Libro N° 14662. El "Yngenio" En Palacio. Vásquez Manassero, Margarita Ana.
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EL "YNGENIO" EN
PALACIO
Margarita Ana Vásquez Manassero
El
"Yngenio" En Palacio
Margarita
Ana Vásquez Manassero
Reseña
En la
España de los siglos XVI y XVII, un concepto tan versátil como el “yngenio” se
asoció a las capacidades intelectivas del individuo y su ámbito de aplicación
abarcaba tanto las artes como las ciencias. Si el ingenio es el común
denominador de los “artífices” y de los “príncipes de la geometría” que
desfilan por las páginas de este libro, el estudio de la cultura material que
poseyeron (instrumentos matemáticos, libros científicos e imago mundi) y de su
relación con tales objetos, revelará cómo la corte de los Austrias (ca.
1585-1640) constituye un espacio sumamente interesante para explorar la
evolución y definición de ambas esferas del saber (artes y ciencias) pues, no
en vano, la corte española hizo las veces de “calamita de los ingenios”.
Índice
Abreviaturas
Agradecimientos
Preámbulo
Introducción
Parte I. El
imperio de la medida
“Quae sint,
quae fuerint, quae mox ventura trahantur”: la medida del tiempo en la corte
Príncipes
de la geometría: la medida del espacio en la corte
“Curiosos
de las mathematicas”
“Para
mandar es menester sciencia”: la medida del espacio y el ejercicio del poder
“Porque no
ha de tener el príncipe entretenimiento ni juego que no sea una imitación de lo
que después ha de obrar”
Gusto por
el artificio mecánico: consideraciones y referencias teóricas en torno a la
presencia de relojes y otros instrumentos matemáticos en la tratadística
“Siempre
fue y siempre será que las cosas a que los príncipes son inclinados aquéllas
más que otras aman y siguen los pueblos”: relojes, instrumentos matemáticos y
colecciones científicas en la corte
Artífices,
instrumentos y libros científicos en la corte
Parte 2. El
imperio de la representación: “imago mundi” en la corte de los Austrias
Ver y
comprender el mundo en la corte de los austrias
Cuando no
basta un mundo
Gusto por
representar el mundo
“Imago
mundi” en la corte de los austrias
“Para que
pueda […] si le diere gusto en su casa desde su aposento, con esta theorica de
sphera sobre vn mapa, o carta de marear, conocer y saber”
Conclusiones
Fuentes
primarias manuscritas e impresas
Bibliografía
A mi madre,
Maria Antonia,
Arte.
A mi padre,
Ángel,
Ciencia.
A mi
hermana, María Cristina,
y a mi
compañero, Raúl,
Ingenio.
A mi
abuela, Elpidia,
Genio
Abreviaturas
(Bibliotecas
y archivos)
AGS:
Archivo General de Simancas
CCA: Cámara
de Castilla
CED:
Cédulas
CMC:
Contaduría Mayor de Cuentas
DGT:
Dirección General del Tesoro
AHN-SN:
Archivo Histórico Nacional, Sección Nobleza (Toledo)
AHPM:
Archivo Histórico de Protocolos de Madrid (Madrid)
AGP:
Archivo General de Palacio (Madrid)
ASFi:
Archivio di Stato di Firenze (Florencia)
ASMi:
Archivio di Stato di Milano (Milán)
BAV:
Biblioteca Apostólica Vaticana (Ciudad del Vaticano)
BNE:
Biblioteca Nacional de España (Madrid)
f.: Folio
Fig.:
Figura
Leg.:
Legajo
Mss.:
Manuscrito
Prot.:
Protocolo
f.: Sin
foliar
Agradecimientos
Este libro
tiene su origen en mi tesis doctoral. En las páginas de este volumen se
presenta una parte de dicha investigación desarrollada entre los años 2014 y
2017 gracias a la Ayuda para contratos predoctorales (Formación de Personal
Investigador) del Ministerio de Economía y Competidvidad, vinculada al proyecto
de investigación “El dibujante ingeniero al servicio de la monarquía hispánica.
Siglos XVI-XVII” (HAR2012-31117) y al Departamento de Historia del Arte de la
Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Tras la defensa de la
tesis, ese texto fue objeto de revisión y selección con el fin de presentar un
trabajo de investigación que se adecuase a las bases del Premio Internacional
García-Diego (IX Edición) de Historia de la Tecnología convocado por la
Fundación Juanelo Turriano. El 28 de febrero de 2018, el jurado decidió
conceder el accésit del Premio Internacional García-Diego a mi trabajo titulado
El “yngenio” en palacio: arte y ciencia en la corte de los Austrias (ca.
1585-1640). El interés de la Fundación Juanelo Turriano por esta investigación,
por tanto, ha sido decisivo en la publicación del libro que ahora se presenta y
que es el resultado de la excelente labor editorial que viene desarrollando
esta institución en colaboración con Ediciones del Umbral. Además, este libro
ha contado con el apoyo del proyecto de investigación “El dibujante ingeniero
al servicio de la monarquía hispánica. Siglos XVI-XVIII. Ciudad e ingeniería en
el Mediterráneo” (HAR2016-78098P -
AEI/FEDER,
UE) del que actualmente formo parte y, por tanto, constituye uno de los
resultados científicos del mismo.
Esta
génesis del libro hace que, además de mostrar mi gratitud a las instituciones
que han hecho posible que este trabajo vea la luz, desee asimismo expresar mi
reconocimiento a aquellas personas que durante este camino me han brindado su
apoyo. De ahí que este libro no sea solo de quien suscribe estas líneas, sino
que deba un poco a todos ellos y que, probablemente, las palabras se queden
cortas para reflejar todo mi agradecimiento. Comenzando por quienes han sido
mis Maestros. La Dra. Alicia Cámara Muñoz, quien durante estos años ha hecho
gala de una generosidad y disponibilidad fuera de lo común. Por su interés, su
tiempo, su apoyo, sus comentarios y sugerencias que han supuesto un aprendizaje
constante. Mi agradecimiento asimismo al Dr. Javier Portús Pérez, gracias a
quien tuve la oportunidad de ver y conocer cosas que hasta entonces mis ojos
ignoraban. Gracias a ambos, Alicia y Javier, por alentar mi curiosidad y por
acompañarme en este camino.
Por otra
parte, la vinculación al Departamento de Historia del Arte de la UNED de la
Ayuda predoctoral de la que disfruté y que ha sido la semilla de este libro, me
ha permitido conocer, trabajar y, sobre todo, aprender de todos los
profesionales pertenecientes al mismo. Por ello, deseo expresar mi gratitud a
los miembros de dicho Departamento. De igual modo, dicha Ayuda predoctoral se
integraba en el proyecto de investigación HAR2012-31117, de cuyos miembros he
podido asimismo aprender e intercambiar ideas durante los múltiples seminarios
y actividades que han tenido lugar desde mi incorporación al proyecto hasta la
finalización del mismo.
Además, de
no haber sido beneficiaría de tres Ayudas a la movilidad predoctoral del
Ministerio de Economía y Competitividad, con toda probabilidad, el resultado de
este libro no hubiera sido el mismo. Deseo no solo expresar mi agradecimiento a
esta institución que hizo posible que realizara tales estancias que, sin duda,
han contribuido a enriquecer sustancialmente mi formación y la investigación
que aquí se presenta, sino asimismo a los profesionales de cada una de las
Universidades y Centros de Investigación donde estas se desarrollaron por
recibirme siempre con suma amabilidad. En primer lugar, al Dr. Miguel Ángel
Zalama Rodríguez, Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de
Valladolid e Investigador Principal del Grupo de Investigación Reconocido
“Arte, poder y sociedad en la Edad Moderna”, así como a los miembros de dicho
grupo de investigación, por su acogida durante mi estancia en Valladolid
durante los meses de octubre a diciembre de 2015. En segundo lugar, a la Dra.
Isabella Carla Rachele Balestreri, Profesora del Dipartimento di Architettura,
Ingegneria delle Costruzioni e Ambiente Costruito del Politécnico di Milano,
gracias a cuyo apoyo pude disfrutar de una segunda estancia de investigación en
dicha Universidad durante el verano de 2016, al tiempo que pude profundizar en
algunos aspectos de mi investigación documental en los archivos de la capital
lombarda. En relación con este último aspecto, agradezco al Dr. Marino Viganó
los valiosos consejos y la generosidad con la que me los brindó durante mi
permanencia en Milán. La última estancia de investigación de la que he
disfrutado tuvo lugar el pasado verano en Roma y tampoco habría sido posible
sin el apoyo recibido por parte de la responsable del Centro de Investigación
receptor, la Dra. María Conforti, Profesora de Historia de la Medicina de la
Universitá degli Studi di Roma “La Sapienza” y responsable de la Unitá e Museo
di Storia della Medicina (Roma). A ella y a los especialistas que a través de
la Dra. Conforti tuve ocasión de conocer en Roma —el Dr. Peter Masón, la Dra.
Florike Egmond, la Dra. Federica Favino, la Dra. Renata Ago y a Antonella
Cesarini— mi agradecimiento por su tiempo, generosidad e interés por la
investigación que estaba desarrollando.
Asimismo,
quiero hacer constar mi agradecimiento a las personas que en su día leyeron y
evaluaron mi tesis doctoral: la Dra. Emilie d’Orgeix, el Dr. Pierre Civil, el
Dr. Antonio Urquízar Herrera, el Dr. Peter Masón y el Dr. Fernando Bouza
Alvarez. A ellos, mi gratitud por sus agudas observaciones y sustanciosos
comentarios sobre mi trabajo. Algunos, los he podido incorporar en este libro
con la mejora que ello conlleva. Otros, sin duda, han sido un acicate para
abrir nuevas vías de investigación y espero poder reflejarlos en futuros
trabajos. De igual modo, agradezco las aportaciones que sobre el manuscrito de
este libro han realizado Bernardo Revuelta Pol y el Dr. Daniel Crespo Delgado,
que espero haber sido capaz de reflejar tanto en su contenido como en su forma.
Una parte
importante de este trabajo se ha llevado a cabo en diferentes bibliotecas y
archivos tanto nacionales como extranjeros.
Por esta
razón, quiero recordar y agradecer a todos los profesionales de dichas
instituciones que me han ayudado y atendido con suma amabilidad. Sin sus
orientaciones, mis búsquedas hubieran sido mucho menos fecundas. En especial,
al personal del Archivo Histórico de Protocolos de Madrid y de la Biblioteca
del Museo Nacional del Prado, por su cercanía y su ayuda.
No quisiera
concluir sin reflejar en este espacio mi agradecimiento a aquellos familiares y
amigos que han construido un entorno afectivo que ha resultado fundamental para
que lograra avanzar en este camino no exento de dificultades. A mi familia
—Ángel, Maria Antonia, Maria Cristina, Margarita y Elpidia— quienes a pesar de
la distancia han constituido un apoyo fundamental, cercano y constante.
Particular mención merece la labor de mi madre, avezada lectora de las
sucesivas remesas de los capítulos manuscritos que le he ido enviando y que ha
corregido y comentado con el rigor académico que le es propio. A Raúl, por
acompañarme incondicionalmente. Gracias a mis amigos “madrileños” por hacerme
sentir en casa: Paula Cuervo-Arango, Emilio J. Flete, Iñaki Hernández, Olatz
Irijalba, Guillem Llull, Pedro J. Martínez, María Moraleda, Mónica Plaza, Mari
Angeles Rodríguez, Chloe Sharpe. Gracias asimismo a mis amigos de Santa María
del Páramo (León), de “Sa Roqueta” (Mallorca) e Italia porque, a pesar de estar
lejos, me habéis hecho sentir siempre respaldada. Y porque en este libro hay
algo de todas las vivencias compartidas y de los lugares que nos unen. Gracias.
Preámbulo
En el
Dictionarium latinohispanicum de Nebrija, el ingenium se traducía como la
“naturaleza o ingenio natural” y “la condición natural de cada uno”. Solo los
que poseían ingenium eran capaces de crear, algo que está en el mismo origen
del término “ingeniero” — “ingenero” (como verbo) es “engendrar adentro”—,
capacidad atribuida por sus coetáneos a algunos de los personajes que se van a
conocer a lo largo de estas páginas. Partiendo del concepto de “yngenio”
articula Margarita Vázquez su refrescante y ambiciosa reflexión sobre el arte y
la ciencia en la corte de los Austrias.
En el
Examen de ingenios para las ciencias de Juan Huarte de San Juan, leemos que un
rey tendría a los mayores artífices del mundo si cada uno estudiara aquello
para lo que estaba capacitado, juntando arte con naturaleza. La diferencia
entre los dóciles, cuyo ingenio sigue a los maestros, y los que inventan y
dicen lo que nunca oyeron a esos maestros, nos sitúa en unos tiempos en los que
la experiencia, ese aprender en primera persona, explica la admiración por el
“yngenio”. La ciencia y la experiencia son ejes en torno a los cuales se mueven
tanto los generadores de ciencia como los receptores, todo siempre ligado a la
imagen. Veremos a nobles que se entretienen con los instrumentos científicos,
pero que también saben usarlos para lo que fueron concebidos, mientras
matemáticos, relojeros o cosmógrafos iban marcando con la experiencia,
continuamente contrastada con la ciencia heredada, los jalones del progreso.
Los hombres
y los objetos que estudia Vázquez van conformando un panorama que transformará
nuestra percepción de lo que fue el interés por la ciencia por parte de los
reyes y los cortesanos, en un periodo que parte de la época en la que comienza
a funcionar la Academia de Matemáticas, fundada por Felipe II y dirigida por
Juan de Herrera, momento reconocido como de triunfo de la ciencia, para acabar
en 1640, cuando todo parece perderse en un proceso acelerado de decadencia del
poder de la monarquía. Sin embargo, al poner el foco sobre aquello que
atesoraron príncipes y nobles, sobre las redes artísticas y científicas que
funcionaron entre las cortes, sobre la movilidad de objetos y personas, sobre
la educación del príncipe, los instrumentos científicos, y los usos de la
imagen por parte de la nobleza, pero también de los matemáticos, cosmógrafos,
ingenieros, pintores… Vázquez va iluminando zonas hasta ahora oscuras. La
historiografía artística ha venido estudiando en los inventarios, y en toda la
documentación sobre la vida en las cortes de la monarquía de España, las joyas,
los tapices, los muebles, las armas, o, en el caso de las pinturas, aquellas
cuya temática era fácilmente clasificable dentro de la teoría de los géneros.
Pero hubo pinturas de tierras y ciudades, carpetas de planos con información de
territorios próximos y lejanos, instrumentos científicos capaces de medir el
mundo, para una monarquía que se sintió heredera del imperio romano también por
esa capacidad de medir, contar y describir el mundo científicamente.
Esa mirada
a la antigüedad clásica aparece con frecuencia en estas páginas. Los
inventarios de colecciones y bibliotecas que, con una amplísima documentación
en su mayor parte inédita y rastreada en archivos españoles e italianos, se
estudian aquí dan buena cuenta de que nada de todo ello fue ajeno a los
intereses de una parte de la nobleza española, como ejemplifica Vázquez
estudiando por ejemplo algo tan clarificador para la comprensión del alcance de
lo que venimos diciendo, como fue la llegada del telescopio de Galileo a manos
del condestable de Castilla, donjuán Fernández de Velasco, gobernador de Milán.
Los que hoy
llamaríamos científicos, y entonces matemáticos, geómetras, cartógrafos,
cosmógrafos, ingenieros, filósofos…, simultaneando siempre estas profesiones,
utilizaron la imagen para entender la tierra y el cielo. Sin la habilidad y
maestría de pintores y dibujantes no conservaríamos esos testimonios
científicos que hablan de la estrecha relación entre ciencia y arte. El poder
controlaba el saber, pero también sus imágenes, porque lo que escribió Saavedra
Fajardo de que “para mandar es menester ciencia”, era algo que todos sabían, y
las hegemonías europeas de los distintos estados demostraban.
Valga un
ejemplo: cuando Felipe II envió al médico Francisco Hernández a estudiar la
flora de la Nueva España en la década de 1570, este estudió la naturaleza
mexicana, así como las posibilidades terapéuticas de las plantas que allí
crecían, y su largo viaje lo hizo en compañía de un cosmógrafo, Francisco
Domínguez, pero también con varios dibujantes. Resultado de los seis años de
expedición fueron dieciséis volúmenes con más de dos mil dibujos, que se
depositaron en la biblioteca del monasterio de El Escorial.
Esa imagen
científica de la Nueva España hubiera pasado probablemente a formar parte de la
zona secreta de la librería, tal como la imaginó Antonio Gracián, secretario de
Felipe II, aunque se pensara realizar una edición resumida de tan monumental
obra. Esa biblioteca del monasterio, cuyo contexto aborda de manera tan
sugerente Margarita Vázquez a través del memorial de Páez de Castro, debía
dividirse en dos partes según Gracián: una librería pública y otra secreta. En
la secreta, además de libros griegos, sirios, árabes y en otras lenguas poco
usadas, así como ejemplares raros o viejos de libros griegos y latinos, habría
“almarios de mapas y de instrumentos de astrología o geometría, de medidas y
pesos antiguos y de medallas y tablas de leyes”. El secreto en la corte de
Felipe II, que afectó a estos conocimientos acerca del mundo bajo su dominio,
respondía a la dinámica general de la monarquía, y por ejemplo el embajador
veneciano Contarini, en 1593, escribía que Felipe II guardaba todos sus asuntos
en el más riguroso secreto, sepultando en el silencio incluso aquello que podía
ser divulgado. Es en ese universo de conocimientos y de representaciones del
mundo, entre lo secreto y lo público, en el que se mueve este libro.
Hablamos de
un mundo en el que la canalización de aguas y ríos pudo ser una de las
obsesiones de los gobernantes, y la cartografía científica se apoderó de los
salones más representativos del poder, desde el palacio Farnesio en Caprarola,
el palazzo Vecchio de los Medici, o el mismo monasterio de El Escorial, en el
cual además la Sala de Batallas fijó para los siglos futuros, con precisión
histórica y visual, el acontecer de las batallas ganadas por la monarquía.
Mientras,
esa imagen de control del mundo que permitían los cuadrantes geométricos, las
brújulas, el astrolabio, o los instrumentos de triangulación, iba dibujando
líneas sobre tierras y mares medidos científicamente, algo que replicarán en
sus trazados los jardines del Barroco. Y en esa centralidad de la ciencia
española en el contexto europeo, que es lo que explica la construcción de un
imperio, recordemos que los pilotos tenían la obligación de devolver las cartas
náuticas con las que partían, incorporando lo nuevo que su viaje había
permitido conocer: el mundo cambiaba después de cada viaje o expedición. La
cartografía evolucionaba a toda velocidad, y las monarquías española y
portuguesa —unidas en el periodo que se estudia— fueron durante un tiempo las
más avanzadas. Todo aquello que afectaba al progreso de las ciencias, y sus
imágenes, pasó por la corte y a veces allí se escondió, reservado a unos pocos,
siempre en manuscritos, porque esas imágenes podían ser objeto de un exquisito
coleccionismo, o de una afirmación de poder en las galerías de mapas, pero
muchas obras no llegaron a la imprenta porque los enemigos no debían
conocerlas. Por la medida del tiempo y el espacio, que explica tantos objetos e
imágenes, y a la que se dedica la primera parte de este libro, pasean
relojeros, cosmógrafos, ingenieros, gobernadores y príncipes herederos, cada
uno con una historia que contar.
No puede
dejar de recordar Vázquez un texto de Vicente Carducho que a veces se ha
obviado en las historias de la pintura, en el que el pintor afirma el valor de
esta como instrumento político en tanto que medio para controlar los reinos en
la paz y en la guerra: “Con qué tesoro se pagará el hazernos presentes las
cosas más remotas, pasadas y futuras, emulando tanto a la misma verdad, que en
muchos casos sirve de lo mismo que ella? Quién no se enterará por este medio
del sitio y forma de una ciudad, de un castillo fuerte, de un seno y baía del
mar, y de los montes, cosa importante a las Monarquías, no sólo para adornar
las galerías y Palacios Reales con semejantes pinturas, sino también en casos
arduos, para que sirva a la defensa de nuestros Reinos, y ofensa de los
estraños?”. Esos mapas, esas vistas de ciudades, esas corografías del
territorio, se habían convertido en algo tan esencial para medir el poder de un
príncipe, que podemos recordar que cuando el secretario de la embajada de los
Medici en la corte española, Orazio della Rena, escribió a comienzos del siglo
XVII su relación para su señor, las imágenes que incluyó, aparte del retrato de
Felipe III, fueron las de mapas de los reinos españoles y americanos de la
monarquía. Arte, ciencia y poder se dan la mano en la representación del mundo,
tema al que Vázquez dedica la segunda parte de su libro.
La revisión
historiográfica de la relación entre arte y ciencia en la monarquía hispánica,
es un tema que interesa desde hace tiempo a los estudiosos del periodo, pero
sigue siendo urgente avanzar en su conocimiento, y el libro de Margarita
Vázquez viene a dar cumplida satisfacción a esa necesidad, con unos cimientos
de documentación inédita que iluminan zonas desconocidas y permiten llegar a
conclusiones que abren caminos futuros de investigación. En una época como la
nuestra, en la que el sistema oficial de evaluación para la promoción
profesional está llevando a fragmentar en artículos las investigaciones de los
jóvenes, tenemos aquí un ejemplo de hasta qué punto, en la investigación en
humanidades, el libro sigue siendo imprescindible, mucho más rico por las vías
y debates que abre, y con una repercusión mayor en la comunidad científica. Un
libro necesita no solo conocimientos, sino también una mente reflexiva, un
reposo capaz de poner en marcha muchas ruedas a la vez para articular un
discurso que atiende a objetivos diversos, como un reloj que funciona sin
parar, con sus ruedas perfectamente engranadas. En una época en la que los
relojes se pudieron llegar a convertir en la máquina más difundida y apreciada,
que adornaban lo mismo una carroza, como nos cuenta Vázquez, que un jardín como
el de la Primavera en Aranjuez donde, en 1616, se colocó un reloj con unas
figuras de negros tocando trompetas, cuando los relojes, a veces con piedras
preciosas, como el regalado por los Medici a Felipe III con motivo de su boda,
fueron regalos extraordinariamente apreciados en las relaciones diplomáticas
entre las cortes europeas, estas máquinas se convirtieron en término de
comparación cuando se quería hablar de algo complejo, que se movía con
precisión. Por ello, querríamos finalizar trayendo a colación un documento del
año 1617, que comienza así: “Lo de Italia por caer lexos despaña y tan cerca de
Francia y ser de suyo un relox compuesto de muchas ruedas ha menester grande
atención para llevarle bien concertado a una con esta monarquía”. Pues bien, el
libro que aquí se ofrece al lector pensamos que se puede comparar, como se
hacía con Italia, a un reloj compuesto de muchas ruedas, bien concertado.
Alicia
Cámara
Catedrática
de Historia del Arte, Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned)
Introducción
E car les
obres passades duren per la ymaginació de qui les reté, ix del tronc semblança
de duració, e açó meteix es de poder,
car gran
poder está en aquell ymaginar […]
Ramón
Llull, Arbre de Sciencia, escrit a la ciutat de Roma l’any M.CC.lxxxxv
¿Qué tienen
en común dos figuras a priori tan dispares como la del relojero cremonés
Juanelo Turriano y la del noble español don Juan Fernández de Velasco, VI
condestable de Castilla? Bastantes cosas. La primera y más significativa es
que, estando todavía en vida ambos, sus propios coetáneos se encargaron de
subrayar cómo el rasgo más sobresaliente de su personalidad era el “yngenio”.
Evidentemente, en el caso de Juanelo, tal calificativo se debería a la fama de
la que gozaron sus realizaciones como “arquitecto de relojes” y otros ingenios
al servicio de la corte española. En el caso del VI condestable de Castilla, su
fortuna en cuanto hombre dotado de un elevado ingenio se debería en buena
medida a que sus intereses culturales fueron tan vastos como las materias de
los volúmenes que conformaban su excelsa biblioteca y, en este libro, se
demostrará cómo donjuán cultivaría su “yngenio” en un ámbito poco explorado de
su perfil cortesano como es la práctica de la geometría y sus disciplinas
afines. Además, la consideración de ambas personalidades como hombres dotados
de “yngenio” será una cuestión que continuará plenamente vigente hasta nuestros
días. Prueba incontestable de ello, la hallamos en los estudios más recientes
que han visto la luz sobre sus respectivas figuras, donde en ambos casos se
asocia la condición de “ingenio” a sus personas en el propio título de la
publicación.1.
Cabe
preguntarse entonces qué cualidades y aptitudes se asociaban en la época a un
concepto tan versátil como el ingenio. Una definición que nos permite ponderar
la cuestión es la que nos ofrece Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la
lengua castellana, o española (1611):
INGENIO.
Latine ingenium, a gignendo, proprie natura dicitur cuique ingenita, indoles.
Vulgarmente llamamos ingenio una fuerça natural del entendimiento,
investigadora de lo que por razón y discurso se puede alcanzar en todo género
de ciencias, disciplinas, artes liberales y mecánicas, sutilezas, invenciones y
engaños; y assi llamamos ingeniero al que fabrica máquinas para defenderse del
enemigo y ofenderle. Ingenioso, el que tiene sutil y delgado ingenio. Las
mismas máquinas inventadas con primor llamamos ingenios, como el ingenio del
agua, que sube desde el río Taxo hasta el alcázar, en Toledo, que fue invención
de Ianelo, segundo Archimedes […]2.
Sobre
Juanelo Turriano y el proceso de ascenso y construcción profesional del
relojero desde su Cremona natal hasta llegar a la corte española, véase:
ZANETTI, 2015. Más recientemente, este autor ha publicado una interesante
biografía contextualizada del relojero donde converge la reflexión en torno a
las múltiples facetas del artífice, concediendo especial importancia a su
consideración como “artesano vitruviano”: ZANETTI, 2017. Por su parte, el
estudio más reciente y completo sobre la figura de don Juan Fernández de
Velasco como coleccionista y protector de las artes se encuentra en: MONTERO
DELGADO et al., 2014.
Figura 1.
“Vista de la Ciudad de Toledo con el ingenio del agua de Juanello Turriano”
(detalle), en Georg Braun y Franz Hogenberg, Civitates Orbis Terrarum,
Amsterdam, 1598.
Por lo
tanto, a grandes rasgos, el ingenio durante el Siglo de Oro se asoció a las
capacidades intelectivas y de razonamiento del individuo3. Además, en su propia
definición quedaba patente cómo tan solo unos pocos años después de la muerte
de Turriano, su“ingenio” en el ámbito español de Edad Moderna.
COVARRUBIAS,
1611, f. 504v.
Para un
análisis específico en torno al termino “ingeniero” remitimos al estudio de:
CÁMARA MUÑOZ, 1981. Un trabajo que analiza la historia del concepto “ingenio”
en diferentes lenguas
(latín,
italiano, español, francés, alemán y holandés e inglés) que verá la luz
próximamente es el de: MARR, GARRÖD, MARCAIDA, OOSTERHOFF, 2018 (en prensa).
Agradezco al doctor José Ramón Marcaida el haberme puesto en conocimiento de su
estudio dedicado el concepto persona y sus invenciones —como el mecanismo para
remontar el agua desde el río Tajo hasta el Alcázar de Toledo— le habrían
valido al cremonés granjearse la fama de ingenioso y de segundo Arquímedes en
el imaginario colectivo de sus coetáneos4 (figura 1).
Por otra
parte, la definición de “ingenio” que formula Covarrubias pone de manifiesto el
ámbito de aplicación de tales capacidades de razonamiento e indagación: “todo
género de ciencias, disciplinas, artes liberales y mecánicas, sutilezas,
invenciones y engaños”5. De ahí que, bajo el amplio espectro que abarcaba el
cultivo del ingenio pudieran reunirse dos personalidades, en principio, con
escasos puntos de conexión en lo que a su extracción social y ocupaciones se
refiere como Juanelo Turriano y donjuán Fernández de Velasco. De este modo, el
“yngenio” o “ingenio”, en cualquiera de las variantes en que fuera transcrita
la palabra en la época, hará las veces de marco de referencia, así como hilo
conductor de este trabajo puesto que este rasgo constituirá el común
denominador de los artífices, hombres de ciencia, artistas, príncipes y
cortesanos pertenecientes a diferentes estamentos sociales que van a ser objeto
de estudio en las páginas que siguen.
Además, la
citada definición de “ingenio” llevaba implícito el que va a constituir el
principal campo de investigación de este libro: el arte y la ciencia. La
referencia a estas dos esferas del saber durante el Siglo de Oro, como queda
patente en la voz “ingenio” de Covarrubias, fue planteada en la mayor parte de
los casos siempre como una conjunción, lo que parece hablarnos de la propia
Sobre la
fortuna critica de Juanelo Turriano, véase: CRESPO DELGADO, 2014 y 2016.
COVARRUBIAS,
1611, f. 504v.
autoconciencia
que existía en la época de los puntos de contacto entre las artes y las
ciencias. En los siglos sucesivos — especialmente a partir del siglo XVIII— se
iría produciendo una paulatina disociación entre ambas que cristalizaría y
tomaría cuerpo en el XIX con la definitiva especialización y separación entre
artes y ciencias. Sin embargo, en la historiografía de las últimas décadas se
ha producido un viraje dirigido a la reconsideración y revisión de los puntos
de contacto que existieron entre el arte, la ciencia y la técnica desde
diferentes ópticas y enfoques disciplinares6. En esta misma línea se situaría
este libro que pretende indagar en las relaciones y transferencias entre arte,
ciencia y técnica. En este punto, es preciso efectuar una acotación inicial
relativa a la acepción o, si se prefiere, a los aspectos concretos tanto de las
artes como de la ciencia y de la técnica en los que se va a poner el foco en
este estudio, pues se trata de categorías tan amplias como su propia historia y
sujetas a una cantidad de matices tan variada como autores han teorizado sobre
ellas. Así, este libro se ocupa específicamente de aquellas facultades que para
un cosmógrafo como Rodrigo Zamorano derivaban de la geometría, a saber, la
pintura, la escultura y la arquitectura, pasando por la ingeniería y la
artillería, llegando a la cosmografía y la astronomía7. Por lo tanto, queda
patente cómo la delimitación disciplinar del ámbito de aplicación de la teoría
y la práctica de la geometría sobre la que teorizaron importantes matemáticos
de la época como Zamorano, resultaba igualmente inclusiva. En la jerarquización
de los saberes que proporcionaba el cosmógrafo vallisoletano en el proemio de
Los seis libros primeros de la Geometria de Evclides (1576), las artes (pintura,
escultura y arquitectura) ocupaban el escalafón más bajo con respecto a otras
áreas del saber, como la astronomía y la filosofía natural, situadas en la
cúspide de tal clasificación. Sin embargo, el nexo de unión entre todas ellas
consistía, precisamente, en que su teoría y práctica se fundamentaban en los
principios y herramientas de la geometría euclidiana. Como se verá, el hecho de
que tales facultades se basaran en unos principios teóricos (o, si se prefiere,
en una “ciencia teórica”) comunes implicó, a su vez, que su praxis se apoyara
en unos instrumentos de medición de características similares y que marcarían
el tránsito hacia una “ciencia práctica” que daría como resultado final unas
imágenes que, en bastantes ocasiones, se basaron en códigos de representación
análogos.
6 Los
estudios que han contribuido a conjugar nuevamente las artes y las ciencias en
la historiografía reciente son muy abundantes, por lo que en este espacio se
mencionarán únicamente algunos de los trabajos más significativos, centrados en
el ámbito español de la Edad Moderna. Entre aquellos que se ocupan
específicamente de la realidad histórica y cultural de España podemos destacar
el de N. García Tapia, quien dedica el primer capitulo de su obra a exponer las
relaciones entre el arte y la ciencia y, más específicamente, entre la
arquitectura y la ingeniería: GARCÍA TAPIA, 1990, pp. 19-24. Una visión de los
diferentes y poliédricos perfiles de ingenieros que trabajaron durante la Edad
Moderna al servicio de la monarquía hispánica poniendo el énfasis en el estudio
de la imagen como medio de expresión de sus realizaciones se encuentra en:
CÁMARA MUÑOZ, REVUELTA POL, 2014. Sobre el papel ejercido por los tratados
impresos de ingeniería, en los que la imagen jugaba un papel esencial, como vía
de circulación del conocimiento inherente a este campo, véase: CÁMARA MUÑOZ,
REVUELTA POL, 2017. Del estudio de la Historia Natural a partir de la cultura
visual de la Edad Moderna en el ámbito español se han ocupado: PIMENTEL, 2009
y, más recientemente: MARCAIDA LÓPEZ, 2014. Sobre las relaciones entre óptica y
literatura en el Barroco español, véase: GARCÍA SANTO - TOMAS, 2014. Un
interesante estudio centrado en el periodo de la Ilustración en nuestro país es
el de: VEGA, 2010.
ZAMORANO,
1576, s. f.
Figura 2.
“Retrato de Juan Fernández de Velasco (detalle)” en Anónimo, La conferencia de
Somerset House, ca. 1604, óleo sobre lienzo, 205,7 × 268 cm, Londres, National
Portrait Gallery (NPG 665).
En este
punto, con el fin de delimitar el espacio y el tiempo concretos en los que se
va a desarrollar este análisis de las relaciones y transferencias entre las
disciplinas derivadas de la geometría (artes y ciencias), es preciso retomar la
pregunta formulada al comienzo de esta introducción. En ella, nos
interrogábamos acerca de los puntos que tenían en común Juanelo Turriano y el
VI condestable de Castilla (figura 2). Además de la ya mencionada condición de
hombres que cultivaron su ingenio, la segunda de las convergencias que se
advierten entre ambos consiste en que sus dispares trayectorias vitales se
desarrollaron en estrecha relación con un espacio común: la corte española. De
un lado, en el ascenso profesional y social del relojero tuvo un papel decisivo
el interés que los trabajos de Turriano despertaron en el emperador Carlos V y
la protección que este le brindó. Por su parte, donjuán Fernández de Velasco
trataría de acrecentar la grandeza de su linaje siempre en el escenario
cortesano, ocupando los más elevados cargos como el de gobernador del Estado de
Milán o tomando parte en importantes misiones diplomáticas al servicio de una
policéntrica monarquía española. De este modo, la corte española será el
espacio en el que se focalizará esta investigación pues, no en vano, durante la
Edad Moderna, la corte o las cortes europeas hicieron las veces de “calamita de
los ingenios”8.
8 La
expresión “calamita de los ingenios” que aquí se ha utilizado bebe directamente
de los postulados y de las fuentes escritas de la época. Por una parte, la
“calamita de la corte” era el titulo de un discurso ceremonial pronunciado
alrededor de 1625 en una de las academias más importantes de Roma de comienzos
del siglo XVII: la del cardenal Maurizio di Savoia: CARDI, 1653. En relación
con el titulo de este discurso, como ha señalado M. Biagioli, lo que a priori
puede parecer una metáfora literaria típicamente barroca, encierra en si la
precisa descripción de una realidad más compleja como es el modelo migratorio
que atrajo a Roma a diferentes perfiles profesionales (entre los que se
contaban artistas y científicos) de la época y que constituye una realidad
extrapolable, a grandes rasgos, al caso de la corte española que aquí se va
estudiar: BIAGIOLI, 2008, pp. 303-307. Por otra parte, la consideración de la
corte española, en cuanto “calamita” específicamente de los “ingenios”, estaría
relacionada con las ideas expuestas por el doctor Juan Páez de Castro en su
Memorial sobre los libros y utilidad de la librería y orden y traza que en ella
se ha de tener. Dicho Memorial contenía una propuesta para la creación de una
biblioteca y archivo científico dirigida, en primera instancia, al emperador
Carlos V y, posteriormente, a Felipe II, donde el humanista alcarreño recogía
algunas importantes ideas de la antigüedad clásica y afirmaba que “con esta
invención de librerías hizo
27 Preparado por Patricio Barros
El
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En este
sentido, la corte de los Austrias españoles fue el escenario donde se dieron
cita los distintos “ingenios” sobre los que se ha reflexionado en este libro
que podrían encuadrarse en dos categorías generales. En la primera tendrían
cabida los príncipes, nobles y miembros de la alta jerarquía de la corte, en
cuyas personas confluyeron unos amplios intereses culturales que englobarían
las artes y las ciencias (un ejemplo ilustrativo de este tipo de perfil
cortesano sería el del VI condestable de Castilla). En la segunda categoría a
la que se va a dedicar atención en este estudio, se encuadrarían los
profesionales que cultivaron aquellas disciplinas fundamentadas en la geometría
que, como se ha señalado, aglutinaría una serie de áreas de conocimiento y perfiles
que, en no pocas ocasiones, presentaban unos límites cuanto menos difusos
(pensemos en el caso de Juanelo Turriano). A pesar de las evidentes diferencias
entre los integrantes de ambos grupos, todos ellos pondrían sus miras en la
corte como lugar fundamental que garantizara su ascenso y promoción social; eso
sí, con un matiz diferente. En el caso de los primeros, su existencia
gravitaría en torno a la corte y nos va a interesar particularmente el estudio
de las redes y prácticas de promoción artística y científica que impulsaron y
desarrollaron desde ese centro de poder. En el caso de los segundos, la corte
sería el ámbito que les permitiría desarrollar
cibdad de
los ingenios”: PAEZ DE CASTRO, 1883, p. 168. Es decir, la consideración que
aquí se otorga a la corte española como “calamita de los ingenios” pretende
describir y definir el papel que esta adquirió como polo de atracción para los
artistas, científicos, nobles y cortesanos sobre los que se ha reflexionado en
este libro. Una atracción que, a su vez, se vio potenciada por el imán que
suponía para los cultivadores de artes y ciencias la existencia en la corte de
determinadas instituciones, entre las que destacaría la biblioteca del
monasterio de San Lorenzo de El Escorial o la Academia de Matemáticas.
28 Preparado por Patricio Barros
El
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sus
actividades profesionales granjeándose el reconocimiento social al que tantas
veces aspiraban artífices y técnicos de la época.
La elección
de la corte y, más específicamente, de la corte española como espacio
significativo en el que explorar las cuestiones esbozadas hallaría su
justificación, en primer lugar, en la documentación y fuentes primarias sobre
las que se ha construido la arquitectura de nuestro discurso. En segundo lugar,
el poner el foco en la corte como escenario fundamental para comprender las
dinámicas sociales y culturales de la Edad Moderna, cuenta una tradición
historiográfica bastante sólida en los diferentes ámbitos disciplinares que
necesariamente se dan cita en este estudio. A la consideración de la corte como
punto de referencia para comprender tales procesos habrían contribuido
significativamente los estudios del sociólogo Norbert Elias9. Así, en las
últimas décadas, tanto desde el ámbito disciplinar de la Historia y de la
Historia del Arte10, como desde el de la Historia de la Ciencia11, se han ido
sucediendo un buen número de publicaciones donde la corte ha constituido un
escenario ineludible para conocer e interpretar el cursus honorum de personajes
tan importantes para cada una de estas áreas como el
ELIAS,
1974.
Una
reflexión en torno a algunas problemáticas historiográficas, así como sobre la
aparición de los estudios sobre la corre española de la Edad Moderna, se
encuentra en: RIVERO RODRÍGUEZ, 2012. Desde el ámbito de la Historia y de la
Historia del Arre, los estudios de estas disciplinas cuentan con una ya
consolidada trayectoria. A un mejor conocimiento de la cultura y de la corte
española durante la Edad Moderna han contribuido autores como F. Bouza, F.
Checa Cremades, F. Marías, M. Morán Turina, J. Portús Pérez, etc., a cuyas
obras se hará referencia en el desarrollo de este trabajo.
Desde el
campo de la Historia de la Ciencia destacan los estudios de autores como B. T.
Moran y M. Biagioli, cuyas aportaciones específicas se irán desgranando al hilo
de este trabajo. Cabe señalar en este espacio la contribución que supuso para
la historiografía ibérica el catálogo de la exposición celebrada en Madrid cuyo
discurso giraba en torno a la corre y la ciencia: LAFUENTE, MOSCOSO, 1999.
29 Preparado por Patricio Barros
El
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celebérrimo
pintor Diego Velázquez y el no menos laureado científico Galileo Galilei12
Partiendo
de estas premisas, una primera cuestión a la que se ha tratado de dar respuesta
consiste en analizar el nivel de conocimiento y la relación que mantuvieron con
las disciplinas afines a la geometría, los príncipes, nobles y cortesanos
españoles. Una de las fuentes que ha permitido tomar el pulso sobre esta
cuestión, son los tratados sobre educación de príncipes y la teoría política,
puesto que en ellos se recogen interesantes postulados en torno al conocimiento
que de las artes y de las ciencias debían poseer los miembros de las clases
dirigentes. En este sentido, se han tomado asimismo en consideración las ideas
que a este respecto contenían la teoría y la literatura tanto “artística” como
“científica”. Todo lo cual ha proporcionado un valioso marco donde se ha
insertado la interpretación de la relación con esas dos esferas del saber de
las figuras del entorno cortesano que han sido objeto de particular atención a
lo largo de este libro.
Una vez
establecidos los parámetros generales en los que se enmarcaba el conocimiento
de la geometría por parte de príncipes y nobles, nos hallábamos ante la
tesitura de responder a un segundo interrogante: ¿cómo podríamos comprobar que
tales postulados teóricos que abogaban en pro del conocimiento de las
matemáticas y
A pesar de
que es bien sabido que la trayectoria de Velázquez transcurrió íntimamente
ligada a sus oficios palaciegos en la corte de Felipe IV, una serie de estudios
sobre el pintor sevillano han hecho especial hincapié en la faceta cortesana
del artista: BROWN, 1986 y 1999. A estas publicaciones hay que añadir los
numerosos trabajos de J. Portús Pérez, siendo uno de los más recientes el que
pone el foco en el papel de Velázquez como retratista real y su interpretación
en el marco de la cultura cortesana: PORTÚS PEREZ, 2013. En cuanto a la figura
del matemático pisano, la trayectoria profesional de Galileo en relación con la
corte como lugar fundamental para el desarrollo de su actividad científica ha
sido estudiada por: BIAGIOLI, 2008.
30 Preparado por Patricio Barros
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de la
geometría, fueron llevados efectivamente a la práctica? o, si se prefiere,
¿cómo podría ponderarse el grado de conocimiento y los intereses para con tales
disciplinas por parte de los cortesanos españoles? A este respecto, tanto las
fuentes de la época como la bibliografía contemporánea relativa a la promoción
de las artes y las ciencias desarrollada por Felipe II, ofrecen una serie de
claves para responder a tales interrogantes. En cuanto a las fuentes coetáneas,
existen abundantes testimonios que proporcionan significativos indicios. En
este sentido, resultan especialmente reveladoras algunas de las informaciones
que Jehan Lhermite, gentilhombre de cámara del rey Felipe II, reflejó en su
diario durante su estancia en la corte española. En un pasaje del año 1598
recogido en dicho diario —El Pasatiempos— el gentilhombre flamenco hacía la
siguiente valoración acerca del aprecio que el monarca prudente sentía por los
instrumentos mecánicos:
Y puesto
que hablamos de relojes y por haber dos de entre ellos que eran de grande
comodidad y muy curiosos, no será un despropósito hacer aquí alguna mención de
ellos. De estos dos relojes (había algunos otros más) se servía Su Majestad
habitualmente en su cámara y puedo decir que no hubo otro mueble ni objeto que
apreciara más el rey, ni de los que gustara más y sacara mayor provecho que de
estas dos máquinas, y de día y de noche los ponía delante de sus ojos y podemos
decir para resumir que gobernaban totalmente a este buen monarca, pues
regulaban y escandían su vida dividiéndola en minutos que, contados y
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ordenados,
medían sus acciones y ocupaciones diarias, lo que causaba no poca admiración a
todos nosotros13 (figura 3).
Figura 3.
“Representación de uno de los relojes que utilizaba habitualmente Felipe II en
su cámara”, en Jehan Lhermite, El
LHERMITE,
2005, p. 449.
32 Preparado por Patricio Barros
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Pasatiempos,
2005 (reedición del manuscrito Ms II. 1028, conservado en la Real Biblioteca
Alberto I de Bruselas).
En unos
pocos renglones, Lhermite sintetizaba algunas de las claves y conceptos
fundamentales para tratar de “medir” los intereses y el aprecio que sintieron
hacia la ciencia y la técnica los príncipes, nobles y cortesanos de la época:
analizar su relación con los objetos inherentes a tales disciplinas
(instrumentos matemáticos, libros de teoría científico-técnica, imágenes
cartográficas, etc.). Partiendo de esta premisa, el mejor modo para conocer
tales aspectos pasaba por el estudio de los inventarios, tasaciones, almonedas
de bienes, etc., que permitiría tomar el pulso sobre tales intereses. Además,
esas informaciones podrían verse complementadas por el análisis de otro tipo de
fuentes como la correspondencia personal, las cartas de pago, las relaciones,
los memoriales, etc. Así, el estudio de este tipo de cultura material vinculada
a la teoría y la práctica de la geometría —contenida en la mayor parte de los
casos en los inventarios de determinados nobles o cortesanos— ha constituido un
excelente “instrumentó” para tratar de reconstruir (hasta donde las fuentes nos
lo han permitido) los intereses que determinadas figuras del ambiente cortesano
español sintieron para con tales disciplinas, cuestión de la que, hasta la
fecha, carecemos de estudios específicos. De esta forma, en este libro, se ha
concedido especial importancia al objeto de scientifica (instrumentos y
representaciones) y a las relaciones que sus propietarios establecieron con
dichos artefactos. Por lo tanto, tomando como
33 Preparado por Patricio Barros
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referencia
un tipo de cultura material específica y representativa de la geometría, se ha
ponderado la relación que con tal disciplina trabaron sus poseedores por lo
que, en cierto sentido, este trabajo presenta puntos de contacto con las
publicaciones dedicadas al estudio sobre la cultura material de la Edad Moderna
que, eso sí, abarcan un espectro más amplio de objetos, entre las que destacan
los trabajos de P. Findlen y R. Ago14. Desde este punto de vista (el estudio de
los artefactos reunidos por un determinado individuo) este libro enlaza
asimismo con otro género historiográfico como es el coleccionismo. Como ya
señalara K. Pomian, el coleccionismo constituye un fenómeno pluridimensional
que no se ajusta bien a las taxonomías académicas que suelen aplicarse y que
suponen la separación de arte, ciencia e historia15. Precisamente, estas tres
categorías recorrerán este libro entrelazándose constantemente y puede que, por
esta razón, dada la naturaleza “híbrida” de muchos de los artefactos (o
conjuntos de artefactos) que se van a analizar se haya puesto especial esmero
en tratar de determinar la posible percepción y valoración cultural que tales
instrumentos o mapas, por ejemplo, suscitaban en sus propietarios y que
denotarían un “gusto” por los mismos16
En relación
con la cuestión de “medir” los intereses para con la geometría de los
cortesanos españoles, otro tipo de fuentes y
FINDLEN,
1994; AGO, 2012.
POMIAN,
1987, pp. 10-11.
Una
aproximación al coleccionismo en el ámbito español (más específicamente
centrado en
Andalucía)
que pone el foco en el “modo de coleccionar”, al tiempo que entiende dicho
fenómeno como signo de distinción social, es la que efectúa: URQUIZAR HERRERA,
2007.
estudios
han contribuido asimismo a acotar y trazar los límites de nuestro campo de
investigación.
Figura 4.
Juan de Herrera, Institución de la Academia Real Mathematica, Madrid, Guillermo
Droy, 1584. Biblioteca General de la Universidad de Salamanca.
35 Preparado por Patricio Barros
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En esta
dirección, hay que señalar las conclusiones a las que han llegado estudios
precedentes sobre la ciencia y el coleccionismo en época de Felipe II, los
cuales han forjado la fama del monarca prudente no solo como protector de las
artes sino también de las ciencias, pues Felipe II promovió proyectos tan
importantes en este sentido como la biblioteca del monasterio de San Lorenzo de
El Escorial o la Academia de Matemáticas17 (figura 4). Por lo tanto, si como
resulta innegable a día de hoy, el soberano del mayor imperio del mundo hizo
gala de tales intereses científicos, sería lógico pensar —teniendo en cuenta
las dinámicas de emulación de las prácticas regias que movían a la nobleza y a
los cortesanos de la época— que, tal vez, entre los gustos que cultivaron los
españoles de alta alcurnia se hallaran asimismo tales preferencias. O dicho en
otras palabras, si el gusto de Felipe II por la pintura italiana, especialmente
la veneciana, y la pintura flamenca, acabaría influyendo no solo en las
preferencias de sus descendientes y sucesores a la corona, sino también en la
configuración y criterios de selección de las colecciones artísticas reunidas
por nobles y cortesanos18; ¿pudo influir asimismo su interés por los saberes
científico-técnicos, en la reunión de instrumentos matemáticos, libros e
imágenes asociadas a tales disciplinas en los nobles y
17 Una
buena aproximación a ambos proyectos científicos —la biblioteca de El Escorial
y la Academia de Matemáticas— se encuentra en: VICENTE MAROTO, ESTEBAN PIÑEIRO,
2006. Por su parte, un importante estudio sobre la promoción en la producción
de instrumentos científicos impulsada por Carlos V y Felipe II y las relaciones
entre la Escuela de Lovaina y la corre española se encuentra en: AA. VV., 1997.
Dada la gran cantidad de estudios sobre estas empresas científicas que se
llevaron a cabo en tiempos de Felipe II remitimos al lector al aparato crítico
que se detallará a lo largo de este trabajo en los puntos donde se referirá a
tales cuestiones así como a la bibliografía.
Sobre los
gustos y el mecenazgo artístico promovido por Felipe II, véase: CHECA CREMADES,
1992 y 1994.
cortesanos
(no solo en aquellos estrictamente coetáneos, sino en las décadas posteriores a
su muerte)?
De estas
hipótesis de partida, emergió ante nuestros ojos lo que resultó ser un fértil
ámbito de estudio. Mientras que los instrumentos matemáticos, lecturas,
imágenes y proyectos científicos promovidos por Felipe II constituían una
realidad bastante estudiada, no sucedía lo mismo con la relación y preferencias
para con tales objetos y disciplinas de los príncipes y reyes que le sucedieron
(Felipe III y Felipe IV), ni mucho menos de la nobleza y ni de la alta
jerarquía cortesana española de la época19 Por otra parte, además de indagar y
profundizar en la relación que mantuvieron con la ciencia los miembros de las
clases privilegiadas en la corte española, poniendo especial atención a su
relación con la cultura material vinculada a estos saberes, como se ha
anticipado, a lo largo de este libro tendrá cabida asimismo el análisis de lo
que podríamos denominar como “la otra cara de la moneda”. Nos referimos a la
relación que mantuvieron con la corte distintos artífices cuyo perfil
profesional pasaba por el cultivo de la geometría: desde artistas, pasando por
constructores de instrumentos, hasta ingenieros y matemáticos. El estudio de
algunos de estos artífices de la geometría ha permitido explorar y comprobar,
tanto la
Tan solo
algunas colecciones concretas reunidas por nobles y/o eruditos españoles en las
que se conjugaban unos intereses artísticos y científicos han sido objeto de
atención por parte de la historiografía. Entre ellas, hay que destacar la de
Vicencio Juan de Lastanosa y la de don Juan de Espina. Sobre Lastanosa, véase:
MORAN TURINA, 1981; AA. VV., 2007. Un estudio sobre la faceta de Lastanosa como
coleccionista de mapas es el de: HERNANDO RICA, 2007. En cuanto a don Juan de
Espina, esta figura ha suscitado gran interés por parte de la historiografía
desde distintos enfoques disciplinares: COTARELO Y MORI, 1908; CATURLA,
1963-1966 y 1968-1969a; CARO BAROJA, 1967, vol. 1, pp. 395-420; MORÁN, CHECA,
1985, pp. 205-211; BOUZA, 1989; GARCÍA TAPIA, 1997; ARACIL, 1998, pp. 135,
167-173 y 179; GARCÍA SANTO-TOMÁS, 2012 y 2014, pp. 157-187 y MARCAIDA LÓPEZ,
2014, pp. 98-117.
multiplicidad
de relaciones que se establecieron entre tales profesionales y la corte, como
lo poliédrico de algunos perfiles que conjugaban casi a partes iguales unos
intereses tanto artísticos como científicos.
De este
modo, la constatación del escaso conocimiento que existía en torno a los
intereses por las disciplinas afines a la geometría — tanto de quien habría de
suceder al monarca prudente, el futuro Felipe III, como de otras importantes
personalidades que poblaron el escenario cortesano a finales del siglo XVI y
comienzos del siglo XVII— contribuyó a que la cronología en la que se iba a
mover este estudio se delimitara, aproximadamente, entre 1585 y 1640. La
elección de tales fechas no es baladí: 1585 es el año en que se puso casa al
futuro Felipe III y, por tanto, a partir de ese momento su progenitor trataría
de procurar al heredero de la corona una serie de maestros encargados de
educarle. Dados los intereses de Felipe II por las matemáticas y el arte militar,
¿qué peso tendrían tales materias en la formulación del programa pedagógico de
quien estaba destinado a gobernar un imperio donde el Sol no se ponía? Por otra
parte, 1585 es el año en que fallece Juanelo Turriano. La vida y obra de este
constructor de instrumentos matemáticos, autómatas y toda clase de ingenios ha
sido objeto de gran atención por parte de la crítica historiográfica, por lo
que su trayectoria en la actualidad es bien conocida. Sin embargo, tras la
muerte de Turriano, ¿cuál fue exactamente el papel que desempeñaron los
artífices que se encargaban de la construcción y del mantenimiento periódico de
los relojes e instrumentos matemáticos en la corte?,
¿continuó
existiendo en la corte un interés y un gusto por los instrumentos matemáticos,
relojes y artificios mecánicos de naturaleza afín?
Por su
parte, la fecha de carácter orientativo que cierra este estudio también
presenta una serie de connotaciones directamente relacionadas con las
cuestiones que se abordan en el mismo. A nivel histórico, es sobradamente
conocida la difícil coyuntura política y económica por la que atravesaba la
monarquía española en el año de 1640: si por aquel entonces las principales
potencias europeas — entre las que se contaba España— se hallaban inmersas en
plena Guerra de los Treinta Años; en dicho año, los frentes se multiplicaban
para la corona española con el estallido de las revueltas de Cataluña y
Portugal que harían tambalearse los cimientos del imperium. Incluso, en la
explicación o relato que algunos coetáneos ofrecieron de la complicada
situación del país en aquel año, es posible hallar indicios sobre la concepción
de la ciencia que, a su vez, se traducía en imágenes. Así, algunas de las
interpretaciones que se dieron de la crisis de 1640 se asociaron a los eclipses
de Sol que se habrían observado desde España entre 1639 y 1640 que tiñeron el
firmamento de “color sangre”, extendiéndose ese color hacia la parte del este
peninsular. Según ese mismo relato, los gobernantes desoyeron los funestos
acontecimientos que presagiaban tales señales del cielo “hasta que se
levantaron Cataluña y Portugal”20. A pesar de que en 1640, las
20 ALDERETE
Y SOTO, 1680 ca., s. f. Un estudio relativo de las novas y cometas que
aparecieron en el firmamento entre 1572 y 1618, donde a la aproximación
científica a tales
nuevas
observaciones y datos recabados por Galileo gracias al telescopio habían
abierto nuevos caminos en la astronomía resquebrajando el sistema geocéntrico
ptolemaico, todavía hacia mediados del siglo XVII sería frecuente (no solo en
la corte española, sino también en otros centros de poder europeos) interpretar
determinados fenómenos celestes como señal de terribles desgracias. Todo lo
cual, a su vez, se tradujo en una serie de interesantes descripciones e
imágenes presentes en los ambientes cortesanos que atestiguaban la vigencia y
resistencia de una cosmovisión geocéntrica ya torpedeada en su línea de
flotación.
Además, en
ese contexto de crisis del año 1640 tuvo lugar otro acontecimiento
significativo en el marco específico de este estudio: la publicación de una de
las obras de teoría política más importantes y eruditas que ha dado la
literatura española, la Idea de un príncipe político christiano (1640) del
diplomático Diego Saavedra Fajardo21 (figura 5).
La
relevancia de este tratado en relación con las cuestiones que se pretenden
explorar en este libro reside en varios aspectos. El primero es que esta obra
ha permitido introducir una serie de ideas procedentes del pensamiento político
y cultural de la época aplicables al ámbito específico de este estudio.
En la Idea
de un príncipe político christiano o, si se prefiere, en sus Empresas
políticas, Saavedra recoge una serie de postulados teóricos relativos al
conocimiento que debía poseer un príncipe
fenómenos
se une una interesante interpretación de los mismos en relación con cuestiones
políticas, religiosas y/o escatológicas se encuentra en: GRANADA, 2012.
La edición
crítica de este tratado de la que nos vamos a servir a lo largo de nuestro
trabajo es: SAAVEDRA FAJARDO, 1999.
sobre
geometría y sus disciplinas afines (que, a su vez, se hacían eco de la
producción de otros eminentes autores que le precedieron como Aristóteles,
Tácito o el padre Juan de Mariana, entre otros)22.
Figura 5.
Diego Saavedra Fajardo, Idea de un príncipe político christiano (frontispicio),
Milán, 1642.
Sobre las
fuentes de las que se nutre el tratado de Saavedra Fajardo, véase: Ibíd., pp.
64-88.
A partir de
esas ideas formuladas por Saavedra se ha ponderado en qué medida dicha teoría
tuvo un correlato en las prácticas de facto relativas al aprendizaje de las
ciencias por parte de príncipes y nobles. Pero el valor de esta fuente no ha
residido únicamente en los contenidos teóricos de sus declaraciones. Como es
sabido, cada una de las empresas aparecía presidida por un mote acompañado a su
vez de una imagen o pictura, a la que seguía el ulterior desarrollo teórico de
la declaración. El análisis de algunos de esos motes y picturae ha puesto de
manifiesto la permeabilidad y la recepción de determinadas ideas y avances que
tuvieron lugar en el ámbito de las ciencias y las artes, en un género como la
emblemática que a priori poco tenía que ver con tales disciplinas.
Con todo,
este libro pretende contribuir a alcanzar un mejor conocimiento en torno a las
transferencias entre las artes y las ciencias en un ámbito —la corte de los
Austrias españoles— escasamente estudiado y en un marco cronológico
extremadamente interesante en la evolución de ambas esferas del saber,
caracterizado todavía por los delgados límites que, en ocasiones, las
separaban. Precisamente, en el carácter “híbrido” de este ámbito de estudio
(tantas veces “incómodo” para quien trata de analizarlo) o, si se prefiere, en
realidades culturales que se antojan escurridizas a la aplicación de
encorsetadas taxonomías reside, a nuestro juicio, la riqueza de este libro.
Esta característica es causa, al tiempo que efecto, por una parte, de la
multiplicidad de fuentes a las que se ha recurrido que, aunque a priori puedan
parecer heteróclitas, todas
ellas se
insertaban y formaban parte de la misma cultura en la que vivían y operaban
tanto príncipes como artífices de la geometría. Por otra parte, el hecho de
recurrir a un amplio abanico de fuentes (datos) de procedencia diversa ha
permitido articular un discurso representativo de la propia situación que se
pretende retratar, caracterizada por la multiplicidad de matices y por unos
perfiles, cuanto menos, poliédricos.
De este
modo, sobre la base de las aportaciones contenidas en los estudios precedentes
pertenecientes a los distintos ámbitos disciplinares que necesariamente se dan
cita en esta investigación (Historia, Historia del Arte, Historia de la
Ciencia, Coleccionismo, Cultura material, etc.), se han analizado una gran
cantidad de fuentes primarias —muchas de ellas inéditas hasta la fecha— que han
permitido reflexionar y avanzar en el conocimiento sobre las dinámicas y
transferencias entre artes y ciencias, en un periodo y en un ámbito escasamente
explorado hasta la fecha. Así, se ha podido demostrar cómo, efectivamente, la
corte de los Austrias constituyó un escenario fundamental en torno al cual
gravitaron los principales ingenios de la época. Además, gracias a este estudio
ha sido posible reconsiderar el papel y la importancia de algunos “príncipes” y
“artífices” al servicio de la corte española, cuyo ingenio en el cultivo y
promoción de artes y ciencias trascendió las fronteras de los reinos
hispánicos, ocupando un lugar de primer orden en el contexto europeo de la
época.
Parte I
El imperio
de la medida
Capítulo 1
“Quae sint,
quae fuerint, quae mox ventura trahantur”: la
medida del
tiempo en la corte
Desde la
publicación del Libro Aureo de Marco Aurelio con el Relox de Príncipes23 (1529)
de fray Antonio de Guevara24 la palabra “relox” tomaría una fuerte connotación
moral y este instrumento de medida quedaría indisolublemente ligado en el
imaginario colectivo de la época a la ordenación del tiempo y de la vida
cortesana.
En el
prólogo de dicha obra, Guevara expone cuál era la finalidad del libro: conducir
al emperador Carlos V a comportarse como un verdadero príncipe cristiano al
frente de la República. Tras ello, explica cuáles fueron las cinco cosas
unánimemente aceptadas en la antigüedad, a saber, la vida en comunidad, el
alfabeto, las leyes, los barberos y los relojes. Sobre estos últimos
instrumentos, Guevara subraya el prolongado periodo durante el cual los romanos
carecieron de relojes (595 años) y las tipologías de relojes de la antigüedad:
el reloj de horas, que inventó un discípulo del filósofo
23 Los
títulos que aparecen en la portada de la obra varían en las primeras ediciones
de Valladolid (Libro llamado Relox de príncipes, en el qual ra encorporado el
muy famoso Libro de Marco Aurelio) y Lisboa (Libro del eloquentissimo Emperador
Marco Aurelio con el Relox de príncipes). A pesar de que el Libro Aureo de
Marco Aurelio y el Relox de príncipes son dos obras distintas (si bien la
última recoge una parte significativa de la primera), desde fecha temprana ha
existido cierta confusión entre ambos libros. Sobre esta cuestión véase la
introducción a la edición crítica del Relox de Príncipes realizada por Emilio
Blanco: GUEVARA, 1994, pp. XI-
XXXII.
Para un
estudio de la vida y obra de fray Antonio de Guevara, véase: REDONDO, 1976.
Tales; el
reloj de sol, cuya invención atribuye a Aneximénides de Mileto, discípulo de
Anaximandro y el reloj de agua, ideado por Scipión Nasica. Guevara realiza esta
referencia a los relojes de la antigüedad haciendo hincapié en que “de todas
las antigüedades que se truxeron a Roma ninguna a los romanos les fue tan grata
como fueron los reloxes”25 puesto que dichos instrumentos iban a permitir medir
con precisión el tiempo y ordenar la vida. Esta línea argumental permite al
autor, amparándose en el criterio de autoridad que confiere la referencia a la
antigüedad clásica y a autores como Plinio El Viejo, enlazar y legitimar la
propia elección del título de su obra:
La ocasión
de contar estas cinco antigüedades en este preámbulo no ha sino por dar cuenta
que fue mi fin llamar Relox de príncipes a este mi libro, porque siendo como es
la denominación del libro tan nueva, razón sería que la doctrina fuesse muy
estimada. No quiera Dios que ose yo dezir que han estado en España tanto tiempo
sin reloxes de doctrina quanto estuvieron en Roma sin reloxes de sol y de agua,
porque en España siempre uvo varones muy doctos en la sciencia y hombres muy
estremados para la guerra.
Este Relox
de príncipes no es de arena, ni es de sol, ni es de horas, ni es de agua, sino
es relox de vida, porque los otros reloxes sirven para saber qué hora es de
noche y qué
GUEVARA,
1994, p. 38.
hora es de día, mas éste nos enseña cómo nos hemos de ocupar cada hora y cómo hemos de ordenar la vida26.
De este
modo, el fraile franciscano señala en primer lugar lo novedoso del título
elegido para su libro. Pero además de reivindicar su primacía en la aplicación
del término “relox” a una obra de carácter moral, el propio concepto de “relox”
en el periodo en que fue publicado el tratado de Guevara llevaría implícitas
una serie de connotaciones vinculadas a la “novedad”, a los avances de carácter
científico-técnico que desbordaban la cuestión estrictamente pedagógica. Tras
el descubrimiento de América, los parámetros y el mundo hasta entonces conocido
habían adoptado una nueva dimensión: el dominio geográfico ya no era únicamente
el Mediterráneo, sino que ahora entraban asimismo en juego el Atlántico y los
dominios intercontinentales. Esta nueva escala geográfica y temporal que se
impondrá a lo largo del Quinientos, llevará aparejado un desarrollo de carácter
técnico con el fin de crear instrumentos más precisos que permitan medir los
nuevos tiempos. Y el emblema de la importancia adquirida por esta nueva dimensión
temporal será el reloj.
Así, la
consideración del tiempo y su medida fue piedra angular en la teoría sobre
educación de príncipes en el ámbito cortesano de los siglos XVI y XVII27.
Además, la reflexión en torno al tiempo llevaría siempre aparejada la imagen,
ya fuera literaria o gráfica, de un reloj constituyendo un lugar común en los
tratados de educación de
Ibíd., pp.
38-39.
Sobre los
tratados de educación de príncipes, véase: GALINO CARRILLO, 1948.
príncipes.
En relación con los objetivos de este estudio es importante señalar dos
aspectos en esta reflexión teórica. Por una parte, la asociación que se produce
en la literatura pedagógica entre el reloj y la medida (entendida como virtud).
Por otra parte, la metáfora que se establece en torno al reloj en cuanto
complejo mecanismo cuya adecuada correspondencia de engranajes se identifica
con el correcto funcionamiento del Estado en cuyo vértice se sitúa el príncipe.
En cuanto
al primer aspecto, en la teoría política la presencia del reloj fue asociada a
la cuestión de cómo debía repartir y pasar el tiempo un príncipe. De este modo,
los presupuestos teóricos expuestos por Guevara en época del emperador Carlos
V, a tenor de los cuales su libro era concebido en cuanto “relox de vida” para
enseñar al príncipe en qué debía ocupar cada hora, fueron recogidos en la
literatura pedagógica publicada en fecha posterior, convirtiéndose en un lugar
común. En este sentido, resulta muy ilustrativa la obra de Jerónimo Fernández
de Otero El Maestro del Príncipe28 (1633). Este autor dedica el segundo libro
de su tratado a exponer, en el primer capítulo, cuáles eran las enseñanzas que
debía recibir el príncipe y, en el segundo, explica cómo había de repartir el
tiempo el maestro para que el príncipe lo aprovechara debidamente. Sobre esta
última cuestión Fernández de Otero comenta: “[el maestro] deue poner particular
estudio en que el Principe desde sus primeros años se sujete al tiempo, y a su
natural disposición, sin rendir al sueño la mayor parte del, pues es la
FERNÁNDEZ
DE OTERO, 1633.
puerta por
donde el enemigo entra á sembrar la cizaña en sus estados […]”29. El autor
continúa su argumentación subrayando la importancia de que el príncipe sepa
cuáles son las ocupaciones en las que ha de pasar el día y cuáles durante la
noche, repartiéndolas en las cosas más importantes, de modo que:
El
leuantarse de mañana, y habituarle a esto desde sus primeros años (acostándose
a hora, que no le hagan falta las necesarias del sueño) es tan importa[n]te,
que me admiro mucho de que esté tan introduzido lo contrario entre personas
entendidas, y estalo tanto, que ya es vno de los puntos mas considerables de la
grandeza, leuantarse á Medio dia los que tienen, y aun los que la imitan, y
procuran mostrar q[ue] la tienen; y yo la llamo corruptela y abuso, y no
costumbre pues para serlo, auia de ser razonable: y no lo es, según las reglas
de medicina […]30.
Como ya
apuntara Guevara y recogerían otros autores en fecha posterior, el príncipe
debería siempre hacer una adecuada estimación del tiempo y de sus ocupaciones,
siendo la ociosidad el mayor de sus enemigos. De este modo, la vida del
príncipe, tanto en un sentido moral como en un sentido físico, se fundamentaba
en la precisa medida del tiempo. Por un lado, las Sagradas Escrituras y las
vidas de los Santos proporcionaban un sinfín de exemplum virtutis sobre la
importancia de la estimación del tiempo y los daños que ocasionaba la
ociosidad. Por otra parte, la consideración del
Ibíd., f.
48r.
Ibíd., f.
49r.
tiempo como
algo “precioso” en un sentido moral y espiritual, se veía complementada y
reforzada por las “reglas de la medicina” con el fin de garantizar la buena
salud y larga vida del príncipe. Siguiendo a Fernández de Otero, quien a su vez
refiere a autores clásicos en esta materia como Hipócrates o Macrobio, así como
a su contemporáneo el “doctísimo Mercado”31, el príncipe debía levantarse dos
horas después del amanecer (que en invierno era a las ocho y, en verano, a las
seis de la mañana).
Sin duda,
Fernández de Otero se refería al doctor Luis de Mercado, Médico de Cámara del
rey Felipe II y autor de una serie de obras en materia médica que le dieron
gran fama en la época, como las Institutiones Chirregieae (1594), las
Instituciones para el aprouechamiento y examen de los Algebristas (1599) o el
Libro en que se trata con claridad la naturaleza, causas, prouidencia y se
declara la orden y modo de curar la enfermedad vulgar y peste (1599). Sobre las
obras impresas del doctor Mercado, véase: PÉREZ PASTOR, 1891, pp. 225-227 y
335-336.
Figura 6.
Empresa 28. “Quae sint, quae fuerint, quae mox ventura trahantur”, en Diego
Saavedra Fajardo, Idea de un príncipe político christiano, Milán, 1642.
Desde esa
hora, su maestro debía comenzar “a repartir las que quedan del día y noche,
aplicando a cada vna la ocupación que viere que conuiene para la buena
Educación de su Discipulo”32.
Esta misma
concepción de la medida del tiempo en cuanto que virtud aparece recogida en
otro género de obras que gozaría de gran difusión en la época: los libros de
empresas y emblemas morales. En el tratado Idea de un príncipe político
christiano (1640) de Diego Saavedra Fajardo (publicado por primera vez en 1640,
siendo corregido y ampliado por el autor en 1642), la vigesimoctava empresa
aparece encabezada por el mote “Quae sint, quae fuerint, quae mox ventura
trahantur” (“Lo que es, lo que ha sido, lo que pronto será”)33. En el centro de
la pictura de dicha empresa se representa un reloj de arena sobre el que se
asienta un cetro al que se enrosca una serpiente coronada, el cual se refleja
en dos espejos situados a derecha e izquierda en sendos montículos (figura 6).
La glosa
que acompaña al emblema comienza afirmando que: “Es la prudencia regla y medida
de las virtudes” y, más adelante, especifica que dicha virtud consta de tres
partes fundamentales: la memoria de lo pasado, la inteligencia de lo presente y
la providencia de lo futuro. De este modo, como expone el propio autor: “Todos
FERNÁNDEZ
DE OTERO, 1633, f. 49v.
SAAVEDRA
FAJARDO, 1999, pp. 412-418. Como señala el propio Saavedra Fajardo, el lema de
esta empresa procede de un verso de Hornero, traducido por Virgilio en sus
Geórgicas.
estos
tiempos significa esta empresa en la serpiente, símbolo de la prudencia,
revuelta al ceptro sobre el reloj de arena, que es el tiempo presente, que
corre, mirándose en los dos espejos del tiempo pasado y del futuro”34. De ahí
se extrae la conclusión de que el tiempo es gran maestro de príncipes y que,
una vez que el joven príncipe conozca bien el pasado y el presente, conocerá
también el futuro. Esta necesidad de considerar el pasado, el presente y el
futuro para gobernar con prudencia constituye un topos de larga fortuna no solo
en la emblemática, sino en términos más generales, en los tratados de educación
de príncipes que vieron la luz durante los siglos XVI y XVII. Así, la tríada
prudencia-medida-tiempo debía regir el comportamiento de un príncipe, lo que
tuvo su reflejo, como se verá más adelante, en diversas manifestaciones del
ámbito cortesano.
Pero además
de esta identificación entre el reloj y la medida como virtud, en la cultura
cortesana de la época, a estos instrumentos de medición se asociaron otros
valores relacionados con el buen gobierno de los estados, estableciéndose
analogías con sus características y con los ingeniosos engranajes mecánicos que
regían estos artefactos. En este sentido, Guevara en su Relox de príncipes ya
había planteado dicho símil: en el capítulo XL del Libro primero35 en una carta
que Marco Aurelio dirige a su amigo Pulión, el emperador no se sorprende de la
vanidad imperante en Roma
Ibíd., p.
413.
GUEVARA,
1994, pp. 310-338: “Capítulo XI… De una carta que embió Marco Aurelio
Emperador a
Pulión su amigo, en la qual reprehende a los romanos, los quales querían que
sus emperadores fuesen cortos en el escribir y por otra parte dissimulavan si
eran largos en el robar; y que la vida del príncipe no es sino un relox que
concierta toda la república” […].
puesto que
“la vida del emperador virtuoso no es sino un reloj que concierta o
desconcierta al pueblo”36. Es decir, si en el obrar del emperador imperaba el
desconcierto, la República a cuyo frente estaba como la manecilla de un reloj,
encaminaría sus pasos en esa misma dirección.
Figura 7.
Empresa 57. “Vni Reddatur”, en Diego Saavedra Fajardo, Idea de un príncipe
político christiano, Milán, 1642.
Por su
parte, Saavedra Fajardo recoge ideas de naturaleza análoga:
la empresa
57 ilustra a la perfección esta metáfora consistente en la
Ibíd.
identificación
del buen gobierno con el mecanismo de un reloj (figura 7). Bajo una filacteria
en la que puede leerse el mote “Vni Reddatur” (“Sea reducido a uno solo”)37
aparece representado un reloj mecánico de mesa en cuya parte frontal se puede
observar la parte “visible” del instrumento, esto es, las manecillas que
señalan las horas sobre la esfera. En el lado izquierdo del reloj, se advierte
a través del cristal que cierra su caja, la parte “invisible” del instrumento,
es decir, los complejos mecanismos internos que permiten su funcionamiento. La
glosa que acompaña a este emblema reza del modo siguiente: “Obran en el reloj
las ruedas con tan mudo y oculto silencio, que ni se ven ni se oyen. Y aunque
dellas pende todo el artificio, no le atribuyen a sí, antes consultan a la mano
su movimiento, y ella sola distingue y señala las horas, mostrándose al pueblo
autora de sus puntos”38. Es decir, la empresa alude al concierto y a la
correspondencia que debía existir entre los Consejos y ministros y el príncipe.
Los primeros, se identificarían con las ruedas o engranajes internos del reloj
o, dicho en otras palabras, la parte “invisible” que permite el funcionamiento
de un complejo mecanismo. Por su parte, la figura del príncipe se asociaría con
la manilla que muestra las horas y marca los tiempos, parte visible del
artificio, a quien corresponde en última instancia la toma de resoluciones y
ser cabeza suma de las cosas al príncipe”39.
SAAVEDRA
FAJARDO, 1999, pp. 663-674.
Ibíd., pp.
663-664.
Ibíd., p.
672.
Figura 8.
Justus Tiel, Alegoría de la educación de Felipe III, ca. 1590, óleo sobre
lienzo, 158 × 105 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado (P01846).
Estas ideas
de naturaleza político-moral tuvieron su reflejo en las artes, tanto en el
ámbito de la cultura visual y de la retratística cortesana, como incluso en la
propia arquitectura y distribución espacial de los palacios. De Tiziano a
Velázquez, son numerosos los
testimonios
pictóricos que dan cuenta de la relevancia de los valores y virtudes del
príncipe que se concretan en la representación de un reloj o en las que a
través de la alegoría se refiere a la importancia de la dimensión temporal en
el ejercicio del gobierno40. Un ejemplo paradigmático donde quedan reflejadas
estas ideas procedentes de la teoría política de la época es la Alegoría de la
educación de Felipe
(ca. 1590)
de Justus Tiel (figura 8). En ella, aparece representado el príncipe Felipe a
la edad de 12 años como reza la inscripción situada en el ángulo inferior
izquierdo del cuadro41. El heredero, situado en la parte central del lienzo, de
pie, viste una valiosa armadura que reproduce muy fielmente la que el duque de
Terranova —por aquel entonces gobernador de Milán— regaló al príncipe y cuya
ejecución se atribuye al armero lombardo Lucio Marliani, hoy conservada en la
Real Armería de Madrid42. Tras el príncipe, se sitúa la figura de un anciano
barbado, el Tiempo, quien
No se
pretende aquí elaborar una relación exhaustiva de este tipo de representaciones
puesto que, por un lado, excede los objetivos de este estudio y, por otro, la
correcta interpretación de estas imágenes pasaría por una adecuada
contextualización de las mismas, no exenta, en ocasiones, de problemas que la
historiografía aún no ha logrado resolver. Un caso paradigmático que
ejemplifica los problemas de interpretación de algunas de estas imágenes, se
encuentra en el retrato de Tiziano El caballero del reloj (ca. 1550) conservado
en el Musco del Prado (P00412). El elemento más significativo de este lienzo es
el reloj, que ha acabado dando titulo a la obra. En el caso de los retratos de
Tiziano, el veneciano incluyó relojes en las efigies de personajes de elevada
condición social (como los del Cardenal Granvela, Cristoforo Madruzzo o
Elconora Gonzaga). Como ha señalado M. Falomir, (2014, p. 76), la semejanza
entre estos relojes sugiere que se trataba del mismo ejemplar, propiedad del
pintor. De este modo, la inclusión de estos objetos, por lo general asociados a
la virtud del gobernante, podía también reflejar aficiones o ser susceptible de
otro tipo de interpretaciones. Sobre El caballero del reloj, véase FALOMIR,
2014, pp. 76-77.
La pintura
aparece firmada: “Ivstus Til” y con una inscripción sobre la roca en la que
apoya el pie de la figura del Tiempo situada en la mitad inferior izquierda
dónde se puede leer: “Aetatis suae A/12 superato adiviget”.
Sin duda,
uno de los aspectos de esta pintura sobre los que la historiografía ha
insistido en mayor medida es, precisamente, la fiel reproducción de la armadura
y del capacete (m. 1585) atribuidos a Lucio Marliani (doc. 1538-1607): PORTÚS
PÉREZ, 1998, cat. n.º t3, p. 207; GODOY, LEYDI, 2003, cat. n.º 82 y 83. pp.
486-488; GARCÍA-FRÍAS CHECA, 2010, car. n.º 46, pp. 198-201.
porta sobre
su cabeza un reloj de arena. Con su mano izquierda, el Tiempo aparta del
príncipe a Cupido —un amorcillo con los ojos tapados que encarna el Vicio—
mientras que con el brazo derecho rodea y pone en primer plano junto al
heredero la imagen alegórica de la Virtud. A pesar de que uno de los atributos
más destacados que caracterizan a esta última figura femenina es la balanza de
la Justicia, este personaje ha sido interpretado como una representación
sincrética de las cuatro virtudes cardinales pues además sostiene en sus manos
el caduceo de la Prudencia, la espada de la Fortaleza y el freno del caballo
que alude a la Templanza43. Por lo tanto, uno de los rasgos más sobresalientes
de este retrato estriba en la utilización de un lenguaje predominantemente
alegórico, que lo convierte en excepcional en el contexto del retrato cortesano
español en época de los Austrias, caracterizado por la escasa presencia de
elementos alegóricos. Así, frente a esta tendencia general del retrato español
parco en referencias simbólicas, en el cuadro de Tiel la alegoría constituye
uno de los rasgos definitorios de esta pintura, que ha sido interpretada como
una derivación del tema clásico Hércules entre el vicio y la virtud44.
Por otra
parte, en la interpretación de esta obra la historiografía ha señalado la
estrecha relación existente entre el asunto representado y uno de los tópicos
de la teoría política de la Edad Moderna: la relación entre el ejercicio del
poder y la administración de la justicia. En concreto, se ha referido a la obra
de Gregorio López
PORTÚS
PÉREZ, 2008, p. 207: GARCÍA-FRÍAS CHECA, 2010, p. 199
PORTÚS
PÉREZ, 2008, p. 207.
Madera,
Excelencias de la monarquía y reino de España (1592), que vio la luz en fecha
cercana a la ejecución del lienzo y en la que su autor señalaba que el
principal oficio de los reyes consistía, precisamente, en administrar
justicia45. Lo cierto es que son abundantes las referencias al papel de los
monarcas en la administración de justicia en la tratadística de la época y la
utilización de ese marco ideológico hacía que su significado fuera fácilmente
inteligible, aunque se desconoce la función primaria a la que se destinaría la
pintura en origen.
Sin
embargo, pese a esta claridad semántica, interesa señalar algunos aspectos y
matices de la obra que permiten enlazar con los postulados teóricos con los que
se abría el capítulo y que insistían en la asociación de la virtud a la medida
del tiempo en el ejercicio del poder. En este sentido, una de las primeras
obras que recogieron estas ideas, como se ha señalado, fue el Relox de
Príncipes (1529) de fray Antonio de Guevara. Por un lado, la dimensión temporal
quedaba claramente reflejada en el propio título del tratado, cuyas enseñanzas
habrían de servir al príncipe como un “relox de vida” destacando la importancia
de ordenar los tiempos de la existencia del monarca, dejando de lado la
ociosidad que conducía al vicio y al mal gobierno. Pero además de la referencia
explícita al tiempo en el propio título del libro, la presencia de esta
cuestión será una constante a lo largo de toda la obra de Guevara46.
Ibíd.
Ya en el
prólogo general, el franciscano expone a su destinatario, el emperador Carlos
V, cuál ha sido el propósito que le ha llevado a redactarla: “porque no ha sido
mi intención, Serenísimo Principe, componer este libro para que passéys el
tiempo, sino para que aprovcchéys el tiempo”
(Guevara,
1994, p. 25). Como ha apuntado E. Blanco en su edición crítica del Relox de
príncipes
En este
sentido, las palabras con las que da comienzo el libro dan cuenta de la
relevancia concedida al tiempo en la cultura cortesana de la época. No en vano,
el argumento de la obra se inicia con la declaración de intenciones del autor
que se concreta, precisamente, en ofrecer la definición del tiempo que, según
Guevara, habría sido proporcionada por el matemático de la antigüedad
Arquímedes:
Archiménides,
aquel muy famoso philósopho al qual Marco Marcello por su sciencia le otorgó la
vida […], preguntado qué cosa era tiempo, respondió: “El tiempo es un inventor
de todas las cosas nuevas y un cierto registro de las cosas antiguas”. Y dixo
más: “El tiempo es el que vee principiarse, y mediarse, y acabarse todas las
cosas, y al fin el tiempo es el que a todas las cosas da fin”. No podemos negar
a este philósopho ser muy verdadera la definición que nos dio del tiempo,
porque si los tiempos supiessen hablar, de muchas cosas que tenemos dubda,
ellos nos las dirían como testigos de vista. Dado caso que todo se acaba, todo
perece, sola una cosa ni perece ni se acaba, y ésta es la verdad […]47.
este juego
de contraposiciones entre pasar y aprovechar el tiempo y entre pasar y perder
el tiempo constituye un recurso utilizado con cierta frecuencia por Guevara, no
solo en la obra a la que se viene haciendo referencia, sino en otras nacidas de
su pluma, como sucede en la primera parte del Monte Calvario (f. X); o la
primera carta del Arte de marear dirigida al secretario del emperador,
Francisco de los Cobos: “Mi intención ha sido que el uno [ Arte de marear] sea
para pasatiempo, y el otro [Aviso de privados] para aprovechar el tiempo”:
Ibíd., p. 25, nota c.
GUEVARA,
1994, Lib. I, Cap. 1, p. 65. Sobre la definición del tiempo que Guevara pone en
boca de Arquímedes, E. Blanco (Ibíd., p. 65, nota b) ha señalado que dicha
definición al no encontrarse ni en el Liber de vita el moribus philosophorum et
poetarum de Walter Burley (Incunable sin lugar, sin editor y sin fecha.
Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela, RSE-1055; editado
posteriormente por Hermann Kunst en 1886) ni en Valerio Máximo, parece tratarse
de una opinión original del propio Guevara que se pondría en este pasaje bajo
la autoridad del matemático siciliano. Sin entrar en el análisis de este tipo
de
El interés
de este pasaje radica no solo en su contenido, sino en el lugar privilegiado
que ocupa en el marco y estructura de la obra guevariana: nada más comenzar su
argumentación, al empezar el primer capítulo “en el cual el auctor declara su
intento, y de la manera que tiene de proceder en el libro”48. Por lo tanto, de
ello se desprende la importancia concedida al tiempo y su medida en la
educación política del príncipe y la asociación de esta cuestión a la verdad y,
por extensión, a la virtud. Pero, además, la cita de un filósofo clásico como
Arquímedes permite a Guevara introducir la comparación entre los primeros
filósofos de la antigüedad y los de épocas posteriores. Así, fueron aquellos
primeros sabios quienes comenzaron a especular sobre los astros del cielo,
siendo muy estimados en su época. Sin embargo, el devenir del tiempo sería el
que revelaría la verdad: su ignorancia. Guevara no se extenderá en demasía en
reproches a aquellos primeros filósofos puesto que “La ignorantia de los
antiguos no fue sino una guía para acertar nosotros, y porque ellos erraron
entonces cúponos la suerte de acertar nosotros después”49.
Sin
embargo, a pesar de que los antiguos abrieron caminos hacia la verdad, Guevara
afirma que el vicio y la ociosidad que imperaban entre sus coetáneos eran la
causa de que las sendas trazadas por los antiguos se hubieran convertido en
“prados cerrados”. Así,
consideraciones,
fuera o no una definición acuñada por el propio Arquímedes, el interés de la
cita en este punto del trabajo estriba en que ya desde las primeras lineas del
libro se pone de manifiesto la importancia del tiempo en la educación política
y moral del príncipe cristiano.
Ibíd.
Ibíd., p.
67.
59 Preparado por Patricio Barros
El
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siguiendo a
Aulio Gelio, el franciscano concluye que la verdad es hija del tiempo y que,
por tanto, en un tiempo presente en el que ya está todo visto, descubierto,
escrito, leído y sabido, poco falta por conocer de lo bueno y los hombres se
encaminan “por saber más de lo que es menester de lo malo”. De este modo, a los
conceptos de tiempo y verdad, queda asociada la consideración moral en torno a
los mismos y su derivación en la corrupción de las costumbres, del saber. Los
hombres de la época emplean su tiempo en el engaño, en lugar de destinar los
conocimientos de los que disponen a ser más honestos y sabios. Esta
consideración moral queda ratificada en la afirmación que cierra todo el
pasaje, donde se expresa de manera elocuente la importancia que revestía la
consideración del tiempo en la educación y en el ejercicio del gobierno de un
príncipe cristiano, pues “si el demonio pudiesse como pueden los hombres
dormir, seguramente se podía echar a dormir, porque si él vela para engañarnos,
nosotros nos desvelamos para perdernos”50.
Con todo,
parece claro que a lo largo del siglo XVI la consideración del tiempo en toda
su dimensión y acepciones constituyó un aspecto de gran importancia en el
ejercicio del gobierno, asociándolo a la virtud, a la verdad y a la sabiduría.
Pero además, es preciso notar que la reflexión teórica en torno a esta cuestión
no se vería únicamente circunscrita al ámbito de la literatura política y
moral, ni a la emblemática, géneros a los que se ha venido haciendo referencia
hasta el momento. Además, el tiempo fue objeto de atención desde múltiples y
muy variados ámbitos disciplinares. Un
Ibíd., p.
68.
60 Preparado por Patricio Barros
El
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buen
ejemplo de ello se encuentra en la obra del cosmógrafo, matemático y Piloto
Mayor del Rey, Rodrigo Zamorano. En su libro titulado Cronología y repertorio
de la razón de los tiempos (1585) publicado en Sevilla en fecha cercana a la
ejecución de la Alegoría de la educación de Felipe III, el cosmógrafo dedica el
primer libro del tratado a la reflexión en torno al mundo y sus partes, y a las
propiedades naturales de los cielos y elementos. Y, no parece casual, que la
obra dé comienzo con un capítulo que lleve por título “Del Tiempo”, donde tras
reproducir y considerar las definiciones que aportaron los más eminentes
filósofos de la antigüedad como Platón, Aristóteles o Pitágoras, entre otros,
subraya que la cuestión de la “esencia del Tiempo sea cosa tan dificultosa” y,
a continuación, señala las tres partes que “en su duración y corriente se
pueden considerar: una es lo que pasó, otra lo que vendrá, y la ultima lo que
tenemos presente”51. De este modo, queda patente, una vez más, esa triple
dimensión del tiempo a la que se viene haciendo referencia en una obra de
género distinto, redactada por un cosmógrafo, cuyo cometido estribaba
precisamente en medir tiempos y distancias. Sin embargo, lo que resulta más
interesante en relación con la interpretación del cuadro de Justus Tiel es que,
tras señalar la dificultad existente en la formulación de una definición del
tiempo y de referir a sus partes, el cosmógrafo ofrece un “retrato” o “imagen”
del tiempo, comentando cómo este fue representado en la antigüedad:
ZAMORANO,
1585 (reed. 1621), f. Iv.
61 Preparado por Patricio Barros
El
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Pintaron
los antiguos Poetas al Tiempo un viejo anciano que tenía alas, y una hoz, o
guadaña en la mano; significando por las alas la presteza y velozidad, con que
huye y passa; y por la vejez, ser este el que mas dura de todas las cosas, que
se acaban, porque comentó con el mundo, y no fenecerá hasta que el mundo se
acabe: por la hoz significavan ser el tiempo el que consume y acaba las cosas
de este mundo; las quales todas tienen su tiempo, con que comiençan, duran y
acaban.52
Esta
“definición visual” que ofrece Zamorano puede que fuera motivada, precisamente,
por lo intrincado de establecer una definición del concepto “tiempo” y, ante
ello, para ilustrarlo, el autor apela al sentido de la vista y a una imagen
plástica que debía ser suficientemente conocida en la época. Prueba de la
vigencia que tuvo esta codificación plástica de la imagen del Tiempo durante la
Edad Moderna en España, la encontramos en uno de los tratados que sería piedra
de toque en la reflexión teórica sobre la liberalidad de la pintura durante el
Barroco: los Diálogos de la pintura (1633) de Vicente Carducho53. En el
registro inferior de la estampa que precede al Diálogo tercero, presidida por
la inscripción “Ad magna praemia per magnos pervenitur labores”, se representa
al Tiempo dotado de idénticos atributos a los asociados por Zamorano,
Ibíd.
Sobre este
tratado de Vicente Carducho, véase la edición critica del mismo publicada por E
Calvo Serraller: CARDUCHO, 1979. La figura de Vicente Carducho, así como
algunos de los postulados teóricos contenidos en su tratado, han sido objeto de
una reciente revisión y estudio critico: ANDREWS, ROE, NOBLE WOOD (eds.), 2016.
62 Preparado por Patricio Barros
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acompañado
de la Muerte, devastando a una multitud, sobre la que emergen triunfantes tres
figuras que encarnan otras tantas virtudes54 (figura 9).
Figura 9.
Francisco Fernández (según Vicente Carducho), “Ad magna praemia per magnos
pervenitur labores, en Vicente Carducho,
54 Una
aproximación interpretativa de los grabados que preceden a cada uno de los ocho
diálogos del tratado de Carducho se encuentra en: KUBLER, 1965.
63 Preparado por Patricio Barros
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Diálogos de
la pintura (Diálogo tercero, f. 46), Madrid, Francisco Martínez, 1633.
De este
modo, este tipo de recursos asociativos o transferencias entre ciencia (en este
caso, la cosmografía) y arte (con la referencia a modelos visuales), junto con
el papel primordial otorgado a la vista en ambas disciplinas como el principal
de los sentidos para aproximarse, conocer y ordenar el mundo sensible, será un
aspecto que subyacerá y tendrá amplio calado a lo largo del periodo aquí
estudiado.
Retomando
la cuestión que se venía considerando, esto es, el retrato alegórico de Felipe
III junto al Tiempo y la Virtud, vale la pena detenerse a analizar en qué
medida la descripción y atributos que Zamorano señala como inherentes al Tiempo
son coincidentes o no con la representación que de él realiza Justus Tiel. En
primer lugar, es interesante señalar que la imagen ofrecida por el cosmógrafo
resulta plenamente concordante con los atributos vinculados al Tiempo (o
Saturno) que aparecen recogidos en Le imagini de gli Dei de gli antichi (1556)
de Vincenzo Cartari55, una de las obras que, sin duda, en mayor medida debió
contribuir a codificar esta imagen de la divinidad, dada la enorme difusión y
fortuna de la que gozó durante los siglos XVI y XVII56 y que, gracias a las
estampas que ilustraban las sucesivas reediciones de la obra, sería una “opera
vtilissima à Historici, Poeti, Pittori, Scultori & professori di belle
55 Las referencias a esta obra contenidas en
este libro proceden de la reedición de 1609:
CARTARI,
1609.
Sobre la
obra de Cartari y su papel en la difusión y codificación de la imagen de los
dioses de la antigüedad, véase: MAFFEI, 2013.
64 Preparado por Patricio Barros
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lettere”57.
Cartari señala asimismo como principales atributos del Tiempo las alas y la
guadaña, y lo describe como un viejo vestido andrajosamente, pues ello
reflejaba que existió desde el comienzo del mundo, cuando el caos produjo la
separación de los elementos que daría lugar al movimiento del cielo, a raíz del
cual los hombres empezarían a medir el tiempo5858 (figura 10).
CARTARI,
1609, frontispicio.
Ibíd., p.
23.
65 Preparado por Patricio Barros
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Figura 10.
Anónimo, Imagine di Saturno ò del Tempo diuoratore de Suoi figliuoli, cioè del
tutto consumatore, eccettuati Gioue, Giunone, Nettuno, & Plutone, intesi
per li quatro elementi Fuoco, Aria, Aqua, & Terra, che non si distruggono,
en Vincenzo Cartari, Le imagini de gli Dei de gli antichi, Venecia, Appresso
Euangelista Deuchino, & Gio. Battista Pulciani, 1609 (reed.).
Por otra
parte, al comparar sendos retratos literarios del Tiempo — ofrecidos por
Cartari y Zamorano— ninguno de ellos parece ajustarse plenamente a la imagen
que de él se presenta en el cuadro del pintor flamenco. El principal rasgo
coincidente y que se advierte a simple vista en el lienzo de Tiel es la
caracterización de este personaje como un anciano, pues esa vejez simbolizaría
“ser este el que mas dura de todas las cosas, que se acaban, porque comenzó con
el mundo, y no fenecerá hasta que el mundo se acabe […]”59. Además, también se
encuentran representadas en la composición las alas —que darían cuenta de la
velocidad del paso del tiempo— a pesar de que el pintor flamenco sitúa este
atributo en una zona secundaria y de un modo vagamente perceptible en el oscuro
fondo del lienzo. Sin embargo, llama la atención que la representación del
Tiempo en el cuadro carece de uno atributos principales que caracterizaban su
representación pictórica según Cartari y Zamorano: la hoz, que aludiría a su
cualidad de consumir y acabar o dar fin a las cosas del mundo. Cabe
preguntarse, entonces, la causa de esta omisión que, a todas luces, no parece
ser casual si se
ZAMORANO,
1585 (reed. 1621), f. Iv.
66 Preparado por Patricio Barros
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tiene en
cuenta que la representación del Tiempo o Cronos como un viejo barbado, con
alas y portando una guadaña en sus manos constituiría un lugar común en la
cultura visual de la época en las distintas cortes y centros de poder europeos.
A su vez,
también es digno de consideración que la representación del Tiempo era
susceptible de ser interpretada dando lugar a distintas soluciones formales
dirigidas a transmitir un mensaje concreto, como sucede, por ejemplo, en el
fresco de Angelo Michele Colonna y Agostino Mitelli que ocupa el techo de la
Sala delle Udienze pubbliche del Palazzo Pitti de Florencia, donde se
representa Il Tempo che fa trionfare la Verità sostenuta dal Merito e scaccia
la Bugia (ca. 1637-1638)60. En este fresco, la figura del Tiempo aparece
personificada por un viejo que porta en su mano izquierda un reloj de arena y,
sobre su cabeza, una corona de flores y espigas que aluden al sucederse de las
estaciones del año. Bajo sus pies, se representa el ouroboros o símbolo de la
eternidad, un círculo formado por una serpiente que se muerde la cola en
alusión a la naturaleza cíclica de los tiempos, que se suceden una y otra vez
tras haber alcanzado su fin61. Se trata de una representación donde el Tiempo
encumbra y corona a la verdad y, tal vez por tratarse de una concepción más
amable de esta figura mitológica, no parece advertirse en el fresco la
presencia de la hoz que, como comentaba
La
interpretación del tema de este fresco ha sido formulada por Nadia Bastogi
(2006) quien, basándose en la codificación iconográfica de las figuras
contenidas en textos como la Iconología de Cesare Ripa, ha identificado el
asunto como Il Tempo che fa trionfare la Veritá sostenuta dal Merito e scaccia
la Bugia; un tema que estaría en estrecha relación con la inscripción que
aparece en el fresco sostenida por dos putti: “Ogni bugiardo ben passa e non
dura, Merito e verità non passa e dura”.
SFRAMELI,
2016.
67 Preparado por Patricio Barros
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Zamorano,
hacía referencia a las cualidades destructivas del Tiempo.
Por tanto,
puede que en una interpretación más “amable” de la naturaleza del Tiempo, en
cuanto “revelador” o “despertador” de la verdad o virtud, tenga sentido situar
el retrato también carente de guadaña que Justus Tiel hace de él. La propia
actitud del personaje que, desde un oscuro segundo plano, sobresale y parece
acompañar y acercar la virtuosa figura femenina al príncipe Felipe III (como si
de una verdad revelada se tratase) podría remitir, nuevamente, a esa acepción
ya referida del tiempo que descubre la verdad y por ende, la sabiduría. El
propio Guevara ya había establecido en su obra una clara correlación entre el
tiempo, la verdad y la virtud. De un modo análogo, Vincenzo Cartari, además de
describir la imagen del Tiempo y sus atributos, recoge un pasaje relativo a las
Saturnalia o sacrificios en honor a Saturno en el cual explica por qué los
antiguos adornaban y acompañaban estos ritos de velas encendidas: “la qual cosa
dechiarando Macrobio dice, che era, perche soto il reggimento di Saturno gli huomini
da vna incolta vita,
piena di
tenebre, passarono alla lucida & bella scientia delle buone arti”62. De
este modo, por medio de la intercesión del Tiempo, aquellos hombres que
llevaban una vida inculta y llena de tinieblas, lograban alcanzar la luz de la
sabiduría y la verdad. Por su parte, Zamorano, en el primer capítulo dedicado
al tiempo, expresa estas ideas de un modo similar:
CARTARI,
1609, p. 63.
68 Preparado por Patricio Barros
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Los hombres
sabios y los que se exercitan en cosas de virtud, tienen al tiempo por una de
las cosas mas preciosas del mundo; y assi dixeron que no avia mayor perdida,
que la del tiempo. El tiempo es el que da el premio de todo lo bueno, y el
castigo de todo lo malo: y es en el mundo el mayor averiguador de las verdades.
El inventa, halla y descubre las cosas, y las saca a la luz […]63.
Sirvan
todas estas consideraciones para esbozar un “retrato” del contexto cultural y
de la concepción y persistencia del tiempo en sus distintas dimensiones y
acepciones que habrían de estar tan presentes en la corte española del último
tercio del Quinientos. A su vez, de esta reflexión en torno al Tiempo han
quedado patentes las transferencias o, si se prefiere, los nexos de unión que
existieron entre las ciencias y las artes en la época, pues desde ambos ámbitos
se apelaba a unos mismos modelos visuales que formaban parte de un sustrato
cultural común del que germinaron tratados como los de Zamorano o Carducho.
Unas ideas
a las que el propio Felipe II no debió permanecer ajeno, sino más bien al
contrario, dio muestras de una fuerte conciencia de la significación del tiempo
en el ejercicio del poder que debió tratar de transmitir a su heredero,
retratado por Justus Tiel. Como ha señalado F. Bouza, esta marcada y
significativa conciencia del tiempo del monarca prudente quedó reflejada tanto
en las cartas escritas de su puño y letra, como en las anotaciones marginales
que
ZAMORANO,
1585 (rccd. 1621), f. Iv.
69 Preparado por Patricio Barros
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realizaba
en las misivas que recibía64. De un lado, en ellas, el rey declaraba andar
“alcanzado de tiempo”, dando cuenta así de su empleo en las numerosas
ocupaciones que implicaba su calidad de monarca65. En otras anotaciones
autógrafas, quedaba patente otra concepción del tiempo que trascendía el
desempeño de los quehaceres regios y su mero sucederse durante las horas y la
jornada. Se trataba de una dimensión del tiempo diacrónica, pues el monarca era
consciente de que el presente en que vivía habría de convertirse en pasado y
que sería sometido al juicio de las futuras generaciones. De ahí que, como
afirma F. Bouza, en las numerosas empresas que Felipe II promovió en vida
subyacería una voluntad de “determinar bien cómo iba a ser recordado”66. Esta
idea programática de un tiempo presente, que se mira en el pasado y en el
futuro parece remitir al mote que encabezaba la empresa 28 de Saavedra Fajardo:
“Quae sint, quae fuerint, quae mox ventura trahantur” y donde la serpiente
enroscada en el cetro sobre un reloj de arena, símbolo de la Prudencia, se mira
en los espejos del pasado y del futuro situados a ambos lados (figura 6).
