© Libro N° 14740. Filosofía Forense: Reflexiones Marginales Sobre El Cadáver. Aguirre Moreno, Arturo. Emancipación. Enero 24 de 2026
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FILOSOFÍA
FORENSE:
Reflexiones
Marginales Sobre El Cadáver
Arturo
Aguirre Moreno
Filosofía Forense:
Reflexiones Marginales Sobre El Cadáver
Arturo Aguirre Moreno
Filosofía Forense:
Reflexiones Marginales Sobre El Cadáver
Arturo Aguirre Moreno
28 de noviembre de 2025
Resumen
El artículo propone un pensar en español desde los márgenes epistémicos,
políticos y lingüísticos donde el cadáver comparece de manera controversial. La
filosofía forense se concibe aquí como un ejercicio de reflexión marginal que
explora los límites del saber ante la violencia extrema y la exposición del
cuerpo ultrajado. Más que esclarecer los hechos de muerte, este horizonte
examina las condiciones de legibilidad, visibilidad y disputa del nekros en
el espacio público. Desde esta perspectiva, las reflexiones marginales delinean
una filosofía forense situada, capaz de pensar la violencia contemporánea desde
la materialidad del cadáver, con el propósito de fortalecer la relación entre
lo que se entiende por humanidad, vínculos y mundanidad compartida entre vivos
y muertos, en consonancia con la orientación necrohumanista que guía este
pensamiento.
Palabras clave: necrohumanismo, nekros, pensar en
español
Abstract
This article articulates a mode of philosophical inquiry in Spanish from
the epistemic, political, and linguistic margins where the corpse emerges as a
disruptive question. Forensic philosophy is here conceived as a marginal
practice of thought that interrogates the limits of knowledge in the face of
extreme violence and the exposure of the violated body. Rather than aiming at
the clarification of death’s factuality, it examines the conditions under which
the nekros becomes legible, visible, and contestable within
the public sphere. From this standpoint, marginal reflections outline a
situated forensic philosophy capable of addressing contemporary violence
through the materiality of the corpse, seeking to rearticulate humanity, bonds,
and shared mundanity between the living and the dead, in resonance with the
necrohumanist orientation that sustains this inquiry.
Keywords: necrohumanism, nekros, thinking
in Spanish
En las últimas décadas, la violencia contemporánea desplazó los márgenes
de la reflexión, así como de la inteligibilidad política, jurídica y
epistémica del cuerpo muerto, ello al exponer zonas de opacidad donde las
categorías tradicionales resultan insuficientes para comprender la intensidad
del daño y las formas inéditas ya sea de desaparición o bien de
exposición de los cadáveres.
Las prácticas forenses, tradicionalmente concebidas como dispositivos
técnicos de verificación, en tal panorama, son cuestionadas por experiencias
sociales que desbordan el campo institucional de la ciencia forense y la
justicia jurídica. Allí donde el cadáver aparece como resto material de la
violencia, emerge también como un elemento epistemológico que tensiona los
modos de configuración de la verdad y los marcos de reconocimiento que la
sostienen. En este horizonte, la filosofía forense propone, por ello, una
reconsideración del saber sobre la muerte violenta en contextos extremos, así
como de las condiciones bajo las cuales el cadáver adquiere legibilidad,
visibilidad y capacidad de disputa en la esfera pública. De ahí, una ontología
del cadáver ultrajado en tales contextos se vuelve impostergable, dado que no
existen trayectorias precedentes que permitan dar plena razón de su estatuto ni
de las transformaciones epistémicas, jurídicas y políticas que su irrupción
comporta; a pesar de su presencia protagónica de nuestros tiempos sombríos.
Desde la perspectiva de la epistemología sobre la violencia[1], el conocimiento relativo a los cadáveres
violentados excede la verificación empírica propia del saber forense, al
articularse con saberes situados que emergen de la experiencia de quienes
enfrentan la exposición, el hallazgo y el tratamiento de los cuerpos
ultrajados. La verdad forense, lejos de constituir un régimen de sentido
homogéneo, se manifiesta como un campo plural donde el registro técnico
coexiste con memorias que reconfiguran lo verificable; lo cual genera
fricciones de reconocimiento (sobre la dignidad ontológica de los cadáveres,
por ejemplo) y políticas entre distintos órdenes de vinculación.
En esta arquitectura conceptual, el cadáver funciona como un agente que
interrumpe el orden del pensamiento, al confrontarlo con lo que excede sus
propias categorías. Su irrupción desplaza los criterios de legibilidad de la
violencia y amplía la noción de forensicidad hacia un
territorio de controversia en el que se discuten los modos de aparición,
interpretación y actuación del cadáver en las sociedades contemporáneas. Por
ello, estas reflexiones marginales buscan, desde hace algunos años, mantener
abierta la interrogación sobre aquello que el cadáver expone: los umbrales de
su comprensión y la tensión que provoca al ser excluido, bajo un orden de
violencia espacial y muerte social.
