te hallaré!

Si pregunto a un sabio, «¿Qué sé yo?» responde.

Si pregunto a mi alma, me dice: «¡Yo sé!»

 

Marzo 27 de 1912.

 

 

 

UNIDAD

 

No, madre, no te olvido;

… mas, apenas ayer ella se ha ido

y es natural que mi dolor presente

cubra tu dulce imagen en mi mente

con la imagen del otro bien perdido.

 

 

Ya juntas viviréis en mi memoria,

como oriente y ocaso de mi historia,

como principio y fin de mi sendero,

como nido y sepulcro de mi gloria:

¡pues contigo, nací, con ella, muero!

 

 

Ya viviréis las dos en mis amores

sin jamás separaros;

pues como en un matiz hay dos colores

y en un tallo dos flores,

en una misma pena he de juntaros!

 

Marzo 28 de 1912.

 

 

 

EL FANTASMA SOY YO

 

Vivants vous êtes des fantomes,

c'est nous qui sommes les vivants.

V. H.

 

Mi alma es una princesa en su torre metida,

con cinco ventanitas para mirar la vida.

Es una triste diosa que el cuerpo aprisionó.

Y tu alma, que desde antes de morirte volaba,

es un ala magnífica, libre de toda traba…

Tú no eres el fantasma, ¡el fantasma soy yo!

 

 

¡Qué entiendo de las cosas! Las cosas se me ofrecen

no como son de suyo, sino como aparecen

a los cinco sentidos con que Dios limitó

mi sensorio grosero, mi percepción menguada.

Tú lo sabes hoy todo... ¡Yo, en cambio, no sé nada!

Tú no eres el fantasma, ¡el fantasma soy yo!

 

Abril 5 de 1912

 

 

 

ME BESABA MUCHO

 

Me besaba mucho, como si temiera

irse muy temprano... Su cariño era

inquieto, nervioso.

Yo no comprendía

tan febril premura; ¡mi intuición grosera

nunca vió muy lejos!

¡Ella presentía!

 

Ella presentía que era corto el plazo;

que la vela, herida por el latigazo

del viento, aguardaba ya, y en su ansiedad,

quería dejarme su alma en cada abrazo,

poner en sus besos una eternidad.

 

Mayo 4 de 1912.

 

 

 

AQUEL OLOR...

 

Era un'amicizia di terra lontana...

GABRIELE D'ANNUNZIO

 

¿En qué cuento te leí?

¿En qué sueño te soñé?

¿En qué planeta te vi

antes de mirarte aquí?

¡Ah! no lo sé... ¡no lo sé!

 

 

Pero brotó nuestro amor

con un antiguo fervor

y hubo, al tendernos la mano,

cierta emoción anterior,

venida de lo lejano.

 

 

Tenía nuestra amistad

desde el comienzo, un cariz

de otro sitio, de otra edad,

y una familiaridad

de indefinible matiz...

 

 

Explique alguien (si lo osa)

el hecho y por qué, además,

de tus caricias de diosa

me queda una misteriosa

esencia sutil de rosa,

que viene de un siglo atrás...

 

Mayo 7 de 1912.

 

 

 

YA TODO ES IMPOSIBLE

 

¡Dios no ha de devolvértela porque llores!

Mientras tú vas y vienes por la casa

vacía, mientras gimes,

la pobre está pudriéndose en su agujero:

¡ya todo es imposible!

 

 

Así llenaras veinte lacrimatorias

con la sal de tus ojos, así suspires

hasta luchar en ímpetu

con el viento que pasa destrozando

las flores de los jardines;

así solloces hasta herir la entraña

de la noche sublime,

nada obtendrás: la Muerte no devuelve

sino cenizas a los tristes...

La pobre está pudriéndose en su agujero:

¡ya todo es imposible!

 

 

Dios lo ha querido... Inclina la cabeza,

¡humillate! ¡humillate!

y aguarda, recogido, en las tinieblas,

el beso de la Esfinge.

 

Mayo 31 de 1912.

 

 

 

¡QUÉ BIEN ESTÁN LOS MUERTOS!

 

¡Qué bien están los muertos!

Ya sin calor ni frío,

ya sin tedio ni hastío.

 

Por la tierra cubiertos,

en su caja extendidos,

blandamente dormidos...

 

Qué bien están los muertos,

con las manos cruzadas,

con las bocas cerradas,

 

Con los ojos abiertos

para ver el arcano

que yo persigo en vano.

 

¡Qué bien estás, mi amor!

ya por siempre exceptuada

de la vejez odiada,

 

Del verdugo dolor...

¡Inmortalmente joven,

dejando que te troven

 

Su trova cotidiana

los pájaros poetas,

que moran en las quietas

 

Tumbas, y en la mañana,

donde la muerte anida,

saludan a la vida…

 

Junio 17 de 1912.

 

 

 

SONETO

 

¡Qué son diez años para la vida de una estrella!

... mas, para el triste amante que encontró la mitad

de su alma en el camino y se enamoró della,

¡diez años de connubio, son una eternidad!