Aunque la Idea de un príncipe político christiano (1640) de Saavedra Fajardo no
vio la luz hasta algo más de cuarenta años después de la muerte de Felipe II,
esa necesidad de considerar pasado, presente y futuro para obrar con prudencia
ya contaba con una amplia tradición en el campo de
BOUZA,
1998a, pp. 5-25.
Ibíd., p.
5.
Ibíd., p.
6.
70 Preparado por Patricio Barros
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la
emblemática, siendo las obras de Alciato y Piero Valeriano las que mayor
influencia ejercerían en la difusión de estas ideas67.
Pero
además, en el caso particular de la educación y del programa pedagógico
diseñado para su heredero, Felipe III, existen distintas fuentes que dan cuenta
de la especial relevancia concedida por Felipe II a la dimensión temporal en la
educación de su hijo. Gil González Dávila, en el Libro Primero de su Historia
de la Vida, y Hechos del Rey D. Felipe III (publicado postumamente en 1771),
narra el proceso de selección del mejor y más ejemplar maestro para el
príncipe, que culminaría con el nombramiento de García de Loaysa en 158568.
Tras la elección del canónigo toledano como maestro, González Dávila recoge
cómo “para que diese el fruto, que se esperaba de tan gran cuidado, le dio un
papel, que le presentó un Ministro el año de 81, para educar al Príncipe como
el Padre deseaba”69. Dicho “papel” o memorial que el cronista reproduce
íntegramente en su obra, presentaba un total de XLV disposiciones en torno a
distintos aspectos que Felipe II consideraba relevantes en la educación de su
heredero. En términos generales, en el programa pedagógico del príncipe
dominaba la idea de enderezar los pasos del
SAAVEDRA
FAJARDO, 1999, p. 412.
El estudio
de la educación cortesana del príncipe Felipe III ha sido objeto de
investigación en los últimos años. Un análisis de la educación y del proceso de
constitución de la Casa del príncipe Felipe III, centrado principalmente en el
papel ejercido por su ayo, el marques de Velada, se encuentra en: MARTÍNEZ
HERNÁNDEZ, 1999, 2004, pp. 245-304, y 2008. Por su parte, A. Feros (2002, pp.
39-74) se ha ocupado del aprendizaje del futuro Felipe III enmarcándolo en el
escenario político cortesano de la época. A. Pérez de Tudela (2008) analiza la
formación artística y la codificación de la imagen del príncipe durante sus
primeros años. Finalmente, la aurora de este libro ha estudiado los libros e
imágenes de ciencia reunidos por García de Loaysa, así como el papel que
jugaron las matemáticas y los saberes científico - técnicos en la educación del
joven Felipe III: VÁZQUEZ MANASSERO, 2017b, pp. 398-424 y pp. 425-452.
GONZÁLEZ
DÁVILA, 1771, p. 14.
71 Preparado por Patricio Barros
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heredero
hacia la virtud y el cuidado que, tanto el maestro, como el ayo y otras
personas a quien dicha tarea fuera encargada, debían poner en alejarle del
vicio y en poner freno a sus pasiones70. Además, los aspectos tocantes a la
justicia cobraban asimismo relevancia en varias de las disposiciones del
memorial. Por último, la edad y “los tiempos del príncipe” habrían de marcar el
comienzo de su instrucción en determinadas disciplinas: así, por ejemplo,
“quando S.A. llegáre á los años de discreción, se introducirá en platicas y
entretenimientos de cosas de guerra, que S.M. y sus abuelos tuvieron […]”71.
De este
sustrato teórico, de las preocupaciones de Felipe II en torno al tiempo y “los
tiempos”, no parece extraño que germinaran retratos como el de la Alegoría de
la educación del príncipe Felipe III de Justus Tiel, donde el Tiempo juega un
papel central apartando al joven heredero del vicio y la ociosidad y
conduciéndole hacia la verdad y la justicia. Por lo tanto, aunque la marcada
presencia del elemento alegórico en este cuadro tiene un carácter excepcional y
le confiere la categoría de unicum en el ámbito de las convenciones formales de
la retratística de corte en la España de finales del siglo XVI, su
contextualización en el panorama cultural que se vivía en la corte filipina y
su concepción moral en torno al tiempo (en su versión más “amable”, carente de
guadaña) y la virtud, parecen situar a esta obra como el correlato visual de
estos postulados.
70 Ibíd.,
p. 16: “XXXIV. Conviene advertirle, que la sustancia y fundamento de vencer á
sus enemigos consiste en saber vencerse á sí mismo, poniendo freno á sus
pasiones, y ponerle delante de los ojos los inconvenientes y males que han
sucedido de querer seguir los Reyes sus deseos”.
Ibíd.
72 Preparado por Patricio Barros
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Una última
cuestión relativa a la Alegoría de la educación de Felipe
permite
introducir una nueva referencia temporal, interpretada en clave dinástica y
genealógica: la ubicación del lienzo en el marco arquitectónico de un espacio
áulico y la relación dialógica que este establecía con otras pinturas que
colgaban junto a él de las paredes del Alcázar.
73 Preparado por Patricio Barros
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Figura 11.
Tiziano, El emperador Carlos V en Mühlberg, 1548, óleo sobre lienzo, 335 × 283
cm. Madrid, Museo Nacional del Prado (P00410).
En
concreto, el inventario de los bienes de Felipe II, redactado en los años
sucesivos a la muerte del monarca, sitúa el lienzo de Justus Tiel en el Alcázar
junto al retrato de El emperador Carlos V en Mühlberg y Felipe II ofreciendo al
cielo al infante don Fernando72 (figs. 8, 11 y 12), ocupando un lugar de gran
relevancia simbólica y dinástica: pasado, presente y futuro de la monarquía se
verían reflejados, en una relación cuasi-especular, como sucedía en la pictura
de la empresa vigesimoctava de Saavedra Fajardo.
Sin
embargo, la Alegoría de la educación de Felipe III cambiaría de ubicación en el
interior del Alcázar en un momento indeterminado de las décadas sucesivas
puesto que, cuando el príncipe dejó de ser niño, resultaba lógico emplazar en
ese espacio una obra que representara el tiempo o momento presente o, mejor
dicho, el legado del ya por aquel entonces difunto Felipe III, que se
concretaría en la inserción en el Salón Nuevo de la Expulsión de los moriscos
de Velázquez junto a El emperador Carlos V en Mühlberg y Felipe II ofreciendo
al cielo al infante don Fernando.73
SÁNCHEZ
CANTÓN, 1956-1959, vol. 2, pp. 250-252.
En 1628 en
el gran Salón Nuevo construido por Juan Gómez de Mora se instalarían ocho
grandes obras de Rubens, junto a otra serie de lienzos, entre los que cabe
destacar el El emperador Carlos V en Müblberg y Felipe II ofreciendo al cielo
al infante don Fernando de Tiziano o la Expulsión de los moriscos de Velázquez.
Para una visión de conjunto de las transformaciones que tuvieron lugar en el
aparato decorativo del Alcázar, véase: PÉREZ SÁNCHEZ, 1994.
74 Preparado por Patricio Barros
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Figura 12.
Tiziano, Felipe II ofreciendo al cielo al infante don Fernando, 1573-1575, óleo
sobre lienzo, 335 × 274 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado (P00431).
De este
modo, en el inventario redactado en 1636, el cuadro de Justus Tiel se
encontraba ya en otro emplazamiento: la “Pieza en que duerme su magestad en el
Cuarto Bajo de Verano”. A pesar de esta nueva ubicación del lienzo de Tiel, su
inserción en esta “pieza”
75 Preparado por Patricio Barros
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y la
relación de pinturas que formaban parte del programa decorativo de la misma,
vuelven a introducir una lectura simbólica en clave temporal y dinástica. En
dicha sala se situaron el Acto de devoción de Rodolfo II de Habsburgo de Rubens
y Jan Wildens, quien era considerado como el fundador de la dinastía imperial
y, por esta razón, este cuadro aparecía descrito en el inventario como
“Principio de la grandeça de la casa de Austria”74. En esa misma estancia
colgaban los retratos de Isabel Clara Eugenia y Magdalena Ruiz, la reina Isabel
de Valois, la reina María de Inglaterra, la reina Catalina de Portugal, la
Alegoría de la educación de Felipe III, un retrato de Felipe II, otro de
“Phelipe quarto siendo niño, cuerpo entero, armado y con caças blancas, y en lo
alto dos ángeles con geroglíficos y en lo bajo de unas gradas un león”, otro
retrato del “Príncipe Don Carlos […] a modo de estudiante”, otro retrato de
medio cuerpo arriba de el Señor Phelipe 2.º siendo niño […], con un lienço en
la mano derecha y en la otra un cascauelillo dorado el doble retrato de Tiziano
de Carlos V e Isabel de Portugal, de medio cuerpo con las manos sobre un bufete
en medio del cual se sitúa un reloj; un retrato del príncipe don Fernando y La
Religión socorrida por España de Tiziano, entre las pinturas más destacadas que
decoraron este espacio. De esta relación de obras se desprende no solo la
elevada calidad del conjunto sino, nuevamente, una lectura en clave genealógica
y dinástica: desde el “pasado” de la dinastía presidido por el retrato doble
del emperador Carlos V y su esposa — acompañados por la emblemática presencia
de un reloj—, junto al
MARTÍNEZ
LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, pp. 106 y 168.
76 Preparado por Patricio Barros
El
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que se
situarían las efigies de sus sucesores, entre los que cobran un peso
significativo los retratos de los príncipes y la presencia de Los Borrachos de
Velázquez; unas obras que no harían sino insistir en las cualidades que debía
ostentar un futuro monarca y los vicios de los que debía apartarse como sucede
en el lienzo de Tiel, donde el Tiempo aparta a Cupido del joven príncipe.
Pero además
de la Alegoría de la educación de Felipe III que ha venido siendo hilo
conductor de las consideraciones en torno al tiempo en la corte española, ya
entrado el siglo XVII contamos con algunos interesantes testimonios visuales
que continuarían aludiendo al Tiempo y a las cualidades que se atribuían a
este, insistiendo en un mensaje de carácter moral. Se trata de dos series
correlativas de tapices dedicadas a la Historia de la Vida del Hombre (ca.
1630) (series 58 y 59) que Felipe IV adquirió para el Palacio del Buen Retiro y
las series sobre los Sufrimientos de Cupido (ca. 1630-1635) (series 60, 61 y
115)75. El común denominador de estos conjuntos de tapices estribaba en que
todos ellos constituían una reflexión visual en torno al vicio y la virtud, de
la que salía victoriosa esta última y en la que el Tiempo jugaba un destacado
papel. Concretamente, en el séptimo y último paño de las dos series sobre la
Historia de la vida del Hombre se representaba el tema de El Tiempo aleja a la
Vejez de los placeres. En ambas escenas de composición muy similar, el Tiempo
ocupa una posición central representado como un viejo barbudo y alado, quien
alzando una enorme guadaña consigue alejar a las personificaciones del vicio —
Sobre estas
series de tapices véase: JUNQUERA DE VEGA, HERRERO CARRETERO, 1986, vol. 2, pp.
134-163.
77 Preparado por Patricio Barros
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entre las
que se encuentra Cupido— de una pareja de ancianos situada al fondo de la
escena. Por tanto, la representación que se dibuja del Tiempo en estos tapices
se correspondería con la imagen arquetípica y más difundida de este personaje
como la referida por Zamorano o Cartari, en la que se alude a su carácter
destructor portando en sus manos una hoz; lo que vendría a subrayar el carácter
en cierto modo “excepcional” de la representación del Tiempo que acompaña al
príncipe Felipe III, más amable y actuando como revelador de verdades. Pero por
otra parte, estos tapices constituyen unos valiosos testimonios visuales que
dan cuenta de la pervivencia e interés en torno a los conceptos de virtud y al
papel del Tiempo en el marco de un discurso moral ya bien entrado el siglo
XVII.
Todo lo
expuesto deja patente cómo un concepto tan abstracto como es el tiempo fue
objeto de reflexión teórica desde distintos ámbitos disciplinares, jugando un
papel fundamental la corte de los Austrias en el periodo que aquí se estudia
(ca. 1585-1640) y que se concretó en imágenes de distinta naturaleza. Si bien
en este análisis en torno al tiempo y su medida en la corte de los Austrias se
ha tomado como hilo conductor la Alegoría de la educación de Felipe III, por
tratarse de una obra que ofrece múltiples posibilidades y niveles de lectura en
relación con esta cuestión y sobre las que la historiografía había hecho escaso
hincapié; lo cierto es que el Tiempo y el sucederse de las estaciones adoptó
diversas expresiones plásticas que se convirtieron en imágenes recurrentes
desde finales del siglo XVI y durante el siglo XVII. Este es el caso de las
series
78 Preparado por Patricio Barros
El
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pictóricas
dedicadas a las cuatro estaciones y a los cuatro elementos. Como explicaba
Vincenzo Cartari en su obra, ambos asuntos presentaban una estrecha relación
con el Tiempo:
Il tempo è
vecchio e mal vestito perche ò sempre e stato, ouero cominció ad essere insieme
con il mondo, cioè quando fatta la separatione del Chaos gli elementi furono
distinti, & fu dato principió alla generatione delle cose, cominciando
allhora il Cielo ad aggirarsici intorno, dal mouimento del quale cominciarono
parimente gli huomini a misurare il tempo76.
En este
sentido, a finales del siglo XVI en la corte española hubo un interés y un
gusto hacia este tipo de imágenes en las que se representaban los cuatro
elementos, generalmente, en estrecha sintonía con la serie dedicada a las
cuatro estaciones. Baste recordar que, en 1599, poco después de la muerte de
Felipe II, cuando Diego de Cuelbis visita el Alcázar comenta que en el
dormitorio del rey se encontraban las Cuatro Furias junto con las Cuatro
Estaciones y los Cuatro Elementos que S. Orso considera que debían de ser
versiones de las series que Arcimboldo realizó para Maximiliano II en 156977.
Incluso, más allá de los muros de palacio, las series dedicadas a estos temas
alusivos al sucederse de los tiempos —las cuatro estaciones o los cuatro
elementos— gozaron de gran difusión y aparecerán registradas en los inventarios
de las colecciones de la nobleza hasta bien entrado el siglo XVII. Así, en un
CARTARI,
1609, p. 23.
ORSO, 1986,
pp. 162-164.
79 Preparado por Patricio Barros
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arco
cronológico que recorrería toda la centuria es posible identificar la presencia
de series dedicadas a estos asuntos en los inventarios de los cortesanos y
miembros de la alta nobleza. Entre las figuras que poseyeron series de esta
temática puede destacarse a Juan Manuel de Mendoza y Luna, marqués de
Montesclaros, cuyo papel como patrono de Velázquez ha sido uno de los aspectos
más destacados de su faceta como coleccionista y que poseía asimismo entre sus
bienes inventariados en 1628 una serie sobre los cuatro elementos y otra de los
cuatro tiempos del año78.
Por su
parte, un importante coleccionista del segundo cuarto del siglo XVII, Philippe
Charles d’Arenberg, duque de Aarschot, además de poseer en su pinacoteca alguna
obra importante de Rubens, contaría con una serie dedicada a los cuatro
elementos cuyo autor no se especifica en el inventario postmortem de sus
pinturas elaborado por Antonio de Puga y Juan de la Corte79. Ya hacia finales
del siglo XVII, en el inventario de las pinturas pertenecientes a don Gaspar de
Haro y Guzmán, marqués del Carpió, redactado en Nápoles entre 1687 y 1688 se
asienta una serie de las cuatro estaciones junto a otra de los cuatro elementos
de dimensiones
Sobre la
colección del marqués de Montesclaros y la transcripción completa de su
inventario de pinturas, véase: BURKE, CHERRY, 1997, vol. I, pp. 269-277. En
dicho inventario se registran: “[24] Los quatro Elementos ynventariados Por
quatro tiempos del año con marcos dorados de a dos varas de largo y bara y m.ª
Escasa de ancho con su carro cada uno en el ciclo a ducientos Reales cada uno
800”; “[25] los quatro tiempos del año En cada uno dellos una muger y otro
lienço de la aurora con marcos dorados de a dos baras y m.ª de largo y dos de
ancho a quarenta Ducados cada uno 2200”; Ibíd., p. 271.
Ibíd., pp.
345-358. Las serie de los cuatro elementos que se asienta en el inventario del
duque de Aarschot responde a la siguiente descripción: “[42] 25 Los quatro
Elementos en quatro lienços de a dos Varas de largo y Vara y m.ª de alto Con
sus molduras de pino dadas de negro Tasado en cient Reales Cada una 200”;
Ibíd., p. 350.
80 Preparado por Patricio Barros
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análogas,
ambas atribuidas a los pinceles de Luca Giordano80. Pero no solo la nobleza de
la época se interesó por estos asuntos, sino que asimismo hidalgos, burócratas
o figuras que ocuparon cargos al servicio del rey como fueron Sebastián Díaz de
Ontiveros o el que fuera Secretario del Despacho real, Jerónimo de Villanueva,
contarían en sus colecciones con pinturas dedicadas a esos mismos temas81, lo
que daría cuenta de la amplia difusión alcanzada por este tipo de series que no
hacían sino reflejar a través del lenguaje visual el devenir y sucederse de los
tiempos.
Además de
esto, el propio espacio arquitectónico, traducía y daba cuenta de ese sucederse
los tiempos. En el caso del Alcázar de Madrid, sus distintas estancias tomaban
el nombre del periodo del año en el que eran habitadas por el monarca y su
séquito, pues su orientación las hacía más confortables y adecuadas según las
épocas del año: la galería del cierzo, situada en el ala norte del edificio, la
galería del mediodía en el ala sur o el apartamento bajo de verano. Estos
espacios daban cuenta de la dimensión temporal de la que se vio imbuida la
arquitectura; una característica que no
Ibíd., p.
823: “[202] 1407-1410 Quattro Quadri di p.mi 6. E 4. Jnc.ª con Le quatrro
Stagioni di mano di Luca Giordano; [203] 1411 Un altro Quadro come sopra del
sud.º con la fuga in Egitto copia di Giordano ritoccata dà lui; [204] 1412 Un
altro Comc s.ª, e similmte Copia come sopra con una Venere nuda, et un Satiro;
[206] 1413-1416 Quattro Quadri dell’istessa grandeza, e
Copie Come
sopra con li quatrro Elementi; [206] 1417-1420 Quattro altri Quadri
dell’istessa grandeza, e Copie Come sopra con l’Aurora, l’altro la Caccia di
Diana, Europa, e Proserpina rubbata da Plutone […]”.
Sobre la
colección de pinturas de Sebastián Díaz de Ontiveros inventariada en 1639,
véase: Ibíd., pp. 328-332. Sobre el cursus honorum y perfil coleccionista de
Villanueva: Ibíd., pp. 521-
En su
inventario de pinturas redactado en 1653 se registra una entrada en la que se
describen dos series —una de los cuatro elementos y otra de las cuatro
estaciones— conjuntamente y de idénticas dimensiones, lo que daría cuenta de la
unidad temática que representaban los ocho cuadros: “[35] otros ocho Lienzos de
bara de alto y tres quartas de ancho con molduras negra quatro de los quatro
tiempos y quatro de los elementos”; Ibíd., p.
81 Preparado por Patricio Barros
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se dio
únicamente en los palacios de la corte hispánica, sino que estaría presente
asimismo en otras importantes cortes de la época, como en la de los Médici,
cuyo Palazzo Pitti organizaba de un modo análogo sus estancias y apartamentos
en función de los tiempos del año.
Con todo,
el palacio del príncipe se configuraba como receptáculo de numerosas metáforas
que aludían al tiempo, a su devenir, a la importancia del mismo en el ejercicio
del gobierno, asociándolo a la virtud y al mirar el presente de manera
especular con el pasado que fue y con el futuro de la monarquía que estaba por
venir.
82 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo 2
Príncipes
de la geometría: la medida del espacio en la corte
Figura 13.
Emblema XL. “Moderata durant”, en Juan de Horozco, Emblemas morales, Libro II,
Zaragoza, 1604.
No solo el
tiempo asociado a la virtud fue objeto de consideración desde distintos ámbitos
disciplinares en la corte española. En estrecha sintonía con esta cuestión, se
situó la reflexión teórica en
83 Preparado por Patricio Barros
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torno a la
medida del espacio. Una imagen elocuente en este sentido, donde tiempo y medida
se dan la mano y que, a su vez, permite introducir el análisis en torno a la
medida del espacio, los instrumentos destinados a tal fin y los artífices
encargados de tal menester, es la pictura que ilustra el emblema XL de la obra
de Juan de Horozco82. Bajo el mote “Moderata durant” (“Lo moderado perdura”)
aparece una ilustración protagonizada de un lado, por la personificación de la
Medida, una mujer que porta un compás y una regla en su mano izquierda,
mientras que con la derecha sujeta a un niño que representa la Moderación. Al
otro lado de la imagen aparece el Padre Tiempo con sus atributos
característicos — anciano, con alas y una guadaña—, quien a su vez lleva de la
mano a otro niño que alude al durar perpetuo. Ambos niños se dan la mano en
señal de unión (figura 13). Sobre la comunión y la estrecha vinculación
existente entre tiempo y medida, se insiste al final de la glosa, que se cierra
con las siguientes palabras del autor: “Y assi la deuemos en todo procurar [la
moderación], para que conformándonos con la medida, se conforme ella con el
tiempo, y en los sucesos se vea como la Moderación, hija de la Medida tiene
compañía, y es casada con el Durar perpetuo, que es hijo del Tiempo”83.
HOROZCO,
1604, Libro II, Emblema XL, ff. 79r.-80v.
Ibíd., f.
80v.
84 Preparado por Patricio Barros
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Figura 14.
Emblema XC. “Ultra citraque nequit consistere rectum”, en Sebastián de
Covarrubias, Emblemas morales, Centuria II, 1610.
En torno a
esta imagen, cabe destacar los atributos que la Medida lleva en sus manos
—compás y regla— y que, a todas luces, constituyen un topos en la
representación de dicha personificación y de las disciplinas que fueron afines
a esta durante la Edad Moderna: las matemáticas y la geometría, ciencias que
estarían en
85 Preparado por Patricio Barros
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la base de
la medición de alturas, distancias y profundidades. Pero además del compás y de
la regla, ocasionalmente aparecerán otro tipo de instrumentos matemáticos o
variantes de estos, siempre con el fin de representar y aludir al concepto de
medida espacial, directamente relacionado con la virtud. Es el caso del
nonagésimo emblema de Sebastián de Covarrubias (1610), cuya pictura aparece
presidida por una filacteria donde se puede leer: “Ultra citraque nequit
consistere rectum” (“Más allá o más acá no puede mantenerse la rectitud”). Bajo
este mote se representa una escuadra colocada verticalmente de la que cuelga
una plomada marcando el centro exacto del ángulo (figura 14). El epigrama que
la acompaña declara de manera elocuente lo representado en la imagen:
Cuelga del
archipéndula, o plomada, un hilo con su pesa, y sobre el plano se asienta, y si
cayó bien ajustada, queda alegre el artífice, y ufano.
La virtud
es la regla acomodada, y el cartabón del corazón humano, pero torciendo a una,
o a otra parte, el vicio reina, y la virtud se parte84.
En la glosa
que sigue se declara que la virtud se halla en medio de los dos excesos,
estableciéndose la metáfora entre el uso de la plomada y la dificultad que
entraña determinar ese virtuoso punto intermedio.
COVARRUBIAS,
1978, ff. 190r.-190v. Sobre esta obra, véase: HERNÁNDEZ MIÑANO, 2015.
86 Preparado por Patricio Barros
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Estas
imágenes recrean algunos de los instrumentos matemáticos y de medición
—compases, reglas, escuadras, niveles, etc.— que se van a analizar en este
libro, al tiempo que constituyen metáforas visuales del concepto de medida en
la época. El tránsito de la “ciencia teórica” a la “ciencia práctica” tendría
lugar, precisamente, a través de la creación y de la utilización de un amplio
abanico de instrumentos cuya finalidad común era su empleo en la medida del
espacio sobre el terreno o bien, una vez realizado el trabajo de campo, ya en
el estudio, para trasladar y diseñar sobre el papel las unidades de medida
recogidas85. Dado que las distintas disciplinas cuyo cometido sería medir y
representar el mundo, se fundamentaron en los principios de la geometría, en
consecuencia, los instrumentos que utilizaron tendrían un origen y
características comunes.
De este
modo, en primer lugar, será preciso delimitar los perfiles profesionales de
quienes se encargaron de “medir” el mundo en la corte (matemáticos,
cosmógrafos, agrimensores, arquitectos, ingenieros, pintores, etc.). Junto a
estos artífices de la geometría, se situarían aquellos “curiosos” y eruditos
que asimismo cultivarían tales disciplinas. Pero, además, esta labor de “medir”
en la mayor parte de los casos y, en concreto, en los perfiles que aquí se van
a abordar, llevaban a cabo dichas tareas siempre en función de las demandas
emanadas desde el poder, desde la corte. Por lo tanto, un segundo aspecto a
considerar será, precisamente, la relación de estos con el poder. En el estudio
de este último aspecto será
STROFFOLINO,
1999, p. 13.
87 Preparado por Patricio Barros
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necesario
ponderar la importancia concedida a la medida en la corte de los Austrias desde
finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII, en un periodo en el que
las dimensiones del mundo conocido se habían ampliado con los nuevos
descubrimientos y se hacía imprescindible medir para representar, conocer y
dominar el territorio86. En cuanto a esta última cuestión es preciso notar que
la aproximación a la misma se va a efectuar desde una óptica poco explorada en
los estudios realizados desde el ámbito de la Historia de la Ciencia
propiamente dicha. El hilo conductor del discurso serán, principalmente, las
ideas contenidas en la tratadística y la literatura política de la época para,
a continuación, analizar las imágenes y metáforas visuales en las que se
tradujeron estas ideas y que poblarían los espacios cortesanos. Todo ello
permitirá aproximarnos a la consideración del espacio y su medida recorriendo
un camino rico en matices y que transcurrirá flanqueado por aquellos personajes
que, durante los siglos XVI y XVII fueron considerados “príncipes de la
geometría”: Euclides y Arquímedes.
Un tema
directamente relacionado con la consideración de la medida del espacio en la
corte de los Austrias como es el de la institucionalización de los saberes
científicos en los territorios de la monarquía hispánica ha sido objeto de
estudio por parte de numerosos historiadores. Desde el clásico LÓPEZ PIÑERO,
1979, hasta trabajos más recientes como: LÓPEZ PIÑERO, 2002: VICENTE MAROTO,
ESTEBAN PIÑEIRO, 2006, por citar algunos de los trabajos más destacados en
torno a este tema, aunque el efectuar un completo estado de la cuestión,
enumerando las publicaciones específicas sobre determinadas instituciones
científicas, bien podría dar pie a otra completa investigación sobre este
asunto.
88 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo 3
“Curiosos
de las mathematicas”
Figura 15.
Rodrigo Zamorano, Los seis libros primeros de la Geometría de Evclides.
Traducidos en lengua Española por Rodrigo çamorano (frontispicio), Sevilla,
1576.
En la
licencia de impresión concedida por Felipe II al cosmógrafo Rodrigo Zamorano
incluida al comienzo de su obra Los seis libros
89 Preparado por Patricio Barros
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primeros de
la Geometría de Evclides. Traducidos en lengua Española por Rodrigo camorano
(1576) se subrayaba la importancia que revestía la publicación de esta primera
traducción en lengua castellana del tratado euclidiano y “la gran vtilidad que
trayan assi a los que siguen las mathematicas como a todos los artífices”87
(figura 15). En este sentido, la medida del espacio y la utilización de los
instrumentos destinados a tal fin se basaban en las proposiciones euclidianas.
De ahí que la publicación de este tratado en lengua vulgar constituyera un hito
significativo, puesto que hacia finales del siglo XVI era ya considerable el
número de “artífices”, científicos y técnicos que no dominaban el latín y la
publicación de esta obra en castellano permitía acceder y adquirir esos
conocimientos fundamentales en su propia lengua88.
Es
importante subrayar aquí dos cuestiones estrechamente imbricadas que aparecen
recogidas al comienzo de Los seis libros primeros de la Geometría de Euclides.
La primera de ellas permite introducir un argumento que recorrerá este libro y
que se refiere a las estrategias que articularán científicos, técnicos y
artistas para garantizar los fines de difusión y de reconocimiento a los que
ZAMORANO,
1576, s. f.
Sanz
Hermida en el estudio introductorio que precede a la edición facsímil de este
tratado publicado por la Universidad de Salamanca, subraya la importancia de
esta traducción y, sobre la justificación de la misma que Zamorano ofrece al
comienzo de la obra, en la que refiere a las posibles murmuraciones que podría
suscitar su traducción en lengua vulgar, establece una interesante analogía con
los comentarios de naturaleza similar incluidos en las traducciones de la
Cosmografía de Pedro Apiano, corregida y añadida por Frisio, o en la traducción
del Astronómico de Apiano que realiza Alonso de Santa Cruz a petición de Carlos
V “para mejor poder entender lo que contenía acerca del Mouimiento de los
Ciclos y Planetas”: ZAMORANO,
1999.
Asimismo, recalcan la relevancia de las traducciones a] castellano de Los
Elementos de Euclides: VICENTE MAROTO, ESTEBAN PIÑEIRO, 2006, p. 225. Sobre las
primeras versiones castellanas de las obras euclidianas véase: ESTEBAN PIÑEIRO,
VICENTE MAROTO, 1989 y VICENTE MAROTO, ESTEBAN PIÑEIRO, 2006, pp. 225-239.
90 Preparado por Patricio Barros
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aspiraban,
poniendo sus obras al servicio y al amparo del poder. La segunda se refiere a
la utilidad y aplicabilidad de las proposiciones euclidianas a la medición en
distintos ámbitos del saber; un aspecto que será reiterado por Zamorano en
varios pasajes del tratado.
En relación
con ambas cuestiones, resultan significativas las palabras del cosmógrafo
vallisoletano en su dedicatoria dirigida a Luciano Negrón, canónigo de la Santa
Iglesia de Sevilla y personaje muy influyente en los círculos eruditos
hispalenses que sería retratado por Francisco Pacheco en su Libro de
descripción de verdaderos retratos de ilustres y memorables varones89. En dicha
dedicatoria, el cosmógrafo dibuja un perfil del canónigo como patrón y
estudioso de todas las buenas artes y puntualiza que, a pesar de que en su
cargo como canónigo su principal ocupación fuera la del estudio de las letras
sagradas, “aun en este genero de profession tiene tambuena parte, que bastará
dar nombre no solo a esto, pero a otros mas Illustres trabajos”90. Esta imagen
de Negrón, en cuanto que hombre culto y mecenas con amplios intereses eruditos,
parece retratar de un modo bastante fidedigno al inquisidor sevillano si
tomamos en consideración las informaciones que proporciona Pacheco en su obra.
El pintor sevillano destaca la varia erudición de Negrón como consumado
teólogo, famosísimo astrólogo, matemático y filósofo, entre otros saberes. Pero
además, fue poseedor de una afamada biblioteca donde reunió libros de todas las
facultades y se ganó la estimación que le profesaron todos los hombres doctos
de su tiempo, entre los que se incluían Juan Voberio o Benito Arias
PACHECO,
1985, pp. 131-136.
ZAMORANO,
1576, s. f.
91 Preparado por Patricio Barros
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Montano91.
La privilegiada posición de Negrón en el panorama cultural hispalense deja
entrever la hábil maniobra de Zamorano. Así, la dedicatoria de la obra
euclidiana a un personaje de estas características podría ser leída como una
estrategia para asegurarse el ascenso social, como efectuarían tantos hombres
de ciencias y letras en aquellos años. Además, Zamorano confiaba en que su
trabajo fuera asimismo gratamente recibido “de todos los curiosos de las
Mathematicas” ya que, por un lado, se hallaba bajo la protección de tan
eminente mecenas y cultivador de las buenas artes y, por otro lado, se trataba
de la obra de un autor como Euclides, “principe de la Geometría, tan celebrado
en todas las hedades”.
Quedan así
claramente patentes las expectativas que albergaba Zamorano de que su obra
alcanzase una amplia difusión, pues entre los cultivadores de las ciencias
matemáticas tenían cabida numerosos perfiles profesionales, pero también
eruditos e intelectuales de la época. Y es que, bajo la categoría de “curiosos
de las Mathematicas”, además de incluirse científicos, técnicos y otros
artífices, quedaría englobado un espectro social relativamente amplio:
generalmente se trataría de individuos con una cierta formación y con un
estatus medio-alto, vinculados a la corte o a determinados centros de poder.
Así, entre los “curiosos” en estas disciplinas tendrían un peso importante las
figuras de determinados nobles y cortesanos quienes, debido a los cargos que
ocuparon al servicio de la corona hispánica, habrían de contar con una sólida
PACHECO,
1985, pp. 133-135.
92 Preparado por Patricio Barros
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base de
conocimientos matemáticos para poder desempeñar con acierto aquellas labores de
gran importancia estratégica vinculadas a la medición del territorio, para
informar al monarca y decidir sobre su planificación y defensa. De ahí que no
será casual encontrar tratados de geometría e instrumentos de medición entre
los bienes que pertenecieron a determinados nobles que ocuparon cargos con tan
elevadas implicaciones. Pero además, el apelativo de “curioso de las
Mathematicas” sería aplicable asimismo a otros estamentos, como es el caso de
algunos miembros de la alta jerarquía eclesiástica hispana, entre cuyos gustos
y prácticas coleccionistas rara vez tenían cabida los libros y objetos de
ciencia, ya que se decantaban por imágenes y volúmenes piadosos92. No obstante,
hubo excepciones a esta tendencia general como es el caso de Negrón.
En este
panorama, Rodrigo Zamorano, seguramente consciente de las posibilidades de
aplicación a diversos niveles de su obra, en el prólogo dedicado al “curioso
lector” efectúa una exposición sobre el origen de la geometría en la
antigüedad, situando a Euclides como el filósofo más eminente en dicha materia,
capaz de recoger el legado de las “invenciones” que le precedieron y añadiendo
a estas otras muchas aportaciones gracias a su agudo y sutil ingenio, de modo
que:
Para un
estudio de las bibliotecas y la lectura en el Madrid del Siglo de Oro en el que
se analizan los contenidos de las mismas atendiendo al estatus social de sus
propietarios, véase: PRIETO BERNABE, 2004. La distribución temática de las
bibliotecas del clero que ofrece este autor obedece a los siguientes
porcentajes: libros de religión, 38,9 %; libros de derecho, 25,9 %; bellas
letras, 17 %; historia, 12,8 % y ciencia, 5,4 %.
93 Preparado por Patricio Barros
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las junto
todas en quinze libros, los quales llamo Elementos porque siendo estas figuras
de esta obra las primeras demonstraciones que de Geometría se haze, todas las
de mas que desta y de las otras scientias proceden, se han de reducir a estas
como a principios: o porque assi como los quatro elementos se hazen y penden
todas las cosas assi de aqui penden las artes y sciencias. En las quales
clarissimamente se vee la necessidad q[ue] tiene de la Geometría93.
El
cosmógrafo vallisoletano no solo subraya la necesidad de la geometría ni se
limita a declarar la dependencia manifiesta de todas las artes y las ciencias a
esta disciplina, sino que hará una exhaustiva relación de los grupos
profesionales e intelectuales cuya labor se fundamenta en los principios de la
geometría. Este recorrido da comienzo con las artes —arquitectura, escultura y
pintura— cuyos fines concretos resultarían irrealizables sin el apoyo de la
geometría:
la
Architectura en el [sic] deseñar de las plantas y constitución de los aleados
de los hedificios, y de donde mas se ayuda, es de la Geometría. Y assi se vee
claro que por falta de esta sciencia se han caydo muchos hedificios, por no les
hauer dado la forma deuida y que les era necessaria. La pintura y esculptura en
sus deseños y debujos (como parece por Alberto Durero en el libro de
ZAMORANO,
1576, f. 5r.
94 Preparado por Patricio Barros
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Symmetria
corporis humani, y por León Baptista Alberto en los de pintura) tienen tanta
necessidad de ella, que lo principal de su arte esta puesto, y consiste en el
buen conocimiento de la Geometria, sin la qual a ninguna cosa de las que hazen
se le puede dar buena proporcion y medida94.
En términos
generales, esta declaración evidencia la subordinación de las artes a los
principios teóricos de la geometría. Pero lo que es más interesante es que la
dependencia de la arquitectura, la pintura y la escultura con respecto a la
geometría se encuentra más específicamente en el propio fundamento de las
mismas, esto es, en el “deseño”, el cual, sin el conocimiento de la geometría
resultaría desproporcionado y carente de medida. De estas premisas se deduce no
solo la importancia de la geometría a nivel teórico, sino también en cuanto
“ciencia práctica” que permite la ejecución del diseño, la traza de alzados y
plantas de edificios o el dibujo de composiciones pictóricas y escultóricas.
Tras la
referencia a las artes, Zamorano prosigue la enumeración de las disciplinas
subordinadas a la geometría, adentrándose en las “sciencias” propiamente
dichas. En primer lugar, se refiere a determinados tipos técnicos que, sin el
conocimiento de la geometría, serían incapaces de desarrollar sus tareas y
experimentaciones diarias. Así, el “Nibelador de aguas” no podría conducir los
cauces hacia el punto deseado; los ingenieros, por su
Ibíd., f.
5v.
95 Preparado por Patricio Barros
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parte, ni
en tiempos de guerra ni de paz, podrían diseñar y construir “machinas”
proporcionadas; el capitán o el soldado no podrían trazar la figura “para la
fortaleza del esquadron”; ni el artillero podría medir las distancias o
intervalos de tiro en función de la potencia de los proyectiles, entre otras
cuestiones.
Pero sin
duda, si hay “sciencias” cuyas demostraciones teóricas y cuya práctica resultan
altamente dependientes de la geometría, estas son la astronomía, la
cosmografía, la perspectiva y la filosofía natural. De las palabras que
Zamorano dedica a estas materias se infiere la consideración más elevada que
otorga a estos saberes en la jerarquía disciplinar de la época con respecto a
las mencionadas anteriormente. Por lo tanto, el cosmógrafo dibuja una
clasificación de los saberes de carácter piramidal, en cuya base o parte
inferior se encontraban las artes, situando a continuación a determinados
profesionales que podrían calificarse como de “técnicos” y llegando a una
cúspide coronada por las ciencias, en cuyo vértice se posicionaría la filosofía
natural.
Además de
establecer una nítida clasificación de los saberes, siendo el denominador común
de todos ellos el fundamento geométrico sobre el que se sustentan, el prólogo
de Los seis libros primeros de la Geometría de Evclides incide en otro aspecto
de gran relevancia y que ya ha sido enunciado de manera sucinta. La geometría
no será únicamente el fundamento de carácter teórico de las artes, técnicas y
ciencias, sino que los principios euclidianos permitirán, a su vez, el
desarrollo a nivel práctico de todas las disciplinas a través de la composición
de instrumentos que serán —a grandes rasgos—
96 Preparado por Patricio Barros
El
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comunes a
todas ellas. Se ha referido brevemente a la concepción tanto teórica como
práctica de los principios euclidianos en el ámbito de las artes, pero este
aspecto resulta mucho más evidente en la exposición relativa a aquellas
ciencias que Zamorano considera superiores y en las que “mucho mas se echa
dever” a la geometría, cuyo tránsito de la teoría a la praxis pasaría,
precisamente, por la “composición de tantos instrumentos”:
[…] la
Astronomía podría muy mal probar y demostrar las quantidades y proporciones de
los cuerpos celestiales y de la tierra para el conocimiento de los mouimientos
y eclipses de Sol y Luna, si todas sus demonstraciones no las hiziese e[n]
Geometría […]. La Cosmographia bie[n] claramente da a entender quanto se
aproueche de esta scientia en la description de las prouincias y sitio de los
lugares, y ambas a dos en la composición de tantos instrume[n]tos como tienen
por medio de la intercessio[n] de la Geometría. La scientia de la Perspectiua
con Geometría prueua todas sus co[n]clusiones […] pero también saca aquella
subtil inuention de los espejos vstorios o co[n]bure[n]tes. […]95.
Por un
lado, la geometría como “ciencia teórica” permite con sus principios demostrar
las proposiciones de la astronomía, la cosmografía y la perspectiva, pero
también se pone el foco en el carácter de “ciencia práctica” inherente a estas
disciplinas. Aunque en el caso de las dos primeras materias —astronomía y
Ibíd., f.
6r.
97 Preparado por Patricio Barros
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cosmografía—
no se especifica el tipo concreto de instrumentos utilizados en su práctica, es
significativo que esta cuestión se refiera en términos genéricos a ambas
ciencias pues parece lógico que, si la base común de ambas tanto en la teoría
como en la práctica es la geometría, sus instrumentos serían de naturaleza
similar. Más interesante si cabe resultan los instrumentos o “invenciones” que
Zamorano asocia a la práctica de la perspectiva: los espejos ustorios o
convergentes, un tipo de espejos que por la reflexión de los rayos del sol o de
un cuerpo en combustión generaban calor y fueron utilizados con fines de
defensa y cuya celebridad se debería al uso que les dio Arquímedes en Siracusa
cuando valiéndose de tales instrumentos incendió la flota de Marcelo96.
Finalmente,
las consideraciones en torno a la filosofía natural, que se situaría en el
vértice de estos saberes, resultan más extensas pues sobre esta materia
escribieron Platón, Aristóteles y todos los antiguos y “esta ta[n] llena de
exemplos Geométricos, q[ue] sin esta scie[n]tia es impossible poder e[n]
philosophia saber el dia de oy cosa alguna”97. Además de Platón y el
Estagirita, Rodrigo Zamorano efectúa una enumeración de otros filósofos de la
antigüedad, indicando en cada caso los libros sobre geometría de los que fueron
autores: Hipócrates escribió un libro sobre la cuadratura del círculo; a
Avicena le atribuye un volumen sobre líneas y números; de
Según
recoge J. Almirante, dos hechos históricos confirieron gran celebridad a este
tipo de espejos que fueron utilizados con fines de defensa: el primero lo
protagonizó Arquímedes, quien durante la defensa de Siracusa incendió los
bajeles romanos de la flora de Marcelo usando los rayos solares. El segundo
episodio que otorgó gran fama a este tipo de espejos tuvo como protagonista a
Proclo, ingeniero del emperador bizantino Anastasio I, que incendió en
Constantinopla la flota de Vitaliano (ALMIRANTE, 1869. p. 427).
ZAMORANO,
1576, ff. 6r.-6v.
98 Preparado por Patricio Barros
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Arquímedes
destaca lo prolijo de su producción escrita sobre esta materia, pero se lamenta
de que buena parte de la misma se había perdido “co[n] la injuria del tiempo, y
otros andan aun el dia de oy entre las manos de los curiosos”; y finalmente
menciona a Hipsicles de Alejandría y a Apolonio de Pérgamo. De este último
autor, Zamorano comenta que solía ser llamado “Divino” por los ocho libros que
redactó sobre las secciones cónicas “de los quales salen tanta diuersidad de
subtilezas en los Reloges solares, en los instrumentos Mathematicos, y
principalmente en aquella delicada y admirable inue[n]tion de el Astrolabio”98.
Además de
la idea de un saber científico —la geometría— de carácter acumulativo, este
pasaje refleja el hecho de que desde la antigüedad existió una estrecha
imbricación entre la teoría contenida en los libros y la importancia exegética
de los mismos para la utilización de los instrumentos. Esta cuestión, como se
verá, será similar tanto en las consideraciones relativas a la medición de las
distancias como a la medición del tiempo, dado el origen y naturaleza híbrida
de muchos de estos instrumentos matemáticos, puesto que algunos permitían medir
tanto el espacio como el tiempo. Por otra parte, esta imbricación existente
entre “ciencia teórica” y “ciencia práctica” será un aspecto que tendrá su
reflejo directo en las colecciones de carácter científico que también van a ser
objeto de análisis en este trabajo, ya que junto a los libros o bibliotecas
(ciencia teórica), se encontrarán, las más de las veces,
Ibíd., ff.
6v.-7r.
99 Preparado por Patricio Barros
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instrumentos
matemáticos para medir espacio y tiempo (ciencia práctica).
Por lo
tanto, la revisión de los preliminares incluidos en la primera traducción
castellana de Los Elementos de Euclides resulta aleccionadora en varios
sentidos: por una parte, sienta las bases de los orígenes de la geometría e
introduce cuáles van a ser los autores de la antigüedad cuyas obras alcanzarían
la categoría de criterio de autoridad y serían objeto de estudio, traducción o
revisión durante la Edad Moderna, insistiendo en la trabazón existente entre
ciencia teórica y práctica, cuya base común se asienta en la geometría y se
servirá de instrumentos similares (reglas, cuadrantes, astrolabios, compases,
etc.). Por otro lado, la obra de Zamorano ofrece una clasificación y jerarquía
de los saberes basados en las matemáticas y en la geometría, al tiempo que da
cuenta de los perfiles profesionales específicos que se encargaban de su
práctica y, además, introduce una categoría más amplia de cultivadores de estas
disciplinas que recibirían la consideración de “curiosos de las Mathematicas”.
100 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo 4
“Para
mandar es menester sciencia”: la medida del espacio y el
ejercicio
del poder
Como
sucediera en las consideraciones relativas al tiempo y su medida, la cuestión
del espacio o, si se prefiere, la medida y el conocimiento de los dominios
territoriales sometidos a un monarca, fueron asimismo objeto de consideración y
reflexión teórica desde diferentes ámbitos disciplinares durante los siglos XVI
y XVII. No solo personajes pertenecientes al ámbito científico como es el caso
de Rodrigo Zamorano defendieron la importancia de la geometría y de las
matemáticas como asiento de artes y ciencias, sino que asimismo en la teoría y
la literatura política quedó recogida la importancia de estos conocimientos en
el ejercicio del poder que, a su vez, se concretaría en imágenes y metáforas
visuales con un claro mensaje icónico.
101 Preparado por Patricio Barros
El
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Fig 16.
Empresa 4. “Non solum armis”, en Diego Saavedra Fajardo, Idea de un príncipe
político christiano, Milán, 1642.
Un
elocuente ejemplo en este sentido se encuentra en la cuarta empresa del ya
referido tratado Idea de un príncipe político christiano de Saavedra Fajardo
presentada bajo el lema “Non solum armis” (“No solo con las armas”) (figura
16). En la edición de 1642 de este tratado99, la glosa que lo acompaña comienza
con la siguiente
Existen dos
versiones de la Idea de un príncipe político christiano. La primera edición de
las empresas fue publicada en Münich por el impresor Nicolao Enrico y en la
portada figuraba la fecha de 1 febrero de 1640. La obra se componía de cien
empresas con sus correspondientes discursos. La segunda edición vio la luz en
1642 en Milán y en ella Saavedra amplió la obra e introdujo aspectos
notablemente diferentes con respecto a la editio princeps. Uno de los cambios
de la edición de 1642 afecta a la cuarta empresa (“Non solum armis”) a la que
aquí se refiere: en la princeps, presentaba como motivo iconográfico dos libros
(uno de Homero, en
102 Preparado por Patricio Barros
El
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declaración:
“Para mandar es menester sciencia; para obedecer basta una discreción natural,
y a veces la ignorancia sola. En la planta de un edificio trabaja el ingenio,
en la fábrica la mano”100. Saavedra, por tanto, efectúa una clara distinción
entre la labor intelectual propia de quien gobierna o pertenece a un estatus
superior y la labor mecánica, considerada inferior, por medio de un símil
arquitectónico entre la traza o diseño de un edificio (proceso asociado al
intelecto y al ingenio) y la construcción del mismo (actividad vinculada a lo
manual).
cuanto
“semilla de las arres” y otro de Euclides, “fundamento de las ciencias”). La
declaración comenzaba planteando la duda de si las ciencias debían contarse
entre los instrumentos políticos para reinar y apoyándose en el ejemplo del
emperador Justiniano se justificaba que el gobierno no solo debía sustentarse
en las armas, sino también en las leyes. Son varios los párrafos de esta
empresa que sufrieron modificaciones. Sobre las dos versiones de este tratado,
véase la edición crítica de Sagrario López: SAAVEDRA FAJARDO, 1999, pp. 88-108.
En cuanto a las variantes en las portadas y en las picturae de las dos
ediciones, véase: LÓPEZ POZA, 2000.
SAAVEDRA
FAJARDO, 1999, p. 221.
103 Preparado por Patricio Barros
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Figura 17.
“Pezzo aliuellato”, en Nicolò Tartaglia, La nova scientia, Venecia, 1537.
Partiendo
de esta premisa, el autor afirma que, por ende, las ciencias deben estar entre
los instrumentos políticos del gobierno.
104 Preparado por Patricio Barros
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Figura 18.
“Elevación del tiro de artillería hecha por los grados o puntos de una
escuadra”, en Luis Collado de Lebrija, Plática manual de artillería, Milán,
1592.
Esta idea
se ve reflejada en la pictura en la que se representa una pieza de artillería
—un cañón— que está siendo nivelada por medio
105 Preparado por Patricio Barros
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de una
escuadra101, sujetada por un brazo que emerge de una nube situada en la parte
superior de la composición. Resulta interesante señalar la apropiación que se
produce en la codificación de esta pictura de las imágenes que acompañaban las
exégesis de los tratados de carácter técnico. En concreto, en las obras
dedicadas a la artillería que vieron la luz a lo largo del siglo XVI será
frecuente hallar ilustraciones donde se recrea el modo de nivelar las piezas o
de calcular las elevaciones de los tiros de artillería hechos por los grados o
puntos de una escuadra. Tanto en tratados impresos como La nova scientia (1537)
del matemático italiano Nicoló Tartaglia o la Plática manual de artillería
(1592) del ingeniero español Luis Collado de Lebrija como en manuscritos sobre
artillería como el de Hernando del Castillo102, estas operaciones de medición
que debía efectuar el artillero aparecen ilustradas por grabados y dibujos
prácticamente idénticos a la pictura que Saavedra incorpora en su cuarta
empresa (figuras 17 y 18), con la única diferencia de que este último autor
añade un elemento simbólico a la imagen: el brazo que emerge de una nube que
hace las veces de artífice de la medición. De este modo, Saavedra confiere a un
instrumento matemático habitualmente utilizado por artilleros e ingenieros y
representado en obras de carácter técnico una serie de valores simbólicos. Para
el
101 En las
notas a la edición crítica de Saavedra, López Poza identifica este instrumento
de medición como un goniómetro, instrumento que sirve para medir ángulos
(Ibíd., p. 221, nota *).
El
manuscrito del artillero Hernando del Castillo titulado Libro muy curioso y
utilísimo de Artillería compuesto por Hernando del Castillo fue redactado en
torno a 1560 y actualmente se conserva en la BNE (Madrid). En el folio 19r. de
dicho manuscrito se inserta un dibujo que representa la medición y elevación
del tiro de artillería, de características análogas a las que presentan los
referidos grabados contenidos en las obras de Tartaglia y Collado: CASTILLO,
ca. 1560, f. 19r. Para un análisis del papel de la artillería en el siglo XVI
con particular atención a la tratadística sobre esta materia, véase: HERRERO
FERNÁNDEZ-QUESADA, 2000.
106 Preparado por Patricio Barros
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diplomático
español, la escuadra constituye el símbolo de las leyes y de la justicia
“porque con ésta se ha de ajustar la paz y la guerra, sin que la una ni la otra
se aparten de lo justo, y ambas miren derechamente al blanco de la razón por
medio de la prudencia y sabiduría”103. De igual modo, las armas y las letras se
situarán a un mismo nivel y, para ejemplificarlo, Saavedra trae a colación a
dos gobernantes que considera paradigmáticos en el cultivo de armas y letras:
el rey don Alfonso V el Magnánimo y el emperador Julio César. Saavedra evoca y
describe la imagen de cómo se hizo esculpir el último: sobre un globo
terráqueo, portando en una mano la espada y un libro en la otra, para mostrar
que con las armas y las letras conquistó y conservó el Imperio.
Pero a
pesar de que “más se teme en los príncipes el saber que el poder”, el
tratadista matiza que en el estudio, el príncipe deberá buscar un término medio
que se sitúe entre dos extremos opuestos: por un lado, el de la ignorancia que
genera desprecio y conduce a graves errores y, por otro, el de la excesiva
aplicación a los estudios que “arrebata los ánimos” y distrae de las labores de
gobierno104. Es interesante el ejemplo que Saavedra comenta para ilustrar este
segundo extremo: el rey don Alfonso el Sabio, quien por dedicarse
SAAVEDRA
FAJARDO, 1999, p. 222.
Con
anterioridad a Saavedra Fajardo, el tratadista italiano Giovanni Botero en su
obra Della ragion di stato había planteado ideas de naturaleza similar
relativas al nivel de conocimiento que debía poseer un príncipe de las
ciencias. Según Botero “como la guerra es propia del Rey, deue tener noticia de
las cosas militares, de la calidad de vn buen Capitán, de vn buen soldado, de
escoger y ordenar vn esquadron y de las sciencias que son casi-ministras del
arte militar, de la Geometría, del Arquitectura, y de lo que pertenece a las
artes mecánicas”. Sin embargo, a continuación, Botero matiza que el gobernante
no debe tratar estas materias “como ingeniero, ni oficial, sino como príncipe,
teniendo tanta noticia dellas, que sepa discernir lo verdadero de lo falso, y
que de muchas cosas propuestas sepa escoger la mejor, porque no es su oficio
fabricar puentes, ni hundir artillería, ni trazar ni edificar fortalezas: sino
con prudencia, seruirse de aquello que professan estas cosas […]” BOTERO, 1593,
ff. 33r.-33v.
107 Preparado por Patricio Barros
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en exceso a
“ajustar” el movimiento de trepidación, es decir, el movimiento retrógrado de
los planetas que el sistema ptolemaico daba al cielo cristalino, descuidó el
gobierno de sus reinos y acabó perdiendo la reputación ante sus vasallos.
Partiendo de estas consideraciones, el autor concluye que para alcanzar el
término medio, simbolizado por la escuadra, y que el estudio del príncipe se
ajuste y nivele a SU condición de soberano deberá recibir:
un esbozo
de las sciencias y artes, y un conocimiento de sus efectos prácticos, y
principalmente de aquellas que conducen al gobierno de la paz y de la guerra,
tomando dellas lo que baste a ilustralle el entendimiento y formalle el juicio,
dejando a los inferiores la gloria de aventajarse105
Estos
postulados de la cuarta empresa de la edición de 1642 de Saavedra, en los que
se concluye insistiendo en la medida y en el carácter práctico del aprendizaje
de las artes y las ciencias, deben ser leídos en estrecha relación con la
empresa sucesiva, puesto que en la reedición de la obra la empresa “Non solum
armis” se fragmentó en dos, pasando la parte final de la 4 a configurar una
empresa independiente, con una pictura nueva y bajo el mote en español
“Deleitando enseña” (figura 19)106.
SAAVEDRA
FAJARDO, 1999. pp. 226-227.
Sobre la
fragmentación de la cuarta empresa en la edición milanesa de 1642, véase:
SAAVEDRA FAJARDO, 1999, pp. 99-100 y p. 230.
108 Preparado por Patricio Barros
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Figura 19.
Empresa 5. “Deleitando enseña”, en Diego Saavedra Fajardo, Idea de un príncipe
político christiano, Milán, 1642.
En ella, se
trata la importancia que tiene para el príncipe el conocimiento de las letras y
lenguas modernas, de la geografía y la cosmografía, poniendo especial atención
dentro de estas al aprendizaje de la geometría. Pero como reza el mote de la
empresa,
109 Preparado por Patricio Barros
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estas
enseñanzas deberán disfrazarse de juego para lo cual el maestro deberá emplear
su ingenio y arte.
La imagen
que ilustra esta empresa condensa estas cuestiones relativas a las disciplinas
que debía conocer el príncipe y al carácter práctico y lúdico de su
aprendizaje, al tiempo que encierra otro tipo de metáforas políticas vinculadas
al principio de “conservación” y al imaginario simbólico del Estado en la Edad
Moderna107. En la pictura se representa la vista aérea de un jardín en forma de
estrella de cinco puntas con sus respectivos baluartes, en cuyo centro se sitúa
una esfera armilar sobre un pedestal. Se trata de una imagen de gran densidad
semántica y metafórica, pues en ella convive, de un lado, la representación de
una fortificación —que trae el recuerdo de la ciudadela de Amberes (figura 20)—
asociada simbólicamente a la ideología de unos tiempos marcados por el afán de
aseguración de los reinos de la monarquía hispánica, al tiempo que presenta una
cara más “amable” pues sus bastiones se configuran como un jardín cortesano.
Dicho jardín permitiría poner en práctica los presupuestos de un aprendizaje
lúdico, donde el príncipe podría ejercitarse en las disciplinas que comenta
Saavedra en su declaración. Resultan especialmente interesantes las
“deleitosas” prácticas que el tratadista plantea en aquellas “sciencias” cuyo
fundamento es la geometría.
RODRÍGUEZ
DE LA FLOR, 2005.
110 Preparado por Patricio Barros
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Figura 20.
“La ciudadela de Amberes (detalle del mapa de la ciudad de Amberes)”, en Georg
Braun y Franz Hogenberg, Civitates Orbis Terrarum. Liber primus, Colonia, 1582.
Así, “para
entender lo práctico de la Geografía y Cosmografía (sciencias tan importantes
que sin ella es ciega la razón de Estado)”, Saavedra propone varios “juegos” de
observación y de reconocimiento visual en diferentes espacios del palacio. Por
un lado, los tapices que recubrirían las estancias deberían presentar
111 Preparado por Patricio Barros
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los mapas
generales de las cuatro partes que la Tierra tenía por aquel entonces según
Saavedra (Europa, Asia, África y América)108 y de las provincias, puntualizando
que dichos mapas deberían ser principalmente físicos —presentando los ríos,
montes y accidentes geográficos— e incluyendo únicamente “algunas ciudades y
puestos”109 de notable relevancia con el fin mostrar una lectura clara y eficaz
del espacio geopolítico, evitando así la confusión que supondría incluir todos
los lugares.
Pero
además, en el discurso de Saavedra, las enseñanzas en materia de cosmografía se
hacían extensibles y se habrían de desarrollar en otros espacios más allá de
los muros del palacio propiamente dicho, “disponiendo también de tal suerte los
estanques, que en ellos, como en una carta de marear, reconozca (cuando entrare
a pasearse) la situación del mar, imitados en sus costas los puertos, y dentro
las islas”110. Así, el tratadista formulaba un programa pedagógico que se
desarrollaría dentro del palacio entendido como microcosmos en el que se
conjugaba tanto su dimensión interior o
108 En el
momento de la publicación del tratado de Saavedra (1640, reedición de 1642) los
nuevos descubrimientos habían propiciado la división del mundo en cinco parres
y es sabido que estas novedades cosmográficas eran conocidas en la corte
española desde comienzos del Seiscientos. En este sentido, R. Kagan (2002) a]
abordar la cuestión de las enseñanzas en materia de geografía y cosmografía que
Juan Baustista Lavanha impartió al príncipe Felipe IV expone que, si bien en lo
que respecta a las lecciones sobre los cielos, el cosmógrafo portugués adoptó
un posicionamiento tradicional basado en el modelo geocéntrico ptolemaico
dejando de lado las teorías heliocéntricas copernicanas; en lo que respecta a
la descripción del mundo, Lavanha incorporó a sus enseñanzas los últimos
hallazgos ultramarinos: a las tres partes del mundo conocidas en la antigüedad
se añadían América e Isoleria, término que Lavanha aplicaba a las Filipinas,
las Molucas y otras islas del océano Pacifico.
Es
interesante señalar que, como recoge López Poza en las anotaciones de su
edición critica, en este pasaje perteneciente a la edición de 1642 en el que
Saavedra comenta los aspectos que debían recoger los mapas representados en los
tapices se refiera a “algunas ciudades y puestos”, mientras que en la editio
princeps, aludía a la inclusión en ellos de “algunas ciudades y fortalezas”;
SAAVEDRA FAJARDO, 1999, p. 232, nota h.
Ibíd., p.
232.
112 Preparado por Patricio Barros
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arquitectónica
como exterior en forma de jardines y estanques, y en el que se recreaba un
macrocosmos que el príncipe debía conocer y comprender a través de una imagen
nítida, al tiempo que lúdica, para poder gobernarlo con clarividencia. Para
completar el aprendizaje cosmográfico, entraban en juego los instrumentos, en
concreto, los globos terrestres y celestes y las esferas armilares. Así,
siempre evitando detenerse en “demostraciones scientíficas”, esto es, en
cuestiones de elevado calado teórico que pudieran distraer al príncipe de
aquellos conceptos fundamentales, sino más bien por medio de “narración y
entretenimiento”, el regio pupilo debería ver y situar en ellos tanto las
coordenadas terrestres —ubicando los hemisferios— como celestes, con especial
atención a los movimientos del cielo, los caminos del sol y, finalmente, las
diferencias entre los días y las noches. De ahí se pasaba al aprendizaje de la
geometría práctica y de la ingeniería y la fortificación por medio de varios
divertimentos que implicaban la utilización de instrumentos de medición del
espacio en todas sus dimensiones (distancias, alturas y profundidades) y la
construcción de maquetas:
Ejercítese
en los usos de la Geometría, midiendo con instrumentos las distancias, las
alturas y las profundidades. Aprenda la fortificación, fabricando con alguna
masa fortalezas y plazas con todas sus estradas encubiertas, fosos, baluartes,
medias lunas y tijeras, que después bata con pecezuelas de artillería. Y para
que más se le fijen en la memoria aquellas figuras, se formarán de
113 Preparado por Patricio Barros
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mirtos y
otras yerbas en los jardines, como se ven en la presente empresa111.
Por último,
Saavedra argumenta la idoneidad de que el príncipe se ejercitase asimismo en el
arte militar, jugando a disponer y configurar sobre una mesa diversos
escuadrones con las figurillas vaciadas de metal de “todas las diferencias de
soldados, así de caballería como de infantería” que componen un ejército, a
imitación de algún dibujo o grabado que lo ilustrase.
Tanto estas
consideraciones relativas a las disciplinas de carácter científico-técnico y de
su enseñanza a través del juego y de la experiencia práctica pero sobre todo
visual, contenidas en la quinta empresa, como los postulados expuestos en la
empresa anterior permiten establecer múltiples conexiones metonímicas relativas
a las consideraciones en torno a la medida del espacio en la corte. Aunque el
tratado de Saavedra vio la luz a comienzos de 1640, esta obra constituye un
compendio de gran y vasta erudición que recogía ideas formuladas con
anterioridad. En este sentido, desde la publicación de la obra hace más de 370
años, la crítica ha coincidido en señalar de un modo unánime que se trata de
una de las obras más eruditas de la literatura española112 y que en ella tienen
un gran peso fuentes y autores anteriores. De ahí que sus
Ibíd., p.
233.
Ibíd., p.
64.
114 Preparado por Patricio Barros
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postulados
tengan plena validez para el análisis y comprensión del periodo que aquí es
objeto de estudio (ca. 1585-1640)113.
En suma,
los presupuestos teóricos formulados por Saavedra en la cuarta y quinta
empresas comentadas constituyen un epítome y sintetizan la realidad cortesana
de la época. Los datos que se aportan a continuación permitirán constatar cómo
las ideas recogidas por Saavedra bajo el mote “Deleitando enseña” en torno a la
enseñanza de los saberes científicos y la medida del espacio en la corte a
través de la experiencia y de “juegos” de reconocimiento visual, obedecen a una
tradición y a una práctica de facto que se venía desarrollando en los espacios
de la corte de los Habsburgo españoles desde finales del siglo XVI.
López Poza,
en el estudio introductorio de su edición critica de las Empresas políticas de
Saavedra, realiza un pormenorizado análisis de las fuentes eruditas que tomó el
autor en la elaboración de su obra, tanto desde un punto de vista cuantitativo
como cualitativo. Para valorar en términos cuantitativos las referencias
utilizadas por el autor, López Poza efectúa un detallado cómputo de las citas
textuales que aparecen en la segunda edición y que ofrecen daros
incuestionables. El total de citas textuales es de 1.855, de las que 695 se
corresponden a las distintas obras de Tácito; 559 citas proceden de la Biblia;
158 de la obra de Juan de Mariana; 86 a Aristóteles; 63 a Alfonso X el Sabio
(Las Partidas); entre las más numerosas (Ibíd., pp. 64-76). Pero además de las
citas textuales, la influencia del neoestoicismo abanderado por Justo Lipsio es
manifiesta desde las primeras empresas y recorrerá en buena medida toda la
obra; Ibíd., pp. 76-88.
115 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo 5
“Porque no
ha de tener el príncipe entretenimiento ni juego que
no sea una
imitación de lo que después ha de obrar”
Esta máxima
recogida por Saavedra en la declaración de su quinta empresa, que remite
directamente a las Políticas de Aristóteles114, refleja a la perfección el
carácter de “entretenimiento” que debía tener la educación del príncipe y la
idea de imitatio que debía presidir el alhajamiento palaciego, exhibiendo de un
lado retratos que supusieran un exemplum virtutis en lo que a la enseñanza
moral y religiosa se refiere e imágenes e instrumentos que le permitieran
reconocer y medir, en lo que a la scientia respecta115. Dichas ideas políticas
tuvieron su concreción material e interesa analizar aquí los objetos e imágenes
dispuestos en palacio a tal fin y, más específicamente, para el aprendizaje de
la geometría y sus disciplinas afines por parte de los príncipes de la Casa de
Austria.
De este
modo, las imágenes de carácter geográfico y cosmográfico que alhajaban y fueron
configurando la decoración tanto del Alcázar de Madrid como de otras Casas del
Rey desde tiempos de Carlos V,
Ibíd., p.
233, nota 2.
El papel
ejercido por los retratos de reyes y personajes virtuosos que colgaban de las
paredes de los palacios como exemplum virtutis aparece asimismo recogido en la
tratadística de la época. Una imagen muy elocuente en este sentido es un
grabado que aparece ilustrando la obra de Juan Antonio de Vera Zúñiga Epitome
de la vida y hechos del Emperador Carlos V (1622). En él, aparece representado
el infante don Carlos de Austria, hermano del rey Felipe IV, observando el
retrato de medio cuerpo de Carlos V según modelo de Tiziano sobre el cual se
puede leer la inscripción “Virtute ex me”. Sobre las cuestiones relativas a]
retrato y a sus usos en la corre existen abundantes estudios. Sin embargo, la
cuestión de las imágenes de carácter
“científico”
y la recepción y usos pedagógicos de las mismas en la educación de príncipes,
constituye un aspecto poco explorado. Para una aproximación general en torno al
análisis del valor pedagógico de los retratos que reflejaban la doctrina
teórica y la recepción de este tipo de imágenes por parte del príncipe,
entendido como principal usuario del palacio durante el Barroco, véase: CHECA
CREMADES, 1999.
116 Preparado por Patricio Barros
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así como en
el monasterio de San Lorenzo de El Escorial (conocidas en buena medida gracias
al estudio de los inventarios reales) constituirían un eficaz instrumento
pedagógico que permitiría poner en práctica los ejercicios de reconocimiento
visual de los diferentes continentes y provincias116. Pero a su vez, en dichos
espacios cortesanos estarían asimismo presentes numerosos instrumentos
científicos y de medición. Aunque esta última cuestión también aparece recogida
en los inventarios reales, los estudios en torno al coleccionismo de
instrumentos científicos se han centrado principalmente en el monasterio de San
Lorenzo de El Escorial. Sin embargo, las referencias a los instrumentos
matemáticos que representarían una “ciencia práctica” al tiempo que darían
cuenta del interés por los saberes científicos en los restantes espacios en los
que transcurría la vida de la corte española, carecen de un estudio específico
y las menciones a este tipo de objetos en los trabajos dedicados al
coleccionismo en la corte de los Austrias generalmente se integran en el marco
de lo que se ha venido denominando “coleccionismo ecléctico”117. Bajo esa
categorización
Un análisis
de los intereses de Felipe II en torno a la geografía científica que se
concretarían en los proyectos cartográficos promovidos por este monarca como
los mapas de Esquivel y las Relaciones Topográficas, centrados específicamente
en el análisis del encargo efectuado por el monarca prudente de las vistas
urbanas de ciudades españolas a Anton van den Wyngaerde, se encuentra en:
KAGAN, 1986. Además de estos proyectos de geografía científica, en el marco del
citado estudio, R. Kagan apunta brevemente que los intereses del rey en esta
materia se manifestarían asimismo de otras maneras, entre las que se cuenta el
coleccionismo, aspecto en el que se centra este libro; véase: Ibíd., pp. 40-53.
Un breve análisis general del aparato decorativo de tema geográfico que se
exhibía tamo en el Alcázar como en otras Casas del Rey a comienzos del siglo
XVII, en el que se expone la familiaridad del príncipe Felipe IV durante su
periodo de formación con estos asuntos, se encuentra en: KAGAN, 2002, pp.
50-51. El interés por la cosmografía y la geografía y la presencia de
representaciones vinculadas a estas disciplinas en el ámbito cortesano y, más
específicamente, en las colecciones de determinados nobles vinculados a la
corre hispánica se abordará en la segunda parte de este trabajo.
MORÁN
TURINA, CHECA CREMADES, 1985; SÁENZ DE MIERA, 1994.
117 Preparado por Patricio Barros
El
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tendrían
cabida tanto objetos artísticos, como maravillas naturales e instrumentos
matemáticos. Si bien es cierto que los instrumentos de scientifica que poblaron
los palacios de los Austrias desde el siglo XVI y durante las primeras décadas
del XVII mantenían estrechas relaciones dialógicas y convivían con otro tipo de
imágenes y objetos de naturalia, no es menos cierto que, a finales del
Quinientos, contaban con espacios ex profeso destinados a albergarlos, como por
ejemplo la Torre Dorada o el Cubo de las Trazas del Alcázar de Madrid. Esto
queda patente en el inventario realizado tras la muerte de Felipe II, en el que
se incluyen varias partidas de instrumentos de las que se especifican los
emplazamientos donde estaban situados: la primera corresponde a los “Relojes,
estrolabios y otros instrumentos de matemática, que están en el cubillo y Torre
dorada”; y a continuación, se incluye una relación de “Iten los relojes y otros
instrumentos, que eran de Juanelo, que están en la cuadra de la Torre dorada y a
cargo de Pedro del Hiermo”118. Entre ellos, además de relojes que presentaban
una vasta variedad tipológica y que se caracterizaban por su multifuncionalidad
(relojes en cuyo interior guardaban un astrolabio para medir la altura del sol;
relojes rematados por esferas o globos; relojes con ruedas en las que se
mostraban los planetas, etc.), se asentaban numerosos estuches destinados a
albergar distintos instrumentos de geometría, tales como compases o reglas
realizados en distintos materiales, que darían cuenta de la presencia de una
“ciencia práctica” en
SÁNCHEZ
CANTÓN, 1956-1959, vol. 2, pp. 309-326 (n.º 4615-4720) y pp. 326-328 (n.º
4721-4736), respectivamente. Asimismo, en los folios sucesivos de este
inventario se asientan otros instrumentos matemáticos de los que no se declara
su ubicación exacta (n.º 4737-4752).
118 Preparado por Patricio Barros
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palacio119.
El hecho de que residencias como el Alcázar contaran con espacios específicos
destinados a instrumentos científicos y a los libros en los que se declaraba su
uso permite inferir que estos gozaban de una consideración diferenciada, eso
sí, sin dejar de lado su relación con otras tipologías de objetos.
Por otra
parte, el estudio de los instrumentos de medición entraña notables dificultades
pues, por un lado, la mayoría de las descripciones de estos objetos de
scientifica recogidas tanto en los inventarios como en la documentación
coetánea resultan exiguas. A ello hay que añadir el hecho de que estos objetos,
debido a aquel carácter de “cosas movibles” —al que refería el padre Sigüenza
para justificar la omisión de los mismos en su descripción de la pieza
principal de la librería de El Escorial—, habrían sido susceptibles de padecer
una mayor dispersión y quizá, como consecuencia de ello, los testimonios
materiales que han llegado a nuestros días son escasísimos120. Una última
consideración en este sentido tiene que ver con la parquedad de referencias a los
destinatarios y usos
Las
referencias y descripciones de estos estuches de instrumentos matemáticos
recogidas en el inventario real a comienzos del siglo XVII no resultan
excesivamente prolijas, pero sí lo suficientemente claras como para hacerse una
idea de las características y función de estos objetos, por ejemplo: “n.º 4659.
Un estuche pequeño, llano, con ocho piezas de latón, que son instrumentos de
geometría […]; n.º 4660. Un compás de hierro, liso, con dos puntas en la
cabeza, que sirven de alicates, en el un brazo tiene dos agujeros redondos y en
el otro dos cuadrados; tiene una sesma de largo; metido en una caja de cuero
negro plateado. Tasado en ocho reales. N.º 45; n.º 4661. Un estuchillo,
cubierto de cuero negro, en que hay un compás de hierro liso, con una punta en
la cabeza para reglar y una regla y dos pesillas de latón. Tasado en doce
reales. N.º 46.”: SÁNCHEZ CANTÓN, 1956-1959, vol. 2, p. 317.
Un ejemplo
ilustrativo del reducido número de relojes e instrumentos de medición que se
conservan en la actualidad procedentes de las colecciones reales de los siglos
XVI y XVII lo encontramos en el Catálogo de relojes del Patrimonio Nacional,
donde únicamente se registran dos piezas pertenecientes al período aquí
estudiado: el reloj de custodia denominado “El Candil” construido por Hans de
Evalo en 1583 para Felipe II y un reloj de sobremesa alemán del tipo
“Calvario”,
fechado genéricamente en el siglo XVII. Véase: COLÓN DE CARVAJAL, 1987, pp. 19
-
119 Preparado por Patricio Barros
El
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específicos
de estos instrumentos de medición en la corte: a pesar de que los objetos de
scientifica aparecen recogidos en inventarios y descripciones, casi nunca se
hace referencia a quiénes fueron los receptores de dichos instrumentos, ni a si
tuvieron una función particular para determinados miembros de la corte y cuál
fue su consideración.
Por todo
ello, en las líneas que siguen se analizarán una serie de documentos coetáneos
con el fin de arrojar algo de luz en torno a esta última cuestión poco
estudiada. El común denominador de estas noticias es que dan cuenta del envío y
aprovisionamiento de objetos e instrumentos de naturaleza scientifica
destinados específicamente a los príncipes o a su entorno inmediato,
proporcionándoles así objetos para su entretenimiento y experiencia sensible en
estos campos del saber científico durante el periodo correspondiente a su
educación en la corte española121. Además, a tenor de algunas noticias
documentales, todo apunta a que tanto Felipe III como su sucesor mantendrían el
interés y la curiosidad por este tipo de diversiones cortesanas una vez que
ocuparon el trono122.
Como
postulaba Saavedra en su tratado, la formación del príncipe en la disciplina
militar, la artillería y la fortificación, constituía un capítulo de gran
relevancia en su educación y se concretaba en
121 Una
aproximación a la formación recibida por el príncipe Felipe III en materia de
matemáticas y en las disciplinas que se consideraban afines, se encuentra en:
VÁZQUEZ MANASSERO, 2016. Sobre la educación en materia de cosmografía y
geografía de Felipe IV y las enseñanzas que proporcionó el cosmógrafo Juan
Bautista Lavahna a este príncipe, véase: KAGAN, 2002.
Un análisis
de las aficiones y entretenimientos con los que se recreaba Felipe IV una vez
que hubo subido al trono se encuentra en: BOUZA, 2005b.
120 Preparado por Patricio Barros
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diversas
prácticas y “entretenimientos”, entre los que destaca el juego y la fabricación
de maquetas de plazas fuertes, que después debía batir con “pecezuelas” de
artillería, o la instrucción en el arte de la guerra por medio de la recreación
sobre un tablado de estrategias militares. Estas cuestiones constituirán un
lugar común en este periodo y se concretarán en la presencia de determinados
objetos en la cámara de los sucesivos príncipes o en la disposición de los
mismos en los espacios palaciegos para el aprendizaje de los futuros monarcas.
En este sentido, el 19 de enero de 1589, cuando todavía no se habían cumplido
cuatro años desde que se pusiera casa al príncipe Felipe III y García de Loaysa
fuera nombrado como su maestro, Giulio Battaglini informaba desde Madrid a la
corte medicea sobre la idoneidad de algunos presentes enviados desde Florencia
para el príncipe:
Ha
giudicato il S.r Garzia di Loaysa, et con ragione, dispropotionate quelle
cosette dello scatolino per la etá del Principe il quale é, Dio gratia, di
undici anni et ha concetti più che puerili, pero che si andasse regalando con
cose c’havessero del militare […]123
El
diplomático italiano recoge en este pasaje el juicio expresado por el maestro
en relación con el envío de ciertos objetos contenidos en una caja, cuya
naturaleza no especifica, pero que fueron considerados poco adecuados o
“desproporcionados” para la edad y
123 ASFi,
Mediceo del Principato, vol. 4919, f. 709. Carta de Giulio Battaglini desde
Madrid dirigida a Pietro di Francesco Usimbardi, secretario de Ferdinando I de’
Medici, granduca di Toscana. Madrid, a 19 de enero de 1589.
121 Preparado por Patricio Barros
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madurez del
joven príncipe. Sin embargo, Loaysa juzgó oportuno que se hiciesen llegar a
Madrid objetos de carácter militar para que su pupilo se ejercitase en esta
materia.
Más tarde,
el 8 de marzo de 1591, se registra un pago por mandato del marqués de Velada,
ayo del príncipe Felipe, a Martín Ximénez, carpintero, por “tres pares de
moldes para vaciar metal con sus cadenas para apretar los dichos moldes y con
sus dos tablas cada par de moldes para el serbiçio del príncipe”124; los dos de
mayores dimensiones fueron tasados en 15 reales, mientras que el tercero, de
menor tamaño, costó nueve. Además de estos moldes, se proveyó al príncipe de
“vn cueço para vaciar la arena de los dichos moldes” y ese mismo día “se higo
vna ventanilla para serbiçio del principe”, indicándose en dicho registro de
pago con caracteres volados de menor tamaño: “forja”125. A priori, resulta
difícil determinar con exactitud cuál fue el uso que debió dar el príncipe a lo
que parece ser una pequeña fragua, ni qué piezas o figurillas de metal habría
de vaciar en esos moldes (en caso de haber llegado efectivamente a
utilizarlos). Sin embargo, la existencia de esta fragua recogida en las cuentas
del príncipe debe ser puesta en relación con la descripción de una cuadra que
poseía el heredero para su recreación de la que da noticia Obregón y Cereceda
en sus Discursos sobre la filosofía
AGP, Admón.
General, Leg. 5220, s. f. Pagos contenidos en: “Memoria de lo que yo martin
ximenez carpintero de la casa de sus alteças e dado y gastado desde primero de
henero de 1591 por mand. [sic] del marques de velada mi señor y por horden de
juan de arnedo guarda de damas y aposentador de palacio”. PÉREZ DE TUDELA,
2008, p. 120, refiere brevemente a la fragua que poseía el príncipe, basándose
en las cuentas del cerrajero contenidas en: AGP, Admón. General, Leg. 5237.
Ibíd.
122 Preparado por Patricio Barros
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moral de
Aristóteles (1603) dirigidos, precisamente, al heredero de
Felipe II:
Y assi con
acordada preuencion el Principe nuestro señor tiene en vna quadra donde suele
recrearse, diuersidad de piezas pequeñas de artillería de diferentes formas y
no[m]bres de las q[ue] en la guerra se lleuan por tierra y mar, para que assi
en este primor, como en los demas que toca[n] a las cosas de la paz no dexe de
ser co[n]sumado126.
Con toda
probabilidad, contribuirían a engrosar la colección que el príncipe guardaba en
dicha cuadra, el juego de doce piezas de artillería realizado por el fundidor
Giovanni Battista Busca (primo del ingeniero Gabrio Busca) que le fue enviado
en 1594 por donjuán Fernández de Velasco desde Milán127. Asimismo, dadas las
características de este espacio, puede que en él también tuvieran cabida otros
regalos que recibió el príncipe durante su periodo de formación, como la
“galera de cristal con los instrumentos pertenecientes á ella de oro fino muy
bien elaborados” con la que el duque de Saboya, Cario Emmanuele I, obsequió al
joven heredero durante su estancia en Zaragoza en 1585128.
Por su
parte, el heredero de Felipe III, el futuro Felipe IV, dispuso de un “ejército”
de soldados y otras figuras de juguete. Este “entretenimiento” fue un regalo de
Ambrosio Spínola, capitán general de los Países Bajos (figura 21) y llegó a la
corte de Madrid en
OBREGÓN Y
CERECEDA, 1603, p. 120.
DE CARLOS,
2003, pp. 249 y 267, y 2005, p. 212.
COCK, 1876,
p. 63.
123 Preparado por Patricio Barros
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1614 por
medio de Alberto Struzzi, gentilhombre de la cámara del archiduque Alberto129.
Sáenz de
Miera dio a conocer su existencia, señalando que en 1619 se efectuaban los
pagos para la preparación del tablado sobre el que se habría de acomodar el
ejército “en el quarto alto de la botica del Rey” y que los trabajos no
finalizarían hasta el año 1622130
KAGAN,
2002, pp. 55-56, refiere a este tablado, poniéndolo en relación con la
decoración circundante en el Alcázar.
J. Sáenz de
Micra (1994), incluye la descripción del ejército que perteneciera al príncipe
Felipe IV en su trabajo y cita como fuente documental: AGS, CMC, 3.ª época,
Leg. 784. Es preciso notar que esta cita de la documentación conservada en el
AGS coincide palabra por palabra con los asientos del inventario del Alcázar
redactado en 1636, n.º 363, 364, 365 y 366 que situarían este ejército de
“juguete” en la “Pieça alta sobre el dicho passadiço en que está el exerçito”:
MARTINEZ LEIVA; RODRIGUEZ REBOLLO, 2007, p. 82.
124 Preparado por Patricio Barros
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Figura 21.
Crispijn van de Passe, Las conquistas de Ambrosio Spínola: Ostende, Oldenzaal,
Lingen, Wachtendonk, Cracovia, Lochem, Groenlo, Rheinberg, grabado, 21,5 × 17,3
cm. Rotterdam, Museum Boijmans Van Beuningen (inv. n.º BdH 15230)
El tablado
contaba con cuatro partes principales: la primera correspondía a dos ejércitos
enfrentados situados en el campo de batalla y se componía de las figuras en
relieve de “todas las
125 Preparado por Patricio Barros
El
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diferencias
de soldados, así de caballería como de infantería que hay en un ejército”131
que indicaba Saavedra, acompañadas por el armamento y las piezas de artillería
necesarias para la batalla. La segunda parte recreaba el campamento militar e
incluía varias “demostraciones”, entre las que cabe destacar la relativa al
procedimiento de asedio y defensa de un fuerte. En el tercer tramo del tablado
se representaba la culminación de la instrucción y el que debería ser el fin
deseado de toda batalla emprendida por un príncipe: la ilustración del modo en
que debe asediarse una ciudad fortificada, mostrando con todo lujo de detalles
la disposición en ella de los fuertes, fosos y escuadrones. Por último, en el
testero del tablado se incluía “otro tabladillo donde están las tiendas de
todos los ofiçios y bibanderos con muchas figuras”132. Esta recreación de un
escenario bélico constituiría, a todas luces, el correlato material de lo que
Saavedra postularía en materia de instrucción bélica unos años más tarde en su
quinta empresa, pues coincide tanto en el planteamiento de base, consistente en
que “en los juegos pueriles vaya tan disfrazada la enseñanza”, como en el
énfasis que adquiere el aprendizaje “por vía de narración y entretenimiento”,
priorizando ante todo la experiencia sensible y visual, para que un príncipe
como Felipe IV, quien rara vez pisó el campo de batalla, comprendiera cómo
alcanzar la victoria.
En relación
con este ejército, nuevas referencias documentales relativas a su pago en
Flandes por Ambrosio Spínola permiten introducir un último aspecto: la cuestión
del “gusto” o preferencias
SAAVEDRA
FAJARDO, 1999, p. 233.
MARTÍNEZ
LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, p. 82.
126 Preparado por Patricio Barros
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de un
príncipe por este tipo de entretenimientos. Se ha señalado que habría sido el
militar genovés quien regaló al príncipe este ejército133. Ahora bien, sin
desdecir completamente esta afirmación, las informaciones contenidas en las
cuentas del pagador de la artillería Hurtuño de Hugarte correspondientes a los
años de 1614-1615 permiten matizarla. En concreto, en una “Datta / de lo pagado
a personas que tienen obligaçion de dar quenta de los años 14 y 15”, en cuyo
encabezamiento se especifica que por cédula de Su Majestad “se m[an]do al
d[ic]ho pag[ad]or pagase las libr[anz]as del marq[ue]s ambrosio esp[ino]la como
si fueren de su m[a]g[esta]d o del s[eñ]or Archiq[u]e Alberto”134 se registran
varias libranzas de Ambrosio Spínola en relación con el pago de este ejército.
En la primera de ellas se especifica lo siguiente:
Mas pague
en seis de hebrero mili seiscientos y catorze A Alberto struçi entretenido que
fue cerca de la persona de su Altessa mili escudos de a diez rreales por quenta
de lo que Costarian ciertas cossas menudas de gusto que El principe n[uest]ro
señor avia mandado se hiziessen en los estados de flandes y se le ymbiasen A
españa de que hubo de dar quenta por libranza del d[ic]ho marques fecha en
catorze de henero antecedente de que dio su carta de pago en Seis del d[ic]ho
hebrero d[ic]ho año135.
KAGAN,
2002, p. 55.
AGS, CMC,
3.ª época, Leg. 3022, s. f.
Ibíd.
127 Preparado por Patricio Barros
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De esta
libranza de pago parece desprenderse la voluntad expresa y explícita del
príncipe Felipe y el “gusto” manifiesto por este tipo de maquetas para la
instrucción militar, que le habría llevado a ordenar en primera persona su
construcción en Flandes, desde donde habrían de remitirlas a la corte española.
En el mismo pliego de libranzas efectuadas por Spínola se registran otros dos
pagos, de 1.000 y 500 escudos de a diez reales respectivamente, al ya
mencionado Alberto Struzzi a fechas de 9 de marzo y 11 de abril de ese mismo
año y, en ambos casos, se vuelve a reiterar que eran “por quenta de lo que
Costarían d[ic]has Cossas menudas de gusto que El principe n[ues]ro señor mando
se hizessen en d[ic]hos estados de flandes y se le embiasse A españa”136.
Otros
envíos efectuados a la corte durante el periodo de formación del futuro Felipe
III ponen de manifiesto la importancia de la instrucción en el arte militar de
carácter práctico. Así, el 23 de abril de 1593, Juan Vázquez refrendaba una
cédula de paso para que el embajador imperial Hans Khevenhüller137 pudiera
hacer llegar a la corte española un envío de presentes procedentes de la corte
imperial alemana consistentes en “tres tercios con algunas cosas curiosas” para
la Serenísima Majestad de la Emperatriz, el cardenal
Ibíd.
Hans
Khevenhüller fue embajador cesáreo en la corte de España desde 1574 hasta su
muerte en Madrid en 1606. Entre la abundante documentación conservada de este
diplomático destaca el diario manuscrito en español conservado en la BNE (MSS.
2751) que ha sido objeto de estudio y edición critica: KHEVENHÜLLER, 2001.
Entre las labores y actuaciones diplomáticas de Khevenhüller, en su diario se
recoge el envío de presentes de naturaleza similar a los referidos en el texto
para importantes miembros de la corte: “Por el mes de henero [de 1585] el conde
de Franquenburg [Hans Khevenhüller] imbió vna grande y rica escriuanía de ébano
y marfil con algunas estatuas de plata ricam[en]te adornado al archiduque
Alberto a
Lisboa”
Ibíd., p. 293.
128 Preparado por Patricio Barros
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archiduque
Alberto y para el príncipe138. En lo que respecta a los objetos para el
servicio del príncipe, destaca el trineo con todos sus aderezos139 y el envío
de relojes y armas como arcabuces, arcos con sus flechas y “otras cosas
curiosas”, todas ellas con el distintivo de las águilas imperiales de los
Habsburgo140.
Los
intercambios de este tipo de piezas entre las cortes de los Austrias
centroeuropeos e hispanos141, como se verá, constituirá una práctica habitual
en las últimas décadas del siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII como
refleja un estudio pormenorizado de los “Libros de paso”142. Por esta vía
llegaron a Madrid numerosos instrumentos de medición que fueron poblando las
Casas del Rey y que denotarían un gusto por este tipo de objetos. Siendo
todavía príncipe Felipe III, se ha documentado el envío desde Flandes por parte
del cardenal archiduque Alberto, sobrino de Felipe II, de una extraordinaria
partida de suntuosos presentes contenidos en una “Memoria de las Reliquias
Pinturas Arcabuzes y otras cosas que su Alt[ez]a embia a España” que
desembarcaron en Lisboa y que recibieron cédula de paso a los reinos de
Castilla firmada por el
AGS, CCA,
CED, 363, f. 76r.
En El
Pasatiempos o diario del gentilhombre flamenco Jehan Lhermite, su autor narra y
describe con gran detalle algunas anécdotas relativas a divertimentos
cortesanos consistentes en el patinaje sobre hielo, como “la fiesta de patines
al estilo de Holanda sobre los estanques de la Casa de Campo, todos los cuales
a la sazón estaban cubiertos por una gruesa capa de hielo” que el rey y sus
altezas le ordenaron organizar en 1593: LHERMITE, 2005, pp. 212-218.
AGS, CCA,
CED, 363, f. 76r.
En cuanto a
las cuatro corres de los Habsburgo y las prácticas de mecenazgo que durante la
Edad Moderna se desarrollaron en ellas, véase: TREVOR ROPER, 1992.
Los “Libros
de paso” son una serie de libros que contienen las cédulas de paso concedidas
por la Cámara de Castilla para autorizar la salida o entrada por los puerros y
aduanas del reino de una serie de bienes y productos como dinero, joyas, todo
tipo de alhajas, caballos y objetos suntuarios, entre los que es posible
identificar pinturas, mapas, libros, instrumentos, etc. El valor de esta fuente
documental para el estudio de las importaciones y exportaciones de pinturas fue
subrayado por: MORÁN TURINA, 1994.
129 Preparado por Patricio Barros
El
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príncipe a
fecha de 1 de junio de 1598143. El envío se componía de 17 lotes o cajas,
numerados correlativamente. En los cuatro primeros lotes se incluyeron
numerosas cajas, arquillas, cruces de plata con sus viriles de cristal y
relicarios en forma de custodia o de torre, etc. que albergaban gran cantidad
de reliquias. Interesa analizar el contenido de algunas de estas cajas donde se
guardaban los objetos e instrumentos de medición. En el número 5 había un
suntuoso escritorio de ébano. Sus antepuertas en forma de retablo estaban
decoradas con motivos de la Pasión de Cristo, pero además, en su interior
contenía imágenes y objetos de temática tanto sagrada (como la imagen de la
Virgen de ágata sobre jaspe o los rosarios de cuentas de marfil) como profana
(como un reloj dorado de pequeñas dimensiones en forma de custodia)144.
En el
número 8 de esa misma memoria se describe “vna botica a manera de esCriptorio
de euano guarneçida de dentro y de fuera de plata labrada de çinçel”145, en
cuyas antepuertas se situaban dos figuras de Hércules, asimismo realizadas en
plata, y que contenían “diferentes botecillos y redomillas Con cosas de botica
con muchos hierros de cirugía y recados de barbería […]”; además de muchas
otras cosas de plata y “curiosidades” cuya naturaleza no se especifica y que
iban contenidas en una caja. Tanto esta partida como la número 5, evidencian la
versatilidad de este tipo de escritorios que harán las veces de receptáculo de
imágenes y objetos
AGS, CCA,
CED, 364, ff. 128r.-130v.: “Memoria de las Reliquias Pinturas Arcabuzes y otras
cosas que su Alt[ez]a embia a España”. Cédula de paso firmada por el príncipe
Felipe III en
Madrid, a 1
de junio de 1598.
Ibíd., f.
129r.
Ibíd., f.
129v.
130 Preparado por Patricio Barros
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de distinta
naturaleza: desde imágenes religiosas e instrumentos de medición (como relojes)
a constituir auténticos expositores de “ciencia médica” o farmacopea,
albergando instrumentos quirúrgicos.
Pero estos
no fueron los únicos instrumentos que se incluyeron en esta remesa de presentes
enviados por el cardenal archiduque a la corte. Cabe destacar un extraordinario
reloj que ocupaba el número 9 de dicha memoria y que aparecía descrito en los
siguientes términos: “Vn Relox grande de nueua Inbingion que tiene por
mobimientos dos bolillas de Jaspe que andan en el curso de las horas puesto
sobre vna caxa quadrada de Euano que Va metida en otra caxa de madera blanca
aforrada en Vayeta cubierta de engerado”146. La referencia a este reloj de gran
tamaño pone nuevamente de manifiesto una de las características o propiedades
que se tenían en más alta consideración a la hora de apreciar estos
instrumentos en la corte: su carácter de novedosa “invención” que, en no pocas
ocasiones, iría de la mano y se concretaría a nivel formal con la presencia de
complejos engranajes mecánicos que recreasen diferentes movimientos (en este
caso, las bolas de jaspe deberían moverse a medida que transcurrieran las
horas).
Por último,
en relación con este envío, además de la presencia de numerosas armas, entre
las que destacan los arcabuces, es preciso notar la inclusión de un lote de
ocho “Liencos alfresco”, todos ellos del mismo tamaño. La temática de estas
pinturas estaba a medio camino entre la geografía y la historia, pues en tres
de ellas se
Ibíd.
131 Preparado por Patricio Barros
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representaba
la empresa, el asedio y la toma de Calais; en otras tres, el sitio y la toma de
Hulst y, finalmente, una pareja de pinturas donde se recreaba el sitio y la
toma de Ardres. Se trataba, por tanto, de una serie de pinturas con una unidad
temática y una clara intención propagandística: la exaltación de las victorias
conseguidas en fecha reciente al envío por el mismo archiduque Alberto y la
toma de dichas ciudades que pasaban a ser controladas por la monarquía
hispánica, dibujando así una geografía de su poder147.
A todas
luces, los objetos enviados por el cardenal archiduque constituirían un
estímulo visual y un entretenimiento en varios de los campos del saber para
príncipes y cortesanos que referiría años más tarde Saavedra Fajardo. Y, lo que
es más interesante, puede suponerse que el príncipe Felipe tendría conocimiento
de la llegada de tan extraordinarios presentes, puesto que, además de autorizar
la cédula de paso de los mismos a Castilla, en no pocas ocasiones la
presentación de tales curiosidades en palacio constituía un acontecimiento que
congregaba a su alrededor tanto a la familia real
Existe una
serie de tapices que ilustran esta campaña militar encabezada por el archiduque
Alberto conservada en el Patrimonio Nacional en Madrid. Se trata de la serie de
Triunfos y batallas del Archiduque Alberto (serie 46), conformada por 7 paños,
que fue diseñada por Orto van Veen y Hans I Snellinck y ejecutada en la
manufactura bruselense de Martín Reynbouts entre 1597 y 1599. Dado que la
cédula concedida para que los objetos enviados por el archiduque —entre los que
se incluían las 8 pinturas de batallas sobre esta misma campaña militar—
pudieran entrar en los reinos de Castilla está fecha a 1 de junio de 1598 y la
realización de los tapices de idéntico asunto se sitúa entre 1597-1599, siendo
exhibidos en la entrada triunfal en Amberes de los archiduques Alberto e Isabel
de 1599, podría plantearse la hipótesis de que esta serie de pinturas
estuvieran relacionadas con la génesis y realización de los tapices, pues
existe una correspondencia temática entre ambas series prácticamente idéntica.
La única diferencia es que, mientras que en las pinturas descritas en la
“Memoria” tres de ellas se corresponden con el rema del asedio y toma de
Caíais; por su parte, solo se conservan dos tapices dedicados a ese asunto: el
primer paño, dedicado a la Sorpresa de Caláis y el segundo, Asaltó de Caláis.
Sobre esta serie de tapices véase: JUNQUERA DE VEGA, HERRERO CARRETERO, 1986,
vol. 2, pp. 19-26.
132 Preparado por Patricio Barros
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como a
determinados miembros de la nobleza, despertando una enorme expectación y
maravillando a los presentes.
Aunque
desconocemos con exactitud el uso y disfrute específico que debió hacer Felipe
III de algunos de estos escritorios con instrumentos, novedosas invenciones o
descripciones de asedios y batallas referidos, se ha podido documentar la
llegada a la corte de Madrid de interesantes instrumentos y libros científicos
destinados al monarca durante el periodo de su reinado, lo que daría cuenta de
su interés por este tipo de objetos de naturaleza científica. Además, ello
constituiría un indicador adicional de que, al menos durante las primeras
décadas del Seiscientos, no se advertiría una ruptura en relación con el gusto
hacia este tipo de objetos. Así, en 1599 llegó a la corte un lujoso escritorio
para la Emperatriz, abuela del recién coronado Felipe III, que contenía: “vn
Relox quadrado, dos librillos de pergamino escriptos de mano con figuras, otro
librillo de cobre dorado; otros quatro Relogillos pequeños, […], vna peçecilla
sobre ruedas con artillería; seis librillos de memoria, vna Imagen de n[uest]ra
señora de piedra yman; otra pieça [sic] de la misma piedra […]”148.
Durante los
primeros años del reinado de Felipe III continuaron las remesas e intercambios
de objetos entre las cortes de Valladolid y Bruselas, en ambas direcciones. El
2 de agosto de 1600, Felipe III despachó en Valladolid varias cédulas de
paso149. La primera autorizaba el paso de los bienes que el archiduque Alberto
“mi muy caro y muy amado tio” enviaba desde Flandes a la corte española a
AGS, CCA,
CED, 364, f. 242v.
Ibíd., ff.
283r.-284r.
133 Preparado por Patricio Barros
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través de
su controlador, Manuel de Arinzano. El lío con el número 23 contenía una
lámpara de plata para el servicio de la imagen de Nuestra Señora de Montserrat;
el 24, un remate para dicha lámpara; el 25, una fuente dorada y un jarro de
plata dorado con diferentes “sabandijas”; varias cestas cuyo contenido no se
especifica y, nuevamente, un reloj del que no se detallan sus características.
La segunda cédula de paso despachada en esa misma fecha resulta de gran interés
pues en ella se registran un número importante de instrumentos matemáticos y
libros científicos enviados desde la corte española por Felipe III cuyo destino
eran los Estados de Flandes y la persona del archiduque. Como sucediera en
otros envíos de presentes referidos con anterioridad, la naturaleza de los
objetos que se relacionan es suntuosa y heterogénea a partes iguales. El envío
se componía de un total de seis cajas. Interesa reproducir aquí el contenido de
las cajas señaladas con los números
5 y 6 pues
en ellas se contenían instrumentos y libros de ciencia: dos caxas con engerado
n.º 5 y n.º 6. en que van vn retablo con dos puertas de pintura de s’
Ger[oni]mo s[an]t ant[oni]o y s’ Gre [sic] doze molduras de evano con vnos
rostros cortados en madera; vn libro de los omenajes de ocrato cubierto de
Terciopelo carmesí con su funda de Cordouan colorado; vn libro de Geographia
Tolomey; Las theoricas de los planetas dibujadas en papelones metidos en vna
caja de cuero Negro; Vn Tablero Con sus piezas de aXedrez y damas metido en Su
funda; dos papagaios blancos de pinturas al olio sobre lienços Con molduras;
seis payneles
134 Preparado por Patricio Barros
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de la china
de pinturas diferentes; vna Biblia de folio Grande en papel; dos coquillos
pequeños de Ualsamo; vna esfera Grande metida en vna caja; vn astrolabio Grande
metido en su caxa; vn Instrumento matemático metido en su caxa; Vn dibujo de
lanpara en plomo; dos Colmillos y medio delefante Grandes cada vno de por si
que todo ello se lleua a flandes para Serui[ci]o del s[eño]r Archiduque
Alberto. Libre de d[e]r[echo]s.o ter[mi]no [sic] dias por los puertos de Bilbao
y Laredo150.
El
contenido de las dos últimas cajas se caracteriza por presentar una interesante
combinación sacra prophanis. Así, junto a objetos e imágenes de contenido
religioso representados por la Biblia de a folio o el retablo de San Jerónimo y
San Antonio, santos que suscitaron una gran devoción en los Países Bajos, y que
tendría como correlato la proliferación de imágenes dedicadas a estas
advocaciones, se encuentran objetos que aludirían a un gusto por el exotismo
vinculado al mundo natural (como los lienzos de dos papagayos, los “seis
payneles de la china” o los dos colmillos y medio de elefante) y los objetos
asociados al saber científico-técnico. En relación con esta última categoría de
objetos aparecen, por un lado, los libros: una Geografía de Ptolomeo que, dado
lo escueto de la descripción, resulta imposible dilucidar ni siquiera si se
trataba de un ejemplar impreso o manuscrito, y “las theoricas de los planetas”,
de la que sí se especifica su carácter manuscrito, puesto que estaban dibujadas
en papelones y protegidas por una caja de
Ibíd., ff.
283v.-284r.
135 Preparado por Patricio Barros
El
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cuero
negro, lo que apuntaría a que se tratase de una lujosa edición iluminada. Por
otra parte, igualmente interesante resulta la presencia de instrumentos de
medición, todos ellos en su correspondiente caja o estuche: un astrolabio
grande, una esfera asimismo grande, cuya descripción no especifica si se
trataba de un globo terrestre o celeste o, incluso, de una esfera armilar y,
por último, un “ynstrumento matemático”.
