Libro N° 14706. El Cuarto De Hora. Escamilla, Pedro.
© Libro N° 14706. El Cuarto De Hora. Escamilla, Pedro. Emancipación. Enero 17 de 2026
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EL CUARTO DE HORA
Pedro Escamilla
El Cuarto De
Hora
Pedro Escamilla
Contenido
Nota Previa
Autor
El Cuarto de Hora
Nota previa
Se reproduce a continuación el relato El cuarto de hora, de Pedro Escamilla.
Ganso y Pulpo ha realizado su edición a partir del texto publicado en el semanario El Periódico para Todos en el año 1877 (época I, año I, núm. 10).
El texto se corresponde con el identificador editorial GYP- NB0450, pudiéndose habido actualizar su ortografía y gramática de acuerdo con las reglas vigentes del idioma español. Estos cambios suponen, en el plano ortográfico, la supresión del acento en monosílabos y la actualización de aquel léxico técnico y/o extranjerismos que están actualmente integrados en el idioma. En el plano gramatical ha podido variar el texto en relación a la disposición de signos de puntuación, principalmente en relación al empleo de la raya.
En cuanto a la licencia de esta edición debe tenerse en cuenta que el texto reproducido es de dominio público (Pedro Escamilla falleció en 1907). Por otra parte, tanto la portada como la edición aquí presentadas se distribuyen gratuitamente bajo licencia Creative Commons por la editorial electrónica Ganso y Pulpo, que espera se comparta en los mismos términos que los estipulados originalmente (edición íntegra, sin ánimo de lucro y respetuosa tanto con el texto como con el
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Ganso y Pulpo
Creación: Barcelona, 23 de diciembre de 2019
Pedro Escamilla
Nacimientoca. 1840
Madrid, España
Defunciónca. 1890
Madrid, España
MovimientoEscritor bohemio
Relacionado
Introducción
Se busque donde se busque a Pedro Escamilla, madrileño nacido y muerto
en fechas y circunstancias no conocidas, siempre encontramos la etiqueta de
escritor bohemio. Bohemio empedernido. Bohemio sempiterno. Hombre de vida
inquieta, azarosa, rebelde. Hombre que no veía sol. Hombre de espíritu dolido y
atormentado. Víctima de sí mismo, condenado a ocios forzosos, sumido en una
vida estéril y sin objeto… En fin, los retratos que de él se han hecho dan
lugar a un representante del canon bohemio. El siguiente epíteto recurrente que
encontramos es el de escritor prolífico, de rica inventiva y gran popularidad,
tremendamente aplaudido por sus coetáneos. Así pues, fatalidad vital y fortuna
literaria se dibujan como las principales guías de la existencia de
este escritor difuminado hoy en nuestro imaginario literario.
Ganso y Pulpo reedita parte de su producción literaria desde el día 11
de mayo de 2012.
Semblanza
Unas cuantas son las menciones que de Pedro Escamilla pueden encontrarse
a día de hoy en hemerotecas y bibliotecas. Sin embargo, son pocos los datos
concretos que acerca de su vida pueden encontrarse. Su faceta bohemia acapara
la atención, convirtiéndose así en fundamento esencial del hombre y escritor.
Superior a sus obras fue su espíritu, donde latían muchas inquietudes a
las que no pudo dar forma por el género de vida que llevaba. Le faltaron
tiempo, ocasión y oportunidad. Víctima de aquella misma vida de bohemia, harto
hacía con resolver el difícil problema de la existencia cotidiana. Catalogado
entre los rebeldes e inadaptables, no podía hacer más. Tampoco se lo
consentían. Galeote de la pluma, miserable, harapiento y necesitado, ¿qué es lo
que iba a hacer? Cuando sentía algo grande, hermoso y trascendental lo callaba.
¿Para qué decirlo si ninguno le haría caso?
Entre sus compañeros de bohemia figura como eje central del
grupo Pelayo del Castillo. A su alrededor, además de Escamilla, se
encontraban asiduamente Pedro
Marquina, Guyón, Alaminos y López el Sucio. A
partir de la experiencia de este grupo, la idea de la condenación del bohemio
vuelve a hacerse presente en el discurso anterior:
Bohemios, eternamente bohemios, su destino les condenaba a seguir
viviendo como hasta entonces habían vivido, de espaldas a la realidad, y
atentos solamente a lo que su fantasía les dictaba.
