Libro N° 14656. Cerebro Y Psique. Winson, Jonathan.
© Libro N° 14656. Cerebro Y Psique. Winson, Jonathan. Emancipación. Enero 3 de 2026
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CEREBRO Y PSIQUE
Jonathan Winson
Cerebro Y
Psique
Jonathan Winson
Cerebro Y
Psique
Jonathan
Winson
Reseña
En 'Cerebro
y Psique', Jonathan Winson explora la relación entre la mente y el cerebro,
ofreciendo una perspectiva que integra los descubrimientos neurocientíficos con
las teorías psicológicas. El autor analiza cómo los avances en la neurociencia
pueden proporcionar una base biológica para comprender los procesos mentales y
emocionales, abordando temas como la memoria, la percepción, el sueño y la
interpretación de los sueños. Winson critica las tesis de Freud y propone un
nuevo enfoque para entender la psique humana a través del estudio del cerebro.
Índice
Agradecimientos
Introducción
1. El
cerebro
I. Memoria,
percepción y emoción
II. El
sueño y los sueños
2. La mente
III. Los
primeros descubrimientos IV. La interpretación de los sueños
V. Avances
posteriores
3.
Mecanismos neurales
VI. Período
crítico
VII. El
ritmo theta del hipocampo
VIII.
Conmutación neuronal del hipocampo 4. Hipótesis
IX. Crítica
del psicoanálisis
X. Epílogo
Referencias
Glosario
A la
memoria de mis padres
Agradecimientos
Ante todo,
deseo expresar mi gratitud a la National Science Foundation, al National
Institute of Mental Health y a la Harry Frank Guggenheim Foundation por
facilitarme la ayuda que hizo posible mi investigación. Larry Squire, Mortimer
Mishkin, Torsten Wiesel, Peter Marler, James Ranck, Rosalind Cartwright y
Benjamin Libet, todos ellos neurocientíficos o especialistas en la
investigación sobre el sueño, colaboraron conmigo revisando aquellas partes del
libro en las que se habla de sus trabajos. Agradezco su esfuerzo y sus
comentarios. Mi especial agradecimiento también a Patricia Goldman-Rakic y
Robin Fox, por haber revisado todo el manuscrito y por haberme enriquecido con
sus conocimientos. Fueron muy valiosas las charlas que tuve con John Rainer,
psiquiatra y analista, y deseo manifestar mi gratitud por ello. Fueron también
muy útiles mis conversaciones con el psicoanalista Arthur Blatt.
La
Universidad Rockefeller es una institución única, como lo son también sus
licenciados. De entre ellos quiero dar las gracias especialmente a Paul Roossin
por sus adecuados comentarios sobre la edición y por las fructíferas y
frecuentes charlas que mantuvimos, y quiero agradecer también a Chiye Aoki su
lectura crítica del manuscrito original. También tuve la suerte de contar con
Mark Cohen para las ilustraciones.
Doy las
gracias a mis buenos amigos Iris y Bill Willey y Laura y Marvin Mausner por
haber leído el libro y haberme dado su opinión. Finalmente, doy las gracias a
mi mujer, Judy, por su estímulo y su apoyo constantes, así como a mi hija June
por el entusiasmo que me transmitió a lo largo de mi proyecto.
A James
Raimes, editor de Doubleday, le gustó mi manuscrito y me ayudó a presentarlo a
un público más amplio que el puramente científico. Este libro no hubiera sido
posible sin su ayuda.
Sólo deseo
añadir que me han ayudado mucho los comentarios que he recibido, pero la
responsabilidad de las opiniones que aparecen en este libro es enteramente mía.
Introducción
Y el hombre
debería saber que sólo del cerebro proceden la
alegría, la
risa y las bromas, así como las penas, los
pesares, el
desaliento y las lamentaciones. Y así, de una
forma
especial, adquirimos conocimiento y sabiduría y
vemos,
oímos y conocemos lo que es malo y lo que es bueno,
lo que es
agradable y lo que no es apetecible... y por el
mismo
órgano nos volvemos locos y delirantes y nos asaltan
miedos y
temores, a veces de día, y de él proceden sueños,
divagaciones
inoportunas, preocupaciones inadecuadas, e
ignorancia
de las circunstancias presentes, inquietudes y
torpezas.
Todo ello nos viene del cerebro cuando no está
sano porque
se encuentra más frío o más húmedo o más
seco de lo
normal o cuando sufre otras afecciones fuera de
lo
corriente.
HIPÓCRATES,
S. V a.C.
Las
intuitivas palabras de Hipócrates que preceden constituyen lo que es quizás el
reto más importante para la ciencia: entender cómo la vida, mental del hombre
deriva del funcionamiento físico del cerebro. Únicamente con este conocimiento
podemos entender nuestra naturaleza, sus orígenes y nuestra relación con todo
lo que nos rodea.
El problema
es muy difícil. Por un lado está el cerebro, con su abrumadora complejidad, con
miles de millones de neuronas que se interconectan, cada una de las cuales
constituye por sí misma una unidad de integración altamente complicada. Por
otro lado está la vida mental del hombre, fugaz y mal definida, descrita por
escritores y poetas, debatida por filósofos y conocida por cada persona en su
versión propia.
Hace poco
más de cien años, algunos médicos empezaron a aportar conocimientos a la rama
de la ciencia que ahora se conoce con el nombre de neurociencia. En Inglaterra,
el neurólogo Hughlings Jackson se dio cuenta de que los ataques epilépticos de
sus pacientes empezaban algunas veces por un pequeño movimiento en alguna parte
del cuerpo. En cada paciente el movimiento siempre era el mismo. Ello le llevó
a pensar que una irritación localizada en un área del córtex (o corteza)
cerebral, principio del ataque epiléptico, causaba la respuesta motriz, y con
este descubrimiento empezó el estudio del control cortical del movimiento. En
París, el médico Pierre-Paul Broca examinó el cerebro de pacientes que durante
su vida habían perdido la capacidad de hablar, y concluyó que la causa de ello
eran las lesiones de una región del córtex cerebral izquierda. Broca había
localizado el lenguaje en la parte izquierda del cerebro. Un poco más tarde, el
neuroanatomista español Santiago Ramón y Cajal hizo un importante descubrimiento
al observar con el microscopio las finas prolongaciones de las neuronas
cerebrales de animales jóvenes. Cajal advirtió que había una prolongación de la
neurona (el axón) que crecía hacia el cuerpo de otra a medida que el cerebro se
desarrollaba. También observó un engrosamiento en el punto donde el axón de una
neurona se encontraba con el cuerpo de otra, y postuló que las neuronas no
forman una red continua, tal como se creía en ese tiempo, sino que son
entidades individuales, separadas unas de otras por estrechos intersticios.
Los
conocimientos en neurociencia han avanzado continuamente desde entonces. Se ha
podido seguir el recorrido de las vías neuronales utilizando sofisticadas
técnicas. Se han descubierto los fenómenos eléctricos y químicos por medio de
los cuales se comunican las neuronas. Se han hecho grandes hallazgos, pero cada
uno de ellos ha revelado un nivel nuevo de complejidad. El conocimiento global
de cómo las neuronas actúan en conjunto para que el cerebro pueda realizar su
función requiere comprender previamente el funcionamiento de la neurona
individual. Se sabe mucho sobre la anatomía y fisiología de las neuronas de
algunas estructuras cerebrales, e incluso algo de las funciones que estas
estructuras individuales llevan a cabo. Pero la lógica neuronal del cerebro, la
manera en que las estructuras cerebrales trabajan al unísono para producir los
fenómenos psicológicos y el comportamiento, todavía no se comprenden en
absoluto.
¿Qué
podemos decir del estudio de la mente en sí misma, del análisis psicológico? La
aportación más importante a dicho análisis se debe a Sigmund Freud. Freud
empezó su carrera como neurocientífico: mientras era estudiante de medicina en
la Universidad de Viena trabajó en el laboratorio de Ernst Brücke, un
importante fisiólogo, realizando estudios neuroanatómicos en vertebrados
inferiores. Ya con el título de médico continuó sus trabajos en neuroanatomía,
especializándose en el bulbo raquídeo, una región del tallo encefálico de los
mamíferos. La historia posterior de Freud es bien conocida. Se hizo neurólogo,
colaboró con Josef Breuer en el tratamiento de la histeria, utilizando la «cura
mediante la conversación», y en el curso de varios años desarrolló el método
psicoanalítico. La culminación de este proceso fue la publicación en 1900 de La
interpretación de los sueños, que presentaba una concepción enteramente nueva
de la personalidad humana.
La
concepción de Freud era atrevida por su audacia y envergadura. Por primera vez,
las misteriosas corrientes subterráneas de la naturaleza humana, durante largo
tiempo conocidas pero no entendidas, tenían una explicación congruente. Por un
lado estaba el inconsciente —formado por los pensamientos y deseos más
primitivos—, que era reprimido, refrenado y apartado de la conciencia por la
censura de la mente. Aunque reprimidos, estos pensamientos y deseos tenían una
gran influencia en la vida emocional de las personas y en su comportamiento, y
determinaban en gran manera la personalidad. En algunas personas, los
pensamientos inconscientes causaban neurosis. Desvelando estos pensamientos
mediante las asociaciones libres durante el psicoanálisis, se podían descubrir
las razones de la neurosis y, en muchos casos, curarla. Freud desarrolló estos
conceptos analizando los sueños de sus pacientes y, como parte de su teoría,
presentó otro trascendental descubrimiento: el del significado de los sueños.
Para Freud, los sueños eran la expresión de los deseos más primarios del
inconsciente, que «burlaban» la censura de la mente mientras el sujeto dormía,
cuando ésta se encontraba de alguna manera relajada. Freud no se limitó a
presentar esta hipótesis; en La interpretación de los sueños la documentó,
clasificando y analizando meticulosamente muchos sueños.
A todo ello
siguió uno de los capítulos más irónicos de la historia intelectual moderna.
Las ideas de Freud llegaron a dominar la psiquiatría y la psicología clínica y,
además, ejercieron una profunda influencia en la cultura de la sociedad
occidental. Esta influencia persiste, pero a partir de la década de 1950 ha
habido un declive en la aceptación del psicoanálisis como método de tratamiento
y de la teoría freudiana como explicación del funcionamiento de la mente. El
psicoanálisis ha sido suplantado por otros medios para tratar las enfermedades
mentales, y la teoría de Freud, que él y sus seguidores fueron desarrollando a
niveles cada vez más complejos y contradictorios, ha sido ampliamente
criticada. En consecuencia, el psicoanálisis es hoy día una disciplina
minoritaria en psiquiatría. Pero, a pesar de todo, nunca ha dejado de
reconocerse a intuición de Freud y la exactitud de muchas de sus observaciones,
y persiste la sensación de que reveló grandes verdades. Y no ha habido ninguna
teoría alternativa para explicar el funcionamiento de la mente humana.
En ese
punto estamos todavía. La neurociencia va revelando lentamente varios aspectos
del funcionamiento cerebral, tales como la manera en que se percibe y se
recuerda el mundo sensible o la forma en que el cerebro controla la acción de
los músculos y el cuerpo. Trabaja hacia una comprensión de la biología de la
mente, pero se halla aún muy distante de ella. Y la teoría de Freud,
convincente aún en gran medida, queda como algo dudoso que debe demostrar su
validez.
Si se
descubriera una conexión entre el funcionamiento físico del cerebro y la mente,
se nos aclararían muchas cosas. Las observaciones de Freud, muchas de las
cuales han sido confirmadas por los psicoanalistas a lo largo de los años,
podrían ser explicadas con una base biológica. Nos acercaríamos con ello a la
comprensión de la naturaleza humana que tanto buscamos.
En este
libro sugiero que quizá pueda existir esta conexión. Creo que algunos de los
recientes hallazgos neurocientíficos proporcionan una conexión entre el cerebro
y la mente, una conexión que empieza con un cambio evolutivo en el cerebro de
los mamíferos, ocurrido hace 140 millones de años. Este cambio fue retenido en
el cerebro de los mamíferos que se sucedieron hasta llegar al ser humano y
también en éste, en cuyo cerebro reside la base física del inconsciente de
Freud. Este conocimiento biológico nos lleva a una nueva concepción del
inconsciente, así como de la represión y del significado de los sueños.
Este libro
presenta mi hipótesis acerca de la conexión entre el cerebro y la mente. El
plan del libro es, en primer lugar, describir los resultados experimentales en
dos amplias áreas de la neurociencia en las cuales se basa la hipótesis. Esto
ocupa los dos capítulos de la primera sección, titulada El cerebro. En el
primero se considera cómo percibimos y recordamos la información procedente del
mundo exterior. Empieza describiendo un caso bien conocido de un hombre que
sufría una severa pérdida de memoria. El lector se familiarizará así con varios
de los mecanismos mediante los cuales el cerebro procesa la memoria. Luego se
describe cómo el cerebro analiza y combina los diversos elementos que
constituyen la memoria de un hecho —lo visto, lo oído y otras sensaciones, así
como cualquier emoción que pueda asociarse al hecho— A lo largo de la
descripción se presenta al lector el hipocampo, una estructura cerebral
íntimamente asociada con el procesamiento de la memoria y a partir de la cual
se obtendrán más tarde importantes claves para el inconsciente. El segundo
capítulo considera el sueño y su historia evolutiva. Se explica el
descubrimiento hecho en los años cincuenta de que los sueños tienen lugar a
intervalos regulares a lo largo de la noche, durante una fase específica del
sueño. Este descubrimiento y la historia de la evolución de los sueños son dos
indicios más a favor de las bases físicas de la función mental.
Esta
primera sección, además de servir para presentar la base física de mi
hipótesis, ha sido pensada para dar al lector una comprensión general del
funcionamiento del cerebro. Cada uno de los temas neurocientíficos es tratado
desde el punto de vista histórico. Veremos cómo se hicieron los distintos
descubrimientos y expondremos lo que se sabe hasta hoy en cada área específica.
He descrito el cerebro pensando en los lectores interesados en la materia pero
profanos en ella, y creo que no van a tener ninguna dificultad en entenderlo.
Para los interesados en ampliar la lectura, al final del libro se incluye una
sección de notas y referencias sobre las obras científicas a partir de las
cuales se ha estructurado el contenido del mismo.
Los sueños
son el puente entre el cerebro y la mente. Van asociados a un proceso
fisiológico identificado en el cerebro, y son también la materia prima
utilizada por Freud para desarrollar sus teorías. Este puente se cruza en la
segunda sección del libro, titulada La mente. En ella se explican y analizan
las teorías de Freud y de psicoanalistas posteriores. Estos datos constituyen
la mejor clave para comprender la mente, y mi propósito es detectar aquellos
que puedan considerarse fiables y encontrar para ellos una base en el
funcionamiento del cerebro. La teoría de Freud acerca del inconsciente y de la
estructura de la mente fue presentada en su libro La interpretación de los
sueños. En el capítulo cuarto se exponen los puntos más importantes del libro
de Freud. Describo sus teorías sobre los sueños, la represión y la censura para
compararlas más tarde con conceptos derivados de mi hipótesis. Empiezo dicha
sección sobre la mente con un capítulo introductorio titulado Los primeros
descubrimientos, una breve biografía científica de Freud, hasta la época en que
publicó La interpretación de los sueños. Además de describir los primeros
descubrimientos de Freud y la manera cómo desarrolló sus métodos, presentaré
los antecedentes y circunstancias que dieron lugar a su particular pensamiento
científico, lo cual nos será de utilidad cuando hablemos de sus teorías. A
través de aquellos primeros descubrimientos, el lector se familiarizará también
con la naturaleza de diversos estados mentales y anormalidades tales como la
hipnosis, la personalidad múltiple y la neurosis —estados que cualquier teoría
global sobre la función de la mente debería poder explicar y que volveré a
considerar más tarde en relación con mis propias hipótesis—.
El capítulo
final sobre la mente, titulado Últimos descubrimientos, describe la situación
del psicoanálisis en la actualidad y completa la lista de fenómenos psíquicos
que hay que conectar con la fisiología cerebral.
El conjunto
de capítulos que tratan de la mente tienen dos finalidades: presentar las
observaciones psicológicas relevantes para mi hipótesis, y ayudar al lector a
comprender la historia, el contenido y el estado actual del psicoanálisis.
La tercera
sección del libro vuelve a referirse al cerebro y describe tres mecanismos
neurales específicos que constituyen importantes claves para la relación entre
el cerebro y la mente. Tales mecanismos son: la existencia de un período
crítico durante el desarrollo del cerebro en la primera etapa de la vida, el
ritmo theta del hipocampo y el mecanismo de conmutación neuronal del hipocampo.
Espero que el capítulo que trata del período crítico sea accesible al lector.
Los capítulos que describen el funcionamiento neural en el hipocampo son más
complejos, pero los detalles de este funcionamiento pueden obviarse sin mucho
problema.
En la
última sección del libro, titulada Hipótesis, se reúnen todas las piezas del
rompecabezas. En ella presento una teoría neurocientífica para explicar las
observaciones de Freud. De dicha teoría surge una reinterpretación del
significado de los sueños y, a partir de una síntesis de la neurociencia y de
los descubrimientos de Freud, surge también una interpretación de lo que pueden
ser los orígenes biológicos y la estructura de la naturaleza humana. Según mi
hipótesis, la naturaleza humana es un producto insólito de la evolución,
resultado de la unión de un intelecto consciente -presente sólo en el hombre—
con un mecanismo cerebral inconsciente, siempre activo en todo individuo
—dormido o despierto—, que ha sido heredado de nuestros antepasados mamíferos.
El resultado es maravilloso y al mismo tiempo la fuente de gran parte de las
aflicciones humanas. En el Epílogo del libro hablo de estos temas, así como de
la posible manera de probar mi hipótesis.
Como
neurocientífico he encontrado fascinante la labor de intentar comprender la
relación entre el cerebro y la mente. Ha sido como intentar resolver una gran
novela científica de intriga, y espero que en las páginas siguientes el lector
comparta este entusiasmo conmigo.
Parte 1
El cerebro
Para
entender lo que se conoce como fisiología de la mente,
hay que
considerar seriamente todas las sensaciones que
aparecen en
los casos de epilepsia, desde las más
impersonales
(como las de la visión) a las más personales
(las
sistémicas).
HUGHLINGS
JACKSON
British
Medical Journal (1874)
Capítulo I
Memoria,
percepción y emoción
Contenido:
§.
Introducción al hipocampo
§.
Percepción
§. Emoción
§.
Introducción al hipocampo
Corría el
año 1953. En el departamento de neurocirugía del Hartford Hospital, en
Connecticut, se estaba estudiando la posibilidad de operar a un epiléptico de
veintinueve años, al que llamaremos H. M. Este hombre, que había hecho los
estudios de bachillerato y poseía una buena capacidad intelectual, venía
sufriendo ataques de epilepsia desde la edad de catorce años. Los ataques, que
tenían lugar sin previo aviso, consistían en convulsiones generalizadas,
acompañadas de mordedura de la lengua, incontinencia urinaria y pérdida de la
conciencia. Habían aumentado en frecuencia y en intensidad con el paso de los
años y no podían ser controlados con los medicamentos anticonvulsivos. Su
inteligencia permanecía intacta, pero ya no era capaz de trabajar, y se esperaba
poder aliviarle con un tratamiento neuroquirúrgico que estaba en vías de
experimentación.
Era la
época de la psicocirugía. El equipo quirúrgico del Hartford Hospital,
encabezado por William Scoville, había realizado en los años anteriores a 1953
varios centenares de lobotomías frontales parciales en pacientes seriamente
afectados de esquizofrenia. En la técnica de lobotomía frontal que predominaba
en aquella época se cortaban todas las vías de conexión entre los lóbulos
frontales y el resto del cerebro. Con ello se lograba aliviar los síntomas
psicóticos, pero se producía un deterioro de la personalidad. Scoville aplicaba
una técnica de lobotomía parcial en la que se seccionaba un número menor de
fibras de conexión, intentando así obtener los beneficios de la lobotomía total
para la psicosis pero sin que se manifestaran los efectos no deseables sobre la
personalidad. De hecho, sus resultados fueron alentadores.
En un
ulterior intento para mejorar su procedimiento. Scoville Denso que, en lugar de
cortar algunas de las vías de conexión con os lóbulos frontales, obtendría
mejores resultados si extirpaba otra estructura cerebral, la amígdala, y una
pequeña parte de otra, el hipocampo. Estas estructuras se encuentran debajo del
córtex cerebral, y tienen conexiones nerviosas con la región frontal del mismo
(véase fig. 1-5).
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El
hipocampo es una estructura simétrica —es decir, posee una parte izquierda y
otra derecha equivalentes—, y la amígdala es una estructura doble —es decir,
hay una izquierda y otra derecha— La extirpación de la amígdala y de una
pequeña parte del hipocampo no resultó eficaz para el tratamiento de la
psicosis, pero se pudo observar que no se producía deterioro alguno de las
funciones mentales como resultado de la operación.
Así pues,
se pasó a considerar la posibilidad de operar al joven epiléptico. Se sabía que
el hipocampo era especialmente propenso a la actividad epiléptica. Wilder
Penfield había tratado eficazmente la epilepsia en el Montreal Neurological
Institute extrayendo la amígdala y el hipocampo de la izquierda o la derecha,
si bien nunca de ambos lados. En vista de la gravedad de la epilepsia de H. M.
y de la aparente ausencia de deterioro de las funciones mentales que se había
observado en los pacientes operados por Scoville, éste decidió utilizar el
procedimiento quirúrgico más drástico y extraer las dos amígdalas, casi todo el
hipocampo y algunas áreas del córtex cerebral contiguo de ambos lados.
Después de
la intervención, la epilepsia de H. M. experimentó alguna mejora (actualmente
está controlada con medicación). Siguió siendo una persona tan agradable como
antes y tampoco se vio afectada su capacidad de comprensión y de razonamiento.
Sin embargo, H. M. sufre desde la época de su operación una pérdida casi total
de la memoria reciente. No puede recordar los hechos ocurridos unos momentos
antes. No reconoce, por ejemplo, a gente que ha visto poco rato antes y con la
cual puede haber pasado varias horas. Durante
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años, H. M.
asistió a un centro de rehabilitación estatal ejecutando tareas manuales
simples, pero durante todo ese periodo nunca fue capaz de describir su lugar de
trabajo, la naturaleza de su tarea o la ruta por la que era conducido cada día.
En la actualidad, tampoco recuerda nada sobre aquel trabajo. Minutos después de
haber realizado una comida no la recuerda, y puede volver a comer si se le
ponen los alimentos delante. Su madre ha explicado cómo H. M. puede hacer un
mismo rompecabezas día tras día sin mejorar su ejecución, igual que si el
rompecabezas fuera distinto cada vez, y cómo puede leer la misma revista una y
otra vez, sin recordar nada de su contenido. H. M. comenta: «Cada día es una
experiencia aislada, con sus alegrías y sus penas» De hecho vive cada momento
sin conexión con el pasado.
H. M. ha
sido estudiado intensamente durante más de veinte años, primero por Brenda
Milner, del Montreal Neurological Institute, y más tarde por otros
neuropsicólogos. Mucho de lo que hoy día se sabe sobre la memoria humana lo
hemos aprendido de este paciente. En su déficit mental hay dos aspectos que nos
interesan especialmente. El primero es que, a pesar de que H. M. no puede
recordar hechos recientes, puede recordar los pasados. El otro aspecto se
refiere a una cierta selectividad en la pérdida de la memoria, pues puede
aprender nuevas tareas que requieren la adquisición de nueva información.
Después de
su intervención, realizada en 1953, H. M. no recordaba nada de su estancia en
el hospital previa a la operación. No reconoció a Scoville ni al personal del
hospital, y no sabía ir de su habitación al lavabo. Se vio que esta amnesia
retrógrada llegaba hasta unos tres
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años antes
de su operación, es decir, a 1950. En este año se murió un tío suyo muy querido
por él, y cada vez que se le menciona este hecho muestra sorpresa y dolor. Sin
embargo, los recuerdos anteriores a 1950 permanecen intactos. En 1974 se
exploró la evolución de su pérdida retrógrada de memoria. Se le mostraron
fotografías de ochenta y cinco personas famosas —artistas, políticos, líderes
extranjeros, presidentes de Estados Unidos— que habían sido importantes entre
las décadas de los 20 a los 60, y se le pidió que los identificara. La prueba
se hizo también a un grupo de hombres normales de la misma edad, ambiente e
inteligencia que H. M. Este identificó los rostros famosos de las décadas de
los 20, los 30 y los 40 tan bien como el grupo control, pero no pudo reconocer
los personajes que habían sido famosos entre 1950 y 1960 (naturalmente, el
grupo de individuos normales sí pudo reconocer dichos rostros).
¿Qué
conclusiones podemos aventurar de todo esto? Si aceptamos que el trastorno de
memoria de H. M. fue debido a la extracción bilateral de la mayor parte del
hipocampo, entonces podemos suponer que esta parte del cerebro es necesaria
para que los hechos ocurridos recientemente se conviertan en recuerdos
duraderos. Asimismo, parece evidente que el hipocampo’ no es necesario para
evocar recuerdos más antiguos. Así, H. M. reconoce a su familia y a sus
antiguas amistades y puede leer, escribir y hacer operaciones aritméticas,
habilidades que adquirió en su infancia.
Hay otros
casos similares al de H. M. En 1957, Scoville y Milner publicaron el primer
informe sobre los casos quirúrgicos de Scoville. Varios meses antes de la
operación de H. M., se habían extraído las
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dos
amígdalas y gran parte del hipocampo a dos pacientes: una mujer que padecía
psicosis maniacodepresiva y un esquizofrénico paranoide. Cuando se descubrió la
pérdida de memoria de H. M., estos pacientes fueron sometidos a pruebas y se
vio que estaban en las mismas condiciones (no se había notado antes el
deterioro de su memoria debido a lo perturbado de su estado emocional). Los
pacientes de Scoville a los que se les había extraído la amígdala, pero no el
hipocampo mostraban ciertos problemas de memoria, pero no las severas
deficiencias que aparecían cuando también se había extirpado el hipocampo.
Un síndrome
como el de H. M. se encontró también en dos de los pacientes epilépticos de
Wilder Penfield a quienes se les había extraído unilateralmente la amígdala y
el hipocampo en los años 40. En 1975 murió uno de estos pacientes por otras
causas, y Penfield llevó a cabo la autopsia para averiguar por qué la
extracción de medio hipocampo implicaba pérdida de memoria cuando ésta
generalmente se asociaba a la extracción bilateral. La autopsia reveló que la
porción de hipocampo no extirpada se había deteriorado, según todas las
apariencias, poco después del nacimiento del individuo. Así, el resultado de la
operación era el mismo que si se hubiera extraído todo el hipocampo. En este
caso, Penfield había extraído sólo el tercio anterior de un lado del hipocampo;
el síndrome era idéntico —no se recordaban los hechos recientes y, sin embargo,
los recuerdos anteriores permanecían intactos—, pero el período de tiempo sin
recuerdos anterior a la operación era de aproximadamente un año en vez de tres.
El otro paciente de Penfield con el síndrome de H. M. sigue
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vivo.
Penfield le extrajo una amígdala y la mitad correspondiente del hipocampo, y
probablemente en este caso se da también una destrucción bilateral1 a una
combinación de causas naturales en un lado del cerebro y quirúrgicas en el
otro. El período de amnesia retrógrada en este paciente es de cuatro años.
Así pues,
H. M. no es un caso aislado. La destrucción bilateral de la amígdala y el
hipocampo reduce nuestra percepción del mundo a la del momento actual.
Los
aspectos más dramáticos del síndrome de H. M. hicieron que inicialmente no se
prestara demasiada atención al hecho de que en este paciente también se había
borrado la memoria de los hechos acaecidos varios años antes de la operación.
Pero algunos experimentos recientes con terapia electroconvulsiva realizados en
el laboratorio neuropsicológico de Larry Squire, profesor de psiquiatría en la
Universidad de California, han centrado la atención sobre este punto.
La terapia
electroconvulsiva es muy utilizada en las depresiones severas. Actualmente se
aplica a los pacientes previa administración de un anestésico y un relajante
muscular. Seguidamente se colocan los electrodos en el cráneo del paciente,
sobre la región temporal izquierda y derecha, y se hace pasar corriente alterna
entre los electrodos durante aproximadamente medio segundo. No se produce una
clara convulsión, si bien se da una actividad eléctrica paroxística dentro del
cerebro. El tratamiento se repite generalmente unas dos o
1 Es
preciso recordar que la amígdala también fue extraída en H. M. Algunas
investigaciones recientes realizadas con animales sugieren que se ha de extraer
también la amígdala para que el déficit de memoria reciente sea completo. Ver
nota 9 para comentarios más amplios.
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tres veces
por semana durante dos a cuatro semanas. Es bastante eficaz, y a veces es el
único medio de aliviar la depresión. Sin embargo, después de su aplicación se
produce casi siempre una cierta pérdida de memoria. Este déficit es reversible,
pues desaparece al cabo de unos siete o nueve meses después del tratamiento2.
Squire y sus colegas han observado a los pacientes durante el período de
pérdida de memoria y han notado que dicha pérdida tiene dos facetas. Por un
lado, tales pacientes tienen dificultades para grabar nuevos recuerdos, de modo
que, al igual que H. M., no pueden retener información más allá de un corto
período. Este aspecto del déficit de memoria se recupera considerablemente en
un mes. Pero, además, también hay cierta amnesia en lo que respecta a recuerdos
más antiguos, y es aquí donde el equipo de Squire descubrió un fenómeno
realmente interesante.
Squire
estudió a varios pacientes que estaban recibiendo series de electroshocks para
tratar su depresión. Seleccionó veinticinco programas de televisión, cada uno
de los cuales había aparecido sólo durante una temporada entre los años 1967 a
1974; de éstos, diez pertenecían al período 1973-74, siete al período 1970-72 y
ocho a 1967-68. Todos los programas tenían el mismo grado de popularidad (según
los haremos de Nielsen), de modo que no había gran discrepancia en el número de
veces que el público en general había visto un programa u otro. Antes de que el
paciente recibiera el
2 Con la
excepción de que puede haber una amnesia duradera para hechos de la época del
tratamiento o de un mes o dos después de él. Los shocks electroconvulsivos
unilaterales no producen tanta pérdida de memoria como los bilaterales y están
siendo utilizados actualmente en algunos servicios psiquiátricos.
23
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electroshock
se le decía el nombre de cada programa y se le pedía que explicara todo lo que
pudiera recordar sobre el argumento, los personajes y otros detalles. Como es
lógico, había una tendencia general a olvidar con el paso del tiempo. Los
individuos podían recordar un promedio de unos doce hechos de los programas más
recientes y sólo uno de los programas vistos siete años atrás. A continuación,
recibían los electroshocks durante un período de diez días. Una o dos horas
después del último tratamiento, se pedía a los pacientes que explicaran de
nuevo todo lo que podían recordar sobre los mismos programas. Al igual que en
el caso de H. M., los recuerdos más antiguos permanecían intactos, de modo que
sus recuerdos sobre los programas vistos siete años atrás y tres a cuatro años
atrás no cambiaban tras los sucesivos electroshocks. Sin embargo, su capacidad
para recordar programas de uno a dos años atrás era mucho más pobre comparado
con lo que recordaban antes del tratamiento. De hecho, después del tratamiento
recordaban menos los programas más recientes que aquellos otros que no veían
desde hacía tres o cuatro años. Así pues, los recuerdos antiguos adquiridos
tres o más años antes del tratamiento estaban protegidos de alguna manera
contra los electroshocks, mientras que los más recientes no. Squire confirmó
estos descubrimientos en otros pacientes, y después de estudiar el tema
detenidamente concluyó lo siguiente: «Los datos nos llevan a la conclusión de
que el substrato nervioso de la memoria a largo plazo cambia durante los años
posteriores al aprendizaje, y que la resistencia a la amnesia se desarrolla
como una consecuencia de estos cambios».
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Aparentemente,
en el cerebro humano ocurre un proceso nervioso lento, que dura aproximadamente
unos tres años, por medio del cual los hechos recientes pasan a estabilizarse
como memoria a largo plazo. El hipocampo parece ser fundamental para este
proceso, ya que si esta estructura no se halla presente y en buen
funcionamiento durante estos tres años los recuerdos no pueden ser evocados
posteriormente.
Estos datos
han llevado a dos hipótesis distintas. Una, la más moderada, supone que el
hipocampo contribuye de algún modo al proceso de formación de los recuerdos a
lo largo de tres años —quizá mediante la liberación de una hormona cerebral o
algo similar—. La hipótesis más atrevida sugiere que el hipocampo está
íntimamente involucrado en el proceso de almacenamiento de la memoria durante
un período de varios años, y que de este proceso resultan los recuerdos a largo
plazo, los cuales ya no dependen del hipocampo para ser recordados y no son
afectados por los electroshocks3.
Volveremos
al hipocampo en este capítulo y otros posteriores, ya que su papel en el
funcionamiento del cerebro aporta muchos datos para la comprensión de la
biología de la mente.
Anteriormente
ya indiqué que, a pesar de la fuerte pérdida de memoria de H. M., en algunos
aspectos su funcionamiento mental es normal. Su personalidad aproximadamente la
misma que antes de la operación, y puede leer, escribir y hacer operaciones
aritméticas.
3
Fácilmente se provocan crisis en el hipocampo por medio de estimulación
eléctrica. La pérdida de memoria puede provenir de las crisis que se producen
durante los electroshocks. La pérdida de recuerdos recientes puede deberse
también a los efectos del shock en el lóbulo temporal o en otras partes del
cerebro.
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Todo ello
es comprensible teniendo en cuenta su capacidad de recordar hechos y
experiencias antiguos4. Pero los neuropsicólogos que le hicieron pruebas
comprobaron algo aún más curioso: que su percepción, su capacidad de
razonamiento abstracto y su capacidad de aprender nuevas tareas no habían sido
afectadas por la extracción del hipocampo, siempre que estas tareas dependieran
de procesos de aprendizaje reglamentados —es decir, aquellos en los que un paso
va después de otro— más que del conocimiento de hechos no conectados el uno con
el otro por ninguna regla.
Un ejemplo
de la capacidad de percepción de H. M. eran los resultados conseguidos al
realizar el test de Mooney. En este test se muestra al individuo un modelo
confuso en blanco y negro, en el que hay una cara mal delimitada. El individuo
debe encontrar la cara en dicho modelo y determinar el sexo y edad aproximada
de la persona que ve ahí. H. M. respondió rápidamente y con exactitud a
cuarenta y cuatro de los modelos que le fueron presentados sucesivamente,
siendo este resultado superior a la media obtenida por un grupo control formado
por individuos de su misma edad. En cambio, cuando se le enseñaban doce
fotografías de caras y se le pedía que las seleccionara entre otras veinticinco
después de haberle distraído
4 Además,
la capacidad intelectual de H. M. prácticamente no sufrió cambio alguno con la
operación. Su C. I. era de 112 después de la operación, en contraste con 104
antes de ella. Se utilizó el test de inteligencia Wechsler-Bellevue para medir
su funcionamiento intelectual general. Este test mide la comprensión verbal, el
vocabulario y las habilidades aritméticas y no esperábamos hallar cambio alguno
en estas capacidades puesto que H. M. retiene los recuerdos más antiguos. Las
preguntas de este test sobre información de acontecimientos pasados no se
refieren a hechos recientes (probablemente para evitar el tener que
actualizarlo periódicamente) y por ello este test no detectó el déficit de
memoria de H M.
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durante 90
segundos, era incapaz de recordarlas y las seleccionaba al azar.
H. M.
aprendió también rápidamente una tarea que requería habilidades tanto motoras
como perceptivas. Brenda Milner estuvo explorando su capacidad para efectuar un
trazo con un lápiz siguiendo el espacio limitado por dos líneas paralelas,
situándolo de tal manera que sólo podía ver el movimiento de su mano a través
de un espejo. H. M. repitió la prueba durante varios días consecutivos, y,
aunque cada vez que hacía la prueba le parecía que era la primera, su curva de
aprendizaje era normal, es decir, que empezaba cada sesión al nivel de
aprendizaje que había alcanzado el día anterior.
En estos
últimos años, H. M. ha sido puesto a prueba con rompecabezas difíciles y los ha
resuelto bien. Un ejemplo de ello es el rompecabezas de la Torre de Hanói. En
este rompecabezas hay cinco discos de distinto diámetro con un agujero central,
que están ensartados en una estaca por orden de tamaño, hallándose el más
pequeño en la parte superior. Hay otras dos estacas contiguas alineadas, sin
discos. La tarea consiste en pasar los discos a la estaca más distante de
manera que queden en el mismo orden de tamaño, es decir, el más pequeño en la
parte superior. Los discos deben trasladarse de uno en uno de una estaca a
otra, y nunca puede situarse un disco más grande encima de otro más pequeño.
Después de un período de varias sesiones diarias, H. M. encontró la solución a
este complejo problema mediante un proceso de ensayo y error, de una forma
bastante similar a los individuos normales utilizados como
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control.
Sin embargo, en cada prueba pensaba que veía el rompecabezas por primera vez.
¿Cuál es la
base para esta extraña división de funciones entre la memoria de hechos y la
memoria de procesos? ¿Cómo se puede explicar el período de consolidación de la
memoria en tres años?
Estas
cuestiones son estudiadas actualmente en varios laboratorios neurocientíficos.
Se cree que las respuestas serán proporcionadas finalmente por el conocimiento
conjunto de la neuroanatomía y la neurofisiología. En lo que resta de capítulo
expondré algunas de las cosas que se saben sobre la anatomía y el
funcionamiento de las estructuras del cerebro relacionadas con los fenómenos
que he descrito, y prestaré especial atención al hipocampo por su particular
conexión con el funcionamiento de la mente.
§.
Percepción
Quizá la
mejor manera de empezar sea examinar el modo como el cerebro procesa la
información que recibe de los sentidos; por ejemplo, cómo «vemos» una escasa
visual. El cristalino del ojo enfoca primeramente la escena en la retina, donde
se encuentran más de 100 millones de células receptoras fotosensibles. La
información empieza a ser procesada dentro de la misma retina, y culmina con la
activación de unas neuronas llamadas células ganglionares. Aproximadamente un
millón de células ganglionares transmiten la información ya procesada
inicialmente en la retina al primer nivel de procesamiento dentro del mismo
cerebro, un grupo de neuronas del tálamo que forman el núcleo geniculado
lateral. El tálamo es una
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estructura
cerebral que se encuentra debajo del córtex, íntimamente conectada con éste
tanto anatómica como funcionalmente. Para cada uno de los sentidos —vista,
oído, tacto y gusto— hay una «estación de relevo» en el tálamo antes de que la
información pase al córtex (para el sentido del olfato el proceso es algo
distinto). La siguiente área del cerebro que recibe información visual desde el
tálamo es el córtex, y en particular un área de su parte posterior llamada
córtex visual primario o córtex estriado.
Fig.1-1. El
procesamiento de las imágenes visuales empieza en la retina del ojo, que
contiene las células ganglionares. Los axones de las células ganglionares
llevan las señales al núcleo geniculado lateral del tálamo, que es la primera
«estación de relevo» en el cerebro para el análisis de las imágenes visuales.
Desde ahí las señales son enviadas al córtex visual primario. Los dos lados del
cerebro trabajan en coordinación para producir la imagen visual. La parte de la
escena
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visual
situada a la izquierda de donde se dirigen los ojos es procesada por la parte
derecha del cerebro, mientras que las imágenes en el campo visual de la derecha
son procesadas por la parte izquierda. Después, los dos campos visuales se
reúnen para recrear la imagen original.
Como la
mayoría de las neuronas, las células ganglionares transmiten su información por
medio de un impulso eléctrico que viaja a lo largo de su fibra de salida (el
axón). Estos impulsos son recibidos por la neurona a través de extensiones
fibrosas muy finas, llamadas dendritas, así como por el cuerpo mismo de la
célula. Cada neurona es bombardeada generalmente en millares de puntos de sus
dendritas y su cuerpo por impulsos que cambian constantemente, algunos de los
cuales tienden a excitar la célula para que se produzca un potencial de acción
y otros tienden a inhibirlo. Cada neurona dispara uno o más potenciales de
acción a lo largo de su axón (y transmite así impulsos nerviosos a otras
neuronas) en función del ritmo de los múltiples impulsos que recibe y de la
manera particular en que la neurona cambia dichos impulsos.
En
realidad, la transmisión del impulso de una neurona a la dendrita o al cuerpo
celular de la neurona a la que está destinado dicho impulso (la
neurona-objetivo) se realiza químicamente. La parte final del axón se encuentra
muy cercana a la dendrita o al cuerpo de la neurona-objetivo, pero en realidad
no lo toca. El lugar de conexión entre el axón y la neurona-objetivo se llama
sinapsis, y el estrecho intersticio que separa el final del axón transmisor de
la dendrita o del
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cuerpo
celular receptores se llama hendidura sinóptica. Cuando un impulso eléctrico
llega a la sinapsis, libera dentro de la hendidura sinóptica una sustancia
química neurotransmisora. El neurotransmisor actúa localmente sobre la neurona
receptora, cambiando durante unas milésimas de segundo la permeabilidad de la
membrana celular para los iones químicos que están presentes en el fluido
extracelular, dentro de la hendidura sinóptica. El flujo de estos iones a
través de la membrana celular excita o inhibe a la neurona-objetivo.
Es una
suerte que la naturaleza haya provisto a las sinapsis de una unión de tipo
químico, ya que ello hace posible la intervención médica en la función cerebral
mediante medicamentos que se toman por vía oral o parenteral, y que al ser
transportados por el flujo sanguíneo llegan a la sinapsis e influencian la
acción de los neurotransmisores. Veremos más adelante cómo algunos
medicamentos, al actuar sobre neurotransmisores específicos, han cambiado
espectacularmente el tratamiento de las enfermedades mentales.
Volviendo a
nuestro análisis de la visión, consideremos la información que el cerebro
extraerá en última instancia de una escena visual. La escena puede incluir un
árbol, una nube, un edificio, un automóvil, un animal o una persona. Cada uno
de ellos está caracterizado por su forma distintiva, su color o colores, su
textura y su profundidad. Reconocemos si se hallan cerca o lejos, y podemos
apreciar la distancia a la que se encuentran. Aunque se muevan, también los
reconocemos y podemos apreciar su dirección y velocidad. ¿Cómo lleva a cabo el
cerebro esta tarea?
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David Hubel
y Torsten Wiesel, de la Universidad de Harvard, estudiaron el procesamiento de
la visión en el córtex visual primario de gatos y monos, y su trabajo ha
aclarado bastantes aspectos del mismo.
Fig. 1-2.
En la ilustración vemos una neurona del córtex visual
perteneciente
a la clase de las neuronas piramidales, llamadas así porque tienen forma de
pirámide. Dicha neurona posee una compleja
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arborización
de dendritas (extensiones fibrosas de la neurona que reciben las señales de los
axones de otras neuronas), un cuerpo celular y una sola fibra de salida, el
axón, que transmite impulsos nerviosos a otras neuronas. (La dirección de los
impulsos, desde las dendritas a través del cuerpo de la célula y hacia fuera a
través del axón, viene mostrada por las flechas.) Aunque la neurona tiene un
solo axón, éste puede bifurcarse luego en varias ramas y activar muchas
neuronas-objetivo. La neurona es una máquina compleja que integra las señales
que recibe de otras neuronas y que dispara a su vez impulsos eléctricos de
acuerdo con su propia lógica Las neuronas pueden tener varias formas, pero casi
todas constan de los mismos elementos básicos: dendritas, cuerpo neuronal y
axón. En el dibujo se ha representado un axón proveniente de otra neurona
transmitiendo su señal a una dendrita. El punto de unión de esta fibra y la
dendrita viene marcado por un cuadrado, y aparece ampliado en la ilustración de
la página siguiente.
La retina
no visualiza la escena como un todo; la analiza en pequeños círculos que se
superponen los unos a los otros. Es como si una fotografía apareciera cubierta
por una gran cantidad de pequeños círculos superpuestos5. La retina transmite
la escena visual a partir de estos círculos, enviándolos todos a un mismo
tiempo. (En cambio, una cámara de televisión dividiría la escena en sucesivos
barridos
5 El ángulo
de campo visual abarcado por un ojo es del orden de 150°. El ángulo abarcado
por uno de los trozos circulares es de aproximadamente medio grado para la
parte de la escena en el centro de nuestra mirada.
33
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horizontales,
realizados uno tras otro de arriba abajo, procesando así la imagen de una
manera secuencial.)
Cuando la
información sobre la escena llega al núcleo geniculado lateral, se analiza
dicha escena en términos de los patrones de luz que han incidido sobre las
pequeñas áreas circulares del campo visual. En gatos y monos es posible
registrar el disparo de los impulsos eléctricos en una neurona individual del
núcleo geniculado. El animal es colocado en una habitación oscura, con los ojos
dirigidos a una pantalla en la cual se proyecta un punto de luz. Una neurona
particular responderá al punto de luz sólo cuando se halle dentro de un círculo
concreto de la pantalla, su campo visual. La neurona envía impulsos con mayor
rapidez cuando el punto de luz está en el centro de este pequeño círculo6.
6 También
hay células que se apagan, cesan su disparo al azar de estímulos eléctricos
cuando se enfoca la luz al área circular.
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Fig. 1-3.
La sinapsis es el punto de conexión en el cual una neurona transmite su señal a
otra. El axón de la neurona que transmite la señal termina en una especie de
saco que contiene vesículas llenas de neurotransmisores. Este extremo en forma
de bulto se encuentra junto a la membrana celular de una dendrita o del cuerpo
de la neurona-objetivo, pero de hecho no la toca, pues está separada de ella
por un estrecho resquicio llamado hendidura sináptica. La llegada de un impulso
eléctrico al extremo del axón provoca la liberación en la hendidura sináptica
del neurotransmisor, el cual actúa abriendo «canales de iones» en la membrana
de la neurona-objetivo. Dichos canales son atravesados por un flujo de iones
disueltos en el fluido extracelular que rodea la sinapsis; dichos iones excitan
la neurona-objetivo, generando o inhibiendo en ella un impulso eléctrico.
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El esquema
último del proceso mediante el cual el cerebro analiza el mundo visual puede
intuirse cuando se estudia lo que pasa en el córtex visual primario. Aquí
empiezan a extraerse dos tipos de información. Por un lado, hay neuronas que
más que responder a puntos de luz responden a las líneas proyectadas en la
pantalla. Además, distintas neuronas responden a las distintas inclinaciones de
dichas líneas en relación a la vertical. Parece pues que los detectores de
puntos situados en la retina envían su información al núcleo geniculado lateral
de un modo combinado, alineando los puntos en fila para convertirse en
detectores de líneas y más aún, con sensibilidad para las distintas
inclinaciones de dichas líneas. Al parecer, éste es el primer estadio de lo que
será la percepción definitiva de la forma de los objetos.
En el
córtex visual primario se encuentran, una junto a otra, neuronas que responden
a la misma orientación de una línea vista en la misma parte del campo visual
por cualquier ojo. Sin embargo, una neurona responderá más a las señales
procedentes del ojo izquierdo y la neurona de al lado responderá más a las
señales del ojo derecho. Esta información sobre la misma parte de la escena
visual tal como es vista por cada ojo será utilizada para organizar la
percepción de la profundidad. Todos los campos receptivos de las neuronas
corticales se superponen por sus bordes para formar una representación completa
de la escena en el córtex visual primario. Pero ahora la orientación de las
líneas y la información de la
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profundidad
en cada lugar de la escena ya está disponible para el procesamiento ulterior.
Alrededor
del córtex visual primario, y recibiendo señales de él, hay otras áreas
corticales en las cuales se encuentran por separado muchas representaciones del
campo visual. En el mono, de noche se han detectado al menos trece de estas
representaciones. En el análisis de una escena visual, cada una de estas áreas
desarrolla al parecer una función distinta en la extracción de detalles, que
constituyen pasos ulteriores en la percepción de la forma, así como en la
detección del color, la textura, la profundidad y el movimiento. En esta región
se han encontrado neuronas que son especialmente sensibles al color, a la
textura, a la profundidad, etc.
Quizá lo
más interesante es el análisis de la forma. La información que reciben los
detectores de formas ¿proceden de los detectores de líneas de diferente
orientación y longitud, de modo parecido a los detectores de líneas que según
parece reciben la información de los detectores de puntos? Se desconoce la base
nerviosa de este proceso, pero el área anatómica en que culmina es el córtex
inferotemporal. Los campos receptivos son aquí muy amplios. Si una neurona del
córtex inferotemporal tiene que disparar en respuesta a la forma concreta de un
objeto, lo hará sin tener en cuenta dónde está el objeto dentro de la amplia
región del campo visual. Por otra parte, los investigadores han comprobado que
hay neuronas individuales en el córtex inferotemporal que disparan con gran
selectividad; por ejemplo, se han encontrado neuronas en los monos que sólo
disparan cuando ven una cara humana o una cara de otro mono. Asimismo,
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existen
datos clínicos de pacientes que apuntan a la existencia de algún tipo de
detectores de forma. Tras lesiones del córtex inferotemporal, debidas a
accidentes o enfermedades, los pacientes no son capaces de realizar un tipo
determinado de percepciones — tales como caras humanas, objetos manipulables, o
letras del alfabeto impresas—, mientras que conservan la percepción para todas
las otras categorías de objetos.
Para
obtener una imagen visual completa, e cerebro reúne todas las cualidades de un
objeto: forma, color, textura, profundidad. etc. Probablemente esto se hace
mediante la activación rápida de los distintos detectores para estas
cualidades. La representación nerviosa del objeto cuando éste es observado está
constituida por el patrón especial de activación que tiene lugar dentro del
córtex (y probablemente en el tálamo, situado debajo de éste e interconectado
con él). El cerebro es capaz de clasificar el objeto, a pesar de su posible
movimiento, su distancia, el ángulo desde el cual es observado y el eventual
movimiento de la cabeza u ojos del observador, todo lo cual mueve y cambia la
imagen en la retina. Se trata de un hecho realmente asombroso.
En los
últimos años, los neurocientíficos han podido apreciar la extraordinaria
organización del córtex cerebral, responsable de este proceso. Dicha
organización se basa en un elemento estructural especial, la columna cortical,
que es un conjunto de neuronas que van desde la parte superior a la inferior
del córtex, una distancia de aproximadamente un cuarto de milímetro. (El fino
córtex cerebral se
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repliega
dentro del cráneo en forma de acordeón, formando las circunvoluciones, tal como
se aprecia en la fig. 1-4.)
Fig. 1-4.
Neocórtex cerebral de un ser humano visto desde el lado izquierdo. El neocórtex
es una extensa lámina de tejido nervioso de aproximadamente un cuarto de
milímetro de grosor. Sus circunvoluciones se deben a que está replegado dentro
de la caja craneana. En la figura superior se han señalado diversas regiones
del neocórtex en las que se procesa información sensorial. En la región
posterior se encuentra el córtex visual primario, en el que se inicia el
procesamiento de las imágenes visuales. En la región inferior se encuentra el
córtex inferotemporal, que forma parte del lóbulo temporal. Se supone que la
información visual es procesada secuencialmente desde el córtex visual primario
hasta el inferotemporal (siguiendo la dirección indicada por las flechas). En
la figura se ilustran también las áreas en las que se inicia el
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procesamiento
de las sensaciones táctiles y de las auditivas. (El gusto y el olfato son
procesados por regiones del córtex no visibles desde el exterior del cerebro.)
En la
figura inferior se han señalado regiones no implicadas en el procesamiento de
la información sensorial (o implicadas sólo indirectamente). En la región
anterior se encuentra el córtex frontal, cuyas funciones se comentan en el
capítulo 2. Por detrás del córtex frontal se encuentra la región que gobierna
el movimiento. En el córtex parietal se integran diversas informaciones
sensoriales; esta región está involucrada en las relaciones espaciales entre
las diversas partes del cuerpo y entre éste y los objetos del mundo exterior.
Algunas funciones están controladas primariamente por el neocórtex de un solo
lado del cerebro; el lenguaje, por ejemplo, está controlado por el hemisferio
izquierdo, mientras que las imágenes espaciales están controladas por el
derecho.
El diámetro
de cada columna es aproximadamente de 3 a 5 centésimas de milímetro, y cada una
contiene aproximadamente 110 neuronas, excepto en el córtex visual primario,
donde hay un poco más del doble. La columna cortical actúa como un procesador
de información que en los sistemas sensoriales ejecuta la función de extraer
detalles. Por ejemplo, en el sistema visual que acabamos de analizar, una
columna individual del córtex visual primario puede contener neuronas que
respondan más a un estímulo procedente de una zona particular del campo visual
visto por un ojo y puede extraer un único detalle, como, pongamos por caso, las
líneas con una
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inclinación
de 10 grados a la derecha de la vertical. Cerca de ésta habrá columnas
sucesivas que detectarán líneas cada vez más inclinadas respecto a la vertical,
de modo que en un trozo de córtex visual de aproximadamente 3 décimas de
milímetro se detectarían las líneas de cualquier orientación en esta zona del
campo visual7.
La columna
cortical fue descubierta en 1957 por Vernon Mountcastle, de la Johns Hopkins
University, que trabajaba entonces en el área del córtex que analiza
sensaciones táctiles. Mountcastle observó que las neuronas de una columna dada
respondían a sensaciones de un punto concreto del cuerpo: además, estas
neuronas eran sensibles sólo a una sensación corporal, tal como la de una
presión fuerte, la de una presión suave o la de las articulaciones. La
universalidad de la organización columnar en el procesa miento sensorial fue
reafirmada después por los descubrimientos sobre el sistema visual que acabo de
describir y que fueron realizados por Hubel y Wiesel. Se ha encontrado también
un procesamiento columnar en el sentido del oído; las columnas detectan la frecuencia
del sonido, el oído en el que se oye el sonido e incluso el desfase entre la
recepción del sonido de un oído al otro (lo cual nos permite situar la fuente
del sonido en el espacio). Asimismo, se ha comprobado que también están
organizadas en columnas las áreas del córtex responsables del movimiento y de
procesos asociativos más altos. Así pues, parece que todo el córtex cerebral
está constituido por un vasto conjunto de
7 También
hay células que se apagan, cesan su disparo al azar de estímulos eléctricos
cuando se enfoca la luz al área circular.
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columnas
interconectadas: se calcula que existen unos 600 millones de columnas, lo cual
supone un total de 50 mil millones de neuronas. En nuestra descripción todavía
no hemos llegado al hipocampo. La prodigiosa organización que hemos descrito
reside en el neocórtex, que constituye más del 90% del córtex cerebral, y por
tanto, no debe extrañarnos que H. M„ con el neocórtex y el tálamo intactos,
retenga su capacidad de percepción, Si ha de distinguir una cara sobre un fondo
confuso, sus detectores de rasgos actúan de forma normal. Como todos nosotros,
H. M. aprendió a percibir caras en su infancia, y esa antigua habilidad
perceptiva no sufrió daño alguno con la extracción del hipocampo y la amígdala,
de modo que puede reconocer una cara y clasificarla. Si se le propone hacer un
dibujo mirando por un espejo, el patrón que ha de dibujar al revés está delante
suyo y lo percibe directamente sin utilizar la memoria. Resumiendo, la
capacidad motriz y la capacidad de razonamiento o de seguir unas reglas se
deben al neocórtex y a los centros cerebrales inferiores, y por ello H. M.
puede aprender a realizar tareas perceptivas (recordemos el ejemplo de la Torre
de Hanói)8.
8 Por
ejemplo. H. M. puede resolver el rompecabezas de la Torre de Hanói, con el
método de prueba y error, es decir, como lo hace cualquier individuo normal,
sólo que él no recuerda ninguno de los movimientos, ni tampoco el hecho de
haber trabajado antes con este rompecabezas. En H.M. y en los individuos
normales la estrategia necesaria para resolver este problema está aparentemente
establecida en el neocórtex tras sucesivos intentos.
42
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Fig. 1-5.
El hipocampo es una estructura bilateral, alargada, en forma de salchicha,
situada debajo del córtex temporal. Las amígdalas son unos núcleos cerebrales
situados inmediatamente por delante del hipocampo.
Finalmente
vamos a examinar el hipocampo y la amígdala. Dichas estructuras se encuentran
en la porción inferior de la cara medial del cerebro, que es la situada a ambos
lados del surco medio (véase la fig. 1-6). Antes he descrito el flujo y el
análisis secuencial de la información sensorial desde el córtex visual primario
al córtex inferotemporal. Según Mortimer Mishkin, del National Institute of
Mental Health, cuya investigación ha sido de gran importancia Dara comprender
estos procesos neurales, en otras partes del lóbulo temporal se procesa con el
mismo refinamiento otro tipo de
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información,
como la del oído y posiblemente la del tacto. De la misma manera que la
activación de los detectores de rasgos visuales sirve para representar el mundo
visual en el cerebro en un momento dado, la activación simultánea de todos los
detectores de rasgos sensoriales representa todo el mundo sensorial en ese
momento. Mishkin cree que todos los sistemas sensoriales envían información a
la amígdala, cada uno de ellos a un lugar distinto de dicha estructura. La
función de la amígdala no se comprende del todo, pero basándonos en pruebas
indirectas que describiré más adelante podemos inferir que está relacionada con
la emoción, y que una información sensorial determinada puede estar asociada a
un tono emocional concreto en la amígdala y en otras estructuras cerebrales, a
las cuales la amígdala envía a su vez información. Dicha información sería
transmitida posteriormente al hipocampo.
Todos los
sistemas sensoriales neocorticales que envían información a la amígdala envían
también información a un área neocortical llamada córtex entorrino. Ahí
convergen las informaciones procedentes de los sentidos, y de ahí se envía la
información principal al hipocampo. El resultado final de todo el proceso de
información que he descrito es el siguiente: Si consideramos que un hecho de
experiencia es la confluencia de información sensorial en un período corto de
tiempo, la más alta abstracción sensorial de esta información, junto con una
asociación emocional, es presentada al hipocampo para que la procese. Y. tal
como hemos visto en el caso de
44
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H. M„ este
procesamiento es necesario para que el hecho entre en la memoria9.
§. Emoción
9 Aparte de
los estudios sobre déficit de memoria en pacientes como H. M. se han realizado
varios intentos de reproducir estos déficit en animales por medio de la
extracción quirúrgica del hipocampo, la amígdala o ambas estructuras. Estos
experimentos han resultado difíciles por la sencilla razón de que a un animal
no se le puede preguntar si recuerda o no un objeto o un hecho. En lugar de
eso, lo que se hace es que el animal lleve a cabo una acción en una situación
de test, de la cual se deduce si la memoria persiste o si se ha dado un déficit
Un test de memoria normalmente utilizado con monos es el siguiente: Se presenta
al mono un objeto pequeño —un juguete o un cubo, por ejemplo- que tapa un
agujero pequeño en una mesa En el agujero, escondido debajo del objeto, hay un
premio, como por ejemplo un cacahuete, que el animal puede coger y comerse
después de levantar el objeto. Al cabo de un momento, por ejemplo 10 segundos,
se le presenta al animal dos objetos, el de antes y uno nuevo, y cada uno de
ellos tapa un agujero. El premio del cacahuete se halla debajo del objeto
nuevo, es decir, que el mono es premiado por elegir el objeto que no ha visto
antes. Los animales aprenden con gran rapidez esta prueba. Después de este
entrenamiento se ha operado a monos extrayéndoles el hipocampo bilateralmente.
Después de la operación no eran capaces de realizar esta prueba, pero podían
volver a aprenderla tras un número normal de intentos. El síndrome de H. M. no
se reproducía, a pesar de las lesiones completas del hipocampo. La extracción
de la amígdala daba un resultado similar. Olvidaban la prueba pero la aprendían
luego con normalidad.
Hay que
recordar que Scoville había extraído en H. M. tanto el hipocampo como la
amígdala bilateralmente. En 1978 Mishkin realizó esta operación más extensa en
monos La habilidad para efectuar la prueba se había realmente perdido,
estableciéndose así una correspondencia con el caso de H M. Era tentador pensar
entonces que. de alguna manera, a pesar de una organización anatómica y neural
totalmente diferente del hipocampo y la amígdala, una estructura podía
sustituir a la otra en el procesamiento de la memoria.
Los nuevos
experimentos realizados en el laboratorio de Mishkin sugieren ahora una lógica
neural más refinada La lesión sólo del hipocampo produce ciertamente un déficit
de memoria: El mono no puede recordar la posición de un objeto en la mesa (si
está a la derecha o a la izquierda). La lesión sólo de la amígdala produce
también un cierto déficit de memoria, si bien de tipo diferente. En general, la
interacción entre la amígdala y el hipocampo en el procesamiento de la memoria
no es del todo entendida todavía, pero los hallazgos de estos experimentos con
lesiones son compatibles con el concepto que se sugiere en este capítulo. Si se
pudiera preguntar a un animal con hipocampo pero sin amígdala por qué eligió
convenientemente el nuevo objeto, podría respondernos que recordaba haberlo
hecho antes aunque pudiera no recordar el placer del premio (se recordaba el
hecho pero no la asociación emocional). El animal con amígdala pero sin
hipocampo diría que eligió el nuevo objeto porque, aunque no recordaba haber realizado
esa acción antes, éste (analizado e identificado en el neocórtex temporal)
estaba asociado en su mente (a través de la amígdala) con el placer de un
premio comestible. El animal sin hipocampo ni amígdala no tendría recuerdo
alguno del hecho ni asociación emocional alguna y no podría reestablecer la
conexión entre el nuevo objeto y el premio. El mono no podría recordar, pero
tampoco podría aprender la prueba. El trabajo de Mishkin aparece revisado en M.
Mishkin. L. G Ungerleider and K. A. Macko, «Object Vision and Spatial Vision.
Two Cortical Pathways». Trends in Neuroscience. October 1983. p. 414, y en M.
Mishkin. «A Memory System in the Monkey». Philosophic Transactions of the Royal
Society. London. 1982. R 298. p. 85.
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Para
finalizar este capítulo, voy a referirme a la relación del hipocampo con un
grupo de estructuras que recibe el nombre colectivo de sistema límbico. Se cree
que en el sistema límbico se dan una serie de procesos cerebrales por los que
la percepción y la memoria afectan al pensamiento, al sentimiento y al
comportamiento. El hipocampo es un componente fundamental del sistema límbico.
El término «límbico» fue originalmente una designación anatómica dada por
Pierre-Paul Broca en 1876 al hipocampo, la amígdala y otras estructuras que
forman una orla (limbus) alrededor de un ventrículo o cavidad llena de líquido
situada en el centro del cerebro (véanse las figs. 1-5 y 1-6). El cerebro puede
ser concebido como dos conchas concéntricas que rodean a este ventrículo
central. La concha interna estaría formada por el hipocampo, la amígdala y
otras estructuras afines que en conjunto constituyen el llamado sistema
límbico. La concha externa, que rodea al sistema límbico, es el neocórtex.
Cada
componente del sistema límbico constituye una unidad de procesamiento altamente
organizada, cuyos mecanismos internos son, en el mejor de los casos, poco
entendidos. Tales componentes tienen los siguientes nombres: hipocampo,
amígdala, septum, cuerpo mamilar, núcleo talámico anterior y córtex cingulado.
Los primeros anatomistas designaban muchas veces las estructuras cerebrales
basándose en su forma externa. Así, el hipocampo se consideró que se parecía a
un caballito de mar y de ahí su nombre (hipocampo es la palabra griega para
designar a este animal): amígdala significa almendra; y los cuerpos mamilares
son unas estructuras gemelas en forma de senos.
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Las
estructuras del sistema límbico están interconectadas por una serie compleja de
circuitos. He señalado anteriormente en este capítulo que la información
sensorial, reunida en una forma cada vez más compleja por medio de un
procesamiento en etapas corticales sucesivas, llega finalmente al hipocampo y
constituye su principal entrada de información. Un circuito amplio e importante
conecta también el hipocampo con varias estructuras límbicas, que también se
conectan entre sí. Este patrón de conexión nos muestra algo muy claro: el
hipocampo es a puerta de entrada en las vías nerviosas que discurren del
neocórtex al sistema límbico. Además, el hipocampo y las restantes estructuras
que constituyen el sistema límbico reciben una considerable cantidad de información
procedente del tallo encefálico, tema que volveremos a tratar en un capítulo
posterior.
¿Qué han
averiguado los científicos sobre la función del sistema límbico? Parece ser que
actúa como un sistema central de procesamiento de información en el cerebro,
interpuesto entre las entradas sensoriales y las salidas motoras (movimiento
corporal). Las estructuras de este sistema no reciben información sensorial
directa, sino que tratan con información muy organizada derivada de hechos,
recuerdos de hechos y emociones asociadas con tales hechos. Tampoco afectan
directamente estas estructuras a la función motora, si bien el comportamiento,
en lo que se refiere a la elección más que a la ejecución, está muy
influenciado por el procesamiento del sistema límbico.
Esta forma
de concebir la función del sistema límbico proviene tanto de su neuroanatomía
como de la observación del comportamiento en
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hombres y
animales que han sufrido lesiones en una estructura límbica concreta, ya sea
accidental o experimentalmente. La asociación del sistema límbico con las
emociones fue sugerida por primera vez en 1937 por el neuroanatomista James
Papez10. Papez tuvo en cuenta las conexiones que se conocían entre las
estructuras del sistema límbico, así como los informes que se habían publicado
sobre síntomas emocionales resultantes de lesiones de estas estructuras en el
ser humano y en los monos. En un artículo, hoy día ya clásico, titulado «Un
mecanismo propuesto para la emoción», escribió:
Creemos que
el hipotálamo (cuerpo mamilar), los núcleos talámicos anteriores, el giro
cingulado y el hipocampo y sus conexiones constituyen un mecanismo armónico que
puede elaborar las funciones de la emoción central, así como participar en la
expresión emocional.
En 1939,
dos años después de la aparición del artículo de Papez, Heinrich Klüver y Paul
Buey, de la Universidad de Chicago, informaron sobre los resultados de unos
experimentos realizados con monos y que confirmaban la idea de Papez. Causaron
importantes
10 El
mecanismo propuesto por Papez era el siguiente: «Es evidente pues que las vías
aferentes desee los órganos receptores se dividen a nivel talámico, se
convierten en tres vías y cada uno de ellas conduce un raudal de impulsos de
especial importancia Una ruta conduce los impulsos a través del... tálamo... al
cuerpo estriado (los ganglios básales, un grupo de núcleos subcorticales
asociados con la acción o el movimiento). Esta ruta representa "el raudal
del movimiento". La segunda ruta conduce impulsos desde el tálamo... al
córtex cerebral lateral. Representa “el raudal de pensamiento” La tercera
conduce un juego de impulsos concomitantes a través del... tálamo por medio del
cuerpo mamilar y de los núcleos talámicos anteriores al giro cingulado, en la
pared media del hemisferio cerebral Esta ruta representa “el raudal del
sentimiento". De esta manera las excitaciones sensoriales que llegan al
córtex lateral... reciben su matización emocional de los procesos concurrentes
de origen hipotalámico que se irradian desde el giro angulado.»
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lesiones
cerebrales en estos animales, extrayéndoles la amígdala, el hipocampo y los
lóbulos temporales del córtex en ambos lados del cerebro. Estas lesiones
produjeron síntomas emocionales drásticos. Los monos utilizados habían sido
capturados en estado salvaje. Normalmente, si esos monos se dejan sueltos en
una habitación con el experimentador, corren buscando un lugar seguro lejos de
él o se agachan y permanecen quietos y luego, repentinamente, huyen. Tras las
lesiones, los animales se aproximaban a cualquier cosa sin vacilación alguna,
ya fuera la persona que realizaba el experimento, una serpiente grande o
incluso un mono que les hubiera atacado anteriormente. Además, mostraban una
extraña hipersexualidad — los machos, en particular, pasaban muchas horas
copulando, masturbándose o mostrando comportamientos homosexuales. Además
ponían en su boca objetos tanto comestibles como no comestibles.
Varios
experimentos en los que se han efectuado lesiones más selectivas, así como
otros en los que se estimula eléctricamente algunas áreas del cerebro y se
observa el comportamiento resultante, han apoyado la idea de que el sistema
límbico —y en especial la amígdala— está relacionado con la emoción. En efecto,
los neurocientíficos y los psiquiatras de orientación biológica creen que hay
que fijarse en el sistema límbico para comprender las causas de desórdenes
mentales tales como la esquizofrenia y la depresión. En la actualidad, se
investiga este sistema de una forma más sofistica da. El nuevo enfoque estudia
cómo los hechos sensoriales unidos a
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los estados
emocionales establecen recuerdos y asociaciones, y cómo éstos influyen luego en
el comportamiento.
El problema
de la función del sistema límbico es muy complicado. Con la utilización de las
técnicas neuroanatómicas más avanzadas podemos conocer bien las conexiones
dentro del sistema, pero quedan por responder muchas preguntas respecto a su
funcionamiento, como, por ejemplo, saber hasta qué punto son necesarios varios
componentes del sistema límbico para la memoria, cómo está involucrado el
sistema límbico en la consolidación de la memoria a largo plazo, cómo se
generan los estados emocionales y cómo influye el sistema límbico en la
conducta.
En este
capítulo he descrito el punto de vista neurocientífico actual sobre el modo
como el cerebro percibe hechos y qué estructuras nerviosas se utilizan para
recordar estos hechos. He descrito la interacción entre el neocórtex y el
hipocampo y el proceso mediante el cual, pasado un período de años, los
recuerdos toman una forma que ya no requiere del hipocampo para su
recuperación. He concluido hablando sobre el sistema límbico, cuyos circuitos
se cree que generan la emoción, la unen con la percepción e impulsan el
comportamiento.
Volveremos
a ocuparnos del sistema límbico más adelante en un capítulo posterior, puesto
que encontraremos importantes indicios de que en él reside el mecanismo
cerebral que Freud designó con el nombre de inconsciente. Ahora vamos a
examinar la biología del sueño y los sueños, que proporciona la base
neurocientífica para la psicología de los sueños.
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Fig.1-6. El
sistema límbico se compone de una serie de estructuras interconectadas que
rodean un ventrículo central lleno de líquido en la parte anterior del cerebro
y que forman el borde interno del córtex cerebral. Estas estructuras son: el
hipocampo, la amígdala, el septum, el núcleo talámico anterior, los cuerpos
mamilares y el córtex cingulado. El fórnix es un haz de fibras largas que une
el hipocampo con los cuerpos mamilares. La figura superior muestra el sistema
límbico tal como está situado en el cerebro, y en la figura de abajo aparece
ampliado. También aparecen en la figura superior el cuerpo calloso -un haz de
fibras que une el neocórtex derecho y el izquierdo— , el cerebelo —una
estructura relacionada con la modulación del movimiento— y el tallo encefálico.
El sistema límbico no es directamente sensorial ni motor, sino que constituye
un núcleo central de procesamiento en el cerebro: procesa la información
derivada de
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los hechos
de experiencia, la memoria de tales hechos y las asociaciones emocionales que
suscitan. Este procesamiento es esencial para que la experiencia pueda guiar el
comportamiento futuro.