136 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 22.
Andrés García de Céspedes, Libro de Instrumentos nvevos de Geometría muy
necesarios para medir distancias, y alturas, sin que interuengan números, como
se demuestra en la practica […] Dirigido al Serenissimo Señor Archiduque
Alberto, Conde de Flandes, Duque de Brabante, & c. (frontispicio), Madrid,
1606.
137 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 23.
“Cap. XIII. En que se pone en vso del Niuel”, en Andrés García de Céspedes,
Libro de Instrvmentos nvevos de Geometría […], Madrid, 1606.
A pesar de
la parquedad en detalles de estas referencias tanto a los volúmenes de temática
científica como a los instrumentos, lo realmente interesante es que este tipo
de envíos vendrían a ser testigo de la continuidad en el gusto e interés de los
Austrias por este tipo de objetos de scientifica ya entrado el siglo XVII. Y si
hubo un miembro de la Casa de Austria cuyos intereses por la ciencia fueron más
que manifiestos, este fue, precisamente, el archiduque Alberto. Baste recordar
que, en fecha relativamente cercana a este envío de presentes, el cosmógrafo
Andrés García de Céspedes le dedicó su obra titulada Libro de Instrumentos
nvevos de Geometría muy necesarios para medir distancias, y alturas […] (1606),
indicando al comienzo de la misma que “En este tratado se ponen dos
instrumentos que hize en Lisboa para V. A. [el archiduque Alberto] con el vso,
y su demostración, q[ue] para entre soldados pueden ser de prouecho, pues el
obrar con ellos se haze con tanta facilidad […]”151(figs. 22 y 23).
Tan solo
unos años después, los intereses científicos del archiduque Alberto quedarían
nuevamente atestiguados en relación con los orígenes de uno de los instrumentos
que marcarían el avance de la ciencia y, más específicamente, de la astronomía
durante el
GARCÍA DE
CÉSPEDES, 1606.
138 Preparado por Patricio Barros
El
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Seiscientos:
el telescopio152. En 1608, un constructor de lentes afincado en Middleburg
llamado Hans Lipperhey llegó a La Haya en un momento decisivo de las
negociaciones de paz entre España y las Provincias Unidas, con el fin de
presentar su instrumento —el telescopio— al conde Mauricio de Nassau. En ese
contexto, el propio Ambrosio Spínola pudo ver el telescopio y, a su regreso a
Bruselas, lograría procurarse alguna de esas nuevas invenciones, como relata el
arzobispo Guido Bentivoglio (por aquel entonces estante en la corte archiducal)
en una misiva enviada a Roma al cardenal Scipione Borghese. Merece la pena
transcribir el contenido de esta carta pues en ella queda patente cómo un
instrumento que inicialmente habría de servir a fines militares y de espionaje,
en el contexto cortesano hacía las veces de “entretenimiento” de nobles y
aristócratas:
Quando il
márchese Spinola tornó d’Ollanda, riferi tra le altre cose al Serenissimo
Arciduca, che il conte Mauritio haveva un istromento, co’l quale vedeva le cose
lontanissime, come se l’havesse havute inanzi a’gli occhi; et aggiunse il
Márchese, ch’egli stimava che’l Conte havesse procurato questo istromento per
veder di lontano in occasione di guerra o piazze, che volesse assediare, o siti
d’alloggiamenti, o gente nimica, che marchiasse in
En las
últimas décadas, los estudios relativos a] origen e invención del telescopio
han puesto el foco en el análisis de cómo dicho instrumento se desarrolló y
difundió en Europa, yendo más allá de las cuestiones relativas a su inventor y
el lugar concreto de su creación puesto que, muy probablemente, no fue ideado
por una sola persona ni en un lugar concreto, sino que obedecería a un proceso
de perfeccionamiento técnico que se habría producido a lo largo de un tiempo a
partir de saberes teóricos ya conocidos con anterioridad. Por esta razón, la
historiografía reciente se refiere a “los orígenes del telescopio” (en plural).
Sobre esta cuestión, véase: VAN HELDEN et al., 2010; BUCCIANTINI et al., 2012.
139 Preparado por Patricio Barros
El
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campagna, o
cose simili, che potessero tornargli a beneficio. Ha poi avuto grandissimo
desidero l’Arciduca et il medesimo Márchese [Spínola] d’haver qualque
istromento simile, e n’é venuto loro in mano qualcuno, se bene non di tanta
fineza com’é quello del Conte Mauritio. Io hebbi occasione últimamente di
probar quello di S[ua] A[ltezza], trovandomi seco, e con la serenissima Infanta
a caccia degli Aeroni quí fora delle porte di Bresselles, donde la Torre di
Malines, che con la vista ordinaria a pena si scopriva, […] drizzatovi poi il
sodetto istromento si discopriva con la sua figura tanto grande, e distinta,
che si venivano a discernere gli ordini della Torre, e le finestre con altre
parti più minute ancora all’opera. E pur questa é una distanza d’intorno a
dieci miglia d’Italia153
Al calor
del relato que ofrece Bentivoglio, no debe extrañar que la representación
plástica más temprana de un telescopio sea la que retrata al propio archiduque
Alberto haciendo uso de dicho instrumento en los jardines de su palacio. Se
trata del cuadro dejan Brueghel el Viejo titulado Paisaje con vista del
castillo de Mariemont, fechado hacia 1609-1611 y, en él, se representa al
archiduque en primer término “entreteniéndose” y observando los pájaros que
153 Como
recogen BUCCIANTINI et al., 2012, p. 22, nota 44, este precioso documento fue
publicado por primera vez por: HENSEN, 1923. La transcripción del documento que
aquí se ha utilizado es la que aparece reproducida en la publicación más
reciente: BUCCIANTINI et al., 2012, p. 16.
140 Preparado por Patricio Barros
El
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sobrevuelan
la vegetación a través de un catalejo, acompañado de su séquito (figs. 24 y
24a)154.
Figura 24.
Jan Brueghel el Viejo, Paisaje con vista del castillo de Mariemont, ca.
1608-1611, óleo sobre lienzo, 84,7 × 130,8 cm.
Richmond,
Virginia Museum of Fine Arts, The Adolph D. and William C. Williams Fund. (inv.
n.º 53.10).
Pero si
hubiera que señalar una imagen asociada al archiduque Alberto donde aparecen
retratados no solo los intereses por los instrumentos científicos y de
medición, sino también por las artes, esta sería la obra pintada por Rubens y
Brueghel el Viejo dedicada
BUCCIANTINI
et al., 2012 y MASON, 2012, consideran este cuadro de Jan Brueghel como la
primera representación plástica de un telescopio.
141 Preparado por Patricio Barros
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al sentido
de La Vista (1617), perteneciente a la serie de los Cinco Sentidos (figura 25).
Figura 24a.
El archiduque Alberto se “entretiene” observando pájaros con un telescopio, Jan
Brueghel el Viejo, Paisaje con vista del castillo de Mariemont (detalle), ca.
1608-1611, óleo sobre lienzo, 84,7 × 130,8 cm. Richmond Virginia Museum of Fine
Arts, The Adolph D. and William C. Williams Fund. (inv. n.º 53.10).
142 Preparado por Patricio Barros
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Aunque
existe cierta polémica historiográfica sobre la posible correspondencia entre
los cuadros retratados sobre la tabla y los cuadros que realmente pertenecieron
a las colecciones archiducales155; la cuestión de los instrumentos que aparecen
asimismo recreados en el interior palaciego —con la excepción de los
telescopios que en él se pueden ver156— no ha suscitado tanto interés en la
historiografía. A pesar de que resulte imposible establecer una identificación
de los instrumentos que se recrean en el cuadro, sería sugerente pensar que tal
vez alguno de ellos pudiera corresponderse con el “ynstrumento matemático”, el
astrolabio o la esfera armilar que se mandaron desde la corte de Madrid a la de
Bruselas para el archiduque Alberto en 1600, a los que anteriormente nos
referíamos. Sea como fuere, como se planteará en los epígrafes sucesivos de
este libro, esos mismos intereses (artísticos y científicos) no fueron ajenos a
algunos “curiosos” nobles
155 Un
estudio de esta pintura perteneciente a la serie de los Cinco Sentidos, así
como un resumen de las diferentes hipótesis formuladas por distintos autores en
torno a la posible pertenencia a las colecciones archiducales de los cuadros
que aparecen en el lienzo La Vista se encuentra en: DÍAZ PADRÓN,
ROYO-VILLANOVA, 1992.
Existe una
polémica histórico-científica en torno a los telescopios representados tanto en
La Vista (1617) como en otro cuadro perteneciente asimismo a otra serie de los
Cinco Sentidos, titulado La Vista y el Olfato (ca. 1620), que se refiere a una
aparente contradicción de fechas. Los telescopios de gran tamaño colocados
sobre un pie articulado representados en ambos cuadros corresponden a la clase
denominada telescopios keplerianos por los astrónomos, que son telescopios
galileanos mejorados, con su lente ocular convexa (a diferencia del ocular
cóncavo galileano) y su apariencia exterior más grande, que técnicamente
consiguen una ampliación del campo de visión y una mejora de la calidad de la
imagen, aunque esta es invertida. La controversia surge de las fechas asignadas
a ambos acontecimientos históricos: los cuadros fueron pintados entre 1617 y
1620, cuando, presumiblemente, los primeros telescopios keplerianos aún no se
habían construido, ya que su nacimiento se data unos lustros posteriores a esas
fechas. Como sugieren Molaro y Selvelli (2011) en relación con estos cuadros,
tal vez algunos ejemplares precursores de telescopios keplerianos podrían haber
sido ya fabricados por Scheiner para el archiduque Maximiliano III, hermano del
archiduque Alberto, con anterioridad a la realización de las pinturas. Así,
estos autores señalan que el archiduque Alberto presumiblemente podría haber
adquirido esos telescopios para su colección a través de su hermano.
143 Preparado por Patricio Barros
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y
cortesanos españoles, cuyas colecciones darán cuenta de unas preferencias
afines durante la primera mitad del Seiscientos.
Figura 25.
Peter Paul Rubens, Jan Brueghel el Viejo, La Vista (detalle), 1617, óleo sobre
tabla, 64,7 × 109,5 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado (P01394).
144 Preparado por Patricio Barros
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Pero además
de adquirir conocimientos científicos a través de instrumentos, otras
experiencias del ambiente cortesano permitieron a los príncipes conocer
cuestiones relativas a diferentes disciplinas, como la cosmografía y la
navegación. En este sentido, Felipe II hizo partícipes a sus hijos de algunos
de sus viajes surcando los ríos y afluentes cercanos a Madrid, desde
Vaciamadrid a Aranjuez, en compañía del ingeniero Juan Bautista Antonelli157 a
mediados de la década de 1580158. La elección de este ingeniero para capitanear
este viaje cortesano no fue casual puesto que Juan Bautista Antonelli era ya
por aquel entonces un experto conocedor en materia de navegación fluvial. A
comienzos de ese decenio, Felipe
encargó a
este ingeniero el proyecto de navegación del río Tajo, una empresa de gran
relevancia estratégica para el rey tras la adhesión del reino de Portugal ya
que permitiría vertebrar las comunicaciones entre Madrid y Lisboa159.
Este viaje
fluvial, realizado alrededor del año 1584, surgió por iniciativa del propio
monarca, quien mandó llamar a este ingeniero
“para saber
la forma y orden que habría para ello”. Una vez tomada la determinación de
llevarlo a cabo, el rey ordenó a Antonelli que se construyeran tres barcas ex
profeso para tal viaje de recreo y que se proveyera de todo lo necesario para
navegar, al tiempo que mandó
venir de
Abrantes y Herrera, a dos arráeces y diez barqueros
157 Sobre
Juan Bautista Antonelli y su hermano Bautista, así como otros miembros de esta
importante saga de ingenieros italianos que trabajaron al servicio de la
monarquía hispánica a caballo entre los siglos XVI y XVII, véanse los estudios
contenidos en: SARTOR, 2004.
LLAGUNO Y
AMIROLA, 1829, vol. 3, pp. 215-219.
Sobre los
diferentes proyectos de navegación del río Tajo que se formularon desde la
segunda mitad del siglo XVI hasta el siglo XIX, véase: LÓPEZ GÓMEZ, 1998. En
concreto, sobre los trabajos realizados por Antonelli, véase el segundo
capítulo de dicha publicación: Ibíd., pp. 25-48.
145 Preparado por Patricio Barros
El
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experimentados
que ya habían navegado con él desde Lisboa a Madrid.
De este
modo, la principal finalidad de este viaje no era otra que la del
entretenimiento del rey, el príncipe, las infantas y los cortesanos que
conformaban sus respectivos séquitos, ya que como se especifica en la relación,
la navegación se llevó a cabo por el mes de abril, “tiempo que S[u] M[ajestad]
[…] suele ir a gozar de los muy regalados y deleitosos jardines, verduras y
arboledas de Aranjuez”160. Pero al mismo tiempo, la navegación fluvial del
monarca con sus hijos en compañía de un ingeniero como Antonelli daba lugar a
determinadas pláticas que podían resultar ilustrativas. Así, durante este
viaje, Juan Bautista Antonelli, que iba a la popa de la embarcación, recibe la
orden del rey de sentarse y cubrirse, de modo que Su Majestad:
[…] iba
hablando y preguntando de la primera navegación por este río dos años antes, y
diciendo el Antonelli que quedaba Jarama, rio de poco nombre, muy esclarecido
en haberlo navegado su persona real, que era tan gran Monarca, y que
Vaciamadrid quedaba hecho puerto de mar, en donde aderezándose lo del Tajo,
vendrían a desembarcar los trofeos de la China y todo lo navegable, y que algún
dia, esperaba, los veria S. M. desembarcar debajo de las ventanas del alcázar
de Madrid161.
LLAGUNO Y
AMIROLA, 1829, vol. 3, p. 215.
Ibíd., p.
216.
146 Preparado por Patricio Barros
El
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Resultan
significativas las palabras que se atribuyen al ingeniero en esta relación,
pues están plenamente imbuidas de una retórica cortesana, cuyo fin no era otro
que el de alabar al rey y ganarse su favor. Así, Antonelli, consciente de la
importancia estratégica y del interés que despertaban por aquel entonces los
trabajos de ingeniería hidráulica en Felipe II, tales como la navegación del
Tajo, llega a afirmar que, los proyectos promovidos por el rey harían de Madrid
el lugar donde llegasen a desembarcar “los trofeos de la China”, es decir, la
capital de la monarquía se convertiría en el destino final de la carrera de
Indias, llegando el rey a ser observador en primera línea de dichos trofeos
pues desembarcarían “debajo de las ventanas del alcázar de Madrid”.
Pero lo que
resulta más relevante, en relación con el argumento que se viene desarrollando
aquí es el hecho de que, nuevamente, este tipo de prácticas cortesanas remiten
de manera directa a los postulados teóricos formulados en la teoría política.
Entre los “entretenimientos” que Saavedra planteaba para que el príncipe
conociera lo práctico de la geografía y la cosmografía se hacía hincapié en el
papel que debían jugar los jardines y estanques con el fin de que el príncipe
al adentrarse en ellos pudiera reconocer sus elementos “como en una carta de
marear”162. Puede que al escribir su tratado, Saavedra tuviera noticia de
algunos de los ejercicios cortesanos con los que se instruía al príncipe
Baltasar Carlos por esas mismas fechas, pues las prácticas que propone este
autor vendrían a reflejar de una manera cuasi-especular los
SAAVEDRA
FAJARDO, 1999, p. 232.
147 Preparado por Patricio Barros
El
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entretenimientos
de los que disfrutaba el joven heredero. De estas similitudes entre la teoría
política y el aprendizaje cortesano del príncipe, tenemos constancia a través
del breve relato que de ello ofrece el matemático Jean Charles de la Faille en
una misiva enviada desde Madrid a Flandes en 1638 a su amigo el cosmógrafo
Michel Florent van Langren. En ella, entre otras muchas cuestiones, el jesuita
explica a su destinado las razones por las que el capitán Coen estaba entrando
“cada día más y más en la gracia” del conde-duque de Olivares y de Felipe IV:
porque han
hecho en el Buen Retiro un estanque nuevo, muy grande, y han mandado al capitán
Coen que hiciesse unos barcos pequeños con velas, para que se pudiesse navegar
en este estanque con viento. El capitán ha hecho algunos, y el rey y el
príncipe gustan tanto dello, que solos con el capitán entran en los barquillos
quando haze áere, y navegan por el estanque. Hanle dado también un quarto en
el mismo
Retiro, adonde vive […]163.
Por lo
tanto, todo apunta a que este tipo de “navegaciones” habrían sido una práctica
a la que las sucesivas generaciones de los Austrias españoles fueron
aficionadas. Pero además, en el caso del viaje fluvial protagonizado por Felipe
II y sus hijos, este tipo de experiencia en compañía de un experto ingeniero
como Antonelli, tal vez pudo permitir al heredero ejercitarse en el
reconocimiento visual
La carra de
Jean Charles de la Faille enviada desde Madrid a fecha de 25 de mayo de 1638 a
Michel Florent van Langren aparece reproducida, junto con otras misivas entre
estos dos personajes, en: VAN DE VYVER, 1977, pp. 134-135.
148 Preparado por Patricio Barros
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de aquello
que iba viendo a su paso, al tiempo que el contacto y las pláticas con hombres
de ciencia, seguramente fomentaría el aprendizaje “por vía de narración y
entretenimiento”.
El episodio
de la navegación fluvial desde Vaciamadrid a Aranjuez capitaneado por el
ingeniero Juan Bautista Antonelli, en el que tomaron parte tanto el monarca
como sus hijos y todo su séquito permite introducir un último argumento
relativo al aprendizaje y a los “entretenimientos” cortesanos de los príncipes,
como es el de su relación con eminentes expertos en materia científico-técnica.
Y es que, en la adquisición de este tipo de conocimientos jugarían un destacado
papel durante el periodo aquí estudiado aquellos eminentes hombres de ciencia y
maestros a los que los sucesivos monarcas de la Casa de Austria encargaron la
educación de los herederos a la corona, así como otros personajes competentes
en estas disciplinas con los que los príncipes mantendrían contacto en la
corte. Como recogía Saavedra en su quinta empresa, “es menester la industria y
arte del maestro, procurando que en ellos [los divertimentos] y en los juegos
pueriles vaya tan disfrazada la enseñanza, que la beba el príncipe sin sentir
En este sentido, lo cierto es que una revisión de los sucesivos hombres que
ocuparon el cargo de maestro o a quienes está documentado que se encargó el
cometido de educar a los herederos en las disciplinas técnicas resulta
aleccionador, pues el denominador común que parece aunar a todos los nombres de
esta relación no es otro que el ingenio que todos demostraron en el ámbito
científico-técnico. En el caso del príncipe Felipe III, este tuvo por maestro a
García de Loaysa quien
149 Preparado por Patricio Barros
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debió
poseer amplios conocimientos en todas las facultades, entre las que se contaban
las ciencias164. Pero también otros importantes personajes que jugaron un papel
destacado en su educación científica serían el cosmógrafo Juan Bautista Lavanha
y el gentilhombre flamenco Jehan Lhermite. En el caso de su sucesor, el futuro
Felipe IV, su educación científica fue asimismo encargada a Lavanha, de quien
está documentada la preparación de materiales pedagógicos destinados a que este
príncipe aprendiera cuestiones relativas a la geografía y la cosmografía165.
Por su parte, en la generación de sucesivos herederos al trono, todo apunta a
que, de un modo análogo, la educación en aquellas materias basadas en los
principios de la geometría sería un aspecto importante, como pone de manifiesto
el cuidado en la elección de los maestros en estas disciplinas166. La elección
del preceptor de donjuán José de Austria resulta ilustrativa en este sentido,
pues tal ocupación fue encomendada al eminente matemático y jesuita antuerpiense
Jean Charles de la Faille, cuyas enseñanzas debieron despertar el interés de su
pupilo al calor de la posterior carrera militar que este desarrolló y de los
intereses de carácter científico-técnico que se
VÁZQUEZ
MANASSERO, 2016
KAGAN,
2002.
En relación
con la educación del príncipe Baltasar Carlos, es conocido que esta estuvo
monopolizada por el conde-duque de Olivares y su esposa hasta prácticamente el
año 1643: ELLIOTT, 1998, p. 709. Sobre las vicisitudes relativas a la propuesta
de nombramiento de fray Juan Andrés Ricci como maestro de dibujo del príncipe
Baltasar Carlos alrededor del año 1641, cargo que finalmente recaería en Alonso
Cano, véase: GARCÍA LÓPEZ, 2010, pp. 119-128. Sobre el papel ejercido por la
reina Isabel de Borbón en la educación de este príncipe, véase: FRANGANILLO,
2016.
150 Preparado por Patricio Barros
El
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advierten
al analizar los objetos y bienes que fue reuniendo en sus colecciones167.
En resumen,
las evidencias, noticias y argumentos expuestos en este epígrafe permiten tomar
el pulso y atestiguar el interés que despertó en la corte el conocimiento de la
geometría y sus disciplinas afines y la medida del espacio a las que estas
servían. Así, los objetos, imágenes, instrumentos, libros o las experiencias y
entretenimientos cortesanos de carácter científico cuyos destinatarios fueron
los herederos de unos reinos que se extendían hasta los confines del orbe,
evidencian un interés por estos saberes que no se circunscribe meramente al
ámbito de la teoría política, sino que esta doctrina se concretó en prácticas
de facto durante el arco cronológico comprendido entre ca. 1585-1640 cuyo fin
no fue otro que el de educar a “príncipes de la geometría”.
GONZÁLEZ
ASENJO. 2005.
151 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo 6
Gusto por
el artificio mecánico: consideraciones y referencias teóricas en torno a la
presencia de relojes y otros instrumentos matemáticos en la tratadística
El
coleccionismo de instrumentos científicos fue un fenómeno cuya eclosión se
situaría en el siglo XVI en el entorno cortesano. En la configuración y
desarrollo de lo que podría denominarse un “gusto” por los artificios mecánicos
e instrumentos matemáticos jugaron un importante papel, por una parte, la
codificación y difusión de la teoría artística desde el Quattrocento y durante
los siglos XV y XVI y, por otra, estrechamente relacionada con la difusión de
determinados postulados teóricos, el desarrollo de un gusto por las colecciones
de instrumentos científicos (scientifica) de diversa índole en las principales
cortes europeas de la Edad Moderna, así como por parte de algunos miembros de
la nobleza y de las clases privilegiadas.
De este
modo, a pesar de que el nacimiento y desarrollo del gusto por los instrumentos
científicos y de medición —especialmente aquellos de carácter mecánico— tuvo
lugar en el Quinientos, es preciso notar que dicho fenómeno entronca con una
tradición anterior, cuyas bases o fundamentos parecen asentarse en la
antigüedad clásica y que quedarían reflejados en la literatura y teoría
artística precedente, lo que constituiría el sustrato que permitiría germinar
dicho fenómeno en el periodo referido. Por lo tanto, la comprensión de un
fenómeno cultural como es el
152 Preparado por Patricio Barros
El
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coleccionismo
y, más específicamente, de un tipo de coleccionismo muy concreto que podemos
tildar de “coleccionismo científico” pasa por “excavar” en el sustrato cultural
sobre el que se asentarán las bases y enraizarán los principios que permitirán
el florecimiento y el cultivo de un “gusto” y de un interés por parte de
determinados monarcas, príncipes y nobles por la scientia. Todo ello, a su vez,
acabaría concretándose, de un lado, en el mecenazgo y patrocinio de eruditos
dedicados a cultivar esos saberes y, por otro, en la tenencia de instrumentos
científicos y de medición en sus colecciones (o en una combinación de ambas
cuestiones).
¿De qué
fuentes beben los principales teóricos de los siglos XV y XVI para proponer,
como se expondrá más adelante, la presencia de relojes e instrumentos de
matemática en determinados espacios cortesanos como las bibliotecas? Esta es la
pregunta a la que se pretende dar respuesta en las líneas que siguen. Tanto el
ámbito cronológico como el terreno disciplinar en el que debemos buscar
respuestas —una cultura humanística donde los límites epistemológicos que
definen, por ejemplo, a los constructores de instrumentos científicos se
antojan difusos y llenos de matices que escapan al establecimiento de
categorías absolutas— obligan a tomar ciertas cautelas metodológicas en su
interpretación, al tiempo que ofrecen un rico ámbito de estudio, de carácter,
por así decirlo, “híbrido” o, si se prefiere, interdisciplinar.
Los textos
de la antigüedad clásica recuperados en los siglos posteriores fueron una de
las fuentes de las que se nutrirían los eruditos de la Edad Moderna, dando pie
a reflexiones teóricas y a
153 Preparado por Patricio Barros
El
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concreciones
prácticas de distinta naturaleza. Un caso paradigmático en este sentido es el
del tratado De Architectura de Marco Vitruvio Polión. A pesar de que la fortuna
crítica de Vitruvio a lo largo de las distintas épocas se ha construido
principalmente en torno a la cuestión que hoy denominaríamos arquitectónica
strictu sensu168, en este libro encontramos asimismo pasajes que pueden aportar
cierta luz en la comprensión e interpretación de determinados postulados
teóricos en torno a la consideración de los instrumentos científicos que van a
ser objeto de estudio en las líneas que siguen, poniendo especial atención al
caso de los relojes. El análisis de estas últimas consideraciones en las
ediciones críticas y traducciones del tratado vitruviano que vieron la luz a
partir del Quattrocento, dará cuenta de la recepción de las ideas del
arquitecto romano en materia de instrumentación.
En este
sentido, interesan especialmente los contenidos que recoge Vitruvio en el Libro
IX de su tratado169. Tras un prefacio, el libro noveno se articula en ocho
capítulos cuyas áreas temáticas pasan por la descripción del universo y los
planetas, las fases de la Luna, el curso del Sol a través de los doce signos,
las constelaciones septentrionales y meridionales, la astrología y, tras
describir esta área del saber, Vitruvio se adentra en la explicación de los
métodos utilizados en la medición de dichos fenómenos: la descripción de los
Sobre la
recepción y difusión del tratado de Vitruvio, sus usos y metáforas véase:
VITRUVIO POLION, 1995, pp. 11-51.
El noveno
volumen consta de una introducción en la que el autor ensalza, en primer lugar,
la sabiduría de los escritores señalando los importantes beneficios colectivos
que sus aportaciones supusieron, para, a continuación, exponer algunos ejemplos
como el de Pitágoras, que demostró el descubrimiento de la escuadra sin
necesidad de acudir a los artesanos o los numerosos y admirables hallazgos de
Arquímedes, entre otros: Ibíd., pp. 325-329.
154 Preparado por Patricio Barros
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analemas170
y de los diferentes modelos de relojes. En este último capítulo dedicado a las
diferentes tipologías de relojes, el autor da comienzo a su exposición
recogiendo un elenco de los más destacados inventores de estos instrumentos de
la antigüedad junto con una breve noticia del artificio que idearon. Vale la
pena transcribir este fragmento pues contiene múltiples e interesantes
referencias que dan cuenta de la diversidad tipológica de estos instrumentos:
Se dice que
el inventor del Hemiciclo excavado en un “bloque cuadrado” o en un “cubo”, de
acuerdo con la latitud, fue Beroso de Caldea; Aristarco de Samos fue el
inventor —dicen— del espejo cóncavo o hemisférico y también del disco colocado
sobre una superficie plana. El astrónomo Eudoxo inventó la “araña”, aunque
otros opinan que fue Apolonio. Escopinas de Siracusa ideó el “plintio” o
“artesonado” que todavía ahora vemos en el circo Flaminio. A Parmenio se debe
el reloj “que señala las horas de los lugares más conocidos”; Teodosio y
Andrias son los inventores del reloj “para cualquier latitud”; a Patroclo se
debe la invención del reloj en forma de “hacha de combate”; Dionisodoro ideó el
reloj solar en forma cónica y Apolonio el reloj en forma de carcaj. Todos estos
inventores citados y otros muchos idearon diversos modelos de relojes, que nos
Ibíd., Lib.
IX, Cap. VII, p. 348. En el octavo capitulo, Vitruvio expone el problema
central del Libro IX, esto es, la definición del analema, considerado el
fundamento de la gnómica. Según este autor, a partir del analema es posible
deducir múltiples variantes y tipologías de relojes siguiendo una serie de
cálculos técnicos consistentes en dividir en doce partes iguales el día
equinoccial y el día de los solsticios de invierno y de verano siempre con la
ayuda del compás.
155 Preparado por Patricio Barros
El
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han
transmitido, como son “la araña cónica”, el “plintio cónico”, y el “antiboreo”.
Otros muchos inventores nos han dejado suficientes detalles para componer
relojes de viaje y relojes portátiles. Quien lo desee podrá encontrar en sus
propios libros diversos diagramas y modelos que ejemplarizan sus relojes, si se
conoce la estructura del analema. […]171.
Estas
informaciones aportadas por el arquitecto romano permiten introducir dos
interesantes cuestiones. La primera hace referencia a la fortuna crítica y
recepción del Libro IX en las sucesivas ediciones impresas de Vitruvio que
verían la luz desde que, en el año 1511, Fra Gioconodo publicara la primera de
ellas. En concreto, interesa referir aquí, por los motivos que se expondrán a
continuación, la edición en italiano con comentario de Daniele Barbaro de 1567,
una de las que gozaría de mayor difusión172. En segundo lugar, Vitruvio, tras
efectuar la relación de inventores de la antigüedad y dar una somera
descripción de sus correspondientes relojes, no se detiene a enumerar a “otros
muchos inventores que nos han dejado suficientes detalles para componer relojes
de viaje y relojes portátiles” sino que remite al lector interesado en esta
cuestión a que consulte los libros compuestos por los propios artífices de
estas invenciones, los cuales contienen entre otras cosas “diversos diagramas y
modelos que ejemplarizan sus relojes […]”173. Esta
Ibíd., Lib.
IX, Cap. VIII, p. 349.
VITRUVIO,
1987.
VITRUVIO,
1995, Lib. IX, Cap. VIII, p. 349.
156 Preparado por Patricio Barros
El
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afirmación
da cuenta, por un lado, del importante desarrollo de la gnómica en la
antigüedad al tiempo que se subraya la estrecha relación que existía ya por
aquel entonces, en el ámbito de la ciencia antigua, entre la construcción de
instrumentos de medición y la cultura escrita. La necesidad de acompañar estos
relojes de gráficos y de detalladas relaciones en las que se explicaba su
funcionamiento era debido a la dificultad que frecuentemente entrañaba su uso,
incluso para los ya iniciados en estas disciplinas, pues en muchas ocasiones se
trataba de instrumentos únicos. Desde entonces, el binomio libro-instrumento
científico se configurará como un lugar común en la historia de la ciencia y de
la técnica, al tiempo que estas ideas serán recogidas, como se verá, por la
tratadística artística publicada en fecha posterior.
En cuanto a
la primera de las cuestiones enunciadas unas líneas más arriba, esto es, la
recepción y edición de la obra de Vitruvio, resulta especialmente interesante
el tratamiento y el comentario del Libro IX que ofrece Daniele Barbaro,
patriarca electo de Aquileia, en la segunda edición que publicó del De
Architectura174 (figura 26). La aproximación de Barbaro a la obra vitruviana,
tanto en la primera edición comentada publicada en 1556 como en la de 1567, ha
sido considerada por la crítica histórico-artística como una summa del saber
científico-técnico antiguo y moderno.
Las
primeras ediciones cinquecentescas del De Architectura que vieron la luz antes
de las de Daniele Bárbaro fueron las de Fra Giocondo (1511 y 1513), Cesare
Cesariano (1521) y Giambattisra Caporali (1536).
157 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 26.
Paolo Veronese, Retrato de Daniele Barbaro junto a la traducción del tratado de
Vitruvio, 1556-1567, óleo sobre lienzo, 121 × 105,5 cm. Amsterdam, Rijksmuseum
(SK-A-4011).
En ella
confluyen, por un lado, las investigaciones de carácter arqueológico y los
profundos conocimientos de las matemáticas y de la técnica de la antigüedad del
patriarca electo de Aquileia y, de otro, el comentarista introduce constantes y
sustanciosas
158 Preparado por Patricio Barros
El
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referencias
a los autores del Quattrocento y del Cinquecento italiano, dejando patente una
concepción acumulativa del saber.175
De un
análisis comparativo de las dos ediciones publicadas por Daniele Barbaro (1556
y 1567) se desprende que el texto en italiano de 1567, en líneas generales,
presenta una estructura articulada de un modo mucho más orgánico respecto al de
la primera edición, pues en esta última se acortan tanto las citas a Vitruvio
como los comentarios del propio Barbaro. Sin embargo, la excepción a esta
tendencia general a la reducción de los comentarios de la segunda edición, se
encuentra, precisamente, en el Libro IX, en el que se introducen importantes
variaciones respecto a la primera edición, al tiempo que Barbaro incluye las
últimas novedades sobre la gnómica y la construcción de instrumentos que se
estaban produciendo por aquel entonces176. Como ha subrayado M. Morresi, es en
el Capítulo VIII en el que Barbaro se enfrenta al problema central del Libro IX
puesto que Vitruvio, a pesar de dedicar un capítulo a la descripción del
analema, & non c’insegna in questo trattamento di fare alcuno horologio177.
Las dificultades en la interpretación del analema vitruviano llevan a Barbaro a
transformar radicalmente este capítulo de la edición de 1567 pues en él se hace
eco de las recientes investigaciones desarrolladas por Federico Commandino en
su Liber de orologium descriptione (1562)178. En concreto,
TAFURI,
1987, p. XIII.
MORRESI,
1987, p. XLI.
VITRUVIO,
1987, Lib. IX, Cap. VIII, p. 398.
COMMANDINO,
1562. La obra de Federico Commandino (Urbino, 1509-1575) debió de despertar el
interés de algunos importantes nobles castellanos como sucede en el caso del VI
condestable de Castilla, don Juan Fernández de Velasco puesto que, entre los
volúmenes que
159 Preparado por Patricio Barros
El
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Barbaro
tomará en especial consideración los postulados de Commandino sobre el analema
ptolemaico aplicado a la construcción de los relojes solares, lo que le
permitirá superar la laguna existente en el texto de Vitruvio sobre esta
cuestión179.
Pero además
de incorporar y difundir la teoría de la proyección plana de los meridianos
demostrada por Commandino, resulta muy interesante la aportación que realiza
Barbaro en torno al pasaje del Capítulo IX en el que Vitruvio hacía relación de
los principales inventores de relojes, transcrito con anterioridad180. Tras
reproducir el fragmento del texto vitruviano, Barbaro comenta: “Gli horologi
ritrouati dagli antichi, & posti quiui da Vitruuio, si possono imaginare da
quelli, che intendeno bene i circoli della spera, & che sanno la ragione
degli Analemmi, perche poi puo ciascuno accommodargli qualunque forma gli
piace”181. Es decir, para Barbaro únicamente aquellas personas capaces de
comprender la concepción de la esfera terrestre (con sus paralelos) y de los
analemas estarán en grado de “imaginar” y recrear los relojes inventados por
los antiguos, puesto que en base a estos principios es posible adecuar los
relojes a cualquier forma deseada.
Por otra
parte, Barbaro, en su comentario sobre los relojes inventados por los antiguos,
establece en cierta manera una
reunió en
su biblioteca, como se expondrá más adelante, destacará la abundante presencia
de obras de Commandino.
Con estas
palabras Bárbaro se refiere a la obra de Federico Commandino: “Tolomeo fa un
trattato dello Analema: & Federico Commandino molto dottamente lo espone,
& per questa, & per altra cagione se gli deue hauere molte gratie; poi
che per utilità commune egli si affatica”:
VITRUVIO,
1987, Lib. lX, Cap. VIII, p. 398.
Se trata
del Capítulo IX que en la edición italiana de 1567 de Daniele Barbaro aparece
bajo el título: “Della ragione de gil horologi, & dell’uso, & della
inuentione loro, & quali sieno stati gli inuentori. Cap. IX”, en VITRUVIO,
1987, Lib. IX, Cap. IX, pp. 426-437.
Ibíd., p.
426.
160 Preparado por Patricio Barros
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relación de
paragone con la antigüedad clásica, reconociendo en primera instancia el
criterio de autoridad de los antiguos y sus conocimientos en materia de
gnómica; si bien, acaba elaborando un elenco de las aportaciones coetáneas que
superaban a las de los antiguos. El reconocimiento del criterio de autoridad de
los antiguos se produce cuando, al hablar del reloj de Parmenio “que señala las
horas de los lugares más conocidos”, es decir, del inventor del primer reloj
universal, el comentarista señala como destacados constructores de este upo de
instrumentos del siglo XVI a Pedro Apiano y a Giovanni Stabio y que el analema
utilizado por ellos sería, en esencia, el propuesto por Vitruvio únicamente con
algunas pequeñas modificaciones incorporadas por Sebastián Münster y Oronce
Finé. De un modo análogo, considera que “é cosa trovata dagli antichi” el
planisferio de Juan de Rojas182. Finalmente, tras referirse a otra serie de
tipologías de relojes como los anillos, cilindros o cuadrantes, que se
caracterizan por estar colgados y ser portátiles, Barbaro añade las
innovaciones que tuvieron lugar en este campo de la instrumentación en su
época: “Noi di più de gli antichi hauemo gli horologi a ruóte, o da spennole
& quelli d’arena, che sono mirabili, quelli per lo ingegno dello artefice,
questi per la commoditá, & facilita loro”183.
Ibíd., p.
427.
Ibíd.
161 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 27.
“Mecanismo del reloj de agua ideado por Ctesibio de Alejandría según Andrea
Palladio”, en Daniele Barbaro, I dieci libri dell’architettura. Tradotti e
commentati da Daniele Barbaro, 1567.
En relación
con este último capítulo del Libro IX perteneciente a la segunda edición del De
Architectura de Vitruvio publicada por Barbaro, cabe destacar un aspecto que
permite enlazar con la segunda de las cuestiones anteriormente esbozadas: la
necesidad de
162 Preparado por Patricio Barros
El
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ékphrasis,
es decir, la relación entre instrumentos y la palabra e imagen de los mismos
recogida en los libros. En este sentido, uno de los aspectos reseñables de las
ediciones de Barbaro es la colaboración que en ellas establece con el
importante arquitecto Andrea Palladio, quien elaborará los grabados que la
ilustran. Así, junto con la traducción italiana del texto de Vitruvio y el
comentario sobre el mismo efectuado por Barbaro, se establecía una relación
dialógica entre imagen y texto, supliendo así una de las principales carencias
que arrastraba el texto de Vitruvio desde que suscitara el renovado interés de
los eruditos, que residía, precisamente, en la ausencia de imágenes, de un
correlato gráfico. Y, en este sentido, el Libro IX no fue una excepción: de un
lado, Daniele Barbaro a partir de las exiguas indicaciones que ofrece Vitruvio
sobre los relojes de agua creados por Ctesibio de Alejandría, desarrolla y
explica con enorme lujo de detalles cómo se podían llevar a la práctica tales
invenciones; de otro, encontramos las finas estampas que permiten al lector de
época posterior suplir lo que, por razones obvias, no pudo contemplar con sus
propios ojos (figura 27).
Por tanto,
el testimonio de Vitruvio no hace sino reflejar la imbricación existente entre
los gnómones y otros instrumentos de naturaleza similar y la cultura escrita y
visual ya desde tiempos antiguos, que respondería a esa necesidad de ékphrasis.
Por su parte, la recuperación de la obra del arquitecto romano y, en concreto,
el análisis que se ha efectuado en torno al Libro IX del De Architectura
editado por Barbaro ha puesto de manifiesto la estrecha relación entre
arquitectura e instrumentación y medición y
163 Preparado por Patricio Barros
El
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el renovado
interés por estos temas demostrado por los eruditos del Cinquecento —pues
resulta significativo que este fuera el único libro en el que Barbaro amplió
sus comentarios, mientras que los de los ocho libros restantes se vieron
menguados.
Figura 28.
Leon Battista Alberti, L’Architettvra di Leon Batista Alberti. Tradotta in
lingua Florentina da Cosimo Bartoli Gentirbuomo & Accademico Florentino
(frontispicio), Florencia, 1550.
164 Preparado por Patricio Barros
El
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Este
interés por Vitruvio y la relación entre instrumentación y libros, son
indicadores que permiten vislumbrar y rastrear un origen bastante remoto de
esta concepción e interés por los instrumentos de medición y que se vería
asimismo reflejada en otros tratados, más allá de las reediciones del De
Architectura. No en vano, otro de los creadores de una teoría de la
arquitectura y del urbanismo que ha gozado de una mayor difusión desde que
viera la luz su tratado, al tiempo que conocedor de los textos vitruvianos —
aunque en no pocas ocasiones en desacuerdo con el arquitecto romano— como fue
León Battista Alberti (Génova, ca. 1404 - Roma, 1472), recogió en su De Re
Aedificatoria (1485) algunos postulados interesantes en relación con el tema
del gusto por los instrumentos científicos (figura 28). Tanto las ideas
contenidas en la obra de Vitruvio como en la de Alberti sobre esta cuestión
resultan significativas en el marco de este estudio puesto que ambos tratados
gozaron de una amplia difusión en la España de la Edad Moderna184.
En relación
con el gusto por los instrumentos, son interesantes algunas ideas que Alberti
recoge en su Libro VIII dedicado a la cuestión del ornamento de los edificios
públicos profanos. En el Capítulo IX de dicho libro, Alberti, tras exponer las
características y
Sobre las
ediciones españolas del De Architectura, véase: GARCÍA MELERO, 1984. Acerca de
la edición del texto de Vitruvio firmada por Miguel de Urrea y Juan Gracián,
publicada en Alcalá de Henares en 1582, véase: BUSTAMANTE, MARÍAS, 1985, p.
200. Un análisis del interés que despertó en España el texto vitruviano en el
siglo XVI se encuentra en: MARÍAS, 2015. Sobre la relativamente temprana
introducción de la obra de Leon Battista Alberti en España, véase: BUSTAMANTE,
MARÍAS, 1985, pp. 202-203; pero especialmente: DAMONTE, 1972 y 1975; y, más
recientemente: RIVERA, 1991.
165 Preparado por Patricio Barros
El
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decoración
que debían presentar las curias —tanto la de los sacerdotes, como la
senatorial—, comenta la decoración que deberían albergar otros lugares que,
tanto por exigencias funcionales como por motivos estéticos y de dignificación,
se encontraban en las ciudades. Entre esos tipos de construcciones, Alberti
incluye las piscinas, las bibliotecas, los establos públicos o los astilleros,
mencionando en cada uno de los casos algunos destacables ejemplos de la
antigüedad. Dada la diversidad tipológica de las construcciones citadas, el
humanista genovés señala que sobre los requisitos que debían reunir “no tengo
nada especial que decir” dando una genérica directriz para todos ellos, según
la cual “aquello que en ellos vaya a tener carácter funcional se tome de los
edificios privados, y que aquello que vaya a conferir dignidad y pertenezca al
ámbito de lo ornamental se coja de los criterios referidos a los públicos”185.
Sin embargo, la única de las tipologías arquitectónicas en las que Alberti se
detendrá será la biblioteca, pues “no quería pasar por alto” las siguientes
cuestiones relativas a su decoración:
El mayor
ornamento de las bibliotecas lo constituirán el gran número de libros y su
condición de raros, sobre todo los procedentes de la culta antigüedad. Serán
también un elemento ornamental los instrumentos matemáticos, entre otros los
que se parezcan a aquellos que cuentan que construyó Posidonio, en los que se
desplazaban los siete planetas por su propia inercia; también a aquel famoso
ALBERTI,
1991, pp. 365-366
166 Preparado por Patricio Barros
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artilugio
de Aristarco, de quien aseguran que representó en una plancha de hierro el
mundo y sus provincias con exquisito ingenio. Y Tiberio, con sumo acierto, dotó
de retratos de poetas de la antigüedad a las bibliotecas186.
Alberti
recoge y anticipa en este pasaje algunos de los criterios que, en fecha
posterior, iban a regir y constituirían el criterio de selección y
ornamentación de las librerías de los siglos XVI y XVII: en relación con los
libros, una característica especialmente valorada por los eruditos sería su
condición de raros y únicos. En cuanto a los instrumentos, despertarán un
enorme interés aquellos relojes capaces de reproducir los movimientos celestes,
encontrando significativos ejemplares y referencias a los mismos en diferentes
ámbitos geográficos y cortesanos de la Edad Moderna. Y, finalmente, junto a
estos libros “raros” y a los instrumentos matemáticos, se situarían
“artilugios” de naturaleza cartográfica como el ingenio ideado por Aristarco en
el que se representaba el mundo y sus provincias y, por último, las efigies de
poetas de la antigüedad.
Estas ideas
expuestas por Alberti debieron gozar de una notable fortuna puesto que aparecen
recogidas en la tratadística posterior. Un ejemplo muy ilustrativo en este
sentido se encuentra en la obra de Giovanni Battista Armenini (1530?-1609) De’
veri precetti della pittura (1587)187. En su Libro III, tras abordar en sus
primeros
Ibíd., p.
366.
Una
introducción a las ideas y planteamientos teóricos que formula Armenini en su
tratado se encuentra en: ARMENINI, 1999, pp. 9-32.
167 Preparado por Patricio Barros
El
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capítulos
cuestiones relativas a cómo deben pintarse los templos y algunas de sus partes
como las bóvedas y capillas, en el Capítulo VI188 el autor se introduce en la
cuestión de la decoración de las bibliotecas conventuales. Al comenzar su
exégesis, Armenini se refiere a “aquellas cosas que se pintaban antes y ahora
en las bibliotecas, por ser las partes más nobles”, pasaje en el que reproduce,
prácticamente a modo de calco, las consideraciones de León Battista Alberti en
torno a las librerías de los antiguos:
Yo creo que
los excelentes antiguos las decoraban, además de con multitud de libros, con
instrumentos matemáticos y todos los demás, como aquellos que hizo Posidonio,
en los cuales los siete planetas se movían cada uno con movimiento propio. Así
hizo Aristarco, que con sumo artificio había pintado en una plancha de hierro
todo el mundo y todas las provincias. Pero Tiberio César después mandó poner
allí las verdaderas imágenes de los poetas antiguos, junto con otras efigies de
grandes hombres para conmover con tales ejemplos e inflamar los ánimos de
quienes ejercitan sus ingenios en el conocimiento de las cosas humanas y
divinas189.
A la luz de
esta cita, parece claro que Armenini toma este pasaje del arquitecto genovés:
con la excepción de ampliar la tipología de sujetos retratados, la descripción
que ofrece Armenini de la
El Lib.
III, Cap. VI, llera por título: “Con qué pinturas decoraban los antiguos sus
bibliotecas y con qué fin. Lo que en el tiempo presente sería adecuado, y a qué
efecto se hacen”, Ibíd., p.
Ibíd.
168 Preparado por Patricio Barros
El
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ornamentación
de las bibliotecas de la antigüedad se fundamenta, de un modo casi literal, en
la que dio cien años atrás Alberti. No obstante, es preciso notar que, mientras
la referencia a las bibliotecas y a los instrumentos matemáticos en Alberti
resulta en cierto modo sucinta, en el caso de Armenini, este no se limita a
describir cuál era la decoración de las librerías en el pasado, sino que, esta
cuestión, le permite introducir y desarrollar un programa iconográfico
destinado al alhajamiento de las bibliotecas conventuales. El planteamiento
decorativo que formula Armenini para estos espacios está en estrecha relación
con los postulados contrarreformistas de la segunda mitad del siglo XVI puesto
que, tras la antigüedad, “iluminado el mundo con la luz de nuestra Santa Fe,
aunque está bien que los estudios de las buenas artes estén unidos a nuestra
religión, hoy deben pintarse, no obstante, otras luces y otras demostraciones
de verdad”190.
Por otra
parte, como se ha señalado, Armenini introduce esta alusión a las bibliotecas
antiguas en el marco de su exposición en torno a los preceptos decorativos de
las librerías vinculadas a la arquitectura sacra, rechazando su idoneidad en
ese contexto. Sin embargo, en otro pasaje del tratado191, al hablar de la
decoración apropiada para los estudios192— es decir, espacios que, como va
implícito en su propia denominación, estaban destinados a ser
Ibíd.
Ibíd., Lib.
III, Cap. XIII, pp. 251-254. Dicho capitulo lleva por título “De las pinturas
que se hacen para los jardines y las casas de villa. Cuánta reprobación merecen
los pintores que se sirven de los grabados en sus obras. Qué asunto sea mejor
para hacer en los corredores, en las escaleras y en los estudios, y cuáles en
los invernaderos, en los baños y otros lugares menores”.
Sobre el
tema del studiolo como espacio destinado a] saber y la cultura, véase:
LIEBENWEIN, 2005.
169 Preparado por Patricio Barros
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receptáculos
del saber en el contexto de edificios profanos— su autor, esta vez sí,
considera apropiada para este ámbito de carácter laico una decoración que, a
grandes rasgos, se correspondería con los elementos ornamentales que
configuraban las bibliotecas de la antigüedad: las pinturas, de un lado, como
en el caso de las logias, debían representar temáticas alegres “como son
deliciosos paisajes dentro de los cuales haya ciudades lejanas, castillos,
teatros, puertos de mar, escenas de pesca, cacerías, baños, juegos de pastores
y ninfas; que haya faunos, sátiros, silvanos, centauros, monstruos marinos, con
otras cosas acuáticas y salvajes del modo que se encuentran fingidas en los
libros de los buenos poetas y, sobre todo, que no haya nada de un tono melancólico
y aburrido”193. Pero además de decorarse con los temas señalados para las
logias
—tales como
descripciones y vistas de ciudades, mapas y otros asuntos—, en el caso de los
estudios, se podían incluir también retratos del natural de personas ilustres.
A esta decoración pictórica, Armenini añadía la presencia de “cosas antiguas”
como medallas, bustos y figuras de mármol o bronce además de gemas, camafeos,
cristales de roca y todo tipo de objetos cuya característica común estribaba en
que fuesen cosas “de admirable artificio” puesto que los estudios eran los
lugares destinados a albergar “las cosas más raras y de gran precio” de sus
poseedores. Como colofón a este aparato decorativo, Armenini sitúa los libros e
instrumentos matemáticos, incidiendo nuevamente en la imbricación existente
entre ambas tipologías de objetos. Pero además, Armenini señala un
ARMENINI,
1999, p. 251.
170 Preparado por Patricio Barros
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aspecto que
resultará de gran relevancia en la comprensión e interpretación de la
decoración de estos espacios: el criterio de selección tanto de los libros como
de los instrumentos matemáticos estará supeditado a la inclinación de su
propietario hacia determinados saberes científicos194. Por lo tanto, de estas
ideas se desprende que una cuestión fundamental a la hora de afrontar el
análisis de estudios y librerías —con todos los objetos y decoraciones que
formaban parte de las mismas— estribará, en primer lugar, en determinar, en la
medida de lo posible, cuál era el bagaje cultural y los intereses científicos
de su propietario195. Aunque es preciso señalar que, en no pocas ocasiones, a
tenor de los datos y de la documentación disponible, será la presencia de
determinados volúmenes junto a las tipologías de instrumentos matemáticos
reunidos por un individuo, el indicador que nos permitirá tomar el pulso y
analizar cuáles fueron los intereses científicos de su propietario.
Estos
postulados estéticos para la decoración de estudios debieron de gozar de una
notable difusión en la Italia de la segunda mitad del siglo XVI, pues como
recoge M. C. Bernárdez Sanchís en su edición crítica del tratado de Armenini,
el humanista Vincenzo Borghini
“De modo
que si las cosas más raras y de gran precio son las que buscan los señores para
sus estudios para hacer adornos […] Para uso y belleza está la multitud de los
libros suyos, así como instrumentos matemáticos y otros, según las ciencias a
las que sean más inclinados”:
Ibíd., p.
254.
Desde el
ámbito disciplinar de la historia del libro y de la lectura, en las últimas
décadas han visto la luz una serie de valiosos estudios en torno a las
bibliotecas del entorno cortesano en el Siglo de Oro en los que la
interpretación de las mismas ha ido ampliando un ámbito de estudio inicialmente
circunscrito únicamente a los libros, pasando a considerar, junto con los
volúmenes, otros objetos como las pinturas que configuraban el programa
decorativo de estos espacios. No obstante, es preciso señalar que rara vez los
instrumentos matemáticos han sido objeto de un análisis en el marco de este
tipo de estudios.
171 Preparado por Patricio Barros
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expondría
una idea decorativa de naturaleza similar en una carta de 1570 dirigida a su
amigo Giorgio Vasari, en quien recaería el encargo de decorar el llamado
studiolo de Francesco I en el Palazzo Vecchio de Florencia196.
De este
modo, parece clara la existencia de una idea que subyacerá desde la antigüedad
clásica hasta el periodo que es objeto de estudio en el presente trabajo: la
estrecha relación entre los instrumentos matemáticos, los libros y las
representaciones gráficas e imágenes contenidas en los mismos. Este fundamento,
de raigambre clásica, fue recogido en el Quattrocento por Alberti y se perpetuó
en la tratadística de distinto género a lo largo de los siglos XVI y XVII.
Ahora bien, del mismo modo que una idea o concepto es susceptible de ser
interpretado y concretarse de modos diversos, en el caso específico del
coleccionismo que venimos denominando scientifico, este fenómeno podrá adoptar
formas o articulaciones diversas dependiendo de las “inclinaciones” de su
patrono, de los usos y funciones a los que deba responder y de los espacios en
los que se situarán los objetos.
Por otra
parte, habrá otra serie de factores externos que condicionarán la práctica del
coleccionismo. En primer lugar, los avances experimentados en el ámbito de la
instrumentación y de la medición a lo largo de los siglos XVI y XVII se irán
viendo recogidos en las colecciones y en los objetos reunidos en los palacios:
en el caso de los relojes, aunque continuaremos encontrando determinadas
tipologías que ya nos describía Vitruvio (como los
ARMENINI,
1999, p. 254, nota 3.
172 Preparado por Patricio Barros
El
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relojes
solares), a partir del Quinientos se incorporarán a las reuniones de
instrumentos matemáticos los relojes mecánicos, que alcanzarán un desarrollo
técnico sin precedentes hacia finales del siglo XVI.
Figura 29.
Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, fundada por
Felipe II, San Lorenzo de El Escorial.
Pero, ¿cómo
se concretaron estas ideas en el ámbito de la corte de los Austrias españoles
en el periodo referido? Sin duda, la biblioteca
173 Preparado por Patricio Barros
El
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del Real
Monasterio de El Escorial197, fundada por Felipe II, constituirá el referente
paradigmático en la corte española en la configuración de espacios dedicados al
saber en los que se conjuga la presencia de una librería, junto con
instrumentos matemáticos, una galería de retratos y una importante presencia de
decoraciones cartográficas (figura 29). En este sentido, existen dos
importantes fuentes de las que principalmente se ha valido la historiografía
para conocer y analizar el proceso de creación y construcción del monasterio de
El Escorial, más específicamente, la configuración de su biblioteca y la
organización de los saberes que reflejaba su programa decorativo. La primera de
estas fuentes (anterior a la creación de la librería) es el Memorial sobre los
libros y utilidad de la librería y orden y traza que en ella se ha de tener
elaborado por el doctor Juan Páez de Castro, un importante humanista alcarreño
formado en la Universidad de Alcalá y que mantuvo relación con los más
importantes eruditos de la época198. Como expone el propio autor al comienzo
del documento, este memorial habría sido ofrecido de su parte al emperador
Carlos V y, posteriormente, a su
197 La gran
cantidad de estudios existentes en torno a la que fuera considerada “octava
maravilla del mundo” y la variedad de enfoques y aproximaciones al monasterio
escurialense impide realizar en este espacio una relación completa de los
mismos. Por esta razón, aquí se incluyen principalmente las referencias a las
investigaciones centradas en el análisis de El Escorial como centro científico,
a su biblioteca y a los instrumentos matemáticos: ANDRES, 1970; AA. VV., 1993.
Sobre el patrocinio ejercido por Carlos V y Felipe II en la producción de
instrumentos científicos y las relaciones entre la Escuela de Lovaina y la
corte española, véase:
VV., 1997.
La representación de instrumentos matemáticos en los frescos de la biblioteca
así como la presencia de instrumentos realizados por artífices de la Escuela de
Lovaina como Gcmma Frisius son analizadas en: VAN CLEEMPOEL, 2009.
198 El
manuscrito de este Memorial se conserva en la Biblioteca del Real Monasterio de
El Escorial: BME. Ms. & - II-15, ff. 190v.-195v. Dicho Memorial fue
publicado en Madrid por Blas Antonio Nasarre en 1749 y conforme a dicho texto
se encuentra en: PAEZ DE CASTRO, 1883 (transcripción de la que nos hemos
servido en este trabajo). Un análisis del Memorial en cuanto que “proyecto de
un archivo científico en el Valladolid del siglo XVI”, se encuentra en: VICENTE
MAROTO,
ESTEBAN PIÑEIRO, 2006, pp. 35-43.
174 Preparado por Patricio Barros
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sucesor
—Felipe II— a comienzos de su reinado. La finalidad del Memorial iba más allá
de circunscribirse únicamente a una propuesta de creación de una biblioteca,
sino que, como han notado autores como M. I. Vicente Maroto y M. Esteban
Piñeiro, se trataba de un proyecto más ambicioso destinado a la creación de un
archivo científico en la ciudad de Valladolid. Si bien no se puede confirmar
(pero tampoco desmentir) que Felipe II llegara a leer dicho Memorial, lo cierto
es que el proyecto final de la biblioteca escurialense se ajustaría en buena
medida a las ideas expuestas por Páez de Castro en su escrito. En este punto
del presente trabajo, el aspecto que interesa señalar en relación con los
contenidos de este Memorial es que en el pormenorizado alhajamiento que Páez de
Castro dibuja para la biblioteca, el humanista alcarreño incluye además de la
fundamental presencia de libros “raros”, la inserción de toda clase de imágenes
cartográficas —que se analizarán en mayor profundidad en la segunda parte del
libro, dedicada específicamente a tal cuestión— así como “reloxes de gran
invención, y sotileza, assi en las manos, como en el uso, y provecho” y “muchos
instrumentos bien labrados, y muy ciertos de astrología, y otras
matemáticas”199. Por lo tanto, queda patente cómo uno de los principales
humanistas españoles de la época propugnaba una decoración para las bibliotecas
en las que asimismo estarían presentes relojes e instrumentos matemáticos.
Si el
Memorial de Páez de Castro fue redactado con anterioridad a que se pusiera en
marcha el proyecto de la biblioteca laurentina,
PÁEZ DE
CASTRO, 1883, pp. 172-173.
175 Preparado por Patricio Barros
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por su
parte, La fundación del Monasterio de El Escorial del Padre Sigüenza —que ha
constituido una fuente fundamental para conocer no solo el proceso de
configuración sino el resultado final del proyecto— fue comenzada a redactar
con posterioridad, alrededor de 1602200. El fraile jerónimo fue, sin duda,
conocedor de primera mano de la librería del monasterio pues, como explica en
su obra, sucedió al ilustre Benito Arias Montano —a quien considera su maestro—
al frente de la misma, tomando parte activa en el asiento y clasificación de
los volúmenes201. Ahora bien, puede adelantarse que, de una lectura detenida de
sus palabras (y de sus silencios) se advierte cómo los aspectos tocantes a los
instrumentos y a todo tipo de artilugios e imágenes de naturaleza scientifica
no debieron despertar demasiado interés en Sigüenza.
Como es
sabido, la biblioteca estaba dividida en tres piezas principales y en ellas se
dispusieron interesantes instrumentos matemáticos. Sin embargo, la atención que
presta Sigüenza a esta cuestión en su descripción de la distribución y adorno
de los diferentes espacios de la librería, resulta desigual. El autor dedica su
Discurso IX a la descripción de la pieza principal, “la mayor y la más noble”.
Tras efectuar una precisa explicación de sus partes, detallando con particular
esmero la fábrica de los cajones donde se asentaban los libros, Sigüenza
realiza una larga exégesis en torno a
SIGÜENZA,
1986.
“Cuando la
mudé allí [refiriéndose a la biblioteca], porque sucedí en ella a tan ilustre
Bibliotecario, a quien tengo en todo por maestro (ojalá mereciera yo nombre de
su discípulo), me pareció guardar en cuanto fue posible el orden que había dado
en el asiento de las disciplinas, y por quitar fealdad que hace la
desproporción de los libros, junté los de folio todos en cajones que están para
dios, y los de cuarto en los de cuarto, y así los demás en sus propios senos, y
para que con suma facilidad se hallase lo que se busca en ellos, hice dos
catálogo […]”:
Ibíd., p.
299.
176 Preparado por Patricio Barros
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la
invención y disposición de los frescos que decoraban la bóveda ejecutados por
Pellegrino Tibaldi202. Sin embargo, en este pasaje dedicado a la pieza
principal, mientras Sigüenza ofrece una pormenorizada explicación de su
programa iconográfico, no realiza mención alguna a la presencia de instrumentos
matemáticos.
No
obstante, es bien sabido que en dicho espacio fueron colocados importantes
instrumentos científicos, como reconocerá el propio fraile en el siguiente
discurso dedicado a las otras dos piezas que conformaban la librería. De hecho,
descripciones redactadas en fecha cercana como la de Juan Alonso de Almela de
1595 sí que hacen referencia a la presencia de instrumentos en ese espacio203.
Entonces, cabe preguntarse ¿por qué Sigüenza omite su presencia? Como ha
señalado E Checa en su análisis sobre los posibles inspiradores del programa
iconográfico de la pieza principal de la biblioteca, aunque en su obra Sigüenza
afirma su propia participación en el mismo, dicha afirmación no debe
interpretarse a pies juntillas, pero tampoco debe ser menospreciada por completo,
si se tiene en cuenta el peso del religioso como importante intelectual en el
monasterio y su cercanía al artífice de las pinturas, Tibaldi204. De este modo,
parece evidente que en la descripción que ofrece del principal espacio de la
librería, las palabras de Sigüenza no hacen sino traslucir de un lado cuáles
eran sus intereses e
Un
interesante análisis sobre el sentido general del ciclo basado en las
representaciones de las Artes Liberales ejecutado por Tibaldi, situándolo en el
contexto de la cultura promovida en la corte de Felipe II y señalando las
conexiones con el ambiente cultural de la Roma de Sixto V y el influjo ejercido
por dicho ambiente en la gestación del proyecto se encuentra en: CHECA
CREMADES, 1996.
VAN
CLEEMPOEL, 2009, p. 109, cita dicho pasaje contenido en la descripción de Juan
Alonso de Almcla.
CHECA
CREMADES, 1996, p. 112.
177 Preparado por Patricio Barros
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inclinaciones
y, de otro, sus omisiones —en este caso relativas a la cuestión científica— dan
cuenta de las materias que no despertaban en él apenas interés. Y, como se verá
a continuación, la elisión y el desinterés de Sigüenza para con el elemento
científico en este pasaje no será un caso aislado.
En relación
con la decoración de la segunda estancia de la biblioteca, Sigüenza se refiere
en primer lugar a la serie de retratos de pontífices y “personas principales en
santidad o letras” situados a lo largo del perímetro de la sala y, a
continuación, comenta:
Hay también
algunos globos terrestres y celestes y muchas cartas y mapas de provincias,
como en la librería principal, aunque allí no hicimos caso de ellos, porque son
cosas movibles, como ni de otros instrumentos matemáticos, esferas, astrolabios
particulares y, como ellos dicen, católicos, todos con mucha observancia
labrados en metal, algunos del mismo Gemafrisio (que fue gran hombre de esto),
labrados, y otros de Pedro Apiano y de otros grandes maestros en el arte, para
los que quisieren ejercitarse en ella y obrar con precisión, porque son
grandes205.
De este
pasaje, la cuestión que generalmente ha suscitado mayor interés en la
historiografía es la mención a Gemma Frisius (1508-1555) como artífice de
algunos de los instrumentos presentes en la colección escurialense206. Sin
embargo, este fragmento da pie a
SIGÜENZA,
1986, pp. 295-296.
VAN
CLEEMPOEL, 1997 y 2009, p. 113, matiza la afirmación de fray José de Sigüenza,
corrigiendo la atribución a Gemma Frisius de la autoría de algunos de los
astrolabios,
178 Preparado por Patricio Barros
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introducir
otras interesantes cuestiones. La primera de ellas estriba en incidir en la
causa del “silencio” de Sigüenza en relación con la presencia de los
instrumentos matemáticos en la pieza principal: la razón que alega el fraile al
hecho de haber omitido esta cuestión se basa en que se trata de “cosas
movibles”, con lo que estaría dando cuenta, por un lado, de una disposición de
la colección en cierto modo “dinámica” y, por otro, de una función que iba más
allá de un mero carácter ornamental, sino que se trataba de objetos con un fin
utilitario, “para los que quieren ejercitarse”. Por otra parte, vuelve a quedar
patente el escaso interés que despertaban en Sigüenza las cuestiones de
carácter científico. Si en su descripción de la pieza principal su discurso
giraba en torno a los frescos de la sala, en esta ocasión parece que su
atención se dirige a los libros, pues efectúa una somera descripción de los
instrumentos para, inmediatamente, continuar con la explicación de las materias
de los volúmenes. Tras el breve pasaje que se ha reproducido, Sigüenza continúa
su escueta descripción de los instrumentos señalando la presencia de “anulos,
armilas de muchas diferencias, ráditos y otras cien buenas alhajas de esto”207,
pero considera una “menudencia” detenerse en esta explicación, a pesar de que
reconoce que estos instrumentos y alhajas “en otra parte fueran muy
estimadas”208.
Finalmente,
antes de comenzar a detallar las tipologías de libros contenidos en esta
segunda pieza, Sigüenza se refiere a la presencia
proponiendo
que, en realidad, debieron haber sido realizados por Gualterus Arsenius, quien
tras la muerte de Frisius continuaría firmando los instrumentos con el nombre
del fallecido matemático.
SIGÜENZA,
1986, p. 296.
Ibíd.
179 Preparado por Patricio Barros
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de un gran
número de mapas terrestres y marítimos de mano cuya presencia vendría
justificada “porque no falte cosa de las que pueden desear para los que son
aficionados a estas letras y observaciones”209. De este modo, vuelve a ponerse
de manifiesto la estrecha correlación entre “letras y observaciones” o, dicho
en otras palabras, entre libros e instrumentos a la que se viene haciendo
referencia.
Esta
imbricación entre ambas categorías de objetos queda asimismo patente en otra de
las fuentes recurrentes en los estudios sobre El Escorial: los libros de
entregas de Felipe II. En lo que a los instrumentos matemáticos y a los libros
sobre disciplinas científicas se refiere, parece que los estudios en torno a
este tema han subrayado la llegada de estos objetos al monasterio destinados
específicamente a la biblioteca escurialense principalmente en las últimas
entregas.210
Sin
embargo, la revisión de las entradas contenidas en los libros de entregas211
pone de manifiesto que la llegada de instrumentos matemáticos junto con libros
científicos y mapas tuvo lugar en un momento inicial, en la entrega segunda
efectuada entre los años
Ibíd.
En
concreto, I. Morán Suárez (1993) recoge que en la entrega cuarta efectuada en
el año 1584 llegaron a] monasterio cuatro globos y un astrolabio de latón; en
la entrega sexta de 1593,
“una esfera
grande con sus planetas […]”; pero según esta autora sería la entrega séptima
(1597-1598)
la que mayor número de instrumentos científicos registraria. Por su parte, VAN
CLEEMPOEL, 2009, pp. 109 y 112, hace referencia a algunos instrumentos
matemáticos contenidos en las entregas séptima y octava que ingresarían en la
colección escurialense.
CHECA
CREMADES, 2013a. Sin duda, la reciente edición critica de las transcripciones
de los libros de entregas ha facilitado la labor de ofrecer una visión de
conjunto en torno al tema de los instrumentos científicos, pues hasta la fecha
las referencias a esta fuente documental en los estudios dedicados a esta
cuestión habían sido parciales y fragmentarias.
180 Preparado por Patricio Barros
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1576-1577212.
Más específicamente, el día 1 de junio de 1575213, Hernando de Bibriesca
entrega al prior, al vicario y diputados del monasterio una significativa
partida de “cartas de geographia y de marear”, la mayor parte de ellas en
estampas elaboradas por algunos de los matemáticos y cosmógrafos de mayor
renombre del siglo XVI: Giovanni Battista Guicciardini, Nikolaos Sofianos,
etc.214. En esa misma entrega, a fecha de 12 de febrero de 1577, se anotó una
primera partida de instrumentos, junto con reliquias y piezas de plata dorada,
pinturas y estampas —algunas de las cuales eran mapas o representaban temas de
carácter cosmográfico— y “los libros de la librería y celdas del dicho
monesterio”.
Al final de
la entrada segunda, en esa misma fecha, se registraron “las cosas
extraordinarias”, entre las que figuraban varios clavicordios, alfombras,
cortinas, portapaces —entre otros objetos— y, finalmente, algunos libros
—principalmente breviarios y libros de horas impresos por Cristóbal Plantino— y
una serie de relojes de naturaleza diversa, alguno de los cuales iba acompañado
de una relación explicativa en la que se detallaba su funcionamiento. Es el
caso del “relox para Sol y Luna hecho en una chapa de plata blanca llana
assentada en madera de nogal con guarniciones de evano que tiene una quarta en
quadro con un papel en que esta la declaración
212 Sobre
los objetos y obras de arte que llegaron al monasterio contenidas en la entrega
segunda, véase: CHECA CREMADES, 2013b, pp. 19-20.
213 La
entrega segunda (en adelante, EII) se fecha entre 1576 y 1577, aunque en el
propio documento se indican algunos momentos anteriores como sucede en este
caso, CHECA CREMADES, 2013a, p. 255.
La relación
de “cartas de geographia y de marcar” asciende a aproximadamente 20 asientos,
siendo algunos de estos mapas de unas dimensiones considerables: Ibíd., EII, p.
255. La cuestión de la cartografía en El Escorial será analizada en mayor
profundidad en la segunda parte de este trabajo.
181 Preparado por Patricio Barros
El
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para
entender por la luna la hora que es”215. Junto a este particular reloj solar y
lunar, destaca la presencia de un reloj de latón dorado en forma de torrecilla
con campana “que da las horas y despertador con los signos y planetas que tiene
una quarta escasa de alto metido en una caxa quadrada cubierta de cuero negro
[…]”216. A tenor de lo expuesto, vuelve a emerger la idea esbozada previamente
y recogida en diversas fuentes coetáneas, de aquel instrumento matemático
construido por Posidonio en la antigüedad en el que los siete planetas se
movían por su propia inercia. De igual modo, resulta inevitable pensar en el
reloj planetario que Juanelo Turriano realizó para el emperador Carlos V en
1551 y que constituiría un hito en la época en lo que a relojería y
construcción de instrumentos de precisión se refiere.
Para
concluir, interesa señalar una última cuestión: 1575 es el año en que Sigüenza
nos informa de que se efectúa la primera entrega de libros con destino a la
biblioteca escurialense217. Aunque en los libros de entregas no se registra
este tipo de partidas de volúmenes para la biblioteca, no parece casual que, en
ese mismo año, llegara al monasterio una significativa partida de mapas y
cartas geográficas y que, en fecha cercana, anotados igualmente en la entrega
segunda se registrasen una serie de instrumentos, fundamentalmente relojes,
algunos de los cuales permitían realizar mediciones tanto solares como lunares
o presentaban los signos del
Ibíd., EII,
p. 270.
Ibíd.
CHECA
CREMADES, 2013b, p. 19.
182 Preparado por Patricio Barros
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zodiaco y
los planetas218. De este modo, en la génesis de la que se convertiría en una de
las librerías más importantes de la Europa del siglo XVI se advierte una vez
más ese binomio indisoluble entre instrumentación científica —a pesar de que
fray José de Sigüenza fuera parco en detalles sobre la cuestión— y cultura
escrita y visual de carácter científico.
Este
recorrido desde la antigüedad clásica hasta el siglo XVI teniendo como colofón
la referencia a la biblioteca laurentina, no tenía por objetivo ser exhaustivo
sino más bien significativo, esto es, recoger una serie de ejemplos e ideas
estéticas que acabarían convirtiéndose en topos y en referentes recurrentes que
estarían en la base de un tipo de coleccionismo scientifico, del que en el
epígrafe que sigue se van a analizar sus ecos entre los cortesanos hispanos.
218 Además
del reloj solar y lunar y el reloj con los signos del zodiaco y los planetas,
en la entrada segunda se asientan asimismo otros instrumentos: “Un despertador
con relox de muestra sin campana redondo de laton dorado llano sin pie metido
en una caxa de madera cubierta de negro forrada en terciopelo carmesí con
cerradura y aldaua y bisagras de hierro doradas”; “Un relox de Sol de madera
que tiene siete puntas todas en triangulo y en cada triangulo un relox de Sol
puesto sobre una peana con balaustre de madera y en la peana el relox de Sol”;
“Un relox de arena que tiene tres quartos y la ora con doze pilarillos de
nacara y el suelo y cobertor de nacara que por la una parte esta grauada la
muestra con su mano y por la otra un retrato de una muger de mediorelieue que
tiene una sesma de alto”; “Una caxuela de laton dorado para relox de cuello que
tiene dentro una redecilla que pare(s)ce auer seruido en relox con la mano de
la muestra y un cordon de seda negra. Es poco mayor que en un real de a ocho”;
“Diez campanillas de metal pequeña” […]: CHECA CREMADES, 2013a, EII, pp.
270-271.
183 Preparado por Patricio Barros
El
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Capítulo 7
“Siempre
fue y siempre será que las cosas a que los príncipes
son
inclinados aquéllas más que otras aman y siguen los pueblos”: relojes,
instrumentos matemáticos y colecciones científicas en la corte
Fray
Antonio de Guevara en su Relox de príncipes ofrece un ilustrativo ejemplo sobre
cómo las preferencias del antojadizo Nerón influyeron en los gustos de su
pueblo. La predilección del emperador por una dama de cabellos de “color de
ámbar” se haría extensible a todos sus vasallos hasta el punto de que la piedra
ámbar —hasta la fecha escasamente estimada— pasaría a convertirse en la
mercadería más apreciada en la Roma de la época. Así, la conclusión a la que
llega Guevara es, precisamente, la frase que encabeza este epígrafe, señalando
que, además, la vanidad que reflejaba esta historia no le producía ningún
asombro, pues algo similar sucedía en su tiempo “porque los hijos de este siglo
trabajan más por imitar una vanidad agena que no por cumplir con su necesidad
propia”219. Por ello, emplaza al emperador Carlos V, a quien dirige su obra, a
que en lugar de gastar su tiempo en trivialidades similares a las de Nerón, lo
emplease en aquellas cuestiones que sirvieran para remediar los agravios de su
república, de modo que sus acciones constituyeran un ejemplo y fueran dignas de
emulación por parte de sus súbditos.
GUEVARA,
1994, p. 24.
184 Preparado por Patricio Barros
El
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De este
pasaje de la obra guevariana se desprende claramente cómo las preferencias, las
acciones y los gustos de un príncipe habrían de ser objeto de emulación por
parte de cortesanos y vasallos. Esta consideración resulta aplicable a los
diversos ámbitos que conformaron el gusto de los soberanos de la Casa de
Austria y, más específicamente, permite ilustrar la emulación de la que sería
objeto el coleccionismo científico que esta dinastía desarrolló en el periodo
estudiado. El interés por la medida del tiempo y del espacio tuvo su correlato
material en la presencia de determinados objetos como son los relojes e
instrumentos matemáticos asociados a las lecturas de carácter científico en las
colecciones reales. A lo largo del siglo XVI, la presencia de tales objetos de
scientifica se iría configurando en base a una estructura articulada de un modo
orgánico, siendo su principal exponente la biblioteca laurentina; lo que, sin
duda, habría de tener sus ecos en las prácticas y gustos de los cortesanos de
la época.
La
producción y el gusto por los relojes e instrumentos cobraron un nuevo impulso
desde el Renacimiento, cuando los poderes políticos comenzaron a promover la
creación y el desarrollo de nuevas y diversas artesanías, entre las que
suscitarían particular interés aquellas relacionadas con la mecánica220.
Resultan reveladoras a la par que ilustrativas de tales intereses las imágenes
de la serie de 19 grabados titulada Nova reperta (“Nuevas invenciones de los
tiempos modernos”), comisionada hacia 1589 por el noble florentino Luigi
220
ZANETTI, 2015, p. 101. Sobre la cuestión de la nobleza y la “reconsideración”
de esta cuestión en los estados del centro y norte de Italia que llevaría, a su
vez, a autores como Piccolomini o Garzoni a buscar elementos que permitieran
legitimar la nobleza de las artes mecánicas en textos de la antigüedad, véase:
Ibíd., p. 102 y ss.
185 Preparado por Patricio Barros
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Alamanni,
miembro de la Accademia degli Alterad, ajan van der Straet (Bruselas, 1523 -
Florencia, 1605) y ejecutados por Philip Galle221. Como señaló McGinty, las
imágenes de esta serie están en estrecha relación con la superación de la
antigüedad y el interés del hombre moderno por el proceso de mecanización del
que se viene hablando, pues según esta autora los cuatro ejes temáticos en
torno a los que pueden agruparse los grabados son: los nuevos descubrimientos
territoriales (América), la conquista de la materia y del movimiento por parte
del hombre, la racionalización de la actividad agrícola y la mecanización de
las artes visuales gracias a la estampa222. En relación con el tema de los
relojes e instrumentos mecánicos, esta cuestión aparece reflejada en una de las
estampas de la serie titulada Horologia ferrea, donde se representa el interior
de un taller de relojería, con numerosos artífices trabajando y ajustando los
instrumentos, mientras que al fondo se advierte una gran fragua (figura 30).
Así, en una sociedad en la que prevalecían los valores humanistas y en un
momento en el que se vuelve la mirada hacia los textos clásicos que conjugaban
la teoría y la práctica como vías de acceso al conocimiento, al tiempo que se
desarrollan innovaciones en el campo de la instrumentación que darán pie a la
superación de la antigüedad, se crearían unas condiciones propicias que
motivarían la implicación de las élites o clases dominantes en el patrocinio de
este tipo de “novedosas invenciones” por varias motivaciones, entre las que se
cuentan el
Sobre esta
serie de grabados de Jan van der Straet, véase: BARONI VANUCCI, t997, pp.
397-400.
McGINTY,
t974.
186 Preparado por Patricio Barros
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prestigio
que adquirió la producción de determinados objetos de lujo.
Figura 30.
Philip Galle (según diseño de Jan van der Straet),
Horologia
ferrea (de la serie Nova reperta), ca. 1580-1605, grabado, 20,4 × 26,6 cm.
Londres, British Museum (inv. n.º 1948,0410.4.195)
Además, el
perfeccionamiento técnico de los instrumentos de medición, proceso en el que
Italia desempeñó un importante papel, iba a permitir a partir de 1500 la
reducción del tamaño de los instrumentos y, en particular, de los mecanismos
que componían los relojes y otros ingenios e instrumentos de naturaleza
similar, lo
187 Preparado por Patricio Barros
El
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que daría
lugar a la creación y proliferación de objetos más compactos, sofisticados,
ingeniosos y más fácilmente transportables. Todo ello propiciaría y facilitaría
su difusión e inserción en los espacios áulicos de las diferentes cortes
europeas.
Figura 31.
Miguel Jadraque y Sánchez Ocaña, Carlos V en Yuste, 1877, óleo sobre lienzo,
146 × 193 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado (P04826)
En relación
con la corte de los Austrias españoles, una de las imágenes que del emperador
Carlos V quedarían fuertemente asociadas a su persona y se perpetuarían a lo
largo de los siglos en
188 Preparado por Patricio Barros
El
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el
imaginario colectivo, es la que le retrata en el ocaso de sus días en el
monasterio de Yuste en compañía de su relojero, Juanelo Turriano223. Un buen
ejemplo de cómo la imagen del gusto del emperador por los relojes e ingenios
ideados por el cremonés todavía estaría plenamente vigente más de 400 años
después de su muerte queda patente en el lienzo de Miguel Jadraque, titulado
Carlos V en Yuste (1877) (figura 31). En él, aparece representado Carlos V en
un interior, sentado frente a una mesa mientras observa atentamente unas
figuras móviles o autómatas colocados sobre la misma, obra del propio Turriano,
quien aparece retratado de pie junto al emperador, frente a la atónita mirada
de un grupo de monjes que se sitúan a la derecha de la composición. La inclinación
que sintió Carlos V por este tipo de instrumentos y artificios mecánicos, por
una parte, se integraba en una larga tradición de la que la Casa de Borgoña
sería uno de sus más destacados exponentes224. Pero además, como se verá, este
gusto formaría parte de una moda cortesana que se desarrolló desde la primera
mitad del Quinientos en las principales cortes europeas. Por su parte, Felipe
II heredaría estos intereses “científicos” de su padre, que se concretarían, en
primer lugar, en las diferentes empresas y proyectos que promovió relativos a
estos campos del saber matemático. Pero a su vez, tales intereses se
manifestaron en un gusto por determinados instrumentos como los relojes
mecánicos, pues baste recordar el testimonio que recogíamos en la parte introductoria
de este libro que nos ofrecía Jehan Lhermite a este respecto, donde el
Sobre la
fortuna critica de Juanelo Turriano, véase: CRESPO DELGADO, 2014 y 2016.
CRESPO
DELGADO, 2014, p. 12.
189 Preparado por Patricio Barros
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gentilhombre
flamenco afirmaba que “[…] y puedo decir que no hubo otro mueble ni objeto que
apreciara mas el rey, ni de los que gustara más y sacara mayor provecho que de
estas dos máquinas […]” refiriéndose a los relojes que Felipe II poseía225. De
ahí que ese gusto se concretara en la incorporación a las colecciones reales de
instrumentos vinculados a estas disciplinas matemáticas, un último aspecto, el
de la presencia de objetos científicos en los espacios palaciegos, menos
indagado por parte de la historiografía. Unas preferencias y prácticas
coleccionistas que, lejos de caer en desuso tras la muerte del monarca
prudente, continuarían plenamente vigentes al menos durante las primeras
décadas del Seiscientos bajo el reinado de Felipe III, con la llegada de
novedosas “inuinçiones” a la corte tales como “vn Relox grande dextraordynaria
inuinçion y con diuersas figuras y mouimientos” que se envió desde Alemania
para servicio del rey Felipe III y para el que se concedió cédula de paso en
Valladolid, a dos de noviembre de 1601.226
Dado que el
destino de tan extraordinario instrumento era Valladolid y que este habría de
llegar a la capital hacia finales de 1601 o comienzos del año siguiente, las
informaciones contenidas en una data de pago al pintor Bartolomé Carducho por
los trabajos realizados en las casas que el monarca había comprado al duque de
Lerma para su palacio en fecha cercana podrían guardar alguna relación con
dicho reloj. De este modo, entre las obras que este pintor había realizado
hasta el día 13 de septiembre de 1602 se recoge, junto a las pinturas al fresco
de las historias de la guerra de
LHERMITE,
2005. p. 449.
AGS, CCA,
CED. 365-366, ff. 11r.-11v.
190 Preparado por Patricio Barros
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Antequera
en la sala de la torre de palacio de enfrente del convento de San Pablo, la
siguiente intervención: “yten doro y pinto Una caja para relox grande questa en
la galería de su mag[esta]d […] y parte dello lo estofo y grauo y a otro lo
enriqueció con punta de pincel y pinto al olio en el d[ic]ho pedestal y caja
ocho ystorias y doro y encarno y enriqueció una cantidad de figuras que tiene
el d[ic]ho relox y escribió algunos carteles de los eclisis del sol y luna y
los ylumino y hicpo otras cosas en ello […]”227. Resulta difícil determinar si
los trabajos de Carducho tuvieron que ver específicamente con el reloj grande
de “extraordinaria invención” anteriormente referido, aunque la cercanía de las
fechas de ambos documentos invitaría a formular dicha hipótesis. En cualquier
caso, los trabajos realizados por el mayor de los hermanos Carducho ponen de
manifiesto la atención y la cuidada instalación de este tipo de instrumentos
como parte del alhajamiento palaciego, creando en torno a los mismos un programa
visual estrechamente relacionado con sus funciones de medición, como sucede con
los carteles iluminados relativos a los eclipses solares y lunares.
Los ecos de
esta manifiesta inclinación de los monarcas de la Casa de Austria por los
relojes e instrumentos matemáticos no solo tendrían su correlato en las
colecciones reales, sino que, como ilustraba la historia del emperador Nerón
recogida por Guevara, aquellas “cosas a que los príncipes son inclinados
aquéllas más que otras aman y siguen los pueblos”. De ahí que, por una parte,
el objetivo de las líneas que siguen sea, precisamente, analizar esta
Esta
noticia documental aparece recogida en MARTÍ Y MONSÓ, 1898-1901, p. 605.
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El
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última
cuestión: la presencia de relojes e instrumentos matemáticos entre los bienes
de diversos personajes del ámbito cortesano que reflejaría de una manera
especular cómo los intereses de un príncipe fueron objeto de emulación por
parte de los cortesanos. Los perfiles de los individuos que reunieron en sus
colecciones este tipo de instrumentos, así como libros que en muchas ocasiones
proporcionaban una declaración sobre el uso de los mismos, se corresponderían
con bastante precisión a aquellos “curiosos de las Mathemáticas” a los que
dirigía su traducción de Euclides el cosmógrafo Rodrigo Zamorano. Por una
parte, se analizarán los intereses científicos de algunos miembros de la
nobleza que, al calor de los bienes e instrumentos que reunieron, se encuadrarían
en esa categoría erudita de hombres “curiosos”. Pero además, el análisis en
torno a este aspecto permitirá introducir varias cuestiones estrechamente
vinculadas como son el papel que jugaron los artífices de estos instrumentos,
su relación con el poder o la imbricación existente entre libros e instrumentos
científicos en algunas colecciones de la época228.
Se pone el
foco en el estudio y difusión de la ciencia en el contexto de la corre
austriaca a partir del análisis de los libros, imágenes e instrumentos
científicos que reunieron nobles y cortesanos por tratarse de un aspecto
vagamente escrutado por la historiografía hispánica. Sin embargo, el estudio de
la teoría y los instrumentos utilizados por los diferentes profesionales y
hombres de ciencia durante el Siglo de Oro cuenta ya con valiosos estudios. Por
esta razón, en torno a esta cuestión se remire a: AA. VV., 1997; VICENTE
MAROTO, ESTEBAN PIÑEIRO, 2006 (en relación con el análisis del fundamento
teórico y la descripción de los diferentes instrumentos utilizados por
científicos, véase especialmente: pp. 225-492). Sobre los instrumentos y
métodos de elaboración utilizados por los ingenieros militares de la Edad
Moderna, véase: MUÑOZ COSME, 2016. Algunos científicos españoles idearon y
diseñaron instrumentos en el marco de las instituciones hispánicas en las que
desarrollaron sus carreras, algunos de los cuales debieron ser de nueva
creación, como sucede en el caso del catedrático de la Academia de Matemáticas
Juan Cedillo Diaz estudiado por: VICENTE MAROTO, ESTEBAN PIÑEIRO, 1988a y
1988b.
192 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo 8
Artífices,
instrumentos y libros científicos en la corte
A lo largo
del siglo XVI, el desarrollo, perfeccionamiento y refinamiento técnico
alcanzado en la construcción de relojes y otros instrumentos matemáticos,
elevaría estas piezas a la categoría de objetos de lujo y su consideración
áulica, integrándose en el alhajamiento de las Casas del Rey, los convertiría
en un símbolo del estatus social de su poseedor. De ahí que, hacia finales de
la centuria, se asistirá a una creciente demanda de estos objetos que, además
de tener un carácter meramente utilitario (como medir el tiempo, los
movimientos celestes o el espacio), iban a satisfacer las necesidades de
autorrepresentación de las élites.
Una
interesante noticia documental de finales de siglo permite analizar y trazar un
panorama bastante preciso en torno a diversas cuestiones relativas, por un
lado, a los propios artífices de estos instrumentos229, así como a los
cortesanos que poseían relojes por aquel entonces, dando cuenta de lo extendido
del gusto hacia estos artefactos. Se trata de una escritura de venta otorgada
en Madrid,
En el
contexto europeo en los últimos años han proliferado los estudios dedicados a
artífices y constructores de instrumentos científicos y de medición vinculados
a otros contextos cortesanos. Algunas significativas obras de referencia son:
BEDINI, 1999: PLASSMEYER, 2009; SCHILLINGER, 2009. Una revisión critica de la
tesis de Zilsel y de las diferentes aportaciones historiográficas sobre el
importante papel que jugaron artesanos y anifices en el contexto de la
“nueva
ciencia” es la de: LONG, 2011. Sin embargo, en lo que respecta a este tipo de
artífices que trabajaron en el ámbito de la corte española, con la excepción
del caso de Juanelo Turriano sobre quien contamos con abundantes estudios, son
escasas al tiempo que parciales las referencias que hallamos sobre esta
cuestión en la historiografía. Una breve y genérica introducción a los
artífices vinculados a ]2 colección real de relojes en época de los Austrias,
aunque dada su fecha de publicación resulta poco actualizada, se encuentra en:
JUNQUERA DE VEGA, 1956. Para un elenco de los relojeros que trabajaron en
España desde la Edad Media en el que se incluye alguna breve noticia sobre sus
obras, véase: BASANTA, 1972. La figura del relojero Hans de Évalo ha sido
estudiada por: MONTAÑÉS, 1991; CRUZ VALDOVINOS, 1994.
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ante el
escribano Antonio de la Calle, por el relojero Martin Altman al oficial de su
taller Robert Rabiller, fechada a dos de marzo de 1591230.
El
documento consta de dos partes. En la primera, se asienta la escritura por la
que Altman, quien se declara relojero del rey, vecino de Madrid y morador en
unas casas de la Plaza Mayor de esa villa, otorga en venta a su oficial
Rabiller “Vn Relox grande del alto de Vn hombre despues de armado” así como
numerosas herramientas tocantes a su oficio. Esta venta y traspaso de bienes y
herramientas debió de efectuarse no sin cierta premura a tenor de lo que se
declara en la segunda parte del documento notarial231. En ella se asienta un
“Inuentario de lo que dexo en poder de Roberto robiller mi criado que queda en
mi lugar […]”232. Se trata de una relación de más de 20 relojes de los que se
incluye una breve descripción morfológica de los mismos y se indica quién era
su propietario. A continuación de esta memoria, se adjunta una nueva escritura
en la que Martin Altman, relojero del rey, declara que debe ausentarse de la
corte para resolver algunos negocios, por lo cual “dexa En su poder los Reloxes
y cosas contenidas En la memoria atras Escrita firmada de su nombre” para que
su oficial “acuda con ellos a sus
AHPM, Prot.
1310, ff. 252r.-255r.
La primera
parre de este documento, correspondiente a la escritura de venta de bienes de
Alunan a Rabiller, apareció transcrita parcialmente en una recopilación de
documentos relativos a “maestros relojeros” que trabajaron en Castilla, aunque
carente de interpretación critica: GARCÍA CHICO, 1966, pp. 404-406. Sin
embargo, la segunda parre del documento en el que se detalla el “Inuentario de
lo que dexo [Martin Altman] en poder de Roberto robiller […]”
(AHPM,
Prot. 1310, ff. 254r.-255r.) no se menciona ni aparece transcrita en dicha
publicación.
Ibíd., f.
254r.
194 Preparado por Patricio Barros
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dueños que
son las personas contenidas y declaradas en la d[ic]ha memoria […]”233.
En cuanto a
la parte correspondiente a la escritura de venta otorgada por Altman a su
oficial, interesa destacar varias cuestiones. En primer lugar, es preciso
realizar algunas consideraciones relativas a los artífices que se mencionan en
el documento. En lo que respecta a Martin Altman, las referencias por parte de
la crítica historiográfica aportan escasos datos sobre su persona.
Un
documento transcrito parcialmente por E. García Chico situaría a Altman en
Madrid en torno a 1578234. Por su parte, D. Goodman recoge la existencia de una
lista de modelos e ingenios bélicos ideados por Altman fechada a 6 de
septiembre de 1589, entre los que se incluían, por ejemplo, balas de cañón
agujereadas y llenas de veneno que desprendían humos tóxicos, entre otros
inventos235. Esta última noticia deja entrever que nos encontramos ante un
artífice —Altman— cuyas realizaciones no se limitarían exclusivamente al ámbito
de la gnómica, sino que proyectaría asimismo otro tipo de ingenios como sucedió
en el caso del propio Juanelo Turriano. A confirmar este perfil de Altman como
“relojero-ingeniero”, sin duda, contribuirá la tesis doctoral actualmente en
curso de A. Pérez de Tudela sobre el papel ejercido por el cardenal
Ibíd., f.
254v.
GARCÍA
CHICO, 1966, pp. 404-405. E. García Chico transcribe una carta de poder
otorgada por Alunan a 7 de abril de 1578 en Madrid a Francisco Juárez,
procurador de número de dicha villa, declarando que “esta ausente generalmente
para que en todos sus pleitos e causas negocios […] pueda hacer qualesquier
demandas o pedimienros, lo que, efectivamente, situaría al relojero en la corte
en esa fecha, si bien García Chico no especifica la fuente documental de la que
toma esta noticia”.
GOODMAN,
1990, p. 163.
195 Preparado por Patricio Barros
El
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Granvela
como agente artístico de la Casa de Austria. Entre otras noticias, en la
investigación en curso de esta autora se dará a conocer que los servicios de
Altman a Felipe II debían de remontarse a los últimos años de la década de 1550
y cómo el cardenal Granvela debió de interceder por Altman en la corte española
a finales de la década de 1570236. En el marco del presente libro se analizarán
algunas noticias documentales sobre Altman —hasta la fecha inéditas— que
permiten dibujar un perfil más preciso de esta figura e introducir algunas
consideraciones relativas al debate en torno a la nobleza de las artes
mecánicas practicadas por determinados artífices de la época.
La primera
noticia sobre Altman que interesa referir aquí, data del 24 de marzo de 1576 y
es un documento notarial donde se registra la entrega a este artífice de tres
relojes pequeños “el vno a manera de Coraron [sic] dorado y el otro Redondo
como una nuez […] también dorado y el otro llano Redondo […]”237. Lo más
interesante es que en dicha entrega Altman se declara “Relogero de su
mag[esta]d [sic] Residente en su corte”, lo que adelantaría la presencia de
este relojero en la corte y su pertenencia al servicio de Felipe II, con
respecto a los datos publicados hasta ahora. Por otra parte, la consideración
en cuanto “Residente” o “vecino” de Madrid
236 Sin
duda, la tesis doctoral en curso de A. Pérez de Tudela contribuirá a
reconstruir la biografía apenas conocida de algunos relojeros y/o ingenieros
del siglo XVI a quienes el cardenal Granvela debió de proporcionar cierta
protección o, al menos, interceder en su favor ante la corte española, como
Louis de Fois, Valenti Valenti o el propio Martin Altman. Un avance de estos
aspectos de su tesis doctoral fueron presentados en el marco del Congreso
Internacional “Ser hechura de”: ingeniería, fidelidades y redes de poder en los
siglos XVI y XVII (UNED, Madrid, 16 y 17 de abril de 2018) y serán publicados
próximamente en: PÉREZ DE TUDELA, 2018.
AHPM, Prot.
959, s. f.
196 Preparado por Patricio Barros
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situaría su
lugar de nacimiento fuera de la corte; dato al que apunta su propio nombre y
que se verá ratificado por el siguiente documento que se va a analizar. Así, el
13 de octubre de 1588, Altman efectúa la siguiente petición ante el notario
Francisco Suárez:
Martin
Altman, Natural de Alemania, de la ciudad de SchWeidnitz en Alemania estante en
esta corte deel Rei philippe de esPaña n[uest]ro señor Digo que Don femando
EmPerador de Alemania me hizo M[erce]d. el año de Mili e quiso e sesenta e dos,
de un preuilegio de nobleza e libertades y Caballería para mi E mis
descendientes e successores confirmando el primero e mas antiguo de mis
passados, el qual prebileçio e gra[cia] esta scripto, en pergamino en lengua
Alemana e firmado deel d[ic]ho emperador don f[e]r[nan].do Y sellado con el
imperial sello deel sacro imperio E autorizado e firmado deel Secretario e
otros offiçiales e Todo en forma como es el costumbre en Alemnya Imperio, e
Reinos, e por el d[ic]ho Prebileçio consta, originalm[en].te que esta en my poder
E porque, el d[ic]ho preuilegio, original esta escripto en lengua alemana, y en
esPaña e otras partes donde deel podre tener neçessidad, no entienden, la
d[ic]ha lengua, a lo menos, en general todas personas —Demas que el d[ic]ho
Prebilegio, Original se podria, perder, Romper, o mal tractar— A V[uestra]
M[ajesta]a pido, e ssup[lico].co mande que, deel d[ic]ho original se saque E
Traduzca, en lengua española,
197 Preparado por Patricio Barros
El
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Castellana
un traslado, Dos o mas. (como las aure menester) firmados, E signados
deesCriuano Real en el qual o quales Treslados V[uestra]. M[ajesta]d.
Interponga su auTtoridad e Judicial decreto, para que, donde quier que Se
presentaren e fueren vistos, hagan entera fee e credditos En Juizio e duera
deel [sic] p[ar]a guarda e defensa de my Justicia la qual pido.238
Esta
demanda de Altman arroja luz sobre numerosos aspectos relativos a su origen y
estatus social. El relojero sería oriundo de la ciudad de Schweidnitz, por
aquel entonces perteneciente al Sacro Imperio y hoy en día ubicada en la actual
Polonia. Pero, sin duda, el aspecto más relevante de este documento es la
naturaleza de la petición que Altman realiza. Tras declarar que el emperador
Fernando II le habría concedido un privilegio de nobleza e hidalguía en el año
1562, la solicitud del relojero tiene como fin que dicho privilegio, cuyo
original escrito sobre pergamino en alemán tiene él mismo en su poder, sea en
ese momento —dieciocho años después de haberle sido concedido— traducido en
lengua castellana por un escribano real de modo que quede autorizada su
validez. Entre las motivaciones que alega para solicitar dicha traducción,
Altman arguye en primer lugar el hecho de que en España o en otros lugares en
los que pudiera necesitar dicho documento no comprenden la lengua alemana, a lo
que añade que el original
AHPM, Prot.
1177, s. f.
198 Preparado por Patricio Barros
El
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podría
extraviarse o romperse por lo que solicita que de él se saque un traslado o los
que fueren necesarios.
Tras esta
petición, se adjunta la traducción del privilegio de nobleza concedido a
Altman, efectuada por Paulo Haÿn de Chrenberga, secretario del rey “de los
negocios de Alemania”, quien acredita bajo juramento ante notario en la misma
fecha de 13 de octubre de 1588 que la traducción que le había sido encomendada
fue realizada fielmente con respecto al documento original239:
Nos Don
femando por la gra[cia] de dios electo Emperador de Romanos […] Manifiesto a
toDos que aunque por la dignidad Imperial en que n[uest]ro señor por su diuina
Voluntad hos ha puesto Tanbien por n[uest]ra natural Clemencia y benignidad
Siempre hemos sido y somos inclinados de procurar honrra probecho y
acresçentamiento y todo bien a todos los subditos nuestros y deel Sacro Imperio
y de n[uest]ros Reinos y estados hereditarios Todabia n[uest]ro Animo Imperial
se inclina mas A participar n[uest]ra gra[cia] y benignydad con aquellos y
ensalcar su nombre y casta en mayor honrra cuyos ante Pasados y ellos uienen
Deestado antiguo y honrrado y los que por sus personas han procurado biuir
noble y honradamente y los que a sido leales y firmes servidores y
“Digo yo
Paulo Hayn de Chrenberga, que hago el offiçio de secretario de Su Mag.d de los
neg,s de Alemana, que el Traslado y traducion de ariba contenidos que me fue
cometido, para traducillo esta bien y fielm.te traduçido de lengua Alemana en
Castellana vulgar común del Priuilegio original en Substancia Sin quitar ni
añadir ni mudar cosa alguna della, que uiçie ni per turbe, a la verdad en la
dicha Traducion, y ansi lo Juro a dios y a esta cruz † en forma de dc.o Y lo
firme de mi nombre, En Madrid a treze del mes de otubre de mill y quis.o y
ochenta y ocho años. [Firma] Paulo Hayn de Chrnberga”, AHPM, Prot. 1177, s. f.
199 Preparado por Patricio Barros
El
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dependientes
deel Sacro Imperio y deesta n[uest]ra Casa de Austria y haviendo considerado el
honrado Tracto Valor y habilidad y nobles costumbres Virtud y entendimyento de
que nos Alaban A n[uest]ro fiel y charo Martin Altman y asi mismo los fieles y
leales seruiçios que a f[ec]ho a el emPerador Carlos quinto nuestro muy Charo
Hermano y señor de gloriosa Memoria y A Don Phelippe Su hijo Rey deespaña
nuestro charo her[ma]no, y Primo y a nos tanbien y se offresçe de hazer A nos y
a el Sacro Imperio y a n[uest]ra Casa De Austria y puede y deue hazer — Attento
A esto con deliberado animo y maduro Consejo y Sperta Sgiengia Hemos f[ec]ho
esta. M[e]r[ce]d. A el d[ic]ho. Martin Alemán y le hemos dado Libertad y
ensalgado a el [sic] y a sus Herederos y descendientes que de el procedieren de
legitimo matrimonyo […] en el estado y grado de la nobleza
como los
que han nasçido Nobles y Caballeros […]240
Evidentemente,
el contenido del privilegio de nobleza concedido a Altman respondía a una serie
de formulismos altamente tipificados utilizados en este tipo de mercedes. Sin
embargo, hay que subrayar algunas de las cuestiones que se señalan tanto en el
fragmento aquí reproducido como en el resto del documento. Por un lado, como
suele ser habitual en estas concesiones se alude a los servicios prestados por
el artífice; en este caso, a diversos miembros de las dos ramas principales de
la Casa de Austria: al propio emperador
del Sacro Imperio, Fernando II; a su fallecido hermano, el
Ibíd.
