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Libro N° 14706. El Cuarto De Hora. Escamilla, Pedro.

Guillermo Molina Miranda mayo 20, 2026


© Libro N° 14706. El Cuarto De Hora. Escamilla, Pedro. Emancipación. Enero 17 de 2026

 

Título Original: © El Cuarto De Hora. Pedro Escamilla

 

Versión Original: © El Cuarto De Hora. Pedro Escamilla

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

EL CUARTO DE HORA

Pedro Escamilla


 

El Cuarto De Hora

Pedro Escamilla

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Contenido

 

 Nota Previa

Autor

El Cuarto de Hora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota previa

 

 

Se reproduce a continuación el relato El cuarto de hora, de Pedro Escamilla.

Ganso y Pulpo ha realizado su edición a partir del texto publicado en el semanario El Periódico para Todos en el año 1877 (época I, año I, núm. 10).

El texto se corresponde con el identificador editorial GYP- NB0450, pudiéndose habido actualizar su ortografía y gramática de acuerdo con las reglas vigentes del idioma español. Estos cambios suponen, en el plano ortográfico, la supresión del acento en monosílabos y la actualización de aquel léxico técnico y/o extranjerismos que están actualmente integrados en el idioma. En el plano gramatical ha podido variar el texto en relación a la disposición de signos de puntuación, principalmente en relación al empleo de la raya.

En cuanto a la licencia de esta edición debe tenerse en cuenta que el texto reproducido es de dominio público (Pedro Escamilla falleció en 1907). Por otra parte, tanto la portada como la edición aquí presentadas se distribuyen gratuitamente bajo licencia Creative Commons por la editorial electrónica Ganso y Pulpo, que espera se comparta en los mismos términos que los estipulados originalmente (edición íntegra, sin ánimo de lucro y respetuosa tanto con el texto como con el trabajo desempeñado por la editorial).


El presente ePub está libre de DRM y validado técnicamente, como puede comprobarse mediante la aplicación web del IDPF.

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Ganso y Pulpo

Creación: Barcelona, 23 de diciembre de 2019



 

 

 

 

Pedro Escamilla

Nacimientoca. 1840

Madrid, España

Defunciónca. 1890

Madrid, España

MovimientoEscritor bohemio

Relacionado

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Introducción

Se busque donde se busque a Pedro Escamilla, madrileño nacido y muerto en fechas y circunstancias no conocidas, siempre encontramos la etiqueta de escritor bohemio. Bohemio empedernido. Bohemio sempiterno. Hombre de vida inquieta, azarosa, rebelde. Hombre que no veía sol. Hombre de espíritu dolido y atormentado. Víctima de sí mismo, condenado a ocios forzosos, sumido en una vida estéril y sin objeto… En fin, los retratos que de él se han hecho dan lugar a un representante del canon bohemio. El siguiente epíteto recurrente que encontramos es el de escritor prolífico, de rica inventiva y gran popularidad, tremendamente aplaudido por sus coetáneos. Así pues, fatalidad vital y fortuna literaria se dibujan como las principales guías de la existencia de este escritor difuminado hoy en nuestro imaginario literario.

Ganso y Pulpo reedita parte de su producción literaria desde el día 11 de mayo de 2012.

Semblanza

Unas cuantas son las menciones que de Pedro Escamilla pueden encontrarse a día de hoy en hemerotecas y bibliotecas. Sin embargo, son pocos los datos concretos que acerca de su vida pueden encontrarse. Su faceta bohemia acapara la atención, convirtiéndose así en fundamento esencial del hombre y escritor.

Superior a sus obras fue su espíritu, donde latían muchas inquietudes a las que no pudo dar forma por el género de vida que llevaba. Le faltaron tiempo, ocasión y oportunidad. Víctima de aquella misma vida de bohemia, harto hacía con resolver el difícil problema de la existencia cotidiana. Catalogado entre los rebeldes e inadaptables, no podía hacer más. Tampoco se lo consentían. Galeote de la pluma, miserable, harapiento y necesitado, ¿qué es lo que iba a hacer? Cuando sentía algo grande, hermoso y trascendental lo callaba. ¿Para qué decirlo si ninguno le haría caso?

López Núñez {1928}

Entre sus compañeros de bohemia figura como eje central del grupo Pelayo del Castillo. A su alrededor, además de Escamilla, se encontraban asiduamente Pedro Marquina, Guyón, Alaminos y López el Sucio. A partir de la experiencia de este grupo, la idea de la condenación del bohemio vuelve a hacerse presente en el discurso anterior:

Bohemios, eternamente bohemios, su destino les condenaba a seguir viviendo como hasta entonces habían vivido, de espaldas a la realidad, y atentos solamente a lo que su fantasía les dictaba.

