Libro N° 14701. El Supremacismo Gringo. Lo Que El Viento Nunca Se Llevo. Herramientas para pensar III. Carrión Castro, Julio César. Emancipación. Enero 17 de 2026
© Libro N° 14701. El Supremacismo Gringo. Lo Que El Viento Nunca Se Llevo. Herramientas para pensar III. Carrión Castro, Julio César. Emancipación. Enero 17 de 2026
Título Original: ©
Versión Original: ©
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original
de textos:
Cortesía del Autor. Recibido vía: whatsapp.com/
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una
licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido,
con la única condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio
de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos
publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del
conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones
originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está
prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con
fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir
este texto.
Portada E.O. de Imagen Original
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
EL SUPREMACISMO
GRINGO
LO QUE EL VIENTO
NUNCA SE LLEVO
Herramientas para pensar
III
Julio César Carrión Castro
EL
SUPREMACISMO
GRINGO
LO QUE EL VIENTO
NUNCA SE LLEVO
Herramientas
para pensar III
Julio César Carrión Castro
EGO
LUDENS
EDITORIAL
Maestro. Licenciado
en Historia y Geografía de la Universidad del Tolima. Magister en Ciencias P o
l í t i c a s d e l a U n i v e r s i d a d Javeriana. Impulsor del Movimiento
Pedagógico -Fecode-. Asesor y consultor del Plan Decenal de Desarrollo Educativo
del Ministerio de Educación Nacional (1997-1998). Colaborador de la Revista
Educación y Cultura del CEID -Centro de Estudios e Investigaciones Docentes de
la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode). Director y
Editor de la Revista Aquelarre de la Universidad del Tolima (2002-2016).
Columnista de diversos medios periodísticos en temas de Pedagogía y Política.
Exdirector del Centro Cultural de la Universidad del Tolima.
EL SUPREMACISMO
GRINGO
LO QUE EL VIENTO
NUNCA SE LLEVO
Herramientas para
pensar III
Julio César Carrión
Castro
Julio César Carrión Castro
EL SUPREMACISMO GRINGO
LO QUE EL VIENTO NUNCA SE LLEVO
Herramientas para pensar III
El supremacismo
gringo
Lo que el viento
nunca se llevo
Herramientas para
pensar III
Primera edición,
2026: 300 ejemplares
c Julio
César Carrión Castro Licencia libre cc Creative Commons
Esta licencia
permite copiar, distribuir, exhibir e interpretar este texto siempre y cuando
se cumplan estas condiciones:
Autoría -
atribución: Respetar la autoría del texto y nombre del autor
No comercial: No se puede
utilizar este trabajo con fines comerciales
No derivados: No se puede
alterar, modificar o reconstruir este texto
Portada: Premisa
Comunicación Gráfica, César Alvis (Ibagué 2025)
Diseño e Impresión:
Ego Ludens
ÍNDICE
- Sobre esta
pintura............................................................ 9
-
Prólogo................................................................................ 11
-
Introducción..................................................................... 21
- Los libros y las
películas........................................... 29
I. Lo que el viento
nunca se llevo......................... 31
- Película “Lo que
el viento se llevo”..................... 41
- El algodón y el
tabaco en la génesis
del capitalismo
norteamericano.............................. 43
- El trasfondo
religioso de la historia
colonial
norteamericana.............................................. 49
- Puritanos,
hugonotes, cuáqueros
y sus migraciones a
Norteamérica........................ 52
- El
“descubrimiento” de Norteamérica............... 55
- La esclavitud
establecida como un
acatamiento
religioso y “progresista”.................. 61
II. Fundamentos del
comportamiento
colectivo
supremacista gringo......................... 77
- Película “La
cabaña del tio Tom”......................... 87
- La subalternidad
como proyecto político.......... 89
- El papel del Ku
Klux Klan y su continuidad.. 97
- Película
“Nacimiento de una nación”............... 107
- La gran “epopeya”
de Búfalo Bill y
la conquista del
oeste................................................ 109
- Película “Búfalo
Bill”............................................... 115
- La inefable
“conquista del oeste”....................... 117
- Película “La
conquista del oeste”....................... 121
- Las llamadas
“Guerras Apaches”...................... 123
- El “buen salvaje”, los “hermanos de sangre”
y la leyenda de la
flecha rota............................... 126
- La
violación de los acuerdos y tratados
como política de
Estado.......................................... 130
- Película “Flecha
rota”.............................................. 135
III. El
expansionismo gringo
en su etapa
imperialista.................................. 137
- El expansionismo
territorial
y los
migrantes.............................................................. 143
- El destino
manifiesto................................................ 147
- Película “Matar
un ruiseñor”................................. 161
- Como matar un
ruiseñor.......................................... 163
- Película Sacco y
Vanzetti....................................... 167
- El caso Sacco y
Vanzetti........................................ 169
IV. La adaptación
de la política a los
imperativos
religiosos....................................... 173
- Película
“Amen”......................................................... 185
- Las leyes
raciales......................................................... 190
- Nazismo y
supremacismo....................................... 192
- Las leyes de Jim
Crow............................................. 197
- Película
“Detroit”....................................................... 201
- Estados Unidos de
Norteamérica:
Una religiosa zona
de confort racista................ 203
- Falacias y
engañifas contra los inmigrantes . 213
- Película “Pan y
rosas”............................................... 219
- El camino hacia
Guantánamo.............................. 221
- Un destino para
los inmigrantes “ilegales” .. 224
- Película “Camino
a Guantanamo”..................... 227
VI. La esclavitud espiritual................................. 243
- Sentimientos de
culpa y religión.......................... 246
- Una neurosis
colectiva.............................................. 250
- Los nuevos
paradigmas de
sumisión y
acatamiento............................................ 257
- El genocidio de
los sionistas sobre
Palestina y la
complicidad mundial.................... 259
- La fatalidad del
cristianismo.................................. 264
- El núcleo
perverso del cristianismo.................... 268
- La mitologización
de la vida en las
sociedades
contemporáneas.................................... 278
VII. Otros
fundamentos teóricos del
supremacismo gringo..................................... 285
- Las bases
“filosóficas” del racismo
y el
supremacismo...................................................... 286
- La crisis actual
de la ideología
supremacista................................................................... 295
- El envilecimiento
de nuestra época.................... 299
VIII. El mito de la
democracia
norteamericana.................................................. 311
LO QUE EL VIENTO NUNCA SE LLEVÓ
-Sobre esta pintura -
El pintor e
ilustrador John Gast, en el año de 1872, por mandato oficial, elaboró esta
mediocre pintura alegórica llamada
" A
m e r i c a n P ro g re s " - E l p ro g re s o americano-, para
simbolizar el supuesto 'Destino Manifiesto' de subordinación y sometimiento a
los Estados Unidos, que es
l o q u
e t o d o s l o s m a n d a
t a r i o s
norteamericanos
creen que espera a los
distintos pueblos y
culturas del mundo.
El Supremacismo
Gringo _________________________ 9
Considero que esa imagen resume, en gran m e d i d a , e s a re l i g i
o s a p re t e n s i ó n supremacista que siempre ha acompañado a los gringos.
Muestra la pintura
una figura femenina, una especie de hada, que personifica a Columbia -nombre
derivado de Cristóbal Colón- portando como símbolos de cultura y civilización,
cables de telégrafo, el ferrocarril y un libro -probablemente la “santa Biblia”-
mientras, los “salvajes” nativos americanos, son empujados hacia la oscuridad.
La obra glorifica también la llamada “conquista del Oeste” y en general la
expansión territorial colonialista, a costa del genocidio de otros pueblos y
culturas por parte de los reformistas puritanos colonizadores, los llamados
“peregrinos” gringos.
10
______________________ Julio César Carrión Castro
-Lo que el viento
nunca se llevó-
PRÓLOGO
El espejo del poder
y la sombra de la historia
“Cada generación
debe descubrir su
misión, cumplirla o
traicionarla.”
Frantz Fanon,
Los condenados de
la tierra
He leído El
Supremacismo Gringo, de Julio César Carrión Castro, y la impresión que deja
su lectura es la de un trabajo escrito con una lucidez herida. No se trata solo
de un texto académico, sino de un alegato espiritual y político contra una
enfermedad persistente del espíritu occidental: la fascinación por el dominio.
Carrión Castro no escribe desde la comodidad del observador, sino desde la
incomodidad del que sospecha que las raíces del mal moderno no se encuentran
fuera, sino dentro de la cultura que nos formó.
En este ensayo
extenso, de erudición sostenida y tono apasionado, el autor indaga
El Supremacismo
Gringo ________________________ 11
las capas históricas, religiosas y simbólicas q u e d i e r o n f o r m
a a l a i d e o l o g í a supremacista anglosajona —la mentalidad WA S P (
W h i t e , A n g l o - S a x o n a n d Protestant)— y que aún hoy
estructuran el inconsciente político de los Estados Unidos. A lo
largo de sus páginas se despliega un itinerario que va del puritanismo colonial
al capitalismo financiero, del Antiguo Testamento al algoritmo digital,
mostrando cómo la idea de un “pueblo elegido” mutó en la fe en el éxito, y cómo
la promesa de libertad terminó siendo la coartada de la dominación.
Carrión Castro en t
i e n de que el supremacismo no es un accidente de la historia norteamericana,
sino su columna vertebral oculta. Su mérito consiste en mostrar que los
cimientos espirituales de esa nación no fueron democráticos, sino teocráticos.
En su lectura, el origen puritano de la república estadounidense —con su
teología del trabajo, su moral de la predestinación y su sentido providencial
de misión— dio lugar a una forma de religiosidad secular que aún gobierna el
imaginario contemporáneo.
El autor rastrea esa genealogía con una paciencia arqueológica. Muestra
cómo la doctrina calvinista de la elección divina se transformó, con el tiempo,
en la ética del éxito individual; cómo la idea bíblica del dominio sobre la
tierra justificó la expansión territorial y la expropiación de pueblos
originarios; cómo la esclavitud africana se vistió con ropajes de progreso, y
cómo el capitalismo emergente adoptó el formato de una liturgia cotidiana. La
plantación del siglo XVIII, sugiere el ensayo, fue el laboratorio del orden
moderno: allí se ensayaron las formas de explotación, vigilancia y
jerarquización que hoy subsisten en el mundo globalizado.
Uno de los grandes
aportes del texto está en su análisis del papel de la cultura —la literatura,
el cine, la religión— como maquinaria simbólica de legitimación. Carrión Castro
no se limita a denunciar los prejuicios raciales: explica cómo el arte y los medios
los han hecho amables, deseables y naturales. Con apoyo en pensadores como
Siegfried Kracauer, demuestra que el cine no solo refleja mentalidades, sino
que las fabrica.
Películas y novelas como Lo que el viento se llevó, El nacimiento de una
nación o La cabaña del Tío Tom aparecen aquí como verdaderos catecismos laicos
de la supremacía blanca. El sentimentalismo melodramático, la épica del amo
benévolo y la moral del esclavo obediente constituyen, para el autor, una
pedagogía de la sumisión. La violencia, convertida en belleza visual, se vuelve
invisible. La esclavitud, revestida de ternura, se vuelve aceptable. De ese
modo, la cultura se transforma en teología del orden: enseña a amar la
jerarquía y a temer la igualdad.
En este punto, el
ensayo trasciende la historia estadounidense para ofrecer una lectura del siglo
XX como el siglo de la estetización de la política. Siguiendo la advertencia
benjaminiana, Carrión Castro muestra cómo el poder aprendió a narrarse, cómo la
imagen reemplazó al argumento y cómo el mito del héroe blanco, redentor y
salvador, se infiltró en la conciencia global. En cada remake, en cada epopeya
nacional, reaparece la misma fórmula: el dominador c o m o l i b e r t a d o r,
e l i n v a s o r c o m o civilizador.
Otro eje central del ensayo es la dimensión psíquica del supremacismo.
Carrión Castro, lector atento de Freud y de La Boétie, explora el territorio
donde la dominación se confunde con deseo. No hay imperio que perdure sin una
complicidad afectiva de los dominados, y el autor analiza esa paradoja con la
agudeza de quien ha comprendido que el poder no solo se impone: se interioriza.
El racismo, en este
sentido, no es solo un discurso, sino una estructura emocional. Se manifiesta
en el orgullo, en la culpa, en el miedo y en la aspiración a parecerse al amo.
El esclavo que ama su cadena —dice Carrión Castro— no es una figura del pasado,
sino el modelo psicológico de la s e r v i d u m b r e m o d e r n a . L a s m
a s a s , fascinadas por el brillo del poder, reproducen la lógica del vencedor
incluso cuando creen resistirlo.
Esta lectura
psicoanalítica aporta una profundidad inesperada: el autor no se limita a
señalar las causas materiales del supremacismo, sino que desciende al nivel del
inconsciente colectivo. Allí descubre
una verdad perturbadora: el racismo y el capitalismo comparten una misma
pulsión libidinal, la necesidad de jerarquizar la vida. Donde hay deseo de
poder, hay deseo de desigualdad. Y ese deseo, cultivado durante siglos, se
expresa hoy en la obediencia voluntaria al mercado, a la productividad y al
éxito.
Lejos de
considerarlo un residuo del pasado, C a r r i ó n C a s t r o m u e s t r a q u
e e l supremacismo se ha vuelto global y abstracto. En la era digital, su
violencia adopta formas más sutiles: se vuelve algoritmo, frontera financiera,
narrativa de salvación tecnológica. La misma lógica que justificó la esclavitud
sostiene ahora el extractivismo económico, el control de datos y las nuevas
guerras culturales.
El autor sugiere
que, bajo la retórica de la libertad y los derechos humanos, subsiste una
teología secular del dominio. La fe puritana en el destino ha sido reemplazada
por la fe en el progreso; el látigo, por la deuda; el amo, por la pantalla. La
figura del colono se ha disuelto en la del consumidor, pero su mirada sigue
siendo la misma:
poseer, clasificar, convertir al otro en recurso o en espectáculo.
Esta es quizás la
parte más provocadora del ensayo: la idea de que el supremacismo ya no tiene
rostro. No necesita uniformes ni banderas; opera a través de la seducción, del
deseo de pertenecer a un modelo de éxito que excluye a la mayoría. Carrión
Castro lo llama “la fascinación del vencedor”: una forma de poder que ya no
castiga, sino que enamora.
Pero el libro no se
detiene en el diagnóstico. Su propósito último es ético y estético: rescatar el
poder liberador del pensamiento. Frente a la estetización de la violencia,
Carrión propone una estética de la lucidez. Si el mito se ha perpetuado mediante
imágenes y ficciones, el pensamiento crítico d e b e r e s p o n d e r c o n i
m á g e n e s desobedientes, con una contramagia simbólica.
Aquí el ensayo se
vuelve también una invitación pedagógica. La crítica cultural aparece como el
nuevo acto de resistencia espiritual: pensar contra el mito, mirar
contra la costumbre, leer contra la pantalla. Cada argumento se
convierte en una grieta en el espejo del poder.
El autor nos
recuerda que las naciones no se sostienen solo por instituciones, sino por
imaginarios; que los imperios no necesitan ejércitos mientras dominen la mente
de los dominados. Descolonizar el alma, en este contexto, es más urgente que
descolonizar los territorios. Implica reaprender a mirar, a nombrar, a sentir
fuera de la lógica del éxito y la jerarquía.
En los tramos
finales, El Supremacismo Gringo alcanza su dimensión más humana. Carrión Castro
no escribe con odio, sino con dolor. Su ensayo no es un alegato contra un país,
sino contra una mentalidad que ha colonizado el mundo. Señala que el verdadero
peligro del supremacismo no está en sus gestos de violencia, sino en su
aparente normalidad. Vive en la vida cotidiana, en la publicidad, en el
consumo, en la política del miedo, en el deseo de ser “mejor” que otro.
El libro, por
tanto, no busca reconciliar al lector con la historia, sino
despertarlo. Nos enseña que la dominación, antes de ser política, es
espiritual, y que la libertad, antes de ser derecho, es conciencia. Cada
capítulo nos devuelve al mismo interrogante: ¿cómo desmontar un mito que se
confunde con la realidad?
La respuesta del
autor es clara: con pensamiento crítico, con sensibilidad, con arte.
Desenmascarar el mito no es solo un gesto intelectual, sino un acto de amor.
Quien piensa, resiste; quien comprende, ya empieza a liberarse.
El Supremacismo
Gringo se inscribe en la gran tradición de la crítica cultural que conecta
literatura, religión, cine y política —una tradición que va de Marx a Fanon, de
Benjamin a Said— para revelar que el poder necesita del mito tanto como de la
fuerza. Su escritura combina el rigor del investigador con la pasión del
testigo, y por ello su lectura deja una huella: incomoda, inquieta, pero
también ilumina.
Julio César Carrión
Castro logra lo que pocos ensayistas contemporáneos alcanzan: convertir la
historia en un espejo ético. Su libro nos muestra que el
racismo, más que una ideología, es una forma de mirar; y que desmontar esa
mirada es la tarea pendiente de toda cultura que aspire a la justicia.
En un mundo donde
la desigualdad se disfraza de mérito y la opresión de oportunidad, este ensayo
se levanta como una advertencia y una posibilidad. Advierte que lo que “el
viento no se llevó” fue la estructura espiritual del dominio; pero también nos
recuerda que bajo ese mismo viento persiste otra fuerza: la conciencia que se
niega a obedecer.
Leerlo es un
ejercicio de descolonización interior. Es asumir que la verdadera revolución no
comienza en la calle, sino en la mirada; no en la destrucción del enemigo, sino
en la transformación del propio deseo.
Por eso este
prólogo no es una invitación al escándalo, sino al estudio. A leer con el
corazón alerta y la mente despierta. Porque solo desde esa lucidez —crítica,
amorosa y resistente— puede empezar la verdadera libertad: la libertad de
pensar sin amos.
Jorge Eduardo
Oyuela Acosta
Introducción
-Literatura y cine
y para pensar-
La invención de la
escritura, desde muy temprano en la historia de la humanidad, condujo
inexorablemente a la concepción de que el conocimiento es una especial riqueza,
acumulable y transferible y que, como lo afirma Peter Sloterdijk, siguiendo al
poeta Jean Paul debemos entender que: “los libros son voluminosas
cartas para los amigos. Con esta frase estaba llamando por su nombre, tersa y
quinta esencialmente, a lo que constituye la esencia y función del h u m a n i
s m o : h u m a n i s m o e s telecomunicación fundadora de amistades que se
realiza en el medio del lenguaje escrito”. Es decir, la palabra escrita, enfatiza
Sloterdijk, es una especie de “virus contagioso” que desde sus comienzos hace
más de 2.500 años hasta hoy, ha tenido un gran éxito en la construcción de
amistades. Así se ha logrado que se siga escribiendo de generación en
generación como si se tratase de cartas para el futuro. Ese es el encanto de la literatura, esa es la fuente inagotable de las
“explicaciones”, de las reflexiones, del filosofar, pero también del imaginar,
de la subjetividad, del atrapar sueños e ilusiones.
Pero esa
intencionalidad de la palabra escrita de querer ganar amigos y escudriñar las
sombras de un incierto futuro, no está l i b r e d e i n t e n c i o n a l i d
a d e s , n o e s desinteresada. Todo escrito está cargado de intereses
fundamentalmente de índole ideológico, busca seguidores, discípulos,
epígonos, adeptos, y no sólo con aquellos textos reputados astutamente como
“sagradas escrituras”, sino con todos, incluso los que se presentan inocentes o
“bienintencionados” que parecieran d e s l i g a d o s d
e l a b ú s q u e d a d e convencimientos
políticos, religiosos, culturales o supuestamente científicos. Siempre ha sido
así.
Con el advenimiento
de nuevas relaciones sociales y nuevas formas de producción y de consumo,
sustentadas en la explotación del hombre por el hombre, el ser humano
supuestamente se fue alejando de las interesadas “explicaciones” fantasiosas,
mitológicas, religiosas, legendarias, e i n g r e s a n d o a l o q u e
c r e y ó s e r e l “desencantamiento del mundo”, pero paradójicamente, cayó en
otro tipo de mitologías; “explicaciones” y “razones”, esta vez comprometidas,
no con la pretensión de alcanzar el Paraíso, el reencuentro con sus dioses, o
un “más allá” de abundancia y de tranquilidad, sino ahora, con la idea del
progreso indefinido, acá en la tierra.
La triunfante razón
instrumental, con la creciente mejora y desarrollo de los medios técnicos y
tecnológicos, logró ampliar y diversificar la labor de transferencia de
conocimientos y de subjetividades que, inicialmente se expresaba solamente
mediante la palabra escrita, o la literatura.
Ahora la dimensión
de lo cultural y su transmisión y retrasmisión tiene en los medios de
comunicación en las llamadas “tecnologías de la comunicación social”, -
fotografía, cine, radio, televisión, video, internet, etc.-, en todo eso que
Guy Debord señaló como fundamento o base de la que tan apropiadamente denominó
como “sociedad del espectáculo”; se alcanzó una mayor
eficiencia y credibilidad para los mensajes, hasta tal punto que es imposible
entender el mundo contemporáneo sin esas t e c n o l o g í a s y m e d i o s m
a s i v o s d e comunicación y manipulación. Por ello mismo debemos no sólo
estudiar su participación e incidencia en la formación de las mentalidades, si
no, dadas sus indeterminaciones y ambigüedades, tratar de utilizarlos en la
idea de lograr cambios, a partir del análisis y estudio de algunas obras
literarias y, así mismo, algunas películas pertinentes.
El extraño proceso
de la modernidad que vivimos, con el cotidiano empleo de la comunicación
colectiva, de uso y abuso de los medios de comunicación como la internet y el
cine, nos exige entender sociológicamente, el papel que juegan para, así mismo,
fortalecer las dimensiones, ética, estética, política y cultural en el medio en
que vivimos.
El gran teórico
alemán, crítico y analista del cine, Siegfried Kracauer, nos lleva a e n t e n
d e r e l c i n e n o s o l o c o m o
entretenimiento, sino como una poderosa herramienta histórica y
sociológica. Analiza Kracauer cómo las películas reflejan y, a su vez, influyen
en la cultura, la política y las estructuras sociales.
Como ningún otro
intelectual, Kracauer entendió cómo esas nuevas tecnologías de la información y
el entretenimiento, prohijaban la aparición de unos nuevos sujetos y la
formación de la que llamó “una cultura de empleados para empleados”, la
formación de esos novedosos y, hasta entonces extraños, individuos que tratan
de escapar de la miseria, mediante la distracción y se acomodan a la idea de
satisfacer nuevas “necesidades”, como los múltiples eventos y espectáculos que,
por supuesto, los alejan de los intereses e m a n c i p a t o r i o s y l o s s
u m e r g e n , compensatoriamente, en la banalidad de diversiones y
entretenimientos sustitutorios de toda acción o reflexión críticas.
A partir de su
análisis de las películas del expresionismo alemán, acertadamente presagia
Kracauer el advenimiento masivo de esos individuos con personalidades autoritarias, de esas nuevas formas de subalternidad que iban
surgiendo y circundando al hombre-masa, generadoras de los cambios y
manipulación de los gustos e intereses, en fin, de esos nuevos sujetos que
emergían, ya bajo el yugo de lo mediático, hasta alcanzar lo que luego sería la
mentalidad autoritaria, la precaria estructura caracterológica que define a los
fascistas.
Para Kracauer el
cine refleja y a la vez moldea y define aspectos de la sociedad. “Estudiar
el cine desde una perspectiva sociológica nos permite comprender mejor la
sociedad en la que vivimos y cómo el cine influye en nuestra forma de pensar,
sentir y actuar”.
Al analizar esas
volátiles imágenes en movimiento del naciente cine, Kracauer nos indica que hay
que descubrir en ellas no solo las sombras del pasado, sino las sombras del
futuro, que el cine, como la literatura, escudriña el inconsciente social y la
memoria colectiva, muchas veces oculta, o i n t e n c i o n a l m e n t e b o r
r a d a , p o r l o s administradores de la cultura y los publicistas del
poder.
Entrar a ese reino de los recuerdos ocultos o borrados, a esas viejas
mitologías religiosas y políticas, ahora suplantadas por mitologías modernas, o
adentrarse en la descripción de nuevos sueños, ilusiones y utopías sobre un
mundo mejor, constituye u n r e t o i m p o r t a n t e p a r a q u i e n e s
pretendemos entender la historia y labrar un futuro más consciente.
El cine, “esa
pantalla demoniaca” que llamara Lotte Eisner, al mostrarnos todas esas
fantasías, mesiánicas, religiosas, políticas, racistas, misóginas, xenófobas y
supremacistas, al mostrarnos ese viejo-nuevo poder del autoritarismo y del
fascismo, supuestamente derrotado, nos muestra también las posibilidades
vigentes para su confrontación.
El cine, que
siempre ha sido un espectáculo, tenemos que entenderlo, también se constituye,
si queremos, en una posibilidad para ayudar a la gente a desprenderse de los
viejos -y de los nuevos- mitos, y contribuir un poco a la afirmación de
conciencias autónomas e individuales.
D e s d e e s a p a r t i c u l a r p e r s p e c t i v a
sociológica, histórica y politológica, pretendemos ensayar la comprensión de
cómo se ha formado esa mentalidad supremacista gringa, repito, siguiendo
algunos libros y películas acerca de la religión, del racismo, la xenofobia, el
expansionismo y el injerencismo del gobierno, y de los ciudadanos del común en
los Estados Unidos de Norteamérica, particularmente en esta irreversible fase
distópica y agónica del capitalismo.
Nos referiremos,
como complemento a nuestras reflexiones, a algunas películas pertinentes a la
temática tratada acerca de la formación de la personalidad autoritaria, la
subalternidad y el supremacismo. Películas que vincularemos con sus códigos QR
para que los eventuales lectores, asimismo, puedan ampliar las ideas
presentadas.
1. Lo que el viento
se llevó (1939)
Dirección:
Victor Fleming Guion : Sidney Howard, Oliver H.P. Garrett, Ben Hecht, Jo
Swerling, John Van Druten.Basada en la novela “Gone with the Wind” de Margaret
Mitchell de 1936
2. La cabaña del
tío Tom (1927)
Dirección:
Harry A.PollardGuion: Harvey F. Thew Basada en la novela “Uncle Tom's Cabin” de
Harriett Beecher Stowe
3. El nacimiento de
una nación (1915)
Dirección: D.W.
GriffthGuion: D. W. GriffithBasada en la novela “The Clansman” de Thomas Dixon,
Jr.
4. La conquista del
Oeste (1962)
Dirección:
John FordGuion: James Webb
5. Búfalo Bill (Las aventuras de Buffalo
Bill) (1944)
Dirección: William
A. Wellman
6. Flecha rota
-Cochise- (1950)
Dirección: Delmer
DavisGuion: Michael BlanckfortBasada en la novela de Elliott Arnold
7. Matar un
ruiseñor (1962)
Direcciòn:
Robert MulliganGuion: Horton Foote. Adaptación de la novela “To Kill a
Mockingbird” de Harper Lee.
8. Sacco y Vanzetti (1971)
Título
original Sacco e VanzettiDirección Giuliano Montaldo
9. Amen (2002)
Dirección
Costa Gavras-Basada en la obra “El vicario” de Rolf Hochhutha
10. Detroit -Zona
de conflicto- (2017)
Dirección:
Kathryn BigelowGuion: Mark Boal
11.Pan y Rosas (2000)
Direcciòn:
Ken LoachEscrita por Paul Laberty
12.Camino a
Guantánamo (2006)
Tìtulo
original: The road to GuantanamoDirección: Michael Winterbottom, Mat Whitecross
I. LO QUE EL VIENTO
NUNCA SE LLEVÓ
El término “WASP”,
un acrónimo en el idioma inglés que se refiere a White, Anglo-Saxon and
Protestant -blanco, anglosajón y protestante-, se ha dado a conocer, histórica
y sociológicamente, como la identidad de las elites estadounidenses que se
consideran superiores a las demás etnias y pueblos del mundo. Trataremos acerca
del proceso histórico que llevó a ese supuesto auto convencimiento del
supremacismo anglosajón; ingeniosa argucia que convoca y seduce a muchos
tradicionalistas, retrógrados, dependentistas y cipayos del imperialismo gringo
lo que todavía, de manera anacrónica, continúa siendo una concepción ideológica
central de los tan pretenciosos como imbéciles gobernantes de los Estados
Unidos de Norteamérica.
C o n s i d e r o q
u e d e b e m o s a n a l i z a r serenamente, tanto los hechos históricos,
como los actuales acontecimientos políticos y administrativos que, a nivel
global, se presentan, dado que hoy son mucho más claros y evidentes,
principalmente a partir del retorno de Donald Trump a la presidencia
de los Estados Unidos de Norteamérica.
La idea es tratar
de comprender esa demencial persecución que caracteriza tanto al gobierno como
a la población establecida en las grandes urbes quienes, a pesar de sus claros
orígenes históricos, basados en la colonización y migración de los más variados
pueblos y culturas, persisten en querer aplicar una serie de normas
restrictivas y persecutorias contra los inmigrantes de diversas nacionalidades
que llegan buscando oportunidades laborales y de vida a las metrópolis y en
general al territorio estadounidense, tratando de alcanzar ese “sueño
americano” conque publicitariamente los han seducido.
Con el fin de
lograr este propósito creo que debemos empezar por la pormenorizada descripción
realizada por Margaret Michell en su novela de 1936 "Lo que el viento se
llevó" -y la ulterior película del mismo nombre de 1939, con Clark Gable y
Vivien Leigh-.
Margaret Michell
escribió esa voluminosa novela, -que fue publicada en el año
de 1936- muy afectada por las historias que sus mayores le contaban sobre la
supuesta vida tranquila, sosegada y bucólica que se llevaba, antes de la guerra
de secesión que, según dicha narrativa, acabó con toda la tranquilidad y
comodidad que reinaba en ese idealizado mundillo algodonero. Se trata de una
tediosa obra profundamente romántica y nostálgica que narra con marcada
pesadumbre los supuestos estragos causados a la mentalidad tranquila y serena
de un mundo sustentado en la esclavitud, el racismo y el despojo de toda
dignidad y derechos a las enormes multitudes, todo por mantener la
productividad de las grandes plantaciones y en general seguir jalonando esa
idea de "progreso" que estableció el pujante sistema capitalista de
producción.
En realidad, la
obra trata de lo que ni el viento, ni la historia se lograron llevar; es decir
de esa ideología, ese comportamiento, supremacista, misógino, racista y
esclavista que caracterizaba (en realidad caracteriza) a los terratenientes,
dueños de plantaciones y hacendatarios blancos. Eso que histórica y
sociológicamente se ha dado a conocer con el término “WASP”,
-White, Anglo-Saxon and Protestant- 'blanco, anglosajón y protestante'-; con
que un pretencioso grupo, o clase social de estadounidenses de alta posición
socioeconómica, piensa que, por ser descendiente de europeos, protestantes y
adinerados, son superiores a los demás grupos sociales.
Se trata de esos
cristianos-protestantes, que o r i g i n a l m e n t e s e e s t a b l e c i e
r o n y expandieron como migrantes que llegaron huyendo de las persecuciones y
razias católicas e inquisitoriales del viejo continente viniendo a establecerse,
Biblia en mano, en estas regiones. Muchos de ellos en el sur de los Estados
Unidos, donde fijaron sus costumbres y mentalidades que, luego de todos estos
avatares, por simple metástasis, se ha convertido ya enteramente en la más
específica retrógrada mentalidad d e t o d o s l o s g r i n g o s . Y q u e ,
fehacientemente, hoy muestra Donald Trump y todos sus secuaces, simplemente,
porque el viento no se llevó esos caracteres que, no sólo perduran, sino que se
han extendido hacia todos los orgullosos habitantes de esos territorios...
Esa obra es similar en muchos aspectos a la también célebre novela
"La cabaña del tío Tom", de la también estadounidense escritora
Harriet Beecher Stowe, quien la publicó en 1852, tratando de justificar la
esclavitud, glorificando esa supuesta superioridad blanca, y publicitando y
ponderando la mitología caritativista del cristianismo, como aliada del
“progreso” sin fin del naciente capitalismo imperial estadounidense.
La añorada falsa
tranquilidad bucólica y señorial de las espléndidas plantaciones, lograda
realmente gracias al trabajo inhumano de los esclavos, constituye un
generalizado embuste conque dicha mentalidad supremacista se ha sostenido.
L a g u e r r a c i
v i l e s t a d o u n i d e n s e , desarrollada de 1861 a 1865, entre los
estados de la “Unión” -el Norte- y los de la Confederación -el Sur-, que
buscaban separarse. Ese fue el motivo de la guerra, que por ello mismo se le
conoce como una Guerra de Secesión o rompimiento. No obstante, se nos ha
impuesto un engañoso relato, como queriéndonos establecer que
los norteños (o yankis) guiados por unas supuestas tesis emancipadoras y
libertarias de Abraham Lincoln, recién elegido presidente, buscaban la libertad
de los esclavos.
La guerra no se
inició como un movimiento de liberación de los esclavos. Lincoln sólo buscaba
mantener unida la nación, impidiendo la secesión del Sur. Ese era el único
objetivo. Antes de la guerra, Lincoln había sostenido que la esclavitud era
legal, como con claridad se exponía en la Constitución, y decía que la única
manera de abolir la esclavitud era mediante acciones legales y de reforma
constitucional (de alguna manera podemos afirmar que L i n c o l n t e n í a u
n a v i s i ó n t a m b i é n santanderina de la historia y de las leyes). Por
eso, luego de la confrontación armada, la tal Emancipación de los esclavos,
sólo tuvo resultados en algunos sectores, manteniéndose incólume la esclavitud
en gran parte del territorio.
En todo caso la
guerra se libró entre los señores sureños o Confederados y los señores norteños
o Yankees -término
tomado de los migrantes holandeses que literalmente denominaban
despectivamente a los colonos provenientes de Inglaterra, como “Janke”
(“juanitos”). En todo caso, tanto los ricos señores sureños, como los ricos
señores norteños, ese empresariado parasitario de terratenientes racistas,
supremacistas, esclavistas y con ínfulas de superioridad, contaban con la
“chusma” requerida para su guerra. Los confederados contaban, como claramente
lo establece la n o v e l a , c o n “ e s c l a v o s , a l g o d ó n y arrogancia”.
La obra se
entretiene en una amplia serie de bobaliconas escenas de amor y romance, de
acciones específicas de Scarlett O'hara, - Vivien Leigh en la película- la
protagonista, que se nos presenta como una mujer muy bella, amada y buscada por
todos los hombres, pero que en realidad es autoritaria y manipuladora, fuerte,
y por ello mismo poco estimada por la pacata “gente de bien”, cargadas de
etiquetas y de “buenas maneras”. Tras todas estas complejas situaciones y
avatares, enternecedores si se quiere, se esconde y persiste la idea del
supremacismo, de esa “voluntad superior”, de que también
hablara Hitler- con que nos presenta a los propietarios de las grandes y bellas
plantaciones algodoneras, sostenidas gracias al trabajo esclavista.
Se suponía que, al
ser derrotado el sur, sus tesis y mentalidades, nunca volverían a levantarse,
pero, realmente, el sur, su m e n t a l i d a d - p r e s u n t u o s a , r a c
i s t a , esclavista, supremacista-, nunca fue derrotada y, por el contrario,
se regó por toda la federación americana, como una metástasis, como un cáncer,
y hoy contemplamos el triunfo póstumo de esa d e p l o r a b l e p s i c o l o
g í a e n t r e l o s estadounidenses, para quienes “el dinero sigue siendo lo
más importante del mundo” y, aunque corruptos, mantienen la formalidad y las
“buenas maneras”. A fin de c u e n t a s , p a r a l o s e s t a d o u n i d e
n s e s promedio, “Tara”, la plantación simbólica de ese poder de la riqueza en
la obra, esa placentera hacienda, nicho de tranquilidad y belleza
incomparables, -que ya es una empresa de explotación abiertamente capitalista y
no feudal-, sostenido en el trabajo de los humildes esclavos para bien de los
acomodados propietarios, realmente no se perdió, sino que
pervive en la mentalidad presuntuosa e imperialista de los supremacistas
gringos.