200 Preparado por Patricio Barros
El
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emperador
Carlos V y, por último, a Felipe II. Pero lo más interesante estriba en los
argumentos que han motivado la concesión del privilegio de nobleza a Altman.
Podría decirse que todas —o prácticamente todas— las consideraciones que se
recogen en el documento forman parte del corpus de virtudes que, en la época,
se asociaban a las figuras de príncipes y nobles: el valor, las nobles
costumbres, la virtud o el entendimiento son algunas de las cualidades que se
atribuyen al artífice alemán. Estas virtudes no deberían sorprender si el
protagonista o destinatario de la merced fuera un hidalgo o noble de nacimiento
pero, al tratarse de un relojero o, dicho en otras palabras, de un artesano
cuyo trabajo se basaba en el desempeño de labores mecánicas, estas atribuciones
adquieren un nuevo sentido. Las únicas referencias a consideraciones en torno a
Altman de las que tal vez pudiera inferirse una cierta relación con un oficio
de carácter mecánico, parecen hacerlo —en caso de que, efectivamente, fuera
así— de una manera completamente velada. Solo podría intuirse una alusión a un
oficio artesanal cuando se mencionan las consideraciones relativas a su
“habilidad”, de la que en ningún caso se especifica en qué ámbito Altman
desarrollaba dicha aptitud. Algo similar ocurre al mencionar “los fieles y
leales seruigios” que prestó a los monarcas austríacos, una referencia tan
genérica que bien podría emplearse para aludir a los servicios y labores
desempeñadas por miembros de la nobleza pertenecientes a la Casa del Rey o a sus
consejos.
Esta
omisión o, si se prefiere, la parquedad en detalles a la hora de describir los
trabajos desarrollados para los distintos monarcas y la
201 Preparado por Patricio Barros
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inclusión
de referencias a la virtud, la nobleza y el entendimiento no parecen ser
casuales. Aunque desafortunadamente desconocemos si ejerció alguna otra función
durante su periodo al servicio del Sacro Imperio, las noticias expuestas hasta
el momento parecen apuntar a que su oficio de relojero debió ser su principal
ocupación, a través de cuyo desempeño se habría ganado el favor del emperador
Fernando II y habría alcanzado su condición de noble. No obstante, dado que
durante su estancia en la corte española se documentan otro tipo de actividades
como el diseño de máquinas de guerra e ingenios pirotécnicos, no habría que
descartar que Altman hubiera servido en trabajos de naturaleza afín al
emperador Fernando II. Sea como fuere, este documento resulta de especial
relevancia e interés. Más aún si este se inserta y analiza comparativamente en
el marco del contexto cultural de la época, en un momento en el que artífices
pertenecientes a distintos ámbitos disciplinares aspiraban a alcanzar la
condición de noble como recompensa a los fieles servicios prestados a un
príncipe o monarca.
202 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 32.
Jacopo Nizzola da Trezzo, Retrato de Juanelo Turriano (anverso) y La Fuente de
las Ciencias (reverso), siglo XVI, medalla de bronce, 8,1 cm (diámetro).
Madrid, Museo Nacional del Prado (O00992).
Un caso
paradigmático en este sentido es el del también relojero Juanelo Turriano. Su
llegada a la corte al servicio del emperador Carlos V marcaría un cambio en su
identidad profesional y social241 (figura 32). Sin embargo, a pesar del proceso
de elevación social que experimentó la figura del cremonés en la esfera de los
Austrias, que pasaría por la construcción de una nueva identidad digna de pasar
la
posterioridad como “nuevo Arquímedes”242, y de verse recompensado por varias
mercedes del emperador, Juanelo jamás llegaría a alcanzar el privilegio de
nobleza. En relación con los
ZANETTI,
2015, pp. 110 y ss.; y más recientemente, ZANETTI, 2017, pp. 190-204, analiza
la transformación en la imagen de Juanelo que tuvo lugar a partir de 1550, en
la que se advierte una tendencia hacia su propio ennoblecimiento.
ZANETTI,
2015, pp. 116-117.
203 Preparado por Patricio Barros
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privilegios
recibidos por el cremonés, interesa referir aquí el que le concedió Carlos V en
1552, garantizándole una pensión perpetua de cien ducados anuales. Resulta
ilustrativo reproducir los términos en que se formula dicha merced para
ponerlos en relación y cotejarlos con los del privilegio de nobleza concedido a
Altman tan solo diez años después:
Nosotros,
Carlos V, por la Gracia de la Divina Merced […] reconocemos y por el tenor de
las presentes cartas, hacemos manifiesto a quienes les pueda concernir que,
concerniendo el trabajo artístico digno de alabanzas, el cual para nosotros,
para Nuestro Imperio y para los vasallos del mismo Imperio ha sido ejecutado
por Nuestro querido Janellus Turrianis, un matemático de Cremona y, sin duda el
Príncipe de los arquitectos de relojes, en construcción para Nosotros, con
admirable técnica y talento, un excepcional reloj, y —al menos que se sepa—
nunca visto en ningún otro sitio243.
Como ha
señalado C. Zanetti, a Juanelo le fue conferido un diploma imperial que, a
pesar de no corresponderse a la categoría de nobleza, sí que debió
proporcionarle prestigio, además de una mejor posición gracias a los cien
ducados de pensión perpetua al año. Pero al comparar tanto los términos como
los beneficios que alcanzaron ambos relojeros en sus respectivas mercedes, las
diferencias resultan sustanciales. En lo que a los términos y valores que se
Ibíd., p.
118.
204 Preparado por Patricio Barros
El
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tienen en
consideración de cada uno de ellos, se ha comentado que en el privilegio de
Altman se alude fundamentalmente a virtudes y valores inherentes a la condición
de noble. No se advierte ninguna alusión explícita a su trabajo manual o
mecánico. Sin embargo, en el diploma imperial de Juanelo, si bien el cremonés
aparece elevado a la categoría de “Príncipe de los arquitectos de relojes”,
esta alusión parece responder más bien a un recurso retórico que a un
ennoblecimiento de facto. Además, en este documento, sí que aparecen
referencias bien explícitas que aluden a una actividad manual o mecánica como
“en construcción para Nosotros” o “trabajo artístico”244.
Otra
diferencia muy significativa entre ambas mercedes reside en la propia
naturaleza de los privilegios que alcanzaban los respectivos beneficiarios a
través de su concesión. Así, el fin del privilegio de Turriano no era otro que
el de concederle una pensión perpetua que, aunque se trataba de una medida
ciertamente excepcional, no dejaba de ser de una remuneración económica. Por el
contrario, los privilegios a los que accedía Altman le proporcionaban unos
beneficios y un estatus social que solo podía emanar del poder del monarca y
que distaban mucho de valorarse simplemente en términos económicos: el estado
de nobleza que había alcanzado —y que heredarían todos sus descendientes, tanto
varones como
En relación
con la referencia que se hace al “trabajo artístico” de Juanelo reproducida por
C.
Zanetti
(2015, p. 118) contenida en el privilegio otorgado en 1552 por Carlos V al
relojero, es preciso notar que el documento original estaba redactado en latín
y fue publicado por: ZAIST, 1774, pp. 151-152. Con anterioridad a C. Zanetti,
J. A. Garcia-Diego (1982, pp. 74-75) publicó la traducción de dicho privilegio
fechado en 1552 y, aunque la versión en castellano que ofrece de su contenido
este último autor no es exactamente coincidente con la de C. Zanetti, en ella
queda igualmente patente la referencia a la labor de Juanelo como “obra
artística y de garantía”.
205 Preparado por Patricio Barros
El
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mujeres— le
había igualado a aquellos que “fuessen nasçidos Uerdaderamente Nobles
Caballeros”. Pero además, el encumbramiento a la nobleza le permitía mejorar y
adornar sus armas, a través de un escudo heráldico cuyo diseño se describe
minuciosamente en el privilegio y se les daba a Altman y a sus herederos
legítimos “Liçençia y facultad que Puedan Traher las d[i]chas armas y Joya Como
y en la manera que arriba esta d[ic]ho y es n[uest]ra. M[e]r[ce]d.”245. La
licencia de uso de las armas como elemento simbólico de representación de la
nobleza se hacía extensible a los sellos, sepulturas familiares y en cualquier
aspecto en el que, conforme a su necesidad y honra, fuese requerido “como los
demas antiguos y naçidos verdaderamente Nobles”. Entre otras cuestiones, la
calidad de noble era la que permitía el acceso a determinados ámbitos
reservados a la más elevada esfera social, por lo que en el privilegio del
artífice alemán se establecía que “de aquí adelante el d[ic]ho Martin Altman y
sus Herederos legítimos […] continua y perpetuamente sean verdaderos
Partiçipantes de feudos Caballeros y entrar en torneos como cavalleros nobles y
que por tales Sean llamados y Tenydos hauidos y que de todos y en todos cabos y
en todo genero de negocios asi ecclesiasticos como seglares sean tenydos y
hauidos y rrespetados nombrados asi de Palabra como por escripto. Y que puedan
valerse y aprovecharse de todo genero de honrras gragias ventajas derechos y
Justiçia y
AHPM, Prot.
1177, s. f.
206 Preparado por Patricio Barros
El
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costumbres
[sic] —en beneffiçios en cabildos de yglesias mayores y offiçios de alto y baxo
estado […]”246.
Puede que
haya razones o argumentos de legitimación en sendos procesos de reconocimiento
social que se desconozcan. Sin embargo, a la luz de los datos aportados, lo
cierto es que todo parece apuntar a que, mientras Juanelo fue investido con el
título de “Príncipe de los arquitectos de relojes” pero no llegaría a ser
elevado a la categoría de noble, por su parte, el también relojero alemán
Martin Altman, del que disponemos de muchos menos datos, sí que habría visto
encumbrada su posición social gracias al privilegio de nobleza concedido por el
emperador Fernando II en ese mismo periodo.
De este
modo, tras esta petición de traducción al castellano y traslado del privilegio
de Altman, fechada en 1588, la última noticia que conocemos en la que aparece
referido el relojero alemán corresponde al documento con el que se abría este
epígrafe: la escritura de 1591 por la que Altman vende al oficial de su taller
Robert Rabiller un “Relox grande” y de las herramientas de su profesión por una
suma que asciende a 115 ducados, indicando en cuanto al precio de venta que “si
mas valen […] le hago gragia […] por el mucho Amor y Voluntad que le tengo por
me auer serbido lealmente tiempo de çinco años […]”247. De tal afirmación
parece desprenderse la cercanía de Altman con su oficial y permitiría situar el
inicio de la relación profesional entre ambos relojeros en torno al año 1586,
fecha que quizá coincidiría, a su vez, con la de la llegada
Ibíd.
AHPM, Prot.
1310, f. 252v.
207 Preparado por Patricio Barros
El
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de Rabiller
a la corte madrileña, pues aunque las transcripciones del nombre de este
artífice no son exactamente iguales en todas las referencias que a él se
efectúan a lo largo de este documento, sí que puede inferirse que se trataría
de un constructor de instrumentos extranjero, quizá de origen belga248. Se ha
podido localizar otra noticia documental publicada parcialmente por J. Martí y
Monsó relativa a este artífice, en la que Rabiller, el 8 de agosto de 1610, se
obligaba a aderezar el reloj de la iglesia de Santa María de Tudela,
declarándose “vecino de Valladolid”249, por lo que parece que Rabiller se
habría desplazado a Valladolid con la corte y que, una vez que esta hubo
regresado a Madrid, el relojero podría haber permanecido en la ciudad del Pisuerga.
Efectivamente, Rabiller permaneció en Valladolid tras el fin de la capitalidad
hasta su muerte acaecida en 1620. Así lo confirma el hecho de que, en julio de
1619, Roberto Rabiller fue el encargado de sustituir al ingeniero Gaspar Poza
en el cuidado de “los ingenios del agua, encañaduras, fuentes y norias” de la
ciudad vallisoletana250. Sin embargo, Rabiller
248 Como
sucede habitualmente en las transcripciones de nombres —principalmente de
extranjeros pero también de españoles— en los documentos notariales de época
moderna, estos no suelen escribirse de manera “homogeneizada” e incluso, en un
mismo documento, como sucede en este caso, puede darse la circunstancia de que
se incluyen diferentes variantes de un mismo nombre. Aquí se refiere al oficia1
de Martín Alunan como: Roberto Rouiller (f. 252r.), Roberto Rabiller (f. 253r.,
E 253v. y f. 254r.), Roberto Rraviller (f. 254v.). Dado que, al margen de las
menciones a este oficial contenidas en la escritura redactada por el escribano,
la firma autógrafa del artífice aparece hasta en tres ocasiones a lo largo del
documento y, en ella, puede leerse cómo el propio artífice escribía su propio
nombre como “Robert Rabiller”, se ha optado por adoptar esta variante como la
que, con mayjr probabilidad, pueda corresponderse con su verdadero nombre.
MARTÍ Y
MONSÓ, 1898-1901, pp. 321-322. El documento parcialmente transcrito por Marti y
Monsó relativo a Rabiller se encuentra en el Archivo Histórico Provincial de
Valladolid, donde se conserva documentación notarial correspondiente a la villa
de Tudela de Duero. Entre los protocolos de Andrés de Orozco se recoge la
siguiente noticia: “= nos Roberto Rauillian vezino de… Valladolid meobligo… que
adereçare… el rrelox quel concejo desta villa tiene en la torre de la yglesia
de santa maría desta uilla… otorgado en Tudela. - 8 Agosto 1610”.
PÉREZ GIL,
2002, pp. 62-63.
208 Preparado por Patricio Barros
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desempeñó
tal ocupación durante poco tiempo pues su fallecimiento tuvo lugar, como se ha
anticipado, en 1620. En ese mismo año, el cargo pasaría a manos de su esposa
—Susana Beujer—, quien se encargaría del mantenimiento de la infraestructura
hidráulica hasta 1632, cuando fue cesada por desatender sus obligaciones. A
pesar de la desidia de Beujer, ello no fue óbice para que en 1638 el hijo de
esta y de Roberto Rabiller —llamado Juan Rabiller— fuera designado para
encargarse del ingenio del agua de la Ribera y norias de los Alcázares,
desempeñando tal cometido hasta mayo de 1652. Con todo, los datos analizados
tanto sobre Altman como sobre Rabiller nos hablan, en primer lugar, de la
procedencia “extranjera” o, si se prefiere, no castellana, de este tipo de artífices,
para quienes la corte española constituiría, sin duda, un polo de atracción. En
segundo lugar, ambos artífices presentaban sendos perfiles profesionales, cuyas
ocupaciones no se limitaban únicamente a la construcción y mantenimiento de
relojes sino que, asimismo, desempeñaron labores técnicas como el diseño y/o
mantenimiento de ingenios de distinta naturaleza.
209 Preparado por Patricio Barros
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Figura 33.
“A Svpremo Dirigatvr”, en Juan de Borja, Empresas morales, 1581 (reed. 1680).
Retomando
el análisis de la referida escritura de venta de Altman a Rabiller fechada en
1591, dicho documento contiene una segunda parte ya aludida: un “Inuentario de
reloxes”, cuyo contenido nos permite dibujar un mapa bastante preciso de lo
extendido del gusto por este tipo de instrumentos entre los personajes
vinculados a la
210 Preparado por Patricio Barros
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corte
española, así como de la variedad tipológica y refinamiento formal que estos
alcanzaron. Entre los personajes que se mencionan en el documento y los
instrumentos que Rabiller debía devolver a sus propietarios, cabe destacar:
“Primeramente un Reloxito de mesa con su despertador que es de don Juan de
Borja Mayordomo de la Emperatriz”, “Mas otro Relox que muestra las horas como
flaschillo de poluora es de un gentilhombre pariente de Don Luys de Toledo y
deue quatro ducados de adreços”, “Mas otro Relox de Pecho que da las horas y
tiene despertador es del secretario de la Princesa de Ascoli”, “Mas un Relox de
pesa ques algo grande es de Martin Idiaquez”, “Mas otro Relox grande con pie
echo como espejo redondo con la campana grande que es del Marques de tauera
[sic] deue de aderemos quarenta reales”251. En relación con el propietario del
primer reloj recogido en la lista, es interesante notar cómo donjuán de Borja
—por aquel entonces mayordomo de la emperatriz María— habría publicado unos
años antes en Praga un libro de Empresas morales (1581). En uno de los emblemas
de este libro, don Juan de Borja establecía el símil entre el mecanismo de un
reloj y el buen gobierno de la República, según el cual debía existir el
concierto entre los ministros y el príncipe; unos contenidos moralizantes que,
en buena medida, coincidirían con los publicados por Saavedra Fajardo varias
décadas después en su empresa 57 titulada “Vni Reddatur” (figura 7)252. Así,
don Juan de Borja, bajo el mote “A Svpremo Dirigatvr” sitúa una pictura donde
se representa un reloj
AHPM, Prot.
1310, f. 254r.
BORJA,
1981, pp. 398-399. Es preciso notar que esta edición critica se corresponde con
las Empresas morales que se publicarían en 1680 en una edición aumentada de la
obra.
211 Preparado por Patricio Barros
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de péndulo
y junto a él una ventana desde donde se puede ver un gran sol sobre los que
afirma lo siguiente en la declaración: “De la misma manera por muy bueno que
parezca el gobierno, sino seguiere el Sol de Justicia, que es nuestro Dios […]
de ningún provecho será […]”253 (figura 33). Aunque el tipo de reloj
representado en la pictura no se corresponde con las características del
“reloxito de mesa con su despertador” que en 1591 estaba en el taller de
Altman, el hecho de incluir una imagen de este instrumento en la propia obra
que redactó donjuán nos habla no solo de lo extendido de estos artefactos entre
los cortesanos, sino también del calado de la asociación metonímica de los
relojes con determinados valores morales relativos al buen gobierno.
Por otra
parte, en cuanto a otro de los propietarios de relojes que pasaban a la
custodia del oficial de Altman —“el Marques de tauera”—, puede que este
personaje se corresponda con el marqués de Távara, para quien el relojero
madrileño Melchor Díaz realizó una ninfa automática254, lo que constituiría un
indicador de sus gustos e inclinaciones para con este tipo de artificios255.
Pero además de nobles y gentilhombres, en esta relación también se cuentan
algunos religiosos como el padre fray Juan Bolante, del convento de Nuestra
Señora de Atocha, a quien había que devolver dos relojes; o bien un fraile del
convento de la Trinidad ya fallecido, cuyo nombre
Ibíd., p.
398.
BASANTA,
1972, p. 61. En relación con el relojero Melchor Díaz, este autor recoge otro
dato relativo al mismo, según el cual, Díaz contrató con el autor de comedias
Gaspar de Porres otra ninfa automática que debía estar terminada a finales de
mayo de 1597 y que tenía que dar diez vueltas a un bufete en idas y venidas.
Un
interesante trabajo sobre los autómatas, que pone especial atención en aquellos
autómatas y artificios musicales, fue publicado por: ARACIL, 1998.
212 Preparado por Patricio Barros
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no se
especifica y de quien Altman tenía desde hacía años “un Relox que mostra las
horas redondo como una naranja”. Pero sin duda, la descripción de uno de los
relojes llama la atención: se trata de un “relox grande de música” que tenía
once campanas, perteneciente a Rui Gómez, hermano del duque de Pastrana. Este
último dato debe ponerse en relación con las informaciones conocidas en torno a
las colecciones de los duques de Pastrana y del Infantado, quienes a lo largo
de los siglos XVI y XVII ejercieron un importante papel en cuanto mecenas y
coleccionistas256. En este sentido, hay que destacar la figura de Juan Hurtado
de Mendoza, VI duque del Infantado, quien hasta su muerte acaecida en 1624
habría continuado ampliando las colecciones iniciadas por sus predecesores.
Además de reunir una importante colección de pinturas, en su inventario destaca
la presencia de los relojes, cuya cifra asciende a 80 piezas y algunos de los
cuales estaban provistos de autómatas, como aquel “que es una madama que está
tañiendo un laúd y vaila sobre una mesa”257. Pero además de relojes, el VI
duque poseyó asimismo otro tipo de instrumentos como astrolabios, plomadas y
aparatos científicos258.
Pero el
interés del inventario de relojes dejados por Altman a Rabiller no acaba ahí,
sino que permite introducir varias cuestiones
Un análisis
de la faceta como coleccionistas de pinturas de los miembros de la Casa del
Infantado durante los siglos XVI y XVII se encuentra en: BURKE, CHERRY, 1997.
En dicho volumen, se incluye la transcripción de las pinturas contenidas en el
inventario redactado en 1601 de Íñigo López de Mendoza, duque del Infantado
(Doc. 1, pp. 199-203) y de su sucesor, Juan Hurtado de Mendoza (Docs. 9 y 10,
pp. 229-254 y pp. 255-257, respectivamente).
MORÁN
TURINA, CHECA CREMADES, 1985, p. 186.
Ibíd., p.
187. No se conocen estudios específicos sobre esta faceta del perfil
coleccionista del VI duque del Infantado, por lo que esta cuestión sería una
interesante vía a explorar en futuras investigaciones derivadas de este libro.
213 Preparado por Patricio Barros
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anticipadas
con anterioridad. Así, además de los asientos referidos previamente, dos de las
entradas del inventario aparecen completamente tachadas, lo que quizá pueda
interpretarse como que dichos relojes ya habrían sido restituidos a sus
propietarios259. Lo que nos interesa destacar es una parte de las informaciones
contenidas en las mismas: “Mas otro Relox que da las horas de pecho que tiene
la campana quebrada es de Nicolás ferero caxero de Juan Bat. Riccio ginoues” y
“otro Reloxito chiquito es del hyjo del Prencipe de Salerno fue dado para
adreçar y es como de aquellas tres que a lo menos en mi casa [sic] por esto doy
yo otro ouado mejor que Aquel”. El común denominador de las informaciones
relativas a ambos relojes es que fueron entregados a Altman para ser reparados,
pues el primero de ellos presentaba la campana quebrada y el segundo, fue “dado
para adregar”. De ahí que, además de dedicarse a la construcción de
instrumentos, entre las labores que desempeñaban estos artífices cobrarán
especial relevancia el mantenimiento y aderezo periódico al que debían
someterse sus mecanismos para asegurar su correcto funcionamiento y medida del
tiempo e, incluso, del espacio. Por esta razón, la cámara del rey contaba con
uno o varios relojeros para servirle en estas cuestiones en sus distintas
casas.
En el
“Inuentario” citado se incluyen algunas otras entradas de carácter más genérico
de las que no se especifica el propietario por lo que no se han incluido en el
cuerpo del texto. Se trata de: “Mas nueue Reloxes pequeños y medianos los
quales son de algunos particulares las quales tiene el dicho Roberto Rabiller
recebidos el mismo y dará cuenta dellos porque no se cuentan con los otros y
los dará a sus dueños culos son”; “Mas otro Relox de sol de fuentes que esta
concertado en cinquenta reales y tengo recebidos diez y seis lo de mas sean
para Roberto”,
AHPM, Prot,
1310, f. 254r.
214 Preparado por Patricio Barros
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En la
documentación relativa a la contaduría real, se encuentran pagos que atestiguan
la importancia de este tipo de labores desempeñadas por estos artífices. Así,
en 1608 se pagó a un relojero llamado Alonso García 330 reales por “vn adereço
que hico en el Relox del d[ic]ho alcaçar”. Unos años más tarde, en 1620, se
registra un pago de naturaleza similar al por aquel entonces relojero del rey,
del que sí se especifican con mayor detalle los trabajos que hubo de realizar:
a Jacome de
Uiana Relojero de Su mag[esta]d V[e]z[in].o desta d[ic]ha villa treZientos y
çinquenta y quatro Reales que balen x ii U xxx vi m[a]r[auedi]s que los huuo de
hauer los duZientos R[eale]s dellos por dos agujas de aZero de 3 quartas de
largo redondas y quadradas Con dos palettas p[ar]a Andar en la Rueda de Santa
Catalina del Relox de la cassa R[ea]l del pardo a çinco R[eale]s cada una =
doce R[eale]s por una manija que hizo p[ar]a leuant[a]r las querdas del d[ic]ho
Relox y m[edi]a Docena de Chauetas para ferallas = Diez reales por unas
harpilleras para limpiar el d[ic]ho Relox y Vna Cuerda de Uiguela que Se llama
bordon p[ar]a Colgar las aguxas del d[ic]ho Relox limpiarle y ponerle bien y
los Ciento y treinta y dos R[eale]s260.
Por un
lado, esta noticia ilustra con bastante detalle las herramientas e instrumentos
de los que se servían estos artífices y
AGS, CMC. y
época, Leg. 784.
215 Preparado por Patricio Barros
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el tipo de
labores efectuadas. Por otro lado, el relojero al que se efectúa el pago
—Jácome de Diana— sería un descendiente del mismo Juanelo Turriano que tal vez
podría identificarse con el bisnieto del cremonés, a quien, desde 1594, se le
habría otorgado el cargo de administrador de los relojes de su antepasado. Dado
que el pago se encuentra en una “Datta” correspondiente al año 1620, resulta
difícil determinar si el Jácome de Diana que se menciona en este documento, es
el mismo que en 1606 estuvo preso en la cárcel de la villa acusado de robar el
manuscrito elaborado por Juanelo que se utilizaba para regular los relojes,
pues habrían transcurrido unos 14 años entre ambos hechos; si bien, tras este
suceso, la familia Diana no abandonó el servicio real261.
Pero no
solo la persona del rey y sus palacios contarían con un relojero a su servicio.
Se ha abierto este capítulo con el relato de Nerón que ilustraba cómo los
gustos de los príncipes eran adoptados por sus cortesanos de un modo especular.
En la España de comienzos del Seiscientos, si hubo un personaje que transformó
su imagen para asemejarla a la del mismo rey, este fue el duque de Lerma262. Un
elocuente ejemplo de las intenciones políticas de Lerma de emulación y
asimilación a la figura del monarca queda patente en los retratos que de ambos
personajes realizó el pintor Juan Pantoja de la Cruz. Aunque salvando todas las
distancias, tal vez pueda interpretarse en esa misma dirección el hecho
documentado de que el duque de Lerma contara con un relojero
261
GARCÍA-DIEGO, 1982, pp. 134-135. Sobre la continuidad familiar en los negocios
de Juanelo, véase: ZANETTI, 20l5, pp. 150-160.
El proceso
y la radical transformación de la imagen del favorito de Felipe III es
analizado por: FEROS, 2002, pp. 175-200.
216 Preparado por Patricio Barros
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para su
servicio personal y que su “tienda” se hubiera acomodado en el mismo Alcázar de
Madrid. Este dato se desprende de una libranza de pago efectuada en 1620 a Juan
Pedraza y Antón Merlo, a razón de las quinientas y cincuenta “texas que dieron
para texar de nuevo la buarda de la tienda donde se acomodo el reloxero del
duque de Lerma questaba en el alcaçar desta d[ic]ha Uilla […]”263. A tenor de
esta noticia, todo parece apuntar a que el hecho de contar con un relojero
dedicado a su servicio, implicaría que, como se ha expuesto, uno de sus
principales cometidos habría de ser el concertar y aderezar los relojes del
valido y, por ende, daría a entender que Lerma tuvo que poseer tales
instrumentos. La figura del duque de Lerma como gran mecenas de las artes y, en
particular, de la pintura, fue ya manifiesta y reconocida por algunos de sus
ilustres coetáneos. No en vano, al final de sus días, el que fuera valido de
Felipe III llegó a atesorar una vasta colección pictórica que solo era
comparable a la de los monarcas de la época264. Sin embargo, en relación con
sus posibles gustos hacia estos instrumentos de scientifica, en la
historiografía histórico-artística apenas existen referencias a esta cuestión.
A pesar de este silencio, algunas noticias parecen apuntar en esa dirección y,
además de contar con el servicio de un relojero personal cuyo nombre se
desconoce, el duque de Lerma reuniría entre sus bienes algunos de estos
instrumentos. En la correspondencia diplomática entre Madrid y la corte medicea
aparecen algunas referencias a la
AGS, CMC,
3.ª época, Leg. 784, s. f.
La
colección de pinturas del duque de Lerma ha sido estudiada por: SCHROTH, 1990.
Existe una edición más reciente de dicha obra: SCHROTH, 2002.
217 Preparado por Patricio Barros
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cuestión.
Tras la caída en desgracia de Lerma, el 20 de noviembre de 1619 el embajador
toscano en Madrid, Giuliano de’ Medici di Castellina, informaba a Florencia de
que el secretario Giulio Inghirami había ido a ver la almoneda de bienes del
duque de Lerma con el fin de elaborar un listado “delle cose più notabili, che
sará alligata con i prezzi che domandano, de quali doveranno scemare molto,
perché non sono cose che trovino molti compratori […]”265. En esa misma fecha
se redactó un memorial de los suntuosos objetos de plata que se iban a vender,
indicando en el mismo que: “Fra 15 giorni metteranno fuori un’altra Almoneda
tutta di scrittoi, oriuoli [orologi] e mille curiosità”266. Por lo tanto, a la
luz de esta información, parece claro que el duque de Lerma habría reunido
entre sus bienes una gran cantidad de “curiosidades” e instrumentos tales como
relojes.
Además de
la correspondencia diplomática, otra clase de documentos revelan algunos
encargos de Lerma de este tipo de instrumentos. Así lo atestigua una carta de
pago otorgada en Madrid el 10 de febrero de 1617, en la que el tesorero del
duque — Fernando de Segura y Puebla— pagaba al relojero de cámara de Felipe
III, Antonio Matheo, 200 ducados “que su excelencia por libranza firmada de su
mano fecha a 17 de diciembre del año pasado de 1616 le mando pagar por valor de
un relox de música que
Refiere
brevemente al inicio de la almoneda de bienes de Lerma en Madrid en el otoño de
1619: GOLDBERG, 1996, p. 111. La cita reproducida en el texto se encuentra en:
ASFi, Mediceo del Principato, vol. 4949, f. 176.
Ibíd., p.
111, nota 40 (ASFi, Mediceo del Principato, 4949, f. 198).
218 Preparado por Patricio Barros
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le compro
su excelencia […]”267. En ese mismo mes de febrero de 1617 se registra una
nueva carta de pago relacionada con el mismo instrumento: se trata de un pago a
otro relojero, vecino de Madrid, llamado Juan León, que en esos momentos
estaría encargándose del aderezo en el reloj grande de música cuyo destino se
especifica que habría de ser la torre de la iglesia mayor de Lerma268, una
villa en la que el duque desarrollaría uno de los proyectos arquitectónicos más
importantes de la época269.
Con toda
probabilidad, los embajadores y agentes del granduca di Toscana residentes en
la corte española tuvieron algún indicio de esta inclinación de Lerma durante
el periodo en el que Sandoval ejerció mayor influencia en la corte, puesto que
encontramos también alguna referencia a este tipo de instrumentos integrados en
un suntuoso regalo dirigido al valido. En una misiva fechada a 31 de julio de
1603, Ferdinando I de’ Medici detalla minuciosamente a Cosimo Concini, su
embajador en Madrid, el procedimiento a seguir en la entrega de presentes que
se enviaban desde Florencia. Entre los obsequios, se incluía una cajita con
cuatro Evangelistas y un crucifijo de metal dorado diseñados por Giambologna
para la condesa de Lemos y “una carrozza con sette cavalli armellini pardati,
coperta di fuori di vacchetta et dentro guarnita tutta di velluto verde assai
vaga, come vedrete, et dentro [sic] nel cielo é un horiolo [orologio] et in
corpo un fornimento d’argento per un servitio
267 Esta
carta de pago aparece transcrita en GARCÍA CHICO, 1966, pp. 409-410, y el
documento original se conserva en el AHPM, Prot. 1887, f. 87.
Ibíd.
Sobre las
iniciativas arquitectónicas promovidas por el duque de Lerma en esa villa,
véase: CERVERA VERA, 1967; MUÑOZ JIMÉNEZ, 1989.
219 Preparado por Patricio Barros
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in campagna
con coperti et altri similli arnesi […]”270 para don Francisco de Sandoval. La
descripción de la carroza, con sus caballos y todos sus aderezos y servicios de
plata, da cuenta de lo suntuoso de este presente, que se veía completado por la
presencia de un reloj, “qualche altra curiosità” y varios arcabuces271.
Asimismo, vuelve a quedar patente la versatilidad de estos instrumentos, que
eran presentados integrándose en otros suntuosos objetos, como una carroza en
este caso, o en piezas de mobiliario como sofisticados escritorios.
En este
sentido, aunque se ha referido con anterioridad a algunos complejos escritorios
que habrían llegado a la corte española desde finales del siglo XVI y los
primeros años del siglo XVII, que hacían las veces de receptáculos de
instrumentos, parece que el gusto por este tipo de objetos continuaría vigente
algunas décadas después, al menos en el caso de algunos nobles como el marqués
de Falces que aquí se va a documentar. Así, el 3 de junio de 1621, don Diego de
Croy y Peralta, marqués de Falces y capitán de los archeros, guarda
ASFi,
Mediceo del Principato, vol. 4936, f. 90. Se trata de un interesante documento
en el que se reflejan las estrategias puestas en práctica por Ferdinando I de’
Medici para ganarse el favor de los principales miembros de la corte; no solo
de la condesa de Lemos o el duque de Lerma, sino incluso de la propia reina
Margarita de Austria sobre quien el granduca pregunta a su embajador que
indague sobre sus gustos con el fin de enviarle el presente que mejor se
ajustase a los mismos. Para una visión general sobre las distintas estrategias
implicadas en el envío de presentes y los enfoques metodológicos adoptados por
la historiografía en el estudio de los intercambios y regalos diplomáticos,
véase: BERNSTORFF, KUBERSKY-PIREDDA, 2013, pp. 7-11. Un estudio sobre la
“política del dono” relativa a las pinturas enviadas de Italia a España en el
periodo comprendido entre los reinados de Carlos V y Felipe IV se encuentra en:
FALOMIR, 2013.
GOLDBERG,
1996, p. 109, señala que la discusión en torno al envío de algunos de estos
presentes recorreria la correspondencia diplomática durante el periodo en el
que se postergó la reinvestidura del granduca di Toscana en época de Felipe III
y que algunos de los regalos no llegarían a ser entregados a sus destinatarios.
220 Preparado por Patricio Barros
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del cuerpo
de Su Majestad272, otorgaba un poder en causa propia a Julio César Scazuola,
alemán, para que en su nombre cobrase de la Real Hacienda “çinquenta y seis
mili quinientos y quarenta y ocho reales que balen Un quento noueçientas y
Ueynte y dos mili seisçientos y treynta y dos m[a]r[avedi]s en El balor de dos
escriptorios de Ebano negro Y plata El vno de botica Y ambos con las piezas y
en la manera siguiente que todo Ello y lo demas de la d[ic]ha suma es como se
sigue. Aquí la memoria”273.
Como se
especifica en dicho poder, unos folios más adelante se inserta una “Memoria de
todo q[ue] ay en el escritorio de Botica dentro de los cajones y a fuera dellos
[…] y otro escritorio = y Cosas que regiue El s[eño]r Marques de falzes”274. La
enumeración y descripción de las partes y piezas que componen el primer
escritorio “de botica” realizado en ébano negro “con todas sus molduras sin que
falte ninguna cossa y sin quebradura alguna” ofrece todo lujo de detalles
relativos a sus características, al tiempo que pone de manifiesto lo suntuoso
de la pieza en cuestión. Además, en la “Memoria” se efectúa una pormenorizada
relación de los objetos que contenía el escritorio. En los primeros cajones, se
guardaban numerosos utensilios relacionados con la farmacopea: frasquitos de
vidrio, “vn pesso para la botica Con diez y nueue pesos y El peso es
I. Salazar
y Castro (1694, p. 596) proporciona una breve noticia según la cual doña María
de Mendoza, VIl marquesa de Mondéjar, condesa de Tendilla, estuvo casada con D.
Diego Félix Antonio de Peralta y Croy, IV marqués de Falces, conde de
Santistevan, alcayde de la Alhambra, y fortalezas de Granada, Camarero Mayor de
la Casa Real de Navarra, comendador de Mohernando, y Trece de Santiago,
gentilhombre de la Casa del Rey, capitán de su Guarda de Corps, gobernador de
Galicia, y embajador en Alemania, y que el matrimonio fallecería sin sucesión.
AHPM, Prot.
3476, f. 88r.
Ibíd., ff.
9lr.-96v.
221 Preparado por Patricio Barros
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de bronge
dorado con sus cordones de seda”, una caja de plata para contener ungüentos
dividida a su vez en seis compartimentos, etc. En el cuarto cajón, se asentaron
gran cantidad de útiles relacionados con la escritura (tinteros, plumas,
herramientas para abrir, doblar y sellar cartas, etc.)275, algunos objetos
cuyas características y propiedades parecen dotarles de un cierto componente
alquímico, asociados a procedimientos metalúrgicos como es el caso de “vna
piedra de tocar oro, Y plata”276 y varios instrumentos de medición: dos
compases de características diferentes, dos relojes —uno de sol y otro de
arena, con su caja de marfil— y, en estrecha relación con la medición del
tiempo, se incluye “vn camito de plata” destinado a contener un calendario en
su interior. Los objetos que se hallaban en el interior del sexto y séptimo
cajón del escritorio parecen guardar cierta relación con los instrumentos
referidos, aunque la descripción que de ellos se efectúa resulta somera. Así,
en el sexto cajón situado en el lado izquierdo, había ocho cuadernillos de
papel dorado, una regla y “un juego de damas y tablas” y el séptimo cajón de
ese mismo lado contenía “vn relox quadrado Con despertador y horas = [sic] con
quatro bidrios de Cristal a los lados y todo El d[ic]ho relox sano y q[ue] anda
muy bien”, junto con una campanilla de bronce y dos libros: uno de memorias con
su puntero de plata y manillas y otro
Ibíd., ff.
92r.-92v.
Probablemente
este tipo de piedra serviría para poner en práctica un método de análisis
metalúrgico de carácter cualitativo y no destructivo destinado a determinar la
ley de las piezas de oro y de plata. Un proceso de análisis que, si bien parece
haber sido conocido en la antigüedad, sería en los tratados publicados en el
siglo XVI sobre esta materia como el De re metallica (1556) de Agrícola o el
Quilatador de la plata, oro y piedras (1572) de Juan de Arfe, donde aparece
descrito con detalle.
222 Preparado por Patricio Barros
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del oficio
de Nuestra Señora con sus manillas asimismo de plata del que se declara su
condición de “muy bueno”277.
A la
riqueza tipológica y funcional de los objetos referidos hasta el momento
contenidos en el interior de algunos de los cajones del escritorio de botica,
habría que añadir la presencia de un último y destacado instrumento que
coronaba la pieza de mobiliario. Se trataba de un precioso reloj “de muestra”
con cajones secretos situado en medio del escritorio y cuya hechura de plata y
ébano era idéntica a la que presentaban el resto de partes del mueble, de modo
que el instrumento quedaba estética y formalmente integrado en el conjunto278.
Las
características formales y los objetos de este escritorio de botica que habría
de ser entregado al marqués de Falces en 1621 parecen perpetuar en cierto modo
una tendencia y un gusto por este tipo de piezas de mobiliario que habría
tenido su punto álgido durante el reinado de Felipe II y que, en este caso, en
una fecha a caballo entre los reinados de Felipe III y Felipe IV, irían
evolucionando hacia unas formas más opulentas y con una finalidad de
ostentación mayor279. Por otra parte, esta descripción permite constatar la
pervivencia de una interesante mezcla sacra prophanis en la que los
instrumentos
AHPM, Prot.
3476, ff. 93r.-93v.
“En medio
deste d[ic]ho escritorio ay un relox de muestra guarneçido de plata y Ébano y
dentro cajones con secretos = Y la puertecilla questa en medio donde entre El
d[ic]ho relox esta por de dentro y fuera guarneçida de plata = y en la parte
denfuera vna hechura de bulto de Plata de un Santo = Y todos los d[ic]hos
Cajones q[ue] aquí ban declarados tienen su guarniçion de plata de diferentes
hechuras muy quajado y bien acauado y todo ajustado Con el d[ic]ho ebano en
Correspondençia Uno de otro [sic] Y las puertas del d[ic]ho Escritorio por la
parte de a dentro están ansimismo guarneçidos de platta todo muy bien aCauado
sin q[ue] Le falte cosa alguna = El qual d[ic]ho escritorio ha conCertado en
v[ein]te y dos mili R[eal]es que Ualen seteçientos y quarenta y ocho mill
m[a]r[avedi]s”, AHPM, Prot. 3476, f. 94r.
SÁENZ DE
MIERA, 1994, p. 274.
223 Preparado por Patricio Barros
El
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quirúrgicos
y de medición convivían con libros piadosos, siendo el receptáculo que
albergaba todos estos objetos un lujoso escritorio280 Pero además de los dos
suntuosos escritorios, la memoria de los bienes que se habían de entregar al
marqués de Falces, contenía otros objetos e instrumentos. Así, junto con ocho
figuras de latón doradas que representaban las virtudes, veintidós imágenes de
chapa de plata de la Pasión y un calvario de plata grande, se asentaron varios
relojes: “dos reloxes Grandes de pessas Con horas y despertador en mili
ducientos reales”, “dos torrecillas de Campana y despertador que señalan los
quartos en mili y quinientos R[eale]s”, “tres relojes sobre pie de Campana en
noueçientos reales” y un “relox quadrado que da las horas Con su caja de Cuero
en trecientos y treynta R[eal]es”. Por lo tanto, además de los relojes e
instrumentos matemáticos contenidos en el escritorio de botica, encontramos en
esta relación otra interesante serie de instrumentos de los que se especifica
el mecanismo automático que los regía y su respectiva función.
La
interpretación de los objetos contenidos en esta “memoria” debe plantearse con
cierta cautela pues para obtener una lectura más ajustada de los gustos del
marqués de Falces para con este tipo de
280 La
descripción del segundo escritorio resulta más prolija en lo que respecta a las
características del mueble propiamente dicho pero, sin embargo, no ofrece
apenas detalles de su contenido. El escritorio estaba completamente guarnecido
de plata y presentaba en cada una de sus cuatro esquinas la figura de un cupido
de plata, con su arco y sus flechas. Coronando todo el conjunto, en la parte
superior se situaba un cajón en cuyos vértices había cuatro águilas y sobre
este se asentaba la figura del dios Marre, ataviado con un escudo en su mano
derecha y con una lanza en la izquierda. Al contrario de lo que sucedia en la
detallada descripción de los objetos que poblaban los cajones del escritorio de
botica, en el caso de esta segunda pieza de mobiliario decorado con personajes
mitológicos, apenas se ofrecen detalles acerca de los objetos que albergaba
puesto que, como se expone en la memoria, “aberlo [sic] de poner todo según lo
mucho que tiene de cosas no fuera para poderse dezir por escrito”: ,AHPM, Prot.
3476, f. 95v.
224 Preparado por Patricio Barros
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instrumentos
sería necesario poner en relación estos “ítems” con el conjunto de los bienes
que debió acumular en su casa de la calle de Alcalá, frente al convento de los
Carmelitas Descalzos, para poder determinar si hubo una ordenación orgánica de
los mismos en cuanto que colección; aunque lo cierto es que el documento
referido podría ser considerado como un primer indicador hacia esas
preferencias. Tal vez pueda establecerse alguna relación entre este tipo de
objetos y el contacto documentado del marqués de Falces con un ilustre
visitante extranjero a la corte española en fechas muy cercanas y cuyos
intereses científicos sí que han sido ampliamente documentados y estudiados. En
una carta enviada desde Madrid a Florencia en noviembre de 1618, el secretario
del granduca di Toscana informaba a su señor sobre los últimos acontecimientos
acaecidos en la corte española, entre los que menciona la llegada de un
relevante personaje en los siguientes términos:
Il
Langrauio d’Hassia fu alloggiato e spesato á nome del Re in casa del Márchese
di falzes, et per suo amore in Palazzo le Dame si uestirono di gala, e ui
furono fatti festini e comedie hora si é partito per uedere l’escuriale, di
quiui passare á toledo, e di la á Lisbona, Siuiglia, Cordoua, Granata, e
costeggiando la Riviera del Mediterráneo passare Valenza e Barzelona, donde per
francia fá pensiero tornare á sua Casa281.
ASFi,
Mediceo del Principato, vol. 4947, f. 7v.
225 Preparado por Patricio Barros
El
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De este
modo, parece que el personaje que se habría alojado en casa del marqués de
Falces durante su estancia en Madrid fue el Landgrave alemán, por aquellas
fechas Mauricio de Hesse-Kassel (1592-1632), más conocido como Mauricio “El
Sabio”.
Figura 34.
Gaspar von Borcht (?), Retrato del Landgrave Wilhelm IV de Hesse-Kassel con
instrumentos astronómicos frente a su
226 Preparado por Patricio Barros
El
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observatorio,
1577, óleo sobre lienzo. Museumslandschaft Hessen-Kassel (Astronomical-Physical
Cabinet).
Su padre,
el Landgrave Wilhelm IV de Hesse-Kassel (figura 34), fundó uno de los primeros
observatorios astronómicos de la Edad Moderna en su palacio de Kassel en 1560,
donde desarrolló un programa de investigación astronómica destinado a catalogar
las estrellas, detectando los errores existentes en el tradicional sistema
ptolemaico sobre esta cuestión con la ayuda de instrumentos de precisión y
estableciendo contactos con astrónomos tan importantes como Tycho Brahe282. De
este modo, Wilhelm IV adquirió gran reputación por sus conocimientos
astronómicos y su observatorio de Kassel se convirtió en un ejemplo
paradigmático de la investigación científica promovida por el mecenazgo de un
príncipe que daría lugar a avances en el campo de las observaciones astronómicas
y de la instrumentación. Fue allí donde por primera vez las longitudes y
distancias de las estrellas se midieron con la ayuda de un reloj inventado por
J. Bürgi, en lugar de hacerlo a través de la medición de ángulos283. En este
ambiente cortesano crecería su sucesor Mauricio que, a tenor de esta misiva, a
finales de 1618 visitaría la corte española, alojándose en casa del marqués de
Falces. Su visita no pasó inadvertida al embajador florentino pues el Landgrave
fue agasajado con festines y comedias en su honor y, tras su paso por la corte,
continuaría su viaje deteniéndose en El Escorial y visitando las principales
ciudades españolas de la época. El propio Mauricio
GAULKE,
2009.
Ibíd.
227 Preparado por Patricio Barros
El
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ha sido
calificado por Bruce T. Moran como el prototipo de “prince-practitioner”284 por
lo que, aunque con los datos disponibles resulta difícil formular conjeturas
sobre la repercusión que tuvo la visita de este personaje, lo cierto es que
este dato atestigua los contactos que existieron entre eruditos príncipes
extranjeros y nobles españoles como don Diego de Croy y Peralta.
Con todo,
la memoria de los escritorios del marqués de Falces constituye un documento
interesante puesto que pone de manifiesto nuevamente y, en una fecha más
avanzada como es la de 1621, la vigencia de un gusto por este tipo de
mobiliario en el que tenían cabida los instrumentos de medición, con una
tendencia hacia la ostentación que se veía reflejada en la riqueza de sus
materiales y, en consecuencia, en la elevada tasación que de ellos se hacía. En
este sentido, es significativo notar cómo el tipo de objetos que suscitan la
atención de Gil González Dávila en la descripción que realiza del Alcázar
contenida en su Teatro de las Grandevas de la Villa de Madrid (1623) parece
situarse en la misma órbita de intereses. Mientras que el cronista pasa de
puntillas por la decoración pictórica de los distintos espacios palaciegos, por
el contrario, se detiene y se esmera en describir “lo raro de la naturaleza del
Orbe”285. Así, en los mismos años en los que el marqués de Falces debía recibir
los mencionados escritorios y otras curiosidades, González Dávila deja patente
su interés por ese mismo tipo de objetos: mesas taraceadas de piedras
extraordinarias como la que presentó a Felipe II el cardenal Miguel Bonelo
Alexandrino,
MORAN,
1985.
SÁENZ DE
MIERA, 1994.
228 Preparado por Patricio Barros
El
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reliquias,
piedras preciosas, vasos de plata labrada “de maravillosa hechura” y “la
riqueza de escriptorios”, constituyen los objetos que, en mayor medida,
maravillaron al cronista286.
Pero
además, el documento relativo a la entrega de escritorios y relojes al marqués
de Falces pone de manifiesto una de las dificultades a la hora de afrontar el
estudio e interpretación de la presencia de instrumentos científicos y de
medición en el entorno cortesano, que podría resumirse, en términos generales,
en lo fragmentario de las noticias conservadas al respecto. Y es que, como
sucede en el caso de la memoria de bienes para don Diego de Croy y Peralta, a
pesar de que la noticia documental ofrece una descripción bastante detallada de
los objetos, en el estado actual de los conocimientos, resulta difícil
situarlos en el contexto más amplio de una posible colección que hubiera podido
reunir este noble. En otras ocasiones, las descripciones contenidas en la
documentación de la época relativas a estos instrumentos son extremadamente
exiguas, lo que dificulta establecer un análisis en torno a las mismas. Y, en
el peor de los casos, en los inventarios o documentos de naturaleza análoga, se
asientan numerosos estuches, escritorios o cajas —todos ellos susceptibles de
contener este tipo de instrumentos—, pero cuya lacónica descripción impide
conocer si llegaron a ser receptáculos de los mismos o no.
Un caso en
el que concurren algunas de estas circunstancias, es el de los bienes —entre
los que se incluyen instrumentos matemáticos— de don Antonio Fernández de
Córdoba, V duque de
GONZÁLEZ
DÁVILA, 1623.
229 Preparado por Patricio Barros
El
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Sessa,
quien habría ocupado el cargo de embajador del Rey Católico ante la Santa Sede
entre 1590 y 1603287. Tras su regreso de Roma, los últimos años de su vida
transcurrieron en la corte española hasta su fallecimiento en Valladolid el 6
de enero de 1606. Pocos meses después de su muerte, a fecha de 30 de julio de
ese mismo año, se concedió a sus testamentarios cédula de paso para que los
bienes que el duque trajo consigo tras su embajada en Roma, pudieran entrar en
los reinos de Castilla. El sumario de la relación de bienes da cuenta del valor
e importancia de los objetos que reunió: ornamentos de capilla, joyas y cosas
de oro, colgaduras de oro y seda, tapicerías, pinturas y cosas de devoción,
armas, esclavos, vestidos o “cosas diversas”. Desafortunadamente, este memorial
no se conserva en su integridad288. Sin embargo, a pesar de lo fragmentario del
documento, bajo la categoría de “Cosas Diuersas” se asientan un buen número de
escritorios, escribanías y bufetes, instrumentos y libros. Entre los instrumentos
hay que destacar: “quatro cajuelas con ynstrumentos de yerro matemáticos diez
Ducados”, “doze yerros de arquitectura seis duso”, “dos estuches de Ueruo con
su herram[ien]ta Seis dso”, “Unos estuches de Uarz[elo]na a seis R[eal]es”, “Un
Relox de Campanilla Cient Rfealjes” o “Una caja con una muñeca q[ue] baila çien
r[eal]es”289. Si
287 Para una
breve reseña biográfica y cursus honorum del V duque de Sessa, véase:
GIORDANO,
2006, pp. LIX-LXI.
AGS, CCA,
CED, 365-366, f. 396v. En el “Sumario”, se indica que dicha relación constaba
de un total 27 folios. Sin embargo, en la actualidad solo se conserva una
pequeña parre de la misma correspondiente a lo que debieron ser sus últimas
hojas en las que se asientan vestidos, cosas de lienzo, “fraçadas” y “cosas
diuersas”.
Ibíd., ff.
394r.-395v. A continuación de los escritorios e instrumentos se entremezclan
otra serie de objetos, entre los que destacan las varias cajas que contenían
diversas cosas
230 Preparado por Patricio Barros
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bien la
descripción es escueta, esta no deja de ser ilustrativa. El V duque de Sessa,
por tanto, trajo desde Roma a España una serie de cajas con instrumentos
matemáticos: la tasación de la primera alcanza la nada desdeñable cantidad de
diez ducados; junto con doce “yerros de arquitectura” valorados en seis ducados
cuya finalidad sería seguramente la de trazar y tirar líneas. A continuación,
se recogen dos estuches de los que se especifica que su contenido son,
asimismo, herramientas y “unos estuches de Uarcelona”, de los que no se indica
el contenido. Además de estos instrumentos, se asientan dos artilugios
mecánicos: un reloj de campanilla y un autómata en forma de muñeca que baila.
La presencia de este autómata debe ser leída en el contexto de la recuperación
de escritos científicos de la antigüedad clásica sobre mecánica que estaban
siendo objeto de renovado interés a lo largo de los siglos XVI y XVII290. Un
proceso en el que Italia, precisamente, jugaría un papel muy destacado. En el
ámbito de la corte española, se ha hecho ya alusión a la labor pionera
desempañada por Juanelo Turriano en la construcción de este tipo de autómatas
para entretener al emperador Carlos V durante su retiro en Yuste. Unos
autómatas a los que S. Bedini encuadra más específicamente en la categoría de
“androides”, entendidos como figuras mecánicas que simulaban el movimiento de
seres vivos como humanos o animales, operando aparentemente por medio de un
medicinales,
500 piezas de vidrios de Venecia y Barcelona, 21 porcelanas de la India e,
incluso, cuatro quesos de Parma, panes de azúcar o setenta salchichones.
290 Un
panorama bastante exhaustivo en torno a la cuestión de los autómatas desde la
antigüedad hasta el Renacimiento es la que ofrecen: CHAPUIS, 1928; ARACIL,
1998, pp. 23-67.
231 Preparado por Patricio Barros
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sistema de
respuesta291. En este sentido, puede que la “muñeca que baila” que perteneció
al V duque de Sessa presentara un aspecto similar al de los autómatas
conservados en el Kunsthistorisches Museum de Viena y que representan a una
mujer tocando un laúd (figura 35). Pero en cualquier caso, la presencia de esta
figura mecánica entre sus bienes daría cuenta de la difusión e interés que
estos objetos irían alcanzando entre los cortesanos españoles — aspecto poco
estudiado por la historiografía— y que no será el único ejemplo documentado a
lo largo de este trabajo.
BEDINI,
1964.
232 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 35.
Anónimo, Dama tañendo un laúd (autómata), segunda mitad del siglo XVI, hierro,
madera, lino y brocado de seda. Kunsthistorisches Museum Wien (Kunstkammer,
Inv. N.º 10000).
La relación
de “Cosas Diuersas” se cierra con el siguiente asiento: “Diuersos cuerpos de
libro q[ue] Passan de Mili Y Dogientos Poco mas o menos quinientos dellos
chicos sin enquadernar a Real y por los demas se Ponen sesenta Mili Marauedis.
No se pone nada
233 Preparado por Patricio Barros
El
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Porq[ue]
Los Libros no Pagan Derechos”292. Esta referencia, a pesar de ser escueta, pone
de manifiesto el hecho de que el V duque de Sessa poseyó una vasta biblioteca,
teniendo en cuenta que la media o biblioteca tipo de la nobleza en el Madrid de
los siglos XVI y XVII se situaba en torno a los 130 títulos293. A pesar de
desconocer los títulos de los libros que regresaron a España, esta cuestión
permite retomar una idea que se encontrará en la base de las colecciones de
carácter científico: la estrecha relación que existía entre las reuniones de
instrumentos y la presencia de una biblioteca. Así, la reunión de instrumentos
científicos y de medición (no solo relojes, sino también astrolabios, compases,
estuches con “yerros de mathematica”, etc.) por parte de miembros destacados de
la nobleza estaría íntimamente ligada a la presencia de libros o de una
biblioteca, lo que generalmente dotaría de un carácter orgánico a estas
reuniones de objetos que permitiría calificarlas como colecciones.
Los
instrumentos científicos y de medición y los libros de disciplinas afines
reunidos por don Bernardino de Cárdenas, III duque de Maqueda (Torrijos, 1553 -
Palermo, 1601), en el ocaso de sus días
AGS, CCA,
CED, 365-366, f. 396r.
PRIETO
BERNABÉ, 2004, rol. 2, pp. 25-34. Resulta imposible determinar cuáles serian
los tirulos y lecturas reunidas por el V duque pero, al calor de otros datos e
informaciones publicadas en torno a miembros de este linaje, parece que el
gusto y la práctica de la lectura constituirían una costumbre arraigada entre
los nobles de esta casa. Su predecesor Gonzalo Fernández de Córdoba fue un
destacado mecenas con intereses humanistas y habría poseído alrededor de medio
centenar de libros, junto con otros bienes tales como tapicerías, carrozas,
armas, medallas, relojes, pinturas en las que se representaban vistas de la
ciudad de Nápoles, retratos y otros objetos que fueron vendidos en almoneda
tras su muerte acaecida en 1578: ÁLVAREZ-OSSORIO ALVARIÑO, 1999, pp. 394-395.
Por su parte, en el inventario de doña Juana de Córdoba y Aragón, duquesa de
Sessa, redactado en 1638, se recogen un total de 99 títulos, lo que situaría la
biblioteca de esta noble dentro del prototipo medio de librerías pertenecientes
a la nobleza de la época: PRIETO BERNABÉ, 2004, vol. 2, p. 28.
234 Preparado por Patricio Barros
El
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permiten
ilustrar la estrecha imbricación existente entre la teoría y la práctica
científica en el ámbito cortesano a caballo entre los siglos XVI y XVII294. Al
mismo tiempo estos objetos deben ser leídos en relación con los cargos de
gobierno político y militar que desempeñó el duque a lo largo de su vida, entre
los que destacan los de virrey de Cataluña (1592-1596) y virrey de Sicilia
(1596-1601). En este sentido, como apuntaba don Bernardino de Mendoza en la
dedicatoria dirigida al príncipe Felipe III de su obra Teórica y práctica del
arte de la gverra (1596) y quedaba patente en el propio título del libro,
resultaba fundamental para los príncipes y nobles el conocimiento de ambas
dimensiones —teórica y práctica— del arte militar. No en vano, la motivación
que había impulsado a don Bernardino a componer su obra estribaba en poner por
escrito lo que había leído y experimentado durante 32 años al servicio de
Felipe II puesto que su temprana ceguera le impedía continuar desempeñando
dichos servicios a la corona. Así, su libro, como si de un “consejero mudo” se
tratase, permitiría al príncipe conocer muchas verdades y “abrirse los ojos
para ordenar las cosas presentes con el exemplo y escarmiento de las passadas,
que haze anteuer las futuras” por medio de la “theorica de sciencia, que
Una primera
aproximación a la biblioteca del duque de Maqueda y a las materias que esta
contenía se encuentra en: GARCÍA MEDINA, 1999. Y aunque en este estudio se pone
el foco en los “libros de arte”, sin embargo, la importante colección de
instrumentos científicos que reunió el duque y la relación entre dichos
instrumentos y los títulos de su biblioteca aparecen soslayadas. Por otra
parte, la autora utiliza como fuente documental el inventario de bienes del
duque de Maqueda realizado ante el notario Francisco Testa conservado en el
AHPM, Prot. 1619, ff. 1572 y ss. En el marco del presente trabajo, la fuente
documental utilizada será la
“Entrega y
depósito de los uienes muebles de mi Señora la Duquesa de Najera Doña Luis a
Manrique De Lara, curadora de D.ª Ana María de Cárdenas su Hija: y de su marido
D. Bernardino de Cárdenas Duque de Maqueda; D.º Jaime Manuel; y D.º Juan de
Cárdenas Sus Her.nos. Desde el año 1616 hasta 1620”, conservada en: AHN-SN,
Frías, C. 890, D. 12.
235 Preparado por Patricio Barros
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consiste
enteramente en la pratica, como el exercicio de la guerra, siendo la
experiencia el principal fundamento della”295. Por lo tanto, estos postulados
reflejan claramente la importancia concedida al conocimiento del arte militar y
de la guerra como ciencia práctica basada en la experiencia, de la que
resultaba fundamental recoger y reducir sus principios teóricos en forma de
libros que habrían de ilustrar a los príncipes en el gobierno político y
militar.
Don
Bernardino de Cárdenas, sin duda, debió de conocer y aplicar estos presupuestos
teóricos referidos en la obra de Mendoza pues, no en vano, la Theorica y
practica de gverra figuraba entre los libros que reunió296. Así, en las líneas
que siguen, por un lado se analizarán los numerosos instrumentos de medición
que se asientan en su inventario y que permiten acercarnos al conocimiento
práctico de la ciencia de la guerra que el duque poseyó. Por otro lado, la
dimensión teórica estaría representada por los libros relacionados con las
disciplinas a las que estos instrumentos servían: geometría, arquitectura, arte
militar o fortificación297. La tenencia de tales objetos constituiría la
externalización de los intereses de don Bernardino de Cárdenas hacia tales saberes,
al tiempo que sería el germen que daría lugar a otras prácticas, como la
promoción de algunas importantes obras arquitectónicas a lo largo de su vida298
MENDOZA,
1596, p. 4.
AHN-SN,
Frías, C. 890, D. 12, f. 425v.
Una primera
aproximación a] estudio de los instrumentos de medición y los libros de
carácter científico-técnico reunidos por don Bernardino de Cárdenas se
encuentra en: VÁZQUEZ MANASSERO, 2U17a.
Sobre el
interés por la arquitectura de don Bernardino de Cárdenas en cuanto símbolo de
poder, véase: GONZÁLEZ REYES, 2016.
236 Preparado por Patricio Barros
El
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Entre los
instrumentos científicos y de medición que reunió don Bernardino de Cárdenas se
encontraban aparatos de distinta naturaleza que servían para medir y
representar el mundo. En primer lugar, hay que destacar la presencia de los
relojes mecánicos entre los que se contaban: un reloj “de torrecilla” de bronce
dorado con peana de ébano, que daba los cuartos y las horas tasado en mil
reales; otro reloj “de torrecilla” asimismo de bronce dorado y seisavado con
unas pirámides que lo remataban y que servía igualmente para dar los cuartos y
horas valorado en cuarenta ducados; un tercer reloj de bronce dorado “de
hechura de Jarra E por rremate una flor berde Y unos christales pintado a modo
desmalte que tiene oras E despertador que pareçe estar tasado en quatro cientos
reales” y un cuarto reloj asimismo a modo de jarra con un ramillete encima “y
rrelox de sol con dos mostradores con su caxa que parece estar tasado En
quarenta ducados”. El último de los relojes mecánicos era igualmente de bronce
dorado y “de hechura de toro con una dama Encima El pie de heuano que anda
sobre la mesa con caxa pareçe estar tasado En trecientos Y treinta rreales
[…]”299. Por lo tanto, todos los relojes mecánicos estaban realizados en bronce
dorado, correspondiendo dos de ellos a la tipología “de torrecilla”, otros dos
tendrían forma de jarra y el último presentaría forma de toro con una dama
encima, figuración que tal vez podría identificarse con el tema mitológico del
rapto de Europa. De este último reloj se especifica que la cabeza de la dama y
los cuernos del toro se habrían desprendido de la estructura, lo que
AHN-SN.
Frías, C. 890, D. 12, f. 425v., ff. 163v.-164v.
237 Preparado por Patricio Barros
El
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indicaría
que estaba roto en el momento de su entrega al depositario general de estos
bienes del duque alrededor del año 1616300. Pero sin duda, el aspecto más
interesante de este último instrumento estriba en el hecho de “que anda sobre
la mesa”, lo que con toda probabilidad se trate de una alusión a que, además de
los mecanismos que harían girar las ruedas del reloj, dichos giros propiciarían
el movimiento de las figuras del toro y de la dama, lo que permitiría hablar de
un reloj con autómatas301.
Además de
estos relojes y automatismos, el 17 de junio de 1616, en las casas del notario
Francisco Testa, se procedió a asentar otra importante partida de instrumentos
que debían ser entregados al depositario general de los bienes de don
Bernardino de Cárdenas302. Entre ellos había otro reloj: “Un relox general de
sol de bronge
300 Ibíd.,
f. 164r.: “[núm.] 507. Otro Relox de bronçe dorado de hechura de un toro con
una dama Encima El pie de heuano que anda sobre la mesa con caxa pareçe Estar
tasado En trecientos Y treinta rreales Y Se aduierte falta la caueça de la dama
y los cuernos del toro”. A continuación de esta entrada se puntualiza lo
siguiente: “+ Parezio la cabeça della dama deste rrelox y los cuernos del toro
Y lo Entrego El d[ic]ho depositario jeneral Este mismo día mes Y año” […].
301 Aunque
la tarea de identificar este instrumento con algún mecanismo conservado en la
actualidad resulte prácticamente imposible —más aún si se tiene en cuenta que
ya a comienzos del siglo XVII este reloj se encontraba en mal estado de
conservación—; sin embargo, si que es posible establecer analogías tanto
formales como relativas al funcionamiento mecánico del dispositivo con algún
instrumento que ha llegado a nuestros días. En el Museo Poldi Pezzali (Milán,
Italia) se conserva un reloj mecánico que presenta a la figura mitológica de
Diana sentada sobre un carro triunfal tirado por dos panteras, todo ello de
bronce dorado. En la parte inferior del conjunto se sitúa el compartimento
destinado a contener los mecanismos: el giro de las ruedas propiciaba el avance
del carro, al tiempo que las dos panteras subían y bajaban alternativamente,
simulando los saltos de estos animales vendo a la carrera y los ojos, tanto de
Diana como de un simio situado en la parre posterior del carro, giraban. Sobre
este reloj, véase: BRUSA, 1981: “Cat. 17. Orologio a carro trionfale con
auromi. Tempo, suoneria, automi, semovenre; 305 × 410 × 170 mm (n. inv. 1149),
tavola 27. Anonimo. Germania meridionale. Circa 1610”. En la ficha
catalográfica de este reloj se dice que: “Il Planchon (1923) erroneamente lo
colloca a Madrid. Il tipo é ben noto, qualunque raro. Forse proprio per vía del
sud pregio se ne sono conservati diversi esemplari”. Por lo tanto, en el
catálogo del Museo Poldi Pezzoli se descarta la idea formulada por Planchon en
su L’Horologe, son Histoire rétrospective Pittoresque el Artistique (1923) que
situaría la procedencia de esta pieza en Madrid, si bien no se precisan las
razones para refutar dicha idea.
AHN-SN,
Frías, C. 890, D. 12, ff. 177v.-180r.
238 Preparado por Patricio Barros
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dorado con
su caxa negra que pareçe estar tasado en seis duc[ad]os”. Junto a este reloj se
registró un lote de instrumentos científicos y de medición que, dado el interés
y detalle de su descripción, se transcriben a continuación y respondían a las
siguientes características:
[núm.] 546.
Un astrolauio Pequeño con çinco laminas todo ello de metal con su caxa negra
pare9e estar tasado En dosçientos rreales. + Un anillo de metal a modo de
esfera con sus miras de metal parece estar tasado en ocho ducados. + Un
astrolauio grande con nueue laminas Entero con su caja negra que parece estar
tasado en nuebe Ducados. + Un conpas de yerro con su tornillo y dos puntas
[sic] que parece estar tasado en quatro ducados. + Un astrolauio pequeño de
bronce con su caxa negra para sauer de noche la ora que hes que parece es
tasado en quatro ducados. + Un estuche con tres conpases y una rregla y una
pluma para tirar linias y un pun$on que parece estar tasado en çient reales. +
Un declinatorio de metal con su aguxa en medio con sus miras que parece estar
tasado en quatro ducados. + Una rregla de dos medias de metal que parece estar
tasado En diez y seis rreales. + otra rregla con su medio çírculo y su niuel
con su [sic] de metal que pareze estar tasada en $;ient reales303
Ibíd., ff.
179r.-180r.
239 Preparado por Patricio Barros
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Por un
lado, la tenencia de tales instrumentos denotaría el interés por parte de su
poseedor hacia los saberes científicos. Además, a tenor de otros datos
disponibles sobre el cursus honorum de don Bernardino de Cárdenas, todo
apuntaría a que la función de estos instrumentos iría más allá de un mero
“gusto” por este tipo de “curiosidades” y que se trataría de instrumentos que
denotarían una práctica y experiencia científica de facto por parte de su
poseedor. Una praxis científico-técnica que se vería constatada cuando, al
escrutar y analizar los volúmenes de su biblioteca, encontramos entradas como
“un libro de mano del Duque hecho de arquitecturas”304, lo cual vendría a
ratificar que los compases, reglas y plumas “para tirar linias” anteriormente
mencionados responderían a una función práctica. Pero además, la presencia de
estos instrumentos entre los bienes de don Bernardino debe ser leída en
estrecha relación con los títulos de los volúmenes relativos a la geometría y
sus disciplinas afines que formaban parte de su biblioteca, respondiendo a esa
función exegética que resultaba fundamental para comprender el funcionamiento
de dichos artefactos.
Como
exponía el cosmógrafo Rodrigo Zamorano, el conocimiento teórico de la geometría
constituía el fundamento en el que se basada la práctica de todas aquellas
disciplinas vinculadas a las “scientias mathematicas” y, a su vez, resultaba
fundamental para poder comprender el funcionamiento de los instrumentos de las
que estas se servían. De ahí que, entre los volúmenes del duque de Maqueda,
GARCÍA
MEDINA, 1999, p. 403.
240 Preparado por Patricio Barros
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aparezcan
recogidos tanto autores clásicos como modernos en estas disciplinas. En
concreto, don Bernardino poseía la edición de Los quince libros de los
Elementos de Euclides realizada por el jesuita, matemático y astrónomo alemán
Cristoforo Clavio publicada en 1582305, un libro “De geometría” de Alberto
Durero en dos cuerpos, una “Geometría” y “Una arismetica” grande, ambas de Juan
Pérez de Moya. La escueta descripción de estos últimos tratados del bachiller
jienense impide formular una identificación de las ediciones concretas que el
duque de Maqueda poseyó. Sin embargo, lo interesante en este sentido es que, en
términos generales, la historiografía coincide en señalar que las obras de
Pérez de Moya tuvieron un marcado carácter divulgativo y, en ellas, se puso
especial atención a la enseñanza del manejo práctico de los instrumentos
científicos306. Otras obras sobre geometría y matemáticas cuyos autores
resultan difíciles de dilucidar aparecen recogidas como una “Arismetica de
gaspar catalán Escripto de mano en Ytaliano En dos reales” o un libro que
podría considerarse de
AHN-SN,
Frías, C. 890, D. 12: “Los quinçe Libros deUclides por Christoual [sic] clauio
En ocho rreales En dos cuerpos todo quinçe” (f. 427v.).
VICENTE
MAROTO, ESTEBAN PIÑEIRO, 2006, pp. 276-277. Como exponen estos autores. Juan
Pérez de Moya explica el modo de medir las alturas, las distancias y las
profundidades en su obra Fragmentos Mathemáticos publicada en Salamanca en
1568, “En que se tratan de cosas de Geometría y Astronomía, y Geographía y
Philosophía natural y Sphera y Astrolabio,
Navegación
y Reloxes”. Más adelante, en 1 573, se publicaría el Tratado de Mathemáticas,
en que se contienen cosas de Arithmética, Geometría, Cosmographia y Philosophia
natural con oIrás rarias materias necesarias a todas artes Liberales y
Mechánicas, que contendría parte del texto de la obra publicada en 1568. Esta
última obra solía estar encuadernada en dos o tres volúmenes, siendo el primero
de ellos el dedicado a la Arithmética Práctica y speculativa; el segundo
volumen se correspondía con el Tratado de Geometría Práctica y Speculativa y el
tercero era el Tratado de cosas de Astronomía y Cosmographía y Philosophía
natural. Dado que don Bernardino de Cárdenas, además de “Una arismetica de moya
grande En ocho reales” (f. 417r.) y “Una geometría de moya En Cinco reales” (f.
422v.) citadas en el texto, poseyó asimismo “Una astronomía de moya En çinco
r[eale]s” (f. 417r.), todo parece apuntar a que el duque de Maqueda poseyó el
mencionado Tratado de Mathemáticas de Pérez de Moya encuadernado en tres cuerpos.
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Margarita
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“matemáticas
aplicadas”
al
calor
de
la
descripción
que
de
él
se
proporciona:
“Libro de matematicas de marear en flamenco En seis rreales”307.
AHN-SN,
Frías, C. 890, D. 12, f. 455v. y f. 417r., respectivamente.
242 Preparado por Patricio Barros
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Figura 36.
“Figura de vn Relox Horizontal para 39 grados, 30 minutos de altura del Norte
(Valencia)”, en Pedro Roiz, Libro de los reloges solares, Valencia, 1575.
Sobre esta
base matemática habría que situar la interpretación de los instrumentos y
libros vinculados a esta materia, pues para comprender el funcionamiento de los
primeros resultaba indispensable tener un conocimiento de las proposiciones
euclidianas así como de los fundamentos de la trigonometría. En relación con
los relojes, se asientan “Dos libros de rreloxes de Pedro Ruiz a dos rreales
cada uno”308 que es posible identificar con sendos ejemplares del Libro de
Reloges Solares compvesto por Pedro Roiz Clérigo Valenciano309 (1575). En este
tratado, en la epístola del autor dedicada al marqués de Navarrés, Roiz subraya
la importancia de las matemáticas, las cuales, entre todas las “sciencias
humanas”, eran las que más ennoblecían e ilustraban a los hombres, entre los
que destacaba a los príncipes y personas eminentes, “las quales [las
matemáticas] con su variedad, no solamente deleytan el entendimiento, pero aun
entretienen los sentidos”310. No debe parecer extraña esta consideración de las
matemáticas en un tratado sobre este asunto pues, como se viene haciendo
referencia y recalca el propio autor, para entender “de rayz” el Libro de los
Reloges Solares era menester el conocimiento de la aritmética, la geometría,
cognición de la esfera y de otras cosas. Por otra parte, la
Ibíd., f.
427v.
ROIZ, 1575.
Existe una edición contemporánea de este tratado: ROIZ, 1999. El estudio
introductorio de dicha edición aparece publicado en: GIRBAU, 2000.
ROIZ, 1575,
s. f.
243 Preparado por Patricio Barros
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tenencia de
este volumen es interesante debido a la procedencia de su autor y al lugar de
publicación del tratado: Valencia, un reino en el que el duque de Maqueda tenía
intereses jurisdiccionales y territoriales. Pero además, dada la procedencia de
Pedro Roiz y la propia idiosincrasia del tema —esto es, los relojes solares en
cuya construcción resultaba fundamental el conocimiento de las coordenadas
geográficas del lugar donde se iba a emplazar el instrumento— la referencia a
la latitud y longitud de Valencia constituirá una constante a lo largo del
libro y los planteamientos teóricos se verán ilustrados por figuras y gráficos
de relojes solares diseñados a partir de las coordenadas correspondientes a
Valencia. Ello queda patente, por ejemplo, en el “Cap. X. Del modo de tragar
los reloges Horizontales con sola regla y compás, por via de Geometría”, donde
el caso planteado toma la altura correspondiente a dicha ciudad (figura 36)311.
Por lo tanto, la tenencia de estos ejemplares sería indicador tanto de un interés
teórico como práctico, puesto que pondrían especial atención a la construcción
de estos instrumentos en un área geográfica vinculada a la casa de Maqueda como
es Valencia, respondiendo a la necesidad de disponer de instrumentos de
medición específicos para aquellas alturas que no estaban presentes en las
tablas de los arcos horarios que generalmente recogían ciertas alturas del
Norte312. Pero este no sería
Ibíd., p.
48.
En la BNE
se conserva un manuscrito (BNE, Mss. 7827) atribuido al propio Pedro Roiz
titulado Libro de Reloges [solares] fechado en 1598. Se trata de un interesante
documento que contiene numerosos dibujos, tablas, dos planisferios norte y sur,
etc. En relación con la cuestión de los intereses de la nobleza por los
instrumentos científicos es interesante el contenido del f. 63r. en el que
aparece dibujada la estructura de un reloj bajo la siguiente
244 Preparado por Patricio Barros
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el único
tratado relativo a los relojes, sino que junto a esta entrada del inventario de
la librería se asienta “Joan paduano de horologios En tres reales”, así como un
“Lunario perpetuo”313.
Figura 37.
“Añadidura de Pedro Apiano en la qual muestra conocer las horas de la noche,
por muy lindo artificio, con el instrumento que
declaración:
“Fábrica para el reloj que me ha mandado hacer el duque mi señor en la muralla
y se traen las piedras para el del valle este año de 1598”.
AHN-SN,
Frías, C. 890, D. 12, f. 427v. y f. 416r.
245 Preparado por Patricio Barros
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se sigue”,
en Pedro Apiano, Libro de la Cosmographia, Amberes, 1548.
En relación
con los astrolabios, relojes o el anillo astronómico que poseía el duque de
Maqueda, hay que señalar que, aunque estos instrumentos fueron habitualmente
utilizados durante los siglos XIV y XV, sería a lo largo del siglo XVI cuando
se publicaron una gran cantidad de tratados sobre su uso específico. Un caso
paradigmático en este sentido es el de la Cosmografía de Pedro Apiano de la que
don Bernardino poseía un ejemplar314. En la primera parte del tratado, Apiano
expone los principios y ofrece las definiciones de la cosmografía y la
geografía y describe los instrumentos para hallar la latitud del polo,
acompañando el texto de figuras móviles que lo ilustran. En la segunda parte de
la obra, entre otras cuestiones, se muestra el modo de conocer la hora de la
noche con el reloj de sol o aguja’315 o el uso del anillo astronómico, del que
se describen sus partes y las múltiples funciones a las que este instrumento
podía servir: mostrar la elevación del polo, hallar las horas del día y de la
noche, efectuar mediciones de las alturas por sombras o de aquellas alturas “a
las quales no podemos allegar” (figura 37)316.
La medición
de las alturas resultaba un aspecto igualmente importante en el Arte de navegar
(1545) de Pedro de Medina, del que don Bernardino de Cárdenas poseía sendos
ejemplares y donde el autor dedica el Libro VI a la aguja de marear “el
instrumento q[ue]
Ibíd.: “+
Una cosmografía de pedro apiano En ocho reales”.
APIANO,
1548, ff. 52v.-53r.
Ibíd., ff.
62r.-68v.
246 Preparado por Patricio Barros
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mas
precisso y mayor perfecio[n] deue el piloto siempre traer”317. A los libros
referidos hasta el momento que formaron parte de la librería del duque de
Maqueda sobre cosmografía, se podrían añadir otros títulos como el comentario a
la obra de Sacrobosco realizado por Cristoforo Clavio o un par de ejemplares
redactados por dos de los más influentes astrónomos del siglo XVI: las
“Efemérides” de Johannes Stóffler y un volumen de Oronce Finée cuyo título no
se especifica318. En lo que a la geografía respecta, los autores de la
antigüedad clásica aparecen representados por la “Geografía” de Estrabón, junto
a “una suma de geografía uiexa” imposible de identificar y una “Geografía Y
tablas” de Claudio Ptolomeo319. Entre los autores del siglo XVI destaca la presencia
de obras de Abraham Ortelio representado por dos ejemplares de su Theatrum
Orbis Terrarum: uno de ellos iluminado y tasado en veinte ducados y, el otro,
en pergamino viejo y tasado en ocho ducados, y un “Epitome” de ese mismo
autor320; así como otros asientos cuya identificación inequívoca resulta más
intrincada: “Joan rriço [sic] de cartas de marear En pargamino Luminadas En
cinqueta Reales”, “orbis nobus de Ludouico romano En cartón de pergamino En
doze reales”, unas “discreciones” del humanista italiano Tommaso Porcacchi o
una “discreción de roma Y de totus ferret [sic] En cartones colorados”321.
MEDINA,
1545, f. 81v.
AHN-SN,
Frías, C. 890, D. 12: “Oroncio fince del [sic] En tablas En diez reales” (f.
418c): “Unas feremidas [sic] de Joanes Estoflerino” (f. 428v.).
Ibíd.:
“Geografía de estrauonio En diez Y seis reales”, “Una suma de geografía uiexa
En tres rreales” (f. 431r.); “Gheografia Y tablas de Tolomeo En ueinte rreales”
(f. 418r.).
Ibíd.:
“teatro de oruis terrarum de abrahan ortenio Luminado con cartones tasado En
ueinte ducados” (f. 413r.); “Teatro oruis terrarum de abrahan ortelio En
pergamino uiexo En ocho ducados” (f. 414r.); “Epitome de abrahan ortelio
pequeño En diez E seys reales” (f. 421r.).
Ibíd., ff.
414r., 427r., 415r. y 415v., respectivamente.
247 Preparado por Patricio Barros
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Resulta
reseñable que el duque poseyera algunos volúmenes manuscritos de mapas y
descripciones geográficas: “Un libro de mapa Y discreption de tierras En
pergamino En doce reales”, una “discrepzion del reyno de Sicilia de mano de
tablas con mapas en seis ducados” que, dadas sus características, bien podría
tratarse de un atlas, o un portulano en griego con tablas322.
Por otra
parte, como explicaba Rodrigo Zamorano, el uso de instrumentos de medición era
común a un buen número de artífices que respondían a diferentes perfiles
técnicos como artilleros, arquitectos militares o ingenieros. Por lo tanto,
dada la presencia de reglas y compases para tirar líneas entre los bienes del
duque, no resulta extraño encontrar entre sus lecturas numerosos títulos
relativos a estas materias. Entre los libros más reseñables en esta disciplinas
figuraban: dos ejemplares del tratado de Vitruvio De architectura, —uno en
latín con estampas y otro en castellano—; el Libro appartenente a
l’architettura nel qual si figurano alcune notabili antiquità di Roma (1552) de
Antonio Labacco, León Battista Alberti, Sebastiano Serlio y Pietro Cattaneo y
una “Suma de la fabrica del Escurial”. En estrecha relación con las obras de
estos autores se situarían las obras pertenecientes al “arte militar” y de la
guerra, entre las que se cuentan los Comentarios de Julio César, los Diálogos
del arte militar de Bernardino de Escalante, una Plática manual de artillería
de Luis Collado de Lebrija o dos ejemplares de El perfecto capitán (1590) de
Diego de Álava y Viamont323.
Ibíd.,
ff.414v., 452v. y 404v., respectivamente.
Ibíd.:
“comentarios de çesar En cartones En seis reales” (E 427r.); “arte militar de
Escalante En cinco rr[eal]es” (f. 454r.); “Una pratica manual de artilleria de
guerra por Luis collado En
248 Preparado por Patricio Barros
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Pertenecientes
asimismo a este ámbito de la ciencia militar hay que señalar algunas de las
obras del humanista flamenco Justo Lipsio que poseía don Bernardino de
Cárdenas: De militia romana (1596) y un libro “De maquinas” que podría
identificarse como el Poliorceticon sive, De machinis tormentis telis Libri
Qvinqve (1596), una obra sobre máquinas de guerra324. Esta última entrada no es
la única relativa al género de los “teatros de máquinas” sino que asimismo es
posible identificar un Theatrum ynstrumentorum et machinarum de Jacques
Besson325.
Todos estos
libros, además de la ya mencionada base geométrica sobre la que se
fundamentaban, tenían como denominador común la importancia que en ellos se
concedía a la medida y la representación para lo cual se servían de
instrumentos científicos análogos. Es más, en algunos de ellos se concedía
especial atención a la enseñanza del manejo práctico de los instrumentos: desde
los tratados de geometría práctica del bachiller Juan Pérez de Moya en los que
define la altimetría y se describen instrumentos y su utilización para tomar
diferentes medidas, pasando por la
ocho
reales” (f. 418v.-419r.); “El perfeto capitán de don diego de alua [sic] en
ueinte reales” (f. 407r.); “El perfecto capitán don diego de alua En diez E
seis reales” (f. 415r.). Junto a estos títulos, se encontraban otros volúmenes
relativos igualmente al arte militar cuya identificación resulta más
problemática, si bien ponen de manifiesto los intereses del duque en cuestiones
bélicas y de defensa de los reinos de la monarquía: una “Ynstruçion de la
miliçia ordinaria del rreino de çiçilia un real”, “Un libro de guarda de la
torre de la marina”, “otro libro de mano del capitán andres ceron”, “Unas
fuerzas de Uizcaya En cartones negros” Ibíd., ff. 457r., 416r., 416v. y 422v.,
respectivamente.
Además de
estas obras de Justo Lipsio reseñadas en el texto, en el inventario del duque
de Maqueda aparecen recogidas otras obras del humanista flamenco lo que
atestiguaría un interés de don Bernardino bacía los escritos de este autor:
“política de Justo Lipsio que sea de corexir En tres reales” (f. 413v.); “Leto
[sic] de Justo Lipsyo primer tomo ttres Reales” (ff. 416v.-417r.); “Xusto
Lipsio de militante Eclesies Romano En diez Reales” (f. 421r.); “Una política
de Justo Lipsio En quatro rreales” (E 427v.); “Justo Lipsio de matudine rromana
seis rreales” (f. 441r.).
Ibíd.: “Un
teatro ynstrumentorum de matheo [sic] besonio En ocho rreales” (f. 418r.).
249 Preparado por Patricio Barros
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Cosmographia
de Pedro Apiano y llegando a los tratados de artillería como los de Collado de
Lebrija y Diego de Álava. Este último autor, en El perfecto capitán, describe
la construcción y usos de varios instrumentos de medición como el planisferio,
el astrolabio o el cuadrante326, planteando diferentes proposiciones y
problemas relativos a la medida que se pueden resolver por medio de estos
instrumentos, algunos de los cuales aparecen acompañados de ilustraciones que
lo representan.
Este
elevado número de títulos relativos a disciplinas científico-técnicas junto con
la presencia de instrumentos de medición constituyen uno de los rasgos más
sobresalientes de la biblioteca reunida por el III duque de Maqueda. Más aún si
se tienen en cuenta algunas de las conclusiones que han apuntado los estudios
en torno a las librerías de la nobleza hispánica en el Siglo de Oro. En primer
lugar, no todos los nobles de la época reunieron una biblioteca. Y en caso de
haberla compilado, los volúmenes de carácter científico-técnico suponían un
porcentaje muy reducido de las lecturas, frente a la tendencia predominante a
reunir libros de carácter piadoso327. Pero además, los intereses científicos
que se desprenden del estudio de la biblioteca —entendida como conjunto
orgánico de libros e instrumentos— de este noble permiten dibujar
De este
último instrumento —el cuadrante— es el único del que no detalla el
procedimiento para su construcción, tal vez por darlo por suficientemente
conocido: VICENTE MAROTO, ESTEBAN PIÑEIRO, 2006, p. 316.
Prieto
Bernabé (2004, p. 37) en su estudio en torno a la distribución temática de las
bibliotecas pertenecientes a la nobleza, recoge que para el periodo comprendido
entre 1576 y 1600 —que se correspondería con los años de formación de la
librería del duque de Maqueda— se contabilizan en la muestra de casos
estudiados por este autor las siguientes cifras totales:
volúmenes
corresponden a libros de temática religiosa, 270 a derecho, 309 a bellas artes,
a historia
y, en último lugar, 115 a ciencias.
250 Preparado por Patricio Barros
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un perfil
más definido de su personalidad y comprender en mayor profundidad el papel que
desempeñó en la promoción de proyectos urbanísticos, arquitectónicos y
defensivos a lo largo de su carrera político-militar.
En este
sentido, las fuentes de la época —especialmente relativas al periodo en que don
Bernardino ocupó el cargo de virrey de Sicilia— coinciden en señalar los
proyectos arquitectónicos y de defensa de ese reino que desarrolló durante su
mandato. En 1697, Vincenzo Auria calificaba el virreinato de Maqueda como un
periodo de prosperidad328. Más tarde, Di Blasi apuntaría en esa misma
dirección, subrayando que “si applicó il duca di Macqueda, dimorando in
Palermo, a nobilitare questa città”329 y, el modo en que la dignificó fue,
precisamente, promoviendo importantes empresas urbanísticas y arquitectónicas,
además de emplearse en la defensa de un reino siempre bajo la amenaza del
turco. Así, ambos autores coinciden en ensalzar la realización de la “Strada
Macheda” que todavía a día de hoy puede verse en Palermo, una vía transversal a
la realizada por sus predecesores y que configuraría un trazado urbano en forma
de cruz dividiendo la ciudad en cuatro partes. Otra de las empresas
arquitectónicas impulsadas por el duque que tanto Auria como Di Blasi recogen
fue la ampliación del Palazzo Reale de Palermo. Un proyecto en el que, como ha
estudiado S. di Fede, el impulso y las iniciativas promovidas por don
Bernardino de Cárdenas resultarían decisivas en la configuración de
AURIA,
1697, p. 71.
DI BLASI,
1842, p. 266.
251 Preparado por Patricio Barros
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un complejo
arquitectónico definitivo330. En cuanto a la defensa del virreinato de Sicilia,
la isla constituía un territorio de frontera para la monarquía hispánica y un
baluarte de gran importancia estratégica frente a la constante amenaza del
turco. Las crónicas recogen varios episodios en los que el duque debió
“mostrare la sua destrezza, e vigilanza per la difesa di questo Regno di
Sicilia”, empleándose en “fortificar le Piazze più importante della Sicilia”,
entre las que se señalan el promontorio de Capo Pessaro o la Isola del
Gozzo331.
De este
modo, la cultura científico-técnica representada en los libros e instrumentos
de medición que reunió don Bernardino de Cárdenas perfila a este personaje como
un noble versado en geometría y arte militar. Unas cualidades que, muy
probablemente, no debieron pasar desapercibidas a los ojos de Felipe II quien
le designaría para ocupar el cargo de virrey en uno de los territorios de la
monarquía que, a finales del siglo XVI, requería de un gobernante con amplias
destrezas no solo en lo político sino también en lo militar para asegurar la
defensa de los reinos. Además, la tenencia de tales objetos permite comprender
en mayor profundidad las labores de promoción que ejerció a lo largo de su vida
en diferentes empresas arquitectónicas, puesto que no en vano, el propio duque
era un auténtico “prince-practitioner” en dicha materia.
A caballo
entre los siglos XVI y XVII hubo otros nobles españoles que mostraron unas
inclinaciones tanto teóricas como prácticas por las disciplinas
científico-técnicas similares a las de don Bernardino
DI FEDE,
2000, pp. 38-39.
AURIA,
1697, p. 70.
252 Preparado por Patricio Barros
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de Cárdenas
y que fueron, por tanto, auténticos “príncipes de la geometría”.
Ese fue el
caso de donjuán Férnandez de Velasco, VI condestable de Castilla (ca. 1550 -
Madrid, 1613). Este noble ocupó los más elevados cargos al servicio de la
monarquía española, entre los que se contaban el de gobernador del Estado de
Milán durante dos periodos interrumpidos (de 1592 a 1600 y de 1610 a 1612) o su
participación en importantes misiones diplomáticas como las negociaciones de
Paz con Inglaterra de 1604332(figura 38).
332 Su
perfil como coleccionista artístico ha sido objeto de interés y estudio por
parte de la historiografía histórico-artística en los últimos años. Entre los
principales estudios relativos a la Casa de Velasco y su relación con las artes
hay que destacar: ZALAMA, ANDRÉS, 2002; ALONSO, DE CARLOS, PEREDA, 2005. Sobre
algunos aspectos específicos del perfil coleccionista del VI condestable de
Castilla, en cuanto que intermediario de encargos regios o sobre su gusto por
la antigüedad clásica, véanse respectivamente: DE CARLOS, 2003 y 2005. El
estudio más completo sobre la figura de don Juan Fernández de Velasco como
coleccionista y protector de las artes se encuentra en: MONTERO DELGADO et al.,
2014. Estos recientes estudios sobre el VI condestable de Castilla han puesto
principalmente el foco en sus colecciones e intereses “artísticos”, restando
apenas explorada su relación con los saberes científico-técnicos y con la
ingeniería, como señalan: MONTERO DELGADO et al., 2014, p. 100.
253 Preparado por Patricio Barros
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Figura 38.
Anónimo, La conferencia de Somerset House, ca. 1604, óleo sobre lienzo, 205,7 ×
268 cm, Londres, National Portrait Gallery (NPG 665). En este cuadro se
retratan a los principales protagonistas de las negociaciones diplomáticas
hispano-inglesas previas a la firma del Tratado de Londres de 1604. En el lado
izquierdo de la mesa se sitúan los representantes de la legación española,
entre los que se retrata, a don Juan Fernández de Velasco, figura más próxima a
la ventana.
Un
interesante testimonio que refleja la fama alcanzada por donjuán durante los
últimos años de su vida como hombre de ingenio y al que gustaba coleccionar
todo aquello que respondiera a la categoría
254 Preparado por Patricio Barros
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de curioso
y extraordinario, lo encontramos en la correspondencia diplomática de la época.
El 21 de junio de 1611, el secretario del granduca di Toscana, Belisario Vinta,
escribía una carta a Alessandro Beccheria, estante en Milán. En ella, tras
solicitar información acerca del pintor encargado de realizar unos cuadros de
perspectiva comisionados por el VI condestable de Castilla —por aquel entonces,
gobernador de la Lombardia— para Cosimo II de’ Medici333, el secretario toscano
comunica a su corresponsal milanés la intención de enviar desde Florencia un
presente extraordinario para donjuán Fernández de Velasco:
Et sapendo
noi che per virtuosa curiosità piacerà a S[ua] E[ccellenza] [Juan Fernández de
Velasco] di havere uno de grandi occhiali del Sig[no]re Galilei matemático di
S[ua] Afltezza] che é tornato últimamente da Roma, li si é ordinato che ne
faccia uno a posta per mandarsi all’E[ccellenza] S[ua] quanto prima insieme con
instruttione del modo dell’usarlo, et vi haverebbe mosso súbito mano, se non
fusse stato soprapreso da una febbre terzana, che tutta via l’impedisce et
l’inquieta malamente. Et perché a Roma insieme con Ecc[ellentissi]mi matematici
ha fatte nuove osservationi intorno a quei nuovi pianeti scoperti da lui, come
sia guarito gli si chiederá un disteso et un informatione di tutto questo fatto
et si manderá a S[ua]
333 ASFi,
Mediceo del Principato, vol. 3137, f. 383v. Carta de Belisario di Francesco
Vinta a Alessandro Beccheria, estante en Milán. Florencia, a 21 de junio de
1611: “[…] Haveva commessione dall’Ecc[ellentissi]mo Sig[no]re Contestabile di
far fare certi quadri di prospettiva, ma perche S[ua] E[eccllenza] fusse meglio
servito, io lo sforzai per parte di S[ua] A[ltezza] mio Sig[no]r[e] a
conferirmi, se bene egli lo recasava, chi fusse il pitrore destinado da S[ua]
S[ignoria] Ill[ustrissi]ma per questo servirio”.
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E[ccellenza]
costa sapendo che il suo vivo valoroso ingegno si diletta mirabilmente di cosi
fatte estraordinarie et mirabili cognitioni […]334
Efectivamente,
en junio de 1611, Galileo acababa de regresar a la corte medicea tras su
estancia en Roma, donde habría dado a conocer y difundido sus nuevos hallazgos
celestes, entre los que cabe mencionar su descubrimiento de los cuatro
satélites del planeta Júpiter335. Por su parte, el condestable se encontraba en
las postrimerías de su vida, contando con una dilatada trayectoria política,
militar y diplomática al servicio de la corona española y la fecha de la misiva
se situaría ya mediado su segundo mandato como gobernador de la Lombardia, tan
solo un año antes de su regreso definitivo a la corte de Madrid, donde
fallecería en marzo de 1613. Por lo tanto, las palabras con las que el
secretario del granduca Cosimo II alude al noble español nos hablan de cómo su
ingenio y su fama había traspasado fronteras y eran bien conocidos en algunas
de las principales cortes de la Europa de la época. Pero más
Ibíd. Este
documento es referido brevemente por Bucciantini et al. (2012, p. 192) de
manera casi anecdótica, en el marco de su exposición más amplia sobre los
intereses astronómicos del cardenal Federico Borromco y de la difusión del
telescopio en el ámbito milanés. Estos autores señalan el creciente interés que
hubo en Milán por el uso astronómico del catalejo y citan como ejemplo de ello
la carta a la que nos hemos referido en los siguientes términos: “[…] Anche
tenendo como del fatto che il cannocchiale circolava ormai da diverso tempo a
Milano. E la curiosità per il sud uso astronómico era più che mal vira, come
testimonia il governatore spagnolo, Juan Fernández de Velasco y Tovar, che nel
giugno 1611 richiedeva con insistenza a
Firenze
‘uno de’ grandi occhiali del Sig.re Galilei’, insieme con una ‘instruttione del
modo dell’usarlo’”. En nuestra opinión, aunque se trate de un matiz, de las
palabras de Vinta en su carra a Beccheria, el ofrecimiento y la idea de
agasajar al gobernador español con un catalejo galileano parece partir de la
propia corte florentina y no de una insistente petición del condestable de
Castilla. La correspondencia emitida por el propio Belisario Vinta que se
analizará más adelante vendría a ratificar esta idea.
Sobre la
estancia romana de Galileo, véase: BUCCIANTINI et al., 2012, pp. 223-252.
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allá de que
la elección del destinatario de tal regalo se fundamentara en la erudición de
su receptor que, por ende, sería alguien que apreciaría tal presente, en el
ofrecimiento del catalejo de Galileo al condestable seguramente subyaciera
asimismo una hábil maniobra política que deba ser interpretada en el contexto
más amplio de las estrategias urdidas en la corte florentina en la difusión del
nuevo instrumento336. De hecho, otro documento permite probar que el interés
del secretario Vinta por dar a conocer el telescopio de Galileo en la corte
española y, en particular, al condestable, venía de tiempo atrás (figura 39).
En una carta fechada algo más de un año antes, a 23 de mayo de 1610, Belisario
Vinta informaba a su embajador en la corte madrileña —Orso d’Elci— de que el
señor Galileo “nobil florentino, primario matemático dello Studio di Padova”
había efectuado nuevas observaciones y hallazgos celestes y de su intención de
enviar desde Florencia a Madrid al mencionado embajador lo siguiente:
Una
interpretación de la autoconstrucción de Galileo en el marco de las redes de
mecenazgo cortesano de la época como vía de legitimación de la nueva ciencia es
la que ofrece: BIAGIOLI, 2008. En cuanto a las relaciones que se establecieron
entre Galileo y España, estas, en primera instancia, Se desarrollaron por vía
diplomática y de manera directa. Así, en la correspondencia entre Madrid y
Florencia que cronológicamente dio comienzo alrededor de septiembre de 1612 y
se prolongó hasta 1618, Galileo se “ofrecía” a resolver el intrincado problema
de la determinación de las longitudes geográficas. Sin embargo, a tenor de las
informaciones y de la datación de las carras procedentes de la corte medicea
donde se refiere al VI condestable de Castilla que se analizan en este libro,
parece que estas tenían un objetivo algo distinto: estas misivas se fechan
entre 1610 y 1611 y, en ellas, no se hace mención a la cuestión de la longitud
geográfica, sino que la finalidad primordial que se perseguía desde la corre
florentina parece que era únicamente la de hacer llegar a don Juan el
telescopio creado en fecha reciente por Galileo. La transcripción de buena
parre de la correspondencia relativa a las negociaciones entre Madrid y
Florencia sobre la cuestión de la longitud geográfica fue publicada por:
FAVARO, 1891, pp. 101-148. Las relaciones entre Galileo y España, con
particular atención a la fortuna de las obras del matemático toscano en el
ámbito científico español han sido estudiadas por: NAVARRO BROTONS, LÓPEZ
PIÑERO, 1983; NAVARRO BROTONS, 2001 y SANCHEZ NAVARRO, 2001. Un análisis de la
recepción y la influencia ejercida por el telescopio de Galileo en la
literatura del Siglo de Oro español se encuentra en: GARCÍA SANTO-TOMÁS, 2014.
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alcune sue
dimostratione [refiriéndose a las observaciones de Galileo], et compositione in
stampa sopra tali stelle et pianeti, et anche certi occhiali di sua inventione
per rimirarle, et osservarle più fácilmente affmchè ella le faccia presentare
costi a Sua M[aes]tà o a cotesti S[igno]ri letterati, et in particolare al
Sig[nor] Contestabile, ella gli accetti, et lo favorisca in essequire la sua
volontá, perché é matemático, et filosofo di gran mérito, et di gran fama, et é
anche amicissimo mió, et tutto anche ha a resultare in honore et gloria del
Ser[enissi]mo nostro Padrone337.
Figura 39.
Galileo Galilei, Telescopio, ca. 1610, 127, 3 cm (largo), madera, papel, cobre.
Florencia, Museo Galileo (inv. n.º 2427).
Por lo
tanto, queda clara la intención del secretario del granduca di Toscana de dar a
conocer en la corte española (señalando a la
337 ASFi,
Mediceo del Principato, val. 302, f. 107r. Carta de Belisario Vinta a Orso
d’Elci (embajador florentino estante en Madrid). Florencia, a 23 de mayo de
1610. Esta misiva fue publicada parcialmente por: FAVARO, 1900, p. 356, n.º
312; y BUCCIANTINI et al., 2012, p. 176.
