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Libro N° 14695. Un Drama En Un Ascensor. Belda, Joaquín.

Guillermo Molina Miranda mayo 19, 2026


© Libro N° 14695. Un Drama En Un Ascensor. Belda, Joaquín. Emancipación. Enero 10 de 2026 

 

Título Original: © Un Drama En Un Ascensor. Joaquín Belda

 

Versión Original: © Un Drama En Un Ascensor. Joaquín Belda

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://gansoypulpo.com/autor/belda/nb0439-un-drama-en-un-ascensor/ 


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




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UN DRAMA EN UN ASCENSOR

Joaquín Belda


Un Drama En Un Ascensor Joaquín Belda 

 

Table of Contents 

Nota previa 

Autor 

Un drama en un ascensor 


Nota previa 

Se reproduce a continuación el relato Un drama en un ascensor, de Joaquín Belda. 

Ganso y Pulpo ha realizado su edición a partir del texto publicado en la revista La Ilustración Española y Americana del día 22 de abril de 1915 (año LIX, núm. 15). 

El texto se corresponde con el identificador editorial GYP-NB0439, habiéndose podido actualizar su ortografía y gramática de acuerdo con las reglas vigentes del idioma español. Estos cambios suponen, en el plano ortográfico, la supresión del acento en monosílabos y la actualización de aquel léxico técnico y/o extranjerismos que están actualmente integrados en el idioma. En el plano gramatical ha podido variar el texto en relación a la disposición de signos de puntuación, principalmente en relación al empleo de la raya. 

En cuanto a la licencia de esta edición debe tenerse en cuenta que el texto reproducido es de dominio público (Joaquín Belda falleció en 1935). Por otra parte, tanto la portada como la edición aquí presentadas se distribuyen gratuitamente bajo licencia Creative Commons por la editorial electrónica Ganso y Pulpo, que espera se comparta en los mismos términos que los estipulados originalmente (edición íntegra, sin ánimo de lucro y respetuosa tanto con el texto como con el trabajo desempeñado por la editorial). 

El presente ePub está libre de DRM y validado técnicamente, como puede comprobarse mediante la aplicación web del IDPF. 

Todas las posibles modificaciones realizadas hasta la fecha en este libro están 

declaradas en el registro de cambios general, que encontrará en la página web del proyecto. 

Téngase en cuenta también que este ePub tiene alojada la fuente Carnivale Freakshow, creada por Chris Hansen en 2004, para la visualización del nombre de la cabecera de la que procede el texto reeditado. No obstante, no todos los dispositivos de lectura están capacitados para cargarla. 

Sin más, esperamos que disfrute de su lectura. Todas sus apreciaciones, sugerencias y observaciones son bienvenidas en nuestro formulario de contacto. 

Ganso y Pulpo 

Creación: Barcelona, 28 de junio de 2019 

Última revisión: Barcelona, 30 de julio de 2019 

JOAQUÍN BELDA 

Nacimiento05-10-1883 

Cartagena, Murcia, España 

Defunción1935 

Madrid, España 

EtiquetaEscritor festivo 

Relacionado 

Ver textos publicados 

 

Introducción 

Si algo caracteriza la producción literaria de Joaquín Belda es su humorismo, que trajo consigo para él un gran éxito de ventas desde su novela La suegra de Tarquino. Novela de malas costumbres romanas {1909}. Su vasta producción literaria, que incluye además de novelas numerosos relatos cortos, cuentos, artículos periodísticos, piezas teatrales en colaboración… estuvo siempre ligada al subgénero de la «novela erótica»; aunque bien es cierto que, al contrario de otros autores como Felipe Trigo, siempre la abordó con poca seriedad, siempre cercano a la parodia. 

Ideológicamente dejó entrever cierto anticlericalismo y siempre se mostró más afín a la tendencia liberal. Esta cuestión resulta importante por sus consecuencias, pues amistades como la entablada con el republicano Artemio Precioso {gerente del periódico Los hombres libres, en el cual colaboró Belda} trajeron consigo la represión del dictador Miguel Primo de Rivera. Entre las publicaciones periódicas en que colaboró constan Bromas y Veras. Semanario agridulce, órgano del “Trust de la Sinceridad Española”, Mundo Gráfico, Ideas y Figuras, La Novela Semanal, Los Lunes de El Imparcial, Madrid Cómico, Nuevo Mundo, La Esfera, Buen Humor, Estampa, Crónica, Por esos mundos, La hoja de parra, Muchas gracias o Prometeo. 