Por otra parte, leyendo las distintas entregas de El sol de la
bohemia y la bohemia sin sol, de Florencio Moreno Godino {considerado a su vez como decano de la bohemia española}, nos
encontramos con algunos recuerdos que nos brindan, entre otras cosas, la descripción
física de Escamilla.
Escamilla, pálido, de cara larga, era tan sumamente delgado que parecía
un pretexto para que un alma residiese en un cuerpo.
La narración de alguna otra anécdota de este grupo de la bohemia
madrileña nos muestra a un Escamilla tímido hasta el punto de dormir la
borrachera entre los tizones y cucarachas de una carbonera antes que hacerlo
con sus compañeros a la intemperie del Retiro. {Pluma y Lápiz, nº
163}.
Nuestra labor de documentación acerca de la vida de Pedro Escamilla,
llegados a este punto, queda en suspenso. De repente, un día incierto,
desaparece. Ya no se vuelve a saber nada de él y todos cuantos le dedican
unas palabras apuestan por un fin similar al de su amigo Pelayo del
Castillo {que murió en la soledad y la miseria} o Pedro
Marquina {que lo encontraron muerto entre la nieve, después de que ahí lo
arrojase, por ahorrarse complicaciones, la patrona de la casa de huéspedes en
que falleció}.
Labor literaria
Los inicios literarios de Escamilla comienzan tras ponerse a disposición
de Miguel Pastorfido, editor de su amigo de bohemia Pelayo del
Castillo. Escritor prolífico y heterogéneo, cuenta con numerosas comedias,
novelas folletinescas {hechas de encargo}, poesía y narraciones breves entre su
producción.
En el artículo que a su figura dedica López Núñez se destaca la espontaneidad de
su proceso creativo:
De vida tan desordenada como la de su hermano de bohemia [Pelayo del
Castillo], escribía con rara facilidad. Sus obras más aplaudidas las hizo donde
pudo y como pudo, siendo curioso el hecho de que se ponía a escribir una obra
sin saber lo que iba a hacer. Todo lo fiaba a la casualidad y a la inspiración,
seguro de sí mismo y de su ingenio.
En el ámbito de la prensa fundó el periódico
satírico El Fisgón {1865} y, empleado principalmente en
el relato corto, llegó a publicar alrededor de 400 en diferentes
almanaques, revistas y periódicos de la época como El Álbum de las
Familias, La Ilustración de los Niños, La Lectura para
Todos, La Moda Elegante Ilustrada o El Museo
Universal. La palma se la lleva El
Periódico para Todos, donde publicó 376
de sus cuentos y algún que otro folletín.
A ello debe añadirse su producción teatral {donde hemos llegado a sumar
más de 50 títulos} y novelística {que según Cazottes alcanza hasta 34
títulos, publicados de 1859 a 1886 en libro o en folletín}.
Si se tiene en cuenta que también escribió con el seudónimo de Félix
X y que corría el rumor de que las más importantes novelas
de Puerta Vizcaíno estaban escritas por él, los títulos surgidos de
su pluma se siguen multiplicando. Sirva el siguiente texto de Nombela, citado
por Juan Ignacio Ferreras {2009}, para ilustrar lo que aquí se expone:
Pedro Escamilla que hizo comedias, dramas y novelas, primero para el
librero y después para algunos autores perezosos o aficionados a engalanarse
con plumas ajenas […] corrió la voz de que las novelas de Puerta Vizcaíno
estaban escritas por Escamilla.
Asimismo, el propio filólogo Juan Ignacio Ferreras plantea dubitativo en
su Catálogo de novelas y novelistas españoles del siglo XIX el
posible empleo de Pedro Escamilla como seudónimo por parte del
escritor Julián Castellanos y Velasco.
Ante tan vasta producción, los intereses actuales parecen centrarse
especialmente en sus narraciones cortas de género fantástico y de
horror. Con la atribución de diversas influencias {que van
desde Bécquer, E. Erckmann y A. Chatrian a E.T.A.
Hoffmann y Poe} y publicados originalmente casi en su totalidad
en El Periódico para Todos, han sido ya objeto de estudio de David
Roas, reputado académico en este campo de la creación
literaria. Dejando de lado los cuentos de corte legendario, los cuentos
seudofantásticos {que concluyen con la racionalización del supuesto fenómeno
sobrenatural} y los de carácter religioso {milagros e intervenciones del
diablo}, su catalogación se resume del siguiente modo:
· Cuentos que giran en torno a la casualidad.
