© Libro N° 12977. El Viejo Celoso. De Cervantes Saavedra,
Miguel. Emancipación. Septiembre 21 de 2024
Título original: ©
El Viejo Celoso. Miguel De Cervantes Saavedra
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Celoso. Miguel De Cervantes Saavedra
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
Miguel De Cervantes Saavedra
El Viejo
Celoso
Miguel De
Cervantes Saavedra
Entremés
Del Viejo Celoso
Miguel De
Cervantes Saavedra
|
Salen DOÑA LORENZA y CRISTINA, su
criada, y HORTIGOSA, su vecina. |
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|
DOÑA LORENZA.-
Milagro ha sido éste, señora Hortigosa, el no haber dado la
vuelta a la llave mi duelo, mi yugo y mi desesperación. Éste es el primero
día, después que me casé con él, que hablo con persona de fuera de casa; que
fuera le vea yo desta vida a él y a quien con él me casó. |
|||
|
HORTIGOSA.- Ande,
mi señora doña Lorenza, no se queje tanto; que con una caldera vieja se
compra otra nueva. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Y
aun con esos y otros semejantes villancicos o refranes me engañaron a mí; que
malditos sean sus dineros, fuera de las cruces; malditas sus joyas, malditas
sus galas, y maldito todo cuanto me da y promete. ¿De qué me sirve a mí todo
aquesto, si en mitad de la riqueza estoy pobre, y en medio de la abundancia
con hambre? |
|||
|
CRISTINA.- En
verdad, señora tía, que tienes razón; que más quisiera yo andar con un trapo
atrás y otro adelante, y tener un marido mozo, que verme casada y enlodada
con ese viejo podrido que tomaste por esposo. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- ¿Yo
le tomé, sobrina? A la fe, diómele quien pudo; y yo, como muchacha, fui más
presta al obedecer que al contradecir; pero, si yo tuviera tanta experiencia
destas cosas, antes me tarazara la lengua con los dientes que pronunciar
aquel sí, que se pronuncia con dos letras y da que llorar dos mil años; pero
yo imagino que no fue otra cosa sino que había de ser ésta, y que, las que
han de suceder forzosamente, no hay prevención ni diligencia humana que las
prevenga. |
|||
|
CRISTINA.- ¡Jesús y
del mal viejo! Toda la noche: «Daca el orinal, toma el orinal; levántate,
Cristinica, y caliéntame unos paños, que me muero de la ijada; dame aquellos
juncos, que me fatiga la piedra». Con más ungüentos y medicinas en el aposento
que si fuera una botica; y yo, que apenas sé vestirme, tengo de servirle de
enfermera. ¡Pux, pux, pux, viejo clueco, tan potroso -fol. 253v- como celoso, y el más celoso
del mundo! |
|||
|
CRISTINA.-
¡Pluguiera a Dios que nunca yo la dijera en esto! |
|||
|
HORTIGOSA.- Ahora
bien, señora doña Lorenza, vuesa merced haga lo que le tengo aconsejado, y
verá cómo se halla muy bien con mi consejo. El mozo es como un ginjo verde;
quiere bien, sabe callar y agradecer lo que por él se hace; y, pues los celos
y el recato del viejo no nos dan lugar a demandas ni a respuestas, resolución
y buen ánimo: que, por la orden que hemos dado, yo le pondré al galán en su
aposento de vuesa merced y le sacaré, si bien tuviese el viejo más ojos que
Argos y viese más que un zahorí, que dicen que vee siete estados debajo de la
tierra. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Como
soy primeriza, estoy temerosa, y no querría, a trueco del gusto, poner a
riesgo la honra. |
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|
|||
|
DOÑA LORENZA.-
Algún espíritu malo debe de hablar en ti, sobrina, según las
cosas que dices. |
|||
|
CRISTINA.- Yo no sé
quién habla; pero yo sé que haría todo aquello que la señora Hortigosa ha
dicho, sin faltar punto. |
|||
|
HORTIGOSA.- ¿Quién?