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Capítulo II
El sueño y
los sueños
Nathaniel
Kleitman, profesor de fisiología de la Universidad de Chicago, se interesó
durante mucho tiempo por el estudio del sueño. Kleitman formaba parte de un
pequeño grupo de investigadores que entre 1930 y 1940 intentaban entender ese
estado tan poco conocido de nuestra existencia. En aquella época se suponía que
el sueño era un estado particular de la conciencia, que se presentaba con
regularidad y parecía ser necesario para la restitución de la energía y de las
reservas corporales. Durante el sueño tenían lugar los sueños, cuya frecuencia
y duración eran desconocidos.
Utilizando
los instrumentos científicos de que se disponía entonces, Kleitman y otros
científicos midieron varios índices fisiológicos tales como la temperatura, el
ritmo cardiaco, el ritmo respiratorio y la presión sanguínea durante el ciclo
vigilia-sueño. También anotaron el movimiento corporal. Pero lo más importante
para la investigación posterior, fue que registraron en electroencefalogramas
(EEG) las corrientes eléctricas generadas en el neocórtex durante el sueño. Más
adelante hablaremos de esas corrientes.
En el
laboratorio de Kleitman se comprobó que la temperatura del cuerpo varía
cíclicamente a lo largo de un período de veinticuatro horas: la más baja se
daba a medianoche, y la más alta a mediodía. Esta variación de temperatura a lo
largo de las veinticuatro horas se desarrollaba gradualmente en el primer año
de vida de la misma manera que lo hacía el ciclo sueño-vigilia. Se comprobó
también que
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el ritmo
cardiaco era más lento y la presión sanguínea más baja durante el sueño que
durante la vigilia. En todos estos experimentos se consideraba el sueño como un
estado fisiológico único, presente durante toda la noche, y, aunque se
observaron cambios significativos en las medidas fisiológicas durante fases
concretas del sueño, sólo se consideraban los valores promedio de los
registrados durante una noche.
Kleitman
realizó diversos experimentos para indagar acerca del mecanismo y las funciones
del sueño. Citaremos dos ejemplos significativos de su investigación. Primero
intentó alterar el ciclo de temperatura de veinticuatro horas que había
descubierto. Hizo que un individuo durmiera durante cuatro horas cada doce, en
vez de dormir normalmente ocho horas durante la noche. Esperaba con ello que el
ciclo de temperatura se adaptara al ciclo de sueño de doce horas, pero el
individuo mantuvo el ciclo de temperatura de veinticuatro horas. Intentó
entonces un ciclo de sueño de cuarenta y ocho horas: él y un colega durmieron
una noche cada dos días durante un período de diez días, pero el ciclo de
temperatura de veinticuatro horas seguía manteniéndose. Parecía como si hubiera
un reloj biológico interno que mantuviera el ciclo de temperatura de
veinticuatro horas independientemente de las horas de sueño.
En 1938,
Kleitman y otro colega probaron si se podía alterar el ciclo de veinticuatro
horas de sueño-vigilia. Pasaron treinta y cuatro días en una sima, la Mammoth
Cave de Kentucky, siguiendo un horario de veintiocho horas. La luz de su
habitáculo permanecía encendida durante diecinueve horas cada día y se apagaba
por un lapso de
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nueve
horas, durante las cuales dormían. Se observó que el ciclo de temperatura de
uno de ellos se desviaba un poco hacia el ritmo de veintiocho horas, pero el
otro individuo seguía manteniendo el ritmo de veinticuatro horas a pesar de la
falta de sincronía con el ciclo luz-sueño. Parecía como si el ritmo del reloj
biológico que gobierna la temperatura pudiera ser cambiado hasta cierto punto
en algunos individuos, pero no en otros. Este tipo de investigación acerca de
las variaciones circadianas (de unas veinticuatro horas) de las funciones
fisiológicas sigue siendo una importante materia de investigación hoy día, y se
relaciona, entre otras cuestiones, con las bases fisiológicas del jet lag.
En otro
experimento, Kleitman utilizó un procedimiento clásico: descubrir la función de
algo, eliminarlo y observar las consecuencias. Treinta y cinco estudiantes se
ofrecieron voluntarios para permanecer despiertos durante un período de
aproximadamente sesenta horas. Se organizaron turnos rotatorios de observadores
para vigilarlos y mantenerlos despiertos durante ochenta horas (cuatro días y
tres noches). La primera noche los estudiantes pudieron permanecer despiertos,
leyendo o 'naciendo trabajo de laboratorio sin necesidad de que los
observadores se ocuparan mucho de ellos A ratos se veían somnolientos, pero se
despejaban fácilmente. Durante la segunda noche sus deseos de dormir fueron
casi incontrolables. A menudo veían doble. Ei tercer día ya no podían escribir
y, si lo intentaban, hacían garabatos ininteligibles o se les caía el lápiz de
las manos. Si intentaban contar hasta 15 o 20 perdían la cuenta y cabeceaban.
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Los
individuos se volvieron irascibles y algo ilógicos. Uno de ellos hizo una
observación que estaba evidentemente fuera de lugar. Cuando se le preguntó
sobre ello, comentó que había estado hablando con su observador sobre un tema
que, en realidad, no había mencionado. Los individuos siguieron en este estado
a lo largo de la tercera noche y del cuarto día de vigilia. Después, tras haber
dormido toda una larga noche, se restablecieron completamente. A lo largo del
periodo de privación de sueño, sus funciones vitales fueron normales, y el
único cambio digno de mención fue un descenso en el umbral de dolor. La mayoría
de los efectos observa dos parecían no ser más que una intensificación de las
reacciones que normalmente se experimentan con la falta de sueño.
Estos
experimentos constituyen sólo un ejemplo de los cientos que se realizaron tanto
en hombres como en animales entre 1930 y 1950. Si bien se reunió mucha
información, toda ella resultaba algo superficial. Pero, finalmente, el estudio
de las corrientes eléctricas del cerebro permitió dar un paso de gigante para
comprobar el fenómeno del sueño.
Hans
Berger, un psiquiatra alemán, fue quien descubrió la existencia de ondas
eléctricas en el cerebro. En una serie de informes publicados entre 1929 y
1933, explicó que dichas ondas eléctricas podían detectarse en los seres
humanos aplicando electrodos en el cuero cabelludo. Tales mondas cerebrales»
consistían en oscilaciones rítmicas del potencial eléctrico con una frecuencia
aproximada de 10 por segundo, que aparecían cuando el individuo permanecía
tendido, en reposo y con los ojos cerrados Este potencial rítmico desaparecía
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cuando el
individuo abría los ojos para observar una escena visual. A Berger le
intrigaron estas oscilaciones (llamadas en un principio ritmo Berger y más
tarde ritmo alfa) Las consideró un reflejo de los acontecimientos mentales y
creyó que el EEG que los registraba podía servir de eslabón entre la fisiología
cerebral y la psicología.
Los
científicos se mostraron reacios a aceptar los descubrimientos de Berger. El
equipo que éste utilizaba era algo rudimentario, y el ritmo alfa podía ser un
artefacto —es decir, algo producido artificialmente por el equipo de prueba—
más que un fenómeno natural. Los investigadores ponían en duda que en el
cerebro de un individuo consciente pudiera producirse una actividad uniforme de
esa índole. Pero en 1934, en el prestigioso laboratorio neurofisiológico de
Cambridge. Edgar Adrian y sus colaboradores repitieron el experimento de
Berger, confirmaron básicamente los mismos resultados y aportaron información
adicional. Berger creía que el ritmo alfa se producía en todo el neocórtex, ya
que él lo detectó en todas las regiones del cuero cabelludo, pero Adrian
demostró que ese ritmo se originaba en el córtex visual primario, en la parte
posterior del cerebro.
Los
investigadores pensaron que el ritmo alfa reflejaba probablemente la activación
sincrónica y periódica de un gran número de neuronas del córtex visual, a un
ritmo de unas 10 veces por segundo, cuando un individuo permanece despierto y
con los ojos cerrados. Cuando el individuo abre los ojos y los dirige a una
escena visual, se puede suponer que las neuronas de varias regiones de su
córtex visual se disparan de una manera compleja y asincrónica, ya
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que
analizarían los distintos detalles de la escena. La señal eléctrica registrada
por el EEG representaría el promedio de actividad eléctrica de muchas células
disparando según patrones diferentes, y se podría esperar una señal irregular
de bajo potencial. Este es justamente el tipo de señal que se registra cuando
abre los ojos un sujeto en el que se está registrando un ritmo alfa.
Fig. 2-1.
El psiquiatra alemán Hans Berger descubrió el ritmo alfa al iniciarse la década
de 1930. Edgar Adrian confirmó el descubrimiento de Berger y demostró que dicho
ritmo procedía del córtex visual primario. En la figura se muestra el registro
electroencefalográfico del ritmo alfa del propio Adrian: se observa que aparece
cuando, estando despierto, cierra los ojos, y que desaparece cuando los abre.
Puede comprobarse también en la gráfica que el ritmo de las oscilaciones de
potencial es de unas diez por segundo.
Se puede
establecer una analogía entre el EEG y el sonido detectado por un micrófono
sensible colgado encima de un grupo de mucha gente hablando entre sí. No
distinguiríamos ninguna conversación individual, sino que se detectaría el
nivel global del ruido. Esto es
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equivalente
al EEG con los ojos abiertos. Si el grupo de gente callara o levantara la voz,
todos al mismo tiempo —un efecto parecido al del ritmo alfa—, el micrófono
detectaría las oscilaciones.
A pesar de
las muchas investigaciones realizadas, los científicos no pudieron descubrir el
significado o la función del ritmo alfa, que sigue ignorándose hoy día. En
aquel tiempo se pensó en algún tipo de mecanismo de registro interno que
actuaría en el córtex visual cuando el individuo se halla descansando y con los
ojos cerrados, pero no se han aportado pruebas que apoyen esta idea.
En vista de
todo ello, era lógico que los investigadores utilizaran el EEG en el estudio
del sueño. A mediados de la década de 1930 se dieron a conocer los primeros
resultados. Cuando un individuo empieza a dormirse, el ritmo alfa da paso a una
serie desconcertante de patrones electroencefalográficos distintos. Hay
períodos durante el sueño en los que la señal del EEG es similar a la del
estado de vigilia. También hay períodos de una duración de medio segundo a un
segundo en los que aparecen los llamados «husos», a razón de 14 ciclos por
segundo, y períodos en los que aparecen potenciales irregulares de dos o tres
ciclos por segundo. Los diferentes patrones del EEG parecen sucederse el uno al
otro, en ciclos, a lo largo de cada noche. En vista de todo ello, se llegó a
una importante conclusión: ya no se podía considerar el sueño como un estado
único y continuo. Había una serie de cambios de un estado de sueño a otro.
Un grupo de
investigadores observó que los sueños iban asociados a un patrón concreto del
EEG en el que el potencial era bajo e irregular, pues los individuos que eran
despertados en este estado informaban
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que estaban
soñando. Estos patrones irregulares del EEG se repetían varias veces durante el
sueño de una noche.
En 1951 se
realizó la investigación clave. Eugene Aserinsky —un estudiante posgraduado— y
Kleitman prepararon una serie de experimentos para estudiar los movimientos del
cuerpo durante el sueño en niños de uno a siete meses. Se sabía que cada 50 o
60 minutos aparecía un ciclo de movimientos corporales, y Aserinsky y Kleitman
decidieron registrar un tipo muy particular de ellos: los movimientos de los
ojos bajo los párpados cerrados, que aparecían durante estos ciclos periódicos.
Se observó
que estos movimientos de los ojos indicaban los ciclos periódicos de una forma
más fiable que los movimientos del cuerpo. El movimiento ocular empezaba cuando
el niño apenas empezaba a moverse, y cuando volvía a quedarse quieto aún duraba
un rato.
Los
movimientos de ojos que habían sido observados en los niños se observaron
también en los adultos. Eran movimientos lentos, pendulares y con frecuencia
distintos en uno y otro ojo, que duraban de 3 a 4 segundos. Al igual que en los
niños, estos lentos movimientos de ojos tenían lugar siempre que había grandes
movimientos corporales. Pero además se observó por primera vez un nuevo tipo de
movimiento de los ojos: éstos se movían a la vez en sacudidas rápidas, de arcos
relativamente cortos, seguidos de pausas en las que permanecían fijos. Cada
movimiento duraba una fracción de segundo. Estos movimientos oculares rápidos
(en inglés rapid eye movements, o, abreviadamente, REM) aparecían en momentos
concretos durante el sueño. Se comprobó que el primer período REM
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ocurría
aproximadamente una hora después de que el individuo se dormía y que era el más
corto de la noche —duraba unos 10 minutos— A medida que avanzaba el sueño
aparecían otros 3 o 4 períodos REM. En el transcurso de la noche, los períodos
REM eran cada vez más largos y los intervalos entre ellos se iban reduciendo.
Durante el
período REM no se observaban grandes movimientos corporales, sino finos
movimientos de las partes distales de las extremidades y de los dedos, que no
aparecían en ningún otro momento de la noche. El EEG adoptaba unas
características especiales en los períodos REM, que consistían en señales
irregulares de bajo potencial, similares a las registradas en el estado de
vigilia. Los períodos REM se caracterizaban también por un aumento del ritmo
cardiaco y una respiración rápida e irregular. Aserinsky y Kleitman pensaron
que estos cambios fisiológicos podrían representar la alteración emocional
debida a los sueños. En palabras de Kleitman:
Para
verificar esta suposición, los individuos eran despertados e interrogados
durante el período REM o poco después de éste, y explicaban casi
invariablemente que estaban soñando. Si se les despertaba cuando no había REM o
si se les interrogaba después de una noche de sueño ininterrumpido, rara vez
recordaban haber soñado.
Parecía
evidente, pues, que los sueños se presentaban durante los cuatro o cinco
períodos REM que se sucedían a lo largo de la noche y no en otros momentos.
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Quizá tan
importante como la relación de los sueños con los movimientos oculares, los
movimientos de las extremidades y las señales irregulares de bajo potencial del
EEG fue el descubrimiento de que se daba una secuencia ordenada de ritmos del
EEG durante el sueño. Kleitman y William Dement (entonces estudiante y
actualmente profesor de psiquiatría y jefe del Laboratorio del Sueño de la
Universidad de Stanford) registraron los EEG de treinta y tres individuos a lo
largo de varias noches, sin despertarlos, y vieron que el conjunto a primera
vista confuso de señales del EEG se producía en realidad según un patrón
ordenado y cíclico. En primer lugar, aparecía el ritmo alfa, que se producía
cuando el individuo cerraba los ojos para dormir. Después se presentaba una
señal irregular de bajo potencial, similar a la del estado de vigilia, con la
diferencia de que ahora el individuo estaba dormido. A esta fase la llamaron
estadio 1, de «descenso» en el sueño. Procos minutos después el potencial
registrado por el EEG pasaba a un patrón de amplitud más alta, que Dement llamó
estadio 2. Luego se pasaba al estadio 3, en el que empezaban a darse unas ondas
lentas y amplias, llamadas ondas delta, las cuales seguían a lo largo de toda
la fase siguiente, el estadio
4. Entonces
se daba un proceso a la inversa: se volvía a los estadios
3 y 2 y
luego al estadio 1 «ascendente» —llamado así para distinguirlo del estadio 1
«descendente» que aparecía al principio de la noche y que resultó poseer unas
características propias— El estadio 1 «ascendente» era el período en el que se
daban movimientos oculares rápidos, así que se le llamó estadio REM. (Véase la
fig. 2-2.)
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El primer
período REM era corto, en los individuos estudiados por Dement y Kleitman
duraba un promedio de 9 minutos. Además de los movimientos oculares rápidos, la
respiración se volvía rápida e irregular y aparecían los finos movimientos de
los dedos descritos por Aserinsky. Con la aparición del primer período REM se
completaba el primer ciclo del sueño, que duraba aproximadamente una hora y
media.
Luego el
ciclo se repetía tres o cuatro veces más. A medida que se prolongaba el sueño,
el tiempo entre los periodos REM se hacía cada vez más corto y éstos se iban
alargando progresivamente. El último período REM de la noche duraba de 30 a 40
minutos. En los últimos ciclos no aparecía el estadio 4, y el 3 sólo se
presentaba raramente; los ciclos consistían principalmente en una alternancia
entre el estadio 2 y el estadio REM.
Dement y
Kleitman publicaron sus hallazgos en 1957, y los patrones cíclicos del EEG que
ellos observaron han sido confirmados en miles de registros de sueño realizados
desde entonces. Todo ser humano normal experimenta cuatro o cinco ciclos de
sueño por noche, cada uno de los cuales culmina en un período REM en el que se
presentan los sueños.
A partir de
este punto se plantearon muchas preguntas que las investigaciones posteriores
han ido resolviendo en mayor o menor medida. ¿Qué tipo de actividad neuronal se
daba en el cerebro durante las distintas etapas del sueño? ¿Qué significaban
los diferentes patrones del EEG observados en las distintas etapas del sueño?
¿Qué mecanismo cerebral ponía en marcha los ciclos de
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sueño y
determinaba su secuencia? ¿Qué importancia tenía que se diera el ciclo
completo, es decir, qué pasaba si a un individuo se le despertaba
repentinamente y se le privaba de una etapa de sueño, por ejemplo, la REM? ¿Se
producía también algún tipo de proceso mental, del tipo que fuera, en períodos
distintos del REM? (Aunque los individuos que eran despertados en otros
momentos nunca habían relatado sueños, había una etapa —la 1 «descendente»,
cuando el sueño empieza— en la que recordaban pensamientos similares a los de
los sueños.) ¿Qué se puede decir del contenido de los sueños? ¿Había algún tipo
de significado en la secuencia de los sueños en una noche concreta? ¿Había
diferencia entre los sueños de los enfermos mentales y los de la gente normal?
Y finalmente ¿era exclusivo del ser humano este proceso neural cíclico del
sueño? Si no fuera así, ¿cuál era su origen evolutivo y su función? Las
respuestas a algunos de estos puntos serán factores importantes en mi argumento
y se relacionarán directamente con mi hipótesis.
Los
investigadores comprobaron que el ciclo de sueño se presentaba también en otros
mamíferos, y ello permitió obtener conocimientos que no se hubieran logrado de
otra manera. Se podían colocar electrodos directamente dentro del cerebro de
animales para estudiar la actividad de una neurona o de un pequeño grupo de
neuronas en una estructura específica —por ejemplo, el córtex visual—. De ese
modo se podía registrar la actividad de una pequeña parte del cerebro en estado
de vigilia o en una fase concreta del sueño.
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Fig. 2-2.
Arriba: William Dement y Nathaniel Kleitman descubrieron
que a lo
largo de una noche de sueño se suceden una serie de estadios característicos en
el electroencefalograma (EEG), y que dichas fases estadios aparecen en forma
secuencial. El sueño empieza con el estadio 1 descendente, cuyo EEG muestra un
potencial bajo e irregular, similar al que aparece en el estado de vigilia. (La
parte inicial del primer registro muestra el ritmo alfa. El individuo está
echado y despierto, pero con los ojos cerrados.) En el
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estadio 2,
que empieza pocos minutos después, el EEG muestra ondas de amplitud mayor.
Luego sigue el estadio 3, en el que aparecen de vez en cuando las amplias ondas
delta, y el estadio 4, con el mismo tipo de ondas pero mucho más frecuentes. La
serie se repite luego a la inversa (estadios 4, 3 y 2) y finalmente aparece el
estadio 1 ascendente, o estadio REM. Éste es el estadio en el que se dan los
movimientos oculares rápidos y en el que aparecen los sueños. Abajo: Los ciclos
de sueño se repiten cuatro o cinco veces durante la noche. En la ilustración
aparece una serie típica de ciclos, desde las once de la noche a las siete de
la mañana. El tiempo entre los estadios REM se hace cada vez más corto y éstos
se vuelven progresivamente más largos. Así, el primer periodo REM puede durar
diez minutos y el último cuarenta. Dement y Kleitman descubrieron que un
individuo normal pasa por cuatro o cinco periodos REM cada noche.
Los
primeros animales en utilizarse fueron los gatos. Un año después de haber
realizado su estudio en el ser humano. Dement comprobó los ciclos de sueño en
los gatos y se iniciaron investigaciones en otros laboratorios. Los ciclos de
sueño eran más cortos en los gatos que en el ser humano, pero los diferentes
estadios también aparecían. Los estadios que preceden y siguen al REM (los 2, 3
y 4) no fueron analizados con tanta precisión como en el hombre, sino que se
designaron todos con un mismo nombre, el de «sueño de ondas lentas», porque los
EEG mostraban un predominio de este tipo de ondas. El sueño REM era igual que
en los hombres: se caracterizaba
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por un EEG
de potencial bajo e irregular, movimientos oculares rápidos y respiración
irregular y rápida. Y en los gatos, junto con los movimientos oculares rápidos
se apreciaban contracciones musculares bruscas de los bigotes, las orejas, los
extremos de las patas y la cola. Se observó también que durante el sueño REM se
contraían las pupilas, se incrementaba la temperatura cerebral y se producía
una señal específica en el hipocampo (el ritmo theta), que describiré más
adelante.
Los ciclos
de sueño no duraban tanto, pero su organización era la misma: primero aparecía
un período relativamente largo de ondas lentas, seguido por un período REM
breve que duraba unos pocos minutos; luego se iban acortando progresivamente
los períodos de ondas lentas y los REM eran cada vez más largos.
Tomando
registros directamente de las neuronas del neocórtex, los científicos
comprobaron que las del córtex visual y las del córtex de asociación (donde se
combina la información procedente de varios sentidos) permanecían activas
durante el sueño REM, y al menos tanto como en el estado de vigilia (en el
sueño de ondas lentas la actividad era más baja). Así pues, durante el sueño
REM, el cerebro desarrollaba al parecer algún tipo de trabajo interno. No
procesaba información, ya que los ojos del animal permanecían cerrados. Y. en
líneas generales tampoco enviaba señales a los músculos del cuerpo, pues
durante el sueño REM los músculos de las extremidades y del cuello perdían casi
por completo su tono, y por tanto, no se producían los movimientos corporales normales
del cuerpo y de los miembros que se ven en el estado de vigilia y
ocasionalmente en el sueño de
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ondas
lentas. Pero sí se producían pequeñas sacudidas del bigote, las orejas, las
patas o la cola, que eran probablemente débiles manifestaciones de lo que
hubieran sido verdaderos movimientos del animal en respuesta al disparo de
determinadas neuronas en su cerebro activo durante esta fase del sueño. Michel
Jouvet, profesor de medicina experimental en la Universidad de Lyon, fue quien
descubrió este fenómeno de la inhibición del movimiento durante el sueño REM.
Le extrañó tanto la contradicción entre la actividad del neocórtex y su
aislamiento tanto del mundo externo como del control muscular, que bautizó el
estadio REM con el nombre de sueño paradójico.
En la parte
inferior del tallo encefálico, Jouvet halló unos centros que inhibían los
movimientos durante el sueño REM. y los destruyó eléctricamente. Adrian
Morrison, de la Universidad de Pennsylvania, ocasionó lesiones similares
también en gatos. Los resultados fueron contundentes. Cuando los gatos con esas
lesiones entraban en un período de sueño REM, en lugar de permanecer en una
postura normal de sueño levantaban la cabeza con movimientos de búsqueda y de
orientación. Algunas veces se levantaban y atacaban, como si un objeto
invisible los hubiera asustado y encolerizado. Mientras duraba ese estado los
animales no respondían a estímulos visuales, y seguían presentes las señales de
sueño REM antes enumeradas.
Parecía
como si estos gatos estuvieran soñando y exteriorizaran sus sueños. La
inhibición normal del tono muscular durante el sueño REM ejercía probablemente
la función de permitir que la actividad cerebral del sueño siguiera adelante
sin el movimiento que la misma
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actividad
cerebral produciría en estado de vigilia. Los hallazgos obtenidos en el hombre
concordaron con esa explicación. Se observó que, al igual que en el gato, en el
ser humano los músculos del cuello perdían el tono durante el sueño REM, y
actualmente este fenómeno se considera como un indicador del sueño REM, junto
con el EEG de bajo potencial y los movimientos oculares rápidos. También se ha
visto una correlación entre las secuencias de pequeñas sacudidas de las
extremidades observadas durante el sueño REM en un individuo y el contenido de
los sueños referido por éste tras ser despertado inmediatamente después de
realizar dichos movimientos. Se puede suponer pues que, si no fuera por la
inhibición motriz, llevaríamos a cabo las acciones que aparecen en nuestros
sueños11.
Dement
estudió qué ocurría cuando se privaba a un individuo de los estadios de sueño
REM. La explicación teórica que da Dement para realizar este experimento
aparece en su informe sobre el tema publicado en la revista Science en 1960:
Puesto que
no parece haber excepción alguna en la aparición de una notable cantidad de
sueños en todo individuo que duerme, podemos preguntarnos hasta qué punto esta
cantidad de sueños es una parte necesaria y vital de nuestra experiencia.
¿Sería posible que un ser humano
11
Naturalmente aquí se presenta la cuestión de si en el hombre el sonambulismo es
debido a una pérdida de inhibición de los centros motores durante el sueño REM,
similar al fenómeno que se ha visto en los gatos a los que se ha destruido sus
centros inhibidores. Sin embargo, no es éste el caso El sonambulismo se da
predominantemente en la etapa 4 del sueño (un periodo no REM) o al ser
despertado de dicha etapa. Sus causas fisiológicas no son conocidas, pero no
parece que el sonambulismo esté relacionado con el sueño REM ni con los sueños.
Este tema viene analizado en R J Broughton. -Sleep Disorders: Disorders of
Arousal?» Science. 1968. vol. 159. p 1070.
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siguiera
funcionando normalmente si sus sueños fueran total o parcialmente suprimidos?
¿Deben considerarse los sueños como algo necesario en un sentido psicológico o
fisiológico, o en ambos?
En su
experimento, Dement registró primero los ciclos de sueño de ocho individuos
durante varias noches sucesivas, y luego les privó de la mayor parte del sueño
REM durante cinco noches seguidas. Registró sus EEG y sus movimientos oculares
a lo largo de la noche, despertándolos en el momento en que tales indicadores
señalaban que entraban en un período REM. Comprobó que, si los mantenía
despiertos como mínimo durante tres minutos, el ciclo de sueño no se reanudaba
en la etapa en que se había cortado, sino que se iniciaba uno nuevo. A medida
que avanzaba la noche, cada vez era preciso despertar más a menudo a los
individuos para privarles del sueño REM. Este efecto aumentaba en las sucesivas
noches de privación: en la primera noche fue necesario un promedio de once
interrupciones, y en la quinta un promedio de veintitrés. A continuación se
dejó que los individuos durmieran durante cinco noches sin ser molestados.
Durante las noches de control al principio del experimento, la duración del
sueño REM era de aproximadamente un 19% del total del sueño. En la primera
noche de sueño ininterrumpido después del período de privación, la cantidad de
sueño REM era alrededor de un 50% más alta, y esta aparente compensación del
REM anteriormente perdido (llamada rebote REM) persistió durante varias noches
después. La cantidad de sueño en las
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otras
etapas no cambió como consecuencia de la privación del sueño REM, y los
individuos estudiados que fueron despertados tantas veces como los otros pero
en otras etapas de sueño y no en la REM no mostraron ningún efecto de rebote.
Dement llegó a la siguiente conclusión:
Parece como
si la necesidad de soñar se fortaleciera con el déficit de menos producido en
las noches sucesivas de privación de los mismos: una necesidad que primero se
hace evidente en el aumento de los intentos de empezar a soñar y luego, durante
los períodos de recuperación, en el notable incremento del total de los sueños
y del porcentaje de tiempo en que se sueña.
Dement
había encontrado una respuesta parcial a su pregunta sobre la necesidad
fisiológica de soñar. La función del sueño seguía sin ser entendida, pero,
fuera cual fuera el mecanismo cerebral que controlaba el ciclo del sueño, éste
insistía tenazmente en completar su curso. En lo que concierne a la pregunta
sobre la necesidad psicológica, la respuesta era negativa. Si bien los
individuos se mostraban más o menos ansiosos o agitados o con tendencia a comer
en exceso durante el período del experimento, no se registraron en ellos
alteraciones psíquicas importantes.
Jouvet
observó los mismos efectos fisiológicos de la privación del sueño REM en los
gatos. Al suprimir el sueño REM por medio de shocks eléctricos, vio que era
necesario aplicar dichos shocks a intervalos cada vez más cortos hasta que, al
cabo de pocas horas, el
71
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animal
entraba en un estadio REM inmediatamente después del shock. En otras especies
animales también se ha observado el fenómeno del rebote REM.
Estos
descubrimientos iniciales sobre los ciclos de sueño y sobre la capacidad del
cerebro de generar sueños durante la fase REM condujeron a plantear otras
cuestiones, que fueron investigadas durante los años 60. Tal como mencionamos
anteriormente, los individuos observados por Dement referían pensamientos
similares a los sueños si se les despertaba en el estadio 1 descendente, justo
cuando estaban a punto de dormirse. Este descubrimiento fue confirmado y
ampliado en un extenso estudio realizado por David Foulkes, de la Universidad
de Colorado, y Gerald Vogel, de la Universidad de Chicago. En el estadio 1
descendente, los individuos perciben imágenes visuales similares a las de los
sueños, que, si bien no son tan largas y no poseen el contenido argumenta] o
emocional de éstos, son distintas de los pensamientos reales que el individuo
tiene en estado de vigilia.
También se
registraron procesos de pensamiento en el sueño no-REM, es decir, en las etapas
2, 3 y 4 que preceden al sueño REM en cada ciclo. En el estudio original de
Dement y Kleitman, las descripciones que los individuos referían al ser
despertados sólo se catalogaban como un sueño si contenía una descripción
detallada del mismo. Con este criterio, prácticamente sólo había sueños en los
períodos REM. De todas las veces que se les despertaba en etapas no-REM, en un
7% de las ocasiones se refirieron sueños, pero tales descripciones fueron
atribuidas a que los individuos recordaban
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sueños
anteriores de la misma noche. Sin embargo, en estudios posteriores se despertó
a los individuos tanto en períodos REM como no-REM y se analizó el contenido de
lo que explicaban. Se encontró que los procesos de pensamiento predominaban en
las etapas no-REM, incluidas aquellas que preceden al primer período REM de la
noche (etapas en las que los pensamientos no podían ser un recuerdo del sueño
anterior). El pensamiento de la etapa no-REM era diferente de los sueños. Se
parecía más al pensamiento normal; era algo fantasioso, pero no se visualizaba
tan claramente como los sueños, tenía menor carga emocional que éstos y estaba
más relacionado con acontecimientos actuales de la vida del individuo. A veces,
un tema que se había presentado en una etapa no-REM aparecía en sueños
posteriores de esa misma noche. Este hecho fue descubierto por Foulkes y
también por Allan Rechtschaffen y sus colaboradores, de la Universidad de
Chicago. Según Rechtschaffen:
En aquellas
noches en que algunos temas e imágenes persisten a lo largo de períodos tanto
no-REM como REM, los sueños no surgen «sui géneris» como productos mentales
psicológicamente aislados, sino que emergen como una parte destacada de todo el
entramado de la actividad mental.
La
asociación entre procesos de pensamiento y etapas no-REM no ha quedado tan
claramente establecida como la asociación entre sueños y etapas REM: según los
distintos laboratorios, oscila entre un 33 y un 70% el porcentaje de veces que
un individuo despertado en una etapa no-REM refiere que dicha etapa va
acompañada de
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pensamientos.
En general se acepta que a lo largo de cada ciclo de sueño se da una cierta
actividad mental.
Otra área
de investigación cuyo estudio se inició en los años 60 y continúa hoy día es la
del mecanismo cerebral responsable del control de los ciclos de sueño y de su
secuencia. Jouvet y sus colaboradores llevaron a cabo los primeros experimentos
en este campo y continúan siendo uno de los grupos más importantes de
investigación en el mismo. Han demostrado que los ciclos se controlan a partir
del tallo encefálico, que es el lugar de regulación de muchas funciones
vitales, pero los mecanismos exactos de este control son todavía desconocidos.
Para tener
una mejor visión de conjunto, tal vez sea conveniente centrarnos en otras
investigaciones realizadas sobre el tema. Lo que queda de este capítulo lo
dedicaremos a dos áreas de investigación: el desarrollo del sueño a lo largo de
la vida y la historia evolutiva del sueño.
En los
recién nacidos, el sueño se distribuye en numerosos períodos de aproximadamente
una hora de duración, que en total suman unas 16 horas diarias. En el sueño
aparecen tanto estadios REM como no-REM. Durante las etapas REM se dan los
típicos movimientos oculares rápidos, el EEG de bajo potencial y la respiración
irregular. La inhibición de los centros motores no es tan completa como en los
adultos, pues junto a los movimientos oculares se dan gemidos, muecas, sonrisas
y movimientos faciales mezclados con movimientos corporales. Sin embargo,
cuando no se dan estos movimientos el tono muscular decae, al igual que ocurre
en los adultos. Durante el estadio
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no-REM, el
EEG es más amplio y aparecen ondas lentas muy similares al estadio 2 del
adulto, no hay movimientos oculares, la respiración es regular y el tono
muscular es más alto que en la etapa REM.
Aproximadamente
la mitad del tiempo que los bebés pasan durmiendo permanecen en el estadio REM,
y la otra mitad en el no-REM; pero la secuencia no es necesariamente de tase
no-REM seguida de fase REM, sino que esta última puede aparecer inmediatamente
después de empezar el sueño.
Poco a
poco, el ciclo de sueño se va aproximando al patrón de los adultos. A los tres
o cinco meses, cuando los bebés suelen estar despiertos durante el día y
duermen durante la noche, el estadio REM se reduce a seis horas, mientras que
el no-REM sigue siendo de ocho horas; y a los dos o tres años, las cifras son
de tres horas para el estadio REM y ocho horas y media para el no-REM. De los
cinco a los nueve años el estadio REM se reduce a dos horas, es decir,
aproximadamente al nivel de los adultos, mientras que el tiempo del estadio
no-REM sigue siendo de aproximadamente ocho horas. A partir de entonces la
duración del sueño va disminuyendo hasta llegar a niveles de poco más de seis
horas de estadio no-REM y un poco menos de dos horas de estadio REM, como en
los adultos.
Estos datos
fueron recogidos principalmente por Howard Roffwarg, Joseph Muzio y William
Dement, que los publicaron en 1966. Sus descubrimientos fueron ampliados más
tarde por otros investigadores, que descubrieron un patrón similar en el
desarrollo del sueño a lo largo de la vida en otros mamíferos. Como resultado
de
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sus
estudios, Roffwarg y sus colaboradores concibieron una teoría sobre la función
del sueño REM. Les llamaron la atención dos cuestiones; si el sueño REM es un
estadio en el que se sueña, ¿en qué sueñan los recién nacidos?, y ¿por qué es
tan larga su etapa REM? Aportaron una observación que puede ser importante para
saber en qué sueñan los recién nacidos:
En la etapa
REM, los recién nacidos muestran una mímica facial que recuerda las expresiones
de emoción, perplejidad, desdeño, escepticismo o alegría moderada. Cuando están
despiertos no se observa esta variedad de expresiones.
Esto
presenta cierta similitud con el contenido emocional de los sueños en el
adulto. Sin embargo, dichos investigadores basaron sus hipótesis en el segundo
punto —el hecho de que exista tanto sueño REM en los recién nacidos—. Indiqué
anteriormente que durante la etapa REM hay un alto nivel de excitación neuronal
en el cerebro anterior. Roffwarg y sus colaboradores sugirieron que esta
excitación de origen interno era necesaria para el desarrollo fisiológico
normal del cerebro, y que la función del sueño REM era proporcionar esta
excitación:
Nuestra
hipótesis es que el sueño REM actúa corno una fuente endógena de estimulación
que proporciona gran cantidad de excitación funcional a los centros superiores.
Dicha estimulación sería especialmente crucial en la etapa uterina y poco
después del nacimiento, cuando el sistema nervioso central aún no dispone de
una estimulación exógena. De la misma manera podría ayudar a la
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maduración
estructural y a la diferenciación de las áreas sensoriales y motoras dentro del
sistema nervioso central, preparándolas por una parte para manejar la gran
cantidad de estímulos que reciben del ambiente desde que nacen, y por otra
contribuyendo a su desarrollo después del nacimiento.
Roffwarg
pensaba que la gran actividad nerviosa que se da durante el estadio REM ayuda
al cerebro a completar sus interconexiones, que al nacer aún no están del todo
desarrolladas.
Anteriormente
se consideraba que en los adultos el estadio REM era como un vestigio de la
infancia, un medio para mantener el tono nervioso central, pero que no
desempeñaba papel alguno en el procesamiento de la información. Sin embargo, en
un extraordinario experimento llevado a cabo recientemente. Roffwarg aportó
pruebas que nos llevan precisamente a la conclusión contraria. En la última
sección de este libro describiré dicho experimento, así como mi punto de vista
sobre la función del estadio REM, tanto en los recién nacidos como en los
adultos12.
Vamos a ver
ahora un último aspecto del sueño, y tal vez el más revelador: su historia
evolutiva. Se ha estudiado el sueño en un gran número de mamíferos placentarios
y marsupiales, y en todos ellos se ha comprobado la existencia de ciclos de
sueño. Entre estos mamíferos se incluyen especies tan diversas como el
chimpancé,
12 Puede
también pensarse que el sueño REM ejecute dos funciones, una al principio de su
desarrollo y otra posteriormente.
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varias
especies de monos, el perro, el gato, la oveja, el topo, el ratón, la rata, el
conejo, la ardilla, la zarigüeya y varias especies de murciélagos. Sin embargo,
tanto la cantidad total de sueño como la parte de sueño empleada en el estadio
REM varían de unas especies a otras. Así, por ejemplo, el cobayo y el conejo
duermen a intervalos, y en el primero el estadio REM constituye un 5% del
sueño, mientras que en el segundo supone un 15%. En cambio, el hombre y el gato
suelen dormir unas ocho horas o más al día, y en ellos el estadio REM
representa un 25% del ciclo del sueño. Truett Allison y sus colegas de la
Universidad de Yale, que han trabajado extensamente en el estudio de la
evolución del sueño, relacionan estas variaciones con el tipo de vida de cada
especie. Los animales que son víctimas potenciales de los predadores tienden a
dormir menos y tienen un porcentaje menor de sueño REM, mientras que los
animales predadores o los que tienen lugares seguros donde dormir duermen más y
tienen una proporción más alta de REM. En cualquier caso, la existencia de
ciclos de sueño parece ser algo general en los mamíferos placentarios y
marsupiales.
Hay un
tercer tipo de mamíferos, los monotremas, que fueron los primeros mamíferos en
evolucionar a partir de los reptiles, hace unos 180 millones de años. La línea
de mamíferos que ha originado los marsupiales y los placentarios (incluido el
hombre) salió de los monotremas en un momento dado después de su aparición.
Sólo hay dos ejemplos actuales de monotremas: el equidna y el ornitorrinco, que
ahora se encuentran sólo en Australia e islas cercanas. No hay duda de que
estos animales son mamíferos, puesto que tienen una
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temperatura
corporal constante, poseen un corazón dividido en cuatro cámaras, son peludos y
alimentan a sus crías con leche; pero, al igual que los reptiles, ponen huevos.
Ambos son criaturas pequeñas y tímidas, de aproximadamente medio metro de largo
y tres kilos de peso. El ornitorrinco se sumerge en los ríos para alimentarse
de los animalillos que viven enterrados en el fondo, mientras que el equidna
vive en los bosques y se alimenta de hormigas y termitas.
Allison y
sus colegas llevaron a cabo un exhaustivo estudio del sueño del equidna.
Midieron la actividad eléctrica del hipocampo, los movimientos oculares, el
tono muscular del cuello, el ritmo cardiaco, el ritmo respiratorio y la
temperatura cerebral. El resultado fue claro: el animal era un «buen dormilón»,
y en su sueño aparecía con frecuencia la fase de ondas lentas; pero no había
ningún estadio REM. Allison especuló sobre la posibilidad de que la falta de
sueño REM se debiera a las características específicas del animal. El equidna
tiene un sistema visual muy deficiente, incluso despierto no se registran en él
muchos movimientos oculares. Quizá la ausencia de sueño REM estuviera
relacionada con este hecho. Estudiaron el sueño en el topo, un animal que no
utiliza sus ojos para nada y que prácticamente es ciego, y en él se vio un
amplio porcentaje de sueño REM. Esto también ocurría con la zarigüeya, los
murciélagos y la rata topo, animales con un sistema visual deficiente. El
equidna es un animal que hiberna, pero el sueño REM aparecía en otros animales
que también lo hacen. La temperatura cerebral del equidna es más bien baja,
pero en el topo y la zarigüeya sólo es un poco más alta. Allison llegó a la
conclusión de que la ausencia de sueño REM en el
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equidna no
se debía a las características específicas del animal. Pensó que, si bien el
sueño de ondas lentas pudo haber aparecido ya en os reptiles inmediatamente
anteriores a los mamíferos, no habría ocurrido así con el sueño REM; éste había
aparecido por primera vez hace unos 140 millones de años, en un antepasado
común a los mamíferos marsupiales y los placentarios, una vez separado ya de la
línea evolutiva monotrema.
Fig. 2-3.
El equidna, uno de los dos monotremas existentes, vive en los bosques de
Australia e islas cercanas.
¿Qué
podríamos decir sobre la evolución del sueño de ondas lentas? Se han registrado
periodos de inactividad acompañados de ondas lentas en las tortugas cuya
relación con los mamíferos es muy distante, y en los cocodrilos, que están
relacionados con la» aves (éstas tienen también sueno de ondas lentas). Pero se
hace difícil la comparación, debido a lo primitivo del córtex de estos
animales. El punto más importante hace referencia a la temperatura. Los
reptiles,
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debido a
que no pueden mantener una temperatura corporal constante, están muy
influenciados por la del medio ambiente. Expuestos a bajas temperaturas se
vuelven inactivos y su metabolismo se torna más lento También se vuelven
inactivos a temperaturas altas, y pueden elegir este estado situándose en
lugares soleados. Probablemente estos períodos de inactividad y de bajo consumo
energético forman parte de su economía biológica.
Como
habíamos dicho, las tortugas y los cocodrilos son parientes lejanos de los
animales de sangre caliente (mamíferos y aves). Probablemente, el sueño de
ondas lentas apareció en sus antepasados para consumir menos energía en
movimientos activos, proporcionando así una reserva que pudiera ser utilizada
para mantener la temperatura corporal. En los mamíferos, el descenso cíclico de
la temperatura corporal estudiado por Kleitman podría indicar que existe una
disminución nocturna del ritmo metabólico. Sin embargo, no hay datos
suficientes y todo esto son meras conjeturas.
Algunas
investigaciones están empezando a aclarar la función del sueño de ondas lentas
en los mamíferos. Los experimentos realizados sugieren que el sueño de ondas
lentas puede tener realmente un efecto reparador. Los estudios realizados con
corredores de maratón han demostrado que después de una carrera en la que se ha
gastado mucha energía se produce un aumento significativo del sueño de ondas
lentas, especialmente de los estadios 3 y 4. También se ha visto que durante la
primera fase de sueño de ondas lentas de cada noche se incrementa lo secreción
de hormona del crecimiento en el flujo
81
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sanguíneo.
Se sabe que la hormona del crecimiento, acelera el crecimiento corporal durante
los períodos de desarrollo físico ―de ahí su nombre—, aumenta el ritmo de
síntesis de proteínas y de ácido ribonucleico, lo cual sugiere que desempeña un
papel reparador o restaurador en el metabolismo. No se sabe si la secreción de
esta hormona inicia realmente un proceso reparador y si está relacionada de
alguna manera con nuestra sensación de haber recuperado energías después del
sueño.
Fig. 2-4.
Cerebro de diversos mamíferos en los que se ha representado en sombreado el
córtex frontal (Para que se pueda apreciar mejor la diferencia de tamaños,
todos los cerebros aparecen
82
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dibujados
en la parte interior de la página a la misma escala.) En los mamíferos
placentarios y los marsupiales, la proporción de córtex frontal se incrementa a
medida que nos elevamos en la escala evolutiva. Así, es muy pequeño en la rata,
aumenta progresivamente de tamaño en el gato y el macaco y alcanza grandes
dimensiones en el hombre. El aumento de tamaño del córtex frontal es en
realidad mayor de lo que se aprecia en la ilustración, pues en las especies más
avanzadas el neocórtex tiene cada vez más circunvoluciones, lo cual indica que
hay más masa de tejido cortical que se comprime y se repliega sobre sí misma El
cerebro del equidna constituye una destacable anomalía. Si bien su conducta y
sus capacidades no son más avanzadas que las de la rata, posee en cambio un
córtex frontal muy grande y replegado, en proporción al resto del cerebro es
más grande que el de cualquier otro mamífero, incluido el hombre.
Así pues, y
resumiendo, en el reino de los mamíferos marsupiales y placentarios existen
ciclos de sueño de ondas lentas y REM, complejos y muy organizados, pero no en
los monotremas, en los que no hay sueño REM. Con este breve resumen dejaríamos
el tema, si no fuera por un hecho adicional: el equidna tiene un cerebro que no
corresponde al lugar que ocupa en la escala filogenética. Tiene un enorme
córtex frontal con circunvoluciones, que, en comparación con el resto del
cerebro, es más grande que en ningún otro mamífero, incluido el hombre. Este
peculiar aspecto del cerebro del equidna fue descrito por el anatomista Elliot
Smith en 1902:
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La
característica más destacable de este cerebro es el enorme desarrollo de los
hemisferios cerebrales... la extensión del córtex está considerablemente
aumentada por profundos y numerosos surcos. El significado de este extenso
neocórtex es bastante incomprensible. Mediante el estudio del cerebro de otros
mamíferos se ha visto que existen factores determinantes de la magnitud del
córtex: sin embargo, tales factores no pueden explicar que un mamífero pequeño,
de los más primitivos en la línea de los mamíferos, tenga este aparato cortical
tan extenso. En otros mamíferos insectívoros encontramos cerebros con un gran
desarrollo de las regiones olfativas, pero con un neocórtex pequeño. En el
equidna, sin embargo, cuyo modo de vida no es muy diferente de estos mamíferos,
junto al gran bulbo olfatorio y al gran lóbulo piriforme propios del cerebro
macrosmático encontramos un enorme y complicado neocórtex.
¿Qué es el
córtex frontal? Es una parte del neocórtex que se encuentra en la región
frontal del cerebro y que viene definido por sus conexiones con el núcleo
mediodorsal del tálamo. En el capítulo anterior ya dije que cada área del
neocórtex está conectada con una región específica del tálamo. Los núcleos
talámicos son estaciones de relevo para la información que va hacia el
neocórtex. Los sistemas tálamo-corticales pueden ser sensoriales ―vista, oído,
tacto― o pueden gobernar el movimiento. El córtex prefrontal es diferente. No
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es
sensorial ni motor, sino que lleva a cabo una función de orden superior. Sus
conexiones con el resto del cerebro nos dan una idea de la complejidad de esta
función: toda la información sensorial de orden elevado que llega al hipocampo
llega también al córtex frontal. Además, recibe información directamente de la
amígdala y de muchas otras estructuras cerebrales subcorticales, envía a su vez
información a casi todas las áreas de las cuales la recibe y, finalmente,
transmite información a los ganglios básales, que se cree están en relación con
la acción motriz final.
¿Cuál es la
función del córtex frontal? La respuesta no es en modo alguno exacta, pero los
estudios realizados durante muchos años en animales y en el hombre sugieren que
puede desempeñar la tarea de planificar estrategias de conducta para conseguir
un propósito o un objetivo concreto. Según una revisión reciente realizada por
Joaquim Fuster, del Brain Research Institute de la Universidad de California,
sobre la síntesis del comportamiento:
Sus
principales constituyentes son los actos de atención que «palpan» el ambiente
en busca de indicios significativos, los movimientos intencionados y
elaborados, la continua actualización de la información importante y la
referencia de dicha información a un esquema cognitivo de la estructura global
de la conducta y de su objetivo. El córtex frontal no sólo proporciona el
substrato para estas operaciones, sino que les confiere su calidad activa En
este papel activo... se puede encontrar la justificación de un calificativo que
a menudo se da al córtex frontal: «el ejecutivo del cerebro».
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Esto se
ilustra muy bien en un informe presentado por V. M. Bekhterev, un fisiólogo
ruso, en 1907. Bekhterev observó que las lesiones del córtex frontal en los
perros no ocasionaban una pérdida de la percepción sensorial, pero ocurría que
tales perros «no evalúan los resultados de sus acciones como es debido, no
pueden correlacionar las impresiones externas nuevas con la experiencia
anterior y no dirigen sus movimientos y sus acciones en su propio provecho» En
el hombre, la deficiencia del córtex frontal también ocasiona una alteración en
su capacidad de evaluar correctamente su propia conducta y sus accione;.
También puede ocasionar apatía, indiferencia frente al futuro, explosiones de
afecto y emoción o inquietud y acciones impulsivas. En general, la deficiencia
del córtex frontal ocasiona un cambio profundo en la personalidad.
¿Qué hace
el equidna con su gran córtex frontal? ¿Tiene algo que ver con su taita de
sueño REM? En la última sección de este libro sugiero que existe realmente una
relación y que el cerebro del equidna constituye un indicio importante para
entender la base biológica de la mente.
Acabarnos
aquí este capítulo sobre el cerebro. En el primer capítulo vimos cómo el
cerebro percibe y recuerda y cómo en el sistema Embico se realizan funciones
relacionadas con la memoria y la emoción. En este capítulo se han presentado al
lector los procesos que se dan durante el sueño, y hemos hablado también del
córtex frontal el cual, al parecer, dirige el comportamiento. En capítulos
posteriores volveremos a tratar del cerebro para fijarnos en
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descubrimientos
neurocientíficos que nos darán más indicios sobre el funcionamiento de la
mente. Finalmente, en la última sección del libro, titulada «Hipótesis»,
reuniré estos indicios y pre sentaré lo que yo creo que es la base biológica de
la mente.
En las
páginas que siguen ahora examinaremos la parte psicológica de nuestros datos, y
para ello nos trasladaremos a la Viena de mediados del siglo pasado.
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Parte 2
La mente
Este libro,
con su nueva aportación a la psicología que sorprendió al mundo cuando fue
publicado en 1900, no ha sufrido básicamente alteración alguna. Actualmente
considero que contiene el más valioso de los descubrimientos que a mí me ha
cabido la suerte de realizar. Intuiciones como ésta sólo se dan una vez en la
vida. FREUD, VIENA
15 de marzo
de 1931
Prólogo a
la traducción inglesa
de La
interpretación de los sueños
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Capítulo
III
Los
primeros descubrimientos
Sigmund
Freud era un joven médico, inteligente y ambicioso, un neurocientífico de su
época que se vio llevado hacia el estudio de los fenómenos psicológicos por las
características de su propia profesión y por las circunstancias externas. De
dicho estudio surgió la formulación de una teoría de gran envergadura sobre la
motivación inconsciente del comportamiento, tanto normal como patológico,
teoría que ha generado mucha controversia desde el día en que fue concebida.
Para algunos ha sido y sigue siendo la clave para entender la naturaleza de la
mente humana y sus mecanismos, un hallazgo que puede equipararse al de Darwin.
Otros en cambio, como veremos más adelante, consideran esta teoría como una
parodia de la ciencia. En este capítulo veremos el modo como Freud llevó a cabo
sus primeros estudios y cómo llegó a desarrollar las ideas que le condujeron a
la publicación en 1900 de La interpretación de los sueños.
Sigmund
Freud nació en 1856 en el seno de una familia judía en la ciudad de Freiberg,
en Moravia, región que actualmente pertenece a Alemania Oriental, pero que
entonces formaba parte del imperio austro-húngaro. Su padre. Jacob, que tenía
cuarenta años cuando nació Freud, era comerciante de tejidos Su madre. Amalia,
tenía veinte años y era una hermosa joven con la que Jacob se había casado un
año antes del nacimiento de Sigmund. La familia Freud —padre, madre. Sigmund y
su hermana Anal nacida en 1858— vivía muy
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modestamente
en una pieza única, situada encima de la tienda de un cerrajero.
En 1859,
cuando Freud tenía tres años. Jacob y su familia se trasladaron a Viena en
busca de mayores oportunidades para sus negocios. En los seis años posteriores.
Amalia tuvo tres hijas y otro hijo más. La fortuna de Jacob mejoraba y así,
cuando a los nueve años Sigmund se examinó para entrar en el instituto, la
familia Freud
—padre,
madre y seis hijos— ocupaba un apartamento de tres habitaciones que contaba
además con otra habitación, separada del resto del piso. Esta habitación fue el
dormitorio y cuarto de estudio de Sigmund hasta bien entrados los 20 años de
edad.
Freud
mostró su capacidad intelectual desde muy temprano. Ya en el primer año de
instituto era el mejor de su clase, y lo siguió siendo hasta que se graduó con
la calificación de summa cum laude, a la edad de diecisiete años. Era el
favorito de su madre, muy brillante académicamente, de porte distinguido y
presencia agradable. Freud ocupó un lugar privilegiado en la familia y ejerció
una considerable influencia en la vida de sus hermanas.
Una vez
graduado, Freud tuvo que elegir una profesión. En seguida se inclinó por la
ciencia. En aquel tiempo la teoría de Darwin era objeto de intensas polémicas,
y la imaginación de Freud fue cautivada por el desafío de desvelar los secretos
de la naturaleza. Ello le llevó a matricularse en la escuela de medicina de la
Universidad de Viena en otoño de 1873, cuando tenía diecisiete años. No se
sentía especialmente atraído por la medicina, pero en esa época tales
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estudios se
utilizaban a menudo como medio para acceder a una carrera de ciencias
naturales.
A finales
del siglo XIX, la Universidad de Viena era un centro de enseñanza con renombre
internacional. Todos los departamentos médicos estaban dirigidos por profesores
famosos. Theodor Meynert, jefe del departamento de psiquiatría, era el mejor
anatomista del cerebro en toda Europa; Ernst Brücke, director del Instituto de
Fisiología, tenía también un gran renombre. Brücke y otros profesores estaban
cambiando los conceptos filosóficos sobre la naturaleza por otros de tipo
fisiológico; pensaban que, a la larga, los fenómenos psicológicos podrían
explicarse en términos de procesos fisiológicos, y que dichos procesos, a su
vez, podrían explicarse por leyes físicas y químicas.
En la
ciudad de Viena y en su Universidad existía una larga tradición cultural.
Además de las asignaturas de medicina y de ciencias naturales, se daban
conferencias de filosofía y literatura. La carrera de medicina tenía una
duración de cinco años. Había asignaturas obligatorias, pero los alumnos podían
matricularse y asistir a cualquier curso de la universidad pagando la
correspondiente cuota. No se controlaba la asistencia, no se asignaban tareas y
sólo había que realizar tres exámenes en toda la carrera. Muchos alumnos
trabajaban además en laboratorios u hospitales, según sus intereses. Durante
los dos primeros años de su carrera, Freud siguió, además de las asignaturas
obligatorias, otras suplementarias, como lógica, filosofía griega, psicología y
un curso de biología general y darwinismo. En su segundo año empezó a centrarse
en el estudio de
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las
ciencias naturales, especialmente la zoología, y en su tercer año decidió
dedicarse al estudio comparativo de la anatomía de diversas especies animales.
Al final de ese año Freud publicó su primer tratado científico, un estudio
sobre los órganos sexuales masculinos de la anguila. En su tercer año de
carrera trabajó en el Instituto de Fisiología de Brücke, donde encontró un
cálido ambiente científico con personas afines a él y donde permaneció hasta un
año después de su graduación (1881) —un total de seis años—.
Cuando
Freud estudiaba medicina había tres salidas para esta carrera, algo parecido a
lo que ocurre hoy día. Se podían seguir cinco cursos anuales de estudios
clínicos, haciendo prácticas en los hospitales durante los veranos, para abrir
finalmente un consultorio particular. Otra posibilidad era pasar dos o tres
años como interno en un área clínica específica y luego trabajar como
especialista. Otra alternativa era dedicarse a la medicina académica, centrarse
en un campo científico o clínico y luego seguir trabajando de dos a cinco años,
de forma lenta y muy competitiva, hasta alcanzar primero el rango de
«Privatdozent» (lector universitario sin salario alguno) y después de eso el
puesto de profesor extraordinario (adjunto) u ordinario (dedicación plena). La
inclinación natural de Freud era seguir la última de las trayectorias
descritas, cosa que llevó a cabo continuando su trabajo en el laboratorio de
Brücke. Disfrutaba con su trabajo y lo hacía bien. Su especialidad era la
neuroanatomía comparativa. Mientras permaneció en el Instituto de Fisiología,
Freud publicó varios trabajos científicos que fueron muy elogiados por Brücke.
También asumió las ideas de su mentor acerca de que lo
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biológico,
e incluso lo psíquico, podría ser descrito en última instancia en términos
fisiológicos. Aunque nunca dio una descripción de este tipo para los fenómenos
psicológicos por él descubiertos, a pesar de haberlo intentado, mantuvo esta
creencia durante toda su vida.
Los planes
profesionales de Freud cambiaron súbitamente en 1882, cuando tenía veintiséis
años. Después de su graduación había sido designado como ayudante en el
Instituto de Brücke, con un salario pequeño por sus tareas de profesor. A duras
penas podía mantenerse con dicho salario, y en ocasiones tenía que pedir
prestado a sus amigos de mejor posición. Tenía esperanzas de que en su
investigación hiciera algún descubrimiento que le diera fama (quizás una nueva
técnica para teñir el tejido cerebral), pero si ello no ocurría su panorama era
bastante sombrío. Entonces ocurrieron dos acontecimientos que determinaron un
cambio en la situación. En junio de 1882, debido a que en el laboratorio había
dos jóvenes que estaban por encima de Freud. Brücke le sugirió que sería más
prudente no seguir con la carrera científica y pasar a la medicina clínica. El
segundo acontecimiento ocurrió en abril. Una noche, al volver del instituto a
casa, se encontró con una amiga de su hermana, Marta Bernays, de veintiún años,
y se enamoró de ella. Marta era joven, esbelta, atractiva y de carácter firme.
Era hija de una familia de comerciantes bastante acomodada que se había
trasladado de Hamburgo a Viena en 1869. Freud se enamoró inmediatamente y
pronto se granjeó a su vez el amor de Marta; en junio ya se habían prometido.
Según la costumbre de aquel tiempo, una pareja no se
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casaba
hasta contar con los medios económicos para ello y, de hecho, Freud no lo pudo
hacer hasta 1886, es decir, cuatro años más tarde. Debido a estas nuevas
circunstancias, Freud empezó en julio de 1882 tres años de internado en un
hospital, de donde saldría como especialista en neurología. Se sentía un poco
incómodo por haber abandonado la ciencia y no estaba muy seguro de qué
especialidad seguir cuando empezó a trabajar en distintos departamentos del
hospital —cirugía, medicina interna y psiquiatría bajo la dirección de Meynert—
En mayo de 1883, a la edad de veintisiete años, se trasladó al hospital y no
volvió ya al hogar paterno.
En el
departamento de psiquiatría, aparte de su trabajo como residente, se le ofreció
la oportunidad de incorporarse al laboratorio de Meynert de anatomía cerebral.
Aunque más tarde, durante su estancia en el hospital, Freud llevó a cabo una
investigación en este laboratorio sobre el tallo encefálico en el ser humano,
en ese momento decidió no seguir en esta dirección de forma permanente. La
psiquiatría por sí misma le parecía una disciplina «no fructífera». En algún
momento de su trabajo psiquiátrico Freud decidió especializarse en neurología,
influido aparentemente por su tendencia natural hacia el estudio del sistema
nervioso y por considerar que había un puesto para él como neurólogo en la
comunidad médica de Viena. Pasó pues catorce meses en el departamento de
enfermedades nerviosas, completando su formación médica con varios meses en el
departamento de oftalmología. Finalmente, en 1885, apoyado por Brücke, Meynert
y Hermann Nothnagel, jefe del departamento de medicina interna, Freud fue
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invitado a
presentarse para la plaza de Privatdozent en neuropatología, un puesto
altamente apreciado que representaba el reconocimiento oficial de su status
como neurólogo. A principios del verano de 1885, dio una conferencia de tesis
titulada «Los tractos medulares del encéfalo» y en septiembre de 1885 fue
admitido como Privatdozent, a la edad de veintinueve años.
A partir de
este momento pueden empezarse a situar los orígenes del psicoanálisis. En marzo
de 1885, Freud había solicitado una beca de viaje que tenía muchos candidatos y
que, de ganarla, le iba a permitir dejar su puesto durante seis meses, con
fondos suficientes para asistir a las conferencias y demostraciones del famoso
neurólogo Jean-Martin Charcot, en la Salpètrière de París. En junio, Freud se
enteró de que, gracias al apoyo de Ernst Brücke, se le había concedido dicha
beca, y se preparó con gran entusiasmo para el viaje. Si salía de Viena en
agosto, podría pasar seis semanas con su querida Marta en un pueblo de veraneo
y luego saldría hacia París. Al regreso pensaba abrir su consulta privada y
quizá lograr pronto los medios económicos para casarse. En una carta a Marta se
reflejaba su estado de ánimo:
Voy con
dinero y estaré un buen tiempo ahí, te llevaré algo hermoso y luego iré a París
y me haré un gran sabio y luego volveré a Viena famoso y nos podremos casar en
seguida y resolveré todos los casos
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de
enfermedades nerviosas incurables y gracias a ti estaré bien y te besaré hasta
que estés bien y te rías y seas feliz.
La
Salpètrière era un lugar ideal para un joven neurólogo. A las conferencias de
Charcot asistían médicos de todo el mundo. Freud era experto en anatomía
cerebral y esperaba continuar estos estudios en la Salpètrière, pero había ido
allí para aprender también sobre cualquier otra materia. Charcot era
especialmente famoso en el diagnóstico y tratamiento de la histeria, una
extraña enfermedad mental que en aquella época se daba especialmente entre las
mujeres. Freud se había encontrado con casos de histeria durante su época de
internado, y era lógico pensar que también se encontraría con algunos en su
consulta privada. Unos años atrás, el médico Josef Breuer había tratado a una
mujer de 21 años, a la que llamaron Ana
O. —su
nombre auténtico era Berta Pappenheim—, que padecía esta enfermedad, y Freud
había discutido detalladamente el caso con él. Así pues. Freud ya había
reflexionado sobre la etiología de la histeria con su desconcertante
interacción de síntomas físicos y mentales. Antes de pasar a las experiencias
de Freud en París, describiré el famoso caso de Ana O., pues del tratamiento
que el doctor Josef Breuer aplicó a esta paciente nació el psicoanálisis.
Josef
Breuer era un médico y científico muy respetado, unos doce años mayor que
Freud. Ambos se habían conocido en el laboratorio de Brücke y se habían hecho
amigos cuando Freud era estudiante de medicina —Breuer fue uno de los que le
ayudó económicamente—. Breuer provenía de la misma comunidad judía de Viena que
Freud, trabajaba en el laboratorio de Brücke y había hecho varios
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descubrimientos
científicos antes de pasar a la práctica de la medicina (describió un mecanismo
que intervenía en la regulación de la respiración, y explicó la función de los
canales semicirculares del oído). Había sido elegido miembro de la Academia de Ciencias
de Viena y era considerado como un médico muy capacitado, lo cual quedaba
confirmado por el hecho de que entre sus pacientes se encontraban Brücke, otros
importantes miembros de la Facultad de Medicina y el Primer Ministro de
Hungría.
El
tratamiento de Ana O. empezó en diciembre de 1880. Cuando Breuer fue llamado
para ver a la paciente, ésta llevaba siete meses al cuidado de su padre,
gravemente enfermo, y había mostrado repentinamente una serie de síntomas muy
extraños. Breuer describió a Ana como una persona muy inteligente en
circunstancias normales, con mucha intuición, enérgica y fundamentalmente
amable; en resumen, una joven admirable. Cuando Breuer la vio sufría una
parálisis muy severa: no podía utilizar los músculos del cuello para mover la
cabeza, su pierna derecha y su brazo izquierdo estaban completamente rígidos, y
más tarde también se puso rígida la pierna izquierda. No tenía sensibilidad
alguna en las extremidades inferiores, sufría trastornos visuales y tenía
frecuentes ataques de tos.
Breuer
observó también que Ana presentaba espontáneamente dos personalidades. En su
estado normal se mostraba melancólica y angustiada, mientras que en su segundo
estado abusaba de los demás y, si se lo permitían, llegaba a ser malvada. Si
ocurría algo en su habitación cuando se encontraba en el segundo estado —si se
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movía un
objeto o si una persona entraba o salía— al volver a su estado normal se
quejaba de que la gente intentaba confundirla, lo cual indicaba que no
recordaba lo que ocurría cuando se hallaba en ese estado.
En esta
etapa de su enfermedad, Ana se sumía en un semi-sueño durante varias horas cada
tarde (todo el tiempo que estuvo cuidando a su padre había dormido por las
tardes) y se despertaba diciendo: «qué tormento, qué tormento». Breuer veía a
la paciente al anochecer, la hipnotizaba y le hacía relatar sus sueños. Este
procedimiento, que ella llamó «una cura por la palabra», empezó a aliviar sus
síntomas. En cierto momento, Ana O. perdió el control gramatical y sintáctico y
empezó a hablar con dificultad utilizando cuatro o cinco idiomas. Según informó
Breuer:
Durante dos
semanas se quedó absolutamente muda, y a pesar de hacer grandes y repetidos
esfuerzos para hablar, no era capaz de pronunciar ni una sílaba. Entonces, por
primera vez, se puso de manifiesto el mecanismo físico de su trastorno. Según
me enteré, se había sentido muy ofendida por algo y había decidido no hablar
sobre ello. Cuando lo adiviné y la obligué a hablar del tema, desapareció la
inhibición que le impedía hablar sobre éste o cualquier otro tema... pero a
partir de entonces sólo habló en inglés (su lengua materna era el alemán).
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El 1 de
abril de 1881, después de cuatro meses de tratamiento, la parálisis mejoró lo
suficiente como para que Ana se levantara de la cama.
El 5 de
abril murió el padre de Ana y ella sufrió una recaída. Presentó un estado de
gran excitación, seguido de dos días de estupor. Cuando se despertó volvieron a
aparecer la mayoría de los síntomas anteriores, y no podía reconocer las caras
(la única excepción era Breuer). Tenía que reconstruir las caras a partir de
rasgos particulares que sí reconocía, como la nariz, el pelo, etc. Breuer
reinició el tratamiento, pero el estado de Ana empeoraba cada vez más. Se
negaba a comer y Breuer tenía que alimentarla. Empezaron a aparecer ideas de
suicidio, por lo que en junio de 1881 Breuer la trasladó a un sanatorio privado
en donde continuó el tratamiento. En otoño Ana se había recuperado lo
suficiente como para volver a Viena e instalarse en la nueva casa que su
familia ocupaba ahora. Una vez allí, la escisión de la personalidad de Ana se
hizo más notoria, y Breuer detectó un fenómeno singular. La segunda
personalidad revivía, día a día, los acontecimientos que habían ocurrido
exactamente un año antes (Breuer lo pudo comprobar mediante un diario que
guardaba la madre de Ana). Breuer escribió:
Era
transportada al año anterior con tal intensidad que en la casa nueva creía ver
su antigua habitación, y cuando quena dirigirse a la puerta topaba con la
estufa que se encontraba junto a la ventana en el lugar que allí hubiese
ocupado la puerta. El cambio de una personalidad a otra ocurría
espontáneamente, pero también podía ser provocado
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por
cualquier impresión que le recordara el año anterior Con sólo poner una naranja
ante sus ojos (en el primer período de su enfermedad se había alimentado
básicamente de naranjas) se trasladaba de 1882 a 1881.
El
tratamiento siguió sin grandes progresos, hasta que un incidente hizo cambiar a
Breuer su técnica. Ana no bebía agua y se alimentaba de fruta. En estado
hipnótico explicó a Breuer que había visto cómo el perro —«una criatura
horrible»— de su dama de compañía inglesa bebía de un vaso. Se había enfadado
por eso, pero no había dicho nada. Después de comentarle esto a Breuer, y
hallándose aún en estado hipnótico, pidió un vaso de agua y bebió una buena
cantidad. Cuando se despertó, los síntomas habían desaparecido y no se
repitieron más. A partir de entonces, siempre que se presentaba un síntoma,
Breuer pedía a Ana, una vez hipnotizada, que explicara todos los hechos en
orden cronológicamente inverso (método catártico):
Estos
descubrimientos —que los fenómenos de la histeria desaparecían en esta paciente
cuando se reproducía bajo hipnosis el hecho que los había causado— hicieron
posible llegar a un procedimiento terapéutico que poseía una consistencia
lógica y podía ser aplicado sistemáticamente: se tomaba cada síntoma por
separado y se describían en orden cronológico inverso todas las ocasiones en
que hubiera aparecido, empezando antes de que la paciente hubiera caído enferma
y retrocediendo hasta el hecho que
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hubiera
causado su primera aparición. Una vez explicado el hecho, el síntoma
desaparecía para siempre.
El último
síntoma de Ana, la parálisis del brazo izquierdo, desapareció cuando ella
recordó que, en cierta ocasión, mientras cuidaba a su padre, se quedó
adormilada y creyó ver una serpiente negra. La serpiente se acercó a su padre y
Ana intentó mover el brazo para apartarla pero no pudo (probablemente se le
había quedado dormido). Se asustó muchísimo y pronunció una plegaria en inglés,
la única que en ese momento le vino a la mente. Cuando recordó el incidente, la
parálisis desapareció y pudo volver a hablar en alemán. Breuer dio por
finalizado el tratamiento en junio de 1882, un año y medio después de haberío
iniciado. Según el historiador Frank J. Solloway, Berta Pappenheim fue
hospitalizada posterior mente tres veces más, la última vez en 1887, cinco años
después del tratamiento de Breuer. Sin embargo, finalmente pudo llevar a cabo
una vida productiva y fundó el movimiento de asistencia social en Alemania.
Vamos a
destacar ahora dos aspectos poco frecuentes de la histeria. El primero es el
gran control de la mente sobre el cuerpo, hasta el punto de que es capaz de
inducir parálisis y trastornos visuales (a veces Ana O. padecía tales
restricciones en su campo visual que, al mirar un ramo de flores, sólo podía
verlas de una en una). El otro aspecto es la poca frecuencia de la histeria en
nuestros días. En contraste con otras enfermedades mentales como la
esquizofrenia, claramente identificada en tiempos de Freud y cuya incidencia y
síntomas apenas han experimentado cambios, la incidencia de la
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histeria ha
variado mucho a lo largo de la historia. En los años 80 del siglo pasado, esta
enfermedad era la que más preocupaba a Charcot, era objeto de muchos trabajos
científicos y constituyó una parte importante en la primera época de la
actividad profesional de Freud. Sin embargo, la histeria y la personalidad
múltiple no se presentan con frecuencia hoy día. El historiador de la
psiquiatría Henri Ellenberger indica que los casos disminuyeron
considerablemente a partir de 1900 y que se produjo realmente un cambio en la
naturaleza de la histeria de 1820 a 1880. Los aspectos de doble personalidad en
el caso de Ana O eran diferentes de la mayoría de las histerias de esa década
(tal como veremos más adelante en este capítulo) y similares a otros casos
frecuentes unos 60 años antes. Volveremos a tratar estos puntos en la tercera
sección de este libro; ahora sigamos con Freud y su estancia en París.