Muchos críticos celebraron y celebran su humor; otros lamentaron y lamentan el derroche de su talento en obras de literatura fácil y degradante. Sin entrar en estas disquisiciones y teniendo en cuenta los pocos materiales del autor reeditados, Ganso y Pulpo pone a disposición de quien lo desee algunos de sus textos. 

Semblanza 

Ganso y Pulpo se encuentra actualmente en proceso de documentación para ofrecerle 10 información rigurosa y pertinente al respecto de este punto. 

Labor literaria 

Ganso y Pulpo se encuentra actualmente en proceso de documentación para ofrecerle información rigurosa y pertinente al respecto de este punto. 

Producción 

Novela 

Memorias de un buzo {1903} 

La suegra de Tarquino. Novela de malas costumbres romanas {1909} 

¿Quién disparó? {1909} 

La farándula {1910} 

Memorias de un suicida {1910} 

No hay burlas con el casero {1910} 

Saldo de almas (novela psicológica) {1910} 

Un baile de trajes {1910} 

La piara {1911} 

La "season" de Bayas {1911} 

La voz del cielo {1911} 

Alcibíades club {1912} 

El pícaro oficio {1912} 

Monsieur Carreu, modisto {1912} 

El Tenorio en Lavapiés {1913} 

Una mancha de sangre {1913} 

La papeleta de empeño {1914} 

¿Quién disparó...? Husmeos y pesquisas de Gapy Bermúdez {1914} 

Fifí Lupiañez se casa {1915} 

La Coquito {1915} 

Tenorio contra Sherlock Holmes {1915} 

Un quince de éter {1915} 

Aquellos polvos... {1916} 

El "souper-chotis" {1917} 

La pregunta de Pilatos {1917} 

Las chicas de Terpsícore {1917} 

Las noches del Botánico {1917} 

Los secretos del mar {1917} 

Más chulo que un ocho {1917} 

Memorias de un sommier {1917} 

Un Van-Dyck auténtico {1917} 

La canallada {1918} 

La diosa Razón {1918} 

La primera salida {1918} 

Traviatismo agudo {1918} 

Un riñón de menos {1918} 

El compadrito {1919} 

La bajada de la cuesta {1919} 

Momo se aburre {1919} 

Silvino Cordero, vota {1919} 

Un señor bien amueblado {1919} 

Un pollito bien {192?} 

El botín {1920} 

El señor Manzanares {1920} 

Carmina y su novio {1921} 

El que paga descansa {1921} 

Las mujeres de Belda {1921} 

Los nietos de San Ignacio {1921} 

Moralina {1921} 

Un viaje en el Metro {1921} 

Biarritz en pijama {1922} 

El 132-228 de Jordán {1922} 

El amigo de la "Curri" {1922} 

El sonrojo en los negros {1922} 

En el pasillo {1922} 

Los corrigendos {1922} 

Mis memorias de una noche {1922} 

Tobilleras {1922} 

Un carnaval divertido {1922} 

El centro de mesa {1923} 

El Sultán de Recoletos {1923} 

Las bodas de oro de mi colegio {1923} 

Titina, segunda tiple {1923} 

Visca Catalunya! {1923} 

Amalia, "la Palo Santo" {1924} 

¿Conoce usted al procesado? {1924} 

El bebé de Bernabé {1924} 

El faro de Biarritz {1924} • El palomar {1924} La hora del abandono {1924} 

Alta mar {1925} 

El carnaval en la Habana {1925} 

El fiji de plateros {1925} 

La dama del Palais {1925} 

La perla del malecón {1925} 

La reina de los Pirineos {1925} 

Una española en México {1925} 

En el país del bluff: veinte días en Nueva York {1926} 

Las ojeras {1926} 

Monsieur Cornelle {1926} 

¿Burdeos o Borgoña? {1927} 

Montmartre en camisa {1927} 

Don Juan de Chapultepec {1927} 

Javiera Pompadour {1927} 

Trata de blancas {1927} 

Una representación de Fausto {1927} 

La Traviata en Marsella {1928} • El foro de los gatos {1928} La calle de Provenza {1928} 

