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Libro N° 14701. El Supremacismo Gringo. Lo Que El Viento Nunca Se Llevo. Herramientas para pensar III. Carrión Castro, Julio César. Emancipación. Enero 17 de 2026

Guillermo Molina Miranda mayo 19, 2026


© Libro N° 14701. El Supremacismo Gringo. Lo Que El Viento Nunca Se Llevo. Herramientas para pensar III. Carrión Castro, Julio César. Emancipación. Enero 17 de 2026

 

Título Original: © EL SUPREMACISMO GRINGO. LO QUE EL VIENTO NUNCA SE LLEVO. Herramientas para pensar III. Julio César Carrión Castro

 

Versión Original: © EL SUPREMACISMO GRINGO. LO QUE EL VIENTO NUNCA SE LLEVO. Herramientas para pensar III. Julio César Carrión Castro

 

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Portada E.O. de Imagen Original

 

 

 

 

 

© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

EL SUPREMACISMO

GRINGO

LO QUE EL VIENTO

NUNCA SE LLEVO

Herramientas para pensar III

Julio César Carrión Castro


 

EL SUPREMACISMO

GRINGO

LO QUE EL VIENTO

NUNCA SE LLEVO

Herramientas para pensar III

Julio César Carrión Castro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EGO

 

LUDENS



EDITORIAL



  

Maestro. Licenciado en Historia y Geografía de la Universidad del Tolima. Magister en Ciencias P o l í t i c a s d e l a U n i v e r s i d a d Javeriana. Impulsor del Movimiento Pedagógico -Fecode-. Asesor y consultor del Plan Decenal de Desarrollo Educativo del Ministerio de Educación Nacional (1997-1998). Colaborador de la Revista Educación y Cultura del CEID -Centro de Estudios e Investigaciones Docentes de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode). Director y Editor de la Revista Aquelarre de la Universidad del Tolima (2002-2016). Columnista de diversos medios periodísticos en temas de Pedagogía y Política. Exdirector del Centro Cultural de la Universidad del Tolima.



 



 



 

 

 

 

 

 

 

EL SUPREMACISMO

GRINGO

 

LO QUE EL VIENTO

NUNCA SE LLEVO

 

Herramientas para pensar III

 

 

Julio César Carrión Castro



 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Julio César Carrión Castro

 

 

 

EL SUPREMACISMO GRINGO

 

LO QUE EL VIENTO NUNCA SE LLEVO

 

Herramientas para pensar III



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El supremacismo gringo

 

Lo que el viento nunca se llevo

Herramientas para pensar III

 

Primera edición, 2026: 300 ejemplares

 

c   Julio César Carrión Castro Licencia libre cc Creative Commons

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Portada: Premisa Comunicación Gráfica, César Alvis (Ibagué 2025)

 

Diseño e Impresión: Ego Ludens



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

- Sobre esta pintura............................................................ 9

 

- Prólogo................................................................................ 11

- Introducción..................................................................... 21

- Los libros y las películas........................................... 29

 

I. Lo que el viento nunca se llevo......................... 31

 

- Película “Lo que el viento se llevo”..................... 41

 

- El algodón y el tabaco en la génesis

del capitalismo norteamericano.............................. 43

- El trasfondo religioso de la historia

colonial norteamericana.............................................. 49

- Puritanos, hugonotes, cuáqueros

y sus migraciones a Norteamérica........................ 52

- El “descubrimiento” de Norteamérica............... 55

- La esclavitud establecida como un

acatamiento religioso y “progresista”.................. 61

 

II. Fundamentos del comportamiento

 

colectivo supremacista gringo......................... 77

 

- Película “La cabaña del tio Tom”......................... 87

 

- La subalternidad como proyecto político.......... 89

- El papel del Ku Klux Klan y su continuidad.. 97

- Película “Nacimiento de una nación”............... 107

- La gran “epopeya” de Búfalo Bill y

la conquista del oeste................................................ 109

- Película “Búfalo Bill”............................................... 115

- La inefable “conquista del oeste”....................... 117

- Película “La conquista del oeste”....................... 121

- Las llamadas “Guerras Apaches”...................... 123



- El “buen salvaje”, los “hermanos de sangre”

 

y la leyenda de la flecha rota............................... 126

-  La violación de los acuerdos y tratados

como política de Estado.......................................... 130

- Película “Flecha rota”.............................................. 135

 

III. El expansionismo gringo

 

en su etapa imperialista.................................. 137

 

- El expansionismo territorial

 

y los migrantes.............................................................. 143

- El destino manifiesto................................................ 147

- Película “Matar un ruiseñor”................................. 161

- Como matar un ruiseñor.......................................... 163

- Película Sacco y Vanzetti....................................... 167

- El caso Sacco y Vanzetti........................................ 169

 

IV. La adaptación de la política a los

 

imperativos religiosos....................................... 173

 

- Película “Amen”......................................................... 185

 

- Las leyes raciales......................................................... 190

- Nazismo y supremacismo....................................... 192

- Las leyes de Jim Crow............................................. 197

- Película “Detroit”....................................................... 201

- Estados Unidos de Norteamérica:

Una religiosa zona de confort racista................ 203

- Falacias y engañifas contra los inmigrantes . 213

- Película “Pan y rosas”............................................... 219

- El camino hacia Guantánamo.............................. 221

- Un destino para los inmigrantes “ilegales” .. 224

- Película “Camino a Guantanamo”..................... 227



VI.   La esclavitud espiritual................................. 243

 

- Sentimientos de culpa y religión.......................... 246

 

- Una neurosis colectiva.............................................. 250

- Los nuevos paradigmas de

sumisión y acatamiento............................................ 257

- El genocidio de los sionistas sobre

Palestina y la complicidad mundial.................... 259

- La fatalidad del cristianismo.................................. 264

- El núcleo perverso del cristianismo.................... 268

- La mitologización de la vida en las

sociedades contemporáneas.................................... 278

 

VII. Otros fundamentos teóricos del

 

supremacismo gringo..................................... 285

 

- Las bases “filosóficas” del racismo

 

y el supremacismo...................................................... 286

- La crisis actual de la ideología

supremacista................................................................... 295

- El envilecimiento de nuestra época.................... 299

 

VIII. El mito de la democracia

 

norteamericana.................................................. 311



 

 

 

 

 

 



 

 

  

LO QUE EL VIENTO NUNCA SE LLEVÓ 

-Sobre esta pintura -

 


El pintor e ilustrador John Gast, en el año de 1872, por mandato oficial, elaboró esta mediocre pintura alegórica llamada

 

"  A m e r i c a n P ro g re s " - E l p ro g re s o americano-, para simbolizar el supuesto 'Destino Manifiesto' de subordinación y sometimiento a los Estados Unidos, que es

 

l o  q u e  t o d o s  l o s    m a n d a t a r i o s

 

norteamericanos creen que espera a los

 

distintos pueblos y culturas del mundo.



 

 

 

El Supremacismo Gringo _________________________ 9



Considero que esa imagen resume, en gran m e d i d a , e s a re l i g i o s a p re t e n s i ó n supremacista que siempre ha acompañado a los gringos.

 

Muestra la pintura una figura femenina, una especie de hada, que personifica a Columbia -nombre derivado de Cristóbal Colón- portando como símbolos de cultura y civilización, cables de telégrafo, el ferrocarril y un libro -probablemente la “santa Biblia”- mientras, los “salvajes” nativos americanos, son empujados hacia la oscuridad. La obra glorifica también la llamada “conquista del Oeste” y en general la expansión territorial colonialista, a costa del genocidio de otros pueblos y culturas por parte de los reformistas puritanos colonizadores, los llamados “peregrinos” gringos.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10 ______________________ Julio César Carrión Castro



EL SUPREMACISMO GRINGO

-Lo que el viento nunca se llevó-

 

PRÓLOGO

 

El espejo del poder y la sombra de la historia

 

“Cada generación debe descubrir su

 

misión, cumplirla o traicionarla.

Frantz Fanon,

Los condenados de la tierra

 

He leído El Supremacismo Gringo, de Julio César Carrión Castro, y la impresión que deja su lectura es la de un trabajo escrito con una lucidez herida. No se trata solo de un texto académico, sino de un alegato espiritual y político contra una enfermedad persistente del espíritu occidental: la fascinación por el dominio. Carrión Castro no escribe desde la comodidad del observador, sino desde la incomodidad del que sospecha que las raíces del mal moderno no se encuentran fuera, sino dentro de la cultura que nos formó.

 

En este ensayo extenso, de erudición sostenida y tono apasionado, el autor indaga



 

 

 

 

 

 

El Supremacismo Gringo ________________________ 11



las capas históricas, religiosas y simbólicas q u e d i e r o n f o r m a a l a i d e o l o g í a supremacista anglosajona —la mentalidad WA S P ( W h i t e , A n g l o - S a x o n a n d Protestant)— y que aún hoy estructuran el inconsciente político de los Estados Unidos. A lo largo de sus páginas se despliega un itinerario que va del puritanismo colonial al capitalismo financiero, del Antiguo Testamento al algoritmo digital, mostrando cómo la idea de un “pueblo elegido” mutó en la fe en el éxito, y cómo la promesa de libertad terminó siendo la coartada de la dominación.

 

Carrión Castro en t i e n de que el supremacismo no es un accidente de la historia norteamericana, sino su columna vertebral oculta. Su mérito consiste en mostrar que los cimientos espirituales de esa nación no fueron democráticos, sino teocráticos. En su lectura, el origen puritano de la república estadounidense —con su teología del trabajo, su moral de la predestinación y su sentido providencial de misión— dio lugar a una forma de religiosidad secular que aún gobierna el imaginario contemporáneo.

 

El autor rastrea esa genealogía con una paciencia arqueológica. Muestra cómo la doctrina calvinista de la elección divina se transformó, con el tiempo, en la ética del éxito individual; cómo la idea bíblica del dominio sobre la tierra justificó la expansión territorial y la expropiación de pueblos originarios; cómo la esclavitud africana se vistió con ropajes de progreso, y cómo el capitalismo emergente adoptó el formato de una liturgia cotidiana. La plantación del siglo XVIII, sugiere el ensayo, fue el laboratorio del orden moderno: allí se ensayaron las formas de explotación, vigilancia y jerarquización que hoy subsisten en el mundo globalizado.

 

Uno de los grandes aportes del texto está en su análisis del papel de la cultura —la literatura, el cine, la religión— como maquinaria simbólica de legitimación. Carrión Castro no se limita a denunciar los prejuicios raciales: explica cómo el arte y los medios los han hecho amables, deseables y naturales. Con apoyo en pensadores como Siegfried Kracauer, demuestra que el cine no solo refleja mentalidades, sino que las fabrica.

 

Películas y novelas como Lo que el viento se llevó, El nacimiento de una nación o La cabaña del Tío Tom aparecen aquí como verdaderos catecismos laicos de la supremacía blanca. El sentimentalismo melodramático, la épica del amo benévolo y la moral del esclavo obediente constituyen, para el autor, una pedagogía de la sumisión. La violencia, convertida en belleza visual, se vuelve invisible. La esclavitud, revestida de ternura, se vuelve aceptable. De ese modo, la cultura se transforma en teología del orden: enseña a amar la jerarquía y a temer la igualdad.

 

En este punto, el ensayo trasciende la historia estadounidense para ofrecer una lectura del siglo XX como el siglo de la estetización de la política. Siguiendo la advertencia benjaminiana, Carrión Castro muestra cómo el poder aprendió a narrarse, cómo la imagen reemplazó al argumento y cómo el mito del héroe blanco, redentor y salvador, se infiltró en la conciencia global. En cada remake, en cada epopeya nacional, reaparece la misma fórmula: el dominador c o m o l i b e r t a d o r, e l i n v a s o r c o m o civilizador.

 

Otro eje central del ensayo es la dimensión psíquica del supremacismo. Carrión Castro, lector atento de Freud y de La Boétie, explora el territorio donde la dominación se confunde con deseo. No hay imperio que perdure sin una complicidad afectiva de los dominados, y el autor analiza esa paradoja con la agudeza de quien ha comprendido que el poder no solo se impone: se interioriza.

 

El racismo, en este sentido, no es solo un discurso, sino una estructura emocional. Se manifiesta en el orgullo, en la culpa, en el miedo y en la aspiración a parecerse al amo. El esclavo que ama su cadena —dice Carrión Castro— no es una figura del pasado, sino el modelo psicológico de la s e r v i d u m b r e m o d e r n a . L a s m a s a s , fascinadas por el brillo del poder, reproducen la lógica del vencedor incluso cuando creen resistirlo.

 

Esta lectura psicoanalítica aporta una profundidad inesperada: el autor no se limita a señalar las causas materiales del supremacismo, sino que desciende al nivel del inconsciente colectivo. Allí descubre



 

una verdad perturbadora: el racismo y el capitalismo comparten una misma pulsión libidinal, la necesidad de jerarquizar la vida. Donde hay deseo de poder, hay deseo de desigualdad. Y ese deseo, cultivado durante siglos, se expresa hoy en la obediencia voluntaria al mercado, a la productividad y al éxito.

 

Lejos de considerarlo un residuo del pasado, C a r r i ó n C a s t r o m u e s t r a q u e e l supremacismo se ha vuelto global y abstracto. En la era digital, su violencia adopta formas más sutiles: se vuelve algoritmo, frontera financiera, narrativa de salvación tecnológica. La misma lógica que justificó la esclavitud sostiene ahora el extractivismo económico, el control de datos y las nuevas guerras culturales.

 

El autor sugiere que, bajo la retórica de la libertad y los derechos humanos, subsiste una teología secular del dominio. La fe puritana en el destino ha sido reemplazada por la fe en el progreso; el látigo, por la deuda; el amo, por la pantalla. La figura del colono se ha disuelto en la del consumidor, pero su mirada sigue siendo la misma:

poseer, clasificar, convertir al otro en recurso o en espectáculo.

 

Esta es quizás la parte más provocadora del ensayo: la idea de que el supremacismo ya no tiene rostro. No necesita uniformes ni banderas; opera a través de la seducción, del deseo de pertenecer a un modelo de éxito que excluye a la mayoría. Carrión Castro lo llama “la fascinación del vencedor”: una forma de poder que ya no castiga, sino que enamora.

 

Pero el libro no se detiene en el diagnóstico. Su propósito último es ético y estético: rescatar el poder liberador del pensamiento. Frente a la estetización de la violencia, Carrión propone una estética de la lucidez. Si el mito se ha perpetuado mediante imágenes y ficciones, el pensamiento crítico d e b e r e s p o n d e r c o n i m á g e n e s desobedientes, con una contramagia simbólica.

 

Aquí el ensayo se vuelve también una invitación pedagógica. La crítica cultural aparece como el nuevo acto de resistencia espiritual: pensar contra el mito, mirar

contra la costumbre, leer contra la pantalla. Cada argumento se convierte en una grieta en el espejo del poder.

 

El autor nos recuerda que las naciones no se sostienen solo por instituciones, sino por imaginarios; que los imperios no necesitan ejércitos mientras dominen la mente de los dominados. Descolonizar el alma, en este contexto, es más urgente que descolonizar los territorios. Implica reaprender a mirar, a nombrar, a sentir fuera de la lógica del éxito y la jerarquía.

 

En los tramos finales, El Supremacismo Gringo alcanza su dimensión más humana. Carrión Castro no escribe con odio, sino con dolor. Su ensayo no es un alegato contra un país, sino contra una mentalidad que ha colonizado el mundo. Señala que el verdadero peligro del supremacismo no está en sus gestos de violencia, sino en su aparente normalidad. Vive en la vida cotidiana, en la publicidad, en el consumo, en la política del miedo, en el deseo de ser “mejor” que otro.

 

El libro, por tanto, no busca reconciliar al lector con la historia, sino despertarlo. Nos enseña que la dominación, antes de ser política, es espiritual, y que la libertad, antes de ser derecho, es conciencia. Cada capítulo nos devuelve al mismo interrogante: ¿cómo desmontar un mito que se confunde con la realidad?

 

La respuesta del autor es clara: con pensamiento crítico, con sensibilidad, con arte. Desenmascarar el mito no es solo un gesto intelectual, sino un acto de amor. Quien piensa, resiste; quien comprende, ya empieza a liberarse.

 

El Supremacismo Gringo se inscribe en la gran tradición de la crítica cultural que conecta literatura, religión, cine y política —una tradición que va de Marx a Fanon, de Benjamin a Said— para revelar que el poder necesita del mito tanto como de la fuerza. Su escritura combina el rigor del investigador con la pasión del testigo, y por ello su lectura deja una huella: incomoda, inquieta, pero también ilumina.

 

Julio César Carrión Castro logra lo que pocos ensayistas contemporáneos alcanzan: convertir la historia en un espejo ético. Su libro nos muestra que el racismo, más que una ideología, es una forma de mirar; y que desmontar esa mirada es la tarea pendiente de toda cultura que aspire a la justicia.

 

En un mundo donde la desigualdad se disfraza de mérito y la opresión de oportunidad, este ensayo se levanta como una advertencia y una posibilidad. Advierte que lo que “el viento no se llevó” fue la estructura espiritual del dominio; pero también nos recuerda que bajo ese mismo viento persiste otra fuerza: la conciencia que se niega a obedecer.

 

Leerlo es un ejercicio de descolonización interior. Es asumir que la verdadera revolución no comienza en la calle, sino en la mirada; no en la destrucción del enemigo, sino en la transformación del propio deseo.

 

Por eso este prólogo no es una invitación al escándalo, sino al estudio. A leer con el corazón alerta y la mente despierta. Porque solo desde esa lucidez —crítica, amorosa y resistente— puede empezar la verdadera libertad: la libertad de pensar sin amos.

 

Jorge Eduardo Oyuela Acosta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Introducción

 

-Literatura y cine y para pensar-

 

La invención de la escritura, desde muy temprano en la historia de la humanidad, condujo inexorablemente a la concepción de que el conocimiento es una especial riqueza, acumulable y transferible y que, como lo afirma Peter Sloterdijk, siguiendo al poeta Jean Paul debemos entender que: “los libros son voluminosas cartas para los amigos. Con esta frase estaba llamando por su nombre, tersa y quinta esencialmente, a lo que constituye la esencia y función del h u m a n i s m o : h u m a n i s m o e s telecomunicación fundadora de amistades que se realiza en el medio del lenguaje escrito”. Es decir, la palabra escrita, enfatiza Sloterdijk, es una especie de “virus contagioso” que desde sus comienzos hace más de 2.500 años hasta hoy, ha tenido un gran éxito en la construcción de amistades. Así se ha logrado que se siga escribiendo de generación en generación como si se tratase de cartas para el futuro. Ese es el encanto de la literatura, esa es la fuente inagotable de las “explicaciones”, de las reflexiones, del filosofar, pero también del imaginar, de la subjetividad, del atrapar sueños e ilusiones.

 

Pero esa intencionalidad de la palabra escrita de querer ganar amigos y escudriñar las sombras de un incierto futuro, no está l i b r e d e i n t e n c i o n a l i d a d e s , n o e s desinteresada. Todo escrito está cargado de intereses fundamentalmente de índole ideológico,  busca  seguidores,  discípulos, epígonos, adeptos, y no sólo con aquellos textos reputados astutamente como “sagradas escrituras”, sino con todos, incluso los que se presentan inocentes o “bienintencionados” que parecieran d e s l i g a d o s d e   l a  b ú s q u e d a  d e convencimientos políticos, religiosos, culturales o supuestamente científicos. Siempre ha sido así.

 

Con el advenimiento de nuevas relaciones sociales y nuevas formas de producción y de consumo, sustentadas en la explotación del hombre por el hombre, el ser humano supuestamente se fue alejando de las interesadas “explicaciones” fantasiosas,

mitológicas, religiosas, legendarias, e i n g r e s a n d o a l o q u e c r e y ó s e r e l “desencantamiento del mundo”, pero paradójicamente, cayó en otro tipo de mitologías; “explicaciones” y “razones”, esta vez comprometidas, no con la pretensión de alcanzar el Paraíso, el reencuentro con sus dioses, o un “más allá” de abundancia y de tranquilidad, sino ahora, con la idea del progreso indefinido, acá en la tierra.

 

La triunfante razón instrumental, con la creciente mejora y desarrollo de los medios técnicos y tecnológicos, logró ampliar y diversificar la labor de transferencia de conocimientos y de subjetividades que, inicialmente se expresaba solamente mediante la palabra escrita, o la literatura.

 

Ahora la dimensión de lo cultural y su transmisión y retrasmisión tiene en los medios de comunicación en las llamadas “tecnologías de la comunicación social”, - fotografía, cine, radio, televisión, video, internet, etc.-, en todo eso que Guy Debord señaló como fundamento o base de la que tan apropiadamente denominó como “sociedad del espectáculo”; se alcanzó una mayor eficiencia y credibilidad para los mensajes, hasta tal punto que es imposible entender el mundo contemporáneo sin esas t e c n o l o g í a s y m e d i o s m a s i v o s d e comunicación y manipulación. Por ello mismo debemos no sólo estudiar su participación e incidencia en la formación de las mentalidades, si no, dadas sus indeterminaciones y ambigüedades, tratar de utilizarlos en la idea de lograr cambios, a partir del análisis y estudio de algunas obras literarias y, así mismo, algunas películas pertinentes.

 

El extraño proceso de la modernidad que vivimos, con el cotidiano empleo de la comunicación colectiva, de uso y abuso de los medios de comunicación como la internet y el cine, nos exige entender sociológicamente, el papel que juegan para, así mismo, fortalecer las dimensiones, ética, estética, política y cultural en el medio en que vivimos.

 

El gran teórico alemán, crítico y analista del cine, Siegfried Kracauer, nos lleva a e n t e n d e r e l c i n e n o s o l o c o m o



entretenimiento, sino como una poderosa herramienta histórica y sociológica. Analiza Kracauer cómo las películas reflejan y, a su vez, influyen en la cultura, la política y las estructuras sociales.

 

Como ningún otro intelectual, Kracauer entendió cómo esas nuevas tecnologías de la información y el entretenimiento, prohijaban la aparición de unos nuevos sujetos y la formación de la que llamó “una cultura de empleados para empleados”, la formación de esos novedosos y, hasta entonces extraños, individuos que tratan de escapar de la miseria, mediante la distracción y se acomodan a la idea de satisfacer nuevas “necesidades”, como los múltiples eventos y espectáculos que, por supuesto, los alejan de los intereses e m a n c i p a t o r i o s y l o s s u m e r g e n , compensatoriamente, en la banalidad de diversiones y entretenimientos sustitutorios de toda acción o reflexión críticas.

 

A partir de su análisis de las películas del expresionismo alemán, acertadamente presagia Kracauer el advenimiento masivo de esos individuos con personalidades autoritarias, de esas nuevas formas de subalternidad que iban surgiendo y circundando al hombre-masa, generadoras de los cambios y manipulación de los gustos e intereses, en fin, de esos nuevos sujetos que emergían, ya bajo el yugo de lo mediático, hasta alcanzar lo que luego sería la mentalidad autoritaria, la precaria estructura caracterológica que define a los fascistas.

 

Para Kracauer el cine refleja y a la vez moldea y define aspectos de la sociedad. “Estudiar el cine desde una perspectiva sociológica nos permite comprender mejor la sociedad en la que vivimos y cómo el cine influye en nuestra forma de pensar, sentir y actuar”.

 

Al analizar esas volátiles imágenes en movimiento del naciente cine, Kracauer nos indica que hay que descubrir en ellas no solo las sombras del pasado, sino las sombras del futuro, que el cine, como la literatura, escudriña el inconsciente social y la memoria colectiva, muchas veces oculta, o i n t e n c i o n a l m e n t e b o r r a d a , p o r l o s administradores de la cultura y los publicistas del poder.



Entrar a ese reino de los recuerdos ocultos o borrados, a esas viejas mitologías religiosas y políticas, ahora suplantadas por mitologías modernas, o adentrarse en la descripción de nuevos sueños, ilusiones y utopías sobre un mundo mejor, constituye u n r e t o i m p o r t a n t e p a r a q u i e n e s pretendemos entender la historia y labrar un futuro más consciente.

 

El cine, “esa pantalla demoniaca” que llamara Lotte Eisner, al mostrarnos todas esas fantasías, mesiánicas, religiosas, políticas, racistas, misóginas, xenófobas y supremacistas, al mostrarnos ese viejo-nuevo poder del autoritarismo y del fascismo, supuestamente derrotado, nos muestra también las posibilidades vigentes para su confrontación.

 

El cine, que siempre ha sido un espectáculo, tenemos que entenderlo, también se constituye, si queremos, en una posibilidad para ayudar a la gente a desprenderse de los viejos -y de los nuevos- mitos, y contribuir un poco a la afirmación de conciencias autónomas e individuales.


D e s d e e s a p a r t i c u l a r p e r s p e c t i v a sociológica, histórica y politológica, pretendemos ensayar la comprensión de cómo se ha formado esa mentalidad supremacista gringa, repito, siguiendo algunos libros y películas acerca de la religión, del racismo, la xenofobia, el expansionismo y el injerencismo del gobierno, y de los ciudadanos del común en los Estados Unidos de Norteamérica, particularmente en esta irreversible fase distópica y agónica del capitalismo.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS LIBROS Y LAS PELÍCULAS

 

Nos referiremos, como complemento a nuestras reflexiones, a algunas películas pertinentes a la temática tratada acerca de la formación de la personalidad autoritaria, la subalternidad y el supremacismo. Películas que vincularemos con sus códigos QR para que los eventuales lectores, asimismo, puedan ampliar las ideas presentadas.

 

1. Lo que el viento se llevó (1939)

 Dirección: Victor Fleming Guion : Sidney Howard, Oliver H.P. Garrett, Ben Hecht, Jo Swerling, John Van Druten.Basada en la novela “Gone with the Wind” de Margaret Mitchell de 1936

 

2. La cabaña del tío Tom (1927)

 Dirección: Harry A.PollardGuion: Harvey F. Thew Basada en la novela “Uncle Tom's Cabin” de Harriett Beecher Stowe

 

3. El nacimiento de una nación (1915)

Dirección: D.W. GriffthGuion: D. W. GriffithBasada en la novela “The Clansman” de Thomas Dixon, Jr.

 

4. La conquista del Oeste (1962)

 Dirección: John FordGuion: James Webb


5. Búfalo Bill (Las aventuras de Buffalo

 Bill) (1944)

Dirección: William A. Wellman

 

6. Flecha rota -Cochise- (1950)

Dirección: Delmer DavisGuion: Michael BlanckfortBasada en la novela de Elliott Arnold

 

7. Matar un ruiseñor (1962)

 Direcciòn: Robert MulliganGuion: Horton Foote. Adaptación de la novela “To Kill a Mockingbird” de Harper Lee.

 

8. Sacco y Vanzetti (1971)

 Título original Sacco e VanzettiDirección Giuliano Montaldo

 

9.  Amen (2002)

 Dirección Costa Gavras-Basada en la obra “El vicario” de Rolf Hochhutha

 

10. Detroit -Zona de conflicto- (2017)

 Dirección: Kathryn BigelowGuion: Mark Boal

 

11.Pan y Rosas (2000)

 Direcciòn: Ken LoachEscrita por Paul Laberty

 

12.Camino a Guantánamo (2006)

 Tìtulo original: The road to GuantanamoDirección: Michael Winterbottom, Mat Whitecross

 

 

 

 

 


 

I. LO QUE EL VIENTO NUNCA SE LLEVÓ

 

El término “WASP”, un acrónimo en el idioma inglés que se refiere a White, Anglo-Saxon and Protestant -blanco, anglosajón y protestante-, se ha dado a conocer, histórica y sociológicamente, como la identidad de las elites estadounidenses que se consideran superiores a las demás etnias y pueblos del mundo. Trataremos acerca del proceso histórico que llevó a ese supuesto auto convencimiento del supremacismo anglosajón; ingeniosa argucia que convoca y seduce a muchos tradicionalistas, retrógrados, dependentistas y cipayos del imperialismo gringo lo que todavía, de manera anacrónica, continúa siendo una concepción ideológica central de los tan pretenciosos como imbéciles gobernantes de los Estados Unidos de Norteamérica.

 

C o n s i d e r o q u e d e b e m o s a n a l i z a r serenamente, tanto los hechos históricos, como los actuales acontecimientos políticos y administrativos que, a nivel global, se presentan, dado que hoy son mucho más claros y evidentes, principalmente a partir del retorno de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica.

 

La idea es tratar de comprender esa demencial persecución que caracteriza tanto al gobierno como a la población establecida en las grandes urbes quienes, a pesar de sus claros orígenes históricos, basados en la colonización y migración de los más variados pueblos y culturas, persisten en querer aplicar una serie de normas restrictivas y persecutorias contra los inmigrantes de diversas nacionalidades que llegan buscando oportunidades laborales y de vida a las metrópolis y en general al territorio estadounidense, tratando de alcanzar ese “sueño americano” conque publicitariamente los han seducido.

 

Con el fin de lograr este propósito creo que debemos empezar por la pormenorizada descripción realizada por Margaret Michell en su novela de 1936 "Lo que el viento se llevó" -y la ulterior película del mismo nombre de 1939, con Clark Gable y Vivien Leigh-.

 

Margaret Michell escribió esa voluminosa novela, -que fue publicada en el año de 1936- muy afectada por las historias que sus mayores le contaban sobre la supuesta vida tranquila, sosegada y bucólica que se llevaba, antes de la guerra de secesión que, según dicha narrativa, acabó con toda la tranquilidad y comodidad que reinaba en ese idealizado mundillo algodonero. Se trata de una tediosa obra profundamente romántica y nostálgica que narra con marcada pesadumbre los supuestos estragos causados a la mentalidad tranquila y serena de un mundo sustentado en la esclavitud, el racismo y el despojo de toda dignidad y derechos a las enormes multitudes, todo por mantener la productividad de las grandes plantaciones y en general seguir jalonando esa idea de "progreso" que estableció el pujante sistema capitalista de producción.

 

En realidad, la obra trata de lo que ni el viento, ni la historia se lograron llevar; es decir de esa ideología, ese comportamiento, supremacista, misógino, racista y esclavista que caracterizaba (en realidad caracteriza) a los terratenientes, dueños de plantaciones y hacendatarios blancos. Eso que histórica y sociológicamente se ha dado a conocer con el término “WASP”, -White, Anglo-Saxon and Protestant- 'blanco, anglosajón y protestante'-; con que un pretencioso grupo, o clase social de estadounidenses de alta posición socioeconómica, piensa que, por ser descendiente de europeos, protestantes y adinerados, son superiores a los demás grupos sociales.

 

Se trata de esos cristianos-protestantes, que o r i g i n a l m e n t e s e e s t a b l e c i e r o n y expandieron como migrantes que llegaron huyendo de las persecuciones y razias católicas e inquisitoriales del viejo continente viniendo a establecerse, Biblia en mano, en estas regiones. Muchos de ellos en el sur de los Estados Unidos, donde fijaron sus costumbres y mentalidades que, luego de todos estos avatares, por simple metástasis, se ha convertido ya enteramente en la más específica retrógrada mentalidad d e t o d o s l o s g r i n g o s . Y q u e , fehacientemente, hoy muestra Donald Trump y todos sus secuaces, simplemente, porque el viento no se llevó esos caracteres que, no sólo perduran, sino que se han extendido hacia todos los orgullosos habitantes de esos territorios...



 

 

 

Esa obra es similar en muchos aspectos a la también célebre novela "La cabaña del tío Tom", de la también estadounidense escritora Harriet Beecher Stowe, quien la publicó en 1852, tratando de justificar la esclavitud, glorificando esa supuesta superioridad blanca, y publicitando y ponderando la mitología caritativista del cristianismo, como aliada del “progreso” sin fin del naciente capitalismo imperial estadounidense.

 

La añorada falsa tranquilidad bucólica y señorial de las espléndidas plantaciones, lograda realmente gracias al trabajo inhumano de los esclavos, constituye un generalizado embuste conque dicha mentalidad supremacista se ha sostenido.

 

L a g u e r r a c i v i l e s t a d o u n i d e n s e , desarrollada de 1861 a 1865, entre los estados de la “Unión” -el Norte- y los de la Confederación -el Sur-, que buscaban separarse. Ese fue el motivo de la guerra, que por ello mismo se le conoce como una Guerra de Secesión o rompimiento. No obstante, se nos ha impuesto un engañoso relato, como queriéndonos establecer que los norteños (o yankis) guiados por unas supuestas tesis emancipadoras y libertarias de Abraham Lincoln, recién elegido presidente, buscaban la libertad de los esclavos.

 

La guerra no se inició como un movimiento de liberación de los esclavos. Lincoln sólo buscaba mantener unida la nación, impidiendo la secesión del Sur. Ese era el único objetivo. Antes de la guerra, Lincoln había sostenido que la esclavitud era legal, como con claridad se exponía en la Constitución, y decía que la única manera de abolir la esclavitud era mediante acciones legales y de reforma constitucional (de alguna manera podemos afirmar que L i n c o l n t e n í a u n a v i s i ó n t a m b i é n santanderina de la historia y de las leyes). Por eso, luego de la confrontación armada, la tal Emancipación de los esclavos, sólo tuvo resultados en algunos sectores, manteniéndose incólume la esclavitud en gran parte del territorio.

 

En todo caso la guerra se libró entre los señores sureños o Confederados y los señores norteños o Yankees -término

 

tomado de los migrantes holandeses que literalmente denominaban despectivamente a los colonos provenientes de Inglaterra, como “Janke” (“juanitos”). En todo caso, tanto los ricos señores sureños, como los ricos señores norteños, ese empresariado parasitario de terratenientes racistas, supremacistas, esclavistas y con ínfulas de superioridad, contaban con la “chusma” requerida para su guerra. Los confederados contaban, como claramente lo establece la n o v e l a , c o n “ e s c l a v o s , a l g o d ó n y arrogancia”.

 

La obra se entretiene en una amplia serie de bobaliconas escenas de amor y romance, de acciones específicas de Scarlett O'hara, - Vivien Leigh en la película- la protagonista, que se nos presenta como una mujer muy bella, amada y buscada por todos los hombres, pero que en realidad es autoritaria y manipuladora, fuerte, y por ello mismo poco estimada por la pacata “gente de bien”, cargadas de etiquetas y de “buenas maneras”. Tras todas estas complejas situaciones y avatares, enternecedores si se quiere, se esconde y persiste la idea del supremacismo, de esa “voluntad superior”, de que también hablara Hitler- con que nos presenta a los propietarios de las grandes y bellas plantaciones algodoneras, sostenidas gracias al trabajo esclavista.

 

Se suponía que, al ser derrotado el sur, sus tesis y mentalidades, nunca volverían a levantarse, pero, realmente, el sur, su m e n t a l i d a d - p r e s u n t u o s a , r a c i s t a , esclavista, supremacista-, nunca fue derrotada y, por el contrario, se regó por toda la federación americana, como una metástasis, como un cáncer, y hoy contemplamos el triunfo póstumo de esa d e p l o r a b l e p s i c o l o g í a e n t r e l o s estadounidenses, para quienes “el dinero sigue siendo lo más importante del mundo” y, aunque corruptos, mantienen la formalidad y las “buenas maneras”. A fin de c u e n t a s , p a r a l o s e s t a d o u n i d e n s e s promedio, “Tara”, la plantación simbólica de ese poder de la riqueza en la obra, esa placentera hacienda, nicho de tranquilidad y belleza incomparables, -que ya es una empresa de explotación abiertamente capitalista y no feudal-, sostenido en el trabajo de los humildes esclavos para bien de los acomodados propietarios, realmente no se perdió, sino que pervive en la mentalidad presuntuosa e imperialista de los supremacistas gringos.