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persona del
rey y del condestable como principales destinatarios) los descubrimientos
astronómicos efectuados por su amigo Galileo en ese mismo año. Además, Vinta
indicaba el modo en que ello debía efectuarse: a través del envío de las
propias obras e instrumentos del matemático pisano, esto es, el Sidereus
Nuncius (Venecia, 1610) y el telescopio, construido apenas un año antes por
primera vez por Galileo. Sin embargo, el 22 de julio de 1610, el embajador
toscano en Madrid escribía a Vinta indicándole que Galileo todavía no había
enviado a España nada de lo que el secretario le comentaba en su carta de 23 de
mayo. Lo interesante de esta misiva es que Orso d’Elci comenta al secretario
Vinta que, en caso de que el matemático finalmente remitiera sus obras e instrumentos
a España, el embajador se comprometía a “ingeniárselas” para que lo vieran “i
più eruditi cavalieri che siano oggi qua”; mencionando en primer lugar, a
donjuán Fernández de Velasco y, en segundo lugar, al conde de Salinas, don
Diego de Silva y Mendoza338. De este modo, alguien que, como Orso d’Elci, sí
conocía de primera mano los entresijos de la corte y a la persona del
condestable, coincidía en el parecer de que donjuán Fernández de Velasco se
encontraba entre los caballeros más eruditos de la corte española.
Con todo,
cabe preguntarse si, finalmente, el envío del telescopio galileano se produjo y
si el instrumento llegó a manos del condestable. A la vista de los datos que se
van a exponer a continuación, puede afirmarse que, efectivamente, fue así. El
primer
ASFi,
Medicio del Principato, vol. 4941, f. 522. Carta de Orso d’Elci a Belisario
Vinta, desde
Madrid a 22
de julio de 1610. Esta carta fue parcialmente publicada por: FAVARO, 1900, vol.
X, p. 404, n.º 363.
259 Preparado por Patricio Barros
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indicio de
ello se halla en una nueva misiva redactada el 5 de julio 1611, poco tiempo
después de que Belisario Vinta hubiera anunciado a Alessandro Beccheria el
envío del catalejo para el condestable a Milán. En ella, el secretario mediceo
informaba a su corresponsal en la capital lombarda de que Galileo se encontraba
más recuperado de su enfermedad, por lo que se ocuparía de recordarle la
cuestión del telescopio para el condestable339. No se tiene constancia del
momento exacto en el que debió producirse el envío del telescopio junto con las
“instrucciones” sobre su uso. Sin embargo, encontramos un objeto que responde a
tales características en el inventario postmortem del condestable, redactado
tras su fallecimiento en 1613340. Así, el día 17 de mayo de 1613, en Madrid, se
registró una partida de bienes que fueron tasados por Antón de Morales,
escultor, Lorenzo de Aguirre, entallador, y Pedro de Buitrago, platero341. Las
características de los objetos inventariados —de los que no se especifica el
espacio o estancia concreta que ocuparon en la residencia de su propietario—
339 ASFi,
Mediceo del Principato, vol. 3137, f. 385. Carta de Belisario di Francesco
Vinta a Alessandro Becchcria, estante en Milán. Florencia, a 5 de julio de
1611.
Los
catálogos e inventarios que se conocen de la colección (o de una parte de la
misma) del VI condestable de Castilla son los siguientes citados por orden
cronológico: el Index auctorum, et librorum nomina, manuscrito conservado en la
BNE (Mss. 7840), sin fechar, pero cuya redacción se sitúa en torno a 1600. Se
trata de un indice que contenía los volúmenes conservados en la biblioteca del
condestable, destinado al uso del bibliotecario y su señor. Sobre el Index
auctorum, veáse: MONTERO DELGADO et al., 2014, pp. 200 y 209. Además, contamos
con dos inventarios notariales de los bienes de la familia Velasco. El primero
fue redactado en 1608, a raíz del fallecimiento de la primera esposa del
condestable —doña María Girón de Guzmán— y su rasgo más reseñable es que en el
se registran los bienes y los volúmenes de los que se componía la biblioteca
del condestable por aquel entonces (AHPM, Prot. 24850). El segundo inventario
notarial fue realizado tras la muerte de don Juan, en 1613, conservado asimismo
en el AHPM (Prot. 24851). La diferencia sustancia] entre el registro de bienes
de 1608 y el de 1613 es que en el inventario postmortem no se detallan los
libros de la biblioteca en el momento de la muerte de su propietario. A estos
documentos conocidos por la historiografía, debemos añadir la existencia de
otro ejemplar del inventario postmortem de 1613 conservado en el AHN-SN, Frías,
C. 620, D. 4 y que vamos a citar como fuente en este trabajo.
AHN-SN,
Frías, C. 620, D. 4, ff. 71v.-76v.
260 Preparado por Patricio Barros
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pueden
parecer, a ojos del espectador contemporáneo, de lo más heteróclitas: desde
varias figuras de Cristo crucificado, pasando por escribanías y cajas de
diversa índole, hasta huevos de avestruz, una raíz de coral con su peana o “las
alas pico y pies de Vn paxaro colorado por estar desplumado no se tasa”342.
Entre estos objetos, se registra la siguiente entrada: “Un antojo de mirar
lexos metido en vna funda de cuero que se abre mas de vna Bara tassase en
quatro Reales”343. Esta descripción concuerda plenamente con la del telescopio
galileano: tanto en lo que respecta a sus dimensiones — pues recordemos que
debía ser “uno de’ grandi occhiali” y en el inventario se especifica que el
instrumento tenía más de una vara de longitud— como a la terminología utilizada
en la época para referirse a tales instrumentos344. De todo lo expuesto, se
infiere que el telescopio habría sido enviado al condestable, estante en Milán,
en una fecha comprendida entre julio de 1611 y el verano del año siguiente,
momento en que donjuán Fernández de Velasco partió de la capital lombarda con
destino a España, a donde llevaría consigo en su equipaje el catalejo que sería
registrado en Madrid unos meses más tarde en su inventario postmortem. Por lo
tanto, es posible afirmar que nos encontramos ante uno de los telescopios
Ibíd., f.
75r.
Ibíd., f.
74v.
En este
sentido, encontramos una alusión similar a un telescopio galileano en el
tratado Uso de los antojos (1623) de Benito Daza Valdés, que constituye una de
las primeras obras de la literatura científica española que se hace eco de las
observaciones astronómicas y del telescopio ideado por el matemático pisano.
Este autor dedica un espacio específico de su tratado al estudio del
telescopio, concretamente, el Diálogo IV, cuyo encabezamiento reza: “En qve se
trata de los antojos Visorios, ó cañones con que se alcança a ver á distancia
de muchas leguas”:
DAZA
VALDÉS, 1623, ff. 90r. y ss. Un análisis del tratado de Daza Valdés se
encuentra en: GARCÍA SANTO-TOMÁS, 2014, pp. 88-99.
261 Preparado por Patricio Barros
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galileanos
documentados más tempranamente en la corte madrileña.
En cuanto
al “lugar” que ocupó el telescopio en la residencia del condestable en la
capital española, es preciso notar que este no se encontraba junto a los
instrumentos científicos y de medición que se situaban en la librería, puesto
que en el inventario de 1613 no se registraron los bienes de la biblioteca.
Dado que el inventario postmortem se organiza por categorías de objetos y no en
función de la distribución topográfica de los mismos, carecemos de datos que
permitan explicar por qué este instrumento no se encontraba en el espacio que
habitualmente solían ocupar tales objetos. Aunque, tal vez, el registro del
“antojo de mirar lexos” junto a diversos escritorios explicaría esta
“descontextualización” (si es que podemos llamarla así) puesto que, como se ha
visto en este trabajo, ese tipo de piezas de mobiliario en muchas ocasiones
hacían las veces de receptáculo de instrumentos matemáticos y quirúrgicos.
Por último,
debemos retomar la descripción que ofrecía el secretario Vinta de este regalo
para el condestable en su carta de junio de 1611. En principio, el envío no iba
a estar constituido únicamente en “uno de’ grandi occhiali del Sig.re Galilei”,
sino que el catalejo debía ir acompañado de “un’istruttione del modo d’usarlo”.
Si bien como se ha visto, en la lacónica descripción del “antojo” contenida en
el inventario de 1613 no se hace alusión alguna a la presencia de dichas
“instrucciones” junto al instrumento, sería lógico pensar que estas, al menos
inicialmente, sí que formaron parte del presente enviado a donjuán. A sustentar
esta hipótesis contribuiría el hecho
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de que,
como se ha comentado en anteriores pasajes, en la época existía una estrecha
imbricación entre los instrumentos y los libros científicos o relaciones en las
que se declaraba su uso, cuya ubicación final por lo general sería la
biblioteca de su propietario. En este sentido, a pesar de la referida
“descontextualización” del telescopio galileano, la biblioteca del VI
condestable de Castilla no sería una excepción a este tipo de prácticas
coleccionistas.
Conocemos
los objetos que conformaban esta excelsa biblioteca gracias al inventario
redactado en 1608 tras el fallecimiento de su primera esposa, doña María Girón
de Guzmán. Sin embargo, como se ha señalado, en el inventario postmortem de
1613 no se asentaron los ítems de la librería, por lo que, muy probablemente,
en los cinco años que transcurrieron entre uno y otro registro de bienes, tanto
el número de instrumentos como de libros científicos pudo haberse visto
acrecentado345. La biblioteca del condestable estaba conformada por un total de
64 cajones “aforrados” con mapas destinados a contener una gran cantidad de
volúmenes. Además, en ella se dispuso una galería de retratos de la familia
Velasco, dos parejas de globos celestes y terrestres valorados en la respetable
cifra de 1.600 reales cada par, varias esferas armilares de bronce y de
plata346 y una gran cantidad de instrumentos científicos y de medición347.
Dadas estas
circunstancias, raí vez el Sidereus Nuncius (1610) de Galileo pudo haber
llegado a formar parte de la librería del condestable al final de sus días,
aunque con los datos disponibles no podamos confirmarlo.
AHPM, Prot.
24850: “[n.º 2528] dos globos de que son Las Espheras del mundo Terrestre y
celeste y Esfera tassados ambos en mill y seiscientos Rs” (f. 260v.), “[n.º
2529] Otros dos globos Terrestre y celeste Tassados ambos son En papael en
cinqta Rs” (f. 261r.); “Otro Globo Esphera de Bronçe Tassado en seisciens
R[ea]ls”; “Vna Esfera de Bronçe grande tassada en treçientos
263 Preparado por Patricio Barros
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El aprecio
y estima que don Juan sentía por su biblioteca queda perfectamente reflejado en
una de las mandas de su testamento donde hacía constar su voluntad de vincular
a su mayorazgo tanto la librería como la armería que poseía, argumentando que
la transmisión de este patrimonio a sus herederos constituía el mejor medio
para que se perpetuara en su memoria las dos cosas fundamentales a través de
las cuales se adquiría y conservaba la nobleza: las armas y las letras348. A
pesar de la voluntad de su propietario, la librería acabaría finalmente
dispersándose y una parte de la misma ingresaría en la Biblioteca Nacional de
España, donde en la actualidad se conservan algunos de sus libros y
manuscritos349. Aunque no disponemos de un inventario donde se recoja el estado
de la biblioteca al final de la vida de su propietario, lo cierto es que ya en
1608 esta contaba con un importante número de instrumentos y volúmenes
científicos que seguramente haría de
rreales”,
“Dos globeçillos chicos de Bronçe Tassados ambos en sesenta R[eal]es”; “otro
globo de Plata El pie dorado y lo demás Es Bronçe dorado tassado […] en
ochocientos rreales” (f. 263r.).
La
historiografía reciente ha analizado diferentes aspectos de la vasta librería
que reunió don Juan Fernández de Velasco, pero ha pasado de puntillas sobre la
cuestión de los instrumentos y la relación que mantuvo el condestable con los
saberes científico-técnicos. Una primera aproximación a su biblioteca, centrada
en la identificación de los manuscritos reunidos por don Juan que actualmente
se conservan en la BNE, se encuentra en: FERNÁNDEZ POMAR, 1967 y ANDRÉS, 1980.
La presencia y el gusto por la antigüedad en el marco de la biblioteca y
colecciones del condestable ha sido estudiado por: DE CARLOS, 2005. Por su
parre, un estudio comparativo de las bibliotecas del conde de Gondomar y del VI
condestable de Castilla centrado en la presencia de los libros italianos
reunidos por ambos nobles se encuentra en: LÓPEZ - VIDRIERO ABELLO, 2008. En el
estudio más completo y reciente sobre la figura de don Juan Fernández de
Velasco como coleccionista se dedica un capítulo especifico a su librería,
encuadrándola en el marco cultural de la época y ofreciendo una visión de
conjunto de la misma: MONTERO DELGADO et al., 2014, pp. 179-263.
El
testamento de don Juan Fernández de Velasco se encuentra en: AHPM, Prot. 1830,
ff.
274-300.
Este documento aparece reproducido íntegramente en: MATILLA TASCÓN, 1983, pp.
15-123.
Sobre las
vicisitudes relativas al ingreso en la BNE de una parte de esta biblioteca, con
especial atención a la identificación de los manuscritos que inicialmente
formaron parre de la misma y que, en la actualidad, se conservan en la BNE,
véase: FERNÁNDEZ POMAR, 1967 y ANDRÉS, 1980.
264 Preparado por Patricio Barros
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ella una de
las más nutridas en estas disciplinas de la corte española. En lo que a los
instrumentos científicos y de medición respecta, estos fueron tasados por el
relojero Antonio Matiolo y entre ellos se encontraban artefactos de distinta
naturaleza para medir y representar el mundo. En primer lugar, hay que destacar
la presencia de varios estuches e instrumentos matemáticos que, dado el interés
de su descripción, se transcriben a continuación:
[n.º 2550]
vna Caxuela con ynstrumentos de Matematica de Bronce dorados tassados por El
dicho antonio Matiolo en ducientos y cinq[uen]ta R[ea]les. La caja Esta
aforrada de terciopelo Carmesi. [n.º 2551] Otro Instrumento de Matematica de
Bronce dorado metido en Vna caxa forrada de Carnuza colorada tassada en ciento
y cinq[uen]ta R[eal]es. [n.º 2552] Vn Estuche de matemática que se compro de la
Almoneda del Conde de Haro y se tasso en la misma Compra por el dicho Antonio
matiolo En settecientos y nouenta y ocho R[ea]les. [n.º 2554] Vn Compás de
Matematica con otro ynstrumento tassado todo en cient Reales. [n.º 2557] Vn
Compás de Matematica tasado por El dicho en doce R[eal]es,350.
Además, en
esa misma partida se registraron un total de cinco astrolabios: dos de ellos de
bronce dorado, ambos tasados en un total de 800 reales; otro astrolabio tasado
en 140 reales “de hechura de plata”; un cuarto astrolabio de bronce valorado en
60 reales y, el último, descrito como “vn Estrolabio de Bronce maltratado gugio
AHPM, Prot.
24850, ff. 262r.-263r.
265 Preparado por Patricio Barros
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tassado en
fien rreales”351. A estos instrumentos, hay que añadir un par de relojes
solares: uno de madera con las armas de la Casa de Velasco valorado en dos
ducados y otro de marfil con su bolsa de damasco verde tasado en seis ducados.
Entre los instrumentos del condestable, merecen especial atención tres asientos
que destacan por la singularidad de sus características. El primero se
corresponde con “La Piedra vman con los demas ynstrumentos que costo
quatroçientos y quarenta Reales y En lo mismo se taso”352. No podemos
determinar cuáles serían esos instrumentos que acompañaban a la calamita pero,
teniendo en cuenta la importancia que revestía el uso de este tipo de piedras
magnéticas en el arte de la navegación en la época, muy probablemente este
conjunto de instrumentos pudieron haber servido a tal fin. El segundo artefacto
a señalar es “Vn Estrumento de Bronce dorado que Sirbe de tomar El Altura del
Sol, fortificaciones Y otras Cosas con armas de Velasco y de la çiudad de
Milán”, que fue tasado en quinientos reales. De tal descripción se infiere, por
un lado, la procedencia milanesa de este instrumento y, por otro, el escudo de
armas de su propietario parece indicarnos que debió tratarse de un objeto que
respondía a unas características muy concretas, pudiéndose tratar, tal vez, de
un encargo específico del propio condestable o, incluso, de un regalo con el
que pudo haber sido obsequiado durante su primer periodo de gobierno en la
Lombardía. Además, teniendo en cuenta que, como se ha comentado, a su muerte,
donjuán vincularía su librería (y su contenido) a su mayorazgo, la presencia de
las armas
Ibíd.
Ibíd., f.
262r.
266 Preparado por Patricio Barros
dos ducados
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familiares
en este instrumento no haría sino insistir (todavía más) en la asociación de
este objeto al linaje familiar353. Por último, la interpretación del tercero de
los objetos, si bien su descripción plantea más dudas que certezas, merece la
pena ser mencionada. Se trata de “Vn Ombregillo de Madera q[ue] se banbolea que
le dio
Jeronimo
Hordoñez al condestable mi s[eñ]or que Uale ”.
Es preciso
señalar que esta figura se asienta en la partida de bienes sucesiva a la de
instrumentos matemáticos, junto con un cristo de marfil y varios cuchillos
damasquinos354. No obstante, teniendo en cuenta las referencias anteriormente
comentadas a algunos posibles autómatas, como en el caso de “Una caja con una
muñeca q[ue] baila” que poseía el V duque de Sessa o “la madama que esta
tañiendo un laúd y vaila sobre una mesa” que formaba parte de las colecciones
del VI duque del Infantado, puede que este “ombreçillo” que se bamboleaba que
perteneció al condestable deba ser interpretado en esa misma dirección, esto
es, como una figura dotada de algún mecanismo que producía su movimiento355.
A. Urquizar
Herrera (2Ú07, pp. 93 y Ss.), al estudiar la casa y su decoración como elemento
de identificación familiar en la Andalucía del Renacimiento, toma en
consideración la presencia de blasones sobre distintos objetos, lo que les
convierte en “elementos coleccionados”.
AHPM, Prot.
24850, f. 263v.-264r.
En cuanto a
la persona que se indica que dio esta pieza a don Juan, parece que podemos
identificarle con el homónimo tesorero del condestable, pues un Jerónimo
Ordóñez es citado ocupando tal cargo en la tasación de los bienes muebles de la
Quinta que perteneció al noble en agosto de 1613: AHPM, Prot. 24851, f. 467r.
267 Preparado por Patricio Barros
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Figura 40.
Juan de Rojas, Commentariorum in Astrolabium quod Planisphaerinm nocant, libri
sex nunc primüm in lucem editi, Lutecia, 1550.
La
presencia de esta más que significativa cantidad de instrumentos que darían
cuenta de los intereses para con la “ciencia práctica” de donjuán Fernández de
Velasco, debe ser leída en estrecha relación con la abundatísima cantidad de
libros que el condestable poseía sobre disciplinas afines a la geometría en su
biblioteca y que reflejarían sus intereses para con la “ciencia teórica” y la
necesidad de ékphrasis inherente a muchos de estos instrumentos. Los
268 Preparado por Patricio Barros
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volúmenes
de temática científico-técnica se guardaban principalmente en dos cajones
correlativos de su librería: el “Cajón XXVII bajo” y el “Cajón XXVII alto” y
abarcaban todas aquellas disciplinas afines a la geometría tanto de autores
clásicos como modernos. Desde Euclides y Arquímedes, pasando por las ediciones
del matemático siracusano comentadas por el eminente Federico Commandino, hasta
obras enteramente redactadas por los principales matemáticos del siglo XVI:
Oronce Finée, Nicoló Tartaglia, Gerolamo Cardano, Raffaele Bonelli, Cristoforo
Clavio, Francesco Patrizi, Giuseppe Unicorno o Cristoforo Clavio, por citar
algunos de los autores más destacados356. Además, llama de la atención la
notable cantidad de volúmenes dedicados a la exégesis y el uso de instrumentos,
tales como el astrolabio que poseía don Juan en su librería: dos ejemplares de
la Elucidatio fabricae ususque
AHPM, Prot.
2485Ü, Cajón XXVII alto, ff. 447r.-448r.: “Obras de Archimedes Impresas en
beneçia enquadernadas en pergamino y tassadas en tres R[eal]es” y “Obras de
Archimedis
Siracusanio
PHilosoPhia y Geometria en griego y en latín Impresa en Vteçia tassadas en
v[ein]te R[eal]es”; “Archimedis Comentadas por frederico comandino Impresas en
beneçia enquadernado enpergamino tasado en seis R[ea]es” (Ibíd., f. 448r.);
“Archimedis de bisque Vebuntur in aqua et
Comandin de
centro solidorum Impreso en Uolonia enquadernado enper gamino tassado en quatro
R[ea]es”. Estos dos últimos asientos se corresponden con las siguientes
ediciones de la obra de Arquímedes elaboradas por Federico Commandino:
Archimedes opera nonnula (Venecia, 1558), De iius quae in aqua rehuntur y Liber
de centro gravitatis solidorum, ambas publicadas por primera vez en Bolonia en
1565, cuando Commandino se encontraba en la ciudad emiliana bajo la protección
de los Farnese. A estos títulos, se suman las obras de Euclides, en concreto,
La Geometria pratica di Giovanni Pomodoro Veneziano carata dagli Elementi
d’Euclide, e d’altri famosi Autori, con l’esposizione di Gio. Scala Matematico
(Roma, 1599); otra edición de un autor clásico efectuada por Commandino, en
esta ocasión, del tratado sobre las secciones cónicas del famoso geómetra
griego Apolonio de Perga, titulado Apollonii conicorum libri quattuor una cum
Pappi Alex. lemmatibus et commentariis Eutocii (Bolonia, 1566); una edición
impresa en París de la obra del filósofo latino Sexto Empírico (ca. 160-210)
titulada Adversus mathematicos, hoc est, adversus eos qui profitentur
disciplinas, las Opere di Orontio Fineo del Delfinato (Venecia, 1587) dividida
en cinco partes en las que se abordaban la aritmética, la geometría, la
cosmografía, los relojes y los espejos; la Nuova Scienza de Tartaglia (de la
que no podemos precisar la edición que poseía el condestable); el Opus novum de
proportionibus (Basilea, 1554) de Gerolamo Cardano; el Epitome arithmaticae
practicae (Roma, 1585) del jesuita Cristoforo Clavio; Della nuova geometria
(1587) de Francesco Patrizi o De Arithmetica Universale (Venecia, 1598) de
Giuseppe Unicorno.
269 Preparado por Patricio Barros
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astrolabii
de Johannes Stóffler, el Commentariorum in Astrolabium quodplanisphaerium
uocant (1550) de Juan de Rojas (figura 40), el Trattato dell’uso e della
fabbrica dell’astrolabio (1569) de Fray Ignazio Danti, el Planisphaeriorum
universalium theorica (1579) de Guidobaldo dal Monte (quien cabe recordar que
fue protector de Galileo)357, la Astronomiae instaurate Mechanica de Tycho
Brahe, así como numerosas obras de Giovanni Paolo Gallucci, entre otros
autores358.
Entre los
libros que reunió donjuán, interesa destacar un asiento en particular descrito
en los siguientes términos: “Discurso de la plaga del Estado de millan y
disinios enquadernado enpergam[in]o las tablas alamano en hecho y tragado por
El condest[abl]e mi s[eñ]or cinq[uen]ta R[eal]es”359. De tal descripción se
desprende que el propio don Juan Fernández de Velasco habría sido el artífice
de los “disinios” y del contenido de ese volumen sobre la plaza del estado de
Milán. Por lo tanto, aunque si bien el análisis que se ha venido efectuando
hasta el momento en torno a los intereses científicos del condestable a través
del estudio de los instrumentos y libros reunidos en su librería parecía
apuntar a la estrecha relación que mantuvo donjuán con la teoría y la práctica
científica, la presencia de un volumen de tales características “hecho y
tragado por El condestable” viene a ratificar que nos encontramos ante un
auténtico “príncipe de la geometría”.
Guidobaldo
dal Monte fue protector de Galileo durante los primeros años de su carrera y
gracias a su mediación el matemático pisano obtuvo sus puestos en la
Universidad de Pisa en 1589 y en la de Padua en 1591: BIAGIOLI, 2008, pp.
50-51.
AHPM, Prot.
24850, Cajón XXVII bajo, ff. 443r.-445r.
Ibíd.,
Cajón XXVI bajo, f. 435v.
270 Preparado por Patricio Barros
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Por todo
ello, no es de extrañar que ya en las postrimerías de la vida del VI
condestable de Castilla desde la corte florentina se quisiera agasajar a este
“vivo et valoroso ingegno” con el que por aquel entonces sería seguramente el
instrumento más novedoso y apreciado tanto por hombres de ciencia como por los
“curiosos”: el telescopio de Galileo.
271 Preparado por Patricio Barros
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Parte 2
El imperio
de la representación: “imago mundi” en la corte de
los
Austrias360
Capítulo 9
Ver y
comprender el mundo en la corte de los austrias
El
creciente interés por la medida a lo largo de las últimas décadas del siglo XVI
se materializó y concretó en una serie de cuestiones que han sido abordadas en
la primera parte de este libro: la construcción y el perfeccionamiento de los
instrumentos científicos y de medición o el interés por promover la publicación
de textos científicos en lengua vernácula que posibilitara un mayor alcance y
difusión de los saberes fundamentados en la geometría. Todos ellos fueron
procesos que se fraguaron desde dentro de las instituciones científicas
promovidas desde la corte o en paralelo a las mismas y a la creación de centros
del saber como la biblioteca del monasterio de El Escorial. A su vez, todos
estos intereses en torno a la “medida” amparados por el poder, por un lado,
tuvieron su correlato tanto en la literatura como en la teoría política
generando una serie de metáforas visuales en torno a los mismos. Por otro lado,
las
Cabe
señalar brevemente el porqué de la elección del término “imago mundi” para
designar lo que este literalmente significa, esto es, “imagen o representación
del mundo”. Además de corresponderse con el título de la homónima revista
dedicada al estudio de la historia de la cartografía, este término guarda
estrecha relación con alguna de las complejidades o paradojas inherentes a la
nomenclatura de este tipo de imágenes utilizada en la época (mapas, pinturas,
cartas de marcar, en definitiva, cartografía). Así, por ejemplo, en algunos
documentas se hace referencia a determinadas imágenes indistintamente como
pinturas y como mapas. De ahí que, a nuestro juicio, en el término imago mundi
tengan cabida todas esas representaciones fundamentadas en la geometría y
destinadas a retratar el mundo y el cosmos.
272 Preparado por Patricio Barros
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inclinaciones
de los monarcas por la medida y por el conocimiento del tiempo y del espacio se
vieron reflejadas de un modo especular en los intereses y gustos que
manifestaron algunos nobles durante las primeras décadas del Seiscientos y que
ha sido posible perfilar a través de los objetos y de la cultura material que
reunieron. En todos estos procesos de difusión de la cultura científica a
distintos niveles a menudo difíciles de deslindar unos de otros habrá un
aspecto o, si se prefiere, un sentido al que se apelará insistentemente como
principal instrumento de aproximación, de conocimiento y de ordenación del
mundo sensible ya desde los inicios del Barroco: la vista.
Los
tratados que vieron la luz en este periodo de todas y cada una de las
disciplinas derivadas o dependientes de la geometría a las que refería Rodrigo
Zamorano en su traducción de Los Elementos de Euclides, recurrirán con gran
frecuencia e invitarán a los “curiosos lectores” a ver, mirar y observar en la
dirección requerida para cada una de las materias. En este sentido, la
literatura artística abundará en referencias a la vista y a las diferentes
acepciones y funciones del arte de mirar. En su Diálogo cuarto, Vicente
Carducho ponía en boca del Maestro las partes de las que constaba el perfecto
pintor, que debían ser el resultado de sintetizar perfectamente a los dos
pintores que el autor distinguía en el sujeto: un pintor interior “que es el
entendimiento intelectivo y discursivo práctico” y el otro exterior, operativo
y práctico361. Según Carducho, para alcanzar
361
CARDUCHO, 1979, pp. 188-194. Sobre el proceso de creación de la pintura
perfecta expuesto por Carducho y las continuidades y discontinuidades con las
ideas postuladas en
273 Preparado por Patricio Barros
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“una obra
docta, científica, gallarda, hermosa, bien considerada, y bien colorida” era
necesario, en primer lugar, el empleo de la razón, mucha especulación y el
conocimiento de las causas y principios. En segundo lugar, dado que el pintor
perito era aquel que “restituye y enmienda”, este proceso pasaba por “vna
cuidadosa obseruacion de los objetos, y con vn continuo exercicio en imitar lo
que percibiere la vista en ellos: y esto con perseuerancia continua en lo vno y
en lo otro”362. Por lo tanto, para Carducho la pintura iba más allá de ser una
mera imitación del natural y pasaba por un proceso en el que el pintor, a
través del intelecto, mejoraba y enmendaba la realidad observada. Sin embargo,
en sus consideraciones el sentido de la vista se sitúa, de manera
incontestable, como el primer vehículo de aproximación para representar la
realidad sensible363. Además de esta minuciosa observación de la realidad que
debe llevar a la comprensión y a la selección de la misma, el pintor insiste en
la práctica de “representar” y en ejercitarse en el dibujo apelando al mote
“Nihil die sine linea” como requisitos fundamentales para la realización de una
obra científica364.
torno a la
cuestión por Zuccaro, véase la introducción critica al tratado realizada por
Calvo Serraller: Ibíd., pp. XCI-XCIII.
Ibíd., p.
192.
Desde el
ámbito de la Historia del Arte son abundantes las aproximaciones en torno a la
recepción de la obra de arte por su público. En España, un estudio en el que se
dio un paso más respecto a la historia del mecenazgo y el coleccionismo,
adentrándose en el análisis de los hábitos visuales y de las convenciones
culturales que operaban en la apreciación de los cuadros del Siglo de Oro es:
MORÁN TURINA, PORTÚS PÉREZ, 1997.
En cuanto a
la concepción y práctica del dibujo por parre de Carducho, este artista
incorporó en su tratado algunas de las ideas teóricas formuladas por Zuccaro
(la importancia de dibujar tanto del natura] como partiendo de los prototipos
de la antigüedad clásica); al tiempo que se dejan sentir los ecos de la
tradición florentina en la práctica del dibujo tal y como lo concebía Vasari
(en sus referencias escritas apelaba al dibujo da viro, pero la ejecución de
facto concebía sus dibujos a partir de la imaginación, da se). Sobre estas
cuestiones relativas al dibujo de Carducho, véase: VELIZ, 2016. Prueba
incontestable de la prolífica práctica del dibujo que desarrolló este artista
en el estudio y preparación de sus composiciones se encuentra en el
274 Preparado por Patricio Barros
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Estas ideas
de Carducho no se limitarían meramente a la esfera teórica, sino que el
escrutinio del inventario de sus bienes redactado en 1638 revela cómo los
postulados contenidos en su tratado se concretaron en prácticas de facto. Más
específicamente, en relación con la cuestión que aquí se viene dirimiendo —esto
es, la importancia de la observación y del sentido de la vista— son
cuantiosísimos los objetos que apelan a dicho sentido (más allá de las pinturas
que, como parece lógico, debía poseer un artista como Carducho). En su
inventario se asientan decenas de modelos (de bronce, de cera, de yeso, etc.)
que recrean diferentes miembros del cuerpo humano, maniquís y figurillas de
animales, mujeres y hombres de cuerpo entero, así como numerosos libros encuadernados
o legajos enteros de dibujos, rasguños o estampas (entre los que llama la
atención el siguiente asiento: “En vn legaxo ay treynta y nuebe ojos de notomi
y escrito tiene No. 21”)365. Esta cultura material no hace sino subrayar la
importancia del estudio, de la observación y de la práctica del dibujo para un
pintor erudito como Carducho. Pero, al mismo tiempo, es significativo que la
tenencia de estos modelos visuales no pasara desapercibida a los ávidos ojos
del por aquel entonces todavía poderoso conde-duque de Olivares, quien dio
orden al Protonotario de los reinos de Aragón, don Jerónimo de Villanueva, de
que comprara en la almoneda de Carducho “var[i]os dibujos modelos libros y un
maniquí y piedras de
extenso
corpus de este tipo de obras que se han conservado, estudiadas recientemente
por:
PASCUAL
CHENEL, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2015.
CATURLA,
1968-1969b.
275 Preparado por Patricio Barros
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moler
[…]”366 cuyo destinatario habría de ser el príncipe Baltasar Carlos. Una
adquisición que nos habla de los intereses cortesanos hacia la cultura visual y
hacia la práctica de mirar y observar para ejercitarse en este arte.
Continuando
con el análisis en torno a las “observaciones” que requerían las diferentes
disciplinas dependientes de la geometría, en el siguiente escalafón, Zamorano
situaba aquellas ciencias vinculadas al arte militar, entre cuyos profesionales
se contaban los capitanes y soldados, los artilleros y los ingenieros. Mientras
que los Diálogos de Carducho deben leerse e interpretarse en el contexto
ideológico de la pintura española del Siglo de Oro y, en ese escenario, el
objetivo que perseguía el pintor de origen florentino era el de la
reivindicación de la dignidad y liberalidad de su arte367, por su parte, los
tratados de carácter técnico relativos al arte militar fueron redactados con
una finalidad distinta aunque, como se verá, en ellos se recurrirá con gran
insistencia al sentido de la vista. En términos generales, los escritos sobre
el “nuevo arte de la artillería” y ciencia militar que vieron la luz a caballo
entre los siglos XVI y XVII respondían a la necesidad de reducir a preceptos o
principios teóricos la experiencia adquirida generalmente por el propio autor
durante largos años de experiencia en el campo de batalla. Uno de los tratados
que gozó de una amplia difusión fue el ya referido El perfecto capitán (1590)
de don Diego de Álava y Viamont. La
Ibíd., p.
218.
Obra
fundamental que analiza el rema de la defensa de la liberalidad del arre de la
pintura en el contexto español de este periodo es la de: GALLEGO, 1976. El
estudio sobre esta cuestión se ha ido completando con las publicaciones
posteriores de Martín González, Úbeda, Calvo Serraller o Benito. El análisis
más reciente sobre las ideas y teoría artística contenidas en el tratado de
Carducho se encuentra en: ANDREWS, ROE, NOBLE WOOD, 2016.
276 Preparado por Patricio Barros
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primacía
que el autor concede a la percepción visual y las referencias a este sentido
quedan patentes ya desde las primeras páginas de la obra. El tratado da
comienzo con una exposición “De los admirables efetos de la Aristmetica y
Geometria”. En sus primeras líneas Álava se lamenta de la ignorancia de sus
coetáneos en esas materias y subraya la importancia de su conocimiento, pues
“son las que auiendonos guiado para alcançar el orden y mouimientos de los
cielos, nos pueden con facilidad sacar de todo lo que no fuere conforme á lo
que nuestro corto caudal y discurso alcançan”368. Con el fin de avalar sus
argumentos y situar tanto a la aritmética como a la geometría como fundamento
del verdadero conocimiento, el autor recurre al ejemplo y criterio de autoridad
de la antigüedad clásica y, más específicamente, a los que califica de
“Príncipes de la Filosofía”: Pitágoras y, tras él, Platón, quien sobre la
puerta de su academia dispuso un letrero a razón del cual prohibía la entrada
de quien no estuviese iniciado y ejercitado en esas dos partes de las
matemáticas puesto que, como explica Alava:
[…]
pareciendoles que sin tan necessario fundamento pudieran assentar mal la
contemplación y sutilezas de la Filosofía: y que saliendo del trato de las
cosas que consisten en materia sensible, al de las insensibles que la
Metafísica alcança, era forzoso deslumbrarse sin esta guía qualquier ingenio,
de la suerte que le sucede al que sale de vna cárcel muy escura donde estuuo
mucho tiempo, y se pone a mirar la luz del Sol: pues siendo esta facultad sola
ÁLAVA Y
VIAMONT, 1590, f. 3r.
277 Preparado por Patricio Barros
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la que,
como el mesmo Platón dize, restituye la vista á los ojos del entendimiento, que
con la variedad de opiniones de las otras diciplinas se ciega para no conocer
el ser de cada cosa369.
Este
fragmento refleja claramente las ideas platónicas y la división entre el mundo
sensible —en el que se incluirían los saberes matemáticos— cuyo conocimiento
resultaba fundamental para poder acceder y “contemplar” las ideas de carácter
más elevado pertenecientes al mundo ininteligible o, si se prefiere, a la
esfera de la metafísica. Pero además de recurrir a Platón como criterio de
autoridad para avalar la importancia de las matemáticas, este fragmento está
repleto de alusiones a la percepción visual, al acto de mirar. Sin embargo,
estas referencias a la vista no se limitarían únicamente a la justificación y a
la parte introductoria del tratado. Como se ha señalado con anterioridad, Alava
dedica un espacio importante del libro a exponer el uso de instrumentos
científicos con el fin de que el lector pueda conocer y comprender su
funcionamiento y aplicarlo a las mediciones relacionadas con la artillería y la
disciplina militar. De ahí que la observación se convertirá en una cuestión que
recorrerá todo el tratado y, además, esta exégesis se verá reforzada por la
inserción de grabados que ilustran el modo de realizar dichas mediciones,
redundando aún más en el componente visual de la obra (figura 41).
Ibíd., ff.
3r.-3v.
278 Preparado por Patricio Barros
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Figura 41.
“De la manera de medir qualquiera distancia por la escala altímetra, que esta
en el dorso del Astrolabio”, en Diego de Alava y Viamont, El perfecto capitán,
instrvuido en la diciplia Militar, y nueua ciencia de la Artillería, Madrid,
1590.
Por su
parte, las relaciones y descripciones de sitios, plazas o fortalezas redactadas
por ingenieros al servicio de la monarquía hispánica estuvieron plagadas de
referencias visuales. El cometido
279 Preparado por Patricio Barros
El
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de estos
profesionales consistía, las más de las veces, en desplazarse a aquellos
lugares —generalmente de frontera— para recorrerlos y reconocerlos “a vista de
ojos”, elaborar memoriales e informes con sus pareceres sobre el terreno
acompañados de dibujos y planos que los ilustraran y remitirlos al rey y al
Consejo de Guerra con el fin de que se decidiera sobre la planificación de la
defensa de dicho territorio370. A este respecto, la situación que se produjo en
1593 cuando al ingeniero Jerónimo de Soto (que por aquel entonces trabajaba en
Zaragoza junto a Tiburzio Spannocchi) le fue encomendada la tarea de trasladar
los modelos de la Aljafería y de “los demas Castillos” aragoneses hasta Madrid
para que fueran vistos en la corte por el rey y el consejo, permite ilustrar la
importancia concedida a estos modelos visuales en la corte371. Durante el
traslado de las maquetas, Jerónimo de Soto tuvo que hacer frente a algunos
importantes contratiempos. Al llegar el ingeniero portando los modelos de
dichas fortalezas y construcciones a la aduana del puerto de la Villa de
Tortuera (situada entre el reino de Aragón y el de Castilla), el dezmero
impidió el paso de los mismos, probablemente alegando que debía pagarle una
importante suma de derechos para dejarle proseguir su camino. Jerónimo de Soto,
consciente de la importancia que revestía su cometido y de que los modelos
arquitectónicos llegasen a su
Para una
visión de conjunto sobre la profesión de los ingenieros durante el reinado de
Felipe II, véase: CÁMARA MUÑOZ, 1998, pp. 83-155. Precisamente, la expresión “a
vista de ojos” encabeza el titulo de un estudio sobre las descripciones de la
frontera marítima del Mediterráneo español realizadas por estos profesionales:
CÁMARA MUÑOZ, 2015.
Sobre la
fortificación de la Aljafería de Zaragoza, véase: CÁMARA MUÑOZ, 1998, pp. 169-
Sobre el
ingeniero Tiburzio Spannocchi: CÁMARA MUÑOZ, 1988; y, más recientemente, el
estudio en el que se pone el foco en las relaciones de este ingeniero con la
corte: CÁMARA MUÑOZ, 2016.
280 Preparado por Patricio Barros
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destinatario
—el rey— ante los impedimentos y trabas que le puso el dezmero, decidió dejarle
en prenda una valiosa cadena de oro que portaba con él, a condición de que le
facilitase el paso y poder así llevar ante los ojos del monarca los valiosos
modelos. Al llegar a la corte, Jerónimo de Soto debió poner en conocimiento del
suceso al propio Felipe II, quien no pasó por alto el asunto como demuestra la
cédula que el monarca emitió a fecha de 4 de enero de 1594. En ella, el rey
sancionaba el exceso cometido por el dezmero, obligándole a enviar a su costa a
la corte la cadena que le había dejado Soto en prenda y advirtiéndole de que
“de aquí adelante en las cosas q[ue] por ese puerto se trugeren para mi
seruigio no hagais semejantes molestias ni otras algunas con percibimiento que
no lo Cumpliendo mandare proueer lo que conuenga”372.
Más allá
del carácter apriorísticamente anecdótico de esta historia, lo cierto es que en
ella subyacen actitudes y argumentos de mayor calado. En primer lugar, queda
patente la conciencia de la trascendencia que tenían estos modelos visuales en
los que se representaban los proyectos de fortificación de la Aljafería y de
otros castillos aragoneses, tanto por parte de su portador (el ingeniero
Jerónimo de Soto) como por parte de su destinatario (el propio monarca). Por un
lado, Soto era consciente de que de ningún modo podía llegar a la corte sin los
modelos que el rey debía supervisar para decidir sobre la cuestión y antepuso
la fidelidad y el leal servicio al monarca a su propio interés, dejando en
prenda la que, seguramente, sería la más preciada posesión que tendría en su
AGS, CCA,
CED, 363, f. 129r.
281 Preparado por Patricio Barros
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haber en
aquel momento. Por su parte, Felipe II, al conocer el suceso, no pasó por alto
el asunto y tomó las pertinentes medidas para sancionar el “exceso” cometido
por el dezmero y para evitar que una situación similar se volviera a producir.
Con todo, las maquetas que finalmente llegarían a su destinatario apelan
nuevamente a la significación y al valor que se concedía en la corte a estos
modelos visuales, de gran importancia estratégica para decidir sobre los
proyectos de fortificación y defensa de los reinos, al tiempo que nos hablan de
la importante labor desarrollada por los ingenieros a la hora de ejecutar y
proveer a sus señores de representaciones que ilustrasen y recreasen lo que
ellos mismos habían podido reconocer en sus viajes “a vista de ojos”.
Pero las
relaciones, descripciones, dibujos y modelos arquitectónicos elaborados por los
ingenieros no fueron los únicos indicadores que darían cuenta de la importancia
concedida a la visión en esta profesión, como sentido primordial que les
permitía acercarse a la realidad sensible para poder “representarla” y
finalmente mostrarla a un monarca. Otro elemento de juicio que pondría de
manifiesto la primacía de la percepción visual en el ejercicio de sus
quehaceres lo encontramos en el análisis de los bienes que pertenecieron a
estos importantes ingenieros. Aunque en la actualidad son escasos los
inventarios de bienes que se conocen de estos profesionales, una de las
excepciones a este respecto es, precisamente, la de Jerónimo de Soto, de quien
sí se tiene noticia de
282 Preparado por Patricio Barros
El
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los objetos
que poseyó373. Así, junto a una biblioteca integrada por 124 obras —en la que
los volúmenes de temática científico-técnica ocupaban un lugar fundamental
tanto por su cantidad como por su calidad374—, se asentó una importante partida
de “ynstrumentos matemáticos y reloxes” conformada aproximadamente por 28
entradas en las que se contabilizan unos 76 instrumentos o, en algunos casos,
partes o elementos que componían dichos instrumentos375. Resulta interesante
destacar nuevamente la imbricación existente entre la teoría contenida en los
libros de ciencia y la práctica científica que se concretaría en la tenencia de
una importante y valiosa colección de instrumentos de medición. No en vano, en
la librería de Soto, la geometría y sus disciplinas afines estuvieron
ampliamente representadas: desde las obras de Euclides, pasando por el arte
militar, la artillería y la arquitectura y fortificación, hasta la geografía y
la cosmografía. En muchos casos, la teoría contenida en dichos volúmenes ponía
especial atención a la exégesis relativa al uso de los instrumentos matemáticos
aplicados a esa rama del conocimiento científico como sucede en la Cosmografía
de Pedro Apiano o en el Libro de Instrvmentos nvevos de Geometría, muy
necesarios para medir distancias, y alturas (1606) de Andrés García de
Céspedes, por citar algunos ejemplos ya
373 El
inventario de bienes de este ingeniero fue dado a conocer por: BARRIO MOYA,
1985. Posteriormente, la biblioteca y galería de pinturas que poseyó Jerónimo
de Soto fueron analizadas por: LASO BALLESTEROS, 1991. Para un análisis de la
trayectoria y del legado de Jerónimo de Soto que pasaría a manos de su homónimo
hijo que comprendía no solo la teoría en el arte de fortificar —representada
por los libros— y la práctica —encarnada por los instrumentos y útiles de su
profesión— sino además la transmisión de una conciencia de ser un “ingeniero
cortesano”, véase: VÁZQUEZ MANASSERO, 2018 (en prensa).
A. Laso
Ballesteros (1991, p. 91) contabiliza un total de 64 volúmenes que
pertenecerían a materias de carácter científico-técnico.
AHPM, Prot.
5599, ff. 705v.-706v.
283 Preparado por Patricio Barros
El
"Yngenio" en palacio www.librosmaravillosos.com Margarita Ana Vásquez Manassero
mencionados
en el presente trabajo y de los que Jerónimo de Soto poseyó sendos ejemplares.
Pero además
de esto, la tenencia de esta importante cantidad de instrumentos (entre los que
se contaban planisferios, astrolabios, niveles, declinatorios o compases de
todo tipo) cuya correcta utilización pasaba por ver y observar para poder medir
y, finalmente, representar el mundo, nos habla de la importancia del sentido de
la vista en el ejercicio de la profesión del ingeniero en la Edad Moderna.
Incluso, algunas de las descripciones de dichos instrumentos matemáticos
contienen referencias explícitas al componente visual y a la utilización de
dicho sentido en el empleo de los mismos. Así, encontramos “Vn ynstrumento de
artillería a modo de conpas grande con otros Uisos en vna caja negra en ueynte
Ducados” o “quatro declinatorios el vno escelentisimo Con diferentes Uisos en
sus cajas en quatrozientos reales todos”376, por citar algunos ejemplos
reseñables. A pesar de que su descripción resulta muy escueta, en todos ellos
se especifica la presencia de diferentes “visos” o “miras” a través de las
cuales se llevarían a cabo las observaciones y subsecuentes mediciones. Pero,
además, de un detenido análisis del inventario de este ingeniero (en toda su
extensión) se desprenden otras conclusiones interesantes. La primera tiene que
ver con la “relación” de Soto con los instrumentos que poseyó. En las partidas
correspondientes a “Cossas de yerro y azero” y “Cosas barias” se asientan
numerosas herramientas y utensilios destinados a trabajar el metal cuyas
descripciones y
Ibíd., f.
706r.
284 Preparado por Patricio Barros
El
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funciones
se corresponden en gran medida con los instrumentos utilizados por relojeros
como Martin Altman o Roberto Rabiller. De este modo, entre las “Cossas de yerro
y azero” de Jerónimo de Soto se cuentan cuatro docenas de limas “curiosas Para
cosas de Plata y Uronce grandes y Pequeñas muchas con sus callos curiosos”,
siete taladros pequeños de acero, un soldador de estañar “con sv cauo curioso”,
seis pares de alicates y cuatro de tenazas, todos ellos diferentes, martillos,
43 tornillos de yerro “curiosos” o “mucha cantidad de diferentes yerros”, entre
otros útiles377. Todas estas herramientas, sus características y los usos a los
que se destinaban en la época, invitarían a pensar que el propio ingeniero
haría las veces de constructor o artifex de los instrumentos científicos que
poseía. O que, al menos, en cuanto que experto conocedor de los mismos,
llevaría a cabo el aderezo periódico al que dichos instrumentos debían ser
sometidos para asegurar un correcto funcionamiento y una precisa medición.
La segunda
cuestión interesante tiene que ver con el argumento que aquí se viene
desarrollando: la importancia concedida a la visión en las disciplinas
científicas y que permite introducir un asunto que suscitaría gran interés en
el periodo aquí estudiado, esto es, la utilización de instrumentos para mejorar
la visión del ojo humano y el progresivo perfeccionamiento que se iría
alcanzando en la
Ibíd., f.
715v.-716v.: “Cosas de yerro y acero”: “quatro doZenas de limas curiosas Para
cosas de Plata y Uronce grandes y Pequeñas muchas con sus caUos curiosos a dos
Re cada vna”, “Siete Taladros Pequenos de azero en siete R.s”, “Vn soldador de
estañar con sv caUo curioso en quatro r[eal]es”, “Seis Pares de alicates
diferentes en v[ein]te y quatro Reales”, “Quatro entenallas diferentes muy
curiosas Pequenas en Diez Reales”, “Seis martillos curiosos grandes y Peque nos
en U[ein]te y quatro R[ea]es”, “tres sierras grandes = y Pequeñas armadas en
Ueinte Reales”, “Tres Uaras de yerro en U[eint]te R[eal]es”, “quarenta y tres
tornillos de yerro curiosos en v[ein]te Reales”, etc.
285 Preparado por Patricio Barros
El
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construcción
de lentes378. A este respecto, resulta interesante señalar que Jerónimo de Soto
tuvo en su haber “Zinco pares de antojos gvarneZiDos Con svs cajas y los Vnos
de cristal de Roca que costaron quatro escudos cinquenta y cinco Reales”379.
Aunque en el inventario no se detallan los usos específicos que el ingeniero
dio a estos anteojos, con toda probabilidad —más allá de una cuestión de moda o
gusto— servirían para mejorar la vista de Soto, quien a lo largo de su dilata
trayectoria se habría dedicado a ver, reconocer, medir y representar al
servicio de los monarcas españoles380.
Por último,
en este recorrido por las disciplinas afínes a la geometría y por el papel que
en el desempeño de las mismas jugó la vista, en el peldaño más elevado de esta
jerarquía disciplinar encontramos la cosmografía y la astronomía. Dada la
propia naturaleza de estos saberes, tanto los textos como las prácticas
vinculadas a estas
Sobre la
creación y difusión de lentes e instrumentos para mejorar la percepción visual
en el Renacimiento (con especial atención a Italia), véase: ILIARDI, 2007.
AHPM, Prot.
5599, f. 717r. En la misma partida del inventario en la que se asientan los
anteojos, agrupada bajo el genérico epígrafe de “Cosas barias”, se incluye una
entrada según la cual Jerónimo de Soto poseía: “Cantidad de Uidrios de Uenezia
gra[n]des y Pequeños y de los hordinarios algunos= algunos Uuenos […]”. Tras
estos “vidrios” se asentaron algunos útiles relacionados con la labor de
dibujante que desarrolló este ingeniero (“vna Piedra de moler colores de
Perfido de Roma de vn Palmo en quadrado con su Mazeta de SerPentín todo
gvarneZido de madera […]” o “[…] vna Resma de Papel ynPerial de Jcnoba […]”).
Aunque la escueta descripción de los “vidrios” no proporciona datos relevanres
sobre sus características específicas y sus usos, su inclusión en la misma
partida que algunas herramientas y utensilios de trabajo de este ingeniero y
junto a los anteojos, podría indicar que tal vez esos “vidrios” venecianos
guardaran alguna relación con estos últimos (más aún si tenemos en cuenta el
papel jugado por los maestros venecianos en el desarrollo y perfeccionamiento
de lentes, por ejemplo en la construcción de los primeros telescopios
galileanos en esas primeras décadas del siglo XVII).
Iliardi
(2007, pp. 148-150) señala que, a pesar de que España fue el lugar en el que se
publicó el primer tratado sistemático sobre el uso de los anteojos elaborado
por Benito Daza Valdés en 1623 (donde se mencionan las ciudades de Madrid,
Sevilla y Lisboa como centros de producción de tales objetos), sin embargo, se
lamenta de la ausencia de fuentes documentales que atestigüen el comercio de
anteojos y que permitan la reconstrucción de su historia y difusión en la
Península Ibérica durante la Edad Moderna. Por nuestra parte, queremos señalar
que a pesar de que desconocemos el origen de anteojos como los que poseía
Jerónimo de Soto, lo cierto es que su caso no sería aislado y que en los
inventarios de bienes de la época es posible hallar referencias sobre la
presencia de los mismos.
286 Preparado por Patricio Barros
El
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ciencias
concederán una relevancia incuestionable al sentido de la vista. No en vano, en
las Ordenanzas Reales del Consejo de las Indias publicadas en 1571 se incluían
como competencias asignadas al cosmógrafo la de “hacer tablas de Cosmografía de
las Indias” y el cargo de “calcular y averiguar los eclipses de luna y otras
señales”381. Esta última tarea, que revestía gran importancia para la
navegación astronómica iniciada por los portugueses en el siglo XV, consistía
en determinar la latitud a través de métodos astronómicos. Si bien a comienzos
del siglo XVII el perfeccionamiento de los instrumentos de medición, de las
tablas de declinaciones solares y de los índices del “regimiento de la estrella
polar” posibilitó determinar la latitud con un margen de error admisible, por
el contrario, los procedimientos basados en la observación de los eclipses
lunares “y otras señales” continuaban planteando problemas y resultaban
imprecisos a la hora de determinar la longitud geográfica desde una nave382.
Con el fin
de resolver esta intrincada cuestión desde el gobierno español, a principios
del siglo XVII se ofreció un cuantioso premio a quien resolviese el problema de
la longitud geográfica. Fueron numerosos los hombres de ciencia, pero también
algunos “charlatanes”, que presentaron sus propuestas y la cuestión generó
disputas que se prolongaron durante décadas. El mismísimo Galileo Galilei, en
un primer momento a través del granduca di Toscana, se
Pérez
Pastor (1891, pp. 402-403) refiere a las Ordenanzas Reales del Consejo de las
Indias publicadas en El Pardo a 24 de septiembre de 1571 y a la reedición de
las mismas en Valladolid en 1604. Sobre los cosmógrafos al servicio de la
corona española durante los siglos XVI y XVII, véase: ESTEBAN PIÑEIRO, 1999 y
2002.
NAVARRO
BROTONS, 2001, pp. 809-810.
287 Preparado por Patricio Barros
El
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ofreció a
enseñar el procedimiento que había inventado para determinar la longitud y,
algunos años después, el propio científico italiano reanudó personalmente las
negociaciones con la corona española383. El escenario descrito pone de
manifiesto la importancia que adquirieron las observaciones promovidas desde la
corte. En este contexto, el desarrollo de las tareas encomendadas a los
cosmógrafos contenidas en las Ordenanzas anteriormente referidas y que
consistían, precisamente, en realizar observaciones y mediciones para obtener
los datos requeridos cobran todavía mayor significación. Huelga decir que el
papel desempeñado por la vista en estas disciplinas será primordial y, como se
verá, dará lugar a imágenes en las que se insiste en los valores visuales y
sensoriales asociados a estas materias. Resulta muy ilustrativa en este sentido
la definición de los usos y frutos de la “astrología” que proporciona Ginés de
Rocamora en su tratado Sphera del Universo (1599):
Pues si la
Astrologia es quien auerigua y conoce el mouimiento de los cielos, y cursos de
los planetas, bien dixo Plato[n] que para esta ciencia se nos auian dado los
ojos, cuyos efectos los vemos tan euidentes, pues por estos mouimientos
celestes se enge[n]dran viuen y aumentan las cosas del mu[n]do, assi lo dize
Aristóteles, que este mundo inferior se gouierna por el superior, de donde se
le deriua, y comunica toda la virtud que tiene384 (figura 42).
Sobre las
relaciones que entabló Galileo con el gobierno español centradas principalmente
en la cuestión de la determinación de las longitudes geográficas así como la
influencia que este ejerció en la actividad científica española del siglo XVII,
véase: NAVARRO BROTONS, LÓPEZ PIÑERO, 1983; NAVARRO BROTONS, 2001 y SÁNCHEZ
NAVARRO, 2001.
ROCAMORA Y
TORRANO, 1599, ff. 8r.-8v.
288 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 42.
“El onzeno cielo”, en Ginés de Rocamora y Torrano, Sphera del Vniverso, Madrid,
1599.
De este
pasaje redactado por el procurador en Cortes del Reino de Murcia y “aficionado
a la astronomía, se desprenden varias cuestiones relevantes que subyacerán como
telón de fondo en las observaciones y en la práctica astronómica desarrollada
en la corte
289 Preparado por Patricio Barros
El
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de los
Austrias españoles en el periodo comprendido aproximadamente entre las últimas
décadas del Quinientos y la primera mitad del Seiscientos. En primer lugar, la
indiscutible primacía del “ojo” como principal “instrumento” de conocimiento
del cosmos. En segundo lugar, las referencias que ofrece Rocamora a autoridades
clásicas en materia de astronomía como Platón y Aristóteles y a su concepción
del universo, nos habla del importante peso que todavía tendrá el geocentrismo
en el escenario científico español. A pesar de que en el momento en que se
publicó la Sphera del Vniverso (1599) de Rocamora habían transcurrido ya más de
50 años desde que viera la luz el De revolutionibus orbium coelestium (1543) de
Copérnico y de que es sabido que las teorías del astrónomo polaco eran
conocidas por algunos eruditos y científicos españoles, lo cierto es que la
aceptación y difusión de sus ideas fue lenta y cautelosa385. Esta casuística,
esbozada aquí a grandes rasgos, permite vislumbrar un panorama científico rico
en matices y no exento de paradojas, las cuales, a su vez, quedarían reflejadas
en la cultura visual que germinará en ese periodo.
Todas las
observaciones y prácticas referidas asociadas al arte de mirar desarrolladas
por pintores, artilleros, ingenieros, cosmógrafos o astrónomos, habrían
mantenido una estrecha relación con el poder, siendo realizadas en la mayor
parte de los casos por y para los soberanos españoles. Por lo tanto, en la
corte de los Austrias, como se ha señalado en la primera parte de este libro,
estas
Una visión
de conjunto sobre la situación de la astronomía en el ámbito europeo desde la
publicación de la obra de Nicolás Copérnico hasta aproximadamente mediados del
siglo XVII en la que se incide en el panorama científico español se encuentra
en: GÓMEZ CRESPO, 2008, pp. 17-60.
290 Preparado por Patricio Barros
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disciplinas
dependientes de la geometría estuvieron presentes y, por ende, también lo
estarían los distintos modos de “mirar” y ver el mundo que llevaban aparejados,
dejándose sentir a distintos niveles.
De las
cuestiones esbozadas puede adelantarse que, por un lado, en el ámbito de las
artes y las ciencias, el reclamo al sentido de la vista como instrumento de
aproximación y conocimiento de la realidad y de los distintos fenómenos va a
constituir un aspecto primordial en el periodo que nos ocupa386. A
continuación, se va a analizar cómo las distintas formas de mirar el mundo
desde el ámbito científico-técnico tuvieron su eco en el espacio cortesano,
traduciéndose en la presencia de determinados objetos que denotan un gusto y
una práctica de facto de este tipo de observaciones. Entre estas prácticas se
analizará la disposición en los espacios áulicos de una serie de imágenes o
metáforas visuales que, aunque en ocasiones presentan múltiples niveles de
lectura, en ellas se halla implícita la referencia a esas miradas sobre el
mundo (su descripción geográfica) y el universo (su descripción cosmográfica)
tanto en el interior de los palacios como en el exterior de sus muros. De este
modo, las miradas y observaciones de los hombres de ciencia y de los “curiosos”
de la corte se encaminaron a escudriñar y describir el mundo, incorporando a
los datos geográficos ya conocidos, los
386 Aunque
el establecimiento y la formulación de una jerarquización de los sentidos como
instrumentos de conocimiento ha sido una cuestión que no ha estado exenta de
paradojas; seria Aristóteles quien plantearía todos los aspectos cruciales
relativos a la cuestión (definición, delimitación y competencia de cada
facultad, los órganos encargados, su jerarquía y su inserción en el contexto
epistemológico) y que serían objeto de interpretación en épocas posteriores.
Para una visión diacrónica en torno a la consideración de los cinco sentidos
desde la antigüedad clásica hasta la época contemporánea en la que se hace
hincapié en las representaciones plásticas de este asunto desde la Edad Media,
véase: KONECNY, 1997.
291 Preparado por Patricio Barros
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nuevos
descubrimientos que tuvieron lugar en fecha cercana, revisando las mediciones
realizadas con anterioridad e incluyendo datos más precisos obtenidos gracias a
la mejora de los instrumentos. Todo ello con el fin de conocer, representar y,
en última instancia, dominar el mundo.
292 Preparado por Patricio Barros
El
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Capítulo 10
Cuando no
basta un mundo
En 1543, el
emperador Carlos V regaló a su heredero, el futuro rey Felipe II, un atlas de
pequeño formato realizado por el cartógrafo veneciano Giovanni Battista
Agnese387. Sobre este atlas, R. Kagan ha realizado algunas interesantes
observaciones relativas a su finalidad pedagógica y a su mensaje político388.
En cuanto a la primera cuestión, resulta importante señalar las circunstancias
y el contexto histórico en el que dicho atlas fue entregado al príncipe: poco
antes de que el emperador partiera de España y nombrara a su heredero como
regente de los reinos españoles. Con el fin de que el príncipe estuviese
preparado para afrontar dicho cometido, Carlos V redactó, trucciones” que
Felipe debería conocer para aprender a gobernarse en el ámbito político, al
tiempo que le hizo entrega del mencionado atlas. Así, R. Kagan ha calificado el
atlas como el “equivalente geográfico” de dichas “Instrucciones” puesto que la
cuidadosa selección de los mapas contenidos en el mismo induce a pensar que fue
concebido para ilustrar y dar a conocer al príncipe aquellos dominios y partes
del mundo que habría de gobernar. En cuanto al mensaje político, interesa
detenerse en las imágenes que componen la portada del atlas, compartimentada en
dos registros verticales de dimensiones análogas. A la derecha, aparece
El atlas se
conserva en la John Carter Brown Library de la Brown University (Providence,
Estados Unidos). Una descripción del arlas se encuentra en el catálogo de la
exposición: HOUGH, 1980, pp. 70-71. Este arlas, sus imágenes y el mensaje
político que encierran las mismas, han sido analizados por distintos autores:
GOODMAN, 1983; KAGAN, 2005, pp. 175-178; HERNANDO SÁNCHEZ, 2013, pp. 34 y ss. y
HERNANDO SÁNCHEZ, 2016, pp. 152-153.
KAGAN,
2005, pp. 175-178.
293 Preparado por Patricio Barros
El
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representado
el escudo imperial de la Casa de Austria insertado en un nicho. A la izquierda,
en una posición central, se sitúa un óvalo donde se representa a un joven
príncipe vestido a la romana que alza sus brazos al cielo en actitud de recoger
con sus manos un globo que la Divina Providencia le está acercando (figura 43).
Esta última escena ha sido interpretada como una clara alusión al por aquel
entonces príncipe, el futuro Felipe II, situándolo como heredero de un mundo
que estaba destinado a conservar y defender389.
Ibíd., p.
175.
294 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 43.
“El Príncipe recibe una esfera terrestre de manos de la Divina Providencia”
(registro izquierdo, portada), en Giovanni Battista Agnese, Atlas de Carlos V,
siglo XVI. Providence (EE.UU.), John Carter Brown Library.
Se
desconoce cuál fue la actitud o percepción del príncipe al recibir este
presente cartográfico pero lo cierto es que, a tenor del posterior desarrollo
de sus años como monarca, algunos autores han
295 Preparado por Patricio Barros
El
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apuntado a
la relación entre la avidez expansionista de Felipe II y la concepción
cartográfica de su imperio como una de las características que presidieron su
reinado390. Unas pretensiones imperialistas que se tradujeron en una serie de
imágenes que trasladaban al lenguaje visual dichos preceptos y que, como se
demostrará, tendrían vigencia no solo durante el reinado de Felipe II, sino que
su utilización se perpetuaría durante el mandato de sus sucesores, incluso
cuando los cimientos y la integridad del imperium conquistado en el siglo XVI
se estaban ya comenzando a resquebrajar en las décadas centrales de la centuria
sucesiva.
De este
modo, la idea y la imagen de un globo terráqueo se codificaron en cuanto que
emblemas estrechamente relacionados con el monarca prudente y su reinado. Una
asociación metonímica (orbe-Felipe II), que el propio rey se encargó de
promover cuando tras anexionarse el reino de Portugal, en 1583, acuno una
medalla en cuyo anverso aparecía el retrato de Felipe II y, en el reverso, un
globo rematado por un caballo que parece correr sobre su superficie junto a la
leyenda “Non sufficit orbis” (“El mundo no basta”)391. Esta empresa gozaría de
amplia fortuna pues, ya hacia finales del siglo XVII, Francisco Gómez de la
Reguera la incluyó en su obra Empresas de los Reyes de Castilla, que fue
preparada para la
G. Parker
se refiere a esta ambición de expansión territorial de Felipe II como
“imperialismo mesiánico”: PARKER, 2002.
C. J.
Hernando Sánchez encabeza el tirulo de su análisis en torno a las “estrategias”
de la monarquía española durante los sucesivos reinados de los Austrias con
este mote seguido de un signo de interrogación: HERNANDO SÁNCHEZ, 2013.
296 Preparado por Patricio Barros
El
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imprenta
tras la muerte de su autor en 1678392. En la pictura de la vigesimosexta
empresa dedicada a Felipe II se representa un globo terráqueo sobre el que se
sitúa un caballo en corveta (figura 44). Tanto la inscripción ubicada en la
parte inferior de la imagen como el epigrama y la glosa que la acompañan se
encargan de explicitar la correlación existente entre la esfera y el monarca
prudente añadiendo que: “Este mundo no basta a quien prudente, / despreciando
su ser caduco, y vano, / al celestial anhela felizmente […]”393.
En la BNE
se conserva el manuscrito de las Empresas de los Reyes de Castilla de Francisco
Gómez de la Reguera (Mss. 17481). Existen varias ediciones criticas de esta
obra, la más reciente: GÓMEZ DE LA REGUERA, 2011.
GóMEZ DE LA
REGUERA, s. f., Madrid, BNE, Mss. 17481, ff. 171r.-171v.
297 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 44.
Empresa 26. “Non su ficit orbis” (detalle pictura), en Francisco Gómez de la
Reguera, Empresas de qve hvsaron los Reyes de Castilla, Madrid, BNE, Mss.
17481, f. 170r.
Así, la
identificación no solo de Felipe II sino de los sucesivos soberanos de la Casa
de Austria con la esfera gozaría de una continuidad y difusión en un arco
cronológico de casi cien años.
298 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 45.
Emblema 34. “Tertia regnapeto” (detalle pictura), en Sebastián de Covarrubias,
Emblemas morales, Centuria I, Madrid, 1610.
En este
sentido, la trascendental misión de conservar y defender los vastos territorios
que se hallaban bajo el dominio español al final del reinado de Felipe II,
constituiría una tarea que recayó en su heredero, el futuro Felipe III. La
herencia y los dominios territoriales
299 Preparado por Patricio Barros
El
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que
formaban parte del legado del rey prudente y la importancia que revestía su
conservación durante el siguiente reinado, se concretó, de un modo análogo, en
imágenes en las que se insiste en la asociación metonímica del nuevo monarca
(Felipe III) con la figura del orbe; al tiempo dicha representación recogía la
idea de imperium procedente de la tradición visual romana. En esta línea puede
interpretarse el trigésimo cuarto emblema de Sebastián de Covarrubias que lleva
por mote “Tertia regna peto” (“Reclamo un tercer reinado”) (figura 45)394. En
la parte central de la pictura se representa un águila coronada con las alas
extendidas en posición de volar que sostiene en sus garras un globo terrestre,
flanqueado por sendas columnas en las que puede leerse la divisa “Plvs Ovltra”.
En la glosa que acompaña a esta imagen, Covarrubias se encarga de subrayar las
conexiones y el influjo de la tradición romana en la codificación de la misma,
refiriendo a la costumbre de los romanos quienes, “para sinificar la deificación
del Emperador difunto”, representaban el águila sobre un globo; y, además, el
autor menciona algunas medallas y ejemplos de la antigüedad que se sirvieron de
este tipo de representación o modelo iconográfico395. A ello hay que añadir
otra cuestión en relación con el discurso que aquí se viene desarrollando.
Tanto el epigrama como el comienzo de la glosa inciden en el asunto principal
de la empresa: el único consuelo ante la pérdida de tan gran monarca que había
gobernado “el Imperio de tierra, y mar” y a quien se compara a Salomón en
COVARRUBIAS,
1610, Lib. I, Emblema 34, f. 34r.
Ibíd., f.
34v.
300 Preparado por Patricio Barros
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sabiduría y
a David en valor, residía en la esperanza de la sucesión del tercero de los
Felipes396.
Figura 46.
Blas de Prado, Felipe III y sus dominios, ca. 1598, dibujo a
lápiz
negro, pluma de tinta parda y aguada gris sobre papel verjurado, 24,6 × 34 cm.
Florencia, Galleria degli Uffizi (inv. n.º 10210S).
A pesar de
que en otro lugar de este trabajo se ha referido a la escasa utilización de
elementos alegóricos en el retrato cortesano de esta época, no es menos cierto
que hubo determinados ámbitos en
Ibíd.: “Si
la perdida de tan gra[n] Rey y Monarca como Filipo Segundo no se restaurara con
sucederle el tercero que Dios guarde, mucho aula que sentirla, y llorarla.
[…]”.
301 Preparado por Patricio Barros
El
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los que se
advierten excepciones a esta tendencia general. Este contexto al que nos
referimos sería el de las fiestas y sus decoraciones efímeras397. En este
marco, ha sido posible identificar algunos testimonios visuales que dan cuenta
de lo extendido de las ideas que emanan del trigésimo cuarto emblema de
Sebastián de Covarrubias. En la Galleria degli Uffizi (Florencia) se conserva
un dibujo atribuido a Blas de Prado que lleva por título Felipe III y sus
dominios, fechado en torno a 1598, del que la historiografía más reciente
considera que probablemente debió tratarse de un estudio para una decoración
efímera alzada para celebrar el comienzo de su reinado que se habría iniciado
en septiembre de 1598 (figura 46)398. En él se representa al joven monarca sentado
en un trono sobreelevado, alrededor del cual se sitúan una serie de figuras
alegóricas y de elementos simbólicos destinados a ensalzar el hegemónico
dominio del mundo encabezado por el recién coronado Felipe III. A la izquierda
del rey aparecen las personificaciones del continente asiático y europeo —esta
última, arrodillada a los pies del trono— acompañadas de un elefante y de un
toro, respectivamente. A la derecha, se sitúan las figuras de África —
arrodillada frente al monarca con un cocodrilo— y América, que sostiene en sus
manos un navío. El último elemento de la composición es el orbe del primer
término cuya función no es otra
La
bibliografía sobre las fiestas y los aparatos decorativos efímeros en el
Barroco es muy abundante, por lo que en este espacio señalaremos solo algunos
de los principales estudios sobre la cuestión: FAGIOLO DELL’ARCO, 1997. Un
estudio en torno a la fiesta y ceremonial cortesano de la Casa de Austria se
encuentra en: DE JONGE, GARCÍA GARCÍA, ESTEBAN ESTRÍNAGA, 2010.
La
catalogación más reciente de este dibujo es la de: McDONALD, 2016.
302 Preparado por Patricio Barros
El
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que
subrayar el mensaje central de esta imagen: el dominio y el poder de los
Austrias abarcaba el mundo entero.
Aunque se
desconoce si este dibujo se llegó a materializar en una pintura, su mensaje es
claro y la atribución a Blas de Prado situaría su ejecución en el contexto de
la corte madrileña. Sin embargo, la traducción de estas ideas al lenguaje
visual no fue un fenómeno que se habría de circunscribir únicamente a la
capital del reino. Interesaba que ese mensaje se trasladara a otros dominios de
la policéntrica monarquía española, ofreciendo una lectura clara y unívoca del
mismo. De este modo, en una fecha próxima al momento en que Blas de Prado
realizara el mencionado dibujo, en el ducado de Milán, el ingeniero Cabrio
Busca enviaba al Presidente del Magistrato Ordinario una “Rellatione del
funerale da farsi alle Gratie” describiendo minuciosamente el imponente
programa decorativo que habría de desplegarse durante las exequias de Felipe
que se
celebrarían en la capital lombarda en la iglesia de Santa Maria delle
Grazie399. Se trata de un interesantísimo aparato iconográfico donde se
condensan buena parte de las cuestiones que se vienen exponiendo, no solo en lo
que al dominio territorial y geográfico se refiere, sino también a la
concepción del tiempo.
ASMi,
Potenze Sovrane (post. 1535), Pezzo 4: “Rellatione del funerale da farsi alle
Gratie. All’Illustrissimo Signore Il Sig.e Presidente del Magistrato Ordinario.
[Gabrio] Buscha”. La elección del ingeniero y experto en fortificación Gabrio
Busca como artífice del diseño del aparato decorativo de las honras fúnebres de
Felipe II celebradas en Milán no debió ser casual, pues este ingeniero contaba
ya con experiencia en esta materia. Con anterioridad, Busca habría realizado
las estructuras y arcos triunfales destinados a decorar la entrada de Catalina
de Austria, esposa de Cario Emmanuele I, en la corte sabauda celebrada en 1585.
Sobre esta entrada triunfal, véase: VARALLO, 1992. Con todo, la intervención de
este ingeniero en el diseño de arquitecturas efímeras destinadas a decorar las
celebraciones cortesanas pone de manifiesto lo poliédrico de este perfil
profesional.
303 Preparado por Patricio Barros
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Busca da
comienzo a su relación lamentándose en cierto modo de las “estrecheces” del
espacio que, inicialmente, iba a albergar la ceremonia. Si bien en el ritual
celebrativo milanés habitualmente este tipo de acontecimientos tenían lugar en
la Duomo de la ciudad, en esta ocasión, la coincidencia de la muerte de Felipe
II con los preparativos para la entrada triunfal en la capital lombarda de
Margarita de Austria y del archiduque Alberto, habrían obligado a “reubicar”
las exequias del rey prudente a otra localización diferente de la habitual400.
Sin embargo, a pesar de ello, antes de dar comienzo a la relación, el ingeniero
subraya la grandilocuencia del aparato que se iba a disponer: “essendo il
soggetto presente il maggiore di quanto ne siano mai stati […]”401. Así, a la
entrada de la iglesia se iba a situar un gran arco lúgubre, cuya decoración
interior tenía por fin:
mostrare la
necessità che tutte le cose mondane tengono del moriré, alla quale ci conduce
il tempo con la sua uelocitá. dimostrato con la statua del tempo, et della
morte. Con tutto pero chi uiue, et opera uirtuosamente per fama si fá immortale
come ha fatto q.o Gloriosiss.o Principe et si mostra con la statua della fama,
et della Eternitá E sopra il frontispicio della porta sono la Vittoria et la
pace le quale […] Retengono le armi reali amantate di bruno402.
400 Para
una visión de conjunto sobre las fiestas y sus aparatos decorativos en la
región lombarda desde finales del siglo XVI hasta mediados de la siguiente
centuria, véase: VARALLO, 2004. Esta aurora refiere brevemente a la relación de
G. Busca conservada en el ASMi y se centra en el análisis de las estructuras
arquitectónicas y sus características tipológicas, en conexión con otras
realizaciones precedentes y posteriores: Ibíd., p. 76.
ASMi,
Potenze Sovrane (post. 1535), Pezzo 4, s. f.
Ibíd.
304 Preparado por Patricio Barros
El
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Como
sucedía con frecuencia en este tipo de honras fúnebres, la referencia al tiempo
y a su paso inexorable que conducía a la muerte terrenal, se hacía presente ya
desde el mismo ingreso al templo. Sin embargo, como recogía la empresa “Non
sufficit orbis”, a un príncipe victorioso y virtuoso como Felipe II no bastaba
solo un mundo, sino que le esperaba la gloria inmortal, representada por las
estatuas de la Fama y la Eternidad.
En el
interior de la iglesia —desde el ingreso hasta la tribuna— se dispusieron
sendas columnatas sobre cuyos pedestales se erigieron, de un lado, seis
estatuas de los Habsburgo austríacos y, del otro, seis estatuas de los Austrias
españoles. En los intercolumnios, se situaron las principales acciones del rey,
pintadas en grisalla (“pitture di chiaro et seuro”) acompañadas de
inscripciones en las que se declaraban dichos hechos. Sobre estas pinturas se
puso una cornisa decorada de grutescos y en los lunetos las armas de Su
Majestad y empresas realizadas en relieve dorado. Pero, sin duda, el centro de
interés iconográfico se encontraba en el túmulo que presidía la celebración:
“Nel mezo sara la tomba sopra un spatio ouato alto tre braccia sopra l’altro
piano; al quale si salirá per quattro scale. In mezo al quale sará il deposito
reale sostenuto dalle quattro parti del Mondo”403. Es decir, el féretro del rey
aparecía sostenido sobre las cuatro partes del mundo, aludiendo nuevamente a su
poder sobre el orbe entero. Pero a Felipe II, como se ha venido exponiendo, no
hubo de bastarle este mundo terrenal y esta
Ibíd.
305 Preparado por Patricio Barros
El
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cuestión no
pasó desapercibida al ideólogo del programa iconográfico de las exequias
milanesas, quien en la cúpula ubicada sobre el túmulo estableció que “si
fingerá un Cielo aperto con un Dio Padre in atto di receuere l’anima di Sua
M[aes]ta che ascendeva portata da un gruppo di angeli che sará di marauigliosa,
et stupenda uista con una infinita di lumi, di cherubini et angeli […]”404. A
todas luces, el poder de Felipe II abarcaba todo el mundo conocido e, incluso,
iba más allá, aguardándole asimismo el orbe celestial. Un legado y un poder
terrenal que, como ha quedado patente, recibiría su hijo Felipe III, al tiempo
que “heredaría” y continuaría en vigor la utilización de un imaginario
destinado a la exaltación del dominio geográfico de los Austrias españoles,
como aparece representado en el dibujo de Blas de Prado.
Ibíd.
306 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 47.
Pedro Perret, Retrato de Felipe IV, príncipe de Asturias, 1614, grabado, 18 ×
12,7 cm. Madrid, BNE (inv. n.º IH-2948-1).
307 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 47a.
Pedro Perret, Detalle de la cartela situada en la parte superior del Retrato de
Felipe IV, príncipe de Asturias, 1614, grabado, 18 × 12,7 cm, Madrid, BNE (inv.
n.º IH-2948-1).
Por su
parte, en el caso del futuro Felipe IV, también es posible hallar referencias a
estas aspiraciones y expectativas puestas en el heredero de los vastos dominios
geográficos de Felipe III que se traducirían al lenguaje visual. En concreto,
nos referimos a un bello, a la par que poco frecuente grabado de Pedro Perret
conservado en la Biblioteca Nacional de España en el que se retrata a Felipe IV
siendo todavía príncipe de Asturias, fechado en 1614 (figura 47)405. A primera
vista, este retrato parece responder a las convenciones de la retratística
cortesana española de la época. En él, se representa al joven príncipe a la
edad de nueve años, vistiendo media armadura de gala, gorguera y la cadena con
el toisón.
405 El
estudio más actualizado sobre este grabado se encuentra en: BLAS, DE CARLOS,
MATILLA, 2011, p. 151.
308 Preparado por Patricio Barros
El
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Aparece de
cuerpo entero y de pie, avanzando en compás la pierna derecha mientras sostiene
con la mano diestra una bengala y lleva la izquierda a la empuñadura de su
espada. Sobre la mesa situada a su derecha hay un sombrero rematado por un
tocado de plumas y cerrando la composición, al fondo, encontramos un gran
cortinaje que ocupa el ángulo superior derecho. De las características formales
y compositivas de este grabado no se trasluce ningún rasgo divergente respecto
a las fórmulas tradicionales del retrato cortesano español del periodo. Sin
embargo, en el centro de la parte superior, presidiendo la imagen, hay una
pequeña cartela cuadrada sobre un círculo en la que se puede leer la siguiente
inscripción: “Harto mejor que Archimedes”, flanqueada de un lado por un compás
y, del otro, por una mano que parece sujetar un cetro (figura 47a). Esta no es
la única leyenda que presenta este grabado. En la parte inferior, justo sobre
la orla que cierra el retrato bajo los pies del príncipe, aparece escrita la
siguiente rima: “De los Philipos al quarto / Vn mundo entero le espera; / Y asi
quadrara la esfera”. El mensaje central de ambas inscripciones residiría, de
nuevo, en ilustrar las esperanzas y expectativas depositadas en el reinado del
futuro Felipe IV. Por una parte, el compás junto con la mano y el cetro y la
sentencia de la parte superior aludirían a la excelencia de las matemáticas en
el ejercicio del poder, al tiempo que la referencia al gran filósofo y
matemático de la antigüedad no se establecería en términos de paragone, sino de
superación.
Dado lo
poco frecuente de este tipo de alusiones en la retratística hispana, merece la
pena detenerse por un momento en ella y
309 Preparado por Patricio Barros
El
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contextualizar
este grabado en el marco cultural y científico en el que esta obra germinó para
comprender en mayor profundidad el mensaje que con él se quería transmitir. Y
es que, a lo largo del Quinientos, la figura del matemático siracusano fue
objeto de un renovado interés por parte de eruditos y hombres de ciencia,
especialmente italianos. En la recuperación de las obras de Arquímedes, la
ciudad de Florencia habría jugado un papel fundamental. Fue allí donde arribó
el precioso códice griego de las obras de este matemático que Lorenzo de’
Medici habría ordenado copiar en Venecia en 1491. Y en este renacimiento y
recuperación de las obras de Arquímedes resultaron de gran importancia las
contribuciones de personajes como el filólogo y geómetra Federico Commandino,
Filippo Pigafetta o Nicoló Tartaglia, entre otros406. Este floreciente interés
por la figura y la obra de Arquímedes que iría en aumento a lo largo del siglo
XVI, se acompañaría de la creación y recreación de la imagen de este matemático
de la antigüedad. El mejor ejemplo de ello lo encontramos en el programa
iconográfico desplegado en el Stanzino delle Matematiche (ca. 1599-1600)
ubicado en la florentina Galleria degli Uffizi. Este espacio, cuya creación fue
promovida por Ferdinando I de’ Medici, estaba destinado a albergar un studio de
arquitectura militar en el cual se expondrían instrumentos matemáticos,
máquinas e ingenios de distinta naturaleza, libros, mapas y modelos
arquitectónicos de fortalezas. Su decoración pictórica fue encargada a Giulio
Parigi (pintor, arquitecto e ingeniero, lo que nuevamente nos habla de la
Un trabajo
en el que se reúnen diferentes estudios relativos a la recuperación de la obra
de Arquímedes durante distintos periodos y en varios contextos geográficos es:
DOLLO, 1992.
310 Preparado por Patricio Barros
El
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versatilidad
de algunos perfiles profesionales de la época). Sin entrar a considerar los
pormenores de este ciclo decorativo, interesa destacar cuál era su mensaje
central: la consideración de las matemáticas como fundamento del arte militar
llevó a disponer en el Stanzino un programa visual destinado a la exaltación de
los protagonistas de la historia de las matemáticas (Pitágoras, Ptolomeo y
Euclides), que tendría como colofón al que fue considerado máximo exponente en
esta historia visual: Arquímedes de Siracusa407 (figura 48).
Figura 48.
“Los espejos ustorios ideados por Arquímedes destruyen la flota romana”
(detalle), en Giulio Parigi, Stanzino delle Matematiche, ca. 1599-1600, fresco.
Florencia, Galleria degli Uffizi.
407
CAMEROTA, 2012. Sobre el programa iconográfico destinado a la exaltación de los
protagonistas de la historia de las matemáticas, véase: GALLUZZI, 1989.
311 Preparado por Patricio Barros
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Por su
parte, los territorios de la monarquía hispánica no fueron ajenos a la
recuperación de la obra de Arquímedes y tendrían plena conciencia de su
importancia, pues baste pensar que la figura de este matemático griego formó
parte de la decoración mural de la Biblioteca del monasterio de El Escorial,
cuyas pinturas estuvieron terminadas en 1592408. En el registro dedicado a la
representación de las matemáticas, Pellegrino Tibaldi incluyó como varones
insignes en esta disciplina de la antigüedad a Arquitas Tarentino, Pitágoras,
Xenócrates y Arquímedes como señala el padre Sigüenza409. Pero además de la
inclusión de la imagen del matemático siracusano en el programa pictórico de la
biblioteca laurentina, la obra teórica y los escritos de Arquímedes gozaron
asimismo de gran fortuna entre los hombres de ciencia en España. En 1576,
Rodrigo Zamorano, en su traducción de Los Elementos de Euclides, se lamentaba
de que buena parte de la ingente producción teórica de Arquímedes se había
perdido debido a la injuria del tiempo, si bien señala que algunas de sus obras
“andauan el dia de oy entre las manos de los curiosos”410. Efectivamente,
algunos ejemplares de sus obras debían estar en manos de los curiosos
cortesanos españoles pues, a finales del siglo XVI, Juan Ángel leía sobre un
tratado de Arquímedes durante las lecciones que se impartían en la Academia de
Matemáticas fundada por Felipe II en la corte411.
GARCÍA-FRÍAS
CHECA, 1991, p. 53.
SIGÜENZA.
1986, p. 285.
ZAMORANO,
1576, f. 6v.
ROCAMORA Y
TORRANO, 1599, f. 6v.: “[…] Y leyó tambien Ioan Angel con su profunda ciencia,
casi ygual al nombre, sobre vn tratado de Archimedes, De his quae avebu[n]tur
quis y el
312 Preparado por Patricio Barros
El
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Otro pasaje
incluido en la obra de Zamorano da cuenta de la elevada consideración que
suscitaba Arquímedes. En los preliminares de su tratado euclidiano, el
cosmógrafo efectúa una somera relación de los matemáticos de la antigüedad,
señalando que: “Después de Pythagoras hubo muchos hombres excelentes en esta
facultad y profession de la Geometría. De los quales fue vno excelentissimo
entre todos Archimedes natural de Saragoga en Sicilia”412. Por lo tanto, la
figura de Arquímedes se postuló como el arquetipo del matemático e inventor al
que (junto a Euclides) se medirán los hombres de ciencia modernos en el
contexto español. Baste recordar que, a finales del siglo XVI, fueron numerosos
los autores que ensalzaron la figura del relojero Juanelo Turriano calificándolo
de “nuevo Arquímedes”. Pero el caso del cremonés no fue un hecho aislado y
otros profesionales, cuyas disciplinas se fundamentaban en la geometría,
recurrirían y establecerían esta misma relación de paragone. Un buen ejemplo de
ello se encuentra en los versos que el canónigo Bartolomé Cairasco de Figueroa
dedicó a su amigo el ingeniero Leonardo Turriano, autor de una bellísima
Descrittione et historia del regno del’Isole Canarie gia dette le Fortunate413.
A pesar del tono encomiástico del poema, sus
Alferez
Pedro Rodríguez Muñiz, la materia de esquadrones, y forma de hazellos […]”. Más
adelante, en el “Capitulo Veinte, que trata en particular del elemento de la
Tierra, y de los Vulcanes, y minerales que se hallan en ella”, Ginés de
Rocamora al abordar la cuestión de los metales comenta lo siguiente: “[…] por
donde se prueua ser mas pesado en el agua que en el ayrc: y quien quisiere
aueriguar la causa desto, lea a Archimedes, en vn libro suyo de His que
rebuntur in aquis […]” (Ibíd., ff. 40v.-4 1 r.).
ZAMORANO,
1576, f. 4v.
El
manuscrito de la Descrittione el historia del regno dell’Isole Canarie gia
dette le Fortunate con il parere delle loro fortificazioni. Di Leonardo
Torriani, cremonese se conserva actualmente en la Biblioteca de la Universidad
de Coimbra y fue entregado por este ingeniero en 1593 al rey Felipe II, una vez
que se hubo acordado la marcha de Leonardo a Orán. Sobre la labor de este
ingeniero en las Islas Canarias, véase: CÁMARA MUÑOZ, 2010, pp. 21-26.
313 Preparado por Patricio Barros
El
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palabras
vendrían a confirmar la excelencia de este ingeniero pues, como han puesto de
manifiesto recientes estudios, su labor debió ser efectivamente de tal
maestría414:
“Leonardo
ylustre que en la vella Italia Naciste al mundo con tan alto ingenio
que el
monarca español te estima y precia […] Pues de los yngenieros beneméritos con
título real y privilegio
y perdona
Archimides este agravio
eres el más
egregio
el más
discreto más prudente y sabio […]”415.
CÁMARA
MUÑOZ, 2010.
Cita tomada
de: CÁMARA MUÑOZ, 2010, p. 24. El texto aparece originalmente reproducido
en: MARTÍN
RODRÍGUEZ, 1986, pp. 133-134.
314 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 49.
Juan de Noort, Retrato de Julio César Firrufino, ca. 1642, grabado, en Julio
César Firrufino, El perfecto artillero. Theórica y práctica, Madrid, 1648.
315 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 49a.
Juan de Noort, Detalle de la figura de Arquímedes del Retrato de Julio César
Firrufino, ca. 1642, grabado, en Julio César Firrufino, El perfecto artillero.
Theórica y práctica, Madrid, 1648.
Pero
además, el paragone entre el gran matemático de la antigüedad y los peritos en
esta ciencia de la Edad Moderna no solo se estableció por medio de la retórica,
de la palabra, sino que este tipo de analogías se trasladaron asimismo al
terreno de lo visual. Un
316 Preparado por Patricio Barros
El
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caso muy
ilustrativo se encuentra en el retrato del catedrático de matemáticas y
artillería del rey Felipe IV, Julio César Firrufino, que se inserta en su obra
El perfecto artillero. Theórica y práctica (1642) (figs. 49 y 49a). En él,
Firrufino muestra entre sus manos la resolución real sobre el tratado de
artillería416. La efigie de medio cuerpo se inserta en un marco arquitectónico
flanqueado por las figuras de Euclides y Arquímedes y, la alusión a estos
matemáticos se ve reforzada por la inscripción situada en la parte inferior que
reza:
“Vltima
resolutio Regum
Archimedes
— Euclidez
Ingeniis
Hominum Post mortem vivere Famam Concessum est clarum servat sua Gloria
Nomen”417.
De todo lo
expuesto, queda más que patente la aspiración de matemáticos y hombres de
ciencia modernos de medirse y de superar al que fuera considerado un hito de la
antigüedad en dicha disciplina: Arquímedes. Ahora bien, lo que resulta mucho
menos frecuente, es la aplicación y trasposición de estos postulados al retrato
de una persona real, como sucede en el caso del grabado de Pedro Perret. De
hecho, la máxima que aparece inscrita en la parte superior (“Harto mejor que
Archimedes”) no se plantea estrictamente en términos de paragone sino que,
directamente,
BLAS, DE
CARLOS, MATILLA, 2011, pp. 506-507.
Estos
versos parecen estar tomados de la obra del poeta romano Flavio Cresconio
Coripo
(siglo VI)
titulada “De Iaudibus Justini Augusti, minoris, heroico carmine, libri IIII”
que habría sido publicada por Miguel Ruiz de Azagra (secretario del emperador
Rodolfo II) en la oficina plantiniana en 1581: CORIPO, 1581.
317 Preparado por Patricio Barros
El
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refleja una
clara superación del arquetipo clásico. Por otra parte, mientras que en el
retrato de Firrufino la figura de Arquímedes sostiene en sus manos los
instrumentos que se asocian a las matemáticas (una escuadra y un tablero donde
se asientan una esfera y un cilindro, seguramente en alusión a su
descubrimiento del cálculo del volumen de la esfera) (figura 49a)418, por su
parte, en el retrato del príncipe Felipe IV, la referencia a Arquímedes se
asocia no solo al compás (símbolo de la geometría) sino también al cetro
(símbolo del poder). Al contenido de la inscripción, se añaden la indumentaria
militar (armadura de gala y espada) y los símbolos del poder y de gobierno que
luce el joven príncipe (la vara), que no hacen sino subrayar las cuestiones que
se han venido exponiendo sobre el contexto de la época: la consideración de las
matemáticas en cuanto que disciplina sobre la que se fundamenta el arte
militar, instrumento fundamental en el ejercicio del poder y en el gobierno y
control del territorio que permitirá al futuro rey gobernar el mundo que le
espera y así, “quadrar la esfera”.
En torno a
la relación metonímica que se estableció entre las figuras de la esfera y el
cilindro y la persona de Arquimedes, Lcon Battista Alberti en su De re
aedifeicatoria comenta que la presencia de dichas figuras geométricas
esculpidas fue el indicio que llevó a identificar el sepulcro del matemático
siracusano: “[…] El sepulcro de Arquímedes de Siracusa, Cicerón de
Arpino se
enorgullecía de haberlo descubierto el mismo, descuidado con el paso del
tiempo, cubierto de zarzas e ignorado por los conciudadanos del sabio, con base
en una hipótesis establecida a partir de un cilindro y una esferita que había
visto esculpidos sobre una columna que se alzaba sobre el terreno […]”:
ALBERTI, 1991, p. 341.
318 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 50.
Pedro Antonio Vidal, Felipe III con armadura, 1617, óleo sobre lienzo, 200 ×
135 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado (P01950).
Tal vez, en
una línea interpretativa afín podría leerse el retrato de Felipe III con
armadura (1617) realizado por Pedro Antonio Vidal en fecha cercana al de su
heredero. Tanto la pose del rey, como su vestimenta y sus atributos constituyen
prácticamente un calco de
319 Preparado por Patricio Barros
El
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las que
presenta el príncipe en el grabado de Perret: de cuerpo entero, avanzando en
compás la pierna derecha mientras sostiene con una mano la vara de mando y
apoya la izquierda sobre la empuñadura de su espada (figs. 47 y 50)419. En
cuanto a la indumentaria, el rey viste una armadura, gorguera y lleva una
cadena de oro de la que pende el toisón. A la izquierda del rey, el espacio
donde se emplazaba la mesa en el retrato del príncipe, ha sido aquí ocupado por
un globo terrestre. A la derecha de Felipe III, sobre un almohadón se sitúan la
celada y los guanteletes de la armadura. En esta descripción formal del retrato
de Felipe III quedan patentes las similitudes compositivas respecto al grabado
en el que se retrató a su hijo pocos años antes. Ahora bien, aunque sobre el
lienzo no aparece ninguna inscripción, se han incluido dos elementos que
vendrían a restituir en cierto modo el mensaje central que presidía el grabado
de Perret: la referencia al poder se concretaría en el bastón y en el atuendo
de marcado carácter militar que presenta a un Felipe III como gobernante de un
imperium que abarcaba el mundo entero, simbolizado por el orbe terrestre.
Durante el
reinado de Felipe IV, la sucesión y el devenir de los acontecimientos
propiciaron un paulatino desgaste en esa idea de imperium que parecía irse
resquebrajando debido a las derrotas y las pérdidas territoriales y de poder,
en ese complejo escenario sociopolítico de la Guerra de los Treinta Años. Sin
embargo, desde la
419 En
relación con este retrato de Felipe III realizado por Pedro Antonio Vidal en
1617, M. Kusche apunta que otro pintor por aquel entonces al servicio del
monarca —Rodrigo de Villandrando— debió conocer el modelo formulado por Vidal
y, a partir del mismo, introduciría algunas variaciones, volviéndolo más
convencional y menos “pomposo y barroco”: KUSCHE, 2007, pp. 360-363.
320 Preparado por Patricio Barros
El
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corte se
continuó promoviendo la creación de programas iconográficos destinados a
ilustrar y reflejar esas mismas aspiraciones de dominio territorial a las que
se ha venido haciendo referencia. Sin duda, el ejemplo paradigmático en este
sentido fue el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, cuya creación tuvo
lugar a mediados de la década de 1630. Como quedó recogido por las plumas de
autores coetáneos y ha sido señalado en fecha reciente por J. H. Elliott, el
mensaje que pretendía transmitirse fue, en esencia, un himno a “las grandezas
de la Real Casa de Austria”420. Para ello, los ideólogos421 de dicho programa
yuxtapusieron tres fórmulas narrativas: la historia dinástica, representada por
el conjunto de retratos reales, la historia épica, que se concretaba en los
doce grandes cuadros de batallas y, por último, la mitología, representada por
diez escenas de los trabajos de Hércules que aludían a los orígenes míticos de
la Casa de Austria. Todo ello reunido en un espacio donde, como su propio
nombre indica, se hacían asimismo explícitos los dominios geográficos de Felipe
IV representados en la bóveda por los escudos de los veinticuatro reinos bajo
la jurisdicción del monarca.
Por una
parte, en las dos parejas de retratos reales (Felipe III y su esposa Margarita
de Austria y Felipe IV e Isabel de Borbón) que se completaban con la efigie del
joven príncipe Baltasar Carlos, en
ANDOSILLA,
1949; ELLIOTT, 2002.
Se ha
supuesto que el conde-duque de Olivares, en consulta con el rey, sería el
encargado de trazar las principales características de un programa que debía
presentar la historia contemporánea en términos visuales y que, para ello,
sería ayudado por un circulo de asesores encargados de traducir rajes ideas al
lenguaje visual. Aunque no existen evidencias documentales que así lo
confirmen, entre esos asesores del circulo de Olivares se han señalado las
figuras de Velázquez, Giovanni Battista Crescenzi, Maino y Francisco de Rioja.
Sobre esta cuestión, véase: BROWN, ELLIOTT, 2003.
321 Preparado por Patricio Barros
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quien
estaban depositadas las esperanzas y el futuro de la monarquía, parece
subyacer, nuevamente, el mote de la empresa vigesimoctava de Saavedra en el que
se recogía la importancia del tiempo y la idea de un presente que se mira en el
pasado y en el futuro (“Quae sint, quae fuerint, quae mox ventura trahantur”)
(figura 6). A esta dimensión temporal que se hacía presente en el Salón de
Reinos, se añadía la dimensión espacial o geográfica a través de los escudos y
de los doce grandes lienzos que recreaban las principales victorias militares
de la época. Paradójicamente, las victorias que se representaron en el Salón
(especialmente las de Breda y Brasil) resultaron ser tan frágiles que, como ha
señalado J. H. Elliott, casi antes de que se secara la pintura de los lienzos
de Velázquez y Maíno, esos enclaves volverían a pasar a manos de los
holandeses422. De todo ello se desprende que, a pesar de que la extensión
territorial de los reinos se viera sacudida por importantes pérdidas durante
las décadas centrales del Seiscientos, ello no fue óbice para que desde la
corte se promoviera la creación de programas iconográficos que apuntaban en la
dirección contraria. De ahí que la asociación metonímica entre la imagen del
rey y la geografía de sus territorios tuviera gran importancia en el periodo
que nos ocupa, por lo que bien podríamos completar el encabezamiento de este
epígrafe señalando que “Cuando no basta un mundo, sería menester
representarlo”.
ELLIOTT,
2002. pp. 225-226.
322 Preparado por Patricio Barros
El
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Capítulo 11
Gusto por
representar el mundo
Las fuentes
de la antigüedad clásica constituyeron una referencia ineludible en la
configuración y difusión del gusto y de una serie de valores estéticos durante
la Edad Moderna. En lo que respecta al desarrollo de un gusto por representar
el mundo y por reunir imágenes que lo describen, dichas prácticas no serían una
excepción. Por lo tanto, para analizar la presencia de imago mundi y la
creación de programas decorativos destinados a representar el mundo en la corte
española, será necesario buscar sus raíces en los textos clásicos y en la
reformulación que de esas ideas se operó desde el Renacimiento italiano.
Como
sucediera en el caso de las ideas relativas al “gusto” por los instrumentos
matemáticos, con respecto a las imágenes destinadas a representar el mundo en
la antigüedad, nuevamente, autores como Vitruvio o Plinio proporcionan algunas
noticias que, en fecha posterior, recogerán y reelaborarán teóricos como
Alberti. Todos estos libros —tanto antiguos como modernos— así como las ideas
que contenían fueron conocidos en la corte española en el periodo que aquí es
objeto de estudio423.
Sobre las
ediciones españolas del De Architectura, véase: GARCÍA MELERO, 1984. Acerca de
la edición del texto de Vitruvio firmada por Miguel de Urrea y Juan Gracián
publicada en Alcalá de Henares en 1582, véase: BUSTAMANTE, MARÍAS, 1985, p.
200. En torno a la presencia del texto vitruviano en España y sus lectores en
el siglo XVI, véase: MARÍAS, 2015. La difusión de la obra de Plinio en España
es analizada por: SOMOLINOS D’ARDOIS, 1999. Sobre la rclativamente temprana
introducción de la obra de Leon Battista Alberti en España, véase: BUSTAMANTE,
MARÍAS, 1985, pp. 202-203; pero especialmente: DAMONTE, 1972 y 1975 y, más
recientemente: RIVERA, 1991, pp. 45-54.
323 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 51.
Jerónimo de Huerta, Historia Natvral de Cayo Plinio
Segvndo.
Tradvcida por el Licenciado Geronimo de Hvuerta, Medico y Familiar del Santo
Oficio de la Inqvisicion. Y ampliada por el mismo, con escolios y anotaciones:
en que aclara lo escuro y dudoso, y añade lo no sabido basta estos tiempos
(frontiscipio), Madrid, 1624 (reed.).