· Cuentos en que lo sobrenatural se introduce de forma explícita en la
vida cotidiana de los personajes.
· Cuentos con el tema del doble.
Por lo demás, hasta el momento, parece que la labor literaria de Pedro
Escamilla ha quedado relegada a ese ámbito del lector erudito, consiguiendo
pervivir agazapado ante los lectores de las ediciones anotadas de La
Regenta, cuando Joaquín Orgaz canta en la catedral de Vetusta su —¡Y
Pun, Pin, Pun!… yo soy el general… Bum Bum.
Producción
Teatro
· Una equivocación : comedia en un acto y en
verso {1858}
· Miguelito : comedia en un acto y en
verso {1860}
· Un gallego : comedia original en un
acto y en verso {1861}
· Atala y Chacta : zarzuela en un
acto {1862}
· Jugar para que otro cobre : comedia
original en un acto y en verso {1862}
· Avendaño y Aguilar : comedia original en un acto y en verso. Impr. de P. Conesa Madrid, 1862.
· La urraca ladrona : melodrama de grande
espectáculo, nuevamente arreglado en cuatro actos y en verso {1863}
· Las consecuencias del juego : drama
en tres actos dividido en seis cuadros, en verso, arreglado del escrito en
francés por Victor Dumange {1864}
· La huérfana de Ginebra : drama
en tres actos y en verso, arreglado del francés {1864}
· Las siete palabras {1867}
· La vida del hombre malo : aleluyas
cómico-filosóficas divididas en tres actos y en verso {1868}
· Madrid en el dos de mayo : drama
de costumbres populares en tres actos y en verso {1868}
· El loro de mi mujer : juguete en un acto
original y en verso {1868}
· La verdad y la mentira : correría
mágico-fantástica en tres actos y en verso, arreglada del francés {1869}
· El desenlace de un drama : comedia
original en un acto y en verso {1869}
· Bertoldo {1869}
· Requiescat in pace {1870}
· Para casarse ocultarse : comedia
en un acto y en verso {1870}
· A buen rey mejor alcalde : comedia historica en un acto y en verso. Impr. de J. Peña Madrid, 1870.
· El Cristo de la agonía : drama en un acto y en verso. Impr. Económica Madrid, 1870.
· Jesús {1870}
· Aguilera y Aguilar : juguete cómico en un acto, original y en verso. Estab. tip. de P. Abienzo Madrid, 1871.
· Por el rey y contra el rey : drama
en dos actos y en verso {1872}
· San Jorge por Aragón : drama original en un
acto y en verso {1872}
· El álbum y el ramillete : comedia
en un acto y en verso {1872}
· La alcaldesa de Zaratán : drama
en un acto {1873}
· El hijo de don Damián : juguete
cómico en verso {1873}
· Una hiena : juguete cómico en un
acto y en verso {1873; con José Olier}
· Por lo flamenco : juguete
cómico {1874}
· El niño ya tiene un diente {1874}
· Por ser corto de genio {1874}
· La hermana de la Cruz Roja : drama
en dos actos y en verso {1874; con José Olier}
· Escenas de un drama {1874}
· Saco de noche {1875}
· Muertos que resucitan : pieza
en un acto y en verso, escrita sobre un pensamiento de otra
francesa {1876}
· Amor quebranta amistad {1877}
· Partida doble {1877}
· La muñeca {1878}
· El orangután : juguete cómico en un
acto y en prosa {1879}
· El pretil de Santisteban {1879}
· La capa del amigo : patrón para una capa de
verdad recortado en verso de un modo original {1879}
· Sin comerlo ni beberlo : juguete
cómico en un acto y en verso {1879}
· Perales y compañía : juguete cómico en un
acto y en prosa {1879}
· Con la cena y sin cenar : juguete
cómico en un acto y en prosa {1879}
· La última comedia {1880}
· Cobrar el hospedaje {1880}
· El hábito de Santiago {1880}
· Diplomacia macarena {1880}
· Un toro de muerte {1880}
· Se suplica el coche : comedia en un acto y en
prosa {1880}
· Se desea un señor solo : juguete
cómico original, en un acto y en verso {1880}
· La camisa de la Lola {1881}
· Las matanzas de Orán {1881}