La buena diligencia, la sagacidad, la industria; y, sobre todo, el buen ánimo
y mis trazas. |
|||
|
CRISTINA.- Mire,
señora Hortigosa, tráyanosle galán, limpio, desenvuelto, un poco atrevido, y,
sobre todo, mozo. |
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|
HORTIGOSA.- Todas
esas partes tiene el que he propuesto, y otras dos más: que es rico y
liberal. |
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|
DOÑA LORENZA.- Que
no quiero riquezas, señora Hortigosa; que me sobran las joyas, y me ponen en
confusión las diferencias de colores de mis muchos vestidos; hasta eso no
tengo que desear, que Dios le dé salud a Cañizares: más vestida me tiene que
un palmito, y con más joyas que la vedriera de un platero rico. No me clavara
él las ventanas, cerrara las puertas, visitara a todas horas la casa,
desterrara della los gatos y los perros, solamente porque tienen nombre de
varón; que, a trueco de que no hiciera esto, y otras cosas no vistas en
materia de recato, yo le perdonara sus dádivas y mercedes. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Digo
que le vendían el otro día una tapicería a bonísimo precio, y por ser de
figuras no la quiso, y compró otra de verduras por mayor precio, aunque no
era tan buena. -fol. 254r- Siete puertas hay antes que
se llegue a mi aposento, fuera de la puerta de la calle, y todas se cierran
con llave; y las llaves no me ha sido posible averiguar dónde las esconde de
noche. |
|||
|
CRISTINA.- Tía, la
llave de loba creo que se la pone entre las faldas de la camisa. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- No lo
creas, sobrina; que yo duermo con él, y jamás le he visto ni sentido que
tenga llave alguna. |
|||
|
CRISTINA.- Y más,
que toda la noche anda como trasgo por toda la casa; y si acaso dan alguna
música en la calle, les tira de pedradas porque se vayan: es un malo, es un
brujo; es un viejo, que no tengo más que decir. |
|||
|
DOÑA LORENZA.-
Señora Hortigosa, váyase, no venga el gruñidor y la halle
conmigo, que sería echarlo a perder todo; y lo que ha de hacer, hágalo luego;
que estoy tan aburrida, que no me falta sino echarme una soga al cuello, por
salir de tan mala vida. |
|||
|
HORTIGOSA.- Quizá
con esta que ahora se comenzará, se le quitará toda esa mala gana y le vendrá
otra más saludable y que más la contente. |
|||
|
CRISTINA.- Así
suceda, aunque me costase a mí un dedo de la mano: que quiero mucho a mi
señora tía, y me muero de verla tan pensativa y angustiada en poder deste
viejo y reviejo, y más que viejo; y no me puedo hartar de decille viejo. |
|||
|
CRISTINA.- ¿Deja
por eso de ser viejo? Cuanto más, que yo he oído decir que siempre los viejos
son amigos de niñas. |
|||
|
HORTIGOSA.- Así es
la verdad, Cristina, y adiós, que, en acabando de comer, doy la vuelta. Vuesa
merced esté muy en lo que dejamos concertado, y verá cómo salimos y entramos
bien en ello. |
|||
|
CRISTINA.- Señora
Hortigosa, hágame merced de traerme a mí un frailecico pequeñito, con quien
yo me huelgue. |
|||
|
CRISTINA.- ¡Que no
le quiero pintado, sino vivo, vivo, chiquito como unas perlas! |
|||
|
CRISTINA.- Diréle
yo que es un duende, y tendrá dél miedo, y holgaréme yo. |
|||
|
(Vase HORTIGOSA.) |
|||
|
CRISTINA.- Mire,
tía: si Hortigosa trae al galán y a mi frailecico, y si señor los viere, no
tenemos más que hacer sino cogerle entre todos y ahogarle, y echarle en el
pozo o enterrarle en la caballeriza. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Tal
eres tú, que creo lo harías mejor que lo dices. |
|||
|
CRISTINA.- Pues no
sea el viejo celoso, y déjenos vivir en paz, pues no le hacemos mal alguno, y
vivimos como unas santas. |
|||
|
(Éntranse.) |
|||
|
(Entran CAÑIZARES, viejo, y un COMPADRE suyo.) |
|||
|
CAÑIZARES.- Señor
compadre, señor compadre: el setentón que se casa con quince, o carece de
entendimiento, o tiene gana de visitar el otro mundo lo más presto que le sea
posible. Apenas me casé con doña Lorencica, pensando tener en ella compañía y
regalo, y persona que se hallase en mi cabecera, y me cerrase los ojos al