Sabemos
que, por ejemplo, durante su periodo de formación el príncipe Felipe III
gustaba de la lección de Plinio con la que su
324 Preparado por Patricio Barros
El
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maestro
García de Loaysa “le entretenía algunos ratos en ella”424 y que el heredero
poseía un Plinio infolio que mandó encuadernar en 1596 por cuenta de la
librería de San Lorenzo de El Escorial425. Más conocida es la biblioteca que
reunió su sucesor, Felipe IV, en la Torre Alta del Alcázar, donde guardaba un
ejemplar de la traducción italiana de Vitruvio realizada por Daniele Barbaro,
la traducción de Plinio efectuada por Jerónimo de Huerta (figs. 51 y 52) o
varias obras de León Battista Alberti, entre las que se contaba la edición de
Cosimo Bartoli de L’Architettura (1586)426. De ahí que resulte interesante
analizar los postulados relativos a la disposición de imágenes destinadas a
representar el mundo en estos escritos, para posteriormente ponderar en qué
medida tales ideas se concretaron en prácticas de facto en la corte de los
Austrias.
PÉREZ
PASTOR, 1891, p. 341. Esta referencia a las lecciones sobre Plinio impartidas
por Loaysa al príncipe Felipe III es suministrada por Jerónimo de Huerta en la
introducción de su Traduccion de los libros de Caio Plinio Segundo, de la
Historia Natvral (1599).
Entre los
gastos de guardajoyas del heredero del año 1596 se registra la siguiente
entrada:
“En X de
Julio de 1596 se Pagaron a Julio de Junti de modesti sesenta y seys Reales por
otros tantos que pago por Un Plinio infolio que dio para su al[reza] el papel
el qual se enquaderano
En S[an]
L[orenzo] Por quenta de la Librería […]”: AGP, Admón, leg. 660, s. f. Esta
noticia
documental
aparece recogida con precedencia en: MARTÍNEZ HERNÁNDEZ, 2008, p. 99.
Entre los
volúmenes sobre “Arquitectura, pintura, escultura, medallas y estampas” que
pertenecían a Felipe IV, se registra un ejemplar de I Dieci Libri
dell’Architettura di M. Vitrurio tradotti el conrmentati da Monsig. Daniel
Barbaro, Venecia, Appresso Francesco de’ Franceschi
Senese,
1584 y un ejemplar de L’Architettura di Leon Batista Alberti tradotta in lingua
Florentina da Cosimo Bartoli […] con la aggiunta de disegni, Venecia, Appresso
Francesco Franceschi, 1565: BOUZA, 2005a, pp. 336-337. La edición de Plinio que
poseía Felipe IV era la Traducion de los libros de Caio Plinio Segundo de la
historia natural de los animales hecha por el licenciado Geronimo de Huerta
[…], Madrid, 1599: Ibíd., p. 355.
325 Preparado por Patricio Barros
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Figura 52.
“Hoc Qvod Continetonnia Scientia habet Vocis”, en Jerónimo de Huerta, Historia
Natvral de Cayo Plinio Segundo, Madrid, 1624 (reed.).
Así,
Vitruvio en su De architectura deja constancia de una doble utilización de las
imago mundi en la antigüedad. La primera referencia a este tipo de
representaciones se encuentra en el capítulo V del Libro VII donde el autor
aborda la cuestión de la pintura que debía adornar las paredes de los edificios
privados. El arquitecto romano aconsejaba la ornamentación con pinturas murales
de las estancias y comedores de primavera, verano y otoño e, incluso, de los
atrios y peristilos, utilizando un “método muy
326 Preparado por Patricio Barros
El
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especial”
en el que se representaban diversos objetos427. A continuación, Vitruvio
formula una definición de “pintura”, entendida como “representación o
reproducción de lo que existe o puede existir”, tomando por tanto como modelo
la realidad, que habría de ser imitada y representada por medio de la
recreación de los perfiles exactos de sus cuerpos. A partir de esta definición,
este autor efectúa un epílogo de las diferentes pinturas que se habían
representado desde la antigüedad, cuyo uso dio comienzo con las pinturas hechas
a imitación de las planchas de mármol que evolucionarían hacia la recreación de
festones y plantas. El siguiente estadio en esta evolución de las decoraciones
pictóricas daría paso a la representación de los elementos arquitectónicos de
los edificios (como sus columnas, frontones, etc.). En esta fase, Vitruvio se
detiene en la descripción de las decoraciones de algunos espacios concretos,
como los paseos cubiertos, de las que comenta:
Adornaron
los paseos cubiertos, que tienen una longitud considerable, con paisajes y
jardines, que imitaban las características de lugares naturales; se pintaban
puertos, promontorios, costas, ríos, fuentes, estrechos, templos, bosques,
montes, rebaños y pastores. Algunos pintaban incluso cuadros de grandes
dimensiones con imágenes de dioses, o bien escenas de leyenda como la Guerra de
Troya o las aventuras de Ulises por tantos países y otros motivos
VITRUVIO,
1995, Lib. VII. pp. 272-273.
327 Preparado por Patricio Barros
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que sugiere
la misma naturaleza; pero solo en determinados lugares428.
De este
modo, según Vitruvio, los “paseos cubiertos” (que podrían asimilarse a lo que,
en el Renacimiento italiano, vendrían a denominarse loggie) debían decorarse
con pinturas que recrearan “lugares naturales”, es decir, diferentes accidentes
geográficos como vistas de puertos, costas, ríos, etc. Además de esto, en
algunos casos se incluían en lugares concretos de las residencias privadas (que
Vitruvio no especifica) pinturas de “imágenes de dioses” o de episodios
bélicos.
Por otra
parte, Vitruvio, además de exponer el programa pictórico destinado a decorar
los paseos y otros espacios de los edificios en los que la representación del
mundo adquiere un peso significativo, incluye asimismo en su tratado otras
referencias explícitas a la utilización de mapas en la antigüedad. En concreto,
en el segundo capítulo del Libro VIII efectúa un exhaustivo razonamiento sobre
el agua de lluvia y su abastecimiento y el papel que juegan los vientos en ese
fenómeno natural, llegando a la conclusión de que los manantiales más
caudalosos brotan en el norte y en el noroeste429. Lo interesante de este
pasaje es que el arquitecto romano refiere de manera explícita en sendas
ocasiones a la utilización de mapas y descripciones del mundo. En un primer
momento, como instrumento para sustentar su argumentación430 y, en última
Ibíd., p.
273.
Ibíd., Lib.
VIII, Cap. II, pp. 303-305.
Ibíd., p.
304: “Las cabeceras de los ríos pueden servirnos de prueba sobre lo que
acabamos de describir; según los mapas y el testimonio de las descripciones que
han plasmado los
328 Preparado por Patricio Barros
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instancia,
para refrendar la conclusión a la que llega tras el razonamiento: “En
conclusión, se puede observar en los mapas o descripciones de la tierra que
todos los ríos caudalosos tienen sus fuentes y manantiales en el septentrión
[…]”431. Por lo tanto, a tenor de las informaciones que Vitruvio proporciona en
este fragmento, parece claro que en su época la utilización de mapas y
descripciones del orbe habría de ser una práctica más o menos extendida.
De este
modo, en el De Architectura, su autor deja constancia de una doble utilización
de las representaciones del mundo [imago mundi) durante la antigüedad. Por un
lado, los mapas como representación gráfica de la Tierra o sus partes, se
utilizaban para fines directamente relacionados con su propia naturaleza, como
sucede en el uso práctico que hace de ellos Vitruvio para demostrar y confirmar
sus especulaciones científicas. Por otro lado, el arquitecto da cuenta del
interés y el aprecio que hubo en la antigüedad por representar el mundo y la
naturaleza disponiendo ciclos decorativos en determinados espacios de los
edificios, respondiendo, por lo tanto, a una función ornamental. Esta dualidad
entre representación científica o pintura de carácter decorativo que recoge
Vitruvio, recorrerá como telón de fondo la
escritores,
en todo el orbe terráqueo la inmensa mayoría de los ríos y los más caudalosos
tienen sus cabeceras en el norte. […]”.
Ibíd. David
Buisseret refiere a este último pasaje de Vitruvio en el breve recorrido y
análisis que efectúa de los textos clásicos concernientes a la cartografía
para, a continuación, analizar cuál fue su recepción en los escritos de algunos
autores del Renacimiento del contexto europeo: BUISSERET, 2004, pp. 29-46. En
lo que al presente trabajo y al desarrollo de este epígrafe respecta, si bien
la aproximación de Buisseret aporta un interesante marco contextual sobre
algunas de las cuestiones que aquí se van a abordar, nuestro trabajo pone el
foco en aspectos distintos y de naturaleza más específica: el objetivo
principal es analizar la integración de la cartografía en la vida cortesana
española y el lugar que esta ocupó en los programas decorativos de palacios y
bibliotecas de los monarcas hispanos para, seguidamente, analizar el correlato
que dichas prácticas tuvo en el estamento nobiliario (aspecto escasamente
explorado).
329 Preparado por Patricio Barros
El
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concepción
de las representaciones cartográficas durante la Edad Moderna, por lo que, en
ocasiones, resultará difícil deslindar una y otra función. Así, por ejemplo,
encontraremos cartas geográficas o mapas realizados por eminentes cosmógrafos
cuya representación se fundamentaba en precisas mediciones y cálculos
matemáticos que acabarían decorando un espacio palaciego o, en el caso
contrario, constataremos cómo las pinturas realizadas por determinados
artífices harían las veces de mapas y servirían a fines “científicos”.
Por su
parte, Plinio en su Historia Natural (siglo I d. C.) aporta interesantes
referencias en torno a la disposición de programas decorativos de naturaleza
similar y del interés que despertó en la antigüedad la descripción del mundo y
sus partes. En cuanto a la primera cuestión, Plinio elogia a un pintor de la
época de Augusto llamado Ludio por difundir el gusto en la representación de
vistas de ciudades costeras para decorar los pórticos de las casas. Un tipo de
pintura que, según el historiador romano, producía un agradable efecto a la
vista al tiempo que su coste de realización no era muy elevado432. Además, en
su obra Plinio menciona otras representaciones de carácter geográfico como el
mapa del mundo romano de Agripa que el emperador Augusto instaló en la Vía
Lata.
PLINIO
SEGUNDO, 1999, pp. 1097-1098: Tampoco se deve callar a Ludio, que fue en tiempo
de Augusto, el qual fue el primero que inventó la amenisima pintura de las
paredes, pintando en ellas lugares, pórticos, jardines, selvas, collados,
valles, picinas, canales de agua, ríos, riberas, de la manera que cada uno las
deseaba y allí varias formas de los que andavan par tierra o de los que
navegavan por el mar y de otros que ivan caminando a los lugares en jumentos o
carros. Allí unos pescando, alli otros vendimiando. Hay en sus pinturas nobles
villas, a las quales se entra por lagunas, y mugeres que llevando carga encima
de los hombros van mostrando temor de caer, y, fuera desto, otras muchas
sutilezas graciosas y gustosos entretenimientos. Él mismo inventó pintar
descubiertas ciudades marítimas, de bellisima vista y poquisima costa.
330 Preparado por Patricio Barros
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Pero, sin
duda, la información sobre cuestiones cartográficas que suministra Plinio que
mayor interés despertó en los anticuarios y artífices de mapas del
Renacimiento, fue la descripción de la denominada Forma Urbis Romae (ca.
203-208 a. C.), un mapa de grandes dimensiones realizado sobre mármol y que, en
principio, se exhibía en una sala contigua al Templo de la Paz en Roma433.
Entre esos eruditos y arqueólogos renacentistas que se interesarían por
descubrir los vestigios de la antigüedad se encontraría —no por casualidad—
León Battista Alberti, quien durante la década de 1440 habría desarrollado una
investigación arqueológica que dio lugar a su pequeño tratado titulado
Descriptio urbis Romae, donde explicaba cómo trazar un mapa de Roma siguiendo
una escala correcta mediante un sistema de medidas de ángulos y pasos434
Además de
estas funciones de las imago mundi recogidas por Vitruvio y por Plinio, en la
antigüedad, este tipo de imágenes eran susceptibles de ser utilizadas para
otros fines: su exhibición en determinados contextos se podría asociar a la
idea de “trofeo”, entendido en cuanto que representación vinculada a las
victorias o triunfos militares, al sometimiento de un determinado territorio a
la jurisdicción de un caudillo o gobernante. En este sentido debe ser leída la
noticia que ofrece el historiador romano Tito Livio según la cual Tiberio
Sempronio Graco habría celebrado su conquista de la isla de Cerdeña exhibiendo
públicamente un mapa que reproducía la forma de la isla y donde aparecían
señaladas las principales
433 Sobre la Forma Urbis Romae, véase The Stanford Forma Urbis Romae Project:
http://formaurbis.stanford.cdu/.
BUISSERET,
2004, pp. 43-44.
331 Preparado por Patricio Barros
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batallas
que se habían librado para la consecución de dicha conquista435
De este
esbozo en torno a los usos y funciones de la representación geográfica en la
antigüedad, se desprende el interés que hubo ya en la época clásica por
describir y representar el mundo. Un gusto por la descripción que se
concretaría —entre otras manifestaciones— en la inclusión de imágenes de
naturaleza geográfica en el programa decorativo de determinados espacios
arquitectónicos.
En lo que
respecta a la transmisión y conceptualización de algunas de estas ideas durante
el Quattrocento, el De re aedificatoria (1485) de León Battista Alberti
constituye una piedra de toque.
En el
capítulo dedicado al análisis del “gusto” por los instrumentos matemáticos se
ha hecho ya referencia a las ideas formuladas por el genovés en relación con el
ornamento de las bibliotecas públicas. En ellas, según este autor, su principal
decoración serían los libros y su condición de raros. A ello, se añadiría la
presencia de instrumentos matemáticos, entre los que destaca el ejemplo del
instrumento ideado por Posidonio, junto con el artilugio construido por
Aristarco de Samos “de quien aseguran que representó en una plancha de hierro
el mundo y sus provincias con exquisito ingenio”436. Este
435 Este
pasaje de Tito Livio es analizado por: SCHULZ, 1990, pp. 37-38. Por su parte,
D. Buisseret (2004, p. 30) advierte de la ambigüedad que puede generar la
traducción de este pasaje contenido en uno de los últimos volúmenes de la
Historia de Roma desde su fundación de Tito Livio. En concreto, Buisseret
señala que este episodio donde se describe la celebración tras la conquista de
Cerdeña por Tiberio Sempronio Graco habría sido traducido de manera dispar,
cotejando las versiones de George Baker y de Frank Moorc. Ahora bien, esta
divergencia en las traducciones afectaría a la identificación tipológica del
mapa (la primera de cllas daría cuenta de un tipo de mapa mucho más elaborado
que la segunda), pero no alteraría la interpretación que aquí se propone, al
calor de la cual la representación cartográfica se asociaría a la función de
“trofeo”.
436
ALBERTI, 1991, p. 366. Aristarco de Saínos fue un astrónomo griego cuya
actividad científica se desarrollaría hacia el 280 a. C. Fue el primero que
trató de calcular el tamaño de
332 Preparado por Patricio Barros
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programa
decorativo se completaría, finalmente, con los retratos de poetas de la
antigüedad. Por lo tanto, según Alberti, la ornamentación de las bibliotecas se
configuraría por la presencia de gran cantidad de libros, acompañados de
instrumentos cuyas funciones eran las de medir el mundo y de representaciones
geográficas. En este punto del trabajo, interesa destacar la inclusión de las
imágenes de carácter geográfico y cosmográfico como parte del alhajamiento de
las librerías. Una idea que gozó de amplia difusión durante el periodo que aquí
se estudia pues, como se ha visto, un siglo después de que viera ha luz el De
re aedificatoria, Giovanni Battista Armenini reproducía en su tratado idénticas
consideraciones a las formuladas por Alberti en torno a la decoración de las
librerías en la antigüedad, refiriendo nuevamente a la plancha de hierro en la
que Aristarco habría pintado el mundo y sus provincias como parte de su
ornamento437. Sin embargo, a pesar de esta cita a la antigüedad, Armenini
introduce una pequeña variación con respecto a Alberti y considera ese tipo de
decoraciones adecuadas, no tanto para las bibliotecas públicas, como para los
estudios privados, espacios en los que junto a los mapas se dispondrían
instrumentos matemáticos, retratos de personas ilustres, medallas y “las cosas
más raras de gran precio” que
los cuerpos
celestes. A través de la observación de la forma de la sombra proyectada por la
Tierra sobre la Luna y por medio de razonamientos matemáticos, realizó la
estimación de que el diámetro de la Luna equivalía a un tercio del terrestre.
Aunque se excedió en sus cálculos, debido en buena medida a la carencia de
instrumentos que le permitieran medir dicha sombra con precisión, a él le
corresponde la primacía en tal tarea. Por otra parre, su estudio sobre el gran
tamaño del Sol indujo a Aristarco a sostener que esa luminaria, y no la Tierra,
era el centro del universo y que los planetas (incluida la Tierra) giraban su
alrededor. Sin embargo, su teoría no resultó convincente en la antigüedad:
ASIMOV, 2009, pp. 60-61.
ARMENINI,
1999, p. 217.
333 Preparado por Patricio Barros
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acompañarían
a los libros en estos receptáculos del saber. Además, a la presencia de la
cartografía en los estudios, este último tratadista añade la idoneidad de
situar imágenes de naturaleza similar para la decoración de las logias, donde
debían de exhibirse paisajes con vistas de ciudades lejanas, castillos, puertos
de mar o escenas de pesca y cacería, así como imágenes de carácter pastoral. Se
trataba, por tanto, de unas pinturas cuyas temáticas estaban estrechamente
relacionadas con las que señalaba Vitruvio como adecuadas para decorar los
pórticos u otras estancias de verano y primavera.
334 Preparado por Patricio Barros
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Figura 53.
Gabriele Paleotti, Discorso in torno alle imagini sacre et profane
(frontispicio), 1582.
Un tratado
que vio la luz en fecha cercana al de Armenini fue el Discorso intorno alle
imagini sacre et profane (1582) del cardenal Gabriele Paleotti (figura 53),
donde su autor recogía los principales postulados teóricos en torno a las
imágenes del periodo de la Contrarreforma. En relación con las imago mundi
resulta significativo que entre las diferentes categorías de imágenes profanas
sobre las que teoriza el autor, Paleotti —amparándose en
335 Preparado por Patricio Barros
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el criterio
de autoridad de San Agustín— calificará de útiles y necesarias para el
ejercicio de la especulación y las operaciones mecánicas las “tavole di
geografía, navigazioni delle Indie, descrizzioni del cielo e delle stelle,
disegni di città e di paesi, espugnazioni di fortezze, vittorie massime contro
infedeli, effigie d’animali, di piante, di pietre, cose di architettura, di
edifici, disegni di fortificazioni, di essicazioni di valli et fiumi […]”438.
Pero además de esto, el cardenal boloñés se hace eco y recoge en su tratado
algunas prácticas relativas a la utilización moral de los mapas y tablas de
geografía en la antigüedad e ilustra la cuestión relatando un episodio
protagonizado por Sócrates. Según recogía Eliano en su Varia historia, el
filósofo quiso reprender a Alcibíades por su soberbia, al poseer enormes
riquezas y territorios y, para ello, puso ante sus ojos un mapa del mundo y le
pidió que tratara de señalar sobre la tabla el lugar en el que se ubicaban sus
tierras. Alcibíades, no pudiendo encontrar en ninguno de los lugares dibujados
en el mapa sus posesiones, quedó puesto en evidencia439
De este
modo, es significativo que los tratados de autores como Alberti, Armenini o
Paleotti recogieran ideas y prácticas procedentes de la antigüedad sobre los
distintos usos que se otorgaban a las imago mundi, al tiempo que teorizaron
sobre los espacios y las funciones que ya durante la Edad Moderna se asignaron
a tales imágenes. Como se ha comentado en otro pasaje de este libro, hay que
tener en cuenta que durante los siglos XVI y XVII los postulados teóricos
recogidos en los libros pudieron dar pie a soluciones
PALEOTTI,
1961, p. 356.
Ibíd.
336 Preparado por Patricio Barros
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diversas y,
como se expondrá más adelante, el caso de las imago mundi no fue una excepción.
Así, antes
de adentrarnos en el estudio en torno a la presencia de facto de tales
representaciones en los espacios áulicos de la corte de los Austrias, interesa
traer a colación un interesante ejemplo de comienzos del siglo XVI donde se
teoriza sobre la inserción de imago mundi en los palacios, conjugando fuentes
de la antigüedad como Vitruvio y fuentes modernas como León Battista Alberti,
al tiempo que se incorporan otras imágenes fruto de los nuevos avances de la
técnica y de la navegación, dando lugar a una solución decorativa de gran
originalidad y erudición. Estas ideas a las que nos referimos aparecen
recogidas en el segundo capítulo del Libro II de la obra titulada De
Cardinalatu (1510) de Paolo Cortesi (Roma, 1471-1510)440. En ella, este autor
efectúa una interesante exposición sobre la disposición y la decoración que
debía ornamentar los palacios de los cardenales romanos entendidos como
externalización de su elevada posición cultural. Como han señalado Weil-Garris
y D’Amico, la difusión de las ideas de Cortesi contenidas en esta obra se vio
ensombrecida por la prematura muerte de su autor y por el advenimiento de la
Reforma protestante. En ese contexto, la magnificencia de la figura del
cardenal que debía reflejar su palacio propugnada por Cortesi, no debió parecer
ni excesivamente
El título
completo de la obra es: CORTESI, P. (1510), Pauli Cortesii Protonotarii
Apostoloci De cardinalatu liber primus [- tertius], In Castro Cortesio, Symeon
Nicolai Nardi Senensis alias Rufus calchographus imprimebat, 1510 die
decimaquinta Nouembris. La exposición de los pareceres de este autor en torno
al palacio ideal se encuentran en: CORTESI, Lib. II, Cap. II,
“De Domo
Cardinalis”. Para el análisis de los pasajes de la obra que se re fieren en
este trabajo se ha utilizado la traducción al inglés de este capítulo elaborada
por: WEIL-GARRIS, D’AMICO, 1980, pp. 69-97.
337 Preparado por Patricio Barros
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prudente ni
adecuada para los tiempos que corrían. A pesar de este ensombrecimiento, la
influencia intelectual de este autor debió propagarse a través de sus
discípulos y seguidores, entre quienes se contaban relevantes figuras como el
futuro cardenal Bembo o el papa Pablo III441. En el marco de este trabajo
resultan especialmente interesantes las consideraciones que formula este autor
relativas a los espacios, el lugar y la significación que se otorgaba a la
scientia y, más específicamente, a la geografía, dentro de su palacio ideal de
un cardenal442. El último espacio del palacio a cuya decoración refiere
Cortesi, son los apartamentos de verano (“aestiuorum tricliniorum”) y es allí
donde se habrían de emplazar tanto los instrumentos como las imágenes de carácter
científico.
De este
modo, para la decoración de las estancias de verano, Cortesi plantea la
inclusión, en primer lugar, de pinturas en las que se recreasen distintos
ingenios pues estas imágenes permitirían al
Ibíd., pp.
63-64.
En su
exposición de los postulados relativos a la distribución y decoración ideal del
palacio cardenalicio, Cortesi aborda diferentes aspectos. En primer lugar, el
autor plantea la cuestión del emplazamiento adecuado para la residencia
(“Qualis ese debeat Domus Cardinalis”), tomando en consideración como criterios
fundamentales en la elección de dicha localización la salubridad, en función de
los vientos y los ciclos (“ratio ventorum” y “ratio aspectus coeli”). A
continuación, se ocupa de la “Descriptio Domus” en la que deben considerarse
dos aspectos fundamentales: por un lado, la distribución de las salas y
habitaciones y, por otro, la variedad de su decoración. De todas las técnicas
decorativas que podían utilizarse para ornamentar el interior de los palacios
(terracotta, stucco o estatuaria, entre otras), Cortesi consideraba la pintura
como la más ventajosa de todas ellas, puesto que permitía representar historias
y
“traerlas a
la vida”, transmitiendo un mensaje moral que despertaba la admiración de los
hombres y, por tanto, su presencia y exhibición resultaba muy adecuada en el
palacio de un cardenal. Por ello, Cortesi propone que en los intercolumnios del
patio (“in atrio”) debían situarse las pinturas representando los hechos y
hazañas de los emperadores de forma
“cristiana”
puesto que se trataba del espacio destinado a acoger a los visitantes y, por
tanto, de gran visibilidad. En la capilla se emplazarían —como no podría ser de
otro modo— imágenes de la Virgen y de los Santos; en las salas de audiencia se
debían disponer imágenes en las que se representaran los distintos modos en que
los príncipes concedían audiencia; en las habitaciones debían exponerse
pinturas que aludieran a los símbolos de la virtud, de manera que actuasen a
modo de “recordatorio” matutino de las prácticas virtuosas en las que debería
ejercitarse su alma a lo largo de la jornada.
338 Preparado por Patricio Barros
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espectador
que las contemplara un “sutil razonamiento” y, por tanto, una mejor intelección
de los conceptos matemáticos inherentes a estos sistemas. De este tipo de
imágenes, especifica dos ejemplos concretos: una pintura en la que se
representara la máquina hidráulica de Ctesibio o la imagen de un mecanismo de
ingeniería hidráulica destinado a la extracción, elevación y canalización del
agua como el que se había ideado en la villa que la familia Cortesi había
erigido en San Gimignano443. Es decir, el primero de los ejemplos de pinturas
destinadas a recrear instrumentos y artificios o ingenios hidráulicos se
referiría a la máquina ideada por Ctesibio de la que daba cuenta Vitruvio en su
tratado444. El segundo de los ejemplos alude al mecanismo hidráulico que se
había instalado en la villa que la familia Cortesi erigió en San Gimignano, en
la que el propio Paolo habría vivido siguiendo un estilo de vida humanista,
celebrando en ella fiestas y banquetes, la cual se encontraba todavía en
construcción en el año 1507 y en la que el humanista fallecería en 1510445. Por
lo tanto, se trataba de un ejemplo que el propio autor conocía de primera mano.
Como han apuntado Weil-Garris y D’Amico, en su De Cardinalatu,
443 Ibíd.,
p. 94: “Atque idem fere est aestiuorum triclinorum describendorum modus, in quo
genere eo est pictura putanda litteratior quo subtiliori mathematica ratione
constat, ut siquid modo spectetur hydraulica at ethesibica machinatione pictum
in quo ratio subtilior considerandi sit. Quod idem est de ductaria, tractoria,
oppugnatoria siue corriuatoria ratione dicendum, ut nos apud Ianenses sumus in
Cortesii Oppidi Iacu construendo commenti, ex quo humum scrobibus aqua
corriuata eduximus”.
Vitruvio en
el Libro IX, Cap. VIII, titulado “Diferentes modelos de relojes y nombre de sus
inventores”, dedica especial atención a la figura de Ctesibio de Alejandría, a
quien atribuye la invención del método para construir relojes de agua así como
el descubrimiento de la fuerza natural del aire y los principios elementales de
la neumática, por lo que, siendo el primero que conoció dichos principios,
Vitruvio le considera el primer inventor de las máquinas hidráulicas: VITRUVIO,
1995, pp. 349-350. Además, el arquitecto romano dedica su Libro X, Cap. IX a
exponer el funcionamiento de los “órganos de agua” o máquinas hidráulicas:
Ibíd., pp. 377-378.
Sobre esta
villa y su historia, véase: PASCHINI, 1957.
339 Preparado por Patricio Barros
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Cortesi
afirma que habría excavado el lago que había en su propiedad con el fin de dar
empleo a los habitantes de la zona durante un periodo de hambruna, en un acto
de magnificencia del humanista446.
Además de
las pinturas de instrumentos e ingenios mecánicos, resultaba igualmente
adecuado para el deleite de los eruditos que visitasen los apartamentos de
verano, disponer en ellos cuadros en los que se representara el mundo (aut
mundi depicti pinax) o la descripción de sus partes (descriptio locorum),
algunas de las cuales habían sido recientemente descubiertas gracias a las
navegaciones promovidas por el rey Manuel de Portugal447. Por lo tanto, a la
presencia de representaciones (cuasi metapictóricas) de instrumentos e
ingenios, se añadían las imágenes de carácter cosmográfico y geográfico.
Teniendo en cuenta la formación y los contactos de Cortesi con los círculos
humanistas romanos, a buen seguro debía de conocer la existencia de programas
decorativos conformados por mapas y descripciones como los que existían en el
palacio papal de Avignon. Además, otros ejemplos decorativos de naturaleza
similar habían sido dispuestos en Roma en fecha cercana: en 1495 se conoce la
existencia de un mapa del mundo pintado para Pablo II en la Sala del Mappamondo
en los apartamentos de verano situados en el piano nobile del Palazzo Venezia
en Roma448. Por otra parte, la alusión a los descubrimientos portugueses en la
India (o, si se prefiere, la actualizada referencia a
WEIL-GARRIS,
D’AMICO, 1980, p. 118, nota 124.
Ibíd., pp.
94-95.
Ibíd., p.
118, nota 126.
340 Preparado por Patricio Barros
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los últimos
avances en materia de navegación y, por ende, científicos) no parece tener nada
de casual puesto que, precisamente, las campañas de exploración del rey Manuel
I de Portugal obtuvieron un fuerte y decidido apoyo del papa Julio II, quien
habría visto en ellas un excelente medio de propagación de la fe cristiana449.
El último
género pictórico al que alude Cortesi en relación con las estancias de verano,
corresponde a la representación de pinturas en las que se mostrasen las
características de varias criaturas, especificando que el rasgo más reseñable
de las mismas habría de ser su rareza y singularidad. Una cualidad que el autor
sitúa en una relación de proporcionalidad directa con el valor, la novedad y el
elogio que merecerán dichas imágenes. A ello, Cortesi añade la recomendación de
representar este género de pinturas en forma de enigmas y fábulas, un recurso
con el que se pretendía agudizar el ingenio del espectador erudito.
En términos
generales, como han apuntado Weil-Garris y D’Amico, la propuesta decorativa que
Cortesi formula para el interior del palacio bebe en buena medida de los
postulados que propone Alberti en su capítulo dedicado a la ornamentación de
los edificios privados450; sin embargo, el fragmento relativo a la decoración
de las estancias de verano parece traslucir y tomar algunas de las ideas
contenidas en el De Architectura de Vitruvio, adaptándolas al contexto
histórico de comienzos del Quinientos e incluyendo referencias explícitas a los
nuevos descubrimientos fruto de los
Ibíd., pp.
118-119, nota 127.
ALBERTI,
1991, Lib. IX, Cap. IV.
341 Preparado por Patricio Barros
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avances en
la navegación que habrían tenido lugar por aquel entonces. Cortesi, sin duda,
fue un buen conocedor de la obra del arquitecto romano puesto que uno de sus
profesores habría sido Sulpizio Verolano, editor de la primera edición latina
impresa del De Architectura en 14864514M. En el pasaje que Cortesi dedica a las
estancias de verano, el humanista toma algunas de las ideas contenidas en el
Capítulo V del Libro VII de Vitruvio que se ha comentado al comienzo de este
epígrafe, en el que el arquitecto romano proponía la utilización de pinturas
que fueran “copia o imitación de objetos reales” y, más concretamente, que
imitasen “lugares naturales” como puertos, costas, ríos, etc., para adornar los
paseos cubiertos que formaban parte de las estancias estivales. A partir de
esta idea, Cortesi procede a reelaborarla y adaptarla a las necesidades y al
ejercicio de la virtud que debían inspirar las imágenes dispuestas en un
palacio cardenalicio. Con todo, a pesar del ya referido limitado influjo que
debió ejercer esta obra, el De Cardinalatu constituye un buen ejemplo de cómo
las ideas de la antigüedad fueron reinterpretadas tras el Quattrocento y de
cómo se insertó y argumentó la exhibición de imágenes de carácter geográfico en
los espacios palaciegos de la época.
En este
punto, la pregunta a la que es menester dar respuesta es: ¿cómo se concretaron
estos postulados teóricos relativos a la inclusión de imágenes “geográficas” y
a la representación del mundo en la corte española? En primer lugar, como se ha
anticipado, las ideas contenidas en los tratados de Vitruvio, Plinio, Alberti
y, tal vez
451 Sobre
las fuentes utilizadas por Cortesi en el capítulo de su De Cardinalatu
destinado a describir el palacio ideal, véase: WEIL-GARRIS, D’AMICO, 1980, pp.
52-64.
342 Preparado por Patricio Barros
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en menor
medida, de Armenini, fueron conocidas en la corte madrileña no solo por los
monarcas sino también por nobles y eruditos a los que se ha aludido con
anterioridad en este libro, como don Bernardino de Cárdenas, donjuán Fernández
de Velasco o don García de Loaysa, maestro del príncipe Felipe III, por citar
algunos ejemplos452. Pero, además, a la presencia de los textos comentados en
los cajones y anaqueles de las librerías de los cortesanos españoles, hay que
añadir la ejecución y promoción por parte de Felipe II durante las últimas
décadas del Quinientos del que fuera el más importante centro del saber de la
corte y de la monarquía donde la cartografía jugó un papel significativo en su
alhajamiento: la biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial,
que se convertiría en paradigma en cuanto que centro científico al tiempo que
marcaría en buena medida las pautas coleccionistas que se desarrollarían en la
corte española durante las décadas posteriores.
En la
concepción de la biblioteca escurialense, junto con los libros que constituían
el principal ornamento de ese espacio, se incluyeron asimismo instrumentos
matemáticos a los que se ha aludido con anterioridad y, además, mapas, cartas
de marear y descripciones de
Don
Bernardino de Cárdenas guardaba en su biblioteca dos ejemplares del De
Architectura de Vitruvio: uno en latín con estampas y otro en castellano, o un
“Leon uautista de arquitectum
En çinco
reales”: AHN-SN, Frías, C. 890, D. 12, ff. 418r. y 429r., respectivamente. En
el inventario de 1608 de la biblioteca de don Juan Fernández de Velasco se
registran, entre otros volúmenes, un “Vitruvvi Polionis de arquitatura diez
libros en Vn cuerpo enquadernados enpergamino tassados en ocho rreales” o “Las
obras del momo [de Leon Battista Alberti] y las de Juan de Mandavila en seis
reales”: AHPM, Prot. 28450, ff. 452r. y 521r., respectivamente. Por su parte,
el maestro del príncipe —García de Loaysa— conservababa en su excelsa librería
al menos cuatro ejemplares del tratado de Vitruvio, dos ejemplares de la
Historia Natural de Plinio, las Epístolas del polígrafo romano y un asiento
donde se registran “Tres Cuerpos de las obras de Minio, tomo quarto, y terzero,
y segundo, enquadernado En Cartones en doze R[ea]es”:
AHPM, Prot.
181t, ff. 1541v., 1542r. y 1552r., respectivamente.
343 Preparado por Patricio Barros
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territorios
y ciudades y una galería de retratos. Un documento al que se ha hecho
referencia a vuelapluma, pero que resulta de gran interés para comprender la
génesis del proyecto de la librería de El Escorial es el Memorial sobre los
libros y utilidad de la librería y orden y traza que en ella se ha de tener
elaborado por el doctor Juan Páez de Castro453. Recordemos que la propuesta que
efectuaba el humanista alcarreño en su Memorial iba más allá de ser un proyecto
para la creación de una librería, ya que abogaba por la realización de un
archivo científico en la ciudad de Valladolid454. En este espacio interesa
analizar el lugar y la función que se concedía a la scientia y, más
específicamente, a los mapas y representaciones del mundo y su inserción en el
marco del programa decorativo y científico de la librería escurialense, puesto
que sobre este aspecto el humanista aporta una serie de sustanciosas
informaciones.
Los
argumentos de Páez de Castro en torno a la utilidad y la articulación del
proyecto de una “librería” donde tendrían cabida la totalidad de los saberes,
se organizan alrededor de cuatro puntos fundamentales. En la primera parte, el
autor expone la “antigüedad de las librerías” y el aprecio que por ellas
sintieron los gobernantes y emperadores de la antigüedad clásica, indicando los
objetos que alhajaban algunos de esos espacios. En la segunda parte, argumenta
el provecho y la honra que suponen para los reinos y naciones el disponer de
librerías. En tercer lugar, determina el sitio donde se habría de ubicar dicha
biblioteca (Valladolid) y describe la organización (articulada en tres salas)
con la que habría de contar el
PÁEZ DE
CASTRO, 1883.
VICENTE
MAROTO, ESTEBAN PIÑEIRO, 2006, pp. 35-43.
344 Preparado por Patricio Barros
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edificio,
detallando pormenorizadamente los instrumentos y objetos que en cada una de
ellas se habrían de situar. Por último, Páez de Castro señala “la facilidad con
que se juntarán los libros” y todo el aparato decorativo que debía situarse en
ella, ofreciendo precisas indicaciones de los lugares y modos más “sencillos”
en que se podrían adquirir no solo los volúmenes, sino también los mapas, los
globos terrestres y celestes, las “cosas muy raras”, etc. Todo ello con el fin
plantear al rey tal proyecto de manera que pudiera parecer a sus ojos
relativamente “asequible”. Si bien las referencias a las imago mundi se
concentran principalmente en la tercera parte del Memorial, es preciso tomar en
consideración algunas ideas contenidas en los dos primeros puntos dada la
estrecha imbricación que existe entre ellas.
En la
primera parte del Memorial, Páez de Castro ofrece una relación de hombres
ilustres que fundaron bibliotecas en la antigüedad y expone las suntuosas
decoraciones que en ellas se desplegaron. Una cuestión que, además de reflejar
la erudición del humanista español, se convierte en argumento de legitimación
del proyecto que presenta y desarrolla en los sucesivos puntos, puesto que el
preciosismo y el gran gasto que supuso la creación de las bibliotecas antiguas
vendrían a avalar su ulterior propuesta donde incluye una exhaustiva relación
de instrumentos, imágenes (cartas de marear, mapas, etc.) y objetos al alcance
de muy pocos en la época, pero cuya inclusión en dicho espacio estaría
plenamente justificada pues permitían alcanzar y satisfacer los fines de
magnificencia y ennoblecimiento que se perseguían con la creación de estos
centros
345 Preparado por Patricio Barros
El
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del saber
ya desde la antigüedad455. Por otra parte, Páez de Castro, a partir de su
explicación de los diferentes espacios que los libros y los ornamentos afines
ocupaban en los palacios de la antigüedad (la biblioteca pública o el estudio,
como archivo secreto), está en cierta manera anticipando y justificando la
compartimentación y los usos de las salas que expone en su propuesta y los
diferentes grados de acceso que para cada una de ellas se establecían. Así,
mientras que en la antigüedad había bibliotecas públicas, bibliotecas privadas
o estudios con funciones y ornamentación distintas, y que presentaban
diferentes niveles de acceso (de mayor a más restringido, siguiendo la
enumeración precedente), por su parte, Páez de Castro propone la articulación de
este espacio del saber universal, en cierto modo, de manera análoga a la
esbozada, quedando así perfectamente formulada la trabazón en todo el discurso.
455 La
reflexión teórica en torno a la idea de magnificientia ocupó un lugar relevante
en los escritos de los humanistas ya desde el siglo XV. Un buen ejemplo de ello
se halla en la obra del importante humanista napolitano Giovanni Pontano (ca.
1426-1503). En dos breves tratados que llevaban por titulo De Magnificentia y
De Splendore, Pontano propugnaba un distinguido y elevado estilo de vida en el
que el dinero constituía un prerrequisito para la magnificencia y en el que la
disposición de un suntuoso palacio constituía su principal manifestación o
exteriorización. En base a estas premisas, las librerías eran asimismo
consideradas por este autor como un importante signo de magnificencia, la cual,
siguiendo los preceptos aristotélicos, se situaba en el justo punto intermedio
entre la austeridad y la extravagancia. En la obra de Paolo Cortesi 2 la que se
ha hecho referencia, como han apuntado Weil-Garris y D’Amico (1980), se recoge
una idea análoga del concepto de magnificencia. Por su parte, desde ]2 historiografía
contemporánea, la denominada “teoría de la magnificencia” y la noción de
esplendor, desarrollada por autores como A. D. Fraser Jenkins o E.H. Gombrich
en los años 1960-1970, proporcionaron un marco para la interpretación de las
prácticas de promoción de suntuosos palacios o las ricas decoraciones que
alhajaban el interior de los mismos durante la Edad Moderna. Más recientemente,
se han producido nuevas aportaciones que han ido demostrando cómo los términos
de magnificencia y esplendor no eran los únicos parámetros que permitían
“retratar” y comprender las prácticas de promoción artística en todos los
espacios y contextos, sino que había que tomar en consideración otros matices.
Para una valoración de los límites del modelo historiográfico de la “teoría de
la magnificencia” centrado en el caso español y donde se propone una
complementaria “teoría de las señales” remitimos al estudio de: URQUIZAR
HERRERA, 2014.
346 Preparado por Patricio Barros
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En la
segunda parte del Memorial el humanista argumenta el provecho que suponían las
librerías para las Repúblicas y en su razonamiento introduce algunos aspectos
significativos relativos a la función de la cartografía en las mismas. Así,
tras dar pormenorizada cuenta de los provechos, el ennoblecimiento y de la
atracción que suscitaban entre los principales ingenios las librerías, Páez de
Castro añade lo siguiente:
Con las
otras cosas, que se pondrán en la librería, se causarán estos provechos.
Tendráse perpetua noticia de las navegaciones, y conquistas de Indias: de los
términos de los Reynos, y Señoríos: de los tributos, y de los gastos
ordinarios: con las quales cosas, no solo se escusarán grandes pleitos; pero
también guerras. Tendránse presentes los rostros, y disposiciones de vuestros
passados, y sus descendencias, y hechos principales: producirse han alli las
cosas memorables, que por todo el mundo se hallaren de naturaleza, ó passaren
entre los hombres. Pondránse las artes, ó ingenios, que se inventaren; lo que
allende que será utilissimo para muchas cosas, será un gran socorro para los
historiadores. De manera, que quien viere aquellas salas, puede pensar, que ha
peregrinado lo más principal del Universo456.
En líneas
generales, la propuesta de Páez de Castro pasaba por disponer modelos visuales
que permitieran recrear el conjunto del
PÁEZ DE
CASTRO, 1883, p. 171.
347 Preparado por Patricio Barros
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macrocosmos,
en un pequeño microcosmos de tan solo tres salas. Una concepción universal del
saber que, en cierto modo, traslucía los principios rectores de algunas
importantes obras de la antigüedad, sin ir más lejos, la del propio Plinio el
Viejo y su Historia Natural, cuya distribución temática reflejaba tal
aspiración enciclopédica: en sus treinta y siete volúmenes, Plinio no se
circunscribía meramente a dar noticia de aspectos “naturales” tal y como el
mundo contemporáneo los entiende, sino que comenzaba con la descripción del
mundo y sus partes y provincias, proseguía dando pormenorizada cuenta de las
“figuras de admirables gentes” entre las que se contaban emperadores y sabios,
llegando finalmente a la descripción del mundo animal, vegetal y a la farmacopea
que de ellos derivaba457.
En cuanto
al orden y funciones específicas que Páez de Castro asigna a cada uno de estos
géneros, el humanista menciona en primer lugar las imágenes del mundo (cartas
de marear y mapas en los que se representasen las fronteras de los reinos,
señoríos y tributos) cuya presencia y conocimiento permitiría alcanzar
beneficios tan elevados como los de evitar pleitos e, incluso, conflictos
bélicos458. A continuación, Páez sitúa los retratos de los antepasados y sus
descendencias, así como sus principales logros o
PLINIO
SEGUNDO, 1999, pp. 18-57.
En relación
con una de las funciones que Páez de Castro atribuye a la cartografía, gracias
a la cual “se escusarán grandes pleitos”, es preciso señalar la existencia de
un considerable número de documentos de tipo cartográfico que fueron recibidos
o generados en el ejercicio de las funciones de las distintas salas del
tribunal de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid. Esta colección está
conformada por el materia] cartográfico que se presentaba en calidad de piezas
de prueba durante el desarrollo de los procesos judiciales, abarcando un ámbito
cronológico que comprende desde finales del siglo XV hasta el año 1834 y las
coordenadas geográficas en las que la Real Chancilleria tenía jurisdicción.
Esta documentación ha sido estudiada por: SORIA TORRES, 1993.
348 Preparado por Patricio Barros
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triunfos.
En esta cercana disposición entre las imágenes de carácter cartográfico y los
retratos, puede verse ya anticipada la estrecha trabazón que subyacerá en la
configuración de las denominadas “galerías de retratos” de la Edad Moderna. En
ellas, ambos tipos de representaciones se exhibirán habitualmente de manera
conjunta, de modo que el significado de las primeras completará el de las
segundas, a pesar de que, desde la historiografía histórico-artística, en no
pocas ocasiones se haya puesto el foco principalmente en el estudio de las
efigies —tal vez por haberse encargado a pintores eminentes o por lo somero de
las descripciones y detalles que se ofrecían en los inventarios sobre los
mapas, vistas de ciudades, etc. Sin embargo, como reflejan las crónicas459 y
otros textos de la época ambas categorías —señorío y territorio— estaban
estrechamente relacionadas y en la representación del linaje de una determinada
casa además de mostrar las efigies de sus miembros, en determinadas ocasiones,
se optaba asimismo por exhibir y hacer visibles los territorios en los que
dicha casa tenía jurisdicción o en los que sus miembros habían desempeñado
importantes cargos al servicio del monarca, como símbolo de ennoblecimiento y
prestigio social.
Por lo
tanto, entre las cuestiones que debían hacerse visibles en la librería, se
encontraba la de “tener noticia de los términos de los Reynos, y Señoríos”, por
lo que la presencia de la cartografía respondería a la necesidad de mostrar los
dominios y el poder
459 Sobre
el papel de los cronistas en la construcción de la “Historia” durante los
sucesivos reinados de los monarcas austriacos hispanos de los siglos XVI y XVII
(cuyo relato estaba íntimamente ligado a la geografía que abarcaban dichos
reinos), véase: KAGAN, 2010.
349 Preparado por Patricio Barros
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terrenal
del monarca. Una asociación análoga entre los límites y demarcaciones de los
reinos y la imagen de los reyes que los gobernaban es expresada por Esteban de
Garibay, cronista del rey Felipe II, en lo que al propósito de su obra en
materia de genealogía se refiere. Al comienzo de sus Illvstraciones
genealógicas de los Catholicos Reyes de las Españas […] (1596), dedicada al
príncipe heredero —el futuro Felipe III— el cronista incluye una serie de
“Advertimientos a los lectores” para asegurar una mejor compresión de los
contenidos expuestos, el primero de los cuales reza del tenor siguiente:
El primero
[advertimiento], que mi intento principal, es, mostrar en esta suma al Principe
nuestro señor, y a las señoras Infantas sus carissimas hermanas, sus ínclitas y
preclarissimas progenies reales, paternas, y maternas, por los reynos de
España, y por otros muchos reynos y prouinçias de la Christia[n]dad, y muy en
particular por los de Francia, por pertenecerles muy muchas descendencias de
sus Christianissimos, y poderosos Reyes460.
Es decir,
existía por tanto una estrecha relación entre el linaje de la Casa de Austria y
los reinos y provincias de las que eran soberanos. Una imbricación entre linaje
y geografía que se concretaría en diferentes prácticas de facto y en la
disposición de imágenes destinadas a ensalzar en poder territorial de la
dinastía, como se expondrá más adelante. Además, junto a los mapas y cartas de
GARIBAY,
1596, p. 9.
350 Preparado por Patricio Barros
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marear y
los retratos, resultaría de gran provecho la presencia de objetos de naturalia
y de modelos o maquetas de los ingenios que se inventasen.
En relación
con el Memorial de Páez de Castro, para concluir, resta analizar cómo habrían
de distribuirse los libros y objetos mencionados en las tres salas en las que
organiza la librería este humanista, poniendo especial atención a las imago
mundi. En la primera sala, se situarían fundamentalmente los libros “raros” y
una galería de retratos; en la segunda, se dispondrían instrumentos, cartas de
marear, de cosmografía, mapas, globos, retratos, etc.; y por último, en el
archivo o parte más secreta de la librería, se conservarían los papeles y
documentos tocantes al gobierno del estado461. De este modo, la segunda sala
constituía el espacio de la librería donde las imago mundi jugaban un papel
fundamental en el alhajamiento de la misma, junto con instrumentos, modelos de
ingenios y cosas naturales maravillosas.
461 Más
específicamente, la primera sala estaría destinada a albergar los libros de
todas las facultades ordenados en armarios, señalando que no seria tan
importante su número como su substancia, “de manera, que sean más propiamente
tesoros, que libros, como dicc Plinio”. De hecho, Páez de Castro recalca que
los libros allí reunidos deberían tener la cualidad de “raros”
—reiterando
el mismo atributo que tanto Alberti como Armenini señalaban como el más
destacado de los volúmenes—, si bien, el humanista alcarreño desarrolla en
mayor profundidad las características o propiedades que les conferiría tal
categoría: debían ser libros “de mano” antiguos y, en caso de tratarse de
volúmenes impresos habría que asegurarse que estuvieran pertinentemente
corregidos y cotejados con buenos libros “de mano”; y, finalmente, aporta
precisas indicaciones relativas a cada uno de los distintos géneros temáticos.
En cuanto al ornamento de la primera sala, esta habría de estar presidida por
retratos: por un lado, de los Santos Doctores en Teología, cuyas efigies
deberían sacarse “al propio de retablos antiguos de Roma, y de pinturas
griegas”, y por otro, junto a los Santos Doctores, se situarían otros eminentes
sabios de los que no especifica su identidad, pero si indica que sus efigies
deberían hacerse conforme a estatuas antiguas y medallas o, en caso de carecer
de ese tipo de referentes visuales, a partir de lo que de ellos se escribiese
en sus vidas. Por último, como culminación de todo el conjunto, Páez de Castro
asigna a cada una de las salas una “pintura principal” que, en el caso de la
primera estancia, debía representar a Cristo enseñando a los doctores en el
templo: PÁEZ DE CASTRO, 1883, pp. 171-172.
351 Preparado por Patricio Barros
El
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Páez de
Castro ofrece una pormenorizada descripción de todos estos objetos:
En la
segunda sala se pondrá lo siguiente. Cartas universales de marear, y
Cosmographia de todo lo que hasta oy se sabe del mundo, hechas con mucha
diligencia; en las quales estén señaladas las particiones con los Reyes
vecinos, y sus demarcaciones, y derrotas para todo lo descubierto.
Principalmente se hará una de las Indias Occidentales muy grande, á imitación
de la tabla de la Europa, que está en el Palacio de San Marcos en Roma, que
labró el Papa Paulo segundo. Globos de diversas grandezas, con sus aparejos,
assi para el cielo, como para la tierra. Cartas de provincias particulares con
toda certidumbre, assi de estas partes, como de las Indias. Pinturas de
ciudades muy famosas, bien sacadas; no solamente de Europa, sino de todo lo que
se sabe del universo. Muchos instrumentos bien labrados, y muy ciertos de
astrología, y otras mathematicas. Reloxes de gran invención, y sotileza, assi
en las manos, como en el uso, y provecho. Espejos de extraños efectos: que es
una principal parte de prospectiva, y sirven para muchas cosas. Modélos de
ingenios, y máchinas, que cada dia se inventan para la guerra; como puentes
para rios, y fuegos artificiales. Arboles de genealogías, en forma grande, de
los Reyes de España vuestros antecessores; y de otros reynos, que se han
juntado por sangre. Algunas antiguallas
352 Preparado por Patricio Barros
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principales,
que suelen tenerse en mucho. Cosas naturales maravillosas, como partes de
animales estraños, y peces, y árboles hechos piedra, y lo demás que Augusto
solia tener en su estudio, como diximos. […] Arboles, y yerbas, y frutas hechas
de metal, y dadas sus colores al propio […]462
Aunque en
anteriores pasajes del Memorial el humanista alcarreño ya había señalado e
insistido acerca de los provechos y funciones que habrían de cumplir tales
objetos (que no eran otros que recrear lo más precioso y “lo más principal del
Universo”), tras efectuar esta detallada relación del alhajamiento que debía
disponerse en la segunda sala, se lamenta de que a los ojos de quienes no
tienen habituado el entendimiento a la contemplación, ni al deleite, ni al
provecho de estas cosas, seguramente menospreciarían su propuesta, por
considerarlas “cosas menudas”463. En caso de tener que afrontar tales críticas,
el humanista comenta (dirigiéndose al rey) que bastaría señalar a esas personas
un único argumento cuyo profundo calado sería suficiente para justificar
plenamente la presencia de tales objetos: que los mayores reyes y sabios de la
antigüedad dotaron a sus librerías de tales decoraciones.
Ibíd., pp.
172-173.
La
inclusión de tal prevención por parte de Páez de Castro denota la conciencia
del propio autor ante las posibles criticas que podría suscitar su proyecto en
la corte. Pero además, es curioso advertir cómo esa conciencia de la existencia
de cortesanos que vendrían a menospreciar los mapas, instrumentos, pinturas y
demás adornos de la librería, parece preludiar en cierto modo la actitud y el
escaso interés demostrado por el padre Sigüenza en torno a este tipo de objetos
en su Fundación del Monasterio de El Escorial, en la que, tras omitir la
presencia de instrumentos matemáticos en la sala principal de la librería
escurialense, comentaba en relación a la segunda sala: “Hay también anulos,
armilas de muchas diferencias, ráditos y otras cien buenas alhajas de esto, que
me parece menudencia detenerme en ellas, aunque en otra parte fueran muy
estimadas”: SIGÜENZA, 1986, p. 296.
353 Preparado por Patricio Barros
El
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Además, en
la exhaustiva relación de objetos correspondientes a la segunda sala, Páez de
Castro establece una clara jerarquía en la clasificación de este género de
imágenes “cartográficas”, comenzando con las “cartas universales de marear” y
los globos terrestres y celestes, es decir, representaciones de carácter
cosmográfico, pasando luego a las imágenes de carácter geográfico que
describían las provincias y partes del mundo y llegando, finalmente, a la
corografía con las “pinturas de ciudades muy famosas”. La finalidad de las
cartas y mapas cosmográficos consistía en representar “todo lo que hoy se sabe
en el mundo” o, lo que es lo mismo, ofrecer una visión global del orbe, en la
que debían detallarse los límites fronterizos de los territorios hispánicos, al
tiempo que se habrían de incorporar en ellas los descubrimientos más recientes.
Esta última idea (el afán de incorporar los nuevos hallazgos fruto de las
exploraciones a la cartografía desplegada en un programa iconográfico)
constituye una constante en este periodo. Así, por ejemplo, en el encargo que
el Consejo de los Diez de la República Veneciana efectuó entre 1549 y 1553 a
Giacomo Gastaldi para decorar la Sala dello Scudo con mapas de los continentes,
los comitentes incluyeron en 1550 una puntualización a dicho encargo, señalando
que el cartógrafo debía asimismo incluir la representación de “tutto il mondo
ritrovato da Spagnuoli da 50 anni in qua, cioé l’isole spagnole, la Cuba, la
nova Spagna, il paese del Perú et el mar del Sur”464. Por su parte, el ya
mencionado Paolo
464 Una
aproximación al programa decorativo de la veneciana Sala dello Scudo así como
la transcripción de la cita se encuentran en: FIORANI, 2007, pp. 814-815. El
documento
354 Preparado por Patricio Barros
El
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Cortesi
consideraba adecuado en su tratado la disposición de mapas y descripciones en
las estancias de verano donde se representaran las nuevas exploraciones
promovidas por el rey Manuel I de Portugal. En este último caso, como se ha
comentado, la selección del motivo que habría de representarse no parece ser
casual, pues habría sido el papa Julio II quien habría apoyado decididamente
estas campañas de exploración en las Indias Orientales. Una concepción similar
parece desprenderse de los ejemplos de imágenes “cosmográficas” que propone
Páez de Castro. Teniendo en cuenta que el destinatario de su memorial habría de
ser el propio Felipe II, en este primer género de mapas, el humanista propone
que se haga uno de las Indias Occidentales, de modo que, a la predilección y
gusto por representar los nuevos descubrimientos que presidió ese periodo, se
añadía la representación del poder hegemónico del monarca prudente en el
continente americano. Pero la propuesta de Páez de Castro va un paso más allá y
establece que el mapa de las Indias Occidentales habría de ser “á imitación de
la tabla de la Europa, que está en el Palacio de Sant Marcos en Roma, que labró
el Papa Paulo segundo”. El alcarreño se refiere a la Sala del Mappamondo del
Palazzo Venezia de Roma comisionada por Pablo II a mediados del siglo XVI465.
Con esta alusión, Páez de Castro, además de mostrarse conocedor de los
programas iconográficos promovidos en la corte papal en fecha cercana,
mencionado
fue publicado por primera vez (junto con otras noticias relativas al encargo a
Gastaldi de los mapas para la Sala dello Scudo) en: LORENZI, 1868, doc. n.º
573.
FIORANI,
2007, p. 829.
355 Preparado por Patricio Barros
El
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inducía al
monarca prudente a parangonar sus prácticas y elecciones con las del máximo
representante de la Iglesia Católica. El segundo de los “artefactos
cosmográficos” que menciona Páez de Castro son los globos terrestres y
celestes, sobre los que no da excesivos detalles pero que, al igual que las
“cartas universales” ofrecían una visión de conjunto del orbe. Sin embargo, los
usos y funciones de estos globos iban mucho más allá de ser simples “mapas
esféricos”. Se trataba de artificios que se situaban a medio camino entre la
instrumentación matemática y la representación de la tierra o de los cielos,
puesto que, además de recrear la geografía terrestre o las constelaciones
celestes, permitían (en ocasiones ayudándose de otros instrumentos como el
compás) efectuar un buen número de cálculos y mediciones cosmográficas (figura
54). Tras los globos, se recogen las “cartas de provincias particulares” tanto
“de estas partes” (es decir, de los antiguos territorios de la corona hispana)
como de las Indias y, finalmente “pinturas de ciudades muy famosas, bien
sacadas”, no únicamente de Europa, sino de todas aquellas conocidas en el
universo. Por lo tanto, queda nuevamente patente la aspiración universalista de
Páez de Castro.
356 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 54.
Adriaen van Stalbent, El geógrafo y el naturalista (detalle), finales del siglo
XVI principio del siglo XVII, 40 × 41 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado
(P001437).
En relación
con todas estas representaciones cartográficas, resulta interesante lo que el
autor comenta en la última parte del discurso sobre los artífices y los lugares
de producción que habrían de proveer a la librería de tales objetos e imágenes.
En cuanto a las “cartas universales de marear, y Cosmographia”, Páez indica que
debería darse orden a los cosmógrafos reales para que “labrasen” las cartas,
así como los globos de grandes dimensiones. Por lo tanto, siguiendo tales
indicaciones, estos objetos habrían de producirse y
357 Preparado por Patricio Barros
El
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adquirirse
en los propios reinos peninsulares. En cuanto a las pinturas (entre las que
puede inferirse que se incluirían tanto las “pinturas de ciudades” como el
programa pictórico mural de la sala, sobre el que luego se hablará), estas se
situarían en los muros y techumbres, señalando que en España habría maestros
que las hicieran “dándoles la invención”, o bien se recurriría a maestros
italianos para su ejecución.
Por último,
la segunda sala donde se habrían de situar mapas, instrumentos, antiguallas,
representaciones de naturalia, etc., se vería completada por un programa
iconográfico —seguramente de carácter mural— con escenas protagonizadas por
quienes fueron considerados figuras eminentes en las disciplinas que los
instrumentos e imágenes cartográficas representaban, incidiendo así,
nuevamente, en el componente metonímico y metapictórico del espacio. Entre esas
escenas, Páez incluyó la representación del matemático Arquímedes, acompañado
de sus máquinas y espejos ustorios durante la defensa de la ciudad de Siracusa
contra el capitán romano Marcelo, del geógrafo Claudio Ptolomeo “pintando el
mundo” y de Aristóteles componiendo el libro de los animales. Junto a estas
imágenes, se situarían los retratos de Cristóbal Colón, Hernán Cortés y
Magallanes con sus descubrimientos del Nuevo Mundo y, asimismo, los retratos de
príncipes y ancestros de Felipe
que allí
merecieran estar. Presidiendo todo el conjunto se situaría, como principal
pintura de la sala, la imagen de la creación del mundo.
358 Preparado por Patricio Barros
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Con todo,
si se tiene en cuenta la exposición contenida en el epígrafe dedicado al gusto
por los instrumentos matemáticos, relativa a la configuración y organización de
facto sobre la que se articuló finalmente la biblioteca escurialense, el
proyecto de Páez de Castro parece presentar notables concomitancias con la
realización definitiva. El padre J. Zarco señalaba que no se conocían
testimonios documentales que pudieran ni confirmar ni desmentir que el monarca
prudente llegara efectivamente a leer el Memorial que se ha venido
analizando466. Sin embargo, el proyecto de Felipe II para la librería de El
Escorial se ajustaría en buena medida a las ideas expuestas por Páez de Castro,
pues no se trataría simplemente de juntar libros y manuscritos raros y curiosos,
sino de un plan mucho más amplio, de aspiraciones enciclopédicas y universales.
Por todo ello, historiadores como M. I. Vicente Maroto y M. Esteban Piñeiro se
posicionan en esta línea, argumentando que, en base a su estudio de la historia
de la fundación de la biblioteca escurialense y, especialmente, al análisis de
la cronología de las sucesivas entregas tanto de libros como de otros
materiales, sostienen que parece “indudable” que se siguieron las indicaciones
del humanista alcarreño, al menos en lo que al modo de reunir los libros,
instrumentos y otros materiales se refiere467. Por nuestra parte, tanto en la
cuestión relativa a los instrumentos matemáticos previamente estudiada, como en
el análisis de la correlación existente entre las indicaciones concernientes a
la presencia de las tipologías cartográficas que propone Páez de Castro y la
definitiva
ZARCO
CUEVAS, 1924, p. X.
VICENTE
MAROTO, ESTEBAN PIÑEIRO, 2006, pp. 44-64.
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inserción
de las mismas en el programa de la librería escurialense, a la que se va a
referir a continuación, parecen existir notables concomitancias. A este
respecto, nuevamente, los libros de entregas de Felipe II a El Escorial
constituyen una valiosa fuente para conocer y ponderar estas cuestiones
relativas a la cartografía. De un pormenorizado análisis de esta documentación
se desprende, en primer lugar, que la llegada de una importante partida de
mapas y cartas geográficas se habría producido en la entrega segunda
(1576-1577), esto es, en un momento inicial, junto con algunos relojes e
instrumentos matemáticos y en fecha cercana a los libros. Estos mapas se
corresponderían fundamentalmente con imágenes de carácter cosmográfico (“cartas
de marear y de cosmographia”) y geográfico (“cartas de provincias
particulares”) reflejando los aspectos y características específicas que
señalaba Páez de Castro, es decir, incluyendo representaciones de las Indias
Occidentales de gran tamaño y señalando las particiones con los reinos
vecinos468.
Entre las
cartas de carácter cosmográfico y cartas de marcar pueden citarse: “Una carta
general de marcar de mano en pergamino que tiene quatro baras de largo y dos de
ancho guarnecida de madera con molduras”; “Otra carta de marcar particular que
tiene toda la costa del Perú hasta el estrecho de Magallanes y de otra parte
toda la nauegacion de los portugueses de mano en pergamino guarnecida como la
misma que tiene tres baras y tres quartas de largo y de ancho bara y quarra en
triangulo por un lado”; […]“Otro mapa general de estampa colorido en papel con
algunas figuras de indios y animales hecho en circulo con las aras Rcalcs de
Inglaterra
que tiene dos baras menos sesma de alto y dos y media de ancho”; […] “Una carta
de la Europa que sirue para las nauegaciones della de mano en pergamino que
tiene bara y quatro dedos de alto y de largo bara y tres quartas”; “Una carra
de marcar de toda la costa de la
Europa
hasta el mar mayor hecho en pergamino de mano que tiene de alto bara menos
sesma y de largo bara y tres dedos” y “Una carta de nauegar de la Europa con
parte de la África hecha en pergamino de mano y colorida que tiene de alto bara
y media y de ancho bara y sesma”.
Entre las
cartas de provincias particulares se encontraban las descripciones de España,
dos de Alemania (una de las cuales representaba parte de Alemania y otras
provincias convecinas), de Grecia, de algunas de las Diecisiete Provincias de
los Países Bajos (dos carras de la provincia de Güeldres, una de la provincia
de Frisia y otra de la provincia de Holanda): CHECA CREMADES, 2013a, EII, pp.
254-255.
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Además, en
algunas de las entradas del inventario en las que se registran dichas cartas de
cosmografía y geografía se especifica el nombre del artífice de las mismas.
Entre la larga relación de cartas se asienta: “Un mapamundi hecho en forma de
águila de estampa colorido de papel guarne(s)cido como las de arriba au(c)tor
Juan Baptista Guizardino que tiene de alto tres baras menos sesma y de ancho
tres baras y quarta”, que podría identificarse con un mapamundi en forma de
águila diseñado por Giovanni Battista Guicciardini en 1549 del que daba noticia
Abraham Ortelio en el “Catalogus auctorum tabularum geographicarum” de su
Theatrum Orbis Terrarum del que existiría una edición posterior de 1595469.
Otro de los mapas registrados en esta partida que es posible identificar es la
Descriptio Nova Totius Graeciae realizada por Nikolaos Sophianos (ca.
1500-después de 1551), un mapa que gozó de gran fortuna en la época y del que
se hicieron diversas impresiones durante el siglo XVI (figura 55)470. Además de
Guicciardini y Sophianos, otros artífices que aparecen mencionados
El
mapamundi diseñado por Guicciardini en 1549 llevaba por título Unirersi
terrarum Orbis imaginem. maxima forma; quem Aquila compraebendit y fue impreso
en Amberes: DENUCÉ, 1912, pp. 141 y ss.
Sophianos
nació en el seno de una familia noble en Corfú y fue educado en el Colegio del
Quirinal de Roma, adquiriendo una sólida formación anticuaria y erudita. Tras
trabajar como bibliotecario en Roma, se trasladó a Venecia, donde haría las
veces de copista y comerciante de manuscritos griegos antiguos. Fue en esta
última ciudad donde entraría en contacto con el bibliófilo español Diego
Hurtado de Mendoza, embajador de Carlos V en la Serenisima. Al servicio de
Hurtado de Mendoza, Sophianos trabajó como copista y agente, emprendiendo un
viaje en 1543 a Grecia con el fin de recorrer monasterios como los de Tesalia y
Monte Athos y adquirir manuscritos para su patrón. Entre las copias que efectuó
Sophianos, se ha logrado identificar la de un manuscrito del monasterio de
Varopedi que incluye varios tratados de matemáticas y de geografía: TOLIAS,
2006. De la relación entre Hurtado de Mendoza y Sophianos queda patente cómo el
embajador debió conocer de primera mano las actividades del segundo y, por
extensión, sus labores cartográficas. Además, dado el papel ejercido por
Mendoza como intermediario en las adquisiciones de bicnes y objetos para la
corona española en Italia, no debe extrañar la presencia de un mapa de estas
características en la biblioteca laurentina. Sobre el papel de Diego Hurtado de
Mendoza como bibliófilo y coleccionista, véase: HOBSON, 1999.
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son “Gaspar
Copelio Medibach mat(h)ematico”, como autor de una carta de Europa con las
armas imperiales y una carta de Alemania y sus provincias convecinas “con
muchas armas de diversos estados”; o “Jacobo Dabey geographo cesáreo” (también
transcrito como “Jacobo Adabeyn”), del que se especifica que era el autor de
una carta de la provincia de Güeldres dirigida al emperador Carlos V y otra de
la provincia de Frisia de idénticas dimensiones y que podría identificarse como
el cartógrafo Jacob van Deventer. El común denominador de estos artífices es su
pertenencia a diferentes ramas del saber “científico”, siguiendo en cierto modo
la propuesta formulada por Páez de Castro, según la cual los encargados de
“labrar” este tipo de cartas universales y geográficas habrían de ser,
precisamente, los profesionales de la cosmografía.
Tras esta
primera remesa de material cartográfico, habría que esperar hasta la entrega
sexta, efectuada en 1593, para que llegase otra importante partida de mapas
destinada al ornato de la biblioteca.
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Figura 55.
Nikolaos Sophianos, Descriptio Nova Totius Craeciae, 1558.
En ese año,
junto a los ciento sesenta retratos de hombres ilustres que envió desde Roma
fray Alonso Chacón, llegaron cartas de marear, vistas de ciudades, globos
celestes y terrestres, instrumentos científicos, imágenes de naturalia y
antigüedades471. En cuanto a las cartas de marear, en la entrega sexta se
registran un total de 8 ejemplares, la mayor parte de las cuales son
manuscritas sobre pergamino y de las que, con la excepción de una, no se
especifica su contenido geográfico472. Entre los mapas
CHECA
CREMADES, 2013a, EV1, pp. 367-423.
La única
carra de marcar de la que se ofrece algún pormenor sobre el área geográfica que
representa es la siguiente estampa, fechada en 1539: “Una carra de marcar y
discreption de las tierras sectentrionales ympres(s) em papel colorido año de
mil(l) y quinientos y treynta y nueue puesto sobre lienço en marco con molduras
de madera. Tiene dos baras y un dombo e largo y
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particulares
puede identificarse un pequeño conjunto que parece presentar características
formales análogas y temática afín. Se trataba de mapas de grandes dimensiones
sobre pergamino y “retocados de mano”, que representaban diferentes áreas de la
cuenca mediterránea: uno, de parte de África con Berbería hasta Jerusalén;
otro, que abarcaba Grecia, el golfo de Venecia, Candía, Chipre y el Reino de
Nápoles; el siguiente, comprendía parte de África, desde el estrecho de
Gibraltar hasta Trípoli, etc.473 Junto a estos mapas de gran de tamaño se
asentaron una serie de descripciones de enclaves estratégicos del Mediterráneo
de especial relevancia para los intereses de la corona española a lo largo del
siglo XVI: la ciudad de Argel, el antiguo y nuevo muelle de la ciudad de
Nápoles o el puerto de Lepanto y Cefalonia con la batalla naval que allí tuvo
lugar474
de alto
bara y siete dozabos”: Ibíd., p. 397. Las restantes cartas de marcar que se
asientan en la
entrega
sexta aparecen descritas de manera sucinta: “Carta de marcar en pergamino
retocada de mano metida en una caxa cubierta de terciopelo azul con cordones de
oro y seda azul con sus borlas y en ella a los lados dos compases de hierro”,
“Una carta de marcar de mano em pergamino retocada de colores arrollada en un
palo con un belo de seda”, “Otra carra de marcar em pergamino de la misma
manera que la antes desta”, “Otras dos cartas de marcar de mano en pergamino
retocadas de colores” y “Mas otras dos cartas de marcar de mano em pergamino
retocadas de colores ar[r]olladas en sus palos y la una con un belo”: Ibíd., p.
399,
473 Este
“grupo” de mapas grandes en pergamino de la cuenca del mar Mediterráneo
respondería a las siguientes descripciones: “Un mapa grande en pergamino
retocado de mano arrolada en un palo con macanillas doradas que es parte de
África con verberia hasta Jhllrm”; “Otro mapa de la misma manera que el
contenido en la partida de antes desta geographia de Grecia desde el golpho de
Venecia Reyno de Napoles, Candia y Cipro, mar Mediterran[e]o”; “Otro mapa em
pergamino retocado de mano parte de África desde el estrecho de Gibraltar hasta
Tripula rollada en un palo”; “Otro mapa de la misma manera con parte del mar
mayor, Circassia y Tarraria y principio del As(s)ia”; “Otra mapa de la misma
manera arrollada Venecia hasta la Tierra San(c)ta”; […] “Un mapa grande em
pergamino colorido desde Constantinopla basta la Syria”; “Otro mapa em
pergamino de la misma manera que el antes deste que contiene Lamorca y Grecia”.
El único mapa que se asienta junto con este grupo de características formales
afines pero en el que no se representaría un área de la ribera del Mediterráneo
es: “Otra mapa colorida de mano de la misma forma parte de la fanoria con la
ysla de Yng(a)laterra, Normandia, Picardia, Austria, Ungria y Bohemia”: CHECA
CREMADES, 2013a, EVI, p. 399.
Una
description del muelle de Napoles nueuo y viejo em papel de mano retocado de
colores";
“Descreption
del puerto de Lepanto y Zephalonia con la batalla nabal de mano retocado de
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En cuanto a
las vistas de ciudades, la labor de ofrecer una clasificación o sistematización
de este grupo de imágenes475 resulta compleja dado lo sucinto de buena parte de
las descripciones que de ellas se ofrecen (cuando no aparecen recogidas en una
única entrada de un numeroso lote de lienzos del que se ofrece una genérica
reseña)476. De esta dificultad, deriva una segunda: la imposibilidad de
identificar las entradas de este inventario con imágenes que se hayan
preservado en la actualidad, pudiendo determinar así con mayor facilidad cuáles
serían sus características formales. Grosso modo, de su lacónica descripción se
desprende que se trataba principalmente de vistas, por un lado, de ciudades
flamencas realizadas en “lienço al temple” (Amberes, Gante, Malinas o Brujas).
A estos lienzos les acompañarían una serie de estampas de idéntico asunto y
dimensiones similares, casi a modo de pendant. Por otra parte, junto a estas se
asentarían varias vistas de Roma (una en estampa de la Roma “antigua” fechada
en 1561 y otra pintura al temple de la “Roma moderna”).
Es
interesante notar cómo tras estos mapas y vistas de ciudades registradas en la
entrega sexta, se asentaron los “árboles de genealogías, en forma grande, de
los Reyes de España” que comentaba Páez de Castro. En concreto, se trataría del
árbol genealógico que habría sido regalado a Carlos V en Roma en el año
colores em
pergamino puesto sobre lienço metida en una caxa de hoja de lata”: “Una estampa
de la
discreption de Argel”: Ibíd.
475 De las
dificultades en la clasificación de este tipo de imágenes, entre otras muchas
cuestiones, da cuenta: MARÍAS, 2002.
Un buen
ejemplo de ello se encuentra en la siguiente entrada que se asienta junto a una
partida de descripciones de ciudades flamencas: “Diferentes reg(g)iones em
papel colorido de mano, que tiene de largo bara y terçia y de alto una bara en
su marco de madera”: CHECA
CREMADES,
2013a, EVI, p. 397.
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1536 y que
se conserva en la actualidad en la Biblioteca Nacional de España477. Este árbol
genealógico daba comienzo con Noé y llegaba hasta los miembros de la Casa de
Austria y Reyes de Francia, como da cuenta su prolija descripción en los libros
de entregas478.
Una
imbricación análoga entre mapas y descripciones del mundo y la genealogía de la
Casa de Austria queda patente en la relación de los últimos objetos que se
asientan en la entrega séptima (1597-1598). En ella, tras un nutrido grupo de
descripciones en estampas coloreadas de grandes dimensiones de los cuatro
continentes (Asia, Europa, África y América), una descripción de España “en la
costa de Berbería” en estampa, la descripción de Alemania, veinte y una
“cartas” pequeñas de distinto tamaño de diferentes provincias (todas ellas
puestas sobre lienzo) y ocho estampas de distintas partes del templo de
Salomón, encontramos una genealogía de la Casa de Austria de enormes
dimensiones479.
CHECA
CREMADES, 2013b, p. 23.
“Una
genealogia em pergamino colorido desde Noc hasta la cas(s)a de Austria y Reyes
de Francia arrollada con dos palos en que se coxe para mostrarla metida en un
caxa de madera pintada de negro y pardo dorada a partes que es a manera de
[e]scri(p)torio con dos puertas que se abren y en ellas dos retratos del
Enperador Carlos quinto y Emperatriz nuestros señores de pinçel al ol(l)io con
frontispicio y en medio de el una tarxeta de ma[dera] de mediorelieue dorada
con un águila ymperial con corona y dos angeles que la tienen con tres
pirámides de madera en lo alto del frontispicio con molduras de madera pintadas
de negro”: CHECA CREMADES,
2013a, EVI,
p. 398.
La relación
de estos mapas y vistas que se asientan de manera correlativa al final de la
entrega séptima, junto con la colosal genealogia de la Casa de Austria es la
siguiente: “Una description grande ympres(s)a em papel colorido puesto sobre
lienço del As(s)ia. Tiene dos baras de largo y bara y dos tercias de alto con
[e]scriptura por los lados y bajo”, “Otra de la Europa de la misma manera y del
mismo tamaño”, “Otra de África del mismo tamaño y manera que las dichas”, “Otra
de America del mismo tamaño y manera que las antes desta”, “Description de
España en
la costa de Berberia ympres(s)a em papel colorido puesta sobre lienço que tiene
bara y dozabo de largo y de alto onçe dozabos”, “Otra description de la
Germanía ympres(s) em papel colorido puesta sobre lienço del mismo tamaño y
alto que la antes desta”, “Dos globos que entreambos se contiene la description
de la mar y tierra con mucha escri(p)tura y estampas coloridas de arboles y
animales em papel sobre lienço del mismo tamaño que los dos antes deste”,
“Veinte y una cartas pequeñas de diferentes tamaños ympre(s)as em papel
coloridas de descriptiones de diferentes prouincias puestas sobre lienço todas
ellas en marcos con molduras
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Para
completar las correspondencias existentes entre la relación de objetos que
debían ornamentar la segunda sala que describía Páez de Castro y los objetos
que finalmente fueron emplazados en la biblioteca de El Escorial, restaría por
abordar la cuestión de los modelos. De la revisión de los libros de entregas se
concluye que, si bien el número de maquetas entregadas al monasterio no fue muy
numeroso, sin embargo, estos prototipos reproducirían modelos arquitectónicos
cuyas características serían muy adecuadas dadas las funciones tanto religiosas
como científicas que aunaba el monasterio. La recepción de este tipo de modelos
en El Escorial se produjo durante las últimas entregas y, generalmente, las
maquetas representaban arquitecturas de tipo religioso480. Entre las maquetas
que se habrían de integrar en el alhajamiento del monasterio cabe destacar que,
poco antes de que se asentasen en la entrega séptima las ocho estampas que
representaban diferentes partes del templo de Salomón antes apuntadas, se registró
“un modelo de bulto de relieve de papelón pintado de colores de la çiudad de
Jerusalen”. En cuanto a las estampas del templo de Salomón, F. Checa ha
señalado la vinculación de estas con “una de las últimas polémicas en torno a
la interpretación del monasterio, es decir, la de su condición o no de
de madera
blanca”, “Ocho estampas de tafetán amarillo de diferentes partes del templo de
Solomon puestas sobre rabias en marcos con molduras doradas y negras y otras
quinçe estanpas em papel de lo mismo”, “Una genealoxia de la cas(s)a de Austria
todas figuradas con sus títulos ympres(s)a em papel colorida puesta sobre
lienço que tiene quatro baras de alto y tres baras y tres quarras de ancho”:
Ibíd., EVIII, p. 476.
480 En la
entrega sexta (1593) se recoge la llegada al monasterio de un modelo del Santo
Sepulcro “con muchas reliquias puestas por todo el en sus viriles” enviado por
el grunduca di Toscana a Felipe II: Ibíd., EVI, p. 378. En la entrega séptima
(1597-1598) se asienta un relicario “que es un modelo de una ygles(s)ia de
Milán […]”: Ibíd., EVII, p. 437. Finalmente, ya en época de Felipe III tiene
lugar la llegada al monasterio un importante relicario de plata en forma de
maqueta de la ciudad de Messina que, junto con algunos retratos, formaría parte
de la decoración del salón de aparato de la biblioteca: CHECA CREMADES, 2013b,
p. 24.
367 Preparado por Patricio Barros
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trasunto
del Templo de Salomón como arquitectura mítica cristiana por excelencia” y que,
en ese sentido, dichas estampas habrían sido posibles ilustraciones del libro
de los jesuitas Prado y Villalpando (1605) en el que polemizaban con las ideas
expresadas por Arias Montano481. A este complejo trasfondo ideológico que
reflejaban las estampas del Templo de Salomón, habría que añadir la maqueta de
la ciudad de Jerusalén a la que se ha hecho referencia, puesto que el modelo
habría sido enviado desde Roma, precisamente, por Juan Bautista de Villalpando
acompañado por un libro manuscrito de infolio de 44 hojas en el que se
declaraban todos los lugares que aparecían representados482. Sin entrar en este
tipo de cuestiones interpretativas en torno al monasterio, sencillamente
interesa señalar aquí la presencia de este tipo de modelos arquitectónicos, que
completarían el ornamento de la segunda sala planteado por Páez de Castro.
Como
conclusión, es preciso señalar que, en el marco de este epígrafe dedicado al
análisis en torno a la circulación de ideas y modelos desde la antigüedad,
recuperados y reelaborados en la Edad Moderna en lo que al gusto por los mapas
y a la cartografía respecta, el Memorial de Páez de Castro constituye un
precioso
Ibíd., p.
24.
“Un modelo
de bulto de relieve de papelon pintado de colores de la çiudad de Jerusalen
templo de Salomon lugar del san(c)to sepulc(h)ro valle de Josapha Aroyo de los
Zedros Monte Oliuere con todos los demás lugares san(c)tos, valles, montes,
cercas y edificios antiguos y lugares de la Pas(s)ion de C(h)risto Nuestro
Señor declarados con sus letreros como estaba antiguametne quando padeçio
metido dentro de una caxa de madera de Allemania con su tapador y en el un
escudo de las armas Reales por la parte de arriba que tiene bara y tres quartas
de largo y bara y media escasa de ancho forradas las talas altas en ras(s)o
morado que le embió de Roma a su Magestad el Padre Joan Baptista de Villalpando
de la compañía de Jesús con un libro de in f(f)olio [e]scrito de mano em papel
en quarenta quatro hojas de la declaración del dicho modelo y de todos los
lugares de la Tierra San(c)ta que en el están demostradas”: CHECA CREMADES,
2013a, EVII, p. 475.
368 Preparado por Patricio Barros
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documento a
partir del cual se han ido desgranando algunas cuestiones que serán de gran
interés y que subyacerán como telón de fondo a lo largo de los epígrafes
siguientes. Algunos de los planteamientos expuestos inicialmente por Páez de
Castro (los cuales, a su vez, bebían de fuentes de la antigüedad) y que,
posteriormente, se verían en buena medida reflejados en la biblioteca
laurentina como paradigma del coleccionismo scientifico en la corte española,
tendrán sus ecos y se evidenciarán en las prácticas coleccionistas de los
decenios posteriores a la fundación de la librería escurialense y podrían
sistematizarse en torno a las ideas que se van a exponer a continuación.
En primer
lugar, ha quedado demostrado el interés por la antigüedad clásica en los
círculos eruditos y el peso de esa tradición en la configuración de los
criterios de gusto en la Edad Moderna. En este sentido, durante el siglo XVI
las ideas de la antigüedad serían bien conocidas y pasadas por el tamiz y las
necesidades que requerían los nuevos tiempos. De este modo, las ideas en torno
al ornato de las bibliotecas antiguas fueron tomadas en consideración y
desarrolladas en mayor profundidad por los eruditos modernos, quienes
teorizarían acerca de los criterios para el alhajamiento de estos lugares del
saber, organizando de una manera programática no solo la distribución de los
libros, sino también de los instrumentos matemáticos, las cartas de marear y
los mapas, los retratos, las antigüedades, etc., que se configurarán como
elementos indispensables para la recreación del universo a la que aspiraban
esas “salas de los entendimientos”. En lo que respecta
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específicamente
a la cartografía, esta habría de ocupar un lugar preciso en las bibliotecas,
desempeñando funciones concretas: por un lado, los mapas y cartas permitirían
conocer el mundo y sus partes, pero al mismo tiempo constituirían imágenes para
el deleite de aquellos que tenían “habituado el entendimiento á la
contemplación” de tales cosas.
A ello hay
que añadir que los mapas y vistas de ciudades eran asimismo portadores y
encerraban en sí toda una serie de valores de carácter simbólico que podían
verse potenciados y activados en función del emplazamiento que se les otorgase
y de las relaciones dialógicas y metonímicas que se establecieran con la
decoración circundante. Así, los mapas podían erigirse como símbolos del poder
terrenal de los monarcas y las vías para reflejar ese mensaje eran múltiples:
desde la adopción de un determinado punto de vista por parte del cartógrafo o
pintor, como sucedía con las vistas de Madrid realizadas por Antón van den
Wyngaerde en las que se ponía especial atención en los hitos y elementos de la
ciudad que reflejaban el poder de Felipe II como el Alcázar483, o por medio de
la yuxtaposición de una serie de mapas que representaran la amplitud de sus
dominios.
Pero
además, a lo largo de esta exposición ha salido a relucir otra cuestión que
conviene explicitar en este punto: los valores pictóricos de la cartografía484,
lo que propiciaría un interés en torno a este género de imágenes a lo largo del
periodo aquí estudiado (ca. 1585-
PEREDA,
1998.
D.
Buisseret (2004, pp. 49-68) destaca la cuestión de los orígenes pictóricos de
parte de la cartografía europea (1420-1650) en la capítulo homónimo que dedica
a esta cuestión.
370 Preparado por Patricio Barros
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1640) y su
inserción en contextos y espacios cortesanos que no se circunscribirían
únicamente a las bibliotecas. Una prueba significativa de lo primero, esto es,
de un manifiesto interés por la geografía y la cosmografía que continuaría
plenamente vigente durante el reinado de Felipe IV, se encuentra en la
importante presencia de estas materias en la biblioteca que este monarca
reuniría en la Torre Alta del Alcázar485. A su vez, estos valores pictóricos de
la cartografía y el uso del mapa como “cuadro” que encerraba una multiplicidad
de contenidos simbólicos486 propiciarían su inserción como parte del
alhajamiento de determinados espacios palaciegos, más allá de las paredes de
las bibliotecas o estudios. La tratadística artística española del momento da
cuenta de esos usos y funciones de las representaciones “geográficas” aplicadas
a la decoración de estancias palatinas. Vicente Carducho, en sus Diálogos de la
pintura, ante la pregunta que formula el discípulo sobre si se pudiera excusar
la pintura en el mundo, pone en boca del maestro los provechos de este arte,
comentando lo siguiente:
Con qué
tesoro pagará el hazernos presentes las cosas mas remotas, pasadas y futuras,
emulando tanto a la misma verdad, que en muchos casos sirve de lo mismo que
ella? Quien no se enterará por este medio del sitio y forma de una ciudad, de
un castillo fuerte, de un seno y baia del mar, y de los montes, cosa importante
a las Monarquías, no
SANTIAGO
PÁEZ, 1994 y 1996: y más recientemente, BOUZA, 2005a.
SCHULZ,
1987. A pesar de que en este periodo comenzaría a deslindarse las cuestiones
relativas al arte y a la ciencia, la utilización de mapas como “cuadros” o
“pinturas” contó con una prolongada vigencia: REES, 1980.
371 Preparado por Patricio Barros
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solo para
adornar las galerías y Palacios Reales con semejantes pinturas, sino también en
casos arduos, para que sirva a la defensa de nuestros Reinos, y ofensa de los
extraños?487
Por lo
tanto, Carducho en este pasaje subraya la utilidad de la pintura en tanto émula
de la misma verdad en la representación de las ciudades (corografía) o de los
montes o bahías del mar (geografía) no solo como ornamento de las galerías
palaciegas (en la línea de las decoraciones que proponía Vitruvio para los
corredores), sino incluso, establece que dichas representaciones podrían servir
para la defensa de los reinos (una vertiente, que quizá correspondería al
carácter más “secreto” y “científico” de la cartografía). Con todo, las
palabras de Carducho dan cuenta del interés por este tipo de imágenes ya
entrado el siglo XVII y permiten introducir, precisamente, el objeto de
análisis que se abordará en el siguiente epígrafe: la inserción de estas imago
mundi como parte del aparato decorativo de los palacios, con especial atención
a las prácticas coleccionistas desarrolladas por la nobleza cortesana española,
conocedora en muchas ocasiones de las ideas contenidas tanto en las fuentes
antiguas, como en la tratadística moderna, pero también (y sobre todo), émula
de los gustos de su monarca.
CARDUCHO.
1979, p. 353.
372 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo 12
“Imago
mundi” en la corte de los austrias
Figura 56.
Jodocus Hondius y George Vertue (atribuido a), Retrato de Sir Francis Drake,
ca. 1583, grabado, 39,4 × 30,5 cm. Londres, National Portrait Gallery
Lisboa, 22
de agosto de 1586. Pasado el mediodía comparecieron ante Matheo de Otthen,
secretario del archiduque Alberto de
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Austria, el
cónsul de los ingleses, irlandeses y escoceses, Hans Jelart, acompañado por un
maestre alemán natural de Embden de nombre ignoto, por Thomas Von Ditsam y por
el maestre escocés Jan (quizás John) Gibson para relatar e informar del
encuentro que a comienzos de ese mismo mes habían tenido —mientras pasaban con
sus navios en la cercanía de puertos ingleses— con una armada de veinticuatro o
veinticinco bajeles, de la cual les llegó un mandato de que algunos de los
maestres se reunieran con ella. Siguiendo dichas instrucciones, procedieron al
encuentro con esa armada y, durante el mismo, el maestre escocés —Jan Gibson—
reconoció al controvertido Francis Drake, pues, como se explica en la relación
del suceso, ya había tenido ocasión de cruzarse con él con anterioridad. El
relato del encuentro con el que fuera acérrimo enemigo de la monarquía
española488, si bien breve, resulta un documento de gran interés descriptivo.
El corsario inglés apareció ataviado ante sus “invitados” vestido “de seda
amarilla, con mucho oro, y plata, y un cordón ancho de oro en el sombrero”489,
es decir, bajo una apariencia que más bien respondía a la de un noble o
caballero que a la de un corsario que sembraba el terror en las costas a las
que arribaba (figura 56). Drake habló con los maestres “de buena cara y les
hizo buen acogimiento”, invitándoles a comer y beber, con conservas de flor de
azahar, mermelada, dátiles, higos y
RODRÍGUEZ
SALGADO, 1988.
AA.VV., s.
t., Madrid, BNE, Mss. 5785, f. 75r.: “Relaçion de lo que se escriue de Lisboa a
XXIII de Agosto 1586”. En relación con la posible difusión que pudo tener en la
época el relato de este encuentro con Francis Drake, es interesante notar que
una relación análoga se conserva en la Biblioteca Apostólica Vaticana: BAV,
Urb. Lat. 1113, f. 607r.
374 Preparado por Patricio Barros
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vino. En
consonancia con sus ademanes de gentilhombre, estaba su suntuosa cámara en
aquel navio:
[…] Dizen
estaua La camara de Draque adornada con raso carmesí y que les mostraron, vn
pedaço de plata tan grande que el dicho Alemán no lo pudo alear del suelo. […]
Mostróles [Drake] pintado de muy buena mano todo su camino, y en que partes
hauia salido en tierra y hecho trincheas, y q[ue] en ocho semanas hauida venido
de la florida siempre con buen viento sin dexar gente en ninguna parte de
Tierra […]490.
De la
relación de este encuentro con Francis Drake pueden extraerse algunas
interesantes ideas relativas a los usos y a la consideración de la cartografía
de la época. Según ese relato, Francis Drake habría mostrado a sus “huéspedes”
un mapa del recorrido que había realizado desde la Florida durante las últimas
ocho semanas de navegación. Desconocemos cuáles eran las precisas intenciones
de Drake al mostrarles esa “pintura”, pero la cuestión que no deja de llamar la
atención es que proporcionase tales informaciones sobre la ruta seguida por su
armada a los maestres de los navios que había encontrado en su camino pues,
generalmente, ese tipo de informaciones sobre las navegaciones eran preservadas
con sumo celo y secreto para evitar que llegasen a oídos (y ojos) de sus
enemigos. Sin embargo, unas semanas más tarde, llegados a Lisboa, esos mismos
maestres que Drake había
Ibíd.
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invitado a
subir a su bajel y a los que había acogido con amabilidad, estaban informando
de lo sucedido a los representantes de la corona española en Lisboa. Sin entrar
en consideraciones de mayor calado, la crónica de este suceso nos informa de
las paradojas inherentes a algunos usos y funciones de las representaciones de
carácter cartográfico491. En líneas generales, aquellos mapas, pinturas y
descripciones destinados a la navegación y a fines de defensa solían ser
custodiados con celo, evitando darlos a la imprenta o que cayesen en manos de
enemigos. Por otra parte, otros mapas, pinturas y descripciones (cuya
información y contenidos la mayor parte de las veces no comprometerían la
seguridad de los reinos) eran susceptibles de integrarse como parte del alhajamiento
de diferentes espacios palaciegos y, por tanto, carecían de ese carácter
“secreto”492. Así, este último tipo de mapas o pinturas serían visibles para
aquellos cortesanos que visitaban los palacios de monarcas y nobles, encerrando
en ellos multitud de mensajes, siendo expresión de conocimiento, portadores de
ideas políticas, dialogando con otras imágenes circundantes, etc. Sin embargo,
como queda patente en el relato, la línea que separaba aquellos mapas y
descripciones “secretas” de aquellos que no lo eran, en ocasiones, resultaba
muy fina y difícil de delimitar.
Sobre la
multiplicidad de valores culturales y semánticos que encierran los mapas,
véase: HARLEY, 2005. Por su parte, el catálogo de la reciente exposición
celebrada en la BNE sobre una selección de mapas conservados en dicha
institución ofrece una aproximación diacrónica y sugerente en torno al poder
evocador de la cartografía: SÁENZ-LÓPEZ PEREZ, PIMENTEL, 2017.
Una
reflexión sobre el “silencio cartográfico”, su carácter premeditado relacionado
con la “política de secreto” o la omisión de información en los mapas de
carácter involuntario es la de: HARLEY, 1988. Un estudio sobre la cosmografía
hispánica y el carácter “secreto” de sus realizaciones, centrado en los
dominios del Nuevo Mundo es el de: PORTUONDO, 2013.
376 Preparado por Patricio Barros
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La segunda
cuestión que interesa resaltar es el carácter pictórico y descriptivo que se
atribuible a la cartografía493. De hecho, en la narración del suceso, en ningún
momento se menciona la palabra “mapa” de manera explícita sino que se refiere a
la descripción de la circunnavegación realizada por Drake y su flota como una
pintura “de muy buena mano”. Esta consideración “pictórica” de la cartografía
parece coincidir en buena medida con las ideas expuestas casi medio siglo
después por Vicente Carducho en sus Diálogos de la pintura (1633) en torno a
los provechos de la pintura. En ese pasaje referido con anterioridad, el
artista de origen florentino situaba la pintura como el mejor medio para
entender “el sitio y forma de una ciudad, de un castillo fuerte, de un seno y
baia del mar, y de los montes”, indicando que esas representaciones podían
servir no solo para adornar las galerías de los palacios, sino también, “en
casos arduos”, para la defensa de los reinos y territorios ante la amenaza de
los enemigos494.
En este
contexto, no exento de paradojas, es en el que nos vamos a mover en las líneas
que siguen, cuyo objetivo estriba en analizar los usos y funciones de los
mapas, descripciones o vistas de ciudades, etc., situadas en los palacios en el
ámbito de la corte española a finales del siglo XVI y en la primera mitad de la
siguiente centuria; un fenómeno escasamente estudiado495. Sin embargo, un
análisis
Sobre los
orígenes pictóricos de parte de la cartografía europea, véase el capítulo
homónimo contenido en: BUISSERET, 2004, pp. 49-68.
CARDUCHO,
1979, p. 353.
Una
interesante reflexión general sobre los usos de la cartografía en España y los
Países Bajos durante los siglos XVI y XVII es la de: BOUZA, 1995. Para un
análisis de la relación entre cartografía y poder durante el reinado de Felipe
II, centrada principalmente en los mapas generales y los mapas específicos,
véase: PARKER, 1992 y la posterior revisión y traducción al
377 Preparado por Patricio Barros
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detenido de
la documentación coetánea revela cómo determinados espacios de los palacios
fueron auténticos theatrum mundi. El punto de partida será el estudio de la
presencia de las imago mundi en los palacios y Casas del Rey, lo que permitirá
establecer una serie de pautas relativas a la consideración e inserción de este
tipo de imágenes geográficas en las colecciones reales. A su vez, ese “gusto
cartográfico” de los monarcas fue susceptible de ser objeto de emulación por
parte de nobles y cortesanos en sus palacios, aspecto que se analizará en
segunda instancia y que permitirá constatar la pervivencia de un interés y un
gusto hacia estas imago mundi hasta bien entrado el siglo XVII.
De la
creciente demanda que existía en la corte madrileña de globos, esferas, mapas y
otros instrumentos para la navegación en las postrimerías del siglo XVI, da
cuenta el protomédico Cristóbal Pérez de Herrera en una obra en la que propone
la creación de una suerte de escuela de artes y oficios en el seminario de
Santa Isabel la Real de Madrid. En el “Discurso Tercero” de su tratado,
titulado “[…] del amparo, distribución y ocupación de los niños y niñas pobres,
y huérfanos desamparados”496, el doctor Pérez de Herrera, consciente de la
dependencia comercial de los reinos españoles respecto a la producción de
determinados bienes y mercancías de otros países, señala que “[…] para que no
tenga V[uestra] M[ajestad] necesidad de valerse de Italia, Francia, Flandes,
Alemania, ni Inglaterra, trayéndolo á mucha costa, y de otras partes […] sino
que todas las
español de
dicho estudio, PARKER, 2001. Para una visión general en torno a la cultura
cartográfica durante el reinado de Felipe IV, véase: KAGAN, 2004.
PÉREZ DE
HERRERA, 1598, ff. 54v.-58v.
378 Preparado por Patricio Barros
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naciones
tengan necessidad de nosotros, y de lo que se cria y haze en España”, propone
que los niños huérfanos y desamparados se ocupen en la fabricación de armas, en
refinar pólvora y fundir artillería y que se les enseñe a fabricar tapices como
los de Flandes. A estas ocupaciones de carácter artesanal, el doctor añade una
ulterior propuesta consistente en que se escogieran, entre los muchachos
pobres, aquellos más “hábiles” para enseñarles matemáticas y las disciplinas
técnicas tan necesarias para la República. Todo ello, con el fin último de que
produjeran mapas, globos y otros instrumentos para suplir la dependencia
comercial de España de este tipo de profesionales e instrumentos procedentes de
Flandes:
[…] Y
destos mismos niños, […] se podrían escoger los que pareciere[n] mas hábiles
destos seminarios, para hazerse en estos Reynos otros quatro ó cinco […] y
estos se podrá[n] hazer en esta Corte, Seuilla, Valladolid, Salamanca, por
razo[n] de la Vniuersidad497, y por ser lugares mas populosos y ricos, adonde
se les enseñassen y leyesen Matematicas, cosa de gran vtilidad para la
República […] pues se sabe perfectamente con ellas el arte de nauegar, que es
de mucha co[n]sideración, teniendo V[uestra] M[ajestad] ta[n]tos Reynos para
donde se nauega, y de adonde por mar se traen tantas riquezas, que es bien
La
referencia a Universidades como la de Salamanca en el marco de esta propuesta
de Pérez de Herrera no parece casual pues a finales del siglo XVI se habrían
modificado los Planes de Estudio de las cátedras de Matemáticas de dicha
Universidad y de la de Alcalá de Henares introduciendo materias relativas a las
técnicas cosmográficas y la navegación, véase: ESTEBAN PIÑEIRO, 2004.
379 Preparado por Patricio Barros
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assegurarlas
co[n] buenos pilotos: y Architectura, sabiendo Geometria, para fabricar
edificios y templos solenes para el culto diuino, y ornato de las ciudades y
lugares grandes: y ser famosos ingenieros, ta[n] necesarios en el vso y
exercicio militar, haciendo fuerzas inexpugnables, y otras industrias
necesarias para la fortificación destos Reynos, y conquistas de otros: y para
ser maquinistas, niueladores, y artilleros famosos, tan necesarios en mar y
tierra (que todo se incluye en esta ciencia, fundada en sus principios,
demostración, razón, Geometria, y Arismetica) y hazer reloxes, mapas, globos,
esferas, é instrumentos para la nauegacion, y otros muy necesarios artificios
[—]498
En este
breve pasaje su autor se hacía eco de la necesidad que había en España a
finales de la década de 1590 de técnicos y scientíficos cuyo común denominador
estribaba en que sus profesiones se fundamentaban en las matemáticas y la
geometría. La dependencia de España de profesionales procedentes de otros
países suponía para el reino traer del extranjero a ingenieros, pilotos,
arquitectos, artilleros, etc., con el elevado coste que ello implicaba. A esto
se añadía el hecho de que, dado que muchas de las labores que desempeñaban
estos profesionales revestían gran importancia estratégica para la defensa del
reino, su condición de extranjeros y vasallos de otros reyes y repúblicas
rebeldes y enemigas suponía un riesgo para la monarquía hispánica y, en no
PÉREZ DE
HERRERA, 1598, ff. 56v.-57v.
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pocas
ocasiones, la sombra de la traición planeó sobre ellos499. Con todo, la
consecuencia última de la carencia de estos hombres de ciencia consistía en la
dependencia del exterior de los objetos e instrumentos matemáticos, entre los
que Pérez de Herrera señala los globos, esferas y mapas.
Las ideas
expuestas por este autor fueron causa y efecto del “gusto cartográfico” del que
hicieron gala tanto los soberanos como los cortesanos españoles de la época.
Por una parte, la verosimilitud de las afirmaciones vertidas por Pérez de
Herrera sobre la demanda de imago mundi en la corte española quedará plenamente
refrendada a tenor de los datos que se van a analizar a continuación. Por otra
parte, la carencia de una producción local de mapas, esferas y descripciones
geográficas no sería óbice para que desde finales del siglo XVI y durante la
primera mitad del siglo XVII tanto reyes como
Ibíd., ff.