Resignadamente, en
los apartes finales de la obra, y del film, se nos dice que es algo imposible,
que “no puede corregirse el pasado”. Pasado que no han querido corregir ni
superar, pero que, si han sabido repetir y reiterar, en muchísimos casos de p e
r s e c u c i ó n r a c i s t a , c o l o n i a l i s t a , imperialista, que
los “distintos” gobiernos de los Estados Unidos de Norteamérica, de manera
sistemática, han continuado realizando y que podemos seguir e investigar.
El Supremacismo
Gringo ________________________ 39
PELÌCULA “LO QUE EL VIENTO SE LLEVÒ”
Link de descarga
El algodón y el tabaco en la génesis del capitalismo norteamericano
En los capítulos 23
y 24 de su obra “El Capital”, Carlos Marx explica los secretos de
la llamada “acumulación originaria” del modo de producción capitalista. Hace un
detallado recuento histórico de cómo, en Europa, fue expropiada la población
rural de la tenencia del suelo, asimismo narra de qué manera se estableció una
serie de leyes coercitivas, toda una acomodaticia jurisprudencia criminal que
los propietarios de los medios de producción utilizaron contra los
trabajadores, contra esas mismas masas de expropiados. Normas que lograrían
-bajo el velo sutil de la legitimidad y la “legalidad”-una pormenorizada tarea
de precarización laboral, social y cultural de los sectores populares. Marx
establece cómo se fue dando la superación del viejo régimen feudal, mediante la
constitución de los mercados, la génesis del mercantilismo, d e l a p r o d u c
c i ó n i n d u s t r i a l y , particularmente, nos muestra el significado del
colonialismo en esos procesos de acumulación originaria del capital, f e n ó m
e n o s q u e c o n s t i t u y e r o n e l fundamento de la existencia del
modo de producción y explotación capitalista.
Dice Marx: “La economía política confunde fundamentalmente dos
clases harto distintas de propiedad privada: la que se basa en el trabajo
personal del productor y la que se funda sobre la explotación del trabajo
ajeno. Olvida que la segunda no sólo es la antítesis directa de la primera,
sino que, además, florece siempre su tumba. En el occidente de Europa, cuna de
la economía política, el proceso de la acumulación originaria se halla ya,
sobre poco más o menos, terminado. En estos países, el régimen capitalista ha
sometido directamente a su imperio toda la producción nacional, o, por lo
menos, allí donde las cosas no están todavía lo bastante maduras, controla
indirectamente las capas sociales con él coexistentes, capas caducas
y p
e r t e n e c i e n t e s a u n r é g i m e n d e producción anticuado. El
economista aplica a este mundo moldeado del capital las ideas jurídicas y de
propiedad correspondientes al mundo pre capitalista con tanta mayor unción y
con un celo tanto más angustioso, cuanto más patente es la disonancia entre su
ideología y la realidad. En las colonias, la cosa cambia. Aquí, el régimen
capitalista tropieza por todas partes con el obstáculo del productor que, hallándose en posesión de sus condiciones de trabajo, prefiere
enriquecerse él mismo con su trabajo a enriquecer al capitalista. En las
colonias, se revela prácticamente, en su lucha, el antagonismo de estos dos
sistemas económicos diametralmente opuestos. Cuando el capitalista se siente
respaldado por el poder de la metrópoli, procura quitar de en medio por la
fuerza el régimen de producción y apropiación basado en el propio trabajo. El
mismo interés que en la metrópoli mueve al sicofante del capital, al
economista, a presentar teóricamente el régimen capitalista de producción como
lo contrario de lo que en realidad es, le lleva aquí, en las colonias,
"tomake a cleanbreastofit", proclamando abiertamente el antagonismo
de ambos sistemas de producción. Para ello, se detiene a demostrar cómo el
desarrollo de la fuerza social productiva del trabajo, la cooperación, la
división del trabajo, la aplicación de la maquinaria en gran escala, etc., son
irrealizables sin la previa expropiación de los obreros y la consiguiente
transformación de sus medios de producción en capital. Llevado del interés por
la llamada riqueza nacional, se echa a buscar los medios más eficaces para
producir la pobreza popular”.
Ese
desperdigamiento de los medios de producción entre innumerables propietarios
que trabajan por cuenta propia destruye, con la centralización del capital,
toda posibilidad de trabajo combinado. Por tanto, concluye Marx, resultaba
necesario, indispensable, imponer a los inmigrantes un mayor esfuerzo,
introducir nuevos mecanismos de coerción laboral y retornar a la imposición de
la mano de obra esclava.
La plantación se
presenta, entonces, como un caso de especialización económica, ya e n t e r a m
e n t e d i f e r e n c i a d a d e l a s condiciones feudales, ya propiamente
como una manera de producción capitalista, puesto que la producción de estos grandes
latifundios está dirigida al mercado exterior y no al simple consumo directo.
“Es una e m p r e s a q u e b u s c a a u m e n t a r l a productividad, la
especialización, las utilidades, lo cual tampoco quiere decir que sea una
empresa capitalista típica”, como lo asevera Celso Furtado.
A lo largo de la
historia, la plantación practica el esclavismo simulado o abierto - calculando
en términos monetarios los costos de compra y manutención
del “ e s c l a v o ” , c o m o u n f a c t o r d e l a producción- pero
teniendo en propiedad de hecho o derecho a sus “trabajadores”, y cuando no
practica el esclavismo, sino establece el trabajo asalariado, tiende a monopolizar
todas las operaciones m o n e t a r i a s d e s u s t r a b a j a d o re s ,
estableciendo tiendas de raya de la propia compañía, y poniendo taxativas al
llamado “comercio libre”.
Las empresas y las
plantaciones coloniales y semicoloniales que usan ya todas las formas de
explotación, y tienen una mira bien distinta a la del feudalismo, tienen un
sentido monetario de acumulación y explotación, el cual se acentúa sobre todo
en las plantaciones, donde la necesidad de acumulación y ampliación de
capitales, de máximos rendimientos y utilidades, contrasta con los propósitos y
patrones de vida del latifundista nativo o primitivo, cuyo interés fundamental
es la economía de figuración, pose y prestigio, de gastos dispendiosos, en
mansiones, palacios, fiestas, banquetes, con una amplia servidumbre doméstica,
todo eso que se ha conocido
como el régimen señorial hacendatario con sus gamonales y grandes mesnadas de
clientes, -individuos, libres y esclavos, dispuestos a su servicio-, eso que
conocemos como “clientelismo”, tan característicos de los señores latifundistas
coloniales y semicoloniales, heredados del régimen colonial, señores dueños de
las plantaciones, en los que pervive el interés de figuración y prestigio, más
allá de la simple acumulación monetaria.
Así el capitalismo
va fortaleciéndose también con estas poderosas y orgullosas “burguesías
nacionales” en sus territorios ultramarinos y coloniales, cumpliendo el
ineludible tránsito del feudalismo al capitalismo, característico en la
evolución económica europea, con sus sanguinarias acciones de despojo y
explotación en sus colonias, pero ahora veladas, simuladas, bajo el discreto
manto de quehaceres piadosos y cristianos.
El trasfondo religioso de la historia colonial norteamericana
Tenemos que
entender que grandes acontecimientos de trascendencia histórica como la Reforma
Protestante contra el omnímodo poder del papado, expresado en la venta de las
llamadas “indulgencias” -un supuesto trámite que cumplían las jerarquías
católicas ante el supuesto dios, para obtener el, también supuesto, definitivo
perdón de los pecados pero engrosando las arcas de los representantes de dios
acá en la tierra-, así como el tráfico de diezmos, ventajas y canonjías a los
consentidos y a quienes podían pagar a la jerarquía y a la clerigalla, las
persecuciones y torturas del llamado Santo Oficio de la Inquisición a todos
aquellos acusados de ser renegados, disidentes, brujas o herejes, y muchos
otros atropellos realizados por “la Santa Madre Iglesia” pontificia y romana,
en contubernio con las distintas monarquías europeas, fueron las causales, no
solo de esas duras expresiones reformistas, sino de los grandes movimientos
migratorios que f u e r o n l a n z a d o s h a c i a l a s t i e r r a s
americanas.
La Reforma fue una profunda crisis al seno d e l c r i s t i a n i s m o
h e r e d a d o d e l constantinismo, fue orientada por líderes como Martín
Lutero en Alemania, Jean Calvino en Francia, Ulrico Zwinglio en la Europa
central y otros, asimismo, el “Santo oficio de la Inquisición” y la llamada
Contrarreforma española liderada por Ignacio de Loyola y su grupo
militar-religioso denominado “Compañía de Jesús” -Precisamente una especie de
compañía militar, encargada de confrontar los disidentes y reformistas-.
Todos estos
fenómenos de rebeldía y contra rebeldía religiosas, sumados a las múltiples
formas de opresión establecidas por los gobiernos feudales y monárquicos,
llevarían a las llamadas guerras campesinas de mediados del siglo XVI,
principalmente en Alemania, todos estos fenómenos, provocaron ese enorme
proceso migratorio hacia el recién “descubierto” territorio americano.
El nuevo movimiento
reformista y evangélico habría de extenderse por todo el viejo continente; las
nuevas enseñanzas se difundirían ampliamente, tanto en los dispersos
núcleos urbanos como en las más remotas aldeas y villorrios y, por ende, junto
a esa rebeldía, se extenderían también, las persecuciones y con ellas el temor
de inmensas capas de una asustada población que, no obstante, seguía
defendiendo la necesidad de vivir bajo las leyes y preceptos establecidos por
el cristianismo, ahora expresado en muchas sectas y corrientes.
El enorme proceso
de rebeldía contra el poder de Roma, así como el rechazo contra la
inmisericorde explotación ejercida por los señores feudales, llevaría a
mediados del siglo XVI, a las Guerras campesinas y demás levantamientos e
insurrecciones que se desarrollaron principalmente en Alemania, incluso a pesar
del propio Lutero y demás reformistas.
Podemos colegir que
las duras críticas doctrinales efectuadas contra la vieja Iglesia católica
romana, reforzaron en general la crítica contra el propio régimen feudal y
señorial, abriendo caminos para los levantamientos campesinos y en general
populares, que llevarían al fortalecimiento del nuevo modo de producción ya de
carácter burgués.
Puritanos, hugonotes, cuáqueros y sus migraciones a Norteamérica
El hostigamiento,
el acoso, la cacería de personas, en general la intolerancia religiosa y
política, con sus mazmorras, calabozos, tormentos, torturas, hogueras, juicios
de dios, patíbulos y horcas, no eran potestativos únicamente de la religión
romana, sus jerarcas y su santa inquisición, sino de todas las doctrinas
religiosas, incluidas las nuevas o reformistas, ansiosas de instaurar sus
propios dogmas y sus propios métodos de tortura y opresión, sólo que ahora en
nombre de la auténtica “verdad”, porque, como lo afirma Emil Cioran: “No
hay seres más peligrosos que los que han padecido por una creencia: los grandes
perseguidores se reclutan entre los mártires a los que no se les cortó la
cabeza”.
El período de la
colonización europea de América del Norte se extiende desde finales del siglo
XV. Inglaterra, Francia, España y la República Holandesa desarrollaron
expediciones de colonización.
Como lo venimos
afirmando, los colonos europeos provenían de diversos grupos
sociales y religiosos e incluía, además de los seguidores de estas confesiones,
aldeanos, sirvientes, artesanos, agricultores, trashumantes, vagabundos,
sirvientes, aventureros, pícaros, delincuentes, y muchos otros desocupados,
parias, desechos sociales y, en general toda esa subcapa social que hoy
designamos como el lumpen.
Los colonos
provenían de diversas regiones europeas como Inglaterra, Francia, Holanda,
Suecia, Finlandia. Se trataba de los “hugonotes”-como se denominaba
a los protestantes seguidores de Calvino-, los "puritanos" -nombre
que se daba el grupo de los protestantes ingleses que pretendía,
precisamente "purificar" el cristianismo que había sido corrompido
por la Iglesia católica e incluso por otras reformistas-, así como por
los “cuáqueros” -La palabra "quaker", que en inglés
significa "temblor", hace referencia al fervor religioso que los
integrantes de estos fanáticos grupos expresaban mediante una especie de
convulsiones de carácter místico-.
Los hugonotes, los
cuáqueros y los puritanos, junto a católicos y seguidores de otras corrientes y
sectas se asentaron en las nuevas colonias con el propósito de
construir esa “tierra de santos” que les anunciaban sus intereses milagreros y
mercantilistas.
Los colonos
puritanos pilgrims (padres peregrinos) -así se denominó a los grupos de
calvinistas o hugonotes, que vinieron a territorio americano huyendo de
Inglaterra por la persecución de la religión anglicana, considerada oficial de
la Corona británica, que encarcelaba a quienes no tuvieran esa confesión
religiosa - llegaron a ser mayoritarios en el abigarrado conjunto de los
migrantes originarios.
Este grupo
protestante de los puritanos, jugó un papel crucial en la colonización de
Norteamérica, estableciendo las colonias de Nueva Inglaterra -inicialmente
denominada Nueva Ámsterdam- con el propósito de crear una sociedad basada
teóricamente en una especie de cristianismo original, separados de la Iglesia
oficial . Su migración, sería conocida como “La Gran Migración”, ocurrió entre
1620 y 1640. Se trataba de personas que huyendo de la persecución religiosa
buscaban establecer ese cristianismo original en el Nuevo Mundo, buscaban
crear, según sus acendradas creencias, una “tierra de santos”.
El “descubrimiento” de Norteamérica
Según la
historiografía eurocéntrica, el 12 de octubre de 1492 el navegante genovés
Cristóbal Colón, mercenario al servicio de la Corona de Castilla, llegó a las
costas de lo que él pensó era la India pero que a la postre r e s u l t ó s e r
u n c o n t i n e n t e n u e v o , desconocido aun para los europeos, por ello
a sus habitantes se les empezó a llamar “indios”.
La ambición era el
motor principal de estos grupos cristianos “descubridores”, más que el interés
de evangelizar y salvar a los pueblos.
Como lo establece
la profesora Sofía Reding Blase en su libro “El buen salvaje y el
caníbal”:
“Obsesionado con la
idea de encontrar riquezas, Colón nos mostrará tierras cuyos signos indican
siempre la proximidad del oro, del imperio del Gran Kan o de la maravillosa
isla de Cipango. Sólo a momentos se le escapan exclamaciones de sorpresa y
admiración: Son estas islas muy verdes y fértiles y de aires
muy dulces, y puede haber muchas cosas que yo no sé, porque no me quiero
detener por calar y andar muchas islas para fallar oro. Y pues estas dan así
señas que lo traen a los brazos y a las piernas, y es oro porque les amostré
algunos pedazos del que yo tengo, no puedo errar con la ayuda de Nuestro Señor
que yo le falle adonde nace (Diario de Colon, 15.10.1492)”
Cristóbal Colón, en
sus diarios, afirma haber llegado a las tierras del Gran Kan, y que sus
habitantes, por tanto, son los caníbales. No afirma directamente que estos
“indios” sean caníbales, en el sentido de c o m e d o r e s d e c a r n e h u m
a n a o “antropófagos”, pero asume que ese grupo de indígenas que se reconocen
como "Caribes" o “caniba”, practican la antropofagia supuestamente.
De esta manera se
propaló el señalamiento, la anatematizadora idea del canibalismo de los
habitantes originarios de estas latitudes, de los indios. Narrativa que sería
replicada y aumentada en esa pacata e ignorante sociedad europea, para
justificar el odio, el constante maltrato y el repudio hacia
los p u e b l o s v e n c i d o s , e x p r o p i a d o s y humillados por los
“civilizados”.
Tres naves, dice el
acomodaticio relato historiográfico, La Niña, La Pinta y La Santa María,
carabelas puestas al servicio de los llamados “Reyes católicos” de Castilla y
Aragón, fueron las primeras en abrir el camino a esas grandes y variadas
mesnadas de los expulsados y migrantes europeos a estos mares y regiones.
A lo largo de los
siglos XV y XVI, “con la cruz y con la espada”, se realizó la cruenta conquista
española, portuguesa y de otras metrópolis y centros europeos, de los
territorios americanos. Sangriento proceso de “conquista” que se efectúo en
toda la América: Suramérica, Centroamérica,las islas del mar Caribe y, gran
parte de Norteamérica.
Juan Ponce de León
fue uno de los primeros europeos en llegar al territorio que hoy conocemos como
Estados Unidos ya que fue quien supuestamente “descubrió” la Florida, a la que
dio su nombre en 1513 como posesión de la susodicha Corona
española. Durante el resto del siglo XVI los españoles hicieron múltiples
expediciones que serían sucedidas por los colonizadores ingleses, holandeses y
de otras regiones europeas.
Llegarían muchos
otros grupos tanto de religiosos como de gentes del común, aldeanos,
provincianos, maleantes, penitenciarios, corsarios y demás sectores sociales
migrantes que, para no sufrir las vejaciones en sus lugares de origen,
soportarían el largo viaje y, hasta diversas enfermedades y otras
contingencias, como algunos ataques de los indígenas a quienes llegaron
orgullosamente a desplazar, esclavizar y exterminar en su imparable ambición de
tomar las tierras y riquezas de los primitivos pobladores e implantar esa nueva
cultura mercantil y cristiana, con sus etéreos ideales de “progreso”.
En resumen, el
puritanismo fue un movimiento migratorio de protestantes que surgió en la
Inglaterra del siglo XVI con el objetivo de transformar la sociedad en un
organismo sustentado en su visión reformista de la Iglesia de Inglaterra
superando, según decían, los viejos rezagos del catolicismo.
La mayoría de los
ingleses de la época eran protestantes calvinistas y simpatizaban plenamente
con los ritos y pareceres puritanos. Las formas y ceremonias litúrgicas
propuestas contra los rituales tradicionales, constituían los principales temas
de controversia, la idea era superar todo eso que consideraban la decadencia
católica del cristianismo.
La esclavitud establecida como un acatamiento religioso y “progresista”
Estos variados
grupos, en especial los “puritanos”, se aplicaron en cumplir a cabalidad, no
solo el ideal del progreso e s t a b l e c i d o p o r l a c o n q u i s t a y
l a colonización, sino que, profundamente convencidos de su ideal de formar una
“tierra de santos”, siguiendo los mandatos y preceptos de su credo bíblico
explotaron, esclavizaron, evangelizaron, cristianizaron y exterminaron a los
pueblos originarios.
La inmensa mayoría
de los puritanos, empezando por su clerigalla y sus fanáticos creyentes, creían
-creen aun- que la existencia de la esclavitud es un hecho necesario, válido y
reconocido, tanto en la Biblia como en los textos confesionales y sagrados, promovidos
por sus teólogos y pastores.
Efectivamente, hay
pasajes y versículos de las denominadas “sagradas escrituras” que justifican y
avalan la esclavitud y el vasallaje como algo natural establecido por mandato
divino.
Así en Levítico 25:44-46 se lee:
“Así tu esclavo
como tu esclava que tuvieres, serán de las gentes que están en vuestro
alrededor; de ellos podréis comprar esclavos y esclavas. También podréis
comprar de los hijos de los forasteros que viven entre vosotros, y de las
familias de ellos nacidos en vuestra tierra, que están con vosotros, los cuales
podréis tener por posesión. Y los podréis dejar en herencia para vuestros hijos
después de vosotros, como posesión hereditaria; para siempre os serviréis de
ellos; pero en vuestros hermanos los hijos de Israel no os enseñorearéis cada
uno sobre su hermano con dureza”.
Reina-Valera 1960
De igual manera,
Pablo de Tarso en su epístola a Filemón sostiene la aceptabilidad de la
esclavitud, aunque reclama que el amor cristiano debe envolver y orientar todas
las relaciones humanas, incluyendo aquella que se da entre amos y esclavos.
Incluso luego de su
abolición en muchos pueblos que alcanzaron una independencia
relativa, la esclavitud, tal vez orientada por ese inefable “amor al prójimo”
que indican los preceptos cristianos, que tan fiel y firmemente cumplen estas
comunidades puritanas, fue continua y permanente durante muchos años en esa
América británica desde comienzos del período c o l o n i a l y p e r s i s t i
ó i n c l u s o c o n posterioridad a la propia Declaración de Independencia de
los Estados Unidos, porque la importación y venta de los seres humanos
atrapados, cazados, de manera inmisericorde y sanguinaria en África, seguía
siendo un negocio rentable y que daba estatus a los señores hacendatarios y
terratenientes, más allá de las farisaicas convicciones religiosas.
Durante los
primeros años de asentamientos b r i t á n i c o s s e p r e s e n t a b a n g
r a n d e s dificultades para convencer y retener a los trabajadores bajo las
difíciles condiciones de un mundo que les era hostil, por ser diferente al
conocido bajo la servidumbre feudal de sus lugares de origen.
La nueva economía
agrícola, los nuevos productos como el tabaco y el algodón exigía
mayores esfuerzos que no podían satisfacer. “En algunos casos, los criminales
condenados eran transportados a las colonias como trabajadores contratados, en
lugar de ser encarcelados”. Por eso, para la pujante economía naciente se hizo
imprescindible la introducción de la mano de obra esclava. A los trabajadores
contratados, que no eran esclavos, no se les podía coaccionar tan abierta y
fuertemente como a los esclavos, dichos trabajadores se podían enfermar o
retirar 'libremente', mientras que la mano de obra esclava garantizaba, -como
lo ha querido siempre el capitalismo, tanto en sus orígenes, como en la etapa
agónica de hoy- una más rentable y “eficiente” exacción de plusvalía.
Durante los siglos
XVI y XVII, esa primigenia ciudad de San Agustín, fue el c e n t r o d e l c o
m e r c i o d e p e r s o n a s esclavizadas en la Florida colonial española y
el primer asentamiento humano que en los Estados Unidos con ingentes cantidades
de africanos esclavizados.
Esa desmesurada
ambición, ese constante interés de lucro, que impulsa el “desarrollo” capitalista, tendría una conveniente explicación y apoyo en
los textos bíblicos, y contaría con la influencia teórica y praxiológica de los
puritanos, que asumían, siguiendo los mandatos bíblicos, ser extremadamente
misericordes y caritativos; ello significó que los esclavos recibieran un mejor
trato, más “cristiano”, en la Nueva Inglaterra, mejor que en las demás
despiadadas colonias algodoneras del sur. Así, por ejemplo, “en Massachusetts,
la ley otorgaba a los esclavos “todas las libertades y costumbres
cristianas que la ley de Dios, establecida en Israel, exige moralmente”.
Como resultado, los esclavos recibían la misma protección contra el
maltrato que los contratados sirvientes blancos.
Los primeros
africanos que llegaron como esclavos a las colonias inglesas, fueron
“importados”, por los corsarios apoyados por la Corona británica.
La esclavitud fue
establecida de facto en las colonias inglesas, de la mano de dios y sus fieles
creyentes, y esta costumbre sería pronto imitada y sancionada legalmente en los distintos asentamientos coloniales, marcando claras
distinciones sociales, políticas, culturales y, por supuesto jurídicas, entre
los europeos, los indígenas y los esclavos que, en todo caso, serían
rigurosamente cristianizados.
Además de toda esa
actividad promotora del esclavismo, entre los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX,
con la introducción y mercadeo de la fuerza de trabajo esclava proveniente del
África, algunas colonias, implementaron la explotación de los indígenas originarios
de la América primitiva y desarrollaron sistemas legales de servidumbre y
esclavitud, centrados no s o l o e n e l d e s p i a d a d o c o m e r c i o
transatlántico de esclavos, sino también, en la desaforada explotación laboral
de los indígenas.
Las guerras entre
franceses y británicos fueron muy frecuentes en este período dado el propósito
de ambos estados por alcanzar ese botín económico y laboral que les significaba
la explotación de la fuerza de trabajo del “nuevo mundo”. Para 1760, Francia fue
derrotada y sus colonias fueron tomadas por la triunfante
Gran Bretaña y entrarían a engrosar las 13 colonias originales.
La colonización de
lo que hoy conocemos como los Estados Unidos de Norteamérica, sistemáticamente,
llevó a una serie de procesos de exterminio significativo de las tribus
indígenas americanas, en lo que graciosamente se ha dado a conocer y
publicitado, como la gran hazaña de “La conquista del oeste”, presentada hoy
mediáticamente como una formidable a c c i ó n “ é p i c a ” d e l o s b l a n
c o s colonizadores.
La expansión hacia
el occidente de estos muy “religiosos” migrantes y peregrinos de la fe
cristiana, no fue algo heroico y romántico, como falazmente nos lo presenta el
cine ideologizado de las élites gringas; fue un sangriento proceso histórico de
expansión territorial, de genocidio contra los pueblos originarios, de barbarie
ecológica contra la flora y la fauna de estas regiones, y de guerra invasiva y
de depredación territorial contra México.
Esa política
exterminista aplicada contra los indígenas, así como la introducción del e s c
l a v i s m o , f u e r o n p r o c e s o s sistemáticamente cumplidos, más en
busca de tierras y de las riquezas minerales, que de esa supuesta misión divina
de expandir el mensaje divulgado por su “puritano” c r i s t i a n i s m o . E
s t a “ c o l o n i z a c i ó n ” despiadada se extendió desde comienzos del
siglo XIX hasta entrado el siglo XX… y aún perdura.
Ya en el primer
cuarto del siglo XVI los europeos habían establecido trece colonias en las
costas del mar Atlántico, desde Nuevo Hampshire en el norte hasta Georgia en el
sur, bajo la dirección y dominio de los ingleses. Mientras que los franceses
controlaban todo lo que se conoció luego como Canadá y la vertiente del río
Misisipi, o la Luisiana francesa. Como lo hemos dicho, Gran Bretaña y Francia
sostuvieron varias guerras durante dicho período. Finalmente, la Luisiana, con
su establecida economía esclavista, sería vendida a los Estados unidos en 1803.
El Tratado de París, de 1763, le dio a
Gran Bretaña derechos sobre Canadá y gran parte de la
América del Norte. Esa victoria de Inglaterra le llevó, en su ambición, a i m p
u l s a r u n p e r m a n e n t e c o n fl i c t o predatorio, de abuso y de
acumulación originaria capitalista, contra los pueblos nativos.
La confrontación
con los denominados “indios” fue permanente desde las primeras actividades de
posesión y colonización desplegadas por estos pioneros, pilgrims o “padres
peregrinos”.
No podemos soslayar
que esos grupos de migrantes religiosos puritanos -a semejanza de los sionistas
de hoy- creían que formaban parte de un pacto con dios, que eran algo así como
un “pueblo elegido” por el dios de sus creencias, para redimir y culturizar
cristianamente al mundo mediante la total obediencia a sus credos y a su
voluntad.
Por lo tanto,
acorde con esa elemental cosmovisión impositiva, consideraban que era una
responsabilidad ineludible del gobierno establecer las normas, tanto
comportamentales como legales, para g a r a n t i z a r e l
e s t a b l e c i m i e n t o y mantenimiento de su culto religioso que, a
todas luces, era el “verdadero”. Por ello en las colonias norteamericanas, la
iglesia congregacional de los puritanos, pasó a ser la religión oficial, amparada
por los diversos organismos del Estado.
Por ejemplo, en
Massachusetts no se podía establecer ninguna nueva iglesia sin el p e r m i s o
d e l a i g l e s i a p u r i t a n a congregacionalista, y muchos pueblos
permitían solo una iglesia o parroquia, que claro, debía ser protestante
congregacional.
Para garantizar su
expansión y dominio político e ideológico, los colonos puritanos empezaron a
armarse y a organizar grupos de choque y milicias político-religiosas - algo
así como grupos de seguridad o paramilitares de la época- con el propósito no
solo de disuadir y esclavizar a los nativos, sino de exterminarlos procurando
alcanzar, desde entonces, esa supuesta superioridad y la pureza racial de los
blancos protestantes.
Los factores
religiosos y políticos de que venimos hablando, impulsaron
la “Gran Migración” e influyeron en la conformación étnica, cultural y
demografía -la llamada “pureza racial”- de los grandes grupos de inmigrantes.
Ya establecidos en
la Nueva Inglaterra, los puritanos instituyeron sus iglesias
“congregacionalistas” adscritas totalmente a la teología reformada. Cada
congregación se fundaba en un “pacto eclesiástico”, con sus jerarquías y sus
propios sistemas administrativos y judiciales. Los cargos eclesiásticos
principales eran el de anciano (o presbítero) y el de diácono y aún se mantiene
en dichas sectas esta estructura jerárquica.
Desde mediados y
hasta finales del siglo XVI, en las colonias inglesas, por parte de los ya
establecidos grupos puritanos, con su sistema jurídico y sus tribunales, se dio
una organizada y persistente persecución, encarcelamiento y ejecución de muchos
nuevos reformistas como Cuáqueros, Metodistas y Bautistas -estos últimos son
una secta de evangélicos que comenzó a funcionar en los Estados Unidos en 1609, bajo la creencia de la necesidad de un nuevo bautizo que
significara, algo así como un nuevo nacimiento para los cristianos-.
Las penas, los
abusos y las restricciones civiles y religiosas, en general los procesos de
intolerancia aplicados por los puritanos, buscaban imponer la “unidad” y la
conformidad con el grupo gobernante. Penas y crueldades de índole jurídico que
incluían destierros, azotes, marcación con hierro, linchamientos y ejecuciones
como los ahorcamientos públicos de manos de verdugos oficialmente contratados y
establecidos institucionalmente para que ayudaran a alcanzar esa comunidad
enteramente cristiana perseguida.
Estos hugonotes o
calvinistas que se establecieron en el territorio americano buscaron implantar
y uniformar las psicologías populares -con unas formas y maneras de pensar, de
sentir y de actuar que, desgraciadamente, perduran en las mentalidades de los estadounidenses
promedio-.
Se trató del fijar e imponer las tesis religiosas y sociales fanáticas, intolerantes y
segregacionistas de su maestro Calvino, como claramente lo definiera Stefan
Zweig en su obra “Castellio contra Calvino - Una conciencia contra la
tiranía” (Editorial Ercilla. Chile 1937).
Dice Zweig que, con
Calvino como gobernante de Ginebra, “comienza uno de los experimentos más
memorables de todos los tiempos: un Estado, con innumerables células vivientes
y palpitantes, debe transformarse en un mecanismo rígido; un pueblo, con todos
sus sentimientos y pensamientos, ser convertido a un sistema único; es el
primer ensayo de completo gobierno igualitario de todo un pueblo, que aquí,
dentro de Europa, es emprendido en nombre de una idea. Con una gravedad
demoníaca, una magnífica y sistemática reflexión, prosigue Calvino su plan
audaz de hacer de Ginebra el primer Estado de Dios sobre la Tierra: una res
publica sin la terrena grosería, sin corrupción, desorden, vicio y ni pecados:
la verdadera, la nueva Jerusalén, de la cual debe proceder la salvación de todo
el orbe terráqueo”.
Para estos reformistas puritanos, la familia y la escuela eran los más
importantes "lugares de desarrollo y protección espiritual y cívico".
Ese gran sentido y señalamiento educativo y cultural de carácter religioso
marcaría la conducta pública y privada, así como la educación, la pedagogía y
la formación y crianza de los niños, según la normatividad puritana. Se trata
de una educación fundamentalmente represiva y autoritaria, marcada por
exigencias e imposiciones sobre unos individuos f o r z a d a m e n t e “ n o r
m a l i z a d o s ” y estereotipados según dichas reglas, que sin embargo se
esconden tras un lenguaje supuestamente piadoso y comprometido con el bienestar
de los sectores populares y humildes.
Bien vale la pena
comparar estas acciones represivas y autoritarias, del sistema escolar,
presentadas bajo el velo de la formación disciplinaria y piadosa de los
hugonotes y los puritanos, de la escuela luterano-calvinista, con las
contenidas en la muy católica “Guía de las escuelas cristianas” de Juan
Bautista La Salle desde 1706 y que ha sido continuamente reconocida
y hasta ponderada por las diversas corrientes pedagógicas adscritas al
cristianismo, tanto en Europa, como en la América Latina.
Este tipo de
“valores religiosos, cívicos y morales” constituyen la base fundamental d e l a
f o r m a c i ó n d e l a c o n c i e n c i a estadounidense de “superioridad”,
con que esta nación ingresa a la etapa superior del desarrollo del modo de
producción capitalista, a la fase del Imperialismo, c o n fi a n d o e n e s e
d i o s q u e l e s h a acompañado siempre, claro reconociendo retóricamente
los sacrosantos “Derechos Humanos”, entendiendo -en el papel- que todos los
seres humanos, blancos, negros, amarillos, asiáticos o indígenas, de cualquier
etnia, cultura o religión, son personas en disposición de recibir la gracia de
un dios todopoderoso que, como el dólar, está en todas partes. El lema “En dios
confiamos”, es una frasecilla que acompaña a todas las monedas y billetes
gringos; es simplemente la certificación de un parecer gringo cotidiano, de
creer en el constante apoyo divino. Apoyo e identidad de lo d i v i n o y l o h
u m a n o , q u e l o s estadounidenses sienten muy propio,
muy de ellos: algo particular del supremacismo gringo.
Con esta carga
intelectual y moral, infundida en la psicología de sus gentes, con ese self
grandioso, esa mentalidad supremacista incrustada, empotrada, en la auto
percepción de las clases hegemónicas y dominantes, la nación estadounidense,
desde finales del siglo XIX y comienzos de XX, empieza a vivir la fase
imperialista del desarrollo de su sociedad capitalista, injerencista,
expropiadora y dispuesta a todas las tretas y artimañas por alcanzar las
mayores tajadas en el reparto del botín del mundo.
Este ha sido el
fundamento, el bagaje básico de la formación cultural -religiosa, ética,
política, económica y social- que ha estructurado la mentalidad de los
orgullosos “ciudadanos” norteamericanos, hasta nuestros días.
II. FUNDAMENTOS DEL
COMPORTAMIENTO COLECTIVO
SUPREMACISTA GRINGO
En su obra “Psicología
de masas y análisis del yo” de 1921, Sigmund Freud nos señala de
qué manera opera el grupo, la masa en las conciencias individuales, por qué los
individuos se comportan como si fueran homogéneos cuando están bajo las
condiciones de una agremiación, multitud o masa.
P a r t i e n d o d
e e s t o s e s t u d i o s e investigaciones vemos que la masa aparece como la
horda primordial, como el renacimiento de un primitivo “instinto gregario” que
se hace presente y se fortalece. Esto es lo que se activa en la sociedad como
“espíritu comunitario” y, peor aún, como “esprit de corps” - “espíritu de
cuerpo”-, en que cada individuo siente que su identidad personal no existe y
que su vida sólo tiene sentido en el grupo.
D e e s t a m a n e
r a , d i c e F r e u d , “Comprendimos ese asombroso fenómeno diciendo
que el individuo resigna su ideal del yo y lo permuta por el
ideal de la masa
corporizado en el
conductor”, en un líder... en un mesías…
Se trata de la
pérdida total de la autonomía y de la iniciativa propia, tratando de alcanzar
la uniformidad con todos, la identidad con su “rebaño” para, en los términos
que apropiadamente utilizan los “pastores” de sus iglesias, el rebajamiento del
individuo a la masa, a la recua, por decirlo en términos más coloquiales.
En el Capítulo X de
su libro “Psicología de masas y análisis del yo”, titulado “La masa y
la horda primordial”, con claridad expone Freud:
“En 1912 recogí la
conjetura de Darwin, para quien la forma primordial de la sociedad humana fue
la de una horda gobernada despóticamente por un macho fuerte. Intenté mostrar
que los destinos de e s t a h o r d a h a n d e j a d o h u e l l a s indestructibles
en el linaje de sus herederos; en particular, que el desarrollo del totemismo,
que incluye en sí los comienzos de la religión, la eticidad y la
estratificación social, se entrama con el violento asesinato
del jefe y la trasformación de la horda paterna en una comunidad de hermanos.