Se afirma, consecuentemente que, en este proceso, en su marginalidad
forense, se hace visible una mutación reflexiva sobre la muerte y sobre sus
modos de registro en contextos de alta conflictividad. El cadáver ultrajado,
concebido como nekros, deja de reducirse al cuerpo individual,
inerte, inoperante y residual, para comparecer como una interrogación activa
ante las violencias contemporáneas que reconfiguran la materialidad y la
simbolización colectiva en la relación entre vida, entre los vivos y los muertos,
el territorio, así como memoria.
Ello, dado que la desaparición, hallazgo y tratamiento de los cadáveres
delinean cartografías donde la violencia erige arquitecturas crípticas: fosas,
zonas de abandono y circuitos de ocultamiento[2]. Estas geografías, antes que constituir
puntos fijos, operan como necrotopías, espacios en los que el
anonimato y la exclusión trazan los límites de lo recuperable y revelan la
materialización territorial de la desaparición[3].
Imagen generada por Chat GPT
Como se observa, el reconocimiento y la forma en que el cadáver
comparece como agente se articulan con saberes situados que derivan de las
experiencias de búsqueda, confrontación y resistencia ante eventos como la
desaparición y las necroviolencias. En este marco, la verdad
forense se presenta como una constelación de registros heterogéneos; dado que
al saber técnico se le yuxtaponen memorias corporales, testimoniales y
comunitarias que se sitúan en los márgenes de lo verificable. Estas fricciones
teóricas, tanto ontológicas como epistemológicas, transforman el estatuto mismo
de la evidencia, desplazándola de la comprobación técnica hacia un campo de
tensiones sobre lo que puede ser reconocido, negado o neutralizado en la
indiferencia. Por ello, resultan indispensables para restituir en el foro
público la discusión sobre los criterios de legibilidad del daño y propiciar
una ampliación del campo conceptual de la forensicidad, entendida
ahora como un espacio de disputa donde los foros, lenguajes y escenas determinan
la relevancia cultural, social y política del nekros[4].
Considérese, como campo de tensiones, el corredor migratorio entre
México y Estados Unidos: un necrotopía. Las rutas de tránsito concentran
violencias estructurales, jurídicas y materiales que afectan de manera
diferencial a los cuerpos en movimiento. El territorio se transforma en una
espacialidad mortuoria[5], cuya naturaleza se expresa en la
acumulación de cadáveres en zonas desérticas, en los obstáculos que dificultan
su identificación y en la omisión institucional ante cuerpos despojados de
reconocimiento jurídico bajo el estatus de la ilegalidad migratoria.
A partir de ello, la geografía adquiere un carácter necrotópico:
el nekros se disuelve en el paisaje como materialidad
geopolítica despersonalizada, atravesada por el tránsito del sur hacia el norte
global, donde se establece una relación territorial marcada por el abandono y
la producción de lo desechable humano[6]. El trabajo de Jason De León, que se
integra a otros esfuerzos de colectividad teórica como Border Forensics y
el Human Rights Center)[7] ofrece una lectura paradigmática.
En The Land of Open Graves, el autor describe el desierto de Sonora
como una tecnología de disuasión mortal creada por políticas migratorias que
incorporan la muerte como componente operativo[8]. En tal tenor, estas prácticas
conforman intervenciones epistemológicas en las que el cadáver actúa como
operador estructurante de una racionalidad espacial emergente. Así, la
necrotopía desértica expone los marcos del derecho, la memoria y la legitimidad,
al tiempo que revela la dimensión geográfica de la violencia contemporánea. En
estos espacios abiertos, las fosas a la intemperie (open graves)
configuran un necropaisaje de exposición donde los cuerpos quedan entregados a
la materialidad del territorio y ponen en evidencia una forma extrema de
violencia espacial que se ejerce en el abandono de los cadáveres migrantes. En
esa intemperie se redefinen los límites de lo humano y los procesos de
deshumanización implicados en las maneras de disponer los cuerpos. En
consecuencia, la forensicidad se expande como una matriz
teórica desde la cual se interroga la vida social en el marco de las
movilidades globales, mediante el cadáver como (f)actor de inteligibilidad
situada y georreferenciada, capaz de exponer las complejas relaciones
espaciales, políticas, así como afectivas que producen los territorios
contemporáneos de la violencia.
El nekros adquiere, luego, una dimensión geográfica que
excede toda delimitación anatómica o jurídica. Su desaparición, hallazgo y
tratamiento delinean un mapa inestable donde la violencia modela el espacio,
erige arquitecturas del ocultamiento (fosas, zonas de abandono, corredores de
encubrimiento) y traza una geografía residual del silenciamiento. Cada una de
estas producciones reacondiciona la tensión entre justicia y olvido, entre el
impulso de revelar y el de volver a cubrir. Las necrotopías revelan
así la dimensión espacial del cadáver, al convertir el territorio en
materialización extendida de la violencia, una disputa entre el que
oculta y aquellos que reclaman su espacio. Por esto mismo, en esa topografía,
el cadáver deja de ser un resto pasivo, inerte: se afirma como agente que
reconfigura la relación entre cuerpo y suelo, entre materia y recuerdo, hasta
transformar el lugar en un campo de interrogación ontológica, jurídica y
política[9].
