© Libro N° 12980. El Viejo Terrible. Lovecraft, H. P. Emancipación.
Septiembre 21 de 2024
Título original: ©
El Viejo Terrible. H. P. Lovecraft
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Original: © El Viejo
Terrible. H. P. Lovecraft
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
H. P. Lovecraft
El Viejo
Terrible
H. P.
Lovecraft
EL VIEJO
TERRIBLE
H. P.
Lovecraft
Fue una
ocurrencia de Angelo Ricci y Joe Czanek y Manuel Silva el pasar visita al Viejo
Terrible. Este anciano vivía solo en una casa realmente antigua de Water
Street, cerca del mar, y tenía fama de ser sumamente rico y sumamente achacoso,
lo que resultaba una situación de lo más atractiva para los señores Ricci,
Czanek y Silva, ya que su profesión no era ni más ni menos que la del
latrocinio.
Los
habitantes de Kingsport dicen y piensan muchas cosas sobre el Viejo Terrible
que suelen ocultar al conocimiento de gentes como el señor Rice¡ y sus colegas,
a pesar del hecho casi probado de que guarda una fortuna de magnitud indefinida
en algún lugar de su mohosa y venerable morada. Se trata, verdaderamente, de un
personaje muy extraño, al que se supone que fue en su día capitán de los
clipers de las Indias Orientales, tan viejo que nadie puede recordar ya cuándo
fue joven, y tan taciturno que pocos conocen su verdadero nombre. Entre los
nudosos árboles del patio delantero de su vetusta y abandonada morada, alberga
una extraña colección de grandes piedras, curiosamente agrupadas y pintadas de
tal forma que recuerdan a los ídolos de algún oscuro templo oriental. Esta
colección ahuyenta a los muchachos, que acostumbran a burlarse del Viejo
Terrible a causa de sus largos cabellos y barbas blancas, o a romper las
ventanas hechas de pequeños cuadrados de cristal de su casa con sus crueles
proyectiles; pero hay otra cosa que espanta a personas más viejas y curiosas,
que a veces rondan la casa para atisbar a través de los cristales polvorientos.
Esas personas dicen que, en una mesa, en una habitación desnuda, en la planta
baja, se halla una multitud de curiosas botellas, cada una con un trozo de
plomo suspendido de un cordel en su interior, a manera de péndulos. Y dicen que
el Viejo Terrible habla con esas botellas dirigiéndose a ellas por nombres
tales como Jack, Cara Marcada, Long Tom, Spanish Joe, Peter y Oficial Ellis, y
que cada vez que habla con una botella el pequeño péndulo del interior oscila
claramente a modo de respuesta. Aquellos que han visto al Viejo Terrible, alto
y enjuto, en esos peculiares diálogos, no han vuelto a espiarle. Pero Angelo
Ricci, Joe Czanek y Manuel Silva no tenían sangre de Kingsport; pertenecían a
ese contingente nuevo y forastero que vive fuera del encantado círculo de la
vida y tradiciones de Nueva Inglaterra, y en el Viejo Terrible tan sólo veían a
un carcamal tambaleante y casi indefenso, que no podía dar un paso sin ayuda de
su nudoso bastón, y cuyas manos enflaquecidas y debilitadas temblaban de forma
patética. A su manera, se compadecían sinceramente de aquel viejo solitario e
impopular, al que todos evitaban y a quien los perros ladraban de una forma
especial. Pero el negocio es el negocio, y para un ladrón de casta resulta una
tentación y un reto un tipo tan viejo y débil, que no tiene cuenta en el banco
y que paga sus pocos gastos en el almacén del pueblo con plata y oro españoles
acuñados dos siglos antes.
Los
señores Ricci, Czanek y Silva eligieron la noche del 11 de abril para girar su
visita. El señor Ricci y el señor Silva cambiarían unas palabras con el
desdichado y anciano caballero mientras el señor Czanek esperaba por ellos y
por su presumible cargamento en
metálico
en un coche cubierto, en Ship Street, junto a la puerta del muro trasero de la
finca de su anfitrión. El deseo de no tener que dar innecesarias explicaciones
en caso de una inesperada intrusión policial aceleró los preparativos de una
retirada tranquila y discreta.