 

 

Diez años, cuatro meses y siete días, quiso

el Arcano (que encauza las vidas paralelas)

juntarnos, no en meloso y estulto paraíso,

sino en la comunión de las almas gemelas.

 

 

Conducidos marchamos

por un amor experto;

del brazo siempre fuimos,

 

 

y tal nos adoramos,

que... no sé quién ha muerto,

¡ó si los dos morimos!

 

Junio 29 de 1912.

 

 

 

BENDICIÓN A FRANCIA

 

¡Bendita seas, Francia, porque me diste amor!

En tu París inmenso y cordial, encontré,

para mi cuerpo, abrigo, para mi alma, fulgor,

para mis ideales el ambiente mejor

... ¡y además una dulce francesa que adoré!

 

 

Por esa mujer noble, tuyo es, Francia querida,

mi reconocimiento; pues que merced a ella

tuve todos los bienes: el gusto por la vida,

la intimidad celeste, la ternura escondida

¡y la luz de la lámpara y la luz de la estrella!

 

 

Yo no sé qué demiurgo la sustrajo a mi anhelo,

tras una amputación repentina y cruel,

y ya tú sola, Francia, puedes darme consuelo:

con un refugio amigo para llorar mi duelo,

tu maternal regazo para verter mi hiel,

la sombra de algún árbol en tu florido suelo

... ¡y acaso, en tus colmenas, una gota de miel!

 

Julio 3 de 1912.

 

 

 

SEIS MESES

 

¡Seis meses ya de muerta! Y en vano he pretendido

un beso, una palabra, un hálito, un sonido...

¡Y a pesar de mi fe, cada día evidencio

que detrás de la tumba ya no hay más que silencio!

 

Si yo me hubiese muerto, qué mar, qué cataclismos,

qué vórtices, qué nieblas, qué cimas ni qué abismos

burlaran mi deseo febril y omnipotente

de venir por las noches a besarte en la frente,

de bajar con la luz de un astro zahorí

a decirte al oído: «¡No te olvides de mí!»

 

Y tú, que me querías tal vez más que te amé,

callas inexorable, de suerte que no sé

sino dudar de todo: del alma, del destino

y ponerme a llorar en medio del camino;

¡pues con desolación infinita evidencio

que detrás de la tumba ya no hay más que silencio!

 

Julio 7 de 1912.

 

 

 

POR ESTA SELVA

 

Por esta selva tan espesa

donde nunca el sol penetró,

buscando voy una princesa

que se me perdió.

 

Entre los árboles copudos,

entre las lianas verdinegras

que trepan por los desnudos

troncos, como las culebras,

 

Entre las rocas de hosquedad

hostil y provocativa

y la pavorosa soledad

y la penumbra esquiva,

 

Buscando voy una princesa

rubia como la madrugada,

que ha partido y que no regresa

desta espesura malhadada.

 

Dicen que al fin de aquella ruta

que bordan el ciprés y el enebro,

hay una reina muy enjuta

que mora en un castillo muy negro;

 

Que guarda en fieros torreones

otras princesas como la mía

y que es sorda a las rogaciones

del desamparo y de la agonía.

 

…Mas acaso, si yo pudiese

ver a la reina y su huella

seguir astuto, ¡al cabo diese

con el castillo negro y con Ella!

 

Pero el más seguro instinto

no se sentiría capaz

de guiarse por el laberinto

desta penumbra pertinaz,

 

En que el espíritu presiente

algo fatal que se avecina

y en que acaso es más imponente

que lo que vemos claramente,

lo que tan solo se adivina...

 

Heme aquí pues con la alma opresa

en medio de la obscuridad,

enamorado de una princesa

que se perdió en la selva espesa

¡tal vez por una eternidad!

 

Julio 31 de 1912.

 

 

 

UN SIGNO

 

Eternidad, ¡devuélveme lo que me has sustraído!

Abismo, ¡restitúyeme lo que sorbió tu hondura!

Esfinge, ¡abre tu oído!

¡Compadécete ya, noche obscura!

 

¡Oye mi imploradora

voz, oh Isis, desgarra tu capuz!

... Y tú, lucero ignoto en que Ella mora,

¡por piedad, hazme un signo de luz!

 

Octubre 16 de 1912.

 

 

 

LA SANTIDAD DE LA MUERTE

 

La santidad de la muerte

llenó de paz tu semblante

y yo no puedo ya verte

de mi memoria delante

sino en el sosiego inerte

y glacial de aquel instante...

 

 

En el ataúd exiguo,

de ceras a la luz fatua,

tenía tu rostro ambiguo,

quietud augusta de estatua

en un sarcófago antiguo...

 

 

Quietud con yo no sé qué

de dulce y meditativo;

majestad de lo que fué;

reposo definitivo

de quien ya sabe el por qué...

 

 

Placidez honda, sumisa

a la Ley, y en la gentil

boca breve, una sonrisa

enigmática, sutil,

iluminando, indecisa,

la tez color de marfil.

 

 

A pesar de tanta pena

como desde entonces siento,

aquella visión me llena

de blando recogimiento

y unción... Como cuando suena

la esquila de algun convento,

en una tarde serena.

 

Noviembre 15 de 1912.

 



FIN

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