Por cierto, esta no es sino una hipótesis c o m o t a n t a s o t r a s c o n q
u e l o s prehistoriadores procuran iluminar la oscuridad del tiempo primordial
-una «just-so story», según la llamó jocosamente un crítico inglés, sin ánimo
hostil-. Pero opino que es valedera como hipótesis si se muestra apta para
crear coherencia e inteligibilidad en nuevos y nuevos ámbitos. Las masas
humanas vuelven a mostrarnos la imagen familiar del individuo hiperfuerte en
medio de una cuadrilla de compañeros iguales, esa misma imagen contenida en
nuestra representación de la horda primordial (…)
… La
psicología de estas masas, según la conocemos por las descripciones tantas
veces citadas -la atrofia de la personalidad individual consciente, la
orientación de pensamientos y sentimientos en las mismas direcciones, el
predominio de la afectividad y de lo anímico inconsciente, la tendencia a la
ejecución inmediata de los propósitos que van surgiendo-, responde a un estado
de regresión a una actividad anímica primitiva, como la que
adscribiríamos justamente a la horda primordial”.
Freud analiza cómo
uno de los más fuertes lazos de unidad de las masas han sido grupos
artificialmente creados como los ejércitos y las iglesias, y puntualiza,
precisamente, como “una religión, aunque se llame la religión del amor,
no puede dejar de ser dura y sin amor hacia quienes no pertenecen a ella. En el
fondo, cada religión es de amor por todos aquellos a quienes abraza, y está
pronta a la crueldad y la intolerancia hacia quienes no son sus miembros”.
Indagando sobre el
ese fenómeno de la identidad del grupo, o esa especie de “espíritu de cuerpo”
que acompaña la mentalidad supremacista, de algunos pueblos, tratando de hallar
explicaciones a esa particular psicología colectiva de la cultura “WASP” -White,
Anglo-Saxon and Protestant- gringa y sus pretensiones supremacistas,
considero pertinente e s c u d r i ñ a r u n p o c o e n l a o b r a “Fundamentos
del comportamiento colectivo”, (Alianza editorial 1973), escrita por los psicoanalistas Alexander y Margarete Mitscherlin en la
que, tomando como elemento central el caso de la Alemania nazi, analizan la
incapacidad de las masas humanas, para sentir el arrepentimiento y el duelo y,
por el contrario, sentirse orgullosos de las provocaciones, vejaciones,
persecuciones y agresiones contra los grupos humanos considerados inferiores.
El libro hace
énfasis en el comportamiento colectivo, esto es en la manera en que los seres
humanos actúan y reaccionan de manera espontánea, ilógica y hasta brutalmente,
cuando se encuentran en esos grupos identitarios.
Respecto a ese
acondicionamiento colectivo establecido por las disposiciones religiosas,
culturales y educativas que llevan al acatamiento acrítico y total, a esa
“servidumbre voluntaria” de las mayorías a un conductor, guía o líder, haciendo
un análisis pormenorizado acerca de los fundamentos del ascenso del nazismo en
Alemania, los autores precisan:
“Nosotros estuvimos muy de acuerdo con un gobierno que supo establecer
de nuevo un vínculo entre ideales típicamente alemanes y el sentido de nuestra
propia identidad: se nos daba allí la oportunidad de exhibir de manera
uniformada nuestro propio valor personal. De repente aparecieron (...) unas
jerarquías de autoridad claramente articuladas. La precisión de nuestra
obediencia quedó probada de modo conveniente, y a la voluntad casi ilimitada de
mostrarnos dignos de las esperanzas del F ü h re r l e f u e l í c i t o e n t
re g a r s e a l desenfreno.”
A los analistas de
este oscuro, despiadado e inhumano período de la historia, que el
nacionalsocialismo y su III Reich alemán, impusieron en Europa, les preocupa en
lo fundamental que las distintas clases, grupos y sectores culturales,
políticos y sociales de Alemania, no se sintieran responsables y culpables por
los horrores de los que no solo fueron protagonistas, sino, incluso, c ó m p l
i c e s s i l e n c i o s o s , d u r a n t e e l encumbramiento de los nazis y
en el desarrollo de esos actos vesánicos de los nazis en la segunda guerra
mundial. A los autores les preocupa que los alemanes hayan s
e g u i d o v i v i e n d o s i n a s u m i r responsabilidades frente a esos
hechos, sin remordimientos y mostrar rectificaciones socio culturales al
respecto. Por el contrario, hoy vemos como los habitantes de ese país, s i g u
e n p r e s u m i e n d o u n a s u p u e s t a superioridad y consideran -como
los pobladores “arios” de los Estados Unidos-que están gozando de una
“democracia” plena que, incluso, promueve y apoya el renacimiento del nazismo.
Como podemos verlo
se trata claramente, de nuevo, de una huida de la realidad, para establecerse
en un pretendido “yo social”, que les hace desaparecer la conciencia
individual, para refugiarse cómodamente en la idea de lo colectivo, identitario
y unanimista. Asunto que es algo que ya podemos evidenciar permanente en las
sociedades contemporáneas.
Como dice el
profesor Rubén Jaramillo Vélez:
“Es esto lo que,
entre otras cosas, i n v e s t i g a n M a rg a re t e y A l e x a n d e r
Mitscherlich en su libro, en el cual tematizan tales mecanismos de
defensa y explican también la manera como esta actitud de olvido, un poco
inducida, encontró un recurso maníaco en el esfuerzo de reconstrucción de los
años cincuenta y condujo a lo que desde mediados de la década empezó a llamarse
el milagro alemán. Porque muy rápidamente el pueblo alemán, que es tan
laborioso y tan disciplinado, tan esforzado -una virtud y un mérito que nadie
le podrá negar- se puso en la tarea de limpiar de escombros las principales
ciudades del Reich, que habían quedado en ruinas. Pero los esposos Mitscherlich
interpretan esto también en el sentido de un recurso maníaco, de un recurso del
olvido para no enfrentar el horror, la magnitud de los crímenes” (...)
Y concluye el
profesor Jaramillo: “Es por esto que algunos críticos de la sociedad
contemporánea plantean que la simulación generalizada -el “simulacro”, para
decirlo con Braudillard- se impone, en forma cada vez más acelerada, como
paradigma en la percepción de la realidad y arquetipo de comportamiento”.
Cfr. Jaramillo
Vélez Rubén:“La lucha contra el olvido, como lucha contra el fascismo”.
Conferencia ofrecida en la Universidad del Tolima. Publicada en la
revista Aquelarre No 25 diciembre 2013.
En resumen, este
texto nos permite adentrarnos en esos complejos aspectos marcados por las
autoridades sobre la conciencia y el comportamiento humano en situaciones
colectivas, en especial para su ú t i l e m p l e o d e m a n i p u l a c i ó n
y direccionamiento de las masas, por parte de los grupos que ejercen la
hegemonía cultural y social.
PELÌCULA “LA CABAÑA DEL TÌO TOM”
Link de descarga
La subalternidad como proyecto político -La cabaña del tío Tom-
“Bienaventurados
los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Bienaventurados los
mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
Bienaventurados los
que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de
ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os
vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así
persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.
Evangelio de San
Mateo 5:4-12 Reina Valera 1960
Otra perspectiva válida de análisis y comprensión de la psicología
colectiva, que lleva al supremacismo blanco anglosajón y puritano, es entender
también, esa miserable condición de subalternidad y acatamiento, que asumen
muchos seres humanos, estableciéndose cómodamente en la precaria situación de
sumisión a los poderes establecidos, sintiéndose como unos semovientes al
servicio de sus amos, todo para preservar la vida y porque ciertamente aceptan
que llorando, siendo mansos y sumisos, alcanzarán la misericordia y serán
bienaventurados, y verán a su dios después de la muerte, como de lo dicen las
“sagradas escrituras”.
Se trata, en
resumen, de esa acomodaticia “servidumbre voluntaria” que señalara Étienne de
La Boîte desde 1576.
Dice La Boîte
refiriéndose a esa pasiva comodidad y aceptación de la opresión por parte de
los mismos afectados: “Es el pueblo el que se subyuga, el que se
degüella, el que pudiendo elegir entre ser siervo o ser libre, abandona su
independencia y se unce al yugo; el que consiente su mal o, más bien, lo busca con denuedo... ¿Qué debe estimar el hombre más que
recuperar su derecho natural y, por así decir, de bestia volver a ser hombre? …
¿qué desgracia ha sido esta que ha podido desnaturalizar tanto al hombre, el
único verdaderamente nacido para vivir libremente, y hacerle perder el recuerdo
de su primer ser y el deseo de recuperarlo?”.
Precisa La Boîte,
además, que los que se rebelan a esta miserable condición de servidumbre, son
personas que “teniendo su propia cabeza bien hecha, todavía la han pulido
mediante el estudio y el saber; los que, aun cuando la libertad estuviera
totalmente perdida y arrojada del mundo, la imaginan y la sienten en su
espíritu, y todavía la saborean, y la servidumbre no es de su gusto por mucho
que se la adorne”.
Precisamente el
personaje “Tío Tom”, por esa supina ignorancia y mansedumbre impuesta
religiosamente, renuncia a las p o s i b i l i d a d e s d e u n a a u t é n t
i c a humanización y prefiere la domesticidad y la servidumbre, bajo un disfraz
de resignación y docilidad cristianas.
“ L a c a b a
ñ a d e l T í
o To m ” e
s u n a
voluminosa novela que ha tenido siempre gran publicidad, éxito editorial,
muchos lectores y gran venta, a pesar de su bajo nivel literario. En los
comienzos del cine, el propio, Thomas Alva Edison filmó "La cabaña
del tío Tom". Fue una de las primeras películas que se
vieron, después vendrían también montajes teatrales, multitud de historietas,
cuentos, dibujos animados y muchos otros espectáculos.
Harriet Beecher
Stowe fue una descolorida mujer, evangelista, presbiteriana, que tuvo como
proyecto de su obra la búsqueda de la salvación religiosa tanto de los esclavos
como de las “buenas gentes” esclavistas, en tanto se aferraran firmemente a
dichas convicciones religiosas.
Uno de los más
preciados “argumentos” de la ideología cristiana -en sus distintos credos,
iglesias, sectas o corrientes- es que ellos siempre están movidos por el
inefable “amor al prójimo”. Para los cristianos es muy importante el
mandamiento del “amor al prójimo” y lo consideran como derivado, e incluso como
un sucedáneo, del amor a dios. Por ello consideran imprescindible, no sólo cacarear o publicitar esa pretendida motivación de todos
sus quehaceres, sino, ritualizar y manejar de manera cotidiana las virtudes que
lo hacen posible, esto es la fe, la esperanza y la caridad, tanto como la
prudencia, la justicia, la templanza y, por supuesto, la compasión y la piedad
con todos esos “prójimos” -ya sean libres o esclavos-.
De hecho, muchos de
los esclavos, en especial los “domésticos”, gozaban de la compasión de sus
amos, y hasta se sentían integrados al núcleo familiar de sus p r o p i e t a r
i o s . S u s m u y s e n s i b l e s p r o p i e t a r i o s , m a n e j a b a
n t a m b i é n sentimientos de aprecio, afecto, piedad y c o n s i d e r a c i
ó n h a c i a s u s q u e r i d o s servidores, tanto que muchos de ellos
llegaron a estimar a sus esclavos como “parte de la familia”. Es en dichos
sentimientos en que se sustenta y en los que enfatiza, muy cristianamente, la
novela de Harriet Beecher Stowe.
Más allá de toda la
moralina, la sensiblería y la misericordia cristianoide expuestas en esta obra,
el proyecto de realización cristiana que impulsa tiene como
elemento central la “resignación” que significa la total docilidad de los
esclavos a sus amos. El tío Tom, personaje central de la novela es un esclavo
manso, sumiso, al que le encanta su condición de esclavo. Por tal razón, el
personaje "Tío Tom" se ha convertido en sinónimo de servilismo y auto
desprecio.
Muchos han
calificado a este libro como un simple “panfleto religioso” cuya final
intencionalidad no era liberar a los esclavos, ni abolir la esclavitud y
conceder plenos derechos a las personas negras, sino “domesticarlos”, tratarlos
como si fuesen seres “inferiores” dignos de conmiseración y piedad, porque,
como se establece en la obra: “La justicia divina no falla y tarde o temprano
los malvados serán alcanzados y los justos tendrán su recompensa”. Por supuesto
esto será un asunto post mortem.
Hoy sabemos que los
gobiernos hacen uso de esa especie de impotencia psicológica de muchos que,
miserablemente, se adaptan a las exigencias de sus amos, en procura de obtener
compensación, recompensa o ventajas personales, mediante la sumisión y la humillación. Esto es lo que veladamente plantea la
obra “La cabaña del tío Tom”. Tanto que hoy existe el llamado
“síndrome del tío Tom”, una referencia a las “prudentes” recomendaciones
fijadas por la n o v e l a d e H a r r i e t B e e c h e r S t o w e , presentadas
como una expresión de “cordura”, como la supuesta “astucia” de un anciano
esclavo que no renuncia a la docilidad ni al servilismo, con tal de preservar
las ventajas que cree les son otorgadas por sus amos. Es el mismo síndrome de
auto desprecio y servidumbre que muestran los trabajadores que se sienten a
gusto con la explotación y temen resistirse y, hasta de una manera masoquista
se someten a un sistema que los humilla, los explota y los oprime.
En realidad, para
este tipo de sujetos como el tío Tom se cumple lo que dijese Franz Fanon en su
obra “Piel negra, máscaras blancas” de 1952: “El negro
quiere ser como el blanco. Para el negro no hay sino un destino. Y es blanco.
Ya hace mucho tiempo que el negro ha admitido la superioridad indiscutible del
blanco, y todos sus esfuerzos se dirigen a realizar una existencia
blanca”. Esa intencionalidad es lo que los mueve al servilismo, a esa
plañidera situación, a la miserable condición de los esclavos, en el naciente
imperialismo norteamericano y aún hoy.
La cabaña del tío
Tom manipula la teorética de un supuesto dualismo -presente en todas
esas mitologías religiosas-: la confrontación eterna entre el bien y el mal. La
maldad y la inmoralidad de la esclavitud frente al bien intencionado rescate de
una “libertad vigilada” por los patrones, y la tranquila domesticidad que les
proponen sus amorosos amos cristianos, ya sean domesticadores o abolicionistas.
El nacimiento de una nación -El papel del Ku Klux Klan y su continuidad-
Derrotado el
ejército sureño en la guerra de secesión, los señores terratenientes ven decaer
sus plantaciones y su orgullo, debido a la imposición de esa “dañina doctrina”
de otorgar igualdad de derechos civiles a los negros.
Tomás Dixon
publicaría en el año 1905 una novela que llama “El hombre del Clan” que
de alguna manera recoge, con resentimiento y rencor las pasiones y deseos de
venganza que movieron a los vencidos confederados, hasta llevarlos a la
conformación del Ku Klux Klan.
El ku klux klan se
creó, como hemos dicho, después de la guerra civil de secesión en los estados
unidos, en el año de 1865, por parte de algunos derrotados confederados
resentidos por la pérdida en la confrontación de su enorme poder esclavista.
Parece ser que ese
nombre se estableció a partir de una palabra tomada del griego
clásico, -kýklos- que es traducida como como “Círculo”. Luego se le agregó la
palabra klan (clan) queriendo reivindicar, precisamente, ese término con que
reconocen y nombran los grupos familiares de las primitivas hordas, todo por
reconocer, nostálgicamente, su procedencia y los r e c u e r d o s d e c a r á
c t e r a n c e s t r a l , remitiéndose a sus sitios anglos y sajones natales,
como Inglaterra, Escocia, y en general otras regiones de la vieja Europa.
“Decidieron
escribir clan con 'k' para darle más notoriedad a la organización. Les gustó el
sonido rítmico de las palabras, y decidieron separar kuklos en dos palabras,
cambiando la 'o' de kuklos por 'u', y la 's' final por una más impactante 'x'”.
Pues bien, este
grupo, este “círculo” de blancos anglosajones, consideró necesario marcar su
impronta de odio y de supuesta “superioridad” política, ética y cultural contra
los negros y logró alcanzar un enorme poder político y social, en especial en
los estados sureños, no sólo sobre los esclavos liberados, sino en toda la
población en general, mediante procesos económicos, políticos
y culturales, de manera clandestina o abiertamente legal e institucional, en
especial orientando y direccionando el sistema educativo, conforme a esos
“valores” fijados por la cultura religiosa de los reformistas
luterano-calvinistas.
Como grupo secreto
o clandestino, obtuvo gran popularidad y apoyo, gracias a una extraña
ritualidad cristianoide, a una sangrienta teatralidad, con una especial
parafernalia y alboroto, con disfraces, capuchones, procesiones, bandas y una e
s o t é r i c a s i m b o l o g í a ; c o n r e z o s , invocaciones y, por
supuesto, con la utilización de la violencia, mediante la quema de cruces y los
sistemáticos y cruentos linchamientos de negros.
Este primer klan o
círculo de blancos anglosajones supremacistas al finalizar el s i g l o X I X f
u e d e c a y e n d o , a u n q u e secretamente siempre mantuvo sus acciones
agresivas y violentas contra la población negra y contra los abolicionistas.
En 1915 se dio un
renacimiento del Klan, se creó una nueva asociación bajo el mismo nombre, pero ahora apoyándose en el poder de los nacientes
medios de comunicación de masas, particularmente en el cine.
A partir de la
narración establecida en la novelita de Tomás Dixon “El hombre del Clan”, su
amigo, el gran cineasta D.W. Griffith, se basó para realizar en 1915, la película
muda que llamó “El nacimiento de una nación”, en la que, desde la perspectiva
de los confederados, se exalta el ku klux klan que para entonces no era sino un
recuerdo.
Según Griffith, esa
“dañina doctrina” de la igualdad entre negros y blancos, como lo afirma en su
película, causa que “los principios agonicen y la degradación arruine a la
gente”, todo porque los negros son ineptos para legislar o gobernar, dado que,
en su incapacidad, solamente los mueven los intereses de rencor, odio y
venganza. Afirma el film, por ejemplo, que el matrimonio interracial solo lleva
al degeneramiento de la raza blanca, y en muchas escenas muestra la supuesta
incapacidad intelectual y moral de los afroamericanos.
Orgullosamente sostiene Griffith en su película que: “El Ku Klux Klan, fue la organización
que salvó al sur de la anarquía del poder negro”.
Ese segundo ku klux
klan fue una organización mucho más grande y organizada, con miembros
registrados y con una estructura estatal y nacional, que convocó a una gran
mayoría de estos orgullosos anglosajones, se extendió rápidamente por los
estados del sur, promoviendo sus acciones de abuso y terror contra las
negritudes, los abolicionistas y demás defensores de la emancipación y la
igualdad.
El presidente,
Woodrow Wilson -presidente de los Estados Unidos, entre1913 y 1921-, elogió la
película y justificó el racismo y las diversas prácticas de agresividad,
crueldad y criminalidad que el ku klux klan promovía, dijo: “Los hombres
blancos se levantaron por mero instinto de conservación… hasta que, finalmente,
vino a la existencia un gran Ku Klux Klan, un genuino imperio del Sur, para
proteger la tierra sureña” - Palabras que fueron citadas textualmente en la
película El nacimiento de una nación.
Después, Woodrow Wilson refiriéndose al film dijo: “es como
escribir la historia con un relámpago… todo es terriblemente verdadero”.
Podemos ver que la
intencionalidad apologista de la película, no es una simple expresión de
“libertad de opinión” como quiso hacerlo ver luego Griffith, sino que constituye
base de la ideología oficial de la administración política gringa, pues,
pasajes de dicho filme se sustentan en tesis y planteamientos de un presidente,
por supuesto representante de las élites, y que, en la orgullosa historiografía
oficial aparece reputado como un gran teórico e historiador. La película generó
un gran apoyo nacional por el ku klux klan, tanto que en los cines muchos
entusiastas espectadores, además de aplaudir y vociferar consignas racistas,
hacían tiros al aire.
Las prácticas
criminales desarrolladas por estos grupos incluyen, las torturas, la quema de
personas, los ahorcamientos, las marcas c o n h i e r r o , l a s m u t i l a c
i o n e s , l o s empalamientos, las castraciones, el clavar las cabezas de sus
víctimas en estacas en determinados lugares para causar
mayor temor entre la población.
El tomar
fotografías posando sonrientes los agresores y hacer postales de las víctimas y
de los cadáveres, parece ser que se ha mantenido y constituye ya una práctica
consuetudinaria entre la soldadesca gringa, pues lo han efectuado en Vietnam,
en Abu Graib, en Guantánamo y en otros lugares y campos de concentración y de
exterminio administrados por las fuerzas militares gringas.
El primer ku klux
klan podía caracterizarse como fundamentalmente sureño, el segundo ya tiene
carácter enteramente nacional, y su influencia y aceptación se ha extendido por
todos los rincones de los estados unidos.
El ku klux klan aún
existe, con grupos establecidos de promotores y simpatizantes. Continúa siendo
un grupo de odio racista, terrorista, supremacista, de los blancos
estadounidenses, anglosajones, reformistas, puritanos, de extrema derecha, que
ejecutan y p r o m u e v e n , a m p l i a m
e n t e , y c o n consentimiento social, actos violentos y propagandísticos
de xenofobia, racismo, homofobia y de persecución a las ideas socialistas, de
odio visceral hacia los extranjeros y migrantes, que consideran no se amoldan a
sus patrones de “pureza” racial.
El anticomunismo,
así como el repudio a las tesis de la evolución y el cambio, a los
planteamientos científicos darwinistas y freudianos, hoy ya hacen parte
constitutiva e integral de la “cultura” gringa establecida - que sigue siendo
mayoritariamente creacionista y retrógrada-.
Existen muchas
organizaciones que sin ser directamente del ku klux klan, funcionan con sus
mismos “ideales” racistas, xenófobos, anticomunistas y supremacistas, en toda
la geografía estadounidense y en otros países.
Además de los
fervientes y disciplinados seguidores del fatídico Klan, hay muchas más
organizaciones independientes, abiertamente racistas y fascistas. Un análisis
realizado en el año 2016 encontró que los grupos de odio en general están
aumentando en los Estados Unidos. Son muchas las entidades,
legales e ilegales, pero consentidas y hasta apoyadas por las estructuras
políticas de extrema derecha que gobiernan los Estados Unidos, como la afamada
“Asociación nacional del rifle”, integrada por millones de afiliados, todos
ellos racistas y supremacistas, que defienden
y p
r o m u l g a n l a l l a m a d a “ s e g u n d a enmienda” a la Constitución
(1787) norteamericana. Esta enmienda de 1791, supuestamente, ampara y protege
el derecho d e t o d o c i u d a d a n o - s a l v o a l g u n a s excepciones
aplicadas a ciertas personas que el propio Estado establece- a portar armas
para la “defensa personal” y otras veleidades, pero que en la práctica no es
más que el amparo del libre mercado de dichas armas.
La National rifle
association of America fue creada en 1871 con el propósito de
incentivar el comercio y el porte de armas, que siempre se ha fomentado
abiertamente con la publicidad y el reconocimiento institucional de las
“grandes hazañas” realizadas por los pioneros y colonizadores, exterminadores
de búfalos e “indios”, presentadas como la gran epopeya de
la conquista del oeste y el expansionismo civilizatorio, y oculta tras el velo
de la defensa de las “libertades personales” y el d e r e c h o a l a l e g í t
i m a d e f e n s a , constitucionalmente establecidos.
La gran expansión
de las redes sociales durante estas primeras décadas del siglo XXI, le han
facilitado a estos grupos una gran plataforma justificadora de su aberrante
ideología racista, segregacionista y de expansión sobre otras regiones del
mundo, mediante sus “fakenews” -o noticias falsas y engañosas- y con otras
novedosas formas de e x p r e s i ó n y “ e n t r e t e n i m i e n t o ”
direccionado, como los videojuegos, la literatura de consumo, la música y el
cine que, orientado por agencias del Estado, como la CIA, el FBI, la DEA y
otros organismos estatales, incorporan estas narrativas, aduciendo que de esta
manera defienden la publicitada “democracia” que promueve el imperio gringo y
alcanzando un gran número de personas, particularmente jóvenes, que entran
fácilmente a engrosar las huestes de una ultraderecha ignorante y fascista.
64
_____________________ Julio César Carrión Castro
PELÌCULA: “NACIMIENTO DE UNA NACIÓN”
Link de descarga
El Supremacismo
Gringo _______________________ 65
La gran “epopeya” de Búfalo Bill y la conquista del oeste
La mentalidad
supremacista gringa, no solo se manifiesta en las organizaciones legales e
ilegales como el Ku Klux Klan, o en las p e r m a n e n t e s a c c i o n e s r
a c i s t a s y segregacionistas contra los negros, sino, también en esa
actitud soberbia, pretenciosa, excluyente y criminal contra los pueblos
indígenas, que hace parte del orgullo nacional de los gringos.
E l r e c o n o c i
m i e n t o h e r o i c o q u e históricamente se hace a William Cody, más
conocido como “Búfalo Bill”, nos permite comprender, además de la ambición y la
codicia de los muy cristianos puritanos y
reformistas blancos
colonizadores, la condición depredadora, exterminadora y ecocida ejercida
contra los pueblos y territorios que fueron “civilizando”, con sus ínfulas de
superioridad. Los demás seres humanos que iban a evangelizar y culturizar
-indígenas y esclavos- debían ser sometidos a como diese lugar.
El principal reconocimiento de este legendario señor, es el de ser “un exterminador de indios” y
de búfalos. Las grandes manadas de búfalos, que constituían la principal fuente
de alimento de los pueblos indígenas, se consideró que debían ser eliminadas
para poder bloquear por hambre a los odiados indios que se oponían tercamente
al progreso y la civilización que ellos representaban.
William Cody dijo
con orgullo que había sido trampero, montador y amansador de caballos, arriero,
capataz, conductor de diligencias, etc. Recibió el apelativo de "Búfalo
Bill" porque, luego de la guerra de secesión, le dieron un contrato para suministrar
carne, a los obreros encargados de construir el ferrocarril -símbolo del
“progreso”- y se asegura que mató más de 4.000 bisontes americanos o búfalos.
Las tribus indígenas, acosadas por hambre y persecuciones armadas iban siendo
expulsadas y luego establecidas en territorios controlados, conocidos como
reservas.
Como representante
epónimo de esa cultura occidental y cristiana, Búfalo Bill, no solo propició el expansionismo militar, político y religioso de
las nuevas huestes de colonizadores puritanos, esclavistas y supremacistas,
sino que representa f e h a c i e n t e m e n t e e s a c o n c e p c i ó n
redentorista, promotora de la resignación, la “domesticidad y la
infantilización de los integrantes de estas comunidades que terminaron siendo
material para unos deplorables espectáculos circenses, que Búfalo Bill ofreció
con los indígenas reducidos, controlados y “domesticados”.
P o r i n t e r v e
n c i ó n d e l o s a c u c i o s o s “periodistas” o comunicólogos, en el Este
se reproducían los tebeos, historietas o cuentos de todas las valientes hazañas
y aventuras realizadas, según ellos, en el indómito Oeste por el incomparable
Búfalo Bill. Esta sería una de las primeras imágenes creadas mediáticamente
para enaltecer falsamente uno de los primeros faranduleros gringo, que en
realidad no fue más que un criminal personaje ampliamente publicitado.
En los muchos y
variados espectáculos presentados en diversos sitios del mundo, grandes
multitudes acudían a aplaudir y festejas sus hazañas. Estos
eventos y Cody serían recibidos con “bombos y platillos” por unas autoridades
que le condecoraban y le ofrecían reuniones especiales y banquetes.
Paradójicamente,
Búfalo Bill reconocido por ser un eficiente “exterminador de salvajes”, fue
convertido, mediáticamente, en un excepcional maestro, orientador y formador de
“indios buenos”, civilizados. Hay que reconocer, finalmente, que simplemente
fue un aclamado showman y farandulero, ávido de dinero, que montó sus shows de
“indios y vaqueros” para satisfacer a un público tan ignaro como anhelante de
esas narrativas que exponían, como realizado “el espíritu” de los pioneros y el
respeto y “cariño” hacia esos pobres “salvajes”.
En el desarrollo de
sus funciones y espectáculos, representando y cumpliendo muchas giras para un
amplio público de las ciudades y villorrios, tanto americanos como europeos,
ansioso de conocer y vivir las legendarias y publicitadas emociones y aventuras
de ese “Salvaje oeste” tan desconocido para el ciudadano
corriente, pero del que tanto se hablaba; sus e s p e c t á c u l o s , d e g r
a n c o l o r i d o y entretenimiento, subyugaban no solo a las multitudes del
ciudadanos que asistían, sino a las autoridades y a personajes tan
significativos como la reina Victoria de la Gran Bretaña.
No existe una
información clara y precisa acerca del número de “indios” asesinados por Cody
en cumplimiento de su heroica g e s t a c i v i l i z a t o r i a , p r o g r e
s i s t a y cristianizadora.
El Supremacismo
Gringo _______________________ 68
El Supremacismo
Gringo _______________________ 69
La inefable “conquista del oeste”
Miles de familias
de los recién llegados colonos puritanos, cuáqueros, hugonotes y de otras
sectas y creencias, enfrentaron multitud de vicisitudes y problemas atravesando
el continente en destartaladas carretas, en caravanas, llevando hijos, padres,
enseres e ilusiones, para “conquistar los nuevos territorios”. En realidad, más
que por la difusión de los “valores” cristianos de evangelización y ayuda
espiritual a los “salvajes”, los marchantes al oeste realmente estaban
empujados por la ambición; esperaban enriquecerse rápida y fácilmente con las
grandes extensiones de tierra y el hallazgo de oro y otros minerales.
Al independizarse
de Inglaterra en 1783, el territorio ocupado era solamente una franja que
llegaba hasta los Apalaches. Pero más allá se extendía un enorme territorio,
lamentablemente, habitado por los “indios”. El nacimiento de esta poderosa
nación implicaba que estos blancos, conocidos con el interesante apelativo de
“pioneros”, culturizaran y civilizaran toda esta enorme región, considerada
salvaje.
Luego de adquirir la Luisiana en 1803, comprar Florida en 1819 y
cercenarle a México la mayor parte de su territorio entre 1845 y 1848, la tarea
expansionista significó el cruel despojo de los indígenas del oeste.
Los cheyenes, los
Siux, los Comanches, los Navajos, los Apaches y otros pueblos originarios,
serían sistemáticamente desposeídos de sus tierras y verían exterminadas sus
culturas, bajo la mano sangrienta, blanca y puritana, en nombre de la
civilización y del progreso.
Algunos pueblos de
estos tuvieron que soportar una forzada integración impuesta por los
“pioneros”, como las llamadas “Cinco Tribus” supuestamente más proclives a la
“civilización”, fueron: los Cherokee, los Choctaw, los Chikasaw, los Creek y
los Seminola. Se les llamaba así por haber adoptado los modelos sociales de los
blancos, y supuestamente adaptarse a su cultura y a sus leyes -pero, cabe
anotar que, en todo caso, los “indios” no podían ser propietarios, ni tener las
comodidades de los blancos-.
El estallido de la
guerra de secesión entre el norte yanki y unionista y el
sur confederado (1861-1865) agravó los enfrentamientos entre los “pioneros” y
los “indios”.
Luego de la guerra,
los colonos presionarían de una manera más agresiva, despiadada y cruel sobre
el territorio de los indígenas. Ello llevó a una serie de acciones de opresión,
explotación y exclusión, cargadas de trampas y engaños por parte de los blancos,
pero también de acciones de resistencia y dignidad de los pueblos vencidos.
Acciones que hoy, graciosamente, el cine recoge y nos presenta como parte de
esa gesta liberadora y cultural de los “pioneros” .
PELÍCULA: “LA CONQUISTA DEL OESTE”
Link de descarga
Las llamadas “Guerras Apaches” -Cochise-
En el libro “Las
Guerras Apaches. Polvo y sangre en la última frontera del salvaje Oeste”, su
autor, Paul Andrew Hutton, sin proponérselo, nos hace saber que las llamadas
“Guerras Apaches”, constituyeron los más tramposos, amañados y sangrientos
conflictos realizados por el ejército de Estados Unidos contra los nativos
americanos, para lograr su supuesto “ s u p r e m a c i s m o ” , e l d e s p o
j o y e l expansionismo territorial. Se prolongaron durante un cuarto de siglo
y marcaron para siempre la historia y la mentalidad de los gringos, situación
que persiste en el estrecho i m a g i n a r i o d e s u s p o b l a d o r e s
supremacistas.
“Una tierra de
frontera inhóspita y desolada, infestada de bandoleros, donde cada planta tenía
una púa, cada insecto un aguijón, cada pájaro una garra y cada reptil un
colmillo”. Para este apologista de la acciones genocidas y depredadoras de los
aventureros blancos, pareciera que la supuesta gesta épica de estos, se libró
no sólo contra los “salvajes”, sino contra todo el entorno
natural que les era negativo y hostil.
La llamada
apachería sería fundamento de las acciones culturizadoras de estos “pioneros”:
“Durante más de dos décadas, los guerreros apaches, duros como su tierra,
fogueados por siglos de lucha contra los españoles, pelearon contra los
intentos mexicanos y estadounidenses por acabar con su forma de vida. Su
conocimiento del terreno, su movilidad y una cultura guerrera que no conocía la
misericordia, los convirtieron en un enemigo terrible y f o r m i d a b l e ” ,
p e r o q u e fi n a l m e n t e sucumbiría ante el empuje de las fuerzas
civilizatorias.
Andrew Hutton, como
si se tratase de grandes hazañas nos relata este legendario conflicto, tan
presente en el imaginario popular, tan pleno de un falso heroísmo como de una
permanente crueldad y brutalidad, con un pulso que consigue trasladar la
intensidad del drama y busca astutamente ponerse supuestamente en la piel de
ambos bandos, para hacer creer que hay justicia en sus relatos.
Como hilo vertebrador, Hutton “revive la experiencia de
individuos cuyas vidas discurrieron a medio camino entre los dos mundos, como
la del explorador y cazarrecompensas tuerto Micky Free o como Apache Kid, el
último indio libre. Cuando el humo de la pólvora se disipó y Gerónimo se entregó,
resignado a una vida en la reserva, para acabar expuesto como una atracción en
la Exposición circense de San Luis en 1904, la mítica narrativa del salvaje
Oeste había terminado”.
Y, entonces, se dio
comienzo a todas esas novelas, novelones, historietas y películas Western (es
decir aquella referidas a la agresiva “gesta civilizadora” de los blancos
contra los pueblos indígenas en el oeste norteamericano) que les ha permitido
recaudar mucho dinero desde los comienzos del cine y mantener la leyenda de las
acciones civilizadoras y totalmente viva y activa la presunción de superioridad
que caracteriza a los gringos.
El “buen salvaje”,
los “hermanos de sangre” y la leyenda de la flecha rota
El mito del buen
salvaje es una invención literaria nacida en la vieja Europa, al contacto con
los pueblos originarios de esos territorios que, en su imparable expansión
geográfica y cultural, fueron conquistando y colonizando, bajo la presunción de
que los culturizaban y civilizaban.
Se trata de un
poderoso componente establecido en los imaginarios colectivos, sutilmente
impuesto en general en las mentalidades de todas las personas subordinadas y
dependientes de la h e g e m o n í a c u l t u r a l d e l a s c l a s e s
dominantes. Imaginario que se presenta como el reconocimiento de una primigenia
condición, innata, natural pacífica, contraria a toda agresividad y violencia,
de estos seres buenos, aunque salvajes. Juan Jacobo Rousseau, escribió: “Algunos
se han apresurado a concluir que el hombre es naturalmente cruel y que hay
necesidad de organización para dulcificarlo, cuando nada hay tan dulce como él
en su estado primitivo”. En fin, concluye Rousseau que “el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”. Con esa
edulcorada perspectiva teorética se han escrito centenares de obras y muchas
películas del western americano.
Cochise fue un jefe
de los indígenas apache que lideró la resistencia de su pueblo contra la
expansión estadounidense en el siglo XIX. Su figura está envuelta en una maraña
de hechos históricos y leyendas.
La película Flecha
rota -Cochise- de 1950 basada en la novela Blood Brother - Hermano de sangre-,
de Elliott Arnold relata desde la ficción, un episodio de la confrontación de
los “civilizados” puritanos colonos, con los “salvajes” apaches, siendo Cochise
su líder.
Cuenta el film como
Tom Jeffords, un soldado retirado (James Steward) ayuda a un niño apache herido,
siendo reconocida esta acción por los integrantes del grupo indígena, le
perdonan la vida y le permiten irse. A partir de este acontecimiento logra el
explorador acercarse a la tribu e incluso enamorase de una indígena y entablar
amistad con el propio Cochise.