· Correr un temporal {1881}
· Oración de San Antonio {1882}
· El capitán Satanás {1882}
· La chinela y el retrato : juguete
en un acto y en verso {1883}
· Ruperto el pobre diablo : parodia
de la ópera Roberto el diablo, en un acto y cuatro cuadros, en
verso {1883}
· Un matrimonio a muerte {1883}
· Verónica y Volapié {1885; con José
Beltrán; música de Tomás Reig}
· La cabeza de San Pedro {1889}
Novela
· El mártir de la aldea {1876}
· La bruja de Chamberí {1876}
· Rosa Samaniego o La sima de Igúzquiza : narración {1877}
· El doctor jorobado o El rey de los ladrones {1878}
· El Cristo del Perdón {1879}
· Un drama al pie del cadalso {1879}
· El guardián de los Jerónimos {1880}
· El mesón del miserere {1881}
· Las chulas de Lavapiés : novela
de costumbres populares {1881}
· Los baños del Manzanares {1882}
· Amor de madre {1882}
· El general Bum-Bum : aventura
extraordinaria {1883}
· El farol de la Virgen {1883}
· El guapo Francisco Esteban {1883}
· El majo de Andújar {1883}
· Lola la costurera : novela de
costumbres {1884}
· El réquiem de Fray Martín : novela
orignal escrita para El Comercio de Manila {1884}
· San Francisco y compañía {1885}
· Las siete mujeres de Barba Azul {1886}
· La Virgen del mar {1886}
· La atalaya de las ánimas : novela
original {1889}
· Sitio de Cuenca {s.a.}
Otros
· Almanaque del Tío Carcoma para el año bisiesto de 1880 {1879}
· Almanaque del Tío Carcoma para 1883 {1882}
· Almanaque de los chistes para 1884 {1883}
· Almanaque flamenco para 1884 {1883}
· El Quita-pesares : Almanaque
satírico-literario para 1886 {1885}
· El Quita-pesares : Almanaque
satírico-literario para 1890 {1889}
Bibliografía
· Cazottes, Giselle. “Contribución al estudio del cuento en la
prensa madrileña de la segunda mitad del siglo XIX. Pedro
Escamilla”, Iris, 4, 1983.
· Cejador y Frauca, Julio. Historia de la lengua y literatura
castellana comprendidos los autores hispanoamericanos. Madrid: Tip. de
la "Revista de Archivos, Bibl. y
Museos”, 1918, t. VIII, p. 293-298.
· Ferreras, Juan Ignacio. La Novela en España: Historia,
Estudios y Ensayos. Madrid: Biblioteca del
Laberinto, 2009, vol. 4.
· Ferreras, Juan Ignacio. Catálogo de novelas y novelistas
españoles del siglo XIX. Madrid: Cátedra, 1979, p. 139.
· López Núñez, Juan. “De la vida bohemia: Una fábrica de novelas
y comedias”, La Voz, año
IX, 2.426, p. 8, 08/10/1928.
· Moreno Godino, Florencio. “El sol de la bohemia y la bohemia
sin sol”. Pluma y Lápiz, año
III, 106, 09/11/1902. p. 534-535.
· Roas, David. “Entre cuadros, espejos y sueños misteriosos. La
obra fantástica de Pedro Escamilla”. Scriptura, 2001, 16, p. 103-118. Anuari
de la Secció de Literatura Espanyola del Departament de Filologia Clàssica,
Francesa i Hispànica de la Universitat de Lleida, ISSN 1130-961X. [En
línea].
I
—¿Supongo que esta noche no me abandonarás, según costumbre, por irte a beber y a jugar a la taberna?
—¡Pero mujer!…
—Es la Nochebuena, la fiesta de la familia, y yo he oído decir que Dios maldice al hombre que en tal noche falta de su hogar sin un motivo justificado.
—Lo sé,
Juana, lo sé; y por lo mismo pienso complacerte…
—¿Pero te vas?
—Solo un momento…
—¿Es decir que no volverás hasta mañana… y Dios sabe en qué estado?
—No; te juro no estar
ausente de aquí más de un cuarto de hora.
—¿No era mejor que no salieses? ¿Dónde puedes distraerte sin menos perjuicio
que en tu casa, al lado de tu mujer y de tu hijo?
—Todo eso es muy razonable; pero ya te digo que no pienso faltar de tu
lado más de un cuarto de hora…
II
Esta conversación tenía lugar el día 24 de diciembre entre un matrimonio que habitaba un humilde tugurio en un pueblecito de la costa del
Cantábrico.