Freud llegó
a la Salpètrière en octubre de 1885. La Salpètrière era un gran hospital para
mujeres pobres, y en 1870 se había asignado a Jean-Martin Charcot una amplia
sección dentro de este complejo. Charcot se había dado cuenta del potencial que
le ofrecía la gran cantidad de pacientes del hospital para el estudio de las
enfermedades neurológicas, y había transformado el centro en uno de los
hospitales más importantes de Europa dedicado a la enseñanza de esta
especialidad. Había llegado al estudio de la histeria en sus intentos por
distinguir entre la epilepsia con base orgánica y la epilepsia con base
histérica, enfermedad bastante frecuente en ese tiempo. También estudió la
histeria traumática, una eclosión de síntomas histéricos que pueden aparecer
algún tiempo después de
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un
accidente. En algunos casos, como los de las parálisis histéricas, era evidente
que no había ninguna lesión física en el sistema nervioso, puesto que los
síntomas de la parálisis no se correspondían con los que eran de esperar según
los conocimientos neuroanatómicos.
Como Freud
diría en otra ocasión, la histeria se comporta como si la anatomía cerebral no
existiera, su distribución es puramente imaginaria.
La vaguedad
de la histeria era tal que los médicos se mostraban reacios a estudiarla. Su
causa era desconocida, y era difícil distinguirla de una enfermedad fingida
Charcot dio legitimidad a la histeria demostrando su existencia con razones
psicológicas más que neurológicas. Como parte de esta demostración, Charcot
estudió a tres hombres ingresados en la Salpètrière con parálisis de un brazo a
raíz de un accidente. Los síntomas no correspondían a los de una parálisis
orgánica, y por tanto se sospechaba que eran histéricos, Después de determinar
los síntomas de la parálisis, eligió a otros individuos que podían ser
fácilmente hipnotizados y les sugirió, en estado hipnótico, que sus brazos
estaban paralizados. Los síntomas que presentaron fueron los mismos que los de
los paralíticos por traumatismo. Luego hizo una demostración del efecto del
trauma sugiriendo a individuos hipnotizados que, una vez despiertos, sus brazos
quedarían paralizados cuando recibieran un golpe en la espalda (el trauma).
Cuando se les daba dicho golpe se presentaba realmente la parálisis, con la
misma constelación de síntomas.
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Charcot
hizo demostraciones similares en casos de histeria con incapacidad de hablar.
Su idea era que, después del shock del trauma, el sistema nervioso se
encontraba en un estado análogo a la hipnosis y por tanto sujeto a
«autosugestión», lo cual inducía el síntoma histérico. Más adelante opinó que
se trataba de un proceso que no se daba en el cerebro normal, sino que requería
una cierta predisposición hereditaria y revelaba una degeneración de aquel
órgano. Charcot trató la histeria hipnotizando a sus pacientes y dándoles bajo
este estado la orden de que los síntomas desaparecieran.
Por primera
vez. Freud se enfrentaba directamente al concepto de que había ideas muy
potentes (las de los individuos hipnotizados y las de los histéricos) que
podían estar en la mente sin que el individuo fuera consciente de ello. Más
tarde escribiría en su autobiografía:
Recibí una
impresión muy profunda al considerar la posibilidad de que existieran unos
poderosos procesos mentales que, sin embargo, permanecían ocultos a la
conciencia.
Freud
estaba dispuesto a continuar en la Salpètrière sus estudios sobre anatomía del
cerebro. Sin embargo, su imaginación pronto quedó impresionada por lo que allí
fue observando. En noviembre escribía a su novia:
Charcot,
que es uno de los más grandes médicos y cuyo sentido común raya en la
genialidad, está haciendo naufragar mis objetivos y mis opiniones. A veces
salgo de
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sus
conferencias como si saliera de Notre Dame, con una idea completamente nueva
sobre la perfección. Pero me agota; después de estar con él no me quedan ganas
de trabajar con mis insignificantes cosas... Si esta semilla dará fruto, no lo
sé: lo que sí sé es que ningún otro ser humano me ha afectado de esta manera.
Después de
cuatro meses de estancia en París, durante los cuales se dedicó a observar y
también a traducir una serie de conferencias de Charcot al alemán, Freud volvió
a Viena, en febrero de 1886, para abrir su consulta privada y para casarse.
Antes de
proseguir con los acontecimientos posteriores, que llevaron al desarrollo del
psicoanálisis, puede ser útil considerar brevemente la historia de la histeria
y la del hipnotismo. Henri Ellenberger presenta el siguiente resumen respecto a
la histeria:
Durante
veinticinco siglos, la histeria (llamada por los griegos hystera. el útero)
había sido considerada como una enfermedad extraña con síntomas incoherentes e
incomprensibles. La mayoría de los médicos creían que era una enfermedad propia
de las mujeres y originada en el útero. En el siglo XVI, algunos médicos
empezaron a creer que el origen de la histeria estaba en el cerebro y que
ocasionalmente también podía presentarse en los hombres. Con el médico francés
Briquet se empezó un estudio sistemático y objetivo sobre la histeria Su famoso
Traité de l'Hystérie fue publicado en 1850. Durante diez años, con la
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ayuda de
sus colaboradores, llevó a cabo una investigación con 430 pacientes histéricos
Definió la histeria corno «una neurosis del cerebro, cuya manifestación
consiste especialmente en una perturbación de aquellos actos vitales
relacionados con la expresión de las emociones y las pasiones» Por cada 20
casos de histeria femenina encontró une., de histeria masculina. Briquet riego
rotundamente la idea predominante en aquella época, según la cual esta
enfermedad tenía sus raíces en los fuertes deseos y frustraciones eróticas
(observó que la histeria era casi inexistente entre las monjas y muy frecuente
en cambio en las prostitutas de París). Atribuía gran importancia a los
factores hereditarios (comprobó que un 25% de las hijas de mujeres histéricas
acababan siéndolo también). Más adelante descubrió que la histeria era más
común en las clases sociales bajas que en las altas y más frecuente en el campo
que en la ciudad, y llegó a la conclusión de que la histeria era causada por
emociones violentas, penas soportadas durante largo tiempo, conflictos
familiares y fracasos amorosos en personas predispuestas a dicha enfermedad e
hipersensibles. Más tarde Charcot adoptó las líneas básicas de este concepto de
histeria.
La
incoherencia y lo incomprensible de la histeria se debían al hecho de que sus
síntomas venían determinados por las ideas, con su gran diversidad, y no por la
estructura anatómica del sistema nervioso.
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Así, los
síntomas podían incluir cualquier cosa que el paciente hubiera presenciado o
imaginado. Un ejemplo muy espectacular era el de la epilepsia histérica, en la
que los síntomas podían derivarse de hechos que el paciente hubiera visto o de
ideas recibidas de otras fuentes.
Aunque no
siempre, era frecuente que asociada con la histeria apareciera la múltiple
personalidad. Esta era una de las facetas del caso de Ana O. Desde principios
del siglo XIX hasta hoy se ha descrito un pequeño número de casos de
personalidad múltiple más dramáticos, algunos con claros síntomas histéricos,
pero otros no. Estos pacientes muestran dos o más personalidades diferentes
sucesivamente. Cada una de estas personalidades puede responder a un nombre
diferente, hablar con un acento distinto o en otra lengua, tener diversas
habilidades, creerse en una etapa cronológica que no corresponde a las otras
personalidades. Cada personalidad puede conocer la existencia de las otras o no
saber nada de ellas. La aparición de las personalidades múltiples puede deberse
a un trauma. Entre los ejemplos históricos, Ellenberger cita el caso de una
niña suiza de doce años, Estela, que sufrió una grave parálisis después de una
caída. Fue llevada al médico francés Despine en 1836, quien sospechó que había
elementos de una doble personalidad y empezó a tratar a la niña con hipnosis.
En estado
normal, la niña seguía paralítica. El más ligero movimiento le causaba grandes
dolores. Se la tapaba con almohadones, mantas, edredones; quena mucho a su
madre y reclamaba constantemente su presencia, y se dirigía de
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Despine
respetuosamente, tratándolo de usted. En estado magnético (hipnótico) empezó a
ser capaz de moverse, comenzó a andar, tenía grandes deseos de ir a la nieve y
no podía tolerar la presencia de su madre; se dirigía a Despine con el familiar
«tú».
A lo largo
del mes de tratamiento, Estela alternaba espontáneamente sus dos
personalidades. En una de ellas no podía dar ni un solo paso, mientras que en
la otra podía caminar, correr y le encantaba jugar con la nieve. Se hizo muy
dependiente de Despine. Después de un período de seis meses, Despine redujo
gradualmente esta dependencia y logró una fusión de las dos personalidades, con
lo que desaparecieron los síntomas.
También
Pierre Janet, filósofo, psicólogo y médico contemporáneo de Freud, informó
sobre varios casos de pacientes con múltiple personalidad. Janet trabajó
primero en Le Havre y luego en la Salpètrière, y también había descubierto el
método catártico para el tratamiento de la histeria.
En la misma
época, Morton Prince, un psiquiatra americano, informó sobre el caso de
Cristina Beauchamp. La señorita Beauchamp fue visitada por primera vez por
Prince en 1898. Tenía veintitrés años y era una persona educada, tímida y
prudente. Se quejaba de dolor de cabeza, cansancio y falta de voluntad. Su
madre había muerto cuando ella tenía trece años y Cristina había sufrido varios
shocks psíquicos poco después. Prince empezó a tratarla con hipnosis y pronto
se dio cuenta de que tenía otras dos personalidades además
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de la
normal. La primera —llamada Beauchamp-II por Prince— venía a ser una versión
más seria de su estado normal, y la otra, en la que se hacía llamar Sally, era
todo lo contrario: alegre, imprudente y rebelde. Sally tartamudeaba con
frecuencia y no sabía hablar francés, mientras que la señorita Beauchamp sí. La
señorita Beauchamp no conocía la existencia de sus otras dos personalidades.
Sally conocía tanto a la señorita Beauchamp como a la señorita Beauchamp-II, y
las consideraba estúpidas a ambas. Beauchamp-II conocía a la señorita
Beauchamp, pero no a Sally.
Después de
varios meses de tratamiento, Sally empezó a surgir sin hipnosis, permaneciendo
durante algún tiempo y dejando a la señorita Beauchamp confusa y avergonzada
con sus actuaciones. Poco tiempo después apareció una cuarta personalidad de
tipo regresivo. Después de un período de seis años, Prince logró fusionar con
éxito todas las personalidades en una sola.
Desde
principios de este siglo se ha tenido noticia de varios casos de personalidad
múltiple. Hay dos ejemplos muy actuales: el de una mujer, descrito en el libro
y en la película Las tres caras de Eva, y el de Billy Milligan, un hombre
encarcelado en Ohio por un caso de violación y que presenta veinticuatro
personalidades, cada una de ellas diferentes en nombre, acento y rasgos de
conducta.
El fenómeno
del hipnotismo está muy ligado a la histeria y la personalidad múltiple. Fue
descubierto en Viena en 1774 por el médico Anton Mesmer. Al saber que algunos
médicos ingleses trataban ciertas enfermedades con imanes, Mesmer dio a beber a
una paciente agua que contenía hierro y entonces aplicó imanes en
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algunas
partes de su cuerpo, con lo que sus síntomas se aliviaron. Durante el
tratamiento, la paciente relató que creía notar un líquido misterioso que fluía
por su cuerpo, y Mesmer creyó que este líquido misterioso, responsable de la
curación de su paciente, estaba presente en todo el Universo, incluido el
hombre. Así pues, pensó que no era necesario beber agua con hierro ni utilizar
imanes para efectuar una curación, y que podría aliviar los síntomas de sus
pacientes con sólo tocarlos, mirarles a los ojos o mover su mano sobre la parte
del cuerpo afectada. Mesmer creía que lograba estos resultados por su propio
«magnetismo animal», con el que dirigía el líquido misterioso por el cuerpo de
sus pacientes.
Mesmer se
trasladó a París en 1778, donde durante varios años causó sensación curando a
cientos de pacientes, creando un culto y afanándose en vender su descubrimiento
al Gobierno francés. El resultado fue que en 1784 el rey nombró una comisión
para que investigara el asunto, y terminó prohibiendo la práctica del
magnetismo animal.
En la
década de 1780, uno de los seguidores de Mesmer, el marqués de Puységur, se dio
cuenta de que el «magnetismo animal» era debido al efecto psicológico que tenía
sobre el paciente la autoridad y el poder de persuasión de la persona que
«magnetizaba». A este fenómeno se le llamó «hipnotismo», nombre dado por el
inglés James Braid en 1840. A pesar de que hasta aproximadamente 1880 la
profesión médica lo vio con recelo y en tres ocasiones la Academia francesa de
Ciencias negó su legitimidad como técnica, en algunos casos se reconocía su
eficacia, como en el tratamiento de Estela llevado a cabo
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por
Despine. El hecho de que la Academia reconociera el hipnotismo en 1882 fue un
triunfo personal de Charcot, resultado de sus trabajos.
He tratado
el tema de la histeria, el de la personalidad múltiple y el del hipnotismo por
varias razones. Primeramente, porque estos fenómenos constituyen el sustrato
del que surgió el psicoanálisis. En segundo lugar, porque deseo destacar para
lo que expondré después que cualquier explicación sobre el funcionamiento de la
mente humana debe tener en cuenta tales fenómenos. Y en tercer lugar, porque
sirven para mostrar las dificultades inherentes a las observaciones
psicológicas y a su interpretación.
Mientras
aumentaba la fama de la Salpètrière, en Nancy se formaba una escuela rival de
hipnotismo bajo la dirección del médico Hippolyte Bernheim. Contrariamente a
Charcot, que creía que el hipnotismo era una condición patológica responsable
de la aparición de la histeria por autosugestión y que podía ser utilizada en
su tratamiento, Bernheim opinaba que el hipnotismo era un fenómeno general, un
estado muy fuerte de sugestionabilidad (éste es el punto de vista actual).
Bernheim empezó utilizando la hipnosis para tratar diversas alteraciones,
aunque con el tiempo la sustituyó por la sugestión en estado de vigilia.
Bernheim
sostenía que los resultados obtenidos en la Salpètrière eran meros artificios,
y, de hecho, algunos de los ataques epilépticos más espectaculares allí
observados resultaron ser simulados. Charcot murió en 1893, y poco tiempo
después se supo que algunos de los miembros de su equipo preparaban a los
pacientes más importantes
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para
complacer al maestro sin que éste tuviera noticia de ello. Y, lo que quizás es
más importante, los mismos enfermos, debido a la dependencia que crea el
hipnotismo y la relación médico-paciente y también por haber observado ataques
genuinos de epilepsia, producían estos síntomas sin ser conscientes de ello.
Además, sin contar con la ayuda del electroencefalograma, Charcot pudo haber
diagnosticado epilepsia histérica en casos que eran verdaderas epilepsias
debidas a lesiones en el cerebro. Después de la muerte de Charcot, el equipo de
la Salpètrière se apartó de las teorías del maestro y de la hipnosis. Aparte de
los artificios antes descritos, que podrían disculparse, la utilización de la
hipnosis para ordenar o sugerir que los síntomas histéricos desaparecieran (el
método de Charcot) no solían dar resultado, cosa que pronto observó Freud en su
práctica clínica.
Freud
volvió a Viena en 1886, cuando tenía treinta años, y abrió su consulta privada
como especialista en neuropatología. Durante los diez años siguientes se casó,
formó una familia, creó una consulta médica notable y desarrolló una nueva
teoría sobre la organización de la mente humana.
Freud
pronto logró fama como especialista en el tratamiento de la histeria. Muchos de
los pacientes venían por recomendación de Josef Breuer, quien, tras el
tratamiento de Ana O., se había dado cuenta de que no disponía de tiempo
suficiente para ocuparse de este tipo de enfermos. (El biógrafo de Freud,
Ernest Jones, sugiere que Breuer se sentía además incómodo con las fantasías
sexuales que Ana O. tenía respecto a él.)
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Freud
empezó tratando la histeria con los métodos comunes en aquel tiempo,
preconizados principalmente por el neurólogo alemán Heinrich Erb:
electroterapia (aplicación de electrodos y transmisión de una ligera corriente
a través del cuerpo), baños, masajes, etcétera. Se limitó a estos métodos
durante más de un año, a pesar de que sus resultados no eran nada
satisfactorios. Uno se pregunta por qué Freud no aplicó inmediatamente el
método catártico de Breuer. Jones sugiere que Freud pudo haber estado influido
por la actitud despectiva que mostró Charcot hacia este método cuando Freud se
lo explicó en París. Por otra parte, era normal que un médico principiante
utilizara métodos tradicionales. Freud describiría más tarde en su
autobiografía su experiencia con los métodos de Erb durante este período:
Comprobé al
poco tiempo que tales prescripciones eran ineficaces y que me había equivocado
al considerarlas como una cristalización de observaciones concienzudas y
exactas, no siendo sino una arbitraria fantasía. Este descubrimiento de que la
obra del principal neurólogo alemán carecía de toda relación con la realidad me
fue harto dolorosa, pero me ayudó a liberarme de un resto de ingenua fe en las
autoridades.
En 1887,
Freud empezó a utilizar el hipnotismo tal como lo hacía Charcot. Fuera de
Francia había quienes tomaban este método en serio y quienes lo repudiaban.
Meynert escribió que el hipnotismo «degrada al individuo y lo convierte en una
criatura sin voluntad ni
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razón y no
hace más que acelerar su degeneración nerviosa y mental». Freud logró algunos
éxitos con el hipnotismo, pero los resultados eran inconsistentes. A veces no
lograba hipnotizar a sus pacientes y en otras ocasiones el estado hipnótico
conseguido no era suficientemente profundo. Cuando lograba aliviar los síntomas
en una paciente histérica con este método, generalmente la mejoría era sólo
pasajera.
En busca de
un perfeccionamiento en su técnica, Freud persuadió a una paciente, a la que no
lograba hipnotizar, para que le acompañara a Nancy, donde Bernheim era famoso
por haber tratado miles de casos por sugestión bajo hipnosis. Tampoco Bernheim
pudo hipnotizar a esta paciente, y reconoció ante Freud que prácticamente todos
sus éxitos se habían dado con pacientes del hospital que eran más pobres y más
dependientes de él, y no con pacientes del tipo que veía en su consulta
privada. Más tarde, Bernheim explicó a Freud un importante hallazgo: el estado
hipnótico iba acompañado de amnesia, pero Bernheim lograba que el paciente
recuperara la memoria sobre hechos sucedidos durante la hipnosis si lo
despertaba y lo exhortaba a que recordara mientras ejercía presión con la mano
sobre su frente. Esto sugirió a Freud la posibilidad de que, en ciertas
circunstancias, se podría conseguir que el paciente recordara un trauma
olvidado que podía ser el responsable de los síntomas histéricos.
El cambio
al método catártico de Breuer coincidió aproximadamente con el viaje de Freud a
Nancy. Ellenberger sugiere que su interés por este método podía haber sido
resucitado por el informe publicado por Pierre Janet sobre la cura catártica de
su paciente María, un caso
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grave de
histeria. Sea como fuere, en 1899 Freud utilizó el método catártico en el
tratamiento de la señora Emmy von N. Esta mujer era en realidad Fanny Moser,
viuda de un rico industrial suizo que acudió a Breuer para que le tratara una
serie de síntomas histéricos que habían empezado unos años antes con la muerte
de su marido. En el conjunto de síntomas se incluían sacudidas convulsivas,
emisión de sonidos, pérdida de apetito, alucinaciones y fobia a los animales.
La señora Moser fue tratada al principio por Breuer, quien luego la pasó a
Freud. En estado hipnótico, la señora Moser recordaba varios incidentes
traumáticos de su vida adulta y los asociaba con incidentes anteriores de su
infancia y con síntomas específicos (su fobia a los animales aparentemente
surgieron debido a que sus hermanos y hermanas le tiraban animales muertos
cuando ella tenía cinco años). Freud trató a esta paciente durante siete
semanas. Algunos síntomas fueron aliviados, pero la paciente no se curó. Freud
diría de este caso:
El éxito
terapéutico del conjunto de síntomas fue considerable, pero no duradero. No se
pudo liberar a la paciente de su tendencia a ser afectada de un modo parecido
por el impacto de nuevos traumas. Para llevar a cabo la cura definitiva de un
caso como éste, se tendría que profundizar mucho más de lo que yo lo he hecho
en el complejo de fenómenos.
La señora
Moser tenía una habilidad poco corriente para recordar hechos pasados y los
exponía espontáneamente y con detalle, lo que
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hizo
vislumbrar a Freud la idea de lo que más tarde se llamaría la asociación libre.
Fräulein
Elisabeth von R., una joven de veintiún años que fue tratada en 1892, no podía
ser hipnotizada. Freud decidió utilizar la técnica de Bernheim para hacerle
recordar hechos ya olvidados. Citando a Ernest Jones:
El método
era el siguiente: el paciente permanecía echado, con los ojos cerrados; se le
pedía que se concentrara en un síntoma concreto y que tratara de recordar
cualquier hecho que pudiera clarificar su origen. Si no se conseguía nada,
Freud presionaba la frente del paciente con su mano y le aseguraba que entonces
ya podría recordar algunas cosas. A veces, aun repitiendo la presión en la
frente, no ocurría nada. Luego, quizás en el cuarto intento, el paciente
explicaba a Freud lo que había pasado por su mente pero con el siguiente
comentario: «Se lo podría haber dicho la primera vez, pero no pensé que fuera
eso lo que usted quería.» Estas experiencias reafirmaron su confianza en dicho
procedimiento, que él creía realmente infalible.
La técnica
de la asociación libre evolucionó hacia su forma definitiva de una forma
natural y rápida. Se pedía a la paciente que se echara en el sofá (los primeros
pacientes de Freud fueron mujeres en su gran mayoría); Freud se sentaba a su
lado, y la paciente explicaba todo lo que pasaba por su mente, sin tener en
cuenta si se trataba de algo
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trivial,
comprometedor u ofensivo. Volveré a hablar de esta técnica y de su utilización
en los capítulos siguientes.
En 1892 y
1893, Breuer y Freud publicaron sus primeras experiencias clínicas y sus
comentarios teóricos sobre la histeria. En 1895 apareció la obra Estudios sobre
la histeria, en la que se presentaban cinco casos de pacientes tratadas con el
método catártico: Ana O., Frau Emmy von N., Fräulein Elisabeth von R, y dos
más. Todos ellos eran casos de síntomas histéricos que se habían presentado
después de un trauma psicológico. El descubrimiento básico fue el darse cuenta
de que los histéricos padecen unos recuerdos que no pueden hacer conscientes.
En 1896, basándose en el tratamiento de dieciocho casos de histeria, Freud
propuso una compleja estructura sobre la organización mental para explicar la
no disponibilidad de los recuerdos. Fue en ocasión de una conferencia en la
Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Viena, cuyo contenido fue publicado
después con el título de La etiología de la histeria. Freud afirmaba que el
origen de la dificultad no radicaba en el trauma que había precipitado el brote
de histeria. Siguiendo la pista del incidente mediante los recuerdos que se
hallaban asociados a él, se llegaba a hechos concretos en la pubertad que eran
el origen causal de la histeria, pero no la explicaban por completo. El origen
remoto de la enfermedad se hallaba en la primera infancia, antes de los ocho
años, época en que determinadas experiencias sexuales — normalmente la
seducción por parte de un adulto— constituían los cimientos para el brote que
tendría lugar más adelante. Un mecanismo esencial de la neurosis era la
represión. El dolor psíquico
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del
incidente sexual hacía que el ego reprimiera su recuerdo, como defensa. En
palabras de Freud:
Si
sometemos a este análisis (el método catártico de Breuer) series enteras de
síntomas en numerosas personas, llegamos al conocimiento de una serie
correlativa de escenas traumáticas en las cuales han entrado en acción las
causas de la histeria. Habremos pues de esperar que el estudio de las escenas
traumáticas nos descubra cuáles son las influencias que generan síntomas
histéricos y en qué forma...
La
referencia de un síntoma histérico a una escena traumática sólo traerá consigo
un progreso de nuestra comprensión etiológica cuando tal escena cumpla dos
condiciones esenciales: adecuación determinante (relación lógica con el
síntoma), y fuerza traumática suficiente...
Consideremos
ahora hasta qué punto las escenas traumáticas de la histeria, que han sido
reveladas en el análisis de gran número de síntomas y de casos, cumplen las dos
condiciones señaladas. Aquí nos encontramos con la primera decepción. A veces
ocurre que la escena traumática en la que se originó el síntoma posee realmente
las propiedades que requerimos para la comprensión del mismo: adecuación
suficiente y fuerza traumática. Pero es mucho más frecuente —sin comparación—
tropezar con otras tres situaciones de difícil comprensión. A veces ocurre que
la escena a la cual nos conduce el análisis, y en la que
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el síntoma
apareció por primera vez, se nos muestra inadecuada para la determinación del
síntoma, no ofreciendo su contenido relación alguna con la naturaleza del
mismo. O bien el suceso supuestamente traumático ofrece dicha relación con el
síntoma, pero se nos presenta como una impresión normalmente inofensiva y, por
lo general, incapaz de tal efecto. O, por último, se trata de una «escena
traumática» tan inocente como completamente ajena al carácter del síntoma
analizado...
A esta
primera decepción que nos proporciona el método de Breuer viene a agregarse en
seguida otra especialmente dolorosa para el médico. Cuando el análisis de un
síntoma lleva a una escena traumática carente de las dos condiciones antes
señaladas, el efecto terapéutico es nulo...
Freud
continúa afirmando que si se exploran estas experiencias traumáticas se
encuentra una cadena de asociaciones que conducen a un trauma anterior de
naturaleza sexual:
Las cadenas
asociativas de los síntomas comienzan a enlazarse entre sí... el resultado
principal de esta consecuente prosecución del análisis consiste en descubrimos
que, en todo caso y cualquiera que sea el síntoma que tomemos como punto de
partida, llegamos indefectiblemente al terreno de la vida sexual. Así pues, por
primera vez hemos descubierto al parecer una condición etiológica de los
síntomas histéricos.
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Estas
experiencias sexuales solían tener lugar alrededor de la pubertad, y no
constituían aún la causa última subyacente de los síntomas histéricos. La clave
está en los primeros recuerdos de la infancia:
Al penetrar
con el análisis hasta la más temprana infancia, esto es, hasta el límite de la
capacidad mnésica del hombre, damos ocasión al enfermo en todos los casos para
la reproducción de sucesos que por sus peculiaridades y relaciones con los
síntomas patológicos ulteriores han de ser considerados como la buscada
etiología de la neurosis. Estos sucesos infantiles son, una vez más, de
contenido sexual, pero de naturaleza mucho más uniforme que las escenas de la
pubertad últimamente halladas. No se trata ya en ellos de la evocación del tema
sexual por una impresión sensorial cualquiera, sino de experiencias sexuales
personales del propio paciente, de cópula sexual (en un amplio sentido). Se
admitirá que la importancia de tales escenas no precisa de más amplia
fundamentación. Y añadiré que sus detalles nos revelan siempre aquellos
factores determinantes que quizás echábamos de menos en las otras escenas
aparecidas posteriormente...
Sentamos
pues, la afirmación de que en el fondo de todo caso de histeria se ocultan una
o varias experiencias sexuales precoces que pueden ser reproducidas por el
análisis, no obstante el tiempo transcurrido —a veces decenios enteros—. Tengo
este resultado por un importante
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hallazgo,
por el descubrimiento de las «fuentes del Nilo» de la neuropatología...
A
continuación, Freud quiso asegurar a sus oyentes que había tenido cuidado de no
forzar estas recolecciones de traumas infantiles en sus pacientes. Los traumas
estaban en la naturaleza de los abusos sexuales por parte de adultos tales como
sirvientes, profesores o padres, o de las actividades sexuales llevadas a cabo
con parientes. Freud estableció la edad de 8 años como límite superior de
ocurrencia de esos traumas psíquicos. «Todo aquel que no haya tenido
experiencias sexuales antes de esta edad no puede presentar después una
predisposición a la histeria; todo aquel que las haya tenido es susceptible de
desarrollar síntomas histéricos.»
Después
habló sobre los importantes conceptos de represión y defensa:
Pero debo
también advertir que yo mismo señalé hace pocos años un factor, hasta entonces
poco atendido, al que atribuyo el papel principal en la provocación de la
histeria después de la pubertad (publicaciones de 1893 y 1895). Expuse en tal
ocasión que la aparición de la histeria puede ser atribuida casi siempre a un
conflicto psíquico, en el que una idea intolerable provoca la defensa del yo e
induce a la represión. Por entonces no pude indicar en qué circunstancias logra
esta tendencia defensiva del yo el efecto patológico de rechazar fuera de la
conciencia el recuerdo penoso para el yo y crear en su lugar un síntoma
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histérico.
Hoy puedo completar mis afirmaciones añadiendo que la defensa consigue su
intención de expulsar de la conciencia la idea intolerable cuando la persona de
que se trata, sana hasta entonces, posee recuerdos inconscientes de escenas
sexuales infantiles y cuando la idea que ha de ser reprimida puede ser enlazada
lógica o asociativamente con tales sucesos infantiles.
Finalmente,
Freud concluyó su conferencia con la siguiente afirmación, en la que introduce
el concepto del inconsciente:
Llego aquí
al final de mi conferencia. Preparado para la controversia, quisiera dar antes
a mis afirmaciones un nuevo apoyo. Cualquiera que sea el valor que se conceda a
mis resultados, he de rogar no se vea en ellos el fruto de una cómoda
especulación. Reposan en una laboriosa investigación individual de cada
enfermo, que en la mayoría de los casos ha exigido cien o más horas de penosa
labor. En mi opinión, más importante aún que la aceptación de mis resultados,
es para mí la del método del que me he servido, totalmente nuevo, difícil de
desarrollar y, sin embargo, insustituible para nuestros fines científicos y
terapéuticos. Espero que comprendan que no es posible verificar o rebatir los
resultados de esta modificación mía del método de Breuer dejando a un lado este
método y sirviéndose tan sólo de los hasta ahora habituales. Ello equivaldría a
querer rebatir los descubrimientos de la técnica histológica por
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medio de
los datos logrados en la investigación macroscópica. Este nuevo método de
investigación, al abrirnos el acceso a un nuevo elemento del acontecer
psíquico, los procesos mentales inconscientes —o, según la expresión de Breuer,
incapaces de penetrar en la conciencia—, nos ofrece la esperanza de una nueva y
mejor comprensión de todas las perturbaciones psíquicas funcionales. No puedo
creer que la psiquiatría demore por más tiempo el servirse de él.
He
presentado algunos extractos de la conferencia dada por Freud en 1896 para dar
al lector una idea más exacta de sus razonamientos sobre la histeria y sobre
los procesos mentales del inconsciente. Al mismo tiempo, el lector habrá
comprobado el estilo elegante y persuasivo de Freud. El punto de vista de Freud
sobre los procesos del inconsciente será tratado en el próximo capítulo,
después de ver la elaboración que hace posteriormente de La interpretación de
los sueños. De momento voy a hacer algunas consideraciones sobre la manera como
Freud enfocaba los problemas científicos, es decir, sobre su estilo científico.
Freud
apuntaba constantemente a una teoría amplia y total. Un ejemplo de ello es su
teoría sobre la histeria, que él consideraba como «las fuentes del Nilo» de la
neuropatología. Esta tendencia en los planteamientos de Freud provenía de su
creencia, como científico en la tradición de Brücke, de que en todas las
funciones mentales subyacían unos mecanismos causales básicos. Al analizar a
sus
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pacientes,
Freud buscaba estos mecanismos. Además, Freud era ambicioso. Había escrito a
Marta que cuando volviera a Viena se convertiría en un gran profesional y
resolvería todos los casos neurológicos incurables. Por otra parte, le
preocupaba conseguir prestigio como investigador. Antes de presentar su teoría
sexual sobre la histeria, había escrito a su amigo Fliess explicándole que
había encontrado un libro reciente de Janet y que mientras lo leía «el corazón
me latía con fuerza, y al dejarlo mi pulso se normalizó. No tiene ni idea de
cuál es la clave del asunto.» Este conjunto de peculiaridades de la
personalidad no es raro en un científico, pero existe el peligro de que
conduzcan a formular generalizaciones excesivas o incorrectas, que, por una
razón u otra, pueden no ser corregidas en observaciones posteriores. Este
peligro es aún mayor en psicología, en donde las observaciones pueden
interpretarse de muy distintas maneras.
En lo que a
la histeria se refiere, la convicción de Freud de que su única fuente era un
trauma sexual en la infancia le llevó a minimizar lo que aparentemente sólo era
una excepción de su teoría, el caso de Ana O., y a un alejamiento personal de
Josef Breuer. La teoría de Freud sobre la histeria contenía también un gran
error, que él corrigió luego, y que relataré más adelante. En la tercera
sección del libro sugeriré que otra teoría de Freud, la de la satisfacción de
los deseos en los sueños, no logró dar con la esencia de la función de los
mismos y que su intento de interpretar todos los sueños dentro de este marco
condujo luego a otras teorías que fueron improductivas.
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La
interpretación de Freud del caso de Ana O. sufrió una metamorfosis entre 1892 y
1896. En junio de 1892 escribió una carta a Breuer para exponerle sus ideas
sobre lo que debería contener una próxima publicación sobre la histeria que
preparaban conjuntamente.
Hemos
llegado a nuestras opiniones sobre los ataques de histeria a través del
tratamiento por el método de sugestión hipnótica y preguntando al paciente bajo
este estado para poder así investigar sus procesos psíquicos durante el ataque.
Antes de exponer nuestros puntos de vista, debemos señalar que consideramos
esencial para la explicación de los fenómenos histéricos el asumir la presencia
de una disociación —una división del contenido de la conciencia—.
Este punto
de vista apareció en 1892 en la publicación conjunta titulada Sobre los
mecanismos psíquicos de los fenómenos histéricos:
Realmente,
mientras más nos ocupábamos de estos fenómenos más firme se hizo nuestra
convicción de que aquella disociación de la conciencia, que tan singular se nos
muestra en los conocidos casos clásicos de doble conciencia (personalidades
múltiples), existe de una manera más rudimentaria en todos los casos de
histeria, y que la tendencia a esta disociación —y con ella a la aparición de
estados anormales de conciencia a los que llamaremos «hipnoides»— es una
manifestación fundamental de dicha neurosis.
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Desde
luego, el caso de Ana O. era de este tipo. Sobre 1895, Freud consideró al
parecer que el caso de Ana O. era atípico, una excepción a la regla general. En
los Estudios sobre la histeria publicados en ese año, Freud afirmaba que él no
había tratado nunca a una paciente como ésta (los cuatro casos referidos por
Freud en dicho trabajo no presentaban estados hipnoides o de doble conciencia),
pero admitía que existía este tipo de histeria. Ana O. difería de los pacientes
de Freud en otro aspecto: en su cura catártica mostraba muy poca o ninguna
defensa. Freud escribió en Estudios sobre la histeria:
Considero
esta diferenciación tan importante que por esta razón me avengo a la hipótesis
de que existe una histeria hipnoide.
Pero en la
Etiología de la histeria, en 1896, intentaba incluir el caso de Ana O. dentro
de la teoría del trauma sexual de la infancia:
Pudiera
creerse que aquellos raros ejemplos en los que el análisis refiere en seguida
el síntoma a una escena traumática de adecuación determinante y fuerza
traumática suficientes, y con tal referencia lo suprime (tal como describe
Breuer en el caso de Ana O.), contradicen la validez general del principio
antes desarrollado. Así parece, en efecto; pero puedo asegurarles que tengo
buenas razones para pensar que incluso en estos casos actúa una concatenación
de recuerdos que va mucho más allá de la primera escena traumática, aunque la
reproducción de esta última pueda producir por sí sola la desaparición del
síntoma.
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Freud pudo
haber estado en lo cierto —no se extendió más en explicar sus razones—, pero es
posible que la condición de doble conciencia suponga un estado mental distinto
que pueda tener su propia etiología. De hecho, pueden darse tres tipos de
histeria: histeria con personalidad múltiple (la de Ana O.), histeria sin
personalidad múltiple (la que Freud subrayó) y múltiple personalidad sin claros
síntomas de histeria (la señorita Beauchamp, la protagonista de Las tres caras
de Eva y Billy Milligan).
Breuer
apoyaba el punto de vista de Freud sobre la importancia de la sexualidad en la
etiología de la histeria, pero no hasta el punto de considerar que fuera la
causa de todos los casos. En Estudios sobre la histeria, escribió:
Es evidente
por sí mismo y ha sido probado suficientemente en nuestras observaciones que
las emociones no sexuales de miedo, ansiedad y cólera conducen al desarrollo de
fenómenos histéricos. Pero quizá conviene insistir una y otra vez en que el
factor sexual es, de lejos, el más importante y el que crea más patología.
Alrededor
de 1897, Breuer y Freud se habían distanciado por su forma de enfocar este
tema. La razón de este distanciamiento parecía residir, al igual que otros
posteriores, en la pasión que sentía Freud por sus ideas científicas. En una
carta a un colega, Auguste Forel, en 1907 (descubierta por el historiador Paul
F. Cranefield), Breuer escribía:
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El caso de
Ana O., que fue el núcleo original de todo el psicoanálisis, demuestra que se
puede dar un caso muy severo de histeria, con su aparición, desarrollo y cura,
sin que haya una base sexual. Debo confesar que sumergirse en la sexualidad en
la teoría y en la práctica es algo que no es de mi gusto. Pero, ¿qué tienen que
ver mis gustos y mis sentimientos acerca de lo que es decoroso y lo que no lo
es con la cuestión de lo que es cierto o no?
Ya he dicho
que personalmente me he apartado del todo de Freud, y por supuesto ha sido un
proceso doloroso. Pero todavía considero que el trabajo de Freud es
extraordinario, y está basado en un estudio muy laborioso llevado a cabo en su
consulta privada. Pero una parte no pequeña de sus estructuras terminará
desmoronándose.
Alrededor
de 1897, Freud se dio cuenta de que había cometido un grave error: comprobó que
las seducciones sexuales referidas por sus pacientes no eran reales, sino puras
fantasías.
Tuve que
reconocer que estas escenas de seducción no habían ocurrido nunca y que eran
fantasías que mis pacientes habían elaborado o que quizá yo mismo los había
forzado a elaborar.
Esta
constatación surgió de varias fuentes. Cuantos más pacientes referían abusos
sexuales en su infancia, menos verosímil parecía que dicho abuso estuviera tan
extendido. Y, quizá más importante, Freud detectó signos de neurosis en una de
sus hermanas, por lo que, según su teoría de que bajo la neurosis siempre se
escondía un trauma sexual de la infancia (en esta época había extendido su
teoría a todas
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las
neurosis), tendría que ser su padre el que hubiera abusado de la niña, cosa que
no podía creer. En ese tiempo, Freud también estaba analizando sus propios
sueños y descubrió en ellos fantasías sexuales de la infancia. Más tarde
escribió:
El análisis
siguiendo el camino correcto me había llevado hacia estos traumas sexuales
infantiles, y sin embargo no eran verdaderos...
En ese
momento hubiera deseado abandonar todo mi trabajo... Quizá perseveré porque ya
no tenía otra elección y no podía empezar entonces otra cosa.
Sin
embargo, Freud remontó la crisis, y tres años más tarde publicó La
interpretación de los sueños, en donde expone sus más importantes
descubrimientos.
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Capítulo IV
La
interpretación de los sueños
En 1895,
Freud se hallaba completamente inmerso en el psicoanálisis: trabajaba seis días
a la semana y analizaba entre ocho y diez pacientes por día. Indicaba a sus
pacientes que utilizaran las asociaciones libres para recuperar los recuerdos
reprimidos, y varios de ellos hablaban de sus sueños en dichas asociaciones.
Freud intuyó pronto la presencia en los sueños del material inconsciente que
consideraba fundamental en las neurosis de sus pacientes. Parecía que los
sueños podrían ser un camino para comprender los procesos psíquicos. Al
explicar este descubrimiento unos treinta años más tarde, Freud escribiría:
Yo mismo vi
que ésta (el análisis de los sueños) era el áncora de salvación en aquellos
momentos difíciles en que los hechos no reconocidos de las neurosis solían
confundir mis razonamientos aún inexpertos. Cada vez que empezaba a dudar de la
exactitud de mis vacilantes conclusiones, renacía en mí la confianza de que
estaba en el buen camino al descubrir que aquello que en un principio parecía
un sueño confuso y sin sentido se transformaba en un proceso mental inteligible
y lógico en la persona que soñaba.
Hasta
entonces Freud sólo había trabajado con los sueños y los procesos mentales
inconscientes de pacientes neuróticos. Se preguntaba en qué podían
diferenciarse de los sueños y procesos
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inconscientes
de las personas normales, y para ello empezó a analizar sus propios sueños y a
reunir y estudiar los de algunos amigos y colegas. Para llegar a entender el
significado de los sueños de sus pacientes, Freud sólo contaba con las
asociaciones libres que éstos hacían. La asociación libre es un proceso difícil
—entre las personas que son psicoanalizadas son relativamente pocas las que
pueden lograrlo—. Aún resulta más difícil el análisis de los propios sueños,
sin la ayuda de la asociación libre o de un psicoanalista que los descifre. El
peligro estriba en que se puede ignorar el significado de algunos aspectos
importantes del sueño. Freud mismo observaba:
En el
análisis de uno mismo el riesgo de ser incompleto es muy grande. Uno fácilmente
se contenta con una explicación parcial, detrás de la cual las resistencias
pueden esconder algo quizá más importante.
(A pesar de
este prudente comentario, veremos luego un sorprendente ejemplo de este mismo
problema en el propio autoanálisis de Freud.) Freud procedió a su propio
análisis durante varios años. En sus sueños aparecía material inconsciente
referente a su padre y a su infancia, y Freud lo analizaba. Alrededor de 1899,
basándose en el análisis de sus propios sueños y los de sus pacientes, Freud
había formulado una teoría global de los sueños y de los procesos mentales
inconscientes, que apareció en el famoso libro titulado La interpretación de
los sueños publicado en 1900. Resumiré brevemente los conceptos básicos de esta
teoría antes de examinar con más detalle la presentación que Freud hace de
ella.
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En su
teoría sobre la etiología de la histeria, Freud había postulado un reino
inconsciente de la mente, donde se alojaban los recuerdos traumáticos de
seducciones durante la infancia, reprimidos de manera que no pudieran ser
recordados conscientemente. En La interpretación de los sueños, Freud llegaba a
la conclusión de que los sueños reflejaban los recuerdos, fantasías y deseos de
la mente inconsciente, reprimidos de forma similar. La represión ocurría porque
estos recuerdos, fantasías y deseos resultaban inaceptables para la mente
consciente —eran demasiado vergonzosos o dolorosos— Freud creía que durante el
sueño la represión perdía fuerza y las ideas reprimidas afloraban a la
superficie y se expresaban en forma de sueños. Sin embargo, la represión no desaparecía
del todo, pues entre la parte consciente y la inconsciente de la mente se
interponía una censura que disfrazaba el significado de los sueños. La
asociación libre, no obstante, permitía descubrir este disfraz y llegar así al
significado de los sueños. En todos los casos, este significado era el
cumplimiento de un deseo inconsciente, deseo que se conseguía sin tener en
cuenta sus consecuencias —por lo general perversas— Por ejemplo, un deseo He la
infancia de que un hermano muriera para no tener que compartir el amor de la
madre podía quedar reprimido en el inconsciente y constituir la base de un
sueño, ya fuera en la misma infancia o en la vida adulta. Otros deseos
expresados en los sueños podían estar relacionados con preocupaciones del
adulto, pero siempre estaban asociados a deseos inaceptables de la infancia. La
mayoría de los sueños —si bien no todos— tenían un contenido sexual.
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Freud creía
que el conjunto de ideas inconscientes reprimidas que se revelaba en los sueños
era útil para determinar importantes aspectos de la personalidad adulta, tanto
en las personas normales como en las neuróticas. En estas últimas, la neurosis
era producida por los conflictos que surgían de pensamientos inconscientes,
especialmente de naturaleza sexual. Así, en esta nueva formulación de la teoría
de Freud, el factor causal de la histeria ya no era la seducción real durante
la infancia sino las fantasías reprimidas de seducción durante la misma.
En La
interpretación de los sueños Freud expuso estos puntos de vista ilustrándolos
con ejemplos. También describió el modo en que la «censura mental» disfrazaba
el contenido del sueño y postuló un modelo de la mente en el que había
componentes funcionales inconscientes y conscientes, así como un estadio
intermedio preconsciente. En lo que queda de este capítulo seguiremos el
razonamiento que sigue Freud para desarrollar su teoría.
Freud
comienza La interpretación de los sueños con estas palabras: En las próximas
páginas demostraré que hay una técnica psicológica que hace posible la
interpretación de los sueños,
y que con
la aplicación de esta técnica cada sueño se revela como una estructura llena de
significado y a la que puede asignársele un puesto específico en las
actividades psíquicas del estado de vigilia. Más adelante me dedicaré a
dilucidar los procesos que subyacen bajo la rareza y la oscuridad de los sueños
y a deducir, a partir de estos
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procesos,
la naturaleza de las fuerzas psíquicas cuyo conflicto o cooperación los
ocasionan.
Después de
presentar un breve resumen histórico del concepto que el hombre tiene de los
sueños, Freud, a título de ejemplo, analiza un sueño suyo, su «sueño tipo» con
el fin de ilustrar su teoría de que todo sueño representa la satisfacción de un
deseo inconsciente. Al igual que hizo Freud, vamos a examinar este sueño con
detalle, ya que se ha convertido en un punto central del psicoanálisis. En el
próximo capítulo también nos referiremos a él para ilustrar la evolución
posterior del psicoanálisis, y en la tercera sección del libro lo recogeremos
de nuevo en relación con mis propias hipótesis respecto al origen evolutivo y
al significado de los sueños.
Este sueño
de Freud tuvo lugar en el verano de 1895. Pasaba unos días de vacaciones con su
mujer y sus hijos en Schloss Belle Vue, un hotel de las afueras de Viena. Freud
explica que había estado tratando a una joven, Emma, que sufría de ansiedad
histérica. Emma (a la que Freud llama Irma al presentar su sueño) era una amiga
de la familia y había sido recomendada a Freud por Josef Breuer. Freud había
interrumpido el tratamiento durante el verano en un momento conflictivo: Emma
había mejorado de una serie de síntomas de ansiedad, pero seguía con problemas
somáticos serios, como por ejemplo unas fuertes náuseas. Antes de irse de
vacaciones, Freud había sugerido a Emma una interpretación psicológica que él
consideraba básica para su neurosis. Emma rechazó dicha interpretación, y Freud
se sintió molesto.
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El día del
sueño, Freud recibió la visita del doctor Oskar Rie, un amigo y colega más
joven que él y pediatra de sus hijos. Rie había estado con Emma y su familia en
el campo, y al preguntarle Freud sobre la salud de Emma había contestado que
«estaba mejor, pero no del todo bien». Freud se molestó porque pensó que Rie se
había puesto del lado de los padres de Emma, que no estaban de acuerdo con su
tratamiento. Por otra parte, Freud también dudaba de su capacidad para tratar a
Emma, y aquella misma noche, para justificarse, escribió a Breuer, dándole una
descripción detallada del caso. Esa misma noche tuvo lugar el sueño, y en él
aparecían cinco personajes: el propio Freud. Emma (Irma en el relato de Freud),
Breuer (a quien llama doctor M), Rie (a quien llama Otto) y otro médico joven,
compañero de Rie y Freud, que en el sueño recibe el nombre de Leopoldo.
El sueño
era el siguiente:
Un amplio
hall. Muchos invitados a los que recibimos. Entre ellos Irma, a la que me
acerco en seguida para contestar sin pérdida de tiempo su carta y reprocharle
no haber aceptado aún la «solución». Le digo: «si tienes todavía molestias es
por tu culpa». Ella me contesta: «si supiera los dolores de garganta, de
vientre y de estómago que tengo ahora... Siento que me ahogan.» Asustado, la
contemplo atentamente. Está pálida y abotargada. Pienso que quizá me haya
pasado inadvertida alguna afección orgánica. La llevo hacia la ventana y miro
su garganta. Ofrece alguna resistencia, como acostumbran a hacerlo en estos
casos las mujeres que
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llevan
dentadura postiza. Yo pienso que no la necesita. Por fin abre bien la boca, y a
la derecha veo una gran mancha blanca y en otro lugar unas singulares escaras
grisáceas, cuya forma recuerda la de los cornetes de la nariz. Llamo
inmediatamente al doctor M., quien vuelve a examinarla y confirma mis
impresiones... El doctor M. presenta un aspecto muy diferente al acostumbrado;
está muy pálido, cojea y se ha afeitado la barba... Ahora mi amigo Otto está
también a su lado y mi amigo Leopoldo percute a Irma por encima de la blusa y
comenta: «Tiene una zona de embotamiento en la parte inferior izquierda y una
parte de piel infiltrada en el hombro izquierdo» (que puedo sentir, como él, a
pesar del vestido)... M. dice: «No hay duda de que se trata de una infección.
Pero no importa, después tendrá disentería y el veneno será eliminado...»
Sabemos también inmediatamente de qué procede la infección. Nuestro amigo Otto
le puso hace poco a Irma, una vez que se sintió mal, una inyección con un
preparado a base de propil... propilos... ácido propiónico...
trimetilamina
(cuya fórmula veo escrita delante mío en caracteres gruesos). No se deben dar
este tipo de inyecciones tan ligeramente... Además, probablemente la jeringa
estaría sucia.
Freud
empieza el análisis de su sueño diciendo que éste tiene una ventaja sobre otros
en el sentido de que el tema es claro —se refiere
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a hechos
ocurridos el día anterior y a su preocupación sobre el tratamiento de Emma—
Freud continúa diciendo:
Sin
embargo... me extrañan los síntomas patológicos de los que Irma se queja en el
sueño, pues no son los mismos por los que hube de someterla a tratamiento. La
desatinada idea de administrar a un enfermo una inyección de ácido propiónico y
las palabras consoladoras del doctor M. me mueven a la risa... Para averiguar
el significado del sueño habré de someterlo a un penetrante y exhaustivo
análisis.
A
continuación, Freud presenta sus asociaciones a cada elemento del sueño. Estas
le conducen a sus temores respecto a su capacidad como médico. Siente como si
Otto le hubiera dicho en el sueño: «No tomas tus obligaciones médicas con
suficiente seriedad; no eres responsable, no cumples lo que prometes.» Se
acuerda de situaciones parecidas en su práctica médica. Las escaras en forma de
cornetes de la garganta de Irma le hacen pensar en la utilización que él mismo
hizo de la cocaína para suprimir una inflamación nasal y también que la
recomendó a un amigo muy querido (Ernst von Fleischl), el cual murió a causa de
esta droga. La asociación que hace con la inyección que Otto dio a Irma en el
sueño le lleva al mismo pensamiento. Dice que había recomendado cocaína a su
amigo con el fin de ayudarle en su deshabituación a la morfina, pero que éste
se inyectó la droga y murió a consecuencia de ello.
Freud
recuerda otro caso en el que recetó una droga (sulfonal), que en aquel tiempo
se consideraba inocua pero que llevó a la muerte a
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una
paciente. En aquella ocasión, Freud fue a pedir ayuda a Breuer (doctor M.),
igual que lo hizo en el sueño. La asociación que hace al comentario del doctor
M. «después tendrá disentería y se eliminará el veneno» le recuerda un tercer
caso. Freud había decidido no tratar a un joven que él creía que padecía
disentería histérica y lo había enviado a que hiciera un viaje por mar. Unos
días antes del sueño el joven había escrito una carta desesperada a Freud
diciendo que estaba enfermo de nuevo. Freud dice:
No puedo
evitar el reprocharme a mí mismo por haber expuesto a mi paciente a contraer,
además de su histeria, una afección intestinal orgánica.
El mensaje
más importante que Freud obtiene del sueño es una recriminación contra Otto y
una defensa de su propia escrupulosidad. El elemento «no se debe dar este tipo
de inyecciones tan ligeramente» le sugiere la siguiente asociación:
Aquí el
reproche de imprudencia va dirigido a mi amigo Otto. Creo que durante la tarde
anterior a mi sueño tuve un pensamiento similar, cuando me pareció ver
expresado en sus palabras o en su mirada un reproche contra mi actuación
profesional con Irma. Creo que mi pensamiento fue: «Qué fácilmente se deja
influir por otras personas y cuán ligero es en sus juicios.» Esta parte del
sueño alude además a aquel difunto amigo mío que tan irresponsablemente se
decidió a inyectarse cocaína. Como ya he dicho, al
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prescribirle
el uso interno de esta sustancia no pensé jamás que pudiera administrársela en
inyecciones.
Y a la
parte del sueño en la que se afirma que «probablemente la jeringa no estaba
limpia» asocia lo siguiente:
Otro
reproche dirigido a Otto, pero de distinta procedencia. El día anterior yo
había encontrado casualmente al hijo de una señora de ochenta y dos años, a la
que administro diariamente dos inyecciones de morfina. Ahora ella está
veraneando, y he sabido que padece una flebitis. Inmediatamente pensé que debía
tratarse de una infiltración causada por falta de limpieza de la jeringa. Puedo
enorgullecerme de que a lo largo de dos años no he causado ni un solo accidente
de este género. Bien es verdad que la total asepsia de la jeringuilla
constituye mi constante preocupación. En estas cosas soy siempre muy
concienzudo.
Freud
resume su análisis con las siguientes palabras:
El
resultado del sueño es, en efecto, que no soy yo sino Otto el responsable de
los dolores de Irma. Otto me ha irritado con sus observaciones sobre la
incompleta curación de Irma, y el sueño me venga de él, volviendo en contra
suya sus reproches. Al mismo tiempo me absuelve de toda responsabilidad por el
estado de Irma, atribuyéndolo a otros factores, que expone como una serie de
razonamientos, y
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presenta
las cosas tal y como yo desearía que fuesen en la realidad. Su contenido es,
por tanto, una realización de deseos, y su motivo un deseo.
Concluye la
discusión de este sueño con los siguientes comentarios: De todos modos, no
quiero afirmar haber descubierto por completo el sentido de este sueño, ni que
en su interpretación no existan lagunas. Podría aún dedicarle más tiempo,
extraer de él nuevas aclaraciones y analizar nuevos enigmas, a cuyo
planteamiento incita. Sé incluso cuáles son los puntos a partir de los cuales
podríamos perseguir nuevas series de ideas, pero consideraciones especiales,
que surgen de todo análisis de un sueño propio, me obligan
a limitar
la labor de interpretación. Aquellos que se precipiten a condenar una tal
reserva, que intenten ser más sinceros que yo. Por el momento me contentaré con
señalar un nuevo conocimiento que nuestro análisis nos ha revelado. Siguiendo
el método de interpretación onírica aquí indicado, hallamos que el sueño tiene
realmente un sentido, y no es en modo alguno, como pretenden los
investigadores, la expresión de una actividad desorganizada. Una vez llevada a
cabo la interpretación completa de un sueño, éste se nos revela como una
realización de deseos.
Antes de
dejar el análisis de Freud de su sueño tipo, deberíamos tomar nota de varias
asociaciones adicionales. No afectan al tema
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principal
de Freud, pero serán importantes para nosotros más tarde. Además del doctor M.
(Breuer), hay otros dos jóvenes médicos que atienden a Irma. Se trata de Otto
(Oskar Rie) y Leopoldo. La asociación que hace Freud a estos dos hombres es la
siguiente:
Mi amigo
Leopoldo es también médico, y además pariente de Otto. El destino los ha
convertido en competidores, pues ejercen igual especialidad y se los compara
constantemente entre sí. Ambos trabajaron conmigo durante varios años mientras
fui director de un consultorio público para niños neuróticos, y con gran
frecuencia se desarrollaron durante esta época escenas como la que mi sueño
reproduce. Mientras yo discutía con Otto sobre el diagnóstico de un caso,
Leopoldo reconocía nuevamente al niño y nos aportaba un inesperado dato
decisivo. Entre Otto y Leopoldo existe una fundamental diferencia de carácter.
El primero sobresale por su rapidez de concepción, mientras que el segundo es
más lento pero también más cuidadoso y concienzudo. Si en mi sueño coloco frente
a frente a Otto y al prudente Leopoldo, ello es claramente para hacer resaltar
al segundo.
Acerca de
la inyección de Otto de «una preparación de propil...
propilos...
ácido propiónico», Freud hace estos comentarios: ¿Cómo pudo ocurrírseme esto en
el sueño? Durante la tarde del día anterior al que redacté el historial clínico
de Irma y tuve el sueño que ahora me ocupa, mi mujer abrió una
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botella de
licor en cuya etiqueta se leía la palabra «ananás» (piña), y que nos había sido
regalada por Otto... Emanaba del licor un tal olor a acetato de amilo, que me
negué a probarlo... El olor despertó en mí, sin duda, el recuerdo de la serie
química: amil, propil, metil, etcétera, y este recuerdo proporcionó al sueño el
preparado a base de propil.
Con el
término «trimetilamina» Freud hace estas asociaciones: En mi sueño veo la
fórmula química de esta sustancia — cosa que testimonia un gran esfuerzo de mi
memoria— y la veo impresa en gruesos caracteres, como si se quisiera hacer
resaltar su especial importancia dentro del contexto en que se halla incluida.
¿Adónde puede llevarme la trimetilamina sobre la que mi atención es atraída en
esta forma? A una conversación con otro amigo mío, que desde hace muchos años
sabe de todos mis trabajos en preparación como yo de los suyos (se trata de
Wilhelm Fliess, de quien hablaré más adelante). Por aquella época me había
comunicado ciertas ideas sobre el metabolismo sexual, entre los que figuraba la
de que la trimetilamina parecía constituir uno de los productos de ese
metabolismo. Esta sustancia me conduce pues a la sexualidad, es decir, a aquel
factor al que adscribo la máxima importancia en la génesis de las afecciones
nerviosas, cuya curación me propongo... Sospecho por qué la fórmula de la
trimetilamina ha adquirido tanta importancia en mi sueño. En esta palabra se
acumula un
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gran número
de cosas harto significativas. No sólo es una alusión al poderoso factor
«sexualidad», sino también a una persona cuya aprobación recuerdo con agrado
siempre que me siento aislado en medio de una opinión hostil o indiferente a
mis teorías. Y este buen amigo mío, que tan importante papel desempeña en mi
vida, ¿no habrá de intervenir aún más en el conjunto de ideas de mi sueño?
Desde luego; posee especialísimos conocimientos sobre las afecciones que se
inician en la nariz o en las cavidades vecinas y ha aportado a la ciencia el
descubrimiento de singularísimas relaciones entre los cornetes nasales y los
órganos sexuales femeninos (las tres escaras grisáceas que advierto en la
garganta de Irma). He hecho que reconociera a esta paciente para comprobar si
los dolores de estómago que padecía podían ser de origen nasal. Y se da la
circunstancia de que él mismo padece una afección nasal que me inspira cierta
preocupación...
Finalmente,
Freud llega a la conclusión de que en el sueño se está burlando de Breuer. En
relación con el diagnóstico del doctor M. de que «vendrá la disentería...»,
Freud afirma:
Habré
realmente de aceptar que con el pronóstico optimista que en mi sueño pongo en
boca del doctor M. no persigo sino burlarme de él, pues ahora recuerdo que hace
años me relató él mismo, con grandes risas, una historia análoga. Había sido
llamado a consultar con otro colega sobre un
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enfermo
grave, y ante el optimismo de) médico de cabecera hubo de señalarle la
presencia de albúmina en la orina del paciente. «No hay cuidado» respondió él,
optimista; «la albúmina se eliminará por sí sola». No cabe, pues, duda alguna
de que esta parte de mi sueño entraña una burla hacia aquellos colegas que no
conocen la histeria... ¿Qué motivo puedo tener para tratar tan mal a mi amigo?
Muy sencillo. El doctor M. está tan poco conforme como Irma misma con la
«solución» por mí propuesta (Freud se refiere probablemente a la interpretación
sexual de la causa de la histeria de Emma). De este modo me he vengado ya en mi
sueño de dos personas: de Irma diciéndole que si aún tenía dolores era
exclusivamente por su culpa, y del doctor M. con el desatinado pronóstico que
pongo en sus labios.
Partiendo
de un análisis del sueño de Irma, Freud hace su primer planteamiento sobre la
estructura de los sueños. Utiliza su sueño tipo y otros sueños para hacer una
distinción entre el contenido manifiesto y el contenido latente del sueño. El
contenido manifiesto es la historia inmediata que aparece en el sueño, mientras
que el latente es el significado subyacente —el deseo que aparece disfrazado
por la censura del sueño antes de que aparezca como contenido manifiesto. (Como
muestra, Freud elige un sueño que, comparado con otros, es bastante claro en su
contenido manifiesto y, al nivel que Freud lo analiza, no está completamente
censurado.) En el sueño de Irma aparece también el concepto de «residuo del
día». Freud afirma
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que para
cada sueño hay un estímulo entre las experiencias y pensamientos del día que le
precede. En el caso del sueño de Irma, el estímulo es evidentemente la visita
de Oskar Rie.
Hago una
pausa aquí para indicar que el sueño de Irma carece de algunos de los elementos
esenciales que Freud postula más adelante en La interpretación de los sueños,
especialmente una ligazón con el pasado y una base sexual. Puede ser que Freud
se refiera a estos elementos cuando dice «puedo ver algunos puntos con los
cuales se pueden hacer más asociaciones mentales, pero puesto que estas
consideraciones están siempre presentes en todo sueño, me abstengo de ir más
lejos en mi interpretación». En 1954 el psicoanalista Erik Erikson presentó
estos aspectos que faltaban en el análisis de Freud. En su estudio, Erikson
destaca que la palabra alemana utilizada por Freud para jeringa en la frase «la
jeringa no estaba limpia» era Spritze. Spritze significa jeringa, pero tiene
también un significado coloquial, el de «echador de chorros», que puede tener
muchas connotaciones. En el análisis de Erikson, la connotación relevante sería
una alusión al pene y al acto de orinar. La utilización de una jeringa sucia
convierte a Otto no solamente en un médico irresponsable, sino en un «chorro
sucio» o «un chorro corto». Erikson observa que un poco más adelante en La
interpretación de los sueños, Freud cuenta uno de sus primeros recuerdos de
infancia:
De otro
suceso infantil —perteneciente ya a mis seis o siete años- conservo un claro
recuerdo. Una noche, antes de acostarme, infringí las reglas de la buena
educación e hice mis necesidades en la alcoba de mis padres y en su
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presencia.
Mi padre me echó una buena reprimenda por este motivo, y afirmó: «nunca
llegarás a ser nada». Estas palabras debieron herir vivamente mi amor propio,
pues en mis sueños aparecen de continuo alusiones a esta escena, enlazadas casi
siempre con una enumeración de mis éxitos y merecimientos, como si yo quisiera
decir: «¿Ves como he llegado a ser algo?»
Erikson
sugiere que este «pecadillo» y la vergüenza consiguiente se asociaba
fuertemente en la mente de Freud a sus deseos de ser alguien algún día, de ser
un hombre que mantenía sus promesas. Así, Freud debía ser muy sensible a
observaciones como la de Oskar Rie, que podía interpretar como «has prometido
curar a Emma de su histeria y no lo has conseguido». Por ello, en el sueño, el
«chorro sucio» era Rie (Otto) y no Freud. Erikson sugiere después que en el
inconsciente de Freud el hecho de que Otto ponga «la solución sucia» en un
lugar equivocado puede estar asociado con su infancia cuando se orinaba en el
dormitorio de sus padres (probablemente, piensa Erikson, en un orinal) y
también con otras ideas de naturaleza sexual. Estas asociaciones adicionales pueden
ser válidas o no —no hay manera de saberlo si el significado del sueño no se
deriva de asociaciones libres por parte del que sueña—, pero corresponden a las
que requeriría la teoría de Freud en el sueño que tuvo sobre Irma. Siguiendo el
análisis del sueño tipo, Freud plantea la cuestión de la existencia de sueños
desagradables, sueños que son, aparentemente, lo contrario de la satisfacción
de un deseo. Pasa a enmarcar estos
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sueños
dentro de su teoría por medio de un sistema no muy útil, que deja el concepto
de deseo poco claro. Así, dice en La interpretación de los sueños.
En la
constitución sexual de muchos hombres existe un componente masoquista, surgido
por la transformación en su contrario de los componentes agresivos sádicos. A
estos hombres los denominamos masoquistas «ideales» cuando no buscan el placer
en el dolor físico que se les causa sino en las humillaciones y torturas
espirituales. Claramente se ve, sin necesidad de más amplias explicaciones, que
estas personas pueden tener sueños negativos o desagradables, sin que los
mismos sean en ellos otra cosa que realizaciones de deseos y satisfacción de
sus inclinaciones masoquistas. Y más adelante:
Pero, ¿cómo
es posible que un sueño se coloque al servicio de la autocrítica y tome como
contenido una advertencia racional en lugar de una prohibida realización de
deseos? Ya he sugerido que la respuesta a esta cuestión presenta muchas
dificultades. Podemos concluir que el fundamento del sueño fue inicialmente una
arrogante fantasía de ambición, pero que sólo su supresión y degradación han
conseguido aflorar en el contenido del sueño. Debe recordarse que existen
tendencias masoquistas en la vida mental a las que puede atribuirse tal
inversión.
Cuando en
una teoría posterior (que veremos en el próximo capítulo) Freud divide la
personalidad en yo, ello y superyó, los sueños de esta
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naturaleza,
llamados sueños de castigo, pasan a ser sueños de satisfacción de un deseo del
superyó.
En el libro
que estamos comentando, Freud considera otros aspectos de los sueños. Hace la
observación de que todos los sueños de una noche tratan de un mismo asunto (no
conocía evidentemente la existencia del sueño REM y su aparición periódica unas
cuatro o cinco veces cada noche). Indica que el tema del sueño puede cambiar de
una noche a la siguiente, o que una única preocupación puede retener la
atención de los sueños de varios días.
¿Bajo qué
criterio se selecciona el tema de un sueño en una noche dada? Freud no trata
este punto en profundidad, pero distingue entre sueños de arriba y sueños de
abajo. Un sueño de abajo viene provocado por un deseo inconsciente reprimido,
que ha encontrado la manera de aparecer en algunos de los hechos del día —en el
contenido manifiesto del sueño estos hechos se presentan como residuos del día—
Un sueño de arriba viene iniciado por pensamientos que emanan de las
actividades diurnas y que continúan durante la noche arreglándoselas para ser
reforzados mediante asociaciones con un deseo inconsciente.
Freud
considera que los sueños no tienen la misión de expresar los deseos
inconscientes reprimidos (pues, por ejemplo, dicha expresión no beneficia al
individuo), sino que son simplemente un fenómeno que aparece mientras se
duerme, al disminuir la represión del material inconsciente. En la teoría de
Freud no parece esencial encontrar una función para los sueños, aunque nos
ofrece una para la censura que actúa en ellos: la de ser un guardián del sueño.
Sin la
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censura de
los sueños, al aflorar los pensamientos reprimidos el individuo se despertaría.
Los sueños encapsulan el material reprimido y permiten su expresión sin alterar
el sueño.
Si bien
Freud no plantea los factores que determinan la elección de un tema determinado
para los sueños de una noche dada, destaca que dichos temas comparten una
característica común: todos son psíquicamente significativos, no hay ningún
sueño trivial. Y el contenido latente de los sueños lleva siempre «la marca de
la bestia»: los deseos inconscientes de naturaleza inmoral, incestuosa o
perversa. Como ejemplo, Freud toma la rivalidad entre hermanos.
Freud
destaca que el niño de tres o cuatro años es absolutamente egoísta, pues siente
unas necesidades muy fuertes y lucha sin consideración alguna para
satisfacerlas. Freud cita a niños que desean que la cigüeña coja a su hermano o
hermana y se lo lleve al sitio de donde lo trajo, y pone el ejemplo de una niña
de tres años que intentó estrangular a su hermanito en la cuna. Prosigue
diciendo que en todos sus pacientes ha encontrado sueños en los que aparecía la
muerte de un hermano o hermana, sueños que denotaban una intensa hostilidad.
Este contenido, derivado del análisis de los sueños de adultos, probablemente
refleja deseos de la infancia reprimidos en el inconsciente. Una paciente
recordaba, siendo ya adulta, un sueño que había tenido a los cuatro años:
«Todos mis hermanos y mis primos estaban jugando en una pradera. De repente, a
todos les crecían alas, empezaban a volar y se iban». Freud cree que esta mujer
pudo haber preguntado de pequeña qué pasa cuando un niño muere, y haber
recibido la respuesta de que pasan a ser ángeles con alas y
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que se van
volando. En el sueño, la niña expresaba su deseo de que sus hermanos y primos,
a quienes veía como competidores, hicieran lo mismo.
Para
mitigar la aparente pavorosidad de estos deseos de la infancia, Freud señala
que para un niño la muerte significa algo muy diferente que para un adulto:
Quizás
opongan aquí algunos de mis lectores la objeción de que, aun aceptando los
impulsos hostiles de los niños contra sus hermanos, no es posible que el
espíritu infantil alcance el grado de maldad que supone desear la muerte a sus
competidores, como si no hubiera más que esta máxima pena para todo delito.
Pero los que así piensan no reflexionan que el concepto de «estar muerto» no
tiene para el niño igual significación que para nosotros. El niño ignora por
completo el horror de la putrefacción, el frío del sepulcro y el terror de la
nada eterna, representaciones todas que resultan insoportables para el adulto,
como nos lo demuestran todos los mitos «del más allá». Desconoce el miedo a la
muerte, y de este modo juega con la terrible palabra, amenazando a sus
compañeros: «si haces eso otra vez, te morirás, como se murió Paquito», amenaza
que la madre oye con horror, sabiendo que más de la mitad de los nacidos no
pasan de los años infantiles. De un niño de ocho años sabemos que al volver de
una visita al museo de Historia Natural dijo a su madre: «Te quiero tanto, que
cuando mueras mandaré que te disequen y te tendré en mi
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cuarto para
poder verte siempre.» ¡Tan distinta es de la nuestra la representación infantil
de la muerte!