L o s b l a n c o s c o m p r o m e t i d o s e n l a exploración y
explotación de estas nuevas tierras, y prevalidos del pretexto de que “hemos
traído la civilización”, continúan su l a b o r e x p l o r a d o r a , d e p r
e d a d o r a y mercantilista, no solo desplazando a los indígenas sino
exterminándolos.
Conocida la
cercanía alcanzada con los Apaches de Cochise por Tom, y la conveniencia de
establecer un diálogo con tan tenaces guerreros, convierten a Tom Jeffords en un
intermediario, y desde la propia presidencia y el generalato proponen un
acuerdo de paz, que Cochise, en respeto a la palabra, a la verdad y al valor de
lo establecido, refrenda rompiendo una flecha como símbolo de cese a las
hostilidades; acuerdo que, por supuesto, será incumplido por los civilizados y
puritanos blancos.
La historia de
"Flecha Rota" (Broken Arrow) gira en torno al jefe Apache Cochise y
su relación con Tom Jeffords, un hombre blanco que busca la paz entre ambos
pueblos. La película, estrenada en 1950, presenta una perspectiva más humana y
realista de los conflictos entre apaches y colonos en el
territorio de Arizona de 1870, mostrando a Cochise como un líder sabio y
pacífico, en contraste con la visión habitual de los nativos americanos en el
cine de la época.
La película de
1950, es precisamente una obra de ficción basada en muchos hechos históricos,
enlazados con fantasiosas leyendas sobre el personaje Cochise, muestra cómo la
constante violación de los acuerdos y tratados, es una característica
constitutiva de esa mentalidad gringa que venimos señalando. Busca, además,
presentar esa condición del “buen salvaje”, que nos ofrece a Cochise como un
líder bueno, pacífico, que se ve impelido a confrontar la condición traidora y
vil de los arteros representantes de la civilización y la cultura de los
puritanos colonos y “pioneros”.
La violación de los acuerdos y tratados como política de
Estado
La violación de los
acuerdos y tratados establecidos ha sido una constante característica de los
gobiernos gringos en toda su historia, tanto de su época colonial como en su
actual fase imperialista. Bajo el p r e t e x t o d e q u e e s t á n l l e v a
n d o l a civilización y desplegando los “valores” contenidos en las, así
llamadas “santas escrituras”, no sólo han desplegado sus actividades buhoneras
y en general comerciales y consumistas, sino que, mediante permanentes engaños
y falacias, han establecido “acuerdos” que nunca cumplen; el engaño ha sido una
política de Estado permanente no solo en los Estados Unidos de Norteamérica,
sino en todos estos países herederos y fomentadores de una falsa “democracia”,
simplemente construida con una imagen leguleya, pero tramposa.
Como se ha visto en
la historia, siempre han existido mandatarios, representantes de los grupos
hegemónicos y las castas poderosas, dispuestos a lograr esos falsos “acuerdos”
que de antemano saben que habrán de incumplir, para dar
continuidad a la subordinación y el vasallaje de las gentes, dispuestos a
perseverar en las estrategias del engaño, para sustentar la pantomima de la
llamada “democracia”.
El sistema político
colombiano (una muy publicitada “democracia” occidental y cristiana) para nada
ha sido ajeno a ello, desde la época colonial y los inicios del supuesto
régimen republicano. Han sido múltiples las falacias y engaños en toda nuestra
historia:
Crímenes
sistemáticamente organizados desde el propio Estado, desde los resquicios de un
poder, concentrado inicialmente en el patriciado latifundista, godo y sectario
y luego en las “modernas” estructuras mafiosas y narcoterroristas, que han
impuesto la transmisión dinástica de los gobiernos entre sus grandes familias y
los avezados y oportunistas funcionarios y contratistas, con sus mecanismos de
lealtades y obligaciones serviles, con la repartija burocrática del Estado, con
el compadrazgo, el gamonalismo y sus clientelas, que han tenido continuidad, de manera anacrónica, manteniendo una falsa cohesión social y
esa falsa democracia que, desvergonzadamente se presenta, con orgullo, como la
más antigua y consistente de toda la América Latina.
E n u n s e n c i l
l o y r à p i d o r a s t r e o historiogràfico, podemos ver còmo los comuneros
de 1782 fueron traicionados por sus propios dirigentes por las alta clases
criollas, aparentemente comprometidas, que buscaban sólo una “independencia” relativa,
aquella que les permitiera pactar una mayor participación en el poder político
y económico, sin llegar a desencadenar la revolución social . El problema fue
“resuelto” astutamente en el acuerdo político de las Capitulaciones; jugada
maestra del arzobispo-Virrey Caballero y Góngora, que inaugura en Colombia esa
tramposa ideología liberal-conservadora que desde entonces nos agobia con la
suplantación del pueblo por los partidos de la oligarquía y con las
“disidencias tácticas”, e s d e c i r, c o n e s o s m e c a n i s m o s d e
integración de la inconformidad a los intereses de los grupos hegemónicos,
quienes, desde el régimen colonial-hacendatario, hasta
nuestros días, se las han ingeniado para cooptar a los contradictores, para
silenciarlos, encarcelarlos, o para asesinarlos. Colombia no ha sido ajena a
esas tácticas engañosas, como política de Estado. Está inscrita en esas
estrategias que son comunes a los distintos países organizados por las
triunfantes burguesías.
Como escribiera el
maestro Antonio García en su libro “Los comuneros”de1981: “Caballero y Góngora-
en quien pesaba más en ese instante su papel de agente sumiso de la Corona que
su aguda visión de filósofo-político- tuvo la capacidad de evaluar el proceso
insurreccional como una general subversión del Reino...” y por ello aceptó sin
debate las Capitulaciones, para ganar el tiempo requerido para la represión
militar.
Ese Estado
(hacendatario, señorial, familiar y clientelista de antaño, o el mafioso y
narco-terrorista de hoy, con su ejército, su policía, sus políticos y su otro
brazo armado de bandoleros, sicarios y paramilitares) ha permanecido presto a
aplicar en todo momento el ritual de los “acuerdos”, para luego imponer el
silenciamiento y el asesinato de los contradictores, el lenguaje no verbal de la cárcel, la proscripción, los asesinatos
preventivos o la extradición de hoy.
Esto es la
estrategia del engaño que encontramos también, en la película “Flecha rota” de
que venimos hablando, vemos, como si se tratara de seguir un mismo guion o
dirección, cómo la política del engaño constituye la base general del modo de
producción capitalista.
El
Supremacismo Gringo _______________________ 79
III. EL EXPANSIONISMO GRINGO EN SU ETAPA IMPERIALISTA
Como tan
precisamente lo investigó y divulgó, Vladimir Ilich Lenin en su libro “El
imperialismo, fase superior del capitalismo” en 1916, el capitalismo se troca
en imperialismo al llegar a un grado muy alto de su desarrollo… Es decir,
afirma Lenin, que el imperialismo, es la fase superior, monopolista del
capitalismo.
Una definición de
estas, tan precisa, nos lleva a comprender cómo el capital financiero, es
decir, el capital de los grandes bancos monopolistas se funde con el capital de
los poderosos grupos monopolistas de industriales y comerciantes y, con todo
ese poder, indefectiblemente impulsan el reparto del mundo.
Nos muestra de qué
manera se produce el tránsito de la economía y la política coloniales, que se
expande sin obstáculos en las antiguas regiones colonizadas, y hacia aquellas
que todavía no habían sido apropiadas por ninguna metrópoli colonial de dominación,
estructurando nuevas maneras de explotación de los
territorios del globo terráqueo, enteramente repartido.
A s í p u e s , L e
n i n s e ñ a l a c ó m o e l imperialismo se manifiesta principalmente en su
permanente tendencia a las anexiones. Que lo característico para el
imperialismo consiste, precisamente, en la tendencia a la anexión no sólo de
las regiones agrarias, sino incluso de las ya industrializadas. Enfatiza Lenin
que los procesos de monopolización han nacido de la política de expansión
territorial y colonial.
A los numerosos
"viejos" motivos de la política colonial, el capital financiero ha
añadido la lucha por las fuentes de materias primas, por la exportación de
capital y por alcanzar mayores "esferas de influencia".
En el capítulo VI
de su obra Lenin precisa que: El colonialismo en la época del imperialismo es
cualitativamente diferente del colonialismo del libre comercio porque está
inextricablemente ligado a los monopolios financieros. La política colonial en
la era del imperialismo tiene como objetivo otorgar a los monopolios una garantía frente a sus competidores, monopolizando el control
de todas las fuentes de materias primas y mano de obra en un territorio
específico.
Debemos entender
claramente que los procesos y actividades productivas de las haciendas y
grandes plantaciones, en el nuevo mundo, son ya temas atinentes al desarrollo
capitalista y no rezagos del régimen feudal.
Celso Furtado lo
precisa:
“En los países
pobres y semicoloniales la propiedad de la tierra está altamente concentrada.
Las relaciones entre los propietarios de la tierra y sus trabajadores revisten
características muy variadas. A u n q u e e n t o d o s é s t o s d o m i n e e
l capitalismo, se dan relaciones parecidas a las feudales o esclavistas que
coinciden frecuentemente con la existencia y el desarrollo de la empresa
agrícola típicamente colonial -la plantación-, un tipo de gran propiedad
agrícola destinada a la producción de mercancías para la exportación, en que
las relaciones de producción comprenden una gama que abarca
desde el esclavismo hasta el trabajo asalariado. En ninguno de estos países se
da un feudalismo, un esclavismo, o una empresa capitalista que correspondan al
modelo europeo”.
“La tentativa de
transposición de las instituciones feudales para las colonias comerciales de
América -dice Celso Furtado- demostró ser impracticable, incluso en aquellos
casos en que hubo la intención explícita de hacerlo y donde la tradición
feudalista era más fuerte, como en Francia”. Los grandes propietarios nativos,
los latifundistas y señores de la tierra, aunque se parezcan al barón feudal de
la Edad Media y exijan como aquél de sus siervos o aparceros una parte de su
producto en especie, o una parte de su tiempo para que trabajen las tierras del
amo, se distinguen, “no sólo porque carecen de la filosofía social del
feudalismo, sino porque están vinculados a la economía monetaria y ejercen la
usura y el comercio”.
Tomado de: “El
desarrollo del capitalismo en los países coloniales y dependientes” González Casanova
Pablo “Sociología de la explotación” Clacso editorial 2006
Es necesario reiterarlo: “A lo largo de la historia, la
plantación practica el esclavismo simulado o abierto -calculando en términos
monetarios los costos de compra y manutención del “esclavo”, visto como un
factor de la producción- pero teniendo en propiedad de hecho o derecho a sus
“trabajadores”, y cuando no practica el esclavismo, sino establece el trabajo
asalariado, tiende a monopolizar todas las o p e r a c i o n e s m o n e t a r
i a s d e s u s trabajadores, estableciendo tiendas de raya de la propia
compañía, y poniendo taxativas al llamado “comercio libre”.
Como ya lo
afirmamos, esas grandes plantaciones -de tabaco, algodón, caña de azúcar y
otros productos agrícolas-instaladas en estos territorios coloniales, bajo
formas de producción esclavistas, no representan ya al viejo sistema feudal,
sino que entran a formar parte del nuevo sistema capitalista mundial e
imperialista, aunque sus oligarquías terratenientes, sus señores latifundistas,
preserven criterios, formas y maneras de índole aristocrático y de carácter
señorial y gamonalesco. Sus intereses, a u n q u e c l a r a m e n t e c o m e
r c i a l e s y mercantilistas, continúan preservando f o r
m a s a r i s t o c r á t i c a s c o n b o a t o figuracionista y posudo, con
sus palacios, mansiones, fiestas y banquetes que les permite representar y
ostentar el poder de la riqueza.
Las plantaciones en
América Latina, aunque inicialmente establecieron relaciones de trabajo
serviles o de esclavitud, se integraron rápidamente en el mercado global, con
la producción orientada a la exportación y la acumulación de capital por parte
de los propietarios.
Dice Lenin que,
entre las particularidades del imperialismo, atinentes o relacionadas con los
fenómenos de que venimos hablado, figura la disminución de la emigración de los
países imperialistas y el aumento de las i n m i g r a c i o n e s o g r a n d
e s fl u j o s d e trabajadores y transmigraciones a estos últimos, procedentes
de los países más atrasados, donde las condiciones de vida y el nivel de los
salarios es más bajo.
El expansionismo
territorial y los migrantes.
El caso mexicano.
De todo lo que
llevamos dicho sobre la esencia económica del imperialismo, debemos entender,
con Lenin, que los poderes oligárquicos de los monopolios son un síntoma de un
capitalismo moribundo, de ahí se desprende que hay que calificarlo como un
capitalismo de transición, ya tardío, o más propiamente, como un capitalismo
agonizante, pero que en sus momentos de mayor fortaleza impulsó el
expansionismo territorial y la captación de la fuerza de trabajo de los
esclavos, de los indígenas y de los migrantes, para fortalecer su naciente
economía parasitaria y depredadora.
La llamada guerra
de Estados Unidos-México en realidad fue un calculado acto expansionista, una
cruenta anexión, un acto de agresión perpetrado por el gobierno Yanki,
proto-imperialista, contra la soberanía de México, pero presentado como un
“conflicto bélico” nacido bajo otras supuestas perspectivas entre 1846 y 1848, pero que llevó al artero despojo de más de la mitad del
territorio mexicano, anexionado a los Estados Unidos.
Desde comienzos del
siglo XIX eran claras l a s p r e t e n s i o n e s e x p a n s i o n i s t a s
y anexionistas de los gringos con respecto a las tierras mexicanas, aun estando
bajo el poder colonial de la Corona española.
Se empezó con una
sistemática invasión “colonizadora” de Texas. Ya hacia 1834 muchos colonos
estadounidenses se habían establecido en Texas, que formaba parte de México,
con el permiso del gobierno m e x i c a n o , T e x a s d e c l a r ó s u
“independencia” de México en 1836 y se produjo la creación de una ficticia
“República de Texas”. España ya había cedido la Florida y Francia les había
vendido Luisiana, en 1803.
Los mexicanos
oriundos no podían aceptar que los recién llegados estadounidenses, recibiesen
tierras gratis y una serie de ventajas y oportunidades que les eran negadas a
ellos; condiciones injustas, como la prohibición de poseer esclavos, porque la
esclavitud era ilegal en México.
La guerra comenzó
cuando Estados Unidos en 1846 cruzó con sus ejércitos el rio Bravo y luego,
como vulgares filibusteros, desembarcaron en Veracruz, desde donde avanzaron y
ocuparon la capital. La guerra concluyó con la firma del Tratado de Guadalupe
Hidalgo, que estableció que México cedería más de la mitad de su territorio,
que comprende la totalidad de lo que hoy son los estados de California, Texas,
Nevada, Arizona, Nuevo México, Utah, Oklahoma, Colorado, Wyoming y Kansas.
E n 1 8 2 1 , M é x
i c o a l c a n z ó s u “independencia” de España, la posesión de los
territorios por parte de los Estados Unidos fue permitida y facilitada por los
nuevos gobiernos cipayos mexicanos.
Simultáneamente con
estas acciones depredadoras y anexionistas que llevaron al “nacimiento de la
nación” gringa, se fue dando el continuo despojo territorial y las políticas
exterministas de los indígenas.
El fin de la guerra
civil, más que mitigarlas, intensificó las acciones racistas, contra la
población negra y contra los pobladores originarios, por
parte de estos capitalistas, blancos, protestantes, racistas, prepotentes y
supremacistas, ya establecidos como la corriente clasista hegemónica en los
Estados Unidos . Con el ingreso a la etapa imperialista, esta prepotencia se
acrecentó y sus acciones fueron cada vez más agresivas, crueles, tramposas,
militaristas, terroristas e involucraron nuevos territorios impulsando una
nueva forma de colonización, despojo territorial e imposición política, algo
que p o d e m o s d e n o m i n a r c o m o neocolonialismo.
Grotescas y
criminales situaciones de anexionismo, de pretensiones y acciones
imperialistas, bajo la falsa creencia de “superioridad” que históricamente han
esgrimido los gringos y las cuales se pueden rastrear y reseñar,
particularmente las realizadas en Latinoamérica.
"Los Estados
Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en
nombre de la libertad".
Carta de Simón
Bolívar a Patricio Campbell. Guayaquil, 5 de agosto de 1829
Podemos anotar
algunos casos específicos d e l e x p a n s i o n i s m o t e r r i t o r i a l
o neocolonialismo, establecido por los gobiernos norteamericanos contra los
pueblos de Latinoamérica:
El 2 de diciembre
de 1823, el presidente de los Estados Unidos James Monroe, en mensaje dirigido
al blanco Congreso de su blanco país, hábilmente establecería el ambicioso lema
de "América para los americanos", que se constituiría, con el tiempo,
en fundamento y explicación suficiente de la permanente política s u p r e m a
c i s t a e i n t e r v e n c i o n i s t a norteamericana en los países de la
América Latina. Estrategia de hegemonía que, desde entonces, les ha funcionado,
gracias al poderío bélico y al cipayaje de muchos ladinos gobernantes y otros
sujetos y sectores sociales de estos territorios.
Tempranamente el
Libertador Simón Bolívar, en carta del 5 de agosto de 1829 al coronel inglés
Patricio Campell, advertía acerca de la vocación imperialista del naciente
Estado norteamericano: "Los Estados Unidos parecen destinados por
la providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad";
y es que, con esa conciencia supremacista, se han arrogado el
derecho a decidir nuestro destino, presumiendo ser el "hermano
mayor", -como lo señalara George Orwell-ante una supuesta incapacidad de
estas naciones para la autonomía.
Toda nuestra
historia republicana está cruzada por el intervencionismo gringo. La política
norteamericana incansablemente ha impuesto a la América Latina múltiples
maniobras de sometimiento a su tutelaje; por las armas o por la
"diplomacia", desde el inicial despojo del territorio mexicano entre
1845 y 1848 y el rapto de Panamá en 1903, hasta esa gran cadena de vejámenes, i
n v a s i o n e s , o c u p a c i o n e s , a c t o s d e fi l i b u s t e r i
s m o , s a q u e o s , b l o q u e o s económicos y el manejo de políticos y
gobernantes títeres. Hemos sido condenados a soportar el
infierno de tan fatídica vecindad.
Q u e r i e n d
o l
e g i t i m a r s
u a r b i t r a r i a
hegemonía y
“superioridad”, se han fabricado convenientemente, las más
estrafalarias
teorías, como la ya mencionada Doctrina Monroe, que frenaba a las potencias
europeas en sus anhelos expansionistas, advirtiendo con claridad que
"América es para los americanos...del Norte", o la tesis del llamado
"Destino Manifiesto" que establecía que la América Latina, tarde o
temprano, debía caer bajo su dominio, o la política del "gran
garrote" y la "diplomacia del dólar" esgrimidas por T h e o d o
r e R o o s e v e l t , l o s t á c t i c o s planteamientos justificatorios de
las invasiones, "en defensa de los intereses norteamericanos" y por
"la restauración del orden", hasta la falazmente llamada “alianza
para el progreso", la "doctrina de la s e g u r i d a d n a c i o n a
l " , l a " a y u d a " condicionada a la subordinación, las
restricciones comerciales, los bloqueos y la recién inventada
"certificación" política y moral que niegan a los países que no se
someten a su pretendida superioridad. Ellos, los mayores
consumidores de cocaína y otras drogas, en la pretensión de frenar el consumo
interno de sus desgraciadas juventudes, sin mayores acciones sociales, de
salubridad o educativas, dicen apoyar la represión en los países productores de
la hoja de coca, la producción y mercadeo, mientras es casi nula la persecución
a los grandes narcotraficantes que están incrustados en sus propias estructuras
sociales, en su banca, en su administración tanto pública como privada, en sus
fuerzas militares en la famosa CIA -su agencia central de inteligencia- y en la
propia DEA - La Administración de Control de Drogas, o Drug Enforcement
Administration, que realmente ha servido es de pantalla de los mismos
narcotraficantes-
Escrúpulos
teoréticos de gran eficacia en su política interna, que de ninguna manera han
hecho mermar las brutales agresiones que continúan infligiendo periódicamente a
pequeños países como Granada en 1983 y Panamá en 1989. Entretanto Cuba, luego
de haberlos repelido en Bahía Cochinos y a g u a n t a r e l e n c l a v e o c
a m p o d e c o n c e n t r a c i ó n y d e e x t e r m i n i o d e
G u a n t á n a m o , v i e n e r e s i s t i e n d o heroicamente un
criminal bloqueo que ya se extiende por más de 60 años, pero que nos permite
ver sorprendentes opciones de dignidad y de soberanía, en medio del general
sometimiento de los gobiernos latinoamericanos, al presunto "destino
manifiesto" de nuestros tristes pueblos.
En la novela
"1984", George Orwell nos muestra una terrorífica visión política del
futuro; un apocalíptico futuro que se ha venido haciendo presente y
consolidando en estos primeros años del siglo XXI en consonancia con el
derrumbe del llamado "socialismo realmente existente", que vino a
significarle a este capitalismo tardío y agónico un inesperado fortalecimiento.
Con el aparente
triunfo del "Nuevo Orden Mundial", la globalización de la economía y
el desmantelamiento de la función social de los Estados, que establece el
recetario n e o l i b e r a l a p l i c a d o a l o s p a í s e s dependientes,
se está alcanzado ya la pesadilla pronosticada por Orwell en su obra 1984
:"La guerra es la paz", "la libertad es la esclavitud" y
"la ignorancia es la fuerza", que son las consignas institucionales
en su distopía, y las cuales, sin mayor esfuerzo,
encontramos plasmadas en el proyecto de "democracia vigilada" que se
desarrolla en el mundo contemporáneo, bajo la tutela estadounidense: Las
periódicas agresiones militares a pequeñas naciones por parte de grandes
potencias, el sórdido negocio de las armas emprendido por ellos mismos, la
amenaza nuclear, el incremento constante del armamentismo y la conveniente
utilización de organismos como las Naciones Unidas, su pretendida neutralidad y
sus "cascos azules", disfrazados de "fuerzas de paz", pero
puestos al servicio del poderío norteamericano, y la imposición de mediocres y
hasta estúpidos showmens como dirigentes políticos y “gobernantes” en varios
países subordinados a esa supuesta supremacía gringa, contribuyen a consolidar
el sofisma de que los Estados Unidos son el gendarme de una paz que es
realmente guerra y descomposición social.
Sutilmente se ha
venido estableciendo una serie de mecanismos sustitutivos de los intereses de
emancipación, que se han extraviado en la rutina de trabajos alienantes, bajo
la permanente esclavitud del consumismo y en el uniformismo
gregario, de los slogans y las modas, m a n t e n i é n d o n o s s o m e t i d
o s a l a d o c t r i n a m i e n t o y m a n i p u l a c i ó n publicitaria,
haciéndonos creer que la simple escogencia de marcas es ya la mayor expresión
de libertad y autonomía, en un mundo que, supuestamente, ha llegado ya al fin
de la historia, que consistiría en la general norteamericanización del mundo.
Por otra parte la
creciente utilización de los medios de comunicación -incluido el cine ya
subordinado a las agencias gringas de control y manejo político y social- en la
promoción de las verdades oficiales y en la homogenización cultural, ha
conducido a la conformación de esa "Aldea global" prevista por Mac
Luhan, no sólo poniendo en entredicho las particulares identidades culturales
de los pueblos, sino, en confluencia con un sistema educativo profesionalizante
y credencialista, fomentando la "docta ignorancia" y el
"doblepensar" de que hacen gala los razoneros del poder o
"comunicadores".
Que "el Gran
Hermano te vigila", no es ya una especulación alucinante. El inaudito
crecimiento de
la depauperación, no sólo
en los países del
tercer mundo, sino al seno de los propios países posindustrializados, corre
paralelo al incremento de la barbarie ecológica, de una mayor exacción de
plusvalía y al incremento de los medios que guían y atrofian la conducta
humana, según sus intereses y direccionamiento, como la prensa, la radio, el
cine, la televisión, la i n t e r n e t y m u c h o s o t r o s a r t i fi c i
o s impositivos comunicacionales, como la proliferación del consumo de drogas y
la general idiotización de la juventud norteamericana, ya carente de ideas y
valores y solamente enfocada hacia la irremediable drogadicción y al consumismo
ilimite.
La eficiente
construcción de la conformidad con el estado de cosas, mediante el empleo de
tecnologías de convencimiento y persuasión, habilidosamente se ha trocado en
exacerbación de nacionalismos, xenofobia, racismo y en un sinnúmero de
conflictos étnicos y raciales extendidos por todo el planeta, bajo una
concepción hegemónica y unipolar del mundo, agenciada
especialmente por el gobierno supremacista de los Estados Unidos de
Norteamérica que, mientras tanto, se reserva el derecho no solo de
"certificar" las naciones sometidas, sino de definir como
delincuentes e ilegales a los inmigrantes de estos pueblos, sometidos a las
humillaciones y el maltrato laboral y, amenazados permanentemente con la
deportación a sus territorios.
Quiero repetirlo:
en el mensaje al Congreso en 1823, el presidente James Monroe establecería como
principio político incontrovertible para esa nación, el eslogan: “América para
los americanos”, divisa con la que buscaba no solo disuadir cualquier intención
colonialista por parte de las potencias europeas, sino, expresar claramente la
vocación expansionista e intervencionista norteamericana, y fijar por parte de
los supremacistas gringos el condicionante estratégico de hacer de la América
Latina su “patio trasero”, y los criterios de desprecio hacia las más diversas
poblaciones de migrantes.
Sórdidas acciones
que tratan de ocultar tras el manto de una fraseología
acomodaticia que va desde el “Destino Manifiesto”, que condenaba a nuestros
pueblos a una pretendida predestinación de subordinación a su imperio, pasando
por otras políticas de desprecio y subordinación hacia ese pretencioso pueblo
WASP -White, Anglo-Saxon and Protestant-.
Pareciera, además,
que la tortura sigue siendo el principal fundamento correctivo para alcanzar
esa pretendida cultura occidental, “puritana” y cristiana, que representa los
Estados Unidos.
A n t e r i o r m e
n t e , b a j o u n a v i s i ó n abiertamente teocéntrica del mundo, se
torturó en el nombre de Dios y para preservar la unidad de la fe. Hoy, bajo la
era del capitalismo, la tortura se realiza en nombre de la civilización y del
progreso y p a r a m a n t e n e r e l e m b u s t e d e l a “democracia”
elaborado por los gobiernos gringos.
To d a l a " h
a z a ñ a " c i v i l i z a t o r i a d e l descubrimiento y la conquista,
así como el largo período de colonización que
89
_____________________ Julio César Carrión Castro
padecieron los pueblos de lo que aún llamamos “el tercer mundo”, se
logró en gran medida merced a una sistemática tortura y subordinación de los
pueblos v e n c i d o s , o e u f e m í s t i c a m e n t e , denominados como
“conquistados”.
España, Inglaterra, Holanda, Portugal...
todos los gobiernos
europeos torturaron, humillaron y asesinaron a los pueblos de A s i a , Á f r i
c a y A m é r i c a L a t i n a , considerándolos “inferiores” y abrogándose e
l d e r e c h o d e “ c u l t u r i z a r l o s ” , d e “domesticarlos”; desde
el siglo XV hasta el presente -y esta deuda aún no se cobra-, han practicado la
tortura incluso los hoy publicitados defensores de los derechos humanos;
Bélgica ejerció un sanguinario mandato sobre el Congo -hoy Zaire-, que dejó ver
que la civilización es la barbarie, como lo señalara Walter Benjamin: Millones
de seres humanos fueron inmolados en el altar de la impostura exploratoria y
comercial, supuestamente en favor de esa culturización, evangelización,
cristianización de los pueblos salvajes. No en vano el gran escritor Joseph
Conrad diría en su obra “El corazón de las tinieblas”, que "esa
avanzadilla del cambio, de la conquista, del comercio, de las matanzas de la
prosperidad", no era más que el despiadado poder del horror que provoca la
llamada civilización.
Francia torturó en
Marruecos y en Argelia, y en definitiva la Italia fascista y la Alemania nazi
no marcaron la conclusión, sino el renacimiento y la reiteración de la tortura,
la Rusia zarista torturaba y el régimen soviético instauró la psiquiatría represiva.
Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos que, como si fuese el triunfo póstumo
de Hitler, nos hemos ido habituando al horror y a la tortura, que ahora
enorgullece a muchos mandatarios como el criminal y genocida Benjamin Netanyahu
del estado sionista de Israel, o ese patético showman Donald Trump, que
continúa manteniendo los campos de confinamiento y tortura como el enclave de
Guantánamo.
La moderna tortura
ya no recurre a la complicidad teológica de antaño, sino a las argucias de un
pretendido ordenamiento jurídico institucionalizado contra los opositores
políticos e ideológicos, como se puede ver, por ejemplo, en asuntos como el
“juicio” seguido contra Sacco y Vanzetti en los años veinte
del pasado siglo. Eran simples exiliados italianos en busca de ese publicitado
y fantasioso “sueño americano”.
Hace mucho tiempo
que la migración y el exilio constituyen una importante opción de vida para
muchos que, deslumbrados por la supuesta "calidad de vida" de los
países ricos, prefieren adquirir la condición de apátridas en esos territorios,
con tal de alcanzar el sueño de una mejor situación laboral y económica. Se
someten a vivir en deplorables guetos y a desempeñar trabajos ilegales o de muy
baja categoría (que los algo acomodados llegados en oleadas anteriores pero que
se asumen “nativos” de tales países se niegan a realizar), recibiendo pésimos
salarios, insultos, atropellos, soportando el racismo, la constante
discriminación, la xenofobia y las leyes raciales, pero aprendiendo a trepar,
ahorrando para enviar dinero a sus familias y, como culminación de su total
adaptación, desde sus miserables guetos y sórdidas habitaciones y favelas
clandestinas, terminan apoyando a los farsantes politiqueros y sus promesas, en
fin, apoyando ese "nuevo orden mundial", que el imperio les vende.
El Supremacismo
Gringo _______________________ 91
Link de descarga
El Supremacismo Gringo _______________________ 92
La permanencia y
continuidad del racismo y el supuesto supremacismo de los blancos herederos del
reformismo puritano, podemos certificarlo también, siguiendo los argumentos y
pormenores establecidos en la película “Matar un ruiseñor” de 1962, basada en la
novela de su mismo nombre de Harper Lee.
El film está
sustentado en la narración que, ya siendo adulta, realiza Jean Louise
"Scout", sobre recuerdos de su infancia por los años 30, en compañía
de su hermano, amigos y de su padre, Atticusn Finch, prestigioso abogado, quien
es designado de oficio, a la defensa de un negro -Tom Robinson- que ha sido
acusado injustamente de la violación de una chica blanca llamada Mayela, hija
de un ignaro granjero blanco.
La película muestra
cómo hordas de estos resentidos granjeros, muchos de ellos pobres, analfabetas
y endeudados, pero cargados del orgulloso poder que les da su condición de
blancos descendientes de p u r i t a n o s e s c l a v i s t a s , i n t e n t
a n e l linchamiento del recluso negro.
Durante el juicio el abogado, señalado por estas personas como un
“encubridor de sucios negros”, muestra fehacientemente que la víctima no podía
haber recibido los golpes atribuidos, ni ser el autor de los intentos de
“estrangulamiento”, porque el acusado tenía impedimentos en el brazo izquierdo,
del que según los análisis forenses habrían provenido los golpes. Además, se
certifica la condición agresiva y violenta del padre de la chica supuestamente
abusada, un granjero, atarbàn, borracho y zurdo, pero, aunque pobre y
endeudado, blanco y de “buena familia”.
En su teatralidad
defensiva la asustada M a y e l a i n c u r r e e n e v i d e n t e s
contradicciones e incluso se establece que R o b i n s o n s e n t í a “ l a s
t i m a ” p o r l a adolescente, “víctima de la cruel pobreza e ignorancia”.
Mayela, concluye el abogado, se sentía culpable por haber roto el rígido e
inquebrantable código social y cultural, al sentirse atraída por un negro.
Probada testimonial
y argumentadamente la inocencia de Tom Robinson, el abogado se ve enfrentado a
un jurado formado por hombres blancos todos ellos también
de “buenas familias”, a los que Atticus pide que dejen de lado sus prejuicios y
el racismo. Pero, amparados en ese “instinto gregario”, en ese espíritu de
cuerpo o de rebaño, y mostrando una “cínica confianza” en su superioridad, no
podían aceptar, de ninguna manera, que un negro tuviese “lástima” por una
persona blanca. Finalmente, el acusado es declarado culpable y luego asesinado,
aduciendo una supuesta huida. A más de m o s t r a r l o s f a l l i d o s i n
t e n t o s d e linchamiento, la película insinúa la realización de una
ejecución extrajudicial, la llamada “ley de fuga”. Similar situación repetitiva
y constante que hemos conocido e n C o l o m b i a b a j o l a e u f e m í s t
i c a d e n o m i n a c i ó n d e s e r u n o s “ f a l s o s positivos”.
Posteriormente el
abogado y sus hijos son víctimas de persecución y acoso por parte de los
enardecidos granjeros y provincianos que, incluyendo al violento y beodo padre
de la ofendida, en todo caso, representan los valores sagrados de ese típico
piadoso cristianismo de los norteamericanos.
Para la autora del libro -Harper Lee- el ruiseñor representa con sus
bellos trinos un enorme símbolo, pues se trata de una bella ave que, sin más,
expresa con su canto, precisamente, la libertad…y, algo así como la moraleja
del libro y de la película es que se d e b e p r e s e r v a r l a l i b e r t
a d , independientemente de las normas y de los poderes establecidos.
94
_____________________ Julio César Carrión Castro
Link de descarga
El Supremacismo Gringo _______________________ 95
Es bueno recordar
el caso de Sacco y Vanzetti para insistir que nada ha cambiado. Que el slogan o
propaganda política del imperio norteamericano, “América para los americanos”,
sigue teniendo la misma fuerza y sentido para los estadounidenses del montón,
como puede apreciarse en los carteles de repudio a los migrantes, como aparece
y lo expresa con diáfana claridad la película “Sacco y Vanzetti” de Giuliano
Montalbo de 1971.
En el año 1921,
Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, trabajadores migrantes, de origen italiano
y formados políticamente como rebeldes libertarios, fueron acusados de un
crimen que no cometieron, el asalto a una fábrica de calzado y un doble
asesinato, la policía los arresta convenientemente, para cumplir una especie de
“falso positivo”. El juicio, amañado, muestra con claridad la falacia leguleya
y los entrampamientos clasistas, racistas y xenófobos que, desde siempre ha
caracterizado al llamado “Estado liberal de derecho” que tanto publicita el
sistema gringo. Fueron “juzgados” y hallados culpables y, a
pesar de las protestas realizadas a nivel mundial, se les ejecutó en la silla
eléctrica en el año de 1927.
Fueron incriminados
y todo el “proceso” fue acomodado: El tinglado de la farsa de la “justicia”
americana, la liberal “majestad de la justicia” -sus tribunales, magistraturas
y fiscales-, se torció, operó, otra vez, contra los inmigrantes y aunque los argumentos
p r e s e n t a d o s e n s u d e f e n s a f u e r o n incontrovertibles,
serios y contundentes, el hecho de que los convictos fueran radicales, los
llevó a su condena.
Haciéndonos creer
que en ello consiste la t e a t r a l “ m a j e s t a d d e l a j u s t i c i a
” , inexorablemente fueron ejecutados en la silla eléctrica, -precisamente una
noble invención, gringa, establecida desde el año de 1886, para que las ejecuciones
fuesen menos vistosas y espectaculares, como lo era la horca y otros métodos
considerados menos “humanos”-. En realidad, se les condenó y ejecutó por su
condición política, por ser anarquistas y sindicalistas, bajo el falso manto
protector de una serie de testimonios y “pruebas” presentadas teatralmente como
irrefutables.
En términos generales lo que podemos establecer como “irrefutable” hoy,
es el miedo tenaz del poder de los gringos de esa pretendida “sociedad
superior” WASP, de b l a n c o s , r e f o r m i s t a s , r a c i s t a s y
supremacistas al “otro”, al extraño, al inmigrante que, a pesar de requerirlos,
los temen; temen su rebeldía y sus posibilidades de organización y lucha.