Juana y Andrés se habían casado
muy jóvenes, y se amaban.
Él era pescador, sus prolongadas ausencias de su casa, si bien no habían enfriado su amor, a lo menos le habían acostumbrado a pasar largas horas separado de su mujer, lo cual hace que el marido se constituya en un estado de independencia algo semejante a la que gozaba de soltero.
Además, el pescador está muy propenso a dejarse arrastrar por los goces de la taberna.
Después de un temporal, no hay sitio mejor ni más a propósito para referir las
peripecias del
siniestro al que se acaba de escapar.
En casa no tiene más auditorio
que las paredes.
Además, por regla general, las mujeres no entienden una palabra de los efectos que puede ocasionar un golpe de mar, ni de aferrar una vela, ni de ceñir el viento, ni de navegar a palo seco, ni, en fin, de esa jerga marina que tan dulce es de escuchar después que ha pasado el peligro.
Por esta razón, Andrés era muy aficionado a estar en la taberna más tiempo
del que a su salud y
a su bolsillo convenía, porque no es posible frecuentar las
tabernas sin beber, y esto cuesta el dinero.
Pero en la tarde a que doy principio a mi relato, Andrés había prometido solemnemente no estar fuera de su casa más de un cuarto de hora.
Juana le vio marchar, y movió tristemente la cabeza, porque sabía a qué atenerse
respecto a las más solemnes
promesas de su marido.
—Sin embargo —decía entre dientes—, puede que cumpla su palabra: hoy es
Nochebuena, y querrá cenar con su mujer y
su hijo.
En aquel momento sus ojos se fijaron sobre un niño de unos cuatro años, rubio como las candelas que lucen en el altar de la Virgen los marineros después de un naufragio.
Aquel niño se había quedado dormido con un juguete de madera en la mano,
en un ángulo del aposento.
La despeinada cabellera le cubría parte del rostro, dejando ver unos labios rosados
que sonreían dulcemente.
Acaso el hada de su sueño le ponía delante los más lindos juguetes que han
hecho estremecer de gozo a un niño de cuatro
años.
La madre le miraba con arrobamiento, y pensaba
en su interior:
—¡Es posible que por los goces groseros de la taberna abandone un padre a un hijo como este! Pero no; creo que vendrá… hoy es Nochebuena… y debemos cenar
todos juntos.
III
Este soliloquio mental fue interrumpido por la súbita e inesperada presencia de un hombre
que apareció en la puerta del aposento.
Era un mocetón robusto con blusa y sombrero de hule, como los que suelen llevar los marineros.
—¡Genaro! —gritó Juana
sobrecogida de terror.
—Sí, yo soy. ¡No me esperabas!… ¿Por qué? ¿No sabes que yo aprovecho
las ocasiones?
—Pero… ¿no has olvidado aún?…
—¡Nunca!
—¡Genaro!…
—Oye, Juana, yo no puedo; no quiero olvidar esas cosas. Yo te amaba…
creí que tú me correspondías… debíamos ser el uno del otro…
—¡Tienes razón! Pero
Dios dispuso un día lo contrario…
—Dios… o el demonio…
—Mi padre corrió un día un temporal deshecho; Andrés le salvó la vida, y mi padre hizo voto a la Virgen del Mar de conceder la mano de su hija al hombre que le había salvado, y como este hombre me adoraba…
—¡Era preciso que labrase su felicidad a costa de mi desventura!
—interrumpió Genaro.
—Por otra parte —prosiguió Juana—, Andrés me ama, y es un buen marido.
—¡Calla! No me recuerdes ese nombre.
—Sí, quiero recordártelo para que sepas que no debes estar en mi casa
en ausencia del padre de mi hijo…
—Oye, Juana, esto no puede
continuar así.
—¿Qué quieres decir?
—Han pasado ya cuatro años desde el día en que te casaste, y yo no puedo olvidarte, ni mucho menos acostumbrarme a la idea de perderte.
—¿Qué pretendes?
—¿Por qué no hemos de ser
felices los dos?
—Yo lo soy, Genaro; lo soy, te lo juro…
—¿Es decir que me has olvidado?
—Pues bien, sí, ¿a qué
negarlo? Te quiero como a un antiguo amigo.
—¿Y nada más?
—¿Qué más puede conceder una mujer honrada?
—¡Juana, tú no me has amado nunca!
—Sí, Genaro;
pero doy gracias a Dios porque no te amo ya.