Freud pasa
luego al complejo de Edipo —el deseo del niño de que su padre muera— y a su
contrapartida en el caso femenino, el complejo de Electra. Insiste de nuevo en
que estos deseos se encuentran en los sueños de sus pacientes, y comenta su
creencia de que también están presentes en el inconsciente de la gente normal
(se supone que los sueños de Freud revelan la existencia de este deseo en su
propio inconsciente). Freud cita el hecho, bastante corriente, del niño pequeño
a quien se le permite dormir con su mamá mientras papá está de viaje y que
comenta que le gustaría que papá siguiera ausente. O la niña pequeña que dice
«Ahora mamá se puede ir y yo seré la esposa de papá.» Luego llama la atención
sobre la tendencia general de las madres a valorar a los hijos, mientras que
los padres valoran a las hijas, y sobre la reacción natural del niño hacia el
progenitor del mismo sexo cuando éste quiere oponerse a dicha relación. Freud
cita la siguiente historia como ejemplo de neurosis causada por un deseo reprimido
de que el padre muera:
En otra
ocasión me fue dado penetrar profundamente en la vida anímica inconsciente de
un joven al que la neurosis obsesiva hacía casi imposible la vida, pues la
preocupación de que mataba a todos los que con él se cruzaban le impedía salir
a la calle. Encerrado así en su casa, pasaba el día pensando cómo podría probar
una coartada en caso de ser acusado de algún asesinato cometido en la ciudad.
Excuso
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decir que
se trataba de un hombre de elevado sentido moral y gran cultura. El análisis
—mediante el cual conseguí una completa curación— reveló, como fundamento de
esta penosa representación obsesiva, el impulso de matar a su padre —persona de
extremada severidad— Dicho impulso fue sentido conscientemente con horror por
nuestro sujeto a la edad de siete años, pero naturalmente procedía de épocas
mucho más tempranas de su infancia. Después de la dolorosa enfermedad que llevó
a su padre al sepulcro, teniendo ya el sujeto treinta y un años, surgió en él
un reproche obsesivo que adoptó la forma de la fobia antes indicada. De una
persona capaz de precipitar a su padre a un abismo cabe esperar que no estimará
en mucho la vida de aquellos a los que ningún lazo le unen. Así pues, lo mejor
que puede hacer es permanecer encerrado en su cuarto.
Freud añade
una dimensión final al drama de Edipo afirmando que el niño quiere poseer a su
madre sexualmente porque desea por encima de todo tener su amor y atención en
exclusiva. Freud basa este punto de vista atendiendo de nuevo a fantasías que
aparecen en los sueños, relativamente transparentes o disfrazadas. La capacidad
para concebir esta fantasía por parte del niño se basa probablemente en las
observaciones de actos sexuales. Volveremos a tratar este aspecto tan
discutible de la teoría de Freud en un capítulo posterior. Según la explicación
de Freud, no debe sorprender que en el contenido latente de los sueños se
manifiesten deseos asesinos de la
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infancia.
Estos deseos no se juzgan como algo horrible cuando son expresados por un niño
(la hostilidad hacia los hermanos se considera como una mera picardía que debe
ser corregida), pero resultan escandalosos cuando según, sugiere Freud, son
retenidos en el inconsciente del adulto.
Hay otro
tipo de deseo inconsciente que surge en la mente del adulto y que llama la
atención como algo decididamente más perverso. Veamos un ejemplo de ello en un
sueño del propio Freud que éste añadió a La interpretación de los sueños
después de la Primera Guerra Mundial. El sueño se refería a su hijo Martin, que
estuvo en el servicio activo en el bando alemán. Freud soñó que unos oficiales
compañeros de su hijo le enviaban una suma de dinero y una mención honorífica.
Su hijo aparecía ante él, no en uniforme militar, sino con un atuendo
deportivo, ceñido y con boina y empezaba a subirse sobre una cesta cerca de un
castaño Dara poner algo en él. Llevaba la cara vendada. Freud se preguntaba si
su hijo llevaba dentadura postiza. Tras este sueño, Freud se despertó a las
2:30 de la madrugada, sin ansiedad pero con palpitaciones.
Las
asociaciones de este sueño le llevaron a imaginar que su hijo moría en combate
y que los oficiales le enviaban el dinero y la mención honorífica. El atuendo
deportivo que llevaba su hijo lo hacía parecer como un niño, y Freud recuerda
que, en una ocasión, de pequeño, subió a un castaño, resbaló y se golpeó la
mandíbula con tal fuerza que podía haberse roto la dentadura. Freud comenta:
En este
punto, la amonestación (a su hijo) «te está bien empleado» se presenta como un
impulso hostil contra el
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valiente
guerrero. Un análisis más profundo me permite detectar el impulso escondido de
que podría hallar satisfacción en la temida desgracia de mi hijo. Es la envidia
que siente un hombre viejo por la juventud que ya cree haber perdido (Freud
tenía unos sesenta años).
Todo indica
que Freud era un padre cariñoso, y, sin embargo, en su inconsciente reside este
deseo de la muerte de su hijo. Los sueños en los que un padre de sólidas
convicciones morales y no lujurioso se encuentra teniendo una relación sexual
con su hija pertenecen a esta misma categoría. Freud señala que los sueños a
menudo contienen deseos a un segundo nivel, es decir, originados después de la
primera infancia. En el sueño de Irma, por ejemplo, el deseo a nivel adulto era
que Freud fuera liberado de la responsabilidad del tratamiento. Utilizando la
interpretación de Erikson, habría una asociación con el recuerdo de su infancia
cuando orinaba en la habitación de sus padres y tal vez la última raíz podría
ser una fantasía edípica que el joven Freud escondía bajo esa situación. El
deseo de Freud de que su hijo muriera se presentó en su inconsciente cuando él
era ya adulto. Según Freud, existía un incidente de su infancia asociado y
probablemente una fantasía infantil de todo lo cual surgió ese deseo adulto. Lo
que hay que destacar, en opinión de Freud, es que las ideas reprimidas de la
primera infancia mantienen su influencia y pueden constituir la base de
posteriores fantasías inconscientes o deseos raros o inmorales.
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Freud
investiga también en La interpretación de los sueños los medios que la censura
utiliza para disfrazar el contenido de los sueños, y construye un modelo de
organización mental. Freud describe cuatro mecanismos de distorsión y de
censura de los sueños que disfrazan su contenido latente y son los responsables
de su aspecto «raro»: la condensación, el desplazamiento, la representabilidad
y el simbolismo. Analizando la condensación, Freud destaca que la historia que
aparece en el sueño —su contenido manifiesto— es mucho más sucinta que las
asociaciones que pueda hacer el individuo. Cita el poco espacio que se precisa
para escribir un sueño en comparación con el que se requiere para escribir sus
asociaciones. (En el sueño de Irma, por ejemplo, la explicación del sueño
ocupaba media página de La interpretación de los sueños, mientras que sus
asociaciones ocupaban casi ocho páginas.) La condensación no es algo que ocurra
necesariamente cuando se compara la descripción del contenido latente con la
del contenido manifiesto. Así, el deseo de Freud de que no se le haga
responsable del estado de Irma —el contenido latente del sueño de Irma— puede
expresarse con unas pocas frases. La condensación sólo se da cuando uno compara
las asociaciones a los elementos del sueño con el sueño mismo —el término
«condensación» deriva del concepto de Freud de que todas estas asociaciones
están representadas de forma condensada en el sueño—. Freud continúa su
exposición diciendo que la condensación es responsable en parte de la desconexión
de algunos sueños, ya que son paquetes «condensados» que proceden de
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pensamientos
dispares aunque relacionados con el sueño, que han sido reunidos para contar la
historia del mismo.
Otra forma
de condensación que contribuye al aspecto extraño de los sueños es la formación
de figuras compuestas, es decir, personas que en el sueño representan a dos o
más a la vez. En el sueño de Irma hay un ejemplo. Freud había anotado, en el
transcurso de sus asociaciones a ese sueño, que el doctor M. (Breuer) estaba
pálido, cojeaba e iba muy bien afeitado. En realidad, Breuer era pálido, pero
no era cojo y llevaba barba. Las asociaciones de Freud le conducen a su
hermanastro que vivía en Inglaterra13, que no llevaba barba y que cojeaba
debido a una artritis reciente. Según Freud, en su sueño el doctor M.
representaba una fusión de los dos hombres. La razón de esta fusión es que en
el inconsciente de Freud ambos eran de la misma categoría: no se hallaba en
buena relación con ninguno de los dos, ya que ambos habían rechazado cierta
proposición que les había hecho Freud. No se especificaba la proposición hecha
a su hermano, pero en el caso de Breuer la proposición podía haber sido la
interpretación sexual de la histeria de Irma o algún punto relacionado con el
desacuerdo entre Freud y Breuer en lo que concierne a la teoría de la etiología
de la histeria.
Freud da
luego ejemplos de una tercera forma de condensación: la formación de palabras
que representan simultáneamente varias ideas. Un ejemplo es el de una paciente
que soñó con un cartel en el que estaba escrita la palabra «unclamparra». Dicha
palabra se refería
13 El padre
de Freud. Jacob, tenía dos hijos de un anterior matrimonio, Philipp y Emanuel,
que tenían veinte y veinticuatro años cuando nació Freud.
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a la
malaria, la enfermedad que se pensó que padecía hasta que se descubrió que los
síntomas eran histéricos, y a eucaliptus, que era el árbol plantado para secar
la ciénaga que había cerca de un monasterio que ella había visitado. Las
palabras eucaliptus y malaria se combinaron para formar la palabra
«unclamparra». Por otro lado, la paciente había bebido en el monasterio un
licor hecho de eucaliptus, y este hecho le recordaba que hacía poco había
abandonado a un hombre llamado Dry («seco») debido a sus borracheras. Así pues,
dicha palabra compuesta contenía mucha información significativa desde el punto
de vista psicológico.
La
conclusión más importante de Freud sobre la condensación hace referencia a la
relación entre el sueño manifiesto, las asociaciones al sueño y el contenido
latente del mismo. Partiendo de un elemento del sueño manifiesto, las
asociaciones no llevan directamente a un elemento del contenido latente que
represente su significado subyacente; más bien cada elemento del contenido
manifiesto conduce a asociaciones ramificadas que divergen (se puede concebir
como algo que va hacia abajo, del contenido manifiesto al contenido latente).
Las ramas de un elemento dado del sueño manifiesto pueden encontrarse de nuevo
en el árbol asociativo, o pueden no encontrarse. La estructura de las
asociaciones es la misma que Freud describió en su conferencia sobre la
etiología de la histeria para seguir la pista de un trauma yendo a recuerdos
del pasado. Finalmente, un elemento dado del sueño manifiesto puede llevar a
uno o más elementos del contenido latente, y en este proceso pueden aparecer
subargumentos más pequeños. Como ejemplo de un elemento del sueño manifiesto
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que se
relaciona con más de un elemento del contenido latente, Freud toma la frase del
doctor M. en el sueño de Irma «luego tendrá disentería y el veneno será
eliminado». Freud asocia la palabra «disentería» a la palabra «difteria», cuyo
sonido es bastante similar (las palabras en alemán son Diphtherie y
Dysenterie). «Difteria» lleva a otra asociación, la de que esta enfermedad, uno
de cuyos síntomas sería la mancha blanca que había en la garganta de Irma,
puede ser la fuente de infección general diagnosticada por Leopoldo. Por
último, esta línea de asociación hacia abajo lleva a una parte del contenido
latente —la parte en que Freud dice «la enfermedad de Irma es orgánica y no
mental». Por otro lado, a Freud la palabra disentería también le recuerda a un joven
que sufría de disentería histérica y que él envió de viaje, cosa que le parece
podía haber sido una negligencia. Esta asociación lleva a un segundo elemento
del deseo latente, la parte en que niega el haber actuado mal y dice: «no soy
un médico negligente». Un subargumento de esta cadena de asociaciones es que el
doctor M. (Breuer) recuerda a Freud a su hermano mayor. Ninguno de los dos son
de su agrado por haberse opuesto a él, y los clasifica juntos.
El análisis
de este sueño se ha realizado hacia abajo, del contenido manifiesto al
contenido latente. Esta es la dirección utilizada en el psicoanálisis, en el
que el paciente intenta hacer asociaciones libres a los elementos del sueño
manifiesto. Como ya he dicho antes, en La interpretación de los sueños Freud
considera que pueden iniciarse desde arriba (acontecimientos del día) o desde
abajo (un deseo inconsciente); pero, si parten de arriba, para que el material
pueda
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expresarse
en un sueño debe asociarse primero con un deseo inconsciente. En cualquier
caso, Freud ve los sueños como una construcción hacia arriba, de deseo latente
a sueño manifiesto. Considerando el sueño de Irma en esta dirección se puede
observar que los dos elementos del deseo latente —«la enfermedad de Irma es
orgánica, no mental» y «no soy un médico negligente»— han confluido a través de
la «difteria» y «el paciente se fue de viaje» para formar el concepto único de
disentería. Freud llama «sobredeterminación» a esta confluencia hacia un único
elemento en el sueño manifiesto. Dice que le parece que el sueño manifiesto
está construido a base de la fuerza de dicha confluencia —los elementos más
«sobredeterminados» constituyen el sueño manifiesto—.
Después de
considerar la condensación, Freud se dedica al segundo mecanismo de distorsión
de los sueños, el desplazamiento. Se refiere a sueños en los que, empezando por
un contenido manifiesto que parece trivial y siguiendo la pista mediante las
asociaciones libres, se halla un cuerpo de pensamiento con significado desde el
punto de vista psicológico y cargado de emoción. Freud dice que en dichos
sueños la intensidad psicológica ha sido desplazada del material significativo
hacia el material no significativo, porque es la única manera de que las ideas
del deseo latente, cargadas emocionalmente en el inconsciente, evadan la
censura y alcancen la representación en el sueño. Como ejemplo cita su propio
sueño en el que sólo estaba mirando un libro en un escaparate, una monografía
sobre Botánica con láminas de colores. La cadena de asociación le lleva a un
tema de bastante impacto emocional, similar al del sueño de Irma, su
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autojustificación
como médico serio. Freud dice que el desplazamiento es la forma más frecuente
de censura, pero admite que no siempre está presente en los sueños. El sueño de
Irma sirve como ejemplo de un sueño sin desplazamiento, ya que existe una clara
unión de contenido y emoción entre los componentes manifiestos y los latentes.
Freud pasa
a considerar luego lo que él llama la representabilidad El punto principal es
que las palabras o ideas abstractas no pueden ser representadas en sí mismas, y
el sueño debe presentarlas como imágenes visuales. Supongamos por ejemplo que
un joven se siente atraído hacia una chica, pero tiene miedo de comprometerse
porque le queda el recuerdo de algún desengaño amoroso anterior. Su pensamiento
inconsciente tal vez sea que la chica puede entrar en su piel y romper su
corazón. Esta idea aparece en su sueño como un episodio en el que una astilla
con dos puntas y parecida a la bifurcación de un árbol se ha metido en su piel,
corre por el flujo sanguíneo y agujerea su corazón.
Freud da un
bello ejemplo de un sueño que representa una idea abstracta:
Hay una
gran tormenta afuera; el hotel es miserable, pues el agua cae por las paredes y
las camas están húmedas.
La idea
abstracta es la palabra «superfluo», a la que el inconsciente llega a través
del camino «superfluído».
Freud
destaca la frecuente aparición en los sueños de juegos de palabras y de
intercambios de palabras con sonido similar. Como
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resultado
de ello, considera que la mente inconsciente puede ser muy ingeniosa.
Finalmente, Freud afirma que cuando se pronuncian frases en el sueño, éstas
invariablemente representan una conversación ocurrida durante el día.
El último
mecanismo de la censura que Freud trata es quizás el mejor conocido: la
utilización de símbolos para representar en los sueños órganos genitales y
actos sexuales. Describe que sus pacientes muchas veces utilizan en sus sueños
objetos alargados en representación del pene, tales como palos, troncos de
árboles, paraguas (que por su forma de abrirse pueden relacionarse con una
erección) a pistolas. Existe una canción popular americana que es una sátira
sobre la gran cantidad de estos símbolos, diciendo que para los psicoanalistas
cualquier cosa que sea más larga que ancha ya es un pene. De forma similar, las
cajas pequeñas, los cofres, los armarios, los hornos, los huecos, los barcos y
todo tipo de recipientes representan la vagina, mientras que las cosas
inclinadas —como las escaleras— representan el acto sexual. Freud era
consciente del peligro de caer en una interpretación de los símbolos fácil y
poco escrupulosa. Esto quedó compensado con su hallazgo de que la asociación
libre suele detenerse cerca de un indicio definitivo de lo que el símbolo
representa realmente en el sueño. En La interpretación de los sueños recomienda
realizar un estudio cuidadoso de los sueños, especialmente en los sueños
transparentes, en donde el significado de los símbolos debe ser comprobado para
«silenciar el reproche de arbitrariedad en la interpretación del sueño». Como
ejemplo en el que el significado del símbolo estaba muy claro, Freud
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cita el
sueño de una paciente a quien estaba tratando por su miedo a salir de casa
(agorafobia):
«Es verano
y camino por la calle; llevo un sombrero de paja de una forma muy singular,
curvado su centro hacia arriba y pendientes los lados... —al llegar aquí, la
paciente se detuvo un momento como si vacilase en continuar su descripción—, de
manera que uno de ellos cuelga más bajo que el otro. Me siento alegre y segura
y, al pasar junto a un grupo de jóvenes oficiales, pienso: “Todos vosotros no
podéis nada contra mí”.»
Freud
cuenta que la paciente no podía hacer ninguna asociación a este sueño, así que
él le ofreció la interpretación de que el sombrero representaba un órgano
genital masculino, con la parte central hacia arriba y las dos piezas colgantes
a los lados. No hizo ningún comentario sobre el dato de que un lado colgase más
que el otro. Freud se extrañaba de que en este sueño se utilizara un sombrero
para representar a los genitales del hombre, pero recordó que «estar bajo un
sombrero» era una expresión coloquial que significaba casarse. En sesiones
previas Freud había sugerido a la paciente que su agorafobia era una reacción a
la ansiedad que le producían sus fantasías inconscientes sobre tentaciones
sexuales, y que el significado de este sueño era que si tuviera un marido con
unos genitales espléndidos ella no tendría por qué temer a los oficiales.
Freud
cuenta que, al oír la interpretación, la paciente cambió la descripción del
sombrero y no admitió que las dos piezas laterales
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colgaran
hacia abajo. Sin embargo, Freud estaba seguro de haber oído bien la descripción
e insistió en que ella lo había dicho. Su paciente permaneció callada un
momento, y luego tuvo la valentía de preguntar cómo era que uno de los
testículos de su marido era más bajo que el otro, y si esto era igual en todos
los hombres. Una vez explicado esto, la paciente aceptó la interpretación.
Freud ve en
el simbolismo otro ejemplo de censura, en el que, como resultado del disfraz
que presenta el símbolo, se permite la entrada de material sexual en el sueño
manifiesto.
Tras las
explicaciones sobre las cuatro fuentes de distorsión de los sueños, Freud pasa
al último objetivo de su libro, la formulación de una teoría de la organización
mental (véase al respecto la figura 4-1). En el modelo de Freud, el cuerpo de
recuerdos, fantasías y pensamientos de la infancia y la niñez constituyen el
estrato más bajo del inconsciente. Ahí residen las fantasías edípicas y otras
similares no aceptables para la mente consciente. Estos pensamientos son
reprimidos, pero buscan constantemente su expresión. Las fantasías y las ideas
derivadas de la niñez, pero referidas a hechos posteriores en la vida (como el
deseo de Freud de que su hijo muriera), se hallan también reprimidas en el
inconsciente. Cuando el individuo duerme, la represión está algo relajada y los
deseos inconscientes se las arreglan para expresarse en sueños. Sin embargo, la
represión no está relajada del todo, sino que la censura (fuente de la
represión) disfraza el material inconsciente antes de que encuentre su
expresión en el sueño manifiesto. Para este propósito la censura utiliza la
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condensación,
el desplazamiento, la representatividad y la simbolización.
Los deseos
disfrazados aparecen en el sueño manifiesto a un nivel preconsciente, situado
por debajo del consciente. El contenido de pensamientos de la preconciencia es
similar al de la conciencia. Por ejemplo, el nombre de una persona que se haya
encontrado uno o dos días antes puede no estar presente en la conciencia en un
momento dado, pero el recuerdo de ese nombre no se halla reprimido en el
inconsciente, sino que está presente en el preconsciente, y puede volver a la
memoria con tal de fijar la atención de la conciencia en este encuentro que
tuvo lugar días atrás. Según Freud, el preconsciente piensa racionalmente, como
lo hace la conciencia, y tiende a organizar los pensamientos en forma ordenada.
Juega un papel en la formación del sueño manifiesto, ya que, cuando los
elementos disfrazados del deseo inconsciente emergen al nivel preconsciente,
esta parte de la mente los organiza como mejor puede para formar una historia
coherente. Freud llama «elaboración secundaria» a este proceso de organización
del sueño. Freud alude también a una posible censura bajo ciertas
circunstancias entre el preconsciente y la conciencia, pero este aspecto no es
muy importante.
¿Cómo se
desarrolla esta organización mental? Freud da una explicación que arranca en el
recién nacido, cuando éste se enfrenta a grandes necesidades físicas. El recién
nacido ha sido alimentado constantemente en el útero de su madre y ha tenido
una experiencia de satisfacción, pero ahora dicha satisfacción no llega
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inmediatamente,
y llora desesperadamente. Como resultado de la experiencia anterior, hay una
asociación entre el hambre y el recuerdo de ser alimentado y se crea una
necesidad psíquica de revivir dicho recuerdo, un deseo de satisfacción. En esta
situación, el niño revive la percepción de ser alimentado y ello contribuye a
la satisfacción del deseo. Freud sugiere que el niño puede tener realmente
alucinaciones sobre el biberón o el pecho. Así, «podemos suponer un estado
primitivo del aparato psíquico en el cual se sigue este camino, es decir, que
el deseo termina en una alucinación».
Fig. 4-1.
En La interpretación de los sueños, Freud relacionó los sueños con la
organización de la mente. Según Freud, existen tres
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niveles de
organización mental: el inconsciente -el más profundo—, el
preconsciente
y el consciente. La estructura de los sueños se representa en la parte derecha
de este diagrama. La fuerza que motiva el sueño yace en el inconsciente. El
sueño puede emanar de ahí (sueños de abajo) o puede ser estimulado por
acontecimientos que han formado una asociación con un recuerdo, fantasía o
pensamiento inconscientes (sueños de arriba). El contenido latente del sueño es
un deseo inconsciente, reprimido en horas de vigilia, pero expresado mientras
se duerme a través del sueño. Si bien la represión se halla relajada mientras
se duerme, no está del todo ausente; hay una censura en el inconsciente que
distorsiona y disfraza el contenido del sueño. Los pensamientos del sueño
llegan en su forma disfrazada al preconsciente, donde, a través de una
elaboración secundaria, se organizan en un sueño manifiesto más coherente (pero
todavía raro), que puede ser recordado conscientemente.
Freud
afirma que este tipo de funcionamiento psíquico en la vida adulta es sustituido
por el acto de conseguir un objetivo deseado, pero se mantiene durante los
sueños en su estado infantil. Ésta es la razón, cree Freud, de que casi la
totalidad del material de los sueños sea visual. Mientras se duerme, la acción
queda suprimida (tal como hemos visto en el capítulo 2, los centros motores se
inhiben durante el sueño REM). En el inconsciente adulto, el deseo lucha por
expresarse en acción, pero se ve desviado por la represión antes de llegar al
nivel consciente, del cual emana la acción, y entonces se
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refleja de
un modo infantil (regresivo) en forma de alucinación (el sueño).
Según el
modelo mental de Freud, la neurosis sería un resultado de conflictos que
residen en el inconsciente. En el caso de la joven que sufría agorafobia, por
ejemplo, ésta tenía un deseo inconsciente de ser seducida por algún hombre
atractivo. Este deseo era censurable y por tanto era reprimido, pero, como
resultado del mismo la joven sufría de tal ansiedad cada vez que salía de casa
que prefería encerrarse en ella. En su sueño resuelve el problema protegiéndose
con los genitales de su marido.
En el caso
de la histeria, Freud postula un mecanismo algo más complicado. La persona
histérica elige un síntoma que satisface su deseo inconsciente y al mismo
tiempo sirve de castigo por este deseo. Freud presenta el ejemplo de una
paciente con el síntoma histérico del vómito. El síntoma resultó ser por un
lado la satisfacción de una fantasía inconsciente de estar continuamente
encinta —que la embarazaran el mayor número de hombres posible—y, por otro
lado, una reacción de defensa, puesto que al vomitar se estropearía su figura y
su belleza y por tanto ya no resultaría atractiva para ningún hombre.
Aparte de
determinar las neurosis, Freud sugiere que los factores inconscientes tienen
una influencia predominante sobre ciertos aspectos de la personalidad normal,
como la orientación sexual. Como ya vimos, Freud mantiene que el complejo de
Edipo está presente en todos los hombres. Junto a los deseos del niño de poseer
a su madre y eliminar a su padre, existe el temor de ser castrado por
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su padre en
represalia. La reacción inconsciente del niño ante este miedo determina en gran
manera su sexualidad. La homosexualidad de tipo pasivo representaría, en el
inconsciente, una rendición total al padre para evitar la castración. Freud
mantiene que en todo hombre se da un cierto grado de homosexualidad. Según la
teoría freudiana, los conflictos edípicos determinan otros aspectos del
comportamiento, aparte del sexual. Por ejemplo, si un hombre sólo precisa un
pequeño paso para obtener un grado académico alto y se niega a hacerlo sin
ningún motivo racional, un psicoanalista diría que en su inconsciente tiene
miedo de superar a su padre.
Freud creía
que la función del psicoanálisis era poner el inconsciente bajo el dominio del
preconsciente, y consideraba que el análisis de los sueños era el camino
principal para el conocimiento del inconsciente. En un capítulo posterior
hablaré de las complicaciones y dificultades que existen para conseguir este
objetivo.
Hemos
presentado lo que Freud consideraba «el más valioso de los descubrimientos que
me ha tocado en suerte realizar». Es una construcción algo complicada, pero
Freud la presentó en términos comprensibles, aunque imprecisos. Este material
es el que consideraremos en la última sección del libro. Mi opinión es que
Freud realizó una contribución monumental al conocimiento humano con su
descubrimiento de la asociación libre, el análisis de la estructura de los
sueños y la clarificación del inconsciente. Sin embargo, creo que los hallazgos
neurocientíficos sugieren una organización de la mente inconsciente distinta de
la que Freud estableció.
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Para cerrar
este capítulo vamos a ver un episodio sorprendente en la vida de Freud que nos
lleva a una vía de investigación que no volveré a tratar hasta haber presentado
mi propia teoría sobre la organización del inconsciente. El episodio es el
siguiente: En 1887, Freud conoció a Wilhelm Fliess, un médico berlinés de su
misma edad. Fliess era un otorrinolaringólogo que había asistido por consejo de
Breuer a una conferencia que Freud dio en la Universidad de Viena ese mismo
año. Se hicieron buenos amigos, y su amistad continuó hasta 1900. Freud y
Fliess se encontraban periódicamente para discutir ideas personales y
científicas. Freud estaba desarrollando sus teorías científicas y las discutía
detalladamente con Fliess. Este, por su parte, compartía la idea de Freud de
que en último término se encontraría una explicación fisiológica para los
fenómenos psicológicos, desarrollando él mismo algunas teorías propias. Una de
sus teorías era que la nariz influía en una gran parte de la psicología humana.
Había una «neurosis refleja» que provenía de la nariz y que afectaba a los
músculos, el corazón, el estómago y, en especial, a los órganos reproductores.
Otra de sus teorías era que el período menstrual de veintiocho días en la mujer
y la presunta periodicidad de veintitrés días en el hombre se combinaban para
explicar la sexualidad en hombres y mujeres, así como los ciclos periódicos en
todas las cosas vivientes. A pesar de la naturaleza estrafalaria de estas
ideas, Freud las tomaba en serio y consideraba a Fliess como un médico
brillante.
A lo largo
de su época de amistad, Freud y Fliess intercambiaron cientos de cartas. En
ellas Freud contaba las vicisitudes de su vida y
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su carrera,
y enviaba a Fliess los borradores preliminares de sus trabajos para someterlos
a su crítica. Sólo disponemos de las cartas que Freud escribió a Fliess, ya que
las de éste fueron destruidas por Freud. Este intentó recuperar sus cartas a
Fliess después de su muerte, pero fueron adquiridas por la princesa María
Bonaparte, amiga y alumna de Freud, y en 1950 algunas de ellas fueron
publicadas bajo el auspicio de un comité de seguidores de Freud, entre cuyos
miembros figuraba su hija Ana. La correspondencia restante fue donada a la
Librería del Congreso de EE.UU. con la condición de que no fuera hecha pública
hasta el año 2000. Sin embargo, en algunos casos se ha dado autorización a
algunas personas para leer este material no publicado.
En 1966, el
psicoanalista Max Schur escribió un artículo titulado Algunos residuos diurnos
adicionales al sueño tipo del psicoanálisis, basado en la lectura de las cartas
de Freud a Fliess no publicadas. Las cartas revelan que, a finales de febrero
de 1895, varios meses antes del sueño de Irma (23 de julio de 1895), Freud
había pedido a Fliess que fuera a Viena a examinar a su paciente Emma (Irma)
para ver si sus síntomas somáticos eran de origen nasal. Fliess recomendó y
llevó a cabo la intervención quirúrgica de los cornetes y los senos nasales de
Emma y luego volvió a Berlín varios días después. En una carta a Fliess escrita
el 4 de marzo de 1895, Freud expone un problema:
Querido
Wilhelm:
Realmente
no podemos sentirnos satisfechos con el estado de Emma; tiene hinchazones
persistentes, que suben y
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bajan «como
una avalancha», un dolor que hace indispensable la utilización de morfina y
noches horribles. La secreción purulenta ha disminuido un poco desde ayer.
Anteayer tuvo una hemorragia masiva, probablemente porque se le había
desprendido un trocito de hueso del tamaño de un penique; llenó dos palanganas
de sangre. Hoy presentaba una resistencia a la irrigación, y debido a que el
dolor y el edema había aumentado, me dejé persuadir para llamar a G. (Gersuny,
un prominente cirujano vienes)... Él dijo que el paso (a la cavidad) se había
cerrado considerablemente y que resultaba insuficiente para el drenaje. Insertó
un tubo de goma y advirtió que sería necesario abrir el hueso si no se mantenía
en su sitio. A juzgar por el olor, todo esto me parece correcto. Por favor,
dame tu valiosa opinión. No deseo que la chica pase de nuevo por una
operación...
El
siguiente paso fue explicado por Freud en su carta del 8 de marzo:
Querido
Wilhelm:
Acabo de
recibir tu carta y me dispongo a contestarla inmediatamente. Por fortuna, al
fin veo el camino a seguir y me siento más tranquilo acerca de la señorita
Emma, sobre la que puedo darte una información que probablemente te disgustará
tanto como a mí: pero espero que lo superes tan pronto como lo he hecho yo.
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Te expliqué
que las hinchazones y hemorragias no paraban y que de repente apareció un olor
fétido junto a una dificultad para la irrigación (¿te había hablado de esto
último?). Hice venir a Gersuny, quien procedió a insertar un drenaje, esperando
que todo funcionaría bien si el flujo volvía a salir. Por otra parte, se
comportó con cierta insolencia. Dos días más tarde fui despertado muy pronto
por la mañana: había empezado a sangrar profusamente de nuevo, con dolor, etc.
Recibí un mensaje telefónico de G[ersuny] de que no podría venir hasta la
noche, así que cité a R. (un otorrinolaringólogo) en casa de la señorita Emma.
Nos encontramos a las doce del mediodía. Emma sangraba moderadamente por la
nariz y por la boca; olía muy mal. R. limpió la zona alrededor del orificio,
extrajo algunos coágulos de sangre que estaban pegados por encima y de pronto
tiró de algo que parecía un hilo. Siguió tirando y, antes de darnos cuenta,
había extraído como mínimo medio metro de gasa de la cavidad. A continuación,
salió un chorro de sangre. La paciente palideció, parecía que se le salían los
ojos de las órbitas y no se le encontraba el pulso. Sin embargo, inmediatamente
después tapó la cavidad con gasa yodada y la hemorragia se detuvo. La operación
duró aproximadamente medio minuto, pero fue suficiente para que la pobre
criatura a la que teníamos echada quedara irreconocible. En estos momentos, o
en realidad después, sucedió algo más. Cuando salió el cuerpo extraño lo
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comprendí
todo y al toparme con la mirada de la paciente me mareé...
No creo
haberme asustado por la sangre; lo que ocurrió fue que me sentí muy
impresionado en ese momento. Resulta que no habíamos sido justos con ella. No
era en absoluto anormal, sino que un trozo de gasa yodada se había roto cuando
sacaste la otra y había permanecido ahí durante catorce días, interfiriendo el
proceso de curación, después de lo cual se había desprendido y había provocado
la hemorragia. Una serie de pensamientos me invadieron a la vez: el hecho de
que esta desgracia te hubiera ocurrido a ti, cómo reaccionarías al saberlo, qué
iban a decir los demás, lo equivocado que había estado al presionarte para que
operaras en otra ciudad, donde no podías seguir el postoperatorio, cómo,
queriendo hacer lo máximo por esta pobre chica, había salido todo mal con el
consiguiente peligro para su vida. Ahora ya lo he asimilado; en aquel momento
no tuve la mente lo suficientemente clara para culpar a R. Eso se me ocurrió
diez minutos más tarde; R. tendría que haber pensado en seguida: «Aquí hay
algo: no lo estires o provocarás una hemorragia; pon algo dentro, llévala a
Loew y efectúa una limpieza y un ensanchamiento (de la abertura de la cavidad;
evidentemente el seno nasal).» Pero él estaba tan sorprendido como yo mismo.
Ahora que
ya lo he asimilado todo, sólo queda una gran compasión hacia mi «infortunada
niña» [Schmerzenskind],
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Verdaderamente,
no debería torturarte, pero tenía todas las razones para confiarte tal asunto e
incluso más. Lo hiciste lo mejor que pudiste. La rotura de la gasa yodada no
era más que un accidente de los que pueden suceder al cirujano más famoso y
cuidadoso... G[ersuny] mencionó que él había tenido una experiencia similar y
que desde entonces utilizaba compresas yodadas en vez de gasa (debes acordarte
que así fue en tu propio caso). Desde luego, nadie te culpa en ningún sentido,
ni tiene por qué. Y espero que te olvides lo más rápidamente posible y sólo te
quede la nena como a mí. Ten por seguro que en ningún momento perdí la
confianza en ti. Sólo quiero añadir que he estado dudando todo un día si te
contaba todo esto o no; luego empecé a sentirme avergonzado y he aquí la carta.
En
realidad, la carta pone de manifiesto una serie de cuestiones alarmantes.
Fliess había cometido un error imperdonable y Freud no dudó ni un momento en
culpar al cirujano R., quien había contribuido a salvar la vida de Emma. El
incidente no finalizó aquí. El 28 de marzo, Freud escribía;
Querido
Wilhelm:
Antes que
nada, lo que quieres saber: ella está bastante bien, muy calmada, sin fiebre y
sin hemorragias. La compresa que se le puso hace seis días aún permanece dentro
y esperamos no llevarnos nuevas sorpresas. Naturalmente, a partir de este
último período está
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empezando a
presentar nuevos síntomas histéricos que voy resolviendo.
No me es
difícil adivinar que tú tampoco estás bien. Espero que no sea por largo tiempo.
Supongo que sabrás superarlo muy pronto...
En cuanto a
mí, no estoy mal, pero sí algo indispuesto. El pulso es tan irregular que
parece impedir cualquier forma de bienestar completo.
Y en un
pasaje que revela el especial apego que sentía por Fliess, Freud escribe:
En general
te echo mucho de menos. ¿Soy realmente la misma persona llena de ideas y
proyectos que era mientras tú estabas cerca de mí? Cuando me siento en mi
escritorio por las noches, a menudo no sé por dónde debería empezar. Ella, la
señorita Emma, va bien; es una chica agradable y honesta y no nos culpa a
ninguno de nosotros por lo ocurrido, y habla de ti con gran estima.
Cuídate; ve
informándome con detalle acerca de ti y escribe tú, ahora. En otro momento te
abrumaré con cartas y escritos que te enviaré. Tu eres constante, yo no.
Dos semanas
más tarde, las cosas fueron a peor. El 11 de abril Freud escribía:
Querido
Wilhelm:
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Tiempos
sombríos, increíblemente sombríos. Especialmente el asunto de Emma, que va de
mal en peor. La última vez ya te informé que G. había examinado la cavidad bajo
anestesia general, y después de palparla la encontró bien. Abrigamos nuevas
esperanzas, y la paciente mejoraba gradualmente. Sin embargo, hace ocho días
empezó a sangrar, a pesar de llevar la compresa, cosa que no había ocurrido
antes. Se le puso otra compresa. La hemorragia era mínima. Hace dos días se
produjo otra hemorragia, también a pesar de la compresa, y ahora es más que
abundante. Nueva compresa y otra vez sensación de impotencia. Ayer R. quería
volver a examinar la cavidad. Por casualidad, Weil (otro cirujano) había
sugerido una nueva hipótesis sobre la causa de la hemorragia después de la
primera operación (la que tú hiciste). En cuanto la compresa estuvo
parcialmente fuera, hubo otra hemorragia, muy peligrosa, que yo presencié. No
brotaba a chorros pero manaba fluidamente, aumentando con gran rapidez e
inundándolo todo. Debe haber sido un vaso grande, pero ¿cuál? y ¿dónde? Desde
luego no podíamos ver nada y nos alegramos de que la compresa estuviera otra
vez dentro. Añade a todo esto el dolor, la morfina, la desmoralización que
resulta de esta clara impotencia médica y lo peligroso de la situación y podrás
hacerte una idea del estado de la pobre chica. No sabemos qué se puede hacer.
R. se ha resistido al sugerirle que realizara un ligamento de la arteria
carótida. Por otro
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lado hay el
peligro de que ahora aparezca fiebre. Me inquieta mucho que de una operación
que se describía como inofensiva hayan podido derivarse tantas desgracias.
Esta última
frase era la primera indicación de que Freud podía culpar a Fliess por su
error. El especialista Weil había criticado a Fliess por su operación y Freud
había hecho notar suavemente que «la operación había sido descrita como
inofensiva».
Freud
volvió a escribir a Fliess el 20 de abril:
Querido
Wilhelm:
Naturalmente
informé en seguida a R. sobre tu sugerencia con respecto a Emma. Desde luego
las cosas se ven de otra manera desde cerca, por ejemplo, la hemorragia. Puedo
asegurarte que era imposible que un cirujano se sentara y no actuara ante lo
que ocurrió. Era una hemorragia que parecía que proviniera de la arteria
carótida. En medio minuto se hubiera desangrado hasta la muerte. Sin embargo,
ahora va mejor. La compresa fue cuidadosa y gradualmente extraída. No hubo
ningún contratiempo y ahora ella está bien.
El que
suscribe se siente aún muy mal, pero también se siente muy ofendido por el
hecho de que tú estimes necesario tener un testimonio escrito de G. que te
rehabilite. Incluso si G. tuviera la misma opinión que Weil respecto a tu
capacidad, para mí sigues siendo la persona que puede y
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sabe curar,
el prototipo de hombre en cuyas manos uno puede confiar su propia vida y la de
su familia. Quisiera hablarte de mi pena y quizá pedirte un consejo sobre Emma,
pero no te reprocho nada. Hacerlo hubiera sido estúpido, injustificado, y
hubiera estado en clara contradicción con mis sentimientos...
Un año más
tarde, en una carta a Fliess del 26 de abril de 1896,
Freud se
referiría de nuevo a Emma:
En lo que
respecta a Emma, podré demostrarte que estabas en lo cierto; sus hemorragias
eran histéricas, debidas a deseos vehementes, probablemente fijados en su
«período sexual»...
Todo el
incidente de la gasa yodada fue olvidado. La causa de las hemorragias de Emma
había sido trasladada a la histeria.
Schur hace
la pregunta obligada: ¿Cómo es posible que, en el exhaustivo análisis del sueño
de Irma, Freud no hubiera hecho una asociación a este episodio traumático? Como
recordará el lector, las asociaciones a Fliess se presentaban en conexión con
la palabra «trimetilamina», que aparecía impresa en caracteres gruesos en el
sueño. Pero estas asociaciones eran inocuas y halagadoras y no se mencionaba
para nada la operación de Emma.
La
posibilidad de que Freud hiciera la asociación al episodio traumático y
deliberadamente no la presentara en la discusión del sueño es considerada por
Schur, pero la rechaza. Ello iría contra la
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honestidad
de Freud y, además, por qué se iba a meter Freud en una situación como esa
cuando podría haber fácilmente elegido cualquier otro sueño tipo sin esta
complicación. Schur sugiere que el episodio de la operación de Emma no apareció
en las asociaciones de Freud porque estaba reprimido y él no realizó con
suficiente profundidad su propio análisis como para desvelarlo. Además, Schur
comenta que si hubiera aparecido ello hubiera revelado a Freud que el deseo
latente del sueño no era sólo quitarse sus culpas y cargarlas a Otto (quien dio
una «inyección sucia») sino también quitar las culpas a Fliess y echárselas a
Otto. Schur escribe:
No era sólo
su propia disculpa lo que Freud obtenía; probablemente el motivo más poderoso
para la constelación del sueño era la necesidad de disculpar a Fliess de la
responsabilidad por las fatales complicaciones de Emma.
Schur
pregunta por qué eso era tan importante, y concluye que era el resultado de la
dependencia emocional de Freud hacia Fliess, y que puede considerarse un
ejemplo de transferencia, una relación que ocurre entre el paciente
psicoanalizado y el analista. (Existe, sin embargo, la posibilidad de que Freud
creyera que el sueño de Irma era el sueño tipo ideal y que, convencido de su
interpretación, deliberadamente excluyera su asociación al error quirúrgico de
Fliess
—puesto que
el incidente era embarazoso para Fliess—, y juzgara que no era importante en la
interpretación. Freud, en los comentarios finales al sueño de Irma [pág. 94]
afirma que se toma la libertad de
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no
presentar ciertas asociaciones suplementarias de naturaleza personal.)
Sea o no
correcta la explicación de Schur, sus revelaciones transforman el sueño tipo de
Freud, que pasa de ser una demostración del análisis de un sueño a constituir
un ejemplo de las dificultades que encierra la interpretación de los sueños. De
acuerdo con mi propia hipótesis en la tercera sección de este libro, veremos
que el sueño de Irma y el lapsus de Freud pueden ser explicados de una manera
diferente.
La
interpretación de los sueños fue sólo un primer paso. En los años siguientes,
Freud revisó considerablemente sus teorías. Otros hombres y mujeres, llevados a
la práctica del psicoanálisis por los descubrimientos de Freud, hicieron sus
propias observaciones y formularon sus propias teorías sobre la función
psíquica. En el capítulo siguiente consideraremos algunos de estos
descubrimientos posteriores, a fin de poder establecer una base psicológica
adecuada para una posterior comparación con los hallazgos de la neurociencia.
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Capítulo V
Avances
posteriores
En el medio
siglo que siguió a La interpretación de los sueños, el psicoanálisis, bajo la
dirección de Freud la mayor parte del tiempo, se convirtió en un movimiento a
nivel mundial. No sólo pasó a ser la corriente dominante en psiquiatría, sino
que también, a través de su incorporación a la literatura y a las otras ramas
de la cultura, cambió la idea que el hombre occidental tenía de sí mismo.
A
continuación, veremos tres aspectos del psicoanálisis que se entrelazan en su
historia: en primer lugar, un cuerpo teórico, escrito en su mayor parte por
Freud; en segundo lugar, un método de investigación y terapia que cambió con el
tiempo el enfoque y el tipo de persona a quien se aplicaba; y en tercer lugar,
una organización, una asociación internacional de psicoanalistas ligados a
Freud, con unas reglas propias y estrictas, con revistas psicoanalíticas y con
una doctrina oficial. Conforme vayamos desarrollando estos aspectos, veremos
que determinados fenómenos psicológicos se manifiestan con claridad y podremos
considerarlos como nuestros datos psicoanalíticos.
Las cosas
avanzaron con lentitud después de la publicación de La interpretación de los
sueños. El libro fue reseñado en diversas revistas médicas especializadas; en
algunos casos comentarios muy favorables, y en otros, escépticos. En la prensa
aparecieron también algunas opiniones de uno u otro signo. El libro no se
vendió bien, pues era difícil de leer, y Freud apenas era conocido. La
comunidad
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médica de
Viena reaccionó ante los escritos de Freud de este período (Estudios sobre la
histeria y La interpretación de los sueños) bien con cierta perplejidad
tolerante, o bien opinando que sus puntos de vista no debían tomarse en serio.
Sin embargo, no se escandalizó por las explicaciones de Freud en materia
sexual. La publicación en 1886 de la obra del psiquiatra austríaco Richard von
Krafft-Ebing Psicopatía sexual, basada en diversos casos históricos de
individuos sexualmente anormales, ya había habituado al mundo médico a las
desviaciones sexuales. La obra de Krafft-Ebing pronto alcanzó un público más
amplio, y hacia 1900 se publicaron en Austria y Alemania muchas novelas y
libros populares cuyo tema era la sexualidad. Aunque Krafft-Ebing creía que las
teorías sobre la sexualidad infantil (expuestas en Estudios sobre la histeria)
«sonaban como un cuento de hadas científico», ello no le impidió proponer a
Freud para el cargo de profesor extraordinario de la Universidad de Viena, que
se le concedió en 1902. En general, la comunidad médica toleraba a Freud. La
reacción del público fue algo más severa: en una sociedad tan convencional como
la vienesa, los libros de Freud parecían obscenos, y se compadecía a su esposa
Marta por tener un marido con ideas tan repugnantes. Pero la oposición más
fuerte por parte de todos los estratos sociales, incluido el científico,
llegaría más tarde.
Durante
aquel período, Freud dedicó todo su tiempo a psicoanalizar a sus ocho pacientes
y a escribir. Pronto publicaría otros tres libros: Psicopatología de la vida
cotidiana, sobre la base inconsciente de los lapsus linguae y los lapsus de
memoria, El genio y su relación con el
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inconsciente,
y Tres aportaciones a una teoría sexual, en el que presentaba su teoría sobre
la sexualidad infantil. Por su cargo en la Universidad, Freud podía dar allí
todas las conferencias que quisiera. Aprovechó dicha oportunidad para exponer
sus puntos de vista, con el estilo persuasivo que le caracterizaba, ante el
público que acudía a escucharle. Debido al material inconsciente que observaba
y analizaba constantemente en sus pacientes, Freud estaba convencido de que
había descubierto uno de los grandes secretos de la naturaleza, y estaba
firmemente decidido a seguir sus investigaciones sobre el inconsciente y a
desarrollar sus ideas. En una carta de esa época dirigida a Fliess, se
describía a sí mismo como un «conquistador», con toda la «curiosidad, el
atrevimiento y la tenacidad de ese tipo de hombres».
Freud
atendía a pacientes que venían de todas partes de Europa. Era el médico a quien
se acudía en última instancia en los casos que otros no sabían cómo tratar. El
nombre de Freud empezó a ser conocido localmente, y atraía tanto a médicos como
a personas fuera de la profesión que querían aprender sus métodos. Alfred Adler
y Wilhelm Stekel eran dos médicos de medicina general de Viena que se
dirigieron a Freud después de haber leído La interpretación de los sueños. En
1902, Stekel sugirió a Freud que organizara un grupo de debate. La idea gustó a
Freud, que poco después invitó a dos doctores que asistían a sus conferencias
para que se sumaran a las reuniones que celebraba en su casa, con Stekel y
Adler, los miércoles por la noche. En 1906 este grupo quedó institucionalizado
con el nombre
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de Sociedad
Psicoanalítica de Viena, y en 1911 se convirtió en la sección vienesa de la
Asociación Psicoanalítica Internacional.
El grupo
del miércoles por la noche llegó a contar con unos veinte miembros. Algunos
eran sólo observadores (había un periodista y un pintor), pero la mayoría
estaban allí para hacer de las teorías de Freud su propia causa. Max Graf, un
musicólogo que asistía a las reuniones, describió el ambiente de las mismas
como el de la fundación de una religión. Freud era el profeta, y sus alumnos,
inspirados y convencidos, sus apóstoles. Freud organizaba su grupo para la
batalla que aún tenían que librar contra la oposición de la sociedad. Nadie
debía desviarse de sus enseñanzas para que no se debilitara su posición. Graf
comentaba: «Tan bueno y considerado como era en su vida privada, Freud se
mostraba, sin embargo, duro e implacable en la exposición de sus ideas. Cuando
discutía temas científicos, era capaz de romper con sus amigos más íntimos y
más sinceros.»
La Sociedad
Psicoanalítica de Viena aún estaba en activo en 1921. Por aquel entonces
asistía a las reuniones Abram Kardiner, un joven psiquiatra americano que
estaba siendo analizado por Freud (y que más tarde sería cofundador de la
Columbia University School of Psychoanalysis), y que describió una atmósfera
parecida a la de los primeros tiempos:
Las
reuniones de la Sociedad Psicoanalítica de Viena eran entretenidas al máximo,
especialmente la parte de la noche que se dedicaba a la discusión. Era entonces
cuando Freud
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demostraba
su poder sobre la gente y su gran dominio de la materia.
Kardiner
describió un incidente en concreto. Un miembro de la sociedad acababa de
publicar un libro sobre hipnosis, y hubo muchas críticas y acaloradas
discusiones acerca de lo que Freud había escrito sobre el particular:
Hubo
grandes discusiones... sobre lo que Freud había dicho aquí, lo que Freud había
dicho allí... Después de discutir durante aproximadamente una hora y media,
Freud les llamó al orden, y habló en los siguientes términos: «Caballeros,
ustedes no me tienen ningún respeto. ¿Por qué me tratan como si ya hubiera
muerto? Aquí están ustedes sentados, citando lo que yo dije en diversos
escritos, los pros y los contras. Yo estoy presidiendo la mesa y nadie se digna
preguntarme “¿Qué es lo que quería usted decir exactamente?”.» Y añadió: «Me
siento ofendido y me preocupa esta actitud, porque, si esto es lo que hacen
mientras estoy todavía entre ustedes, puedo imaginar fácilmente lo que sucederá
cuando esté realmente muerto». Después de este reproche, Freud suspendió la
reunión bruscamente.
La Sociedad
de Viena era el dominio de Freud, y en el grupo no tenía oposición intelectual
alguna. Como veremos, cuando surgía alguna
185
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discrepancia,
el resultado era inevitablemente la claudicación de quien mantenía dicho punto
de vista.
Entre 1902
y 1908 las obras de Freud alcanzaron repercusión internacional, y un pequeño
grupo de psiquiatras extranjeros fue conquistado por sus ideas. Entre ellos se
encontraban Ernest Jones en Inglaterra, Abraham Brill en Estados Unidos, Karl
Abraham en Alemania, Sandor Ferenczi en Hungría y Carl Jung en Suiza.
Cuando en
1900 apareció La interpretación de los sueños, Jung era un psiquiatra de
veinticinco años que trabajaba en el hospital psiquiátrico Burghölzli, de
Zurich. Era suizo y de familia religiosa (su padre era pastor en una pequeña
ciudad). Jung había estudiado medicina en la Universidad de Basilea, entre 1895
y 1900, y luego había ido directamente como residente al hospital Burghölzli.
Se trataba de un gran hospital, que albergaba a unos 3.000 enfermos mentales de
todo tipo. Eugen Bleuler, su director, era un psiquiatra excepcionalmente
capacitado, muy dedicado a sus pacientes y muy respetado en los círculos
médicos; fue Bleuler quien introdujo el término esquizofrenia, y quien
describió de manera definitiva esta enfermedad. En sus primeros años de residente,
Jung leyó La interpretación de los sueños y los Estudios sobre la histeria, y
sintió gran curiosidad por los descubrimientos de Freud. Había podido comprobar
por sí mismo las represiones y los procesos mentales inconscientes en los
testes que pasaba en Burghölzli a pacientes esquizofrénicos e histéricos. Por
sugerencia de Bleuler, Jung había empezado a utilizar el test de asociación de
palabras desarrollado por el psicólogo alemán Wilhelm Wundt. En este test se le
presentaba al
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paciente
una palabra y se le pedía que respondiera con la primera palabra que se le
ocurriera. Jung comprobó que el tiempo que se tardaba en contestar era
variable, y que era más largo cuando la asociación le resultaba desagradable al
paciente. Observó también que las palabras que tenían un tiempo de reacción más
largo iban asociadas a una constelación o complejo de recuerdos que el paciente
había reprimido. En los enfermos histéricos dicho complejo estaba relacionado
con alguna herida antigua y secreta, y podía ser eliminado si se conseguía que
el paciente se enfrentara a ella —un descubrimiento similar al de Freud—,
mientras que en los esquizofrénicos los complejos eran irreversibles.
Con la
aprobación de Bleuler, Jung y otros residentes empezaron a utilizar el
psicoanálisis en Burghölzli. Bleuler y Jung estaban muy interesados en evaluar
la teoría de Freud, que ofrecía algunas bases racionales sobre la enfermedad
mental, así como un método para aliviarla. Aparte del tratamiento individual
que se daba a los pacientes, en Burghölzli se organizaban conferencias y
charlas. En 1906, Jung envió a Freud un ejemplar de un libro suyo, publicado
recientemente, acerca de sus estudios sobre las asociaciones de palabras. Ese
mismo año, en un congreso de psiquiatría, Jung defendió la teoría de Freud
sobre la histeria. Como un presagio de acontecimientos posteriores, en aquella
ocasión Jung expresó un punto de vista similar al de Josef Breuer, es decir, la
idea de que verdaderamente había en la histeria una base sexual, que
generalmente se subestimaba, pero que no era ésta la única causa.
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Jung
conoció personalmente a Freud a principios de 1907. Más tarde explicaría que en
esa primera entrevista conversaron durante trece horas. El resultado de ese
encuentro fue una alianza entre los dos. Jung se uniría a la causa y sería el
heredero de Freud. Desde el punto de vista de Freud, era una suerte que Jung se
uniera a sus filas. Freud no se sentía a gusto en su postura solitaria fuera
del establishment médico. Pero ahí estaba el mismísimo establishment, en las
personas de Jung y Bleuler, reconociendo su trabajo. Por su parte, Jung veía en
Freud a un gran personaje que había realizado un gran descubrimiento.
Había
además otra razón para el entusiasmo de Freud. El psicoanálisis era un
movimiento judío: Freud era judío, como lo eran también la mayoría de sus
seguidores vieneses. Freud temía que la causa en la que tanta fe tenía, y que
ya empezaba a ser atacada en su contenido, pudiera ser aplastada injustamente
por el antisemitismo. En su alianza con Jung vio la oportunidad de superar este
obstáculo y lograr que el psicoanálisis fuera apreciado por sus propios
méritos. Freud era veinte años mayor que Jung —cuando se conocieron tenía
cuarenta y nueve años y Jung veintinueve—, y en estas circunstancias vio en él
a su sucesor natural. Había diferencias evidentes entre los dos con respecto a
la importancia que concedían a la sexualidad infantil y a otros aspectos, pero
ambos prefirieron minimizarlas. Durante su encuentro, Jung sugirió organizar al
año siguiente un congreso para todos aquéllos interesados en el psicoanálisis.
Freud estuvo de acuerdo, y Jung procedió a preparar la primera reunión de un
congreso internacional para psicoanalistas,
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que se
celebraría en Salzburgo en 1908. Durante este congreso, en el que Freud
presentó la ponencia más importante, se acordó fundar una organización
internacional. Se decidió también publicar un anuario, con Jung como editor y
Freud y Bleuler como directores.
La fama de
Freud iba en aumento, y en 1909 fue invitado a Estados Unidos para exponer
personalmente sus teorías con ocasión del veinte aniversario de la fundación de
la Clark University en Worcester, Massachusetts. Como parte de la celebración,
G. Stanley Hall, un psicólogo americano de gran renombre y presidente de dicha
Universidad, pidió a Freud que diera una serie de conferencias. Freud viajó a
América acompañado de Jung y de Sandor Ferenczi, su colega húngaro. Además de
los psicoanalistas europeos citados, asistieron los norteamericanos Abraham
Brill y Ernest Jones, quienes se habían establecido en Toronto. Estaban
presentes los más destacados representantes de la psiquiatría, la psicología y
otros sectores académicos de América, entre ellos el psiquiatra Adolf Meyer, el
psicólogo William James y el antropólogo Franz Boas. Freud dio cinco
conferencias —sus Cinco conferencias sobre psicoanálisis— en las que explicó su
anterior asociación con Breuer, y cómo sus observaciones le habían llevado a la
teoría del inconsciente y de la sexualidad infantil. Recibió una mención
honorífica, al igual que Jung. En su biografía de Freud, Jones relata la
emoción de éste al pronunciar las primeras palabras del discurso de aceptación:
«Éste es el primer reconocimiento oficial de nuestros esfuerzos.»
Hago una
pausa aquí para poner al corriente al lector sobre el desarrollo de las ideas
de Freud, y para resumir las últimas
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ampliaciones
que hizo de su esquema teórico. Freud fue un autor muy prolífico, y se mantuvo
activo casi hasta su muerte, ocurrida en 1939; sus obras completas ocupan 23
volúmenes. En Tres ensayos sobre sexualidad, obra publicada en 1905, y en
trabajos posteriores, Freud desarrolló su teoría de la libido, que había
introducido en trabajos anteriores. El concepto de libido, basado en una
analogía con la física de su época, implicaba la existencia de una cantidad
determinada de energía psíquica, que podía activar una u otra actividad
mental14. La actividad dominante es la sexual, pero la energía puede orientarse
en otra dirección. En los escritos psicoanalíticos se ha definido también la
libido como un flujo que puede ser reprimido, descargado o transferido de una
expresión psíquica a otra. En opinión de algunos psicoanalistas, la teoría de
la libido es muy vaga y no ha resultado productiva. Otros han creído que el
concepto es válido dentro de su concepción de la función psicológica. En mi
opinión, no debe considerarse la libido como un hallazgo psicológico explicable
a partir de la fisiología cerebral, y no parece que sus propiedades estén
claramente establecidas.
He
introducido el tema de la libido en este punto para poder dar al lector una
idea acerca de este importante concepto freudiano, puesto
14 En
palabras de Freud, escritas en 1894: «Me gustaría finalmente tratar durante un
momento de la hipnosis, que he utilizado al exponer las neurosis de defensa. Me
refiero a la concepción de que entre las funciones psíquicas hay algo que debe
diferenciarse (cierta cantidad de afecto, de excitación, algo que tiene todos
los atributos de una cantidad -si bien no tenemos medios para medirla— algo que
es capaz de aumentar, disminuir, desplazarse y descargarse y que se extiende
sobre las huellas amnésicas de una idea como una carga eléctrica sobre la
superficie del cuerpo
Podemos
aplicar esta hipnosis, que por cierto ya se halla bajo nuestra teoría de la
"abreacción”, en el mismo sentido que el físico emplea el concepto de una
corriente de fluido eléctrico. Por el momento se justifica por su utilidad para
correlacionar y explicar condiciones psíquicas diversas.» Rieff. «The Defense
Neuro psychosis», op. cit. p. 80.
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que no lo
trataré más adelante en mi hipótesis. Dicho esto, podemos volver a la teoría de
Freud sobre la sexualidad infantil. Según Freud, el recién nacido obtiene
placer con la excitación de determinadas partes de su cuerpo, las llamadas
zonas erógenas. Dichas zonas son los genitales, la boca, el ano y otras
regiones de la piel. El placer sensual del niño (sexual desde el punto de vista
de Freud) se centra en cada una de estas zonas siguiendo una secuencia —oral,
anal y genital— a medida que el niño madura. La fase genital, con la
consiguiente sexualidad adulta normal, no se conseguirá si, por alguna razón,
se produce una fijación en una fase anterior. Incluso habiéndose logrado la
fase genital, puede darse en un individuo concreto una predisposición a volver
en determinadas ocasiones a una fase anterior. Además, aunque la sexualidad
adulta no esté del todo alterada, pueden aparecer en el adulto un conjunto de
rasgos de carácter que se derivan de la fase oral o anal del desarrollo. Así,
Freud describe el carácter erótico-anal como ordenado, ahorrador y obstinado.
Basándose en sus observaciones psicoanalíticas, explica que esto estaba
frecuentemente relacionado con una predisposición infantil a permanecer largo
tiempo en el asiento del retrete y obtener placer en la defecación.
Freud dijo
además que los acontecimientos psíquicos se regulaban de acuerdo con el
«principio del placer». En su opinión, cualquier proceso psicológico se
originaba en un estado de tensión desagradable, y la psique buscaba una vía que
redujera la tensión a un nivel óptimo. En 1920, en un ensayo titulado Más allá
del principio del placer, Freud modificó sustancialmente su teoría. La I Guerra
Mundial trajo
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consigo las
neurosis traumáticas de los hombres que habían luchado en las trincheras. Estos
hombres tenían sueños repetitivos, en los que revivían experiencias
traumáticas, y que no podían encasillarse en la teoría de Freud de la
satisfacción de un deseo. Freud introdujo el concepto de «compulsión de
repetición», que consideró más fundamental que el principio del placer. Esta
compulsión explicaba los sueños traumáticos, así como los ataques histéricos en
los que se repetían hechos desagradables. El sueño era entendido como «un
esfuerzo para dominar retrospectivamente el estímulo —hecho traumático— a base
de producir la ansiedad, cuya omisión era la causa de la neurosis traumática;
es decir, dominar el hecho deteriorándolo en el sueño, en lugar de experimentarlo
sin estar preparado, como ocurrió originalmente».
En aquella
época Freud había identificado el importante proceso de la transferencia, por
la cual los pacientes que son psicoanalizados desarrollan una fuerte unión
emocional con el analista, que puede tomar la forma de amor u odio, a veces
alternadamente. El analista pasa a ser el principal protagonista en los sueños
del paciente, y éste tiende a revivir en el análisis las primeras relaciones
con sus padres, siendo el analista un sustituto de uno de ellos. Freud vio esto
como otra manifestación de la «compulsión de repetición».
En el marco
de la teoría del instinto, la libido, cuya finalidad sería la obtención de
placer, resultaba inadecuada para explicar la repetición de hechos dolorosos,
tales como los sueños traumáticos. Para llenar ese vacío, Freud introdujo un
nuevo concepto, el instinto de muerte. Entre los instintos libidinosos (ahora
llamados «Eros») y el instinto de
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muerte,
este último era el más fundamental. Había «una tendencia innata en la materia
orgánica viviente que la impulsaba hacia el restablecimiento de su condición
anterior» («el objetivo de la vida es la muerte»). Del instinto de muerte
deriva Freud un impulso de agresividad primario. (Anteriormente había explicado
la agresividad como un aspecto de la libido.) El postulado del instinto de
muerte, en apariencia basado únicamente en la necesidad de acomodar su marco
teórico a sus nuevas observaciones, fue muy criticado, incluso entre los más
devotos seguidores de Freud.
La última
revisión importante de sus teorías fue presentada por Freud en 1923, en su obra
El Yo y el Ello. La clasificación de la actividad mental en las categorías de
consciente, preconsciente e inconsciente no le parecía ya suficiente. Introdujo
tres entidades psíquicas nuevas, el «yo» el «superyó» y el «ello». El «yo» (o
ego) denotaba la entidad a través de la cual el individuo se da cuenta de su
propia existencia y de la existencia del mundo exterior. Si Freud hubiera
identificado el yo con el dominio de la conciencia (y quizá de la
preconciencia), el superyó también con el dominio de la conciencia y el ello
con el inconsciente, la nueva clasificación podría haber sido una obra acabada
sin incidentes. Sin embargo, no hubiera sido coherente con otras partes de su
teoría. Para mantener la teoría de los sueños como satisfacción de un deseo,
Freud había explicado en La interpretación de los sueños que éstos eran deseos
masoquistas inconscientes; y ahora, en esta nueva obra, se convertían en deseos
de la conciencia o superyó. Estos deseos del superyó eran inconscientes, ya que
el individuo no sabía el porqué del carácter
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punitivo de
su sueño. Así, mientras una parte del superyó era consciente (los sentimientos
de culpa reconocidos), otra parte era inconsciente. De forma similar, Freud
situaba una gran parte del yo en el inconsciente. Así, la censura inconsciente
encargada de la represión era parte del yo: la represión era un mecanismo que
utilizaba el yo para defenderse a sí mismo contra los impulsos del ello. Por
último, el ello era la piedra angular del inconsciente, una olla hirviente de
excitación, pasiones no dominadas e instintos destructivos.
Freud veía
el ello como la fuente de energía de toda la psique, el gran «pantano de la
libido». A medida que el niño se desarrollaba, el yo surgía del ello. Así:
El yo,
después de todo, sólo es una parte del ello que ha sido oportunamente
modificada por la proximidad del mundo exterior, con sus amenazas de peligro.
Desde un punto de vista dinámico, es débil, ha pedido prestadas sus energías al
ello... En conjunto, el yo tiene que cumplimentar las intenciones del ello, y
cumple su tarea buscando las circunstancias en que mejor se pueden realizar
esas intenciones. La relación del yo con el ello puede compararse a la de un
jinete y su caballo. El caballo proporciona la energía locomotriz, mientras que
el jinete tiene el privilegio de decidir la meta y guiar el movimiento del
potente animal. Pero con mucha frecuencia se da una situación entre el yo y el
ello que no es precisamente la ideal, la del jinete que se
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ve obligado
a guiar al caballo por el sendero que el animal ha elegido.
Hay un
proverbio que dice que no se debe servir a dos amos al mismo tiempo. El pobre
yo aún lo tiene peor: sirve a tres amos severos, y hace lo posible para que
exista una armonía entre las exigencias y las peticiones de cada uno de
ellos... Sus tres amos tiranos son: el mundo exterior, el superyó y el ello. Si
vemos los esfuerzos del yo para satisfacer a los tres simultáneamente —o más
bien, para obedecerlos simultáneamente— no podemos lamentarnos de haberlo
personificado y haberlo establecido como un organismo separado. Se encuentra
sitiado por tres bandas, amenazado por tres tipos de peligro ante los cuales,
si se le presiona, reacciona con ansiedad. Como veremos, el compromiso entre el
yo y sus defensas (materia de estudio de la psicología del yo) es el principal
objetivo del psicoanálisis actual.
Por muy
atractivos que resulten algunos de los conceptos de Freud, hubo evidentemente,
en opinión de la mayoría de psicoanalistas, un exceso de teoría, como por
ejemplo el instinto de muerte. El resultado fue una mezcla de observaciones y
de hipótesis superpuestas, de la que deberemos seleccionar aquellas partes que
honradamente nos sirvan como datos psicológicos para nuestro objetivo.
Volviendo a
la historia del psicoanálisis, después de su viaje a América, el siguiente paso
de Freud fue organizar su propio movimiento. La Asociación Psicoanalítica
Internacional se formó durante un congreso celebrado en Nuremberg en 1910; por
iniciativa
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de Freud, y
a pesar de las objeciones del Círculo de Viena, Jung fue elegido presidente.
Unos meses después de formarse esta asociación se produjo la primera de lo que
después sería una serie de deserciones. Eugen Bleuler, director de Burghölzli,
aunque continuaba creyendo en los descubrimientos de Freud, dimitió porque
consideraba poco científica su actitud de no admitir opiniones discrepantes
dentro de la asociación. Las opiniones de Bleuler aparecen reflejadas en una
bella carta enviada a Freud:
Científicamente
no entiendo todavía por qué es tan importante para usted que se acepte el
edificio entero (del psicoanálisis). Pero recuerdo que ya le dije en una
ocasión que, al margen de la importancia de sus logros científicos,
psicológicamente le considero un gran artista. Desde este punto de vista, es
comprensible que usted no quiera que su obra de arte sea destruida. En el arte
una unidad no puede ser dividida. En la ciencia ha hecho usted un gran
descubrimiento que no desaparecerá. Lo de menos es qué parte de su
descubrimiento sobrevivirá.
En el plazo
de un año Freud obligó a dimitir a Alfred Adler, miembro fundador de la
Sociedad de Viena, y a otras cinco personas que simpatizaban con las ideas
innovadoras de éste, que constituían la primera reformulación de las teorías de
Freud. Adler no colocaba al paciente echado en un sofá de espaldas al analista,
sino que se sentaba en una silla frente a él. Aunque pueda parecer que con este
modo de situarse la asociación libre podría verse limitada, rastreando
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los
recuerdos y los sueños Adler obtenía de sus pacientes un material inconsciente
similar al de Freud. Sin embargo, las interpretaciones de Adler eran
diferentes. Para él, el niño veía la vida como una lucha, primero por la
seguridad y más tarde por el poder, y desarrollaba estrategias para estos
objetivos. El complejo de Edipo no se daba en todos los niños. Cuando tenía
lugar, era el resultado de un mimo excesivo por parte de la madre, y no
constituía tanto una atracción sexual hacia ésta como una lucha de poder en la
que el niño intentaba estar por encima del padre; en caso de que el exceso de
mimo fuera por parte del padre, el niño tendría más preferencia por él. El niño
malcriado era precoz desde el punto de vista sexual porque no había aprendido a
negarse nada a sí mismo. El placer sexual que el niño asociaba a su madre era
secundario a la satisfacción que sentía por el hecho de dominarla. Adler creía
que Freud se había fijado en el niño mimado, había elaborado la dinámica
inconsciente de su lucha por la gratificación sexual y había creído que esta
dinámica era universal. Pero la lucha por la gratificación sexual sólo era una
de las muchas variedades de lucha, y no constituía la motivación central de
todas las personalidades.
Adler
introdujo el término «complejo de inferioridad». En la lucha por la
supervivencia y el poder, el niño puede experimentar sentimientos muy profundos
de inadecuación e inferioridad. Dichos sentimientos pueden provenir de una
«inferioridad orgánica» o bien ser consecuencia de una falta de cariño o de una
tendencia a ridiculizar los sentimientos del niño por parte de los padres. (El
origen de la idea de «inferioridad orgánica» de Adler era evidente: a los dos
años
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padeció
raquitismo, y después estuvo enfermo durante un tiempo.) Una reacción a estos
sentimientos de inferioridad podían ser unas fantasías de superioridad
exaltadas e idealistas.
Adler creía
que la forma de adaptación de un individuo a la vida, el «prototipo», quedaba
establecida básicamente a la edad de cuatro años, y era difícil que cambiara
después. No obstante, el objetivo de la «terapia individual» de Adler era
ayudar en esta adaptación a la vida, analizando los sentimientos de
inferioridad y fomentando la valentía. Con esta finalidad analizaba los
recuerdos de la infancia. Creía que los sueños eran un reflejo de lo que
ocurría en la vida del sujeto cuando estaba despierto, y que ponían de
manifiesto los problemas del individuo y los intentos de éste por adaptarse a
la «situación vital». Al igual que Freud, Adler encontró resistencia y
transferencia en todos sus pacientes, pero lo consideraba esto como un
obstáculo para el tratamiento, que debía erradicarse. Adler subrayó también
otro aspecto de la adaptación, la capacidad del individuo para relacionarse con
la comunidad. Más adelante veremos que las ideas de Adler vuelven a aparecer en
las teorías psicoanalistas neofreudianas de los años 30 y 40, y que los
psicoanalistas freudianos, a través de la psicología del yo, fueron a parar a
las mismas ideas.