López Núñez {1928}

Por otra parte, leyendo las distintas entregas de El sol de la bohemia y la bohemia sin sol, de Florencio Moreno Godino {considerado a su vez como decano de la bohemia española}, nos encontramos con algunos recuerdos que nos brindan, entre otras cosas, la descripción física de Escamilla.

Escamilla, pálido, de cara larga, era tan sumamente delgado que parecía un pretexto para que un alma residiese en un cuerpo.

Moreno Godino {1902}

La narración de alguna otra anécdota de este grupo de la bohemia madrileña nos muestra a un Escamilla tímido hasta el punto de dormir la borrachera entre los tizones y cucarachas de una carbonera antes que hacerlo con sus compañeros a la intemperie del Retiro. {Pluma y Lápiz, nº 163}.

Nuestra labor de documentación acerca de la vida de Pedro Escamilla, llegados a este punto, queda en suspenso. De repente, un día incierto, desaparece. Ya no se vuelve a saber nada de él y todos cuantos le dedican unas palabras apuestan por un fin similar al de su amigo Pelayo del Castillo {que murió en la soledad y la miseria} o Pedro Marquina {que lo encontraron muerto entre la nieve, después de que ahí lo arrojase, por ahorrarse complicaciones, la patrona de la casa de huéspedes en que falleció}.

Labor literaria

Los inicios literarios de Escamilla comienzan tras ponerse a disposición de Miguel Pastorfido, editor de su amigo de bohemia Pelayo del Castillo. Escritor prolífico y heterogéneo, cuenta con numerosas comedias, novelas folletinescas {hechas de encargo}, poesía y narraciones breves entre su producción.

En el artículo que a su figura dedica López Núñez se destaca la espontaneidad de su proceso creativo:

De vida tan desordenada como la de su hermano de bohemia [Pelayo del Castillo], escribía con rara facilidad. Sus obras más aplaudidas las hizo donde pudo y como pudo, siendo curioso el hecho de que se ponía a escribir una obra sin saber lo que iba a hacer. Todo lo fiaba a la casualidad y a la inspiración, seguro de sí mismo y de su ingenio.

López Núñez {1928}

En el ámbito de la prensa fundó el periódico satírico El Fisgón {1865} y, empleado principalmente en el relato corto, llegó a publicar alrededor de 400 en diferentes almanaques, revistas y periódicos de la época como El Álbum de las Familias, La Ilustración de los Niños, La Lectura para Todos, La Moda Elegante Ilustrada o El Museo Universal. La palma se la lleva El Periódico para Todos, donde publicó 376 de sus cuentos y algún que otro folletín.

A ello debe añadirse su producción teatral {donde hemos llegado a sumar más de 50 títulos} y novelística {que según Cazottes alcanza hasta 34 títulos, publicados de 1859 a 1886 en libro o en folletín}.

Si se tiene en cuenta que también escribió con el seudónimo de Félix X y que corría el rumor de que las más importantes novelas de Puerta Vizcaíno estaban escritas por él, los títulos surgidos de su pluma se siguen multiplicando. Sirva el siguiente texto de Nombela, citado por Juan Ignacio Ferreras {2009}, para ilustrar lo que aquí se expone:

Pedro Escamilla que hizo comedias, dramas y novelas, primero para el librero y después para algunos autores perezosos o aficionados a engalanarse con plumas ajenas […] corrió la voz de que las novelas de Puerta Vizcaíno estaban escritas por Escamilla.

Ferreras {2009}

Asimismo, el propio filólogo Juan Ignacio Ferreras plantea dubitativo en su Catálogo de novelas y novelistas españoles del siglo XIX el posible empleo de Pedro Escamilla como seudónimo por parte del escritor Julián Castellanos y Velasco.

Ante tan vasta producción, los intereses actuales parecen centrarse especialmente en sus narraciones cortas de género fantástico y de horror. Con la atribución de diversas influencias {que van desde Bécquer, E. Erckmann y A. Chatrian a E.T.A. Hoffmann y Poe} y publicados originalmente casi en su totalidad en El Periódico para Todos, han sido ya objeto de estudio de David Roas, reputado académico en este campo de la creación literaria. Dejando de lado los cuentos de corte legendario, los cuentos seudofantásticos {que concluyen con la racionalización del supuesto fenómeno sobrenatural} y los de carácter religioso {milagros e intervenciones del diablo}, su catalogación se resume del siguiente modo:

·    Cuentos que giran en torno a la casualidad.