 

Resignadamente, en los apartes finales de la obra, y del film, se nos dice que es algo imposible, que “no puede corregirse el pasado”. Pasado que no han querido corregir ni superar, pero que, si han sabido repetir y reiterar, en muchísimos casos de p e r s e c u c i ó n r a c i s t a , c o l o n i a l i s t a , imperialista, que los “distintos” gobiernos de los Estados Unidos de Norteamérica, de manera sistemática, han continuado realizando y que podemos seguir e investigar.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Supremacismo Gringo ________________________ 39



 



PELÌCULA “LO QUE EL VIENTO SE LLEVÒ”

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El algodón y el tabaco en la génesis del capitalismo norteamericano

 

En los capítulos 23 y 24 de su obra “El Capital”, Carlos Marx explica los secretos de la llamada “acumulación originaria” del modo de producción capitalista. Hace un detallado recuento histórico de cómo, en Europa, fue expropiada la población rural de la tenencia del suelo, asimismo narra de qué manera se estableció una serie de leyes coercitivas, toda una acomodaticia jurisprudencia criminal que los propietarios de los medios de producción utilizaron contra los trabajadores, contra esas mismas masas de expropiados. Normas que lograrían -bajo el velo sutil de la legitimidad y la “legalidad”-una pormenorizada tarea de precarización laboral, social y cultural de los sectores populares. Marx establece cómo se fue dando la superación del viejo régimen feudal, mediante la constitución de los mercados, la génesis del mercantilismo, d e l a p r o d u c c i ó n i n d u s t r i a l y , particularmente, nos muestra el significado del colonialismo en esos procesos de acumulación originaria del capital, f e n ó m e n o s q u e c o n s t i t u y e r o n e l fundamento de la existencia del modo de producción y explotación capitalista.

 

Dice Marx: “La economía política confunde fundamentalmente dos clases harto distintas de propiedad privada: la que se basa en el trabajo personal del productor y la que se funda sobre la explotación del trabajo ajeno. Olvida que la segunda no sólo es la antítesis directa de la primera, sino que, además, florece siempre su tumba. En el occidente de Europa, cuna de la economía política, el proceso de la acumulación originaria se halla ya, sobre poco más o menos, terminado. En estos países, el régimen capitalista ha sometido directamente a su imperio toda la producción nacional, o, por lo menos, allí donde las cosas no están todavía lo bastante maduras, controla indirectamente las capas sociales con él coexistentes, capas caducas

 

y      p e r t e n e c i e n t e s a u n r é g i m e n d e producción anticuado. El economista aplica a este mundo moldeado del capital las ideas jurídicas y de propiedad correspondientes al mundo pre capitalista con tanta mayor unción y con un celo tanto más angustioso, cuanto más patente es la disonancia entre su ideología y la realidad. En las colonias, la cosa cambia. Aquí, el régimen capitalista tropieza por todas partes con el obstáculo del productor que, hallándose en posesión de sus condiciones de trabajo, prefiere enriquecerse él mismo con su trabajo a enriquecer al capitalista. En las colonias, se revela prácticamente, en su lucha, el antagonismo de estos dos sistemas económicos diametralmente opuestos. Cuando el capitalista se siente respaldado por el poder de la metrópoli, procura quitar de en medio por la fuerza el régimen de producción y apropiación basado en el propio trabajo. El mismo interés que en la metrópoli mueve al sicofante del capital, al economista, a presentar teóricamente el régimen capitalista de producción como lo contrario de lo que en realidad es, le lleva aquí, en las colonias, "tomake a cleanbreastofit", proclamando abiertamente el antagonismo de ambos sistemas de producción. Para ello, se detiene a demostrar cómo el desarrollo de la fuerza social productiva del trabajo, la cooperación, la división del trabajo, la aplicación de la maquinaria en gran escala, etc., son irrealizables sin la previa expropiación de los obreros y la consiguiente transformación de sus medios de producción en capital. Llevado del interés por la llamada riqueza nacional, se echa a buscar los medios más eficaces para producir la pobreza popular”.

 

Ese desperdigamiento de los medios de producción entre innumerables propietarios que trabajan por cuenta propia destruye, con la centralización del capital, toda posibilidad de trabajo combinado. Por tanto, concluye Marx, resultaba necesario, indispensable, imponer a los inmigrantes un mayor esfuerzo, introducir nuevos mecanismos de coerción laboral y retornar a la imposición de la mano de obra esclava.

 

La plantación se presenta, entonces, como un caso de especialización económica, ya e n t e r a m e n t e d i f e r e n c i a d a d e l a s condiciones feudales, ya propiamente como una manera de producción capitalista, puesto que la producción de estos grandes latifundios está dirigida al mercado exterior y no al simple consumo directo. “Es una e m p r e s a q u e b u s c a a u m e n t a r l a productividad, la especialización, las utilidades, lo cual tampoco quiere decir que sea una empresa capitalista típica”, como lo asevera Celso Furtado.

 

A lo largo de la historia, la plantación practica el esclavismo simulado o abierto - calculando en términos monetarios los costos de compra y manutención del “ e s c l a v o ” , c o m o u n f a c t o r d e l a producción- pero teniendo en propiedad de hecho o derecho a sus “trabajadores”, y cuando no practica el esclavismo, sino establece el trabajo asalariado, tiende a monopolizar todas las operaciones m o n e t a r i a s d e s u s t r a b a j a d o re s , estableciendo tiendas de raya de la propia compañía, y poniendo taxativas al llamado “comercio libre”.

 

Las empresas y las plantaciones coloniales y semicoloniales que usan ya todas las formas de explotación, y tienen una mira bien distinta a la del feudalismo, tienen un sentido monetario de acumulación y explotación, el cual se acentúa sobre todo en las plantaciones, donde la necesidad de acumulación y ampliación de capitales, de máximos rendimientos y utilidades, contrasta con los propósitos y patrones de vida del latifundista nativo o primitivo, cuyo interés fundamental es la economía de figuración, pose y prestigio, de gastos dispendiosos, en mansiones, palacios, fiestas, banquetes, con una amplia servidumbre doméstica, todo eso que se ha  conocido como el régimen señorial hacendatario con sus gamonales y grandes mesnadas de clientes, -individuos, libres y esclavos, dispuestos a su servicio-, eso que conocemos como “clientelismo”, tan característicos de los señores latifundistas coloniales y semicoloniales, heredados del régimen colonial, señores dueños de las plantaciones, en los que pervive el interés de figuración y prestigio, más allá de la simple acumulación monetaria.

 

Así el capitalismo va fortaleciéndose también con estas poderosas y orgullosas “burguesías nacionales” en sus territorios ultramarinos y coloniales, cumpliendo el ineludible tránsito del feudalismo al capitalismo, característico en la evolución económica europea, con sus sanguinarias acciones de despojo y explotación en sus colonias, pero ahora veladas, simuladas, bajo el discreto manto de quehaceres piadosos y cristianos.



 

 

 

 

El trasfondo religioso de la historia colonial norteamericana

 

Tenemos que entender que grandes acontecimientos de trascendencia histórica como la Reforma Protestante contra el omnímodo poder del papado, expresado en la venta de las llamadas “indulgencias” -un supuesto trámite que cumplían las jerarquías católicas ante el supuesto dios, para obtener el, también supuesto, definitivo perdón de los pecados pero engrosando las arcas de los representantes de dios acá en la tierra-, así como el tráfico de diezmos, ventajas y canonjías a los consentidos y a quienes podían pagar a la jerarquía y a la clerigalla, las persecuciones y torturas del llamado Santo Oficio de la Inquisición a todos aquellos acusados de ser renegados, disidentes, brujas o herejes, y muchos otros atropellos realizados por “la Santa Madre Iglesia” pontificia y romana, en contubernio con las distintas monarquías europeas, fueron las causales, no solo de esas duras expresiones reformistas, sino de los grandes movimientos migratorios que f u e r o n l a n z a d o s h a c i a l a s t i e r r a s americanas.

 

La Reforma fue una profunda crisis al seno d e l c r i s t i a n i s m o h e r e d a d o d e l constantinismo, fue orientada por líderes como Martín Lutero en Alemania, Jean Calvino en Francia, Ulrico Zwinglio en la Europa central y otros, asimismo, el “Santo oficio de la Inquisición” y la llamada Contrarreforma española liderada por Ignacio de Loyola y su grupo militar-religioso denominado “Compañía de Jesús” -Precisamente una especie de compañía militar, encargada de confrontar los disidentes y reformistas-.

 

Todos estos fenómenos de rebeldía y contra rebeldía religiosas, sumados a las múltiples formas de opresión establecidas por los gobiernos feudales y monárquicos, llevarían a las llamadas guerras campesinas de mediados del siglo XVI, principalmente en Alemania, todos estos fenómenos, provocaron ese enorme proceso migratorio hacia el recién “descubierto” territorio americano.

 

El nuevo movimiento reformista y evangélico habría de extenderse por todo el viejo continente; las nuevas enseñanzas se difundirían ampliamente, tanto en los dispersos núcleos urbanos como en las más remotas aldeas y villorrios y, por ende, junto a esa rebeldía, se extenderían también, las persecuciones y con ellas el temor de inmensas capas de una asustada población que, no obstante, seguía defendiendo la necesidad de vivir bajo las leyes y preceptos establecidos por el cristianismo, ahora expresado en muchas sectas y corrientes.

 

El enorme proceso de rebeldía contra el poder de Roma, así como el rechazo contra la inmisericorde explotación ejercida por los señores feudales, llevaría a mediados del siglo XVI, a las Guerras campesinas y demás levantamientos e insurrecciones que se desarrollaron principalmente en Alemania, incluso a pesar del propio Lutero y demás reformistas.

 

Podemos colegir que las duras críticas doctrinales efectuadas contra la vieja Iglesia católica romana, reforzaron en general la crítica contra el propio régimen feudal y señorial, abriendo caminos para los levantamientos campesinos y en general populares, que llevarían al fortalecimiento del nuevo modo de producción ya de carácter burgués.

 

 

Puritanos, hugonotes, cuáqueros y sus migraciones a Norteamérica

 

El hostigamiento, el acoso, la cacería de personas, en general la intolerancia religiosa y política, con sus mazmorras, calabozos, tormentos, torturas, hogueras, juicios de dios, patíbulos y horcas, no eran potestativos únicamente de la religión romana, sus jerarcas y su santa inquisición, sino de todas las doctrinas religiosas, incluidas las nuevas o reformistas, ansiosas de instaurar sus propios dogmas y sus propios métodos de tortura y opresión, sólo que ahora en nombre de la auténtica “verdad”, porque, como lo afirma Emil Cioran: “No hay seres más peligrosos que los que han padecido por una creencia: los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a los que no se les cortó la cabeza”.

 

El período de la colonización europea de América del Norte se extiende desde finales del siglo XV. Inglaterra, Francia, España y la República Holandesa desarrollaron expediciones de colonización.

 

Como lo venimos afirmando, los colonos europeos provenían de diversos grupos sociales y religiosos e incluía, además de los seguidores de estas confesiones, aldeanos, sirvientes, artesanos, agricultores, trashumantes, vagabundos, sirvientes, aventureros, pícaros, delincuentes, y muchos otros desocupados, parias, desechos sociales y, en general toda esa subcapa social que hoy designamos como el lumpen.

 

Los colonos provenían de diversas regiones europeas como Inglaterra, Francia, Holanda, Suecia, Finlandia. Se trataba de los “hugonotes”-como se denominaba a los protestantes seguidores de Calvino-, los "puritanos" -nombre que se daba el grupo de los protestantes ingleses que pretendía, precisamente "purificar" el cristianismo que había sido corrompido por la Iglesia católica e incluso por otras reformistas-, así como por los “cuáqueros” -La palabra "quaker", que en inglés significa "temblor", hace referencia al fervor religioso que los integrantes de estos fanáticos grupos expresaban mediante una especie de convulsiones de carácter místico-.

 

Los hugonotes, los cuáqueros y los puritanos, junto a católicos y seguidores de otras corrientes y sectas se asentaron en las nuevas colonias con el propósito de construir esa “tierra de santos” que les anunciaban sus intereses milagreros y mercantilistas.

 

Los colonos puritanos pilgrims (padres peregrinos) -así se denominó a los grupos de calvinistas o hugonotes, que vinieron a territorio americano huyendo de Inglaterra por la persecución de la religión anglicana, considerada oficial de la Corona británica, que encarcelaba a quienes no tuvieran esa confesión religiosa - llegaron a ser mayoritarios en el abigarrado conjunto de los migrantes originarios.

 

Este grupo protestante de los puritanos, jugó un papel crucial en la colonización de Norteamérica, estableciendo las colonias de Nueva Inglaterra -inicialmente denominada Nueva Ámsterdam- con el propósito de crear una sociedad basada teóricamente en una especie de cristianismo original, separados de la Iglesia oficial . Su migración, sería conocida como “La Gran Migración”, ocurrió entre 1620 y 1640. Se trataba de personas que huyendo de la persecución religiosa buscaban establecer ese cristianismo original en el Nuevo Mundo, buscaban crear, según sus acendradas creencias, una “tierra de santos”.

 

El “descubrimiento” de Norteamérica

 

Según la historiografía eurocéntrica, el 12 de octubre de 1492 el navegante genovés Cristóbal Colón, mercenario al servicio de la Corona de Castilla, llegó a las costas de lo que él pensó era la India pero que a la postre r e s u l t ó s e r u n c o n t i n e n t e n u e v o , desconocido aun para los europeos, por ello a sus habitantes se les empezó a llamar “indios”.

 

La ambición era el motor principal de estos grupos cristianos “descubridores”, más que el interés de evangelizar y salvar a los pueblos.

 

Como lo establece la profesora Sofía Reding Blase en su libro “El buen salvaje y el caníbal”:

 

“Obsesionado con la idea de encontrar riquezas, Colón nos mostrará tierras cuyos signos indican siempre la proximidad del oro, del imperio del Gran Kan o de la maravillosa isla de Cipango. Sólo a momentos se le escapan exclamaciones de sorpresa y admiración: Son estas islas muy verdes y fértiles y de aires muy dulces, y puede haber muchas cosas que yo no sé, porque no me quiero detener por calar y andar muchas islas para fallar oro. Y pues estas dan así señas que lo traen a los brazos y a las piernas, y es oro porque les amostré algunos pedazos del que yo tengo, no puedo errar con la ayuda de Nuestro Señor que yo le falle adonde nace (Diario de Colon, 15.10.1492)”

 

Cristóbal Colón, en sus diarios, afirma haber llegado a las tierras del Gran Kan, y que sus habitantes, por tanto, son los caníbales. No afirma directamente que estos “indios” sean caníbales, en el sentido de c o m e d o r e s d e c a r n e h u m a n a o “antropófagos”, pero asume que ese grupo de indígenas que se reconocen como "Caribes" o “caniba”, practican la antropofagia supuestamente.

 

De esta manera se propaló el señalamiento, la anatematizadora idea del canibalismo de los habitantes originarios de estas latitudes, de los indios. Narrativa que sería replicada y aumentada en esa pacata e ignorante sociedad europea, para justificar el odio, el constante maltrato y el repudio hacia los p u e b l o s v e n c i d o s , e x p r o p i a d o s y humillados por los “civilizados”.

 

Tres naves, dice el acomodaticio relato historiográfico, La Niña, La Pinta y La Santa María, carabelas puestas al servicio de los llamados “Reyes católicos” de Castilla y Aragón, fueron las primeras en abrir el camino a esas grandes y variadas mesnadas de los expulsados y migrantes europeos a estos mares y regiones.

 

A lo largo de los siglos XV y XVI, “con la cruz y con la espada”, se realizó la cruenta conquista española, portuguesa y de otras metrópolis y centros europeos, de los territorios americanos. Sangriento proceso de “conquista” que se efectúo en toda la América: Suramérica, Centroamérica,las islas del mar Caribe y, gran parte de Norteamérica.

 

Juan Ponce de León fue uno de los primeros europeos en llegar al territorio que hoy conocemos como Estados Unidos ya que fue quien supuestamente “descubrió” la Florida, a la que dio su nombre en 1513 como posesión de la susodicha Corona española. Durante el resto del siglo XVI los españoles hicieron múltiples expediciones que serían sucedidas por los colonizadores ingleses, holandeses y de otras regiones europeas.

 

En el año 1564 un grupo de seguidores de la corriente protestante calvinista (los llamados hugonotes) que huyeron de Francia e Inglaterra por las persecuciones a que fueron sometidos por los diversos credos religiosos, sus gobernantes y jerarcas, se establecieron en el territorio americano. Pedro Menéndez de Avilés funda la ciudad de San Agustín, el primer asentamiento español y europeo en lo que luego sería los Estados Unidos.

En 1583 la Reina Isabel I de Inglaterra otorgó autorización al corsario Walter Raleigh para fundar una colonia al norte de La Florida, la cual se llamaría Virginia, en honor a la reina Isabel I -conocida como “la reina virgen-. -No podemos perder de vista que los piratas o corsarios ingleses, como Francis Drake, realizaron numerosas expediciones inglesas contra España y sus colonias, que este personaje llegó a ser nombrado “Sir”, o caballero, por la propia Isabel I y que ha sido considerado por la tradición inglesa como un héroe y patriota-. Esta región de Virginia pronto se convertiría en zona de cultivos de tabaco y algodón más grande de Norteamérica. En 1606 se establecería en este territorio el primer centro productivo y mercantil inglés: la Compañía inglesa de tabaco de Virginia.

Llegarían muchos otros grupos tanto de religiosos como de gentes del común, aldeanos, provincianos, maleantes, penitenciarios, corsarios y demás sectores sociales migrantes que, para no sufrir las vejaciones en sus lugares de origen, soportarían el largo viaje y, hasta diversas enfermedades y otras contingencias, como algunos ataques de los indígenas a quienes llegaron orgullosamente a desplazar, esclavizar y exterminar en su imparable ambición de tomar las tierras y riquezas de los primitivos pobladores e implantar esa nueva cultura mercantil y cristiana, con sus etéreos ideales de “progreso”.

 

En resumen, el puritanismo fue un movimiento migratorio de protestantes que surgió en la Inglaterra del siglo XVI con el objetivo de transformar la sociedad en un organismo sustentado en su visión reformista de la Iglesia de Inglaterra superando, según decían, los viejos rezagos del catolicismo.

 

La mayoría de los ingleses de la época eran protestantes calvinistas y simpatizaban plenamente con los ritos y pareceres puritanos. Las formas y ceremonias litúrgicas propuestas contra los rituales tradicionales, constituían los principales temas de controversia, la idea era superar todo eso que consideraban la decadencia católica del cristianismo.



 

 

 

 

 

 

 

 



La esclavitud establecida como un acatamiento religioso y “progresista”

 

Estos variados grupos, en especial los “puritanos”, se aplicaron en cumplir a cabalidad, no solo el ideal del progreso e s t a b l e c i d o p o r l a c o n q u i s t a y l a colonización, sino que, profundamente convencidos de su ideal de formar una “tierra de santos”, siguiendo los mandatos y preceptos de su credo bíblico explotaron, esclavizaron, evangelizaron, cristianizaron y exterminaron a los pueblos originarios.

 

La inmensa mayoría de los puritanos, empezando por su clerigalla y sus fanáticos creyentes, creían -creen aun- que la existencia de la esclavitud es un hecho necesario, válido y reconocido, tanto en la Biblia como en los textos confesionales y sagrados, promovidos por sus teólogos y pastores.

 

Efectivamente, hay pasajes y versículos de las denominadas “sagradas escrituras” que justifican y avalan la esclavitud y el vasallaje como algo natural establecido por mandato divino.

 

Así en Levítico 25:44-46 se lee:

 

“Así tu esclavo como tu esclava que tuvieres, serán de las gentes que están en vuestro alrededor; de ellos podréis comprar esclavos y esclavas. También podréis comprar de los hijos de los forasteros que viven entre vosotros, y de las familias de ellos nacidos en vuestra tierra, que están con vosotros, los cuales podréis tener por posesión. Y los podréis dejar en herencia para vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria; para siempre os serviréis de ellos; pero en vuestros hermanos los hijos de Israel no os enseñorearéis cada uno sobre su hermano con dureza”.

Reina-Valera 1960

 

De igual manera, Pablo de Tarso en su epístola a Filemón sostiene la aceptabilidad de la esclavitud, aunque reclama que el amor cristiano debe envolver y orientar todas las relaciones humanas, incluyendo aquella que se da entre amos y esclavos.

 

Incluso luego de su abolición en muchos pueblos que alcanzaron una independencia relativa, la esclavitud, tal vez orientada por ese inefable “amor al prójimo” que indican los preceptos cristianos, que tan fiel y firmemente cumplen estas comunidades puritanas, fue continua y permanente durante muchos años en esa América británica desde comienzos del período c o l o n i a l y p e r s i s t i ó i n c l u s o c o n posterioridad a la propia Declaración de Independencia de los Estados Unidos, porque la importación y venta de los seres humanos atrapados, cazados, de manera inmisericorde y sanguinaria en África, seguía siendo un negocio rentable y que daba estatus a los señores hacendatarios y terratenientes, más allá de las farisaicas convicciones religiosas.

 

Durante los primeros años de asentamientos b r i t á n i c o s s e p r e s e n t a b a n g r a n d e s dificultades para convencer y retener a los trabajadores bajo las difíciles condiciones de un mundo que les era hostil, por ser diferente al conocido bajo la servidumbre feudal de sus lugares de origen.

 

La nueva economía agrícola, los nuevos productos como el tabaco y el algodón exigía mayores esfuerzos que no podían satisfacer. “En algunos casos, los criminales condenados eran transportados a las colonias como trabajadores contratados, en lugar de ser encarcelados”. Por eso, para la pujante economía naciente se hizo imprescindible la introducción de la mano de obra esclava. A los trabajadores contratados, que no eran esclavos, no se les podía coaccionar tan abierta y fuertemente como a los esclavos, dichos trabajadores se podían enfermar o retirar 'libremente', mientras que la mano de obra esclava garantizaba, -como lo ha querido siempre el capitalismo, tanto en sus orígenes, como en la etapa agónica de hoy- una más rentable y “eficiente” exacción de plusvalía.

 

Durante los siglos XVI y XVII, esa primigenia ciudad de San Agustín, fue el c e n t r o d e l c o m e r c i o d e p e r s o n a s esclavizadas en la Florida colonial española y el primer asentamiento humano que en los Estados Unidos con ingentes cantidades de africanos esclavizados.

 

Esa desmesurada ambición, ese constante interés de lucro, que impulsa el “desarrollo” capitalista, tendría una conveniente explicación y apoyo en los textos bíblicos, y contaría con la influencia teórica y praxiológica de los puritanos, que asumían, siguiendo los mandatos bíblicos, ser extremadamente misericordes y caritativos; ello significó que los esclavos recibieran un mejor trato, más “cristiano”, en la Nueva Inglaterra, mejor que en las demás despiadadas colonias algodoneras del sur. Así, por ejemplo, “en Massachusetts, la ley otorgaba a los esclavos “todas las libertades y costumbres cristianas que la ley de Dios, establecida en Israel, exige moralmente”. Como resultado, los esclavos recibían la misma protección contra el maltrato que los contratados sirvientes blancos.

 

Los primeros africanos que llegaron como esclavos a las colonias inglesas, fueron “importados”, por los corsarios apoyados por la Corona británica.

 

La esclavitud fue establecida de facto en las colonias inglesas, de la mano de dios y sus fieles creyentes, y esta costumbre sería pronto imitada y sancionada legalmente en los distintos asentamientos coloniales, marcando claras distinciones sociales, políticas, culturales y, por supuesto jurídicas, entre los europeos, los indígenas y los esclavos que, en todo caso, serían rigurosamente cristianizados.

 

Además de toda esa actividad promotora del esclavismo, entre los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, con la introducción y mercadeo de la fuerza de trabajo esclava proveniente del África, algunas colonias, implementaron la explotación de los indígenas originarios de la América primitiva y desarrollaron sistemas legales de servidumbre y esclavitud, centrados no s o l o e n e l d e s p i a d a d o c o m e r c i o transatlántico de esclavos, sino también, en la desaforada explotación laboral de los indígenas.

 

Las guerras entre franceses y británicos fueron muy frecuentes en este período dado el propósito de ambos estados por alcanzar ese botín económico y laboral que les significaba la explotación de la fuerza de trabajo del “nuevo mundo”. Para 1760, Francia fue derrotada y sus colonias fueron tomadas por la triunfante Gran Bretaña y entrarían a engrosar las 13 colonias originales.

 

La colonización de lo que hoy conocemos como los Estados Unidos de Norteamérica, sistemáticamente, llevó a una serie de procesos de exterminio significativo de las tribus indígenas americanas, en lo que graciosamente se ha dado a conocer y publicitado, como la gran hazaña de “La conquista del oeste”, presentada hoy mediáticamente como una formidable a c c i ó n “ é p i c a ” d e l o s b l a n c o s colonizadores.

 

La expansión hacia el occidente de estos muy “religiosos” migrantes y peregrinos de la fe cristiana, no fue algo heroico y romántico, como falazmente nos lo presenta el cine ideologizado de las élites gringas; fue un sangriento proceso histórico de expansión territorial, de genocidio contra los pueblos originarios, de barbarie ecológica contra la flora y la fauna de estas regiones, y de guerra invasiva y de depredación territorial contra México.

 

Esa política exterminista aplicada contra los indígenas, así como la introducción del e s c l a v i s m o , f u e r o n p r o c e s o s sistemáticamente cumplidos, más en busca de tierras y de las riquezas minerales, que de esa supuesta misión divina de expandir el mensaje divulgado por su “puritano” c r i s t i a n i s m o . E s t a “ c o l o n i z a c i ó n ” despiadada se extendió desde comienzos del siglo XIX hasta entrado el siglo XX… y aún perdura.

 

Ya en el primer cuarto del siglo XVI los europeos habían establecido trece colonias en las costas del mar Atlántico, desde Nuevo Hampshire en el norte hasta Georgia en el sur, bajo la dirección y dominio de los ingleses. Mientras que los franceses controlaban todo lo que se conoció luego como Canadá y la vertiente del río Misisipi, o la Luisiana francesa. Como lo hemos dicho, Gran Bretaña y Francia sostuvieron varias guerras durante dicho período. Finalmente, la Luisiana, con su establecida economía esclavista, sería vendida a los Estados unidos en 1803.

 

El Tratado de París, de 1763, le dio a Gran Bretaña derechos sobre Canadá y gran parte de la América del Norte. Esa victoria de Inglaterra le llevó, en su ambición, a i m p u l s a r u n p e r m a n e n t e c o n fl i c t o predatorio, de abuso y de acumulación originaria capitalista, contra los pueblos nativos.

 

La confrontación con los denominados “indios” fue permanente desde las primeras actividades de posesión y colonización desplegadas por estos pioneros, pilgrims o “padres peregrinos”.

 

No podemos soslayar que esos grupos de migrantes religiosos puritanos -a semejanza de los sionistas de hoy- creían que formaban parte de un pacto con dios, que eran algo así como un “pueblo elegido” por el dios de sus creencias, para redimir y culturizar cristianamente al mundo mediante la total obediencia a sus credos y a su voluntad.

 

Por lo tanto, acorde con esa elemental cosmovisión impositiva, consideraban que era una responsabilidad ineludible del gobierno establecer las normas, tanto comportamentales como legales, para g a r a n t i z a r e l e s t a b l e c i m i e n t o y mantenimiento de su culto religioso que, a todas luces, era el “verdadero”. Por ello en las colonias norteamericanas, la iglesia congregacional de los puritanos, pasó a ser la religión oficial, amparada por los diversos organismos del Estado.

 

Por ejemplo, en Massachusetts no se podía establecer ninguna nueva iglesia sin el p e r m i s o d e l a i g l e s i a p u r i t a n a congregacionalista, y muchos pueblos permitían solo una iglesia o parroquia, que claro, debía ser protestante congregacional.

 

Para garantizar su expansión y dominio político e ideológico, los colonos puritanos empezaron a armarse y a organizar grupos de choque y milicias político-religiosas - algo así como grupos de seguridad o paramilitares de la época- con el propósito no solo de disuadir y esclavizar a los nativos, sino de exterminarlos procurando alcanzar, desde entonces, esa supuesta superioridad y la pureza racial de los blancos protestantes.

 

Los factores religiosos y políticos de que venimos hablando, impulsaron la “Gran Migración” e influyeron en la conformación étnica, cultural y demografía -la llamada “pureza racial”- de los grandes grupos de inmigrantes.

 

Ya establecidos en la Nueva Inglaterra, los puritanos instituyeron sus iglesias “congregacionalistas” adscritas totalmente a la teología reformada. Cada congregación se fundaba en un “pacto eclesiástico”, con sus jerarquías y sus propios sistemas administrativos y judiciales. Los cargos eclesiásticos principales eran el de anciano (o presbítero) y el de diácono y aún se mantiene en dichas sectas esta estructura jerárquica.

 

Desde mediados y hasta finales del siglo XVI, en las colonias inglesas, por parte de los ya establecidos grupos puritanos, con su sistema jurídico y sus tribunales, se dio una organizada y persistente persecución, encarcelamiento y ejecución de muchos nuevos reformistas como Cuáqueros, Metodistas y Bautistas -estos últimos son una secta de evangélicos que comenzó a funcionar en los Estados Unidos en 1609, bajo la creencia de la necesidad de un nuevo bautizo que significara, algo así como un nuevo nacimiento para los cristianos-.

 

Las penas, los abusos y las restricciones civiles y religiosas, en general los procesos de intolerancia aplicados por los puritanos, buscaban imponer la “unidad” y la conformidad con el grupo gobernante. Penas y crueldades de índole jurídico que incluían destierros, azotes, marcación con hierro, linchamientos y ejecuciones como los ahorcamientos públicos de manos de verdugos oficialmente contratados y establecidos institucionalmente para que ayudaran a alcanzar esa comunidad enteramente cristiana perseguida.

 

Estos hugonotes o calvinistas que se establecieron en el territorio americano buscaron implantar y uniformar las psicologías populares -con unas formas y maneras de pensar, de sentir y de actuar que, desgraciadamente, perduran en las mentalidades de los estadounidenses promedio-.

 

Se  trató  del  fijar  e  imponer  las  tesis religiosas y sociales fanáticas, intolerantes y segregacionistas de su maestro Calvino, como claramente lo definiera Stefan Zweig en su obra “Castellio contra Calvino - Una conciencia contra la tiranía” (Editorial Ercilla. Chile 1937).

 

Dice Zweig que, con Calvino como gobernante de Ginebra, “comienza uno de los experimentos más memorables de todos los tiempos: un Estado, con innumerables células vivientes y palpitantes, debe transformarse en un mecanismo rígido; un pueblo, con todos sus sentimientos y pensamientos, ser convertido a un sistema único; es el primer ensayo de completo gobierno igualitario de todo un pueblo, que aquí, dentro de Europa, es emprendido en nombre de una idea. Con una gravedad demoníaca, una magnífica y sistemática reflexión, prosigue Calvino su plan audaz de hacer de Ginebra el primer Estado de Dios sobre la Tierra: una res publica sin la terrena grosería, sin corrupción, desorden, vicio y ni pecados: la verdadera, la nueva Jerusalén, de la cual debe proceder la salvación de todo el orbe terráqueo”.

 

Para estos reformistas puritanos, la familia y la escuela eran los más importantes "lugares de desarrollo y protección espiritual y cívico". Ese gran sentido y señalamiento educativo y cultural de carácter religioso marcaría la conducta pública y privada, así como la educación, la pedagogía y la formación y crianza de los niños, según la normatividad puritana. Se trata de una educación fundamentalmente represiva y autoritaria, marcada por exigencias e imposiciones sobre unos individuos f o r z a d a m e n t e “ n o r m a l i z a d o s ” y estereotipados según dichas reglas, que sin embargo se esconden tras un lenguaje supuestamente piadoso y comprometido con el bienestar de los sectores populares y humildes.

 

Bien vale la pena comparar estas acciones represivas y autoritarias, del sistema escolar, presentadas bajo el velo de la formación disciplinaria y piadosa de los hugonotes y los puritanos, de la escuela luterano-calvinista, con las contenidas en la muy católica “Guía de las escuelas cristianas” de Juan Bautista La Salle desde 1706 y que ha sido continuamente reconocida y hasta ponderada por las diversas corrientes pedagógicas adscritas al cristianismo, tanto en Europa, como en la América Latina.

 

Este tipo de “valores religiosos, cívicos y morales” constituyen la base fundamental d e l a f o r m a c i ó n d e l a c o n c i e n c i a estadounidense de “superioridad”, con que esta nación ingresa a la etapa superior del desarrollo del modo de producción capitalista, a la fase del Imperialismo, c o n fi a n d o e n e s e d i o s q u e l e s h a acompañado siempre, claro reconociendo retóricamente los sacrosantos “Derechos Humanos”, entendiendo -en el papel- que todos los seres humanos, blancos, negros, amarillos, asiáticos o indígenas, de cualquier etnia, cultura o religión, son personas en disposición de recibir la gracia de un dios todopoderoso que, como el dólar, está en todas partes. El lema “En dios confiamos”, es una frasecilla que acompaña a todas las monedas y billetes gringos; es simplemente la certificación de un parecer gringo cotidiano, de creer en el constante apoyo divino. Apoyo e identidad de lo d i v i n o y l o h u m a n o , q u e l o s estadounidenses sienten muy propio, muy de ellos: algo particular del supremacismo gringo.

 

Con esta carga intelectual y moral, infundida en la psicología de sus gentes, con ese self grandioso, esa mentalidad supremacista incrustada, empotrada, en la auto percepción de las clases hegemónicas y dominantes, la nación estadounidense, desde finales del siglo XIX y comienzos de XX, empieza a vivir la fase imperialista del desarrollo de su sociedad capitalista, injerencista, expropiadora y dispuesta a todas las tretas y artimañas por alcanzar las mayores tajadas en el reparto del botín del mundo.

 

Este ha sido el fundamento, el bagaje básico de la formación cultural -religiosa, ética, política, económica y social- que ha estructurado la mentalidad de los orgullosos “ciudadanos” norteamericanos, hasta nuestros días.



 

 

 

 

 

 

 

 



II.       FUNDAMENTOS DEL COMPORTAMIENTO COLECTIVO

SUPREMACISTA GRINGO

 

En su obra “Psicología de masas y análisis del yo” de 1921, Sigmund Freud nos señala de qué manera opera el grupo, la masa en las conciencias individuales, por qué los individuos se comportan como si fueran homogéneos cuando están bajo las condiciones de una agremiación, multitud o masa.

 

P a r t i e n d o d e e s t o s e s t u d i o s e investigaciones vemos que la masa aparece como la horda primordial, como el renacimiento de un primitivo “instinto gregario” que se hace presente y se fortalece. Esto es lo que se activa en la sociedad como “espíritu comunitario” y, peor aún, como “esprit de corps” - “espíritu de cuerpo”-, en que cada individuo siente que su identidad personal no existe y que su vida sólo tiene sentido en el grupo.

 

D e e s t a m a n e r a , d i c e F r e u d , “Comprendimos ese asombroso fenómeno diciendo que el individuo resigna su ideal del yo y lo permuta por el ideal de la masa

corporizado en el conductor”, en un líder... en un mesías…

 

Se trata de la pérdida total de la autonomía y de la iniciativa propia, tratando de alcanzar la uniformidad con todos, la identidad con su “rebaño” para, en los términos que apropiadamente utilizan los “pastores” de sus iglesias, el rebajamiento del individuo a la masa, a la recua, por decirlo en términos más coloquiales.