El trabajo
de Adler puede haber contribuido a una nueva interpretación de la personalidad
humana, pero para nuestro propósito de establecer un cuerpo de observaciones
psicológicas que podamos considerar válidas, sus conclusiones no añaden mucho a
lo que hemos dicho hasta ahora. Los conceptos de recuerdos
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inconscientes,
complejo de Edipo, resistencia (represión) y transferencia ya han sido
comentados antes.
La
siguiente deserción, que causó un gran disgusto a Freud, fue la de Jung, y la
razón fue de nuevo una discrepancia en la interpretación, que se transformó en
una enemistad personal. Jung, entonces presidente de la Asociación
Psicoanalítica Internacional, formulaba sus propias teorías y se mostraba en
contra de la sexualidad infantil. A modo de ejemplo, Jung reducía el papel
sexual del complejo de Edipo al de una demanda del cariño de la madre y del
padre. El 14 de noviembre de 1912, cuando Jung acababa de regresar de un
segundo viaje a Estados Unidos, donde había expuesto sus puntos de vista, Freud
le escribía:
Querido
doctor Jung (toda la correspondencia anterior venía encabezada por «Querido
amigo»):
No le
saludo ya a su vuelta de América tan cariñosamente como la última vez en
Nuremberg —usted ha logrado hacerme perder esa costumbre—, pero sí con
considerable simpatía, interés y satisfacción por su éxito personal. Muchas
gracias por sus novedades acerca del estado de cosas en América. Sin embargo,
sabemos que la lucha no se decidirá allí. Con sus modificaciones ha disminuido
usted mucho la oposición, pero eso no debería inscribirlo en su lista de
méritos, pues usted sabe que cuanto más se aleje de las novedades
psicoanalíticas, tanto más seguro estará usted del aplauso, y menos
resistencias encontrará.
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La
respuesta de Jung fue:
15 de
noviembre de 1912
Querido
profesor Freud (su encabezamiento habitual):
Su carta de
hoy despierta en mí una actitud (psicoanalítica), que en el momento actual
parece ser la única correcta. Mantendré mi orientación sin dejarme intimidar.
Más tarde
hubo un encuentro con un intento de reconciliación, y luego varias cartas, en
las que Jung insistía aún más en lo que él consideraba falta de apreciación de
sus logros por parte de Freud, y sus esfuerzos por mantener el control. En una
carta del 18 de diciembre de 1912, Jung se mostraba virulento en su ataque a
Freud:
18 de
diciembre de 1912
Querido
profesor Freud:
¿Me permite
decirle unas palabras en serio? Reconozco la ambivalencia de mis sentimientos
hacia usted, pero tiendo a considerar la situación de un modo honrado y
absolutamente decente. Si duda usted de ello, es culpa suya. Pero querría
señalarle que su técnica de tratar a sus alumnos como a sus pacientes
constituye un error. Con ello crea usted hijos esclavizados o descarados fatuos
(Adler-Stekel y toda la desvergonzada banda que se extiende por Viena). Soy lo
bastante objetivo como para advertir su truco. Va usted husmeando todas las
acciones sintomáticas en su entorno, y así rebaja usted a cuantos le rodean al
nivel de hijos e hijas que admiten ruborizados sus faltas. Mientras tanto
permanece usted siempre allí, en lo alto, como un
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padre.
Debido a esta subordinación nadie alcanza a tirar al profeta de las barbas e
informarse acerca de qué es lo que le dice usted a un paciente que tiene la
tendencia a analizar al analista en lugar de a sí mismo. Sin duda usted le
pregunta: «¿Quién tiene en realidad la neurosis?» Ya sabe usted hasta dónde
puede llegar un paciente auto-analizándose: no sale de su neurosis —igual que
usted— Cuando usted se haya liberado completamente de sus complejos y deje de
jugar a ser padre con sus discípulos, y en lugar de señalar continuamente sus
puntos débiles preste alguna vez atención a los suyos propios, entonces actuaré
en consecuencia... Seguiré estando públicamente a su lado, aunque manteniendo
mis propias opiniones, pero privadamente le diré en mis cartas lo que realmente
pienso de usted. Este camino me parece el más honrado. Sin duda se
escandalizará usted por tan extraña muestra de amistad, pero quizá le sea
provechosa.
Con mis
mejores saludos, suyo muy affmo.
La
respuesta de Freud fue la última carta que escribió a Jung:
Viena, 3 de
enero de 1913
Querido Sr.
Presidente.
Querido
doctor:
...De su
carta anterior tan sólo puedo contestar detenidamente a un punto. Su opinión de
que trato a mis discípulos como si fuesen pacientes es probadamente
201
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inexacta.
En Viena me reprochan justamente lo contrario... Por lo demás, su carta no es
para ser contestada. Crea una situación que depararía ya dificultades en la
comunicación verbal, y que por vía epistolar es completamente insoluble.
Nosotros, los psicoanalistas, estamos de acuerdo en que nadie debe avergonzarse
de su parte de neurosis. Mas aquél que grita incesantemente que es normal,
mientras muestra un comportamiento anómalo, despierta la sospecha de que no es
consciente de su enfermedad. Le propongo, por tanto, que cesen por completo
nuestras relaciones privadas. Yo no pierdo nada con ello, ya que desde el punto
de vista afectivo hace tiempo que tan sólo me une a usted un débil hilo —a
consecuencia de anteriores decepciones—, y usted tan sólo puede salir ganando,
a juzgar por lo que afirmó en Múnich de que una relación íntima con alguien
inhibe su libertad científica. Quede usted por tanto en completa libertad, y
ahórrese sus supuestas «muestras de amistad». Estamos de acuerdo en que el
hombre ha de subordinar sus sentimientos personales a los intereses generales,
dentro de su ámbito. Así pues, jamás tendrá usted motivo para quejarse de falta
de corrección por mi parte en nuestra tarea científica; puedo afirmar que tan
pocos motivos tendrá de ahora en adelante como hasta ahora. Por otra parte,
creo poder esperar lo mismo de usted. Le saluda, suyo affmo.
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Después de
una serie de maniobras políticas, en abril de 1914 Jung dimitió de la
Asociación Internacional, se llevó consigo a los miembros de Zurich y fundó una
nueva escuela de psicología analítica.
En su
revisión de la teoría de Freud a distintos niveles, Jung, sin negar el papel de
la sexualidad infantil, la clasificaba como uno más de los impulsos instintivos
del recién nacido. Así, en una conferencia pronunciada en la Fordham University
de Nueva York en 1912, Jung negó el elemento fundamental de la teoría de Freud
de que toda la gratificación infantil es de tipo sexual:
Freud
apunta a la inequívoca excitación y satisfacción del niño cuando succiona, y
compara este mecanismo emocional con los del acto sexual. Tal comparación le
lleva a suponer que el acto de succionar tiene una calidad sexual... Pero si
para Freud la calidad sexual del acto de succionar deriva de la analogía de los
mecanismos emocionales, entonces la experiencia biológica también justificaría
una terminología que calificara el acto sexual como una función de nutrición.
Esto sería extralimitarse en ambas direcciones.
Jung se
apresuraba a puntualizar que Freud no consideraba el acto de succionar
únicamente como una manifestación del instinto sexual, sino como una especie de
combinación de los instintos nutritivos y sexuales, y que de hecho en el adulto
puede darse la existencia de hambre y apetencia sexual a la vez. Y continuaba:
Nos
engañamos a nosotros mismos si pensamos que estos dos instintos coexisten en el
niño, ya que en este caso
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estamos
proyectando en la mente de éste una observación extraída de la psicología de
los adultos. La coexistencia o la manifestación separada de ambos instintos no
se encuentra en el niño, ya que uno de los sistemas instintivos no está
desarrollado en absoluto, o en todo caso es muy rudimentario. Si adoptamos la
actitud de que cualquier esfuerzo por obtener placer es algo sexual, también
podríamos decir, paradójicamente, que el hambre es un esfuerzo sexual, ya que
busca el placer por medio de la satisfacción. Pero si jugamos con conceptos
como éste, deberíamos permitir a nuestros adversarios que aplicaran la
terminología del hambre a la sexualidad.
Más tarde,
en un comentario en el que se muestra francamente condescendiente con Freud:
Este tipo
de parcialidad aparece una y otra vez en la ciencia. No lo digo como un
reproche: al contrario, debemos alegramos de que haya personas con la
suficiente valentía como para no ser moderados y mostrarse parciales. A esta
gente debemos nuestros descubrimientos. Lo lamentable es que cada uno tenga que
defender su parcialidad de forma tan apasionada. Las teorías científicas en sí
mismas son meras sugerencias de cómo las cosas pueden ser observadas.
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Como ya se
ha dicho, Jung minimizaba el complejo de Edipo, sobre todo en su contenido
sexual. Así:
La
expresión «complejo de Edipo» no quiere decir, naturalmente, que se conciba el
conflicto en su forma adulta (como en el mito griego), sino a escala reducida,
adaptado a la infancia. En realidad, todo lo que significa es que las demandas
infantiles de amor van dirigidas a la madre y al padre, y que podemos hablar de
complejo de Edipo en la medida en que estas demandas han alcanzado ya un cierto
grado de intensidad y el objeto escogido es defendido celosamente.
Jung creía
que había pacientes cuya organización psicológica derivaba efectivamente de un
gran deseo de gratificación instintiva, y otros cuya estructura psicológica
quedaba mejor descrita en función de lo que Adler llamaba deseo de poder. En su
opinión, Freud y Adler habían llegado a sus respectivas teorías porque éstas
describían la mente de cada uno de ellos: Freud, primogénito adorado de una
madre joven y hermosa, había desarrollado unos fuertes sentimientos edípicos, y
por ello era sensible a este tipo de sentimientos en sus pacientes; en cambio
Adler, que había sufrido raquitismo de niño, estaba sensibilizado por las
cuestiones de la inferioridad y el poder. Jung difería notablemente de Freud en
sus puntos de vista sobre la neurosis. Como hemos visto, Freud estudió con
detalle los conflictos de Edipo no resueltos que conducían a la neurosis.
Sostenía que el conflicto edípico era universal, pero reconocía que sólo en
algunos
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individuos
provocaba neurosis. Freud atribuía la tendencia a la neurosis (especialmente en
la histeria) a una predisposición inherente. Jung, al enfrentarse con esta
misma cuestión en su propia práctica, consideró la neurosis como una
deficiencia psicológica casi absolutamente innata. Así:
La razón
última y más profunda de la neurosis parece ser una sensibilidad innata, que
ocasiona dificultades incluso al niño en el seno de su madre, en forma de
excitación y resistencia innecesarias.
Jung creía
que los neuróticos poseían una hipersensibilidad innata, que les llevaba a huir
de la realidad y efectuar una regresión a la fantasía. Como resultado, en el
neurótico, el material inconsciente presente en todos (y que por lo común
condiciona determinados rasgos de la personalidad), llegaba a dominar por
completo la mente. En este punto las ideas de Jung se apartaban de la
psicología y la medicina para entrar en el campo de la filosofía y la religión.
Además de las fuerzas psicológicas, Jung postulaba que en el psiquismo había
algo más profundo, el espíritu:
No dudo de
que los instintos e impulsos naturales constituyen fuerzas de propulsión en la
vida psíquica, llámeselas sexualidad o deseo de poder; pero tampoco dudo de que
estos instintos entran en colisión con el espíritu, pues continuamente están
chocando con algo y ¿por qué no podemos llamar a este algo espíritu? Por tanto,
mi actitud hacia las religiones es positiva.
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En esta
formulación final, Jung proponía una teoría de la psique rayana en lo místico.
Según él, una mentalidad colectiva que se remontaba a los seres humanos
primitivos constituiría el estrato más profundo de la mente de cada individuo.
Dentro de esta mentalidad colectiva, y por tanto dentro de la mente de cada
individuo, habría arquetipos de Dios, de la figura femenina (que estaba tanto
en la mente de los varones como en la de las mujeres, y que daba lugar a la
parte femenina en la naturaleza de todo hombre), de la figura masculina (el
viejo sabio) y de la madre. La universalidad de os mitos en las diferentes
culturas se explicaba porque a lo largo de la historia en la mente de todos los
hombres se repetían los mismos arquetipos. Jung llegó a decir que ciertas ideas
básicas de la física, como la conservación de la energía, eran arquetipos que
necesitaban sólo unas determinadas condiciones para aparecer. Según Jung, estas
condiciones se dieron en el caso de Robert Mayer, un físico que en 1884 anunció
por primera vez la teoría de la conservación de la energía.
¿Cómo se
originó esta mentalidad colectiva, y cómo se transmitió de una generación a
otra? Jung no dijo cómo se originó, pero pensaba que una especie de evolución
lamarckista podía ser la responsable de la transmisión de las ideas.
El método
terapéutico de Jung giraba alrededor de su teoría. El paciente se sentaba
frente al analista, al igual que en el caso de Adler. Se utilizaban en gran
medida los sueños, pero no la asociación libre; más bien se pedía al paciente
que se situara en el sueño, y que
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explicara
los posibles significados de las imágenes del mismo. A medida que el individuo
iba expresando sus pensamientos sobre el sueño se procedía a varias etapas de
análisis. En la última etapa probablemente se llegaba a desenterrar las figuras
arquetípicas del paciente. Frente a este planteamiento teórico para desvelar la
mente del paciente, Jung, un excelente terapeuta, tenía fama de no seguir este
método, y de tratar a cada paciente de modo diferente. Su enfoque más corriente
era hacer que el paciente se diera cuenta de su situación actual, y que
aplicara a su vida práctica lo descubierto a través de la terapia. Se puede
suponer, que Jung alentaba también en sus pacientes la importancia de los
valores espirituales.
En los
aspectos fundamentales, la obra de Jung no modifica nuestra lista de fenómenos
psicológicos ya observados por Freud. Jung, al igual que Freud, observó en sus
pacientes procesos mentales inconscientes y represión, y coincidía con él
respecto a la importancia de los símbolos en los sueños. También manifestó que
había hallado transferencias en todos los pacientes que había tratado. Desde
luego, las interpretaciones de Jung eran distintas de las de Freud. Jung creía
que la transferencia era un fenómeno destructivo que degradaba al paciente, y
que podía ser muy peligroso para el psicoterapeuta debido a la supervaloración
que el paciente hacía de él. (Jung fue el primero en dar importancia a la
necesidad de que un analista se sometiera él mismo a análisis antes de tratar a
sus pacientes.) Jung creía también que los sueños representaban mucho más que
la satisfacción de los deseos. En la última parte de este libro tendremos
ocasión de volver a las teorías de Jung sobre los sueños. Finalmente,
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la crítica
de Jung a las teorías de Freud sobre la sexualidad infantil fue muy
contundente, y su cambio de enfoque en la etiología de la neurosis significó un
serio rechazo del punto de vista de Freud.
¿De dónde
salieron las fantasiosas ideas de Jung sobre las figuras arquetípicas y el
inconsciente colectivo, conceptos que apenas pueden tomarse en serio hoy día?
Todo parece indicar que provenían de la propia mente de Jung. En su
autobiografía se destacan su temprana preocupación por las cuestiones
religiosas, y la aparición en sus sueños infantiles de imágenes que pueden ser
fácilmente interpretadas como arquetipos. Podemos, pues, decir que Jung se unió
a Freud y a Adler para formular su teoría del inconsciente y ordenar así el
material que encontró en su propia mente.
Jung
dimitió como presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional en 1914,
y Freud recuperó el control de la organización. En ese mismo año estalló la I
Guerra Mundial. Por entonces, el psicoanálisis constituía sólo una parte
minoritaria de la psiquiatría, y era rechazado por la mayoría de la comunidad
médica. La guerra supuso un cambio de status para el psicoanálisis. Las
terribles tensiones psíquicas que padecían los combatientes hicieron que fuera
cada vez mayor el número de hombres que caían enfermos de neurosis. Aparecieron
numerosas parálisis histéricas, fobias y obsesiones, así como sueños
recurrentes sobre experiencias de combate traumáticas. Para tratar estos casos,
en los hospitales militares entraron neurólogos y psiquiatras, que vieron que
la única teoría aplicable era la psicoanalítica, y que el psicoanálisis era el
único tratamiento con posibilidades de éxito.
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Debido a
las condiciones de la guerra, sólo un pequeño número de pacientes eran
psicoanalizados, pero en los grandes hospitales militares, al igual que en
Burghölzli, las ideas de Freud se convirtieron en un punto central de
discusión. El resultado de ello fue la aceptación de la importancia de los
procesos mentales inconscientes, tanto por parte de los profesionales en
medicina como de los no profesionales. Después de la guerra, el status del
psicoanálisis mejoró de manera considerable, especialmente en Estados Unidos.
Abraham Brill y Ernest Jones habían fundado la Asociación Psicoanalítica de
Nueva York en 1911, y el mismo año Jones fundó la Asociación Psicoanalítica
Americana, para analistas de otras ciudades de Estados Unidos. Poco después de
la guerra, un nuevo grupo de psiquiatras americanos fueron a Viena para ser
analizados por Freud. Entre ellos se encontraba Abram Kardiner, a quien ya
hemos mencionado antes. Todos estos analistas regresaron luego a Estados Unidos
para empezar a trabajar allí.
Como no
existía ningún otro tipo de tratamiento para la neurosis, los pacientes acudían
al psicoanálisis. Se desencadenaron muchas polémicas en los círculos médicos y
en la prensa, hasta que a finales de la década de 1920 las ideas freudianas
empezaron a dominar la psiquiatría americana. Morton Prince (que había tratado
a miss Beauchamp por personalidad múltiple), al describir esta época, escribió:
La
psicología freudiana inundaba el campo como una marea alta, y el resto de
nosotros quedó sumergido como almejas enterradas en la arena en la marea baja.
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En este
punto interrumpo la historia del psicoanálisis para describir un aspecto del
mismo que no hemos considerado todavía: la manera como se llevaba a cabo la
terapia psicoanalítica. Un ejemplo de cómo realizaba el psicoanálisis el propio
Freud nos lo proporcionó Kardiner, quien en 1976 describió su análisis con
Freud. Era el año 1921, y Freud se hallaba analizando a varios jóvenes
extranjeros, entre los que se encontraba Kardiner. Este trabajo era muy
satisfactorio desde el punto de vista económico, ya que le pagaban sus
honorarios en moneda fuerte en un momento de gran inflación en Viena. Kardiner
no sufría ningún tipo de neurosis ni trastorno psicológico. Deseaba ser
analizado para aprender, y para desvelar las bases inconscientes de ciertos
sentimientos y características de su personalidad que deseaba cambiar.
Kardiner, que contaba entonces treinta años, había crecido en el seno de una
familia muy pobre en la parte baja del East Side de Nueva York. A los tres años
había perdido a su madre, y a los tres años y medio había tenido una madrastra
hermosa y seductora; en su juventud había atravesado una etapa de vergüenza por
ser judío, así como una época de ansiedad y mal rendimiento escolar. Pero había
sabido superar estos problemas, y tras su paso por la facultad de Medicina
ahora era psiquiatra. Sentía una gran atracción sexual por las mujeres (durante
el análisis soñó que tenía relaciones sexuales con su madrastra), y su
principal preocupación era un sentimiento que arrastraba desde niño: el de no
ser nadie y no tener la suficiente agresividad para envidiar a otros, incluso
cuando dicha envidia podría ser natural.
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El análisis
de Kardiner duró seis meses, a razón de cinco sesiones por semana. Freud tomó
parte muy activa en la interpretación de los sueños y las asociaciones libres
de Kardiner, y, según éste, estuvo brillante. (En cierto momento Freud logró
descubrir, a partir de un sueño, la causa de una fobia a las máscaras que
Kardiner había adquirido en su infancia; dicha fobia estaba relacionada con el
hecho de haber visto a su madre muerta cuando tenía tres años.) Freud hablaba
en términos directos y no utilizaba formulaciones teóricas abstractas. Todo
este material psicoanalítico provenía de los sueños, de los recuerdos y de los
hechos que exponía Kardiner. En el curso de este análisis, Freud creyó
descubrir en Kardiner un complejo de Edipo y una homosexualidad inconsciente.
Kardiner aceptó la interpretación de su complejo de Edipo, pero no la de su
homosexualidad, aunque gran parte de su análisis se dedicó a este asunto.
Comparando sus observaciones con las de otros psiquiatras que estaban siendo
analizados por Freud, Kardiner se dio cuenta de que el complejo de Edipo y la
homosexualidad inconsciente constituían una rutina en los análisis de todos los
pacientes. Kardiner comentó:
Una vez
localizados el complejo de Edipo y la homosexualidad inconsciente, ya no había
mucho que hacer. Freud zarandeaba al paciente y luego le dejaba que se
recompusiera como mejor pudiera. Si no lo hacía, Freud le daba un par de
pinchazos de vez en cuando para animarlo y para acelerar el asunto. En
realidad, Freud no sabía mucho sobre Durcharbeitung (elaboración), que
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posteriormente
ha pasado a ser la tarea esencial en el proceso terapéutico.
Cuando, en
1976, Kardiner escribía retrospectivamente, se sentía insatisfecho con su
análisis. Pensaba que no había cambiado para nada el aspecto de su personalidad
más importante para él:
La
perspectiva de Freud sobre el problema del desarrollo se veía limitada por la
importancia que daba a la homosexualidad inconsciente y al complejo de Edipo.
Podía haberme ayudado a mejorar mi autoafirmación, y ello, a poco que me
hubiese animado, hubiera sido fácil, ya que yo me sentía muy motivado.
Centrándose en el problema de la homosexualidad inconsciente hizo que mi
atención se desviara a un problema inexistente y se alejara de lo auténtico.
En el
análisis de Kardiner se plantean todas las cuestiones básicas de la técnica
psicoanalítica. ¿Qué cantidad de sueños debe analizarse?; ¿qué cantidad de
asociaciones libres?; ¿quién interpreta el material inconsciente, el analista o
el paciente, y hasta qué punto?; y, finalmente, ¿en qué circunstancias la
comprensión de los propios problemas lleva a cambiar la personalidad?
Freud
desarrolló el psicoanálisis como un tratamiento para las neurosis y, como
veremos más adelante en este capítulo, ni en sus propias manos puede decirse
que tuviera demasiado éxito. El tipo de pacientes de Freud cambió con el
tiempo. Cada vez analizaba más a
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personas
como Kardiner, que no padecían las clásicas neurosis. Al mismo tiempo, parecía
que cambiaba el tipo de neurosis. La incidencia de la histeria descendió
notablemente, y las neurosis obsesivas eran cada vez más resistentes al
tratamiento. Para Freud, la resolución incompleta del complejo de Edipo
desembocaba en conflictos sexuales y neurosis, y el psicoanálisis podía curar
sacando a la luz estos conflictos. Pero los psicoanalistas posteriores se
dieron cuenta de que los conflictos edípicos, así como otros conflictos, tales
como el miedo infantil a ser abandonado (el temor a perder la seguridad, como
lo expresó Adler), podían no abocar en neurosis claras, y constituían el
substrato de la personalidad global. Los psicoanálisis pasaron a ser más prolongados,
y ya no duraban seis meses, sino seis años o más, como es habitual hoy día.
Después de desvelar el material inconsciente (lo cual parecía cada vez más
difícil) venía la parte más importante del análisis, la elaboración. Esto
implicaba utilizar la relación de transferencia en la que el sujeto sentía y
vivía sus conflictos, sustituyendo al analista por otras personas importantes
de las primeras épocas de su vida. El objeto de la elaboración era que el
sujeto llegara a cambiar la personalidad del modo deseado después de comprender
sus ideas y motivaciones inconscientes.
Los
psicoanálisis freudianos se realizan hoy día analizando cómo se ha desarrollado
el carácter del paciente y cómo se adapta su ego (como lo definió Freud) a sus
«tres severos amos»: el ello, el superyó y el mundo real. En los años 40, los
seguidores de Freud —entre ellos
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Ana Freud,
Erik Erikson y Heinz Hartmann15— desarrollaron una teoría de la psicología del
ego. Erik Erikson, al presentar su concepto de la psicología del ego, analizó
de nuevo el contenido manifiesto de los sueños, y dijo que dicho contenido no
era «una mera capa del núcleo» —el sueño latente—, sino que su manera de
representarse mostraba todas las defensas del ego, sus compromisos y sus
logros. En el caso del sueño de Irma de Freud, por ejemplo, Erikson veía tras
el deseo de Freud de verse disculpado por el estado de Irma una expresión de su
conciencia (sentimientos de culpa por no poder curar a Irma en la vida real),
de sus temores respecto a su capacidad y sus intentos de hacer frente a la
situación apelando a personas de más prestigio (Breuer bajo el disfraz del
doctor M.).
Volviendo a
la historia del psicoanálisis, los hechos que precipitaron la II Guerra Mundial
aceleraron el desplazamiento del centro geográfico del psicoanálisis, que pasó
de Europa Central a Inglaterra y Estados Unidos. El mismo Freud salió de Viena
para ir a Inglaterra en 1938, un año antes de su muerte. En Estados Unidos el
psicoanálisis pasó a ser un tema de dominio público, no sólo por la asimilación
de los conceptos psicoanalíticos en el arte y los medios de comunicación
(debido al atractivo natural que tales conceptos tiene para la imaginación),
sino también por la aparición de nuevas teorías sobre la mente por parte de los
denominados analistas neofreudianos, como Karen Homey, Erich Fromm o Harry
Stack
15 Para una
exposición más completa sobre la psicología del yo, ver Anna Freud, The Ego and
the Mechanisms of Defense (New York: International Universities Press, 1946),
Erik H. Erikson, Childhood and Society (New York: W. W. Norton and Company,
1950) y Heinz Hartmann, Ego Psychology and the Problem of Adaptation (New York:
International Universities Press, 1958).
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Sullivan.
Las teorías de los neofreudianos se dirigieron hacia los factores que influían
en el desarrollo de la personalidad. Estos analistas continuaron utilizando la
terminología freudiana, pero sus explicaciones se acercaban más a las de Adler,
pues consideraban que los determinantes más importantes de la personalidad eran
la necesidad de seguridad y afecto del niño, la lucha por el poder y el efecto
de las relaciones entre la gente, así como la influencia de la sociedad en el
individuo. En la terapia psicoanalítica, la teoría se convirtió en algo casi
irrelevante. El tratamiento dependía de la habilidad del terapeuta y de su
estructura formal: podía llevarse a cabo un psicoanálisis completo, con el
paciente echado en el sofá, con análisis de sueños y asociaciones libres, o
bien podía realizarse un tipo de terapia menos rígida, a base de conversación.
El trabajo
de estos analistas posteriores tendía a confirmar que la estructura del yo, con
muchas de sus características determinadas por fuerzas inconscientes, quedaba
establecida ya en la primera infancia. En cuanto a la identificación de
fenómenos tales como la transferencia, la represión o el complejo de Edipo, no
se introdujo ningún concepto nuevo. Los neofreudianos encontraron transferencia
y represión en sus pacientes. El complejo de Edipo fue identificado en algunos
pacientes, pero se interpretaba partiendo de una base distinta de la sexualidad
infantil.
En los años
50, el psicoanálisis se había convertido en la escuela más importante de la
psiquiatría americana. Era prácticamente la única teoría general sobre el
psiquismo, y suscitaba grandes esperanzas como instrumento terapéutico. Pero a
partir de los años 60 empezó a
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producirse
una transformación, hasta el punto de que hoy día el psicoanálisis es sólo una
disciplina más dentro de la psiquiatría, con sus aplicaciones y objetivos
propios. Para comprender esta transformación, expondré ahora el punto de vista
de los críticos del psicoanálisis.
Los
críticos de la teoría del psicoanálisis propugnan que ésta no es científica, y
que su terapia es en gran medida ineficaz. Por diversas vías llegan a la
conclusión de que, si bien los procesos mentales inconscientes pueden afectar a
las motivaciones y las acciones humanas, el comportamiento del hombre viene
determinado por el pensamiento consciente y la voluntad.
Al evaluar
la naturaleza científica de la teoría freudiana, hay que hacer constar ante
todo que Freud desarrolló su teoría en varias etapas. A la vista de la
dificultad de establecer definiciones precisas en psicología, algunas de las
formulaciones de Freud en La interpretación de los sueños no dejaban de ser
razonables. Hoy día se acepta por lo general que las personas poseen un
inconsciente — es decir, que hay recuerdos y pensamientos que no están
disponibles para la conciencia— Por otro lado, es evidente que los sueños
tienen una estructura distorsionada si los comparamos con los pensamientos en
estado de vigilia, y Freud formuló diversas hipótesis sobre los mecanismos que
explican esta distorsión (condensación, traslación, representabilidad y
simbolismo). La represión es un concepto comprensible (también llegó a él por
su cuenta Jung, mediante los testes de asociación de palabras), aunque queda
por resolver la cuestión de si resulta operativa para mantener los
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impulsos
instintivos alejados de la conciencia en los sueños. No obstante, cuando se
aplicó a la interpretación de los sueños, la teoría de Freud fue más difícil de
situar. Como hemos visto, proponía que los sueños eran satisfacciones de
deseos. Si todos los sueños hubiesen entrado en esta categoría su hipótesis
hubiera podido resultar persuasiva. Pero cuando Freud intentó explicar sueños
que eran claramente castigados o ansiedades como satisfacción de deseos, a base
de aportar conceptos tales como los deseos del superyó y el instinto de la
muerte, se perdió la lógica de su argumento. No había modo de definir
adecuadamente o de probar la existencia de estas entidades, y daba la impresión
de que Freud hacía esfuerzos por mantener una explicación unitaria y simple,
como lo había hecho con anterioridad cuando insistía en que la base de la
histeria era, sin excepción, la sexualidad infantil. Además, se presentaron
problemas en la interpretación de algunos sueños. El sueño edípico de matar al
padre y poseer sexualmente a la madre fue interpretado por Freud como un drama
sexual, mientras que Adler lo consideraba como una lucha por el poder, y no
había modo de determinar cuál de las dos interpretaciones era la correcta.
A medida
que Freud iba añadiendo ideas a su teoría psicoanalítica, ésta se iba haciendo
cada vez más confusa. Las ideas teóricas de Freud continuaban ampliándose, y
pronto la teoría psicoanalítica llegó a ser acientífica en el sentido más
básico del término, pues se hizo tan amplia que podía dar una explicación a
todo hecho psicológico, cualquiera que fuera. En consecuencia, la teoría no
podía refutarse mediante ninguna observación psicológica, y por tanto era
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indemostrable.
Por ejemplo, en 1926 Freud introdujo el concepto de «formación reactiva» para
describir un mecanismo de defensa del yo por medio del cual éste podía
reaccionar de dos modos opuestos ante un impulso inconsciente procedente del
ello. Por ejemplo, los sentimientos inconscientes de envidia y celos de una
hija hacia su madre podían producir una conducta hostil; pero, por otra parte,
podía darse una reacción inconsciente del yo contra estos sentimientos, y
entonces la hija actuaría con exagerada ternura y devoción hacia su madre. Si
el analista encontraba dicha hostilidad inconsciente en el material de los
sueños (el complejo de Electra, una contrapartida femenina del complejo de
Edipo), y observaba un comportamiento hostil hacia la madre en la vida real,
podía concluir que los pensamientos inconscientes producían ese comportamiento.
(El analista pronosticaría que el comportamiento hostil era el resultado del
material inconsciente, y la teoría psicoanalítica quedaría confirmada.) Pero si
observaba ternura o un comportamiento amable, podía decir que se trataba de una
formación reactiva, y de nuevo la teoría quedaría confirmada16. La suposición
podría tal vez reflejar el verdadero estado de las cosas, pero no habría modo
de probarlo. Tal como lo expuso Ernest Nagel, un filósofo de la ciencia:
Uno puede
por tanto pensar si en la teoría de Freud hay afirmaciones que son ejemplos de
deducciones correctas, o si esta teoría tiene la característica de que una
afirmación
16 Este era
el caso en psicohistoria, la interpretación psicoanalítica de la vida de
personajes públicos. Personajes que podían estar muertos o. aunque estuvieran
vivos, eran psicoanalizados sin haber facilitado ellos directamente el material
psicoanalítico necesario.
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puede ser
demostrable como teorema sólo si se la acepta antes como postulado... Hay
suficientes razones para suponer que la teoría freudiana puede manipularse
tanto que escapa a cualquier refutación, por más que los hechos estén bien
establecidos.
El filósofo
Karl Popper manifestó puntos de vista similares al hablar de las teorías de
Freud y de Adler:
Estas dos
teorías psicoanalíticas eran simplemente indemostrables, irrefutables. No se
podía imaginar ningún comportamiento humano que pudiera contradecirlas. Ello no
quiere decir que Freud y Adler no enfocaran algunas cosas correctamente —yo,
personalmente, no dudo de que gran parte de lo que ellos dicen es de gran
importancia y que algún día puede desempeñar un gran papel en una psicología
verificable—; sucede que aquellas observaciones clínicas que los analistas
ingenuamente creen que confirman su teoría no lo hacen más que las
confirmaciones diarias que los astrólogos encuentran en su práctica. Y. así, a
la épica de Freud del yo, el superyó y el ello no se le puede atribuir un
status científico superior al de las historias de Homero sobre el Olimpo. Contienen
sugerencias psicológicas muy interesantes, pero que no pueden verificarse.
El
psicoanálisis no es una ciencia, y pocos analistas lo considerarían hoy día
como tal; como veremos, su práctica puede ser considerada
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como un
arte. A lo largo del tiempo no ha progresado a través de una constante
verificación de sus hipótesis, como le sucede a la mayoría de las ciencias más
avanzadas. Pero en defensa del psicoanálisis hay que decir que esto
difícilmente puede significar una condena del mismo. Sería sorprendente que el
psicoanálisis, que trata del pensamiento y el comportamiento humano en toda su
complejidad, hubiera alcanzado el nivel de las ciencias físicas, cuyos
elementos pueden ser observados y experimentados aisladamente. Lo que ocurre es
que el psicoanálisis está en una primera etapa, por la que todas las ciencias
han pasado, en la que se recogen observaciones y se buscan conexiones con otros
campos del conocimiento que están en relación con ellas.
En el
psicoanálisis, la recogida de observaciones reviste unas características
especiales. Consiste en elementos tales como sueños, asociaciones libres o
reacciones durante la relación de transferencia, hechos todos ellos
relacionados entre sí y que convergen para constituir un sistema coherente que
convence al analista y al naciente. Por ejemplo, la formación reactiva puede
ser una especulación no carente de base. Un paciente puede soñar directamente
que odia a su madre y decidir en el sueño actuar dócilmente con ella, por
miedo. O una hija cariñosa puede expresar odio hacia su madre en una explosión
incontrolada durante una sesión de análisis. La utilización a la ligera de la
formación reactiva, el complejo de Edipo y otros conceptos derivados del psicoanálisis
para explicar el comportamiento de un individuo puede ser poco más que un juego
de salón, pero eso no equivale a decir que estas
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constelaciones
de pensamientos y motivaciones no hayan sido revelados por los pacientes en las
sesiones de psicoanálisis. La dificultad con estos datos del psicoanálisis
estriba en extraerlos de forma verificable en las sesiones psicoanalíticas
donde aparecen, debido a que el objetivo de éstas es principalmente terapéutico
y no experimental.
A pesar de
estos problemas, tal como he anotado, algunos conceptos psicoanalíticos han
sido referidos gran número de veces, y están lo bastante bien definidos como
para incluirlos en nuestros datos psicológicos para una posterior comparación
con la fisiología cerebral. Estos conceptos son: la distorsión de los sueños,
la represión y la transferencia.
Muchos
psicoanalistas convencidos por su práctica clínica de la realidad y la potencia
de las fuerzas mentales inconscientes han comprendido muy bien los problemas de
la teoría psicoanalítica y se han comportado de una forma abiertamente crítica
respecto a ella, intentando asentarla sobre bases más firmes. Así, el
psicoanalista Emanuel Peterfreund afirma:
El
psicoanálisis contiene innumerables generalizaciones empíricas clínicas que son
básicamente válidas. Tales generalizaciones representan los hechos clínicos de
observación y la relación entre ellos... pero debido a su carácter básicamente
«hidrodinámico» (la teoría de la libido), su antropomorfismo primitivo (yo.
ello, superyó) y su divorcio conceptual de todo lo referente a la evolución, la
teoría psicoanalítica actual resulta muy limitada. No es posible
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desarrollar
una teoría del aprendizaje o una teoría del proceso psicoanalítico adecuadas, y
no se la puede conectar con sentido con la moderna neurofisiología.
La
investigación de Peterfreund trata de desarrollar una teoría de sistemas de
información para los datos clínicos del psicoanálisis. (La teoría de los
sistemas de información proviene de la informática y trata de la lógica del
manejo de la información y de la toma de decisiones.)
Otros
psicoanalistas han seguido líneas de investigación diferentes. En el área de la
investigación de los sueños, han reconocido que la teoría de la satisfacción de
un deseo no es adecuada, y han sugerido otras hipótesis, que se centran
especialmente en la idea de que los sueños están relacionados con la adaptación
o solución a problemas centrales de la vida actual del individuo. Estos
analistas llegan a la conclusión de que algunos sueños son realmente las
soluciones deseadas para estos problemas, mientras que otros son una búsqueda
de dicha solución o una respuesta de adaptación basada en la experiencia que el
individuo que sueña ha ido adquiriendo desde su infancia.
Se ha
intentado probar algunas de las conclusiones generales de la teoría freudiana,
como por ejemplo la idea de que la homosexualidad masculina es el resultado de
miedos inconscientes que provienen del complejo de Edipo. Una constelación
familiar en la que exista una madre dominante y seductora y un padre débil e
inhibido llevaría, según esta teoría, a la homosexualidad. Un amplio estudio
realizado
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en 1962 con
106 varones homosexuales y 100 heterosexuales (grupo control) que fueron
psicoanalizados, demostró que, si bien esta constelación familiar se daba en la
mayoría de los individuos homosexuales estudiados, había hombres heterosexuales
con antecedentes similares. Así pues, hay otros factores desconocidos que
determinan la homosexualidad.
Si bien no
se puede establecer una conexión causal entre los conflictos edípicos
inconscientes y la homosexualidad, algunos analistas que conocen los escollos
existentes en este terreno (como la sugestionabilidad del paciente y la
sobreinterpretación del analista) indican en sus publicaciones que este
material realmente aparece. Un individuo puede ser un homosexual «forzoso»,
propenso a buscar relaciones sexuales esporádicas, aunque esté conviviendo con
otro homosexual. Algunos homosexuales del sexo masculino sueñan directamente
que su padre les introduce el pene en el ano y, por la asociación libre, sin
que el terapeuta haga ninguna sugerencia ni interpretación, descubren que para
ellos esto significa obtener la fortaleza sexual de su padre. La necesidad de
esta gratificación les lleva a realizar actos homosexuales periódicos.
Los
psicoanalistas han recurrido también a observaciones sistemáticas para estudiar
la relación entre la madre y su hijo, y han definido varias etapas en el
desarrollo psicológico del niño17.
Por último,
en numerosos escritos psicoanalíticos y psiquiátricos recientes se sugiere que
tal vez hoy día nos encontramos ya en el
17 Richard
M. Jones, The New Psychology of Dreaming (New York: Gruñe and Stratton, 1970)
contiene un sumario muy completo de las teorías sobre los sueños.
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momento
adecuado para intentar enlazar las observaciones psicoanalíticas con las de la
fisiología cerebral y establecer así las bases del psicoanálisis como ciencia
experimental18. La hipótesis que expondré en los capítulos siguientes
constituye un intento en esa dirección.
Dejando a
un lado la teoría y volviendo a la terapia psicoanalítica, el mismo Freud no se
mostraba optimista respecto a la misma. Señaló que el psicoanálisis era
adecuado sobre todo para «pequeñas neurosis», y en sus obras presentó pocos
casos de éxito terapéutico. No obstante, debido al entusiasmo de los años 50, y
al no existir ningún otro tipo de terapia, el psicoanálisis fue utilizado en el
tratamiento de numerosas enfermedades psíquicas, como la esquizofrenia, la
psicosis maniacodepresiva y la depresión, prácticamente sin ningún resultado.
En los intentos de tratar otros trastornos, como la drogadicción o el
alcoholismo, la experiencia fue similar. También resultaron resistentes al
tratamiento las neurosis de importancia, como las neurosis obsesivas muy
arraigadas y los trastornos de tipo narcisista.
18 Se ha
hecho este tipo de intentos a lo largo de los años. Los esfuerzos se han visto
siempre limitados por el escaso conocimiento del funcionamiento físico del
cerebro. Freud abandonó su trabajo Un proyecto para una psicología científica
(Standard Edition, vol. I) cuando vio que la neurofisiología de su época no
proporcionaba la base adecuada para su teoría. El estado de la conexión
Cerebro-Mente fue resumido en 1953 por el psicoanalista Lawrence Kubie en «Some
Implications for Psychoanalysis of Modern Concepts of the Organization of the
Brain», que apareció en Psycoanalytic Quarterly, vol. XXII (1953), p. 21. En
esa época no había una síntesis coherente. Dos artículos recientes sugieren que
los conocimientos en neurociencia pueden haber avanzado a un punto en el que
puede explorarse fructíferamente la unión entre cerebro y mente. Uno de ellos
es una revisión sobre la investigación psicoanalítica, escrito por Peter
Fonagy, «The Integration of Psychoanalysis and Experimental Science», The
International Review of Psychoanalysis, 1982, vol. 9, p. 125. El otro es un
análisis sobre las posibles bases neurofisiológicas de la ansiedad, escrito por
Eric Kandel, «From Metapsychology to Molecular Biology: Explorations into the
Nature of Anxiety», The American Journal of Psychiatry, 1983, vol. 140: 10, p.
1277.
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Al mismo
tiempo empezaron a aparecer nuevos métodos de tratamiento psiquiátrico, el más
importante de los cuales fue la utilización de fármacos psicótropos, de los que
luego hablaremos con más detalle. También se desarrollaron otras formas de
terapia basadas en la conversación, más breves y menos caras que el
psicoanálisis, y técnicas como la modificación de la conducta, que demostró
cierta eficacia en neurosis leves, tales como las fobias. En vista del fracaso
terapéutico del psicoanálisis, los psiquiatras y otros profesionales de la
salud mental se inclinaron hacia estos nuevos métodos para ayudar a sus
pacientes.
En la
actualidad, la Asociación Psicoanalítica Americana cuenta con unos 2.000
psiquiatras, mientras que el número de miembros de la Asociación Americana de
Psiquiatría es de 32.000; hay también aproximadamente unos 2.000 psicólogos que
practican el psicoanálisis en Estados Unidos. Una gran parte de los pacientes
de los psicoanalistas son psiquiatras y otros profesionales de la salud mental,
que lo consideran como un medio de formación profesional. En 1972, una encuesta
realizada entre 140 psicoanalistas de la Costa Este dio como resultado que más
de la mitad de los pacientes trabajaban en el campo de la salud mental. La
misma encuesta demostró que un 32% de los pacientes eran ricos (un análisis de
seis años puede costar más de 70.000 dólares, y hay análisis que se prolongan
hasta diez o doce años). Algunos pacientes son tratados con honorarios más
bajos por analistas que están en período de formación. La mayoría de los
pacientes presentan, como Abram
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Kardiner,
lo que podría llamarse un nivel normal de problemas psicológicos.
El
psicoanálisis se aplica también en otros campos. Puede ser el tratamiento de
elección para problemas de trastornos de carácter si el paciente posee un yo
suficientemente fuerte. También se emplea para tratar neurosis, pero se
considera que muchos de los neuróticos de larga evolución tienen pocas
probabilidades de curarse con un psicoanálisis. Hay un pequeño grupo de
analistas especializados en la homosexualidad. En este caso, el objetivo del
tratamiento es ayudar al individuo a comprender y superar los conflictos
derivados de su homosexualidad, o bien provocar el cambio hacia la
heterosexualidad, aunque esto último no es tan frecuente.
¿Qué pasa
durante el psicoanálisis? Aparte del hecho de que el paciente permanece echado
en el sofá, lo demás puede variar mucho. La cantidad de asociaciones libres y
de interpretaciones de sueños, y el modo como se utiliza la transferencia
dependerá del analista. Así pues, la práctica analítica es en gran manera un
arte. Con frecuencia los matices son muy sutiles. ¿Se ha de tratar al paciente
con una cierta cordialidad (como lo hacía Freud) o se ha de evitar toda
comunicación que no se produzca dentro de las reglas del análisis (es decir, no
responder a ninguna pregunta sobre los intereses, opiniones o vida personal del
analista)? ¿Cuál es la respuesta adecuada, por ejemplo, cuando el paciente le
dice al psicoanalista que su padre ha muerto? Para unos la respuesta apropiada
debe ser una expresión normal de condolencia —dar otra respuesta podría hacer
tambalear la fe del paciente en la buena voluntad del analista e invalidar años
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enteros de
trabajo—. Otros consideran que expresar la condolencia puede ser erróneo —tal
vez determine que el paciente no se atreva a manifestar su satisfacción por esa
muerte, o puede que en el futuro impida que el paciente muestre su odio hacia
el analista— Aparte de la cuestión de cómo manejar la transferencia, ¿cuántas
interpretaciones debe proporcionar el analista sobre las acciones, los sueños y
las asociaciones libres del paciente? Una interpretación excesiva (como, al
parecer, era la de Freud) puede caer en oídos sordos, con la consiguiente
pérdida de fe en el analista, o suscitar en el paciente ansiedad en relación a
un material con el que aún no está preparado para enfrentarse. Por el
contrario, una interpretación escasa implica dejar que mucho material pase
inadvertido y, por tanto, prolongar el análisis innecesariamente. Lo ideal es
que sea el paciente quien haga la interpretación adecuada. El curso del
análisis es un asunto muy personal, y los analistas, con el paso de los años,
pueden variar el enfoque para obtener mejores resultados.
¿Hasta qué
punto es eficaz el psicoanálisis para lograr un cambio de personalidad que se
desea? En uno de sus últimos trabajos, Análisis terminable e interminable,
escrito en 1937, Freud hizo notar que el psicoanálisis se dedicaba cada vez más
a la tarea de analizar la personalidad total del individuo, y señaló también la
dificultad de este tipo de análisis. Escribió:
Uno tiene
la impresión de que no debe sorprenderse si, al final, la diferencia entre un
individuo que no ha sido analizado y la conducta de una persona después del
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análisis no
es tan diferente como intentábamos y esperábamos.
El objetivo
del psicoanálisis es un cambio de larga duración en la personalidad. Es una
ardua tarea, que en algunos casos puede lograrse; depende en gran manera del
paciente concreto y del psicoanalista. A menudo, los cambios pueden ser muy
modestos, como insinuó Freud, pero, por pequeños que sean, si se dan en una
época adecuada pueden ser muy beneficiosos para el individuo.
Desde el
punto de vista filosófico, es importante la opinión de Freud de que el
psicoanálisis puede permitir una comprensión de nuestra propia naturaleza.
Parece que son pocos los pacientes que, habiendo logrado hacer asociaciones
libres a sus sueños, duden de que se hallan ante las misteriosas bases de su
personalidad; y son pocos los analistas que, habiendo tenido este tipo de
pacientes, no estén de acuerdo con ello. Esta puntualización fue hecha por el
famoso psicoanalista Bruno Bettelheim en un artículo que escribió para The New
Yorker. En esencia, el artículo era una afirmación del credo de Bettelheim, y
en él exponía lo que consideraba la contribución más grande de Freud:
Freud nos
enseñó cómo el espíritu podía llegar a tomar conciencia de sí mismo. Conocer
las profundidades del alma
—explorar
el infierno personal que podemos estar sufriendo— no es una labor fácil. Los
descubrimientos de Freud, y aún más la manera como los presentaba, nos hicieron
abrigar la confianza de que este exigente y tal vez
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peligroso
viaje hacia el propio descubrimiento podía lograr que fuéramos más plenamente
humanos, de manera que ya no siguiéramos siendo esclavos, sin saberlo, de las
oscuras fuerzas que residen en nuestro interior. Explorando y conociendo los
orígenes y el poder de estas fuerzas, no sólo seremos más capaces de
enfrentarnos a ellas, sino que también lograremos una comprensión mucho más
profunda y más benévola de nuestros semejantes.
¿Dónde nos
hallamos en nuestro resumen de los descubrimientos del psicoanálisis? Los
fenómenos básicos son la existencia del inconsciente, la represión y la
distorsión de los sueños. Añadiremos el fenómeno de la transferencia, también
muy observado, y la importancia de las experiencias de la primera infancia en
el desarrollo de la personalidad.
En los
capítulos siguientes volveremos a la fisiología del cerebro para conocer tres
mecanismos neurales específicos. El primero corresponde a un período crítico en
el desarrollo del cerebro, el principio de la vida. Los otros dos son
mecanismos neurales descubiertos recientemente y que operan en el hipocampo y
el sistema límbico. El conocimiento de tales mecanismos, junto con lo expuesto
en la primera parte sobre el cerebro, nos facilitarán toda la información que
necesitamos para la comprensión de los procesos fisiológicos subyacentes a los
fenómenos psicológicos que se acaban de describir.
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Parte 3
Mecanismos
neurales
Cuando,
como ocurre en el sueño... la actividad de los centros sensoriales superiores
no se halla interferida por el entorno, las disposiciones funcionales más
elevadas de los centros superiores, aquéllos en los que se pueden llevar a cabo
organizaciones completamente nuevas, disminuirán en su actividad y las
disposiciones funcionales inmediatamente inferiores de los mismos centros
quedarán libres para competir entre ellas; surgen nuevas combinaciones, y
sobreviven las más idóneas... HUGHLINGS JACKSON
Croonian
Lectures
British
Medical Journal
12 de abril
de 1884
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Capítulo VI
Período
crítico
Al salir
del cascarón, los patitos y los polluelos siguen al primer objeto que se mueva
junto a ellos. En circunstancias normales dicho objeto es la madre, pero en
condiciones experimentales puede ser un animal de otra especie, como el ser
humano, o un objeto inanimado. Al seguir al objeto, la pequeña ave recibe una
impronta, y durante el resto de su vida seguirá a los objetos que se le
parezcan. El período ideal para que se produzca la impronta es entre las doce y
las veinticuatro horas después de la salida del cascarón, y ésta no se produce
hasta treinta y dos horas después del nacimiento. Los etólogos llaman a este
periodo período crítico, y durante el mismo los animales poseen una capacidad
especial para el aprendizaje en un campo específico. Pasado este período, cesa
la habilidad para aprender dentro de este campo, y lo que se ha aprendido hasta
entonces constituye la base del comportamiento posterior.
Recientes
investigaciones han demostrado que existe también un período crítico en la
organización de la percepción sensorial y en el aprendizaje de los mamíferos
jóvenes, incluido el ser humano. Este periodo crítico coincide con el tiempo en
que el neocórtex se desarrolla anatómicamente, y puede estar relacionado con
este desarrollo. Veremos tres ejemplos de períodos críticos —uno en la
audición, otro en la visión y un tercer ejemplo en la organización de una
conducta compleja, como es la conducta predatoria en el gato.
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El cerebro
del recién nacido pesa aproximadamente unos 325 gramos.
Fig. 6-1.
Al nacer, las prolongaciones de las neuronas del neocórtex están muy poco
desarrolladas. Durante los dos primeros años de vida, las dendritas y los
axones crecen hasta formar una red compleja. En la ilustración vemos las
neuronas del neocórtex en niños de diversas edades. La región del neocórtex de
donde se han preparado estas secciones es la relacionada con la articulación
del habla. La información sensorial recibida al principio de nuestras vidas
influye en las conexiones que se realizan en el neocórtex.
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Durante los
dos primeros años de vida aumenta rápidamente de tamaño y de peso, hasta llegar
aproximadamente a los 1.000 gramos. A los siete años llega a pesar unos 1.250
gramos, y luego aumenta más lentamente hasta pesar unos 1.350 gramos a los doce
años. A los catorce ya ha alcanzado el peso del cerebro adulto, que es de unos
1.400 gramos.
Todas las
neuronas del cerebro adulto están ya presentes en el cerebro del recién nacido.
Pero entonces, ¿cuál es la razón del crecimiento del cerebro? Los cuerpos de
las neuronas aumentan un poco de tamaño a medida que avanza el proceso de
maduración, pero la mayor parte del crecimiento del cerebro se debe a un
aumento en la longitud y las ramificaciones de las dendritas y de los axones
que conectan una neurona con otra. También se da un aumento en el número de
células gliales, células que se supone contribuyen al metabolismo del cerebro.
El aumento
de dendritas y axones y el desarrollo de sus interconexiones es característico
sobre todo de las neuronas del neocórtex. En el momento del nacimiento, las
neuronas neocorticales están relativamente poco desarrolladas. Durante los dos
primeros años de vida, paralelamente al aumento de peso del cerebro, se da una
rápida maduración de sus interconexiones, que continúa luego a un ritmo más
lento hasta llegar a la pubertad. Este crecimiento se muestra en la figura 6-1.
Durante
este período, en el que tienen lugar un creciente número de conexiones
interneuronales, ¿se modifica el cerebro de los mamíferos de alguna forma
irreversible o duradera como consecuencia de la
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información
sensorial que recibe? ¿Existe un período crítico para la organización de la
percepción y el comportamiento? La contestación es afirmativa, y el primer
ejemplo que vamos a considerar es el de la adquisición del lenguaje.
Los fonemas
son los sonidos elementales del lenguaje hablado, a partir de los cuales se
construyen las palabras. La palabra «gato», por ejemplo, tiene cuatro fonemas,
y sólo el primero de ellos la distingue de las palabras «dato» o «bato». A
finales de los años 40 y principios de los 50, empezaron a utilizarse dos
instrumentos nuevos en el análisis del lenguaje hablado: el espectrógrafo de
sonidos y el sintetizador de lenguaje. El primero analiza las frecuencias
sonoras que componen los fonemas, representándolas en una gráfica en función
del tiempo. Así, por ejemplo, las gráficas para las sílabas «ba», «da» y «ga»
son diferentes en su mitad inicial (en correspondencia con las diferencias
entre los fonemas «b», «d» y «g») e iguales en su mitad final. Si se proporciona
a un sintetizador de lenguaje la información correspondiente a los patrones
específicos frecuencia/tiempo de cada sílaba, este aparato es capaz no sólo de
reproducir cada sílaba, sino de producir también sílabas «intermedias».
Los
estadounidenses W. Strange y J. J. Jenkins realizaron una experiencia de este
tipo, generando con un sintetizador una serie de trece sonidos artificiales que
se iniciaban con el sonido «ba» y pasaban gradualmente a los sonidos «da» y
«ga». Sólo los sonidos más intermedios fueron percibidos como ambiguos,
mientras que los demás fueron considerados como ejemplos claros de cada una de
las tres sílabas. Además, los individuos no podían distinguir diferencias
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entre
sonidos incluidos en una misma categoría. Así, por ejemplo, se presentaba un
sonido dentro de una de las categorías fonéticas dadas (p. ej. «ba»), y luego
un segundo sonido dentro de la misma categoría que difería en un incremento de
frecuencia definido; se repetía luego uno de los sonidos y se pedía a los
individuos sometidos a prueba que dijeran si se trataba del primero o del
segundo. Estos no distinguían la diferencia; su elección era igual que si la
hubiesen hecho al azar. En cambio, si los dos sonidos estaban separados por el
mismo incremento de frecuencia, pero pertenecían a una categoría fonética
diferente, la distinción era inmediata.
Este
fenómeno se denominó percepción categórica. Sólo se producía con los fonemas
que estaban presentes en el lenguaje natural del individuo. Otros sonidos que
no se presentan normalmente en el lenguaje, como por ejemplo los de las vocales
largas aisladas, no eran percibidos categóricamente. Como muchos otros sonidos
que no se hallan en el habla, había una percepción continua por la que los
sonidos de estas vocales aisladas diferenciados por pequeños cambios de
frecuencia podían ser distinguidos unos de otros.
Las
categorías de percepción de los fonemas dependen en gran manera del lenguaje
que el individuo ha oído en su infancia. Así, los sonidos «l» y «r» no existen
en japonés, y es bien conocida la dificultad de los japoneses para utilizar
estos sonidos al hablar otra lengua. Otras pruebas como la que acabamos de
describir demostraron que si el japonés había sido la única lengua oída en la
infancia, el individuo no percibía categóricamente la l ni la r; pero si había
escuchado hablar inglés en su primera infancia, su cerebro se
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adaptaba a
las categorías fonéticas de dicho idioma, y por tanto le permitía distinguir
claramente un fonema de otro. Hay otros ejemplos de contrastes de fonemas en un
lenguaje que no se presentan en otros. Por ejemplo, la lengua thai contiene
ciertos fonemas que no se dan en inglés, y por tanto la gente de habla inglesa
tiene grandes dificultades con este idioma.
Se ha
estudiado en niños de dos a tres meses el desarrollo ontogénico de la
percepción categórica. La técnica utilizada fue la de presentar al niño una
serie gradual de sonidos fonéticos y hacer mediciones continuas de su ritmo
cardiaco o de su ritmo de succión. En cuanto el niño se habituaba a un sonido
dado, su ritmo cardiaco y de succión volvía a ser constante. Luego se le
presentaba el sonido siguiente, con un patrón de frecuencia distinto, y luego
el siguiente. En un punto dado de la secuencia, el niño mostraba un cambio
súbito en el ritmo cardiaco o de succión, debido probablemente a que se ponía
en estado de alerta por algo que percibía como una nueva categoría de sonido.
Estos experimentos han demostrado que los recién nacidos perciben categóricamente
en determinadas dimensiones fonémicas. Pero, al parecer, esas categorías no
corresponden al lenguaje que se les habla sino que son universales. Esto
sugirió la existencia de un mecanismo de percepción innato, preparado para ser
modificado con el fin de percibir lo mejor posible los fonemas concretos que el
niño oye en los primeros años de su vida.
Se ha
comprobado también que existe un período crítico para el desarrollo de las
categorías fonémicas. El desarrollo normal del lenguaje en el niño va de los
balbuceos a las palabras en el período
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comprendido
entre los cuatro meses y los dos años. El niño de dos años puede identificar y
utilizar claramente las categorías perceptuales del lenguaje que ha oído desde
su nacimiento. A partir de esta edad, y durante varios años, el niño posee una
predisposición natural para el aprendizaje de lenguas. Si se le expone a varios
lenguajes desarrolla categorías perceptuales para cada uno de ellos, e incluso
si dejara de oír uno de ellos su aprendizaje posterior se vería muy facilitado,
pudiendo pasar de una lengua a otra sin confusión ni acento alguno. Un acento
extranjero en un idioma indica que los módulos de los fonemas formados en la
primera infancia pertenecen a un idioma distinto. Las categorías fonémicas
establecidas en las primeras etapas de la vida son permanentes. Es difícil
dominar un acento extranjero una vez pasada la pubertad.
Además del
desarrollo de las categorías fonémicas, hay un período crítico para la
adquisición del lenguaje en sí mismo. Aprender un segundo idioma es
aparentemente un proceso natural en la infancia, pero resulta una tarea
laboriosa después de la pubertad. Eric Lenneberg, de la Facultad de Medicina de
Harvard, que ha estudiado extensamente la adquisición del lenguaje, sitúa el
período crítico para el aprendizaje del lenguaje —es decir, el período en que
se forma y en cierto sentido se condolida la base neural para el lenguaje—
entre los dos y los doce años. Antes de los dos años el neocórtex no está lo
suficientemente maduro para sustentar la organización del lenguaje, y pasados
los doce años cualquier aprendizaje nuevo de un lenguaje parece que se base en un
mecanismo neural diferente y menos eficaz que el empleado en el aprendizaje
durante el período crítico.
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¿Cuál es la
función de la percepción categórica? ¿Cómo evolucionó y cuál es su sustrato
neural? La capacidad del cerebro para construir categorías acústicas acordes
con los fonemas oídos en la primera infancia constituye la base para la
percepción de las palabras y del lenguaje. El mecanismo neural subyacente a
este efecto pudo haberse originado junto con el lenguaje en el hombre, o quizás
apareció en un animal antepasado del hombre que, debido a su capacidad de
percibir categóricamente los sonidos en su hábitat (p. ej., las llamadas de
advertencia de otras criaturas de su especie), hubiese desarrollado una
superioridad selectiva similar. En lo que al sustrato neural se refiere,
pospondremos esta cuestión hasta después de haber presentado otros ejemplos de
períodos críticos.
Otro caso
de período crítico se ha estudiado en el sistema visual de los gatos. Los gatos
recién nacidos abren los ojos por primera vez entre los diez y los catorce días
de vida. En ese momento se han formado sólo unas pocas de las conexiones del
córtex visual primario que se encontrarán en el animal adulto. Durante las
semanas siguientes el sistema visual se desarrolla rápidamente, y a las cuatro
semanas ya se han formado la mayor parte de las conexiones. A las cuatro
semanas el gato muestra también los primeros signos de una percepción visual
funcional: por ejemplo, puede medir la distancia que lo separa de los objetos
que lo rodean, y puede mover sus patas apropiadamente al caminar entre dichos
objetos.
Las
conexiones que se forman en el córtex visual durante las cuatro primeras
semanas de vida no están influidas por la experiencia visual. Pero a partir de
entonces, de la cuarta a la doceava semana,
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se
establece un período crítico, durante el cual la experiencia visual es muy
importante para la modificación y el perfeccionamiento de las conexiones ya
logradas.
David Hubei
y Torsten Wiesel, cuyos trabajos sobre el córtex visual de los gatos y los
monos se han descrito en el capítulo primero, empezaron a investigar en 1963
las conexiones del cerebro en desarrollo. Habían establecido la existencia de
áreas corticales cuyas neuronas respondían a líneas o ángulos de una
orientación determinada dentro del campo visual. Había indicadores para líneas
horizontales y verticales, y para los ángulos oblicuos. Pensaron que estos
indicadores constituían la primera de una serie de etapas a través de las
cuales el cerebro identificaría finalmente las formas y las figuras complejas.
Había también una interacción entre los dos ojos. Las neuronas que percibían
una línea de una orientación determinada actuaban con cualquiera de los dos
ojos, pero los efectos no eran iguales: unas respondían más a la información
enviada por el ojo izquierdo, y otras a la enviada por el ojo derecho. Las
neuronas que percibían una línea de la misma orientación y que respondían a la
información procedente de uno u otro ojo se hallaban en áreas corticales
colindantes. Según Hubel y Wiesel, en esta organización se basa la percepción
de la profundidad.
Hubel y
Wiesel emplearon en gatos jóvenes el mismo procedimiento experimental que
habían utilizado para localizar los circuitos de los indicadores de líneas y la
dominancia ocular en los gatos adultos. Iniciaron las pruebas con un gato de
ocho días, cuyos ojos no se habían abierto aún, y encontraron una organización
del córtex visual
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similar a
la del gato adulto. Había células que percibían líneas de una orientación
determinada, aunque menos definida que en el adulto. Puesto que el gato
estudiado no tenía experiencia visual alguna, se infería que los circuitos de
percepción de líneas venían determinados por vía genética. Se hizo otra prueba
con un gato de dieciséis días, pero en este caso se habían cubierto los ojos
del animal con parches translúcidos a partir del noveno día. La idea era dejar
que penetrara la luz, pero no los patrones visuales. Un tercer gato, puesto a
prueba a los diecinueve días, tenía un ojo cubierto con un parche translúcido
desde los nueve días de vida y el otro ojo libre para permitir la visión
normal. Finalmente se hizo la prueba con otro gato de veinte días que había
tenido una estimulación visual normal desde que abrió los ojos hacia los nueve
días. Todos estos experimentos se hicieron para comprobar si los distintos
tipos de información visual podían alterar el desarrollo del sistema de
circuitos del córtex visual. ¿Afectaría el déficit de información visual a las
zonas de dominancia? El resultado fue negativo. La organización neural era la
misma en todos ellos, independientemente de la distinta información visual
recibida, y por consiguiente estaba determinada genéticamente.
En
experimentos posteriores, Hubel y Wiesel añadieron más detalles. Si bien los
circuitos indicadores de líneas están presentes en todos los gatos recién
nacidos, las áreas de dominancia ocular no se desarrollan hasta pasadas tres
semanas; es entonces cuando el gato posee un sistema visual que está organizado
genéticamente para dar los primeros pasos en la percepción de las formas y de
la profundidad. Luego empieza un período crítico de aproximadamente nueve
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semanas,
durante el cual la experiencia visual puede modificar las conexiones dentro del
sistema.
Hubel y
Wiesel continuaron sus experimentos con gatos mayores, de cuatro a doce semanas
de edad, a los que impedían la visión de un ojo, durante sólo unos tres o
cuatro días, utilizando un material translúcido para taparlo, o bien suturando
los párpados. Luego quitaban los parches o los puntos de sutura y probaban la
visión del animal, tapándole el ojo con el que se le había permitido ver
normalmente. Los gatos se comportaban como si estuvieran ciegos del ojo que
había sido privado de información visual. Según su informe:
Cuando el
animal andaba inspeccionando su entorno, se movía con una amplia base de
sustentación y de manera vacilante, y su cabeza oscilaba de arriba abajo, de un
modo peculiar, como asintiendo. Chocaba con obstáculos grandes, como las patas
de las mesas, e incluso contra las paredes, que solía seguir guiándose por sus
bigotes. Si se le ponía sobre una mesa, el animal continuaba caminando en el
aire y caía torpemente al suelo varias veces. Si se movía un objeto ante sus
ojos, no había indicio alguno de que lo percibiera, y no hacía ningún intento
de seguirlo. En cuanto se le destapaba el ojo izquierdo (el que había recibido
una información visual), el gato se comportaba normalmente, saltando con gracia
de la mesa y sorteando con habilidad los objetos que se interponían en su
camino. Llegamos a la
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conclusión
de que había un deterioro profundo de visión, tal vez total, en el ojo privado
de información sensorial.
Las
respuestas de las pupilas eran normales en ambos ojos, lo cual indicaba que la
ceguera funcional no se había producido por un cambio en el ojo, sino en el
sistema visual del cerebro. Hubel y Wiesel hicieron pruebas electrofisiológicas
con estos gatos, presentándoles líneas o ángulos dentro del campo visual de
cada ojo, y midieron las respuestas de las neuronas en el córtex visual
primario. Los resultados fueron claros: las conexiones habían cambiado. Antes
de las tres semanas de edad, la mayoría de las neuronas respondían a una
estimulación procedente de cualquiera de los dos ojos, aunque en una
determinada neurona la información sensorial procedente de un ojo tenía un
efecto más fuerte que la del otro. Pero después de haber suturado o cubierto un
ojo, casi todas las neuronas respondían a los estímulos del ojo normal, y
prácticamente ninguna neurona respondía a los del otro ojo: las conexiones
correspondientes ya no actuaban. Y no había áreas inactivas en el neocórtex, lo
que hubiera indicado que las células correspondientes al ojo privado de visión
habían muerto. Más bien parecía que las conexiones habían cambiado, de manera
que el ojo normal se había apoderado de las neuronas que antes correspondían al
ojo tapado.
Quedaba
claro que había un período crítico entre las tres y las doce semanas de vida,
ya que la privación sensorial de un ojo después de este período no tenía ningún
efecto en el sistema visual. Si se tapaba un ojo a un gato adulto durante un
período de más de un año no se
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producía
cambio alguno en la organización de su sistema visual ni en su comportamiento.
Los cambios producidos en el período crítico eran irreversibles. Si se cambiaba
la dominancia tapando un ojo durante las primeras doce semanas de vida y se
observaba qué ocurría a los cinco años de haberlo destapado, se comprobaba que
la organización neural apenas se había normalizado. La cuarta y la quinta
semana del período crítico constituían un intervalo especialmente sensible,
durante el cual se producía un fuerte cambio en la dominancia ocular si se
tapaba el ojo tres o cuatro días.
Los efectos
de la experiencia visual durante el período crítico no se limitan a la
organización de las áreas de dominancia ocular. Por ejemplo, también se pueden
modificar los indicadores de la orientación de las líneas. En un experimento
llevado a cabo en 1977, Colin Blakemore y Grahame Cooper, de la Universidad de
Cambridge, criaron gatos desde las dos semanas de vida hasta los cinco meses,
en un ambiente muy especial. La mayor parte del tiempo los animales permanecían
en una habitación completamente a oscuras, pero durante unas cinco horas al día
se les situaba en una plataforma colocada dentro de un largo tubo de plástico
de unos 50 cm de diámetro. En la parte interior de los tubos había pintadas
líneas en una sola dirección, en unos vertical y en otros horizontal. Los gatos
llevaban unos ligeros collares que les impedían ver su propio cuerpo, de modo
que toda su experiencia visual se limitaba a las líneas verticales u
horizontales.
Después de
cinco meses de estar expuestos a este ambiente, los gatos se comportaban como
si no pudieran ver las líneas orientadas en la
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dirección
de la que no habían tenido experiencia visual. El gato que había estado
expuesto a las líneas horizontales no percibía una varilla que se le colocara
delante en posición vertical, y en cambio se acercaba inmediatamente y
jugueteaba con ella si se colocaba en posición horizontal. Después de la
experiencia se exploraba electrofisiológicamente el córtex visual de cada gato
en busca de los indicadores de líneas. Efectivamente, se comprobó que no había
indicadores de líneas horizontales en los gatos que habían estado expuestos
sólo a rayas verticales, y por esta razón no podían ver una barra horizontal
colocada delante de ellos. Y lo mismo, a la inversa, ocurría en los gatos
expuestos sólo a rayas horizontales. Así pues, el sistema visual se había adaptado
a las características del ambiente. En experimentos llevados a cabo después, el
equipo de Blakemore estableció que el período crítico durante el que se
modificaban los indicadores de líneas en los gatos era el mismo que el de
modificación de la dominancia ocular: aproximadamente de la tercera a la
doceava semana después del nacimiento.
Anteriormente,
en 1970, otro experimento había llegado a las mismas conclusiones. En la
Universidad de Stanford, Helmut Hirsch y Nico Spinelli criaron gatos durante el
período crítico, poniéndoles unas gafas en las que había rayas luminosas,
horizontales en un ojo y verticales en el otro. Esta era la única experiencia
visual del gato, ya que cuando no llevaban las gafas se mantenía a los animales
a oscuras. Cuando terminó el período crítico, se probó la respuesta de las
neuronas del córtex visual a líneas de diferente orientación. Cuando se
presentaban líneas en diversas direcciones al ojo que
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había visto
sólo líneas horizontales, las neuronas que recibían la información visual de
este ojo sólo respondían a las líneas horizontales, mientras que con el ojo que
había estado expuesto sólo a líneas verticales sucedía justo lo contrario.
Las
técnicas de estos experimentos son complejas, y aún quedan algunas cuestiones
metodológicas por resolver. Sin embargo, el resultado general parece muy claro.
Se empieza con un conjunto de instrucciones programadas genéticamente, que
proporcionan un marco para la visión binocular y la detección de formas. Luego
hay un período crítico, durante el cual los sistemas neurales que condicionan
la visión pueden ser modificadas por el ambiente. Después del período crítico
pasan a ser permanentes.
