© Libro N° 12021.
El Gato Y El Ratón Hacen Vida En Común. Hermanos
Grimm. Emancipación. Diciembre 23 de 2023
Título original: ©
El Gato Y El Ratón Hacen Vida En Común. Hermanos Grimm
Versión Original: © El Gato Y El Ratón Hacen Vida En Común.
Hermanos Grimm
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
EL GATO Y EL RATÓN HACEN VIDA EN COMÚN
Hermanos Grimm
El Gato Y
El Ratón Hacen Vida En Común
Hermanos
Grimm
Un gato
había trabado conocimiento con un ratón, y tales protestas le hizo de cariño y
amistad que, al fin, el ratoncito se avino a poner casa con él y hacer vida en
común. "Pero tenemos que pensar en el invierno, pues de otro modo
pasaremos hambre," dijo el gato. "Tú, ratoncillo, no puedes
aventurarte por todas partes, al fin caerías en alguna ratonera."
Siguiendo, pues, aquel previsor consejo, compraron un pucherito lleno de
manteca. Pero luego se presentó el problema de dónde lo guardarían, hasta que,
tras larga reflexión, propuso el gato: "Mira, el mejor lugar es la
iglesia. Allí nadie se atreve a robar nada. Lo esconderemos debajo del altar y
no lo tocaremos hasta que sea necesario." Así, el pucherito fue puesto a
buen recaudo. Pero no había transcurrido mucho tiempo cuando, cierto día, el
gato sintió ganas de probar la golosina y dijo al ratón: "Oye, ratoncito,
una prima mía me ha hecho padrino de su hijo; acaba de nacerle un pequeñuelo de
piel blanca con manchas pardas, y quiere que yo lo lleve a la pila bautismal.
Así es que hoy tengo que marcharme; cuida tú de la casa." - "Muy
bien," respondió el ratón, "vete en nombre de Dios, y si te dan algo
bueno para comer, acuérdate de mí. También yo chuparía a gusto un poco del
vinillo de la fiesta." Pero todo era mentira; ni el gato tenía prima
alguna ni lo habían hecho padrino de nadie. Fuese directamente a la iglesia, se
deslizó hasta el puchero de grasa, se puso a lamerlo y se zampó toda la capa
exterior. Aprovechó luego la ocasión para darse un paseíto por los tejados de
la ciudad; después se tendió al sol, relamiéndose los bigotes cada vez que se
acordaba de la sabrosa olla. No regresó a casa hasta el anochecer. "Bien,
ya estás de vuelta," dijo el ratón, "a buen seguro que has pasado un
buen día." - "No estuvo mal," respondió el gato. "¿Y qué
nombre le habéis puesto al pequeñuelo?" inquirió el ratón.
"Empezado," repuso el gato secamente. "¿Empezado?" exclamó
su compañero "¡Vaya nombre raro y estrambótico! ¿Es corriente en vuestra
familia?" - "¿Qué le encuentras de particular?" replicó el gato.
"No es peor que Robamigas, como se llaman tus padres."
Poco
después le vino al gato otro antojo, y dijo al ratón: "Tendrás que volver
a hacerme el favor de cuidar de la casa, pues otra vez me piden que sea
padrino, y como el pequeño ha nacido con una faja blanca en torno al cuello, no
puedo negarme." El bonachón del ratoncito, se mostró conforme, y el gato,
rodeando sigilosamente la muralla de la ciudad hasta llegar a la iglesia, se
comió la mitad del contenido del puchero. "Nada sabe tan bien,"
díjose para sus adentros como lo que uno mismo se come. Y quedó la mar de
satisfecho con la faena del día. Al llegar a casa preguntóle el ratón:
"¿Cómo le habéis puesto esta vez al pequeño?" - "Mitad,"
contestó el gato. "¿"Mitad? ¡Qué ocurrencia! En mi vida había oído
semejante nombre; apuesto a que no está en el calendario."
No
transcurrió mucho tiempo antes de que al gato se le hiciese de nuevo la boca
agua pensando en la manteca. "Las cosas buenas van siempre de tres en
tres," dijo al ratón. "Otra vez he de actuar de padrino; en esta
ocasión, el pequeño es negro del todo, sólo tiene las patitas blancas; aparte
ellas, ni un pelo blanco en todo el cuerpo. Esto ocurre con muy poca
frecuencia. No te importa que vaya, ¿verdad?" - "¡Empezado,
Mitad!" contestó el ratón. "Estos nombres me dan mucho que
pensar." - "Como estás todo el día en casa, con tu levitón gris y tu
larga trenza," dijo el gato, "claro, coges manías. Estas cavilaciones
te vienen del no salir nunca." Durante la ausencia de su compañero, el
ratón se dedicó a ordenar la casita y dejarla como la plata, mientras el glotón
se zampaba el resto de la grasa del puchero: "Es bien verdad que uno no
está tranquilo hasta que lo ha limpiado todo," díjose, y, ahíto como un
tonel, no volvió a casa hasta bien entrada la noche. Al ratón le faltó tiempo
para preguntarle qué nombre habían dado al tercer gatito. "Seguramente no
te gustará tampoco," dijo el gato. "Se llama Terminado." -
"¡Terminado!" exclamó el ratón. "Éste sí que es el nombre más
estrafalario de todos. Jamás lo vi escrito en letra impresa. ¡Terminado! ¿Qué
diablos querrá decir?" Y, meneando la cabeza, se hizo un ovillo y se echó
a dormir.
Ya no
volvieron a invitar al gato a ser padrino, hasta que, llegado el invierno y
escaseando la pitanza, pues nada se encontraba por las calles, el ratón
acordóse de sus provisiones de reserva. "Anda, gato, vamos a buscar el
puchero de manteca que guardamos; ahora nos vendrá, de perlas." -
"Sí," respondió el gato, "te sabrá como cuando sacas la lengua
por la ventana." Salieron, pues, y, al llegar al escondrijo, allí estaba
el puchero, en efecto, pero vacío. "¡Ay!" clamó el ratón. "Ahora
lo comprendo todo; ahora veo claramente lo buen amigo que eres. Te lo comiste
todo cuando me decías que ibas de padrino: primero Empezado, luego Mitad,
luego..." - "¿Vas a callarte?" gritó el gato. "¡Si añades
una palabra más, te devoro!"
"Terminado,"
tenía ya el pobre ratón en la lengua. No pudo aguantar la palabra, y, apenas la
hubo soltado, el gato pegó un brinco y, agarrándolo, se lo tragó de un bocado.
Así van las cosas de este mundo.
* * * *
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