·    Cuentos en que lo sobrenatural se introduce de forma explícita en la vida cotidiana de los personajes.

·    Cuentos con el tema del doble.

Por lo demás, hasta el momento, parece que la labor literaria de Pedro Escamilla ha quedado relegada a ese ámbito del lector erudito, consiguiendo pervivir agazapado ante los lectores de las ediciones anotadas de La Regenta, cuando Joaquín Orgaz canta en la catedral de Vetusta su —¡Y Pun, Pin, Pun!… yo soy el general… Bum Bum.

Producción

Teatro

·    Una equivocación : comedia en un acto y en verso {1858}

·    Miguelito : comedia en un acto y en verso {1860}

·    Un gallego : comedia original en un acto y en verso {1861}

·    Atala y Chacta : zarzuela en un acto {1862}

·    Jugar para que otro cobre : comedia original en un acto y en verso {1862}

·    Avendaño y Aguilar : comedia original en un acto y en verso. Impr. de P. Conesa Madrid, 1862.

·    La urraca ladrona : melodrama de grande espectáculo, nuevamente arreglado en cuatro actos y en verso {1863}

·    Las consecuencias del juego : drama en tres actos dividido en seis cuadros, en verso, arreglado del escrito en francés por Victor Dumange {1864}

·    La huérfana de Ginebra : drama en tres actos y en verso, arreglado del francés {1864}

·    Las siete palabras {1867}

·    La vida del hombre malo : aleluyas cómico-filosóficas divididas en tres actos y en verso {1868}

·    Madrid en el dos de mayo : drama de costumbres populares en tres actos y en verso {1868}

·    El loro de mi mujer : juguete en un acto original y en verso {1868}

·    La verdad y la mentira : correría mágico-fantástica en tres actos y en verso, arreglada del francés {1869}

·    El desenlace de un drama : comedia original en un acto y en verso {1869}

·    Bertoldo {1869}

·    Requiescat in pace {1870}

·    Para casarse ocultarse : comedia en un acto y en verso {1870}

·    A buen rey mejor alcalde : comedia historica en un acto y en verso. Impr. de J. Peña Madrid, 1870.

·    El Cristo de la agonía : drama en un acto y en verso. Impr. Económica Madrid, 1870.

·    Jesús {1870}

·    Aguilera y Aguilar : juguete cómico en un acto, original y en verso. Estab. tip. de P. Abienzo Madrid, 1871.

·    Por el rey y contra el rey : drama en dos actos y en verso {1872}

·    San Jorge por Aragón : drama original en un acto y en verso {1872}

·    El álbum y el ramillete : comedia en un acto y en verso {1872}

·    La alcaldesa de Zaratán : drama en un acto {1873}

·    El hijo de don Damián : juguete cómico en verso {1873}

·    Una hiena : juguete cómico en un acto y en verso {1873; con José Olier}

·    Por lo flamenco : juguete cómico {1874}

·    El niño ya tiene un diente {1874}

·    Por ser corto de genio {1874}

·    La hermana de la Cruz Roja : drama en dos actos y en verso {1874; con José Olier}

·    Escenas de un drama {1874}

·    Saco de noche {1875}

·    Muertos que resucitan : pieza en un acto y en verso, escrita sobre un pensamiento de otra francesa {1876}

·    Amor quebranta amistad {1877}

·    Partida doble {1877}

·    La muñeca {1878}

·    El orangután : juguete cómico en un acto y en prosa {1879}

·    El pretil de Santisteban {1879}

·    La capa del amigo : patrón para una capa de verdad recortado en verso de un modo original {1879}

·    Sin comerlo ni beberlo : juguete cómico en un acto y en verso {1879}

·    Perales y compañía : juguete cómico en un acto y en prosa {1879}

·    Con la cena y sin cenar : juguete cómico en un acto y en prosa {1879}

·    La última comedia {1880}

·    Cobrar el hospedaje {1880}

·    El hábito de Santiago {1880}

·    Diplomacia macarena {1880}

·    Un toro de muerte {1880}

·    Se suplica el coche : comedia en un acto y en prosa {1880}

·    Se desea un señor solo : juguete cómico original, en un acto y en verso {1880}