57v.-58r.: “[…] seria bie[n] se pusiesse luego en execuçion, y no tendrá
V[uestra]
M[ajestad]
en tiempo de ocasiones necessidad de seruirse para este efeto de gentes de
diferentes naciones, sujetos y vassallos de otros Reyes y Republicas, ó tierras
rebeldes a V[uestra] M[ajestad] traídos con mucha costa, y co[n] falta de fe y
fidelidad: pues nos obliga la falta destos, valernos para artilleros en
ocasiones de mucha importa[n]cia, de Hola[n]deses, e Ingleses nuestros
enemigos, q[ue] peleando co[n]tra su nacio[n] y amigos, y contra otras de sus
sectas; se podrá co[n]siderar con q[ue] gana y maña cargaran las pieças, y
harán los tiros co[n] buena puntería, pues ya se ha visto algunas vezes cargar
las pieças sin echarles balas, aunque assistan junto a ellos soldados de mucha
importancia y cuidados, ponie[n]donos en ocasiones y riesgo de perder batallas,
y salir ve[n]cidos, principalmente las de la mar […]”. Las ideas expuestas por
Pérez de Herrera y la desconfianza que despertaban aquellos técnicos
procedentes de países “enemigos” de la corona española tiene que ver con la
idea de “secreto” que rodeaba el trabajo de profesionales como cosmógrafos,
ingenieros, etc., cuyas descripciones y las valiosas informaciones
cartográficas debían ser cuidadosamente guardadas para evitar que cayeran en
manos enemigas. No en vano, se produjeron algunos conocidos casos de
“espionaje
cartográfico”, como el protagonizado por el cosmógrafo napolitano y súbdito de
Felipe
II Juan
Bautista Gesio, quien en 1574 llegaría a Madrid desde Lisboa portando valiosa
información cartográfica fruto del espionaje realizado durante varios años en
la corte lusitana al servicio del embajador español: ANDRÉS, 1967. Sobre la
correspondencia entre los conceptos de secreto, dibujo y frontera en la
monarquía de España durante los siglos XVI y XVII, véase: HERNANDO SANCHEZ,
2016. Un libro donde se analizan distintos casos de espionaje por parte de
ingenieros entre los siglos XVI y XVIII en el ámbito de la monarquía española
es: CÁMARA MUÑOZ, REVUELTA POL, 2018. Recientemente, A. Cámara ha publicado un
análisis sobre la necesidad de dibujo y secreto para el ejercicio del poder
como aspecto de gran importancia en la definición de la profesión de ingeniero
en los siglos XVI y XVII: CÁMARA MUÑOZ, 2018.
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cortesanos
incorporaran a sus palacios, casas de recreación y bibliotecas este tipo de
imágenes. No obstante, esto se traduciría en un elevado precio de las mismas
(sobre todo en el caso de las esferas) y, en consecuencia, tales imágenes
darían cuenta del estatus de su propietario.
Figura 57.
Abraham Ortelio, Theatrvm Orbis Terrarum (frontispicio), Amberes, 1574
382 Preparado por Patricio Barros
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Prueba de
ello es que, en el monasterio de El Escorial, la profusión de mapas que lo
alhajaban no se vio circunscrita únicamente al ámbito de la biblioteca, sino
que las imago mundi decoraban asimismo el entorno de las habitaciones del rey.
En 1597, el gentilhombre flamenco Jehan Lhermite describe con su característica
perspicacia el alhajamiento de una bellísima galería donde Felipe II
acostumbraba a pasear con sus hijos a última hora de la tarde, situada en las
inmediaciones de sus aposentos500. Su decoración mural estaba dividida en dos
registros: en la parte inferior y “a la altura de un hombre” colgaban unos 70
pequeños mapas de diversos países tomados del Theatrum Orbis Terrarum de
Abraham Ortelio501 (figs. 57 y 58). En el registro superior había diversos
paisajes “de los que aquí se llaman lientos de Flandes”. Entre esas imágenes,
Lhermite considera que seis de ellas eran dignas de recordarse por su belleza.
Se trataba de paisajes “pintados al natural” que representaban algunas
importantes comarcas del bosque de Soingne, cerca de Bruselas (Botsfort,
Groenendael, Royenclooster, Ter Cameren, Ter Vueren y otros lugares que
Lhermite no logra identificar)502.
LHERMITE,
2005, pp. 361-362.
Ibíd., p.
361. En las anotaciones criticas del diario de Lhermite, J. Sáenz de Micra
indica que estos mapas muy probablemente debían corresponderse con las
ediciones antuerpienses de 1573, 1574, 1575 (con texto latino) o la de 1578
(con texto francés) del Theatrum Orbis Terrarum que contenían 70 planos: Ibíd.,
nota 17.
Ibíd., p.
362.
383 Preparado por Patricio Barros
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Figura 58.
“Italiae Novísima Descriptio Avctore Iacobo Castaldo Pedcmontano”, en Abraham
Ortelio, Theatrum Orbis Terrarum, Amberes, 1574.
En fecha
cercana, encontramos un aparato decorativo similar en otra de las Casas del
Rey. Concretamente, en 1582, Argote de Molina describe uno de los corredores de
El Pardo donde se dispusieron “pintado en lie[n]ço, de mano de Antonio de las
Viñas Flamenco, Pintor valiente, las gra[n]des Islas y tierras de Zelanda, con
todas sus Villas, Puertos, Rios, Riberas, y Diques, con todo el Mar, que
descubre el gran Reyno de Inglaterra”503. Salvando las distancias cronológicas,
la idea que preside la decoración de ambos
ARGOTE DE
MOLINA, 1582, Cap. XLVII, f. 2lr.
384 Preparado por Patricio Barros
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corredores
(El Escorial y El Pardo) configurados por un conjunto de vistas de ciudades,
paisajes, ríos, puertos, etc., se asemeja bastante a la decoración que Vitruvio
consideraba adecuada para los paseos cubiertos que, como las mendonadas
galerías, tenían una longitud considerable. Además, las características de las
pinturas que adornaron la galería de El Escorial y la de El Pardo ponen de
manifiesto uno de los que serían lugares comunes de este tipo de decoraciones
“geográficas”: su concepción como conjunto o serie dotada de cierta unidad
temática. La idea de “conjunto” o serie de tema geográfico, como se verá,
tendrá su correlato en la presencia de tales series en las colecciones de la
nobleza y su carácter en cuanto “unidad”, en la mayor parte de ocasiones,
propiciará que este tipo de pinturas sean recogidas en los inventarios
englobando todo el conjunto bajo una única entrada o asiento de carácter
genérico. Por esta razón, en la mayor parte de los casos, resulta imposible la
identificación de cada una de las imágenes que componen el conjunto lo que, en
consecuencia, dificulta notablemente el estudio en torno a este tipo de
representaciones.
El referido
corredor de El Pardo no fue el único espacio de esta Casa del Rey donde la
geografía jugó un papel significativo en su decoración. En la denominada
“galería de retratos” de El Pardo, terminada en 1567, las imágenes geográficas
se dispusieron en estrecha relación con las efigies que colgaban de sus
paredes504. Sin
La
decoración pictórica de esta sala se conoce gracias a algunas descripciones
coetáneas como la de Argote de Molina (1582), así como a los estudios de M.
Kusche: KUSCHE, 199la y b y 1992. Sobre la “nueva galería” de retratos
configurada en tiempos de Felipe III tras la destrucción de la antigua sala de
retratos en el incendio que sufrió El Pardo en 1604, véase: DE LAPUERTA
MONTOYA, 2002, pp. 405-442.
385 Preparado por Patricio Barros
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duda, el
principal elemento de esa galería configurada en tiempos de Felipe II eran los
retratos, cuyo número total ascendía a 45, de los cuales 30 correspondían a
familiares del monarca prudente, mientras que los 15 restantes representaban a
personajes del entorno cortesano, los cuales habrían despuntado por el papel
que desempeñaron en algún suceso de armas o por el cargo administrativo que
ocuparon505. Siguiendo la descripción de Argote de Molina, debajo de estos
retratos se dispusieron: dos efigies de “Stanislao Enano de su Magestad […]. Y
quatro al temple de las Villas de Valladolid y Madrid, y de las ciudades de
Londres y Nápoles, con ocho tablas de Pintura de las jornadas que el Emperador
Carlos quinto nuestro señor, hizo en Alemania, de mano de loan de la Barua
Longa […]”506. Por lo tanto, la presencia de los retratos se vio complementada
y completada, situando debajo de las efigies, las imágenes de algunas de las
principales ciudades españolas (Valladolid, Madrid, y Nápoles) junto con la de
Londres. A ello se añadiría otra serie de cuadros en los que el componente
“descriptivo” debió de ser un elemento significativo, puesto que en ellos se
representaban diferentes momentos de la jornada del emperador Carlos V en
Alemania.
KUSCHE,
1991a, pp. 15-16.
ARGOTE DE
MOLINA, 1582, f. 22r.
386 Preparado por Patricio Barros
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Figura 59.
“Arco de los plateros con el árbol genealógico de los Reyes de Portugal”, en
Juan Bautista Lavanha, Viage de la Catholica Real Magestad del Rei D. Filipe
III N. S. al reino de Portugal. I relación del solene recebimiento que en el se
hizo, Madrid, 1622.
387 Preparado por Patricio Barros
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Figura 60.
“Arco de los Italianos”, en Juan Bautista Lavanha, Viage de la Catholica Real
Magestad del Rei D. Filipe III N.S. al reino de Portugal. I relación del solene
recebimiento que en el se hizo, Madrid, 1622.
En una
fecha indeterminada, esta serie de vistas de ciudades que formaban parte de la
antigua galería de retratos de El Pardo fue trasladada al Alcázar de Madrid. En
concreto, las vistas de Londres,
388 Preparado por Patricio Barros
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Madrid y
Nápoles aparecen registradas en el inventario de 1636 situadas en la “Quinta
pieza” del pasadizo del Consejo de Ordenes507. Del análisis de este inventario
se desprende que el aparato decorativo que se dispuso en esa pieza del Alcázar
presentaba notables concomitancias con la decoración de la antigua galería de
retratos de El Pardo, donde se integraron originariamente las mencionadas
vistas. A grandes rasgos, en la “Quinta pieza” del pasadizo del Consejo de
Ordenes se situaron una docena de retratos, junto con más de media docena de
vistas de ciudades y descripciones. En cuanto al perfil y criterio de selección
de los sujetos efigiados, este parece corresponderse con el que presidió la
decoración de la galería de retratos de Felipe II en El Pardo. Así, entre los
retratos que conformaban el conjunto se encontraban miembros de la familia real
española y sus familiares: el rey Felipe III, dos retratos de su esposa la
reina Margarita de Austria, dos hermanos de dicha reina —Leopoldo de Austria y
otro, cuyo nombre no se especifica— y un retrato de Felipe IV siendo príncipe.
A estos se añadían las efigies de monarcas de otras casas reales, nobles,
MARTÍNEZ
LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, pp. 77-78. Estos autores consideran que la
cuarta vista, correspondiente a la ciudad de Valladolid, que formó parte
inicialmente de la galería de retratos de El Pardo, se identificaría con la
siguiente pintura situada en el “Passadiço Angosto hasta San Gil” en la Casa
del Tesoro “[15] Valladolid. Un lienço al olio grande en que esta pintada la
ciudad de Valladolid con unas letras amarillas que lo diçen” ( Ibíd., p. 47)
integrándose en un conjunto decorativo del que formaban parte asimismo otras
vistas de ciudades (Gibraltar, Argel, Brujas, Toledo, San Sebastián, Siracusa y
un par de ciudades cuyo nombre no se especifica). Sin embargo, esta
identificación de la vista de Valladolid que, en origen, formó parre de la galeria
de retratos de El Pardo con la entrada n.º 15 del inventario del Alcázar de
1636, presenta algunos puntos débiles: el primero estriba en que, a diferencia
de las vistas de El Pardo (todas ellas al temple), de la n.º 15 se especifica
que su técnica era “un lienço al olio”. Además, en el caso de las vistas de
Madrid, Londres y Nápoles, inicialmente ubicadas en El Pardo y que en 1636 se
encontraban en el Alcázar, en todas ellas se indica que “se trujeron de el
Pardo”; mientras que en la vista de Valladolid (n.º 15) no se incluye tal
especificación.
389 Preparado por Patricio Barros
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cortesanos508
e incluso, como sucedía en la primigenia galería del Pardo, donde se incluyeron
sendos retratos del enano del rey llamado Estanislao, aquí, en la “Quinta
pieza”, se incorporó asimismo el retrato de una de esas “gentes de placer”509:
el de un gigante llamado Juan Núñez que habría enviado a Felipe IV el conde de
Chinchón en 1631, como se especifica en el propio inventario510. Junto a estos
retratos se asentaron las vistas de ciudades y descripciones en las que, en
algunos casos, dado el orden con el que fueron registradas en el inventario,
parece atisbarse cierta relación dialógica con los retratos. De este modo, tras
el retrato del rey Jacobo I de Inglaterra511 se asentó la vista de Londres,
realizada al temple y de la que se especifica que era “de los que se trujeron
de el Pardo”. A continuación, tras la entrada correspondiente al retrato de
Felipe III, se incluyó la vista de Madrid, de características análogas a la
anterior y de la que asimismo se indicaba que “es de las que se trujeron del
Pardo”. Tras ella, encontramos el retrato la reina Margarita de Austria seguido
de la vista de Nápoles de idénticas características a las dos precedentes. En
cuanto a las restantes vistas y descripciones que completaban la decoración de
la pieza, la información que de ellas se ofrece en el inventario en algunos
casos
Ibíd.
Sobre las
“gentes de placer” en la corte de los Austrias: MORENO VILLA, 1939: BOUZA,
1991.
MARTÍNEZ
LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, p. 78: “[160] Juan Núñez, Jigante. Un lienço
grande al olio en que está un retrato de un gigante llamado Juan Núñez, que le
embió el
Conde de
Chinchón el año de 1631, y un rótulo que lo diçe”.
Según
Martinez Leiva y Rodríguez Rebollo (2007, p. 135), de las pinturas asentadas en
la “Quinta pieza” del pasadizo del Consejo de Ordenes, la única de las que
formaron parte de la decoración de dicho espacio y que a día de hoy se
conservaría sería el retrato del “Rey de Inglaterra”, que estos autores
identifican con el lienzo conservado en el Musco Nacional del
Prado:
Marcus Gheeraerts II, Retrato de Jacobo I de Inglaterra, óleo sobre lienzo, 196
× 120 cm, Madrid, Museo Nacional del Prado (P01954).
390 Preparado por Patricio Barros
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es bastante
genérica por lo que resulta difícil establecer una identificación inequívoca de
las mismas, al tiempo que determinar una posible imbricación metonímica con los
sujetos retratados. Este es el caso de la genérica entrada con la que se recoge
otra vista de ciudad, la imagen de un volcán “y algunos lugares de indias” o un
lienzo largo y angosto en el que están “pintadas unas guerras”. A ellos se
añaden “Dos lienços largos y mui angostos de pintura al olio de todos los arcos
que hiçieron los ofiçios de la çiudad de Lisboa para la entrada del Rei Phelipe
tedero Nuestro Señor”, es decir, se trataba de imágenes que ilustraban los
arcos triunfales que decoraron la entrada de Felipe III acompañado por su
heredero en el año 1619 en la capital lusitana. En el aparato decorativo de
esta solemne entrada, tuvo un peso significativo la representación de las
naciones y la geografía, tal y como se refleja en la relación del
acontecimiento redactada, no por casualidad, por el cosmógrafo Juan Bautista
Lavanha512 (figs. 59 y 60). La última de las pinturas de carácter geográfico
que decoraron esta “Quinta pieza” era “Un lienço al olio en que está pintada la
descripción del río Guadarnal para el riego de los campos de Lorca, Murçia y
Cartajena, que se hiço haçer al licenciado Gregorio López Madera, y le dio a su
magestad el año de 1619”513. Aunque, como se ha comentado, resulta difícil
establecer una idea programática específica en todo el conjunto de esta sala,
lo cierto es que, en líneas generales, el
LAVANHA,
1622. Tanto la entrada de su predecesor, Felipe II, en la ciudad de Lisboa de
1581, como esta protagonizada por Felipe III, han sido objeto de especial
atención por parte de F. Bouza en el marco de sus estudios en torno a la imagen
propagandística promovida por la corona española en la época de “Los Felipes”,
véase especialmente: BOUZA, 1998b, pp. 58-92.
MARTÍNEZ
LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, p. 78.
391 Preparado por Patricio Barros
El
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mensaje que
parece transmitir esta decoración es, en cierto modo, el del poder territorial
de la Casa de Austria puesto que, junto a los retratos, se incorporaron vistas
de ciudades y descripciones de las que de un modo cuasi sistemático se
especifica que en ellas se incluyeron las armas y escudos de España y Austria.
Además, es interesante notar cómo las descripciones de algunas obras de
ingeniería, en este caso hidráulica, se integraron en este tipo de aparatos
decorativos, lo que parece remitir a aquella idea del humanista italiano Paolo
Cortesi, quien en su descripción del palacio ideal del cardenal señalaba que,
junto a las vistas de ciudades, se dispusieran representaciones de los
“ingenios” promovidos por un determinado señor o monarca.
Pero sin
duda, uno de los espacios del Alcázar cuyo leit motiv a mediados de la década
de 1630 fueron las vistas de ciudades era el “Salón grande de las fiestas
públicas”. En él colgaban veinticuatro pinturas al temple “en que están
pintadas algunas ciudades de España, Ytalia y Flandes, que tienen algunas en lo
alto las armas de su magestad, con unos volantes debajo de ellas de colores y
en ellos los nombres de cada ciudad”514. A esta serie de vistas de ciudades
atribuidas ya desde las fuentes coetáneas al referido Antón van den Wyngaerde y
que, desafortunadamente, no se han conservado, se añadían una serie de pinturas
de fiestas y entradas triunfales de los miembros de la Casa de Austria y
batallas que no hacían sino insistir y enfatizar la idea de la hegemonía
territorial de la casa
Ibíd., pp.
89-91.
392 Preparado por Patricio Barros
El
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reinante515.
Enlazando con esta temática conmemorativa y triunfalista se encontraban los
ocho lienzos que, en origen, conformaban la serie dedicada a las “Fiestas del
Ommegang o del Papagayo” en Bruselas, que tuvieron como protagonistas a los
archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia y de la que en la actualidad se
conservan algunos de sus lienzos516. Para concluir con este conjunto, se
situaron las vistas de algunos sitios y palacios de la Casa de Austria, como el
palacio de Coudenberg en Bruselas, el monasterio de San Lorenzo de El Escorial
pintado por Félix Castelo y, nuevamente, se incluyen tres representaciones de
una obra de ingeniería hidráulica que, desafortunadamente, no han llegado a
nuestros días517. En concreto, se trata de las imágenes de la fábrica de la
fuente del agua de Amaniel que Felipe III ordenó conducir hasta el Alcázar de
Madrid’518. Sobre esta conducción de aguas da
En ellas se
representaban seis escenas “en que están guerras del Señor Emperador Carlos V”
junto con otros doce lienzos al óleo “que son batallas que tuvo el señor
Emperador Carlas V en Alemania, que tienen en lo alto cada uno una tarxeta
quadrada prolongada en que están las declaraciones de cada uno y las de los
tres están en blanco las dichas tarjetas” o algunas pinturas de entradas
triunfales como la “que hiço el exerçito del Señor Rei Phelipe 2.º en Lisboa,
donde se demuestra la batalla que hubo sobre la puente de Alcántara y por mar y
tierra” o los “Dos liençeçitos al temple prolongados y biejos, el uno la
entrada del Señor Rei
Phelipe 1.º
en La Coruña. Y el otro las fiestas que le hiçieron en Valladolid”.
Sobre esta
serie, véase: DÍAZ PADRÓN, 1995, Vol. 1, pp. 106-111.
Para un
análisis de las representaciones de obras de ingeniería civil y militar de los
siglos XVII y XVIII en la pintura española de esa época que ha llegado a
nuestros días, véase: PORTÚS PEREZ, 2005.
MARTÍNEZ
LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, pp. 90-91: “[577] Fábrica de la fuente de
Damaniel. Un lienço al olio, de diez y seis pies de largo con moldura negra,
que es la descripçión de la fábrica que, por mandado del Señor Rei Phelipe 3.º,
se hiço para conducir la fuente del Valle de Damaniel al palaçio de Madrid, en
que ai una tarjeta aovada prolongada con un letrero que lo diçe”, “[578] Dicha
fábrica. Otro lienço al olio de quatro pies de largo con moldura negra que
sigue la misma descripçiçón. Y está pintado palaçio y una tarxeta en que está
puesta la descripçión de la conduçión del agua”, “[579] Dicha fábrica. Otro
lienço al olio de ocho pies de largo con moldura dorada en que está la fábrica
de la conduçión de la dicha fuente desde el Valle Damaniel a palaçio, con un
corre de la fábrica que se hiço para la execuçión de esta, obra de mano de
Roela, pintor clérigo”. Sobre la bajada de aguas desde una fuente situada en
las extremidades del valle de Amaniel, véase: BARBEITO, 1992, pp. 148-149.
Según este autor, fue el secretario de la Junta de Obras y Bosques y
superintendente del Cuarto de la
393 Preparado por Patricio Barros
El
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pormenorizada
cuenta Gil González Dávila en el capítulo que dedica a las realizaciones
arquitectónicas promovidas en Madrid por Felipe
en su obra
dedicada a la Historia de la vida y hechos de este monarca. A pesar del tono
encomiástico con el que se describe esta empresa, los datos que proporciona el
cronista permiten comprender la significación y el mensaje de magnificencia
regia de este tipo de construcciones:
El Rey,
ayudando al ornato público de esta Villa y Corte, trajo las aguas de la Heredad
de Maniel, que mira al Septentrión de Madrid, y dista de ella una legua.
Comenzáronse á traer en el mes de febrero del de 1614, y se acabó en el año de
1617, y costó conducirlas ochenta y dos mil ducados: el peso de sus aguas en
una azumbre es de dos libras, cinco onzas, siete adarmes, y diez y siete
granos. Con este principio se llenó la Corte por aquella parte hasta el
Palacio, y Caballerizas Reales de muchas fuentes y aguas, y la Villa, imitando
el exemplo de su Rey, metió en Madrid grande abundancia de aguas,
repartiéndolas por las plazas y lugares mas públicos, en beneficio de sus
vecinos y gente519.
De las
palabras de González Dávila se desprende que con la realización de una obra de
tal envergadura y de tan elevado coste, a pesar de haber sido planteada
fundamentalmente para paliar los
Reina,
Tomás de Angulo, quien tuvo conocimiento de la existencia de esta fuente y
ofreció al rey Felipe III traerla hasta el Alcázar. En esta complicada empresa
participaron fray Alberto de la Madre de Dios y Pedro de Lizagárare y contó con
la financiación de don Rodrigo de Calderón.
GONZÁLEZ
DÁVILA, 1771, p. 209.
394 Preparado por Patricio Barros
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problemas
de abastecimiento de agua que arrastraba el Alcázar, se pretendía transmitir un
mensaje consistente, en gran medida, de servicio al “ornato público” de la
Villa y de la corte, reportando abundancia y prosperidad gracias a la
magnificencia del monarca. Por lo tanto, no parece extraño que se incluyeran
tres imágenes de esta obra de ingeniería en una sala destinada a exaltar los
territorios y posesiones de la Casa de Austria.
Uno de los
tres lienzos que ilustran la “fábrica de la fuente de Damaniel [sic]” se
atribuye en el inventario a los pinceles del clérigo Juan de Roelas y, teniendo
en cuenta que el sevillano residió en Madrid en el periodo comprendido
aproximadamente entre 1616 y 1619, la historiografía ha coincidido en situar la
ejecución de esta obra en esa horquilla cronológica520. Las informaciones que
sobre esta obra proporciona González Dávila permiten acotar algo más la fecha
de realización del lienzo de Roelas, pues a tenor de las mismas la finalización
de la conducción de las aguas tuvo lugar en 1617, por lo que parece lógico
pensar que el encargo de la pintura se hubiera efectuado con posterioridad a su
conclusión. Por otra parte, la presumible proximidad entre la conclusión de la
fábrica de la fuente desde Amaniel y el encargo del lienzo a Roelas parece
denotar en cierto modo una voluntad de celebración y exaltación de la empresa
recién realizada.
En cuanto a
los otros dos lienzos en los que se recreaba idéntico ingenio hidráulico y a
los que no se asigna autor en el inventario,
Como han
señalado Martinez Leiva y Rodriguez Rebollo (2007, p. 47, nota 140) la primera
referencia a esta pintura de Roelas fue recogida en las “Adiciones” del Conde
de Viñaza, quien la fechaba erróneamente en 1637, véase: VINAZA, 1894, p. 32.
Posteriormente, Valdivieso y Serrera (1985, p. 173, n.º 140) corrigieron el
error relativo a la cronologia de la obra.
395 Preparado por Patricio Barros
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estos han
sido fechados en 1631 pues fue en ese año cuando Velázquez tasó dos pinturas
para el Alcázar donde se representaba “la çession interior de la navegación del
agua que viene desde el valle de amaniel a el alca£ar desta villa” y la
“fachada de palacio y interior de la fuente de dicha agua” realizados por un
tal Isaac Guillermo521. Por lo tanto, el encargo de estos dos lienzos de la
“Fábrica de la fuente de Damaniel [sic]” se habría producido ya durante el
reinado de Felipe IV, completando la descripción que de ello había efectuado
Roelas durante el mandato de su progenitor. Además, estas pinturas se
integraban en el conjunto de una sala destinada a la exaltación de la amplitud
geográfica de los reinos y posesiones hispanos y de gran relevancia simbólica y
visibilidad para aquellos cortesanos que visitaban el Alcázar, pues como
comenta el propio González Dávila en su Teatro de las grandevas de la Villa de
Madrid (1623) era allí donde:
come su
Magestad en publico; se representan
comedias,
mascaras, torneos y fiestas, y en ella dio las gracias al rey Felipe III.
Mons[eñor] de Vmena Embaxador de Francia, por auerse capitulado los casamientos
entre el Rey Christianissimo de Francia Luis XIII y la Serenissima Infanta doña
Ana de Austria, y el Principe don Filipe de las Españas con la Serenissima
Madama D. Isabel de Borbofn].
521
MARTÍNEZ LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, pp. 47-48. El documento relativo a la
tasación de estas pinturas efectuado por Velázquez se encuentra en: PITA
ANDRADE, 2000, p. 89, n.º 88: “1631, 12 y 26 de mayo. Doc. 78. Velázquez tasa
en 1.510 reales dos quadros el uno de veinte pies de largo de la gession
interior de la navegación del agua que viene desde el valle de amaniel a el
alcaçar desta villa y el otro de quatro pies en quadro y medio de la fachada de
palacio y interior de la fuente de dicha agua, que hizo el pintor Isaac
Guillermo”. AGS (CM, Leg. 697. Pagador Juan Gómez Mangas. Destajos, 1631, f.
8).
396 Preparado por Patricio Barros
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En esta
sala ay muchas cosas que ver, de pinturas, mapas de muchas ciudades de España,
Italia y Flandes, de mano de Iorge de las Viñas, que tuuo primor en esto522.
Por la
referencia que proporciona el cronista de esta sala, vuelve a ponerse de
manifiesto, de un lado, la utilización de los términos “pintura” y “mapas” para
referirse a las vistas de ciudades que adornaban este espacio dotándolas en
cierto modo de un sentido permutable. Por otra parte, aunque si bien en fecha
posterior, el “Salón grande las fiestas públicas”, también conocido como “Salón
Dorado o de Comedias”, vería remodelado su programa decorativo523; el estado
que presentaba esta sala en 1636 en que se conjugaban las vistas de ciudades y
representaciones de ingenios para conducir las aguas tiene cierta similitud con
la mencionada propuesta decorativa de Cortesi en la que se combinaban esas
mismas imágenes. Con todo, la inserción de este tipo de pinturas en un espacio
de gran relevancia simbólica conduce a pensar que tales imágenes estaban
dotadas de valores análogos de magnificencia.
Otro de los
espacios del Alcázar donde los mapas jugaron un papel primordial en su
alhajamiento fue la Casa del Tesoro524. En ese ámbito, las decoraciones
cartográficas aparecen registradas en 1636 en las “Piegas angostas sobre la
casa del Panadero y coginas de los ospedajes hasta la diuisión de las casas de
los capellanes” y en la
GONZÁLEZ
DÁVILA, 1623, p. 310.
Para una
visión de conjunto de la evolución del programa decorativo de esta sala, véase:
CHECA CREMADES, 1994, pp. 395-398.
Sobre la
Casa del Tesoro del Alcázar de Madrid, véase: BARBEITO, 1992, pp. 70-75.
397 Preparado por Patricio Barros
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“Pieça alta
sobre el dicho passadiço en que esta el exercito”525. De las paredes de las
“piegas angostas” colgaban alrededor de un centenar de mapas, de los cuales
aproximadamente unos ochenta y siete conformaban una serie de carácter unitario
puesto que todos ellos (mapas de las cuatro partes de la tierra, de España,
Francia, Italia, Alemania y demás provincias) formaban parte del Theatrum Orbis
Terrarum de Abraham Ortelio526 (figs. 61-64). A esta serie se añadía un mapa
general de Europa y otros mapas de provincias europeas (Flandes, Ducado de
Luxemburgo, Condado de Artois, Estado de Milán, Ducado de Geldres, Frisia,
Ainau, Calabria, Reino de Nápoles, Perugia, etc.). En la segunda pieza
mencionada, se dispusieron mapas que abarcaban toda la geografía del orbe:
desde un mapa universal iluminado sobre pergamino, cinco mapas de los estados y
provincias de Flandes, descripciones de Italia (una desde Niza a Roma, otro
lienzo de pintura de la ribera de Nápoles y una descripción del reino de
Sicilia iluminada sobre pergamino), pasando por una descripción de África y
llegando a las descripciones de las Indias y el Extremo Oriente, representadas
por “un pedazo de descripción de las Indias, hecha por los mismos indios” y
“otro pedazo de descripción de la China, hecha por ellos”. Asimismo, se
incluyeron en esta última pieza varias cartas de marear y, acompañando a todo
el conjunto, se situó un árbol genealógico de la Casa de Austria “escrita de
mano, y tiene de largo
MARTÍNEZ
LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, pp. 80-81.
Ibíd., p.
87: “[251-337] 87 mapas. Mas ochenta y siete mapas de las quatro partes de la
tierra, de España, Françia, Ytalia, Alemania y demás provinçias del orvc en
papel aforradas en lienço, son de varios tamaños, sacadas de libro de Abrahan
Orsclio, que se compraron para esta pieça”.
398 Preparado por Patricio Barros
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siete pies
poco más o menos, y en lo alto, a un lado, las armas del Ymperio y al otro lado
las de España”527. Se trataba, por tanto, de un espacio destinado a albergar la
entera geografía del orbe y no parece casual que, junto a estas imágenes, se
incinera un árbol de la Casa de Austria de grandes dimensiones, quedando
nuevamente patentes las relaciones dialógicas entre cartografía y genealogía en
el aparato decorativo del Alcázar.
Figura 61.
“Europae”, en Abraham Ortclio, Theatrum Orbis Terrarum, Amberes, 1584.
Ibíd.
399 Preparado por Patricio Barros
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Figura 62.
“Asiae Nova Descriptio”, en Abraham Ortelio, Theatrum Orbis Terrarum, Amberes,
1584.
400 Preparado por Patricio Barros
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Figura 63.
“Africae Tabvla Nova”, en Abraham Ortelio, Theatrum Orbis Terrarum, Amberes,
1584.
401 Preparado por Patricio Barros
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Figura 64.
“Americae sive Novi Orbis Nova Descriptio”, en Abraham Ortelio, Theatrum Orbis
Terrarum, Amberes, 1584.
En relación
con la presencia de la cartografía en el ámbito de la Casa del Tesoro es
preciso señalar que este edificio contiguo al Alcázar fue objeto de
considerables reformas en el año 1626 con el fin de adecuarlo para dar aposento
al legado cardenal Francesco Barberini en su visita a la corte de Madrid. J. M.
Barbeito dio a conocer algunos de los reparos que se hicieron en la Casa del
Tesoro bajo la supervisión de Juan Gómez de Mora, aposentador y maestro mayor
de las obras reales, gracias a la documentación conservada
402 Preparado por Patricio Barros
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en el
Archivo General de Palacio528. El aspecto que interesa destacar de tales
labores de acondicionamiento es que allí se dispusieron una serie de mapas
comprados al estampero Antonio Mancelli, conocido por ser el autor del primer
plano del que se tiene constancia de la Villa de Madrid529. En concreto, se
trataba de dos mapas universales, un mapa de España, otro mapa de Aragón, doce
mapas medianos cuyo contenido no se especifica y, junto a ellos, “Un arboro de
las armas y títulos de los Reyes de ynglaterra”530. Según
Un análisis
de este espacio donde se aposentó al cardenal legado Barberini durante su
visita de 1626 a la corte madrileña y de la relación que se estableció entre
Antonio Mancelli, Juan Gómez de Mora y el miembro de la legación del cardenal,
Cassiano dal Pozzo, se encuentra en: BARBEITO, 2013, pp. 113-115.
A. Matilla
Tascón fue el primero en relacionar a Mancelli con el primer plano de la Villa
de Madrid y dio a conocer su testamento en sendas publicaciones: MATILLA
TASCÓN, 1980 y 1982. El plano de la ciudad de Valencia de Mancelli ha sido
estudiado por: BENITO DOMÉNECH, 1994. La reconstrucción del perfil biográfico
de Mancelli se debe a: MUÑOZ DE LA NAVA CHACÓN, 2005 y 2006.
BARBEITO,
2013, p. 114. Barbeito utiliza en su estudio la documentación relativa a los
pagos realizados con motivo de la visita del cárdena] conservados en el AGP.
Esa misma libranza de pago a Antonio Mancelli, aparece contenida en la
documentación de la Contaduría Mayor de Cuentas conservada en el AGS,
coincidiendo plenamente tanto en las fechas como en el contenido: AGS, CMC, 3.ª
época, Leg. 3014, s. f. A continuación, se transcribe el contenido integro de
la libranza: “Juan gomez mangas [sic] Pag[ad]or de las obras del alcaçar desta
U[uestr]a de m[ajestad]d y cassas Reales de] pardo y el campo y tenedor de
materiales de las d[ic]has obras de los mrs que son a Su cargo para el gasto
dellas mande U[uestra] m[erced] dar y pagar a Antonio manchel estanpero Uexino
desta d[ic]ha Uilla treçientos y setenta y Cinco Reales que balen doce mill
seteçientos y Cinquenta m[a]r[avedi]s que los hubo de hauer = Los çiento y
ochenta Reales por dos mapas Unibersales que dio para la cassa del tesoro donde
se a de aposentar el legado de su santidad a rraçon de a noventa Reales cada
Una = treynta y tres Reales por otra mapa de españa = treynta y tres Reales por
otra mapa de aragon = treynta y tres Reales por Un arboro de las armas y
titulos de los Reyes de ynglaterra y los nobenta y seis Reales Restantes por
doçe mapas medianas como pareçe por el conçierto que con el susod[ic]ho hiço el
maestro mayor Juan gomez de mora y tome U[uestra] m[erced] Su carta de pago con
la qual y esta librança le Serán Recaudos y passados en quenta los dichos
treçientos y setenta y cinco Reales fecha en madrid a diez y ocho de mayo de
mili y seis çientos y beynte seis años”. En ese mismo legajo de la Contaduría
Mayor de Cuentas se incluyen numerosas libranzas de pago relativas a las obras
ejecutadas en el que habría de ser el aposento del cardenal Barberini en la
Casa del Tesoro, concentradas principalmente entre los meses de abril a junio
de 1626. Teniendo en cuenta que el cardenal Barberini haría su ingreso oficial
en Madrid el 24 de mayo de 1626, de la cronologia de dichas libranzas se
desprende el retraso en los preparativos para recibir al nepote del Papa, pues
todavía en el mes de mayo y ya entrado junio de dicho año se continúan
efectuando libranzas de pago para las obras de la Casa del Tesoro. Por ejemplo:
“=Compras=
de texas para cubrir los texados de las chimeneas que de nuevo se an hecho en
la casa del tesoro donde se a aposentado el legado de Su Santidad. 23 de Junio
de 1626”; etc: AGS, CMC, 3.ª época, Leg. 3014, s. f. En su “Estudio
Introductorio” del Diario del viaje a
403 Preparado por Patricio Barros
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J. M.
Barbeito estos serían los mapas que Cassiano dal Pozzo — secretario del
cardenal Barberini— vio en las paredes de un pasadizo de la Casa del Tesoro
“decorados con mapas de cosmografía en miniatura”, a continuación del cual
habría “una galería o pequeño corredor con los retratos de los príncipes
modernos y del rey nuestro padre”, dejando constancia de ello con estas
palabras en el diario de su viaje a España. De esto se desprende que, aunque si
bien los planos que han llegado a nuestros días del edificio de la Casa del
Tesoro son poco explícitos y resulta imposible recomponer con exactitud su
laberíntico trazado531, lo cierto es que, para el tema que aquí se aborda,
resulta significativo el papel desempeñado por la geografía y las galerías de
mapas en uno de los espacios del Alcázar destinados a la fruición y al aposento
de eminentes visitantes como el nepote del Papa.
A todos los
espacios mencionados en los que se incluyeron las referidas ¡mago mundi (el
Salón de Comedias y las piezas del ámbito de la Casa del Tesoro) habría que
añadir el “Passo que ua de la galería de los trucos a la del Mediodía” donde se
colgó la descripción del reino de Aragón de Juan Bautista Lavanha junto a
varias series de cuadros de batallas532, la “Escalera que sube a la torre de la
librería” decorada con diez y siete mapas de diferentes ciudades y puertos de
España del cartógrafo portugués Pedro de Teixeira533 y la
España del
Cardenal Francesco Barberini escrito por Cassiano dal Pozzo, A. Anselmi refiere
a estos retrasos a los preparativos referidos por el controlador en la corre,
encargado de organizar la estancia en Madrid de la legación: ANSELMI, 2004, pp.
XXXIII-XXXIV.
BARBEITO,
2013, p. 111.
MARTÍNEZ
LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, p. 87. Sobre la descripción del reino de Aragón
de Juan Bautista Lavanha, véase: HERNANDO RICA, 1996.
MARTÍNEZ
LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, p. 93.
404 Preparado por Patricio Barros
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galería
situada sobre el Jardín de los Emperadores, donde junto a los retratos de la
familia real, doce lienzos de los doce meses, los cuatro elementos, las vistas
de las Casas Reales de Balsaín, San Lorenzo, El Pardo y Aranjuez y varios
paisajes, colgaba otro mapa de Pedro de Teixeira (en este caso, de los estados
de Flandes) y un árbol genealógico de la Casa de Austria “con los demas reinos
a ella agregados” de Lavanha.
De todo el
panorama aquí descrito en torno a la presencia de mapas, pinturas y
descripciones geográficas en las colecciones reales, con especial atención al
estado del Alcázar que se dibuja en el inventario de 1636, pueden extraerse
algunas conclusiones interesantes y que, al calor de las prácticas
coleccionistas desarrolladas por los nobles y cortesanos en esas mismas fechas
que se analizarán a continuación, constituirían lugares comunes en la
consideración de estas imago mundi en la corte.
En primer
lugar, es preciso realizar alguna consideración en torno a la naturaleza
material de estas imágenes. Por lo general, un buen número de los asientos de
“mapas”, “cartas de marear” y “descripciones” estaban realizados en estampa, lo
cual resultaba más ventajoso por varios motivos que, aunque a priori puedan
parecer evidentes, resultan significativos. El uso de mapas impresos era menos
costoso, al tiempo que permitía decorar amplios espacios y galerías. En este
sentido, seguramente debido a razones de carácter enteramente económico, la
única decoración de la que se ha tenido constancia que se habría encargado o,
mejor dicho, adquirido ex profeso para el aposento en la Casa del Tesoro del
405 Preparado por Patricio Barros
El
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cardenal
Barberini, fueron los mapas en estampas comprados a Antonio Mancelli. Como ha
señalado A. Anselmi, las arcas reales no pasaban por su mejor momento allá por
el año 1626 cuando se acometieron los preparativos para la visita534. Por esta
razón, parece lógico que para decorar el aposento del cardenal se recurriera al
vasto patrimonio artístico que atesoraban las colecciones reales, efectuando
poco dispendio en la adquisición de alhajas e imágenes ex novo. Esta hipótesis
parece verse confirmada tras un pormenorizado análisis de las libranzas de pago
efectuadas por Juan Gómez de Mora en fecha cercana a la llegada del cardenal a
la corte para la adecuación y preparación del aposento de la legación en la
Casa del Tesoro, en las que todo apunta a que el único gasto en “imágenes” que
en ellas se registra se vio reducido a la suma de 375 reales que recibió el
estampero y corógrafo italiano por los mapas en estampa535.
ANSELMI,
2004, pp. XXXIII-XXXIV. De hecho, el gran dispendio que para la hacienda real
debió suponer el tener que hospedar al cardenal y a todo su séquito obligó a
reducir los gastos al mínimo, hasta el punto de que, por ejemplo, no siendo
suficientes todos los platos de plata que la Corona poseía para dar de comer a
sus invitados, la familia “baja” del legado tuvo que comer sobre platos de
terracota.
AGS, CMC,
3.ª época, Leg. 3014, s. f., n.º 5. Cuentas de Juan Gómez Mangas [sU], pagador
de las obras del Alcázar de Madrid y Casas Reales del Pardo y Campo. Años
1618-1627.
406 Preparado por Patricio Barros
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Figura 65.
Jacques Callot, El sitio de Breda, 1628, grabado al aguafuerte, 55 × 66, 5 cm.
Madrid, Museo Nacional del Prado (G02919).
A esta
profusa presencia de mapas impresos, hay que añadir la de aquellos mapas y
cartas de marear realizados “de mano” principalmente sobre pergamino y aquellas
descripciones cuyo soporte material era el lienzo o la tabla, sirviéndose de
estos últimos formatos, principalmente, las imágenes en las que se recreaban
vistas de ciudades, Casas del Rey e, incluso, retratos de obras de
407 Preparado por Patricio Barros
El
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ingeniería.
Aunque si bien en algunos casos las imago mundi ejecutadas con estas técnicas
pictóricas (óleo sobre lienzo o tabla) eran concebidas conformando series o
parejas de cuadros, a todas luces, su grado de reproductibilidad era mucho
menor e, incluso, en algunos casos respondían a una concepción en cuanto que
unicum. No obstante, como se ha comentado, nos movemos en un terreno no exento
de paradojas o, si se prefiere, rico en matices, muchas veces, sutiles. En lo
que al soporte material de los mapas se refiere, en el ámbito de las
colecciones reales encontramos ejemplos que evidencian cómo en ocasiones la
línea que separaba la concepción de un mapa impreso de otro pintado sobre
lienzo, no era tan nítida. A este respecto resulta ilustrativo el caso del
grabado de El sitio de Breda (1626-1628) del lorenés Jacques Callot (figura 65)
y la pintura de idéntico asunto de mano de Peter Snayers, conservada en el
Museo Nacional del Prado y catalogada bajo el título Isabel Clara Eugenia en el
Sitio de Breda (ca. 1628) (figura 66). La primera imagen nos habla de la
concepción tanto cartográfica como pictórica del grabado y sus mayores
posibilidades de difusión, mientras que la segunda, da cuenta de las
posibilidades descriptivas de la pintura536, en su concepción de unicum. El
grabado de Callot537 está conformado por un conjunto de seis estampas que,
unidas, componen una vista general del sitio de Breda, que tuvo lugar entre
Un estudio
de esta interesante cuestión centrado en la pintura holandesa de este periodo
es el de: ALPERS, 1983.
Sobre este
grabado de Jacques Callot, véase: LIEURE, 1969, vol. V, n.º 593, pp. 81-88. Con
posterioridad, S. Zurawski (1985) aporta nueva documentación que permite
conocer con mayor precisión la cronología y génesis de este monumental grabado,
comisionado por la infama Isabel Clara Eugenia como parte de una campaña de
propaganda política y militar destinada a ensalzar la victoria española en
Breda.
408 Preparado por Patricio Barros
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el 12 de
septiembre de 1624 y el 2 de junio de 1625. Lo interesante en relación con este
“mapa grabado” son sus características formales que pretenden asimilarlo a una
pintura y, por ende, dotarlo de un uso y funciones análogas. Las seis estampas
unidas presentan una bordura de rosáceas y acantos sobre cinta en espiral que
hace las veces de “marco”, como si de un cuadro se tratase. A ello hay que
añadir el gran formato del conjunto (en el caso del ejemplar conservado en el
Museo Nacional del Prado, de 550 mm × 665 mm al unirse las seis estampas) que,
junto al marco, lo asemeja nuevamente a una pintura, pues la finalidad de esta
clase de “mapas grabados” no era otra que la de ser colgado a modo de cuadro.
Este tipo de “mapas” eran, en la mayor parte de los casos, obras maestras en el
arte del grabado y, a menudo, ofrecían la representación impresa de mayor
detalle y precisión que existía de un territorio o región. Por lo tanto, el
mapa de El sitio de Breda de Callot constituye un ejemplo paradigmático de convivencia
entre arte y ciencia en este tipo de imágenes cartográficas grabadas.
409 Preparado por Patricio Barros
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Figura 66.
Peter Snayers, Isabel Clara Eugenia en el Sitio de Breda, ca. 1628, óleo sobre
lienzo, 200 × 265 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado (P01747).
A la ya
referida concepción de este mapa en cuanto cuadro, hay que añadir que su
composición fue ejecutada según precisas mediciones de carácter científico
efectuadas tanto por el propio Jacques Callot, quien poseía una sólida base de
conocimientos matemáticos538, en colaboración con el ingeniero italiano
Giovanni Francesco
F.
Baldinucci en su Notizie de’ professori del disegno […] da noticia de la
llegada de Callot a Florencia, situándole como discípulo de Giulio Parigi,
ingeniero del granduca di Toscana y de la formación matemática que recibiría el
grabador lorenés en casa de Parigi: BAIDINUCCI, 1812, vol. 11, pp. 362-364.
410 Preparado por Patricio Barros
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Cantagallina539.
De hecho, ambos personajes aparecen representados en un detalle del grabado de
El sitio de Breda en pleno ejercicio de las mediciones topográficas para llevar
a cabo la composición del mapa: Callot está sentado registrando sobre un papel
la información corográfica obtenida y, junto a él, se sitúa el ingeniero
Cantagallina, señalando con una mano la escala del mapa mientras que con la
otra sujeta una larga varilla que seguramente les serviría para realizar las
mediciones a través de un proceso de triangulación540 (figura 67).
ZURAWSKI,
1988, pp. 623-625.
GEHRING,
2014, pp. 48-49.
411 Preparado por Patricio Barros
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Figura 67.
Detalle de Jacques Callot acompañado por el ingeniero italian o Giovanni
Francesco Cantagallina efectuando las medicion es topográficas para llevar a
cabo el mapa del sitio de Breda, en Jacques Callot, El sitio de Breda, 1628,
grabado al aguafuerte, 55 × 66,5 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado (G02919).
Además, la
reproducción a estampa de este tipo de mapas permitió una amplia circulación de
los mismos, algunos de los cuales
412 Preparado por Patricio Barros
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gozaron de
gran fortuna y popularidad entre los siglos XVI y XVII541. Pero el soporte del
grabado, además de constituir un excelente medio difusión de una precisa
descripción de un lugar (en este caso, del asedio de la ciudad de Breda), se
convirtió en un excelente medio de propaganda política, como sucedió en el caso
del grabado de Callot. No en vano, como demostró S. Zurawski, tras la comisión
de este monumental mapa del asedio se encontraba la propia infanta Isabel Clara
Eugenia, quien efectuó el encargo al artífice lorenés poco después de que Breda
pasara a manos españolas. Así, una vez que Callot finalizó el proyecto (de cuyo
desarrollo se informaría desde Bruselas a la corte española a través del
todopoderoso conde-duque de Olivares), sería la propia infanta quien se
encargaría de enviar copias de la estampa a las principales cortes europeas,
acompañándolo de la relación del suceso542. De ahí que, en la actualidad, se
conserven varios ejemplares del grabado, lo que constituye un indicador
relevante de la difusión de la que debieron gozar en origen estas estampas543.
Por su
parte, la pintura de Snayers en la que se recrea idéntico asunto y que, sin
duda, se basa en el grabado de Callot dadas las
F. Fiorani
(2007, p. 805) estima que a mediados del siglo XVI existieron alrededor de
1.500 mapas impresos, cada uno de los cuales tenía unas dimensiones de entre 2
y 3 metros. Sobre la disposición de este tipo de mapas en el ámbito italiano,
véase: WOODWARD, 1996, pp. 79-
ZURAWSKI,
1988.
Solo en
bibliotecas y muscos españoles se conservan varios ejemplares de este
monumental grabado de Callor. En el Museo Nacional del Prado se conserva un
ejemplar de este grabado (Inv. G02919) que según el catálogo razonado de J.
Lieure (1969) es un tercer estado y constituye una pieza de cierta rareza. Un
ejemplar similar se conserva en la BNE (Inv. 41.914) cuya principal diferencia
con el anteriormente mencionado es que sus bordes han sido recortados,
careciendo de marco perimetral. Una carencia que, si bien no afecta a la escena
central del grabado, si que desvirtúa la concepción primigenia de estas
estampas cuyo marco las asimilaba a una pintura propiamente dicha.
413 Preparado por Patricio Barros
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más que
notables analogías formales que existen entre ambas obras, compositivamente
casi idénticas544, fue concebida con una intencionalidad diversa. Se trata de
una pintura al óleo sobre lienzo, por lo que este soporte le confería un
carácter de unicidad, pues aunque el pintor flamenco recurrió con asiduidad a
fórmulas compositivas similares para representar asedios y vistas de ciudades,
la propia naturaleza de la técnica pictórica impedía que estas fueran
exactamente iguales. Ahora bien, la primera referencia documental a este lienzo
de la que se tiene constancia permite inferir que este fue concebido en
estrecha relación con otra pintura de temática afín. Así, el Sitio de Breda de
Snayers aparece registrado en el inventario del Alcázar de 1636 en la “Pieza
del quarto vaxo antes de la del despacho”, junto con otro lienzo de idénticas
dimensiones y moldura dedicado al “Sitio de Ostende”545. Ambos cuadros, junto
con un lienzo “que es el puerto de Mardih y en lejos Dunquerque […]” y una
serie de retratos, principalmente de la familia real española, conformaban el
alhajamiento de ese espacio. De este modo, aunque las características
compositivas tanto del grabado como de la pintura fueran prácticamente iguales
y, por ende, su mensaje, su distinto soporte condicionaba las posibilidades
Sobre esta
pintura, véase DIAZ PADRÓN, 1995, vol. 2, p. 1232. En torno a la perspectiva
adoptada por Snayers en este cuadro: WEIBEL, 2014, pp. 441 y 444, lám. 442.2;
GEHRING, 2014, pp. 48-49.
MARTÍNEZ
LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, pp. 101-102: “[822] Sitio de Ostende. Un lienço
de nueue pies de largo poco más o menos, con la moldura que es dorada y negra,
que dicen ser el Sitio de Ostende quando, el Archiduque armado y la Señora
Infanta, uestida de açul con boemio y sombrero, a cauallo en palafrén, le
salieron auer el marqués Spinola armado a cauallo y descubierto con banda
colorada se demuestra”; “[823] Sitio de Breda. Otro, del mismo tamaño, del
Sitio de Breda, con moldura dorada y negra. y se demuestra quando salió a uerle
en coche la Señora Ynfanta y el marqués Spinola armado a cauallo y descubierto
cerca de el y otro coche delante”.
414 Preparado por Patricio Barros
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de difusión
de dichas imágenes cartográficas, siendo estas mucho más limitadas en el caso
de la pintura.
Con todo, y
a pesar de que a priori la cuestión relativa a la naturaleza material del
soporte y la técnica de ejecución pudiera parecer baladí, como se ha visto,
esta dista de serlo pues la elección de una u otra implicaba, en la mayor parte
de los casos, una génesis diferente de las obras. Por una parte, los mapas en
estampa que decoraron las Casas del Rey, en la mayoría de los casos dada su
mayor reproductibilidad y su carácter seriado, no constituían un encargo ex
profeso para el ornato de un espacio concreto sino que permitían adecuarlos y
desplegarlos ofreciendo múltiples posibilidades combinatorias. Por su parte,
las descripciones “de mano”, sobre lienzo o tabla, aunque también permitían su
adecuación a distintos espacios, generalmente, tras estas, sí solía haber un
encargo más o menos explícito. Por último, es preciso notar que, en el contexto
de la corte española —con la salvedad del Palacio del Viso de don Alvaro de
Bazán— no contaremos con grandes ciclos al fresco de tema geográfico como sí
sucedía con mayor frecuencia en las cortes italianas de esa misma época546.
En cuanto a
los espacios que ocuparon estas imago mundi en las Casas del Rey en la corte
española, queda patente cómo su presencia fue profusa, tanto en la cantidad y
variedad de salas y pasadizos donde fueron colgadas como en el número de las
mismas. A grandes rasgos, podrían determinarse algunos lugares comunes en su
disposición. En primer lugar, se situaron en aquellos espacios
FIORANI,
2007.
415 Preparado por Patricio Barros
El
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destinados
al saber como fueron las bibliotecas y estudios. Así lo ejemplifican la
biblioteca laurentina, en el marco de un programa universalista del
conocimiento, o la librería privada que Felipe IV reunió en la torre alta del
Alcázar, que respondería más bien a las funciones y características del
studiolo de un príncipe547. En segundo lugar, se advierte una estrecha relación
en la disposición de vistas de ciudades y territorios junto con galerías de
retratos, transmitiendo un mensaje relativo al poder territorial de la dinastía
que enlazaría con los presupuestos e ideas de la genealogía. De ahí que, en
ocasiones, se desplegaran importantes programas iconográficos en los que el
elemento geográfico jugaba un papel destacado en espacios palaciegos de gran representatividad
con el fin de transmitir un mensaje de poder y magnanimidad de los monarcas
españoles. Por último, la naturaleza “movible” de los mapas (fácilmente
enrollables y muchas veces desprovistos de guarnición y molduras) permitía su
rápida inserción y adecuación en espacios de tránsito y secundarios, como
ocurre en la “pie9a” que estaba sobre el pasadizo del ejército, cuyos mapas en
estampa se disponían clavándose directamente sobre la pared con tachuelas548
BOUZA,
2005a, pp. 51 y ss.
MARTÍNEZ
LEIVA, RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, p. 80. Por ejemplo: “[343] Mapa. Un mapa de
quatro pies y medio de largo poco más o menos, de una de las provinçias de
Flandes, que tiene dos escudos de armas imperiales en lo alto a las dos puntas
y abajo una tarjeta blanca, está clavada en la pared con una Cinta colorada y
tachuelas doradas”; “[344] Mapa. Otro mapa, de mano, sobre papel yluminado de
los estados de Flandes, que tiene de largo diez pies poco más o menos, y tiene
por orla una labor carmesí y en lo bajo la escala de leguas con un conpas, y en
medio una tarjeta donde está el nombre de quien la hiço y en lo alto, en la
mar, un escudo de armas de su magestad, que las tiene un tritón caballero sobre
un pez marino, estampa clavada en la pared”, etc.
416 Preparado por Patricio Barros
El
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Como se ha
señalado anteriormente, los gustos de los monarcas y príncipes, habrían de
condicionar los de los nobles y cortesanos y el caso de las imago mundi no iba
a ser una excepción.
De modo
que, en las líneas que siguen, se analizará cómo los criterios en torno a los
usos, funciones y distribución de las imago mundi referidos e identificados en
los palacios reales, tendrían su correlato y se verían reflejados (en mayor o
menor medida) en las prácticas coleccionistas de este tipo de imágenes
desarrolladas por la nobleza española en esa misma horquilla cronológica.
417 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo 13
“Para que
pueda […] si le diere gusto en su casa desde su
aposento,
con esta theorica de sphera sobre vn mapa, o carta de
marear,
conocer y saber”
Figura 68.
“Esfera armilar”, en Ginés de Rocamora y Torrano, Sphera del Vniverso. Tratado
tercero. De los circvlos de qve se compone la sphera material, Madrid, 1599.
418 Preparado por Patricio Barros
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Ginés de
Rocamora, en su Sphera del Universo (1599) proporciona algunas interesantes
noticias relativas a los usos y a la consideración de los mapas en la corte en
las postrimerías del siglo XVI (figura 68). En el prólogo de la obra, el autor
explica que en el año 1596 había leído en su posada la materia de la esfera y
alguna parte de la filosofía natural por su “gusto y deuda” con otros
caballeros y personas estudiosas de la corte y que de allí salieron algunos
oyentes tan “aprovechados, que podrían oy congruamente ser profesores públicos,
de lo que de mi en particular oyeren”549. Esta primera referencia permite
inferir la existencia de un cierto público cortesano interesado en materia de
esfera y cosmografía. Más adelante, en el primer capítulo, Rocamora se adentra
en la exposición de los frutos de las matemáticas, dejando claramente patente
cuál era la finalidad de su tratado y el papel que jugaban los mapas y cartas
de marear en el aprendizaje cortesano en materia de esfera:
Porque mi
intento no es otro, que dar alguna noticia deste tesoro [la esfera], para que
todos lo busquen y hallado se
aprouechen
del, da[n]do materia de virtuoso entretenimiento al desocupado, para que con
los principios de sphera, de que aquí trataremos, pueda, si le diere gusto en
su casa desde su aposento, con esta theorica sobre vn mapa, o carta de marear,
conocer y saber los viajes marítimos de las Indias y otras partes, las alturas
por donde vienen las flotas, y pasan las armadas, los rumbos
ROCAMORA Y
TORRANO, 1599, ff. 1v.-2r.
419 Preparado por Patricio Barros
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que toman y
mares que atrauiessan, lo qual entenderán mucho mejor que los marineros con su
sola pratica, no negando a la pratica la dignidad que tiene. Digo que en quanto
a entendello, lo hará el theorico (sin alguna duda) mucho mejor pero si se
juntasen pratica y theorica, seria dalle el alma a vn cuerpo"550
Con estas
palabras, Rocamora consideraba el aprendizaje de la materia como “virtuoso
entretenimiento”, merced de las inclinaciones y gustos de algunos cortesanos.
El estudio de los contenidos teóricos recogidos en su tratado podía verse
complementado (y completado) recurriendo a los instrumentos gráficos e imágenes
de la cosmografía, esto es, los mapas y cartas de marear que permitían conocer
y comprender dicha teoría, sin perder de vista la importancia que revestía
asimismo la práctica en estas materias. Tras esta declaración de intenciones,
el que fuera regidor de la ciudad de Murcia y procurador de cortes, señala los
nombres de algunos caballeros y nobles que “bien conocieron los misterios desta
ciencia” y el primero de esa relación no era otro que don Francisco Arias
Dávila y Bobadilla, IV conde de Puñoenrostro. Según Rocamora, don Francisco
Arias:
assitio a
la academia real desta corte, en todas las liciones de mañana y tarde oye[n]do
al muy doto y versado en estas artes el doctor Ferrufino Catredatico por su
Magestad, q[ue] leyó los quatro primeros libros de Vclides y la materia de
sphera con tanta claridad y demostración
Ibíd., ff.
5v.-6r.
420 Preparado por Patricio Barros
El
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q[ue] lo
entendieran los muy rudos. Introduxo este virtuoso y loable Cauallero, que en
diuersas horas se leyesen ciencias diferentes por diferentes maestros, como lo
hizo el Lice[n]ciado loan Cedillo, Catredatico que fue de estas facultades en
Toledo, que leyó la materia de senos a la qual assistio don Francisco Pacheco
Marqués de Moya, espejo de virtud, y caualleria, q[ue] sabe tan exprofeso estas
ciencias como si huuiera de valerse de solo ellas. Y leyó también loan Angel
con su profunda ciencia, casi ygual al nombre, sobre vn tratado de Archimedes,
De his quae avehu[n]tur quis y el Alferez Pedro Rodríguez Muñiz, la materia de
esquadrones, y forma de hazellos […] Y el Capita[n] Christoual de Rojas leyó
admirablemente de fortificación […] qual se podrá conocer de su libro de esta
materia, q[ue] ahora imprime acuyas liciones, o casi todas assistio el valeroso
y prudentissimo cauallero do[n] Bernardino de Mendoza, Embaxador que fue en
Francia por el Rey nuestro Señor, el qual con sus ingeniosos y sutiles comentarios
trahia la verdad a su punto551
A esta
prolija relación de profesores e ilustres asistentes a la Academia de
Matemáticas fundada en la corte por Felipe II, Rocamora añade que asimismo
otros muchos caballeros siguieron y continuaron con tan “agradable, virtuoso y
necessario exercicio”, sin
Ibíd., ff.
6r.-6v. E. Llaguno y Amirola, 1829, vol. 2, p. 143, fue el primero en notar que
Ginés de Rocamora “presumiblemente” enseñó en la Academia de Matemáticas, al
calor de las informaciones que proporciona en su tratado sobre la cuestión.
421 Preparado por Patricio Barros
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faltar día
alguno a las lecciones que allí se impartían, pues el fin de las mismas no era
otro sino enriquecer el entendimiento de tales señores. De la información que
Rocamora proporciona en su tratado queda más que patente la asistencia y
especial implicación que mantuvieron algunos nobles de la época con la
mencionada Academia y, por ende, con los saberes científico-técnicos, entre los
que se contaban el citado don Francisco Arias Dávila de Bobadilla, IV conde de
Puñoenrostro y don Bernardino de Mendoza. Más allá de esta noticia, otros datos
documentales relativos a estos dos personajes ponen de manifiesto la relación
que mantuvieron con la cosmografía y los mapas, cuyo análisis va a permitir
conocer diversos e interesantes aspectos en torno a estas cuestiones. En primer
lugar, los datos que a continuación se van a analizar, van a permitir
adentrarnos en el papel que jugó la presencia de la cosmografía y de la
cartografía en distintos ámbitos de una colección nobiliaria, sus usos y
funciones. En segundo lugar, el caso de don Bernardino de Mendoza permitirá
analizar, entre otros aspectos, cuestiones relativas a la difusión y
circulación de atlas y obras de cosmografía en el ámbito de la corte española.
422 Preparado por Patricio Barros
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Figura 69.
Bernardino de Mendoza, Comentarios de don Bernardino de Mendoça, de lo sucedido
en las Guerras de los Payses baxos, desde el año de 1567 hasta el de 1577
(frontispicio), Madrid, 1592.
Los
perfiles biográficos tanto del conde de Puñoenrostro como de don Bernardino de
Mendoza compartían algunos rasgos en común. Ambos ocuparon importantes cargos
militares al servicio de la corona española durante la segunda mitad del siglo
XVI y la
423 Preparado por Patricio Barros
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referencia
que suministra Rocamora en torno a su implicación en la Academia de Matemáticas
a finales de la década de 1590, se situaría en las postrimerías de sus
respectivas trayectorias vitales cuando ambas figuras contaban ya con una
dilatada trayectoria político-militar a sus espaldas que les avalaba552. Por
otra parte, es preciso notar que, más allá de ciertos paralelismos en sendos
cursus honorum, con anterioridad a su participación en la Academia de la que
nos habla Rocamora, sus trayectorias permiten dibujar múltiples referencias
cruzadas y un conocimiento recíproco de los respectivos logros. De hecho, es el
propio Bernardino de Mendoza quien proporciona algunos datos relativos a la
intervención y participación en los sucesos de las guerras de Flandes de don
Francisco Arias en sus Comentarios de don Bernardino de Mendoza, de lo sucedido
en las Guerras de los Payses baxos, desde el año de 1567 hasta el de 1577
(1592) (figura 69)553, unas informaciones que parecen nutrir en buena medida el
perfil biográfico que de él trazaría, alrededor de dos siglos más tarde,
Álvarez de Baena554. Don Francisco Arias participó en las guerras de Mandes,
tomando parte en 1572 en la batalla contra los hugonotes como capitán de
L os
primeros estudios fundamentales sobre don Bernardino de Mendoza fueron
realizados por el hispanista francés Alfred Morel-Fatio, quien publicó en 1906,
en el Bulletin Hispanique, un estudio sobre esta figura, que posteriormente se
vería ampliado y mejorado en un capítulo que fue parte de sus Etudes sur
l’Espagne: MOREL-FATIO, 1906 a y b. Más adelante vio la luz la publicación de
J. De Lamar (1964) en la que se dibujaba un completo perfil de las labores
diplomáticas desempeñadas por Mendoza, situándolo a la cabeza de los servicios
de inteligencia del Estado español bajo la monarquía de Felipe II. Un buen
resumen de las contribuciones apuntadas se encuentra en: HERRERA CASADO, 1989.
Más recientemente, su figura ha sido estudiada por: CABAÑAS AGRELA, 2001.
MENDOZA,
1592. Esta obra fue editada por vez primera en francés, en París, por Guillaume
Chaudiere en 1591 y, un año más tarde en español, en Madrid, por Pedro
Madrigal, edición de la que nos hemos servido en este estudio.
ÁLVAREZ DE
BAENA, 1790, vol. 2, pp. 109-111.
424 Preparado por Patricio Barros
El
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infantería
y siendo el encargado tras la contienda de “dar cuenta á su Magestad de la
vitoria”555355. Un año más tarde, en 1573, asistió al sitio de Alkmaer556 y, en
noviembre de ese mismo año, habiéndose embarcado con su compañía en un navio
para dirigirse al socorro de Middelburg y Ramua, sufrió un accidente al
disparar una pieza de artillería del que solo se salvaron aquellos que estaban
con don Francisco557. En 1582, se embarcó en Lisboa en la armada capitaneada
por el marqués de Santa Cruz hacia las Islas Terceras, donde el 26 de julio
tuvo lugar la famosa batalla naval que les enfrentó contra los franceses. Tres
años después regresó a Flandes, poniéndose al servicio del príncipe de Parma
—Alessandro Farnese— “en cuyas guerras pasó muchos trabajos, saliendo de
algunos casi milagrosamente” y en 1588 fue nombrado Maestre de Campo General
del Ejército y, en tal calidad, tomó parte en la armada que saliendo de Lisboa
luchó contra los ingleses558. De este modo, tras más de treinta años de
servicios al monarca español en diferentes guerras y contiendas, ya hacia los
últimos años del siglo XVI, al fallecer su hermano sin sucesión, don Francisco
heredó el título y los estados de Puñoenrostro y se establecería en la
península Ibérica, muriendo en Madrid en 1610.
Los bienes
que dejó el conde de Puñoenrostro a su muerte permiten conocer la relación que
este trabó con las ciencias y, más específicamente, con la geografía y la
cosmografía, aspecto que aquí
MENDOZA,
1592, Lib. VI, ff. 141v.-142r.
Ibíd., Lib.
X, ff. 217v.-218v.; ÁLVAREZ DE BAENA, 1790, vol. 2, pp. 109-110.
MENDOZA,
1592, Lib. XI, f. 225r.; ÁLVAREZ DE BAENA, 1790, vol. 2, p. 110, menciona este
mismo episodio.
Ibíd., p.
110.
425 Preparado por Patricio Barros
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interesa
reseñar”559. Estas cuestiones se encontraban presentes en dos ámbitos concretos
de su colección: la librería y las “pinturas” que decoraron su residencia. Los
volúmenes que reunió se guardaban en seis cajones distribuidos por áreas
temáticas. El primero correspondía a materias de “Gobierno” y contenía un total
de 31 libros. El segundo contenía “Historias”, con especial atención a la
historia militar y a las narraciones de sucesos bélicos, con un total de 47
volúmenes. En el tercer y quinto cajón se reunían los libros tocantes al “Arte
Militar”, ascendiendo el cómputo de esos volúmenes a unos 72. En el cuarto se
encontraban 28 libros de “Devoción” y, por último, se asentó un cajón que
aparece descrito genéricamente como “Otro caxon con unos papeles de legaxos de
fortificación”560. Con todo, de la clasificación de los títulos comentada
quedan patentes cuáles eran las materias que revistieron mayor interés para don
Francisco: el arte militar, en estrecha relación con su dilatada trayectoria y
sus numerosos servicios a la monarquía en las distintas contiendas que se han
referido.
Un análisis
general del perfil del IV conde de Puñoenrostro, así como de las materias que
conformaron su biblioteca, se encuentra en: DADSON, t998, pp. 155-164. Este
autor, en esa misma publicación, incluye un apéndice documental donde se
transcribe tamo el inventario de la librería como algunas de las pinturas que
pertenecieron al IV conde de Puñoenrostro. En el marco de este estudio,
interesa analizar la presencia de la cultura geográfica y de la cartografía en
su colección.
Ibíd., Inv.
IV-A, p. 356. Si bien cada cajón llevaba su propio tirulo indicando las
materias que contenía, como ha apuntado T. Dadson en su análisis de esta
cuestión, tal clasificación no resulta del todo fiable pues algunos volúmenes
aparecían “traspapelados” en los cajones correspondientes a otras áreas
temáticas: Ibíd., p. 162.
426 Preparado por Patricio Barros
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Figura 70.
Cristóbal de Rojas, Teórica y practica de fortificación, conforme las medidas y
defensas destos tiempos, repartida en tres partes (frontispicio), Madrid, 1598.
Además, al
escrutar pormenorizadamente la relación de títulos que conformaron su librería
se advierte una clara correlación con las materias y hombres de ciencia que
mencionaba Ginés de Rocamora en su pasaje relativo a la asistencia del conde de
Puñoenrostro a la
427 Preparado por Patricio Barros
El
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Academia de
Matemáticas, lo que vendría a confirmar su estrecha relación con esta
importante institución científica. Así, las materias sobre las que el doctor
Julián Firrufino leyó en la Academia (esto es, los cuatro primeros libros de
Euclides y la “sphera”) están presentes en la biblioteca del conde, en la que
se asientan dos volúmenes de Euclides en romance, uno de los cuales es
identificado por T. Dadson con la traducción al español de la obra euclidiana
publicada por Pedro Ambrosio de Ondériz561, así como una “Sphera” de Johannes
de Sacrobosco y numerosos tratados en el arte de navegar562. En cuanto a la
materia “de escuadrones” de la que Juan Ángel se encargaba de leer en la
Academia, además de las competencias prácticas en el arte militar que don Francisco
habría adquirido durante sus largos años de servicios en numerosas contiendas,
se añadía la teoría que sobre estas materias reunió, que cuenta con una nutrida
presencia en su librería563. A ello hay que
Ibíd., Inv.
IV-A, n.º 181, p. 357.
Ibíd., Inv.
IV-A, n.º 101, p. 350.
La relación
de obras en materia de arte militar que fue reuniendo don Francisco Arias en su
libreria es extensa. Señalaremos, a continuación, algunos de los títulos más
destacados que poseyó en esta disciplina cuya identificación, siguiendo a T.
Dadson (1998), parece inequívoca, ordenados aquí cronológicamente según su
fecha de publicación: DEL POZZO, P. (1544), Libro llamado batalla de dos,
co[n]puesto por el generoso Paris de puteo doctor en leyes: que trata de
batallas particulares de reyes, emperadores, príncipes, Sevilla, Domenico de
Robertis; GRACIÁN, D. (1566), De re militari, Barcelona, Claudio Bornat;
CENTORIO DEGLI HORTENSII, A. (1568), Discorsi di guerra, Venecia, G. Giolito;
THETI, C. (1569), Discorsi di fortificazioni, Roma, G. Accolto; CATANEO, G.
(1571), Dell’arte militar libri tre, Brescia, V. Sabbio; CATANEO, G. (1571),
Modo di formare le moderne battaglie, Brescia, G. E & P.M. De’ Marcheti;
FRONTINUS, S. J.
(1574),
Stratagemi militari, Venecia, B. Zaltiero; BRANCACCIO, L. (1582), Della vera
disciplina et arte militare, Venecia, V. Baldini; ROCCA, B. (1582), De’
discorsi di guerra, Venecia, D. Zenaro; ALAVA Y VIAMONT, D. (1590), El perfecto
capitán, Madrid, Pedro Madrigal; SALAZAR, D. de (1590), Tratado de re militari
[…] Roger Velpius; TRILLO, A. (1592), Historia de la Rebelión y guerras de
Flandes, Madrid, Guillermo Drouy; ISABA, M. (1594), Cuerpo enfermo de la
milicia española, Madrid, Guillermo Drouy; VALLE DE LA CERDA, L. (1599), Auisos
en materia de Estado y Guerra, para oprimir Rebeliones y hazer Pazes con
enemigos armados, o trufar con subditos rebeldes, Madrid, Pedro Madrigal;
LECHUGA, C. (1603), Discurso del Capitán Christoual Lechuga, en que trata del
cargo de Maestre de Campo General, y de todo lo que de derecho le toca en el
Exercito, Milán, Pandolfo Malatesta. Para una relación completa de los
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El
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añadir el
hecho de que, como comenta Álvarez de Baena, el propio conde habría teorizado
sobre esta cuestión en una obra titulada Del oficio de Maestre de Campo
General, que no llegaría a imprimirse. En cuanto a las lecciones que impartía
el capitán Cristóbal de Rojas en materia de fortificación en la Academia que,
como comentaba Rocamora, “se podrá conocer de su libro en esta materia”, el
conde hizo buena esa frase pues dicho ejemplar se encontraba asimismo en su
librería564; cosa que, por otro lado, no es de extrañar, pues según recoge C.
Pérez Pastor fue el propio conde de Puñoenrostro quien habría querido que se
publicasen impresas las lecciones de Rojas565 (Figura 70). Pero, además, en su
librería queda asimismo reflejado el interés por las obras publicadas no solo
por los profesores, sino también por otros insignes asistentes como es el caso
de don Bernardino de Mendoza, de quien poseía tres ejemplares de su Theorica y
practica de guerra (1595, reed. 1596). La tenencia de varios ejemplares de esta
obra (dos en español y uno en italiano) no debe extrañar ya que fue el propio
don Francisco Arias quien redactó la censura de la misma, en la que se
autodeclara como perito censor en la materia dada su dilatada experiencia de 32
años en el campo de batalla, así como por “auer leydo todo quanto con
diligencia he podido recoger de lo que esta escrito, antiguo, y moderno en esta
profession, y las historias que ponen las causas de auer perdido, y ganado los
que han tenido el mando, é Imperio de los exercitos, que es mejor arte militar,
títulos de
la librería junto con una propuesta identificativa de los mismos, véase: Ibíd.,
Inv. IV-A, pp. 342-356.
Ibíd., Inv.
IV-A, n.º 100, p. 350.
PÉREZ
PASTOR, 1891, p. 321.
429 Preparado por Patricio Barros
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teniendo
experiencia para entenderlos”566. Una declaración que hacía honor a la verdad
pues sus servicios en numerosos sucesos de guerra le avalarían como consumado
“práctico” en el arte militar, al tiempo que la nutrida presencia de volúmenes
sobre esta disciplina en su librería certificaría su condición de consumado
lector y, por tanto, conocedor de la teoría en esta materia567. En cuanto a la
segunda obra de don Bernardino de Mendoza que aquí se ha comentado, esto es,
sus Comentarios […], de lo sucedido en las Guerras de los Payses baxos (1592),
donde su autor proporcionaba algunas noticias sobre la intervención de don
Francisco Arias en tales sucesos, tal vez ese volumen pudiera identificarse con
un libro de “guerras de flandes en rromance”568.
Además de
estas cuestiones, interesa señalar algunas referencias explícitas a la
presencia de mapas y descripciones entre los volúmenes que pertenecieron a don
Francisco Arias. En este sentido, destaca “vn libro con mapas en lengua
francesa” o “vnas cartas de martin cortes en rromance que por otro n[ombr]e se
dize breue compendio por martin cortes” que T. Dadson identifica con el Breue
compendio de la sphera y de la arte de nauegar con nueuos instrumentos y reglas
(1551) o una “descriçion de yslas en ytaliano”. A estos mapas y descripciones
contenidos en los libros, habría que añadir otros mapas que se asentaron en su
inventario, fuera de los cajones en los que se guardaban los volúmenes de su
librería, como
MENDOZA,
1596.
Véanse
algunos de los volúmenes que reunió en materia de arte militar en la nota n.º
563.
DADSON,
1998, Inv. IV-A, n.º 40. Dadson identifica este libro como la Historia de la
Rebelión y guerras de Flandes de Antonio Trillo. Sin embargo, la descripción de
este ejemplar es tan sucinta que resulta difícil establecer una identificación
inequívoca, pues al calor de la misma, bien podría corresponderse con la obra
de Trillo como con la de Mendoza.
430 Preparado por Patricio Barros
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es el caso
de los “tres quadros de mapas” o “los çinco payses de ciudades”569. Estos
últimos registros del inventario postmortem del conde de Puñoenrostro permiten
introducir el otro espacio en el que las imago mundi estuvieron presentes en su
colección: los asientos correspondientes a las pinturas. Las imágenes que
poseyó el conde pertenecen fundamentalmente a dos géneros: una galería de
retratos y varias series de vistas de ciudades. En cuanto a la galería de
retratos, en primer lugar, se incluían efigies de monarcas españoles (el rey
don Fernando, Carlos V y Felipe II). Asimismo, estaban presentes los retratos
nobles y militares “modernos” como Andrea Doria, el Gran Capitán (don Gonzalo
Fernández de Córdoba), don Alonso de Avalos, don Fadrique de Toledo, el duque
de Alba, el duque de Parma (muchos de los cuales participaron en las campañas
militares de Flandes), así como nobles pertenecientes a la casa de su propio
linaje, representados por los retratos de don Pedro Arias Dávila o el propio
retrato de don Francisco. A estas efigies se añadían tres retratos de
pontífices (Calixto III, Gregorio XIII y Clemente VIII) y, por último, los de
insignes descubridores como Cristóbal Colón y Hernán Cortés. La descripción que
de estos retratos se efectúa en el inventario es sucinta, por lo que resulta
difícil determinar si existía una correspondencia, por ejemplo, en las
dimensiones de los cuadros y cuál era su disposición exacta. A pesar de ello,
los sujetos efigiados dan idea de una concepción en cuanto que serie, en cuya
configuración tal vez tuvieron algún peso las ideas de Paolo Giovio contenidas
en Gli elogi. Vite d’huomini
AHPM, Prot.
2638, f. 851v. y f. 854v., respectivamente.
431 Preparado por Patricio Barros
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illustri di
guerra (1554), obra de la que el conde de Puñoenrostro poseía un ejemplar en su
biblioteca’570.
Además, la
destacada presencia de nobles y militares en su galería de retratos debe ser
leída en estrecha relación con los contenidos de los volúmenes que se guardaban
en su librería. El componente autorreferencial, esto es, las alusiones a la
propia trayectoria vital del conde de Puñoenrostro, representados por los
libros de Bernardino de Mendoza o en los diversos volúmenes relativos a las
guerras de Flandes en las que participó, debe ser puesto en relación con la
presencia de su propio retrato en esta galería. Y además, es posible establecer
una clara correlación entre la mayoría de los militares retratados y los
títulos de la biblioteca. El retrato de Andrea Doria puede asociarse con la
Vita del Prencipe Andrea Doria (1569) de Lorenzo Capelloni que estaba en la
biblioteca; la efigie del Gran Capitán, con el Tratado de re militari, hecho a
manera de dialogo, que passo entre los illustrissimos Señores Don Gonzalo
Fernandez de Cordoua llamado Gran Capitan… y Don Pedro Manrique de Lara (1590);
el retrato del duque de Alba, con el volumen “yntitulado don sancho de londoño
a el duque de alba”; o el retrato de Alessandro Farnese, a las órdenes de quien
don Francisco Arias sirvió en Flandes, con el libro de Savorgnano
570 DADSON,
1998, Inv. IV-A, n.º 54, p. 346. T. Dadson identifica la entrada del inventario
correspondiente a “vida de ombres ylustres en ytaliano” con la obra de Paolo
Giovio titulada Gli elogi. Vite d’huomini illustri di guerra publicada en
Florencia en 1554. Esta no era la única obra que el conde de Puñoenrostro
poseía del humanista italiano. A ella hay que añadir La seconda Parte
dell’istorie del suo tempo, publicada en 1560 en Venecia (Ibíd., n.º 37) y una
entrada que reza “Otras ynpresas militares en ytaliano” que probablemente se
correspondería con el Dialogo dell’imprese militari et amorose (Venecia, 1557)
de ese mismo autor (Ibíd., n.º 159).
432 Preparado por Patricio Barros
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Raccolta di
diuerse compositioni sopra le uittorie acquistate in Fiandra dal serenissimo
Alessandro Farnese (1586).
A esta
galería de retratos se unirían dos numerosos conjuntos de vistas de ciudades.
El primero estaba compuesto por “ochenta y vn quadros de ciudades de flandes en
papel guarnecidas de madera color negro e dorado”571. Si bien breve, de esta
descripción queda claramente patente el carácter de conjunto o serie que
conformaban estos “quadros de ciudades de flandes”. Más allá de esta cuestión,
resulta difícil establecer una identificación inequívoca de estas vistas. A
pesar de ello, dado que en el periodo en el que nos movemos fue práctica
habitual disponer mapas en estampa como si de pinturas se tratase, no sería de
extrañar que ese conjunto de vistas respondiera a tales características y
funciones. En cuanto al segundo grupo, este estaba compuesto por “mas de
quarenta e vn quadros de ciudades de roma de papel e lienço”. De igual modo,
estos “quadros” debían conformar un conjunto más o menos homogéneo, si bien la
descripción que de ellos se ofrece resulta más ambigua que la anterior. El
hecho de que se refiera a su soporte como “de papel e lienço” parece dar a
entender que se trataría de imágenes realizadas sobre papel (quizá impresas) y
encoladas a un lienzo para dotarlas de mayor consistencia y colgarlas en las
paredes, práctica que solía ser habitual en la época, como se desprende de la
descripción de algunas entradas de inventarios coetáneos, como el del Alcázar
de 1636572. Aunque tampoco habría
Ibíd., Inv.
IV-B, n.º 1, p. 357.
Un buen
ejemplo de ello lo encontramos en las “Pieças angostas sobre la casa el
Panadero y coçinas de los ospedajes […]” donde según el inventario del Alcázar
de 1636 colgaban un buen
433 Preparado por Patricio Barros
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que
descartar que las imágenes de este conjunto combinaran ambos soportes. Por otra
parte, su definición en cuanto “ciudades de roma” resulta asimismo ambigua. Es
bien sabido que mapas de los principales monumentos de Roma como los que
comenzó a publicar Antoine Lafréry a partir de 1540 y que, a mediados de la
década de 1570, serían conocidos como Speculum Romanae Magnificentiae
constituyendo reuniones en cierto modo heteróclitas en función de las
preferencias de un determinado coleccionista, gozaron de amplia fortuna en la
época573. Este tipo de reuniones de mapas y vistas de Roma formaron parte de
las colecciones de algunos nobles y eruditos españoles, como el V duque de
Sessa o el propio Felipe IV, quien poseía un ejemplar en su biblioteca del
Alcázar574. En el caso de las imágenes de Roma que pertenecieron al conde de
Puñoenrostro, a pesar de que resulta imposible establecer una identificación
inequívoca de las mismas, su presencia debe ser leída en el contexto del
creciente gusto por las antigüedades y monumentos de la Ciudad Eterna que se
desarrolló durante la segunda mitad del siglo XVI. Por lo tanto, nos
encontramos nuevamente ante la conjunción de una galería de retratos y dos
series de vistas de ciudades. Aunque desconocemos su distribución topográfica,
entre las vistas de ciudades de Flandes y los retratos de personajes como el
duque de Alba, Alessandro Farnese o el propio
número de
mapas, entre los que destaca la serie conformada por 87 ejemplares “en papel
aforradas en lienço […] sacadas del libro de Abrahan Orselio, que se compraron
para esta pieça”: MARTINEZ LEIVA. RODRÍGUEZ REBOLLO, 2007, p. 79.
Para una
visión de conjunto de las vistas de la ciudad de Roma, véase: DE SETA, 2006 y
MAIER, 2015. Sobre la producción de imágenes urbanas de Antoinc Lafréry, véase:
STROFFOLINO, 1996.
CELLAURO,
2007; SANTIAGO PÁEZ, 1994, pp. 304-305.
434 Preparado por Patricio Barros
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conde de
Puñoenrostro, parece existir cierta relación semántica pues sus carreras
político-militares habrían transcurrido en buena medida en tales
localizaciones.
Con todo,
en los objetos de naturaleza cartográfica que reunió don Francisco Arias queda
perfectamente reflejada la combinación de intereses inherentes a la cartografía
de la época señalados por C. Koeman, consistentes en la conjunción de un
interés técnico y práctico y de un interés de carácter estético a los que
respondían los mapas575. Pero además, del análisis de las características de
los objetos reunidos por don Francisco Arias, se desprende la estrecha relación
existente con los intereses de facto del conde de Puñoenrostro y los que le
atribuía Ginés de Rocamora en su comentario relativo a sus conocimientos en
materia de cosmografía y a su activa participación en las actividades de la
Academia de Matemáticas. Así, las cuestiones abordadas, sin duda, parecen
validar la veracidad de las informaciones contenidas en el tratado de Rocamora
sobre este asunto. En este sentido, resulta sugerente pensar que podría haber
resultado igualmente verosímil la práctica de “virtuoso entretenimiento” que
Rocamora proponía al comienzo de su Sphera del Vniverso e imaginarnos al conde
de Puñoenrostro en su aposento, “si le diere gusto”, situando sobre algunos de
los mapas que poseía los “viajes marítimos de Indias y otras partes” o “las
alturas por donde vienen las flotas, y pasan las armadas, los rumbos que toman
y mares que atraviesan”, pues la conjunción de
KOEMAN,
1964, pp. 22-26.
435 Preparado por Patricio Barros
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la teoría y
práctica que en su persona confluían constituía el “alma y cuerpo” en materia
de esfera.
Otro de los
personajes vinculados a la Academia de Matemáticas en la década de 1590
mencionados por Rocamora va a permitir introducir y analizar otra serie de
aspectos relativos a los usos y funciones de la cartografía entre los nobles y
cortesanos españoles. Nos referimos a don Bernardino de Mendoza (ca.
1540-1604)576. Algunos datos e informaciones relativos a esta figura de primer
orden del tablero geopolítico de la segunda mitad del Quinientos, caracterizada
por su poliédrico perfil (militar, diplomático, escritor y espía), darán cuenta
de la diversidad de relaciones y usos que dieron a las imago mundi algunos
cortesanos y miembros de la nobleza que ocuparon importantes cargos
diplomáticos y militares.
Don
Bernardino de Mendoza nació alrededor de 1540 y perteneció a una rama
secundaria de los Mendoza, la de los condes de Coruña. Se graduó de bachiller
en Artes y Filosofía en 1556 en la Universidad de Alcalá de Henares. Debió
entrar al servicio de Felipe
en torno al
año 1560 como se desprende de las informaciones autobiográficas que proporciona
en sus Comentarios a las guerras de Flandes577, sirviendo en las expediciones
de Orán y del Peñón de Vélez y participando más tarde en la jornada de Malta
junto a donjuán de Austria. En 1567 se unió al duque de Alba para marchar sobre
los Países Bajos, donde permanecería hasta 1577 participando en diferentes
operaciones militares. El éxito obtenido
Para una
relación de los principales estudios sobre la figura de don Bernardino de
Mendoza, véase nota 552.
MOREL-FATIO,
1906a, pp. 20-23.
436 Preparado por Patricio Barros
El
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por don
Bernardino en distintas misiones fue premiado con diferentes galardones a lo
largo de su vida, como su ingreso en la Orden de Santiago en 1576. Tras su
retirada de los campos de batalla de los Países Bajos, dio comienzo una
destacada carrera diplomática, no exenta de sobresaltos y dificultades. Entre
1578 y 1584 don Bernardino fue embajador de España en la corte inglesa, donde
acabaría siendo declarado persona non grata al conocerse en aquella corte su
implicación en las acciones preparadas para dar un golpe de estado contra la
reina Isabel I. Posteriormente, entre 1585 y 1590, sirvió a Felipe II como su
embajador en Francia. Al final de su vida, ya totalmente ciego, se retiraría a
Madrid y sería en ese periodo cuando Rocamora lo situaría en la Academia de
Matemáticas.
Durante la
etapa de su embajada londinense, don Bernardino informaba puntualmente a Madrid
de todos aquellos movimientos y negocios que tenían lugar en la corte inglesa
que pudieran afectar a los intereses españoles. Su correspondencia, en su mayor
parte cifrada578, da cuenta de la confidencialidad y el secreto de los asuntos
que en ella se abordaban y, en ocasiones, se hacía necesario, “para dar á
entender” determinados negocios, acompañar las misivas de mapas y
descripciones. Este fue el caso de una carta cifrada, fechada en Londres a 15
de mayo de 1582, en la que don Bernardino informaba puntualmente a Felipe II de
las acciones y negociaciones emprendidas por los ingleses para garantizarse la
578 En su
correspondencia diplomática, que en muchas ocasiones debía atravesar
territorios enemigos hasta llegar a su destino (generalmente la corte de
Madrid), don Bernardino de Mendoza utilizó un amplio abanico de técnicas de
cifrado que han sido pormenorizadamente analizadas por: DE LAMAR, 1964,
especialmente pp. 231-239.
437 Preparado por Patricio Barros
El
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libre
navegación de las mercaderías por el río Volga hasta el mar Caspio, lo que les
era de “mucho fruto á causa de la cantidad de estaño y plomo que llevan
mercaderías que pagan los turcos casi á peso de oro por ser el estaño forzoso
para la fundición de la artillería y el plomo necesario para la guerra”579. En
esa misma misiva, don Bernardino comenta que para comprender en profundidad el
negocio que se traían entre manos los ingleses, le habían sido de gran utilidad
las pláticas que había mantenido con un barón alemán, estante en la corte
inglesa, quien poseía grandes conocimientos geográficos de las provincias que
atañían a tal asunto:
En este
negocio de que yo traia lengua, me ha asistido mucho para enterarme de todo
punto Gaspar Schonembey, que es el barón alemán que escribí á V[uestra]
M[ajestad], el cual estando de partida le sobrevino una indisposición que no le
dio lugar á ponerse en camino, y con esta ha habido ocasión para comunicarle yo
con estrecheza muy de ordinario, y él con el conocimiento que tiene de las
provincias septentrionales, por haber estado en ellas, tiene de aquí plática
con mercaderes que hay de aquellas partes, por cuyo respecto y tercesion mia ha
venido á descubrirle ayudando asimismo para ello el entender muy bien la
cosmografía y geografía de aquellas provincias y otras, y tanto, que por
hacerse capaz de todo ha hecho por sus manos la carta que con ésta envió á V.
M. en raso blanco,
MARQUÉS DE
LA FUENSANTA DEL VALLE, SANCHO RAYÓN, ZABÁLBURU, 1888, vol. 92, p. 383.
438 Preparado por Patricio Barros
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para dar á
entender el negocio de la disposición de las provincias y rios, puestos muy más
precisamente que en los mapas ordinarios, por haber algún yerro en ellas580
Las
palabras de don Bernardino reflejan la importancia de la cartografía (en este
caso, de carácter secreto) para comprender determinados asuntos de estado.
Además, dejaba patente las carencias e imprecisiones que presentaban los mapas
disponibles de algunas regiones más remotas, de modo que, para comprender la
geografía de aquellos territorios tuvo que recurrir a quien las debía conocer
de primera mano. Ese no fue el único conocimiento que debió reportarle a don
Bernardino su encuentro con el barón alemán. En esa misma carta, el embajador
español narra cómo Schonembey le había mostrado algunas invenciones relativas
al arte militar, que don Bernardino no duda en comunicar a Felipe II. Entre
tales artificios cabe destacar un modelo de fortificación transportable o un
cañón que al dispararse no reculaba581.
Ibíd., p.
385.
Ibíd., pp.
386-387.
439 Preparado por Patricio Barros
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Figura 71.
“Mapa de la ciudad de Jemmingen en el condado de Embden”, en Bernardino de
Mendoza, Comentarios de don Bernardino de Mendoça, de lo sucedido en las
Guerras de los Payses baxos, desde el año de 1567 basta el de 1577, Madrid,
1592.
De todo
ello se desprende que don Bernardino habría adquirido amplios conocimientos en
materia de geografía, cosmografía y arte militar, no solo sobre el campo de
batalla, sino también en el
440 Preparado por Patricio Barros
El
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transcurso
de las diferentes misiones diplomáticas que le fueron encomendadas. Todos esos
conocimientos se vieron reflejados en gran medida en las obras que escribió. En
lo que a la geografía respecta, el profundo conocimiento de la misma queda más
que patente en los primeros compases de sus Comentarios […], de lo sucedido en
las Guerras de los Payses baxos dedicados, precisamente, a la “Descripción de
los Payses Baxos”, incluyendo una pormenorizada descripción geográfica de
aquellas provincias “principales”, poniendo especial atención en los confines o
límites fronterizos de cada una de ellas582. Además, estas precisas
descripciones escritas se vieron complementadas por la inserción de cinco
delicados grabados, en uno de los cuales se representa un mapa de la ciudad de
Jemmingen junto al río Ems (figura 71), mientras que los cuatro restantes
recrean algunos ingenios de guerra como los ideados por Bartolomé Campi. Pero
en sus escritos, no solo quedarían reflejados sus conocimientos geográficos,
sino que, asimismo, describiría invenciones militares, algunas de las cuales,
como apuntó A. Morel-Fatio, presentaban notables similitudes con la
fortificación móvil o el cañón del que hablaba en su correspondencia, inventado
por el alemán Schonembey583
Por otra
parte, don Bernardino tuvo ocasión de mantener un estrecho contacto con la
cultura cartográfica de la época y, más específicamente, con la que fuera la
primera recopilación de mapas concebida como un “atlas” moderno, esto es, el
Theatrum Orbis
MENDOZA,
1592, ff. 1r.-9v.
MOREL-FATIO,
l906b, pp. 133-135. Este autor reproduce el fragmento completo contenido en la
Theorica y Practica de guerra, en el que don Bernardino describe tales
invenciones: MENDOZA, 1596, f. 64r.
441 Preparado por Patricio Barros
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Terrarum de
Abraham Ortelio584, durante los años en que ocupó el cargo de embajador en
Francia (1585-1590). De un análisis pormenorizado de la correspondencia que
Cristóbal Plantino (prototipógrafo de Felipe II e impresor de las sucesivas
ediciones del Theatrum orteliano a partir de 1579585) mantuvo con diversas
figuras de primer orden de la corte española pueden extraerse reiteradas
alusiones al embajador. En ellas, don Bernardino de Mendoza se perfila como
agente o intermediario en los sucesivos envíos de libros desde Amberes a España
durante aproximadamente el periodo completo de su embajada en París, siendo más
intensas tales referencias entre los años 1587 y 1588586. Como deja patente el
propio Plantino en una de sus misivas, fechada a 16 de diciembre de 1586 y
dirigida al secretario del rey, Garnier, “Ledit Sigr Çayas me repete tousjours
en ses lectres que je ne faille d’envoyer tousjours de tout ce que j’imprime
qualque exemplaire pour sa Majesté et que je le vous addresse ou a Monsigneur
Don Bernardino
Sobre los
orígenes de este atlas, su recepción y sucesivas ediciones, véase: KOEMAN,
1964.
Ibíd., p.
18.
DENUCÉ,
1918, vols. VIII & IX. Son numerosas las misivas contenidas en esta
publicación en las que se refiere a don Bernardino de Mendoza como
intermediario en París de los envíos realizados desde Amberes por Cristóbal
Plantino con destino a la corte de Madrid: n.º 1178. Carta de Plantino al
secretario Garnier, 16 de diciembre de 1586 (p. 100); n.º 1205. Carta de
Plantino a Bernardino de Mendoza, 1 de enero de 1587 (pp. 144-146); n.º 1208.
Carta de Plantino al secretario Garnier, 6 de febrero de 1587 (p. 151); n.º
1218. Carta de Plantino a Gabriel de Zayas, 6 de marzo de 1587 (pp. 164-165):
n.º 1243. Carra de Plantino a François Lucas, 12 de abril de 1587 (p. 203); n.º
1256. Carta de Plantino a Gabriel de Zayas, 15 de mayo de 1587 (p. 223); n.º
1321. Carta de Plantino a Gabriel de Zayas. 19 de noviembre de 1587 (pp.
321-322); n.º 1350. Carta de Plantino a Gabriel de Zayas, 18 de febrero de 1588
(pp. 361-362); n.º 1369. Carta de Plantino a Arias Montano, 24 de abril de 1588
(pp. 389-390); n.º 1370. Carta de Plantino a Gabriel de Zayas, 24 de abril de
1588 (p. 392); n.º 1378. Carta de Plantino a Bernardino de Mendoza, 1 de junio
de 1588 (pp. 401-402); n.º 1392. Carta de Plantino al secretario Garnier, 6 de
agosto de 1588 (pp. 419-420); n.º 1397. Carta de Plantino a Gabriel de Zayas,
27 de agosto de 1588 (pp. 425-426). Encontramos asimismo referencias al papel
ejercido por don Bernardino como intermediario en los envíos de libros de la
empresa plantiniana a Madrid en la correspondencia de Benito Arias Montano: DAVILA
PÉREZ, 2002, vol. 2, pp. 505, 555, 677 y 685.
442 Preparado por Patricio Barros
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de Mendoza
pour luy envoyer, ce que j’ay tousjours faict et continueray volontiers
[…]”587. De este modo, en los años sucesivos el procedimiento seguido
habitualmente por Plantino en el envío de libros desde Amberes hasta Madrid se
valdría como intermediario en París de don Bernardino de Mendoza. Así, el envío
a la corte madrileña de la edición en español del Theatrum Orbis Terrarum de
Ortelio publicada por Plantino en 1588 no sería una excepción a esta práctica
consuetudinaria y el embajador haría, una vez más, las veces de
intermediario588. El primero de junio de ese mismo año, el prototipógrafo manda
una misiva a don Bernardino para informarle puntualmente sobre el fin de la
impresión del Theatrum y su intención de enviarle un ejemplar del mismo:
J’ay aussi
nagueres achevé d’imprimer Theatrum orbis terrarium Ortelii que j’ay faict
traduire du Latín en Espagnol et l’ay dedié au Prince d’Espagne nostre
Seigneur, lequel livre je luy envoyerois volontiers mais pour sa grandeur je
crains de l’addresser a V. III.me Se sans premierement estre advertí si en cela
je luy serois poinet trop moleste, de quoy je la supplie me faire quant et
quant advertir par quelque de ses serviteurs et s’il est chose en quoy je lui
puisse faire quelque humble Service a quoy je
m’employeray
tousjours d’aussi bonne affection […]589
DENUCÉ,
1918, n.º 1178, p. 100.
Ibíd., n.º
1397. Carta de Plantino a Gabriel de Zayas, 27 de agosto de 1588, pp. 425-426.
Ibíd., n.º
1378. Carta de Plantino a don Bernardino de Mendoza, 1 de junio de 1588, pp.
401-402.
443 Preparado por Patricio Barros
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Parece que
a pesar de la prudencia del impresor, advirtiendo a su corresponsal del gran
tamaño del atlas que tenía intención de enviarle, ello no debió suponerle
molestia alguna a don Bernardino, pues a tenor de las informaciones contenidas
en la correspondencia de fecha posterior, el embajador debió aceptar de buen
grado el envío. Sin embargo, de las palabras de Plantino en esta carta no queda
muy claro si, como ocurría habitualmente, el destino final del ejemplar del
Theatrum que se propone enviar al embajador sería la corte española o, si bien,
se trataba de un presente para el propio don Bernardino. En relación con esta
cuestión, en una carta fechada algo más de dos meses después, el prototipógrafo
se dirige al secretario Garnier para enviarle un ejemplar del atlas orteliano
en español indicándole que, asimismo, ya había remitido otros ejemplares del
Theatrum hacia España a través de otras dos vías distintas: desde París, por
medio de don Bernardino de Mendoza y desde Orléans y Nantes, para asegurarse
plenamente de que el libro llegaba al rey y al príncipe. Pero además, en esa
misma carta, Plantino pregunta a Garnier si estaría interesado en que le
enviara para sí mismo un ejemplar del Theatrum en español e iluminado o, si por
el contrario, preferiría la edición del atlas en latín o en francés590. Ante
este tipo de estrategias desplegadas con cierta asiduidad por el impresor,
consistentes en obsequiar a sus corresponsales e intermediarios con los
ejemplares salidos de las prensas del “compás de oro” que mejor se adaptasen a
sus gustos,
Ibíd., n.º
1392. Carta de Plantino al secretario Garnier, 6 de agosto de 1588, pp.
419-420.
444 Preparado por Patricio Barros
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no sería
extraño que Plantino hubiera hecho lo propio con don Bernardino de Mendoza.