 

En el Capítulo X de su libro “Psicología de masas y análisis del yo”, titulado “La masa y la horda primordial”, con claridad expone Freud:

 

“En 1912 recogí la conjetura de Darwin, para quien la forma primordial de la sociedad humana fue la de una horda gobernada despóticamente por un macho fuerte. Intenté mostrar que los destinos de e s t a h o r d a h a n d e j a d o h u e l l a s indestructibles en el linaje de sus herederos; en particular, que el desarrollo del totemismo, que incluye en sí los comienzos de la religión, la eticidad y la estratificación social, se entrama con el violento asesinato del jefe y la trasformación de la horda paterna en una comunidad de hermanos. Por cierto, esta no es sino una hipótesis c o m o t a n t a s o t r a s c o n q u e l o s prehistoriadores procuran iluminar la oscuridad del tiempo primordial -una «just-so story», según la llamó jocosamente un crítico inglés, sin ánimo hostil-. Pero opino que es valedera como hipótesis si se muestra apta para crear coherencia e inteligibilidad en nuevos y nuevos ámbitos. Las masas humanas vuelven a mostrarnos la imagen familiar del individuo hiperfuerte en medio de una cuadrilla de compañeros iguales, esa misma imagen contenida en nuestra representación de la horda primordial (…)

 

…   La psicología de estas masas, según la conocemos por las descripciones tantas veces citadas -la atrofia de la personalidad individual consciente, la orientación de pensamientos y sentimientos en las mismas direcciones, el predominio de la afectividad y de lo anímico inconsciente, la tendencia a la ejecución inmediata de los propósitos que van surgiendo-, responde a un estado de regresión a una actividad anímica primitiva, como la que adscribiríamos justamente a la horda primordial”.

 

Freud analiza cómo uno de los más fuertes lazos de unidad de las masas han sido grupos artificialmente creados como los ejércitos y las iglesias, y puntualiza, precisamente, como “una religión, aunque se llame la religión del amor, no puede dejar de ser dura y sin amor hacia quienes no pertenecen a ella. En el fondo, cada religión es de amor por todos aquellos a quienes abraza, y está pronta a la crueldad y la intolerancia hacia quienes no son sus miembros”.

 

Indagando sobre el ese fenómeno de la identidad del grupo, o esa especie de “espíritu de cuerpo” que acompaña la mentalidad supremacista, de algunos pueblos, tratando de hallar explicaciones a esa particular psicología colectiva de la cultura “WASP” -White, Anglo-Saxon and Protestant- gringa y sus pretensiones supremacistas, considero pertinente e s c u d r i ñ a r u n p o c o e n l a o b r a “Fundamentos del comportamiento colectivo”, (Alianza editorial 1973), escrita por los psicoanalistas Alexander y Margarete Mitscherlin en la que, tomando como elemento central el caso de la Alemania nazi, analizan la incapacidad de las masas humanas, para sentir el arrepentimiento y el duelo y, por el contrario, sentirse orgullosos de las provocaciones, vejaciones, persecuciones y agresiones contra los grupos humanos considerados inferiores.

 

El libro hace énfasis en el comportamiento colectivo, esto es en la manera en que los seres humanos actúan y reaccionan de manera espontánea, ilógica y hasta brutalmente, cuando se encuentran en esos grupos identitarios.

 

Respecto a ese acondicionamiento colectivo establecido por las disposiciones religiosas, culturales y educativas que llevan al acatamiento acrítico y total, a esa “servidumbre voluntaria” de las mayorías a un conductor, guía o líder, haciendo un análisis pormenorizado acerca de los fundamentos del ascenso del nazismo en Alemania, los autores precisan:

 

“Nosotros estuvimos muy de acuerdo con un gobierno que supo establecer de nuevo un vínculo entre ideales típicamente alemanes y el sentido de nuestra propia identidad: se nos daba allí la oportunidad de exhibir de manera uniformada nuestro propio valor personal. De repente aparecieron (...) unas jerarquías de autoridad claramente articuladas. La precisión de nuestra obediencia quedó probada de modo conveniente, y a la voluntad casi ilimitada de mostrarnos dignos de las esperanzas del F ü h re r l e f u e l í c i t o e n t re g a r s e a l desenfreno.”

 

 

A los analistas de este oscuro, despiadado e inhumano período de la historia, que el nacionalsocialismo y su III Reich alemán, impusieron en Europa, les preocupa en lo fundamental que las distintas clases, grupos y sectores culturales, políticos y sociales de Alemania, no se sintieran responsables y culpables por los horrores de los que no solo fueron protagonistas, sino, incluso, c ó m p l i c e s s i l e n c i o s o s , d u r a n t e e l encumbramiento de los nazis y en el desarrollo de esos actos vesánicos de los nazis en la segunda guerra mundial. A los autores les preocupa que los alemanes hayan s e g u i d o v i v i e n d o s i n a s u m i r responsabilidades frente a esos hechos, sin remordimientos y mostrar rectificaciones socio culturales al respecto. Por el contrario, hoy vemos como los habitantes de ese país, s i g u e n p r e s u m i e n d o u n a s u p u e s t a superioridad y consideran -como los pobladores “arios” de los Estados Unidos-que están gozando de una “democracia” plena que, incluso, promueve y apoya el renacimiento del nazismo.

 

Como podemos verlo se trata claramente, de nuevo, de una huida de la realidad, para establecerse en un pretendido “yo social”, que les hace desaparecer la conciencia individual, para refugiarse cómodamente en la idea de lo colectivo, identitario y unanimista. Asunto que es algo que ya podemos evidenciar permanente en las sociedades contemporáneas.

 

Como dice el profesor Rubén Jaramillo Vélez:

 

“Es esto lo que, entre otras cosas, i n v e s t i g a n M a rg a re t e y A l e x a n d e r

Mitscherlich en su libro, en el cual tematizan tales mecanismos de defensa y explican también la manera como esta actitud de olvido, un poco inducida, encontró un recurso maníaco en el esfuerzo de reconstrucción de los años cincuenta y condujo a lo que desde mediados de la década empezó a llamarse el milagro alemán. Porque muy rápidamente el pueblo alemán, que es tan laborioso y tan disciplinado, tan esforzado -una virtud y un mérito que nadie le podrá negar- se puso en la tarea de limpiar de escombros las principales ciudades del Reich, que habían quedado en ruinas. Pero los esposos Mitscherlich interpretan esto también en el sentido de un recurso maníaco, de un recurso del olvido para no enfrentar el horror, la magnitud de los crímenes” (...)

 

Y concluye el profesor Jaramillo: “Es por esto que algunos críticos de la sociedad contemporánea plantean que la simulación generalizada -el “simulacro”, para decirlo con Braudillard- se impone, en forma cada vez más acelerada, como paradigma en la percepción de la realidad y arquetipo de comportamiento”.

 

Cfr. Jaramillo Vélez Rubén:“La lucha contra el olvido, como lucha contra el fascismo”. Conferencia ofrecida en la Universidad del Tolima. Publicada en la revista Aquelarre No 25 diciembre 2013.

 

En resumen, este texto nos permite adentrarnos en esos complejos aspectos marcados por las autoridades sobre la conciencia y el comportamiento humano en situaciones colectivas, en especial para su ú t i l e m p l e o d e m a n i p u l a c i ó n y direccionamiento de las masas, por parte de los grupos que ejercen la hegemonía cultural y social.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



PELÌCULA “LA CABAÑA DEL TÌO TOM”


 

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La subalternidad como proyecto político -La cabaña del tío Tom-

 

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

 

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.

 

Evangelio de San Mateo 5:4-12 Reina Valera 1960

 

Otra perspectiva válida de análisis y comprensión de la psicología colectiva, que lleva al supremacismo blanco anglosajón y puritano, es entender también, esa miserable condición de subalternidad y acatamiento, que asumen muchos seres humanos, estableciéndose cómodamente en la precaria situación de sumisión a los poderes establecidos, sintiéndose como unos semovientes al servicio de sus amos, todo para preservar la vida y porque ciertamente aceptan que llorando, siendo mansos y sumisos, alcanzarán la misericordia y serán bienaventurados, y verán a su dios después de la muerte, como de lo dicen las “sagradas escrituras”.

 

Se trata, en resumen, de esa acomodaticia “servidumbre voluntaria” que señalara Étienne de La Boîte desde 1576.

 

Dice La Boîte refiriéndose a esa pasiva comodidad y aceptación de la opresión por parte de los mismos afectados: “Es el pueblo el que se subyuga, el que se degüella, el que pudiendo elegir entre ser siervo o ser libre, abandona su independencia y se unce al yugo; el que consiente su mal o, más bien, lo busca con denuedo... ¿Qué debe estimar el hombre más que recuperar su derecho natural y, por así decir, de bestia volver a ser hombre? … ¿qué desgracia ha sido esta que ha podido desnaturalizar tanto al hombre, el único verdaderamente nacido para vivir libremente, y hacerle perder el recuerdo de su primer ser y el deseo de recuperarlo?”.

 

Precisa La Boîte, además, que los que se rebelan a esta miserable condición de servidumbre, son personas que “teniendo su propia cabeza bien hecha, todavía la han pulido mediante el estudio y el saber; los que, aun cuando la libertad estuviera totalmente perdida y arrojada del mundo, la imaginan y la sienten en su espíritu, y todavía la saborean, y la servidumbre no es de su gusto por mucho que se la adorne”.

 

Precisamente el personaje “Tío Tom”, por esa supina ignorancia y mansedumbre impuesta religiosamente, renuncia a las p o s i b i l i d a d e s d e u n a a u t é n t i c a humanización y prefiere la domesticidad y la servidumbre, bajo un disfraz de resignación y docilidad cristianas.

 

“ L a c a b a ñ a       d e l  T í o     To m ”    e s         u n a voluminosa novela que ha tenido siempre gran publicidad, éxito editorial, muchos lectores y gran venta, a pesar de su bajo nivel literario. En los comienzos del cine, el propio, Thomas Alva Edison filmó "La cabaña del tío Tom". Fue una de las primeras películas que se vieron, después vendrían también montajes teatrales, multitud de historietas, cuentos, dibujos animados y muchos otros espectáculos.

 

Harriet Beecher Stowe fue una descolorida mujer, evangelista, presbiteriana, que tuvo como proyecto de su obra la búsqueda de la salvación religiosa tanto de los esclavos como de las “buenas gentes” esclavistas, en tanto se aferraran firmemente a dichas convicciones religiosas.

 

Uno de los más preciados “argumentos” de la ideología cristiana -en sus distintos credos, iglesias, sectas o corrientes- es que ellos siempre están movidos por el inefable “amor al prójimo”. Para los cristianos es muy importante el mandamiento del “amor al prójimo” y lo consideran como derivado, e incluso como un sucedáneo, del amor a dios. Por ello consideran imprescindible, no sólo cacarear o publicitar esa pretendida motivación de todos sus quehaceres, sino, ritualizar y manejar de manera cotidiana las virtudes que lo hacen posible, esto es la fe, la esperanza y la caridad, tanto como la prudencia, la justicia, la templanza y, por supuesto, la compasión y la piedad con todos esos “prójimos” -ya sean libres o esclavos-.

 

De hecho, muchos de los esclavos, en especial los “domésticos”, gozaban de la compasión de sus amos, y hasta se sentían integrados al núcleo familiar de sus p r o p i e t a r i o s . S u s m u y s e n s i b l e s p r o p i e t a r i o s , m a n e j a b a n t a m b i é n sentimientos de aprecio, afecto, piedad y c o n s i d e r a c i ó n h a c i a s u s q u e r i d o s servidores, tanto que muchos de ellos llegaron a estimar a sus esclavos como “parte de la familia”. Es en dichos sentimientos en que se sustenta y en los que enfatiza, muy cristianamente, la novela de Harriet Beecher Stowe.

 

Más allá de toda la moralina, la sensiblería y la misericordia cristianoide expuestas en esta obra, el proyecto de realización cristiana que impulsa tiene como elemento central la “resignación” que significa la total docilidad de los esclavos a sus amos. El tío Tom, personaje central de la novela es un esclavo manso, sumiso, al que le encanta su condición de esclavo. Por tal razón, el personaje "Tío Tom" se ha convertido en sinónimo de servilismo y auto desprecio.

 

Muchos han calificado a este libro como un simple “panfleto religioso” cuya final intencionalidad no era liberar a los esclavos, ni abolir la esclavitud y conceder plenos derechos a las personas negras, sino “domesticarlos”, tratarlos como si fuesen seres “inferiores” dignos de conmiseración y piedad, porque, como se establece en la obra: “La justicia divina no falla y tarde o temprano los malvados serán alcanzados y los justos tendrán su recompensa”. Por supuesto esto será un asunto post mortem.

 

Hoy sabemos que los gobiernos hacen uso de esa especie de impotencia psicológica de muchos que, miserablemente, se adaptan a las exigencias de sus amos, en procura de obtener compensación, recompensa o ventajas personales, mediante la sumisión y la humillación. Esto es lo que veladamente plantea la obra “La cabaña del tío Tom”. Tanto que hoy existe el llamado “síndrome del tío Tom”, una referencia a las “prudentes” recomendaciones fijadas por la n o v e l a d e H a r r i e t B e e c h e r S t o w e , presentadas como una expresión de “cordura”, como la supuesta “astucia” de un anciano esclavo que no renuncia a la docilidad ni al servilismo, con tal de preservar las ventajas que cree les son otorgadas por sus amos. Es el mismo síndrome de auto desprecio y servidumbre que muestran los trabajadores que se sienten a gusto con la explotación y temen resistirse y, hasta de una manera masoquista se someten a un sistema que los humilla, los explota y los oprime.

 

En realidad, para este tipo de sujetos como el tío Tom se cumple lo que dijese Franz Fanon en su obra “Piel negra, máscaras blancas” de 1952: “El negro quiere ser como el blanco. Para el negro no hay sino un destino. Y es blanco. Ya hace mucho tiempo que el negro ha admitido la superioridad indiscutible del blanco, y todos sus esfuerzos se dirigen a realizar una existencia blanca”. Esa intencionalidad es lo que los mueve al servilismo, a esa plañidera situación, a la miserable condición de los esclavos, en el naciente imperialismo norteamericano y aún hoy.

 

La cabaña del tío Tom manipula la teorética de un supuesto dualismo -presente en todas esas mitologías religiosas-: la confrontación eterna entre el bien y el mal. La maldad y la inmoralidad de la esclavitud frente al bien intencionado rescate de una “libertad vigilada” por los patrones, y la tranquila domesticidad que les proponen sus amorosos amos cristianos, ya sean domesticadores o abolicionistas.



El nacimiento de una nación -El papel del Ku Klux Klan y su continuidad-

 

Derrotado el ejército sureño en la guerra de secesión, los señores terratenientes ven decaer sus plantaciones y su orgullo, debido a la imposición de esa “dañina doctrina” de otorgar igualdad de derechos civiles a los negros.

 

Tomás Dixon publicaría en el año 1905 una novela que llama “El hombre del Clan” que de alguna manera recoge, con resentimiento y rencor las pasiones y deseos de venganza que movieron a los vencidos confederados, hasta llevarlos a la conformación del Ku Klux Klan.

 

El ku klux klan se creó, como hemos dicho, después de la guerra civil de secesión en los estados unidos, en el año de 1865, por parte de algunos derrotados confederados resentidos por la pérdida en la confrontación de su enorme poder esclavista.

 

Parece ser que ese nombre se estableció a partir de una palabra tomada del griego clásico, -kýklos- que es traducida como como “Círculo”. Luego se le agregó la palabra klan (clan) queriendo reivindicar, precisamente, ese término con que reconocen y nombran los grupos familiares de las primitivas hordas, todo por reconocer, nostálgicamente, su procedencia y los r e c u e r d o s d e c a r á c t e r a n c e s t r a l , remitiéndose a sus sitios anglos y sajones natales, como Inglaterra, Escocia, y en general otras regiones de la vieja Europa.

 

“Decidieron escribir clan con 'k' para darle más notoriedad a la organización. Les gustó el sonido rítmico de las palabras, y decidieron separar kuklos en dos palabras, cambiando la 'o' de kuklos por 'u', y la 's' final por una más impactante 'x'”.

 

Pues bien, este grupo, este “círculo” de blancos anglosajones, consideró necesario marcar su impronta de odio y de supuesta “superioridad” política, ética y cultural contra los negros y logró alcanzar un enorme poder político y social, en especial en los estados sureños, no sólo sobre los esclavos liberados, sino en toda la población en general, mediante procesos económicos, políticos y culturales, de manera clandestina o abiertamente legal e institucional, en especial orientando y direccionando el sistema educativo, conforme a esos “valores” fijados por la cultura religiosa de los reformistas luterano-calvinistas.

 

Como grupo secreto o clandestino, obtuvo gran popularidad y apoyo, gracias a una extraña ritualidad cristianoide, a una sangrienta teatralidad, con una especial parafernalia y alboroto, con disfraces, capuchones, procesiones, bandas y una e s o t é r i c a s i m b o l o g í a ; c o n r e z o s , invocaciones y, por supuesto, con la utilización de la violencia, mediante la quema de cruces y los sistemáticos y cruentos linchamientos de negros.

 

Este primer klan o círculo de blancos anglosajones supremacistas al finalizar el s i g l o X I X f u e d e c a y e n d o , a u n q u e secretamente siempre mantuvo sus acciones agresivas y violentas contra la población negra y contra los abolicionistas.

 

En 1915 se dio un renacimiento del Klan, se creó una nueva asociación bajo el mismo nombre, pero ahora apoyándose en el poder de los nacientes medios de comunicación de masas, particularmente en el cine.

 

A partir de la narración establecida en la novelita de Tomás Dixon “El hombre del Clan”, su amigo, el gran cineasta D.W. Griffith, se basó para realizar en 1915, la película muda que llamó “El nacimiento de una nación”, en la que, desde la perspectiva de los confederados, se exalta el ku klux klan que para entonces no era sino un recuerdo.

 

Según Griffith, esa “dañina doctrina” de la igualdad entre negros y blancos, como lo afirma en su película, causa que “los principios agonicen y la degradación arruine a la gente”, todo porque los negros son ineptos para legislar o gobernar, dado que, en su incapacidad, solamente los mueven los intereses de rencor, odio y venganza. Afirma el film, por ejemplo, que el matrimonio interracial solo lleva al degeneramiento de la raza blanca, y en muchas escenas muestra la supuesta incapacidad intelectual y moral de los afroamericanos.

 

Orgullosamente  sostiene  Griffith  en  su película que: “El Ku Klux Klan, fue la organización que salvó al sur de la anarquía del poder negro”.

 

Ese segundo ku klux klan fue una organización mucho más grande y organizada, con miembros registrados y con una estructura estatal y nacional, que convocó a una gran mayoría de estos orgullosos anglosajones, se extendió rápidamente por los estados del sur, promoviendo sus acciones de abuso y terror contra las negritudes, los abolicionistas y demás defensores de la emancipación y la igualdad.

 

El presidente, Woodrow Wilson -presidente de los Estados Unidos, entre1913 y 1921-, elogió la película y justificó el racismo y las diversas prácticas de agresividad, crueldad y criminalidad que el ku klux klan promovía, dijo: “Los hombres blancos se levantaron por mero instinto de conservación… hasta que, finalmente, vino a la existencia un gran Ku Klux Klan, un genuino imperio del Sur, para proteger la tierra sureña” - Palabras que fueron citadas textualmente en la película El nacimiento de una nación.

 

Después, Woodrow Wilson refiriéndose al film dijo: “es como escribir la historia con un relámpago… todo es terriblemente verdadero”.

 

Podemos ver que la intencionalidad apologista de la película, no es una simple expresión de “libertad de opinión” como quiso hacerlo ver luego Griffith, sino que constituye base de la ideología oficial de la administración política gringa, pues, pasajes de dicho filme se sustentan en tesis y planteamientos de un presidente, por supuesto representante de las élites, y que, en la orgullosa historiografía oficial aparece reputado como un gran teórico e historiador. La película generó un gran apoyo nacional por el ku klux klan, tanto que en los cines muchos entusiastas espectadores, además de aplaudir y vociferar consignas racistas, hacían tiros al aire.

 

Las prácticas criminales desarrolladas por estos grupos incluyen, las torturas, la quema de personas, los ahorcamientos, las marcas c o n h i e r r o , l a s m u t i l a c i o n e s , l o s empalamientos, las castraciones, el clavar las cabezas de sus víctimas en estacas en determinados lugares para causar mayor temor entre la población.

 

El tomar fotografías posando sonrientes los agresores y hacer postales de las víctimas y de los cadáveres, parece ser que se ha mantenido y constituye ya una práctica consuetudinaria entre la soldadesca gringa, pues lo han efectuado en Vietnam, en Abu Graib, en Guantánamo y en otros lugares y campos de concentración y de exterminio administrados por las fuerzas militares gringas.

 

El primer ku klux klan podía caracterizarse como fundamentalmente sureño, el segundo ya tiene carácter enteramente nacional, y su influencia y aceptación se ha extendido por todos los rincones de los estados unidos.

 

El ku klux klan aún existe, con grupos establecidos de promotores y simpatizantes. Continúa siendo un grupo de odio racista, terrorista, supremacista, de los blancos estadounidenses, anglosajones, reformistas, puritanos, de extrema derecha, que ejecutan y      p r o m u e v e n , a m p l i a m e n t e , y c o n consentimiento social, actos violentos y propagandísticos de xenofobia, racismo, homofobia y de persecución a las ideas socialistas, de odio visceral hacia los extranjeros y migrantes, que consideran no se amoldan a sus patrones de “pureza” racial.

 

El anticomunismo, así como el repudio a las tesis de la evolución y el cambio, a los planteamientos científicos darwinistas y freudianos, hoy ya hacen parte constitutiva e integral de la “cultura” gringa establecida - que sigue siendo mayoritariamente creacionista y retrógrada-.

 

Existen muchas organizaciones que sin ser directamente del ku klux klan, funcionan con sus mismos “ideales” racistas, xenófobos, anticomunistas y supremacistas, en toda la geografía estadounidense y en otros países.

 

Además de los fervientes y disciplinados seguidores del fatídico Klan, hay muchas más organizaciones independientes, abiertamente racistas y fascistas. Un análisis realizado en el año 2016 encontró que los grupos de odio en general están aumentando en los Estados Unidos. Son muchas las entidades, legales e ilegales, pero consentidas y hasta apoyadas por las estructuras políticas de extrema derecha que gobiernan los Estados Unidos, como la afamada “Asociación nacional del rifle”, integrada por millones de afiliados, todos ellos racistas y supremacistas, que defienden

 

y      p r o m u l g a n l a l l a m a d a “ s e g u n d a enmienda” a la Constitución (1787) norteamericana. Esta enmienda de 1791, supuestamente, ampara y protege el derecho d e t o d o c i u d a d a n o - s a l v o a l g u n a s excepciones aplicadas a ciertas personas que el propio Estado establece- a portar armas para la “defensa personal” y otras veleidades, pero que en la práctica no es más que el amparo del libre mercado de dichas armas.

 

La National rifle association of America fue creada en 1871 con el propósito de incentivar el comercio y el porte de armas, que siempre se ha fomentado abiertamente con la publicidad y el reconocimiento institucional de las “grandes hazañas” realizadas por los pioneros y colonizadores, exterminadores de búfalos e “indios”, presentadas como la gran epopeya de la conquista del oeste y el expansionismo civilizatorio, y oculta tras el velo de la defensa de las “libertades personales” y el d e r e c h o a l a l e g í t i m a d e f e n s a , constitucionalmente establecidos.

 

La gran expansión de las redes sociales durante estas primeras décadas del siglo XXI, le han facilitado a estos grupos una gran plataforma justificadora de su aberrante ideología racista, segregacionista y de expansión sobre otras regiones del mundo, mediante sus “fakenews” -o noticias falsas y engañosas- y con otras novedosas formas de e x p r e s i ó n y “ e n t r e t e n i m i e n t o ” direccionado, como los videojuegos, la literatura de consumo, la música y el cine que, orientado por agencias del Estado, como la CIA, el FBI, la DEA y otros organismos estatales, incorporan estas narrativas, aduciendo que de esta manera defienden la publicitada “democracia” que promueve el imperio gringo y alcanzando un gran número de personas, particularmente jóvenes, que entran fácilmente a engrosar las huestes de una ultraderecha ignorante y fascista.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

64 _____________________ Julio César Carrión Castro



 

 

 

PELÌCULA: “NACIMIENTO DE UNA NACIÓN”

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El Supremacismo Gringo _______________________ 65



La gran “epopeya” de Búfalo Bill y la conquista del oeste

 

La mentalidad supremacista gringa, no solo se manifiesta en las organizaciones legales e ilegales como el Ku Klux Klan, o en las p e r m a n e n t e s a c c i o n e s r a c i s t a s y segregacionistas contra los negros, sino, también en esa actitud soberbia, pretenciosa, excluyente y criminal contra los pueblos indígenas, que hace parte del orgullo nacional de los gringos.

 

E l r e c o n o c i m i e n t o h e r o i c o q u e históricamente se hace a William Cody, más conocido como “Búfalo Bill”, nos permite comprender, además de la ambición y la codicia de los muy cristianos puritanos y

 

reformistas blancos colonizadores, la condición depredadora, exterminadora y ecocida ejercida contra los pueblos y territorios que fueron “civilizando”, con sus ínfulas de superioridad. Los demás seres humanos que iban a evangelizar y culturizar -indígenas y esclavos- debían ser sometidos a como diese lugar.

 

El  principal  reconocimiento  de  este legendario señor, es el de ser “un exterminador de indios” y de búfalos. Las grandes manadas de búfalos, que constituían la principal fuente de alimento de los pueblos indígenas, se consideró que debían ser eliminadas para poder bloquear por hambre a los odiados indios que se oponían tercamente al progreso y la civilización que ellos representaban.

 

William Cody dijo con orgullo que había sido trampero, montador y amansador de caballos, arriero, capataz, conductor de diligencias, etc. Recibió el apelativo de "Búfalo Bill" porque, luego de la guerra de secesión, le dieron un contrato para suministrar carne, a los obreros encargados de construir el ferrocarril -símbolo del “progreso”- y se asegura que mató más de 4.000 bisontes americanos o búfalos. Las tribus indígenas, acosadas por hambre y persecuciones armadas iban siendo expulsadas y luego establecidas en territorios controlados, conocidos como reservas.

 

Como representante epónimo de esa cultura occidental y cristiana, Búfalo Bill, no solo propició el expansionismo militar, político y religioso de las nuevas huestes de colonizadores puritanos, esclavistas y supremacistas, sino que representa f e h a c i e n t e m e n t e e s a c o n c e p c i ó n redentorista, promotora de la resignación, la “domesticidad y la infantilización de los integrantes de estas comunidades que terminaron siendo material para unos deplorables espectáculos circenses, que Búfalo Bill ofreció con los indígenas reducidos, controlados y “domesticados”.

 

P o r i n t e r v e n c i ó n d e l o s a c u c i o s o s “periodistas” o comunicólogos, en el Este se reproducían los tebeos, historietas o cuentos de todas las valientes hazañas y aventuras realizadas, según ellos, en el indómito Oeste por el incomparable Búfalo Bill. Esta sería una de las primeras imágenes creadas mediáticamente para enaltecer falsamente uno de los primeros faranduleros gringo, que en realidad no fue más que un criminal personaje ampliamente publicitado.

 

En los muchos y variados espectáculos presentados en diversos sitios del mundo, grandes multitudes acudían a aplaudir y festejas sus hazañas. Estos eventos y Cody serían recibidos con “bombos y platillos” por unas autoridades que le condecoraban y le ofrecían reuniones especiales y banquetes.

 

Paradójicamente, Búfalo Bill reconocido por ser un eficiente “exterminador de salvajes”, fue convertido, mediáticamente, en un excepcional maestro, orientador y formador de “indios buenos”, civilizados. Hay que reconocer, finalmente, que simplemente fue un aclamado showman y farandulero, ávido de dinero, que montó sus shows de “indios y vaqueros” para satisfacer a un público tan ignaro como anhelante de esas narrativas que exponían, como realizado “el espíritu” de los pioneros y el respeto y “cariño” hacia esos pobres “salvajes”.

 

En el desarrollo de sus funciones y espectáculos, representando y cumpliendo muchas giras para un amplio público de las ciudades y villorrios, tanto americanos como europeos, ansioso de conocer y vivir las legendarias y publicitadas emociones y aventuras de ese “Salvaje oeste” tan desconocido para el ciudadano corriente, pero del que tanto se hablaba; sus e s p e c t á c u l o s , d e g r a n c o l o r i d o y entretenimiento, subyugaban no solo a las multitudes del ciudadanos que asistían, sino a las autoridades y a personajes tan significativos como la reina Victoria de la Gran Bretaña.

 

No existe una información clara y precisa acerca del número de “indios” asesinados por Cody en cumplimiento de su heroica g e s t a c i v i l i z a t o r i a , p r o g r e s i s t a y cristianizadora.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Supremacismo Gringo _______________________ 68



 

PELÍCULA “BÚFALO BILL”

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El Supremacismo Gringo _______________________ 69



La inefable “conquista del oeste”

 

Miles de familias de los recién llegados colonos puritanos, cuáqueros, hugonotes y de otras sectas y creencias, enfrentaron multitud de vicisitudes y problemas atravesando el continente en destartaladas carretas, en caravanas, llevando hijos, padres, enseres e ilusiones, para “conquistar los nuevos territorios”. En realidad, más que por la difusión de los “valores” cristianos de evangelización y ayuda espiritual a los “salvajes”, los marchantes al oeste realmente estaban empujados por la ambición; esperaban enriquecerse rápida y fácilmente con las grandes extensiones de tierra y el hallazgo de oro y otros minerales.

Al independizarse de Inglaterra en 1783, el territorio ocupado era solamente una franja que llegaba hasta los Apalaches. Pero más allá se extendía un enorme territorio, lamentablemente, habitado por los “indios”. El nacimiento de esta poderosa nación implicaba que estos blancos, conocidos con el interesante apelativo de “pioneros”, culturizaran y civilizaran toda esta enorme región, considerada salvaje.

 

Luego de adquirir la Luisiana en 1803, comprar Florida en 1819 y cercenarle a México la mayor parte de su territorio entre 1845 y 1848, la tarea expansionista significó el cruel despojo de los indígenas del oeste.

 

Los cheyenes, los Siux, los Comanches, los Navajos, los Apaches y otros pueblos originarios, serían sistemáticamente desposeídos de sus tierras y verían exterminadas sus culturas, bajo la mano sangrienta, blanca y puritana, en nombre de la civilización y del progreso.

 

Algunos pueblos de estos tuvieron que soportar una forzada integración impuesta por los “pioneros”, como las llamadas “Cinco Tribus” supuestamente más proclives a la “civilización”, fueron: los Cherokee, los Choctaw, los Chikasaw, los Creek y los Seminola. Se les llamaba así por haber adoptado los modelos sociales de los blancos, y supuestamente adaptarse a su cultura y a sus leyes -pero, cabe anotar que, en todo caso, los “indios” no podían ser propietarios, ni tener las comodidades de los blancos-.

 

El estallido de la guerra de secesión entre el norte yanki y unionista y el sur confederado (1861-1865) agravó los enfrentamientos entre los “pioneros” y los “indios”.

 

Luego de la guerra, los colonos presionarían de una manera más agresiva, despiadada y cruel sobre el territorio de los indígenas. Ello llevó a una serie de acciones de opresión, explotación y exclusión, cargadas de trampas y engaños por parte de los blancos, pero también de acciones de resistencia y dignidad de los pueblos vencidos. Acciones que hoy, graciosamente, el cine recoge y nos presenta como parte de esa gesta liberadora y cultural de los “pioneros” .



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PELÍCULA: “LA CONQUISTA DEL OESTE”

 

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Las llamadas “Guerras Apaches” -Cochise-

 

En el libro “Las Guerras Apaches. Polvo y sangre en la última frontera del salvaje Oeste”, su autor, Paul Andrew Hutton, sin proponérselo, nos hace saber que las llamadas “Guerras Apaches”, constituyeron los más tramposos, amañados y sangrientos conflictos realizados por el ejército de Estados Unidos contra los nativos americanos, para lograr su supuesto “ s u p r e m a c i s m o ” , e l d e s p o j o y e l expansionismo territorial. Se prolongaron durante un cuarto de siglo y marcaron para siempre la historia y la mentalidad de los gringos, situación que persiste en el estrecho i m a g i n a r i o d e s u s p o b l a d o r e s supremacistas.

 

“Una tierra de frontera inhóspita y desolada, infestada de bandoleros, donde cada planta tenía una púa, cada insecto un aguijón, cada pájaro una garra y cada reptil un colmillo”. Para este apologista de la acciones genocidas y depredadoras de los aventureros blancos, pareciera que la supuesta gesta épica de estos, se libró no sólo contra los “salvajes”, sino contra todo el entorno natural que les era negativo y hostil.

 

La llamada apachería sería fundamento de las acciones culturizadoras de estos “pioneros”: “Durante más de dos décadas, los guerreros apaches, duros como su tierra, fogueados por siglos de lucha contra los españoles, pelearon contra los intentos mexicanos y estadounidenses por acabar con su forma de vida. Su conocimiento del terreno, su movilidad y una cultura guerrera que no conocía la misericordia, los convirtieron en un enemigo terrible y f o r m i d a b l e ” , p e r o q u e fi n a l m e n t e sucumbiría ante el empuje de las fuerzas civilizatorias.

 

Andrew Hutton, como si se tratase de grandes hazañas nos relata este legendario conflicto, tan presente en el imaginario popular, tan pleno de un falso heroísmo como de una permanente crueldad y brutalidad, con un pulso que consigue trasladar la intensidad del drama y busca astutamente ponerse supuestamente en la piel de ambos bandos, para hacer creer que hay justicia en sus relatos.

 

Como hilo vertebrador, Hutton “revive la experiencia de individuos cuyas vidas discurrieron a medio camino entre los dos mundos, como la del explorador y cazarrecompensas tuerto Micky Free o como Apache Kid, el último indio libre. Cuando el humo de la pólvora se disipó y Gerónimo se entregó, resignado a una vida en la reserva, para acabar expuesto como una atracción en la Exposición circense de San Luis en 1904, la mítica narrativa del salvaje Oeste había terminado”.

 

Y, entonces, se dio comienzo a todas esas novelas, novelones, historietas y películas Western (es decir aquella referidas a la agresiva “gesta civilizadora” de los blancos contra los pueblos indígenas en el oeste norteamericano) que les ha permitido recaudar mucho dinero desde los comienzos del cine y mantener la leyenda de las acciones civilizadoras y totalmente viva y activa la presunción de superioridad que caracteriza a los gringos.

 

El “buen salvaje”, los “hermanos de sangre” y la leyenda de la flecha rota

 

El mito del buen salvaje es una invención literaria nacida en la vieja Europa, al contacto con los pueblos originarios de esos territorios que, en su imparable expansión geográfica y cultural, fueron conquistando y colonizando, bajo la presunción de que los culturizaban y civilizaban.