tiempo de mi muerte, cuando me embistieron una turbamulta de trabajos y
desasosiegos; tenía casa, y busqué casar; estaba posado, y desposéme. |
|||
|
COMPADRE.-
Compadre, error fue, pero no muy grande; porque, según el dicho
del Apóstol, mejor es casarse que abrasarse. |
|||
|
CAÑIZARES.- ¡Que no
había que abrasar en mí, señor compadre, que con la menor llamarada quedara
hecho ceniza! Compañía quise, compañía busqué, compañía hallé, pero Dios lo
remedie, por quién Él es. |
|||
|
CAÑIZARES.- Del sol
que mira a Lorencita, del aire que le toca, de las faldas que la vapulan. |
|||
|
CAÑIZARES.- Ni por
pienso, ni tiene por qué, ni cómo, ni cuándo, ni adónde: las ventanas, amén
de estar con llave, las guarnecen rejas y celosías; las puertas jamás se
abren; vecina no atraviesa mis umbrales, ni los atravesará mientras Dios me
diere vida. Mirad, compadre: no les vienen los malos aires a las mujeres de
ir a lo[s] jubileos ni a las procesiones, ni a todos los actos de regocijos
públicos; donde ellas se mancan, donde ellas se estropean y adonde ellas se
dañan, es en casa de las vecinas y de las amigas; más maldades encubre una
mala amiga, que la capa de la noche; más conciertos se hacen en su casa y más
se concluyen, que en una semblea. |
|||
|
COMPADRE.- Yo así
lo creo; pero si la señora doña Lorenza no sale de casa, ni nadie entra en la
suya, ¿de qué vive descontento mi compadre? |
|||
|
CAÑIZARES.- De que
no pasará mucho tiempo en que no caya Lorencica en lo que le falta; que será
un mal caso, y tan malo, que en sólo pensallo le temo, y de temerle me
desespero, y de desesperarme vivo con disgusto. |
|||
|
COMPADRE.- Y con
razón se puede tener ese temer, porque las mujeres querrían gozar enteros los
frutos del matrimonio. |
|||
|
CAÑIZARES.- No, no,
ni por pienso; porque es más simple Lorencica que una paloma, y hasta agora
no entiende nada desas filaterías; y adiós, señor compadre, que me quiero
entrar en casa. |
|||
|
COMPADRE.- Yo
quiero entrar allá, y ver a mi señora doña Lorenza. |
|||
|
CAÑIZARES.- Habéis
de saber, compadre, que los antiguos latinos usaban de un refrán, que
decía: Amicus usque ad aras, que
quiere decir: «El amigo, hasta el altar»; infiriendo que el amigo ha de hacer
por su amigo todo aquello que no fuere contra Dios; y yo digo que mi
amigo, usque ad portam, hasta
la puerta; que ninguno ha de pasar mis quicios; y adiós, señor compadre, y
perdóneme. |
|||
|
(Éntrase CAÑIZARES.) |
|||
|
COMPADRE.- En mi
vida he visto hombre más recatado, ni más celoso, ni más impertinente; pero
éste es de aquellos que traen la soga arrastrando, y de los que siempre
vienen a morir del mal que temen. |
|||
|
(Éntrase el COMPADRE.) |
|||
|
(Salen DOÑA LORENZA y CRISTINICA.) |
|||
|
[DOÑA] LORENZA.-
Mas, que nunca él acá viniese, ni ella tampoco; porque él me
enfada y ella me tiene confusa. |
|||
|
CRISTINA.- Todo es
probar, señora tía; y, cuando no saliere bien, darle del codo. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- ¡Ay,
sobrina! Que estas cosas, o yo sé poco o sé que todo el daño está en
probarlas. |
|||
|
CRISTINA.- A fe,
señora tía, que tiene poco ánimo, y que, si yo fuera de su edad, que no me
espantaran hombres armados. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Otra
vez torno a decir, y diré cien mil veces, que Satanás habla en tu boca; mas
¡ay! ¿Cómo se ha entrado señor? |
|||
|
DOÑA LORENZA.-
Encomiendo yo al diablo sus maestrías y sus llaves. |
|||
|
(Entra CAÑIZARES.) |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Digo
que hablaba con Cristinica: ¿con quién había de hablar? ¿Tengo yo, por
ventura, con quién? |
|||
|
CAÑIZARES.- No
querría que tuviésedes algún soliloquio con vos misma, que redundase en mi
perjuicio. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Ni
entiendo esos circunloquios que decís, ni aun los quiero entender; y tengamos
la fiesta en paz. |
|||
|
CAÑIZARES.- Ni aun
las vísperas no querría yo tener en guerra con vos; pero, ¿quién llama a