Hay algunos
indicios de que este mecanismo se da también en el ser humano. En la mayoría de
los casos de astigmatismo existe una visión borrosa en las orientaciones
cercanas a la horizontal o la vertical. Si, como es de suponer, nuestro sistema
visual en desarrollo está influido también por la información visual que
recibe, entonces se perderán indicadores de caracteres en la dirección en la
que la información visual es confusa (del mismo modo que en los gatos de
Blakemore la falta de información visual horizontal o vertical eliminaba los
indicadores de caracteres sensibles a las líneas horizontales o a las
verticales). Se ha comprobado que, efectivamente, esto era lo que ocurría. El
astigmatismo puede corregirse por completo ópticamente, pero en las personas
astigmáticas cuya visión no haya sido corregida antes de la edad de seis años,
siempre quedará un déficit de agudeza visual, a pesar de una total corrección
óptica.
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Y la
dirección de dicho déficit corresponderá a la dirección en la que los primeros
estímulos visuales fueron defectuosos debido al astigmatismo.
¿Cuál es la
función de esa flexibilidad inicial de las conexiones en el sistema visual
normal durante el período crítico? Las redes o sistemas neurales responsables
de la percepción de la profundidad son extremadamente complejos. Los
neurocientíficos consideran posible que, además de la programación genética,
las primeras experiencias al ver los objetos con los dos ojos a varias
distancias den por resultado pequeñas modificaciones de esas redes, que tal vez
sean necesarias para lograr una percepción funcional de profundidad. También es
posible que la flexibilidad inicial de su sistema visual permita al animal
adaptarse al medio ambiente lo mejor posible. Por ejemplo, los indicadores de
caracteres en los animales que han nacido y crecido en la jungla o en las
llanuras se adaptarían, a través de las primeras experiencias, para detectar
mejor los objetos de cada medio ambiente particular.
El tercer
ejemplo de un período crítico proviene de un trabajo del etólogo alemán Paul
Leyhausen. La descripción del desarrollo del comportamiento predatorio que
exponemos a continuación se ha tomado de su libro Cat behavior («Comportamiento
del gato»). Los gatos no identifican de manera innata a ninguna especie animal
concreta (el ratón, el pájaro) como su presa natural, sino que aprenden a
seleccionarla; pero en dicha selección se guían por una serie de reacciones
programadas genéticamente:
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Los gatos
domésticos, tanto los jóvenes como los adultos, se sienten extraordinariamente
atraídos por los ruidos de roces y crujidos y por los chirridos. Probablemente
los registran gracias a un mecanismo acústico innato de descarga; es decir, una
sensibilidad innata, a determinados estímulos sensoriales, que desencadena una
reacción programada genéticamente. Lo que esto provoca no es la caza de la
presa en sí misma, sino sólo la aparición de comportamientos apetitivos (es
decir, aquéllos que buscan los estímulos desencadenantes apropiados para que se
lleve a cabo un acto de consumación final). El gato va más o menos directamente
al lugar de donde proviene el sonido, buscando al mismo tiempo por los
alrededores. Sólo inicia las actitudes de acecho (acciones innatas) cuando ve
un movimiento o, si ya tiene experiencia en la conducta predatoria cuando ve a
su posible presa, aunque esté inmóvil.
Más
adelante, Leyhausen considera el efecto del movimiento de la presa cuando ya
está más cerca:
Los gatos
domésticos que crecen sin tener contacto alguno con animales pequeños de otras
especies, al principio ven a cualquier otro animal como un compañero de su
misma especie. Si, por ejemplo, se coloca un ratón junto al gato, aquél pasa
desapercibido si no se mueve. Si lo hace con lentitud, el gato lo olerá; pero
sólo será perseguido y
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atrapado si
se aleja rápidamente a cierta distancia. Cualquier objeto no demasiado grande y
que se mueva rápidamente por el suelo provocará los movimientos de caza y
captura, y con mayor intensidad si se aleja del gato o si lo hace en ángulo
recto en relación a él. En contraposición, los movimientos en dirección hacia
el gato hacen que el animal sin experiencia vacile y, si el tamaño y la
velocidad del objeto aumenta, le hacen retroceder e incluso huir. Por tanto, el
movimiento de cualquier objeto no muy grande y su dirección son los factores
que desencadenan de manera innata el instinto cazador del gato.
Leyhausen
describe cómo los gatos matan a los animales de presa mordiéndoles la nuca.
Esta reacción innata es muy antigua desde el punto de vista filogenético
—pueden haberla heredado de sus antepasados reptiles—, y dirige el mordisco de
ataque hacia el punto clave, la medula espinal. Los caninos del gato, tanto por
su forma como por su situación en la mandíbula, están muy bien adaptados a la
disposición de los músculos, los tendones y los ligamentos de los pequeños
animales de presa, así como a la orientación de los planos de sus vértebras, de
tal manera que al menos uno de sus cuatro penetrantes caninos es dirigido casi
automáticamente hacia un espacio intervertebral, separando así las vértebras o
seccionando parcialmente la medula espinal.
Leyhausen
tiene en cuenta también el papel del aprendizaje. Además de los estímulos que
ponen en marcha y guían el comportamiento de
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forma
innata, los gatos aprenden por la experiencia individual. Tienen que aprender
cuándo un animal quieto puede ser considerado como una presa, y cuáles son en
general los animales que tienen que verse como tales presas. Y al matar
diferentes presas debe aprender cómo dirigir el mordisco mortal según la
especie.
La madre
desempeña un papel muy importante, ya que les proporciona la experiencia
necesaria para saber cómo matar una presa:
Cuando los
gatos tienen unas cuatro semanas, la madre ya empieza a llevar las presas a su
madriguera; antes de este tiempo, las mata allí donde las ha cazado y las lleva
a la madriguera para comérselas, gruñendo mientras lo hace. Al principio, este
espectáculo parece asustar a las crías más que resultarles atractivo. En las
semanas siguientes va madurando la reacción de los gatitos hacia el animal de
presa. Así, cuando la madre lleva el primer animal de presa vivo, disponen ya
de todo un arsenal de movimientos instintivos que, sin embargo, todavía no
están unidos en una cadena que conduzca a la acción de matar. Durante el juego
se pueden combinar a veces elementos individuales según la secuencia que
adoptarán posteriormente —por ejemplo, echarse al suelo en posición de acecho,
correr y dar un zarpazo—, pero estos elementos en seguida se vuelven a separar
y aparecen aislados o combinados con otros movimientos de juego, algunos de los
cuales provienen de contextos funcionales distintos del de cazar una presa.
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Resulta,
pues, obvio que, si el mordisco mortal no aparece hasta bastante tarde, cuando
el gato ya encuentra por sí mismo su primera presa viva, es por algún motivo.
Si fuera de otro modo, los gatos se harían daño los unos a los otros al jugar
entre ellos a la caza de presas. Cuando juegan con sus primeras presas, la
secuencia que les lleva al mordisco mortal se establece gradualmente, si bien
en ocasiones puede aparecer de forma repentina. En este período también va
aumentando gradualmente la frecuencia con que la madre lleva las presas a la
madriguera y las da a los gatitos...
Para que se
produzca por primera vez el mordisco mortal se requiere una fuerte excitación
adicional que no suele ser producida por la presa, sino por la madre o por el
hecho de que se acerque otra cría y haya que defenderse. Así, el hecho de que
la madre deje escapar la presa y la vuelva a coger rápidamente no es una
«demostración» para que la cría aprenda «cómo se hace».
En
realidad, el movimiento de la presa consigue que se ponga en marcha la
actividad de cazar en el gatito, y la recaptura por parte de la madre obliga al
pequeño a ser más rápido si quiere cobrar la pieza antes de que lo haga ella.
Esta rivalidad es fundamental para proporcionar la excitación adicional
necesaria.
Una vez
explicado el desarrollo del comportamiento predatorio de los gatos, Leyhausen
describe un período crítico en dicho desarrollo:
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El momento
de mayor disposición para matar por primera vez se alcanza de las nueve a las
diez semanas de edad, y sólo se mantiene durante un corto período, a partir del
cual dicha disposición vuelve a disminuir. Los gatos cuya madre no les lleva
presas vivas durante el período crítico —entre la sexta y la veinteava semana—,
posteriormente o no matan o lo hacen de una forma lenta y laboriosa...
Leyhausen
destaca que las deficiencias en las conductas de predación no son completamente
irreversibles. Los gatos adultos sin experiencia alguna pueden ser estimulados
para matar presas, pero necesitan un aliciente muy fuerte.
Finalmente,
Leyhausen describe un segundo aspecto muy importante del aprendizaje en los
gatos: su memoria para los lugares y su capacidad para recordar hechos
ocurridos en dichos lugares.
En la
aparición del apetito por una presa, el papel más importante lo desempeña el
recuerdo del lugar. Como ya se ha dicho en otro momento, los gatos poseen una
memoria excepcionalmente bien desarrollada para los lugares, y después de una
sola experiencia positiva buscarán a menudo y repetidas veces con tremenda
precisión para «encontrar más» en el mismo lugar, aunque hayan pasado muchas
semanas desde que estuvieron allí.
Hemos visto
tres ejemplos de períodos críticos. Según parece, todos reflejan un fenómeno
común: que el neocórtex de los mamíferos jóvenes se encuentra en un estado
flexible. Hay una estructura genética dada, pero también viene codificada en
los genes la
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capacidad
del neocórtex para responder a experiencias tempranas y ser moldeado por ellas
de manera duradera. Esta capacidad permite la formación de los circuitos
neurales más adecuados para extraer información del medio y para establecer
patrones de comportamiento adecuados para la supervivencia. Las funciones de
estos circuitos son diversas —audición, visión, lenguaje, estrategias de
conducta—, pero el factor común es el neocórtex. La audición y la visión
dependen del córtex sensorial, el lenguaje del córtex de asociación en la parte
izquierda del cerebro y las estrategias de conducta del córtex frontal. ¿Cuál
es el mecanismo neuronal que esto implica? Tiene que ser un mecanismo que
primero sea moldeable y luego fijo. Una posibilidad es que las conexiones
interneuronales (dentro del neocórtex y entre el tálamo y el neocórtex) puedan
ser modeladas por los estímulos ambientales durante el período crítico, y que
luego se hagan permanentes. Parece que esto es lo que ocurre en el sistema
visual. En cuanto al resto del neocórtex, no se dispone aún de ningún dato.
Otra posibilidad se refiere a la llamada facilitación sináptica, un proceso
mediante el cual el paso de una señal nerviosa a través de sinapsis concretas
facilita el paso posterior de otra señal a través de las mismas sinapsis y, por
consiguiente, a través de los mismos circuitos. Sin embargo, la mayor parte de
ejemplos de facilitación sináptica que se han descubierto en el cerebro no son
duraderas. Para poder explicar los datos de que se dispone, tendría que
descubrirse un mecanismo que aportara algún tipo de duración a la facilitación
sináptica. Los neurocientíficos están buscando esos
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mecanismos
en el cerebro para poder explicar el aprendizaje normal y la memoria19.
¿Qué aporta
el conocimiento de la existencia de períodos críticos al estudio del
funcionamiento de la mente? Más adelante encontraremos una explicación de la
gran influencia que las primeras experiencias tienen en la formación del
inconsciente a nivel del córtex frontal. Además, la descripción de Leyhausen
sobre la conducta predatoria en el gato nos proporciona un ejemplo de la
interacción entre el comportamiento innato y el aprendido, a lo que nos
volveremos a referir. Su trabajo nos ha aclarado dos aspectos del
comportamiento del gato, el de predación y el de exploración del ambiente. En
el próximo capítulo veremos cómo estos comportamientos son especialmente
significativos en esta especie.
19 Éste es
un campo de investigación muy activo. En el hipocampo se ha encontrado
facilitación sináptica durante horas y quizá días después de que un circuito
neuronal haya sido activado repetidamente. Gary Lynch y sus colaboradores en la
University of California en Irvine han identificado un mecanismo que opera en
la sinapsis y que parece ser el responsable de la facilitación. Se ha
encontrado también facilitación sináptica duradera en el sistema nervioso del
caracol de mar Aplysia, en una investigación llevada a cabo por Eric Kandel y
sus colegas en la Columbia University. El mecanismo es distinto al del
hipocampo. La naturaleza puede haber proporcionado varios medios por los que la
utilización repetitiva de una senda neuronal facilita la consecuente transmisión
de una señal a lo largo de la misma senda.
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Capítulo
VII
El ritmo
theta del hipocampo20
En el
primer capítulo vimos cómo el neocórtex analiza la información sensorial, y
comprobamos la íntima asociación entre éste y el hipocampo en el procesamiento
de dicha información en la memoria. Algunos estudios anatómicos han sugerido
que la información de las áreas sensoriales primarias del neocórtex es
procesada luego en áreas asociativas, y que la información más elaborada,
aquélla que reconocemos como tal, converge en un área neocortical llamada
córtex entorrino, la cual envía información al hipocampo. Vimos además que H.
M. y otros pacientes similares sin el hipocampo sólo podían recordar los hechos
que ocurrían a su alrededor durante un período muy corto. En este capítulo y en
el siguiente analizaremos más detenidamente el hipocampo.
¿Qué tipo
de procesamiento neuronal ocurre en el hipocampo, y cuál es la interacción de
éste con el neocórtex y con el resto del cerebro? Naturalmente, esta pregunta
se plantea en el contexto del estado de vigilia, en el que se espera que un
hecho sea recordado. Sin embargo, teniendo en cuenta los procesos de
pensamiento que se producen durante el sueño, también extenderé la pregunta a
dicho estado.
En 1953,
John Green y Arnaldo Arduini estaban estudiando las funciones del hipocampo en
el laboratorio de neurofisiología de la
20 Es
probable que el lector encuentre algunos pasajes de este capítulo y del
siguiente más técnicos que las descripciones dadas anteriormente sobre el
cerebro. Si encuentra dificultad en su lectura, puede prescindir de ellos: las
notas que aparecen intercaladas en ellos contienen los puntos más importantes.
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Universidad
de California, en Los Angeles. Colocaban electrodos en el hipocampo y en el
neocórtex de conejos para registrar la actividad eléctrica de ambas estructuras
de una forma simultánea. Paralizaban a los animales con curare, una sustancia
que bloquea las señales nerviosas que activan los músculos del cuerpo.
Utilizaron el curare en estos experimentos porque los animales tenían que estar
absolutamente inmóviles, con la cabeza en posición fija mediante un aparato, de
manera que los delicados electrodos se pudieran trasladar de forma secuencial a
diversos lugares del hipocampo y de otras estructuras cerebrales; y, por otro
lado, tenían que estar despiertos, sin anestesiar, y preparados para procesar
estímulos como lo haría un animal en condiciones normales. (No sentían dolor
alguno, puesto que el cerebro no tiene receptores de dolor.)
Al cabo de
poco tiempo, los animales se acostumbraban tanto a la sujeción como a la
parálisis. Cuando los electroencefalogramas neocorticales mostraban que
empezaban a adormecerse y a entrar en la primera etapa del sueño de onda lenta,
el electroencefalograma del hipocampo mostraba una señal amplia e irregular
similar a las amplias ondas lentas observadas en el EEG neocortical.
Se
presentaba entonces al conejo un estímulo sensorial, se movía un objeto dentro
de su campo visual, se producía un chasquido, se introducía un olor o se le
tocaba la córnea. El electroencefalograma cortical se aplanaba inmediatamente
hasta dar una señal irregular de bajo nivel, que es la que se da normalmente en
el estado de alerta. Casi simultáneamente cambiaba también el
electroencefalograma del hipocampo hacia una señal totalmente diferente, una
señal ondulada
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que se
invertía cíclicamente unas seis veces por segundo. Green y Arduini bautizaron
estas ondas con el nombre de ondas theta, y las describieron de la siguiente
manera:
La
estimulación olfativa, visual, auditiva o táctil viene seguida inmediatamente
después por una serie de ondas lentas sinusoidales de gran amplitud y de un
ritmo de tres a seis por segundo, con frecuencia precedidas por una primera
respuesta de corta duración... En los conejos con electrodos implantados
permanentemente, un pequeño movimiento de cualquier objeto visible para el
animal evoca la típica serie de ondas. Si se repite el movimiento a intervalos
la respuesta se hace más débil, pero se implanta de nuevo cuando se cambia el
tipo de movimiento. Se han conseguido efectos similares variando los estímulos
auditivos... Parece evidente que el animal se adapta de alguna manera a
estímulos repetidos, y que es más fácil ponerle en estado de alerta si se le presentan
fenómenos nuevos o extraños.
Green y
Arduini fueron los primeros en estudiar de una forma sistemática el ritmo theta
(su existencia había sido descubierta en los años 30), y establecieron la
correlación entre dicho ritmo y el estado de alerta del animal.
Otros
laboratorios empezaron también a estudiar el ritmo theta, y la investigación
tomó dos direcciones: una intentaba definir con mayor exactitud los
comportamientos en los que aparecía dicho ritmo, y la
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otra
intentaba descubrir su origen y el mecanismo neural responsable de su génesis.
Fig. 7-1.
Green y Arduini registraron las señales eléctricas del hipocampo y del
neocórtex en el conejo «amodonado» y en estado de alerta. La línea superior
corresponde al registro eléctrico del
hipocampo y
la inferior al registro del neocórtex. Al principio de los registros el animal
estaba adormecido, y en ambos aparecen ondas amplias e irregulares. En el
momento indicado por la flecha se le presentó un estímulo olfatorio, el olor a
col. El electroencefalograma del neocórtex se aplanó, como es característico
del estado de alerta, al tiempo que en el hipocampo aparecía el ritmo theta.
La
investigación centrada en el comportamiento resultó ser una historia fascinante
que tiene interés para nuestro estudio.
Teniendo en
cuenta sus observaciones en los conejos, a Green y Arduini les pareció natural
relacionar el ritmo theta simplemente con
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el estado
de atención o de alerta. Pero a medida que iban estudiando otros
comportamientos y otras especies, la cuestión se hizo más compleja. Se llevaron
a cabo estudios con conejos, gatos, ratas y otras especies, utilizando
electrodos implantados permanentemente en lugares fijos del hipocampo. En el
conejo el ritmo theta aparecía efectivamente cuando éste entraba en un estado
de alerta al recibir algún estímulo sensorial. También estaba presente cuando
el animal se desplazaba explorando un medio nuevo. Sin embargo, cuando el
animal, despierto, estaba ya acostumbrado a su medio, el ritmo theta no
aparecía, y tampoco surgía cuando bebía, comía, se acicalaba o copulaba.
En las
ratas, los comportamientos en los que aparecía el ritmo theta no eran los
mismos. Si estos animales permanecían inmóviles, los estímulos que provocaban
el estado de alerta no producían en el hipocampo el ritmo theta, sino una señal
irregular de baja potencia. El estímulo podía ser mínimo (como el que era
eficaz en el conejo) o muy intenso, como un shock eléctrico aplicado en las
patas, un sonido muy fuerte o una confrontación agresiva con otra rata. Cuando
las ratas exploraban su entorno o cuando movían la cabeza o los miembros
espontáneamente, aparecía el ritmo theta, como ocurría en los conejos cuando
realizaban movimientos espontáneos similares. Al igual que en los conejos,
durante actividades tales como beber, comer, acicalarse o copular no aparecía
en absoluto el ritmo theta.
Los
comportamientos en los que aparecía el ritmo theta en los gatos tampoco eran
exactamente los mismos. Dicho ritmo se registraba casi
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siempre
durante los movimientos voluntarios, aunque solía ser de baja amplitud, y no se
daba en absoluto durante los comportamientos automáticos (comer, etc.). Las
mayores amplitudes del ritmo theta aparecían durante actividades que podían
describirse como de predación —por ejemplo, cuando el gato seguía con los ojos
algo que le interesaba, o cuando se encogía preparado para saltar—.
En
conjunto, parecía como si los comportamientos durante los cuales se generaba el
ritmo theta en el hipocampo fueran aquéllos que, en cada especie, son
importantes para su supervivencia. En el gato era la predación y la exploración
del medio (el lector recordará el hincapié de Leyhausen en estos
comportamientos). En el conejo, lo que generaba el ritmo theta era la huida del
predador (en relación con su sensibilidad al menor cambio en su medio) y la
exploración. En la rata, el ritmo theta aparecía con la exploración misma (la
supervivencia de la rata depende del conocimiento de los alrededores adquirido
durante la exploración). Había otra situación conductual en las tres especies
en la que aparecía de una forma continua un ritmo theta de elevada intensidad:
el sueño REM.
Los
investigadores han registrado la actividad eléctrica del hipocampo en varias
especies con el objeto de detectar la presencia o ausencia del ritmo theta, y
lo han encontrado en la mayoría de los mamíferos estudiados, incluyendo
especies tan diversas como la musaraña, el perro, la ardilla, el cobayo, el
ratón, el topo y la zarigüeya. Todos estos animales tienen un hipocampo muy
desarrollado —el hipocampo es una estructura filogenética antigua, presente de
manera rudimentaria en los reptiles—, y en cada uno de ellos el ritmo theta
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aparece en
algún repertorio de conductas durante el estado de alerta (en estas especies,
las conductas asociadas con el ritmo theta no han sido definidas tan
detalladamente como en el conejo, la rata o el gato). Y en todos estos
mamíferos el ritmo theta se da de manera continua y destacada durante el sueño
REM, hasta el punto de que los investigadores que estudian estas especies
consideran la aparición del ritmo theta durante el sueño como una indicación de
que el animal ha entrado en el estadio REM. Este indicador fue especialmente
valioso en el experimento que describí antes, en el que se lesionaba el tallo
encefálico de los gatos para que cesara la inhibición motora durante el sueño
REM, permitiendo así que los animales representaran sus sueños.
Volvamos a
ese animal tan especial, el equidna, con su macizo córtex prefrontal. Los
equidnas tienen un hipocampo bien desarrollado, y Truett Allison registró
claramente el ritmo theta en uno de ellos cuando estaba excavando su madriguera
en las virutas de su jaula. Allison analizó también cuidadosamente el
electroencefalograma durante el sueño, y comprobó que no aparecía el ritmo
theta ni se daba ningún otro indicio de que hubiera sueño REM, por lo cual
llegó a la conclusión de que en el equidna no existía esta fase del sueño.
No se ha
encontrado el ritmo theta en el hipocampo de los primates ni de los seres
humanos, si bien ha habido informes ocasionales de aparición de ritmo theta en
estos últimos (debemos advertir que la investigación del ritmo theta en los
primates no se ha llevado a cabo con tanta profundidad como en otros
mamíferos). Si verdaderamente no hay ritmo theta en los primates, es de suponer
que en algún
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momento de
la cadena evolutiva desapareció esta manera de procesar la información
sensorial.
¿Cuál es la
función del ritmo theta, y por qué aparece en los mamíferos durante los
comportamientos de vigilia que resultan importantes para la especie, y en el
sueño REM —a excepción del equidna—? ¿Cuál fue el cambio evolutivo que condujo
a su desaparición en los primates? Para responder a estas cuestiones hay que
analizar el mecanismo que genera el ritmo theta, y para ello debemos estudiar
primero la estructura interna del hipocampo.
El lector
recordará que en el primer capítulo describí la columna cortical, el módulo de
procesamiento básico del neocórtex. Millones de columnas corticales colocadas
unas al lado de otras constituyen el neocórtex. Dichas columnas actúan como
indicadores de caracteres en las áreas sensoriales y en el córtex frontal. El
hipocampo también está constituido por módulos elementales de procesamiento que
no son columnas, sino finas láminas comparables a las rodajas de una salchicha.
(En el capítulo 1 vimos que el hipocampo es una estructura alargada en forma de
salchicha.)
El módulo
de procesamiento del neocórtex, la columna cortical, es una estructura bastante
complicada desde el punto de vista neuroanatómico. Está formada por varios
tipos distintos de neuronas cuyas numerosas conexiones apenas empiezan ahora a
conocerse. Las láminas del hipocampo son más simples en su anatomía, pues sólo
poseen tres tipos principales de neuronas, engarzadas de una manera bastante
directa. Se conoce bastante bien el flujo de información a través de dichas
láminas.
262
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Tal como
describí en el capítulo 1, la información neuronal más importante que llega al
hipocampo proviene de una parte del neocórtex llamada córtex entorrino, en la
que la información sensorial ha sido analizada de una forma muy elaborada. Las
señales neuronales que llevan esta información llegan al primero de los tres
tipos principales de células que tiene cada lámina. Allí son procesadas y la
señal resultante es transmitida al segundo tipo de neuronas, donde se lleva a
cabo otro procesamiento. Finalmente, la señal pasa al tercer conjunto de
neuronas, donde se efectúa un tercer procesamiento21.
Como vimos
en el capítulo 1, las señales neuronales que proceden del hipocampo se dirigen
a otras estructuras cerebrales del sistema límbico. Además, una parte de esas
señales vuelve al neocórtex sin
21 Si bien
es correcto en lo esencial, este fluido de información se complica debido a
varios factores. La información que llega a la lamela desde el neocórtex no
sólo llega a la primera etapa del circuito del hipocampo, sino que una porción
de la misma llega también a la tercera etapa directamente, sin atravesar el
circuito de tres etapas. Sin embargo, esta entrada secundaria de información es
curiosamente ineficaz. Hay, sin duda alguna, algunas condiciones de
comportamiento en las que está activa, pero no se puede activar por
estimulación eléctrica en animales anestesiados.
Hay otras
entradas de información a las otras 3 etapas del circuito. Hay una entrada
procedente del septum, una estructura a través de la cual llega al hipocampo la
información de naturaleza emocional o afectiva procedente de la amígdala (como
mencionábamos en el capítulo I). Hay varias entradas cuyo origen es el cerebro
inferior, como describiremos en el próximo capítulo, y hay lugares en la lámina
donde pueden actuar las hormonas. Los hipocampos son estructuras paralelas, una
a la izquierda y la otra a la derecha. Ambos están conectados por una serie de
sendas y se cree que las láminas se conectan unas con otras por sendas
paralelas al eje alargado del hipocampo, perpendicular al plano de la lámina.
A nivel de
neuronas, hay tres tipos, cada uno de ellos asociado a una de las etapas de
procesamiento. Estas neuronas tienen además docenas de tipos de interneuronas
—neuronas cuyas dendritas y axones no salen del hipocampo, pero llevan a cabo
el procesamiento interno en los circuitos de tres etapas y longitudinales.
Finalmente, cada una de las neuronas principales constituye un mecanismo neural
inmensamente complicado, que integra miles de entradas sinápticas y que
transmite una serie de corrientes nerviosas o no, según su propia lógica. Así,
a pesar de su acoplamiento más bien sencillo de tres grupos de células, la
lámina del hipocampo es una unidad de procesamiento compleja, cuya función y
modo de operación nos son desconocidos. Sin embargo, la contribución del
hipocampo para nuestra comprensión de la función psicológica puede derivarse
del conocimiento que tenemos del ritmo theta y de la senda del fluido de
información a través de las tres etapas del circuito del hipocampo.
263
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pasar por
el sistema límbico, de manera que en realidad el neocórtex proporciona
información al hipocampo, y éste la devuelve al neocórtex una vez procesada. De
alguna manera, en los circuitos neocórtex-hipocampo-neocórtex y
neocórtex-hipocampo-sistema límbico (con un retorno final al neocórtex) la
información sensorial es reunida para registrar cada acontecimiento y para
poderlo recordar. Volveremos a este sistema de circuitos en el próximo
capítulo.
¿Cuáles son
los mecanismos neurofisiológicos responsables del ritmo theta? En el capítulo
2, en relación con el ritmo alfa, sugerí que la onda claramente cíclica
registrada en el electroencefalograma refleja probablemente la actividad
eléctrica sincrónica de una serie de neuronas. Esta actividad eléctrica de las
neuronas generadoras debe ser considerablemente mayor que cualquiera de las
actividades no sincrónicas de otras neuronas próximas al electrodo registrador,
ya que si no la señal detectada sería muy confusa. Los primeros investigadores
suponían que la actividad neuronal sincrónica era también responsable del ritmo
theta, y que dicha actividad se producía en el hipocampo, porque era más
intensa cuando el electrodo estaba situado en esa estructura. Tenían razón,
pero la tarea de identificar las neuronas que realmente lo generaban ocupó
cierto tiempo.
La
identificación de las neuronas que producen ritmos como el alfa o el theta no
puede realizarse con electrodos colocados en el cuero cabelludo, sino con
electrodos implantados en el interior del cerebro. A medida que el electrodo se
acerca a las neuronas generadoras, la amplitud de la señal rítmica aumenta, y
disminuye cuando aquél se
264
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aleja. Hay
también otras señales eléctricas que pueden ayudar a identificar las neuronas
generadoras. Este tipo de estudios con electrodos colocados en el interior del
cerebro no han dado resultado para el ritmo alfa o los ritmos asociados mixtos
que se dan durante el sueño de ondas lentas, de modo que el origen de estas
señales sigue siendo un misterio. Sin embargo, poco tiempo después de que Green
y sus colegas descubrieran el ritmo theta se realizó este tipo de estudios en
el hipocampo. Se observó el ritmo theta al hacer pasar un electrodo a través
del hipocampo de conejos paralizados por curare. Debido a la posición del
hipocampo en el cerebro del conejo, las primeras células que se encontraron
fueron las neuronas que constituyen la tercera (y última) etapa del circuito
dentro de cada lámina. El ritmo theta era mayor ahí, y se llegó a la conclusión
de que este ritmo era producido por las corrientes eléctricas que fluyen de
forma cíclica en estas células. No se registró ritmo theta en las neuronas de la
primera y la segunda etapa de las láminas del hipocampo.
Otros
neurofisiólogos consiguieron colocar electrodos muy finos directamente en el
interior de las neuronas de la tercera etapa, y midieron las corrientes dentro
de ellas. Efectivamente en estas neuronas se producían unas corrientes que
cambiaban de dirección aproximadamente seis veces por segundo. El resultado de
esta corriente que cambiaba constantemente era un tipo poco frecuente de
función neuronal. Las señales procedentes del neocórtex llegaban a esta tercera
etapa del circuito del hipocampo después de haber pasado por las otras dos
etapas anteriores. Si el animal estaba
265
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realizando
alguna actividad durante la cual se generaba ritmo theta, dicho ritmo
determinaba si la señal pasaba o no a través de esta tercera etapa. El ritmo
theta estaba regulado por las señales que pasaban a través del hipocampo22. Más
tarde volveré a hablar del posible mecanismo de esta clase de procesos neurales
y otros aspectos del ritmo theta, pero ahora quiero seguir el tema en una
dirección algo diferente.
Mi interés
por el ritmo theta empezó en 1972. Pensé que, si las neuronas generadoras del
ritmo theta en el hipocampo fueran las mismas para los distintos
comportamientos en los que se producía, ello sugeriría que los procesos
neurales del hipocampo serían siempre los mismos. Estudiamos ratas y conejos
sin anestesiar que estaban sueltos en un recinto en el que podían explorar,
comer, beber y dormir. En el cerebro les colocamos electrodos móviles que se
hacían avanzar paso a paso a través del hipocampo para determinar el origen del
ritmo theta, tal como lo habían hecho Green y sus colegas con los conejos
inmovilizados con curare. Recordemos que en las ratas el ritmo theta aparecía
cuando éstas efectuaban movimientos voluntarios, y también durante el sueño REM.
Nosotros comprobamos que las neuronas que generaban el ritmo theta eran las
mismas en ambas actividades. También realizamos experiencias similares con
conejos, y comprobamos que cuando se les presentaba un estímulo sensorial,
cuando se movían espontáneamente y cuando
22 Esto
ocurría de la siguiente manera. Las corrientes internas que constituían el
ritmo theta influían eléctricamente a las neuronas de forma cíclica. Durante
una fase del ritmo theta (por ejemplo en el pico) la influencia era tal que se
transmitía la señal proveniente del circuito de tres etapas. En todas las demás
ocasiones la señal venía relativamente restringida.
266
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estaban en
sueño REM las neuronas que se activaban para generar el ritmo theta eran las
mismas.
Descubrimos
además que las neuronas que generaban el ritmo theta no eran sólo las de la
tercera etapa del circuito, sino que también lo hacían las de la primera.
Probablemente en el trabajo anterior de Green y sus colaboradores la
utilización del curare había enmascarado los resultados. Así pues, en las ratas
y los conejos (y más tarde se confirmó lo mismo en los gatos) las señales
procedentes del neocórtex son modificadas por el ritmo theta en dos etapas del
circuito básico dentro de cada lámina del hipocampo, y este proceso es
operativo durante algunos comportamientos concretos del estado de vigilia,
importantes para la supervivencia de cada especie, y durante el sueño REM. En
1980, los estudios realizados con ratas en el laboratorio de James Ranck, Jr.,
profesor de fisiología del Downstate Medical Center de Nueva York, revelaron
que un conjunto de neuronas del neocórtex (concretamente, del córtex entorrino)
generaba también el ritmo theta, y durante los mismos comportamientos. En
definitiva, parece que todo el circuito córtex-hipocampo está modulado
rítmicamente.
Los
circuitos que generan el ritmo theta empiezan en el tallo encefálico, en la
parte inferior del cerebro. En los reptiles, el tallo encefálico y otras dos
estructuras, el cerebelo y los ganglios básales (que condicionan el movimiento
corporal), constituyen virtualmente todo el encéfalo y gobiernan todos sus
procesos vitales, tales como la respiración, el ritmo cardiaco, la
alimentación, la actividad sexual y los repertorios de comportamiento, simples
y en gran parte
267
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determinados
genéticamente. Las otras estructuras cerebrales, el sistema límbico y el
neocórtex, aparecieron más tarde en la evolución con los mamíferos. Estas
nuevas partes del cerebro controlaban el tallo encefálico y marcaban las
directrices del comportamiento. Y debido a que estas directrices eran
producidas «inteligentemente», los comportamientos se hacían flexibles,
adecuándose a la situación ambiente mediante el aprendizaje. No obstante, los
procesos básicos para el mantenimiento de la vida, tales como la respiración,
el ritmo cardiaco y el ciclo sueño-vigilia, siguieron bajo el control del tallo
encefálico. Así, cuando se encuentra una función controlada desde el tallo
encefálico, se debe considerar que es biológicamente básica e importante. Éste
es el caso del ritmo theta.
Los
circuitos neuronales por medio de los cuales el tallo encefálico produce el
ritmo theta en el hipocampo no se conocen totalmente. Su trayectoria es
complicada, con varias estaciones de relevo, la última de las cuales se
encuentra en una parte del sistema límbico llamada septum. En el septum empieza
la actividad cíclicamente rítmica que luego se traduce en ritmo theta en el
hipocampo. Sea cual fuere el mecanismo, la iniciación del ritmo theta parece
estar genéticamente programada, de forma que se genera durante un conjunto
concreto de actividades de vigilia, propias de cada especie, y durante el sueño
REM en todas las especies23.
23 La
manera en que el cerebro se organiza para poner en marcha el ritmo theta sólo
durante algunos comportamientos es materia de considerable interés, en la que
se ha conseguido sólo un pequeño progreso. El comportamiento debe ser
controlado en algún lugar del cerebro y debe haber un mecanismo que inicie el
ritmo theta sólo en actividades concretas específicas de la especie. Es posible
que esto ocurra en el tallo cerebral y más arriba en los circuitos que conducen
al hipocampo. Ciertamente los mismos circuitos que inician el comportamiento
pueden empezar
268
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¿Cuál es la
función del ritmo theta? No ha sido determinada, pero hay algunos
descubrimientos muy sugerentes. Las ratas son animales exploradores, que en un
medio ambiente nuevo olfatean y mueven los bigotes hacia delante y hacia atrás
al caminar, y meten la cabeza en los rincones o la levantan para ver los
alrededores. Se ha comprobado que la frecuencia de este rítmico olfateo y del
movimiento de bigotes es la misma que la del ritmo theta24. Se puede especular
que en animales como la rata, que utilizan en gran medida el sentido del
olfato, es muy importante que toda la información sensorial —sensaciones
táctiles, visuales y auditivas— estén coordinadas con el olfateo cíclico de los
olores. Así, el córtex entorrino, el hipocampo y el resto del sistema límbico
pueden procesar conjuntamente las sensaciones olfativas y el resto de la
información sensorial, de manera que cada hecho se relaciona con su
el ritmo
theta. En cualquier caso, parece que el sistema que genera el ritmo theta esté
genéticamente preconectado de modo diferente según las especies.
La
generación del ritmo theta en el tallo encefálico aparece en R. P. Vertes,
«Brain Stem Generation of Hippocampal EEG», en G. A. Kerkut y J. W. Phillis,
eds., Progress in Neurobiology, vol. 19 (Elmsford, N. Y.: Pergamon Press,
1982), p. 159. Case Vanderwolf y sus colegas han separado dos componentes del
sistema de generación de ritmo theta que aparece durante el movimiento y la
estimulación sensorial sin movimiento (como en el conejo). Estas
investigaciones vienen descritas en «Reticulo-Cortical Activity and Behavior: A
Critique of the Arousal Theory and a New Synthesis», The Behavioral and Brain
Sciences, 1981, vol. 5, p. 459.
24 Foteos
Macrides de la Worcester Foundation for Experimental Biology y Howard
Eichenbaum del Wellesley College han entrenado a ratas para discriminar un olor
y a responder metiendo su nariz en un agujero pequeño. Las raías, que son
mantenidas algo sedientas, son premiadas con agua si aprenden a detectar un
olor particular y a realizar la tarea impuesta. En ese momento, la inhalación,
el disparo de las neuronas sensoriales en el bulbo olfatorio y los movimientos
de las vibrisas están perfectamente ligados al ritmo theta. Ver F. Macrides, H.
B. Eichenbaum y W. B. Forbes. «Temporal Relationship Between Sniffing and the
Limbic Theta Rhythm During Odor Discrimination Reversal Learning», The Journal
of Neuroscience. 1982. vol. 2, p. 1705. La teoría del papel del ritmo theta en
la sincronización de la información sensorial fue enunciada por primera vez por
Barry Komisaruk de la Rutgers University. La teoría viene revisada en B. R.
Komisaruk. «The Role of Rhythmical Brain Activity in Sensorimotor Integration»,
en James M. Sprague and Allan N. Epstein, eds. Progress in Psychobiology and
Physiological Integration (New York: Academic Press. 1977). vol. 7.
269
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olor. El
ritmo theta constituiría el mecanismo neural para procesar la información
sensorial en ráfagas coordinadas cíclicas y cortas.
En resumen,
el ritmo theta es un indicador de un tipo especial de procesamiento de
información en el hipocampo. Su mecanismo no es del todo conocido, pero parece
que ejerce un papel sincronizador de la información sensorial en la mayoría de
los mamíferos —excepto en los primates— El punto importante para nosotros es
que sólo se produce en unas determinadas actividades cerebrales. En el estado
de vigilia, estas actividades corresponden a comportamientos propios de cada
especie, esenciales para su supervivencia. Así, en las ratas, los conejos y los
gatos el ritmo theta aparece durante el comportamiento exploratorio. En los
conejos aparece también en respuesta a cualquier movimiento que se detecte en
el entorno — movimientos de los que el conejo debe percatarse para escapar de
sus predadores—, y en los gatos es especialmente destacable cuando siguen a su
presa. Las mismas neuronas del hipocampo desarrollan el mismo ritmo theta
durante el sueño REM, cuando no se recibe información sensorial del mundo
exterior. Todo ello parece sugerir que cierta información recogida durante el
día, la que está asociada a comportamientos de supervivencia, es tratada de
nuevo por las estructuras en las que se genera el ritmo theta: el córtex
entorrino y el hipocampo.
¿Qué puede
significar todo esto para nuestro conocimiento de la mente? En mi opinión, en
el ritmo theta tenemos un indicio del origen evolutivo de los sueños en el
hombre, así como de su función.
270
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Capítulo
VIII
Conmutación
neuronal del hipocampo
El sistema
límbico es el núcleo central de procesamiento del cerebro, en el que se
integran la memoria y la emoción, y el hipocampo es su puerta de entrada. La
información procedente del neocórtex es procesada por el hipocampo y luego
transmitida a los componentes del sistema límbico. Como ya se ha dicho, las
complejidades del funcionamiento del sistema límbico están en su mayor parte
por explorar. Pero los trabajos realizados han permitido descubrir un aspecto
de su funcionamiento, la conmutación neuronal (en inglés, «neuronal gating») en
el hipocampo, que constituye el último indicio en la pista que estamos
siguiendo.
La historia
empieza con las monoaminas, un tipo especial de neurotransmisores. Existen tres
monoaminas neurotransmisoras en el cerebro: la norepinefrina, la serotonina y
la dopamina. Cada neurona posee un tipo particular de neurotransmisor. Las
neuronas que poseen el mismo tipo de neurotransmisor no están distribuidas
difusamente por todo el tejido cerebral, sino que se localizan en centros
discretos y en vías concretas formando sistemas neuronales. Las neuronas que
contienen transmisores monoamínicos están localizadas en el tallo encefálico,
aunque cada uno de los tres sistemas monoamínicos tiene una localización
particular en él y envía sus axones a regiones distintas del encéfalo.
Las
neuronas cuyos transmisores son monoaminas tienen características especiales;
sus axones son más finos que los de las
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demás
neuronas, y también transmiten con mayor lentitud la corriente nerviosa.
Además, las monoaminas no actúan al parecer, como los demás neurotransmisores,
provocando la aparición de una corriente nerviosa en la neurona objetivo, sino
que modulan el efecto producido por las terminaciones de otras neuronas que
desembocan en la misma neurona objetivo.
Veamos como
ejemplo el sistema norepinefrínico, que ha sido estudiado a fondo por Floyd
Bloom y sus colaboradores del Salk Institute en La Jolla, California. En el
tallo encefálico de la rata hay aproximadamente cinco mil neuronas que
contienen norepinefrina, de las cuales un tercio se hallan en dos centros
nerviosos simétricos, los locus coeruleus, presentes en todos los mamíferos,
desde el equidna al hombre. Los axones de las neuronas de cada locus coeruleus
terminan en diversas estructuras del sistema límbico, entre ellas el hipocampo
y la amígdala, así como en el neocórtex. Bloom y sus colegas han medido el
ritmo de descarga de estas neuronas en ratas y monos que podían moverse
libremente. Durante el sueño REM estas neuronas están casi totalmente silenciosas;
durante el sueño de onda lenta envían señales con lentitud; y cuando el animal
está despierto —y especialmente cuando se despierta del sueño— alcanzan su
ritmo máximo.
A pesar de
la intensa investigación realizada, la función del sistema norepinefrínico no
se halla establecida con claridad. Bloom sugiere que podría ser la de preparar
el cerebro para controlar más eficazmente la situación ambiental que ha llevado
al animal a un estado de alerta. Sugiere que, como resultado del incremento de
las
272
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señales
recibidas de las neuronas epinefrínicas durante el estado de alerta, las
neuronas sensoriales del neocórtex pueden disminuir sus descargas al azar, y
responder con más fuerza a los estímulos sensoriales exteriores. Esto
significaría un oportuno acoplamiento o modulación de los sistemas sensoriales
cuando el animal se despierta, o cuando entra en un estado de alerta y debe
reaccionar a los estímulos del medio.
Los tres
sistemas de neuronas monoamínicas envían gran parte de sus señales al sistema
límbico, y es muy significativo que los fármacos psicoactivos y los que mejoran
los síntomas de la depresión y la esquizofrenia actúen precisamente sobre estos
neurotransmisores.
Este
descubrimiento se hizo de forma accidental. El primer hallazgo estuvo
relacionado con la depresión. En 1952 se observó que los enfermos de
tuberculosis pulmonar tratados con la sustancia isoniacida mostraban una mayor
euforia y otras alteraciones del estado de ánimo. En consecuencia, pronto se
empezó a tratar experimentalmente a los enfermos de depresión con iproniacida,
una droga afín a la isoniacida pero con efectos secundarios menos peligrosos.
La iproniacida demostró poseer claras propiedades antidepresivas y
euforizantes. Seguidamente describiremos su mecanismo de acción. Cuando una
corriente nerviosa llega a una sinapsis, libera una pequeña cantidad de
neurotransmisor, el cual se expande a través de la estrecha hendidura sinóptica
para actuar en la neurona objetivo. El neurotransmisor que queda en la
hendidura sinóptica es eliminado rápidamente a fin de preparar a la sinapsis
273
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para la
transmisión de la siguiente señal nerviosa. La eliminación se produce de dos
maneras: o se convierte en otras sustancias inactivas en la misma hendidura, o
es reabsorbido hacia la terminación sinóptica de la que procede, donde, en el
caso de los transmisores monoamínicos, es destruido por la enzima
monoaminooxidasa. La iproniacida actúa inhibiendo la monoaminooxidasa, lo que
impide la destrucción de las monoaminas, elevándose así la concentración de
estos neurotransmisores en el cerebro. Parece que las propiedades
antidepresivas de la iproniacida y de otras sustancias que inhiben la
monoaminooxidasa se deben al incremento de dichos niveles.
A partir de
1957 se sintetizó un segundo grupo de sustancias antidepresivas, los
antidepresivos tricíclicos. Éstos han demostrado ser más eficaces en el
tratamiento de la depresión que los inhibidores de la monoaminooxidasa, y por
tanto hoy día son muy utilizados. Estos fármacos aumentan la concentración de
norepinefrina y serotonina bloqueando la recaptación normal en la terminación
sinóptica.
Aproximadamente
el mismo año en que los médicos descubrieron la acción de la isoniacida, otra
observación fortuita condujo al descubrimiento de unas sustancias que mejoraban
los síntomas de la esquizofrenia, los llamados tranquilizantes mayores o
neurolépticos. Se descubrió que una sustancia utilizada inicialmente como
antihistamínico, la clorpromacina, tenía un efecto sedante. La clorpromacina no
alteraba el estado de conciencia del paciente y, sin embargo, éste dejaba de
interesarse por lo que acontecía a su alrededor. La clorpromacina y otras
drogas de este tipo, las
274
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fenotiacinas,
pronto fueron ampliamente utilizadas en el tratamiento psiquiátrico de la
esquizofrenia. Se cree que las fenotiacinas ejercen sus efectos a través de los
sistemas de neuronas que contienen norepinefrina y dopamina. Otra serie de
compuestos estudiados más recientemente, las butirofenonas, cuyo representante
más importante es el haloperidol, han demostrado asimismo ser eficaces agentes
antipsicóticos, y al parecer actúan también por medio de las monoaminas. En
resumen, hay una estrecha relación entre los neurotransmisores monoamínicos y
determinadas enfermedades mentales.
Aunque se
conocen en parte los mecanismos de acción de las drogas antidepresivas y
neurolépticas a nivel neuronal, hay aún muchas cuestiones sin resolver. Por
ejemplo, en sus experimentos con animales, los científicos han podido comprobar
que la acción de los compuestos antidepresivos sobre las neuronas es inmediata,
pero cuando el fármaco es tomado por un paciente, transcurren días o semanas
hasta que se aprecian sus efectos sobre el estado mental. Uno de los problemas
principales es que no se conocen bien los sistemas neuronales propios de cada
neurotransmisor. Y tampoco se tiene un conocimiento suficiente de los sistemas
neuronales relacionados con la cognición, el afecto y la memoria como para
entender la acción de las sustancias psicoactivas. Dejemos, no obstante, estos
temas por el momento, y volvamos al hipocampo y al punto más importante de este
capítulo.
Como se
indicó en el capítulo anterior, se cree que la presencia del ritmo theta en el
hipocampo refleja un determinado tipo de
275
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procesamiento
neural que supone la modulación cíclica de las señales de entrada. Esto
ocurriría sólo durante ciertas actividades específicas, lo cual sugiere que el
hipocampo cambia su modo de procesamiento de información cuando cambia el
comportamiento. Esta suposición fue confirmada por otra serie de datos. Como ya
se ha dicho, las neuronas de norepinefrina de los locus coeruleus, que envían
un considerable caudal de señales al hipocampo, tienen diferentes ritmos de
descarga según la actividad que realiza el animal; y en concreto, descargan con
mayor rapidez en el estado de alerta que durante el sueño, lo cual sugiere una
relación entre la liberación de norepinefrina en el hipocampo y el tipo de
actividad que se está llevando a cabo. Las neuronas del tallo cerebral que
contienen serotonina también envían señales al hipocampo, y aunque el ritmo de
descarga de estas células durante las diferentes actividades no está bien
definido, no sería de extrañar que también tuvieran una influencia sobre el
hipocampo en función del comportamiento.
Estos datos
sobre el ritmo theta y la recepción en el hipocampo de señales nerviosas
procedentes de neuronas monoamínicas nos llevó a Charles Abzug y a mí a
efectuar un experimento en 1978. Se trataba de probar el procesamiento neural
en las tres primeras etapas del circuito del hipocampo durante varios estados
de comportamiento distintos. El experimento se realizó en ratas que tenían
libertad de movimientos. En el capítulo anterior mencioné que el circuito
básico del hipocampo, contenido dentro de cada una de las láminas en que éste
puede subdividirse, consta de tres etapas de procesamiento (véase la fig. 8-1).
Las señales nerviosas que llegan a cada una de las
276
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láminas del
hipocampo provienen del córtex entorrino. Dichas señales pasan por dos etapas
de procesamiento (1 y 2), en la segunda de las cuales se envía una parte de las
señales a diversas estructuras del sistema límbico (salida 1). Tras pasar por
la tercera y última etapa de procesamiento (3), las señales se dirigen a otras
estructuras límbicas (salida 2).
Fig. 8-1.
En la parte inferior de la figura se observa una «lámina» del hipocampo y el
circuito básico de tres etapas de esta estructura. Las señales de entrada de
dicho circuito proceden del córtex entorrino, que recibe información muy
analizada de las áreas sensoriales del neocórtex. Esta información es procesada
y transmitida a través de
277
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una primera
etapa del circuito y después a través de una segunda (1 y 2). La primera salida
del circuito a otras estructuras del sistema límbico se encuentra en la segunda
etapa (salida 1). La información continúa su procesamiento en una tercera etapa
del circuito (3). De esta etapa surge una segunda salida del hipocampo a áreas
límbicas así como de nuevo al córtex entorrino (salida 2). El modo de
transmisión neuronal desde el córtex entorrino a través del circuito de tres
etapas hacia sus diversas áreas objetivo depende del estado de comportamiento
del animal.
En nuestras
experiencias, colocamos un electrodo estimulador en las vías nerviosas que van
del neocórtex al hipocampo y le aplicamos una corriente eléctrica, imitando las
señales nerviosas que normalmente envía el neocórtex, y como resultado se
estimulaban las neuronas de la primera etapa del circuito del hipocampo.
Colocamos también electrodos para registrar la actividad de los principales
grupos celulares de cada lámina del hipocampo, y observamos que el primer grupo
de neuronas responde unas milésimas de segundo después de llegar la señal
nerviosa de entrada, el segundo grupo descarga unas milésimas de segundo más
tarde y el tercer grupo lo hace unas milésimas de segundo después25.
25 Los
primeros experimentos de este tipo fueron realizados con animales anestesiados
en los años 1960 por Per Andersen, profesor de neurofisiología de la
Universidad de Oslo. Andersen y sus colaboradores fueron en gran parte los
responsables de la elaboración de las propiedades neurofisiológicas del
circuito de tres etapas del hipocampo. Para entender la neurofisiología del
hipocampo es fundamental conocer su anatomía, tarea que inició Ramón y Cajal y
es continuada hoy día por los neuroanatomistas con métodos cada vez más
eficaces. Mi experimento ha sido posible gracias a los conocimientos adquiridos
por las investigaciones anteriores.
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Hicimos
pruebas con animales en cuatro estados de comportamiento, dos de vigilia y dos
de sueño. En el primer estado de vigilia la rata estaba quieta y se llamaba su
atención por medio de algún estímulo, mientras que en el segundo el animal se
movía en su jaula realizando una conducta exploratoria. Los estados de sueño
eran el de ondas lentas y el sueño REM. En cada uno de los cuatro
comportamientos enviamos corrientes al hipocampo y registramos las respuestas
de las neuronas en cada etapa del circuito. Los resultados mostraron
diferencias espectaculares en dichas respuestas según la actividad del animal.
Como
ejemplo examinemos lo que ocurría en las tres etapas del procesamiento durante
los dos estados de sueño. Si se aplicaba una corriente al electrodo estimulador
mientras la rata se encontraba en la fase de sueño de ondas lentas, los
electrodos registradores indicaban que las neuronas de las tres etapas emitían
impulsos nerviosos en respuesta a las señales recibidas. Si se aplicaba una
corriente de la misma intensidad mientras la rata se encontraba en el estado de
sueño REM, las neuronas de las dos primeras etapas seguían emitiendo impulsos,
pero las de la tercera emitían muy pocos. Cuando el animal volvía al sueño de
ondas lentas, la respuesta de las neuronas de esta última etapa volvía a ser
intensa. Podemos imaginar que en las neuronas de la tercera etapa existe algo
que actúa como una especie de conmutador o compuerta, que se abriría durante el
sueño de ondas lentas y se cerraría durante el sueño REM. (El término
«compuerta» —en inglés, «gate»— es utilizado por los especialistas en
electrónica en un sentido análogo al del lenguaje
279
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corriente.
Una compuerta abierta deja pasar una señal a través de una conexión, mientras
que una cerrada lo impide. Los neurofisiólogos han ampliado la metáfora a los
circuitos neurales.)
En las
otras dos etapas del circuito típico del hipocampo observamos también el mismo
fenómeno de conmutación neuronal en distintos estados de comportamiento. Así
pues, las señales nerviosas procedentes del neocórtex pasarían unas veces
libremente a través de todo el circuito de cada lámina del hipocampo y se
transmitirían por medio de las neuronas de la segunda y de la tercera etapa a
todas las áreas-objetivo del sistema límbico; otras veces se transmitirían sólo
a un subconjunto de dichas áreas exclusivamente por medio de las neuronas de la
segunda etapa, y finalmente en otros casos la transmisión sería totalmente
imposible.
Al estudiar
el cerebro, los neurocientíficos suelen pensar en términos de circuitos
anatómicos fijos por los que pasa la información en forma de series de
corrientes nerviosas. Pero debido al fenómeno de la conmutación neuronal, en
determinados estados de comportamiento queda restringido el flujo de
información a lo largo de ciertas vías, aunque los circuitos no cambien sus
conexiones. Para expresar este fenómeno en términos de informática, diríamos
que las conexiones permanecen fijas, pero el programa para procesar la
información cambia según la situación de comportamiento.
Probablemente,
la conmutación neuronal en el hipocampo está controlada por señales nerviosas
procedentes de otras estructuras cerebrales; por motivos anatómicos, es muy
probable que el origen de dichas señales sea el tallo encefálico. De hecho, una
idea que motivó
280
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el estudio
descrito fue que las neuronas del tallo encefálico que contenían norepinefrina
y enviaban sus axones al hipocampo emitían señales a ritmos diferentes según el
comportamiento que realizaba el animal, y podían por tanto afectar el
procesamiento neuronal en el hipocampo. Diversos estudios posteriores han
confirmado esta idea26. ¿Qué es lo que determina que en un momento dado los
conmutadores neurales se abran o se cierren? En el caso del sistema de
circuitos del hipocampo, Bloom sugiere que las señales enviadas por las
neuronas norepinefrínicas desde el tallo encefálico modulan dichos circuitos de
tal modo que producen un procesamiento más eficaz de la información sensorial
procedente del neocórtex cuando dicha información es de especial importancia
para el animal. Quisiera añadir como hipótesis que, a través de diversas vías
procedentes del tallo encefálico —las de la norepinefrina entre ellas—, el
sistema de circuitos del hipocampo modifica su función durante ciertos estados
de comportamiento, de manera que en tales casos se realiza un procesamiento
específico de la información.
¿Cómo tiene
lugar el procesamiento de la información en el hipocampo? O, dicho de otro
modo, ¿cuál es la función del
26 Por
medios farmacológicos es posible vaciar de norepinefrina el hipocampo de forma
selectiva. Entonces, mediante experimentos del tipo de los descritos, se pueden
probar en el animal los efectos de conmutación neuronal. Estudiando la
conmutación en la primera etapa de la cadena de tres, se ha establecido que el
vaciado de norepinefrina elimina el efecto de conmutación neuronal. Ver D.
Dahl, W. H. Bailey y J. Winson, «Effect of Norepinephrine Depletion of
Hippocampus on Neuronal Transmission from Perforant Pathway Through Dentate
Gyrus», Journal of Neurophysiology, 1983, vol. 49, p. 123. Se están llevando a
cabo más estudios para delinear los mecanismos neurales que están operando.
Basándonos en las características conocidas de la norepinefrina, podría esperarse
una acción moduladora en la habilidad de las señales que llegan para disparar
las neuronas hipocámpicas. También se ha hallado otras entradas de información
en el tallo encefálico que influyen en la transmisión neuronal. Existen en el
tallo encefálico sistemas en apariencia muy complicados que controlan, al menos
parcialmente, el fenómeno de la conmutación neuronal.
281
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hipocampo?
Se supone que dicha función está relacionada con la memoria —recuérdese lo
dicho en el capítulo 1—. Pero entonces, ¿es el hipocampo un instrumento para
organizar y recordar la secuencia temporal de sucesos instantáneos y separados
analizados por el neocórtex?; o bien, ¿está implicado en un estadio anterior,
ayudando a evocar los recuerdos conectando entre sí las diversas impresiones
sensoriales que constituyen un suceso determinado? La realidad es que todavía
no tenemos respuesta para todas estas preguntas.
En resumen,
el hipocampo desempeña un papel fundamental en el sistema límbico, procesando y
distribuyendo la información procedente del neocórtex a otras estructuras del
mismo sistema. Al igual que otros circuitos en el resto del cerebro, se puede
considerar que los del hipocampo son permanentes, y que transmiten la
información a través de sus distintas vías en forma de patrones cambiantes de
corrientes nerviosas.
Hemos
tratado también del fenómeno de la conmutación neuronal. Según cuál sea el
comportamiento del animal —vigilia, sueño de ondas lentas, sueño REM— los
circuitos del hipocampo son afectados por las señales nerviosas que proceden
del tallo encefálico (y quizá de otras fuentes). Dichos circuitos no cambian
desde el punto de vista anatómico, pero sí desde el funcional, dirigiendo la
información a través del hipocampo de forma distinta según sea el
comportamiento. Mi opinión es que en estos cambios se basan los procesos
mentales descubiertos en las investigaciones sobre el sueño —y, en particular,
sobre los sueños—, y que constituyen el sustrato neural para un
282
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mecanismo
cerebral que evolucionó muy tempranamente en la historia de los mamíferos, y al
que Freud llamó inconsciente.
En la
próxima sección veremos que los datos sobre el cerebro concuerdan con los
fenómenos psicológicos, y expondré mi hipótesis de que dichos datos ayudan a
comprender el origen biológico de tales fenómenos.
283
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Hipótesis
El objetivo
último de estas investigaciones es la filogenia de la mente, la cual, como el
cuerpo, ha llegado a su forma presente a través de interminables
transformaciones. C. G. JUNG
Crítica del
psicoanálisis
284
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Capítulo IX
Crítica del
psicoanálisis
En este
capítulo quiero exponer mi hipótesis acerca de cuáles pueden ser los mecanismos
cerebrales que subyacen en los procesos mentales inconscientes. Esta teoría es
especulativa, pero puesto que está basada en la fisiología del cerebro, espero
que finalmente sea verificada o refutada con métodos neurocientíficos.
La clave se
halla en la evolución del sueño. Retrocedamos 180 millones de años atrás, a la
época en que los monotremas (uno de cuyos representantes actuales es el
equidna) eran los únicos mamíferos de la naturaleza. Recordemos que los
monotremas son mamíferos por tener la temperatura corporal constante, pelo y un
corazón dividido en cuatro partes, y por alimentar a sus crías con leche; se
diferencian de los mamíferos marsupiales y placentarios en que, al igual que
los reptiles, ponen huevos. En el capítulo 2 indicamos que el equidna posee un
cerebro especial, pues su córtex prefrontal es muy grande y circunvolucionado,
y que también es especial en otro aspecto: no tiene sueño REM (los reptiles
tampoco lo tienen).
La
evolución prosiguió, y de una línea divergente de los mono- tremas salieron los
mamíferos marsupiales y placentarios. Entre ellos había animales que eran
insectívoros como el equidna, y que se parecían mucho a éste en hábitos y
capacidades. Pero todos estos animales tenían un córtex frontal muy pequeño, y
en todos ellos se daba ya el sueño REM.
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El
aprendizaje, es decir, el proceso mediante el cual se integra la experiencia a
lo largo del tiempo y se guía el comportamiento futuro organizando o
modificando los circuitos neurales, es muy evidente en los mamíferos. Según mi
hipótesis, en el equidna (y en los demás monotremas que existieron antes que él
y poseían un córtex frontal muy desarrollado) esta integración de la
experiencia ocurriría sólo en el estado de vigilia, y ésa sería la razón por la
que necesita un córtex tan grande. En los mamíferos marsupiales y placentarios,
sin embargo, la naturaleza habría dado con otra solución al problema de la
integración de la experiencia. Esta nueva solución, que permitiría llevar a
cabo la misma tarea con mucho menos córtex frontal, sería posible gracias al
sueño REM. (En los reptiles no existe el problema de la integración de la
experiencia, pues su comportamiento es muy estereotipado, y el poco aprendizaje
que realizan está perfectamente gobernado por un cerebro pequeño sin
neocórtex.)
Recordemos
ahora lo que sabemos del córtex prefrontal. Constituye la porción anterior del
neocórtex, y está conectado con un núcleo específico del tálamo, el núcleo
mediodorsal. El córtex frontal recibe toda la información cognitiva y emocional
de que dispone el cerebro, y una parte importante de las señales nerviosas que
parten de él se dirigen a los ganglios básales, un grupo subcortical de núcleos
relacionados con la actividad o el movimiento. Recordemos el punto de vista de
Joaquim Fuster respecto al papel del córtex frontal en la organización del
comportamiento:
Sus
principales constituyentes son los actos de atención que «palpan» el ambiente
en busca de indicios significativos, los
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movimientos
intencionados y elaborados, la continua actualización de la información
relevante y el traslado de dicha información a un esquema cognitivo de la
estructura global y de su objetivo. El córtex frontal no sólo proporciona el
sustrato para estas operaciones, sino que les confiere su carácter activo. En
este papel activo... se puede encontrar la justificación de un calificativo que
a menudo se da al córtex frontal: «el ejecutivo del cerebro».
Parece,
pues, que la función del córtex frontal es formular una estrategia o plan para
el comportamiento futuro del animal, de manera que éste pueda desarrollar una
actividad apropiada en cada situación concreta. (Esta es, evidentemente, una
función diferente de las que realizan otras partes del neocórtex, que detectan
y analizan los estímulos sensoriales que llegan o dirigen las acciones
motoras.) En los primeros mamíferos marsupiales y placentarios, el córtex
frontal era pequeño en relación con el resto del neocórtex. A medida que
evolucionaban los mamíferos, aparecían especies con más tejido cortical (tanto
frontal como de otras áreas del neocórtex). Este tejido neuronal adicional
proporcionó mucha más capacidad sensorial, motora y asociativa. El ser humano
es la especie en la que culmina esta tendencia evolutiva, pero ni siquiera en
él el córtex frontal es tan grande como en el equidna en relación con el tamaño
total del cerebro. Si la organización del cerebro humano hubiera sido similar a
la del equidna, se hubiera necesitado un carro para llevarlo. Dicho de otro
modo, en la evolución no hubiese aparecido el hombre.
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¿Qué
solución encontró la naturaleza en los mamíferos marsupiales y placentarios? Yo
propongo que fue, en términos de informática, un procesamiento de entrada
indirecta o «off-line» (el término «off-line» designa la adquisición de
información y su almacenamiento temporal en la memoria del computador hasta el
momento en que los componentes encargados de procesarla están disponibles). La
tarea de asociar hechos recientes a recuerdos pasados y de desarrollar un
sustrato neural para guiar el comportamiento futuro se realizaría mientras el
animal duerme. Bastaría con un córtex frontal pequeño porque éste no tendría
que trabajar en la integración y procesar al mismo tiempo la nueva información:
podría llevar a cabo su función integrativa de una manera más cómoda durante el
sueño.
Para apoyar
esta hipótesis, volvamos al hipocampo. Recordemos que el hipocampo es la
estructura central del sistema límbico, íntimamente relacionada con la memoria.
Todo lo que sabemos acerca de su funcionamiento es que hace posible el registro
de los hechos de experiencia en el cerebro, debido a que en él converge toda la
información sensorial. Vimos que en los pacientes como H. M., que carecían de
hipocampo, los recuerdos de hechos recientes se habían perdido para siempre.
Vimos asimismo que en el hipocampo de muchos mamíferos se generaba el ritmo
theta durante ciertas actividades. Observamos también que el ritmo theta era,
según todas las apariencias, la manifestación de una forma especial de
procesamiento neural de la información sensorial, que habría evolucionado
originalmente para coordinar la información sensorial con los ciclos de olfateo
en animales como la rata, y que en otras
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especies se
habría extendido a otras actividades importantes para la supervivencia de las
mismas. Tomando como ejemplo el gato y el conejo, las actividades durante las
cuales se daba el ritmo theta eran la exploración en las dos especies, la
conducta predatoria en el gato y la de huida en el caso del conejo. El ritmo
theta se da también en todas estas especies durante el sueño REM.
En mi
opinión, la aparición del ritmo theta en el hipocampo es una señal de que se
está dando un procesamiento de información sensorial, y el hecho de que se
presente durante el sueño REM sugiere que esta información sensorial está
siendo procesada de nuevo, pero esta vez mientras el animal duerme, cuando no
se reciben estímulos sensoriales del exterior. La información adquirida
mientras el animal estaba activo se tomaría durante el sueño de los almacenes
internos de la memoria.
El hecho de
que el ritmo theta se dé sólo durante ciertas actividades de vigilia
específicas de cada especie nos proporciona otro indicio sobre el procesamiento
de la información durante el sueño REM: no se procesarían todas las
experiencias, sino sólo aquéllas relacionadas con actividades que son de
especial importancia para cada especie. Como veíamos en el capítulo 7, en el
hipocampo del equidna aparece el ritmo theta cuando el animal excava su
madriguera. En este animal no existe sueño REM ni ritmo theta mientras duerme.
Probablemente, el enorme córtex frontal del equidna procesa la información
obtenida en su estado de vigilia, al mismo tiempo que la adquiere (en términos
de informática, procesaría la información en línea directa, «on-line»).
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Mis
trabajos de laboratorio sobre conmutación neural en el hipocampo proporcionan
una evidencia adicional de que realmente se produce un procesamiento de la
información durante el sueño REM. Ya hice notar anteriormente que el modo como
el hipocampo desarrolla su función mnésica en conjunción con el neocórtex
todavía no se comprende del todo; pero se sabe que la información procedente
del neocórtex y procesada por el hipocampo es enviada a diferentes estructuras
del sistema límbico según los comportamientos. Este cambio de ruta de la
información puede interpretarse como un cambio en el esquema de procesamiento
de la información (en términos informáticos, un cambio de programa).
Otro punto
importante es que muchas estrategias de comportamiento no son reversibles o
modificables con facilidad a partir de cierta edad. Recordemos la observación
de Leyhausen de que los gatos cuyas madres no les llevan presas vivas entre su
sexta y veinteava semana de vida no matan de mayores, o lo hacen de una manera
laboriosa y lenta.
Otros
indicios de que existe un procesamiento de la información durante el sueño REM
se encuentran en los experimentos de Morrison y Jouvet, en los que al lesionar
el tallo encefálico de los gatos aparecían movimientos musculares durante el
sueño REM. Estos animales mostraban una conducta de ataque o de miedo —que, en
mi opinión, podrían representar las actividades que se procesan neuralmente
durante el sueño REM, como parte de una fijación, integración o ensayo de
experiencias predatorias.
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Si el sueño
REM cumple realmente la función que sugiero, no debería extrañarnos que dicha
función, dada su importancia, se manifestara en todos los mamíferos, incluido
el ser humano. Y a partir de aquí se podría entender el origen de los sueños en
el ser humano y lo que éstos representan. En el ser humano, los sueños serían
una ventana abierta al proceso neural por el que, a partir de la primera
infancia, se establecerían, modificarían o examinarían las estrategias de
comportamiento. (En el caso de nuestra especie, las experiencias que se
integrarían no estarían ya restringidas a actividades concretas, como ocurriría
en otros mamíferos, sino que abarcarían todas las experiencias.) Cuando Freud
desmenuzaba y analizaba los sueños, construyendo a partir de ellos su concepto
del inconsciente, habría estado estudiando este proceso.
En mi
opinión, existen antiguos mecanismos filogenéticos relacionados con el sueño
REM mediante los cuales se forman y se manipulan en el cerebro recuerdos,
asociaciones y estrategias como una categoría de información distintas en el
córtex frontal y otras estructuras asociadas, y creo que tales mecanismos
constituyen el inconsciente freudiano.
¿Puede
explicar esta hipótesis los fenómenos psicológicos que Freud asociaba al
inconsciente, tales como la distorsión de los sueños, la represión y la
transferencia? ¿Nos lleva a una comprensión del significado de los sueños?
Antes de intentar responder a estas cuestiones quiero examinar una parte de los
descubrimientos que ya he explicado, así como algunos nuevos datos sobre el
proceso del pensamiento humano.
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Al parecer,
nuestro cerebro trabaja perennemente con ideas que se hallan por debajo de
nuestra conciencia. Por ejemplo, con frecuencia ocurre que cuando intentamos
recordar un suceso reciente, un nombre o un lugar, somos incapaces de hacerlo,
y en cambio minutos u horas más tarde este dato nos viene de pronto a la mente.
Evidentemente hemos iniciado una búsqueda en nuestra memoria, y al cabo de
algún tiempo ha dado resultado. Y durante ese tiempo nos hemos dedicado a otras
actividades sin darnos cuenta del proceso mental subyacente. En el capítulo 2
hemos descrito algunos hechos que hablan en favor del procesamiento de las
experiencias durante el sueño. Si se despierta a un individuo en el momento en
que empieza a dormirse, recuerda imágenes visuales casi con la misma frecuencia
con que las recuerda cuando es despertado durante el sueño REM (una frecuencia
del orden de siete veces sobre diez). Los pensamientos que se dan al principio
del sueño son imágenes fragmentadas o minidramas, ambas cosas muy diferentes de
nuestro pensamiento durante la vigilia antes de acercarnos al sueño, y que
revelan una línea independiente de asociaciones mentales. Cuando se despierta a
un individuo durante el sueño no REM, también recuerda a veces imágenes
fantásticas. Tal como he dicho, creo que el procesamiento de información se da
durante el sueño REM, y las asociaciones mentales que se dan durante otros
estados de sueño pueden reflejar procesamientos similares o no.