·    La camisa de la Lola {1881}

·    Las matanzas de Orán {1881}

·    Correr un temporal {1881}

·    Oración de San Antonio {1882}

·    El capitán Satanás {1882}

·    La chinela y el retrato : juguete en un acto y en verso {1883}

·    Ruperto el pobre diablo : parodia de la ópera Roberto el diablo, en un acto y cuatro cuadros, en verso {1883}

·    Un matrimonio a muerte {1883}

·    Verónica y Volapié {1885; con José Beltrán; música de Tomás Reig}

·    La cabeza de San Pedro {1889}

Novela

·    El mártir de la aldea {1876}

·    La bruja de Chamberí {1876}

·    Rosa Samaniego o La sima de Igúzquiza : narración {1877}

·    El doctor jorobado o El rey de los ladrones {1878}

·    El Cristo del Perdón {1879}

·    Un drama al pie del cadalso {1879}

·    El guardián de los Jerónimos {1880}

·    El mesón del miserere {1881}

·    Las chulas de Lavapiés : novela de costumbres populares {1881}

·    Los baños del Manzanares {1882}

·    Amor de madre {1882}

·    El general Bum-Bum : aventura extraordinaria {1883}

·    El farol de la Virgen {1883}

·    El guapo Francisco Esteban {1883}

·    El majo de Andújar {1883}

·    Lola la costurera : novela de costumbres {1884}

·    El réquiem de Fray Martín : novela orignal escrita para El Comercio de Manila {1884}

·    San Francisco y compañía {1885}

·    Las siete mujeres de Barba Azul {1886}

·    La Virgen del mar {1886}

·    La atalaya de las ánimas : novela original {1889}

·    Sitio de Cuenca {s.a.}

Otros

·    Almanaque del Tío Carcoma para el año bisiesto de 1880 {1879}

·    Almanaque del Tío Carcoma para 1883 {1882}

·    Almanaque de los chistes para 1884 {1883}

·    Almanaque flamenco para 1884 {1883}

·    El Quita-pesares : Almanaque satírico-literario para 1886 {1885}

·    El Quita-pesares : Almanaque satírico-literario para 1890 {1889}

Bibliografía

·    Cazottes, Giselle. “Contribución al estudio del cuento en la prensa madrileña de la segunda mitad del siglo XIX. Pedro Escamilla”, Iris, 4, 1983.

·    Cejador y Frauca, Julio. Historia de la lengua y literatura castellana comprendidos los autores hispanoamericanos. Madrid: Tip. de la "Revista de Archivos, Bibl. y Museos”, 1918, t. VIII, p. 293-298.

·    Ferreras, Juan Ignacio. La Novela en España: Historia, Estudios y Ensayos. Madrid: Biblioteca del Laberinto, 2009, vol. 4.

·    Ferreras, Juan Ignacio. Catálogo de novelas y novelistas españoles del siglo XIX. Madrid: Cátedra, 1979, p. 139.

·    López Núñez, Juan. “De la vida bohemia: Una fábrica de novelas y comedias”, La Voz, año IX, 2.426, p. 8, 08/10/1928.

·    Moreno Godino, Florencio. “El sol de la bohemia y la bohemia sin sol”. Pluma y Lápiz, año III, 106, 09/11/1902. p. 534-535.

·    Roas, David. “Entre cuadros, espejos y sueños misteriosos. La obra fantástica de Pedro Escamilla”. Scriptura, 2001, 16, p. 103-118. Anuari de la Secció de Literatura Espanyola del Departament de Filologia Clàssica, Francesa i Hispànica de la Universitat de Lleida, ISSN 1130-961X. [En línea].

 

 

 

 

 

EL CUARTO DE HORA

 

 

I

 

—¿Supongo que esta noche no me abandonarás, según costumbre, por irte a beber y a jugar a la taberna?

—¡Pero mujer!…

—Es la Nochebuena, la fiesta de la familia, y yo he oído decir que Dios maldice al hombre que en tal noche falta de su hogar sin un motivo justificado.

—Lo sé, Juana, lo sé; y por lo mismo pienso complacerte…

—¿Pero te vas?

—Solo un momento…

—¿Es decir que no volverás hasta mañana… y Dios sabe en qué estado?

—No; te juro no estar ausente de aquí más de un cuarto de hora.

—¿No  era  mejor  que  no  salieses?  ¿Dónde  puedes  distraerte  sin menos perjuicio que en tu casa, al lado de tu mujer y de tu hijo?