aquella puerta con tanta priesa? Mira, Cristinica, quien es, y, si es pobre,
-fol. 255v- dale limosna y despídele. |
|||
|
CAÑIZARES.-
¿Hortigosa y vecina? Dios sea conmigo. Pregúntale, Cristina, lo que quiere, y dáselo,
con condición que no atraviese esos umbrales. |
|||
|
CAÑIZARES.- El
nombre de vecina me turba y sobresalta; llámala por su proprio nombre,
Cristina. |
|||
|
HORTIGOSA.- Al
señor Cañizares quiero suplicar un poco, en que me va la honra, la vida y el
alma. |
|||
|
CAÑIZARES.-
Decidle, sobrina, a esa señora, que a mí me va todo eso y más en
que no entre acá dentro. |
|||
|
DOÑA LORENZA.-
¡Jesús, y qué condición tan extravagante! ¿Aquí no estoy delante
de vos? ¿Hanme de comer de ojo? ¿Hanme de llevar por los aires? |
|||
|
CAÑIZARES.- ¡Entre
con cien mil Bercebuyes, pues vos lo queréis! |
|||
|
(Entra HORTIGOSA, y trai un guadamecí y en las pieles
de las cuatro esquinas han de venir pintados Rodamonte, Mandricardo, Rugero y
Gradaso; y Rodamonte venga pintado como arrebozado.) |
|||
|
HORTIGOSA.- Señor
mío de mi alma, movida y incitada de la buena fama de vuesa merced, de su
gran caridad y de sus muchas limosnas, me he atrevido de venir a suplicar a
vuesa merced me haga tanta merced, caridad y limosna y buena obra de comprarme
este guadamecí, porque tengo un hijo preso por unas heridas que dio a un
tundidor, y ha mandado la justicia que declare el cirujano, y no tengo con
qué pagalle, y corre peligro no le echen otros embargos, que podrían ser
muchos, a causa que es muy travieso mi hijo; y querría echarle hoy o mañana,
si fuese posible, de la cárcel. La obra es buena, el guadamecí nuevo, y, con
todo eso, le daré por lo que vuesa merced quisiere darme por él, que en más
está la monta, y como esas cosas he perdido yo en esta vida. Tenga vuesa
merced desa punta, señora mía, y descojámosle, porque no vea el señor
Cañizares que hay engaño en mis palabras; alce más, señora mía, y mire cómo
es bueno de caída, y las pinturas de los cuadros parece que están vivas. |
|||
|
(Al alzar y mostrar el guadamecí, entra por detrás dél un GALÁN;
y, como CAÑIZARES vee los retratos, dice:) |
|||
|
CAÑIZARES.- ¡Oh,
qué lindo Rodamonte! ¿Y qué quiere el señor rebozadito en mi casa? Aun si
supiese que tan amigo soy yo destas cosas y -fol. 256r- destos rebocitos, espantarse
ía. |
|||
|
CRISTINA.- Señor
tío, yo no sé nada de rebozados; y si él ha entrado en casa, la señora
Hortigosa tiene la culpa; que a mí, el diablo me lleve si dije ni hice nada
para que él entrase; no, en mi conciencia, aun el diablo sería si mi señor
tío me echase a mí la culpa de su entrada. |
|||
|
CAÑIZARES.- Ya yo
lo veo, sobrina, que la señora Hortigosa tiene la culpa; pero no hay de qué
maravillarme, porque ella no sabe mi condición, ni cuán enemigo soy de
aquestas pinturas. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Por
las pinturas lo dice, Cristinica, y no por otra cosa. |
|||
|
CRISTINA.- Pues por
esas digo yo. ¡Ay, Dios sea conmigo! Vuelto se me ha el ánima al cuerpo, que
ya andaba por los aires. |
|||
|
DOÑA LORENZA.-
¡Quemado vea yo ese pico de once varas! En fin, quien con
muchachos se acuesta, etc. |
|||
|
CRISTINA.- ¡Ay,
desgraciada, y en qué peligro pudiera haber puesto toda esta baraja! |
|||
|
CAÑIZARES.- Señora
Hortigosa, yo no soy amigo de figuras rebozadas ni por rebozar; tome este
doblón, con el cual podrá remediar su necesidad, y váyase de mi casa lo más
presto que pudiere, y ha de ser luego, y llévese su guadamecí. |
|||
|
HORTIGOSA.- Viva
vuesa merced más años que Matute el de Jerusalén, en vida de mi señora
doña... no sé cómo se llama, a quien suplico me mande, que la serviré de
noche y de día, con la vida y con el alma, que la debe de tener ella como la
de una tortolica simple. |
|||
|
CAÑIZARES.- Señora
Hortigosa, abrevie y váyase, y no se esté agora juzgando almas ajenas. |
|||
|
HORTIGOSA.- Si
vuesa merced hubiere menester algún pegadillo para la madre, téngolos
milagrosos; y, si para mal de muelas, sé unas palabras que quitan el dolor
como con la mano. |
|||
|
CAÑIZARES.-