En 1977, con
ocasión de cumplirse 50 años de ese crimen de Estado, el gobernador de
Massachusetts proclamó oficialmente su inocencia. Un tardío reconocimiento
carente de significación, simplemente teatralidad y, de nuevo, fingimiento
democratero.
En la película “Lo
que el viento se llevó” descaradamente afirman los promotores de esta
pretenciosa mentalidad, que la tranquilidad espiritual que les genera el
esclavismo y la subordinación de los considerados inferiores, es algo que no
están dispuestos a perder y que ello constituye su honor de pueblo superior.
Como respuesta a
estas pretensiones hegemónicas y supremacistas, hoy renovadas, tiene entero
sentido y validez propugnar por la unidad latinoamericana,
como durante el largo proceso de la independencia frente al poder español, lo
hicieran notables figuras como, Simón Bolívar, Francisco de Miranda, José de
San Martin, Bernardo O'Higgins, José Martí, y más recientemente Emiliano
Zapata, Pancho Villa, César Augusto Sandino y Fidel Castro. Para enfrentar con
dignidad, no sólo al imperialismo, sino a todos esos cipayos gobernantes
subordinados a los intereses del imperialismo.
IV. LA ADAPTACIÓN DE LA POLÍTICA A LOS IMPERATIVOS RELIGIOSOS
-La muerte
administrada por criterios de “compasión”-
L o s d e l i r a n
t e s n a z i s , f a s c i s t a s y supremacistas, siempre han considerado,
con argumentos sustentados religiosamente, que todo su accionar está guiado por
claras expresiones de “amor al prójimo”, que b u s c a n e x c l u s i v a m e
n t e , l a p a z , l a compasión y la concordia, en fin, el bienestar de los
seres humanos, lo que, por supuesto, incluye “el mejoramiento de la raza”.
La economía siempre
ha estado ligada a la eugenesia, la idea de acabar con los “improductivos”, el
querer “depurar” los procesos productivos de todo lo que lo entorpezca, está
ligada a la religiosa “muerte por compasión”.
En su mediocre
libro “Mi lucha”, escrito en prisión entre 1925 y 1926, -sí, escrito en
prisión, como coincidencialmente lo hiciese el Dr. Mabuse, ese siniestro
personaje de ficción creado Fritz Lang, en la última
película sobre el tema, “El testamento del Dr. Mabuse”, presentada en el año de
1933, mismo en que se da el encumbramiento del nacionalsocialismo a la
dirección del Estado en Alemania-.
Como repitiendo el
argumento expresado por Lang en sus filmes, referidos a ese extraño criminal
que llamó Mabuse, tenemos que certificar que el oscuro espíritu de ese sujeto
de ficción, continúa vivo e ignominiosamente presente, en los herederos de ese
sórdido, tenebroso y r e p u g n a n t e p e r s o n a j e , q u e v i e n e n
patéticamente repitiendo, en la vida real, su criminal historia y que,
precisamente, expresan una especie de triunfo póstumo de Hitler.
En su libro Hitler
expone sus planteamientos y criterios políticos, que habrían de constituir la
orgullosa “ideología” política del nacionalsocialismo.
En este compendio
de mezquinas opiniones elaboradas, según su criterio, para “constituir la gran
Alemania”, son claras sus intenciones de promoción del
“progreso”, sus exigencias de lograr más territorio de expansión para Alemania,
expresa su repudio total al parlamentarismo, así como el rechazo al que
denomina “arte decadente o degenerado” y, le pide a las confesiones religiosas
que no vayan en contra de las direcciones fijadas por el Estado, además
considera necesarias la vigilancia y la censura a la prensa para que, en lo
fundamental, enaltezca todo lo germánico y denuncie aquello que pretenda
reconocer las etnias y los grupos “inferiores”, que impiden el desarrollo y el
progreso.
Plantea Hitler en
su libro la prohibición de “toda inmigración no alemana”, para preservar esa
pureza racial a que están obligados a defender y promover todos los alemanes,
para alcanzar una mayor productividad y la unidad de la nación.
En el capítulo
titulado “Nación y raza” afirma Hitler que “cada vez
que la sangre aria se mezcló con la de otros pueblos i n f e r i o re s , l a c
o n s e c u e n c i a f u e l a destrucción de la raza portaestandarte de la
cultura… y, continúa… la América del Norte cuya
población está formada en su mayor parte por elementos germánicos, que apenas
llegaron a confundirse con las razas inferiores de color, exhibe una cultura y
una humanidad muy diferentes de las que exhiben la América Central y la del
Sur, pues allí los colonizadores, principalmente de origen latino, mezclaron
con mucha liberalidad su sangre con la de los aborígenes”.
Cfr. “Mi
Lucha”. Adolf Hitler. Ediciones Petronio S.A. Barcelona España1974. Página
139.
Y, más adelante, en
el apartado “El Estado” sostiene que la sacrosanta autoridad del Estado debe
dirigirse al bienestar de los individuos, lo que necesariamente implica la
germanización de toda la población y enfatiza en que la “raza”, no es un mero
asunto idiomático sino de sangre, por lo tanto, no se debe buscar su “mezcla”,
sino, p o r e l c o n t r a r i o , s u p u r i fi c a c i ó n , c o n v i r t
i é n d o s e , e n t o n c e s , e n a l g o imprescindible y necesario la
activación de procesos eugenésicos para mantener dicha “pureza”.
Es importante anotar ahora, la total semejanza entre lo propuesto por el
cabo Adolf Hitler y lo que de manera similar viene haciendo el prepotente
lumpen empresario, ese viejo animador de reality shows y figurón presidente
gringo, Donald Trump, respecto a los migrantes en Estados Unidos.
Todo el contenido
de esas tesis y propuestas -ayer de Hitler como hoy de Netanyahu y de Trump-,
dicen hacerlo respaldados en sus credos religiosos, para los que piden mayor
apoyo y seguimiento. De esta manera poco clara y definida, parecieran querer
buscar una nueva adaptación o reforma al credo cristiano que, en sus distintas
variaciones, concuerdan con estas tesis racistas y supremacistas.
Miren nada más
estas “coincidencias”: el dios de los nazis también se sustentaba en una
ideología racista y xenófoba, haciendo creer que la supuesta “raza aria” (de la
cual provendrían, según el credo nazi, los alemanes) estaba hecha a la imagen
de ese dios teutón. Así como hoy los supremacistas gringos y sionistas,
reclaman también la preeminencia de una particular
divinidad que enaltece a los judíos o a los anglo sajones, por sobre otros
pueblos y culturas. El libro de Hitler también habla de manera pseudo
científica de un darwinismo social, de una lucha entre especies, y dice que la
mezcla con las razas “inferiores” o “débiles” e n t o r p e c e e l p r o c e s
o e v o l u t i v o d e mejoramiento racial.
Como en una especie
de oxímoron, de algo distinto pero semejante, encontramos como complemento a
ese mismo embuste de la superioridad racial, lamentablemente a nivel de
Latinoamérica, propuestas que aceptan dicha hipótesis, disfrazadas hasta de
“revolucionarias”, como las expresadas por el escritor mexicano José
Vasconcelos en su conocido libro de 1925, “La raza cósmica” e n q u e , s i g u
i e n d o p l a n t e a m i e n t o s darwinistas de manera equivocada,
defiende la peregrina idea del mejoramiento racial, gracias al mestizaje con
los colonizadores, al blanqueamiento que puede lograr el mejoramiento cultural
y racial.
Se trata, para
Vasconcelos, de una la necesaria trasformación de los indios y los negros, y de su baja condición intelectual, cultural y
productiva, lo que solamente se puede mejorar mediante la inmigración y cruce
con los europeos, latinos, arios o sajones. Esa nueva raza mixta sería una raza
de transición; porque después todos l l e g a r í a m o s a s e r b l a n c o s
, n o s “blanquearíamos”.
Plañideramente se
queja José Vasconcelos de que la antigua “raza” originaria “que hemos
convenido en llamar atlántida prosperó y decayó en América. Después de un
extraordinario florecimiento, tras de cumplir su ciclo, terminada su misión
particular, entró en silencio y fue decayendo hasta quedar reducida a los
menguados Imperios azteca e inca, indignos totalmente de la antigua y superior
cultura. Al decaer los atlantes, la civilización intensa se trasladó a otros
sitios y cambió de estirpes” (…)
“Es claro que el
predominio del blanco será también temporal, pero su misión es diferente de la
de sus predecesores; su misión es servir de puente. El blanco ha puesto al
mundo en situación de que todos los tipos y todas las
culturas puedan fundirse. La civilización conquistada por los blancos,
organizada por nuestra época, ha puesto las bases materiales y morales para la
unión de todos los hombres en una quinta raza universal, fruto de las
anteriores y superación de todo lo pasado” (...)
“Desde los primeros
tiempos, desde el descubrimiento y la conquista, fueron castellanos y
británicos, o latinos y sajones, para incluir por una parte a los portugueses y
por otra al holandés, los que consumaron la tarea de iniciar un nuevo período
de la Historia conquistando y poblando el hemisferio nuevo. Aunque ellos mismos
solamente se hayan sentido colonizadores, trasplantadores de cultura, en
realidad establecían las bases de una etapa de general y definitiva
transformación” (…)
Y, tras una
esperanza de mejoramiento incluso “estético”, José Vasconcelos acentúa en
que: “…podría redimirse, por ejemplo, el negro, y poco a poco, por
extinción voluntaria, las estirpes más feas irán cediendo el paso a las más
hermosas. Las razas inferiores, al educarse, se harían menos
prolíficas, y los mejores especímenes irán ascendiendo en una escala de
mejoramiento étnico, cuyo tipo máximo no es precisamente el blanco, sino esa
nueva raza, a la que el mismo blanco tendrá que aspirar con el objeto de conquistar
la síntesis. El indio, por medio del injerto en la raza afín, daría el salto de
los millares de años que median de la Atlántida a nuestra época, y en unas
cuantas décadas de eugenesia estética podría desaparecer el negro junto con los
tipos que el libre instinto de hermosura vaya señalando como fundamentalmente
recesivos e indignos, por lo mismo, de perpetuación. Se operaría en esta forma
una selección por el gusto, mucho más eficaz que la brutal selección
darwiniana, que sólo es válida, si acaso, para las especies inferiores, pero ya
no para el hombre (…)”.
Esas tesis racistas
y eugenésicas, así como la credibilidad en que el “blanqueamiento” racial hace
parte del bagaje común, de la ideología nazi-fascista que ayer impulsaran
Mussolini y Hitler y que hoy siguen siendo fundamento del supremacismo judaico
y gringo y del pensar cotidiano de muchos advertidos
“intelectuales” de la derecha y de algunos despistados de la “izquierda”,
entendiendo que muchas veces confrontar e s o s e s q u e m a s , s u p u e s t
a m e n t e “progresistas” o de “izquierda”, resultan más complicados que
enfrentar las narrativas de la derecha. Se trata de “intelectuales”, adscritos
muy seguramente al “síndrome del tío Tom”.
Esa tremenda
aceptación de los criterios r e l i g i o s o s d e m e j o r a m i e n t o d e
l a humanidad, suprimiendo por compasión los elementos feos, “inferiores” o
dañinos para el desarrollo de la raza, muestra esas totales “coincidencias”
ente el quehacer genocida de Hitler y los intereses de religiones como el
catolicismo o el evangelismo protestante. Asunto que pone en evidencia Costas
Gavras en su película “Amen” del año 2002. La película trata de la complicidad
de los representantes de la llamada santa Sede, o el Vaticano, y otras
corrientes religiosas reformistas con el régimen nazi durante el exterminio de
judíos, gitanos y otras etnias y culturas durante la Segunda Guerra Mundial.
102
_____________________ Julio César Carrión Castro
En propiedad, de manera definitiva, sin temor a equivocarnos, podemos
hablar de la real existencia del apoyo y amparo cristiano a l T e r c e r R e i
c h , a H i t l e r y a l nacionalsocialismo -apoyo dado por las distintas
variantes del cristianismo - católicos, reformistas, protestantes, evangélicos
etc.- Se trata de entender abiertamente que todas estas confesiones, credos y
corrientes, son en última instancia, promotoras de fascismo, son
“Cristo-fascistas”. Un fascismo cristiano cada vez más fortalecido y presente
que acompaña p a r t i c u l a r m e n t e , e s a m e n t a l i d a d
supremacista de los gringos.
El Supremacismo
Gringo _______________________ 103
El
Supremacismo Gringo _______________________ 104
La película nos muestra la situación de un oficial alemán, Kurt Gerstein
(Ulrich Tukur), poseedor aun de algunos reatos de conciencia, a pesar de
pertenecer a la banda criminal de la S.S., luego de enterarse del uso del gas
Zyklon B, que él como ingeniero promociona y fabrica, supuestamente como
“desinfectante”. En realidad este tóxico se emplea en los campos de
concentración y de exterminio como gas venenoso para “depurar” la sociedad de
los sectores considerados malformados, inferiores e “improductivos” que
constituyen un estorbo tanto a la productividad, como al desarrollo de la raza y
las clases superiores. Kurt intenta infructuosamente denunciar estas crueldades
y atrocidades primero a la jerarquía y a las autoridades protestantes y, luego,
a la Iglesia católica. Para lo cual busca el apoyo del sacerdote jesuita
Ricardo Fontana (Mathieu Kassovitz), quien también se sorprende de manera
inútil por la magnitud del genocidio, disfrazado de “desinfección”
Es una denuncia por
la indiferencia y complicidad del Papa Pio XII, el Vaticano y las distintas
instituciones cristianas ante el Holocausto nazi, así como
a los gobiernos británico y estadounidense que simulaban desconocer el
exterminio de los nazis. Similar situación a la de hoy frente al genocidio
perpetrado por los judíos sionistas contra el pueblo palestino.
La película señala,
premonitoriamente, cómo se continuaría caminando el mismo sendero que
denunciaba como algo dado bajo el régimen del Tercer Reich, pero que en
realidad nunca ha dejado de tener vigencia, contando con el amparo de las
distintas religiones cristianas… Se trata de esa especie de acuerdo tácito
entre las variadas convicciones o credos religiosos que parecieran obrar bajo
el disfraz de “servir a la humanidad”, pero que en realidad constituyen unas
entidades altamente burocratizadas que solamente buscan ventajas para sus
sacerdotes y algunos de sus integrantes. Situación detallada en el caso de las
relaciones tanto de la iglesia católica -el Vaticano, el papado-como los
representantes del protestantismo que no simplemente cohonestaban con los intereses
hitlerianos, sino que coincidían con las políticas del nazismo y del Tercer
Reich, contra el pueblo judío, los gitanos y otros grupos considerados
despreciables e inferiores, situación que hoy continúa cumpliéndose, con lujo
de detalles, mediante la complicidad de los gobiernos europeos, norteamericano,
los seguidores y los “inocentes” creyentes de estas religiones, con el
teológico estado judío de Israel, apoyando y aplaudiendo el abierto, descarado
y publicitado genocidio contra el pueblo palestino.
C o m o u n a c o n
t i n u i d a d d e l o q u e publicitariamente ayer, los promotores de las
corrientes judaicas denominaron “el H o l o c a u s t o ” , p e r o q u e e l
nacionalsocialismo considerara una “limpieza social”, una acción indispensable
para el “mejoramiento de la raza”, una definitiva acción eugenésica,
encontramos las acciones de limpieza social y de impedimento de la
“contaminación” de los inmigrantes a las constituidas sociedades de este
llamado “mundo libre”.
Aunque Hitler
repitió en reiteradas ocasiones que el nazismo era una ideología de carácter
laico y secular, supuestamente fundada en la ciencia y que
una especie de darwinismo social guiaba las políticas del III Reich en materia
de la eugenesia social y el exterminio de las “razas inferiores”, no obstante
es muy claro su compromiso religioso con estas prácticas puritanas, purificadoras.
En marzo de 1933
decía Hitler respecto al catolicismo y la iglesia reformista: “El
Gobierno nacional ve en las dos confesiones cristianas los factores más
importantes para el mantenimiento de nuestro pueblo. El gobierno nacional
respetará todos los compromisos concertados entre ellas y los países. Sus
derechos no serán restringidos. La preocupación del gobierno en la sincera
colaboración entre la Iglesia y el Estado; la lucha contra una ideología
materialista en pro de una verdadera comunidad popular sirve a los intereses de
la nación alemana lo mismo que al bien de nuestra Fe cristiana. Del mismo modo
el Gobierno del Reich da importancia suma a sus amistosas relaciones con el
Vaticano, viendo en el cristianismo el fundamento inamovible de moral y virtud
popular”.
Gracias, quizá, al hecho de que el propio Papa Pio XII señalara que el
Vaticano solamente tenía unas “sutiles discrepancias” con el III Reich, podemos
ahora corroborar que en realidad se trata de la puesta en evidencia de las
incontrovertibles bases de carácter religiosas - cristianas - del
nacionalsocialismo.
Parte de esas
“sutiles diferencias” son, tal vez, aquellas referidas a las metodologías de
subordinación, segregación y muerte aplicadas a los seres humanos considerados
diferentes, inferiores, superfluos, o simplemente utilizables, desechables,
suprimibles, según las conveniencias del poder, como claramente se pueden
percibir en la sangrienta historia de las cruzadas, la conquista y la
colonización de muchos pueblos del mundo, y en las torturas y hogueras de la
Santa Inquisición.
Las leyes raciales
Las leyes raciales
que Hitler y los nazis aplicaron contra los pueblos y culturas que consideraron
despreciables o “inferiores”, aunque fueron establecidas de una manera
desorganizada, incoherente y sin mayor sustento ideológico, fueron
incitadas por u n a s e r i e d e e l u c u b r a c i o n e s
pseudocientíficas, sostenidas y defendidas por delirantes charlatanes que
posaban de académicos, quienes entendían, de una manera absurda y acomodaticia,
las investigaciones y descubrimientos de Charles Darwin, expuestos en sus
obras, particularmente en “El origen de las especies”, pero también se
afirmaron en la vinculación elemental del nacionalismo con la ideología
segregacionista y racial proveniente de los Estados Unidos de Norteamérica, en
especial aquellas normas de estratificación establecidas, histórica y
religiosamente, por los padres peregrinos que crearon esa “gran nación”.
Las llamadas leyes
de Núremberg surgen también como una herencia incuestionable d e l o s p r o c
e s o s c r i s t i a n i z a d o r e s , e v a n g e l i z a d o r e s , c i v
i l i z a t o r i o s y culturizadores e inspiradas principalmente en el racismo
institucionalizado de los Estados Unidos, en concreto basándose en las llamadas
leyes de Jim Crow, que fijaron los empresarios sureños en sus plantaciones y
haciendas.
A partir de las
tesis de la selección natural y en general del desarrollo del pensamiento
eugenésico basado en los planteamientos científicos de Darwin, muchos de estos
s u p e r fi c i a l e s “ i d e ó l o g o s ” r a c i s t a s , comenzaron a
proponer que los judíos, los g i t a n o s y o t r a s e t n i a s y c u l t u
r a s conformaban “razas” dañinas al desarrollo de los alemanes.
Precisamente esa
noción de “raza”, inventada e incorporada al lenguaje y a la vida cotidiana de
las gentes, constituye una especulación teorética creada por los empresarios y
las clases hegemónicas, para definir, convenientemente, los grupos de identidad
o pertenencia a un territorio, a una región o a una nacionalidad, que se
consideran mejores, o superiores, a los otros grupos ajenos o recién llegados,
y por tanto, considerados advenedizos y simplemente material laboral, dignos de
vejaciones, exclusiones, maltratos y de ser excluidos de la vida social.
Este tipo de construcciones ideológicas s e g r e g a c i o n i s t a s s i e m p r e h a n s i d o
históricamente funcionales y su empleo ha tenido un inmenso éxito en los
procesos de explotación laboral.
Georg Ritter von
Schönerer, fue uno de estos s u p u e s t o s “ t e ó r i c o s ” r a c i s t a
s q u e fehacientemente contribuyó a inspirar los movimientos pangermánicos,
chovinistas, ultranacionalistas a finales del siglo XIX, produjo una
propaganda, ampliamente difundida merced a sus cargos en la administración
política de Viena, en la que reclamaba “la eliminación de la influencia
judía en todos los ámbitos de la vida pública".
Adolf Hitler
compartía el racismo, el pangermanismo y el desprecio por la democracia de los
austriacos Georg von Schönerer -1842-1921- y Karl Tueger - 1844-1910-, alcalde
de Austria y fundador del partido cristiano.
En su libro, Mein
Kampf, -Mi lucha- Hitler dedicó varias páginas del capítulo 3 a ellos, expresó
su adhesión a dichas ideas y se propuso darles continuidad, añadiendo otro componente a la ideología racista y antisemita. Afirmó que el
comunismo estaba vinculado al judaísmo, por ello escribió:
“En el bolchevismo
ruso debemos ver el intento emprendido por los judíos en el siglo
XX por
lograr la dominación mundial. Al igual que en otras épocas, se esforzaron por
alcanzar el mismo objetivo mediante otros
p r o c e s o s , a
u n q u e i n t e r n a m e n t e r e l a c i o n a d o s . S u e s f u e r z o
e s t á profundamente arraigado en su naturaleza esencial”.
Luego de alcanzar el cargo de Canciller de Alemania en enero de 1933, Hitler y sus colegas se propusieron establecer y d i r e c c i o n a r l a s l e y e s r a c i s t a s y supremacistas en el ordenamiento legal y en la vida práctica del pueblo alemán, logrando una gran aceptación entre los sectores medios y populares. Así, en 1935, después d e c o n s o l i d a r s u p o d e r p o l í t i c o parlamentario y judicial, mediante la purga y el asesinato selectivo de los enemigos externos e internos, con el apoyo de las fuerzas militares y paramilitares -la Wehrmacht y las secciones de asalto, o grupos de choque, como las Sturmabteilung o S.A., los escuadrones paramilitares de protección conocidos como Schutzstaffel o las S.S., creados para promulgar y hacer cumplir la política racista e instaurar y llenar los campos de concentración y exterminio de los opositores y las llamadas clases y razas inferiores-.
Las Leyes de
Núremberg fueron inventadas como parte de los preparativos para el mitin del
Partido Nazi de 1935 en la plaza de armas de Núremberg, evento que fuera d o c
u m e n t a d o p o r l a c i n e a s t a L e n i R i e f e n s t a h l e n s u
d o c u m e n t a l p r o p a g a n d í s t i c o d e l Te r c e r R e i c h ,
denominado “El triunfo de la voluntad”.
Todo este acto
teatral, que duró una semana, concluyó con el anuncio de Hitler de que la
esvástica sería la insignia, símbolo y bandera de esa nueva Alemania. Además,
se promulgaría allí la tesis de que los judíos no serían considerados alemanes
y se impuso una drástica -y criminal- legislación contra los opositores y, los
considerados grupos perjudiciales para el desarrollo y la pureza de los arios;
fueron estas las leyes de N ú r e m b e r g
, c
o n s a g r a d a s p a r
a “ l a Protección de la Sangre y el Honor Alemanes", leyes que
prohibían el mestizaje, el matrimonio y las relaciones sexuales entre grupos
étnicos diversos.
El objetivo de
estas leyes era prevenir el delito de “profanación racial”. Se despojó a los
judíos de sus derechos y se fijaron las normas para que alguien pudiese ser
considerado de “raza pura” o no, algo que, con antelación ya habían establecido
y consagrado para la vida cotidiana, los supremacistas gringos, frente a la
población afroamericana que habían traído como mano de obra esclava.
En realidad, se
trató de una evidente continuidad del racismo practicado por los reformistas
puritanos blancos anglosajones de Norteamérica contra la población negra, solo
que el objeto del desprecio “ario” en la Alemania nazi, sería dirigido contra
los judíos y otros grupos y comunidades considerados inconvenientes y
estorbosos.
Las Leyes de
Núremberg adquirieron gran presencia e influencia en la vida cotidiana de todos
los alemanes, dados los montajes persecutorios de carácter
publicitario y e s p e c t a c u l a r. A s í , l o s e v e n t o s d e
acusaciones de “profanación racial” y otros, eran públicos, con una cobertura
mediática sensacionalista y juicios abiertos, como lo f u e r o n l o s p r o c
e s o s d e a c u s a c i ó n , persecución, linchamiento y quema de brujas y
de herejes durante toda la Edad Media en la muy culta, civilizada y cristiana
Europa, y los realizados por la poderosa organización del Ku Klux Klan en los
Estados Unidos.
Las leyes de Jim
Crow
Las leyes de Jim
Crow fueron una serie de estatutos estatales y locales nacidos en los estados
del sur que, luego de la derrota en la g u e r r a d e s e c e s i ó n , l e g
a l i z a r o n l a segregación racial para mantener sometidos y en condiciones
de subordinación total a la p o b l a c i ó n n e g r a . I d e o l o g í a q u
e posteriormente extendería su influencia a todos los Estados Unidos, hasta
mediados de los años 60 del siglo XX. Su objetivo principal era negar a los
afroamericanos todo tipo de derechos como el sufragio, la educación, los
servicios de salud, el empleo y les obligaba a mantenerse
distantes y separados social y culturalmente, de la “raza” superior, -wasp,
blanca, anglosajona y protestante- en los más diversos espacios públicos y
comunitarios.
Parece ser que el
nombre "Jim Crow" proviene de un personaje de caricatura que hace
referencia a un esclavo afroamericano, luego de alcanzar su presunta
emancipación. P e r s o n a j e c o n q u e s e r e a l i z a b a n
espectáculos burlescos por parte de los granjeros y ciudadanos blancos; se
utilizó para designar de forma despectiva a los afro descendientes
Las tales leyes
fueron promulgadas para seguir manteniendo, sin el rigor de la esclavitud
directa, de manera permanente la segregación en la vida cotidiana, cosa que aún
constituye base sustantiva de la mentalidad de los gringos. Leyes que exigían
-y exigen- la separación entre los blancos y la llamada "gente de
color", en los distintos lugares públicos como medios de transporte,
baños, parques, teatros, mercados, escuelas, hospitales etc.
Es decir, una marginación social, política, cultural y económica de
carácter general, un apartheid racial que se ha perpetuado en esas tierras de
la “democracia”.
Este sistema de
segregación racial ha sido mantenido y hasta reforzado, a pesar de las
teatrales posturas de algunos dirigentes y las insignificantes e insustanciales
acciones leguleyas, falsas y engañosas y de todo un cúmulo de apariencias
mediáticas y publicitarias.
Como lo hemos dicho
esas llamadas leyes de Jim Crow buscaban impedir que los afroamericanos
ejercieran sus derechos básicos, lo cual, por supuesto ha generado los
consecuentes disturbios, desordenes y levantamientos populares, como se puede a
p r e c i a r e n l a r e c i e n t e h i s t o r i a norteamericana, que
muchos estudiosos, analistas y cineastas recogen, como se puede apreciar en
películas como “Detroit”, entre muchas otras.
Link de descarga
El
Supremacismo Gringo _______________________ 112
Estados Unidos de
Norteamérica: Una religiosa zona de confort racista
Considero
pertinente incluir como introducción de este capítulo la masacre racial
realizada en Tulsa, Estados unidos, en el año de 1921, tal como lo reseña y
describe Amnistía Internacional: Se trató de “una de las más brutales matanzas
racistas contra la comunidad negra en Estados Unidos, pero es casi desconocida
porque durante décadas fue envuelta en un impenetrable manto de silencio. En la
noche del 31 de mayo y la madrugada del 1 de junio, durante 18 horas de
asesinatos masivos, incendios y saqueos realizados por una turba de 10.000
hombres blancos armados, 35 manzanas del barrio negro de Greenwood quedaron en
ruinas. La destrucción alcanzó a más de 1.200 viviendas, una docena de
iglesias, cinco hoteles, 31 restaurantes, ocho consultas médicas y más de una
veintena de tiendas de alimentación. Al menos 300 personas fueron asesinadas,
más de 1.000 resultaron heridas y más de 6.000 fueron detenidas en el centro de
convenciones (recinto ferial), donde algunas permanecieron hasta ocho días.
Todo ello con la
complicidad de las autoridades y la policía, cuyos agentes llegaron a
participar en algunos saqueos e incendios”.El contexto de la masacreLa masacre
racial surge, por una parte, del racismo furibundo, simbolizado en la presencia
del Ku Klux Klan en casi todos los aspectos de la vida. Un racismo que ya se
había manifestado con brutalidad dos años antes, cuando muchos soldados negros
fueron linchados con sus uniformes puestos al regresar de la Primera Guerra
Mundial, en el conocido como "Verano Rojo" de 1919
por los linchamientos y otros crímenes contra la población afro estadounidense
cometidos en una treintena de ciudades.La chispa de la masacre fue un simple
tropezón.
Igual que muchos
otros días, Dick Rowland, limpiabotas negro de 19 años, cogió el ascensor que
operaba la menor blanca de 17 años Sarah Page, él tropezó al salir y pisó a la
chica, que dejó escapar un grito. Y cuando el joven se fue corriendo, el
dependiente de una tienda cercana llamó a la policía, que lo detuvo al día
siguiente. El periódico 'Tulsa Tribune' acusó Rowland de intento de violación.
La chispa se convertía en incendio de odio, sangre y fuego.
Los blancos decidieron asaltar el barrio negro, y hasta 10.000 personas
cruzaron las vías del tren que separan el Tulsa negro del blanco.Se trató de
una auténtica 'cacería humana' por parte de la turba racista blanca, que
bloqueaba ambulancias para impedir la atención a las personas heridas y que,
tras incendiar las primeras casas de Greenwood, amenazaba a los bomberos a
punta de pistola para que no sofocaran el fuego. Todo ello aderezado con bulos
sobre un “alzamiento” de la comunidad negra y la supuesta
llegada de “trenes llenos de negros” para ocupar Tulsa.
Tardíamente el gobernador James Robertson declaró la ley marcial y desplegó las
tropas de Oklahoma -en su totalidad militares blancos que coadyuvarían en las
ejecuciones extrajudiciales-. Y después, silencio… Siete décadas de
silencio. "Tanto los negros como los blancos escondieron lo
sucedido bajo la alfombra; tenían que salir adelante, –apunta Michelle Brown–.
Hablar de ello era revivirlo, y era demasiado doloroso. Hubo madres que no
volvieron a saber de sus hijos, esposas que perdieron a sus maridos, niños que
se quedaron sin padres… Nunca supieron nada de ellos".
A ese silencio íntimo 'de supervivencia' se añadió otro forzoso,
impuesto bajo i n t i m i d a c i ó n a l a c o m u n i d a d a f r o
estadounidense por una comunidad blanca que deseaba pasar página sin asumir
responsabilidad alguna. Durante años y años, el mayor interés de las
instituciones f u e t a p a r l o s u c e d i d o , t o d a s l a s
circunstancias que rodearon aquella masacre racial y nadie señala a los
responsables.Pero siguiendo el viejo ritual del “Estado de derecho” que
teatralmente cumple la “democracia” leguleya: “Un
jurado culpó a los negros por los disturbios sin pruebas y absolviendo a las
personas r e s p o n s a b l e s c o n a r g u m e n t o s insostenibles”.
Pero el teatro del
horror racista ha tenido continuidad...
La película Detroit
-Zona de conflicto-realizada en 2017, en conmemoración de los 50 años de las
revueltas racistas sucedidas en la ciudad de Detroit, principal centro
industrial automotriz de los Estados Unidos, convertido en un gran atractivo
laboral, inicialmente para los negros que migraban del sur
y de los forzados trabajos en las grandes plantaciones, que seguían dando
continuidad al supuestamente superado esclavismo, luego, también, para los
obreros blancos empobrecidos y desplazados por los estragos de la gran
depresión económica de los años 20 y 30, así como por las secuelas de la
segunda guerra mundial
Detroit, con sus
novedosas fábricas e industrias representaba una gran ilusión, la esperada
oportunidad para todos, en una sociedad que continuaba -y continúa-aplicando
inmisericordemente las leyes raciales -las muy estadounidenses leyes de Jim
Crow-.
Esa convulsionada
ciudad sería escenario no solo de una gran precariedad laboral y económica de
los sectores populares, sino de una sórdida segregación racial que imponía la
miseria y el hacinamiento a grandes masas de afro descendientes, obligados a
vivir en horribles guetos y suburbios.
Respecto a esa
“oportunidad para todos”, como se afirma en el prólogo de la película, “la gran
migración negra puesta en marcha antes de la primera guerra
mundial impulsó alrededor de 6 millones de afroamericanos a dejar los campos de
algodón del sur, seducidos por los empleos fabriles y los supuestos derechos
civiles que ofrecía el norte… Tras la segunda guerra mundial fueron los blancos
de los sectores populares, quienes efectuaron su propia migración y llegaron a
la ciudad de las promesas, dejando sin opciones laborales ni dinero a los
negros, ocuparon sus barrios y la segregación se hizo cada vez más fuerte. Para
los años 60 las tensiones raciales alcanzaron un punto de ebullición
insostenible y, por supuesto, aumentaron las confrontaciones y revueltas frente
a una agresiva policía, en su mayoría blanca.
La película trata
de las revueltas populares causadas por la represión policiaca, inicialmente a
la fiesta que un grupo de ex combatientes de Vietnam, pero luego la cobertura
de la represión se amplió, en especial contra toda la gente negra, y llegando a
contar incluso con la presencia de los militares que intervinieron por órdenes
del presidente Lyndon B. Johnson.
115
_____________________ Julio César Carrión Castro
Estos mecanismos represivos llevaron a causar la muerte de tres jóvenes
negros que, luego de haber sido capturados y sometidos al juego de falsas
promesas, de ser amenazados y aterrorizados, en búsqueda de una pretendida
confesión, fueron torturados y m u e r t o s , c u m p l i e n d o a l g o q u
e , desgraciadamente en Colombia harto conocemos bajo el eufemístico nombre de
“falsos positivos”. Todo ello, bajo la apariencia de un estricto cumplimiento a
las “normas” y el cabal seguimiento de los derechos civiles. No en vano la
policía interna encargada luego de “esclarecer” la situación de los uniformados
implicados en los crímenes, bobaliconamente, pero de manera disciplinada
afirma: “los policías no disparamos a los ladrones”.
Cabe anotar que la
astucia de los grupos hegemónicos ha logrado involucrar a los propios afro
descendientes en la “defensa del orden establecido” y, por ello mismo vemos en
la película -y en la vida real de la sociedad gringa- gran número de agentes y
“colaboradores” negros interviniendo y dando consejos, en los actos represivos;
son los herederos serviles del Tío Tom.
La película decae
al intentar hacernos creer que hay “policías buenos”, cumplidores de la ley,
que los Estados Unidos de Norteamérica es una sociedad regida por los
principios de equidad y justicia y que los negros gozan de los mismos derechos
que los blancos, que no existe el racismo ni la discriminación. Cuando
fehacientemente sabemos, legíslese lo que se legisle, dígase lo que se diga, en
Estados Unidos, si el acusado es negro y pobre, siempre será considerado
“culpable”, como claramente fue definido por las leyes de Jim Crow.
El caso histórico
que recoge el filme, como en las narraciones vistas y analizadas en la película
“Matar un ruiseñor”, o en el caso de Sacco y Vanzetti, y en tantos otros, son
situaciones cínicamente repetidas. Como era de esperarse: un jurado blanco absolvió
a los policías torturadores y asesinos, bajo el manto disculpatorio del
“cumplimiento del deber”, e incluso asumiendo los asesinatos como acciones
necesarias para garantizar la “limpieza social” en estas comunidades tan
cargadas de negros y migrantes.
Simplemente nos
corresponde certificar que toda esa astuta maquinaria
leguleya y juridicista del llamado sistema judicial norteamericano, con sus
jueces y sus magistraturas, no es más que un velo que cubre el plácido confort
de un racismo históricamente institucionalizado y amparado por las imposiciones
culturales que pesan sobre una población, ya adaptada a una servidumbre
intelectual y moral que los grupos hegemónicos han establecido.