—Todo eso es muy razonable; pero ya te digo que no pienso faltar de tu lado más de un cuarto de hora…

 

 

II



Esta conversación tenía lugar el día 24 de diciembre entre un matrimonio que habitaba un humilde tugurio en un pueblecito de la costa del Cantábrico.

Juana y Andrés se habían casado muy jóvenes, y se amaban.

Él era pescador, sus prolongadas ausencias de su casa, si bien no habían enfriado su amor, a lo menos le habían acostumbrado a pasar largas horas separado de su mujer, lo cual hace que el marido se constituya en un estado de independencia algo semejante a la que gozaba de soltero.

Además, el pescador está muy propenso a dejarse arrastrar por los goces de la taberna.

Después de un temporal, no hay sitio mejor ni más a propósito para referir las peripecias del siniestro al que se acaba de escapar.

En casa no tiene más auditorio que las paredes.

Además, por regla general, las mujeres no entienden una palabra de los efectos que puede ocasionar un golpe de mar, ni de aferrar una vela, ni de ceñir el viento, ni de navegar a palo seco, ni, en fin, de esa jerga marina que tan dulce es de escuchar después que ha pasado el peligro.

Por esta razón, Andrés era muy aficionado a estar en la taberna más tiempo del que a su salud y a su bolsillo convenía, porque no es posible frecuentar las tabernas sin beber, y esto cuesta el dinero.

Pero en la tarde a que doy principio a mi relato, Andrés había prometido solemnemente no estar fuera de su casa más de un cuarto de hora.

Juana le vio marchar, y movió tristemente la cabeza, porque sabía a qué atenerse respecto a las más solemnes promesas de su marido.



—Sin embargo —decía entre dientes—, puede que cumpla su palabra: hoy es Nochebuena, y querrá cenar con su mujer y su hijo.

En aquel momento sus ojos se fijaron sobre un niño de unos cuatro años, rubio como las candelas que lucen en el altar de la Virgen los marineros después de un naufragio.

Aquel niño se había quedado dormido con un juguete de madera en la mano, en un ángulo del aposento.

La despeinada cabellera le cubría parte del rostro, dejando ver unos labios rosados que sonreían dulcemente.

Acaso el hada de su sueño le ponía delante los más lindos juguetes que han hecho estremecer de gozo a un niño de cuatro años.

La madre le miraba con arrobamiento, y pensaba en su interior:

—¡Es posible que por los goces groseros de la taberna abandone un padre a un hijo como este! Pero no; creo que vendrá… hoy es Nochebuena… y debemos cenar todos juntos.

 

 

III

 

Este soliloquio mental fue interrumpido por la súbita e inesperada presencia de un hombre que apareció en la puerta del aposento.

Era un mocetón robusto con blusa y sombrero de hule, como los que suelen llevar los marineros.

—¡Genaro! —gritó Juana sobrecogida de terror.

—Sí, yo soy. ¡No me esperabas!… ¿Por qué? ¿No sabes que yo aprovecho las ocasiones?

—Pero… ¿no has olvidado aún?…

—¡Nunca!

—¡Genaro!…



—Oye,  Juana,  yo  no  puedo;  no  quiero  olvidar  esas  cosas.  Yo  te amaba… creí que tú me correspondías… debíamos ser el uno del otro…

—¡Tienes razón! Pero Dios dispuso un día lo contrario…

—Dios… o el demonio…

—Mi padre corrió un día un temporal deshecho; Andrés le salvó la vida, y mi padre hizo voto a la Virgen del Mar de conceder la mano de su hija al hombre que le había salvado, y como este hombre me adoraba…

—¡Era preciso que labrase su felicidad a costa de mi desventura!

—interrumpió Genaro.

—Por otra parte —prosiguió Juana—, Andrés me ama, y es un buen marido.

—¡Calla! No me recuerdes ese nombre.

—Sí, quiero recordártelo para que sepas que no debes estar en mi casa en ausencia del padre de mi hijo…

—Oye, Juana, esto no puede continuar así.

—¿Qué quieres decir?

—Han pasado ya cuatro años desde el día en que te casaste, y yo no puedo olvidarte, ni mucho menos acostumbrarme a la idea de perderte.

—¿Qué pretendes?

—¿Por qué no hemos de ser felices los dos?

—Yo lo soy, Genaro; lo soy, te lo juro…

—¿Es decir que me has olvidado?

—Pues bien, sí, ¿a qué negarlo? Te quiero como a un antiguo amigo.

—¿Y nada más?

—¿Qué más puede conceder una mujer honrada?

—¡Juana, tú no me has amado nunca!