Hubo un momento de pausa después de estas palabras de Juana: Genaro la miraba con extraviados ojos.
De pronto se acercó a ella y le asió la mano, antes que Juana pudiese evitar la acción.
—¡Genaro, por Dios! —exclamó—. ¡Si
mi marido llegase ahora!…
—¿Qué me importa?
—¡Tú estás loco!
—No lo niego; pero en todo caso tú tienes la culpa… Sí, Juana, tú eres
responsable de lo que pueda suceder…
—¿Qué quieres decir?
—Que en la imposibilidad de olvidarte, estoy
resuelto a todo.
—¡Genaro!
—Sí, Juana; el tiempo pasa inútilmente, y yo siento en mi corazón lo mismo que sentía hace cuatro años; yo no puedo acostumbrarme a la idea de saber que hay otro hombre que goza de tus caricias, teniendo yo mejor y más
antiguo derecho.
—¿Y cómo
vas a oponerte a lo que ni tú ni yo podemos
deshacer?
—Sí, podemos, Juana;
podemos, si tú quieres seguirme…
—¡Abandonar yo a mi hijo!… ¡A mi
marido!…
—Tu hijo puede venir en nuestra compañía…
—¿Pero tu locura llegó hasta el
extremo de proponerme la huida?
—Sí.
—Vete… vete, Genaro… no debes
permanecer aquí un instante más.
Y Juana, desasiéndose de la mano que le sujetaba, le señaló la puerta del
aposento.
IV
Genaro cerró los ojos y retrocedió un paso; las palabras de su antigua amada le quitaban toda esperanza, y aunque por el momento no comprendió toda la angustia que encerraban, tuvo necesidad de apartar de sus ojos
aquella imagen que tanto daño le hacía.
Poco duró su vacilación.
Un débil gemido que partió desde uno de los ángulos del aposento le hizo volver
en sí.
Era el niño de Juana, que
seguía soñando.
Al verle, una idea súbita
cruzó por su mente.
Precipitose sobre la infeliz criatura, cuyo sueño iba a turbarse de una manera tan brusca, y asiéndole con mano rápida y fuerte por el rubio cabello, se precipitó con él hacia la ventana del aposento, suspendiéndolo por la parte de la calle
en el espacio.
La madre lanzó un grito de asombro, y la fuerza de su espanto fue tal, que no le permitió moverse ni avanzar un paso, mientras que el rudo
marinero gritaba con bronco acento:
—¡Tu amor, o su caída!
V
En aquel momento salía
Andrés de la taberna, y regresaba a su casa.
Cumpliendo su promesa, solo había estado ausente un cuarto de hora.
¡Cuarto de hora fatal! Valía más que no hubiera salido de su pobre hogar.
Al dar vuelta a la esquina de una calle que iba a desembocar frente a su casa, llamole la atención un objeto extraño que se agitaba en el aire a una
considerable altura.
La luz del crepúsculo, bastante clara aún, le permitió reconocer las turbadas facciones de su pobre hijo, que se bamboleaba en el espacio, y a quien
una mano vigorosa tenía asido del cabello.
Andrés creyó que
soñaba, y se detuvo.
El niño le conoció y empezó a llamarle con débil voz, porque a la verdad no se daba cuenta de la conducta de que era objeto, y no comprendía que, estando inocente de culpa, mereciese tan atroz castigo.
—¡Padre!… ¡Padre!… ¡Socorro!… —clamaba el
niño con espanto. Aquella voz hizo
salir a Andrés de su aturdimiento.
—¡Juana! —gritó—. ¿Qué es lo que
pasa?
Genaro, que esperaba en vano la contestación de su amada a su atroz proposición, oyó la voz de su rival, del hombre que le había robado su ventura cuatro
años antes.
La idea de la venganza se enseñoreó en su mente, la madre le despreciaba, el
marido iba a matarle… pero antes…
Sin darse cuenta apenas de lo que hacía, abrió la mano que sujetaba la rubia
cabellera del inocente niño.
Se oyó un grito
formidable, inmenso, aterrador.
La infeliz criatura cruzó el espacio como una flecha, y su cuerpo rebotó en
el suelo a los pies de su padre.
Juana se precipitó hacia la ventana, como si quisiera salvarle, al mismo tiempo que aparecía detrás de ella la burlona cabeza de Genaro.
—Ahí le tienes —exclamó—. ¡Ya estoy
vengado!
FIN