Los niños de París {1928} 

Los señores apaches {1928} 

Madame Centurión {1928} 

Memorias de una máscara: El carnaval en Niza {1928} 

Treinta días sin comer {1928} 

Un suicidio en Biarritz {1928} 

Casi todas se casan {1929} 

El lecho histórico {1929} 

Se ha perdido una cabeza {1929} 

Vinos de España {1929} 

El cojín {1930} 

El sprit: tienda de modas {1930} 

Me acuesto a las ocho {1930} 

Se prohíbe la entrada {1930} 

El Tenorio inmigrante {1931} 

La cuñada de Tarquino: novela de pésimas costumbres romanas {1931} 

La feria del amor {1931} 

La permanente {1931} 

La revolución del 69. Novela comunista {1931} 

Lucifer y compañía {1932} 

¿Ustedes no se conocen? {1932} 

Me ha caído el gordo {1933} 

Máiquez, actor, guerrillero y hombre de amor {1935} 

Función de gala {19??} 

Cuento 

¡Usted es Ortiz!: Narraciones para el tren, la playa, y la siesta. Hacen reir y evitan la congestión {1920; junto a Luis Antón del Olmet} 

Cuentos de color... esmeralda: Narraciones para el tren, la playa, y la siesta. Hacen reir y evitan la congestión {1920; junto a Luis Antón del Olmet} 

Teatro 

• De Pinto viene el amor, o, los dados mal tomados: Ordubre en dos bandejas, inspirado en cien comedias de nuestro siglo de Oro, y escrito en verso, o cosa así {1924} 

Traducciones 

La presidenta: juguete cómico en tres actos, de Hennequin Y Veber {1923; junto a Vicente Lleó; adaptada previamente en 1918} 

Los recuerdos y la vida íntima de La Bella Otero, de Carolina Otero {1926} 


UN DRAMA EN UN ASCENSOR 

—Mi piso es sexto, con entresuelo y principal, pero hay ascensor. 

—Es que si no lo hubiera, te iba a visitar Rita, porque la vida es de suyo efímera y corta, y no es cosa de pasársela subiendo escaleras. 

—Lo comprendo… De modo que te espero el jueves, ¿no es eso? 

—A las seis en punto de la tarde me tienes allá. Pero ya me lo puedes agradecer, pues hago un verdadero sacrificio subiendo hasta allí, aunque sea en ascensor, pues ya sabes que el clima de montaña me sienta muy mal. 

—Bueno, por una vez no creo que te pase nada. 

Julio y Daniel se separaron: Julio tomó un tranvía de las Ventas para ir a su casa, y Daniel tomó a pie la cuesta de la calle de Alcalá, que siempre es más higiénico. 

La cita era para una nonada: amigos antiguos y verdaderos, Julio quería que Daniel conociese un soneto que había hecho cantando al amanecer, en una noche de insomnio en que no pudo pegar los ojos hasta las diez de la mañana. El soneto era una obra de orfebrería: en él se hablaba con cariño del sulfonal poniéndolo unas veces como consonante de ancestral y otras de Parsifal, y gracias a que al inventor del soneto se le ocurrió que esta pieza poética no tuviese más que catorce versos, que si no, la creación de Julio hubiese arruinado a todos los fabricantes de productos somníferos. 

Daniel acudió a la cita inocentemente, sin saber lo que le esperaba. Bien es verdad que la amistad era para él un culto, en cuyo altar hacía gustoso los mayores sacrificios; lo mismo hubiera acudido a casa de Julio, si en lugar de la lectura de un 

18 soneto se hubiese tratado de jugar al tresillo con un varioloso, o de bailar el vals con una atacada de peste bubónica. 

Llegó a la portería, y se dispuso a meterse en el ascensor. Aunque era un hombre a la moderna y completamente libre de prejuicios, no se metía nunca en un ascensor sin cierta inquietud de espíritu: el riesgo de que el chisme se parase a la mitad del trayecto, entre piso y piso, y tuviera él que salir por el techo como el salmón de una lata recién destapada, no era una perspectiva muy agradable, y además, ya una vez le ocurrió, en el magnífico ascensor eléctrico de la torre Eiffel, pescar un catarro que le tuvo sesenta días en cama; en el ascensor había un ventilador que él puso en marcha inconscientemente, y que una vez andando no supo parar. 

No ignoraba tampoco Daniel que los ascensores, a lo peor, se descolgaban, y caían al suelo con una velocidad de mil catástrofes por hora. Pero… Julio vivía en un sexto piso que era octavo irremisiblemente, y entre dos muertes probables eligió la más artística. 