En 1978,
Howard Roffwarg y sus colegas del Hospital Montefiore y de la Escuela de
Medicina Albert Einstein de Nueva York llevaron a cabo un experimento que
demostró la existencia de una integración
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ordenada de
la experiencia en los sueños, algo parecido a lo que yo postulo como un
mecanismo básico del cerebro. Nueve estudiantes universitarios llevaron puestas
permanentemente durante unos días unas gafas que no dejaban pasar las
longitudes de onda azul y verde de la luz, de modo que lo veían todo en un tono
rojizo. Los individuos se acostumbraron pronto a esta coloración alterada en la
percepción del mundo. Con estas gafas, la información visual que llegaba al
cerebro de los estudiantes quedaba «teñida». Roffwarg y sus colegas pensaron
que podrían seguir todos los procesamientos de experiencias que se produjeran
durante el sueño gracias al color de las escenas que relatarían los individuos
al despertarse. El experimento se realizó con sumo cuidado, utilizando diversos
controles, y los resultados revelaron efectivamente un patrón de procesamiento
en el sueño.
Durante los
primeros días de la experiencia, los sujetos de la prueba llevaron las gafas
sin lentes que alteraran el color, para acostumbrarse a ellas. Luego utilizaron
gafas con lentes coloreadas durante un período de cinco a ocho días. A lo largo
de todo el experimento los individuos durmieron, en el laboratorio, y se
registraron sus electroencefalogramas y sus movimientos oculares para
determinar la fase de sueño en la que se encontraban. Se les despertaba cuando
empezaban a dormirse, y en las fases de sueño no REM y REM, para que informaran
sobre sus pensamientos y sueños. A partir del primer día en que comenzaron a
usar las gafas coloreadas, los individuos empezaron a referir sueños
«coloreados» cuando se les despertaba en la fase REM (normalmente tenían cuatro
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períodos de
sueño REM cada noche). Durante la primera noche, en el primer sueño la mitad de
las escenas aparecieron con el color de las gafas, pero no aparecieron en los
siguientes sueños REM.
En las
noches siguientes, el color de las gafas fue manifestándose en períodos cada
vez más posteriores de sueño REM, de forma que a la cuarta o quinta noche los
sueños de todos los períodos REM tenían escenas con el color de las gafas:
aparecía en un 83% de los sueños de los primeros períodos REM, y en un 44% de
los últimos sueños. Evidentemente, Freud y otros investigadores tenían razón al
decir que los sueños contenían residuos diurnos, informaciones recogidas en los
últimos días. Pero aún había más. Día a día se producía un procesamiento
sistemático de aquella información en sueños cada vez más alejados del momento
de empezar a dormir.
Había otro
aspecto interesante en este procesamiento: la combinación de hechos recientes
con recuerdos anteriores. Todo el material del sueño que no tenía el color de
las gafas procedía claramente de recuerdos y experiencias anteriores; y, en
algunos casos, incluso hechos que habían ocurrido antes del experimento
empezaban a reaparecer en los sueños con el color rojo. Había también casos en
los que dentro de un mismo sueño aparecían unas escenas coloreadas de rojo y
otras normales. Así, por ejemplo, el individuo podía soñar que se hallaba en
una habitación de color normal, pero el paisaje que contemplaba a través de una
ventana aparecía coloreado en rojo. Todo ello sugiere que existe una compleja
interacción entre la experiencia reciente y los recuerdos. El último hallazgo
experimental respecto al sueño REM fue que cuando se les
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quitaban
las gafas a los individuos y éstos pasaban un día entero de visión normal, la
coloración roja inducida desaparecía prácticamente de todos los sueños.
Los datos
obtenidos al despertar a los individuos cuando empezaban a dormirse (cosa que
se hacía varias veces en una noche en el momento en que volvían a dormirse
después de ser despertados en fases REM o no REM) hicieron pensar que en esos
momentos se producía un proceso diferente: estos datos no eran tan completos
como los obtenidos al despertar del sueño REM, pero sí lo suficiente como para
demostrar que las imágenes recordadas tenían la coloración de las gafas.
Finalmente, al despertar a los individuos en fases no REM se comprobó que el
color de las gafas se manifestaba menos que en los sueños REM o en las imágenes
que aparecían cada vez que el individuo volvía a dormirse durante la noche.
El
experimento de Roffwarg sugiere con toda claridad la existencia de un
sistemático y complicado procesamiento de la información durante el sueño. Los
hallazgos de Larry Squire y sus colegas, citados en el capítulo 1, apuntan
también a este procesamiento de la información que ocurre por debajo de la
conciencia, procesamiento que ellos relacionan con la memoria.
Consideremos
la consolidación de la memoria. Recordaremos que Squire observó que existía un
proceso lento de consolidación de la memoria, que duraba unos tres años,
durante los cuales los recuerdos requerían el hipocampo para poder ser
evocados, y que después de ese período tomaban una forma en la que el hipocampo
ya no era necesario. Recordemos el caso de H. M., que carecía de
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hipocampo y
recordaba hechos sucedidos tres años antes de su operación, pero no podía
evocar recuerdos más recientes. Probablemente, durante este período de tres
años los recuerdos son reactivados o repetidos muchas veces mediante un proceso
en el que el hipocampo actúa con el neocórtex y otras partes del cerebro. Es
posible que los recuerdos reactivados de esa forma queden codificados
finalmente en el neocórtex. En cualquier caso, el hipocampo ya no es crucial
para su evocación.
¿En qué
momentos se produciría esta reactivación o repetición? Podría darse de manera
continua durante el estado de vigilia. Procesos como la búsqueda subconsciente
de un nombre o un hecho del pasado, que ya hemos mencionado, parecen sugerir la
existencia de un complejo sistema de asociaciones subconscientes y tienen lugar
constantemente en el estado de vigilia. Pero la reactivación de las
asociaciones podría darse también durante las diversas fases del sueño. Ya he
hablado de la posibilidad de que durante el sueño REM exista un proceso por
medio del cual se integren el flujo de los hechos recientes y las asociaciones
pasadas, con el fin de guiar el comportamiento futuro. (Incluso es posible que
toda la memoria a largo plazo se consolide a través de este proceso, aunque
esta suposición es más arriesgada y no la propongo como parte de mi hipótesis
general.) Es decir, que sólo son repetidos noche tras noche, y por fin
almacenados de forma permanente, los recuerdos que se logran en asociación con
dicha integración. Ello representaría una gran cantidad de material (y
constituiría así toda la memoria a largo plazo), pues, como mencioné, damos por
supuesto que en el hombre
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el proceso
del sueño REM ya no elabora un plan de comportamiento para unas conductas
particulares, como la exploración y la predación, sino que incluye toda la
experiencia humana.
Cualesquiera
que sean los medios por los que se verifica el período de tres años de
consolidación, en los trabajos de los investigadores sobre el sueño he
encontrado apoyo para mi opinión de que en el hombre existe un sistema cerebral
para el procesamiento de información que opera durante el sueño, y cuyo
sustrato neural, por lo menos en parte, podría ser el mecanismo de conmutación
neural del hipocampo.
Si este
sistema fuera el que Freud observó y denominó inconsciente, ¿podría explicar
las características del inconsciente identificadas por Freud, tales como la
represión del contenido de los sueños por medio de la distorsión (el
simbolismo, la necesidad de representatividad, la condensación y el
desplazamiento), y el desvelamiento del contenido latente de los sueños por
medio de la asociación libre?
Creo que
algunas de estas características se deducen como consecuencia natural de mi
hipótesis. Así, basándome en mi teoría, diría que no hay ninguna censura que
distorsione el contenido de los sueños para mantener su significado alejado de
la conciencia. La distorsión de los sueños no sería una defensa, sino un
reflejo del proceso asociativo normal por medio del cual la experiencia es
interpretada e integrada. Consideremos en primer lugar el simbolismo. En los
años 70, en la Universidad de Wyoming, David Foulkes llevó a cabo un estudio
exhaustivo sobre los sueños de niños entre tres y quince años. Cada año,
durante un período de cinco, el
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niño pasaba
nueve noches en un laboratorio donde se controlaban sus fases de sueño y se le
despertaba para preguntarle sobre lo que recordaba cuando empezaba a dormirse y
en las etapas no REM y REM. Son especialmente reveladores los sueños de una
niña llamada Emily, que Foulkes estudió desde los once a los quince años.
Seguidamente reproducimos la conversación que tuvo Emily con el investigador
tras ser despertada cuando empezaba a dormirse en una noche de experimentación
(Emily contaba trece años de edad):
—Había un
grupo de gente de pie que se pasaban una cosa. No sé de qué se trataba: creo
que era algo que uno se pone, como una gargantilla o un brazalete. —¿Quiénes
formaban el grupo?
—Era un
grupo de niñas de mi edad.
—¿Las
reconocías? ¿Eran niñas que tú conoces?
—No.
—¿Dónde se
hallaban?
—Estaban en
una habitación muy pequeña y todas estaban muy juntas... No sabría decir de qué
edificio se trataba. —¿Estabas tú allí?
—Sí... Yo
miraba lo que se pasaban entre ellas. Yo también lo pasaba. No hacíamos nada
especial. —¿Sentías alguna cosa especial?
—No.
Un mes
antes, al ser despertada en una fase REM, Emily había relatado un sueño en el
que aparecía el mismo símbolo, una
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gargantilla.
En dicho sueño, Emily paseaba en automóvil con una amiga y el padre de la
amiga. La gargantilla de Emily había quedado en la calle, y cuando la amiga
intentaba recuperarla el padre puso el coche en marcha dejando sola a la
muchacha. De acuerdo con el propósito de su estudio, Foulkes no preguntó a
Emily acerca de lo que ella pensaba del significado de su sueño, pero a él le
pareció que era lo suficientemente claro como para hacer el siguiente
comentario:
Tanto por
la naturaleza del símbolo en sí mismo como por los contextos en que aparece, es
tentador pensar que la gargantilla representa la feminidad, y también
metafóricamente las obligaciones que Emily se imagina le impone su anatomía en
un destino que percibe aún vagamente (el padre no quiere saber nada sobre el
asunto; es parte de un mundo especialmente constrictivo que sólo las niñas
pueden experimentar en común).
Pospongamos
por un momento la cuestión de por qué en los sueños todo debe aparecer de una
forma visual (la necesidad de representatividad), y analicemos cómo puede
elegirse un símbolo para representar el concepto de feminidad compartida. La
vagina no sería un símbolo adecuado, pues, ¿cómo representaría el concepto de
que es compartida? En mi opinión, el proceso asociativo de Emily llegó a una
solución natural. La gargantilla tenía básicamente la forma del órgano sexual
femenino, y en cuanto a su utilización está asociada a las mujeres y podía
aparecer en un sueño como algo que se comparte. (Conviene señalar que Emily no
había oído hablar nunca
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del
psicoanálisis ni de sus teorías.) Teniendo en cuenta los trabajos realizados
sobre detección de rasgos en el córtex asociativo, ya descritos, no es
aventurado suponer que todos los objetos con agujeros o cavidades se encuentran
en el neocórtex íntimamente asociados entre sí y que, por consiguiente, al
buscar un símbolo para la imagen de la vagina que cuente con los otros
atributos necesarios en este contexto aparezca una imagen como la de la
gargantilla.
La idea de
que la distorsión del sueño no es un mecanismo de defensa sino un medio de
expresión, y que los símbolos se eligen para representar, una idea combinada,
fue propuesta por primera vez en la década de los 50 por el psicólogo Calvin
Hall, de la Universidad de California, en Santa Cruz. Sus conclusiones se
basaron en los registros e interpretaciones de miles de sueños.
Esta idea
viene apoyada por otras observaciones. Así por ejemplo, es corriente soñar con
un hombre que lleva una pistola en un contexto en el que el significado de la
pistola es inequívocamente un pene. En otros sueños puede aparecer un grifo,
que también es el símbolo evidente de un pene. (Hall da un ejemplo en el que un
hombre abre un grifo, coincidiendo con una polución nocturna.) En otros sueños,
un pene en un coito aparece exactamente como tal, sin modificación simbólica.
Probablemente en el primer sueño se consideraba el pene como un instrumento de
agresión; en el segundo quizá se hacía referencia al acto de orinar, algo que
podía cerrarse, y en el tercero no era necesario expresar ninguna connotación
más que lo que el sueño indicaba directamente.
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El propio
ejemplo de Freud de simbolismo, un sombrero con el centro hacia arriba y las
alas hacia abajo que aparecía en el sueño de la joven casada que sufría
agorafobia, puede ser entendido como la doble expresión de los genitales de su
marido y de que se hallaba bajo el «sombrero» seguro del matrimonio. Freud
consideró el símbolo como un disfraz, como el resultado de una represión que
impedía que los deseos sexuales de la joven llegaran a su conciencia. Según la
interpretación que acabamos de dar, su mente inconsciente, el sistema cerebral
funcionalmente distinto en que se hallaban integradas sus experiencias,
simplemente afirmaba, sin disfraz alguno, que ella estaba segura bajo la
protección del matrimonio, lo cual también le proporcionaba el beneficio de los
genitales de su marido. El símbolo del sombrero que se parecía a los genitales
expresaba esta idea de forma concisa. El hecho de que la joven que tuvo el
sueño se resistiera a la interpretación de Freud era sin duda una cuestión de
represión, es decir, de exclusión de la conciencia de un pensamiento
desagradable (proceso que analizaré más adelante), pero la represión no habría
actuado en el sueño.
Hay otra
observación del psicoanálisis que también va en contra de la teoría de Freud
sobre la defensa. Los psicoanalistas observan con frecuencia que un símbolo se
repite una y otra noche en los sueños del paciente; éste puede haber dejado
bien claro su significado por medio de la asociación libre o por evidencia
directa, y sin embargo el símbolo continúa apareciendo en los sueños cada vez
con el mismo mensaje particular. En tal caso ya no existe el disfraz, y si éste
fuera un mecanismo operativo, lo lógico sería que la censura eligiera un
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nuevo
disfraz. El hecho de que el símbolo se repita apoya el punto de vista de que se
trata sólo de un medio visual que expresa un concepto inconsciente concreto en
un individuo dado.
Añadamos
ahora unas palabras sobre la condensación en los sueños. Según mi hipótesis, la
condensación sería la unión natural de una o más entidades que están muy
asociadas entre sí. Esta definición no difiere mucho de la de Freud, excepto en
que yo considero que la condensación no actúa como un disfraz, sino como un
medio para representar una idea inconsciente. Recordemos por ejemplo el sueño
de Irma, en el que Breuer y el hermano mayor de Freud aparecían como una figura
compuesta. El inconsciente de Freud estaba enojado con Breuer (el doctor M. en
el sueño), porque éste se oponía a su teoría sobre la histeria. Buscando una
manera de denigrarlo, apareció la asociación con el hermano mayor de Freud, que
hacía poco también había rechazado una proposición de Freud y que poseía
algunas características físicas —en particular la cojera y la cara bien
afeitada— que, trasladadas al doctor M., servirían para realizar dicha
designación. (Esta última interpretación fue dada por Erick Erikson, quien
señaló que en la época de Freud una cara perfectamente afeitada denotaba falta
de masculinidad y distinción —Breuer tenía una hermosa barba—.)
Volviendo a
la «necesidad de representatividad», Freud observó que los conceptos, al ser
abstractos, deben traducirse en escenas visuales para poder ser representados
en los sueños (recordemos por ejemplo la palabra «superfluo» traducida en un
sueño en el que aparecía un diluvio).
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El
psiquiatra Ernest Hartmann señala otra característica importante de los sueños:
la persona que sueña nunca tiene la sensación de poder ejercer su voluntad en
el sueño. El guion está ya escrito, y la persona que sueña actúa en él según
dicho guion. Éste podría ser un resultado directo del origen filogenético del
mecanismo cerebral que en nuestra opinión corresponde al inconsciente.
Exceptuando al ser humano, en los mamíferos el lenguaje y los conceptos
abstractos no existen, y por consiguiente no desempeñan ningún papel en el
sistema cortical límbico-frontal que controle la interpretación de la
experiencia y planifica la conducta. De este modo, los conceptos abstractos que
surgen con el lenguaje y que constituyen una gran parte de nuestra experiencia,
sólo pueden integrarse en nuestro mecanismo cerebral inconsciente
traduciéndolos a escenas visuales, dando origen a esos componentes de los
sueños ingeniosos, fascinantes y difíciles de traducir, que Freud consideraba
como algo transformado por la necesidad de la representatividad. El ejemplo de
un sueño de un hombre de negocios joven que estaba psicoanalizándose nos
servirá para ilustrar este proceso, así como el de la asociación libre.
En el
sueño, una amiga del joven, llamada Bea Rich, llegaba a Nueva York en un
cabriolé camino de otra ciudad, y el joven la ayudaba a transportar el
equipaje. A la chica se le cayó un albornoz. Él lo hubiese tirado, ya que
pensaba que era un harapo, pero no lo hizo porque vio que aún tenía la etiqueta
del precio, y por tanto se trataba de una compra reciente.
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A lo largo
de una hora de análisis, el joven efectuó una serie de asociaciones libres, sin
interpretación alguna por parte del analista, que le llevaron a la conclusión
de que Bea Rich era «be rich» («sea rico») y de que el sueño significaba que la
oportunidad de ser rico había pasado cerca de él y se le había escapado. De
hecho, se hallaba considerando un nuevo negocio que podía ofrecerle la
posibilidad de hacerse rico, pero el sueño denotaba su convicción inconsciente
de que esto no ocurriría. El harapo representaba el nuevo negocio, que no le
gustaba y que hubiera tirado si no hubiera sido por el dinero (la etiqueta del
precio). Al evocar el material del cual estaba hecho el albornoz, le vino a la
mente el tipo de tejido, «jersey faille». El negocio mencionado anteriormente
se encontraba en Nueva Jersey y, aunque la palabra «faille» se pronuncia
normalmente como «file» (fila), su primera asociación fue la pronunciación
«fail» (fracaso).
¿Qué había
en el sueño que no estuviera también a nivel consciente? No mucho, excepto que
el joven, a nivel consciente, pensaba que el nuevo negocio tenía todas las
probabilidades de salir bien y el sueño expresaba su sensación inconsciente de
lo contrario. En una hora de análisis no se llegó a ningún significado más
profundo de este sueño, si es que lo había.
Tal como lo
hacía Freud, observemos el sueño desde su contenido latente. La afirmación
inconsciente era que el negocio fracasaría y que las riquezas pasarían de largo
junto al joven. Esta afirmación debía expresarse por medio de una secuencia de
acontecimientos porque así lo exigen las restricciones del mecanismo cerebral
inconsciente como resultado de su origen filogenético. La amiga Bea
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Rich, a
quien el joven había visto pocos días antes, formaba parte de las experiencias
recientes (residuos diurnos), y su selección inconsciente para el sueño se hizo
basándose en el doble significado del nombre. De la misma forma, el
inconsciente eligió el «jersey faille» y el harapo con la etiqueta del precio
como parte del mensaje. Realmente estos elementos pueden haber sido elegidos,
ya que, como hubiera dicho Freud, estaban sobredeterminados. En cualquier caso,
la red de asociaciones inconscientes utilizó estos símbolos para hacer una
afirmación. Así pues, la asociación libre fue realmente un descubrimiento muy
notable de Freud, que permite averiguar los caminos que han seguido las
asociaciones.
El último
medio de distorsión de los sueños que definió Freud fue el desplazamiento.
Freud hizo hincapié especialmente en el desplazamiento de la emoción fuera del
contenido manifiesto del sueño (recuérdese el sueño de la monografía botánica).
Freud señalaba que este tipo de desplazamiento no era corriente en los sueños.
Dentro de mi teoría no encuentro explicación a este hecho, a no ser que al
buscar la representatividad en el sueño manifiesto el contenido emocional quede
en ocasiones sacrificado.
Llegamos
ahora a una característica muy importante del sistema cerebral inconsciente: su
plasticidad al comienzo de la vida y la fijación posterior de sus conexiones.
Hemos visto que las neuronas de todo el neocórtex, incluido el frontal, se
hallan en estado de inmadurez en el momento del nacimiento. Las dendritas y los
axones crecen durante los primeros años de vida, formando interconexiones que
son modificadas por los estímulos del ambiente durante el
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período
crítico, y que luego pasan a ser permanentes. En el caso del córtex frontal, en
respuesta a la experiencia se generan estrategias con múltiples facetas, que
con el tiempo se fijan en forma de conexiones neurales permanentes. El fenómeno
del período crítico puede ser provechoso para los mamíferos inferiores, pues
les proporciona la capacidad de enfrentarse a la vida sin ayuda desde muy
pronto, pero no es beneficioso para el hombre, ya que cualquier concepto
inadecuado adquirido en su infancia puede quedar fuertemente fijado para el
resto de su vida.
Volviendo
un poco hacia atrás, seguramente la actividad del recién nacido, que cuenta con
un córtex frontal inmaduro, está gobernada por centros cerebrales inferiores,
tales como los ganglios básales. (Esto ha sido demostrado en primates por
Patricia Goldman-Rakic, de la Universidad de Yale27.) Tampoco han madurado
todavía en el
27 En los
mamíferos, el córtex frontal envía una información importante a los ganglios
básales, un grupo de núcleos subcorticales que mediatiza los movimientos
voluntarios. En los reptiles, cuyas respuestas de comportamiento vienen en gran
parte determinadas por mecanismos genéticos más que por el aprendizaje, no hay
córtex frontal (ni ningún otro tipo de neocórtex) y los ganglios básales
desarrollan un papel importante en el comportamiento. En los mamíferos, el
córtex frontal no sólo lleva a cabo la función de los ganglios básales, sino
que éstos están integrados a un sistema en el que el córtex frontal ejerce un
control ejecutivo.
A lo largo
del desarrollo ontogénico de un animal joven, parece repetirse el curso de la
evolución. Mientras el córtex frontal forma sus conexiones internas y no es del
todo operativo aún, los ganglios básales son los que ejercen el control.
Goldman-Rakic y sus colegas demostraron esto realizando pruebas con monos, por
medio de los cuales se podía medir la función del córtex frontal. (Una de las
cosas que se probaba era la capacidad del mono para recordar la localización
espacial de un objeto después de haber transcurrido un tiempo.) Se anuló de
forma reversible la funcionalidad del córtex frontal, enfriándolo localmente
con sondas implantadas. Las pruebas se realizaron con monos de nueve meses a
tres años. El efecto del enfriamiento era mínimo en los animales más jóvenes
—podían realizar perfectamente sus tareas— Aparentemente había otras zonas del
cerebro que se ocupaban de ello. El enfriamiento tenía un efecto deteriorante
mayor y progresivo conforme se realizaba con animales mayores. En los animales
mayores el córtex frontal era la estructura cerebral que dirigía las tareas. Un
estudio posterior realizado por los mismos investigadores sugirió que la
estructura directriz en los animales más jóvenes era probablemente el grupo de
ganglios básales, pues al destruir parte de éstos se deterioraba la realización
de las tareas, mientras que con el enfriamiento (o destrucción) del córtex
frontal no ocurría esto.
Para una
revisión completa del desarrollo del cerebro, incluyendo la del córtex frontal,
ver P. S. Goldman, «Maturation of the Mammalian Nervous System and the Ontogeny
of Behavior» en J.
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bebé los
procesos neurales que constituyen el sueño REM. Al nacer se dan claras
diferencias de sensibilidad entre unos niños y otros. Consideremos también las
complejas expresiones emotivas —desdén, diversión, etc.— que Roffwarg y sus
colegas observaron en las caras de los bebés durante el sueño REM. Estas
expresiones reflejan quizá componentes emocionales innatos, que reaccionarían
luego con la experiencia en la formación de la personalidad. A la edad de dos
años, el niño empieza a darse cuenta de su existencia, y, según mi criterio las
impresiones que recibe se forman y se integran rápidamente en el inconsciente
mediante procesos «off-line» que aparecen en el sueño REM. El procesamiento del
sueño REM continuaría a lo largo de la vida, pero son las primeras impresiones,
las adquiridas durante el período crítico —que quizá llegue hasta la
adolescencia—, las que constituyen la base para la interpretación de muchos
acontecimientos posteriores.
¿Qué
impresiones son las que se reciben y pasan a formar parte del inconsciente? Los
psicoanalistas nos ofrecen una respuesta, pero hay que ser precavido en vista
de los problemas de sugestionabilidad que el psicoanálisis presenta y de los
que ya hemos hablado. Sin embargo, poca cosa habría que descartar de la teoría
psicoanalítica si consideramos la existencia de un mecanismo cerebral mediante
el cual determinadas impresiones recibidas en la primera infancia quedan
fijadas permanentemente.
S.
Rosenblatt, Robert A. Hende, Evelyn Shaw and Colin Beer, eds.. Advances in the
Study of Behavior (New York: Academic Press, 1976) vol. 7.
307
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Sin duda,
la separación de un niño pequeño de sus padres al principio de su vida, aunque
sólo sea por unas pocas semanas, puede crear un miedo al abandono que le puede
durar toda la vida, una excesiva dependencia de un ambiente que le dé
seguridad. La sexualidad es fuente importante de ideas perturbadoras. El niño
pequeño asocia su pene con la agresión. Un hombre puede soñar que arroja un
ácido caliente en la cara de su padre mientras una hermosa mujer le espera, y
despertarse con una polución nocturna. Como ya hemos señalado, los sueños
pueden demostrar que un hombre cree inconscientemente poder alcanzar la
fortaleza fálica de su padre mediante la incorporación anal del pene de su
progenitor. En los sueños hay también concepciones muy extravagantes, relacionadas,
por ejemplo, con el embarazo; o con ideas de matar a los hermanos o a los
padres. Todo esto afecta a la personalidad y subyace en las neurosis cuando se
presentan.
Una vez
dicho todo esto, ahora podemos preguntarnos cuál es el significado de los
sueños. He repetido varias veces que a menudo todos los sueños de una noche
dada tratan del mismo asunto. Freud se dio cuenta de ello sin tener acceso a
los cuatro o cinco sueños de cada noche que los modernos investigadores han
podido estudiar con sus métodos de registro. Rosalind Cartwright, profesora de
psicología en el Rush Presbyterian St. Luke’s Medical Center de Chicago, ha
controlado en estudiantes de medicina voluntarios los sueños sucesivos de una
noche. Para tener una idea más concreta de la persistencia de un tema único en
los sueños de una noche, veamos
308
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un ejemplo
típico de dicha persistencia en la descripción de un estudiante llamado Don.
El primer
sueño era una historia muy elaborada. Don se hallaba en una pensión con
habitaciones grandes y pequeñas. Curiosamente se podía ver de una habitación a
otra a través de un enrejado. Un huésped había sido asesinado por otro, y el
asesino intentaba deshacerse del cadáver. Para taparlo utilizaba rollos de
papel, pegándolos con una cola gelatinosa. Ayudando al asesino estaba su novia,
una chica no muy guapa con una melena negra.
Cartwright
comprobó que Don había incorporado al sueño varias experiencias que había
tenido ese mismo día. La primera era que, como estudiante de medicina, había
disecado por primera vez un cadáver; se trataba de un hombre adulto cuyo cuerpo
fue entregado envuelto en papel marrón. La segunda experiencia eran los
preparativos que había visto en el laboratorio. Vio que colocaban rollos de
papel en el electroencefalógrafo, y que para fijar los electrodos en su cuero
cabelludo habían utilizado colodión, un líquido pegajoso y gelatinoso. Además,
el laboratorio tenía habitaciones grandes y otras pequeñas adyacentes, desde
donde las cuales se podía observar lo que pasaba en las grandes. En respuesta a
las preguntas de la doctora Cartwright, Don identificó al asesino del sueño con
el ayudante del laboratorio que aplicaba el colodión y cargaba el papel, y a la
novia con la doctora. Este primer sueño constituía, pues, un ejemplo de la
penetración de los acontecimientos diurnos en el primer sueño REM de la noche,
tal como vimos también en el experimento de las gafas coloreadas de rojo.
Gracias a una serie
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de
preguntas realizadas después, Cartwright descubrió además que este estudiante
se había trasladado hacía poco a una pensión, y que era la primera vez que
vivía fuera de su hogar. La pensión estaba llena de homosexuales y él quería
marcharse, pero por razones prácticas no podía hacerlo.
En el
segundo sueño, Don se encontraba en la parte sur de Chicago, en un barrio
negro. En la vida real su padre tenía una farmacia en dicha zona. Iba con un
amigo y les seguían dos drogadictos, de unos catorce o quince años, que
empezaron a mostrarse beligerantes. Primero pidieron un centavo a su amigo y
luego un dólar. Al ver que no les daban nada, se mostraron amenazantes. Don se
dirigió a una cabina para llamar a su padre, pero la operadora no le entendía.
Cuando se despertó, dijo que había pasado miedo durante el sueño. Don explicó
que hacía un tiempo le había ocurrido realmente un incidente semejante: un día
que caminaba por ese barrio se dio cuenta de que le seguían; entró en una
farmacia y el farmacéutico avisó a la policía, que lo llevó a su casa. Cartwright
señala que hay un tema común en los dos sueños relatados hasta ahora: Don se
veía atrapado en lugares cerrados y era amenazado por gente siniestra.
El tercer
sueño de la noche era un típico sueño freudiano de satisfacción de un deseo.
Don se hallaba en un elegante café al aire libre en París, rodeado de gente de
la alta sociedad, paladeando pausadamente un Burdeos. El deseo era sin duda
huir totalmente de sus problemas.
En el
cuarto sueño, Don volvía a sus preocupaciones, en este caso enfocadas hacia la
sexualidad. Soñó que estaba con un amigo y tres
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chicas, y
que daba lecciones de montar a caballo a una de ellas, que era muy hermosa.
Cuando esta chica subió al caballo, decidió que para ir más deprisa era mejor
pincharle con una estilográfica en la grupa, y la maniobra dio resultado.
Cartwright
interpretó el sueño como una tentativa hacia la heterosexualidad, que recibía
una repulsa por el modo de actuar masculino de la chica. Empezó a pensar que
toda la serie de sueños hacían referencia al tema de las ideas inconscientes de
Don sobre la sexualidad.
En el
quinto y último sueño, Don iba a un concierto conduciendo un automóvil con una
chica que no le gustaba mucho, pero con la que salía porque le dejaba su
automóvil. Sin embargo, a medio camino cambiaron los planes:
Dimos la
vuelta y fuimos al cine. En la curva en forma de ese que hay en la Outer Drive
tuvimos un accidente y detuvimos el tráfico. La chica que yo llevaba en el
coche — ahora recuerdo que la razón por la que la llevaba al concierto era que
tenía coche— es de mi clase. No me gusta nada. No es bonita y ni siquiera es
simpática. Una de las razones por las que tuve el accidente en la curva es que
había edificios de 150 pisos a ambos lados de la calle. Habían construido estos
rascacielos altísimos, yo no los había visto nunca y me impresionaron tanto que
me distraje mirándolos y seguí recto en vez de girar, así que nos dimos contra
una pared.
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Para
Cartwright, este sueño significaba que al estudiante no le satisfacía salir con
chicas. Los rascacielos serían enormes símbolos fálicos, y Don perdía el
control al encontrarse entre ellos a pesar de que intentaba «seguir en la
dirección correcta».
Don contó
también que él tenía su propio coche, y por tanto no necesitaba el de la chica.
Un psicoanalista no se sorprendería si este joven, como predecía el material
inconsciente, acabara casándose con una mujer dominante para huir de la
homosexualidad.
¿Qué nos
dice esta serie de sueños sobre el significado de los mismos? Parece que toda
la serie se refiera a un único problema importante, y que las nuevas
experiencias se interpretan a la luz de dicho problema. Por otro lado,
Cartwright ha comprobado que los sueños de satisfacción de deseos se hallan
frecuentemente incluidos en series de sueños que no son de satisfacción.
Siguiendo
con la cuestión del significado de los sueños, voy a volver ahora al «sueño
tipo» de Freud, el de Irma y el doctor M. Pero antes relataré otro sueño que en
mi opinión tiene un significado similar.
Se trata de
un sueño que tuvo un actor de mediana edad, poco después de haber finalizado un
psicoanálisis que duró cinco años. En el mar se había perdido un patito —que al
actor le parecía que era él mismo—, y se hallaba en grandes apuros por causa de
una tormenta. Una lancha torpedera se encontraba cerca, y su capitán miraba al
patito, que se convertía en un pobre perro. El capitán llevaba un cuello alto,
como el de los curas. El individuo que soñaba tenía la convicción de que el
perro se salvaría.
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Tras
reflexionar, el protagonista del sueño encontró el siguiente significado del
mismo: después de haber triunfado en su profesión, ahora tenía problemas
financieros —se ahogaba en aguas financieras— El patito era una clara
referencia a un niño que aparecía en una novela de Anthony Trollope que estaba
leyendo su mujer, y sobre la cual habían hablado. En la novela, el padre del
niño, divorciado de la madre, trataba de conseguir a su hijo; y la madre se
refería constantemente al niño como «su patito». El actor se veía a sí mismo no
sólo como un niño indefenso, sino incluso como un «pobre perro». El cuello alto
identificaba al capitán del torpedo como un cura, es decir, un «padre». Y el
mensaje del sueño era el deseo inconsciente de que el padre sacara al actor de
su problema financiero.
En
realidad, el sujeto de este sueño se estaba enfrentando decididamente con su
problema financiero. En su pensamiento consciente nunca había surgido la idea
de creerse un niño indefenso. Y desde luego su padre sería la última persona a
quien podría acudir para pedir ayuda, pues, ya jubilado, había fracasado en su
pequeño negocio y en parte era mantenido por el actor. Pero la mente
inconsciente ignoraba estos hechos y retrocedía a una experiencia infantil de
salvación paterna. Recordemos el análisis de Freud sobre el sueño de Irma, que
en mi opinión expresaba un sentimiento similar. Su conclusión era que el sueño
representaba un deseo de satisfacción. La culpa del estado de Irma (que en el
sueño sufría una infección, pero que en la vida real padecía una histeria que
no había sido bien curada) era de Otto, no suya. Max Schur, en su artículo
sobre la correspondencia no publicada entre Freud y Fliess, que
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revelaba la
traumática operación de la nariz de Emma (Irma) realizada por Fliess, sugería
que el objetivo del sueño era disculpar a Fliess de esta desgracia y echar la
culpa a Otto, además de disculpar a Freud por no haber curado del todo la
histeria de Emma:
No era sólo
su propia disculpa lo que Freud obtenía; probablemente, el motivo más poderoso
(inmediato) para la constelación del sueño era la necesidad de exculpar a
Fliess de su responsabilidad por las fatales complicaciones de Emma.
Schur
suponía que la incapacidad de Freud para ver la similitud del contenido del
sueño con el acontecimiento real de la operación de Fliess a Emma ocurrida
varios meses antes se debía a la represión. Freud necesitaba la amistad de
Fliess (Schur la describe como un profundo afecto, una transferencia), y por
tanto no iba a dejar que esta similitud entrara en sus pensamientos
conscientes. La exclusión de la conciencia a través del mecanismo de represión
existe en realidad, y en seguida hablaremos de ella. Pero, en mi opinión, el
mecanismo represivo que según Freud enmascara el contenido del sueño no existe.
La
similitud de los incidentes del sueño de Irma con la operación real de Emma fue
señalada por Schur y descrita con mayor detalle por los psicoanalistas Ramon
Greenberg y Chester Pearlman en un artículo publicado en 1978. (Estos autores
proporcionan una interpretación alternativa del sueño de Freud como un intento
inconsciente de adaptación: el sueño habría ayudado a Freud a defenderse de la
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impresión
que le causó el incidente, y a adaptarse a la situación de sentir enojo por la
acción de Fliess y al mismo tiempo seguir necesitándolo.) De hecho, el sueño de
Irma retrata la operación de Emma con toda fidelidad: recordemos la alarma de
Freud ante su estado, la mancha blanca en la zona de los cometes nasales, que
representaría la gasa dejada por Fliess en la operación, la solicitud de ayuda
a su amigo Leopoldo, un médico más meticuloso que Otto (el prudente doctor R.,
que en la vida real había sido consultado para reparar el daño causado por
Fliess) ... No cabe duda de que Freud estaba reproduciendo el incidente en su
sueño, y yo sugiero que el significado del mismo es el siguiente:
En la vida
real, Otto fue a ver a Freud el día del sueño y le dio noticias sobre los
síntomas histéricos que Emma aún tenía. También le llevó como regalo un licor
que olía a aceite de máquina. Este fue el residuo diurno que aparecía en el
sueño. El sueño de Irma era probablemente uno de la serie de sueños de la noche
sobre la adecuación de sus teorías psicoanalíticas y el tratamiento de Emma. El
olor del licor estropeado quizá fue el estímulo clave —inmediatamente se habría
asociado con el mal olor de la gasa empapada de yodoformo que el doctor R.
había sacado de la nariz de Emma. El sueño sugiere abiertamente que el
inconsciente de Freud estaba diciendo: «Gracias Fliess por hacerme el regalo de
una gasa maloliente y por matar casi a mi paciente.» En el mismo se hacía una
seria advertencia sobre Fliess —la palabra «trimetilamina» escrita en
caracteres gruesos- pero
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en vez de
ver la conexión con el error de Fliess, Freud elige asociar dicha palabra con
la idea de que éste era un amigo cuya «simpatía recuerdo con satisfacción
siempre que me siento aislado en mis puntos de vista».
El resto
del sueño era una llamada de socorro por parte de Freud, una confianza en
Breuer para que lo salvara. Breuer había sido su amigo en la facultad y le
había ayudado tanto personal como económicamente. El motor de arranque de toda
la carrera de Freud había sido el método catártico de Breuer. Y justamente
Freud dependía de este método para resolver el caso de Emma. El comentario del
doctor M. de que «seguiría una disentería y el veneno sería eliminado» no era
una observación sin sentido, sino que era la esperanza y el deseo de que el
método catártico de Breuer que él estaba utilizando en el tratamiento de Emma
(asociado por analogía con la «catarsis» del tubo digestivo) curara a su
paciente. En definitiva, el sueño no libraba de culpa a nadie, ni a Freud ni a
Fliess, y podría resumirse con la siguiente frase: «Fliess es el responsable de
que mi paciente Emma esté mal, pero el método catártico de Breuer la salvará.28
»
28 Hay
otros indicios respecto a los incidentes reales que rodearon al sueño de Irma,
presentados por Frank R. Hartman, «A Reappraisal of Emma Episode and the
Specimen Dream», Journal of the American Psychoanalytic Association, July 1983,
vol. 31, p. 555. Los diarios no publicados de la Princesa María Bonaparte
revelaron a Hartman la posibilidad de que la Irma a que Freud se refiere cuando
expone el informe de Oskar Rie de que «Está mejor, pero no del todo bien» no
fuera Emma (Eckstein), la paciente que había sido operada por Fliess, sino otra
paciente que Freud estaba tratando por histeria en ese tiempo, Ana Hammerschlag
Lichtheim. Rie era muy amigo de la familia de Ana y era muy probable que la
hubiese visitado antes de ir a ver a Freud en la vigilia del sueño de Irma.
Además, Freud hace un comentario en La interpretación de los sueños que hace
pensar en Ana como la Irma de su sueño. Comenta que en la vida real la familia
de Irma tiene un nombre muy similar al del licor de Ananás (piña) que Rie le
lleva de regalo. Si
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suponemos
que Freud habla de la similitud del apellido de Ana y no de su nombre de pila
para esconder su identidad, entonces la paciente a que Freud se refiere en sus
comentarios del sueño de Irma puede muy bien haber sido Ana Hammerschlag
Lichtheim.
Dando por
supuesto que Freud trataba entonces a dos pacientes, Emma, que había sido
operada por Fliess varios meses antes al sueño de Irma y Ana. cuyo caso, según
el informe de Oskar Rie, era objeto de preocupación para Freud, ¿cuál era el
mensaje inconsciente del sueño de Irma? Sugiero que es aproximadamente el mismo
que señalé anteriormente: Mi paciente (Ana) muestra problemas con mi
tratamiento ¿Cómo se la puede ayudar? El método catártico de Breuer la curará,
y yo me salvaré.
La línea
asociativa es la siguiente: A Freud le preocupa Ana. Se resiste a las
sugerencias analíticas y sigue enferma y con síntomas graves de histeria. Freud
ve que su tratamiento es inadecuado. De hecho le manda un informe a Breuer para
justificarse a sí mismo En el sueño los pensamientos inconscientes de Freud
vuelven inmediatamente a una situación similar y también traumática, la de
Emma. Con ella tampoco había acertado; al enviar a Emma a Fliess, él sería en
parte responsable en caso de muerte. Ambas pacientes se consolidan en el sueño.
La dramática operación de Emma establece la línea narrativa y se echa
abiertamente la culpa a Fliess. Pero Rie, que era el portador de malas noticias
respecto a Ana se convierte en el reo en el sueño. Los dos hombres son
parecidos, son accesibles, pero no responsables y no se puede confiar en ellos.
El mensaje importante permanece igual: Mi paciente y yo seremos rescatados por
el método catártico de Breuer.
Hay que
destacar que Hartman, de acuerdo con Alan C. Elms, interpreta el sueño de Irma
como una referencia a la preocupación de Freud por haber dejado en estado a su
mujer Marta. Marta estaba en el sexto mes de embarazo en las fechas del sueño
de Irma. El lector puede remitirse a Alan C. Elms, «Freud, Irma, Martha: Sex
and Marriage in the Dream of Irma Injection», Psychoanalytic Review, 1980, vol.
67, p. 83, para esta interpretación así como para un resumen sobre otras
interpretaciones.
Nunca se
conseguirá la interpretación definitiva del sueño de Irma. Evidentemente Freud
no dio suficientes datos, la omisión de las asociaciones negativas con Fliess
no se explica sino por esa falta de material. Para una comprensión total se
hubiera requerido que Freud fuera analizado por otra persona y que hubiera
trabajado exhaustivamente las líneas de asociación presentes en el sueño. La
interpretación que yo he propuesto se basa en dos indicios. Uno es la formación
de la narrativa del sueño para cumplir la «necesidad de representabilidad». El
lector recordará el ejemplo de Freud sobre un sueño en el que un diluvio
representaba el concepto de «superfl uo». La representabilidad en los sueños no
se construye a la ligera; cuando un concepto aparece representado de alguna
manera, hay un mensaje esencial que ha de descodificarse. En el sueño de Irma
la afirmación de Breuer sobre la disentería aparece como un ejemplo de la
narrativa del sueño enfocada a la representabilidad. ¿De qué otra manera se
podía enfocar? La enfermedad de Irma es al mismo tiempo una recreación del
incidente de Fliess que tanto pesaba en la mente de Freud (con la represión de
la culpa de Fliess) y una enfermedad física sobre la que se puede aplicar la
afirmación de Breuer. La afirmación de que seguirá una disentería y que la
paciente mejorará destaca como una frase cuyo único propósito sea el de
representar el psicoanálisis, el resultado del método catártico y lo que se
conseguirá con él. (Freud decía que la afirmación era tonta, designada a hacer
burla de Breuer.) Y el hecho de que Breuer, padre del método catártico, diga
esta frase, completa perfectamente el mensaje. El segundo indicio se refiere al
estado mental de Freud en la época del sueño de Irma. Estaba muy preocupado por
la eficacia de su tratamiento. El ser rescatado de esta inseguridad por parte
de la paternal figura de Breuer, cuyo método era realmente capaz de conseguir
su propósito, era un pensamiento inconsciente muy adecuado en estas
circunstancias. Sea real o no, esta interpretación sirve para ilustrar dos
conceptos —el de rescate por un padre— que puede ser parte del inconsciente
adulto y los pensamientos inconscientes en reacción a hechos diarios
importantes que pueden ser expresados en los sueños.
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Podríamos
seguir especulando más (aunque con bases menos sólidas) ilustrando con este
sueño otra de las conclusiones de Freud: la de que bajo muchas de nuestras
acciones subyace una motivación inconsciente. Freud mantuvo una estrecha
correspondencia con Fliess sobre los diversos aspectos de la interpretación de
los sueños, mientras estaba escribiendo esta obra. ¿No podría haber elegido
inconscientemente el sueño de Irma como «sueño tipo» para llamar la atención de
Fliess? El significado del sueño, al menos la parte que hace referencia a la
infección de Irma, era bastante obvio, y es posible que Freud hubiera querido
inconscientemente que el mensaje llegara a Fliess, aunque lo reprimiera y
apartara de su conciencia.
Antes de
intentar formular una respuesta final a la cuestión del significado de los
sueños, veamos otro aspecto de los mismos: la influencia que tiene el fenómeno
de la transferencia en los sueños de las personas que son psicoanalizadas. Al
iniciarse el psicoanálisis se producen con frecuencia intensas reacciones
inconscientes, y el paciente puede soñar que ataca violentamente al analista o
que es atacado por él. Esta reacción se debe a que el paciente sabe de alguna
manera que pronto va a revelar sus sentimientos más profundos y será vulnerable
psicológicamente; el paciente sabe también que creará una dependencia del
analista, y por ello su inconsciente se centra en los acontecimientos de la
primera infancia; en consecuencia, los sueños tienden también a centrarse en
experiencias e impresiones de esa época, y con frecuencia revelan ideas raras y
perversas sobre sexualidad, rivalidad entre hermanos y otras cuestiones
similares. Si el análisis progresa, los sueños de este
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tipo
adquieren aún mayor relevancia, y se refieren una y otra vez a este material,
revelando diferentes actitudes de la persona que sueña hacia el mismo tema. Por
ejemplo, los sueños edípicos pueden reflejar el ataque al padre o el ser
atacado por él —y ninguna de estas ideas inconscientes se basa necesariamente
en la relación real que existió entre el padre y el hijo—.
¿Cuál es,
pues, el significado de los sueños? Basándonos en nuestra formulación teórica,
no podemos esperar una respuesta sencilla. Puede esperarse que los sueños
tengan toda la variación y amplitud del pensamiento consciente, y que además
reflejen muchas asociaciones y recuerdos inconscientes. Según mi hipótesis, los
sueños explican las cosas tal como están se hallan en la mente inconsciente (es
decir, tal como están registradas en el subsistema funcional del cerebro que
hemos analizado). Por ejemplo, el sueño de Freud sobre Irma expresaría su
conocimiento del error de Fliess y su esperanza en el método catártico. El
sueño del hombre de negocios expresaría su convicción inconsciente de que la
riqueza había pasado de largo por su lado, aunque conscientemente creía en su
triunfo. Cuando una persona se psicoanaliza o cuando las preocupaciones le
llevan a ello, los sueños pueden reflejar ideas de sexualidad, de poder o de
abandono. También, como propuso Freud, aparecen deseos similares a esos
pensamientos conscientes en los que exclamamos: «¡Ojalá fuera verdad!»
A partir de
su experiencia clínica, Jung expuso una definición de los sueños que
corresponde a la que yo propongo:
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El sueño
presenta un cuadro real del estado subjetivo mientras la mente consciente niega
que tal estado exista, o sólo lo reconoce de mala gana... si escuchamos Tos
dictados de la mente consciente estamos siempre en duda... El sueño aparece
como la expresión de un proceso psíquico involuntario no controlado por la
perspectiva consciente... Representa el estado subjetivo tal como es realmente.
Si
tuviéramos acceso a los sueños de cada noche y pudiéramos analizarlos,
podríamos encontrar una serie continua de pensamientos sobre los aspectos más
importantes de nuestra vida, libres de toda racionalización y a menudo
impresionantes por lo que revelan respecto a nuestra motivación.
Llevando el
análisis de los sueños un poco más lejos, me aventuro a sugerir que la
perspectiva de las ideas inconscientes que se dan en los sueños de un individuo
es tan amplia —orientaciones y deseos sexuales, autoimagen, inseguridad, así
como seguridad, de grandiosidad, de celos y amor, estrategias para enfrentarse
con el mundo real— y tan estructurada que puede ser descrita como si
constituyera una personalidad: la personalidad inconsciente del que sueña.
Sugiero,
pues, que los sueños son las afirmaciones, los deseos, las esperanzas y los
miedos de la personalidad inconsciente. Su contenido noche a noche —es decir,
lo que capta el interés de nuestra personalidad inconsciente— depende en cierta
medida de los acontecimientos de la vida real. El psicoanálisis tiene una
influencia
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especial en
los sueños: las personas psicoanalizadas sueñan frecuentemente con conflictos
edípicos y otros conflictos familiares. El contenido de los sueños es violento
con cierta frecuencia; parece como si en el inconsciente hubiera un pequeño
demonio preparado para la batalla. Y la violencia no es la única idea
sorprendente y repugnante para la propia conciencia que aparece en los sueños.
Los celos de Freud hacia su hijo y el deseo de su muerte en alguno de sus
sueños nos sirven de ejemplo. Las circunstancias reales de la vida son con
frecuencia motivo de inquietud —recordemos la preocupación del actor por su
economía, las dudas de Freud sobre su capacidad como médico para tratar a Irma,
o los miedos de Don acerca de su homosexualidad potencial— Pero a veces hay
problemas reales de naturaleza grave que son ignorados. Un paciente puede caer
en un estado de ansiedad o depresión al enterarse de que sufre una enfermedad
muy grave, y sin embargo durante semanas sus sueños pueden tratar alegremente
de otros asuntos. Finalmente, la situación puede reconocerse en un sueño
realista o de satisfacción de un deseo, el de la curación. En los sueños pueden
aparecer también decisiones conscientes, incluyendo los razonamientos
conscientes por medio de los cuales se llegó a tales decisiones.
Antes de
terminar con mi teoría de la base biológica del inconsciente, voy a considerar
otra fuente de datos. Se trata del estudio de los sueños llevado a cabo por
David Foulkes, al que ya nos hemos referido en este artículo. Como el lector
recordará, se estudió el sueño de varios niños de entre tres y quince años de
edad en un laboratorio durante nueve noches al año. Se les despertaba al
comienzo del
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sueño, en
las fases REM y en las no REM para preguntarles sobre sus pensamientos. La
investigación se había programado de tal manera que cada niño era estudiado
durante varios años consecutivos para observar la evolución de los sueños con
él.
Foulkes
observó que los niños de tres a cinco años soñaban historias sencillas sobre
sus deseos y sus gustos, como por ejemplo dormir o comer. Había poca acción y
no se daban fuertes emociones. Los personajes de sus sueños eran ellos mismos,
miembros de su familia y animales conocidos (quizá representándoles a ellos
mismos). Hacia los siete años aparecían menos temas relacionados con el dormir
y la fatiga y abundaban más los relativos a interacciones sociales, una cuarta
parte de los cuales incluían enfrentamientos agresivos. Empezaba a darse el
simbolismo. Los sueños eran todavía bastante diferentes de los de los adultos;
no eran narraciones complejas, sino episodios cortos tales como jugar con un
amigo o correr una carrera. En los sueños de los de siete a nueve años, había
menos animales y más seres humanos, incluyendo personas desconocidas.
Continuaban los encuentros sociales agresivos, y se empezaban a experimentar
sentimientos dentro del sueño (además de los sentimientos acerca de sus sueños
al ser despertados, que siempre estaban presentes). Desde los nueve hasta los
trece años, los de la preadolescencia, los sueños empezaban a tener las
características de los adultos. En cuanto al contenido, se exploraba más el
mundo externo, aparecían las primeras sensaciones de miedo y el simbolismo
aumentaba —recordemos el sueño de Emily sobre su gargantilla—
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Finalmente,
de los trece a los quince años el simbolismo alcanzaba la etapa de desarrollo
del adulto.
Foulkes
concluyó que los sueños de los niños estaban en consonancia con sus
preocupaciones, y estaban limitados por su capacidad cognitiva del mundo
externo, al tiempo que la reflejaban. Observó además, que el simbolismo no se
daba como distorsión del sueño sino como «juguetes nuevos que la capacidad
cognitiva va ofreciendo a medida que se desarrolla, para que el niño juegue con
ellos». Por otro lado, resultaba sorprendente la casi total ausencia del
extravagante material de tipo anatómico, sexual o agresivo (dirigido a hermanos
y padres) que es tan abundante en los sueños de los adultos y que probablemente
deriva de la infancia. Resumiendo su estudio, Foulkes apuntó que, si bien puede
existir un inconsciente infantil, «nuestros datos rebaten la hipótesis de que
los sueños sean “el camino real” para el descubrimiento de este mundo (el
inconsciente infantil) y que constituyan el producto último del mismo».
Son varias
las explicaciones posibles para la contradicción entre los hallazgos de Foulkes
y todo lo que se había dicho anteriormente. La más obvia es que, por las mismas
condiciones de su experimento, no pudiera obtener sueños que contenían este
material. Sólo se investigaban los sueños de nueve noches cada año y en un
ambiente singular —el laboratorio— Otros investigadores han observado que los
sueños de laboratorio carecen de gran parte del contenido sexual y de las
interacciones agresivas que se dan en los sueños recordados tras una noche
pasada en casa. A favor de esta explicación podemos decir también que Foulkes
no registró ni un solo sueño terrorífico o
323
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pesadilla
en su investigación, y sin embargo los psiquiatras infantiles (y los padres)
pueden atestiguar que son bastante frecuentes29. Foulkes era consciente de este
hecho, pero creía que no modificaba sustancialmente sus resultados.
Los
hallazgos de Foulkes me llevan a considerar otros aspectos de mi teoría acerca
de los sueños. Los sueños de cada noche reflejarían una preocupación concreta,
y el inconsciente aportaría material importante relativo a esta preocupación
—las impresiones y la experiencia integradas a lo largo del tiempo, desde la
infancia— Esas preocupaciones actuales es lo que Foulkes observó en los niños.
Los sueños de los adultos vienen ejemplificadas por el sueño de Freud sobre
Irma, el sueño del hombre de negocios sobre Bea Rich y el sueño del actor en el
que su padre iba a impedir que se ahogara. El contenido intenso y extravagante
que hemos encontrado en nuestro análisis de los sueños de los adultos —como el
de Freud sobre Irma, por ejemplo— está asociado con unos pocos aspectos
específicos de la vida, primordialmente la sexualidad y la agresión. Si tomamos
la sexualidad como ejemplo, esta actividad no constituye una preocupación hasta
la preadolescencia o la adolescencia. Por tanto, según mi teoría, no sería sorprendente
que la sexualidad tuviera sólo un papel menor en los sueños de los niños. Ello
no equivale a decir que no hayan quedado registradas en la memoria todas las
29 Para un
análisis sobre los sueños de niños en laboratorio en comparación a los sueños
en el hogar, cuando el niño es preguntado por los padres o por un psiquiatra
infantil (aduciendo así una reacción de transferencia), el lector puede
remitirse a Steven L. Ablon and John E. Mack,
«Children’s
Dreams Reconsidered», in Albert J. Solnit, Ruth S. Eissler, Anna Freud,
Marianne
Kris and
Peter B. Neubauer, eds., The Psychoanalytic Study of the Child (New Haven,
Conn.: Yale University Press, 1980), p. 179.
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experiencias
sexuales de la infancia —a menudo mal entendidas— Yo aseguraría que sí lo han
sido, junto a experiencias tales como los primeros sentimientos de placer por
la masturbación infantil. Sin embargo, estas primeras impresiones sólo saldrán
a la superficie durante la adolescencia y la vida adulta, cuando el sexo pasa a
ser una preocupación importante y las redes asociativas son requeridas para
gobernar las actitudes y el comportamiento en esta actividad. Así pues, el
material sexual infantil aparecería en los sueños del adulto que tratan sobre
la sexualidad y no en los sueños infantiles, que no tratan sobre dicha materia.
Esta hipótesis explicaría también la extraña mezcla en los sueños de un
simbolismo relativamente rebuscado y la experiencia sexual adquiridos al final
de la infancia y en la adolescencia, con ideas infantiles sobre la anatomía y
cosas similares. Un ejemplo lo constituiría la construcción de la fantasía
edípica a partir de las impresiones de la primera infancia sobre el acto sexual,
y el deseo del niño de un amor y una atención exclusivos por parte de la madre,
por un lado, y la comprensión posterior del hecho de la posesión sexual, por
otro. En resumen, los sueños pueden considerarse efectivamente como una
«carretera principal» que nos enlaza con el inconsciente; pero, según las
edades, dicha carretera se dirige a distintos lugares de este inconsciente.
Hablemos
ahora de la conciencia y de su relación con el inconsciente. En los mamíferos
se necesita todo el sistema neural para aprender a partir de la experiencia,
para construir planes de comportamiento y para sobrevivir. Según mi hipótesis,
a lo largo de la evolución que ha elevado al ser humano se ha añadido un nuevo
mecanismo neural,
325
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que nos
permite ser conscientes de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. Es
evidente que el ser humano posee este tipo de conciencia, pero se podría
defender (y de hecho así lo ha mantenido Donald Griffin, profesor de
comportamiento animal en la Universidad Rockefeller) que algunos animales
también poseen esta capacidad, pero son incapaces de comunicarla debido a su
falta de lenguaje. Por otro lado, algunos neurocientíficos creen que la
conciencia no se genera en las redes neurales del cerebro, sino que deriva de
una fuente espiritual, no física. Uno de los que propone este punto de vista es
sir John Eccles, premio Nobel por su trabajo sobre la neurofisiología de la
medula espinal. La teoría opuesta, la de que la conciencia tiene su base en el
cerebro, es mantenida por muchos más neurocientíficos30. Freud mantenía, desde
luego, este punto de vista, y mi postura es también que la conciencia, al igual
que el inconsciente, es generada por el cerebro.
Cualquiera
que sea su origen, lo cierto es que el ser humano tiene una conciencia, y lo
que nos importa ahora es su interacción con el inconsciente. Creo que en algún
momento de la evolución hacia el ser humano la conciencia se sumó al
inconsciente, y ahora añado que entre ambos existe una tercera entidad
funcional del cerebro, a la que podemos llamar preconsciente en la terminología
freudiana, aunque también puede usarse el término «subconsciente». El
preconsciente
30 La tesis
de Eccles puede encontrarse en Karl Popper and John C. Eccles, The Self and Its
Brain (Berlin: Springer international, 1977). El punto de vista de Sperry
aparece en «Mind-Brain Interactions: Mentalism, Yes; Dualism, No»,
Neuroscience, 1980, vol. 5, p. 195. El problema mente-cerebro viene ampliamente
analizado en las dos obras anteriores. Como lectura inicial sobre este tema
recomiendo Douglas R. Hofstadter and Daniel C. Dennett The Minds I (New York:
Basic Books, 1981).
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estaría
constituido por los procesos de pensamiento que probablemente actúan de forma
continua por debajo del nivel de la conciencia. El preconsciente estaría muy
ligado a la conciencia. Por ejemplo, la búsqueda de asociaciones, que
pertenecería al preconsciente, se inicia con un acto mental consciente. Si el
proceso de tres años que consolida la memoria se da durante el estado de
vigilia, al igual que la búsqueda de asociaciones, entonces se trataría también
de un proceso preconsciente.
En la
interacción de lo consciente y lo preconsciente radicarían varios de los
mecanismos observados por Freud y otros investigadores. La represión, que sirve
para apartar de la conciencia los pensamientos penosos, es uno de ellos. La
ausencia de relación en la mente de Freud del contenido del sueño de Irma con
el tratamiento de Fliess a Emma —según la interpretación de Schur— constituiría
un ejemplo paradigmático de represión. La amnesia debida a un fuerte trauma
psíquico, como las experiencias de guerra, sería otro ejemplo.
Otro de los
mecanismos localizables en la interacción entre la preconciencia y la
conciencia sería el desplazamiento de una emoción de una persona a otra, cuando
dicha emoción procede de una experiencia real dolorosa o amenazante. El hombre
que recibe una reprimenda de su superior en el trabajo y luego en casa con
cualquier pretexto saca su enfado con los miembros de su familia, sería otro
ejemplo. (Además, puede haber una implicación inconsciente. El enfado del
individuo puede no estar justificado de una forma real, sino derivar de una
transferencia —por ejemplo, una asociación
327
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inconsciente
entre su superior y alguna figura anterior en su vida, como su padre—.)31
Existe un
estudio neuropsicológico que tiene en cuenta la relación entre la conciencia y
la represión. Benjamin Libet y sus colegas del Hospital Zion en San Francisco
realizaron en los años 60 y 70 una serie de experimentos con pacientes que
estaban siendo tratados por la enfermedad de Parkinson o por dolores crónicos.
Al paciente se le aplicaba en la piel de una mano un estímulo eléctrico, y se
le pedía que avisara cuando lo notase. Asimismo, en el área neocortical que
31 En el
marco teórico de Freud la represión es un mecanismo que opera en el
inconsciente. De la misma manera que la censura inconsciente impide que en los
sueños aparezcan los instintos destructivos, así en el estado de vigilia la
censura ejercida por la parte inconsciente del yo reprime dichos instintos y
los impide llegar a la conciencia. Así, «El yo nota que la satisfacción de una
demanda instintiva evocaría una de las situaciones de peligro que se
recuerdan.» (Un ejemplo sería el deseo edípico de un niño de matar a su padre
con el peligro consecuente inconscientemente percibido es decir, castración.)
Freud añade
que esto conduce a la generación de ansiedad inconsciente, que activa una parte
inconsciente del yo. Luego, «Esta “catexis” instintiva debe ser por tanto
suprimida, detenida, anulada... El yo... lleva a cabo ahora la represión del
impulso instintivo peligroso... (Éste debe) ser de hecho un proceso que no es
consciente ni preconsciente, sino que se da entre cuotas de energía en algún
substrato inimaginable.» Standard Edition, vol. XXII, p. 89.
El fenómeno
de la resistencia en el psicoanálisis se explica de una manera similar. En el
curso de un análisis las ideas inconscientes reprimidas empiezan a aparecer en
la conciencia. Aparece la ansiedad y la represión toma entonces la forma de
resistencia, la negación de lo que va apareciendo o un deseo de no continuar el
proceso psicoanalítico. El analista debe actuar con precaución para superar
esta resistencia. Si el material inconsciente puede hacerse consciente,
especialmente por medio de la interpretación de sueños y por la relación de
transferencia, una vez expuesta su irracionalidad, cabe esperar que el
comportamiento autodestructivo del paciente o sus síntomas desaparecerán.
La
hipótesis que presentamos aquí difiere en lo siguiente: No es que se dé un
proceso dinámico continuo, en el que las presiones instintivas que emergen
produzcan ansiedad y sean entonces reprimidas. Los mecanismos que Freud observó
y que llamó el inconsciente son parte de una estrategia de pensamiento y
comportamiento por parte del individuo, adquiridos en su temprana infancia. La
ansiedad y la represión se dan cuando, por ejemplo, el analista y el paciente
no se ponen de acuerdo sobre un pensamiento inconsciente, como el deseo
edípico. Pero la represión es una reacción consciente o preconsciente ante un
pensamiento doloroso, similar a la represión de un recuerdo sobre un trauma de
guerra. La presente hipótesis sugiere la fuente de la dificultad para producir
un cambio de comportamiento una vez ha salido a la luz una idea inconsciente.
Aunque se logra el discernimiento y el paciente puede comprender y reprochar el
triste defecto de su constitución psicológica, es posible que no sea capaz de
cambiarlo o que pueda lograrlo sólo con grandes dificultades, pues el defecto
es parte de una estrategia establecida durante el período crítico del
desarrollo del cerebro.
328
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domina la
sensación de la piel aplicaban un segundo estímulo, que el paciente percibía
como algo distinto, como una especie de hormigueo en la piel de la misma mano.
Libet y sus colegas pudieron demostrar que para que una sensación llegara a
hacerse consciente se requería un procesamiento en alguna parte del cerebro, y
que dicho procesamiento tardaba aproximadamente medio segundo. Normalmente esto
daría como resultado un hecho curioso: nuestra piel sería tocada y no lo
notaríamos hasta medio segundo después. Sin embargo, para mantener la
simultaneidad que percibimos entre el hecho de tocarnos la piel y la sensación
subjetiva de que nos están tocando, Libet vio que el cerebro registraba el
acontecimiento subjetivo como si hubiera sucedido medio segundo antes de que
acabara el procesamiento de la sensación subjetiva. Es decir, el mecanismo
cerebral que produce la sensación consciente corregía por su cuenta el tiempo
de procesamiento para conseguir la simultaneidad que experimenta el sujeto.
Los
experimentos de Libet32 son importantes porque señalan a la conciencia como el
resultado de un proceso neural diferenciado.
32 Los
experimentos de Libet aparecen en B. Libet, E. W. Wright, Jr., B. Feinstein,
and D. K. Pearl, «Subjective Referral of the Timing for a Conscious Sensory
Experience», Brain, 1979, vol. 102, p.
193.
Exponemos a continuación una descripción más completa de sus estudios: El
diagnóstico y el tratamiento de los pacientes que Libet utilizó en su estudio
requerían que se insertaran electrodos en el cerebro. Esta inserción la
realizaba un neurocirujano, Bertram Feinstein, mientras los pacientes
permanecían despiertos, de manera que pudieran responder a preguntas que se les
hacían durante el proceso de diagnóstico. (Tal como dije, el cerebro no tiene
receptores de dolor y por tanto el paciente no sentía ninguna molestia.) En
muchos pacientes los electrodos seguían colocados durante una semana o más para
poder apreciar el curso de la terapia y se les estudiaba fuera de la sala de
operaciones, en ambulatorios. Durante el proceso de diagnóstico y después de él
Libet podía utilizar los electrodos implantados para probar el sistema del
tacto del cerebro a fin de investigar la conciencia. Se aplicaba un estímulo
eléctrico suave en la piel de una mano. Se sabe que esta estimulación —en
realidad cualquier estímulo cutáneo —se traduce en la piel en una señal neural
que pasa por una estación de relevo en el tallo encefálico, otro en el tálamo y
luego llega a la parte del neocórtex especializada en el tacto (córtex
somatosensorial). Utilizando un electrodo registrador en el neocórtex, Libet
podía medir la señal que llegaba. El
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Aunque este
proceso sea desconocido, el medio segundo necesario para que una sensación se
haga consciente parece que proporciona una base neuropsicológica para la
represión, en el sentido de que da
tiempo de
transmisión de la señal desde la mano era muy corto, unas 15 milésimas de
segundo para que el paciente indicara que notaba un hormigueo en la piel. Esta
medición del tiempo de conducción desde la piel de la mano hasta el neocórtex
se había realizado antes muchas veces con monos y lo que Libet vio no era
diferente.
Libet pasó
a considerar la conciencia. Aplicó un estímulo eléctrico suave al área del
neocórtex sensorial de la que acababa de tomar los registros. El paciente
indicaba notar un hormigueo en la piel de la mano aunque no se la estimulara.
Tampoco esto resultaba sorprendente. Si la mano hubiera recibido el estímulo,
una señal neural hubiese llegado al neocórtex y estimulando éste directamente
se imitaba la señal neural natural. El paciente podía diferenciar el estímulo
aplicado a la mano o al neocórtex —el hormigueo producido cuando se estimulaba
el neocórtex parecía provenir de otra parte de la mano que cuando se estimulaba
la piel directamente y las sensaciones eran en sí mismas algo diferentes. Se
aplicaba entonces el estímulo en la mano y en el neocórtex al mismo tiempo. Se
hubiera podido esperar que el paciente notara las dos sensaciones de hormigueo
aproximadamente al mismo tiempo. Pero no era así. La sensación causada por la
estimulación del neocórtex se notaba considerablemente más tarde que el hormigueo
producido por el estímulo aplicado a la piel. Para determinar el tiempo de este
lapso Libet estimulaba el neocórtex primero y, aproximadamente un cuarto de
segundo después, estimulaba la piel. La estimulación de la piel, aún habiendo
sido aplicada un cuarto de segundo después, era percibida con anterioridad Sólo
si se estimulaba el neocórtex aproximadamente medio segundo antes que la piel
podía el paciente notar que las dos sensaciones ocurrían simultáneamente. Es
decir, cuando se aplicaba el estímulo a la piel, el paciente notaba la
sensación en un plazo muy corto, prácticamente al mismo tiempo que la señal
neural llegaba al neocórtex. Pero cuando se estimulaba el neocórtex
directamente la sensación no llegaba hasta medio segundo después.
Es lógico
suponer que el proceso cerebral por medio del cual la sensación pasaba a ser
consciente requiriera cierto tiempo. El medio segundo que transcurre entre la
estimulación del neocórtex y la sensación de hormigueo del paciente es un lapso
razonable para que el cerebro lleve a cabo el proceso. Pero debe haber un
mecanismo que interviene cuando la señal de tacto es real, cuando se origina en
la mano y pasa a través de las dos estaciones de relevo antes de llegar al
neocórtex, para que parezca en la mente consciente que la sensación se notó en
el momento que la señal llega al neocórtex, en vez de medio segundo más tarde,
cuando en realidad pasa a ser consciente. Libet realizó otros experimentos de
este tipo para determinar el punto del circuito neural en el que este mecanismo
interviene. Llegó a la conclusión de que se daba en algún lugar antes de que la
señal llegara al neocórtex puesto que cuando el neocórtex era estimulado
directamente, se trataba medio segundo en que la sensación pasara a ser efectiva
para la percepción. Sus experimentos localizaron el lugar de esta acción.
Cuando la señal normal pasa la última estación de relevo del circuito en el
tálamo parece que se inicie un proceso que corrige la sensación subjetiva
modificando el tiempo requerido para que ocurra la percepción consciente.
Comentando los resultados de sus experimentos, Libet opinaba que el medio
segundo requerido para que una sensación pase a ser consciente era tiempo
suficiente para que se diese la represión.
Cabe
preguntarse cómo explicarían los descubrimientos de Libet los que postulan una
base no neural para la conciencia. Analizando estos experimentos sir John
Eccles cree que es exactamente en el punto en que se elimina el tiempo
requerido para procesar la sensación en la conciencia, para que la sensación se
produzca sincrónicamente con su percepción consciente, cuando interviene una
entidad no neural o espiritual. Otros científicos que creen igualmente que no
hay una base neural para la conciencia sugieren que ésta no es necesariamente
espiritual en su origen, pero que deriva de una entidad no neural separada.
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tiempo para
que otros procesos asociativos de la entidad funcional que llamamos
preconciencia analicen los hechos, pensamientos y recuerdos y puedan
reprimirlos si su contenido es demasiado penoso. Hemos considerado tres
probables entidades funcionales del cerebro: el inconsciente, un cuerpo
especial de información ubicado y procesado en los circuitos del sistema
límbico, en relación con el córtex frontal; la conciencia, que comprende todo
nuestro conocimiento inmediato sobre nosotros mismos y sobre el mundo; y la
preconciencia, complejas asociaciones que se estarían dando continuamente sin
que nos demos cuenta. ¿Cómo se relacionan estas tres entidades entre sí? Aparte
de los pocos hallazgos que hemos podido presentar, no lo sabemos. Pero esta
interacción es la responsable del desarrollo de la personalidad normal y de los
estados mentales anormales. Cerraré el capítulo analizando esos últimos
estados33.