-Falacias y
engañifas contra los
inmigrantes-
A estas formas de
maltrato, exclusión, segregación, marginalidad, humillación y persistencia de
la explotación laboral están sometidos también los grandes grupos de
inmigrantes hoy; aquellas personas que son consideradas, por los gobernantes y
cómodos residentes de estas metrópolis como los integrantes de una infraclase.
Por parte de los
gobernantes y habitantes de estas grandes -y pequeñas- ciudades norteamericanas
-y europeas también-. como ya lo hemos analizado, también, respecto al caso
francés en el filme “El Odio” de Matthieu Kassovitz de 1995, en que se narra la
precaria situación social de un grupo de jóvenes marginados en los suburbios de
París, jóvenes que tienen que hacer frente cotidianamente al desempleo, a la
constante persecución y a todo tipo de presiones, sociales, políticas y
policiales, solamente por su condición de ser inmigrantes.
Igualmente la película “Pan y rosas” del año 2000, dirigida por el
británico Ken Loach, reflexiona acerca de esta situación en los Estados Unidos;
con detalle la película narra la vida de los trabajadores de las maquilas - en
especial mujeres- que han logrado ingresar a los Estados Unidos, luego de
múltiples peripecias como “espaldas mojadas”, teniendo que someterse a las
arbitrariedades de los “coyotes”, mexicanos y gringos, y de sus no menos
rapaces empleadores que les imponen toda degradación y hasta el comercio y el
chantaje sexual, para mantenerles sus exiguos empleos y salarios, que
constituyen el único recurso para sostener su precaria existencia de
inmigrantes ilegales y para enviar dinero a sus familiares en México.
Debido a dicha
condición de inmigrantes “ilegales” se les persigue y criminaliza, a pesar de
estar probada su necesaria actividad como sostén de la propia economía de la
metrópoli.
La Película Pan
y Rosas trata de una familia de migrantes mexicanos que han llegado a
los Estados Unidos de manera ilegal, como muchos otros. Maya (Pilar Padilla),
la última integrante de dicha familia en llegar, luego de
muchas peripecias, tratando con los “coyotes” -personajes de muy bajo nivel,
encargados de ayudar a pasar ilegalmente la frontera- y muchos otros
maltratantes y acosadores, finalmente logra conseguir trabajo como aseadora en
un edificio, junto a su hermana mayor, Rosa. Como requisito de permanencia y
“agradecimiento” a los machistas empleadores, debe ceder parte de su precario
salario, carente de prestaciones y seguridad social.
Bajo estas onerosas
condiciones de explotación y maltrato, conoce a un activista sindical (Adrien
Brody) que, a pesar de la persecución y la constante vigilancia, le va
mostrando posibilidades de rebelión y defensa de sus derechos laborales.
La mayoría de los
migrantes que llegan a los Estados Unidos o a otros países de Europa, por un
lado, consideran, gracias a la machacona publicidad consumista, que van a
mejorar sus condiciones de vida, sin percatarse del sinnúmero de vicisitudes y
problemas que tienen que enfrentar en esas sociedades supremacistas y
petulantes que los consideran seres inferiores, y les imponen
una especie de esclavitud espiritual, más degradante incluso que la directa
esclavitud de antaño. Pero, por otra parte, muchas veces, se trata de sujetos
alejados de todo sentimiento de comunidad o de solidaridad, que sólo buscan un
mejor acomodamiento personal.
Por la necesidad, o
por los sueños, se ven sometidos a los precarios salarios y a condiciones de
marginalidad e ilegalidad extremas, y empujados a aceptar la explotación
laboral, social y cultural, realizando trabajos precarios e indignos que, en lo
fundamental, constituyen hoy una base significativa de la economía de los
Estados Unidos, a pesar de las expresiones chovinistas y “nacionalistas” de los
delirantes gobernantes y del manifiesto repudio de los habitantes establecidos
frente a los “ilegales”.
No pretendemos
suavizar o edulcorar la condición de los inmigrantes africanos, asiáticos o
latinoamericanos en los Estados Unidos o en otros países desarrollados, pues
también un gran número de estos nuevos “peregrinos” son individuos
pertenecientes al lumpen que, como lo hemos reseñado, era algo
que acontecía también en las pasadas olas migratorias. Por ello, a
contracorriente tenemos que certificar que no siempre ha s i d o l a “ b ú s q
u e d a d e m e j o r e s oportunidades”, lo que mueve a estos desesperados
migrantes.
Como lo expone
Pedro García Olivo muchos de estos inmigrantes representan a “los peores, los
que perdieron el amor a la comunidad y ya solo obedecen a su egoísta causa
personal, como obran los blancos y los mestizos desde hace más de quinientos
años, desde que los conocemos. Se van los que, quién sabe cómo, pactando con
qué diablo, lograron reunir los fondos para correr tras el dinero”. Pues,
enfatiza García Olivo, los que llegan, como emigrantes, a los países
desarrollados no constituyen un elemento transformador, una instancia del
cambio social: son baluartes del Capitalismo, reclutables para la conservación
social, “hombres económicos”, dispuestos a trabajar, comprar, vender, ahorrar,
invertir,
... Con su llegada,
sirven al Capital de muchas formas: por sus aspiraciones (el empleo, la
propiedad, el ascenso social, la integración en el llamado Mundo Libre); por
surtir de “recursos humanos” baratos y casi agradecidos a
los empresarios desalmados, que aprovecharán ese incremento en la oferta de
mano de obra para bajar los sueldos e imponer ritmos mayores de explotación;
etc.
No es cierto, como
decía la publicística del progresismo, que acudan para realizar “los trabajos
que nadie quiere hacer”: en países con tasas de pobreza tan escandalosas como
las nuestras, no hay trabajo que no quieran hacer los más acosados por la indigencia
y la desesperación . Y es verdad que se contrataron, por cientos, en fincas y
empresas, ocupando puestos muy deseados por algunas gentes del territorio.
Tenían derecho a hacerlo, por supuesto.
Pero los
biempensantes de siempre no tenían derecho a mentirnos de esa manera. ¡Claro!,
como ellos no veían peligrar su condición privilegiada, su desempeño docente, o
periodístico, o judicial..., podían ponerse la máscara de la simpatía
incondicionada con el recién llegado.
Tomado de “El
emigrante y los tópicos del progresismo” (Rentistas del sufrimiento
ajeno) www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
121
_____________________ Julio César Carrión Castro
Link de descarga
El
Supremacismo Gringo _______________________ 122
La ambiciosa,
oportunista y acomodada intervención de los Estados Unidos en la guerra librada
por los patriotas cubanos contra el ya decadente imperio español en el año de
1898, llevó a que el naciente imperio se apropiara de una franja del
territorio, en la bahía de Guantánamo que fue ocupada militarmente y que, bajo
el falso pago de un “arriendo perpetuo” dicha ocupación se ha mantenido durante
todo el siglo XX y hasta el presente.
En este enclave
arbitrario e ilegal los gringos tienen una poderosa base militar y un asqueroso
campo de concentración y de torturas en donde prisioneros sin cargos, culpables
sin delito, son una especie de muertos en vida, bajo el peregrino señalamiento
de ser supuestos “terroristas”. Se trata, por lo general, de inmigrantes c o n
s i d e r a d o s i l e g a l e s , r e f u g i a d o s , d e s p l a z a d o s
y m u c h o s o t r o s s e r e s marginales, provenientes de los más diversos
lugares.
Conforman una
desconocida cantidad de reclusos desaparecidos para todo el mundo.
Personas despojadas no solo de sus nacionalidades y ciudadanías, sino
hasta de la condición de seres “humanos”, son zoologizados; sometidos
cotidianamente, bajo la vigilancia y el poder de unos esbirros rigurosamente
entrenados en el abuso y la tortura, sometidos, no sólo a la humillación y al
total despojo de la dignidad, sino incluso r e c i b e n u n t r a t a m i e n
t o d e s e r e s infrahumanos, personas que lastimosamente llevan “vidas
indignas de ser vividas” en quienes se ha consumado el paso a lo que Giorgio
Agamben con gran claridad en su libro “Homo sacer” ha denominado como “la nuda
vida”:
“la vida nuda,
es decir la vida de quien cualquiera puede dar muerte pero que es a la vez
insacrificable, del homo sacer, cuya función esencial en la política moderna
hemos pretendido reivindicar. Una oscura figura del derecho romano arcaico, en
que la vida humana se incluye en el orden jurídico únicamente bajo la forma de
su exclusión (es decir la posibilidad absoluta de que cualquiera le mate), nos
ha ofrecido la clave gracias a la cual no sólo los textos sagrados de la
soberanía, sino, más en general, los propios códigos de
poder político, pueden revelar sus arcanos”.
Esta figura,
supuestamente amparada en el derecho y la ley recorre el justificatorio
universo leguleyo de los quehaceres políticos de los estados contemporáneos,
convertida ya en una regla de actuación permanente. Es bajo esos parámetros que
se define hoy la biopolítica que analizara y definiera Michael Foucault,
convertida ya, más propiamente, en necropolítica o “política de la muerte” que
promueven los f a s c i s m o s y, p a r t i c u l a r m e n t e , e l
imperialismo norteamericano.
Un cruel cautiverio
de los reclusos de Guantánamo, invisibilizados para el mundo entero, como lo
fueron también los prisioneros de Abu Ghraib en Irak, presos por cuenta de la
CIA, -Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos- y las fuerzas militares,
pero ocultos para todo el mundo.
Parece ser que, con
estas acciones disfrazadas de defensa nacional, control del narcotráfico y
promoción de la democracia, los gobiernos gringos han
logrado la realización póstuma del ideario nazi. A esa misma condición de nuda
vida y de animalización integral se busca llevar a los migrantes retenidos como
“ilegales” por el gobierno Trump. Esa es la amenaza que hoy pesa sobre los
nuevos refugiados y “peregrinos”.
Un destino para los
inmigrantes “ilegales”
“Camino a
Guantánamo” es un documental del año 2006, dirigido por Michael Winterbottom y
Mat Whitecros.
Se trata de la
narración de una serie de acontecimientos ocurridos a tres ciudadanos
británicos que fueron capturados en 2001 en Afganistán, por “sospechas” dada su
condición de ser de ascendencia paquistanì y bangladesí, es decir, culpables de
no pertenecer a la llamada “raza blanca”. Detenidos por el ejército gringo, son
encarcelados y remitidos al campo de concentración y torturas de Guantánamo,
donde fueron humillados, maltratados y torturados por más de dos años.
Lamentablemente coincide el viaje de estos jóvenes a Afganistán a
asistir a la boda de un a m i g o q u e l o s i n v i t ó , c o n l o s
acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y el derrumbamiento de las torres
gemelas en los Estados Unidos.
Con imágenes reales
de aquella época, el documental nos ofrece un relato fidedigno de gran fuerza y
contenido.
A pesar de
comprobar que eran ciudadanos ingleses y, por no tener los documentos exigidos
por los esbirros, sin un juicio previo, sin defensores, sin reconocimiento de
su estatus de seres humanos, son encarcelados, sometidos a terribles
interrogatorios, violentados, torturados y clasificados como combatientes
“enemigos” e integrantes de Al Qaeda, trasferidos finalmente al campo de
concentración de Guantánamo, donde permanecieron por dos años soportando la
inmisericorde situación de una “nuda vida”.
Al final el
documental muestra la liberación de los detenidos y vejados tres amigos en el
año 2004.
El "Camino
a Guantánamo" nos da cuenta de la falsedad publicitaria de los
tales Derechos Humanos y toda esa teatralidad que envuelve el sistema de
justicia del llamado mundo libre, que asume que los derechos y las garantías
pueden ser suprimidos para garantizar el embuste retórico de una “democracia”
de papel, mientras mantiene convenientemente ocultos estos campos de represión,
de tortura y de humillación que permanentemente siguen siendo usados, y
restablecidos como amenaza y proyecto hoy, contra los migrantes cazados y
retenidos como criminales en las diversas poblaciones estadounidenses, por
acción de un, también migrante ilegal en su momento y cargado de múltiples
acusaciones y delitos pero que funge de presidente de los Estados Unidos, un
delirante, vergonzoso, teatral figurón y decadente showman, muestra completa de
lo que ha sido y es el supremacismo gringo, blanco, anglosajón y protestante.
GUANTÁNAMO”
Link de descarga
El Supremacismo Gringo _______________________ 126
“En una fase
determinada de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en
contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más
que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se
habían movido hasta entonces. De formas evolutivas de las fuerzas productivas
que eran, estas relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces
se abre una época de revolución social
[ .
. .] Una sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las
fuerzas
productivas que
pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y superiores no se
sustituyen jamás en ella antes de que las condiciones materiales de existencia
de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad”.
Contribución a la
crítica de la economía política Karl Marx
El fenómeno
concurrente o adherido a ese proceso de desaparición de un sistema de
producción y sus correspondientes relaciones sociales, genera una serie de
acciones desesperadas por parte de los sectores interesados en sostener lo d e c a d e n t e y, a s í m i s m o , m u c h a s
expectativas sobre lo que pueda sobrevenir por el lado de los sectores
interesados en el cambio.
Antonio Gramsci,
refiriéndose a esa situación, lo expresó de esta manera: “El viejo
mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los
monstruos”, -Cfr. Cuadernos de la cárcel, Cuaderno 3 (1930)-.
Antonio Gramsci (22
de enero de 1891-27de abril de 1937) gran intelectual y activista político que
condenado a cárcel por el régimen fascista de Benito Mussolini permaneció en
ella entre 1926 y 1937, donde realizó profundos análisis marxistas acerca de múltiples
aspectos como la hegemonía cultural, la labor de los intelectuales, el papel
que cumplen las clases subordinadas y la teoría de la revolución socialista.
Luego de sentir y vivir el desarrollo de la etapa actual del capitalismo, y sus
criminales acciones colonialistas e imperialistas, con el significativo reparto
del botín del mundo con la guerra mundial, pronosticó la continuidad de la
guerra y la decadencia total del sistema, llegando a la
conclusión de que para superar esta crisis humanística a que nos ha conducido
el capitalismo, se hace necesario una reconstrucción, crear unas nuevas
relaciones sociales de producción más equitativas, mediante la formación
pedagógica de nuevos líderes que realmente sean “intelectuales orgánicos”
capaces de representar los intereses de las clases subalternas, pero, asume
Gramsci, este será un período muy difícil, lleno de peligros, en que pueden
aflorar muchas situaciones negativas, y traiciones.
Llamamos, gracias a
Ernst Mandel, “capitalismo tardío” a esta fase de decadencia
del imperialismo, que no significa pérdida de las fuerzas productivas, sino
todo ese proceso de crecimiento con una gran dependencia tecnológica, pero que
conduce, no al bienestar social, sino a un desperdiciado consumismo, al aumento
de los sectores parasitarios descompuestos y mediocres, y a una permanente
expresión destructiva de la sociedad y de la naturaleza, a procesos de barbarie
ecológica y al incremento armamentista y militarista de los países hegemónicos
e imperialistas.
Los defensores y teóricos ahistóricos, de este decadente modo de
producción, promueven las tesis de que los desarrollos científicos y
tecnológico permitirán de manera indefinida la persistencia del capitalismo,
esta “racionalidad tecnológica” sostiene que el sistema es capaz de superar
todas las crisis y mantenerse vigente, e incluso se proponen rectificaciones y
arreglos para optar de manera reformista, p o r u n c a p i t a l i s m o n u e
v o , p o r u n capitalismo con rostro humano. Al respecto advierte Mandel:
“Esta ideología proclama la capacidad del orden social existente para eliminar
gradualmente toda posibilidad de crisis, para encontrar una solución “técnica”
a todas sus contradicciones, para integrar a las clases sociales rebeldes y
para evitar explosiones políticas”.
Esas ilusiones han
hecho que de manera artificial se siga manteniendo con vida unas relaciones
sociales y unas estructuras económicas que en realidad están ya muertas. Ello
ha impedido que de manera clara se presenten las perspectivas de un mundo
nuevo. Y, carente ya de propuestas sólidas y viables, el moribundo capitalismo imperialista, recurre tanto a la fuerza de sus amenazas y al
poderío militar, como a un sinnúmero de falacias argumentativas, sanciones,
complots, engaños y a sórdidos personajes, tan criminales como mediocres e
hilarantes. Es, precisamente en ese claroscuro que han ido apareciendo los
monstruos.
Los “monstruos” a
que se refiere Antonio Gramsci toman muchas formas: pueden ser los movimientos
políticos extremistas de la ultraderecha, los lideres autoritarios, casi
siempre figurones y mediocres, los grupos violentos y paramilitares con sus
bufonescos y criminales dirigentes, o cualquier otra fuerza que busque imponer
su voluntad sobre la sociedad y restringir la libertad y la igualdad de las
personas, y hasta el mismo imperialismo ya maltrecho que pretende seguir
asustando con sus amenazas, sus armas, sus guerras y sus invasiones.
En este sentido, la
palabra “monstruo” se refiere al fortalecimiento de estas peligrosas
expresiones agresivas, antisociales y destructivas, que pueden prestarse
abiertamente o de manera oculta, o simulando ser otra cosa.
Por ello debemos estar atentos a su surgimiento y trabajar para prevenir su
crecimiento e influencia.
Poderosos factores
marcan la ya irreversible decadencia del capitalismo a nivel global: la
creciente desigualdad, el desempleo, la precarización laboral, el aumento de
los sectores parasitarios, el agotamiento de los recursos naturales, la
barbarie ecológica, el crecimiento de las protestas sociales y los
levantamientos populares y, paralelo a todo ello, la represión, el
fortalecimiento del militarismo, de los gobiernos despóticos y autoritarios y
todo un sistema de control mediático, que tan apropiadamente Byung-Chul Han ha
denominado “la infocracia”, que pesa sobre todos los aspectos de la vida
cotidiana.
Se trata ya de los
estertores agónicos de un sistema moribundo que se niega a aceptar su
decadencia, pero que ante esta inminente e irreversible situación, intenta
reinventarse, mostrar un rostro amable, y bajo el manto publicista de “la
defensa de la democracia” o l a l u c h a c o n t r a e l t e r r o r i s m o o
e l n a r c o t r á fi c o , p r o m u e v e a m e n a z a s, sanciones
internacionales, aranceles p u n i t i v o s , a c c i o n e s i n j e r e n c
i s t a s , despliegues militares e invasiones contra los diversos pueblos del
mundo, como tratando de mostrar, ya en su agonía, la fortaleza de antaño en su
etapa de ascenso imperialista, como queriendo asustar de nuevo, mostrando los
más diversos monstruos de esa su pretendida superioridad.
Para que ese nuevo mundo nazca
debemos entender
que democracia ya es
fascismo
En el siglo xx, el
fascismo, el de Mussolini, el de Hitler, se caracterizó por la movilización de
grandes muchedumbres, como si se tratase de un majestuoso espectáculo.
Con un enorme
despliegue de todo el simbolismo con que supo cubrirse, el fascismo, tanto
italiano como alemán, desplegó sus banderas, emblemas y estandartes, todo un
juego de luces y una vistosa y ruidosa parafernalia militarista, expuestas a
unas aleladas masas populares, cautivadas por toda esa teatralidad.
Se trató de toda una “movilización total”, que señalaba el interés
fascista por lograr la sumisión y el compromiso de las gentes, con las órdenes
y conveniencias de sus líderes y caudillos, promoviendo esa especie de
“espíritu heroico”, hasta lograr que el genio de la guerra, unido al espíritu
del “progreso”, generara una especie de seducción generalizada, una respuesta
uniforme por parte de multitudes en favor del totalitarismo y de la guerra.
Requería esa
expresión de confrontación a la crisis del “progreso” capitalista, contar con
el pormenorizado empleo de toda esa teatralidad y parafernalia, para movilizar
a las masas, contando con el recién establecido poder de los nacientes medios
de comunicación como el cine y la radio. Se trataba, insisto, de la respuesta
que el capitalismo en crisis y sus gobernantes élites daban a las exigencias
populares, cuando entendieron que las tesis de la llamada democracia liberal y
el parlamentarismo clásico ya no les eran funcionales a gran escala para
contener el descontento.
Actualmente, cuando
el nivel de la crisis del capitalismo es más significativo,
más considerable y catastrófico, el recurso de movilización de las masas ya no
les es tan funcional y las justificaciones mediáticas tropiezan con la réplica
instantánea de las redes sociales y la prensa alternativa, no sujeta a las
grandes corporaciones y empresas de la desinformación y los fakes news.
Quedando desuetas
las metodologías de convencimiento de ese viejo fascismo, el poder oligárquico
e imperialista, ha estado recurriendo solamente a seguir exponiendo sus viejos
monstruos, sus reconocidas formas de represión y control, a las que ahora se incorporan
algunas nuevas y distintas formas de explotación, vigilancia, control,
violencia y guerra, que se van haciendo cada vez más intensas, como
estableciendo nuevos monstruos: toda esta pléyade de mediocres fascistas del
siglo XXI, que hemos enumerado y que sigue creciendo en el cotarro de la
geopolítica contemporánea, aquellos que conocen, y practican, todas sus
insensatas y criminales acciones que siempre serán justificadas por los medios
de comunicación corruptos y venales, sin los cuales estos
peleles ignorantes y malignos carecerían de ese apoyo ficticio que les ofrecen
unas “mayorías” manipuladas e idiotizadas.
Como ya lo hemos
dicho, en la decadente sociedad del espectáculo, ya globalizada, en que se
impone no sólo una general banalización del mal, sino la más terrible
falsificación de los “valores” y el imperio de la simulación y de la exhibición
farandulera de unos muy pequeños personajes -actores-ansiosos de protagonismo y
de figuración, que buscan lucirse, destacarse, a como dé lugar; personajes, que
han llegado a encumbrarse, merced a una especie de idiotización generalizada de
los “electores”, en una “democracia” asimismo teatral, estos bufones han
llegado a ser presidentes de algunos países, como Ronald Reagan, Donald Trump,
Jair Bolsonaro, Volodomir Zelennski, el figurón Nayib Bukele, el payaso
“libertario” Javier Milei y muchos otros.
En resumen: ese
fascismo, que se presentaba como la antítesis de la democracia, hace ya tiempo
que “contaminó” desde dentro el régimen liberal, es más, el fascismo desde siempre habita en las entrañas mismas de la llamada
democracia. Sólo que hoy las reglas del llamado Estado Social de Derecho, han s
i d o s u s t i t u i d a s p o r u n a s e r i e d e indeterminaciones que han
llevado al amalgamamiento total entre las ideas libertarias y el autoritarismo.
Supuesta confusión que ya estaba inscrita en la originaria mentalidad burguesa
que se fundó sobre unos falsos y deletéreos “principios” y tradiciones
intelectuales.
Para coadyuvar al
nacimiento de ese nuevo mundo que no acaba de nacer, en este claroscuro de la
historia, requerimos superar esta sociedad del espectáculo, establecida en
torno a la alabanza a unos ídolos y héroes faranduleros, apoyar un serio
proyecto de construcción y cambio, para que payasos, bufones, actorzuelos y
showman dejen de liderar estas decadentes y deplorables sociedades que
parecieran anunciar, efectivamente, el irremediable fin de la historia.
Hoy claramente
(como lo ha dicho Pedro García Olivo en sus obras) estamos padeciendo la
instauración de un nuevo tipo de fascismo, de una
democracia fascista, un demofascismo, heredero directo de la democracia
representativa que, merced al ocultamiento y enmascaramiento pareciera reducir
el aparato de represión física y a confiar casi por completo en las estrategias
simbólicas y psíquicas de dominación.
Ha sido esa
supuesta marcha triunfal del “progreso” consumista lo que ha generado el total
acomodamiento de los seres humanos a los intereses del poder y ese acatamiento
a la e s t u p i d i z a c i ó n p o l í t i c a E l i m p e r i o tecnocrático
que nos apabulla ha logrado suplantar los viejos ideales ilustrados de
autonomía y de democracia, las antiguas confrontaciones teóricas y conceptuales
han sido reemplazadas por su virtualidad y por la falsificación aceptada.
Ese orgulloso
racionalismo técnico-científico que nos asombra, coexiste con la más profunda
irracionalidad que opera en las relaciones sociales, en la administración
política y en la conciencia alienada de los individuos. Esta época centrada en
la simulación y el espectáculo, que ha llevado, no sólo a la pérdida de las
viejas distinciones i d e o l ó g i c a s y a u n u n i f o
r m i s m o generalizado en el que todos tienen los mismos gustos, los mismos
pareceres y el mismo pensamiento, bajo una violenta coerción y control externo
por parte de los aparatos represivos del Estado y a la instalación de otras
formas de control y de r e g u l a c i ó n m á s s u t i l e s , í n t i m a s
e interiorizadas que se remiten al auto disciplinamiento de unos sujetos totalmente
sometidos.
La socorrida idea
de individualidad, que tanto promoviera el pensamiento ilustrado, h a d e s a p
a r e c i d o , e c l i p s a d a p o r l a imposición de un uniformismo
gregario que cubre todos los gustos y opiniones, en gran medida como resultado
de los desarrollos científicos y tecnológicos, en particular de l o s l l a m a
d o s “ m e d i o s m a s i v o s d e comunicación”, que paulatinamente han ido
conduciendo a la misma administración total que, mediante otros mecanismos,
impulsara el viejo fascismo. Ese régimen político, económico y social basado ya
no tanto en la vigilancia y el disciplinamiento generalizado de las masas -la
“biopolítica” que describiera Michael Foucault- sino, por el
contrario, en la orgullosa visibilización de unos sujetos que, teatralmente, se
presentan, en las redes sociales, y en la vida, como personas autónomas,
emprendedoras y autosuficientes.
Bajo este régimen
de la “infocracia”, el dominio y la vigilancia se ocultan por completo,
logrando fusionarse con la vida cotidiana, hasta alcanzar, no ya la simple
“biopolítica”, que se sustentaba en la vigilancia sistemática, la coerción, la
r e p r e s i ó n y e l c a s t i g o , s i n o u n a “psicopolítica” que
resulta agradable y defendible por los sujetos sometidos que se sienten libres
y hasta “libertarios”, bajo el envolvente manto de una conveniente
“globalización” estupidizante.
Así las cosas, si
no logramos históricamente contrarrestar los monstruos activos de la miserable
agonía del capitalismo, pareciera que este mundo capitalista puede llegar a
morir matando, promoviendo, como lo podemos ver con el criminal bufón Trump,
actos descarados de arrogancia y crueldad nunca vistos.
El agónico nivel de agotamiento, decrepitud y decadencia del
imperialismo, puede prolongarse aun durante mucho tiempo, l l e v a r a u n a p
o c a l í p t i c o c o l a p s o medioambiental y a que los más inhumanos
actos de prepotencia y crueldad sean considerados “normales”, como ya está
ocurriendo.
-Excurso acerca de
los legados de la religión judaica y sus estragos-
Lo más oscuro, lo
más siniestro, cruel y despiadado del agónico capitalismo, no ha sido el
esclavismo, ni el exterminio indígena, ni las múltiples acciones imperialistas
de expansión territorial, de expropiaciones, saqueos, invasiones e
injerencismo, a lo largo de los últimos siglos y, particularmente, durante el
siglo xx en su fase imperialista, ni la barbarie ecológica que se cierne sobre
todo el planeta. Ni siquiera sus impunes guerras y bombardeos como los
efectuados contra Hiroshima, Nagasaki, Corea, Vietnam, Camboya, Laos, Libia,
Afganistán, Irak, Irán, Panamá, Kuwait, Yemen, Siria…y contra muchos otros
diversos pueblos del mundo; ni siquiera la amenaza nuclear con que intimidan.
No, lo más depravado ha sido esa deplorable psicología impuesta, la mentalidad
de rebaño, esa pobre esclavitud espiritual que ha establecido cómodamente,
entre la gente proclive a su mandato, como dando continuidad a ese poder de la
obediencia que las diversas religiones históricamente han impuesto.
Pareciera que el ya agónico capitalismo tardío ha logrado alcanzar ese
viejo sueño de las religiones: el poder absoluto sobre el rebaño humano; la
total uniformidad de las masas, esa condición de hacer de las personas
prisioneros completos; una especie de conformes habitantes de “un mundo feliz”,
ya sin posibilidad alguna de escapatoria.
Entendemos, como
nos lo explica Leszek Kolakowski, que el mito tiene una razón de ser que, "...la
organización mítica del mundo (es decir, las reglas que aseguran la comprensión
de las realidades empíricas como dotadas de sentido) está siempre presente en
la cultura…" y, así mismo nos aclara Kolakowski
que, “La función del mito en la vida social, como garantía de vínculos,
y su papel integrador en el proceso de organización de la conciencia individual
parecen irremplazables. Esas funciones del mito no pueden ser sustituidas por
convicciones reguladas según los criterios del conocimiento científico".
Cfr. L. Kolakowski
“La presencia del mito”.
Amorrortu editores.
Buenos Aires 1973.
Entiende el autor que “en las creencias religiosas encuentra expresión
el desamparo del hombre frente a la naturaleza", y que esos fenómenos
anímicos de dolor, derrota, yerro, angustia, muerte, se resisten a ser
"integrados" en un orden incuestionable, totalmente racional o
reflexivo, pero esto no disminuye sino más bien aumenta la necesidad de
integración del propio sufrimiento. "Por lo tanto, la religión, que
proporciona estos sistemas integradores, no es el resultado de un grado inferior
de dominio humano sobre las fuerzas de la naturaleza, sino más bien un medio
para la compensación de muchas consecuencias derivadas del acrecentamiento de
este p o d e r " . E s a p a r t i r d e e s t o s condicionamientos o
exigencias de carácter natural y social que surgen y se mantienen todas las
promesas y mitologías religiosas.
Pero esas diversas
creencias religiosas, más allá de querer ayudar o dar consuelo en esa
integración social e individual, frente al dolor, a la angustia y al temor de
la muerte, s e c o n v i r t i e r o n e n m e c a n i s m o s especializados
en distribuir premios celestiales y castigos infernales, y en satisfacer la
ambición desmedida de una i n i c u a b u r o c r a c
i a c l e r i c a l q u e , descaradamente,
funciona como los plenipotenciarios representantes de sus dioses en la tierra.
Y se han establecido como aparatos al servicio de las estructuras de poder,
contra los sectores que, arteramente, dicen representar.
Sentimientos de
culpa y religión
Por todo ello bien
vale la pena hacer un breve análisis sobre la significación, el sentido y el
poder que históricamente han tenido las diversas religiones, sus sacerdotes y
sus creyentes.
El filósofo alemán
Ludwing Feuerbach (1804-1872) en su obra “La esencia del cristianismo” de 1841,
sostiene que “la religión tiene por padre a la miseria y por madre a la
imaginación” que, en términos generales, las religiones no son más que
proyecciones antropológicas, que todos esos atributos de dios, y en general de
todas las divinidades, no son más que la sublimación de los deseos humanos, en
especial los de querer superar, precisamente, su miseria y satisfacer sus
necesidades, al menos en el plano de lo imaginario.
Y Max Nordau en su
libro de 1883, “Las m e n t i r a s c o n v e n c i o n a l e s d e l a
civilización”, nos aclaró mucho respecto de la mentira
religiosa que permite que los mitos y las ideas supersticiosas conserven su
terrible poder, ya que la creencia en dios ha creado un vasto sistema de
ilusiones, sobre el que se ha construido un enorme aparataje que aparentemente
sostiene el orden social y moral, definiendo para las masas todo lo que s e c o
n s i d e r a “ b u e n o ” y “ m a l o ” y distribuyendo premios y castigos.
Dice Nordau: “La
religión es una debilidad funcional debida a lo imperfecto de nuestra
inteligencia” y a continuación define la mentira religiosa
como ese falso respeto que los hombres contemporáneos otorgan a los artículos
de fe, a los “misterios”, a los fantasiosos cuentos y leyendas de sus supuestas
“sagradas escrituras”, a las milagrerías y a todo lo instituido por dichas creencias,
a sus ceremonias, a sus símbolos y a sus sacerdotes.
En fin, pareciera
que los seres humanos no hemos logrado una total separación de la condición
biológica-animal que nos condiciona y envuelve enteramente.
Todas las religiones se han originado a partir de ese miedo zoológico que nos
acompaña siempre.
Como lo ha dicho
Cioran: “Idólatras por instinto, convertimos en incondicionados los
objetos de nuestros sueños y de nuestros intereses. La historia no es más que
un desfile de falsos Absolutos, una sucesión de t e m p l o s e l e v a d o s a
p re t e x t o s , u n envilecimiento del espíritu ante lo Improbable. Incluso
cuando se aleja de la religión el hombre permanece sujeto a ella; agotándose en
forjar simulacros de dioses, los adopta después febrilmente: su necesidad de
ficción, de mitología, triunfa.
Sigmund Freud es
quizá, quien ofrece una más clara aproximación a lo que es la religión. En su
obra de 1933 "Nuevas c o n f e r e n c i a s d e i n t r o d u c c i ó n a
l psicoanálisis" escribió: "La religión es una ilusión y obtiene su fuerza
de su disposición a adaptarse a nuestros impulsos instintivos y deseosos"
(...)"La religión es un intento de dominar el mundo sensorial en el que
nos encontramos mediante el mundo de deseos que hemos desarrollado en nuestro
interior como resultado de necesidades biológicas y
psicológicas... Si intentamos asignar el lugar de la religión en la evolución
de la humanidad, esta no aparece como una adquisición permanente, sino como una
contraparte de la neurosis que los hombres civilizados deben atravesar en su
transición de la infancia a la madurez".
Ya en "El
porvenir de una ilusión", de 1927, había establecido la imperiosa
necesidad que tenemos el intentar, reflexiva, racionalmente, superar esa
arcaica dependencia de las ilusiones, las leyendas y los mitos: “La
religión -dice- es comparable a una neurosis infantil (…) son…reliquias
neuróticas, y ahora podemos argumentar que probablemente ha llegado el momento,
como ocurre en un tratamiento analítico, de reemplazar los efectos de la
represión por los resultados del funcionamiento racional del intelecto”.
En "El
malestar en la cultura" de 1929 afirmaba: "Todo esto
es tan patentemente infantil, tan ajeno a la realidad, que a cualquiera que
mantenga una actitud amistosa hacia la humanidad le resulta
doloroso pensar que la gran mayoría de los mortales nunca podrá elevarse por
encima de esta visión de la vida".
En resumen, para
Freud la religión es “una neurosis colectiva”, una obsesión con la que
humanidad establece una especie de protección contra los traumas -sentimientos
de culpa- causados por el asesinato del padre original, en las épocas de las
hordas primigenias. Para Freud, las religiones en la civilización, desempeñan
el papel de redentoras de los “pecados”, es decir, de esos sentimientos de
culpa que agobian a la humanidad.
Una neurosis
colectiva
Erich Fromm en su
obra “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea” (1956) se pegunta,
precisamente siguiendo a Freud: ¿Puede estar enferma una sociedad? y, a
continuación expone cómo el peso de una conciencia dependiente y homogeneizada,
se ha venido imponiendo sobre las singularidades de la llamada “naturaleza
humana”, hoy atrapada por el supuesto valor de unos consensos coercitivos,
inicialmente fijados por las religiones y hoy retomados,
astutamente, por los discursos politiqueros y los medios de comunicación, que
han destrozado toda individualidad.
Un sistema
conformista y gregario que difunde estereotipos de comportamiento, ha llevado a
la desaparición del yo personal, a la formación de súbditos que viven la
dependencia espiritual y el uniformismo como proyecto básico de vida. Estos
adocenados individuos, sometidos a la generalizada neurosis social, son
apolíticos, medrosos, desconfiados, retraídos y apáticos; incapaces de
criticar, de reflexionar y de actuar por iniciativa propia. No obstante, les
gusta aparentar; simulan independencia y de manera, unas veces ingenua y otras
taimada, expresan sus acumulados odios y rencores mediante rumores, consejas e
intrigas, o mediante un conveniente y acomodaticio silencio que saben utilizar.
Dice Fromm:
“Lo que es muy
engañoso en cuanto al estado mental de los individuos de una sociedad, es la
'validación consensual' de sus ideas. Se supone
ingenuamente que el hecho de que la mayoría de la gente comparte ciertas ideas
y sentimientos demuestra la validez de esas ideas y sentimientos. Nada más
lejos de la verdad. La validación consensual como tal, no tiene nada que ver con
la razón ni con la salud mental… El hecho de que millones de personas compartan
los mismos vicios, no convierte esos vicios en virtudes, el hecho de que
compartan muchos errores, no convierte a éstos en verdades, y el hecho de que
millones de personas padezcan las mismas formas de patología mental no hace de
estas personas gentes equilibradas” .