Abrevie, señora Hortigosa, que doña Lorenza, ni tiene madre, ni
dolor de muelas; que todas las tiene sanas y enteras, que en su vida se ha
sacado muela alguna. |
|||
|
HORTIGOSA.- Ella se
las sacará, placiendo al cielo, porque le dará muchos años de vida; y la
vejez es la total destruición de la dentadura. |
|||
|
CAÑIZARES.- ¡Aquí
de Dios! ¿Que no será posible que me deje esta vecina? ¡Hortigosa, o diablo,
o vecina, o lo que eres, vete con Dios y déjame en mi casa! |
|||
|
HORTIGOSA.- Justa
es la demanda, y vuesa merced no se enoje, que ya me voy. |
|||
|
(Vase HORTIGOSA.) |
|||
|
CAÑIZARES.- ¡Oh
vecinas, vecinas! Escaldado quedo aun de las buenas palabras desta vecina,
por haber salido por boca de vecina. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Digo
que tenéis condición de bárbaro y de salvaje; y ¿qué ha dicho esta vecina
para que -fol. 256v- quedéis con la ojeriza contra
ella? Todas vuestras buenas obras las hacéis en pecado mortal: dístesle dos
docenas de reales, acompañados con otras dos docenas de injurias, ¡boca de
lobo, lengua de escorpión y silo de malicias! |
|||
|
CAÑIZARES.- No, no,
a mal viento va esta parva; no me parece bien que volváis tanto por vuestra
vecina. |
|||
|
CRISTINA.- Señora
tía, éntrese allí dentro y desenójese, y deje a tío, que parece que está
enojado. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Así
lo haré, sobrina; y aun quizá no me verá la cara en estas dos horas; y a fe
que yo se la dé a beber, por más que la rehúse. |
|||
|
(Éntrase DOÑA LORENZA.) |
|||
|
CRISTINA.- Tío, ¿no
ve cómo ha cerrado de golpe? Y creo que va a buscar una tranca para asegurar
la puerta. |
|||
|
(DOÑA LORENZA, por dentro.) |
|||
|
DOÑA LORENZA.- ¡Si
supieses qué galán me ha deparado la buena suerte! Mozo, bien dispuesto,
pelinegro, y que le huele la boca a mil azahares. |
|||
|
CRISTINA.- ¡Jesús,
y qué locuras y qué niñerías! ¿Está loca, tía? |
|||
|
DOÑA LORENZA.- No
estoy sino en todo mi juicio; y en verdad que, si le vieses, que se te
alegrase el alma. |
|||
|
CRISTINA.- ¡Jesús,
y qué locuras y qué niñe[r]ías! Ríñala, tío, porque no se at[r]eva, ni aun
burlando, a decir deshonestidades. |
|||
|
CAÑIZARES.-
¿Bobear, Lorenza? Pues a fe que no estoy yo de gracia para sufrir
esas burlas. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Que
no son sino veras, y tan veras, que en este género no pueden ser mayores. |
|||
|
CRISTINA.- ¡Jesús,
y qué locuras y qué niñerías! Y dígame, tía, ¿está ahí también mi frailecito? |
|||
|
DOÑA LORENZA.- No,
sobrina; pero otra vez vendrá si quiere Hortigosa, la vecina. |
|||
|
CAÑIZARES.-
Lorenza, di lo que quisieres, pero no tomes en tu boca el nombre
de vecina, que me tiemblan las carnes en oírle. |
|||
|
DOÑA LORENZA.-
También me tiemblan a mí por amor de la vecina. |
|||
|
DOÑA LORENZA.-
Ahora echo de ver quién eres, viejo maldito; que hasta aquí he
vivido engañada contigo. |
|||
|
CRISTINA.- Ríñala,
tío, ríñala, tío; que se desvergüenza mucho. |
|||
|
DOÑA LORENZA.-
Lavar quiero a un galán las pocas barbas que tiene con una bacía
llena de agua de ángeles, porque su cara es como la de un ángel pintado. |
|||
|
CRISTINA.- ¡Jesús,
y qué locuras y qué niñerías! Despedácela, tío. |
|||
|
CAÑIZARES.- No la
despedazaré yo a ella, sino a la puerta que la encubre. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- No
hay para qué: vela aquí abierta; entre, y verá como es verdad cuanto le he
dicho. |
|||
|
CAÑIZARES.- Aunque
sé que te burlas, sí entraré para desenojarte. |
|||
|
(Al entrar CAÑIZARES, danle con una bacía de agua en los
ojos; él vase a limpiar; acuden sobre él CRISTINA y DOÑA
LORENZA, y en este ínterim sale el galán y vase.) |
|||
|
CAÑIZARES.- ¡Por
Dios, que por poco me cegaras, Lorenza! Al diablo se dan las burlas que se
arremeten a los ojos. |
|||
|
DOÑA LORENZA.-
¡Mirad con quién me casó mi suerte, sino con el hombre más
malicioso del mundo! ¡Mirad cómo dio crédito a mis mentiras, por su [...],
fundadas en materia de celos, que menoscabada y asendereada sea mi ventura!