 

Se trata de un poderoso componente establecido en los imaginarios colectivos, sutilmente impuesto en general en las mentalidades de todas las personas subordinadas y dependientes de la h e g e m o n í a c u l t u r a l d e l a s c l a s e s dominantes. Imaginario que se presenta como el reconocimiento de una primigenia condición, innata, natural pacífica, contraria a toda agresividad y violencia, de estos seres buenos, aunque salvajes. Juan Jacobo Rousseau, escribió: “Algunos se han apresurado a concluir que el hombre es naturalmente cruel y que hay necesidad de organización para dulcificarlo, cuando nada hay tan dulce como él en su estado primitivo”. En fin, concluye Rousseau que “el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”. Con esa edulcorada perspectiva teorética se han escrito centenares de obras y muchas películas del western americano.

 

Cochise fue un jefe de los indígenas apache que lideró la resistencia de su pueblo contra la expansión estadounidense en el siglo XIX. Su figura está envuelta en una maraña de hechos históricos y leyendas.

 

La película Flecha rota -Cochise- de 1950 basada en la novela Blood Brother - Hermano de sangre-, de Elliott Arnold relata desde la ficción, un episodio de la confrontación de los “civilizados” puritanos colonos, con los “salvajes” apaches, siendo Cochise su líder.

 

Cuenta el film como Tom Jeffords, un soldado retirado (James Steward) ayuda a un niño apache herido, siendo reconocida esta acción por los integrantes del grupo indígena, le perdonan la vida y le permiten irse. A partir de este acontecimiento logra el explorador acercarse a la tribu e incluso enamorase de una indígena y entablar amistad con el propio Cochise.

 

L o s b l a n c o s c o m p r o m e t i d o s e n l a exploración y explotación de estas nuevas tierras, y prevalidos del pretexto de que “hemos traído la civilización”, continúan su l a b o r e x p l o r a d o r a , d e p r e d a d o r a y mercantilista, no solo desplazando a los indígenas sino exterminándolos.

 

Conocida la cercanía alcanzada con los Apaches de Cochise por Tom, y la conveniencia de establecer un diálogo con tan tenaces guerreros, convierten a Tom Jeffords en un intermediario, y desde la propia presidencia y el generalato proponen un acuerdo de paz, que Cochise, en respeto a la palabra, a la verdad y al valor de lo establecido, refrenda rompiendo una flecha como símbolo de cese a las hostilidades; acuerdo que, por supuesto, será incumplido por los civilizados y puritanos blancos.

 

La historia de "Flecha Rota" (Broken Arrow) gira en torno al jefe Apache Cochise y su relación con Tom Jeffords, un hombre blanco que busca la paz entre ambos pueblos. La película, estrenada en 1950, presenta una perspectiva más humana y realista de los conflictos entre apaches y colonos en el territorio de Arizona de 1870, mostrando a Cochise como un líder sabio y pacífico, en contraste con la visión habitual de los nativos americanos en el cine de la época.

 

La película de 1950, es precisamente una obra de ficción basada en muchos hechos históricos, enlazados con fantasiosas leyendas sobre el personaje Cochise, muestra cómo la constante violación de los acuerdos y tratados, es una característica constitutiva de esa mentalidad gringa que venimos señalando. Busca, además, presentar esa condición del “buen salvaje”, que nos ofrece a Cochise como un líder bueno, pacífico, que se ve impelido a confrontar la condición traidora y vil de los arteros representantes de la civilización y la cultura de los puritanos colonos y “pioneros”.


La violación de los acuerdos y tratados como política de Estado

 

La violación de los acuerdos y tratados establecidos ha sido una constante característica de los gobiernos gringos en toda su historia, tanto de su época colonial como en su actual fase imperialista. Bajo el p r e t e x t o d e q u e e s t á n l l e v a n d o l a civilización y desplegando los “valores” contenidos en las, así llamadas “santas escrituras”, no sólo han desplegado sus actividades buhoneras y en general comerciales y consumistas, sino que, mediante permanentes engaños y falacias, han establecido “acuerdos” que nunca cumplen; el engaño ha sido una política de Estado permanente no solo en los Estados Unidos de Norteamérica, sino en todos estos países herederos y fomentadores de una falsa “democracia”, simplemente construida con una imagen leguleya, pero tramposa.

 

Como se ha visto en la historia, siempre han existido mandatarios, representantes de los grupos hegemónicos y las castas poderosas, dispuestos a lograr esos falsos “acuerdos” que de antemano saben que habrán de incumplir, para dar continuidad a la subordinación y el vasallaje de las gentes, dispuestos a perseverar en las estrategias del engaño, para sustentar la pantomima de la llamada “democracia”.

 

El sistema político colombiano (una muy publicitada “democracia” occidental y cristiana) para nada ha sido ajeno a ello, desde la época colonial y los inicios del supuesto régimen republicano. Han sido múltiples las falacias y engaños en toda nuestra historia:

 

Crímenes sistemáticamente organizados desde el propio Estado, desde los resquicios de un poder, concentrado inicialmente en el patriciado latifundista, godo y sectario y luego en las “modernas” estructuras mafiosas y narcoterroristas, que han impuesto la transmisión dinástica de los gobiernos entre sus grandes familias y los avezados y oportunistas funcionarios y contratistas, con sus mecanismos de lealtades y obligaciones serviles, con la repartija burocrática del Estado, con el compadrazgo, el gamonalismo y sus clientelas, que han tenido continuidad, de manera anacrónica, manteniendo una falsa cohesión social y esa falsa democracia que, desvergonzadamente se presenta, con orgullo, como la más antigua y consistente de toda la América Latina.

 

E n u n s e n c i l l o y r à p i d o r a s t r e o historiogràfico, podemos ver còmo los comuneros de 1782 fueron traicionados por sus propios dirigentes por las alta clases criollas, aparentemente comprometidas, que buscaban sólo una “independencia” relativa, aquella que les permitiera pactar una mayor participación en el poder político y económico, sin llegar a desencadenar la revolución social . El problema fue “resuelto” astutamente en el acuerdo político de las Capitulaciones; jugada maestra del arzobispo-Virrey Caballero y Góngora, que inaugura en Colombia esa tramposa ideología liberal-conservadora que desde entonces nos agobia con la suplantación del pueblo por los partidos de la oligarquía y con las “disidencias tácticas”, e s d e c i r, c o n e s o s m e c a n i s m o s d e integración de la inconformidad a los intereses de los grupos hegemónicos, quienes, desde el régimen colonial-hacendatario, hasta nuestros días, se las han ingeniado para cooptar a los contradictores, para silenciarlos, encarcelarlos, o para asesinarlos. Colombia no ha sido ajena a esas tácticas engañosas, como política de Estado. Está inscrita en esas estrategias que son comunes a los distintos países organizados por las triunfantes burguesías.

 

Como escribiera el maestro Antonio García en su libro “Los comuneros”de1981: “Caballero y Góngora- en quien pesaba más en ese instante su papel de agente sumiso de la Corona que su aguda visión de filósofo-político- tuvo la capacidad de evaluar el proceso insurreccional como una general subversión del Reino...” y por ello aceptó sin debate las Capitulaciones, para ganar el tiempo requerido para la represión militar.

 

Ese Estado (hacendatario, señorial, familiar y clientelista de antaño, o el mafioso y narco-terrorista de hoy, con su ejército, su policía, sus políticos y su otro brazo armado de bandoleros, sicarios y paramilitares) ha permanecido presto a aplicar en todo momento el ritual de los “acuerdos”, para luego imponer el silenciamiento y el asesinato de los contradictores, el lenguaje no verbal de la cárcel, la proscripción, los asesinatos preventivos o la extradición de hoy.

 

Esto es la estrategia del engaño que encontramos también, en la película “Flecha rota” de que venimos hablando, vemos, como si se tratara de seguir un mismo guion o dirección, cómo la política del engaño constituye la base general del modo de producción capitalista.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



PELÍCULA: “FLECHA ROTA”

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 El Supremacismo Gringo _______________________ 79



III.   EL EXPANSIONISMO GRINGO EN SU ETAPA IMPERIALISTA

 

Como tan precisamente lo investigó y divulgó, Vladimir Ilich Lenin en su libro “El imperialismo, fase superior del capitalismo” en 1916, el capitalismo se troca en imperialismo al llegar a un grado muy alto de su desarrollo… Es decir, afirma Lenin, que el imperialismo, es la fase superior, monopolista del capitalismo.

 

Una definición de estas, tan precisa, nos lleva a comprender cómo el capital financiero, es decir, el capital de los grandes bancos monopolistas se funde con el capital de los poderosos grupos monopolistas de industriales y comerciantes y, con todo ese poder, indefectiblemente impulsan el reparto del mundo.

 

Nos muestra de qué manera se produce el tránsito de la economía y la política coloniales, que se expande sin obstáculos en las antiguas regiones colonizadas, y hacia aquellas que todavía no habían sido apropiadas por ninguna metrópoli colonial de dominación, estructurando nuevas maneras de explotación de los territorios del globo terráqueo, enteramente repartido.

 

A s í p u e s , L e n i n s e ñ a l a c ó m o e l imperialismo se manifiesta principalmente en su permanente tendencia a las anexiones. Que lo característico para el imperialismo consiste, precisamente, en la tendencia a la anexión no sólo de las regiones agrarias, sino incluso de las ya industrializadas. Enfatiza Lenin que los procesos de monopolización han nacido de la política de expansión territorial y colonial.

 

A los numerosos "viejos" motivos de la política colonial, el capital financiero ha añadido la lucha por las fuentes de materias primas, por la exportación de capital y por alcanzar mayores "esferas de influencia".

 

En el capítulo VI de su obra Lenin precisa que: El colonialismo en la época del imperialismo es cualitativamente diferente del colonialismo del libre comercio porque está inextricablemente ligado a los monopolios financieros. La política colonial en la era del imperialismo tiene como objetivo otorgar a los monopolios una garantía frente a sus competidores, monopolizando el control de todas las fuentes de materias primas y mano de obra en un territorio específico.

Debemos entender claramente que los procesos y actividades productivas de las haciendas y grandes plantaciones, en el nuevo mundo, son ya temas atinentes al desarrollo capitalista y no rezagos del régimen feudal.


Celso Furtado lo precisa:

 

“En los países pobres y semicoloniales la propiedad de la tierra está altamente concentrada. Las relaciones entre los propietarios de la tierra y sus trabajadores revisten características muy variadas. A u n q u e e n t o d o s é s t o s d o m i n e e l capitalismo, se dan relaciones parecidas a las feudales o esclavistas que coinciden frecuentemente con la existencia y el desarrollo de la empresa agrícola típicamente colonial -la plantación-, un tipo de gran propiedad agrícola destinada a la producción de mercancías para la exportación, en que las relaciones de producción comprenden una gama que abarca desde el esclavismo hasta el trabajo asalariado. En ninguno de estos países se da un feudalismo, un esclavismo, o una empresa capitalista que correspondan al modelo europeo”.

 

“La tentativa de transposición de las instituciones feudales para las colonias comerciales de América -dice Celso Furtado- demostró ser impracticable, incluso en aquellos casos en que hubo la intención explícita de hacerlo y donde la tradición feudalista era más fuerte, como en Francia”. Los grandes propietarios nativos, los latifundistas y señores de la tierra, aunque se parezcan al barón feudal de la Edad Media y exijan como aquél de sus siervos o aparceros una parte de su producto en especie, o una parte de su tiempo para que trabajen las tierras del amo, se distinguen, “no sólo porque carecen de la filosofía social del feudalismo, sino porque están vinculados a la economía monetaria y ejercen la usura y el comercio”.

 

Tomado de: “El desarrollo del capitalismo en los países coloniales y dependientes” González Casanova Pablo “Sociología de la explotación” Clacso editorial 2006

Es necesario reiterarlo: “A lo largo de la historia, la plantación practica el esclavismo simulado o abierto -calculando en términos monetarios los costos de compra y manutención del “esclavo”, visto como un factor de la producción- pero teniendo en propiedad de hecho o derecho a sus “trabajadores”, y cuando no practica el esclavismo, sino establece el trabajo asalariado, tiende a monopolizar todas las o p e r a c i o n e s m o n e t a r i a s d e s u s trabajadores, estableciendo tiendas de raya de la propia compañía, y poniendo taxativas al llamado “comercio libre”.

 

Como ya lo afirmamos, esas grandes plantaciones -de tabaco, algodón, caña de azúcar y otros productos agrícolas-instaladas en estos territorios coloniales, bajo formas de producción esclavistas, no representan ya al viejo sistema feudal, sino que entran a formar parte del nuevo sistema capitalista mundial e imperialista, aunque sus oligarquías terratenientes, sus señores latifundistas, preserven criterios, formas y maneras de índole aristocrático y de carácter señorial y gamonalesco. Sus intereses, a u n q u e c l a r a m e n t e c o m e r c i a l e s y mercantilistas, continúan preservando f o r m a s a r i s t o c r á t i c a s c o n b o a t o figuracionista y posudo, con sus palacios, mansiones, fiestas y banquetes que les permite representar y ostentar el poder de la riqueza.

 

Las plantaciones en América Latina, aunque inicialmente establecieron relaciones de trabajo serviles o de esclavitud, se integraron rápidamente en el mercado global, con la producción orientada a la exportación y la acumulación de capital por parte de los propietarios.

 

Dice Lenin que, entre las particularidades del imperialismo, atinentes o relacionadas con los fenómenos de que venimos hablado, figura la disminución de la emigración de los países imperialistas y el aumento de las i n m i g r a c i o n e s o g r a n d e s fl u j o s d e trabajadores y transmigraciones a estos últimos, procedentes de los países más atrasados, donde las condiciones de vida y el nivel de los salarios es más bajo.



 

 

El expansionismo territorial y los migrantes.

El caso mexicano.

 

De todo lo que llevamos dicho sobre la esencia económica del imperialismo, debemos entender, con Lenin, que los poderes oligárquicos de los monopolios son un síntoma de un capitalismo moribundo, de ahí se desprende que hay que calificarlo como un capitalismo de transición, ya tardío, o más propiamente, como un capitalismo agonizante, pero que en sus momentos de mayor fortaleza impulsó el expansionismo territorial y la captación de la fuerza de trabajo de los esclavos, de los indígenas y de los migrantes, para fortalecer su naciente economía parasitaria y depredadora.

 

La llamada guerra de Estados Unidos-México en realidad fue un calculado acto expansionista, una cruenta anexión, un acto de agresión perpetrado por el gobierno Yanki, proto-imperialista, contra la soberanía de México, pero presentado como un “conflicto bélico” nacido bajo otras supuestas perspectivas entre 1846 y 1848, pero que llevó al artero despojo de más de la mitad del territorio mexicano, anexionado a los Estados Unidos.

 

Desde comienzos del siglo XIX eran claras l a s p r e t e n s i o n e s e x p a n s i o n i s t a s y anexionistas de los gringos con respecto a las tierras mexicanas, aun estando bajo el poder colonial de la Corona española.

 

Se empezó con una sistemática invasión “colonizadora” de Texas. Ya hacia 1834 muchos colonos estadounidenses se habían establecido en Texas, que formaba parte de México, con el permiso del gobierno m e x i c a n o , T e x a s d e c l a r ó s u “independencia” de México en 1836 y se produjo la creación de una ficticia “República de Texas”. España ya había cedido la Florida y Francia les había vendido Luisiana, en 1803.

 

Los mexicanos oriundos no podían aceptar que los recién llegados estadounidenses, recibiesen tierras gratis y una serie de ventajas y oportunidades que les eran negadas a ellos; condiciones injustas, como la prohibición de poseer esclavos, porque la esclavitud era ilegal en México.

 

La guerra comenzó cuando Estados Unidos en 1846 cruzó con sus ejércitos el rio Bravo y luego, como vulgares filibusteros, desembarcaron en Veracruz, desde donde avanzaron y ocuparon la capital. La guerra concluyó con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, que estableció que México cedería más de la mitad de su territorio, que comprende la totalidad de lo que hoy son los estados de California, Texas, Nevada, Arizona, Nuevo México, Utah, Oklahoma, Colorado, Wyoming y Kansas.

 

E n 1 8 2 1 , M é x i c o a l c a n z ó s u “independencia” de España, la posesión de los territorios por parte de los Estados Unidos fue permitida y facilitada por los nuevos gobiernos cipayos mexicanos.

 

Simultáneamente con estas acciones depredadoras y anexionistas que llevaron al “nacimiento de la nación” gringa, se fue dando el continuo despojo territorial y las políticas exterministas de los indígenas.

 

El fin de la guerra civil, más que mitigarlas, intensificó las acciones racistas, contra la población negra y contra los pobladores originarios, por parte de estos capitalistas, blancos, protestantes, racistas, prepotentes y supremacistas, ya establecidos como la corriente clasista hegemónica en los Estados Unidos . Con el ingreso a la etapa imperialista, esta prepotencia se acrecentó y sus acciones fueron cada vez más agresivas, crueles, tramposas, militaristas, terroristas e involucraron nuevos territorios impulsando una nueva forma de colonización, despojo territorial e imposición política, algo que p o d e m o s d e n o m i n a r c o m o neocolonialismo.

 

Grotescas y criminales situaciones de anexionismo, de pretensiones y acciones imperialistas, bajo la falsa creencia de “superioridad” que históricamente han esgrimido los gringos y las cuales se pueden rastrear y reseñar, particularmente las realizadas en Latinoamérica.



 

El destino manifiesto

 

"Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad".

 

Carta de Simón Bolívar a Patricio Campbell. Guayaquil, 5 de agosto de 1829

 

Podemos anotar algunos casos específicos d e l e x p a n s i o n i s m o t e r r i t o r i a l o neocolonialismo, establecido por los gobiernos norteamericanos contra los pueblos de Latinoamérica:

 

El 2 de diciembre de 1823, el presidente de los Estados Unidos James Monroe, en mensaje dirigido al blanco Congreso de su blanco país, hábilmente establecería el ambicioso lema de "América para los americanos", que se constituiría, con el tiempo, en fundamento y explicación suficiente de la permanente política s u p r e m a c i s t a e i n t e r v e n c i o n i s t a norteamericana en los países de la América Latina. Estrategia de hegemonía que, desde entonces, les ha funcionado, gracias al poderío bélico y al cipayaje de muchos ladinos gobernantes y otros sujetos y sectores sociales de estos territorios.

 

Tempranamente el Libertador Simón Bolívar, en carta del 5 de agosto de 1829 al coronel inglés Patricio Campell, advertía acerca de la vocación imperialista del naciente Estado norteamericano: "Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad"; y es que, con esa conciencia supremacista, se han arrogado el derecho a decidir nuestro destino, presumiendo ser el "hermano mayor", -como lo señalara George Orwell-ante una supuesta incapacidad de estas naciones para la autonomía.

 

Toda nuestra historia republicana está cruzada por el intervencionismo gringo. La política norteamericana incansablemente ha impuesto a la América Latina múltiples maniobras de sometimiento a su tutelaje; por las armas o por la "diplomacia", desde el inicial despojo del territorio mexicano entre 1845 y 1848 y el rapto de Panamá en 1903, hasta esa gran cadena de vejámenes, i n v a s i o n e s , o c u p a c i o n e s , a c t o s d e fi l i b u s t e r i s m o , s a q u e o s , b l o q u e o s económicos y el manejo de políticos y gobernantes títeres. Hemos sido condenados a soportar el infierno de tan fatídica vecindad.

 

Q u e r i e n d o                 l e g i t i m a r    s u         a r b i t r a r i a

 

hegemonía y “superioridad”, se han fabricado convenientemente, las más

estrafalarias teorías, como la ya mencionada Doctrina Monroe, que frenaba a las potencias europeas en sus anhelos expansionistas, advirtiendo con claridad que "América es para los americanos...del Norte", o la tesis del llamado "Destino Manifiesto" que establecía que la América Latina, tarde o temprano, debía caer bajo su dominio, o la política del "gran garrote" y la "diplomacia del dólar" esgrimidas por T h e o d o r e R o o s e v e l t , l o s t á c t i c o s planteamientos justificatorios de las invasiones, "en defensa de los intereses norteamericanos" y por "la restauración del orden", hasta la falazmente llamada “alianza para el progreso", la "doctrina de la s e g u r i d a d n a c i o n a l " , l a " a y u d a " condicionada a la subordinación, las restricciones comerciales, los bloqueos y la recién inventada "certificación" política y moral que niegan a los países que no se someten a su pretendida superioridad. Ellos, los mayores consumidores de cocaína y otras drogas, en la pretensión de frenar el consumo interno de sus desgraciadas juventudes, sin mayores acciones sociales, de salubridad o educativas, dicen apoyar la represión en los países productores de la hoja de coca, la producción y mercadeo, mientras es casi nula la persecución a los grandes narcotraficantes que están incrustados en sus propias estructuras sociales, en su banca, en su administración tanto pública como privada, en sus fuerzas militares en la famosa CIA -su agencia central de inteligencia- y en la propia DEA - La Administración de Control de Drogas, o Drug Enforcement Administration, que realmente ha servido es de pantalla de los mismos narcotraficantes-

 

Escrúpulos teoréticos de gran eficacia en su política interna, que de ninguna manera han hecho mermar las brutales agresiones que continúan infligiendo periódicamente a pequeños países como Granada en 1983 y Panamá en 1989. Entretanto Cuba, luego de haberlos repelido en Bahía Cochinos y a g u a n t a r e l e n c l a v e o c a m p o d e c o n c e n t r a c i ó n y d e e x t e r m i n i o d e

 

G u a n t á n a m o , v i e n e r e s i s t i e n d o heroicamente un criminal bloqueo que ya se extiende por más de 60 años, pero que nos permite ver sorprendentes opciones de dignidad y de soberanía, en medio del general sometimiento de los gobiernos latinoamericanos, al presunto "destino manifiesto" de nuestros tristes pueblos.

 

En la novela "1984", George Orwell nos muestra una terrorífica visión política del futuro; un apocalíptico futuro que se ha venido haciendo presente y consolidando en estos primeros años del siglo XXI en consonancia con el derrumbe del llamado "socialismo realmente existente", que vino a significarle a este capitalismo tardío y agónico un inesperado fortalecimiento.

 

Con el aparente triunfo del "Nuevo Orden Mundial", la globalización de la economía y el desmantelamiento de la función social de los Estados, que establece el recetario n e o l i b e r a l a p l i c a d o a l o s p a í s e s dependientes, se está alcanzado ya la pesadilla pronosticada por Orwell en su obra 1984 :"La guerra es la paz", "la libertad es la esclavitud" y "la ignorancia es la fuerza", que son las consignas institucionales en su distopía, y las cuales, sin mayor esfuerzo, encontramos plasmadas en el proyecto de "democracia vigilada" que se desarrolla en el mundo contemporáneo, bajo la tutela estadounidense: Las periódicas agresiones militares a pequeñas naciones por parte de grandes potencias, el sórdido negocio de las armas emprendido por ellos mismos, la amenaza nuclear, el incremento constante del armamentismo y la conveniente utilización de organismos como las Naciones Unidas, su pretendida neutralidad y sus "cascos azules", disfrazados de "fuerzas de paz", pero puestos al servicio del poderío norteamericano, y la imposición de mediocres y hasta estúpidos showmens como dirigentes políticos y “gobernantes” en varios países subordinados a esa supuesta supremacía gringa, contribuyen a consolidar el sofisma de que los Estados Unidos son el gendarme de una paz que es realmente guerra y descomposición social.

 

Sutilmente se ha venido estableciendo una serie de mecanismos sustitutivos de los intereses de emancipación, que se han extraviado en la rutina de trabajos alienantes, bajo la permanente esclavitud del consumismo y en el uniformismo gregario, de los slogans y las modas, m a n t e n i é n d o n o s s o m e t i d o s a l a d o c t r i n a m i e n t o y m a n i p u l a c i ó n publicitaria, haciéndonos creer que la simple escogencia de marcas es ya la mayor expresión de libertad y autonomía, en un mundo que, supuestamente, ha llegado ya al fin de la historia, que consistiría en la general norteamericanización del mundo.

 

Por otra parte la creciente utilización de los medios de comunicación -incluido el cine ya subordinado a las agencias gringas de control y manejo político y social- en la promoción de las verdades oficiales y en la homogenización cultural, ha conducido a la conformación de esa "Aldea global" prevista por Mac Luhan, no sólo poniendo en entredicho las particulares identidades culturales de los pueblos, sino, en confluencia con un sistema educativo profesionalizante y credencialista, fomentando la "docta ignorancia" y el "doblepensar" de que hacen gala los razoneros del poder o "comunicadores".

 

Que "el Gran Hermano te vigila", no es ya una  especulación  alucinante.  El  inaudito

 

crecimiento    de la depauperación, no sólo

en los países del tercer mundo, sino al seno de los propios países posindustrializados, corre paralelo al incremento de la barbarie ecológica, de una mayor exacción de plusvalía y al incremento de los medios que guían y atrofian la conducta humana, según sus intereses y direccionamiento, como la prensa, la radio, el cine, la televisión, la i n t e r n e t y m u c h o s o t r o s a r t i fi c i o s impositivos comunicacionales, como la proliferación del consumo de drogas y la general idiotización de la juventud norteamericana, ya carente de ideas y valores y solamente enfocada hacia la irremediable drogadicción y al consumismo ilimite.

 

La eficiente construcción de la conformidad con el estado de cosas, mediante el empleo de tecnologías de convencimiento y persuasión, habilidosamente se ha trocado en exacerbación de nacionalismos, xenofobia, racismo y en un sinnúmero de conflictos étnicos y raciales extendidos por todo el planeta, bajo una concepción hegemónica y unipolar del mundo, agenciada especialmente por el gobierno supremacista de los Estados Unidos de Norteamérica que, mientras tanto, se reserva el derecho no solo de "certificar" las naciones sometidas, sino de definir como delincuentes e ilegales a los inmigrantes de estos pueblos, sometidos a las humillaciones y el maltrato laboral y, amenazados permanentemente con la deportación a sus territorios.

 

Quiero repetirlo: en el mensaje al Congreso en 1823, el presidente James Monroe establecería como principio político incontrovertible para esa nación, el eslogan: “América para los americanos”, divisa con la que buscaba no solo disuadir cualquier intención colonialista por parte de las potencias europeas, sino, expresar claramente la vocación expansionista e intervencionista norteamericana, y fijar por parte de los supremacistas gringos el condicionante estratégico de hacer de la América Latina su “patio trasero”, y los criterios de desprecio hacia las más diversas poblaciones de migrantes.

 

Sórdidas acciones que tratan de ocultar tras el manto de una fraseología acomodaticia que va desde el “Destino Manifiesto”, que condenaba a nuestros pueblos a una pretendida predestinación de subordinación a su imperio, pasando por otras políticas de desprecio y subordinación hacia ese pretencioso pueblo WASP -White, Anglo-Saxon and Protestant-.

 

Pareciera, además, que la tortura sigue siendo el principal fundamento correctivo para alcanzar esa pretendida cultura occidental, “puritana” y cristiana, que representa los Estados Unidos.

 

A n t e r i o r m e n t e , b a j o u n a v i s i ó n abiertamente teocéntrica del mundo, se torturó en el nombre de Dios y para preservar la unidad de la fe. Hoy, bajo la era del capitalismo, la tortura se realiza en nombre de la civilización y del progreso y p a r a m a n t e n e r e l e m b u s t e d e l a “democracia” elaborado por los gobiernos gringos.

 

To d a l a " h a z a ñ a " c i v i l i z a t o r i a d e l descubrimiento y la conquista, así como el largo período de colonización que



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padecieron los pueblos de lo que aún llamamos “el tercer mundo”, se logró en gran medida merced a una sistemática tortura y subordinación de los pueblos v e n c i d o s , o e u f e m í s t i c a m e n t e , denominados como “conquistados”.

 

España,  Inglaterra,  Holanda,  Portugal...

 

todos los gobiernos europeos torturaron, humillaron y asesinaron a los pueblos de A s i a , Á f r i c a y A m é r i c a L a t i n a , considerándolos “inferiores” y abrogándose e l d e r e c h o d e “ c u l t u r i z a r l o s ” , d e “domesticarlos”; desde el siglo XV hasta el presente -y esta deuda aún no se cobra-, han practicado la tortura incluso los hoy publicitados defensores de los derechos humanos; Bélgica ejerció un sanguinario mandato sobre el Congo -hoy Zaire-, que dejó ver que la civilización es la barbarie, como lo señalara Walter Benjamin: Millones de seres humanos fueron inmolados en el altar de la impostura exploratoria y comercial, supuestamente en favor de esa culturización, evangelización, cristianización de los pueblos salvajes. No en vano el gran escritor Joseph Conrad diría en su obra “El corazón de las tinieblas”, que "esa avanzadilla del cambio, de la conquista,  del comercio, de las matanzas de la prosperidad", no era más que el despiadado poder del horror que provoca la llamada civilización.

 

Francia torturó en Marruecos y en Argelia, y en definitiva la Italia fascista y la Alemania nazi no marcaron la conclusión, sino el renacimiento y la reiteración de la tortura, la Rusia zarista torturaba y el régimen soviético instauró la psiquiatría represiva. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos que, como si fuese el triunfo póstumo de Hitler, nos hemos ido habituando al horror y a la tortura, que ahora enorgullece a muchos mandatarios como el criminal y genocida Benjamin Netanyahu del estado sionista de Israel, o ese patético showman Donald Trump, que continúa manteniendo los campos de confinamiento y tortura como el enclave de Guantánamo.

 

La moderna tortura ya no recurre a la complicidad teológica de antaño, sino a las argucias de un pretendido ordenamiento jurídico institucionalizado contra los opositores políticos e ideológicos, como se puede ver, por ejemplo, en asuntos como el “juicio” seguido contra Sacco y Vanzetti en los años veinte del pasado siglo. Eran simples exiliados italianos en busca de ese publicitado y fantasioso “sueño americano”.

 

Hace mucho tiempo que la migración y el exilio constituyen una importante opción de vida para muchos que, deslumbrados por la supuesta "calidad de vida" de los países ricos, prefieren adquirir la condición de apátridas en esos territorios, con tal de alcanzar el sueño de una mejor situación laboral y económica. Se someten a vivir en deplorables guetos y a desempeñar trabajos ilegales o de muy baja categoría (que los algo acomodados llegados en oleadas anteriores pero que se asumen “nativos” de tales países se niegan a realizar), recibiendo pésimos salarios, insultos, atropellos, soportando el racismo, la constante discriminación, la xenofobia y las leyes raciales, pero aprendiendo a trepar, ahorrando para enviar dinero a sus familias y, como culminación de su total adaptación, desde sus miserables guetos y sórdidas habitaciones y favelas clandestinas, terminan apoyando a los farsantes politiqueros y sus promesas, en fin, apoyando ese "nuevo orden mundial", que el imperio les vende.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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PELÍCULA: “MATAR UN RUISEÑOR”

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Cómo matar un ruiseñor

 

La permanencia y continuidad del racismo y el supuesto supremacismo de los blancos herederos del reformismo puritano, podemos certificarlo también, siguiendo los argumentos y pormenores establecidos en la película “Matar un ruiseñor” de 1962, basada en la novela de su mismo nombre de Harper Lee.

 

El film está sustentado en la narración que, ya siendo adulta, realiza Jean Louise "Scout", sobre recuerdos de su infancia por los años 30, en compañía de su hermano, amigos y de su padre, Atticusn Finch, prestigioso abogado, quien es designado de oficio, a la defensa de un negro -Tom Robinson- que ha sido acusado injustamente de la violación de una chica blanca llamada Mayela, hija de un ignaro granjero blanco.

 

La película muestra cómo hordas de estos resentidos granjeros, muchos de ellos pobres, analfabetas y endeudados, pero cargados del orgulloso poder que les da su condición de blancos descendientes de p u r i t a n o s e s c l a v i s t a s , i n t e n t a n e l linchamiento del recluso negro.

 

Durante el juicio el abogado, señalado por estas personas como un “encubridor de sucios negros”, muestra fehacientemente que la víctima no podía haber recibido los golpes atribuidos, ni ser el autor de los intentos de “estrangulamiento”, porque el acusado tenía impedimentos en el brazo izquierdo, del que según los análisis forenses habrían provenido los golpes. Además, se certifica la condición agresiva y violenta del padre de la chica supuestamente abusada, un granjero, atarbàn, borracho y zurdo, pero, aunque pobre y endeudado, blanco y de “buena familia”.

 

En su teatralidad defensiva la asustada M a y e l a i n c u r r e e n e v i d e n t e s contradicciones e incluso se establece que R o b i n s o n s e n t í a “ l a s t i m a ” p o r l a adolescente, “víctima de la cruel pobreza e ignorancia”. Mayela, concluye el abogado, se sentía culpable por haber roto el rígido e inquebrantable código social y cultural, al sentirse atraída por un negro.

 

Probada testimonial y argumentadamente la inocencia de Tom Robinson, el abogado se ve enfrentado a un jurado formado por hombres blancos todos ellos también de “buenas familias”, a los que Atticus pide que dejen de lado sus prejuicios y el racismo. Pero, amparados en ese “instinto gregario”, en ese espíritu de cuerpo o de rebaño, y mostrando una “cínica confianza” en su superioridad, no podían aceptar, de ninguna manera, que un negro tuviese “lástima” por una persona blanca. Finalmente, el acusado es declarado culpable y luego asesinado, aduciendo una supuesta huida. A más de m o s t r a r l o s f a l l i d o s i n t e n t o s d e linchamiento, la película insinúa la realización de una ejecución extrajudicial, la llamada “ley de fuga”. Similar situación repetitiva y constante que hemos conocido e n C o l o m b i a b a j o l a e u f e m í s t i c a d e n o m i n a c i ó n d e s e r u n o s “ f a l s o s positivos”.

 

Posteriormente el abogado y sus hijos son víctimas de persecución y acoso por parte de los enardecidos granjeros y provincianos que, incluyendo al violento y beodo padre de la ofendida, en todo caso, representan los valores sagrados de ese típico piadoso cristianismo de los norteamericanos.

 

Para la autora del libro -Harper Lee- el ruiseñor representa con sus bellos trinos un enorme símbolo, pues se trata de una bella ave que, sin más, expresa con su canto, precisamente, la libertad…y, algo así como la moraleja del libro y de la película es que se d e b e p r e s e r v a r l a l i b e r t a d , independientemente de las normas y de los poderes establecidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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PELÍCULA: “SACCO Y VANZETTI”

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El caso Sacco y Vanzetti

 

Es bueno recordar el caso de Sacco y Vanzetti para insistir que nada ha cambiado. Que el slogan o propaganda política del imperio norteamericano, “América para los americanos”, sigue teniendo la misma fuerza y sentido para los estadounidenses del montón, como puede apreciarse en los carteles de repudio a los migrantes, como aparece y lo expresa con diáfana claridad la película “Sacco y Vanzetti” de Giuliano Montalbo de 1971.

 

En el año 1921, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, trabajadores migrantes, de origen italiano y formados políticamente como rebeldes libertarios, fueron acusados de un crimen que no cometieron, el asalto a una fábrica de calzado y un doble asesinato, la policía los arresta convenientemente, para cumplir una especie de “falso positivo”. El juicio, amañado, muestra con claridad la falacia leguleya y los entrampamientos clasistas, racistas y xenófobos que, desde siempre ha caracterizado al llamado “Estado liberal de derecho” que tanto publicita el sistema gringo. Fueron “juzgados” y hallados culpables y, a pesar de las protestas realizadas a nivel mundial, se les ejecutó en la silla eléctrica en el año de 1927.

 

Fueron incriminados y todo el “proceso” fue acomodado: El tinglado de la farsa de la “justicia” americana, la liberal “majestad de la justicia” -sus tribunales, magistraturas y fiscales-, se torció, operó, otra vez, contra los inmigrantes y aunque los argumentos p r e s e n t a d o s e n s u d e f e n s a f u e r o n incontrovertibles, serios y contundentes, el hecho de que los convictos fueran radicales, los llevó a su condena.