El triunfo de este
modelo de “democracia”, sustentado, como la creencia en dioses, en la supuesta
“validez consensual” o en las aceptaciones mayoritarias, que logró la
despolitización de la población, permitiendo q u e l o s q u e h a c e r e s p
o l í t i c o s y administrativos quedasen en manos de pequeños círculos de
mediocres, ambiciosos y corruptos, es lo que percibimos hoy.
Esa tranquila
conciencia colectiva de desilusión y conformismo, ese cínico
pragmatismo de unas mayorías que no responden a la convocatoria de la pulcritud
y la decencia política, porque consideran que es preferible mantenerse al
margen y avalar con ello el statu quo, nos permite certificar, fehacientemente,
la validez no solo de los análisis realizados por Freud, sino de la Teoría de
la alienación que, continuando a Hegel, propusiera Carlos Marx, la cual indica
de qué manera los individuos pierden todo dominio sobre lo que crean, y señala
cómo los productos de la actividad humana, bajo las relaciones sociales de
producción sustentadas en la explotación, terminan por imponer una serie de
falsos valores sobre el mundo de la vida.
La teoría marxista
de la alienación y el Psicoanálisis, son tal vez, lo único que pueda ayudarnos
a entender la victoria electoral de trepadores, mediocres, payasos y mafiosos;
victoria de la corrupción y el crimen, por sobre la racionalidad y la cordura
(victoria que se expresa también en su correlato: el abstencionismo). Todo da
muestras de esa condición de rebaño que, en nuestro medio, desde la colonia ha
impuesto el cristianismo y luego los distintos evangelizadores, tanto laicos
como creyentes.
Indiferencia,
apatía, desidia, desinterés, d e s e n c a n t o , f a l t a d e e n t u s i a
s m o , aburrimiento, pero credulidad; en fin, resignación, de unas “mayorías”
sometidas a la obediencia, a la docilidad, a la subalternidad y a la
manipulación por parte de los organismos del poder y que no puede esconderse
tras de los supuestos teoréticos que afirman que “perder es ganar un poco”, ya
que, sostienen, en un mundo supra terrenal vendrá la compensación. No puede
dicha subalternidad actual, servir de paliativo a un fracaso, a una derrota del
humanismo, de la humanidad, derrota ampliamente presentida y ya en proceso de
realización.
Lo único que queda
claro, en este z a f a r r a n c h o , c a s i r e l i g i o s o , t a n
mediáticamente promovido, es esa alienación generalizada de unas masas que
aceptan y cohonestan con la corrupción y el crimen, y la existencia - al
parecer inamovible- de unas élites politiqueras tan ignorantes, bufonescas,
degradadas, e n v i l e c i d a s y c o r r u p t a s , c o m o
mayoritariamente seguidas, acompañadas y admiradas.
Esa neurosis colectiva afecta a las grandes “mayorías”, incapaces ya de
superar esos sentimientos de culpa y de pecado. Además porque persiste en todas
las religiones, con
sus interminables
sagradas campañas misioneras, muchas veces teóricas,
a r g u m e n t a t
i v a s , c o n c e p t u a l e s , convincentes, escolarizadas, pero casi s i
e m p r e i m p o s i t i v a s , p o l í t i c a y militarmente, el interés de
alcanzar el “ecumenismo” o expansión universal de sus dogmas, mitos y creencias,
como aún lo siguen realizando los tres monoteísmos, históricamente
intolerantes, fanáticos, y promotores de una violencia sagrada, sectaria y
exterminista, (pero, que de manera astuta saben presentar como expresiones de
paz, de amor, de compasión y de concordia), en diversas épocas estos
convencimientos colectivos y fanáticos, han alcanzado, no s ó l o l a c o m p l
i c i d a d y h a s t a e l amalgamamiento con los poderes estatales y la
aceptación de sus postulados, por parte de enormes masas de creyentes
dispuestos a cumplir con las más estrafalarias exigencias, lo que frente a los
valores promulgados por la Ilustración y la modernidad, constituyen aún hoy un
claro desafío a la razón y la cordura.
No sobra decir que
el papel de víctimas, carente de toda verdad, con que suelen presentarse ante
el mundo los diversos estados teológicos adscritos a estos monoteísmos, es el
resultado de ese proceso fantasioso y mítico de construcción del Estado de Israel
que se remonta a los absurdamente llamados “tiempos bíblicos”; ello les ha
permitido asumir su religión como una perpetua guerra santa.
To d o e l l o n o
s e s t á d e m o s t r a n d o fehacientemente que los sentimientos y
comportamientos de odio, de racismo y de solución militar a los conflictos,
arraigados e n l a s s o c i e d a d s i o n i s t a y e n l a estadounidense,
no sólo por las tradiciones religiosas, tanto judaicas como
evangélicas-reformitas-puritanas, sino que están siendo p r o p i c i a d o s y
m a n i p u l a d o s , s i s t e m á t i c a m e n t e , p o r l o s g r u p o
s hegemónicos que asumen, aun hoy, la validez de las tales “sagradas escrituras”
que establecieron que sus tierras fueron entregadas, por sus “personales”
esfuerzos y por su dios a ellos y a sus descendientes. Creen ser “el pueblo
escogido” y que por ello tiene un trascendental derecho sobre los demás pueblos del mundo, que por supuesto, asumen como
“inferiores”.
Se trata en Estados
Unidos y en Israel de aplicar la movilización de individuos sujetados a unos
dogmas absurdos y a la administración total, que explota, controla, orienta,
disciplina y regula todas las actividades y procesos de la vida. Se trata, en
definitiva, de la más clara expresión de lo que tan apropiadamente llamó
Michael Foucault el biopoder, que definitivamente no es solo poder
y control sobre la vida, sino que se ha decantado, se ha transformado ya en un
necropoder.
Los nuevos
paradigmas de sumisión y acatamiento
El interés es
indagar acerca del porqué de ese respaldo, de esa especie de “solidaridad” que
los ciudadanos del común expresan a unos gobiernos que no sólo los oprimen,
sino que, además, les manipulan los comportamientos. Ello nos lleva a tratar de
alcanzar una auténtica desmitologización de las personas, frente a esas
leyendas y concepciones, a toda esa “cultura” anacrónica,
simuladora y oportunista que constituye ya el pensar generalizado de unas masas
idiotizadas que, victimizándose convenientemente, esgrimen de manera torpe y
sin argumentos, el “respeto” por sus delirantes y promovidas creencias.
Es preciso indagar
la genealogía de un proceso histórico que se remonta a los comienzos mismos de
la intención de formar sujetos sometidos y obedientes, lo que se extiende
también, por supuesto, a los orígenes del sistema escolar. Y es que la escuela
surge como una institución establecida con el propósito de socializar y
regularizar a los individuos, según los patrones de comportamiento fijados por
los grupos que ejercen la hegemonía cultural e intelectual en una sociedad
determinada. C o m p o r t a m i e n t o s l i g a d o s , e n l o fundamental,
a unas exigencias religiosas n a c i d a s p a r a a p o y a r l o s p r o c e
s o s p r o d u c t i v o s y l o s m e c a n i s m o s d e explotación, que
imponen los ideales de “orden” que ellos establecen, y que buscan, en todo
caso, la rentabilidad, la eficiencia, la e fi c a c i a y l a h o m o g e n e i
z a c i ó n y uniformidad de los sujetos.
Para tratar de entender esa esclavitud espiritual que hoy pesa sobre
grandes grupos humanos hay que escudriñar la mitología judeo-cristiana, con
todas sus variaciones y sus recovecos. Desde la leyenda del llamado profeta
Abraham, -cuya presunta “historia” se encuentra en el primer libro de la
Biblia, “El Génesis”, atribuido al también mitológico, Moisés-.
Abraham es el
“profeta” que da origen a los conocidos tres monoteísmos que agobian a la
humanidad -judaísmo, cristianismo e islamismo- que se encuentran hoy, como
ayer, enzarzados en sus inacabables guerras tratando de demostrar la validez de
ser la única religión “verdadera” y demostrar, cada uno de ellos, ser el
“pueblo elegido de dios”, cueste lo que cueste, por la “argumentación” o por
las armas.
El genocidio de los
sionistas sobre Palestina y la complicidad mundial
En torno al tema
que venimos analizando, acerca del enorme poder que aún mantienen estas viejas
mitologías, como mecanismos promovidos por los grupos hegemónicos y, mayoritariamente, aceptado por las masas, es válido escrutar
lo sucedido con el fabricado Estado de Israel y su gobierno sionista.
En ese orden de
ideas, es importante entender que los judíos constituyen un pueblo, unas
tradiciones, una cultura en la que el componente religioso tiene un enorme peso
específico, mientras que el sionismo es un agresivo credo político militante
que se propuso, desde finales del siglo XIX, erigir a toda costa una nación
para el disperso pueblo judío. Su principal objetivo sería promover migraciones
hacia Palestina para llegar a crear el Estado de Israel.
Los activistas del
Sionismo trabajaron por la conformación de esa patria para los judíos en el
territorio de Palestina. Theodor Herzl y otros radicales nacionalistas judíos,
tratando de alcanzar sus objetivos, no solo buscaron e l a p o y o e c o n ó m
i c o y fi n a n c i e r o internacional, sino el respaldo de las potencias
imperialistas, (incluso dentro de la propia estructura del Tercer Reich Alemán
- con el que arteramente colaboraron los dirigentes sionistas buscando que con
la persecución al pueblo judío-alemán se acrecentara el
proceso migratorio hacia la Palestina-, colaboraron también con el fascismo
italiano). Llegaron a promover una serie de acciones y atentados terroristas,
que finalmente rindieron los frutos esperados: el 15 de mayo de 1948 con el
retiro de las tropas británicas de Palestina arteramente los judíos declararon
la creación del Estado de Israel, contando no sólo con el apoyo de los países
imperialistas, sino, también con la amañada anuencia de las recién creadas
Naciones Unidas.
El conflicto
Palestino-israelí (que en realidad no es un conflicto sino un acto de agresión
colonialista e imperialista por parte del Estado sionista contra Palestina)
opera como un pretexto, como una “tapadera” tras la que se esconde hoy el
interés de “una minoría que pretende ser la humanidad”.
Asumen los
sionistas que finalmente se realiza la profecía, que el determinismo histórico
del “pueblo elegido” se está realizando cabalmente.
Los sentimientos y comportamientos de odio, de racismo y de solución militar a los conflictos,
arraigados en la sociedad israelí no sólo por la tradición religiosa, sino que
están siendo propiciados y manipulados, s i s t e m á t i c a m e n t e , p o r
l o s g r u p o s hegemónicos que asumen, aun hoy, la validez de unas supuestas
“sagradas escrituras” que establecieron que la tierra de Israel fue entregada
por Yahvé a Abraham, Isaac y Jacob, y que ellos, los descendientes del
mitológico Jacob, son “el pueblo escogido” y por ello tiene un trascendental
derecho sobre estos territorios. Se trata de la movilización de individuos
sujetados a una administración total, que explota, controla, orienta,
disciplina y regula todas las actividades y procesos de la vida. Se trata, en
definitiva, de la más clara expresión de lo que tan apropiadamente llamó
Michael Foucault el biopoder.
Cuando el sionismo,
como clara expresión de ese biopoder, terminó abarcándolo todo, no sólo en
Israel sino en la diáspora, es decir, entre todos los judíos dispersos por el
mundo entero, es lícito afirmar que “no hay judíos inocentes”, ya que el
respaldo a ese gobierno g e n o c i d a y l a c e r r e r a c r e d i b i l i d
a d
mitológica a su pretendida predestinación, los convierte en cómplices.
Podríamos decir que
peor que los obedientes soldados encargados de la perpetración directa de los
hostigamientos, las torturas y las masacres, son los judíos que respaldan,
desde sus aparentes candorosas vidas cotidianas, las acciones genocidas de su
gobierno; igual responsabilidad les cabe a quienes simulan indiferencia,
desinterés, apatía o neutralidad, frente al despropósito, la vesania y el
terror que le impone Israel al pueblo palestino; se trata de unos pragmáticos
cínicos y acomodados que, al carecer de crítica al estado criminal, repito, se
constituyen en cómplices pasivos de este enorme genocidio.
Hoy, además, el
sionismo internacional, a s t u t a m e n t e , e m p l e a p a l a b r a s a p
a r e n t e m e n t e s a c r a l i z a d a s c o m o "holocausto" o
"antisemitismo", como comodines útiles para justificar la perpetración
del genocidio palestino y los más despiadados crímenes porque creen tener ese
derecho por una especie de revancha histórica.
La fatalidad del
cristianismo
Por otra parte, ya
es claro para todos que el cristianismo no se origina en Jesús sino en Pablo de
Tarso, quien llevado por sus particulares circunstancias biográficas,
estableció las nuevas tesis de carácter aperturista; una peculiar
interpretación del judaísmo vigente hasta entonces, haciendo triunfar
definitivamente un nuevo credo, un judaísmo renovado, aunque preservando su
núcleo fantasioso: el cristianismo, un judaísmo ahora abierto a los gentiles,
más cercano a la cultura grecolatina corriente en los medios sociales de
entonces en que se desenvolvía su vida. “Su gran influencia, sobre todo
en occidente, terminaría por h a c e r n o s o l v i d a r a q u e l l a s e c
t a insignificante seguidora directa de las enseñanzas establecidas por Jesús
el Nazareno”.
Como ya lo hemos
dicho (Cfr. Carrión Castro Julio César, “La impronta del diablo en la
mitología del progreso -Mentalidad burguesa y razón occidental-”. Editorial Mar
y tierra. Chile 2021): Federico Nietzsche, en una de sus últimas obras, “El
A n t i c r i s t o : m a l d i c i ó n s o b r e e l cristianismo”, de 1888,
cuestiona la teología y la profesión sacerdotal que, provenientes de las
enseñanzas de Pablo, lograron tergiversar y confundir el sentido de la vida y
los valores de la razón y la virtud, convirtiéndolos, de un modo nihilista, en
ideas atadas a las nociones del Más Allá, del Pecado, de la Redención y a una
estrecha concepción moral o moralina. Afirma Nietzsche: “Ni la moral ni la
religión tienen contacto, en el cristianismo, con punto alguno de la realidad
(…). [Todo es ahí] un trato entre seres imaginarios (“Dios”, “espíritus”,
“almas”) (…), un puro mundo de ficción”.
Para Federico
Nietzsche, San Pablo es el decadente inventor del cristianismo, responsable de
la tergiversación del original Evangelio (“buena nueva”), convertido por él -es
un término acuñado por el filósofo- en Disangelio (“mala nueva”). Pablo sería
culpable también del mantenimiento de las tesis apocalípticas y de la creación
de la Iglesia como institución, tras la grosera farsa de concebir un dios de
resentimiento, que odia la realidad, impone las fantasías transmundanas
y se representa a sí mismo como taumaturgo y redentor. En palabras de
Nietzsche: Pablo ha sido el más grande de todos los apóstoles de la venganza
(…). Dicho en una fórmula: “Deus, qualem Paulus creavit, de inegatio”
(Dios, tal como Pablo lo creó, es la negación de Dios). - Federico
Nietzsche. El Anticristo. Madrid: Alianza Editorial, 1978-.
En resumen, para
Nietzsche, la fatalidad del cristianismo, lo que marcó su “núcleo perverso”,
fue el reducir todo el proyecto de Jesús de Nazaret, sus acciones, sus
enseñanzas, sus parábolas, a la supuesta grandeza de la ignominiosa muerte en
la cruz, que sería la base de los anhelos a p o c a l í p t i c o s d e v e n g
a n z a , d e l resentimiento, de una implacable lógica del odio.
Según Nietzsche,
Pablo “desplazó el centro de gravedad de la existencia, situándolo detrás de la
existencia; lo ubicó en la mentira del Jesús resucitado (…). Él sólo podía usar
conceptos, doctrinas y símbolos con los que se tiraniza a las masas, con los que
se forman rebaños”. Si ayer el cristianismo era una
145
_____________________ Julio César Carrión Castro
especie de enfermedad mental, hoy, debido a la acción de la Iglesia y de
los sacerdotes, a sus mentiras, no es más que una indecencia que provoca
náuseas: “¡Qué engendro de falsedad tiene que ser el hombre moderno para no
avergonzarse, a pesar de todo, de seguir llamándose cristiano!”.
Ese personaje de la
narración cristiana, Jesús, se convirtió, a pesar de las “sagradas escrituras”,
a pesar de las ortodoxias, en figura central de dicha confesión, pues como lo
asevera Luis Buñuel: “En cuanto al misterio de la Santísima Trinidad,
en la evolución contemporánea de la religión, Cristo se ha ido apoderando poco
a poco de un lugar privilegiado con relación a las otras dos personas de la
Santísima Trinidad. Sólo se habla de él. El Dios Padre sigue existiendo, pero
muy vago, muy lejano. En cuanto al desventurado Espíritu Santo, nadie se ocupa
de él y mendiga por las plazas”.
Así pues que ese
delirio de grandeza, establecido por lo judaico ha dejado su legado a través
del cristianismo, en especial centrado en ese redivivo y permanente “Cristo”
que desde las más diversas sectas, modificaciones y
acomodamientos, hace ya muchísimo tiempo viene contaminando estas sociedades
basadas en esas mitologías y c r e d o s r e l i g i o s o s , s i m p l e m e
n t e oportunistas, astutos y mercantilizados que han sido impuestos y
generalizados por la fuerza y la violencia, hasta lograr esas mentalidades
conformistas y subordinadas, esa esclavitud espiritual de que venimos hablando.
El núcleo perverso
del cristianismo
En el libro, “Celo
de Dios. Sobre la lucha de los tres monoteísmos” Peter Sloterdijk, glosando
la obra “Espectros de Marx” de Jacques Derrida se refiere al
asunto mesiánico en estos términos: “…tres escatologías mesiánicas,
mutuamente enzarzadas entre sí por competencia, movilizan -si es que Derrida
tiene razón-“directa o indirectamente, todas las fuerzas del mundo y todo “el
orden mundial” para la guerra sin cuartel que libran”…una de las exageraciones
más patéticas que se han escuchado de un filósofo en el pasado más reciente…
Derrida habla en ese lugar de judaísmo, cristianismo e islam. Lo que intenta es identificar el grupo de las religiones monoteístas
como «partidos en conflicto» histórica y universalmente entrelazados… … Quiero
referirme, por último… (a esa) trascendencia del que tampoco es fácil
desembarazarse en favor de una simple explicación naturalista. Va acompañado de
la idea de que una instancia ultra terrena, llamada usualmente Dios, en
momentos especiales, por amor, compasión o enfado se vuelve hacia seres humanos
concretos y los elige como receptores de mensajes que según ciertos criterios f
e h a c i e n t e s s e i n t e r p r e t a n c o m o revelaciones. No es éste
el momento de discutir sobre las implicaciones del concepto de «revelación». La
expresión sólo adquiere sentido en el marco de un modo de pensar repleto de
presupuestos, que en otro lugar llamo metafísica del remitente fuerte…”
En el caso del
sionismo que hoy orienta el Estado genocida de Israel, la idea del mesianismo
pareciera realizada ya con la instauración de esta agresiva y criminal empresa
militarista, disfrazada de “Estado judío” que ocupa el territorio de Palestina.
Lo cierto es que…
“Así, a la razón occidental, que viene librando desde hace siglos esta batalla
frente al cristianismo y el judaísmo, se le ha abierto un nuevo frente de
combate. Puesto que en la lectura de los libros sagrados de cualquiera de las
tres grandes religiones monoteístas todo depende de sus intérpretes (basta ver
las diferencias de enfoque que van desde el integrismo hasta la Teología de la
Liberación en el catolicismo), la influencia política de una u otra perspectiva
depende de las necesidades de la hora.
"El islam
puede ser tan capaz de belleza y caridad como de violencia y de guerra. Todo
depende de quién lo interpreta (...) El Corán no dice ni más ni menos que lo
que el intérprete le hace decir”. ¿Acaso no ocurre exactamente lo mismo con el
Antiguo y el Nuevo Testamento? ¿Los libros sagrados, escritos tanto por
visionarios, profetas, iluminados y luchadores sociales de su t i e m p o c o m
o p o r “ p a r a n o i c o s y embaucadores” (expresión de Lisandro de la
Torre, Intermedio Filosófico; La cuestión social y los cristianos sociales, Ed.
Anaconda, Colegio Libre de Estudios
147 _____________________ Julio César Carrión Castro
Superiores, Buenos Aires), acaso las religiones ¿no han servido de
excusa y mandato para las peores atrocidades y los más conmovedores martirios?
(Carlos Gabetta, Desafío a la razón occidental. Sin Permiso).
Slavoj Zizek en su
libro “El títere y el enano. El núcleo perverso del cristianismo”, analizando
la generalizada hipocresía social que lleva a la gente a cumplir con los
rituales religiosos sin creer en ellos, y sin tomarlos en serio, como
realizando una especie de cínico desplazamiento de las creencias a las
conveniencias, se pregunta: “¿qué necesidad tenemos de religión en
nuestros tiempos modernos?” Y, recabando sobre las tesis
de Nietzsche, dice: “Cuando uno lee las epístolas de San Pablo, no
puede dejar de notar hasta qué punto se muestra directa y terriblemente
indiferente respecto de Jesús, tomado como persona viva (el Jesús que no era
aún Cristo, el Jesús prepascual, el Jesús de los Evangelios) . Pablo
prácticamente ignora por completo los actos, las enseñanzas y las parábolas
particulares de Jesús, todo aquello a lo que Hegel se refirió luego como el
elemento mítico de la narrativa de los cuentos fantásticos,
de la mera representación (Vorstellung) prenocional. En sus escritos Pablo
nunca se interna en la hermenéutica, no intenta indagar “el sentido más
profundo” de esta o aquella parábola, de éste o aquel acto de Jesús. Lo que le
importa no es Jesús, entendido como figura histórica, sino solamente el hecho
de que murió en la Cruz y resucitó de entre los muertos. Después de establecer
la muerte y resurrección de Jesús, Pablo continúa con su verdadero negocio
leninista, el de organizar el nuevo partido llamado la comunidad
cristiana…Pablo como Lenin, (fue) el gran 'institucionalizador'”.
(Zizek Slavoj El
títere y el enano -El núcleo perverso del cristianismo-. Ed. Paidós. B. Aires
2008).
Zizek nos dice que
el núcleo perverso del cristianismo está en el hecho de no sustentarse en una
lógica precisa que defina lo bueno y lo malo, sino que persiste en la
ambigüedad y la simulación terrenal, como base del proyecto salvífico
supraterrenal. Cristo manipuló a su discípulo Judas, para que
lo traicionara, de la misma manera que Adán fue forzado a pecar por mandato del
propio dios. Para que el plan divino se pueda cumplir, se requiere que el
hombre incurra en el pecado, en la traición. Desde siempre, el cristianismo ha
requerido de la traición y la simulación. “En la lectura perversa del
cristianismo Dios primero lanzó a la humanidad al pecado, para poder crear la
oportunidad de salvarla mediante el sacrificio de Cristo”.
Cumplir con la ley
encierra, pues, un contrasentido, una perversidad de Dios. “De acuerdo
con la lectura estándar de Pablo, Dios le dio la Ley a los hombres para
hacerlos conscientes de su pecado, hasta para inducirlos a pecar más y de ese
modo hacerlos conscientes de la necesidad que tenían de lograr la salvación,
que sólo podían alcanzar a través de la gracia divina” (página 162).
Es decir, Dios incita al pecado para ofrecer la redención que habrá
de llegar después de la caída y de la contrición. Se trata, entonces, de
establecer prohibiciones para disfrutar luego no sólo con su incumplimiento o
violación, sino con el beatífico estado del arrepentimiento, que siempre habrá de generar satisfacción entre los dispensadores
de los premios y castigos.
Adicionalmente,
creo, no carece de sentido reflexionar acerca del cuestionamiento hecho por los
propios indígenas, rebeldes a la aceptación de ese dios-Cristo que, a riesgo de
las torturas y la muerte que los m i s i o n e r o s , e v a n g e l i z a d o
r e s y cristianizadores les aplicaban, se atrevieron a cuestionar a esa nueva
deidad que fue incapaz de salvarse de su propia muerte.
Así trabaja el “sí,
pero no” que da sentido y razón de ser a la Iglesia y a toda la a m b i g ü e d
a d i n s t i t u c i o n a l d e e s t a s sociedades profundamente
burocratizadas, en donde todo pareciera que funciona perfectamente y de manera
sincronizada, para “el cumplimiento de la ley” como lo señala Kafka en “La
Colonia Penitenciaria”, modelo de todas las organizaciones burocráticas
imperantes hoy en el mundo entero. La burocracia opera como esa compleja
máquina kafkiana, en donde todo tiene que ser escrito, como sobre la piel de l
o s c o n d e n a d o s . E l “ c o r r e c t o f u n c i o n a m i e n t o ” d
e l a e s t r u c t u r a
burocrática reclama no sólo la obediencia acrítica y la “servidumbre
voluntaria”, sino el cabal cumplimiento de la normatividad fijada por el poder
disciplinario: normas y reglamentaciones que el engranaje de la maquinaria
exige: gestiones, trámites, papeleos, procesos, expedientes… porque nada puede
quedar por fuera de la escrutadora mirada del poder y de sus funcionarios.
Racional irracionalidad que hoy gobierna al mundo y que se caracteriza p o r l
a t o t a l d e s a p a r i c i ó n d e l a individualidad, de la capacidad de
juicio autónomo y del uso público de la propia razón, a favor de la obediencia
acrítica, de las “funciones”, los “cargos” y las “instituciones”.
Permanentemente se
nos recalca que “las instituciones permanecen mientras que las personas son
prescindibles”. En esta afirmación descansa la realización de la metáfora de la
maquinaria burocrática denunciada por Kafka y que oculta c o n v e n i e n t e m
e n t e , l a s a u t é n t i c a s intencionalidades del poder: Honrar
a los superiores.
Bajo estas ambivalencias también se busca presentar como modelo de
conducta, los comportamientos de individuos esquizoides que ostentan una
aparente personalidad en público -en sus oficinas, por ejemplo- y otra muy
diferente en lo privado -en el hogar, con la familia-. Zizek nos aclara que, en
estas decadentes sociedades, el cambio de la apariencia formal funciona como si
se tratara de cambios estructurales; que los afeites, los cosméticos y en
general, las simulaciones, constituyen la auténtica estructura caracterológica
de las personas, a h o r a t a m b i é n , d i s f r a z a d a d e
convencimiento religioso o “patriotismo”.
A esta misma
estructura de pensamiento pertenece la contemporánea actitud de la izquierda
que milita en la academia, en el gueto universitario, que se entretiene en
exigir muchas cosas, aunque de antemano sepa que sus demandas no serán
satisfechas. De esta manera, dice Zizek, “el viejo lema de 1968 'seamos
realistas pidamos lo imposible' adquiere aquí una nueva significación cínica y
siniestra que tal vez esté revelando su verdad: 'Seamos realistas, nosotros la
izquierda académica, queremos pareceres críticos mientras
gozamos plenamente de los privilegios que el sistema nos ofrece”.
Estas premisas de
hipocresía y simulacro están presentes también en la geopolítica contemporánea:
Así, los Estados Unidos d i s f r a z a n s u i n t e r v e n c i o n i s m o y
neocolonialismo contra los pueblos del mundo, tras el velo de la protección a
los derechos humanos y la expansión de la democracia occidental o, peor aún, de
seguimiento a mandatos religiosos o teológicos. Un Estado tan agresivo y
militarista como Israel, con Netanyahu como su líder, se muestra
publicitariamente como democrático y tolerante, mientras desarrolla una
política criminal, genocida, exterminista contra el pueblo palestino.
Se ha impuesto ya
la astuta y general presencia de esos “últimos hombres” que predijera Federico
Nietzsche: Soportamos el triunfo final del nihilismo, la vigencia permanente de
un “mundo administrado” por deplorables peleles y títeres de las g r a n d e s
c o r p o r a c i o n e s . P r o y e c t o compartido hoy, por las sociedades
de la llamada “democracia” -en sus distintas versiones:
liberal, totalitaria o demofascista-como se cumplió ayer con el llamado
socialismo real -estalinista-.
Se trata de la
derrota final de las Ilustración y del triunfo de esa irreductible ambigüedad
instaurada por la institucionalidad paulina, por San Pablo, el teólogo político
que marcó a Occidente con esa militancia persecutoria que ha caracterizado
desde siempre no sólo al cristianismo, sino toda la moralidad y el pensamiento
que ha conducido a la catástrofe monótona, permanente y omnipresente de este
“mundo insomne” que llamara Stefan Zweig.
La mitologización
de la vida en las sociedades contemporáneas
Pero ese asunto de
la acrítica subordinación a los poderes establecidos, de esa clara “servidumbre
voluntaria” de las masas, no s o l o s e r e fi e r e a l a s t r a d i c i o n
a l e s “convicciones” religiosas, sino también a la dependencia mediática actual
que hace de las gentes simples seguidores, como borregos, de todo lo
establecido y ordenado por las élites culturales y sociales
que, siempre ocultan sus verdaderas intenciones, tras el velo de arcaicas
mitologías religiosas, o d e a c o m o d a d a s e x p r e s i o n e s
pseudocientíficas.
C o m o y a l o h e
m o s d i c h o , e s t o s convencimientos colectivos y fanáticos, en diversas
épocas, han alcanzado, no sólo la c o m p l i c i d a d , s i n o h a s t a u n
c l a r o amalgamamiento con los poderes estatales. Logro fehacientemente
alcanzado en las sociedades colonizadas, evangelizadas, culturizadas por ese
aterrador cristianismo, pretendidamente modificado, por las doctrinas y
corrientes de las religiones “reformadas”.
P r e c i s a m e n
t e , r e fi r i é n d o s e a e s e acomodamiento epocal de la religión al
servicio de los poderes establecidos, en “El anticristo” Nietzsche también
escribió:
“Los alemanes me
entienden fácilmente cuando digo que la filosofía ha sido estropeada por la
sangre de los teólogos. El sacerdote protestante es el abuelo de la filosofía
alemana, el protestantismo es el pecado original de esta
filosofía. Definición del protestantismo: la hemiplejia del cristianismo y de
la razón”.
Sabemos que
Nietzsche confrontó todo ese universo mítico, mal intencionado y falaz,
difundido, propalado y cotidianizado, presentando como dogmas inamovibles sus
embustes y leyendas, por las diversas confesiones religiosas:
“ A u n t e n i e n
d o l a s m á s m o d e s t a s pretensiones a la probidad, hoy se debe saber
que un teólogo, un sacerdote, un Papa, con cualquier frase que pronuncia no
sólo se equivoca, sino que miente, y que no es ya libre de mentir por
inocencia, por ignorante. También sabe el sacerdote, como lo sabe cualquiera,
que no hay Dios, ni pecado, ni redentor; que libre albedrío y orden moral del
mundo son mentiras: la seriedad, la profunda victoria del espíritu sobre sí
mismo no permiten ya a nadie que sea ignorante sobre estas cosas”.
Los discursos
religiosos, todos, descansan s o b r e l a m e n t i r a , l a s a n s i a s d
e reconocimiento y poder de los sacerdotes y
152
_____________________ Julio César Carrión Castro
“pastores”, quienes, “so pretexto de un origen elevado, pretenden el
derecho de mirar la realidad con aire superior y lejano (...) “Su
necesidad es el poder: con Pablo, el sacerdote quiere una vez más el poder;
sólo podía servirse de ideas, teorías, símbolos con los que se tiraniza a las
masas y se forman los rebaños.
Finalmente, es
importante el fin por el cual se miente. Mi objeción contra los medios
empleados por el cristianismo es ésta: que en él faltan los fines santos. Sólo
fines malos: envenenamiento, calumnias, negación de la vida, desprecio del
cuerpo, envilecimiento y corrupción del hombre mediante el concepto de pecado;
por consiguiente, también sus medios son malos”
Todos estos
análisis respecto al daño histórico causado por el cristianismo a la humanidad,
le permiten a Nietzsche colegir que, “la más impura especie de cristianismo que
existe, la más insana, la más irrefutable, es el protestantismo”.
Alrededor de esta
misma temática, Karl Marx afirma que el protestantismo es unareligión
acomodada a los intereses específicos del modo de producción capitalista que
busca, en lo fundamental, favorecer la explotación, apoyar los procesos de la
producción y la productividad y por ello dice: “el protestantismo concede un
lugar secundario no sólo al clero y la Iglesia, sino también al culto
religioso. No existe la inclinación a los iconos y reliquias, el número de
sacramentos está reducido a dos (bautismo y comunión), los oficios divinos
consisten de ordinario en prédicas, oraciones conjuntas y canto de salmos.
Formalmente el protestantismo se basa sólo en la Biblia, pero de hecho cada una
de las religiones protestantes tiene sus propios símbolos de fe, autoridades y
libros “sagrados”.
Dice Marx que el
mayor logro de las religiones protestantes, fue desdibujar, presuntamente, la
figura del “pastor”, pero introduciendo al sacerdote en la conciencia
individual de los creyentes:
“Concedemos que
[Martín] Lutero superó la esclavitud de la devoción al reemplazarla por la
esclavitud de la convicción. Destruyó la fe en la autoridad
porque restauró la autoridad de la fe. Convirtió a los sacerdotes en laicos
porque convirtió a los laicos en sacerdotes. Liberó al hombre de la
religiosidad exterior porque hizo de la religiosidad el hombre interior. Liberó
al cuerpo de las cadenas porque encadenó el corazón”.
-Karl Marx, Crítica
de la filosofía del derecho de Hegel-
Esas “convicciones”
religiosas, esas nuevas cargas mitológicas fueron las que llegaron al
territorio norteamericano con la oleada de hugonotes, cuáqueros, puritanos, en
fin luteranos, calvinistas y otras sectas que, teniendo como fundamental bagaje
ideológico los criterios supremacistas de estas religiones han persistido en la
formación cultural -religiosa, ética, política, económica y social- que ha
estructurado la psicología social de los orgullosos “ciudadanos”
norteamericanos, hasta nuestros días.
Pero aún, es más,
porque más allá de todos estos hechos históricos que venimos
analizando, referidos al daño psicológico causado por el cristianismo a la
humanidad, existe una serie de falsas teorías filosóficas, conceptuales y hasta
revestidas de “cientificidad”, justificadoras de esa supuesta supremacía
“racial”, social y cultural blanca.
154
_____________________ Julio César Carrión Castro
VII. OTROS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL SUPREMACISMO GRINGO
El desesperado
actual supremacismo gringo-anglosajón exhibido por el delirante showman Donald
Trump, su equipo de gobierno y sus fervientes seguidores, puede entenderse como
una reacción a la pérdida de poder e influencia de la élite occidental wasp
-blanca anglosajona, protestante-establecida en Estados Unidos y otros países,
porque el poder económico y las tradicionales estructuras demográficas han
cambiado ostensiblemente: los blancos - anglosajones- constituyen en Estados
Unidos, menos del 60% de la población, mientras se va dando un gran incremento
de los latinos (superior al 18%) principalmente de mexicanos. Por ello algunos
grupos y sectores wasp buscan aferrarse, como sea posible, a sus viejos
privilegios y mantener su posición dominante.
Es importante
entender que además de los aspectos políticos y socioeconómicos atados a las
convicciones religiosas que hemos venido describiendo, existen otros factores
de índole filosófica y pseudo científicos, astutamente
empleados para tratar de garantizar un manto encubridor a la patraña
supremacista.
El supremacismo
blanco que emergió como un fundamento constitutivo de esa “gran nación”, a
partir del exterminismo, la reducción y el desprecio de los pueblos
originarios, de los negros cazados en África e importados como mano de obra
esclava y del expansionismo territorial colonialista, hoy se complementa con
unos precarios, rudimentarios y elementales discursos x e n ó f o b o s , h e r
e d a d o s d e l p r o c e s o colonizador y “civilizatorio” europeo, que hoy
esgrimen contra las corrientes migratorias de gentes, principalmente de Asia y
la América Latina, que buscan llegar a sus territorios.