Como se infiere, esta filosofía forense emerge de las reflexiones
marginales de un orden doliente, atravesado por la violencia extrema que
caracteriza la experiencia mexicana, por cuanto tierra de terrores. Al
replantear el cadáver desde la perspectiva del necrohumanismo,
permite reconocer procesos de aniquilación que exceden la dimensión bélica
tradicional. Dichos procesos, visibles con particular nitidez en tal latitud,
se evidencian como lógicas epocales de eliminación social, desaparición y
exclusión estructural. Con base en lo anterior, el examen filosófico de
las necroviolencias o violencias postmortem, junto con la
inclusión del cadáver como nekros dentro de dichas
estructuras, patentiza su potencia para rearticular el derecho postmortem,
modificar la ontología del reconocimiento y transformar los fundamentos de la
comunidad, ya no desde los individuos, sino desde la relacionalidad y el
factor común de la mortalidad.
Desde esta perspectiva, la filosofía forense se propone como un espacio
teórico de fricciones, diferendos y resignificaciones onto-materiales de los
vínculos políticos, ecológicos, sociales, culturales y económicos, en tanto
interroga el estatuto del cadáver y analiza las formas institucionales,
materiales y discursivas que determinan los umbrales de lo vivible, lo legible
y lo eliminable. Más que limitarse al esclarecimiento del pasado violento, este
planteamiento filosófico busca reconfigurar la necrohistoria contemporánea
mediante el examen de los criterios que determinan qué relación tenemos con los
cadáveres producidos en dimensiones industriales, qué muertes pueden narrarse y
qué cadáveres alcanzan posibilidad de restitución.
Conclusiones
De tal manera, la filosofía forense se propone como un enfoque teórico
que orienta el análisis de la muerte violenta, la agencia del cadáver y las
formas de violencia que se despliegan en el mundo contemporáneo. Desde esta
perspectiva, se interrogan categorías como verdad, justicia y comunidad en
contextos marcados por la destrucción del sentido. Además, esta propuesta
filosófica puede estructurar una metodología crítica que articula métodos
testimoniales, espaciales y documentales con arquitecturas conceptuales capaces
de interpretar los signos de la devastación. Su intervención, de tal forma, no
se limita a procedimientos técnicos; antes bien, propone modos de lectura
(arqueológicos, fenomenológicos o hermenéuticos) que permiten construir
inteligibilidad frente a los topoi de violencia extrema y en masa
(necrotopías).
En síntesis, el desarrollo de una filosofía forense en español y desde
América Latina responde a la doble urgencia de comprender y transformar una
realidad atravesada por la muerte violenta y deliberada. La región ha sido
tristemente pionera en modalidades de violencia (desde genocidios,
eliminacionismos y desapariciones masivas hasta las nuevas formas de necroviolencia vinculadas
al crimen organizado y al drama migratorio del sur al norte) y, por ello mismo,
busca formular preguntas, así como respuestas teóricas a la altura de esos
acontecimientos y de la época. Desarrollar estos análisis en español no es un
gesto menor: implica nombrar la experiencia del horror en la lengua de quienes
lo padecen, forjar conceptos propios para iluminar zonas oscuras que la
tradición apenas vislumbró, y dialogar con los acervos intelectuales y
comunitarios que han resistido la deshumanización en diversos registros.
Asimismo, una filosofía forense desde tal latitud aporta una visión situada al
entretejer el saber académico con las luchas locales de familiares, colectivos
de búsqueda y defensores de derechos humanos que, día tras día, reclaman verdad
y justicia en la materialidad arrebatada a sus seres queridos.
Bibliografía:
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2.
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la violencia: Testimonio, confianza y verdad. En A. Aguirre & M.
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3.
De León, J. (2015). The land
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4.
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5.
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7.
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8.
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Scholarship Online. https://doi.org/10.3366/edinburgh/9781474450263.003.0003
Notas
[1] Bufacchi, 2016, pp. 129-142
[2] Martínez Martínez, 2025, pp. 59-61
[3] Dreyfus & Anstett, 2017, p. 3
[4] Domanska, 2017
[5] Yanik, 2021
[6] Monroy Álvarez, 2017, pp. 153-156
[7] Border Forensics es un
colectivo interdisciplinario dedicado a documentar y analizar la violencia
estatal en contextos fronterizos mediante metodologías forenses, cartográficas
y visuales críticas. Por su parte, el Human Rights Center de
la Universidad de California, Berkeley, es un centro académico especializado en
investigaciones sobre justicia internacional, violencia masiva y derechos
humanos.
[8] De León, 2015
[9] Dreyfus & Anstett, 2017
FIN

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