Como
habían planeado, los tres aventureros obraron por separado para evitarse
posteriores sospechas maliciosas. Los señores Ricci y Silva se reunieron en
Water Street, frente a la puerta del anciano, y aunque les disgustó la forma en
que la luna iluminaba las piedras pintadas a través de las ramas de los nudosos
árboles, cubiertas de brotes, tenían cosas más importantes en que pensar que en
simples supersticiones ociosas. Temían que el desatar la lengua del Viejo
Terrible acerca de su provisión de oro y plata les resultase una faena
desagradable, ya que los viejos capitanes de barco son notablemente testarudos
y perversos. Pero, aun así, él estaba muy viejo y achacoso, y ellos eran dos a
visitarle. Los señores Ricci y Silva eran expertos en doblegar la voluntad de
gentes poco dispuestas, y los gritos de un hombre tan excepcionalmente débil y
venerable podían ser fácilmente silenciados. Así que se allegaron a una ventana
iluminada y escucharon al Viejo Terrible hablar de manera pueril con sus
botellas de péndulos. Entonces se enmascararon y llamaron cortésmente a la
deslucida puerta de roble.
La espera
resultó muy larga para el señor Czanek mientras se removía inquieto en el coche
cubierto, junto a la puerta trasera del Viejo Terrible, en Ship Street. Era más
aprensivo de lo ordinario, y no le habían gustado los espantosos gritos que
había oído en la vieja casa momentos después de la hora fijada para el asalto.
¿No les había dicho a sus colegas que fueran lo más considerados que pudieran
con el patético y anciano capitán? Observó muy nervioso la estrecha puerta de
roble en el muro alto y cubierto de hiedra. Con frecuencia consultaba el reloj,
extrañado por el retraso. ¿Había muerto el viejo sin revelar el escondrijo de
su tesoro, obligando a una búsqueda exhaustiva? Al señor Czanek no le gustaba
esperar tanto tiempo en la oscuridad en un sitio así. Entonces sintió un ruido
amortiguado de pasos o un tabaleo en el sendero tras la puerta, escuchó un leve
manipular del herrumbroso pestillo y vio cómo la puerta pesada y angosta se
abría. Y al pálido resplandor de una única y débil lámpara callejera aguzó la
vista para distinguir qué habían logrado sus colegas en esa casa siniestra que
parecía amenazarle tan de cerca. Pero cuando vio algo, no fue lo que esperaba;
ya- que sus colegas no estaban allí, sino sólo el Viejo Terrible, apoyado
tranquilamente en su nudoso bastón y sonriendo de forma horrible. El señor
Czanek, que no se había fijado nunca antes en el color de ojos de ese hombre,
vio ahora que eran amarillos.
Los
pequeños incidentes despiertan considerable revuelo en las poblaciones
pequeñas, por lo que la gente de Kingsport habló toda la primavera y el verano
sobre los tres cuerpos imposibles de identificar que la marea había arrojado a
la costa; horriblemente acuchillados, como por multitud de cortes, y
horriblemente destrozados, como pateados por multitud de tacones. Y algunos aún
comentaban sucesos tan triviales como el coche abandonado, descubierto en Ship
Street, o sobre ciertos gritos especialmente inhumanos, probablemente de algún
animal perdido o un pájaro migratorio, escuchados durante la noche por algunos
ciudadanos insomnes. Pero el Viejo Terrible no prestaba ninguna atención a todo
este ocioso chismorreo pueblerino. Era de natural reservado, y, cuando uno es
viejo y enfermizo, la reserva se hace aún mayor. Además, un capitán tan anciano
debía haber asistido a montones de cosas mucho más interesantes en los lejanos
días de su olvidada juventud.

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