Las bases
“filosóficas” del racismo y el supremacismo
El racismo y el
supremacismo étnico y cultural no ha sido potestativo, exclusivo o
característico solamente de las expresiones y organizaciones políticas de
extrema derecha. Prácticamente desde sus orígenes el
ideario del Racionalismo y la Ilustración se sustenta en tesis euro céntricas
racistas, supremacistas y esclavistas.
Las diferencias
fisiológicas, étnicas y culturales de los seres humanos, han sido s i e m p r e
u n r e t o p a r a a l c a n z a r l a convivencialidad, lo que ha llevado en
muchísimas oportunidades a propiciar el maltrato, la subordinación y hasta el exterminio
de pueblos y culturas enteras consideradas “diferentes”.
Podemos encontrar
el racismo en épocas remotas de la historia, pero el racismo “moderno” empieza
a formularse filosófica, conceptual y hasta “científicamente” durante el siglo
XVIII, precisamente en las épocas de la Ilustración y la modernidad.
Como acontece con
los planteamientos de la teoría “democrática” de la filosofía griega, que no
ponen en cuestión la cotidianidad de la sociedad esclavista y misógina en que
surgieron, de la misma manera encontramos la justificación y apología del
racismo, en muchos de los más importantes filósofos de occidente como Voltaire,
Hume, Kant, Hegel o Schopenhauer, entre muchos otros,
quienes con su calificada insistencia en análisis y elucubraciones filosóficas
acerca de la razón, la igualdad, la tolerancia y las normas para el bien vivir,
enteramente abstractas, pero alejadas de la cotidiana realidad política,
cultural y social basadas en la misoginia y el racismo.
En realidad, la
mayoría de pensadores europeos de la época sostuvieron una visión racista y
eurocéntrica de la diversidad humana.
Es importante
destacar que el racismo de estos pensadores debe entenderse en el contexto de
su época, la cual coincidió con la expansión colonial, el comercio de esclavos
y el surgimiento de la ideología racial moderna. La Ilustración, si bien
impulsó ideas progresistas, también proporcionó las bases
"racionales" para justificar la superioridad europea y la explotación
colonial. La construcción de un racismo moderno se basó en clasificaciones
pseudocientíficas que buscaban legitimar la desigualdad racial y la dominación.
155
_____________________ Julio César Carrión Castro
Pensadores e intelectuales considerados propiciadores de los cambios que
llevaron a la caída del 'ancien regime' -el antiguo régimen- señorial y feudal;
a la revolución francesa y a la instalación del nuevo sistema político,
económico y cultural, basado en la instauración de los llamados “Derechos
Humanos”, las garantías sociales y el r e s p e t o p o r l a “ d i g n i d a d
h u m a n a , presentaron planteamientos y tesis de carácter racista en muchos
de sus escritos, para contribuir al posicionamiento de los blancos europeos
como superiores al resto de las culturas y civilizaciones.
Respecto al racismo
de estos pensadores, por ejemplo, como François Marie Arouet - Voltaire-
(París1694-1778), forjador incuestionable de la mitología de la Ilustración,
están comprobadas, no solo sus opiniones sobre las personas negras y los
judíos, sino su efectiva participación y beneficio en la trata de esclavos.
Parece ser que
Voltaire estaba obsesionado con las diferencias culturales y raciales que
consideraba fijadas por una herencia inmutable. Argumentaba que las personas de las diferentes razas estaban naturalmente ordenadas en una
jerarquía en la que los blancos ocupaban la parte superior y los negros la
base. Decía: "la raza negra es una especie de hombre diferente a
la nuestra". Sostenía que los blancos "son
superiores a los negros, al igual que los negros son superiores a los monos, y
los monos son superiores a las ostras"; que "las narices chatas, los
labios gruesos, las cabezas lanudas y la medida de sus intelectos, marcan una
diferencia prodigiosa entre los negros y otras especies de hombres".
Si bien es cierto,
Voltaire denunció -en su obra “Cándido o el optimismo” y en
otras- el maltrato y la violencia de la esclavitud, señalando a la supuesta
cultura superior de los europeos por obligar a los esclavos a "trabajar
como bestias de carga, y los alimentan mal; si intentan huir, les cortamos una
extremidad; los obligamos a girar con la fuerza de sus brazos los ejes de los
molinos de azúcar, después de haberles equipado con una pierna de madera".
A pesar de tales denuncias, Voltaire, asumía la esclavitud como algo normal y
corriente, nunca abogó por su auténtica abolición.
157 _____________________ Julio César Carrión Castro
Así mismo encontramos en Emanuel Kant ( 1 7 2 4 - 1 8 0 4 ) p o s t u r
a s r a c i s t a s y ponderadoras del supremacismo blanco. Por citar solo
algunas de las más despiadadas frases contenidas en la obra de Kant sobre la
gente no blanca, tenemos estas:
(…) “La
humanidad alcanza su máximo grado de perfección en la raza blanca. Los indios
amarillos tienen un talento algo menor. Los negros son mucho más inferiores, y
el más bajo de todos forma parte de las razas americanas”.
(…) “Los
blancos contienen todos los impulsos de la naturaleza en afectos y pasiones,
todos los talentos, todas las disposiciones hacia la cultura y la civilización,
y pueden obedecer tanto como gobernar. Son los únicos que siempre avanzan hacia
la perfección” .
(…) “Los
negros de África, por naturaleza, carecen de sentimientos que superen lo
ridículo.
Tan esencial es la
diferencia entre estas dos razas humanas, que parece ser tan grande en cuanto a
las capacidades mentales como en cuanto al color” “… los
negros no pueden gobernarse a sí mismos. Por lo tanto, solo sirven como
esclavos”.
C o m o b i e n s a
b e m o s , f u e r o n l o s planteamientos ilustrados de este tipo de grandes
filósofos, los que aportaron las bases teóricas centrales para la constitución
de la llamada democracia liberal con que la burguesía habría de sustituir finalmente
al sistema monárquico y feudal.
E n p r i n c i p i
o e s e p e n s a m i e n t o revolucionario-liberal (en la línea de los
grandes autores del racionalismo, ilustrados y enciclopedistas como los
citados, y otros como John Locke, Montesquieu, Adam Smith, Alexis de
Tocqueville que, de alguna m a n e r a , m o l d e a r o n l a h i s t o r i a
contemporánea) es considerado como fundamento y cuna de las libertades del
individuo, contra el absolutismo político, el i n t e r v e n c i o n i s m o e
c o n ó m i c o y l a i n t o l e r a n c i a . D e e l l o s n a c e e s a
fundamentación teórica del «individuo», ese sujeto, nominalmente libre que
estatuyó el liberalismo; ese ser metafísico y abstracto, esa extraña entelequia
que señalara Mijail Bakunin: “Ese individuo humano solitario y abstracto -que en realidad- es una ficción, semejante a la de
dios, pues ambas han sido creadas simultáneamente por la fantasía creyente” (…)
Para estos
revolucionarios liberales, la libertad absoluta es concebida como una especie
de paraíso perdido que la humanidad debería haber dejado atrás al pasar del
estado de naturaleza al estado de sociedad. Como señala Bakunin, ni los propios
liberales creen en esa ficción, en esa mitología, del llamado “Contrato
social” establecido por Tomás Hobbes, John Locke, Jacobo Rousseau y
otros: es fácil entender que todos los Estados se han fundado sobre la
violencia y no sobre supuestos pactos libremente acordados.
Estas ideas
filosóficas, además respaldadas por las triunfantes revoluciones burguesas,
gozaron de una gran difusión en el naciente mundo estructurado de los pueblos
que se fueron “independizando” hacia el nuevo modo de producción liberal
burgués.
Pero fue
precisamente bajo la imposición de dichas teorías liberales, cuando la
esclavitud, el supremacismo blanco y el eurocentrismo
alcanzaron su mayor desarrollo. Tenemos que aceptar que, a pesar de tanta
teoría demócrata e igualitaria, el racismo se consolidó como un sistema
jerárquico de clasificación de los humanos el siglo XVIII, en pleno auge de las
ideas de la Ilustración y que el racismo emergió como una manera de “explicar”
y justificar dichos procesos de colonización y explotación capitalista.
En ese proceso las
ciencias jugaron un papel de mucha importancia porque alimentaron la idea de
que las diferencias físicas entre los humanos eran definitivas y eran la base
de las diferencias culturales, intelectuales, conductuales, psíquicas y
morales, de los grupos humanos, consolidaron en el siglo XIX la idea de la
existencia real de un racismo biológico que, todavía hoy, continúan esgrimiendo
los gringos y europeos, para justificar su supuesto “derecho” a considerarse
superiores.
Es necesario
comprender esta cuestión para, así mismo, entender una de las concepciones más
arraigadas en las cosmovisiones, discursos y “argumentos” de la extrema derecha
en la mayoría de sus vertientes.
La crisis actual de la ideología supremacista
Siguiendo los
análisis efectuados por el sociólogo e historiador español Álvaro S o l e r,
- “ M a n u a l d e u n s o c i ó l o g o insociable”- estos son
los principales factores que en la actualidad han contribuido a la
crisis del supremacismo anglosajón:
- Cambio
demográfico: El crecimiento de la población latina y asiática en Estados Unidos
está alterando la composición racial del país.
- Pérdida
de poder económico: La globalización y el ascenso de economías emergentes están
desafiando la hegemonía económica occidental.
- Percepción
de amenaza: Algunos grupos blancos ven su posición dominante amenazada por la
creciente diversidad.
Además, en
prácticamente la totalidad de las expresiones de la derecha occidental se
argumenta una visión que defiende el supremacismo blanco. Es decir, la supuesta
superioridad del hombre blanco occidental, sus valores, sus
normas, sus características biológicas y su cultura frente a los demás p u e b
l o s , e t n i a s y s o c i e d a d e s n o occidentales.
De esta manera,
desde la segunda mitad del siglo XIX, en los países occidentales, el racismo, y
toda esas pseudociencias basadas en el darwinismo social y otras entelequias
teoréticas, muy difundidas, han caído como una maldición sobre las sociedades
no europeas y, lejos de considerárselas como e x c e p c i o n a l e s , o c o
m o e x t r a ñ a s concepciones racistas, necesariamente rechazables,
repudiables, se han ido convirtiendo en normas que fijan las conductas de la
mayoría de la población, en todos los ámbitos de la vida social y cultural,
incluso entre los círculos intelectuales.
Está
científicamente demostrado que los seres humanos son idénticos genéticamente
independientemente de las apariencias, las etnias, o los sitios geográficos de
donde provengan. Por tanto, las discriminaciones o señalamientos raciales o
lugares de origen no se pueden defender, pues las distintas s o c i e d a d e s
h u m a n a s h a n s i d o históricamente migrantes y está
demostrado que, si se quiere hablar de “raza”, la única existente es “la raza
humana”.
Como lo hemos
venido diciendo el racismo biológico acabó siendo uno de los pilares
fundamentales solamente de las precarias ideologías pasionales y fantasiosas,
carentes de sólidos argumentos, como el nazismo que se basó en el supremacismo
blanco y en el racismo, como lo viene haciendo el bufonesco presidente de los
Estados Unidos y otros “líderes” de la decadencia intelectual y moral del
agónico capitalismo.
Es así como el
desaforado Donald Trump, viene elaborando un reaccionario discurso d i r i g i
d o c o n t r a l o s m i g r a n t e s , p r i n c i p a l m e n t e l a t i n
o a m e r i c a n o s y africanos, en la que toda su miserable retórica se
apoya en argumentos culturales y de presunta “seguridad”, en el fondo lo que se
sigue expresando son esas pretensiones de “superioridad” y una jerarquía racial
que criminaliza y deshumaniza a las personas consideradas racialmente
inferiores.
Lo cierto es que
estas premisas se dan en los a b i e r t a m e n t e p r o
m o v i d o s g r u p o s n e o f a s c i s t a s y e n l a s c o r r i e n t e
s ultraderechistas actuales que han ha sabido articular un discurso con base a
la defensa de la cultura de la nación, una cultura que en muchos casos está
ligada a las tradiciones de la población blanca, sobre todo en países
occidentales, donde históricamente la población blanca ha sido predominante.
Trump no sólo ha
propuesto campos de detención masiva, deportaciones con programas de
remigración o expulsión, destinados a revertir los flujos migratorios, sino
que, con claras acciones de “limpieza social”, abiertamente ha realizado actos
criminales contra embarcaciones de humildes pescadores caribeños, señalando
estos bombardeos genocidas, como actos de protección, contra el narcotráfico
que tanto afecta a la “gran nación”.
Esta criminal
retórica también es defendida y promovida en Europa, con partidos de
ultraderecha como Vox en España, y muchos otros que repudian los conceptos de
unidad racial y el multiculturalismo.
Pretenden estos desaforados neofascistas que limitar las inmigraciones
mediante acciones genocidas y, blandiendo arteros “ a r g u m e n t o s ” c o m
o q u e l o s latinoamericanos, los musulmanes o los afroamericanos son más
propensos a c o m e t e r c r í m e n e s y q u e n i e g a n posibilidades
laborales a los establecidos habitantes, constituyen acciones de defensa patria
y nacional.
En resumen, el
supremacismo blanco está establecido en los grupos neofascistas, encasillados
en una cosmovisión y en una fantasiosa narrativa, carente de tesis y propuestas
serias, pero mediáticamente difundidas por una ultraderecha mundial de muy
amplia presencia.
El envilecimiento
de nuestra época
- El papel
de los showmen en esta encrucijada histórica-
Reiterando acerca
de la premonición histórica expresada por Antonio Gramsci al afirmar que, en
esta etapa agónica del sistema capitalista, cuando “el viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer”. Y que “en ese
claroscuro es cuando surgen los m o n s t r u o s ” , h e m o s d e e n t e n d
e r , precisamente, que toda esa carga mitológica de las viejas y nuevas
religiones judeo-cristianas que, adaptadas a los “tiempos modernos”, es lo que,
en este “claroscuro” de la historia, ha conducido a la esclavitud espiritual y
coadyuvado a la formación de tales “monstruos”, formando tanto a esos
“dirigentes” bufonescos, centrados en actividades eventistas, circenses y de
espectáculo farandulero, como a ese gran número de individuos proclives a la
servidumbre voluntaria y a la más cómoda aceptación de lo dado.
Pareciera que,
inexorablemente, se está cumpliendo lo vaticinado tanto por Antonio Gramsci
como por Federico Nietzsche, quien en el Prólogo de su obra “Así habló
Zaratustra” de 1881 lo expuso claramente:
La tierra se ha
vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo
empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es
el que más tiempo vive. “Nosotros hemos inventado la
felicidad” -dicen los últimos hombres, y parpadean.
Han abandonado las
comarcas donde era duro vivir: pues la gente necesita calor. La gente ama
incluso al vecino y se restriega contra él, pues necesita calor. Enfermar y
desconfiar consideran lo pecaminoso: la gente camina con cuidado. ¡Un tonto es
quien sigue tropezando con piedras o con hombres!
Un poco de veneno
de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para
tener un morir agradable. La gente continúa trabajando, pues el trabajo es un
entretenimiento. Mas procura que el entretenimiento no canse. La gente ya no se
hace ni pobre ni rica: ambas cosas son demasiado molestas.
¿Quién quiere aún
gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas. ¡Ningún
pastor y un solo rebaño!
Todos quieren lo
mismo, todos son iguales: quien tiene sentimientos distintos marcha
voluntariamente al manicomio.
“En otro tiempo todo el mundo desvariaba” -dicen los más sutiles, y
parpadean. Hoy la gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así no
acaba nunca de burlarse. La gente continúa discutiendo, mas pronto se
reconcilia; de lo contrario, ello estropea el estómago.
La gente tiene su
pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero honra la
salud. “Nosotros hemos inventado la felicidad” -dicen los últimos hombres, y
parpadean.
Nietzsche Federico
Así habló Zaratustra. Traducción Andrés Sánchez Pascual, Alianza Editorial.
Página 39.
En estos tiempos y
en este tipo de sociedades contemporáneas, en las que ya se manifiesta ese
“último hombre” que predijera Nietzsche (aquel que todo lo empequeñece
y que se asegura “su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la
noche”), en estos tiempos de conformidad y nihilismo, t e n e m
o s q u e s o p o r t a r t a m b i é n l a falsificación monstruosa de las
esperanzas, ahora presentadas bajo los bufonescos disfraces de unos líderes,
que no son más que simples showsmen, banales, figurones y
mediocres.
La idea que nos
convoca es tratar de hacer algo que pueda garantizar la supervivencia de lo
humano superando, de alguna manera, esa vergonzosa situación de mediocridad y
decadencia que nos rodea y agobia; por ello es preciso entender cómo han
llegado a sobresalir estos personajes, patéticos, mediocres y figurones,
salidos del espectáculo, de la farándula, de las entretenciones deportivas, de
la politiquería, o de ese precario quehacer supuestamente “periodístico”.
Rudolf Barho en su
libro “Reflexiones a n t e d i l u v i a n a s ” n o s e x p l
i c ó meridianamente que “la salvación del mundo implica la
entrada en vigor de otro paradigma, porque el paradigma hoy dominante se
realiza y se reproduce como una permanente amenaza al mundo y todo lo que se
hace y se aplica no son más que medidas tomadas bajo el dictado de la desmesura
cuya ambigüedad y falsedad permanecen ocultas a los ojos de quienes las
ejecutan.
Europa no está americanizada; Europa, al igual que Estados Unidos y
Japón, han entrado en la fase final del “fin de la historia”. Nietzsche expresó
una idea profunda, la de que el personaje principal de la época moderna y el
“fin de la historia” era der Schauspieler, el showman. Sería un error y una
imprecisión traducir este término alemán por su equivalente original: actor.
Carecemos probablemente de sustantivos que correspondan exactamente a su
significado, pero contamos con formas verbales que responden a la expresión
alemana: lucirse, exhibirse.
El showman se
exhibe al público, se luce ante los espectadores . Necesita de espectadores y
todo lo que hace está destinado al público, a los espectadores. Es un hombre
público que con su actuación mantiene a los espectadores en tensión y ocupa el
centro de la atención, es una persona cuya forma de vida pretende llamar
constantemente la atención del público y reclama siempre su reconocimiento. Es
el hombre del momento, el maestro de la actualidad. Todo lo que hace lo hace
para ahora mismo, vive de lo que sucede en este mismo
instante, va de un ahora a otro y de ése al siguiente porque cada instante
termina con su actuación. Su sitio es lo momentáneo.
Ta n t o l
a h i s t o r i
a o
fi c i a l
, n
a r r a d a
acomodaticiamente
por los pseudo periodistas, simples “informantes” y razoneros de los grupos
hegemónicos, como todos esos patéticos showmen, que tanto nos acosan y agobian,
con su falsa notoriedad, con sus estrafalarias actuaciones, dependen del
público y su opinión que el estado de ánimo momentáneo del público determina su
destino. Esos showmen son dueños del público mientras concite su atención y los
espectadores le concedan su admiración, pero es también un esclavo del público
ya que depende por completo de su opinión. Y como la opinión pública varía y
nada hay más variable que ella, la importancia y la popularidad del showman
disminuyen o aumentan de acuerdo con los estados de ánimo del público.
Para estos sujetos
es imprescindible mantener la atención de su “público”, mediante nuevos
espectáculos y actividades que provoquen atención, por ello
viven vociferando y haciendo alardes de una constante notoriedad.
“Todos los showmen,
tanto los cantantes, como los boxeadores, las tenistas o los políticos, luchan
día a día por el favor del público y vigilan celosamente su puesto en las
listas de popularidad. El que consigue mantenerse en los más altos puestos es
importante y se considera lo máximo. Los que están en la cumbre de la
popularidad, en los primeros puestos de las preferencias de la opinión pública,
de las encuestas, esos obtienen la admiración, son considerados h é ro e s , s
e l e s r i n d e n l o s h o n o re s correspondientes a las estrellas de la
actualidad y de la cultura.
El showman es una
figura propia del “fin de la historia”. Su esencia es la imitación. El imita,
pone en escena, dirige, presenta y realiza en pequeña escala lo que la época
como “fin de la historia” organiza a gran escala. El “fin de la historia” es la
imitación en grandes dimensiones, es una grandiosa producción de sucedáneos”.
El capitalismo actual no es sólo un potente motor que lanza al mercado
una incontable v a r i e d a d d e o b j e t o s , a r t e f a c t o s ,
informaciones y ofertas placenteras; es también, y en cierto sentido, ante
todo, un productor de vaciedad y esterilidad. Por una parte, beneficios y
confort, por la otra pobreza, tanto material como del alma y el espíritu; la
cara y la cruz de una misma moneda y, paralelamente crea estos sujetos, que son
algo así como la más clara realización de esos ideales e ilusiones faranduleras
y politiqueras.
El personaje
central de la época es el showman. Su aparición marca el final de la cultura.
Los medios de
comunicación han convertido de un día para otro a un esforzado oficinista en un
importante líder político; a una periodista casi desconocida la ascienden de
repente al puesto de novena o décimo-quinta dama del país (de la república, de
la monarquía, del imperio), la persona en cuestión acepta el rol atribuido, se
instala en él y juega a ser una dama.
Bajo ese ostentoso poder figurón y mediático se desenvuelve la historia
c o n t e m p o r á n e a , c o m o l o p o d e m o s evidenciar con suficiente
claridad en Colombia, donde gran número de sus figuras públicas y “activistas”
políticos y culturales, son el resultado de esas promociones publicitarias y
mediáticas que suelen presentarlos como personajes calificados e
irremplazables, no solo en sus actividades culturales, deportivas,
“periodísticas” o como influencers, sino que ahora lamentablemente nos los
presentan como s u j e t o s a p t o s p a r a e l m a n e j o y administración
de lo privado o lo público.
Cualquier mediocre
personaje con algo de información, cualquiera de esos oscuros youtubers que
tanto acosan y fastidian, sustituye ya a aquellos que antaño tenían una
formación calificada o eran realmente ilustrados.
El problema real
que se abre no es saber si en Norteamérica, y en todos estos países sujetos a
la órbita de su influencia cultural, política y social, existe una “nueva
civilización”, una “nueva cultura” - incomprendida aun-, y si esta nueva
civilización y cultura, supuestamente más a v a n z a d a t
e c n o l ó g i c a m e n t e , e s t á invadiendo de manera irreversible a
Europa y a un mundo ahora de carácter unipolar, sino saber cómo hacer frente a
estos procesos pertenecientes ya a la decadencia y agonía del capitalismo
tardío que ahora pretende remitologizarse.
Esa cultura
anglosajona, con el peso de su enorme producción económica, está obligando a
Europa y al mundo, a una transformación de su base no solo económico-social,
sino, cultural. Entender si, como lo asevera Rudolf Barho, esa
"prepotencia" norteamericana, si esa presunción supremacista gringa,
“está creando una transformación de las bases materiales de la civilización, lo
que a largo plazo (y no muy largo, porque en el periodo actual todo es más
rápido que en los periodos pasados) llevará a una transformación de la
civilización existente y al nacimiento de una nueva.
Es necesario,
repito, tratar de entender cómo… “esos elementos de vida que hoy se difunden
bajo la etiqueta americana, son apenas los primeros intentos a tropezones,
debidos, no ya al "orden" que nace de la nueva
base que no se ha formado aún, sino a la iniciativa de los elementos déclassés desde
los inicios de la actuación de esta n u e v a b a s e . L o q u e h o y s e l l
a m a americanismo es en grandísima parte un fenómeno de pánico social”
Ese “pánico social”
tiene como resultado la p r o p a g a c i ó n d e l f a s c i s m o y a
institucionalizado, de esa democracia fascista, de ese demofascismo que
ostentan ya abiertamente los gobiernos de Occidente, que consideran como
fundamento de sostenimiento ideológico, social y cultural el impedir la
propagación de migrantes en sus territorios, a fin de preservar su supuesta
unidad.
Mientras miles de
seres humanos son arrojados diariamente, por la miseria y la desesperación, a
las costas y fronteras de los países ricos, donde los muy religiosos pobladores
de estas latitudes los rechazan, continúa alimentándose la maquinaria mediática
y pseudo periodística de estar contribuyendo a la defensa de la libertad, de la
justicia y de la democracia y, esos pobladores, ya subsumidos en la mentalidad
supremacista, creen estar haciendo lo correcto.
VIII. EL MITO DE LA DEMOCRACIA NORTEAMERICANA
-Los advenedizos
migrantes y el Cristo-fascismo-
Los herederos de
esas grandes mesnadas de migrantes, refugiados de ayer en estas tierras
americanas, los legatarios de esos crueles cristianos esclavistas, despojadores
de tierras y exterminadores de indígenas - acciones que realizaron en el nombre
de dios, a sangre y fuego, y que aún asumen como incomparables hazañas épicas,
que dieron origen a esa gran nación-; esos d e s p i a d a d o s “ p e r e g r
i n o s ” , e s o s reconstructores y reformadores religiosos, esos mismos
perseguidos y desplazados de ayer, que decían buscar crear un pueblo de santos,
esos migrantes de ayer, supuestos fabricantes de una nueva “democracia”, así
como todos esos crédulos de unas pseudociencias racistas y del darwinismo
social en boga, todos esos despistados gringos y europeos, hoy repudian a los
migrantes que llegan, como llegaron ellos, buscando un mejor futuro.
Los nuevos “peregrinos” y migrantes, son denominados por esos recogidos
y asilados de ayer, como intrusos o advenedizos. No aceptan a los recién
llegados porque vendrían a perturbar ese publicitado paraíso de abundancia,
comodidad y consumo que tanto les enorgullece.
Y sobre esas
precarias convicciones de p e r t e n e n c i a f a t u a , s e i m p o n e u n
generalizado pánico social promovido por los patéticos showmen gobernantes a
los despistados, ignaros e imbecilizados habitantes de sus ciudades y pueblos,
poniendo en evidencia toda esa mentalidad perturbada, petulante y fascista, que
los ha caracterizado desde siempre, pero que, en estos tiempos de decadencia y
agonía del capitalismo tardío, se ha hecho mucho más poderosa, peligrosa y
evidente, como se puede ver con esos grandes y pequeños showmen que hoy tienen
una enorme presencia en el mundo, como el propio presidente norteamericano
reelegido, Donald Trump, el actorzuelo impuesto presidente de Ucrania,
Volodímir Zelenski, el fracasado golpista y pastor religioso, Jair Bolsonaro,
el servil carcelero imperial que
169 _____________________ Julio César Carrión Castro
funge de presidente del Salvador, Nayib Bukele, el ridículo e
histriónico presidente de Argentina Javier Milei, o con tantos otros p e r s o
n a j e s a ú n m á s p e q u e ñ o s y despreciables, como el sombrío sujeto
ese, seguidor y vocero de Trump, racista, xenófobo, fascista e ignorante,
recién asesinado por uno de sus epígonos, Charlie Kirk, considerado ahora
publicitariamente, como un dignísimo ejemplar, patriota y cristiano creyente y
activista, portador de esa nueva noción de “democracia y libertad”, convertido
ya en una especie de mártir de la inculta derecha que se publicita como super
cristiana y supremacista gringa. El gran lingüista, filósofo y politólogo, Noam
Chomsky -nacido en Filadelfia, Pensilvania, en 1928-, precisamente a sus 96
años en el libro “El mito del idealismo americano”, escrito con Nathan J.
Robinson y publicado en abril de 2025, con total claridad pone en evidencia la
falacia de la “democracia americana”. Y acertadamente califica a Estados Unidos
de ser una "superpotencia canalla" cautivada por una "mitología
autocomplaciente".
En la introducción
de la obra afirman los autores que, “para quienes viven en
Estados Unidos, ver más allá de la mitología estadounidense del “Noble Intent”,
la 'nobleza de las intenciones', resulta de vital importancia. Quizá parezca
una obviedad afirmar que, en la política exterior, los intereses de las élites
dominantes son más importantes que los principios morales básicos”.
Entienden los
autores que estos alcances del capitalismo tardío, agonizante, moribundo ya, se
ha conseguido, no solo en esa “gran nación” sino a nivel global, gracias a los
medios de comunicación fletados a los intereses de ese moribundo poder. Así,
dicen: “La prensa norteamericana ha tenido un papel fundamental
ayudando al Estado a construir nuevos enemigos. Repetidamente, los medios
refuerzan y amplifican las doctrinas básicas de la política exterior
estadounidense, presentando nuestros actos de agresión o terrorismo como
legítima defensa y compromiso con unos inspirados ideales”.
Este libro nos
ayuda a entender cómo ha venido funcionando la farsa del idealismo
americano pregonando siempre la “defensa de la democracia y de los
derechos humanos”, esa mitología norteamericana que hemos venido analizando,
pero que en realidad oculta la búsqueda gringa de la dominación global
provocando los mayores estragos a nivel mundial, incluida la amenaza nuclear,
para, irónicamente, decir que están ofreciendo una vida más segura a sus
ciudadanos. Por ello han mantenido y p r o m o v i d o t o d o s e s o s p r e
t e n d i d o s “principios morales” y todas esas falsas narrativas épicas de
que hemos hablado.
Mitos fundacionales
interesados en el mentiroso compromiso de todos estos gobernantes con “la
difusión de la democracia,” mientras persiguen una política exterior
imperialista, amenazante, invasora, injerencista e imprudente que beneficia
exclusivamente a los grupos hegemónicos y las ocultas elites.
Refiriéndose a la
situación actual, más agresiva y amenazante para los pueblos del mundo, por
pate del exhibicionista showman Donald Trump, en la segunda parte de la obra
dicen los autores:
“La verdadera
agenda de Trump consiste en d e s v i a r f o n d o s p ú b l i c o s d e l o s
contribuyentes hacia los bolsillos de los productores de combustibles fósiles
para que puedan seguir destruyendo el planeta lo más rápido posible. Trump ha
demostrado su astucia política al explotar las pasiones más tóxicas latentes
bajo la superficie de la sociedad norteamericana. Ha fomentado hábilmente el
supremacismo blanco, el racismo y la xenofobia, que tienen profundas raíces en
la historia y la cultura de Estados Unidos, ahora exacerbadas por el miedo de
que “ellos” se apoderen de “nuestro” país en un contexto de declive de la
mayoría blanca. Este alarmismo está surtiendo efecto”.
Y esta conducta de
rebaño supremacista b l a n c a , a n g l o s a j o n a y p r o t e s t a n t e
, constituye la base caracterológica de esas mayorías electorales gringas,
prácticamente idiotizadas, que continuarán eligiendo p e r m a n e n t e m e n
t e e s o s o s c u r o s y publicitados figurones, extraídos de la cantera
politiquera y mediocre, de la farándula y la fatuidad. Publicitados bufones de
la geopolítica, impuestos por el críptico p o d e r c o r p
o r a t i v o , e m p r e s a r i a l , supranacional, que es el poder real en
los Estados Unidos y en un mundo que, deplorablemente han venido liderando.
Podemos enumerar
algunos de esos peleles y títeres, correspondientes a este angustioso período
manipulado por el imperialismo norteamericano desde la segunda guerra mundial:
como Franklin Roosevelt, Harry Truman, Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon,
Ford, Carter, Reagan, los Bush, Clinton, Obama, Biden, hasta llegar al
deplorable y delirante showman de hoy Donald Trump-. Todos ellos obedientes al
mandato del auténtico poder hermético, escondido, críptico, mafioso y
empresarial, que les obliga a seguir imponiendo a las bases, sus idealizadas
creencias, actuando siempre bajo esa mitología imperialista, cristianoide y
supremacista.
Es obvio que
tendremos que terminar reconociendo con Federico Nietzsche que, evidentemente,
la gente está marcada por la desesperación y la angustia, pero, así mismo, por
la resignación y el conformismo; “la gente continúa trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento. Mas procura que el
entretenimiento no canse. La gente ya no se hace ni pobre ni rica: ambas cosas
son demasiado molestas. ¿Quién quiere aún gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas
cosas son demasiado molestas. ¡Ningún pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo
mismo, todos son iguales: quien tiene s e n t i m i e n t o s d i s t i n t o s
m a r c h a voluntariamente al manicomio”.
Se trata de una
radical crítica de Nietzsche a una sociedad que considera haber llegado al “fin
de la historia”, en donde la “realización humana” es entendida simplemente como
un estado supuestamente pleno de comodidad y conformismo, con individuos vacíos
de conocimientos útiles a la sociedad, vacíos de aspiraciones e inquietudes
éticas o intelectuales, pero plenos de satisfacciones disgresoras,
sustitutivas, recreativas, lúdicas y distractoras que les permiten amortiguar
en algo “la angustia existencial” que c a r a c t e r i z a a l o s s e r e s h
u m a n o s contemporáneos, como lo señalara Soren Kierkegaar. Satisfacciones
triviales e insustanciales divertimentos, que les brinda el consumismo, los
espectáculos, la
172
_____________________ Julio César Carrión Castro
farandulería, los banales videojuegos y hasta la misma drogadicción ya
generalizada en estas sociedades del desespero y el espectáculo. Seres humanos
que han perdido ya toda aspiración a algo más elevado, prefiriendo la
“tranquilidad”, la “seguridad garantizada” y el fatuo entretenimiento por
encima de cualquier pasión realmente creadora y evadiendo todo tipo de riesgo.
Como puede
establecerse, se trata de la puesta en evidencia de las profundas raíces
publicistas, faranduleras y cristianas -desde sus más diversas corrientes- que
tiene el nuevo fascismo, el fascismo imperialista contemporáneo con personas de
base o
“ e l e c t o r e s
” , s u p u e s t a m e n t e “independientes”, que parecieran no admitir
líderes ni pastores, pero que en realidad constituyen un rebaño, un rebaño
totalmente
a d s c r i t o a l
a s d e l e t é r e a s t e s i s d e l s u p r e m a c i s m o a n g l o s a j
ó n q u e , abiertamente reclama esa “tranquilidad” de un mundo forjado por la
explotación y el esclavismo, haciendo hasta lo imposible por retornar eso que
el viento intentó llevarse.
Se trata, insisto,
de un fascismo plenamente cristiano, de un
“cristo-fascismo” que es ampliamente apreciado y reconocido en los distintos
estratos de la ya agónica sociedad norteamericana, pero que logra convocar,
tanto a las iletradas élites, como a grandes sectores de las masas populares.
Julio César Carrión
Castro
173
_____________________ Julio César Carrión Castro
·
Itinerario de nuestra escuela -Visión crítica de los procesos educativos
en Colombia-. Primera edición, Cooperativa Editorial Magisterio. Bogotá 1999.
Segunda edición León Gráficas Ltda. Ibagué 2012.
·
Pedagogía y regulación social -Vigencia de Auschwitz-. El Poira Editores
S.A. Ibagué 2005
·
Pedagogía, política y otros delirios - Sombras de humo- Ediciones Centro
Cultural de la Universidad del Tolima 2006.
·
La animalización integral del hombre - Paradojas de los derechos
humanos-. León Gráficas. Ibagué 2006.
·
Stultifera Navis - Reflexiones sobre pedagogía y política-. León
Gráficas. Ibagué 2009.
·
Tramas y urdimbres pedagógicas - Reflexiones sobre la educación, la
escuela y la universidad-. León Gráficas. Ibagué 2014.
·
La impronta del diablo en la mitología del progreso -Mentalidad burguesa
y razón
·
occidental-. Mar
y Tierra Ediciones.
·
Valparaiso -Chile- 2021.
·
Herramientas para pensar -Una arqueología del saber-. Ego Ludens
Ediciones. Ibagué 2024.
· El embuste de la democracia -Herramientas para pensar II-. Pijao Editores. Ibagué 2025.
· Utopía y autoritarismo. Pijao Editores. Ibagué 2025.
EL SUPREMACISMO
GRINGO
Lo que el viento nunca se llevo
Herramientas para pensar III
Julio César Carrión Castro
El Supremacismo
Gringo es una radiografía implacable del mito fundacional de Estados Unidos y
de su persistencia en la cultura contemporánea. Julio César Carrión Castro
desmonta, con lucidez histórica y rigor filosófico, la idea del “pueblo
elegido” que ha justificado guerras, desigualdades y violencias desde la
colonia hasta la era digital.
FIN

