© Libro N° 14472. La Psiquiatría. Zoschenko, Mijail. Emancipación. Noviembre 8 de 2025
Título Original: ©
Versión Original: ©
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original
de textos:
https://milcuentosrusos.blogspot.com/2012/03/mijail-zoschenko-la-psiquiatria.html
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una
licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido,
con la única condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio
de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos
publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del
conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones
originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está
prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con
fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir
este texto.
Portada E.O. de: Imagen con IA Gemini
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
LA PSIQUIATRÍA
Mijail Zoschenko
La
Psiquiatría
Mijail Zoschenko
"La Psiquiatría"
Autor: Mijaíl Zóshchenko (Михаи́л Зо́щенко)
El "Libro La Psiquiatría" de Mijaíl Zóshchenko es muy
probablemente una colección de cuentos cortos o una novela satírica que
aborda la psiquiatría y, por extensión, la salud mental y las
"normas" de comportamiento en la sociedad soviética, con el
característico humor corrosivo del autor.
Temas Principales y Estilo:
1.
Sátira de la Burocracia y la Ciencia: Zóshchenko a menudo satirizaba las instituciones y las pretensiones de
la "ciencia" o la "experticia" oficial. Es probable que la
obra se burle de la rigidez de los diagnósticos psiquiátricos, la ineficacia
de los tratamientos o la arrogancia de los psiquiatras que intentan
encajar a los individuos en categorías preestablecidas.
2.
La "Normalidad" en la URSS: El cuento (o cuentos) podría explorar la idea de lo que se consideraba
"normal" o "anormal" en la sociedad soviética. A menudo,
las peculiaridades individuales o las reacciones lógicas a un entorno ilógico
eran etiquetadas como locura. Zóshchenko utiliza esto para exponer las contradicciones
del sistema y la presión por la conformidad.
3.
El Hombre Común y sus Neurosis: Los protagonistas suelen ser gente común (trabajadores, pequeños
burócratas, amas de casa) que experimentan frustraciones, ansiedades y
comportamientos excéntricos que, bajo la lupa psiquiátrica (y la del
autor), se revelan como síntomas de una sociedad en sí misma un poco
"desquiciada".
4.
Humor y Absurdo: La narración estaría llena de situaciones absurdas, diálogos
ingeniosos y observaciones hilarantes que, bajo la superficie, ocultan una
crítica aguda. El autor utiliza la psiquiatría como un lente a través del cual
examinar las neurosis colectivas y la hipocresía social.
5.
El Poder de la Etiqueta: La obra podría también reflexionar sobre cómo un diagnóstico
psiquiátrico podía afectar la vida de una persona, estigmatizándola o sirviendo
como una herramienta de control social.
En resumen, "La Psiquiatría" es una obra que, con la
inconfundible voz de Zóshchenko, ofrece una crítica mordaz y divertida
de la sociedad y sus instituciones a través del prisma de la salud mental,
revelando las "enfermedades" no solo de los individuos, sino del
propio sistema.
***
LA
PSIQUIATRÍA
Mijail
Zoschenko
marzo 22,
2012
San Petersburgo-Rusia, 1895-Leningrado, 1958
Mijaíl Zóschenko representó, junto a escritores
como Ilf y Petrov, una respuesta humorística en los tiempos más pavorosos del
estalinismo. Como ellos, llegó a ser un narrador inmensamente popular. Leía en
público sus cuentos, escritos en la estela de Chéjov y Gógol, y su auditorio se
fue haciendo cada vez más amplio. Diversos testimonios recuerdan cómo aquel
hombre de tez oscura, que leía con cara circunspecta sus breves narraciones,
provocaba un coro de auténticas y sonoras carcajadas. En aquella época fue una
eficaz válvula de escape para un público que al fin y al cabo podía reírse de
sí mismo. Su capacidad para poner el dedo en los aspectos risibles humanos lo
convierte en un escritor tan fascinante como intemporal. Mijail Zoschenko nació
en 1895. Pertenecía a una familia noble de origen ucraniano. En 1914 se
incorporó al ejército y, después de ganar medallas en la guerra, terminó como
teniente. Su salud se hallaba entonces minada por los incidentes del conflicto
bélico. Desde 1921 se instala en Petrogrado y se dedica a escribir. Siendo
discípulo de Zamiatin, siguió la tendencia humorística y satírica que era tan
apreciada en la época. En un breve plazo alcanzó popularidad. En Amauta
únicamente apareció un relato suyo: `Una noche terrible`.16 El relato se
iniciaba con una entradilla titulada `Autorretrato` en donde ya el propio autor
muestra este distanciamiento de los demás escritores en tanto que no sigue
ninguna ideología a pesar de su espíritu renovador ante los nuevos tiempos.