Fuera o no
un “obsequio” de Plantino, sabemos que el embajador español poseía un ejemplar
del Theatrum Orbis Terrarum gracias a la “Relación de las cosas que se traen de
francia para don Ber[nardi]no de mendoza del cons[ejo] de guerra de su
mag[esta]d q[ue] auiendolas decado [sic] en paris quando fue enbaxador en
Francia se le trae agora y en el puerto de Biluao se las detiene el Recaudador
de la Renta de los diezmos de la mar de Castilla”591. La información contenida
en este documento revela que, a pesar de que don Bernardino habría regresado a
España de su misión diplomática en Francia a comienzos de la década de 1590,
buena parte de sus bienes habrían permanecido en París hasta finales de 1600,
siendo retenidos en el puerto de Bilbao a comienzos del año siguiente y para
los que se concedió finalmente cédula de paso libre de derechos a los reinos de
Castilla el 19 de enero de 1601. Los bienes de don Bernardino viajaron
contenidos en un total de 14 cofres, los siete primeros destinados a contener
tapicerías592 y guardándose en el último de ellos “los papeles tocantes a la
haz[ien]da de la ynfanta dona maria y otras cosas de la Corona del d[ic]ho
Rey[n]o q[ue] se le entregaron como enbax[ad]or”593. El contenido de los
restantes seis cofres que configuraban la “casa
AGS, CCA,
CED, 364, ff. 308r.-309v.
Ibíd., f.
308r.: “Primeramte en siete fardos de Tapicería desde nuo 1. hasta no 7 — doZe
pieças de tapiçerias de flandes vieja de figuras de obra de çinco anas de
cayda/ siete pieças de tapicería Vieja de figuras de çinco anas de Cayda/ ocho
píceas de otra Tapicería de Boscaje gruessa de cinco anas de cayda/ siete
pieças de otra tapiçería pequeña de boscaxe muy gruesa/ Tres alonbras de
Turquea y vn Repostero biejo de paño açul”.
Ibíd., f.
309v.
445 Preparado por Patricio Barros
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movediza”
del embajador resultaba algo más heterogéneo, entremezclándose en ellos las
piezas de mobiliario (camas, escribanías, ropa, etc.) junto con pinturas,
libros y gran cantidad de legajos de papeles concernientes a sus misiones
diplomáticas. En el cofre número 11, junto con “vn libro salterio de dauid
doradas Las hojas”, “otro libro oras de n[uest]ra señora cubierto de Pergamino
y dorado” o “Vn Relox de Arena rronpido en Vna caxilla rredonda cubierta de
Raso Verde y labrada de ylo de oro y plata” se asentaba el atlas de Ortelio,
descrito como “Vn libro grande luminado de Colores orbis terrarum con Su funda
de Cuero colorado”594. Con toda probabilidad, ese ejemplar le habría sido
remitido por el propio Plantino durante el periodo en que don Bernardino fue
embajador en Francia. En relación con las imágenes, en el cofre número 10 se
asentaban varias pinturas de tema religioso595, mientras que en el noveno cofre
se incluiría junto a “Vn legaxo de papeles atado yntit[ula]do ençima el duqjue]
de Alúa”, un retrato de ese mismo duque596. Resulta significativo que la única
efigie que se menciona en la relación sea la del duque de Alba, a las órdenes
de quien don Bernardino sirvió en los Países Bajos y que junto a este retrato
se asentara un legajo de documentos relativos a don Fernando Álvarez
Ibíd., f.
308v.-309r.
Ibíd., f.
308v.: “En cofre n.º. X va: Vna cama Roja de damasco guarnecida Con pasamanos
de oro […]; Otra Cama de damasco açul guarneçida con pasamanos de oro y Seda y
franxas con sus cortinas cobertor y mancani]]as Rodapies y Cordones de seda
açul y amarilla; vn Retrato del santi[si]mo sacram[en]to de Seda y oro sobre
rraso colorado; otro del s[antisi]mo sacr[amen]to delo mismo sobre raso
colorado; otro Retrato de la Veronica tegido de oro y seda; otro Retrato de
n[uest]ro s[eñ]or y santo Thomas sobre Raso Colorado”.
Ibíd.: “en
cofre n.º 9 va: […] Vn Retrato del duq[uc] de Alba; Vna oja de Cuero negro a
poner papeles; Vn Legaxo de papeles arado yntit[ula]do encima el duq[ue] de
Alua; Vn libro biejo de papel de copias de Cartas en ytaliano y otro de papel
blanco sin screuir; Otro libro en ytaliano escripto de mano de la R[elaci]on de
Carlo quinto; Vn adcreço de Vn candil de Euano”.
446 Preparado por Patricio Barros
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de Toledo.
En cuanto a los libros, relaciones y documentos que pertenecieron al embajador,
estos se concentran en mayor medida en tres de los cofres. En el octavo, se
guardaba “Vn cofrecillo cubierto de Cuero Berde y dorado como escrip[tori]o y
dentro vn libro de la nauegacion” junto con dos breviarios grandes “dorados
cubiertos de Pergamino”597. En el duodécimo cofre, el gran número de libros y
papeles que en él se contenían, en su mayoría guardaban relación con temas
tocantes al periodo de su embajada en Inglaterra, especificándose que alguno de
ellos era cifrado598. Por último, en “vn lio a p[ar]te”, señalado con el número
13, se guardaban numerosos cuadernos de papeles y legajos, destacando entre
ellos algunos que contenían informaciones sobre la “corte romana”599. Así, a
pesar de lo escueto de sus asientos, la “relación” de los bienes que
conformaron la “casa” parisina de don Bernardino de Mendoza permite dibujar un
perfil bastante aproximado de los intereses del diplomático, entre los que,
evidentemente, se contaban
Ibíd., f.
308r.
Ibíd., f.
309r.: “en cofre n.º 12 va: […] vn legaxo de papeles de diuersas materias
atado; vn libro de papel Reglado; otro libro escripto de mano en yngles y
cifras; otro libro en yngles y Cantares; otro libro de gastos del biaje de
yngalaterra; otro libro en Ingles; otro libro de q[uen]tas y salario de
Criados; otro libro en yngles sCripto a la mano; otro libro en latín de las
paZes entre el Rey de España y el Reyn de Ingalaterra; otro libro en yngles de
Virgilio sCritpto a la mano; otro libro en español de molde; vn legaxo de
papeles de instituciones con vna tabla dellas; vn misal de Roma con Vna manilla
de Plata; vnas horas grandes del offio de nra Señora con dos manillas de plata;
vn par de estribos de plata con Sus fundas de Cuero colorado; vn Saquillo de
Canamaço con los yerros de Plata para adereço del freno y lo demás de Vn
cauallo vn par de espuelas de pIara; vn torillo de Laton dorado aguxerado; vn
Sello de palo Colorado y
Blanco Dos
Papeles de figuras”.
Ibíd., f.
309v.: “En Vn lio ap[ar]te N.º 13: Vn quaderno de papeles con vn ynbentario
dellos tocante a la liga entre el papa pío quinto y el Rey de España y
venecianos contra el turco; otro quaderno de papeles tocantes a los conchues
con vn ynbenrario dellos; otro Quaderno particular ynformaçion del estado de la
Corte Romana; vn legaxo de otros papeles memoriales y Cartas de pago de
diferentes personas; otros papeles curiosos y Cartas de diuersas materias;
otros papeles en otro legaxo; otros papeles entre dos tablas de Cuero; otro
Legaxo de otros papeles; otros legaxos de diuersas cartas memorias y otras
cosas de gasto y quadernos barones y libros en español”.
447 Preparado por Patricio Barros
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sus labores
políticas y militares, pero también la geografía y la navegación.
Con todo,
de las consideraciones esbozadas relativas a la relación que con la geografía y
los mapas mantuvo a lo largo de su vida un personaje tan polifacético como fue
don Bernardino de Mendoza, ha quedado patente, en primer lugar, el profundo
conocimiento que de esta disciplina poseyó el diplomático español. Pero además,
los distintos documentos y pasajes de la vida de esta figura de primer orden
revelan lo poliédrico de las relaciones y usos que de la geografía y de la
cartografía hicieron algunos nobles y caballeros que desempeñaron altos cargos
político-militares en la época: desde su conocimiento y utilización de una
cartografía “secreta” para informar al rey de importantes “negocios” para el
gobierno del estado, pasando por la utilización de mapas para ilustrar las
descripciones contenidas en obras autógrafas como sus Comentarios de las
guerras de Flandes e, incluso, como poseedor de lujosos atlas iluminados, como
el de Abraham Ortelio.
Por otra
parte, la “Relación de las cosas que se traen de francia para don Ber[nardi]no
de Mendoza” nos habla de la integración de los mapas como parte de las “casas
movedizas” de nobles y altos funcionarios españoles. El caso de don Bernardino
no fue aislado y este tipo de imago mundi formarían parte del “equipaje” que
portaban consigo algunas figuras que debieron trasladarse a otros lugares de
una monarquía policéntrica para servir al rey de España. Una revisión
pormenorizada de los “Libros de paso” así lo confirma. En fecha muy cercana a
la del regreso a la península Ibérica de los
448 Preparado por Patricio Barros
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bienes del
embajador español, se concedía cédula de paso para los bienes de don Diego de
Ibarra, del Consejo de Guerra, que regresaba a España tras haber servido en los
Estados de Flandes600. En los más de doce líos que contenían “el menaje y cosas
de su casa” se guardaban tapicerías, pinturas, mapas, mobiliario, ropa, armas y
una partida de ochenta libros repartidos en varias de esas cajas, cuyo título
no se especifica. Sin duda, el grupo de objetos más interesante era el de las
imágenes, tanto por su número como por sus características y asuntos. La mayor
parte de las pinturas eran retratos de personajes ilustres de la época
(monarcas y miembros de la Casa de Austria, nobles que sirvieron en fecha
cercana en Flandes y retratos de la propia familia de don Diego de Ibarra), a
los que acompañaban imágenes de asunto geográfico y cosmográfico: “Vna carta de
las diezysiete probinçias De flandes, dos lientos de la estacada de anberes;
ocho Lientos Grandes de diferentes ystorias; siete lienços de las Siete plantetas
al fresco otros Siete lienços de diferentes ystorias al fresco” o “vna tabla
redonda y dorada con la armas de don diego de hibarra de que se cuelga el
pabellón”601. Entre los sujetos efigiados en la serie de catorce retratos se
encontraban algunos miembros de la denominada “facción española” en la corte de
Bruselas, como don Luis de Velasco, partidarios de apoyar soluciones militares
para resolver los conflictos en aquellas regiones y de la que don Diego de
Ibarra habría formado parte602. En este sentido, entre los retratos se
AGS, CCA,
CED, 364, ff. 266v.-267v.
Ibíd., f.
266v.
DUERLOO,
2015, pp. 88-89, 200, 204.
449 Preparado por Patricio Barros
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contaban
asimismo las efigies de algunos miembros de la familia Ibarra (dos, de don
Francisco y uno, de don Carlos de Ibarra) quienes también sirvieron en
Flandes603. De este modo, la presencia de los retratos familiares, de monarcas
españoles y de destacados nobles que sirvieron en Flandes, junto al mapa de las
diecisiete provincias y la tabla con las armas de Diego de Ibarra no harían
sino insistir en la vinculación de su linaje a esos territorios septentrionales
de la monarquía.
Otras
“casas movedizas” contaban con bienes de características análogas: en 1597, el
colector de Su Santidad —Juan Bautista Orfino— abandonaba Castilla llevando
consigo “26 quadros de pinturas entre grandes y pequeñas”, dos relojes grandes
y dos pequeños o un mapamundi de Flandes604. Por su parte, donjuán de Tassis,
II conde de Villamediana, llevaba en 1605 para su servicio en Valladolid, diez
libros de ciudades del mundo y numerosos paños de tapicería, entre los que
destacan, por su asunto cosmográfico, los “ocho paños de los planetas”605. Un
año después llegaban al puerto de San Vicente de la Barquera los bienes traídos
por el propio
En sus
Comentarios sobre las guerras de Flandes, don Bernardino de Mendoza da noticia
de la participación en tales sucesos de Francisco de Ibarra, en calidad de
Proveedor General de ejércitos y armadas de los reinos de España: MENDOZA,
1592, Lib. I, f. 22v. Resulta difícil determinar si el Francisco de Ibarra que
menciona Mendoza en su obra se corresponde con alguno de los retratos que
poseía don Diego de Ibarra, pues como señaló A. Morel -Fatio (1878, pp.
315-327) existen varios personajes de idéntico nombre, quizá de la misma
familia, de los que aparecen referencias en la documentación de finales del
siglo XVI y comienzos del XVII. Entre esos personajes homónimos se encontraba
el autor del manuscrito en el que se relata la Guerra del Palatinado (1621), quien
se declaraba hijo de Diego de Ibarra y nieto de Francisco de Ibarra, el cual
habría servido en Italia y en los Países Bajos, obteniendo el cargo de miembro
del Consejo de Guerra.
AGS, CCA,
CED, 364, f. 67v.
AGS, CCA,
CED, 365, f. 300v.: “Memoria de la rropa y menages del conde de Villa Mediana
que Va a Vall[adol]id contenida en los fardos desde n.º 1. hasta 54”.
Desafortunadamente, el memorial donde se registraron los bienes que don Juan de
Tassis llevaba a Valladolid se conserva incompleto y solo conocemos el
contenido de los diez primeros cofres.
450 Preparado por Patricio Barros
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Villamediana
tras la celebración de la jornada de Inglaterra, en la que había tomado parte.
Junto a las numerosas piezas de plata, se registraron: “vn retrato”, “vna
imagen hechada a perder”, “vna Caxa larga de oja de lata con los retratos de
los Reyes y Prin[cip]es de Inglaterra”, “vnos mapas” y “dos Globos Zeleste y
Terrestre”, que constituían las únicas imágenes que formaban parte de los
bienes del conde606. Con todo, aunque dada su naturaleza las imago mundi no
fueran las más numerosas en el “equipaje” de la nobleza y caballeros de la
época, parece claro que estas formaron parte de sus “casas movedizas” en sus
distintos soportes y formatos: mapas, libros o atlas e, incluso, sobre tapices
de tema cosmográfico607.
Pero además
de integrarse como parte del equipaje que llevaron consigo nobles y caballeros,
los usos, funciones y espacios que ocupó la cartografía en los palacios y casas
de los monarcas españoles durante el periodo aquí estudiado fueron tenidos en
cuenta por algunos nobles y caballeros a la hora de alhajar sus palacios en la
corte. Con anterioridad, se ha hecho referencia a la figura que, sin duda, a
comienzos del Seiscientos desplegaría una
AGS, CCA,
CED, 365, ff. 438v.-439r.
A los
ejemplos señalados pueden añadirse otros muchos, como el de don Duarte de
Braganza, marqués de Frechilla, de quien F. Bouza ha señalado —entre otras
cuestiones— su afición a las materias geográficas y cosmográficas. La vida del
marqués de Frechilla transcurrió entre sus casas de Évora, Oropesa y Madrid.
Don Duarte habría reunido numerosas pinturas, entre las que se cuentan las
series de retratos familiares y de las distintas dinastías portuguesas,
retablos y láminas de devoción, series de lienzos como los cuatro dedicados al
tema de la creación del mundo y, más directamente relacionados con la
geografía, una serie de cuatro mapas de los cuatro continentes, un mapa de
Aragón identificado como el levantado por Juan Bautista Laranha o el de la
villa de Madrid, que se ha relacionado con el ejecutado por Antonio Mancelli
junto con globos y esferas. Por otra parte, F. Bouza recoge cómo entre los
bienes de su “casa movediza” durante la jornada de Oropesa a Vila Viçosa de don
Duarte en 1599, el noble habría llevado consigo algunas “cosas trashordinarias”
entre las que figuraban armas o “diez mapas grandes y pequeños” que pondrían de
manifiesto el gusto de este caballero por las armas y la esfera: BOUZA, 2003.
451 Preparado por Patricio Barros
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amplia
variedad de estrategias con el fin de emular y asimilar su persona a la figura
del monarca: el duque de Lerma. Don Francisco de Sandoval y Rojas llegó a
reunir una importantísima colección artística desplegada en la red de palacios
que poseyó en Valladolid, La Ventosilla y Madrid. Los sucesivos inventarios
ducales donde se recoge el alhajamiento de los distintos palacios y casas que
pertenecieron al valido han permitido reconstruir en buena medida cuáles fueron
las características y la evolución de su colección608. En relación con los
mapas, si tenemos en cuenta las consideraciones relativas al “gusto
cartográfico” promovido por los monarcas españoles a caballo entre los siglos
XVI y XVII, no parece extraño que ya en el momento de gestación de la colección
del duque de Lerma (aproximadamente entre 1599 y 1606), aparezcan en ella
registradas series de imago mundi609. En 1603, los hermanos Carducho elaboraron
la “Memoria y Tassation de las ymagenes Pinturas y Retratos q[ue] tiene Tiene
el duque mi s[eño]r”610, donde asentaron una partida de “Treinta y dos mapas
con marcos dorados” valorados en diez reales cada uno junto a una nutrida
galería de retratos de reyes y nobles611. A pesar de que no se trata
No
obstante, como ha señalado S. Scbroth (1990), quien ha estudiado dicha
documentación, a pesar de su importancia, estos inventarios tan solo permiten
acercarnos de una manera fragmentaria a la colección pues nunca recogieron el
estado de la misma en toda su dimensión en un momento determinado. Más
recientemente, el papel ejercido por don Francisco Sandoval y Rojas como
promotor de las artes ha sido analizado por: SCHROTH, 2008; WILLIAMS, 2011.
Un análisis
sobre el periodo de formación de la colección de don Francisco de Sandoval se
encuentra en: SCHROTH, 1990, pp. 22-60.
Esta
“Memoria y Tassaçion” aparece transcrita y anotada en: Ibíd., pp. 116-187.
Ibíd., pp.
184-186: “n.º 412. Un Retrato del duque de medinaçeli el viejo de diez pies de
alto y seis de ancho con moldura dorada en sesenta ds.o; n.º 413. Un Retrato de
don yñigo Lopez de mendoça de çinco pies en quadrado con marco dorado y una
cortina de tafetán carmesí en v[ein]te d[ucado]s; n.º 414-422. diez quadros
flamencos con marcos a v[ein]te d[ucad]o; n.º 424-425, dos Retratos del Rey y
Reyna n[uest]ros s[eño]res con marcos dorados en treçientos Reales de m[edi]a
bara; n.º 426-427. otros dos del duque mi s[eño]r y el arçovispo de Toledo como
los
452 Preparado por Patricio Barros
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de un
inventario topográfico, parece significativo que junto a los retratos se
asentaran los mapas. Una interrelación que parece verse confirmada en otros
inventarios posteriores de las colecciones del duque de Lerma, como sucede en
la “Relazion de la forma en que queda la cassa” donde se registraban las
pinturas que colgaban en los apartamentos ducales de Valladolid en 1606612. En
concreto, en la “Galería prim[er]a en subiendo el patinillo”, junto a un
“quadro de la Toma de Antequera” del que se indica que se estaba acabando,
colgaban “seis quadros Redondos con marcos dorados de los doçe meses”, “dos
quadros de los Retratos de los Reyes pequeños”, “otros dos del duq[ue] mi
s[eño]r y mi s[eñor]a la condesa de Lerma su madre”, “dos Países flamencos
largos con marcos dorados y negros”, “un Retrato grande del papa clemente
octavo” y, por último “diez quadros de mapas con marcos dorados”613. La escueta
descripción de esta decena de mapas impide determinar qué regiones o
territorios aparecían representados en ellos. Sin embargo, lo que sí parece
claro es, en primer lugar, los valores pictóricos que en la época se asignaron
a la cartografía refiriéndose a los mismos como “quadros de mapas”. En segundo
lugar, la práctica de disponer mapas y, en ocasiones, vistas de ciudades junto
con series de retratos. Por otra parte, al final de esa misma “Relazion” se
incluyen
de arriba
en veinte d[ucado]s; n.º 428. Un retrato del ynfanta y archiduque todo en un
quadro con su moldura dorada en cinq[uen]ta R[eale]s; n.º 429-460. Treinta y
dos mapas con marcos dorados a diez R[eale]s […]”.
612 La
“Relazion de la forma en que queda la cassa” es identificada por S. Schroth
como el inventario de los bienes que se encontraban en los apartamentos ducales
en el Palacio Real de Valladolid en el año 1606. Sobre la justificación de
dicha identificación del documento, véase: Ibíd., p. 199, nota 1. S. Scbroth
ofrece una transcripción anotada de dicho icivenrario en: Ibíd.,
199-225. El
documento original se conserva en el Archivo de los Duques de Lerma, Toledo,
Leg. 53, exp. 8.
613 Ibíd.,
pp. 199-201.
453 Preparado por Patricio Barros
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una serie
de “Pinturas por poner” entre las que se encuentran otros “veinte y dos
mapas”614.
Figura 72.
Vicente Carducho, La Toma de Antequera, primer tercio siglo XVII, óleo sobre
lienzo, 141 × 407 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado (P03381).
S. Schroth
ha destacado el dinamismo y la movilidad de las pinturas que decoraron las
diferentes residencias del valido de Felipe III. En este sentido, puede que más
tarde algunas de estas imago mundi acabaran formando parte de la decoración de
La Ribera, la casa de recreación que el duque de Lerma vendió en 1606
Ibíd., p.
222. En lo que respecta específicamente a los mapas, esta autora ha señalado la
correspondencia entre los 32 mapas que se asientan en la “Memoria y Tassaçion”
realizada por los Carducho en 1603 y los 10 mapas que, en 1606, colgaban en la
“Galería prim[er]a en subiendo el patinillo” y los restantes 22 mapas que
figuraban entre las pinturas pendientes de colgar. En cícero, el cómputo total
de estos dos últimos grupos asciende a los 32 mapas registrados en el
inventario de 1603. A ello, esta autora añade que parte de este grupo de 32
imágenes podría haber pasado a decorar la casa de La Ribera, pues en el
inventario que de esa villa del duque se efectuó en junio de 1607 se
registraban “diez y siete mapas guarneçidos y luminados de Antonio moro”. Sin desdecir
completamente esta posibilidad, dado lo escueto de la referencia a los mapas
registrados en sendos inventarios de 1603 y 1606, parecería algo aventurado
establecer dicha identificación. A estas reservas hay que añadir que esa
“serie” de mapas no fueron los únicos que se anotaron en el inventario de La
Ribera, por lo que cabria la posibilidad de que no se tratase exactamente de
los mismos.
454 Preparado por Patricio Barros
El
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al rey
Felipe III615 La presencia de este tipo de imágenes en La Ribera se concentró
principalmente en dos de los aposentos. En primer lugar, en el “Tercero
Aposento”, que se decoró con una gran cantidad de retratos, algunos de los
cuales formaban series como es el caso de las cuarenta cabezas de emperadores
realizadas por Vicente Carducho, las ocho cabezas de mujeres ilustres o los
“quarenta y quatro rretratos” de diferentes personajes”616. A estas series se
unían los siguientes retratos: el “Rey don ffelipe segundo offreçiendo su hijo
a un ángel”, el duque de Medinaceli que formaba pendant con el de la condesa de
Lemos, el conde de Ampudia y el del mismo duque de Lerma de cuerpo entero y
armado. Los cuadros que representaban victorias militares protagonizadas por
los antepasados de Lerma estaban asimismo presentes: la anteriormente
mencionada “Toma de Antequera por Diego Gómez de Sandoval” (figura 72) y “vna
uictoria que tubo diego Gómez contra El Conde de Urgel en Valencia”; unas
pinturas cuyos asuntos, sin duda, deben ser leídos en relación con los
profundos intereses en torno a la historia de su propia estirpe de los que hizo
gala el valido durante su vida y que se concretarían en imágenes como las
referidas o en el encargo de “historias” destinadas a ensalzar los servicios a
la monarquía prestados por los Sandovales617. Este
SCHROTH,
1990, pp. 47-51; FEROS, 2002, p. 172, notas 69 y 70; PÉREZ GIL, 2002.
FLORIT,
1906, p. 156.
WILLIAMS,
2011, pp. 27-30 y nota 6. Según este autor, el duque de Lerma encargó a fray
Prudencio de Sandoval (pariente suyo) una historia de Alfonso VII y otra de
Carlos V con la finalidad de exaltar los servicios prestados por sus
antepasados a la corona. Sendas historias serian finalmente publicadas a
comienzos del siglo XVII bajo los siguientes títulos: SANDOVAL, P. de (1600),
Chrónica del inclito emperador de España don Alonso VII, Madrid, Luis Sánchez;
y SANDOVAL, P. de (1604-1606), Vida y hechos del emperador Carlos Quinto, 2
vols., Valladolid,
455 Preparado por Patricio Barros
El
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conjunto se
completaba con la cartografía: diez y siete mapas iluminados que en el
inventario se atribuyen al pintor Antonio Moro, más conocido por sus
actividades como retratista cortesano; “vna Pintura de la playa de Benegia, de
tres baras y media de largo y dos de alto; es original de Leandro Bagan”; diez
y siete estampas guarnecidas, cuyo asunto no se especifica; y, por último, tres
lienzos de los cuatro tiempos del año y cinco lienzos de los meses. Así,
nuevamente nos encontramos ante un alhajamiento en el que se conjugaban varias
series (en este caso algo heterogéneas) de retratos, las imágenes de victorias
militares de los Sandovales (destinadas a la exaltación del linaje), que debían
ser leídas en estrecha relación con algunos retratos como el del propio duque
de Lerma, y, finalmente, las imago mundi de las que, nuevamente, carecemos de
indicaciones sobre el territorio que cartografiaban.
S. de
Cañas. La primera obra fue dedicada al propio don Francisco de Sandoval,
mientras que la segunda lo fue al rey Felipe III.
456 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 73.
Taller de Jacopo Fiamengo, Stipo napolitano con vistas de ciudades, 1619-1620,
ébano con placas de marfil inciso. Milán, Museo Poldi Pezzoli (inv. n.º d.t.
731 a-b).
En otro
aposento de La Ribera encontramos asimismo la presencia de la cartografía618.
En él colgaban siete lienzos de “traxes y
FLORIT,
1906, p. 158.
457 Preparado por Patricio Barros
El
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ffaçiones
de turcos”, bodegones, un lienzo de los cuatro tiempos, pinturas de asunto
mitológico, unos “fuegos” de El Bosco, mobiliario, numerosas estampas y obras
sobre papel cuyo asunto no se indica y probablemente también el papel fuera el
soporte de “Un Mapa de media Bara de Alto de Veneçia”. Junto a estas estampas y
mapa, se asentó un suntuoso bufete de ébano cuya estructura hacía las veces de
soporte de una serie de “mapas de ciudades famosas del mundo en marfil y en
medio Vna mapa grande”619. Las características de este tipo de piezas de
mobiliario nos hablan de la multiplicidad de soportes y objetos susceptibles de
albergar imágenes de naturaleza cartográfica. Aunque resulte imposible
identificar este bufete con algún ejemplar conservado, lo cierto es que los
rasgos formales del mismo parecen guardar gran relación con las suntuosas
piezas de mobiliario producidas en Nápoles por esas mismas fechas y sobre cuya
estructura de ébano se insertaban placas de marfil delicadamente trabajadas en
las que se representaban vistas de ciudades y mapas, como sucede en una pareja
de stipi conservados en el Museo Poldi-Pezzoli de Milán (figura 73). Sobre los
pequeños cajones de la parte frontal de uno de estos stipi se insertan placas
de marfil con vistas de las principales ciudades europeas y de la ciudad de
México (figura 73a)620.
Ibíd., p.
159.
Esta pareja
de stipi conservados en el Musco Poldi-Pezzoli de Milán se atribuyen al taller
de Jacopo Flamengo y están fechados alrededor de 1619-1620. En uno de ellos
[figs. 73 y 73a], en las placas de marfil insertas en su superficie se
despliega el siguiente programa iconográfico: sobre la parte superior del
mueble se representa un gran mapa de Nápoles, mientras que los pequeños cajones
se decoran con vistas de las principales ciudades europeas (Venecia, Nápoles,
Milán, París, Roma, Toledo, Sevilla, Amberes) y de la ciudad de México. En la
placa central de marfil de la parte frontal encontramos la representación de la
batalla de Lepanto (1571)
458 Preparado por Patricio Barros
El
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Figura 73a.
Vista de la ciudad de Milán (detalle), placa de marfil
situada
sobre uno de los cajones frontales de un stipo napolitano con vistas de
ciudades, 1619-1620, ébano con placas de marfil inciso. Milán, Museo Poldi
Pezzoli (inv. n.º d.t. 731 a-b)
De este
modo, queda patente cómo estos mapas y descripciones fueron susceptibles de
presentarse sobre multiplicidad de soportes: estampas impresas, pinturas,
tapices e, incluso, sobre piezas de mobiliario. Además, como sucedía en las
Casas del Rey, estas imágenes se insertaron no solo como parte del alhajamiento
de los
presidida
por el retrato de don Juan de Austria, comandante de la victoriosa flota
cristiana.
Sobre este
tipo de mobiliario, véase: GONZÁLEZ-PALACIOS, 1978; AGUILÓ ALONSO, 1992.
459 Preparado por Patricio Barros
El
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palacios
urbanos de la nobleza, sino también en villas “suburbanas”, como ocurre en el
caso de la casa de recreación del duque de Lerma. A este respecto, resultan
interesantes las indicaciones que Vicente Carducho proporciona sobre las
decoraciones apropiadas para alhajar tales villas suburbanas. Sin duda, el
pintor de origen florentino tuvo un conocimiento de primera mano tanto de las
colecciones reales, como de las casas y palacios del duque de Lerma y, más
específicamente, de la huerta de La Ribera. Más allá de que algunas de las
obras que colgaban de las paredes de esa villa suburbana se atribuyan a sus
pinceles en el citado inventario de 1607 (lo que no necesariamente implicaría
que el pintor hubiera tenido acceso a La Ribera), sabemos que Carducho debió
conocer perfectamente ese lugar. Entre las libranzas de pago de 1607 de los
gastos que se hicieron en la casa y jardines de La Ribera, se registran varios
pagos a los hermanos Carducho621. En el caso de Vicente se da cuenta del pago
“por que pinto de color de Uerde montaña La mitad de la galería q[ue] Cae al
Rio con Su çelojias y armaduras y todos los reparos que fueron nezess[ari]os y
AGS, DGT,
124, Leg. 1288, s. f. “= Lo librado y pagado a m[aest]ros y offi[cia]es de
fabricas por obras de tasas[aci]on y destajo con otros gastos, hecho en la
d[ic]ha caSa Jardines y Riu[er]a = […]Lo q Bar[tolo]me Carducho Pintor huuo de
hauer y se le pago por lo q[ue] pinto En la d[ic]ha caSSa y Riucra a toda costa
d el Viiio U c c e m[a]r[avedi]s En q[ue] Entraron III U de R[eal]es de la
pintura de Dos lienzos de prespectiua para los estremos de la galeria de la dha
caSa pintado al olio En El Lienzo q[ue] p[ar]a Ello se le dio, Y nueue musas y
apolo que están al natural En la Scalera Prinçipal della y e III cauezas de
mugeres Romanas y poetas, y otras cosas”. Con toda probabilidad, las pinturas
de las “nueue musas y apolo que están al natural En la Scalera Prinçicipal” se
correspondan con el asiento del inventario de 1607 en el que se registran “Mas
del mismo tamaño, en nueue lienços, ocho mussas y Vn apolo, sin guarniçion,
Hordinario” situados en la “Segunda Escalera” (FLORIT, 1906, p. 157). Por su parre,
los lienzos de “perspectiva” aparecen asimismo registrados en el inventario de
La Ribera de 1607: “Mas dos Prespetiuas que están en la galería orillas del río
de ocho baras de largo y quatro de alto” ( Ibíd., p. 159). En cuanto a las “III
cauezas de mugeres Romanas y poetas, y otras cosas” que figuran en la libranza
de pago a Bartolomé Carducho, resulta menos evidente su correspondencia
inequívoca con alguno de los asientos de inventario de 1607.
460 Preparado por Patricio Barros
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antepechos
y todos los parrales corredores de la caSa puertas y bentanas y Rejas puertas
del Jardín y LVI bancos y destos y lo demas q[ue] se le ordeno”622. A tenor de
los trabajos realizados por Vicente registrados en esta libranza de pago, el
pintor habría recorrido hasta los últimos rincones de La Ribera para “darlos de
Uerde montaña” o para realizar todo tipo de reparos. Más de dos décadas después
de su intervención en la huerta del duque de Lerma, el mismo pintor comentaba
lo siguiente en relación con el aparato decorativo de este tipo de villas
suburbanas:
Si fuere
Casa de campo de recreación, serán mui a proposito pintar cazas, bolaterias,
pescas, países, frutas, animales diversos, trages de las naciones diferentes,
Ciudades y Provincias; y si fuere compuesto todo debaxo de alguna ingeniosa
fabula, o metáfora que de gusto al sentido, y doctrina al curioso, con alguna
Filosofía natural, será de mayor alabanza y estimación: y en todo se debe
guardar cierto decoro prudencial, no igualando el sugeto del hombre particular
con el del Señor, ni el del Señor con el del grande Principe, ni el del
Principe con la soberanía del Rei, ó Monarca623.
Tras
expresar este parecer, Carducho señala como “exemplo desta dotrina” lo que
Felipe III habría ordenado pintar durante la
Ibíd.
CARDUCHO,
1979, p. 330. En sus anotaciones a los Diálogos de la Pintura, Calvo Serraller
apunta que en este pasaje Carducho se hace eco de las modalidades de
representación iconográfica propuestas por otros tratadistas aquí referidos
como Armenini: Ibíd., p. 330, nota
461 Preparado por Patricio Barros
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reconstrucción
de la Casa de El Pardo, a cuyo programa decorativo aquí se ha referido con
anterioridad y en la que asimismo este pintor tuvo una activa participación y,
por tanto, un conocimiento de primera mano. Pero además, la “doctrina” expuesta
por el pequeño de los Carducho parece guardar una correspondencia más que
notable con la decoración de la huerta de La Ribera referida.
Ideas de
naturaleza similar parecen subyacer en la decoración desplegada en lugares de
recreación por otros miembros de la nobleza cortesana en fecha cercana, como
sucede en el caso de la fortaleza de Batres del conde de los Arcos, cuyo perfil
como coleccionista ha sido principalmente analizado en su relación con El
Greco624. Sin embargo, el programa decorativo que dispuso en su casa y
fortaleza de Batres, en cuyas salas colgaban una importante cantidad de mapas,
vistas de ciudades o asedios, junto con retratos y pinturas de otros géneros
señalados por Carducho en el pasaje anteriormente citado, va a ser la cuestión
en la que nos vamos a centrar en las líneas que siguen.
Don Pedro
Lasso de la Vega (1559-1637), conde de los Arcos, perteneció a una de las
familias nobiliarias más importantes de Toledo, entre cuyos miembros se contaba
el famoso poeta Garcilaso de la Vega. En sus primeros años, fue educado en
Madrid,
Una
aproximación biográfica junto con el análisis del perfil coleccionista del
conde de los Arcos (con especial atención a su relación con El Greco) se
encuentra en: CAVIRO, 1985 y, posteriormente, en KAGAN, 1992. Este último
articulo incluye un apéndice con una relación (no una transcripción íntegra) de
las pinturas de la colección. Ambos autores (primero Caviro y después Kagan) se
han servido del inventario de las pinturas conservado en el Instituto Valencia
de Don Juan (Madrid), Documentos sueltos No. 26-V-18. Por nuestra parte, en el
presente trabajo se ha consultado la documentación inventarial conservada en el
AHPM, Prot.
6175, ff.
1177r. y ss.: “Partizion y Dibision de los bienes que quedaron por m[uer]te de
la s[eñr]a Condesa de los arcos — s[eño]r Conde de Añobc su hixo […]”. El
inventario de bienes se inicia en el mes de julio de 1633, Ibíd., ff. 1192r. y
ss.
462 Preparado por Patricio Barros
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manteniendo
un estrecho vínculo con Toledo, si bien sus actividades en la ciudad del Tajo
son poco conocidas625. En el marco de este estudio, interesa señalar algunos de
los cargos que desempeñó en la corte madrileña lo que, sin duda, le
proporcionaría un perfecto conocimiento de las colecciones reales del Alcázar
así como un estrecho contacto con figuras de primer orden del escenario
cortesano, no solo nacional, sino también internacional. En 1612, don Pedro
Lasso de la Vega fue nombrado mayordomo del príncipe Felipe y, una vez que este
accedió al trono, ya como Felipe IV, continuaría desempeñando tan elevada
ocupación626. Su cargo de mayordomo mayor le permitía “mandar […] lo que
conuiene, sin difere[n]cia ninguna, al seruicio de su Rey; todo passa por su
mano y por su acuerdo […]”627. Estaban bajo sus órdenes los demás mayordomos y
otros muchos oficios de la Casa del Rey y, además, presidía la Junta del Bureo
y tenía la llave dorada de la Cámara del Rey, pudiendo acceder hasta donde le
era permitido628. Además, el conde de los Arcos, como mayordomo mayor, hubo de
asistir en el desempeño de sus tareas palaciegas a aquellos importantes
embajadores y príncipes que visitaban la corte española. De este modo, durante
la mencionada estancia del cardenal Barberini en 1626 en Madrid, Cassiano dal
Pozzo se encargó de recoger con meticulosa puntualidad en su diario del viaje
el papel ejercido por don Pedro Lasso “que siempre asiste” a la legación del
cardenal
KAGAN,
1992, pp. 152-153.
Ibíd., p.
153.
GONZÁLEZ
DÁVILA, 1623, p. 313.
Ibíd., pp.
313-314.
463 Preparado por Patricio Barros
El
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nepote629.
Como se ha comentado, la legación fue alojada en las dependencias de la Casa
del Tesoro, en algunas de cuyas paredes y pasadizos se dispusieron mapas y
“cosas de cosmografía”. En su diario, el secretario del cardenal Barberini da
cuenta en múltiples ocasiones del acompañamiento que les hizo el conde de los
Arcos por aquellos corredores de la Casa del Tesoro. El 27 de mayo de 1626, Dal
Pozzo anota en su diario:
Por el día
estuvo el conde de los Arcos, que trajo el acuerdo de la visita [que habría de
hacer] Su Señoría Ilustrísima a Su Majestad y a la reina, que en un principio
se había acordado fuera en carroza, a efecto de lo cual había mandado traer un
coche, e incluso una carroza nueva que se hizo fabricar para esa ocasión para
el servicio del señor Cardenal, de terciopelo verde con hierros y filamentos
todos dorados, y [con la que] dijo [Arcos] que se debía de salir a través del
corredor que llaman passadizzo. A él se accedía por el entresuelo [que se
encontraba en el piso donde se alojaba] el señor Cardenal, o sea a través de su
propia escalera, y además de otras cosas de cosmografía, [en él] se hallaban,
antes de entrar en este corredor, en su estancia, los retratos del rey Jacobo
VI de Inglaterra, de la
Las
referencias a la actuación y asistencia a la Legación del cardenal Barberini
por parte del conde de los Arcos en calidad de mayordomo mayor son cuantiosas
en El diario del viaje a España del cardenal Francesco Barberini redactado por
Cassiano dal Pozzo. En el se refiere al papel ejercido por Pedro Lasso de la
Vega a la llegada de la legación y a su acomodamiento en la Casa del Tesoro o
al acompañamiento en numerosas ocasiones y celebraciones que tuvieron lugar en
la corte: durante la visita al cardenal Infante, a la infanta Margarita en el
convento de las Descalzas Reales, su asistencia a la Plaza Mayor de Madrid para
presenciar una corrida de toros el día 25 de junio de 1626, etc. Estas y otras
menciones al mayordomo mayor se encuentran en: ANSELMI, 2004, pp. 92-93, 100,
106, 110-111, 114-116, 124, 196-197, 205, 238, 251-252, 272.
464 Preparado por Patricio Barros
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reina su
mujer, de sus hijos, y de la hija casada en el Palatinado. En este corredor
había un gran número de retratos de la casa de Austria y del rey de Portugal, y
[todos ellos] se encontraban en el corredor ancho ya que en el estrecho no
había más que una descripción de países bajo autoridad de Su Majestad. […]630.
Según esta
descripción que proporciona Cassiano de los corredores por los que la legación,
siempre acompañada por el conde de los Arcos, tantas veces transitaría durante
su estancia en Madrid, queda claro que su mayordomo mayor estaría plenamente
familiarizado con aquellas decoraciones de “cosas de cosmografía” y las
descripciones de países que se hallaban bajo la autoridad de los monarcas
representados en las efigies. Aunque resulta imposible ponderar en qué medida
este tipo de aparatos decorativos contribuirían a forjar los gustos pictóricos
del conde de los Arcos, lo cierto es que la presencia de la cosmografía en
conjunción con la retratística se hallaría presente en su residencia de Madrid
pero, sobre todo, en la referida fortaleza de Batres.
El
inventario de los bienes que ordena redactar el conde de los Arcos en 1633 tras
los sucesivos fallecimientos de su esposa y de su hijo, el conde de Añover,
será el documento que permitirá acercarnos a la presencia de estas imago mundi
en sus distintas residencias631. En su casa de Madrid, junto a dos cuadros “de
nabios en el mar”, cuatro retratos “a lo toscano”, dos cuadritos de
Ibíd., pp.
106-107.
AHPM, Prot.
6175, ff. 1192r. y ss.
465 Preparado por Patricio Barros
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frutos y
dos de perspectivas, se asentaron varios mapas: un mapa con su guarnición
tasado en cinco ducados, un “quadro de madrid” valorado en 16 reales y “Vn mapa
de la Plaza de madrid”, en 40 reales632.
Pero sin
duda, fue en la fortaleza de Batres donde la cartografía jugó un papel crucial
en su alhajamiento pues en ella los mapas resultan muy abundantes, conformando
series muy numerosas y que, gracias a que se trata de un inventario
topográfico, podemos conocer los espacios y estancias en las que se situaron.
Estas fueron tres principalmente. La primera es la denominada “sala donde se
duerme al giergo”. En ella, junto a varios paisajes, dos cuadros al temple de
“danzas y convites de flandes”, etc., se situaron un retrato del conde de
Añover cuando era mozo y otro retrato de medio cuerpo del poeta Garcilaso de la
Vega. Completando todo el conjunto encontramos “Veinte mapillas con sus
guarniciones tasadas todas en ciento y u[ein]te Reales”633.
A
continuación, uno de los espacios que más llaman la atención de esta casa es la
denominada “quadra de los reyes”, cuyo programa decorativo hacía honor a tal
nombre. En ella se disponía una
Ibíd., ff.
1214r.-1214v. Tras registrarse una serie de imágenes religiosas, se asentaron
las siguientes entradas, entre las que figuraban los mapas, en el orden
siguiente: “Mas Vn retrato de mi señora la condessa de los Arcos muerta tasado
en ciento Y treinta Y dos reales”, “Otros dos retratos de dos señores difuntos
tasados en lo mismo”, “Mas Vn retrato de la condesa de Priego en quarenta
reales”, “Otro de la madre Iuysa de carrion rasado en sesenta Y seis reales”,
“Mas siete quadros de frutas que se sacaron del almoneda del Duque del
ynfantado tasados a quarenta y quatro reales cada vno monta trecientos y ocho
R[eale]s”, “Mas dos bodegones tasados ambos en çiento Y treinta y dos reales”,
“Yten quatro retratos Pequeños a lo toscano a diez Y seis reales cada vno”,
“Otros dos quadritos de frutas tasados en dos ducados”, “Yten dos quadros
Pequeños de Prespetibas con sus guarniçiones tasados a quatro reales cada Vno
q[ue] montan quarenta Y ocho reales”, “Mas un mapa con su guarniçion tasado en
çinco ducados”, “Vn quadro de madrid tasado en diez y seis reales”, “Vn mapa de
la Plaza de madrid en quarenta reales” […].
Ibíd., ff.
1225r.-1226r.
466 Preparado por Patricio Barros
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completa
galería de retratos reales, conformada por dos conjuntos: una serie de 16
retratos “del natural” de los reyes y reinas de España y de sus hijos desde
Fernando el Católico y una pareja de retratos de Felipe II y su malogrado hijo,
el príncipe don Carlos, con capote de lobos. En ese mismo espacio, se situaron
numerosas vistas de El Escorial. En concreto, “vn quadro muy grande de El
Escorial hecho en Flandes por un gran pintor” y “catorçe deseños de la fabrica
yglesia y retablo y sitio del escurial Y tres quadrillos de arquitecturas”634.
Sin duda, este programa decorativo debía transmitir un mensaje de magnificencia
de la Casa de Austria, poniendo en estrecha relación las efigies de sus
monarcas con la que fuera la mayor empresa arquitectónica del siglo XVI
promovida por Felipe II y que sus sucesores irían acrecentando.
Para la
decoración de la “quadra siguiente a la de los reyes” se dispuso un programa
integrado fundamentalmente por la conjunción de retratos y cartografía. El
primer asiento corresponde a los retratos del duque de Lerma y del conde-duque
de Olivares, que muy probablemente fueran de formato análogo e, incluso,
formarían pendant pues la tasación de ambas pinturas es idéntica. Una comunión
entre las figuras de ambos validos que no deja de ser significativa (o
paradójica, según se mire) pues, si bien a todas luces la referencia del
primero debió marcar en cierta medida la trayectoria del segundo, don Gaspar de
Guzmán parece que se esforzó por mantener las distancias635, aunque todo apunta
a que sin mucho éxito dada la existencia de este tipo de asociaciones de
Ibíd., ff.
1228v.-1229r.
ELLIOTT,
2011, pp. 11-13.
467 Preparado por Patricio Barros
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sus
respectivas efigies. Tras estos retratos, se registraron 27 mapas pequeños,
todos ellos guarnecidos y de los que, como suele ser habitual, no se especifica
el asunto representado. A continuación, se registraron otros siete retratos:
del emperador Carlos V y de los seis príncipes electores del Imperio, y tres
retratos familiares, de Garcilaso de la Vega, María de Mendoza y Pedro Lasso de
la Vega, padre. Tras estos, se asentaron 28 cabezas de corzos “pintadas al
natural”, un tema bastante adecuado dada la afición que parece que tuvo el
conde de los Arcos a la caza, de la que da cuenta Cassiano dal Pozzo636, y para
un lugar “de recreación” como era la fortaleza de Batres. Finalmente, parece
que en ese mismo espacio (o en uno inmediatamente adyacente) se situarían 4
retratos de medio cuerpo del conde y la difunta condesa de los Arcos y de su
hijo (don Luis Lasso, conde de Añover) junto al de su esposa doña María
Magdalena Pacheco. Lo que sí parece claro es la interrelación entre estas
cuatro efigies y los 22 mapillas “q[ue] están por abajo destas pinturas”637.
Nuevamente, no podemos saber qué continentes, regiones o territorios se
representaban en estas imágenes, pero lo que sí parece claro es su carácter
seriado (tal vez fueran estampas) y su relación dialógica con los retratos de
los miembros de la Casa de los Arcos.
636 En
relación con los gustos cinegéticos del conde de los Arcos, el 30 de junio de
1626 Cassiano dal Pozzo anotaba lo siguiente en su diario de viaje: “[…] Dos
horas más tarde, montando en carrozas de a seis y seguidos por un séquito de
otras tres o cuatro, fueron a una casa del rey, que se encontraba a una
distancia de tres o cuatro millas, llamada El Campillo, que está fabricada con
forma de torre cuadrada […]. Había querido llevar el conde de los Arcos perros
lebreles y se organizó una cacería contra unas cabras de las que había en gran
número por aquellos montes, si bien no se cazó ninguna. Se vieron algunos
cisnes, se cogieron tres o cuatro liebres [y] se visitó otra casa de frailes, y
al regreso de la caza hicimos la merienda, después de lo cual regresamos”:
ANSELMI, 2004, p. 238.
AHPM, Prot.
6175, f. 1231r.
468 Preparado por Patricio Barros
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Sin
embargo, el espacio de la fortaleza de Batres donde, sin lugar a dudas, la
cartografía adquirió un papel central en el aparato decorativo fue en la
“bóveda grande baja”. Allí se instalaron: un mapa grande general, un mapa de
España y otro de Francia (ambos “dados de verde” y tasados en la misma
cantidad, por lo que debían formar pendant), “dos arquitecturas y dos mapillas
largas”, un árbol genealógico de los señores de la casa de los Arcos638, una
serie de 42 mapas pequeños, un par de vistas de ciudades (de Amsterdam y de
Roma), una pintura de una batalla naval y, por último, un retrato del rey don
Alfonso el Sabio “con dos cuadricos de estampa fina el vno del Juigio y el otro
vn deseño de la gran camándula”639. Lo sucinto de las entradas relativas a estas
imago mundi nuevamente impide establecer una identificación inequívoca de las
mismas, aunque como se viene apuntando su asiento de manera conjunta y muy
numerosa podría dar pie a suponer que se tratara de mapas en estampa, como
aquellos que colgaban en la Casa del Tesoro junto al Alcázar de Madrid. Con
todo, lo que parece indudable a tenor del alhajamiento recién descrito de
algunos de los principales espacios de la casa y fortaleza de Batres, es el
gusto del conde por este tipo de representaciones cartográficas. Un gusto del
KAGAN
(1992, p. 155) sugiere que tal vez este árbol genealógico podría corresponderse
con
“un lienzo
de los arcos” que se describe en el estudio de Jorge Manuel Theotokópuli en el
año 1621.
AHPM, Prot.
6175, ff. 1231v.-ff. 1232r. La referencia al “deseño de la gran camándula” que
se sitúa en esta bóveda grande baja, debe ser interpretada en estrecha relación
con una importante obra de El Greco que figuraba en su colección: La Alegoría
de la orden camalduense que, según R. Kagan, muy probablemente debió ser
comisionada por don Pedro Lasso de la Vega pues en la poco frecuente
composición utilizada por El Greco para el asunto se incluyó el escudo de armas
de los Lasso de la Vega y de los Mendoza. Sobre esta última cuestión, véase:
KAGAN, 1992, pp. 152-153.
469 Preparado por Patricio Barros
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que se
encarga de dar cuenta en una de las mandas de su propio testamento:
Yten
Declaro q[ue] Yo Y mi hijo con Particular gusto compusimos y adreçamos la
fortaleza de Batres de muchas Pinturas mesas De Piedra y otras alajas curiosas
y de estima q[ue] En el ynbentario agujereado esta todo Por menor y tasado en
ochenta Y seis mili Y tantos reales en diez Pliegos a que me remito y Porq[ue]
mi intención ha sido siempre Y lo fue la de mi hijo de que aquello quedase allí
Perpetuamente y que lo conseruasen n[uest]ros subçesores teniendo aquella
hacienda (Pues es de tanta recrearon) con el Lucimiento q[ue] Ella merece mando
que quede Vinculado como lo Vinculo En mi mayorazgo […]640.
Esta
declaración evidencia el esmero con el que tanto el conde de los Arcos como su
ya difunto hijo, el conde de Añover, habrían aderezado la fortaleza de Batres,
según unos criterios de gusto compartido por las pinturas y alhajas “curiosas”
que allí fueron disponiendo. Además, parece que, como consecuencia de esa
atención y estima manifiesta por esa hacienda, las intenciones de padre e hijo
eran asimismo idénticas: preservar perpetuamente todo el alhajamiento de la
casa y fortaleza en su integridad, tal y como ambos lo habían aderezado, lo que
lleva a don Pedro Lasso de la Vega a vincularla a su mayorazgo, pues en propias
palabras del conde era un lugar de “tanta recreación”.
AHPM, Prot.
6170, f. 811v.: “El S[eño]r Conde de los Arcos. Su Cobdiçilo”.
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En la
configuración del gusto del conde de los Arcos por la pintura, las “cosas de
cosmografía” y las alhajas curiosas, se ha apuntado con anterioridad cómo su
cargo de mayordomo mayor del rey le habría brindado la posibilidad de conocer
en profundidad las colecciones reales y los alambicados pasadizos de espacios
como la Casa del Tesoro, lo que probablemente —en mayor o menor medida—
ejercería algún tipo de influencia en sus elecciones estéticas. Por otra parte,
en cuanto a la procedencia de los mapas que reunió el conde en Batres, aunque
carecemos de datos documentales que lo confirmen, es posible que algunos de
ellos quizá llegaran a las colecciones de don Pedro Lasso de la Vega a través
de su hermano Rodrigo, quien sirvió largo tiempo en Flandes, ocupando el cargo
de mayordomo mayor del archiduque Alberto y la infanta Isabel Clara Eugenia641.
Dada la ya referida dependencia comercial de la corte española de los objetos e
imágenes cartográficas producidas en los Países Bajos no sería de extrañar que
algunos de esos mapas hubieran venido en el “equipaje” de don Rodrigo. Con
todo, la decoración de esta casa de recreación nos habla del gusto e interés
con el que algunos nobles aderezaron estas casas para el entretenimiento y que
la inserción de imágenes de “Ciudades y Prouingias” a la que refería Carducho
para estos lugares contribuiría al “lugimiento” y, quizá también, al
entretenimiento visual que proporcionaban los mapas y pinturas. De este modo,
durante las décadas centrales del Seiscientos, la práctica y el gusto por
disponer paisajes, vistas de ciudades y
Ibíd., ff.
810r.-811v.
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mapas en
lugares de recreación, tales como jardines o galerías como proponían Vitruvio y
Plinio ya en la antigüedad y de cuyas ideas se haría eco la tratadística
moderna, parece que tuvo vigencia.
Además de
esta práctica de disponer mapas e imago mundi en espacios de recreación, ya
hacia mediados del siglo XVII continuaremos encontrando testimonios
documentales que dan cuenta de la disposición de mapas vinculados a dos ámbitos
de una misma colección: por un lado, la inserción de un importante número de
mapas al lado de los retratos en la galería de pinturas y, por otro lado, la
presencia de mapas vinculados a una librería. La colección a la que nos
referimos es la reunida por don Francisco de Galarreta Ocariz, quien fue
secretario de Estado y de Guerra en Bruselas entre mayo de 1636 y julio de 1638
y, más adelante, le encontraremos de nuevo sirviendo en los Países Bajos entre
1644 y 1649642. Conocemos las características de esta colección gracias a la
“Liquidación de los vienes de el Capital deel señor secretario françisco de
galarreta”, un documento elaborado tras la muerte de don Francisco con el fin
de dividir los bienes entre su hermano don Martín, caballero de la orden de
Santiago y secretario del rey en Flandes (quien en el momento de redactar dicho
documento se encontraba ausente en aquellos estados), y la viuda, doña Claudia
de Lira643. En este extenso documento se asienta el inventario, la tasación, la
almoneda de algunos de los bienes y, por último, la
LEFÈVRE,
1931.
AHPM, Prot.
7154, ff. 272 y ss. Una breve reseña de las pinturas que pertenecieron a don
Francisco de Galarreta Ocariz se encuentra en: BURKE, CHERRY, 1997, vol. 1, p.
557. Estos autores transcriben la tasación de las pinturas pero entre estas no
se incluyen los asientos correspondientes a los mapas: Ibíd., pp. 557-560.
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partición y
división final de los mismos. A pesar de que el inventario y la tasación no son
topográficos, estos ofrecen en muchas de las partidas de bienes datos bastante
detallados sobre los mismos. En cuanto a las pinturas que pertenecieron a don
Francisco, en términos generales, dadas las características y los asuntos de
las mismas, estas evidencian un gusto por la pintura flamenca de la que, sin
duda, debió tener buen conocimiento durante sus años de servicio en
Bruselas644.
En cuanto a
la distribución temática de las imágenes encontramos algunas de asunto
religioso (muchas de ellas, láminas), varios bodegones de frutas, una “marina
de galeras” y numerosos paisajes (algunos de los cuales se especifica que eran
al temple y de “sitios y batallas”). Pero sin duda, en esta colección de
pinturas, los “géneros” más destacados eran los retratos y los mapas por varias
razones. En cuanto a los retratos, estos destacan por su número (más de una
veintena) y por los sujetos efigiados, pues en ellos se representaban
fundamentalmente a los monarcas y soberanos de la Casa de Austria y a algunos
importantes nobles de la época, a un religioso (Fray Juan de San Agustín, de la
orden de los Agustinos) y a dos soldados desconocidos. Entre los soberanos,
destaca el retrato
Las
temáticas de algunas imágenes como: “Otra [lámina] del mes[m]o tamaño de
n[uest]ra s[eñor]a con su hixo en los braços con vna guirnalda de flores y
moldura de heb[an]o en treynta ducados” remiten a los modelos de las pinturas
de Rubens y Brueghel de la Virgen con el niño enmarcadas por una guirnalda
floral, así como la abundante presencia de paisajes, mapas y bodegones en el
inventario de don Francisco de Galarreta denota el gusto de su propietario por
unos géneros que gozaron de gran fortuna en los Países Bajos. Por otra parte,
las atribuciones de algunas pinturas en cuanto copias de artistas como Anton
van Dyck apuntan asimismo a un gusto por la pintura de las escudas del norte.
Además, es sabido que una de las pinturas más destacadas de la Catedral de
Santa María de Vitoria-Gasteiz (ciudad de donde procedían los Galarreta)
atribuida a Gaspar de Crayer habría llegado allí como parte del ajuar mueble de
las capillas de San Prudencio y Santo Cristo de las que fueron patronos los
hermanos Galarreta: BARTOLOMÉ GARCÍA, 2010 y 2011.
473 Preparado por Patricio Barros
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de medio
cuerpo de Carlos V del que se indica que es “copia del tigiano”645, otro de la
emperatriz (que muy probablemente se trataba de Isabel de Portugal), asimismo
de medio cuerpo, cuyas dimensiones y moldura eran idénticas a las del retrato
de la infanta Isabel Clara Eugenia, por lo que posiblemente estas dos últimas
efigies formarían pendant. A estas imágenes, hay que añadir un retrato de
cuerpo entero del cardenalinfante don Fernando, cinco retratos de príncipes
franceses y un retrato de más de medio cuerpo del príncipe Tomás (que quizá
pueda identificarse con la persona del príncipe Tomás Francisco de Saboya, hijo
de la infanta Catalina Micaela, quien habría combatido en Flandes en la década
de 1630).
En cuanto a
los retratos de la nobleza, se asientan en primer lugar el retrato del marqués
de Mirabel, junto a “vn rretratto de morrilla enano” del que se dice que estaba
“echo en Flandes”646. Más adelante, se registran tres retratos de idénticas
dimensiones: el del conde-duque de Olivares, el del conde de Fuensaldaña y del
marqués Ambrosio Spinola, a los que hay que añadir el del marqués de Aytona.
Con la excepción del conde-duque, la mayor parte de los nobles retratados en
esta galería habrían servido en cargos políticos y militares en Flandes. Junto
a estos interesantes retratos, se asientan más de una decena de mapas de los
que no se indica el territorio que en ellos se representaba. Las dimensiones de
estos mapas oscilan entre las dos varas de largo por vara y cuarta de alto
645 AHPM,
Prot, 7154, f. 336r.: “Vn retrato de m[edi]o cuerpo del s[eñor] enperador
Carlos quinto copia del tiçiano con molduras negras en tres çientos R[eale]s”.
Ibíd., f.
335r. (Tasación realizada por Marías Pastor “Pintor vibe En la calle de la
gorguera En cassas propias […]”): “Vn rretratto de morrilla enano de bara y
media con moldura negra en dosçientos R[eale]s; Otro Retrato del marques de
mirauel del mes[m]o tamaño y con el mes[m]o gen[er]o de moldura en ciento y
çinq[uen]ta R[eal]es”.
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y una vara
de largo y tres cuartas de ancho, lo que da idea de que se trataría de mapas de
dimensiones considerables y que, a partir de la descripción que se ofrece de
alguno de ellos, su soporte sería el papel montado sobre un bastidor, como si
de un cuadro se tratase. Al final de la tasación de las pinturas, se registra,
de manera separada a este “grupo” de mapas, otro del que sí da una breve
noticia del motivo que en él se representa: “Vn mapa general en papel de tres
baras de largo y mas de dos baras y m[edi]a de alto con su moldurilla lissa en
çento y çinquentta rreales”647. Se trata del mapa de mayores dimensiones de la
colección y, por ende, el que alcanzaría una tasación más elevada de todos.
Como se ha
comentado, algunos de los bienes que pertenecieron a don Francisco de Galarreta
fueron vendidos en pública almoneda y, entre los remates de dichos bienes, se
han podido localizar las adquisiciones de algunos mapas por parte de aquellos
cortesanos que asistieron a la venta. En concreto, este último mapa de enormes
dimensiones parece que se correspondería con el registro de “vn mapa grande en
papel con moldura negra en çiento y çinquenta reales” que se remató en Fernando
de Rioja, caballero de la orden de Santiago648. Por su parte, el “barón de
vssi” adquirió diez mapas en papel con sus bastidores y tres libros (cuyos
títulos no se especifican) por 140 reales649. Otro de los personajes que
asistieron a la almoneda y adquirieron algunas de las imágenes cartográficas
que habrían pertenecido a Galarreta fue don Gaspar Bonifaz, en
Ibíd., f.
339v.
Ibíd., f.
380v. (Almoneda).
Ibíd. f.
375v. (Almoneda).
475 Preparado por Patricio Barros
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quien se
remataron “quatro mapas en papel desiguales en çinquenta y dos R[eal]es”650.
Puede que este último comprador guardara algún parentesco con el homónimo
Gaspar Bonifaz, quien desde aproximadamente 1630 hasta la fecha de su muerte
acaecida en 1639 habría ocupado el cargo de espía mayor651.
Sea como
fuere, de la venta en almoneda de un buen número de mapas que pertenecieron a
don Francisco de Galarreta se desprenden varias cuestiones. La primera es la
existencia de una serie de caballeros y cortesanos interesados en adquirir
dichas imágenes. La segunda es la dispersión que sufrirían los mapas que
formaron parte del alhajamiento o, si se prefiere, de la galería de pinturas
del secretario Galarreta tras su muerte. Sin embargo, un final muy distinto fue
el que tuvieron los mapas que formaron parte de otro ámbito de su colección: la
librería. Desafortunadamente, en el inventario de bienes, la partida
correspondiente a los libros se registró bajo un genérico asiento: “çiento y
quatro cuerpos de libros diferentes […] grandes y pequeños los tres dellos de
mapas iluminados […]”652. Es significativo que, a pesar de que no se
Ibíd., f.
374r. (Almoneda).
En la BNE
se conservan algunos interesantes manuscritos relacionados con el citado espía.
Entre los PaPeles carios de Estado (BNE, Mss. 4163) hay un buen número de
cartas redactadas por el capitán Juan de Torres desde Barcelona durante la
década de 1630 dirigidas, precisamente, a don Gaspar Bonifaz, de quien se dice
que es primo de don Martín de Aspe. En dichas misivas se aborda, entre otras
cuestiones, asuntos referentes a la defensa y fortificaciones de Cataluña y la
costa Mediterránea o sobre la empresa del Río Amazonas.
Adcmás,
entre las cartas dirigidas a Bonifaz se encuentra una “Relaçion de la Visita
q[ue] se hiço del río Guadalquivir por los ingenieros infraescritos de su M.d
en presencia de Diego [ sic] Comisao de su M.d p[ar]a el d[ic]ho efeto en la
cual an bailado que se deuen haçer las obras siguientes la cual se hiço el año
de 625 en los días y meses que siguen.º (Ibíd., ff. 70r.-72r.) que vincularía a
Bonifaz con la labor de los ingenieros en el río Guadalquivir. Esta
correspondencia entre el capitán Juan de Torres y Gaspar Bonifaz ha sido
transcrita y publicada, precedida por un estudio introductorio, por”: NAVARRO
BONILLA, 2007.
AHPM, Prot,
7154, f. 321v. (Inventario).
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detallen
los títulos y características de la mayor parte de los libros, sin embargo, los
tres volúmenes de mapas iluminados reciben un tratamiento diferenciado y una
atención particular en relación con el resto de los libros. Este hecho no
parece ser casual a tenor del análisis de las informaciones relativas a la
almoneda y a la ulterior partición y división de bienes y a la hijuela de don
Francisco de Galarreta. Mientras que en los remates de venta de la almoneda es
posible localizar las compras de algunos de estos volúmenes por parte de
algunos caballeros (detallándose solo en algunas ocasiones el título como
sucede en el caso de don Antonio Torices, que adquirió “vn libro de las Guerras
de Flandes”653), en el caso de los libros de mapas iluminados parece que don
Francisco tuvo especial interés en que esos tres volúmenes permanecieran
vinculados a su legado familiar. De este modo, estos libros no fueron vendidos
en almoneda sino que aparecen registrados en la partición y división de sus
bienes654. En concreto, estos se asentarán en la hijuela de don Francisco de
Ocariz655, hijo natural de don Francisco de Galarreta, canónigo de la iglesia
de Santiago y, por aquel entonces, menor de
Ibíd., f.
379v. (Almoneda).
Ibíd., f.
491r. y ss.: “1660. Partiçión y diuission de los Vienes que quedaron por muerte
de el s[eñ]or francisco de Galarreta ocares Cauauallero de el orden de Santiago
de el Conssejo de su Mag[esta]d Y su secretario en el de Guerra de la parte de
Spaña entre la señora Doña Claudia de lira Viuda de el susso d[ic]ho […]= y Don
Martín de Galarreta Cauallero de la misma orden de Santiago secretario de
estado y guerra en las Prouinçias de flandes hermano y heredero en propiedad de
el d[ic]ho señor secretario françisco de Galarreta para despues de los días y
vida de la d[ic]ha señora do[ñ]a Claudia o durante el tiempo que no se Cassare
y por estar el d[ic]ho Don martín de Ga]arreta avsente de estos Reynos en los
estados de flandes Carlos de el hoyo Procurador en los Reales conssexos
defensor de sus vienes = y Don françisco de ocariz Galarreta canonigo y
dignidad de la santa yglessia de santiago hijo natural de el d[ic]ho señor
secretario fran[cis]co de Galarreta y legatario de el Remanente de el quinto de
todos sus Vienes despues de cumplido el funeral En lo que toca a su alma Y por
ser menor de veinte y Cinco años françisco Bermejo Procurador en los d[ic]hos
R[eale]s conssexos su curador ad litem de la otra =”.
Ibíd., ff.
648r. y ss.: “Hixuela de Don Francisco de Ocariz”.
477 Preparado por Patricio Barros
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veinticinco
años, en el modo siguiente: “Mas tres cuerpos de libros de mapas iluminadas de
a folio grande de atlas tassados en sietegientos reales”656. A continuación de
estos tres volúmenes, se adjudicaron a don Francisco de Ocariz otros títulos
como “vn libro con vn cuerpo de la Jenealoxia de la cassa de tarssis de a folio
tassado en Diez y ocho reales”, un tratado sobre el contrabando (4 reales), una
“Relagion de el capitulo de la orden de alcantara” (3 reales), un “mausoleo de
la ynfanta D.ª ysauel” (5 reales), “una historia de Teseo” (3 reales) y “seis
librillos sueltos y mal tratados” (10 reales)657. De los asientos relativos a
los libros que se adjudicaron al hijo natural de don Francisco de Galarreta
pueden extraerse varias conclusiones. Aunque no sabemos exactamente cuáles eran
las características ni el tipo de mapas contenidos en los tres atlas, estos se
asientan junto con un libro de genealogía por lo que cabe preguntarse si
existiría algún tipo de relación metonímica entre ellos. Por otra parte, se
advierte una diferencia sustancial en el valor económico otorgado a los libros:
el precio de los tres atlas (700 reales) es mucho mayor con respecto al valor
asignado en el resto de libros, tasados cada uno de ellos en tan solo unos
pocos reales. Esta importante divergencia en el precio estaría directamente
relacionada con la propia naturaleza material de los volúmenes y nos hablaría,
además del carácter iluminado de los atlas, de que se trataría, muy
probablemente, de libros preciosos. Por último, es preciso notar una cuestión
relativa al modo en que los “libros de mapas” aparecen designados en este
documento. Tanto en la
Ibíd., f.
657v.
Ibíd., ff.
657v.-658r.
478 Preparado por Patricio Barros
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partición
de bienes como en la hijuela de don Francisco de Ocariz estos tres cuerpos
aparecen designados como “libros de mapas iluminadas de a folio grande atlas”.
Es decir, en lugar de proporcionar el título concreto de los libros como
sucedía habitualmente en los inventarios redactados en fecha precedente
analizados hasta el momento, en este último caso, se omite su título y se
refiere de manera algo más genérica a la recopilación de mapas reunidos en un
mismo volumen en cuanto que “atlas”, lo que seguramente deja entrever cómo la
difusión de este género ya mediado el siglo XVII habría llevado aparejada la
designación de este tipo de volúmenes bajo la genérica etiqueta de “atlas”.
Como
conclusión de todo lo expuesto en este epígrafe, ha quedado patente la difusión
alcanzada por mapas, vistas de ciudades y, en términos más generales, por las
imago mundi entre los nobles y cortesanos españoles desde finales del siglo XVI
hasta mediados de la centuria siguiente. La presencia de este tipo de imágenes,
tanto en sus “casas movedizas” como en sus palacios y aposentos formando parte
de distintos ámbitos de sus colecciones (ya fuera como parte de una galería de
pinturas, generalmente en relación con los retratos y/o la genealogía, o como
parte de sus librerías) da cuenta de la versatilidad y multiplicidad de ámbitos
que estos “artefactos” cartográficos podían ocupar y de los varios usos y
funciones a las que podían servir.
En el caso
de aquellos mapas que hacían las veces de “pinturas” o cuyas funciones se
asimilaban a las de los cuadros (generalmente grabados y montados en un
bastidor), a pesar de que la
479 Preparado por Patricio Barros
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documentación
en muchas ocasiones no resulta prolija en lo que a la descripción de sus
características se refiere, parece que sus contenidos deben ser leídos en
función de la decoración circundante y que su inserción junto a determinadas
imágenes, como retratos, no hacía sino enfatizar y/o activar determinados
mensajes inherentes al poder terrenal de un soberano o de una determinada casa
nobiliaria. Pero seguramente, en otras ocasiones los mapas constituirían un
medio de recreación a través del cual los cortesanos se entretendrían en poner
en práctica los conocimientos teóricos en materia de geografía y cosmografía
adquiridos gracias a los libros sobre dichas disciplinas, señalando sobre los
mapas tal o cual lugar y dando muestras de sus conocimientos. De ahí que no
resulte extraño que otro de los “lugares” de exhibición y fruición de la
cartografía fueran, precisamente, los estudios y bibliotecas. Con todo, la
naturaleza y el fin último de los mapas era el de “pintar” y “reducir las
Prouincias, y el Orbe todo a vn pequeño pliego de papel” como comentaba el
propio Ginés de Rocamora en su Sphera del Vniverso658. Este carácter sintético
al tiempo que pedagógico da cuenta de la dualidad o complejidad de este tipo de
artefactos, pues recogían informaciones y datos sobre la geografía mundial y, a
su vez, se caracterizaban por ofrecer una lectura clara de los mismos. Todo
ello dará pie a la proliferación de referencias a la cartografía en la
literatura española del Siglo de Oro y a un uso metafórico y
ROCAMORA Y
TORRANO, 1599, f. 4v.
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polivalente
de la terminología cartográfica659. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en
la censura del doctor donjuán Briz Martínez, abad de San Juan de la Peña, que
precede a los Anales cronológicos del mundo (1634) del doctor Martín Carrillo,
en la que comenta lo siguiente en relación con la naturaleza de esta
compendiosa obra:
Y si entre
los bien entendidos siempre se recuenta por admirable, la inuençion del Mapa
universal; porque (como dixo Lipsio) pone en una mano, y á la vista de los
ojos, todo el orbe con sus poblaciones, mares y tierras, eleuaciones, y
distancias: In promptu, & in vna manu, & sub vno oculorum ictur. Mayor
admiración ha de causar este Epitome, ó nueuo Mapa, pues en tan breue uolumen
comprehende los sucesos de todo el uniuerso, ofreciéndolos al Lector como
presente […]660.
En el
planteamiento de este símil cartográfico, donjuán Briz deja patentes la
multiplicidad de valores que, no solo en la España moderna, sino asimismo en la
Europa de la época, se asociaban a estas imago mundi: su relación con los
eruditos, sus propiedades intelectivas y pedagógicas, la alusión a la
percepción visual como principal sentido de aproximación al conocimiento del
mundo y la capacidad de reducir y contener todo el orbe sobre una mano, en un
pequeño pliego de papel.
Una
interesante aproximación a la utilización tanto metafórica como literal de los
términos relativos a la cartografía en la literatura española de la Edad
Moderna se encuentra en: PINET, 2007.
CARRILLO,
1634, s. f.
481 Preparado por Patricio Barros
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Conclusiones
Este libro
analiza aquellos aspectos de confluencia entre artes y ciencias durante un
periodo (ca. 1585 y 1640) y en un espacio (la corte de los Austrias españoles)
sumamente interesante en la evolución y definición de ambas esferas del saber.
Si el cultivo de las artes y las ciencias por parte de príncipes y artífices
requería del ingenio, el punto de confluencia entre ambas residía en que estas
se fundamentaban en los principios teóricos de la geometría. Además, la
práctica de la pintura, la escultura, la arquitectura, la ingeniería, la
artillería o la cosmografía pasaba por el uso de una instrumentación en buena
medida similar para la medida del espacio y daba como resultado unas imágenes
que se servían de unos códigos de representación análogos en bastantes
ocasiones.
En este
sentido, ha quedado demostrado cómo la corte española, efectivamente, hizo las
veces de “calamita de los ingenios”. En ella se dieron cita un conjunto de
príncipes y artífices de la geometría que cultivaron con ingenio ambas esferas
del saber. En cuanto a los “príncipes de la geometría”, se ha constatado cómo
hubo interesantes figuras a este respecto. Algunos de estos nobles y cortesanos
no eran apenas conocidos hasta el momento. En el caso de otros, hasta la fecha
fundamentalmente se tenía constancia de sus intereses artísticos, pero no
existía un conocimiento análogo de sus intereses científicos, al que se ha
tratado de contribuir con este libro. En lo que respecta a los “artífices de la
geometría”, se ha puesto el foco en distintos profesionales poco conocidos que,
en el
482 Preparado por Patricio Barros
El
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caso de los
constructores de instrumentos, han permitido indagar “más allá de Juanelo
Turriano”. En cuanto a otros profesionales de la geometría, se han analizado
aspectos menos conocidos sobre su cursus honorum que han contribuido a avanzar
en el conocimiento de lo que podríamos denominar, a grandes rasgos, como “modos
de relacionarse con la corte”.
Nuestra
hipótesis de partida estribaba en el hecho de que si, como es sabido, las
preferencias de Felipe II en el ámbito de las artes plásticas habían ejercido
un importante influjo en los criterios de selección y configuración de las
colecciones artísticas de sus sucesores, nobles y algunos cortesanos, ¿habría
sucedido lo mismo con sus intereses científicos, que se concretaron en
proyectos tan importantes como la biblioteca de El Escorial y que pasarían por
el aprecio de que dio muestras el monarca prudente para con los instrumentos de
medición y las representaciones de carácter cartográfico?
Partiendo
de estas premisas, las ideas desarrolladas en las dos partes de este libro,
dedicadas respectivamente a analizar el interés por la medida (en sus dos
dimensiones, temporal y espacial) y la representación (en base a los principios
de la geometría) en la corte española durante los siglos XVI y XVII han
permitido dibujar el cuadro general a partir del cual se ha ido descendiendo
paulatinamente al conocimiento de lo concreto, aplicando un método deductivo.
En este
sentido, la decisión de tomar en consideración las ideas relativas al cultivo
de los saberes derivados de la geometría por
483 Preparado por Patricio Barros
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parte de
príncipes y nobles contenidas en un amplio abanico de fuentes que gozaron de
una notable difusión en la corte española tenía un finalidad concreta: en
primer lugar, determinar los postulados sobre los que se asentó el conocimiento
que debían poseer príncipes, nobles y cortesanos de las artes y las ciencias.
En segundo lugar, el análisis de estas fuentes ha permitido perfilar el
escenario cultural donde se insertarían y enmarcarían las dinámicas y
relaciones que aquí se pretendían estudiar. A través del análisis de las ideas
contenidas en la tratadística (principalmente en aquellas obras dedicadas a la
educación principesca y la teoría política) se ha comprobado cómo en el ámbito
de la teoría quedaba recogido el aprendizaje cortesano en materia de geometría,
ingeniería, arte militar, geografía y cosmografía, generalmente por vía de
narración y entretenimiento, concediendo especial relevancia a los ejercicios
de reconocimiento visual. Una vez establecido de qué manera se concretaba en la
teoría la enseñanza de la geometría y sus disciplinas afines, a través de la
documentación y de las fuentes primarias se ha ido constatando cómo cada uno de
esos postulados fue llevado efectivamente a la práctica durante el periodo de
formación de los sucesivos príncipes de la Casa de Austria.
Por otra
parte, la aproximación a la consideración en torno a la medida del tiempo y del
espacio en la corte, ha permitido analizar y constatar las frecuentes
transferencias que existieron entre las distintas esferas del saber. Así, desde
el ámbito de las “ciencias”, un cosmógrafo como Rodrigo Zamorano (cuyo cometido
no era otro que medir tiempos y distancias) recurrió a los referentes y códigos
484 Preparado por Patricio Barros
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visuales
propios de la pintura a la hora de definir un concepto tan abstracto como el
tiempo. Desde el ámbito de la cultura visual, esta recogió y reflejó los
avances en la instrumentación científica y en la representación cartográfica.
Un buen ejemplo de ello se halla en el ámbito de la emblemática, en cuyas
picturae aparecen representados instrumentos e imago mundi a los que se añadían
otra serie de significados relacionados con el discurso moral en el que se
integraban. De este modo, por una parte, el palacio del príncipe se configuraba
como receptáculo de numerosas metáforas que aludían al tiempo, a su devenir y a
la importancia del mismo en el ejercicio del gobierno, asociándolo a la virtud
y al saber. Por otra parte, las evidencias halladas en los textos de distinta
naturaleza en torno al interés que existió en la corte para con los saberes
afines a la geometría se concretaron en la presencia de instrumentos, imago
mundi y libros de carácter científico-técnico, así como en algunas experiencias
y entretenimientos cortesanos que se fundamentaban en tales materias.
Paralelamente,
tanto en el capítulo dedicado al interés por la medida (que se materializó en
la presencia de instrumentos destinados a tal fin en los espacios áulicos) como
en el capítulo dedicado a la representación (que se manifestó a través de la
disposición de una serie de imago mundi en los espacios cortesanos) se ha
llevado a cabo un proceso de investigación que podríamos denominar como una
“arqueología de las ideas”. La finalidad de este análisis consistía en
determinar los espacios que ocupaban y la consideración que se otorgaba a los
instrumentos e imágenes de
485 Preparado por Patricio Barros
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scientifica
en la corte española. En este proceso, se han analizado las ideas relativas a
la cuestión recogidas en las fuentes clásicas como Vitruvio y Plinio, que
fueron reformuladas a partir del Renacimiento por autores como Alberti,
Cortesi, Armenini o Páez de Castro, entre otros, así como la gestación y
desarrollo durante el reinado de Felipe II de la empresa (artística y
científica) que acabaría constituyendo un modelo paradigmático de reunión de
instrumentos, imago mundi y libros de carácter científico, como fue la
biblioteca del monasterio de El Escorial. Todo ello ha hecho posible perfilar
las directrices recogidas tanto en la teoría como en la práctica representada
por la biblioteca laurentina en torno a las ideas que subyacieron en la
práctica de reunir, coleccionar y disponer los objetos relacionados con la
teoría y la praxis de la geometría en la corte española. O dicho en otras
palabras, este análisis ha proporcionado un cuadro más preciso en torno a los
usos y al gusto por los instrumentos y representaciones que aquí han sido
objeto de estudio y de cómo esos referentes culturales habrían de influir en
los “modos de coleccionar” tales artefactos entre los nobles y cortesanos
españoles661.
En este
sentido, en todas esas fuentes teóricas y modelos de facto emergía una
constante: el espacio cortesano donde se conjugaban los intereses e
inclinaciones del príncipe por las artes y las ciencias no era otro que la
biblioteca. La concepción de este espacio en
661 A.
Urquizar (2007, pp. 22-24) en su revisión del uso del termino “colección” y de
su aplicabilidad al caso del coleccionismo artístico de la nobleza andaluza
señala, entre otros argumentos, que aunque la mayor parte de los tesoros que
son objeto de su estudio no conforman coleccionistas artísticas en un sentido
clásico, en muchos casos se trata de “objetos pensados” e incide, precisamente,
en los “modos de coleccionar”.
486 Preparado por Patricio Barros
El
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cuanto que
microcosmos donde los instrumentos para medir y representar el mundo convivían
en estrecha simbiosis con las imágenes que en ella se disponían así como con
los contenidos teóricos y visuales de los volúmenes que en ella se guardaban,
tendría sus raíces en la antigüedad clásica. Ahora bien, tanto los instrumentos
de medición como las imago mundi, además de situarse en las librerías, eran
susceptibles de disponerse en otros espacios del palacio. Estos podían
integrarse en artificiosas piezas de mobiliario como los suntuosos escritorios
del marqués de Falces o del duque de Lerma. En el caso de las imago mundi, la
tratadística recogió asimismo la idoneidad de su disposición en otros espacios
del palacio, sobre todo en amplias galerías y corredores. Por otra parte, tanto
los instrumentos como las imago mundi eran portadores de una serie de
significados susceptibles de activarse en función del espacio que ocuparan y de
las relaciones dialógicas que se establecieran con otros objetos y pinturas
circundantes. La pluralidad semántica de todos estos artefactos ha quedado
demostrada en diferentes pasajes de este libro donde se han analizado en
diversos casos las distintas funciones que se les otorgaron y las relaciones
que mantuvieron con tales objetos sus propietarios. Un ejemplo muy ilustrativo
se halla en los distintos usos de la geografía y de los mapas que hizo don
Bernardino de Mendoza. Este militar, diplomático y espía, dio muestras de sus
profundos conocimientos en esta materia, valiéndose de una cartografía
“secreta” para informar al rey de determinados asuntos de estado o describiendo
las provincias de Flandes que él mismo
487 Preparado por Patricio Barros
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recorrió en
su tratado Comentarios […], de lo sucedido en las Guerras de los Payses
baxos662. Pero además, don Bernardino hizo las veces de intermediario y de
agente en el envío del Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelio a la corte de
Madrid, cuyo destinatario no era otro que el propio príncipe, el futuro Felipe
III. Un atlas que el propio Mendoza debió conocer bien pues se encontraba entre
sus lecturas.
Figura 74.
Adriaen van Stalbent, Las Ciencias y las Artes, ca. 1650, óleo sobre tabla,
89,9 × 117 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado (P01405).
MENDOZA,
1592.
488 Preparado por Patricio Barros
El
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En este
marco y bajo estos parámetros ricos en matices vivían y se relacionaban las dos
categorías de “ingenios” sobre las que se ha reflexionado en este libro: los
príncipes, nobles y cortesanos, sobre quienes se ha profundizado en el
conocimiento de la relación que mantuvieron con las artes y las ciencias
poniendo especial atención a sus intereses para con la cultura material
vinculada a estos saberes; y los distintos artífices y profesionales de la
geometría que se dieron cita en la corte española (figura 74663). Cada una de
las “microhistorias” que representaban los casos tanto de príncipes como de
artífices aquí estudiados constituye una de las caras de un poliédrico cosmos
cortesano que se ha tratado de retratar. Por lo tanto, en esta última parte del
libro se sintetizarán una serie de continuidades, así como también de
particularidades en la relación que con la geometría (punto de contacto entre
artes y ciencias) mantuvieron los ingenios que han ido “desfilando” por las
páginas precedentes.
Príncipes
de la geometría
¿Qué tenían
en común los distintos príncipes, nobles y cortesanos que se interesaron por
las artes y las ciencias a caballo entre los siglos XVI y XVII? En primer
lugar, que todos ellos participaban de una cultura común que se ha venido
describiendo a lo largo de este trabajo. En segundo lugar, que dieron muestras
de una inclinación
Un análisis
de algunos de los instrumentos que se “retratan” en esta pintura de gabinete,
con particular atención a la presencia del perpetuum mobile atribuido al
inventor holandés Cornelius Drebbel, se encuentra en: MARCAIDA LÓPEZ, 2009 y
2014, pp. 48-52, 54, 77-78, 131-132 y 327.
489 Preparado por Patricio Barros
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y
curiosidad hacia tales esferas del saber que requerían del cultivo del ingenio.
La externalización del ingenio y la curiosidad se concretó a través de
diferentes vías. Por un lado, sus inquietudes intelectuales les llevaron a
relacionarse con eruditos, hombres de arte y de ciencia, etc., que en algunas
ocasiones ha sido posible rastrear a través de la correspondencia y otro tipo
de documentos. Por otro lado, sus intereses tanto teóricos como en algunas
ocasiones prácticos por las disciplinas derivadas de la geometría se tradujeron
en la reunión de instrumentos, imágenes y libros asociados a tales saberes, de
la que nos dan cuenta en primera instancia sus inventarios y tasaciones de
bienes.
La tenencia
de este tipo concreto de objetos, además de constituir una externalización del
ingenio y de reflejar los intereses culturales de su propietario para con las
disciplinas afines a la geometría, da cuenta de su elevado estatus, son un
signo de distinción social664. En el caso de los relojes y otros instrumentos
matemáticos, en el ámbito de la corte española de la Edad Moderna (ca.
1585-1640) (puede que debido a los escasos artefactos que se han conservado),
este aspecto precisa de un estudio de conjunto en el que se aborde este tipo de
coleccionismo, que podría denominarse “científico” pero que, como ha quedado
reflejado a lo largo de este trabajo constituyó una realidad que se enmarcaba
en unos gustos y prácticas de coleccionar más amplias y que se integraban en
las residencias de sus propietarios junto con otros objetos. Ahora bien, a
partir de los
R. Ago en
su estudio sobre los bienes y objetos recogidos en inventarios de la Roma del
siglo XVII otorga una consideración similar a los instrumentos científicos en
ese contexto. Así, en la Roma del Seiscientos, la tenencia de tales
instrumentos —junto con objetos como pinturas de temática profana, etc.—
constituía un indicador de distinción social: AGO, 2012, pp. 218-219.
490 Preparado por Patricio Barros
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datos que
se han recopilado y analizado a lo largo de esta investigación, parece claro
que los relojes e instrumentos en el periodo aquí estudiado se hallaban
fundamentalmente y en mayor profusión entre los registros de bienes de la alta
nobleza o de cortesanos con cierto poder adquisitivo y un nivel cultural
bastante elevado (además de formar parte, por razones obvias, de las
pertenencias de aquellos artífices y profesionales que cultivaban las artes y
las ciencias). Ello es debido al hecho de que, por lo general, se trataba de
objetos cuya suntuosidad y artificio, al tiempo que lo limitado de tales
producciones, se traducía en un elevado coste de los mismos. Un ejemplo
ilustrativo de ello lo encontramos en la distinta valoración económica que se
asignó a los bienes que formaban parte de la biblioteca del condestable de
Castilla en 1608: mientras que un retrato del duque de Osuna fue tasado en 30
reales, o un cuadro al óleo sobre tabla de “frutta” en 25 reales, el precio de
uno de sus astrolabios de bronce ascendía a 400 reales665. Por otra parte, en
lo que a las imago mundi respecta, si bien en términos generales la presencia
de las mismas en las colecciones de nobles y cortesanos resultaba asimismo
restringida en cierto modo, su valoración económica variaba en función de la
naturaleza material de dichas representaciones cartográficas. En este sentido,
aquellas imago mundi que sin duda constituyeron un indicador del elevado poder
adquisitivo de su propietario fueron las esferas terrestres y celestes y los
atlas iluminados. Continuando con el
AHPM, Prot.
24850, ff. 260r. y 262r., respectivamente: “n.º 2518. Un Retrato del Duque de
osuna […] tassado en treinta R[eale]s; n.º 2521. Dos quadros al olio de frutta
pintados sobre tabla tassado cada Uno en veinte y cinco Reales; n.º 2547. Dos
Estrolabios de Bronce dorados tassados ambos en ochoçientos R[eal]es”.
491 Preparado por Patricio Barros
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ejemplo de
la biblioteca de don Juan Fernández de Velasco, una de las parejas de globos
terrestre y celeste fue tasada en un total de 1.600 reales666. En cuanto a los
atlas, en el análisis de los bienes de don Francisco de Galarreta Ocariz se ha
señalado la diferencia sustancial de precio existente entre los “tres cuerpos
de libros de mapas iluminadas de a folio grande de atlas” valorados en 700
reales y la tasación de otros libros y relaciones impresas que le
pertenecieron, valoradas en unos pocos reales667. En relación con los mapas
“sueltos” su tasación era susceptible de variar de manera ostensible
dependiendo de si se trataba, precisamente, de ejemplares impresos, pintados o
iluminados. Sin embargo, en cualquiera de tales supuestos su disponibilidad en
el mercado y en la corte española no debía de ser muy grande puesto que, como
se ha comentado, existía una fuerte dependencia comercial a este respecto de
las producciones procedentes de los Países Bajos.
A todos los
aspectos señalados que se daban cita (en mayor o menor medida) en las reuniones
de objetos y colecciones de los “príncipes de la geometría”, hay que añadir el
hecho de que los objetos que reunieron permiten conocer cuáles fueron sus
inclinaciones y reflejan las relaciones que mantuvieron con las artes y
ciencias. A este respecto, resultan especialmente significativas las palabras
con las que Francisco de Miranda y Paz se refería a esta cuestión en su obra
Sabiduría de príncipes, comenzada a redactar alrededor de
Ibíd., f.
260v.: “n.º 2528. dos globos de que son Las Espheras del mundo Terrestre y
celeste y Esfera tassados ambos en mill y seiscientos R[eale]s”.
AHPM, Prot.
7154, f. 379v.
492 Preparado por Patricio Barros
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1636668. En
dicha obra el autor defendía la idea de que un príncipe traía el libro por
cetro e instaba a que se relacionara con eruditos, practicara la lectura y
reuniera grandes librerías. En otro pasaje de su tratado Miranda y Paz comenta
lo siguiente en relación con las inclinaciones de los príncipes por las artes y
las ciencias:
A todos
[los principes] se les enseña alguna arte y ellos descubren la inclinación en
las que aprenden, quien en hacer relojes, quien en trazas y architectura, quien
en la matemática y sus instrumentos, quien en platero o pintor. Y finalmente en
uno o muchas que son de gusto, piden ingenio y pueden grangear sustento y
algunos an salido tan eminentes que a no ser reyes fueran ricos por
artífices.669
A partir de
esas enseñanzas de carácter general sobre tales disciplinas, las inclinaciones
de cada individuo particular les llevaron a profundizar y a cultivar su ingenio
en alguna de las subdisciplinas de la geometría, lo que denotaría el gusto por
tales materias. Y, a su vez, ese gusto particular les llevó a reunir
instrumentos, libros e imágenes que daban cuenta de sus intereses concretos
para con las artes y las ciencias.
Entre los
casos que se han analizado pueden advertirse unas inclinaciones similares en
nobles como don Bernardino de
BOUZA,
2005a, p. 33, refiere a este manuscrito redactado por Miranda y Paz recogiendo
las principales ideas que refleja en el en torno a la educación de príncipes y
a la importancia del libro y de las letras en la misma. Como señala el propio
Bouza, los borradores de dicho manuscrito se conservan en la Bodleian Library
de Oxford: Ms. Add. C. 127-128.
BOUZA,
2005a, p. 34, nota 82.
493 Preparado por Patricio Barros
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Cárdenas,
III duque de Maqueda o donjuán Fernández de Velasco, VI condestable de
Castilla. El estudio de sus bienes ha revelado cómo su interés por los
instrumentos de medición y los libros sobre geometría no se circunscribió
meramente al ámbito teórico, sino que haciendo uso de su ingenio ambos nobles
realizaron de su mano trazas de arquitectura, por lo que se trataría de
auténticos “prince-practitioners”670. Un aspecto poco conocido de sus
respectivos perfiles cortesanos pero que permite comprender en mayor
profundidad los intereses y sus relaciones con la arquitectura, la ingeniería y
otras ciencias. Todo ello, a su vez, ha llevado a reconsiderar el papel de
algunas figuras de la nobleza española no solo en el ámbito de la promoción de
las artes, sino también de las ciencias en el escenario europeo de la época.
Como se ha demostrado, el manifiesto interés que hubo desde la corte florentina
por hacer llegar un telescopio galileano a donjuán Fernández de Velasco en una
fecha tan temprana como 1610, no fue casual. En esas fechas, el VI condestable
de Castilla gozaba de una notable fama como hombre de “vivo et valoroso
ingegno” que habría traspasado fronteras. Pero además, la elección de donjuán
como destinatario de tal presente, llevaba implícito el hecho de que el
gobernador de Milán estaría en grado de apreciar y valorar el que por aquel
entonces sería el instrumento más novedoso y codiciado entre los eruditos y
curiosos.
Además, el
estudio de estas reuniones de objetos y colecciones ha permitido comprobar cómo
todavía durante los reinados de Felipe III
MORAN,
1981.
494 Preparado por Patricio Barros
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y Felipe
IV, cuando habría de producirse lo que desde los estudios sobre historia del
coleccionismo artístico en España ha sido calificado como el triunfo de la
pintura, tendrían cabida asimismo otro tipo de prácticas y de relaciones con
objetos de naturaleza diversa a los cuadros, con los que convivían muchas veces
en un mismo palacio.
Artífices y
profesionales de la geometría
En lo que
respecta a los artífices, las informaciones que se han analizado han permitido
dar cuenta y conocer la multiplicidad de perfiles que poblaron el escenario
cortesano de la época. Si bien, en términos generales, esta era una realidad
conocida por la historiografía, las particularidades sobre las que se ha puesto
el foco no lo eran tanto. En cuanto a los relojeros y constructores de
instrumentos de medición, los escasos estudios centrados en la corte española
que hasta la fecha han visto la luz, se habían centrado, fundamentalmente, en
la figura de Juanelo Turriano y en las relaciones comerciales que durante los
años centrales del reinado de Felipe II mantuvo la corte española con los
científicos y constructores de instrumentos de la Escuela de Lovaina. Si bien
se trata de estudios de incuestionable valor y las relaciones (y dependencia)
comercial de España respecto a los Países Bajos en el aprovisionamiento de
instrumentos y material cartográfico ha sido un factor tenido en cuenta en este
estudio, aquí se ha tratado de explorar qué sucedía en el contexto de la corte
de Madrid especialmente tras la muerte de Juanelo en 1585.
495 Preparado por Patricio Barros
El
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Las
informaciones que se han analizado sobre algunos relojeros han permitido, por
un lado, reflexionar sobre la difusión y la demanda que existía de tales
instrumentos en la corte y, por otro, introducir algunas significativas
cuestiones en el debate en torno al reconocimiento social que pretendían
alcanzar tanto las ciencias como las artes hacia finales del siglo XVI. En
relación con este último asunto, resulta interesante insertar en el debate
sobre la liberalidad a la que aspiraban las artes “mecánicas” la noticia
documental relativa a la concesión del privilegio de nobleza en 1562 a un
relojero del que poco (o más bien nada) se sabía hasta la fecha como Martin
Altman. Así, mientras que el más célebre “arquitecto de relojes” de la época
—Juanelo Turriano— hasta donde es sabido jamás llegó a alcanzar tal privilegio,
sin embargo, un cuasi-ignoto Altman sí lo hizo. Por otra parte, si se analiza
comparativamente la temprana fecha del privilegio de nobleza de este relojero
alemán que a priori desempeñaba un oficio considerado “mecánico” con la
cronología y el proceso de reconocimiento de otras artes consideradas
“mecánicas” en el contexto español, esta noticia resulta todavía más llamativa
si cabe. Pensemos, por ejemplo, en el debate que tuvo lugar en España en torno
a la defensa de la liberalidad de la pintura en fecha cercana. Un proceso que
no llegaría a culminarse —al menos “simbólicamente”— hasta que al celebérrimo
pintor de Felipe IV, Diego Velázquez, le fuera concedida la orden de Santiago
en 1658, esto es, casi 100 años después del privilegio a Altman. Aunque
seguramente resten todavía nuevos datos por conocer sobre el cursus honorum de
Altman, la existencia
496 Preparado por Patricio Barros
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de tal
noticia no hace sino invitarnos a, cuanto menos, tomar en consideración a
algunos artífices y constructores de instrumentos activos en la corte española
a finales del siglo XVI y que hasta este momento no habían recibido apenas
atención.
Por otra
parte, en este libro se ha querido reflejar cómo el espacio donde confluirían
las distintas visiones que encarnaban los artífices de la geometría (pintores,
arquitectos, ingenieros, cosmógrafos, etc.) fue el palacio y, más
específicamente, el Alcázar de Madrid. La confluencia de todas esas imágenes
que representaban el mundo en el espacio donde residía el poder del soberano,
no era sino el reflejo de las aspiraciones y necesidades de la monarquía
española. Una monarquía que, incluso cuando la extensión territorial de sus
reinos se vio sacudida por las importantes pérdidas que tuvieron lugar ya
durante la década de 1630, sintió la necesidad de promover importantes
programas iconográficos que reflejaran la asociación metonímica entre la imagen
del rey y sus dominios territoriales, puesto que, como se ha concluido en la
segunda parte del libro, “cuando no bastaba un mundo, era menester
representarlo”.
Lo
indecible
“El temor a
no poder decirlo todo aparece no solo frente a una infinidad de nombres, sino
también a una infinidad de cosas”671. Esta afirmación de U. Eco, recogida en su
sugerente obra El vértigo de las listas, refleja alguna de las circunstancias
que desearía hacer constar en esta parte final del libro.
ECO, 2009,
p. 67.
497 Preparado por Patricio Barros
El
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La primera
tiene que ver con las listas utilizadas que han sido uno de los pilares sobre
los que, en buena medida, se ha construido la arquitectura de este discurso. Si
bien es cierto que dichas listas — generalmente de carácter práctico, como son
inventarios, tasaciones o almonedas de bienes— han aportado gran cantidad de
datos (muchos de los cuales se desconocían hasta el momento) que, cotejados con
otras fuentes (tratadística, correspondencia, relaciones históricas, etc.) han
permitido reconstruir en bastantes casos el gusto y la relación que sus
propietarios mantuvieron con tales objetos; no es menos cierto que muchas de
esas listas contienen aspectos imposibles de conocer o bien, que resulta
imposible detallar e incluir en un trabajo de investigación que,
necesariamente, debe llegar a un fin.
En cuanto a
los aspectos imposibles de conocer, pensemos en la significativa cantidad de
asientos que figuran en los inventarios a los que se ha hecho alusión,
descritos lacónicamente como cajones que contienen “cosas”, sin especificar.
Aunque resultaría interesante conocer los contenidos de registros como el de
“otro caxon con unos papeles de legaxos de fortificación” que figuraba en el
inventario de la librería del conde de Puñoenrostro672, difícilmente llegaremos
a saber jamás las características de tales diseños. A la diferente naturaleza
de las listas utilizadas, así como a las limitaciones inherentes a cada uno de
estos registros de bienes, se ha referido en cada caso, en el lugar oportuno.
DADSON,
1998, Inv. IV-A, p. 356.
498 Preparado por Patricio Barros
El
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Ahora bien,
también es cierto que las listas muchas veces sugieren un “etcétera”. En lo que
a esta investigación respecta, el análisis de algunas de las listas a las que
aquí nos hemos asomado por primera vez, es susceptible de ser la base de
futuras investigaciones. Por otra parte, existen otras cuestiones que aparecen
recogidas en este libro que bien podrían constituir por sí mismas el tema de
una investigación monográfica. Así, por ejemplo, han sido analizadas un número
significativo de noticias documentales relativas al envío de instrumentos
científicos y de medición como regalos diplomáticos entre las principales
cortes europeas de la época que ha permitido documentar, entre otras
cuestiones, la presencia de uno de los primeros telescopios galileanos en
Madrid en 1613. A buen seguro, en esa línea de investigación restan todavía
muchos aspectos a explorar y a descubrir. Por otra parte, se tiene constancia
de que en la corte española hubo otros nobles y cortesanos que cultivaron su
ingenio tanto en las artes como en las ciencias y que reunieron instrumentos
científicos, mapas y otros objetos de naturaleza afín que todavía permanecen a
la espera de estudio. En lo que a los artífices de la geometría respecta, se
tiene asimismo noticia de que hubo otros profesionales en cuyas personas
confluían las artes y las ciencias, ¿quién era y qué funciones desempeñaba
Antonio Spano en la Academia de Matemáticas a la que se incorporó en 1595
debido a su habilidad “en cosas de scultuta y cosmografía y otras”?673. Pero incluso,
en relación con los artífices que aquí se han
VICENTE
MAROTO, ESTEBAN PIÑEIRO, 2006, p. 106 y pp. 129-130, doc. 21. Cédula de Felipe
II ordenando al pagador de las obras del Alcázar pague a Antonio Spano,
escultor y cosmógrafo, cien ducados de salario al año, desde el día de la
fecha, al tomarle al servicio real-
499 Preparado por Patricio Barros
El
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estudiado,
¿no sería interesante conocer más datos sobre el relojero Martin Altman
encumbrado a la categoría de nobleza? Como sucede habitualmente, todo trabajo
de investigación abre la puerta a otras preguntas y, por lo tanto, a otras
investigaciones. En este libro se ha tratado de contribuir a un mejor
conocimiento en torno a las dinámicas culturales y a las transferencias entre
arte y ciencia en la corte de los Austrias y esperamos poder seguir avanzando
en esa dirección. Etcétera.
Madrid, a
26 de junio de 1595. De su labor como escultor se sabe que fue autor de un
rosario de marfil con grabados del zodiaco y del Antiguo Testamento para el
obispo de Constanza, Jacobo Fugger, y de una placa de marfil para El Escorial
donde se representaba la Adoración de los Reyes: ESTELLA MARCOS, 1978.
500 Preparado por Patricio Barros
El
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Malfatti Padoano, Con vn Cathalogo del Medesimo di cento ep iu famosi Dei, lor
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