Pagad vosotros, cabellos, las deudas deste viejo; llorad vosotros, ojos, las
culpas deste maldito; mirad en lo que tiene mi honra y mi crédito, pues de
las sospechas hace certezas, de las mentiras verdades, de las burlas veras y
de los entretenimientos maldiciones. ¡Ay, que se me arranca el alma! |
|||
|
CRISTINA.- Tía, no
dé tantas voces, que se juntará la vecindad. |
|||
|
(De dentro.) |
|||
|
JUSTICIA.- ¡Abran
esas puertas! Abran luego; si no, echarélas en el suelo. |
|||
|
DOÑA LORENZA.-
Abre, Cristinica, y sepa todo el mundo mi inocencia y la maldad
deste viejo. |
|||
|
CAÑIZARES.- ¡Vive
Dios, que creí que te burlabas! ¡Lorenza, calla! |
|||
|
(Entran el ALGUACIL y los músicos, y el BAILARÍN y HORTIGOSA.) |
|||
|
ALGUACIL.- ¿Qué es
esto? ¿Qué pendencia es ésta? ¿Quién daba aquí voces? |
|||
|
CAÑIZARES.- Señor,
no es nada; pendencias son entre marido y mujer, que luego se pasan. |
|||
|
MÚSICO.- ¡Por Dios,
que estábamos mis compañeros y yo, que somos músicos, aquí pared y medio, en
un desposorio, y a las voces hemos acudido, con no pequeño sobresalto,
pensando que era otra cosa. |
|||
|
CAÑIZARES.- Pues en
verdad, señora Hortigosa, que si no fuera por ella, que no hubiera sucedido
nada de lo sucedido. |
|||
|
HORTIGOSA.- Mis
pecados lo habrán hecho; que soy tan desdichada, que, sin saber por dónde ni
por dónde no, se me echan a mí las culpas que otros cometen. |
|||
|
CAÑIZARES.-
Señores, vuesas mercedes todos se vuelvan norabuena, que yo les
agradezco su buen deseo; que ya yo y mi esposa quedamos en paz. |
|||
|
DOÑA LORENZA.- Sí
quedaré, como le pida primero perdón a la vecina, si alguna cosa mala pensó
contra ella. |
|||
|
CAÑIZARES.- Si a
todas las vecinas de quien yo pienso mal hubiese de pedir -fol. 257v- perdón, sería nunca acabar;
pero, con todo eso, yo se le pido a la señora Hortigosa. |
|||
|
HORTIGOSA.- Y yo le
otorgo para aquí y para delante de Pero García. |
|||
|
MÚSICO.- Pues, en
verdad, que no habemos de haber venido en balde: toquen mis compañeros, y
baile el bailarín, y regocíjense las paces con esta canción. |
|||
|
CAÑIZARES.-
Señores, no quiero música: yo la doy por recebida. |
|||
|
CAÑIZARES.- Porque
vean vuesas mercedes las revueltas y vueltas en que me ha puesto una vecina,
y si tengo razón de estar mal con las vecinas. |
|||
|
DOÑA LORENZA.-
Aunque mi esposo está mal con las vecinas, yo beso a vuesas
mercedes las manos, señoras vecinas. |
|||
|
CRISTINA.- Y yo
también; mas si mi vecina me hubiera traído mi frailecico, yo la tuviera por
mejor vecina; y adiós, señoras vecinas. |
|||

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