En el interior del aparato había ya un señor que acompañaría a Daniel en la ascensión. Menos mal: lo que fuera del uno sería del otro. Estaba de espaldas, pero en el fondo había un espejo, y en cuanto el artilugio se puso en marcha aquel caballero miró en la luna el rostro de Daniel. Se volvió como si le hubieran dado un palo en la cabeza: 

—¡Calle! ¿Es usted?… ¡Gracias a Dios! 

Daniel se quedó yerto, y con un grito ahogado al nacer, exclamó: 

—¡¡Castrapola!!… Usted… ¡¡aquí!! 

—Sí, señor. Es providencial: seis meses buscándole por todo Madrid para laminarle el cráneo, dos viajes a Sevilla y tres a Barcelona, donde me dijeron que había usted ido huyendo de mí, un pasaje en el bolsillo para Montevideo, donde usted me ha hecho creer que estaba desde hace cuatro semanas, y, cuando menos lo esperaba, me 19 lo encuentro a usted aquí. ¡¡Aquí!! Es decir, en mi poder. 

—¡Caramba! Sí que es coincidencia… Ya hacía tiempo que no nos veíamos… 

De repente se le ocurrió una idea que podía ser la salvación: 

—Poco tiempo vamos a estar juntos, porque yo me quedo aquí. 

—¿Dónde? 

—En el primer piso. —Y echó mano al tablero de los botones para detener el ascensor. 

—¡Ca, no señor! Si le ha dicho usted al portero que iba al sexto. 

—Y así es: voy al sexto piso, pero es que yo soy muy original en todo, y empiezo a contar los pisos por el tejado. Cuente, cuente usted conmigo, y verá cómo haciendo así la cuenta este hace seis. 

—¡Basta, señor mío! El tiempo apremia, nuestro viaje va a terminar, y ya comprenderá que yo no le dejo salir de aquí sin que liquidemos nuestra cuenta. Usted dio palabra de casamiento a mi hermana, pidió su mano, se corrieron las primeras amonestaciones, y ella se hizo un traje de novia que valía más que usted y que toda su familia: ocho días antes de la boda usted se marchó y mi hermana estuvo a punto de perder el juicio. Seis meses hace que no sale a la calle, y que no come más que vegetales y habla de ingresar en un convento… O usted hace que la pobre desista de ese suicidio moral y vuelva a consagrarse al solomillo como en sus mejores tiempos, o yo, con estas manos, y este bastón que no se separa de mí ni para acostarse, le abro en dos la caja craneana y hago unos buñuelos con su encéfalo. 

—Bueno, pero ¿qué debo hacer? 

—Casarse con ella. 

—Pero para eso tiene usted que dejarme salir de aquí. 

—Saldrá usted, pero conmigo. 

—Pero usted ¿no va a casa de D. Julio? 

—Sí, señor: y usted también. Le invitaremos a la boda, será uno de los testigos. —Pero es que yo… 

El futuro cuñado enarboló el bastón y gritó: 

—Rece usted un Credo. 

—El caso es que… 

—De aquí saldrá usted cadáver. 

—Pero si yo no me opongo a nada que no sea razonable… 

El ascensor se detuvo con un golpe seco: de repente inició un descenso acelerado, en marcha hacia el abismo. ¿Qué era aquello? Por los cristales se veían huir arriba los peldaños de la escalera como en una película llevada deprisa. Los dos rivales se abrazaron ante el peligro común; Daniel, más sereno, supo aprovechar la ocasión: 

—¿Insiste usted en lo de la boda? 

—Déjeme ahora. Voy a pedir socorro… 

—Lo digo porque sería un matrimonio in articulo mortis, pues dentro de breves minutos usted y yo estaremos sepultados en los cimientos de esta casa. 

—¡Es horrible morir así! 

—No pierda usted el tiempo en lamentaciones inútiles. El Credo de antes vamos a rezarlo ahora los dos. 

Y empezaron el rezo, pero otro nuevo golpe, algo así como el anuncio de una 

catástrofe geológica les cortó el habla: hubo un ruido espantoso de cristales que se rompen, y las cabezas de los dos hombres chocaron en el techo del aparato. Este se había detenido otra vez, por un capricho del complicado mecanismo. No era la muerte todavía: no era más que un susto regular y unos chichones a granel. 

Daniel vio la puerta de un piso: era el primero. De un puntapié abrió la del ascensor y se lanzó a la escalera. Al salir le dijo al otro, medio aturdido por el golpe: 

—¿No le dije a usted que yo iba al primer piso? Aquí no hay trampa ninguna. 

Y salió al galope hacia la calle.



FIN

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