 

Haciéndonos creer que en ello consiste la t e a t r a l “ m a j e s t a d d e l a j u s t i c i a ” , inexorablemente fueron ejecutados en la silla eléctrica, -precisamente una noble invención, gringa, establecida desde el año de 1886, para que las ejecuciones fuesen menos vistosas y espectaculares, como lo era la horca y otros métodos considerados menos “humanos”-. En realidad, se les condenó y ejecutó por su condición política, por ser anarquistas y sindicalistas, bajo el falso manto protector de una serie de testimonios y “pruebas” presentadas teatralmente como irrefutables.

 

En términos generales lo que podemos establecer como “irrefutable” hoy, es el miedo tenaz del poder de los gringos de esa pretendida “sociedad superior” WASP, de b l a n c o s , r e f o r m i s t a s , r a c i s t a s y supremacistas al “otro”, al extraño, al inmigrante que, a pesar de requerirlos, los temen; temen su rebeldía y sus posibilidades de organización y lucha.

 

En 1977, con ocasión de cumplirse 50 años de ese crimen de Estado, el gobernador de Massachusetts proclamó oficialmente su inocencia. Un tardío reconocimiento carente de significación, simplemente teatralidad y, de nuevo, fingimiento democratero.

 

En la película “Lo que el viento se llevó” descaradamente afirman los promotores de esta pretenciosa mentalidad, que la tranquilidad espiritual que les genera el esclavismo y la subordinación de los considerados inferiores, es algo que no están dispuestos a perder y que ello constituye su honor de pueblo superior.

 

Como respuesta a estas pretensiones hegemónicas y supremacistas, hoy renovadas, tiene entero sentido y validez propugnar por la unidad latinoamericana, como durante el largo proceso de la independencia frente al poder español, lo hicieran notables figuras como, Simón Bolívar, Francisco de Miranda, José de San Martin, Bernardo O'Higgins, José Martí, y más recientemente Emiliano Zapata, Pancho Villa, César Augusto Sandino y Fidel Castro. Para enfrentar con dignidad, no sólo al imperialismo, sino a todos esos cipayos gobernantes subordinados a los intereses del imperialismo.



 

 

 

 

 

 



IV.  LA ADAPTACIÓN DE LA POLÍTICA A LOS IMPERATIVOS RELIGIOSOS

 

-La muerte administrada por criterios de “compasión”-

 

L o s d e l i r a n t e s n a z i s , f a s c i s t a s y supremacistas, siempre han considerado, con argumentos sustentados religiosamente, que todo su accionar está guiado por claras expresiones de “amor al prójimo”, que b u s c a n e x c l u s i v a m e n t e , l a p a z , l a compasión y la concordia, en fin, el bienestar de los seres humanos, lo que, por supuesto, incluye “el mejoramiento de la raza”.

 

La economía siempre ha estado ligada a la eugenesia, la idea de acabar con los “improductivos”, el querer “depurar” los procesos productivos de todo lo que lo entorpezca, está ligada a la religiosa “muerte por compasión”.

 

En su mediocre libro “Mi lucha”, escrito en prisión entre 1925 y 1926, -sí, escrito en prisión, como coincidencialmente lo hiciese el Dr. Mabuse, ese siniestro personaje de ficción creado Fritz Lang, en la última película sobre el tema, “El testamento del Dr. Mabuse”, presentada en el año de 1933, mismo en que se da el encumbramiento del nacionalsocialismo a la dirección del Estado en Alemania-.

 

Como repitiendo el argumento expresado por Lang en sus filmes, referidos a ese extraño criminal que llamó Mabuse, tenemos que certificar que el oscuro espíritu de ese sujeto de ficción, continúa vivo e ignominiosamente presente, en los herederos de ese sórdido, tenebroso y r e p u g n a n t e p e r s o n a j e , q u e v i e n e n patéticamente repitiendo, en la vida real, su criminal historia y que, precisamente, expresan una especie de triunfo póstumo de Hitler.

 

En su libro Hitler expone sus planteamientos y criterios políticos, que habrían de constituir la orgullosa “ideología” política del nacionalsocialismo.

 

En este compendio de mezquinas opiniones elaboradas, según su criterio, para “constituir la gran Alemania”, son claras sus intenciones de promoción del “progreso”, sus exigencias de lograr más territorio de expansión para Alemania, expresa su repudio total al parlamentarismo, así como el rechazo al que denomina “arte decadente o degenerado” y, le pide a las confesiones religiosas que no vayan en contra de las direcciones fijadas por el Estado, además considera necesarias la vigilancia y la censura a la prensa para que, en lo fundamental, enaltezca todo lo germánico y denuncie aquello que pretenda reconocer las etnias y los grupos “inferiores”, que impiden el desarrollo y el progreso.

 

Plantea Hitler en su libro la prohibición de “toda inmigración no alemana”, para preservar esa pureza racial a que están obligados a defender y promover todos los alemanes, para alcanzar una mayor productividad y la unidad de la nación.

 

En el capítulo titulado “Nación y raza” afirma Hitler que “cada vez que la sangre aria se mezcló con la de otros pueblos i n f e r i o re s , l a c o n s e c u e n c i a f u e l a destrucción de la raza portaestandarte de la cultura… y, continúa… la América del Norte cuya población está formada en su mayor parte por elementos germánicos, que apenas llegaron a confundirse con las razas inferiores de color, exhibe una cultura y una humanidad muy diferentes de las que exhiben la América Central y la del Sur, pues allí los colonizadores, principalmente de origen latino, mezclaron con mucha liberalidad su sangre con la de los aborígenes”.

 

Cfr. “Mi Lucha”. Adolf Hitler. Ediciones Petronio S.A. Barcelona España1974. Página 139.

 

Y, más adelante, en el apartado “El Estado” sostiene que la sacrosanta autoridad del Estado debe dirigirse al bienestar de los individuos, lo que necesariamente implica la germanización de toda la población y enfatiza en que la “raza”, no es un mero asunto idiomático sino de sangre, por lo tanto, no se debe buscar su “mezcla”, sino, p o r e l c o n t r a r i o , s u p u r i fi c a c i ó n , c o n v i r t i é n d o s e , e n t o n c e s , e n a l g o imprescindible y necesario la activación de procesos eugenésicos para mantener dicha “pureza”.

 

Es importante anotar ahora, la total semejanza entre lo propuesto por el cabo Adolf Hitler y lo que de manera similar viene haciendo el prepotente lumpen empresario, ese viejo animador de reality shows y figurón presidente gringo, Donald Trump, respecto a los migrantes en Estados Unidos.

 

Todo el contenido de esas tesis y propuestas -ayer de Hitler como hoy de Netanyahu y de Trump-, dicen hacerlo respaldados en sus credos religiosos, para los que piden mayor apoyo y seguimiento. De esta manera poco clara y definida, parecieran querer buscar una nueva adaptación o reforma al credo cristiano que, en sus distintas variaciones, concuerdan con estas tesis racistas y supremacistas.

 

Miren nada más estas “coincidencias”: el dios de los nazis también se sustentaba en una ideología racista y xenófoba, haciendo creer que la supuesta “raza aria” (de la cual provendrían, según el credo nazi, los alemanes) estaba hecha a la imagen de ese dios teutón. Así como hoy los supremacistas gringos y sionistas, reclaman también la preeminencia de una particular divinidad que enaltece a los judíos o a los anglo sajones, por sobre otros pueblos y culturas. El libro de Hitler también habla de manera pseudo científica de un darwinismo social, de una lucha entre especies, y dice que la mezcla con las razas “inferiores” o “débiles” e n t o r p e c e e l p r o c e s o e v o l u t i v o d e mejoramiento racial.

 

Como en una especie de oxímoron, de algo distinto pero semejante, encontramos como complemento a ese mismo embuste de la superioridad racial, lamentablemente a nivel de Latinoamérica, propuestas que aceptan dicha hipótesis, disfrazadas hasta de “revolucionarias”, como las expresadas por el escritor mexicano José Vasconcelos en su conocido libro de 1925, “La raza cósmica” e n q u e , s i g u i e n d o p l a n t e a m i e n t o s darwinistas de manera equivocada, defiende la peregrina idea del mejoramiento racial, gracias al mestizaje con los colonizadores, al blanqueamiento que puede lograr el mejoramiento cultural y racial.

 

Se trata, para Vasconcelos, de una la necesaria trasformación de los indios y los negros, y de su baja condición intelectual, cultural y productiva, lo que solamente se puede mejorar mediante la inmigración y cruce con los europeos, latinos, arios o sajones. Esa nueva raza mixta sería una raza de transición; porque después todos l l e g a r í a m o s a s e r b l a n c o s , n o s “blanquearíamos”.

 

Plañideramente se queja José Vasconcelos de que la antigua “raza” originaria “que hemos convenido en llamar atlántida prosperó y decayó en América. Después de un extraordinario florecimiento, tras de cumplir su ciclo, terminada su misión particular, entró en silencio y fue decayendo hasta quedar reducida a los menguados Imperios azteca e inca, indignos totalmente de la antigua y superior cultura. Al decaer los atlantes, la civilización intensa se trasladó a otros sitios y cambió de estirpes” (…)

 

“Es claro que el predominio del blanco será también temporal, pero su misión es diferente de la de sus predecesores; su misión es servir de puente. El blanco ha puesto al mundo en situación de que todos los tipos y todas las culturas puedan fundirse. La civilización conquistada por los blancos, organizada por nuestra época, ha puesto las bases materiales y morales para la unión de todos los hombres en una quinta raza universal, fruto de las anteriores y superación de todo lo pasado” (...)

 

“Desde los primeros tiempos, desde el descubrimiento y la conquista, fueron castellanos y británicos, o latinos y sajones, para incluir por una parte a los portugueses y por otra al holandés, los que consumaron la tarea de iniciar un nuevo período de la Historia conquistando y poblando el hemisferio nuevo. Aunque ellos mismos solamente se hayan sentido colonizadores, trasplantadores de cultura, en realidad establecían las bases de una etapa de general y definitiva transformación” (…)

 

Y, tras una esperanza de mejoramiento incluso “estético”, José Vasconcelos acentúa en que: “…podría redimirse, por ejemplo, el negro, y poco a poco, por extinción voluntaria, las estirpes más feas irán cediendo el paso a las más hermosas. Las razas inferiores, al educarse, se harían menos prolíficas, y los mejores especímenes irán ascendiendo en una escala de mejoramiento étnico, cuyo tipo máximo no es precisamente el blanco, sino esa nueva raza, a la que el mismo blanco tendrá que aspirar con el objeto de conquistar la síntesis. El indio, por medio del injerto en la raza afín, daría el salto de los millares de años que median de la Atlántida a nuestra época, y en unas cuantas décadas de eugenesia estética podría desaparecer el negro junto con los tipos que el libre instinto de hermosura vaya señalando como fundamentalmente recesivos e indignos, por lo mismo, de perpetuación. Se operaría en esta forma una selección por el gusto, mucho más eficaz que la brutal selección darwiniana, que sólo es válida, si acaso, para las especies inferiores, pero ya no para el hombre (…)”.

 

Esas tesis racistas y eugenésicas, así como la credibilidad en que el “blanqueamiento” racial hace parte del bagaje común, de la ideología nazi-fascista que ayer impulsaran Mussolini y Hitler y que hoy siguen siendo fundamento del supremacismo judaico y gringo y del pensar cotidiano de muchos advertidos “intelectuales” de la derecha y de algunos despistados de la “izquierda”, entendiendo que muchas veces confrontar e s o s e s q u e m a s , s u p u e s t a m e n t e “progresistas” o de “izquierda”, resultan más complicados que enfrentar las narrativas de la derecha. Se trata de “intelectuales”, adscritos muy seguramente al “síndrome del tío Tom”.

 

Esa tremenda aceptación de los criterios r e l i g i o s o s d e m e j o r a m i e n t o d e l a humanidad, suprimiendo por compasión los elementos feos, “inferiores” o dañinos para el desarrollo de la raza, muestra esas totales “coincidencias” ente el quehacer genocida de Hitler y los intereses de religiones como el catolicismo o el evangelismo protestante. Asunto que pone en evidencia Costas Gavras en su película “Amen” del año 2002. La película trata de la complicidad de los representantes de la llamada santa Sede, o el Vaticano, y otras corrientes religiosas reformistas con el régimen nazi durante el exterminio de judíos, gitanos y otras etnias y culturas durante la Segunda Guerra Mundial.



 

 

 

102 _____________________ Julio César Carrión Castro



En propiedad, de manera definitiva, sin temor a equivocarnos, podemos hablar de la real existencia del apoyo y amparo cristiano a l T e r c e r R e i c h , a H i t l e r y a l nacionalsocialismo -apoyo dado por las distintas variantes del cristianismo - católicos, reformistas, protestantes, evangélicos etc.- Se trata de entender abiertamente que todas estas confesiones, credos y corrientes, son en última instancia, promotoras de fascismo, son “Cristo-fascistas”. Un fascismo cristiano cada vez más fortalecido y presente que acompaña p a r t i c u l a r m e n t e , e s a m e n t a l i d a d supremacista de los gringos.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Supremacismo Gringo _______________________ 103



PELÍCULA: “AMEN”

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 El Supremacismo Gringo _______________________ 104



La película nos muestra la situación de un oficial alemán, Kurt Gerstein (Ulrich Tukur), poseedor aun de algunos reatos de conciencia, a pesar de pertenecer a la banda criminal de la S.S., luego de enterarse del uso del gas Zyklon B, que él como ingeniero promociona y fabrica, supuestamente como “desinfectante”. En realidad este tóxico se emplea en los campos de concentración y de exterminio como gas venenoso para “depurar” la sociedad de los sectores considerados malformados, inferiores e “improductivos” que constituyen un estorbo tanto a la productividad, como al desarrollo de la raza y las clases superiores. Kurt intenta infructuosamente denunciar estas crueldades y atrocidades primero a la jerarquía y a las autoridades protestantes y, luego, a la Iglesia católica. Para lo cual busca el apoyo del sacerdote jesuita Ricardo Fontana (Mathieu Kassovitz), quien también se sorprende de manera inútil por la magnitud del genocidio, disfrazado de “desinfección”

 

Es una denuncia por la indiferencia y complicidad del Papa Pio XII, el Vaticano y las distintas instituciones cristianas ante el Holocausto nazi, así como a los gobiernos británico y estadounidense que simulaban desconocer el exterminio de los nazis. Similar situación a la de hoy frente al genocidio perpetrado por los judíos sionistas contra el pueblo palestino.

 

La película señala, premonitoriamente, cómo se continuaría caminando el mismo sendero que denunciaba como algo dado bajo el régimen del Tercer Reich, pero que en realidad nunca ha dejado de tener vigencia, contando con el amparo de las distintas religiones cristianas… Se trata de esa especie de acuerdo tácito entre las variadas convicciones o credos religiosos que parecieran obrar bajo el disfraz de “servir a la humanidad”, pero que en realidad constituyen unas entidades altamente burocratizadas que solamente buscan ventajas para sus sacerdotes y algunos de sus integrantes. Situación detallada en el caso de las relaciones tanto de la iglesia católica -el Vaticano, el papado-como los representantes del protestantismo que no simplemente cohonestaban con los intereses hitlerianos, sino que coincidían con las políticas del nazismo y del Tercer



 

Reich, contra el pueblo judío, los gitanos y otros grupos considerados despreciables e inferiores, situación que hoy continúa cumpliéndose, con lujo de detalles, mediante la complicidad de los gobiernos europeos, norteamericano, los seguidores y los “inocentes” creyentes de estas religiones, con el teológico estado judío de Israel, apoyando y aplaudiendo el abierto, descarado y publicitado genocidio contra el pueblo palestino.

 

C o m o u n a c o n t i n u i d a d d e l o q u e publicitariamente ayer, los promotores de las corrientes judaicas denominaron “el H o l o c a u s t o ” , p e r o q u e e l nacionalsocialismo considerara una “limpieza social”, una acción indispensable para el “mejoramiento de la raza”, una definitiva acción eugenésica, encontramos las acciones de limpieza social y de impedimento de la “contaminación” de los inmigrantes a las constituidas sociedades de este llamado “mundo libre”.

 

Aunque Hitler repitió en reiteradas ocasiones que el nazismo era una ideología de carácter laico y secular, supuestamente fundada en la ciencia y que una especie de darwinismo social guiaba las políticas del III Reich en materia de la eugenesia social y el exterminio de las “razas inferiores”, no obstante es muy claro su compromiso religioso con estas prácticas puritanas, purificadoras.

 

En marzo de 1933 decía Hitler respecto al catolicismo y la iglesia reformista: “El Gobierno nacional ve en las dos confesiones cristianas los factores más importantes para el mantenimiento de nuestro pueblo. El gobierno nacional respetará todos los compromisos concertados entre ellas y los países. Sus derechos no serán restringidos. La preocupación del gobierno en la sincera colaboración entre la Iglesia y el Estado; la lucha contra una ideología materialista en pro de una verdadera comunidad popular sirve a los intereses de la nación alemana lo mismo que al bien de nuestra Fe cristiana. Del mismo modo el Gobierno del Reich da importancia suma a sus amistosas relaciones con el Vaticano, viendo en el cristianismo el fundamento inamovible de moral y virtud popular”.



 

Gracias, quizá, al hecho de que el propio Papa Pio XII señalara que el Vaticano solamente tenía unas “sutiles discrepancias” con el III Reich, podemos ahora corroborar que en realidad se trata de la puesta en evidencia de las incontrovertibles bases de carácter religiosas - cristianas - del nacionalsocialismo.

 

Parte de esas “sutiles diferencias” son, tal vez, aquellas referidas a las metodologías de subordinación, segregación y muerte aplicadas a los seres humanos considerados diferentes, inferiores, superfluos, o simplemente utilizables, desechables, suprimibles, según las conveniencias del poder, como claramente se pueden percibir en la sangrienta historia de las cruzadas, la conquista y la colonización de muchos pueblos del mundo, y en las torturas y hogueras de la Santa Inquisición.

 

Las leyes raciales

 

Las leyes raciales que Hitler y los nazis aplicaron contra los pueblos y culturas que consideraron despreciables o “inferiores”, aunque fueron establecidas de una manera

desorganizada, incoherente y sin mayor sustento ideológico, fueron incitadas por u n a s e r i e d e e l u c u b r a c i o n e s pseudocientíficas, sostenidas y defendidas por delirantes charlatanes que posaban de académicos, quienes entendían, de una manera absurda y acomodaticia, las investigaciones y descubrimientos de Charles Darwin, expuestos en sus obras, particularmente en “El origen de las especies”, pero también se afirmaron en la vinculación elemental del nacionalismo con la ideología segregacionista y racial proveniente de los Estados Unidos de Norteamérica, en especial aquellas normas de estratificación establecidas, histórica y religiosamente, por los padres peregrinos que crearon esa “gran nación”.

 

Las llamadas leyes de Núremberg surgen también como una herencia incuestionable d e l o s p r o c e s o s c r i s t i a n i z a d o r e s , e v a n g e l i z a d o r e s , c i v i l i z a t o r i o s y culturizadores e inspiradas principalmente en el racismo institucionalizado de los Estados Unidos, en concreto basándose en las llamadas leyes de Jim Crow, que fijaron los empresarios sureños en sus plantaciones y haciendas.



 

Nazismo y supremacismo

 

A partir de las tesis de la selección natural y en general del desarrollo del pensamiento eugenésico basado en los planteamientos científicos de Darwin, muchos de estos s u p e r fi c i a l e s “ i d e ó l o g o s ” r a c i s t a s , comenzaron a proponer que los judíos, los g i t a n o s y o t r a s e t n i a s y c u l t u r a s conformaban “razas” dañinas al desarrollo de los alemanes.

 

Precisamente esa noción de “raza”, inventada e incorporada al lenguaje y a la vida cotidiana de las gentes, constituye una especulación teorética creada por los empresarios y las clases hegemónicas, para definir, convenientemente, los grupos de identidad o pertenencia a un territorio, a una región o a una nacionalidad, que se consideran mejores, o superiores, a los otros grupos ajenos o recién llegados, y por tanto, considerados advenedizos y simplemente material laboral, dignos de vejaciones, exclusiones, maltratos y de ser excluidos de la vida social.

 

Este  tipo  de  construcciones  ideológicas s e g r e g a c i o n i s t a s s i e m p r e h a n s i d o históricamente funcionales y su empleo ha tenido un inmenso éxito en los procesos de explotación laboral.

 

Georg Ritter von Schönerer, fue uno de estos s u p u e s t o s “ t e ó r i c o s ” r a c i s t a s q u e fehacientemente contribuyó a inspirar los movimientos pangermánicos, chovinistas, ultranacionalistas a finales del siglo XIX, produjo una propaganda, ampliamente difundida merced a sus cargos en la administración política de Viena, en la que reclamaba “la eliminación de la influencia judía en todos los ámbitos de la vida pública".

 

Adolf Hitler compartía el racismo, el pangermanismo y el desprecio por la democracia de los austriacos Georg von Schönerer -1842-1921- y Karl Tueger - 1844-1910-, alcalde de Austria y fundador del partido cristiano.

 

En su libro, Mein Kampf, -Mi lucha- Hitler dedicó varias páginas del capítulo 3 a ellos, expresó su adhesión a dichas ideas y se propuso darles continuidad, añadiendo otro componente a la ideología racista y antisemita. Afirmó que el comunismo estaba vinculado al judaísmo, por ello escribió:

 

“En el bolchevismo ruso debemos ver el intento emprendido por los judíos en el siglo

 

XX    por lograr la dominación mundial. Al igual que en otras épocas, se esforzaron por alcanzar el mismo objetivo mediante otros

 

p r o c e s o s , a u n q u e i n t e r n a m e n t e r e l a c i o n a d o s . S u e s f u e r z o e s t á profundamente arraigado en su naturaleza esencial”.

 

Luego de alcanzar el cargo de Canciller de Alemania en enero de 1933, Hitler y sus colegas se propusieron establecer y d i r e c c i o n a r l a s l e y e s r a c i s t a s y supremacistas en el ordenamiento legal y en la vida práctica del pueblo alemán, logrando una gran aceptación entre los sectores medios y populares. Así, en 1935, después d e c o n s o l i d a r s u p o d e r p o l í t i c o parlamentario y judicial, mediante la purga y el asesinato selectivo de los enemigos externos e internos, con el apoyo de las fuerzas militares y paramilitares -la Wehrmacht y las secciones de asalto, o grupos de choque, como las Sturmabteilung o S.A., los escuadrones paramilitares de protección conocidos como Schutzstaffel o las S.S., creados para promulgar y hacer cumplir la política racista e instaurar y llenar los campos de concentración y exterminio de los opositores y las llamadas clases y razas inferiores-.


Las Leyes de Núremberg fueron inventadas como parte de los preparativos para el mitin del Partido Nazi de 1935 en la plaza de armas de Núremberg, evento que fuera d o c u m e n t a d o p o r l a c i n e a s t a L e n i R i e f e n s t a h l e n s u d o c u m e n t a l p r o p a g a n d í s t i c o d e l Te r c e r R e i c h , denominado “El triunfo de la voluntad”.

 

Todo este acto teatral, que duró una semana, concluyó con el anuncio de Hitler de que la esvástica sería la insignia, símbolo y bandera de esa nueva Alemania. Además, se promulgaría allí la tesis de que los judíos no serían considerados alemanes y se impuso una drástica -y criminal- legislación contra los opositores y, los considerados grupos perjudiciales para el desarrollo y la pureza de los arios; fueron estas las leyes de N ú r e m b e r g ,                       c o n s a g r a d a s        p a r a “ l a Protección de la Sangre y el Honor Alemanes", leyes que prohibían el mestizaje, el matrimonio y las relaciones sexuales entre grupos étnicos diversos.

 

El objetivo de estas leyes era prevenir el delito de “profanación racial”. Se despojó a los judíos de sus derechos y se fijaron las normas para que alguien pudiese ser considerado de “raza pura” o no, algo que, con antelación ya habían establecido y consagrado para la vida cotidiana, los supremacistas gringos, frente a la población afroamericana que habían traído como mano de obra esclava.

 

En realidad, se trató de una evidente continuidad del racismo practicado por los reformistas puritanos blancos anglosajones de Norteamérica contra la población negra, solo que el objeto del desprecio “ario” en la Alemania nazi, sería dirigido contra los judíos y otros grupos y comunidades considerados inconvenientes y estorbosos.

 

Las Leyes de Núremberg adquirieron gran presencia e influencia en la vida cotidiana de todos los alemanes, dados los montajes persecutorios de carácter publicitario y e s p e c t a c u l a r. A s í , l o s e v e n t o s d e acusaciones de “profanación racial” y otros, eran públicos, con una cobertura mediática sensacionalista y juicios abiertos, como lo f u e r o n l o s p r o c e s o s d e a c u s a c i ó n , persecución, linchamiento y quema de brujas y de herejes durante toda la Edad Media en la muy culta, civilizada y cristiana Europa, y los realizados por la poderosa organización del Ku Klux Klan en los Estados Unidos.

 

Las leyes de Jim Crow

 

Las leyes de Jim Crow fueron una serie de estatutos estatales y locales nacidos en los estados del sur que, luego de la derrota en la g u e r r a d e s e c e s i ó n , l e g a l i z a r o n l a segregación racial para mantener sometidos y en condiciones de subordinación total a la p o b l a c i ó n n e g r a . I d e o l o g í a q u e posteriormente extendería su influencia a todos los Estados Unidos, hasta mediados de los años 60 del siglo XX. Su objetivo principal era negar a los afroamericanos todo tipo de derechos como el sufragio, la educación, los servicios de salud, el empleo y les obligaba a mantenerse distantes y separados social y culturalmente, de la “raza” superior, -wasp, blanca, anglosajona y protestante- en los más diversos espacios públicos y comunitarios.

 

Parece ser que el nombre "Jim Crow" proviene de un personaje de caricatura que hace referencia a un esclavo afroamericano, luego de alcanzar su presunta emancipación. P e r s o n a j e c o n q u e s e r e a l i z a b a n espectáculos burlescos por parte de los granjeros y ciudadanos blancos; se utilizó para designar de forma despectiva a los afro descendientes

 

Las tales leyes fueron promulgadas para seguir manteniendo, sin el rigor de la esclavitud directa, de manera permanente la segregación en la vida cotidiana, cosa que aún constituye base sustantiva de la mentalidad de los gringos. Leyes que exigían -y exigen- la separación entre los blancos y la llamada "gente de color", en los distintos lugares públicos como medios de transporte, baños, parques, teatros, mercados, escuelas, hospitales etc.

 

Es decir, una marginación social, política, cultural y económica de carácter general, un apartheid racial que se ha perpetuado en esas tierras de la “democracia”.

 

Este sistema de segregación racial ha sido mantenido y hasta reforzado, a pesar de las teatrales posturas de algunos dirigentes y las insignificantes e insustanciales acciones leguleyas, falsas y engañosas y de todo un cúmulo de apariencias mediáticas y publicitarias.

 

Como lo hemos dicho esas llamadas leyes de Jim Crow buscaban impedir que los afroamericanos ejercieran sus derechos básicos, lo cual, por supuesto ha generado los consecuentes disturbios, desordenes y levantamientos populares, como se puede a p r e c i a r e n l a r e c i e n t e h i s t o r i a norteamericana, que muchos estudiosos, analistas y cineastas recogen, como se puede apreciar en películas como “Detroit”, entre muchas otras.

 



PELÍCULA: “DETROIT”

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 El Supremacismo Gringo _______________________ 112

 

Estados Unidos de Norteamérica: Una religiosa zona de confort racista

 

Considero pertinente incluir como introducción de este capítulo la masacre racial realizada en Tulsa, Estados unidos, en el año de 1921, tal como lo reseña y describe Amnistía Internacional: Se trató de “una de las más brutales matanzas racistas contra la comunidad negra en Estados Unidos, pero es casi desconocida porque durante décadas fue envuelta en un impenetrable manto de silencio. En la noche del 31 de mayo y la madrugada del 1 de junio, durante 18 horas de asesinatos masivos, incendios y saqueos realizados por una turba de 10.000 hombres blancos armados, 35 manzanas del barrio negro de Greenwood quedaron en ruinas. La destrucción alcanzó a más de 1.200 viviendas, una docena de iglesias, cinco hoteles, 31 restaurantes, ocho consultas médicas y más de una veintena de tiendas de alimentación. Al menos 300 personas fueron asesinadas, más de 1.000 resultaron heridas y más de 6.000 fueron detenidas en el centro de convenciones (recinto ferial), donde algunas permanecieron hasta ocho días.

 

Todo ello con la complicidad de las autoridades y la policía, cuyos agentes llegaron a participar en algunos saqueos e incendios”.El contexto de la masacreLa masacre racial surge, por una parte, del racismo furibundo, simbolizado en la presencia del Ku Klux Klan en casi todos los aspectos de la vida. Un racismo que ya se había manifestado con brutalidad dos años antes, cuando muchos soldados negros fueron linchados con sus uniformes puestos al regresar de la Primera Guerra Mundial, en el conocido como "Verano Rojo" de 1919 por los linchamientos y otros crímenes contra la población afro estadounidense cometidos en una treintena de ciudades.La chispa de la masacre fue un simple tropezón.

 

Igual que muchos otros días, Dick Rowland, limpiabotas negro de 19 años, cogió el ascensor que operaba la menor blanca de 17 años Sarah Page, él tropezó al salir y pisó a la chica, que dejó escapar un grito. Y cuando el joven se fue corriendo, el dependiente de una tienda cercana llamó a la policía, que lo detuvo al día siguiente. El periódico 'Tulsa Tribune' acusó Rowland de intento de violación. La chispa se convertía en incendio de odio, sangre y fuego. Los blancos decidieron asaltar el barrio negro, y hasta 10.000 personas cruzaron las vías del tren que separan el Tulsa negro del blanco.Se trató de una auténtica 'cacería humana' por parte de la turba racista blanca, que bloqueaba ambulancias para impedir la atención a las personas heridas y que, tras incendiar las primeras casas de Greenwood, amenazaba a los bomberos a punta de pistola para que no sofocaran el fuego. Todo ello aderezado con bulos sobre un “alzamiento” de la comunidad negra y la supuesta llegada de “trenes llenos de negros” para ocupar Tulsa. Tardíamente el gobernador James Robertson declaró la ley marcial y desplegó las tropas de Oklahoma -en su totalidad militares blancos que coadyuvarían en las ejecuciones extrajudiciales-. Y después, silencio… Siete décadas de silencio. "Tanto los negros como los blancos escondieron lo sucedido bajo la alfombra; tenían que salir adelante, –apunta Michelle Brown–. Hablar de ello era revivirlo, y era demasiado doloroso. Hubo madres que no volvieron a saber de sus hijos, esposas que perdieron a sus maridos, niños que se quedaron sin padres… Nunca supieron nada de ellos".

 

A ese silencio íntimo 'de supervivencia' se añadió otro forzoso, impuesto bajo i n t i m i d a c i ó n a l a c o m u n i d a d a f r o estadounidense por una comunidad blanca que deseaba pasar página sin asumir responsabilidad alguna. Durante años y años, el mayor interés de las instituciones f u e t a p a r l o s u c e d i d o , t o d a s l a s circunstancias que rodearon aquella masacre racial y nadie señala a los responsables.Pero siguiendo el viejo ritual del “Estado de derecho” que teatralmente cumple la “democracia” leguleya: “Un jurado culpó a los negros por los disturbios sin pruebas y absolviendo a las personas r e s p o n s a b l e s c o n a r g u m e n t o s insostenibles”.

 

Pero el teatro del horror racista ha tenido continuidad...

 

La película Detroit -Zona de conflicto-realizada en 2017, en conmemoración de los 50 años de las revueltas racistas sucedidas en la ciudad de Detroit, principal centro industrial automotriz de los Estados Unidos, convertido en un gran atractivo laboral, inicialmente para los negros que migraban del sur y de los forzados trabajos en las grandes plantaciones, que seguían dando continuidad al supuestamente superado esclavismo, luego, también, para los obreros blancos empobrecidos y desplazados por los estragos de la gran depresión económica de los años 20 y 30, así como por las secuelas de la segunda guerra mundial

 

Detroit, con sus novedosas fábricas e industrias representaba una gran ilusión, la esperada oportunidad para todos, en una sociedad que continuaba -y continúa-aplicando inmisericordemente las leyes raciales -las muy estadounidenses leyes de Jim Crow-.

 

Esa convulsionada ciudad sería escenario no solo de una gran precariedad laboral y económica de los sectores populares, sino de una sórdida segregación racial que imponía la miseria y el hacinamiento a grandes masas de afro descendientes, obligados a vivir en horribles guetos y suburbios.

 

Respecto a esa “oportunidad para todos”, como se afirma en el prólogo de la película, “la gran migración negra puesta en marcha antes de la primera guerra mundial impulsó alrededor de 6 millones de afroamericanos a dejar los campos de algodón del sur, seducidos por los empleos fabriles y los supuestos derechos civiles que ofrecía el norte… Tras la segunda guerra mundial fueron los blancos de los sectores populares, quienes efectuaron su propia migración y llegaron a la ciudad de las promesas, dejando sin opciones laborales ni dinero a los negros, ocuparon sus barrios y la segregación se hizo cada vez más fuerte. Para los años 60 las tensiones raciales alcanzaron un punto de ebullición insostenible y, por supuesto, aumentaron las confrontaciones y revueltas frente a una agresiva policía, en su mayoría blanca.

 

La película trata de las revueltas populares causadas por la represión policiaca, inicialmente a la fiesta que un grupo de ex combatientes de Vietnam, pero luego la cobertura de la represión se amplió, en especial contra toda la gente negra, y llegando a contar incluso con la presencia de los militares que intervinieron por órdenes del presidente Lyndon B. Johnson.



 

 

 

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Estos mecanismos represivos llevaron a causar la muerte de tres jóvenes negros que, luego de haber sido capturados y sometidos al juego de falsas promesas, de ser amenazados y aterrorizados, en búsqueda de una pretendida confesión, fueron torturados y m u e r t o s , c u m p l i e n d o a l g o q u e , desgraciadamente en Colombia harto conocemos bajo el eufemístico nombre de “falsos positivos”. Todo ello, bajo la apariencia de un estricto cumplimiento a las “normas” y el cabal seguimiento de los derechos civiles. No en vano la policía interna encargada luego de “esclarecer” la situación de los uniformados implicados en los crímenes, bobaliconamente, pero de manera disciplinada afirma: “los policías no disparamos a los ladrones”.

 

Cabe anotar que la astucia de los grupos hegemónicos ha logrado involucrar a los propios afro descendientes en la “defensa del orden establecido” y, por ello mismo vemos en la película -y en la vida real de la sociedad gringa- gran número de agentes y “colaboradores” negros interviniendo y dando consejos, en los actos represivos; son los herederos serviles del Tío Tom.


La película decae al intentar hacernos creer que hay “policías buenos”, cumplidores de la ley, que los Estados Unidos de Norteamérica es una sociedad regida por los principios de equidad y justicia y que los negros gozan de los mismos derechos que los blancos, que no existe el racismo ni la discriminación. Cuando fehacientemente sabemos, legíslese lo que se legisle, dígase lo que se diga, en Estados Unidos, si el acusado es negro y pobre, siempre será considerado “culpable”, como claramente fue definido por las leyes de Jim Crow.