Consideremos
en primer lugar la neurosis. Es bastante evidente que los síntomas de las
neurosis clásicas expresan pensamientos inconscientes de naturaleza irracional
y autodestructiva, que han quedado fijados irreductiblemente. ¿De qué otra
manera podría explicarse una compulsión a lavarse las manos, en la que el
paciente afirma que tiene que hacerlo constantemente porque si no estarían
33 Esta
teoría ha evolucionado durante años como marco explicativo para mis hallazgos y
para los de otros investigadores. Presenté por primera vez mis ideas sobre la
base evolutiva de los sueños y la historia del equidna en un Simposium sobre
Función Cerebral y Comportamiento, organizado por la Harry F. Guggenheim
Foundation en Millbrook, New York, en 1976 y sobre el que se informa en Robin
Fox, The Red Lamp of Incest (E. P. Dutton, N. Y., 1980), p. 177 y en
comentarios a un simposium sobre las funciones del sueño patrocinado por la
City University de New York en 1980, y que se citan en Ernest Hartmann, «The
Functions of Sleep and Memory Processing» en W. Fishbein, ed. Sleep Dreams in
Memory (New York: SP Medical and Scientific Books, 1981), p. 111.
331
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sucias y
envenenaría a alguien? ¿Cómo podríamos entender un caso de anorexia nerviosa
(un síndrome difícil de clasificar), en el que una joven demacrada por
inanición autoimpuesta se mira al espejo y se encuentra gorda? Estas ideas
neuróticas están influidas por el ambiente general de la sociedad. Así por
ejemplo, la histeria en la época de Charcot era más corriente entre las chicas
del campo que entre las de ciudad, que solían ser más cultas y mundanas, y
actualmente casi ha desaparecido34. La anorexia nerviosa parece ir en aumento,
coincidiendo con una mayor atención de la gente a su imagen corporal. Así pues,
las concepciones sociales influyen en el inconsciente; pero éste tiene una base
física en el cerebro, como lo demuestran, por ejemplo, los buenos resultados
conseguidos en el tratamiento de algunas neurosis con fármacos psicoactivos.
¿Cómo es
que unas personas se vuelven neuróticas y otras no, si todos tenemos un
material inconsciente similar? Quizá se trate de
34 Sin
embargo, siguen presentándose algunos casos de este tipo en la práctica de la
neurología. Estos pacientes pueden presentar parálisis, pérdida de sensibilidad
o ceguera parcial después de un accidente o en asociación con un miedo a una
enfermedad que pueda dejar imposibilitado o que constituya una amenaza. No
podemos discernir bases neurológicas para estos síntomas. Pueden desaparecer
espontáneamente o pueden ser aliviados por tratamientos de contenido puramente
psicológico. También pueden persistir durante largos períodos de tiempo. Se
puede encontrar una evaluación actualizada sobre la histeria en E. Slater and
M. Roth, Clinical Psychiatry, 3d edition (Baltimore: Williams and Wilkins,
1969), p. 103. Al lector interesado en la histeria le recomiendo también D. W.
Abse, The Diagnosis of Hysteria (Bristol: John Wright and Sons Ltd.; London:
Simkin Marshall Ltd., 1950). Se trata de un estudio sobre soldados británicos e
hindús dirigidos a una evaluación psiquiátrica durante la II Güeña Mundial.
Abse explica los diferentes diagnósticos y tratamientos de una serie de casos
de histeria aparecidos con el stress de la güeña. Se dieron casos de histeria,
incluso de ataques epilépticos histéricos. Abse destaca que la histeria
predominaba más entre los soldados hindús que entre los británicos (de 644
indios ingresados en psiquiatría, 370 fueron diagnosticados como histéricos,
mientras que de 669 británicos ingresados, sólo 161 fueron diagnosticados como
histéricos). Abse atribuye esta mayor tendencia de los soldados hindús a
desarrollar la histeria a una relativa inmadurez psicológica en comparación con
su contrapartida británica, un punto de vista que está en consonancia con los
anteriores descubrimientos de Briquet, que comparaba la histeria entre las
chicas del campo y las de la ciudad (ver capítulo 3, p. 73). El declive
histórico de la histeria puede estar en parte relacionado con la creciente
sofisticación de la población.
332
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una
tendencia innata, como sugerían Jung y Freud, una tendencia por la que la
herencia predispone al cerebro de alguna forma muy sutil. Y no puede excluirse
la influencia de la experiencia individual en esta tendencia a la neurosis
(independientemente de su influencia en el contenido de las ideas neuróticas),
porque las emociones producidas por dicha experiencia alteran los
neurotransmisores del cerebro, así como las hormonas que actúan físicamente en
él.
¿Y qué se
puede decir de estos raros pero fascinantes casos de personalidad múltiple?
Basándose en su experiencia psicoanalítica, el doctor Lawrence Kubie ha
afirmado que no entenderemos la mente hasta que no entendamos la personalidad
múltiple. Y, efectivamente, los psicoanalistas han descubierto en pacientes que
llevan cierto tiempo analizándose que su mente inconsciente considera actitudes
y estrategias alternativas. Por ejemplo, un heterosexual puede soñar en
soluciones homosexuales para sus conflictos edípicos y puede probar y ejecutar
esas estrategias durante unos cuantos días en su relación con hombres de su
entorno —aunque no sexualmente—. Así pues, la mente normal puede estar
constituida de forma que en los primeros años considere diversas estrategias de
comportamiento y personalidades alternativas. Sin embargo, sólo una
personalidad emerge como la definitiva, y las otras son rechazadas como guía de
comportamiento y sólo asoman ocasionalmente en el psicoanálisis. En las
personalidades múltiples, estas estrategias alternativas, con características
de personalidades simultáneas, pueden salir a la conciencia e intercambiarse
periódicamente. Una tensión psicológica muy fuerte que la personalidad
principal no sea capaz de dominar,
333
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especialmente
en la niñez, puede constituir un factor desencadenante de la personalidad
múltiple.
Es
interesante el hecho de que mediante la hipnosis se puede hacer salir a la
superficie las personalidades múltiples y tratarlas mejor. Kubie se interesó
mucho por la hipnosis, y una serie de experimentos lo llevaron a la conclusión
de que el elemento esencial para inducirla era la restricción de los estímulos
sensoriales al mínimo. Para hipnotizar a sus pacientes, los hacía tenderse en
un diván, totalmente relajados y sin moverse, y únicamente les hacía escuchar
el ruido de su propia respiración a través de unos auriculares. Mientras se
hallaban en estado hipnótico, se le comunicaban por los auriculares algunas
frases que los pacientes tomaban por pensamientos propios. En relación con la
hipnosis, existen datos que parecen sugerir que en cada individuo existen
diferentes subpersonalidades, con una cierta organización en sus
interrelaciones. Ernest Hilgard, profesor de psicología en la Universidad de
Stanford, ha inducido por hipnosis en individuos normales múltiples entidades
conscientes, que se observan entre sí. Kubie cita el caso de un soldado a
quien, una vez hipnotizado, se le dijo que volviera a una serie de etapas de su
vida anterior. En cada una de estas edades artificiales el individuo pasó una
serie de pruebas psicológicas y de inteligencia, y en cada una de ellas actuó
como si realmente tuviera la edad que se le había impuesto hipnóticamente.
Los lazos
de unión más fuertes entre la función física y la actividad mental se han
hallado en la depresión, la psicosis maniacodepresiva —ambos trastornos del
estado de ánimo—y la esquizofrenia. Como ya
334
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indiqué en
el capítulo 8, los enfermos de depresión responden favorablemente a fármacos
que actúan sobre los neurotransmisores norepinefrina y serotonina. Generalmente
se cree que estos neurotransmisores modulan los sistemas nerviosos del cerebro,
manteniéndolos en una situación especial. Hemos visto que la norepinefrina
podría modular la función en el hipocampo, el neocórtex y otras áreas
preparando al cerebro para responder a un estímulo ambiental de alerta; en
cambio, las condiciones que provocan la modulación de la serotonina se
desconocen. Estos moduladores pueden producir serias alteraciones si su nivel
es demasiado bajo o demasiado alto, y ello puede dar lugar a una depresión.
La psicosis
maniacodepresiva —una enfermedad distinta de la depresión— responde a otra
sustancia química, el litio, cuya forma de actuación en el cerebro se
desconoce.
La
esquizofrenia —de hecho, se trata de un grupo de enfermedades relacionadas—
podría definirse como una desintegración de la personalidad. Bleuler la
describió como sigue:
En cada
caso de esquizofrenia nos enfrentamos con una escisión, más o menos clara, de
las funciones psíquicas. Si la enfermedad es grave, la personalidad pierde su
unidad y, según los momentos, parece representada por diferentes complejos
psíquicos. La integración de los diferentes complejos y afanes no resulta
suficiente, o incluso no se da en absoluto. Los complejos psíquicos no se
combinan en un conglomerado para lograr un resultado unificado, como
335
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ocurre en
las personas sanas; lo que ocurre más bien es que un conjunto de ideas o
motivaciones domina la personalidad durante un lapso de tiempo determinado,
mientras que otros grupos son «apartados» y resultan parcial o totalmente
impotentes durante ese período. A menudo, las ideas están elaboradas sólo
parcialmente, y hay fragmentos de ideas conectadas de manera ilógica para
constituir una nueva idea. Los conceptos no llegan a ser completos y parecen
prescindir de uno o más de sus componentes esenciales; en muchos casos están
representados sólo por unas cuantas nociones truncadas.
Jung la
describió así:
El
verdadero problema empieza con la desintegración de la personalidad y con el
desprendimiento del yo de su habitual supremacía... ni la personalidad múltiple
ni ciertos fenómenos religiosos o «místicos» pueden compararse con lo que
sucede en la esquizofrenia... Es como si cedieran los fundamentos mismos de la
psique...
Como
resultado de las investigaciones realizadas en estos últimos años, han surgido
algunos hallazgos científicos en relación con la esquizofrenia. La enfermedad
parece estar ligada a la dopamina (un neurotransmisor de la familia de las
monoaminas, como la norepinefrina y la serotonina), puesto que los fármacos
eficaces para la mejora de los síntomas de la esquizofrenia bloquean la acción
de
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la dopamina
en el cerebro, y los fármacos que aumentan la función de la dopamina empeoran
los síntomas. (Es posible que también exista una relación con la
norepinefrina.) En relación con esta acción de la dopamina, señalemos que
algunos estudios sugieren que la tendencia a padecer la esquizofrenia puede
heredarse.
Por lo que
hemos visto sobre la localización de las redes o sistemas neurales que subyacen
bajo la personalidad, habría que empezar a buscar la anormalidad en el córtex
frontal de los esquizofrénicos. Y, efectivamente, un estudio llevado a cabo por
David Ingvar en el Hospital Universitario de Lund, en Suecia, puso de
manifiesto la existencia de dicha anormalidad. Se hizo inhalar a personas
normales y a esquizofrénicos un gas radiactivo; dicho gas se difundió a la
sangre, y mediante unos contadores radiosensibles colocados alrededor de la
cabeza se pudo medir la cantidad de flujo sanguíneo en varias regiones del
neocórtex mientras el individuo permanecía echado y con un mínimo de
estimulación externa. El flujo sanguíneo es un indicador del grado de actividad
neuronal en una región: un alto nivel de flujo sanguíneo indica que las
neuronas están activas, y viceversa. Ingvar comprobó que en los individuos
normales el flujo sanguíneo era de un 20 a un 40% más alto en la región frontal
del neocórtex que en las otras zonas. En palabras de Ingvar:
La elevada
actividad del córtex frontal sugiere que en estado de reposo consciente —sin
movimientos, sin hablar, y sin reacciones comportamentales— el cerebro está
activo, anticipando la conducta.
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Este
descubrimiento concuerda con la hipótesis que hemos presentado sobre la función
del neocórtex frontal. Ingvar comprobó que en los individuos esquizofrénicos el
flujo sanguíneo cerebral era mucho más bajo en la región frontal del neocórtex
que en otras partes del mismo, lo cual indica una menor actividad de esa
región.
No se sabe
todavía con seguridad si la esquizofrenia se debe a un mal funcionamiento del
córtex frontal. Un posible factor etiológico puede ser el mal funcionamiento de
algún eslabón del sistema límbico, pues los axones de muchas de las neuronas
que contienen dopamina terminan en diversas regiones de este sistema. Y hay
también otra posibilidad. En el córtex frontal hay niveles muy elevados de
dopamina y norepinefrina. John Pettigrew y Takaji Kasamatsu, del California
Institute of Technology, han realizado varios experimentos con gatitos muy
jóvenes, y han encontrado que la norepinefrina es imprescindible para que se
establezcan dentro del córtex visual las conexiones que se realizan a base de
experiencias visuales. Y, por otro lado, en los gatos adultos, cuyas conexiones
visuales ya han sido fijadas, la adición por medios externos de norepinefrina
vuelve dichas conexiones a su estado de plasticidad. Se puede pensar, pues, que
un exceso de dopamina o norepinefrina en el córtex frontal de los esquizofrénicos
tendría como efecto volver los circuitos frontales que mediatizan la
personalidad a un estadio primitivo de plasticidad. Naturalmente, se trata tan
sólo de conjeturas; la respuesta nos vendrá dada por experimentos futuros.
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Con esta
descripción de la enfermedad mental he completado la presentación de mi teoría.
En el próximo capítulo —el último del libro— discutiré su evaluación
experimental y sus implicaciones.
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Capítulo X
Epílogo
Los sueños
son una ventana al inconsciente, según Freud. ¿Por qué sueñan los seres
humanos? Un proceso tan complejo como el de los sueños de la etapa REM no puede
aparecer súbitamente en una especie, y de hecho el sueño REM se ha ido
desarrollando desde los primeros mamíferos marsupiales y placentarios. ¿Cuál es
la función del sueño REM en los mamíferos? Creo que se trata de un mecanismo
psíquico básico por medio del cual se construyen gradualmente unas estrategias
de comportamiento basadas en la experiencia del animal, esenciales para su
supervivencia. La función de los sueños en el ser humano no puede ser muy
distinta, y yo creo que en nuestra especie el contenido de los sueños refleja
una estrategia de comportamiento. En la vida de un animal, las estrategias de
comportamiento se fijan muy pronto durante un corto período crítico, y, del
mismo modo, en el ser humano se fijan también en la primera infancia. El
resultado de ello es el inconsciente, un conjunto de conceptos correctos e
incorrectos adquiridos en los primeros años y que permanecen en el núcleo de la
mente a lo largo de toda la vida. Esta es la teoría que yo he presentado35.
¿Cómo puede probarse? ¿Cuáles son sus implicaciones?
35 Sin
embargo, siguen presentándose algunos casos de este tipo en la práctica de la
neurología. Estos pacientes pueden presentar parálisis, pérdida de sensibilidad
o ceguera parcial después de un accidente o en asociación con un miedo a una
enfermedad que pueda dejar imposibilitado o que constituya una amenaza. No
podemos discernir bases neurológicas para estos síntomas. Pueden desaparecer
espontáneamente o pueden ser aliviados por tratamientos de contenido puramente
psicológico. También pueden persistir durante largos períodos de tiempo. Se
puede encontrar una evaluación actualizada sobre la histeria en E. Slater and
M. Roth, Clinical
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Se debe
probar por dos caminos: el del cerebro y el de la mente. Hay que tender un
puente utilizando métodos procedentes tanto de las neurociencias como del
psicoanálisis. La clave para comprender los mecanismos cerebrales consiste en
dilucidar los medios por los que el hipocampo, el sistema límbico y el córtex
frontal procesan la información y construyen una estrategia de comportamiento.
El camino de esta investigación se ha recorrido ya en parte. El descubrimiento
de las columnas neocorticales, módulos de procesamiento que funcionan como
indicadores de caracteres y que al actuar de forma secuencial pueden efectuar
análisis de información sensorial cada vez más complejos, ha permitido a los
neurocientíficos vislumbrar cómo puede estar organizado el neocórtex. Los
mismos métodos de neuroanatomía, neurofisiología y neuroquímica que han
resultado operativos aplicados al córtex sensorial están siendo utilizados
ahora para el estudio del córtex frontal. Se ha descubierto que también ahí se
da una organización en columnas. Algunas nuevas técnicas desarrolladas para
medir los niveles de actividad neural en el cerebro cuando el hombre está
despierto y piensa, pueden ayudarnos a desvelar su función. A pesar
Psychiatry,
3d edition (Baltimore: Williams and Wilkins, 1969), p. 103. Al lector
interesado en la
histeria le
recomiendo también D. W. Abse, The Diagnosis of Hysteria (Bristol: John Wright
and
Sons Ltd.;
London: Simkin Marshall Ltd., 1950). Se trata de un estudio sobre soldados
británicos e hindús dirigidos a una evaluación psiquiátrica durante la II Güeña
Mundial. Abse explica los diferentes diagnósticos y tratamientos de una serie
de casos de histeria aparecidos con el stress de la güeña. Se dieron casos de
histeria, incluso de ataques epilépticos histéricos. Abse destaca que la
histeria predominaba más entre los soldados hindús que entre los británicos (de
644 indios ingresados en psiquiatría, 370 fueron diagnosticados como
histéricos, mientras que de 669 británicos ingresados, sólo 161 fueron
diagnosticados como histéricos). Abse atribuye esta mayor tendencia de los
soldados hindús a desarrollar la histeria a una relativa inmadurez psicológica
en comparación con su contrapartida británica, un punto de vista que está en
consonancia con los anteriores descubrimientos de Briquet, que comparaba la
histeria entre las chicas del campo y las de la ciudad (ver capítulo 3, p. 73).
El declive histórico de la histeria puede estar en parte relacionado con la
creciente sofisticación de la población.
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de la
complejidad de esta región del neocórtex, es de esperar que con el curso del
tiempo su función se comprenda mucho mejor.
Los métodos
mencionados también se utilizan en la actualidad para estudiar el hipocampo.
Además, algunos de estos métodos, como la medición de niveles de actividad
neural mediante marcadores radiactivos, o el registro mediante microelectrodos
de las descargas de neuronas individuales, pueden aplicarse cuando el animal
está despierto y en proceso de aprendizaje, así como cuando está dormido. Así,
se puede controlar la actividad del hipocampo durante estas actividades tan
importantes. Por otro lado, se puede cortar en vivo un trozo del hipocampo para
aislar una lámina individual y estudiar con detalle algunas de sus
características fisiológicas. Haciendo pruebas con esta lámina aislada,
suministrándole señales nerviosas conocidas y sencillas y observando qué
señales emite, podemos entender mejor los tipos de procesamiento que se dan en
este módulo estructural. Más pronto o más tarde se descubrirá el esquema lógico
con el que trabaja el hipocampo, en su relación con el resto del sistema
límbico y con el neocórtex, para consolidar la memoria.
Los
estudios neuroanatómicos y la técnica clásica de producir lesiones en
determinadas estructuras cerebrales y observar después la consiguiente pérdida
de función, ayudan a delimitar la ruta que sigue la información al pasar del
neocórtex al hipocampo, y de ahí al resto del sistema límbico. Este trabajo se
está haciendo con monos, probando su pérdida de memoria en la realización de
tareas determinadas después de ciertas lesiones específicas. De esta manera se
ha seguido funcionalmente el circuito límbico desde el neocórtex,
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a través
del hipocampo y la amígdala, hasta las áreas límbicas del tálamo. El próximo
paso a dar en el seguimiento funcional es la conexión al córtex frontal, cuya
existencia es conocida anatómicamente.
Una línea
de investigación que proporcionaría datos muy directos para evaluar la teoría
que he presentado sería estudiar si la eliminación del sueño REM durante un
tiempo, especialmente antes del período crítico, interfiere en la formulación
de estrategias conductuales propias de la especie en los mamíferos. Sin
embargo, el mecanismo generador del sueño REM es tan complejo y está tan
profundamente inmerso en el tallo encefálico, que todavía no se han encontrado
medios para eliminarlo sin deteriorar el comportamiento del animal. Cuando se
llegue a comprender dicho mecanismo generador se hallarán estos medios y se
podrá realizar el experimento. Otra probabilidad de probar mi teoría sería
examinar, con los mismos métodos empleados en otros mamíferos, el cerebro del
equidna, pues se ha estudiado relativamente poco. De este modo se podría
descubrir si en la evolución el cerebro del equidna procesa verdaderamente la
información de un modo distinto al de los demás mamíferos. También se sabe muy
poco sobre el cerebro del otro monotrema viviente, el ornitorrinco. ¿Posee la
misma peculiar organización neural del equidna, o bien la naturaleza le ha
dotado ya con el nuevo esquema que observamos en los demás mamíferos? También
esta cuestión podría resolverse con la tecnología actual.
A pesar de
su gran complejidad, es de esperar que dentro de un tiempo —quizá decenas de
años—, las distintas líneas de
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investigación
nos revelen por fin el modo en que el cerebro manipula la información mientras
duerme y mientras está despierto. Entonces, a la luz de los nuevos resultados
experimentales, la teoría que aquí se propone será confirmada, modificada o
sustituida por otra. Las ventajas de esta investigación no serán únicamente la
comprensión de cómo el cerebro gobierna el desarrollo psíquico normal, sino que
también nos proporcionará la posibilidad de aliviar, curar o prevenir las
enfermedades mentales.
¿Cuál es el
papel de la investigación psicológica en el conocimiento de las conexiones
entre el cerebro y la mente? Aunque las neurociencias puedan desentrañar con el
tiempo los mecanismos de los procesos mentales inconscientes, pienso que no
podrán revelarnos su contenido. La clave para la mente está en las
investigaciones que registran el contenido de los sueños y en el psicoanálisis,
que los interpreta por medio de la asociación libre. Mi teoría lleva a una
predicción: a pesar de que aparentemente los sueños oscilan entre lo
extravagante y lo lógico y real de modo espectacular, su contenido constituye
un patrón coherente y refleja la estrategia para la supervivencia que se halla
en cada individuo de forma inconsciente —o, dicho de otro modo, su personalidad
inconsciente—. El psicoanálisis es la única disciplina que puede
proporcionarnos información sobre esta materia, y de hecho muchos hallazgos
analíticos han apuntado a un concepto similar al que yo he sugerido aquí. Las
observaciones que Jung realizó le llevaron a postular una entidad autónoma en
el inconsciente:
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Los
contenidos activos del inconsciente se comportan de tal manera que no puedo
describirlos más que con la palabra «autónomos»... Se han separado de la
conciencia y llevan una existencia aparte en el inconsciente, siempre
preparados para esconder o reforzar las intenciones conscientes... Contienen
recuerdos, deseos, miedos, obligaciones, necesidades o puntos de vista con los
cuales nunca hemos llegado a ponernos realmente de acuerdo, y por esta razón
interfieren constantemente en nuestra vida consciente de una manera molesta y a
menudo nociva.
El
psicoanalista estadounidense Robert Stoller habla de sus pacientes como actores
de un «guion» inconsciente, y presenta así su idea de un yo interno separado:
Sugiero que
hay otro «yo» que, con demasiada frecuencia, se refugia dentro del alma y no
intenta cambiar.
Pero para
probar mi teoría se necesitan más datos. Sería preciso una interpretación
analítica de los sueños día a día, mientras dura el psicoanálisis y cuando ya
se ha acabado, registrándolos en asociación con los acontecimientos que van
ocurriendo en la vida del individuo36.
Finalmente,
volvamos al objetivo fijado en la introducción: el intento de entender la
naturaleza humana a través del estudio del cerebro. Según mi teoría, en el
núcleo de la mente se halla el inconsciente, el mecanismo que formula y
establece las estrategias de
36 Esto
podría constituir un avance en la estrategia para obtener datos psicoanalíticos
a fin de compararlos con los descubrimientos de la neurociencia tal como han
evolucionado en las áreas de procesamiento de memoria e información durante el
sueño.
345
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comportamiento.
En los mamíferos, este mecanismo comprende todo el sistema neural que gobierna
la estrategia de comportamiento. En el ser humano también está presente; ejerce
una fuerte influencia sobre nuestra personalidad y nuestras emociones, y es fuente
de neurosis para algunos.
Creo que el
inconsciente es algo que existe en realidad, un producto de la evolución y de
la biología del cerebro. Mi concepto de inconsciente es algo distinto del de
Freud. Freud vio el inconsciente como algo que contenía el ello, un caldero de
pasiones incontroladas y de instintos destructivos controlados por la
regresión. Por el contrario, yo creo que el inconsciente es una estructura
mental coherente y siempre activa que asimile las experiencias de la vida y
reacciona de acuerdo con su propio esquema de interpretación y respuesta. Junto
al núcleo inconsciente, herencia de las especies inferiores, la evolución puso
en el ser humano un intelecto no superado por especie alguna, un lenguaje y una
gran capacidad para el pensamiento asociativo. El resultado es la naturaleza
humana, maravillosa por su gran capacidad intelectual. Pero la naturaleza
humana tiene imperfecciones, porque el hombre soporta el sufrimiento tanto de
su «disquietud» interna (utilizando el término de Flipócrates) como de la
irracionalidad de la sociedad por él creada.
¿Cuáles son
las causas de estas imperfecciones? Algunas pueden localizarse en el
inconsciente. Si las ideas inconscientes que subyacen en las neurosis no se
hubieran fijado en los circuitos neurales por medio de mecanismos heredados de
las especies inferiores, serían rechazadas normalmente por la experiencia y por
la
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lógica.
Recordando un ejemplo citado anteriormente, el padre no amenaza literalmente a
su hijo con la castración; ésta es sólo una amenaza en los pensamientos
inconscientes del niño. Y el hijo, ya adulto, para impedir el desarrollo de su
carrera, debido a su miedo inconsciente de superar a su padre y de ser castrado
por ello, se comporta de forma ridícula y trágica.
¿Qué se
puede hacer para evitar o al menos aliviar este aspecto del sufrimiento humano?
A través del psicoanálisis, un individuo puede descubrir la verdad sobre su
naturaleza, algo que proporciona una gran satisfacción cuando se logra. Sin
embargo, este proceso sólo pueden seguirlo unos pocos, y no es seguro que
comporte un cambio de conducta, debido a la tenacidad del pensamiento
inconsciente después del período crítico. Quizá lo más valioso sería el
conocimiento por parte de los padres de cuál es el período crítico en el
desarrollo infantil. Las ideas inconscientes se establecen inexorablemente
durante este período, y hay que esforzarse en evitar la aparición en ese
período de los miedos al abandono, así como otras fuentes de ansiedad y
conflicto.
Finalmente,
¿cuál es la fuente de la irracionalidad humana en la organización de su
sociedad, de sus guerras y de la crueldad de sus miembros? Ya he dicho que no
veo su origen en un ello freudiano lleno de instintos destructivos reprimidos.
Hay fuentes evidentes de violencia en el inconsciente, cuyo origen puede ser
genético o resultado de las experiencias tempranas. Los deseos de poseer lo que
otros tienen y de eliminar al rival se asientan en el inconsciente, dispuestos
a salir a la superficie si las condiciones de la vida lo
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permiten.
Pero en aras de la supervivencia, la naturaleza hizo que esos rasgos
inconscientes fueran modificables por las primeras experiencias vitales,
durante el período crítico. Tal como hemos visto, incluso un instinto tan
básico como el del gato de matar a su presa puede ser modificado, de manera que
si un gato no ha tenido la oportunidad de matar durante su período crítico ya
no podrá hacerlo posteriormente con la misma facilidad.
La
antropología nos ofrece posibles explicaciones sobre la violencia del hombre.
Se ha sugerido que hay una herencia genética de nuestros ancestros primates
para cazar o para defender el territorio propio, y que estos rasgos son
transmitidos en nuestros genes a la siguiente generación. Pero todo rasgo
genético ha de quedar expresado necesariamente en la organización y la función
cerebral, puesto que el cerebro controla el comportamiento, y no hay todavía
ninguna prueba neurofisiológica de que este tipo de herencia exista. Además,
los mismos antropólogos, cuando han revisado más atentamente sus datos, han
considerado inadecuadas estas hipótesis.
¿Cuál es
entonces la fuente de la irracionalidad y del comportamiento violento en las
sociedades y entre las naciones? Parece que se halla en la propia conciencia y
en la interacción con las influencias del medio tal como están constituidas
actualmente. El yo consciente es extremadamente adaptable, muy moldeable por
las fuerzas de la sociedad. Todos estamos atrapados en la lucha por la
supervivencia y el progreso. Para sobrevivir adoptamos las reglas y las
costumbres de la sociedad (en el mundo actual, la competitividad es una regla
de
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oro), y así
queda perpetuado el status quo. El aspecto que quiero destacar en este repaso
de las bases biológicas del inconsciente es el siguiente: si prevaleciera la
sensatez y llegáramos a organizar nuestra sociedad de forma más racional y
humana, nuestra herencia de las especies inferiores —nuestro inconsciente— no
rompería el equilibrio conseguido.
He
propuesto una hipótesis, pero se trata sólo de un primer paso. Pienso que por
el camino de la investigación entenderemos por fin el origen de nuestra
naturaleza. Este conocimiento podrá utilizarse en beneficio nuestro, si así lo
decidimos.
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Referencias
Capítulo 1
- Memoria, percepción y emoción
• El
informe original sobre la operación de H. M. y sus consecuencias aparece en W.
B. Scoville and B. Milner «Loss of Recent Memory after Bilateral Hippocampal
Lesions.» Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry, 1957, vol. 20. p.
11.
• «Cada día
es una...» B. Milner. S. Corkin, and H. L. Teuber. «Further Analysis of the
Hippocampal Amnesic Syndrome: 14-Year Follow-up Study of H. M.»
Neuropsychologia, 1968, vol. 6, p. 215.
• La prueba
de rostros famosos: W. D. Marslen-Wilson and H. L. Teuber, «Memory for Remote
Events in Anterograde Amnesia: Recognition of Public Figures from
Newsphotographs.» Neuropsychologia, 1975, vol. 13 p. 353.
• Los casos
de Wilder Penfield: W. Penfield and B. Milner, «Memory Deficit Produced by
Bilateral Lesions of the Hippocampal Zone.» AMA Archives of Neurology and
Psychiatry, 1958, vol. 79, p. 475.
• La prueba
de memoria de Squire utilizando programas de televisión aparece en L. R.
Squire, and N. J. Cohen, «Memory and Amnesia: Resistance to Disruption Develops
for Years After Learning.» Behavioral and Neural Biology, 1979, Vol. 25, p.
115.
• «Los
datos nos llevan a la conclusión...», ibid.
• Un
análisis completo sobre el procesamiento de la memoria a largo plazo durante un
período de varios años aparece en L. R.
350
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Squire, N.
J. Cohen and L. Nadel, «The Medial Temporal Region and Memory Consolidation: A
New Hypothesis» en H. Weingartner and E. Parker, eds., Memory Consolidation
(Hillsdale, N. J.: Lawrence Erlbaum Associates, 1982).
• Test de
Mooney con rostros confusos: Milner. Corkin, and Teuber. óp. cit.
• Test de
dibujo utilizando un espejo: B. Milner. «Les Troubles de la Memoire
Accompagnant des Lesions Hippocampiques Bilaterales». Physiologie de
l'Hippocampe (Pans: Centre National de la Recherche Scientifique, 1962).
• «La Torre
de Hanoi»: N. J. Cohen and S. Corkin, «The Amnesia
Patient H.
M.: Learning and Retention of a Cognitive Skill.»» Society for Neuroscience,
1981, vol. 7, p. 235.
• La
neurona y su funcionamiento aparece con más detalle en C. T. Stevens, «The
Neuron», Scientific American, September 1979.
• El
trabajo de Hubel y Wiesel: Para una descripción más completa sobre el sistema
visual, el lector no científico tal vez desee remitirse a D. H. Hubel and T. N.
Wiesel, «Mechanisms of Vision», September 1979 Scientific American. Hay una
descripción neurocientífica excelente en S. W. Kuffler and I. G. Nicholls, Part
1, «Neural Organization for Perception» en From Neuron to Brain (Sunderland.
Mass.: Sinauer Associates, Inc., 1976). Hubel y Wiesel recibieron en 1981 el
premio Nobel.
• Múltiples
regiones visuales estriadas y preestriadas en el mono de noche: J. F. Baker, S.
E. Petersen, W. T. Newsome, and J. M. Allman, «Visual Response Properties of
Neurons in Four
351
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Extrastriate
Visual Areas of the Owl Monkey (Aotus trivirgatus): A Quantitative Comparison
of Medial, Dorsomedial, Dorsolateral and Middle Temporal Areas», Journal of
Neurophysiology, 1981, vol. 45, p.397.
• Los
experimentos referentes a las neuronas en el cortex inferotemporal del mono que
responden a caras aparecen en C. G. Gross, C. E. Roche Miranda, and D B.
Bender. «Visual Properties of Neurons in Inferotemporal Cortex of the Macaque»,
Journal of Neurophysiology, 1972, vol. 35, p. 96 y D. F. Perrett, E. T. Rolls
and W. Caan, «Visual Neurons Responsive to Faces in the Monkey Temporal
Cortex», Experimental Brain Research, 1982, vol. 47. p. 329.
• La
incapacidad, después de lesiones corticales, de reconocer categorías
perceptivas simples aparece en el capítulo 3, J. Konorski, Integrative Activity
of the Brain (Chicago: Chicago University Press. 1967).
• La
organización cortical en columnas del cortex motor ha sido descubierta por
Hiroshi Asanuma de la Rockefeller University y la del cortex prefrontal por
Patricia Goldman-Rakic de la Yale University.
• Las
pruebas anatómicas de que la información que llega al neocórtex procedente de
áreas de asociación sensoriales convergen en el córtex entorrino para formar la
entrada de información más importante hacia el hipocampo vienen resumidas en G.
W. Van Hoesen, «The Parahippocampal Gyms
— New
Observations Regarding Its Cortical Connections in the
352
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Monkey,»
Trends in Neuroscience, October 1982, p. 345, Elsevier Biomedical Press. En el
hombre y en el mono el córtex entorrino está localizado en giro
parahipocámpico, una parte del lóbulo temporal que se halla junto al hipocampo.
• J. W.
Papez, «A Proposed Mechanism of Emotion», Archives of Neurology and Psychiatry,
1937, vol. 38, p. 725.
• H. Klüver
and P. C. Buey, «Preliminary Analysis of Functions of
the
Temporal Lobes in Monkeys», Archives of Neurology and Psychiatry, 1939, vol.
42, p. 979.
Capítulo 2
- El sueño y los sueños
• Los
primeros experimentos de Kleitman aparecen descritos en su Nathaniel Kleitman,
Sleep and Wakefulness (Chicago: University of Chicago Press, 1963).
•
Confirmación del ritmo Berger: E. D. Adrian and B. H. C.
Mathews,
«Berger Rhythm: Potential Changes from Occipital Lobes in Man», Brain, 1934,
vol. 57, p. 355.
• Origen
neocortical del ritmo alfa: E. D. Adrian and K. Yamagiwa «The Origin of the
Berger Rhythm», Brain, 1935. vol. 58, p. 323.
•
Movimientos oculares rápidos en los recién nacidos: E. Aserinsky y N. Kleitman,
«Two Types of Ocular Motility Ocurring in Sleep», Journal of Applied
Psychology, 1955, vol. 8, p. 1.
• Ciclo de
motilidad en los recién nacidos: E. Aserinsky and N. Kleitman, «A Motility
Cycle in Sleeping Infants as Manifested by Ocular and Gross Bodily Activity»,
Journal of Applied Psychology, 1955, vol. 8 p. 11.
353
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• Primer
estudio de sueño REM en adultos, «Para verificar esta suposición...» E.
Aserinsky and N. Kleitman, «Regularly Occurring Periods of Eye Motility, and
Concomitant Phenomena during Sleep», Science, 1953, vol. 118 p. 273. (Este
estudio sobre adultos se llevó a cabo después del estudio de los recién
nacidos. La publicación del experimento con niños parece ser que fue
retrasada.)
• Estudio
de Dement: W. Dement and N. Kleitman, «Cyclic Variations in EEG during Sleep
and their Relation of Eye
Movements,
Body Motility and Dreaming», Electroencephalography and Clinical
Neurophysiology, 1957, vol. 9, p. 673.
•
Experimento de Dement con el gato: W. Dement, «The Occurrence of Low Voltage,
Fast Electroencephalogram Patterns During Behavioral Sleep in the Cat»,
Electroencephalography and Clinical Neurophysiology, 1958, vol. 10, p. 291.
• Actividad
de las neuronas en el neocórtex durante el sueño REM: E. V. Evarts, «Visual
Cortex Neurons in Cat as Active During REM as During Waking with Visual
Stimulation», en G. C. Quarton, T. Melnechuk, and F. O. Schmitt, eds., The
Neurosciences (New York: The Rockefeller University Press, 1967), p. 545.
• El
experimento de Jouvet aparece descrito en el capítulo «Neurophysiology of the
States of Sleep», op. cit. p. 529.
• Resultado
de las lesiones del tallo cerebral en el comportamiento activo durante el sueño
REM: M. Jouvet, op. cit. Ver también A.
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R.
Morrison: «Brain-Stem Regulation of Behavior During Sleep and Wakefulness», en
James M. Sprague and Alan N. Epstein, eds., Progress in Psychobiology and
Physiological Psychology, vol. 8 (New York: Academic Press, 1979), p. 91 y A.
R. Morrison, «A Window on the Sleeping Brain», Scientific American, April 1983.
•
Experimento de privación de REM: W. Dement, «The Effect of Dream Deprivation»,
Science, 1960, vol. 131, p. 1705.
• Actividad
mental al inicio del sueño: D. Foulkes and G. Vogel: «Mental Activity at Sleep
Onset», Journal of Abnormal Psychology, 1965, vol. 70, p. 231.
• Actividad
mental durante el sueño no REM: Este trabajo aparece resumido en el capítulo 4
de la obra de David Foulkes, The Psychology of Sleep (New York: Charles
Scribner’s Sons, 1966).
• «En
aquellas noches...»: A. Rechtschaffen, G. Vogel and G. Shaikun,
«Interrelatedness of Mental Activity During Sleep», Archives of General
Psychiatry, 1963, vol. 9, p. 536.
•
Desarrollo del sueño a lo largo de la vida: H. P. Roffwarg, J. N. Muzio and W.
C. Dement, «Ontogenetic development of the Human Sleep-dream Cycle», Science,
1966, vol. 152, p. 604.
• El sueño
estudiado en varios mamíferos aparece descrito en el artículo de T. Allison y
H. Van Twyver, «The Evolution of Sleep», Natural History, 1970, vol. 79, p. 56.
• El sueño
en el equidna: T. Allison, H. Van Twyver and W. R. Goff, «Electrophysiological
Studies of the Echidna, Tachyglossus aculeatus, I: Waking and Sleep», Archives
of Italian Biology,
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1972, vol.
110, p. 145. Hay un libro que da una descripción muy completa sobre el equidna,
la obra de Mervyn Griffiths, The Biology of The Monotremes (New York: Academic
Press, 1978).
• Aumento
del sueño de onda lenta después de los maratones: C.
M. Shapiro,
R. Bortz, D. Mitchell, P. Bartel, and P. Jooste, «Slow-wave Sleep: A Recovery
Period After Exercise». Science, 1981, vol. 214, p. 1253.
• Hormona
del crecimiento: Y. Takahaski: «Growth Hormone Secretion Related to the Sleep
and Waking Rhythm», en R. Drucker-Colín, M. Shkurovich and M. B. Sterman, eds.,
The Functions of Sleep (New York: Academic Press, 1971).
• El córtex
frontal del equidna investigado electrofisiológicamente:
T. Allison
and W. R. Goff, «Electrophysiological Studies of the Echidna, Tachyglossus
aculeatus, III: Sensory and Interhemispheric Evoked Potentials». Archives of
Italian Biology, 1972, vol. 110, p. 195.
• El córtex
frontal del equidna definido por las conexiones al núcleo mediodorsal del
tálamo: Wally Welker and Richard A.
Lende.
«Thalamocortical Relationships in Echidna {Tachyglossus aculeatus)», capítulo
15 en Sven O. E. Ebbeson, eds., Comparative Neurology of the Telencephalon (New
York. London: Plenum Press, 1980).
• «La
característica más destacable...» G. Elliot Smith, «Mammalia, order
Monotremata», en Catalogue of the Physiological Series of Comparative Anatomy,
vol. 2, segunda
356
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edición,
Museum of the Royal College of Surgeons, London, England 1902, p. 138.
• «Sus
principales constituyentes...» Joaquim M. Fuster, The Prefrontal Cortex (New
York: Raven Press, 1980), p. 128.
• «...no
evalúan...», citado en A. R. Luria, Higher Cortical Functions in Man (New York:
Basic Books, 1966), p. 222. Este libro presenta un amplio estudio sobre las
alteraciones de funciones después de lesiones en varias regiones del neocórtex
en el hombre.
Capítulo 3
- Los primeros descubrimientos
• El lector
que desee una información más completa sobre la vida y obra de Freud puede
remitirse a la obra de Ernest Jones, The Life and Work of Sigmund Freud, vols.
I, II y III (New York: Basic Books, 1955), obra a la que de ahora en adelante
nos referiremos como Jones. Hay una biografía reciente muy informativa, escrita
por Ronald W. Clark, Freud, the Man and the Cause (New York: Random House,
1980), a la que nos referiremos como Clark. Las obras completas de Freud
aparecen en una serie de 24 volúmenes, The Standard Edition of the Complete
Psychological Works of Sigmund Freud, editado por James Strachey (London:
Hogarth Press, 1953), obra a la que nos referiremos como Standard Edition. El
historiador francés Henri F. Ellenberger ha escrito una obra definitiva sobre
el desarrollo de la psiquiatría, The Discovery of the Unconscious (New York:
Basic Books, 1970), a la que nos referiremos como Ellenberger y que recomiendo
al lector interesado en este tema.
357
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• «Voy con
dinero...», correspondencia Freud-Marta Bemays, 20 de junio 1885, en la edición
de Ernest L. Freud, eds., Letters of Sigmund Freud, 1873-1939 (New York, Basic
Books, 1975), p. 154.
• El caso
de Ana O. fue descrito por Breuer en Studies on Hysteria (1893-1895) que es el
vol. II de la Standard Edition. Un análisis del caso de Ana O., en perspectiva
y en el contexto de casos similares anteriores a éste, aparece en Ellenberger,
p. 480.
• «Durante
dos semanas...», Standard Edition, vol. II, p. 25.
• «Era
transportada...», Standard Edition, vol. II, p. 33.
• «Estos
descubrimientos...», Standard Edition, vol. II, p. 35.
• Ana O.
tardó bastante tiempo en recuperar su total equilibrio mental: Frank J.
Solloway, Freud, Biologist of the Mind (New York: Basic Books, 1979), p. 84.
• Declive y
cambio de naturaleza de la histeria: Ellenberger, pp. 256, 480.
• Como más
tarde lo afirmaría Freud: Jones, vol. I, p. 233.
• «Recibí
una impresión...», Standard Edition, vol. XX, p. 17.
• «Charcot,
que es uno de...», Freud-Marta Bemays, correspondencia, 24 de noviembre 1885,
op. cit. p. 184.
• «Durante
veinticinco siglos...», Ellenberger, p. 142.
• «En
estado normal...», ibid. p. 130.
• The Three
Faces of Eve, de Corbett H. Thigpen y Harvey M. Cleckley (New York: McGraw-Hill
Book Co., 1957).
• The Minds
of Billy Milligan, de Daniel Keyes (New York: Random House, 1981).
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•
Entrenamiento de los pacientes de Charcot, Ellenberger, pp. 97-100.
•
«Desgraciadamente comprobé...», Standard Edition, vol. II p. 16.
• «degrada
al individuo», Jones, vol. I. p. 235.
• «El éxito
terapéutico...», Standard Edition, vol. II, p. 101.
• «El
método era...», Jones, vol. I, p. 243.
• «Si
sometemos...», Etiología de la Histeria, Philip Rieff, ed., Early
Psychoanalytic Writings (New York: Collier Books, 1963), pp. 177-187. También
Collected Papers of Sigmund Freud (New York: Basic Books, 1959), pp. 185-239.
• «Pero
debo también advertir...», Rieff. óp. cit., p. 194.
• «Llego
aquí al final...», ibid., p. 203.
• «Sentía
palpitaciones...», Clark, p. 134.
• «Hemos
llegado a nuestras opiniones...», Rieff, «On the Theory of Hysterical Attacks»
op. cit.
•
«Realmente, mientras más...», ibid., p. 44.
•
«Considero esta diferenciación...», Standard Edition, vol. II, p. 286.
• «Pudiera
creerse...», Rieff, «The Aetiology of Hysteria», op. cit., p. 181.
• «Es
evidente...», Standard Edition, vol II, p. 246.
• «El caso
de Ana O...», citado en la obra de Paul F. Creinfield,
«Josef
Breuer’s Evaluation of His Contribution of
Psychoanalyses»,
The International Journal of Psycho-Analyses. Vol. XXXIX, Par. V, 1958, p. 2.
• «Tuve que
reconocer...», Standard Edition, vol XX, p. 34.
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• «El
análisis me había...», Standard Edition, vol. XIV, p. 17. Capítulo 4 - La
interpretación de los sueños
• «Yo mismo
vi...», Standard Edition, vol. XXII, p. 7.
• «En el
análisis de uno mismo...», Standard Edition, vol. XXII, p. 234.
• «En las
próximas páginas...» Las citas de «La interpretación de los sueños» se han
tomado de The Basic Writings of Sigmund Freud, traducido y editado por A. A.
Brill (New York: Random House, Modem Library, 1938) obra a la que nos
referiremos como IOD. Esta cita aparece en la p. 183.
• «Un
amplio hall...», ibid. p. 196.
• «Sin
embargo...», ibid. p. 197.
• «No puedo
evitar...», ibid. p. 202.
• «Aquí el
reproche...», ibid. p. 204.
• «Otro
reproche dirigido...», ibid. p. 204.
• «De todos
modos, no quiero afirmar...», ibid. p. 206.
• «Mi amigo
Leopoldo...», ibid. p. 200.
• ¿Cómo
puede incluirse...» Este pasaje se ha tomado de The Interpretation of Dreams
traducido por James Strachey, Standard Edition, vol. IV, p. 115.
• «En mi
sueño...». IOD, p. 203.
• «Habré
realmente de aceptar...», ibid. p. 202.
• «The
Dream Specimen of Psychoanalysis» de Erik H. Erikson, Journal of the American
Psychoanalytic Association, 1954, vol. 2, p. 5.
• «De otro
suceso infantil...», IOD, p. 274.
360
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• «En la
constitución sexual...», ibid., p. 234.
• «Pero,
¿cómo es posible...», ibid., p. 446.
• «La marca
de la bestia...», ibid., p. 251.
• «Varios
niños...», ibid., p. 301.
• «Quizás
opongan aquí algunos...», ibid., p. 301.
• «En otra
ocasión...», ibid, p. 306.
• «En este
punto, una advertencia...», ibid., p. 505.
• «Hay una
gran tormenta...», ibid., p. 398.
• «Es
verano y camino...», ibid, 376.
• «Un
Proyecto para una Psicología Científica», Standard Edition, vol. I, p. 283.
• El
artículo de Schur, que incluye la correspondencia sobre este tema entre Freud y
Fliess junto con sus comentarios, aparece en Psychoanalysis — A General
Psychology, de L. M. Newman. M. Schur y A. J. Solnit. eds. (New York:
International University Press, 1966). Las cartas de la correspondencia entre
Freud y Fliess se identifican por la fecha. La cita «Pero no era sólo su...»
aparece en la p. 70.
• Capítulo
5 - Avances posteriores
• «sonaba
como...», Ellenberger. p. 448.
• «Tan
bueno y considerado...», Clark p. 218.
• «Las
reuniones de la Sociedad...», Abram Kardiner. My Analysis with Freud (New York:
W. W. Norton, 1977) p. 85; obra a la que nos referiremos como Kardiner.
• «Mientras
tanto...», ibid., p. 56.
• «Éste es
el primer reconocimiento...», Jones, vol. II, p. 57.
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• «Un
esfuerzo para dominar...». Standard Edition, vol. XVIII. p. 32.
• «El yo
después de todo...», Standard Edition, vol. XIX, p. 25.
•
«Científicamente no entiendo...», cita de Clark, p. 294.
• Todas las
cartas aparecen en The Freud-Jung Letters: The Correspondence Between Sigmund
Freud and C. G. Jung, editado por Wm. McGuire. Bollingen Serie XCIV (Princeton,
N. J.: Princeton University Press, 1974).
• «Freud
apunta a...», C. G. Jung, Critique of Psychoanalysis, Bollingen Series XX
(Princeton, N. J.: Princeton University Press, 1975), p. 23.
• «Nos
engañamos...», ibid., p. 25.
• «Este
tipo de...», ibid.
• «La
expresión complejo de Edipo...», ibid., p. 70.
• «La razón
última...», ibid. p. 101.
• «La
psicología freudiana...», citado por Christopher Lasch en «Sacrificing Freud»,
New York Times Magazine, febrero 22, 1976, p. 70.
• «Una vez
localizados...», Kardiner. p. 84.
• «La
perspectiva de Freud...», ibid., p. 99.
• «Uno
puede por tanto...», Sidney Hook. ed„ Psychoanalysis,
Scientific
Method and Philosophy (New York: Grove Press, 1959), p. 44.
• «Estas
dos teorías psicoanalíticas...». Karl R. Popper, Conjectures and Refutations:
The Growth of Scientific Knowledge (New York: Basic Books, 1962), p. 37.
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• «El
psicoanálisis contiene innumerables...», Emanuel Peterfreund y Jacob T.
Schwartz, Information, Systems and Psychoanalysis (New York: International
Universities Press, 1971), p. 84.
• El
estudio sobre homosexualidad aparece en Irving Bieber, ed., Homosexuality, A
Psychoanaly tic Study of Male Homosexuals (New York: Basic Books, 1962).
• Hay dos
líneas de investigación que aparecen descritas en la obra de Margaret S.
Mahler, Fred Pine y Anni Bergman, The Psychological Birth of the Human Infant
(New York: Basic Books, 1975) y en la obra de John Bowlby, «Psychoanalysis as a
Natural Science», The International Review of Psychoanalysis, 1981, vol. 8, p.
243
• Encuesta
de analistas de la Costa del Este, citada en la obra de Seymour Fisher y Roger
R. Greenberg, «The Scientific Evaluation of Freud’s Theories and Therapy», A
Book of Readings, vol. II
(New York:
Basic Books, 1978), p. 299. Se trata de un estudio de dos volúmenes con
encuestas sobre los diversos intentos de evaluar la teoría freudiana y su
práctica y utiliza tests psicológicos y entrevistas tanto de pacientes como de
analistas. Recomiendo el vol. I al lector que desee más información sobre este
tema.
• «Uno
tiene la impresión...», Standard Edition, vol. XXII, p. 228.
• Bruno
Bettelheim, «Freud and the Soul», The New Yorker, March 1, 1982.
• «Freud
nos enseñó...», ibid., p. 52.
363
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Capítulo 6
- Período crítico
• Impronta:
para un análisis más completo ver P. R. Marler, R. J. Dooling, and S. Zoloth,
«Comparative Perspectives on Ethology and Behavioral Development», capítulo 6
en Marc H. Bomstein, ed.. Comparative Methods in Psychology (Hillsdale, N. J.:
Lawrence Erlbaum Associates, 1980).
•
Percepción categórica: estos experimentos vienen descritos en la obra de W
Strange y J. J. Jenkins, «The Role of Language Experience in the Perception of
Speech», en R. D. Walk and H. J. Pick, eds.. Perception and Experience (New
York: Plenum Press, 1978). El lector deberia remitirse también a la obra de
Peter D. Eimes y Joanne L Miller, «Effects of Selective Adaptation on the
Perception of Speech and Visual Patterns: Evidence for Feature Detectors», en
el mismo volumen.
• Los
estudios sobre percepción categórica en japoneses aparecen en la obra de H.
Goto, «Auditory Perception by Normal Japanese
Adults of
the Sounds ML” and “R”, Neuropsychologica. 1971, vol. 9, p. 317.
•
Adquisición del lenguaje: Eric Lenneburg da una descripción muy completa en
Biological Foundations of Language (New York: John Wiley and Sons, 1967).
• Hubei y
Wiesel presentaron sus experimentos con gatos jóvenes en los artículos
siguientes: D. H. Hubei and T. N. Wiesel, «Receptive Fields of Cells in Striate
Cortex of Very Young, Visually Inexperienced Kittens», Journal of
Neurophysiology, 1963, vol. 26, p. 994; «Single-Cell Responses in Striate
Cortex of
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Kittens
Deprived of Vision in One Eye», Journal of Neurophysiology, 1963, vol. 26, p.
1003; «The Period of Susceptibility to the Physiological Effects of Unilateral
Eye Closure in Kittens», Journal of Physiology, 1970, vol. 226, p. 419.
• «Cuando
el animal andaba...», Wiesel y Hubei, en «Single-Cell Responses...», op. cit.,
p. 1006.
• Gatos a
los que se ha permitido ver sólo líneas verticales u horizontales: C. Blakemore
and G. F. Cooper, «Development of the Brain Depends on the Visual Environment»,
Nature, 1970, vol. 228, p. 477.
• H. V. B.
Hirsch and D. N. Spinelli, «Visual Experience Modifies Distribution of
Horizontally and Vertically Oriented Receptive Fields in Cats», Science, 1970,
vol. 168, p. 869.
•
Astigmatismo: D. E. Mitchell, R. D. Freeman, M. Millodot, and
G.
Haegerstrom, «Meridional Amblyopia: Evidence for Modification of the Human
Visual System by Early Visual Experience», Vision Research, 1973, vol. 13, p.
535.
• En su
libro Cat Behavior (New York, London: Garland Press, 1979) Paul Leyhausen
describió meticulosamente sus observaciones sobre los comportamientos de varias
especies de gatos, tanto en condiciones normales como experimentales.
• «Los
gatos domésticos...», ibid., p. 64.
• «Los
gatos domésticos...», ibid., p. 65.
• «Cuando
los gatos tienen...», ibid., p. 81.
• «Para
conseguir satisfacer...», ibid., p 75.
365
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• Capítulo
7 El ritmo theta del hipocampo
•
Descripción del experimento de Green y Arduini: J. D. Green y
A. A.
Arduini, «Hippocampal Electrical Activity in Arousal». Journal of
Neurophysiology, 1954, vol. 17. p. 533.
• «Un tren
de ondas lentas...», ibid., p. 538
•
Correlación de comportamiento específico de especie y ritmo theta: J Winson,
«Interspecies Differences in the Occurrence of Theta», Behavioral Biology,
1972, vol. 7, p. 479. Para una revisión del ritmo theta en varias especies, ver
T. E. Robinson, «Hippocampal Rhythmic Slow Wave Activity (RSA; Theta): A
Critical Analysis of Selected Studies and Discussion of Possible
Species-Differences», Brain Research Reviews, 1980, vol. 2, p. 69.
• Registros
intracelulares del ritmo theta: S. E. Fox, S. Wolfson, y
J. B.
Ranck, «Investigation of the Mechanisms of Hippocampal Theta Rhythm: Approaches
and Prospects», in W. Seifert, ed.. Neurobiology of the Hippocampus (New York:
Academic Press, 1983), p. 303.
• He
descrito todos estos experimentos en los siguientes artículos:
J. Winson.
«Patterns of Hippocampal Theta Rhythm in the Freely
Moving
Rat», Electroencephalography and Clinical Neurophysiology, 1974, vol. 36, p.
291; «Hippocampal Theta Rhythm I. Depth Profiles in the Curarized Rat», Brain
Research, 1976. vol. 103, p. 57; «Hippocampal Theta Rhythm. II. Depth Profiles
in the Freely Moving Rabbit». Brain Research. 1976. vol. 103, p. 71.
366
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• Ritmo
theta generado también en el córtex entorrino: S. J. Mitchell and J. B. Ranck,
«Generation of Theta Rhythm in Medial Entorhinal Cortex of Freely Moving Rats»,
Brain Research, 1980, vol. 189, p. 49.
• Capitulo
8 - Conmutación neuronal del hipocampo
•
Características de las neuronas del locus coeruleus que contienen
norepinefrina: G. Aston-Jones y F. E. Bloom. «Norepinephrine-containing Locus
Coeruleus Neurons in Behaving Rats Exhibit Pronounced Response to Non-noxious
Environmental Stimuli», Journal of Neuroscience. 1981. vol. 1, p. 887; G.
Aston-Jones y F. E. Bloom, «Norepinephrine containing Locus Coeruleus Neurons
in Behaving Rats Anticipate Fluctuations in the Sleep-waking Cycle», Journal of
Neuroscience, 1981, vol. 1, p. 876.
• Este
experimento se describe en los siguientes informes de J. Winson y C Abzug:
«Gating of Neuronal Transmission in the Hippocampus: Efficacy of Transmission
Varies with Behavioral State», Science, 1977. vol. 196, p. 1223; «Neuronal
Transmission Through Hippocampal Pathways Dependent on Behavior». Journal of
Neurophysiology, 1978, vol. 41, p. 716; «Dependence upon Behavior of Neuronal
Transmission from Perforant Pathway through Entorhinal Cortex». Brain Research,
1978, vol.
147, p. 422. Capítulo 9 - Crítica del psicoanálisis
• H P.
Roffwarg, J. H Herman, C. Bowe-Anders y E. S. Tauber. «The Effects of Sustained
Alterations of Waking Visual Input on
367
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Dream
Content", capítulo 9 en A. M. Arkis, J. S. Antrobus y S. J. Ellman, eds.,
The Mind in Sleep (Hillsdale, N. J.: Lawrence Erlbaum Associates, 1978).
• D.
Foulkes, Children's Dreams (New York: John Wiley and Sons, 1972).
• «Había un
grupo de gente...», ibid. p. 213.
• «Tanto
por la naturaleza...», ibid, p. 214.
• Rosalind
D. Cartwright, Night Life, Explorations in Dreaming (Englewood Cliffs, N. J.:
Prentice- Hall, 1977), p. 24 Cartwright comenta varias series de sueños del
laboratorio y aporta sus comentarios sobre la psicología del hecho de soñar.
• «Volvimos
a poner el coche en marcha...», ibid., p. 27.
• «No era
sólo su propia...», ver p. 125.
• R.
Greenberg and C. Pearlman, «If Freud Only Knew: A Reconsideration of
Psychoanalytic Dream Theory», International Review of Psychoanalysis, 1978,
vol. 5, p. 71.
• «El sueño
presenta un cuadro real...», C. G. Jung, Modem Man in Search of a Soul (New
York: Harcourt, Brace and World, 1933), p. 4.
• Ver The
Question of Animal Awareness by Donald R. Griffin (New York: The Rockefeller
University Press, 1976).
• Kubie
sobre multiple personalidad: L. S. Kubie, «Some Unsolved Problems of
Psychoanalytic Psychotherapy», en F Fromm-Reichman and J. L. Moreno, eds..
Progress in Psychotherapy (New York: Gruñe and Stratton, 1956).
368
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• El punto
de vista de Kubie sobre la hipnosis aparece en L. S. Kubie, «Hypnotism,»
Archives of General Psychiatry, 1961, vol. 4, p. 66.
• El
trabajo de Hilgard viene descrito en «Divided Consciousness in Hypnosis: The
Implications of the Hidden Observer», capítulo 3 en E. Fromm and R. E. Shor,
eds., Hypnosis (New York: Aldine Publishing Co., 1979).
• El
soldado hipnotizado a etapas anteriores de su vida: E. R. Hilgard, L. S Kubie
and E Pumpian-Mindlin, eds.. Psychoanalysis as a Science (Stanford, Calif.:
Stanford University Press, 1952), p. 55.
• «En cada
caso nos enfrentamos...», E Bleuler, Dementia Praecox or the Group of
Schizophrenias (New York: International Universities Press, 1950), p. 9.
• «El
verdadero problema empieza...», C. G. Jung, The Psychology of Dementia Praecox,
Bollingen Series XX (Princeton, N. J.: Princeton University Press, 1974), p.
162.
•
Transmisión genética en la esquizofrenia: S. S. Kety, D. Rosenthal, P. H.
Wender, F. Schulsinger, and B. Jacobsen, «Mental Illness in the Biological and
Adoptive Families of Adopted Individuals Who Have Become Schizophrenic», en R.
Reve, D. Rosenthal, and H. Brill, eds., Genetic Research in Psychiatry
(Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1975), p. 147.
• Estudios
sobre el fluido sanguíneo en el neocórtex: D. H. Ingvar, «Hyperfrontal
Distribution of the Cerebral Grey Matter Row in
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Resting
Wakefulness; on the Functional Anatomy of the Conscious State», Acta
Neurologica Scandinavia, 1969, vol. 60,
p. 12.
• «La
actividad frontal alta...», ibid., p. 12.
•
«Norepinefrina en el córtex visual: T. Kasamatsu and J. D. Pettigrew,
«Preservation of Binocularity after Monocular Deprivation in the Striate Cortex
of Kittens Treated with 6-Hydroxy- dopamine», Journal of Comparative Neurology,
1979, vol. 185, p. 139.
Capítulo 10
– Epílogo
• «Los
contenidos activos...», C. G. Jung, Modem Man in Search of a Soul (New York:
Harcourt, Brace and Co., 1943), p. 90.
• «Sugiero
que todavía...», Robert J. Stroller, Sexual Excitement, Dynamics of Erotic Life
(New York: Pantheon, 1979), p. 207.
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Glosario
Amígdala Estructura del sistema límbico situada bajo
los
lóbulos temporales y asociada con la
afectividad y la memoria.
Axón Fibra de salida de una neurona a lo largo de
las
cuales se transmite la corriente
nerviosa.
Bulbo Parte inferior del tallo encefálico.
Células Neuronas dentro de la retina cuyos
axones
ganglionares constituyen el nervio óptico que se
proyecta al
núcleo geniculado lateral del tálamo.
Cerebelo Estructura ubicada por encima de la zona
superior del tallo y que constituye una
parte
del sistema encefálico que controla el
movimiento. No se conoce su función
exacta,
pero se cree que está involucrada en la
coordinación o la memoria de los
movimientos.
Columna
cortical Una colección de neuronas del
neocórtex
interconectadas que forman una columna
orientada perpendicularmente a la
superficie
del cerebro y que constituye una unidad
de
procesamiento o módulo. Una columna
cortical
contiene unas cien neuronas. Se cree
que el
neocórtex consta de unos seiscientos
millones
de estas columnas que intervienen en
las
tareas sensitivas, relacionadas con los
movimientos y asociativas.
Córtex
cerebral Véase neocórtex.
371
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Córtex
cingulado Banda del neocórtex que se
halla cerca de la
línea media del cerebro; una parte del
sistema
límbico.
Córtex
entorrino Un área del neocórtex que
recibe información
muy elaborada en relación a todas las
modalidades sensoriales desde otras
áreas del
neocórtex y del sistema límbico. Gran
parte de
la información que llega al hipocampo
se
origina en el córtex entorrino y es
transmitida
hacia aquél mediante la senda o vía
perforante.
Córtex
estriado Córtex visual primario.
Córtex
frontal Área más anterior del
neocórtex que se supone
es la región que rige las estrategias
para la
conducta.
Córtex Parte inferior de los lóbulos temporales
en la
inferotemporal que se cree que se analiza la información
visual
después de sucesivas etapas de
procesamiento
en otras áreas relacionadas con la
visión, para
distinguir entre objetos específicos.
Córtex
motor Parte del neocórtex asociada
con el movimiento.
Córtex
visual Primera región neocortical
que recibe y analiza
primario la información visual.
Cuerpos
mamilares Componente del sistema
límbico. Un circuito
del sistema límbico conecta el
hipocampo con
los cuerpos mamilares los cuales, a su
vez,
mandan axones al núcleo anterior del
tálamo.
Dendrita Fibras de una neurona que reciben
información
de otras neuronas. Las señales que
llegan a la
neurona
objetivo actúan en sus dendritas. Cada neurona es una unidad integradora que
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trabaja de acuerdo con su propia lógica
inherente para disparar o no los
potenciales de
acción en respuesta a la información
que llega
a sus dendritas y a su cuerpo celular.
Dopamina Uno de los tres
neurotransmisores
monoamínicos. Existen diversas pruebas
que
relacionan el mal funcionamiento del
sistema
dopaminérgico cerebral con la
esquizofrenia y
síndrome de Parkinson.
Electro- El potencial eléctrico generado por las
encefalograma neuronas del neocórtex y medido por electrodos
situados sobre el cráneo. Descubierto
por Hans
Berger al principio de los años 1930,
este
indicador de la función neocortical ha
sido
ampliamente utilizado en la
investigación del
sueño así como en el diagnóstico de las
enfermedades neurológicas.
Electrodo Elemento sensible,
generalmente un alambre
fino, un delgado tubo de vidrio lleno
de un
fluido conductor o un disco de metal,
usados
para registrar señales eléctricas del
cerebro.
Los electrodos también se usan para
estimular
células nerviosas o fibras.
Fonema Sonido
elemental del lenguaje.
Ganglios básales Estructuras en el
cerebro anterior asociadas
con el inicio del movimiento. Los
ganglios
básales
reciben una importante información del córtex frontal que se supone actúa
controlando la elección de conductas.
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Hipocampo Importante estructura del sistema límbico que
sirve de puerta de entrada para la
transmisión
de información desde el córtex
entorrino a otros
componentes del sistema límbico. El
hipocampo está íntimamente asociado con
la
memoria.
Lamela Módulo de procesamiento del hipocampo.
Una
fina «rodaja» del hipocampo cortada
verticalmente que contiene su circuito
básico
de tres etapas.
Lóbulo
temporal Región del neocórtex que se
halla bajo las
sienes. Incluye el córtex
inferotemporal que
mediatiza las etapas más avanzadas de
procesamiento visual.
Monoaminas Son la norepinefrina, la dopamina y la
serotonina, todas ellas
neurotransmisores que
se cree actúan como moduladores en el
cerebro. Existen varias pruebas que
implican
las monoaminas en los trastornos
mentales.
Neocórtex Capa de tejido neural de aproximadamente
1/10 pulgadas de espesor que cubre el
cerebro.
El neocórtex consta aproximadamente de
cincuenta
mil millones de neuronas organizadas en columnas funcionales. El cambio más
significativo que tuvo lugar en la estructura del cerebro durante el curso de
la evolución fue el crecimiento del neocórtex. En los animales superiores y en
el hombre, el crecimiento del neocórtex dentro de los límites del cráneo
determinó que la capa neocortical
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tuviera que replegarse sobre sí misma
como un
acordeón formando repliegues. Se cree
que es
el lugar de las funciones sensoriales y
mentales
de más alto nivel.
Neurona Célula del sistema nervioso especializada
en el
procesamiento y transmisión de
información.
La neurona consta de dendritas donde se
reciben las entradas de información, un
cuerpo
celular y un axón que transmite la
corriente
nerviosa a otras neuronas. Los axones
pueden
ramificarse a lo largo de su curso, de
modo que
una sola neurona puede transmitir
información
a muchas otras.
Neurotransmisor Sustancia química liberada por la corriente
nerviosa en la sinapsis. El
neurotransmisor
actúa sobre una dendrita o el cuerpo
celular de
la neurona objetivo para excitarla o
inhibirla.
Norepinefrina Neurotransmisor monoamínico. Las neuronas
norepinefrínicas del locus coeruleus
mandan
axones al neocórtex e hipocampo. Dichas
células disparan a su ritmo máximo
cuando el
animal se pone en estado de alerta. Se
cree que
esto aumenta la eficacia del proceso de
información sensorial en el neocórtex y
que
afecta el procesamiento de la
información en el
hipocampo.
Núcleo
mediodorsal Estación de relevo del
tálamo para el córtex
frontal. Entre otras vías de entrada,
el núcleo
mediodorsal recibe una desde la
amígdala,
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proporcionando así una entrada del
sistema
límbico al córtex frontal.
Núcleo
talámico Núcleo (grupo de neuronas
anatómicamente
anterior diferenciado) en la parte delantera del
tálamo
que forma parte del sistema límbico. La
función
de este grupo de células no es
conocida, pero
constituyen un puente anatómico entre
el
sistema límbico y el neocórtex.
Período
crítico Período de tiempo bien
definido durante las
primeras etapas del desarrollo cerebral
en el
que la experiencia guía las conexiones
anatómicas o funcionales. Después tales
conexiones puede que sean difíciles o
imposibles de cambiar a lo largo de la
vida.
Ritmo alfa Potencial eléctrico con una ritmicidad de
diez
por segundo, que se registra en el EEG
neocortical cuando el individuo está
descansando y con los ojos cerrados.
Aunque
se supone que está generado en el
córtex
visual, su origen aún no ha sido
determinado
exactamente. Se desconoce su función.
Ritmo theta Ritmo aproximadamente de seis por segundo
generado en grupos especiales de
neuronas del
hipocampo y del córtex entorrino. En
los
animales inferiores el ritmo theta
aparece en
estados de vigilia propios de la
especie así como
en el sueño REM.
Septum Componente del sistema límbico con
amplias
conexiones con el hipocampo y otras
estructuras límbicas. Las neuronas de
la parte
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media del septum actúan como células
marcapasos para el ritmo theta del
hipocampo.
Serotonina Transmisor monoamínico. Se desconoce su
función.
Sinapsis Expansión terminal del axón desde la cual
es
liberado el neurotransmisor por la
llegada de
una corriente nerviosa pasando así la
información a otra neurona.
Sistema
límbico Serie de estructuras
interconectadas en el
encéfalo anterior, incluyendo el
hipocampo y la
amígdala, que se cree actúa como una
unidad
central de procesamiento del cerebro.
El
sistema límbico está involucrado en el
procesamiento de la memoria y en la
emoción.
También está estrechamente relacionado
desde
el punto de vista anatómico con el
córtex
frontal, jugando al parecer un papel en
la
determinación de conductas. Se
desconoce la
función exacta del sistema límbico.
Sueño de
ondas En los animales, etapas de sueño
lentas caracterizadas por amplias ondas lentas en el
EEG neocortical. El sueño de ondas
lentas y el
sueño REM se alternan durante el curso
de un
episodio de sueño. El sueño de ondas
lentas en
los animales corresponde a las etapas 2
y 3 y
en el hombre a la 4.
Sueño REM
Sueño Es la etapa del sueño
caracterizada por un
de
movimiento movimiento rápido de los
ojos bajo los
rápido de
ojos párpados cerrados, una
respiración irregular y
377
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otros indicadores fisiológicos. Durante
el sueño
REM tienen lugar los sueños.
Tálamo Estructura que se encuentra bajo el
neocórtex
en la cual hay grupos de neuronas que
actúan
como estaciones de relevo en la
transmisión de
la información al neocórtex. También
hay
conexiones recíprocas desde el
neocórtex a los
centros talámicos.
Tallo
encefálico Tronco o base del encéfalo
responsable de las
funciones vitales básicas como la
respiración e
implicado en las funciones sensoriales
y
motoras. El tallo encefálico (heredado
de los
reptiles) ha sido integrado en el
encéfalo de los
mamíferos mediante la formación de
extensas
conexiones con el encéfalo anterior.
Las fuentes
del sueño REM y del ritmo theta se
hallan en el
tallo encefálico, así como las neuronas
que
contienen norepinefrina que mandan
axones al
hipocampo y al córtex.
Vía
perforante Axones que conectan el
córtex entorrino con la
primera de las tres etapas del circuito
hipocámpico.
FIN