***
Ayer estuve en la clínica para curarme. Había un
enorme gentío. Casi como en el tranvía. Lo más curioso de todo era ver la
hilera de gente que quería consultar al psiquiatra. Yo le dije a mi vecino:
– ¿Sabe usted? Lo que me asombra es la cantidad de
gente que está enferma de los nervios. Forman una mayoría abrumadora .
Un
ciudadano bastante gordo,
que posiblemente había
sido antes un verdulero o quién sabe qué demonios, dijo:
– ¿Qué tiene eso de
extraño? La humanidad quiere
comerciar, y aquí lo único que puedes hacer es mirar. Por eso yo estoy enfermo.
Otro,
de semblante ceroso, seco, con
una vieja guerrera, salta y dice:
– Oiga usted, cuidado con lo que dice, porque, de
lo contrario, voy a telefonear a donde corresponde y ya le darán a usted
humanidad.
Un hombre con bigote gris pretendió aplacar los
ánimos.
– ¿Qué le importa a usted esa gente? –dijo,
dirigiéndose al del rostro ceroso–.
Son simplemente ignorantes. No saben nada. No; las enfermedades
nerviosas tienen causas mucho más profundas. La humanidad está desbordada. La
razón del auge de las enfermedades nerviosas está en la ciudad, en los
tranvías, los balnearios... la civilización, en suma. Nuestros antepasados de la Edad de Piedra
vivían y bebían a placer, y hacían esto y aquello sin resentirse de los
nervios. Hasta creo que entonces ni siquiera tenían médicos.
Y el de la cara cerosa dice:
– ¡Ah!, no le gusta la civilización, ¿eh? ¿No le
gusta nuestra administración?
Bonita manera de hablar, dentro de un establecimiento soviético. No mezcle
usted la ciencia con sus opiniones burguesas. ¿Sabe usted cómo se arreglan esas
opiniones?
En este momento llama el médico:
– El siguiente.
Y el hombre de rostro ceroso, con su vieja
guerrera, se apresura, sin terminar la frase, y desaparece detrás del biombo.
Al poco rato oímos que al otro lado del biombo el
enfermo dice:
– En realidad, estoy completamente bien; lo único
que padezco es de insomnio. Duermo mal. Recéteme algunas
gotas o algunas píldoras.
El médico le contesta:
– No, píldoras no le receto. No hacen más que
perjudicar. Yo me atengo a los modernos métodos terapéuticos. Yo busco la causa
de la enfermedad y la ataco en su raíz. Ese es mi método. Usted tiene el
sistema nervioso deshecho. Y ahora le pregunto: ¿Ha sufrido usted alguna
emoción? Piense bien.
En un principio, al enfermo le cuesta comprender;
luego suelta diferentes sandeces, y, por fin, afirma que no ha sufrido nunca
emoción alguna.
– Piense usted bien –insiste el médico–. Es muy
importante recordar la causa. Ya
la encontraremos, la
analizaremos, y quizá vuelva usted a recobrar la salud.
El enfermo repite:
– No, no he sufrido emociones.
– Está bien –dice el médico–; quizá se ha excitado
por algo.
Alguna excitación violenta, algún trauma, ¿eh?
– Sí, una vez tuve una emoción, pero hace ya mucho
tiempo, quizá diez años.
– Diga, diga –insiste el médico–. Eso le aliviará.
Es decir, que se ha estado atormentando durante diez años. De acuerdo con mi
método, tiene usted que contarme esa vivencia abrumadora. Y entonces se sentirá
usted más aliviado y podrá volver a dormir.