 

El caso histórico que recoge el filme, como en las narraciones vistas y analizadas en la película “Matar un ruiseñor”, o en el caso de Sacco y Vanzetti, y en tantos otros, son situaciones cínicamente repetidas. Como era de esperarse: un jurado blanco absolvió a los policías torturadores y asesinos, bajo el manto disculpatorio del “cumplimiento del deber”, e incluso asumiendo los asesinatos como acciones necesarias para garantizar la “limpieza social” en estas comunidades tan cargadas de negros y migrantes.

 

Simplemente nos corresponde certificar que toda esa astuta maquinaria leguleya y juridicista del llamado sistema judicial norteamericano, con sus jueces y sus magistraturas, no es más que un velo que cubre el plácido confort de un racismo históricamente institucionalizado y amparado por las imposiciones culturales que pesan sobre una población, ya adaptada a una servidumbre intelectual y moral que los grupos hegemónicos han establecido.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Pan y rosas

 

-Falacias y engañifas contra los

inmigrantes-

 

A estas formas de maltrato, exclusión, segregación, marginalidad, humillación y persistencia de la explotación laboral están sometidos también los grandes grupos de inmigrantes hoy; aquellas personas que son consideradas, por los gobernantes y cómodos residentes de estas metrópolis como los integrantes de una infraclase.

 

Por parte de los gobernantes y habitantes de estas grandes -y pequeñas- ciudades norteamericanas -y europeas también-. como ya lo hemos analizado, también, respecto al caso francés en el filme “El Odio” de Matthieu Kassovitz de 1995, en que se narra la precaria situación social de un grupo de jóvenes marginados en los suburbios de París, jóvenes que tienen que hacer frente cotidianamente al desempleo, a la constante persecución y a todo tipo de presiones, sociales, políticas y policiales, solamente por su condición de ser inmigrantes.

 

Igualmente la película “Pan y rosas” del año 2000, dirigida por el británico Ken Loach, reflexiona acerca de esta situación en los Estados Unidos; con detalle la película narra la vida de los trabajadores de las maquilas - en especial mujeres- que han logrado ingresar a los Estados Unidos, luego de múltiples peripecias como “espaldas mojadas”, teniendo que someterse a las arbitrariedades de los “coyotes”, mexicanos y gringos, y de sus no menos rapaces empleadores que les imponen toda degradación y hasta el comercio y el chantaje sexual, para mantenerles sus exiguos empleos y salarios, que constituyen el único recurso para sostener su precaria existencia de inmigrantes ilegales y para enviar dinero a sus familiares en México.

 

Debido a dicha condición de inmigrantes “ilegales” se les persigue y criminaliza, a pesar de estar probada su necesaria actividad como sostén de la propia economía de la metrópoli.

 

La Película Pan y Rosas trata de una familia de migrantes mexicanos que han llegado a los Estados Unidos de manera ilegal, como muchos otros. Maya (Pilar Padilla), la última integrante de dicha familia en llegar, luego de muchas peripecias, tratando con los “coyotes” -personajes de muy bajo nivel, encargados de ayudar a pasar ilegalmente la frontera- y muchos otros maltratantes y acosadores, finalmente logra conseguir trabajo como aseadora en un edificio, junto a su hermana mayor, Rosa. Como requisito de permanencia y “agradecimiento” a los machistas empleadores, debe ceder parte de su precario salario, carente de prestaciones y seguridad social.

 

Bajo estas onerosas condiciones de explotación y maltrato, conoce a un activista sindical (Adrien Brody) que, a pesar de la persecución y la constante vigilancia, le va mostrando posibilidades de rebelión y defensa de sus derechos laborales.

 

La mayoría de los migrantes que llegan a los Estados Unidos o a otros países de Europa, por un lado, consideran, gracias a la machacona publicidad consumista, que van a mejorar sus condiciones de vida, sin percatarse del sinnúmero de vicisitudes y problemas que tienen que enfrentar en esas sociedades supremacistas y petulantes que los consideran seres inferiores, y les imponen una especie de esclavitud espiritual, más degradante incluso que la directa esclavitud de antaño. Pero, por otra parte, muchas veces, se trata de sujetos alejados de todo sentimiento de comunidad o de solidaridad, que sólo buscan un mejor acomodamiento personal.

 

Por la necesidad, o por los sueños, se ven sometidos a los precarios salarios y a condiciones de marginalidad e ilegalidad extremas, y empujados a aceptar la explotación laboral, social y cultural, realizando trabajos precarios e indignos que, en lo fundamental, constituyen hoy una base significativa de la economía de los Estados Unidos, a pesar de las expresiones chovinistas y “nacionalistas” de los delirantes gobernantes y del manifiesto repudio de los habitantes establecidos frente a los “ilegales”.

 

No pretendemos suavizar o edulcorar la condición de los inmigrantes africanos, asiáticos o latinoamericanos en los Estados Unidos o en otros países desarrollados, pues también un gran número de estos nuevos “peregrinos” son individuos pertenecientes al lumpen que, como lo hemos reseñado, era algo que acontecía también en las pasadas olas migratorias. Por ello, a contracorriente tenemos que certificar que no siempre ha s i d o l a “ b ú s q u e d a d e m e j o r e s oportunidades”, lo que mueve a estos desesperados migrantes.

 

Como lo expone Pedro García Olivo muchos de estos inmigrantes representan a “los peores, los que perdieron el amor a la comunidad y ya solo obedecen a su egoísta causa personal, como obran los blancos y los mestizos desde hace más de quinientos años, desde que los conocemos. Se van los que, quién sabe cómo, pactando con qué diablo, lograron reunir los fondos para correr tras el dinero”. Pues, enfatiza García Olivo, los que llegan, como emigrantes, a los países desarrollados no constituyen un elemento transformador, una instancia del cambio social: son baluartes del Capitalismo, reclutables para la conservación social, “hombres económicos”, dispuestos a trabajar, comprar, vender, ahorrar, invertir,

 

... Con su llegada, sirven al Capital de muchas formas: por sus aspiraciones (el empleo, la propiedad, el ascenso social, la integración en el llamado Mundo Libre); por surtir de “recursos humanos” baratos y casi agradecidos a los empresarios desalmados, que aprovecharán ese incremento en la oferta de mano de obra para bajar los sueldos e imponer ritmos mayores de explotación; etc.

 

No es cierto, como decía la publicística del progresismo, que acudan para realizar “los trabajos que nadie quiere hacer”: en países con tasas de pobreza tan escandalosas como las nuestras, no hay trabajo que no quieran hacer los más acosados por la indigencia y la desesperación . Y es verdad que se contrataron, por cientos, en fincas y empresas, ocupando puestos muy deseados por algunas gentes del territorio. Tenían derecho a hacerlo, por supuesto.

 

Pero los biempensantes de siempre no tenían derecho a mentirnos de esa manera. ¡Claro!, como ellos no veían peligrar su condición privilegiada, su desempeño docente, o periodístico, o judicial..., podían ponerse la máscara de la simpatía incondicionada con el recién llegado.

 

 

Tomado de “El emigrante y los tópicos del progresismo” (Rentistas del sufrimiento ajeno) www.pedrogarciaolivo.wordpress.com



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

121 _____________________ Julio César Carrión Castro



PELÍCULA: “PAN Y ROSAS”

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 El Supremacismo Gringo _______________________ 122



 



El camino hacia Guantánamo

 

La ambiciosa, oportunista y acomodada intervención de los Estados Unidos en la guerra librada por los patriotas cubanos contra el ya decadente imperio español en el año de 1898, llevó a que el naciente imperio se apropiara de una franja del territorio, en la bahía de Guantánamo que fue ocupada militarmente y que, bajo el falso pago de un “arriendo perpetuo” dicha ocupación se ha mantenido durante todo el siglo XX y hasta el presente.

 

En este enclave arbitrario e ilegal los gringos tienen una poderosa base militar y un asqueroso campo de concentración y de torturas en donde prisioneros sin cargos, culpables sin delito, son una especie de muertos en vida, bajo el peregrino señalamiento de ser supuestos “terroristas”. Se trata, por lo general, de inmigrantes c o n s i d e r a d o s i l e g a l e s , r e f u g i a d o s , d e s p l a z a d o s y m u c h o s o t r o s s e r e s marginales, provenientes de los más diversos lugares.

 

Conforman una desconocida cantidad de reclusos desaparecidos para todo el mundo.

 

Personas despojadas no solo de sus nacionalidades y ciudadanías, sino hasta de la condición de seres “humanos”, son zoologizados; sometidos cotidianamente, bajo la vigilancia y el poder de unos esbirros rigurosamente entrenados en el abuso y la tortura, sometidos, no sólo a la humillación y al total despojo de la dignidad, sino incluso r e c i b e n u n t r a t a m i e n t o d e s e r e s infrahumanos, personas que lastimosamente llevan “vidas indignas de ser vividas” en quienes se ha consumado el paso a lo que Giorgio Agamben con gran claridad en su libro “Homo sacer” ha denominado como “la nuda vida”:

 

la vida nuda, es decir la vida de quien cualquiera puede dar muerte pero que es a la vez insacrificable, del homo sacer, cuya función esencial en la política moderna hemos pretendido reivindicar. Una oscura figura del derecho romano arcaico, en que la vida humana se incluye en el orden jurídico únicamente bajo la forma de su exclusión (es decir la posibilidad absoluta de que cualquiera le mate), nos ha ofrecido la clave gracias a la cual no sólo los textos sagrados de la soberanía, sino, más en general, los propios códigos de poder político, pueden revelar sus arcanos”.

 

Esta figura, supuestamente amparada en el derecho y la ley recorre el justificatorio universo leguleyo de los quehaceres políticos de los estados contemporáneos, convertida ya en una regla de actuación permanente. Es bajo esos parámetros que se define hoy la biopolítica que analizara y definiera Michael Foucault, convertida ya, más propiamente, en necropolítica o “política de la muerte” que promueven los f a s c i s m o s y, p a r t i c u l a r m e n t e , e l imperialismo norteamericano.

 

Un cruel cautiverio de los reclusos de Guantánamo, invisibilizados para el mundo entero, como lo fueron también los prisioneros de Abu Ghraib en Irak, presos por cuenta de la CIA, -Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos- y las fuerzas militares, pero ocultos para todo el mundo.

 

Parece ser que, con estas acciones disfrazadas de defensa nacional, control del narcotráfico y promoción de la democracia, los gobiernos gringos han logrado la realización póstuma del ideario nazi. A esa misma condición de nuda vida y de animalización integral se busca llevar a los migrantes retenidos como “ilegales” por el gobierno Trump. Esa es la amenaza que hoy pesa sobre los nuevos refugiados y “peregrinos”.

 

Un destino para los inmigrantes “ilegales”

 

“Camino a Guantánamo” es un documental del año 2006, dirigido por Michael Winterbottom y Mat Whitecros.

Se trata de la narración de una serie de acontecimientos ocurridos a tres ciudadanos británicos que fueron capturados en 2001 en Afganistán, por “sospechas” dada su condición de ser de ascendencia paquistanì y bangladesí, es decir, culpables de no pertenecer a la llamada “raza blanca”. Detenidos por el ejército gringo, son encarcelados y remitidos al campo de concentración y torturas de Guantánamo, donde fueron humillados, maltratados y torturados por más de dos años.

 

Lamentablemente coincide el viaje de estos jóvenes a Afganistán a asistir a la boda de un a m i g o q u e l o s i n v i t ó , c o n l o s acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y el derrumbamiento de las torres gemelas en los Estados Unidos.

 

Con imágenes reales de aquella época, el documental nos ofrece un relato fidedigno de gran fuerza y contenido.

 

A pesar de comprobar que eran ciudadanos ingleses y, por no tener los documentos exigidos por los esbirros, sin un juicio previo, sin defensores, sin reconocimiento de su estatus de seres humanos, son encarcelados, sometidos a terribles interrogatorios, violentados, torturados y clasificados como combatientes “enemigos” e integrantes de Al Qaeda, trasferidos finalmente al campo de concentración de Guantánamo, donde permanecieron por dos años soportando la inmisericorde situación de una “nuda vida”.

 

Al final el documental muestra la liberación de los detenidos y vejados tres amigos en el año 2004.

 

El "Camino a Guantánamo" nos da cuenta de la falsedad publicitaria de los tales Derechos Humanos y toda esa teatralidad que envuelve el sistema de justicia del llamado mundo libre, que asume que los derechos y las garantías pueden ser suprimidos para garantizar el embuste retórico de una “democracia” de papel, mientras mantiene convenientemente ocultos estos campos de represión, de tortura y de humillación que permanentemente siguen siendo usados, y restablecidos como amenaza y proyecto hoy, contra los migrantes cazados y retenidos como criminales en las diversas poblaciones estadounidenses, por acción de un, también migrante ilegal en su momento y cargado de múltiples acusaciones y delitos pero que funge de presidente de los Estados Unidos, un delirante, vergonzoso, teatral figurón y decadente showman, muestra completa de lo que ha sido y es el supremacismo gringo, blanco, anglosajón y protestante.

 



PELÍCULA: “CAMINO A

GUANTÁNAMO”

 

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El Supremacismo Gringo _______________________ 126



V. TEMPORADA DE MONSTRUOS

 

“En una fase determinada de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas evolutivas de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces se abre una época de revolución social

 

[   . . .] Una sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas

 

productivas que pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y superiores no se sustituyen jamás en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad”.

 

Contribución a la crítica de la economía política Karl Marx

 

El fenómeno concurrente o adherido a ese proceso de desaparición de un sistema de producción y sus correspondientes relaciones sociales, genera una serie de acciones desesperadas por parte de los sectores interesados en sostener lo d e c a d e n t e y, a s í m i s m o , m u c h a s expectativas sobre lo que pueda sobrevenir por el lado de los sectores interesados en el cambio.

 

Antonio Gramsci, refiriéndose a esa situación, lo expresó de esta manera: “El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”, -Cfr. Cuadernos de la cárcel, Cuaderno 3 (1930)-.

 

Antonio Gramsci (22 de enero de 1891-27de abril de 1937) gran intelectual y activista político que condenado a cárcel por el régimen fascista de Benito Mussolini permaneció en ella entre 1926 y 1937, donde realizó profundos análisis marxistas acerca de múltiples aspectos como la hegemonía cultural, la labor de los intelectuales, el papel que cumplen las clases subordinadas y la teoría de la revolución socialista. Luego de sentir y vivir el desarrollo de la etapa actual del capitalismo, y sus criminales acciones colonialistas e imperialistas, con el significativo reparto del botín del mundo con la guerra mundial, pronosticó la continuidad de la guerra y la decadencia total del sistema, llegando a la conclusión de que para superar esta crisis humanística a que nos ha conducido el capitalismo, se hace necesario una reconstrucción, crear unas nuevas relaciones sociales de producción más equitativas, mediante la formación pedagógica de nuevos líderes que realmente sean “intelectuales orgánicos” capaces de representar los intereses de las clases subalternas, pero, asume Gramsci, este será un período muy difícil, lleno de peligros, en que pueden aflorar muchas situaciones negativas, y traiciones.

 

Llamamos, gracias a Ernst Mandel, “capitalismo tardío” a esta fase de decadencia del imperialismo, que no significa pérdida de las fuerzas productivas, sino todo ese proceso de crecimiento con una gran dependencia tecnológica, pero que conduce, no al bienestar social, sino a un desperdiciado consumismo, al aumento de los sectores parasitarios descompuestos y mediocres, y a una permanente expresión destructiva de la sociedad y de la naturaleza, a procesos de barbarie ecológica y al incremento armamentista y militarista de los países hegemónicos e imperialistas.

 

Los defensores y teóricos ahistóricos, de este decadente modo de producción, promueven las tesis de que los desarrollos científicos y tecnológico permitirán de manera indefinida la persistencia del capitalismo, esta “racionalidad tecnológica” sostiene que el sistema es capaz de superar todas las crisis y mantenerse vigente, e incluso se proponen rectificaciones y arreglos para optar de manera reformista, p o r u n c a p i t a l i s m o n u e v o , p o r u n capitalismo con rostro humano. Al respecto advierte Mandel: “Esta ideología proclama la capacidad del orden social existente para eliminar gradualmente toda posibilidad de crisis, para encontrar una solución “técnica” a todas sus contradicciones, para integrar a las clases sociales rebeldes y para evitar explosiones políticas”.

 

Esas ilusiones han hecho que de manera artificial se siga manteniendo con vida unas relaciones sociales y unas estructuras económicas que en realidad están ya muertas. Ello ha impedido que de manera clara se presenten las perspectivas de un mundo nuevo. Y, carente ya de propuestas sólidas y viables, el moribundo capitalismo imperialista, recurre tanto a la fuerza de sus amenazas y al poderío militar, como a un sinnúmero de falacias argumentativas, sanciones, complots, engaños y a sórdidos personajes, tan criminales como mediocres e hilarantes. Es, precisamente en ese claroscuro que han ido apareciendo los monstruos.

 

Los “monstruos” a que se refiere Antonio Gramsci toman muchas formas: pueden ser los movimientos políticos extremistas de la ultraderecha, los lideres autoritarios, casi siempre figurones y mediocres, los grupos violentos y paramilitares con sus bufonescos y criminales dirigentes, o cualquier otra fuerza que busque imponer su voluntad sobre la sociedad y restringir la libertad y la igualdad de las personas, y hasta el mismo imperialismo ya maltrecho que pretende seguir asustando con sus amenazas, sus armas, sus guerras y sus invasiones.

 

En este sentido, la palabra “monstruo” se refiere al fortalecimiento de estas peligrosas expresiones agresivas, antisociales y destructivas, que pueden prestarse abiertamente o de manera oculta, o simulando ser otra cosa. Por ello debemos estar atentos a su surgimiento y trabajar para prevenir su crecimiento e influencia.

 

Poderosos factores marcan la ya irreversible decadencia del capitalismo a nivel global: la creciente desigualdad, el desempleo, la precarización laboral, el aumento de los sectores parasitarios, el agotamiento de los recursos naturales, la barbarie ecológica, el crecimiento de las protestas sociales y los levantamientos populares y, paralelo a todo ello, la represión, el fortalecimiento del militarismo, de los gobiernos despóticos y autoritarios y todo un sistema de control mediático, que tan apropiadamente Byung-Chul Han ha denominado “la infocracia”, que pesa sobre todos los aspectos de la vida cotidiana.

 

Se trata ya de los estertores agónicos de un sistema moribundo que se niega a aceptar su decadencia, pero que ante esta inminente e irreversible situación, intenta reinventarse, mostrar un rostro amable, y bajo el manto publicista de “la defensa de la democracia” o l a l u c h a c o n t r a e l t e r r o r i s m o o e l n a r c o t r á fi c o , p r o m u e v e a m e n a z a s, sanciones internacionales, aranceles p u n i t i v o s , a c c i o n e s i n j e r e n c i s t a s , despliegues militares e invasiones contra los diversos pueblos del mundo, como tratando de mostrar, ya en su agonía, la fortaleza de antaño en su etapa de ascenso imperialista, como queriendo asustar de nuevo, mostrando los más diversos monstruos de esa su pretendida superioridad.

 

Para  que  ese  nuevo  mundo  nazca

 

debemos entender que democracia ya es

fascismo

 

En el siglo xx, el fascismo, el de Mussolini, el de Hitler, se caracterizó por la movilización de grandes muchedumbres, como si se tratase de un majestuoso espectáculo.

 

Con un enorme despliegue de todo el simbolismo con que supo cubrirse, el fascismo, tanto italiano como alemán, desplegó sus banderas, emblemas y estandartes, todo un juego de luces y una vistosa y ruidosa parafernalia militarista, expuestas a unas aleladas masas populares, cautivadas por toda esa teatralidad.

 

Se trató de toda una “movilización total”, que señalaba el interés fascista por lograr la sumisión y el compromiso de las gentes, con las órdenes y conveniencias de sus líderes y caudillos, promoviendo esa especie de “espíritu heroico”, hasta lograr que el genio de la guerra, unido al espíritu del “progreso”, generara una especie de seducción generalizada, una respuesta uniforme por parte de multitudes en favor del totalitarismo y de la guerra.

 

Requería esa expresión de confrontación a la crisis del “progreso” capitalista, contar con el pormenorizado empleo de toda esa teatralidad y parafernalia, para movilizar a las masas, contando con el recién establecido poder de los nacientes medios de comunicación como el cine y la radio. Se trataba, insisto, de la respuesta que el capitalismo en crisis y sus gobernantes élites daban a las exigencias populares, cuando entendieron que las tesis de la llamada democracia liberal y el parlamentarismo clásico ya no les eran funcionales a gran escala para contener el descontento.

 

Actualmente, cuando el nivel de la crisis del capitalismo es más significativo, más considerable y catastrófico, el recurso de movilización de las masas ya no les es tan funcional y las justificaciones mediáticas tropiezan con la réplica instantánea de las redes sociales y la prensa alternativa, no sujeta a las grandes corporaciones y empresas de la desinformación y los fakes news.

 

Quedando desuetas las metodologías de convencimiento de ese viejo fascismo, el poder oligárquico e imperialista, ha estado recurriendo solamente a seguir exponiendo sus viejos monstruos, sus reconocidas formas de represión y control, a las que ahora se incorporan algunas nuevas y distintas formas de explotación, vigilancia, control, violencia y guerra, que se van haciendo cada vez más intensas, como estableciendo nuevos monstruos: toda esta pléyade de mediocres fascistas del siglo XXI, que hemos enumerado y que sigue creciendo en el cotarro de la geopolítica contemporánea, aquellos que conocen, y practican, todas sus insensatas y criminales acciones que siempre serán justificadas por los medios de comunicación corruptos y venales, sin los cuales estos peleles ignorantes y malignos carecerían de ese apoyo ficticio que les ofrecen unas “mayorías” manipuladas e idiotizadas.

Como ya lo hemos dicho, en la decadente sociedad del espectáculo, ya globalizada, en que se impone no sólo una general banalización del mal, sino la más terrible falsificación de los “valores” y el imperio de la simulación y de la exhibición farandulera de unos muy pequeños personajes -actores-ansiosos de protagonismo y de figuración, que buscan lucirse, destacarse, a como dé lugar; personajes, que han llegado a encumbrarse, merced a una especie de idiotización generalizada de los “electores”, en una “democracia” asimismo teatral, estos bufones han llegado a ser presidentes de algunos países, como Ronald Reagan, Donald Trump, Jair Bolsonaro, Volodomir Zelennski, el figurón Nayib Bukele, el payaso “libertario” Javier Milei y muchos otros.

 

En resumen: ese fascismo, que se presentaba como la antítesis de la democracia, hace ya tiempo que “contaminó” desde dentro el régimen liberal, es más, el fascismo desde siempre habita en las entrañas mismas de la llamada democracia. Sólo que hoy las reglas del llamado Estado Social de Derecho, han s i d o s u s t i t u i d a s p o r u n a s e r i e d e indeterminaciones que han llevado al amalgamamiento total entre las ideas libertarias y el autoritarismo. Supuesta confusión que ya estaba inscrita en la originaria mentalidad burguesa que se fundó sobre unos falsos y deletéreos “principios” y tradiciones intelectuales.

 

Para coadyuvar al nacimiento de ese nuevo mundo que no acaba de nacer, en este claroscuro de la historia, requerimos superar esta sociedad del espectáculo, establecida en torno a la alabanza a unos ídolos y héroes faranduleros, apoyar un serio proyecto de construcción y cambio, para que payasos, bufones, actorzuelos y showman dejen de liderar estas decadentes y deplorables sociedades que parecieran anunciar, efectivamente, el irremediable fin de la historia.

 

Hoy claramente (como lo ha dicho Pedro García Olivo en sus obras) estamos padeciendo la instauración de un nuevo tipo de fascismo, de una democracia fascista, un demofascismo, heredero directo de la democracia representativa que, merced al ocultamiento y enmascaramiento pareciera reducir el aparato de represión física y a confiar casi por completo en las estrategias simbólicas y psíquicas de dominación.

 

Ha sido esa supuesta marcha triunfal del “progreso” consumista lo que ha generado el total acomodamiento de los seres humanos a los intereses del poder y ese acatamiento a la e s t u p i d i z a c i ó n p o l í t i c a E l i m p e r i o tecnocrático que nos apabulla ha logrado suplantar los viejos ideales ilustrados de autonomía y de democracia, las antiguas confrontaciones teóricas y conceptuales han sido reemplazadas por su virtualidad y por la falsificación aceptada.

 

Ese orgulloso racionalismo técnico-científico que nos asombra, coexiste con la más profunda irracionalidad que opera en las relaciones sociales, en la administración política y en la conciencia alienada de los individuos. Esta época centrada en la simulación y el espectáculo, que ha llevado, no sólo a la pérdida de las viejas distinciones i d e o l ó g i c a s y a u n u n i f o r m i s m o generalizado en el que todos tienen los mismos gustos, los mismos pareceres y el mismo pensamiento, bajo una violenta coerción y control externo por parte de los aparatos represivos del Estado y a la instalación de otras formas de control y de r e g u l a c i ó n m á s s u t i l e s , í n t i m a s e interiorizadas que se remiten al auto disciplinamiento de unos sujetos totalmente sometidos.

 

La socorrida idea de individualidad, que tanto promoviera el pensamiento ilustrado, h a d e s a p a r e c i d o , e c l i p s a d a p o r l a imposición de un uniformismo gregario que cubre todos los gustos y opiniones, en gran medida como resultado de los desarrollos científicos y tecnológicos, en particular de l o s l l a m a d o s “ m e d i o s m a s i v o s d e comunicación”, que paulatinamente han ido conduciendo a la misma administración total que, mediante otros mecanismos, impulsara el viejo fascismo. Ese régimen político, económico y social basado ya no tanto en la vigilancia y el disciplinamiento generalizado de las masas -la “biopolítica” que describiera Michael Foucault- sino, por el contrario, en la orgullosa visibilización de unos sujetos que, teatralmente, se presentan, en las redes sociales, y en la vida, como personas autónomas, emprendedoras y autosuficientes.


Bajo este régimen de la “infocracia”, el dominio y la vigilancia se ocultan por completo, logrando fusionarse con la vida cotidiana, hasta alcanzar, no ya la simple “biopolítica”, que se sustentaba en la vigilancia sistemática, la coerción, la r e p r e s i ó n y e l c a s t i g o , s i n o u n a “psicopolítica” que resulta agradable y defendible por los sujetos sometidos que se sienten libres y hasta “libertarios”, bajo el envolvente manto de una conveniente “globalización” estupidizante.

 

Así las cosas, si no logramos históricamente contrarrestar los monstruos activos de la miserable agonía del capitalismo, pareciera que este mundo capitalista puede llegar a morir matando, promoviendo, como lo podemos ver con el criminal bufón Trump, actos descarados de arrogancia y crueldad nunca vistos.

 

El agónico nivel de agotamiento, decrepitud y decadencia del imperialismo, puede prolongarse aun durante mucho tiempo, l l e v a r a u n a p o c a l í p t i c o c o l a p s o medioambiental y a que los más inhumanos actos de prepotencia y crueldad sean considerados “normales”, como ya está ocurriendo.



 

 

 

 

  



VI.  LA ESCLAVITUD ESPIRITUAL

 

-Excurso acerca de los legados de la religión judaica y sus estragos-

 

Lo más oscuro, lo más siniestro, cruel y despiadado del agónico capitalismo, no ha sido el esclavismo, ni el exterminio indígena, ni las múltiples acciones imperialistas de expansión territorial, de expropiaciones, saqueos, invasiones e injerencismo, a lo largo de los últimos siglos y, particularmente, durante el siglo xx en su fase imperialista, ni la barbarie ecológica que se cierne sobre todo el planeta. Ni siquiera sus impunes guerras y bombardeos como los efectuados contra Hiroshima, Nagasaki, Corea, Vietnam, Camboya, Laos, Libia, Afganistán, Irak, Irán, Panamá, Kuwait, Yemen, Siria…y contra muchos otros diversos pueblos del mundo; ni siquiera la amenaza nuclear con que intimidan. No, lo más depravado ha sido esa deplorable psicología impuesta, la mentalidad de rebaño, esa pobre esclavitud espiritual que ha establecido cómodamente, entre la gente proclive a su mandato, como dando continuidad a ese poder de la obediencia que las diversas religiones históricamente han impuesto.

 

Pareciera que el ya agónico capitalismo tardío ha logrado alcanzar ese viejo sueño de las religiones: el poder absoluto sobre el rebaño humano; la total uniformidad de las masas, esa condición de hacer de las personas prisioneros completos; una especie de conformes habitantes de “un mundo feliz”, ya sin posibilidad alguna de escapatoria.

 

Entendemos, como nos lo explica Leszek Kolakowski, que el mito tiene una razón de ser que, "...la organización mítica del mundo (es decir, las reglas que aseguran la comprensión de las realidades empíricas como dotadas de sentido) está siempre presente en la cultura…" y, así mismo nos aclara Kolakowski que, “La función del mito en la vida social, como garantía de vínculos, y su papel integrador en el proceso de organización de la conciencia individual parecen irremplazables. Esas funciones del mito no pueden ser sustituidas por convicciones reguladas según los criterios del conocimiento científico".

 

Cfr. L. Kolakowski “La presencia del mito”.

 

Amorrortu editores. Buenos Aires 1973.

 

Entiende el autor que “en las creencias religiosas encuentra expresión el desamparo del hombre frente a la naturaleza", y que esos fenómenos anímicos de dolor, derrota, yerro, angustia, muerte, se resisten a ser "integrados" en un orden incuestionable, totalmente racional o reflexivo, pero esto no disminuye sino más bien aumenta la necesidad de integración del propio sufrimiento. "Por lo tanto, la religión, que proporciona estos sistemas integradores, no es el resultado de un grado inferior de dominio humano sobre las fuerzas de la naturaleza, sino más bien un medio para la compensación de muchas consecuencias derivadas del acrecentamiento de este p o d e r " . E s a p a r t i r d e e s t o s condicionamientos o exigencias de carácter natural y social que surgen y se mantienen todas las promesas y mitologías religiosas.

 

Pero esas diversas creencias religiosas, más allá de querer ayudar o dar consuelo en esa integración social e individual, frente al dolor, a la angustia y al temor de la muerte, s e c o n v i r t i e r o n e n m e c a n i s m o s especializados en distribuir premios celestiales y castigos infernales, y en satisfacer la ambición desmedida de una i n i c u a  b u r o c r a c i a  c l e r i c a l   q u e , descaradamente, funciona como los plenipotenciarios representantes de sus dioses en la tierra. Y se han establecido como aparatos al servicio de las estructuras de poder, contra los sectores que, arteramente, dicen representar.

 

Sentimientos de culpa y religión

 

Por todo ello bien vale la pena hacer un breve análisis sobre la significación, el sentido y el poder que históricamente han tenido las diversas religiones, sus sacerdotes y sus creyentes.

 

El filósofo alemán Ludwing Feuerbach (1804-1872) en su obra “La esencia del cristianismo” de 1841, sostiene que “la religión tiene por padre a la miseria y por madre a la imaginación” que, en términos generales, las religiones no son más que proyecciones antropológicas, que todos esos atributos de dios, y en general de todas las divinidades, no son más que la sublimación de los deseos humanos, en especial los de querer superar, precisamente, su miseria y satisfacer sus necesidades, al menos en el plano de lo imaginario.

 

Y Max Nordau en su libro de 1883, “Las m e n t i r a s c o n v e n c i o n a l e s d e l a civilización”, nos aclaró mucho respecto de la mentira religiosa que permite que los mitos y las ideas supersticiosas conserven su terrible poder, ya que la creencia en dios ha creado un vasto sistema de ilusiones, sobre el que se ha construido un enorme aparataje que aparentemente sostiene el orden social y moral, definiendo para las masas todo lo que s e c o n s i d e r a “ b u e n o ” y “ m a l o ” y distribuyendo premios y castigos.

 

Dice Nordau: “La religión es una debilidad funcional debida a lo imperfecto de nuestra inteligencia” y a continuación define la mentira religiosa como ese falso respeto que los hombres contemporáneos otorgan a los artículos de fe, a los “misterios”, a los fantasiosos cuentos y leyendas de sus supuestas “sagradas escrituras”, a las milagrerías y a todo lo instituido por dichas creencias, a sus ceremonias, a sus símbolos y a sus sacerdotes.

 

En fin, pareciera que los seres humanos no hemos logrado una total separación de la condición biológica-animal que nos condiciona y envuelve enteramente. Todas las religiones se han originado a partir de ese miedo zoológico que nos acompaña siempre.

 

Como lo ha dicho Cioran: “Idólatras por instinto, convertimos en incondicionados los objetos de nuestros sueños y de nuestros intereses. La historia no es más que un desfile de falsos Absolutos, una sucesión de t e m p l o s e l e v a d o s a p re t e x t o s , u n envilecimiento del espíritu ante lo Improbable. Incluso cuando se aleja de la religión el hombre permanece sujeto a ella; agotándose en forjar simulacros de dioses, los adopta después febrilmente: su necesidad de ficción, de mitología, triunfa.

 

Sigmund Freud es quizá, quien ofrece una más clara aproximación a lo que es la religión. En su obra de 1933 "Nuevas c o n f e r e n c i a s d e i n t r o d u c c i ó n a l psicoanálisis" escribió: "La religión es una ilusión y obtiene su fuerza de su disposición a adaptarse a nuestros impulsos instintivos y deseosos" (...)"La religión es un intento de dominar el mundo sensorial en el que nos encontramos mediante el mundo de deseos que hemos desarrollado en nuestro interior como resultado de necesidades biológicas y psicológicas... Si intentamos asignar el lugar de la religión en la evolución de la humanidad, esta no aparece como una adquisición permanente, sino como una contraparte de la neurosis que los hombres civilizados deben atravesar en su transición de la infancia a la madurez".

 

Ya en "El porvenir de una ilusión", de 1927, había establecido la imperiosa necesidad que tenemos el intentar, reflexiva, racionalmente, superar esa arcaica dependencia de las ilusiones, las leyendas y los mitos: “La religión -dice- es comparable a una neurosis infantil (…) son…reliquias neuróticas, y ahora podemos argumentar que probablemente ha llegado el momento, como ocurre en un tratamiento analítico, de reemplazar los efectos de la represión por los resultados del funcionamiento racional del intelecto”.

 

En "El malestar en la cultura" de 1929 afirmaba: "Todo esto es tan patentemente infantil, tan ajeno a la realidad, que a cualquiera que mantenga una actitud amistosa hacia la humanidad le resulta doloroso pensar que la gran mayoría de los mortales nunca podrá elevarse por encima de esta visión de la vida".

 

En resumen, para Freud la religión es “una neurosis colectiva”, una obsesión con la que humanidad establece una especie de protección contra los traumas -sentimientos de culpa- causados por el asesinato del padre original, en las épocas de las hordas primigenias. Para Freud, las religiones en la civilización, desempeñan el papel de redentoras de los “pecados”, es decir, de esos sentimientos de culpa que agobian a la humanidad.

 

Una neurosis colectiva

 

Erich Fromm en su obra “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea” (1956) se pegunta, precisamente siguiendo a Freud: ¿Puede estar enferma una sociedad? y, a continuación expone cómo el peso de una conciencia dependiente y homogeneizada, se ha venido imponiendo sobre las singularidades de la llamada “naturaleza humana”, hoy atrapada por el supuesto valor de unos consensos coercitivos, inicialmente fijados por las religiones y hoy retomados, astutamente, por los discursos politiqueros y los medios de comunicación, que han destrozado toda individualidad.