—Sí, Genaro; pero doy gracias a Dios porque no te amo ya.

Hubo un momento de pausa después de estas palabras de Juana: Genaro la miraba con extraviados ojos.

De pronto se acercó a ella y le asió la mano, antes que Juana pudiese evitar la acción.

—¡Genaro, por Dios! —exclamó—. ¡Si mi marido llegase ahora!…

—¿Qué me importa?

—¡Tú estás loco!

—No lo niego; pero en todo caso tú tienes la culpa… Sí, Juana, tú eres responsable de lo que pueda suceder…

—¿Qué quieres decir?

—Que en la imposibilidad de olvidarte, estoy resuelto a todo.

—¡Genaro!

—Sí, Juana; el tiempo pasa inútilmente, y yo siento en mi corazón lo mismo que sentía hace cuatro años; yo no puedo acostumbrarme a la idea de saber que hay otro hombre que goza de tus caricias, teniendo yo mejor y más antiguo derecho.

—¿Y cómo vas a oponerte a lo que ni tú ni yo podemos deshacer?

—Sí, podemos, Juana; podemos, si tú quieres seguirme…

—¡Abandonar yo a mi hijo!… ¡A mi marido!…

—Tu hijo puede venir en nuestra compañía…

—¿Pero tu locura llegó hasta el extremo de proponerme la huida?

—Sí.

—Vete… vete, Genaro… no debes permanecer aquí un instante más.

Y  Juana,  desasiéndose  de  la  mano  que  le  sujetaba,  le  señaló  la puerta del aposento.

 

 

IV



Genaro cerró los ojos y retrocedió un paso; las palabras de su antigua amada le quitaban toda esperanza, y aunque por el momento no comprendió toda la angustia que encerraban, tuvo necesidad de apartar de sus ojos aquella imagen que tanto daño le hacía.

Poco duró su vacilación.

Un débil gemido que partió desde uno de los ángulos del aposento le hizo volver en sí.

Era el niño de Juana, que seguía soñando.

Al verle, una idea súbita cruzó por su mente.

Precipitose sobre la infeliz criatura, cuyo sueño iba a turbarse de una manera tan brusca, y asiéndole con mano rápida y fuerte por el rubio cabello, se precipitó con él hacia la ventana del aposento, suspendiéndolo por la parte de la calle en el espacio.

La madre lanzó un grito de asombro, y la fuerza de su espanto fue tal, que no le permitió moverse ni avanzar un paso, mientras que el rudo marinero gritaba con bronco acento:

—¡Tu amor, o su caída!

 

 

V

 

En aquel momento salía Andrés de la taberna, y regresaba a su casa.

Cumpliendo su promesa, solo había estado ausente un cuarto de hora.

¡Cuarto de hora fatal! Valía más que no hubiera salido de su pobre hogar.

Al dar vuelta a la esquina de una calle que iba a desembocar frente a su casa, llamole la atención un objeto extraño que se agitaba en el aire a una considerable altura.

 

La luz del crepúsculo, bastante clara aún, le permitió reconocer las turbadas facciones de su pobre hijo, que se bamboleaba en el espacio, y a quien una mano vigorosa tenía asido del cabello.

Andrés creyó que soñaba, y se detuvo.

El niño le conoció y empezó a llamarle con débil voz, porque a la verdad no se daba cuenta de la conducta de que era objeto, y no comprendía que, estando inocente de culpa, mereciese tan atroz castigo.

—¡Padre!… ¡Padre!… ¡Socorro!… —clamaba el niño con espanto. Aquella voz hizo salir a Andrés de su aturdimiento.

—¡Juana! —gritó—. ¿Qué es lo que pasa?

Genaro, que esperaba en vano la contestación de su amada a su atroz proposición, oyó la voz de su rival, del hombre que le había robado su ventura cuatro años antes.

La idea de la venganza se enseñoreó en su mente, la madre le despreciaba, el marido iba a matarle… pero antes…

Sin darse cuenta apenas de lo que hacía, abrió la mano que sujetaba la rubia cabellera del inocente niño.

Se oyó un grito formidable, inmenso, aterrador.

La infeliz criatura cruzó el espacio como una flecha, y su cuerpo rebotó en el suelo a los pies de su padre.

Juana se precipitó hacia la ventana, como si quisiera salvarle, al mismo tiempo que aparecía detrás de ella la burlona cabeza de Genaro.

—Ahí le tienes —exclamó—. ¡Ya estoy vengado!


FIN

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