El enfermo carraspea un poco, reflexiona y empieza
a contar:
– Acababa de regresar del frente. No había estado
en casa desde hacía medio año. Llego y subo la escalera. Mi ropa, naturalmente,
se hallaba en bastante mal estado. El capote y los pantalones. Por todas partes
pululaban los piojos. Y de este modo me llego hasta mi esposa, a quien no había
visto desde hacía medio año. Me dirijo, pues, hacia ella, pensando que no está
bien presentarse con un aspecto tan desastrado ante mi mujer. Entro en la habitación y veo que allí hay una mesa. Y sobre la mesa, vodka y
arenques. A la mesa está sentado mi sobrino
Mishka., el cual rodea con el
brazo el cuello de mi mujer. No,
no; esto no me soliviantó lo más
mínimo. No; yo pensé: “¿Acaso una mujer joven no puede dejarse abrazar?” En ese
momento, los dos me ven. Mishka coge rápidamente la botella de vodka y la
esconde debajo de la mesa. Mi mujer dice: “Buenos días.” Esto tampoco me
excitó, y le di los buenos días. Entonces me fijo en que Mishka lleva puesta mi
chaqueta. Mire usted, yo nunca he sido pendenciero ni he concedido demasiado
valor al derecho de propiedad, pero aquella conducta me hirió profundamente.
Sentí angustia y noté que el corazón me dolía. Mishka me dice: “Me he
puesto su chaqueta como un
disfraz, nada más. Sólo por broma.” Yo grité:
“¡Quítate la chaqueta, cerdo!” Mishka dice: “¿Cómo voy a desnudarme
delante de una dama?” Yo grito: “Aunque hubiese seis damas, te quitas la chaqueta, cerdo.” De
pronto Mishka coge la botella de vodka y
me da con ella en la cabeza...
En este punto el médico interrumpe el relato y
dice:
– Ahora se comprende todo. Y desde ese momento
padece usted de insomnio y duerme mal.
– No –dice el enfermo–; entonces
todavía dormía bien.
Precisamente entonces dormía a pierna suelta.
El médico dice:
– ¡Ah! Pero cuando se acuerda de esa ofensa no
puede dormir, ahora lo veo claro: el solo recuerdo ya le soliviantaba.
El enfermo contesta:
– Bueno. En el primer momento, quizá. Pero, por lo
demás, hace mucho tiempo que lo he olvidado. Desde que me separé de mi mujer ya
no he vuelto a pensar en ello ni una sola vez.
– ¡Ah! ¿Está separado de ella?
– Sí, me separé. Y me casé con otra. Y luego con
una tercera, y después con una cuarta, y he dormido siempre admirablemente.
Pero desde que mi hermana llegó del pueblo y se instaló en mi habitación con
todos sus niños, he dejado de dormir. Llego del trabajo a casa, me echo, y no
puedo conciliar el sueño. Los críos andan alrededor, arman jaleo, juegan y se
burlan de mí. Y no puedo dormir.
– Un momento –dice el médico–; de modo que son los
niños los que no le dejan dormir.
– Naturalmente. Ellos son los que me molestan. Pero
aun sin ellos tampoco puedo dormir. La habitación es pequeña y, además, es un
lugar de paso. Y hay mucho trabajo. Y la alimentación es insuficiente. Uno está
cansado. Pero uno se echa y no puede dormir.
– Bueno, pero si no estuviesen los niños..., sí.
Supongamos... que hay silencio absoluto en la habitación.
– Tampoco puedo dormir. Durante las fiestas, mi
hermana se marchó al campo con los niños. Cuando empezaba a dormirme, llegó la
vecina –esa mala arpía–; llevaba unas brasas de carbón y pasó por mi cuarto.
Tropezó y me echó el carbón encima. Quiero dormir y me doy cuenta que no puedo
hacerlo porque la manta se quema. Y al lado, además, alguien toca la mandolina.
Y los pies se me abrasan.
– Oiga usted
–dice entonces el médico–, ¿a qué diablos viene a verme? Vístase. ¡Está bien, está bien! Le recetaré
unas pastillas.
Detrás del biombo se oye suspirar y bostezar, y al
poco rato aparece el hombre del rostro ceroso.
– El siguiente –dice el médico.
El hombre gordo que antes se había mostrado tan
preocupado por el libre comercio, desaparece detrás del biombo. Pero mientras
se dirige hacia allí, hace un ademán de desilusión con la mano y murmura:
– No es un buen médico. Muy superficial. Este
tampoco me curará.
Contemplo
su cara y veo
que seguramente tiene razón. La medicina no podrá curarle.
________________
Mijail Zoschenko
Ubicación: San Petersburgo, Rusia
FIN

No hay comentarios:
Publicar un comentario