 

Un sistema conformista y gregario que difunde estereotipos de comportamiento, ha llevado a la desaparición del yo personal, a la formación de súbditos que viven la dependencia espiritual y el uniformismo como proyecto básico de vida. Estos adocenados individuos, sometidos a la generalizada neurosis social, son apolíticos, medrosos, desconfiados, retraídos y apáticos; incapaces de criticar, de reflexionar y de actuar por iniciativa propia. No obstante, les gusta aparentar; simulan independencia y de manera, unas veces ingenua y otras taimada, expresan sus acumulados odios y rencores mediante rumores, consejas e intrigas, o mediante un conveniente y acomodaticio silencio que saben utilizar.

 

Dice Fromm:

 

“Lo que es muy engañoso en cuanto al estado mental de los individuos de una sociedad, es la 'validación consensual' de sus ideas. Se supone ingenuamente que el hecho de que la mayoría de la gente comparte ciertas ideas y sentimientos demuestra la validez de esas ideas y sentimientos. Nada más lejos de la verdad. La validación consensual como tal, no tiene nada que ver con la razón ni con la salud mental… El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios, no convierte esos vicios en virtudes, el hecho de que compartan muchos errores, no convierte a éstos en verdades, y el hecho de que millones de personas padezcan las mismas formas de patología mental no hace de estas personas gentes equilibradas” .

 

El triunfo de este modelo de “democracia”, sustentado, como la creencia en dioses, en la supuesta “validez consensual” o en las aceptaciones mayoritarias, que logró la despolitización de la población, permitiendo q u e l o s q u e h a c e r e s p o l í t i c o s y administrativos quedasen en manos de pequeños círculos de mediocres, ambiciosos y corruptos, es lo que percibimos hoy.

 

Esa tranquila conciencia colectiva de desilusión y conformismo, ese cínico pragmatismo de unas mayorías que no responden a la convocatoria de la pulcritud y la decencia política, porque consideran que es preferible mantenerse al margen y avalar con ello el statu quo, nos permite certificar, fehacientemente, la validez no solo de los análisis realizados por Freud, sino de la Teoría de la alienación que, continuando a Hegel, propusiera Carlos Marx, la cual indica de qué manera los individuos pierden todo dominio sobre lo que crean, y señala cómo los productos de la actividad humana, bajo las relaciones sociales de producción sustentadas en la explotación, terminan por imponer una serie de falsos valores sobre el mundo de la vida.

 

La teoría marxista de la alienación y el Psicoanálisis, son tal vez, lo único que pueda ayudarnos a entender la victoria electoral de trepadores, mediocres, payasos y mafiosos; victoria de la corrupción y el crimen, por sobre la racionalidad y la cordura (victoria que se expresa también en su correlato: el abstencionismo). Todo da muestras de esa condición de rebaño que, en nuestro medio, desde la colonia ha impuesto el cristianismo y luego los distintos evangelizadores, tanto laicos como creyentes.

 

Indiferencia, apatía, desidia, desinterés, d e s e n c a n t o , f a l t a d e e n t u s i a s m o , aburrimiento, pero credulidad; en fin, resignación, de unas “mayorías” sometidas a la obediencia, a la docilidad, a la subalternidad y a la manipulación por parte de los organismos del poder y que no puede esconderse tras de los supuestos teoréticos que afirman que “perder es ganar un poco”, ya que, sostienen, en un mundo supra terrenal vendrá la compensación. No puede dicha subalternidad actual, servir de paliativo a un fracaso, a una derrota del humanismo, de la humanidad, derrota ampliamente presentida y ya en proceso de realización.

 

Lo único que queda claro, en este z a f a r r a n c h o , c a s i r e l i g i o s o , t a n mediáticamente promovido, es esa alienación generalizada de unas masas que aceptan y cohonestan con la corrupción y el crimen, y la existencia - al parecer inamovible- de unas élites politiqueras tan ignorantes, bufonescas, degradadas, e n v i l e c i d a s y c o r r u p t a s , c o m o mayoritariamente seguidas, acompañadas y admiradas.

 

Esa neurosis colectiva afecta a las grandes “mayorías”, incapaces ya de superar esos sentimientos de culpa y de pecado. Además porque persiste en todas las religiones, con

sus interminables sagradas campañas misioneras, muchas veces teóricas,

a r g u m e n t a t i v a s , c o n c e p t u a l e s , convincentes, escolarizadas, pero casi s i e m p r e i m p o s i t i v a s , p o l í t i c a y militarmente, el interés de alcanzar el “ecumenismo” o expansión universal de sus dogmas, mitos y creencias, como aún lo siguen realizando los tres monoteísmos, históricamente intolerantes, fanáticos, y promotores de una violencia sagrada, sectaria y exterminista, (pero, que de manera astuta saben presentar como expresiones de paz, de amor, de compasión y de concordia), en diversas épocas estos convencimientos colectivos y fanáticos, han alcanzado, no s ó l o l a c o m p l i c i d a d y h a s t a e l amalgamamiento con los poderes estatales y la aceptación de sus postulados, por parte de enormes masas de creyentes dispuestos a cumplir con las más estrafalarias exigencias, lo que frente a los valores promulgados por la Ilustración y la modernidad, constituyen aún hoy un claro desafío a la razón y la cordura.

 

No sobra decir que el papel de víctimas, carente de toda verdad, con que suelen presentarse ante el mundo los diversos estados teológicos adscritos a estos monoteísmos, es el resultado de ese proceso fantasioso y mítico de construcción del Estado de Israel que se remonta a los absurdamente llamados “tiempos bíblicos”; ello les ha permitido asumir su religión como una perpetua guerra santa.

 

To d o e l l o n o s e s t á d e m o s t r a n d o fehacientemente que los sentimientos y comportamientos de odio, de racismo y de solución militar a los conflictos, arraigados e n l a s s o c i e d a d s i o n i s t a y e n l a estadounidense, no sólo por las tradiciones religiosas, tanto judaicas como evangélicas-reformitas-puritanas, sino que están siendo p r o p i c i a d o s y m a n i p u l a d o s , s i s t e m á t i c a m e n t e , p o r l o s g r u p o s hegemónicos que asumen, aun hoy, la validez de las tales “sagradas escrituras” que establecieron que sus tierras fueron entregadas, por sus “personales” esfuerzos y por su dios a ellos y a sus descendientes. Creen ser “el pueblo escogido” y que por ello tiene un trascendental derecho sobre los demás pueblos del mundo, que por supuesto, asumen como “inferiores”.

 

Se trata en Estados Unidos y en Israel de aplicar la movilización de individuos sujetados a unos dogmas absurdos y a la administración total, que explota, controla, orienta, disciplina y regula todas las actividades y procesos de la vida. Se trata, en definitiva, de la más clara expresión de lo que tan apropiadamente llamó Michael Foucault el biopoder, que definitivamente no es solo poder y control sobre la vida, sino que se ha decantado, se ha transformado ya en un necropoder.

 

Los nuevos paradigmas de sumisión y acatamiento

 

El interés es indagar acerca del porqué de ese respaldo, de esa especie de “solidaridad” que los ciudadanos del común expresan a unos gobiernos que no sólo los oprimen, sino que, además, les manipulan los comportamientos. Ello nos lleva a tratar de alcanzar una auténtica desmitologización de las personas, frente a esas leyendas y concepciones, a toda esa “cultura” anacrónica, simuladora y oportunista que constituye ya el pensar generalizado de unas masas idiotizadas que, victimizándose convenientemente, esgrimen de manera torpe y sin argumentos, el “respeto” por sus delirantes y promovidas creencias.

 

Es preciso indagar la genealogía de un proceso histórico que se remonta a los comienzos mismos de la intención de formar sujetos sometidos y obedientes, lo que se extiende también, por supuesto, a los orígenes del sistema escolar. Y es que la escuela surge como una institución establecida con el propósito de socializar y regularizar a los individuos, según los patrones de comportamiento fijados por los grupos que ejercen la hegemonía cultural e intelectual en una sociedad determinada. C o m p o r t a m i e n t o s l i g a d o s , e n l o fundamental, a unas exigencias religiosas n a c i d a s p a r a a p o y a r l o s p r o c e s o s p r o d u c t i v o s y l o s m e c a n i s m o s d e explotación, que imponen los ideales de “orden” que ellos establecen, y que buscan, en todo caso, la rentabilidad, la eficiencia, la e fi c a c i a y l a h o m o g e n e i z a c i ó n y uniformidad de los sujetos.

 

Para tratar de entender esa esclavitud espiritual que hoy pesa sobre grandes grupos humanos hay que escudriñar la mitología judeo-cristiana, con todas sus variaciones y sus recovecos. Desde la leyenda del llamado profeta Abraham, -cuya presunta “historia” se encuentra en el primer libro de la Biblia, “El Génesis”, atribuido al también mitológico, Moisés-.

 

Abraham es el “profeta” que da origen a los conocidos tres monoteísmos que agobian a la humanidad -judaísmo, cristianismo e islamismo- que se encuentran hoy, como ayer, enzarzados en sus inacabables guerras tratando de demostrar la validez de ser la única religión “verdadera” y demostrar, cada uno de ellos, ser el “pueblo elegido de dios”, cueste lo que cueste, por la “argumentación” o por las armas.

 

El genocidio de los sionistas sobre Palestina y la complicidad mundial

 

En torno al tema que venimos analizando, acerca del enorme poder que aún mantienen estas viejas mitologías, como mecanismos promovidos por los grupos hegemónicos y, mayoritariamente, aceptado por las masas, es válido escrutar lo sucedido con el fabricado Estado de Israel y su gobierno sionista.

 

En ese orden de ideas, es importante entender que los judíos constituyen un pueblo, unas tradiciones, una cultura en la que el componente religioso tiene un enorme peso específico, mientras que el sionismo es un agresivo credo político militante que se propuso, desde finales del siglo XIX, erigir a toda costa una nación para el disperso pueblo judío. Su principal objetivo sería promover migraciones hacia Palestina para llegar a crear el Estado de Israel.

 

Los activistas del Sionismo trabajaron por la conformación de esa patria para los judíos en el territorio de Palestina. Theodor Herzl y otros radicales nacionalistas judíos, tratando de alcanzar sus objetivos, no solo buscaron e l a p o y o e c o n ó m i c o y fi n a n c i e r o internacional, sino el respaldo de las potencias imperialistas, (incluso dentro de la propia estructura del Tercer Reich Alemán - con el que arteramente colaboraron los dirigentes sionistas buscando que con la persecución al pueblo judío-alemán se acrecentara el proceso migratorio hacia la Palestina-, colaboraron también con el fascismo italiano). Llegaron a promover una serie de acciones y atentados terroristas, que finalmente rindieron los frutos esperados: el 15 de mayo de 1948 con el retiro de las tropas británicas de Palestina arteramente los judíos declararon la creación del Estado de Israel, contando no sólo con el apoyo de los países imperialistas, sino, también con la amañada anuencia de las recién creadas Naciones Unidas.

 

El conflicto Palestino-israelí (que en realidad no es un conflicto sino un acto de agresión colonialista e imperialista por parte del Estado sionista contra Palestina) opera como un pretexto, como una “tapadera” tras la que se esconde hoy el interés de “una minoría que pretende ser la humanidad”.

 

Asumen los sionistas que finalmente se realiza la profecía, que el determinismo histórico del “pueblo elegido” se está realizando cabalmente.

 

Los  sentimientos  y  comportamientos  de odio, de racismo y de solución militar a los conflictos, arraigados en la sociedad israelí no sólo por la tradición religiosa, sino que están siendo propiciados y manipulados, s i s t e m á t i c a m e n t e , p o r l o s g r u p o s hegemónicos que asumen, aun hoy, la validez de unas supuestas “sagradas escrituras” que establecieron que la tierra de Israel fue entregada por Yahvé a Abraham, Isaac y Jacob, y que ellos, los descendientes del mitológico Jacob, son “el pueblo escogido” y por ello tiene un trascendental derecho sobre estos territorios. Se trata de la movilización de individuos sujetados a una administración total, que explota, controla, orienta, disciplina y regula todas las actividades y procesos de la vida. Se trata, en definitiva, de la más clara expresión de lo que tan apropiadamente llamó Michael Foucault el biopoder.

 

Cuando el sionismo, como clara expresión de ese biopoder, terminó abarcándolo todo, no sólo en Israel sino en la diáspora, es decir, entre todos los judíos dispersos por el mundo entero, es lícito afirmar que “no hay judíos inocentes”, ya que el respaldo a ese gobierno g e n o c i d a y l a c e r r e r a c r e d i b i l i d a d

mitológica a su pretendida predestinación, los convierte en cómplices.

 

Podríamos decir que peor que los obedientes soldados encargados de la perpetración directa de los hostigamientos, las torturas y las masacres, son los judíos que respaldan, desde sus aparentes candorosas vidas cotidianas, las acciones genocidas de su gobierno; igual responsabilidad les cabe a quienes simulan indiferencia, desinterés, apatía o neutralidad, frente al despropósito, la vesania y el terror que le impone Israel al pueblo palestino; se trata de unos pragmáticos cínicos y acomodados que, al carecer de crítica al estado criminal, repito, se constituyen en cómplices pasivos de este enorme genocidio.

 

Hoy, además, el sionismo internacional, a s t u t a m e n t e , e m p l e a p a l a b r a s a p a r e n t e m e n t e s a c r a l i z a d a s c o m o "holocausto" o "antisemitismo", como comodines útiles para justificar la perpetración del genocidio palestino y los más despiadados crímenes porque creen tener ese derecho por una especie de revancha histórica.

 

 

La fatalidad del cristianismo

 

Por otra parte, ya es claro para todos que el cristianismo no se origina en Jesús sino en Pablo de Tarso, quien llevado por sus particulares circunstancias biográficas, estableció las nuevas tesis de carácter aperturista; una peculiar interpretación del judaísmo vigente hasta entonces, haciendo triunfar definitivamente un nuevo credo, un judaísmo renovado, aunque preservando su núcleo fantasioso: el cristianismo, un judaísmo ahora abierto a los gentiles, más cercano a la cultura grecolatina corriente en los medios sociales de entonces en que se desenvolvía su vida. “Su gran influencia, sobre todo en occidente, terminaría por h a c e r n o s o l v i d a r a q u e l l a s e c t a insignificante seguidora directa de las enseñanzas establecidas por Jesús el Nazareno”.

 

Como ya lo hemos dicho (Cfr. Carrión Castro Julio César, “La impronta del diablo en la mitología del progreso -Mentalidad burguesa y razón occidental-”. Editorial Mar y tierra. Chile 2021): Federico Nietzsche, en una de sus últimas obras, “El

A n t i c r i s t o : m a l d i c i ó n s o b r e e l cristianismo”, de 1888, cuestiona la teología y la profesión sacerdotal que, provenientes de las enseñanzas de Pablo, lograron tergiversar y confundir el sentido de la vida y los valores de la razón y la virtud, convirtiéndolos, de un modo nihilista, en ideas atadas a las nociones del Más Allá, del Pecado, de la Redención y a una estrecha concepción moral o moralina. Afirma Nietzsche: “Ni la moral ni la religión tienen contacto, en el cristianismo, con punto alguno de la realidad (…). [Todo es ahí] un trato entre seres imaginarios (“Dios”, “espíritus”, “almas”) (…), un puro mundo de ficción”.

 

Para Federico Nietzsche, San Pablo es el decadente inventor del cristianismo, responsable de la tergiversación del original Evangelio (“buena nueva”), convertido por él -es un término acuñado por el filósofo- en Disangelio (“mala nueva”). Pablo sería culpable también del mantenimiento de las tesis apocalípticas y de la creación de la Iglesia como institución, tras la grosera farsa de concebir un dios de resentimiento, que odia la realidad, impone las fantasías transmundanas y se representa a sí mismo como taumaturgo y redentor. En palabras de Nietzsche: Pablo ha sido el más grande de todos los apóstoles de la venganza (…). Dicho en una fórmula: “Deus, qualem Paulus creavit, de inegatio” (Dios, tal como Pablo lo creó, es la negación de Dios). - Federico Nietzsche. El Anticristo. Madrid: Alianza Editorial, 1978-.

 

En resumen, para Nietzsche, la fatalidad del cristianismo, lo que marcó su “núcleo perverso”, fue el reducir todo el proyecto de Jesús de Nazaret, sus acciones, sus enseñanzas, sus parábolas, a la supuesta grandeza de la ignominiosa muerte en la cruz, que sería la base de los anhelos a p o c a l í p t i c o s d e v e n g a n z a , d e l resentimiento, de una implacable lógica del odio.

 

Según Nietzsche, Pablo “desplazó el centro de gravedad de la existencia, situándolo detrás de la existencia; lo ubicó en la mentira del Jesús resucitado (…). Él sólo podía usar conceptos, doctrinas y símbolos con los que se tiraniza a las masas, con los que se forman rebaños”. Si ayer el cristianismo era una



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especie de enfermedad mental, hoy, debido a la acción de la Iglesia y de los sacerdotes, a sus mentiras, no es más que una indecencia que provoca náuseas: “¡Qué engendro de falsedad tiene que ser el hombre moderno para no avergonzarse, a pesar de todo, de seguir llamándose cristiano!”.

 

Ese personaje de la narración cristiana, Jesús, se convirtió, a pesar de las “sagradas escrituras”, a pesar de las ortodoxias, en figura central de dicha confesión, pues como lo asevera Luis Buñuel: “En cuanto al misterio de la Santísima Trinidad, en la evolución contemporánea de la religión, Cristo se ha ido apoderando poco a poco de un lugar privilegiado con relación a las otras dos personas de la Santísima Trinidad. Sólo se habla de él. El Dios Padre sigue existiendo, pero muy vago, muy lejano. En cuanto al desventurado Espíritu Santo, nadie se ocupa de él y mendiga por las plazas”.

 

Así pues que ese delirio de grandeza, establecido por lo judaico ha dejado su legado a través del cristianismo, en especial centrado en ese redivivo y permanente “Cristo” que desde las más diversas sectas, modificaciones y acomodamientos, hace ya muchísimo tiempo viene contaminando estas sociedades basadas en esas mitologías y c r e d o s r e l i g i o s o s , s i m p l e m e n t e oportunistas, astutos y mercantilizados que han sido impuestos y generalizados por la fuerza y la violencia, hasta lograr esas mentalidades conformistas y subordinadas, esa esclavitud espiritual de que venimos hablando.

 

El núcleo perverso del cristianismo

 

En el libro, “Celo de Dios. Sobre la lucha de los tres monoteísmos” Peter Sloterdijk, glosando la obra “Espectros de Marx” de Jacques Derrida se refiere al asunto mesiánico en estos términos: “…tres escatologías mesiánicas, mutuamente enzarzadas entre sí por competencia, movilizan -si es que Derrida tiene razón-“directa o indirectamente, todas las fuerzas del mundo y todo “el orden mundial” para la guerra sin cuartel que libran”…una de las exageraciones más patéticas que se han escuchado de un filósofo en el pasado más reciente… Derrida habla en ese lugar de judaísmo, cristianismo e islam. Lo que intenta es identificar el grupo de las religiones monoteístas como «partidos en conflicto» histórica y universalmente entrelazados… … Quiero referirme, por último… (a esa) trascendencia del que tampoco es fácil desembarazarse en favor de una simple explicación naturalista. Va acompañado de la idea de que una instancia ultra terrena, llamada usualmente Dios, en momentos especiales, por amor, compasión o enfado se vuelve hacia seres humanos concretos y los elige como receptores de mensajes que según ciertos criterios f e h a c i e n t e s s e i n t e r p r e t a n c o m o revelaciones. No es éste el momento de discutir sobre las implicaciones del concepto de «revelación». La expresión sólo adquiere sentido en el marco de un modo de pensar repleto de presupuestos, que en otro lugar llamo metafísica del remitente fuerte…”

 

En el caso del sionismo que hoy orienta el Estado genocida de Israel, la idea del mesianismo pareciera realizada ya con la instauración de esta agresiva y criminal empresa militarista, disfrazada de “Estado judío” que ocupa el territorio de Palestina.


Lo cierto es que… “Así, a la razón occidental, que viene librando desde hace siglos esta batalla frente al cristianismo y el judaísmo, se le ha abierto un nuevo frente de combate. Puesto que en la lectura de los libros sagrados de cualquiera de las tres grandes religiones monoteístas todo depende de sus intérpretes (basta ver las diferencias de enfoque que van desde el integrismo hasta la Teología de la Liberación en el catolicismo), la influencia política de una u otra perspectiva depende de las necesidades de la hora.

 

"El islam puede ser tan capaz de belleza y caridad como de violencia y de guerra. Todo depende de quién lo interpreta (...) El Corán no dice ni más ni menos que lo que el intérprete le hace decir”. ¿Acaso no ocurre exactamente lo mismo con el Antiguo y el Nuevo Testamento? ¿Los libros sagrados, escritos tanto por visionarios, profetas, iluminados y luchadores sociales de su t i e m p o c o m o p o r “ p a r a n o i c o s y embaucadores” (expresión de Lisandro de la Torre, Intermedio Filosófico; La cuestión social y los cristianos sociales, Ed. Anaconda, Colegio Libre de Estudios


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Superiores, Buenos Aires), acaso las religiones ¿no han servido de excusa y mandato para las peores atrocidades y los más conmovedores martirios? (Carlos Gabetta, Desafío a la razón occidental. Sin Permiso).

 

Slavoj Zizek en su libro “El títere y el enano. El núcleo perverso del cristianismo”, analizando la generalizada hipocresía social que lleva a la gente a cumplir con los rituales religiosos sin creer en ellos, y sin tomarlos en serio, como realizando una especie de cínico desplazamiento de las creencias a las conveniencias, se pregunta: “¿qué necesidad tenemos de religión en nuestros tiempos modernos?” Y, recabando sobre las tesis de Nietzsche, dice: “Cuando uno lee las epístolas de San Pablo, no puede dejar de notar hasta qué punto se muestra directa y terriblemente indiferente respecto de Jesús, tomado como persona viva (el Jesús que no era aún Cristo, el Jesús prepascual, el Jesús de los Evangelios) . Pablo prácticamente ignora por completo los actos, las enseñanzas y las parábolas particulares de Jesús, todo aquello a lo que Hegel se refirió luego como el elemento mítico de la narrativa de los cuentos fantásticos, de la mera representación (Vorstellung) prenocional. En sus escritos Pablo nunca se interna en la hermenéutica, no intenta indagar “el sentido más profundo” de esta o aquella parábola, de éste o aquel acto de Jesús. Lo que le importa no es Jesús, entendido como figura histórica, sino solamente el hecho de que murió en la Cruz y resucitó de entre los muertos. Después de establecer la muerte y resurrección de Jesús, Pablo continúa con su verdadero negocio leninista, el de organizar el nuevo partido llamado la comunidad cristiana…Pablo como Lenin, (fue) el gran 'institucionalizador'”.

 

(Zizek Slavoj El títere y el enano -El núcleo perverso del cristianismo-. Ed. Paidós. B. Aires 2008).

 

Zizek nos dice que el núcleo perverso del cristianismo está en el hecho de no sustentarse en una lógica precisa que defina lo bueno y lo malo, sino que persiste en la ambigüedad y la simulación terrenal, como base del proyecto salvífico supraterrenal. Cristo manipuló a su discípulo Judas, para que lo traicionara, de la misma manera que Adán fue forzado a pecar por mandato del propio dios. Para que el plan divino se pueda cumplir, se requiere que el hombre incurra en el pecado, en la traición. Desde siempre, el cristianismo ha requerido de la traición y la simulación. “En la lectura perversa del cristianismo Dios primero lanzó a la humanidad al pecado, para poder crear la oportunidad de salvarla mediante el sacrificio de Cristo”.

 

Cumplir con la ley encierra, pues, un contrasentido, una perversidad de Dios. “De acuerdo con la lectura estándar de Pablo, Dios le dio la Ley a los hombres para hacerlos conscientes de su pecado, hasta para inducirlos a pecar más y de ese modo hacerlos conscientes de la necesidad que tenían de lograr la salvación, que sólo podían alcanzar a través de la gracia divina” (página 162). Es decir, Dios incita al pecado para ofrecer la redención que habrá de llegar después de la caída y de la contrición. Se trata, entonces, de establecer prohibiciones para disfrutar luego no sólo con su incumplimiento o violación, sino con el beatífico estado del arrepentimiento, que siempre habrá de generar satisfacción entre los dispensadores de los premios y castigos.

 

Adicionalmente, creo, no carece de sentido reflexionar acerca del cuestionamiento hecho por los propios indígenas, rebeldes a la aceptación de ese dios-Cristo que, a riesgo de las torturas y la muerte que los m i s i o n e r o s , e v a n g e l i z a d o r e s y cristianizadores les aplicaban, se atrevieron a cuestionar a esa nueva deidad que fue incapaz de salvarse de su propia muerte.

 

Así trabaja el “sí, pero no” que da sentido y razón de ser a la Iglesia y a toda la a m b i g ü e d a d i n s t i t u c i o n a l d e e s t a s sociedades profundamente burocratizadas, en donde todo pareciera que funciona perfectamente y de manera sincronizada, para “el cumplimiento de la ley” como lo señala Kafka en “La Colonia Penitenciaria”, modelo de todas las organizaciones burocráticas imperantes hoy en el mundo entero. La burocracia opera como esa compleja máquina kafkiana, en donde todo tiene que ser escrito, como sobre la piel de l o s c o n d e n a d o s . E l “ c o r r e c t o f u n c i o n a m i e n t o ” d e l a e s t r u c t u r a

 

 

burocrática reclama no sólo la obediencia acrítica y la “servidumbre voluntaria”, sino el cabal cumplimiento de la normatividad fijada por el poder disciplinario: normas y reglamentaciones que el engranaje de la maquinaria exige: gestiones, trámites, papeleos, procesos, expedientes… porque nada puede quedar por fuera de la escrutadora mirada del poder y de sus funcionarios. Racional irracionalidad que hoy gobierna al mundo y que se caracteriza p o r l a t o t a l d e s a p a r i c i ó n d e l a individualidad, de la capacidad de juicio autónomo y del uso público de la propia razón, a favor de la obediencia acrítica, de las “funciones”, los “cargos” y las “instituciones”.

 

Permanentemente se nos recalca que “las instituciones permanecen mientras que las personas son prescindibles”. En esta afirmación descansa la realización de la metáfora de la maquinaria burocrática denunciada por Kafka y que oculta c o n v e n i e n t e m e n t e , l a s a u t é n t i c a s intencionalidades del poder: Honrar a los superiores.

 

Bajo estas ambivalencias también se busca presentar como modelo de conducta, los comportamientos de individuos esquizoides que ostentan una aparente personalidad en público -en sus oficinas, por ejemplo- y otra muy diferente en lo privado -en el hogar, con la familia-. Zizek nos aclara que, en estas decadentes sociedades, el cambio de la apariencia formal funciona como si se tratara de cambios estructurales; que los afeites, los cosméticos y en general, las simulaciones, constituyen la auténtica estructura caracterológica de las personas, a h o r a t a m b i é n , d i s f r a z a d a d e convencimiento religioso o “patriotismo”.

 

A esta misma estructura de pensamiento pertenece la contemporánea actitud de la izquierda que milita en la academia, en el gueto universitario, que se entretiene en exigir muchas cosas, aunque de antemano sepa que sus demandas no serán satisfechas. De esta manera, dice Zizek, “el viejo lema de 1968 'seamos realistas pidamos lo imposible' adquiere aquí una nueva significación cínica y siniestra que tal vez esté revelando su verdad: 'Seamos realistas, nosotros la izquierda académica, queremos pareceres críticos mientras gozamos plenamente de los privilegios que el sistema nos ofrece”.

 

Estas premisas de hipocresía y simulacro están presentes también en la geopolítica contemporánea: Así, los Estados Unidos d i s f r a z a n s u i n t e r v e n c i o n i s m o y neocolonialismo contra los pueblos del mundo, tras el velo de la protección a los derechos humanos y la expansión de la democracia occidental o, peor aún, de seguimiento a mandatos religiosos o teológicos. Un Estado tan agresivo y militarista como Israel, con Netanyahu como su líder, se muestra publicitariamente como democrático y tolerante, mientras desarrolla una política criminal, genocida, exterminista contra el pueblo palestino.

 

Se ha impuesto ya la astuta y general presencia de esos “últimos hombres” que predijera Federico Nietzsche: Soportamos el triunfo final del nihilismo, la vigencia permanente de un “mundo administrado” por deplorables peleles y títeres de las g r a n d e s c o r p o r a c i o n e s . P r o y e c t o compartido hoy, por las sociedades de la llamada “democracia” -en sus distintas versiones: liberal, totalitaria o demofascista-como se cumplió ayer con el llamado socialismo real -estalinista-.

 

Se trata de la derrota final de las Ilustración y del triunfo de esa irreductible ambigüedad instaurada por la institucionalidad paulina, por San Pablo, el teólogo político que marcó a Occidente con esa militancia persecutoria que ha caracterizado desde siempre no sólo al cristianismo, sino toda la moralidad y el pensamiento que ha conducido a la catástrofe monótona, permanente y omnipresente de este “mundo insomne” que llamara Stefan Zweig.

 

La mitologización de la vida en las sociedades contemporáneas

 

Pero ese asunto de la acrítica subordinación a los poderes establecidos, de esa clara “servidumbre voluntaria” de las masas, no s o l o s e r e fi e r e a l a s t r a d i c i o n a l e s “convicciones” religiosas, sino también a la dependencia mediática actual que hace de las gentes simples seguidores, como borregos, de todo lo establecido y ordenado por las élites culturales y sociales que, siempre ocultan sus verdaderas intenciones, tras el velo de arcaicas mitologías religiosas, o d e a c o m o d a d a s e x p r e s i o n e s pseudocientíficas.

 

C o m o y a l o h e m o s d i c h o , e s t o s convencimientos colectivos y fanáticos, en diversas épocas, han alcanzado, no sólo la c o m p l i c i d a d , s i n o h a s t a u n c l a r o amalgamamiento con los poderes estatales. Logro fehacientemente alcanzado en las sociedades colonizadas, evangelizadas, culturizadas por ese aterrador cristianismo, pretendidamente modificado, por las doctrinas y corrientes de las religiones “reformadas”.

 

P r e c i s a m e n t e , r e fi r i é n d o s e a e s e acomodamiento epocal de la religión al servicio de los poderes establecidos, en “El anticristo” Nietzsche también escribió:

 

“Los alemanes me entienden fácilmente cuando digo que la filosofía ha sido estropeada por la sangre de los teólogos. El sacerdote protestante es el abuelo de la filosofía alemana, el protestantismo es el pecado original de esta filosofía. Definición del protestantismo: la hemiplejia del cristianismo y de la razón”.

 

Sabemos que Nietzsche confrontó todo ese universo mítico, mal intencionado y falaz, difundido, propalado y cotidianizado, presentando como dogmas inamovibles sus embustes y leyendas, por las diversas confesiones religiosas:

 

“ A u n t e n i e n d o l a s m á s m o d e s t a s pretensiones a la probidad, hoy se debe saber que un teólogo, un sacerdote, un Papa, con cualquier frase que pronuncia no sólo se equivoca, sino que miente, y que no es ya libre de mentir por inocencia, por ignorante. También sabe el sacerdote, como lo sabe cualquiera, que no hay Dios, ni pecado, ni redentor; que libre albedrío y orden moral del mundo son mentiras: la seriedad, la profunda victoria del espíritu sobre sí mismo no permiten ya a nadie que sea ignorante sobre estas cosas”.

 

Los discursos religiosos, todos, descansan s o b r e l a m e n t i r a , l a s a n s i a s d e reconocimiento y poder de los sacerdotes y



 

 

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“pastores”, quienes, “so pretexto de un origen elevado, pretenden el derecho de mirar la realidad con aire superior y lejano (...) “Su necesidad es el poder: con Pablo, el sacerdote quiere una vez más el poder; sólo podía servirse de ideas, teorías, símbolos con los que se tiraniza a las masas y se forman los rebaños.

 

Finalmente, es importante el fin por el cual se miente. Mi objeción contra los medios empleados por el cristianismo es ésta: que en él faltan los fines santos. Sólo fines malos: envenenamiento, calumnias, negación de la vida, desprecio del cuerpo, envilecimiento y corrupción del hombre mediante el concepto de pecado; por consiguiente, también sus medios son malos”

 

Todos estos análisis respecto al daño histórico causado por el cristianismo a la humanidad, le permiten a Nietzsche colegir que, “la más impura especie de cristianismo que existe, la más insana, la más irrefutable, es el protestantismo”.

 

Alrededor de esta misma temática, Karl Marx afirma que el protestantismo es unareligión acomodada a los intereses específicos del modo de producción capitalista que busca, en lo fundamental, favorecer la explotación, apoyar los procesos de la producción y la productividad y por ello dice: “el protestantismo concede un lugar secundario no sólo al clero y la Iglesia, sino también al culto religioso. No existe la inclinación a los iconos y reliquias, el número de sacramentos está reducido a dos (bautismo y comunión), los oficios divinos consisten de ordinario en prédicas, oraciones conjuntas y canto de salmos. Formalmente el protestantismo se basa sólo en la Biblia, pero de hecho cada una de las religiones protestantes tiene sus propios símbolos de fe, autoridades y libros “sagrados”.

 

 

Dice Marx que el mayor logro de las religiones protestantes, fue desdibujar, presuntamente, la figura del “pastor”, pero introduciendo al sacerdote en la conciencia individual de los creyentes:

 

“Concedemos que [Martín] Lutero superó la esclavitud de la devoción al reemplazarla por la esclavitud de la convicción. Destruyó la fe en la autoridad porque restauró la autoridad de la fe. Convirtió a los sacerdotes en laicos porque convirtió a los laicos en sacerdotes. Liberó al hombre de la religiosidad exterior porque hizo de la religiosidad el hombre interior. Liberó al cuerpo de las cadenas porque encadenó el corazón”.

 

-Karl Marx, Crítica de la filosofía del derecho de Hegel-

 

Esas “convicciones” religiosas, esas nuevas cargas mitológicas fueron las que llegaron al territorio norteamericano con la oleada de hugonotes, cuáqueros, puritanos, en fin luteranos, calvinistas y otras sectas que, teniendo como fundamental bagaje ideológico los criterios supremacistas de estas religiones han persistido en la formación cultural -religiosa, ética, política, económica y social- que ha estructurado la psicología social de los orgullosos “ciudadanos” norteamericanos, hasta nuestros días.

 

Pero aún, es más, porque más allá de todos estos hechos históricos que venimos analizando, referidos al daño psicológico causado por el cristianismo a la humanidad, existe una serie de falsas teorías filosóficas, conceptuales y hasta revestidas de “cientificidad”, justificadoras de esa supuesta supremacía “racial”, social y cultural blanca.



 

 

 

 

 

 

 

  

 

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VII. OTROS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL SUPREMACISMO GRINGO

 

El desesperado actual supremacismo gringo-anglosajón exhibido por el delirante showman Donald Trump, su equipo de gobierno y sus fervientes seguidores, puede entenderse como una reacción a la pérdida de poder e influencia de la élite occidental wasp -blanca anglosajona, protestante-establecida en Estados Unidos y otros países, porque el poder económico y las tradicionales estructuras demográficas han cambiado ostensiblemente: los blancos - anglosajones- constituyen en Estados Unidos, menos del 60% de la población, mientras se va dando un gran incremento de los latinos (superior al 18%) principalmente de mexicanos. Por ello algunos grupos y sectores wasp buscan aferrarse, como sea posible, a sus viejos privilegios y mantener su posición dominante.

 

Es importante entender que además de los aspectos políticos y socioeconómicos atados a las convicciones religiosas que hemos venido describiendo, existen otros factores de índole filosófica y pseudo científicos, astutamente empleados para tratar de garantizar un manto encubridor a la patraña supremacista.

 

El supremacismo blanco que emergió como un fundamento constitutivo de esa “gran nación”, a partir del exterminismo, la reducción y el desprecio de los pueblos originarios, de los negros cazados en África e importados como mano de obra esclava y del expansionismo territorial colonialista, hoy se complementa con unos precarios, rudimentarios y elementales discursos x e n ó f o b o s , h e r e d a d o s d e l p r o c e s o colonizador y “civilizatorio” europeo, que hoy esgrimen contra las corrientes migratorias de gentes, principalmente de Asia y la América Latina, que buscan llegar a sus territorios.

 

Las bases “filosóficas” del racismo y el supremacismo

 

El racismo y el supremacismo étnico y cultural no ha sido potestativo, exclusivo o característico solamente de las expresiones y organizaciones políticas de extrema derecha. Prácticamente desde sus orígenes el ideario del Racionalismo y la Ilustración se sustenta en tesis euro céntricas racistas, supremacistas y esclavistas.

 

Las diferencias fisiológicas, étnicas y culturales de los seres humanos, han sido s i e m p r e u n r e t o p a r a a l c a n z a r l a convivencialidad, lo que ha llevado en muchísimas oportunidades a propiciar el maltrato, la subordinación y hasta el exterminio de pueblos y culturas enteras consideradas “diferentes”.

 

Podemos encontrar el racismo en épocas remotas de la historia, pero el racismo “moderno” empieza a formularse filosófica, conceptual y hasta “científicamente” durante el siglo XVIII, precisamente en las épocas de la Ilustración y la modernidad.

 

Como acontece con los planteamientos de la teoría “democrática” de la filosofía griega, que no ponen en cuestión la cotidianidad de la sociedad esclavista y misógina en que surgieron, de la misma manera encontramos la justificación y apología del racismo, en muchos de los más importantes filósofos de occidente como Voltaire, Hume, Kant, Hegel o Schopenhauer, entre muchos otros, quienes con su calificada insistencia en análisis y elucubraciones filosóficas acerca de la razón, la igualdad, la tolerancia y las normas para el bien vivir, enteramente abstractas, pero alejadas de la cotidiana realidad política, cultural y social basadas en la misoginia y el racismo.

 

En realidad, la mayoría de pensadores europeos de la época sostuvieron una visión racista y eurocéntrica de la diversidad humana.

 

Es importante destacar que el racismo de estos pensadores debe entenderse en el contexto de su época, la cual coincidió con la expansión colonial, el comercio de esclavos y el surgimiento de la ideología racial moderna. La Ilustración, si bien impulsó ideas progresistas, también proporcionó las bases "racionales" para justificar la superioridad europea y la explotación colonial. La construcción de un racismo moderno se basó en clasificaciones pseudocientíficas que buscaban legitimar la desigualdad racial y la dominación.



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Pensadores e intelectuales considerados propiciadores de los cambios que llevaron a la caída del 'ancien regime' -el antiguo régimen- señorial y feudal; a la revolución francesa y a la instalación del nuevo sistema político, económico y cultural, basado en la instauración de los llamados “Derechos Humanos”, las garantías sociales y el r e s p e t o p o r l a “ d i g n i d a d h u m a n a , presentaron planteamientos y tesis de carácter racista en muchos de sus escritos, para contribuir al posicionamiento de los blancos europeos como superiores al resto de las culturas y civilizaciones.

 

Respecto al racismo de estos pensadores, por ejemplo, como François Marie Arouet - Voltaire- (París1694-1778), forjador incuestionable de la mitología de la Ilustración, están comprobadas, no solo sus opiniones sobre las personas negras y los judíos, sino su efectiva participación y beneficio en la trata de esclavos.

 

Parece ser que Voltaire estaba obsesionado con las diferencias culturales y raciales que consideraba fijadas por una herencia inmutable. Argumentaba que las personas de las diferentes razas estaban naturalmente ordenadas en una jerarquía en la que los blancos ocupaban la parte superior y los negros la base. Decía: "la raza negra es una especie de hombre diferente a la nuestra". Sostenía que los blancos "son superiores a los negros, al igual que los negros son superiores a los monos, y los monos son superiores a las ostras"; que "las narices chatas, los labios gruesos, las cabezas lanudas y la medida de sus intelectos, marcan una diferencia prodigiosa entre los negros y otras especies de hombres".

 

Si bien es cierto, Voltaire denunció -en su obra “Cándido o el optimismo” y en otras- el maltrato y la violencia de la esclavitud, señalando a la supuesta cultura superior de los europeos por obligar a los esclavos a "trabajar como bestias de carga, y los alimentan mal; si intentan huir, les cortamos una extremidad; los obligamos a girar con la fuerza de sus brazos los ejes de los molinos de azúcar, después de haberles equipado con una pierna de madera". A pesar de tales denuncias, Voltaire, asumía la esclavitud como algo normal y corriente, nunca abogó por su auténtica abolición.


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Así mismo encontramos en Emanuel Kant ( 1 7 2 4 - 1 8 0 4 ) p o s t u r a s r a c i s t a s y ponderadoras del supremacismo blanco. Por citar solo algunas de las más despiadadas frases contenidas en la obra de Kant sobre la gente no blanca, tenemos estas:

 

(…)    “La humanidad alcanza su máximo grado de perfección en la raza blanca. Los indios amarillos tienen un talento algo menor. Los negros son mucho más inferiores, y el más bajo de todos forma parte de las razas americanas”.

 

(…)              “Los blancos contienen todos los impulsos de la naturaleza en afectos y pasiones, todos los talentos, todas las disposiciones hacia la cultura y la civilización, y pueden obedecer tanto como gobernar. Son los únicos que siempre avanzan hacia la perfección” .

 

(…) “Los negros de África, por naturaleza, carecen de sentimientos que superen lo ridículo.

 

Tan esencial es la diferencia entre estas dos razas humanas, que parece ser tan grande en cuanto a las capacidades mentales como en cuanto al color” “… los negros no pueden gobernarse a sí mismos. Por lo tanto, solo sirven como esclavos”.

 

C o m o b i e n s a b e m o s , f u e r o n l o s planteamientos ilustrados de este tipo de grandes filósofos, los que aportaron las bases teóricas centrales para la constitución de la llamada democracia liberal con que la burguesía habría de sustituir finalmente al sistema monárquico y feudal.

 

E n p r i n c i p i o e s e p e n s a m i e n t o revolucionario-liberal (en la línea de los grandes autores del racionalismo, ilustrados y enciclopedistas como los citados, y otros como John Locke, Montesquieu, Adam Smith, Alexis de Tocqueville que, de alguna m a n e r a , m o l d e a r o n l a h i s t o r i a contemporánea) es considerado como fundamento y cuna de las libertades del individuo, contra el absolutismo político, el i n t e r v e n c i o n i s m o e c o n ó m i c o y l a i n t o l e r a n c i a . D e e l l o s n a c e e s a fundamentación teórica del «individuo», ese sujeto, nominalmente libre que estatuyó el liberalismo; ese ser metafísico y abstracto, esa extraña entelequia que señalara Mijail Bakunin: “Ese individuo humano solitario y abstracto -que en realidad- es una ficción, semejante a la de dios, pues ambas han sido creadas simultáneamente por la fantasía creyente” (…)

 

Para estos revolucionarios liberales, la libertad absoluta es concebida como una especie de paraíso perdido que la humanidad debería haber dejado atrás al pasar del estado de naturaleza al estado de sociedad. Como señala Bakunin, ni los propios liberales creen en esa ficción, en esa mitología, del llamado “Contrato social” establecido por Tomás Hobbes, John Locke, Jacobo Rousseau y otros: es fácil entender que todos los Estados se han fundado sobre la violencia y no sobre supuestos pactos libremente acordados.

 

Estas ideas filosóficas, además respaldadas por las triunfantes revoluciones burguesas, gozaron de una gran difusión en el naciente mundo estructurado de los pueblos que se fueron “independizando” hacia el nuevo modo de producción liberal burgués.

 

Pero fue precisamente bajo la imposición de dichas teorías liberales, cuando la esclavitud, el supremacismo blanco y el eurocentrismo alcanzaron su mayor desarrollo. Tenemos que aceptar que, a pesar de tanta teoría demócrata e igualitaria, el racismo se consolidó como un sistema jerárquico de clasificación de los humanos el siglo XVIII, en pleno auge de las ideas de la Ilustración y que el racismo emergió como una manera de “explicar” y justificar dichos procesos de colonización y explotación capitalista.

 

En ese proceso las ciencias jugaron un papel de mucha importancia porque alimentaron la idea de que las diferencias físicas entre los humanos eran definitivas y eran la base de las diferencias culturales, intelectuales, conductuales, psíquicas y morales, de los grupos humanos, consolidaron en el siglo XIX la idea de la existencia real de un racismo biológico que, todavía hoy, continúan esgrimiendo los gringos y europeos, para justificar su supuesto “derecho” a considerarse superiores.

 

Es necesario comprender esta cuestión para, así mismo, entender una de las concepciones más arraigadas en las cosmovisiones, discursos y “argumentos” de la extrema derecha en la mayoría de sus vertientes.

 

 

La crisis actual de la ideología supremacista

 

Siguiendo los análisis efectuados por el sociólogo e historiador español Álvaro S o l e r, - “ M a n u a l d e u n s o c i ó l o g o insociable”- estos son los principales factores que en la actualidad han contribuido a la crisis del supremacismo anglosajón:

 

-  Cambio demográfico: El crecimiento de la población latina y asiática en Estados Unidos está alterando la composición racial del país.

 

-      Pérdida de poder económico: La globalización y el ascenso de economías emergentes están desafiando la hegemonía económica occidental.

 

-   Percepción de amenaza: Algunos grupos blancos ven su posición dominante amenazada por la creciente diversidad.

 

Además, en prácticamente la totalidad de las expresiones de la derecha occidental se argumenta una visión que defiende el supremacismo blanco. Es decir, la supuesta superioridad del hombre blanco occidental, sus valores, sus normas, sus características biológicas y su cultura frente a los demás p u e b l o s , e t n i a s y s o c i e d a d e s n o occidentales.

 

De esta manera, desde la segunda mitad del siglo XIX, en los países occidentales, el racismo, y toda esas pseudociencias basadas en el darwinismo social y otras entelequias teoréticas, muy difundidas, han caído como una maldición sobre las sociedades no europeas y, lejos de considerárselas como e x c e p c i o n a l e s , o c o m o e x t r a ñ a s concepciones racistas, necesariamente rechazables, repudiables, se han ido convirtiendo en normas que fijan las conductas de la mayoría de la población, en todos los ámbitos de la vida social y cultural, incluso entre los círculos intelectuales.

 

Está científicamente demostrado que los seres humanos son idénticos genéticamente independientemente de las apariencias, las etnias, o los sitios geográficos de donde provengan. Por tanto, las discriminaciones o señalamientos raciales o lugares de origen no se pueden defender, pues las distintas s o c i e d a d e s h u m a n a s h a n s i d o históricamente migrantes y está demostrado que, si se quiere hablar de “raza”, la única existente es “la raza humana”.

 

Como lo hemos venido diciendo el racismo biológico acabó siendo uno de los pilares fundamentales solamente de las precarias ideologías pasionales y fantasiosas, carentes de sólidos argumentos, como el nazismo que se basó en el supremacismo blanco y en el racismo, como lo viene haciendo el bufonesco presidente de los Estados Unidos y otros “líderes” de la decadencia intelectual y moral del agónico capitalismo.

 

Es así como el desaforado Donald Trump, viene elaborando un reaccionario discurso d i r i g i d o c o n t r a l o s m i g r a n t e s , p r i n c i p a l m e n t e l a t i n o a m e r i c a n o s y africanos, en la que toda su miserable retórica se apoya en argumentos culturales y de presunta “seguridad”, en el fondo lo que se sigue expresando son esas pretensiones de “superioridad” y una jerarquía racial que criminaliza y deshumaniza a las personas consideradas racialmente inferiores.

 

Lo cierto es que estas premisas se dan en los a b i e r t a m e n t e p r o m o v i d o s g r u p o s n e o f a s c i s t a s y e n l a s c o r r i e n t e s ultraderechistas actuales que han ha sabido articular un discurso con base a la defensa de la cultura de la nación, una cultura que en muchos casos está ligada a las tradiciones de la población blanca, sobre todo en países occidentales, donde históricamente la población blanca ha sido predominante.

 

Trump no sólo ha propuesto campos de detención masiva, deportaciones con programas de remigración o expulsión, destinados a revertir los flujos migratorios, sino que, con claras acciones de “limpieza social”, abiertamente ha realizado actos criminales contra embarcaciones de humildes pescadores caribeños, señalando estos bombardeos genocidas, como actos de protección, contra el narcotráfico que tanto afecta a la “gran nación”.

 

Esta criminal retórica también es defendida y promovida en Europa, con partidos de ultraderecha como Vox en España, y muchos otros que repudian los conceptos de unidad racial y el multiculturalismo.

 

Pretenden estos desaforados neofascistas que limitar las inmigraciones mediante acciones genocidas y, blandiendo arteros “ a r g u m e n t o s ” c o m o q u e l o s latinoamericanos, los musulmanes o los afroamericanos son más propensos a c o m e t e r c r í m e n e s y q u e n i e g a n posibilidades laborales a los establecidos habitantes, constituyen acciones de defensa patria y nacional.

 

En resumen, el supremacismo blanco está establecido en los grupos neofascistas, encasillados en una cosmovisión y en una fantasiosa narrativa, carente de tesis y propuestas serias, pero mediáticamente difundidas por una ultraderecha mundial de muy amplia presencia.

 

El envilecimiento de nuestra época

 

- El papel de los showmen en esta encrucijada histórica-

 

Reiterando acerca de la premonición histórica expresada por Antonio Gramsci al afirmar que, en esta etapa agónica del sistema capitalista, cuando “el viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer”. Y que “en ese claroscuro es cuando surgen los m o n s t r u o s ” , h e m o s d e e n t e n d e r , precisamente, que toda esa carga mitológica de las viejas y nuevas religiones judeo-cristianas que, adaptadas a los “tiempos modernos”, es lo que, en este “claroscuro” de la historia, ha conducido a la esclavitud espiritual y coadyuvado a la formación de tales “monstruos”, formando tanto a esos “dirigentes” bufonescos, centrados en actividades eventistas, circenses y de espectáculo farandulero, como a ese gran número de individuos proclives a la servidumbre voluntaria y a la más cómoda aceptación de lo dado.

 

Pareciera que, inexorablemente, se está cumpliendo lo vaticinado tanto por Antonio Gramsci como por Federico Nietzsche, quien en el Prólogo de su obra “Así habló Zaratustra” de 1881 lo expuso claramente:

 

La tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive. “Nosotros hemos inventado la felicidad” -dicen los últimos hombres, y parpadean.

 

Han abandonado las comarcas donde era duro vivir: pues la gente necesita calor. La gente ama incluso al vecino y se restriega contra él, pues necesita calor. Enfermar y desconfiar consideran lo pecaminoso: la gente camina con cuidado. ¡Un tonto es quien sigue tropezando con piedras o con hombres!

 

Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para tener un morir agradable. La gente continúa trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento. Mas procura que el entretenimiento no canse. La gente ya no se hace ni pobre ni rica: ambas cosas son demasiado molestas.

 

¿Quién quiere aún gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas. ¡Ningún pastor y un solo rebaño!

Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien tiene sentimientos distintos marcha voluntariamente al manicomio.

 

“En otro tiempo todo el mundo desvariaba” -dicen los más sutiles, y parpadean. Hoy la gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así no acaba nunca de burlarse. La gente continúa discutiendo, mas pronto se reconcilia; de lo contrario, ello estropea el estómago.

 

La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero honra la salud. “Nosotros hemos inventado la felicidad” -dicen los últimos hombres, y parpadean.

 

Nietzsche Federico Así habló Zaratustra. Traducción Andrés Sánchez Pascual, Alianza Editorial. Página 39.

 

En estos tiempos y en este tipo de sociedades contemporáneas, en las que ya se manifiesta ese “último hombre” que predijera Nietzsche (aquel que todo lo empequeñece y que se asegura “su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche”), en estos tiempos de conformidad y nihilismo, t e n e m o s q u e s o p o r t a r t a m b i é n l a falsificación monstruosa de las esperanzas, ahora presentadas bajo los bufonescos disfraces de unos líderes, que no son más que simples showsmen, banales, figurones y mediocres.

 

La idea que nos convoca es tratar de hacer algo que pueda garantizar la supervivencia de lo humano superando, de alguna manera, esa vergonzosa situación de mediocridad y decadencia que nos rodea y agobia; por ello es preciso entender cómo han llegado a sobresalir estos personajes, patéticos, mediocres y figurones, salidos del espectáculo, de la farándula, de las entretenciones deportivas, de la politiquería, o de ese precario quehacer supuestamente “periodístico”.

 

Rudolf Barho en su libro “Reflexiones a n t e d i l u v i a n a s ” n o s e x p l i c ó meridianamente que “la salvación del mundo implica la entrada en vigor de otro paradigma, porque el paradigma hoy dominante se realiza y se reproduce como una permanente amenaza al mundo y todo lo que se hace y se aplica no son más que medidas tomadas bajo el dictado de la desmesura cuya ambigüedad y falsedad permanecen ocultas a los ojos de quienes las ejecutan.

 

Europa no está americanizada; Europa, al igual que Estados Unidos y Japón, han entrado en la fase final del “fin de la historia”. Nietzsche expresó una idea profunda, la de que el personaje principal de la época moderna y el “fin de la historia” era der Schauspieler, el showman. Sería un error y una imprecisión traducir este término alemán por su equivalente original: actor. Carecemos probablemente de sustantivos que correspondan exactamente a su significado, pero contamos con formas verbales que responden a la expresión alemana: lucirse, exhibirse.

 

El showman se exhibe al público, se luce ante los espectadores . Necesita de espectadores y todo lo que hace está destinado al público, a los espectadores. Es un hombre público que con su actuación mantiene a los espectadores en tensión y ocupa el centro de la atención, es una persona cuya forma de vida pretende llamar constantemente la atención del público y reclama siempre su reconocimiento. Es el hombre del momento, el maestro de la actualidad. Todo lo que hace lo hace para ahora mismo, vive de lo que sucede en este mismo instante, va de un ahora a otro y de ése al siguiente porque cada instante termina con su actuación. Su sitio es lo momentáneo.

 

Ta n t o l a  h i s t o r i a               o fi c i a l ,               n a r r a d a

 

acomodaticiamente por los pseudo periodistas, simples “informantes” y razoneros de los grupos hegemónicos, como todos esos patéticos showmen, que tanto nos acosan y agobian, con su falsa notoriedad, con sus estrafalarias actuaciones, dependen del público y su opinión que el estado de ánimo momentáneo del público determina su destino. Esos showmen son dueños del público mientras concite su atención y los espectadores le concedan su admiración, pero es también un esclavo del público ya que depende por completo de su opinión. Y como la opinión pública varía y nada hay más variable que ella, la importancia y la popularidad del showman disminuyen o aumentan de acuerdo con los estados de ánimo del público.

 

Para estos sujetos es imprescindible mantener la atención de su “público”, mediante nuevos espectáculos y actividades que provoquen atención, por ello viven vociferando y haciendo alardes de una constante notoriedad.

 

“Todos los showmen, tanto los cantantes, como los boxeadores, las tenistas o los políticos, luchan día a día por el favor del público y vigilan celosamente su puesto en las listas de popularidad. El que consigue mantenerse en los más altos puestos es importante y se considera lo máximo. Los que están en la cumbre de la popularidad, en los primeros puestos de las preferencias de la opinión pública, de las encuestas, esos obtienen la admiración, son considerados h é ro e s , s e l e s r i n d e n l o s h o n o re s correspondientes a las estrellas de la actualidad y de la cultura.

 

El showman es una figura propia del “fin de la historia”. Su esencia es la imitación. El imita, pone en escena, dirige, presenta y realiza en pequeña escala lo que la época como “fin de la historia” organiza a gran escala. El “fin de la historia” es la imitación en grandes dimensiones, es una grandiosa producción de sucedáneos”.

 

El capitalismo actual no es sólo un potente motor que lanza al mercado una incontable v a r i e d a d d e o b j e t o s , a r t e f a c t o s , informaciones y ofertas placenteras; es también, y en cierto sentido, ante todo, un productor de vaciedad y esterilidad. Por una parte, beneficios y confort, por la otra pobreza, tanto material como del alma y el espíritu; la cara y la cruz de una misma moneda y, paralelamente crea estos sujetos, que son algo así como la más clara realización de esos ideales e ilusiones faranduleras y politiqueras.

 

El personaje central de la época es el showman. Su aparición marca el final de la cultura.

 

Los medios de comunicación han convertido de un día para otro a un esforzado oficinista en un importante líder político; a una periodista casi desconocida la ascienden de repente al puesto de novena o décimo-quinta dama del país (de la república, de la monarquía, del imperio), la persona en cuestión acepta el rol atribuido, se instala en él y juega a ser una dama.

 

Bajo ese ostentoso poder figurón y mediático se desenvuelve la historia c o n t e m p o r á n e a , c o m o l o p o d e m o s evidenciar con suficiente claridad en Colombia, donde gran número de sus figuras públicas y “activistas” políticos y culturales, son el resultado de esas promociones publicitarias y mediáticas que suelen presentarlos como personajes calificados e irremplazables, no solo en sus actividades culturales, deportivas, “periodísticas” o como influencers, sino que ahora lamentablemente nos los presentan como s u j e t o s a p t o s p a r a e l m a n e j o y administración de lo privado o lo público.

Cualquier mediocre personaje con algo de información, cualquiera de esos oscuros youtubers que tanto acosan y fastidian, sustituye ya a aquellos que antaño tenían una formación calificada o eran realmente ilustrados.

 

El problema real que se abre no es saber si en Norteamérica, y en todos estos países sujetos a la órbita de su influencia cultural, política y social, existe una “nueva civilización”, una “nueva cultura” - incomprendida aun-, y si esta nueva civilización y cultura, supuestamente más a v a n z a d a t e c n o l ó g i c a m e n t e , e s t á invadiendo de manera irreversible a Europa y a un mundo ahora de carácter unipolar, sino saber cómo hacer frente a estos procesos pertenecientes ya a la decadencia y agonía del capitalismo tardío que ahora pretende remitologizarse.

 

Esa cultura anglosajona, con el peso de su enorme producción económica, está obligando a Europa y al mundo, a una transformación de su base no solo económico-social, sino, cultural. Entender si, como lo asevera Rudolf Barho, esa "prepotencia" norteamericana, si esa presunción supremacista gringa, “está creando una transformación de las bases materiales de la civilización, lo que a largo plazo (y no muy largo, porque en el periodo actual todo es más rápido que en los periodos pasados) llevará a una transformación de la civilización existente y al nacimiento de una nueva.

 

Es necesario, repito, tratar de entender cómo… “esos elementos de vida que hoy se difunden bajo la etiqueta americana, son apenas los primeros intentos a tropezones, debidos, no ya al "orden" que nace de la nueva base que no se ha formado aún, sino a la iniciativa de los elementos déclassés desde los inicios de la actuación de esta n u e v a b a s e . L o q u e h o y s e l l a m a americanismo es en grandísima parte un fenómeno de pánico social”

 

Ese “pánico social” tiene como resultado la p r o p a g a c i ó n d e l f a s c i s m o y a institucionalizado, de esa democracia fascista, de ese demofascismo que ostentan ya abiertamente los gobiernos de Occidente, que consideran como fundamento de sostenimiento ideológico, social y cultural el impedir la propagación de migrantes en sus territorios, a fin de preservar su supuesta unidad.

 

Mientras miles de seres humanos son arrojados diariamente, por la miseria y la desesperación, a las costas y fronteras de los países ricos, donde los muy religiosos pobladores de estas latitudes los rechazan, continúa alimentándose la maquinaria mediática y pseudo periodística de estar contribuyendo a la defensa de la libertad, de la justicia y de la democracia y, esos pobladores, ya subsumidos en la mentalidad supremacista, creen estar haciendo lo correcto.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIII. EL MITO DE LA DEMOCRACIA NORTEAMERICANA

 

-Los advenedizos migrantes y el Cristo-fascismo-

 

Los herederos de esas grandes mesnadas de migrantes, refugiados de ayer en estas tierras americanas, los legatarios de esos crueles cristianos esclavistas, despojadores de tierras y exterminadores de indígenas - acciones que realizaron en el nombre de dios, a sangre y fuego, y que aún asumen como incomparables hazañas épicas, que dieron origen a esa gran nación-; esos d e s p i a d a d o s “ p e r e g r i n o s ” , e s o s reconstructores y reformadores religiosos, esos mismos perseguidos y desplazados de ayer, que decían buscar crear un pueblo de santos, esos migrantes de ayer, supuestos fabricantes de una nueva “democracia”, así como todos esos crédulos de unas pseudociencias racistas y del darwinismo social en boga, todos esos despistados gringos y europeos, hoy repudian a los migrantes que llegan, como llegaron ellos, buscando un mejor futuro.

 

Los nuevos “peregrinos” y migrantes, son denominados por esos recogidos y asilados de ayer, como intrusos o advenedizos. No aceptan a los recién llegados porque vendrían a perturbar ese publicitado paraíso de abundancia, comodidad y consumo que tanto les enorgullece.

 

Y sobre esas precarias convicciones de p e r t e n e n c i a f a t u a , s e i m p o n e u n generalizado pánico social promovido por los patéticos showmen gobernantes a los despistados, ignaros e imbecilizados habitantes de sus ciudades y pueblos, poniendo en evidencia toda esa mentalidad perturbada, petulante y fascista, que los ha caracterizado desde siempre, pero que, en estos tiempos de decadencia y agonía del capitalismo tardío, se ha hecho mucho más poderosa, peligrosa y evidente, como se puede ver con esos grandes y pequeños showmen que hoy tienen una enorme presencia en el mundo, como el propio presidente norteamericano reelegido, Donald Trump, el actorzuelo impuesto presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, el fracasado golpista y pastor religioso, Jair Bolsonaro, el servil carcelero imperial que


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funge de presidente del Salvador, Nayib Bukele, el ridículo e histriónico presidente de Argentina Javier Milei, o con tantos otros p e r s o n a j e s a ú n m á s p e q u e ñ o s y despreciables, como el sombrío sujeto ese, seguidor y vocero de Trump, racista, xenófobo, fascista e ignorante, recién asesinado por uno de sus epígonos, Charlie Kirk, considerado ahora publicitariamente, como un dignísimo ejemplar, patriota y cristiano creyente y activista, portador de esa nueva noción de “democracia y libertad”, convertido ya en una especie de mártir de la inculta derecha que se publicita como super cristiana y supremacista gringa. El gran lingüista, filósofo y politólogo, Noam Chomsky -nacido en Filadelfia, Pensilvania, en 1928-, precisamente a sus 96 años en el libro “El mito del idealismo americano”, escrito con Nathan J. Robinson y publicado en abril de 2025, con total claridad pone en evidencia la falacia de la “democracia americana”. Y acertadamente califica a Estados Unidos de ser una "superpotencia canalla" cautivada por una "mitología autocomplaciente".

 

En la introducción de la obra afirman los autores que, “para quienes viven en Estados Unidos, ver más allá de la mitología estadounidense del “Noble Intent”, la 'nobleza de las intenciones', resulta de vital importancia. Quizá parezca una obviedad afirmar que, en la política exterior, los intereses de las élites dominantes son más importantes que los principios morales básicos”.

 

Entienden los autores que estos alcances del capitalismo tardío, agonizante, moribundo ya, se ha conseguido, no solo en esa “gran nación” sino a nivel global, gracias a los medios de comunicación fletados a los intereses de ese moribundo poder. Así, dicen: “La prensa norteamericana ha tenido un papel fundamental ayudando al Estado a construir nuevos enemigos. Repetidamente, los medios refuerzan y amplifican las doctrinas básicas de la política exterior estadounidense, presentando nuestros actos de agresión o terrorismo como legítima defensa y compromiso con unos inspirados ideales”.

 

Este libro nos ayuda a entender cómo ha venido funcionando la farsa del idealismo

americano pregonando siempre la “defensa de la democracia y de los derechos humanos”, esa mitología norteamericana que hemos venido analizando, pero que en realidad oculta la búsqueda gringa de la dominación global provocando los mayores estragos a nivel mundial, incluida la amenaza nuclear, para, irónicamente, decir que están ofreciendo una vida más segura a sus ciudadanos. Por ello han mantenido y p r o m o v i d o t o d o s e s o s p r e t e n d i d o s “principios morales” y todas esas falsas narrativas épicas de que hemos hablado.

 

Mitos fundacionales interesados en el mentiroso compromiso de todos estos gobernantes con “la difusión de la democracia,” mientras persiguen una política exterior imperialista, amenazante, invasora, injerencista e imprudente que beneficia exclusivamente a los grupos hegemónicos y las ocultas elites.

 

Refiriéndose a la situación actual, más agresiva y amenazante para los pueblos del mundo, por pate del exhibicionista showman Donald Trump, en la segunda parte de la obra dicen los autores:

 

“La verdadera agenda de Trump consiste en d e s v i a r f o n d o s p ú b l i c o s d e l o s contribuyentes hacia los bolsillos de los productores de combustibles fósiles para que puedan seguir destruyendo el planeta lo más rápido posible. Trump ha demostrado su astucia política al explotar las pasiones más tóxicas latentes bajo la superficie de la sociedad norteamericana. Ha fomentado hábilmente el supremacismo blanco, el racismo y la xenofobia, que tienen profundas raíces en la historia y la cultura de Estados Unidos, ahora exacerbadas por el miedo de que “ellos” se apoderen de “nuestro” país en un contexto de declive de la mayoría blanca. Este alarmismo está surtiendo efecto”.

 

Y esta conducta de rebaño supremacista b l a n c a , a n g l o s a j o n a y p r o t e s t a n t e , constituye la base caracterológica de esas mayorías electorales gringas, prácticamente idiotizadas, que continuarán eligiendo p e r m a n e n t e m e n t e e s o s o s c u r o s y publicitados figurones, extraídos de la cantera politiquera y mediocre, de la farándula y la fatuidad. Publicitados bufones de la geopolítica, impuestos por el críptico p o d e r c o r p o r a t i v o , e m p r e s a r i a l , supranacional, que es el poder real en los Estados Unidos y en un mundo que, deplorablemente han venido liderando.

 

Podemos enumerar algunos de esos peleles y títeres, correspondientes a este angustioso período manipulado por el imperialismo norteamericano desde la segunda guerra mundial: como Franklin Roosevelt, Harry Truman, Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, los Bush, Clinton, Obama, Biden, hasta llegar al deplorable y delirante showman de hoy Donald Trump-. Todos ellos obedientes al mandato del auténtico poder hermético, escondido, críptico, mafioso y empresarial, que les obliga a seguir imponiendo a las bases, sus idealizadas creencias, actuando siempre bajo esa mitología imperialista, cristianoide y supremacista.

 

Es obvio que tendremos que terminar reconociendo con Federico Nietzsche que, evidentemente, la gente está marcada por la desesperación y la angustia, pero, así mismo, por la resignación y el conformismo; “la gente continúa trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento. Mas procura que el entretenimiento no canse. La gente ya no se hace ni pobre ni rica: ambas cosas son demasiado molestas. ¿Quién quiere aún gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas. ¡Ningún pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien tiene s e n t i m i e n t o s d i s t i n t o s m a r c h a voluntariamente al manicomio”.

 

Se trata de una radical crítica de Nietzsche a una sociedad que considera haber llegado al “fin de la historia”, en donde la “realización humana” es entendida simplemente como un estado supuestamente pleno de comodidad y conformismo, con individuos vacíos de conocimientos útiles a la sociedad, vacíos de aspiraciones e inquietudes éticas o intelectuales, pero plenos de satisfacciones disgresoras, sustitutivas, recreativas, lúdicas y distractoras que les permiten amortiguar en algo “la angustia existencial” que c a r a c t e r i z a a l o s s e r e s h u m a n o s contemporáneos, como lo señalara Soren Kierkegaar. Satisfacciones triviales e insustanciales divertimentos, que les brinda el consumismo, los espectáculos, la



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farandulería, los banales videojuegos y hasta la misma drogadicción ya generalizada en estas sociedades del desespero y el espectáculo. Seres humanos que han perdido ya toda aspiración a algo más elevado, prefiriendo la “tranquilidad”, la “seguridad garantizada” y el fatuo entretenimiento por encima de cualquier pasión realmente creadora y evadiendo todo tipo de riesgo.

 

Como puede establecerse, se trata de la puesta en evidencia de las profundas raíces publicistas, faranduleras y cristianas -desde sus más diversas corrientes- que tiene el nuevo fascismo, el fascismo imperialista contemporáneo con personas de base o

 

“ e l e c t o r e s ” , s u p u e s t a m e n t e “independientes”, que parecieran no admitir líderes ni pastores, pero que en realidad constituyen un rebaño, un rebaño totalmente

 

a d s c r i t o a l a s d e l e t é r e a s t e s i s d e l s u p r e m a c i s m o a n g l o s a j ó n q u e , abiertamente reclama esa “tranquilidad” de un mundo forjado por la explotación y el esclavismo, haciendo hasta lo imposible por retornar eso que el viento intentó llevarse.

 

Se trata, insisto, de un fascismo plenamente cristiano, de un “cristo-fascismo” que es ampliamente apreciado y reconocido en los distintos estratos de la ya agónica sociedad norteamericana, pero que logra convocar, tanto a las iletradas élites, como a grandes sectores de las masas populares.

 

Julio César Carrión Castro



 

 

 

 

 

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Otros libros del autor

 

·        Itinerario de nuestra escuela -Visión crítica de los procesos educativos en Colombia-. Primera edición, Cooperativa Editorial Magisterio. Bogotá 1999. Segunda edición León Gráficas Ltda. Ibagué 2012.

 

·        Pedagogía y regulación social -Vigencia de Auschwitz-. El Poira Editores S.A. Ibagué 2005

 

·        Pedagogía, política y otros delirios - Sombras de humo- Ediciones Centro Cultural de la Universidad del Tolima 2006.

 

·        La animalización integral del hombre - Paradojas de los derechos humanos-. León Gráficas. Ibagué 2006.

 

·        Stultifera Navis - Reflexiones sobre pedagogía y política-. León Gráficas. Ibagué 2009.

 

·        Tramas y urdimbres pedagógicas - Reflexiones sobre la educación, la escuela y la universidad-. León Gráficas. Ibagué 2014.

 

·        La impronta del diablo en la mitología del progreso -Mentalidad burguesa y razón

·        occidental-.           Mar y Tierra Ediciones.

·        Valparaiso -Chile- 2021.

 

·        Herramientas para pensar -Una arqueología del saber-. Ego Ludens Ediciones. Ibagué 2024.

 

·        El embuste de la democracia -Herramientas para pensar II-. Pijao Editores. Ibagué 2025.


·   Utopía  y  autoritarismo.  Pijao  Editores. Ibagué 2025.


EL SUPREMACISMO

GRINGO

 

Lo que el viento nunca se llevo

 

Herramientas para pensar III

Julio César Carrión Castro

 

 

 

 

El Supremacismo Gringo es una radiografía implacable del mito fundacional de Estados Unidos y de su persistencia en la cultura contemporánea. Julio César Carrión Castro desmonta, con lucidez histórica y rigor filosófico, la idea del “pueblo elegido” que ha justificado guerras, desigualdades y violencias desde la colonia hasta la era digital. 





FIN

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